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Full text of "Sucesos de Sevilla de 1592 á 1604"

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SUCESOS DE SEVILLA 
"DE i5g2 A 1604. 



SOCIt:DAD DE BIBLIÓFILOS ANDALUCES. 



^"PRIMERA SERIE, 



SUCESOS DE SEVILLA 



DE 



592 Á 1604, 



RECOJIDOS POR 



FRANCISCO DE ARIÑO 



vecino de la ciudad en el Imrrio de Triana. 



r. 



Año dk 




1873 



SEVILLA: 

Imprenta de D. Rafael Tarascó y Lassa. 

calle de las Sierpes número 7.V. 



S <^ -^s 



-7 



Tirada de 3o o ejemplares 



Ejemplar núm. 140, 



PARA El. SOCIO 



Círculo de Labradores. 



PROLOGO. 



Invitado por las personas que con tanto celo 
y con tan notable acierto dirijen la Sociedad de 
Bibliófilos Andaluces para disponer la edición 
del curioso manuscrito que vé hoy por primera 
vez la luz pública, acepté con gusto este encargo, 
no sólo por lo que con él me honraban^ sino 
porque me daban ocasión para consagrarme á un 
linaje de estudios á que tengo singular afición^ por 
más que circunstancias, que no es del momento 
manifestar^ hayan sido causa de que no dedique á 
ellos todo mi tiempo. Motivos particulares me 
obUgaron á pasar en Sevilla durante los años de 
i 870 y 1 87 1 largas temporadas, y esto ha facili- 
tado tnucho el trabajo á que desde luego determiné 
entregarme, con el fin de ilustrar con el mayor 
número posible de documentos y noticias el texto 
siempre lleno de interés, pero alguna Vez desear- 



VI PRÓLOGO. 

naJo, de la obra, la cual coa frecuencia despierta 
más que satisface la curiosidad del lector. En su 
lui^ar mencionaré las personas que me han ayu- 
dado en mis investigaciones, y muy especialmente 
una sin cuya cooperación no hubiera logrado el 
hallazgo de los papeles que estimo más curiosos y 
dignos de atención de cuantos forman los extensos 
apéndices de este libro. 

La época en que tuvieron lugar los sucesos que 
refiere Ariuo es, como se sabe, de las más im- 
portantes de nuestra historia patria, por ser sin 
duda una de las más críticas de nuestra civiliza- 
ción propia y peculiar; y, aunque próxima á nos- 
otros si se compara con la extensión de nuestra 
existencia nacional, puede asegurarse que aún no 
está juzgada, y que ni siquiera están reunidos los 
documentos sobre los cuales la posteridad ha de 
fundar su inapelable fallo. Hay más, siendo tan 
considerable el número de historiadores españoles, 
c asi faltan de todo punto para narrar los sucesos 
de fines del siglo décimo sesto y principio del si- 
guiente, coetáneos ó inmediatos á los mismos. Luis 
Cabrera de Córdova escribió la vida de Felipe II, 
y la primera parte de esta obra se publicó en el 
año 1619, pero en ella no llega más que hasta el 
año 1 583. Creyóse por mucho tiempo que el his- 
toriador se habia detenido en^ esta fecha, después 



PRÓLOGO. VII 

de la cual tantos y tan grandes desastres ocurrie- 
ron á España^ y como Cabrera es un panegirista 
de Felipe II, parecia natural suponer que no qui- 
siese referir sus desdichas después de haber can- 
tado sus glorias. 

En contra de esta suposición, habia otra sin 
duda de mayor fuerza, que después se ha visto 
confirmada: Cabrera tenia el cargo de Cronista de 
S. M.; en razón de este oficio habia escrito la pri- 
mera parte de la vida de Felipe Il> y preparán- 
dose á escribir la historia del reinado siguiente, 
iba redactando y reuniendo las curiosísimas é in- 
teresantes relaciones que vieron la luz pública en 
iS5j, merced á la dilijencia de los Sres. Marqués 
de Pidal y D. Pascual de Gayangos; no era, pues, 
verosímil que hubiese dejado en la serie de sus 
trabajos históricos una laguna formada por los 
últimos años del reinado de Felipe lí. Además, 
Nicolás Antonio al ocuparse de Cabrera y de sus 
obras^ después de dar cuenta de la primera parte 
de la vida de Felipe II, afiade: «cujus posteriorem 
(ípartem tipis edi casptam eo tempore affirmat D. 
«Thomas Tamajus quo ipse collectionem librorum 
«hispanorum formabat. Laudat quoque hanc alte- 
ce ram partem Joannes Franciscus Andrea Vztarro- 
((zius in notis ad librum Forma de Cortes: Hiero- 
^)nimi Martel pág. 28. &.^'' 



VIH PRÓLOGO. 

Resulta de esta aseveración que la segunda par- 
te de la historia de Felipe II, no sólo fué escrita por 
Cabrera, sino que en su mismo tiempo ó poco des- 
pués empezó á imprimirse. A pesar de esta noticia 
el Sr. D. Eujenio de Ochoa en su catiílogo de los 
manuscritos españoles que se guardan en la Biblio- 
teca hoy Nacional de Paris, dice: «que existe entre 
«ellos uno, que es la parte publicada é impresa de 
(da vida de Felipe II, de Cabrera;'' afortunadamente 
el erudito académico padeció en esto un error, fá- 
cilmente explicable por la premura con que hizo 
su trabajo; y, examinado el manuscrito de la Bi- 
blioteca de Paris por personas competentes, re- 
sulta ser la segunda parte hasta ahora no publicada 
de tan interesante obra. 

Si lo hubiese estado hubiera podido servirme 
de gran socorro en aquellas partes de mi trabajo 
que tenian que referirse á sucesos de interés gene- 
ral para España, y especialmente al tratar del saco 
de Cádiz por las tropas inglesas, pero no me ha 
sido posible proporcionarme copia de tan impor- 
tante manuscrito, que espero llegue muy pronto 
á publicarse yá por la iniciativa de alguna corpo- 
ración oficial, yá por alguna de las varias socie- 
dades de bibliófilos que hoy existen en España. 

Como saben los aficionados al estudio de nues- 
tra historia nacional, aún estamos más faltos de 



PRÓLOGO. IX 

escritores indíjenas y coetáneos que se hayan ocu- 
pado de los sucesos de la época de Felipe III, no 
habiendo visto la luz pública la historia de este 
reinado que existe manuscrita en la biblioteca de 
la Academia de la Historia. Los escritores, asi na-^ 
cionales como extranjeros, que han tratado de este 
período^ yá de propósito, y especialmente Prescott 
por lo que se refiere á Felipe II, yá al escribir 
nuestra historia general como los continuadores de 
Mariana, Ferreras, Romey y el mismo Sr. Lafuente 
no han consultado por falta de medios ó por no 
consentirlo el plan de sus obras, los documentos 
orijinales que tan abundantes eran en esta época-, 
existiendo en gran número en los archivos del Es- 
tado y en los de los Grandes cuyos antepasados 
desempeñaron entonces los primeros cargos en la 
diplomacia, en la administración y en la milicia. 

La gran mudanza que está sufriendo de al~ 
gunos años á esta parte nuestra organización so- 
cial y política es causa de que se hayan perdi- 
do ó corran peligro de perderse, muchos docu- 
mentos de nuestra gloriosa historia, porque las 
casas de nuestros antiguos grandes están desti- 
nadas á desaparecer en un término breve. Ya 
alguna de las más notables ha dispuesto de su 
copioso é interesante archivo habiendo ido á pal- 
iar los documentos que contenia á distintos países 



X PRÓLOGO. 

y á diferentes manos; una gran parte de ellos 
los posee un acaudalado amante de nuestras le- 
tras y de nuestras glorias, por esto no saldrán 
de su poder mientras viva y dispondrá de ellos 
sin duda, para el caso de su muerte, en favor 
de algún establecimiento publico; de esta colec- 
ción he sacado curiosísimos datos en especial los 
que se refieren al Cardenal Castro y á sus deudos 
que eran capitulares de la Iglesia de Sevilla. 

Antes de que desaparezcan ó se diseminen tan 
preciosos documentos por consecuencia de los pro- 
fundos cambios que sin duda ha de sufrir toda- 
vía la nación española, es de desear que haya 
algún erudito que se consagre á escribir la his- 
toria de los siglos XVI y XVII. Un sabio académico 
de la Historia^ el Sr. Cánovas del Castillo, ha con- 
cebido sin duda este gran propósito, y su historia 
de la decadencia y el artículo sobre la casa de 
Austria^ inserto en el diccionario de los Sres. Barca 
y Suarez Inclan, encierran el pensamiento y las 
líneas fundamentales de este plan, digno de su 
alta capacidad y de su admirable y fecundo amor 
al trabajo; tal vez el ocio en que hoy le deja su 
alejamiento de la vida pública nos proporcione 
el beneficio incalculable de llegar á poseer una obra 
histórica de tamaua importancia. 

Otra persona, cuya modestia es tan grande 



PROLOGO. XI 

como su saber y su eiitendimiento que admiran 
cuantos le tratan, tiene la idea de escribir ki his- 
toria de nuestra civilización y de 'nuestras vici- 
situdes en el siglo XVII, ha reunido á este fín, 
durante una larga serie de años, una abundan- 
te y esquisita colección de libros y papeles , 
habiendo ya dado muestras de lo que puede ha- 
cer en este orden de estudios, publicando varias 
interesantes monografías en la acreditada Rcinsta 
de España. El Sr. Llórente, que es la persona á 
quien aquí se alude, no dejará desfraudadas las 
esperanzas de los amantes de la historia y dará 
público y solemne testimonio de su mérito en esta 
especiahdad del saber, como en otras lo tiene 
dado, llevando á feliz término su trascendental 
y difícil propósito de historiar nuestras vicisitudes 
nacionales en el siglo en que llegó á su límite 
nuestra extraordinaria decadencia. 

Claro está que el libro que ahora se publica 
ao suple la falta de escritores que he deplorado. 
Su autor, sujeto sin duda de pocas letras^ no tuvo 
intento de elevarse á las rejiones épicas de la his- 
toria siguiendo las huellas de Thucidides, de Tito 
Livio y de Tácito, á quienes probablemente no co~ 
nocia ni de nombre; ni siquiera se^ propuso como 
los cronistas de su época y de las anteriores, rejis- 
trár los sucesos de interés general, los hechos ejecu- 



XII PRÓLOGO. 

tados por los Reyes, representantes genuinos de las 
naciones que gobernaban; sino que hombre del pue- 
blo, dotado de fuerza de atención y de curiosidad y 
con hábitos sin duda metódicos, tales como los sue- 
len tener los empleados más subalternos de algunos 
ramos de administración pública, notaba al dia ios 
sucesos que le impresionaban vivamente, los des- 
cribia á veces con minuciosidad, recojiendo otras 
las impresiones que causaban en la muchedumbre 
expresadas en las poesías que copia, en general in- 
correctas y poco literarias, como producto espon-. 
táneo del genio popular que son sin duda alguna. 
Bien sé yo que esto no es la verdadera his- 
toria, la cual debe consistir ó en la exposición de 
los hechos que por su importancia influyen en la 
manera de ser de la humanidad y de los pueblos 
que la constituyen, sin elevarse á sus causas pri- 
mordiales, y entonces se nos ofrece bajo su forma 
pragmática, como dicen los alemanes; ó. en la, 
investigación de la esencia del ser colectivo y de 
la ley que á su desenvolvimiento preside, exponien- 
do las vicisitudes ó momentos mediante los cuales 
lo que se contiene y encierra en el concepto de 
humanidad aparece y se manifiesta por medio de 
contrastes y luchas, de series progresivas, en una 
inmensa y admirable \'ariedad que expresa la ina- 
í^otable riqueza del espíritu revelado por medio dct 



PROLOGO. XIII 

arte^ de la rclijion, de la filosofía y por último, bajo 
la forma del Estado que en si contiene y en su 
jurisdicción abarca todas las manifestaciones del 
espíritu^ que encarna y personifica. La exposición 
de ese proceso, que á pesar de su aparente inco- 
herencia es esencialmente lógico, porque obedece 
á una ley única y tiene una común y sola sus- 
tancia, es sin duda lo que verdaderamente merece 
el nombre de historia, y llegado el instante en 
que el ser humano tiene conciencia entera de sí y 
se reconoce como principio, medio y fin de la 
existencia, empieza á bosquejarse porHerder, y llega 
á concebirse en su forma definitiva por Heghel, 
aprovechando como elementos de su obra sinté- 
tica los datos que se contienen en los historiadores 
pragmáticos, y más todavía los que suministran 
los grandes pensadores que han dejado impresa su 
profunda huella ea los diferentes ramos de la ac- 
tividad humana; en el arte Homero, Esquilo, Vir- 
gilio, Dante, Cervantes; en la relijion Moisés, Buda 
y Jesucristo; en la filosofía Sócrates, Platón, Aris- 
tóteles, Epicuro, Tomás de Aquino, Descartes; y 
en la política, ó como representantes del Estado, 
Alejandro, César, Carlos V, Federico de Prusia y 
Napoleón Bonaparte. 

Pero hay otro aspecto, otro punto de vista, 
que aun cuando no ofrece tan alto y trascen- 



XIV PRÓLOGO. 

dental interés como los anteriores para la histo- 
ria, lo tiene sin embargo considerable^ y es el 
que consiste en averiguar y exponer de qué ma- 
nera influyen y de qué modo se manifiestan y 
revelan en la vida íntima de cada sociedad; en 
sus costumbres públicas y privadas^ en sus há- 
bitos^ en el carácter de sus individuos^ los gran- 
des hechos, las grandes ideas, los principios so- 
beranos que son los rectores supremos de la exis- 
tencia nacional de los pueblos. Esto es lo que 
podria llamarse la historia privada y anecdótica 
que tan grande curiosidad y tan profundo interés 
inspira, y que no puede ser estéril por lo mismo 
que existe tan fuerte tendencia en el alma humana 
hacia su conocimiento. A este género de historia 
pertenecen en su miyor parte las noticias que se 
contienen en el manuscrito que vá á continua- 
ción , por más que en él se inserten otras de 
interés público y general, pero tan conocidas que 
no hay escritor alguno que las omita^ siendo por 
tanto lo curioso de ellas, no su mera referencia 
por Ariño, sino lo que éste cuenta del efecto que 
produjeron en Sevilla. 

Esta Ciudad habia llegado en la época que 
abarca el escritor á su mayor grado de floreci- 
miento, y como se sabe, competía y aun aventa- 
jaba á la Corle, todavía no establecida definitiva- 



PRÓLOGO. XV 

mente en Madrid, en riqueza, en saber, y en to- 
das las cosas que constituyen la grandeza de una 
población; deseo no se atribuya á mi amor de 
hijo este juicio, y aunque para demostrarlo se 
necesitaria más espacio del que consiente una in- 
troducción ó prólogo, no quiero dejar de aducir 
en mi apoyo algunos fundamentos. A fines del si- 
glo XV, la necesidad de llevar á feliz término la 
reconquista habia atraído á la Andalucía, y par- 
ticularmente á Sevilla, todas las fuerzas vivas de 
la nación y en ella residía la Corte con más fre- 
cuencia que en ningún otro lugar de España. Esto 
fué causa de que la nobleza hiciese allí asiento^ 
y que fueran andaluces héroes que se distinguie- 
ron en el cerco y toma de Granada tanto como 
el que después fué llamado gran Capitán y el que 
desde aquel fausto suceso se denominaba el gran 
Marqués de Cádiz. 

A poco de terminada esta memorable y gloriosa 
empresa^ y cuando libre ya el territorio de la Penín- 
sula de los enemigos que la habían dominado más 
ó menos extensamente durante ocho siglos, era po- 
sible fijar la Corte donde aconsejaran otras necesi- 
dades administrativas y políticas, el descubrimien- 
to del Nuevo-mundo fué una causa nueva y efi- 
cacísima para sostener y aum.entar la prosperidad 
de Sevilla, en cu va ciudad se estableció el Tribunal 



XVI PRÓLOGO. 

y casa de Contratación de indias, porque de las 
márjencs del Guadalquivir partian las flotas que 
conducian nuestros conquistadores y á ellas apor- 
taban los bajeles cargados con las riquezas que 
eran despojos de nuestras armas y de nuestra po- 
lítica. El comercio y la industria tomaron cnton-- 
ees en nuestra ciudad un desarrollo portentoso, y 
si es una exajeracion aíirmar que llegó á haber en 
ella ochenta mil telares de seda, evidente es que 
floreció en Sevilla esta industria, así como la ce- 
r¿\mica y otras de cuya prosperidad nos dan no- 
ticia los historiadores, quedando algunos rastros de 
la belleza y perfección que alcanzaron aquellas que 
más se ligan con las artes del dibujo. 

Estos elementos sociales eran . muy principal 
parte á que el cultivo de las ciencias y de las letras 
fuese en nuestra Ciudad esmeradísimo, producien- 
do el largo catálogo de escritores y de poetas hi- 
jos de Sevilla, que no he de enumerar aquí por- 
que se hace mención de ellos en diferentes libros, 
y porque son conocidos de cuantos tienen amor 
á las letras patrias; basta á mi propósito recordar 
entre los historiadores y prosistas á Pedro Mexia; 
entre los humanistas á Mal-lara, entre los poetas 
al divino Herrera, y entre los hombres de ciencia á 
Monardes^ que producían escritos inmortales, mien- 
tras que creaban obras imperecederas, á lincs del. 



PRÓLOGO. XVIi 

siglo XVI, los pinceles de Vargas y de Zurbaran^ 
y los cinceles de Martinez MontaLés y de Nuilez 
Delgado. 

Los salones del opulento poeta D. Juan de Ar- 
guijo en su casa de la calle que hoy lleva su nom- 
bre, y el modesto estudio del erudito pintor Fran- 
cisco Pacheco eran lugares donde se reunia la 
ilustre pléyade de artistas y de sabios cuyos re- 
tratos y elojios escribió este último, habiéndose 
salvado providencialmente esta galería de notabi- 
lidades sevillanas, ó que residieron por largo tiem- 
po, durante la época cuyos sucesos refiere Ariño, 

en la mejor ciudad, por quien famoso Guadalquivir 
al^a igual al mar su altiva frente. 

No es por tanto maravilla que ciudad donde se 
reunían tan altos injenios, donde podia contem- 
plarse como en resumen lo más delicado y exce- 
lente de la civilización española, y al mismo tiempo 
lo que producían de monstruoso, de repugnante y 
de criminal los vicios que le eran anexos, se com- 
placiese tanto el injenio profundo y la observa- 
ción perspicaz de Miguel de Cervantes, que resi- 
día en Sevilla y tomaba parte en sus emociones 
en la época á que nos vamos refiriendo, como lo 
atestigua del modo más significativo el soneto al 
túmulo de Felipe II, que inserta en su escrito, ca- 
lificándolo de octava el bueno de Ariño. 



XVIII PRÓLOGO. 

Con tales actores, con tales elementos y con tal 
espíritu, el teatro social que ofrecia Sevilla en aquel 
tiempo era el más apropósito para que se espla- 
yasen en él los sentimientos, las aptitudes y los 
caracteres propios del genio español en lo que te- 
nia de más íntimo, y por lo tanto en lo que mayor 
curiosidad puede inspirarnos, y este espectáculo es 
el que nos ofrece el escrito que ahora se publica, 
aumentando el interés del asunto la espontaneidad, 
la falta completa de artificio con que está pre- 
sentado. 

El primer suceso que refiere Ariño es la ce- 
lebración de unas fiestas de toros y cañas que tuvo 
lugar en la plaza de S. Francisco en 5 de Julio 
de 1592, y aunque no se dice el motivo de esta so- 
lemnidad, las actas del Cabildo de la Ciudad, cu- 
yos estractos se publican en el Apéndice, demues- 
tran que fué su principal objeto festejar el nom- 
bramiento de Presidente de Castilla hecho á favor 
de Rodrigo Vázquez de Arce, natural de Sevilla 
y su favorecedor en la Corte. Las pruebas que 
aduzco en las Notas y Apéndices no dejan duda 
de que este personaje era hijo de Sevilla; á pesar 
de lo que en contrario afirma en sus Grande{as de 
Madrid el P. M. Gil González Dávila. También 
indico en ellas que probablemente la exaltación de 
nuestro paisano á tan elevado puesto se debería 



PRÓLOGO. XIX 

en parte á la que tomó en el famoso proceso 
de Antonio Pérez, en el cual fué juez comisiona- 
do; pero no fué este asunto, que tuvo tan graves 
consecuencias y que ha tenido tantos narradores, 
lo que debe fijar nuestra atención al ocuparnos de 
las fiestas con que celebró Sevilla la fortuna de 
su ilustre hijo, sino otras particularidades que en 
esta ocasión ocurrieron, y especialmente el entre- 
dicho, puesto por el Cardenal Castro, fundado en 
que se hicieron las fiestas en tiempo de jubileo. 
FwSta circunstancia trae desde luego á la escena 
á un personaje por muchos conceptos importan- 
tísimo en aquella sazón y acerca del cual he re- 
unido los datos biográficos que pueden verse en 
las Notas y Apéndices; el proceder del Cardenal 
con ocasión de este suceso, no hace más que po- 
ner en relieve uno de los caracteres propios de 
España en aquel periodo, que consiste en la gran 
influencia del poder eclesiástico y en lo estenso 
de sus facultades^ que procuraban aumentar los 
prelados por todos los medios y en todas las oca- 
siones. En la presente, como de ordinario, el Car- 
denal Castro sólo se valió de sus armas espiri- 
tuales, pero sus censuras, que comprendieron á 
toda la Ciudad, en una nación esclusivamente ca- 
tólica, producían el más profundo y eficaz efecto, 
suscitando una cuestión de orden público en la 



XX PRÓLOGO. 

que no podia dejar de intervenir el Estado, comd 
en efecto intervino, sin duda, interponiendo el fiscal 
el correspondiente recurso de fuerza á petición del 
Cabildo de la Ciudad, recurso que nos cuenta Ariño 
que perdió el Cardenal y ganó Sevilla, por tres sen- 
tencias de la Audiencia, que se nos presenta desde 
este momento cual el supremo poder que en esta 
época existia, al que todos los demás estaban subor- 
dinados y que por lo mismo no podia estar exento 
de arbitrariedad y abusos^ como demostraré más 
adelante; pero esta circunstancia nos hace ver que 
el poder judicial era la garantía eficaz que enton- 
ces refrenaba y correjia los defectos del absolutis- 
mo, que nunca llegó á ser despótico en España. 

El romance en que se describen las fiestas, es, 
como casi todas las poesías que inserta Ariño, de 
escaso mérito literario; pero en compensación de 
esto tiene el interés de presentarnos el espectáculo 
de los toros y de las cañas tal como entonces 
tenia lugar^. no necesitándose mucha fuerza de ima- 
jinacion para figurarse, en virtud de lo que dice 
Ariño, las ventanas y balcones de la plaza de San 
Francisco poblados de bellas y lujosas damas y 
de apuestos caballeros, presenciando la sangrienta 
lidia, y lo que debia ser más agradable, la finjida 
lucha de los caballeros, que vestidas ricas galas y 
ginetes en gallardos potros andaluces^ hacian alarde 



PRÓLOGO. XXI 

de su destreza en el manejo de las armas y del 
caballo, cosas que constituían el principal ejerci- 
cio de los nobles de aquella época, asistentes co- 
tidianos á la tela, que aún conserva su nombre 
no lejos de la antigua y característica puerta de 
Córdoba. 

En los años iSgS, 94 y 95 hubo grandes tem- 
porales de agua, de que resultaron avenidas, y 
Arillo dá cuenta de la que empezó el primero de 
Enero del 93, como la dá más adelante de cuantas 
ocurrieron en la época en que escribe. Esto era na- 
tural que lo hiciese un vecino de Triana, donde afli- 
jian mucho y todavía aflijen esas calamidades, más 
continuas antes que ahora, pues con la construcción 
del nuevo puente ni invade con tanta faciUdad el 
agua las calles del barrio, ni se dificulta el paso á 
Sevilla; pero sin duda recuerdan los que tienen 
más de cuarenta años lo que era antes una ave- 
nida del Guadalquivir^ por el peligro de que arras- 
trase el rio el puente de barcas, como ocurrió va- 
rias veces, y por la necesidad de poner borriquetes 
y otros artificios para el tránsito de la gente de á pié; 
pues las caballerías y carros en ninguna manera 
podian pasar durante las avenidas, que además 
causaban grandes conflictos por la miseria de la 
mayor parte de los vecinos de Triana, á quienes 

tenia que socorrer el municipio en aquellos dias 
Suc. DE Sev. 



XXII PRÓLOGO. 

de prueba^ para que no perecieran de hambre. 

Al mismo tiempo que de la avenida^, se ocu- 
pa Ariño de la muerte que un tal Reyes dio á 
un sargento de galera y del alboroto que con 
este motivo hubo^ del que resultó huirse todos 
los corchetes de la ciudad (cque no parecieron en 
cuatro meses.)) Aquí vemos ya un suceso que 
nos trae á la memoria á la Sevilla de Rinconete y 
Cortadillo, y en el mismo año nos refiere Ariño 
otro que confirma y robustece este recuerdo: á sa- 
ber la resistencia que se hizo á la prisión de un 
Juan García^ siendo nada menos que un Alcalde de 
Corte la autoridad desacatada, asi como más ade- 
lante nos da noticias de análogas fechorías y muy 
especialmente de aquellas en que fué el princi- 
pal héroe el valentón Diego Xénis. Todos estos 
sucesos prueban que el carácter de la ciudad 
y de sus habitantes no ha variado sustancialmen- 
te durante siglos, pues los que tengan alguna edad 
habrán presenciado escenas parecidas especial- 
mente en los barrios bajos. Todavia recuerdo 
el rebato que hubo en Triana cuando fué muerto, 
al intentar prenderle, un famoso contrabandista 
llamado Joaquín Rey, y, los que á la sazón te- 
nían edad suficiente, no olvidarán nunca la ma- 
tanza de los gitanos ocurrida el 28 de Julio de 
i856. Además no creo que hayan desaparecido 



PRÓLOX^O. XXlíí 

por coQipleto los valentones^ que por serlo eran 
las notabilidades del barrio en que vivían^ aunque 
sus hazañas no han sido tan frecuentes de veinte 
años á esta parte^ porque la policía y las cos- 
tumbres han mejorado mucho á expensas del as- 
pecto pintoresco y del carácter peculiar y propio 
del pueblo sevillano. 

El segundo suceso ocurrido en el año de 94^ 
que refiere Ariño^ es la traslación de los res- 
tos mortales del Cardenal D. Gonzalo de Mena 
desde la Catedral al Monasterio de Sta. María 
de las Cuevas^ de la orden de Cartujos^ de que 
fué fundador. En el Apéndice doy noticia^ to- 
mándola de la historia eclesiástica de Sevilla, es- 
crita por el Abad Gondillo y todavía inédita, de 
una curiosa anécdota relacionada con esta funda- 
ción. Como se sabe, el Monasterio^ que tan pin- 
toresca situación ocupa en la márjen derecha del 
Guadalquivir, ha dejado de ser asilo destinado 
á la vida contemplativa; y á los silenciosos car- 
tujos han sucedido los animados y activos obre- 
ros de una industria que ha florecido y prospe- 
rado mucho; la iglesia despojada de sus adornos, 
entre los que era de notar el coro, se conserva 
todavía, pero el sepulcro de su fundador ha vuelto 
á la Catedral y está colocado en una capilla pró- 
xima á la de Escalas. Aunque no goza buena luz 



XXIV PROLOGO. 

y no es un monumento ostentoso, me parece que 
así la estatua yacente del Cardenal, bien modelada 
y de correcto dibujo, como la urna que encierra 
sus cenizas, de gusto gótico, son obras de mérito 
c importantes para la historia del arte, por la época 
á que pertenecen. 

Acerca de los sucesos del año de g5, debo en 
primer lugar decir algo sobre las flotas de naos de la 
plata: por lo que resulta de los datos existentes en 
el archivo de indias, de que doy noticia, fueron tres 
las que en este año vinieron, habiendo llegado la pri- 
mera al muelle del rio de Sevilla en 22 de ?vlarzo- 
teniendo que arribar otra por los temporales á 
Lisboa, de donde fueron conducidos por tierra 
los caudales á Sevilla; y tomando puerto por tálti- 
mo la tercera en Sanlúcar de Barrameda en Agosto 
del mismo año. Según esos datos, las sumas traí- 
das por las tres flotas importaron en números re- 
dondos 1,702 cuentos de maravedís, cuya distri- 
bución se verificó en Sevilla hasta la suma de í,i63 
cuentos; y basta considerar esta afluencia de me- 
tálico para comprender la grande importancia co- 
mercial que entonces tendría Sevilla, aunque no 
dieran noticia positiva y directa de ella los escrito- 
res de la época y muy singularmente el P. Mercado 
en su Suma de tratos y contratos y el cual dice (i): 



(i) Cap. I, fól. 1 5 vuelto. Edición de Sevilla de iSyi. 



PRÓLOGO. XXV 

«Así la casa de la Contratación de Sevilla y el 

«trato de ella es uno de los más célebres y ricos 

«que hay el dia de hoy ó se sabe en todo el orbe 

«universal. Es como el centro de todos los mer- 

(ccados del mundo. Porque á la verdad, soliendo 
((antes el Andalucía y Lusitania^ ser el extremo y 

((fin de toda la tierra, descubiertas las indias es 

((hoy como medio. Por lo cual todo lo mejor y más 

«estimado en las partes antiguas, aun de Turquía^, 

((viene á ella para que por aquí se lleve á las nue- 

«vas^ donde todo tiene tan exesivo precio. De 

«aquí es que arde toda la ciudad en todo género 

«de negocios. Hay grandes y reales cambios para 

«todas ferias^ así dentro del reino como fuera: 

(íventas y compras fiado y de contado de gran 

((Suma: muy grandes cargazones: baratos de mu- 

((chos millares y cuentos: que ni Tiro ni Alejan- 

((dría en sus tiempos se le igualaron. Y en cual- 

((quiera de estos tratos no puede dejar de haber 

«(supuesta la malicia y avaricia humana) algunos 

((engaños y mil ardides tan injeniosos y á las veces 

((tan encubiertos que es menester particular in- 

«jenio para entendellos y aun ayuda y favor de 

((Dios para^ vista la ocasión, no cometellos y tra- 

((mallos.Y lo uno y lo otro conviene á saber) la 

((gran contratación de estas gradas y los negocios 

«interesales de ellas, y lo mucho que muchas ve- 



XXVI PRÓLOGO. 

«ees por ignorancia^ alo que creo^ se peca é yer- 
«ra en ello, y el gran deseo que en muchos co- 
«noci;, y conozco de acertar me obligó á componer 
«este Opúsculo con los siguientes.'' De donde re- 
sulta no solo que Sevilla era como antes he dicho 
un gran emporio^, sino que la razón del curioso 

libro del P. Mercado^ lo que le movió á com- 
ponerlo fué la actividad comercial de Sevilla, cuyo 

principal teatro eran, como se sabe, las gradas de 
su Catedral, antes que se construyera su magní- 
fica Lonja. 

Los caudales conducidos por las flotas per- 
tenecían en parte á personas privadas que los 
enviaban desde América á la Península, pero á 
lo que se infiere de la distribución hecha de 
orden de S. M. la mayor porción era del Era- 
rio Real y se consignaba para pago de deudas^ 
que el Gobierno tenia con los particulares, sien- 
do curiosa la lista de los que participaron del 
dinero venido en las flotas del año de gS, en- 
tre los cuales son de notar el Príncipe Andrea 
Doria y otros dueños de galeras, que tanto tiem- 
po estuvieron al servicio de España^ y los Fúca- 
res^ grandes potentados de la época y ordinarios 
banqueros durante ella del Estado. El curioso 
trabajo del Sr. Llórente publicado en la Revista 
(le España bajo el título de un presupuesto en 



PRÓLOGO. XXVII 

el siglo XVI, nos hace ver cual era entonces 
la situación de la hacienda púbhca y como, á 
pesar de los raudales de plata y oro que venían 
á España, su tesoro público estaba de ordinario 
en la mayor angustia, dando pábulo k que el 
injenio extravagante de los arbitristas se ejercitase 
en urdir las más absurdas combinaciones para 
sacar de apuros al Gobierno. Sin duda eran 
especial motivo de semejante situación los errores 
económicos y administrativos que á la sazón te- 
nían plaza de verdades; pero no creo que se 
deba contar entre ellos el sistema de aduanas 
y el monopolio ejercido por España en el co- 
mercio de las indias; verdad es que ni esto ni 
la prohibición rigorosa de esportar metales pre- 
ciosos bastó para el desarrollo de la riqueza pú- 
blica, la cual disminuía rápidamente, porque nues- 
tro espíritu aventurero y el deseo en unos de ad- 
quirir gloria y en los más de hacer fácil y rápida 
fortuna en las rejiones del Nuevo -mundo eran cau- 
sa de que se abandonaran todos los ramos de la 
industria, y de que fuese insignificante ó casi nulo 
el trabajo nacional, única fuente verdadera de la 
producción y de la riqueza, (i) La espulsion de los 

(i) E! famoso Embajador veneciano Andre's Navajero, que estuvo en 
España desde el año de i526 al 28, dice en su Itinerario: «Los españoles 
lo mismo aqui (Granada) que en el resto de España no son muy industrio- 
sos, y no cultivan ni siembran de buena voluntad la tierra, sino que van de 
mejor gana á la guerra ó las Indias para hacer fortuna por este camino, 
que preíieren á cualquier otro.» 



XXVIII PRÓLOGO. 

judíos y luego la de los moriscos contribuyeron, 
con las continuas guerras que sostuvimos en aqueí 
periodo^ á la despoblación de España y á la im- 
posibilidad de fecundar los gérmenes de prospe- 
ridad que existian en ella^ viniendo al cabo á pa- 
rar Á la situación tristísima de que dan idea va- 
rios escritores del siglo XVII, y especialmente 
Navarrete en su libro titulado ^Conservación de 
monarquías,'' 

Casi puede asegurarse que los acreedores que 
se repartieron los caudales traidos por las flo- 
tas del año 95 estarían largo tiempo esperando 
á que se les pagara y que no serian satisfechos 
en aquella sazón de todos sus créditos; porque 
es sabido que los apuros del Tesoro eran gran- 
dísimos, y solo su situación ruinosa puede expli- 
car el abandono de las atenciones más importan- 
tes, del Estado, abandono que hacía posibles suce- 
sor tan vergonzosos para la Nación como el saco 
de Cádiz, que ocurrió el 2 de Julio del año si- 
guiente de 1596, y del que se ocupa Ariño con un 
detenimiento y con una insistencia, que prueban 
cuan grande fué el pavor que inspiró aquella ca- 
tástrofe, y cuan grande el peligro de que los ingleses 
hubieran llegado sin obstáculo á Sevilla, apode- 
rándose de ella y sometiendo á sus habitantes á 
las exaccciones y durísimo tratamiento, que los de 



PRÓLOGO. XXÍX . 

Cádiz tuvieron que sufrir con mengua del decoro 
de una Nación^ que todavía era tenida generalmen- 
te por la primera del mundo, (ij 

En efecto, así como Cádiz no pudo hacer re- 
sistencia á los invasores;, porque nada estaba pre- 
parado ni dispuesto en plaza tan importante, á 
pesar de hallarnos en guerra hacía años con los 
ingleses, cuyo poder marítimo ha sido siempre tan 
grande y temible, llegando el descuido de nuestro 
gobierno hasta el punto de que no pudiese disparar 
la artillería de los fuertes porque las pocas mu- 
niciones que habia no se adaptaban al calibre de 
las piezas, y las murallas estaban tan descuidadas 
que no tenían foso, habiendo subido á ellas sin 
escalas los, que dieron el asalto, porque les sir- 
vieron para este fin los terraplenes (2); así tam- 
poco en Sevilla habia más medio de defensa, se- 
gún cuenta Ariño^, que cuatrocientos arcabuces 
mohosos é inservibles que tenia el Ayuntamiento 
en la Albóndiga. (3) 



(i) Después de escrito este Prólogo he visto en poder del Sr. Lló- 
rente el capítulo que dedica Luis Cabrera, en la 2.* parte de la' vida de 
Felipe II, hasta ahora inédita, al saco de Cádiz, donde añrma que no puede 
atribuirse á sorpresa, pues dice que «el Rey habia sido advertido por su 
ayuda de cámara Francisco Lhermit, flamenco, para que se tomaran pre- 
cauciones en Andalucía.!) 

(2) El saqueo de Cádiz por el P. Fr. Pedro de Abreu, pág. 100. 

(3) Cabrera en el lugar citado cree sin embargo que se pudo haber 
rechazado al Inglés, atribuvendo el fracaso á la mala dirección de la defen- 
sa, que tomó á su cargo ef clérigo D. Pedro Gutiérrez Plores, Presidente 
de la Contratación de'Sevilla, el cual estaba en Cádiz para el despacho de 



XXX PRÓLOGO. 

Acontecía esto poco más de un siglo después 
de haber sido Sevilla la plaza de armas más im- 
portante de Andalucía^ habiendo contribuido con 
tanta eficacia los caballeros sus naturales, y las 
gentes de su tierra que seguian el pendón de la 
Ciudad, á todos los hechos de guerra que dieron 
por resultado la conquista del reino de Granada. 
Una política meramente dinástica y que nada tenia 
de nacional, distraía nuestras fuerzas empleándolas 
en lejanas campañas que no podían concluir sino 
con nuestra ruina; y mientras tanto yacía la 
Península en tan punible abandono que se daba 
lugar como dice Ariño «á una perdición tan no- 
toria en todo el mundo, que no se puede con- 
tar.'^ El desorden, la agitación que se revela en 
el párrafo, que dedica Ariño á narrar este acon- 
tecimiento, dá idea exacta del estado de los áni- 
mos en Sevilla con esta ocasión. Como de or- 
dinario sucede en España, se empezaron á tomar 
tardías disposiciones fi) que nada remediaron, 
y que consistieron en reunir muchas gentes alle- 
gadizas, incapaces para el ataque y de poco 



la flota, pues dice que la armada inglesa «se componía de ciento veinte 
bájales, de ellos solo veinte gruesos v los demás no servian sino para ha- 
cer cuerpo espantoso por el número; y los españoles tenian ocho ga- 
leones con el S. Francisco de cincuenta piezas de artillería sin otros mu- 
chos navios menore,s con los cuales se podia ofender y defenderse trocan- 
do la fortuna bajo de buena cabeza.» 

(i) Según dice Cabrera, Sevilla gastó en esta ocasión ciento setenta 
y dos mil cuatro :icntos cuarenta y ocho ducados. 



PROLOGO. xxxr 

provecho para la defensa de quienes dijo con ra- 
zón Cevantes: 

« Vimos en Julio otra semana santa 

Atestada de ciertas cofradías 

Que los soldados llaman compañías 

De quien el vulgo, y no el inglés se espanta.'^ (i j 

La noticia que dá Ariño de que venia Antonio 
Pérez, el famoso secretario de Felipe 11^ en la 
armada inglesa no tiene el menor fundamento^ 
y es á mi parecer completamente inexacta; porque, 
en la época en que el saco de Cádiz tuvo lugar, 
Antonio Pérez estaba en Francia, según puede in- 
ferirse de distintos datos y noticias; pero se conoce 
que en la imajinaclon de las gentes de aquel tiem- 
po, era este novelesco personaje un genio maléfico 
para España, que^ después de haber suscitado las 
alteraciones del reino de Aragón, iba por todas 
partes soliviantando los ánimos de los monarcas 
extranjeros contra su patria, y comunicándoles ios 
secretos de que su oficio le habia hecho dueño y 
que más podian perjudicarnos; era natural que en- 
tre ellos estuviese el de la ñaqueza de Cádiz, a si 
como su opulencia en que podian hacer buena 
presa los ingleseS;, y no solo imajinarian los fieles 



(i) Soneto de Cervantes á la entrada del Duque de Medina en Cad \z 
evacuada ya por el Ingles. 



XXXII PRÓLOGO. 

vasallos de Felipe II que su traidor secretario ha- 
bia dado tales noticias, sino que habia servido 
de guia personalmente á nuestros enemigos, para 
que más fácil y seguramente llevaran á cabo en 
nuestro daño su propósito. 

El 24 de Marzo del siguiente año de logj tomó 
posesión del cargo de Asistente de la Ciudad el 
Conde de Puñonrostro, y es muy de notar la predi- 
lección que por él muestra Ariño. Aunque, según 
las noticias que se tienen, el Conde era buen hom- 
bre de guerra, como no se le ofrecieron ocasio- 
nes en que mostrar esta calidad en su gobierno de 
Sevilla, puso á lo que se infiere especial y notable 
empeño en lo tocante al buen orden y gobierno 
de la Ciudad, esto es, en loque ahora llamaríamos 
la administración municipal, dando con este motivo 
muestras de gran enerjía de carácter no solo en lá 
represión de los delitos y faltas, sino, lo que era 
más ocasionado á dificulades, en las luchas con la 
autoridad judicial, que entonces era, como he di- 
cho, poco menos que omnipotente. Estas luchas, 
que consistian en competencias de jurisdicción, 
fueron en aquel tiempo frecuentísimas, porque ni 
en la teoría ni en la práctica se conocía ni ob- 
observaba entonces el principio de la distinción de 
los poderes públicos; todos ellos eran propios del 
Rey, que los delegaba á su voluntad en diferentes 



PRÓLOGO. XXXIII 

representantes suyos, reservándose solo la facultad 
de hacer la ley, para lo cual no fué nunca pre- 
ciso, como algunos creen, la intervención de las 
Cortes, salvo en materia de impuestos. Ni aun las 
mismas leyes en lo meramente civil hablan adqui- 
rido carácter general en España, pues es sabido 
que conservaban las suyas particulares los diferen- 
tes reinos que formaban la monarquía, y en lo que á 
la administración se refiere tenían en el reinado de 
Felipe II y en los posteriores hasta nuestra época 
un valor limitado y particular, siendo diferentes en 
cada ciudad y villa asi la organización y atribu- 
ciones de los municipios, como las reglas que estos 
hablan de observar en el desempeño de su cometido. 

Poseía Sevilla antiguas ordenanzas cuyo primer 
elemento fué la lejlslaclon otorgada por San Fer- 
nando, á la cual se fueron añadiendo numerosas 
disposiciones adoptadas por los reyes que le suce- 
dieron; ejercía antiguamente todo el poder la corpo- 
ración municipal, ó como entonces se llamaba, la 
Ciudad, siendo de su competencia no solo lo ad- 
ministrativo^ sino también lo jurídico y hasta lo pu- 
ramente militar; pues Sevilla tenia su pendón como 
un rico-hombre y acudía^ cuando era llamada por 
el Rey^ para ayudarle en la guerra con su hueste;, 
formada á su costa, con los caballeros y hombres 
de armas de la Ciudad y de su tierra. Esto daba 



XXXIV PRÓLOGO. 

una independencia y un poder á las localidades^ 
singularmente si eran tan importantes como Sevi- 
lla; que no podían consentir los reyes^ aunque se 
tratara de pueblos cual la Ciudad siempre fiel y 
leal^ que ganó este blasón y empresa para su es- 
cudo en los revueltos tiempos de Alfonso X^ siendo 
siempre afecta á este desgraciado monarca; Por 
esta razón cuando el poder real llegó á fortalecerse^ 
ejercido por los Reyes Católicos^ trataron estos de 
someter á su autoridad el municipio sevillano, po- 
niendo en él un representante suyo, que tomó el 
nombre de Asistente, usado ya desde el tiempo de 
Enrique III, el cual por sí solo tenia las dos terce- 
ras partes de los votos del municipio. 

Pero aun después de esto las atribuciones mu- 
nicipales seguían siendo las mismas y los alcaldes 
mayores, que lo eran por su propio derecho, aun- 
que al principio fueron electivos, ejercían las fun- 
ciones de justicia con poder casi absoluto, por ser 
difíciles y poco frecuentes las alzadas, hasta que 
en el reinado del Sr. D. Carlos V. se estableció la 
Audiencia en sustitución de los jueces de grados 
que entendían antes en las apelaciones de los asun- 
tos librados por los alcaldes. El Asistente por sí 
y por medio de sun tenientes ejercía también atri- 
buciones judiciales, y además, en materias de po- 
licía urbana, entendían en primera instancia los 



PRÓLOGO. XXXV 

fieles ejecutores^ q[ue tuvieron antes facultades más 
estensas. En tan confusa y mal determinada or- 
ganización no era estraño que á cada paso surjie- 
sen conflictos de jurisdicción^ pues es natural que 
cada autoridad aspire á estender la suya^, y el 
Cabildo de Sevilla repugnó si-impre la creación de 
la Audiencia^ sosteniendo con ella continuas lu- 
chas^ no solo por este motivo^ sino especialmente 
para defender sus honores y preeminencias^ de lo 
cual se verá más adelante un ejemplo notabilísimo. 
El Conde de Puilonrostro empezó su campaña 
administrativa en Sevilla por el arreglo de la men- 
dicidad, plaga que ha existido de antiguo en Es- 
paña^ y que no han bastado á remediar las institu- 
ciones modernas. El número de mendigos que resi- 
dían en Sevilla, según refiere Arillo, era grandísimo, 
y, como se sabe, la mendicidad constituía una ver- 
dadera profesión^ que la opulencia y la caridad de 
Sevilla debían hacer muy lucrativa en aquella época. 
Para correjlr tales abusos ordenó Puñonrostro una 
revista general de mendigos en el Hospital de la 
Sangre, y acudieron tantos que se llenaron ios 
patios del edificio y el campo donde está situado, 
lo cual constituiría un espectáculo curioso aunque 
•deplorable, como lo espresa Arlño, diciendo «que 
fué el mayor teatro que jamás se ha visto.» El Sr. 
Asistente dló Ucencia para mendigar á los viejos é 



XXXVI tRÓLOGO. 

impedidos, recojió en los hospitales á los enfer- 
mos, y prohibió á las personas válidas que pidie- 
sen limosna bajo pena de azotes. 

El sistema de la tasa se hallaba entonces en 
vigor y nadie ponia en dada que estuviese en las 
facultades de la autoridad fijar el precio de las 
cosas, señaladame.ite de los mantenimientos y de- 
más objetos necesarios para la vida, pues no se 
creia entonces que la libertad de la contratación 
fuera cosa justa, ni que la concurrencia fuese el 
verdadero medio de fijar el precio de las merca- 
derías; á pesar de esto los que se dedicaban á la 
venta al por menor de los comestibles^ llamados 
regatones, trataban de eludir las posturas, y Pu- 
ñonrostro dio un bando mandando observarlas ri- 
gorosamente bajo la pena tan común entonces de 
azotes; en estos abusos tenian la principal culpa 
los fieles ejecutores, cuyas interesadas complacen- 
cias con los regatones eran ya ordinarias, á pesar 
de las quejas de los vecinos; y esta fué la causa 
de la desconsideración en que cayó aquel oficio^ 
hasta que fué suprimido por las modernas leyes. 
Conociendo esto, el Asistente mandó que no se 
ejecutase ninguna sentencia de los fieles ejecutores 
sin el conocimiento y aprobación de la Ciudad; , 
quisieron aquellos defender la independencia de su 
jurisdicción, pero el Rey no atendió sus preten- 



PRÓLOGO. XXXVI t 

siones^ y desde luego halló Puñonrostro pruebas 
evidentes del poco celo^ ya que no de la prevarica- 
ción, de aquellos oficiales públicos, pues por falta de 
castigo eran escandalosísimas las reincidencias en 
el delito ó falta de infracción de las ordenanzas 
municipales, en materia de posturas. Estos desma- 
nes estaban además protejidos por otras autoridades 
y personas poderosas de quienes eran criados mu- 
chos regatones; se necesitaban, pues, penas ejem- 
plares y enérjicas para reprimirlos, y la primera 
que se inflijió á consecuencia del bando lo fué á un 
regatón^ que vendió en el Rastro á un caballero 
carne de oveja, finjiendo que era de carnero; el reo 
fué paseado y azotado por los sitios de costum- 
bre con la carne al cuello^ lo cual alborotó á la 
gentecilla regatona. 

Proseguia el Conde de Puñonrostro la perse- 
cución y castigo de los regatones con gran con- 
tentamiento de los vecinos de Sevilla, según se 
infiere claramente de las poesías dedicadas á este 
asunto^ que inserta Ariño; pero los perseguidos 
no se rendían^ y esperaron sin duda hallar am- 
paro y protección en la Audiencia; es claro que 
este respetable tribunal no se pondría de parte 
de los regatones por motivos interesados y ver- 
gonzosos; pero los reos supieron esplotar en su 

provecho el celo de los Oidores en defensa de su 
Süc. DE Sev. *** 



XXXV ni PRÓLOGO. 

jurisdicción, y su ojeriza contra el Ayuntamien- 
to; á este fin interpusieron los penados ante la 
Audiencia apelaciones de las sentencias dictadas 
por el Asistente y Cabildo. 

Aunque la sustanciacion de los procesos, así 
civiles como criminales^, era entonces de una bre- 
vedad tal, que admira á los que conocen la len- 
titud que ahora se tiene en esto^ si las apelacio- 
nes de que se trata hubieran prosperado, la au- 
toridad del Asistente y Cabildo hubiera sufrido 
terrible descalabro, y, conociéndolo así Puñonros- 
tro, se atrevió á cometer un acto cuya gravedad 
es extraordinaria, y cuyas circunstancias fueron 
notabilisimas. (i) María de la O, jabonera en la 
collación de S. Marcos, interpuso apelación de la 
sentencia de azotes á que habia sido condenada, 
y la Audiencia, admitiéndola, mandó suspender su 
ejecución, dando orden al Alcaide de la cárcel 
para que no fuese estraida la reo con dicho ob- 
jeto, poniendo á fin de impedirlo alguaciles de 
guardia. Puñonrostro prescindiendo de todo, y 
previo acuerdo de la Ciudad, rompió la cárcel, 
sacó á viva fuerza por una ventana á María de 



(i) Por no abultar este libro, ya muy grueso, no inserto en el Apén- 
dice el Memorial que dirigió D. Diego Hurtado de Mendoza, Vizconde de 
la Corzjna, Asistente que fué de Sevilla, á su sucesor en este cargo 
D. Diego de Cárdenas, Conde de la Puebla del Maestre; en este curioso 
documento, que publicará en breve mi amigo el Sr. D. Antonio Rodri- 
guez Villa, se trata estensamentc todo lo relativo á las rivalidades entre 
h A\idiencia v el Cnbildo. 



PRÓLOGO. XXXIX 

la O, y cumplió en ella su sentencia. La Au- 
diencia formó como era justo, el correspondiente 
proceso, y en Sevilla hubo el alboroto que pue- 
de imajinarse; así como también este hecho pue- 
de dar idea cabal de lo que era en aquella épo- 
ca, que por algunos se nos quiere presentar co- 
mo dechado digno de imitación, el desorden y 
la irregularidad en las funciones de la adminis- 
tración y del gobierno; de lo cual se seguia, como 
natural consecuencia, tan profundo y fundamental 
desquiciamiento, que, sino produjo la disolución 
de la sociedad española, fué, porque la unidad 
relijiosa y los vínculos producidos por los ante-- 
cedentes históricos lo impedian; pero fuerza es 
reconocer que ya existian en aquella época los 
gérmenes de nuestra decadencia, y los de lases- 
tériles revoluciones que han ajitado en los tiem- 
pos modernos nuestra desgraciada patria. 

No eran solo los regatones el asunto en que 
mostró su celo el Conde de Pufionrostro^ sino 
que también se ocupó en los demás ramos de 
la policía municipal, y entre otras cosas en la 
vijilancia de ios mesones y posadas^ ordinario al- 
bergue de gente de mal vivir y aun de verdaderos 
criminales; desempeñando esta misión tuvo oríjea 
el curioso suceso del Canónigo, que con tan pica- 
rescos detalles describe Ariao. No debe maravi- 



XL PRÓLOGO. 

llar a nadie la flaqueza de un eclesiástico en ma- 
teria tan ocasionada como es la carne, porque, á 
pesar de sus votos, son al fin los clérigos hombres 
sujetos á todas las miserias propias de su especie; 
pero, como digo en la breve nota correspondiente 
á este suceso, no obstante estar tan reciente el 
concilio de Trento, los desórdenes y los escándalos 
de los clérigos eran en aquella sazón frecuentes^ 
lamentables y gravísimos. Los documentos que 
publico en el Apéndice, relativos á la familia del 
Cardenal Castro, no pueden dejar sobre esto nin- 
guna duda, y entre ellos es de notar el informe 
secreto del Regente de la Audiencia D. Antonio 
Sirvente de Cárdenas. 

El juicio de este personaje tiene grandísima 
autoridad, no solo por la que ejercía, sino por 
sus condiciones especiales, que contribuirían en 
parte á que el Ayuntamiento de Sevilla termi- 
nase á su costa el edificio, que aun hoy ocupa la 
Audiencia, como lo testifica la lápida que está colo- 
cada en sus claustros frente á la puerta principal; 
hablando de Sirvente, dice Terrones de Robres en 
su historia de Andujar^ (i) de donde aquel era 
natural, al tratar de los hijos ilustres de aquella 
ciudad loque sigue: «D. Antonio Sirvente de Cár- 



(i) Vida, Martirio, Traslación y Milagros de San Eufrasio, Obispo 
y -Patrón de Andujar. Orijen, antigüedad y escelencia de esta ciudad &c. 
Por D. Antonio Terrones de Robres, pág. 28. 



PRÓLOGO. XLI 

«denas^ cuya memoria durará lo que la vida, por 
«sus esclarecidas partes^ varón grande y digno de 
«singulares elojios. Fué colejial del colejio de 
«Cuenca en Salamanca ;, catedrático dé Cánones 
«en aquella Universidad, oidor de Granada, Re- 
«jente en Sevilla y Presidente de Granada, que 
apor su calidad, letras, virtud y gobierno, si vi- 
«viera, lo fuera de Castilla." Este hombre, de quien 
tan grandes y justos elojios se hacen, después de 
indicar los defectos del Cardenal Castro, nos pinta 
á sus sobrinos (que eran Canónigos y uno de los 
cuales llegó á gobernar como Provisor la Iglesia, 
de Sevilla), de tal manera, que más que eclesiásti- 
cos parecen forajidos, habiendo llegado á con ver-, 
tir el templo mismo en teatro de sus sangrientas, 
hazañas. 

El suceso más importante y curioso que en mi 
opinión refiere Ariño, es el relativo á las honras 
de Felipe II. La muerte de este famoso Rey ocur- 
rió, como se sabe, en el Real sitio del Escorial el 
1 3 de Setiembre de iSqS, y á los pocos dias se 
tuvo de ella noticia en Sevilla, que manifestó el 
dolor que sentía por aquella ocurrencia del modo 
más ostentoso y solemne; las campanas de La Ca- 
tedral, así como las de las demás iglesias,, tan, nu- 
merosas en Sevilla, doblaron por el difunto; el 
Asistente y Cabildo mandaron que todos los y^- 



XLIí PRÓLOGO. 

cinos vistieran luto, y aun á los pobres se íes or-> 
denó bajo pena que lo usaran, siendo menester 
que el Rey templara el rigor de sus autoridades, 
para que solo se obligase, á los que más no podian, 
á llevar sombreros sin toquillas. La Ciudad y los 
demás tribunales dieron lutos á todos sus depen- 
dientes, produciendo esto la carestía de la bayeta 
negra de que nos habla Ariño. Las noticias relati- 
vas á este particular que he sacado de las actas del 
Ayuntamiento y que publico en el Apéndice, serán 
leídas sin duda con curiosidad, y suministran una 
prueba irrefragable de que, cualesquiera que fuesen 
los defectos del carácter de Felipe II, este Rey, que 
nos presentan los extranjeros cual un odioso tira- 
no, era querido y respetado de sus subditos, como 
lo han sido pocos reyes, y de tal manera le consi- 
deraban, que le tenian, siéndolo en efecto, por la 
encarnación y el prototipo del espíritu español en 
aquellos tiempos. 

La ciudad de Sevilla cifró los sentimientos que 
experimentaba por la muerte de Felipe II en el 
suntuoso túmulo que construyó, bajo el plan y 
dirección de Juan de Oviedo, en la Catedral para 
la celebración de las honras. Todos los escritores 
de la historia sevillana que alcanzaron esta época, 
y las siguientes, se ocupan en la descripción del 
tümulo, especialmente Espinosa; y nuestra Socie 



PROLOGO. XLIII 

DAD ha publicado una muy detallada é interesante 
debida á la pluma de Francisco G. Collado, ilus- 
trándola con gran erudición y acierto el Sr. D. 
Francisco de B. Palomo; creo^, pues, escusado que 
yo hable en este asunto, y nada diría en efecto, si 
no fuera porque Ariño nos dá la curiosa noticia 
de que Cervantes dijo su Soneto en la misma 
Iglesia, cuando las honras estaban suspensas, con 
motivo de las diferencias que se suscitaron entre 
la Audiencia, la Inquisición, la Ciudad y el Ca- 
bildo eclesiástico. Sobre las variantes que ofrece -#1 
Soneto, tal como lo inserta el manuscrito que ve 
ahora la luz publica^ nada puedo añadir á lo dicho 
por el Sr. Palomo, como no sea que á mi juicio 
tienen poca autoridad, porque el códice es en ge- 
neral muy incorrecto, ya por no ser Ariño, com o 
he dicho, hombre de letras, ya también porque 
no es el autógrafo de su obra lo que posee el 
Sr. Sancho Rayón, sino una copia hecha en época 
inmediata á la del autor, pero tan infiel como sue- 
len serlo todas las de aquel tiempo; los vacíos que 
se notan en el manuscrito prueban á mi juicio 
esta opinión, que sin embargo emito con la re«= 
serva y dudas que el caso y la materia exijen. 

Pocas cosas habrá más dignas de atención y 
de estudio, que el espectáculo de la competencia 
suscitada al empezar las honras en la misma igle.- 



LXIV PRÓLOGO. 

sia^ entre todas las corporaciones qne á ellas asis- 
tían; lo que Arillo dice á este propósito no basta 
á formarse idea cabal de aquel gran escándalo; 
pero he tenido la fortuna de examinar el proceso 
orijinal que con este motivo formó la Audiencia,, 
merced al celo é intelijencia del Sr. D. Antonio 
Fernando García, á quien aludo en el principio de 
este escrito, y con cuyo auxilio he hecho el estenso 
estracto que se publica en el Apéndice, que me 
parece han de leer con gusto nuestros consocios. 

Allí verán, casi como si lo estuvieran presen- 
ciando, un suceso que tanto nos ensena sobre lo 
que era la sociedad española á fines del siglo dé- 
cimo sesto; los municipios luchando todavía, si 
ya no por sus fueros y por su autoridad, antes 
tan estensa é independiente^ por sus prerogativas 
honoríficas; el poder judicial creyéndose superior á 
todo y á todos, como representación de la justi- 
cia, y la Inquisición fulminando sus terribles ana- 
temas aun contra los majistrados, sin miramiento, 
ni consideración alguna, haciendo cátedra de las 
gradas del túmulo, desde donde pronunció el fiscal 
Briceño la terrible excomunión contra el Rejente 
y Oidores. 

Estos por su parte, creyendo que el tiro les 
venia de la Ciudad, con quien^ como he dicho, 
sostenían frecuentes luchas, siguieron contra vá- 



PRÓLOGO. XLV 

rios caballeros veinticuatros el interesante proceso, 
de que dejo hecha mención, con una saña que 
dá claramente á conocer, que no era el espíritu de 
la justicia quien los guiaba, sino el amor propio y 
el afán de poner su autoridad sobre la de todos 
y especialmente sobre la del Cabildo municipal. 
El Procurador mayor Pedro de Escobar Melgarejo 
fué preso en la misma iglesia, infrinjiendo la ley 
canónica del asilo^ por lo que hubo después de 
restituírsele á la iglesia; y también fueron redu- 
cidos á prisión con notable arbitrariedad varios 
rejidores perpetuos, de las familias más esclareci- 
das de Sevilla y de España; y, condenados luego á 
multa y destierro, fué ejecutada la sentencia con 
una furia que solo se esplica teniendo presente que 
aquello era mas bien una venganza que una justicia. 
Aparte del interés anecdótico que este proceso 
ofrece, creo que le tiene muy grande desde el punto 
de vista técnico y profesional, porque nos dá cum- 
plida idea de lo que eran en aquel tiempo las actua- 
ciones judiciales, mostrándonos entre otras cosas 
el laconismo, no reñido con la elegancia, que res- 
plandecía en los alegatos de los fiscales y letra- 
dos, asi como la brevedad de los términos y la 
eficacia y prontitud con que se evacuaban las di- 
lijencias, contribuyendo todo á la rápida termina- 
ción de los procesos; verdad es que el que analizo 



XLVl PRÓLOGO, 

no pueda servir de prueba concluyente de mi aserto, 
por su índole especial y por el interés directo que 
en él tenian los Oidores^ con tanta razón recusa- 
dos por los veinticuatros perseguidos. 

Entre el gran número de personas que figuran 
en este proceso^ ya como jueces^ ya como reos^ 
ya como testigos de cargo y de descargo , cuyas 
declaraciones ofrecen tanto interés, se destaca el 
insigne poeta sevillano Juan de Arguijo, que con 
otros capitulares amigos suyos estuvo tomando 
un refrijerio debajo de las gradas del túmulo^, por- 
que la tenacidad de los tribunales y corporaciones 
fué causa de que permanecieran en el templo desde 
las ocho de la mafiana hasta después de las cuatro 
de la tarde, abandonándolo al fin, sin duda por 
hambre y cansancio. En la fecha en que tenian lu- 
gar estos sucesos, Arguijo estaba en el apojeo de 
su riqueza y de su gloria^ y como al tropezar con 
una persona tan notable no podia yo dejar de hacer 
cuantas investigaciones pudiese sobre su vida (i), 
he visitado la casa en que moró en la calle que 
hoy lleva su nombre, esquina á la de la Univer- 
sidad, cuya portada sencilla y elegante del orden 
greco-romano, fué hecha sin duda en vida de 
Arguijo, y tal vez trazada por el mismo Juan de 



(r) De ella se han ocupado los Sres. D.Juan Colon v D. Cayetano 
Alberto de la Barrera. 



PRÓLOGO, XLVH 

Oviedo^ que ideó el túmulo de Felipe II. En eí 
jardín de la casa existen intactas las hornacinas en 
que debieron estar colocadas las estatuas que Ar- 
guijo hizo traer de Italia; inmediata al jardin hay 
una gran sala que debia servir para las reuniones 
literarias que nuestro poeta celebraba en su domi- 
ciliO;, pues corresponde en tamaño á las dimensio- 
nes del techo que posee el propietario actual de 
esta casa Sr. iViarqués de la Granja, quien lo ha 
trasladado á su palacio de la plaza de los MonsaK 
ves, donde también existen dos de las estatuas que 
pertenecieron á nuestro poeta; así como los bustos 
de otras de igual procedencia destrozados por la 
incuria de anteriores duefios, con gran sentimiento 
del actual, persona ilustradísima y que aprecia en 
lo que valen estos monumentos de la historia li- 
teraria de Sevilla. 

Las dos estatuas de que hablo, de tamaño 
menor que el natural, están firmadas de este mo- 
do: (dones. Bandinus Florentinus anno iSqS;» la 
una representa una mujer desnuda, que tiene á 
sus pies un delfín y sobre él sentado un niño con un 
carcax^ apoyándose en su hombro la cola del del- 
fín; según recuerda el Sr. Marqués de la Granja esta 
estatua tenia una inscripción compuesta sin duda 
por Arguijo, que decia así: aQuo po lupias írah¡í:j>- 
la otra representa un hombre de pié, cuya mano. 



XLVIII PRÓLOGO. 

izquierda se apoya en la cabeza de un perro que 
está sentado sobre las ancas ;, y en la derecha 
tiene una lanza cuya asta es un tronco nudoso, 
y tenia, según asegura su poseedor, la inscrip- 
ción siguiente: nQuo fatum rapitii) El techo pin- 
tado en lienzo, se atribuye por tradición á Tiziano; 
pero por su fecha no puede ser sino de algún 
pintor italiano de su escuela conforme á cuyo gusto 
está concebido y ejecutado; en la nota relativa á 
este asunto describo esta obra de arte que fué 
hecha en el año de 1601. 

Por esta misma fecha llegó á Sevilla la Marquesa 
de Denia, á quien se hizo, según refiere Ariño, 
magnifico recibimiento público, como correspondia 
á la recomendación especial que el rey Felipe 111, 
dirigió al Asistente y Cabildo de Sevilla; D. Juan 
de Arguijo acabó de consumir sus riquezas en los 
obsequios particulares que la tributó; y, viniendo á 
pobreza, pasó después retraido toda su vida; por 
esto el año de 1606 se vendió en subasta para pagar 
deudas su casa, que fué á parar á los antepasados 
de su actual poseedor el Sr. Marqués de la Granja, 

Volviendo al asunto de las honras, debo decir, 
que el proceso formado con ocasión de ellas fué en 
apelación al Consejo de Castilla, habiéndose hallado 
copia autorizada de lo actuado en esta instancia en 
el archivo municipal, é insertándose en el Apí;ndice, 



PRÓLOGO. XLIX 

aunque falta la sentencia, que no he podido halla r 
entre los papeles de aquella extinguida corporación^ 
á pesar de mis dilijencias. 

Parci completar todo lo relativo á este asunto 
se publica asi mismo en el Apéndice el sermón 
que predicó en las honras el famoso orador sagrado 
Fray Juan Bernal^ que era el Grisóstomo de su 
tiempo en Sevilla; para hacerlo me he aprovechado 
de la generosidad del Sr. D. Francisco Rodriguez 
Zapata, que entre sus preciosos». libros posee uno que 
contiene varios de los sermones, que se predicaron 
en las honras de Felipe lí, en diversas ciudades y 
pueblos de España, libro de que doy noticia en 
las Notas. 

Después de las honras, es el suceso más nota- 
ble que refiere Ariño la proclamación y jura de 
FeHpe III, solemnidad que tan vivamente describe, 
dándonos cuenta de las puñadas y del estravío de 
ropas y alhajas que causó el afán de cojer las mo- 
nedas arrojadas al pueblo; no he podido hallar 
ejemplar ninguno de esta medalla, aunque esperé 
encontrarle en el monetario que hoy forma parte 
del Museo arqueológico, porque siendo su princi- 
pal base el que poseían nuestros Monarcas, creia 
que en esta colección debian hallarse las que ba- 
tidas en oro presentó al Rey una comisión del 
Ayuntamiento de Sevilla; por sus actas he averi- 



L PRÓLOGO. 

guado que las leyendas fueron escritas por el ju-^ 
rado Rodrigo Xuarez, á quien la Ciudad comisionó 
para ir á Milán á comprar armas, cuando hizo sen- 
tir la falta de ellas la entrada del inglés en Cádiz; 
y pDr ambas circunstancias^ y porque consta tam- 
bién en dichas actas que fué protector del famoso 
pintor extremeño Francisco Zurbaran^ asi como por 
las cosas curiosas que^ según dice AriñO;, trajo de 
Italia, se infiere,, que este jurado fué persona de 
cuenta en Sevilla y muy entendido en ciencias y 
artes; su sepulcro está, según noticias que creo fide- 
dignas, en la iglesia del Ángel, y es de sentir que 
no haya de este sujeto más amplias noticias, pues 
no dan ninguna los escritores que se han ocupado 
de los hijos ilustres de Sevilla. 

Para concluir este largo Prólogo, réstame es- 
pilcar cómo se ha averiguado, siendo anónimo el 
manuscrito que publicamos, el verdadero nombre 
de su autor; para ello me ha servido la noticia que dá 
en el alo 1604 de haber tenido un hijo que se bau- 
tizó en la parroquia de Sta. Ana, siendo su padrino 
Esteban de Brito, pues, buscando en el archivo par- 
roquial, fué fácil encontrar la partida que se inserta 
en la nota correspondiente á este suceso. 

En diversos lugares de este escrito he hecho 
mención de las personas que, yá facilitándome 
documentos correspondientes á la época y á los 



PRÓLOGO. LI 

sucesos que refiere Arifio, yá ayudándome con 
sus indicaciones y con su cooperación^ han contri- 
buido á que el libro tenga interés; á todos mani- 
fiesto aquí mi sincero agradecimiento; quedó solo 
de mi cargo el haber ordenado tan preciosos ele- 
mentos, pues sacar de ellos la utilidad que encier- 
ran para escribir un aspecto de la historia de Es- 
paña en el siglo XVI, no fué nunca mi propósito, 
sino que más modesto, y conforme exijía la índole 
de nuestra Sociedad de bibliófilos sevillanos, me 
he limitado á presentar á los eruditos y á los ami- 
gos de nuestra historia nacional esta pequeña co- 
lección de materiales para que se aumente el gran- 
dísimo caudal que en diferentes lugares existe, y 
que alguna vez servirá para erijir el monumento 
que sin duda elevará algún insigne historiador á 
nuestra grandeza, como también á nuestros reve- 
ses y decadencia^ no menos dignos de memoria. 

cAntonio oMaria Fabie. 



SUCESOS DE SEVILLA 

1)£' 
1592 A 1604. 



Lunes 6 de Julio de i5g2 años. 

La primera cosa que vi en esta Ciudad que 
fuese de contar^ fué que hizo unas fiestas en la 
plaza (i) la Ciudad, en tiempo de Jubileo plení- 
simo^ siendo Asistente D. Francisco Carvajal^ y 



(i) No he visto este primer suceso, que refiere Ariño, nar- 
rado en ninguno de los libros impresos que conozco referentes á 
Sevilla; pero entre otros documentos lo confirma el M. S. titulado: 
Noticias y casos memorables de la Ciudad de Sevilla^ que se con- 
serva en el Archivo municipal de esta Ciudad y que, según me han 
asegurado, procede de la biblioteca del Sr. Conde del Águila. Así 
se cuenta en el citado M. S. este suceso, que tanto debió entonces 
llamar la atención, según se deduce de los documentos i.^'y 2.° 

del Apéndice. 

«1592. — En 5 de Julio la fiesta de los toros de jaula, quiere 

«decir que estando actualmente, en las diligencias del Jubileo 

«universal de dos semanas que empezó á 28 de de Junio, miér- 

«coles 8 de Julio, corrieron toros en fiestas Reales en la plaza de 

«S. Francisco. Aunque el Arzobispo Cardenal se habia opuesto, 

«diciendo se dilatase hasta que pasase el Jubileo, no quisieron, 

«con que procedió por censuras contra los Diputados y todo el 

«común que las quisiese ver; puso entredicho, atravesóse la Au- 

«diencia sin embargo de las censuras. El Aguacil mayor del Carde- 



2 

Teniente mayor el Licenciado Pardo; y el Carde- 
nal D. Rodrigo de Castro descomulgó á todos los 
que hicieron las fiestas y las vieron , y hubo en- 
tredicho mientras las fiestas y mandó no absolvie- 
sen á ninguno por las fiestas; hubo grande alboroto 
en la ciudad y armaron pleito los del Cabildo con 
el Ilustrísimo Cardenal y mientras duró el pleito 
absolvieron á todos por mandado del Nuncio del 
Papa y salió la Ciudad con el pleyto por tres sen- 



«nal echó de las Gradas abajo al pregonero que por mandado de la 
«Audiencia (sin embargo de las censuras) pregonaba las fiestas 
«para dicho Miércoles; prendió la Audiencia al Alguacil mayor 
«del Cardenal Viernes lo de Julio y el Lunes i3 le sacaron á la 
«vergüenza y le desterraron por diez años, privado de oficio. Las 
«fiestas se hicieron el dia señalado, mas no hubo quien las viese. 
«El Cardenal despachó á Madrid dos Canónigos y habiendo caido 
«enfermo el uno, fué por él el Prior de hermitas Sotomayor; al- 
«zósele el destierro al Alguacil mayor y le hizo Gobernador de 
«Umbrete y le dio doscientos ducados de renta, mas no le quitó 
«la vergüenza pública: á uno de los toreadores hirió de muerte 
«un toro y al otro lo mató, y se acabaron las fúnebres fiestas. 
«A los Oidores hizo ir á su palacio en Cuerpo por la absolución, 
«donde antes les hizo una plática muy discreta y devola, y des- 
«pues de absueltos los abrazó y llevó á su gabinete y les dio 
"dulces. » 

Estas fiestas de toros se hicieron para celebrar el nombramien- 
to de Presidente de Castilla, que habia recaído en Rodrigo Váz- 
quez de Arce. Pocas noticias se tienen de este personage, de gran 
importancia en la corte de Felipe II, y sin duda de la mayor 
confianza del Rey, quien le hizo juez comisionado de la famosa 
y ruidosísima causa del Secretario Antonio Pérez. Teniendo en 
cuenta la fecha en que se verificó la prisión del célebre Secretario 
y la del nombramiento de Vázquez de Arce, puede inferirse que 
este favor fué premio de los servicios que en aquel asunto pres- 
tara. La comunidad de apellidos no dá bastante motivo para 
conjeturar que Vázquez de Arce fuera pariente de Mateo Váz- 
quez, Secretario también de Felipe II, y grande émulo y ene- 



3 
tencias de la Audiencia^ en que le condenaron al 
Ilustrísimo Cardenal en mil ducados para la Cá- 
mara de Su Magestad y las costas, y de las fiestas 
que hubo hicieron un romance. 

En la plaza de Sevilla 
Un miércoles en la tarde 
Ante la audiencia y cabildo 
Solenes fiestas se hacen. 



migo, como se sabe, de Antonio Pérez. Según resulta de los 
muchos é interesantísimos papeles de este personage que po- 
see en la actualidad el Sr. D. Mariano de Zabalburu, Mateo Váz- 
quez era originario de Leca en la Isla de Córcega; y los famosos 
Colonnas, en cartas á él dirigidas, le manifestaron que era su 
deudo muy próximo, por lo cual usó los apellidos Vázquez de 
Leca y Colonna. Sin embargo de otros papeles que existen en el 
archivo de la Santa Iglesia de Sevilla, resulta que Mateo Vázquez 
era natural de esta ciudad_, donde nació también Rodrigo Vázquez, 
según esplícitamente lo manifiesta D. Antonio Sirvente de Cár- 
denas en el documento i ." del Apéndice y lo indica de un modo 
indudable Rodrigo Caro en los siguientes versos de su Silva á 
Sevilla antiguay moderna^ que pone al frente de sms Antigüedades 
de Sevilla^ al enumerar los hijos ilustaes de esta ciudad: 

«Preside el gran senado de Castilla 

Vázquez de Arce, á quien Themis le dio silla,» 

Sospecho que Martin Vázquez desempeñó en Sevilla el cargo 
de Oidor ó el de Juez de la Contratación, y por esto, sin duda, na- 
ció su hijo Rodrigo en esta ciudad y se crió en ella algunos años." 
A pesar de esto Dávila en' sus Grandevas de Madrid^ (pág- ^77), dice 
que era «Rodrigo Vázquez de Arce, natural del Espinar, Obispado 
«de Segovia, hijo de Martin Vázquez, del Consejo del Emperador. 
«Fué Colegial del Colegio de Sta. Cruz de Valladolid; tomó su hábito 
«en el año de 1 548, y en el de 5o le dio el Emperador título de Oidor 
«de Granada y el Rey Felipe II el de Consejero Real y de la Inquisi- 
«cion, y en el de 1 58o le embió á Portugal con el doctor Luis de Mo- 
«lina, también del Consejo, para que diesen á entender al Cardenal- 



Las paredes se divisan 
Que arrastran por el aire 
Brocados de seda y oro, 
Damascos y tafetanes. 

Publícalas la ciudad^, 
Porque en ocasiones tales 
Quiere que la fama vuele 
De sus hechos inmortales. 



«Rey Enrique el derecho que tenía al Reino de Portugal. Obligado 
«de lo mucho que sirvió en esta ocasión le dio título de Consejero 
«tde la Cámara; y se halló en el ano de i552 en aquel gran con- 
usejo de Estado que se tuvo en Lisboa, en que asistieron el Du- 
«que de Alva, el Confesor fray Diego de Chaves, Conde de Chin- 
«chon, Rodrigo Vázquez, don Juan Idiaquez, y el Secretario Juan 
«Delgado en que se determinó la expulsión de los moriscos de 
«España: de allí á poco tiempo le dio la presidencia de Hacien- 
«da, hábito de Alcántara, y la encomienda de la Madalena, y en 
uel año de 1592 la Presidencia de Castilla y la Clavería de Al- 
icántara, y muriendo el Rey Felipe II, le nombró por uno de sus 
«testamentarios, y el Rey Felipe III, le hizo de su Consejo de 
«Estado. En ambos reinados tuvo crédito de ministro justo, 
«verdadero y recto. Como heredó el Rey Felipe III las coro- 
«nas, deseoso de premiar los méritos y servicios de don Juan de 
«Zúniga, Conde de Miranda, determinó de darle la Presidencia 
«de Castilla, y que Rodrigo Vázquez tratase de descansar, remi- 
«tiendo el Rey al Presidente un papel lleno de su clemencia, en 
«que se lo advertía." 

«El Conde de Miranda me ha servido muy bien en estajorna- 
»da^y en otras muchas ocasiones^ de que estoy muy satisfecho; he 
impuesto los ojos en él, para darle el oficio que vos teneys; mirad 
t^qué color queréis que se dé d vuestra salida^y esse mismo se dará." 

«Quisiera Rodrigo Vázquez acabar, militando con las insignias 
«de Presidente, mostrando el celo que tenia al servicio de su Rey, 
«hasta la última hora de su vida. Lo muy secreto era convenir assí 
«á la grandeza del servicio del Rey, y provecho del mismo Pre- 
«sidente, que los Ministros altos tienen pocos amigos, y aunque 



Ventanas y miradores 
Daban vista tan suave, 
Que sus libreas parecen 
Arcos del cielo triunfales. 

Muchas damas se veian 
Por los balcones mas grandes^ 
En quien beldad y nobleza 
Se ajuntan con otras partes. 



«los vemos muy acompañados van solos; porque no siguen á la 
«persona, sino á la fortuna de lo que representan. Recibió el 
«papel de mano de fray Diego de Yepes, confesor del Rey Fe- 
«lipe Segundo, y entre los dos pasaron grandes cosas. Respondió 
«que obedecía al parecer muy contento, con la respuesta siguiente: 
<(Señor: Miiy bien es, que V. Magestad premie los servicios 
«de los Grandes de Castilla^ para que con esto se animen los de- 
«más á servirle. El color que mi salida ha de tener, es, haber dicho 
«verdad, y servido á V. Magestad como tengo obligación.'^ 

"No dejó aquel tiempo de presumir otra cosa, señalando con 
el dedo el motivo que se decia se habia tomado para ello. Des- 
pidióle de! Consejo, y sin volver á su casa_, salió de la corte. Y 
como en este mundo no tienen punto fijo las alabanzas, al punto 
que salia le fueron siguiendo por un pequeño rato, y no más las 
aclamaciones del pueblo, dándole títulos de Padre de la justicia 
y del bien público. Los más prudentes consideraban el estado de 
autoridad en que lo hablan conocido; y que no quieren los Re- 
yes dar de por vida los primeros lugares de sus Reynos. Reti- 
róse al Carpió, tierra de Medina del Campo, lugar de 70 casas. 
¡Qué trueque tan desigual salir de una corte á vivir en un 
cortijo! Recien llegado á su casa le visitó el Maestro fray 
Francisco Zumel, gran teólogo y General de la orden de la 
Merced, le dijo: He venido á dar á V. S. el parabién de la 
merced que S. Magestad le ha hecho, en darle tiempo para tratar 
de su alma., y de la misericordia que Dios ha usado con ella; y 
acuérdese de lo que San Bernardo escribe á San Bruno, Arzo- 
bispo de Colonia; que usó Dios de particular favor con San Am- 
brosio en sacarle de Tribunales y Audiencias^ y llevarle al Sa- 



Los tablados están llenos 
De gente que mas no cabe 
Y mas de mil quitasoles 
Defienden al sol que arde. 

Las tres son dadas y viene, 
El asistente que trae 
Tan grande acompañamiento 
Cual nunca se vio mas grave. 



Hcerdocioy vida contejnplativa." Y mostrando consuelo en lo que 
«decia, respondió con admiración y diciendo: Qiie ninguno lehabia 
o dicho una verdad tan provechosa para la hora de su fin. Murió 
«dentro de pocos meses de un mal de melancolía mortal, que le 
«ocupó el corazón, y diéronle los suyos sepultura en la Iglesia 
«del Carpió, donde yaze." 

Según Cabrera (Vida de Felipe II) Vázquez de Arce formaba 
parte de la junta en que se trataban los negocios de Portugal 
desde el año de iSyS y el siguiente acompañó al Conde de xMora 
á Lisboa para hacer valer las pretensiones de Felipe II á la Co- 
rona de aquel reino, que aún cenia el Cardenal Enrique. El mis- 
mo historiador en sus Relaciones de las cosas sucedidas en la 
corte de España desde i5gg hasta 1614^ publicadas de R. O. en 
en 1857, dice (pág. 23): 

«El sábado i5 de este mes (Mayo de iSgg) se despidió el Pre- 
«sidente de Castilla del Consejo, y se salió á comer á los Ca- 
«rabancheles, que es media legua de aquí, donde le hablan mu- 
«dado la casa, y dicen espera allí hasta que venga S. M. para 
«dalle á boca satisfacción de su persona, porque tiene entendido 
«que ha sido mal informado para haberle mandado que pidiese 
«licencia, á el cual no se le ha dado hasta ahora merced alguna 
«para retirarse, mas de la Clavería de Alcántara, que se le dio 
«'habrá seis meses con 20,000 ducados caldos. Háse sentido ge- 
«neralmente en esta Corte el haber removido del cargo al dicho 
«Presidente, por ser muy bien quisto, y habrá tres dias llegó el 
«Conde de Miranda con cédula de Presidente de Castilla y re- 
«tencion de la Presidencia del Consejo de Italia, el cual ha to- 
«mado esta mañana la posesión acompañado de muchos señores 



Cincuenta Alabarderos 
Lleva de guardia adelante^ 
Después muchos alguaciles 
Y á él acompañan alcaldes. 

La vista del pueblo lleua 
En su aparato tan grande 
Que en ver tan soberbia pompa 
Nadie hay que no se espante. 



«y caballeros. Dios le dé fuerza para que pueda cumplir con sus 
«obligaciones." 

Más adelante (pág. 26) se lee en la misma obra lo que sigue: 
«Después que á Rodrigo Vázquez quitaron la Presidencia de 
"Castilla, se le ha mandado que no esté á veinte leguas de Ma- 
«drid, ni vaya á Valladolid, donde tiene casas, por lo cual ha ha- 
«bido de ir á su lugar del Carpió, tierra de Medina del Campo; 
«quieren decir que ha causado esto haber escrito al Rey, que 
«tenia parecer de teólogos que no se le podia quitar el cargo^ 
«sin haber sido primero convencido de culpa. Todos han tenido 
«por riguroso término el que se ha usado con él, porque era 
«muy bien quisto y gobernaba con satisfacción; no se sabe aún 
«los cargos que se le han hecho para echarle del Consejo^ ha- 
«biendo S. M. hecho tanto caso de él luego que heredó, y pues- 
«to todo el gobierno de estos reinos en sus manos, que aun- 
«que se le hacen algunos por el pueblo, de cosas que acon- 
«sejó al Rey difunto, que después no se han aprobado, no pa- 
«rece bastante culpa para lo que se ha hecho con él, pues debia 
«de aconsejar lo que le parecía que convenia. Si ya no le car- 
«gan, como han querido decir del Arzobispo García de Loaisa, 
«que cayó en desgracia por haber dado parecer al Rey difunto 
«que dejase junta y Consejo á S. M. de personas por cuyo me- 
«dio y parecer gobernase algunos años, primero que no se fiase 
«de sus determinaciones, del cual parecer fué asímesmo Rodrigo 
«Vázquez con quien se le mandó lo comunicase." 

«A su secretario Antonio Navarro, que poco há le dieron el 
«título de Secretario del Rey, ha escrito D. Martin de Idiaquez, 
«de parte del Rey, que vaya donde S. M. está." 



8 . 



Luego en este punto asoman 
En caballos alazanes 
Dos embozados que á todos 
Suspenden para miralles. 

Veinte lacayos robustos 
Con ellos delante salen 
Morado y blanco el vestido 
Espadas doradas traen. 



Por último, en la pág. 3g de la obra citada, dice Cabrera: 
«Murió dia de S. Bartolomé (23 de Agosto de 1599) Rodrigo 
«Vázquez, á quien quitaron la Presidencia de Castilla, estando en 
«su lugar del Carpió enfermo de tercianas al cual sobrevino cierto 
«accidente que tenia de almorranas, de que murió." 

Como ya hé dicho, fué Rodrigo Vázquez juez de la causa fa- 
mosísima de Antonio Pérez, y no dejó de serlo aunque éste le 
recusó, por consiguiente hay en las relaciones publicadas por 
el célebre Secretario mucha noticia del que ya era Presidente de 
Hacienda y después lo fué de Castilla; pero como este Magistra- 
do, no sólo ordenó el tormento que sufrió Pérez, sino que lo 
condenó luego á 'muerte por sentencia de 10 de Junio de ibgo-, 
es claro que los juicios y los datos de aquel novelesco personage 
no tienen las condiciones de justicia y de verdad que debe exi- 
gir el historiador ó el biógrafo. Copiaría, sin embargo, aquí, si no 
fuese por temor de alargar esta nota, lo que según se refiere en la 
pág. 86 de la edición en cuarto de las Relaciones^ hecha en París 
en 1 598 (hay otra en octavo del mismo año, y Brunet sólo da. noticia 
de Mwa,Jpasó entre Doña Gregoria, hija de Pérez, y Rodrigo Váz- 
quez. Por tener más relación con la biografía de éste pondré aquí 
lo que dice Pérez en las páginas 17 y 18 de las tablas con que con- 
cluye la edición citada de sus Relaciones. 

«Válese el licenciado y vibdo sin hijos Rodrigo Vázquez del 
«favor de Antonio Pérez para con sus deudos de Segovia para 
«salir con el Abito de Alcántara^ que pedia á los 70 arios." 

«Dessease ver con Antonio Pérez Rodrigo Vázquez por me- 
«dio de un religioso su confesor." 



De ser Don Ñuño y Medina 
Dan muestra y claras señales 
Que^, aunque vienen embozados, 
No pueden disimularse. 

Morado y tela de plata 
Es su librea que aplace 
Capas y sayos baqueros 
Acuchilladas las haces. 



«Vale á ver una noche Antonio Pérez, entra por escalera y 
«puerta secreta." 

«Alcanza el abito Rodrigo Vázquez con el favor de los deudos 
«de Antonio Pérez y aun fué menester una particular diligencia, y 
«negociación con un cavallero deudo de Antonio Pérez, que no 
«podia dejar de ser tomado su dicho, por ser en ancianidad, y 
«calidad de los principales (que es tal la costumbre, que tales 
«sean los primeros testigos) y porque el tal testigo no queria per- 
«jurarse por Antonio Pérez ni por nadie, se hizo, digo, nego~ 
«ciacion, que á lo menos se ausentasse de la cibdad por aque- 
«Uos dias. En esto condescendió el tal: fué menester esto. Por- 
«que el punto en que el que digo no queria perjurarse era sobre 
«si sus antepasados hablan sido naturales de Villacastin y hi- 
«dalgos. Y en esto no queria dejar de declarar la verdad y devia 
«de saber lo que Hernando de Vega, Presidente de Indias, Ca- 
«vallero principal que murió Obispo de Górdova, dixo una noche 
«á Antonio Pérez hablando en esta materia, que estaba bivo el 
«encabecamiento y repartimiento de las carretas que avia cabido 
«á Villacastin para la guerra de Granada en tiempo del Rey 
«D. Fernando el Gatólico. Y que entre los nombrados estavan 
«los abuelos de Rodrigo Vázquez. Servicio de que no se pueden 
«exemptar sino los hidalgos. En este rincón lo que he querido 
«referir porque sea para pocos, y algunos á lo menos sepan la 
«buena obra en particular. 

«Que por tal la reconoció Rodrigo Vázquez á Antonio Pérez 
«en un villete de su mano. 

«Que este fué el que le dio el pago de tal obra re9Íbida de los 
«deudos de Antonio Pérez en el potro. 



ÍO 

Pasada mas de una hora 
Los toros al coso salen 
Donde mostrando su fuerza 
Bien cara venden su sangre. 

Cuando se corre el tercero 
Suenan trompas y atabales 
Y tocaron chirimías 
Que rompen los claros aires. 



«Deven de ser el Cambio en que libran sus deudas tales pa- 
«gadores." 

Tales son las noticias que hé podido rastrear relativas á este 
personage, que debió ser de grande importancia en España cuan- 
do tanta tenia en el mundo nuestra patria. 

Indiqué que las fiestas de que habla Armo se hicieron para ce- 
lebrar el nombramiento de Rodrigo Vázquez para la Presidencia de 
Castilla, y en prueba de ello se insertan en el apéndice (Do- 
cumento número 4) varios extractos del libro de la Escriba- 
nía de Cabildo de Francisco Rodriguez, que era la primera 
de las dos que tenia el de Sevilla; libro que corresponde al año 
de 1592: Dichos extractos comprueban todas las circunstancias 
del suceso que refiere Ariño y dan á conocer la verdadera fecha 
en que ocurrió, con otras noticias que, por parecerme curiosas, 
creo que leerán con gusto los aficionados á estos pormenores, 
que tanto contribuyen á que pueda formarse idea de la vida so- 
cial en una época que, por haber alcanzado España en ella tan 
gran poder, empezando inmediatamente su decadencia, es de tan 
alto interés para nuestra historia nacional. 

Resulta de los documentos del Apéndice^ cuyos números que- 
dan citados,, que las fiestas en honor de Vázquez de Arce empe- 
zaron el Lunes 6 de Julio, pero, como en virtud del acuerdo 
tomado en el cabildo de 26 de Junio, se hicieron por la misma 
época las de San Clemente, que estaban suspensas desde No- 
viembre del año anterior, los regocijos duraron varios dias, y 
consistieron en máscaras, toros, cañas y carreras de seda. Las 
noticias que se contienen en estos extractos ilustran la poesía 
inserta en la obra de Ariño, sobre todo en lo que se refiere á las 



1 1 



Los que han de jugar las cañas 
Aguardan fuera en la calle; 
La ciudad cuando lo supo 
Manda que los toros paren. 

Sosegada ya la gente 
Las puertas luego les abren 
Y corriendo las parejas 
La vistosa entrada hacen. 



cuadrillas que corrieron las cañas y á los veinticuatros y jurados 
que las dirijian, llamados cuadrilleros. 

Como escasean tanto las noticias biográficas relativas á los 
personages españoles de los siglos décimo sexto y siguiente, no 
he querido dejar de dar al público las que he reunido, con oca- 
sión de este trabajo, sobre el Cardenal D. Rodrigo de Castro que 
tan severo estuvo con Sevilla y sus concejales, excomulgando á 
estos y poniendo entredicho á aquella con motivo de estos rego- 
cijos. 

Todos los que han escrito desde fines del sigla décimo sexto 
sobre cosas de Sevilla, hacen mención del Cardenal D. Rodrigo 
de (>astro. Morgado en el libro 4,° de su Historia de Sevilla^ im- 
presa en tiempo de este prelado, dice en el libro 4.°^ folio loi 
recto^ al concluir el catálogo de los arzobispos que se han suce- 
dido desde la reconquista: «D. Rodrigo de Castro, Cardenal tituli 
<<duodecim Apostolorwn in urbe, que hoy vive en notable felici- 
«dad de su Iglesia. No soy tan temerario que no tema el per- 
«derme luego á la orilla del profundo mar de sus infinitos loores, 
«ni tan ignorante, que no entienda la mucha autoridad, honra y 
«crédito, y seguro que con ellos dará á esta mi Historia. Mas 
«conociendo mi insuficiencia á tan alta empresa, lícito me es 
«callar." D. Pablo Espinosa de los Monteros dedica al Cardenal 
Castro el capítulo 7.° del 2.° libro de su (^Historia, antigüedades 
y grande'^as de Sevilla.» Quintana Dueñas en sus << San tos de Sevi- 
Ha» hace también mención de este Arzobispo, incluyéndolo en el 
catálogo de los que han ostentado en la silla hispalense la púrpu- 
ra cardenalicia (página 23), y Zúñiga en los años de i58i á 1600, 
se ocupa de su persona y hechos con bastante estension. Todos 



12 



En estas cuadrillas vienen 
Los caballeros Guzmanes 
Que asombran el mundo todo 
Con su valentía y sangre. 

Vienen Ponces de León , 
Enriques y Portugalés^ 
Vicentelos^ Saavedras, 
Los Zúñigas y Duartes. 



le elogian por sus virtudes, y más todavia por su magnificencia, 
aunque dan á entender que tuvo un carácter áspero, lo cual al 
principio de su prelatura dio origen á altercados y pleitos con su 
cabildo y con otras corporaciones. Fué principalmente generoso 
con sus paisanos, pues según dice Gándara en sus Armas y 
triunfos de Galicia^ (pág- '^^l)- «Fué tan amante de sus natura- 
«les que repartió con ellos muchas dignidades de su Santa Iglesia 
«de Sevilla y de su Arzobispado, que por encarecimiento se decia 
«en España que su cabildo y sus capitulares proponían sus con- 
«sultas en lengua gallega.» La principal ocasión de desavenen- 
cias entre el Cardinal Castro y su clero fué el sínodo Diocesano 
que mandó convocar en el año de i586, sobre el cual dice el 
Abad Gordillo en su historia eclesiástica de Sevilla, hasta ahora 
inédita, lo que se verá en el Apéndice 9.° Muy diferente de 
lo que parece de los libros impresos, resulta el Cardenal Castro 
de los interesantes documentos, que con su acostumbrada ge- 
nerosidad me ha facilitado el Sr. D. Maiano Zabalburu , y 
se insertan con los números 6.®, 7.°, 8,° y 9.° en el Apéndi- 
ce'^ por ellos se vé que "el prelado, que pertenecía á la ilustre 
casa de Lemus, estaba completamente supeditado á sus parientes, 
á quienes habia dado los cargos mas importantes de su Iglesia, 
á pesar de que su conducta era mas propia de foragidos que no 
de clérigos. Por otra parte su generosidad no trascendía á los 
pobres de su diócesis y consistía en vana ostentación y orgu- 
llosa pompa. 

Como queda dicho, el Cardenal Castro fué de la ilustre 
casa de Lemus, hijo de la tercera Condesa propietaria de este 
título, D.^ Beatriz de Castro y de su segundo marido D. Alvaro 



i3 



Lleva la primer cuadrilla 
De caballeros diez pares 
Tan iguales en esfuerzo 
Cuanto en la destreza iguales. 

De amarillo es la librea 

Marlotas y capellares. 

Plumas pajizas y rojas 

Que les sirven de almaizares. 

Después la segunda viene 
Con sombreros muy galanes. 
Encarnadas las marlotas 

Y blancos los capellares. 

La tercera muy bien muestra 
Cuanto en bizarría vale, 
De azul viene y amarillo 

Y bonetes por turbantes. 

Lleva la cuarta cuadrilla 
Ricas perlas y plumages. 



Osorio, nieto del primer Conde de Trastamara, D. Pedro Alva- 
rez Osorio, y antes que la de Sevilla habia ocupado las sillas obis- 
pales de Zamora y Cuenca, (Nobiliario de Lope:^ de Haro^ to- 
mo i.^pdg-. 440.) 

En el «Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres 
y memorables varones. — Por Francisco Pacheco. — En Sevilla. — 
j5(>9,» que posee nuestro amigo y consocio D.José María Asensio, 
(códice que es una joya artística de valor inestimable), está el del 
Cardenal Castro, tan perfecto como todos los de esta colección, 
y no desemejante del que se vé en la Biblioteca Colombina. En 
dicho códice no está el Elojio del Cardenal, porque tal vez no lo 
escribió Pacheco, ó no lo trasladó del borrador al códice escrito 
de su puño con gran esmero. 



La librea es toda azul 

Y enlazados los turbantes. 

La postrera es pardo y blanco 
Por trabajo y luz lo traen ^ 
Que del trabajo les sigue 
Fama y luz á su linaje. 

Las adargas esculpidas 
De cifras^ motes ^ disfraces, 
Con letras y con divisas 
De plata y oro el esmalte. 

Todos en común vienen 
Tan bicarros y galanes 
Que no hay diferencia entre ellos 
Cual mejor divisa saque. 

Un toro sacan al coso 
De gran esfuerzo su talle 

Y sus cuernos parecían 
Como puntas de diamante. 

Don Fernando Ponce y León 
Derecho al toro se parte, 
El rejón enarbolado 
Dando muestra cuanto vale. 

Muchas suertes habia hecho 
Sin que otro se señale, 
Como quien lee la cartilla 
Para que aprendan y callen. 



Don Juan Vicentelo el corzo 
Echó después tan buen lance ^ 
Quel hierro y del hasta un palmo 
Le dejó al toro en la carne. 

Ya las cañas se aperciben^ 
Ya se dividen en partes^ 

Y aseguran las adargas 
Con gentileza y donaire. 

Suben boordos al cielo 
Tan altos que^, cuando caen^ 
Parecen ser diferentes 
De lo que mostraban de antes. 

Acabadas ya las caHas 
Se juntan como en alarde 

Y haciendo un caracol 
Á las fiestas dan remate. 



En Jueves 17 de Septiembre de 92 años sacaron 
la Giralda de la torre de la Santa Iglesia para hadre- 
carla á las nueve de la mañana^, siendo arzobispo 
D. Rodrigo de Castro presbítero Cardenal^ y asis- 
tente D. Francisco Caravajal Caballero sin titulo^ y 
en este dia Noguera cortó la mano á un palanquín 
por que metia paz en unas cuchilladas que tuvo 



i6 
y le dijo: ((tomate esa que de la vida te hago 
merced.'' fi) 



Viernes primero de Enero de g3 años pasó el 
agua desde la banda del rio de Sevilla al altocano, 
y en este dia mató Reyes á un sargento de galera 
sobre el juego de que resultó huirse todos los cor- 
chetes de Sevilla y Triana que no parecieron en 
cuatro meses. 



(i) En las noticias de cosas de Sevilla, antes citadas, se 
cuenta la compostura de la Giralda en los siguientes términos: 

«En 5 de Marzo hubo huracán tan grande, que torció el cer- 
j-ojo de la puerta del Perdón y se torció el espigón de la Giralda, 
y para enderezarlo se hizo un fuerte y grande andamio sobre la 
torre, sacóse la Giralda del perno, púsose sobre el andamio y 
dejóse allí, y sacada la barra, se trajo al segundo patio de San 
Miguel y allí la enderezó Juan Barba, herrero de la Santa Iglesia. 
Sacóse la Giralda dia 17 de Setiembre y la pusieron Viernes 2 5 
del dicho, habiéndose torcido en la tormenta de S. Francisco. 

En otro manuscrito de la Biblioteca Colombina que contiene: 
Algimas cosas notables sucedidas en Sevilla y otras partes desde 
el año de iSjS, anotadas en un libro del P. Rafael Pereira de la 
Compañía, se narra así el mismo suceso: 

«En 17 de Setiembre de dicho año f 1592) sacaron la Giralda 
«para enderezarle el espigón y hicieron andamios y fraguas ar- 
«riba. Habíase entortado en la tormenta de San Francisco del 
«año pasado de 1592, (fué en 5 de Marzo del mismo año de 1592.)» 

La confusión que de ambas versiones resulta respecto al año y 
dia en que se torció la Giralda es notable, pues en ambos ma- 
nuscritos se habla del dia de San Francisco, pero la corrección 
puesta entre paréntesis en las noticias del P. Pereira me inclina 
á creer que la torcedura ocurrió en efecto el 5 de Marzo de 1592. 



I? 

Joan Garcia;, soldado de los gale ones^, mató al 
Gordillo^ corchete de Triana^ habiéndole herido 
muchas veces de muerte^ y decia que no podia 
morir sino es por la planta del pié^ de la cual 
herida murió. 



En dos de Julio de dicho año vino el alcalde 
de corte, que se llamaba Castillo, con Bernardo 

de ana, alguacil de la justicia, en busca de 

Juan García y compañeros y fué tanta la resisten- 
cia, que fué menester tocar á rebato en la señora 
santa Ana, y le mataron un lacayo, y acudió toda 
la justicia de Sevilla y el marqués de Peñafiel y 
no los prendieron hasta que su general los entregó 
y lo ahorcaron en el pasage de Sevilla, (i) 



Miércoles ig de H enero de i5g4. 

Víspera de San Sebastian me trujeron dos car- 



(i) En las Efemérides citadas antes y que, como se ha dicho, 
pertenecieron al Sr. Conde del Águila, se confirma esta noticia, 
dando antes otra que no carece de interés, en la forma siguiente: 
1593. — Lunes 8 de Marzo empezaron á derribar los poyos en 
que, á la puerta de S. Pedro y S. Pablo de la Iglesia mayor, 
estaban las tiendas de fruteros y de cintas y mercerías para hacer 
las gradas que hoy se ven. 

Ahorcaron á Juan Garcia el bravo de los Galeones, por resis- 
tencia al alcalde Castillo. 

Sucesos de Sevilla. 2 



i8 

gas de agua del rio clara como los ojos^ porque 
de claro que estaba el rio parecia que estaba ver- 
de^, y jueves 20 de Henero^ dia de San Sebastian, 
amaneció el rio salido^, y estaba el agua pasada la 
cruz del Altozano^ enfrente de mi puerta, y vi ve- 
nir muchos barcos al garete y se ahogó mucha 
gente^ y una nao que estaba junto á la puente: se 
desamarró y fué á dar á San Juan de Alfarache^ y 
un muchacho que habia quedado á guardar un 
barquillo aquella noche debajo de la puente^ y es- 
taba amarrado al barco de la puente^, y se hundió 
y se ahogó el muchacho; y todas las empanadas 
que habia hechas para este dia y güebos cocidos 
se andaban vendiendo á menos precio y se per- 
dieron muchos. 



En la famosa ciudad de Sevilla^ á 24 de Henero^, 
los frailes y monjes de nuestra Señora de las Cue- 
vaS;, por pleito que tuvieron en Roma^ en el cual 
murieron tres procuradores^ y salió en su favor, 
sacaron los güesos del Cardenal Gonzalo de Mena^ 
padre y fundador de su orden y monasterio de 
las Cuevas, los cuales estaban en depósito en la 
santa iglesia mayor de Sevilla, por los duques de 
Alcalá, y salieron acompañando los güesos del fun- 
dador de las Cuevas quinientos clérigos^ curas, be- 
neficiados y capellanes de las collaciones de Sevilla 
y de Señora Santa Ana de Triana, y trescientos y 



19 

ochenta y cuatro frailes y monjes de las órdenes que 
salieron de las iglesias y monasterios siguientes: (i) 

De la iglesia mayor 34 capellanes con sus ve- 
las de á dos libras y cuatro reales á cada uno. 

De las demás collaciones de Sevilla 418 cape- 
llanes^ todos con sus velas de á dos libras y cuatro 
reales cada uno^ que fué gran cosa de ver todos 
puestos por su orden. 

De todos los monasterios de Sevilla 324 frailes. 

De San Isidro y San Gerónimo^ y de la Trinidad 
y de Montesion doce frailes de cada orden. 

De San Benito y San Basilio doce monjes. 

De San Francisco de Paula y del Ángel de la 
Guardia doce frailes^ que son por todos frailes, 
monjes y capellanes ochocientos y ochenta y cua- 
tro^ á todos los cuales les dieron á cada uno una 
candela de cera blanca de dos libras y un real de á 



(1) En las noticias que fueron del Conde del Águila se con- 
firma el suceso en los siguientes términos: 

«Lunes 24 de Enero pasaron ó trasladaron al convento de las 
«Cuevas, con solemnidad, el cuerpo de D. Gonzalo de Mena, 
«Arzobispo de Sevilla, que estaba en la Capilla de Santiago,» 
(<(donde ha vuelto y ahora está). Hubo antes muchas reyertas 
«entre Cartujos y el Cabildo.» 

En las del Padre Pereira se dice: 

«En 24 de Enero pasaron al convento de las Cuevas los hue- 
sos de su fundador con solemnidad. » 

Esta descripción de la ceremonia de la traslación del funda- 
dor de la Cartuja de las Cuevas, es, sin duda, la mas detallada 
que se conserva. Ocupándome en investigar lo que sobre este 
suceso pudiera haber en los historiadores inéditos de Sevilla, en- 
cuentro en el Abad Gordillo la noticia relativa á la fundación de 
la Cartuja-, que por parecerme curiosa é interesante , inserto 
en el Apéndice, 



20 

cuatro^ y para todo el que quiso quedarse á comer 
mesa franca. 

Fué la mayor grandeza que se pudo ima- 
ginar ver tantos curas, beneficiados, capellanes, 
priores y guardianes, procuradores de todas órde- 
nes y tanta multitud de caballeros y gente, que no 
cabía en las calles, que aunque llovía muy bien 
y hacia grandísimos lodos, no se les daba nada, 
por ver la grandeza de eclesiásticos que iban. Lle- 
vaban los güesos doce frailes barbudos de las 
Cuevas en las andas, que no veían la hora de 
metellos en su casa, que no descansaron hasta las 
casas del capitán Paez. Pues no quedaron niños 
de todas Jas cofradías que no fueron acompañando 
los güesos, en que hubo mucho que ver, y llevaban 
sus ropas puestas y sombreros señalando cada uno 
de qué cofradía era, y á cada uno le dieron dos 
reales y una vela de cera blanca de una libra, y 
se quedaron á comer todos los niños de las cofra- 
días en las Cuevas y todos cuantos caballeros y 
señores quisieron, y dieron aquel día á los pobres 
doblada la ración y mucho atún, que hicieron el 
mayor gasto que se pudo imaginar. 



En miérx:oles 22 de Junio de iSg4 años, entre 
las tres y cuatro de la tarde, vino tan gran tem- 
pestad de aire y polvoreda, que no se vían unos 
á otros y no quedó en el rio nao, fragata, chalu- 



21 



pa, carabela^ barcos ni barquillos que por amar- 
rados que estuviesen no rompiesen las amarras y 
se encontrasen unos con otros, y un carabelón vino 
sobre la puente con tan gran pujanza, que envistió 
con ella y se rompió por ambas compuertas y la 
llevo toda junta el aire y carabelón hasta el almona 
de Triana (i);, y fueron encima de ella dos hombres 
y una muger echados y agarrados de los cabiroles 
de ella y un buey, y dentro de la casa de la puente 
el que pide para las ánimas del purgatorio y Do- 
mingo Pérez, guarda de la puente, dentro de un 
barco que lo estaba achicando el agua que dentro 
tenia: y al tiempo que la puente rompió iba á pasar 
un hombre en un caballo castaño y cayó el caballo 
al rio y salió por la escalereta del castillo y el hom- 
bre cayó por las ancas del caballo en el suelo del 
Altocano, y á un librero que estaba con sus libros, 
coplas y cartillas en la pared del castillo le llevó 
el aire gran copia de ellas por cima de las torres, 
y duró la tempestad medio cuarto de hora, y sien- 
do Dios servido hizo muy buena tarde y no quedó 
en Sevilla ni Triana hombre ni muger que no vi- 
niese á ver la puente sobre el almona, y jueves 23 
de Junio á medio dia pasó gente por la puente. 



(i) Grande debió ser esta borrasca, pues también la menciona 
el manuscrito del Sr. Conde del Águila en estos términos: 

«En 22 de Junio un gran aire llevó la puente á la almona;» 
después y sin un intervalo dice el cronista; «y este año ahorcaron 
á un E. S. S., sobrino de Medina, porque cercenaba doblones.» 

El manuscrito del Padre Pefeira dice también: «En Miércoles 
«22 de Junio de dicho año un gran aire llevó la puente á la Al- 
«mona.» 



22 

En 22 de Marzo de mil quinientos noventa y 
y cinco años llegaron al muelle del rio de Sevilla las 
naos de la plata de las Indias y la comenzaron á 
descargar y metieron en la casa de la Contratación 
tres cientas treinta y dos carretas de plata, oro y 
perlas de gran valor, (i) 



En 8 de Mayo de iSgS años sacaron de la ca- 
pitana ciento tres carretadas de plata y oro, y en 



(I) En el archivo de Indias y por diligencia de su peritísimo 
encargado actual, Sr. Juárez, he encontrado las siguientes noticias, 
relativas á estas flotas, los gefes que las mandaban y épocas en 
que hicieron las navegaciones, á que debe referirse Ariño, son 
las que á continuación se expresan: 

«D. Francisco Coloma, general de la armada de la guarda de 
las indias, salió por Abril de iSpS á perseguir Corsarios: fué á 
Tierrafirme, de donde volvió por Mayo de iSgS, arribando á 
Lisboa. 

"Fué su almirante Rodrigo de Rada, que se perdió en el Canal 
de Bahama, sucediéndole Diego de Sotomayor. 

D. Pedro de Lodeña, Gobernador de Cartagena, entró en Lis- 
boa el dia 4 de Mayo de iSgS con tres galeones de plata de los 
de la armada de D. Francisco Coloma, que se separaron de ella 
por la tormenta. 

Marcos de Aramburu, general de la flota de Nueva España, 
salió por Mayo de i SgS, y regresó por Mayo de iSgS. 

Fué su almirante Rodrigo de Rada, y por haberse quedado en 
la Habana con D. Francisco Coloma, lo fué Pablo Aramburu. 

Martin Pérez de Olazabal, general de la flota de Nueva Es- 
paña, salió por Marzo de iSgS, y murió abordo, tomando el 
mando de la flota su almirante D. Pedro de Alcega que entró en 
Sanlúcar por Agosto de iSgS en compañía de Sancho Pardo y 
Luis Alfonso de Florez. 



23 

veinte y tres de Mayo del dicho trajeron por tierra 
de Portugal quinientas ochenta y tres cargas de 
plata y oro y perlas^ que sacaron de la almirante^, 
que dio sobre Lisboa^ y por los temporales tru- 



La cuenta de los caudales venidos de Indias y su distribución 
es la siguiente: 

Relación de los mrs. que parece que monta la Hacienda de 
Su Magestad, arbitrios y todas quentas que este año de i5g5 se 
ha traido de las provincias de Tierrafirme y Nueva España en las 
armadas y flotas, generales deD. Francisco Coloma, Sancho Pardo 
y Marcos de Aramburu y de la orden que en la distribución 
della se ha tenido y se ha de tener conforme á lo que S. M. nos 
ha enviado á mandar. Es en la manera siguiente: 

CARGO. 

Monta la plata y oro que vino de la provincia^ 

de Tierrafirme conforme al sumario gene-f i.iio qs.° 993.154. 
ral, 1. 1 10 qtos. 993.134 mrs ) 

Monta el primer sumario de lo que vino de, oSSnsooSSbS- 
Nueva' España, 235 qs.** 255.632 mrs. . .\ " ^ * ' * 

Monta el segundo sumario de Nueva España, ^ 

de las cuatro Naos de Lisboa, 127 qs.°> 127 qs.° 456'.290., 
456.290 mrs ; 

1.473 qs.° 705.076. 
Montan los reales que se tomaron por los ge-^ 

nerales para gastos de las armadas de lo^. ^^^ o 33Q.006. 
que venia de 1 lerranrme que se puede co-l ^ ^ 

brar del averia . . ./ 

Monta lo que tomaron los dichos generales de^ 

lo que venia de Nueva España que se ha def 1 1 qs.° 891.840. 
cobrar déla dichaavería, 1 1 qs.** 891. 840 mrs.) 



1. 671 qs.'' 935.926. 

3o qs.° de mrs. que se presume que valdrá 
mas la plata y oro que de Tierrafirme yl 
Nueva España ha venido para Su Magestad^ 3o qs.^» 000*000. 
que lo en que se tasó y fué puesta en las] 
relaciones y sumarios generales 



Que monta este cargo 1.701 qs.° 935.926 mrs. 1.701 qs.» 935,926. 

Tomada estas noticias. — Rótulo. — ^^Contratación, de Sevilla. — 
Relaciones de oro, platay efectos que vinieron de indias en los 



24 

jeron la plata por tierra^, que fué muy de ver^ 
que en seis días no cesaron de pasar cargas de la 
dicha almiranta por la puente de Triana^ y este año 
hubo el mayor tesoro que jamas los nacidos han 
visto en la Contratación, porque llegaron plata de 
tres flotas y estuvo detenida por el rey mas de 
cuatro meses y no cabian las salas por que fuera 
en el patio hubo muchas barras y cajones. 



En Domingo 28 de Mayo de iSgS años se hizo 
la solemne procesión en el Sagrario de la iglesia 
mayor, donde hubo infinidad de altares y inven- 



años de i5o4 á i5g8. — Est. n.°4i. Caj. n.» Leg. n.° t/^. Reí. en 
el año de iSgS. 

De los 1701 qtos. 935.926 mrs. se gastaron en pagos hechos 
de orn. de S. M., en el derecho de averias, al Emperador, al 
Marqués de Cortes, á la Condesa de Paredes, al Conde Monterey 
y á D.* Elena Parada, como á los particulares Antonio Suarez de 
Vitoria y Compañía, á Francisco y Pedro de Maluenda, á Octavio 
de Marin, á Julio Spinola y Felipe Centurión, á Ambrosio Spi- 
nola, á Julio Spinola y Felipe Centurión, al Francisco y Pedro 
de Maluenda, á Gonzalo de Salazar y Jacome Rassio, á Simón y 
Cosme Ruiz, á Sinivaldo Fiesco y Joan Bautista Justiniano, al 
Prinsipe Andrea Doria y otros dueños de galeras, á los Fúcares, 
á Mateo Enrriquez de Herrera, á los herederos de Joan Fernan- 
dez de Iturmendi. Importan todas las partidas de la Data por los 
pagos hechos i. i63 qtos. 3 54.001 mrs. 

Es fecho en Sevilla á 29 de Junio de i595 años. — Con dos 
rúbricas. 



25 

ciones muy costosas en el corral de los naranjos, 
y desde la principal fiesta de la Santa iglesia hasta 
el domingo hubo cada noche por la calle de la Mar 
y calle de Genova y Gradas muchas ynbenciones 
de luminarias y cohetes. 



En jueves i.^ de Junio de dicho año se hizo la 
procesión solemne del Santísimo Sacramento en la 
collación de la Magdalena donde hubo tanto que 
ver, que para referilla fuera poco una mano de 
papel y entre las demás curiosidades que hubo fué 
un arco hecho en la calle de Catalanes de diver- 
sas cosas con muchas fuentes de diversos manja- 
res que puestas las gallinas asadas y rellenas y 
pavos y capones^ pasteles^ queso, aceitunas y en- 
salada^ cayó todo el mantenimiento boca abajo de 
suerte que parecía que estaba todo en el aire y 
dentro del arco mucha música y á la puerta de 
las brabas estubo hecha una portada muy curiosa . 
toda con sus pilares de plata y un San Juan 
encima de la puerta sobre terciopelo negro todo 
de perlas y piedras de gran valor que fué mucho 
de ver y en la plazuela de la Iglesia que cae al 
pié de la torre se hizo un estanque del tamaño de 
la plaza lleno de agua con mucho pescado y una 
peña con una hermita y la bendita Madalena de 
bulto haciendo penitencia y en el estanque muchos 
pastores y ovejas y pescadores que con sutil arte 
silvaban á las ovejas y ellas balaban y los pesca- 



20 

dores pescaban que fué mucho de ver, y en la fies- 
ta que se hizo en San Salvador hubo en la calle de 
los Portugueses hecho un arco muy artificioso con 
las figuras de la ley nueva y vieja y por mandado 
de los señores inquisidores estubo puesto mas de 
ocho dias y se entendió tuvieran algún castigo. 
En la de San Vicente no tengo pluma ni papel 
para poder esplicar lo que hubo, solo diré que en la 
calle de las Armas estaba un melón colgado de un 
cuchillo el corte acia arriba y otro con el corte acia 
abajo y de él colgando un gran jigante de que fué 
mucho loada la invención. De luminarias no cuento 
porque hubo todas las noches infinitas. 



En 26 de Julio de iSgS años (i) tubo noticia Don 
Pedro Carrillo de Mendoza, conde de Priego, asistente 
de Sevilla, como en la venta de la Barqueta Gon- 
zalo Xenis y otros rufianes con sus amigas estaban 
allí de asiento comiendo y fué su señoría allá con 



(i) El manuscrito del Conde del Águila dice en confirmación 
de este hecho: 

«En 22 de Julio se derribó la casa de la Barqueta de la otra 
banda por ladronera.» 

Y el del Padre Pereira dice; 

«En 22 de Julio se derribó la casa de la Barqueta de la otra 
banda por ladronera, siendo Asistente el Conde de Priego.» 

Mas adelante se verán las peripecias y el fin de la vida de 
Gonzalo Xenis. 



27 

mucha justicia y criados y cercaron la venta y los 
de dentro salieron y comenzaron á defenderse y 
Gonzalo Xenis con un pistolete en la mano fué ha- 
ciendo cara hasta que se escapó por uña dentre 
la justicia y se fué por las viñas y no pareció 
y á dos de los compañeros y á las amigas pren- 
dió su señoría y mandó derribar la venta y al 
ventero le dieron doscientos de renta por las calles. 



En 14 de Octubre del dicho año á las ocho y 
media de la mañana pasando una manada de puer- 
cos de Montero por la puente y hicieron un remo- 
Üno en ella y se hundieron dos barcas de ella y 
se quebró y cayeron en el rio muchos de ellos y 
fué Gonzalo de Eslaba, alguacil de Triana con Da- 
mián Pérez Escribano y Montero por las carabe- 
las de la sardina y sacaron muchos que tenian 
usurpados^ y la ciudad mandó adrecar la puente á 
costa de Montero y poner barcas para pasar gente 
y bestias^ y en 18 de Octubre á las diez del dia la 
adrecaron y les dio Montero un gran almuerzo á los 
carpinteros. Costóle la burla de la gente prieta 828 
ducados. 



En miércoles 22 de Noviembre de iSgj» años 
salió el agua del rio de Guadalquivir y llegó jueves. 



28 

3o dia de san Andrés al pie de la cruz que está 
puesta en la pared del castillo y sacaron este dia á 
señora santa Ana en procesión^ y llegaron con ella 
hasta el castillo de la cortina del Altozano, don- 
de estaba el agua del rio (i); y fué Dios servido que 
luego comenzó á menguar; y este dia los frailes 
carmelitas descalzos del Colegio del Ángel de la 
Guardia de Sevilla salieron en procesión de roga- 
tiva^ cubiertas las cabezas de ceniza y con morda- 
zas á las lenguas y sogas atadas á sus cuerpos^ que 
cuando volvieron á su casa no habia por donde 
rehender de gente que llevaban consigo con mucha 
devoción^ y mediante estos benditos frailes y señora 
santa Ana se fué el rio á su madre en lunes 4 de 
Diciembre del dicho año. 



En este dicho dia de San Andrés un maestre 
del navio nombrado San Buenaventura^ que se lla- 

(i) El manuscrito del Conde del Águila refiere así esta inun- 
dación; 

«En 29 de Noviembre, dia de San Andrés, fué avenida tan 
grande que estuvo el agua en un peso nueve dias, se cogió el 
agua con la mano desde la torre de la Almenilla, creció el Ta- 
garete, junto á la puerta de Córdoba y del Sol, y entró por la 
del Osario hasta media plaza: los cartujos se fueron á Estévan 
de Ronvi (*) 

El ms. del P. Pereira dice: 

«Este aiio dia de S. Andrés fué la avenida grande. Estuvo 
nueve dias en un peso el agua.» 

(*) Esta es la hacienda que está en el Aljarafe entre San 
Juan y Tomares, conocida por la Cartujilla ó Esteban de Arones, 



2g 
maba el Cid, y hera portugués, saltó en tierra en 
busca de pan, porque habia gran falta del en Tria- 
na, y fué al horno de la calle Carreteros, que está 
en el corral de Tromperos, y pidió que le diesen 
veinte hogazas y las echó en un costal, y pidién- 
dole el dinero dijo que á cómo las habia de pagar, 
y le pidieron á seis reales, y él, visto esto, dijole 
al mozo que las llevase al navio, que él daria el 
dinero, y hizo que sacaba dineros de una'talega, y 
dándole priesa el panadero, dijo: «el dinero es este 
palo» y le meneó las costillas y se fué con el pan, 
y saHó tras él mucha gente del corral, y en la calle 
Larga Francisco Meneses, alguacil de Triana, lo 
quiso prender, y metió mano á una espada moho- 
sa y una tapadera de una tinaja, y tiraba tan y tal 
cuchilladas á diestro y á siniestro, que no habia 
quien se llegase á él, y á esto acudió mucha gente y 
el Sr. Briceño, y eran tantas las cosas que el hom- 
bre hizo, que no pudieron prenderle, y le hirieron 
en un brazo, y se escapó y no pagó el pan. 



Don Rodrigo de Castro, Presbítero Cardenal, 
envió dos barcos de socorro á los Remedios y á las 
monjas, y en este dia las benditas monjas pidieron 
favor, que se anegaban, y las sacaron de su con- 
vento con toda su ropa, y las recibió el capitán 
D. Bernardino de Noli en su casa^ y allí decian 
sus horas y maitines, y hubo fama que se le que- 
dan alzar con la casa y las pasaron á Sevilla. 



3o 

El lunes 23 de Diciembre de i5g5 años sucedió 
haber en el rio de Sevilla once galeras de España 
y habia muchas tablas de juego por el arenal y 
por Triana, y en una que estaba en el árbol del 
paraiso^ que está en la vera del rio de Triana^ hubo 
una pesadumbre por el juego y acertó á venir 
Francisco de Meneses^ alguacil de Triana, y quiso 
llevar preso á uno^ y unos soldados que allí llegaron 
se lo deféndian y hubo muchas cuchilladas en las 
cuales hubo mucho favor para el alguacil^ y Ue- 
A^ando el preso volbieron los soldados por la puen- 
te y echaron mano para el Alguacil y al ruido 
acudieron tantos en favor del soldado que era len- 
gua del adelantado, que les fué forzado al algua- 
cil y á los que eran con él de meterse huyen- 
do en el castillo por que eran tantas las piedras 
que tiraban los mozos de galera que hacian mucho 
mal y pusiéronse los de galera á la puerta del 
castillo á aguardar que saliesen , y en el inter 
vino el Secretario Briceño (i) con una ropa de da- 
masco negro y apenas lo quedan dejar entrar y 
fuéronse los Soldados. 

Luego al día siguiente fué el soldado, lengua 
del adelantado á Sevilla con su arcabuz al hom- 
bro y quisiéronlo prender y disparó el arcabuz 
y fué tanta la justicia y corchetes que acudieron 



(i) Este Briceño, secretario de la inquisición, establecida en- 
tonces en el castillo de Triana, que ocupaba el lugar que hoy 
ocupa la Plaza de Abastos, no puede menos de ser el mismo que 
en el suceso de /as honras de Felipe II notificó las excomuniones 
a la Audiencia subido en las gradas del túmulo que Cervantes ha 
ha hecho tan famoso. 



3í 

que fué un juicio y le cercaron a la redonda y 
ninguno se atrevia á llegarse junto áél. Fueron 
tantos los palos y alabardazos que le dieron hasta 
que cayó en el' suelo y así le asieron y no le pu- 
dieron quitar la espada de la mano aunque le da- 
ban con las dagas en la mano y acudió la grita 
las galeras y fueron todos los Soldados á la plaza 
de San Francisco^, y nó quedó alcalde ni alguacil 
ni portero, ni escribano^ ni corchetes, ni hombre, 
ni muger en toda la plaza y cerrraron las puer- 
tas de la Ciudad que nó quedó abierta más de 
la puerta real, y allí estaban de guardia muchos 
Soldados y mozos^ y querían quebrantar la cár- 
cel y el general de las galeras habló con el Con- 
de y le rogó le diese al Soldado sino queria que 
hiciesen algún desatino los soldados y el Conde le 
prometió de dárselo y que mandase recoger sus 
soldados y que no alborotasen la Ciudad. Con esto 
mandó el general que ningún soldado entrase en 
en Sevilla por aquel dia y á la una de la noche 
mandó el conde poner muchos guardas por las 
calles y mandó ahorcasen el soldado á la reja de 
la cárcel y amaneció ahorcado, y en cincuenta dias 
no pareció corchete ninguno íi). 



(i) Estas reyertas entre los soldados ó marinos y el pueblo, 
eran frecuentísimas, como se vé por nuestro autor y prueban lo 
que era el orden público y cómo estaba garantido en esta época, 
que algunos pintan como dechado y modelo que debiéramos 
imitar. 



32 

En i.^de Enero de iSqG años tomó la renta 
de la fruta Gonzalo Sánchez de Morales y pasó á 
beneficialla Gerónimo Donato en el Altozano y Se- 
bastian de Ayllon y Alonso de Arévalo, y Alonso 
Sánchez. Salió el rio Guadalquivir en martes 14 de 
Mayo de iSgó años fué por el Altozano adelante, 
y yo puse una embarrada por el portal de mi 
puerta con tablas y mucha tierra, y se nos entró 
el agua por la casa nueva del castillo, y hinchó el 
pozo y rebozó, y se nos entró en casa y nos forzó 
á sacar la ropa y nos fuimos á la calle Larga al 
corral de la Porra á vivir, y estuvo el agua del 
rio por cima del postigo de la puente del castillo 
hasta jueves 16 de Mayo, y en sábado 18 de Mayo 
se metió en su madre, y lunes 20 de Mayo nos 
volvimos á nuestra casa. 



Sábado 29 de Junio de 1 596 años entró la vista de 
Cádiz el armada inglesa, (i) y traia 200 velas gran- 
des y pequeñas, y por general de la armada el 
conde de Essex, y con él dos hijos de D. Antonio 
de Portugal y Antonio Pérez, el que fué secretario 



(i) Sobre este suceso tan ignominioso para España, y que 
prueba la verdadera y real decadencia á que habia llegado la 
nación en los últimos años del reinado de Felipe II, es del mayor 
interés la Historia del saco de Cddi{, escrita por el fraile francisco 
Pedro de Abreu y publicada con otras relaciones contemporáneas 
y documentos ilustratorios por D. Adolfo de Castro en el año pa- 
sado de 1866. El autor fué testigo presencial de los hechos, y 
escribió su historia á raiz de los sucesos que en ella se relatan: 



33 

del rey mi Seaor^ y el lunes i.® de Julio tomó á 
Calis y la saqueó y los nuestros pegaron fuego á la 
flota (i) donde hubo el mayor robo que el inglés 
podia hacer^ y el lunes á la una de la noche llegó 
nueva al conde de Pliego de como el inglés habia 



así lo dice el autor en los siguientes términos: «Escriuióse y re- 
«copilóse esta Relación desde primero de Agosto de iSgG, hasta fin 
«de Octubre del mesmo año: y escríuese aquí porque la breve- 
«dad del tiempo sirua de disculpa al autor si algunos descuidos ó 
«yerros se hallaren..." 

El MS. orijinal de esta obra, que no vio el Sr. Castro y que he- 
mos tenido á nuestra disposición^ es hoy propio de nuestro com- 
pañero D. José Asensio y Toledo, quien lo compró á las herederas 
del Pro. D. Jorge Diez. 

(i) Aunque hemos hecho dilijencias para encontrar noticias re- 
lativas á estos sucesos en el Archivo municipal de Cádiz, nuestro 
trabajo ha sido infructuoso, pues sus libros de actas no empiezan 
hasta el 29 de Setiembre de 1 596, dos meses después de la toma de 
Cádiz por los ingleses; sin embargo, sobre el hecho del incendio 
de la ilota existe y hemos examinado un legajo de papeles cuya car- 
«peta dice: «Sobre la armada de flota de Nueva España que en la 
«Bahia de Cádiz quemó la de Inglaterra el año de 1596." 

" Reenes que se llevó para la seguridad de 1 20,000 ducados en que 
«se indultaron los vecinos después del saqueo." 

«Razón del Pleito que puso al consulado Mateo de Litela por 
«las naos que sacó de las quemadas." 

Al primer asunto corresponden cuatro conocimientos que ten- 
drian por objeto probar la naturaleza y cuantía de los objetos que- 
mados y perdidos. 

Respecto al segundo asunto no existe en dicha carpeta papel al- 
guno. 

Y sobre el tercero hay varios documentos curiosos, entre ellos la 
relación de las naos y efectos extraídos del mar por el dicho Mateo 
de Litela. El fondo del pleito entre éste y el Consulado consiste 
en que Litela se obligó á extraer las naos y efectos sin previo ajuste, 
pero el Prior y Cónsules de la Universidad de Mercaderes no le pa- 
garon como él creia justo y pidió que se nombraran peritos tasa- 
dores de su trabajo. 

Sucesos de Slvilla. 3 



H 

llegado sobre Calis, luego mandó llamar á Cabildo y 
despachó mucha caballería para el socorro de Calis 
y por la mañana mandó tocar á rebato en la iglesia 
mayor con lo cual se comenzó alborotar toda la 
Ciudad y vino un secretario á Triana y notificó al 
jurado Andrés de Paes, que pena de la vida manda- 
se aprestar toda la mas gente que pudiese y armas^ 
porque el inglés habia tomado á Calis; fué tanto el 
alboroto que hubo y los llantos y la grita, que era 
la mayor lástima del mundo y no se halló alcabús, 
ni mecha, ni pólvora, ni espadas, ni armas ningu- 
nas aunque las pesaran á oro, sino fueron 400 alca- 
buces que la Ciudad tenia en la Albóndiga llenos de 
moho, que no eran de provecho sino era aderezán- 
dolos. Cuantos alcabuces y espadas habia por los 
alcabuceros y espaderos y los del yerro viejo, todas 
viejas y mohosas, las vendieron á peso de oro y 
quedaron ricos todos los que se hallaron con armas 
y hubo muchos adobios y el carbón de breco an- 
dubo á 40 reales la carga y el capitán Bernardino de 
Noli recogió como ducientos hombres y los hizo 
embarcar y se fué gente por tierra y por el rio, que 
fué un juicio, y de la gente que se recogió en la ciu- 
dad mandó su señoría hacer cuerpo de guardia. Por 
las puertas y plazas y á la entrada de la puente en 
el Altozano y á la puerta de la Aduana se pusieron 
veinte piezas de artillería encabalgadas y puestas á 
la orden y se puso la gente en orden, aunque habia 
pocas armas y no se hallaba pólvora y el capitán 
Bernardino de Noli pidió licencia á la Ciudad para 
ir á quemar la armada del inglés y se la dieron, y 
fué con seis barcos llenos de alcancías de fuego con 



35 

Cierto injéiiio para pegarlos fuego^ y fué con las ga- 
leras, y el duque de Medina no consintió que pasara 
adelante si no traia orden de Su Magestad. Fué la 
mayor lástima y la mayor perdición que jamás los 
nacidos han visto, ver venir tantos barcos llenos de 
mujeres y ropa llorando y mesándose, unos de Calis 
y otros de los que iban á las Indias, unos sin muje- 
res, otras sin maridos, buscando sus hijos: fué tan 
notoria en todo el mundo la perdición que no se 
puede contar. 



"ROMANCE 



Á tal hora que en España 
Grande alboroto se suena 
Del armada del inglés 
Que dá rebatos en tierra, 
Que viene á ganar á Calis 

Y en ella ha puesto gran cerca; 
De naves y de navios 

Tiene alredor muchas velas. 
Poniendo su gente en orden, 
Todos á punto de guerra. 
Comienza la batería 
De España y de Ingalaterra, 

Y viendo la armada grande 
Retiranse las galeras. 
Rompen la puente Suaso 
Para salir acia fuera 



36 



Disparando bravos tiros 

Y estando la gente alerta. 
El galeón San Felipe 

Á sozobrado á la vela 
Los soldados sin remedio.. 
Viendo el enemigo cerca, 
Pegan fuego al galeón 

Y á nado salen á tierra. 

Y el enemigo que vido 
Retirarse las galeras^ 
Llamando sus capitanes 
Hace consejo de guerra: 
Dieron orden como fuese 
Echada la gente en tierra 
Para ganar la ciudad 

Y el tesoro que está en ella. 
Van saliendo de la mar 
Con sus planchas de madera 
Once mil hombres armados 
Marchando á puerta de tierra. 
Los caballeros de Arcos 

Y Jerez de la Frontera 
Con lucida infantería 
Salen la ciudad afuera 
Para defender la entrada 
Al inglés de Ingalaterra: 
Tiran de una parte y otra^ 
Suenan cajas y trompetas, 
Que á los fuertes españoles 
Hacen retirarse afuera 

Y meterse en la ciudad 

Y les ganaron la puerta, 



37 

Y el correjidor de Calis 
Luego las llaves entriega. 
Metió su gente el inglés 

Y echó la de Calis fuera; 
Tiene la ciudad por suya, 
Está apoderado e n ella, 

Y va tomando y cargando 
Cuanto ha hallado en ella. 
Quiere el duque (i formar campo, 
Porque le ha venido nueva 

Que este perro luterano 
Quiere echar gente por tierra. 
Júntanse diez mil soldados 
En Jerez de la Frontera, 
De Lebrija y los Palacios, 
De las Cabecas y Utrera, 
De Sevilla y de Morón, 
Los del Coronil y Orbera^ 
De Sevilla y aun de Bornos, 
Los de Arcos y de Espera, 
De Medina y de Vegél, 
Los de Chiclana y Paterna, 
También el duque de Arcos 
Con su gente de Marchena, 

Y de los pueblos de arriba 
Baja mucha soldadesca, 

Y en la ciudad de Jerez 
Se detienen las banderas. 
Tocan un dia á rebato 



(i) Este duque era el de Medinasidonia, que tan desgraciado 
fué como general de la mar en aquella ocasión. 



38 



Y sale la gente apriesa 
Formando sus escuadrones; 
La gente toda está alerta. 

Y ellos en aquesto estando 
El enemigo alzó velas^ 
Dejó alborotada á España 

Y él se fué acia su tierra. 



Y Su Señoría el conde de Pliego mandó sacar de 
la cárcel muchos delincuentes y los perdonó y á mu- 
chos retraidos porque fuesen al socorro de Calis, en- 
tre los cuales fué uno Diego López el de la nariz 
cortada^, y á Gonzalo Xenis y le envió por cabo- 
de escuadra de la gente que fué á Málaga. 



En domingo 7 de Julio los soldados que hacian 
guardia en Triana prendieron á un hombre que era 
cucharero, que vivia en la calle de Castilla junto al 
espital de Nuestra Señora de la O, por puto con 
un muchacho, y lo quemaron de alU á quince dias. 



■^ Y este dia mandó su señoría hacer alarde de la 
gente que habia venido de los pueblos del axarafe (i), 



(i) a los lectores sevillanos no es menester decirles que el 
Aljarafe es una rejion que forman las colinas de la derecha del 
Guadalquivir, terreno fértilísimo, muy poblado v lleno de alque- 
rías y casas de recreo en tiempo de los árabes. (Véase Zúñiga 
Anales, año 1246 p." S." 



39 

y se hallaron cuatro mil hombres de armas bien 
puestos y mandó su señoría quintar por los oficios 
para que diesen soldado^, y habia una tienda de 
lienzo en la plaza de San Francisco y una mesa á 
donde pagaban á los soldados quintados y saca- 
ron el estandarte de la Ciudad y lo pusieron á las 
ventanas de Cabildo y allí se hizo cuerpo de guardia 
todo el tiempo que el inglés estuvo en Calis. 



El lunes ig de Agosto vinieron los soldados que 
fueron á Málaga y con ellos Gonzalo Xenis^ y mandó 
Su Señoría ir á todos los soldados del Axarafe á sus 
pueblos y que estuviesen alistados y que tuviesen 
armas para cuando los llamasen. 



El 3o de Setiembre de dicho año salió el jurado 
Rodrigo Xuarez para Milán (i) á comprar las armas 
de la Ciudad^ y rogó á Gonzalo Xenis se fuera con 
él y no quiso. 

En 4 de Octubre del dicho año hizo resistencia 
Gonzalo Xenis al conde de Pliego y le tiró un pis- 



(0 Según me aseguran personas de crédito, las armas que fue 
á comprar á Milán Rodrigo Juárez se conservaron en gran parte 
en la Albóndiga hasta la invasión francesa de esta ciudad en i8io, 
entonces se sacaron de allí y aún quedan en el archivo del ayun- 
tamiento dos vacinetes y una cota de mallas, que por la forma y 
demás circunstancias me parece que son de las compradas en esta 
triste ocasión por la Ciudad de Sevilla, tan abandonada como el 



40 

toletazo y lo prendieron (i), y viernes ii de octubre 
lo ahorcaron y lo hicieron cuartos y le pusieron la 
cabeza en una ¡aula en la torre de la puerta de la 
Barqueta. 



En domingo i3 de Octubre de i5g6 años se ce- 
lebró el auto público de la fee de la Inquisición de 
esta Ciudad y en viernes i8 de Octubre, dia de S. 
Lucas Evanjelista, prendieron á un maestre y dos 
marineros de un navio inglés porque cojieron las 
cenizas de Jayme Bolor, escocés, hereje que quema- 
ron el dia del autO;, porque decian ellos que habia 
muerto santo, porque no se movió ni hizo muda- 
miento cuando le quemaron vivo, que fué cosa de 
ver. 



En martes 3i de Diciembre de iSgó años salió 
el agua del rio de Guadalquivir y llegó por cima 
del tejadillo de la casilla de las guardas de la adua- 



resto de España en aquella época y tan expuesta a un golpe de 
mano como el que dieron en Cádiz los ingleses. 

Las armas susodichas tardaron mucho tiempo en venir, pues en 
el cabildo de 29 de Enero del año siguiente de 1 597 se leyó una car- 
ta del jurado Rodrigo Xuarez, su fecha en Milán á 6 de Diciempre, 
en la que daba cuenta de lo que habia hecho en cumplimiento de 
su comisión; y en el cabildo celebrado el 29 de Octubre de aquel 
año, se dice que todas las armas estaban en el puerto de Cartagena 
y se acordó traerlas por tierra, para evitar que cayesen en poder 
de los enemigos: para más noticias véase el Apéndice. 

(i) El MS. del Conde del Águila confirmando este suceso dice: 
«En II de Octubre ahorcaron á Gonzalo Xcniz, valentón." 



41 
na^ que está á la entrada de la puente^ y estuvo 
fasta viernes 3 de Henero de 1 597 años en el Altozano. 

Sábado 11 de Henero de i5gj años salió el rio 
y llegó por cima del palo de la puente, y jueves 
16 de Henero al alba comenzó á menguar y se fué 
sábado 18 de Henero á su madre. 



En martes 18 de Marzo salió el agua del rio y 
llegó jueves 20 de Marzo á la cruz que está hecha 
el pié de ladrillo en el Altozano, y en viernes 21 del 
dicho á la Oración se pasó la puente á pié enjuto 
y en sábado 22 de Marzo amaneció el agua del rio 
pasada la cruz y llegó domingo 23 del dicho al pri- 
mer pilar del Altozano, donde está el oficio del car- 
bón, fué menguando domingo á las nueve de la 
noche, y lunes 24 se metió en su madre. 



En martes 25 de Marzo entró el jurado Rodrigo 
Xuarez en Sevilla y trajo un navio francés lleno de 
armas de Milán (ij para armar mas de diez mil 



(i) Esta noticia está en contradicción con loque resulta de las 
actas del Ayuntamiento, según las cuales Xuarez no habia vuelto á 
Sevilla en Abril de este año, pues en el cabildo de 1 1 de dicho mes 
se acordó contestar á su carta de 29 de Enero diciéndole entre 
otras cosas, que los coseletes que comprase fuesen grabados; y con 
fecha 1 1 de Diciembre de este año escribió desde Alicante, donde 
llegarla poco antes de vuela de su viaje á Milán. Por lo demás es 
de creer que trajese de Italia cosas artísticas y de buen gusto (cu- 
riosas) Xuarez, que por otras noticias parece que era persona en- 
tendida en letras y artes. 



42 

hombres^ y trajo muchas cosas curiosas que tiene 
en su casa^ y unas colgaduras para el Cabildo de 
Sevilla^ y trajo muchos cuerpos de armas y arca- 
buces y alabardas, que estuvieron dos dias des- 
cargando lo que trajo. 



En viernes 17 de Abril de 1597 años á las cua- 
tro de la tarde se embarcaron cuatro compañías de 
soldados quintados de esta ciudad de Sevilla en 
cuatro galeras y fueron por capitanes de ellas Don 
Pedro de Pineda, escribano mayor de Cabildo, y el 
correo mayor y D. Francisco Melgarejo y D. Juan 
Vicentelo el Coreo (i),y salieron por la puerta Real 
acompañados de muchos alguaciles^ y mandó su se- 
ñoría el Conde echar un bando, que decia ansí : 

«D. Francisco Arias de Bobadilla, conde de Pu- 
ñoenrostro, Asistente de Sevilla y su tierra, manda 
á los soldados quintados de las cuatro compañías 
que van embarcados en las galeras de España que 
ninguno sea osado de dejar su bandera pena de la 
vida: mándase pregonar porque venga á noticia de 
todos. '' 

En este tiempo sucedió ser D. Alonso Girón, Al- 
guacil mayor de Sevilla, tutor y gobernador de los 



(i) Este D. Juan Vicentelo fué projenitor de los condes de 
Cantillana, y ya era Señor de esta villa y muy famoso por sus 
grandes riquezas: su casa, construida por este tiempo, está en 
frente de la puerta de Jerez esquina á la calle de San Gregorio, 
es de buen gusto greco-romano, y se dice que la construyó el 
mismo arquitecto que trazó el hospital de la Sangre. 



|g 



43 

duques de Osuna y Alcalá^ por muerte de los duques 
viejos^ y habiendo de hacer pública almoneda de al- 
guno bienes del duque viejo de Alcalá, habia entre 
ellos una colgadura de doseles de terciopelo y borda- 
dos de oro, los cuales queria el patriarca de Valencia, 
tio de los duques, y D. Alonso Girón no se los quiso 
dar sin que saliesen en almoneda y enojóse mucho 
el patriarca con él y fuese á Madrid y pidió á Su 
Magestad inviase un juez de comisión que tomase 
cuenta á D. Alonso Girón de la hacienda que tenia 
á cargo de los duques, y vino por Juez Perea de 
Velarde, y sobre tomar las cuentas prendió al ma- 
yordomo de D. Alonso Girón y otros criados, y D. 
Alonso Girón fuese á Madrid á negociallo, y apre- 
tándoles el Juez sobre los gastos de D. Alonso Gi- 
rón y sobre la muerte de la muger, vinieron á 
confesar de que Don Alonso Girón era puto y hi- 
zo brava información el Juez sobre ello, y cuando 
vino Don Alonso Girón lo prendió y lo llevó á su 
casa y allí lo tenia que no le dejó hablar con nin- 
guna persona, y vínole á sentenciar á quemar por 
el pecado nefando (i) á él y á un criado suyo, y 



(i) El referido MS. del Conde del Águila refiere este notable 
caso del modo siguiente: 

«En lunes 28 de Abril el Licenciado Pedro Velarde, Alcaide del 
«crimen de la Chancillería de Granada, que por especial comisión 
«de S. M. procedió contra D. Alonso Tellez Girón, sobre la muer- 
«te de Doña Inés de Guevara, su muger difunta y sobre lo demás 
«contenido en su proceso, lo condenó á dicho D. Alonso á que 
«fuese llevado por las calles públicas de Sevilla desde la cárcel á 
"VOZ de pregonero que publicase sus delitos, hasta el campo fuera 
«de la puerta de Jerez, donde se le diese primero garrote, y luego 
«quemado por el pecado nefando y otros delitos cometidos por 



44 

lunes 28 de Abril á media noche lo invió á la cárcel 
de los Alcaldes y le notificaron la sentencia y como 
la oyó el Don Alonso Girón era lástima vello que 
se mesaba las barbas y se echaba en el suelo^ por- 
que aunque sabia que habia de morir^ no entendió 
que habia de morir tan disfamadamente y nunca 
lo supo ningún Señor de Sevilla hasta que lo sa- 
caron á quemar. Porque viniendo Don Ñuño de 
la Cueva muy seguro del caso via llorar muchas 
mugeres^ y que le miraban^ y llegando á la cár- 
cel vio mucha gente y preguntando qué era^ dijé- 
ronle: ((Señor^ sacan á quemar á D. Alonso Girón'\ 
y él se comenzó á santiguar y se arrebozó su capa 
y se volvió á su casa^ y ningún caballero hubo que 
de pesar sahese de su casa en todo aquel dia: y en 
martes 29 de Abril de j5gj años lo sacaron caba- 
llero en una mula^ cubierto de luto, y á un criado 
suyo con él y los quemaron, que fué la mayor lás- 
tima del mundo y hobo muchas revueltas y entre- 
dicho, y cesó el Oficio divino, y después de que- 
mado anda el pleyto que ha de costar mucho^ por- 
que á Perea de Velarde le hablan proveído por 
Alcalde de Casa y Corte de Granada y se lo qui- 
taron y lo inviaron á llamar de Madrid. 

Pasados algunos dias hicieron almoneda de los 



«él y contenidos en dicho proceso, y en pérdida de todos sus bie- 
«nes. Iva D. Alonso en muía de silla, vestido de luto y con él su 
"page con quien cometió el delito con opa blanca en albarda, y á 
«los cuales dos quemaron en el quemadero de la Inquisición en 
«3o de este mes de Abril," 

En las anotaciones del P. Pereira solo se dice: «En 3o de Abril 
'«quemaron á D. Alonso Girón y á su page por el pecado nefando." 



45 
bienes de D. Alonso y de ella compró Tomás Gó- 
mez^ tocinero de Triana^ dos pares de vestidos que 
fué mucho de notar, que ninguna persona de calidad 
compró nada del almoneda, sino corchetes, roperos 
y carniceros. 



En martes 29 de Abril de 1 597 años mandó su 
señoría echar bando que todos los pobres, asi mu - 
geres como hombres, el dia siguiente en la tarde 
fuesen todos y pareciesen en el campo del hospital 
de la Sangre (i), que fué el mayor teatro que jamás 
se ha visto, porque había mas de dos mil pobres, 



(i) Este suceso se confirma por el MS. del Conde del Águila 
en estos términos: 

«En 29 de Abril encerró el Conde de Puñoenrostro los pobres 
«en el hospital de la Sangre, y á los impedidos dio licencia de pe- 
«dir con una tablilla colgada al cuello, y á los sanos se lo prohibió.» 

Y también por las notas del P. Pereira, en las cuales se dice: 

«En martes 29 de Abril encerró el Conde de Puñoenrostro, 
Asistente de Sevilla, á todos los pobres en el hospital de la San- 
«gre, y á los impedidos dio licencia para pedir, y traian una ta- 
«blilla colgada al cuello.» 

Este asunto de los pobres ocupó por aquella época muy espe- 
cialmente la atención de la Ciudad y del Asistente, pues en el ca- 
bildo del viernes 7 dias del mes de Noviembre de 1697 se lee lo 
siguiente: 

«Hice relación á la Ciudad de las diligencias que ayer se hicie- 
«rqn por su Sría. del conde y los diputados y los medios sobre 
«el reducir á buen orden los pobres mendigantes que andan por la 
«ciudad, á los quales se les dio tablillas por la orden que la co- 
«misión lo ordenó y de otros, enfermos que pareció se recogieron 
«á ospitales para curarse en esta forma : 

«Enfermos de bubas se llevaron diez é siete al ospital de las 



4(3 
unos sanos y otros viejos^ y otros cojos y llagados, 
y mageres infinitas, que se cubrió todo el campo 
y los patios del hospital y á las dos de la tarde fué 
su señoría acompañado de mucha justicia y con él 
muchos médicos y entraron en el hospital y en una 

t'dichas bubas y otros diez y ocho se llevaron á depositar en el os- 
upital del Espíritu santo. 

«Enfermos de calentura se llevaron al ospital del Amor de Dios 
«■veinte y tres personas y al del Cardenal otras veinte y tres. 

«De cámaras se llevaron al ospital de la Paz siete enfermos 
«pobres y otro enfermo que paresció incurable al dicho ospital de 
«la Paz. 

«Acordóse que los Sres. Pedro Diazde Herrera y Juan de Aven- 
«daño den orden que por quenta de la Ciudad se dé de comerá los 
«diez y siete pobres que se llevaron al ospital de las bubas y ordenen 
«al Sr. Obispo Administrador del dicho ospital que no vaya reci- 
« hiendo á ningunos pobres en las camas que fueren vacando hasta 
«que estos estén recebidos y acomodados y consultando con el di- 
«cho administrador lo que será á propósito que se les dé de ración 
«cada dia para la dieta conforme á las dichas personas enfermas el 
«mayordomo lo pague con cédula de su Sría. el Conde ó del Sr. 
«Teniente y uno de los diputados y ordenan asimismo que los di- 
«chos pobres no habiendo camas se acomoden en esteras de eneas 
«hasta que vayan vacando las camas y lo que esto costare se libre 
«por la misma orden y que el dicho administrador no los dexe salir 
«del dicho ospital hasta que salgan sanos por evitar los inconve- 
«nientes que de lo contrario se seguirían, y en suplicar á su sría. el 
«Conde haga merced á la Ciudad trate de lo demás tocante á los 
«pobres con su sría. ilustrísima del cardenal y le acompañen los 
«Sres. don Juan ponce de león, Alcalde mayor, don pedio de men- 
«chaca y pedro suarez lanuza." 

Todos los hospitales de que se hace mención en el anterior ca- 
bildo han existido hasta nuestros dias, pues ya habia tenido lugar la 
reducción de ellos, llevada á cabo en i SSy por el Cardenal Castro 
■de orden de Felipe II, reducción que sólo obedecía al deseo de 
'que los quedasen estuvieran bien dotados, y no al espíritu de escesiva 
centralización que luego ha prevalecido y que tantos inconvenien- 
tes tiene para la asistencia y curación de los enfermos, que por su 
multitud son una causa de especiales y gravísimas enfermedades. 



47 
sala baja tenían su asiento, y mandaron fuesen en- 
trando las mugeres y á las que estaban para servir 
les mandó su Se joria pena de cien azotes no anduvie- 
sen pidiendo por la ciudad, y á las viejas que podian 
andar les dio licencia para pedir, que para el efecto 
tenia su sefioria mas de cuatro mil tablillas con sus 
cintas blancas y en ellas puesto licencia para pedir 
y á las que habian de pedir les daba una de aque- 
llas y se la echaban al cuello para que por ella pu- 
diesen libremente andar por la ciudad pidiendo y 
en este dia no se pudo concluir mas de con las 
mugeres, que fué mucho de ver cuando acabaron 
ver tantas generaciones de gentes y otros tantos 
trages como habia. 

Y en dos de Mayo del dicho año fueron los 
hombres al dicho sitio y allí les miraban las enfer- 
medades que tenian y al que era incurable lo man- 
daban al hospital y á los demás que tenian cura y 
á los cojos y mancos y perláticos y viejos les iban 
dando una de las tablillas susodichas, y á los demás 
echó un bando, que dentro de tres dias buscasen 
en qué trabajar, y al que hallaban pidiendo sin li- 
cencia le daban la hmosna en las espaldas. 



En 3 de Mayo de 1597 años sacaron á ahorcar á 
un soldado que se huyó del puesto de las compa- 
ñías y no le pudo valer toda Sevilla que tuvo de 
ruego, y lo ahorcaron enfrente del pasaje, y lo tru- 
jeron á pié vestido de luto, con un rótulo á las es- 
paldas que decia: porque quebrantó el bando con dos 
atambores destemplados también. 



48 

Pues vista por el Conde la mala orden que habia 
en el gobierno de la ciudad (i). mandó á los fieles 
executores que no sentenciasen ninguna causa sin 
que apelasen ante su Señoría en cabildo y fuesen 
en relación las causas que se hiciesen para ver las 
sentencias por ver los fieles que tenia ordena- 
do. Al primero que penaron y enviaron la causa 
en relación á Cabildo^, el Conde mandó llamar al 

(i) El primer antecedente que he encontrado sobre regatones 
y posturas y que regularmente se refiere á la serie de disposicio- 
nes y castigos á que dieron lugar estos asuntos, es el cabildo ce- 
lebrado en 29 de Marzo de 1597, cuya acta, así como otras que di- 
cen relación con tan importante materia, se inserta en el Apéndice. 

Sin duda este saludable rigor fué debido á la iniciativa del Asis- 
tente conde de Puñonrostro, recien nombrado para este cargo, del 
que tomó posesión el 24 de Marzo de dicho año, según consta del 
acta del cabildo de dicho dia, que es como sigue: 

«Leyóse en este cabildo una provisión de su magestad en que 
«manda recibir por asistente della á D. Fernando arias de bovadi- 
«11a conde de puñorostro firmada de su real nombre y refrendada 
«de D. luis de salazar su secretario su fecha en doce de Febrero 
«de este año, la cual dicha real cédula é provisión fué obedecida 
«por el Sr. Conde de Priego asistente de esta ciudad, y la tomó 
en sus manos y besó y puso sobre su cabeza por sí y en nombre 
«de esta ciudad y dio fé lucas de garay que llamó á cabildo extra- 
«ordinario." 

«Todos que se reciba y entre y pase el dicho Sr. conde de pu- 
■«ñonrostro y que el Sr. D. andres de monsalve escriba al Sr. luis 
«del alcázar por cuanto en este titulo se dice á la ciudad de Sevilla, 
«sin decir la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, como lo dice 
«su magestad, que dé orden como de aquí en adelante venga estoen 
«la forma que a de venir y siempre se a fecho— y dicho Sr. conde 
«de Poñonrostro dé la fianza ques obligado conforme su magestad 
«lo manda. 

«que los SS. D. ñuño de la cueva, teniente de alguacil mayor, 
"diego cavallero de cabrera, bartolomé de hoces y pedro cavalle- 
«ro de Illescas, D. Francisco del Alcázar, pedro diaz de herrera, 
«Juan de avendaño y martin de Sontofimia, jurado, vayan é trai- 



49 
penado y le hizo tomar juramento que si habia sido 
penado otra vez y que jurase la verdad, porque si 
hallaba otra cosa le habia de hacer dar ducientos 
acotes, así él juró de que habia sido penado cua- 
tro veces en este año de 97, y quién y cómo y cuanto 
le habian llevado de cada pena; mandó sacar las or- 
denancas de Sevilla y las mandó leer^ y dijo: «Este 
hombre ya merece ser ahorcado:'' allí les dijo su 
parecer á los Veinte y cuatros y Jurados y al pena- 
do le mandó se fuese libre y sin costas y que se 
guardase de caer en otra, porque no habia de librar 



"gan á este cabildo al dicho Sr. conde de puñonrostro para ser 
«recebido en el oficio como su magestad manda y la ciudad lo ha 
«pasado y le den la bienvenida. 

«y que este recebimiento del dicho Sr. conde sea para que lo 
«use conforme á su título y acuerdo y ordenanzas de esta ciudad, 
«y luego entró el dicho Sr. conde de puñonrostro y juró por Dios 
«y por santa María que usará bien y fielmente el dicho oficio de 
«asistente de esta ciudad guardando el servicio de Dios ntro. Sor. 
«y ordenanzas de esta ciudad y su albóndiga. 

«para que no se pueda sacar prestado ni enagenado en manera 
«alguna del dicho pósito pan ni otra cosa alguna, y asimismo guar- 
«dará el secreto del cabildo é justicia de las partes y visitará los 
«términos y hará restituir lo que estuviese enagenado y usurpado 
«y que no llevará parte de los derechos ni salarios de valias y en 
«todo hará lo que debe y es obligado, el qual dixo si juro y amen, 
«y fué recebido. 

«E luego el Sr. conde de Priego entregó al Sr. conde de Pu- 
«ñonrostro la vara de asistente desta ciudad y de su mano la reci- 
"bió y lo pidió por testimonio — salióse el dicho conde de Priego." 

He transcrito lo anterior no sólo para fijar la época en que tomó 
el Conde de Puñonrostro posesión del cargo de asistente, sino por 
parecerme que gustará á los curiosos saber y entender cómo se ve- 
rificaban esta clase de ceremonias: es además notable en este acto 
la reclamación que la Ciudad hace de sus dictados de muy noble y 
muy leal, concedidos como se sabe por el Rey D. Alonso X. 
Sucesos de Sevilla. 4 



5o 

menos que con galeras^ y otro día mandó echar un 
bando que decía ansi: 

((D. Francisco Arias de Bobadilla, Conde de Pu- 
ñonrostro, Asistente de Sevilla^ manda que se guar- 
den las posturas que están puestas por los fieles^ pena 
de ducientos acotes: mándase pregonar porque venga 
á noticia de todos/' 

Luego ymbiaron los fieles á Madrid sobre el ne- 
gocio y vínoles que el conde habia de ser juez abso- 
luto que no se casasen (i): pues á cinco de Mayo 
hallaron que una muger de la calle de la Caza, que 
se llamaba la Ronquilla, revendía cabritos por cuar- 
tillejos y los traía debítjo de la saya escondidos, hizo 
información el Conde de este negocio y envió por 
ella y de allá á cuatro dias la sentenció á doscientos 
azotes y privada de oficio y paseó por las calles de 
Sevilla y por la calle de la Caza, luego todos los 
regatones comenzaron á escaldarse. 



Miércoles siete de Mayo sucedió que un caballe- 
ro de esta ciudad pasó una mañana por el Rastro 
y vio á un hombre que vendía unos cuartos de car- 
ne tan hermosos y tan gordos, que le dio gana de 
mercarlos y ansí llegó al que los vendía y concertó 
dos cuartos traseros con sus turmas y díjole aí cria- 
do: toma un mozo y lleva esa carne á casa, y esas 
turmas di que me las asen para almorzar mientras 



(i) Debería añadirse sus sentencias pa.a que el texto tuviera 
sentido. 



5r 

voy. Llevó el mozo la carne y fué a quitar las tur- 
mas y halló que estaban asidas con una hebra de 
hilo en las piernas. Aguardó que viniese su amo, 
y dijole: Sefior, mire V. esta carne, porque las tur- 
mas están cosidas á las piernas: mirólo el amo y 
mandó llamar a su mayordomo y le dijo, mirase 
qué carne era aquella, y el mayordomo dijo: Señor, 
esta carne es de oveja; y el caballero de corrido 
mandó al mozo tomar la carne y se fué con él á 
casa del Conde y se lo contó como le habia pasado, 
pues como lo vio su Señoría y se retificó de que era 
oveja y que se habia vendido por carnero, le dijo al 
caballero que el dia siguiente al alba fuese á su casa 
porque queria fuesen ambos al Rastro para conocer 
quien vendia la oveja por carnero. 

Luego al dia siguiente fué el caballero como le 
mandó el Conde y hallaron al señor regatón con dos 
cuartos de carne de oveja con las turmas de carne- 
ro cosidas en ellos, y el señor regatón se llamaba D. 
Francisco y era criado de la justicia; luego el Conde 
le mandó lo llevasen á la cárcel y á las diez del dia 
mandó le sacasen de la cárcel con la carne al pes- 
cuezo, dándole doscientos azotes y desterrado de 
Sevilla: con esto se volvió á alborotar la gentecilla. 

Aqueste dia invió su Señoría al teniente Casta- 
ñeda que notificase á los Señores de la Inquisición 
mandasen á sus criados no revendiesen cosa ninguna 
porque si les hallaba en alguna cosa, sus mercedes 
le habían de perdonar porque se habia de ejecutar 
el bando. 



D'2 



Lunes 12 de Mayo á una mu^er porque vendia 
pepinos á mas de la postura, la sacaron con los pe- 
pinos al pescuezo y le dieron doscientos azotes. 



Jueves 1 3 de Mayo sucedió que el Conde anda- 
ba visitando los mesones y posadas y casas parti- 
culares de noche y preguntando quien vivia dentro^ 
y fué á parar á un mesón que estií en la calle de la 
Alóndifía y entrando vio una moza muy bonita y 
bien adresada, que estaba regodeando con los hués- 
pedes, mandóla llamar y dijole: qué haces tú aquí? 
dijo: Señor, estoy sirviendo aquí en este meson^, y 
comenzóse á turbar; y dijole: mira que soy el conde 
de Puñoenrostro y si no me cuentas verdad tengo de 
mandarte dar ducientos azotes; luego la moza le dijo: 
Señor, yo estaba en casa de unas señoras aquí en 
Sevilla, que \'iven en tal parte, y entraba en su casa 
un canónigo de la Iglesia mayor y trataba con una 
de ellas, yo le abria y cerraba la puerta cuando 
entraba y salia y enamoróse de mí }' llevó mi vir- 
ginidad, porque prometió darme cien ducados para 
mi casamiento, y después que se hubo aprovecha- 
do de mi no volvió mas á mi casa; yo de corrida^, 
como me deje) preñada, por no ser descubierta, me 
sali una noche de mi casa y por no andar perdida, 
me recogí á este mesón, á donde estoy buscando la 
vida. Asi mandó el Conde llamar al mesonero y di- 
jole, que ct)mo consentía aquello en su casa, man- 



53 

dólc que pena de ducientos azotes no le hallase 
otro dia con semejante cosa y no dejase salir aque- 
lla moza de casa hasta que mandase otra cosa, y 
así vSe fué á acabar la ronda;, y el dia siguiente á 
medio dia mandó á un criado hiese á casa del ca- 
nónigo que le habia dicho la moza, y le dijese co- 
mo su Señoría el Conde le rogaba le hiciese merced 
de ir á su casa, que tenia un negocio de importancia 
que encomendarle. El canónigo invió á decir á su 
Señoría que al momento iba; luego mandó ensillar 
su muía para ir, el Conde mandó á sus criados que 
en apeándose el canónigo le tomasen la muía y 
se la escondiesen: pues como llegó á casa del Con- 
de, apeóse y subió arriba el señor canónigo y los 
criados del Conde quitaron la muía á los del canó- 
nigo y escondiéronla, y como estuvo arriba salió el 
Conde al corredor á recebille, allí se hicieron muchas 
caricias y reverencias y después de haberse saludado 
¿qué es lo que manda su Sría? preguntó el canónigo. 
El Conde le dijo: Vuestra merced ha de saber que 
cierta muger se me ha encomendado y me ha dicho 
como vuesa merced se aprovechó de ella y que la 
prometió no sé qué dinero para su casamiento y nun- 
ca se acordó vuesa merced de cumplir la palabra que 
le dio. El canónigo comenzóse á acorar y decir que se 
espantaba que su Sría. entendiese que él habia de ha- 
cer tal cosa. Así negaba terriblemente el Sr. canónigo; 
pues como el Conde vio que negaba, di jóle: vuesa 
merced procure cumplir la palabra que le dio á la 
moza, si no sabrálo el Cardenal y sobre ello inviaré 
á Madrid al Nuncio del Papa, porque ello pasó de 
esta y de esta- manera, v estaba esta doncella en tal 



54 

parte^ y dióle cuenta de todo lo que la moza le habia 
contado, pues como se vio vencido el canónigo con 
tantas cosas como el Conde le dijo, vínole á decir que 
era verdad que dias habia que habia tratado con esa 
moza y que le habia prometido cien ducados y que 
por olvido no se los habia inviado, mas que se los 
inviaria dentro de dos meses. El Conde le dijo: vuesa 
merced me los ha de dar antes que se vaya de aquí. 
El canónigo dijo: ¿pues por de tan poca confianza me 
tiene su Señoría? Dijo el Conde: no tengo sino mu- 
cha de vuesa merced, mas quien no se acordó de 
enviallos en tanto tiempo, no tiene disculpa ninguna, 
vuesa merced no se canse, que me los ha de dar 
antes que se vaya. Yo no los traigo, dijo el canóni- 
go, mas envié vue Señoría un criado conmigo á casa 
y se los daré. Dijo el Conde: sea en hora buena. Des- 
pidiéronse, y cuando bajó no halló la muía, que le 
dijeron sus lacayos que los del Conde se la hablan 
tomado y que no sabían donde la habían llevado. 
Volvió á subir arriba y díjole el Conde: ¿qué man- 
da vuesa merced? Suplico á vuesa Señoría que dejé 
mi muía á la puerta y parece que unos criados de 
su Señoría se la tomaron á los míos haciendo burla 
de ellos. Respondió el Conde: guardada está la muía, 
envié vuesa merced el dinero y luego yo se la envia- 
re á vuesa merced, ¿Pues quiere vue Señoría que yo 
vaya con esta siesta á pié á mi casa? ¿qué dirán los 
que me conocen? Y díjole el conde: no se le dé nada 
á vuesa merced de ir un día á pié con la siesta por 
amor de mí, que yo cierto que soy tan regalado co- 
mo el que mas y que ando ú pié con sol y con agua 
de noche y de dia^ no es mucho que vuesa merced 



55 

pase este poco de sol hasta su casa por amor de mí. 
Pues como el canónigo vio que no queria su Seño- 
ría se le diese la mula^ fuese á pié á su casa y sacó 
cien ducados en oro y envióselos al Conde, y su 
Señoría mandó le llevasen la muía y envió por la 
moza el Conde al mesón y la tiene en su casa para 
casalla fi). 



Lunes ig de Mayo sucedió que una muger de los 
Humeros fué á vender cuatro pollos para dar de co- 
mer á su marido que estaba malo, y pasando por la 
plaza de San Francisco un escribano llamóla, y la 
preguntó: vendéis esos pollos? Dijo, sí. Cuanto 
queréis por ellos? Señor , á la postura que man- 
da su Señoría, á sesenta maravedís : el escriba- 
no tomóselos y no le quiso dar mas de cuatro 
reales por ellos y acertó hallarse allí el alcabale- 
ro y cobróle veinte y cuatro maravedís de alcabala, 
aunque la muger estaba llorando y estaba diciendo 
que se los hablan tomado en cuatro reales por fuer- 
za. Aconsejáronle unos hombres que se fuese á ver 
al Conde, fuese la muger á casa del Conde y contóle 
como su marido estaba enfermo y que era muy po- 
bre y que para dalle de comer habia traido á vender 



(i) Poco verosímil parecería esta aventura del Canónigo si el 
informe del Ldo. Sirvente de Cárdenas, Regente de la Audiencia 
de Sevilla, y otros documentos que se insertan en el Apéndice no 
nos pintaran á ciertos prebendados, como los sobrinos del Carde- 
nal Castro, de tal suerte que aparecen capaces de esta y de ma- 
vorcs fechorías. 



56 

cuatro pollos buenos y que un escribano se los habia 
tomado por fuerza en cuatro reales^, estando puestos 
por mandado de su Señoría por sesenta maravedi- 
ses cada uno y que el alcabalero de los pollos le 
habia llevado veinte y cuatro maravedís de alcaba- 
la, aunque supo como no le habían dado mas de 
cuatro reales por ellos. Luego mandó el Conde á 
un alguacil llamase al escribano y alcabalero de los 
pollos^ y venidos díjoles: ¿cómo mercastes estos po- 
llos y con qué conciencia se los tomasteis y le distes 
cuatro reales por ellos, y vos le llevasteis veinte y 
cuatro maravedís de alcabala, comiendo yo los po- 
llos á 6o maravedís y queréis vos comellos á real? 
Luego se turbaron ambos^ y mandó su Señoría al 
escribano diese á la muger seis ducados y al alcaba- 
lero le dijo: ¿cómo cobráis el alcabala á veinte y 
cuatro por ciento? Dadle luego á esa muger 5o rea- 
les. Dijo el alcabalero: suplico á V.» S.^ que no cobro 
mas de lo por ciento como manda S. M.— ¿Pues 
cuánto llevasteis de alcabala á esta muger? — Señor, 
veinte y cuatro maravedís, porque los pollos están 
puestos por mandado de V.^ S.^ á 6o maravedís y 
á esta razón le cobré. — ¿Pues visteis que estaba llo- 
rando esta muger porque se los habían tomado en 
cuatro reales y que los trocó para pagaros, y decís 
que á 6o maravedís? Denle luego á esa muger lo que 
tengo dicho y si no llévenlos á la cárcel hasta que 
paguen, y por vida del Rey que si en semejante 
bellaquería os hallo, que habéis de pasear las calles 
públicas desta ciudad. Luego dieron ambos el dine- 
ro y el Conde mandó dalle otros cincuenta reales 
á la muger y que se fuese un alguacil con ella y He- 



5? 
vase el dinero y que si estaba su marido de esta 
muger enfermo y con necesidad como decia^, que le 
diese todo el dinero, y que si no que le dejase los 
cien reales y que los seis ducados los llevase á los 
pobres de la cárcel. Fué el alguacil con ella y halló 
ser ansí lo que la muger habia dicho, y dejó todo 
el dinero. 



Sábado 24 de Mayo de iSgy años sucedió que 
Francisco de Meneses, alguacil mayor de Triana, 
prendió una mujer por regatona de carne, que la 
traia de fuera y la revendia, y de allí á dos dias 
mandó su señoría la paseasen por Sevilla dándole 
ducientos azotes, y la llevasen á Triana azotando y 
diese una vuelta por el Altozano (i): asila trujeron 
y fué grandísima la grita que hubo, y todos los des- 
penseros del castillo quedaron escaldados, y sus 
amos les volvieron á avisar que mirasen lo que 
hacian, porque ellos no les hablan de favorecer. 



Lunes 6 de Mayo sucedió que una mujer de la 
feria, porque vendía cerezas y ciruelas á mas de la 
postura, la condenó su señoría el conde en ducien- 



(1) Para los lectores que no conozcan á Sevilla debemos de- 
bemos decir, que el Altozano es la plaza que está á la entrada 
del puente por la parte de Triana, donde antes de construirse 
la actual de abastos en el antiguo castillo que ocupó después la 
Inquisición, se establecían los puestos de mantenimientos. 



58 

tos azotes con la fruta al pescuezo, la cual murió 
de los azotes de allí á cuatro dias. 



Lunes 2 de Junio sucedió que un hermano de 
Castillo herrero que habia ido con las cuatro com- 
pañías que salieron de Sevilla por cabo de escuadra 
de una de ellas, se vino desde Lisboa, y mandó el 
conde lo ahorcasen, y no h valió favor ninguno, y 
le pusieron un rétulo á las espaldas que decia: por 
el bando y otros delitos. 



Viernes 6 de Junio sucedió que pasando su se- 
ñoría el conde por la plazuela del Cardenal, vio 
llevar á un hombre dos güebos en la mano, y man- 
dólo llamar y preguntóle su señoría: ¿cuánto os cos- 
taron esos huevos? — Dijo: señor, diez y seis mara- 
vedís me llevó el pastelero por ellos. Luego mandó 
sacasen al pastelero de su casa y envió por el ver- 
dugo para que desde allí lo llevasen azotando: fué 
un amigo del pastelero corriendo á casa del Carde- 
nal y rogó al tesorero rogase al Cardenal que le ro- 
gase al conde de Puño en rostro por el pastelero, que 
lo quería sacar azotando porque habia ido un cria- 
do de casa por dos güebos frescos para su señoría 
ilustrísima, que no se hallaban en todo Sevilla, y 
que le habían dado 16 maravedís por ellos y que 
estaban puestos por el conde íí cinco maravedís. 



59 

Luego entró el tesorero á su señoría ilustrísima y 
le contó lo que habia pasado el conde con el pas- 
telero y en el término en que estaba puesto. 

Pudo tanto este ruego del tesorero con el ilus- 
trísimo Cardenal^ que salió á la ventana de la pla- 
zuela y habló con el conde y le rogó que por ser 
los güebos para él se le perdonase por esta vez 
la pena. El conde respondió^, que por mandato de 
su Sría. Ilustrísima le perdonaba los azotes^ y que 
diese 5o ducados para los pobres de la cárcel;, dióle 
muchas gracias el lllmo. Cardenal por ello y así se 
libró el Sr. pastelero. 



¿Qué es aquesto santo cielo, 
Qué planeta es el que reina, 
Que nos ha turbado el móvil 
Con su confusa licencia? 

Y estando el cielo sereno 
Fusila^ graniza^ truena^ 

Y con su frió el granizo 
Al que encima cae calienta; 

Y aunque es de suyo menudo 
Alza ronchas como piedras, 
Peores que la del monte^, 
Aunque en la ciudad se apega. 

Deseo cierto encontrarme 
Con los que cursan la esfera^ 



6o 



Solo para preguntarles 
Si ha tremolado la tierra, 

Según que de abajo arriba 
Está la máquina vuelta, 
Pues vemos que por el suelo 
Andan ya las azuteas 

No hay ya á que tender la mano 
Que se quebró la palmeta, 
Sino ojo á la lición 
Que azotan en el escuela. 

Pero agora mal pecado 
En verdad que se le deja 
Que ya son veras las burlas 
Que no hay plazo que no llega. 

Bien hay el de Puñoenrostro, 
Que solo á puñadas quiebra 
Tanto regatón de lanza^ 
Al fin como hombre de guerra. 

Bien puede el conde alabarse 
Que á gente de peso y pesas 
Que á las barbas se venian 
Ya de sus pisadas tiemblan. 

Yo vi por aquestos ojos 
Que se ha de comer la tierra, 
A un regatón muy honrado 
Restituir dos ciruelas. 



6i 



Ved si miedo guarda viña 
Y si ya en cabeza agena 
No ya poniendo escarmiento 
El que buena Pascua tenga. 

Gran señor esta canalla 
Para que ande á derechas 
Ha venido bien ponerle 
El San Antón á la puerta. 

Que á fé que que si no son locos 
Que se han de acordar de aquesta; 
Mas no hay sino hacer espaldas 
A la penca y ropa afuera. 

Y miren por el virote 
Pues á tiro de ballesta 
Está el asno y pregonero 
Trompeta verdugo y penca. 



Lunes 9 de Junio de i5gj años sucedió, que 
pasando su Señoría el conde por S. Francisco, vieron 
los criados á un despensero que llevaba una gran 
carga en un macho con un repostero encima, dijé- 
ronselo á su Señoría y él mandó que lo llamasen, y 
venido preguntóle su Señoría: ¿qué Uevays? Dijo: Se- 
ñor, una poca de carne; y mandó su Señoría quitar el 
repostero y vio un cuarto de vaca y otro de ternera 
y cuatro cabritos, conejos, perdices^ gallinas, pollos, 
palominos, y preguntóle: ¿para quién lleváis todo 



62 

esto? Señor^ dijo el despensero, para mi Señor el 
alcalde Castillo, que tiene convidados. — Pues si tie- 
ne convidados el Sr. alcalde, mas que eso puede 
llevar, anda, anda presto, y dejólo ir. 

Y á punto de medio dia fuese á casa del al- 
calde, y sin decir que avisasen^ subióse por la esca- 
lera arriba y cuando quiso el alcalde salir á recibir 
al conde, ya estaba con él á la puerta de la sala y 
saludáronse como convenía^, y después de haber 
pasado algunas razones ambos^ preguntándole el al- 
calde á su Señoría que le mandase en qué poder ser- 
virle; dijo el conde: hízoseme tarde para ir á casa 
y estáme aguardando un correo^ que lo habia de 
despachar antes de medio dia y no puedo hasta 
la tarde, y así acordé entrarme en su casa de Vmd. 
para pasar la siesta. El alcalde dijo: si supiera la 
buena venida de Vs.^ tuviera alguna cosa de bue- 
no de comer mas. ¡Ola! llamó al mayordomo y 
mandó que hiciese adrecar de comer que habia de 
comer su Señoría con él. — No mande Vmd. aderecar 
dijo el conde, mas de lo que hay, porque para mí hay 
demasiado, y si Vmd. me despide porque no vea 
cuantos convidados hay^ no tiene razón Vmd. que 
donde comen veynte que coma uno mas no vá á decir 
nada, y sino en pié con un pollo me contento, que 
yo serviré á la mesa, que no soy hombre de co- 
tufas. -No diga vue Sría. eso, porque me corro^ que 
antes soy yo el que tengo de servir á vue señoría: 
y así el conde dijo: para conmigo no es menester 
escusas sino llaneza: entonces dijo el alcalde: ¿dí- 
celo vue Sría. de veras? porque no quiero que vue 
Sría. entienda que yo habia menester escusarme con 



63 

vue Sría. porque yo y toda mi casa está á servicio 
de vue Sría. por vida de D/ Fulana y mis hijos 
que no hay nada de eso en mi casa. — Dijo el conde: 
bueno está eso, yo encontré con un despensero que 
llevaba un serón lleno de vaca, ternera y mucha 
caza, y preguntándole cuyo era, dijo que de vuesa 
merced y que tenia hoy convidados y por decirme 
que era de vuesa merced, y por satisfacerme, no le 
llevé á la cárcel y vine á casa de vuesa merced* 
Mande vuesa merced llamar al despensero.— Santi- 
guándose el alcalde mandó llamar al despensero y 
vinido todo turbado, dijo el alcalde: mira lo que dice 
su Señoría: él respondió que era verdad, que unos 
amigos suyos tenian una boda y que le habian en- 
cargado buscase una poca de carne y caza, y que 
por valerse del favor de su Señor, habia dicho que 
tenia convidados. Así el conde dijo : vuesa mer- 
ced avise á su criado no le acaezca otro dia, que 
vuesa merced me podrá perdonar, que por vida del 
rey que se ha de cumplir la pena, y vuesa merced 
se quede con Dios, que me están aguardando en 
mi casa: no acertó el alcalde de corrido á hablar al 
conde, y por mas que le importunó él y su muger 
y un fraile que allí estaba, no hubo remedio de que 
se quedase á comer. 



Lunes 12 de Junio sucedió que á un morisco, que 
se llamaba Rafael, que era criado del alcalde 
porque vendió una cuarta de queso á mas de la 



64 

postura^ lo penaron y el teniente mayor lo llevó á 
la cárcel^ y como lo supo su amo^ rogó al teniente 
lo mandase soltar antes que viniese á noticia del 
conde, y como el escribano vio que no habia de 
tener provecho ninguno de la causa, por amor del 
conde, fuese al conde y contóle como estaba preso 
un morisco criado del alcalde porque habia vendi- 
do una cuarta de queso á mas de la postura, y que 
el teniente mayor lo queria soltar porque se lo ha- 
bia rogado el alcalde: luego fué el conde en busca 
del teniente, que andaba rondando, y encontróle y 
díjóle: por vida del rey que si no mirara lo que ha- 
céis que habiais de arrimar la vara. ¿Por ventura 
alguno os ha dado, cincuenta ducados porque sol- 
téis aquel criado del alcalde por regatón de queso? 
Y el teniente dijo, que el alcalde le habia rogado se 
soltase y se le perdonase por ser la primera, mas 
que no lo habia de hacer sin dar cuenta primero 
á su señoría. Así se* fueron ambos á acabar la ron- 
da y se fueron por la cárcel y mandó el conde 
echasen unos grillos al morisco y que no se soltase 
sin su licencia, y después de vista la causa lo con- 
denó su Sría. en doscientos azotes, y como lo supo 
el alcalde, le fué á rogar al conde por el moris- 
co, y le respondió el conde le perdonase, porque 
no habia de hacer otra cosa; así se fué el alcalde 
muy enojado á su casa, y el morisco prometía 5o 
ducados por los azotes, y no aprovechó, porque luego 
le sacaron por las calles públicas dándole su renta. 



65 



lEso sí^ cuerpo de Dios^ 
Bien haya el nuevo asistente, 
Pues hace guardar la tasa 
A toda suerte de gente. 

A todos nos hace iguales , 
Pues que no siendo jueces^ 
Nos hace comer barato 
Como el oidor y el regente. 

Todo el mundo es veinte y cuatro ;, 
No hay quien no sea teniente, 
Que todos somos justicia 
Por ios nuevos aranceles. 

El capón y la gallina 
Con el precio se enternecen , 
Que como de antes era 
Por Dios que faltaban dientes. 

Ya podrá el hidalgo pobre 
Dejar de comer pasteles, 

Y sin temor de su empeño 
Al perdigón atreverse. 

Ya mi señor Don Peligro 
Si ayunaba los mas meses, 
.Podrá restaurar la hambre 

Y matar á quien le ofende. 

Ya no ha de haber mas pimienta 
Porque á quien echarla quiere 

Sucesos de Sevilla. 5 



66 

De dársela en las espaldas 
Por premio se le promete. 

Sino traslado al morisco 
Que corrió tan mala suerte ;, 
Que en tener amo al alcalde 
Probó á qué sabe el rebenque. 

El pastelero lo diga. 
Que á fé que pudiera verse. 
Si no es por un Cardenal, 
En su cuerpo mas de veinte. 

No me dejará mentir 
La de los pepinos verdes, 
Que por venderlos también 
Llevó un pan como unas nueces. 

Mil años vivas, el Conde, 
Que vive Dios, que el de Essex (i 
No fué tan temido en Cádiz 
Como tú en Sevilla eres. 

Plega Dios que yo te vea 
Como tus obras merecen. 
Que la que á mi bolsa haces 
No sé cómo encarecerte. 



(i) Esta palabra está muy confusa en el manuscrito, pero es 
claro que el poeta habla del conde de Essex, general de la gente 
de guerra que iba en la armada inglesa que tomó á Cádiz, suceso 
de que antes habla Armo, y que como se sabe causó grande es- 
panto en toda Andalucía. 



67 



Esto dijo un pobre hidalgo 
Tomando la cuenta un viernes, 
Porque su gasto ordinario 
Montó menos que otras veces. 



En lunes i6 de Junio de 1597 años prendieron 
á la hija de la Gamarra porque mercó la hortaliza 
antes de la hora que está puesta por la ciudad y le 
informaron á su Sría. el conde que aquesta hija de 
la Gamarra no era gran delito el que habia cometi- 
do para afrentarla, porque habia poco tiempo que 
se habia casado, y si la afrentaba su Sria. no haria 
vida su marido con ella; luego su Sría. la conde- 
nó en 20 ducados para gastos de guerra, porque no 
la dejase el marido. 



En jueves 26 de Junio, dia de los bienaventu- 
rados San Juan y San Pablo, sucedió que el jurado 
Santofimia Riquelme invió á una esclava suya á casa 
de María de la O, jabonera en San Marcos, por ja- 
bón, y pidiéndole jabón la esclava para su señor, 
le dijo la María de la O: «anda vete, que no se lo 
quiero dar al cornudo de tu amo; ¿pensaba. el muy 
bellaco que lo habia de llevar á la postura?" Fuese 
la esclava, y contóselo á su amo, y el jurado fuese 
al conde de Puñoenrostro, y contóle lo que le ha- 



68 

bia pasado con aquella muger^ y las causas que le 
habían hecho: luego mandó su Sría. fuese á pren- 
della y ella se fué huyendo y se metió en San Mar- 
cos: dijéronle á su Sría. como había huido y se 
había metido en Señor San Marcos^, y su señoría 
mandó la sacasen de la iglesia y la llevaran presa 
á la cárcel^ y mandó se hiciese información de lo 
pasado, y la condenó su Sría. en doscientos azotes. 



En sábado 28 de Junio, víspera del Señor San 
Pedro^ á las nueve del día, mandó su Sría. sacasen 
á María de la O dándole su renta. María de la O 
tuvo favor y envió suplicación á los señores del Au- 
diencia para que por ventura la entretuviesen para 
ver si se podía librar de los azotes (i). Inviaron los 



(i) Véase cómo se refieren los primeros sucesos relativos á este 
conflicto en las actas municipales: 

. «Cabildo extraordinario del sábado por la mañana veniti ocho 
«de Junio de mil quinientos é noventa é siete años para el cual 
«mandó llamar el Sor. Conde de Puñonrostro asistente de esta 
«Ciudad que lo presidió. 

«Dió fé Lucas de Garay que llamó á Cabildo. 

«Dixó Carlos de lesana jurado como diputado de la comisión 
«de preeminencias, que ya á la Ciudad es notorio el remedio que ha 
«tenido el exeso grande que ha havido en la regatonería que havia 
«en esta Ciudad así de carne como en todas las demás cosas con 
«la execucion de justicias que su Sría. el Conde ha fecho y que 
«hoy queriendo executar cierta sentencia de azotes contra una mu- 
«ger publica regatona que tiene por oficio serlo y han fecho con- 
«tra ella muchas causas de regatona en mas cantidad de veinte 
«causas, Diego de Mesa y Mateo de Rivas alguaciles del Audien- 



69 

Señores de la Audiencia á Mateo de Rivas v á Nieva 
alguacil de la Audiencia^ y que no dejasen sacar á 
María de la O á azotar hasta que se les mandase 
otra cosa. Ellos fueron á la cárcel al tiempo que 
María de la O estaba subida en el asno para sa- 
calla á azotar y cerraron las puertas de la cárcel 
y enviaron las llaves al Audiencia y quedáronse 
dentro con la mugen los alguaciles del conde fue- 
ron á cabildo y dijeron á su Sria. lo que habia 



«cia, dicen que con mandato de la Sala de los SS. Alcaldes han es- 
«torbado esta execucion con gran desautoridad de la justicia, ha- 
«biendo cerrado la puerta de la cárcel de la Ciudad y haciéndose 
«fuertes en ella y tomando las llaves á los porteros de que ha 
«resultado grande alboroto en toda la ciudad, que suplica á la Ciu- 
«dad y con el debido acatamiento le requiere, pues lo puesto y 
«ordenado por su Sría. del Conde ha sido y es en tan grande be- 
«neíicio de sus vecinos y república, se le suplique á su Sría. man- 
«de executar su sentencia y hacer en este negocio lo que su Sría- 
«viese que conviene en cosa tan importante al bien de la repú- 
«blica y autoridad de lá justicia. 

«Acordóse de suplicar y suplicóse á su Sría. del Conde haga 

«merced á la Ciudad de mandar executar la sentencia que en este 

«negocio tiene dada atento que es tan conveniente al servicio de 

«Dios ntro. sor. y de su mag. y beneficio de esta república y en 

«remitir esta proposición á la comisión de preeminencias la qual 

«se junte luego y haga todas las diligencias y suplicaciones que 

«fueren necesarias para que se remedie lo susodicho y lo despa- 

«chen todo, sin que sea necesario volver á la Ciudad y sean mas 

«diputados de preeminencias Hernando de Porras, Don Melchor 

«Maldonado, Francisco García Laredo por la orden de la comisión. 

de co 

T. el q. de puñonrostro. Fran. Ramires 

SSrio." 
Sin duda la comisión de preeminencias reunida en el acto re- 
solvió que el Asistente y veinticuatros fueran á la cárcel de la Ciu- 
dad y estrageran á María la O para ejecutar la sentencia de azo- 
tes, pasando lodo como lo refiere Ariño: de esto no resulta prueba 



70 

pasado con los del Audiencia: luego salió el conde 
como un rayo y el teniente y alcalde de la justicia 
veinte y cuatros y jurados y alguaciles tras él^ y 
fueron á la cárcel y no le quisieron abrir^ y hubo 
muchas demandas y respuestas entre el conde y 
señores del Audiencia y no le quisieron dar las lla- 
ves; pues visto esto por Puñoenrostro mandó juntar 
á cabildo. 

En él hubo muchos pareceres^ y el conde que- 



en el libro de actas; pero la hay del conflicto producido entre la 
Ciudad y el Audiencia, pues en la del Cabildo del dia cuatro de 
Julio se dice lo siguiente: 

«Acordóse que Pedro de Escobar Melgarejo en nombre de la 
"Ciudad y como, procurador mayor della salga á defender la causa 
«de los Caballeros que están presos y ausentes en el negocio de María 
«de la O, y lo demás tocante á esto y haga aquí y en Madrid to- 
«das las diligencias necesarias y para que pueda facer en nombre 
«de la ciudad cualesquier recusaciones y jurarlas en forma y es- 
«criba todas las cartas y suplicaciones necesarias que para todo ello 
«y para lo á ello anexo la ciudad le da poder en forma_, y las dichas 
«recusaciones las pueda hacer y haga á cualesquier jueces de qual- 
«quier tribunal que sean." 

«Acordóse que para gastos de pleitos se le libren Pedro Esco- 
«bar Melgarejo cient. ducados como procurador mayor." 

«Acordóse que se traiga para luego un poder ordenado para que 
«la ciudad lo otorgue á Pedro de Escovar Melgarejo como Pror. 
«mayor." 

En este trance no solo fueron presos algunos veinticuatros sino 
también varios escribanos y alguaciles, pues en el mismo Cabildo 
«Dijo el Sor. Teniente que por la prisión de Rafael de Rivera y de 
«Juan bautista del Castillo escribano nombrado en su oficio no hay 
«quien ejerza aquellos oficios, y desto resulta daño é inconveniente 
«al despacho de los negocios, que suplica á la ciudad mande nom- 
«brar por votos secretos personas que los usen y lo mismo se en- 



7; 

ria mandar sacar á los alguaciles de la Audiencia 
á la vergüenza con María de la O, y rogáronle que 
á los alguaciles los dejase para otro dia y que se 
castigase la muger y rompiesen la cárcel para sa- 
calla, y así con este acuerdo mandó su Sría. á D. 
Sebastian de Carvajal, alcalde de la justicia de esta 
ciudad^ fuese á la cárcel y procurase derribando 
puertas ó paredes, sacar á María de la O, para que 
se ejecutase lo mandado. Andando D. Sebastian 



«tienda en el oficio de Baltasar Romi, escricribano de la justicia. 

«Y así se acordó y se hizo." 

En este cabildo entró el Conde Asistente, saliendo á poco, y 
también entraron y salieron varios capitulares con mucha mas fre- 
cuencia que solia suceder en otros cabildos, lo cual prueba la agi- 
tación y calor que produjo este negocio en los regidores de Sevilla; 
y no sin razón, pues en él se versaban las preeminencias de la 
Ciudad, y por eso, además de enviar á la Corte á su Procurador ma- 
yor, movieron para defenderlas cuantos resortes creyeron necesa- 
rios, como lo prueba entre otras cosas el siguiente particular de el 
cabildo del Miércoles diez y seis días del mes de Julio de mil 
quinientos é noventa é siete años. 

«Leí una carta que escribe á la Ciudad Luis del Alcázar veinte é 
«cuatro su fecha á once de Julio en Madrid en la que dá cuenta á la 
«Ciudad como el Sor. Cardenal ha escrito al Sor. Presidente en con- 
«formidad de los intentos de la Ciudad en el negocio que ha sub- 
«cedido de los presos, remítome á la carta." 

El Cabildo acordó que fuese una comisión de su seno á visitar 
y dar las gracias al Sr. Cardenal por sus buenos oficios. 

En otros cabildos posteriores y que alcanzan hasta fines de Oc- 
tubre se tratan y resuelven las peticiones de los alguaciles, del cor- 
reo y de otras personas que reclaman sus salarios por lo que tra- 
bajaron en este asunto de María de la O. 

No será demás llamar la atención de los lectorci, sobre la per- 
sona del Procurador mayor Pedro de Escobar Melgarejo, preso 
luego en la catedral cuando ocurrió el conflicto de Jas honras de 
Felipe II, pues la intervención que tuvo en el primer asunto puede 
explicar el proceder que en el segundo usó con él la Audiencia. 



' I 



72 

buscando por donde entrar en la cárcel^ dijéronle 
que por la casilla donde se asientan las entradas 
de los presos en la cárcel estaba una reja, que qui- 
tándola entraría: así mandó traer picos y quitaron 
la reja, y mandó deserrajasen el postigo de la cár- 
cel y abrió la puerta y vino su Señoría el conde con 
los señores de Cabildo á la cárcel y mandó echa- 
sen dos pares de grillos á los alguaciles y al alcaide 
de la cárcel^ y se pusieran á recaudo hasta que se 
mandase otra cosa, y sacaron á la señora María de 
la O, caballera en un jumento y desnuda hasta la 
cinta, y fué acompañada de su Señoría el conde y los, 
señores de Cabildo puestos con mucha orden de tres, 
en tres, y detras de la señora María de la O muchos 
alguaciles, y así como llegaron á las puertas de Ca- 
bildo se paró su Señoría y todos los señores y se pu- 
sieron á un lado y allí mandó su Señoría se diese 
el pregón, que decia de esta manera : 

((Esta es la justicia que manda hacer el Rey 
((Ntro. Sr. y el conde dePuñoenrostro de esta muger; 
(de manda dar ducientos azotes por regatona de ja- 
((bon, quien tal hizo que tal pague/' — Y aUí le die- 
ron para en cuenta. 

Y se quedó su Sría y los demás señores y fueron 
acompañando á la señora María de la O, Gregorio de 
Madrid, alguacil de la justicia y el señor ejecutor de 
la vara, y cuatro alguaciles de los veinte, y la pasea- 
ron por la ciudad, que no quedó ninguno ni en Sevi- 
lla ni en Triana que no fuese por ver á la señora Ma- 
ría de la O; fué mucha grita, y no hubo quien dijese 
bien de ella, sino que era muy poco castigo para lo 
que merecía; luego su Señoría mandó echar un bando 



73 

en la plaza de San Francisco que ningún hombre ni 
muger parase en la plaza ni hiciesen corrillos^ pena 
de ducientos azotes: fué cosa de ver ir huyendo la 
gente^ unos por aquí, otros por allí, de miedo, que 
estaba la plaza llena y no paró nadie en ella, que 
aun apenas se habia acabado de echar el bando, 
cuando no pareció nadie. Hubo por acá muchos 
pareceres, unos decian que habia hecho muy bien 
el conde, otros que no, que la Audiencia era sobre 
el conde, y otros que les habia de costar muchos di- 
neros á los señores de la Audiencia y otros que al 
conde. Con estas cosas y otras andaba la ciudad 
muy alborotada, que por parte ninguna que fuesen 
no se trataba otra cosa sino de lo pasado, todos los 
de loan Regata estaban atónitos y marchitos y el 
domingo siguiente, dia del Sor. San Pedro, anda- 
ban estas coplas que se siguen: 



Cuando su color el cedro 

Y la flor hermosa brota 

Y el potro gallardo trota 
La víspera de San Pedro 
Esta ciudad se alborota. 

El audencia y asistente 
Arman grandes divisiones 
Por mínimas ocasiones 
De que mormura la gente^ 
Viendo las rebeliones. 



74 



Una pobre mugercilla 
Los alborotos causó 
De la cuestión y rencilla; 
Pero al fin se paseó 
Por las calles de Sevilla , 

No en sus pies, fué caballera 
No como uso de razón ^ 
Sino con grave quimera, 
Pues por no ser jubetera 
Le pespuntan un jubón. 

Y fué tan bien pespuntado. 
Viendo sus estremos juntos, 
Que salió tan colorado 
Que fué jubón aforrado 
Con solos ducientos puntos. 

Iba gallarda y briosa 
Encima de su jumento 
Con grave triunfo y contento, 
Sin poderse tapar cosa. 
Recibiendo ciento á ciento. 

Descubre la pantorrilla. 
El medio cuerpo de fuera, 
Va pasando la carrera 
Con argentada gervilla 
Porque cada cual la viera. 

Como se vio en el jumento 
Una voz confusa dio 



75 

Que á todos dio gran contento^ 
«Yo soy María de la O,» 
c(Que vó á padecer tormento.» 

Mas nada le dá cuidado 
De sus penas y dolores^ 
Antes con aire avisado 
Responde que á otras mejores 
Que ella habian azotado. 

Es puta y de ello se goza 
De ver que tanto pertrucha (i) 
Ser bruja y ser melindrosa, 
Hechicera y alcahueta 
Con jubón y con coroza. 

Tiene una Bandera y Ramo 
do admite qualquiercossa, 
quellegando asude Ramo 
Luegollama asu amo 
Y assí sirue de so Piona, (sic.) 

Hay tanto que decir 
maría de tus maldades, 
y assí quiero concluyr. 
Pues no te Puede su frir 
el Barrio, ni bencidades. (sic.) 



(i) El manuscrito dice muy claro pertrucha] pero esta pala- 
bra no está en el Diccionario de autoridades ni en la última edi- 
ción del manual de la Academia, por lo que dejo su interpreta- 
ción á la perspicacia de los lectores. 



76 



De gozo á los pies me pongo 
De quien á tí te azotó ^ 
Pues tan buen pago te dio 
El conde de Puiionrostro, 
Que tu maldad castigó. 



Pues el sábado en la tarde fueron de visita de 
cárcel los Oidores y echaron los alguaciles del Au- 
diencia fuera de la cárcel en fiado y al alcaide de 
la cárcel; y su Señoría el Conde despachó á Madrid 
á dos jurados con la información de lo pasado, y 
el Audiencia despachó con otra información á Ma- 
drid, y levantaron muchas coplas en favor del Conde^, 
y sobre ellas mandó el Audiencia prender á un hijo 
de Rui Gómez de Silva y á otros dos, y estubieron 
pressos hasta que vino de Madrid que los soltasen. 



Y ei: martes primero de Julio estaba María de 
la O pesando jabón en su casa y la puerta muy 
regada y barrida, con muchos ramos, y á todos los 
que se paraban ó miraban á su puerta los llamaba de 
cabrones, cornudos, y acumuláronla que era hechi- 
cera y que habia muerto á puros azotes á una mu- 
chacha que en su casa tenia; y como lo supo su 
Señoría mandó al teniente ma3^or Castañeda la pren- 
diese. Pues tuvo noticia de ello la señora María de 



77 

la O, y huyóse de su casa, y el Teniente vevía los 
vientos en buscalla, ydijéronle al Conde como la 
María de ki O tenia un compadre que era soplón 
de los fieles ejecutores, y que sabria donde estaba, 
y así mandó su Sría. que le trujesen ante él, y le 
dijo que procurase de buscar á María de la O y 
traella, y que si no la traia que por vida del rey que 
lo habia de echar en galeras, y que si la traia se lo 
pagaría muy bien. Así el compadre soplón dio en 
buscar á su comadre María de la O con otros dos 
alguaciles del Conde, y tuvo nueva que estaba en 
la Almona de Sevilla escondida y entró dentro y 
la sacó y la llevaron á la cárcel, y el Conde man- 
dó le diesen cincuenta reales, y mandó hacer infor- 
mación contra María de la O. 

El Audiencia mandó prender á los veinte y cuatros 
y jurados que se hallaron en cabildo cuando fué el 
quebrantamiento de la cárcel, y á D. Sebastian de Car- 
vajal, alcalde de la justicia^ y los pusieron presos en la 
puerta de Triana y en la torre del Oro con muchos al- 
guaciles de guarda, y después de haber visto la infor- 
mación les condenaron á cada uno en cincuenta du- 
cados para la cámara de S M. y en las costas por el 
quebrantamiento de la cárcel y el desacato á la Au- 
diencia, y á su Señoría el conde le condenaron en qui- 
nientos ducados y las costas, y fué un alguacil de la Au- 
diencia con mandamiento del Regente y Oidores, y 
le descolgaron la tapicería por ellos, que tenia colga- 
da, porque lo mandó el Conde que la llevasen que 
no quería dar el dinero, y luego despachó á Ma- 
drid sobre el negocio, y la Audiencia volvió á des- 
pachar, y hubo en Madrid muchos dares y tomares 



78 

sobre estos pleytos de la Ciudad y el Audiencia y 
muchas demandas y respuestas^ muchas contradic- 
ciones en favor de su Sría. el Conde y otros abo- 
gando por el Audiencia y todo revuelto^ y vino de 
Madrid se soltasen los presos y á su Sría. el Conde 
que usase su oficio y que el Audiencia oyese y no 
sentenciase (i). Apeló el Audiencia del mandato y 
soltaron los presos: invió el Audiencia á tomalle su 
declaración sobre lo sentenciado al Conde, y dijo 
que estaba indispuesto, que no estaba para declarar 
nada y el Audiencia envió dos médicos uno en pos 
de otro, para saber si era ansí, y los médicos ju- 
raron ambos como estaba su Sría. el conde con 
calentura, mas que era poca y se levantaría presto. 
Pues como el conde no parecía ni salía á Cabil- 
do, unos decían que estaba malo, y otros que ha- 
bía ido á Madrid, otros que estaba escondido por 
mor del Audiencia, otros que" habia dejado la vara, 
y todos los regatones habían cobrado alientos, y 
decían que no se les daba nada del conde, que el 
Audiencia lo habia de remediar y andaban ya ta- 
les con la ausencia del cabildo, digo del conde, que 
vendían á como querían. 



(i) Puede además servir de ilustración á este suceso el extrac- 
to del proceso de las honras de Felipe II, que se inserta en el 
Apéndice^ pues en él se vé lo que eran y cómo se desarrollaban 
estos conflictos entre autoridades cuyo carácter y atribuciones no 
estaban bien deslindadas. El Cabildo y Asistente teman faculta- 
des administrativas y judiciales, y la Audiencia, aunque principal- 
mente entendía en lo judicial, estendia también su jurisdicción á 
lo administrativo, por varias razones, y singularmente por la forma 
de juicio que tomaban todos los asuntos de gobierno y policía en 
aquélla época, que fué, por decirlo así, el apogeo de la toga. 



79 
Volvió de Madrid el negocio en favor del conde 
y envió á llamar los veinte y cuatros y jurados y 
alguaciles de la Ciudad que fuesen á su casa^ y 
mandó se pusieran en órden^ y vino á Cabildo muy 
acompañado, de lo que se comenzaron escaldar los 
regatones, y mandó echar bando su Sría. qne guar- 
dasen las posturas, y mandó hacer información de 
quien habia vendido á mas de la postura aquellos 
dias de vacaciones y de lo que decian los regato- 
nes, y envióla álla á Madrid. 



Lunes digo luego en sábado 12 de Julio de 1597 
años sucedió que el ejecutor de la vara prendió á la 
Gamarra vieja (i), porque vendió una calabaza á 

(i) Gran fama debia tener entonces la Gamaira, porque en las 
anotaciones del libro del P. Pereira se dice: 

«En dicho año Puño-en-rostro, Asistente, azotó á la Gamarra, 
«la gran regatona y hubo encuentro por ella con la Audiencia." 

En cuanto al suceso que refiere Ariño, véase lo que resulta 
de las actas capitulares, las cuales prueban que después del suceso 
de María de la O, la Ciudad se iba con tiento en la ejecución de 
sus senteneias. 

«Cabildo del miércoles treinta de Julio de mil é quinientos é 
«noventa é siete años. 

«Entró en este Cabildo Juan de Porras escribano de los fieles 
«executores y hizo relación de un pleito que es entre partes de la 
«una Juan Bautista denunciador y de la otra Francisca Gamarra 
«verdulera en que parece que los dichos fieles executores conde- 
«naron á la susodicha en vergüenza pública y mil mrs. por aver 
«vendido calabazas verdes á mas precio de la ordenanza y dixo 
«el dicho escribano que por el proceso parece haber sido conde- 
«nada por los dichos fieles executores por otras veinte é cinco cau- 
«sas por aver vendido cosas de verdura á mas precio de la dicha 



8o 

mas de la postura^ y llevándola á la cárcel salió 
su yerno y su hijo de la Gamarra en busca su- 
ya, y hicieron gran resistencia al ejecutor de la 
vara, y se la quitaron, y el hijo dio al cuñado un 
pistolete, y lo acosaron mucho, y lo quiso disparar 
y no pegó fuego, y el hijo y la madre Gamarra 
huyeron y el yerno se metió en San Salvador, y á 
la grita acudió Puñonrostro y mandó lo sacasen de 
la iglesia y lo sacaron y lo llevó á la cárcel, y juró 
que por vida del rey, que si no fuera de fiesta el 
dia siguiente los habia de mandar azotar, y el lunes 
los sentenció en doscientos azotes y diez años de 
galeras^ y envió en relación el pleyto á la Audien- 
cia^ y los Señores mandaron volver el pleyío á su 
juez, y luego lo mandó su Sria. sacar dándole 



«ordenanza y á ojo y sin peso, y pareciéndole á la ciudad que era 
«necesario tomar parecer de sus letrados para la determinación de 
«esta causa, mandó llamar á los licenciados ambrosio coronel y 
«á barrera farfan sus letrados para dicho efecto y en el entretanto 
«que venian los dichos letrados la ciudad mandó salir fuera del ca- 
«bildo al dicho Juan de Porras escribano y luego que los dichos 
«letrados ovieron venido se mandó por la dicha ciudad que tornase 
"á entrar en el dicho cabildo el dicho Juan de Porras escribano 
«para acabarse de ver y determinar el dicho pleito, el qual entró 
«y dixo que estando á la puerta de este cabildo esperando á en- 
«trar en él á acabar de hacer la dicha relación quando la ciudad 
"le mandase^ le fué notificado por cornejo escrivano en el oficio 
«de agustin de rivera escrivano de los SS. alcaldes que los di- 
«chos alcaldes le mandaban que fuese dicho juan de porras á ha- 
«cer relación ante ellos de esta causa y visto por la dicha ciudad 
«lo que el dicho escrivano dixo se mandó suspender esta relación 
«y vista del dicho proceso, y que el dicho escrivano lo llevase á 
«los dichos SS. alcaldes y con esto cesó la vista y determinación 
«del dicho pleito á lo cual fueron los jurados juan de avendaño 
^<V martin de santofimia." 



8i 

ducientos de renta por las calles de Sevilla. 

Por las galeras apeló al Audiencia después de ha- 
ber llevado ducientos en el embes de la barriga, y 
oyéronle y no se las quitaron, sino que le volviesen 
á la iglesia, y si lo cogiesen que fuese á bogallas^ y 
mandó su Señoría el conde echar un bando que 
decia así: 

((D. Francisco Arias de Bobadilla, conde de Pu- 
((ñoenrostro, manda á todos los vecinos y morado- 
«res de esta ciudad de Sevilla, que ninguno sea osa- 
(fdo á tener ni encubrir en su casa ni fuera de ella 
((á la Gamarra ni á su hijo, pena de ducientos azo- 
«tes, y al que la trújese presa ó descubriese cin- 
((cuenta ducados." 

Hubo grandísimo alboroto por toda la ciudad, y 



Sin duda los Sres. Alcaldes, aue no podían menos de ser los 
de la sala del crimen de la Audiencia, pues los mayores forma- 
ban parte del Cabildo, reconocieron que aquel pleito era de la 
jurisdicción municipal, y á ella volvió, según se infiere del cabildo 
del viernes ocho dias del mes de agosto de mil é quinientos é 
noventa y siete años, en cuya acta consta lo siguiente : 

«Entró en este cabildo Juan de Porras escrivano de los fieles 
«executores y hizo relación de un pleito que es entre partes de la una 
«Juan bautista denunciador y de la otra francisca gamarra, apelado 
«por la rea de condenarle en pena de vergüenza públlica y mil 
«mrs. como mas largo se contiene en la dicha sentencia. 

«Acordóse recibir y recibieron esta causa á prueba con término 
«de tres dias comunes á las partes y en este término prueben y 
«aleguen lo que vieren que les conviene y el término sea perento- 
«rio con cargo de público y concluso y que se notifique luego so 
«pena de quatro ducados." 

Por último, en el cabildo siguiente de once de Agosto, se de- 
terminó esta causa que fué votada (lo cual quiere decir discutida) 
condenando á la Gamarra en cien azotes, mil mrs. y que saliese á 
la vergüenza con las calabazas al cuello, según refiere Ariño. 

Sucesos de Sevilla. O 



82 

los regatones todos escaldados; y su Señoría el conde 
le secuestró la hacienda á la señora Gamarra; y este 
día me dieron unas coplas de María de la O^ que 
por ser buenas y en alabanza de Puñoenrostro las 
puse aquí. 



COPLAS. 

Estando el pueblo romano 
Totalmente destruido 
Porque el superbo africano 
Con la vencedora mano 
Mil veces lo habia vencido. 

Aquel mozo Escipion 
Se le opuso tan valiente 

Y excitó así su nación^ 
Que venció por su opinión 
Al liviano prepotente. 

Pues cuando estaba Sevilla 
Vencida de regatones 

Y de abusos^ que es mancilla^ 
El famoso Bobadilla 

Se ha opuesto á sus sinrazones. 

Porque aquella edad dorada 
Que tan breve volvió el rostro^, 
De discretos tan llorada^ 
A Sevilla sea tornada 
Del insigne Puñoenrostro. 



83 



Este famoso varón ^ 
Hijo de Minerva y Marte^ 
Nos lo vuelve de Aragón^ 
Do plantó con fuerza y arte 
Justicia y enquisicion. 

No trujo á nuestro ymisphero 
Gran cisa para doblones^ 
Honra quiere y no dinero; 
Azote con machin fiero 
Trujo para regatones. 

Pues andando Puñoenrostro 
Vigilando á la contina 
Haciendo á regatas rostro^ 
Vino á descubrir un mostró 
Viznieto de Celestina^ 

Que por parte de Aretusa 
Viene por linea derecha, 
Aunque hay quien de esto la escusa 

Y afirma que antes fué hecha 
De un trasgo, y una lechuza (i). 

Ella tenia estos oficios: 
El primero tabernera^ 
Perfumera y jabonera^, 
Cobertera de fornicios • 

Y un poquito hechicera; 

Regatona la mejor 
Que ha pisado el suelo híspalo^ 



(i) Muy andaluz debió ser el poeta que aconsonanta escusa 
con lechuda. 



84 



En vicios Sardanapálo^ 

Y aun otras sabrán peor 
Cual es bueno ó cual es malo. 

Mil malas partes habia 
En esta muger profana, 
Sabéis qué bueno tenia? 
La crisma de ser cristiana 

Y el renombre de María. 

Supo la persecución 
Que las espaldas afea; 
Mas no torció su opinión. 
Persevera y regatea 
Cuanto puede su jabón. 

Al fin yéndola á prender 
Se fué con corrida recia 
A San Marcos á meter; 
Pero no le ha de valer 
Al que es regatón la iglesia. 

Sacáronla y al momento 
La sentenció el conde pió 
Que le corten para el frió 
Un jubón de ciento y ciento 
Que aforre su desvario. 

Trujeron un asno recio. 
Garañón, viejo y taimado 
De la casta derivado 



85 

Del otro famoso Lucio 

Que en asno fué trasformado. 

Y en él subida habló 

Con voz alta aunque proterva^ 
«María soy de la O, 

Y otras mejores que yo 

han gustado esta conserva.'' 

Con argentada gerbilla 
Subió á la brida gallarda, 
La pierna y la barriguilla 
Colgaban por el abarda, 
Viéndola toda Sevilla. 

El rucio que la llevaba 
Atrás la cara volvia 

Y el argentado miraba 

Y el hocico en alto alzaba, 

Y alzando el labio se reia: 

Cuando el hórrido trompeta 
Por cada calle sonaba 
El rucio también roznaba. 
Porque no fuese secreta 
La carga que en sí llevaba. 

Y aunque la suerte era avara 
Es tanta su desvergüenza, 

Que nunca de hablar parara, 

Porque jamás en su cara 

Cupo temor ni vergüenza. 



86 



«Otras mejores que yo^ 
Va diciendo^, han azotado;" 
Verdad que por yerro habló. 
Mejor es, que peor no 
De cuantas han castigado. 

Ya toda Sevilla sabe 
Que todo aprovecha nada 
Contra el conde recto y grave. 
Que porque no se le alabe 
La dejó bien azotada. 

Mil años buen Puñoenrostro 
Gocéis estado jocundo, 
A tí me humillo y me postro. 
Pues por castigar un mostró 
Contentaste á todo un mundo. 

Pues grave sentencia es 

Y muy digno de preciarlo. 
No acetes cargo de juez 
Si en tí el ánimo no ves 
De poder efectuarlo. 

Y pues buen conde concibes 
La justicia en que floreces, 

Y tanto en milicia creces, 
Vive siempre como vives, 

Y vive cuanto mereces. 

Que si mi mente no aineblo 
De alguna niebla feroz, 



87 

He leído en mas de dos 
Libros, que la voz del pueblo 
Suele ser la voz de Dios. 

Toda Sevilla te canta 
Mil himnos dignos de tí, 
Porque el regatón se espanta 
La justicia justa y santa 
Te conserve mucho aquí. 



Jueves hubo nueva de como la señora Gamarra 
y su hijo que andaban huidos los prendieron en el 
Viso ambos juntos en una huerta debajo de una hi- 
guera, luego mandó su Señoría la trujesen y que los 
paseasen por Sevilla porque viniese á noticia de Joan 
Regata como estaba presa y que no se habia de ir 
alabando de su Señoría el conde. 

Y el domingo 27 de Julio entró la señora Gamar- 
ra y su hijo en Sevilla y la trujeron paseando como 
su Señoría mandó en el macho que venían, las 
caras la una contra el otro porque fueran vistos, 
y tantos muchachos tras si dando voces ;la Gamar- 
ra! ;la Gamarra y su hijo! y los metieron en la cár- 
cel y su Señoría mandó pagar las costas y los cin- 
cuenta ducados prometidos á quien los prendió, y 
condenó al hijo de la señora Gamarra en doscien- 
tos azotes y diez años de galeras, sí no los cumpliese 
pena de la vida, los cuales le dieron muy bien por 



88 

las calles públicas^, de lo cual los regatones quedaron 
espantados. Luego mandó su Señoría que se guar- 
dasen las posturas por la primera vez pena de diez 
maravedís^ por la segunda vergüenza^, y por la ter- 
cera azotes; y los regatones quedaron muy conten- 
tos con el pregón^ diciendo que se habia dado por 
orden del Audiencia, y asi hacian ya fieros por las 
calles y plazas, diciendo: ceno se nos dá nada, dine- 
«ros lo han de hacer, que si nos pescasen hoy y nos 
«preguntaren cómo os llamáis, diremos Pedro y otro 
((dia diremos Juan, y así no tenemos que temer al 
«conde que nos mande azotar, porque no vendrá á 
«efecto primera ni segunda pena." Hizo su Señoría 
el conde información de lo que pasaba entre los 
regatones y envióla á Madrid, (i) 

(i) Este conde de Puño-en-rostro, tan ensalzado por Ariño, 
se llamaba D. Francisco Arias de Bovadilla, cuarto conde de Puño- 
en-rostro, fué caballero generoso, y de gran valor en la disciplina 
militar, como lo mostró en servicio de los Reyes D. Felipe el Se- 
gundo y Tercero, siendo tres veces maestre de campo general, y 
después Asistente y capitán general de Sevilla y su tierra, y del 
Consejo de Guerra del Católico Rey D. Felipe 3.°, de cuyos ser- 
vicios y hazañas están las historias de nuestros tiempos llenas, en 
cuya armería se vé la espada que fué de Arias Gonzalo, que por 
la antigüedad de ella se echa muy bien de ver la sencillez de las 
armas de aquel tiempo, según escribe el capítulo sexto del libro 3.° 
de la historia del glorioso Apóstol Santiago: casó con Doña Hipó- 
lita de Leyva, hija de don Sancho Martínez de Leyva, Señor de Ja 
casa de Leyva, Capitán general de Fuenterrabia, y después de las 
galeras de Ñapóles y últimamente de las de España; y de su se- 
gunda muger D.^ Hipólita Heril de Cardona, de cuyo matrimo- 
nio es hijo D. Arias Gonzalo, (pág. i88 de la Segunda parte del 
Noviliario geneológico de López de Haro,) 

El conde de Puño-en-rostro murió el lo de Enero de i6io, de- 
jando á su referido hijo Arias Gonzalo, quinto conde de Puño- 
en-rostro, de once años de edad. 



89 

Y jueves 7 de Agosto de i5gj años invió su Se- 
ñoría la sentencia de la Gamarra en relación al Au- 
diencia y así como se comenzó á relatar que decia: 
«el conde de Puño-en-rostro ha sentenciado á la 
Gamarra" así como los Señores lo oyeron^ dijeron: 
«vuelva á su juez/' y no pasó mas adelante el re- 
lator^ y la Gamarra invió una petición á su Señoría; 
su Señoría el conde la oyó con dos dias de término, 
para que viese su causa en cabildo; porque no en- 
tendiesen que era tan riguroso y que no guardaba 
justicia al grande como al menor, para que diese 
algún descargo, si tenia, contra lo sentenciado^ para 
que se le guardase justicia. 

Vióse el pleyto de la señora Gamarra viernes 8 
y sábado 9 de Agosto (i) y por la tarde tuvo al- 
gunos rogadores en cabildo, y el conde dijo: «no 
procuren Vmds. rogarme nada, porque yo no lo 
tengo de hacer, pídanme con justicia, que yo la 
gucirdaré:" y así anduvieron trastornando leyes en 
favor de la Gamarra, y no hallaron ley en contra 
de lo sentenciado por su Señoría el conde, y así 
volvieron el pleyto á su Señoría que se ejecutase y 
su Señoría le quitó el destierro. 

El lunes 1 1 de Agosto entre las diez y las once 
sacaron á la Sra. Gamarra con unos pedazos de 
calabazas al pescuezo y dándole ducientos de renta 



(i) Como se vé Aríño no sabia ni podia saber con exactitud lo 
que pasaba en el cabildo, cuyos acuerdos estaban obligados á tener 
secretos los veinticuatros y jurados, según las ordenanzas de Se- 
villa, por eso no dá cuenta exacta ni del dia en que se condenó 
á la Gamarra, ni de lo que sobre esto pasó, y se refiere en el acta 
que hemos citado. 



90 

por mandado de su Señoría y la llevaron por las 
plazas y por la Costanilla junto á su casa, alli to- 
das las regatonas y freideras^ unas lloraban^ otras 
la echaban maldiciones^ y otras se reían y otras da- 
ban voces, y los muchachos y muchachas daban 
gritos diciendo: «¡la Gamarra^ la Gamarra!" y puse 
aquí estas coplitas en alabanza de la Señora Ga- 
marra. 



En once dias de Agosto 
Un lunes por la mañana 
Entre las diez y las once 
sacaron á la Gamarra. 

Por hermosa gargantilla 
Lleva una calabaza^ 
Que es en señal de su honra 
Y la dejó deshonrada. 

Bien haya el buen Puñoenrostro 
Que bien muestra sus hazañas^, 
Porque de bravas leonas 
Las viene á hacer muy mansas. 

Porque cabeci-caidas 
Les dá renta en las espaldas^ 
En un borrico subidas, 
Por calles acostumbradas. 

El pregonero va ronco 
Las hazañas pregonando 



91 
Que en Sevilla y por su tierra 
La Gamarra va dejando. 

Y la regata se admira 
Y se queda alborotada 
De ver la pobre muger 
Coloradas las espaldas. 

Todas dicen á una voz 
Vayase la vieja falsa^ 
Que una vez yendo por nabos 
Me echo muy enhoramala 

Cuando pasó por la plaza 
A voces dice ;ay regata! 
Quien de aquesto no escarmienta 
Llevará la propia paga. 

Tómalo para un gamarroncito, 
Dácalo para un gamarrón^ 

A la Gamarra le dieron 
Ducientos en las espaldas, 
Porque su fama no queda 
Entre las hortelanas. 



Lunes 1 1 de Agosto por la tarde se pregonó con 
trompetas un pregón real en el Altozano de Tria- 
na, que decia de esta orden, al cual se llegó mucha 
gente y los regatones se helaron: 

«Nos los fieles executores desta Ciudad de Se- 
villa : el conde de Puño-en-rostro manda que se 



92 

guarden las ordenanzas y posturas de esta Ciudad 
pena de cien azotes y mil maravedís por la primera^ 
y por la segunda doscientos azotes y dos mil mara- 
vedís y destierro perpetuo de Sevilla y su tierra." 

(cY otro si: manda su Señoría el conde que nin- 
gún regatón ni regatona salga fuera de la ciudad á 
mercar ningún bastimento para volvello á revender 
en ella pena de cien azotes por la primera y mil ma- 
ravedís; y por la segunda doscientos y dos mil rna- 
ravedís y destierro perpetuo de Sevilla y pérdida de 
lo que trujere." 



Y el martes 12 de Agosto pagó las costas la Se- 
ñora Gamarra y miércoles i3 estaba vendiendo en 
su casa calabazas^ berenjenas y otras legumbres y 
garbanzos remojados, y tenia la puerta que no ca- 
bla de muchachos y todos los que pasaban se que- 
daban allí parados, y decian: «mira la poca ver- 
güenza que esta tiene^ azotada de ayer y agora está 
aquí vendiendo;" y ella les decia: «guarda el cuello, 
putos, algún puto me está mirando;" y echándoles 
agua con las medidas de los garbanzos, y pasó por 
allí su Señoría el conde, y preguntando qué gente 
es está? dijéronle: señor, la Gamarra^ que está ya 
vendiendo verdura, y dijo: lástima fué no dester- 
rar á esta desvergonzada. 



En 1 3 de Agosto la carga de paja á 16 reales. 



93 

En miércoles 20 de Agosto mandó pregonar su 
Señoría que ninguno echase agua sucia ni de enjabo- 
nadura en las calles por las ventanas ni puertas^ pena 
de 20 maravedís y 10 dias de cárcel, y si fuese escla- 
vo ó criado ó criada y no quisiese su amo pagar esta 
pena por el criado y no tuviera dineros^, cincuen- 
ta azotes. 



Y en viernes 22 de Agosta de 1397 años mandó 
su Señoría que todos los marineros y pilotos pare- 
ciesen dentro de tres dias^, pena de veinte marave- 
dís y veinte dias de cárcel y al que los encubriese 
y no los manifestase;, si fuese hombre, doscientos 
azotes y 20 años de galeras^ y si muger 200 azotes 
y 20 años de destierro de Sevilla, porque conviene 
al servicio de S. M. 



Sábado 23 de Agosto de 97 años á las siete de 
la tarde mataron en el Arenal á Miguel del Cas- 
tillo, panadero y tratante en melones, que vivia en 
el corral de la Parra (i) en Triana, porque dicen 
que azotó en el melonar á una muger que era 
su amiga. 



(i) Los vecinos de Triana saben que hoy existe todavía con 
el mismo nombre el corral de la Parra en la calle de San Jacinto 
de dicho barrio. 



94 

Y este dia vino nueva de como estaba el in- 
glés á la vista de San Vicente (i), y habia en el rio 
ocho galeras de Genova y algunas de ellas estaban 
despalmadas con toda la jarcia, y remeros, y re- 
mos, y bastimentos y tiros en tierra, porque las es- 
taban ensebando, y como supieron la nueva se apres- 
taron y á media noche ya se hablan ido todas, que 
fué la mayor presteza que se puede imaginar. 



En miércoles 27 de Agosto se corrieron toros en 
el barrio del duque de Medina, (2) á los cuales se 
hallaron el hijo del duque de Medina y Puñoenros- 

(i) En este año fueron continuas las alarmas que hubo en Se- 
villa por temor de que los ingleses repitieran su atrevida invasión 
lo cual pudieran hacer impunemente, porque ni aun con el ante- 
rior escarmiento se habia proveído lo necesario para la defensa de 
las costas, como resulta de los diferentes cabildos celebrados en esta 
ciudad, que no recibió las armas que habia enviado á comprar á 
Milán hasta fin del año. 

(2) Desde meses antes se venia preparando esta fiesta de toros 
pues en el cabildo de lunes i3 de Abril de iSg'j «acordóse de con- 
«formidad que Bartolomé López de Mesa escribiese por ciudad 
«al Sor. duque de Medma le hiciera merced, mande á los criados, 
«que su Sría. tuviese en su casa, den á la ciudad el corredor della 
«en las fiestas que allí se hicieren." 

Y en e¡ acta del cabildo de 28 de Mayo del mismo año dice: 

«Leí una carta del Sor. duque de medina de veinte é tres de 
«mayo sobre lo que la ciudad le escribió para el corredor de su 
«casa para las fiestas. 

«Todos que Rodrigo del Castillo procurador mayor haga la diji- 
«sencia sobre esto necesaria." 

o 



«En el cabildo del viernes ocho dias del mes de agosto de mil 
«é quinientos é noventa é siete años 



95 

tro y el Audiencia y algunos señores de la Inqui- 
sición, á donde se hicieron las amistades con el Au- 
diencia y Puiloenrostro, y dicen que un toro mató 
á un mulato y á un caballo de un caballero que iba 
á dar una lanzada. 



Lunes 28 de Agosto mandó su Sria. que salie- 
sen de Sevilla todos los de los reynos rebelados 
dentro de 20 dias, y que no llegasen á la mar con 
20 leguas. 

En viernes 5 de Setiembre de 1597 años las mon- 
jas que se vinieron huyendo de Cáliz por el inglés 

<<x\cordóse que se llame á cabildo para ver si á la ciudad le pa- 
«reciere que se den toros, de los que puede dar la ciudad, para las 
"fiestas del barrio del duque." 

Y en el cabildo del lunes once dias del mismo mes y año se 
lee lo siguiente: 

"Dixe á la ciudad que está llamada á cabildo para si á la ciu- 
«dad le pareciere dar toros para la fiesta del barrio del duque y 
«dio fé Lucas de garay que llamó acabildo. 

«Todos: que el arrendador de los tajos y menudos dé, confor- 
«me á la condición de su asiento, doce toros para estas fiestas á 
«satisfacción de baltasar de porras y juan de avendaño ó el uno de 
«ellos; y que el Sr. Pror. mayor aderece el corredor del Sor. duque 
«de Medina, y suplique al Sor. licenciado Collazos de aguilar, te- 
«niente de asistente, haga merced á la ciudad de hacer se guarde 
«la suerte y no entre persona que no sea del cabildo, conforme lo 
«tiene pasado la ciudad, y que así mismo haga se tapen las calles 
«y todo lo haga conforme á la orden, se pague como se suele pa- 
«gar, y el cerrar las bocas de las calles se arriende para los po- 
"bres de la cárcel; lo qual se les dé, menos lo que costare el hechar 
«arena en la plaza y regarla lo qual haga hacer el Sor. Rodrigo Cas- 
«tillo pror. mayor; y lo que costaren hacer las gradillas lo pague 
«el mayordomo con la fé de este acuerdo y cédula de su Sría. del 
«Conde ó del Sor. Teniente y del Sor. Rodrigo del Castillo." 



96 

se embarcaron en una galera de Genova y las lie 
varón á Cáliz. 



En jueves 1 1 de Setiembre de dicho año la barca 
de Poco Trigo á prima noche se hundió debajo de 
la puente^ pasada la casilla que está en dicha puen- 
te, con y.g). ladrillos que traia, y buzanos los fue- 
ron sacando. 

En viernes 12 de Setiembre á las seis de la 
tarde pasó el teniente menor Castañeda acompa- 
ñado de 12 alguaciles y el conocedor mayor de Se- 
villa á Castilleja y trujeron treinta y cuatro vacas- 
de Montero, que faltaban para cumplir la hoja de 
la carne (i) que se habia de matar el sábado si- 
guiente. 



En viernes 26 de Setiembre de 1 597 años á las 
nueve horas de la mañana venia una negra, que 
traia un niño hijo suyo, caballera en una haca blanca 
y á la bajada de la compuerta primera de la puente 
como vamos de Triana, metió la mano la haca en 
un agujero de la puente y cayó y la negra y el niño 
cayeron al rio y los sacaron ambos, que no mu- 
rió ninguno, que fué grandísimo milagro. 



En sábado 27 de Setiembre de 1597 años, en- 
tre las once y las doce del dia, comenzó el cielo 

(i) Este sistema de abasto de la carne todavía se usa en Se- 
villa. 



97 
á mudarse y se anubló todo y comenzó un aire re- 
cio, que todos los barcos y carabelas de las sardi- 
nas se dieron porrazos unos con otros, y se venian 
hacia la puente, sino los amarraban; y así como dio 
las doce comenzó á tronar y echar relámpagos el 
cielo y llover, que fué de gran temeridad y espanto, 
porque desde las doce no paró un punto de tronar 
y echar relámpagos, que fueron ciento y tantos re- 
lámpagos, y tras de estos, que pasó tanto cuanto, ca- 
yeron seis relámpagos y luego uno muy grande, que 
parecía rayo, y luego un trueno que parece que el 
cielo se venia abajo, que no hubo nadie que no que- 
dase atemorizado del grandísimo relámpago y true- 
no, detrás de esto cayeron seis relámpagos y fué 
pasando la tempestad. 



En lunes 29 de Setiembre de i5gj años salieron 
diez y nueve compañías de soldados, arcabuceros y 
piqueros de Sevilla y fueron á parar á San Diego 
para hacer el alarde general que su Señoría el conde 
mandó; y hizo su Señoría tres batallas de su gente 
en que ivan en cada una 2^)666 hombres, que fue- 
ron todos 8^ y salieron marchando en esta manera 
por el campo de Tablada. 

Trescientas veinte hileras de soldados mosquete- 
ros de" siete en siete, y detrás dos piezas de batir en 
campaña encabalgadas en sus carretones, y con ellas 
cuatro artilleros muy bien puestos; y luego doce hile- 
ras de mosqueteros con sus horquillas de siete en 

Sucesos de Sevilla. 7 



98 

siete; y luego D. Francisco Duarte, armado de to^ 
das armas con una pica al hombro y delante un 
page que llevaba el morrión con muchas plumas y 
el escudo, y detrás del un mozo vestido de verde 
con un bonetillo colorado, arremangados los brazos, 
y encima de ellos llevaba una ropa rozagante de 
brocado con muchas piedras y un sombrerete todo 
sembrado de diamantes, topazos y rubíes, que va- 
lían una ciudad, y tapado con un paño de tafetán 
de colores; y luego venian seis banderas que las traian 
sus alféreces armados con veinte atambores y pí- 
fanos; y luego veinte y cuatro hileras de piqueros 
de once en once, con muchos penachos en los mor- 
riones y muy bien adrezados y armados; y luego 
treinta hileras de arcabuceros^ de siete en siete, dis- 
pararon sus arcabuces. En esta orden, se dividieron 
en tres batallas^ y dijéronle á su Señoría como cincr 
soldados se iban hacia San Sebastian, y fué tras ellos 
y los trujo á palos, y abrió la cabeza á uno de ellos, 
de lo cual tomaron mucho miedo los demás, y des- 
que estuvieron puestos en orden por mano del Sor. 
D. Rodrigo de Meneses^ maese de campo, mandó 
su Señoría comenzasen la escaramuza, y fueron en- 
contrándose y disparando sus arcabuces^, y dispara- 
ron las seis piezas de artillería y toda la arcabuce- 
ría, que duró una grande hora el combate de la 
escaramuza, que era tanto el humo que salia que 
no se veian unos á otros, y por ser tan tarde se 
quedaron muchos por escaramucear, y se volvie- 
ron cada compañía á Sevilla, dada la Oración; y la 
gente no les vagaba de huir de un cabo para otro 
que fué gran cosa de ver. — Hubo 7^)226 arcabuceros 



1 



99 

y 774 piqueros armados y seis piezas de artillería 
y un carro de munición. 



En miércoles i.® de Octubre de 1597 años pren- 
dió el Sr. teniente Castañeda y Bernardo de Ocaña 
alguacil de los veinte á Gonzalo Sanabria en Santi- 
ponce^ que es el que mató á su amiga en el Can- 
dilejo^ y estaba preñada, y ella lo había librado de 
tres muertes de la justicia, y mandó su Señoría el 
Conde lo ahorcasen, atento á que era soldado y habia 
quebrantado el bando, y no era parte el Audiencia 
para oir su causa; porque apeló el Gonzalo Sana- 
bria para el Audiencia, y diéronle dos dias de tér- 
mino, y antes que pasase el término mandó su Seño- 
ría lo ahorcasen; como soldado, á usanza de guerra. 

Y en jueves 9 de Octubre lo sacaron á pié con 
un rótulo á las espaldas, que decía: «por el bando" y 
con dos tambores destemplados y una escuadra de 
soldados, y lo ahorcaron. 

(Desgracia, — ojo.) 



El lunes 20 de Octubre mandó su Señoría ahor- 
car á Mellado, y lo ahorcaron, y llovió muy bien. 



En jueves 23 de Octubre mandó su Señoría que, 
pena de cien reales, desamarrasen cuantos navios, 



100 



carabelas, barcos luengos, carabelones^ barcos, bar- 
quillos estaban amarrados en la vera del rio de la 
banda de Triana desde la puente hasta el puerto 
de los camaroneros, y á las cuatro de la tarde, es- 
tando un portugués á mi puerta, diciendo que no 
se le daba nada del pregón, cuando le vinieron á 
decir que su Señoría el conde venia con el maese 
de campo y otros caballeros y mucha gente por el 
rio en dos barcos con hachas de hierro aceradas, 
para cortar las amarras de los navios, y fué este 
portugués corriendo, diciendo: ((suplico á V. Seño- 
ría, Illmo. Sr., no me corte las amarras, que yo 
las quitaré;» y su Señoría las dejó y mandó se qui- 
tasen luego, y salió á tierra; y este dia se libró, (i) 



En domingo i3 dias del mes de Septiembre de 
1598 años falleció el Rey N. Sr. D. Felipe II de este 
nombre, llamado el Prudente, que Dios tenga en 
su gloria. 

En viernes 17 dias de Septiembre hubo carta en 
Sevilla de su muerte, mandóse doblar por él el do- 



(i) Es notable que no refiera Ariño la muerte de B. Arias 
Montano, ocurrida el 21 de Noviembre de este año de iSgy, de la 
cuál se dá cuenta en las anotaciones del P. Pereira en estos cu- 
riosos términos: 

«Este dicho dia murió Benedicto Arias Montano, gran Prior de 
«las Ermitas. Embió al Rey una de las monedas que Ntra. Sra. ofre» 
«ció en el templo, cuando salió de parida." 



lor 



mingo 20 del dicho mes de Septiembre al toque de. 
ía una del dia con todas las campanas. 



(i) El lunes 21 de Septiembre se pregonó que 
todas las personas de cualquier estado^ calidad ó 
condición que fuesen trujesen luto por S. M.^ lo cual 
se cumplió^ como era razon^ aunque muchos pobres 
no pudieron acudir á la obligación de luto^ y con 
los sombreros sin toquillas hacian su deber; aunque 
las justicias prendieron muchos por ello, hubo letra 
de S. M. Felipe III, que no se hiciese agravio á los 
que no podian, y asi la Real Audiencia mandó soltar 
los presos, apremiándoles á los sombreros sin to- 
quillas. Yo gasté ciento y trece reales y diez mara- 
vedís en el luto que hice , que me duró mas de 
cuatro meses, y hubo tanta falta de bayetas que su- 
bieron á 18 reales lá vara, y no se hallaba, y para 
Inquisición, Audiencia, y Cabildo y Contratación 
de Indias se gastaron 48 piezas de paño muy fino, 
porque hasta los criados y escribanos públicos y toda 
la justicia y sus caballos y muías hubo luto, que 
filé la mayor grandeza que jamás los nacidos han 
visto. 



En miércoles 25 de Noviembre de 98 años, dia 
de Santa Catalina, se comenzaron las honras so- 



(i) Para ilustración de este suceso véanse los extractos de las 
actas del Cabildo de Sevilla correspondientes á esta época que se 
insertan en el Apéndice. 



102 

lemnes (i) y se dijo la vigilia solenísimamente^ los 
canónigos con sus capas, los dignidades con sus mi- 
tras, cuatro ministros; v jueves 26 de Noviembre 
del dicho año se comenzó la misa^ y se dejó por- 
que á las vísperas trujo la Real Audiencia un paño 
de luto con que cubrió el asiento del regente^, y la 
Ciudad estuvo murmurando sobre el caso^ y el dia 
de la misa, jueves, en lugar de no traer paño, truja 
paño y sobre paño y cojines para el suelo, y, des- 
pués de estar sentados y comenzada la misa, la Ciu- 
dad envió un recado á la Real Audiencia diciendo, 
que el Cabildo y Regimiento de esta Ciudad repre- 
sentaba la persona real, que no se habia de con- 
sentir que otro tribunal tuviese estrado, pues el ca- 
bildo no lo tenia: respondió el Audiencia, que á 
ellos competía representar la persona real; y con 
estos dares y tomares se alborotó todo el cóncla- 



(i) Una feliz casualidad, debida á la diligencia de nuestro ami- 
go el Sr. D. Antonio Fernando García, nos ha proporcionado estu- 
diar los autos que siguió la Audiencia de Sevilla con ocasión de 
|0 ocurrido en las honras de Felipe II. suceso que dio motivo, co- 
mo se infiere del texto de Ariño, al famoso Soneto de Cervantes. 
Nos han parecido tan notables y curiosas todas las circunstancias 
de este proceso, que no hemos resistido á la tentación de formar el 
prolijo extracto que insertamos en el Apéndice^ esperando que 
los lectores encontrarán en él los mismos motivos de interés que 
nosotros, por lo que nos perdonarán, ya que no nos agradezcan, 
esta diligencia. 

Por lo que toca á la descripción del^túmulo, todo cuanto puede 
saberse está contenido en el libro publicado por nuestro consocio 
el erudito Dr. D. Francisco de Borja Palomo, siendo todavía de al- 
gún interés los extractos de las actas del ayuntamiento relativas á 
este particular, que también insertamos en el Apéndice. 

Demuestra la justicia con que fué elogiado y admirado el -tú- 



io3 

ve de las audiencias, y la Inquisición tomó la mano 

en favor de la Ciudad y invió al Sr. Villavicencio 
y á Gil de Escobar, Fiscal de la Inquisición, que 

notificasen á la Real Audiencia que no tuviese es- 
trado, y anduvieron en demandas y respuestas, 
hasta tanto que el inquisidor Blanco, que presidia, 
mandó cesar la misa y oficios divinos, que estaban 
ya para decir la epístola, y estuvieron quedas todas 
las audiencias mas de una gran media hora á tema, 
por ver cual seria la primera al levantar y dejar los 
asientos, y en este ínterin estuvo ardiendo toda la 
cera, que en este tiempo se gastó mas de quinien- 
tos ducados, y los primeros fueron Regente y Oi- 
dores de la Real Audiencia, y envióse á la Corte 
sobre ello. Decir de la grandeza del túmulo que se 
hizo, no sé qué pluma ni lengua habrá que baste á 
dar cuenta de la tercia parte que en él hubo que 
ver; solo diré que teniendo la Santa Iglesia tanta 

altura, se hizo entre los dos coros tan alto, que llegó 
á lo íntimo de la iglesia con tres cuerpos, hecho en 



mulo de Felipe II, un libro que se conserva en el archivo- muni- 
cipal de Sevilla, que se titula: ((Papeles pertenecientes al Cabildo 
de la ciudad." Entre ellos hay uno impreso que tiene este epígrafe- 
«Memorial de los servicios que Juan de Oviedo, jurado y maestro 
«mayor de Sevilla, a hecho á la Ciudad de diez y siete años á esta 
«parte, que a que la sirve, y lo que le a ahorrado en este tiem- 
«po:'' los enumera y entre ellos cuenta el siguiente: 

«Anse hecho por mis trazas los dos túmulos que hizo Sevilla en 
«las honras de las Magestades de Felipe 2.° y la Reina ntra. Sra., 
«que fueron los mas grandiosos que se an hecho en España y loS 
«llevé por oposición de muchos maestros." 

De letra del interesado se lee después de lo impreso: «y no van 
«aquí los servicios hechos á su magestad que son considerables, fe- 
úcho en 20 de Enero de 1618. Juan de Oviedo." 



104 

cuadro á manera de una torre sobre cuatro colum- 
nas muy gruesas, con sus arcos, que hacían obra; 
y en el primer cuerpo estaba el bienaventurado S. 
Lorenzo hecho de bulto, tan alto como un hombre 
y como diácono, muy curioso; y en el segundo 
una tumba cubierta con un paño de brocado con 
una figura del muerto rey encima todo armado, 
con su estoque al lado y su cetro y corona; y 
en el tercero estaba una figura que decía: «Yo soy 
la Fama,)) con muchas armas y banderas á todos la- 
dos muy curiosas; y en lo alto por remate un ave 
fénix ardiéndose en vivas llamas, muy curiosa, y 
desde la puerta de en medio hasta la otra' de la Lon- 
ja estaban hechos por un lado y otro muchos arcos 
con muchas figuras tan grandes como gigantes, que 
pasaban de cincuenta; y en los blancos de los ar- 
cos en lienzo pintadas todas las batallas, hechos y 
proezas que S. M. en el tiempo de su reinado hizo, 
con tantos epitafios y letreros que fueron sin número, 
y por lo alto de una banda y de otra todo de cor- 
redores y en cada baranda un candelero con su ha- 
cha de cera blanca, que fueron las hachas que hubo 
trescientas cuarenta y ocho, y todo aquesto se hizo 
sin quitar ni poner ladrillo, que fué de grandísima 
traza hecho y acudió averio media España (i): pues 
decir de todas las misas que conventos y parroquias 
celebraron, cantadas en la Santa Iglesia, sería nunca 
acabar, y la cera que se repartió á todos, porque 



(i) Nuestros socios pueden comparar esta descripción del tú- 
mulo con la de Collado, publicada por el Sr. D. Francisco de 
Borja Palomo. 



io5 

todas cincuenta capillas de la Santa Iglesia estaban 
ocupadas; y fué mucho de ver cuanto duró el en- 
trar y salir de clerecía y relijiosos con sus cruces 
y revestidos. Pues la entrada de la Real Audiencia 
y Cabildo fué mucho de ver, que duró mas de una 
hora larga el pasar toda; pues la santa Inquision con 
sus familiares hizo una maravillosa entrada; y presi- 
dente y oidores de la casa de la Contratación con 
todos sus oficiales fué muy de ver, que cada au- 
diencia llevaba gente para ocupar un reyno. 

En martes 29 de Diciembre de dicho año vino 
de S. M. se hiciesen las honras, y parece que con- 
denaron á la Inquisición en la cera que se gastó 
el primero dia y á la Ciudad en las misas, y que 
el Audiencia no llevase estrado; y este dia estan- 
do yo en la Santa Iglesia, entró un poeta fanfar- 
rón y dijo una otava sobre la grandeza del túmolo. 

^oto á ^ios que me espanta esta grandeva 
Y que diera un doblón por escribilla, 
dá quién no le espanta y maravilla 
Esta máquina insine, esta bellé{a? 

^or Jesuchristo vivo cada pie^a 
Vale mas que un millón, y que es mancilla 
Que esto no dure un siglo, ó gran Sevilla, 
lipma triunfante en ánimo y riqueza. 

(impostaré que el ánima del muerto 
^or go{ar de este sitio hoy ha dejado 
El cielo donde habita eternamente. 



io6 



Esto oyó un valentón, y dijo: es cierto 
Lo que dice vuecé, seo soldado, 
Y el que pensare lo contrario, miente. 

Y luego en continente 
Coló el capelo y requirió la espada, 
oMiró al soslayo, fuese y no hubo nada, (i) 



En miércoles 3o de Diciembre se volvió á de- 
cir la vigilia con la solenidad que la primera^ y 
jueves 3 1 del dicho se dijo la misa; fué preste el 
arcediano de Sevilla D. Luciano Negron (2)^ fueron 
ministros el racionero Bartolomé de Isla de Evan- 
gelio, y el racionero Andrés Diaz de Mena dijo la 
Epístola: predicó el Padre Bernal, de Nuestra Sra. 
de la Merced: fué el tema que propuso en su ser- 
món el del salmo LXXV. (3): 

(( Terribile est ei quiquoe fert spiritus, 
Terribíle apud omnes Reges terree.'^ 



(i) Nada diremos sobre las variantes que aquí tiene el fa- 
moso Soneto de Cervantes, porque este asunto ha sido tratado 
por el Sr. Palomo en el prólogo del libro antes citado. 

(2) En el apéndice publicamos el elojio del Arcediano Luciano 
Negron, sacado del libro de «Descripción de verdaderos retratos 
etc. por Francisco Pacheco,» joya de inestimable precio que posee 
nuestro consocio Sr. D. José Asensio y Toledo. 

(3) Este sermón así como el elogio del P. Fray Juan Ber- 
nal lo msertamos en el Apéndice: el sermón se ha copiado de un 



Domingo 4 de Enero de 99 años mandó la Ciu- 
dad que para el domingo tuviesen las calles lim- 
pias y barridas, las ventanas colgadas^ y las compa- 
ñías de Sevilla se pusiesen en orden desde el alcázar 
hasta las casas del marqués del Algaba y los pique- 
ros y alabarderos con sus coseletes hechos tres par- 
tes, la una en el alcázar, y la otra en San Francisco, 
y la otra en la plaza de la Feria, con sus banderas, 
pífanos y atambores, y en la Alameda seis piezas 
de artillería encabalgadas con su guardia y el capi- 



libro que posee nuestro amigo y maestro D. Francisco Rodrí- 
guez Zapata, en el que se contienen los siguientes sermones pre- 
dicados en diferentes ciudades de España con ocasión de las honras 
de Felipe II. 

i.° El del Doctor Aguilar de Terrones^ en San Hierónimo 
de Madrid, el i5 de Octubre de iSgS. 

2.° El del Padre Maestro Fray Alonso Cabrera, el último dia 
de Octubre de iSgS, en Santo Domingo de Madrid. 

3.» El predicado en la Catedral de Córdoba con este motivo 

4.^ El del famoso predicador Fr. Hernando de Santiago, di- 
cho en la Catedral de Málaga. 

S.° El del Obispo de Jaén D. Bernardo de " Rojas y Sando- 
val, predicado en su Catedral de Baeza. 

6.0 El del Doctor Aparicio, predicado en la Colegiata de Jerez 
de la Frontera. 

7.° El del P. M. Fr. Agustín Dávila, predicado en la Igle- 
sia mayor de Valladolid. 

8.° El del P. Fr. Joan López Salmerón, en la iglesia de San- 
tiago de la ciudad de Logroño. 

9.** El del Dr. Francisco Sobrino, canónigo magistral, en las 
honras que hizo la Universidad de Valladolid. 

io.° El del Dr. D. Francisco de Ávila, maestrescuela de la 
Colegiata de Belmonte, y predicado en ella. 

El elogio del P. Bernal está copiado del libro de Pacheco antes 
citado, que hoy posee el Sr. D. José Asensio y Toledo. 



io8 

tan de artilleros con ellas, y á las dos de la tarde:- 
comenzaron á tocar los atambores, y fué la Ciudad 
á casa del Marqués, y fuéronle acompañando en esta 
forma todas las justicias y escribanos, y la Ciudad 
puesta en forma de cabildo: iba el marqués muy 
bien aderezado y en cuerpo^ vestido de negro y la 
calza pajiza, zapato de terciopelo, en un caballo 
muy galano con su gualdrapa de terciopelo negro 
hecha á girones, y el estandarte de la Ciudad en 
la mano, con ocho lacayos en cuerpo con unas 
fuentes en las manos y unos paños de tafetán al 
hombro, y doce pages muy galanes de librea ne- 
gra y naranjado, y, en llegando á la plaza de San 
Francisco, se subió en un teatro que habia hecho 
en frente al cabildo y toldado á la redonda de bro- 
cado, y allí subió con Collazos de Aguilar, teniente 
mayor, que hacia oficio de Asistente, y hicieron la 
cerimonia de la coronación del Rey N. S. D. Fe- 
lipe III. de este nombre, estando todos muy aten- 
tos, y acabada la cerimonia comenzaron á dar voces 
diciendo: ¡¡Viva el rey D. Felipe III, N. 5// Esto 
muchas veces al son de mucha música, y comenzó 
la gente de guerra á disparar los arcabuces en los 
puestos donde estaban y la artillería, que duró mas 
de una hora. Luego llegaron los lacayos con las 
fuentes y de un cofre sacaron cantidad de monedas 
y hincheron las fuentes, y comenzó el marqués á 
tirar puñados dellas, que son tan grandes como un 
real de á cuatro, de una parte el Rey N. S. con 
letras que dicen su nombre, y de la otra una mu- 
ger en figura de la esperanza, con una corona en la 
mano y una áncora en sus pies y unas letras que di- 



109 

cen: y>Spes salutis nostrce S. P. Q. H.'' (i) Y de estas 
^tomó el marqués á puñados y arrojó por todas par- 
tes de la plaza entre la gente^ de que hubo mu- 
chas puñadas. Y en esta orden llegaron al alcázar^ 
teniendo cerradas las puertas^ y el marqués dio 
con el cuento del estandarte tres golpes en las 
puertas y se abrieron y salió el veinte y cuatro Her- 
nando de Porras en cuerpo en un caballo muy ga- 
lán, con una fuente en las manos, y en ella una 
llave grande dorada^ y la entregó al Teniente ma- 
yor, y entraron dentro del alcázar al son de mu- 
cha música^, y dieron vuelta al patio della, y á la 
salida hicieron cierta cerimonia con el alcaide, y 
le volvieron la llave y se la echaron al cuello y dan- 
do voces ¡¡viva el rey!!, y, echando mas monedas al 
son de mucha música y artillería^ se volvieron acom- 
pañando al Marqués. Y en la plaza de la Feria vol- 
vieron á hacer otra cerimonia y volvieron á echar 
las dichas monedas, y al son de la música y arti- 
llería^ y puñadas y perdimiento de capas y som- 
breros que llevó por cojer de las monedas, vino 
la noche y se acabó la fiesta. 
. Yo cogí una de las monedas, que perdí por ella 
una daga muy buena^ y la di por bien empleada^, 



(i) La formación y leyendas de esta medalla se encomen- 
dó, como consta de las actas capitulares, al jurado Rodrigo Xua- 
rez, que fué sin duda persona de letras y muy aficionado á las 
bellas artes, pues consta en otras actas capitulares, que él fué quien 
recomendó á la Ciudad al famoso pintor extremeño Ziirbarán^ y 
de resultas de su recomendación, este gran artista permaneció en 
Sevilla, donde su Cabildo le dio casa y algunas cantidades para 
ayuda de costas. 



no 



por haber visto tan buena fiesta y tener una cosa 
de tan gran memoria, y por venir cansado y con 
buena gana de cenar. 



El lunes i3 dias del mes de Septiembre de 1599 
años salieron las compañías de Sevilla y se pusie- 
ron en orden desde el alcázar hasta la vega de 
Triana, haciendo calle toda de arcabucería y ala- 
bardas, y en la puente hubo muchos arcos de ra- 
mos, y estuvieron 18 galeras prestas, unas las popas 
á la puente y otras por la vera del rio, y vino D . 
Die<^o Pimentel, Asistente de Sevilla, y mandó qui- 
tar las tiendas del Altozano y tablados y la casilla 
de cañas, en que Gerónimo Donato de Acosta toma- 
ba la razón de la entrada de la fruta, que la tenia 
sobre el muladar del rio, la mandó desbaratar y en 
el aire la echaron toda al rio, y mandó limpiar las 
calles y que los soldados no dejaran parar en la 
puente á ninguna persona; y luego á la tarde vino 
su Señoría acompañado de toda la justicia en forma 

de cabildo, aunque no trujo (i) 

y salió á recibir á la marquesa de Denia (2) á ía 

(i) Hay un blanco en el orijinal. 

(2) El MS. del Conde del Águila confirma este suceso en la 

siguiente forma: 

«D. Juan Arguijo hospedó en Tablantes á la Marquesa de 
«Denia y le dio colación de doblones, y en estas y otras gran- 
«dezas consumió 2,000 ducados de renta y vivió retraído toda su 
<cvida." = Las prodigalidades de Arguijo están comprobadas por 
muchos datos, y hablan de ellas sus biógrafos, en especial el Sr. 
D Cayetano Alberto de la Barrera, en los apuntes que ha pu- 



III 



entrada de Triana, y pasó en una litera; y mandó 
su Señoría á los soldados y galeras no hiciesen salva 
hasta que la marquesa entrase en el alcázar^ y así 

blicado sobre este poeta en la Revista de España; pero sin duda 
éste y los demás escritores que han tratado de Arguijo no han 
sabido que aún se conservan en Sevilla pruebas y vestigios de la 
magnificencia de nuestro poeta. En primer lugar en la casa en 
que vivió, sita en la calle que hoy lleva su nombre, está el jar- 
din en cuyas paredes existen las hornacinas donde estuvieron las 
estatuas que hizo traer de Italia, dos de estas se conservan en 
el palacio de los Monsalves, que hoy es propio del Sor. Marqués 
de la Granja, quien también posee un hermoso techo pintado 
en lienzo, que estuvo en la casa que fué de Arguijo hasta hace 
pocos arios, el cual representa en su centro á Apolo y las mu- 
sas y en casetones laterales á Ganimedes arrebatado por el Águi- 
la, á ícaro despeñándose, á la Justicia y á la Envidia; todo el 
techo es una alegoría que esplica en cierto modo una inscrip- 
ción latina que en él hay y dice así: «^Genio et musis dicatum 

A. S. CIDICCI». , 

El libro de actas capitulares en que debiera encontrarse lo 
relativo á la venida de la Marquesa de Denia á Sevilla no exis- 
te en el archivo municipal; pero este suceso fué muy notable 
y el analista Zúiiiga al dar cuenta de él copia la carta que el 
Rey D. Felipe 3.» dirigió al Asistente y Cabildo de la Ciudad 
con este motivo. 

Habia dos escribanos de Cabildo y cada uno se ocupaba de 
ciertos asuntos: existe uno de los libros de actas de este año y 
refiriéndose en él lo acontecido en el cabildo celebrado en vier- 
nes primero día del mes de octubre de mil é quinientos é noventa 
é- nueve años, dice:=:«En este cabildo se vio una cédula del Rey 
«ntro. Señor, escrita al Sor. D. Diego de Pimentel, asistente de 
«esta ciudad, firmada de su real nombe y refrendada de D. Martin 
"ídiaquez, del tenor siguiente:" 

Se inserta la cédula, y luego añade: 

«Y lo que en razón de lo contenido en dicha real cédula la 
«Ciudad pasó se hizo ante hernando de Nájera teniente (de escri- 
«bano) del Sor. D. Rodrigo de la Torre, escribano mayor." 

El libro de esta escribanía correspondiente á este año es el que 
comeantes se dice no existe en el archivo. 



112 

como entró en Sevilla fué tanto el ruido de tiros^ 
de galeras y arcabucería, que fué mucho de ver, y 
el domingo siguiente en la tarde las galeras empe- 
zaron á escaramucear unas con otras, tirándose mu- 
chos tiros de pólvora, y á la noche hicieron una ga- 
lana invención, porque todos los forzados (i) 



Domingo i6 de Mayo de 1600 años. 

En este mismo dia amaneció en Triana^ en Se- 
ñora Santa Ana, un aviso en que decia que se que- 
rían levantar los moriscos de esta ciudad de Sevilla 
con los de Córdoba, y como García Montano, con 
otros cristianos nuevos fueron á casa del Asistente 
á rogar por ellos, y mandó echar bando que nin- 
guna persona fuese osada á decir ni hacer mal á 
los moriscos. (2) 



Diciembre 1601. 
Domingo 2 de Diciembre de 601 se hizo la solene 



(i) Así queda, pendiente el sentido y sin concluir en el ma- 
nuscrito que publicamos, esta descripción de las fiestas hechas en 
obsequio de la Marquesa de Denia. 

(2) El MS. del Conde del Águila dice:— «En i6 de Mayo se 
«alborotó la ciudad con las voces de que se levantaban los moriscos.» 

«En el el libro del P. Pereira selee:=«En 16 de Mayo se albo- 
«rotó la ciudad por un papel que se halló diciendo que los mo- 
riscos se querían levantar. 



ii3 



procesión de S. Raimundo en San Pablo, que hubo 
mucho que ver, y vinieron los frailes de la Merced 
con corcho quemado á borrar los santos que están 
en el patio del convento de S. Pablo^de que hubo 
gran alboroto entre los conventos. 



En jueves. 1 3 de Diciembre del dicho año de 6o i 
dia de la bienaventurada Santa Lucía, entró el Re- 
verendísimo Cardenal D. Fernando Niño de Gueva- 
ra^ Inquisidor general de España: fueron los inqui- 
sidores este dia á besalle las manos á San Geró- 
nimo, y se quedó á comer allá, (i) 



Julio 602 años. 

En 3 de Julio de 602 años, dia de San Gregorio 
y víspera de San Laureano, nació mi cuñada Lau- 
reana, bautizóse en 12 de Julio en Señora Santa 
Ana, fueron sus padrinos Martin González y el ba- 
chiller Lorenzo Fernandez. 



Agosto de 602, 

En domingo 18 del dicho mes y año, dia de Santa 
Elena, habiendo en el rio de Sevilla diez y nueve 
galeras españolas y italianas, hubo una gran revuel- 
ta, q^ue se dieron cuatro muertes, que los italianos 



(1) Conformes los dos MSS. citados, 
Sucesos de Sevilla. 



114 

mataron, y todo este alboroto lo hicieron cuatro 
españoles^ porque encontraron los estranjeros italia- 
nos que venian de las viñas cargados de uvas. 



En domingo 25 del dicho mes y año alzaron por 
capitana y sacaron el estandarte del Sr. D. Juan 
de Austria y fué general de las galeras el conde de 
Niebla^ y fué mucho de ver. 



Octubre de 602 años 

En sábado 1 1 de Octubre de dicho mes y año 
vino la mas grande tempestad de aire y piedra, 
que los nacidos han visto^ y hubo algunas piedras 
como nueces con unos picos estraños^ que sin 
quebrar daban 10 y 12 saltos. 



Octubre de 6o3. 

En 17 del dicho mes y año^, dia de San Flo- 
rentino, víspera de San Lúeas, me nació un hijo^ 
de que estuvo su madre en gran peligro, hasta 
que fué Dios servido de que pariese. 



El lunes 20 de Octubre, dia de San Crapa- 
cio mártir, hubo muy gran tempestad de aire que 
duró desde las cinco de la mañana hasta las once 
del dia, y se cayeron muchas casas y el campa- 



ii5 

nario de la iglesia de los Remedios y dio sobre la 
iglesia y la hundió^, y no peligró mas de un fraile. 



En domingo 26 de Octubre del dicho año, dia 
de San Florentín^ el bachiller Lorenzo Fernandez, 
cura de Señora Santa Ana, bautizó á mi hijo Juan, 
fué su padrino Esteban de Brito, vecino de Se- 
villa, y destetaron á su tia Laureana. (i) 



Diciembre de 6o3 años. 

El sábado 20 del dicho mes y año, dia de 
Santo Domingo amaneció junto á la cruz del Alto- 

(i) Este hecho nos ha servido para descubrir el nombre del 
autor de estas noticias, pues la partida de bautismo de Juan se 
ha encontrado en el libro sacramental correspondiente y dice así: 

«Libro 21 d^ Bautismos f." 365 vuelto. 

«En Domingo dos dias del mes de Noviembre de mil y seis- 
«cientos y tres años: yo El Bachiller Lorenzo Fernandez, Cura de 
«esta Iglesia de Señora Santa Ana de Triana, bapticé á Juan, hijo 
«de Francisco de Ariño, y de D.* Leonor de Ariño, su muger; fué 
«su Padrino Estevan de Brito, vecino de la collación de San Pedro, 
«collación de Sevilla, á el cual advertí la cognación espiritual. Y 
«para que de ello conste lo firmé de mi nombre. — Br. Lorenzo 
«Fernandez.'" (*) 

(*) A pesar de la diferencia de fechas no puede caber duda 
de que esta partida es la del hijo del autor de los Sucesos, que 
al notar éste, quizá algún tiempo después de acontecido, recor- 
darla que ocurrió en un Domingo, y cambió el último de Oc- 
tubre por el primero del inmediato mes de Noviembre. 



ii6 

zano el agua del rio y á las dos de la tarde 
quebró la puente, (i) 

En 21 de Diciembre domingo del dicho año 
el agua del rio cubrió á toda Triana entre las 
5 y 6 de la tarde^ que no quedó sin tomar po- 
sesión en toda ella cuatro varas de tierra^ y és- 
tas á manchas ; y de la perdición del Aduana di- 
go que fué en mas cantidad de 5o,ooo ducados 
y de los navios que quedaron en seco costó gran- 
de número volvellos al agua. 



En 29 de Diciembre murió Juan de Lepe, ca- 
pataz de la puente; rueguen á Dios por él. 

604. 

En 4 de Enero de 604 trugeron dos barcos 
de la puente que habian quedado á la puerta de 
Jerez y los demás se concertaron cincuenta du- 
cados cada uno para los echar al agua. 



El sábado 10 de Enero de 604 se pregonó por 



(i) «MS. del Conde del Águila: 
"En 20 de Diciembre fué la grande avenida de Santo Tomé 
«subió mas que las otras y se quebró la puente.» 

En el libro del P. Pereira se dice: 

"En Sábado 20 de Diciembre fué la grande avenida de Santo 
"Tomé, y subió mucho más que ninguna y se quebró la puen- 
«te y en el pasage hicieron una de barcos pequeños que duró 
"hasta fin de Enero.» 



117 

mandado de S. M. y su Señoría el Asistente en su 
nombre, que dentro de treinta dias acudiesen las per- 
sonas, de cualquier estado que fuesen, á sellar la 
moneda de los cuartos, pena de pérdida, y el se- 
llo es en cada cuarto un 8 en castellano y en ca- 
da ochavo un cuatro, (i) 



En martes 27 de Enero de 604 en la noche 
hurtaron unos ladrones á Juan Antonio de Alcá- 
zar mas de 12S) ducados en dineros y cadenas 
y piezas de oro; y descerrajaron tres puertas y nue- 
ve cofres y entre lo que hurtaron fueron dos cán- 
taros de plata y los hallaron miércoles 28 en la 
tienda de la Venera á la puerta de ella. 



En jueves 29 de Enero los barqueros del gran 
pasaje fueron á pedir á su Señoría el Asistente D. 
Bernardino González Delgadillo Avellaneda para ha- 
cer una puente con los barcos necesarios del pasaje, 
y visto por su Señoría la gran falta que de puente 
habia, les dio licencia á las dos horas del dia, con 
la cual y la buena maña que se dieron luego la pu- 
sieron por obra, y en el dicho dia pasó gente por 
ella, la cual tiene cuarenta y tres barcos; y en loa de 
esta brevedad se hizo un romance, el cual es el que 
se sigue, en favor de los barqueros. (2) 



(1) En el libro del P. Pereira dice: 

"En martes i3 de Enero se pregonó el sello de los quartos, 
"dándoles doblado valor.» 

(2) En el manuscrito no está el romance de que se habla. 



ii8 

En viernes 3o de Enero de 604 un muchacho 
descubrió cuatro de los ladrones del hurto de Juan 
Antonio de Alcázar: P. Hernández de Castro, al- 
guacil de la justicia, los prendió y hallaron gran 
parte del hurto. 



Febrero 604. 

En lunes 9 de Febrero de 604 se comenzó á ha- 
cer la puente de esta famosa ciudad de Sevilla, la 
cual acaben con bien para remedio de los pobres. 



Mario 604, 

En sábado 6 de Marzo de 604 comenzó á pasar 
gente por la muy deseada puente, y la primera mu- 
ger que pasó por ella de Triana á Sevilla fué Juana 
Rodriguez, vecina de Umbrete^ con su marido Mi- 
guel Sánchez, y la primera cabalgadura que pasó 
fué del mayoral Baltasar Hurriero, y pasó mucha 
gente luego de pié y muchos cargados de romero. 



El lunes 8 de Marzo de 604 pasó su Señoría el 
Asistente D. Bernardino González Delgadillo Ave- 
llaneda á las once de la mañana por la deseada 
puente, y fué á la de los grandes barqueros, dan- 



119 

doles muchas gracias por el socorro que á ciudad 
hicieron, la cual desbarataron luego en este dicho 
dia, y quedaron muy en paz. 



En martes 9 de Marzo de 604 Joan Andrés Bo- 
tarrós se partió para FlandeS;, Dios le traiga con 
bien. 



En jueves 18 de Marzo de 604, yendo Alonso 
de Mena, vecino de Triana, á pasar á caballo por la 
puente, que estaba alta, resbaló la cabalgadura y 
cayó sobre dicho Alonso de Mena y fué rodando al 
rio, aunque se asió con una mano á un palo, se 
ahogó: rueguen á Dios por él; y la yegua sacó Alon- 
so de Antequera. 



En martes 2 de Marzo sucedió en la villa de Utre- 
ra, que un caballero, D. Pedro de Córdoba, y Guz- 
man, siendo tutor de una sobrina suya, un hidalgo 
su pariente la quiso sacar por el Juez de la iglesia 
para casarse con ella, y para esto vino á Sevilla y 
llevó consigo al alguacil mayor del Cardenal, y es* 
tando en casa del dicho, pidiéndole la dicha señora, 
parece que este caballero su tutor, diciendo á los 
dichos que aguardasen en lo bajo de la casa, subió 
arriba como que iba á llamar á la su menor, y dan- 



120 



dola de puñaladas la mató y bajó abajo diciendo á 
los presentes que aguardasen que se estaba vistiendo, 
que él iba á llamar á cierta señora para que la 
acompañase; y de esta razón y muerte del dicho 
caballero se hicieron los romances siguientes: (i) 



En domingo 28 de Marzo salió el agua del rio 
por el Altozano hasta por la puerta del Castillo y 
se fué él martes. 



En martes 3o de marzo degollaron en la plaza 
de San Francisco sobre un montón de arena á un 
alférez porque mató á uno^ y salió á usanza de guer- 
ra;, que fué mucho de ver. 



JIÜ^ rOE LOS SUCESOS, 



(i) Tampoco están en el manuscrito estos romances, ni hay 
lugar para insertarlos. 



APÉNDICE. 



DOCUMENTOS 

RELATIVOS Á LAS FIESTAS CELEBRADAS 
CON OCASIÓN DEL NOMBRAMIENTO 

DE Rodrigo Vázquez de Arce para la presidencia 
DEL Consejo de Castilla. 



I. 



qa su ^AGESTA^ 



SEVILLA. 



El ^r. oAntonio Sir vente de Car 
denas ij de Julio. 



da quenta de lo que succedió 
sobre el correr los toros con 
el Cardenal, y del estado en que 
quedaba hasta entonces. 



A EL REY NUESTRO SEÑOR 

en sus reales manos. 
Señor: 



Esta ciudad hordenó, algunos dias a, que se corriesen unos 
toros el sábado quatro de este mes, y para ello combidó á el 
cardenal y á esta audiencia, y, por averse después publicado el san- 
to jubileo y ser aquel sábado de la primera semana de él, y en 
que se avian de hacer diligencias para ganarle, hordenó la mis- 
ma ciudad que se pasasen los toros y fiestas á el lunes siguiente, 
que se contaron seis de este mes, lo qual supo el cardenal, y 
pasando el sábado antes por la placa, vio estar haziendo los ta- 
blados_, y dizen que él ú su provisor dio licencia para acabar- 
los el domingo y que pudiesen trabajar en ellos los oficiales,^ 
le páreselo que que era bien el mismo dia que se avian de 
correr los toros por la mañana, quando estaban hechos todos los 
tablados y alquiladas y pagadas ventanas de toda la placa y los 
toros )unto á la ciudad para encerrallos, de mandar pregonar pú- 
blicamente en la placa, delante de las casas de el audiencia y ciu- 
dad con un alguazil, notario y pregonero, que no se corriesen to- 
ros so pena de excomunión late sentencien contra los que los man- 
dasen y contra todos los que los viesen, y aviendo la ciudad, á 



APÉNDICE. 127 

quien también lo embió á notificar aquella mañana, apelado y 
querelládose por vía de fuerca en la audiencia, se proveyó en ella 
auto en que se mandó que absolviese por dos dias y se truxesen 
los autos para proveer justicia; y aviendo venido esto á su no- 
ticia, mandó dar segunda carta declaratoria, nombrando algunas 
personas; y la mandó pregonar en la placa arrimados á una ven- 
tana de la quadra donde yo estava comiendo; y mandó fijar la 
excomunión á la puerta del audiencia, cosas nunca vistas ni oy- 
das en los Reynos de Vuesa mag. ni hechas por perlado ni juez 
eclesiástico dellos, y como la ciudad, entendiendo que el carde- 
nal no tenia jurisdicción para mandar que no corriesen toros, y 
que, quando el aver hordenado que los uviese el lunes de la se- 
gunda semana del jubileo tuviera alguna indecencia, no era el 
cardenal parte ni juez competente para remediarlo, se determinó 
a correr los toros, puso entredicho el cardenal en toda la ciu- 
dad, y mandó que en las parrochias y monesterios della no ab- 
solviesen á ninguno, de que resultó grande escándalo en esta 
ciudad, de lo qual todo di luego parte al consejo, haziéndole esta 
misma relación que hago á Vuesa Mag. y el consejo escrivió 
al cardenal y á mí, á él advirtiéndole lo mal que avía hecho 
en meterse en cosas que no son de su jurisdicción, y en haber 
mandado á pregonar y fijar las censuras, y á mí mandándome 
que el audiencia hiziese y proveyese justicia, y hordenándomo 
en particular hiziese prender al alguazil de el cardenal y al pre- 
gonero, para castigar, y al notario clérigo que paresciese perso- 
nalmente, y en execucion desto, aviéndose recevido ynformacion, 
se mandaron prender el alguazil y pregonero, y travendo preso 
el alguazil mayor de esta audiencia á el de el cardenal, salieron 
de su casa muchos criados clérigos y legos y se lo quitaron, 
maltratando á los que lo tenian, y prendiendo á uno dellos, de 
lo qual se recivió ynformacion luego, y el acuerdo va mirando 
lo que se debe hazer, que por no saver la resolución que tomará 
no la escrivo á Vuesa Mag. mas de que yo e avisado al consejo 
de todo y embiado testimonio de las vnformaciones, y porque 



8 APÉNDICE. 

entiendo que el cardenal a escrito á Vuesa Mag. sobre este ne- 
gocio, me a parescido embiar la verdadera relación de él para 
que vista provea Vuesa magestad lo que mas convenga á su real 
servicio. Guarde dios la cathólica persona de Vuesa Magestad. 
De Sevilla y de Jullio 17 de 1592 años. 



Lido. Antonio Sirvente 
de cárdenas. 



II. 



AL REY NUESTRO SEÑOR 

EN SUS REALES MANOS. 



Señor; 



La Ciudad acordó, luego que V. Magestad hizo merced de la 
presidencia de Castilla á Rodrigo Vázquez de Arze, que se cor- 
riesen toros en demostración del contentamiento que habia re- 
cibido de su elección, por aver nacido en esta ciudad y cria- 
dose en ella algunos años, y por algunas consideraciones se dilactó 
la execucion de este acuerdo hasta que últimamente, antes que 
se publicase el Jubileo, determinó que se corriesen los toros 
Sábado quatro de Julio, y para ellos convidó la Ciudad á el 
Audiencia, embiando un recaudo á el Regente con don Silvestre 
de Guzman, veyntyquatro y un jurado, el qual lo dixo assí en 
el aquerdo, y se entendió que tanbien avian conbidado a el Car- 
denal. — Después desto, considerando la Ciudad que el sábado era 
dia en que se abian de hazer diligencias para ganar el Jubileo, 
la primera semana de las dos que después señaló el Cardenal, 
determinó que el correr los toros se pasase á el lunes siguiente, 
que se contaron seis de Julio, pareciéndole, según entendimos, 
que, aunque era segunda semana de Jubileo, las diligencias para 
ganalle comencavan el Miércoles, y que toda la mayor parte de 

gente le havria ganado l.i primera semana, y assi se alquilaron 
Sucesos de Sevilla. 9 



1 3o APÉNDICE, 

ventanas y comcncaron á hazer los tablados en la plaza, y se pro- 
siguieron á mucha priesa el viernes y sábado, y acavaron el 
domingo, travajando en ello muchos carpinteros y Oficiales, y se 
dixo publicamente que travajavan con licencia del Cardenal ó su 
provisor; y el dicho Sábado en la tarde pasó el Cardenal en 
una carroza, con algunos que le acompañavan dentro della, por 
la plaza, y vio hazer los dichos tablados y priessa con que en 
ellos travajavan. — Y assi supo claramente que se habian de correr 
los toros, que el quiso estorvar después el lunes siguiente seis de 
Julio; y no puede en esto aver dubda por la publicidad que 
suele causar el correr toros en toda la ciudad y rincones della 
quanto mas en casa del Cardenal, donde tanta gente y tantos 
criados mocos concurren. — Después el lunes por la mañana an- 
tes de misa vino el Jurado Avendaño, procurador mayor de la 
Ciudad, á hablar á el Regente de parte de el Asistente, y le dixo 
que el Asistente estava con gran sentimiento de que el Carde- 
nal le avia embiado á dezir, por un billete la noche antes a las 
onze, que no corriese la Ciudad toros el lunes, porque era se- 
mana de Jubileo y que él avia de juntar la Ciudad para tratar dello 
que el Audiencia la favoreciese y el Regente le respondió que 
la Ciudad hiziese sus diligencias, que la Audiencia aria justicia. 
— Y después, estando aquella mañana en una de las salas el di- 
cho Regente y los licenciados Martin Pérez Bernuy y Don Lope 
Arevalo de Zuaco, vinieron de parte de la Ciudad quexandose por 
via de fuergade el Cardenal que les avía embiado á mandar y no- 
tificar en su Cavildo, que no corriesen Toros, sopeña de esco- 
munion mayor late sentenci(V\ y que estava el notario en el ante- 
Cavildo,que se le mandase venir á hazer relación, atenta la bre- 
vedad del tiempo y á que, si se yva, no parecería después, sin 
decir si era lego ó clérigo el dicho Notario; y la sala mandó que 
viniese y que fuese un portero o alguazil á dezirselo, y assi 
llevaron á Diego de Nieva, y lo que allá pasó no lo sabemos, y vi- 
niendo á la sala el notario, que era clérigo y se llamava Arroja; 



APÉNDICE. l3l 

se le dixo que se sentase, y hiziese relación de los autos cjue 
avia, el qiial dixo que no tenía mas que el mandamiento y cen- 
suras que el Cardenal havia fulminado y avia ydo á notificar al 
cavildo de la ciudad; y los letrados y la parte de la Ciudad dixe- 
ron que allí tenían un escripto de apelación, y preguntando el 
Regente si estava presentada ante el Cardenal ú hechas diligen- 
cias para ello dixeron que no; y con esto proveyó la sala que 
traxesen todos los autos y absolviese el Cardenal por dos dias, 
el qual aucto se proveyó en presencia del dicho Notario y de 
todos los que avia en la sala, y con esto se fué el notario, y luego 
vinieron otra vez de parte de' la Ciudad Don Joan Vizentelo, 
alcalde maior, diputado que era de las fiestas, con una apelación 
que interpuso de el aucto, que el asistente solo proveyó, man- 
dando á los diputados que no corriesen los toros contra lo que 
la Ciudad havia determinado en su presencia, y haviendo el Au- 
diencia mandado que los escrivanos viniesen á hazer relación, y 
haviendola hecho, rebocó el aucto del assistente y mandió guardar 
la determinación de la Ciudad. Y antes de salir de Audiencia vi- 
nieron á la plaza della el alguacil maior del Cardenal y un pre- 
gonero y un notario que se llama Serrano, que anda en habito 
de Clérigo, y hizieron pregonar y, pregonaron en altas bozes, el 
mandamiento y carta de censuras de el Cardenal contra los que 
mandasen correr los toros aquella tarde, y contra los que los 
viesen, y fixaron la dicha carta de censuras en la puerta de las 
casas de el Audiencia. Y después de salir de audiencia entre las 
onze y las doze de medio dia, bolvieron los mismos alguazil, no- 
tario y pregonero y se pusieron arrimados á una ventana de rejji 
grande de la quadra baja donde estava comiendo el dicho Re- 
gente, y con él un Oydor desta Audiencia y un alcalde del crimen 
de Granada, y pregonaron segunda carta declaratoria de esco- 
munion y anatema, nombrando algunas personas del Cavildo de 
la Ciudad y á Diego de Nieva, alguazil de la Audiencia, y, habiendo 
acavado su pregón, se fueron libremente, y elCardenal puso en.- 



1 32 APÉNDICE. 

tredicho en toda la Ciudad^ lo qual todo hizo el Cardenal sin 
haber enviado recaudo de cumplimiento al Audiencia ni á la 
Ciudad. Y después de comer, serian las tres de la tarde poco 
mas ó menos, vinieron el prepósito de la Compañía de Jesús, y 
Bartholomé de Sicilia, de la misma orden á hablar á el Regente, 
diziéndole que mandase y diese orden que no se corriesen los 
toros; él les respondió que no era parte para ello, que lo tratarla 
en el aquerdo, representando las razones que le dezian; pero que 
entendía, que el aquerdo no se metería en mandar eso, contra 
los auctos que tenía proveydos, y que si la ciudad lo pidiera 
y quisiera no correr los toros, que con eso se hiziera bien; y 
entonzes le dixeron que si vastaría que lo pidiese el Asistente 
y Don Luis de Guzman, y el Regente les respondió que nó, por 
que los dos no eran Ciudad. Y^ estando junto el aquerdo aque- 
lla tai de, propuso el Regente lo que los dos tea tinos le avian 
dicho y las razones que le avian representado, y el aquerdo re- 
solvió quH se guardasen los auctos que estavan proveídos, y que, 
si la Ciudad quisiese correr los toros, que los corriesen_, que ya 
no tocava aquello al Audiencia. Y después siendo mas tarde, 
vino D. Luis de Guzman y dixo al Regente que si avia alguna 
novedad en el correr de los toros, y el Regente le dixo que no; 
porque el aquerdo avia ya determinado lo que convenía. Y es- 
tando juntos en las casas de la Audiencia los Oydores, Alcal- 
des y algunas de sus mugeres para ver los toros, y viendo que 
se hazia muy tarde, y que los Oydores y Alcaldes que estavan 
esperando lo senlian; enbió el Regente un recaudo á la Ciudad, 
que ya estaba en su lugar y asientos muy gran rato había, para 
ver los toros, diziendo que era muy tarde y que avia mucho 
tiempo que estaba el Audiencia aguardando, que embiase a lla- 
mar á el asistente, si havia de venir, y la Ciudad respondió que 
avia embiado dos alguaziles para que le acompañasen, los quales 
se vinieron, y con ellos embió un recaudo el asistente á la Cíu- 
pad, diziéndole que el era obediente á los mandamientos de la 



APÉNDICE. 1 33 

Iglesia y que no pensaba ver ios Toros, que la Ciudad mirase 
lo que hazía. La Ciudad dix;o que, sin embargo de aquel recaudo^ 
se cumpliese lo acordado por la Ciudad, y se corriesen los toros, 
y embió á dezirlo assi la Ciudad a el Regente, el qual respon- 
dió que estava muy bien lo que la Ciudad acordava, y con eáto 
comencaron a correr los toros, sin haver estado con la Ciudad 
ni en la plaza el Assistente ni alguno de sus Tenientes ni el 
teniente de Alguazil maior ni otro ministro de la Justicia or- 
dinaria, ecepto dos ó tres alguaziles de los veynte, y uno de los 
de la Audiencia; porque, aunque el Alcalde de la Justicia estuvo 
en la placa antes de comencar á soltar toros, se salió della quando 
quisieron hechar el primero, á lo menos no pareció mas. Después, 
desde el martes siguiente que se contaron siete deste mes, dio 
petición la parte de la Ciudad en el Audiencia, pidiendo sobre 
carta para que el Cardenal absolviese por dos dias y embiase 
los auctos, por no aver cumplido la primera, y aver respondido 
que lo ova y que le diesen treslado y se le dio, la qual sobre- 
carta, aunque la parte de la Ciudad la quiso notificar aquella tar- 
de, dixo el Regente al veyntyquatro Don Xpóval Mexía y al 
Jurado Avendaño, procuradores mayores de Sevilla, y al Jurado 
Gatica, que le parecía que lo suspendiesen por aquel dia y, pues 
al siguiente era miércoles dia de Cavildo, que dixesen á la Ciu- 
dad de su parte que, pues los toros estavan corridos, que em- 
biasen quatro ó seys comisarios á pedir de parte de la Ciudad 
á el Cardenal que alease el entredicho y mandase absolver a 
todos, y, si no lo quisiese hazer, que la Ciudad hiziese sus dili- 
gencias en el Audiencia y que alli se baria justicia, y la Ciudad 
determinó hazer esta diligenzia, que los mismos Regidores dizen 
tenian también pensada, p,ero fué en forma de Ciudad con veyn- 
te ó veynte y dos veyntycuatros y Jurados y asistente y ma- 
ceros, contra el parecer que el Regente y el doctor Olmedilla 
dieron al Jurado Avendaño, que lo vino á preguntar aquella ma- 
ñana antes de misa. Y havicndo dado cuenta á V. Magestad el 



1 34 APÉNDICE. 

Regente de lo qne el Cardenal hizo y de los pregones y demás 
cosas que subcedieron el lunes, V. Magestad mandó escrivir una 
carta á el Regente para el aquerdo, la qual leyó en él, y otra 
del licenciado Ruiperez del Consejo de V. Magestad y su ñscal, en 
que le mandaba V. Magestad hiziese prender y castigará el alguazil 
del Cardenal y áel pregonero con alguna demostración, que hiziese 
notificar á el Notario, siendo clérigo, que pareciese en Madrid, po- 
niéndole pena la qual executase, si no lo cumpliese, y secuestrase las 
temporalidades. La qual notificación se hizo; y, aviendo recivido 
información, el Regente mandó prender á el alguazil del Cardenal y 
á el pregonero, y, aviendo preso al pregonero, dio quenta á el aquer- 
do de todo para que en él se conociese de aquella causa y de la del 
alguazil, y aviendose substanciado con el pregonero sin haber pe- 
dido yglesia, porque dize le sacaron de las gradas de la cadena 
afuera, donde no hay inmunidad, le condenamos en vergüenza 
pública y privación del oficio de pregonero, y haviendo dado el 
rejente el mandamiento á el alguazil maior desta Audiencia para 
prender á él del Cardenal, y dádole uno de sus tenientes que se lla- 
ma Diego de Nieva para que íuese con él y se hiziese mejor 
Id prisión, y advirtendole que no la hiziese en casa del Carde- 
nal, fué y le prendió en la calle cerca de la casa y puerta del 
Cardenal, y, teniéndole preso, llamó el dicho alguazil preso al 
fiscal de el Cardenal, que dizen estava á la dicha puerta, el qual 
salió y otros clérigos y legos con él y se lo quitaron y pren- 
dieron un criado del dicho Alguazil mayor, como todo consta 
por la ynformacion que se a embiado á V. Magestad, la qual, y 
el secuestrar bienes y prender culpados, se lo cometió el dicho re- 
gente á el Alcalde Valdivia, y después el aquerdo, á quien dio 
quenta de todo el Regente, le cometió lo mismo, y como de la 
ynformacion consta haver salido muchos criados legos de casa 
del Cardenal á quitar el preso, y los testigos dixeron que no les 
sabian los nombres, y qae si los viesen que los conocerían; se 
prendieron algunos, particularmente los criados que ivan acom- 



APÉNDICE. l35 

pañando un dia á el provisor y al prior de las Hcrmitas, que 
viven en casa del Cardenal, y después se an preso otros tres, y 
se van aziendo diligencias con ellos y con los testigos para que 
reconozcan los culpados, y, como el Alcalde Valdivia tenía ya la 
dicha comisión de el aquerdo para se cuestrar bienes de los cul- 
pados y prender á los que lo son, le ordenó el Regente que lla- 
mase alguaziles y llevase la gente que le pareciese necesaria y 
fuese á secuestrar los bienes del Alguazil maior del Cardenal, que 
vivía en la casa Arzobispal, y que si le resistiesen que les hiziese 
su requerimientos, y tomase ynformacion y se bolviese, hasta te- 
ner respuesta y orden del Consejo de lo que se auía de hacer 
y, si no le resistiesen, que allanase la casa y prendiesen los cul- 
pados legos; y el dicho alcalde fué, y hizo la diligenzia, y se hu- 
vieron con él de la forma y manera que constará á V. Magestad 
por la información que embió el Regente y vá en el testimonio 
de los fluctos. Y después el Cardenal declaró por descomulga- 
dos, y los hizo poner en las tablillas de las yglesias, al dicho Al- 
calde y alguaziles y escrivano por aver entrado en su casa á se- 
cuestrar los bienes de su alguazil, los quales se querellaron en 
la Audiencia por via de fuerca de el Cardenal, que fué el que los 
declaró por averie dicho su juez de la yglesia que se atrevía á 
hacerlo, y haviéndose visto los auctos se proveyó aucto de legos 
el qual se le notificó al dicho Cardenal, y respondió que lo oya, 
y pidió treslado, haziendo gran demostración de sentimiento y 
diziendo, que como le mandava á él el audiencia, que como le 
mandava. El domingo que se contaron 19 de Julio, predicó un 
teatino, que se llama Antonio Santofimia, en la casa profesa de la 
compañía, aviendo estado ánles con él un criado de el Cardenal, 
y habló tan insolente y atrevidamente, contra la Juridicion real 
y contra la autoridad del consejo y audiencias, sobre el quitar lag 
fuercas de los juezes eclesiásticos, comohavrá constado á V. Ma- 
gestad de la relación que embió el Regente, y diligencia que se 
hizo por Orden del aquerdo. El martes en la noche que se con- 



l36 APÉNDICE. 

taron veynte y uno de Jullio topó el alguazil mayor de esta Au- 
diencia, después demedia noche, a dos hombres en un caval|o, y 
asiendo del freno á el cavallo, lo detuvo para ver quiénes eran, y 
vio que él que yva en la silla era moco, y iva vestido con cuera 
y gregüescos de tela de color, medias de color, ligas blancas, y en 
mangas de camisa, con herreruelo negro y espada, y cuello de ca- 
misa de clérigo, y diziéndole el que iva á las ancas de el caballo, 
que el otro era Don Alonso de UUoa arcediano y canónigo en 
estayglesia, respondió el alguazil maior que él no le conocía con 
aquel hábito, que se vmiese á la cárcel, y lo llevó áella, y dexó 
yr al racionero libremente, el qual fué a dar cuenta de la prisión 
de Don Alonso, al Doctor Bernardo de Olmedilla, Oydor desta 
audiencia^ el qual embió á llamará el Alguazil maior, para saber 
que le avia movido, y con cuya orden avia hecho aquella prisión, 
y no fué, excusándose con que estava sudando y cansado, y havien- 
do enviado segunda vez é llamarle á su casa, la hallaron cerrada, 
y no le pudieron hablar, y, viendo esto el Doctor Bernardo de 
Olmedilla, embió á llamar á aquella ora á el Alcaide de la cárcel, 
y, con celo de escusar ynconvenientes, mandó traer el preso á su 
casa, y le soltó libremente, y luego el dia siguiente fué á dar 
quenta de todo á el Regente. Y parece de la información, que se 
á hecho de la resistencia que hizieron los criados del Cardenal, 
que fué uno de los más culpados en ella, y en quitarle el preso 
á el alguazil mayor, este Don Alonso de Ulloa, y ansi lo dizen 
algunos testigos, y se dize que es pariente de el Cardenal. Tam- 
bién se dixo públicamente, y se tuvo por cierto, que después de 
publicadas y pregonadas las censuras el lunes seis de Julio, man- 
dó el Cardenal el martes siguiente, en todas las parroquias y 
monasterios, que no absolviesen á ninguno de los que huvie- 
sen visto los toros, y asi no los absolvían ni querían absolver, 
aunque dezian que teman la bula de la Cruzada, por lo qual 
tuvo el Cardenal otro enquentro con los comisarios de la Cru- 
zada, que acudieron á él á estorvarle, como lo dirán ellos mas 



APÉNDICE 1 37 

en particular, mandándoselo V. Magestad. Haviéndosc visto los 
auctos de el proceso criminal en el aquerdo, jueves trcynta de 
Julio, se dieron en fiado los criados de el provisor y prior de las 
Hermitas, que estavan presos, y quedan en la cárcel dos hom- 
bres culpados, y se procede contra los ausentes. Estas son las 
cosas que an subcedido, y de que se tiene noticia por los auc- 
tos é ymformaciones que sobre ello se han hecho en la Au- 
diencia y por el Regente, que se embian con esta, á que nos re- 
mitimos. Guarde Dios la catholica real persona de V. Magestad. 
De Sevilla 3i de Julio 1592. 

Lido. Antojiio Sirven te 
de Cárdenas. 



Sucesos de Sevilla. lu 



IIL 

Á su mAGESTAD 

SEVILLA. 1592. 

Lido, Antonio Sírvente de Cárdenas 
3 1 de Julio. 



Con relación de todo lo que ha pasado 
sobre el correr de los toros. 



AL REY NUESTRO SEÑOR 

EN SUS REALES MANOS. 



Señor: 



Ya di quenta á V. Magestad de lo que el Cardenal hizo, 
queriendo estorvar que la Ciudad no corriese toros el lunes de 
la segunda semana del Jubileo, y porque, aunque aquello que 
escriví á V. Magestad, es la substancia de este negocio, a te- 
nido y tiene algunas circunstancias, que es justo las sepa V. Ma- 
gestad, así tocantes á el Cardenal y sus criados, como al asis- 
tente y Ciudad, que han acudido muy mal á la defensa de la 
jurisdicción real, y no como suelen acudir contra el Audiencia 
en ocasiones muy ligeras, me páreselo escribir á V. Magestad 
la relación particular que de todo enbía el aquerdo á el Consejo 
por su mandado de todo lo que ha subcedido y se a hecho asta 
hoy, tan ajustada con la berdad que resulta de el proceso é in- 
formaciones que se an recivido en el Audiencia, y enbiado á el 
Consejo, que si el Cardenal dize ó escrive á V. Magestad otra 
cosa, le an engañado sus criados, con cuyo consejo a hecho todas 
estas cosas, y porque el principal dellos, y el que le govierna 
á él y á este arcobispado, es el doctor Sotomayor, que agora á 
enbiado á V. Magestad en compañía de fray Alonso Cabrera con 
las relaciones é ynformaciones que á ellos les a parecido hazer 



APÉNDICE. 141 

en los rincones de su casa, con sus criados y notarios, me pá- 
reselo avisar á V. Magestad que el frayle fué el que puso á el 
Cardenal en que prohibiese á la Ciudad el correr los toros, y el So- 
tomayor el que a hecho y guiado todo lo demás, y el que a sido 
la causa de todos estos escándalos que se an causado con las 
censuras, pregones y lo demás, y se a tenido por gran atrevi- 
miento que se vayan á poner delante de los ojos de V. Mages- 
tad, dos hombres que tanto an ofendido su jurisdicción real, y 
an sido causa de todos estos daños, aunque yo lo e tenido por 
providencia de Dios, para que V. Magestad mande ver y oir al 
doctor Sotomayor y considerar quién gobierna á el arcobispo y 
arcobispado, y la necesidad grande que ay de que V. Magestad con 
su santo zelo se sirva de poner remedio en ello, y se duela de esta 
yglesia. Y no puedo dejar de quejarme á V. Magestad mucho de 
el Cardenal, que trate tan mal con palabras á los ministros de V. 
Magestad, que hacen sus oficios con la entereza y libertad que con- 
biene al sevicio de V. Magestad, y á la buena administración de la 
justicia paresciéndole que todo lo a de sujetar á su boluntad por 
que ya no ay ministro de el Audiencia que tenga ánimo para hazer 
su oficio, hiendo sus amenazas afrentosas y las de sus oficiales y 
criados, y, si Dios no me uviera dado á mi el brio y constancia 
que conbiene para hazer justicia con igualdad contra todos, ya me 
tuviera rendido con los fieros y amenazas que me dicen haze 
contra mí; suplico á V. Magestad se sirva de mandarle se mo- 
dere y se subjete á lo que es razón y justicia, y se contente 
con su jurisdicción y no quiera usurpar la de V. Magestad^ 
ni tratar mal á sus juezes y ministros, que le sirven como 
deven, y á el Consejo que castigue estos excesos; porque de 
aquí adelante, no se atrevan á hazer semejantes resistencias á 
la justicia de V. Magestad en aquella casa, y en la Audiencia y 
sus ministros hallen puerta libre y segura en ella, para admi- 
nistrar justicia y quitar las fuercas de los juezes eclesiásticos 
que son aquí muchas y tantas las ocasiones que el Cardenal 



142 APÉNDICE. 

y sus juezes dan de p esadumbre con estas materias, que si no se 
hubiera disimulado de parte de la Audiencia, las uviera ávido de 
cansar á V. Magestad y al consejo, con quejas, las quales yo 
procuro escusar todo quanto permite la buena administración 
de la justicia. Guarde Dios la Cathólica Real persona de V. Ma- 
gestad, de Sevilla y de Jullio 3i de 1592 años. 

Lido. Antonio Sirvente 
de Cárdenas. 



IV. 



Me ha parecido oportuno para completar las noticias biográfi- 
cas de Va^que^ de Ar^e, insertar aquí las que se contienen 
en la obra titulada Hijos de Sevilla señalados en santidad, 

LETRAS, ARMAS, ARTES Ó DIGNIDAD, pOr D. JuStinO MatutC y 

Gaviria. (MS. de la Biblioteca Colombina, tomo tercero 
página 3 1 o. 

Rodrigo Vázquez de Arce nació en Sevilla el año de 1 526, 
hijo de D. Martin Vázquez, de quien, habiendo recibido una cris- 
tiana y literaria educación, entró en el Colegio de Santa Cruz 
de Valladolid á lo de Agosto de 1548. En aquella Universidad 
tuvo las cátedras de Código y de Digesto viejo, y habiendo re- 
cibido el grado de licenciado en leyes, fué provisto en una plaza 
de Oidor en la Chancillería de Granada, año de i556, de laque 
pasó al Consejo Real el de iSyo, con el salario de consultor del 
Consejo de la Inquisición. Nombrado Embajador del Rey Cató- 
lico á Portugal, acerca de la solicitud que Felipe II tenía de po- 
seer aquella corona, expuso en una muy docta información el 
derecho que este alegaba, por la cual el Rey de Portugal de- 
claró al de Castilla por su sucesor, méritos que premió el nuestro 
nombrándole de su Consejo de la Cámara, del que ascendió en 
1 584 á Presidente del Real de Hacienda. Esta negociación fué 
tan aplaudida que D. Alonso de Ercilla en los impertinentes 
episodios que incluyó en su Araucana hizo el siguiente elogio: (a) 

(a) Canto XXXVII. 



144 APÉNDICE. 

Y porque cosa alguna no quedase 
Por hacer ^j' tentar todos los vados^ 

Y la ciega pasión no perturbase 
El sociego y quietud de los estados^ 
Antes que el odio antiguo rebentase^ 
Dos eminentes hombres señalados, 

De los que en su Real Consejo había, 
Últimamente d D. Henrique embía. 

Uno Rodrigo Va:^que:(, que en prudencia 
En rectitud^ estudio y disciplina 
Era de grande prueba y experiencia 
de claro juicio y singular doctrina. . . 

En el año de i585 acompañó al Rey Felipe II á las Cor- 
tes de Monzón, quien el de 589 le dio la encomienda de la 
Magdalena en la orden de Alcántara y en el de 92 le nombró 
presidente del Consejo de Castilla, pruebas todas de la con- 
fianza que el Rey hacía de este ministro, cuya integridad tenia 
esperimentada desde la causa de Antonio Pérez que había pues- 
to á su cuidado. No fueron menos reconocidas sus buenas pren- 
das del Rey D. Felipe III, quien le nombró de su Consejo de 
Estado, dignidad, que gozó muy poco tiempo, pues murió en 24 
de Agosto de 1599 en su villa del Carpió desengañado de la 
inconstancia de la fortuna. D. Francisco de Quevedo en sms Gran- 
des anales de quince dias^ dice_, hablando de la corta edad en 
que entró á reinar el mismo Felipe III, que quedaron forta- 
lecidos sus pocos años «con Rodrigo Vázquez, presidente de 
«Castilla, hombre digno de reverencia y de aplauso eterno, cuya 
» entereza por la verdad le ocasionó peligros. Fué varón de áni- 
»mo incorruptible, y de tan hazañosa virtud, que no entretuvo 
»su libertad en conveniencias, ni atendió á otros respetos, que 
ȇ los que le dictaba la justicia, por lo que el Duque de Lerma 
"dispuso alejar este embarazo de la Corte... y así le ordenó 



APÉNDICE. 145 

»dexase la presidencia y saliese de ella y luego disimulando ir 
«al Carpió, lugar suyo, á divertirse, murió en él mas de so- 
»focado que de envegecido.» Rodrigo Caro en su Silva, en que 
hace memoria de muchos ilustres hijos de Sevilla, que pre- 
cede al libro de sus Autigüedades, dice: 

Preside el gran senado de Castilla 
Va:{que^ de Arce á quien Themis le dio silla. 
Y D. Nicolás Antonio en su Biblioteca nova en el artícu- 
lo de su hermano Fernando Vázquez Menchaca hace de D. Ro- 
drigo honorífica mención, siendo mas estensa la noticia que de 
él dá el mismo D. Fernando en su obra de Successionum crea- 
tiene (a). 



(a) Lib. 2.0 par. XVIII. Requisit-19 núm. i.**— Anales del Colegio de 
Sta. Cruz núm. 195.— Manuscrito. 

Sucesos de Sevilla. 1 !• 



V. 



Para formar juicio de las condiciones del Cardenal Castro, in- 
sertamos lo que acerca de él dice el Abad Gordillo eu el si- 
guiente fracmento de su Historia Eclesiástica de Sevilla, 
hasta ahora inédita. 

Gobernando la Iglesia de Sevilla Don Rodrigo de Castro, 
Pro., Cardenal de la Basílica y título de los Doce Apóstoles, 
Gon deseo de acomodar las cosas del Estado Eclesiástico, que 
que con los pleitos que en tiempo de su antecesor se hablan mo- 
vido, V la mudanza que los tiempos había causado, propuso ce- 
lebrar Sínodo Diocesano, atento á la referida necesidad, y á que 

el. Sínodo provincial de Toledo, celebrado el año de había 

prevenido algunas consideraciones- en el gobierno del clero que 
debian ponerse en egecucion; y con esta bueiia determinación 
dio sus cartas convocatorias para toda las personas á quien pre- 
tendió llamar, porque asistiesen alli en la publicación del Sí- 
nodo, y en.... días del mes de..... (a) del año de i586 laman- 
do publicar en toda la Ciudad y cabezas de Vicarías del Arzo- 
bispado y en los demás lugares de donde en tiempos pasados so- 
lian y suelen venir personas á quienes las constituciones sino- 
dales se han de manifestar y cumplir, y la copia de la carta, 
onvocatoria decía así: 

{No la copia.) 

Esta carta se remitió por todo el Arzobispado para que se 

(a) Esta fecha, así como la anterior, está en blanco en el MS. de- 
la Colombina, que hemos copiado. 



148 APÉNDICE. 

pusiese en las iglesias y se manifestase al clero y al pueblo y 
se dispusiesen las personas y memoriales que habian de venir 
al Sínodo, como vinieron, y á los dias 16 del mes de Marzo del año 
de 1 586, concurrieron todos los sinodales, estando hechas las 
constituciones sin asistencia de los Diputados, aunque alegó 
en Roma que se habian hallado al hacerlas los Diputados del 
Cabildo y de los Beneficiados, y que de su consentimiento se 
habian aprobado, y que no era cierto que en un dia se habian he- 
cho y publicado. 

Preparóse un famoso teatro en la Sacristía mayor de la iglesia, 
á la mano derecha que corresponde á la parte de poniente, y 
en él estaba un trono muy bien aderezado con su sitial y si- 
lla cubierto con docel y las demás insignias pontificales, y á los 
lados unos escabeles rasos pintados con las armas de la Santa 
Iglesia; y llegado el dia señalado, aunque no se guardaron las 
ceremonias que dispone el ceremonial romano, vinieron todos 
los que quisieron hallarse en el Sínodo, sin escepcion alguna, 
y en particular los diputados del Cabildo Don Alonso Revengas, 
Dean; Don Antonio Pimentel, Chantre, y otros, y con ellos el 
Lido. Iñigo de Lesiñana, Provisor del Arzobispado, con bonete 
y manto, y el Cardenal sentado en su silla pontifical y hábito 
de Prelado, mandó sentarse al Provisor á su mano derecha, y 
y los demás diputados del Cabildo de un lado y de otro conse- 
cutivamente, de que los diputados se agraviaron, é hicieron sus 
protestas y apelaciones y no quisieron sentarse y se salieron del 
Sínodo; y el Cardenal intentó llevarlos presos, y sin ellos ce- 
lebró el Sínodo aquel dia, mandando leer y publicar las cons- 
tituciones que tenía hechas y recopiladas en un libro que todos 
ailí las aprobaron per verbum placel , aunque en ellas había mu- 
chas cosas en perjuicio del clero, de las cuales asimismo se ape- 
ló por parte del Abad mayor de la Universidad, Bernabé de Pra- 
do, Beneficiado de la Iglesia de Omnium Sanctorum, y se pre- 
sentó en grado de apelación, primero ante el Prelado y su Provi- 



APÉNDICE. 149 

sor, alegando todos los agravios que en el Sínodo había y en par- 
ticular que ni él ni los Beneficiados habian sido llamados á él, 
siendo costumbre y uso inmemorial en este Arzobispado el lla- 
marles; de que el Cardenal se sintió mucho y mandó pren- 
der á muchos de ellos, é hizo información de como el Abad 
mayor y Beneficiados habian estado presentes y asistido al Sí- 
nodo , y así lo confesaron en sus exposiciones, de las cuales, y 
de los demás autos hechos en razón de esto, envió testimonio 
á Roma, de donde le enviaron Breve apostólico, aprobando las 
prisiones que habia hecho, y dándole licencia para hacer el Sí- 
nodo sin el Cabildo, en caso de que no quisiese asistir. 

El Cabildo por su parte^ y el Abad mayor y Beneficiados, 
se presentaron en la signatura de justicia y la causa se come- 
tió en la Rota y se dio cohibición contra el Prelado para que 
no ejecutase el Sínodo; y la Congregación del Concilio declaró 
que, estando la causa pendiente en la Rota, no había lugar de 
ejecutarse las constituciones sinodales de Sevilla. El Cabildo pi- 
dió al Papa declarase, si estando presente el Prelado tenía lugar 
eminente el Provisor, y que fuese superior al del Cabildo, y el 
Papa Sisto V, que entonces regía la Iglesia, dijo que nó, y pu- 
so por ejemplo, «que así como, si Cristo, que es verdadera ca- 
beza de la Iglesia universal, teniendo el Papa, no tendría él en 
en ella lugar de cabeza, pues sería monstruosidad haber dos ca- 
bezas en un cuerpo; asi estando presente el obispo, que es ca- 
beza de su clero, no tiene lugar su Vicario, y que el Calbildo 
es miembro principal del Obispo y sin intermedio había de es- 
tar continuo con él;» de lo cual se dice hizo un Breve y motu 
proprio que después fué fama haberle reformado el Papa Gre- 
gorio XIV: y sobre la observancia de las constituciones sinoda- 
les hubo diversas demandas y respuestas de todas partes, y el 
Cardenal hizo una muy grande defensa contra el clero y probó 
por los autos referidos, como todos habian estado presentes. Abad 
mayor, y Beneñciaáos, y hs habían aY^vohado per verbiimplacet. 



1 5o APÉNDICE. 

Y considerada la causa, hecha pleito perdurable, de común 
consentimienso de ambas partes, la comprometieron con licencia 
del Papa en la Congregación de Cardenales intérpretes del Con- 
cilio de Trento, en que los Beneficiados erraron notablemente; 
porque no disputaron como debian las cargas y agravios que 
en ellas se le hacian, y después lo sintieron el año de 1614? 
cuando el Arzobispo Don Pedro de Castro qaiso egecutarlas con 
todo rigor, y hubieron de volver de nuevo á la demanda en 
la Rota, y no fueron oidos; y en la dicha Congregación se cen- 
suraron y pusieron en ellas ciertas declaraciones y se mandó 
que con ellas se publicase de nuevo, y nó de otra manera, y 
duró el pleito hasta fin del año de iSgo, que se concluyó en Ro- 
ma, y se le remitió al Cardenal la orden que había de guardar 
en ella, y así en los dias i5 del mes de Diciembre del año de iSqi 
dio sus nuevas letras convocatorias para que de nuevo se jun- 
tase el clero, las cuales fueron del tenor siguiente: confor- 
me á la reforma que se puso en la convocatoria; atento que 
en el Arzobispado de Sevilla no hay Vicario de las Iglesias, sino 
de los pueblos, y asi se llaman francos, porque no son titula- 
dos en las Iglesias, ni hay Rectores ni curas titulados y solo es 
en todo el Arzobispado el Arzobispo, cura universal y titulado 
en él y no en ellas, y solo tienen título de Beneficiados, etc. 

Y en su cumplimiento, á los 1 5 dias del mes de Enero de 
1592, habiéndose convocado en i5 de Diciembre de i5gi se jun- 
tó el clero y Diputados del Cabildo en la Iglesia, en la parte y 
lugar donde se juntó primero, y allí estaba formado el teatro y 
trono y asientos referidos. Y aquel dia por la mañana vinieron 
todos los Sinodales acompañando al Lido. Gerónimo Rodríguez, 
provisor que entonces era del Arzobispado, y el Cardenal no vino 
por algunas razones que para ello tuvo, y allí se hizo una su- 
maria relación de las dichas constituciones y de las censuras que 
los Cardenales de la Congregación del Concilio hicieron sobre 
ellas, y se mandaron publicar con los dichos decretos,, y de nuevo 



APÉNDICE. l5l 

se añadió á las fiestas de la Ciudad la lestividad del glorioso San 
Diego, en esta ciudad de Sevilla y en la villa de S. Nicolás del 
Puerto, en la sierra de Cazalla, donde habia nacido, en agrade- 
cimiento de un beneficio de salud que el Cardenal había reci- 
bido por intersecion del Santo. 

Y se mandó que en la confesión de la misa se pusiese y 
nombrase á San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, con lo cual se 
dio fin al Sínodo, y se fué egecutando conforme á las dichas cen. 
suras y observaciones, y casi remisamente, porque todos estaban 
fastidiados del pleito seguido por espacio de cinco años cum- 
plidos; y aun no se acabó con esto, porque el año de 1604, 
siendo Arzobispo de Sevilla el Cardenal Don Fernando Niño de 
Guevara, algunos celosos del bien de las Iglesias, insitaron el 
ánimo del príncipe que no reparase en las limitaciones y cen- 
suras de las dichas constituciones, y las mandase guardar sin 
atender á ellas. Y de parte del Abad y Beneficiados se dieron 
diferentes memoriales, que por entonces no obraron cosa nin- 
guna. Y asi les fué forzoso acudir de nuevo á la Rota, como 
acudieron, y en contradictorio juicio, citada la parte del Car- 
denal y Arzobispo, la causa se cometió de nuevo á la Rota, de 
que siendo avisado su lima, tuvo algún sentimiento Y mandó 
llamar al Abad mayor de la Universidad, que era el Beneficiado 
Francisco de Medina de la Magdalena, y al Lido. Alonso Sán- 
chez Gordillo, y les dijo que sentía mucho que de nuevo se mo- 
viese pleito sobre lo que ya se había acabado; que el clero di- 
gese en qué era agraviado, y que se diese memorial, y se aco- 
modaría y que acudiesen con él al Dr. Juan Hurtado; y hízose 
así luego, y el Cardenal mandó que las constituciones de que 
el clero se sentía agraviado, se moderasen. 

Esta moderación impresa de molde y firmada de D. Juan 
de Salinas Visitador de las Iglesias de Sevilla, y de Francisco 
de Torres su notario, se mandó poner en todas ellas y se fué 
guardando y cumpliendo á satisfacción de todo el clero hasta el 



1 52 APÉNDICE. 

año 1614 que el Arzobispo D. Pedro de Castro y Quiñones, 
(como se dice en su vida) volvió en esto como en otras cosas, 
á tratar de pleitos y molestar al clero, y para ello recurrió á 
la signatura de justicia y ganó una Comisión y Letras Apos- 
tólicas, para que, no obstante cualesquier inhibiciones, ejecu- 
tase las dichas constituciones como lo hizo con notable pasión 
conocida suya y de sus ministros, pues andaban por las iglesias 
sindicando y mirando si los clérigos asistían á las horas y oficios 
divinos, y pugnándolos y procediendo con censuras y penas pe- 
cuniarias egecutivas; y porque el Abad mayor del clero, que era 
entonces Alonso Sánchez Gordillo, beneficiado de la Magdalena, 
apeló del rigor de las censuras injustas, dio otras agravatorias 
de nuevo dentro de ocho dias sin que constase de contraven- 
ción alguna, mas que por simple relación del fiscal eclesiástico 
y sin atender á que el clero tenia ocho dias de recles cada mes, 
y que, aunque en aquellos primeros faltase, podía computarse por 
los que tenia de recle y no parecer en ellos rebelde. Y como no 
se entendía mas que ejecutar mejor su hecho en el modo re- 
ferido y por otras cosas que podían ocurrirse, ganó del Con- 
sejo Real una provisión para que la Audiencia de Sevilla, don- 
de el Clero en causa de agravios suele tener recursos, no co- 
nociese de estos, haciendo la causa de las contenidas en volu- 
men del Concilio de Trento, diciendo que era de residencia (a). 



(a) Memorial de Historia eclesiástica de la ciudad de Sevilla, reducida 
á breve estilo, por el Licenciado Alonso Sánchez Gordillo, Abad ma- 
yor de la universidad de Beneficiados de dicha Ciudad y Beneficiado 
de la Magdalena.— Año de 1612.— M. S. en folio, de 382 fojas. 



NOTICIAS RELATIVAS 

Á Don Gonzalo de Mena^ y á la fundación 

DE LA Cartuja de las Cuevas^ tomadas de la 

Historia Eclesiástica dé Sevilla del Abad 

gordillo, hasta ahora inédita. 



Sucesos de Sevilla. 12 



I. 



Hay un claustro pequeño, que llaman el claustron, muy 
bien labrado, que tiene los edificios mas notables del convento; 
el uno es la iglesia vieja, donde el prior los domingos, y el 
Vicario las fiestas, hacen capítulo; es la misma y primera que 
hizo el Arzobispo cuando fundó el convento, y en ella está en- 
terrado su cuerpo, que fué traido de la Iglesia Catedral, don- 
de fué sepultado cuando falleció; y el cabildo eclesiástico se 
lo dio; en que hizo un grande yerro en dejar sacar de su igle- 
sia el cuerpo de su Prelado, que lo tenia en compañía del Obis- 
po D, Fray Alonso de Toledo su contemporáneo, y ambos fue- 
ron de la ciudad de Toledo como dicen los catálogos Arzo- 
bispales de Sevilla; y es cierto que los sepulcros de grandes 
é insignes varones, engrandecen los templos como es notorio, 
y mas cuando en este tiempo el Cabildo de la Santa Igle- 
sia de Toledo traia á ella el cuerpo de su Arzobispo San 
Eugenio. 

Está en esta Iglesia primera el primer Retablo que tuvo, 
que es de figuras pequeñas de medio relieve é historias de la 
Santa Cruz, que dio al Convento el rey D. Juan III de Portu- 
gal, y juntamente limosna de azúcar y especerías cada año. Esta 
limosna se suspendió con la rebelión de la guerra y levanta- 
miento del reino de Portugal, y después de sus paces , el con- 
vento enbió á su Procurador á Portugal, y se tornó á pagar 
como antes. 



1 56 APÉNDICE. 

El yerro que se hizo de parte del Cabildo fué muy grande, 
y para que no fuese creído y no hubiese memoria de ello, les dio 
también el sepulcro de alabastro alto de su entierro, como se vé 
en la referida Iglesia; en él está el siguiente epitafio, bien cu- 
rioso labrado galanamente; 

aquí yace 

Don Gonzalo de Mena 

natural é nacido en toledo q.ue dios 

perdone: Obispo q^ue fué de Calahorra 

e después de burgos: e después 

Arzobispo de Sevilla 

el qual finó en iueves 21 días del mes 

DE ABRIL EL ANO DEL NACIMIENTO DE NtRO. 

Salvador Jesuchristo de 140 i años ^ 
POR el qjüal digamos 
Pater noster. 

En este epitafio está puesto en tres partes escudo de las 
armas del Arzobispo, que son cinco estrellas, y una orla al re_ 
dedor de ocho róeles cada uno con sus venidas. 

Hízose la traslación en el mes de Marzo del año 1594, y 
aunque el dia fué tormentoso de truenos y aguas se celebró la 
procesión del tránsito con mucha pompa, y para ello se convi- 
daron todas las Religiones observantes y á doscientos clérigos 
seculares, y á cada uno se le dio un escudo de limosna, y la 
Iglesia Cathedral dio velo rico con cruz alta y acólitos vestidos 
de blanco, y salió el Cabildo acompañandcf el cuerpo con ca- 
pas blancas, hasta la puerta de la Iglesia Cathedral, que está 
enfrente del estudio de San Miguel, desde la Capilla mayor don- 
de el cuerpo del Arzobispo se había colocado la noche antes, sa- 



APÉNDICE. 1 57 

cado de su sepulcro; y quando se abrió hallaron el cuepo en- 
tero vestido de Pontifical y muy poco encenizado y desecho, y 
un cáliz de plata y unas ampolletas de plata con un plato que 
todo se puso en la caja nueva de cedro que se había labrado 
para llevarlo. 

Desde la dicha puerta de la Iglesia se ordenó la procesión 
de la traslación; iva en primer lugar la Cruz de la Iglesia Ca- 
thedral, siguiéndola religiosos de diversas órdenes; luego los clé- 
rigos seculares con los curas del Sagrario que presidian, luego 
veinte y cuatro cirios blancos que llevaban mozos de coro: se- 
guíase la caja con el cuerpo del Arzobispo, cubierta con un rico 
paño de brocado que hizo el convento; el cuerpo llevaban en 
los hombros los religiosos de las Cuevas, Monjes y Frailes, á 
quienes es permitido salir del convento, y por no ir contra el 
Instituto, vinieron los Priores y Procuradores mayores y me- 
nores, y Frailes de la Cartuja de Jerez y de Cazalla, que con 
los de Sevilla, hicieron número de nueve Monges y veinte y 
cuatro Frailes, los cuales, en este convento se ordenaron todos 
casi, y así se hizo antes, en el año 1579 en la célebre trasla- 
ción de los cuerpos Reales á su capilla, porque el Rey D. Phe- 
lipe segundo mandó que no se escusasen; vinieron ocho orde- 
nantes de los tres conventos, que se ordenaron el sábado,, víspe- 
ra de la fiesta de la Santísima Trinidad, que fué el dia que se 
hizo dicha traslación, y con el Prior de las Cuevas y sus Pro- 
curadores, y los de los dichos conventos, y los Frailes de Se- 
villa, se formó el cuerpo de la comunidad para el acompaña- 
miento. 

Para tener bastantes capas de buriel, se las prestaron en el 
convento de la Santísima Trinidad, quitándoles las cruces, y así 
se hallaron por todos en esta traslación, casi treinta y cuatro re- 
ligiosos negros y pardos, con que pudieron remudarse y llevar 
siempre el cuerpo del Arzobispo, como á fundador y patrono suyo, 
que el defender este derecho les había costado mucho. 



1 58 APÉNDICE. 

Hizo el Cabildo el entrega del cuerpo del Arzobispo por ma- 
no é instrunriento público de Notario y dijose por muy cierto 
que á muy breve tiempo se arrepintieron, porque habiéndole pe- 
dido después el cuerpo del canónigo Juan iMartinez de Victoria ;, 
que tanto padeció por el Monasterio, para que estuviese en com- 
pañía de su amo el Arzobispo, como estaba en la Santa Iglesia 
en la misma capilla de Santiago, no quiso el Cabildo darlo, y 
así el canónigo se quedó apartado de su señor y sobre su se- 
pultura €stá un letrero que dice: 

aquí YACE 

Juan Martínez de Victoria 
canónigo que fué de es- 
TA Santa Iglesia. 

El Cabildo hizo en todo generosamente, dando el cuerpo del 
Arzobispo y reteniendo el del Canónigo su heimano, tan digno 
de ser estimado, por su valor y ánimo: y el convento le dio 
al Cabildo una carta de hermandad y participación de todas 
las gracias espirituales que la orden tiene, y así lo confirmó 
el Capítulo General de aquel año. 

La procesión se encaminó con muy lindo concierto y or- 
den por la calle de Gradas á la calle Genova, plaza de San 
Francisco, donde estuvo el convento, en forma de procesión, 
y le cantó la antiphona: Sacerdos et Pontifex: y el verso in 
memoriam eternam etc., y la oración Deus qui ínter Apostóli- 
cos Sacerdotes etc.. pasaron á la calle de las Sierpes y entra- 
ron en la calle ancha de la Magdalena, de cuya iglesia, con 
repique de campanas, salieron clérigos con cruces altas y pres- 
te con pluvial al recibimiento de su Prelado, y cantaron la 
antiphona: non est in ventus símilis illi etc,_, y el verso Ama- 
vit cum etc.: De allí fueron por la calle de San Pablo don- 



APÉNDICE. l5g 

de el convento de Predicadores estaba en forma con preste y 
Cruz alta y cantaron la antíphona: Servi boni et Jideles: y el 
verso: in memoria eterna etc. y la oración, Deus qui ínter 
Apostólicos etc. 

Salió por la puerta de Triana la procesión á dar á la puen- 
te, que, con el cuidado de los Religiosos Gartuxos, estuvo bien 
aderezada y firme; en llegando á la Plaza del Altozano en 
Triana, estaban allí los Clérigos y Capellanes de las iglesias de 
S. Jorge y Señora Santa Ana, que son unidas, con la Cruz alta 
y preste al recibimiento de la procesión, y cantaron la antí- 
phona: Ecce Sacerdos magniis etc.: y el versículo: in memo- 
ria eterna etc.: y la oración: Deus qui inter Apostólicos etc. 
De allí se encaminó á la calle de las Almonas; de allí á la Al- 
cantarilla de los ciegos y Cruz de las Cuebas; de allí al con- 
vento. 

En la procesión se cantaban Psalmos y Himnos de Pon- 
tífices muy graves, ordenados por el Maestro Guerrero, singu- 
lar persona y grave, natural de Sevilla, que nació en ella dia 
de San Francisco, á 4 de Octubre de i528, Maestro de Capi- 
lla de la Santa Iglesia, que quiso en esta ocasión hacer una 
muestra de su ingenio. Cuando llegó la procesión á la puerta 
del convento, que es la primera junto á las cadenas que la cercan, 
estaban todos los religiosos en forma de procesión sin capas, 
para su recibimiento, en número de mas de treinta entre Mon- 
ges, Frailes y Legos, con cruz alta y candelas grandes de cera 
blanca en las manos, y el Prior D. Xptobal Calvo con una mu- 
ceta rica, bordada, y una Cruz en las manos, y, llegando el 
cuerpo, lo cogieron los Monges en sus hombros, y lo metie- 
ron dentro de su Iglesia, donde en medio estaba un túmulo 
muy bien aderezado de paños ricos de brocado con muchas al- 
mohadas de lo mismo, cercado de blandones y hacheros de pla- 
ta, donde pusieron el cuerpo del Arzobispo; y luego comenzaron 
á cantar con mucha solemnidad una misa de festividad de to- 



1 6o APÉNDICE. 

dos los Santos, cuyo introito fué Gaiideamus omnes in Dómino 
diem festum celebrantes sub honore Sanctorum Ofnnium de 
quorum solemnitate gaudent Angelí et collaudant etc. Hizo 
todo el oficio el dicho Padre Prior D. Xptobal Calvo, Varón 
santo y que como tal gobernó aquel convento muchos años 
continuos; y quedóse el cuerpo en aquel lugar algunos dias en 
que se ajustó y dispuso hacer exequias. Huvo aquel dia hospe- 
dería general, en todos los refectorios para todos quantos qui- 
sieron tomar refacción, y á las personas de cuenta eclesiásti- 
cas y seculares, se les dio de comer con mucho regalo y abun- 
dancia. 

Las exequias se celebraron con muy gran pompa, convi- 
dándose para ellas muchas personas graves de título. Preben- 
dados y oficiales de la Ciudad eclesiásticos y seculares, y la 
capilla de música de la Catedral: predicó el Illmo. Sr. D. Alon- 
so Coloma, insigne predicador. Obispo que fué de Barcelona, 
Murcia y Cartagena, y entonces canónigo Magistral en esta 
Santa Iglesia; hízose el oficio como el primer dia y quedaron 
huéspedes mas de trescientos, lo mas señalado en la hospede- 
ría grande y chica, y los demás en el refectorio, donde hubo 
primera, segunda y tercera mesa: Dicen que gastó el conven- 
to en esta traslación mas de tres mil ducados en los gastos re- 
feridos y en limosnas, y muchas misas por el ánima del Ar- 
zobispo, y en hacimiento de gracias por la consecusion de 
cosa tan deseada, como tener en su compañía á su fundador. 

En los dias desde que se llevó el cuerpo hasta que se hi- 
cieron las exequias se llevó el sepulcro que se havia quedado 
en la iglesia, y se limpió y aderezó, y estaba en la capilla de 
Santiago, y se puso en la dicha Iglesia, y, acabado el oficio en 
el dia de las exequias, se llevó el cuerpo por los Monges Sa- 
cerdotes en procesión, y se colocó en el sepulcro con conten- 
to de todos. 



II. 



Estando el Arzobispo ocupado en la composición y fábrica 
de su nuevo Monasterio, en el año de 1400, sobrevino á fin de 
él, y principio del siguiente, una enfermedad general de pestilencia 
y landres, tan grande, que le obligó á salirse de la frecuencia de 
Sevilla, y retirarse al campo, y para ello se fué á la villa de 
Cantillana, que es recámara y lo fué de su dignidad^ hasta el 
año de iSyó, que el Rey Don Felipe II se hizo Señor de ella, 
y con licencia de la Santa Sede Apostólica la vendió á Juan 
Antonio Corso, mercader de Sevilla, con título de Conde de 
Cantillana, y asi la poseen sus herederos. Estando el Arzobispo 
D. Gonzalo en la dicha villa en el mes de Abril de 1401, le 
dio una landre, de que fué Dios servido de que muriese, que- 
dando la fábrica del Monasterio en sus principios. 

Tenía el Arzobispo Don Gonzalo de Mena y Vargas, un cria- 
do antiguo, natural de Burgos, llamado Juan Martínez de Vic- 
toria, á quien había dado un canonicato de la Catedral de Se- 
villa, de quien se fiaba mucho, y le servía dc tesorero y Ma- 
yordomo, y, teniéndole consigo en Cantillana, al tiempo de su 
muerte, le encomendó la continuación de la fábrica y aumentos 
del Monasterio, y en su confianza le dejó treinta mil doblas de 
oro moriscas, para que con ellas acudiese á su intento, y con- 
fianza que de él hacía. El canónigo Juan Martínez de Vitoria, 
Sucesos dk Sevilla. i 3 



l62 APÉNDICE. 

haciendo el deber y buen oficio de testamentario, tomó á 
su cargo la prosecución de la fábrica del Monasterio. Fué esto 
en tiempo que el Infante de Castilla Don Fernando, que des- 
pués fué Rey de Aragón, vino á Sevilla á buscar dinero para 
hacer guerra á los moros de Andalucía, comenzando por la ciu- 
dad de Antequera. Estaba esta ciudad de Sevilla necesitada, y 
no pudiendo socorrer al Infante como quisiera, diéronle aviso de 
como el Arzobispo había dejado al canónigo Victoria las treinta 
mil doblas para la fábrica del Monasterio de las Cuevas, y siendo 
como fué cierto el aviso, el Infante llamó al canónigo Juan Mar- 
tínez de Vitoria, y le pidió las treinta mil doblas para aquella 
guerra, dándole palabra en nombre del Rey Don Juan el II, cu- 
yo tío y tutor era y en cuyo nombre la guerra se hacía, de 
restituirlos, ó darle en recompensa de bienes el valor. 

El canónigo negó fuertemente tener las doblas, y afirmó ser 
falso lo que le hablan dicho, y de manera se afirmó en ello, 
que el Infante se determinó á darle tormento, y se le dio muy 
recio; y eso no bastó para que declarase dónde tenía el dinero 
que le dejó el Arzobispo. Visto por el Infante que por este me- 
dio no consiguió lo que pretendió, fué aconsejado que mudase 
de modo y solicitase el ánimo del canónigo, que era buen cris- 
tiano y temeroso de Dios, y que le tomase juramento sobre si 
tenía ó nó el dinero, y, que si lo negase, lo tuviese por cierto 
y no se cansase con él. 

Valióse el Infante de este consejo, llamó al canónigo, y le obli- 
gó á que jurase como no tenía las treinta mil doblas, y hallán- 
dose obligado por la ley de Dios á decir verdad, no quizo jurar, 
sino pidió al Infante que se fuese con él á su casa, y lo llevó 
á un corral donde estaba una sarmentera, allí llena de leña, y 
le dijo que mandase quitarla y que allí hallaría el dinero, y que 
le suplicaba se acordase de cómo él lo había defendido, como 
criado fiel del Arzobispo, y que así lo hiciese su Señoría como 
fiel Príncipe, de satisfacer al legado, y recompensar al Monaste- 



APÉNDICE. 1 63 

rio el valor, lo cual tuvo el debido efecto, y al convento le dio 
el Rey, en satisfacción,* la tercias Reales y las Décimas de las 
Iglesias de las Vicarías de Cazalla, Sanlúcar la Mayor, Salteras 
y Gerena, HazarcoUar, Fasnalcazar, Castilleja de Talara, Cons- 
tantina y Villanueva del Camino; y aunque esta recompensa no 
se hizo luego ni tan presto, no por eso paró la obra de fundación, 
ni se dejó de proseguir con mucho aliento, porque las limos- 
nas y donativos fueron muy frecuentes, y la gente mas ilustre 
de Sevilla acudió con larga mano, y en particular Don Per Afán 
de Rivera, Adelantado mayor de Andalucía, ofreció á los Reli- 
giosos labrarles la Iglesia; y lo hizo, y les dio algunas rentas per- 
petuas, reservando para sí y sus herederos el derecho de sepul- 
tura en la Capilla Mayor, que se considera en el remate del coro 
de los Monges; sobre lo cual después siguieron largas y pesadas 
conferencias, que perseveraron hasta el año 1592, en que se 
compusieron, defendiendo el Convento el Patronato principal por 
el Arzobispo Don Gonzalo de Mena, verdadero fundador suyo. 
El suceso del canónigo Vitoria con el Infante está á la letra 
en el libro del Becerro, que se guarda en la Procuración Ge- 
neral de la Cartuja de Sevilla, por principio de su fundación, (i) 



(i) En el aparato de la historia de Sevilla, que dexó principia- 
da Gonzalo Argote de Molina, y en el folio 47 de la copia que fué 
del Conde del Águila y hoy está en la Colombina, bajo el epígrafe 
Hombres notables en letras en Sevilla, ocupa entre ellos el segunda 
lugar. uEl Maestrescuela D. Juan Cervantes, que en los tormentos 
«nunca descubrió el talegon; y manifestólo tomándole juramento.* Este 
y>es el canónigo Joan Martine:^ de. Vitoria que fundó la Cartuja 
})de Sevilla por su amo el Ar:^obispo D. Gon:{alo de Mena, como 
ntodo ello se vée en el libro que tienen los Cartujos de su funda- 
))CÍo«.— Este párrafo prosigue en el original desde donde denota la 
«estrella y se conoce añadido de letra de Joan de Loaysa, canónigo 
))de Sevilla, cuya es la carta al principio.» 



164 APÉNDICE. 

»Los monges cartujos pusieron sobre el sepulcro del Arzo- 
»bispo Don Gonzalo de Mena, la siguiente inscripción, que al 
«volver con motivo de la exclaustración á la Catedral dicho se- 
"pulcro, ha colocado el Cabildo en la pared á que está arrimado 
»en la Capilla de Santiago. 

Verdadera virtud con q di maior resplandor a mi ilus- 
tre linage me levantó a la silla obispal de Calhorra y desr 
pues d la de Burgos^ últimamente fui arcobispo de Sevilla. Biví 
inculpablemente^ y no contento con procurar como buen pas- 
tor aumeutar la grei del Señor que apasentava^ fundé y doté 
amplisimamente este monasterio para que en él hallasen mu- 
chas almas carrera de salvación y muchos pobres permane- 
ciente el socorro de mi liberalidad. Perdí la vida en tiem- 
po de peste porque aplacado el Señor en mi, mitigase su justa 
ira con mis ovejas., y después de largos dias que estuve sepul- 
tado en la Iglesia metropolitana de mi Cathedra, por dili- 
gencia y lágrimas de mis espirituales hijos., fui traído á esta 
mi Iglesia, donde cercado de sus piadosos trabajos que son 
fructos de mi charidad y celo., esperando la segunda esto., 
la reposo en el Señor., 
Don Gonzalo de Mena., natural de Toledo, murió año MCCCCL 
Fué trasladado., año M.DXIII.' 



EXTRACTO DE LAS ACTAS 

Capitulares de Sevilla, relativas á la compra 
de armas y otras cosas q.ue se relacionan 

CON LA ENTRADA DEL INGLÉS EN CáDIZ 
EN EL AÑO DE l5g6. 



EXTRACTOS 

de las actas de los Cabildos de la ciudad de Sevilla^ relativas 

á las armas, que con ocasión de la entrada del inglés en Cádi^, 

mandó comprar en Milán la dicha ciudad. 



Cabildo de veinte é nueve dias del mes de enero de mil 
é quinientos é noventa é siete. 

«Leí una carta que escribe el jurado Rodrigo Suarez, su fe- 
»cha en Milán á seis de Diciembre, en que dá cuenta de lo que 
>»a fecho en la compra de las armas á que fué. Acordóse que 
"Pedro Caballero de Illescas responda á esta carta de Rodrigo 
»Suarez, y le diga que no se venga hasta enviar con mucha 
«brevedad las armas que pudiese, conforme á la disposición del 
»dinero y ocasión que hallare, y que Pedro Caballero de Illes- 
»cas le remita, en libranzas de las personas mas seguras y de mas 
»satisíaccion que hallase, doce mil escudos, y que mañana se 
Mjunte la comisión de la guerra para escribirle mas en par- 
»ticular las armas que ha de comprar, y lo que ha de hacer, y 
»lo que acordase la comisión se execute, y para ello se vea la 
"instrucción que llevó Rodrigo Suarez y esta carta. 



Cabildo del sábado veinte é nueve dias del mes de Mar^o de 
mil é quinientos é noventa é siete. 

"Acordóse de remitir y remitieron á la comisión de la guer- 



1 68 APÉNDICE. 

»ra para que traten y confieran lo que se debe facer cerca de 
»lo que a mandado escrebir á las ciudades é villas del Reinado 
»para las armas que son menester, para que den sobre ello 
«parecer y se llame á cabildo, y asimismo lo den cerca de las 
«armas de los lugares de la tierra y vecinos desta ciudad; y en 
«cuanto á si an de ser los coseletes gravados ó blancos se re- 
«mita á la comisión. 



Cabildo del martes primero dia del mes de Abril de mil novecientos 
é noventa y siete años. 

»Leí la petición de Adam Beque, en que pide que se le pa- 
»guen unos coseletes que entregó para la guerra_, conforme á 
»los recaudos que presenta. 

"Acordóse que los SS. diputados de propios ó los dos 
»dellos, vean esta petición y recaudos que presento, y entiendan 
»si esto que pide se le debe ó si está pagado ó librado en 
«otras partidas, y la forma que ovo en tomar estos coseletes, 
» y, verificado que se le debe pagar lo que pide, hagan que 
«se le libre en Gaspar de Abreu, conforme al precio que di- 
«ce Pedro Caballero y se le haga cargo destos coseletes y mor- 
«riones á la persona á quien se deva facer. 



CSu relación.) 



«En este cabildo Pedro Caballero de lUescas dixo habia te- 
«nido carta de Luis del Alcázar participándole haberse visto 
«en el Consejo real de justicia la segunda súplica de la Ciudad 
«para que le concedieran la imposición de medio por ciento 



APÉNDICE. 169 

»de todas las cosas que saliesen de esta ciudad, por mar ó por 
»tierra, para pagar el principal y corridos de los tributos que 
»se ivan tomando para gastos de guerra. 

"Después de varios pareceres se acordó hacer tercera supli- 
»cac¡on interesando al Conde asistente, para que escribiese al 
«consejo, y á su magestad para que concediera la petición. 



(En el mismo Cabildo.) 

»Leí la petición del capitán Pedro Alio en que pide se le 
«paguen ciertas armas que le sacó el executor de la vara al 
«tiempo de la guerra. 



(En el mismo Cabildo.) 

»Leí la petición de Juan Pérez de Sulzaurre, en que pide 
»que la Ciudad mande que se le paguen ciento y treinta mos- 
»quetes y otras armas que el Sr. D. Juan Fernandez le tomó 
«para servicio de la Ciudad, é comisión de la Ciudad de diez 
Ȏ siete de hebrero, y parecer de Alonso de Vargas Sotoma- 
«yor, y una petición que de nuevo presentó Juan Pérez de 
»Sulzaurre. 

»D.. Francisco de Zúñiga, qués con el parescer y se hágalo 
>»en él contenido. 

Esto pasó por acuerdo. 



Cabildo extraordinario del sábado 5 de Abril de i5gj, 

por la tarde. 

Guerra.— »Se leyó una carta de su magestad fechada en Ma- 

SucESos DE Sevilla. i 3 



I JO APÉNDICE. 

»drid á 3i de Marzo en que encargaba á la Ciudad oyese ai 
"Conde de Puñonrostro y executase lo que propusiera. 

"Consistía en aprontar 2 5oo soldados de los mas bien ar- 
»mados para que anduviesen en las galeras. D. Luis de Guz- 
«man expuso los inconvenientes que esto traería^ dejando á la 
"Ciudad y puntos inmediatos sin fuerzas, no sabiendo donde 
"podrian inquietar los enemigos, y opinó se solicitase humilde- 
"mente á su magestad no obligase á la ciudad á este servicio, 
»y así pasó por acuerdo. 



Cabildo de viernes ii dias del mes de Abril de iSgj. 



Guerra. — Acordóse que Gerónimo Pérez de Abreu con la fé 
"de este acuerdo pague á Gerónimo de Ubeco cuatrocientos rea- 
"Jes, que dice que el susodicho paresce haber pagado al correo 
"que llevó el despacho cerca de la gente que su magestad en- 
"vió á pedir para andar en las galeras, y se la reciba en quentas. 



{En el mismo Cabildo.) 

Armas.— "Leí los acuerdos que vienen por parecer de la comí- 
"sion de la guerra de veinte é nueve de marzo á primero de abril, 
"cerca de las armas, y dio fé Lucas de Garay que llamó á cabildo. 

"Todos con los pareceres de la comisión, y se haga lo en 

"ellos contenido, y que lo executen las personas en ellos con- 
"tenidas y el proveedor mayor saque estos acuerdos y los ha- 



APÉNDICE. ryi 

>>ga entregar a los diputados á quien toca, y así mismo se acor- 
»dó que Pedro Caballero de Illescas escriba á Rodrigo Suarez, 
••respondiéndole á su carta de veinte é nueve de Enero lo que 
»le paresciere que conviene, en conformidad de lo que la Ciu- 
»dad tiene pasado, y que, sin embargo de la orden que estaba 
»dada de los coseletes blancos que avia de enviar, todos los 
»que uviese de enviar agora y comprare, sean gravados asi mor- 
»riones como coseletes, y en rebocar lo pasado en cuanto á esto. 



Cabildo de miércoles die^ j" seis días del mes de Abril 

de iSqy. 



»Dixo Pedro Caballero de Illescas que hace saber á la ciu- 
»dad, qne el jurado Rodrigo Suarez está en Milán en comisión 
'>de Sevilla, comprando las armas que la Ciudad a mandado^ el 
»cual a embiado ciento y cuarenta y tres caxas de armas, las 
"Cuales llegaron á Cádix á los ocho deste mes, y se esperan 
»por oras en esta ciudad, según tiene por aviso, por carta de 
»Agustin Horozco, almojarife de allí; las cuales dichas caxas 
»vienen sin cargazón, ni se sabe lo que tienen dentro, ni el ju- 
»rado Rodrigo Suarez, a enviado la memoria de lo que viene 
"dentro, que conviene que la Ciudad haga y ordene quién a de 
"recibir estas armas, y, porqué orden y donde se an de poner 
»y las sacar de las caxas, y porque conviene que luego se lim- 
"pien y aderescen, y unten, y se busque gente y oficiales para 
«ello, será necesario se haga con gran brevedad, porque vernan 
"tomadas de la mar, y lo dice como diputado de la guerra. 

"E luego dixo Hernando de Porras, veinte é cuatro, que 
"converná que la Ciudad provea tenedor de bastimentos y mu- 



172 APÉNDICE. 

«Iliciones y otras cosas para que reciba los quatro mil quintales 
»de bizcocho, que le estaban mandados labrar y pañoles donde 
»se pongan, que lo hace saber á la Ciudad para que provea lo 
»que convenga. 

»Todos: en remitir estas proposiciones á la comisión de la 
"guerra, para que," en razón de lo contenido en ellas^ hagan, pro- 
»vean y executen lo que les paresciere que conviene, que para 
»ello la Ciudad les dá el poder que tiene_, y en cuanto á lo que toca 
»al nombramiento de tenedor, para que sobre esto den parescer 
ȇ la Ciudad, y se lea en Cabildo, y Rodrigo del Castillo su- 
wplique á su Sria. del Conde, mande juntar esta tarde esta co- 
»mision, por lo mucho que importa la brevedad. 



Cabildo de viernes die^ y ocho dias del mes de Abril de mil 
é quinientos é noventa y sietQ. 



Guerra. — «Leí una cédula de su Magestad, firmada de su 
»real nombre, y refrendada de Andrés de Prado, su secretario, 
»su fecha á doce de Abril, en que dá poder y facultad al Sr. 
»Conde de Puñonrostro para todas las cosas tocantes á la guerra 
»con inivicion de las justicias. 

»Todos: que el traslado autorizado desta cédula se ponga en 
»el quaderno de la guerra. 



{En el jnismo Cabildo, en relación.) 
Guerra. — «Se leyó una carta de su Magestad, insistiendo en 



APÉNDICE 173 

»que se diesen 2,5oo soldados para las galeras, pues, aunque le 
»habian parecido bien las razones é inconvenientes presentados 
»por Sevilla, la necesidad era tan precisa, que se tendría por muy 
«servido aprontándolos, pues podia tenerse por cierto, que siendo 
»solo las galeras las que podian defender las costas, el ene- 
»migo no osarla intentar cosa alguna. El Asistente, que había 
>-• recibido carta particular de su Magestad sobre lo mismo, es- 
»forzó la conveniencia de acceder, dando la gente como su Ma- 
«gestad mandaba, tanto mas, cuanto que ofrecía dar una paga 
ȇ toda la gente al embarcadero, y que se les dieran arcabuces 
))y mosquetes. 

»Don Fernando de Monsalve, opinó, que puesto que la ma- 
»yor fuerza que había para la defensa de estos reinos eran las 
"galeras que traia á su cargo Don Pedro de Toledo, y que su 
"Magestad prometía que de la gente que se fuese sacando de 
"las ciudades vecinas, se supliese la que saliera de esta, se nom- 
"brasen diputados, que á toque de atambor levantasen la mas 
"gente posible, hasta el número de 800 hombres, no obligán- 
"dose á los oficiales y vecinos de Sevilla á ir por fuerza; con 
"Otras varias proposiciones, al mismo fin y esto visto, pasó por 
"acuerdo, con mas la adición de D. Juan Vicentelo, sobre pago 
"del correo que había de despacharse á su Magestad. 



Cabildo de lunes 28 de Abril de i5gj. 

I 
Armas. — «Acordóse de conformidad, que Gerónimo Pérez de 
"Abreu, por quentas del dinero de la guerra, pague los ñetes 
"de las ciento cuarenta y tres caxas, que vinieron de Milán, al 
"maestre de la nao que las truxo á cargo á Cádix, y asi mismo 
«pague el flete desde Cádix á Sevilla y las costas de descargar- 



174 APÉNDICE. 

»las, y lo demás hasta meterlas en la aduana, lo cual pague con 
»cédula de su Sria. del Conde, y de Pedro Caballero de llles- 
»cas, y se le reciba en quentas. 



Cabildo de miércoles de 3o dias del mes de Abril de iSgj. 

Armas. — «Dixo D. Francisco Melgarejo que de los arcabu- 
»ces que se sacaron de casa de D. Luis de Guzman por acuer- 
»do de la Ciudad, para la ocasión de las galeras, su Sría. del 
»Conde de Priego le mando entregar veinte al dicho O. Fran- 
»cisco Melgarejo para armar su compañía, y que ahora le han 
»puesto al Sr. Licenciado D. Juan Bermudez de Figueroa, una 
«demanda ante el juez de residencia, de toda la cantidad, y que 
»se ha descargado dellos menos estos veinte que le entregó al 
"dicho D. Francisco Melgarejo y se le descarguen al Ldo. Don 
"Juan Bermudez. 

»Dixo D, Luis de Guzman, alférez mayor que suplica á la 
"Ciudad, digo que hace saber á la ciudad, como los seño- 
»res Juan Bermudez, teniente de asistente, y D. Francisco Mel- 
»gare)0, fueron con orden de la Ciudad y sacaron de casa del 
"dicho D. Luis de Guzman trescientos arcabuces y veinte é 
"Cuatro alabardas, cuando huvo el rebato de Cádiz, y el señor 
"Juez de residencia, queriéndose informar desta partida por ór- 
"den del dicho Sr. D. Luis de Guzman, á proveydo autos en 
"que manda que las personas que sacaron los dichos arcabu- 
"ces y armas digan y declaren á quien se entregaron, y sobre 
«esto se sigue pleito con el dicho Sr. Licenciado D. Juan Ber- 
"mudez, el cual dice que tiene recaudos del Sr. Conde de 
"Priego de las personas á quien los entregó, que lo hace sa- 



APÉNDICE. iy5 

>)ber así á la Ciudad, para que ponga cobro en esta hacienda, 
»como diputado de la guerra. 

»E luego dixo Rodrigo del Castillo, Procurador mayor, que 
"de estas armas y otras que se piden por el Sr. Juez á los 
»Sres. D. Pedro de Pineda, Fernando Diaz de Medina, D. Pe- 
»dro del Alcázar, Carlos de Lesana y Juan Bautista de los 
"Santos, el dicho Sr. Juez le a mandado notificar al dicho Ro- 
"drigo del Castillo, que en nombre de la Ciudad vea lo que tie- 
>'ne que pedir sobre ello con algunas protestaciones; que dá 
"Cuenta á la Ciudad para que provea lo que convenga. 

"Todos: en cuanto á la proposición de D. Luis de Guzman, 
»que Rodrigo del Castillo, Procurador mayor, haga sacar el 
«acuerdo de la ciudad, en cuya virtud se sacaron estas armas 
"de casa de D. Luis de Guzman, y vea el estado en que está 
"este pleito y con parecer de uno de los letrados de la Ciudad, 
"haga todas las diligencias necesarias y para el primer cabildo 
"dé cuenta á la Ciudad de lo que en esto oviere fecho, y de 
"lo que digan los letrados y Francisco Ramírez, lo acuerde 
"el primer cabildo. 

"E luego dixo D. Luis de Guzman, que pide testimonio 
"desta proposición, y de lo que la Ciudad a proveydo. 

"Votóse la segunda proposición ante Gerónimo de Porras, 
«escribano porque toca al Sr. D. Pedro de Pineda (i). 



(i) Este D. Pedro de Pineda era uno dé los escribanos mayo- 
res de cabildo, siendo su teniente Francisco Ramirez y como en el 
asunto de que se trata estaba aquel interesado, debían él y su te- 
niente retirarse del cabildo, al tratarse de él conforme á lo que man- 
daban las ordenanzas municipales. 



176 APÉNDICE. 



Cabildo de nueve días del mes de AIar:^o de iSc^y. 



Armas. — «Dixo Pedro Caballero de lUescas, que las 4,000 pi- 
»cas compradas en Vizcaya por Francisco García de Laredo, es- 
»taban hacía cuatro meses en el Puerto de Pesages, de donde no 
wpodian salir por los tiempos contrarios, y convenía traerlas por 
"tierra; por estar muy adelantada la ocasión que se esperaba, se 
«encargó al proponente, y á García de Laredo proveer lo que con- 
»viniese. 

»En el mismo cabildo se leyó una carta del Sr. Duque de 
» Medina, escrita al Asistente, indicándole la conveniencia de po_ 
»ner espias y correos en el castillo de Sagre, y así se acordó^ 

»En el mismo cabildo se encargó á Pedro Caballero de lUes- 
»cas y Francisco García de Laredo con el asistente, comprar 
»todas las armas y municiones que paresciera, y especialmente 
"doscientos mosquetes, que estaban en poder de un vizcaíno. . 



Cabildo extraordinario del sábado die^ dias del mes de Mayo 

de i5gy. 

Guerra.— «Leí en este cabildo una copia de una carta que 
»escribe Rui de Tavira, cargador de Villanova, á siete de Mayo, 
»á las ocho de la noche, que dixo su Sría. del Conde que le 
»vino con una carta del Marqués de Ayamonte, en que le avisa 
»como se ha visto en la mar una grande armada, que viene la 
«vuelta del cabo de S. Vicente. 



APÉNDICE. 177 

En relación. — «En consecuencia se acordó que Pedro Ca- 
»balIero de lUescas y Juan de Avendaño, y Hernando de Porras 
"buscaran luego el dinero que faltaba para completar la suma 
»de la facultad última concedida por S. M. 

»Que se avisase á todos los lugares de la tierra con relación 
»del acuerdo para que se pusieran á punto con su^ armas y mu- 
»niciones, nombrado por aquella vez los capitanes que les pa- 
•>reciera, donde no los hubiera por Ciudad. 

»Que se escribiera á Córdoba, Ecija y Carmona, y los de- 
»más lugares que al Conde le pareciese. 

"Que desde luego se llamara á comisión todos los dias, pu- 
"diéndose reunir por mañana, tarde y noche. 

Que Rodrigo del Castillo hiciera notificar al Teniente de cor- 
«'reo mayor, tuviera cuatro caballos en los Palacios, Las Cabe- 
>'zas, Lebrija y Jerez. 

"Que Pedro Caballero de lUescas y Francisco García de La- 
»redo, entregaran los coseletes que estaban en la Aduana, traídos 
"de Milán, abonando por los blancos doce ducados, y los gra- 
"bados á veinte ducados, que era el costo, y los morriones á 
"Veinte reales. 

"Que se pagaran los costos de adobos de armas, y por úl- 
"timo, que se echara bando para que el dia de mañana estu- 
»> vieran todas las compañías recogidas, pena de tres tratos de cuer- 
»da á los soldados que no lo estubieran, y que asimismo se 
alistaran todos los que quisieran. 



Cabildo lunes 1 2 de Aloyo de iSgj. 



Armada. — «Leí una relación que truxo su Sria. del Conde 
Sucesos de Sevilla. 1 5 



178 APÉNDICE. 

«Asistente, cerca de que los navios, que habian parecido en el 
»cabo, no eran enemigos. 

»Se acordó despachar un correo á S. M. y al Consejo real 
»y al de la guerra, con copia de esta relación, venida de Sanlucar 
»al proveedor, sabiendo ante todas cosas el origen que tenía. 



Cabildo de miércoles 2 1 dias del mes de Mayo de iSg"/. 

Armas. — «Acordóse que á todos los caballeros del cabildo que 
»quieran tomar coseletes de los que han venido de Italia, se les 
»diesen al precio de veinte ducados los grabados, y doce los blan- 
»cos, y que pasados ocho dias se dieran por el mismo precio á 
»los caballeros del lugar, estableciendo la forma de entregarlos 
))y cobrarlos. 



Cabildo de viernes 3o dias del mes de Maj'o de iSyj. 

«Se dio poder á Alonso de Móstoles, Almojarife de la ciu- 
))dad de Murcia, para que reciba y remita mil arcabuces, y en 
«otro acuerdo se autoriza al dicho Móstoles, para que del di- 
>>nero entrado, ó que entre en su poder, abonara al mayordo- 
>>mo de la Artillería de Cartagena, el precio de dichas armas. 



APÉNDICE. 179 



Cabildo de lunes g días del mes de Junio de iSgj. 

Armas. — «Acordóse, de conformidad, que Pedro Caballero 
>»de Illescas responda á una carta que paresce haber escrito Luis 
»del Alcázar, su fecha á veinte é siete de Mayo, cerca de los 
«arcabuces, que llevaron y se dieron á los soldados que la ciu- 
>»dad dio para las galeras, que pida cédula de S. M. para que 
»se cobre lo que montaren dichos arcabuces de los soldados que 
»los recibieron, y se descuenten de sus pagas, para que la Giu- 
>»dad nombre persona que reciba este dinero, en la forma que 
»le pareciere que terna mejor recaudo, y se tenga considera- 
»cion á la gente de la tierra que oviere pagado sus arcabuces. 



Cabildo de miércoles 2g ddas del mes de Octubre de iSg-j. 



Armas. — «Acordóse de conformidad, que atento á que se en- 
»tiende conforme á una carta qiie Rodrigo de Suarez a escri- 
»to á Pedro Caballero de lllescas_, que á esta hora estarán 
"todas las armas, que el dicho Rodrigo- Suarez compró por 
"orden y quenta de la ciudad, en el puerto de Cartagena, 
»en España, y que tiene mucho riesgo el venir por la mar 
»así por causa de los tiempos por estar en invierno, como 
»de enemigos, por ser notorio aver muchos por la mar; co- 
»metian y cometieron á Pedro Caballero de Illescas para que» 
"Cuando le paresciese, mande que se traigan las dichas armas 
"por tierra, en bestias ó en carros ó como le paresciere y que 



1 8o APÉNDICE. 

»si esto tuviese algún inconveniente lo drga á la Ciudad para 
»que provea lo que convenga; que para ello y todo lo á ello 
«anexo la Ciudad le dá el poder que tiene, y le releva de cual- 
»quier riesgo que en esto oviere, y lo que costare se pague por 
»quenta de la guerra, y se libre por la orden. 



Cabildo de lunes lO dias del mes de Noviembre de iSgj. 

»Leí la petición de Juan Diaz (i) en que pide se le pa- 
»guen treinta y seis arcabuces y otras armas que se le toma- 
»ron para el rebato de Cádiz. 

»Todos: que entregue el recaudo que tiene del entrega, y 
»D. Cristóbal Mexia informe lo que hay en esto. 



Cabildo de lunes 17 del ^es de Noviembre de i5gj. 

«Leí la petición de Pedro de Santiago Ferriol en que pide 
»se le pague el salario de un ayudante, y otras cosas, cuando 
»fué por proveedor de la gente de guerra (2). 



(i) E!ste Juan Diaz es probablemente un arcabucero de los que llega- 
ron á hacer tan famosos los cañones sevillanos. 

(2) Este Pedro de Santiago Ferriol,, que luego vemos declarando co- 
mo jurado en el proceso de las honras fundó altar y enterramiento para 
sí y su familia en la Iglesia parroquial de S. Pedro. El altar es notable 
por las pinturas que le adornan, las cuales se cree que son de Pedro Cam- 
paña; y en dos cuadros laterales pequeños están, en el uno Ferriol y su 
hijo en actitud de orar, y en el otro su muger con sus cuatro hijas; 
junto al altar está en la pared una inscripción en mármol, que dá no- 
ticia de esta fundación. 



APÉNDICE. l8l 

»Que se llame á cabildo para proveer sobre esto con mas 
«conocimiento y solemnidad. 



Cabildo de lunes 24 dias del mes de Noviembre de iSgy años. 

Leí la petición de Pedro Santiago Jurado, en que pide que 
»le pasen en cuenta su salario y de un ayudante y alguacil, 
»quando fué á lo del socorro de Cádiz, como parezca de diez y sie- 
nte documentos y parescer de diputados, y dio íé^ Lucas de Ga- 
»ray que llamó á Cabildo. 

»-Todos con el parescer y se libre conforme á él, y en quan- 
»to al ayudante no ha lugar lo que pide. 



Viernes 5 dias del mes de Diciembre de jSgy. 

»Pedro de Escobar Melgarejo, procurador mayor, dixo que 
»había reconocido las armas existentes en la armería de la al- 
»hóndiga y había treinta y cinco caxones con cinco coseletes ca- 
»da uno, y dos caxones de morriones, y otros dos de hier- 
»ros de picas, y sesenta ó setenta arcabuces y mosquetes y 
"algunos frascos y otras cosas anexas á ello. Añadió que había 
"tratado con un armero en cien ducados anuales tenerlas lim- 
»pias y cuidadas. 

"Se acordó llamar á cabildo. 



l82 APÉNDICE. 



Cabildo de lunes veinte y nueve dias del mes de Diciembre de 
mil quinientos é noventa é siete años. 



»Leí una carta que envió á la Ciudad el veinte é quatro 
» Pedro Cavallero de lUescas, ques de Rodrigo Suarez Jurado, 
»su fecha á once de Diciembre en Alicante, en que dá quenta 
»á la Ciudad de haber llegado allí el navio con las quatrocien- 
)>tas y treinta y cuatro caxas de armas de la Ciudad, y leí una 
»relacion que había sobre esto. 

» Acordóse de conformidad que Pedro Cavallero de Illescas 
»haga, cumpla y execute }o contenido en esta relación que aquí 
»ha embiado firmada de su nombre Pedro Cavallero de Illes- 
»cas, lo qual la ciudad aquerda según y en la dicha relación 
»se contiene, y davan y dieron poder quan bastante es nece- 
»sario á Pedro Cavallero de Illescas, para que lo pue da hacer 
«cumplir y executar en todo y por todo, y como en la dicha 
»relacion se contiene, eceto en lo que toca á despachar correo 
»porque en esto la Ciudad acuerda que estos recaudos los lle- 
»ve el correo que Juan Nuñez de Illescas a de despachar.» 



DOCUMENTOS 

relativo á los canónigos y otras personas 

que formaban la familia del cardenal 

Castro. 



No se relacionan estos documentos directamente con ningu- 
no de los sucesos que refiere Ariño, pero se insertan en este 
apéndice para que sirvan como indicios de la verosimilitud del 
hecho ocurrido con motivo de la visita del Conde de Puñonros- 
tro á los Mesones de Sevilla en uno de los cuales encontró una 
mo^a seducida por un canónigo cuyo nombre omite, y que por 
lo que se sabe de los sobrinos del Cardenal pudo muy bien ser 
alguno de ellos. 



AL REGENTE 

DE LA Audiencia de los Grados 

DE Sevilla. 



Sucesos DK Sevilla. ii'» 



I. 



EL REY. 

Licenciado Antonio Sirvente de Cárdenas, Regente de la mi 
Audiencia de los grados de Sevilla por relación de algunas per- 
sonas celosas del servicio de Ntro. Señor, y mió, he entendido 
la riña que ovo entre dos sobrinos de Cardenal Arcobispo de 
esa Ciudad y el Arcediano de Niebla, y que por aver sido en 
metad de la Iglesia, estando en vísperas, y llegádose á las ma- 
nos, causó gran alboroto y escándalo, y que esto resulta por 
no castigar el Cardenal con el rigor que conviene otros des- 
órdenes, ni ir á la mano á sus sobrinos en lo que hacen, ni 
atender á mantener en paz y en conformidad á los Capitulares, 
y dejarse governar de gente moca, y porque deseo saber mas 
de raiz lo que en esto pasa, para que se atienda al remedio de 
todo y se atajen semejantes cosas, por ser tan perjudiciales para 
la quietud de la Santa Iglesia, que ha de ser dechado de toda 
virtud, para que los demás la imiten, os encargo y mando que 
con mucho secreto os informéis de todo ello, y de cómo se go- 
vierna el Cardenal en las cosas de su obligación, y con el mis- 
mo secreto me avisareis de todo ello con mucha brevedad, de 
Madrid á 7 de enero de iSgG años. 



TESTIMONIO 

DE LA CARTA DIRIGIDA POR EL GaRDENAL 

Don Rodrigo de Castro^, al Lido. Don Alonso 

Alvarez de Górdova^ Arcediano 

DE Niebla. 



II. 



En la Ciudad de Sevilla, quinze dias del mes de henero de 
mil quinientos é noventa é seis años, ante el Lido. Don Ylivan 
(sic) Vermudes de Figueroa, theniente de Asistente desta dicha 
ciudad de Sevilla y en presenzia de mi R.° Fernandez escribano 
público de Sevilla, é ts. pareció el Lido. Don Alonso Alvarez 
de Córdova, Arcediano de la villa de Niebla, é presentó ante 
su merced una carta mesiba que dixo ser del Cardenal desta 
ciudad y Arcobispo della, dirigida á él, que pedía á su merced 
della, le mande sacar un traslado ó dos, ó mas todos los que 
hubiere menester, autorizados y en pública forma, é como haga 
fée, y se le buelva su original, é pidió justicia. 

El dicho theniente tomó la dicha carta en sus manos y la 
Jeyó, é aviéndola visto, mandó que della se saquen todos los 
traslados quel dicho Arcediano pidiere, y se le den y entreguen, 
y quedando un traslado al pie deste su auto de la dicha carta 
se le buelba su original; é ansi lo mandó é rubricó, Rodrigo 
Fernandez, escrivano público, etc. 

E luego, yo el dicho escrivano púbhco, en buen pedimento 
del dicho auto, hize sacar y saqué un traslado de la dicha carta 
según de la manera que la presento, é su tenor dice en la ma- 
nera siguiente: 

«Si en la de vtra. merced de treze deste, que he recivido, me 
dijera que aceptava el oficio de Mayordomo mayor de mis rentas, 



192 APÉNDICE. 

con la voluntad que yo le oírecia fuera para mi de tanto con- 
tento, como lo será que, sin escusarse con las razones que por 
la suya me dize, lo acepte é haga, por lo mucho que me ynpor- 
ta tener tal persona como la de Vmd. en aquel oficio que le 
ocupava tan bien como se a hecho el de el Juez de la Iglessia 
y la mucha satisfacion y aprobación con que en el se a ávido 
y también sé las obligaciones que por esto y otros respectos ten- 
go de acudir, como lo haré en todas ocaciones (sic) con mues- 
tras de agradecimiento, y ansi quiero que en esta no se gaste 
mas tiempo sino que vuestra merced luego, muy enorabuena ha- 
ga ese oficio con la seguridad que é dicho, que no me hallará 
jamás desagradecido al travajo y cuidado del. Guarde Ntro. Se- 
ñor, etc. Madrid y Mayo 26, 1594. El Cardenal Don Rodrigo de 
Castro al licenciado Alonso Alvarez de Córdoba, Arcediano de 
Niebla, en ntra. Sancta Iglessia de Sevilla.-) 

La qual dicha carta fué corregida é concertada con la ori- 
ginal de donde se sacó, que llevó en su poder el dicho Ar- 
cediano de Niebla, en Sevilla á quinze de henero de dicho año 
de mil é quinientos é noventa y seis años. Ts. Ylivan Ruiz é 
Xpoval de Herrera, veinticuatros de Sevilla. Escribano público* 
Yo Rodrigo Fernandez, escrivano público de Sevilla, la fize es- 
crevir, etc. etc. 



DICE SU MAGESTAD 

V. S. VEA ESTOS PAPELES DEL ReGENTE DE SeVILLA, 

Y LE ACUERDE LO QUE CONTIENEN. 

A 5 DE HeBR^RO DE 1596. 



Dice S. M. que se guarden estos papeles^ y que V. M. sepa 
del Presidente si a venido respuesta de Sevilla^ sobre lo que el 
Consejo ha hecho en esto, y con lo que viniere se vea todo en 
la junta. 



Sucesos v>v. Sk.viij.a. 17 



III. 



Alonso de Salves Marino, canónigo de Oviedo, presbítero de 
Misa, Comisario del Sancto Oficio de la Inquisición del reino 
de Galicia, en la villa de Pontevedra, siendo noble y hidalgo, 
según de todo ello V. M. se puede informar de personas gra- 
ves en esta Ciudad. Digo que hoy veinte y tres dias del mes 
de henero de iSg6 años, después de medio dia, estando yo pa- 
seando en casa del Illmo. Don Rodrigo de Castro, mi señor, á 
quien serví cinco años, y haura como seis y medio lo dexé por 
acudir á mis padres viejos y a negocios de mis hermanos: ha- 
viéndome el dicho Sr. Cardenal dado un beneficio en la dicha 
Ciudad en la Iglesia de san Isidro, y queriendo el Doctor So- 
tomayor, prior de las hermitas, que yo lo diese á pensión á 
un clérigo que se llama Diego Méndez de León, y no me estando 
bien el hacerlo, el dicho Prior, yéndole yo á visitar y tratar del 
dicho negocio, no me dio lugar á que le viese ni hablase, y á 
la hora que dije arriba; saliendo el d'cho Prior para la Iglesia, 
V queriéndole yo acompañar, mostrándome ceño y yendo con 
el dicho Diego Méndez, que me tiene odio por no le haver dado 
el beneficio á pensión, me hizo quedar en el patio postrero de 
la casa, y quedándome paseando, al mesmo punto me llamó 
un paje del dicho prior, que dicen se llama Romero, y me dixo 
que Antonio de Losada, hermano del dicho Prior me llamava 
arriba al aposento del Prior, con el qual, yo como inocente y 
cierto de no haber ofendido á nadie, subí hasta el aposento del 



196 APÉNDICE. 

dicho Prior, donde entrando el paje que me llamó, cerró por 
dentro la puerta del aposento, y dentro estava un mancebo que 
dizen se llama Ayala, el qual me hizo sentar en un poyo de una 
ventana, y comencando á hablar con é], salió de un aposento mas 
adentro, Antonio de Losada, hermano del Prior, al qual yo ha- 
blando comedidamente, como á hombre que nunca havia hablado 
y diziéndole me tubiese por su servidor, me asió como en amis- 
tad de la mano derecha, y luego comencé á dezir que eran mal 
dichas las palabras que yo havía dicho del Prior su hermano. 
A lo qual yo respondí me dixese qué era lo que yo había di- 
cho, porque no era hombre que negase cosa que uviese dicho, 
y que mirase que estaba mal informado; y en esto el Ayala, 
disimuladamente se puso tras de mí, y descubriéndome el lado 
derecho del ferreruelo me arrancó con fuerza un cuchillo que 
yo traia de camino, colgado de un cordón de seda negra, el qual 
cordón rompió, diziendo estas palabras: «Oya que no es menes- 
ter mas si no que lo pague el infame traidor, bellaco.» Y desem- 
bainando el cuchillo con el puño del, cerrada la mano, me dio 
muchos golpes en la cabeza y rostro, y pechos, y por todo el 
cuerpo^ y lo mesmo hizo el dicho Antonio de Losada, con una daga 
que dizen trae de ordinario, como hombre sedicioso, y que den- 
tro de casa del Sr. Cardenal a afrentado, por orden y mandado 
del Prior su hermano, á otras personas, y el paje se asió de 
mi braco izquierdo, y juntamente los tres, me maltrataron, y 
dieron dos estocadas, la una en el lado derecho, y la otra en 
un muslo, según vtra. merced las vio señaladas en mi vestido, aca- 
bado el suceso; aunque no me hirieron, por yo defenderme, y 
teniéndome ansi maltratado, pensando que yo llebaba unos po- 
deres en la faltriquera, los quales yo había dicho á Diego Mén- 
dez traia conmigo, y que después de fenecidas quentas con el 
(por haver el susodicho con poder mió cobrado mis beneficios) se 
los entregaría, metiéndome la mano en ella, me sacaron mu- 
chos papeles de quentas y de importancia que llebaba y un pa- 



APÉNDICE. 197 

ño de narizes, y una bolsa con treze escudos de oro y siete 
reales y medio, y una sortija de esmeralda, y porque yo no die- 
se vozes decían que botaban a Dios que si hablaba^ entonces ni 
después, me matarían y echarían en un pozo, y ansí viéndome 
en tanto peligro callé, y haviéndome quitado el sombrero, me 
lo dieron, abriéndome la puerta, y cerrándola luego se salie- 
ron por otra puerta, cada uno de por sí muy disimulados. El 
Cardenal mi señor, no me a de oyr por estar el Prior de por 
medio, que dizen le govierna, y como yo no tengo testigos sino :1 
Dios y á ellos, á vtra. merced pido, como á principal ministro de S. 
M. y zeloso de la razón y justicia, que por un solo Dios se duela 
de la honra de un pobre clérigo honrado, y pariente del Pre- 
sidente Pagos obispo que fué de Córdoba, en cuya casa como tai 
deudo suyo desde niño me crié en España, Roma y Sicilia, has- 
ta que vineá servir al Illmo. de Sevilla. Y si vtra. merced no acude 
á remediar este negocio lo pediré á Su Sanctidad y magestad 
del Rey nuestro señor^ y advierta vtra. merced que los dos criados 
del dicho Prior que se dicen Ayala y Romero, se van en esta 
flota, y en esto protesto de no caer en los casos de yrregu- 
larídad, pues mi ánimo no es sino desear se castiguen delitos 
tan graves y atroces v una injuria hecha 'sic' al orden sa- 
cerdotal. 

Alonso de Salves Marino. 



IV. 

Á su <PdAGESTAD 

Regente de Sepilla 2j Febrero de i5g6. 



Responde á lo que se le preguntó so- 
bre la diferencia que hubo entre el 
Arcediano de Niebla y un sobrino del 
Cardenal de Sevilla. 



AL REY NUESTRO SEÑOR 

EN SUS REALES MANOS. 



Señor: 



Vtra. Magestad me mandó que, aviéndome informado con 
secreto de las cosas contenidas en una real cédula (cuyo tras- 
lado embio con esta), avise á Vtra. Magestad de la verdad dellas, 
y como la materia es tan grave y la persona á quien toca lo es 
tanto, e ido con gran cuidado procurando el secreto, para que 
el hacer esta diligencia no le cause nota y desautoridad alguna 
en opinión de el pueblo y de sus capitulares, entre tanto que 
Vtra. Magestad, con medios tan santos y suaves, como suele, 
ordena lo que conbiene á el servicio de Dios ntro. Señor y mió; 
y así me e contentado con informarme de pocas personas, aun- 
que graves y de verdad, que tienen particular noticia de lo que 
Vtra. Magestad es servido de saber, tomando ocasión de otras 
materias para venir á tratar de esta á buen propósito; porque las 
que son de esta calidad no se pueden fiar de muchos y lo que 
me an dicho y e oido muchas veces á jentes de todos estados 
y considerado en algunas ocasiones, es lo que aquí refiero á 
Vtra. Magestad, á quien suplico humildemente se sirva que esta 
carta no salga de sus reales manos, por la inquietud y desaso- 
ciego que causarla á la parte y á su conciencia, si supiese por 
algún camino que yola e escrito á Vtra. Magestad. 

Sucesos de Sevilla. i 8 



202 APÉNDICE. 

El Cardenal no tiene en su casa y servicio hombre de edad 
prudencia y celo que le acuda, y aconseje lo que deve hacer 
para cumplir con las obligaciones de tan gran Prelado, ni para 
tratar dellas se sabe que llame hombres doctos y de esperien- 
cia, como lo hacen otros prelados, porque los que le goviernan 
y an governado son, en años pasados, un criado suyo, que se 
llama Alvaro de Losada, moco con falta de letras y no sobra 
de virtud, que ya está fuera de su casa y gracia, y ahora Don 
Diego Ulloa su sobrino, muy moco y de poca capacidad para 
dar consejo en cosas tan graves, y el Prior de las hermitas, 
que también es moco de no buena intención, reboltoso y cau- 
sador de las inquietudes y pleitos que a tenido y tiene el Car- 
denal, cada uno de los quales atiende mas a su privanca con 
el Cardenal, procurando ser solo en ella y excluir á los demás, 
como lo hicieron con Losada (moviéndolo muchos pleitos) que 
á aconsejarle lo que le conviene para cumplir sus obligaciones, 
como lo hicieran si fueran hombres graves de autoridad y buen 
celo á quien tuviera respeto el Cardenal. De donde an nacido 
y nacen muchos inconvenientes. El primero aver siempre poca 
paz entre los criados y oficiales de la casa del Cardenal, y con- 
servarse poco en su servicio, y salir del con pleitos que le in- 
quietan mucho, como lo e visto en estos seis años, que a te- 
nido tres maiordomos, y con todos, y con un tesorero que tan- 
bien despidió, traia pleitos muy enconados; a mudado quatro 
jueces de la Iglesia y aora busca el quinto, y dos Provisores 

ó tres, porque que ahora lo es, lo a sido dos veces 

en diferentes tiempos, y me afirman, que, como todos estos jue- 
ces y oficiales an sido, poco ó mucho, amigos de los privados 
y hecho su voluntad, así se han conservado poco ó mucho tiem- 
do con el Cardenal. El segundo inconveniente es, que teniendo 
obligación de visitar su Arcobispado (en el qual dicen ai gran 
número de gente por confirmar) no lo a hecho ni las iglesias 
parrochiales desta ciudad; y como esto cae sobre no averio tam- 



APÉNDICE. » 203 

poco hecho algunos de sus predecesores de muchos años á esta 
parte, echase mas de ver esta falta y es de mucha mas con- 
sideración. El tercero inconveniente es, que teniendo obligación 
de dar muchas mas limosnas, dicen que da poca, porque según 
soi informado, la que a dado y da en dinero es cada mes mil 
y quinientos reales, y en trigo quatrocientas hanegas cada año? 
y mas dio veinte hanegas á unas monjas de Ayamonte este año? 
y doscientos ducados á un obispo estrangero y otros docientos 
á la iglesia de la villa de Brenes, que se estava cayendo, y, los 
dias que duró este año la inundación del rio, dio sesenta hane- 
gas de trigo en pan y bizcocho, y veinte arrobas de vino á 
monasterios y á los pobres que estaban cercados del agua- 
El quarto inconveniente es que, siendo tan contrario á la pro- 
fesión de un Prelado el tener caca de bolatería, la tiene el 
Cardenal, y gasta con ella muchos ducados, teniéndole persua- 
dido un hombre grave (de quien lo supe) que se deshiciese 
della y enplease aquel gasto en obras pias, le divirtieron desto 
los que tiene en su casa. El quinto inconveniente es que co- 
mo los que goviernan á el Cardenal son mocos y el Prior de 
las hermitas, que es uno dellos, es tan inquieto, y tienen sus 
pasiones y enemistades con otros capitulares, queriéndolas au- 
torizar muchas veces con nombre de pretensiones de el Car- 
denal, no le aconsejan que acuda con mas cuidado y celo á 
conservar la paz entre los de su cavildo, donde están ya intro- 
ducidos vandos mui declarados, entre los que- son sus hechu- 
ras, y los demás, atreviéndose algunos dellos á entrar con da- 
gas en el cabildo; ó si le aconsejan que castigue á los que co- 
meten delitos en ofensa de Dios y desacato suyo y de su juris- 
dicion en estos años, dando con ella ocasión á tantos atrevi- 
mientos y pendencias, como an tenido lugar en la Iglesia y en 
el cabildo della, viendo que quando riñen se cumple con solo 
hacerlos amigos y no castigallos; y los que yo e sabido y an su- 
cedido públicamente después que estoy en esta ciudad son est05- 



204 APÉNDICE. 

El canónigo Castro con el Dean Rebenga el mismo Castro con 
el canónigo Don Iñigo, y después con el canónigo Villalobos 
y me dicen que ha hecho lo mismo con otros muchos del Cabildo, 
en diferentes tiempos. El Prior de las hermitas riñó con el Ra- 
cionero Morales, y otra vez con el Chantre de la iglesia y Mo- 
rales riñó con el Racionero Barahona, y el canónigo Villalobos 
con el canónigo Alburquerque, y sola esta última pendencia me 
dicen a llegado á sentencia, y todas ellas han sido públicas, al- 
gunas en el Cabildo, y las mas en la Iglesia, en gran desau- 
toridad de ella, y mal exemplo y escándalo de toda la Ciudad. 
Y últimamente, riñeron el dia de Santo Tomás, 21 de Diciem- 
bre pasado, Don Diego de Ulloa, sobrino de el Cardenal Ar- 
cediano, y canónigo en esta santa Iglesia, con el Arcediano de 
Niebla, y lo que en ello pasó, según e podido averiguar es que 
el Arcediano de Niebla aceptó aora dos años el ser mayordo- 
mo de el Cardenal, por esperancas que le dio de gratificárselo 
en las ocasiones que se ofrecieren, y aviéndola ávido estos dias 
pasados, con la muerte de un Racionero de esta Iglesia, y pre- 
tendido el Arjediano le diese la Ración, la dio á otro el Car- 
denal, de lo qual, sentido el Arcediano dejó el oficio de mayor- 
domo, no acudiendo á la cobranza y Administración de la ha- 
cienda y libros della, como solía, sobre lo cual le habló el Don 
Diego de Ulloa, el dia de Santo Tomás, en la Iglesia, arrima- 
dos á un poste, estándose diciendo bísperas en ella; y aunque 
devió de ser sobre esta Racon, pero las palabras que se dijeron 
no las e podido saver á el cierto, mas de que devieron de ser 
descompuestas, y que el Don Diego de Ulloa le dio un golpe con la 
mano en el rostro, y el Arcediano le dio á el otro, estando con 
sus sobrepellices y capas de coro, y estando en la Iglesia'con 
el mismo abito, Don Alonso de Ulloa, hermano de Don Die- 
go, que tanbien es Arcediano y canónigo en ella, entendiendo 
la pendencia y riña de su hermano, tomó á un criado la espa- 
da, y echando mano á ella y á los demás criados suyos, y de 



APÉNDICE. 205 

su ermano Don Diego á las que traian, se fueron para el Ar- 
cediano de Niebla, y poniéndose enmedio jente con espadas des- 
nudas para detenellos y defender á el Arcediano, salieron canó- 
nigos de el coro y le hizieron subir á la tribuna de el órgano 
que está sobre el coro para guarecerlo, y desde allí dijo á boces 
salga vtra. señoría y vea qué Prelado tenemos, ó qué govierno de 
Prelado tenemos, que me e de quejar á Dios y el Papa, y á ei 
Rey; haviéndolo llevado después desto á su casa el Dean y un 
canónigo. El Provisor y los adjuntos, procedieron contra ambos 
encarfelándolos en sus casas, y haciendo informaciones de todo 
lo sucedido, y aviéndolos hecho amigos para absolverlos, les 
dieron licencia para ir el dia de año nuevo á la procesión, donde 
se ganan los recles de todo el año, y últimamente, les an suelto en 
fiados para que vayan á la Iglesia á las oras, camino derecho, y 
no entren en Cabildo, y ellos hazen sus provancas en descargo 
suyo, y el Cardenal me dizen que también las a hecho para en- 
viar á Roma, y en este estado está este negocio que a sido de 
muy gran escándalo, en el qual, enbié á dezir á el Cardenal, con 
un canónigo que me trajo un recaudo suyo sobre lo que había 
pasado en este negocio, que le suplicava hiciese castigar con 
mucho rigor este delito, pues por no averse castigado otros mu- 
chos, que avian sucedido entre los capitulares, en el tiempo que 
yo e estado en la ciudad se atrevían á cometer tantos y á el Pro- 
visor dije lo mismo, el qual me respondió que qué podía él ha- 
cer, siendo sobrinos de el Cardenal, de los'quales el uno que se 
llama Don Alonso de UUoa, Argediano y canónigo en esta santa 
Iglesia, es tenido aquí por hombre vicioso y descompuesto que 
anda de noche con abito muy indecente, y este verano pasado 
tuvo una pendencia una noche, y le dieron una estocada que 
le pasaron un muslo, de que estuvo con mucho riesgo de la 
vida, y le tiene el Cardenal en su casa, aunque no le deven 
decir estas cosas, y porque vino dos dias a mí un clérigo hon- 
rado de las partes que él dice en su papel, el qual, con muchas 



206 APÉNDICE. 

lágrimas me contó un gran agravio y afrenta que le hizieron de 
parte de el Prior de las hermitas, en la casa de el Cardenal le 
dije me diese un memorial firmado de su nombre, que es el que 
enbio á Vtra. Magestad con esta, y que jurase que todo lo que 
en él dice es verdad^ y así lo hico, y aunque me an dicho otras 
cosas, particularmente de el poco cuidado que se tiene en casa 
del Cardenal, que sus criados biban con la virtud y buen exem- 
plo que es razón, no las refiero á Vtra. Magestad, ni sé si es 
verdad tanto como dizen; pero es indubitable que los mas de 
los daños e inconvenientes que e referido á Vtra. Magestad, nacen 
de governarse el Cardenal por gente de la edad y condiciones 
que e dicho, porque la suya la tengo por buena, y tan fazil y 
sujeta á lo que le dizen, que si esto fuese bueno y encaminado 
á los fines que deve tener un Prelado, lo sería tanbien todo lo 
que hiziese y dijese como creo sucedería, si echados de su casa 
y consejo estos mocos, tuviese en ella el Provisor y Juez de la 
Iglesia, y dos hombres doctos, uno jurista y otro teólogo, que 
Vtra. Magestad le ordenase y mandase, de edad y esperiencia y 
buen celo, con los salarios competentes, y con orden que ni 
el Cardenal les dé, ni ellos reciban beneficio alguno de su ma- 
no_, ni los pueda despedir sin dar quenta á Vtra. Magestad, pa- 
ra que le cuiden con satisfazion en la administrazion de la jus- 
ticia y govierno del Arcobispado, como lo harían, estando libres 
de la emulación de los privados y de pretensiones con el Car- 
denal, y seguros qiíe no los puede despedir sin causa justa y 
licencia de Vtra. Magestad. Provea Vtra. Magestad en todo lo 
que mas conbenga á su Real servicio. Guarde Dios la católica 
Real persona de Vtra. Magestad, de Sevilla y enero 27 de 96. 

Lido. Antonio Sirvente 
de Cárdenas. 



A SU mAGESTAD 



SEVILLA. 1596. 



El Arcediano de Niebla. 

Lo que sucedió en la Iglesia Mayor. 
A XV de Febrero de iSgG. 



Al Presidente del Consejo. 



AL REY NUESTRO SEÑOR 

EN SUS REALES MANOS. 



Señor: 

No entiendo me será culpable á cerca de Vtra. Magestad 
el averme detenido de no darle cuenta del miserable caso que 
el dia de Sto. Thomé del año pasado me sucedió en esta santa 
Iglesia de Sevilla, donde (aunque sin merecimientos ningunos) 
soy Arcediano de Niebla. Lo principal a sido, que no viniese 
á oydos tan piadosos y christianisimos como los de Vtra. Ma- 
gestad, lo que la mocedad, en este miserable tiempo, que go- 
bierna este Arcobispado, quiso cometer contra mi, sacerdote, 
y sobre cincuenta años de edad pasados: (la gloria sea á Dios) 
sin ofensa de nadie en esta Ciudad, aviendo exercitado en ella 
los oficios, que por mandado del Cardenal Arcobispo della, me 
fueron encargados; como Vtra. Magestad verá por una carta del 
Cardenal, cuyo traslado embio con esta; que para mi satisfacion 
en este artículo, basta. Otra causa de mi detenimiento fué, que 
aviendo pasado lo que en esta referiré á Vtra. Magestad, que- 
riendo mas padecer lo que se puede colegir de la prosecución 
del caso, que no parecer que quería vengar mi propia injuria^ 
y querellarme de quien he servido, y de sus sobrinos ó go- 
SucESOS DE Sevilla. 19 



2IO APÉNDICE. 

bernadores; y acudiendo á lo que alguna gente piadosa me 
proponía, remití mi propia ofensa, no proponiéndola en forma 
de juizio, ni dando querella de los que me ofendieron, sino de- 
jarlo para Dios, y para Vtra. Magestad, como ministro suyo. 

El caso pues. Señor, fué: que aviendo yo servido al Car- 
denal Arcobispo de esta Ciudad, por espacio de cinco años, los 
tres meses de Visitador de su Arcobispado, y casi tres años de 
Juez de la Iglesia, del qual oficio, como Vtra. Magestad verá por 
su carta, me mandó le sirviese en el de Mayordomo mayor y 
Administrador de sus rentas (en el qual le é servido con la sa- 
tisfazion pública deste Arcobispado y Ciudad, y como qualquier 
buen christiano debe á su conciencia). En este oficio, por averse 
entregado el dicho Cardenal Arcobispo al govierno de dos mocos 
de tan pocos años y experiencia; que el uno es un Don Diego 
de UÍloa, que dizen es su sobrino; y el otro, un García de So- 
tomayor, natural gallego, inquieto y de ningún sociego, que trae 
rebuelta esta Iglesia y Arcobispado, por infinitos modos y vias 
en gran deservicio de Ntro. Señor, y de los subditos de Vtra- 
Magestad, como siendo necesario podrá Vtra. Magestad ser in- 
formado de personas sin sospecha, de esta Ciudad. Estando pues 
yo exercitando el dicho oficio, y ordenándome en él cosas nue- 
vas y extraordinaria^, y poniendo en ellas al dicho Cardenal pa- 
ra que me las mandase, que ni yo las podía cumplir, ni cum- 
plían á mi conciencia, determiné, por escusar estos inconvenien- 
tes y desasociegos con gente moca y de la calidad ya dicha, dexar 
el dicho oficio. Lo qual supliqué al dicho Cardenal, que pro- 
veyese otra persona en él, pues yo no había interesado merced 
ninguna de su mano en todo el tiempo que le avia servido. Por- 
que el Arzedianato de Niebla (que el dicho Prior de las her- 
mitas articula que me hizo merced del) fué por permuta de muy 
buenos beneficios simples, que yo tenía, y el Papa Sixto V. me 
hizo la gracia. 

Estando pues las cosas en este estado, y yo aviendo dexado 



APÉNDICE. 211 

de ir á servir el dicho oñcio, el dia de Sto. Thomé referido, el 
Don Diego de Ulloa, de aquerdo y hecho pensado, comunicado 
con el dicho Prior, según por conjeturas muy ciertas se en- 
tiende en esta Ciudad, y por estar el susodicho costumbrado á 
semejantes traiciones, el dicho Don Diego por el dicho dia vino 
acompañado a la Iglesia de todos sus criados, esperándome á la 
puerta del Coro, donde yo avia de entrar, mudando él su ca- 
mino ordinario, para entrar en el Coro; de que se sospecha lo 
que yo sospecho, que fué ser caso pensado; me llamó, y con pa- 
labras sobervias y arrogantes, me comencó á reprender el aver 
dexado el oficio. Yo le respondí palabras blandas y mesuradas, 
y no admitiendo ninguna razón mia, como el ánimo venia da- 
ñado, vino á ponerme las manos; y luego in continenti todos 
sus criados, y otro hermano que tiene Arcediano de Reyna, echan- 
do mano á las espadas se vinieron derechamente á matarme, co- 
mo en efecto lo hizieran, si el ser yo natural y tan conocido en 
esta Ciudad, y el no aver en mi vida ofendido á nadie, no mo- 
viera los ánimos de algunas personas legos, que echando mano 
á sus espadas me defendieron de la diabólica furia que traian con- 
tra mí; en el entretanto que algunos beneficiados desta Iglesia, 
me recogieron y encerraron en el órgano, que cae sobre el Co- 
ro; hasta donde me fueron siguiehdo con sus espadas é injurias: 
de donde .el Dean y otro canónigo, con jente, me sacaron y lle- 
baron á mi casa, donde yo embié á llamar al Conde Asistente 
de esta Ciudad, y le hice relación del caso, para que lo avisase 
á Vtra. Magestad, á quien incumbe el remedio de estas fuerzas 
y violencias, y es el amparo y refugio de los miserables sacer- 
dotes como yo, que no pueden oponerse á semejantes exorbi- 
tancias. 

Siendo este él caso que refiero á Vtra. xMagestad, me per- 
suadí á no querellarme, por las razones que tengo dichas, y por- 
que, siendo el Cardenal Arzobispo la parte y Juez deste negocio, 
avia de perecer mi justicia, y venir á ser yo el culpado; como 



212 APÉNDICE. 

en efecto lo pretenden: queriéndome hazer cargo de unas li- 
• vianas palabras, que dizen dije estando encerrado en el dicho 
lugar del órgano, irritado y agraviado, y que me avian querido 
matar á atraycion, y las palabras que en efecto dizen dije á los 
que estavan diziendo vísperas en el coro, fueron: «Mire vtra. se- 
ñoría el govierno del Prelado que tenemos.» De las quales pa- 
labras queriéndome descargar, como realmente lo estoy, pues 
caso negado que las huviese dicho, las entendí, y se deven en- 
tender, del dicho Don Diego, que es el governador, y el que 
cometió dicho delito, y no del Cardenal. 

Desto an hecho gran caso, y an hecho ciertas informacio- 
nes que carecen de toda verdad, para solo molestarme, que ni 
Dios lo permitirá, ni Vtra. Magestad dará lugar á ello, siendo 
bien informado de la verdad que trato, y razón que en esto 
tengo. Quien alborota, inquieta y perturba la paz desta Igle- 
sia, es el Prior «de las Hermitas; que, no contento con la in- 
quietud y gastos que causó en el negocio de los toros; (i) de or- 
dinario trata de rebolver al Cabildo con su Prelado, y á los 
particulares entre sí mesmos: como es lo que avía ordena- 
do quinze dias antes que sucediese mi caso, entre el dicho 
Don Diego y el Chantre desta Santa Iglesia, Don Antonio Pi- 
mentel: persuadiendo al dicho Don Diego que se atravesase en 
alguna ocasión con el dicho Chantre, y que viniese«á las ma- 
nos con él; para que todos los que fuesen de parte del Car- 
denal se amotinasen en favor del Don Diego; y así uviese la 
revolución que él pretendía que se siguiera, si yo no apar- 
tara este tan mal consejo, y compusiera las partes, y los re- 
duxera á paz. Este caso e referido á Vtra. Magestad, pudicn- 
do traer otros semejantes, que los dexo por no enfadar á Vtra. 



(i) Este negocio de los toros, como el lector comprenderá no puede 
menos de ser el entredicho puesto á la Ciudad por la fiesta que se 
hizo con motivo del nombramiento de Rodrigo Vázquez para la pre- 
sidencia de Castilla que es el primer suceso que refiere Ariño. 



APÉNDICE. 2l3 

Magestad, para que se advierta como andará el gobierno, siendo 
estos los governadores. 

Por todo lo qual suplico muy humillante á Vtra. Mages- 
tad, provea de remedio en lo general desta Santa Iglesia y 
deste Cabildo, donde tantos capellanes tiene Vtra. Magestad; y 
á mi como al menor de todos, me ampare y defienda de la 
malicia de los contrarios mios, que sobre averme agraviado, 
procurarán mi destruicion y el gasto de la hazienda de la Igle- 
sia, de que soy solo administrador, para el sustento de muchos 
pobres, que tengo á mi cargo. Ntro. Señor guarde á Vtra. Ma- 
gestad. 



El Licdo. Alonso Alvare"^ de Córdoba. 



EXTRACTO 

DE LAS Actas del Cabildo de la Ciudad 

DE Sevilla, contenidas en el libro del escribano 

Hernando de Nájera, en lo qjüe se refieren a las 

Honras de Felipe II, y proclamac.ion 

de Felipe III. 



Cabildo extraordinario de jueves 17 de Setiembre 
de i5g8 años. 



Leyóse una carta que escribe á la Ciudad D. Luis del Al- 
cázar, su fecha en Madrid á i3 de Setiembre de este año en 
queda cuenta de la muerte de S. M., la cual vino con correo 
particular para ello: acordóse de conformidad de nombrar por 
diputados para comprar los lutos y repartirlos, á D. Andrés de 
Monsalve, Alcalde mayor, Pedro Caballero de Illescas, Pedro 
Diaz de Herrera, Antonio Diaz de Medina, é Felipe Pinelo, vein- 
te é quatros, é Carlos de Lezana y Rodrigo Suarez, ó los tres 
de estos, siendo todos llamados, y los dos regidores, los cua- 
les lutos sean de paño. Acordóse de conformidad, que se abra 
el Archivo por la orden, y el Sr. Pedro de Escobar Melgare- 
jo, veinte é quatro y procurador mayor, saque todos los papeles 
que fueren necesarios para ver la orden que se tuvo cuando 
murió el Emperador Ntro. Señor y la Reina Doña Ana nues- 
tra Señora, á lo cual se halle presente el Sr. Pedro Caballero 
de Illescas, veinte é cuatro, á quien se nombra por dipu- 
tado para esto, y en la contaduría se haga ansí mismo de- 
ligencia, la que fuese menester, y los papeles que se hallasen 
tocantes á esto, se traigan á la Ciudad y para verlos se llame 
á Cabildo extraordinario para esta tarde, para que la Ciudad pro- 
vea y ordene cerca de ello lo que le pareciere que conviene, tra- 
yéndose ó nó los dichos papeles; y en el repartir de los lutos 
de la Ciudad dé la orden que le pareciere en razón de á quién 

se han de dar, y de que, y en qué cantidad, para sobre ello 
Sucesos de Sevilla. 20 



2l8 APÉNDICE, 

proveer en razón de este negocio, todo lo demás que á la Ciu- 
dad le pareciere. 

Acordóse de conformidad, que se pague, y pase en cuenta 
á Luis de Alcázar, el despacho de este, correo con el parte y 
la llegada y su carta de pago. 

Acordóse de conformidad, que D. Andrés de Monsalve, Al- 
calde Mayor, Bartolomé de Hoces, veinte é quatro, é Francisco 
García de I.aredo, jurado, vayan al Sr. Regente, de parte de la 
Ciudad, y le den cuenta de la carta que ha venido del señor 
Luis del Alcázar, de la muerte de S. M., que Dios tiene, y ansí 
la Ciudad nombre luego diputados para esto, y en esta confor- 
midad den el mismo recaudo al Sr. D. Diego de Ulloa, Go- 
bernador del Arzobispado, y á los Sres. Inquisidores; y al Ca- 
bildo de la Iglesia dé el recaudo Francisco Garcia de Laredo, 
por la orden que la Ciudad tiene acordado se lleven y den los 
recaudos al Cabildo de la Santa Iglesia. 

Acordóse que se vote por votos secretos, dos regidores del 
Cabildo, que vayan á Madrid á besar la mano del Rey D. Fe- 
lipe III Nuestro Señor, por esta Ciudad, y lleven carta de esta 
Ciudad, la cual ordene Pedro Diaz de Herrera, y la traiga á la 
Ciudad primero que se firme, para que la Ciudad la vea; y que 
se le escriba por Ciudad una carta á los caballeros veinte é qua- 
tro é jurados que en aquella sazón se hallaren en Madrid para 
que acompañen á los caballeros que salieren nombrados para 
llevar esta embajada á S. M., y esta carta se escriba á Luis del 
Alcázar; y que el Cabildo de los Sres. Jurados, conforme á la 
egecutoria que para ello tienen, nombre otros dos jurados que 
vavan con los dos caballeros regidores que salieren nombrados, 
para que por todos sean cuatro los que salieren de esta Ciu- 
dad, y de este acuerdo se dé noticia á los mayordomos de los 
Sres. jurados, para que los nombren luego, para qne salgan con 
toda brevedad, la cual se les encargue á los que salieren nom- 
brados, porque sean de los primeros que lleguen á besar la 



APÉNDICE. 219 

mano de S. M. — E luego se acordó que el acompañamiento que 
se ha de facer á los cuatro caballeros que salieren electos de 
esta Ciudad, lo haga solamente Luis del Alcázar, á quien solo 
se escriba. (Al margen.- Notifiqué luego in continenti este acuer- 
do d los jurados Juan de Lugo é Diego de Toledo., mayordomos 
del dicho Cabildo de los jurados en el dicho Cabildo., de que 
doyfé.) 

Acordóse que los caballeros que saliesen nombrados para 
ir á esta embajada, lleven de término treinta dias para ida, es- 
tada y vuelta, con el salario de la ordenanza nueva, y con la 
fé de este acuerdo, se lo pague el mayordomo. 

E luego, conforme al acuerdo de la Ciudad, se nombre por 
votos secretos los dos caballeros regidores que han de ir á besar 
la mano á S. M. 

E luego se contaron los votos y estaban iguales con los 
capitulantes. 

El Sr. Alcalde de la justicia nombró á D. Juan Vicentelo, 
Alcalde mayor, y D. Juan de Zuñiga, veinte é cuatro. 

E luego se vieron los votos, y ovo veinte é ocho que de- 
cían D. Juan Vicentelo é D. Juan Zúñiga, y dos decian D. Juan 
Vicentelo é Bartolomé de Mesa, y uno D. Fernando Enriquez 
de Rivera é D. Juan de Zúñiga. 

De forma que, los que salieron nombrados, fueron D. Juan 
Vicentelo, Alcalde mayor, y D. Juan de Zúñiga. 

Acordóse de conformidad, que por Diego de Herrera se es- 
criba por Ciudad á S. M. de la Emperatriz y á la Señora In- 
fanta, dándoles el pésame de la muerte de S. M. el Rey Don 
Felipe Ntro. Señor, las cuales, antes que se firmen, se traigan 
á la (Ciudad para que las vea, como se ha de facer en las que 
se. escribieren á S. M., las cuales lleven los caballeros que han 
de ir á Madrid, é las den por la misma orden que las que se 
llevan á S. M. — Sebastian de Carvajal, Antonio de Nájera. 



220 APÉNDICE. 



Cabildo extraordinario de jueves en la tarde de jj dias del mes de 
Setiembre de i5g8 años. 

Dige á la Ciudad, como estaba llamado á Cabildo para tra- 
tar cerca de la orden que se ha de dar en razón de los lutos, 
que se han de tomar, para que se den á la Ciudad por la muerte 
de S. M., y para que la Ciudad provea acerca de este negocio 
todo lo que le pareciere que conviene. 

Acordóse de conformidad que qualquiera obligación que 
hicieren y firmaren los diputados á quien está cometido el sa- 
car los lutos, ó cualquiera de sus mercedes, la puedan facer y 
firmar, que la Ciudad se obliga de les sacar á paz y á salvo in- 
demnes de ello. 

Dijo D. Andrés de Monsalve, Alcalde mayor, como dipu- 
tado de los lutos, que suplica á la Ciudad mande tratar de po- 
ner precio justo á los lutos, porque el que agora corre es tan 
escesivo, que no hay quien pueda comprarlos, si no se pone re- 
medio en ello. 

Acordóse de conformidad que atento que la vista del Adua- 
na Gonzalo López, que es persona tan inteligente, como es no- 
torio, por la mucha noticia que tiene de los precios de los pa- 
ños y bayetas, ha dicho que el precio de las bayetas sencillas 
es á seis reales cada vara, y la doble á siete reales é medio, y 
paresce que es tan ancha é competente, dará siete rs. por la 
sencilla, y á diez rs. por la doble, y por la de Córdoba á doce 
reales, y las medias de Córdoba á diez y siete rs. cada vara; se 
pregone luego primeramente, que los que, tuviesen estas suer- 
tes de bayetas y paños, no las puedan vender á mas precios 
de los susodichos, ni las escondan, ni barajen, sino que las ten- 
gan de manifiesto para los que la quisieren comprar, so pena 



APlíNDICE. 221 

de den mil maravedís, aplicados por terceras partes, cámara, 
juez y denunciador, y perdimiento de los tales paños y bayetas 
é diez dias de cárcel al que lo contrario hiziere; y esto se pre- 
gone luego y lo haga pregonar Pedro de Escobar Melgarejo, 
veinte é quatro é Procurador mayor, y lo contenido en este 
pregón, sea y se entienda hasta fin de Octubre de este año; y 
el pregón se dé en Gradas y frente á la Alcaíceria, y á las puer- 
tas de este Cabildo; y se entiende que los dichos paños y ba- 
yetas han de ser en negro, y la aplicación de los dichos pa- 
ños y bayetas, sea y se entienda por la orden de los dichos aper- 
civimientos; y si alguna persona se alzare de lo contenido en 
este auto y acuerdo, y hicieren sobre ello algunas diligencias el 
dicho Pedro de Escobar Melgarejo, como tal Procurador mayor 
salga á la defensa dello, y informe á los Sres. Jueces, las cau- 
sas que á la Ciudad le han movido para proveer lo que está 
dicho. 

Acordóse de conformidad de nombrar por diputados para 
facer el túmulo para las honras del Rey Ntro. Señor á Antonio 
Díaz de Medina, Juan Antonio del Alcázar, veinte é quatros, 
Francisco García de Laredo, Jurado, ó los dos de estos señores 
para que lo traten luego, y lo hagan con la suntuosidad y gran- 
deza que conviene, y todo lo que en esto se gastase, lo libren 
en el Mayordomo, el qual lo pague por cédula de su Señoría 
del Conde, ó de su lugarteniente, ó de dos de estos Sres. y lo 
puedan facer por concierto ó remate, ó de la forma y manera,, y 
según que les pareciere, y si alguna duda tuvieren, la comu- 
niquen con la Ciudad, y se les encarga mucho que con la mayor 
brevedad que sea posible, hagan que esto se haga, é para ello 
se dé comisión y poder general en forma. 

Acordóse de conformidad, que toda la cera que se oviese 
de comprar para las honras de S. M. Hernando de Porras e 
Francisco Alonso Maldonado, veinte é quatros y Cristóval Sán- 
chez Xuarez ó los dos de estos señores, invien por ella á Cá- 



222 APÉNDICE. 

diz, procurando que sea la mejor é mas barata que se pudiese 
haber, y lo que costase lo pague el receptor de almoxarifazgo 
de Cádiz, y el de Sevilla se lo reciba é pase en cuenta, al cual 
se le dé libranza de lo que montare en el Mayordomo para que 
lo cobre. — Carvajal.— Antonio de Nájera. 



Cabildo de viernes i8 dias del mes de Setiembre de i5g8 años. 



Leyóse la carta que trujo ordenada para enviar á S. M. 
Pedro Diaz de Herrera, á quien se cometió que la escribiese y 
la tragese ordenada para que la Ciudad la viese. 

Todos: que se escriba esta carta como aquí se ha leido y 
se firme y despache. 

Leyóse una petición que dan los mercaderes de paños, en 
que se agravian de á los precios en que se les mandó vendie- 
sen las bayetas, y apelan para el Audiencia. 

Todos: que se oye la petición é que Pedro de Escobar Melga- 
rejo salga á la defensa de esto, como la Ciudad tiene pasado, y 
haga las diligencias que convengan, y que Bartolomé de Hoces, 
veinte é quatro, y Ffancisco García de Laredo, jurado, hablen 
al Sr. Regente cerca de este negocio y le informen. 



APÉNDICE. 223 



Cabildo extraordinario de lunes en la tarde 21 de Setiembre 

de i5g8 años. 



Dijo el Sr. Teniente Collazos de Aguilar que la Ciudad 
acordó en el cabildo pasado de jueves 17 de este mes de Se- 
tiembre que los lutos que se oviesen de dar á las personas de 
Cabildo, para traerlos por la muerte del Rey D. Felipe Nuestro 
Señor^ que está en el cielo, fuesen de paño, lo cual es negocio 
de gran costa, porque la Ciudad está en grandes necesidades y 
empeños, y no tiene caudal con que poder gastar ocho ó nue- 
ve mil ducados que costarán los dichos lutos, conforme á la 
cuenta que tiene fecha Pedro Caballero de Illescas, diputado 
de este negocio; y, pues que es razón que esto se mire y con- 
sidere, suplica á la Ciudad vea si bastará que los dichos lutos 
sean de bayetas de Flandes, por ser, como es, trage decente con que 
la Ciudad representará mejor el sentmiiento con que se ha- 
llen en esta ocasión, é mande que se suspenda lo que está pro- 
veído cerca de que los dichos lutos sean de paño^ y que sean 
de bayeta é determine las personas á quien los dichos lutos 
se han de dar. 

E luego dijo Francisco Ramírez de Guzman veinte é qua- 
tro, que la Ciudad había acordado que se diesen los lutos de 
paño, y que ha entendido que por leyes y premáticas de S. M., 
está ordenado y mandado que á los regidores, para que se vis- 
tan de luto, en semejantes ocasiones que estas, se les den á las 
personas del Cabildo dos mil maravedís y no mas^ que supli- 
ca á la Ciudad mande llamar á cabildo para revocar lo que tie- 
ne pasado acerca de que los lutos que se han de dar sean de 



224 APÉNDICE. 

paño, y ordenar que se dé á cada Regidor lo que manda la ley, 
que son dos mil maravedís, y de como lo dice lo pide por tes- 
timonio. 

E luego dijo Bartolomé de Hoces, veinte é cuatro, que cuan- 
do esta ley se hizo, fué el año de 1498, que hay cien años, y 
que entonces con dos mil maravedís se podian muy bien com- 
prar paños muy finos, con que se vistieran de luto en semejan- 
tes ocasiones, y antes sobraban dineros de los dos mil marave- 
dís; y que, cuando murió la Reina Doña Ana Ntra. Señora, dio 
la Ciudad bayetas á todas las personas del Cabildo, y se paga- 
ron de los propios de la Ciudad, considerando que dos mil ma- 
ravedís era poco para poder comprar lutos; y que la Ciudad de 
Toledo, cuando murió la dicha Reina Ntra. Señora, dio rajas 
para lutos; y la Villa de Madrid y otras Ciudades, dieron paños 
finos; y que ya corre esta costumbre en todo el reino; que su- 
plica á la Ciudad, considerando todo lo dicho, mande que se den 
bayetas, como se hizo la vez pasada, y en todo provea lo que 
convenga, y requiere al presente escribano, que si oviere de dar 
algún testimonio de lo que en esto pasare, vaya inscrito esto que 
ha dicho y todo debajo de un signo, y lo pide por testimonio. 

E luego dijo Toribio de Escalante veinte é quatro que dice 
lo mismo que ha dicho Francisco Ramírez de Guzman y lo pi- 
de por testimonio. 

E luego dijo el )urado Juan de Lugo que dice é propone lo mis- 
mo que ha dicho Bartolomé de Hoces, veinte é quatro, y lo dice 
como Mayordomo del Cabildo de los jurados, y que suplica á 
la Ciudad mande que se haga el sentimiento que conviene, man- 
dando que se ponga luto toda la Ciudad, sin embargo de las pro- 
posiciones fechas por Franciseo Ramírez de Guzman, pero que 
si se hiciese lo que su merced dice en la proposición, muchos 
señores regidores y jurados se irían á sus vendimias y otras 
partes por no gastar su hacienda en lutos, de manera que sería 
impedir el sentimiento que se debe hacer por un Rey tan ca- 



APÉNDICE. 225 

católico y poderoso, como es razón que se haga por él; é es- 
ta Ciudad siempre a acostumbrado á hacer en semejantes oca- 
siones el debido sentimiento, como está obligada, por sus Reyes 
naturales,, como se hizo por el Emperador Don Carlos Ntro. Se- 
ñor, y por el Príncipe Don Carlos, y por las Remas Doña Isa- 
bel y Doña Ana, Ntras. Señoras, lo cual se ha fecho á costa 
de los propios de esta Ciudad; y, de como lo pide y suplica, lo 
pide por testimonio. 

E luego dijo Francisco Ramirez de Guzman, que dice lo que 
ha dicho el jurado 'Juan de Lugo, en cuanto á hacer la de- 
mostración que es razón, en el luto que se ha de traer por 
la muerte del Rey Ntro. Señor; porque su intincion no ha sido 
sino que se guarden las leyes é premáticas de estos reinos, y 
que si no oviere harto dmero para compar los lutos, lo pon- 
gan de sus haciendas las personas del Cabildo, porque ansí lo 
piensa facer el dicho Francisco Ramirez de Guzman, y lo pide 
por testimonio. 

E luego, Toribio de Escalante, veinte é quatro, dijo que 
dice lo mismo que ha dicho Francisco Ramirez de Guzman. 

Todos: que se llame á Cabildo para mañana martes á las 
nueve, para proveer la Ciudad, acerca de esto^ todo lo que le 
paresciere que conviene, y acerca de lo demás á ello tocante, 
revocando é proveyendo lo que en todo le pareciere que con- 
viene. 

Acordóse de conformidad, de nombrar más por diputado, para 
ejecutar lo que acerca de los lutos conviniere, á Hernando de Porras 
por la orden de la Comisión. 

Acordóse de conformidad, que los lutos se den á todas las 
personas que entran en el Cabildo, y á los porteros y alcaldes 
del Cabildo, y escribanos de comisiones, y alguaciles de los vein- 
te, y á los Sres. Tenientes, Alcaldes de la justicia y egecutor 
de la vara, y á Luis del Alcázar y á Bartolomé López de Mesa, 
que están en Madrid en servicio de la Ciudad, y que para ma- 

SucEsos DE Sevilla. 2 1 



220 APÉNDICE. 

nana se llame ansí mismo para proveer acerca del dar de los 
lutos todo lo que á la Ciudad le pareciere, menos Pedro de Es- 
cobar Melgarejo, que dijo que es en que se dé el luto solamen- 
te á las personas que entran en el Cabildo, porteros y con- 
tadores. — Lido. Collados.— 'Nájera. 



Cabildo extraordinario de martes por la mañana^ 22 dias 
del mes de Setiembre de i5g8 años. 



Leí las proposiciones que ayer, dicho día, hicieron en la 
Ciudad el Sr. Teniente, y las demás que se hicieron sobre el 
dar de los lutos y personas á quien se han de dar, y lo que la 
Ciudad pasó el dicho dia, y dio fé Lucas de Garay, portero, que 
llamó á Cabildo. 

Pedro de Escobar Melgarejo, di)o: que la Ciudad está muy 
alcanzada, y que por tanto no se den mas que dos mil mara- 
vedís, conforme á la ley, y solo á los que entren en Cabildo, 
costeándose cada cual los lutos. 

El Marqués de Alcalá, dijo, que es en revocar el acuerdo del 
martes, de que los lutos fueran de parió, que se den de bayeta 
de Flandes, y si costase cada uno mas de dos mil maravedís, 
se dé de los propios, quitándose de los salarios, como se mandó 
el año de ochenta, cuando se trajo luto por la Reina Doña Ana 
Ntra. Señora, y en lo demás oir. (i) 



(i) Esta frase, muy frecuente en las discusiones del Cabildo de 
Sevilla, significa que el que la emplea desea oir sobre el asunto de 
que se trata otros pareceres para formar el suyo. 



APÉNDICE. 227 

D. Andrés de Monsalve dijo: que en el caso presente la Ciu- 
dad tiene obligación de hacer la mayor demostración que ja- 
más se haya hecho en los lutos y en las honras; y es en que 
los lutos sean de bayeta y no de paños, por ser los que esta 
Ciudad acostumbra á poner por mas sentimiento, y para no di- 
latar, es en que los diputados de ello se junten luego por la 
orden de su comisión, y saquen las varas que sean menester 
y den á cada pesona del Cabildo catorce varas y media de ba- 
yeta de que hagan lobas, capirotes y caperuzas; y esta bayeta 
sea toda una, y de la que llaman doble, y, á las personas fuera 
de las del Cabildo y á los Sres. Tenientes, los señores di- 
putados le manden dar de bayeta sencilla las varas que les pa- 
rezca; pero teniendo consideración á que el luto, que han de 
traer todas estas personas de fuera del Cabildo, han de ser lobas y 
caperuzas y capirotes, no llevando las lobas mas falda que una 
cuarta; á los cuales se les ha de mandar por los diputados 
que les mandaran dar este luto, que el mismo dia que saliese 
la Ciudad con él, han de salir ellos, y, el dia de las honras y 
vísperas, han de ir acompañando á la Ciudad, en el lugar que les 
fuere señalado, y el que así no lo hiciere, se le ha de quitar el luto 
y se le ha de dar á los pobres presos de la cárcel, y han de estar en 
ella presos seis dias, en pena de no guardar lo que la Ciudad man- 
dó; y suplica á los caballeros del Cabildo procuren, si fuese posible, 
que, cuando salieren de casa, sea con el dicho luto; y lo que 
los dichos lutos costaren, lo vayan los señores diputados con- 
certando y pagando, con intervención de Hernando de Porras, 
y que se dé libramiento general para que el mayordomo pague 
todo lo que esto costare, por cédula de su Sria. del Conde, ó 
del Sr. Teniente y dos de los diputados que en esto tengan la 
cuenta y razón que es menester; y de todo se tome razón en 
libro aparte en la Contaduría, y que los caballeros regidores y 
jurados que no pudiesen salir de casa el viernes primero que 
viene, por no tener fechos lutos, no salgan de sus casas hasta 



228 APÉNDICE. 

salir con el dicho luto; y que luego mañana miércoles se pre- 
gone en las partes y lugares públicos de esta Ciudad^ que todas 
las personas, vecinos y moradores de esta Ciudad, estantes y 
habitantes en ella, ansí hombres como mugeres, traigan luto por 
S- M., declarando que las personas que pudieran, traigan ca- 
pas largas y caperuzas, y las que nó, traigan sombrero de fiel- 
tro con toquillas, so pena de diez dias de cárcel, y las muge- 
res tocas negras; y ansí mesmo se pregone que no haya jue- 
gos, danzas ni otros regocijos, so pena de la misma pena; y 
que desde el viernes primero que viene se cuelgue el Calbildo, 
alto é bajo, donde asistiese la Ciudad, de paiíos negros de ba- 
yeta, y ansí lo esté hasta otro dia después que sean ya fechas 
las honras, los cuales y por la orden dicha, manden ansi mismo 
comprar los dichos Sres. diputados; y se haga ansi mismo so- 
bre mesa de luto, y lo mismo se haga para cubrir las ban- 
cas de los asientos altos y bajos, y es en declarar que las per- 
sonas á quien se ha de dar lutos, demás de las personas á quien 
la Ciudad en Cabildo de ayer mandó que se diesen, sean á los 
contadores de Sevilla y á los Secretarios de Sevilla y del Adua- 
na, y al alcalde del Aduana, y al escribano del Cabildo délos 
Sres. Jurados, y á los sostitatos de Sevilla, por la orden dicha 
y que no se dé á otras personas. 

Bartolomé de Hoces así, y más que las lobas de las per- 
sonas del Cabildo, sean todas de una manera que sean capu- 
ces cerrados sin capilla, con vara y cuarta de falda; y que en 
el pregón se declare que los lutos se an de traer desde el 
viernes primero que viene hasta que sean fechas las honras, y 
que los que han de ser obligados á traerlos sean de doce años 
arriba; y que los Sres. diputados de los lutos, ó los dos dellos 
con el Sr. Teniente, despachen á la tierra é concejos de ella, 
para que ansi mismo traigan el dicho luto desde el dia que se 
les señalare, y para ello se despachen peones y los paguen los 
concejos con la tasación del Sr. Teniente y Sres. diputados. 



APÉNDICE. 229 

Pedro Caballero de Iliescas ansi; é mas, que se de luto de 
capirotes y ropillas á las personas que anduvieren en el tú- 
mulo que se hiciere, que serán ocho ó diez personas, los que 
señalaren los Sres. diputados del túmulo; é mas, en nombrar 
por diputado maestro de ceremonias para estos dias, para lo 
que fuere necesario, á Bartolomé de Hoces, veinte é quatro. 

Pedro Diaz de Herrera así; escepto en lo que dize Pedro 
Caballero de Iliescas de los que han de asistir en el túmulo; 
porque en esto es^ que se les den lobas redondas, y que anden 
destocados. 

D. Pedro de Menchaca, dijo, que, desde el viernes prime- 
ro que viene en adelante, todas las personas de este cabildo 
salgan con lobas é capirotes é caperuzas, y que para esto se 
dé lo que las leyes y ordenanzas disponen acerca desto, y que 
esto lo pague el mayordomo por cédula de su Sria. el Conde 
é del Sr. Teniente y de los caballeros diputados; y es en 
el pregón que ha dicho que se dé D. Andrés de Monsalve, y 
que las personas que han de traer el dicho luto, sean de la 
edad que ha dicho Bartolomé de Hoces: y es mas en lo que dicho 
Bartolomé de Hoces dijo de despachar á la tierra, y es en re- 
vocar todo lo que la Ciudad en contra de esto tiene pasado. 

Diego de Colindres así: 

Hernando Diaz de Medina, como Pedro Diaz de Herrera, 
menos en lo que toca á las personas á quien se haya de dar 
luto, porque en esto es que solo se dé á las personas del Ca- 
bildo, porteros y alguaciles de los veinte, á los cuales se les dé 
luto, y den cédulas del recibo en que se obliguen á devolverlo, si 
no acompañaren á la Ciudad, por la orden que ha dicho don 
Andrés de Monsalve; y que el escribano de comisiones dé por 
testimonio el dia de las honras todos los caballeros de Cabil- 
do que se hallaren en ellas y los alguaciles, para que con- 
forme á esta fé se restituyan los lutos de las personas que no 
asistieren á las dichas honras, y que todos los caballeros del 



23o APÉNDICE. 

Cabildo que estuvieren presentes en esta Ciudad y no tuvieren 
legítimo impedimento, que no se hallaren en las honras, que- 
den suspendidos de la presencia del Cabildo por seis meses, y 
lo mismo el que saliese de su casa sin el dicho luto. 

D. Cristóbal Mexia, como D. Andrés de Monsalve. 

D. Silvestre de Guzman, así. 

D. Juan Arguijo, oir. 

D. Luis de Monsalve, como D. Andrés de Monsalve, me- 
nos en el dar de los lutos, porque en esto es que se guarde 
lo que la Ciudad pasó, cuando se dieron por la muerte de la 
Reina doiía Ana Ntra. Sra., y lo mismo se entiende en las per- 
sonas á quien se dieren los dichos lutos. 

D. Luis de Vallejo, como D. Andrés de Monsalve, 

Pedro de Escobar Melgarejo, oir. 

Felipe Pinelo, como D. Andrés de Monsalve. 

Francisco Alonso Malvenda, como D. Pedro de Menchaca. 

D. Fernando Ponce, que quiso oir, dijo que es como Pedro 
Caballero de lilescas. 

El Marqués del Algava, que quiso oir, dijo que es como 
D. Andrés de Monsalve, y en los que han de asistir en el tú- 
mulo como Pedro Diaz de Herrera, y en despachar á la tier- 
ra es como Bartolomé de Hoces, y en lo que dijo de la edad 
es de quince años arriba, y que los caballeros que han votado 
que no se les dé mas de dos mil maravedís á las personas del 
Cabildo, para los lutos, es en que no se les dé mas de los dichos 
dos mil maravedís, so pena que, los diputados que diesen las 
bayetas, sea á su cuenta. 

El Marqués de Alcalá, en lo que quizo oir, dijo: que es en 
remitir á los diputados lo que la Ciudad pasare acerca de este 
negocio, para que con el Sr. Teniente allá traten de las cosas 
que convendrá enmendar y facer, para que esto se haga con 
toda la autoridad que conviene, juntándose en casa del Sr. Te- 
niente, así para apregonar, como para enviar á la tierra; y esto 



APÉNDICE. 23 1 

se haga á la mañana ó por la tarde, y cuando oviesen de sacar 
el luto, sea todos á una hora. 

D. Juan de Arguijo, como D. Luis de Monsalve. 

Pedro de Escobar Melgarejo, así. 

Don Andrés Monsalve se enmendó, como el Marqués del 
Alga va. 

Pedro Diaz de Herrera se enmendó, como el Marqués del 
Algava, y en lo que es el dar de los lutos^ como Fernando Diaz 
de Medina. 

Pedro Caballero de lilescas, se enmendó así. 

Don Silvestre de Guzman se enmendó, como el Marqués 
del Algava. 

Don Cristoval Mexía, así 

El Sr. Teniente dijo que es como Don Andrés de Mon_ 
salve, en el primer voto, con lo que añadieron Bartolomé de 
Hoces y Pedro Caballero de lilescas, menos en el nombramiento 
de maestro de ceremonias, porque en esto es que lo haga el Pro- 
curador mayor, á quien le pertenece, y es como Pedro Diaz 
de Herrera, en la forma que dice de lutos que han de traer 
los que anduvieren en el túmulo, y que hayan de ser de quince 
años arriba los que han de traer luto en el pueblo, y que la 
bayeta de que se ha de cubrir las paredes del Cabildo y asien- 
tos, sea de la mas barata que se hallase. 

D. Francisco Ponce, asi. 

Marqués de Alcalá, asi. 

Andrés de Monsalve, así. 

Bartotomé de Hoces, así. 

Cristóbal Mexía, así. 

D. Silvestre de Guzman, así. 

D. Luis de Vallejo, así. 

Felipe Pinelo, asi. 

Pasa el voto del Sr. Teniente. 

E luego dijo D. Pedro de Menchaca, que de haber pasado 



232 APÉNDICE. 

la Ciudad lo que ha pasado, en contrario de lo que tiene di- 
cho en su voto, apela para ante quien con derecho puede y 
debe; y lo pide por testimonio. — Lido. Collados. — Hernando de 
Nájera. 



Cabildo de Miércoles 23 dias del mes de Setiembre 
de iSg8 años. 



Acordóse de conformidad, que D. Silvestre de Guzman va- 
ya luego de parte de la Ciudad á los Sres. Inquisidores, y les 
dé cuenta del acuerdo que la Ciudad ha fecho, cerca del traer 
de los lutos, y como hoy se ha de pregonar, y que desde el 
viernes primero se han de traer los dichos lutos; y otro recau- 
do en esta conformidad dé Pedro de Escobar Melgarejo, veinte 
é cuatro é Procurador mayor, al Sr. Regente, para que lo sepa 
la. Real Audiencia. 

Dieron las nueve. 

Fuese D.Silvestre de Guzman á dar el recaudo de la In- 
quisición. 

Acordóse de conformidad, que Francisco Alonso de Malven- 
da, veinte é cuatro, trate con Felipe Pinelo, como diputado de 
propios, para este año de 98, señale dos ó tres rentas, que es- 
ten ciertas ó seguras, hasta en cantidad de tres mil ducados, y 
estando enterado de esto el dicho Francisco Alonso de Mal- 
venda, trate con el Banco, que dándole el rendimiento de estas 
rentas para que las pueda cobrar, haga crédito el Banco á la 



APÉNDICE. 233 

Ciudad de esta cantidad de tres mil ducados, para que se haga 
el túmulo para las honras de S. M., y lo que tratare é acordare 
lo diga á la Ciudad para el primer Cabildo. 

. Acordóse de conformidad, que, atento á que ha dicho Fer- 
nando Diaz de Medina en este Cabildo, que Juan Antonio del 
Alcázar no puede acudir á la diputación del túmulo por otras, 
muchas ocupaciones, lo hagan el dicho Fernando Diaz de Me- 
dina y Francisco García de Laredo; y desde mañana jueves 24 
de este, lo comienzen á facer; que la Ciudad les provea de di- 
neros; y desto queda descargado P'elipe Pinelo, conforme al acuer- 
do que hoy se ha hecho para esto, y en cada Cabildo vayan 
dando cuenta á la Ciudad de lo que en esto se fuere haciendo; 
é que yo el presente escribano dé á cada uno de los dichos di- 
putados un traslado de este acuerdo.' 

Acordóse de conformidad, que, atento el sentimiento que la 
Ciudad tiene de la muerte del Rey Ntro. Señor; y en demostración 
que es razón que haga en semejante ocasión, no se haga Cabil- 
do hasta el miércoles primero que viene, y entonces se haga el 
Cabildo ordinario como se acostumbra; salvo si no conviniese 
hacer antes Cabildo extraordinario. 

Leyóse un nombramiento que hace Don Luis de Guzman 
Alférez mayor, en el Marqués de el Algava, su padre, por su 
Teniente, como se contiene en el dicho nombramiento, que pa- 
rece que pasó ante Pedro de Almonacid, escribano público de 
Sevilla, en 2 5 de Abril de este año, lo que pasó ante Fran- 
cisco Ramírez, como parece en su libro. 

Acordóse de conformidad, que á los cuatro Alguaciles, que 
han ido á pregonar lo de los lutos_, se le de á cada uno ocho 
reales, y otros ocho al escribano, y cuatro rs. á cada uno de 
los dos pregoneros que fueron; y el Mayordomo lo pague todo 
con la fé de este acuerdo. 

Sucesos de Sevilla. 22 



234 APÉNDICE. 



Cabildo extraordinario de viernes en la tarde 25 dias del mes 
de Setiembre de iSgS años. 



Dijo el Sr. Lido. Antonio Collazos de Aguilar, Teniente de 
Asistente, que en cumplimiento de lo que la Ciudad acordó en 
el Cabildo de miércoles pasado, 23 de este mes, cerca del di- 
nero que se había de buscar para hacer el túmulo, de suerte 
que con mucha brevedad se comenzase la fábrica del, su mer- 
ced hizo diligencia, y habiendo entendido que la receptoría, que 
es á cargo de D. Lorenzo de Rivera, había dineros caídos, acu- 
dió á Fernando de Vallejo, que es la persona que lo cobra, por 
ausencia del dicho D. Lorenzo de Rivera, su fiador, y, me- 
diante un auto que le hizo notificar, dice que dará luego dos 
mil ducados de contado; y suplica á la Ciudad mande pasar es- 
to mismo, y que se pongan en poder de Pedro Caballero de 
Ulescas, para que de allí se gasten en el dicho túmulo, por la 
orden que la Ciudad tiene pasada, porque hasta que esto se haga 
no se empezará á poner mano en ello. 

Otro sí dijo: que conviene que la Ciudad ordene á los di- 
putados del túmulo, den un recaudo de parte de la Ciudad á 
la Iglesia, para que señalen luego el sitio y lugar donde se ha 
de hacer el túmulo, y lo desocupen, y hagan las demás como- 
didades que los diputados digeren ser necesarias para la fábrica 
del dicho túmulo. 

Acordóse de conformidad, que Fernando de Forres, veinte 



APÉNDICE. 235 

é cuatro, haga una libranza por la orden que ha fecho todas las 
demás en esta receptoría de D. Lorenzo de Rivera, para que su 
merced, ó la persona que por su merced cobra el dinero del 
cuarto por ciento, dé y entregue dos mil ducados á Pedro Ca- 
ballero de lllescas; para que, habiéndose fecho cargo de ellos en 
la Contaduría, vaya pagando lo que en él se librare para gastos 
del túmulo por la orden que está dada; y que los señores Di- 
putados del túmulo lo íean para tratar con los diputados de la 
Iglesia en todo lo tocante á las fábrica del túmulo, y de todo 
lo demás tocante á las honras; y Francisco García de Laredo 
hable al Arcediano de Sevilla, para que dé cuenta al Cabildo 
de la Iglesia de como están ya nombrados estos señores dipu- 
tados, para que, con los que nombrare el Cabildo de la Iglesia, 
traten y confieran todo lo á esto tocante, de suerte que se co- 
mience luego á facer el dicho túmulo, y no se alze la mano 
del hasta verlo acabado, lo cual se haga con la mayor bre- 
vedad que sea pusible. 

Acordóse de conformidad, que los señores diputados de la 
cera, provean que la cera que se oviere de poner en el túmu- 
lo sea amarilla, y la saquen á remate, para el que mas gracia 
hiciere; y la cera, que se oviere de dar á los conventos y clé- 
rigos, sea ansí mismo amarilla, y se saque á remate por la mis- 
ma orden, y para ello se dé libramienro general por la orden 
en el Sr. Pedro Caballero de lllescas. 

Acordóse de conformidad, que á la persona que entregare 
el dinero, por D. Lorenzo de Pavera, para la fábrica del tú- 
mulo, se le dé libramiento general, para que el Mayordomo le 
pague la cantidad que entregare para en fin del mes de Diciem- 
bre de este año; y de todo se tome la razón en la Contadu- 
ría; y Fernando de Porres haga cargo á D. Lorenzo de Rivera 
ó á la persona que por su merced lo entregare para que lo cobre. 

Acordóse de conformidad, de nombrar por predicador pa- 
ra las honras de S. M. al Padre maestro Carraholano, Provin- 



236 APÉNDICE. 

cial de la Orden de Santo Domingo; y nombrar por diputado 
para que le escriba en nombre de la Ciudad una carta á su 
Señoría, del Marqués del Algaba, y se despache un peón con 
ella, y lo que costare lo pague Pedro Caballero de Illescas, por 
cédula de su Señoría del Conde ó del Sr. Teniente y del dicho 
Sr. Marqués del Algaba. 

Acordóse de conformidad, de cometer á Felipe Pinelo, vein- 
te é quatro, que de la bayeta, que se pone por luto en el (Ca- 
bildo, haga que se pongan dos paños en los estrados de la sa- 
la de la visita de la Cárcel Real, uno en la pared donde se po- 
nen los Oidores, y el otro en los estrados, y lo. que costare se 
pague por la orden que se paga la demás bayeta. 

Acordóse, que Felipe Pinelo haga poner un paño de luto 
en el Juzgado de los Sres. Fieles Ejecutores, y sea del mismo 
luto que se pone en el Cabildo, y se pague por la orden de 
las demás bayetas. — Lido. Collados de Aguilar. — Hernando de 
Nájera, Escribano. 



Cabildo extraordinario de sábado en la tarde 26 dias del mes 
de Setiembre i5g8. 



Leyóse una carta que escribía S. M. del Rey Ntro. Señor 
á esta ciudad de Seuilla, su fecha en Madrid á 18 de Setiembre 
de este año, en que le dá cuenta de la muerte del Rey D. Fe- 



APÉNDICE. 237 

lipe Ntro. Señor, su Padre, en que manda que Sevilla haga las 
honras tocantes á esto, y levante los pendones y haga las de- 
más ceremonias que en esto se acostumbra, cuando suceden 
casos semejantes_, como por ella parece. 

Fué obedecida por el Sr. Teniente, por si, y en nombre de 

la dicha Ciudad, y en cuanto á el cumplimiento se tráete dello. 
Acordóse que Fernando Diaz de Medina, por Ciudad, es- 
criba una carta por Ciudad á Luis del Alcázar en conformi- 
dad de lo que a entendido de la Ciudad en este negocio, é no 
sea por Ciudad la carta que escribiere. — Lido. Collados. — Her- 
nando de Najera, escribano. 



Cabildo de miércoles 3o dias del mes áe Setiembre de i5g8. 



Acordóse de conformidad que P'ernan Gómez, á quien está 
cometido tener la cuenta é razón .del túmulo, la tenga ansi mis- 
mo para lo tocante á la cera y á todo lo demás tocante á 
las honras menos Alonso de Porres, que dijo que es en que no 
haya de llevar por esta razón salario ninguno. 

Acordóse que se llame á Cabildo para ver si se dará luto 
á otras algunas personas mas de á las que están señaladas. 

Acordóse de conformidad que se notifique á los escriba- 
nos propietarios de la Justicia, y á los escribanos públicos y 
propietarios de los fieles ejecutores y Escribano del Juzgado 



238 APÉNDICE. 

del vino, y al escribano de la Albóndiga, y al fiel del Mata- 
dero, que la víspera y dia que se hicieren las bonras de S. M., 
vayan acompañando á la Ciudad con sus lobas y caperuzas, cu- 
biertas las cabezas en la forma y orden que otras veces lo han 
fecho, lo cual sea á su costa, pena de treinta ducados el que 
faltare, y veinte dias de cárcel; lo cual se ejecutará inviolable- 
mente, y la dicha pena la notifique el escribano del Cabildo. 

Acordóse de conformidad, que Francisco García de Laredo 
haga, que las lobas que truxesen los porteros sean con sus man- 
gas de punta, y que Pedro Caballero de Illescas haga executar 
esto, y de la bayeta que para ello fuere menester. 

Leí la carta que escribe el Cabildo de Utrera á Sevilla en 
que se pide licencia de donde sacará lo que fuere menester pa- 
ra lutos y cera y honras del Rey Ntro. Señor, y la cantidad 
que se ha de dar á cada uno, porque los propios están embar- 
gados, y la petición que sobre esto da Juan Pérez Calderón, 
en nombre del dicho Concejo de Utrera, y ansí mismo se le- 
yó la petición que da el Licenciado Juan Bautista Moreno, Te- 
niente de la tierra, y Diego de Rivera, Alguacil de ella, en que 
piden se les den lutos. 

Acordóse de conformidad, que el dicho Concejo de Utrera 
haga lo mismo que en semejantes ocasiones ha fecho, y gaste 
la misma cantidad que otras veces ha gastado, sacándolo de la 
misma bolsa que otras veces ha salido; y que al Teniente de 
la tierra se le dé luto, y se le dé la misma cantidad que se 
diere á los Alcaldes ó Regidores, é no á otra persona alguna, 
y el luto se dé á las personas que otras veces se suele dar, y 
el luto sea de bayeta, y en todo los demás guarden y cumplan 
lo que por el mandato, que se les invió, se les envió á mandar, 
y si esta cantidad otras veces se ha sacado de los Propios, lo 
puedan facer ansi mismo agora, con que no esceda de la canti- 
dad que otras veces, como está dicho; y, atento que esto es 
para el servicio de S. M.. lo puedan sacar de los dichos sus 



APÉNDICE. 239 

Propios, acostumbrándose de sacarlo de los dichos propios pa- 



ra este efecto. 



Cabildo del viernes dos días del mes de Octubre 
de iSg8 años. 



Lei la petición de Juan Martinez de Rojas, Alcalde ordinario 
de las Cabezas de San Juan y en nombre del dicho Concejo, 
en que dice que no tiene Propios para lutos, y para las honras y 
exequias de donde lo sacar, é pide que hasta ciento cincuenta 
ducados que será menester para esto, lo podrá sacar con arren- 
dar un pedazo de tierra valdío, realengo ó alguna dehesa de 
cuatro que tiene, y pida licencia para ello. 

Acordóse de conformidad, que se haga Cabildo abierto pa- 
ra que todos los vecinos, ó la parte de ellos que quisieren ha- 
llarse el dia que se señalare, con el Concejo é Justicia de la 
dicha villa, confieran y platiquen, si les parece que se arriende 
la dehesa que dicen los Majuelos, ú otra qualquiera que sea 
de la dicha villa, si han por bien que se arriende hasta en la 
cantidad de i5o ducados, que la petición dice, pareciéndoles la 
arrienden en la dicha cantidad, y no en más, para el efecto que dice 
dicha petición, y lo hagan en la forma que lo suelen hacer otras 
veces, y el dicho Cabildo abierto se haga en el dia de fiesta, 
á campana tañida, por la orden; y no habiendo contradicion, se 



240 APÉNDICE. 

haga, y habiéndola se traiga á esta Ciudad para que lo vea y 
provea. 

Lei la petición de Gaspar de los Reyes de Medina, Escri- 
bano público de Sevilla, é Mayordomo de los demás, en que 
piden que en el acompañamiento, que han de facer á la Ciudad 
en la víspera é dia de las honras del Rey Ntro. Señor, se les 
guarde su antigüedad. 

Acordóse de conformidad, que Pedro de Escobar Melgarejo, 
Procurador mayor, se informe de personas antiguas, de la for- 
ma y orden que se ha guardado otras veces en semejantes ac- 
tos, en que se han hallado Escribanos públicos y de la Justi- 
cia é otros, para acompañar á la Ciudad, y lo dé por parecer á 
la Ciudad por escrito, para que lo vea y provea en razón dello 
lo que convenga. 



Cabildo de lunes 5 de Octubre de i5g8 años. 



Acordóse de conformidad que Pedro Caballero de Illescas, 
veinte é quatro, escriba una carta al Sr. Luis del Alcázar, de 
parte de la Ciudad; diciéndole como la Ciudad ha convidado 
para que predique el sermón de las honras del Rey Ntro. Se- 
ñor, al padre Fray Diego de Carraholano, provincial de la orden 
de Sto. Domingo, desta provincia, y paresce que.los Sres. de la 
Iglesia y gobernador del Arzobispado, quieren nombrar persona 



APÉNDICE. 241 

por su parte que predique el dicho sermón, y porque esto se- 
ría inconveniente y contra las preeminencias de la Ciudad, á 
quien pertenece nombrar en semejantes ocasiones quien haga el 
sermón, que lo diga al Sr. Fray Gaspar de Córdoba, confesor 
de S. M., y á las demás personas á quien le pareciere conve- 
nir dar cuenta de este negocio, para que sobre ello trate lo que 
convenga, y tenga efecto lo que la Ciudad pretende. 



Cabildo de miércoles 7 dias del mes de Octubre 
de i5q8 años. 



Acordóse que el Mayordomo, con la fé de este acuerdo, pa- 
gue á Baptista cien rs. que se mandan dar por lo que trabajó 
en hacer aderezar los paños de luto que están colgados del Ca- 
bildo, y con este despacho se los reciba en cuenta. 

Son dadas las nueve. 

Dijo Fernando Diaz de Medina, veinte é quatro, como di- 
putado del túmulo, que hace saber á la Ciudad, que de los dos 
mil ducados que se han dado, se han gastado mucho más, y que, 
si la Ciudad no manda luego proveer de dineros para la cera 
desde mañana ocho de este mes, y porque su merced está ocu- 
pado en negocios que la Ciudad sabe tan importantes, que le 
suplica mande nombrar otro caballero que acuda á ello. 

E luego dijo Francisco Alonso Malvenda, veinte é quatro, 
Sucesos de Sevilla. 23 



242 APÉNDICE. 

como diputado de la cera del túmulo, que, aunque el túmulo 
se acabe, si la cera no está labrada no se pueden hacer las hon- 
ras de S. M., advirtiendo de que es beneficio que se labre lue- 
go, porque no se gaste tanta, y que son menester mas de dos 
mil y seiscientos ducados, é que suplica á la Ciudad los man- 
de proveer luego, porque entre tanto que no lo hiciere, protesta 
que no sea á su cargo la omisión que de esto oviere. 

E luego dijo el jurado Cristóval Sánchez Suarez, como di- 
putado de la dicha cera, que dice lo mismo que ha dicho Fran- 
cisco Alonso de Malvenda. 

E luego dijo el Sr. Teniente Collazos de Aguilar, que desde 
mañana jueves, 8 de este mes, forzosamente ha de parar la obra 
del túmulo por falta de dineros, y que el proveerlos es á cargo 
de la Ciudad, y pues estas honras de S. Aí.^ en que no se puede 
perdonar á bolsa ninguna, sino que de cualquier parte donde 
oviere dineros se han de sacar para continuar y acabar el di- 
cho túmulo y hacer las dichas honras y exequias, que suplica á 
la Ciudad, que sin dilación alguna provea de donde sacar el di- * 
cho dinero con apercibimiento que cualquiera dilación que de 
lo contrario se siguiere, ó de no acabarse esta obra como con- 
viene en negocio de tanta importancia y á que la Ciudad debe acu- 
dir con todo, si no fuere así, sea por cuenta de la Ciudad, y 
no por la suya, y lo pide por testimonio. 

E luego dijo el jurado Diego Ferrer que en la bolsa de 
Cádiz, que tiene á su cargo D. Lorenzo de Rivera, é por su 
ausencia Fernando de Vallejo, cae cada dia cantidad de dineros, 
por haber venido las flota de nueva España y la vendeja, por 
lo cual caen mas de cincuenta ducados cada dia, é suplica á 
la Ciudad, y, con el acatamiento que debe, le requiere se sirva 
mandar dos cosas; la una que se tome cuenta á Fernando 
de Vallejo, que el alcance se cobre luego por la necesidad que 
hay tan grande para el túmulo; y la otra que ponga persona 
que el dinero que cae cada dia lo cobre para pagar los ofi- 



APÉNDICE. 243 

cíales del- túmulo, y de esta manera se podrá remediar parte 
de la presente necesidad; y, lo pide por testimonio como lo dice 
y suplica. 

E luego dijo D. Silvestre de Guzman, veinte é quatro, que 
dice lo mismo que ha dicho el jurado Diego Ferrer, y que, pa- 
ra que esto haga efecto, se le pida á Fernando de Vallejo dé 
tanteo jurado conforme á estilo de contaduría; y, en el entre 
tanto que no diere el dicho tanteo, se le mande que no cobre. 

Votóse. 

Bartolomé de Hoces dijo que es en suplicar al Sr. Te- 
niente haga merced á la Ciudad, que juntamente con Pedro 
Caballero de Illescas, en levantándose el Cabildo, vayan á hablar 
á Juan Castellano, de palabra, de parte de la Ciudad, para que 
dé dos mil ducados luego para con ellos poder pagar á los 
oficiales que trabajan en el túmulo, y cerca de ello le digan las 
palabras mas regaladas^ significándole la necesidad que la Ciu- 
dad tiene, importunándole lo haga, y que en todo este mes la 
Ciudad se los pagará, importunándole mucho porque lo haga; 
y Pedro de Escobar Melgarejo, Procurador mayor de la Ciu- 
dad, dé un recaudo de parte de ella á Fernando de Porres, Con- 
tador del medio por ciento en Cádiz, pidiéndole que mande to- 
mar luego la cuenta é tanto de lo que vá cobrando D. Lorenzo 
de Rivera del cuarto por ciento; porque la Ciudad quiere saber 
lo que debe esta bolsa, y en el inter esto se hace, provea é man- 
de que lo que fuere cayendo todos los dias, se acuda con ello 
por la misma persona que lo cobra á Pedro Caballero de Ules- 
cas, como persona en cuyo poder entra lo que se gasta en el 
túmulo, para que su merced vaya pagando loque se fuese obran- 
do de los jornales de cada dia; y, fecha la cuenta por el Sr. Fer- 
nando de Porres, se traiga á la Ciudad para que se vea la can- 
tidad que hay en aquella bolsa, bajando la cantidad que se oviere 
librado y pagqdo por cuenta de la dicha bolsa, para que visto 
por la Ciudad provea lo que mas convenga; y ansí mismo Fe- 



244 APÉNDICE. 

lipe Pinelo, para el primer Cabildo, diga á la Ciudad deque bol- 
sa se podrá sacar algún dinero para el túmulo, para que la Ciu- 
dad cada dia no esté detenida sobre ello sino vea de dónde se 
podrá sacar el dinero para que se acabe con toda brevedad; y 
la proposición de Francisco Alonso Malvenda, y de Cristóval 
Sánchez Suarez, se traiga para el primer. Cabildo para que la 
Ciudad provea cerca dellas lo que le pareciere que conviene. 

Pedro Caballero de Illescas dijo que es en que Felipe Pinelo, 
de parte de la Ciudad^ diga á Fernando de Porres se sirva de de- 
socuparse luego de cualquier negocio y haga luego un tanteo, 
como contador que es del cuarto por ciento que cobra D. Lo- 
renzo de Rivera _, é haga una relación del estado en que está aquella 
cuenta; y, hallando que hay en su poder cuatro mil ducados de 
mas de los dos mil que ha dado, haga una libranza de dicha 
cantidad, ó de la que mas della oviere, para que la pague la per- 
sona señalada por D. Lorenzo de Rivera y con su poder á la per- 
sona que la Ciudad tiene nombrada para en que entre el di- 
nero para el gasto del túmulo, y con esta libranza el Sr. Te- 
niente, haga merced á la Ciudad de hablar al Banco para que acep- 
te esta libranza y la pague luego de contado, y cobre esta li- 
branza D. Lorenzo de Rivera ó Hernando de Vallejo por la necesidad 
que de presente la Ciudad tiene de este dinero, para valerse del 
para el túmulo. 

D. Francisco de Saavedra, oir. 

Fernando Diaz de Medina^ oir. 

Francisco de León, dijo que es como Bartolomé de Hoces, 
y en suplicar al Sr. Teniente mande facer una memoria de diez 
personas, las mas ricas que oviere en Sevilla, y pedirles á ca- 
da uno presten doscientos ducados para esta necesidad, y que el 
Aduana se los recibirá en cuenta de los derechos que oviere de 
pagar hasta en esta cantidad; y, si fuere necesario dar libranza 
al receptor de los almojarifazgos, destos dos mil ducados, para 
que los cobae su merced, mande á los cobradores que la hagan. 



APÉNDICE. 245 

D. Silvestre de Guzmaa como Bartolomé de Hoces en lo 
que toca á pedir el dinero prestado al Banco; y en lo demás 
es en que el Sr. Teniente Collazos de Aguilar proponga á al- 
gunas personas del lugar ricas, presten dos mil ducados á la 
Ciudad; digo tres mil ducados^ (i) por la orden que ha dicho 
Francisco de León. 

Francisco Ramírez de Guzman oir. 

Pedro de León de Ayala, como Francisco de León. 

D. Luis de Monsalve, así. 

Felipe Pinelo, así, menos en lo que toca á tratar nada con 
el Banco, y en suplicar al Sr. Teniente que su merced se junte 
con Fernando de Forres, y vean esta tarde los dineros que se 
van adeudando en el almojarifazgo para fin de este año, y de 
las personas que mas tuvieran que pagará los diez dellos, seles 
pida den trescientos ducados cada uno por cuenta de los dichos 
dineros; y de los tres mil ducados que esto monta, por cuanto 
los ha de recibir en cuenta el receptor de los almojarifazgos, se 
le dé libranza sobre la receptoría del cuarto por ciento, y es- 
tos tres mil ducados se entreguen á Pedro Caballero de Illes- 
cas por la orden de lo demás que ha entrado en su poder. 

Francisco Alonso Malvenda dijo que es en que el Sr. Te- 
niente Antonio Collazos de Aguilar é Pedro Caballero de Ules- 
cas, hagan una memoria de cuarenta hombres de negocios de 
todas naciones, y de parte de la Ciudad, para negocio tan for- 
zoso, se le pidan prestados cien ducados á cada uno, y los den 
luego en contado sin librarlos en el Banco; y que á los dichos 
hombres de negocios se les libre la partida en el Banco para 
fines de Febrero primero que verná, que su merced se ofre- 
ce á que el Banco lo aceptará y que haciendo desta manera 
de paga que se ha de ofrecer á los dichos hombres de Nego- 



(i) La frase subrayada es una corrección que hace el escribano de un 
error cometido al redactar el acta. 



246 APÉNDICE. 

CÍO, se les descontará de lo que ovieren firmado de dineros so- 
bre Aduanas para el tercio de fin de Diciembre, y que si acep- 
taren este concierto no se les libre la entrada en el Banco, por- 
que se guarde para otro efecto el crédito del dicho Banco. 

D. Juan de Saavedra, que quiso oir, dijo que es ansi y en 
nombrar mas por diputados á Francisco Alonso de Malvenda, 
é Carlos de Lezana para que lo hagan ó los dos dellos; y cual- 
quiera destos partidos que se aceptare se libre en el Mayordo- 
mo, para que pague el Banco lo que aceptare ó al receptor de 
los almojarifazgos lo que pagare y que los diputados de pro- 
pios señalen desde luego una ó mas rentas, las que fueren me- 
nester, para pagar esta cantidad. 

Francisco Diaz de Medina dijo que es en que se llame á Ca- 
bildo. 

Francisco Ramírez de Guzman, así. 

Francisco Alonso de Malvenda, se enmendó como D. Juan 
de Saavedra. 

Pedro de León de Ayala, así. 

D- Luis de Monsalve, así. 

Felipe Pinelo, así. 

El Sr. Tenienre como Bartolomé de Hoces, con la que 
añadió D. Juan Saavedra; y nombrar mas por diputado á Fer- 
nando de Porres, é que también se haga deligencia con las ca- 
sas de crédito, para que se saquen dellas la mayor cantidad que 
se pudiere. 

Bartolomé de Hoces, así. 

Juan de Saavedra; así. 

D. Silvestre de Guzman, así. 

Pedro de León de Ayala, así. 

Felipe Pinelo, así. 

Don Luis de Monsalve, así. 

Francisco Alonso Malvenda, así. 

Pasa el voto del Sr. Teniente. 



APÉNDICE. 247 

Leí la petición que dan Pedro de la Cueva, escultor, y Blas 
Gutiérrez y el Capitán Cabrera y Reyes, oficiales de la Santa 
Iglesia de Sevilla, en que bajan cien ducados en las figuras que 
están rematadas. — Acordóse remitir esta petición, y lo que por 
ella se pide, á los diputados del túmulo, para que lo vean é pro- 
vean cerca de ella lo que les pareciere conveniente. 



Cabildo dii viernes g días del mes de Octubre 
de iSg8 años. 



Acordóse de conformidad que, atento que el Marqués del Al- 
gava ha dicho hoy en este Cabildo como comisionado para convi- 
dar al Padre Maestro Fray Diego de Carraholano provincial de 
la orden de Sto. Domingo para el Sermón de las honras del Rey 
Ntro. Señor, que no puede venir por su poca saluda predicarlo, 
escriba al Padre maestro Juan Farfan provincial de la orden de 
S. Agustin convidándole para el dicho sermón y para este efec- 
to suSria. despache un peón y loque costase lo pague el Mayor- 
domo por cédula de su Sria. del Conde ó del Sr. Teniente y 
del dicho Sr. Marqués, digo que lo que costare lo pague Pedro Ca- 
ballero de Illescas por la orden que se pagó el otro. 



248 APÉNDICE. 

Acordóse de conformidad que la escritura que han fecho 
Fernando Diaz de Medina y P'rancisco Garcia de Laredo á Fran- 
cisco de Forres alcaide de los Alcázares reales de esta ciudad de 
volverle los pinos tales y tan buenos, que dio para el túmulo 
de las honras del Rey Ntro. Sr. que está en el cielo tales y tan 
buenos dentro de un año, la Ciudad debe sacarles á paz y á salvo 
indemnes de la dicha obligación que han hecho, y otorgaron y les 
da comisión á los susodichos para que cuando vengan pinos tra- 
ten de comprarlos y los compren y entreguen al dicho Fernando 
de Forres; y lo que costaren lo libren en el Mayordomo, el cual 
lo pague por cédula de su Sria. ó del Sr. Teniente y de uno de 
los dichos diputados. 



Cabildo de miércoles 14 de Octubre de i5g8 años. 



Leí la petición de los escribanos de la justicia en que pi- 
den, que se les ha notificado que acompañen á la Ciudad en las 
honras que han de facer por S. M.; y que ellos tienen mejor 
lugar que los escribanos públicos, porque han de ir junto á las 
mazas por ser mas antiguos, que piden se les dé en la forma que 
fueron á las honras de la Reina doña Ana. 

Todos en remitir esta petición á Pedro de Escobar Mel- 
garejo, diputado de este negocio, para que la vea con lo de- 



APÉNDICE, 249 

demás y nombraron mas por diputado á Felipe Pinelo veinti qua- 
tro é Rodrigo Diaz Castalio, jurado, ó los dos de estos señores 
para que lo vean y den su parecer por escrito á la Ciudad, y sea 
preciso uno de los diputados Felipe Pinelo. 

Leyóse la memoria de los monesterios que se han de con- 
vidar para las honras del Rey Ntro. Señor, y tratóse del mo- 
do de los que han de ir y de la cera que se les ha de dar, la 
que trujo á este Cabildo Pedro de Escobar Melgarejo, veinti- 
quatro y Procurador Mayor. 

Votóse. 

D. Andrés de Monsalve dijo, que es en que Bartolomé de Ho- 
ces, é Francisco Ramírez de Guzman, Francisco Alonso de Mal- 
venda, Pedro de León de Ayala, veinti quatros, Juan de Aven- 
daño, Diego Ferrer, Cristóval Sánchez Suarez, Carlos de Leza- 
na, jurados, vean esta memoria que aquí se ha leido cerca del 
convite de las religiones, y hagan los repartimientos que les pa- 
reciere entre sí, nombrándose un veinte é quatro é un jurado 
para que vayan á los conventos que á cada uno le tocase por 
este repartimiento, y sepan del Prior ó su-prior, ó guardián, ó 
Vicario, ó los Perlados de aquellas casas, los religiosos que 
podrán salir á vísperas y- misa el dia que se celebraren las hon- 
ras del Rey Ntro. Señor, y los tomen por memoria; aperci- 
biéndoles que no han de ir frailes legos á estas honras; é qne 
esta memoria la entreguen á Francisco Alonso Malvenda, para 
que por ella entienda las velas que se han de mandar facer; por 
supuesto que han de ser dobladas, y que las que sirviesen á 
las vísperas no han de servir otro dia á la misa, y suplica á 
estos caballeros que luego hagan esta diligencia; y á Francisco 
Alonso Malvenda, que con la mayor brevedad que sea posible, 
mande que luego se haga esta cera, y toda la demás que se 
ha de gastar en estas, honras, é porque en ser la cera añeja 
vá la mitad del gasto, si algún convento se escusase de no 

hacer lo que la Ciudad le pide, estos caballeros, ó el uno de ellos 
Sucesos de Sevilla. 24 



25o APÉNDICE. 

lo diga á la Ciudad para que provea lo que le pareciere que 
conviene. 

Bartolomé de Hoces así, y en nombrar en su lugar á D. 
Juan de Saavedra^ y que estos caballeros, ó los dos dellos ha- 
blen al Sr. Arcediano de Sevilla, y se le diga como la Ciudad 
tiene convidados á todos los Conventos para las honras del Rey 
Ntro. Seiior, y les diga cuántos conventos, para que les man- 
den dar capillas en la forma que en semejantes ocasiones se les 
suele dar. 

Pedro Caballero de Illescas, así; y en nombrar todos los 
diputados que vienen nombrados. 

D. Juan de Saavedra como D. Andrés de Monsalve. 

Pedro Diaz de Herrera, así; y en cuanto á lo que ha dicho 
Bartolomé de Hoces, de las Capillas, es en que se pidan á la 
Iglesia todas la Capillas, y que estas los señores diputados las 
repartan con la capacidad que oviere menester cada una de las 
órdenes, y adviertan los señores diputados que han de convi- 
dar á los conventuales de Santiago de los Caballeros, que les 
han de preceder á todos los conventos. 

Francisco Diaz de Medina, así. 

Don Cristóval Mexia, así. 

Don Silvestre de Guzman, así. 

Francisco Ramírez de Guzman_, así. 

Pedro de León Ayala, así. 

Pedro de Escobar Melgarejo, así; y que los señores dipu- 
tados hagan poner los bancos en las Capillas, en donde se sien- 
ten las órdenes. 

Felipe Pinelo, así. 

Francisco Alonso Malvenda^ así, y que la Ciudad envié un 
recaudo á D. Diego de UUoa, gobernador de este Arzobispado, 
para que mande al Abad de la Universi4ad (de Beneficiados; y 
á la demás clerecía, que acuda á estas honras, por la orden que 
suele otras veces, y se le dé cera*. 



APÉNDICE. 25 1 

El Sr. Teniente, como Pedro Díaz de Herrera, é que antes 
que se egecute lo que toca al repartimiento de las Capillas, los 
señores diputados se informen del orden que se ha tenido otras 
veces; y si oviere de qué dar cuenta á la Ciudad, la den para 
que provea lo que quisiere y le paresciere; y que en el dar 
de la cera á la clerecía, se guarde el orden mismo que se tuvo 
en las honras de la Reina Doña Ana Ntra. Señora, y esta mis- 
ma tengan é guarden los señores diputados. 

D. Andrés de Monsalve, así. 

Todos así, y esto pasa y son dadas las nueve. 



Cabildo de viernes i6 del mes de Octubre de i5g8 aíios. 



Leí la petición de Pedro Sánchez Morcillo, en nombre del 
Concejo, de Burguillo, en que pide licencia para que el dicho 
Concejo de las personas mas cómodas donde se puede sacar 
algún dinero, lo saquen y den á cada oficio mil é quinientos 
mrs. para ayuda de luto. 

Todos: que cada uno traiga luto conforme á su posible, y 
en lo demás que pide no ha lugar. 

Leí la petición de Gregorio Martin Suarez, Mayordomo del 
Concejo de Guillcna, en que pide mandamiento para que el di- 



252 APÉNDICE. 

cho Concejo, á costa de sus propios, pueda dar luto á la Justi- 
cia y oficiales del dicho Concejo, para lo traer por la muerte 
del Rey Ntro. Señor, que está en el Cielo, como lo dá el Ca- 
bildo de la Ciudad. 

Todos: que cada uno traiga luto conforme á su posible, 
y en lo demás que pide, no ha lugar. 

Leí la petición de la villa del Real^ en que dice se ha man- 
dado que traigan lutos por la muerte del Rey Ntro. Señor, y 
que los oficiales son pobres; pide mandamiento y licencia para 
que se les dé á cada oficial, á el alguacil é regidores y escri- 
bano e Mayordomo é portero, dos mil mrs. para los dichos lutos. 

Todos: que cada uno traiga luto conforme á su posible, y 
en lo demás que pide, no ha lugar. 



(Honras.) 

Acordóse que Pedro Caballero de lUescas, por Ciudad, con- 
vide al Padre maestro Bernal, de la orden de Ntra. Señora de 
la Merced, para el Sermón de las Honras del Rey Ntro. Se- 
ñor, y que este acuerdo se ponga con los demás en el cuaderno. 

Acordóse de conformidad que los señores diputados del tú- 
mulo, que son, Manuel Diaz de Medina é Francisco Garcia de 
Laredo, hagan imprimir en estampas el túmulo y pendón, con 
todas las cosas que tocan á ambos actos, y lo que costare se 
pague por la orden que los demás gastos del túmulo, y se traigan 
cuerpos de esto para toda la Ciudad y sea por la misma for- 
ma que paga Pedro Caballero de lUescas lo demás gastos, y se 
imprima ansí mismo el sermón, y. que se digan todas las misas 
que aquel dia pudieren, en la Iglesia Mayor, (i) 



(i) El cuaderno de que aquí se habla, así como la lámina del 
túmulo, no lo hemos podido hallar en el Archivo Municipal: el ser- 
món del P. Bernal se reimprime en este Apéndice. 



APÉNDICE.. 253 



Cabildo del jueves irj días del mes de Octubre de i5(j8. 



Leyóse la carta que escriben á la Ciudad D. Juan Vicen- 
telo, Alcalde mayor, y D, Juan de Zúniga, su fecha en Madrid 
á 1 2 de Octubre, en que dan cuenta de cómo entraron á be- 
sar la mano á S. M., y del acompañamiento que llevaron, y de 
lo que en esto pasó, como paresce de la dicha carta. 

Acordóse que D. Andrés de Monsalve escriba por Ciudad 
una carta al Sr. Duque de Medina, y á D. Luis de Guzman, 
y al Conde de Puñonrostro, agradeciéndoles mucho la merced 
que hicieron á la Ciudad en acompañar á los Sres. D. Juan 
Vicentelo y D. Juan Zúñiga, cuando fueron á hablar á S. M. 
é besarle la mano por Sevilla. 

(Jura de Felipe III.) 

Leyóse en la Ciudad un capítulo de una carta que escribe 
Luis del Alcázar y Fernando Diaz de Medina, su fecha en Ma- 
drid á 12 de este mes por el cual le avisa la orden que se tuvo 
en Madrid en alzar el estandarte real, y ansí mismo se leyó una 
memoria que trata de esto, que venía con la dicha carta. 

E luego dijo el Sr. Licenciado Antonio Collazos de Agui- 
lar, Teniente de Asistente, que la Ciudad tiene no pequeña obli- 
gación de procurar se alze en esta Ciudad el estandarte real, 
con la mayor demostración é grandeza que sea posible, como lo 
acostumbra á hacer en semejantes actos del servicio de S. M. en 
que se aventaja á todas las demás del Reino, que suplica á la 



254 APÉNDICE. 

Ciudad mande luego tratar dello y dar orden que esto se haga 
dentro de ocho dias á lo mas tarde. 

Votóse. 

El Marqués del Algava dijo, que es en que los Sres. D. An- 
drés de Monsalve, Alcalde mayor, D. Juan de Saavedra, D. Pe- 
dro de Menchaca, Fernando Diaz de Medina, Pedro de León 
de Ayala, D. Silvestre de Guzman, Juan Antonio del Alcázar, 
veinti quatros; Rodrigo Suarez, Carlos de Lezana, jurados, se jun- 
ten y vean la carta de Luis del Alcázar, y las relaciones que han 
venido de cómo se alza el estandarte en Madrid, y traten y con- 
fieran lo que convendrá facer para levantar el estandarte en esta 
Ciudad, para que sea con la mayor autoridad que se pueda, por 
que á su señoría escriben, que S. AL y todas las Ciudades del 
Reino están á la mira para ver qué demostraciones hace Sevilla, 
que traigan su parescer á la Ciudad para que mande lo que 
le pareciere, y esta comisión la puedan facer, siendo llamados 
todos los tres, siendo los dos regidores. 

D. Andrés de Monsalve, así; y mas en nombrar á su Sria. 
por Diputado, y á Pedro Caballero de lUescas, y que esta Co- 
misión se trate; y será bien el dia que se hubiere de hacer esta 
ceremonia, que se hallen en esta Plaza de S. Francisco todas las 
compañías de soldados que la Ciudad tiene, ó algunas de ellas; 
y que ansí mismo se advierta en la comisión y se considere, si 
será bien mandar que todos los navios que estuvieren en el rio 
aquel dia, hagan una gran salva al tiempo que se hiciese la 
cerimonia en esta plaza; y ansí mismo se trate de que las cam- 
panas de la Iglesia Mayor, é de todas las Parroquias, toquen en 
aquel punto, y de todas las demás cosas que parescieren ser or- 
nato de este acto. 

Pedro Caballero de Illescas, asi; é que se advierta en la co- 
misión; si será bien que haya ó nó alcabucería en la Plaza, res- 
pecto de los coches é caballos que en ella habrá. 

D. Juan de Saavedra como D. Andrés de Monsalve. 



ap?:ndice. 2d:) 

Todo así, y esto pasa. 

(Túmulo.) 

Acordóse de conformidad, que todo el dinero que fuere me- 
nester para la cera del túmulo y honras, lo dé Fernando de 
Vallejo, por cuenta de lo que cobra D. Lorenzo de Rivera^ del 
cuarto por ciento, y dello se haga pagado de lo que fuere ca- 
yendo en la dicha receptoría; y este dinero entre en poder del 
Sr. Pedro Caballero de Illescas, en el cual se den las libranzas 
que fuesen menester por la orden; en lo que sea dinero que ha 
de entregar el dicho Fernando de Vallejo, con la fé de este 
acuerdo, y testimonio del Sr. Teniente, y de Pedro Caballero, 
sea bastante recaudo, y esto se entiende en lo que es cera, y 
lo demás que fuere necesario para la fábrica del dicho Túmulo^ 
y este acuerdo sea bastsnte recaudo para el dicho Fernando de 
Vallejo, para su descargo. 

(Jura de Felipe III.) 

Acordóse que el estandarte nuevo que está en poder del al- 
caide del Cabildo, se entregue luego á su Sria. del Marqués del 
Algava, como Teniente de Alférez mayor, é del se le haga cargo 
V se tome razón en la contaduría. 



Cabildo de miércoles 1 1 dias del mes de Octubre 
de i5g8 años. 



Acordóse de conformidad, de nombrar mas por diputado p¿i- 
ra 'que firme las libranzas de lo que se ha gastado y gastare 



256 APÉNDICE, 

para el túmulo y cera de las honras de S. M. á Felipe Pinelo, 
veinte é quatro, y las puedan firmar todos, ó los dos de estos 
Sres. por la orden de su comisión. 

Acordóse de conformidad, que lo que montasen los pinos que 
agora se piden al Sr, Fernando de Porres, que son siete, dos co- 
mendadores y cinco pinos reales, se entreguen á Francisco Gar- 
cía de Laredo, y como los que entregó, se le libren á Fernando 
de Porres, ó quien su merced ordenare el valor de los dichos 
pinos á como digere que le han costado; y se le libre en el 
cuarto por ciento, para fin de este año, por la orden que se li- 
bra lo demás que se ha gastado en el túmulo, y este acuerdo 
se entregue á Fernando Gómez del Castillo para que haga la li- 
branza pues que los dichos pinos son para acabar el túmulo que 
se hace para las honras de S. M. 

Leí la petición del Concejo de Lebrija, en que dice que pa- 
ra facer las honras por la muerte del Rey D. Felipe Ntro. Señor, 
conforme al acuerdo que tienen fecho , se han menester trescien- 
tos ducados, pide licencia para arrendar un pedazo de tierra que 
llaman el Retamar del cornegil^ y el Rostro de grifa, que será 
todo ciento y treinta fanegas. 

Todos: que el dicho Concejo de Lebrija haga en esto lo 
que debe y es obligado, según y de la manera que otras veces 
en semejantes actos lo han fecho, gastándolo de donde el dinero 
lo permite, sin hacer arrendamiento de ningunas tierras. 



APÉNDICE. 257 



Cabildo de viernes 28 del mes de Octubre de iSg8 años. 



Leí la petición del Concejo de la villa de Utrera, en que dice 
se le ha mandado hacer las honras, y que no tiene propios 
por estar todo embargado por Antón de Armijo y Pedro de 
Retana, para la paga de los regimientos que se consumieron; 
pide licencia para facer Cabildo abierto, y ver de votar de dón- 
de se sacará; y no habiendo contradicción, haga arrendamiento; 
y advierte que se puede arrendar á par el Arcornocal y dehesilla 
de Almanzor, que está incorporada. 

Todos: que se dé mandamiento para facer Cabildo abierto 
en día de fiesta, en la lorma que es costumbre, y vean si será 
bien que se arriende la dehesa del Alcornocal y Almanzor, ó parte; 
para que de lo producido de ello se hagan las honras en la forma 
que está mandado, y no habiendo contradicción, el Concejo de 
la dicha villa de Utrera lo haga y ejecute. 

La villa de Lebrija insiste en su petición de que se le per- 
mita arrendar tierras para las honras, ó que se destine á ello la 
sobra de millones. 

Todos: que se guarde lo que la Ciudad tiene pasado, y se 
vio y proveyó en Cabildo de miércoles 21 de Octubre. 

Leí la petición de Gaspar de los Reyes, escribano público 
de Sevilla, é Mayordomo de los demás, en que dice que se co- 

SucESOs DE Sevilla. 2 5 



258 APÉNDIDE. 

metió su petición á Pedro de Escobar Melgarejo, y dio su pa- 
recer sobre su lugar y antigüedad, y se nombraron mas dipu- 
tados á Felipe Pinelo y Rodrigo Diaz Cutano, y no han dado 
parecer, y de la dilación corre riesgo; pide que la Ciudad deter- 
mine este negocio, y declare ser ellos los mas antiguos, y les 
dé el lugar junto á la Ciudad. 

Todos en remitir esta petición á los diputados de este ne- 
gocio, para que con los demás autos, lo vean y manden que las 
partes den información de lo que vieren que les conviene, en 
razón de sus pretensiones, en cuatro dias, y con las informa- 
ciones, habiéndolas visto, den parecer á la Ciudad para proveer 
lo que convenga. 



Acordóse que Juan de P mayordomo de los propíos 

de esta Ciudad, haga una obligación á Fernando de Porres, te- 
niente de Alcaide de los Alcázares, por todos los pinos que ha 
dado y diese para el túmulo, en la forma y orden que lo pidie- 
re Fernando de Porres, y otorgue las escrituras que sean ne- 
cesarias, que la Ciudad se obliga á le sacar á paz y á salvo in- 
demne de la obligación que así hiciere, y con que se cháncele la 
obligación que hasta agora de ello han fecho Fernando Diaz de 
Medina y Francisco García de Laredo. 

(Jura de Felipe III.) 

Leyóse el parecer que dieron en la Ciudad los señores di- 
putados de la orden que se ha de tener en alzar el pendón real, 
y cuándo se ha de alzar, y habiéndose oido é platicado sobre ello: 



APÉNDICE. 259 

Todos con el parecer que aquí se ha Icido, y que se haga 
y cumpla lo en él contenido. 

Todos: que Pedro de Escobar Melgarejo, Procurador mayor, 
como maestro de ceremonias haga su oficio. 

Acordóse de nombrar por diputado para hacer aprestar la 
artillería de rio, á D. Pedro del Alcázar, veinte é quatro, éal ju- 
rado Diego Nuñez de Prado, ó el uno de estos señores digo á 
D. Pedro del Alcázar é Carlos de Lezana, jurados, ó el uno de 
estos señores, para que hagan é cumplan lo contenido en el acuer- 
do, é que D. Pedro Menchaca nombre los cuatro alféreces en- 
tretenidos que dice el acuerdo. 

Acordóse de nombrar por Diputado para buscar las copias 
de ministriles, y los prevenga para este dia, y para las trompe- 
tas y atavales á D. Juan Ponce, y les busque muías en que va- 
yan, y haga hacer las banderas y gualdrapas que han de llevar 
Jos atabales, y vestidos de los muchachos que han de tañer los 
atabales. 

Acordóse de nombrar por diputados, para que hagan colgar 
las calles por donde ha de venir é volver el estandarte, á Alon- 
so de Vargas, Secretario mayor, y Pedro de León de Ayala, é 
Francisco Alonso de Malvenda, é Juan de Avendaño, é para que 
ansi mismo hagan limpiar las calles. 

Acordóse de nombrar por diputados para ver dónde se ha 
de hacer el tablado, y el modelo y trazo que ha de llevar, ^ 
su Sria. del Marqués del Algava, D. Andrés de Monsalve, Al- 
calde mayor, é Felipe Pinelo, é Gristóval Sánchez Suarez, y el 
hacerlo y aderezarlo, lo haga Pedro de Escobar Melgarejo, Pro- 
curador mayor; y para poner las hachas aquella noche, y las 
luminarias en los corredores, y los fuegos de la Plaza, lo haga 
el dicho Pedro de Escobar Melgarejo, veinte é quatro, é Pro- 
curador mayor; é que las luminarias de las calles los señores 
diputados de la colgadurla y limpieza, hagan que se haga aque- 
lla noche; é Pedro de Escobar Melgarejo, aquella noche ponga 



26o APÉNDICE. 

en cada ventana dei Cabildo dos hachas, y en cada arco del 
Cabildo otras con unos hacheros de madera, en que se pon- 
gan, y ansi mismo haga prevenir los barriles de alquitrán, y 
demás que fuere menester para los fuegos, y se cuelgue la Plaza 
y se ponga luminarias aquella noche. 

Acordóse que su Sria. del Marqués del Algava nombre los 
cuatro reyes de armas, y los vista, y vengan en cuatro buenos 
caballos que para ello se les busquen. 

Acordóse que D. Andrés de Monsalve hable algo al gober- 
nador del Arzobispado, y Bartolomé de Hoces al Arcediano, para 
en lo que toca al repique de las campanas; y luego se dijo que 
el recaudo que se ha de llevar al Arcediano, lo lleve Diego de 
Toledo. 

Acordóse que de todo esto que se hace, Bartolomé de Ho- 
ces dé cuenta al Sr. Regente. 

Acordóse que Pedro de Escobar Melgarejo y D. Andrés de 
Monsalve, de la tela que tienen para los reposteros, amarilla, 
mande hacer las ropas, y sayos, y gorras que ovieren de llevar 
los porteros^ guarnecidas con pasamanos de oro, en la forma que 
paresciere á D. Andrés de Monsalve, y acabada la fiesta se le 
entreguen al dicho D. Andrés de Monsalve, y se le haga cargo 
dellos en la Contaduría, donde se tome la razón. 

Nombróse mas por diputado para el recaudo que se ha de 
dar al Arcediano, á Juan de Avendaño Jurado, y que lo pueda 
facer el uno de ellos. 

Acordóse que las mazas que han de llevar los reyes de 
armas, las mande hacer su Sria. del Marqués del Algava. 

Acordóse que Juan Nuñez de lUescas, á cuyo cargo está 
la pólvora é cuerda de la Ciudad, dé á cada compañía la pól- 
vora é cuerda que se le oviere de dar, llevando mandamiento 
del Sr. Teniente, y de uno de los señores diputados de la guer- 
ra, y la pólvora sean cuatro arrobas, y dos de cuerda. 

Acordóse de conformidad, que D. Pedro de Menchaca y 



AdÉNDlCE. 261 

Gonzalo de Saavedra, é Felipe Pinelo, veinte é quatros, convi- 
den á los caballeros que oviese, para que acompañen el estan- 
darte, y se les diga el lugar donde han de ir, é que los seño- 
res intitulados llevaron el mismo en Madrid; y que el recaudo 
y convite lo hagan D. Gonzalo de Saavedra y D. Juan Maldo- 
nado de Saavedra, veinte é quatros, é Juan de Avendaño, jurado. 

Acordóse que todo lo que costare y fuere menester para 
lo que está dicho, lo pague el Mayordomo de propios de esta 
Ciudad, por cédula del Sr. Teniente, y de uno de los señores 
diputados, que en cada comisión van señalados. 

Acordóse que D. Juan Maldonado de Saavedra_, recorra to- 
das las calles por donde ha de ir y venir el estandarte, y vea 
si hay algunos hoyos que hacer empedrar, y los mande, y haga 
que se empiedren. 



Cabildo de lunes 26 dias del mes dé Octubre de iSgS años. 



Acordóse de nombrar mas diputados para el convite de los 
Caballeros de la Ciudad, para el diá que se alzare el estandarte^ 
á los Sres. Bartolomé de Hoces, veinte é quatro, é Cristóval 



202 APÉNDICE. 

Sánchez Suarez, jurado, y lo puedan facer los dos destos seño- 
res que están nombrados. 

(Honras.) 

Acordóse de conformidad, que el Sr. Teniente y Fernando 
Diaz de Medina, vean las personas que han adeudado dineros en 
el Aduana para fin de Diciembre de este año, y visto, se le pida 
á cada uno dellos cien ducados, para en cuenta de lo que de- 
bieren, y se les reciban en cuenta con la fé de este acuerdo, 
y el entrego qne se hiciere á Pedro Caballero de Illescas; y esta 
cantidad sea mas ó menos, respecto de lo que debieren , lo cual 
es para acabar la obra del túmulo que se está haciendo, y lo 
que sobrare desto, se le diese al receptor de los almojarifazgos 
en el cuarto por ciento, para que de allí se haga pago de este 
dinero. 

Acordóse, que atento que el Sr. Pedro Caballero se obligó 
á Fernando de Porres, Teniente de alcaide de los Alcázares rea- 
les, para ios pinos que dio para el túmulo de las honras de 
S. M.j con su misma persona á los Alcázares reales, la Ciudad 
se obliga á le sacar á paz y á salvo déla dicha obligación que 
ansí hizo, de manera que por razón dello no pagará ni gastará 
cosa ninguna. 

(Jura.) 

Acordóse de conformidad, que los señores diputados para las 
ceremonias de levantar el estandarte para el viernes y sábado, 
treinta y treinta y uno de este mes y para el miércoles de la 
semana que viene, que se contarán 4 de Noviembre, tengan pues- 
tas en egecucion todas las cosas que tuviesen á su cargo, y aca- 
badas de todo punto, lo digan á la Ciudad para el dicho dia 
miércoles, para que la Ciudad señale el dia en que se ha de 
levantar el dicho pendón, y que se envié luego un tanto de 
este acuerdo al Sr. Procutador mayor, para que se envié á cada 
diputadp; y que Bartolomé de Hoces lo diga ansí al Sr. Regente. 



APÉNDICE. 263 



Cabildo de viernes 3o dias del mes de Octubre 
de i5g8 años. 



Leyóse carta del Lido. Melgarejo de Montemolin, de Oc- 
tubre 2 5, en que dice que ha dicho el Concejo que se hagan las 
honras y se lleven lutos, y para ayuda á ello se le dé á cada uno 
dos mil maravedís, y suplica que se le dé al Mayordomo y al- 
guacil, y pide que la Ciudad así lo ordene. 

Todos: que se guarde la pragmática que desto trata y no 
se dé luto á otra persona que las que tienen voto en Cabido y 
no se le dé mas cantidad á cada uno que la que dicha prag- 
mática dice, y también se dé al alguacil, teniendo voto, y al 
escribano del Cabildo, siendo nombrado el alguacil por esta 
Ciudad. 



Cabildo de miércoles 4 dias del mes de Noviembre de 

i5g8 años. 



Acordóse de conformidad que D. Andrés de Monsalve, en 
lo que le está cometido de las ropas y gorras de los porteros, 



264 APÉNDICE. 

trueque la tela amarilla de que se han de hacer á tela carmesí 
de la cual se hagan las dichas ropas y gorras, como está, 
acordado. 

Acordóse de conformidad, que Rodrigo Suarez mande facer 
unas medallas de plata con el retrato del Rey Ntro. Señor, con 
una letra alrededor, que diga lo que al dicho Rodrigo Sua- 
rez le paresciere, y estas medallas tengan de peso cada una hasta 
dos reales, y se hagan quinientas medallas, y en cada parte que 
se hiciese la ceremonia, su Sria del Marqués del Algava, como 
Teniente de Alférez que ha de facer la ceremonia del estandarte, 
aquel dia, que acabando de decir las palabras, que allí se han 
de decir, tome de las fuentes donde han de estar las medallas 
la cantidad que le paresciere, y las arroje al pueblo; y esto se 
ha de facer en las partes y lugares donde se hicieren las cere- 
monias por la orden, y lo que costaren estas medallas, se pa- 
gue por la orden y con la libranza que todos los demás que se 
ha gastado en el túmulo. Y de todo se tome la razón en la 
Contaduría donde se toma lo demás, y fechas las medallas el 
dicho Rodrigo Suarez las entregue al Sr. Marqués del Algava 
ó á quien su Sria. ordenare, y antes que lo haga, haga traer 
una á la Ciudad para que las vea y haga una grande del tama- 
ño que le pareciese para enviar áS. M. 

(Honras.) Leyóse la petición de los escribanos públicos, con 
los escribanos de la justicia en que piden cuatro dias mas de 
término, y que para dar el parecer los diputados, lo consul- 
ten con los cuatro letrados de la Ciudad. 

E luego dijo Felipe Pinelo, ve¡nti quatro, que suplica á la 
Ciudad mande nombrar otro caballero comisario que determi- 
ne por cuanto su merced está ocupado en la Contaduría y no 
puede acudir á ello, y luego dijo que ya no dice nada. 

Todos: que se le concedan cuatro dias mas de término co- 
munes á las partes, é que antes que se dé el parecer se vea 
y consulte con todos los cuatro letrados de la Ciudad. 



APÉNDICE. 205 



Cabildo del viernes 6 dias del mes de Noviembre de i5g8. 



Leí la petición de los escribanos de la justicia, en que se 
agravian de haber la Ciudad abierto el término y concedido 
cuatro días á pedimento de los escribanos públicos^ é manda- 
do que los letrados de la Ciudad vean el negocio, antes que 
se dé el parecer, y que uno de ellos es hijo de escribano pú- 
blico, de todo lo cual apelan é protestan lo que á su derecho 
convenga. 

Todos: que se oye la apelación, y en cuanto al parecer no 
se consulte con el Lido. Barrera Farfan, atento á que es hijo de 
escribano público. 

Leí la petición del Lido. Juan Baptista Moreno, teniente 
de la tierra, donde dice que el Cabildo de Utrera no tiene de 
donde pagar los lutos; y, por que el queria asistir é acompañar 
á la Ciudad y no tiene luto, pide que el diputado de esta Ciu- 
dad se lo dé en la forma que se dá á los demás ministros de 
justicia de la Ciudad. 

Todos: que el Cabildo de Utrera le dé luto como está man- 
dado, y, en lo demás de acompañar á la Ciudad, no ha lugar 
de hacerlo como teniente, por no serlo en la Ciudad, ni tener 
lugar en ella. 

(Jura.) 

Leyóse la memoria de la limpieza é colgadura de las 

calles á los caballeros á quien están cometidas las calles; y lo 
Sucesos de Sevilla. 26 



206 APÉNDICE. 

que cada uno ha de mandar hacer para cuando se oviese de 
alzar el estandarte real. 

Todos: que á cada caballero de los nombrados se le envié 
hoy por el presente escribano la boleta de lo que está á su 
cargo. 



Cabildo de g días del mes de Noviembre de i5g8. 



Por cédulas de 3o de Octubre se autorizó á D. Luis de Guz- 
man para que nombrase su teniente de Alférez mayor á su pa- 
dre el Marqués del Algava, con voz y voto en el Cabildo; y en 
el del dia arriba indicado juró y tomó posesión. 

Leí el acuerdo de la Ciudad de viernes 6 de este mes de 
Noviembre, en que se comete á Pedro Caballero de Illesca, 
convide al maestro Bernal para el sermón de las honras de 
S. M., V de lo que en razón dello al pié dice Pedro Caballero de 
Illescas. 

Todos: que se ponga en el cuaderno con los demás autos 
de este negocio. 



APÉNDICE. 267 



Cabildo de miércoles 1 1 dias del mes de Noviembre de iSg8. 



Leí la petición de Juan de Espinosa, Mayodormo de los 
propios, en que pide se le dé luto, como se le ha dado á los de- 
más en semejantes actos, que se han fecho otras veces. 

Todos: que se le dé luto al dicho Mayordomo como á los 
demás oficiales, y esto Pedro Caballero de Illescas lo dé ó li- 
bre como lo demás; y la cantidad sean doce varas de bayeta sencilla; 
y asi mismo haga dar luto á las personas que han de andar des- 
pavilando que sean ropillas largas de bayeta sencilla, y también 
se dé luto á Hernán Gómez del Castillo Contador de las obras 
de Sevilla é del túmulo, porque ha de asistir allí, y es necesario 
traiga luto y la cantidad sean doce varas. 

Acordóse que el estandarte nuevo que está en poder del 
Sr. Marqués del Algava, con las armas de Sevilla, lo preste y 
entregue á Francisco García de Laredo, que hace el túmulo para 
que lo ponga en él por la forma que está acordado. 

Acordóse que Juan Nuñez de Illescas, preste doce picas nue- 
vas de las armas que tiene en su poder, y las entregue á Fran- 
cisco García de Laredo, para las figuras que se han de poner 
en el túmulo, y se le haga cargo dellas en la Contaduría. 

Acordóse que el alcaide del Cabildo, preste los cordeles y 
sogas de la vela que se pone delante del Cabildo á Francisco 
García de Laredo, para el túmulo, y del entrego tome recaudo 
para que lo volverá. 



268 APÉNDICE. 

Acordóse que el alcaide del Cabildo entregue prestados los 
lutos que están puesto en el Cabildo á Francisco García de La- 
redo, para que los ponga á donde su merced ordenare, y del 
entrego tome recibo para que lo volverá. 

Acordóse de conformidad que los diputados, que están nom- 
brado para convidar los religiosos y clérigos para las honras de 
S. M., traigan la memoria del número que hay en cada con- 
vento é iglesia para que la Ciudad señale de cada parte y orden 
los que han de venir, é que este acuerdo se entregue hoy á los 
diputados. 

Leí la petición de Alonso Pérez, sostituto de Sevilla, en la 
primera vacante, en que pide se le dé luto para las honras. 

Todos: que no ha lugar lo que pide. 

Leyóse la petición de las monjas de la Asumpcion de Nues- 
tra Señora en que piden se les haga merced de la impresión 
de la relación de las honras del Rey Ntro. Señor, 

E luego dijo el Sr. Teniente Collazos de Aguilar, que en 
el acuerdo que la Ciudad tiene proveído para que se imprima 
el libro del túmulo y pendón se dice que lo que se gastare sea 
por cuenta de la ciudad, y que es cosa sin duda que estos gas- 
tos serán en mas cantidad de quinientos ducados lo que no debe 
gastar la Ciudad, pues no ha de llevar el provecho de !a im- 
presión é suplica á la Ciudad mande declarar qué gastos han de 
ser los que han de correr por su cuenta, teniendo considera- 
ción á la razón dicha y que si gastare algo, sea en poca canti- 
dad, ó en ninguna como mejor pareciere. 

E luego dijo D. Silvestre de Guzman que en la dicha im- 
presión ni en otra cosa tocante á ello, la Ciudad no ha de pa- 
gar cosa ninguna, pero que la persona á quien hiciere merced 
de dar esta impresión ha de ser con cargo de dar á cada caba- 
llero y persona del Cabildo un cuerpo de la dicha impresión, 
de gracia, sin que Sevilla pague cosa ninguna. 

E luego dijo el jurado Diego de Toledo, como Mayordomo 



APÉNDICE. 269 

del Cabildo de los Sres, jurados, y en su nombre, que dice lo 
mismo que a dicho D. Silvestre de Guzman. 

E luego di)o Bartolomé de Hoces, que suplica á la Ciudad 
mande poner tasa á la impresión de estos libros, atento á que la 
persona, á quien se hiciere merced, no los venda á como qui- 
siere. 

Acordóse de conformidad que se llame á Cabildo para pro- 
veer todo lo que á la Ciudad le pareciere de todo esto, revo- 
cando é proveyendo lo que á la Ciudad le pareciere y para en- 
tonces se halle aqui uno de los diputados del túmulo para que 
informen á la ciudad de lo que en esto fuere necesario, v para 
entonces los dichos Sres. diputados y cualquiera dellos, diga á la 
Ciudad en cuánto se tasará cada cuerpo y lo que costará la impresión 
y lo mismo informe Pedro de Escobar Melgarejo Procurador ma- 
yor, y los diputados del túmulo son Fernando Diaz de Medina 
y Francisco García de Laredo. (i) 

Acordóse de conformidad que Pedro de Escobar Melgare- 
jo, veinte é quatro é Procurador mayor, dé ocho velas de á me- 
dia libra é los codales para los cirios y todo esto se dé al monas- 
terio de San Diego. 

(Jura de Felipe III.) 

Acordóse de conformidad que las cuatro cotas de los Revés 
de armas, que son de damasco y bordadas, se entreguen al 
Marqués del Algava, como Teniente de Alférez mayor, pa- 
ra que las tenga, y que de ellas se le haga cargo en la Conta- 
duría. 



(i) Ignoro si llegó á hacerse esta descripción, por decirlo así, ofi- 
cial del túmulo; pero es de creer, porque existía la lámina que lo 
representaba en el archivo del Cabildo, según me aseguran personas 
que me merecen créditos; y es de suponer que la lámina se hiciera 
para ilustrar la descripción, sin embargo ni conozco ejemplar alguno 
de ella ni sé que la cite ninguno de los que en diversas épocas se 
han ocupado de este asunto. 



270 APÉNDICE. 



Cabildo del viernes i3 dias del mes de Noviembre de i5g8 años- 



Leí la petición de Alonso de Cueto Bustamante, Regidor de 
los hijos-dalgo de la villa de Utrera, en que pide que el Con- 
cejo hizo Cabildo abierto conforme al mandamiento de la Ciu- 
dad, para ve der donde se sacaría para facer las honras y ob- 
sequias de S. M.; y hizo el Cabildo abierto y uvo votos de unos 
que se arrendase la dehesa del Alcornocal y dehesilla de Al- 
manzor y otros que se arrendasen las caballerías de la dehesa 
del Carrascal; que la Ciudad dé licencia para que se arrien- 
den las dichas caballerías. 

Bartolomé de Hoces, dijo que es en que se guarde y cum- 
pla el voto de Pedro de Gallegos Carvajal, alguacil mayor y 
se arriende hasta en cantidad de trescientos ducados para que 
de allí se hagan las honras y exequias, como la Ciudad tiene 
mandado é que este dinero se deposite en poder de Diego de 
Coria Maldonado, para que esto se invierta en las honras y 
no en otra cosa ninguna; y con libranza del Teniente de la 
tierra, si allí estuviere, é de un alcalde ó regidor se dé libranza 
para estos gastos y no de otra manera; con protestación; que, si 
en otra cosa se gastase, sea por su cuenta é riesgo y se cobrará de- 
llos y sus bienes. 

D. Juan Ponce Almansa, oir. 

Pedro de Escobar Melgarejo como Bartolomé de Hoces. 



APÉNDICE. 271 

D. Juan Ponce que quiso oir, dijo que es en que se llame 
á Cabildo. 

El Sr. Teniente dijo que es, en que atento, á que las hon- 
ras de S. M. se hacen en Sevilla dentro de dos dias, y es fue- 
ra de razón é de camino que en los lugares de la jurisdicción 
se hagan honras al cabo de dos meses que ha que S. M. mu- 
rió, y que su merced es informado que los oftciales del Cabildo 
de Utrera no tienen pretensión mas de tomar en arrenda- 
miento esta dehesa en muy bajos precios y pagar el precio cuan- 
do quisieren mayormente que conforme á la premática de S. M. 
estos gastos, se han de facer de propios y no tomando un 
arbitrio tan pernicioso como es quitar el pasto á los pobres, — es 
en que se llame á Cabildo. 

Pasa el voto de D. Juan Ponce Almansa. 

Leí la petición de Cristóval Barredo é Fernando de Agui- 
lar, é otros cereros, en que dicen que la cera que se ha de facer 
para las honras de S. M., la tienen á su cargo, y se les ha de 
dar entrada della libre de derecho de Aduana; piden, que atento 
que han traído ochenta quintales, lo que montaren los derechos 
de la demás se les pague con el precio de la cera, ó se les dé 
licencia para poder meter otra tanta, no obstante que ellos para 
cumplir la compren en esta Ciudad. 

Todos en remitir esta petición á Francisco Alonso de Mal- 
venda, veinte é quatro, diputado de la cera, para que la vea, y, 
habiéndose informado de lo que hay en esto del Sr. Fernando 
Díaz de Medina, provea acerca dello lo que le pareciere que 
conviene. 

Dijo el Sr. Lido. Antonio Collazos de Aguilar, Teniente de 
Asistente, que hace saber á la Ciudad que ayer jueves estuvo 
en la Santa Iglesia con Francisco García de Laredo, y tratando 
de las honras, se resolvió con su merced de que se podrían ha- 
cer descansadam-ente viernes y sábado de la semana que viene 



272 APÉNDICE. 

y según esto el estandarte real se podrá levantar el domingo 
luego siguiente; é suplica á la Ciudad disponga todas las cosas 
necesarias para que se hagan las dichas honras, y se levante el 
estandarte con puntualidad, porque no es justo que este nego- 
cio se dilate mas; é ansí mismo seííale los frailes y clérigos que 
han de venir de cada orden, para que se entienda la cantidad de 
velas que se ha de dar, y en esto haya cuenta y razón. E ansí 
mismo para que la haya en lo de las hachas y cera del túmulo 
ha acabado con Fernán Gómez, contador del dicho túmulo, que 
se haga cíirgo de la cera que sobrare, de que la Ciudad pro- 
vea sobre todo lo que le pareciere que conviene, é acuerde á 
los diputados que están nombrados que cada uno acuda á lo 
que estuviere á su cargo, y nombre q'uien convide los tribunales 
para las dichas honras. 

E luego se leyó un memorial, que trujo á este Cabildo Pe- 
dro Caballero de lUescas, que paresce haber escrito á su merced 
hoy dicho Francisco Ga.rcía de Laredo. 

Acordóse de conformidad que en cuanto al billete que se ha 
leido se cumpla y guarde lo que vá puesto y adicionado al mar- 
gen de cada capítulo del dicho billete. 

E luego se leyeron las memorias que dieron en este Ca- 
bildo los Sres. Bartolomé de Hoces é Francisco Ramírez de Guz- 
man é Francisco Alonso de Malvenda, de los monasterios que 
han convidado para las honras y, habiéndose visto, se acordó que 
se guarde lo que la Ciudad sobre esto tiene pasado. 

Todos: que la proposición del Sr. Teniente Collazos de Aguí- 
lar se quede para el lunes primero que viene, y que el jueves 
y viernes primeros de la semana que entra se hagan las honras 
del Rey Ntro. Señor, é que el Sr. Teniente y Sr. D. Andrés de 
Monsalve, traten con el Chantre lo que aquí se ha acordado, 
para que se tome resolución en todo lo que se oviere de hacer. 



APÉNDICE. 273 



Cabildo de lunes 16 días del mes de Noviembre 
de i5g8 años. 



Acordóse de conformidad que el jurado Juan de Perea, lue- 
go con dos alguaciles, ó el uno que le pareciere, tome peones 
y vaya á la plaza del Alcázar y quite todas las piedras que allí 
oviere, y las arrime donde le pareciere que estén mas acomodadas, 
y con menos estorbo; y lo que costare lo pague luego á los al- 
guaciles y personas que en ello entendieren, y por lo que mon- 
tare pida un mandamiento al Sr. Teniente, para sacar una prenda 
por ello á Lope de Tapia no lo queriendo pagar luego, (i) 

Acordóse de conformidad que se llame á Cabildo para pro- 
veer la CiuÉad lo que le pareciere cerca de las honras de S. M. 
y el llamamiento sea para el miércoles primero 18 de este mes 
y para señalar el dia que serán, y todo lo demás que en razón 
de esto convenga. 



(i) Estcacuerdo se tomó en razón de la jura de Felipe III. 
Sucesos de Sevilla. . 27 



274 APÉNDICE. 



Cabildo de miércoles 18 dias del mes de Noviembre 
de i5g8 años. 



Leí en este Cabildo la proposición que en viernes i3 de 
este mes hizo el Sr. Teniente Collazos de Aguijar sobre señalar 
el dia en qne se han de facer las honras de S. M., y celebrar 
y señalar el dia en que se ha de levantar el estandarte Real, y 
todas las demás cosas á ello tocantes; é dio fé Fernando de Bo- 
nilla que llamó á Cabildo. 

Acordóse que los Sres. Pedro de León de Ayala, veinte é 
quatro, y Juan Baptista de Lezana_, jurado, vayan de parte de la 
Ciudad á convidar al Audiencia para la víspera é dia de las hon- 
as, y Francisco Alonso Malvenda, veinte é quatro, é Diego Fer- 
rer vayan á convidar á los Sres. Inquisidores, y no den el recau- 
do ni aviso hasta que D. Andrés de ivíonsalve les señale y diga 
el dia en que han de ser. 

Acordóse que Juande Avendaño, jurado, hable al Abad de 
la Universidad de los beneficiados, para que veng% el dia que 
se oviesen de facer las honras, y que si fuere necesario, que 
el Sr. Provisor se lo mande, le dé recaudo de la Ciudad. para 

ello, (i) 

Acordóse de conformidad, qne uno de los Contadores de 
la Ciudad, haga cargo á Hernán Gómez del Castillo, y luego 
se acordó que el jurado Diego Ferrer le haga con un conta- 



(i) Esta indicación ó advertencia está motivada por las cuestiones 
que, sobre prerogativas, sostenía con el Arzobispo y con el Cabildo, la 
Universidad de Beneficiados. 



APÉNDICE. 275 

dor, cargo al dicho Hernán Gómez de la cera del túmulo. 

Acordóse de conformidad que el Procurador mayor cuando 
enviaren las velas á los conventos les envié á decir de la for- 
ma en que han de venir. 

Acordóse de conformidad que para mañana jueves, á las 
nueve, se junte en este Cabildo la Comisión del estandarte, 
á quien la Ciudad ansi mismo comete, para la orden de la 
comisión, todo lo que toca á las honras y túmulo para que dis- 
pongan, ordenen y executen todo lo que le pareciere que convie- 
ve sin que sea necesario traerlo á la Ciudad. 



Cabildo de viernes 20 dias del mes de Noviembre de i5g8. 



Acordóse que se llame á Cabildo para mañana sábado á las 
nueve, para tratar y resolver todas las cosas que fueren nece- 
sarias é tocantes á las honras de S. M. y á la ceremonia de 
alzar el estandarte real é para ver una provisión que se noti- 
ficó al Sr. Teniente (y para otorgar el poder para Tomás Sán- 
chez de Coria.) 

Leí la petición de los escribanos públicos en que piden 
que á ellos é á los escribanos de la justicia los hayan por ex- 
cusado del acompañamiento que han de facer para las honras de 
S. M., por excusar el escándalo que podria resultar, ó por esta 
vez, sin perjuicio del derecho de las partes, señale el lugar don- 
de han de ir cada uno dellos y recusan á Pedro de Escobar 



276 APÉNDICE. 

Melgarejo y Felipe Pinelo y dicen ansi rrrisino como este pleiro 
está pendiente en grado de apelación en la Real Audiencia. 

Todos que no ha lugar la recusación fecha á Pedro de Es- 
cobar Melgarejo e Felipe Pinelo, y en lo demás se vote. 

El Marqués del Algava, dijo; que es en que D. Gonzalo de 
Saavedra, Pedro Diaz de Herrera, veinte é quatros, é Diego Fer- 
rer, jurados_, se junten y vean la orden que se terna en ir los 
escribanos por sus antigüedades, ansí los públicos como los de 
la justicia, y se les dé la orden en que han de ir en esta con- 
formidad. 

D. Andrés de Monsalve dijo que es en que atentb que los 
escribanos de la justicia son personas á quienes la Ciudad 
debe honrar mucho, de manera que queden contentos, para lo 
cual es en que lo Sres. Diputados que ha nombrado el Marqués 
del Algava, de parte de la Ciudad, manden á los unos y á los 
otros, muestren sus títulos ante su mercedes, é, visto la anti- 
güedad que tiene cada uno, manden de parte de la Ciudad que 
aquel dia se hallen á las honras del Rey Ntro. Señor, vísperas 
y misa, y les señalen el lugar que han de llevar, que es delan- 
te de las mazas, yendo por su antigüedad, como si real y ver- 
daderamente fueran todos escribanos públicos, é de la justicia, 
sin distinción de oficio, sino guardando el antigüedad que ca- 
da uno tuviere; porque su merced es en que esto se haga ansí 
y se lo manden y haga notificar los Sres. diputados, y si algu- 
nos de los escribanos no obedeciere este mandato de la Ciu- 
dad, los dichos Sres. Diputados, en nombre della, con parecer 
de uno de los letrados de la Ciudad, compela y apremie al que 
no lo cumpla y haga. 

D. Francisco Manrique de Zúñiga, así. 

Bartolomé de Hoces, así. 

Pedro Caballero de Illesca así; sin perjuicio del derecho de 
las partes é que esto haga solo el Sr. D. Andrés de Monsalve. 

D. Juan de Saavedra, asi y que no haciendo y cumpliendo 



APÉNDICE. 277 

ío que D. Andrés de Monsalve ordenare, y proveyere en esto 
se dará noticia dello al (Cabildo,) Consejo. 
Pedro Diaz de Herrera, así. 

Francisco Ramírez de Guzman, así. 

Pedro de León de Ayala, así. 

Toribio de Escalante, así. 

D. Juan Maldonado de Saavedra dijo que es en que los es- 
cribanos de la justicia vayan con los siete escribanos públicos 
mas antiguos; en el mejor lugar, é que Felipe Pinelo les haga 
notificar este acuerdo de la Ciudad á todos y los que dellos no 
lo quisiere cumplir, con parecer de un letrado de la Ciudad, 
haga todas las diligencias que sean necesarias para que la cum- 
plan guarden y egecuten, atento á que en todas las ocasiones, 
pasadas de semejante actos, en que todos han concurrido siem- 
pre, han ido por esta orden. 

Pedro de Escobar Melgarejo, así. 

Felipe Pinelo, así. 

D. Pedro de Alcázar, así. 

Francisco Alouso Malvenda, así. 

D. Juan de Luna Ponce de León, así. 

D, Francisco Manrique de Zúñiga, se enmendó, como Don 
Juan de Saavedra. 

D. Andrés de iMonsalve, se enmendó así. 

Bartolomé de Hoces, se enmendó así. 

El Marqués del Algava; se enmendó asi. 

Pedro Caballero de lUescas, así. 

El Sr. Teniente dijo que como D. Juan Maldonado de Saa- 
vedra. 

Pasa el voto de D. Juan Maldonado Saavedra. 



278 APÉNDICE, 



Cabildo extraordinario de sábado por la mañana 21 dias 
del mes de Noviembre de i5g8 años. 



Acordóse de conformidad que Hernán Gómez del Castillo, 
contador del túmulo á quien la Ciudad ha mandado que se 
haga cargo de la cera, nombre las personas que han de despa- 
vilar, atento á que le han de dar á él la cuenta de la cera, de 
lo cual está fecho cargo, y la ha de dar por mayor, y el nú- 
mero de los que han de ser los dichos despaviladores los se- 
ñalen los Stes. diputados del túmulo. 

Acordóse de conformidad, que los cuatro alguaciles de los 
veinte, que sean Diego de Montemayor, é Juan de Segura y 
Bernardo de Ocaño y Juan Gallego de Robleda^ asistan desde 
luego con Francisco García de Laredo para que cumplan y exe- 
cuten todo lo que su merced les ordenare, tocante al túmulo 
y honras y no se quiten de su lado hasta que el dicho García 
de Laredo otra cosa les ordenare, y se les dé á cada uno de 
salario veinte reales cada dia, y lo pague con la fé de este acuer- 
do y cédula del Sr. Teniente, y certificación de Francisco Gar- 
cía de Laredo y Pedro Caballero de Illescas, digo que en lugar 
de Juan de Segura sea Diego Sánchez de Aguilar. 

Acordóse de conformidad, que D. Andrés de Monsalve, al- 
cance licencia del Sr. Gobernador de este Arzobispado, para que 
los conventos salgan de sus casas con capas y cruces é incen- 
sarios, y digan cada uno su oficio de difuntos en su capilla, 
donde se les señalare, y que prevenga todo lo demás que le 



APÉNDICE. 279 

parescierc, que para esto es necesario; haciendo que doblen los 
monesterios la víspera y dia que se hicieren las honras, é que 
las Iglesias y clérigos de las parroquias digan las cuatro misas 
en el túmulo que está ordenado, y doblen en las tales Iglesias. 

Acordóse de conformidad que Pedro de Escobar Melgarejo 
Procurador mayor, é Felipe Pinelo, é Carlos de Lezana, tengan 
cuidado de que el miéfcoles en la tarde en dando las doce en 
acabándose los oficios de la Iglesia, tengan cuidado de que en 
la Iglesia no quede gente ninguna y asistan á las puertas por 
donde entraren los tribunales, teniendo cerradas todas las de- 
más puertas, para que por ninguna dellas pueda entrar gente 
ninguna, y para esto se valgan de los alguaciles que están nom- 
brados y de los demás que les pareciere que son menester, á 
los quales se les libre su ocupación por cédula del Sr. Teniente 
é de uno de los dichos señores diputados. 

Acordóse de conformidad, que para las honras que se han 
de hacer el miércoles é jueves, los porteros vayan á llamará 
todos los caballeros del Cabildo que estuvieren fuera de la Ciu- 
dad, dentro de diez leguas, los cuales se han de juntar en este 
Cabildo á la una, miércoles veinticinco deste mes, y el jueves 
siguiente á las siete de su mañana, de los cuales no ha de 
faltar ninguno, si no fuere enviándose á escusar con legítimo 
impedimento de enfermedad al Sr. Teniente, pena el que fal- 
tare y no lo cumpliere de veinte ducados, aplicados la mitad de 
ellos para los pobres de la cárcel, y la otra mitad para los pro- 
pios de Sevilla, é que no entre en el Cabildo por cuatro meses, 
ni los escribanos del resciban su voto, porque desde luego se 
dan por suspendidos del, é que la fé que el escribano diere de 
los que lo tal votasen sea en sí nmguna, y el escribano que 
rescibiere sus votos, pena de treinta ducados é veinte dias de 
cárcel, aplicado el dinero según dicho es, é que los dos escri- 
banos de comisiones estén á la puerta de la Iglesia por donde 
la Ciudad entrare, por la tarde v mañana, v tomen los nom- 



28o APÉNDICE. 

bres de todos los señores Regidores y Jurados, para ver el que 
faltase, para executar en él la dicha pena, y no asistiendo los 
tales escribanos dé comisiones para lo que dicho es, pena de 
diez ducados é veinte dias de cárcel. 

Acordóse de conformidad; que Felipe Pinelo acuda al señor 
Teniente para que los escribanos públicos é de la justicia, va- 
yan por el orden que está acordado acompañando á la Ciu- 
dad, é siendo necesario les compela á ello por justicia. 

(Jura.) 

Acordóse de conformidad de señalar por dia en que ^e 
haya de sacar y alzar el estandarte real el dia del Señor San 
Andrés treinta deste mes de Noviembre y la ceremonia se ha- 
ga toda en un dia, para cuyo efecto se junte la Ciudad en es- 
te Cabildo á las doce, y para ello se llamen á ausentes y pre- 
sentes por la misma forma y orden, y penas que están manda- 
dos llamar para lo de las honras. 

Acordóse de conformidad, que los señores diputados que es- 
tán nombrados para convidar los caballeros que han de ir en 
el acompañamiento del estandarte real, entreguen las memorias 
de los caballeros que han convidado á Pedro de Escobar Mel- 
garejo, Procurador mayor, el cual no ha de consentir que va- 
ya en el acompañamiento otra ninguna persona^, mas de los 
convidados, si no fuere caballero natural ó forastero. 

Acordóse de conformidad, que las monedas que están man- 
dadas facer para el dia de levantar el estandarte real, sean qui_ 
nientas, é se paguen por la orden de las demás que están fechas* 

Acordóse que para el dicho dia del Sr. San Andrés, yo el- 
presente escribano notifique luego á los señores diputados de 
limpiar y colgar las calles, hagan executar y executen con mu- 
cho cuidado lo que está á su cargo, de suerte que las calles 
por donde ha de pasar el estandarte Real, estén muy bien lim- 
pias y colgadas, y para esto vean las calles que últimamente están 
señaladas por la Ciudad, é que D. Silvestre de Guzman tenga 



APÉNDICE. 281 

cuidado de hacer que se execute esto, de suerte que no haya 
en esto ninguna falta; é para esto el escribano presente envíe 
á D. Silvestre de Guzman una memoria de todos los diputados 
y calles. 

Acordóse de conformidad, que yo, el presente escribano, en- 
tregue al Sargento mayor una memoria de las calles por donde 
ha de ir el estandarte real, para que haga que por allí se vaya 
caminando, sin torcer á otra parte ninguna; advirtiendo, que, en 
saliendo el estandarte por la calle de Genova, se ha de ir á el 
Alcázar por la Puerta del Perdón, y casa del Sr. Cardenal, y Ar- 
quillo de Santa Marta; y luego venir por la Lonja, é Arquillo 
del Aceite, y calle de Gradas altas. 



Cabildo extraordinario de jueves eri la tarde 26 dias del mes de 
Noviembre de i5g8 años. 



Para el qual mandó llamar el Sr. Licenciado Antonio Co- 
llazos de Aguilar, Teniente de Asistente, y en él se juntaron 
el dicho Sr. Teniente y D. Fernando Ponce, Teniente de Al- 
guacil mayor, el Marqués del Algava, D. Andrés de Monsalve, 
D. Francisco Manrique de Zúñiga, D. Juan Ponce de León, Al- 
caldes mayores, Bartolomé de Hoces, Pedro Caballero de Ules- 
cas, D. Gregorio de Saavedra, D. Pedro de Céspedes Figueroa 

Sucesos de Sevilla. 28 



282 APÉNDIDE. 

D. Cristóval Megía, D. Juan Ponce Almansa, Felipe Pinelo, 
veinticuatros. 

Jurados: Juan de Avendaño y Carlos de Lezana: é dio fé 
Lucas de Garay, portero, que llamó para este dicho Cabildo. 

Dixo el Sr. Teniente Antonio Collazos de Aguilar, que ya 
á la Ciudad le consta el escándalo grande, que ha habido en la 
Santa Iglesia de esta Ciudad por la competencia entre la Inqui- 
sición é Cabildo de la Iglesia con el Audiencia, sobre que no 
habían de estar los escaños con espaldar, cubiertos de 
luto, é que estaban prevenidos para que estuviese la dicha Au- 
diencia sentada, defendiendo la Inquisición y Cabildo de la Igle- 
sia que no ubiese los dichos paños, por razón de representarse 
en las honras que estaban haciendo la Magestad del Rey D. Fe- 
lipe N. S., que está en el Cielo; y que ansí mismo en las de- 
más honras qne se han fecho en esta Ciudad á otras personas 
reales, los dichos asientos hablan estado rasos, sin cubrirse de 
paños, según y como la dicha Inquisición y la Ciudad los ha 
tenido y tenía y ha tenido siempre descubiertos; y como ansí 
mismo los tenía ayer en las vísperas la dicha Ciudad, é que an- 
sí mismo, habiendo la Ciudad enviado á Pedro de Escobar Mel- 
garejo, veinte é quatro, su Procurador mayor á la dicha Audiencia 
con un recaudo de la Ciudad, en que le suplicaba fuese servida 
de procurar un medio como se escusase el escándalo grande que 
abia se continuasen las dichas honras y mandase quitar los dichos 
paños, advertido que en todas las demás honras Reales que en 
esta Ciudad se hablan fecho, nunca se hablan puesto los dichos pa- 
ños; á lo qual la dicha Audiencia, sin querer oir, lo mandó llevar á la 
cárcel, y ansí .mismo á uno de los alguaciles de los veinte que iva 
acompañando al dicho Pedro de Escobar Melgarejo, haciéndole 
lugar, de todo lo qual resultó, que habiendo precedido censuras, 
y muchos autos y requerimientos de parte de la Inquisición, á 
la Ciudad y á el Cabildo de la Iglesia, siendo ya casi la una, 
después de medio dia^ el Cabildo de la Iglesia con toda la ele- 



APÉNDICE. 283 

recia, se salieron de su coro, cerrándolo con llave, y lo mismo 
hicieron todas las Religiones que estaban en la dicha Santa Iglesia 
celebrando los Oñcios, y ansí mismo la Misa mayor que se es- 
taba diciendo, en celebración de las dichas honras^ se quedó por 
acabar, dicho ya el Evangelio, y acabado de subir en el pulpito 
el padre maestro Berna) para decir el sermón, y se aba)ó del 
dicho pulpito; y ansí se ha estado la Ciudad detenida hasta este 
punto que son las cuatro é media de la tarde; y ansí las honras 
se an quedado por hacer, que este negocio es muy nuevo é 
gravísimo y de mucho escándalo, que la Ciudad, trate dello é 
provea, lo que conviniere á el servicio de S. M., é bien de esta 
república- 
Acordóse de conformidad de remitir, é remitieron esta pro- 
posición á los Sres. Diputados de preeminencias, y mas á los Sres. 
D. Francisco Manrique de Zuñiga, Alcalde mayor_, y á D. Grego- 
rio de Saavedra, veinte y quatro, para que en razón de lo con- 
tenido en la dicha proposición, y todo lo á ella anexo, puedan 
hacer ordenar y proveer y executar todo lo que les paresciere 
que conviene, sin que para ninguna cosa que acerca dello se pro- 
veyere sea necesario volver á la Ciudad, y lo que en todo se 
gastare lo puedan librar y libren en el Mayordomo, el qual lo 
pague por cédula del Sr. Teniente é dos de los Sres. Diputados 
que para todo ello la Ciudad les dá el poder que tiene. — Lido.. 
Collados. — Hernando de Nágera, Escribano. 



;84 APÉNDICE. 



Cabildo de viernes 2j dias del mes de Noviembre 
de i5(/8 años. 



(Jura.) 

Acordóse de conformidad, que la comisión que estaba co- 
metida al jurado Rodrigo Suarez, para facer limpiar y colgar 
en lo del estandarte, la cumpla y execute el jurado Gaspar Sua- 
rez de la Puente, á quien se le comete y se le entregue luego 
la dicha comisión: é se le entregó luego. 

Dijo el Sr. Teniente Antonio Collazos de Aguilar, que el 
lunes, dia de San Andrés, está señalado para alzar el estandarte 
real, para cuyo efecto es necesario que la Ciudad provea muchas 
cosas forzozas, mayormente en lo que toca al número de las 
compañías y el orden con que han de ir é qué cantidad de ar- 
cabuceros han de ir delante del estandarte y cuantos detrás, y en 
qué lugar han de ir los alabarderos, y en qué cantidad y qué 
compañías han de ser de arcabuceros, para que se repártanlas 
alabardas, y cuáles han de estar en la Plaza de San Francisco 
y en la Plaza del Alcázar y en la de su Sria. del Marqués del 
Algava. 

Todos en remitir esta proposición al Sr. Marqués del Alga- 
va; é que Juan Nuñez de íllescas entregue las alabardas que 
pidiese el dicho Sr. Marqués por cédula del Sr. Teniente y del 
dicho Sr. Marqués del Algava, y que los capitanes y las ala- 
bardas se den á los capitanes que se nombrasen por compañías 
de arcabuceros, para que los dichos capitanes las repartan á los sol- 
dados, asi como los coseletes que tengan y las picas, y que vuelvan 
las picas que los capitanes oviesen recibido, y el dicho Juan Nuñez 



APÉNDICE. 285 

de lllescasdé conocimiento de la picas que se le entregaren, y 
ansí mismo se remita al Marqués del Algava el nombrar las 
compañías de arcabuceros y alabarderos, yel número de losunos 
y los otros que han de ir con el estandarte, y el lugar y orden 
que han de llevar, y ansí mismo las compañías que han de esta 
en las Plazas contenidas en la proposición. 

Acordóse de conformidad que el Marqués del Algava haga 
llevar las piezas de artillería á el Alameda, é á la Plaza de su 
Sria., ó donde le pareciere, para que se ponga y haga la salva 
á los tiempos y cuándo y como le pareciere á su Sria. del 
Marques del Algava, y que la pólvora que para e'stas piezas fue- 
re menester, la entregue Juan Nuñez de Iliesca, por cédula de 
Sr. Teniente y del dicho Sr. Marqués del Algava. 



En el Cabildo del miércoles 2 de Diciembre, se acordó de 
conformidad, que se nombrase por votos secretos, un veinte y 
cuatro y un jurado, para ir á Madrid á informar á S. M., y á sus 
Reales Consejos, sobre lo que le indicaren los señores de la Co- 
misión de preeminencias; acordándose por último que fuera solo 
un veinte y cuatro, resultando nombrado Pedro de Escobar Mel- 
garejo, por i() votos contra 4 que obtuvo Fernando Díaz de 
Medina. 



Cabildo de 4 de Diciembre de iSqS. 



Leyóse otra petición del Lido. Barbosa, en que pide licen- 
cia para imprimir un libro de lo que en si contiene el túmulo: 



286 APÉNDICE. 

acordóse de conformidad, que se remita al Sr. D. Andrés de 
Monsalve, y á los Sres. Hernando Díaz de Medina y García de 
Laredo, ó los dos de estos señores vean esta petición, y lo que 
por ella dice, y lo que la Ciudad tiene pasado, y traten y con- 
fieran lo que sobre ello se puede hacer, y den su parecer, y para 
vello se llame á Cabildo siendo llamados todos tres señores 
piputados. (i) 



•*» 



Cabildo del miércoles i6 de Diciembre de jSg8. 



Leyóse una petición de Antonio González y Pedro Osorio, 
alguaciles de los veinte en que piden se les pague lo que han 
gastado en la cárcel, por la prisión del túmulo. Todos; que 
se quede esta petición hasta que venga la repuesta de Madrid 
acerca del túmulo. 



Cabildo de miércoles 23 de Diciembre de i5()8. 



(Se refiere que hubo cuatro correos sobre el túmulo.) Y lue- 
go se acordó de conformidad, que Pedro Caballero de lUesca, 
pague por cuenta del túmulo los cuatro correos que se despa- 



(i) Esta descripcian deltún>ulo no creo que llegara á publicarse. 



APÉNDICE. 287 

charon por la comisión de preeminencias; uno que despachó el 
Sn Bartolomé López de Mesa, y otro el Sr. D. Silvestre de Guz- 
man, y dos de venida; uno que despachó el Sr. Luis de Alcá- 
zar y otro que despachó el Sr. D. Pedro Tello de Guzman, 
los cuales pague el dicho Sr. Pedro Caballero, con firma de 
un caballero diputado de preeminencias y del Sr. Teniente, lo 
cual libre en el cuarto por ciento el dicho Sr. Pedro Caballero, 
que cobra el Sr. D. Lorenzo de Rivera, ó la persona á cuyo 
cargo está; que es lo que está consinado para las obras del tú- 
mulo, y se pase por la tasación del Sr. Correo Mayor^y, con la 
le de este acuerdo, se le reciban en cuenta al Sr. Pedro Caba- 
llero^' y á la persona que lo pagase. 



Cabildo extraordinario del lunes en la tarde 28 dias del mes de 

Diciembre de 15 g8. 



Leyóse una carta que escriben á la Ciudad los señores del 
Consejo Real que trae catorce señales de rúbricas y una fir- 
ma con un renglón que dice: «por mandado de los señores del 
Consejo Pedro Zapata del Mármol,» y la fecha de ella es en 
Madrid á 22 de Diciembre de este año, en que se manda se ha- 
gan luego las honras conforme á la costumbre que en esto hay 
sin que se pongan bayetas ni cogines en los asientos. Acordóse 
de conformidad que se guarde y cumpla lo que S. M. man- 



288 APÉNDICE. 

da por la dicha carta y en su cumplimiento, para que se pue- 
dan facer luego las honras del Rey N. S. como por ello se 
manda, Pedro Caballero de Illescas veinte é cuatro vaya luego 
con un recaudo al Chantre de la Sta. Iglesia, é le dé cuenta de 
lo contenido en esta carta para que se junte el Cabildo de la 
Santa Iglesia mañana martes, para tratar de la forma que se ha- 
rán las honras y en qué dia, porque la Ciudad desea mucho 
se hagan el miércoles en la tarde y jueves por la mañana, para 
que en todo se cumpla con lo que por la dicha carta se dice; 
y la repuesta que diese el Sr. Chantre ó la persona á quien 
se debiera dar y diere el dicho recaudo, la traiga el dicho Pedro 
Caballero para mañana á las nueve y para entonces se llame á 

Cabildo, para que, habiendo visto la dicha repuesta, la Ciudad 
provea é ordene lo que convenga. — Digo que este recaudo que 

ha de dar Pedro Caballero, sea al Arcediano de Sevilla. — Licen- 
ciado Colla'^os. — Hernando de Nájera. 



Cabildo extraordinario del martes 2Q de Diciembre de i5g8 

á las nueve. 



Leí la carta que envía el Consejo, que ayer lunes 28 se vio, 
su fecha en Madrid á 22 de Diciembre de este año, señalada 
de catorce rúbricas, refrendada de Pedro Zapata del Mármol, 



APÉNDICE. 28Ü 

secretario del dicho Consejo, por la cual se manda que la Ciu- 
dad haga las honras del Rey N. S. que está en el cielo, sin que 
se pongan bayetas en los bancos y que se haga luego sin que haya 
mas dilación, y conforme á la costumbre que en esto hay. 

Habiendo visto el recado que dio el seiíor Pedro Caballero, 
del Cabildo de la Iglesia, el cual dice que está presto para hacer 
lo que la Ciudad ordenare, y así acuerdan que se hagan maña- 
na miércoles en la tarde á las dos y Jueves ala mañana á las 
ocho las honras del Rey N.. S., y conforme á esto la Ciudad or- 
dene lo que mas convenga. 

He visto que por la Ciudad fué acordado de conformidad que 
se registre la carta ante Marco Antonio Alfaro, escribano públi - 
co, y original se meta en el archivo, y se abra por la orden y se 
saque un traslado de la dicha carta y se ponga en el cuaderno del 
túmulo (i) y que los Diputados comisarios para convidar los con- 
ventos, vayan luego esta tarde y les avisen como se han de hacer las 
honras del Rey N. S. y asistan mañana en sus capillas, que para las 
dichas honras tienen señaladas, y vayan en la forma que fueron 
el dia pasado; que las vísperas han de ser á las dos, y la mi- 
sa jueves alas ocho déla mañana; y los dichos comisarios les ad- 
viertan á los concurrentes que lleven las bancas y escaños que 
tuvieren sus conventos, que la Ciudad está presta de les paga reí 
gasto que en esto hicieren,, porque estén en las dichas capillas 
sentados con la decencia que es razón; y que los señores dipu- 
tados del túmulo se junten esta tarde con los señores diputados, 
de la Iglesia, para conferir y platicar lo que se debe hacer en 
las dichas honras. 

Y que los señores diputados de la cera, vean la cera que 
hay para poner en las honras, y lo que faltare, ansí para poner 
en el túmulo como para los conventos y clerecía que han de 



(i) No se ha podido encontrar este cuaderno. 

Sucesos de Sevilla, 20, 



290 APÉNDICE. 

venir, la compren y tomen, que sea amarilla ó blanca de la 
forma que la hallaren. * 

Y que el Sr. D. Andrés de Monsalve, dé un recado al se- 
ñor D. Diego de Ulloa, Gobernador del Arzobispado, para que 
ordene y mande que todas las iglesias doblen, por que en esto 
han tenido los beneficiados y algunas de las Iglesias mucho des- 
cuido. 

Y que Bartolomé de Hoces y Juan de Avendario hablen 
al Sr. Regente y le den cuenta de lo que en esta ha acordado 
la Ciudad, para que se halle en las honras con el Audiencia; y 
le digan el dia que está señalado para las dichas honras y pa- 
ra que vayan á ellas; y ansí mismo se le pida de parte de la 
Ciudad mande soltar los presos por la obligación que tienen, 
de hallarse á las honras. — Al margen de este párrafo, se lee 
«y luego se acordó que no se dé el recado al Sr. Regente en 
lo de los presos en cuanto su soltura.» 

Y que los señores Pedro de León de Avala y el jurado 
Juan Farfan hablen luego á los Sres. Inquisidores^ para que se 
hallen en las honras, dieiéndoles lo que la Ciudad tiene acor- 
dado. 

Otro sí: que el Sr. Jurado Francisco de Laredo, haga po- 
ner unas barandillas en la forma que las piden los señores de 
la Iglesia; y luego se acordó que no se haga novedad en esto. 

Y que los porteros del Cabildo llamen á todos los caba- 
lleros y jurados de la Ciudad para que se hallen á las hon- 
ras el dia que está acordado, advirtiéndoles que el caballero 
que faltare incurrirá en la pena que le estaba puesta, y estén 
los escribanos de comisiones allí apuntando los qué faltaren. 

Y que el Sr. Pedro Caballero de Illescas vaya luego á avisar 
al Padre Bernal para que se prevenga, y le diga lo que la Ciu- 
dad tiene acordado. 

Que los porteros llamen á los escribanos de la justicia y 
públicos, y á los alguaciles de los veinte para que vayan á 



APÉNDICE. 20 1 

acompañar la Ciudad á las dichas honras. 

Otro sí: se acordó que los señores diputados, que han de 
convidar los conventos, les digan que doblen como la vez pa- 
sada, y que el doble sea desde las doce de medio dia hasta 
otro dia á la misma hora, y que la cera de los conventos y 
clerecía la aparte el señor Bartolomé de Hoces, Procurador 
mayor. 

Acordóse mas, que la cera de la clerecía se reparta por el 
señor Bartolomé de Hoces en San Francisco y haga el oficio 
de maestro de ceremonias. 

Y luego se dijo, que por haber de estar ocupado el dicho 
Bartolomé de Hoces en la Iglesia mayor, reparta la cera al cle- 
ro el Sr. Alonso de Vargas de Soto Mayor. —José de Villanue- 
va.—Lido. Colla:{os de Aguilar. 



Cabildo 3o de Diciembre de i5qS. 



Acordóse de conformidad, que los Sres. Hernando Diaz de 
Medina y Francisco García de Laredo, ó el uno de ellos, desde 
mañana jueves á la tarde, hagan á los oficiales á cuyo cargo 
está el deshacer el túmulo, que lo deshagan luego; y las figuras 
y pinturas, el Sr. D. Andrés de Monsalve haga merced á la Ciu- 
dad de pedir al Sr. D. Baltasar de Porras, Alcaide, que señale 



292 APÉNDICE. 

las piezas en el Alcázar donde se pongan las figuras y pintu- 
ras, y lo demás que del dicho túmulo se sacase, lo cual todo se 
ponga por inventario ante el escribano de comisiones de este 
Cübildo por Don Rodrigo de la Torre; y que todo .lo que se 
pudiere vender se venda con pregonero en almoneda á los mas 
altos precios que pudieran, ansí la madera como lo demás; y 
que se halle siempre uno de los caballeros comisarios al re- 
mate^ y el Contador Guevara, ó Barahona, ó Fernán Gómez de 
Castillo; y lo procedido dello se entregue al Sr. Pedro Caba- 
llero de lUescas, haciéndole cargo de lo que se vendiese en la 
Contaduría, y que este dinero vuelva el Sr. Pedro Caballero á 
la bolsa de donde se lo prestaron para los gastos del túmulo. 
(Al margen) «sobre que se guarden las figuras y pinturas del 
lúmulo y se venda lo demás.» (i) 



(i) Muy acertado fué este acuerdo déla Ciudad, porque las pin^ 
turas y figuras del túmulo, como obras que eran de grandes artistas, 
debían ser de verdadero mérito; mas á pesar de estas precauciones no 
han logrado salvarse, y hoy^ ni la erudición conserva noticia de ellas. 



ESTRACTO 

DE LOS AUTOS HECHOS 

POR LA Audiencia de Sevilla 

CON ocasión de las honras 

de Felipe II. 



LOS AUTOS 

que pasaron el jueves 26 de Noviembre del aíio 
pasado de i5g8, di a de las honras del Rey Nues- 
tro Señor, é información y cabe{a de proceso que 
en ra{on de lio se ha fecho por mandado de los 
Sres. Regente y Oidores contra D. Juan Ponce 
de León, D. Silvestre de Gu{man y otros rexido- 
res del Cabildoy Rexirniento de esta Ciudad de 
Sevilla. — Savariego. 

Relator el Ldo. Morquecho. 

E. Mármol. 

Relator el T)r. Sierra. 



Escribano Francisco de Porras Savarie^o. 



ESTRACTO 



El testimonio del proceso que obra en el archivo municipal 
empieza por la petición del fiscal Dr. Sancho Verdugo á la Au- 
diencia para que álcela fuerza que hizo la Inquisición, imponien- 
do censuras y excomulgando al Cabildo Catedral, ala Audien- 
cia y Ayuntamiento y pudieran proseguir las honras, condenan- 
do, si era necesario, 1 los inquisidores en pérdida de tempo- 
ralidades etc. — Esta petición se hizo por el Dr. Verdugo en la 
misma Iglesia. 

La Audiencia proveyó auto también en la Iglesia para que la 
Inquisición levantara la excomunión, cuyo auto se notificó in- 
continenti al Cabildo eclesiástico al Preste y oficiantes de la misa 
y á la Inquisición, pero el Preste se habia ido del altar mayor á 
la sacristía que está detrás de dicho altar cuyas puertas se cerraron, 
y el escribano notificó el susodicho autoá voces. Vino luego el Fis- 
cal de la Inquisición y su Secretario Ortuño Briceño, y dijo que el 
Regente, oidores y ministros de la Audiencia estaban excomulga- 
dos, y que por tanto se saliesen, para que pudieran continuar 
Sucesos de Sevilla. 3o 



298 APÉNDICE. 

los oficios divinos. El fiscal de la Audiencia Verdugo, sin reco- 
nocer la jurisdicción déla Inquisición^ apeló de su resolución 
ante el Papa, é insistió en su querella de fuerza. 

La Audiencia (en el acto) dictó auto declarando nulo todo 
lo hecho por la Inquisición; alzó la fuerza y mandó que la dicha 
Inquisición álzasela excomunión, so pena de perder la naturaleza 
y temporafidades que los inquisidores tienen en estos Reinos. No- 
tificóse este auto á los Inquisidores. Además el Dr. Verdugo pi- 
dió y requirió á la Inquisición que no prosiguiese en los autos que 
iba formando para evitar escándalos, de lo cual pidió testimo- 
nio, que dio el escribano Francisco de Porras Savariegos. 

El referido auto del Audiencia fué también notificado al Ca- 
bildo de laSta. Iglesia. 

— La Audiencia, Regente y oidores, visto que el Preste que 
decia la Misa se habia ido y se habia bajado el predicador^ pro- 
veyeron que se notificase al Cabildo eclesiástico que hiciese con- 
tinuar la misa y decir el sermón. Este auto se notificó al Cabil- 
do que estaba reunido y presidia el Chantre y canónigo D. An- 
tonio Pimentel, el cual y otros canónigos dijeron que apelaban 
de este auto, y que no podian continuar la misa por las excomu- 
niones; y que siendo ya la una no se podia decir misa: á esto 
estuvieron presentes el dicho Chantre y canónigos. 

Mucho tiempo después de esto dio el reloj mayor las doce 

y se tocó la plegaria que es costumbre á dicha hora, y lo dieron 
por fé el escribano Porras Savariegos y el escribano Melchor de 
Herrera por Mandado del Audiencia. 

— Después de lo anterior y siendo las doce y media vino un 
clérigo vestido de sobrepelliz y dijo á los oidores de parte del Ca- 
bildo que bien podían irse, que el Cabildo eclesiástico se iba^ de 
lo cual da fé el escribano Savariegos. 

—Después de esto se presentó el fiscal Dr. Verdugo, y en for- 
ma de derecho dijo que se querellaba de los Inquisidores, por 
no haber obedecido el auto en que se les mandaba que alzaran 



APÉNDICE. 299 

la excomunión y no impidiesen los divinos oficios, para lo que 
no tenian jurisdicción, bajo las penas de temporalidades etc. Y 
añadiendo fuerza á fuerza y desacato á desacato, causando nue- 
vos y mayores escándalos, dieron respuesta impertinente y di- 
jeron que al escribano, que les notificaba y notificase, lo ha- 
dan poner de cabeza en un cepo; por lo cual pide que la 
Audiencia provea de remedio para que cese el escándalo y pro- 
sigan los divinos oficios, dando las provisiones para ellos nece- 
sarias, y lo firma el Dr. Verdugo. Vista esta querella por los 
Sres. Regentes y oidores mandaron, para mejor proveer, den por 
fé los escribanos lo que dijeron los Inquisidores al notificarle e^ 
auto anterior. 

— Esto no estaba contenido en el primer testimonio, según 
nota del tomo que estractamos, y se sacó después y se puso al 
principio. 



Auto cabeza de proceso en el cual se refiere que estando 
empezada la misa vino á hacer un requerimiento el Canónigo 
D. Juan Villavicencio Secretario del Cabildo y por otra parte el 
Procurador mayor de la Ciudad Pedro de Escobar Melgarejo, con 
alguaciles y escribano, al que se le mandó retirar, y no obede- 
ciendo, se le mandó prender y por otra parte Ortuño Briceño 
Secretario de la Inquisición con otros ministros notificó la ex- 
comunión y lo demás que queda referido. 

— Se dio comisión en el mismo dia, pero ya no en la iglesia. 



3oO APÉNDICE. 

al oidor Lido. D. Fernando Ramírez Fariña, para que hiciera 
información de lo que pasó en la Iglesia, 

— En virtud de ella se empezó la información por el escribano 
Ambrosio Dávila, el cual declaró bajo juramento, que estando 
viendo las honras, vio alboroto y oyó que gritaba la gente, y, 
yendo á donde habia el alboroto, vio que era donde estaba el 
túmulo; y vio dos alcaldes del crimen que dijeron hablan en- 
viado preso al Procurador Escobar Melgarejo, y vio á un cléri- 
go que habló con los señores de la Audiencia y creyó que era 
recado de los inquisidores, aunque no oyó bien lo que dijo el 
clérigo; y luego vino el Dr. Villa-Gomez y el Sr. Villavicencio 
canónigos, y Martin Gómez maestro de ceremonias y les leye- 
ron un papel con los bonetes puestos y el Regente les dijo que 
hablaran como en Audiencia, y el dicho Dr. Villa-Gomez dijo al 
Sr. Regente, que si estaban en Audiencia; y el Regente replicó 
que ya veia que estaban todos juntos en forma de Audiencia, y 
el tal Villa-Gomez volvió la espalda diciendo; notifíquelo otro 
que yo no lo quiero notificar; que la Audiencia proveyó lo que 
estimó, y luego vio el testigo á Jusepe Moran, clérigo y 
á otro chico de cuerpo en hábito de clérigo con un papel en 
la mano para hacer un requerimiento, y el dicho Regente dijo 
que hablasen como en Audiencia por petición; y el referido 
Moran se fué dando manotadas y diciendo que le diesen tes- 
timonio de aquello que pasaba; y el testigo dice que el Au- 
diencia hizo muchas diligencias para que se continuasen los 
oficios; y que oyó decir que ya estaba el predicador de rodillas 
para predicar; y el oidor Andrés Ponce preguntó á la gente 
qué hora era; y dijo que se estuviese queda la Audiencia hasta 
que se celebrase; y á poco vino un clérigo á decir al Audien- 
cia que se habia ido el Cabildo eclesiástico; pero la Audiencia 
permaneció en la Iglesia hasta eso de las cuatro siendo el pos- 
trero tribunal que salió. Preguntóle el oidor á este testigo en 
qué forma estaban sentados en los escaños y como están en los 



APÉNDICE. 3ai 

demás dias de tabla; y si los paños que habia puesto la Au- 
diencia era porque estuviese todo de luto; y que el Regente 
no se sentó en su silla sino en escaño: y el testigo dijo que 
habia visto que en la tarde del 2 5 para las vísperas, el Re- 
gente no se habia sentado en la silla, y que en el dia de las 
honras habia visto los escaños con paños; pero se veian por 
detrás las espaldas á los que estaban sentados, y que habia 
visto en otras fiestas al audiencia en escaños sin paño, y que 
ahora los pusieron por señal de mayor tristura. 

Segundo testigo. — Juan Gregorio de Francia, escribano de 
S. M., que vive junto á la Contratación. Conforme en lo sustan- 
cial con la declaración anterior añade que el Secretario de la 
Inquisición, que era un hombre gordo, desde encima de las 
gradas del túmulo, por no haberlo dejado llegar, dijo que la in- 
quisición declaraba por excomulgados á los señores Dr. Loren- 
zana, Dr. Jiménez y Gaspar de Vallejo; él no lo oyó, pero fué 
público y lo oyó decir; también dice que todo fué por que el 
Cabildo se quejó de las bayetas: preguntado por la razón de 
poner bayetas, dijo que no habia sido por autoridad sino por 
luto, pues no parescian, y las habia en la tarde anterior en la 
"igiiia. 

Tercer testigo. — Juan de Espinosa, escribano público de 
esta misma Ciudad, en la Collación de la Magdalena. — Confor- 
me en general con los sobredichos añade algún detalle, como 
que el clérigo Moran era alto; que el Notario de la inquisi- 
ción dio á los oidores el tratamiento de merced; pero luego por 
reclamación les habló de V. S., y que la Audiencia hablaba y 
respondía con mucho sosiego. 

Cuarto testigo.— GaspsLv Reyes de Avendaño; escribano pú- 
blico, vecino de la Collación de la Magdalena. — Declara que 
vio los sucesos desde debajo del pulpito; y dice de nuevo que 
con el Procurador Pedro de Escobar Melgarejo iba Hernando 
de Nájera, teniente de Escribano, con cuatro alguaciles de los 



302 APÉNDICE. 

veinte, que eran Antonio de Ariza, Antonio Sánchez y Juan 
Gallego de Robleda. Añade que desde muy de mañana esta- 
ban los escaños del audiencia con las bayetas, y nada se habia 
tratado de ello, y que el audiencia procedía por escripto con 
gran silencio y sosiego; en lo demás está conforme con las an- 
teriores declaraciones. 

Quinto testigo. — Luis Gómez, Escribano mayor del Juzga- 
do de fieles ejecutores, vecino de la collaeion de San Alfonso, 
vio los sucesos, desde el sitio que ocupaba el Audiencia, y los que 
iban y venian, pero no oia lo que decian. Este testigo se sa- 
lió con el Cabildo de la ciudad á las cuatro; por lo demás está 
conforme con los anteriores. 

Sesto testigo. — Luis de Coronado, abogado de la Audiencia 
y vecino de la collación de la Magdalena, refiere que el Regen- 
te mandó quitar su silla la vigilia, y que desde las seis de la 
mañana estaban puestas las bayetas; que al entrar se sentó el 
Audiencia sin contradicción de parte alguna, estando ya la Ciu- 
dad en su cuarto (i)que caia hacia la puerta de los cantos. Refie- 
re minuciosamente todo lo ocurrido hasta la venida del canó- 
nigo Villavicencio, del cual dijo que leyó un papel que era una 
protestación para conservar el uso y posesión que tenia el Ca- 
bildo para que no se pusiesen estrados ni cubrir asientos, y con 
dicha protestación, para no interrumpir las honras, querian pro- 
seguir los oficios; y el Regente y oidores digeron que los oían, 
siguiendo todo sosegado, porque quedaron satisfechos los canó- 
nigos; pero, pasado rato, vino Escobar Melgarejo con los algua- 
ciles á querer hacer una diligencia y no se le quiso oir por en- 
tender que era sobre las bayetas; y, por insistir, fué mandado 
prender Melgarejo y los alguaciles, y en efecto lo fué y luego 



(i) Es decir en la parte que le estaba señalada según las reglas y 
antiguas costumbres de la Iglesia. 



APÉNDICE. 3o3 

se dijo el Evangelio con quietud y sosiego; después de lo cual 
vino Ortuño Briceño con otro Secretario y los familiares de la 
Inquisición;, y dijo que venia á notificar de parte de la Inquisi- 
ción, V la Audiencia no lo dejó pasar, y desde las gradas del 
cuerpo principal del túmulo dijo á altas voces que los Inqui- 
sidores declaraban por excomulgados á los Sres. oidores Gas- 
par de Vallejo, Baltasar de Lorenzana y Jiménez Guerra, si lue- 
go no se levantaban de donde estaban con la dicha Audiencia; 
por lo cual hubo muy grande alboroto, quedando quieta el Au- 
diencia; y luego volvió el dicho Briceño con mucho alboroto di- 
ciendo que venia á otro recado de la Inquisición, y el Audien- 
cia le mandó detener, y luego que le echaran; por lo cual des- 
de las gradas dichas dijo que la Inquisición declaraba por exco- 
mulgados á todos los oidores, y que se saliesen para que con- 
tinuasen los oficios; en vista de lo cual se empezaron á escribir 
los autos de que arriba se dice; y después todavía vino el Fiscal 
de la Inquision y cubierto repitió lo dicho por Briceño, y les 
habló de merced y por reclamación les dio señoría. En cuanto á 
las notificaciones mandadas hacer por el Audiencia las refiere 
como otros testigos, añadiendo que iba con los alcaldes que las 
hicieron, añadiendo que al ir á notificar á los Inquisidores di- 
jeron estos en voces altas y hablando de mano: «no entren acá 
que están excomulgados y no los queremos oir» y el escribano 
Porras Savariegos les dijo que viesen que venian dos alcaldes; á 
lo que levantándose los Inquisidores dijeron: «no saben que es- 
tán descomulgados, y no los queremos oir.» El escribano Sava- 
riegos empezó á leer en alta voz, y uno de los ministros de la 
Inquisición le asió del papel para arrebatárselo, con lo cual hu- 
bo otro nuevo escándalo dentro de la capilla; (i) y con esto se 
volvieron los alcaldes- El testigo ha oido decir que el Provisor 



(i) Esto es, dentro de las rejas del altar ma\ or. 



304 APÉNDICE. 

habia dicho que, so pena de excomunión, siguieran los oficios, á 
lo que dijo el (Chantre que no podia sin que la Inquisición al- 
zara las censuras; añadió que el haber cubierto los bancos, fué 
por lo mal que hablan parecido la tarde anterior descubiertos; 
y que el hacerlo ahora fué por luto y no por autoridad. 

Sétimo testigo. — Cristóbal de Chaves, Procurador de la 
Audiencia declaró el viernes 27 de Noviembre, y dijo que es- 
taba con el Audiencia, pero, aunque vio los hechos referidos 
no oyó la notificación del Cabildo eclesiástico. Como dato nue- 
vo^ este testigo dice, que al notificar á la Audiencia segunda vez 
la excomunión, esta mandó prender al dicho Secretario Bri- 
ceño que se escapó con el ayuda de clérigos y otras personas 
que con él venían. También dice este testigo que el dia de las 
honras, á cosa de la siete de la mañana vio que llevaron las 
bayetas para los escaños, para que estuviesen de luto, lo cual 
le pareció natural, pues hasta el suelo se pone de luto en 
honras de particulares de cuenta; no habiéndose hecho dili- 
gencia para que se quitasen hasta la hora que tiene dicha, es- 
to es al irse á decir el Evangelio. 

Octavo testigo. — Juan de Quirós; escribano y familiar del 
Santo Oficio, vecino de la Collación de San Miguel, dice que 
estuvo con la Inquisición en la Capilla Mayor* y no violo que 
fuera de ella pasó. — Preguntado quienes hablan ido de parte de 
la Ciudad á hablar con la Inquisición; dijo, que D. Silvestre 
de Guzman y Pedro de Céspedes Figueroa, ambos íamiliares y 
veinte y cuatros llegaron de parte de la Ciudad á hablar á los Sres. 
Inquisidores en secreto, y antes que ellos, vinieron D.Juan Ponce, 
Alcalde mayor y otro regidor sobrino suyo, los cuales, á lo que 
entendió este testigo para si, traian recado de la Ciudad, y le 
llegaron á decir de modo que no lo oyó ni sabe las razones que 
entre ellos pasaron. Preguntado si sabe qué dependiente del 
provisor fué á notificar para que prosiguiesen los oficios: dijo que 
vio á Esteban de Rojas, notario del Juez de la Iglesia con un 



APÉNDICE. 3o5 

papé!; pero no pudo oír lo que decia, ni la repuesta de los oíi- 
ciantes, aunque oyó era recado para que se prosiguiese la misa. 
Preguntado sobre las notificaciones que quiso hacer el Audien- 
cia á la Inquisición, dice lo que los otros testigos; y añade que 
los celebrantes se retiraron á la Sacristía, y que vio al fraile 
entrar para el sermón en la capilla, pero no en el pulpito: so- 
bre las bayetas, dice qué nunca las usaba el Audiencia, por lo que 
cree que no las puso ahora por autoridad, sino por luto: los in- 
quisidores tenian tres sillas con almohadas. 

Noveno testigo. — Francisco de Mancilla, mercader en la Co- 
llación de la Iglesia mayor, dijo que estuvo en ella desde las 
seis de la mañana hasta las cuatro de la tarde^ y vio que á las 
siete llevaron unas bayetas y cubrieron los escaños del Audiencia- 
que á las nueve de la mañana entró el Audiencia; que vino un 
veintenero á decirle la confesión como de' costumbre, y que to- 
do siguió en orden hasta que vino el canónigo Juan de Villa- 
vicencio, con un papel q^ue no oyó leer, pero que le dijeron 
que era una protestación sobre las bayetas; luego vio venir á 
Escobar Melgarejo y que el Audiencia le mandó prender; lue- 
go vino el canónigo Villa-Gomez, que dijo que no queria noti- 
ficar si estaban ios oidores en forma de Audiencia, y luego vi- 
no un notario, con gente, á proseguir la notificación, y la Au- 
diencia no lo dejó pasar adelante; y luego vino el Secretario de 
la Inquisición, Briceño, que desde las gradas notificó la excomu- 
nión de los tres oidores nombrados por otros testigos, y luego vol- 
vió y dijo, que ios inquisidores declaraban por excomulgada á toda 
la Audiencia, la cual ma-ndó prender á Briceño, que se resistió 
diciendo que no se llegasen á él y de prestóse escabulló; y vino des- 
pués el fiscaldel Santo Oficio, clérigo, y empezó á leer un papel ha 
blando de merced, y habiéndole dicho el Audiencia que mira- 
se cómo hablaba, muy turbado notificó la declaración de exco- 
munión. Empezaron los autos por el Audiencia, y el testigo 
para ver lo que pasaba fué con los alcaldes y escribano á hacer, 

Sucesos de Sevilla. 3 i 



3o6 APÉNDICE. 

las notificaciones, y vio que los inquisidores los querían detener, 
V cuando entraron, dijeron que no hablasen, que estaban ex- 
comulgados, y un comisario del Santo Oficio asió del papel que 
llevaba Savariegos para quitárselo, y este no se lo dejó quitar^ 
y también vio que vino el canónigo Vahamonde y otros á de- 
cir á la Inquisición que dejasen proseguir los oficios, y al Au- 
diencia como estaba, que seria grave y de más daiio el inter- 
rumpir las honras; pero esto no aprovechó, pues la Inquisición 
insistió en que habia de salir la Audiencia, y también vio que 
la Inquisición notificó al Preste y diáconos que estaban ya sen- 
tados en sus sillas para oir el sermón, lo que el testigo no oyó, y 
vio también que metieron al predicador donde estaban los In- 
quisidores; viendo que se dejó de acabar la misa, por loque los 
Sres. Inquisidores hicieron. Antes que todo lo dicho, vio que 
vinieron de parte de la Ciudad á los Inquisidores y les habla- 
ron al oido, primero D. Juan Ponce, Alcalde mayor y Donjuán 
Ponce su sobrino veinte y cuatro de esta Ciudad, los cuales es- 
tuvieron hablando en secreto y después vinieron D. Silvestre de 
Guzman y D. Pedro de Céspedes Figueroa, que también habla- 
ron en secreto con los inquisidores y D. Silvestre se sentó des- 
pués allí en un banco, así como D. Pedro de Céspedes, des- 
pués de lo cual sucedieron las cosas que ha referido; que no 
sabe lo que dijeron;, pero que se sospechaba, y el testigo sos- 
pechó, que los dichos veinte y cuatro dieron calor á la Inqui- 
sición, y así se decia en el crucero donde él andaba con cui- 
dado para enterarse de todo. Fué preguntado para que dijese 
la verdad de las palabras dichas por la Inquisición en desacato 
del Audiencia, la segunda vez que se le fué á notificar por el Se- 
cretario Savariegos, y dijo que la verdad de lo que pasó además 
de lo dicho, fué que el inquisidor que estaba en medio que tenia 
unos anteojos, y que se llama el Licenciado Blanco, dijo: 
«t Pendrémoslo á todos en un calabozo» y esto fué cuando leia 
lo de las temporalidades, y cuando se llegó en el auto á lo de 



APÉNDICE. Soy 

la ejecución en personas y bienes, dijo D. Juan Zapata: «Pon- 
drémoslo á todos en un cepo,» y replicó D. Jusepe de Medra- 
no: «antes á Vueseñorías:« y respondió el dicho D. Juan:<< á quien 
nos lo notifica; no se cansen, que aunque baje San Pablo del 
Cielo no haremos otra cosa.» Y no oyó si pasaron otras ra- 
zones. En la cuestión de las bayetas dijo este testigo que se 
pusieron por luto y no por autoridad. 

Testigo io.° — Gregorio Rodríguez de Santa Cruz, aboga- 
do de la Real Audiencia, está conforme con los demás, pero 
manifiesta que por el ruido no oyó lo que dijo Briceño de Es- 
pinosa desde las gradas del túmulo. 

Testigo 1 1 .° — Francisco de Porras Savariegos. — Dijo que fué 
acompañando al Audiencia, haciendo el oficio de Secretario del 
acuerdo, por ausencia de Benito Montixano, y que el Audien- 
cia se sentó en unos escaños cubiertos no de todas partes, con 
el ancho de una bayeta negra; que empezada la misa fué el Sa- 
variegos á un recaudo del Regente cerca de la guarda de una 
puerta; por lo que no sabe lo que pasó hasta que volvió y vio á 
Pedro de Escobar Melgarejo, á quien mandaron prender, y rehu - 
saba ir con los alguaciles, por lo que vinieron los Alcaldes 
Mercado y Mendoza, y entonces se fué el dicho Escobar Mel- 
garejo con los alguaciles ó con uno de ellos. La notificación de 
Yilla-Gomez refiere como los demás testigos, así como la que 
de orden del Audiencia se hizo al Cabildo eclesiástico, y des- 
pués continúa: vino después Briceño, le detuvieron y dijo al de- 
clarante que le digera al Sr. Regente que le dejara llegar, sino que- 
ría que dijese á voces lo que decía; y el Regente contestó que se 
volviese y no alborotase la Audiencia. En lo demás declara como 
los otros testigos y confírmala declaración del mercader Marcilla, 
en lo relativo á las circunstancias de la primera notificación del auto 
del Audiencia ala Inquisición, y lo que pasó en la segunda notifica- 
ción; y al llegará la parte del auto de egecutarlo en sus personas y 
bienes, dijo el Inquisidor D. Juan Zapata: «¿Cómo es eso?^ ¡ponerlo?- 



3o8 APÉND-ICE. 

•hemos en un cepo!» Y sonriendo uno de los alcaldes, dijo: «¿Ala 
Audiencia?» Y replicó el Inquisidor: "A quien me lo notificare.» 
Y pasaron otras razones que no oyó Savariegos mas que replican- 
do D. Juan Zapata á las razones que le decía el Alcalde Don Josef de 
Medrano, dijo aquel: «No hay que tratar de eso, que aunque San 
Pablo baje del Cielo á mandarlo, hemos de hacer otra cosa, aunque 
pensáremos por ello perder las almas» de que yo me espanté 
mucho, añade el escribano Savariegos que refiere lo demás como 
otros testigos y agrega que había oído decir que los veinticuatros y 
otros del Cabildo de la Ciudad hablan insistido con los Inquisidores 
para que hicieran lo que hicieron. En lo de las bayetas, dijo: que 
por ser ministro, é hijo de ministro del Audiencia^ sabía que nun- 
ca había procurado ponerlas, y que ahora lo hizo no por auto- 
ridad sino por luto. 

Testigo 12. — Gonzalo Moreno de Contreras, familiar del Santo 
Oficio y Administrador de la casa-hospital de los inocentes por 
el Rey nuestro señor; como tal acompañó á los Inquisidores^ y 
preguntado por Jas personas que habían ido á hablar á los In- 
quisidores de parte de la Ciudad, dijo, que llegaron Don Juan 
Ponce, Alcalde Mayor y su sobrino Don Juan Ponce, veinticua- 
tro,, que hablaron poco con los Inquisidores, y después vinieron 
Don Silvestre de Escobar, é Don Pedro de Céspedes é Figueroa, 
y «les oyó decir este testigo á los Inquisidores que se venian á 
sentarse allí, que no querían nada allá fuera, y se sentaron allí.» 
Preguntado que si después que hablaron los dos Guzmanes con 
los Inquisidores salió Briceñoá hacer las notificaciones sabidas, 
dijo este testigo: «que después que les dijeron (á los Inquisido- 
res) que estaba el Audiencia en escaños cubiertos asentada, en- 
viaron dicho Secretario á la Audiencia para que dijese que no 
novasen cosa alguna, porque habia cédula de S. M. para que no 
pusiesen silla ni tapete ni otra cosa alguna,» y volvió el Secre- 
tario diciendo que no le dejaban llegar, por lo que la Inquisición 
mandó suspender la misa, y volvieron á enviar al Secretario que 



APÉNDICE. 3og 

dijese á la Audiencia que quitasen las bayetas y proseguirían los 
oficios; que si nó los declararían por excomulgados, y tornó el 
Secretario que no le dejaban [llegar, y le dijeron los Inquisido- 
res al Secretario: «que se pusiese en alto, y á altas voces, dijese 
que los Inquisidores habían declarado á los Sres. oidores por 
descomulgados.» Preguntado si habían llegado á hablar á los In- 
quisidores el Prior de las Hermitas y el canónigo Vahamonde, 
dijo que los vio en efecto, y este testigo bien entendió por lo que 
decían los que los oían, que los dichos favorecían al Audien- 
cia y les pedían que dejasen proseguir los divinos oficios. Pre- 
guntado si es verdad que Esteban de Rojas , Secretario del 
Juez de la Iglesia llegó á requerir á los Inquisidores «que de- 
jasen estar al Audiencia, y prosiguiesen los oficios:» dijo que 
vio á dicho Rojas escribir en un papel, y que entendió que era 
para que prosiguieran los ofioiob. Preguntado siporocasion.de 
los Inquisidores se rnandaron parar los oficios, dijo que es ver- 
dad, pues así lo vio. 

Testigo 1 3. f*— Alonso Giménez, familiar del Santo Oficio, ve- 
cino del arrabal de Tríana, dijo que se halló presente, porque 
fué acompañando á los dichos Inquisidores: añadió que entra- 
ron Don Silvestre de Guzman y Don Pedro de Céspedes, y na- 
die más; contra lo que dicen los demás testigos, pero que no oyó 
lo que decían; porque hablaban al oído, y él se ocupaba también 
en apartar la gente, porque no se oyese lo que decían, por man- 
dado de los dichos Inquisidores. Este testigo fué con Briceño 
y con el Fiscal de la Inquisición á las notificaciones que refiere 
como los demás; pero dice que los Inquisidores procedieron á 
ellas en cuanto llegaron^ por lo tanto no por escítacion de los 
veinticuatros; vio venir al Secretario del Provisor, que era alto, 
pero no lo oyó, aunque entendió que era para que siguie- 
sen los oficios, y luego vio venir á un canónigo gordo ('Vahamon- 
de) y al Prior de las Hermitas, y les oyó decir que dejasen estar 
al Audiencia y proseguir los oficios, y que hacían fuerza con sus 



3 ro APÉNDICE. 

censuras, y vio que porfiaban sobre ello, pero no oyólo quedecian. 
Testigo 14.^ — Martin Franco de Cabrera, familiar del Santo 
Oficio, se halló en las honras, acompañando á los Inquisido- 
res, y vio entrar á los veinticuatros Don Silvestre de Guzman 
que hablaron al oido con los Inquisidores, pero no los oyó. — 
Preguntado si sabia ó habla oido decir que el dicho Don Sil- 
vestre de Guzman ú otras personas del Cabildo de la Ciudad 
insistieron con los Inquisidores para que hicieran lo que hicie- 
ron, diciéndole que con sus personas y haciendas los sacarían á 
paz y á salvo: dijo que no lo sabe, y en lo demás no declaró 
más, y no firmó por no saber escribir. 

Testigo /5.°— Gerónimo Hurtado, Procurador de la Chan- 
cillería de Granada, escribano de la comisión del Licenciado Pe- 
dro de Velarde, y estante en esta Ciudad, dijo que de lo con- 
tenido en la cabeza del proceso solo sabia, que habia oido de- 
cir, que por haber tenido la Audiencia los escaños con baye- 
tas hablan pasado las cosas de que se habla en la cabeza del 
proceso, de lo cual se espantó, porque él habia estado en Gra- 
nada, cuando se hacían las honras en la Catedral, y estaban 
cubiertas de negro las paredes de la capilla mayor, la entrada 
del coro y los asientos de la Chanciilería. 

Testigo 1 6.° — Diego de Alonso de Belorado; estante en esta 
Ciudad, criado del Sr. Pedro de Velarde, Alcalde del crimen 
de la Chanciilería de Granada, dijo, que no se halló en lo que 
contiene la cabeza del proceso, pero oyó decir lo de las baye- 
tas, y se maravilló; por que él asistió á las honras en Gra- 
nada, donde los bancos y la Iglesia estaban cubiertos de luto. 

Testigo ij.° — Fernando de Talavera, criado del mismo de- 
claró como el anterior. 

Testigo 1 8.° — Melchor de Herrera, escribano de la Real Au- 
diencia de esta Ciudad. Se halló en las honras acompañando 
á dicha Audiencia: acompañó á Porras Savariegos en las notifi- 
caciones, y refiere lo ocurrido con la Inquisición como este; 



APÉNDICE. 3 I I 

añade que el inquisidor D. Juan Zapata y Ossorio, con mucha 
cólera y alargando los brazos hacia donde estaban los Alcaldes; 
dijo. ««¡Como es esto! echarlos hemos de cabeza en un cepo:» y 
preguntando uno que allí estaba, á quien se habia de echar en 
un cepo, dijo el D. Juan Zapata: «á los escribanos que nos lo 
notifican." El escribano que declara, dijo á los Inquisidores que 
aquellos alcaldes venian á hacer la notificación; á lo que re- 
plicó Zapata, muy cerca de los alcaldes: «pues á todos manda- 
remos prender:» el alcalde D. Jusepe Medrano se acercó á los 
Inquisidores sonriéndose y pidiéndoles que se reportasen y no 
diesen lugar á que negocio tan grave llegase á noticia de S. M.. 
que no se holgaría, y que si la Audiencia se habia escedido en 
algo, que fuera de aquella ocasión el superior de que todos de- 
pendían lo remediaría; á lo que el dicho Zapata replicó sin re- 
portarse y con gran cólera y haciendo gran alboroto: «que allí 
no eran bodegoneros, que no se habia de remediar á voces é 
que su merced se fuese, y no se cansase, que si San Pablo 
bajaba del Cielo á mandarles otra cosa, no lo harían, aunque 
arriesgasen las almas.» 

Testigo ig.° — Antonio González^ alguacil de los veinte dea 
caballo, preguntado si cuando pasó D. Silvestre de Guzman y 
Don Pedro Céspedes del Cabildo á la Inquisición fué con ellos 
y qué pasó. Dijo que fué acompañando á D. Silvestre por man- 
dado del teniente para apartar á la gente; que no recuerda quie- 
nes iban ni oyó lo que estos hablaron con la Inquisición, por- 
que hablaban paso, y habia gente entre él y ellos, y no sabe 
más por que fué acompañando á Pedro de Escobar Melgarejo, 
y como lo mandaron prender, él se fué á la banda de la 
Ciudad. 

^^5^1^0 20.*'— Pedro Centeno, mercader y familiar del Sto. Oficio, 
vecino de la Collación de Santa xMaria, dijo que estaba con la In- 
quisición y vio venir á Guzman y á Céspedes, los cuales entiende 
que son familiares; pero'no oyó lo que decían, por que hablaban 



3 12 APÉNDICE. 

paso y apartaban á la gente, y. lo demás ni lo vio bien, ni oyó 
bien lo que pasó en las notificaciones. 

Testigo 2J.« Juan de Tamayo, escribano de S. M., residen- 
te en esta Ciudad en la Collación de la Iglesia, dijo que se ha- 
lló presente; lo refiere todo como la. generalidad de los testi- 
gos, y al llegar á la venida del veinticuatro Pedro de Esco- 
bar Melgarejo, refiere que los que estaban junto donde él es- 
taba dijeron: que venia á que el Audiencia quitase las bayetas, 
y después de referir las notificaciones, dice que la gente don- 
de él estaba murmuraban todos del desacato que se habia te- 
nido al Audiencia, y todos echaban la culpa á la Ciudad, dicien- 
do que hablan enviado recaudo á los Inquisidores para revol- 
verlos con el Audiertcia, y añade que en donde estaba se re- 
pitió el dicho de Zapata: «aunque bajase San Pablo, etc.» 

Testigo 22.° — El Licenciadado Alonso de Torres, Abogado 
del Audiencia, en la Collación de la Magdalena, iba acompañan- 
do al AudienCia;5-no dá ningún detalle nuevo en su declaración. 

Testigo 23.° — Don Francisco de Rivadeneyra, Abogado de la 
dicha Real Audiencia, la estuvo acompañando en las vísperas 
y en las honras; refiere la venida del canónigo Villavicencio, que 
comenzó á leer un papel con mucha libertad, que á lo que en- 
tendía era y fué por las bayetas, y dijo que si sucedía alboroto 
fuese á cargo y culpa del Audiencia por la novedad; y el dicho 
canónigo protestó del derecho del Cabildo, á loque replicó el 
Regente que aquello no era novedad y que se fuesen. Vino des- 
pués Villa-Gomez á quien no oyó bien. 

Añade que Escobar Melgarejo, que porfiaba con gran fuerza 
para entrar, y no pudiendo por medio, se salió y lo hizo por 
detrás de los escaños, pasando hasta cerca de donde estaba el 
Sr. Regente, el cual lo mandó prender: dice que fué un portero 
el que dijo al Canónigo Villa-Gomez que mirase como hablaba 
al Audiencia; y este dijo, que si estaban en Audiencia lo no- 
tificase otro, que él no lo quería notificar: añade que después 



APKNDICE. 3í3 

vino üii notario, del Cabildo, al que se le preguntó si era pe- 
tición, y dijo que requerimiento á manera de petición, v man- 
dándole que lo diera a un escribano, no lo quizo hacer y se fué. 

Testigo 24. Pedro Osorio, alguacil de Jos veinte, fué uno 
de los que vinieron con Pedro de Escobar Melgarejo, siendo 
uno de los cuatro que fueron haciéndole lugar, y al oir man- 
dar prender á Pedro de Escobar, se volvió hacia donde estaba 
la Ciudad y no se movió; vio pasar la gente de una parte á otra, 
pero no sabe por qué é ignora á qué iba Pedro de Escobar al 
Audiencia. 

El Fiscal D. Sancho Verdugo pide que se una á los autos 
testimonio de los que hizo el juez Provisor, por ante Esteban 
de Rojas, para que prosiguieran las honras, y así lo mandaron 
el Regente y oidores; estando en su acuerdo general. 

Viene después el testimonio de estos autos, en los que se 
dice que el Provisor llamado Pedro Ramírez de León, estando en 
el Coro de la Santa Iglesia, y habiendo llegado á su noticia que 
los Inquisidores, sin jurisdicción y con grande escándalo del pue- 
blo hablan mandado cesar los divinos oficios, mandó que por di- 
cho notario se notificase á los Inquisidores que dejasen pro- 
seguir los oficios, porque lo tocante á ellos es de la competen- 
cia del Cardenal Arzobispo Don Rodrigo de Castro y de él como 
su vicario general. 

Este auto fué notificado á Don Fl ancisco Blanco, á Juan de 
Llanos é de Valdes é á Juan Zapata, Inquisidores apostólicos, 
los cuales digeron que lo oian, y que no se entrometían en 
la Jurisdicción ordinaria, sino que con la suya cumplían lo que 
el Consejo de la Suprema les tenía dicho, y defendían la inmu- 
nidad de la Iglesia, por haber sacado preso de ella al Procura- 
dor mayor de la Ciudad, la cual vino á requerir á sus mercedes 
que habían hecho lo que podían, y que sus mercedes hicieran 
lo que pudiesen en el arreglo de este negocio; esto dieron por 
sus respuestas, lo firmó el Inquisidor León y lo borró Zapa- 

Sucesos de Sevilla. 32 



3 14 APÉNDICE. 

ta porque dijo que no habían de firmar: siendo testigos Este- 
ban de Medina y Juan de Carbajal. 

En vista de esto, el dicho Provisor mandó que se notifica- 
case al Dean y al Doctor Luciano de Negron, que estaba en el 
altar, que continuasen las honras y misa, por ser nula la ex- 
comunión; bajo pena de excomunión mayor late sententice, y 
mil ducados para la guerra contra infieles. 

Antes de leer este auto, el Chantre y canónigos apelaron 
para ante Su Santidad y Sede apostólica; después se leyó dicho 
auto, y el Chantre apeló, pidiendo la nulidad de lo que se hicie- 
se; sin perjucio de que se informe al Sr. Provisor de que el 
Cabildo Catedral ha procurado no se detengan los oficios, con 
varias embajadas al Audiencia y á la Inquisición; pero que no 
ha bastado; que el Audiencia le ha notificado auto para que 
continúen los oficios, bajo pena de las temporalidades, y que 
en tal estado las han suspenso, estando prontos á continuarlas, 
si la Inquisición levanta las censuras. 

Vista esta repuesta, el Provisor mandó que se tuviesen 
por públicos excomulgados al Chantre Pimentel y demás canó- 
nigos y prevendados, y allí en el coro se publicaron por ex- 
comulgados; y, no estando el Doctor Negron en el altar, el No- 
tario Rojas fué á la puerta de la Sacristía del Altar mayor y dio 
golpes en ella para notificar lo susodicho; y no le abrieron ni 
respondieron; después fué á casa de Negron para la notifica- 
ción, y le dijeron que no habia venido; de todo lo cual mandó 
sacar público testimonio el Provisor León, que lo firmó. 

Auto para que se envié el anterior testimonio á S. M. y unir 
copia á los autos: en 28 de Noviembre lo mandaron y firmaron 
el Regente y Oidores. 

Testimonio que dá el escribano Porras Sabariegos, Secre- 
tario interino del acuerdo, de que fué á pedir al guardián de 



APÉNDICK. 3l5 

San Francisco un fraile para que, como es costumbre, dijese 
misa al Regente y oidores, respondiendo el dicho guardián que, 
según consulta con los Inquisidores, no lo puede enviar por es- 
tar excomulgados el Regente y cuatro oidores para no entrome- 
terse con los Inquisidores, y no prohiban decir misa á sus frailes, 
con lo cual perderían sus limosnas, y que no habiendo logrado 
los oidores que les levanten las censuras, menos lo podrán unos 
pobres frailes. 

Esto pasó el domingo 29 de Noviembre. 



En el mismo dia, el Notario Mateo de Rivas, restituyó á 
la Iglesia al veinte y cuatro Pedro de Escobar Melgarejo y al 
alguacil de los veinte que fueron presos en la misma Iglesia, 
como queda referido. — De que dá testimonio el Escribano Luis 
Leonardo de Arzatia. 



Recibo del testimonio de la información para remitirlos á 
Madrid, al doctor Olivos; tenian cincuenta hojas de letra muy 
apretada. 

Acuerdo del Audiencia, dando comisión al relator D. Luis 
Sánchez de los Olivos para gestionar en la Corte los negocios 
del Audiencia, y orden para que el receptor Damián de Rivas 
le entregara veinte ducados para los gastos. 

En 2 de Diciembre, auto mandando prender por lo sucedi- 
dido el jueves 26 en las honras á D. Juan Ponce, Alcalde ma- 
yor de Sevilla, y á Don Juan Ponce su sobrino, á Pedro de Es- 
cobar Melgarejo, veinte y cuatro y Procurador mayor, y á Fer- 
nando de Nájera, Teniente de Escribano del Cabildo. 

Testigo 25.° — Juan de Lugo Jurado, vecino del Arrabal de 
Triana, dijo; que se halló en las honras, como jurado con la 
Ciudad de Sevilla, y que no se levantó del asiento que le cupo- 



3l6 APÉNDICE. 

cerca del ejecutor del avería: dijo que iba y venia D. Silvestre 
de Guzman de la Ciudad á los Inquisidores, y oyó decir que 
también iba y venia D. Juan Ponce. Preguntado quiénes esta- 
ban cerca de los dichos, dijo que el licenciado Collazos, Te- 
nie:nte mayor, Pedro Caballero de lUescas y Bartolomé de Ho- 
ces y D. Francisco de Zúñiga y D. Andrés de Monsalve. Pre- 
guntado, si el recaudo que llevaron D. Silvestre de Guzman y 
D. Juan Ponce, cerca de que quitasen las bayetas de la Audiencia 
lo dio la Ciudad, ó lo dieron de parte de los que estaban junto, ó 
sin orden de nadie, contestó que no vido llevar el recaudo, ni sa- 
be si dio la Ciudad orden para que lo llevasen, aunque lo oyó decir 
en la cárcel. Preguntado por la causa de no haber bayetas de luto 
en el suelo y los bancos ni armada de luto la Capilla mayor, y 
por qué los veinte y cuatro y demás tenian las cabezas sin 
capirotes descubiertas, respondió, que porque dicen que asi es 
costumbre, y, aunque la Ciudad lo trató, no las puso por temor 
de que los canónigos no lo consintirían, y que por Jo que hace 
á las cabezas unos estaban cubiertos y otros no. Preguntado quié- 
nes y cuantos estaban descubiertos, respondió que algunos, pero 
que no los puede nombrar. 

Testigo 26.° — Gaspar Suarez de la Puente, Jurado, vecino 
de la Collación de San Lorenzo; dijo que se halló con la Ciu- 
dad en las honras, y no se levantó de su asiento, y vio levan- 
tados y entrar por el túmulo á D. Juan Ponce, Alcalde mayor 
y á D. Silvestre de Guzman, pero no vio si hablaron con los 
Inquisidores; que los que estaban en la Ciudad se llegaron co- 
mo á hablar con el Teniente mayor; que no sabe lo que ha- 
blaron, y que como los tenia de espaldas, no conoció mas que 
á los que tiene nombrados: que no entró en la Capilla mayor 
y no sabe si estaba de luto, y en cuanto al suelo y asientos, le 
parece al testigo era mas decente estar así; que fué como es- 
tuvieron á las vísperas, y que así debieron estar todos los tri- 
bunales: que los del regimiento entraron con los capirotes, y 



APÉNDICE. 3 17 

que, si alguno se lo quitaba por el calor, se le daba una re- 
prensión para que se lo volviese á poner, y solo después del 
medio dia algunos los tenian en la mano. Preguntado por qué 
sabia que no debía haber paños, dijo que se tuvo por mas de- 
cente estar los escaños descubiertos ante S. I\I,; que si la Ciu- 
dad entendiera lo contrario, hubiera cubierto los asientos de 
luto, pero que nada debia estar cubierto ante el Rey. 

T'^5íi^o 27.°— Pedro Caballero de Illescas, veinte y cuatro, 
vecino de la Collación de San Andrés, dijo que se halló en las 
honras como veinte y cuatro, y estuvo sentado en el banco en 
que estaba el Teniente Castañeda, que era diferente del en que 
estaba el Teniente Collazo: dijo que no supo que se llevase 
por Guzman y otros, recaudos á los Inquisidores, ni vio ni en- 
tendió quién se lo diera; en cuanto á las bayetas se tuvo por 
más decente quo no las hubiera. 

Testigo 28.^ — Don Francisco Manrique de Zúñiga, Alcalde 
Mayor de la Ciudad, y vecino de la collación de Santa María 
la Blanca; dijo, que se halló en las honras en el banco de los Al- 
caldes, donde estaba el Teniente mavor de Asistente Lido. Colla- 
zos, y que alli estaba D. Fernando Ponce, teniente de Algua- 
cil mayor; después el testigo, y luego D. Juan Ponce, Alcalde 
Mayor; y que los Inquisidores enviaron un recaudo á la Ciudad 
que ellos tratasen de que la Audiencia quitase las bayetas, que 
esto era negocio de la Ciudad; recaudo que enviaron con el que 
hacía de Alguacil mayor de la Inquisición, y que contestó que 
verian lo que debia de hacer: que fué D. Silvestre de Guzman, 
D. Pedro de Céspedes y D. Juan Ponce á la Inquisición á de- 
cirle que en lo que fuese servirles acudiría la Ciudad con lo 
que pudiese; pero que no trató la Ciudad de quitar las baye- 
tas, y no sabe lo que hablaron demás con la Inquisición los 
dichos veinticuatros, pero si digeron algo no fué por acuerdo 
de la Ciudad, la cual envió á Pedro de Escobar con un recaudo 
al Regente y oidores, suplicándoles fuesen servidos de dar me- 



3l8 . APÉNDICE. 

dio, como no hubiese alboroto en semejante dia; significando 
de cómo no había habido bayetas en los asientos del Audien- 
cia en otros dias semejantes; y que no sabe que fuese á hacer 
requerimiento alguno ni notificación sino en modo de suplica- 
ción; y si otra cosa fuera, lo supiera, porque él estaba pre- 
sente. Fué preguntado que para qué llevaba D. Pedro de Esco- 
bar el teniente de escribano Nájera y los alguaciles: contestó que 
no se le mandó, y que no sabe para qué lo llevó para dar un 
recaudo. Sobre los capirotes, dijo: que algunos, en efecto, no los 
tenian, porque decian que estaban rezando. 

Testigo 2g.^ — Diego Caballero de Cabrera, veinticuatro, ve- 
cino de San Marcos: dijo que como tal estuvo en las honras, pero 
no en el banco del Lido. Collazos, sino en el que estaba Casta- 
ñeda, que era el que seguía: que vio ir una vez á D. Juan Pon- 
ce, y otra á D. Silvestre de Guzman, habiéndose juntado á ha~ 
blar los que estaban junto al teniente Collazos; pero no enten- 
dió lo que digeron, aunque cree que fué sobre las bayetas, pero 
el recaudo, si lo enviaron, no se votó por la Ciudad, porque 
á él no le tomaron su voto. Sobre las bayetas y capirotes, 
dijo como los demás; añadiendo que oyó decir que estando co- 
mo algunos estaban sin caperuza, podian también estar sin ca- 
pirote. 

Testigo 3o. ° — Francisco García de Laredo, jurado. Dijo que 
no acompañó en el dia de las honras á la Ciudad, porque en 
este y en muchos otros antes asistió en la Iglesia á la fábrica del 
túmulo, que se le cometió, y que cuando la Ciudad entró á sen- 
tarse en su asiento él estaba en lo alto del túmulo, disponiendo 
algunas cosas del, y haciendo que se encendiesen las luces del, 
y que después de haber ordenado estas cosas, bajó al cuerpo de 
la Iglesia, estando ya la misa comenzada; pero no tuvo lugar de 
tomar asiento, porque tenía cuidado de ver lo que se hacía en 
el túmulo, deseando no sucediese algún incendio ú otro des- 
concierto: vio las bayetas en los bancos ó escaños del Audiencia, 



APÉNDICE. 3ig 

y en parte de una tarima que mandó hacer el Correo mayor 
de la Ciudad y el testigo, y el no haberlas, entiende que sería 
porque así se hace en la Corte donde no se permiten ante S. M. 
paños ni estrados, siendo costumbre que la Ciudad no lleve 
asiento, sino ocupe los de la Iglesia; que así sucede en las hon- 
ras de los Reyes que se hacen cada un año, y sucedió en la 
traslación de los cuerpos á la nueva Capilla Real; y no estar 
colgada la Capilla Mayor, es por ser así cosa constante, y que 
es así por cédula particular de S. M. y por orden suya, y ha- 
biendo tratado este testigo con algunos Regidores si se pondrían 
coberturas ó paños en los asientos de la Ciudad, todos convi- 
nieron que no se podía hacer sin licencia de S. M 



En Sevilla, jueves 3 de Diciembre. — Auto mandando tomar 
las confesiones á los presos, dictado por el Regente y oidores, 
comisionando para ello al oidor, Licenciado Rodríguez Fariñas. 

Confesión de D. Juan Ponce, Alcalde mayor. — En Sevilla 
viernes 4 de Diciembre de i 598^ se recibió juramento al dicho 
D. Juan Ponce en la Sala de dicha Audiencia, el cual bajo él, 
dijo que se llama D. Juan Ponce, y que es Alcalde mayor de esta 
Ciudad, y vecino de la collación de Santa Catalina (i)- Pregun- 
tado, dijo que hay Audiencia en esta Ciudad, puesta porS. M. y que 
á algunos oidores y al Sr. Regente no conoce; que conoce á ios 
veinticuatros; que sabe hay Inquisición, y que conoce á agunos In-^ 
quisidores, y preguntado á quiénes, dijo que á D. Juan Zapata. Pre- 
guntado si estuvo en las honras y qué asiento y lugar tuvo, y qué 
personas del Cabildo estuvieron sentados en su banco, dijo que 



(i) Seria probablemente en el Palacio del Duque de Osuna, cons. 
truido como se sabe en el reinado de los Reyes Católicos por el gran 
Marqués de Cádiz. 



320 APÉNDICE. 

él asistió el jueves á las honras acompaiiando á su Ciudad en 
el sitio que le tocaba, que era junto á la justicia, y por tanto 
junto al licenciado Collazos que hace y hacia oficio de asis- 
tente. Preguntado, si sabía, si los asientos de la Audiencia te- 
nían bayetas, dijo que sabe y vido que los asientos del Audien- 
cia estaban el dia de las vísperas sin bayetas, y que el de las 
honras estaban con ellas, lo cual oyó á los alguaciles de los 
veinte y á la gente de la Iglesia, y que el Cabildo de la Igle- 
sia mandó á suplicar que se pusieran en el orden, que él fué 
á ver lo que era, y vio que los asientos de los oidores y de 
sus mugeres estaban con bayetas. Preguntado, si fué y habló 
con la Inquisición con ánimo de revolver á los Tribunales; di- 
jo; que por sí y como particular no habló en secreto con la 
Inquisición; antes deseó que siguiesen las honras. Preguntado 
si lo hizo de parte de la Ciudad, dijo; que es como se le pre- 
gunta, y que llevó un recaudo de la Ciudad, aunque no lo votó 
dicha Ciudad, porque en aquel lugar no lo podía votar, sino, 
como sucede en tales casos, por acuerdo de la justicia y consulta 
de algunos regidores, y que siendo el Ayuntamiento quien ha 
dispuesto las honras y convidado, teníala Ciudad obligación de 
disculparse con la Inquisición, que no había hecho distinción de 
asientos; por lo mismo envió á Escobar Melgarejo á hacer enten- 
der al Audiencia qne no estaban con arreglo al orden, y que esto 
fué lo que dijo á la Inquisición en público, y no de otro modo. 

— Preguntado, dijo que no pronunció otras palabras más que 
algunas de comedimiento para decir que no había dispuesto la 
Ciudad cubrir los asientos del Audiencia. 

— Preguntado, dijo que como dicho tiene no dijo más que 
lo que ha manifestado; que no iban con él mas que los al- 
guaciles, á los que se mandó detener, como era natural. 

— Preguntado, dijo: que lljvando recaudo ó embajada, es 
de buena cortesía hablar de cerca, y mas lo había de ser en aquel 
caso y circunstancia. 



A^ÉNDICE. 321 

Preguntado por la respuesta de la Inquisición, dijo: que 
los Inquisidores respondieron con palabras de comedimiento á 
las del Audiencia, y digeron que hablan mandado parar los oñ- 
cios hasta que se quitasen las bayetas. Preguntado qué otras 
personas del Cabildo de la Ciudad hablan ido á la Inquisición 
y cuándo: dijo: que ignora, si llevaron otros recaudos D. Sil- 
vestre de Guzman y D. Pedro de Céspedes Figueroa, pues el 
suyo fué muy anterior; al tiempo que bajó el predicador, que 
entró casi á la una con él en la Inquisición. Preguntado qué 
recaudo llevó D. Silvestre y quién le acompañó; dijo que ya 
había dicho quién le acompañaba, que no sabe qué eran dichos 
recaudos, porque él fué con otros al Cabildo eclesiástico. Pre- 
guntado si oyó decir qué eran los recaudos, dijo, que como 
dicho tiene, él había ido al Cabildo eclesiástico á decirle que 
procurase con todas veras romper con algunas dificultades para 
que siguiesen las honras, por lo que cree que el recaudo 
que llevara D. Silvestre sería en la misma conformidad. Pre- 
guntado qué iba á decir al Audiencia Pedro de Escobar'Mel- 
garcjo, dijo que no fué á hacer protestación ni requerimiento, 
sino solo i advertir que era contra orden y contra lo man- 
dado por S. M. tener los asientos cubiertos; porque los oido- 
res eran todos modernos, y no hablan asistido á actos semejan- 
tes. Preguntado por qué llevaba Escobar Melgarejo un escri- 
bano, y quién se lo mandó llevar; dijo que no sabe á qué íué 
el escribano Nájera, sino fuese, por lo que tenía determinado la 
Ciudad, de que fuese escribano con los que fueran á llevar recau- 
do para que constase del ánimo de la Ciudad, que era de quie- 
tud; y, temiéndose que compitiesen el Audiencia é Inquisición, 
como sucedió, quebrando todo esto después sobre la Ciudad, 
quisieron que de todos los recaudos se diese fé. Preguntado qué 
escribano llevó él, dijo que como el Audiencia no quiso oir á Es- 
cobar Melgarejo y le trató mal de palabra y le mandó prender, 

juntamente con los que iban con él, Nájera, para que no le pren- 
SucESOS DE Sevilla. 33 



322 APÉNDICE. 

dieran, se desapareció; pero luego á lo que entiende fué á otros re- 
caudos. Preguntado cómo no fué otro escribano que estaba allí; 
dijo, que, como el recaudo que el confesante llevó no era mas 
que disculpa, no era preciso llevar á Ramírez el escribano. 
Preguntado cómo no fué escribano con el confesante al dar 
recaudo al Cabildo eclesiástico, y con qué personas que lle- 
vaban recaudos fué escribano; dijo, que para los recaudos que 
son simples y sólo de comedimiento y no pertenecientes al de- 
recho de la Ciudad, no suele ir escribano; pero, cuando lo son 
sí, por lo cual fué con el escribano cuando fué al Cabildo ecle- 
siástico, pero no sabe de qué clase era el recaudo que llevó Escobar 
Melgarejo. Preguntado si vió este confesante que el Audiencia 
tratase mal á Pedro de' Escobar Melgarejo; dijo, que él no pudo 
ver, si le trataron mal ó no, por que estaba con la Ciudad; pero 
que por cosa asentada, pública y notoria ha oido decir que le 
dijeron: «Arrebaten de aquí á este desvergonzado y pónganlo de ca- 
beza en un cepo.» Preguntado, si sabe que después que se dijo el 
Evangelio los Inquisidores descomulgaron á los oidores, etc; dijo, 
que en efecto los oficios se quedaron en el Evangelio; que oyó que 
fué por competencia entre la Inquisición y Audiencia, y en cuanto 
á la descomunión y notificaciones se refiere á lo que haya es- 
crito en ambos tribunales. Dijo ser de 2 5 años. 



Confesión de D. Juan Ponce, vecino y veinticuatro de Se- 
villa; Collación de Santa Catalina fPalacio del Duque de Osuna.) 

Dijo que conoce al Regente y oidores y á los Inquisidores, 
y á los individuos del (>abildo y regimiento de la Ciudad, con 
quienes estuvo en las honras. Preguntado de quién supo que el 
Audiencia tenía bayetas; dijo, que lo oyó al jurado Francisco Gar- 
cía de Laredo, que lo dijo allí. Preguntado si él y su deudo D.Juan 
fueron á la Inquisición para que el Audiencia quítaselas bayetas, 
dijo: Que fué en electo con su deudo á dar el recaudo, el cual se dijo 



APKNDICR. 323 

públicamente, y fué asi: que habiendo entendido la competencia 
que se había levantado entre oidores é Inquisidores, como hombre 
que había convidado la Ciudad; les hacía saber á esta que no 
había puesto las bayetas, antes habia enviado recaudo al Au- 
diencia, que trató mal, y mandó prender á quien lo llevaba, v 
que sé lo decian á los Inquisidores en su disculpa. Pregun- 
tado, qué dijo el Alcalde Ponce cuando habló paso_, á los Inquisi- 
dores; dijo, que no vio que dijese nada en secreto, y que parecería 
tal vez que se había mandado apartar la gente por la mucha que 
habia. Preguntado por qué dijo en secreto el Alcalde Ponce, di)o 
que no oyó ni vio hablar en secreto. Preguntado si él mismo 
habló en secreto; dijo, que no habló ni en público ni en secreto,^ 
porque es costumbre que solo hable el mas antiguo. 

Preguntado quiénes les enviaron á los Inquisidores, ó si 
fueron sin orden, dijo: que fueron por orden de la Ciudad. Pre- 
guntado qué personas de la Ciudad dieron la orden; dijo, que 
el Teniente Collazos de Aguilar, que hacía de Asistente, no 
se acuerda quiénes más^ y sí que nadie lo contradijo. Dijo tam- 
bién que no se acuerda haber visto ir otros caballeros, salvo 
los que venían de parte de la Inquisición. Preguntado quiénes 
fueron; dijo, que vino Lucas de Mendoza á hablar á la Ciudad, 
después que el Confesante habia ido á hablar á los Inquisido- 
res. Preguntado qué recaudo llevó D. Silvestre de Guzman_, y 
quién se lo dio; dijo, que él no estaba cuando fué, pero ha oído 
decir que lo llamó la Inquisición como su familiar. Preguntado 
qué notificación iba á hacer Escobar Melgarejo; dijo, que él 
no sabe que fuese á hacer notificación ni requerimiento, an- 
tes sabe que fué á dar recaudo á los oidores que advirtiesen 
que era novedad tener los escaños cubiertos, pues con aque- 
llo quedaba la Ciudad descargada con el Santo Oficio. Pre- 
guntado para qué envió la Ciudad con Escobar Melgarejo al 
escribano Nájera, pues no era menester para dar un recaudo;- 
dijo, que no vio que la Ciudad lo mandara, sino que fué Ná^ 



324 APÉNDICE. 

jera con algunos alguaciles á acompañar á Pedro de Esco- 
bar, como á hombre que representaba á la Ciudad de Sevilla. 
Preguntado; dijo, que sabe que pararon los oficios, dicho el 
Evangelio, y también sabe que no fué por culpa de la Ciu- 
dad, pues fué Mesa y otros regidores para que se atropellasen 
algunos inconvenientes para seguir las honras, y que oyó decir 
á algunos capitulares eclesiásticos lo de la excomunión. (Este 
confesante tenía 21 años.) 

Antes de firmar, le volvió á preguntar el oidor qué recaudo 
trujo Lúeas de Medina cuando vino á la Ciudad de parte de 
los Inquisidores, y dijo: que lo que trujo fué que el Inquisi- 
dor había mandado suspender al Preste y al predicador, que no 
pasasen adelante, si no sallan los oidores, y que por ser las dos 
podian irse á sus casas: á lo que respondió la Ciudad besándo- 
les las manos á los Inquisidores; pero que no se iba la Ciudad 
sino los últimos. 



Don Pedro de Escobar Melgarejo, dijo: Que es natural de 
Sevilla, vecino de San Marcos, veinticuatro y Procurador mayor 
de la Ciudad. Confesó que estuvo en las vísperas y en las honras, 
y antes para cuidar de los asientos, por tocarle, como Procura- 
dor mayor y maestro de ceremonias, nombrado por la Ciudad. 
Preguntado cómo se habia sabido que el Audiencia tenía ba- 
yetas; dijo, que no sabe que hubiera persona alguna que vi- 
niese á decir que las hubiera, ni él tampoco lo dijo, porque es- 
taba muy descuidado de que hubiese novedad en estar cubiertos 
los asientos, y porque el jueves á las siete salió de la Iglesia 
de mandar poner bien los asientos del Audiencia é Inquisición y 
se fué para acompañar á la Ciudad. Preguntado luego que súpola 
Ciudad que los asientos estaban cubiertos, qué personas fueron á 
hablar á la Inquisición; dijo, que no sabe que por parte de la Ciudad 
se enviaran recaudos á la Inquisición, en razón de las bayetas, sino 



APÉNDICE. 325 

que oyó decir que la Inquisición y la Iglesia estaban en no dejar 
que se continuasen los oficios por estar cubiertos los asientos, y 
ser esto contrario á la cédula de S. M. que tiene la Santa Igle- 
sia Mayor de esta Ciudad; y luego esta le mandó al confesante 
fuese al Audiencia y le dijese qne les besaban las manos, y que 
advirtiesen que la Inquisición é Iglesia estaban en que no se 
siguiesen las honras por estar los asientos cubiertos, y que les 
suplicaban con mucho encarecimiento, lo considerasen de ma- 
nera que los oficios no cesasen, y las honras de S. M. pasasen 
adelante, y sobre todo, acordasen aquello que mas conviniese 
al servicio de S. Ai.; el cual recaudo este confesante fué á llevar 
y porque la gente que había en el túmulo, al ruido se levantó, 
ordenó la Ciudad á cuatro alguaciles de los veinte, fueran apar- 
tando la gente, para que el confesante fuese á llevar el recaudo 
como estaba ordenado, y antes de bajar las gradillas donde es- 
taban los Sres. de esta Real Audiencia, hizo este confesante que- 
dar á los alguaciles, y dejando caer el capirote de la cabeza 
que llevaba cubierta, y tomando la caperuza en la mano, co- 
menzó este confesante á decir: «-Suplico á V. S. me dé licen- 
cia de que dé un recaudo de parte de la Ciudad;» y aun no lo 
hubo bien pronunciado el confesante, cuando el Sr. Regente se 
levantó en pié diciendo: «Tirad de aquí, quiten este desvergon- 
zado de aquí, y llévenlo á la cárcel;» Y queriendo este confe- 
sante volver á salir por entender que no era gusto de estos 
señores recibir el recaudo que traia de la dicha Ciudad, se le- 
vantó el Sr. D. Francisco Navarrete, oidor de esta Real Au- 
diencia, en pié, y le asió á este confesante del brazo derecho, 
y dijo en alta voz: «¿No hay aquí alguaciles? Tomad á este des- 
vergonzado y llevadlo á la cárcel y echadlo de cabeza en un 
cepo;» Y se volvió luego á este confesante y le dijo: «Hi de puta, 
sucio, desvergonzado, vos habéis de hablar?» Y luego llegó Don 
Hernando de Silva, alguacil de esta Real Audiencia, y le trujo 
á la cárcel, ^donde agora está, y que entonces vio este confe- 



326 APÉNDICE. 

sante que lai mugeres de los oidores estaban en estrados de 
luto, que no sabe, si eran de paño ó bayetas. Preguntado des- 
mintiendo la anterior declaración, dijo: que el recaudo que di- 
cho tiene lo llevaba de orden de la Ciudad, v era las forma- 
les palabras que tiene dichas, y que no le pasó por la ima- 
ginación hacer protestas ni requerimiento; que no vio al escri- 
bano, pues que tal vez lo mandó la Ciudad para que diese tes- 
timonio, y que respecto á que el Regente le mandó que no 
diese el recaudo, lo que pasa es que el Regente le comenzó á 
dar de mano por señas, y no de palabras, á lo que entendió 
le mandaba no entrar por medio de donde estaban sentados los 
Sres. de esta Real Audiencia, y que así fué por los escaños de 
su espalda y por entre los Abogados, y comenzando á decir 
este confesante: «Suplico á V. S. me dé licencia que diga un 
recaudo de parte de la Ciudad, y no habiéndole pronunciado; 
se le dijeron por el Regente y por Don Francisco Navarrete 
las palabras que tiene dichas en la pregunta antes de esta, sin 
haber dado ocasión para ello, ni haber pasado otra cosa mas 
que lo que dice en su confesión; y nunca en su vida ha de- 
jado de tener el respeto que se debe á estos señores juntos y 
á cada uno de por sí, y que este confesante no entró donde 
los dichos señores estaban con desacato ninguno, sino con la com- 
postura y respeto que se debe á tan alto tribunal, que dijo á 
los alguaciles que no bajaran las gradillas, y que, si con la con- 
fusión bajaron, él no lo mandó, y todo el mundo quedó es- 
pantado del mal trato que daban á la Ciudad, representada 
por el confesante, de edad de 38 años. 

Le volvió á ser preguntado si nó quiso ir preso, te- 
niendo que salir unos alcaldes; y dijo que lo que pasó fué que 
dijo al alguacil Silva que le diera lugar y espacio para enviar 
recaudo á la Ciudad de lo que pasaba, y para que nombrase maestro 
de ceremonias, que aquel dia no podia estar sin él; que el al- 
guacil le dijo que anduviese aprisa, á lo que replicó que se re- 



APÉNDICE. 327 

portase, y entonces vino el Alcalde 1). Luis Meixado, cuando 
ya se iba y le dijo «que es aquesto? Véngase conmigo, que yo 
le acompañaré á la cárcel». Y él dijo se iría con el alguacil, y 
que él no es hombre que haga resistencia, ni llevaba armas 
ni hizo defensa ninguna, á lo cual estaban presentes García Tello 
deSandovaly D. Pedro de Herrera, que dirán que la cosa pasó así 
y no de otra manera. Y que lo que pasa es que el miércoles 2 5 del 
pasado por la mañana, habiéndose de celebrar las vísperas de las 
honras, el Sr. Regente le envió á decir con el portero Nuñez que 
habia proveído un auto mandando que el Audiencia y sus depen- 
dientes, y que dispusiese los asientos para ciento venite per-^ 
sonas y que el alguacil se enterase cómo estaban, y dispuso 
el confesante poner en el coro cuatro bancas de espaldar, y en 
el medio una pequeña de respaldar para el Regente, y detrás 
de ellas bancas rasas para los ministros; puesto en esta forma 
le dijo el confesante al alguacil Andrés Nuñez que viniese á ver 
cómo estaban los asientos, y este preguntó que quién se habia 
de sentar en el escaño pequeño, el confesante dijo que el señor 
Regente_, y el alguacil dijo que no debia de ser así, sino en 
silla, porque asi se lo habia mandado; y este confesante le res- 
pondió que en honras de Reyes nadie habia de tener silla ni 
almohadas ni alfombra; de lo que dio cuenta el alguacil, y el 
Sr. Regente le enrió á mandar que le pusiera silla, y este 
contestó que se holgara poderlo hacer; pero que no podia ha- 
cerlo, por ser en deservicio de S. M., y que le culparían lo que 
hiciese; y este confesante añadió que debia saber mejor que él 
el Regente lo que se habia de hacer, por ser ministro de S. M. 
hacía tantos años: vino con esta razón el Alguacil con otros; 
que fueron Mateo de Rivas con otro hombre, y Moreno, receptor 
de la Real Audiencia, y quitaron la banca y pusieron una silla y di- 
jeron que no la quitase ni consintiera que la quitasen, y exigiéndole 
respuesta, dijo que no la quitaría ni consentiría quitar pues así lo 
mandaba el Sr Regente. Preguntado si sabe que el Regente el dicho 



328 APÉNDICE. 

miércoles hizo quitar la silla y se sentó en un escaño pequeño, di- 
jo: que lo que sabe es, que estando la Ciudad sentada en forma, al 
lado de la epístola, como tiene mandado S. M., llegó Martínez, ra- 
cionero y maestro de ceremonias de la Catedral^ y dijo que no 
se había de pasar con las honras adelante por tener silla el señor 
Regente para sentarse y asistirá ellas, y que su oficio de Procura- 
dor mayor y maestro de ceremonias era tan ocupado que no supo 
lo que pasó por tener que acudir á sus demás obligaciones, y el dia 
que llevó el recaudo por el mal tratamiento,, no le dieron lugar 
á verlo. Preguntado si es verdad y sabe como maestro que es de 
ceremonias si los bancos del Ayuntamiento é Inquisición eran 
de respaldar, dijo: que es verdad que de los bancos de la Ciu- 
dad algunos eran de respaldar, no tan buenos como los del 
Audiencia y los de la Inquisición, hermanos de los del Audien- 
cia: se le volvió á leer su dicho: se afirmó en él, y dijo que 
tenia 3^ años. 



Hernando de Nájera, Teniente de escribano del dicho Ca- 
bildo, vecino de la Collación de la Magdalena, que se halló en 
las honras con el Cabildo y Regimiento, por pasar ante él to- 
dos los autos pertenecientes á las honras. 

Preguntado de quién supo la Ciudad que el Audiencia te- 
nía bayetas de luto, dijo; que al entrar por el túmulo volvió el 
rostro y las vio. Preguntado si sabe que cuando la Ciudad lo 
supo fueron algunos á hablar á la Inquisición, quiénes fueron 
y diga lo que pasó; dijo, que lo que pasó y vio es que estan- 
do sentado donde le señaló Hernando Diaz de Medina, Correo 
Mayor de esta Ciudad, que era en el escaño postrero, que es- 
taba puesto para que se sentase la Ciudad, y habiéndose em- 
pezado la Misa, y estando el predicador en el pulpito, hubo 
murmullos en el túmulo, y se pusieron en pié los de la Ciudad, 
y oyó decir que la Inquisición había mandado decir á la Iglesia 



APÉNDICE. 329 

que la Audiencia quitase las bayetas, y que la Inquisición ha- 
bía mandado parar los oficios, y que ya había habido otros autos, 
y que parados ya los oficios, la Ciudad mandó á Pedro de Es- 
cobar Melgarejo un recaudo que dirá cuando se le pregunte. 

Fuéle apercibido por el oidor que dijese clara y abiertamente 
quienes fueron de la Ciudad á la Inquisición, por qué orden, 
qué recaudo llevaron y qué respuesta trajeron, dijo; que el Tenien- 
te Antonio Collazos de Aguilar y la Ciudad, envió al Teniente 
D. Juan Ponce de León á los Inquisidores y al Cabildo ecle- 
siástico para que prosiguiesen los oficios, y con el dicho fué D. 
Juan Ponce de León Almansa^ veinticuatro, y otras gentes que 
entraron en la Capilla Mayor, y, con la mucha gente, el con- 
fesante no pudo ver ni oir lo que pasó; y luego el dicho D. Juan 
Ponce fué con el confesante al Cabildo, y dijo al Chantre que 
siguiesen los oficios; y este dijo que no podía, porque se le ha- 
bía conminado con excomunión, lo que dicho D. Juan Ponce 
volvió á decir á la Ciudad. 

Fuéle apercibido segunda vez diga y declare qué respuesta 
trajeron D. Juan Ponce y su sobrino, de los Inquisidores, y qué 
otras personas del Cabildo fueron á los Inquisidores, qué re- 
caudo llevaron y qué respuesta trajeron; dijo, que este confesante 
no vido por entonces otras personas, ni supo de más recaudos 
hasta que á eso de las tres fué el Marqués del Algaba, y que 
los dichos Ponces fueron derechos de la Inquisición al Cabildo 
eclesiástico, y á la vuelta el confesante volvió á su lugar, por- 
que muchos le, preguntaban, veinticuatros y jurados lo que había 
pasado. 

Fué apercibido dijese la respuesta de la Inquisición: dijo, que 

cuando llegó D. Juan Ponce llegaron muchos regidores, y él se 

separó y no oyó. Fué preguntado, si sabe ú oyó decir algo de la 

respuesta de la Inquisición; dijo, que no lo sioe ni lo oyó decir. 

Preguntado qué persona ó ministro vino á hablar á la Ciudad 

de parte de la Inquisición, qué recaudo trajo y qué respuesta 
Sucesos i:)E Sevilla. 3_|. 



33o APÉNDICE, 

;llcvü, dijo; que no vio el confesante que trajesen recaudo al- 
guno, porque salió del túmulo y no volvió hasta después de las 
doce y media. Preguntado si vino con Pedro de Escobar Mel- 
garejo á hacer á la Audiencia protesta, notificación ó requeri- 
miento; dijo, que lo que pasa es, que antes del recaudo de la 
pregunta anterior, la Ciudad mandó á Pedro de Escobar Mel- 
garejo que fuese á advertir al Audiencia que en honras de per- 
sonas reales no se ponian bayetas; que suplicaban lo advirtie- 
ran para que cesasen los murmullos y pasasen adelante los oficios; 
y que al llegar al Audiencia dejó pasar á Escobar Melgarejo, y 
que vio que, sin quererlo oir, lo mandaron prender; que él no 
iba á hacer requerimiento, ni lo hubiera hecho, aunque se lo 
hubieran mandado, por ser tribunal superior: y solo iba á ver 
como los demás, y esto es lo que pasa y lo demás niega. Pre- 
guntado cuáles alguaciles bajaron las gradas del túmulo con el 
confesante; dijo, que los alguaciles que fueron con Escobar Mel- 
garejo fueron Juan Gallego de Robledo y Antonio González 
Osorio; y no se acuerda quien era el otro; y no vio con el tro- 
pel de la gente, si bajaron las gradillas donde la Audiencia esta- 
ba. Preguntado si es verdad que los escaños en que el confe- 
sante y el otro teniente, asi como los veinte y cuatros y jurado es- 
taban eran todo de madera y respaldar; dijo, que los de la 
Ciudad y sus ministros eran como se le pregunta, asi como los 
de la Inquisición, y que cree eran lo mismo los de la Au- 
diencia; y á lo demás dice, que el día de las honras cuando 
volvió D. Juan Ponce, volvió con el recaudo antes dicho. 

La Ciudad mandó al veinte y cuatro Bartolomé López de 
Mesa que fuese al Cabildo eclesiástico para que venciese las 
dificultades para acabar los oficios; y que el Chantre contestó 
que la iglesia deseaba lo mismo que la Ciudad le enviaba á 
mandar: pero que no podia hacerlo porque veia que la Inqui- 
sición y Audiencia estaban tan encontrados, que no se podia 
seguir; á lo que López de Mesa dijo, que la Ciudad se quedarla 



APÉNDICE. 33 1 

hasta que se acabase, aunque fuese hasta el otro día; y el Chan- 
tre dijo que la Ciudad podia hacer lo que fuese servida, por- 
que la Iglesia queria saber de esta vez si había de tener mano 
en su casa, para hacer en ella lo que quisiere; y ansi el dicho 
Bartolomé López de Mesa volvió con el recaudo á la Ciudad 
y esta mandó que se sentasen todos y se estuviesen quedos hasta 
ver en que paraba lo susodicho; y después á eso de las tres vi- 
no el Marqués de la Algaba, y entró err el túmulo, y, visto que 
estaba el coro cerrado^ dijo que él queria ir á la Inquisición y a 
la Audiencia para que todos se fuesen; puesto que ya no se ha- 
blan de proseguir las honras hasta que S. M. mandase; y volvió 
el dicho Marqués y á poco se fué la Audiencia, y que esto es la' 
verdad, y dijo que era de edad de- más de- treinta y dos años. 



Pedro Osorio, alguacil de los veinte, que se halló en las 
honras por razón de su cargo, preguntado si fué Pedro de 
Escobar Melgarejo á hacer notificación ó requerimiento al Au- 
diencia, por motivo de las bayetas que cubrían sus asientos, y si. 
bajaron las gradas los alguaciles para que el veinticuatro dicho lle- 
gase donde estaba el Sr. Regente, y si porfió para dicho efecto, aun- 
que la Real Audiencia le mandó muchas veces detener, porfian- 
do que habia de hacer dicha notificación; dijo, que habia cinco dias 
que estaba asistiendo al túmulo, y estando aquel dia arrimado 
á él, vio venir á el dicho veinticuatro de la parte de la Ciu- 
dad, y diciéndole que lo acompañase, lo hizo porque estaba allí 
para este efecto de acompañar y hacer lugar á los de la Ciu- 
dad, y que no supo á lo que iba el veinticuatro; y que llegando 
este confesante á las gradas del túmulo, oyó decir que pren- 
diesen á Escobar Melgarejo y se volvió á la Ciudad, y que so- 
bre esto tiene dicho su dicho en su declaración como testigo, 
el cual es todo uno con lo que ahora dice. Preguntado qué per- 



332 APÉNDICE, 

sonas fueron de parte de la Ciudad á la Inquisición; dice, que 
no vio nada. Preguntado quién vino de parte de la Inquisición; 
dijo, que vio venir á un hombre, que digeron era el Secretario 
de la Inquisición; pero que no oyó lo que decía, porque habló 
paso y apartaban la gente. 



Antonio González, alguacil de los veinte, preso en la cárcel^ 
vecino de la Collación de la Iglesia Mayor, preguntado, dijo, que 
por su cargo se halló en las honras. Preguntado quiénes vio pasar 
de la Ciudad á la Inquisición; dijo, que solo vio que D. Silvestre de 
Guzman, después de hablar con el Lido. Collazos, pasó a la Inqui- 
sición, y el confesante fué haciéndole lugar bástala Capilla Mayor^ 
y que él no oyó nada sino que también había ido después D.Juan 
Ponce: que sobre esto tiene dicho su dicho como testigo, el cual se 
entienda ser todo uno con el presente. Preguntado por el suceso 
de Pedro de Escobar Melgarejo, el cual no se quiso tener, cuando 
se lo mandaba el Sr. Regente, antes decía que había de Uegar al Sr. 
Regente á hacer la notificación, y que el confesante bajó las 
gradillas y llegó á los asientos de los oidores; dijo, que lo que 
ha pasado es, que estando el declarante para hacer lugar á los 
de la Ciudad y echar ¡a gente fuera, le mandaron que acom- 
pañase al dicho Escobar Melgarejo que iba á dar un recaudo; y 
que no pasó de las gradillíis, y que de allí vio, que queriendo 
hablar el dicho Escobar Melgarejo, no le dejaron y le manda- 
ron prender, y vio que Silva, (alguacil del Audiencia) le prendió; 
después de lo cual se volvió á la Ciudad, que esto se tenga por 
uno con su declaración como testigo, y que es de edad de veinte 
y nueve años. 

Testigo J/,— Juan Bautista de Hoyos, vecino de la Co- 
llación de S. Bartolomé. 

Vio que el 2 5^ dia de las vísperas, el Regente mandó quitar 
la silla y se sentó en un escaño pequeño, que así como los demás 



APÉNDICE. 333 

estaba descubierto; que el suelo de la Capilla y los bancos de 
los inquisidores que en ella estaban,, todo estaba sin lutos y en 
blanco; lo cual no parecía bien, por ser el dia que era^ y detrás 
del Audiencia había una tarima de palo y una reja de palo, que 
dividía la tarima del Audiencia, que mandó hacer Hernando Diaz 
de Medina, á cuyo cargo estaba la obra y lo demás del túmulo; 
en cuya tarima á una parte de ella estaban la Sra. Doña Ana 
María, muger del Sr. Regente, y la Sra. Doña Antonia de Ar- 
menteros, muger del Sr. Licenciado Don Fernando Ramírez Fa- 
riñas, con sus tocas negras y mantos de añascóte de lana grue- 
sos; con las cuales estaban otras señoras de Alcaldes de dicha 
Real Audiencia, y estaba la dicha tarima en blanco, sin bayetas, 
que parecía mal, y en otras partes de la dicha tarima ó t.ibla- 
dillo, había muchas mugeres que no eran conocidas, y este tes- 
tigo no supo quiénes eran, porque no estaban en público, sino 
disimuladas; y el dia siguiente 26, que se habían de hacer las 
honras, estuvo todo de la misma manera, salvos los Asientos del 
Audiencia, que estaban de luto negro, y una parte de la tarima 
cubierta con una bayeta, y no tenían almohada alguna, y esto 
pareció estar mucho más conforme al dia, y estuviera mejor todo 
de la misma maaera; mas por esto vinieron de parte de la Igle- 
sia á hablar con el Audiencia, y vio el testigo venir á Escoba'^ 
Melgarejo con alguaciles y el Teniente de escribano, y se decía 
que venía á hacer requerimiento, y no se quiso detener, y le 
mandaron prender, y no quería ir; y salió un Alcalde para ha- 
cerlo salir, y vio venir á un hombre que decían era el Secretario 
de la Inquisición; y desde las gradas habló lo que no oyó el 
testigo, siguiendo este en su declaración como los primeros tes- 
tigos, y dijo que era de edad de treinta y seis años. 

Testigo 32. — Francisco Rodríguez de Guzman, veinte y cua- 
tro, vecino de la Collación de' San Martin. 

Dijo, que se halló en las honras por su cargo: dijo que 
no se acuerda por quién se supo; que el Audiencia tenía ba- 



334 APÉNDICE. 

yetas, sino que allí se supo: que vió el testigo que algunos re- 
gidores se levantaron; que D. Silvestre de Guzman y D. Pedro 
de Céspedes, fueron á hablar á la Inquisición, pero no por acuer- 
do de la Ciudad, por que á él no le tomaron su voto; que vió 
levantarse á varios regidores, y que D. Juan de Arguijo y Don 
Juan Ponce, cuando volvieron dijeron que habían ido á comer 
un bocado en la escalera por donde se sube al túmulo. Dijo, 
que este testigo, desde que se sentó en el banco, hasta que se 
fué á su casa con necesidad que tuvo para ello, no se levantó 
de su asiento, y no sabe qué recaudo llevó Melgarejo, pues si 
lo llevó, no se votó ni él lo supo ni otros tampoco, si no que 
vió ruido, y, preguntando qué era, le dijeron que eran unos al- 
guaciles á quienes habia mandado prender la Audiencia, así como 
á Pedro de Escobar, á quien visitó en la cárcel, donde le dijo 
que el recaudo que llevaba era sobre las bayetas de los bancos 
del Audiencia, y que no le habia dado, porque antes de em- 
pezarlo á decir le mandaron prender. 

No sabe este testigo quiénes trajeron recaudo de la Inqui- 
sición ni qué era el recaudo. Dijo, que tenían asientos de respal- 
dar los veinte y cuatro y jurados, y con ellos los tenientes de 
escribanos. Dijo que ni el suelo ni los asientos de los tribuna- 
les estaban cubiertos de luto, y que no vió los del Audiencia. 
Preguntado si el dia de las vísperas y el de las honras los vein- 
te y cuatros estaban con mucha inquietud levantándose y sen- 
tándose y no como era razón, según exigía el acto; dijo, que 
vió levantarse á algunos, como dicho tiene. Sobre lo demás no 
dá nuevos detalles, y dice que es de edad de cincuenta años 
poco mas ó menos. 

Testigo 33. — Martín de Carmona, escribano Secretario de 
la Hermandad de esta Ciudad, y vecino de la Collación de San 
Lorenzo. 

Vino con el Audiencia á las vísperas de las honras. Dice 
que vió al Regente mandar quitar la silla y sentarse en el es- 



APÉNDICE. . 335 

caño pequeao: que vio en la tarima sentada á Doña Ana Maria 
y Doña Antonia de Ármentenos, y con ellas estaban otras seño- 
ras del Audiencia, y habia otras mugeres disimuladas que él no 
conoció, y que la tarima fué mandada hacer por la diputación 
de la Ciudad; que el dia de las honras vio que estaban cubier- 
tos los bancos y parte de la tarima: no dá ningún otro detalle 
y dice que tiene treinta y dos años. 

Diligencia.— Practicada por el Doctor Sierra, relator, el 
7 de Diciembre, reclamando en nombre del Audiencia que esta 
asistiera, como de costumbre, á la función á la Virgen el 8 de 
Diciembre. La reclamación se hizo al Cabildo eclesiástico en 
la misma iglesia con el Arcediano de Niebla, Presidente ac- 
cidental del Cabildo, el canónigo Villa-Gomez llevó la repuesta 
negativa al Audiencia, fundándose en la excomunión, y de todo 
dá fé el escribano Porras Savariei^os. 



Petición de Don Juan Ponce de León, Alcalde Mayor, 
D. Juan Ponce, veinte y cuatro, y Pedro de Escobar Melga- 
rejo, para que se les suelte libremente, ó cuando menos se les 
conceda licencia para ir el miércoles 9 de Diciembre á Cabildo 
para votar procuradores á Cortes: la petición está sin fecha, pero 
fué presentada el lunes 7 de Diciembre. 

Auto del acuerdo. — Dando licencia (el miércoles 9) para que 
los ante dichos vayan á Cabildo para ir el mismo dia al nom- 
bramiento de Procurador á Cortes, llevándolos y trayéndoios un 
alguacil. 



El mismo dia, miércoles 9 de Diciembre, vistos los autos é 
información, mandaron el Regente y oidores prender á D. Sil- 
vestre de Guzman y á D. Pedro de Céspedes Figueroa. 



336 • APÉNDICE. 

Petición de Antonio González y Pedro Ossorio, alguaciles: 
piden al Tribunal que los suelten. Presentada el dia lo de Di- 
ciembre. 

El acuerdo los mandó soltar bajo fianza. 



Juan Ponce, Alcalde Mayor, Juan Ponce, veinte y cuatro, y 
Pedro de Escobar piden soltura ó su casa por cárcel por estar 
muy estrechos, ó que se les mande dar carcelería con arreglo á su 
clase. El Regente decreta no haber lugar lo que piden. (Jue- 
ves 10.) 



Don Silvestre de Guzman y D. Pedro de Céspedes Figue- 
roa^ ya presos, piden como los anteriores el mismo dia Jueves 
10, y se decretó también no haber lugar á la soltura. 



Fernando de Nájera pide que lo suelten libremente; en jueves 
10 decreta la Audiencia no haber lugar lo que pide. 

Confesión de D. Silvestre de Guzman, el 3i de Diciembre. 
Dijo su nombre y que es vecino de la Collación de S. Marcos, 
y veinticuatro de esta Ciudad; que se halló en las honras en el 
asiento que le señaló la Ciudad, junto á D. Martin Melchor 
Maldonado y D. Juan de Arguijo. Preguntado, dijo que no supo 
de nadie que los bancos del Audiencia estaban con bayetas; pero 
que, llegando á su asiento oyó gran rumor y le causó gran novedad, 
porque las vísperas se hablan celebrado con mucha quietud por 

haber estado diferentemente los asientos. Preguntado confiese á 

• 
los oidores; dijo, que se levantaron muchos juntos para ver aque- 
lla novedad (la de las bayetas;) que no sabe quiénes llevaron re- 
caudo, pero ha oido de decir que D. Pedro Ponce estaba pre- 



APÉNDICE. 337 

SO por esto, y que el recaudo que llevó fué que deseaba la Ciu- 
dad que siguiesen las honras, y que la íaquisicion contestó que 
nadie mas que ella lo deseaba. Preguntado; dijo, que no sabe del 
recaudo ni de lo que contenia mas que lo que tiene dicho. Pre- 
guntado, por la contestación dada á la Ciudad; dijo, que no sabe 
nada. Preguntado si el confesante fué con Don Pedro de Cés- 
pedes Figueroa á la Inquisición; dijo, que él y Don Pedro de 
Céspedes, visto que muchos se hablan levantado y suspendido 
los oficios, fueron á la Inquisición, hablaron de otras cosas, y 
como familiares les dieron asiento, no llevando ni trayendo re- 
caudos. Preguntado qué recaudo dieron los de la Ciudad; dijo, 
que no le dieron ni trajo ninguno. Preguntado si habló en se- 
creto con los inquisidores sobre las bayetas; dijo, que es ver- 
dad que habló al oido con Don Juan Zapata, en razón de que 
le habia pedido para la Virgen de la Concepción unas estrellas 
de oro, como se las dló. Preguntado si vio que los inquisido- 
res mandaron decir al Audiencia que estaban excomulgados; di- 
jo, que no oyó nada de eso, sino que estando con la Inquisición, 
vio al Alcalde Medrano con un escribano, que iban á leer un 
auto que la Inquisición no quiso oir, por que dijo que estaban 
excomulgados. Preguntado, si estaba presente cuando la Ciudad 
mandó á Pedro de Escobar Melgarejo; dijo, que visto lo que allí 
pasaba, la Ciudad mandó á Pedro de Escobar á suplicar, no á re- 
querir al Audiencia, que pusiese remedio, y antes de empezar á 
hablar le mandaron prender, diciéndole el Regente y un oidor: 
«Tomad á ese desvergonzado y llevadlo á la Cárcel» y lo lle- 
varon á empellones; que el Escribano no fué mandado por la 
Ciudad, sino que lo llevó Escobar Melgarejo, por que ya sa- 
bía que le habia de suceder lo que le sucedió. 

A otras preguntas elude la repuesta, diciendo que no sabe 
otra cosa, y lo firma añadiendo que es de edad de mas de 
cuarenta años. 

Sucesos de Sevilla. 35 



338 APÉNDICE. 



Confesión de Don Pedro de Céspedes Figueroa. Dijo su nom- 
bre y que era vecino de la Collación de San Román, veinticua- 
tro de Sevilla y Capitán de infantería de dicha Ciudad por S. M. 

Dijo que conoce al Regente, oidores é Inquisidores; á unos 
de trato, á otros por haberlos visto recibir en el Cabildo, y á 
los Inquisidores por ser familiar del Santo Oficio; que estuvo 
en las honras y también en las vísperas «por que á las cosas 
del servicio de S, M. siempre este confesante acude conforme 
es su obligación.» Dijo que el Jurado Laredo, dijo lo de las ba- 
yetas, después de haberse sentado la Ciudad, porque habia rui- 
do como de haber alguna novedad. Preguntado quiénes se le- 
vantaron de la Ciudad y fueron á hablar del asunto; dijo, que 
lo que sabe de esto es, que deseando la Ciudad que las cosas 
■de S. M.se hiciesen como cumplían, habiendo gastado todo lo que 
se gastó, convidando á los oidores, dispuso que su Procurador 
mayor llevase un recaudo al Audiencia, informándole, con el de- 
bido respeto, que en ocasiones como aquella, como en las hon- 
ras de la Reina Doña Juana, madre del Rey Don Felipe II, 
no hubo paños, y que por tanto los quitasen; y que oyó re- 
ferir aunque él no lo oyó, que al llegar Escobar dijo el Re- 
gente: «quitad de ahí ese hombre,» y que otro del Tribunal 
lo llevó preso, y dieron noticia de ello á la Ciudad. Pregun- 
tado si iba á requerir ó notificar Escobar Melgarejo; dijo, lo 
que tiene dicho, y que no entendió que fué á hacer requeri- 
miento; que no se mandó ir escribano, y que los alguaciles fue- 
ron haciendo lugar, y por decoro por ir en nombre de la Ciu- 
dad y con recaudo al Audiencia. Dijo que vido ir á D. Juan 
Ponce á la Capilla Mayor; que preguntó y le dijeron que iba 
á la Inquisición, pero con el alboroto no supo á lo que iba, 
aunque cree que lo mandó la justicia y los que cerca de ella 
estaban. Dijo que, como dicho tiene, no vio el recaudo que le 



APÉNDICE. 339 

dieron ni la repuesta que trajo ni lo oyó decir. Preguntado, si el 
confesante y D. Silvestre de Guzman fueron á la Inquisición á 
hablar en razón de las bayetas; dijo, que ambos fueron como 
familiares, porque no se veia desde donde estaban lo que pasó, 
y para procurar remediar lo que pasaba, que le dieron por su 
calidad asiento junto al Juez del fisco; que viendo que aque- 
llo no terminaba, se volvió al asiento de la Ciudad y procuró 
que se avisara al Marqués de la Algaba, como quien tenia 
ascenso con los oidores, para que le oyesen y se prosiguiesen los 
oficios, y si nó se lograba para que se pidiese licencia al Audien- 
cia para que la Ciudad se fuese por el respeto que se les debia, 
por haberlos convidado. Que venido el Marqués fué con él al 
Audiencia é Inquisición, pero no llevó recaudo alguno. Dijo que 
no se acuerda de haber pasado ninguna razón con la Inquisición, 
sino que procuró lo mejor que supo allanar las dificultades. Pregun 
tado, si se halló á la notificación del último auto del Audiencia á 
la Inquisición; dijo, que se halló una vez y no sabe si fué primero* 
ó segundo auto, ni mas que uno délos Inquisidores dijo que no se 
llegasen á hablarles porque estaban descomulgados; que infiere que 
sería el primero, porque después que él volvió á la Ciudad oyó de- 
cir que los Alcaldes y escribano volvieron á la Capilla Mayor. Pre- 
guntado si vio que le asieron del papel al escribano; dijo, que no 
lo vio, que esto era la verdad bajo juramento, y que tenia cuarenta 
años poco mas ó menos. 

Testigo ^4.— Bartolomé de Hoces, vecino de esta Ciudad: 
.en la Collación de Santa Catalina, veinticuatro. 

Se halló en las honras enmedio de Diego de la Barrera, . 
veinticuatro, y del Doctor Castañeda, teniente de Asistente, ens 
el último escaño de mano izquierda junto al túmulo. Que oyó 
decir á unos clérigos que estaban en el túmulo: «La Ciudad no* 
tiene bayetas en sus asientos y el Audiencia Real sí.» Dijo que- 
se puso á hablar con Castañeda, y no se enteró de lo que pa- 
saba; vio venir á Ortuño Briceño y á Medina, pero no sabe á 



340 APÉNDICE. 

qué. Dijo que vio ir á Pedro de Escobar Melgarejo por las 
gradillas arriba, poniéndose el capirote, porque estaba descu- 
bierto; que oyó decir que iba á llevar un recaudo que, según le 
digeron, consistía en suplicar al Regente que remediase y com- 
pusiese aquello de manera que se evitasen las quejas de la In- 
quisición y del Audiencia. Dijo: que no vio ir al escribano Náje- 
ra, que lo dicho es la verdad por el juramento, y que es de 
edad de bn años. 

Testigo 35. — Don Fernando Ponce de Leon^ teniente de 
Alguacil mayor, vecino de la Collación de S. Román. 

Dijo, que se halló por su cargo con la Ciudad á las hon- 
ras; dijo, que vio ir á Don Silvestre de Guzman y Don Pedro 
de Céspedes, pero no llevaron recaudo entonces ni después hasta 
que vino el Marqués del Algaba que habló con el Audiencia 
é Inquisición. Dijo, que no sabe que D. Juan Ponce y su so- 
brino llevaron recaudo á la Inquisición, y que la razón de no 
saberlo es, porque él tenía la llave del cuartel de la Ciudad, y 
el cargo de hacer sentar á los que se levantaban sin orden, y 
para dar entrada á las señoras mugeres de veinticuatros á una 
tarima que estaba en el cuartel de la Ciudad y detrás de ella, 
por lo que andaba de pié en su cargo. Dijo que vio venir á 
Ortuño Briceño y á Lucas de Medina, pero no oyó lo que di- 
jeron á la Ciudad ni lo ha oido decir. Dijo que supo que ha- 
bía ido á llevar un recaudo Pedro de Escobar Melgarejo, y que 
oyó que fué con toda cortesía; que es la verdad con cargo al 
juramento prestado, siendo de edad de 84 años. 

Testigo 36. — El Ldo. Collazos, Teniente Mayor de Asisten- 
te, que al presente hace oficio de Asistente. 

Dijo, que estuvo por su oficio en las honras, teniendo lu- 
gar del Asistente por ausencia del Conde de Puño-en-rostro, y 
que en su escaño estuvieron D. Fernando Ponce de León, Te- 
niente mayor, D. Francisco Manrique de Zúñiga y D. Juan Pon- 
ce de León, Alcaldes Mayores; y en el escaño de la mano si- 



APÉNDICE. 341 

niestra estuvieron D. Andrés de Monsalve y otros Regidores 
antiguos; y que en el escaño de atrás, á lo que se quiere acor- 
dar, estaban Luis de Herrera, D. Pedro de Figueroa y otros. 
Preguntado por quién supo que el Audiencia tenia las bayetas; 
dijo, que luego que entró la Ciudad empezó la Misa, y vino un 
clérigo á decir la conftsion al lugar del Asistente, y luego vino 
el Audiencia y se oyó dentro del túmulo ruido de gente y al- 
boroto que iba hacia donde estaba el Audiencia; y luego al pun- 
to se dijo que aquel ruido era que la Iglesia mandó un re- 
caudo, para que quitasen unos paños de bayetas que decian 
que tenia el Audiencia en sus escaños. Dijo, que á poco de 
lo antes dicho vinieron á decir á la Ciudad que el Tribunal de 
la Inquisición había hecho la misma diligencia que la Iglesia, 
porque ella no tenía bayetas, y se hablan parado los oficios; por 
lo cual se acordó que fuese Pedro de Escobar Melgarejo á ad- 
vertir al Audiencia lo que pasaba, y á recordarle, por si lo ig- 
noraba, lo que habia pasado en otros casos análogos, y á lo 
que se acuerda el escribano Nájera, no se le envió que fuese 
para caso particular, y que los alguaciles fuesen solo para ha- 
cer lugar. Dijo que en vista del tumulto que pasaba, mandó á 
los escribanos que estuviesen dispuestos para que diesen fé de 
que la Ciudad no tenía culpa en lo que pasaba, por lo cual la 
Ciudad mandó á Bartolomé López de Mesa al Cabildo eclesiás- 
tico, para que en todo caso continuasen las honras, rompiendo 
cualquiera dificultad, pues quedaba tiempo para que S. M. acor- 
dase lo conveniente; á lo que contestó el dicho Cabildo ecle- 
siástico, que el Audiencia también había mandado á decir lo mis- 
mo; pero que no podía por las censuras y excomuniones de la 
Inquisición. Preguntado qué requerimiento ó notificación iba á 
hacer el Procurador mayor, pues para recaudo no era menester 
ni mucho menos escribano; dijo, que siempre era costumbre 
enviar al Procurador Mayor, que tal era su oficio, y que si lle- 
vaba al escribano lo acertara, para que diese fé de que no se 



342 APÉNDICE. 

habia escedido. Preguntado, dijo: que cuando andaban las di- 
ferencias entre la Inquisición y el Audiencia, vino aquella á de- 
cir que estaba con sentimiento, porque la Ciudad había cubierto 
los asientos del Audiencia, por lo que mandó á D. Juan Ponce 
y otros á decir á la Inquisición que á la Ciudad no le incumbía 
aquello. Preguntado por qué se le dijo á D. Juan Ponce que 
hablara en secreto; dijo, que como el recaudo que llevó fué tan 
puesto en razón, no se le advirtió, ni hubo para qué advertirle 
que lo digera en secreto. Preguntado por la respuesta de la In- 
quisición; dijo, que como há mas de quince días que pasó lo que 
se le pregunta, no se acuerda formalmente de ello, mas de lo 
que le parece, fué dar satisfacción la Inquisición de que que- 
daban con ella en no tener culpa la Ciudad en que sus asien- 
tos quedaran sin cubierta. Preguntado si vinieron Ortuño Bri- 
ceño y Lucas de Medina, dijo que este testigo no se acuerda 
de Lucas de Medina, pero que el Secretario Bricerío vino, se- 
gún se acuerda, á eso de las tres á decir que se hablan ido los 
canónigos y que podrían ya levantarse é irse. Preguntado si Lu- 
cas de Medina vino con recaudo por él y otros regidores; que 
se difirió la respuesta que las llevaron D. Pedro de Céspedes 
y D. Silvestre de Guzman, etc.; dijo, que cuando el tumulto, los 
dichos se levantaron, y que mandándoles que se sentasen, di- 
jeron que iban á la Inquisición por ser familiares, y también 
se quiere acordar que se dio satisfacción análoga á la que se ha- 
bia enviado con D. Juan Ponce á D. Silvestre de Guzman, que 
se quejó á la Ciudad de lo de los asientos. Preguntado cómo 
después de la primera satisfacción que contentó á la Inquisición 
volvió D. Silvestre con quejas; dijo, que lo uno y lo otro hubo 
y lo pudo hiaber, porque D. Silvestre fué y vino dos ó tres ve- 
ces á los Inquisidores. Preguntado qué otras personas de la 
Ciudad se levantaron, dijo que vio á Laredo, á Diaz de Me- 
dina, al Procurador Mayor, y á otros que tenían cargos; pero 
que no sabe que fueran á la Inquisiciou mas que Ponce y Don 



APÉNDICE. 343 

Silvestre de Guzman, Preguntado por la excomunión; dijo, que 
las dichas censuras son cosa pública, y que cuando salió la Giu- 
dcxd, quedaron dentro la Inquisición y Audiencia, siendo como 
las cuatro, y que hacía tres horas que se habia ido el Cabildo 
eclesiástico, cerrando el coro y capillas; que aquello era la ver- 
dad, y que tenia 40 años poco más ó menos. 



Antonio de Ecija, alguacil de los veinte, preso, vecino de 
la Collación de San Miguel. 

Se halló en las honras acompañando á la Ciudad; vio á 
D. Silvestre de Guzman ir de la Ciudad á la Inquisición, y al 
volver le preguntó al portero de la Ciudad Lúeas de Garay, y 
este le dijo que Don Silvestre venía de hablar á la Inquisición 
de parte de la Ciudad, que no vio salir á Escobar Melgarejo, 
por que estaba junto á un pilar para oir el sermón, y que es- 
tando allí, le llamó Nájera para que fuese con ellos al Audien- 
cia, y al llegar los mandó detener el Regente, pasando adelante 
Pedro de Escobar Melgarejo, por lo que no sabe si llevaba re- 
querimiento. Que no vio bajar á nadie las gradas ni á los al- 
guaciles, y que quienes procuraron entrar fueron Escobar Mel- 
garejo y Nájera, y el alguacil Robledo, y cuando lo mandaron 
prender se fué de la Iglesia, 

Testigo 3j. — Lúeas de Medina, receptor del Santo Oficio, 
que iba aquel dia con el Santo Oficio, haciendo veces de al- 
guacil mayor por falta del propietario. 

Dijo que oyó de público que el Audiencia tenía bayetas, 
no acordándose en particular de quien lo dijo; que vio venir á 
D. Silvestre de Guzman y á D. Pedro de (Céspedes Figueroa, 
y que venia tanta gente, que tuvo él que detenerla como otras 
veces; que los dichos volvieron á hablar de parte del Cabildo 
de la Ciudad á los Inquisidores; que los vio venir, pero no 
supo á qué ni de parte de quién, ni qué hablaron al oido; dijo 



344 APÉNDICE. 

que por andar ocupado no vió que viniesen mas que los dichos 
y á la tarde vió venir al Marqués de la Algaba con otros vein- 
ticuatros, pero solo el Marqués se sentó con los Inquisido- 
res y habló con ellos. Preguntado qué recaudo llevó á la Ciu- 
dad; dijo, que si iban á é'nviar correo á Madrid no se fuese sin 
una carta que los Inquisidores estaban escribiendo; y la Ciudad 
contestó que si hacía correo no se iria sin carta de su seño- 
ría. Dijo que vió que los Inquisidores hirieron levantar al fis- 
cal y Secretario, y les dijeron lo que éste no pudo oir; y, por 
que había mucha gente pegada á la reja de la Capilla Mayor, 
le mandaron que la separase, y que de público sabe lo de la 
descomunión. Dijo que habiendo entrado en la Capilla mucha 
gente al entrar el Alcalde Medrano y el Alcalde Mandojana, 
al cual vió con Porras Savariegos y con el Licenciado Corona- 
do, que comenzó á dar grandes voces que no dejaba dar el re- 
caudo, y le mandó callar el Inquisidor Zapata; y este testigo, 
no queriendo callar, lo retiró con otro familiar y cuando vol- 
vió ya no pudo oír las notificaciones. Dijo que no oyó por estar 
lejos y por el ruido, si los Inquisidores detuvieron á los Al- 
caldes, diciendo que estaban excomulgados; por que él estaba 
apartando la gente, habiendo dejado pasar á dichos Alcaldes y 
entrándose apesar de su esfuerzo mucha gente á la par. Dijo 
que no vió que quisieran arrancar el papel á Porras Savariegos; 
que la segunda vez que fueron los Alcaldes no estaba presen- 
te, por que habia ido á llevar un recaudo al fiscal y al Secre- 
tario, que estaban en la Sacristía de la Capilla Mayor. Dijo 
que no sabe qué Secretario iría á notificar al Preste para que no 
prosiguiese la Misa; pero que vió que se fué; y luego vió venir al 
fraile que habia de predicar que era Fray Juan Bernal de la Mer- 
ced, y al llevar el recado que ha dicho, vió al Arcediano Ne- 
gron y preguntándole, si se acabaría la Misa, dijo que hasta 
las diez de la noche podía estar sin decir la Misa y después 
acabarla, y, como estaba en la Capilla Mayor, no vió cuándo 



APÉNDICE. 345 

ni cómo se fueron los canónigos. Dijo, que ha oído en el lugar 
decir, que la Inquisición mandó parar los oficios por no haber- 
se quitado las bayetas, que esto es la verdad, y que tiene cin- 
cuenta años. 

Don Juan Ponce de León, Alcalde Mayor, D. Juan Ponce 
y Pedro de Escobar Melgarejo, veinticuatro, esponen: que por 
sus confesiones y lo demás escrito, consta que no tienen culpa, 
y por tanto que se les mande soltar, 1 lo menos en fiado en su 
casa por cárcel. 

El lunes 14 de Diciembre el Regente decreta no há lugar 
lo que piden. 

Antonio de Ecija, alguacil de los veinte, pide por honra de 
las Pascuas le mande el Audiencia soltar. El 17 de Diciembre 
decretó «suéltesele con fiador,» que dio según nota de los autos- 

El Jueves 17 de Diciembre de iSgS, los oidores del Au- 
diencia estando en acuerdo, mandaron que los Alcaides de las 
Cárceles no dejaran salir á los presos sin orden del acuerdo 
á comer y á dormir ni á otra cosa alguna, só pena de priva- 
ción de oficio y de seis años de gentil hombre de galeras; y cien 
ducados para los pobres de la Cárcel. 

Notificación á Alonso de Maqueda, Alcaide de la Cárcel de 
la Audiencia, ante testigos. 

Diligencia de no haber podido notificar al Alcaide de la Cár- 
cel pública, por no haberle encontrado, haciéndolo al sota-Al- 
cáide. Volvió el escribano á las diez y tampoco lo halló; dicién- 
dosele que el Alcalde Gago de Castro le tenía en la cárcel de 
la Hermandad. Al dia siguiente lo notificó al dicho Alcaide de 

Sucesos df. Sevh.i.a. • 36 



346 APÉNDICE, 

la Cárcel, Francisco Salcedo, estando preso en la Cárcel de la 
Hermandad, siendo testigo el Alcaide de esta Nicolás de Victo- 
ria y otros. 

El Sábado 19 de Diciembre el Regente y oidores en acuerdo 
general mandaron soltar á D. Silvestre de Guzman, D. Pedro 
de Céspedes Figueroa, D. Juan Ponce, Alcalde Mayor, D. Juan 
Ponce, y á Pedro de Escobar Melgarejo, Procurador Mayor; 
dándoles su casa por cárcel, con fianza, y bajo tantos duca- 
dos. Dieron las fianzas y fueron sueltos. 

El mismo dia. Sábado 19 de Diciembre, otro auto mandan- 
do soltar y dar por cárcel su casa al escribano Nájera que dio 
la fianza y fué suelto. 

El Lunes 2 1 declaró el testigo núm. 38 Diego de Montemar, al- 
guacil de los veinte y dijo que se halló á las honras por su car- 
go; que "vio pasar al Alcalde Mayor D. Juan Ponce y al vein- 
ticuatro D. Juan Ponce^ los cuales fueron luego á hablar al Ca-- 
bildo eclesiástico, y que fueron á la Ciudad con la respuesta y 
luego por la tarde al Marqués del Algaba. Dijo que no sabe 
el recaudo ni la respuesta: que no acompañó á Escobar Melgarejo, 
ni sabe á qué fué;, aunque le vio ir, y aunque le llamaron 
para que fuera con ellos, no quiso ir; que esta es la verdad 
y que tiene más de treinta años. 

Testigo 3g. — Luis Herrera, veinticuatro, vecino de la Co- 
llación de la Magdalena; dijo, que estuvo en las honras: que 
vió que D. Silvestre de Guzman y D. Pedro de Céspedes fueron 
primero, y después los dos Ponces, y aquellos segunda vez á ha- 
blar á los Inquisidores. Dijo, que no sabe si fueron Guzman y 
Céspedes de parte de la Ciudad, ni se acuerda de haberlos visto 
hablar aquella vez con el Teniente Collazos. Dijo, que vió que 
cuando los dichos volvieron, hablaron con el Teniente Mayor 



APÉNDICE. 347 

y otros, y el testigo coligió que era d£ los asientos cubiertos; 
pero no oyó lo que decían. Dijo, que no se acuerda que ha- 
blasen en secreto; y que la segunda vez que fueron los di- 
chos Guzman y Céspedes, fueron con respuesta del Teniente Ma- 
yor y otros, pero que no la oyó, ni sabe lo que contenía. Dijo, 
que vio venir de la Inquisición á Lucas de Medina; que habló 
con el Teniente Collazos, pero no sabe ni oyó lo que dijo ni lo 
que se le respondió. Dijo, que no oyó ni sabe el recaudo que 
llevó D. Juan Ponce á la Inquisición; y que tampoco sabe la 
respuesta que trujo, porque este testigo siempre estuvo sentado 
en su asiento. Dijo, que Collazos y otros mandaron á Pedro de 
Escobar Melgarejo; pero no sabe que fuese á hacer reque- 
rimiento, ni oyó el recaudo; aunque entiende que solo fué á 
advertir de lo que se había hecho otras veces en semejantes hon- 
ras. Dijo, que entiende que fué el escribano Nájera para que 
diese fé de lo que pasaba. Dijo, que oyó decir que había co- 
mida en alguna parte; pero que no sabe quiénes fueron á comer 
ni qué comieron; que esta era la verdad, siendo el testigo de 
setenta y nueve años. 

Testigo 40.— Diego Nuñez Pérez, veinticuatro, vecino de 
esta ciudad, en la Collación de la Magdalena, estuvo en las hon- 
ras, sentado en el banco segundo detrás del de el Teniente Co- 
llazos; y en su banco estuvo Luis de Herrera y Don Juan Pé- 
rez de Guzman. Vio ir á la Inquisición á Céspedes y á Figue- 
roa, dos veces: dijo, que no sabe ni vio si estos hablaron con 
Collazos y otros. Dijo, que cuando los dichos volvieron la pri- 
mera vez, hablaron con Collazos, pero no oyó lo que digeron, 
porque no se levantó. Dijo, que no se acuerda si llevaron de 
nuevo los dichos algún recaudo, porque no estuvo atento á ello; 
que vio que los dichos, la segunda vez que volvieron de la 
Inquisición, hablaron con Collazos y otros; pero no supo que 
trajeran recaudo ni respuesta. Dijo, que entendió que en estas 
diligencias se referían á las bayetas; que el levantarse Céspedes 



348 APÉNDICE. 

y Guzman fué como familiares. Dijo, que supo que D. Juan 
Ponce habia ido á la Inquisición, pero no sabe á qué; y que no 
supo qué respuesta trujo Ponce, aunque bien entendió que se 
trataba de las bayetas. Dijo, que vio venir de parte de la In- 
quisición, una vez á Lucas de Medina, y otra á Ortuño de Bri- 
ceño, en razón de las bayetas; y la segunda vez Briceño vino 
con un pliego para que lo llevase el correo de Sevilla á Madrid. 
Dijo, que no supo que Escobar fuese á requerir á la Audiencia 
sino á suplicar que pasasen los oficios adelante, y que no se man- 
dó ir á Nájera; que esta es la verdad y que tiene 5o años. 

Testigo 41. — Juan Fernandez, de color moreno_, (i) esclavo 
de Diego de Velasco, fiel del matadero; dijo, que su amo fué á 
las honras, y que él fué allá con él porque le suele acompañar. 
Preguntado qué comida fué la que dicho su amo dio á algunos 
veinte y cuatros y otras personas del Cabildo de la Ciudad, es- 
tando en las dichas honras; dijo, que dada la una y siendo como 
la una y media, este testigo trajo por mandado de su amo á la 
dicha Iglesia Mayor un capón, una gallina, unas salchichas y 
vino, y ocho panecillos, los cuales se compraron para su amo, 
de este testigo, y para D. Cristóbal Mexia, veinticuatro y lle- 
garon también á comer de lo dicho otros veinticuatros y per- 
sonas del Cabildo que él no conocía; y esto se comió debajo 
del túmulo á una parte del; y esto dijo ser la verdad, etc. y no 
lo firmó por no saber y dijo ser de 23 años. 

Testigo 42. — Lucas de Garay, macero del Cabildo de la 
Ciudad, vecino de la Collación de San Andrés; como tal estuvo 
en las honras; dijo, que vio entrar por el túmulo á D. Silves- 
tre de Guzman y que decian que iba á los Inquisidores, y lo 
mismo respecto á los Ponce; pero que no los vio ni se acuerda 
de más. Que vio hablar á los dichos con el Teniente Mayor; 
pero él no oyó lo que decian^ aunque oyó que eran demandas 



(i) Es decir: mulato. 



APÉNDICE. 349 

y respuestas entre la Inquision y la Ciudad. Dijo que no vio, pe- 
ro oyó decir que vino ürtuño Briceño, aunque no le oyó. Dijo 
que vio ir á Pedro de Escobar, pero que no sabía á qué, ni que 
se mandara ir ai Teniente escribano Nájera: que esta es la ver- 
dad, y tiene 32 años. 

Traslado de dos cédulas firmadas por S. M.; refrendadas 
por D. Juan de Zalazar, que tiene á la espalda catorce rúbricas. 
Dirigida una á los venerables Inquisidores contra la herética pra- 
vedad y apostasía del Arzobispado: diciéndole que debieron es- 
cusar las censuras al Audiencia por no tener jurisdicción para 
ello; mandando que las levanten y absuelvan ad caut'elam á ios 
censurados. Fechada en Madrid á 22 de Diciembre de iSgS. 

El domingo 27 á la cuatro de Ja tarde, el escribano Porras 
Sabariegos leyó y notificó esta cédula al Inquisidor Juan de 
Llanos de Valdés, el cual dijo que la obedecía y se juntaría con 
sus compañeros para cumplirla. Testigos Juan Agustin y Bar- 
tolomé Pérez. 

El mismo dia á las cinco, notificación á D, Juan Zapata, 
y á las cinco y media á Francisco Blanco, estando presente el 
dicho Juan Llanos de Valdés; pidiendo traslado para cumpli- 
mentarla y el escibano Porras lo dio, y luego vino el Licen- 
ciado Zapata, y se notificó á todos juntos en la morada del Li- 
cenciado Francisco Blanco. 

Diligencia de los Inquisidores para que cualquier clérigo ab- 
suelva al Regente y oidores, cuyo auto refrendó Ortuño de Es- 
pinosa Briceño. 

EL REY. — Licenciado Blanco y Don Juan Zapata, Inqui- 
sidores en la Ciudad de Sevilla. 

Porque nos queremos ser informados de vos en algunas co- 
sas que tocan á nuestro servicio, os mandamos que dentro de 



35o APÉNDICE. 

quince (lias, primeros siguientes, después que esta nuestra cédu- 
la os sea notificada, vengáis y parezcáis personalmente á esta 
nuestra Corte, y no salgáis de ella sin nuestra licencia; é mando 
que venidos que seáis se os dirá para qué sois llamados. Fecha 
CE Madrid á 22 dias del mes de Diciembre de iSgS años. Yo 
El Rey. — Por mandado del Rey Ntro. Señor, Don Luis de Sa- 
ladar. 

Fué notificada esta Real Cédula el Domingo 27 de dicho mes, 
á cosa de las cinco, á los tres Inquisidores, en casa de Blanco. 

Petición del Procurador Cristóbal Baquedano, en nombre 
de los veinticuatros presos: en que piden sé les alce la prisión: la 
firman los cinco, y en 5 de Enero auto no ha lugar lo que piden. 

El acuerdo cometió este negocio á Don Juan Ramírez Fa- 
riñas, oidor, para que substancie la causa hasta la definitiva. 

El Jueves 7 mandó el acuerdo se diera traslado de lo ac- 
tuado al Fiscal para que pida y alegue lo que corresponda. 

Los veinticuatros presos dicen que están presos^ y teniendo 
necesidad de ' oir Misa y asistir á los Cabildos, en razón de 
las Cortes, piden soltura ó que se les dé la Ciudad por cárcel. 

Se les dá licencia para ir á Misa á la Iglesia mas cercana^ 
via recta, el Martes 22 de Diciembre de 159!^. 

Hernando de Nájera pide lo mismo para ir á Cabildo y á 
Misa, por estar próxima la Pascua. 

Se le dá permiso para ir á Misa como á los anteriores. 

Don Pedro de Céspedes, dice, que no tiene casa en esta 
Ciudad, sino en Sanlúcar la Mayor^ por lo que pide que la car- 



APÉNDICE. 35 1 

celería que tenga que guardar sea en dicha Sanlúcar, etc. 

En el mismo dia, Martes 22 de Diciembre, se decreta: «No 
hú lugar lo que pide.» 

Cristóbal Baquedano, Procurador, en nombre de los veinti- 
cuatros presos, dice que estos tienen necesidad de ir á Cabildo 
mañana Miércoles, y demás tienen que ir á Misa en esta Santa 
Pascua. 

No tiene decreto. 

El Doctor Sancho Verdugo, Fiscal, evacuando el traslado que 
se le confiere, acusa criminalmente á D. Juan Ponce, Alcalde 
Mayor, D. Silvestre de Guzman, D. Pedro de Céspedes Figueroa 
y D. Juan Ponce. Dice, que con el odio capital que como Re- 
gidores de dicho Cabildo y Ciudad es de creer que tienen con 
el Tribunal de V. S. y sus ministros respecto á la competencia 
que los regidores del dicho Cabildo y Ciudad han tenido y tie- 
nen de ordinario con V. S. sobre algunas de sus pretensiones de 
preeminencias y de otras cosas^ tomando ocasión para dar lugar 
á su intento de que aquel dia estaban los asientos de V. S. cu- 
biertos de paños de bayetas negras, siendo así que los suyos no 
lo estaban, y estando yaV. S. en ellos, los quisieron quitar va- 
liéndose de la Inquisición, haciéndoles muchas instancias, ofre- 
ciéndoles todo el calor y favor necesarios, para lo cual llevaron 
recafidos los que acusa dos de cada parte; llegando el negocio 
á términos que sin la prudencia de V. S. hubieran sucedido aquel 
dia muchas muertes y otros daños, siendo los causantes los di- 
chos, que cometían muchos delitos graves y aun atroces, por 
lo que pide que el Tribunal los declare hechores de tales delitos 
y los condene á las mayores penas, etc. 

Otro si, pide que los acusados nombren Procurador. 

Otro si, que siendo menor D. Juan Ponce se le nombre 
Curador. 



352 APÉNDICE. 

El diez de Enero recayó en esta petición auto del oidor co- 
misionado Ramírez Fariña, para que se notifique á D. Juan 
Ponce para que nombre curador, y á los otros para que nom- 
bren Procurador, y da traslado para que respondan á la acusa- 
ción, recibiendo el negocio á prueba por cuatro. 

Notificado Juan Ponce, nombró Curador á Gerónimo Hur- 
tado, Procurador de esta Audiencia. 

Notificado Don Juan Ponce, Alcalde Mayor, nombró Pro- 
curador al dicho Gerónimo Hurtado. 

Se discernió el cargo de Curador de Juan Ponce á Gerónimo 

Hurtado. 

Siguen las notificaciones á los acusados y sus Procuradores 
que son, además del susodicho Cristóbal Baquedano y Alonso de 
Ortos. 

El Doctor Sancho Verdugo, Fiscal, acusa á Pedro de Es- 
cobar Melgarejo y á Nájera el escribano, por lo mismo que á 
los otros, y por haber querido hacer requerimiento y protesta, 
que por ser á Tribunal tan alto, fué desacato muy grande, yen- 
do con mucho alboroto y tropel de gente, y no obedeció cuando 
se le mandó detener, haciendo fuerza á los alguaciles y porte- 
ros, á quienes se les mandó detener, siendo por esto necesario 
mandarlo prender, y se hizo fuerte y defendió para no dejarse 
llevar hasta tanto que un Alcalde lo llevó: por lo que declarán- 
doles hechores de estos delitos, se les condene con las mayores 
penas. ' 

Recayó auto de lo de Enero, dando traslado á los acusa- 
dos para que respondan hasta el 12 de Enero, recibiendo el 
negocio á prueba por término de cuatro dias; y que nombren Pro- 
curadores. 



APÉNDICE. 353 

Dio poder á Cristóbal de Baquedano, Pedro de Escobar 
Melgarejo. 

Al ir á notificar el auto á Hernando de Nájera la primera 
vez, no estaba en su casa, sino en la del escribano propieta- 
rio, notificándosele luego y nombrando Procurador á Baque- 
dano. 

Se notificó el auto de prueba al Fiscal. 

El Fiscal, Doctor Sánchez Verdugo presenta interrogatorio 
para que se examinen los testigos que presentará. 

Otro sí, dice que el dia de las honras, á petición del dicho 
Tribunal, se proveyeron ciertos autos para la Inquisición: pide 
que de ellos se una traslado á los autos. 

Auto del oiddr comisionado Fariña?, dando por presentado 
el interrogatorio y mandando unir el traslado que se pide. 

Preguntas del Fiscal: 

I.* Si conocen á las partes de dicho pleito, y si tienen no- 
ticia de los dias 20 y 24 de Noviembre de 1598, y del pleito. 

2.^ Si saben que ambos dias se hallaron los oidores con 
sus ministros en forma de Audiencia, teniendo por asientos es- 
caños; el 24 descubiertos y el 25 cubiertos con bayetas, desde 
las siele hasta después de empezada la Misa. 

3.^ Si saben que haberse cubierto los asientos se hizo por 
mas decencia y luto. 

4.^ Si saben que los dichos Regidores del Cabildo de la 
Ciudad, cuando supieron y entendieron que los asientos esta_ 
ban cubiertos, trataron de que se descubrieran, estando ya sen- 
tados, para lo cual mandaron que hiciera requerimiento, á Pedro 
de Escobar que iba con escribano" y alguaciles, con mucho rui- 
do y escándalo y alboroto. 

Sucesos de Sevilla. 37 



354 APÉNDICE. 

5.* Si saben que habiendo los dichos llegado á las gradas 
y entendiéndose que iban á hacer dicho requerimiento, porque así 
lo dijo de modo que se oyó bien, se le mandó detener y no obe- 
decí j, dando lugar á que lo mandasen prender. 

G.'^ Si saben que los alguaciles Silva y otro, fueron man- 
dados á prender á Escobar, y éste se hizo fuerte hasta que salió 
el Alcalde D. Luis de Mercado. 

7.^ Si saben, que, antes y después que fuera Escobar Mel- 
garejo á hacer el requerimiento, los otros procesados trataron 
de valerse de los Inquisidores para que se quitaran los paños, 
para lo que fueron muchas veces á la Capilla Mayor y habla- 
ron con los Inquisidores en secreto, pidiéndoselo con muchas 
instancias y ofreciéndoles su apoyo. 

8.^ Si saben que de resultas de las dichas instancias los In- 
quisidores intimaron autos y declararon excomuniones á algunos 
oidores en particular y luego á todos, mandando cesar los oficios 
bajo pena de descomunión. 

().^ Si saben que, á consecuencia de estos autos y censuras, 
se interrumpieron los oficios divinos, habiendo el mayor con- 
curso de gente que jamás se ha visto, saliendo el Audiencia de 
la Iglesia después de las cuatro de la tarde. 

10.^ Si saben que por los autos y censuras de la Inqui- 
sición, hechos á instancia de los procesados se suspendieron las 
honras, y por ello se causó gran alboroto, y fué de temer que 
se causaran muchas muertes y daños, y si no sucedió fué por la 
justificación en el proceder del Audiencia. 

II.* Si saben que el haber los veinticuatro procesados tra- 
tado de quitar las bayetas fué por el odio que el Cabildo de la 
Ciudad tiene á la Audiencia por competencias y preeminencias. 

Diligencia en que el Fiscal Verdugo dá poder á el solici- 
tador Arias, y á Muñoz para que pudiesen presentar testigos. 



APÉNDICE. 335 



PROBANZA DEL FISCAL. 



Presentó Muñoz por testigo á Juan Gregorio de Francia, 
que juramentado, dijo a la primera pregunta, que conoced los en 
ella contenidos, y se acuerda de las honras y tiene noticia de 
este pleito. 

A las preguntas generales, dijo que tiene 3o años; que no 
es pariente de las partes, y que es escribano numerario. 

A la segunda pregunta dijo, que la sabe porque lo vio todo; pero 
no las horas, aunque oyó decir que estaban las bayetas des- 
de las siete. 

A la tercera, que la sabe. 

A la cuarta pregunta, dijo que sabe que cuandolos veinticuatros 
supieron que estaban las bayetas, trataron de que se quitasen, 
habiendo visto venir á Escobar Melgarejo con Nájera con mu- 
cho ruido. 

A la quinta dijo, que porfió á entrar el dicho Escobar Mel- 
garejo, y estuv^o muy porfiado, aunque Nájera no pasó tan ade- 
lante como él. 

Alasesta, que oyó decir lo que dice la pregunta, y que oyó 
decir al Alcalde Luis Mercado: «Señor Alcalde, hágale de ir;» 
pero no sabe lo que pasó fuera del asiento del Audiencia. 

A la séptima, que ha oido decir que los Ponce y los otros pro- 
cesados fueron á los Inquisidores para escitarlos, para lo que les 
hablaron en secreto. 

A la octava, que vinieron á promulgar las censuras después que 
vino Escobar Melgarejo, y oyó decir que los veinticuatros die- 
ron calor á la Inquisición. 

A la novena pregunta dijo: que nó pasaron adelante los oficios; 
que hubo mucha gente, y que se fué la Audiencia después de 
las cuatro. 

A la décima, dijo; que por lo sucedido hubo muchas y gran- 



356 APÉNDICE. 

des ocasiones de muertes y daños, según el escándalo, alboroto 
y cosas que pasaron, que lo. temió el testigo y los que con él 
estaban, atribuyendo, el no suceder al proceder justificado del 
Audiencia. 

A la oncena pregunta, que es público y notorio las grandes 
enemistades que hay entre el Cabildo y el Audiencia, y la que 
tiene por esta razón el dicho D. Silvestre de Guzman, al cual 
vio preso el dia del Corpus por haberse señalado con los Al- 
guaciles del Audiencia. Que lo dicho es público y notorio, etc. 

Segundo testigo presentado. — Lucas de Garay, á la cuarta pre- 
gunta; dijo que no sabe que fuera Escobar Melgarejo á hacer 
requerimiento, aunque este y los demls trataron de las baye- 
tas. Respecto á la séptima, se refiere á su anterior declaración. 
También en lo tocante ala décima, y que hubo alborotos, escán- 
dalos y ocasiones de suceder muchas desgracias. A la última pre- 
gunta^ dijo lo que dicho tiene. 

Tercer testigo. — Francisco Mancilla: se refiere en todas las 
preguntas á su anterior declaración, y sobre la sesta, dice que no 
la sabe. A la décima, responde que hubo mucho alboroto y ocasión 
de grandes desgracias; y á la once, que sabe la competencia que 
por preeminencias suele haber entre la Ciudad y el Audiencia. 

Cuarto testigo. — Porras Sabariegos; á la tercera pregunta, 
dijo, que entiende que es como se dice, y que no se cubrieron los 
asientos por preeminencias; pues el Regente trató que estuvie- 
ran cubiertos los asientos de todos los Tribunales. A la cuarta, 
que mandaron prender á Escobar por el desacato de querer pa- 
sar, (no dice que oyera decir á Escobar que iba á hacer reque- 
rimiento.) A la sesta^ que no sabe lo que pasó en la prisión de 
Escobar Melgarejo. A la décima, que fué notable el alboroto que 
hubo, y ocasiones de muertes y malos sucesos por dichas cen- 
suras, A la oncena, que como ella dice, son notorras las ene- 
mistades de los veinticuatros y los encuentros y casos, que mu- 
chos ha visto pasar en especial por las prisiones que se hicie- 



apí:ndice. 357 

ron cuando el Conde de Puñonrostro avergonzó á una mujer, 
sin embargo de la apelación que diz que tenía, y por la prisión 
que el dia del Corpus se hizo en Escobar Melgarejo. 

Quinto testigo. — Juan de Quirós, escribano de la justicia de 
esta Ciudad; á la séptima, dice, que entraron en la Capilla Ma- 
yor D. Silvestre de Guzman, D. Pedro de (céspedes y los dos 
Ponce, y que entiende que fueron á tratar de las bayetas. 

Sesto testigo. — Licenciado Luis Coronado; ala tercera pre- 
gunta dice, que no estuvieron las bayetas por preeminencia, 
procurando el Audiencia que todos los Tribunales las tuviesen. 
A la cuarta, que se entendió que Escobar Melgarejo fué con 
el escribano á hacer algún requerimiento sobre las bayetas,, pues 
así lo dijo el dicho Escobar Melgarejo; y á la quinta, que iba 
el dicho Escobar con mucho atrevimiento. A la áesta, que vio 
que venían á decir á la Audiencia, que Escobar Melgarejo no 
quería ir pre.so, y que salió el Alcalde Mercado á hacerle lle- 
var. A la séptima pregunta; que lo que entonces se di)0 y ahora 
se dice es que los veinticuatros dichos, insistieron para que la 
Inquisición hiciese quitar las bayetas, y había oido decir al fa- 
miliar Martin Franco, que alguno dijo al pasar á sus asientos, á 
los Inquisidores, después que vinieron de la Ciudad, que hicie- 
sen quitar las bayetas, que era negocio suyo; ofreciéndoles sus 
haciendas los de la Ciudad y sus personas. A la décima, que sabe- 
y vio que por razón de las censuras y autos, hubo notables al- 
borotos y ocasiones de muchas muertes y daños, que evitáron- 
los oidores procediendo con moderación y sufrimiento A la oncena, 
que es público las competencias y enemistad de la Ciudad y el 
Audiencia. 

Séptimo testigo. — Martin Franco de Cabrera; á la séptima 
pregunta, dijo: que lo que sabe es, que luego que los Inquisi- 
dores se sentaron en los asientos, entraron D. Silvestre de Guz- 
man y D, Pedro de Céspedes Figueroa, y hablaron en secreto, 
á lo que parece sobre los asientos, y que al pasar oyó decir á 



338 APÉNDICE. 

unos veinticuatros, que no reparó bien quiénes eran, que aquella 
causa de quitar las bayetas era de los Inquisidores, y también 
se dijo que los veinticuatros les ofrecieron favor y ayuda, por 
lo que sucedió, lo que sucedió. A lanovena pregunta, di]o que hubo 
en la Iglesia el mayor concurso que había visto; y haciéndose 
leer su primera declaración, y ratific.indose en ella, añadió que 
lo dice ahora de haber oido decir á los veinticuatros que el 
asunto de las bayetas era de la Inquisición; no lo dijo porque 
no se le preguntó. 

Octavo testigo. — Pedro Centeno, Familiar; á la séptima pre- 
gunta, dijo: que lo que sabe es, que después de sentados los 
Inquisidores vio venir á Céspedes Figueroa y á D. Silvestre de 
Gazman, y les hablaron ai oido, y no vio venir á los dos Pon- 
ees^ y ha oidó decir que se trataba de las bayetas, y ha visto un 
testimonio dado por Esteban de Rojas; en que se dice que los 
veinticuatros requirieron á los Inquisidores. 

Noveno testigo. — Juan de Tamayo, Escribano Real; á la se- 
gunda pregunta dijo: que no estuvo á las vísperas, y el dia de 
las honras oyó decir que desde las siete estaban puestas las ba- 
yetas: que tiene por cierto lo que dice la pregunta tercera y lo 
mismo la cuarta, porque así se dijo, y porque vio venir á 
Pedro de Escobar Aielgarejo como á notificar algún auto sobre 
las bayetas, y le prendieron por desacato. A la quinta pregunta 
responde de referencia, y á la séptima, que tiene por cierto que 
la Ciudai requirió á los Inquisidores. A la décima pregunta 
que vio que hubo grandes escándalos, que pudieron ser ocasión 
de muertes daños. A la oncena pregunta, que ha oido decir lo 
de la enemistad entre la Ciudad y la Audencia; pero no lo sabe 
porque hace cinco meses que está en la Ciudad. 

Testigo 10. — Licenciado Gerónimo de Sania Cruz, Abogado 
de esta Real Audiencia; á la segunda pregunta, dijo: que desde 
las siete estaban puestas las bayetas, y ala tercera, que el Audien- 
cia no lo hizo por preeminencia, y que quisiera que todos las tuvie- 



APÉNDICE. 359 

sen. A la cuarta, que vino Pedro de Escobar y dio á entender que 
venía á hacer requerimiento ó auto judicial, pues venía con es- 
cribano; que poríió por entrar, etc. A la séptima, que los 
veinticuatros animaron y persuadieron á jos Inquisidores, y ha 
visto el testimonio de Esteban de Rojas, en donde dicen que 
la Ciudad requirió á la Inquisición para que quitasen las baye- 
tas. A la octava, que fueron causa los veinticuatros de las cen- 
suras, y á la novena, que hubo mucha gente, y que salieron á 
las cuatro la Ciudad y después la Audiencia. A la décima, que hubo 
evidentes ocasiones de muertes y daños. A la oncena, que son 
notorias las competencias entre la Ciudad y el Audiencia. 

Testigo i3. — Antonio de Ecija, alguacil de los veinte: se 
ratifica en su confesión. * 

Testigo 14. — Alonso de Torres, abogado de esta Ciudad; á 
la segunda pregunta dijo, que vio á la Audiencia en bancos con 
bayetas, y ovó decir que habia dos horas que estaban cuando 
entró el Audiencia, y nada se dijo hasta el Evangelio. A la ter- 
cera, que no puso las bayetas por preeminencia, pues entiende 
que el Audiencia quería que todos las tuviesen. A la cuarta, 
que se tuvo por cierto que venía Escobar á notificar. A la sesta 
que oyó decir que Escobar no quería ir preso. A la séptima, 
que había oido decir que los veinticuatros dieron calor á los In- 
quisidores. A la décima_, que hubo escándalos y ocasiones de muer- 
tes y daños. A la oncena, que hace mucho que se tiene entendido 
que andan encontrados los veinticuatros y el Audiencia, sin oca- 
sión de esta, que el testigo sepa. 

Testigo iS. — Alonso Giménez, Familiar; á la cuarta pre- 
gunta, dijo, que entendía que vino D. Silvestre de Guzman y 
los otros a tratar de las bayetas; pero no vio ni oyó nada, y 
que no conoce á los Ponces; pero que Guzman y Céspedes vi- 
nieron dos veces y hablaron al oido con los Inquisidores, se- 
gún tiene dicho en el dicho su dicho. A la octava, que las 
censuras fueron dicernidas por las instancias de los veinticuatros. 



36o APÉNDICE. 

A la décima, que hubo mucho escándalo y ocasión de muerres y 
daños. A la once, que no tiene noticia de las enemistades entre 
el Audiencia y Ciudad. 

Testigo /6^ — Diego Nuñez Pérez, veinticuatro. Presentado 
para que se ratificase en lu parte de su declaración del suma- 
rio, en cuanto apoyaba la acusación, siéndole leido su dicho 
se ratificó en ello. 

Testigo ly. — Melchor Herrera, escribano del Audiencia; á 
la segunda pregunta, dijo, que oyó decir que los asientos estu- 
vieron cubiertos desde las siete de la mañana hasta el Evange- 
lio. A la tercera, que no se cubrieron por preeminencia, pues 
entiende que el Audiencia quisiera que todos estuviesen cubier- 
tos. A la décima, que por las censuras hubo mucho escándalo y 
ocasión de muertes y daños. A la oncena, que son notorias las com- 
petencias del Audiencia y Ciudad. 

Testigo 1 8. — Francisco de Cuellar; á la cuarta pregunta, di- 
jo que vino Pedro de Escobar Melgarejo, y se entendió que venía 
á hacer requerimiento por traer escribano, y dio á entender que 
era sobre las bayetas, y que porfió por entrar, por lo que le man- 
daron prender, y vio que vinieron á decir que no quería ir, por 
lo que salió un Alcalde. A la séptima, que había oido decir que 
los veinticuatros se valieron de los Inquisidores para quitar las 
bayetas. A la décima, que hubo alborotos y ocasión de muertes y 
daños. A lá oncena, que son públicas las competencias entre la 
Ciudad y el Audiencia, y el testigo se acuerda que el año pa- 
sado estuvo preso De Silvestre de Guzman en el' Audiencia por 
ciertas cosas que pasaron con los alguaciles del Audiencia; y, 
siendo comisario de la Fiesta del Corpus hizo que los carros se 
hiciesen en muchas partes antes que en el Audiencia, por lo que 
vinieron á ella muy de noche, y también vio cuando se pren- 
dieron muchos veinticuatros por haber venido á favorecer al Con- 
de de Puñonrostro, que quería ejecutar cierta sentencia en una 
muger. 



I 



APÉNDICE. 36 1 

I Diligencia para que D. Juan Ponce se ratifique en su con- 

fesión con su curador. 

Ratificación de Don Juan Ponce en su confesión. 
Petición del Procurador Baquedano á nombre de los procesa- 
dos pidiendo el pleito, y mientras tanto que no corra el ter- 
mino. 

Auto del Licenciado Fernando Ramirez de Fariñas; que no 
há lugar, por no haberlo pedido en tiempo. 

El agente Muñoz, en nombre del Fiscal, presentó el dicho de 
D. Francisco Manrique de Zúñiga, en cuanto apoya la acusación y 
no en más, ypidió'que se hiciera la ratificación en Villamanrique, 
•donde aquel estaba. 

Notificación del auto anterior á Baquedano y á Hurtado, 
Procuradores de los procesados. 

Diligencia de haber llegado tarde Alonso Sánchez Arratia á 
Villamanrique, y provisión de la Audiencia al mismo para ve- 
rificar la ratificación antedicha en Villamanrique. 

Diligencia de ratificación de D. Francisco Manrique de Zú- 
ñiga, hecha en Villamanrique. 

Petición de ratificación del veinticuatro Don Luis de Her- 
rera, que hace Muñoz en nombre del Fiscal. 



Provisión para que Hernando Solis ratifique la declaración 
Sucesos de Sevilla. 38 



362 APÉNDICE. 

de Luis Herrera^ yendo á Mairena del Aljarafe ú á otra parte 
donde esté. 

Se notificó á los Procuradores de los procesados. 

Diligencia de ratificación de Luis de Herrera en iMairenilla. 

El Fiscal, Doctor Sancho Verdugo, pide que se una nuevo 
testimonio de los autos hechos por el Provisor ante Esteban 
de Rojas. 

Auto del oidor comisionado, Fernando Ramírez Fariñas^ man- 
dando dar el compulsorio. 

Provisión del Regente y oidores para que se dé el testimo- 
nio por Esteban de í^ojas. 

Testimonio de Esteban de Rojas. 



El Fiscal, Doctor Sancho Verdugo, para probar la enemistad 
capital de los veinticuatros con la Audiencia, pide testimonio 
de los autos que se hicieron por la detención que D. Silvestre de 
Guzman hizo de los carros del Corpus, y de los que se forma- 
ron por haber ejecutado una sentencia del Conde de Puñonros- 
tro, apesar de la apelación, en una muger llamada María la O. 

Auto mandando dar los dichos testimonios. 



El escribano de la causa de Maria de la O, Juan de Herrera, 
dijo: que había entregado original el proceso en virtud de pro- 
visión del Consejo, á Diego de Leiva, para que lo entregase á 
Gallo de Andrada, Escribano del dicho Consejo, provisión que 



APÉNDICE. 363 

se mandó cumplir por los Alcaldes del crimen en 21 de Octu- 
bre de I 597. 

El pleito se siguió contra el Conde de Puñonrostro, Asis- 
tente de la Ciudad, y contra los Licenciados Collazos de Agui- 
lar y Francisco de Castañeda, sus Tenientes, y contra D. Se- 
bastian de Caravajal, Alcaide de la Justicia, y contra D. Andrés 
de- Monsalve, Alcalde Mayor del Cabildo de la Ciudad, y contra 
Luis de Herrera, y Hernando de Porras^, y Hernando de Porras 
de Jáuregui, Diego de Colindres, Alonso de Porras, D. Pe^ro 
de Céspedes, D. Juan Ponce de León Almansa, D. Lorenzo de 
Rivera, Teniente de Alguacil Mayor, y otros sus consortes vein- 
ticuatros y jurados del CabiMo de esta Ciudad, por la egecucion 
de la sentencia dada por el dicho Conde-Asistente contra Ma- 
ría de la O, por haber vendido jamón á más de la postura, y 
es de más de trescientas hojas escritas en todo y en parte. 



Auto para que los Procuradores de los procesados asistan, 
si quieren, á la saca de los testimonios. 



El Escribano Benito de Montijano dá te de un auto que 
el viernes 22 de Mayo del ario pasado de iSyS, estando en acuer- 
do el Regente y oidores, proveyeron, en el cual digeron 
que habiéndose juntado en la casa y Audiencia Real el jueves 
2 1; dia del Corpus, para ver la fiesta, según costumbre, y no- 
tando tardanza con menosprecio del Audiencia, entendieron que 
D. Silvestre de Guzman hizo apear á los alguaciles que iban 
á caballo por m'andado del Audiencia, para hacer venir los car- 
ros, y para ver lo que en esto pasaba y hacer justicia, cometie- 
ron al oidor D. Hernando Ramirez Fariñas para que hiciese las 
infurmacioncs que viese que convenían, y hechas se trujesen para 
proveer lo que convenía, y hechas y vistas por los señores, man- 



364 APÉNDICE. 

daron prender á D. Silvestre de Guzman y á los alguaciles; y 
D. Rodrigo Tello de Guzman, del hábito de San Juan, y maes- 
tro de campo general de la gente de infantería de esta Ciudad 
por S. M., pidió se le remitiese dicha causa por ser el D. Sil- 
vestre, capitán; y los señores proveyeron no haber lugar á la 
remisión que se pedía, y que el dicho oidor tomase la confesión 
á D. Silvestre y á los alguaciles, y les hiciera cargo, como se 
les hizo; y los alguaciles dieron sus descargos, y después se man- 
dó»que se soltase en fiado á dicho D. Silvestre de Guzman en 
cuyo estado se halla este pleito: de que dá testimonio el escri- 
bano el 17 de Enero de iSqq. 

Testimonio que dá Pedro Gutiérrez, escribano del Teniente 
Castañeda, de un pleito egecutivo entre los herederos de Jáco- 
me Boti y D. Silvestre de Guzman, en que el Audiencia des- 
pachó egecucion contra Guzman, por dos cuentos y pico de 
cuento de maravedíes, pronunciándose por el Audiencia la sen- 
tencia de remite, el 2 de Diciembre de iSgS. 

Este testimonio en relación, se dio á petición del Fiscal, 
con citación de los procuradores de los procesados, en 17 de 
Enero de 1599. 

Otro testimonio dado por Alonso Gutiérrez Pacheco de otro 
pleito de egecucion contra D. Silvestre de Guzman_, á petición 
de D. Luis Aguilar por caldos de un tributo importante ciento 
y tantos mil maravedíes, embargándosele bienes y haciendo re- 
mate; y luego el mismo D, Luis de Aguilar cumplió la ege- 
cucion, recayendo también sentencia de remate, de las cuales 
sentencias apeló y suplicó D. Silvestre, y fueron confirmadas en 
14 de Agosto de 1598; testimonio dado á petición del Fiscal. 

El Procurador Gerónimo Hurtado, como curador de Don 



APÉNDICE. 365 

Juan Ponce Almansa, pide próroga del testimonio de prueba, 
y que se le dé el pleito, protestando de nulidad si no se ac- 
cediese, y plazo para tachar los testigos del Fiscal. 

Auto del oidor Fariñas negando la próroga y que se dé el 
pleito y todo lo demás, por no ser en tiempo, ni conforme á de 
recho. 

Cristóbal Baquedano, en nombre de los procesados, pide, 
como el anterior, ampliación del término de prueba por quiríce 
dias, etc. 

Auto de Fariñas de no ha lugar, el 17 de Enero. 

El Regente y oidores en acuerdo general, concedieron pró- 
roga hasta el miércoles 20 del presente. 

Notificación del auto anterior á los Procuradores. 

El Doctor Sancho Verdugo, Fiscal de S. M., hace presente 
que la causa seguida á D. Silvestre de Guzman, fué por los 
desacatos, cometidos con motivo de los carros del Corpus, y que no 
se ha castigado: pide acumulación,, para lo que se mande entregar al 
escribano Montijano sus autos, al escribano de esta causa. 

Auto del oidor Fariñas, mandando la acumulación, y que se 
dé traslado después al Fiscal. 

«Desde el folio 218 se insertan los autos relativos á la fiesta 
del Corpus. Empiezan por un auto del acuerdo, mandando que 
el Licenciado Fariñas hiciese información.» 

Declara primero el Escribano Fariñas, y dice: qu^ estando 
i caballo en la calle de Genova viendo el carro de Sansón, vio 



366 APÉNDICE. 

que llegaron Mateo de Rivas y otro alguacil, y que dijeron á 
D. Silvestre de Guzman que dejase ir el carro á la Audiencia, 
y D. Silvestre dijo que se estaba haciendo el entremés, y luego 
iría; y los alguaciles digeron á Ruiz que se diese prisa, y Ruiz 
dijo que perdía su crédito si no empezaba y acababa en el mis- 
mo sitio; y D. Silvestre dijo: «Pues esta vez lo habéis de perder 
por amor de mí, pues no se ha de hacer más que el entremés. 

Segundo testigo. Mateo de Rivas, alguacil del Audiencia; dijo, 
que yendo departe del Audiencia atraerlos carros, el dicho Her- 
nando de Silva se acercó á D. Silvestre de Guzman, el cual dijo que 
no era dia de andar á caballo^ y se apeó; y el declarante Rivas 
se fué á caballo por calle Batehojas, y yendo por ella le dige- 
ron que había hecho apear á otros, y al volver por los carros le 
oyó decir á D. Silvestre y ¿i otros, que no era dia de andar á 
caballo, y dijo que era tarde cuando fué por los carros y que 
otros iban á caballo. 

Tercer testigo. Francisco Cuellar, Alguacil del estanco del 
solimán, en esta Ciudad y su partido; dijo, que el jueves 21 día 
del Corpus, estando á las cinco de la tarde viendo representar 
el carro de Alonso Velazquez^ que estaba casi en mitad de la 
calle, vio á Rivas y al otro alguacil dando prisa para que fuese 
el carro á la Audiencia, y vio venir á D. Silvestre de Guzman 
con otras muchas gentes á pié por la parte de S. Francisco, y 
preguntó á voces quiénes estaban á caballo, y diciéndole quié- 
nes eran^ dijo á voces: «¿Cómo Hernando de Silva estando yo 
á pié ha de estar él á caballo? ¿Es bien hecho esto? Hernando 
de Silva se apeó y habló con D. Silvestre, cree que cumplimien- 
tos, y el otro alguacil se fué por la calle de Batehojas. Dijo, que des- 
pués de la procesión, que volvió á las doce, andaban gentes á 
caballo y en coches, los que querían, y loque refiere fué entre cua- 
tro y cinco. Preguntado, dijo: que vio otras personas á caballo 
y no vio que las hiciesen apear. 



APÉNDICE. 367 

Cuarto testií^o Antonio Rodríguez, criado de Hernando de 
Silva, alguacil; dijo; que nnduvo el día del Corpus con 
su amo, y que tuvo el caballo de Silva cuando le hizo apear 
D. Silvestre entre cuatro y cinco de la tarde: no oyó más sino 
que le mandaron apear. Dijo, que D. Sancho de Pineda y mu- 
chos otros estaban á caballo y ninguno se apeó, sino solo su 
amo, y que D. Sivestre lo mandó. Dijo, que desde las doce en 
que volvió la procesión, andaba gente á caballo y en coche. No 
firmó por no saber. 

Quinto testigo. Un hombre llamado Diego López trabaja- 
dor, que se recoge al Salvador, encasa de Juan Ruiz, taber- 
nero, dijo: que se halló el jueves, dia del Corpus, viendo re- 
presentar el carro de Alonso Velazquez, que era el de los al- 
guaciles; mas que no vio apear á Hernando de Silva, sino ya 
apeado; pero vio venir al alguacil Sauceda y que le dijo D. Silves- 
tre de Guzman: <-apéese, apéese,» y se apeó y fué á besar las ma- 
nos á D. Silvestre, y le dijo Sauceda que estaría enojado con él 
porque le había preso á un sargento de D. Silvestre; que no se 
enteró de más, y que serian las dos ó las tres. 

Sesto testigo. Hernando de Illescas, criado de Hernando 
de Silva, alguacil; dijo, que anduvo el dia del Corpus con su 
amo: que estuvo presente cuando D. Silvestre hizo apear á Her- 
nando de Silva, y el testigo tomó el caballo, dándosele luego á 
Antonio Rodríguez, criado ansí mismo del alguacil Silva, el cual 
se quedó hablando con D. Silvestre, quien dijo que se espe- 
rase, que se había de representar allí á la Condesa. Dijo, que 
había otras personas á caballo, cuando hizo apear á Silva, y que 
no vio que los hiciese apear ilesde las doce en que entró la pro- 
cesión, así como en coche, y lo dicho pasó entre las cuatro y 
las cinco. 



Auto del acuerdo mandando prender, en vista de la infor- 



368 APÉNDICE, 

macion, á D. Silvestre de Guzman y á Hernando de Silva y a 
Vada, alguaciles del Audiencia. 



D. Rodrigo Tello de Guzman, Caballero del hábito de San 
Juan, maestre de campo general de la gente de Infantería por 
S. M.,digo: que á V. S. es notorio que D. Silvestre de Guz- 
man es uno de los Capitanes de Infantería por S. M., y á mi 
cargo, teniendo de salir con su compañía con la orden que yo 
le tengo dada, por lo cual pido se le suelte y se me remita la 
causa para hacer justicia. 

Auto del acuerdo de «no ha lugar» y mandando se tomen 
las confesiones á los reos. 

Confesión de D. Silvestre de Guzman, tomada por el Li- 
cenciado Hernando Ramírez de Fariña y ante Montejan. Pre- 
guntado, dijo: que se llama D. Silvestre de Guzman, natural de 
esta Ciudad. Preguntado si conoce á los alguaciles Silva, Sal- 
cedo y Rívas, dijo, que sí y que como Diputado de la fiesta del 
Corpus, teniendo á su cargo la calle de Genova, inmediatamente 
después de pasar el Santísimo Sacramento, estando á pié según 
costumbre; y habló con ellos, estándose representando en la calle de 
Genova, á la Condesa de Puñonrostro, que le digeron que estaba 
allí. Preguntado si sabe que la Condesa de Puñonrostro no 
estaba allí, y que estaba indispuesta, dijo: que siempre oyó de- 
cir que estaba allí, y que estaba puesta la insignia que la Ciudad 
manda poner en los lugares acostumbrados; y que vio allí, en 
aquel lugar, que era el que tenía señalado, muchas mugeres de 
tapadas, y que le digeron que era una de ellas; y que vio allí 
descubierta á Doña Inés Tavera y á Doña María de Cárdenas 
y á otras señoras, y que á la dicha Condesa no la conoció por 
haber muchas de tapadas, y que sabe que aquella era su ven- 
tana, y que lo sabe claramente. Preguntado en cuántas partes 



APÉNDICE. 36C) 

había ordenado se representasen ios carros antes de ir al Au- 
diencia; dijo, que el Licenciado Collazos dispuso que en cinco 
partes, y que si no fuera por el, no llegaran los carros antes 
de las doce, por ser la representación de Sansón tan larga; por 
io que hizo que solo representasen el entremés, para lle-;ar an- 
tes de la hora dicha al Audiencia. Preguntado si fué orden de 
la Ciudad ó de Collazos que representasen los carros tantas 
vecer antes de ir al Audiencia, dijo; que lo mandó espresamente 
la Ciudad, y así ha sucedido siempre, y que diciéndole el con- 
fesante al Licenciado Collazos que advirtiese al Regente de lo 
sucedido por ser nuevo, le dijo que había ido, y que holgaba de 
ello. Preguntado si es verdad que en el carro de los arcabuces 
que fué el diez, y en el de Sansón se representó cinco ó seis 
veces en Gradas, y después en la calle Genova; dijo, que no vio 
representar en Gradas, pero que en la calle Genova solo se re- 
presentó tres veces, y reprendió al Teniente Castañeda, Diputa- 
do con el confesante para aquella calle, el cual estaba en una 
Ventana haciendo representar la fiesta ante él, diciéndole el con- 
fesante que donde se había visto que estuviese en una ventana sien- 
do el lugar que había de tener en la calle, haciendo que la fiesta 
fuese brevemente á la Audiencia; con otras palabras muy pe- 
sadas. Preguntado si además de esas tres veces pararon otras 
dos á representar el entremés, dijo: que además de las veces 
■que ha dicho, un caballero que no conoce, quiso que se repre- 
sentase, y que el alguacil se resistió y que se llevó el carro á me- 
dio acabarse el entremés. Preguntado si pareció mal en el lugar, 
que estando la Audiencia se hicieran los carros tantas veces v á 
personas particulares, y si mandó la Audiencia á los alguaciles 
que los llevasen y lo estorbó el confesante y otros: dijo, que dio 
mucha prisa para que fueran los cajrros á la Audiencia, pues 
solo había en ía calle la Condesa de Puñonrostro que los pudie- 
se detener, y los remitió á los alguaciles para que los llevasen, 
y si nó los llevaron, fué, por no llevar los carros gente que 
Sucesos dp: Sevilla. Se, 



370 APÉNDICE. 

los pudiesen menear, j que por no haber llegado ios carros á 
buena hora al Audiencia^ hizo proposición en el Cabildo para que 
otro año s-e remediase^ y se remite en esto al libro capitular, y 
la Ciudad mandó la proposición á la Comisión de fiestas. 
Preguntado si eran cinco, y á qué persona donde la Ciudad 
había ordenado que se representasen los carros antes que al 
Audiencia; dijo, que no lo sabe y que vio representar á la 
Condesa y que el Teniente Castañeda hizo representar sin or- 
den de la Ciudad. Preguntado si sabía el confesante que el dia 
del Corpus habia Salcedo preso á un sargento ú oficial suyo; 
dijo, que haría un mes que el alguacil Sailcedo había preso 
al alférez D. Juan de Moscoso, llevándolo á casa del Alcalde 
D. Josef de Medrano y que este lo dejó ir. Dijo, que á los hom- 
bres á quien Dios hizo de calidad suya no es cosa verosímil que 
no hayan de tener respeto á la justicia; de que depende del 
servicio de S. M. á quien siempre han sido tan leales y que 
habló á Salcedo con el término que es razón; que desde que se 
sabia acordar, no había visto alguaciles á caballo, sino que to- 
dos iban á pié, y que no le dio enemistad por su alférez, antes 
reprendió á éste y dijo á Salcedo que había hecho bien en pren- 
derlo; que los alguaciles se apearon viendo su buen término y 
que fué gran novedad ver aquel dia los alguaciles á caballo; y 
que si se le prueba que alguna vez han andado, se condena 
desde agora á 200 ducados para los pobres de la Cárcel, pues 
recuerda haber visto á pié al alcalde F....; y no mandó apear 
por lo que se le dice, sino por advertir á gente nueva en su 
oficio. Preguntado si ai tiempo que pasó lo referido y antes, des- 
de que quedó la procesión en la Iglesia, andaban á caballo y 
en coches por las calles de esta Ciudad todos los que quisie- 
ron; dijo, que siendo la calle de Genova tan estrecha que pues- 
to el carro apenas puede pasar un hombre á pié, mal podría 
pasar gente á caballo ni en coche, y que por otras calles no sa- 
be 1) que pasó. Preguntado si al tiempo que mandó apear á 



APÉNDICE. 371 

ios alguaciles había otro á caballo y no lo mandó apear, dijo, 
que no podrían estar á caballo ni él io consentiría, y si don 
Sancho ú otro andaban á caballo, se volvieron mucho antes de 
llegar á calle Genova. 



Confesión del alguacil Hernando Silva. — Tomada á 3 de 
Mayo de 1598. 

Dijo, que fué enviado por el Regente y oidores á traer 
ios carros de representar, por ser tarde y haber nota; q.ue lo 
mandaron desde lo alto del corredor el Licenciado Vallejo y un 
oidor y un Alcalde, á ver cómo iba la representación, que fué 
á la calle de Genova donde encontró á Mateo de Rivas y en- 
contró el primer carro que era el de los arcabuces; y habiendo 
preguntado á quien representaban á un hijo de Borra, que estaba 
encima del carro, le dijeron que á la Condesa de Puñonrostro en 

la familia de y traida la razón le dijeron que cuando 

acabasen lo trajeran, y no vio mas que á los dos Señores que 
ha nombrado. Dijo, que sabía que estaban juntos los oidores 
y que hablaban por ellos Vallejo y el Alcalde, y procedió como 
cosa mandada por los Seííores y fué por el dicho carro, y halló 
que habia acabado de representar y estaba mas acá represen- 
tando el entremés, donde lo tenia D. Silvestre de Guzman, 
que defendió que lo llevase; diciendo que la fiesta era de la 
Ciudad y él diputado que «había de disponer, y el confesante 
y Mateo de Rivas mandaron botar el carro y dando de palos 
á losque lo rodeaban llevaron el carro al Audiencia á medio acabar 
el entremés. Preguntado si fpesar délo mandado por el Audien- 
cia se hablan parado lo> carros dos ó tres veces á donde de- 
cían que estaba la muger de D. Silvestre, y D.? Isabel de 
Luna, que lo es del alguacil Mayor del Audiencia; y por la negli- 
gencia del confesante pararon cinco ó seis veces antes de ir al 
Audiencia con risa del pueblo: Dijo, que lo que pasó es que 



372 APÉNDICE. 

¿I primer carro de los arcabuces no recitó mas que una vez. 
después de haberlo hecho á la Condesa, y luego lo trujo por 
íuerza; no siendo mas en su mano porque las veces que re- 
presentó fué antes que á la Condesa, primero al Cabildo, mas 
tarde y luego á la Contratación y luego á las tropas y luego, 
al Teniente Castañeda y luego á la Condesa y luego el entre- 
més que tiene dicho, y luego trujo el carro con Mateo de Rivas 
al Audiencia, y habiendo acabado fué por el otro carro y encon-. 
tro allí á Mateo de Rivas y á Salcedo; y estaban recitando don- 
tle decian que estaba la Condesa y habiendo llegado allí le dijo 
un criado del confesante que su muger se estaba muriendo de 
parto, y que por amor de Dios que fuera á ella y así este 
confesante con licencia del Regente fué y no vio más ni 
pudo hacer más. Preguntado, si cuando andaba haciendo las 
diligencias iba á pié ó á caballo y era hora en. que andábanlos 
que querían á caballo; dijo, que cuando fué á hacer su prime- 
ra diligencia fué á caballo y halló á D. Silvestre de Guzman, 
áD. Juan Ponce y á Rodrigo Juárez, diputados de la fiesta y el pri- 
mero dijo, que aquel dia no era de andar á caballo, y que no los 
trompillase, y que bien podian apearse y llevarse los carros, y 
así de comedimiento se apeó, y cuando esto pasaba eran las 
tres, y vido en la Plaza de S. Francisco muchos caballeros y 
alguaciles de los veinte á caballo^ pero no los vio en la calle 
de Genova, y estaba el Santísimo Sacramento en la Iglesia. Pre- 
guntado si después de entrar el Santísimo Sacramento á la Igle- 
sia andaba á caballo el que quería; dijo, que otros varios ha 
visto, á caballeros y no otras gentes pasear á caballo las calles, 
pero este año no ha visto las calles mas que de la Audiencia 
á la calle de Genova, y que todos los años ha visto á los al- 
guaciles tras los carros, y á pié, y respecto de esto se apeó y 
tomó el caballo en la plaza para hacer lugar como otras veces, 
se h.i hecho. Preguntado si es verdad que estaba viendo los 
carros D, Sancho de Pmeda v otros á caballo v no mandó anear 



I 



APÉNDICE. 373 

D. Silvestre mas que al confesante; dijo, que no vio nadie á 
caballo, ó no lo vio porque no miró en ello, ni curó mas que 
hacer lo que el Audiencia le 'había mandado. Preguntado si no 
mirando por la autoridad de la vara que traía, se apeó cuando 
D. Silvestre se lo mandó con voz desentonada y alterada y se 
fué á él con muchos cumplimientos, de lo que hubo mucha no- 
ta en el lugar por el desprestigio de la autoridad; dijo, que ya 
tiene dicho que el dicho D. Silvestre con mucho comedimiento 
le pidió que se apease como diputado^ y por no ver á nadie á 
caballo y no haberlo visto otros años se apeó, no entendien- 
do que perdía con ello autoridad, pues de otro modo no se apea- 
ra y diera cuenta al Audiencia. Preguntado si sabe que yendo 
con el confesante Mateo de Rivas, cuando pasó lo suso- 
dicho, entendiendo que era contra su autoridad, se fué por otro 
lado por no apearse. Dijo, que sucedió lo que tiene dicho, y 
que él se apeó porque s.e quedó, y Rivas fué á dar cuenta á 
los Señores del estado de los carros, por lo que no se apeó 
y se fué por una calleja que sale á la Plaza. Preguntado si de 
parte de la Ciudad ó de D. Silvestre, ó de otros veinticuatros 
les han ofrecido defenderlos ó les han dado al confesante y á 
otros alguna cosa, dinero ú otra cosa; dijo, que nó, y que aun- 
que lo prometieran no lo consentiría ni lo recibiría, porque este 
confesante es alguacil del Audiencia, y está preso por los Se- 
ñores de ella y no podría tratar sin haberlo mandado soltar. 



Confesión de Gaspar Salcedo, alguacil, á 3 de Junio. 

Preguntado si dias antes del Corpus había preso un alférez 
de la compañía de D. Silvestre; dijo, que viniendo rondando 
una noche, y con él Juan Bautista de Molina, alguacil de los 
veinte, topó con un hombre que se dijo llamar D. Juan de Mos- 
coso y preguntándole á Molina si lo conocía, le dijo que se 
llamaba D. Juan de Moscoso, y viendo que traía una espada y 



374 APÉNDICE. 

un broquel, se lo quiso quitar, y se le resistió, y al fin le quitó 
espada, daga y broquel y le trujo ante el Alcalde D. Josef de 
Medrano, que le mandó volver lífs armas, y le dio su casa por 
cárcel por ser alférez de D. Silvestre de Guzman, no sabiendo 
si este lo supo antes del Corpus. Preguntado si el dia del Cor- 
pus, ó la tarde, estando el confesante en la calle de Genova, á-. 
donde había ido por los carros, el dicho D. Silvestre por estar 
enojado en menosprecio de la justicia, le hizo apear, diciendo 
que no había de estar á caballo estando él á pié; y este con- 
fesante, no mirando por la autoridad de la vara y oficio que 
tenía, se apeó y se fué descaperuzado para el dicho D. Silves- 
tre, de que hubo mucha risa en el lugar; dijo, que yendo este 
confesante por la calle de Genova para ver donde estaban los 
carros, encontró á D. Silvestre, á Porras, á D. Juan Ponce y á 
Rodrigo Suarez, y me dijo que aquel dia no era de andar á ca- 
ballo por la mucha gente que había, y que me suplicaba que- 
me apease, por el dia que era; .dicho todo con mucho comedi- 
miento, y al mismo tiempo ya apeado hubo unas cuchilladas entre 
unos soldados, y tornó á montar después de hechos amigos; y esto 
lo hizo D. Silvestre con mucho comedimiento y sin enojo, y nó por 
menosprecio. Preguntado si es verdad que viendo este coafesante 
que D. Silvestre con voces altas y enojo, le mandó apear, se apeó 
y le dijo que si estaba enojado por la prisión del alférez 
Hoscoso; dijo, que es verdad que D. Silvestre dijo lo que va 
dicho alto, pero no entendió que fuera con enojo y él esta- 
ba lejos y el confesante no dijo las palabras que se le atri- 
buyen sobre la prisión de Moscoso. Preguntado si á la hora 
. que pasó lo que se trata andaban á caballo los alguaciles de 
los veintes y los que querían; dijo, que hasta las cuatro, no por- 
que estaba en el Audiencia y luego vio á algunos caballeros,. 
y D. Silvestre hizo apear á un caballero que él no conoció. 
Preguntado si es verdad que cuando pasó lo dicho estaban mu- 
chos á caballo viendo los carros; dijo, que apartados del carro 



apkndicf:. 87 5 

■muchos habín; pero junto al carro ninguno. Dijo, que nunca 
ha visto á los alguaciles del Audiencia ir por los carros á ca- 
ballo, sino á pié. Preguntado por qué fueron este año á caballo, 
dijo, que Hernando de Silva como mas antiguo, dijo que salie- 
sen á caballo para servir mas de veras á estos Señores, porque 
se hablan cansado de apartar la gente para las danzas. 



Auto de 3 de Junio, de Rodríguez Fariñas, haciendo cargo 
á los alguaciles de la culpa que les resulta de la información; les 
dá traslado para que aleguen y prueben lo que les convenga. Y 
así se les notificó en presencia de dicho señor oidor. 



El acuerdo dá auto de soltara bajo fnnza pira D. Silvestre 
•d^ Guzman. 



El Fiscal D. Sancho Verdugo acusa á D. Silvestre por de - 
sacato, según escima que resulta del proceso acumulado, y pide 
se le condene en las mayores penas y ser recibido á prueba. 
Por un otro sí, pide en la causa principal que el auto de prueba 
se entienda con el Fiscal. 



El 19 de Enero se presentó esta petición y el Juez la dio 
por presentada, para que conste la costumbre que tiene D. Sil- 
vestre de hacer cosas en desacato de la justicia y en lo demás 
como se pide. 



Notificación del auto anterior á los Procuradores y á don 
Silvestre 



3j6 APÉNDICE. 

Muñoz, á nombre del Fiscal Sancho Verdugo, pide qué 
citada la parte contraría saque un traslado el escribano Mon- 
tijano de los dichos de los representantes de los carros para que 
se una á los autos. 

Auto de 19 de Enero accediendo á la petición anterior. 

Muñoz pidió ratificación de los testigos de su información 
sobre el negocio de los carros y se ratificaron en efecto. 

Traslado de otra parte del negocio de los carros y son las 
declaraciones de los representantes ó cómicos. 

Declaración de Antonio Granados, representante en la com- 
pañía de Alonso Velazquez. Dijo; que venía en el carro de..., 
que fué el primero que se representó el dia del Cor- 
pus. Dijo, que empezó á representar ante el Santísimo Sa- 
cramento y ambos Cabildos su carro á las dos y acabaría á las 
tres. Preguntado, dijo, que después representaron en Gradas á 
la Contratación, y después cinco veces en calle Genova y la 
tercera de ellas y la quinta de las representaciones, representó á 
D. Silvestre de Guzman que los hizo parar allí y la primera al 
Teniente Castañeda, y no conoció á los que estaban oyendo. 
Preguntado si llegó algún alguacil de la Audiencia para llevar 
el carro al Audiencia; dijo, que á su carro vido llegar al Al- 
guacil Salcedo la últin;ia vez que representaba en la calle Ge- 
nova, y no vio antes llegar alguacil ninguno, y esto fué como 
á las seis de la tarde, que el Alguacil dijo algunas veces que 
fuese el carro al Audiencia, y se quedó allí hasta que acabó la 
representación porque no dejaban pasar el carro de allí, é hicie- 
ron parar el tercer carro en todas las partes, y personas en que 
se representó el segundo. Fué preguntado si se quebró alguna rue- 
da ó ege, y dijo que nó. 



APÉNDICE. 377 

Juan de Avila representante en la compañía de Alonso Vclaz- 
quez, dijo que venía en el carro de que fue el ter- 
cero, que se empezó á representar al Santísimo y á los Ca- 
bildos a las dos y se acabó á las tres, luego en Gradas y lue- 
go en calle Genova, no sabe á quién, y luego delante del Te- 
niente Castañeda y luego delante, de unas gentes que tenian 
unas varas, entre los que solo conoció al hijo de D. Hernan- 
do de Porras, y luego á otras personas que no conoció y no 
quisieron acabar de oirel auto, y se les hizo el entremés y la 
última vez que fué la sétima no sabe á quien fué y acabaron 
á las oraciones. Preguntado; dijo que vio llegar dos alguaci- 
les del Audiencia cuando se hacía la última representación y 
antes no vio venir á ninguno ni dijeron que viniese. Pregun- 
guntado; dijo, que no se quebró eje ni rueda. 

Vicente Ortiz representante de la coippañía de Alonso Ve- 
lazquez, dijo, que venía en el carro de que fué el tercero. Pre- 
guntado, dijo, que empezaron a representar ante el Santísimo 
Sacramento y Cabildos á las cuatro, y acabaron á las cinco: 
luego representaron en Gradas á la Contratación y luego en 
calle Genova á unos veinte y cuatros, y luego al Teniente 
Castañeda, y luego á otros veinte y cuatros donde le dije- 
ron que estaba D. Silvestre de Guzman, y en todas fueron 
según recuerda seis veces que se hizo en todas el auto ente- 
ro, menos en una que quedó poco porque le pidieron el en- 
tremés. Preguntado; dijo, que no se acuerda haber visto nin- 
gún alguacil del Audiencia, ni oyó que les mandasen ir y que 
lo deseaban por no tener tanto trabajo y acabar. Preguntado; 
dijo, que no se quebró rueda ó eje. Preguntado quién estorva- 
ba que fuera el carro al Audiencia; dijo, que los veinte y cuatro 
mandaban parar el carro y en especial el Teniente Castañeda 
y D. Baltasar de Porras. Preguntado; dijo, que no vio en par- 
SucEsos DE Sevilla. 40 



3jS APÉNDICE. 

te alguna á la Condesa de Puñonrostro, antes oyó decir que 

estaba mal dispuesta: encargósele el secreto y prometiólo y 
firmólo. 

Vicente Martin, representante de la compañía de Alonso 

Martinez, dijo: que iba en el carro de que era el 

tercero, que empezó á representar á los Cabildos á las tres y 
acabaron á las cinco. 

Alonso Velazquez, autor de comedias, dijo que iba en el 
primer carro de los que se representaron, que era el de los 
arcabuces; que empezó á representar al Santísimo y Cabildo a 
mas de las once y media y acabaron entre una y dos de la 
tarde; dijo que de allí fueron á representar á la Contratación 
que es allí junto (en Gradas) y de allí entraron en calle Ge- 
nova y representaron la primera vez á varias mugeres de los 
Tenientes, y á Castaííeda, y luego á la Condesa de Puñonros- 
tro, y allí le hizo parar el hijo del veinte y cuatro Porras,. 
y de allí representaron otra vez á D. Silvestre de Guzman y su 
mujer, que fueron todas cinco veces, y acabó á las cinco de 
la tarde, y de allí vinieron al Audiencia. Preguntado en qué repre- 
sentación estaban cuando llegaron los alguaciles; dijo, que estan- 
do reprcjsentando la cuarta vez que era á la Condesa, llegó 
Salcedo y les dijo que se diesen prisa porque estaban aguar- 
dando los Señores del Audiencia, y después estando represen- 
tando á D. Silvestre, vio venir á los tres alguaciles; hicieron seña 
á este testigo que se dieran prisa y acortaron é hicieron el 
entremés sin acabar el auto, y se vinieron al Audiencia. Pre- 
guntado si se quebró alguna rueda ó eje; dijo que nó. 

Cristóbal de Ayala, representante en la compañía de Alón- 



APÉNDICE. 379 

SO Velazqucz, dijo que fué en el carro de los arcabuces que fué el 
primero, que empezaron á representar al Santísimo Sacramento y 
Cabildos entre once y media y doce y acabaron como á la una, que 
después fueron á la Contratación, en Gradas, y de allí á la calle de 
Genova y allí representaron á Castañeda y á las mujeres de los. 
Tenientes, y de allí á la Condesa; que el hijo del veinticuatro 
Porras, y D. Silvestre y otros, hicieron parar el carro, y representa- 
ron á D. Silvestre, y luego al Audiencia, y acabaron de re- 
presentar en calle Genova á las seis de la tarde. — Dijo que es- 
tando representando á la Condesa llegaron los alguaciles á de- 
cir que se diesen priesa, y aunque quisieron llevarse el carro 
dijeron los veinticuatros que dejasen acabar; y luego volvieron 
los alguaciles al representar la quinta vez y representaron esta 
quinta sin el auto; que oyó dar voces á los veinticuatros y al- 
guaciles y no sabe más. Dijo que no se quebró rueda ó eje al 
carro. 



Gómez Várela, representante de la compañía de Nicolás 
■de los Ríos, y que iba en el caryo de Sansón, que fué el se- 
gundo; dijo que empezaron á representar al Santísimo Sacramento 
entre las doce y una y acabaron entre dos y tres y que des- 
pués representaron á la Contratación en Gradas, y después en 
calle Genova, la tercera vez no sabe á quién, y luego .á Casta- 
ñeda, y á unas mujeres; luego á la Condesa, y luego á otras dos 
partes donde no hicieron mas que el entremés, y una parte 
del auto, y no sabe quiénes fueron los que estaban en las dos 
últimas partes, mas que, de que la una vez oyó decir que re- 
presentaban á la nuera del Alguacil Mayor del Audiencia y que 
la primera de esta dos veces pararon por mandato de D. Sil- 
vestre, y la otra vez que fué á la dicha nuera no sabe quien 
mandó parar, y que por todo fueron siete veces las que pa- 
raron, antes de llegar al Audiencia, al parecer de este testigo. 



38o ' APÉNDICE. 

Preguntado, dijo que empezando á representar á la Condesa, llegó 
Rivas, alguacil del Audiencia, y dijo que se diesen priesa, y con mu- 
cha furia D. Silvestre dijo que se había de parar ahí y represen- 
tar a él primero, y pasaron otras palabras que este testigo no echó 
de ver en ellas, y después estando representando ala dicha nue- 
ra, volvieron los alguaciles del Audiencia y dieron priesa pa- 
ra que fuese el carro, y aunque aguardaron un poco, le hicie- 
ron ir antes que acabasen la representación y después oyó que 
Rivas (el autor) dijo á Rivas (alguacil) «Señor Rivas, con mas 
cortesía solía andar otras veces y hacer venir mas presto los 
carros al Audiencia:» y respondió Rivas: «qué quiere, que no me 
tengo de tomar con D. Silvestre de Guzman, que ya hice lo 
que pude.» Dijo que oyó decir que se sentía una rueda pero 
no se paró por eso. 

Nicolás de los Rios, autor de comedias que iba en el car- 
ro de Sansón, que fué el segundo, empezó á representar á 
la una y media, y acabaría á las tres, dijo; que después re- 
presentó á la Contratación y en calle Genova, al Doctor Cas- 
tañeda, y de allí los llevó D. Silvestre y Baltasar de Porras y 
D. Fernando Ponce á unas ventanas donde dijeron que estaba 
la Condesa de Puñonrostro, pero el testigo no la vio sino á don 
Francisco Duarte, D. Luis Fajardo y otros caballeros y damas, 
y de allí los llevaron los mismos veinticuatros á otras venta- 
nas, donde hicieron el entremés solo, y por mandado de los 
mismos veinticuatro fueron á representar á la nuera del Al- 
guacil Mayor del Audiencia, y á mas de las siete fueron al 
Audiencia. Preguntado; dijo, que acabando de representar á los 
Cabildos, antes que pasasen de la Condesa, llegó Salcedo, al- 
guacil del Audiencia, y les dijo que habían de venir por la calle 
Vizcaínos al Audiencia, y D. Baltasar de Porras y otro caballe- 
ro mocito, dijeron que primero había de entrar á representar 
en la calle de Genova y sobre esto hubo palabras, y los vein- 



APÉNDICE. 38l 

ticuatro á palos hicieron que los ganapanes metieran el carro 
por la calle Genova yéndose Salcedo; y luego, estando repre- 
bentando á la Condesa, vino Salcedo y Rivas y tampoco le de- 
jaron llevar el carro hasta la postrera representación, que fué 
á la nuera del Alguacil Mayor, y diciendo este testigo á los 
alguaciles, que por qué no habían puesto más empeño en llevar 
ios carros, contestaron los alguaciles que se había quebrado 
una rueda, y la estaban aderezando, pero este testigo no supo 
que sucediera tal, ni se paró por ello. 



Domingo de Fuentes representante déla compañía de Alon- 
so Velazquez, dijo, que fué en el primer carro que fué de los 
arcabuces, que empezaron á representar al Santísimo y Cabildo 
entre once y doce, y acabaron entre doce y una y en calle 
Genova representaron cinco vece?, y en todas hicieron todo el 
entremés entero^ antes de llegar al Audiencia, y no conoce 
las personas a quien representaron. Preguntado; dijo, que empe- 
zando á representar la quinta vez llegó primero Salcedo y lue- 
go Rivas y dijo que no parase el carro hasta el Audiencia, y 
el autor mandó que no parase el carro, y no sabe por qué los 
alguaciles consintieron que se acabase aquella representación y 
que se hiciese luego en otra parte. Dijo que no se quebró eje 
ni rueda. 

Pedro Cinton, representante en la compañía de Nicolás 
de los Ríos, fué en el carro de Sansón^ que fué el segundo 
que acabó de representar á los Cabildos cerca de las dos; que 
luego representaron á la Contratación y luego entraron en ca- 
lle de Genova donde representaron cinco veces, aunque no del 
todo por la prisa que daban los alguaciles; y la faena que hacían 
era, porque se iban los alguaciles, y los hacían parar en otras 
partes, de manera que por culpa de los alguaciles los detuvieron 



382 APÉNDICE. 

hasta las seis; que no se quebró rueda ni eje sino que por lo di- 
cho, y por los ganapanes no fueron antes al Audiencia. 



Francisco Sabariego, escribano del Audiencia; preguntado, di- 
jo que vio el carro de Sansón representando en calle Genova. 
Preguntado, dijo, que estando este testigo á caballo en calle Ge- 
nova^ á mas de las seis, vio llegar á Salcedo y Rivas_, y digeron 
á D. Silvestre que dejase venir el carro, que no fuese lo del rabo; 
y D. Silvestre dijo que solo harian el entremés, y luego ven- 
drían, y no vio que los alguaciles hicieron mas que pedír- 
selo á D. Silvestre con muchos ruegos, y dar priesa á Rios, 
y esle dijo que perdía su crédito en no acabar su representa- 
ción donde comenzaba; y D. Silvestre dijo; pues esta vez la ha- 
béis de perder por amor de mí, que yo me contento con el en- 
tremés. 



Agustin Solano, comediante de la compañía de Nicolás de 
los Rios, dijo, que iba en el carro de las naves, que era él cuarto, 
que comenzó á representar á los Cabildos á las tres y acabó á 
las cuatro, y luego á la Contratación, y luego en calle de Ge- 
nova dos veces, no sabe á quiénes la última vez, se acabó de 
noche, y al Audiencia representaron á eso de las nueve ó nueve 
y media, aunque cesaron antes que acabase el tercer carro. Dijo, 
que no se quebró eje ni rueda que él supiese. 



Pedro Giménez de Valenzuela, representante de la compa- 
ñía de Rios, que iba en el carro de las naves, que fué el cuarto 
dijo, que empezó á representar á los Cabildos á las tres, y aca- 
bó á las cuatro y un cuarto, que después representaron á la 
Contratación; y en calle Genova representaron al Teniente 
Castañeda y otra vez á unos señores que digeron que eran de 



APÉNDICE. 383 

casa del Asistente, allí acabaron como una hora de noche, y en 
el Audiencia empezaron entre nueve y diez y acabaron á las 
diez: que no sabe que se quebrase rueda ni eje. 



Gregorio Corrales trabajador que se recoje en la Puerta de 
Carmona en el corral nuevo; preguntado, dijo, que de nombre 
conoce í\ Marcos de Rivas, y de vista á Salcedo y al otro al- 
guacil, que anduvo con el carro de Sansón hasta que fué al 
Audiencia; que vino el carro muy tarde al Audiencia y que an- 
tes representó seis veces en Gradas y calle Genova, las dos úl- 
timas, solo el entremés. Preguntado, dijo, que estando repre- 
sentando Ja quinta vez, antes del entremés, vino un alguacil á 
dar prisa, y D. Silvestre dijo que dejase hacer aquel entremés 
y así se hizo; y acabado quisieron traer el carro los dichos al- 
guaciles y unos con varas, como veinticuatros, digeron que de- 
jaran hacer otro entremés, y porfiando los alguaciles les dijo* 
no sabe este testigo quién, que bien podían despacharse dicien- 
do que se había quebrado una rueda, y que la estaban adere- 
zando, pero que no la hubo, ni por eso se detuvo el carro, 
aunque una estaba sentida y se quebró esta noche lunes, pero 
que entonces rodaba como las otras; que esta es la verdad: en- 
cargósele el secreto y prometiólo: no firmó por no saber. 



El Doctor Olivos, Relator del Audiencia; preguntado, dijo 
que estando en las piezas altas del Audiencia, vio venir tarde 
el primer carro, y después tardó mucho el segundo, que era el 
de Sansón, y viniendo los alguaciles á dar cuenta de la tardan- 
za, digeron que era por haberse quebrado una rueda, y que la 
estaban aderezando, y le parece que el alguacil que lo dijo fué 
Salcedo, y" que lo decía á dichos señores del Audiencia que es- 
taban en la ventana. Preguntado, dijo, que hubo mucha nota 



384 APÉNDICE. 

por haber venido los carros tan tarde; y así lo ha oido murmu- 
rar. Encargósele el secreto. 

Esteban Diaz de Marañen, criado del Regente, dijo, que lle- 
gó á caballo frontero de las ventanas del Audiencia Salcedo y dijo 
al oidor Sr. Vallejo que se había quebrado una rueda, y que 
por eso no venía el carro segundo, ó de Sansón. 



Diego de Montemayor, alguacil de los veinte: preguntado, 
dijo; que á este testigo y á otros tres de los veinte, se les re- 
partió en calle Genova, y estuvieron haciendo lugar para que 
pasara la procesión; y á la tarde el dicho Teniente Castañeda, 
con los alguaciles, estuvieron en calle Genova, entrando por Gra- 
das, y se subió á una ventana donde estaba su muger y el 
veinticuatro Porras y su muger, y junto á las dichas venta- 
nas estaba un alcalde de hijosdalgos, de Granada, con su mu- 
ger, y allí mandó el dicho Teniente que se hiciese la primera 
representación de la caile de Genova, habiéndose hecho antes 
dos, una al Cabildo y otra á la Contratación; después se hizo 
otra representación en calle Genova, donde había un escudo, 
cuatro ó cinco casas adelante, donde dicen que estaba la Con- 
desa de Puñonrostro, aunque este testigo no la vio por la ma- 
ñana, ni por la tarde, viniendo á llevar el carro los veinticua- 
tros con sus varas; y luego los vio este testigo parar en otras 
ventanas donde decían que estaba la nuera é hijo del Alguacil 

Mayor del Audiencia Luis de , y este testigo no sabía 

quién hacía parar allí, porque se quedaba con sus compañeros, y 
con el Teniente, al principio de la calle. Preguntado, dijo, que 
si los alguaciles del Audiencia hicieran diligencia para llevar los 
carros, después de representar donde estaba el escudo, lo hubie- 
ran logrado, porque no había obligación de representar mas que 



At^ÉNDICE. 385 

d^nde había escudo, y no había más que uno en la calle; cosa 
que no había visto en doce años que es alguacil, y nunca se 
había puesto impedimento á los Alguaciles del Audiencia. 



Auto del Acuerdo de 28 de Mayo de iSgS, mandando pren- 
der á Hernando de Silva, Mateo de Rivas y Gaspar Salcedo. 



Otro del jueves 29, también del Acuerdo mandando se notiñque 

á Luis de Alguacil Mayor^ que, en lugar délos presos arriba 

dichos, nombre otros tenientes. 

Notificando al Alguacil Mayor. 

Súplica del Alguacil Mayor Luis de para que los al- 
guaciles de espada suplan á los presos. 

Auto de no há lugar y cúmplase lo mandado. 

Memorial de los alguaciles presos en la Cárcel de la Her- 
mandad pidiendo que los suelten. 

Auto de no há lugar, y tómesele la confesión. 

Primera confesión de Hernando de Silva á 3 de Junio. Dijo 
lo que dicho tiene en la confesión del negocio de Don Sil- 
vestre de Guzman. Preguntado si no hizo lo que se le mandó 
y dejó y permitió que se representase en otras partes; dijo, lo 
que dicho tiene en su confesión. Preguntado si dejó ir los carros 
Sucesos de Sevilla. 41 



386 APÉNDICE. 

á Doña Isabel de Luna y á la nuera del Alguacil Mayor, se 
ratificó en su anterior confesión. 



Auto de Ramírez Cárdenas mandando unir la anterior con- 
fesión de Hernando de Silva, á la presente. 

Testimonio de dicha confesión. 

Segunda confesión de Gaspar de Salcedo en 3 de Junio de 1 598. 
Preguntado, dijo: que estando los Oidores juntos le mandaron 
por los carros, y vio que el primero estaba representando don»- 
de decian que estaba la Condesa, y trajo la razón; y mandado 
volvió para traer el segundo carro desde Gradas por calle Viz- 
caínos, y se le metieron todos los picaros huyendo en la Iglesia 
Mayor, y unos caballeros, que no sabe quiénes eran, le que- 
rían estorbar que no lo había de traer por calle Vizcaínos, y fué 
á dar cuenta de ello al Audiencia, y luego le volvieron á en- 
viar por el primer carro que estaba representando un entremés, 
y D. Silvestre le defendió que lo llevase; y por último, el con- 
fesante trajo el carro con Mateo de Rivas, y no sabe si venía 
allí Hernando de Silva. Preguntado si es verdad que yendo á 
traer los carros no lo hizo, y con mucha negligencia dejó re- 
presentar en otras partes; dijo, que este confesante hizo todas 
las diligencias posibles y no consintió que se representase en 
ninguna parte. Preguntado si además de haber tenido dicha ne- 
gligencia para dejar representar en otras partes y dilatar la ve- 
nida al Audiencia dijo que un carro lenía la rueda ó eje quebra- 
do, lo cual no fué así: respondió, que lo que pasa es que habiendo 
mucha gente en calle Genova, no pudo hacer lugar á pasar con 
el caballo, pero que Silva á pié hizo tirar del carro para traer- 
lo, y todos dijeron en voz alta que se había quebrado el eje 



APÉNDICE. 387 

ó rueda, y partió á decirlo, y luego volvió y vio representan- 
do al carro mas adelante, y que Mateo de Rivas le dijo que 
había estorbado que llevasen el carro D. Silvestre, pero luego 
lo llevaron y él hizo cuanto pudo. Preguntado si es verdad que 
cuando llegó el carro al Audiencia tenía ruedas y no se aderezó; 
dijo, que el dicho carro llegó al Audiencia como los otros, pero 
no sabe si le hablan aderezado ó nó. Preguntado si de parte de la 
Ciudad ó de D. Silvestre, ó de otra persona, le han ofrecido 
alguna ayuda, ó dinero en esta causa; dijo, que un hombre 
que no se acuerda quién era, que lo dirá Mateo de Rivas que lo 
conoce, dijo que le hablan dicho tres ó cuatro veinticuatros que 
le darian veinte y cuatro ó veinte y cinco reales á cada uno cada 
dia, y que le respondieron que se fuesen á pasear, que aunque 
le diesen mil ducados no los hablan de tomar ni hacer cosa qae 
fuese contraria á los Sres. del Audiencia; y que esta es la ver- 
dad V tiene 



Segunda confesión de Mateo de Rivas: Preguntado si el jue- 
ves dia del Corpus, estando la Audiencia junta, y no habiendo 
ya tarde venido los carros, fué el confesante enviado á traer- 
los, dijo, que no se lo mandaron, sino que topó á Hernan- 
do de Silva que era semanero y más antiguo, y le dijo que se 
fuera con él á traer los carros, y que así lo hizo. Preguntado 
si es verdad que habiendo sabido que el Audiencia había man- 
dado traer los carros, no lo hizo por condescender con varias 
personas, dejando que los dos primeros carros representaran en 
varias partes: dijo, que este confesante no había ido á hacer traer 
carros, ni vio que se representase hasta que fué con Hernan- 
do de Rivas, y entonces halló el carro representando en calle 
Genova, y queriéndolo traer, D. Silvestre de Guzman dijo: «Señor 
Rivas, Señor Silva, miren que está aquí la Condesa de Puñon- 
roslro, que esto es Sevilla:» y Hernando de Silva dijo enton- 



388 APÉNDICE. 

ees á este confesante, que tenía orden del Audiencia que deja- 
sen representar á la Condesa, y por eso aguardar; y luego hizo 
mover el carro para que viniese al Audiencia, y habiendo anda" 
do poco trecho el carro, le hizo parar D. Silvestre diciendo: 
«voto á Dios santo, que han de representar aquí toda la comedia, 
que esta es fiesta de Sevilla:» y porfiando este confesante que 
no se había de hacer que era muy tarde y el Audiencia estaba 
esperando, dijo D. Silvestre que el Cardenal vino tarde y por 
eso tardaron, y que además se había hecho el carro al Tenien- 
te Castañeda y otros antes que á la Condesa, que había sido 
muy gran bellaquería y por eso se hablan detenido los carros, 
y con esto dijo que se empezase el entremés, y porfiando con 
D. Silvestre se dio lugar al entremés, y también por haberse escon- 
dido los picaros que hablan de traer el carro rodando, entendiendo 
que lo hicieron por orden de los que no querían que se trajesen, 
saliendo á buscar quien lo trújese, cuando volvió dijo D. Silvestre: 
«yá bien lo pueden llevar ¿para qué se cansa tanto?» Y este confe- 
sante dijo: «Buena burla es esta; no sé yo cómo se puede hacer en 
el mundo:» é hizo traer el primer carro, y al volver por el segundo 
fué cuando D. Silvestre hizo apear á Salcedo, y él no quiso y 
se fué por calle Batehojas, y cuando volvió vio que se estaba re- 
presentando el entremés, y hizo traer el carro. Preguntado si se 
rompió eje ó rueda; dijo, que lo que pasa es, que encontrando á 
Salcedo, este le dijo que se había quebrado una rueda, y pasan- 
do adelante vio que no estaba quebrada, y dijo: «buena ver- 
güenza es esta, que vá mi compaííero á decir que está quebrado 
el carro y le hallo aquí y no donde yo le dije:» que todo esto 
fué en muy poco tiempo, llevando luego el carro sin quebra- 
dura; preguntándole á Salcedo que por qué dijo lo que no vio, 
y esto es lo que sabe. Preguntado si de parte de la Ciudad le 
han ofrecido que les ayudarán en esta causa; dijo, que un fu- 
lano Vargas Machuca, llegó á la Cárcel de la Hermandad donde 
estaban los confesantes y les preguntó cómo iban de prisión, y 



APÉNDICE. 389 

que D. Silvestre de Guzman había dicho que, aunque le cos- 
tase mil ducados, habia de pasar 2 5 reales a cada alguacil; y 
él respondió que no habían de tomar nada; y el Vargas se salió 
diciendo, bien: que esta es la verdad y que tiene más de 3o años. 

Auto del Oidor Ramírez, dando traslado á los alguaciles, y 
para que aleguen y prueben cuatro días de término; que fué no- 
tilicado á ellos en presencia de S. S, 

Solicitud de los alguaciles pidiendo diez dias más de tér- 
mino, y pidiendo la culpa, y que se les suelte en fiado ó por 
término de prueba, y los muden á la cárcel del Audiencia. 

Se les conceden seis dias y que pasen al Audiencia, y lo de- 
más no há lugar. — Notificado al Procurador de los alguaciles. 

Gerónimo Hurtado en nombre de los procesados presen- 
ta el poder. 

Confesión con cargos de Mateo de Rivas. Preguntado si se 
rompió el eje ó rueda del segundo carro que era el de Sansón, 
lo cual no fué cierto; dijo, que dice sobre esto lo que dicho 
tiene; con lo que firmó. 

Antonio Rodríguez, criado de Hernando de Silva se ratifica 
en su anterior declaración. 



Hernando de Illesca, criado de Hernando de Silva se ra- 
tifica en su anterior declaración. 



Nicolás Ruiz, autor de comedias se ratifica en su anterior 
declaración. 



390 APÉNDICE. 

Gómez Várela representante en la compañía de Nicolás de 
los Ríos se ratifica en su anterior declaración. 



Alonso Velazquez autor de comedias se ratificó en su an- 
terior declaración; tenía 26 años. 



Cristóbal de Ayala, representante en la compañía de Alonso 
Velazquez se ratificó en su anterior declaración; tenía 40 años- 



Vicente Ortiz, representante de Alonso Velazquez, se rati- 
fica en su anterior declaración; tenía 36 años. 



Antonio Granados, representante en la compañía de Alonso 
Velazquez, se ratifica en su anterior declaración; tenía 28 años. 



Pedro Ciiitor, representante de Nicolás de los Rios se ra- 
tifica en su declaración; tenía más de 33 años. 



Diego de Montemayor, alguacil de ios veinte, se ratificó en 
su declaración; tenía mas de 38 años. 



Esteban Diaz de Marañon, criado del Sr. Regente, se ra- 
tifica en su declaración; tenía 20 años. 



Francisco de Porras Sabariegos, escribano de Audiencia, se 
ratifica en su declaración; tenía 24 años. 



APÉNDICE. 



391 



El Doctor Olivos, Relator del Audiencia, se ratifica en su 
declaración anterior. 



Francisco de Cuellar, alguacil de la Comisión del Estanco 
del Solimán, se ratifica en su anterior declaración: tenía 32 años. 



Diego López, trabajador, se ratifica en su anterior decla- 
ración: tenía 28 años. 



Gregorio Corrales, trabajador; se ratifica en su declaración 
y tenía 34 ó 36 años. 



Gerónimo Hurtado, en nombre de los alguaciles presos, 
respondiendo que no procede el cargo y culpa que se les hace, 
dice que han de ser quitos de dicho cargo y culpa, por lo si- 
guiente: 

Primero: porque lo que pasa en este asunto es lo que los 
procesados tienen declarado en sus confesiones, y eso alega; y 
lo otro, porque distinguiendo lo que á cada procesado toca: res- 
pecto á lo que se hace cargo á Hernando de Silva, por haberse 
apeado por obedecer á D. Silvestre de Guzman, veinte y cua- 
tro, con ofensa de su cargo, no tiene culpa, porque Silva no 
fué compelido, si no suplicado con mucho comedimiento y buen 
término, alegando que no se debía ir á caballo por donde an- 
daba la fiesta; lo cual pareció al Silva razonable, porque en ta- 
les dias, aun después de la procesión, nadie anda á caballo, y 
nadie se escandalizó porque Silva se apeara. Y no cometió omi- 
sión en hacer traer los carros, pues habiendo V. S. mandado 
que se trajesen después de representar á la Condesa, no volvió 



392 APÉNDICE. 

Silva porque fué con licencia del Sr. Regente, á asistir á su 
muger que estaba de parto. 

Por lo que toca á Mateo de Rivas, no tuvo omisión, pues 
si fue por calle de Batehojas, fué para más servir á V. S., por- 
que no habiendo gente que trajese los carros, fué por ella, y 
con ella y sus criados y esclavos, los trajo mas pronto qug 
hubieran venido en otro caso. 

En lo que toca á Gaspar de Salcedo, se le hace cargo de 
dos cosas: primera, por haberse apeado; y segunda, por haber 
dicho á los Señores Oidores que ai carro segundo de Sansón se 
le había quebrado una rueda ó eje, y en esto no tuvo culpa^ 
paes se apeó por lo dicho, respecto á Silva: ni se mostró Don 
Silvestre enojado por la prisión de su alférez, y en lo de la rue- 
da no tuvo culpa ni dolo, si no repitió lo que oyó decir á voces, 
que el carro de Sansón tenía roto eje ó rueda, lo cual creyó, 
haciendo con diligencia lo que pudo para llevar los carros; y la 
causa de que los carros viniesen tan tarde, fué, porque la re^ 
presentación a los Cabildos se hizo muy tarde, por haber espe- 
rado al Cardenal, que vino á la una; además, dicho dia fué nu- 
bloso y oscuro, y anocheció mas temprano que otros días; por 
tanto, pido y suplico dé á los dichos por libres y quitos, y los 
mande V. S. soltar de la Cárcel donde están: imploro y pido 
justicia, y que la prueba se entienda con lo que digo. 

Otro si, hago presentación de este interrogatorio, y que V. S. 
lo tenga por presentado. 

Otro si, pido que mis partes sean sueltas. — Gerónimo Hur- 
tado, Lido. — Gerónimo de Santa Cru{. 

Presentado este escrito el 6 de Junio, con el interrogatorio. 



Interrogatorio presentado por los alguaciles. — i.^Si conocen 
á las partes y tienen noticia del pleito. 2.° Si los alguaciles pro- 
cesados hicieron el dia del Corpus todas las diligencias posibles 



APÉNDICE. 393 

para traer los carros. 3.^ Que cuando Hernando de Silva llegó 
á caballo á calle Genova, le pidió D. Silvestre con muy buen 
término que se apease, etc. 4° Si saben que en los dias del 
Corpus donde representaban los carros, aunque haya pasado la 
procesión, no se usa andar á caballo. 5.** Si saben que el di- 
cho Hernando de Silva se vino antes de concluir la represen- 
tación de la Condesa por estar su mujer de parto. 6.° Si sa- 
ben que el dicho Mateo de Rivas, al llegar á la calle de Geno- 
va para traer los carros, vio que tenian estos falta de gente, y 
fué por ella con priesa. 7.° Si saben que Gaspar de Salcedo, 
cuando llegó á caballo á calle de Genova, se apeó porque se 
lo pidió D. Silvestre con comedimiento, y no hubo por ello 
escándalo; antes lo tuvo á bien, porque los caballeros y hom- 
bres principales, que muchos había en calle de Genova, estaban 
á pié. 8.° Si saben que el dicho Gaspar de Salcedo tuvo mu- 
cha diligencia y procuró llevar los carros por calle Vizcaínos, 
aunque no pudo. 9.° Si saben que habiendo llegado el dicho 
Gaspar Salcedo á calle de Genova al carro de Sansón, los que 
estaban en él, le digeron que el carro no podía andar, porque 
tenía un eje roto; y como iba, venía con mucha furia y priesa 
lo dijo así al Licenciado Vallejo creyéndolo de buena fé. 10. Si 
saben que el dicho dia del Corpus, veinte y uno de Mayo, hi- 
zo un dia nubloso y oscuro y anocheció temprano, retardándose 
la primera representación por venir el Cardenal después de la 
una. II. Si saben que los dichos alguaciles han sido y son muy 
diligentes ministros; haciendo todo lo que se les ha mandado 
por el Señor Regente y Oidores, haciendo sus semanas sin que 
hayan perdido la autoridad de sus oficios, y que son personas hon- 
radas y de mucha verdad. 12. Si saben que todo lo dicho es 
público, y notoria pública voz y fama. — Licenciado Gerónimo de 
Santa Ct'u^. 

Sucesos de Sevilla. 42 



3g4 APÉNDICE. 

Testigos de los alguaciles. 

Primer testigo,— íuan Bautista de Gontreras, vecino de la 
Collación de S. Nicolás; á la primera pregunta contestó que conoce 
á los procesados y que tiene noticia del pleito. A la segunda; dijo 
que el dia del Corpus los procesados hicieron muchas diligen- 
cias para llevar los carros al Audiencia; este testigo los vido ir y ve- 
nir muchas veces de la Plaza de S. Francisco y á la calle de Genova 
y hablar con los representantes para que se dieran priesa y acu- 
diesen con los carros, á que los vieran en la Audiencia, porque 
los estaban esperando los Señores Oidores, y andaban por la 
calle buscando la gente que tiraba de los carros, lo cual vio el 
testigo, porque se anduvo paseando por la calle desde la una. 
A la tercera; que cuando se estaba representando el primer carro 
de los arcabuces, llegó Hernando de Silva á caballo y D. Sil. 
vestre de Guzman que estaba con el Jurado Rodrigo Sua- 
rez y Doctor Céspedes le dijo: «apéese Señor Silva, que yo 
estoy ú pié, y no es dia de andar á caballo por la mucha gen- 
te:» y luego, estando representando el segundo carro de San- 
son volvió Silva á caballo, y por estar allí los dichos veinticua- 
tros se apeó, y en esto vio venir el testigo á los alguaciles Sal- 
cedo y Rivas; y D. Silvestre les dijo: «apéese Señor Salcedo:» y 
se apeó, y Rivas se fué á caballo por la calle de los Vinos que 
es de Batehojas, por la mucha gente; y el testigo oyó decir á 
la gente que estaba junto al carro, que estaba roto, y el dicho 
Gaspar de Salcedo andaba buscando la gente que tiraba de él, 
todo lo cual vio por estar poco adelante de la puerta de Luis 
de Anaya, jubetero. A la cuarta; que siempre ha visto que los 
dias del Corpus, por la mucha gente no se andaba á caballo por 
la calle de Genova hasta la puerta de la Catedral, pues no es 
posible. A la sesta; que vio en efecto á Mateo de Rivas, que 
salió por la calle de Genova y volvió con gente para llevar los 
carros, y que el Salcedo apartaba la gente y daban voces para 
que los representantes trajesen los carros. A la séptima pre- 



APÉNDICE. 395 

gunta; que habiendo llegado Salcedo á traer el carro de Sansón, 
el testigo oyó decir á D. Silvestre: «apéese Señor Salcedo, que 
ya se acaba el carro y todos estamos á pié'> y lo dijo sin enojo 
sino mostrándose alegre, y en la calle no vio gente á caballo, sino 
mucha principal á pié. A la décima; que el dicho dia del Cor- 
pus fué nubloso, y á las siete de la tarde estaba ya oscuro, v 
los carros se comenzaron á representar tarde, y este testigo vido 
que el primero, á más de las cuatro, estaba representando á los 
Jueces de la Contratación, A la oncena; que los alguaciles son 
muy diligentes, etc. 

Segundo testigo. — Martin López Camargo, jubetero, vecino de 
la calle de Genova. Ala primera pregunta; que conoce! los algua- 
ciles. A las generales, que es de 40 años y que no le tocan. A la se- 
gunda; que el dia del Corpus vio que los alguaciles hicieron todas 
las diligencias para traer los carros al Audiencia, buscando los pa- 
lanquines para que botasen los carros. A la tercera; que también 
vio dicho dia que cuando llegó Hernando de Silva á calle Genova á 
caballo, estaba á pié D. Silvestre, y le pidió con buen término y co- 
medimiento que, pues en tal dia no se usaba andar por allí á ca- 
ballo, que se apease; y visto que había muchos caballeros todos á 
pié, se apeó, pareciendo á todos muy bien. A la cuarta; dice que ha 
visto y es público, que el dia del Corpus, mientras duran las repre- 
sentaciones, aun después de la procesión, no se anda á caballo 
porque esto se tiene poi:^ cosa indecente y de mal término. A la 
sesta; que así mismo vio, que habiendo llegado Mateo de Ri- 
vas á hacer llegar los carros, y viendo que no había gente pa- 
ra ello, fué á buscarla y con la que trajo y sus criados y es- 
clavos, los llevó, poniendo mucha diligencia, y quebró varas, ha- 
ciendo lugar, para que la gente dejara pasar. A la séptima; que 
cuando Gaspar Salcedo llegó á caballo á calle Genova, se apeó 
á petición de D. Silvestre, y lo hizo can comedimiento; que to- 
dos lo tuvieron á bien, porque la mucha gente principal que ha- 
bía, estaba á pié. A la novena; que sabe que al llegar Gaspar de 



^9^ APÉNDIE. 

Salcedo á llevar el carro, digeron y afimaron que el carro de San- 
són tenía quebrada una rueda, y que por eso no podía botarse 
y que el dicho Salcedo hizo muchas idas y venidas al carro. A 
la décima; que el dicho dia del Corpus fué oscuro y nubloso, y que 
la primera representación se hizo muy tarde^ porque el Car- 
denal vino á oir la representación después de la una. A la on- 
cena; que los alguaciles han sido y son muy diligentes y cui- 
dadosos, y que son gentes muy honradas, de mucha verdad y 
crédito. No firma por no saber. 

Tercer testigo. — D. Pedro de Céspedes de Figueroa, vein- 
ticuatro de esta Ciudad. A la primera; que conoce á los pre- 
sos. A las generales; que es de más de 2 5 años y que no le 
tocan. A la segunda; dijo, que estuvo el dia del Corpus en una 
ventana de la calle de Genova para ver las representaciones^ por- 
que este testigo fué como Regidor acompañando á la Ciudad 
en la procesión, y no vio con ella más que dos carros, vinién- 
dose á la dicha ventana, desde donde vio á los alguaciles ha- 
cer todas las diligencias posibles para traer los carros. A la ter- 
cera; dijo, que vio que Hernando de Silva llegó á caballo para 
llevar los carros, y, estando quitado de la ventana este testigo 
aunque en el aposento de ella, le oyó decir á D. Silvestre que 
se apeara del caballo, y aun le digeron á este testigo que el 
dicho D. Silvestre lo había hecho con muy buen término, con 
la gorra en la mano, y diciendo que pues él estaba á pié se apease el 
también; y así vio este testigo á Hernando de Silva á pié, sin 
que hubiera nota ni murmuración, y poniéndose el testigo en la 
ventana vio venir á Salcedo dando priesa y haciendo diligencia 
para llevarse el carro; y D. Silvestre le dijo que se apease con 
el propio término y con la gorra en la mano, como al otro al- 
guacil, y vio á Mateo de Rivas, que vino á hacer la misma dili- 
gencia, y viendo allí á sus compañeros se volvió por la calle de Vi- 
nos que es de los Batehojas. A la cuarta; que no pasan caballos 
donde representan, aun después de la procesión, v se tiene por 



APÉNDICE. 397 

cosa indecente y de mal término, y esta es orden dada por la 
Ciudad de mil años a esta parte, y cuando el testigo ha sido 
diputado de esta fiesta y ha guardado calle, ha pedido á la 
gente que no ande á caballo. A la sesta; que vio á Mateo de 
Rivas llegar á dicho carro, donde halló á sus compañeros, y vis- 
to que no había palanquines que lo botasen, fué por ellos por 
calle Batehojas, y por esto le obligó á bajar de la ventana, y pa- 
ra llevar á ella el carro ayudaron sus criados y otros hombres 
de capote, para que la representación que se hacía en otra parte 
se gozase desde la ventana de este testigo. A la séptima, lo que 
á la tercera. A la octava; que los alguaciles hicieron mucha 
diligencia para llevar los carros. A la novena; qué estando dan- 
do priesa los alguaciles, oyó decir á la gente que allí estaba, 
que no podía pasar el carro, porque estaba embarazada la calle 
con otro carro que estaba quebrado. A la décima; que el dia 
del Corpus era nubloso y oscuro, y se hizo tarde, y el se- 
gundo carro que este testigo oyó con la Ciudad representaba á 
las tres. A la oncena; que los alguaciles son diligentes y hon- 
rados y de mucha verdad. 

Cuarto testigo. — Gaspar de Espinar Bonifaz, vecino de la 
collación de Santa María la Blanca, de más de 5o años, A la 
tercera pregunta dijo: que el dia del Corpus estuvo á ver la 
fiesta á calle Genova, y por estar indispuesto se acostó en una 
cama y cuando llegó el carro á las ventanas donde estaba el 
testigo, le digeron que se levantara para oillo, y haciéndolo vido 
como llegó á dicho carro Gaspar de Salcedo á caballo, y Don 
Silvestre le dijo con mucha crianza y comedimiento, y con la 
gorra en la mano, que se apease, que aquel no era dia de an- 
dar á caballo, y que se llevase el carro muy en hora buena; y 
ya estaba á pié Hernando de Silva, y oyó decir que D. Sil- 
vestre se lo había pedido con cortesía, y también oyó que las 
gentes daban voces cómo se había quebrado el carro. A la cuar- 
ta; que ha visto que en los dias del Corpus no se anda á caballo 



398 APÉNDICE. 

por donde van los carros, pues se tiene por cosa indecente. A 
la octava; que vio á Gaspar de Salcedo hacer mucha diligencia 
para llevar los carros al Audiencia. A la novena; que como di- 
cho tiene, al hacer Salcedo dicha diligencia, oyó decir ala gen- 
te que se hablan quebrado las ruedas y no se podía botar el 
carro. A la décima; que como es notorio, el dia del Corpus 
del 98 fué nublado y oscuro, y se representaron tarde los carros 
para la calle de Genova. A la oncena; que tiene por diligen- 
tes y honrados á los alguaciles. 

Quinto testigo. — Alonso de Barriales, criado de Gaspar Bo- 
nifaz, vecino de la Collación de Santa María la Blanca, de 19 
años. A la tercera; que cuando vino Hernando de Silva á ca- 
ballo, D. Silvestre le pidió con muy buen término y comedimien- 
to que se apease, pues via que aquel dia no andaba gente á caballa 
por donde iba la fiesta; por lo cual y por haber allí muchos 
caballeros todos á pié, se apeó sin haber nota y pareciendo á 
todos muy bien. A la sesta; que vio venir á Mateo de Rivas 
para llevar los carros y que tenian falta de gente y salió á gran 
furia á buscarla y con la que halló y sus criados y esclavos, los 
hizo botar y traer; y un esclavo suyo, para hacer botar el carra 
se hirió, y el dicho Mateo de Rivas quebró varas, é abrió por 
la gente para que diesen lugar á dejar pasar dicho carro. A la 
séptima; que asimismo vido que cuando llego Gaspar de Salce- 
do á caballo, D. Silvestre le pidió también se apease, y no hu- 
bo escándalo, sino que se le tuvo á bien. A la novena; que 
asimismo cuando llegó Salcedo al carro de Sansón, dijo la gente 
que se le había quebrado una rueda. 

Sesto testigo. — Gerónimo Hurtado, Procurador, de 5o años; 
y aunque es Procurador de los susodichos no dejará de decir 
verdad: A la segunda pregunta, dijo: que el dia del Corpus del 
98 los alguaciles hicieron toda la diligencia posible en traer los 
carros del auto de representaciones al Audiencia^ y no traerlos 
no fué por negligencia. A la tercera pregunta; que vio que 



APÉNDICE. 3gg 

cuando llegó Hernando de Silva en su caballo para traer el pri- 
mer carro (de los arcabuces), I). Silvestre pidió con mucho co- 
medimiento que se apease, y por esto y por haber muchos ca- 
balleros todos á pié, se apeó y no hubo murmuración yá todos 
pareció muy bien, A la cuarta, que este testigo ha visto que el 
dia del Corpus en la calle Genova y otras partes no se anda á 
caballo, sino á pié. A la sesta; que asimismo vido que habien- 
do llegado Mateo de Rivas para llevar los carros, visto que te- 
nían falta de gente, salió á gran furia por calle Batehojas y vol- 
vió con gente y con sus criados y esclavos y hacía gran fuerza 
para llevarlos. A la novena; que al llegar Gaspar de Salcedo al 
carro de Sansón, digeron que estaba quebrado por lo que, ape- 
sar de sus diligencias, no lo pudo llevar A la oncena; que los 
alguaciles procesados son diligentes_, buenos y cristianos y gente 
honrada y de crédito. 

Séptimo testigo. — Juan Mellado, portero de la Cárcel Real 
de esta Ciudad, de mas de 3o años. A la sesta; que Mateo de 
Rivas llegó á calle Genova para traer los carros, y visto que 
tenían falta de gente, salió á gran priesa por la calle Bateho- 
jas para buscarla, y con la que encontró, con sus criados y es- 
clavos, botó los carros y quebró varas para apartar la gente. A 
la oncena; que tiene á los alguaciles por diligentes y buenos mi- 
nistros, buenos cristianos, temerosos de Dios y de sus concien- 
cias, y personas de mucha verdad y crédito y opinión. 

Testigo octavo. — .Alonso de Maqueda, Alcaide de la Cárcel 

de esta Real Audiencia, de más de 5o años. A la quinta; vido 

que estando en la Plaza de S. Francisco, andaba sirviendo á los 

Señores Oidores, Hernando de Silva en hacer traer las danzas 
y carros y en lo demás que es obligación de lo^ alguaciles en 

semejantes dias, y estando así vio que vinieron muy apriesa á llamar 

á Hernando de Silva de su casa, diciendo que su muger estaba 

de parto; el cual y este testigo muy apriesa fueron á su casa 

y hallaron á la dicha su muger mala, y con dolores de parto, 



400 APÉNDICE. 

y hizo traer comadre y proveer otras cosas que eran necesarias 
para ello, y por estar ocupado en esto pidió á este testigo que 
viniese al Audiencia y diese noticia de ello al Sr. Regente, y es- 
te testigo vino y lo dijo al dicho Sr. Regente para que lo oviese 
por escusado; lo cual dijo estando el dicho Regente con los de- 
más Señores; y esto sabe de la pregunta y no otra cosa, por- 
que se vino á la Cárcel. 

Noveno testigo. — Hernando de Illescas; que dijo que anda 
ejecutando mandamientos como criado de Hernando de Silva, de 
3o años, y aunque es tal criado de Silva, no dejará de decir 
verdad. A la quinta pregunta dijo: que andando dicho dia él 
y Silva sirviendo al Regente y Oidores en hacer traer los carros 
y danzas debajo de las ventanas del Andiencia, vinieron muy de 
prisa de casa de Silva á llamarlo, diciendo que su muger estaba 
de parto; el cual y Alonso de Maqueda, Alcaide de la Cárcel, 
y este testigo, fueron muy apriesa á casa de Silva, y hallaron 
á su muger mala con dolores de parto; y Silva hizo traer la 
comadre y lo demás necesario, y le dijo á Alonso de Maqueda 
que por aquella ocupación no podía volver á tomar la Plaza, 
que lo escusase con el Regente y Oidores,, y así el dicho Alon- 
so de Maqueda lo vino á escusar. — No sabe firmar. 

Testigo 10. — Alvaro Alemán, mercader, vecino de la Colla- 
ción de S. Esteban, de 43 años. A la décima pregunta; dijo, que 
el dia del Corpus pasado fué nubloso y oscuro, y frió, y anoche- 
ció temprano, y asi mismo vio que la procesión salió más tarde 
que otros años, y que la representación á los Cabildos se tardó 
también por este motivo, siendo claro que cuando fueran los 
carros al Audiencia sería muy tarde, y además siendo los dichos 
carros muy grandes y pesados^ se necesita mucha gente que los 
mueva, y los palanquines se suelen ir á beber á la taberna, y hay 
que buscar otros, y todo son tardanzas, porque este testigo sien- 
do alguacil de esta Real Audiencia, se vido en mucha confusión 
y aprieto en otros dias del Córpu^, por no poder hallar palan- 



APÉNDICE. 401 

quines, y venían muchas veces los carros tan tarde á la Real 
Audiencia, que los postreros se reprcsenliban con hachas y otros 
se dejaban de representar por venir tan tarde. A la oncena, que 
tiene á los alguaciles procesados por buenos ministros y dili- 
gentes, y son personas muy honradas, de mucho crédito y con- 
fianza. 

Testigo II. — Damián de Prado, vecino de la Collación de 
Ja Iglesia Mayor de mas de 3o años. A la octava pregunta; que 
vio el dia del Corpus á Gaspar de Salcedo, que procuró llevar 
los carros por la calle Vizcaínos, y los representantes digeron 
que no querían ir sino por su calle derecha, que era por la 
calle de Genova, donde hablan de representar á la Condesa de 
Puñonrostro; y aunque Salcedo insistió y dio de palos á los pa- 
lanquines, no pudo con ellos ni con los representantes, y así 
vinieron tarde á la dicha Real Audiencia. 

Testigo 12.— Nicolás de Aldana, vecino en la Collación de 
Santa María la Mayor, de 20 aííos. A la sesta; vio que Mateo 
de Rivas hizo muchas diligencias para llevar los carros, bus- 
cando palanquines, porque los que lo llevaban se hablan ido á 
beber á tabernas y bodegones; y para que los llevasen andaba 
dando de palos y quebró la vara de justicia, é hizo que dos ne- 
gros suyos ayudasen á llevar dichos carros y otras muchas di- 
ligencias; y á este testigo lo llevó para que ayudase á botar los 
carros con la demás gente. 

Testigo i3. — Juan Giménez, criado de Mateo de Rivas, de 
mas de 3o años, y aunque es criado del dicho, no dejará de 
decir la verdad. A la segunda pregunta dijo: que los alguaci- 
les hicieron todas las diligencias para traer los carros al Audien- 
cia, y buscaron para ello palanquines; y cuando no se hallaban 
hacían que sus criados los botasen y llevasen; y este testigo ayudó 
á ello y el dicho Mateo de Rivas andaba dando de palos y que- 
brando varas, para que dejara pasar la gente los dichos carros, 
y este testigo vio, que la causa de la tardanza fue, que se co- 
SucEsos DE Sevilla. 43 



^02 APÉNDICE, 

menzó á representar tarde á los dos Cabildos. 



Gerónimo Hurtado, procurador de los procesados, dice; qué 
hechos sus descargos renuncian á los que les queda del término 
de prueba, y piden que se den por concluso definitivamente. Otrd 
si, dice; que no se ha de hacer caso del dicho de Diego de Mon- 
temayor, alguacil de los veinte, porque todos los alguaciles de 
los veinte son enemigos de su parte; en especial éste, porque 
tiene pleito con Rivas, y por haberlo preso por mandado de 
V. S. Otro si, pide que se suelten los presos. — Lido. Gerónimo 
de Santa Crw^. 



Auto mandando que se una la fé arriba dicha de la pri- 
sión de Montemayor; que corra el término y que se suelten los 
alguaciles; dándoles su casa por cárcel. — Se notificó á las partes. 



El lunes i5 de Junio, auto del acuerdo mandando soltar 
en fiado á Mateo de Rivas. 



Sentencia del acuerdo. 

Fallamos en el pleito condenando á Hernando de Silva y 
Gaspar de Salcedo, al primero en suspensión por un año y al 
segundo por dos años cumplidos, bajo las penas en que incur- 
ren los que ejercen oficio que no tienen, y en las costas; fir- 
man todos los Señores Oidores. 



Gerónimo Hurtado en nombre de los alguaciles pTOcesados 
pidiendo la soltura. 



APÉNDICE. 403 

Auto de no ha lugar, y mandando traer los autos al otro 
íicuerdo. 



Gerónimo Hurtado en nombre de Silva y Salcedo, suplica 
de la anterior sentencia, fundándose, en que no se ha de hacer 
caso de que mis partes se apearan por mandado de D. Silves- 
tre, sino á su ruego, y porque en calle Genova no había gente 
á caballo, ni tampoco puede fundarse dicha sentencia en haber 

dicho Salcedo que se había roto la rueda del carro de Sansón 

pues en efecto así se dijo de público, como lo tiene probado con 

testigos mayores de toda escepcion. 

Pide ser recibido á prueba y otro si que los suelten. Lido. 

Gerónimo de Sania Crw^. 



En Sevilla 19 de Junio, se dio cuenta de la suplicación y 
se mandó unir al proceso y que se recibiera á prueba por diez 
dias y que los dichos Hernando Silva y Gaspar de Salcedo se 
suelten en fiado. 



Nuevo interrogatorio de los alguaciles. 

I .^ Si conocen á las partes etc. 

2.* ítem si los alguaciles Hernando Silva y Gaspar de Salce-, 
do son y han sido puntualísimos y diligentes. 

3.* Si saben que han servido sus oficios de manera que no 
han tenido sosiego ni descanso, rondando hasta las tres y levan- 
tándose muy temprano para acudir al Audiencia, y han hecho pri- 
siones de importancia. 

4.* Si saben que todo lo dicho es público y notorio. 



404 APÉNDICE. 

Primer testigo. — Pedro de Liaño, escribano, declaró conforme 
ton el interrogatorio. 

Segundo testigo. — Pedro de Campo, escribano, declara asi mis- 
mo conforme con el interrogatorio, añadiendo que no tomaban es- 
padas ni tenian provecho alguno. 

Tercer testigo. — Pedro Hernández de Castro, escribano: toda- 
vía así mismo conforme con cl interrogatorio. 

Cuarto testigo. — Gerónimo Mateos, escribano: declara confor- 
me con el interrogatorio. 

Quinto testigo. — Pedro Morales Melgarejo, escribano, declara 
de conformidad con el interrogatorio. 



El iG de Julio de 1 598 años los Oidores en acuerdo ge- 
neral, dieron auto para que mientras se terminaba la revista, 
daban y dieron licencia á Luis de Arauz para que nombre, si quie- 
re, por sus tenientes á Hernando de Silva y á Gaspar de Salcedo. 

Francisco de Muñoz, solicitador fiscal, en nombre del señor 
Fiscal, dice: que pidió que se sacase un traslado de los dichos de 
los representantes en la causa délo que pasó el dia del Corpus, 
y pide que se entreguen los originales con la confesión de Mateo 
de Rivas, por no haber tiempo para otra cosa, en lo que apoya 
la acusación y no más; porque como procesado no dijo lo que 
podia decir para que se acabe el proceso. Esta solicitud es de 28 
de Enero de i 599. 

Auto como se pide del oidor comisionado D. Fernando Ra- 
mírez. 

Notificación y requerimiento del auto anterior á Gerónimo 
Hurtado yáBaquedano, procurador de los veinte y cuatros pro- 
cesados. 



APÉNDICE. 40D 

Gerónimo Hurtado, procurador y curador y á nombre de don 
Juan Poncc de León, veinte y cuatro, sin perjuicio de las protes- 
taciones hechas por los procesados; digo: que la acusación del fis- 
cal no procede, y han de ser absueltos por lo siguiente: Lo pri- 
mero, porque la acusación no es puesta por parte en tiempo ni 
en forma, ni contiene relación verdadera; yo la niego en todo y 
por todo como en ella se contiene: lo otro porque lo que pasa en 
el caso de la dicha acusación^ es lo que mis partes han confesado, 
que es la verdad, y de lo que más se diga no han podido defen- 
der mis partes, porque no se les ha dado la causa, de lo cual 
protesto y que no les para perjuicio ni corra el término, porque 
lo contrario sería quitarle la defensa; por tanto pido y suplico á 
V. S. declare no proceder dicha acusación, y declare libre- á mis 
partes, y cuando á ello lugar no haya, que se les dé á mis par- 
tes copia de la sumaria información y de la plenaria y mas tér- 
mino, protestando defenderme y contestar entonces. — Licencia- 
do, Luis de Figueroa. — Lido., Ambrosio Coronel. — Lido. de la 
Barrera F arfan. 

Presentada por el procurador Hurtado el miércoles 20 de 
Enero de iSgg á las tres y vista por el Sr. Ramírez Fariña á 
las siete de la noche, la hubo por presentada y mandó que se 
ponga en el proceso y en cuanto se pide traslado del corriente como 
corre el término de la prueba; y en cuanto se pide más tér- 
mino, dijo: que no ha lugar lo que piden, y en cuanto pide el 
testimonio mandó que se le dé con relación del dia, y se les dio 
traslado de la primera acusación y del término que se les dio 
para responder á ella, y del término y cargo de la prueba y de 
las dos prorrogaciones que del dicho término de prueba se han 
hecho, y de como hasta hoy, dicho dia, no han contestado ni 
respondido á la acusación y así lo proveyó y mandó. 

Cristóbal de Baqucdano, en nombre de los veinte y cuatro, 



406 APÉNDICE. 

t.n el pleito con el Doctor Verdugo; fiscal, no apartándome de 

fas protestaciones hechas digo que la acusación (El tanto de; este 

pedimento es idéntico al anterior añadiendo un otro si pidiendo 
traslado del proceso contra D.Silvestre por el dia del Corpus). Fir- 
man los mismos letrados. 

Auto igual al anterior por el mismo oidor Fariña, añadien- 
diendo que no ha lugar al último otrosi pidiendo el proceso del. 
Corpus. 

Gerónimo Hurtado como curador de D. Juan Ponce en el' 
pleito con el fiscal Verdugo, dijo que en el término dado, mi 
parte no ha podido alegar y probar, en lo cual está leso y dan- 
nificadb por lo que derecho minoris pido restitución in integrum^ 
por lo cual pido la mitad del término y juro no proceder de ma- 
licia. — Lo firman los mismos letrados. 

Presentado el pedimento á las 8 el dia 20 de Enero y á las 
nueve el Oidor Fariña mandó que se llamase al Acuerdo donde se 
hizo la última prorrogación del término, para que se haga jus- 
ticia. 

El Oidor Fariñas el 21 de Enero mandó que se dé traslado de 
aquí á tres horas de la tarde al fiscal, para que con lo que diga 
ó no, se dé cuenta al Acuerdo. Este auto se notificó al Fiscal, alas 
nueve de la mañana. 

El fiscal evacuando el traslado: «Digo que contradigo la res- 
titución, porque es de malicia y sólo para alargar el pleito que 
ya está concluso, y porque su delito está ya probado por ser 
notorio y por muchos testigos y otras puebas; y si el menor las 
tuviera las hubiera alegado en tiempo que ha tenido: no cabe 
restitución por menor contra el fiscal, que por tal se tiene, por 



APÉNDICE. 407 

lo que suplica se haga como tiene pedido.» Presentado en el mis- 
mo dia. 



Escrito recusando los Oidores. 

Cristóbal de Baquedano en nombre de los veinte y cuatro, 
(menos el menor), en el pleito con el Fiscal Sánchez Verdugo; digo 
con el acatamiento debido. Que mis partes para todos los autos 
y sentencia que en este pleito se pronunciaren y proveyeren, 
tienen por sospechosos á los Oidores D. Alonso Giménez Guerra 
y Licenciados Gaspar de Vallejo, y D. Fernando Ramírez Fari- 
ña y D. Francisco Navarrete; y por tales, en nombre de mi parte 
los recuso y juro á Dios y á esta -f- en ánima de los dichos mis 
partes, que esta recusación no es de malicia y las causas de la 
dicha recusación son las siguientes. Primeramente, que todos los 
dichos Oidores tienen odio y enemistad á mis partes, porque han 
sabido y entendido que los susodichos se han querellado de ellos 
á S. M. en su Real consejo, por las causas y razones que suce- 
dieron el dia de las honras que se declaran en la cabeza del pro- 
ceso, contenida en la dicha querella, como á V. S. le es noto- 
rio, ítem que mediante haber entendido y tener noticia de la 
dicha querella, los dichos señores Oidores han procedido y 
proceden contra mis partes tan extraordinariamente que con 
habelles hecho cargo y puesto acusación por el dicho fis- 
cal, aunque los dichos mis partes han pedido que se les dé 
traslado del proceso y de los testigos que contra ellos han dicho 
para poder defenderse, y protestado la nulidad de lo que en con- 
trario se hiciera, no se les ha dado ni querido dar; antes se les ha 
denegado que es en efecto quitarles su defensa; por tanto á 
V. S. pido y suplico se abstenga de conocer y proceder en esta 
causa, y de orden como los dichos señores Oidores no conozcan 
de ella en ninguna manera y declare las dichas causas por bas- 
tantes, las cuales en nombre de mis partes digo por notorias y 



408 APÉNDICE. 

siendo necesario mande V. S. que los dichos señores Oidores; 
á quien recuso lo declaren con juramento y si las negasen me 
ofrezco á probarlo, y juro por Dios nuestro Señor, en ánima de 
mis partes, que los demás sucesos son ciertos y verdaderos, y 
protesto hacer el depósito y las demás diligencias conforme á la 
ley. Pido justicia y para ello etc. (Los mismos letrados la firman.) 



El mismo jueves 21 de Enero, el Acuerdo general ante el 
escribano Sabariegos, compuesto del Lido. Pero López de Al- 
day, Regente, Diego López Bueno y el Sr. Lido. Andrés Pon- 
ce de León y el Sr. Doctor Alonso Giménez Guerra y el Sr. 
Lido. Gaspar de Valiejo y el Sr. Lido. Fernando Ramírez de 
Fariña y el Sr. Doctor Francisco Navarrete Eslaba^ Oidores de 
ella, que son ios que al presente están en esta Ciudad, y se 
hallaron presentes todos, fué leida esta petición de recusación 
ante todos los dichos señores, que todos se hallaron presente 
á ella sin faltar nmguno de ellos, porque al presente no hay 
en esta ciudad más que todos los susodichos, y de ello doy fé. 



En esta y en la presente recusan á todos los Oidores que 
había en Sevilla, como consta de testimonio. 



Cristóbal de Baquedano, Procurador de los mismos veinti- 
cuatros en el pleito con el Fiscal Sánchez Verdugo, hablando 
con el debido acatamiento, digo: que mis partes tienen para to- 
dos los autos y sentencias por sospechosos al Regente y Oido- 
res (que arriba son nombrados), y por tanto los recuso: (el tex- 
to de este pedimento igual al anterior.) 

Diligencia de presentación igual á la anterior 



APÉNDICE. 409 

Poder de los veinticuatro procesados á Cristóbal Baqucdano 
'que está ausente, para pleito: de 20 de Enero de iSgy. 

Auto del Acuerdo sobre la petición de restitución de Don 
Juan Ponce, concediendo la dicha restitución con la mitad del 
término, á 21 de Enero- 

En 22 se notificó este auto al curador y al Fiscal. 

Auto del Acuerdo de 21 sobre las recusaciones... Digeron que 
las dichas recusaciones interpuestas por los susodichos, por ser 
contra todos los dichos Señores Regentes y Oidores que agora 
hay en esta Real Audiencia y contra la Ley, no había ni ha 
lugar; y condenaron á los susodichos y á cada uno de ellos en 
veinte mil maravedís de pena, conforme á la dicha Ley, apli- 
cados como por ella se aplican; y á los Lidos. D. Luis de 
Figueroa y Ambrosio Coronel y Barrera Forfon, abogados, qué 
firmaron las dichas recusaciones, por haber abogado contra ley 
espresa, los condenaron en seis ducados á cada uno, apli- 
cados para los pobres de la Cárcel: y asilo proveyeron y man- 
daron. 

El viernes 22 de Enero de 099 se notificó este auto á los 
procuradores y letrados en sus personas. 

. En el pleito que es entre el Doctor Sancho Verdugo Fis- 
cal de S. M., actor acusante de la una parte, y D. Juan Ponce 
de León, Alcalde Mayor de esta Ciudad, preso, reo acusado 
de la otra: fallamos por la culpa que de este proceso resul_ 
ta contra el dicho D. Juan Ponce de León, que le debemos de 
condenar y condenamos en un año de suspensión del oficio de 
Alcalde Mayor de esta Ciudad, y voto activo é pasivo, y un año 
Sucesos de Sevilla. 44 



4*íO APÉNDICE. 

de destierro de esta Ciudad y su tierra; la mitad preciso y 
la otra mitad lo que fuere la voluntad de S. M., y otra en 
su nombre; é mas le condenamos en quinientos ducados, b mi- 
tad para la cámara de S. M., y la otra mitad para gastos de 
justicia, y en las costas de este pleito, é mandamos que esta 
sentencia sea llevada a debida ejecución; y juzgando así lo pro- 
nunciamos é mandamos, y mandamos que el dicho destierro sai- 
ga á cumplir dentro de seis dias después de la notificación de 
esta sentencia. — Lido. Aldxy. — Lido. Gaspar de Vallejo. — Lido. 
Francisco Navarrete Eslaba.—Lido. Francisco Ramire:^ Fari- 
ñas. — Doctor Alonso Gimene^ Guerra.— Lido. Diego Lope^ Bue- 
no. — Lido. Andrés Pon ce de León. 

Diligencia de pronunciamiento y publicación, el viernes 22 
de Enero de iSqq. — Fué notificada esta sentencia al Procura- 
y Fiscal. 

Sentencia contra Escobar Melgarejo, igual al anterior, me- 
nos la multa, que solo es doscientos ducados; no dándole tér- 
mino para salir á cumplir el destierro. 

Diligencia de publicación y notificaciones. 

Senteneia del Escribano de Cabildo Hernando de Nájera, con- 
denado solo en un año de suspensión y las costas. 

Diligencia de publicación y notificación. 

Sentencia de D. Silvestre de Guzman á un año de suspensión 
y dos de destierro, que saldrá á cumplir á los seis dias de noti- 
ficado y en mil ducados y en las costas. 



APKNDICE, 411 

Diligencia de publicación y notilicaciones. 

Sentencia de D. Pedro de Céspedes Figueroa, en tres meses 
de suspensión de oficio y medio aiío de destierro, que empiece 
á cumplir á los seis dias de notificado, en doscientos ducados y 
las costas. 

Diligencia de publicación y notificaciones. 

Cristóbal Baquedano en nombre de los procesados pide el 
pleito para suplicar. Presentado el memorial el 2 3 de Enero. 
Los oidores mandan que se les dé el pleito por tres dias. 

El fiscal Sacho Verdugo, suplica de las sentencias contra Don 
luán Ponce, D. Silvestre de Guzman y D. Pedro de Céspedes Fi- 
gueroa, pidiendo mayores penas, alegando como agravios lo que 
dijo en su acusación, y el no haberse los acusados defendido. — 
Presentado el pedimento el 27 de Enero. 

Auto del acuerdo. — Traslado, y, con loque respondiesen ó no, 
se reciba la causa á prueba con término de cuatro dias perento-- 
rios con denegación. 



El fiscal Sancho Verdugo, suplica de la sentencia contra Es- 
cobar Melgarejo, y Nájera, el Escribano.— Presentada el mismo 
dia23. 

El fiscal Sancho Verdugo en el pleito con D. Juan Ponce 
y consortes: por haber hecho recusación general contra todos los 
Oidores, V. S. los condenó así como á los abogados, y paracum- 



412 APÉNDICE. 

plir esta sentencia, pide que se despache providencia para hacer- 
efectivas las multas.— Se presentó el mismo 23. 

Escrito de los procesados suplicando de la providencia en., 
que fueron condenados por haber recusado á los magistrados fun- 
dando la súplica en que la Ley 2, título 2.°, libro tercero de la. 
Nueva Recopilación, es contraria á la cuarta del mismo título y 
libro, en que no recusaron á todos, y en que los recusaron con 
causa; por las mismas razones; los letrados que declaran serlos 
titulares de la Ciudad, piden que se les alze la multa impuesta, 
por haber firmado el escrito de recusación. 

Se presentó el anterior escrito el domingo 22 de Enero de 
1 599 años. 

Auto del acuerdo sobre la súplica del Fiscal^ dando trasla- 
do á las partes, y recibiendo el pleito á prueba, por cuatro, 
dias, con cargo de conclusión. Notificación á los Procuradores de- 
las partes y al fiscal. 

Auto del acuerdo sobre la súplica relativa á las recusaciones 
mandando que se quite dicha suplicación de este proceso, y en 
cuanto á los letrados, se aumenta la pena de seis á doce duca- 
dos y los condenaron en las costas, dándole al fiscal la provi- 
sión para cobrarlos veinte mil maravedís. — Lunes 25 Enero. 

Auto del acuerdo cometiendo el grado de revista de la causa 
de las honras al Doctor Fariñas. 

Cristóbal de Baquedano; en nombre de los veinticuatros 
procesados en el pleito con el Fiscal Sancho Verdugo, suplica 



APÉNDICK. 41 3 

de las sentencias condenatorias en destierro y multa; fundán- 
dose en lo general, en que no se han defendido por no ha- 
bérseles dado traslado del pleito, lo que es causa de nulidad 
notoria; en que las sentencias son muy agraviadas, y no tienen 
culpa, y la verdad del caso es lo que las partes tienen declarado; 
á saber que no hicieron requerimiento á los Inquisidores para 
escitarlos, antes procuraron que continuasen los oficios divinos; 
y con el mismo fin acordó la Ciudad enviar un recado á V. S., 
haciéndole notar lo que se ha hecho en otras honras, y nunca 
pensó hacer requerimiento, lo cual se confirma con el recado 
enviado por el veinticuatro Bartolomé de Mesa al Cabildo 
Catedral; y no hay que hacer alto en las declaraciones que hablan 
de requerimiento, y los testigos no pueden jurar lo que no vie- 
ron ni tampoco lo que digan los familiares, pues tratan de dar 
forma y colora lo que hizo la Inquisición, y no declaran á qué 
regidor lo hicieron. Por lo que hace al pleito contra Don Sil- 
vestre en el pleito del Corpus, él confesó la verdad y así V. S, 
lo mandó soltar sin sentenciar el pleito; y los testimonios de pleitos 
civiles (ejecuciones) sentenciados contra él por V. S., nada tienen 
que ver con el presente, ni esplican que haya querido faltar á 
V. S.: lo otro, porque mis partes son caballeros muy principa- 
les, quietos y pacíficos y muy buenos regidores y en sus ofi- 
cios han servido á S. M. en todas las ocaciones que se han ofre- 
cido_, y han sido siempre muy obedientes á sus Reales man-, 
damientos y á los de V. S.; y por tal lo digo; y á mayor abun- 
damiento se probará no obligándome á cosa demasiada: lo otro, 
porque Hernando de Nájera no tiene ninguna culpa, ni le pasó 
por el pensamiento hacer cosa indebida, ni contra él hay cosa 
porque sea condenado en privación de oficio, y se debe tener 
consideración á que es hombre pobre y de bien, y no tiene cosa 
de que valerse, por lo que: Pido se revoque dicha sentencia y 
que mis partes sean libres y quitos; y ser recibido á prueba. (Los 
mismos letrados.) 



414 APÉNDICE. 

Presentado el martes 2G y visto, mandó Fariñas dar tras- 
lado y que la prueba sea de lo contenido. 

Fé de que el Procurador volvió el proceso habiéndole t-enido 
desde el sábado. Notificación del auto á el Fiscal/ el cual in- 
sistió en su petición. 

El Procurador Baquedano dice: Que V. S. mandó que se 
me diese el pleito y el escribano no lo quiere dar; y pide que 
se le dé y mientras tanto no corra el término para defensa y 
prueba. Presentada el miércoles 27. 



Auto de Fariñas, mandando que se dé el pleito por el dia 
del auto (27) y no corra el término. 



Cristóbal Baquedano, en nombre de los procesados, suplica 
del auto en que se recibió el pleito á prueba, porque el pleito, 
es muy importante; el término escaso y no se debe dar cargo de 
conclusión. 

Presentada el jueves 28 de Enero á las siete de la noche,. 
y vista^ dijo Fariñas, que sin embargo de la suplicación, se esté 
ú lo prevenido y corra el término. 



El viernes 29 á las nueve de la mañana se notificó el auto 
anterior á las partes y al Fiscal. 

Auto. — El Sr. Fariñas mandó dar traslado sin perjuicio del 



APKNDICE. 41 5 

auto anterior al Fiscal, y que se lleve al acuerdo. — Notilicacion 
de este auto al Fiscal. 

Sentencia contra D. Juan Ponce de León, veinte y cuatro 
(menor), en tres meses de suspensión y medio año de destierro* 
mitad preciso y mitad voluntario, y en doscientos ducados. 

Diligencia de publicación y de notificación á las partes y al 
Fiscal. 

Cristóbal Baquedano, en nombre de los procesados, dice: Que 
ha traido testigos de sus partes y el escribano, por estar ocupa- 
do vendiendo prendas de mis partes, no los pudo examinar y por 
no quedar más que un dia de término, pide que se amplié por 
veinte mas. (Presentada en 29 de Enero.) 

Vista: el Sr. Fariñas, prorrogó un dia más e! término co- 
munjpara ambas partes, con el mismo cargo de publicación y 
co nciusion. 

Se notificó ai Procurador y al Fiscal. 

Cristóbal Baquedano, en nombre de los procesados, dice: que 
para descargo, tiene de presentar al Lido. Collazos de Aguilar 
y al , Doctor Castañeda, Teniente; á D. Francisco Manrique de 
Zúñiga y D. Andrés de Monsalve, Alcaldes Mayores; á Bartolo- 
mé López de Mesa, veinticuatro, y á el Jurado Rodrigo Suarez, 
para que los dé por' presentados^ y se examinen por el inter- 
rogatorio que tiene presentado. 

Se presentó este escrito el viernes 29 de Enero, y visto 



4l6 APÉNDICEó 

por el Sr. P'ariñas, los hubo por presentados, viniendo á jurar; 
y en cuanto á señalar hora y término, estese á lo mandado. 

Sancho Verdugo, Fiscal, pide que se confirme el Auto fi- 
jando el término de prueba con todo cargo, por haberse su- 
plicado fuera de tiempo, y porque en delitos grandes, como el 
que se trata; el castigo debe ser breve, y el pedir que el tér- 
mino de la prueba sea sin cargo, es de malicia y para tachar 
los testigos de cargo no habiéndolo hecho en la primera instan- 
cia, sin duda porque no la tenian. 

Presentado el escrito el Sr. Fariñas llevó los autos al Acuerdo. 

Auto de Fariñas, cometiendo al Escribano Sabariegos para 
que tome juramento á Domingo de Fuentes para que se rec- 
tifiqué en su declaración contra D. Silvestre, por lo de la fiesta 
del Corpus, y así mismo para examinar los testigos presenta- 
dos por los vemticuatros procesados,' hasta las doce, en cuan_ 
to el dicho señor no se halle en su posada, porque por ser dia 
de fiesta se habrá de ocupar en ir á los divinos oficios y pa- 
ra que no haya estorbo. 

El Doctor Sancho Verdugo, Fiscal, suplica contra la sen- 
tencia contra D. Juan Ponce de León (menor) fundándose en 
lo que en las súplicas del mismo contra los otros veinticuatros. 

Presentada, mandó Fariñas dar traslado á la parte y recibir 
con todo cargó por cuatro dias para probar, y que no ha lugar 
que corra el término de los otros reos. 

Se notificó el primero de Febrero á las partes. 



APÉNDICE. 417 

Cristóbal Baquedano, en nombre de los procesados, pide que 
se examine también á Hernando de Nájera; y que estando preso 
se le vaya á examinar, ó se lé dé permiso para vertir. 

Presentada el 3i de Enero y vista, mandó Fariñas que se 
cumpla lo prevenido y que se examine á D. Francisco Manrique 
de Zúñiga por las preguntas y que se traiga á Hernando de Silva por 
un alguacil. 

El mismo Baquedano, en nombre de los veinticuatro, 
dice: que no habiéndose podido acabar la prueba en los cinco 
dias, pide veinte dias más, protestando de nulidad si se niega; 
y por un otro sí que los testigos se examinen por la primera 
pregunta. 

Auto: vista esta instancia, prorogó el término Fariñas por 
dos dias, y que se examinen los testigos por la primera pre- 
gunta añadida. 

Notificado en el acto á Baquedano,, y al Fiscal al dia si- 
guiente 1° de Febrero á las nueve de la mañana. 

Auto del Acuerdo en i.» de Febrero, confirmando en gra- 
do de revista lo mandado el 2 5 sobre el término de cuatro dias, 
dado para prueba con todo cargo. 

Pedro de Orantes Arias, en nombre del Fiscal en la causa 
con D. Silvestre sobre lo del dia del Corpus, hace representa- 
ción de la confesión de Rivas, y pide que se ratifique en ella. 

Vista por el Sr. Fariñas, dio auto "Como se pide.» . 
Sucesos de Sevilla. 45 



41 8 APÉNDICE. 



El Oidor Fariñas hizo presentar ante sí al representante 
Cristóbal de Ayala, para se ratificar á pedimento de Muñoz á 
nombre del Fiscal, y habiendo jurado se le leyó su dicho, y en 
él se afirmó y ratificó. 

Ratificación en el mismo dia del representante Gómez y 
Várela. 

Ratificación de Pedro Cintor en el mismo dia. 

Estas ratificaciones fueron pedidas por el Fiscal en el tér- 
mino de la súplica. 

Ratificación tomada por Sabariegos, de Domingo de Fuen- 
tes, preso en la Cárcel, también pedida por el Fiscal. 

En 3 de Febrero, ante el Oidor Fariñas se ratificó Mateo 
de Rivas en su declaración, sobre lo del dia del Corpus; tam- 
bién fué pedida esta ratificación por Pedro de Orante, en nom- 
bre del Fiscal. 

Cristóbal de Baquedano, en nombre de D. Juan Ponce, Al- 
calde, dice: que su parte ha de presentar como testigo al Lido. 
Collazos de Aguilar, y está indispuesto y purgado en la cama, 
y suplica que el escribano vaya á su casa. Otro sí, en nombre 
de los veinte y cuatro procesados, dice, que el receptor que fué 
fuera de la Ciudad, no ha venido con la probanza, y por tener 
muchos testigos que presentar pide veinte dias de término. 

Presentado el martes 2 de Febrero de 1399 y visto, el Oi- 



APÉNDICK. 419 

dor Fariñas mandó que fuese el escribano á examinar al Lido. 
Collazos, y en cuanto al otro sí, prorogó el termino por un dia 
más, que empezará el 3 de Febrero. 

Notificación á Baquedano, y al dia siguiente 3, al Fiscal. 

Gerónimo Hurtado, en nombre del menor D. Juan Ponce 
suplica de la sentencia dada contra él, fundándose en las mis- 
mas alegaciones de las otras súplicas. 

Presentada y vista, mandó Fariñas dar traslado al Fiscal, y 
ser recibido á prueba por cuatro dias. 

Notificado el auto el dia 4 al Fiscal, dijo éste que concluía 
sin embargo, insistiendo en su petición. 

Cristóbal Baquedano, dice; que el Fiscal ha hecho represen- 
tación del proceso del Corpus y en nombre de D. Silvestre lo 
hace también en lo que á este sea favorable. 



Se dio por presentado por el Oidor Fariñas, que mandó se 
ponga en el proceso. 



El Procurador Baquedano dice, que tienen presentado sus 
partes á D. Francisco Manrique de Zúñiga como testigo, y es- 
tando ausente en Villamanrique, pide que vaya un receptor del 
Audiencia á tomar el dicho. 

Auto en que así lo mandó el Sr. Oidor Fariñas. 

Provisión á Antonio Sánchez Aria, escribano receptor para 



420 APÉNDICE. 

que vaya á recibir la declaración á D. Francisco Manrique de 
Zúñiga. 

Fué notificada al fiscal el 4 de Febrero. 

Cristóbal Baquedano sustituye su poder en Soto para pre- 
sentar testigos y hacer las diligencias que convengan. 

Requerimiento de Baquedano con la provisión á Antonio Sán- 
chez Aria, que la recibió y se manifestó dispuesto á cumplirla- 

El 2 de Febrero llegó el receptor Sánchez Aria á Villaman- 
rique, y notificó á Juan de Soto para que trajese ante él á Don 
Francisco Manrique de Zúñiga, y ambos fueron á casa del dicho 
D. Francisco. 

Cristóbal Baquedano, en nombre de los veinte y cuatro, pre- 
senta unas preguntas adicionales ;: su anterior interrogatorio. 

Primera. — ítem: si saben que es uso inmemorial en esta Ciu- 
dad, que cuando el Cabildo está junto en actos públicos, cuando 
hay que tomar alguna resolución, no se toma el voto á todos los 
regidores, si nó lo acuerda la justicia^ consultándolo con los 
que están junio á ella. 

Segunda. — ítem: si saben que entendiendo la Ciudad que los In- 
quisidores podían tener queja de que habiendo ella puesto los asien- 
tos, el Audiencia tuviera bayetas y la Inquisición nó, se acordó 
decir á esta que no era de su culpa, pues :o lo habían hecho^ 
disponiendo también que fuese Escobar Melgarejo con recado ha- 
ciendo notar ala Audiencia lo que acostumbra hacerse en tales ca- 
sos, sin ánimo de ofender ni hacer diferencia, y que este es el recado 
que llevó Don Juan Ponce. 



APÉNDICE. 421 

Tercera. — ítem: si saben, creen y tienen por cosa cierta y sin 
duda, que el dicho D. Juan Ponce, no mudó ni alteró en todo ni 
en parte dicho recado, por ser como es, muy principal caballero, 
de mucha verdad y confianza, por ser .como es, muy obediente 
á los tribunales sin haber tenido con ellos ninguna diferencia. 

Cristóbal de Baquedano, en nombre de D. Silvestre de Guz- 
man, pide que los testigos que por su parte se presentasen se 
examinen además de las preguntas del interrogatorio por las 
siguientes: Primera — ítem: si saben que es costumbre de la 
Ciudad, que cuando van varios regidores á dar un recado, lo 
hace el más antiguo. 

Segunda. — ítem: si saben que D. Pedro de Céspedes es mas 

antiguo Regidor que D. Silvestre. 

» 

Interrogatorio de los veinticuatros procesados. 

Primera. — Si conocen á las partes y tienen noticia del plei- 
to y del dia 26 de Noviembre, en que se celebraron las hon- 
ras, y quj pasó dicho dia. 

Segunda. — :Si saben que habiéndose principiado la Misa y es- 
tando el predicador en el pulpito, hubo gran alboroto por ha- 
ber hecho el Cabildo requerimiento para que el Audiencia qui- 
tase las bayetas. 

Tercera. — Si saben que los Inquisidores se quejaron á la ('iu" 
dad de que esta hubiera cubierto los asientos del Audiencia es- 
tando los de la Inquisición descubiertos y entendiendo la queja 
viendo que hablan cesado los oficios y que los Tribunales estaban 
muy encontrados, acordóla Ciudad que D. Pedro Ponce, D. Silves. 
tre de Guzman y otros fuesen á satisfacer por dos veces á los Inquisi- 
dores, una vez uno solo y otra vez los dos, de que la Ciudad no ha- 
bía dado orden ni mandado que se cubriesen los asientos, y á 
suplicarles que diesen orden de cómo cesase dicho escándalo y 



422 APÉNDICE. 

se prosiguieran los oficios, y que esto y no otra cosa contenían^ 
los dichos recados, lo cual saben los testigos porque lo dige- 
ron y votaron. 

Cuarta.— -ítem: si saben que por el mismo escándalo y para que 
no cesasen los divinos oficios, acordó la Ciudad que Pedro de Es- 
cobar Melgarejo, veinticuatro, Procurador Mayor, llevase un re- 
caudo de su parte á los Regentes y Oidores, suplicándoles que 
diesen orden cómo cesase el dicho escándalo, advirtiéndoles por 
no haberse hallado S. S. en otras honras reales, que nunca ha- 
blan estado cubiertos sus asientos, lo cual hizo la Ciudad con 
deseo de que cesase este escándalo, y para que no se le pu- 
diese imputar queja de no haber hecho esta diligencia, por ha- 
ber sido ella quien puso los asientos y convidó á S. S. 

Quinta. — ítem: Si saben que dicho veinticuatro Pedro de 
Escobar Melgarejo, en cumplimiento de lo que se le mandó, sa- 
lió de su asiento y atravesó el túmulo, y porque había mucha 
gente en medio, fué necesario decir á los alguaciles de los vein- 
te que fuesen con él para hacer lugar; y habiendo llegado al 
lugar donde estaban el Sr. Regente y Oidores, quiso pasar á 
dar en secreto dicho recado por medio de los escaños donde es- 
taban sentados, y no se le consintió; y no consintiéndoselo, 
procuró ir por detrás, y tampoco se le consintió, aunque dijo 
alto y claro que iba á dar un recaudo; pero no lo dejaron, y lo 
injuriaron de palabra y lo mandaron prender. 

Sesta. — ítem: si saben que el haber ido Hernando de Ná- 
jera^ Teniente de escribano, no fué para hacer requerimiento, 
sino para que, si fuese necesario, diese fé del recaudo, y que de 
su parte no había faltado en cosa alguna, para que cesase el es- 
cándalo y prosiguiesen los divinos oficios. 

Séptima. — ítem: si saben que visto por la Ciudad que las 
diligencias hechas por ella con el Audiencia é Inquisición no die- 
ron resultado,. acordó enviar un recaudo al Cabildo eclesiástico 
con Bartolomé López de Mesa, para que no permitiese el es- 



APÉNDICE. ^23 

cándalo y prosiguieran los divino oficios, orillando las dificul- 
tades presentes, pues para en adelante se acudiría á S. M. que 
diese orden en lo que'se debiera hacer. Y por parte del Cabil- 
do eclesiástico se respondió que no podian hacerlo, aunque lo 
deseaban, porque los Inquisidores habian puesto censuras y man- 
dado que cesasen los divinos oficios hasta que se quitasen las 
dichas bayetas, y también les consta querían saber en su Cabildo 
si de fuera ha de venir quien mande en la Iglesia. 

Octava. — Ítem: si saben que por ser verdad lo contenido en 
las preguntas antes que esta y sin duda, que los dichos D. Juan 
Ponce de León, D. Pedro de Céspedes Figueroa, D. Silvestre 
y los demás, no tienen culpa ninguna, y ios que han querido 
decir que por parte de ellos y de la Ciudad se hicieron reque- 
rimiento á la Inquisición y Audiencia para quitar las bayetas, 
juzgaron y no vieron, por que ni pasó ni lo pudieron ver, lo sa- 
ben los testigos por estar presentes, y si otra cosa pasara lo vie- 
ran y entendieran. 

Novena. — Si saben que el dicho D. Silvestre de Guzman no 
tiene culpa en lo que pasó el dia de la fiesta del Corpus, y que 
estuvo muy comedido, y que cuando vinieron los alguaciles del 
Audiencia, dijo que se llevasen los carros sin acabar la repre- 
sentación, é hizo lo que estuvo en su mano, y por no tener cul- 
pa, aunque fué preso por los Sres. Oidores, lo mandaron sol- 
tar, pues dijo á los alguaciles que se apeasen, porque todos iban 
á pié y se apearon sin escándalo. 

Décima. — ítem. Si saben que los veinticuatros procesados son 
todos caballeros muy principales y pacíficos, buenos regidores 
y han servido siempre á S. M. y muy obedientes á sus mandatos 
y á los de los tribunales y justicia, y no tienen celos, ni la Ciu- 
dad odio ni emistad á los Regentes y Oidores, y si algunas veces 
se oponen á sus mandatos es en defensa de sus derechos y pree- 
minencia, y jurisdicción que S. M. les hadado con inhibición de 
la Real Audiencia, y siempre fuera de estos casos, son muy obe- 



^24 APÉNDICE. 

dientes de lo que la Real Audiencia les ordena, y jamás la Audien- 
cia Real ha pedido á la Ciudad cosa, como el ayudarle para la fábrica 
de la Real Audiencia y otras cosas importantes, que no haya acu- 
dido áello con mucha voluntad. 

Undécima.— Si saben que el dicho Hernando de Nájera es 
muy honrado y leal en su oficio, y es muy pobre y con muger é 
hijos, y si le quitasen y no usase su oficio, aunque fuese por 
poco tiempo, sería quitarle la comida y sustento. 

Duodécima.— ítem: si saben que lo dicho es público y notorio. 



En 2 de Febrero se ratifica en sus anteriores declaraciones 
en su villa de Villamanrique, el Sr. D. Hernando Manrique de 
Zúñiga. 



Cristóbal Baquedano en nombre de los veinte y cuatros pro- 
cesados, presenta interrogatorio, y pide que se examinen por él 
los testigos; en 29 de Junio de 1599. 



El Oidor Ramírez Fariña lo hubo por presentado en cuanto 
fuera pertinente y manda que se presenten los testigos por las tar- 
des de los dias que durase la prueba en su posada. 



Interrogatorio. 

Primera. — Si conocen á las partes, y saben del dia Jueves 26 de 
Noviembre de j 598 de las honras. Segunda: si saben que co- 
menzada la Misa, y estando el predicador en el pulpito se movió gran 
ruido porque el Cabildo por medio de los canónigos Villagomez 
y Villaviccncio requirieron al Audiencia para que quitasen las 



apéndice:. 425 

'i")ayetas, protcsuindo que no se les siguiera [icrjuicio, á sus privi- 
legios. 

Tercera. Si saben que los Inquisidores se enviaron á quejar á 
la Ciudad de que estuviesen cubiertos los bancos del Audiencia 
creyendo que lo había dispuesto la Ciudad, por lo que se dispuso 
que fueran á dar satisfacción á la Inquisición dos veces D. Juan 
Ponce y á D. Pedro de Céspedes Figueroa. 

Cuarta. Si saben que para el mismo efecto de que cesase e\ 
escándalo, envió la Ciudad á Pedro de Escobar Melgarejo, con 
un recaudo al Audiencia, y para que advirtiese, por qué el Re- 
gente no se había hallado en otras honras, que en ninguna se 
hablan cubierto los bancos con bayetas; lo cual hizo la Ciudad, 
para que no se les imputase culpa, habiendo estado á su cargo 
poner los asientos y convidar para las dichas honras reales. 

Quinta. Si saben que el dicho Pedro de Escobar Melga- 
rejo, Procurador Mayor, salió con el recaudo y atravesó el tú- 
mulo, y por haber mucha gente se dispuso fuesen alguaciles 
para hacer lugar, y que queriendo entrar por medio de los es- 
caños, no se le consintió; y entendiendo que se le decía que 
fuese por detrás tampoco se le consintió, aunque dijo á vo- 
ces altas é inteligibles que iba á dar dicho recaudo, y se le in- 
jurió de palabra y le mandaron prender, y fué preso. 

Sesta. — Si saben que el haber ido Hernando de Nájera no 
fué para hacer requerimiento ni auto, sino para que diese íé 
del recaudo si era necesario, y que por su parte no había usado 
en cosa alguna para que se acabase el escándalo, y prosiguiesen 
los divinos oficios. 

Séptima. Si saben que visto por la Ciudad, que las dili" 
gencias que por su parte se hablan hecho no bastaban, yendo 
enconándose más, acordó enviar al Cabildo Eclesiástico con Bar- 
tolomé López de Mesa un recaudo para pedirle que no permi- 
tiese pasase adelante el escándalo, y continuasen los oficios, no 
atendiendo á las dificultades presentes, pues para en adelante se 

Suctsos DE Slviij.a. 40 



J26 APÉNDICE. 

acudiría á S. M. para que diese orden en lo que se debía hacer, 
y por parte del Cabildo Eclesiástico, respondieron que no Jo po- 
dían hacer, aunque lo deseaban, porque la Inquisición habia 
discernido censuras, y porque el Cabildo quería saber si defuera 
les podian venir á dar orden en su Iglesia. 

Octava. Si saben que por ser verdad lo contenido en las 
pr^^^untas antes de esta, entienden y tienen por sin duda que 
los procesados no tienen culpa alguna; y los testigos que han que- 
rido decir que la Ciudad hizo requerimiento á la inquisición y al 
Audiencia, dijeron lo que ellos juzgaron y no vieron ni pudieron 
ver, porque no pasó en hecho de verdad, sabiéndolo los testigos, 
porque se hallaron presentes, y si otra cosa hubiera pasado, lo 
vieran é entendieran y no pudiera ser menos. 

Novena. Si saben que don Silvestre no tiene culpa en lo que 
se le opone haber pasado el dia de la fiesta del C(3rpus de 98; 
antes estubo muy comedido, y luego que los alguaciles vinieron 
de parte de S. S. á que fuesen los carros, el dicho don Silvestre 
dijo que no acabasen la representación y fuesen luego, é hizo 
cuanto pudo y fué en su mano; por lo que lo soltó el Audien_ 
cia, y saben que los alguaciles se apearon, porque todos andaban 
á pié sin escándalo ni alboroto alguno. 

Décima. Si saben que los procesados son todos caballeros 
muy principales y quietos y pacíficos y buenos regidores, y en sus 
oficios han procurado servir y han servido siempre á S. M. en 
todas ocasiones, y han sido muy obedientes á los mandatos de 
S. M. y del Audiencia y justicias inferiores, y no tienen odio á 
aquella, y si algunas veces se oponen á sus mandatos, es en 
defensa de sus privilegios que S. M. les ha dado con inhivicion 
de la Real Audiencia, y en lo demás siempre han sido muy obe- 
dientes y han acudido á lo que ha pedido el Audiencia, como 
rectificar su casa y otras cosas. 

Undécima. Si saben que Hernando de Nájera es honrado y 
legal en su oficio y muy pobre y si le quitasen que no pudiera 



APÉNDICE. 427 

usar su oficio, sería quitarle la comida y sustento. 

Duodécima. Si saben que lo dicho es la verdad etc. 



En 29 de Enero de 1599, se presentó este interrogatorio y 
lo hubo por tal en cuanto fuese pertinente el oidor Fariñas, y 
mandó que por él se examinasen los testigos. 



Cristóbal de Baquedano, presenta en nombre de D, Silves- 
tre, dos preguntas aiíadidas que son: 

Primera, Si saben que es uso y costumbre, usada y guar- 
dada de tiempo inmemorial siempre que van más de dos re- 
gidores de parte de la Ciudad, el que lleva la voz es el mis 
antiguo. 

Segunda. Si saben que D. Pedro de Céspedes es mas anti- 
guo regidor que D. Silvestre de Guzman. 

Se presentó el 3 1 de Enero á las ocho de la noche y se hu- 
bo por presentada etc. 



Cristóbal de Baquedano, en nombre de D. Juan Ponce, 
presenta las preguntas aiíadidas siguientes: 

Primera. Si saben que es uso y costumbre que siempre que 
la Ciudad se junta en público no se toman voto, sino que lo 
determínala justicia, consultando con los que tiene junto, y vale 
como Acuerdo Capitular. 

Segunda. Si saben que entendiendo la Ciudad que la Inquisición 
podía tener queja que los asientos del Audiencia estuviesen cubier- 
tos acordó la justicia con los regidores colaterales enviar un recau- 
do con D. Juan Ponce, diciendo que la Ciudad no los habia mandar- 
do cubrir, antes los quiso remediar enviando un recaudo con Es- 



428 APÉNDICE, 

cobar iMelgarejo v que ellos no querían sino servirlos como hijob 
suyos. 

Tercera. ítem. — Si saben, creen y tienen por cosa cierta, 
que el dicho D. Juan Poncc no alteró el recaudo por ser muy 
principal caballero y muy obediente, sin haber tenido con la 
justicia competencia ni emulación alguna. 

En 3 I de Enero se presentó este escrito á las ocho de la no- 
che y se hubo por presentada etc. 

Probanza de los veinticuatros. 

En 29 de Enero de iSgg ante el oidor Ramírez Fariñas y 
escribano Porras Sabariegos, presentó Baquedano al 

Primer testigo. — Doctor Castafíeda, Teniente de Asistente, 
de esta Ciudad, el cual dijo: á la primera pregunta que conoce 
á las partes etc., y aunque no vió al Audiencia ni á la Inqui- 
sición, supo que estuvieron en las honras. A las generales dijo: 
que era de edad de cuarenta y cinco años, y que no le tocan 
más de ser Ten iente de Asistente. A la segunda; que oyó decir 
lo que contiene, estando en la iglesia sentado con la ciudad. A 
la tercera; que de algunos veinticuatros entendió que se hablan 
enviado recaudos á la Inquisición para que se acabasen las hon- 
ras; pero no oyó dichos recaudos, sólo vió que la Ciudad espe- 
ró la resolución del Audiencia para que continuasen los oficios, 
que se estaba á la mira de esto, y no entedió otra cosa. A la cuarta; 
que no se halló donde pudiera oir el recaudo dado á Escobar 
Melgarejo, smo que lo vio ir con Nájera, y preguntando le di- 
jeron algunos veinticuatros que iba con recaudo al Regente que 
en las honras nunca se hablan puesto bayetas, y cuando le 
decían esto, vino noticia que habia el Sr. Regente y Oidores 
preso á Escobar Melgarejo, y siempre entendió que la Ciudad 
estaba muy obediente á la Real Audiencia, porque oyó que mu- 
chos veinticuatros dijeron hablando con la Ciudad: «Señores, 



APÉNDICE. 429 

todo el mundo se esté quedo y esos Señores ordenen lo que 
fueren servidos, que aquí hemos de estar aunque sea basta 
la noche esperando lo que se resuelve.» A la quinta; dice 
lo que dicho tiene y que oyó decir su contenido. A la sesta; 
que !a sabe como en ella se contiene, porque al tiempo que 
Escobar iba con el recaudo, la Ciudad dijo á Nájera que fuese 
á dar fe del recaudo que la Ciudad enviaba al Audiencia. A la 
sétima; que lo contenido en ella lo ha oído decir, pero no qui- 
so entrometerse á oir lo que unos y otros decian y respondiar, 
porque al principio este testigo se levantó de su asiento y se 
asentó en el banco donde estaba el Licenciado Collazos y otros 
veinticuatros y les dijo: «Señores paréceme que no será razón 
que se dejen de hacer las honras de tan alto Rey, y que se en- 
vié un recaudo á la Inquisición que alce la descomunión que 
decian tenia puesta, y con esto se proseguirla y acabarían los di- 
vinos oficios; y si después les pareciese seguir en su descomu- 
nión harian lo que fuere justicia, pues esto no incumbe á la 
Ciudad, sino sólo hacer sus honras» y á esto no se acuerda lo 
que le respondieron, mas que viendo este testigo que no se ha- 
cia loque decia, dijo: «Señores, yo no tengo más voto en este ne- 
gocio ni tengo más que decir» y se levantó y se fué á su asiento y 
desde allí vio que iban y venian recaudos de la Inquisición á la Ciu- 
dad, pero sin saber lo que contenían, pero verdaderamente siempre 
entendió de la Ciudad que deseaba buena concordia éntrela Inquisi- 
ción y Audiencia. A la octava; dice lo que dicho tiene. Ala no- 
novena pregunta, dijo: que el dia del Corpus vio andar por calle de 
Genova á D. Silvestre de Guzman, como comisionado, dando prisa 
á los carros de tal manera, que no los dejaba acabar para que pasa- 
sen á la Plaza; y le vio muy compuesto y comedido. A la undécima 
que le consta su contenido, que son los procesados íntegros, 
buenos cristianos y que acudían á las cosas del servicio de S. M. 
mucho honradamente, y nunca ha visto en razón de su cargo que 
quieran disgustar al Audiencia. A la décima; que ha oido decir 



43o APÉNDICE. 

su contenido, y que por lo que vio, Hernando de Nájera está 
inocente de cualquier calpa, y le ha tenido siempre por muy po- 
bre y honrado. 

Segundo testigo. — Juan de Avcndaño, jurado; á las generales 
que tenia 54 años y que no ie tocan más que ser jurado. A la 
segunda, dijo; que estando sentado dicho dia en las honras oyó 
decir lo que contenía. A la tercera; que se halló en las honras, y 
vio que de parte de la Inquisición vinieron á decir que el Audien- 
cia tenía cubiertos sus escaríos, no se acuerda quiénes; pero vio 
comunicar esto al Teniente Collazos con los que tenia junto, y 
vio que por medio de D. Silvestre, D. Juan Ponce y D. Pedro 
de Céspedes, se enviaron por la Ciudad á disculpar con los di- 
chos Inquisidores, que la Ciudad no había mandado poner las 
bayetas. A la cuarta; que se halló presente á lo que refiere y 
no vio que se mandase hacer requerimiento á Escobar Melga- 
rejo, más que dar recaudo. A la quinta; que ha oido decir lo 
que contiene, pero que no lo vio por no se haber levantado de 
su lugar. A la sesta; que no vio lo que la pregunta dice. A 
la séptima; que la sabe porque se halló presente á ver dar re- 
caudo á Bartolomé López de Mesa y á la contestación. A la 
octava; que lo que este tescigo entendió de la Ciudad, fué que 
deseó que las honras se acabasen y se apasiguase todo, y en- 
tendió que á la Ciudad, como tal, le pesó de la discordia que 
había, y esto vio y lo que tiene dicho en las preguntas antes de 
esta, y así lo manifestaban y decian todos los caballeros que allí 
estaban por ciudad. A la novena; que no la sabe por que no se 
halló presente. A la décima; que los veinticuatros procesados 
son como dice la pregunta; y que los ha visto acudir con sus 
personas y amigos en servicio de S. M.; y que la Ciudad ha 
dado el dinero para labrar la Audiencia: en especial se acuerda 
que dos veces dio para esto ocho mil ducados y que la Ciudad 
no tiene enemistad al Audiencia, sino que procura mantener 
sus preeminencias, A la undécima; que conoció al padre de Nájera 



APÉNDICE. 43 I 

y parientes, y sabe que es un pobre hombre de bien y leg.1l en 
su oficio. 

Tercer testigo. — El licenciado Antonio Collazos de Aguilar; 
á las generales, que es de edad de 38 años y que no le tocan 
más que es Teniente de Asistente. A la segunda, dijo; que tiene 
dicho su dicho en esta causa, siendo llamado por el señor Oidor 
en 1 5 de Diciembre, pasado mes, y pidió se le mostrase y ha- 
biéndolo visto y leido dijo que dice sobre esta pregunta lo que 
tenía dicho, y en ello se afirma y ratifica, siendo además pú- 
blico. A la tercera; que también se ratifica en lo que sobre esto 
tiene dicho. A la cuarta; idem idem. A la quinta; idem idem. A 
la sesta; idem idem, y que es cosa llana que sabiendo la Ciudad 
el respeto que se debe tener al Audiencia, y el término que se 
ha de guardar con ella, no se debe ni puede presumir que en- 
viase á Nájera á que pasasen ante él autos ni requerimien- 
tos. A la séptima. Se refiere y ratifica en su declaración. A la 
octava; dijo que el testigo se halló presente al dar los recaudos 
que se hablan de llevar, que son los que dijo en su dicho, y 
hasta agora, no ha sabido que escedieran en darlos, porque siem- 
pre los dan los regidores sin añadir ni quitar, y este es uno de 
los capítulos que juran con su cargo. A la novena; que no se 
halló presente al suceso del dia del Corpus; mas oyó murmurar 
públicamente de que anduviesen los alguaciles á caballo por la 
calle de Genova. A la décima; que en dos años que lleva de Te- 
niente Mayor, ha visto que los procesados han sido de los prime- 
ros en servicio de S. M., y les ha visto respetar á los señores Oido- 
res; y es público que son principales caballeros, etc. A la undéci- 
ma; que sabe la pregunta, pues Nájera no tiene más caudal que 

el trabajo de su pluma, y si le faltase no tendría con que sus- 
tentarse. 

Cuarto testigo. — Don Andrés de Monsalve veinticuatro: á 
las generales; que es de mas de 45 años y que no le tocan más 
que es veinticuatro. A la segunda; que se halló presente dicho dia 



4-32 APÉNDICE. 

en la Iglesia con la (ciudad, y allí oyó decir lo que esta pregunta 
dice. A ia tercera; que la sabe como en ella se contiene, porque 
se hailó presente al ir á dar los recaudos á los dichos D. Silvestre, 
I). Juan Ponce y D. Pedro de Céspedes. A la cuarta; que la sabe 
como en ella se contiene; porque vio dar el recaudo á Escobar 
Melgarejo, y no vio que se le mandase que hiciese auto, y si 
otra cosa fuera lo supiera, porque estaba cerca del Teniente 
Mayor por ser el Alcalde Mayor más antiguo. A la qunita; que 
dice lo que tiene dicho en la pregunta antes de esta; y que se 
mandó que fueran los alguaciles para hacer lugar; que no vio 
lo que pasó con el Audiencia, pero que lo oyó decir como en 
ella se contiene. A lasesta, dijo; que dice lo que dicho tiene, y 
que Nájera fué para que diese testimonio del recaudo que lleva 
Escobar Melgarejo, y lo sabe porque se halló presente. A la sép- 
tima; que la sabe como en ella se contiene, porque se halló pre- 
sente al recaudo que se le dio á Bartolomé López de Mesa, y 
á la repuesta que trujo del Cabildo Eclesiástico. A la octava, dijo; 
que atento á lo dicho, tiene por incierto lo que hayan dicho 
los testigos en contra de lo que ha dicho que es la verdad. A 
la novena; que lo que sabe es que el año pasado oyó que estaba 
preso D. Silvestre, porque los carros no hablan venido tan pronto 
corno era razón á representar al Audiencia, y que la culpa de 
D. Silvestre fué que mandó apear con comedimiento á los algua- 
ciles. Ala décima; que la sabe como en ella se contiene y que se 
vá haciendo en las ocasiones que se ofrecen. A la undécima; que 
sabe que Nájera es muy pobre, y que si se le quitase el usar el 
oficio, recibiría en ello el daño que la pregunta dice. 

Quinto testigo. — Rodrigo Suarez, jurado: á las generales dijo; 
que es de 38 años, y las demás no le tocan. A la segunda, dijo; 
que estando con -el Cabildo de la Ciudad, el jueves 26 de Noviem- 
bre, oyó decir el contenido de la pregunta. A la tercera, dijo; 
que vio dicho dia como iban y venían recaudos^ de la Inquisición 
á la Ciudad y de esta á aquella y comunicándolos Collazos con los 



APÉNDICE. 433 

que estaban en ei primer banco, fueron D. Silvestrej D. Juan Pon- 
ce y D. Pedro Figueroa á la Inquisición; pero que él no se enteró 
de lo que decian los recaudos. A la cuarta; que este testigo se 
halló presente cuando Collazos llamó á Escobar Melgarejo, [)a- 
ra llevar el recaudo al Audiencia; pero que no oyó particular- 
mente, aunque en general entendió que el dicho recaudo era ad- 
virtiendo, que no era costumbre estar los asientos cubiertos en 
semejantes honras. A la quinta; que este testigo vio ir á Escobar 
Melgarejo con alguaciles para hacer lugar, porque no era posible 
otra cosa, que entonces no oyó decir lo que dice la pregunta, 
pero después lo oyó generalmente. A la sesta, dijo; que oyó 
decir generalmente lo que contiene á los del Cabildo, y en- 
tendió que Nájera ni fué á hacer requerimiento, sino á dar 
fé del recaudo, para el resguardo dj la Ciudad. A la séptima; 
que no se halló presente á lo que contiene, porque no atendió. A 
la octava; que dice lo mismo que á la anterior. A la novena; que 
estuvo presente el dia del Corpus con D. Silvestre; y no sola- 
mente no merece pena por eso; pero que los Señores del Audiencia 
se tengan por muy servidos de ello, porque trabajó mucho para 
que se llevasen los carros al Audiencia, como se llevaron, y en 
cuanto á los alguaciles, él les dijo que aquel no eradla de andar 
á caballo y que se apeasen, pues todos estaban á pié, y podrían 
andar juntos, por lo que, y por no resultar culpa contra él la 
Real Audiencia le soltó libremente y esto responde. A la décima 
pregunta, dijo; que la sabe como en ella se contiene, porque el 
testigo hace quince años que entra en Cabildo y sabe que son 
los procesados caballeros hijosdalgos, heles etc. A la undécima 
dijo; que sabe que Nájera es hombre honrado y muy pobre, 
y si le quitase su oficio le vendría el daño contenido en la pre-' 
gunta. 

Sesto testigo. — Cristóbal Suarez, jurado; á las generales contes- 
tó que tiene 55 años y que no le tocan. A la segunda, dijo; que lo 
que de ella sabe es que el jueves 26 fué acompañando á la Ciu- 
SucEsos DE Sevilla. 47 



^34 APÉNDICE. 

dad, y estando sentado oyó decir lo que contiene la pregunta y 
vio parte del alboroto, y preguntando le dijeron que el Cabil- 
do de la Iglesia pidió y protestó que se quitasen las bayetas; 
sin embargo de lo cual no se quitaron y empezaron dichas diferen- 
cias entre los tribunales reales el dia de la Misa, y que la Iglesia, 
visto que no habían aprovechado sus diligencias, pasó por ello. A 
la tercera, dijo; que lo que de ella sabe es que vió dicho dia enviar 
recaudos de la Inquisición á Ciudad, sobre las bayetas, por lo 
que preguntó qué era aquello, y le dijeron que la Inquisición ha- 
bía reparado en las bayetas, y se lo hacian decir á la Ciudad, 
como quejándose, y la Ciudad replicó que no lo sabía ni ha- 
bia puesto nada, para lo que se enviaron á los caballeros dichos 
á satisfacer á la Inquisición. A la cuarta; que sabe lo contenido 
en ella, porque se halló á dar dicho recaudo, y fué como la pre- 
gunta lo dice. A la quinta; que lo que de ella sabe es, que como 
tiene dicho en la pregunta antes, la Ciudad envió recaudo con 
el Procurador Mayor, y que vió ir atravesando el túmulo á Pe- 
dro Escobar Melgarejo, y por haber mucha gente fueron algua- 
ciles haciendo lugar y camino; que no vió lo que pasó con el 
Audiencia, porque estaba sentado; pero oyó decir ú mucha gente 
lo que contiene la pregunta. A la sesta; que no vió ir á Her- 
nando de Nájera, pero que oyó decir en común á todos que 
fué para el efecto contenido en la pregunta. A la sétima; que 
lo que sabe es, que después de lo que tiene dicho, se con- 
tinuaron los recaudos con la Audiencia é Inquisición, y pre- 
guntó en qué topaba aquel negocio, y le dijeron que la Ciudad 
visto que continuaban puestas las bayetas y no se proseguía la 
Misa, mandó al Cabildo eclesiástico á Bartolomé de Mesa para 
que se prosiguiese, y vió volver al dicho con la repuesta por las 
gradas del túmulo, y oyó decir que la Inquisición había esti- 
mado censura sobre que no pasasen los dichos oficios adelan- 
te. A la octava; que tiene por cierto y entiende asi su conteni- 
do porque la Ciudad siempre lleva la mira en lo que toca 



APKNDICK. 435 

á la paz y al servicio de S. M.; y no sabe que la Ciudad envia- 
se recaudo alguno al Santo Oficio para que hiciesen quitar las di- 
chas bayetas, y que este testigo sólo vio á D. Silvestre de Guz- 
man y á D. Pedro de Céspedes Figueroa, Alcalde Mayor, porque 
se levantó y desde el pulpito de la epístola los vio entrar en el 
Altar Mayor, pero no para lo que dicen los testigos; porque la 
Ciudad siempre trató de que siguieran en paz los oficios; pero el 
testigo no sabe lo que los dichos veinticuatros dijeron como 
particulares. A la novena; que no lo sabe. A la décima; que 
la sabe como en ella se contiene; porque los caballeros de que 
en ella se habla, son muy principales y obedientes, han ayu- 
dado á la fábrica del Audiencia, y la Ciudad sólo trata de de- 
fender sus preeminencias, pero no sabe que tenga odio. A la un- 
décima; que sabe que Hernando de Nágera es hombre muy 
honrado y legal, y es casado y muy pobre, y si se le quitase el 
oficio, sucedería lo que dice la pregunta; porque el testigo lo co- 
noce muy bien. 

Séptimo testigo. -Jimn Farfan, jurado; á las generales; dijo; 
que tiene más de cincuenta y cinco años y que no le tocan. A 
la segunda, dijo; que no vio lo contenido en ella, pero que aquel 
dia tarde lo oyó decir. A la tercera; que lo que sabe de ella os 
que el dia de las honras, estando en sus asientos los tribunales y 
Ciudad, antes que se acabase el evangelio, el testigo se levantó 
de su asiento y se fué junto al pulpito para oir el sermón; y 
estando en él el predicador, oyó cierto rumor entre la gente que 
allí estaba que era mucha, diciendo que de parte de la inquisi- 
ción le hablan dado un recado al predicador, que se baj-ise del 
pulpito, y que no predicase; y que esto era á causa de que los 
Señores del Audiencia tenian los asientos con bayetas, y los de 
la Ciudad é Inquisición sin ellas; y luego vio este testigo que sa- 
lieron de los asientos de la Ciudad D. Silvestre de Guzman y 
D. Pedro de Céspedes; pero no vio ni entendió con qué recaudo, 
por estar lejos, v entraron en la capilla del Altai mavnr. y habla- 



436 APÉNDICE. 

ron con los Inquisidores, sin saber lo que hablaron el tesiigo, 
más que el que dio el recaudo fué D. Pedro de Céspedes, por 
ser el mas antiguo, á lo menos lo comenzó; pero que también 
habló D. Silvestre; y cuando entraron á dar el recaudo ya el 
predicador estaba sentado en el asiento, donde estaba el recep- 
tor de la Inquisición, que representaba el oficio de Alguacil Ma- 
yor, y con él así mismo estaban los demás oficiales de la In- 
quisición, y ansi les dieron orden á D. Pedro Céspedes y á D. 
Silvestre que se sentasen como se sentaron, á los lados del pre- 
'dicador, y después los vio salir de allí y volver á la Ciudad, 
y después volvieron otra vez á los Inquisidores; que nunca 
oyó este testigo los recaudos que se llevaban por no se poder 
llegar tan cerca, ni dar lugar el ruido de la gente y alboroto; 
mas que solo entendió que los recaudos era cerca de lo que 
allí pasaba, para que se apaciguase; y se prosiguiesen los di- 
vinos oficios, porque esto coligió este testigo para sí. A la cuarta 
pregunta; que lo que de ella sabe es que estando el testigo don- 
de tiene dicho, vio pasar á Escobar Melgarejo de la Ciudal al 
Audiencia; pero no sabe el recaudo que llevaba, aunque después 
oyó decir que era el contenido en la pregunta. A la quinta; 
que dice lo que dicho tiene, y que cuando pasó Escobar Mel- 
garejo no podía, y los alguaciles separaban la gente, pero no vió 
si dio ó no recaudo, aunque oyó decir lo que dice la pregunta- 
A la sesta; que no la sabe, porque por la mucha gente no vió 
á Nájera. A la séptima; que no sabe más de haber oido decir 
después de lo contenido en ella. A la octava, que los proce- 
sados fueron con los recaudos para mitigar que no hubiese des- 
conformidad ninguna entre los tribunales, y para que se diese 
orden que la Misa se prosiguiese, y los tiene á todos por per- 
sonas tan quietas y pacíficas, y tienen intenciones de ser- 
vir en las cosas que tocan á S. M. y á sus ministros, por ser 
de la calidad que son. A la novena; que no se halló el dia del 
Corpus en calle Genova; pero ha oido decir que D Silvestre 



APÉNDICE. 437 

no tuvo culpa. A la décima; que la sabe, porque los ha visto en 
el Cabildo, y son muy puntuales en los negocios del servicio de 
S. M. y en los del Audiencia, sirviéndole con su hacienda para 
sus obras de fábrica, y son obedientes á la justicia. A la un- 
décima; que conoce á Nájera, que es honrado, fiel y legal, y 
con muchos hijos y muy pobre, etc. 

Octavo testigo.— Pedro de Santiago Ferriol, (i) jurado. Alas 
generales; que es de 45 años y que no le tocan. A la segunda; 
que no vio lo contenido en la pregunta, pero lo oyó decir. A 
la tercera; que no atendió á la embajada ni á los recaudos de 
la Ciudad á la Inquisición, ni de esta á aquella; sino que vio 
ir á D. Silvestre y á D. Pedro de Céspedes, y oyó decir que 
iban á dar medio para que cesasen aquellos alborotos, y lo en- 
tendió así, y fué un poco detrás del dicho D. Silvestre de Guz- 
man y D. Pedro Céspedes Figueroa; y aunque no entró en la 
Capilla Mayor, llegó á la reja y vio que se estaba sonriendo D. 
Silvestre con los dichos Inquisidores, y que luego se sentó allí, 
y que no vio lo que antes pasó, porque con la gente no pudo 
llegar tan presto como ellos, y luego los vio levantar y volver 
á los asientos de la Ciudad, y en este tiempo no los vio hablar 
más con los Inquisidores, mas que entendió que iban de parte 
de la (Ciudad. A la cuarta, dijo: que no estuvo cerca de la jus- 
ticia, donde pasaban y se daban los recaudos, y por eso no sabe 
lo que dice la pregunta. A la quinta, dijo; que vio pasar á Es- 
cobar Melgarejo de la Ciudad hacia la Audiencia, y no vio si 
llamó á los alguaciles; pero ellos se hablan comedido á hacer 
lugar, porque había mucha gente; lo demás no lo vio mas que 
oyó decir que lo hablan mandado prender los señores del Au- 
diencia. A la sesta; que no se halló presente, y no la sabe por 
esta causa. A la séptima; que no la sabe por no haberse ha- 

(i) En la parroquial de San Pedro en la nave de la izquierda 
hay un altar y sepulcro fundados por este personaje, cuyo retrato así 
como el de su muger c hijos están pintados en el retablo. 



438 APÉNDICE. 

Hado en Jo que contiene. A la octava; que como dicho tiene 
siempre entendió para sí que los recaudos que enviaba la Ciu- 
dad era para acabar el alboroto, y que se prosiguiesen los oficios. 
A la novena; que no se halló presente á lo que se dice, pero 
que lo oyó y que los alguaciles se apearon, pareciéndoles bien 
lo que D. Silvestre les habia dicho. A la décima; que tiene á los 
procesados por lo que dice la pregunta, sin saber nada en 
contrario. A la undécima; que conoce á Hernando Nájera, 
que le tiene por honrado, fiel y pobre, etc. Preguntado por las 
preguntas añadidas por D. Silvestre, á la primera dijo; que des- 
de que se acuerda se ha hecho, como en ella se dice, y por esto 
entiende que D. Silvestre no dio el recaudo, porque D. Pedro 
de Céspedes es mas antiguo. A la segunda; que lo que tiene 
dicho, lo sabe por ser jurado. Preguntado por las preguntas 
añadidas por D. Pedro Ponce de León, á la primera, dijo: que 
lo sabe como en ella se contiene; porque hacer otra cosa sería 
alborotar el acto á que asiste la Ciudad. A la segunda; que dice 
lo que dicho tiene en las demás preguntas. A la tercera; que 
como dicho tiene, no se halló presente al recaudo que llevó 
D. Juan Ponce; mas le tiene portan caballero que no alteraría 
el recaudo, y le tiene por muy obediente á los señores Regente 
y Oidores, y no le ha visto cosa en contrario. 

Noveno testigo. — Hernando Diaz de Medina, correo mayor: 
á la primera pregunta añadida de las de D. Juan Ponce, dijo; 
que de 17 años á esta parte que hace que es Regidor, nunca ha 
visto en ningún acto se tomen los votos de los Capitulares, y 
solo el que preside con los que están cerca lo tratan, y lo que 
determinan se ejecuta, como si fuese votado por todos los ca- 
pitulantes; y ha oido decir á los regidores más antiguos que 
siempre fué así. A la segunda; que no se halló presente cuando 
se dio este recaudo, pero que lo ha oido decir, como se con- 
tiene en la pregunta. A la tercera; que cree y tiene por cierto 
y sin duda su contenido, por todas las razones que ella se 



APKNDICE. 439 

dicen. A la primera pregunta de las añadidas por D. Silvestre 
dice lo que dicho tiene, y queda el recaudo el más antiguo. A la 
segunda; que la sabe como veinticuatro y que es de edad de 42 años. 

Testigo /o.— Alonso Sánchez Manzanilla, vecino de S. Juan, 
de la Palma, dijo: que era de 24 años. A la novena, dijo; que 
se halló presente cuando se apeó un alguacil del Audiencia, 
que decian se llamaba Silva, y vio que se apeó de su voluntad 
y por ser el dia que era, sin escándalo ni alboroto; que también 
vio andar á caballo á Rivas, pero que no le vio apear. 

Testigo //.— Josef de Castro, vecino de S. Lorenzo, Ma- 
yordomo de Doña Constanza de la Cerda, muger que fué de 
Don Rodrigo de Santillan, de 2 5 años: á la novena pregunta, 
dijo; que estando el dia del Corpus en calle Genova, vio entrar 
dos alguaciles, que no se acuerda quiénes eran, v D. Silvestre 
les dijo: «Señores estos caballeros y yo estamos á pié, y no se 
debe hoy andar á caballo;» y entonces se apearon, y se llega- 
ron á hablarle sin que hubiera diferencia; no oyó lo que digeron, 
pero sí que D. Silvestre decía: «bien está, bien está:» y á poco 
se fué el carro. 

Testigo 12. — D. Andrés de Monsalve, Alcalde Mayor, de 
45 años: á la primera pregunta añadida de D. Silvestre de Guz- 
man, dijo; que lo que dice es la verdad, y así lo ha visto usar 
y guardar el tiempo que es Alcalde Mayor, y siempre que ha 
llevado recado de la Ciudad, si era el mas antiguo, lo daba el 
y si nó el que lo era. A la segunda, que como tal Alcalde, sa- 
be que D. Pedro de Céspedes es mas antiguo que D. Silvestre. 
A la primera pregunta de las añadidas por D. Juan Ponce, di- 
jo; que lo que ha visto en semejantes casos es lo que ella dice, 
y lo que la justicia acuerda con los Capitulantes mas próximos 
es lo que se ejecuta. A la segunda: que la sabe como en ella 
se contiene; y la sabe, porque estuvo presente á dar y llevar el 
recaudo; y no se alteró, pues si se diera otro lo supiera por- 
que estuvo presente á todo. A la tercera; que lo sabe, como en 



440 APÉNDICE. 

ella se contiene, pues tiene por cierto que no alteraría D. Juan 
Ponce, por ser caballero de mucha verdad y confianza, y de muy 
buen entendimiento y muy obediente á los dichos señores Re- 
gente y Oidores, sin haber visto ni sabido cosa en contrario. 

Testigo i3. — D. Fernando Ponce de León, de mas de 3o 
años, y que es pariente del dicho D. Silvestre, y D, Juan Pon- 
ce, pero fuera del cuarto grado, y las demás generales no le 
tocan. A la primera pregunta de las añadidas por D. Juan Pon- 
ce, dijo; que se halló presente en las honras, como Alguacil 
Mayor, y que en casos semejantes lo que acuerda la justicia con 
los Capitulares próximos, eso se ejecuta. A la segunda; que tie- 
ne dicho su dicho cerca del contenido de esa pregunta en esta 
causa, y no sabe mas y aquello dice. A la tercera; que tiene 
por muy honrado á D. Juan Ponce, y tal, que no mudaría el 
recaudo, y lo tiene por muy obediente á la justicia, sin haber 
visto cosa en contrario. A la primera de las añadidas por Don 
Silvestre, que siempre habla el mas antiguo de los Comisa- 
rios de la Ciudad. A la segunda; que sabe que D. Pedro de 
Céspedes es más antiguo Regidor. 

Testigo 14. — Rodrigo Suarez, jurado: á la primera pregunta 
de las añadidas por D. Silvestre, que la sabe como jurado. A 
la segunda; que sabe que D. Pedro de Céspedes es mas anti- 
guo que D. Silvestre. A la primera de las añadidas por Juan 
Ponce: que sabe que en ocasiones como las de aquel dia no se 
toman los votos, sino que los Alcaldes y Regidores más próxi- 
mos acuerdan lo que creen conveniente, y aquello se ejecuta- 
A la segunda; que dice lo que tiene dicho en el interrogatorio 
general. A la tercera; lo que dicho tiene en la décima pre- 
gunta en el interrogatorio general, por tener por muy buen ca- 
ballero á D. Pedro Céspedes. 

Testigo j5. — El Licenciado Collazos de Aguilar, en su casa; 
á la primera pregunta de las añadidas de D. Juan Ponce, dijo: 
que en dos años que es Teniente Mayor, en algunas ocasiones 



APÉNDICE. 441 

en que se ha hallado, la justicia y regidores más cercanos, 
acuerdan lo que se ha de hacer, y aquello se ejecuta. A la se- 
gunda; que tiene declarado lo que pasó en conformidad con su 
contenido, y á ello,, se refiere. A la tercera; id., que se remi- 
''^e á sus dichos, demás de lo cual tiene por cosa clara y sin 
duda que D. Pedro de Céspedes no escederia por sus cualida- 
des V ser muy templado y moderado en el hablar, y no ha 
entendido jamás el testigo que haya dejado de ser muy obe- 
diente al Audiencia. A la primera añadida de D. Silvestre: que 
la sabe y que dá el recaudo el regidor más antiguo, y él como 
Teniente así lo ha hecho al dar algunos recaudos para que los 
lleven los regidores. A la segunda; que sabe por cosa notoria 
que D. Pedro de Céspedes es más antiguo que D. Silvestre y 
se sienta en lugar más antiguo y vota primero. 

Testigo die^ y seis. — Hernando de Nájera; teniente de es- 
cribano. A la primera pregunta de las añadidas por D. Juan 
Ponce; que lo ha oido decir á algunas personas del Cabildo. A la 
segunda; que tiene sobre ella declarado y leida su declaración á 
su petición, se afirmó y ratificó. A la tercera; que tiene áD. Juan 
Ponce por muy honrado, y no puede entender que haya mu- 
dado el recaudo que se le dio. A la primera de las añadidas de 
D. Silvestre, dijo que la sabe, porque pasa com.o en ella se 
dice, y el regidor más antiguo dá el recaudo. A la segunda; 
que D. Pedro Céspedes es más antiguo que D. Silvestre, y lo 
sabe porque como teniente de escribano, ha visto sentado en 
lugar más antiguo á D. Pedro, y le ha recibido primero su voto 
en los Cabildos y es notorio; aunque el testigo no se halló pre- 
sente en el recibimiento de estos regidores. 



Diligencia de requerimiento á los procesados para que pa- 
gase cada uno los veinte mil maravedises en que fueron con- 
Suc!£S0S DE Sevilla. 48 



442 APÉNDICE. 

denados por la recusación, y á los Ldos. Ambrosio Coronel, 
Barrera Farfan y Coronel, por haber firmado la recusación, por 
ser contra Ley, en doce ducados á cada uno para los pobres. Este 
requerimiento fué hecho por Mateo de Rivas, el cual les sacó á 
D. Juan Ponce unas cuentas de ámbar y oro y á D. Silvestre una 
fuente de plata dorada y á Pedro de Escobar Melgarejo una 
taza y cubilete dorados y unos candeleros de plata y al dicho 
D. Pedro de Céspedes Figueroa veinte camafeos de oro; y los 
entregó al escribano secretario de la dicha Real Audiencia^ para 
que conforme á lo mandado por los dichos Señores las vendie- 
se y rematase en pública almoneda por bienes de los susodi- 
chos; y de su precio y valor se hiciese pago á ja Cámara de 
S. M. de las dichas costas en que fueron los susodichos conde- 
nados, y á los pobres de la Cárcel los treinta y seis ducados 
(de los abogados), y en cumplimiento de ello el dicho dia y 
mes dicho; yo Francisco de Porras Sabariegos escribano de di- 
cha Real Audiencia, estando á la puerta de mi morada en ca- 
lle Manteros junto á la Plaza de San Francisco, por voz de 
Juan de Borahona pregonero del Consejo de esta Ciudad, y 
estando presente, hice pregonará las dichas gentes que á lo suso- 
dicho se juntó y á las voces que dicho pregonero dio, y juntas 
se remataron en los precios siguientes: 

En Diego de Arena, Procurador del Audiencia, un cubile- 
te dorado, por bienes de Pedro de Escobar Melgarejo en trece 
cuartos la hechura y á más el peso, y así mismo se remató 
en Juan Rodríguez de Bonilla, receptor del Audiencia una taza 
dorada, algo maltratada, por bienes del susodicho, en 22 rea- 
les de hechura, y á más el peso. 

ítem, se remató en el dicho Arana en 6 reales de hechura. 

ítem, se remató en Martin de Alpoieneta, criado de don 

Silvestre, una fuente de plata por bienes del dicho D. Silvestre, 

que la puso por peso oro y hechura en los dichos veinte mil 

maravedís en que así estaba condenado el dicho D. Silvestre y 



APÉNDICE. 443 

otro dia sábado siguiente, pagó la dicha condenación y las costas 
el dicho Martin Alpoieneta su criado. 

Este mismo dia 29, estando rematando tres platones de pla- 
ta que le fueron sacados á los tres abogados, pagaron los trein- 
ta y seis ducados en que estaban condenados para los pobres 
de la Cárcel. 

Después de lo cual por no haber quien pusiese por las de- 
más prendas y ser tarde, se suspendió el remate; y luego el lunes 
I." de Febrero pareció, ante mí el Escribano, D. Pedro de Cés- 
pedes y Figueroa, y pagó la condenación y se le devolvieron los 
treinta camafeos, y también pareció Pedro de Escobar Melgarejo 
y pagó la dicha condenación, y por no haberse llevado sus pren- 
das los rematantes ni dado el precio, se le devolvieron de con- 
sentimiento de las partes en quien se remataron^ y el mismo dia 
I.® de Febrero pareció la parte de D. Juan Ponce y puso las cuen- 
tas que le fueron sacadas en los dichos veinte mil maravedís y en las 

costas, y en 5 de Febrero el Ldo. Juan Gutiérrez de 

los pagó en nombre del dicho D. Juan Ponce, á quien se devol- 
vieron las cuentas; de manera que todos los susodicho pagaron 
la pena por la recusación; asi mismo ios abogados los treinta y 
seis ducados por haberla lirmado, devolviéndose á todos sus 
prendas, de todo lo cual dá fé el escribano con testigos, Pedro 
Fernandez Calderón, Bartolomé Porres, y Juan Agustín de la 
Pila. 



Cristóbal de Baquedano, en nombre de los procesados, dice, 
que sus partes están presos ha dos meses y más. y no tienen cul- 
pa, por lo que pide que los suelten á lo menos en fiado. 



Presentada el 3 de Febrero y vista por el Regente y Oido- 
res, dijeron que se oye. 



444 APÉNDICE. 

Cristóbal de Baquedano, en nombre de D, Silvestre de Guz- 
man dice, que el Fiscal ha pedido que se quiten del proceso los 
acumulados á él sobre la fiesta del Corpus, dejando sólo copias 
de algunos dichos^ lo cual no ha lugar, y lo contradigo, porque 
yo también los he presentado, y dado que se quiten ha de ser 
trasladándolos todos á la letra, porque en ellos está su descargo, 
y estando muy próxima la revista, deben quedar el cargo y el des- 
cargo tanto más que V. S. condenó á mis partes con vista de los 
procesos acumulados. 

Presentado el escrito el 4 de Febrero. 

Baquedano, en nombre de los procesados, suplica del auto 
en que dio la Audiencia un dia mas de término con todo cargo, 
pues no hicieron prueba en la vista y ahora en revista solo se 
les han dado siete dias y pide de nuevo veinte. 

Presentado el 4 de Febrero. 

El mismo dia 4 los Señores Regente y Oidores confirma- 
ron el auto de vista de un dia concedido por el Oidor Ramirez 
Fariñas con todo cargo. 

El mismo dia los Regente y Oidores sobre el pleito acumu- 
lado, mandaron que se trasladase á la letra, como lo pidió Don 
Silvestre, y el original se devuelva al escribano Montijano. 

En el pleito de que se trata y en grado de revista;, el Re- 
gente y Oidores, dicen: «Fallamos que la sentencia definitiva 
dada por el Regente y nos los Oidores en que condenamos etc. 



APÉNDICE. 445 

etc., fué buena, justa y derechamente dada ó pronunciada y que 
la debemos de confirmar y confirmamos en grado de revista, co- 
mo en ella se contiene, sin embargo de las razones á manera 
de agravios contra ella dichas y alegadas por las dichas partes, 
é mandamos que sea llevada á debida ejecución y con costas é 
juzgando, ansí lo pronunciamos y mandamos: El Ldo. Alday y 
los demás.» 

Diligencia del pronunciamiento, en viernes 5 de Febrero, 

El viernes 12 de Marzo se notificó esta sentencia entre ocho 
y nueve de la noche á Pedro de Escobar Melgarejo y que luego 
salga á cumplir el destierro que en ella se manda 

Sentencia de Revista relativa á D. Silvestre de, Guzman, que 
confirma la de vista. 

Notificada el miércoles 17 de Marzo. 

Id. id., se confirma en revista la sentencia de vista contra 
D. Juan Ponce, Alcalde Mayor. 

Fué notificada el i 5 de Marzo. 

Id. id., confirmación de la de D. Pedro de Céspedes Figue- 
roa y le fué notificada el 1 2 de Marzo. 

Id. id., confirmación de la sentencia del Teniente escribano 
Nájera.— No hay diligencia de notificación. 



44^ APÉNDICE. 

Melchor Pérez de Molina visitador de los pobres presos por 
el Cabildo, pide que se le den los 3ó ducados en que íueron con- 
denados los abogados, que estaban en poder de Sabariegos, y el 
acuerdo, el 8 de Febrero, los mandó dar, biijo carta de pago de 
9 de Febrero que está unida al proceso. 



Cristóbal Baquedano, en nombre de ios procesados, pide que 
suelten los presos. 



Auto mandando que se suelten, pagando las condenaciones, 
para salir á cumplir el destierro, • 



El Fiscal Sancho Verdugo, pide provisión para que se co- 
bren las penas pecuniarias de las sentencias de revista. 



Auto mandando dar la provisión que manda el Fiscal, 

Francisco de Porras dice; que se ha ocupado en este proceso 
74 dias con hoy, haciendo todas las diligencia de oficio y á pe- 
tición de parte, sin haber podido asistir á su oficio, por estar 
ocupado de dia y de noche hasta las once, y dice que no se le 
han pagado costas, antes ha puesto dinero, por lo que pide que 
se le mande tasar por la ocupación, según la calidad de su per- 
sona y oficio; y además un tanto de salario por los 72 dias para 
que todos lo paguen. 



El acuerdo mandó el 8 que se remita la petición á Fariñas, 
para que tase á los condenados. 



APÉNDICE. 447 

El Jueves once, el Oidor Ramirez Fariñas, vista esta petición 
dijo: que por lo escrito el tasador haga su oficio, y en cuanto á 
la ocupación y diligencias personales se le paguen 28 dias, resul- 
tan, en 5oo maravedises cada dia. 



En 10 de Marzo el Oidor Fariñas tasó los 16 dias, en que se 
ocupó en los remates y ventas de prendas para el cobro de las 
penas pecuniarias á 3oo maravedís cada uno, y asi mismo los de- 
más dias que todavía tardase en los demás remates: 



Hernando de Nájera pide soltura^ y que corran los dos me- 
ses de suspencion de oficio desde el dia en que se pronunció la 
sentencia. 



Mandó el Acuerdo, como se pide en i5 de Febrero. 



El Acuerdo, vista las diligencias practicadas para la venta de 
las prendas sacadas para cumplir las penas pecuniarias impues- 
tas á los procesados, y que no hay quien las quiera comprar ni 
en menos de la mitad de su precio, por í^er de los dichos veinti- 
cuatros, habiendo salido al remate á la Lonja de esta Ciudad 
muchas veces, mandó que el escribano Sabariegos dé por fé 
dichas diligencias, y los dias que han salido á pregón y dada dicha 
fé, traígase para proveer. 



Martin Carmona, tasador del Audiencia, tasó estos autos 
escritos por Sabariegos en G995 maravedís, y tasó las tiras del 
en trescientos óchenla hojas que á cuatro por hoja montan mil 
y quinientos veinte reales, que monta todo ocho mil v qui- 



448 APÉNDICE. 

nientos quince maravedis, y lo firmo en Sevilla y de Marzo 
1599. — Martin Carmona. 

Es información que siendo los reos más de tres, se les han 
de pagar los 6.995 maravedís tres veces que montan 20,985 y 
en el mismo orden por las tiras en que lo ha llevado cada 
parte, para alegar y el cuerpo de todo el monto de esta tasa- 
ción lo han de pagar todos los reos, aunque sean muchos. 

Provisión de 1 1 de febrero de 1 599 del Acuerdo, dirigida 
al Alguacil Mayor y sus tenientes para que hagan efectivas 
las penas pecuniarias impuestas á los procesados, ó saquen pren- 
das que vendidas las realicen, entregando su importe al re- 
ceptor. 

En ejecución de ella, Mateo de Rivas por mandado fué á 
las casas de D. Juan Ponce, D. Pedro Escobar Melgarejo, Don 
Pedro Céspedes Figueroa y D. Silvestre de Guzman y les sacó 
los bienes siguientes: á D. Silvestre de Guzman diez brocateles 
de color verde, ydiez paños de Corte; á D. Juan Ponce, Al- 
calde Mayor, ocho doseles de damasco y terciopelo carmesí con 
su flocadura de oro, los cuales tenian 47 piernas que hacen 188 
varas; á D. Pedro de. Céspedes, sesenta camafeos de oro y á 
Pedro de Escobar Melgarejo un collar de oro, todos los cuales 
dichos bienes entregó Rivas al Escribano Porras Sabariegos. 

Auto del acuerdo de 8 de Marzo que paguen los reos la con- 
denación y no salgan de su casa, bajo apercibimiento de que 
serán condenados en la pena de 5oo ducados. 



Se notificó el martes q á las ocho de la mañana este acuer- 



APÉNDICE. 449 

do á los procesados. Testigos D. Luis de Guzman, y Martin 
Girón. 



Testimonio dado por el Escribano Porras Sabariegos del 
j-emate de los bienes antedichos en la Lonja de las Gradas 
de la Catedral, donde Barahona dio el pregón de venta el i.o de 
Marzo, y el martes, dos, dió otro pregón, y no pareció persona, 
y el miércoles dió otro pregón y pareció Pedro López del Cas- 
tillo, platero, y puso el collar de oro en 5o ducados más de lo 
que pesase á razón de 16 reales el castellano; y luego pareció 
Alonso de Vázquez y puso el dicho collar en 5 1 ducados y López 
del Castilio en 52 ducados; y luego pareció presente Anequis Flo- 
rín, y los puso en 54 ducados mis, y Vargas en 60 ducados y Ane- 
quis Florin en 62 ducados y Vargas en 64 y Pedro Antonio Achar- 
te en 65 ducados y Vargas en 66 ducados, y Acharte en 70, y Ane- 
quis Florin en 72 y Vargas en 75 ducados, y Francisco Morgado en 
80 ducados, y Vargas en 100 ducados y Anequis en io5 ducados, y 
Vargas en \X)G ducados y Acharte iio, y Vargas 11 1 ducados, y 
Anequis 112, y Vargas en 1 13, y Anequis Florin 11 5, y Vargas en 
120, y Anequis Florin en i25 ducados, y Morgado en i3o, y Flo- 
rin 102, Morgado 184, Acharte 140 ducados, Florin 142 ducados 
más del peso. Y después de lo susodicho, el jueves 4 el prego- 
nero dió otro pregón y no pareció persona que diera más p^r 
dicho collar, el cual le fué vuelto y entregado á Pedro de Es- 
cobar por los doscientos ducados en que fué condenado, y por 
esta causa no se llevó el remate adelante. Y en el mismo dia y 
sitio, Barahona dió otro pregón sobre los doccles, y el viérne^ 
dió otro pregón y no pareció nadie, ni tampoco el sábadoG, yel 
8 ni el () parecieron postores, y el 10 pareció presente Juan Sal- 
vador de Vivero, y dijo que ponía y puso los dichos doceles á 
veinte reales la vara; y luego pare :ió presente Francisco de Vi- 
SucF.sos DF. Sfvilla. 4(^ 



45o APÉNDICE. 

llanueva y los puso á 22 reales vara, y Vivero á 23 y Hernan- 
do Hurtado á 26 reales, Pedro Bretaña á 27 reales, Gaspar Quin- 
tanadueña á 28 reales, Gabriel Pérez 28 y medio reales, Lorenzo 
Morillo á Boreales y dijo que lo ponía para D. Juan Ponce de León 
que es á quien se sacaron los doceles, el cual Morillo aceptó ej 
remate y ofreció pagar á los dichos treinta reales. 

Después de lo dicho en el mismo dia y sitio se pregonaron 
los camafeos, y pareció Bartolomé Pérez y puso cada uno ádos 
ducados, y Juan Nuñez Duran los puso todos los sesenta cama- 
feos de D. Pedro de Céspedes en 200 ducados en que estaba 
condenado por la sentencia, y el dicho los recibió y pagó por 
ser la parte de dicho D. Pedro á quien fueron rematados agen- 
te ó criado suvo, le fueron dados sin averiguar el más valor de 
ello. 

Gerónimo Hurtado, en nombre de D. Juan Ponce de León 
pide soltura de este. 



En jueves 4, auto del Acuerdo que se suelte en fiado pagan- 
do las costas. 



Cristóbal Baquedano, en nombre de D. Pedro de Céspedes, 
pide que habiendo pagado la pena pecuniaria, se dé orden y permiso 
para salir á cumplir el destierro. 

Auto de Jueves 11 de Marzo que se le dé testimonio para 
salir á cumplir el destierro, y empezará á cumplirlo desde el 

dia que saliese. 

« 

Mateo de Rivasdice, que se ha ocupado mas de veinte dias 
en el proceso en traer los testigos, prender los procesados y otras 



apendicl:. 4DI 

diligencias, y pide que se le tase lo que ha de haber por su ocu- 
pación. 



Auto del Acuerdo de 1 1 de Marzo; que se repartan 5o reales 
entre todos los procesados y se le den. 

Cristóbal Baquedano, en nombre de Pedro Escobar Melga- 
rejo, dice que ha pagado, y que se le dé testimonio y licencia 
para salir á cumplir el destierro. 



Auto de 2 1 de Marzo: pagando las costas se le dé el testi- 
monio para que salga á cumplir el destierro. 



Cristóbal Baquedano, pide como los anteriores: y el auto del 
Acuerdo es igual á los anteriores. 



Regente y Oidores del Audiencia de los grados de la Cib- 
dád de Sevilla. Por parte de la Cibdad nos á sido fecha rela- 
ción que vosotros abéis procedido contra D. Juan Ponce de León 
Alcalde mayor D. Silvestre de Guzman, D. Pedro de Céspe- 
des Figueroa, Pedro de Escobar Melgarejo y D. Juan Pon- 
ce, veintiquatros de la dicha Cibdad y otras personas, sobre la dis- 
cension que huvo cuando se hicieron en ella las honras del Rey 
mi Señor que haya gloria^ á los cuales tenéis presos y los habéis 
condenados en cierta suma de dinero y en suspensión de los di- 
chos oficios y suplicannos para que se vea su poca culpa fuése- 
mos servido de mandar se traiga ante nos el proceso origi- 
nal de la dicha causa, ó como la nuestra merced fuese, y porque 
queremos saber lo que acerca de lo susodicho ha pasado; y pasa : 



452 APÉNDICE. 

y en qué estado QsVá el dicho negocio, y lo que habéis pro- 
veido vos mandamos nos enviéis con toda brevedad relación 
particular dello, la cual, con vuestro parecer firmado de vuestros 
nombres cerrado y sellado, haréis dar á la parte de la dicha 
Cibdad, para que la traiga y presente ante nos y asi mismo 
nos enviéis juntamente con la dicha relación un traslado de 
la culpa que contra ellos resulta en este negocio, y de los au- 
tos y sentencia que cerca de ello se huvieren pronunciado, 
fecha en Barcelona á 17 de Mayo de 1599 ^^'^os. — Yo el Rey» 
Por mandado del Rey nuestro señor. — D. Luis de Zala^ar. 

En Sevilla 3 dias del mes de Junio de 1599, estando en 
Acuerdo general los Señores Regente y Oidores de la Audien- 
cia del Rey nuestro señor, fué leida esta cédula real de S. M. 
y el dicho Sr. Regente la tomó, besó y puso sobre su cabeza; 
y digeron que la obedecían y obedecieron con el acatamiento de- 
bido, y que se guarde y cumpla como por ella S. M. manda. 
— Benito Montijano.— Correjida con el original. — Testigo. — Bar- 
tolomé Pérez y Juan Augustin. — Benito Moniijano. 

Nota. — Hasta aquí fué el testimonio á la letra que se sacó 
en nombre de los veinticuatros, en virtud de esta cédula y por 
mandado del Acuerdo.— Porras Sabariegos. 

Otra. — Tiene este pleito 416 hojas, sin las blancas, contadas 
por mí tres veces, y por eso no van todas numeradas, por no 
las numerar de nuevo. 



Cristóbal de Baquedano, en nombre de Pedro de Céspedes^, 
dice; que este ha cumplido los tres meses de destierro preciso, 
pues salió el 12 de Marzo, y debió cumplir el 16 de Junio, 
como parece del testimonio que presenta, que mi parte tomó 
en Castilleja, y pide que se le alce el demás tiempo, por an- 
dar muy enfermo v tener mi parte gran necesidad de estar en 
su casa, 



l-^' 



apí':ndici:. 453 

Auto de 21 de Junio de i5<j9. El Acuerdo, en vista de la 
petición y acuerdo, alzó el destierro, y dio licencia para que 
entrara en Sevilla. 



Testimonio que dá Fernando de las Cuevas, escribano pú- 
blico de Castilleja del Conde de Olivares de la (.uesta de ha- 
berse presentado á él D. Pedro de Céspedes Figueroa, para cum- 
plir el destierro, fecha if) de Marzo de i Sqc^ 

En Sevilla, lunes 28 de Junio de i 599, estando en Acuerdo 
general los Sres. Regente y Oidores, digeron que han sido in- 
formados que D. Silvestre de Guzman, estando desterrado por 
dos años por delitos, y debiendo estarlo cumpliendo, ha estado 
en Sevilla con publicidad de visitas, y, agrabando su delito, el Do- 
mingo próximo pasado 27 de este mes tomó el hábito de San- 
tiago en la Iglesia y convento de dicha orden, con grande acom- 
pañamiento y concurso de gente^ que asistió al dicho acto, y 
para saber la verdad y proveer lo que sea justicia, mandaron 
hacer información de lo susodicho, que cometieron al Sr. Oidor 
D, Fernando Ramírez Fariñas, y para compeler á las personas 
de cualquiera condición que sean para que vengan ante él á de- 
cir sus dichos, dándole para ello y lo perteneciente le dieron po- 
der y facultad. 



Primer testigo. — El i.» de Junio compareció ante el Oidor 
Fariñas, Pedro de ViUanova, natural de Francia y criado de don 
Silvestre, y le sirve de cochero y vive en su casa; recibido el 
juramento, se le preguntó lo siguiente: preguntado qué tanta 
tiempo há que sirve á D. Silvestre; dijo, que desde 4 de Mar- 
zo próximo pasado de este año. Preguntado qué tanto tiempo 



454 APÉNDICE. 

há que D. Silvestre está en Sevilla, y qué tanto tiempo há en 
v^eces desde 17 de Marzo; dijo, que luego que este testigo entró 
en su casa y entonces le llevó en el coche de la parte de- 
Triana donde se apeó y subió en una muía, y digeron que iba 
á Castilleja desterrado, y le dijo que se volviese á su casa y de 
allí á un mes le volvió á ver en su casa, y después le volvió 
á ver algunas veces, puesto que no pasaban quince dias que no 
le veia, pero que bien se entendía que estaba en casa y que 
al presente le dejó en ella. Preguntado si el Domingo pasado fué 
á la Iglesia donde él asiste, y D. Juan de Saavedra le dio el 
hábito; dijo, que es verdad que le llevó á la Iglesia, y sabe loque 
pasó aunque no se apeó del coche. Preguntado qué persona 
conoció de las que se hallaron al dar el hábito; dijo, que al 
Asistente y á D. Juan de Saavedra y, á un caballero del hábito de 
San Juan, que es Maestre de Campo, cuyo nombre no sabe, ádon 
Francisco de Villacís y á Juan Nuñez de lUescas, veinticuatro y 
otros que no conoció; y que es de edad de 35 años. 

Segundo Testigo. — iVntonio de la Cruz, paje de D. Silvestre 
de Guzman; preguntado qué tiempo há que sirve á D. Silvestre, 
dijo: que ha estado varias veces y que esta última ha estado 
dos aiíos; preguntado qué ausencia ha hecho de tres meses á 
esta parte, dijo; que luego que supo que lo habían desterrado, 
estando este testigo en Fuentes, oyó decir que D. Silvestre se 
habia ido á Castilleja, y que habrá dos meses que vino de Fuen- 
tes; y desde entonces le ha visto siempre en esta Ciudad. Pre- 
guntado si es verdad que el Domingo pasado fué á la iglesia de 
Santiago etc.; dijo que es verdad, porque se halló presente y 
lo vido. Preguntado quiénes se hallaban presentes; dijo, que 
D. Rodrigo Tello del hábito de San Juan y Maestre de Cam- 
po, y D. Gaspar de Solís, y D. Francisco de Villacís y D. Gon- 
zalo de Villacís y su hijo D. Juan de Saavedra, y Juan Nuñez, Juan 
de Illesca, veinticuatro, y D. Juan Manrique y otros de que no 
se acuerda; y declaró ser de 22 años. 



APÉNDICE. 455 



Tercer testigo. — Juan de Olivares, vecino de Caño-Quebra- 
do. Preguntado si sabe que haya estado de tres meses á esta parte 
en Sevilla D. Silvestre, ó qué ausencia ha hecho, dijo; que luego 
que desterraron á Don Silvestre, dijeron á este testigo que 
había pasado por la puerta del testigo en coche á cumplir su 
destierro; que después preguntó á Luis de Vargas Machuca, qué 
tal iba á D. Silvestre en el destierro; y le contestó que estaba 
en su casa, que vnio á curarse de la hijada, que vino muy malo; 
y de allí algunos dias le fué á ver y le vido en su casa, y 
después le ha visto otras algunas veces en su casa, y siem- 
pre entendió que estaba en su casa y que lo está, si no se ha 
ido de dos dias á esta parte; que este testigo le vio, y que es 
público que el Domingo pasado 27 de este mes fué á la Iglesia 
de Santiago á tomar el hábito, asistiendo los dichos, y declaró 
tener 66 años. 

Cuarto testigo. — Juan de Burgos, criado de Juan de Oli- 
vares, que le acompañi y vive en su casa: preguntado si cono- 
ce á D. Silvestre, dijo; que lo conoce de más de 3o años á esta 
parte. Preguntado si le ha visto de 3 meses á esta parte en la 
Ciudad, dijo; que há ocho dias le vio en su casa al entrar el tes- 
tigo en ella, á ver juzgar unos soldados, y después le vio otra 
vez llevándole un recaudo de su amo Juan de Olivares, y tam- 
bién oyó decir que el Domingo recibió el hábito de Santiago, y 
por ser cosa pública se lo dijeron unos trabajadores en la Ala- 
meda-, y declaró ser de mas de 5o años. 

Quinto testigo. — Juan Nuñez de lUescas, veinticuatro: Pre- 
guntado, dijo: que conoce á D. Silvestre. Preguntado que au- 
sencia ha hecho de esta Ciudad, de tres meses á esta parte 
D. Silvestre, dijo; que luego que lo desterraron lo fué á visitar^ 
y le dijeron que no estaba, lo mismo que otras veces; pero al- 



456 APÉNDICE. 

i^unas lo vio, la primera al mes de la sentencia de revista, y que 
después acá le ha visto como treinta veces, y que el Domingo le 
vio ir á recibir, y recibió el hábito de Santiago_, hallándose pre- 
sente con otros caballeros, y que agora debe estar aquí, si no 
se ha ido á otra parte desde el Domingo acá. 

Sesto testigo.— iaan de la Mar, cazador y alguacil de cam- 
po en lo tocante á la casa. Preguntado si de tres meses á 
^esta parte ha visto á D. Silvestre; dijo, que el Domingo pasado 
lo vio en la Iglesia de Santiago recibir el hábito, asistiendo el 
Asistente y con otros Juan de Olivares, corredor de caballos, no 
^cl mercader; no nombrando á los caballeros por ser cosa prolija, 
v^ que le vio venir con mucho acompañamiento; no habiéndo- 
lo visto en los tres meses, porque ha estado preso, y fuera de 
aquí; y declaró que tenia 40 años. 

El jueves i,° de Julio el Acuerdo, vista la anterior infor- 
mación, y que en las Cárceles de la (Ciudad ha tocado la peste, 
mandó que D. Silvestre se prenda y ponga preso en la tor- 
re de la puerta de Triana, hasta que dé fianza de esta 
carcelaria. 

En el mismo dia los alguaciles Silva y Salcedo fueron á la 
casa de D. Silvestre ante mí el Escribano, y sin embargo que 
D. Juan Manrique y Castillo, y otros criados dijeron que 
desde aver tarde y anoche se fué de la dicha casa el dicho Don 
Silvestre, y que creen que fuese á Fuentes, donde estaba su 
mujer, le bascaron en los aposentos altos y bajos y no le ha- 
llaron, y de ello doy fé. 

Yo, Francisco de Porras, doy fé que este proceso que ori- 
ginalmente se manda al Real Consejo en cumplimiento de su 



APÉNDICE. 457 

provisión, y la causa que se acumuló al dicho D, Silvestre, so- 
bre lo que pasó el dia del Corpus, y sobre el quebrantamiento 
del destierro, tiene 425 fojas con esta. 

Montaron las costas personales y procesales, conforme á la 
tasación, cobrando las tiras dos veces no más, por haber ale- 
gado en dos peticiones distintas y no todos juntos, cuarenta y 
dos mil y ochocientos y veinticinco maravedís; todos los 
cuales se repartieron entre los procesados por iguales partes, y 
por no estar sentenciado D. Juan Ponce de León y Almansa 
en revista, y estar mandado soltar y estar suelto, no se le repar- 
tieron costas_, y cupieron á pagar cada uno 10,706 maravedís, 
que son trescientos y quince reales por todas costas, y la asis- 
tencia de los remates; de los cuales solo los tres han pagado y 
llevado testimonio de cómo han pagado principal y costa, sino 
es D. Silvestre, que, aunque ha pagado la condenación principal 
y le está mandado dar testimonio como á los demás, no ha pa- 
gado ni pedido testimonio hasta hoy martes 6 de Julio de iSgg, 
ni acudido á ello ni él ni otra persona alguna en su nombre 
así pedirlo, aunque se le notificó la sentencia como á los demás. 



Sucesos de Sevilla. ^o 



AUTOS 

SOBRE LAS HONRAS 

SEGUIDOS ANTE EL CONSEJO. 



En el Archivo Municipal de Sevilla hay, entre otras una 
Carpeta que dice en su canto. — Archivo de Privilegios.— Litigios 
Memoriales. Autos. — Carpeta 148. — En ella, y con el número 
2 10 hay un legajo con esta portada. «Autos originales forma- 
dos por la Audiencia de esta Ciudad contra varios veinticua- 
tros y otras personas que resultaron culpadas en la novedad de 
haber embarazado la prosecución de los Divinos Oficios el dia 26 
de Noviembre del año de iSgS destinado para hacer las hon- 
ras del Sr. Rey D. Felipe lí, en la Catedral al tiempo de ha- 
berse acabado el Evangelio y subido al pulpito el Predicador con 
motivo de habérsele hecho requerimiento al Regente y Oidores 
de parte del Cabildo eclesiástico y por el Secular para que hicie- 
se quitar de sus bancas las bayetas de que estaban cubiertas.» 

Contiene dos legajos, y aunque trastornado el orden de las 
fechas se copian como están los documentos siguientes: 



qAUDIENCIA T>E SEVILLA. 



Señor: 



El Regente y Jueces de ia Audiencia de V. M. de esta Ciu- 
dad de Sevilla, decimos; que el miércoles pasado, veinte y cin- 
co deste en la tarde, y jueves siguiente por la mañana el Cabildo 
de esta Ciudad ordenó hacer exequias de la M. rr. del Rey Don 
Fhelipe Nuestro señor questé en el Cielo, y el miércoles en el 
lugar donde auia destar el Audiencia, porque el S.® del acuerdo 
dixo que así se auia echo en las exequias de la Reina Doña 
Anna Nuestra señora, se puso una silla para el rregente, y aun- 
questuvo puesta hasta que el Audiencia llegó, porque la yglesia 
invió un rrecaudo antes que no se celebrarían los officios no 
quitándose la silla el rregente no se sentó en ella y tomó un 
escaño, y el dia siguiente, auiendo parescido los Bancos despal- 
dar, en que auia estado el Audiencia, no estar con la decencia 
y demostración de tristeza y luto que convenia, se pussieron 
unas bayetas encima dellos, sin llegar al suelo á las siete de 
la mañana, viéndolo el maestro de ceremonias y otros capitu- 
tulares de la yglesia y los diputados del Cauildo de la Ciudad, 
sin que á nadie le paresciese mal ni reparase en ello; y con 
este descuido llegó el Audiencia á las nueve y media á la ygle- 
sia^ y se sentó y se prosiguió la misa hasta dicho el evangelio, 



APÉNDICE. 463 

y estar el predicador en el pulpito, sin que ubiese quien tra- 
tasse de las bayetas: á este tiempo llegó un canónigo y un rra- 
cionero con un protesto de la yglesia de que no les parase 
perjuicio el auer puesto aquellas bayetas, á quel Audiencia no 
rrespondió; y luego la Ciudad invió un veinte y cuatro con un 
scriuano y quatro alguaciles con aluoroto, diciendo querían ha- 
cer un rrequerimiento á la Audiencia; y mandándole al veinte 
y quatro que se esperasse, no quiso sino porfiar en llegar, aun- 
que se le volvió muchas veces á mandar lo propio, hasta que 
visto su atrevimiento, pues quando quisiera algo no auia de 
entrar rrequiriendo, si no por petición, y no en tiempo tan 
inconmodo, le mandamos llevar a la cárcel. En este tiempo pa- 
saron algunos veinte y quatros del lugar de la Ciudad á los 
Inquisidores, y de lo que con ellos en secreto trataron resultó 
que los Inquisidores inviaron un secretario con otros minis- 
tros de la Inquisición á la Audiencia, y, no dexándoles llegar los 
alguaciles, de encima de unas gradas del túmulo que estaban 
delante della, dixo que los Inquisidores declarauan por exco- 
mulgados á los doctores Baltasar de Lorenzana, Alonsso Xime- 
nez Guerra y al licenciado Gaspar de Uallejo; y poco después 
bolvió el propio primero con los mismos ministros á descir en 
boces altas que por no auer quitado las bayetas de encima los 
bancos en questaua la Audiencia, nos declaraua por excomulga- 
dos, al qual mandó prender la Audiencia, y se rrecogió á los 
Inquisidores, y luego inviaron su fiscal con los mismos mi- 
nistros, y llegando donde estaua la Audiencia, en boz alta dixo 
los Inquisidores declaran por públicos excomulgados á todos lo 5 
de la Audiencia, por no auer querido quitar las bayetas, y man- 
dan se salgan luego de la yglesia, para que se prosigan los di- 
vinos officios, y á este tiempo ya se auía comenzado á hacer 
autos ó pedimento del fiscal, declarando hacer fuerza en co- 
noscer é proceder los Inquisidores, mandándoles repussiesen todo 
lo fecho y actuado como jueces incompetentes y que ad cau- 



464 APÉNDICE. 

íelam absolviesen los excomulgados, dando primera y segunda 
para que las pudiesse notificar, inviando dos alcaldes^ á los qua- 
les los Inquisidores dixeron muchas palabras descompuestas con- 
tra el Audiencia, y que les pondrían en un calavozo; y al pri- 
mero que estava leyendo el auto, llegó un comissario á querer 
tomarle los papeles de las manos, y pasaron otras muchas co- 
sas de gran escándalo, y aunque el Audiencia hizo muchas di- 
ligencias mandando al Cabildo y preste y predicador prosiguie- 
sen en los officios, pena de las temporalidades; mandando á los 
Inquisidores, como no jueces, no conociesen desta causa, y al 
Cauildo, preste y predicador prosiguiesen en los divinos officios 
hasta declarar al Cauildo por excomulgado, por no querer pa- 
sar adelante; todo esto no bastó para que los Inquisidores se 
desistiesen de su propósito, y ansí estuvimos hasta las cuatro 
de la tarde, porque como la missa estaua comenzada se pudiera 
proseguir, hasta que viendo que el preste no parescía y la Ciu- 
dad é Inquisición se auian salido, se salió de la yglesia tam- 
bién la Audiencia, todo Jo qual consta mas largamente por los 
autos que con esta van. Lo que desto a rresultado, de más del 
grande escándalo y poco rrespeto que á la Audiencia se á te- 
nido, es que no ay clérigo ni fraile que nos quiera decir missa 
por temor délos Inquissidores. Suplicamos á V. M. mande po- 
ner remedio á tantas exorvitancias como se a usado con esta 
Audiencia de V. M.; de manera que de aquí adelante los In- 
quissidores ni otras personas se atreuan á semejantes sinrrazo- 
nes, proveyendo en todo lo que mas al seruicio de V. M. con- 
venga. Guarde Dios la catholica persona de V. M. de Sevilla y 
Noviembre treinta de mil é quinientos y noventa y ocho años 
— Lido. Alday. — El Lido. Diego López Bueno. — Lido. Andrés 
Ponce de León. — El Dr. Balthasarde Lorenzana. — Dr. Alonso Xi- 
menez Guerra. — El Lido. Don Francisco Navarrete Eslaua. — El 
Lido. D. Fernando Ramírez Fariña. — El Lido. Gaspar de Vallejo. 
El sobre dice «La Audiencia de Sevilla.» 



APKNDICE. 4(")5 



SEÑOR. 

El Audiencia de esta ciudad en prosequcion de la com- 
petencia, que tuvo con la Ynquissicion sobre cubrir sus asien- 
tos, el dia que se comenzaron las obsequias del Rey ntro. señor 
questá en el cielo, después de tener presos á D. Juan Ponce 
de León, Alcalde Mayor y á Pedro de Escobar Melgarejo, vein- 
tiquatro y Procurador mayor y á D. Juan Ponce de León, vein- 
tiquatro, sin auer causa ni razón justificada para ello, a pren- 
dido oy saliendo del Cabildo á D. Pedro de Céspedes y Figue- 
roa y á D, Silvestre de Guzman, veintiquatros, y mandádolos 
poner en la cárcel pública de esta ciudad, siendo tan grandes 
caualleros (como es notorio) de questa ciudad queda con mu- 
cho sentimiento, y por queste agravio no tiene otro remedio 
quelque V. M. mandare proueer, assi en S)U soltura como para 
lo de adelante. Suplicamos á V. M. mande despachar su Real 
prouision para que todos los caualleros, que sobrestá causa es- 
tuvieren presos y se prendieren, se suelten luego, pues no an 
cometido delito alguno, sino deseado se quietasen las compe- 
tencias que se levantaron en semejante dia, teniendo esto por 
conveniente al Real Servicio de V. M. C. C. P. Gde, D. muchos 
años. Sevilla 9 de Diciembre de 98. — El Lido. Collazos de Agui- 
lar. — El Marques del Algaba. — D. Andrés de Monsalve. — D. Gon- 
zalo de Saavedra. — Luis de Herrera. — P."* Cauallero de Ules- 
cas. — D. Juan de Arguijo. — D. Melchor Maldonado. — D. García 
de Arguijo, — Hernando de Nágera, escribano. 

A la vuelta dice «Sevilla. » 



Sucesos HE Sevilla. 5i 



466 APÉNDICE. 



SEÑOR. 

Auiendo esta ciudad señalado el miércoles en la tarde y jue- 
ves por la mañana, que se contaron veinte y cinco deste, para 
celebrar las honrras de la Magestad del Rey Ntro. Señor questá 
en el cielo, y conbidado los tribunales que suelen asistir, que 
son el Audiencia é Ynquisicion, y puesto los asientos en los 
lugares y forma qne siempre estuvieron, ayer á las vísperas, el 
Regente hizo traer silla de su casa para él de lo qual se al- 
teró el Cabildo de la Yglesia é Inquissicion, y por los recau- 
dos que sobresto uvo la mando quitar, y hoy jueves vieron los 
asientos del Audiencia cubiertos de paños negros, no auiéndo- 
lo estado la tarde antes, ni estándolo los de la Ynquisicion, 
ni ciudad, y siendo cosa que nunca se ha uisto en semejante 
ocassion; de lo qual sentido el Cabildo de la Yglesia y la Yn- 
quissicion les enbiaron á pedir los quitasen, y no auiéndolo que- 
rido hazer, la ciudad les enbió un recaudo con P.° Descobar 
Melgarejo, veintiquatro, y su Procurador mayor, suplicándoles 
advirtiessen que aquella era nouedad y podría causar algún in- 
conveniente entre los dichos tribunales. Resultó desto, que sin 
oyrles ni darles repuesta, mandaron prender al dicho Procurador 
mayor con mucho alboroto, y assi lo queda, y viendo la Yn- 
quisicion que la diligencia que se auia hecho, no auia sido de 
algún fruto, proveyó auto en que ordenaua á la Yglesia, so- 
pena d' excomunión mayor, que, en caso que los asientos no se 
pusiesen en la forma acostumbrada, cessasen los oíTicios diuinos 
en el punto que se hallauan, quera quando el predicador estaua 
en £l pulpito, á lo qual la Yglesia respondió mandando cesar 
el oflicio, y la Audiencia mandó á la Yglesia lo prosiguiese, 
sopeña de las temporalidades. La Ynquisicion pronunció man- 
damiento de d' excomunión contra la Audiencia, v entre todos es- 



APÉNDICE. 467 

tos tribunales uvo muchos autos demandas y respuestas con el 
mayor escándalo que jamás se a visto; y, queriendo esta ciudad 
remediarlo, enbió á la Yglesia un recaudo pidiéndole bencie- 
se las diñicultades que se ofFrecian por escusar tan gran es- 
cándalo, y que no se dexase oy de cumplir con la obligación pre- 
sente, quera tan precissa, que no se yria de la Yglesia hasta que 
se satisfaciesse con ella, á que respondieron la oppresion en que 
los tenian los dichos tribunales, como consta de los testimo- 
nios que uan con esta. Tenemos grande sentimiento que auien- 
do esta ciudad, con el amor que siempre á tenido y tiene al 
seruicio de V. M. y de los SS. Reyes sus progenitores, des- 
veládose en reuerencia y honrra suya en hazer el mas solemne 
túmulo que se á hecho en la christiandad, haya querido el Au- 
diencia, por una cosa de tan poco momento como cubrir los 
escaños con paños de vayeta (delante de la Magestad Real) que 
allí se representaua, alterarlo todo y dar ocassion en esta pla- 
za, que lo es de tantas naciones estrangeras, á que se viese una 
descompostura tan grande é yrreberencia á los divinos officios, 
cesando por esta causa tantos sacrifficios y misas como se es- 
tauan diziendo y celebrando con el mayor concurso de todas re- 
ligiones y clerezía, y asistencia del pueblo que jamás se a visto. 
Pareciónos dar cuenta luego del estado desto á V. Magestad, 
entretanto que se puede hazer ynformacion m.as particular de lo 
que a pasado y de que todavía nos queda el cuidado posible de 
ver si podrá auer medio para que las honrras prosigan aunque á 
esta ora son las tres de la tarde, y está cerrado el coro é ¡da la 
clerezia y religiones. Suplicamos á V. Magestad mande dar para 
lo venidero la orden que conuenga para que cesen tantos yn- 
conuenientes, y que se mande al Audiencia que suelte de la 
prission en questá al dicho P.° de Escobar Melgarejo, Procu- 
rador mayor, mandando que sobre todo se prouea justicia en 
que recebiremos muy gran merzed. Guarde D. L. C. P. D. V. 
Magestad. Sevilla 25 de Diciembre de o^. — Lido. Antonio de Co- 



468 APÉNDICE. 

Hazos Aguilar.— Don Andrés de Monsalve.— Diego Nuñez Perez^ 
— Don Gonzalo de Saavedra.— Luis de Herrera. — P.» Cauallero 
de Illescas. — Bartolomé López de Mesa. — Hernando de Nágera 
secretario. 



Por haber llegado cansado el Marqués de Dénia mi señor, 
me ha mandado que escriba á V. M. estos renglones para dar 
cubierta á esos papeles del Cardenal de Sevilla que su Mages- 
tad manda que se envien al Sr. Presidente para que se vean en 
el Consejo, y el castigo y remedio que conviene en este nego- 
cio. Dios guarde á V. M. de Vacia-Madrid á 5 de Diciembre de 
1598. — Mucho cuidado tengo de servir á V. M. — Iñigo Yba- 
ñcz de Santa Cruz. 



SEÑOR: 



En cumplimiento de lo que V. Magestad nos mandó cerca 
de las honras del Rey Don Philipe Ntro. Sr. questá en el 
cielo se hicieron las bísperas ayer miércoles 3o deste, y oy 
postrero del año se acabaron, guardándosse en los asientos y 
todo lo demás el orden que se mandó tener de que nos a 
parecido dar cuenta á V. Magestad cumpliendo con nuestra 
obligación, como esta Ciudad lo á hecho y hará siempre en 
todas las ocassiones del servicio de V. Magestad C. C. P. 
Guarde Dios muchos años. Sevilla postrero de Diciembre de 



APÉNDICE. 4bg 

98. — El Doctor Francisco Hurtado.— Don Fernando Ponce de 
León. — Don Andrés de Monsalve.— Luis de Herrera. —Fer- 
nando Diez de Medina.— Don Melchor Maldonado. — Bartolo- 
mé López de Mesa. — Don Cristóbal Mejia. 
A la vuelta dice: «Sevilla.» 



MUY P.*' SEÑOR: 

Juan García de Solis en nombre de la Ciudad de Sevilla 
y del Alcalde mayor, veinte y cuatros y escribano del Cabildo 
de la dicha Ciudad que están presos digo: que ya V. A. 
tiene noticia de las querellas que mis partes han dado contra 
el Regente y Jueces de grados de la Audiencia de la dicha 
Ciudad por lo sucedido en las honras, y habiéndose proveído 
por V. A. que los dichos Alcalde mayor Veinte y cuatros y 
escribano á quien la Audiencia había preso se les diesen sus 
casas por cárcel, los dichos Regente y Jueces han ido proce- 
diendo contra ellos con tanta pasión y sin guardarles los tér- 
minos del derecho, que les hicieron cargos sin querelles dar 
traslado del proceso sino de solas las acusaciones puestas por 
el fiscal, y sin dalles traslado ni querérsele dar, aunque lo pi- 
dieron, de la culpa y información que contra ellos había y 
por autos de vista y revista les negaron el dicho traslado, de 
manera, que, aunque les notificaron la prueba, fué imposible 
descargarse, no dejándoles ver los autos de donde resultaba el 
cargo, y demás desto viendo mis partes que con esto concluían 
la causa sin querelles dar lugar para que pudiesen tachar los 
testigos y que la querían ver, como lo hicieron, para determi- 
nar el negocio en difinitiva, mis partes recusaron á los oidores 



470 APÉNDICE. 

Jiménez Guerra Vallejo y D. Fernando Ramírez y D. Francis- 
co de Navarrete, y dieron causas para la dicha recusación por 
ser los dichos Jueces partes en este negocio y por haberse la 
Ciudad querellado dellos ante V. A. y porque en efecto en 
este negocio la Ciudad por la dicha querella habia y siempre 
ha pretendido dar á entender, como lo sucedido en las honras 
fué por causa de la dicha Audiencia, y los Jueces della preten- 
den hacer culpada la Ciudad, y ansi son partes formales en 
este negocio; y habiéndose presentado esta recusación contra 
los dichos cuatro Jueces, después por otra recusación otro dia 
recusaron al Regente Licenciado Andrés Ponce, Diego López 
Bueno, por las mismas causas, y habiéndose presentado estas 
recusaciones, declararon no haber lugar y condenaron á mis 
partes y cada uno dellos en veinte mil maravedís, y á los abo- 
gados que las hicieron, diciendo que era recusación de toda 
la Audiencia, siendo así que por las ordenanzas de Madrid se 
permite, como parece por la ley cuarta, título décimo del libro 
segundo, recusar á todos los Jueces del Consejo no cons- 
tando que es de malicia, sino por causa que igualmente con- 
curra todos ellos, y en este caso no proceden las leyes que 
prohiben recusaciones generales; y aunque los dichos Jueces 
debieran pronunciar auto en la recusación ante todas cosas y 
admitir en ellas su aplicación de mis partes, conforme á la ley 
del Reino, no lo hicieron, antes determinaron la causa junta- 
mente en definitiva y condenaron á cada uno de los dichos 
presos en suspensión de sus oficios y destierro, y á unos en mil 
ducados y á otros á quinientos y otros á doscientos, mandan- 
do en las mismas sentencias que se ejecuten luego, que es 
cosa tan contra derecho, mayormente en caso de esta calidad, 
como todo ello consta deste traslado que presento de todos 
los dichos autos y sentencias, el cual viene simple porque el 
Audiencia no lo quiere dar ni hay Escribano que se atreva á 
autorizallo; pero juro á Dios en ánima de mis partes 9.er cier- 



APÉNDKJi:. 471 

ío y verdadero, y á mayor abundamiento desde luego me pre- 
sento ante V. A. en grado de nulidad ó suplicación de la 
dicha sentencia. — Pido y suplico á V. A. me mande admitir y 
dar su provisión para que los dichos presos sean sueltos en fia- 
do y la Audiencia envié el proceso original, para que se vea y 
determine ante V. A. y que la Audiencia no ejecute sus sen- 
tencias y si en virtud dellas hubiere ejecutado se les vuelva 
lo que por esta razón se les hubiere llevado y sacado, hasta 
que por V. A. se a visto y determinado conforme á justicia; 
y para ello, etc. — Juan Garcia de Solís. — El Licenciado Juan 
Alonso Suarez. 



Al otro lado por la parte esterior dice: «La Ciudad^de Se- 
villa S.° marmol»— «La Ciudad de Sevilla S.° marmol» — en Ma- 
drid á* pr.° de Hebr." de i 599 años. — Sigan su justicia.» — Hay 
una rúbrica. 

Sigue una copia simple de las actuaciones del proceso que 
va están estractadas. 



SEÑOR. 

Por otra dimos quenta á V. M. de lo sucedido con el 
Audiencia el dia que asistió con esta Ciudad á las obsequias 
del Rey Ntro. señor questá en el cielo, y con quan mal tra- 
tamiento prendieron en la Cárcel Real á P.^ Escobar Melga- 
rejo, veintiquatro é procurador mayor desta ciudad, al darle 
un recaudo nuestro que llevaba al Regente del Audiencia con 



472 APÉNDICE, 

que pretendíamos quitar las diferencias que habían comenzada 
entre el Cabildo de la Yglesia é Ynquisicion con el Audiencia^ 
después desto le soltaron y habiéndolo estado tres ó quatro 
dias, y entendido que en el Cabildo de oy auia salido nombrado 
para yr á dar quenta á V. M. de aquel suceso sin aver nueva 
causa le bolbieron á prender á él y á Don Juan Ponce de 
León, Alcalde mayor y á D. Jhoan Ponce de León, Veinti- 
quatro desta Ciudad, como consta de los testimonios que se 
presentan ante V. M . á quien damos quenta y le suplicamos 
se sirva de mandar despachar su Real privission para que lue- 
go sean sueltos, pues no es ocasión para prender los caualle- 
ros deste Cabildo ninguna de las quel Audiencia ha tomado 
para hazerlo sino, solo la mala voluntad que ha mostrado 
siempre á todo lo que toca á esta Ciudad. Gde. D. L. C. P. 
D. V. M. Sevilla 2 de Diciembre de 98. — Licdo. Antonio de 
Collazos Aguilar. — El Marqués del Algaba.— Alonso de Vargas 
Sotomayor. — P.° Cavallero de Illescas. — Don Melchor Maldo- 
nado. — D. Juan de Luna Ponce de León. — Hernando de Ná- 
íiera, secretario, — Ala vuelta dice «Sevilla.» 



SEÑOR. 

El Regente y Jueces del Audiencia de V. M. de esta ciu- 
dad de Sevilla, decimos que en la causa que se ha tratado con- 
tra los Veintiquatro de esta Ciudad que fueron causa del albo- 
roto que se causó en la Yglesia mayor el dia que se trató de 
celebrar las honras por la Magestad del Rey D. Phelipe nues- 
tro Señor que está en el cielo, para que los presos pudiesen 
con mas brevedad tratar de su descargo sin esperar á los 



APÉNDICE. 4y3 

acuerdos, remitimos el sustanciar la causa hasta la definitiva 
al Licdo. D. Fernando Ramírez, Juez de esta Audiencia, ante 
el qual el fiscal propuso su acusación y de ella dio traslado 
á los presos, recibiendo la causa á prueva con quatro días 
con todo cargo y después á petición del fiscal prorogó otro 
dia mas, en todo el qual tiempo ninguna diligencia hizo la 
parte de los presos hasta el último de los cinco en la noche, 
que, sin aver respondido al cargo, pidieron treinta dias de tér- 
mino, el qual le denegó el dicho D. Fernando y la parte de 
los presos suplicó para el acuerdo y en él se le prorogó el 
término otros tres dias mas, contándose en ellos el proprio 
dia en que se proveyó y tampoco en este término hicieron 
diligencia alguna. El dia siguiente passado el término en el 
acuerdo D. Juan Ponce, uno de los veintiquatros que era me- 
nor, pidió restitución contra el lapso del tiempo y se le con- 
cedió con la mitad del término probatorio, los demás recu- 
saron á todos los Jueces de esta Audiencia; y, por ser la re- 
cusación contra ley de V. M., no se admitió y se condenaron 
en cada veinte mili maravedís conforme á la ley, y á los abo- 
gados que la firmaron en cada seis ducados y con esto se 
procedió á sentenciar difinitivamente, condenando á P.» Mel- 
garejo procurador general en medio año de suspensión del offi- 
cio de procurador y veintiquatro, y en un año de destierro mitad 
preciso y mitad voluntario y en doscientos ducados mitad 
cámara y gastos; y al escribano que fué con él á hacer el re- 
querimiento, en medio año de suspensión de officio de escriba- 
no de Cabildo. A D. Silvestre de Guzman en un año de sus- 
pensión de officio de veintiquatro, dos años de destierro,, uno 
preciso y otro voluntario y en mili ducados mitad cámara y 
gastos. A D. Juan Ponce, Alcalde mayor medio año de sus- 
pensión de officio de Alcalde mayor, un año de destierro mitad 
preciso y mitad voluntario y quinientos ducados. A D. P.» de 
Céspedes, veintiquatro, en tres meses de suspensión de officio 
Sucesos de Sevilla. 52 



474 APÉNDICE. 

de veintiquatro y seis meses de destierro mitad preciso y mi- 
tad voluntario y doscientos ducados mitad cámara y gastos. 
Pronunciada la sentencia, los veintiquatros pidieron el proceso 
y se les dio, y el fiscal á suplicado. En este estado queda la 
causa en la qual los reos no an tratado ni tratan de respon- 
der pretendiendo la ha de abocar V. M. á si, cuya pretensión 
si tuviese efecto y no fuesen castigados por mano del Audien- 
cia, seria acabar de perder del todo el respeto á la Audiencia 
y quedar con mas libertad de la que hasta aquí an tenido de 
atreverse á dciscomedir contra ella en todas las ocasiones que 
se offrecieren, no recognociéndola por superior; de lo cual, fue- 
ra del gran deservicio de V. M. resultarla grandísima ocasión 
de alborotos cada dia, todo lo qual cesará castigándolos el 
Audiencia de este y los demás excessos que hicieren, pues sa- 
biendo^ los sabe castigar, estando tan á la mano para hacerlo 
les servirá de freno para que no se atrevan á cometerlos. 
V. M. provea en todo lo que mas á su Real servicio con- 
venga. Dios 'guarde la Chatólica persona de V. Magestad de 
Sevilla y Enero 2 5 de 99.— Licdo. P.^ López de Alday.— El 
Licdo. Diego López Bueno. — Licdo. Andrés Ponce de León. — 
Dr. Alonso Ximenez Guerra. — El Licdo. Gaspar de Vallejo.— 
El Licdo. Fernando Remirez Fariñas. — El Licdo. D. Francisco 
Navarrete Eslaba. — A la vuelta dice «La Audiencia de Sevilla. 
— S.*' Marmol— en Madrid á tres de Hebrero de 1599 años.— 
Viose el dicho dia en el Consejo.^) 

Toda la carta está escrita de letra del Sr. Navarrete Eslaba. 



Siguen las órdenes del Rey á los Ynquisidores para que 
alzaran las censuras y absolvieran ad cautelam á las personas 



APÉNDICE. 47D 

excomulgadas y para que los licenciados Blanco y Zapata se 
presentaran en Madrid, las cuales están ya anotadas. 



SEÑOR. 

La Ciudad de Sevilla dice; que por otras dio cuenta á 
V. Magestad de lo sucedido el dia que se celebraban las hon- 
ras del Rey Ntro. señor que sea en gloria, entre la Audien- 
cia é Ynquisicion, y como sin culpa alguna el Audiencia ha- 
bla preso á D. Juan Ponce de León, Alcalde mayor D. Pedro 
de (Céspedes y Figueroa, D. Silvestre de Guzman, D. Juan 
Ponce de León y Pedro Descobar Melgarejo, Veintiquatros, 
y Fernando de Najera, teniente de escribano del Cabildo y 
otras personas, y porque hasta ahora lo están, auiendo mas 
de un mes que se continua su prisión, y juntádose muchas 
veces el Audiencia á tratar y conferir sobre cosas de las hon- 
ras después de auer recibido el último despacho de V. M. 
en que las mandó hacer, y siendo necesario para asistir allí 
llamar los regidores ausentes y presentes les dexaron estar 
presos para que no se hallasen como no se hallaron en ellas. 
Suplica á V. AL que atento que á tantos dias questan presos 
y quen lo que aquel dia sucedió la dicha Ciudad no tuvo cul- 
pa, antes deseó quanto le fué posible ataxar competencias en- 
tre aquellos Tribunales y los dichos cauaileros, y las demás 
personas questan presos en cosa alguna hicieron excesos para 
merecer la prisión que an tenido y tienen, V. xMagestad se 
sirva de mandar al Regente y Oidores de aquella Audiencia 
les suelten libremente de la prisión que tienen en que recibi- 
rá merced muy grande, — Licd. Antonio de Collazos Aguilar. — 
D. Andrés de Monsalve. — D. Gonzalo de Saavedra. — D. Juan. 



47^ APÉNDICE. 

de Arguijo. — D. Martin de Jáuregui. — Luis de Herrera. — Don 
Garcia de Arguijo. — Juan Antonio del Alcázar. — Pedro Caua- 
llero de Illescas. — Diego de Colindres. — D. Juan Maldonado 
de Saavedra.— Bartolomé López de Mesa. — A la vuelta dice 
«Sevilla» y en otro lado parece que dice «que se vio» ó «que 
se oye.» 



SEÑOR. 

El Regente y Jueces de la Audiencia de V, M. de esta 
Cibdad de Sevilla decimos, que por otra hemos dado cuenta 
á V. M. como en la causa que se ha tratado contra D. Juan 
Ponce Alcalde mayor y otros veintiquatros, por lo succedido en 
la Yglesia mayor en 26 de Noviembre próximo passado, pronun- 
ciamos sentencias de vista, de que suplicó el Fiscal de V. M . 
y los dichos reos, á los quales se les dio el proceso y lo tu- 
vieron hasta que de su voluntad lo volvieron y presentaron in- 
terrogatorios en su descargo, y trece testigos que digeron por 
ellos, para lo qual se les dieron en esta instancia en diversas 
veces ocho dias con todo cargo, y estando la causa en estado 
para sentenciarse, y vistas las probanzas jueves 4 de este, sen- 
tenciamos en revista, confirmando las sentencias de vista contra 
los dichos veinte y quatros, excepto contra D. Juan Ponce, veinte 
y quatro, menor, que por auerle restituido contra el lapso de e' 
tiempo de la prueba en vista^ no está dada contra él, mas de 
la primera sentencia en que le condenamos en tres meses de 
suspensión de oñicio y seis de destierro, y docientos ducados 
después de lo qual^ sábado seis de este, el Regente recibió un 
pliego con una carta acordada de i.o de este, y el mismo dia 
le trajo otra un veinliquatro, de 27 de el passado por las qua- 



APÉNDICE. 477 

les manda V. Magestad que concluyamos la causa y enviemos 
nuestros pareceres con la dicha causa la cual tiene ya el es- 
tado que hemos referido. Suplicamos á V. M. considere quan 
necesaria cosa es que los veinte y quatros sean castigados por 
mano del Audiencia como escribimos en la passada. Nuestro 
Señor guarde la C. R. P. de V. M. etc. de Sevilla 8 de He- 
brero de i 599. — Licdo. P.o López de Alday. — El Licdo. Diego 
López Bueno. — El Licdo. Andrés Ponce de León. — Dr. Alonso 
Ximenez Guerra. — El Licdo. Gaspar de Vallejo. — El Ldo, Fer- 
nando Ramírez Fariñas. — La Audiencia de Sevilla. — S.° Mar- 
mol. — Viose en el Consejo en Madrid á 16 de Hebrero de 1599 
años. 



SEÑOR. 

Por otras representamos á V. xMagestad lo sucedido entrel 
Audiencia desta Ciudad y la Ynquisicion el dia que se comen- 
zaron á celebrar las ebsequias del Rey nuestro señor questa 
en el cielo, y como auia resultado de aquello que sin causa ni 
razón auia el Audiencia mandado prender á D. Juan Ponce de 
León, Alcalde mayor D. Pedro de Céspedes y Figueroa, Don 
Silvestre de Guzman, Pedro Descobar Melgarejo y D. Juan 
Ponce de León, veintiquatros y Alonso de Nájera, teniente 
describano del Cabildo, y suplicamos á V. M. mandar despa- 
char su Real cédula para que los presos se soltassen y la cau- 
sa se llevase al Real Consejo, para que allí se determinase. 
V. M. se sirvió de mandar se les diesen sus casas por cárcel 
conquel Audiencia á ydo procediendo, dándoles solos tres dias 
de término para que se descargassen de la culpa que les an 
querido hallar, sin auer cometido alguna, y aunque les recu- 



47^ APÉNDICE. 

saron, sin oylles sobre la recusación ni dádoles el pleito pana- 
alegar de su justicia, an sentenciado los dichos caualleros y 
escriuano en las penas que constará por el testimonio que 
dello se presenta ante V. M.,de questa Ciudad tiene el senti- 
miento que semejante agravio le obliga, así por saber como 
cosa que sucedió delante de todos que los dichos caualleros 
y escriuano no hicieron ni dijeron cosa alguna porque deuan 
ser castigados, como porque volviendo los ojos á los continuos 
servicios que siempre hacer pudiera esperar diferente tratamien- 
to quando la tuvieran sus regidores, particularmente que todo 
el año procura esta Ciudad en particular y general agradar 
y dar á entender á los Jueces dcsta Audiencia quanto les es- 
timan, precian y obedecen y todo esto no basta para mitigar 
el odio que le tienen, y se echa muy bien de ver en la ocas- 
sion presente de que damos quenta á V. M. suplicándole se 
sirva de mandar despachar su Real Cédula para que los presos 
sean sueltos y la causa se lleve ante V. M. original, para que 
alií se determine y quel Audiencia hasta entonces no execute 
ninguna sentencia ó sentencias que en ella aya pronunciado, y 
si algunas condenaciones uviere cobrado destos caualleros se 
les bueluan. Suplicamos á V. M. así lo provea y mande quen 
ello recibirá esta Ciudad señaladíssima merced. Gde. D. L. C. 
P. D. V, M. muchos años. Sevilla 23 de Hebrero de 99. — Li- 
cenciado Collazos de Aguilar. — D, Andrés de Monsalve, — Don 
Juan Vicentelo. — D. Luis de Vallejo. — Francisco Antonio Ma- 
luenda. — Francisco Ramírez de Guzman. — Diego Martin Pérez. 
— Alvaro Cauallero de Illescas. — D. Melchor Maldonado. — To- 
ribio Descalante.— F'elipe Pinelo. — D. R.° de la Torre y Vera. 
— Secretario mayor. — A la vuelta dice «Sevilla»=aLo proveído 
en esta petición que sigan su justicia.» 



APÉNDICE. 



479 



MUY P.o SEÑOR. 

Juan García de Solís, en nombre de la Ciudad de Sevilla digo; 
que mi parte, por diferentes cartas y peticiones, ha suplicado á 
V. A. se sirva de mandar que el Alcalde mayor y veinte y qua- 
tros y las demás personas que por mandado del Audiencia de 
Sevilla están presos, por lo sucedido en las honras, sean puestos en 
soltura; y porque no se ha proveido la dicha soltura, el Audiencia 
va procediendo contra los presos y dándoles términos, siendo ansí 
que ni ellos han cometido esceso alguno, ni llegado á descargarse; 
ni lo pueden hacer ante los Jueces de la dicha Audiencia; porque 
lo que ellos pretenden poner de culpa á los dichos Regidores, 
es descargo de los Jueces de la misma Audiencia, y tanto^ cuanto 
los dichos Regidores se descargaren en no haber excedido el cargo 
contra la misma Audiencia, de minera que vienen á litigar ante 
Jueces que son parte en este negocio, demás de lo cual, cuando 
hubiera habido algún exceso, la prisión de dos meses y la de- 
jación y nota que en ello han rescibido, debe bastar para que 
sean sueltos.— Por tanto^ pido y suplico á V. A. mande dar 
su provisión, para que luego sean sueltos libremente ó á lo me- 
nos en fiado, y ansí mismo se mande que la Audiencia invie 
los procesos originales al Consejo, como se ha proveido otras 
veces en el negocio de María de la O. y todas las que ha ha- 
bido prisiones de Regidores en cosa en que la Ciudad se ha 
quejado ante V. A. de la Audiencia, y traídos los pleitos al 
Consejo se proveerá justicia, y los presos se podran descargar 
y hacer sus probanzas libremente, lo cual no han hecho ni 
pueden hacer en Sevilla, por lo que está referido y para ello 
etc., pido justicia. — Otro sí, suplico á V. A. mande que se dé 
provisión para que si la Audiencia hubiere sentenciado los di- 



480 APÉNDICE, 

chos pleitos, ó alguno de ellos^ sin embargo les otorgue la ape- 
lación ó suplicación para ante V. A. y los suelten como está 
dicho; y invien el proceso original, y para ello, etc. —El Lido. 
Juan Alonso Suarez. 

A la vuelta dice: «La Ciudad de Sevilla en Madrid á 27 de 
Henero i5gg años, acudan á la Audiencia.» 



Yo José de Villanueva, Escribano de S. M. y de Comisio- 
nes del Cabildo y Regimiento de esta Ciudad de Sevilla por don 
Rodrigo de la Torre y Vera, Escribano mayor del dicho Ca- 
bildo, por S. M.^ certifico y doy fee: que hoy dia de la fecha de 
este, he visto presos por mandado de la Real Audiencia desta 
dicha Ciudad en la cárcel de la dicha Audiencia á D. Juan Pon- 
ce de León, Alcalde mayor de esta Ciudad, y á D. Pedro de 
Céspedes Figueroa, D. Silvestre de Guzman, D. Juan Ponce de 
Almansa, Pedro Descobar Melgarejo, veintiquatros, y ansi mis- 
mo certifico é doy fee que habiéndoles concedido y dado licen- 
cia el Regente é Oidores de la dicha Real Audiencia á los di- 
chos Pedro Descobar Melgarejo y D. Juan Ponce de León y 
D. Juan Ponce de Almansa, para que se hallasen en el Cabildo 
de esta Ciudad hoy dia de la fecha deste, á la elección de Pro- 
curadores de Cortes, estaban aguardando á los susodichos y á 
los dichos D. Silvestre de Guzman y D. Pedro de Céspedes 
Figueroa, dos alguaciles de la dicha Real Audiencia á la puerta 
de la Sala del dicho Cabildo para llevarlos á la dicha cárcel, 
como los llevaron é pusieron presos en ella en mi presencia, 
hallándome á todo presente y demás de los dichos presos lo está 
ansi mismo Fernando de Najara, S.° Teniente del dicho Don 
Rodrigo de la Torre, por mandado de la dicha Audiencia, y 



APÉNDICE. 481 

para que dello conste de pedimento de los susodichos, di esta 
fee é testimonio en la dicha Ciudad de Sevilla en miércoles nue- 
ve dias del mes de Diciembre de mil y quinientos y noventa y 
ocho años. — Va entre reglones presos en ella. — Vala. — Enmen- 
dado — dichos — vala — y en fee dello fice mi signo en testimo- 
nio de verdad. — José de Villanueva. — S." — Sin derechos. 



SEÑOR. 



La Ciudad de Sevilla dice; que auiendo V. M. á suplica- 
ción suya mandado quel Regente y Jueces de los Grados dclia 
diesen sus casas por cárcel á los caualleros Regidores que te- 
nían presos por lo que sucedió en las honrras del Rey Ntro. 
Sr. questá en el cielo, los dichos Regente y Jueces van pro- 
cediendo contra los dichos caualleros, y auiéndoles pedido sol- 
tura para asistir á las honrras que V. M. mandó se voluiesen 
a hazer, se la negaron, y lo mismo hicieron en la que pidie- 
ron para las Pasquas, no habiendo cometido delito, y siendo la 
Ciudad la injuriada y agraviada, tan notablemente como lo dize 
en la querella que ante V. M. á dado, y porque aora acabo de 
tantos dias questan presos les ha puesto el fiscal acusación, co- 
mo si fueran culpados, y se les ha hecho cargo y dado qua- 
tro dias de término y prueba, y á lo que parece llenan ánimo 
de los sentenciar, en lo qual toda esta Ciudad y los presos re- 
ciben notorio agravio porque no pueden hazer descargo de lo 
que se les ymputa ante los mismos Regente y Jueces, porque 
no aura quien ose dezir antellos la verdad de lo que pasó, por- 
que della misma resultará mucho cargo á los mismos Jueces y 

Sucesos dk Sevilla. 53 



482 APÉNDICE. 

emparticLiIar á Iüs que compalabras y obras, con mucha ynde- 
cencia y desautoridad de su officio y de la Ciudad ynjuriaron 
á su Procurador mayor que les llevaba el recaudo de la Ciudad 
para que diesseii orden como se continuassen las honrras y es- 
cusassen el escándalo y alboroto que auia entrellos y los Yn- 
quisidores y cabildo de la Yglesia por auer cubierto sus asien- 
tos con bayetas, contra lo que siempre se auia hecho y ellos 
mismos el dia antes en las bisperas, y contra el respeto que se 
deuia á la Persona Real que allí se representaba, por lo qual 
la dicha Ciudad queda con mucho sentimiento y espera de V. M. 
que con gran demostración le á de satisfacer mandando reme- 
diar agravios tan notables y públicos, no permitiendo ni dando 
lugar aquel dicho Regente y Jueces que le an agraviado, sean 
en esta causa, ques suya propia, Jueces— pide y suplica á V. AL 
se sirva de mandar que! Regente y Jueces desta Audiencia no 
procedan mas en la dicha causa contra la Ciudad y los Regi- 
dores que tienen presos, y envien ante V. M. el processo y au- 
tos origmalmente, para que vistos por V. M., prouea lo que 
fuere mas seruido, oyendo á Sevilla en razón de la dicha que- 
rella que á dado, v en el entretanto que se suelten los presos 
que tanto a que padecen sin culpa, en que recibirá md. — Lido. 
Collazos de Aguilar. — D-. Andrés Monsalve.— D. Melchor Mal- 
donado.— Bartolomé de Hoces — D. Pedro de Pineda, escribano 
mayor. 

A la vuelta dice: -La Ciudad de Sevilla S.** Marmol en Ma- 
drid á 18 de Henero de \5qg años. Informe la Audiencia.» 



Sigue testimonio de peticiones de los presos y sentencias del 
tribunal que va están estractadas. 



AP^NDict:. 483 



SEÑOR. 

La Ciudad de Sevilla dice: que por otras suplicaciones á 
dado á entender el grande y notorio agravio quel Audiencia desta 
Ciudad le á hecho en la prisión de D. Juan Ponce de León, 
Alcalde mayor, D. Pedro de Céspedes y Figueroa, D. Silvestre 
de Guzman, Pedro Descobar Melgarejo y D. Juan Ponce de León, 
Veintiquatros, y en auer procedido contra ellos por auer lle- 
vado ciertos recaudos de parte de la Ciudad el dia que se hi- 
zieron las honras del Rey nuestro Señor questá en el cielo, á 
los Ynquisidores y al Cabildo de la yglesia y á la dicha Au- 
diencia, todo á fin de que se apaziguase un grande escándalo 
que se auia lebantado en el dicho dia á la misa por estar cu- 
biertos con paños negros ios escaños con espaldar en que es- 
taban asentados el Regente y Juezes de la dicha Audiencia, auien- 
do estado las vísperas descubiertos, como siempre lo an estado 
en semejantes honras reales y hasta ora no á sido V. M. ser- 
vido de proveerá las supplicaciones de la dicha Ciudad, porque 
parece que se deue de haber hecho á V. AL siniestra relación 
de lo que sucedió el dicho dia, v porque después acá los di- 
chos Regente y Juezes, continuando las demostraciones con la 
pasión con que comenzaron a proceder en el dicho negocio, an 
hecho cargo á los dichos presos, y mandadoles que se descar- 
gasen en un brevíssimo término con cargo de publicación y con- 
clussion y hecho quel fiscal los acuse sin darles treslado del pro- 
cesso ynformativo ni del plenario, aunque muchas vezes se les 
pidió porque no se pudiessen defender como no se defendieron y 
sentenciaron la causa estando recusados por causas que tocauan 
á todos por ser partes y proceder tan apasionadamente y contr^ 



4^4 APÉNDICE. 

derecho y en su propia causa en que auian sido reprehendidos 
por V. M., por auer cubierto los dichos asientos sin su orden 
ni licencia contra la costumbre, y de la sentencia se suplicó, y 
de auer condenado á los dichos presos porque hizieron la dicha 
recusación y á los letrados de la Ciudad que la ordenaron y fir- 
maron y executando las dichas condenaciones tocantes á las di- 
chas recusaciones^ sacándoles prendas y vendiéndolas, y finalmen- 
te, en quanto á la causa principal, auiendo hecho los dichos pre- 
sos muy buen descargo por donde consta que no tiene culpa 
alguna, sentenciaron la causa en revista, confirmando las sen- 
tencias de vista en todo en el mesmo dia y en el mesmo acuer- 
do en que los dichos presos pidieron su soltura, y auiendo su- 
plicado del breve término que se les auia dado para descargarse, 
y lo que peor es, auiendo visto el pleito en vista y revista en su 
acuerdo á puerta cerrada, sin que se hallasen presentes ni fuesen 
citados para la vista los letrados y Procuradores de los dichos 
presos, cosa nunca vista ni oyda ni permitida en derecho, todo lo 
qual á sido ún agravio el mayor deste género que se le puede 
hacer á la dicha Ciudad, que tanto á servido á V. M. en to- 
das las ocasiones que se an offrecido como es notorio, y pues 
desde! principio deste negocio la dicha Ciudad y los presos an 
acudido á V. M. descando ser juzgados por un tribunal tan justo 
y desapasionado, y no por los dichos Regente y Juezes, cuya 
pasión es tan descubierta y notoria. Suplica Humildemente á 
V. M. que pues no hay cosa juzgada que V. M. no la pueda 
remediar mayormente en el caso susodicho en que hay tantas 
nulidades y agravios, sea servido de dar su Real provission pa- 
ra quel Regente y Juezes de la dicha Audieneia no executen 
las dichas sentencias que tienen dadas, y si las vuieren execu- 
tado bueluan las prendas y dineros que vuicseñ sacado y lic- 
uado á los dichos presos, así por caussa de la dicha recusación 
como por la causa principal, y suelten los presos libremente, á 
lo menos con la fianza que V. M. mandare, y guc cnbien el 



APÉNDICE. 485 

proceso original ante V. M. para que lo mande ver y desa- 
graviar la dicha Ciudad y presos como de V. M. y de su Real 
clemencia y de la calidad del negocio se confia, y para ello, etc.. 
Y pide justizia. — Lido. Collazos de Aguilar. — D. Andrés de Mon- 
salve. — D. Juan Vicentclo. — Bartolomé de Hozes. — D. Gonzalo 
de Saavedra. — D. Juan Maldonado de Saavedra. — D. Juan de 
Arguijo. — Juan Nuñez de Yllescas. — D. García de Arguijo. — Fe- 
lipe Pinclo. — D, Rodrigo de la Torre y Vera, SS.no mayor. 

A la vuelta: «La Ciudad de Sevilla. — S.** Marmol. — En Ma- 
drid á 12 de Hebrero de 1 699 años.— Sigan su justicia. 



SEÑOR. 



El Regente y Juezes desta Audiencia de V. M. desta Ciu- 
dad de Sevilla decimos, que por dos cartas acordadas del Con- 
sejo Real de V. M., una de 27 de Enero y otra de i.° de Fe- 
brero, se nos ordenó embiasemos las senteneias que diésemos 
en la causa contra los veintiquatros desta Ciudad antes de pro- 
nunciarlas, y como por otra nuestra emos referido dos dias an- 
tes que recibiésemos las dichas cartas, estaban los quatro dellos 
sentenciados en revista, y solo con D. Juan Ponce, veintiquatro, 
por aucrse restituido como menor, estaba la causa pendiente^ en 
la qual, después de conclusa, nos pareció confirmar la senten- 
cia en quanto á los tres meses de suspensión, y por algunas 
razones que nos movieron en quanto al destierro, lo confirma- 
mos con que fuese todo voluntario, y con que los dusientos du- 
cados en que le condenamos, fuesen ciento, cite es el estado 



486 APÉNDICE. 

desta causa en la qual no emos pronunciado la sentencia asta 
ver lo que V. xM. manda, cuya católica perdona guarde nues- 
tro Señor, etc. — De Sevilla y Marzo primero de 1599 años. — 
Lido. Pedro López de Alday. — El Lido. Diego López Bueno. 
Lido. Andrés Ponce de León. — Dr. Alonso Ximenez Guerra.— 
El Lido. D. Fernando Remirez Fariñas. — El Lido. Francisco 
Navarrete Eslava. — El Lido. Gaspar de Vallejo. 

A la vuelta dice: «El Audiencia de Sevilla.— S.'^ Marmol. 
—En Madrid á 25 de Marzo de 1599.— A consulta. — Está bien 
el auerlo consultado. » 



SEÑOR. 

Digo yo, Bartolomé de Hoces, veintiquatro y Procurador 
mayor de Sevilla, que recibí de Benito Montejano, escribano 
de la Real Audiencia de Sevilla, el proceso y autos fechos en 
ella por los Sres Regente é Oidores contra D. Silvestre de Guz- 
man y otros veintiquatros de la dicha Ciudad, sobre la diferen- 
cia que ubo quando se celebraron las honras del Rey nuestro 
Señor, fecho en Sevilla á veintiún días del mes de Junio de 1699 
años, y un pliego cerrado y sellado que el sobre escrito de él 
dice: á el Rey nuestro Señor en su Real Consejo de Cámara en 
manos de D. Luis de Salazar su Secretario fecho ut supra. — 
Bartolomé de Hoces.— Corregido con el original. = Benito Mon- 
tejano. 

A la vuelta dice: «Traslado y testimonio de como se entregó 
el proceso trasladado sobre e. encuentro que el Audiencia tuvo 
con el Cabildo de Sevilla al Veintiquatro Hoces su procurador.» 



APÉNDICE. 487 



SEÑOR. 

Pedro de Escobar Melgarejo, veintiquatro de Sevilla, y su 
Procurador ma^^or en nombre de la dicha Ciudad, digo que auien- 
dose hallado presentes á las honras del Rey nuestro Señor que 
está en el Cielo, la Audiencia é Ynquissicion, Yglesia y Ciu- 
dad la dicha Audiencia contraviniendo á lo que S. M. tenia 
mandado y se acostumbrada á guarcar que en semejantes hon- 
ras Reales no ayaii de t^ner Irs asientos cubiertos con paños 
de ninguna forma, ':s cubrió aq-iel d'a, y lo propio hizo á los 
de sus mugeres, que ertahan :en:?.ds.s junto á ellos, auiendo es- 
tado el dia antes de las bispera". descubiertos, sigun la dicha 
borden, de lo qual resultó que la Ynquissicion é Yglesia les yn- 
biaron ciertos recaudos con sus ministros, pidiéndoles asistiesen 
á las dichas honras como S. M. lo tenía mandado, y en su cum- 
plimiento descubriesen los dichos asientos, lo qual no quisieron 
hazer, y dello resultó que la Ynquisicion mandó cesar con los 
oficios divinos hasta que la Audiencia guardase la borden acos- 
tumbrada en semejantes dias, y visto por la Ciudad el escándalo 
y alboroto que entre los dos tribunales y el de la Yglesia auia 
llamó á su procurador mayor, al qual hordenó que fuese con 
un recaudo de su parte á la dicha Audiencia, haziéndoles sauer 
como la Ynquissicion é Yglesia mandaban cesar con los oficios 
divinos, por causa de tener los asientos suyos y de sus mu- 
geres cubiertos, que le pedian é suplicauan no fuesen parte que 
las bonrras del rrey nuestro Señor se dexascn de conseguir y 
acauar, y sobre todo, acordasen lo que mas conviniese al ser- 
vicio del Rey nuestro Señor. E yendo el dicho Procurador ma- 
yor con la dicha embaxada. y llegando con el respecto que se 
deuia donde cstaua sentado el dicho rregentc y Audiencia, y 



488 APÉNDICE. 

diziendo que suplicaua á su S.^ le diesse licencia para dar un 
rrccaudo de parte de la Ciudad, se levantaron el dicho rregen- 
te y Andrés Ponce de León y el Lido. Gaspar de Vallejo y Don 
Francisco de Navarrete, y dixeron al dicho procurador mayor 
palabras muy afrentosas, y en aquella publicidad lo hizieron lle- 
var á la cárcel pública, de manera que por causa de la dicha 
Audiencia se dexaron de acauar las honras aquel dia, de todo lo 
qual se dio cuenta al Consejo por parte de la Ciudad, el qual, 
reprehendió á la Audiencia por lo hecho, y mandó se uoluiesen 
á hazer las honras del rrey nuestro Señor, y asistiesen á ellas 
con los asientos descubiertos, como siempre auia sido uso y 
costumbre, por todo lo qual quedó la dicha Audiencia con tan 
grande enojo, que procedió contra el dicho Procurador mayor 
y contra D. Juan Ponce de León, alcalde mayor, D. Pedro de 
Céspedes Figueroa, D. Silvestre de Guzman, D. Juan Ponce de 
León Almansa, veintiquatros, que ansi mismo auian llevado de 
parte de la Ciudad los dos dellos un rrecaudo á la Ynquissi- 
cion y los otros dos á la Yglesia pidiéndoles que apaziguasen y 
no permitiesen se dexasen de proseguirlas honrras del Rey maes- 
tro Señor. Y visto la dicha Ciudad la pasión con que la Au- 
diencia prosedió por cinco suplicaciones, pidió ai rreal Conse- 
jo mandase dar su compulsorio para llevar el pleito ante si y 
determinarlo, y no conosciese del la dicha Audiencia, pues eran 
partes y no era justo juzgasen su propia causa. El dicho Con- 
sejo rreal, por la autoridad de la dicha Audiencia se yniuio del 
conoscimiento ¿ella sin querer proueher nada á las dichas su- 
plicaciones ni á la querella que la dicha Ciudad dio de la di- 
cha Audiencia por lo suscedido aquel día de las honras, y dio 
lugar á que la dicha Audiencia condenase á los dichos Procu- 
rador mayor y Alcalde mayor y veintiquatros en penas pecu- 
niarias y destierros y privaciones de botos actiuos y pasiuos del 
Cabildo, estando rrecusados por causas que locauan á todos los 
dichos juezes, por ser partes y proceder tan apasionadamente y 



APÉNDICE. 489 

contra derecho en su propia causa en que auian sido reprehen- 
didos por el Real Consejo, por auer cubierto los asientos é ido 
contra la costumbre usada y guardada, y de la sentencia se su- 
plicó, y de auer condenado á los dichos presos que hizieron la 
dicha recusación, y á los letrados de la Ciudad, que la hordena- 
ron, y executado las dichas condenaciones sacándoles prendas y 
vendiéndoselas, y finalmente, en quanto á la causa principal 
auiendo hecho los dichos presos muy buen descargo, por don- 
de consta que no tiene culpa alguna, confirmaron las senten- 
cias de vista en todo y por todo, en lo que tocó á los qua- 
tro de los presos, y á D. Juan Ponce de León Almansa, por 
ser pariente de Andrés Ponce de León, oydor de !a dicha Au- 
diencia, lo dieron en fiado, siendo toda una misma caussa, y 
estar condenado en vista como los demás, el mismo dia y en 
un mismo aquerdo, que fué quando los dichos presos pidieron 
soltura, y suplicado del breve término que se le auia concedi- 
do para descargarse, y lo que peor es, auiendo visto el pleito 
en vista y rrevista en su aquerdo, á puerta cerrada, sin que se 
hallasen presentes ni fuesen citados para la uista los letrados 
y procuradores de los dichos presos, ni de la Ciudad, cosa nun- 
ca vista ni oida, ni permitida en derecho, todo lo qual á sido 
un agravio, el mayor deste género que se le puede hazer á la 
dicha Ciudad, que tanto ha servido á V. M. en todas ocasio- 
nes que se an ofrescido, como es notorio, y pues desde el prin- 
cipio de este negocio la Ciudad y los dichos presos an acudido 
al Real Consejo, deseando ser juzgados por un tribunal tan jus- 
to y desapasionado, y no por los dichos rregente y juezes, cu- 
ya pasión está tan descubierta y notoria. Y para que V. M. 
eche mas bien de uer de la manera que el Regente y juezes de 
la dicha Audiencia proceden auiendo publicado la sentencia de 
rrevista contra los dichos presos, martes cinco de Hebrero des- 
te pres ente año, y auiéndolo priuado de boto activo y pasivo 
del Cauildo y destcrrádolo sauado seis dias del mes de Marzo 
Sucesos de Sevilla. 54 



490 APÉNDICE 

deste dicho año los dichos rregente y jueces dieron licencia A 
D. Silvestre de Guzman y Pedro de Escobar Melgarejo, veintí- 
quatros para que se hallasen en el Cauildo de aquel dia y bo- 
tasen en el, como botaron, de que consta por los testimonios 
de las dichas sentencias y de D. Pedro de Pineda, escribano ma- 
yor de dicho cauildo, y esto ha sido una cosa nunca vista ni 
permitida sin cédula particular en que V. M. lo mande que las 
Audiencias alteren sus sentencia de uista y rrevista como los di- 
chos Regentes y jueces las alteraron. 

La Ciudad suplica humillmente á V. M. pues no ay cosa 
juzgada que V. M. no lo pueda remediar, mayormente en el 
caso susodicho en que ay tantas nulidades y agravios, sea ser- 
uido dar su Real cédula para que la dicha Audiencia ynbie el 
pleito original ante V. M. y buelva los bienes y maravedises en 
que ha condenado á los dichos presos por la causa principal 
y recusaciones y costas_, y no executen la sentencia de destierro 
y privasion de ofñcios hasta tanto que el pleito lo juzguen y 
determinen los jueces que V. M. para ello señalare, y en esto 
recibirá la Ciudad particular fauor y merced, como de V. M. 
y su rreal clemencia la espera. 

Aunque esta solicitud no está firmada, fué á su destino y 
hubo de atenderse porque en su dobles esterior, dice: — «En 
Madrid á 26 de Mayo de i5gg años. — Hay una rúbrica. — Pro- 
visión para que envien el proceso original al Consejo con todos 
los autos á el tocantes. — Marmol.— Tiene la misma rubrica 
anterior. 



EL REY. 



Presidente y los de mi consejo, sabed; que la ciudad de 
Sivilla y Pedro Descobar Melgarejo beyntiquatro y procurador 



APÉNDICE. 491 

mayor della, me hicieron relación que el Audiencia que allí 
reside siendo parte y por enojos procedidos y sucedidos de la 
junta y dia de las honrras que se hicieron por El Rey mi se- 
ñor que está en gloria á procedido y procedió contra el di- 
cho Procurador y Alcalde mayor y otros beyntiquatros, y los 
condenó en bista y Revista en destierros y pribacion de oíTicios 
y otras pena rigurosas, y executándolas estando recusados, y 
ssiendo su causa propia. Abiendo en ella y en proceso y autos 
muchas y diferentes nulidades, como del se podria ber, é todo 
en agravio suyo, E que acudió á el Consejo á pedir justicia y 
me suplicaron lo mandase rremediar, mandando que se enbie 
el pleito original y se les buelbá los bienes é revoque las 
condenaciones,, y que no ynoben hasta que se vea y determine 
como mas en particular bereys en su petición que se os embia. 
E habiéndolo visto é siendo ynformado dello, mandé dar y di 
la presente para bos, por la cual os mando que traygays ante 
bos el proceso é autos de que se hace mincion, y oydas las 
partes lo beays y agays justicia, y si acerca desto tubierdes en 
que reparar é algunas causas y papeles para ello, lo abyseis y 
enbieis Relación ante mi con vuestro parecer. Dada en Valen- 
cia á XXVII dias del mes de Abril de mili y quinientos y no- 
benta y nuebe años. — Yo El Rey.— Por mandado del Rey 
nuestro señor, Alonso Muriel Baldibieso. — Al Presidente y con- 
sejo que trayga ante sí el proceso y autos entre el Audiencia 
de la ciudad de Sibilla y los beyntiquatros y alcalde mayor de 
ella y oydas las partes aga justicia y si ubiere causa para nos 
los traer lo abise y embie Relación con parezer Consultado. 



492 APÉNDICE. 



iMUY P.o SEÑOR. 

Di.° Gar.* de Meñaca en nombre de don Silvestre de 
Guzman, veynte y quatro de la ciudad de Sevilla como me- 
jor aya lugar de derecho me querello ante V. A. y digo que 
ya V. A. tiene noticia del pleyto que el rregente y oydores 
de la audiencia de grados de Sevilla hizieron contra mi parte 
y otros veyntiquatros y Regidores de la dicha ciudad sobre 
lo subcedido entre el Audiencia y Ynquisicion en las honrras del 
Rey nuestro señor que esté en gloria y como auiendose mi 
parte y los demás ynteresados y la ciudad agrauiado ante V* 
A. en el consejo de los agrauios que la audiencia les hazia 
se lleuó carta en que se les ordenaua que no lo determina- 
sen y ynuiasen el pleyto al consejo y el mismo dia que lle- 
gó la carta sentenciaron el pleyto condenando a mi parte en 
mili ducados y cierto destierro, todo lo qual executaron de lo 
qual de nueuo mi parte y los demás veyntiquatros y la ciu- 
dad se agrauiaron y a su pedimento V. A. mandó que los 
dichos Regente y Jueces ynuiassen al C.° dicho proceso ori- 
ginal y por no auello querido cumplir se escriuió mandán- 
doles que lo entregasen luego al correo mayor para que lo 
inuiase, y es anssí que en este medio mi parte auia salido de 
Sevilla a cumplir su destierro en quanto V. A. no lo rrevo- 
ca, y auiendole hecho V. A. merced del auito de Santiago, 
dio su cédula por la qual se le manda que dentro del tér- 
mino en ella contenido fuese al conuentode la dicha ciudad 
donde reciuiese el dicho auito, y en cumplimiento della y por- 
que no se pasase el término, mi parte fué á Sevilla y tomó 
auito en el dicho conucnto, como parece por el traslado desta 



APÉNDICI-. 493 

cédula que presento, y porque después de estar en Sevilla no 
podia boluer a cumplir el destierro porque por la peste que 
ay en ella no podia entrar ni ser recluido en ningún lugar, 
mi parte se fué a sus casas donde se estuuo siempre encerrado 
sin salir dellas, cumpliendo en esta forma en quanto era po- 
sible el dicho destierro, y aunque el rregente y jueces lo sa- 
uian nunca desto hizieron cargo a mi parte, reconociendo la 
ymposibilidad que auia para boluer a salir de la dicha ciudad^ 
hasta que agora auiendo llegado la dicha última carta en 
que a pedimiento de mi parte y los demás V. A. mandaua 
traer el dicho Proceso, como en efecto se á traido, movidos 
con la pasión desto y continuando la que en este negocio an 
tenido, sin notificar otra cosa a mi parte, fué por su man- 
dado el alguacil mayor del audiencia y con otros ministros de 
justicia lo llenaron preso a la puerta de Triana donde está 
con dos alguaciles de guarda; y él enfermo con tercianas (so 
color) y diciendo que auia quebrantado el destierro, siendo an- 
ssí que como tengo dicho mi parte vino en cumplimiento de 
la dicha cédula sin que se pueda dezir que quebrantó el des- 
tierro, y porque por una parte por el proceso principal que 
auenido consta las nuUidades y agrauios que vuo en la di- 
cha sentencia y sentencias que se pronunciaron y por otra 
consta tanuien que en lo presente ni á ávido culpa ni que- 
brantamiento y no es justo que en el estado y aflicción que 
se alia la dicha ciudad de Sevilla, sea mi parte tan molestado 
y forzado en este tiempo, a pasar enfermedad en una prisión 
tan des acomodada ni que se le aga tanta costa. — Pido y 
suplico A V, A. mande que mi parte sea suelto de la dicha 
carcelería libremente durante el término de la enfermedad de 
Sevilla, ó á lo menos en fiado la ciudad y arrauales por 
cárcel en cuanto se qura y puede ser resciuido en otro lugar, 
y se dé provission para que se traygan los autos originales 
que sobre esto se an hecho, y para ello etc. y pido justicia.— 



494 APÉNDICE. 

El Licdo. Ju.° al.« Suarez.— Di.° G.'' de Meñaca.— A la vuel- 
ta dice — «don Silvestre de Guzman. — S.° Marmol — en Madrid 
á XII de Julio de 1599. — Para que salga á cumplir el des- 
tierro le suelten. 



Este es un treslado bien y fielmente sacado de una carta 
y provisión del rrey nuestro señor escripia en papel y sellado 
con su real sello de sera colorada con ciertas firmas de los. 
señores de su real consejo de Castilla y otros oficiales del su. 
tenor de la qual es este que se sigue. 

Don Felipe por la gracia de Dios Rey de Castilla etc. á 
vos el rregente y juezes de la nuestra audiencia de los grados 
de la ciudad de Sevilla, salud y gracia: sepades que por parte 
de dicha cibdad é de Pedro Descobar Melgarejo veinte é qua- 
tro y procurador mayor della se nos hizo relación que vos 
auiades procedido é procediades contra el dicho procurador y 
otros veinte é quatros v personas del cauildo de la dicha ciu- 
dad por lo que auia sucedido el dia que se celebraban las on- 
rras del rey nuestro señor questá en gloria, é los auiades con- 
denado en vista y rrevista en destierro y privación de los 
oficios y otras penas, que auiades executado las dichas sen- 
tencias estando rrecussados y siendo en vuestra causa propia: 
y auiendo en el processo de la dicha causa muchas nulidades 
como por el dicho processo y autos parecía atento á lo qual 
nos suplicaron mandásemos traer el dicho processo original- 
mente ante los del nuestro consejo y que se les boluiesen 
los bienes que se les aúian llevado y se rrevocasen las conde- 
naciones que les auiades fecho y que entretanto no hiziesedes 
novedad ó que proveyésemos como la nuestra merced fuese i 
lo que visto por los de mi consejo fué acordado que deuia- 



APÉNDICE. 4g5 

mos de mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha ra- 
zón é nos tuuimoslo por bien, por la cual os mandamos que 
dentro de quinze dias primeros siguientes después que con es- 
ta nuestra carta os sea mostrada, enviéis ante los del nuestro 
consejo á poder de Pedro Zapata del Marmol, nuestro escri- 
bano de Cámara de los rresidentes, el processo original de la 
dicha caussa con todos los autos á esto tocantes sin que fal- 
te cosa alguna para que por ellos visto se provea lo que sea 
justicia y no fagades ende al. Dada en Madrid á veinte y seis 
dias del mes de mayo de mili é quinientos y noventa é nueve 
años. — El conde de Miranda. — El Licdo. Juan de Ovalle de 
Villena. — El Licdo. Francisco de Albornoz. — El Licdo. Pero 
Diaz de Tudanca. — El Licdo. don Diego López de Ayala. Yo 
Pedro Zapata del Marmol, secretario de cámara del rrey nues- 
tro señor la fice escrebir por su mandado con acuerdo de los 
de su consejo. Registrada Jorge Obin de Vergara, canciller, 
Jorge Obin de Vergara. — Concuerda con el original de donde 
fué sacado en Sevilla siete dias del mes de Junio de mil é 
quinientos y noventa é nueve años. — Gaspar Gómez Negrete, 
escribano. — Yo Gaspar Gómez Negrete escribano del rrey nues- 
tro señor, doy fé é verdadero testimonio á los señores que la 
presente vieren, como Cristóbal Vaquedano en nombre de 
Sevilla entregó á Benito Montijano, escribano de la dicha au- 
diencia en oy siete dias del mes de Junio de mil é quinien- 
tos é noventa é nueve años la provisión cuyo treslado es el de 
suso contenido, en el dicho dia mes y año susodicho é por 
ende fice aquí este mió signo en testimonio de verdad. — 
Gaspar Gómez Negrete, secretario. — Sin derechos. 



496 APÉNDICE. 



Sigue un testimonio de poder dado por D. Silvestre de Fuen- 
tes é de Guzman á favor de Martin de Aspilhueta, para que 
en su nombre pudiera seguir pleitos, causas, etc. Está otorga- 
do en Sevilla en las casas de la morada de D. Silvestre, ante 
Diego de la Barrera Farfan, en 27 de Mayo de iSgg, de cuyo 
documento se sacó traslado en Madrid por el Escribano Andrés 
de la Herrera, y hay diligencia en que Martin de Azpilhueta 
vecino de Sevilla y estante en la Corte, lo sustituyó en los Pro- 
curadores Juan García de Solís y Juan García de Miñaca. 



Yo Gaspar Gómez Negrete S.» del rrey Ntro. Sr. y escri- 
bano público en la su corte, reinos y señoríos y de la audien- 
diencia y juzgado del Lido. D. Joan Bermudez de Figueroa, te- 
niente de asistente de esta ciudad de Sevilla y su tierra doy fé 
é verdadero testimonio á los que la presente vieren como oy 
dia de la fecha del, prendió Luis de Aray alguacil de la audien- 
cia con dos alguaciles que con el venían, á D. Silvestre de Guz- 
man, del auito de Santiago, é veinte é quatro de Sevilla y le lle- 
vó presso á la torre de la puerta de triana, donde al presente 
queda presso, el qual dicho alguacil dice que lo prendía por 
mandado de los seríores de la real audiencia, por auer quebra- 
do cierto destierro, y para que dello conste de pedimento del 
dicho D. Silvestre de Guzman, doy el presente en Sevilla diez 
y nueve dias del mes de Jullio de mili y quinientos y noven- 
ta é nueve años, é por ende fice aquí este mió signo ques á 
tal en testimonio de verdad. — Gómez Negrete. — S.° — sin derechos. 



APÉNDICE. 4í)7 



Yo Gaspar Gómez Negrete, Sno. del rrey ntro. Sr. y su 
notario público en la su corte, rreinos y señoríos, y de la au- 
diencia y juzgado del dicho teniente don Joan Bermudez de Fi- 
gueroa, teniente de asistente, doy fée que en mi presencia oy 
diez é nueve de Jullio deste año, Bartolomé de Hoces veinte 
é quatro de Sevilla, procurador mayor della, en nombre de Se- 
villa dio y entregó á Benito Montijano, escribano del acuerdo, 
una carta cerrada y sellada del consejo real de S. M., quel so- 
breescripto della dice: al rregente y juezes del audiencia de Se- 
villa, y la rrecibió en mi presencia, y para que delio conste de 
pedimento del dicho Bartolomé de Hoces, di el presente en Se- 
villa diez y nueve dias del mes de jullio de mili y quinientos y 
noventa y nueve años. — Vá testado López no vala — é por ende 
fice aquí este mío signo á tal en testimonio de verdad. — Gaspar 
Gómez Negrete Sno. — sin derechos. 



Sigue un traslado de las diligencias practicadas para la to- 
ma del habito de Santiago por D. Silvestre de Guzman, que apa- 
drinó D. Diego de Pimentel, Asistente de Sevilla. Insértase en 
el acta la provisión del Rey D. Felipe, concediendo el habito, 
dada en Barcelona á 14 de Junio de 099. 



En la muy noble y muy leal Ciudad de Sevilla, nueve dias 
del mes de Agosto de mil quinientos y noventa y nueve años 
Sucesos de Sevilla. 3 S 



498 APÉNDICE. 

ante el Licdo. Magemiliano Despinosa, Teniente de Asistente 
de esta Ciudad de Sevilla, y su tierra, por el Rey nuestro Se- 
ñor, y por ante mí Gaspar Gómez Negrete, escribano del Rey 
Ntro. Señor, y su notario público en la su Corte, Reinos y se- 
ñoríos, y del Audiencia y Juzgado del dicho Teniente, pareció 
Miguel del Valle, en nombre de D. Silvestre de Guzman por 
virtud de su poder y dio y presentó una petición que con lo á ella 
proveído por el dicho Teniente é información que acerca dello 
dio, es del tenor siguiente: 

Miguel del Valle, en nombre de D. Silvestre de Guzman^ 
(caballero del hábito del Sr. Santiago y Veinte é quatro de Se- 
villa, que al presente está en la villa del Algaba, digo: que al 
derecho de mi parte conviene hacer información, ad perpetuam 
rei memoriam, de como después questa Ciudad está apestada, que 
á mas de tres meses, todos los que se han salido de ella por 
temor á las villas y lugares de la tierra y jurisdicción y de Se- 
ñorío que están cerca della, an corrido grande riesgo de la vi- 
da porque se han muerto de tercianas pestilenciales en los lu- 
gares donde se fueron ó vuelto con ellas á esta Ciudad con to- 
da su familia, y muchos dellos han muerto después destar en 
esta Ciudad de vuelta, y entrellos D. Juan Ponce de León, Al- 
calde mayor, que también estaba desterrado, como mi parte, y 
por la misma causa, y los que no han muerto están en la ca- 
ma con gran riesgo de la muerte, de manera que los que me- 
nos han corrido, son los que se han estado quedos en esta Ciu- 
dad y no han salido della; por tanto, pido y suplico á V. M. 
mande recebir información de lo contenido en este pedimento 
por el tenor del, y lo que los testigos digeren y depusieren, 
signado y firmado del presente escribano en pública forma, y en 
manera que haga fé, me lo mande dar, interponiendo cerca dello 
su autoridad y decreto judicial, y para ello etc., pido justicia, y 
juro á Dios en forma, en anima de mi parte, queste pedimento 
no lo hago de malicia.— El Lido. D. Luis de Figueroa„ 



APÉNDICE. 499 

AUTO. — E vista por el Teniente, mandó que se rreciba in- 
formación que ofrece y rrecebida se le dé por testimonio: y co- 
metia y cometió á mi el presente escribano la y jura- 

mento de los testigos, y para ello dio comisión en (orma y lo 
íirmó de su nombre. — El Licdo. Espinosa. — Gaspar Gómez Ne- 
.gretc, Sno. 

TESTIGO. — En la Ciudad de Sevilla, nueve dias del mes 
-de Agosto de mil y quinientos é noventa y nueve años, el di- 
cho Miguel del Valle en el dicho nombre presentó por testigo 
al dotor Bernardo de Valdés, médico é vecino de Sevilla, á la 
collación del Salvador, del qual fué recibido juramento en for- 
ma de derecho, y siendo preguntado por el tenor del pedimen- 
to dixo: ques verdad que por haberse huyentado desta Ciudad 
mucha gente por la peste allá en los campos y en las villas 
'de la Axarafe, y villas del Señorío, con torno desta Ciudad, así 
gente principal como la demás an caido enfermos de tercianas 
muy malas y peligrosas, y se han muerto muchos dellos, así 
D. Juan de Saavedra y D. Juan Ponce de León, Alcalde mayor 
de Sevilla, y otros muchos caualleros que han salido huidos de 
Sevilla y otros an vuelto y están malos de las dichas tercianas 
de suerte que los que han salido desta Ciudad han corrido y 
corren rriesgo de sus vidas^ porque los que an estado en esta 
ciudad están buenos y sanos y no an enfermado de la dicha 
enfermedad, y esto lo sabe este testigo por la entera noticia que 
dello tiene y los que más á curado y cura son los que vienen 
■de fuera de esta dicha Ciudad, y se han salido della huyendo, 
y esto es público é notorio y pública voz y fama y saue quel 
dicho D. Joan Ponce de León salió desterrado por lo de las 
honrras del Rey nuestro señor: y esta es la verdad y lo que 
sabe é pasa para el juramento que tiene hecho, y ques de he- 
dad de mas de cinquenta años y lo firmó de su nombre. — El 
dotor Bernardo de Valdes. — Gaspar Gómez Negrete, S." 

TESTIGO. — En la Ciudad de Sevilla nueve dias del mes 



500 APÉNDICE. 

de Agosto de mil y quinientos y noventa é nueve anos el di- 
cho Miguel del Valle en el dicho nombre presentó por testigo 
á Joan de Avendaño, vecino y Jurado desta Ciudad á la co- 
llación de San Marcos, del qual fué recebido juramento en 
forma debida de derecho y en virtud del dicho juramento pro- 
metió de decir verdad dixo: que sabe y es verdad que auido 
en esta Ciudad tiempo de tres meses, poco más ó menos, en- 
fermedad de peste y se an muerto mucho número de perso- 
nas, y rrespeto desto se salieron y an ido saliendo desta Ciu- 
dad muchos vecinos della llevando sus casas y familias á los 
lugares de la tierra y termino desta Ciudad, y en otros que 
son del Señorío así hacia la parte del Alxarafe como á los 
lugares de la campiña y tierra de Constantina y otras partes 
en el contorno de esta Ciudad, de donde an resultado caer 
la mayor parte de las personas que han salido de esta dicha 
Ciudad muy malos, así de calenturas como de tercianas y mo- 
dorras y tauardillo, y visto esto questa Ciudad iba en mejoría 
an procurado y procuran de venirse á ella para curarse de 
las dichas enfermedades, y an venido tales que los mas de los 
que an venido se an muerto y lo mismo se an muerto en los 
dichos lugares, por manera que los que se an estado quedos 
en esta Ciudad no les ha dado peste y an estado con salud 
y lo están por no haberse salido de esta Ciudad, y estando 
D. Joan Ponce de León, Alcalde mayor desta Ciudad, dester- 
rado por los señores de la Real Audiencia, por el pleito que 
se causó contra él y otros caballeros del Cabildo de cuando 
se hicieron las onrras del Rey D. Felipe nuestro señor, esta- 
ba en Manzanilla, qués un lugar del Alxarafe, cayó malo de 
tercianas y lo trugeron estando ya muy al cabo á esta Ciudad 
adonde murió abrá quatro ó cinco dias, y lo mismo le suce- 
dió á D, Pedro de Herrera hijo del veinte é quatro Pedro 
Diaz de Herrera, questaba en Cazalla y lo trugeron muy malo 
de tercianas á esta Ciudad y ha dos dias que murió, y lo 



APÉNDICE. 50I 

mismo le sucedió á Pedro de Cifuente, questaba en la villa de 
Palomares, lugar de la Alxarafe, que murió ayer de tercianas, 
y así mismo murió de tercianas tres dias ha Don Joan de 
Saavedra, cauallero del háuito de Santiago (este Sr. Saavedra 
fué el que armó caballero al Sr. D. Silvestre), que las truxo 
de una hacienda suya donde se había recogido una legua de 
Sevilla, y así mismo habrá diez ó doce dias que murió de ter- 
cianas el veinte é quatro D. Pedro del Alcázar que lo truxe- 
ron con ellas de Castilleja de la Cuesta, y Doña Antonia 

su muger que también vino con ellas, y también 
murió de lo mismo el Marqués de Alcalá, Alcalde mayor de 
Sevilla, que vino con la misma enfermedad y otras muchas 
personas an muerto de quince dias á esta parte de la dicha 
ciudad, de la enfermedad de tercianas que todos las an traido 
de los lugares donde se fueron á guarecer y están al presen- 
te muchos enfermos de tercianas, que todos an venido de fue- 
ra de los lugares donde estaban y están con gran riesgo de 
la vida todo por aber salido de esta Ciudad por auer mudado 
las aguas y los aires y los mantenimientos, y es cosa pú- 
blica y sauida que lo mas siguro y sano desta enfermedad 
de tercianas es esta Cibdad y los que an estado en ella y 
questo es la verdad y lo que sabe y pasa para el juramento 
que tiene fecho y dixo ques de hedad de cincuenta é seis 
años y lo firmó.— Juan de Avendaño. —Gaspar Gómez Ne- 
grete, S.** 

TESTIGO.— En la ciudad de Sevilla, nueve dias del mes 
de Agosto de mil y quinientos y noventa é nueve años, el di- 
cho Miguel de Valle en el dicho nombre presentó por testigo 
á Joan Ramírez, vecino de esta ciudad á la collación de Santa 
Marina, del qual fué recibido juramento en forma de derecho 
y siendo preguntado por el tenor del pedimento, dixo que sa- 
be y es verdad que auido en esta ciudad tiempo de tres me- 
ses poco más ó menos enfermedad de peste de que an muerto 



502 APÉNDICE, 

mucho núraero de personas rrespeto de que se salieron y an 
salido desta dicha Ciudad muchos vecinos della, llevando sus 
cassas y familias á los lugares de la tierra y termino desta Ciu- 
dad y otros de Señoríos hazia la parte de la Alxarafe, como 
los lugares de la campiña y tierra de Constantina y otras par- 
tes en contorno desta Ciudad, de donde le an resultado la ma- 
yor parte que an salido desta Ciudad muy malos, assi de ca- 
lenturas como de tercianas y modorras y tabardete, y visto en 
esta Ciudad iba en mejoría, han procurado y procuran de ve- 
nir de allá, por curarse de las dichas enfermedades y an venido 
tales que los mas dellos de los que á venido se an muerto, y 
asi mismo se an muerto en los dichos lugares, por manera que 
los que se an estado quedos en esta Ciudad de los que no les 
ha dado peste, an estado con salud y lo están por no haber 
salido desta Ciudad, y estando D. Juan Ponce de León, Al- 
calde mayor desta Ciudad, desterrado por los Señores de la Real 
Audiencia por el pleito que se causó contra él y otros caba- 
lleros del Cabildo, de que se hicieron las onrras del Rey Don 
Felipe ntro. Sr. que estaban desterrados, y los truxeron á esta 
Ciudad muy malo, hasta que murió de tercianas á cauo de qua- 
tro dias, y asi mismo el Marqués de Alcalá que vino ma- 
lo de tercianas, de uno de sus lugares, de que murió, y D. Juan 
de Saavedra, que vino del Alxarafe, que murió, y sin los que 
an dicho otros muchos que an muerto, auiendose salido huyen- 
do que an vuelto enfermos y muertose en los lugares, y esto 
lo sabe este testigo, por ser asi público é notorio, y es la ver- 
dad, y lo que sabe é pasa para el juramento que tiene fecho*? 
y ques de hedad de treinta é dos años, y lo firmó de su nom- 
bre. — Joan Ramírez. — Gaspar Gómez Negrete S.no 

TESTIGO. — En la Ciudad de Sevilla, nueve dias del mes 
de Agosto de mil y quinientos é noventa é nueve años, el di- 
cho Miguel de Valle, en el dicho nombre, presentó por testigo 
á Juan Ximenez de Avila, baruero y cirujano examinado é ve- 



APÉNDICE. 5o3 

ciño de Sevilla á la collación de San Marcos del cual fué re- 
cibido juramento en forma de derecho y siendo preguntado 
por el tenor del pedimento, dixo: que este testigo sabe y es 
verdad que por haber salido desta Ciudad por la peste mu- 
chas personas con sus cassas é familia á resultado de que an 
vuelto á ellas enfermos de tercianas, y estas tercianas traen 
ramo de contagio de que an muerto muchas personas, assí 
D. Juan Ponce de León que estaba desterrado desta Ciudad, 
y D. Joan de Saavedra y D. Pedro de Herrera y Doña Isa- 
bel Ponce, que murió en Castilleja de la Cuesta, y el Marqués 
de Alcalá y otras muchas gentes y personas que an muerto 
que an sido por auer mudado las aguas y mantenimientos y 
por auer salido desta Ciudad y vuelto á ella con tercianas, 
y así mismo an muerto otras muchas gentes y D. Pedro del 
Alcázar y Doña Antonia su muger, por haber 

salido desta Ciudad y esto lo sabe este testigo por la entera 
noticia que dello tiene y es la verdad y lo que sabe é pasa 
por el juramento que tiene fecho y ques de hedad de veinte 
y ocho años, y lo firmó de su nombre. — Juan Ximenez de 
Avila. — Gaspar Gómez Negrete, S.no 

De lo qual que dicho es, de pedimento del dicho Miguel 
de Valle en el dicho nombre, di el presente, en lo que el 
dicho Teniente dixo que interponía é interpuso su autoridad 
y decreto judicial, y lo firmó de su nombre en Sevilla, en 
nueve dias del mes de Agosto de mil y quinientos y noven- 
ta é nueve años. — El Licdo. Espinosa. — Gaspar Gómez Ne- 
grete. E yo el dicho Gaspar Gómez Negrete, susodicho pre- 
sente fui é por ende fice aquí este mió signo á tal y en 
testimonio de verdad. — Gaspar Gómez Negrete, S.° — Pagó de 
derechos i-mrs. 



504 APÉNDICE. 



MUY P.° SEÑOR: 



Diego García de Meñaca, en nombre de don Silvestre de 
Guzman, veinte y quatro de la ciudad de Sevilla, digo, que 
mi parte como á V. A. le es notorio, fué condenado por el 
rregente y jueces de grados del audiencia de la dicha ciudad 
en cierto destierro y pena pecunaria sobre lo sucedido el día 
de las onrras del Rey nuestro señor que está en gloria, y 
auiendose agrauiado mi parte y los demás pressos y la ciu- 
dad de Seuilla en su nombre, ansí de los agrauios que en la 
prosecución de la causa el dicho rregente y jueces de gra- 
dos les hizieron, como de las dichas sentencias por no tener 
como no tienen culpa ninguna, V. A. mandó traer el proceso 
original el cual está para ver y determinar por V. A. y por 
que mi parte está en el Algaua enfermo de tercianas muy 
peligrosas, como consta deste testimonio y dicho del médico 
del dicho lugar del Algaua que presentó, de la qual enferme- 
dad á muerto mucha gente principal entre los quales murió 
don Juan Ponce de León, alcalde mayor de la dicha ciudad 
que estaua desterrado por la misma causa que mi parte, y por 
que en el dicho lugar del Algaua no se puede curar el dicho 
don Silvestre de Guzman mi parte, así por la falta de médi- 
cos como de uotica y otras cosas necesarias para una enfer- 
medad tan peligrosa, y que á otro qualquier lugar que uaya 
no le dejaran entrar por guardarse como se guardan de la 
peste de la dicha ciudad, á V. A. pido y suplico mande aten- 
to á lo susodicho dar licencia á mi parte para que pueda en- 
trar y entre en la dicha ciudad á curarse de la dicha enfer- 
medad, para lo qual etc. pido justicia. — Diego Garcia.de Meñaca. 



APÉNDICE. 5o5 

A la vuelta dice: «D. Silvestre de Guzman veintiqualro de 
Sevilla.— S.^ Marmol. — En Madrid á XIV de agosto de 1599.— 
Dásele la licencia para por quince dias pueda estar en Seuilla 
en una casa para curarse y no salga della.» 



Yo Pedro Ximenez Maraber, escribano público desta uilla del 
Algava, doy fee que en sauado siete dias del mes de agosto de 
mili y quinientos é noventa é nueve años, ante mi el dicho scri- 
uano, pareció el licenciado Agustín de Matienzo Solorzano, mé- 
dico vno. de dicha villa de! Algaua, á quien yo el dicho scriua- 
no doy fee que conozco, y dijo que visitó ayer viernes, que se 
contaron seis dias del dicho mes de agosto á D. Silvestre Guz- 
man^ cauallero del avito de Santiago, veinte y quatro, y vno. de 
la ciudad de Seuilla, estante al presente en dicha villa, el qual 
tenia una calentura que parecía ser tercianas muy malas y traer 
mucha malignidad, y le parecía quel dicho D. Silvestre de Guz- 
man tiene ligitima necesidad de yrse á curar á su propia tierra 
y natural para ser remediado de ella y no lo haciendo, tiene 
por cierto que corre su vida riesgo y peligro, rrespecto de la 
constelación del tiempo y de las enfermedades tan pestilenciales 
que en él ay, y esto le parece y lo juro en forma de derecho, 
y lo firmo de su mano.— El Lido. Agustín Matienzo de Solor- 
zano.— En fee de lo qual fize aquí mi signo, en testimonio de 
verdad. Pero Ximenez Marauer scriuano público. — Sin derechos. 



Sucesos de Sevilla. 56 



5o6 APÉNDICE. 



SEÑOR. 



El Regente y Jueces de la Audiencia de V. M. desta 
Ciudad de Sevilla decimos: que en rrazon de que D. Silves- 
tre de Guzman, veinte y quatro desta ciudad, desterrado por 
sentencia de rrebista desde diez y siete de Marzo, que avia de 
salir á cumplir su destierro, no avia salido desta ciudad sino 
muy pocos dias y públicamente andaua y rrecibió el ávito de 
Santiago en el convento de la rreligion questa en esta ciudad, 
procedimos contra él y dimos quenta á V. M. enviando la 
sumaria de que rresultó prenderle, y aunque declinó Juridic- 
cion persuadido por D. Diego Pimentel, Asistente desta ciudad, 
y no quería declarar le mandamos apremiar y antes quel apre- 
mio tuviese effeto declaró con ciertas protestaciones y brebe- 
mente se le dio traslado é hizo cargo con término para des- 
cargar sse, y alegó y se rratificaron testigos y Recibieron de 
nuevo, y el no hizo descargo y dimos auto en que mandamos 
que de nuevo saliese á cumplir su destierro y para helio le 
sacasen de Sevilla y su tierra dos alguaciles de la Audiencia 
porque ansí convino y le condenamos en costas; y mandamos 
se executase el dicho auto sin esperar á supplicacion y sin 
envargo della si la vuiese y ansí se executó avnque se su- 
plicó lo qual se confirmó en rrevista, como todo pareze por 
los autos que se prosiguieron después que dimos quenta á 
V. M. que van con esta. Guarde nuestro Señor á V. M. etc. 
— Licdo. P." López de Alday. — El Licdo. Andrés Ponce de 
León. — Dr. AI.** Ximenez Guerra. — Eí Licdo. Gaspar de Va- 



APÉNDICE. 507 

llejo.— El Licdo. Dr. Fernando Remirez Fariñas.— El Licdo. 
Don Francisco Navarrete Eslaua. 

A la vuelta dice: El Regente y Jueces de la Audiencia de Se- 
villa.— S.° Marmol.— En Madrid á veinte y cinco de Agosto 
de 1 599.— Júntese y al Ror. 



Sigue un testimonio dado por el escribano de la Au- 
diencia Benito Montexano, de las diligencias que se practica- 
ron para probar que D. Silvestre de Guzman habia quebran- 
tado el destierro, residiendo en su casa de Sevilla y tomando 
públicamente el hábito de Santiago. De las declaraciones de 
los testigos se sacó estracto y ahora relacionaremos las dili- 
gencias que continuaron y se encuentran en dicho testimonio. 

En jueves, primero dia del mes de Julio de 1599, el Re- 
gente y Oidores vista la información y considerando que en 
las cárceles de la Audiencia habia tocado la peste, mandaron 
que á D, Silvestre se le pusiera preso con dos guardas en 
la puerta de Triana aunque diese fianzas de guardar la car- 
celería. 

En el mismo dia el escribano con los alguaciles Silva y 
Saucedo pasaron á casa de D. Silvestre, y por mas que don 
Juan Manrique Carrillo y otros criados dijeron que desde la 
noche anterior se habia ido á Fuentes donde estaba su mu- 
ger, le buscaron sin hallarlo en los aposentos altos y bajos 
de la casa. 

Después de esto el lunes 19 del mismo mes el alguacil 
Miguel de xMedina dio fé que cumpliendo lo mandado á Luis 
de Aranz, alguacil mayor habia preso en su casa al Sr. don 
Silvestre, llevándolo y dejándolo en la torre de la puerta de 
Triana. 



5o8 APÉNDICE: 

En el mismo dia, el Jurado Juan de Avendaño, fió á Don 
Silvestre de Guzman, asegurando que tendría la Torre por cár- 
cel, y no la quebrantaría volviéndolo á ella en caso contrario, 
y pagando lo que contra él fuera juzgado y sentenciado obli- 
gando sus bienes habidos y por haber y renunciando las leyes 
que le favorecieran. 

El viernes 2 5 de julio de iSgg, los Sres. de la Audiencia 
mandaron á Benito Montejano, tomara confesión á D. Silves- 
tre y la llevase al oidor D. Fernando Remirez Fariñas para que 
sustanciase la causa hasta la definitiva exclusive, para lo que 
le daban comisión, y para que le hiciese cargo con término de 
tres dias. 

En el mismo dia, Benito Montejano notificó esta resolu- 
ción á D. Silvestre de Guzman, quien respondió «que fuese no- 
rabuena» y expresa, que luego llegó el Asistente á visitar al 
preso, que le dio conocimiento de la diligencia, y que a su pre- 
sencia y de los caballeros que estaban con el preso, dijo á este 
el Asistente que no podia declarar, ni jurar sin licencia de su 
Maestre ó de quien se la pudiera dar, porque le castigarían 
rigurosamente, y D. Gonzalo de Saavedra que allí estaba afir- 
mó que así lo habia visto en seis años que estuvo en Madrid 
y que al marqués de Villamanrique por otro tanto le habían 
tenido preso seis meses en el Convento de Ucles. Añade el 
escribano que por esto, y ser de noche D. Silvestre le rogó 
lo dejase para el dia siguiente sábado. 

En este que fué 24 volvió y D. Silvestre le dijo que el 
Asistente y D. Andrés de Monsalve hablan ofrecido hablar 
con el Regente y Oidores para escusar el juramento y decla- 
ración, y por lo tanto que lo suspendiese hasta el dia inme- 
diato Domingo como asi dice el escribano lo hizo atendiendo 
á que no era dia de Audiencia. 

Volvió en efecto el Domingo 25 y le rogó el D. Silvestre 
«por amor de Dios» que no habiendo podido hablarse á los 



APÉNDICE. 509 

señores á causa de ser dia de visita y que lo harían hoy, lo 
dejase para la noche ó para el lunes por la mañana pues eran 
fiestas y no se habían de juntar, y dice el Escribano «tanto 
insistió en esto, que me hizo dejarlo para el dicho lunes.» 

En él, que fué 26, volvió, y asegura dijo á D. Silvestre no 
había de uolverse sin que declarase, y que le dio la respuesta 
siguiente: «que era caballero del habito de Santiago, trayendo 
como tal e! habito é insignia, y que por razón de ser religioso 
estaba exento de la jurisdicción Real, sin poder procederse con- 
tra él, ni mandarle declarar en la causa criminal, siéndole im- 
posible renunciar los fueros y exenciones de su orden, y que 
si lo hiciese compelído, seria nulo, y á él le castigarían por su 
orden. Añadió, que por las constituciones de su regla le esta- 
ba prohibido jurar en causa propia ni agena, sm licencia de su 
Maestre^ por todo lo qual ni podía jurar ni los Sres. de la Au- 
diencia obligarle hacerlo^ protestando como protestó de quere- 
llarse ante quien correspondiera de la fuerza y agravio que se 
le hiciera, siendo como era además familiar de la Inquisición, 
concluyendo con pedir testimonio de todo. 

El Escribano volvió á notificarle y apercibirle que jurase, 
y declarase, repitiendo D. Silvestre lo que tenía dicho y res- 
pondido. 

Los Sres. de la Audiencia, estando reunidos en acuerdo ge- 
neral el martes 27, y habiendo visto la respuesta mandaron 
que el Dr. Sierra, Relator, acompañado del Escribano, fuese 
á la Torre á tomar la confesión, previniendo á D. Silvestre de- 
clarase, y que no haciéndolo clara y abiertamente á las pregun- 
tas del Dr., que un alguacil que para este efecto llevase, lo tra- 
gese preso á la cárcel de la Audiencia, con dos guardas á las 
cuales y al Alcaide se notificase le guardaran á buen recaudo 
sin dejar que con él hablase persona alguna de cualquier es- 
tado ó condición, sino los criados que D. Silvestre nombrase, 
so pena si así no lo cumplieran de privación de oficios y seis 



5 10 APÉNDICE. 

años de destierro, y á las demás guardas pena de vergüenza pú- 
blica, cuatro años de galeras y doscientos ducados á cada uno 
de los dichos Alcaide é guardas. 

En el mismo dia martes, el Dr. Ramirez Sierra, Relator de 
la Audiencia pasó á cumplir su encargo á la prisión de D. Sil- 
vestre, que era en una casa junto á la Torre de la Puerta de 
Triana. Notificado por el Escribano que jurara y declarase con 
ios apercibimientos, repitió lo que tenia dicho. Entendido por 
el Relator le fué apercibido que procedería contra él á prisión, 
y negándose mandó á los alguaciles Saucedo y Silva lo lleva- 
sen preso á la cárcel del Audiencia, y viendo D. Silvestre que 
así iba á ejecutarse, dijo: que sin perjuicio de su declinatoria, 
compelido y apremiado, y por redimir vejaciones en tiempo de 
tanta peste como había, y especialmente en las cárceles y tor- 
res de la Ciudad, donde su vida correría notorio riesgo, con- 
testaría á las preguntas que se le hicieran. 

Prestó juramento, y preguntado si estando desterrado por sen- 
tencia que se le notificó en 17 de Marzo de aquel año, al 
hacérsele entender respondió estaba presto á cumplirlo, con- 
testó que así era verdad. 

Preguntado cuando salió á cumplir el destierro á qué lu- 
gar y si tomó testimonio, dijo: que luego de notificado salió 
para la villa de Fuentes y allí tomó testimonio. 

Cuanto tiempo estuvo fuera de esta Ciudad, cuando vol- 
vió y que tiempo estuvo en ella dijo: que siempre estuvo cum- 
pliendo el destierro hasta que vino la cédula de S. M. en 
que le mandaba tomase el hábito en Sevilla, y se lo diese 
D. Juan de Saavedra y el prior de Santiago, y que S. M. es- 
taba informado por Pedro Descobar Melgarejo, estar el con- 
fesante desterrado, y luego dentro de dos dias mandó que lo 
tomase en Sevilla, de donde se entendía que sin embargo del des- 
tierro quiso que aquí lo tomara, y que á este efecto vino hará un 
mes poco más ó menos y que hasta entonces no habia venido. 



APÉNDICE. 5ir 

Preguntado si en 27 de Junio pasado fué á recibir el há- 
bito públicamente dándoselo D. Juan de Saavedra y el Asis- 
tente D. Diego Pimentel; dijo que se refería á lo que tenia 
dicho, y que se lo dio D. Juan de Saavedra, porque asi lo man- 
daba S. M. 

Preguntado si desde dicho dia no ha salido de esta Ciu- 
dad ni su tierra, y si ha salido cuándo volvió, dijo: que quiso 
volver á salir, á acabar de cumplir el destierro, pero que en 
Carmona no le dejaron entrar, por ir de Ciudad apestada, y se 
volvió porque en ninguna parte lo admitirían, encerrándose en 
su casa sin salir de ella. 

Preguntado si el lunes 19 de este mes uno ó dos tenientes 
del Alguacil mayor lo encontraron en su casa y lo trageron 
á la Torre, donde está preso, dijo que sí y que esta era la ver- 
dan etc. Notificándosele á seguida guardase la carcelería hasta 
que otra cosa se proveyese. 

En miércoles 28 del mismo mes el Licenciado D. Her- 
nando Ramírez Fariña, en virtud de su comisión, hizo cargo- 
á D. Silvestre de la culpa que de la confesión y probanza re- 
sultaba de haber quebrantado el destierro, con término de tres 
dias, y cargo de publicación y conclusión, que correrían desde 
el de la notificación para que en ellos alegare, probara, etc. 

En el mismo dia fué notificado el auto anterior ante los 
testigos Pedro de Salinas y Pedro Sumero, criados del Escri- 
bano Benito Montijano. 

En el mismo dia se notificó á Cristóbal Baquedano, Pro- 
curador de D. Silvestre en presencia de dicho señor Oidor y de 
Miguel García y Alonso de Lucena, sus pages. 

En 29 de Julio del mismo año, se hizo notificación al Lido. 
D. Luis de Figueroa, como D. Silvestre de Guzman le había 
nombrado su letrado, y que le llevase el proceso, á lo que res- 
pondió que hecha petición pidiendo término, y que se mudase 
la carcelería, quería aguardar la resolución. 



5 12 APÉNDICE. 

Sigue el escrito en que pide el pleito original y término de 
quince dias para alegar y probar lo que le conviniera, pues los 
tres concedidos no eran bastantes, estando D. Silvestre preso y 
el tiempo tan enfermo. Por un otro sí se pedía que hallándose 
apestada la Torre de la Puerta de Triana, donde hablan sido he- 
ridas y muertas dos personas, y también las cárceles de donde 
se hablan sacado muchos heridos del mal y hallándose en gra- 
ve riesgo la vida de D. Silvestre, que era la persona tan segura y 
no habia de irse, se le diera la carcelería en su casa ó en otra 
parte no sospechosa, dando á ser necesario fianza de cárcel 
segura. 

El anterior escrito se presentó en Jueves 29 dias del mes 
de Julio, y en el mismo los Sres. Oidores en acuerdo general, 
digeron: que prorrogaban el término hasta el Domingo i.° de 
Agosto en todo el dia y con el mismo cargo: que el escribano 
llevase el pleito al letrado, y que ratificando la fianza que esta- 
ba dada se mudase la carcelería á las Atarazanas ó á casa de un 
alguacil de la Audiencia que nombrase D. Silvestre. 

Se notificó á este en el mismo dia ante los testigos, el 
Canónigo Lucero y Juan de Coca, clérigo. 

En Viernes 3o se notificó al Procurador Baquedano la 
anterior providencia. 

Sigue aunque con fecha anterior la siguiente justificación. 

En 28 de Julio de iSgg después de citado D. Silvestre 
de Guzman y el Procurador Baquedano compareció ante el 
oidor Fariñas, Antonio de la Cruz, page de D. Silvestre, y 
habiéndole leido lo que declaró en 3o de Junio del mismo 
año se afirmó y ratificó. 

Preguntado si después de recibir el hábito D. Silvestre 
salió á cumplir su destierro dijo: que no habia hecho ausen- 
cia de esta Ciudad, porque si otra cosa fuera lo sabría por ser su 
continuo criado y de los que andaban mas cerca de su per- 
sona. 



APÉNDICE. 5l3 

Preguntado si las veces que de tres meses acá el cochero 
Pedro de Villanova ha llevado á D. Silvestre, se ha hallado este 
testigo con él, dijo: que siempre le ha acompañado, y muchas 
veces en esta Ciudad. Que esta era la verdad y tenía 22 aiíos 
poco más ó menos. 

En el mismo dia compareció el cochero Pedro Villanova que 
se ratificó en su anterior declaración. 

Preguntado si las veces que vio á D. Silvestre estaban con 
él Antonio de la Cruz, paje, y otros criados, dijo: que cuando 
lo llevó fuera iba con él dicho paje y el esclavo Francisco, y que 
otras veces que le vio estaba también el paje quede ordinario 
le asiste y otros criados como Espilhueta, que entonces estaba 
en Madrid. 

Preguntado si salió de esta Ciudad después de tomar el há- 
bito, dijo que no sabía, por que desde entonces solo le había 
visto un dia después que le prendieron en la Torre de Triana, 
viniendo de la dicha prisión á su casa, y que después le vio vol- 
ver á la dicha prisión, y que habrá ocho dias se despidió este 
testigo por no estar para andar con los caballos, por cuya ra- 
zón no sabe más, y que es de edad de 35 años. 

En 3o de Julio compareció el veinticuatro Juan Nuñez de 
Illescas y se ratificó en la declaración dada en i.° de Julio, 

En I. o de Agosto compareció ante el Sr. Fariñas un hom- 
bre que dijo llamarse Francisco de Guevara, y ser esclavo an- 
tiguo de D. Silvestre. 

Preguntado que tiempo hacía le estaba sirviendo, contestó 
que siete años. 

Preguntado qué tiempo había estado fuera D. Silvestre desde 

mediados de Marzo, dijo que este testigo hacía tres semanas que 

vino á Sevilla, porque habia andado fuera yendo y viniendo á 

Fuentes, y no sabía el tiempo que su amo habría estado fuera, 

mas de que habrá cuatro meses, poco más ó menos, fué á Cas- 

tilleja de la Cuesta donde estuvo dos ó tres dias y le digeron 
Sucesos de Sevilla. 57 



5 14 APÉNDICE. 

que de allí había ido á Fuentes, sin haberle visto salir de Se- 
villa, después que tomó el hábito: que era de edad de 28 años 
poco mas ó menos, y no firmó por no saber. 

En el mismo dia compareció Hernando de Morales Segura, 
criado de D. Silvestre, que le servía de portero haría mes y medio^ 

Preguntado si antes ó después de servirle sabía ó había vis- 
to que desde 17 de Marzo estaba D. Silvestre en esta Ciudad, 
dijo: que antes que le sirviese, como no le importaba nada sa- 
ber si estaba aquí, nunca lo supo ni lo procuró, y que después 
que su amo tomó el hábito, siempre le vio en Sevilla, y que 
ha ocho ó diez dias que este testigo estuvo en su casa, no le vio 
porque no entraba ni le dejaban entrar de las puertas adentro 
y oyó decir que D. Silvestre estaba fuera, y le digeron que si 
preguntasen por él contestara que no estaba en la Ciudad. No 
firmó por no saber, y dijo tener mas de 40 años. 

Hn el mismo dia compareció José de Poleas ó Aleas, criado 
de D. Silvestre, á quien servía hacía 10 ó 12 años. 

Preguntado qué tiempo estuvo su amo fuera de esta Ciu- 
dad, desde 17 de Marzo, di)o: que luego que le desterraron, sa- 
lió fuera, é iba con él Antonio de la Cruz, Paje, y digeron iba 
á Castilleja de la Cuesta donde estaría dos ó tres dias, los cua- 
les pasados, este testigo le vio en su casa de esta Ciudad, pero 
no supo quién vino con él, porque no le vio venir, y que des- 
pués D. Silvestre había ido fuera algunas veces, y unas estaba 
dos dias, otras ocho, poco más ó menos, y se volvía á esta Ciu- 
dad, donde le veia el testigo: que después que tomó el hábito 
le vio salir un dia de su casa, y tardó dos en volver, mas no 
sabe si salió fuera. Dijo ser de edad de mas de 40 años, y 
firmó. 

En el mismo dia compareció Bernardo de Córdoba, corre- 
dor de caballos, vecino de esta Ciudad á los Solares de D. Alvaro. 

Preguntado cuántas veces vio en Sevilla á D. Silvestre des- 
de el 17 de Marzo, dijo: que el dia que tomó el hábito le vio, 



APÉNDICE. 5l5 

y que antes no ae acordaba haberle visto, por lo poco que le 
comunicaba. No firmó por no saber, y dijo ser de edad de 3o 
años, poco más ó menos. 

Sigue un escrito del Procurador Cristóbal Baquedano pro- 
curador de D Silvestre, en que bajo las protestaciones hechas, y 
afirmándolas decía no proceder ni haber lugar contra su parte ni 
el Juez proceder mas en la causa, lo primero: porque el pleito 
original se había llevado al Consejo de S. M. por provisiones 
Reales, y que siendo esto así no se podía proceder en el dicho 
pIéito_, quedando ligadas las manos del inferior hasta que S. M. 
le remita la causa, y que por igual razón se hablan declarado 
nulas las sentencias de vista y revista en el pleito de mayorazgo 
por muerte de Juan Alonso de Medina, que se llevó al Conse- 
jo á petición de Doiia Juana de Medma, contra quien se dieron 
dichas sentencias. Lo otro, porque siendo D. Silvestre Caballe- 
ro de Santiago, no podía procederse contra él, según los esta- 
tutos de la orden, y seria castigado si voluntariamente se so- 
metiera á otra jurisdicción, no siendo bastante razón decir que 
cuando había sido desterrado no había tomado el hábito, y ha- 
bía incurrido en nueva culpa porque aunque la tuviese el cas- 
tigo pertenecería al Consejo de las órdenes á quien pedía se re- 
mitiese la causa, protestando de nulidad. Lo otro, porque habien- 
do confesado la parte la verdad, y no resultando culpa de su 
confesión, porque si tomó el hábito fué cumpliendo lo mandado 
por S. M., que sabía muy bien que D. Silvestre estaba dester- 
rado por muchos memoriales y por la noticia que en Valencia 
le dio Pedro Descobar Melgarejo: que si nó salió después de to- 
mado el hábito, fué por la notoriedad de que no le dejarían en- 
trar en ninguna parte, procediendo de Ciudad apestada, y no ha- 
bla de quedarse en los campos con notorio peligro de su vida: 
lo otro, porque en la sentencia de destierro no se puso pena, si 
lo quebrantaba, como se suele mandar, aunque de tal rigor no 
debió usarse en un tiempo en que los vecinos de esta Ciudad 



5l6 APÉNDICE. 

no tenían entrada en ninguna parte. Por tanto, pedía y suplica- 
ba se remitiese el pleito al Consejo Real, donde estaba pen- 
diente el principal, ó al Consejo de las órdenes, ó que de no 
haber á esto lugar, se absolviese y diera por libre del cargo á 
D. Silvestre, suspendiendo el cumplimiento del destierro, hasta 
tanto que estuviera pregonada la salud en esta Ciudad. 

Sigue un traslado de la Carta y provisión Real, en que se 
nombra á D. Silvestre Caballero del hábito de Santiago. 

Cristóbal de Baquedano, en nombre de D. Silvestre, pre- 
sentó escrito pidiendo la revocación del auto por el cual se le 
concedía el término hasta el Domingo, y que la carcelería se 
mudase á casa de un alguacil. Fundábase en que estando el tiem- 
po tan falto de salud y D. Silvestre preso, era corto término 
y se necsitaban los i5 dias pedidos. Tocante ala carcelería de- 
cía, que no dándose esta por pena, sino por guarda, era agra- 
vio señalarla en casa de un alguacil, pues aun la propia de su 
defendido, con ser tan buena y de tan buenos y grandes apo- 
sentos, no tendría ni podría tener las comodidades que el tiem- 
po requería, y pues que S. M. al principio de este nogocio le 
había señalado su casa por cárcel, era justo que se le mudase. 

Se presentó esta petición en sábado 3i dias del mes de Ju- 
lio de i599 años. 

El 2 de Agosto los Señores de la Audiencia, estando en 
acuerdo general y vista la petición, resolvieron pronunciarse por 
Jueces de la causa, sin embargo de la declinatoria, y conñrma- 
ron lo proveído en cuanto el término hasta el Domingo con el 
mismo cargo, y que ratificando la fianza de cárcel segura, se 
mudara á la torre de Atarazanas ó casa del alguacil que nom- 
brara D. Silvestre. 

En el mismo dia lunes, los dichos señores, vistos los autos 
digeron que condenaban y condenaron á D. Silvestre de Guz- 
man que de nuevo vuelva á cumplir los dos años de destierro, 
el uno preciso y el otro menos, loque fuere la voluntad de S. M. 



APÉNDICE. 5 17 

y de los dichos Señores en su nombre, y mandaron que dos 
alguaciles de la Real Audiencia le lleven al Señorío de la villa 
de Castilleja de la Cuesta, y se le notifique á dicho D. Silves- 
tre cumpla el dicho destierro, y no lo quebrante en manera al- 
guna, so pena de cumplirlo fuera del Reino, y de quinientos du- 
dos para la Cámara del Rey Ntro. Señor y gastos de estrados 
de la Real Audiencia, por mitad, en que desde luego le daban 
y dieron por condenado y en las costas de este proceso, y man- 
daron que este auto se ejecute luego, sin aguardar suplicación 
y sin embargo della si la hubiere. 

En el mismo dia se leyó y notificó el auto á D. Silvestre: 
testigos el clérigo Juan de Cozar y Pedro Comeno, criado del 
Escribano. 

Sigue carta orden del Regente y Oidores, para que los al- 
guaciles Hernando de Silva y Gaspar de Saucedo sacaran de la 
Cárcel y prisión á D. Silvestre, y lo llevaran á la villa de Cas- 
tilleja de la Cuesta, y le notificaran por ante Escribano que 
de ello diera fé, cumplido de nuevo el destierro bajo las penas 
establecidas, y que entregasen á Benito Montejano testimonio 
de la notificación, autos y diligencias que sobre ello hicieran, 
y que cobraran de D. Silvestre ó sus bienes, mil maravedís de 
salario por cada dia que ocuparan en este servicio. Está fecha- 
da la orden el mismo dia 2 de Agosto. 

En 3 del mismo mes_, Fernando de las Cuevas, Escribano 
público, y del Consejo de la villa de Castilleja de la Cuesta, Se- 
ñorío del Conde de Olivares^ dá testimonio á petición de los 
citados alguaciles, de quedar allí D. Silvestre de Guzman, á quien 
leyó la provisión, según y como estaba escrita, repitiendo el in- 
teresado las protestaciones y apelaciones que anteriormente te- 
nía hechas. Fueron testigos Juan de las Cuevas, Pedro de las 
Casas y Pedro Diaz, vecinos de Sevilla, que se hallaban presentes. 

D. Silvestre presenta escrito pidiendo la revocación del auto 
porque se le desterraba, considerándolo nulo, porque habiendo 



5l8 APÉNDICE. 

suplicado del corto término, aunque en el acuerdo del dia an- 
terior lunes se hubiera confirmado lo antes resuelto, había de 
notificársele, y desde la notificación correr el término y haber 
determinado la causa principal en el mismo acuerdo, lo cual era 
notoriamente nulo, por no habérsele oido ni dejado defenderse. 
Que siendo el auto definitivo y la pena tan rigorosa, no se pu- 
do mandar ejecutar sin suplicación, por ser contra derecho y 
autos de visita, quitándole su defensa, á lo que no debía darse 
lugar. Que cuando lo dicho cesara, el dicho auto le agraviaba 
porque no había cometido culpa, como tenía alegado, y estando 
la principal pendiente en el Consejo, á él debía remitirse esta 
como dependiente, ó al de las Ordenes, según tenía pedido. Por 
último, que no estaba prevenido para salir de la Ciudad é ir 
á vivir á un pueblo, con tanta brevedad como se le mandaba, 
y era justo darle mas término en un tiempo tan trabajoso y de 
enfermedades pestilenciales en que con cualquiera mudanza se 
cobraban, y no era justo ponerlo á riesgo de muerte. 

En el dia 3 se presentó el anterior escrito. 

En lunes 9 del mismo mes, los Sres. de la Audiencia es- 
tando en acuerdo general y habiendo visto la anterior petición 
confirmaron en grado de revista lo proveído el lunes 2 del ci- 
tado mes. 

Concluye el testimonio dado por Benito Montejano en 16 
de Agosto de iSgg. 



MUY P.*> SEÑOR: 



Juan García de Solis, en nombre de la Ciudad de Sevilla, 
digo: que ya V. A. tiene noticia del pleito que la Audiencia de 



APÉNDICE. 5 19 

dicha Ciudad hizo contra su Procurador mayor y otras perso- 
nas del Cabildo de la dicha Ciudad, sobre lo que pasó el dia 
de las honras del Rey Ntro. Señor, que esté en gloria, y co- 
mo el Regente y Jueces de la dicha Audiencia dieron senten- 
cias de vista y revista contra los dichos Procurador mayor y vein- 
ticuatros, de lo cual la Ciudad se agravió ante V. A., preten- 
diendo que el Consejo mandase traer ante sí esta causa y el 
Audiencia no procediese en ella por tratar como trataban de 
su negocio propio y de disculparse á sí mismos de la culpa que 
se les ha imputado, atento á lo cual se fueron dando por los 
del vuestro Consejo diferentes provisiones y cartas hasta que 
últimamente se les mandó que no determinasen esta causa, sino 
que la remitiesen al Consejo, sin embargo de lo cual, teniendo 
noticia de ello determinaron la causa en revista y ejecutaron la 
sentencia estando recusados y sin haber cumplido las provisio- 
nes y autos que se despacharon en el Consejo, de todo lo cual 
la Ciudad se agravió ante V. A. en su Real persona pidiendo 
que mandase traer este pleito originalmente al Consejo y se 
dio Cédula particular en que V. A. lo mandó y ordenando al 
Consejo que oidas las partes lo viese y hiciese justicia; y en vir- 
tud de esto en el Vuestro Consejo se despachó provisión para 
que se trújese el dicho proceso, y se ha traido y agora mi par- 
te tiene necesidad de decir de su justicia y alegar las nulidades 
que hay en el dicho proceso, las que les resultan de lo proveí- 
do en el Consejo y de las peticiones y autos que en él se hi- 
cieron y proveyeron de ios cuales, junto con los autos del pro- 
ceso que se ha traido de Sevilla, resultan las nulidades del y 
porque para alegar de la justicia de la Ciudad, es necesario que 
los unos autos y los otros se junten. Pido y suplico á V. A. 
mande que el Escribano de Cámara ante quien está este plei- 
to, junte con los autos que se hablan hecho en el Consejo y 
todo junto lo uno y lo otro se entregue á la parte de la 
Ciudad para poder decir y alegar de su justicia, y para ello 



520 APÉNDICE. 

etc., y antes de proveerse sobre esto contradigo la vista del 
dicho pleito.— El Licdo. Juan Alonso Suarez. 

En el doblez esterior dice: — La Ciudad de Sevilla. — Escri- 
bano Marmol. — En Madrid á m.*' de Setiembre de 1599.— Jún- 
tese y al Relator. 



MUY P.o SEÑOR. 

Juan Garcia de Solís en nombre de la ciudad de Sevilla 
digo: que V. A. mandó traer ante sí el pleito original que el 
Audiencia de Sevilla hizo contra su Procurador mayor y otros 
veinte y quatros el dia de las honras Reales, y V. A. mandó 
juntar todos los papeles que sobre esto hay é porque mi par- 
te quiere alegar de su justicia conforme á la cédula Real. — 
A V. A. suplico mande se me dé el pleito y autos para ale- 
gar en forma que pido justicia etc. — Fernando de ValdésTorres, 

A la vuelta dice: — La Cibdad de Sevilla. — Escribano Mar- 
mol. — En Madrid á 10 de Setiembre de 1599. — No esté mas 
en poder del Relator, 



MUY P.° SEÑOR. 

Juan de Castillo, en nombre de la Ciudad de Sevilla y de 
D. Juan Ponce de León, alcalde mayor de ella y de Pedro 
de Escobar Melgarejo y D. Silvestre de Guzman y de don 
Juan Ponce de León Almansa y D. Pedro de (céspedes Fi- 



APÉNDICE. D2I 

gueroa, Veinte y cuatros de la dicha ciudad y consortes digo: 
que V. A. ya tiene noticia de los agravios que mis partes 
representaron á la Real persona de S. M. hechos á mis par- 
tes por el Regente y Oidores de la dicha ciudad de Sevilla 
que sin jurisdicción, sin orden judicial y finalmente sin causa 
alguna ni culpa de mis partes, los condenaron en vista y re- 
vista en graves penas de destierro, suspensión de oficios y 
otras penas y la dicha Magestad del Rey nuestro señor in- 
formado de lo que pasó en esto se sirvió de dar cédula para 
que el pleito se trugiese á esta Corte y el Consejo lo viese v 
determinase y hiciese justicia á las partes, y en virtud de la 
dicha cédula se trujo el dicho proceso, el cual mandado ver 
por V. A. hallará que las dichas sentencias y todos los autos 
contienen notorias nulidades y notables agravios por lo si- 
guiente: — Lo primero porque el dicho Regente y Oidores no 
pudieron conocer desta causa por ser suya propia y ellos los 
principales interesados y ansí de su oficio la debian remitir á 
vuestro Consejo. — Lo otro porque este defeto se hace mayor 
con que mis partes recusaron á los dichos Regente y Oido- 
res, y no solo quisieron admitir la recusación, antes por haber- 
la dado, condenaron á cada uno de mis partes en veinte mil 
maravedís, y á cada uno de sus letrados en doce ducados. — 
Lo otro con que se fortifica más la dicha incompetencia de 
jurisdicción^ porque sentenciaron y determinaron la causa des- 
pués de haber tenido noticia que V. A. por una provisión 
suya les mandaba que no la determinasen. — Lo otro porque 
en el discurso de los autos no guardaron la orden que eran 
obligados, pues teniendo á mis partes presos y tomadas ya 
sus confesiones no les quisieron dar treslado del pleito y de 
la culpa, procurando impedirles la defensa; y ansí mismo no 
les dieron térmmo sino muy breve y muy limitado porque de 
veinte y ocho dias que mandaron pagar al escribano que se 
ocupó en los autos solo los siete dieron para el descargo, y 
Sucesos nn Sevilla. b8 



:)22 APÉNDICE. 

lo que es mas notable recibieron la causa á prueba en re- 
vista antes de estar interpuesta la suplicación y en el término 
que habia para interponerla, pensando que con esta acelera- 
ción no habría tiempo para que llegase la dicha provisión 
del Consejo en que se les mandaba suspender la dicha deter- 
minación, y en conformidad con las dichas nulidades sentencia- 
ron en revista dentro del térmmo probatorio. Lo otro, porque 
después de la revista continuaron los agravios, dispensando con 
unos de mis partes que pudiesen estar en Sevilla y en Cabildo 
sin embargo del destierro y suspensión y excluyendo a los otros, 
y después procediendo contra los permitidos porque se vallan de 
!a dicha provisión y cédula, como lo hicieron con el dicho D. Sil- 
vestre. Lo otro porque respeto de la justicia principal no solo 
es cierto que no tienen mis partes culpa alguna, sino que el ver- 
dadero esceso lo hicieron el dicho Regente y Oidores, porque ha- 
biendo querido introducir una novedad tan grande como que su 
escaños estuviesen cubiertos en la misa de las honras, no habien- 
do estado en ningún tiempo ni en las Vísperas del dia prece- 
dente, dieron ocasión á que los Ynquisidores, cuyos escaños es- 
tuvieron descubiertos, hiciesen el sentimiento y demostración . 
que consta de los autos y que mandasen cesar los oficios di- 
vinos; lo cual los dichos Ynquisidores hicieron movidos de sí 
mismos sin que la dicha Ciudad ni veinte y cuatro alguno se 
lo avisase, y en este aprieto y dificultad incumbía á la Ciu- 
dad proponer el remedio para que los superiores que eran los 
dichos dos tribunales lo remediasen; y ansí invió al dicho don 
Juan Ponce, Alcalde mayor, á los Ynquisidores á disculparse 
porque no entendiesen que la dicha Ciudad que era la que 
hacia las dichas honras, habia hecho la dicha diferencia en 
los dichos escaños, y al dicho Pedro de ELscobar Melgarejo, 
al dicho Regente y Oidores para pedirles con todo el come- 
dimiento debido que diesen orden de que no cesasen los di- 
vinos oficios, componiendo aquel negocio como mejor les pa- 



APÉNDICE. 523 

reciese, y no el uno ni el otro llevaron otro recaudo porque el 
verdadero hecho es el que está apuntado como se contiene 
en las confesiones del dicho D. Juan y del dicho Pedro de 
Escobar, en que me afirmo y allego por agravio todo lo que 
en ellas se dice. — Lo otro porque la culpa de no haberse en- 
tendido ansí, fué del dicho Regente y Oidores que no permi- 
tieron que llegase á hablarlos el dicho Pedro de Escobar Mel- 
garejo, antes le dijeron palabras muy libres y muy indignas 
de decirse á persona de su calidad y de qu3 las digiesen mi- 
nistros de V. A. y en un lugar tan público y tan sin pro- 
pósito. — Lo otro porque conforme á lo que está dicho, fué muv 
gran sin justicia que habiendo sido Regente y Oidores el 
principio y causa de la dicha diferencia y de todo lo que 
subcedió en el discurso, hayan condenado á mis partes que 
no trataron más que de componerlo y apaciguarlo todo en 
tan graves penas, en virtud de las cuales los han traído des- 
terrados y ausentes de la dicha Ciudad, y privados de las 
asistencias de sus Cabildos con gran pérdida de sus haciendas 
y de la vida del dicho D. Juan Ponce, que necesitado con 
el dicho destierro fué á un lugar enfermo y murió en él. — 
Por tanto á V, A. pido y suplico que por vía de nulidad ó 
querella, ó en la forma que de derecho hubiere lugar, anule y 
revoque las dichas sentencias y absuelva y dé por libres á mis 
partes mandándoles restituir todos y cualesquier maravedís que 
por las dichas sentencias y por la dicha recusación ó en otra 
cualquier manera les hubieren sido llevados, libremente sin 
costa alguna y reintegrarles en todos los daños que se les han sido 
del dicho destierro é injustas condenaciones y pido justicia v 
costas, y para ello, etc. — Juan de Castillo. — El Licdo. Berrios. 
En la parte esterior dice: — La cibdad de Sevilla. — S. ° Marmol- 
— En Madrid á N'IlI.o de Octubre de i 5oo.— Tráigalo el Relator. 



P24 



APÉNDICE. 



Yo D. Pedro de Pineda, Escribano mayor de Cabildo des- 
ta Ciudad de Sevilla doy feé que en presencia de Rodrigo Do- 
ña y Juan de Mesa y otros testigos Francisco de Porras Saba- 
riego Secretario del Audiencia desta Ciudad, dijo que D. Silves- 
tre de Guzman é Pedro Descobar Melgarejo Veinte y cuatros des- 
la Ciudad, venian con licencia del Rejente y Oidores á hallar- 
se en el Cabildo que se hizo en seis de Marzo deste año e para 
votar en el dicho Cabildo, y así votaron en el como los demás 
Capitulantes: é para que dello conste de pedimentos de los su- 
sodichos di la presente en la ciudad de Sevilla á seis dias del 
mes de Marzo de mil é quinientos é noventa é nueve años. — 
D. Pedro de Pineda.— Escribano mayor. 



SEÑOR. 

La Ciudad de Sevilla dize: que le lastimó tanto ver ym- 
putados de culpa los contra quien procedieron Re- 
gente y Jueces desta Audiencia hasta condenalles en destierros, 

suspensiones de sobre la competencia quello.s mismos 

tuuieron con la Ynquisicion el dia que se comenzaron á ce- 
lebrar las questa en el cielo, que para satisfacción de 

quel rigor de las sentencias no cayó sobre culpa, sino que 

la voluntad, con que siempre tratan las cosas de la dicha ciu- 
dad, suplicó á V. M. con mucho de despachar su 

Real Cédula para mandar traer ante sí el dicho pleito y vello 



APÉNDICE. 525 

y determinar ado el Audiencia hecho la diligencia po- 
sible resistiendo el entregarle á sido ocasión de que antes que 

vuiese á muerto alguno de los dichos caualleros por 

no aver podido venir á curarsse á su casa de que la dicha 

Ciu sentimiento y assí acordó suplicar aora á V. M. 

se sirva de hazerle merced en mandar ver y determinar 

pleito pues dello resultara entendersse lo que con justicia se 

pudo y deuio hazer y conseguirsse la pretende cerca 

de ser dados por libres los dichos caualleros y restituydos en 

las condenaciones que para esto es etc. pide justicia. 

— D, Diego Pimentel. — D. Andrés de Monsa'.ve. — Bartolomé de 
Hoces. — Juan Nuñez de Herrera. — Francisco de la h... 

A la vuelta dice: «La Cibdad de Sevilla.— S.° Marmol. — 
En madrid á Vni.° de Octubre de iSgg.— Tráigalo el Re- 
lator. 

Los blancos ocupados de puntos indican el papel que está 
perdido en aquellos sitios, pero se deja comprender bien lo 
que decia ó quiso decir. 



MUY P.« SEÑOR. 



Juan Garcia de Solís, en nombre de la cibdad de Sevilla 
digo: que V. A. dio su Real cédula para traer originalmente á 
este Real Consejo el pleito que la Audiencia de la dicha cib- 
dad hizo contra algunos veinte y quatros sobre lo procedido 
en las honras del Rey nuestro señor, y el dicho pleito se ha 
traydo en el cual tengo alegado de la justicia de mi parte y 
el Sr. Fiscal no á visto este pleito, é para oy tiene que ale- 



520 APÉNDICE: 

gar en el contra la pretensión de mi parte. — A V. A. suplico 
mande quel dicho pleito se le lleve para que diga ó alegue 
si tuviere que, é para ello, etc. — Solís. 

A la vuelta dice: La Cibdad de Sevilla. — S.° Marmol.— 
En Madrid á XIII de Octubre de iSgg. — Llévese. 

A continuaccion dice en el mismo papel: 

El Fiscal dice que las sentencias quel Regente y Jueces 
de la Audiencia de la Ciudad de Sebilla dieron contra don 
Silvestre de Guzman y los demás veinte y quatros de aquella 
Ciudad, por el delito que cometieron el dia de las honrras 
de la M. del Rey don Felipe segundo nuestro señor, están 
muy justificadas, y así pide que no solo se confirmen pero 
que se aumente la pena, pues los dichos Veynte y quatros 
fueron causa de un tan grave exceso como fué el que aquel 
dia pasó, como deste proceso resulta, y así pide sean castigados 
por todo rigor derecho porque á ellos sea castigo y á otros 
ejemplo; y para ello etc. — Hay una rúbrica. 

A continuación y en el pico del lado derecho del mismo, 
papel se lee: 

Afirmándome en lo que tengo dicho é alegado negando 
lo perjudicial, concluio sin embargo en Madrid á 1 1 de No- 
viembre de I 599 años. — Solís. 

Hasta ahora no se ha encontrado más en el Archivo so- 
bre la sentencia del Consejo. ¿Entre los papeles de este exis- 
tirá algún dato? ¿Será fácil adquirirlo? 



SERMÓN 

PREDICADO EN SEVILLA 

E7^ LAS HONRAS T>E FELIPE II, 

POR EL PADRE MAESTRO 

FRAY JUAN BERNAL. 



Hay una orla^ en el centro de ella un escudo 
y en su centro una cru^. 



Don Diego UUoa Arcediano de Ecija, y Canónigo en esta 
Santa Iglesia de Sevilla, Gobernador General en lo espiritual 
y temporal della y su Arzobispado, por el Ilustrissimo Carde- 
nal Don Rodrigo de Castro Arzobispo de Sevilla mi Seiíor, etc. 
Aviendo visto el Sermón que el Padre Maestro Fray Juan Ber- 
nal de la Orden de nuestra Señora de la Merced Redempcion 
de Captivos predicó á las honras del Rey don Philipo Segun- 
do nuestro Señor, que Santa gloria aya, en esta Santa Iglesia 
de Sevilla, y conociendo que su buena y sana Doctrina sera de 
mucho provecho para todos los que le leyeren, y que se hará 
servicio á nuestro Señor en mandarle imprimir. Por tanto por 
el tehnor de la presente: doy facultad y licencia á cualquiera 
de los impressores de esta Ciudad para que pueda imprimir el 
dicho sermón. Dada en Sevilla en seys dias del mes de Enero, 
de mil y quinientos y noventa y nueve, etc. — 

Don Diego de UUoa. 

Por mandado del Governador mi Señor 

Antonio de Montalvo, 
Secretario. 



Sucesos de Sevilla. 69 



SERMÓN 



A LAS HONRAS QUE LA GIUDAD DE SEVILLA HIZO A LA MAGESTAD 

DEL REY D. PHLIPO II 

NUESTRO SEÑOR. 



Predicóle el P. Maestro Fray Juan Bernal de la Orden de 
Nuestra Señora de la Merced Redempcion de Captivos. 



Terribili, est ei qui aufer spiritum 
principum: terribili apud reges terrae. 
{Psalm. yS.) 

Honras de Rey, y de tal Rey, bien merecen ser celebradas 
con palabras de Rey tan santo y discreto como David_, cuyas 
son las propuestas en el Psalmo y5. Al terrible, y al que quita 
la vida á los príncipes: terrible acerca de los Reyes de la tierra- 
Predicando el divino Ambrosio á las honras y obsequias 
del Emperador Valentiniano, con estas palabras casi dá prin- 
cipio á su sermón de defunctos, y con ellas me pareció le daria 
yo bueno al mió: Solvamus bono principi stipendiarias lachry- 
mas, quia lile nobis soluit etiam mortis suce stipedium. Pue- 
blo christiano, nobles y leales ciudadanos de Sevilla, paguemos 
á nuestro buen Príncipe Cristianísimo Rey Philipo con justas y 
piadosas lágrimas los réditos de el censo perpetuo, que su Ma- 



532 APÉNDICE. 

gestad dexó impuesto sobre todos los pechos y corazones de 
sus fieles vassallos. Paguémosle tributo de lágrimas como á na- 
tural Rey y señor nuestro, pues él pagó como hombre el tri- 
buto que debía á la muerte. Y si los Scythas y Persas, para pa- 
gar este tributo, tenian por costumbre traer por las ciudades 
de el Reyno el cuerpo de su Rey defuncto, para que todos sin- 
tiessen la pérdida universal, mas piadosa y religiosa es la cos- 
tumbre Christiana, que nuestra España siempre ha guardado en 
la muerte de sus Reyes, haziéndoles honras y obsequias, le- 
vantando túmulos, que muevan á sentimiento y despierten la 
memoria de rogar á Dios por sus almas. Y aunque parece no 
ay mas que dessear en materia de honras, que lo que oy te- 
nemos presente en esta Santa Iglesia, tanta nobleza, tan bue- 
nas letras, tanta religión y virtud, túmulo tan sumptuoso, qual 
nunca jamás se ha visto: pero una cosa nos haría mucha falta, 
(si acaso faltasse) que es la presencia de Chrislo nuestro bien. 
Y asi en nombre de todos, dándome todos sus votos, le quie- 
ro combidar se halle presente y honre nuestras honras, para 
que con mas razón merezcan el nombre. Dulce Jesús, Soberano 
Rey de gloria, que en vida y muerte tan bien sabes honrar á 
tus amigos, Nimis honorificati siint, amici tiii Deus. (Psal 32.) 
En nombre de esta ínclita Ciudad de Sevilla (que tan leal y 
agradecida se ha mostrado á su Rey aun después de muerto) 
suplico á tu Magestad divina, te sirvas Señor de honrar con 
tu presencia las honras, que hoy hazemos á tu fiel amigo y leal 
vassallo Philipo, verdadero Rey y Señor nuestro. Honras de Rey 
de tanta Magestad en la tierra, quien podrá honrarlas, sino tú 
mi Dios, verdadera Magestad de tierra y cielo? Pero temo 
señores, no me responda Christo, lo que dixo á uno de los 
discípulos que le seguían: «Dejad á los muertos enterrar y ha- 
zer obsequias á sus muertos.» Dimitte mortuos sepeliré mor- 
tiios siios. {Math. 8 ) Dexad á los muertos espirituales hazer sus 
obsequias á los muertos corporales. Dexad á los muertos en las 



APÉNDICE. 533 

almas, hazcr las honras de el que murió quanto al cuerpo. Entre 
tantos como oy se han congregado á celebrar las honras de 
nuestro christianíssimo Rey defunto, ay por ventura ó por des- 
ventura, algunos muertos? Ay quien en los sepulcros vivos (que 
assí llama Platón y aun Christo á los cuerpos) trayga las almas 
muertas y sepultadas? pluguiera al señor no uviera tantos. Y 
pues el Rey de gloria no quiere compañía de muertos, y solo 
acompaña y honra á los que viven en su gracia, con humildad 
se la pidamos por intercesión de la Princesa de el cielo, dizicn- 
dole el Ave María. 

Siendo Dios como es, tan liberal en pagar los trabajos de 
sus amigos, y premiar los servicios que á su divina Magestad 
se hazen, pues no solo acabado el trabajo, en el mesmo dia les 
da la paga como á los de la viña, sino muchas vezes aun da la 
paga adelantada, como enseña el Propheta Isaias: Ecce merces 
eius cum eo, de opiis illius coram illo flsai. 40.) La paga y 
premio trae en la mano y el hazer bien al hombre delante de 
si, pagándole adelantado: que esta es obra propria de Dios. Y pa- 
ra hazerla, dize el mesmo Propheta, que hizo muchas peregri- 
nas y agenas de su magestad, como nacer llorando, vivir pade- 
ciendo, y morir en una cruz. Ut operetur opus siium, pere- 
grinum est opus eius ab eo. (Cap. 28.) Siendo esta natural con- 
dición de Dios, podria causar admiración, porque permite su 
franqueza, se dilate tanto la paga á los cuerpos de sus fieles: 
pues aunque sean de Reyes Ghristianísimos y amigos, los de- 
tiene tantos años en la tierra, esperando la universal resurrec- 
ción hasta el dia de el juizio. Bien podriamos dezir, que como 
Dios tiene purgatorio para el alma, donde purgue y pague sus 
delitos, tiene también para el cuerpo su purgatorio, que es el 
sepulcro, donde deshaziéndose, se vaya purificando, y espiri- 
tualizando. Seminatur corpus anímale, surget corpus Spirituale. 
Dize el Apóstol en la primera carta que escrivio á los de Co- 
rintho. (i, ad Cor.) Y si el alma (con ser espíritu) tiene necesidad 



534 APÉNDICE. 

de purgatorio, para entrar en la gloria, quanto mas el cuerpo 
animal y grossero. Y es bien que pague aprisionado en Ja cárcel 
de la sepultura la contradicion que hizo el alma en el servicio 
de Dios, y en este camino del cielo, siéndole tan molesto y 
pesado, que diga el Sabio. Corpus enim qiiod corrumpitur^ agra- 
vat animam. (Sapi. g.) Mas que pesada para las obras de el 
servicio de Dios, siendo tan ligera para los gustos y deleites de 
tierra. A quien no admira ver, que siendo los cielos de tanta 
velocidad para el movimiento del primer mobi!, que llaman rap- 
to y violento, que en veinte y quatro horas dan todos una buelta, 
siendo de incomparable grandeza, para sus propios y naturales mo- 
vimientos de Poniente á Oriente, sean tardos y espaciosos, que uno 
tarda los doce años en dar una vuelta, otro treinta, y qual hay 
que tarda mas de mil años. Pero mas admira ver esto en es- 
te cielo portátil de nuestra anima que Dios tiene acá en la tier- 
ra, pues siendo tan ligera, para andar por los cammos de la 
carne, y buscar sus gustos, siendo passos violentos y contra su 
natural razón, sea tan pesada en el camino de el cielo, sién- 
dole este movimiento natural, alómenos supuesta la gracia, pues 
para el cielo fué criado. Fecisti nos Domine ad te. (Aiig. i. con- 
fes c. I .] Esta pesadumbre le viene por la mala compañía de 
el cuerpo pesado inclinado á cosas de tierra. Paga pues en ella 
como en purgatorio los daños que hizo al alma, y aunque ella su- 
ba á gozar de Dios, quédese el cuerpo encarcelado en la sepul- 
tura. Y pues de el mas santo (fuera de Cristo nuestro bien y de 
su Madre Santíssima) podamos dezir con verdad, que sirvió á Dios 
á medias, con el alma á su ley divina, y con el cuerpo á la 
ley del pecado: como confiessa de sí mismo el doctor de las gen- 
tes. Pablo: Mente servio Icgi Dei: carne aiiteni Icgi peccati. (Ad. 
Ro. j.) Pues el servicio fué a medias, sea también la paga á me- 
dias, y aunque el alma vaya á la gloria, quede el cuerpo pa- 
gando sus penasen la sepultura. 

También podría decirse, que como aquel Rey que en sa- 



APÉNDICE. 535 

biJuría tanto se avcntnjó á los Jemas Reyes, y hombres par- 
ticulares, que hasta su tiempo uvo, Salomón (porque hagamos 
á nuestro padre Adán, á quien como ¿i cabeza universal de to- 
do el género humano dio Dios la sabiduría) queriendo sen- 
tenciar aquel pleito tan reñido de las dos madres, que cada 
qual pretendía serlo del infante vivo, mando que le dividiessen 
entre las dos: Dividite (inquit) infanten vivum in diias partes, 
et date dimidiam partem iini\ et dimidiam partem alteri. 
(3 Reg. 3.) Assi parece que nuestro Dios, por acudir á los 
deseos de dos madres, que el hombre tiene, una en el cielo 
y otra en la tierra: madre nuestra llama el Apóstol á la sobe- 
rana Hierusalem: Illa qucB sursiim est Hieriisalem^ qiice est, 
yjiater tíostra. (Ad. Ga. 4.) I. a otra madre es la tierra y se- 
pultura: que estenombre leda el Ecclesiástico. Usque in diem se- 
pultiircv^ in matrem omnium. (Eccle, c. 40.) Madre nuestra es 
la tierra^ que en vida nos sustenta, y dispone el manjar, y en 
muerte (quando la mas piadosa madre echa de casa á su hi- 
jo) ella nos recibe con entrañas abiertas, abriendo las sepultu • 
ras. Madre de todos dize que es, de Reyes y de vasallos. Par- 
ra que vean los que de nobles y de hijos de algo se precian, quan 
cerca esta su algo de la nada, pues tienen por madre, y ella es 
hija de la nada. Y assi podremos dezir, que el mas hijo de algo 
esta pared en medio de la nada, porque entre el y la nada no 
ay mas que esta pared de el cuerpo: que assi le llama la Es- 
posa en los cantares: £■« ipse stat post parietem nostrum. {Caitt. 
2.) Para acudir al deseo de estas dos madres, que cada una 
pide á su hijo el hombre, manda Dios que se divida, y que se 
execute la sentencia, dando el alma al cielo, y el cuerpo á 
su madre la tierra. Revertatur pulvis in terram suam unde erat, 
et spíritus redeat ad Deum qui dedit illum. (Eccles. 12.) Bien 
parece que se respondía con esto, pero hablando mas á nues- 
tro propósito, podremos dezir, que como la justicia condenando 
á muerte al delinquente, le manda poner ios quartos por los 



536 APÉNDICE. 

caminos, porque el castigo de uno sea escarmiento para todos 
los que le vieren: (Comp.) assi la divina justicia condenando á 
muerte á los delinquentes hijos de Adam, reparte sus cuerpos, 
aunque sean de Reyes, por la tierra; porque estos y la justi- 
cia que Dios hace en ellos, es lo que causa mayor temor y 
espanto. Gomo no asombra tanto oyr, ni aun ver hacer justi- 
cia de hombres ordinarios, como ver, ó oir dezir, que á un 
príncipe, ó á un grande quitaron la vida, y le condeno á muer- 
te la justicia. Esto es lo que asombra y atemoriza. Y con es- 
to quiere David en las palabras de el thema persuadirnos, que 
temamos á Dios, que le aplaquemos con dones, que le hagamos 
votos y promessas de enmienda de vida, y las cumplamos. Vo- 
vete^ et reddite Domino dea restro, etc. Porque es tan pode- 
roso y terrible, que á los Príncipes y Reyes de la tierra quita la 
vida. Terribili^ et ei qui aufert spiritum ^principum: terribili 
apud Reges térra. 

Siempre parece que ha procurado Dios, poner ante los ojos 
los justiciados y condenados á muerte, para atemorizarnos con 
ella: y enfrenándonos en el cumplimiento de nuestos apetitos 
obligarnos á la observación de sus leyes. (Compar.) Aquel Rey 
Persiano Cambisses (bien sabida es de todos la historia) para 
obligar á hacer justicia, y que la suya fuesse temida mando 
dessollar á un juez, y con su piel aforrar la silla de el que le 
sucedía en el oficio.- para que sentado en ella se viesse como 
vestido de pieles de un muerto y desollado, viviesse con temor, 
escarmentando en agena cabeza. {Heredo, li. 2. S ale. lib. 6.C.3.) 
Assi parece que lo hizo nuestro Dios, vistiendo á nuestros pa- 
dres primeros con pieles de animales muertos. Fecit quoquc 
Dominus Deiis Ada^ et uxori eiiis túnicas pelliceas^ et induit 
eos. (Gen. 3.) Y aunque á algunos siguiendo á Theodoro y 
Gennadio Obispo de Constantinopla, les parece que aquellas ro- 
pas fuer«n de las cortezas de el árbol donde cometieron la cul- 
pa, y que fué como un ponerles Sanbenito, ó coraza, como lo 



Ar»ÉNDl(ÍE. 537 

suele hacer el Santo Oficio, donde va pintada la culpa: ó como 
el juez que saca al ladrón con el peso falto de carne al cue- 
llo; assi dizen que lo hizo Dios con ellos, sacándolos a la ver- 
güenza, para que les cayesse acuestas su pecado, conforme á lo 
de el Psalmo; Etverticem ipsius iniquitas eius descendet. {Psal- 
mo 7.) Pero siguiendo el común parecer, de pieles de anima- 
les muertos fueron aquellas primeras vestiduras. Y aunque pa- 
rece que con esto se perdia la especie de alguno de los anima- 
les cuyas eran aquellas pieles, pero pues es parecer común de 
los sagrados expositores, que de cada especie crió Dios muchos 
no por esto se perdia ninguna. Y si alguno quisiere sentir con 
los gloriosos Padres S. Theodoreto yTheodoro, {Theodor. Episc. 
Horada^) que no crió Dios mas que dos animales de cada es- 
pecie, podrá dezir, que aviendo ya concebido las madres, quitó 
Dios la vida por ministerio de algún Ángel á los padres para 
vestir los nuestros, y assí se conservaron todas sus especies. Y 
aunque de passo echemos de ver las piadosas entrañas de nues- 
tro Dios, y como su castigar es regalar, y el mesmo hazer jus- 
ticia, de ordinario es usar de misericordia: tanto que con ser 
el mas temible castigo de esta vida, quitársela á uno estando 
en pecado mortal, aun esta justicia es á vezes misericordia, acor- 
tando la vida, porque sean menos los pecados, y menores las 
penas: Como al que juega, y va perdiendo le haze bien quien 
le mata la vela, porque no pierda mas. (Compar.) Assi pode- 
mos declarar aquellas palabras del Santo Job. Ipse vulnérate et 
medetm". percutit^ et maniis eius sanabiint. (Cap. 5.) No solo 
quiere dezir, que el mesmo Dios que da la llaga, da también 
la medicina, y que hiriendo con una mano, sana con dos, á 
mas se estiende su bondad pues el mismo herir es sanar, y el 
mesmo castigo es medicina y regalo: si hiere y rompe las venas, 
haze oficio de barbero para sacarle la mala sangre, y sus he- 
ridas son de cirujano que alegra la llaga, para curarla. Si des- 
tierra á Adam, es para que mude los avres, y goze de los de 
Sucesos de Sevilla. 6o 



538 APÉNDICE. 

su tierra: que para un enfermo qual el estaba no era poco re- 
galo. Si para afrentarle, y para que se conozca le viste de pieles, 
obra fué de grande misericordia, vestir al desnudo, para que se 
defendiese del frió: y siendo el vestido de pieles de animales 
muertos, viesse la muerte al ojo, y temiesse la divina justicia. 
Y aun es parecer de algunos, que en presencia de nuestros 
padres quitó Dios la vida á los animales por ministerio de su 
Ángel, para mas atemorizarlos; y pues no avia bastado el oyr 
la sentencia de muerte en el Morte morieris, (Genes. 2.) baslasse 
ver con los ojos, quitar la vida, y traer siempre ante ellos los 
despojos de la muerte. Y por ventura debió ser divina disposi- 
ción, que los mas poderosos Reyes y Príncipes de la tierra tru- 
xesen por habito de su caballería un tusón, para que con la 
piel de su cordero desollado anduviesen como vestidos de pie- 
les, y con ellos truxesen siempre ante los ojos los despojos de la 
muerte: y para que nosotros los tengamos, quiso su divina Mages- 
tad, quedassen en la tierra los cuerpos de los condenados á muer- 
te por su justicia, (aunque sean cuerpos de Reyes) para que 
temamos á un Dios tan temible y poderoso que á Reyes po- 
derosos quita la vida. Terribili et ei, etc. 

Pero si estando la justicia ahorcando al ladrón por sus de- 
lictos, entre tanto que le están exortando á bien morir, y to- 
dos están diciendo Jesús, Jesús, Credo, Dios sea contigo, y te 
de buena muerte: Si en este tiempo estuviese otro ladrón cor- 
tando bolsas de los que están allí presentes, que diriadcs á 
este tal? Hombre tienes juicio? estas desesperado? pues ves lo 
que passa, y te atreves en presencia de la justicia? Mas ay 
cuantas veces passa esto en las justicias que Dios hace quitando 
la vida á los hombres? Cuantas veces de los que se hallan pre- 
sentes á los entierros y obsequias de los defunctos entretanto 
que la clerecía está encomendando á Dios el alma, rogando á 
los Angeles y Sanctos que le socorran y ayuden diciendo,, Sub- 
venite Sancti Dei^ occurrite Angelí omnes: En este tiempo uno 



APÉNDICE. 539 

está riendo, otro murmurando, y el otro haciendo señas y dan- 
do señal de quien es. Y plega al señor no haya acontecido lo 
mesmo en este dia. Que otra cosa es este túmulo tan levantado, 
sino un sumptuoso cadahalso, donde se hace justicia del Chris- 
tianissimo Philipo Rey y señor nuestro? Pues entretanto que 
el Predicador como pregonero de Dios esta diciendo. Esta es 
la justicia que manda hacer la Divina Magestad de nuestro Dios 
y señor á la Real Magestad de el Poderoso Philipo segundo 
nuestro Rey por aver sido cómplice en el delito que Adam 
su padre cometió: mandanle quitar la vida por ello, y sepultar 
su cuerpo en la tierra. Si entre tanto que esta verdadera y te- 
merosa representación se hace, está el cudicioso mercader tra- 
tando de sus logros, y usuras paliadas, y aun robos descubiertos, 
el sensual de sus torpezas, el Christiano de solo nombre y gentil 
en la observancia de las leyes de el duelo tratando de sus ven- 
ganzas, y cada uno de sus gustos y intereses, que queréis que 
sientan de la salvación de estos tales? Christianos tenéis juicio? 
estáis desesperados? como no teméis la justicia de Dios tan ter- 
rible, que á los Reyes mas poderosos castiga y quita la vida? 
Terribili, est ei qui, etc. {Ita Soliemus .) Si para castigar al bravo 
león, y atemorizarle basta castigar en su presencia un perrillo 
para que el león tema y tiemble como azogado: dime cachor- 
rillo miserable, perrillo cobarde y llaco, como no temes y tiem- 
blas, viendo en tu presencia castigar al bravo león de España 
al gran Philippo segundo con el azote y plaga de la muerte? 
como no temes á un Dios, que á los mesmos Reyes castiga y 
quita la vida? como te atreves á ofender á un Señor de tan- 
to poder y tan estendida jurisdicción, que do quiera que vaya 
as de hallar que tiene puesta su horca y cuchillo, para castigar 
mal hechores? y si de los Reyes de la tierra se suele decir que 
tienen largas manos, porque si le ofendéis aun en otro reyno 
no estáis seguro: pero al fin son manos cortas comparadas á 
las de Dios, y de su ministro la muerte, de quien nadie pue- 



540 APÉNDICE. 

de escaparse. Qiti est homo qui vivet^ est non videbit mortem. 
(Psal. 88.) eniet animxm siiam de manu inferí? Declarémoslo 
asi como suena. Cual de los hombres que viven podrá esca- 
par y librarse de las manos largas y poderosas 'de la muerte y 
sepultura? O dónde podrá poner los ojos, que no vea rastros 
de muerte, y que en todo lugar tiene Dios puesta su horca y 
cuchillo? Si paseándote en tu casa pusieres los ojos en las pa- 
redes de ella, ay veras, como otro Rey Baltasar, la mano de 
l-i muerte que está escribiendo contra tí su sentencia: {Dan g.) 
que como esta materia es tan odiosa, y mas para Reyes, y hay 
pocos que de ella les traten, donde las lenguas son mudas, es 
bien que las mudas piedras de las paredes hablen y se hagan 
lenguas. Clamabit lapis de pariete. {Ecles. 10.) Si te sientas á 
la mesa á comer un bocado, en ella veras la sepultura que tu- 
vieron los hijos de el Santo Job, é quien los manteles sirvieron 
de mortajas. Si sales al campo, y por desechar tristezas te pa- 
seas por las orillas de los rios, en ellos y en sus aguas donde 
nada se escribe, hallarás scripto aquel dicho tan discreto de la 
muger de Thecna, todos morimos, y como aguas vamos corrien- 
do al mar de la sepultura. Omnes morimur^ et quasi aqiioe di- 
labimur in terram. (2 Reg. 14.) Ahí está en las aguas laborea 
y cuchillo de Dios, pues no son pocos los que mueren en ellas. 
Y cuando te vayas á un desierto hallarás que las encinas son 
la horca, donde la justicia de Dios quita la vida á los mas he- 
los príncipes como Absalon. Y si al cielo levantas los ojos (que 
al fin es tierra de vivos) aun allá parece que llega la jurisdic- 
ción de la muerte, representada en el nacimiento y ocaso de el 
Sol, pues cada tarde parece que le sepultan. Oritur sol, et oc- 
cidit. {Eccles. i .) Y si como mal hechor te acoges á sagrado 
y te entras en la Iglesia, en ella hallarás los cuerpos de los con- 
denados á muerte por la justicia de Dios, y entre ellos hallarás 
el de nuestro poderoso Rey Filippo: que sobre Reyes tiene ju- 
risdicción la Divina justicia, y á Reyes condena y quita la vida. 



APÉNDICU:. 541 

Terribili^ est ei qiii^ etc. 

Los Reyes y Emperadores de la tierra tienen sus Reyes 
de armas para ostentación de su potencia, así parece qu2 tiene 
Dios sus Reyes de armas para hacer ostentación de sus divinos 
atributos. Para ostentación y muestra de el rigor de su justicia 
permitió que á su mesmo hijo ahorcasen en una cruz; como 
enseña el Apóstol S. Pablo: Ad ostensionem justicia' siia.\ (Ad 
Ro. 3.) Allí se hizo ostentación de cuan rigurosa es su divina 
justicia, mas que en la pena eterna de los condenados. Y asi 
Cristo puesto en la Cruz es el Rey de armas, que lleva delan- 
te de si la rigurosa justicia de Dios. Y en la mesma persona 
del Apóstol hizo ostentación de su misericordia y paciencia Ideo 
mísericordiam consecutus sum\ ut in me primo ostenderet Chris- 
tus Jesús omnem patientiam. { i . ad Ti. 1 .) En los vasos re- 
probados hace ostentación de su ira. Volens ostendere iram suam. 
(Ad Ro. 9.J Y finalmente hace ostentación de su omnipoten- 
cia, quitando la vida á los poderosos Reyes de la tierra: por- 
que Reyes muertos son los Reyes de armas que lleva delante 
de sí la potencia de Dios. Quitando la vida al Rey Faraón dice 
el mesmo Dios por boca de su Apóstol, que hizo ostentación 
de sus fuerzas y omnipotencia. Ut ostendam in te virtutem meam. 
{Ad Ro. p.) Y bien mostró Dios su poder, pues con solo un so- 
plo le anegó en el mar, y quitó la vida. Flavis spiritus tuos et 
operuit eos mare. {Exod. ig.) Cosa es para considerar, que pa- 
ra mayor gloria de Dios y mayor^confusio n de ios Principes y 
poderosos de la tierra, les suele quitar la vida como jugando, 
y con cosas de poco momento: y así vemos que á los pobres 
y menospreciados de el mundo parece que les teme la muerte, 
y que no les halla entrada: escapan de mil peligrosas enferme- 
dades, viven como de milagros, pero á los Principes y pode- 
rosos con un poco de aire, con que quiera, se les destempla 
Ja salud, y acaba con ellos la muerte. No se si todos habrán 
echado de ver un misterio digno de consideración, encerrado 



542 APÉNDICE 

en un lugar bien común de la Sagrada Escriptura, aquella es- 
tatua quimérica, que vido en sueños Nabucodonosor, dándole 
en los pies la piedra, que del monte cayó cortada sin manos 
la deshizo toda: (Dan. 2.) asi la cabeza de oro, como los pe- 
chos de plata y las demás partes de ella. Santo Dios, el golpe 
dio por ventura en la cabeza? no: pues como se deshizo? que 
se deshagan los pies no es mucho, pues son de barro, y les 
dan con una piedra: pero que se deshaga la cabeza de oro, y 
los pechos de plata, y se conviertan como en ceniza ó tamo de 
paja que lleva el viento: Redacta quasi in favillam ¿estivce are¿v. 
De solo haberles tocado el aire de la piedra, cuando de el monte 
caia? si, que basta un poco de aire, para deshacer cabezas y co- 
ronas de oro, y convertirlas en ceniza. Basta un poco de aire 
para que pierdan la vida y se conviertan en ceniza los Princi- 
pes y Reyes de la tierra: porque es tan poderoso el Rey del 
cielo, que con menos que un poco de aire, y con solo amena- 
zar con el codo de la muerte, quita la vida á los Reyes, aun- 
que tan poderosos como Balthasar. Terribili est ei qui aii/er 
spiritum Principum. Al temible, y al que quita la vida á los Prin- 
cipes y Reyes de la tierra. Otra lección, siguiendo el rigor de 
la palabra Hebrea, dice: Qui vindemiat. Al que vendimia: al 
que corta racimos, como dice otra letra: Qui prcescindit racemos: 
O como lee San Paguino: Succidit spiritum ducum. Cortara el 
espíritu y vida de los poderosos. Y con mucha propiedad, pues 
parece que hace Dios vendimia cuando quita la vida á los Prin- 
cipes, y muestra su poder, cortándoles el hilo de la vida, co- 
mo quien corta racimos de la viña. O que vendimia ha hecho 
Dios en estos dias presentes. Bien me acuerdo yo Señor, cuando 
vuestra Divina Magestad se quejaba por boca del Profeta Mi- 
cheas, diciendo: Ay de mí, que en la viña de mi Iglesia me 
ha acontecido lo que suele al que entra por el otoño en viña 
agena y vendimiada, que solo halla la rebuzca y el desecho de 
ella, Vtv mihi, quia factus sun sicut qui colligit in autumno ra- 



APÉNDICE. 543 

cemos viiiJentiiV. No es lastima Christianos que en esta viña de 
la lí^lesia, que Dios plantó con su sudor de su rostro, y regó 
con su propia sangre, no halle que coger en ella sino el rebusco 
y desecho de el mundo? Quien sirve á Dios sino la mugercita arrin- 
conada, el oficial pobre, el clérigo y fraile idiota y humilde, ha- 
ciendo el mundo (o que dolor) la principal vendimia todo lo mejor 
de la tierra. Pero ahora mi Dios, por mostrarte verdadero Señor 
de la viña, nos has vendimiado lo mejor de ella, cogiendo de 
la mejor cepa de la iglesia, de esa Real cepa y casa de Austria, el 
mejor racimo de cuantos ha producido, al Cristianísimo Filipo 
Segundo, Rey y señor nuestro. Ahora Señor, no diréis que co- 
jeis el desecho, pues nos habéis llevado á un Rey de los me- 
jores de el mundo. En sabiduría un Salomón, pues después de 
el no se ha conocido Rey mas discreto: en potencia, de los mas 
poderosos de la tierra, pues apenas se ha conocido en ella Rey, 
que con menos ruido de armas haya sido tan temido y res- 
petado, que solo su imagen y retrato causaba espanto en los 
grandes Turcos Ottomanos: en dilatar la Fee, y defender la Iglesia 
otro segundo Constantino Magno; y un Moisés de el nuevo 
testamento, que no solo cuidaba de lo temporal de su Reyno 
y de toda la Iglesia, sino también como tan Cristianíssimo, 
del augmento espiritual de toda ella; de la reformación de cos- 
tumbres y bien de todas las religiones. O gran Philippo, y cuan- 
to te deben estas capillas? cuanto deseaste y procuraste su bien, 
su reformación y su aumento? Cuando jamas cerraste la puerta 
á cosas tocantes á las religiones, aunque mas ocupado en ne- 
gocios gravísimos de el Reyno? y si el ser amigo de la justi- 
cia, tanta honra y gloria le da á los Reyes, como advierte el 
gran Basilio sobre aquellas palabras de el Psalmo noventa y 
ocho, la honra de el Rey ama la justicia: Honor Regís indi- 
ciiim diligit. (Psalm. f)8.J Que Rey ha tenido el mundo, que 
mas amase la justicia, y con ella conservase en tanta paz sus 
Reynos? O España dichosa, bien podrás decir lo de el Psalmo 



544 APÉNDICE. 

84. Jiistitia, et pax osculatcv siint. [Psahn. 84.) En los felicísi- 
mos tiempos del Cristianísimo Filippo la justicia y la paz se 
abrazaron como hermanos. Quando la causa de los pobres mas 
favorecida? Cuando la potencia de los grandes mas enfrenada, 
para que no agraviasen á los pequeños? Cuando se vio paz mas 
justa, ni justicia mas pacifica, asi en el gobierno de el Reyno, 
como en su mesma persona? Una de las mayores virtudes y 
excelencias de el. santo Rey David es la que dixo aquella dis- 
creta muger Thecuites, que era de ánimo tan pacífico y rostro 
tan sereno, que como un Ángel de el Señor ni se movía con 
bendición ni con maldición. Sicut enim Ángelus Domini^ sic est 
Dominus meus Rex^ iit nec benedictione nec maledictione mo- 
veatur. {2 Reg. 14.) Mas con cuanta verdad podremos decir 
esto de nuestro Angélico Filippo, que aunque todas sus virtu- 
des fueran singulares, esta lo fué por estremo. Magestad tan 
serena y sin mudanza, tranquilidad de anima representada en 
la serenidad del rostro, cuando jamas se vio como la suya? Bien 
podíamos inferir de aquí lo que infería la discreta Thecuites: 
bien parece que tienes á tu Dios contigo. De el justo y el sa- 
bio dice el Ecclesiástico que permanece sin mudanza como el 
Sol, á quien el divino Ambrosio en su Exameron llama Rey de 
los Planetas. Homo sanctus in sapientia siia manet sicut Sol. 
{Eccles. 27.) El indiscreto tiene mas mudanzas que la Luna, 
mas el sabio sereno como un Sol, que en si mismo y en su 
rostro nunca tiene mudanza: cuando jamas se vio en nuestro dis- 
cretísimo Rey, aunque la fortuna tuviese muchas en sus prós- 
peros ó adversos sucesos, ni aun siendo injuriado, que es lo que 
mas suele anublar y turbar el cielo mas sereno de muchos al 
parecer justos y- sabios? que como aquel gran Rey de los Hu- 
sitas, (Ephrents. i. adversus improb. nur.) que por Rey le con- 
fiesan muchos de los santos, al que en sufrimiento y constan- 
cia tuvo la palma el Santo Job, (Cris. ha. 4. in Job. Isidor. ¡ib. 
de vita et mor. Job ig.) con aquella santa osadía suya, reco- 



APÉNDICE. 545 

nociendo á solo Dios por Señor de bien y m il tratar, el solo 
le parecía que podía poner las manos en su persona y casa. 
Alanus domini tetigit me. Con esta santa osadía nuestro Chrís- 
tíanissimo Rey siendo de todos temido, jamas temió ni se re- 
cató de hombre humano; viviendo como León de España, con 
una generosa osadía y confianza. Jiistus autem qiiasi leo con- 
Jidens absqiie tcrrore crit, {Prover. 28.) León queá nadie teme: 
y sí duerme abiertos los ojos, no es de sobresalto y temor como 
la liebre, sino que como Rey de todos los animales, pues leo 
en Griego lo mesmo es que Rey, y por tal le coronó la natura- 
leza, {ü- Isidor. ethimo lib. 2. c. 2.) y como Rey durmiendo 
vela: y como Rey natural vive con ánimo quieto y sin sobre- 
saltos. Que como es propio de Reyes tíranos turbarse y temer 
aun en la seguridad como Herodes: Fugit iinpius nemiue per- 
seqiiente. {Prover 28,) Dijo e! Sabio en el lugar citado, ha- 
ciendo contraposición de la confianza y seguridad de el justo a 
la turbación de el tirano; y como confiesa uno de los mayores 
que ha tenido el mundo, el Rey Phalaris, Tj'ramidi mali siibesse 
quam prcvsse. Menos mal es ser vasallo de un Rey tirano, que 
ser Rey con tiranía: porque aquel teme á uno, pero el Rey 
tirano á todos teme y de todos se recata. Cum pax sit, Ule 
semper insidias suspicatur. {Job S.) Dice Elíphaz amigo del Santo 
Job hablando del Rey tirano, en la paz tiene guerra su alma, 
la seguridad le parece peligrosa, los amigos espías dobles, si se 
acuesta á dormir no espera levantarse con vida: dice el mes- 
mo Elíphaz, si se sienta á la mesa, con cada bocado traga la 
muerte, pensando que va en alguno de ellos. Así es proprio 
de justos y verdaderos Reyes vivir como leones confiados. Y 
á mi ver entre tantos y tan discretos jeroglíficos, entre tantos 
y tan curiosos emblemas como se han puesto en este sumptuo- 
sisimo túmulo á nuestro Christianissimo Rey, le podríamos po- 
ner estos. Un Ángel con rostro cual el le tuvo, y por orla, Nec 
SucEsosDE Sevuj.a. 6 1 



546 APÉNDICE. 

benedictione, nec maledictione. Ni con bendición, ni con mal- 
dición. Ángel en la firmeza sin mudanza. O un león coronado 
con letra, Absqiie terrore. Sin temor ni sobresalto. O pinte- 
mos un cielo sereno, que tal era la serenidad de su alma, con 
un cielo ageno de peregrinas impressiones, y una letra que diga: 
Cum tranquilitate indicas. O pongamos por letra, Qiiasi ccelwn 
ciim serenum est. {Sap. j 2.) Como cielo sereno, señal cierta que 
su alma era trono de el Rey de gloria, como el que vieron los 
hijos de Isrrael en el capítulo 24 del Éxodo. {Éxodo 24, Apiid 
Pensas et alios.) O pintemos un sol claro (que siempre ha 
sido símbolo de Reyes) con letra, Manet siciit Sol. Permanece 
como el Sol firme y sin mudanza, ó la que Dios tiene en sus 
armas. Siiper bonos ct malos. Sobre buenos y sobre malos. Pues 
este Sol á todos hizo bien, y hasta los infieles moros hallaban 
favor y amparo en nuestro Rey Christianissimo. Y para mejor 
declarar la serenidad y sufrimiento suyo junto con su brio y for- 
taleza, pongamos á el sol entre su dos vecinos, Marte y Venus 
entre la fortaleza de Marte y humanidad sufrida de Venus, y 
por letra la de Dios. Fortis es patiens. Fortaleza con sufrimien- 
to. Si no es ya que queréis poner en sa sepulcro, como en 
el otro de Roma un León abrazado con un cordero en la mes- 
ma letra, fuerte y sufrido: ó un Cherubin entre palmas como 
el que vido Ecequiel con rostro de León y de hombre; que muy 
bien le cuadrara á nuestro discretísimo Filippo. Ora Cherubin 
quiera decir plenitud de sciencia, ora (según algunos) Quasi plu- 
res: {Ita Diviis Hieron. de nomi. Heb.) como muchos es el Rey 
á quien comparan algunos á la unidad, que acompaña y favo- 
rece todos los números: así el Rey á todos sus vasallos. Como 
muchos, porque el Rey (como enseña el discreto Séneca en su 
libro de Clemencia) Séneca. Petrar. de remediis fort.) es siervo 
público y común de todos sus vasallos. Como muchos es el 
Rey, á quien algunos filósofos llamaron alma de el cuerpo de 
su Reyno, que favorece y da vida á todas sus partes, como el 



APÉNDICE. 547 

alma á las suyas: pues con ella los pies andan, las manos obran 
miran los ojos, y habla la lengua. Como muchos, pues la dis- 
creción de muchos se halló junta en nuestro Rey y las deli- 
cadezas que la naturaleza repartió por los entendimientos hu- 
manos, todas las puso en el suyo. Solo el saber y discreción 
de este Querubín de la tierra, supo también juntar fortaleza de 
león con sufrimiento humano: y para mayor muestra de esta 
virtud suya á lo último de su vida, imitando al invencible es- 
pañol Laurencio su devoto, en cuya casa estaba, ved con que 
fortaleza y sufrimiento padeció los tormentos y martirios que 
cirujanos hicieron en su carne aunque (como de Rey) tan de- 
licada. O Dios eterno: aqui veo Señor tu Divina disposición 
tan justo y suave, pues ordenas que tanto menos sienta cada 
uno su muerte y penas, cuanto mas sintiere las que tu pade- 
ciste en la tuya: como se vio á la clara en el glorioso Evan- 
gelista San Juan, y en el divino Laurencio: el uno tan sin pena 
padeció las suyas, y el otro enmedio de ellas, como si no las 
sintiera decia chistes y donayres bien discretos. Y aun se vio 
bien claro en nuestro Christianissimo Filipo,yen los tormen- 
tos y carnicerías que la cirujía hizo en él ya cercano á su muerte. 
Mas como habia de sentir sus propias penas y dolores (ah Dul- 
ce Jesús de mi alma) quien por mas sentir los tuyos mandó que 
leyesen tu sagrada pasión y tormentos, entre tanto que el pa- 
decía los suyos, confessando, que no los había sentido. Y al fin 
murió con la paz que había vivido. Acabó su vida con la quie- 
tud y paz que desseaba el santo Job cuando decia: In nídulo 
meo moriar, et sicut palma multiplicabo dies. Moriré en mi nido 
y como palma multiplicaré mia dias. {Job. cap. 2g.) Morir en 
su nido como declaran el divino Gregorio y el Doctor Angélico, 
es morir en paz. In pace in id ipsum dormiam et requiescam. {Psal. 
4.) Es morir en gracia y amistad de Dios. Como por el contrario 
viviry morir fuera de el nido, es vivir en pecado, y morir en des- 
gracia de Dios. Asi podemos entender aquellas palabras de el capí- 



548 APÉNDICE. 

lulo iGde Isaias: Et erit: sicui avisfiigiens et puelli de nido advo-^ 
¡antes. (Cap. 16.) Como el ave que con sus hijos sale de el 
nido, y fuera de el mueren miserablemente: assi dice serán los 
Moabitas, los descendientes de Moab el hijo incestuoso de 
Loth (aunque no se si le llame hijo ó nieto de Loth, pues era 
hijo de la hija de Loth, y hermano de su mesma madre: que 
todos estos desconciertos causa el pecado) pues huyendo como 
aves ligeras de la ira de los Assirios, morirán á sus manos y 
en desgracia de Dios: pero nuestro Cristianíssimo Rey muere 
como amigo de Dios en su amistad v gracia con esperanza de 
resucitar á vida eterna: cuyo símbolo es la palma. Et sicut pal- 
ma miiltiplicabo dies. Palma en griego se llama Phenix: que 
como tan semejantes en la duración de el tiempo la palma y 
el ave Phenix, es bien que tengan el mesmo non>bre: y assi 
lee el texto griego (como nota el benerable Beda, {Siciit Phamix 
multiplicabo dies. Como Phenix multiplicaré mis dias. Y aunque 
algunos trasladan assi, siguiendo el rigor de la palabra Hebrea: los 
setenta, Erit germen Phenicis. Vatablo more Phenicis. Y cuadra 
bien á nuestro Rey Cristianísimo pues como ave Phenix murió 
en el nido que él hizo de ese famoso Escurial; y aun murió 
como Fénix en las parrillas y brasas de el divino Laurencio^ 
dexando como Phenix un hijo en todo semejante á su padre, 
Y esta á mi ver es la razón que mas puede consolar nuestra 
tristeza, fuera do la razón común con que el Apóstol San Pa- 
blo consuela á los fieles, que es la esperanza de ver vivo al 
que ahora llamamos muerto. Ut non contristemini, sicut et 
coeteri^ qiii spem non Jiabent. (i ad Thess. c. 4.) Con esto tam- 
bién se consolaba el Santo Job viendo á sus hips muertos, pues 
le quedaba la esperanza de verlos vivos. Reposita est hoec spes 
mea in sinii meo. {Job 16.) Con ojos de el alma y luz de fé le 
parecía que vía vivos, á los que miraba como muertos con los 
ojos corporales. Y assi (como nota el Divino Gregorio Nisseno) /;/ 
fiincre pulcheria\ aunque Dios le dobló á Job toda la hacienda que 



APÉNDICE. 549 

le había quitado, pero no le dobló los hijos, pues diez le quitó, y diez 
le dio: porque los muertos vivian en su esperanza: y assi tenía 
diez hijos en la tierra de los vivos, y diez vivos en esta tierra 
de muertos. Con esto se entenderá bien lo del capítulo último 
de el mesmo Job, que Dios le dio doblado todo lo que antes 
tenía. Et addivit Dominus omnia qucucunque fuerant Job diipli- 
cia. {Job 24.) Fuera deste consuelo general, mas en particular 
puede consolarnos la razón que tocamos que también es del 
Ecclesiástico, para que entendamos que nuestro Cristianísimo 
Rey no está de el todo muerto, pues nos dexó un hijo tan se- 
mejante en su discreción y reales costumbres como lo es tam- 
bién en el nombre. Mortuus est pater, et qiiasi non est mor- 
tíiis: similem enim reliqíiit sibi post se. [Eccles. 3o.) Con esto 
consolaba el divino Ambrosio á sus oyentes predicando en las 
honras del Emperador Theodosio: Recessit a nobis., sed non to- 
tiis recessit: reliquit enim nobis libenim^ in qito eiini debemus 
agnoscere., et in quo eum cerninius et tenemus. Ausentóse y 
apartóse de nosotros el Emperador Theodosio, pero no se apartó 
de el todo, pues nos dexo en su lugar un hijo tan semejante 
en quien debemos reconocerle, y reverenciarle: y teniendo tal 
hijo, parece que vemos, y tenemos presente á su padre. Pre- 
sente tenemos á nuestro Christianissimo Fhilippo teniendo el 
traslado de su hijo. Rey y señor nuestro sacado tanto al na- 
tural. Y como vos os consoláis, cuando la Escritura original de 
vuestro juro ó mayorazgo acaso por desgracia se pierde, si os 
queda en vuestro poder su traslado autorizado, asi nos pode- 
mos consolar en la muerte de nuestro Christianissimo Rev, vi- 
viendo la Magestad de Philippo su hijo que Dios nos guarde 
felicísimos años: de quien con verdad podremos decir, este es 
un traslado de el Christianisimo Philippo segundo, bien y fiel- 
mente sacado, que concuerda en todo con su original. Hase 
visto retrato mas al vivo y al natural sacado? Hase visto hijo mas 
parecido en todo á su padre? Tan parecido en la discreción y 



55o APÉNDICE. 

reales costumbres, que le podremos decir, bien haya quien á 
los suyos se parece. Para dexarnos este retrato suyo en todo 
semejante^ assi como habia sido padre corporal dándole la na- 
turaleza, para ser también padre espiritual de sus buenas cos- 
tumbres, queriéndole reengrandecer de nuevo en ellas como ave 
Phenix de su mortalidad y cenizas, sabiendo cuanto importa, 
para que los Dioses de la tierra, que son los Reyes y Princi- 
pes, Ego dixi Dij estis vos, (Psalm. 3i.) se sujeten al Rey y 
verdadero Dios de el cielo administrando en todo justicia guar- 
dando sus leyes, el saber que han de morir como hombres co- 
munes: Vos autem sicut homines moriemini. Y asi le teman co- 
mo á Señor tan poderoso que á Reyes quita la vida. Terribile est 
ei qui aufer etc. Estando ya su Magestad cercano á su muerte man- 
dó llamar á su amado hijo y Rey nuestro, diciendole: Mirad Prínci- 
pe en que paran los Reyes, y como ellos también mueren como los 
pobres de essos hospitales. Ya hijo comienzo á entrar por las puertas, 
de la muerte, y comienzo á caminar por el camino real suyo por 
donde caminan los Reyes y los hombres comunes. Ymitando en 
esto al Santo Rey David que estando cercano á su muerte 
mandó llamar á su hijo Salomón, á quien dejaba por heredero 
de sus Reynos, y á quien dixo las mesmas palabras, Ego 
ingredior viam universas terree. Yo entro ya por las puertas de 
la muerte, y comienzo á andar el camino real de todos los 
hombres. Bien dice yo entro: Ingredior: Porque de este iabi- 
rintho de la muerte aunque solo Dios sabe las salidas todos 
sabemos la entrada. Domini exitus mortis. [Psalm. 6j.) Nues- 
tra es la entrada y de Dios la salida, porque sola su mano po- 
derosa nos puede sacar el dia de la resurrección. Al morir lla- 
ma camino de todos los hombres, llamando también al hombre, 
toda la tierra universal: Universce terree. O porque de todas 
las cuatro partes de la tierra, Oriente y Poniente y las demás 
fué el hombre formado, como enseñan los gloriosos Padres Ci- 
priano y Agustino; De Sina et Sion. {Trac. g. 20 in Joan.) lo 



APÉNDICE. 55 I 

cual dicen significarse en las cuatro letras de el nombre Adam, 
que corresponden á las cuatro letras iniciales y principios de 
los cuatro nombres que en Griego tienen las cuatro partes del 
mundo. 

'¡fi.Anatole, qiiod est Oriens: 
D Disis^ quod est Occidens: 
> Arctos, quod est S ep ten trio: 
"^Mesesubria, quod est Meri dies. 

O digamos, que como el mesmo" David llama al hombre 
toda vanidad, Universa vanitas omnis homo vivens. [Psalm. 38.^ 
Porque en él está toda la vanidad depositada: y también se lla- 
ma toda la carne. Ad te omnis caro veniet: porque en el hom- 
bre se hallan juntos los vicios y defectos de toda la carne y 
de todos los animales, como la gula de el lobo, la torpeza del 
jabalí, invidia de la mona y arrogancia del caballo, aunque en 
los animales es naturaleza, y en el hombre es vicio. Y pues tie- 
ne los de toda carne, llámese toda carne: assí también se pue- 
de llamar toda tierra, pues tiene juntas todas las imperfeccio- 
nes de la tierra: Ingredior viam universos terree. Decía nues- 
tro cristianismo Rey David). Ya comienzo á andar el camino real 
de la muerte, tan real y tan passagero, que se podria decir con 
verdad, que es mas real y mas andado que el camino de el na- 
cer: y que son mas las muertes que los nacimientos, no solo 
porque Adam y Eva nuestros primeros padres sin nacer, murie- 
ran: y no solo porque muchos niños sin gozar de el nacimiento, 
murieron en los vientres de sus madres: haciendo de ellos la 
muerte sepultura, trasladándolos de allí á la de la tierra, como 
quien traslada huesos de un sepulcro á otro: pero también por- 
que muchos naciendo una vez murieron dos veces como Lázaro 
y los demás que Cristo y sus santos resuscitaron. Y aun los que 
resuscitaron con Cristo, volvieron á morir segunda vez, según 



552 APÉNDICE 

algunos, aunque lo contrario con muchos de los Santos tengo por 
mas puesto en razón, y por mas verdadero. Así parecen sentirlo 
los gloriosos Padres Epiphanio, Clemente Alcxandrino, Justino, 
Ambrosio, Ensebio, el Doctor Angélico, y su Commentador Caie- 
lano. (Meroes^ j5. Lib. 6. Stro. Qiiwst. 85. In. i . Psal. Lib. 4. de 
mous c. 1 2 in Matth. ) 

Jansenio y otros antiguos y modernos, que aquellos Padres San- 
tos que resuscitaron con Christo. Multa corpora sanctorum qiii 
dormierant, siirrexerut. Matth. 27. Subieron con él al cielo con 
cuerpos gloriosos, y en ellos resuscitaron, y no en cuerpos morta- 
les. Porque de otra manera daríamos almas gloriosas y biena- 
venturadas en cuerpos sujetos á muerte (milagro singular que 
solo en Christo nuestro Redemptor se halló, quedando su cuerpo 
santíssimo mortal y pasible, siendo el alma bienaventurada, pa- 
ra que así obrasse nuestra salud.) Pero basta lo dicho para que 
con verdad digamos que es mas real y passajero el camino de 
el morir que el camino de el nacer. Camino que todos andan. 
Viam iiniversce terror. L.os hombres comunes y los Reyes. Así 
lo decía nuestro discretissimo Rey á su amado hijo, para en- 
señarle á temer á Dios, tan poderoso y terrible, que á los Reyes 
quita la vida. Terribili est e/, qui aiifer spiritum principum. Y 
bien se han parecido los buenos consejos del padre en los bue- 
nos principios de su hijo (prospere Dios sus fines). Y por no 
dar lugar ala malicia sospechosa de lisonja, concluiré dando el 
pésame por la muerte de nuestro Christianissimo Rey, y junta- 
mente dando el parabién á estos Reynos de España por haber 
gozado en nuestros tiempos dichosos de tres Reyes bien seme- 
jantes á los tres mejores que tuvo el amado pueblo de Dios 
Isrrael, cuales fueron David, Ezequias y Tobías, á quienes ala- 
ba el mismo Espíritu Sancto en el capítulo 49 de el Eclesiástico: 
(Ecles. 49. J Assi ha tenido nuestra España un Carlos V, un 
Philippo Segundo y un Philipo Tercero, que Dios nos guarde mu- 
chos años. Mas que parecido nuestro Carlos V. de gloriosa me- 



APÉNDICC. 553 

moria al Sancto Rey David en sus batallas y victorias, y en der- 
ramar sangre de enemigos. El Ezequias de nuestros tiempos fué 
nuestro Cristianíssimo Philippo segundo, de tan religiosas cos- 
tumbres y reformador de ellas como otro Ezequias. El des- 
truydor de Idólatras y hereges. El que todas las necesidades y 
aprietos de su Reyno los ponia en los ojos de Dios valiéndose 
de la oración como Ezequias. Y aunque este Santo Rey en to- 
das virtudes fué estremado, en particular le alaba el Espíritu 
Sancto por aver governado su Reyno con gran discreción y pru- 
dencia: virtud que tan por estremo se halló en nuestro Chris- 
tianíssimo Ezechias. Et in cunctis^ ad qiiw procedebat, sapicn- 
ter se agebat. (4, Reg. 18.) Y á lo último (por solo su miseri- 
cordia) nos ha dado un Josias, dándonos á nuestro Christianís- 
simo Rey Philipo III, que como otro Josias enriquezca, y ador- 
ne el templo y casa de Dios, como ya lo ha comenzado á ha- 
zer: acudiendo justamente al bien y consuelo de todos sus vas- 
salios: para que digamos siempre, lo que de el otro Josias dize 
el Espíritu Sancto en el lugar citado de el Eclesiástico, (Ecles. 
44.) que tratar de sus grandezas y virtudes será tan dulce y 
sabroso, como lo es el panal de miel para la boca, y el oyrias, 
como la música concertada para los oydos. 

Agradesce á Dios Christiano pueblo, España venturosa, agra- 
dece á Dios la merced que as recebido, recibiendo de su mano 
tal Rey como el que tienes: que aunque perdiste mucho per- 
diendo á su padre, mucho as ganado gozando de tal hijo: que 
al fin nunca mucho costo poco, y tanto como perder á Philip- 
po segundo te avia de costar el gozar de Philippo tercero, gózele 
largos años. Ruega á Dios, y roguémosle todos, nos le conser- 
ve, y le tenga de su mano, pues en la suya dize el Sabio que 
está el corazón de el Rey, como la división de las aguas. Sicut 
divisiones aquarum, ita cor Re gis in manii Domini. (Prover. 21.) 
Gomo fué obrar de solas sus manos y sabiduría, saber guiar las 
aguas, y encaminar los Rios, y otro que Dios no pudiera ha- 
SucESOs DE Sevilla. 62 



554 APÉNDICE. 

zerlo: assí es obra propria de sus manos, guiar, y enderezar el co- 
razón de el Rey. Y aunque el de todos está en sus manos, y 
solo Dios es el que guia, y encamina al bien los corazones de 
todos los hombres, pero el vuestro y el mió, y el de todos los 
vassallos guíalo Dios, y enderézalo de ordinario por medio de 
terceros, dando al uno padre que le corrija, á otro prelado que 
le discipline y enseñe, y á vos juez que os prenda y castigue: 
pero al Rey solo Dios puede corregirle y guiarle. Y pues esta 
es obra de tu poderosa mano, mi Dios^ y eii ella está el cora- 
zón de nuestro Christianíssimo Rey, sírvase tu divina Magestad 
de darle largos y felicíssimos años de vida para bien de toda la 
Iglesia_, prospera Señor todos sus sucessos, dale victoria con- 
tra los enemigos de tu esposa la Iglesia, enderézale Señor por 
el camino de tu ley, guíale al cumplimiento de tu voluntad, con- 
sérvale en tu divina gracia, y al alma de su amado padre y Rey 
nuestro concedas tu gloria: Qiiam vobis mihi prcestare dignetur 
Jesús Marica filius^ qiii etc. 

LA US DE O, 



CON LICENCIA. 

Impresso en Sevilla en la Imprenta de Francisco Pérez. 

AÑO DE 1599. 



ELOGIO BIOGRÁFICO 

DEL PADRE MAESTRO FRAY JUAN BERNAL 

QUE ESCRIBIÓ EL PINTOR Y POETA 

FRANCISCO PACHECO 

EN SU LIBRO DE DESCRIPCIÓN DE VERDADEROS RETRATOS DE ILUSTRES 
Y MEMORABLES VARONES. 



ArKNDlCK 



3?7 



KL MAESTRO FRAY JUAN BERNAL 



Alabar á los varones eccelentes en toda virtud, es obede- 
cer á la Escritura divina. Los cuales, aunque muertos, viven, 
i á muchos resucitan á nueva vida con su memoria. Uno digno 
de ser contado en este número, es el Maestro frai Juan Bernal; 
el cual desde que fue batizado en la iglesia de san Martin de 
esta Ciudad, ó por dezir mejor, desde que tuvo uso de razón, 
mereció por su virtud i recogimiento el dichoso renombre de 
Santo. Tomó el abito de la Sagrada Orden de la Merced en 
Xerez de la Frontera, i professó en la casa de Sevilla, comen- 
có con tal fervor la vida espiritual que llegó al colmo de la per- 
fecion: pues jamás se conoció en sus obras y palabras una pe- 
queña muestra que desdixese de la alteza de su estado. Leyó 
Artes i Teología muchos años, con tan grande acetacion i pro- 
vecho de los oyentes, que en un curso de Filosofía en Gordova 
sacó tres Maestros asaz doctos. Fue Comendador de algunas casas 
como de Ecija, Cordova i Sevilla; de que nunca cumplió el trie- 
nio; que por el amor de su recogimiento á un año las dexaba. 
Siendo Provincial del Andaluzia visitó esta provincia dos vezes, 
con tanta edificación i exemplo que guardaba caminando la mes- 
ma observancia que en su celda: en los ayunos, en dormir ves- 
tido, y de todo punto escusar iienco. Quien contará sus virtu- 
des sin admiración? su Umildad? su Paciencia? su Caridad? su 
Abstinencia? en las fiestas solenes cuando los religiosos suelen 
recrearse con algún cstraordinario, jamas lo quiso admitir: sa- 



558 APÉNDICE. 

boreaba el gusto muchas vezes esparziendo Acíbar en polvo so- 
bre los manjares; el ayuno Apostólico de la cuaresma observó 
siempre con tanta auteridad, que no comia ni bevia otra cosa 
que pan i agua, con predicar casi cada dia. Lo mismo hizo to- 
dos los viernes desde edad de 8 años. Su abito era de paño 
gruesso, i no muy largo; su camisa un áspero cilicio, ceñido con 
una cuerda de san Francisco. Contemplava en una imagen de 
san Gerónimo en la penitencia: imitábale osadamente, hirién- 
dose con una piedra el pecho, sin atender al detrimento de su 
salud. Las diciplinas eran frecuentes y rigurosas, tanto, que del 
coro se oian en lo mas distante del segundo claustro. Cuando 
los demás religiosos reposavan en el silencio de la noche, pos- 
trado ante un crucifixo eran sus ojos un mar de lágrimas, des- 
pidiendo ardientes suspiros; que si bien procurava ocultarlos por 
no ser oido, vencía con la fuerca del espíritu lo que el deseo 
de la umildad procurava encubrir. Fatigado de la Oración, ó 
vencido del sueño, se recostavá sobre una desnuda tabla, que 
le sirvió 3o años de regalada cama. De la pobreza, castidad i 
obediencia, de que se compone el estado de la Religión, y del 
cuarto voto de la suya, que es la redemcion de captivos, fué 
tan zeloso como veremos brevemente. Siendo pobre, no solo 
de espíritu, mas en el eíeto; no posseyendo nada, pues aun sien- 
do Provincial no tuvo con que pagar la limpieza de su ropa: 
porque lo que le davan de la Orden, de Sermones, i otras li- 
mosnas, lo repartía á conventos pobres, i á frailes necesitados 
de su Provincia. En la castidad fué admirable, porque sus obras 
i palabras espiraban una pureza angélica: cierta cosa es no aver- 
ie visto jamás desnudo ó descalzo. Ecccdió en la obediencia (co- 
mo voto mas principal) haziendo sacrificio á Dios de su volun- 
tad, sin resistir jamás á sus Prelados. Su doctrina fué como 
procedida de tales exercicios: oianle como á un Apóstol, por 
el grande fruto que hazia. Predicó á las onras de el Rei Fili- 
po Segundo, á las de Don Gaspar de Torres, Obispo de Me- 



APÉNDICE. 559 

dauro, (insigne sugeto de su Religión). Era sobremanera mise- 
ricordioso i compassivo. En un Sermón del Juizio final, pro- 
rrumpió en tan gran llanto, que no pudiéndolo prosseguir, hi- 
zo mayor fruto con el silencio y lagrimas, que con la copia de 
palabras i concetos. Hizo el oficio de Redemtor también, que le 
costó la vida. Sufriendo infinitos trabajos, con increíble pacien- 
cia: i no fué el menor una coce que le dio en África un feroz 
cavallo (no sin culpa de los infieles) de que llegó á lo último. 
Convaleció, i bolvió á Sevilla en 3i de Marzo del año j6oi, 
trayendo consigo, entre ombres, mugeres i niños ciento y se- 
tenta cristianos rescatados: i cercado dellos entró en esta po- 
pulosa Ciudad, saliéndole á recebir todas las Religiones, ciuda- 
danos i Señores, como á varón santo. Maravilloso espectáculo 
de ver, un Religioso anciano i venerable, macilento, la barba 
luenga, el cabello revuelto, afirmado á una caña, por la mucha 
flaqueza: i tal vez repartir á los niños captivos el pan, que co- 
mo á padre amoroso le pedian. Empeñó esta vez su persona 
por librar tantos cristianos, prometiendo tornar á África, sino 
enviaba el precio, dentro de cierto tiempo. Assi lo predicó á 
los de Sevilla, que acudieron movidos de sus razones con li- 
mosnas suficientes, con que salió desta santa obligación. Últi- 
mamente, renovándose los dolores del golpe, y oprimiéndole otros 
achaques i penas de la aspereza de su vida, en pocos dias, 
con las debidas prevenciones, salió su santa alma con gran se- 
renidad del cuerpo, á recibir el premio de largo martirio, en 18 
de Noviembre del mesmo año. Aviendo traido el abito de la 
Madre de Dios tanto tiempo como su bendito hijo traxo el de 
nuestra carne en el mundo. Murió de 5i años, llamado á pre- 
dicar al Rei Filipo III, i nombrado por General de su Religión 
por la santidad de Clemente otavo. El crédito de su rara vir- 
tud, sabida su muerte, traxo una infinita muchedumbre al con- 
vento; estuvo primero en una Capilla del claustro, donde vi- 
nieron todas las Religiones, i yo le retraté, (i es una de mis fe- 



56o APÉNDICE. 

iicidades, como el averme el mismo elegido, antes que á otro, 
en lo mejor de mis estudios, para los cuadros deste proprio lu- 
gar; i assi justamente obligado, lo pinté vivo después en uno 
de ellos.) De allí con suma dificultad lo passaron á la iglesia, 
donde, por tocarle la gente, se vieron los religiosos en grande 
aprieto, sin poder estorbar que no fuesse dos vezes despojado 
de sus ábitos. Mas que mucho que hiziesse Sevilla tanta estima 
del, estando muerto, si viviendo se le arrodillaban muchos, cuan- 
do iba por la ciudad, i por huir esta onra se salia por el cam- 
po? Trasladó después, siendo Provincial, el Maestro Frai An- 
drés de Portes, sus preciosas reliquias, como dicipulo agradecido 
poniéndole una losa con el epitafio que pongo aquí: 

Huid SUBEST VENERABILIS PaTER, GRAVISSIMUS 

Magister, in B/Etica Reoemptorum provincia olim moderator, 

RECTISSIMUS, frates JoANNES BeRNAL. 
JoANNES QUIDEM, NOM MINÜS VITyE AUSTER1TATE, QUAM 
PR^DICATIONIS SPIRITU, QUAM ZELO EcCLESl^ PLAÑE DECUS NON 

vulgare: quem celesti milicia gaudet obtentum, nostra 
hucusque deplorat amissum. 

Ab ANNO DOMINI CID. IDC. 1. NOVEMBRIS 

bis nona luce. 

En la traslación hizo estos dos Sonetos el Padre Frai Fer- 
nando de Luxan, hijo de Sevilla, á su sepultura. 



No es de el mortal despojo urna doliente 
la Lápida que sacros huesos sella, 
nido es, que se construye á el Ave bella 
que en buelo oblico el aire abre luziente. 



APÉNDICE. 56 r 

Fenis Anacoreta entre la gente 
no renacido para noble estrella, 
si su planta beata soles huella 
i de luzeros ciñe ya la frente. 

Asiste si curioso ó Peregrino! 
con vago pié é incierto solicitas 
que en tu Patria repitas, que, que asombre; 

A un acto onroso que el amor previno, 
para que unas cenizas ya marchitas 
rejuvenezcan en glorioso nombre. 



II. 



Segundas plumas son, ó Padre! cuantas 
letras contiene este Lucillo grave; 
plumas segundas digo, no del Ave 
cuyo Túmulo son Aromas tantas. 

De aquel si, cuyas oi cenizas Santas 
breve Pórfido sella en paz suave, 
que en poco mármol mucho Fénis cabe, 
si altamente negado á nuestras plantas. 

De sus cenizas nuevo renacido 
al gran moderador deste Orden Santo 
deve el Fenis Bernal las plumas bellas: 

Cuya presencia desta falta el llanto 
enxuga afable, viéndole ceñido 
de iguales flores que el beato estrellas. 



Sucesos de Sevilla. G3 



562 APÉNDICE. 



Del Amaestro Sebastian de Al/aro al mesmo intento. 



En esta piedra inmortal 
á eterno descanso dado 
yaze el cuerpo sepultado 
del Santo i Docto Bernal. 

Murió General electo, 
porque vivió de tal modo 
que fué general en todo 
y en particular perfecto. 



ELOGIO BIOGRÁFICO 

DE EL DOCTOR 

LUCIANO DE NEGRON 

ESCRITO 

POR FRANCISCO PACHECO, 

EN EL MISMO LIBRO QUE EL ANTERIOR. 



APÉNDICE. 5(55 



EL DR. LUCIANO DE NEGRON. 



De cuanta estimación aya sido siempre la gloriosa virtud^ 
notoria cosa es a todos los que tienen conocimiento de sus ec- 
celencias i efetos: i el premio i alabanca que esperan los que la 
siguen: I aun que pudiera sobre este propósito traer muchos 
exemplos, con uno solo pienso satisfacer a todo lo que pue- 
do dezir i se me ofrece: poniendo aqui por exemplar della al 
Dotor Luciano de Negron, en quien con tan maravilloso estre- 
mo resplandeció. Fué natural de esta ilustre y generosa ciudad 
de Sevilla, de clara y notoria nobleza de Padre i Madre (como 
se a dicho asaz) de mimitable recogimiento i Santidad; Canóni- 
go i Arcediano de Sevilla, luez de la Santa Cruzada, Consul- 
tor Calificante del Santo Oficio, i a quien estava cometido el exa- 
men de los libros. Fue consumado Teólogo, Insigne Predicador, 
Famossisimo Astrólogo, Mathematico i Filosofo: gran Retorico_, 
estremado Latino, Griego i Hebreo, i mui general en las de- 
mas lenguas vulgares: ayudado de un felicissimo ingenio i me- 
moria, i de un continuo estudio. A que asistió (en sus tiernos 
años, con conocida ventaja) en la insigne Universidad de Sala- 
manca: graduóse de Dotor en Teología i Cañones en el Co- 
legio de Maesa Rodrigo desta ciudad: fue jubilado en la Ca- 
longia i consultado en Obispados de España: i por muerte del 
Cardenal Don Rodrigo de Castro, año de iboo. Provisor en la 
Sede vacante, como se podia desear. Fué mui estimado de to- 
dos los hombres doctos de su tiempo, estrangeros i naturales, 
i comunicado dellos como ilustre varón: como parece por car- 
tas de lacobo Gilberto, luán Voberio, Enrique lason, el Maes- 



566 APÉNDICE 

tro Francisco de Medina, el Licenciado Francisco Pacheco, el 
Dotor Benito Arias Montano, i otros. Conoció la grandeza de 
su virtud y talento la Magestad de Filipo III, cuando le encar- 
gó las causas de dos Religiosos favorecedores del embuste áe\ 
Rei falso de Portugal el año i6o3, caso digno de memoria. Avia 
cierto ombre baxo llamado Marco Tulio Garson, de nación ca- 
labrés, fingido ser el Rei Don Sebastian que murió en África: 
averiguóse la causa mientras estuvo preso, parte en galeras, parte 
en el castillo de Sanlucar de Barrameda (por orden del Ecce- 
lentíssimo Señor don Alonso Pérez de Guzman el Bueno, sé- 
timo Duque desta casa) la cual concluida, se remitió al Gon- 
sejo Real^ de donde se debolvió para que la sentenciase don 
Francisco Mondexano Alcalde desta Real Audiencia, el cual lo 
sentenció, y á sus consortes^ á muerte de Horca, siendo pri- 
mero arrastrado, como dispone la lei. Hizose en la Placa de la 
Ribera de Sanlucar un cadahalso muy alto, junto á la Fuente, y 
cerca del una Horca en triángulo^ adonde, después de averie cor- 
tado la mano derecha, lo dexaron pendiente, i otro dia le qui- 
taron la cabeca, que puesta en una jaula de hierro, juntaments 
con la mano, se fixó en la Aduana. Luego ahorcaron á otroe 
tres cómplices vezinos del Puerto de Santa María, acotando i 
sacando a la verguenca, otros cuatro. Estavan presos dos Frai- 
les Portugueses, Dominico y Francisco^ graves y doctos, que 
lo acreditavan ^por verdadero Rei de Portugal, i esperavan los 
mejores Arcobispados de su Reino, (tal es la ambición umana. 
Destos, por ser sacerdotes, nombró el Gonsejo Real por juez 
al dotor Luciano de Negron, que los sentenció á que fuesen 
degradados y ahorcados. Degradólos el Señor Don Gómez Sua- 
rez de Figueroa, Obispo de Gádiz, acompañado de otras cuatro 
Dignidades de Mitra y Báculo. Este acto se hizo en un eminen- 
te Teatro delante de la puerta de la Iglesia Mayor que sale á 
la Placa de Palacio; i aviendolos depuesto, el Dotor Negron los 
entregó en abito umilde al mismo Alcalde Mondexano, que en 



APÉNDICE. 567 

el Mes de Otubre siguiente los colgó en el proprio lugar que 
al calabrés, para exemplo i escarmiento universal. Hallóse á 
este espectáculo infinito número de gente de diversas Nacio- 
nes, i muchos Señores que baxaron de la Corte, con lo cual 
se bolvió nuestro Arcediano á su casa i quietud. Donde con ad- 
mirable exemplo, singular modestia i compostura gastó el resto 
de la vida en el exercicio de todas las virtudes. I cuando ya era 
tiempo de descansar, tres años adelante, queriéndole premiar el 
Señor, lo cogió del jardin de su Iglesia, como á olorosa flor, por 
Mayo del año 1606, avíendo recibido todos los Sacramentos; á 
los 65 de su edad. Fué sepultado con general concurso, en la 
Iglesia Mayor dentro de la Capilla de la Antigua, dexando para 
memoria suya una famossa librería hecha á gran costa, (donde 
fueron muchos los libros que en ella juntó de todas Facultades 
i Lenguas) tan conocida i alabada en España, que no fué inferior 
á la de Tiramnion, que floreció en tiempo de Pompeyo el Mag- 
no, ni á la que el Emperador Gordiano juntó, ni á las demás 
que los Antiguos escritores encarecen. I siempre la iva aumentan- 
do, para que viniese á manos de un tan docto i esclarecido Prín- 
cipe como don Fernando Enriquez de Ribera tercero Duque de 
Alcalá. A cuyo Retrato (que yo hize, con suma demostración su- 
ya de umildad, i viendo correr por su venerable rostro las lágri- 
mas) le ofreció viviendo esta Epigrama Latina primera lacome 
Barbosa, Lusitano, digna de su felice ingenio. I en aquella sazón 
Don Francisco de Medrano, ilustre hijo de Sevilla, hizo al mis- 
mo intento los versos siguientes Latinos i Españoles, á quien 
llegan muy pocos. 

lACOME BARBOSA. 



Hos oculos, ora hcec^ hunc tantum frontis honorem 
Eximij facies vera Negronis habet. 



568 APÉNDICE. 

Mira tabella qiiidem; pictorem credere cogor 

Divinas {si fas est) habuisse manus, 

Ars tamen ut corpus, mentem si pingere posset, 

Quce libet huic uni cederet effigies. 

D. FRANCISCO DE MEDRANO. 



Negronis facies hcec: manus ista Pacieci. 
nomine pro cpncomijs dicere sufficiat. 

De Negron este rostro: de Pacheco 
esta mano: dezir baste sus nombres 
por alabanca á tan valientes ombres. 



SONETO. 

Este breve Retrato los mayores 
dos varones que al mundo dio Sevilla 
nos ofrece á los ojos, maravilla 
ambos i emulación á los mejores. 

Los primores de el cielo: los primores 
del arte aqui la Invidia vé amarilla, 
i sobrada de entrambos, la rodilla 
dobla, i suelta la lengua en sus loores. 

En tí, ó Negron! á tal extremo crece 
la virtud i el saber, que en todos mengua. 
La pintura, ó Pacheco! en tí se suma. 

Mi pluma i lengua para i enmudece, 
por no llegar á tu virtud mi lengua, 
por no llegar á tu pincel mi pluma. 



NOTICIAS 

QUE SE REFIEREN Á LA VENIDA Á SEVILLA 

DE LA MARQUESA DE DENIA. 



Sucesos df, Sevilla. 04 



APÉNDICE. 57 1 



MARQUESA DE DENIA. 



En 26 de Setiembre D. Diego Pimentel^ Asistente de esta 
Ciudad de Sevilla recibió esta carta del Rey sobre la venida 
de la Marquesa de Denia. 

EL REY. 

D. Diego Pimentel, mi Asistente de Sevilla. Ya habréis 
entendido como la Marquesa de Denia fué por mar á Sanlúcar, 
á hallarse en el parto de la Condesa de Niebla, su hija. Y por- 
que su vuelta á Castilla ha de ser por ahí, me ha parecido avi- 
sároslo, y encargaros mucho^ como lo hago, tengáis particular 
cuidado de que entienda esa Ciudad de mi parte que de toda 
la buena acogida y demostración que hiciese con ella, quedaré 
yo muy servido, por la estimación que hago de la Marquesa y 
lo bien que su marido me sirve. Después me avisareis de lo 
que en esto hubiere pasado. De Zaragoza á 19 de Septiembre 
de ¡599 años. — Yo el Rey. — D. Martin Idiaquez. 

Entró la Marquesa en Sevilla en 1 3 de Octubre. Vino por 
el Ajarafe y en Tablantes (que es un heredamiento muy grande 
y muy ameno, junto al convento de Ntra. Señora de Loreto 
del Orden de San Francisco de la recolección de esta provincia 
de Andalucía) la hospedó D. Juan de Arguijo, un caballero de 
Sevilla y Veintiquatro della, y le dio á ella y á su comitiva 



572 APÉNDICE, 

colación de doblones, y en esto y otras ostentaciones y prodi- 
galidades en esta ocasión y otras que tubo gastó los veinte mil 
ducados de renta que tenía y quedó muy pobre y arruinado 
toda su vida. 

Salió al recibimiento toda la Milicia, y toda la Ciudad. Posó 
en la Alcázar. Las Naciones y la Nobleza hicieron máscaras. 
Hubo fiestas de toros. Hicieron mucha salva muchas galeras y 
Naos que avia en el Rio. En el cerrillo junto á San Diego 
se formó un Castillo con foso y muralla que se habia de 
acometer con alarde general, y habia de verlo la Marquesa des- 
de la torre de la esquina de la huerta del Alcoba, y á este tiem- 
po el dia antes murió la niña que parió la Condesa de Niebla, 
con que cesó esta fiesta y otras que se le ivan previniendo por 
la Ciudad, conforme lo que S. M. había insinuado en la carta 
referida para su [Asistente. 



Memorias Sevillanas.— Biblioteca Colombina BBBB.— 29. 



ÍNDICE. 



índice. 

PÁGINAS. 

Prólogo V. 

Sucesos de Sevilla I . 

Apéndice. 

Documentos relativos á las fiestas celebradas con motivo 
del nombramiento de Rodrigo Vázquez de Arce para la 
Presidencia del Consejo de Castilla 1 23 

Noticias relativas á D. Gonzalo de Mena y á la fundación 
de la Cartuja de las Cuevas 1 53 

Extracto de las actas capitulares de Sevilla, relativas á la 
compra de armas y otras cosas que se relacionan con la 
entrada del inglés en Cádiz en el año i SgG i65 

Documentos relativos á los canónigos y otras personas que 
formaban la familia del Cardenal Castro i83 

Extracto de las actas del Cabildo de la ciudad de Sevilla, 
en lo que se refieren á las honras de Felipe II y procla- 
mación de Felipe líl 2i5 

Extracto de los autos formados por la Audiencia de Sevilla 
con ocasión de las honras de Felipe II 293 

Autos sobre las honras seguidos ante el consejo 459 

Sermón predicado en Sevilla en las honras de Felipe II por 

el P. M. Fray Juan Bernal 527 

Elogio biográfico de Fray Juan Berna), por Francisco Pa- 
checo 555 

Elogio biográfico del Arcediano Luciano de Negron.. . 563 

Noticias sóbrela venida á Sevilla de la Marquesa de Dénia. 569 



Fué impresa por primera vez esta obra en 

LA ciudad de Sevilla^ en la imprenta de 

D. Rafael Tarascó y Lassa, sucesor de 

D. José Geofrin. Acabóse la impresión 

Á veinte y cinco días del mes de 

Octubre del año 

de 1873. 




SOCIEDAD 

DE BIBLIÓFILOS ANDALUCES, (r) 



Sermo. Sr. Duque de Montpensier. 
Serma. Sra. Condesa de Paris. 

1. Illmo. Sr. D. José María de Álava, f 

2. Sr. D. Pascual de Gayangos. 

3. >» José María Asensio y Toledo. 

4. » Francisco de B. Palomo. 

5. » Mariano Pardo de Figueroa. 

6. Excmo. Sr. D. Juan Eujenio Hartzenbusch. 

7. Excmo. Sr. D. Antonio de Latour. 

8. Sr. D. Cayetano Alberto de la Barrera, f 

9. » Joaquin de Palacios y Rodríguez. 

10. » Antonio García Delgado Otero. 

11. Illmo. Sr. D. José María Fernandez- Espino. 

12. Sr. D. Manuel María Asensio y Toledo. 

1 3. » Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca. 

14. William Stirling Maxwell. -Bart. 

1 5. Frederic William Consens.-Esq. 

16. Robert S. Turner.-Esq. 

17. Mr. Adolfo Federico Schack. 

18. Illmo. Sr. D. Manuel de Bedmar. 

19. Sr. D. José Fernandez y Velasco. 

20. » José Lamarque de Novoa. 



(i) Señalamos con una -j- los nombres de los Sres. Socios que 
han fallecido desde la fundación de la Sociedad; y van con letra bas- 
tardilla los de aquellos que han dejado de recibir las obras publicadas 

últimamente. 

65 



2 1. Sr. D. José de Hoyos, 

22. » José Buiza y Mensaquc. 

2 3. » Vicente Tovía. 

24. » Gonzalo Segovia y Ardizone. 

25. » Manuel Urzay. 

26. » Modesto de Castro. 

27. » Manuel Andérica. 

28. » Mariano Zabalburu. 

29. » Antonio Gharlain. 

30. » Manuel Laraña. 

3i. » Francisco de P. García Portillo, Pro, 

32. » José Rojo. 

33. » Leocadio López. 

35. >' Francisco de Toledo. 

36. >> José García y Guerra. 

37. » Manuel de la Cueva. 

38. » Joaquín Emilio Guichot. 

39. » Narciso J. Suarez. 

40. » Fernando Baños. 

41. Mr. Maissonneuve et comp. 

42. Sr. D. Luis Vidart. 

43- » Francisco Collantes. 

44. La Biblioteca provincial de Sevilla. 

45. Sr. D. José María Montoto. 

46. » Cayetano Ester. 

47- " Gregorio Cruzada Villaamil. 

48. » Ramón Sanjuanena y Nadal. -í* 

49- '' Feliciano Ramírez de Arellano. 

3o. » Eduardo de Mariátegui. 

5i- » Francisco Mateos Gago, Pro. 

^2. » Francisco Escudero y Perosso. 

53. Excmo. Sr. D. Alejandro Groizard. 

54. Sr. D. Francisco Asenjo Barbieri. 



55. Sr. D. Juan José Diaz. 

56. )) Francisco de Orejuela y Placer. 
57- » José Escudero de la Peña. 

58. » Cayetano Rosell. 

59. » Antonio Colom y Osorio. 

60. Illmo. Sr. D. Juan Manuel Alvarez, Pro. f 

61. Sr. D. Federico Rubio. 

62. Illmo. Sr. D. Antonio María Fabié. 

63. Sr. D. Rafael LaíTitte y Castro. 

64. » Juan José Bueno. 

65. George Ticknor-Esq. f 

66. Venerable Archdeacon Churton. 

67. Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo. 

68. Sr. D. Pedro Salva. 

69. Excmo. Sr. D. Leopoldo Augusto de Cueto. 

70. Illmo. Sr. D. Fermin de la Puente y Apezechea. 

71. Sr. D. Antonio Sendras y Gambino. 

72. Academia Sevillana de Buenas Letras. 

73. Centro del Recreo Sevillano. 

74. Sr. D. Francisco Pagés del Corro. 

75. » Pedro Muñoz Arenillas. 

76. Excmo. Sr. Marqués de Casa Loring. 

77. Sr. D. Ramón Campoamor. 

78. » Salvador González Montero. 

79. Excmo. Sr. Duque de Veraguas. 

80. Sr. D. Francisco Caballero Infante. 

81. » Manuel Cerda. 

82- » Gonzalo Alvar e^ Espino. 

83. » José de Bulnes y Solera. 

84. » Juan Mariana y Sanz. 

85. » Antonio Picardo. 

86. El Casino Sevillano. 

87. Sr. D. Ricardo Heredia. 



88. Sr. D. Manuel Noriega. 

89. » Javier de León Bendicho. 

90. » Antonio Fernando García. 

91. >» José Salva, -jr 

92. » Antonio de la Puente Basave. f 

93. » José de Palacio y Vitery. 

94. » Antonio Martin Camero. 

95. Escuela libre de Medicina de Sevilla. 

96. Sr. D. J. N. Acha. 

97. » Juan Rodriguez. 

98. » Pedro Borrajo de la Bandera. 

99. » Enrique Rouget de Lóseos. 
100. » Rafael Tarascó y Lassa. 
loi. lUmo. Sr. D. Vicente Barrantes. 
102. Sr. D. Francisco María Tubino. 
io3. » Gregorio de la Maza. 

104. >' Jacobo López Cepero. 

io5. Sres. Duland y Comp. 
5o6. » Hijos de Fé. 

107. Excmo, Sr. D. Alejandro Llórente. 

108. Biblioteca de la Academia Española de la Lengua. 

109. Sr. D. Andrés Parladé. 

no. » Pedro González y Gutiérrez. 

111. Henrry Harrisse.-Esq. 

112. Jhon Forsters.-Esq. 

1 1 3. Sres. Gerolt y Comp. 

1 14. » Asher y Comp. 

11 5. Sr. D. Alfonso Duran. 

116. >) El mismo. 

117. Excmo. Sr. Conde de Casa-Galindo. 

118. Sr. D. Juan B. Chape. 

119. » Francisco Miranda é Iturbe. 

120. )^ Antonio Andrade y Navarrete, 



12 1. Excmo. Sr. D. Juan Ceballos. 

122. Sr. D. Pedro Ibañcz Pacheco. 

123. Excmo. Sr. D. Eduardo P'ernandez San Román. 

124. Sr. D. Edmundo Noel. 
12 5. » José Ivison. 

126. » Ramón Sicar. 

127. » Juan Llordachs. 

128. » José Llordachs. 

129. Sres. Viuda é hijos de Cuesta. 
i3o. Sr. D. Pedro Carrere. 

i3i. >» Francisco Alvarez y Aranda. 

1 32. » Federico Amores. . 

1 33. La Escuela Normal de Sevilla. 

134. Sr. Vizconde del Pontón. 
i35. lUmo. Sr. D. Juan Valera, 
i36. Sr. D. Ramón Mata. 

137. » Marcos Sánchez. 

1 38. » El mismo. 

139. » Enrique Barón. 

140. » Círculo de Labradores. 

141. »> José Jorje Daroqui. 

142. Mr. Edwin Tross. 

143. Sr. D. Pedro Malibran. 



OBRAS PUBLICADAS. 



trímera serie. 



-Historia de los Reyes Católicos, por Andrés Bernaldez cura 

de los Palacios. —Tomo primero. 
-Observaciones del Licdo. Prete Jacopin, á las anotaciones de 

Fernando de Herrera á las obras de Garcilaso. Un tomo. 
■D. Fernando Colon historiador de su padre, por el autor de 

la Biblioteca Americana Vetustísima. — Un tomo. 
-Pedro de Alcocer. Relación de las Comunidades de Castilla. 

Ilustrada por el Sr. Antonio Martin Camero. Un tomo. 
■Adiciones á las poesías de Rioja, en su edición de M abrid 1867. 

Por el Sr. D. Cayetano A. de la Barrera y Leirado. Un 

tomo. 
-Ariño. Sucesos de Sevilla de 092 á 1604. — Anotados por el 

lUmo. Sr. D. Antonio María Fabié. — Un tomo. 



SEGUNDA SERIE . 

■Sebastian de Horozco. — Obras dramáticas inéditas. — Un tomo' 
-Luis de Miranda. — Comedia pródiga. — Un tomo. 



-¿Miguel de Cervantes? — Comedia de la Soberana Virgen de 
Guadalupe. — Un tomo. 

-Francisco Gerónimo Collado. — Descripción del túmulo y rela- 
ción de las exequias que hizo la ciudad de Sevilla en la 
muerte de Felipe II. — Un tomo. 

-D. FÉLIX José Reinoso. — Tomo primero. — Poesías. — Con una 
noticia biográfica por el Sr. D. Antonio Martin Villa. 

-Juan de Salinas. — Poesías. — Dos tomos. 

-Sermones del Loco Amaro. — Un tomo. 



EN PRENSA. 



trímera serie. 

■Historia de los Reyes Católicos. — Tomo segundo. 
■Cancionero de Sebastian de Horozco. 

■Don Clarisel de las Flores y de Austrasia, por Gerónimo 
de Urrea. — Libro de Caballerías., inédito. 

SEGUNDA SERIE. 



-D. FÉLIX José Reinoso. — Tomo segundo. — Obras en prosa. 
-Entremeses inéditos y desconocidos, con un prólogo del Sr. 

D. Gonzalo Segovia y Ardizone. 
-Juan de Narvaez. Las Valencianas. Lamentaciones sobre la 

partida del ánima. 



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