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Full text of "A sus compatriotas, memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la junta central y se dá razon de la conducta y opiniones del autor desde que recobró su libertad; con notas y apendices"

Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/suscompatriotasmOOjove 



D. GASPAR DE JCVELL^NCS 



SUS COMPATRIO TAS 

MEMORIA 

En que se rebaten las calumnias 
divulgadas contra los individuos 
de la junta central. 



Se da razón de la conducta y opiniones 
del autor desde que recobró 
su libertad 

CON NOTAS Y APENDICES. 

C O R U N A. >>V l 

En la Oficina de D. Francisco Cándido Pérez Prieto, 

Año de 1 8 x i . 



ADVERTENCIAS. 



JC-/os desaires y sinsabores, que sifrlnoiel Mar- 
iques de Campo-Sagrado y yo, después de nuestra se- 
paración del gobierno , ya en la "bahía d^ Cádiz * ya ea 
esta villa de Muros , nos obligaron á dirigir al supre- 
mo consejo de Regencia la representación de 29 de mar- 
zo del año pasado , que se halla en el apéndice ai núin. 
XXIV; y no produciendo este recurso el efecto que de- 
seábamos, y teníamos derecho á esperar; y continúan^ 
do en pir y leer las indiscretas censuras con que por 
todas partes se insultaba sin distinción, sin justicia, ni 
miramiento á los que compusimos la junta central; y 
agravándose asi, de dia en dia , la inquietud , y disgus- 
to de nuestra situación, que ya por otras causas, era 
harto amarga , resolvimos entrambos tomar ia pluma, 
para poner á cubierto de tantas invectivas nuestra per- 
sonal reputación; y esto fué lo que dio impulso ú la 
presente memoria , y á la que publicará mi compañero, 
con respecto á las providencias y negocios del ramo 
jniiítar. 

ir.* 

Escrita ya en el tiempo <jue indican -sus fechas, 
no fue tan fácil verificar su publicación. Imprimirla ea 
Cádiz no me era dable: en Galicia, si posible, era pe- 
ligroso, Entre muchas personas distinguidas de este rey- 
iio, que nos han honrado con su aprecio , y algunas, 



muy dignas, y recomendables, á quienes debimos, y 
debemos singulares muestras de inclinación y favor ha- 
bía tal qual otra , á quien pudieran desagradar las ver- 
dades escritas en ella, y no faltar el influjo necesario pa- 
ra impedir su divulgación. El real decreto de la liber- 
tad de la imprenta removió este peligro: pero la falta- 
absoluta de medios, para costear la impresión, la re- 
tardó todavía. Entrado . ya este año, un amigo de la 
justicia de los hombres de bien , y mió, tuvo la bon- 
dad de tomar este gasto á su cargo: pero como nue- 
vos motivos me obligasen entonces á resolver mi vuel- 
ta á Cádiz, me propuse partir allá con mi escrito. 
Disponíame ya á hacerlo, quando no sin gran sorpresa,, 
hallé que se me negaba el pasaporte ; y que con pre- 
texto de ciertas ordenes del gobierno , que ciertamen- 
te no se entendían conmigo, se me obligaba á pedir una 
licencia que ya muy de antemano tenia. Pedila en efec- 
to: pero temiendo la lentitud de los correos marítimo^ 
y fatigado, por fin , con tantos embarazos, abandoné mi 
manuscrito , y le remid á la Cor uña: donde hoy su- 
fre , lo que las circunstancias del tiempo combinadas coa 
las de nuestra industria tipográfica., ofrecen a semejan- 
tes empresas. He aquí porque esta memoria saldrá á luz 
tanto tiempo después de lo que yo quisiera , y hubiera 
convenido.. 




En medio de tanta suspensión el publico supo , y 
sintió la muerte de un celebre general, de quien se ha- 
bla ,. y á. quien se aluie mas de una vez," en esta ob ri- 
ta.. Seatila ' yo también porque siempre aprecié sus ta- 
lentos militares , y siempre le deseé muy sinceramente 
toda, la gloria-, que le hubieran podido grangear en 
]ja> defensa de la patria. Pero- ia sentí mucho mas ,,por— 



que mientras existía, pedia hacer alguna explicar-; oh 
de.su conducta , eii los hechos en que me creí con de- 
recho á censurarla; y entonces mi censura, parecien- 
do mas franca , y noble, hubiera tenido' maiór fuerza; 
Aun por eso la borraría ahora de buena gavia , si en 
un negocio, en que están comprometidos el honor del 
pais en que nací , y el deber de mi representación, 
fuese mi silencio conciliable con los poderosos motivos, 
que me obligaron á romperle. A bren que mi censura 
recae soDre hechos públicos, que ; qualquiera que tenga 
interés, ó deseo y se halle con razón para impugnar- 
los lo podrá hacer , contradiciendolos , explicandol os t 
ó disculpándolos, según le pareciere. Y como por otra 
parte , mi honor me ha empeñado en esta lucha de ra- 
zón , contra otras muchas personas autorizadas , y res- 
petábles , tampoco temo que la meledicencia diga , que 
solo tuve valor para lidiar con un muerto, quando no 
me ha faltado para lidiar con tantos vivos. 

IV. a 

He dividido esta memoria en dos partes, destinan- 
do la primera á desvanecer las calumnias, que divulgó* 
la envidia , contra los que compusimos Ja junta cen- 
tral , y la segunda á dar razón de mi conducta en la 
presente época. La primera parte gubdividí en ms ar- 
tículos , para probar en el r.° que no usurpamos, ni 
abusamos del poder supremo : en el 2. que ni malver- 
samos ni pudimos malversarlos fondos publico c ; y en 
el 3. que, fieles á nuestro deber , y á la patria tra- 
bajamos por su defensa y su gloria , con toda la leal-* 
taá y constancia que convenia á celosos magistrados, jr 
sinceros patriotas. Rarti ia segunda en otros tres artícu- 
los, exponiendo en ellos rai conducta y opiniones, t.° 
desde que recobré mi libertad , hasta que fui nombra,- 



do p?ra el gobierno central; 2. ? desde la instalación 
de este gobierno, hasta la creación de la suprema He* 
geoda; y 3. desde este punto hasta el dia. Si en un 
escrito en que trato de tantas materias y negocios , sm 
otro auxilio que mi flaca memoria, hubiere incurrido en 
oigan error, ó equivocación , sépase que estaré en tocio 
tiempo 1 tan pronto á retractarlos , y á satisfacer i qaaU 
quiera , que me los advirtiere de buena f¿, como lo 
esta é á sostener la verdad , si solo por res^aLüikato, 
ó por malignidad fuere combatida. 



Ea natura rtrum e#t , et ís temporum cursus , ut non 
fosút ista, aut mihí , aut coeteris fortuna esse diuturna y nec 
hcsrére in tam bona causa , et in tam bonis civibus tam acer- 
ba injuria. 

Cicerón á Cecina, Epist, 5 Lib* 6 ad FamiL 



■ contenido 
introduccion. 

MOTIVO T OBJETO DE ESTA 
MEMORIA. 
PARTE PRIMERA 

Se desvanecen las calumnias di* 
vulgadas contra los miembros de 
la junta central. 

i. Origen y autores de estas 
calumnias.' 

ARTICULO i.° 

Primera calumnia. — Usurpación y abuso de 
la autoridad soberana. 



Calidad, y origen de esta calumnia. 



El consejo la suscita y apoya — — i^*^ re* 

baten los fundamentos del consejo ■ 14. Pruébase 

que la autoridad de las juntas delegantes era le- 
gitima 16. Que el pueblo pudo dársela y se la 

dio - 21. Que ellas pudieron delegarla * -22» 

Que el consejo no tenia derecho para intervenir 
en esta delegación — — 23. Que el consejo recono- 
ció la autoridad de las juntas supremas -~y el 

derecho de delegarla.**— y quiso participar de esta 
delegación 2g. La autoridad de la junta cen- 
tral fué raccüocida en España , en America , y 
en Europa. — y lo fué por el consejo de Casti- 
lla 26. Este reconocimiento fué tan libre y sin- 
cero como general ; 27. Ninguna ley le re^is* 
tia — 28. La que se cita en contra no fué hechu 
para el nuevo y extraordinario caso en que se ha- 
lló la nación . 31. La ley, en su caso cxfgia n 

la convocación de 1 las cortes , para nombrar tu* 
tóres del rey y gobernadores del rey no — « 34, JVb 
era ocasión de verificar lo primero, — — el conse* 
jo de Castilla lo reconoció asi — - — Razones que 
dificultaban Ju cotwocacéon \de las cortes — — 4^ 
Porque no se úpunció desde luego — - — 48. 
Porque no se nombro $$$$0 lutgo una* regencia — 49. 
El consejo de Castilla reconoció que no lo per- 
mitían las circunstancias - go. Los poderes da- 
dos por las juntas supremas , no eran para nom- 
brar una Regencia • — 52. Razones que dificultaban 

este nombramiento 53. Injusta imputación hecha 

¿ Jos cení na les del -ahuso de su ¿wtmmd ^.5S« 

Porque conservaron las juntas provinciales - 56. 

Forma en <¿u* ■ fas ■ vomervaron —-52. No al- 



tetaron 1({S f uncieres del ¡gobierno civil. ni 

inutilizaron sus autoridades 6o. Ni ¡a de ¡os con- 

sejos 61. Por que formarme! 'consejo remido - — 64 

Ko trastornaron el gobierno monárquico 65. — 
Como y para que usaron del poder legislativo 
— — 70. Espíritu de estas imputaciones — 72. Su 
injusticia — — 73, Su imprudencia. 



ARTICULO 2. 9 



Segunda calumnia. — Malversación délos fon- 
dos públicos. 

Carácter de los autores de esta calumnia 4. 
Su inverosimilitud — ¡5. Desvanecida por su 

misma naturaleza 8. Por el sistema económico 

que la junta central mejoró y observó 10. Por 

el método de inversión , en que no se mezclóy que 
fielmente siguió — — 11. Por el de cuenta y razón 
llevada siempre por las vias y personas acostum- 
bradas 13. Porque no dio, la cuenta ofrecida 

á la nación 17. Que fondos estuvieron á su dis- 
posición 23. Como y á que fueron destinados 

ppp ■ 24. Injusticia de zsta imputación. 

ARTICULO 3.° 

Tercera cz\\\mma.zzlnfidelidad á la Patria. 
Temeridad de esta calumnia 4. Desvane- 



éidá por su 'misma atrocidad — - 6. Por la natu- 
raleza del cuerpo d quien se imputa \ 7. Por el 
número y carácter de sus miembros — 10. Por la 
improbabilidad de su objeto— 13. Por las perso- 
nas que la junta asoció á su gobierno. Por la 

firmeza con que rechazó las asechanzas del enemi» 
go — 17. Por la franqueza con que se ofreció y 
expuso al juicio de la nación — 19. Por la cons- 
tancia con que la salvó de la anarquía — 20. 
Por la generosidad con que abdicó su auto- 
ridad - — 21. Por la moderación de su conducta —22'. 
Malignidad de los calumniadores* 

PARTE SEGUNDA 

Conducta y opiniones del autor. 
Motivo , objeto y materia de esta 2.a Parte* 

ARTICULO 1° 

PRIMERA EPOCA. 

Estado del autor en 1807 — 7. Real orden 

para su libertad 8. Representación á Femando 

Séptimo 10. Salida de Mallorca — ~ y de Bar- 
celona r 3. Paso por Zaragoza y Tarázona — y 

llegada á Jadraque ■ 1$. lianas tentativas de- 
partido francés. ordenes de Murát , de Napo- 
león , y José. Persuasiones de Azanza , Ofar- 

ril , Mazarredo , y Cabarrus — 20. Desecha el 
ministerio del interior — 23, Es nombrado para la 



junta central y acepta — 24. Pasa á Madrid — y 
solicita ¡a reunión de ¡os diputados allí —27, P<?r- 
qué — — - 28. Ptf/tf ¿ Arctnjuez. 

ARTICULO 2. 

SEGUNDA EPOCA. 

Sesiones preparatorias , j; instalación de la jun- 

. ta central 32. Dictamen del autor sobre la tns* 

titucion del gobierno 40. Se suspende la reso- 
lución. Sucesos de aquella época 42. Pre- 
visión del peligro que amenazaba al gobierno — 43. 
Invasión súbita de Madrid — * 44. Se acuer- 
da la translación de la junta. y el envió de 

comisarios á las provincias. y se nombr a una 

comisión para el despacho durante el vi age — 47. 
Salida de Aranjuez por Toledo y Talavera — 
Detención allí 49. Reunión en Truxillo acuer- 
dos de la ¡unta allí — 53. Su reunión y estado 

en Sevilla 54. Tentativas del enemigo 55^e 

trata de la renovación de los vocales — 57. In- 
cidente sobre la conducta del Marques de ¡a Ra** 
mana en Asturias — - 59. Primera invasión del Prin- 
cipado 60. Recursos del autor y su compañero 

sobre este negocio 64. Se trata y acuerda, la 

convocación de las cortes 66. Se nombra la co 

misión de cortes , y entra el autor en ella. — 
operaciones de esta comisión. ■ ■ — ■ 

Formación de juntas auxiliares. — — Se dan 
'instrucciones á estas juntas ■ 72. Principios del au- 
tor acerca de este grande obgeto — 87. Sacu- 



er da la reunión de fas cortes por estamentos* ■ 
la concurrencia de procuradores de las ciudades de 
voto.-*- — de diputados elegidos por todo el pueblo 

de las juntas provinciales* de suplentes por las 

Americas. y por las provincias cautivas* — 94. 

Tentativas sobre el nombramiento de una Regencia* 

desechadas. porque 97, Se acuerda confiar 

el gobierno á una comisión egecutiva 98. Pro- 
posición del vocal Pala fox 100. Famosa repre- 
sentación del Marques de la Romana en 14 de octubre 

C02. Se nombra la comisión egecutiva. — — 103. 

Se señala época para las cortes 104. Nue- 

.vos vocales agregados á la comisión — ~ 105. 
Acuerdan la organización del congreso en dos 
cámaras , y la reunión de los dos brazos privile- 
giados en una ~ 109. Proposición sobre la liber- 
tad de la imprenta « — ~- Tratada en el consejo. — 
en las juntas de legislación, y de instrucción 
publica. -™ - y en la comisión de cortes. — — Re* 
flexiones de ta comisión sobre este objeto — — iit. 

Conducta de la junta central acerca de el ti 6. 

Trabajos preparatorios para la convocación de las 

cortes. — — Expedición de las convocatorias 117. 

Porqne se atrasóla de los privilegiados —118. 
Operaciones de la junta central en esta época 
— — ¡20. Discusión sobre su translocacion a 

la isla de León. Se acuerda su reunión alli para 

el primero de febrero - — 122. Se embarca el autor 
en el rio de Sevilla , llega al puerto de Santa 
Maria y a la isla — - 126. Reunión de la jun- 
ta y sus acuerdos alli. sobre la organización 

del as cortes. — y fofmacion de una Regencia 127. 

Re gl amento para la Regencia 128. Ul- 
timo decreto sobre la organización de las cortes 

129. Nombramiento y instalación déla Regencia* 



ARTICULO 3. 



TERCERA EPOC¿. 

Estado de los centrales después de la disolu- 
ción de la junta — 4. 

Resuelve el autor retirarse á su casa. 7— Obtie- 
ne su Ucencia. 9 Se embarca en la fragata Cornelia 

— 10. Los exdiputados de Asturias desafian á sus 

calumniadores. se transbordan al bergantín Co- 

vadonga. — 12 Salen de la bahia. peligros de 

la navegación. arrivada á Muros , y buena aco- 
gida alli. — noticia de la invasión de Asturias .— 

esperanza de su libertad. frustrada. 16. 

Comisión de la junta superior de Galicia para 
recoger sus pasaportes , v registrar y ocupar sus 
papeks 17. Conducta que observaron en este in- 
cidente 22. Calificación de este atentado — 24, 

Noticia del que sufrieron sus compañeros en el 
(Ferrol — 2$. Representan al consejo de Re- 
gencia — «7. Orden de esta para el registro de los 

equipages de los centrales. Expediente á que 

dio ocasión — 33. Consulta y dictamen del conse- 
jo en el 35. Su resolución ■ 36. Nueva de- 
lación sobre el mismo asunto. — Verificase el re- 
gistro en la fragata Cornelia 38. Calificación 

de este ultimo atentado — ^.-Conclusión. 



ADVERTENCIA. 



Habiéndose impreso esta obra fuera de la viffa Sel m- 

tor , v por un borrador que no fué posible corregir , no h 

fue tampáco evitar los errores de impresión : de los qualejs 
se notarán aquí los principales para alivio de los lectores , cu- 
ya indulgencia se implora ¿>or lo mismo que no se merece, 

Epígrafe. . . 3 hoerere. .............. haerer* 

ADVERTENCIAS. 
Linea. Dice. Léase. 

II 26 sufra loque. .• sufra los que. 

III 23 maladicencia maledicencia. 

1 -Introducción. 

?ag. Lin. Dice. í,ee. 

2 31 violoda . . . . . violada. 

7. . . . . . 1 1. . desempeño público . desempeñ o deimi*- 

«{nisterio público'" 

10. . . 32. I Conservaronselas Conservaronsela. 

1 y acaso las ... y acaso la. 

n 4 después no de .......... . después de. 

12 2 4 para disolución .... para la disoluci on. 

13 >9' ........ se insaciable ......... . su insaciable 



*4 25 , amenezados amenazados 

^Articulo 1 . 

16" 23 testifiar testificar, 

17. . I 28 quando. y quando. 

I 33- • • • -debe. . . . . . debo. 

18 28. ^ . hablando el . hablando al. 

a o 18. n. ligitimar legitimar. 

23 3 . . yo lu. . ...... yo la. 

26. Nota f í seria . . . . . serie. 

número 3.s4 dise...ser.. dice..-. . seer. 

[9. . faciesen. ..... facion.. 



Nota 4. í £ . non facíen. . . . . . non feciéserr 

\n . naturales: á correr, et porende . natura. 



< les: et por ende, 

28 6 formírables. formidai 

31 16 • ^e servida que le serviría, 

33 ÍS bastada. bastará. 

\ 2 $. . .. . . pues de puede. 

34- 1 resulta resuelta. 

35. nsta\ 9. . . manifestaran .... manifestaron. 

núm. 5./ 

[20 infactores. . . . , , . infractores. 

40. . . I 27 arroneamente erróneamente. 

U°« • • < * enunciar , enuncia. 

41 22. . . , considerando considerado. 

42 .11 ..del 9 el 9. 

49. Not. 6. 19 ..las de la?. 

$6' . . . . 24 . nación nacional. 

58. 23. . , . instituirán * . . . , ...... instituirían. 

73 33- • • •• • • • í • habiera hubiera. 

•74. ... I 2 mas se dirá .... mas adelante se dirá. 

Y . . . 2 - á parte 2.a pane. 

84. . . . . 24. ... ........ . susorros. . susurros. 

Articulo 2. 



90. . . .^23 



32 .en juicio en un juicio. 

93. ... í B. .......... . de esta caxa , y aplico. . .de esta ca^á 

{personas de conocida probidad y ins- 
trucción y. .aplico. 
102. .... 8. ......... en las suya .......... en la suya, 

Articulo 3. 



1 12. . . .6*. ........ . ordenare* ordenarse, 

116. f 5 de la 

l nota> extraños. Porquel ; . . . .. . extraños, porque. 

117.... 9... ...... • . • « .bajari .............. baxaes. 

122. . . .1.8. . . . . desde lugo. , ...... . . desde luego. 

127 29. ..... conscintia . . .. . conscientia. 

131. . . . . . 10. . . . 22 de junio. , 22 de julio. 



Parte 2.a Articulo lo 



29 



18. 

23. 

29. 
33- 
37- 



39- 
49- 
5i- 
54 

60 
66 
68 
81 



19. 



SO. 
3*' 



. Valdemutva Valdemuza.. 

. aqui es cencía aquiescencia. 

. . le viste le visite. 

. . míe acompaño. ... me acompaño. 



87. 
88 . 
105 

108 

112. 

"7 
120 
142 
15a 



16 desmintif desmentir. 

en ¡a nota. ii¿ ... con algo en algo. 

1. ... divididos en las secciones. . divididos 

{en secciones. 

17. ( añádase ) Vid apend. número 6 . 

. . ) 18 gencrel general. 

nota 3. . 1 sufrir. sufrió. 

• . . ultima acordate acordare. 

. . . . . I 9 informado de informadose de. 

113.,.. reconveniendolos .... reconviniéndolas* 

nota. 1. . . 8 no disimulado ni disimulando, 

24 unidad . y unidad. 

29 axiliar . auxiiiíir. 

. . . . I 1 de que ... 4 ........ . en que. 

I 15 dél consejo . del de el consejo. 

12 los mismos los ministros. 



3 • 
»7 
3i 
25 



26. de octubre 28. de octubre. 

. denigrar en denigrar. 

. y el de las y la de las, 

. á salir los demás. Continuamos . . . á salir, 
{ los demás continuarro?. 

nota . . penúltima . .operaciones opiniones. 

1 . . . . aprecio apareció. 

...... 20 ... . servioio . . servicio, 

• 17 ... . pude puede. 

. * 26 . ... No eran .No , no : eran. 

Contenido. . 



Parte 2.* Articulo 2. 

. * . . núm. 87. . sacuerda se acuerda. 

pueblo de las juntas . . . pueblo — délas juntas. 

94. . . Regencia desechados. Regencia — desechadas. 

» 1 20.. . üanslocacion traslación. 



INTRODUCCION. 



i. JL or fin, la nación española se vá á juntar en 
cortes. El real decreto , que las anuncia para el 
■ próximo f agosto , se lee ya con entusiasmo en todas 
partes. A su voz , las juntas electorales se congre- 
gan en las parroquias , en las villas , y en las ca- 
pitales ^ para nombrar sus diputados. Muchos , par- 
tiendo ya de sus provincias se dirigen á la real 
Isla de León. Aun aquellos pueblos que están separa- 
dos de nosotros, ó por inmensos mares, ó por la 
cercana tiranía , concurrirán , representados por na- 
turales suyos ; y la voluntad de todos los padres 
de familia, que habitan los vastos continentes de 
una y otra España, vá á ser declarada en este 
augusto congreso, el mas grande, el mas libre, el 
mas expectable , que pudo concebirse , para fixar 
el destino de una nación , tan ultrajada, y oprimí- 



da en su libertad, como magnánima, y constante 
en el empeño de defenderla» 

2. Ai contemplar esta grande idea, mi corazón 
salta en el pecho de alegría , viendo acercarse el 
momento que tan ardientemente había deseado. 
Después de haber sido el primero á proponer en 
la suprema juuta gubernativa la necesidad de anun- 
ciar á la nación unas cortes generales : después 
de haber procurado demostrar la justicia , y uti- 
lidad de esta medida : después de haber promovido, 
con el mas puro celo , los decretos que acor- 
daron^ fixaron su convocación ; y de haber coope- 
rado, por espacio de ocho meses, con todas las 
fuerzas de mi espíritu, para el arreglo de su or- 
ganización, y la preparación de sus trabajos ¿ que 
me quedaba 7 que desear , sino el ver empezada 
esta grande obra ? 

3. No era , por cierto , eí interés quien me ins- 
piraba tal deseo. Ninguna especie de ambición , nin- 
guna mira de provecho personal le excitaba en mi 
espíritu. Excitábanle solamente el ardiente amor, 
que profeso á mi patria, y la esperanza de los grandes 
bienes que creía cifrados en tan saludable medi- 
da. Creía yo , que solo una reunión tan augusta, 
y legitima podia inspirar los sentimientos magná- 
nimos , preparar los inmensos recursos , y producir 
los heroicos , y unánimes esfuerzos, que el pe'igro 
de ía patria reclamaba. Creía , que ella sola po- 
dia salvarla ; y que, después de salvarla , ella sola 
podia restablecer y mejorar nuestra constitución, 
violoda , y destruida por el despotismo, y el tiem- 
po : reducir y perfeccionar nuestra embrollada le- 
gislación, para asegurar con ella la libertad po- 
lílÁca T ycivii de ios ciudadanos: abrir y dirigir lasfutn» 



tes de la instrucción nacional , mejorando la eda- 
cacion, y las de la riqueza publica, protegiendo 
la agricultura , y la industria: desterrar tantos desor- 
denes, corregir tantos abuso-, reparar tantos agravios, 
y enjugar tantas lágrimas , como habían causado 
la arbitrariedad de los pasados gobiernos , y el in-* 
soknte despotismo del último reynado. Creía , en 
fin , que quando en los profundos designios de la 
providencia , estuviese condenado el viejo conti- 
neiite de España á ser presa del tirano de Euro- 
pa, ella sola, insuperable , y firme en sus pro- 
pósitos, podría salvar la patria en su nuevo con- 
tinente ; y dejando sembrados el rencor y la fide- 
lidad en el corazón de sus hijos cautivos , para 
que brotasen en tiempo mas dichoso, pasar á aque- 
llos dilatados países con la constitución y las leyes 
que hubiese dictado para hacerlos felices , á renovar, 
en medio de ellos sus juramentos de constante amor 
al desgraciado Fernando Vil , y de eterno odio y 
detestación á Bonaparte , y su infame dinastía. 

4» Estos eran en otro tiempo mi único deseo, 
y esperanzas : pero otros , menos desinteresados, 
aunque no menos justos, han nacido en mi, y uni- 
tiose después á ellos. Comprendido en la persecu- 
ción mas atroz , que puede presentar la historia 
de los gobiernos: en las acusaciones mas injustas, 
que pudo inventar el furor de la calumnia , y en 
la difamación mas general, y mas negra, que esta 
furia infernal pudo inspirar ai vulgo, contra sus 
^magistrados: herido en lo mas vivo de mi honor, 
y casi despojado del único premio, porque habia 
sudado , y suspirado en todo el curso de mi vida 
¿que podía yo desear, sino una protección , á 
cuya sombra me fuese licito producir libremen- 



(IV.) 

te mis quexas? una protección que no pudiese 
corromper la intriga con sus artificios , ni robar- 
me la calumnia con sus imposturas, y amenazas* 
y en cuya respetable imparcialidad encontrasen* 
la iniquidad un freno poderoso, y la inocencia ua 
apoyo seguro? 

5. Porque, en medio del trastorno de la opinión 
del silencio de las leyes , y de la ineficacia de la 
autoridad publica ¿donde buscaría yo, ó donde 
hallaría este apoyo para reclamar mi desagravio? 
¿Buscariale- en alguna de las juntas provinciales 
en quienes las circunstancias han reunido tan gran- 
de suma de autoridad ? Pero la calumnia se pre- 
sento á sus puertas, y las cerró para mi; y el 
vulgo deslumhrado , y agitado por ella , excitó con- 
tra la inocencia los mismos cuerpos , que podían y 
debían protegerla. ¿ Acudiría á las autoridades ci- 
viles? Pero 1 á qual? quando unas , en medio de tan 
espantosa, y inesperada revolución? enmudeciaa 
amedrentadas r y otras, á la sombra de ella , trar 
taban solo de satisfacer su ambición, y vengar sus 
particulares resentimientos. ¿Acudiría al suprema 
Consejo de Regencia , en quien la nación acababa 
de poner su última esperanza? Ah ! una triste ex^- 
periencia me hizo probar la ineficacia de este re- 
curso; y si bien conocí el buen celo de esta au^ 
toridad , conocí también lo poco que puede la au?- 
toridad, contra la fuerza de la opinión perverti- 
da ; y que toda su justicia no bastó para resistir 
á tantos clamores irritados, á tantos extraviados 
consejos , ni á tantos y tan encarnizados enemigos-. 
i Y que ? 1 hubieran permitido estos á la suprema 
Regencia que protegiese á los mismos que la ha- 
blan creado? ¿a los que habían, ex.ercido, y acá* 



baban de depositar en ella su mismo poder ? ¿ A 
los que calumniados de haber usurpado este poder 
y de haber abusado de él, le enseñaban, con su exem- 
plo, á temer la misma imputación? Asles que á ningu- 
na parte pedia yo dirigir mis quejas, y que de nin- 
guna podia esperar mi desagravio , sino de mi na- 
ción. Pero mi nación tampoco podia oírme : las 
autoridades que la representaban me haeian enmu- 
decer. Era preciso que se hallase solemnemente 
congregada, para que á su vista se humillase, y 
á su voz enmudeciese toda autoridad ; y para que 
á su sombra pudiese la inocencia producir sus que- 
jas , y esperar su desagravio. Este deseado mo- 
mento se acerca , y mis quexas van á ser oídas 
de mis conciudadanos; 

6. Sin embargo estas quejas no irán ahora- 
encaminadas á los augustos representantes de mi 
nación, sino á ia nación misma. No los busco aho- 
ra como á mis jueces,, sino como á mis protec- 
tores- Serán mis jueces , quando para examinar ia 
conducta del gobierno central , me llamaren á 
responder de sus operaciones , como uno de sus miem- 
bros. Serán mis jueces, si alguno me acusare ante 
ellos, de haber faltado á mi deber en el desem- 
peño de aquellas augustas funciones, Acaso , si es- 
tuviese abierto este juicio común , no tendría yo 
que dar razón de mi conducta particular. Pero: 
ah! ¿donde está la esperanza de un juicio tan cer- 
rado hoy para mi, como para mis ilustres com- 
pañeros, que lejos de temerle, le desean como 
yo con ansia, y le esperan llenos de consuelo? 
Para entrar en el deberíamos estar presentes, y 
el furor de nuestros enemigos nos ha arrojado del- 
teatro de la justicia. Deberíamos tener á la mano> 



(VI.) 

las actas de nuestras providencias, y los instrumen- 
tos, y testigos de nuestras operaciones , y los me- 
dios, y recursos de nuestra defensa , y de rodos 
se nos ha alejado , y ' deft andado* Deberíamos 
estar juntos , y no solo se nos forzó á dis- 
persarnos, sino que se nos ha prohibido el reu- 
nimos. Deberíamos ser libres , y se nos, ha puesto 
baxo la autoridad, y vigilancia délos gefes mi- 
litares de las provincias en que estamos esparci- 
dos. En fin deberíamos estar en plena posesión 
de nuestros derechos , y todos han sido violados 
y ultrajados escandalosamente. Si pues se ha de 
realizar este juicio, deberá empezar reintegrándo- 
nos en nuestra dignidad, nuestro estado, nuestra 
libertad , y nuestros derechos , que solo podemos 
perder después de un juicio legal; y entonces , ora 
seamos provocados, ora llamados, ora admitidos 
á el , compareceremos tan serenamente ante nues- 
tros jueces, como ante nuestros acusadores. 

7. Entretanto acudo yo á otro juicio menos 
solemne á la verdad , pero no menos legitimo, 
ni menos respetable. Acudo al juicio de mi nación 
no qual estará representada por el clero, y noble- 
za, y por los ilustres diputados de sus pueblos, 
sino qual existe en todos , y en cada uno de ios 
mivmbros de la sociedad en que vivo. Acudo á 
aquel infalible juicio de opinión , que esta nación 
grande , y virtuosa ha egercido siempre sobre la 
conducta y acciones de sus ciudadanos ; y que en 
medio de la opresión, y la tiranía, y á la vista 
misma de los malvados instrumentos del despotis- 
mo ?ha pronunciado siempre , para consuelo de la 
inocencia, y oprobio de la iniquidad. Acudo, en 
fifi > al juicio de esta nación gloriosa, cuya au- 



1 



(VII.) 

toridad será inmortal, como ella, y que reunida 
6 dispersa , vencedora , ó vejaóda , libre ó tira- 
nizada , juzgará eternamente las buenas y malas 
acciones de sus hijos : respetada siempre por los 
propios, y no pereciendo jamas en la memoria de 
lose x tía ños- 

8. Tal es el tribunal augusto á quien me di- 
rijo, tan confiado en su alta imparcialidad , como 
en mi propia justicia. Ante éí expondré con sen- 
cillez, y verdad quales han sido mis opiniones, y 
qual mi conducta en el desempeño público , que 
acaba de egercer , y de el esperaré la calificación 
y el desagravio de mi inc cencía. De él los espe* 
raié: no por una de aquel as sentencias, que acote 
dadas bajo la magestad del dosél , y pronuncia- 
das con formulas solemr.es , bastan para poner la 
inocencia al abrigo de la injusticia ; sino per una 
de aquellas , que promulgadas por la respetable voz 
del público penetran el espíritu ,, y se gravan en 
el corazón de todos los ciudadanos virtuosos: de 
aquellas, que obligándolos á adoptar , coma suya 
la causa del hombre de bien , amedrentan con la 
terrible fuerza de la opinión á los mas poderosos 
partidarios de la calumnia.. \ Españoles de uno y otro- 
e mis fe rio, vosotros , que sois tan distinguidos entre 
las naciones , tanto por vuestra rectitud , y buena 
fe , como por vuestro valor , y magnanimidad , vues- 
tra justicia invoco! ¿ Que? ¿ D spues de tantas in- 
jurias recibidas, de tantas humillaciones devoradas, 
de tantos a tro pella mien tos sufridos en el discuto 
de mi vida , no podré yo en el término de eiia, 
esperar , de vuestra justicia mi- desagravio ? Mien- 
tras vuestros fieles representantes exáminando la 
tunducta del gobierno central confunden con sus 



(vni. 

decretos á los calumniadores de tan buenos ciu- 
dadanos, como entraron en su seno, juzgad voso- 
tros de la mía ; y si la hallareis digna de vuestro apre- 
cio y gratitud, dadme en ellos el único desagravio 
y la única recompensad que aspiro: la única que 
.ha apetecido siempre mi corazón , y la única que 
puede ser dulce , y preciosa para un buen amigo 
de la patria. 

9. ¿Pero podré yo hablar de mi conducta , y 
opiniones? ¿Me atreveré á indicar el puro origea 
de que nacieron, y el noble objeto á que fueron 
dirigidas, sin disipar antes las nubes que la ca- 
lumnia quiso levantar sobre ellas? Si pregunto á 
rni conciencia , me dice, que la voz de aquel mons- 
truo no pudo dirigirse contra mi : pero, si consul- 
to á mi honor me advierte , que su veneno fué 
derramado sobre todos los miembros del gobierno 
central, sin exceptuar á alguno; y que envol- 
viendo en unas mismas imputaciones á tantos in- 
dividuos , sin la menor excepción , ni consideración 
á la dignidad, al estado, al carácter, á los talen- 
tos, á los servicios,, ni á la reputación de cada uno, 
¿uera en mi , ó demasiada presunción, ó muy poca 
delicadeza , desentenderrae, ó darme por exceptua- 
do en tan general difamación. Me dice también 
que no es el juicio de mi conciencia , sino el de 
«1 público quien me puede absolver de ella, y 
que por mas favorable que me haya sido en otro 
tiempo su opinión, siempre podrá decirme: c * No 
♦>nos hables por ahora de tu conducía: por lo 
s> mismo que no nos es desconocida del todo, no 
•»es esto lo que esperamos de ti. Eres acusado 
»de haber concurrido con tus hermanos á la usur- 
>;pacioa de la autoridad soberana , al robo déla 



m 

adbrtiina rúMica , y á los progresos del enemigo 
>»de lá patria. Danos primero satisfacción sobre 
cestas gravísimas imputaciones. Sin esto por mas 
wque nos dig :s de tu proceder no podremos de- 
» terminar el arrecio , ó censura á que te hayas he- 
leno acreedor." Esto me dice el público, y mi 
honor no puede no respetar su voz. Voy pues á 
satisfacer su deseo, dividiendo este esciito en dos 
partes; y sin prevenir en una, ni en otra el jui- 
cio de los representantes de la nación , ni el exá- 
mende la conducta del gobierno central, y de lamia, 
diré, en la primera, lo que baste para desvanecer aque- 
llas calumnias; y en la segunda haré la sencilla expo- 
sición de mi conducta para acabar de disiparlas, 

PARTE PRIMERA. 

t. Esta empresa no será tan difícil como pue- 
de parecer á nuestros émulos 4 puesto que la sim- 
ple exposición de los delitos , que se nos achacan, 
bastan para probar su falsedad. Ahora se consi- 
dere la atrocidad de su naturaleza, ahora el nú- 
mero , y carácter de las personas á quienes se im- 
putan ; ahora la indistinta generalidad con que les 
fueron imputadas ¿quien será el que no penetre, 
no ya su inverosimilitud, sino aun, su absoluta 
imposibilidad ? Y si publicadas con tanto aparato, 
difundidas con tanto artificio, inculcadas y repeti- 
das por tantas bocas, y tantas plumas * venales, 
y favorecidas de tan terribles y desgraciadas cir- 
cunstancias , pudieron hallar acogida por algunos 
dias en la credulidad del vulgo idiota, y "en la 

2 



m 

suspicaz desconfianza de nuestros émulos ¿quien ser 
rá hoy el hombre imparcial , que considerándolas 
tranquilamente no las deseche con tanto asombro, 
como indignación ? 

2. Es con todo necesario entrar en el exámen 
de estas calumnias , así para demostrar su false- 
dad , como para hacer ver el perverso fin á que 
fueron dirigidas : para lo qual bastará dar una li- 
gera idea de su origen. Dándola,, prescindiré de 
sus autores , porque no es mi animo denigrar á 
otros, sino defenderme á mi. Si no son mas que 
enemigos mios, los desprecio y perdono. Si lo son 
de la patria el gobierno cuidará de descubrirlos 
y escarmentarlos. Tal vez su misma conducta se 
los dará á conocer. Tal vez los columbrará entre 
tantos como tratan hoy de realzar su opinión 
á expensas de la agena,ó entre aquellos , que nun- 
ca contentos con su suerte , y sin talentos , ni va- 
lor para adelantarla, promueven su ambición, y 
buscan su gloria, mas con baladronadas de celo, 
y patriotismo, que con insignes servicios hechos, 
ó ilustres sacrificios consagrados á la nación. Por 
mi parte muy poco ganaría en que fuesen señala- 
dos con el dedo: lo que me importa es demos- 
trar la perversidad de sus propósitos, y la ini- 
quidad de sus medios , y esto haré, subiendo al 
origen de las calumnias que voy á combatir. 

3. La confianza y benevolencia nacional , que 
rodearon á la junta gubernativa en sus primeros 
dias, no decayeron del todo en medio dtl gran con- 
flito en que puso á la Patria la segunda irrupción 
de los franceses. Conservaronselas, y acaso las au-* 
mentaron el heroico celo, y constancia con que 
en tan inminente peligro atendió á la salvación 



(XI.) 

dd estado. Aunque la ocupación de Madrid' la for- 
zó á abandonar su residencia ,- mas para' seguridad 
del supremo poder de que era depositaría , que 
para la suya, después *»deer viai comisariosá todas las 
provincias, para animar el espíritu público: des- 
pués de encargar á una comisión activa , que dic- 
tase las ordenes , siguiese las correspondencias, y^ 
proveyese á los negocios que ocurriesen en el cur- 
so dfel viage: después de detenetse reunida un dia 
en Talavera, y quatro en Truxillo , para deli- 
berar en común , y acordar con el ministro de 
la nación Británica muchas medidas importantes, 
procedió á establecerse en Sevilla. 

4. En ena residencia, la extraordinaria activi- 
dad que puso en reunir , reforzar , armar , y vestir 
los exeicitos dispersados en las desgraciadas accio- 
nes de Espinosa , Burgos , Tudela , y Somosierra» 
y sobre todo en levantar la mas numerosa caba- 
llería que jamas habia visto España , restablecieron 
del todo la confianza pública , y llenaron á la 
nación de esperanza , y consuelo. Con igual cons* 
tancia , y no menor actividad se aplicó á reparar 
la perdida sufrida én la gloriosa derrota de Mede* 
llin , y en otras que la sucedieron ; y el esfuerzo 
y gloria con que vencieron nuestros exércitos en 
Talavera , Aimonacid, y Tamames, será siempre 
mi testimonio de su celo, que lis pérdidas pos- 
teriores no podrán obscurecer. Este celo , exálta— 
do, por decirlo asi, con las mismas desgracias dic- 
tó al gobierno central otras medidas no menos 
generosas ni menos dignas de la confianza de la 
nación. Desde el mes de mayó del año pasado 
anunció la reunión de las Cortes para el prén- 
sente ; y si bien no determinó entonces su época* 



(Xíí.) 

el nombramiento de una comisión para prepararía, 
y la infatigable aplicación con que sus miembros 
se dedicaron al desempeño de este grande encar- 
go , serian la prueba mas constante de sus deseos 
quando el decreto de 28 de octubre, que fixó 
la época de las Cortes para el primero de mar- 
zo último, no los acreditase mas eminentemente, 
5. Pero^entretantoquelos buenosciudadanosaplau- 
dian estos esfuerzos , los envidiosos, y ambiciosos que: 
rodeaban al gobierno central desde su instalación, 
buscaban en las desgracias públicas pretextos para 
desacreditar su gobierno y privarle de la confianza 
del público» que era el único apoyo de, su poder- 
Quanto mas nos afanábamos en promover la defensa 
de la patria, tanto mas se esforzaban ellos en cen- 
surar nuestra conducta, y menguar nuestra opinión» 
De secretas , y estudiadas murmuraciones, que em- 
pezaban en tertulias , y conciliábulos , y pasaban 
á los corrillos, y cafes , se adelantaron ya á escritos- 
insidiosos , cuyas imposturas, aunque envueltas en, 
paralogismos y contradiciones, no eran mal aco- 
gidas del vulgo , siempre propenso á achacar a 
los que mandan los males que no quisiera sufrir. 
Asi fueron preparando los ánimos , para disolu- 
ción de un gobierno , cuyo poder deseaban usur- 
par. La memorable y funesta derrota de Ocaña, 
llenando de terror á los buenos y de sospechas 
a los malos, ciudadanos , acaloró sus esperanzas.. 
La salida de la junta central para la Isla de León 
les señaló el momento , y la fanaosa junta de 
Sevilla les abrió el teatro notes preparado, pa- 
ra una revolución , cuyas tristes consecuencias 
no son todavia bien conocidas de la nacioa que 
las sufre^ 



(XIII.) 

6. En este teatro pues, y en tncJio del tumul- 
to , y á bullidos de una chusma desenfrenada, y 
á vil precio comprada para este objeto, fueron 
desenvueltos los negros designios , que otras pér- 
fidas , y mas ocultas tentativas no habían podi- 
do realizar. Abrazólos con ansia aquella junta r 
antes tan celebre por su exaltado celo , y emi- 
nentes servicios, y después tan corrompida por 
se insaciable ambición , y tan envilecida por su ruin 
envidia. Aquella junta , que poco después, y mien- 
tras algunos de sus individuos r constantes y fieles 
á la patria, salían avergonzados de su seno, y 
exponiéndose á la proscripción , y á la miseria 
huian á buscar un asilo en el pais déla libertad (i) 
los demás, 6 cobardes, ó vendidos al enemigo, se 
preparavan ya para abrirle las puertas de la iic:i 
y populosa metrópoli de Andalucía : para recibir 

(i) El público no debe ignorar ¡os esclarecidos nom- 
bres de los ind'rcidiios de la 'junta de Sevilla que 
la abandonaron , desde que la vieron desviarse de 
su mas sagrado deber \y fueron el presidente D. Fran- 
cisco de Saavedra , y los vocales , D. Fabián de 
Miranda Arguelles , Dean , y D Francisco Cien- 
fuegos ^ avellanos : Canónigo de aquella Si a. Igle- 
sia , D. José Morales Gallego , ministro del tribu- 
nal de seguridad y policía, D. Victor Soret, te- 
sorero general en alternación ; y creo que otro cu- 
yo nombre ignoro. Con quanto celo continuaron pro- 
moviendo la defensa de la patria estos dignos ciu- 
dadanos , ya empleados en el gobierno , ó ya reunid- 
dos en Junta , el público á quien sen notorios los- 
esfuerzos de su celo , no ha menester que yo se los 
recuerde. 



(XIV.) 

en triunfo al rey de farsa, que el tirano les en- 
viaba; y para aclamarle, y asentarle en el glo- 
rioso trono , conquistado por S. Fernando. Allí fue 
donde se pronunciaron las calumnias maquinadas 
contra el gobierno central: allí donde fue sancio- 
nada^ proclamada su disolución: allí donde usurpada' 
escandalosamente la soberana autoridad ; y allí : en 
fin , donde la nación envuelta en la mas funesta 
anarquía y desorden , vio á sus primeros magis- 
trados, y miembros del gobierno legitimo espu s- 
tos á la furia y insultos de un vulgo, tan arti- 
ficiosamente irritado contra ellos. 

7. No es de este lugar recordarlos atropelia- 
mientos que sufrieron , ni los peligros de que se 
hallaron rodeados algunos de estos dignos magis- 
trados , por el efecto de unas calumnias con tan- 
to estrepito pronunciadas en Sevilla , con tanta 
rabia repetidas, y circuladas en sus diarios, y 
con tanta rapidez difundidas por emisarios de los 
conspiradores , primero en los pueblos de la car- 
rera de Cádiz, después en esta insigne ciudad* 
y luego en las provincias libres. Pero si lo es 
recordar á la nación los males á que esta sedi- 
ción la expuso. Difamado el gobierno , que reco- 
nocía por lexitimo : perseguidos , y amenezados de 
muerte sus miembros ; menospreciada^ ultrajada en 
ellos la autoridad suprema, y esto en medio del 
mas inminente peligro, con el enemigo á la es- 
palda , la insurrección al frente, los vínculos de 
la unión social cortados, ó disueltos, v el terror 
y la desconfianza difundidas por todas partes ¿ que 
hubiera sido de la patria, si estos mismos ma- 
gi-trados , tan indignamente perseguidos, no la hu- 
biesen salvado llamando á su socorro los ilustre» 



(XV.) 

ciudadanos, que hoy la defienden, y entregadoles 
con tanta generosidad , como prudencia el supremo 
poder , que la intriga pretendiera arrebatar de sus 
manos ? 

8. Mientras llega el dia de paz , y de justicia 
en que la nación tranquila y desengañada, distin- 
ga sus verdaderos amigos , de sus viles perturba-* 
dores , y reconociendo tan insigne servicio recoma 
pense con su aprecio , y gratitud á los dignos 
magistrados que le prestaron entraré yo al exámeri 
de las calumnias con que se ha pretendido obs- 
curecer su gloria. En este exámen prescindiré de 
muchas , que en el furor de la persecución se 
han acumulado contra nosotros. Porque, si se ref- 
rieren á los errores , y descuydos de nuestra ad- 
ministración , su censura está reservada al juicio 
de las Cortes: si á nuestra personal aptitud , ( pues 
también se nos ha tratado de ignorantes, é ineptos) 
á esto , mas que á nosotros , toca responder á 
nuestros comitentes; y siendo materia de mera opinión, 
queda mejor reservado al juicio libre del público. 
Pero no puedo prescindir de aquellasque refirién- 
dose á nuestra probidad, y carácter moral, ata- 
can la parte mas noble , y delicada de mi repu- 
tación , y la que mas ardientemente desea coa- 
servar. 

ARTICULO PRIMERO, 

9 La mas grande , aunque no la mas fea, de 
las calumnias difundidas contra nosotros , es ;la de 
haber usurpado violentamente la autaiidad sobe- 
rana , y este cargo es también el que mas .nece- 
sita de discusión , y defensa ; asi por su natura- 
leza, como por los respetables apoyos que <ha ea- 



(XVI.) 

contrado. En los demás, como que son de hecho 
cabía muy bien que resultásemos unos culpados, 
y otros indemnes? en este que es de opinión , y 
que se debe desvanecer, no con hechos, sino coa 
textos, y raciocinios, ó todos resultaremos reos 
ó todos inocentes. Y si resultaremos reos , ¿ no lo 
seremos todos del crimen de lesa Ma gestad , y 
acreedores á la enorme pena que señalan nuestras 
leyes ? Pero si al contrario resultaremos inocentes 
¿ que castigo señalará la nación á los calumnia- 
dores , y que indemnización á los calumniados? 

10. Quando considero que para rebatir este car- 
go, tengo que venir á las manos con el supremo 
consejo reunido de España, é Indias , mi espíri- 
tu se llena de amargura , y temor , pues que tan 
doloroso es para mi luchar con un contrario tan 
respetable, como arriesgado entrar en lid con enemi- 
go tan poderoso. 

11. De mi inclinación, de mi veneración á este 
primer tribunal del rey no, quando fuesen desco- 
nocidas de sus miembros , entre los quales tuve 
el honor de contar no pocos amigos, podrán tes- 
t»riar todos los vocales de la junta gubernativa 
que con freqüencia , me oyeron en sus sesiones, 
defenderle, recomendarle, desearlas luces de su 
sabiduría, y el apoyo de su opinión; y tal vez 
exponerme á odiosidad y censura por esta noble 
parcialidad, de queme precio todavía. Me precio, si, 
y espero que no la desmentirá este escrito , si se 
quiere considerar, que no es mi animo hablar 
de el cuerpo entero del consejo, sino solamente 
de aquellos individuos , que atendiendo á particu- 
lares resentimientos , ó á livianas presuncio- 
nes, ó cediendo ai influjo de la ambición, ó á la 



(XVTT) 

fuerza de fes eiteunsUnckíSY prastUujPeKHi su ra- 
zón y su dvber p&fú ségufa t i n siniestros impul * 
sos. Y si bien debo suponer , que algunos fueron 
arrastrados ai dictamen ■ ¿UK\stros émulos, por 
cobardía, ó nimia docilidad, ninguno de los que 
ofendieron mi reputación tendrá derecho á quejarse 
de mi ; porque ninguno ignora que es uno de los 
primeros oficios de la justicia: ne cui quis noceat^ 
nisi lacessitus injuria* 

12. Que la nota de usurpadores del poder su- 
premo, con que se ha pretendido denigrar á los 
centrales nació de algunos individuos del consejo, 
cosa es, que si no se puede asegurar sin reparo, 
se puede presumir con mucho fundamento. Si la 
indicó alguna junta provincial, olvidándose, en 
momentos de discordia y disgusto , de lo que ha- 
bía pensado, hecho, y dicho quando ningún es- 
píritu ambicioso alteraba sus sesiones, y influía en 
sus dictámenes: si fué realzada, después en es- 
critos sediciosos, repartidos con profusión por 
España, y América, para corromper la opinión 
pública , sobre el descrédito del gobierno legiti- 
mo : si alguna vez dio materia á la charla- 
tanería de los ociosos politicos de corrillo, y café, 
no por eso dejó de derivarse de aquel alto ori- 
gen. Quando los fiscales del consejo real la pro- 
pusieron en los primeros dias del gobierno cen- 
tral , quando este sabio tribunal , sin adoptar su 
opinión , ni dejar de reconocer, y prestar , y jurar 
obediencia á la junta gubernativa, como á gobiernole- 
gitimo le recordó la famosa ley de partida, y con pru- 
dencia y modestia le manifestó el deseo de otro go- 
bierno mas conforme á ella, debe creer , que sus 
ministros fueron sutemente movidos por principios 



(XVIII) 

de razón , y de celo público. Difícil es que su ce- 
lo fuese tan puro , y tan desinteresado , quando 
con menos oportunidad y moderación , propusieron 
á la junta suprema aquel deseo. Mas quando 
en febrero último en medio de las terribles circunstan- 
cias de aquella época , tachó el consejo reunido 
de usurpación á los centrales, no para reformar 
un gobierno, que ya estaba disuelto, ni para 
substituir otro conforme á aquella ley , pues que 
ya estaba instalado , sino para denigrar , y in- 
sultar á los que habíamos compuesto la junta 
central : quando en su imprudente consulta de 19 
de aquel mes (2) añadiendo el insulto á la injusti- 
cia , los declaró , en estilo el mas contumelioso usur- 
padores del poder supremo : quando, poniéndose de 
parte de sus calumniadores, y sin la menor con- 
sideración al carácter, y circunstancias de tantos 
distinguidos ciudadanos los envolvió á todos en este 
y otros atroces cargos ¿ á que impulso se puede 
atribuir su dictamen , sino al ciego resentimiento 
de unos pocos , ciegamente seguido por algunos 
otros con una docilidad , tan indigna de la integridad 
de la magistratura , como de la santa imparcialidad 
de la justicia ? 

13. Y ahora, para que no quede expuesto á 
interpretación , qual fue el dictamen del consejo 
reunido en aquella consulta pondré aqui sus mis- 
mas palabras. Hablando el supremo consejo de 
Regencia , y tratando de la autoridad que había- 
mos exercido, dice. "Considerando con respecto 
ȇ Jos centrales, que la que han exercido , ha 

(2) Esta consulta con sus antecedentes se halla- 
rá en el apéndice al numere i.° 



'(XIX) 

«sido por una violenta y forzada usurpación , tote* 
« rada mas bien que consentida por la nación ; y 
«que la han exerciJo contra lo prevenido por la 
«ley, con poderes de quienes no tenian derecho para 
"dárselos , contra lo que el consejo les ha h cho 
«presente, con repetición , y con espiritu el mas 
« conocido, y descubierto de amor propio,y amb¡cion&c" 
Prescindiendo pues de otras expresiones tan falsas 
como injuriosas , que acaso tomaré en conside- 
ración mas adelante, voy á exáminar ahora las 
proposiciones que envuelven estas tan aventuradas 
clausulas; no según el tenor en que están expues- 
tas , sino en el que el orden analítico requiere. Y 
solo llamaré la atención de mis lectores á una cir- 
cunstancia , que no deben perder de vista en el 
curso de «esta defensa ; y es que los ministros con- 
sultantes^ trueque de injuriará ios centrales, han in- 
juriad también á todas las juntas superiores, á toda 
la nación , al supremo consejo de Regencia, y á 
su mismo consejo como se verá despu s : prueba 
bien clara de lo que desvaría la opinión , quan- 
do no es la razón , sino la pasión quien la 
dicta, 

14. Sin duda que si los poderes de los comi- 
tentes del gobierno central procedieron de una 
autoridad ilegitima, la usurpación será innegable, 
¿ Pero de quien seria entonces este cargo ? ¿ No 
recaería mas bien sobre las juntas provinciales 
que dieron estos poderes , que sobre los vocales que 
obraron ea fé de ellos? La primera discusión 
pues que se ofrece ya no debe referirse á la 
legitimidad del cuerpo constituido , sino á la de 
los cuerpos constituyentes. ¿ Y es posible que el 
consejo haya propuesto en este punto una opinión 



tan agena de prudencia, y sabiduría , y tan- di- 
ferente de la que habia adoptado en otro tiem- 
po ? 

15. Porque, ¿ quien sino la ignorancia , y la en- 
vidia , puede desconocer el noble, y legitimo ori- 
gen de estos cuerpos, que con admiración de la- 
Europa, aplauso y consuelo de la nación, y pas- 
mo y terror del tirano,, que la oprimía nacieron 
de repente en: todas las provincias del reyno, quan- 
do irritado- su pueblo generoso , á vista de las ca- 
denas que se le presentaban r se levantó por un 
movimiento simultaneo,, tan rápido y unánime, co- 
mo magnánimo, y fuerte, y los congregó , y ins- 
tituyó, para, salvar su libertad? ¿ De unos cuerpos 
que aunque creados en medio- del tumulto v y la- 
indignación popular , fueron organizado^ con tan 
maravillosa prudencia ? ¿De unos cuerpos en los 
quales- para. Hgkimas mas , y mas su autoridad 
fueron reunidas todas las del estado , entrando en 
su composición representantes de todas las clases* 
profesiones ,. ordenes y magistraturas de las capi- 
tales con sus primeros- gefes eclesiásticos, civiles 
y militares? ¿De unos cuerpos, en fin, que apre- 
surándose: á desempeñar sus augustas funciones, 
mostratron tanto celo ,. desenvolvieron tanta ener- 
gía , y dieron tanto consuelo , y confianza á lapa- 
tria, y tanto terror , y escarmiento á su. pérfido 
enemigo ? 

16. El pueblo las creó , es verdad : el pueblo 
las creó en abierta insurrección , y yo sé que en 
tiempos tranquilos no se le puede conceder este 
derecho, sin destruir los fundamentos de su cons- 
titución , y los vínculos de la unión social ; uno 
£ qííq pendiente de su. obediencia á la autori- 



(xxi) 

dad legitima, y reconocida. Contra los abusos áb 
un gobierno arbitrario, ó de una admnistracion injusta 
no hay constitución que no prescriba remedios, 
ni legislación que no ofrezca recursos ; y quando 
faltase uno y otro , la nación los hallaría en les ; 
principios áe k sociedad, y en los- derechos im- 
prescriptibles del hombre. 

17. Pero negar este derecho en uní caso tari 
extraordinario, y en circunstancias' tan terribles*,- 
á un pueblo, que se veia oprimido, no por una 
fuerza legitima r sino por una violencia extraña 
á un pueblo privado repentinamente del Rey que' 
amaba , y vilmente entregado al tirano que abor- 
recía , y á la furia y al desprecio de sus f barbad- 
ros satélites: negarle, á un pueblo amenazado de 
la mas infame esclavitud, por los exércitos del 
tirano,, que un traidor habia introducido en su 
seno, y que otros traidores socorrían y apadrina- 
ban : negarle á un pueblo , que ansioso de Con- 
servar su libertad, se veia abandonado de los que 
debían defenderla* hallando á unos ó corrompidos 
ó alucinados-, y á otros , indecisos' ó perplexcs, 
ó tímidos, quando sentía ya sobre si las cadenas: : 
negarle, en fin , á un pueblo que en tan terri- 
ble conflicto , cautivo su Rey, destruido su ge-* 
bienio legitimo levantado sobre él un gobierno ti- 
ránico , acudía á sus magistrados para pedirles lá 
defensa de su libertad, y la venganza de sus ul- 
trajes , no solo es un monstruoso error político, > 
sino un exceso de temeridad , que solo pudo nacer 
de ignorancia supina , ó de malicia refinada. 

18. ¿Y como evitarán esta censura los minis- 
tros que aseguraron la nulidad de nuestros poderes? 
¿¿giraban acaso, que e¿te. derecho, de iasurreo- 



(XXII) 

cion , si asi quieren apellidarle, le tiene el pueblo 
español , por las kyes fundamentales de su cons- 
titución? No por rimo: sabían que una ley llena 
de prudencia, y sabiduría, que el consejo de Cas- 
tilla acababa de recordar y recomendar , no solo 
les daba el derecho, sino que les prescribía, co- 
mo una obligación el levantarse, y reunirse para 
rechazar una fuerza, ó invasión repentina, sin 
esperar otro impulso que el de su peligro. (3) Ei 

(3) Ley 3. titulo 19 partida 2. 

Regno es ¡/ama do /a tierra que ha Rey por se- 
ñor , et el ha otro si nombre Rey, por los fechos 
que ha de facer en el/a manteniendo/a con justicia 
et con derecho: et por ende, segunt dixeron ios sa- 
bios antiguos son como alma, et cuerpo , que maguer 
sean en si depai tidos , el ayuntamiento les face ser 
una cosa. Onde maguer el pueblo guardase al Rey 
en •todas las cosas sobredichas , si el regno non 
guardase de los males que hi pbdrien venir , non 
serie la guarda cumplida : et la primera guarda 
v destas que se conviene á facer es quando alguno 
p se alzase en el regno para volvello ó facer hi otro 
9i daño ; ca á tal fecho como este deben todos venir 
¡o mas aina que podieren , por muchas razones % 
primeramente para guardar al Rey su señor de da- 
ño et de vergüenza que nasce de tal levantamien- 
to como este ; ca en la guerra que le viene de los 
enemigos de fuera non ha maravilla ninguna, por- 
que non han con el debdo de naturaleza , nin de 
señorío , mas de ¡a que se levanta de los suyos mis- 
mos, desta nasce mayor deshonra, corrió en querer los va. 
salios egualarse con el señor , et contender con el^ 
orgultesamente et con soberbia \ ét es otro si 



(XXIII) * 

consejo de Castilla la recordó para recomendar 
el celo y magnanimidad del pueblo español , y 
yo lo copiaré al pie para recordar á los minis- 
tros del consejo reunido el celo , y la oportu- 
nidad con que la recordó en aquel tiempo á la 
nación el supremo consejo de Castilla. Ahora 
bien, este derecho , esta obligación prescritos por la 
ley para rechazar á un enemigo intestino , no se- 
rian mas fuertes quando se trataba de rechazar 
á un enemigo exterior ? ¿ á un enemigo que no solo 
conspiraba contra su Rey , sino que le habia en- 
gañado , cautivado , destronado , y forzado á re- 
nunciar en éi sus derechos? ¿ á un enemigo que 
no solo amenazaba á su independencia , sino que 
tenia ya oprimida , y casi subyugada su libertad 
con numerosos egércitos , y poderosos partidarios? 

mayor peligro , porque tal levantamiento como este 
siempre se mueve con grant falsedat , et señalada- 
mente para facer mal. Et por eso dixicron los sa- 
bios antiguos que en el mundo non habie mayor pe s- 
niilencia ,» que rescebir kome daño de aquel en quien 
»se fia , nin mas peligrosa guerra que de los ene- 
amigos de quien non se guarda , que non son conos- 
ácidos , mostrándose por amigos ,» asi como de suso 
diximos ; et al Rey viene otro si grant daño- por- 
que l ñas ce guerra de los suyos mismos, que los 
ha asi como fixos et criados ; et viene otro si de~ 
partimiento de la tierra de aquellos que la deben 
ayuntar,ydestruyimiento de aquellos que la deben guar- 
dar ; porque saben la manera de facer hi mal, 
mas que los otros que non son ende naturales ; et 
por ende es asi como la ponzoña que si luego que 
*s dada non acorren al home , va derecho al co^ 



' (XXTV) 

Y quando el escíndalo enchia , y exaltaba todos 
los espíritus: quando la .irá ardía, y rabiaba 
en todos los pechos : quando la justicia, la fideli- 
dad , el honor, la compasión, la vergüenza , y 
todos los sentimientos que pueden commover á un 
corazón generoso, excitaban por todas partes un 
grito general , y unánime de guerra, y vengan- 
za, pretenderán los consultantes que el generoso 
pueblo español no tenia el derecho de levantarse 
y correr á su defensa ¿ no tendría el de encargar 
ía dirección de sus esfuerzos á cuerpos , ó per- 
sonas dignas de su confianza? ¿no tendría el de 
encargarles el egércicio de la soberanía que se ha- 
llaba paralizada y oprimida, y el de la adminis- 
tración pública usurpada por los agentes y parti- 
darios , del tirano? 



razón et mátalo. Et por eso los antiguos llamaron 
a tal guerra como esta lid de dentro del cuerpo: 
i€t ski todo esto viene ende muy grant daño , por- 
gue se levanta blasmo , » non tan solamente á los que 
>y lo facen mas aun á todos los de la tierra si 
« luego que lo saben non muestran que les pesa, 
oyendo luego al fecho , et vedándolo muy cr ñamen- 
k te , porque tan grant nemiga como esta non se 
99 encienda^ nin el Rey resciba por ende mengua en 
.su poder f nin en su honra ; nin otro si al regno 
"pueda endefvenir grant da?ío, ó destroi miento , nin 
»,que los malos atreviéndose tomasen ende ex em- 
™plo para facer otro ta!\ et por eso debe seer 
luego amatado , de manera que sola miente fumo 
■"■.non salga ende que pueda ennegrescer la fama buena 
™de los de la tierra. Et por todas estas razones 
& d&ben todos 9 venir luego .que lo supieren , á Mi 



(XXV) " " ^ 

19. Mas para que en esto no qiierJe la menor 
duda otra ley que no citó el consejo de Castilla , y 
que conviene recordar á los ministros consultan- 

i> hueste como esta non atendiendo mandado del Rey: 
p> ca tal levantamiento como este, por tan estraña ¿osa 
*>lo tovieron los antiguos que mandaron que ningu- 
•9 no non se podiese escusar por honra delinage , nin 
»pGr privanza que hobiese con el rey , nin por pri* 
*> villejo , nin por ser de orden , si non fuese home 
i* encerrado en claustra , ó los que fincasen para 
79 decir las horas que todos non viniesen hi para ayu- 
99 dar con sus manos, ó con sus compañas , ó con sus 
99 haberes. Et tan grant sabor hobieron de lo vedar 
99 que mandaron , que se todo lo al fallesciese , las 
19 mugeres viniesen para ayudar á destruir tal fecho 
19 como este : c a pues que el mal et el daño tañe á todos 
non tovieron por derecho que ninguno se podiese es-* 
eusar , que todos .non viniesen á dtrr ai gallo , onde 
Jos que tal levantamiento come este facen son trai~* 
dores , et deben morir por ello , et perder todo quan- 
to hobteren. Otro si , los que ¿i tal hueste como esta 
ron quisieren venir , ó se fuesen della sin mandado 
porque semeja que les non pesa de tal fecho de- 
ben haber la pena que sobredicha es : ca derecho 
conoscido es que los facedores de tal fecho como 
este. , et sus conseyadores de tal mal egualmente 
sean penados. Pero non caerien en pena los que non 
p odie sen venir mostrando escusa derecha , asi comí 
aquellos que son de menor edat de catorce años, 
6 de mayor de setenta, ó enfermos, ó feridos de 
pianera que non podiesen venir , ó si fuesen em- 
bargados por muy grandes niebes , ó avenidas de 
rios que non podiesen pasar por ninguna guisa ; 

4 



(XXVT.) 

tes, aplica la disposición del* que hemos copia- 
do, al caso en que el pueblo debe acudir á la 
defensa del reyno , quando fuese repentinamente 
entrado por algún invasor de afuera. Son tam- 
bién muy notables sus palabras para que no se 
copien. (4) 

mas de la hueste non seria ninguno escusado para 
venirse della , si non fuese enfermo , ó llagado tan 
gravemente que non podiese tomar armas. Pero á 
¡o que dise de suso de los viejos que deben ser 
es cusados, non se entiende de aquellos que fuesen 
tan sabidores que podiesen ayudar por su seso ó por su 
conseyo á los de la huestes a una de las cosas del mun- 
do en que mas son menester estas dos es en fe- 
cho darmas : et por esta razón los antiguos faciensen 
engeños et maestrías para levar consigo en las 
huestes los viejos, que non podien cavalgar , para 
poderse ayudar de su seso , et de su conseyo. 

Ley 4 titulo 19 partida 1 
(4) Mas á la primera que es quando entran 
en la tieria para facer daño de pasada , porque 
es mas arrebatosa que las otras deben luego acor- 
rer todos los que lo sopieren para de^endegerla 
et puñar en echarlos della : et mayormlente aque- 
llos que fueron mas cerca , ca pues que el fecho 
» los llama , ron han menester otros mandaderos nin 
^cartas aue los llamen Et los que lo asi nonfacien 
r>mostrarien , que non les pesaba con deshonra de su 
» señor , nin hablen sabor de guar dalle della: nin otro si 
»con el daño de su regno donde son naturales: acorrer et 
por ende deben haber tal pena que pierdan amor 
del rey á auien non quisieron acorrer % et sean 



(XXVII) 

20. Esto dicen nuestras leyes en confirmación de 
un derecho, que aun sin ellas tendrá todo pueblo 
para asegurar su libertad injustamente atacada: de 
un derecho debido á la naturaleza , y sin el 
qual ninguna sociedad seria firme, ni estable, 
Si pues, es loable la magnanimidad con que nuestro 
pueblo español corrió á defender la suya ¿ quan- 
to mas lo será la admirable prudencia con que 
buscó, y descubrió el mejor , el único medio que 
tenia de salvarla? 

21. Es muy posible que los consultantes fun- 
den la nulidad de nuestros poderes, no tanto en 
la ilegitimidad de las juntas comitentes, quanto 
en la falta de derecho para delegar la autoridad 
que les confiáran los pueblos. ¿Pero, acaso, esta 
duda será mas racional que la primera ? Pues que 
¿quando los esfuerzos separados de las juntas ha- 
bían rechazado ya tan gloriosamente al enemigo 

echados del regno á quien uon habieron sabor de 
amparar, Et esto fue puesto antiguamente en Es- 
paña ; porque si en grant culpa yacen los que non 
quieren ayudar al rey quando entra á ganar al- 
go en la tierra de los enemigos , quanto en mayor 
caen los que non quieren venir á amparar lo su- 
yo quando los enemigos entran á facer daño en 
la suya ? Pero si por mengua de su acorro fuese 
el rey muerto , ó ferido , ó preso, ó desheredado, 
deben haber todos los que non le acorrieron tal 
pena , como aquellos por cuya culpa su señor cayó 
en alguno de estos males sobredichos de que le po- 
dieron guardar et non quisieron", pero por esto non se 
entiende habiendo escusa derecha porque non podiesen 
venir según dice en la ley ante de esta. 



(XXVííT) 

derramado por sus provincias: quando fugitivos 
y medrosos sus exércitos se reunían en torno de- 
su sonado rey al otro lado del Ebro , y abriga- 
dos allí , pedían y esperaban nuevos socorros:, 
quando su emperador , rabioso de ver abatidas, 
sus águilas y escapada su presa, hacia formira-- 
bles preparativos para vengarse, y venir sobre ella? 
¿ no habría en las juntas supremas bastante auto- 
ridad para acordar los medios de rechazar este: 
nuevo peligro? Y quando ya no se trataba de de- 
fender los miembros, sino de salvar el cuerpo 
entero de la nación : quando este grande obgeto- 
pedia. la reunión de todos los recursos , y todos- 
ios .consejos en un punto de, donde partiesen 
dirigidos por una misma razón , y movidos por 
un mismo impulso : quando en fin esta reunión 
por tantos títulos recomendable , era el asunto de 
todas las conversaciones, y el obgeto de todos 
los deseos del público ¿Se podrá disputar á las 
jumas el derecho de verificarla ? ¿ Y tan mal ss 
sabrá apreciar el ilustre exemplo de generosidad • 
que dieron ,. despojándose del supremo poder que 
exercian , y reuniendole en un centro para que 
sirviese mejor á tan altos fines que, se les dispu- 
te el derecho de realizar tan saludable medida? 
Porque en una época de tanto peligro, y per- 
turbación ¿quai otro medio hubiera podido verifi- 
carla? ¿Y con tanta autoridad para otros, sola 
les faltaría para este? ¿Por ver cu ra, podrá una 
razón sana suponer que los pueblos que crearon 
las juntas para su defensa; que pusieron en sus manos 
todas sus fuerzas, todos sus re ursivs : que confia- 
ron á su celo, y á sus luces iodo el poder, toda 
la. aitfoiiáaa. convenientes para gobernar y salvan 



(XXIX) 

las provincias , no entendieron darles el que era 
necesario para gobernar y salvar la patria ? ¿ O 
que repugnarían la concentración de una autori- 
dad , que reunida podria salvarlos y separada se- 
ria dañosa al santo fin para que fue creada? 

22. No callaré que pudo el consejo reunido 
hallar otro vicio de nulidad en nuestros poderes-, 
que indicó en su consulta de 26 de agosto del 
año pasado , pero que no reprodujo en la de 19 
de febrero del presente; y sobre el qual es pre- 
ciso decir algo , por si el silencio de los consul- 
tantes tuvo algún misterio. Allá , quando nuestra 
desgraciada y vieja constitución andaba en deca- 
dencia , y quanuo las cortes se componían sola^ 
mente de diputados de algunas ciudades privi- 
legiadas de Castilla, se dispuso que sus poderes fuesen 
reconocidos por el consejo real. La providencia 
era entonces muy justa porque siendo estos dipu- 
tados, ó procuradores nombrados per los ayunta- 
mientos parecía conveniente, que estos actos de 
la autoridad municipal se exáminasen, por el supre- 
mo tribunal civil, á quien estaba sometida. Pero di- 
gan mis lectores, ¿si cabía en los principios de 
la lógica inferir de aquella disposición , en favor 
del consejo , el derecho de reconocer los pode- 
res dados por una autoridad tan superior , é inde- 
pendente como era entonces la de las juntas su- 
premas ? ¿ O si permiten la asimilación de. casos 
cuerpos ,y circunstancias tan diferentes? Y si y quan- 
do nuestra constitución nació , creció , y llegó á 
su mas florida edad , no habia nacido todavía el 
consejo , digan también ¿ si podrá el consejo alegar 
aquella disposición formularia , como una ley cons- 
titucional , asi aplicable á las juntas , como a las; 



(XXX) 

cortes ? Y digan si será ilegitima la autoridad 
de los regentes , solo porque el consejo no reco- 
noció el acta de erección de la Regencia en 
que la junta central los apoderó para el go- 
bierno del reyno? Y digan en fin, ¿si la inobser- 
vancia de aquella disposición hará nulos los pode- 
res de los diputados , que de todas las provincias 
de la monarquía, y nombrados por sus pueblos, 
vendrán á las próximas y á las sucesivas cortes 
de la nación ? Que el gobierno , ó el congreso mis- 
mo encargase al consejo el reconocimiento de estos 
poderes , no fuera extraño , ni ageno de la confian- 
za á que es acreedor este sabio , y prudente tri- 
bunal : pero que lo pretenda como un derecho 
constitucional , y indeleble , según lo indicó en su 
consulta relativa á la organización de las cortes, 
solo pudo caber en la ambiciosa jurisprudencia de 
algunos individuos. 

23. Pero discurro en vano, quando es mas fá- 
cil recordar á mis lectores que este derecho hoy 
desconocido por los ministros del consejo reunido, 
fue reconocido abiertamente en otro tiempo por 
el consejo de Castilla. Entre los servicios que este 
respetable tribunal hizo á la nación en aquella 
época memorable : servicios que algunos , con mas 
preocupación , que justicia han pretendido deslucir, 
y que yo me complazco en reconocer de buena 
fe , cuenta justamente el de haber cooperado á 
la concentración de la suprema autoridad , exór- 
tando á las juntas á que la verificasen; y es muy 
digno de notar , que los medios que para este fin 
prepuso , fueron precisamente los mismos , que casi 
al mismo tiempo, adoptaban unánimes todas las 
juntas. Copiaré aqui las palabras con que se diri- 



(XXXI) 

gió i euas en su .circular de 4 de agosto de 180B 
para que nadie pueda dudar de su sentido. Por 
»lo que respeta á medidas de otra clase ( dice el 
«consejo) que sin duda serán necesarias para el 
agrande objeto de salvar la patria , y aun ele- 
«varia al grado de consideración que logró en sus 
«tiempos felices, solo toca al consejo excitar la 
«autoridad de la nación, y cooperar con su in- 
«fluxo, representación, y luces al bien general de 
«esta. Como no sea posible adoptar de pronto 
« en circunstancias tan extraordinarias los medios 
« que designan las leyes , y las costumbres nacío- 
anales , no se detendrá el consejo en trazar el plan 
«que podría tal vez ser oportuno, para fixar la 
«representación de la nación ; y se ciñe por aho- 
«ra á indicar solamente , que serviría de la mayor 
«satisfacción el que V. E. se sirviese diputar a 
la mayor brevedad personas de su mayor confianza- 
^que reuniéndose á las nombradas por las juntas 
^establecidas en las demás provincias , y al consejo 
"pudiesen conferenciar acerca de este importantísimo 
" objeto , y arreglarlo de conformidad ; de manera 
"que partiendo todas las providencias , y disposición 
"nes de este centro común, fuese tan expedito, como con* 
"viene á su efecto." Es pues claro que el conseja 
de Castilla reconoció entonces , asi la legitima au- 
toridad de las juntas, como el derecho de dele- 
garla en personas de su confianza, para formar 
una autoridad reunida, y reconcentrada; y lo es 
también que reconoció en la autoridad que resul- 
taría de esta reunión , todo el derecho, y poder 
necesarios , para proveher á la defensa á la segu- 
ridad , y al gobierno de la patria. Luego es claro 
que los ministros del consejo reunido desconocieron 



(XXXII) 

y reprobaron en febrero de este año , lo qne el 
consejo de Castilla había reconocido , y promovido 
en agosto de 1808. 

24. Es verdad que esta operación no se verifico 
del todo , según los deseos del consejo ; puesto que 
los delegados de las juntas no se reunieron con el 
consejo , para formar un gobierno único , y recon- 
centrado : mas esto no me parece del caso para 
la presente discusión. Porque , aun suponiendo, que 
habría sido mas acertado y conveniente, acordar 
tan importante medida con un tribunal, que reu- 
ii¡a en si tanta representación, tantas luces , y tan- 
ta experiencia, no por eso sé podrá decir , ni creo 
que lo piense el consejo, que la falta de su in- 
tervención fuese un vicio esencial de aquella reu- 
nión , y vicio tal que la hiciese nula , y ilegiti- 
ma. Esta circunstancia no pertenecía á la esencia 
de la medida, sino al modo de su eyecucion ; por- 
que las porciones de autoridad , que se trataba 
de reunir venían todas de las juntas , y ninguna 
del consejo. Queda pues demostrado , que la auto- 
ridad del gobierno central emanaba de una autoridad 
legitima: que fueron legítimos los poderes con que 
sr reunió, y formó esta autoridad, y que los cen- 
trales lejos de haberla usurpado, entraron á eger- 
cerla con un titulo legitimo , y reconocido de ante- 
mano por el consejo de Castilla. 

25. Pero los consultantes pretenden no haber 
sido igualmente reconocido por la nación , y esto 
me llama al exámen de la expresión con que tra- 
taron de agravar mas y mas un cargo , que de 
suyo era ya gravísimo. No solo nos tachan de 
usurpadores de la autoridad : no solo atribuyen 
esta usurpación á un espíritu el mas conocido y 



txxxm) 

desctiblerlo He ambición y amor propio ♦ sino que 
para darle todo el carácter de la tiranía la ca- 
lificaron de violenta y forzada , y se propasaron 
á decir que habia sido mas bien tolerada que con- 
sentida por la nación. Quizá bastaría que lean hoy 
á sangre ftia esta cluasula , para que se avergüen- 
zen de haberla escrito ; puesto que la opinión pú- 
blica la desmentirá mas altamente de lo que yo 
pudiera. Desmentiranla las juntas provinciales, que 
aunque mas interesadas en resistir la usurpación: 
pues que de sus manos habia salido ,y á sus ma- 
nos debia volver la autoridad , si fuese usurpada, 
se apresuraron á reconocerla , y celebrarla. Des- 
mentiranla los cuerpos civiles, y eclesiásticos, y 
.todos los magistrados del rey no , que unánimes, y 
prontos la reconocieron con expresiones de respeto, 
y sumisión , y aun de alegría y consuelo. Desmenti- 
ranla los generales, y los exércitos depositarios de 
• la fuerza publica que le prestaron la mas franca 
y sincera obediencia. Desmentiranla todos los pue- 
blos de España, y de America donde el gobierno 
central fué reconocido , y recibido con el mas vi- 
vo entusiasmo , asi expresado en acciones de gra- 
cias al Altísimo, y en fiestas , y regocijos públicos? 
como con aquella efusión de jubilo , que solo pues 
de nacer de los sentimientos del corazón. Desmen- 
tiranla las naciones de Europa , entre las quales 
.las que estaban libres le ofrecieron su amistad, y 
.auxilios, y las oprimidas por el tirano admiraron 
y envidiaron en secreto , este dechado de pru- 
dencia , y magnanimidad que presentaba á su vis- 
ta el generoso pueblo español. Desmentirala sobre 
todo la generosa nación Británica , que levantada 
en .medio de todas pronta á protegerlas,, á todas 

S 



y resulta i rftrmíilar el orgullo del enemigo áe 
todas, después de haber fomentado, y auxiliado el pri- 
mer glorioso esfuerzo de nuestra revolución ¡ corr ó á 
reconocer solemnemente el gobierno, que habia 
nacido de ella, y á ratificarte su amistad , y so- 
lemnizar su alianza. Y siá tan general, tan fran- 
co, y tan unánime reconocimiento, no correspon- 
dió del todo la pereza , y hesitación con que el 
consejo de Castilla se agregó á él , ahora es, quan- 
do el amargo estilo de los ministros consultan- 
tes, nos dexa columbrar que aquella hesitación (5) 

m — «m 1 1 1 .1 1 mi m 1 m fu— «, 1 1 1 . - wmmv i mmm — n nn 

(5) En el dia 2$ de septiembre en que se ins- 
taló la suprema junta gubernativa , el conde de Flo- 
ridablanca, su presidente , pasó al duque del In- 
fantado , presidente de Castilla, aviso de haberse 
celebrado solemnemente aquel acto , para que lo co- 
municase al consejo real, Ínterin se le daban las 
demás ordenes convenientes á él. Contexto el duque 
del Infantado en el 26 siguiente que el consejo que- 
daba enterado , y esperaba con ansia el dia , en que 
cesasen los males que afligan á la nación , por la 
cautividad de su amado rey , y la falta de un 
gobierno único que le representase legalmente En 
el mismo dia 26 se expedieron ordenes generales á 
todas las juntas superiores , consejos , tribunales, y 
gefes de la corte , y reyno , y á los generales de 
los exvr titos, con copia certificada del acta de ins- 
talación , para que prestasen el juramento según la for- 
mula en ella contenida y hiciesen reconocer , y obe- 
decer el gobierno de la suprema junta , y en la 
orden que se comunicó al consejo real , se le pre- 
venía . que , desfucs de prestado el juramento , ex- 
pidiese las cédulas 7 provisiones 7 y ordenes corres- 



r (XXXV) 

y estas clausulas, tan malignamente concebidas, 
como indiscretamente enunciadas, tuvieron un mis- 
mo origen , y unos mismos inspiradores. 

26 Y no vengan diciendonos que estas demos- 
traciones de aprobación , y contento suelen apa- 
recer también en apoyo de la tiranía ; porque 
entonces no es la voluntad quien las franquea 
es la fuerza quien las arranca, i Fueron acaso ta- 
les las que mereció la institución del gobierno central? 
¿Si asi lo creen los consultantes, vengan, y seña- 
len qual fué el impulso , quales los medios , qua 
les los artificios que empleó para amañarlas, ó qual- 
Ia fuerza que buscó , y se presentó para arran- 
carlas ? ¿ fueron acaso los exércitos de la patria 
los que salieron á violentar el dictamen de los 
cuerpos políticos , ó el asenso de los pueblos ? ¿ 6 
los pueblos, que en aquella época lo podían to- 
do , y de todo recelaban , fueron acaso compra- 
dos , ó seducidos, ó forzados para apoyar la ti- 
ranía de los centrales ? ¡ Quanto distan los hechos 

pondientes á todas las juntas , y justicias, magis- 
trados , virreyes, y gobernadores , par a que en todos 
los negocios de gobierno , y administración de jus- 
ticia , ovedeciesen á la junta suprema como depo- 
sitaría de la autoridad soberana. Todos los cuer- 
pos de la corte , y sucesivamente del reyno , y to- 
dos los generales de los exércitos se apresuraron 
á cumplir , y á hacer cumplir estas ordenes, y sus 
conté xt aciones, no solo manifestaran la- pronta obe- 
diencia, sino también el jubilo, y consuelo conque 
veian tan firmemente establecida la autoridad del 
■gobierno único , y supremo que tan ardientemente de- 
seaba la namn* Pero el consejo nal siguiendo 



(XXXVT) 

de tan indigna presunción ! Sin duda que Vos tirad- 
nos inventan fiestas, hacen entonar himnos , y 
ne gocian vivas y aplausos en su favor : pero estas? 
forzadas demostraciones ¿que valen en medio del 
silencio , y abatimiento general , que leido en los 
semblantes, les anuncia el disgusto, y la desapro- 
bación de los corazones ? No fué este T por cierto* 
el carácter del reconocimiento público del gobier- 
no central; y si se exceptúan las secretas murmu- 
raciones de aquellos envidiosos , que no saben, apro» 
bar , sino lo que conviene á su ambición, no ha- 
brá hoy en España un hombre imparcial , que 
apesar de tantas calumnias, como se levantaron 
después , contra la suprema junta central , niegue 
que fué reconocida , y ovedecida entonces por la 
nación con una aprobación tan franca, y sincera 
como libre y general. 

su estilo ordinario pasó esta orden á los fiscales 
lo que retardó algún tanto su cumplimiento , aun^- 
que al fin le decreto por acuerdo del 30 inmediato-» 
Avisando de ello el presidente de Castilla , expuso 
que el consejo, oi dos por escrito los fiscales , según 
acostumbraba en los casos arduos, y después de un 
juicio- hien discutido habia procedido a la prestación 
del juramento en- la forma prevenida , y que pro* 
cedería á cumplir lo demás que se le mandaba. Pe~ 
r-v añadió " que el consejo- cumpliendo con losdebe- 
*>res imprescindibles de su instituto , dirigiría des~ 
vrpues á la junta el resultado de sus meditaciones* 
" fijadas en la observancia , y conservación de las 
"leyes: no haciéndolo antes , por no retardar las 
"funciones ejecutivas de la junta en atención cí la 
nurgemia de < estas" Esta cortapisa , la ultima fm~ 



(XXXVII) 

27- Es tiempo ya de pasar al exámen de otra 
frase que los ministros consultantes asen- 
taron para apoyo, y complemento de su propo- 
sición. Ansiosos de dar mas fuerza á su cesura 
buscaron en las leyes el apoyo que no les pres- 
taba la razón, y pronunciaron que los centrales 
habían exercido su autoridad contra lo prevenido 
por la ley, y contra lo repetidamente represen- 
tado por el consejo. Ni uno, ni otro es cierto: 
mas como este cargo suponga la abierta infracción 
de una ley fundamental del reyno , quai es la 3, 
titulo 15 partida 2. á que se refiere, es precio- 
so que yo entre á su exámen , con tanto mayor 
miramiento, quanto de una parte se presenta una 
ley tan célebre , y tan citada , y cacareada ea 
estos tiempos, y de otra la opinión de un cuer- 
po , que diciéndose depositario délas leyes, de- 
je enfática de la primera cortext ación , y la len- 
titud en el cumplimiento de la ultima orden, en me<- 
dio de una aceptación tan pronta tan uniforme , y 
tan general \ no sentaron muy bien al ce .de presidente, 
á quien su antiguo , y largo ministerio , habla 
hecho mal sufrido- en estos escrúpulos de- la ove- 
diencia. Propuso su disgusto en la junta y hallando 
en ella no pocos vocales, que preocupados contra el 
consejo , atribulan á la ambición, y resentimiento 
de algunos individuos , lo que podia ser celo y pru- 
dencia del cuerpo , se acordó pasar a¡< consejo un 
oficio que extendió el Floridablanca , en que con aire 
de advertencia se le reconvenía ' de haber olvidado ■ 
en su context ación las extraordinarias y singulares' 
circunstancias en que la nación se hallaba, y que ■ 
deberla tener presente en sus ofrecidas meditad*- - 



(XXXVIII) 

ne en su favor todo el peso que puede dar la 
autoridad. Mas como también toda autoridad , por 
recomendable que sea, deba rendirse al peso de la 
verdad, es preciso buscar en esta sola la decisión 
de tan importante , y delicada qüestion. 

28. Parece desde luego que para decidirla bas- 
taría decir que la ley de partida no fué hecha 
para el caso á que se aplica; porque es claro que 
no deben extenderse las leyes de un caso á otro. 
De los que esto hacen no se puede decir, que 
observan las leyes, sino que las interpretan; y 
los ministros consultantes no ignoran, que el de- 
recho de interpretar las leyes está reservado á 
la autoridad que puede hacerlas. No ignoran tam- 
poco, que ademas de ser reprobado , es muy peli- 
groso dexar las leyes expuestas á la arvitrarie- 
dad de la interpretación. Y si esto es cierto, coa 
respecto á las leyes positivas ¿ que seria de las le- 

nes. Vean ahora mis lectores , si después que el con- 
« sejo , oidos por escrito los fiscales de S- M. , y 
99 después de un juicio bien discutido v cumplió lisa y 
llanamente la orden de la junta , prestó el jura- 
mento prevenido y expidió á todo el Reyno , con 
fecha de 1 de octubre las reales provisiones , man- 
dando el reconocimiento , y ovediencia á la junta 
gubernativa como depositaría de la soberanía , p u- 
dieron los consultantes decir con razón ,y verdad 
que la autoridad de los centrales fue usurpada^ 
y mucho menos , que fué mas bien tolerada , que 
consentida por la nación. Cf Amicus Plato , sed magis 
árnica veritas" Véanse el suplemento a la gaceta 
de Madrid del 4 y la gaceta del 18 de octubre 
de 1808. 



(XXXIX) 

yes políticas, y constitucionales , si quedasen abier- 
tas á las sutilezas, y cabilaciones de los juris- 
consultos ? 

29. Bi n sé que dirían , que el caso de la qiies- 
tion , sino idéntico, es á lo menos muy pareci- 
do al que resuelve la ley ; y aunque no se pue- 
de desconocer la analogía que hay entre uno, y 
otro, acaso no es tanta como querrán suponer los 
consultantes. La ley de partida dispone lo que 
debe hacerse quando muere el Rey , sin dejar 
nombrados tutores pata el pupilo, heredero del 
tr< no , ó quando se vuelve demente. ¿ Donde está 
pues ,íaexácta semejanza de estos casos, que pueden 
110 ser raros T con el extraordinario , y rarísimo en 
que se fl rmó el gobierno central? En aquellos apa- 
rece un Rty sobre el trono r en este un Rey au- 
sente, cautivo, y destronado. En aquellos, un po- 
der único , legitimo , y sólidamente establecida,, 
en un etado de reposo y seguridad: en este una 
soberanía usurpada , y una administraccion nacio- 
nal dividida en trozos, en medio de la pertur- 
bación general T y de la guerra mas cruda y pe- 
ligrosa. Allí se trataba de evitar peligros internos 
contingentes, remotos: aquí de rechazar el mas 
grande , y inminente peligro , y de evitar males 
atroces, y urgentes, causados por una fuerza ex- 
traña y feroz. Alli de asegurar la justicia del go- 
bierno , el reposo de los pueblos , y la vida, y 
derechos del soberano ,. contra la prepotencia de 
algunos ambiciosos del rey no, y aquí de reunir 
la autoridad, la fuerza y los recursos del rey no 
contra un monstruo, que después de cau- 
tivar al rey y aspirar á su trono T amenazaba á 
la nación coa la roas infame esclavitud* No bay 



pues , la semejanza que se supone , ni en los he- 
chos, ni en las circunstancias de los casos resuel- 
tos por la ley de partida , y el caso á que la quiso 
-aplicar el consejo. 

30. Yo sé bien , que la analogía, que no se ha- 
lla en el hecho, se puede hallar en la razón de 
ia ley ; y que la medida ordenada para evitar los 
■peligros internas en la menor edad, ó locura de 
•un Rey , pudiera convenir también para evitar los 
que amenazaban á la nación quando se instituyó 
el gobierno centraL Reconozco asimismo , que en- 
tonces se pudo, y acaso se debió acomodar la 
institución del gobierno, á ios términos de aquella 
ley. Pero esto no pertenece á la presente discu- 
sión, sino á otra en que luego entraré, Por aho- 
ra me basta decir , que en este caso ya no se- 
ria el precepto de la ley, quien ordenase , sino 
su razón quien persuadiese aquella medida, y de 
consiguiente , que los que no la adoptaron no se- 
rian mfactores, ni violadores de la ley, por mas 
•que fuesen mal apreciadores de su razón ; y tanto 
basta para que no se pueda decir que los centra- 
les usurparon la autoridad contra lo prevenido por 
la ky. 

31. Mas no la dejemos de la mano, y vea- 
Bios por el tenor, y analasis de su texto, quan 
erróneamente interpretaron , y aplicaron los dicta- 
dores de la consulta una ley, que era el achi- 
les de sus argumentos. En ella el legislador, mas 
bien exponiendo, que disponiendo enunciar lo que 
los sabios antiguos de España , que trataron todas 
¡as cosas muy lealmente habian establecido para 
el caso propuesto. Esto es , que quando se tratase 
de nombrar tutores al rey niño.,, para evitar que 



(XL1) 

se apoderasen del mando los poderosos que solían 
aspirar á él, mas para enriquecerse, v destruirá 
Sus ribales, que para promover el bien citrl Rey 
y del pueblo, se debían juntar los prelados, ri- 
cos homes, y hombres buenos de las ciudades, y 
villas , en el lugar en que el Rey niño estuviese 
y nombrar una, tres, ó cinco personas á quienes 
encargasen la guarda y educación del pupilo, 
y la administración del reyno: señala el juramento 
que deben prestar los nominadores , y los nom- 
brados ; prescribe las calidades que deben concur- 
rir en estos, siendo la octava y ultima que sean 
á tales , que non cobdiclen de heredar lo suyo ( del 
pupilo ) cuy dando que han derecho en ello después 
de su muerte: determina el modo de acordar sus 
decretos, regir el reyno, y educar al niño: ex- 
tiende la disposición al caso en que el Rey cay- 
ga en demencia , y concluye con la indicación 
de las penas que corresponden así á los tutores, 
que abusasen de su autoridad , como á los que no 
les prestasen ovediencia , y respeto. Todo esto, con- 
siderando con relación á nuestro intento , se pue- 
de reducir , á que en los dos casos propuestos 
por la ley, debían ¡¡untar las cortes para nombrar 
uno , tres , d cinco tutores del Rey , y gobernadores 
del reyno. 

32. Ahora bien , suponiendo que esta ley fue- 
se obligatoria , en el caso extraordinario á que 
quiere aplicarse, es claro , que los constituyentes 
del gobierno central solo pudieron pecar contra 
ella en dos puntos: i.° en no juntar las cortes 
para instituir el gobierno del reyno conforme á la 
ley: 2. en haberle instituido en mayor numero 
de personas (jue el señalado por la ley, Pero es- 



(XLT1) , / 

tos cargos , examinados con presencia de su texto 
son en cierta manera repugnantes entre si. Porque 
si solo las cortes tenían autoridad para instituir 
el gobierno, qualquiera gobierno, que instituyesen por 
si mismos los diputados de las juntas v seria nulo* 
y la autoridad de las personas nombradas por elio& 
fuesen pocas ó muchas, seria ilegitima , y con- 
traria á la ley. Pero r si se supone v que estos di- 
putados tenían tanta- autoridad como las cortes ta 
ley que no los obligase ajuntarlas para instituiré! 
gobierno ^ tampoco los obligaría á instituirle en el 
número ,, y forma r que ella prescribe. Ademas 
que no pudiendo negarse á la aacica junta en cor- 
tes (6) el derecho de alterar esta forma, según 
que las circunstancias lo exigiesen tampoco N se le 
pueden negar & los centrales ,. los, que les atribu- 
yan la misma autoridad que á las cortes. Asi qus 
el que los absuelva, en el psimer cargo no po-* 
drá condenarlos^ ea eL segundo* 

(6) Pudiera probarse con muchos- hechos histó- 
ricos , que las cortes de Castilla nunca se atavie* 
ron á, la -ponderada ley de partida, para el nombra- 
miento de tutores , ó regentes del rey no-, sino que 
con admirable prudencia-, atendieron siempre al es-* 
tado^y circunstancias en que se bailaba la nación para 
resolver lo. mas conveniente á su bien, y tranquili- 
dad. Pero escusando molestas citaciones , haré la 
de un solo caso , que. por sus circunstancias , es mas 
acomodado á nuestro proposito , y vale por muchos* 
¿Huerto en Alcalá . D. Juan~el-i . Q del 9 de octubre 
de 1 390 , sucedió en el trono su hijo Enrique., 3. °- 
del nombre, llamado el enfermo, que era entonces 
de, solos. i.L anos'^ppr, lo. qual hallándose en Avi~ 



txLm) 

33« No !te áicho esto para evadirlos, antes 
bien voy á entrar en su exámen , para demostrar 
con quanta injusticia han sido concebidos , y pro- 
puestos por los amores de la consulta. Es bien 
digno de notar que estos magistrados no hayart 
insistido sobre ei primero , y que todo el peso de 
su consulta recayga sobre no haber instituido un 
gobierno de una, tres , ó cinco personas ; sin con- 
siderar , que sí el nombramiento de ellas estu- 
viese reservado á las cortes, tan nula seria esta 
como qualquiera otra institución. Sino me engañó 
los ministros del consejo reunido cayeron en esta 
contradicion por respeto al dictamen del antiguo con- 
sejo de Castilla. No era la convocación de las cor- 
tes lo que aquel tribunal deseaba entonces. Esta- 
ba convencido de que en tan extraordinarias cir- 
cunstancias , no era posibl-e adoptar los medios que 
designan las leyes , y costumbres nacionales , para 
fixar la representación de la nación. Deseaba por con- 
siguiente que se adoptase un medio extraordinario y era 

la, expidió en 22 del mismo mes su real 
tédula convocando á los procuradores de las ciuda- 
des , y villas del rey no , para que con todos los 
prelados , maestres, condes , ricos -hombres grandes 
se hallasen en Madrid el 15 de noviembre siguiente 
9>á fin de que se ajimten(dice ) conmigo , para tra- 
ntar, y ordenar asi en fecho de mi crianza, co~ 
» mo en quales lugares deba ser , como del regimien* 
•>to , é gobernación de mi persona , é de otras co~ 
»sas, que cumplen á mi servicio , é ápro, é honra y 
né guarda de los dichos mis reynos ^ é de otras*-» 
Juntas las cortes que fueron de las mas numero* 
W de Castilla , j¿ visto en ellas el testamento 



(XLIV) 

que las juntas ,y el mismo consejo formasen un gobier- 
no que reuniendo en un centro común la auto- 
ridad repartida entonces entre tantas provincias , 
se encargase de la administración publica , y la 
desempeñase tan expeditamente , como las circuns- 
tancias requerían. Tales el tenor de la circular 
que hemos citado. Y á vista de ella ¿ como podrían 
culparnos los ministros del conseja reunido 
de no haber convocado las cortes ? 

34. Exige sin embargo la justicia que reco- 
nozeamos la prudencia con que el consejo real 
acordó la única medida que permitían las circuns- 
tancias para reconcentrar el gobierno ; pues 
aunque se quiera prescindir del peligro en que es- 
taba la nación ¿ como era posible que se la 11a- 

del Rey , se hallaron nombrados por tutores de 
su hijo r hasta que tuviese la edad de 1 5 años D* 
Alonso de Aragón condestable de Castilla, los Ar- 
zobispos de Toledo v S antiago , el maestre de Ca- 
latrava , D. Alonso de Guzman conde de Niebla 
y Pedro de Mendoza, su mayordomo mayor \ con mas 
un ciudadano , por cada una de las seis capita* 
les del reyno siguientes , Burgos , Toledo , León, Se- 
villa , Cordova , y Murcia. No acomodando esta dis* 
posición á algunos poderosos , empezaron á atacar* 
la , só pretexto de que el Rey difunto estaba ya 
arrepentido de ella : por lo qual se trató de pro- 
ceder á el nombramiento de nuevos tutores. Pero los 
procuradores del reyno exigieren , que ante todas co~ 
sas se declarase la supresión de la moneda creada 
por Enrique II. como asi se hizo por decreto de 21 
de ener o siguiente ; y ademas r que los que fuesen 
nombrados por tutores jurasen , antes de entrar en 



(XLV) 

mase á cortes faltando en ella una autoridad de 
donde partiese el impulso , y le hiciese legitimo? 
El consejo de Castilla , la mas- respetable de las 
antiguas autoridades, sentía que la suya era , ó 
dudosa , 6 desconocida para ese objeto. Conocía 
que su voz había perdido mucha parte de aquel 
influxo, que en otro tiempo tuviera sobre la opi- 
nión pública , y que en ( tras circunstancias pu- 
diera suplir la falta de autoridad. Conocía que las 
juntas supremas estaban , ó celosas , ó desviadas, 
© abiertamente opuestas, y desconfiadas de él; y 
conocia en fia que los pueblos exaltados contra 
la tiranía, y no palpando , ni la opresión , y ame- 
nazas con que estaban apremiados los ministros 
del consejo, ni la constancia con que habían re- 
sistido la usurpación , ni la destreza con que ha- 
bían empleado toda la lentitud,, y todos los sub- 
terfagios que podían frustrarla, y viendo sol amen - 

el gobierno la observancia de los siguientes arti- 
" culos, i. ° Que no aumentarían las tropas sobre 
»4000 soldados en guarnición , y 1500 ginetes. 2. 
"Que no harían guerra sin. consentimiento de las 
acortes. 3. Que no recaudarían tributos, que ellas 
"no acordasen., 4. Que ninguno seria condenado á 
» muerte , ó destierro sin haber sido juzgado y sen- 
"tenciado por sus propios jueces. 5. Que no- se 
^indultaría á ningún homicida.. 6. Que conserva- 
"rían las antiguas alianzas, y no contraer i an otras 
"sin acuerdo dé las cortes. Con esto se procedió al nom- 
" hr amiento de tutores , con calidad que lo fuesem 
"hasta que el pupilo tuviese 16 anos^r y salieron eli- 
gidos, D. Fadrique duque de Benavente , D. Pedro» 
ronde dz Trast amara 7 los Arzobispos de Toledo* 



(XLVI) 

te que circulaban á su nombre orcfenes , y pro- 
videncias que parecían apoyarla, y que por lo 
mismo se leian con escándalo en todas partes , 
estos pueblos, repito,, se iban costumbrando á menos- 
preciarle. Y quando se halló en la dura necesi- 
dad de desengañar á la nación sobre esta su con- 
ducta , como lo procuró hacer en su enérgico ma- 
nifiesto de 27 de agosto de i3o3 , mal podia resol- 
verse á tomar una medida que entonces hubie- 
ra parecido dictada mas por la ambición de man- 
do , que por celo del bien público. 

3$. En las juntas supremas residía sin duda 
"bastante autoridad para convocar las cortes. ¿ Pe- 
ro era posible que se uniformasen sobre este pun- 
to los dictámenes de tantos, y tan diferentes cuer- 
pos ? Y quando conviniesen en la necesidad de to- 
mar esta medida ¿era fácil que se uniformases 
en quanto al lugar , tiempo, institución, y orga- 



Santiago , el maestre de Calatrava , Pero Ló- 
pez de Ayala alcalde mayor de Toledo, Alvar 
Pérez -Glorio , Rui Pence de León, Pedro Suarez 
adelantado mayor de Asturias , y Garci González 
mariscal de Castilla. Ademas de estos diez se nom- 
braron para el consejo de Regencia , a los siguien- 
tes procuradores de los reynos. Por Castilla A Gar- 
M Ruiz , Sancho García de Medina , y Rui San* 
¿hez. Por Toledo d Per Afán de Ribera , y Juan 
Gastón. Por León d Alfonso Fernandez , Rodrig» 
É esparr 'legos , y Juan Alvarez Abaldonado. Por An- 
dalucía a Fernán González , y Lope Rodríguez. Por 
Murcia y Jaén á Juan Sánchez de Ayala, y Juan 
Pelaez de Burcio. £ por Extremadura a Fernán 
<San-chez de Belvis, y á Alfonso González. T por 



(XLVIÍ) 

flizacion de esta primera junta general del rey no-?' 
Y siendo, con respecto á ella , tan diferentes , y 
aun tan encontrados las costumbres, los derechas 
las prerrogativas , y los intereses de tantas pro- 
vincias i e,ra fácil que ios concillasen antes de rea- 
lizarla ? i Y qnal seria la que hiciese la convo- 
cación ? ¿ Qual la. que presidiese las cortes? ¿Qual: :•: 
pero es en vano cansarse. Para congregar las cor- 
tes era indispensable, que preexistiese un poder 
único, supremo, y legitima- que las preparase,, 
instituyese, y convocase; y la idea casi unifor- 
me de crear este poder, concebida por el con*- 
sejo, y por las juntas á mi mismo tiempo , hace" 
tanto honor á la prudencia de aquel v como á la 
generosidad de estos cuerpos;, 

36. El nuevo gobierno nació : su autoridad fué 
generalmente reconocida , y esta autoridad era bas- 
tante fuerte,. y legitima para verificar la celebra- 

quanto el grm número- de regentes , podía hacer em- 
barazoso el gobierno, se acordó , que gobernasen por 
mitad y turno de 6 meses. Vese por aquí- que las 
cortes no- se atuvieron á la ley de. partida, ni 
en admitir lots tutores mimbrados por el Rey di- 
funto, ni en la duración de la tutor i a señalada 
en el testamento , ni al número de los- tutores , nr' 
á la forma del juramento , que dicha- ley pres- 
cribe , ni en una palabra , ct alguno de sus artí- 
culos. T no se atribuía esto á que no- se tuvo pre- 
sente aquella ley ; porque el Arzobispo d* Toledo 
la citó y alegó con importuna instancia: pero la- 
alegaba , solamente para excluir los tutores nom—- 
brados por las cortes , que no eran de su fac- 
ción , y aun quería que se agregasen otros qm: 



(XLVIU) 

cion de las cortes. ¿Debió convocarlas desde luego? 
Exáminaré la qüesM'on con independencia de iaá 
opiniones del consejo de Castilla , de las juntas 
provinciales, y del consejo- reunido, y aun délo 
dispuesto en la ley de partida , y creo que una 
sencilla indicación del estado de las cosas en aque- 
lla época bastará para decidirla. 

37* Sin duda que la celebración de unas cortes 
generales y extraordinarias del reyno era en aque- 
lla sazón tan deseable , como deseada. Un Rey ado- 
rado , y virtuoso vilmente atraído á las cadenas 
de un pérfido tirano , y robado á sus pueblos: los 
derechos de su soberanía violentamente arranca- 
dos, y usurpados: sacados del polvo , y levanta- 
dos al glorioso trono de España un Rey extran- 
jero , y aborrecido, y una familia obscura y de- 
testada en la Europa: la magestad , y los dere- 
chos de la nación indignamente atropellados , y 

lo eran á los nombrados por el Rey. Contradecía 
ademas la elección de las cortes por el gran nú- 
mero de . los nombrados : pero véase como el socar- 
rón de Mariana caló el espíritu de esta contra- 
dicion. " El Arzobispo (dice) en público alegaba 
»que la muchedumbre seria ocasión de revueltas: en 
^secreto le punzaba la poca mano que Pendria en 
"los negocios' 9 ¿ Si seria de esta especie el espí- 
ritu de los que tanto declamaban sobre el gran 
número de individuos de la junta central ? 

He sacado esta relación de la vida de En- 
rique III escrita por Gil González Davila , y de 
la historia del P. Mariana. A r o están muy de acuer- 
do estos autores en algunas circunstancias , per 9 
no disacerdan en las que conducen á mi -proposita 



(tUTC) 

escarnecidos i sü constitución, su religión , sus le- 
yes, y costumbres arruinadas, 6 trastornadas; f 
ía propiedad la libertad , la seguridad , y todos 
los bienes que puede afianzar una sociedad á sus 
individuos, violados y puestos en el ultimo peligro 
¿ que obgetos mas grandes , mas nuevos, mas ur- 
gentes pudieron presentarse á la fidelidad , al pun- 
donor , y á la prudencia de los españoles ? Y si 
para hacer una ley, para imponer una contribu- 
ción , para resolver qualquiera caso arduo , era 
necesario , según la constitución de Castilla , lla- 
mar el reyno á cortes ¿quanto mas lo seria para 
hacer tantas leyes , exigir tantos sacrificios , re- 
solver casos tan graves como las circunstancias ofre- 
cían , y para crear con el voto expreso de la na- 
ción el gobierno, que deberia regirla durante su 
orfandad? 

38. Mas como en los negocios políticos nada 
haya mas poderoso que el imperio las circuns- 
tancias , y como , á excepción del honor y la jus- 
ticia , nada haya que no deba ceder al bien , y 
conveniencia pública , ninguno negará con razón* 
que para juzgar la conducta de la junta cen- 
tral en este punto, no se debe perder de vista 
aquella máxima* 

39. Que las circunstancias , en que se halló i 
la entrada de su gobierno fuesen sobremanera apu '» 
radas , y difíciles nadie lo negará , sin exceptuar 
los ministros del consejo reunido ; porque si el de 
Castilla había juzgado un mes antes , que no per- 
mitían adoptar los medios , que nuestras leyes , y 
costumbres designaban para fijar la representa- 
ción nacional , claro es , que tampoco lo permití* 
rían un mes después. La diferencia de una y otra 



(L) 

época , si alguna ; era de mayor apuro en la úl- 
tima ; porque quando el consejo escribía á las jun- 
tas , los enemigos , fugitivos y espantados se re- 
tiraban de todas partes, y en fin de setiembre,, 
no solo se hallaban reunidos sobre el Ebro , y se 
rehacian y fortificaban allí , sino que se sabia de 
positivo , que Napoleón reunía poderosas fuerzas 
de todos los puntos de Europa „ para volver con 
mayor furor , sobre nosotros. Creer , pues que 
en tal estrecho , no debia el nuevo gobierno to- 
da su atención á la defensa de la patria , fuera 
una absurda injusticia , y bastan la buena fe , y 
el buen seso, para concederle , que ningún otro 
obgeto , por grande , é importante que fuese , de- 
bió distraerle de aquel en que estaba cifrada su 
primera , y mas santa obligación. 

40. Vuelvan ahora mis lectores su atención á 
aquellas circunstancias, y á los cuydados que .ro- 
dearon á la junta gubernativa desde el momento 
de su instalación. El exército de Valencia y Mur- 
cia , estaban en marcha ; el de Andalucia todavía 
en Madrid, pero en tal estado, qual era consi- 
guiente á las fatigas de una campaña tan laboriosa, 
como gloriosa. Los de Galicia , Asturias y Cas- 
tilla , se reparaban de las pérdidas sufridas en 
Rio^eco , y se reforzaban en sus provincias. Ex- 
tremadura , Aragón y Cataluña, se apresuraban á 
competencia para formar los suyos. Nuevas , y 
numerosas tropas se lebantaban en todos los pun- 
tos de España , para elevar nuestra fuerza al gra- 
do , y numero que pedia el peligro de la patria. 
Era preciso animar este impulso general , y ves- 
tir , armar , organizar , y dar dirección á esta- 
tropas : lo era proveherlas de víveres , munición 



nes , trenes de campaña, y auxilios de todas cla- 
ses : lo era arreglar el plan de la nueva , y. ter- 
rible campaña que se abria entonces , y las me- 
didas necesarias para seguiría con el vigor , y 
presteza que requería su grande obgeto. Para to- 
do eran necesarios inmensos fondos y recursos, y 
el gobierno no los tenia. El tesoro real estaba ex- 
hausto , y sus entradas obstruidas. Los socorros 
en dinero , que con tanta generosidad habia fran- 
queado la Inglaterra á las provincias , habían ce- 
sado yá , y los de América no habian llegada 
todavía. Los que produgeron los donativos, con- 
tribuciones , y arbitrios extraordinarios , destinados 
por las juntas supremas ai armamento , equipo $ 
y subsistencias de sus tropas , s¿ habian consu- 
mido en la primera , y gloriosa campaña. Todo 
menguaba para el gobierno , al mismo paso que 
el apuro, y la urgencia crecían , y con ellos la 
necesidad de atender , y deliberar sobre todo. No 
es pues menester , ni mucha luz para discernir 
los grandes cuydados , que tantos obgetos ofrecian 
á la nueva junta gubernativa , ni demasiada equi- 
dad para reconocer, que en medio de ellos, ni 
debía , ni podia distraerse á otros que requiriesen 
largo exámen, y detenida meditación. 

4r. ¿Y porque no podré contar entre ellos los 
que eran inseparables de la organización del go- 
bierno mismo tanto mas difícil , quanto mas desor- 
denado, y arbitrario fuera el antiguo , y mas vio- 
lento, y atropellado el que estableciera la regen- 
cia intrusa; y quanto la división del mando de 
las juntas, que sucedió á ellos, había dado cau- 
sa á mayor obscuridad, y confusión ? Por desgra- 
cia , los archivos. , los expedientes , las noticias, 



las tradiciones, y la experiencia de los antiguos 
ministerios habían desaparecido , y muchos de sus 
principales agentes habían pasado al partido del 
usurpador. En todo faltaba sistema : para todo es- 
caseaban las luces; y á todo se oponía cierta des* 
confianza , que era indispensable en aquella época* 
Era forzoso instituir el nuevo gobierno central, 
restablecer los ministerios, y oficinas , y empren- 
der el despacho de sus negociados , al mismo tieni 
po que llovían de todas partes quexas, y recursos* 
proyectos, y pretensiones. Era preciso anunciarse, 
á todos los puntos del imperio español, y abrir 
inmensas correspondencias de varia , y delicada na* 
turaleza , en España, en America, en Europa y 
aun fuera de ella. Era preciso remediar el de- 
sorden antiguo, establecer un orden nuevo , y dar 
á todos los ramos del gobierno , militar civil , y 
económico la misma unidad que empezaba á te- 
ner el gobierno supremo. Era preciso en fin v ins- 
pirar por todas partes la confianza, excitar por 
todos los medios posibles el espíritu publico, y 
promover con calor, con actividad, y con afán 
continuo la grande, y sagrada causa en que está- 
bamos empeñados. ¡Que de embarazos, y dificul- 
tades, no ofrecerían, y que de discusiones , acuer- 
dos , tareas , y escrito* no exigirían tantos , y tan 
cuínpiicados obgetos , á unos magistrados , á quie- 
nes , aun suponiéndoles los mas vastos talentos, 
y el celo mas exáltado^ debía necesariamente fal- 
tar la experiencia del mando! ¿Y que hubiera 
dicho de ellos la nación, si los viese desestimar 
<*^tos cuidados, para engolfarse en la preparación- 
4ü unas cortes generales del rey no ? 
42 Porque pide la. buena fé.que no se pierdan- 



(LUI) 

efe vista las dificultades que presentaba este de- 
signio , y que á medida que eran graves reque- 
rían mayor exámen, y deliberación. La nación te- 
nia sin duda por sus leyes el derecho, y había estado 
en la costumbre de ser consultada en los negocios de 
general interés: pero este, derecho desfigurado, ó des- 
truido por la ambición, ó el capricho de ¡os Reyes y 
sus ministros habia sufrido en diversas épocas, y paí- 
ses, continuas vicisitudes, y ni fuera uniforme, nii 
estaba bien definido. Castilla, Navana,. Aragón, 
Cataluña, Valencia, el pars Bascongado,y el prin- 
cipado de Asturias, habían tenido sus cortes, ó 
juntas generales , no solo quando reynos separados 
sino después de su reunión en U corona de Cas- 
tilla : pero en todas estas provincias era variamen- 
te constituida, y exercida la representación. Sin 
hablar mas que déla constitución castellana ¿ quien 
será el que pueda determinarla ? Bajo los godos , re- 
ducida la representación al clero ,, y grandes ofi- 
ciales de la corona, no se contaba con el pueblo* 
para la deliberación, sino solo para el otorgamien- 
to , ó mas bien aceptación de los decretos. Los 
] eyes de Asturias, y León contaron algo mas con 
el pueblo, pero no le dieron todavía representación co- 
nocida. Los de Castilla organizando en forma esta» 
ble el gobierno municipal, dieron ya á los pueblos 
una representación determinada , aunque imperfecta 
por medio de sus concejales , y entonces , por de- 
cirlo así , nació el estamento popular. Ocuparon 
después el trono Reyes extrangeros, y el despotis- 
mo se introdujo con^ ellos. Va el valido de Juan¡ 
el II. habia pretendido^enmudecer la voz de las cor- 
te? , pero la nación reclamó sus derechos, y su* 
po conservarlos., Los ministros flamencos de Carlos 



(LIV) 

L pudieron ser mas atrevidos, y lo fueron violan- 
do el articulo mas antiguo de la constitución cas* 
tellana ; pues que no pudiendo sufrir el freno que 
oponían á su codicia los estamentos privilegiados 
los arrojaron de la representación nacional desde 
1539. El hijo y nietos de este Rey .austríaco, tra- 
ficando con los oficios municipales, haciéndolos 
hereditarios, y reduciendo el voto en cortes á al- 
gunas pocas ciudades , acabaron de despojara! pue- 
blo de este derecho ; pues que su voluntad no 
era ya representada en ningún sentido. Vagaba 
aun sobre la nación la fantasma de las cortes: pe- 
ro á la entrada de los Borbones desapareció en- 
teramente, para que desplomándose el despotismo 
sobre la nación, acabase de abrumarla con tantos 
males, como ha llorado , y la condujese á drilla 
de el abismo en que ahora se halla. 

43. Y ahora bien ¿ no era forzoso que la junta 
central, para convocar las cortes,, determinase una 
forma de representación , ó nueva , ó conocida ? 
Adoptar alguna de las antiguas, no era, ni justo 
ni prudente : inventar una del todo nueva era in- 
justo , y peligroso. ¿ Podia olvidar , ó hechar por 
tierra de todo punto nuestras antiguas leyes, y cos- 
tumbres, y borrar nuestras venerables instituciones? 
¿ Podia atropellar todos los derechos todas las prer- 
. rogativas, qu-e ellas daban al clero, y la nobleza 
en todos los antiguos reynos y destruir dos gerar- 
quias, que reconocidas , y respetadas siempre entre 
nosotros , pertenecían á la esencia de la constitu- 
ción monárquica? ¿Podia finalmente desmoronar 
del todo el augusto edificio de esta constitución 
para reedificarla sobre un plan de representación 
nacional enteramente nuevo? Prescindo de si tanto 



cabe en el supremo poder de la nación ¿ pero quien 
dirá que cabia , ni en el poder, ni en la pruden- 
cia de la junta central ? Y quando cupiese ¿era es- 
te negocio tan llano , tan fácil que le pudiese re- 
solver sin examen ,. sin meditación , ni consejo? No 
por cierto. Era de su deber adoptar algún pruden- 
te medio en materia tan grave , y difícil , y el 
que adoptó, y de que se dará razón en lugar mas 
oportuno , hará ver mejor, asi la gravedad de es- 
tas dificultades, como el pulso, y tino, con que 
supo , ó procuró conciliarias con el fin de tan im- 
portante designio; y hará ver también , con quan- 
ta injusticia se calumnió á los centrales, porque 
no fueron bastante temerarios para empezar su 
gobierno por la convocación de unas cortes. 

44.. No cerrare este articulo sin satisfacer á 
algunos fieles y ardientes patriotas, que llenos de buen 
celo , piensan que hubiera convenido congregar 
desde luego y de qualquiera manera , las cortes , para 
el solo obgeto de acordar ios medios , y asegu- 
rar los recursos de salvar la patria , dejando la 
discusión de los demás obgetos , para tiempos de' 
mas reposo. Confieso que hubiera subscrito de bue- 
na gana á este dictamen , tan conforme á mis ; 
sentimientos, si creyese posible llevarse á exe- 
cucion, sin exponer la nación á funestos peligros, 
ó gravísimos inconvenientes. Porque , tan difícil me 
parecía acordar , sin examen , una forma de re- 
presentación que mereciese la aprobación nacional,, 
como que la nación se acomodase á qualquiera 
forma de representación, por imperfecta que fue-- 
se. Y si por desgracia la- que se adoptase para 
las primeras cortes, no obtuviese esta aprobación i 
¿que. de males no resultarían de la lucha intesti^ 



(LV1) 

«a del gobierno con la opinión publica? 

4$. Fuera de que ¿como era posible que reu- 
nidas las cortes redugesen sus deliberaciones á un 
solo obgeto, por grande, y importante que fue- 
se? Pues que ¿después de una opresión tan lar- 
ga y dura ; después de tantos agravios y ultra- 
geá ; á vista de tantos males pasados , y temores 
presentes ; en el único momento en que la nación 
podía asegurar su libertad, y quaodo luchaba por 
defenderla , no solo contra la tirania exterior , si- 
no también contra la corrupción , y arbitrariedad 
del despotismo interior se esperada que perdiese 
de vista , ó no se atreviese á tratar de sus anti- 
guos derechos ni i buscar los medios de preser- 
varlos ? Basta consultar sobre esto la opinión 
pública : la opinión de aquellos que mas ardien- 
temente clamaban por las cortes. ¿Acaso la voz 
general , que ansiaba , y clamaba por su convo- 
cación no era principalmente dirigida ai remedio 
de aquellos males? ¿No anunciaba el mas impa- 
ciente deseo de afianzar para lo sucesivo unos 
derechos , que eran la mas preciosa hipoteca de 
la libertad española ? Seamos justos. Que la defen- 
sa nación sea el primero , el mas sagrado obge- 
to en que se deban ocupar las cortes, y á cuya 
logro se deban sacrificar los demás deseos , y de- 
signios , es una verdad innegable: pero que las 
cortes se redugesen á no entender en otros, sino 
tan urgentes, no menos importantes , es una espe- 
ranza tan vana , como la de que ,1a nación se 
contentaría , con que una representación qualquie- 
ra „ por imperfecta , y incompleta que fuese, de- 
cidiese supremamente de su futura suerte. 

46. Se dirá por fin, (porque nada hay que na 



(LVIT) 

se haya dicho y pensado por los censores de la 

junta central ) que á lo menos debió anunciar las 
cortes , y dar á la nación la seguridad de que 
estaba reintegrada en este precioso derecho. Pu- 
do , es verdad , y si se quiere debió hacerlo. Di- 
rase adelante porque no lo hi¿o : por ahora baste 
decir que esta proposición fué hecha en la junta 
en sus primeros días, y aunque no resae'ta en- 
tonces, no fué tampoco desechada. 'Que las causas 
que prolongaron su resolución fueron muy graves^ 
que quando no bastasen á disculpar esta lentitud 
quedaría plenamente disculpada con el real de- 
creto de 22 de mayo del año pasado en que anun- 
ció] solemnemente las cortes para el presente: con 
el de 15 de junio siguiente en que nombro una 
comisión para prepararlas: con los inmensos traba- 
jos de esta comisión para desempeñar tan difícil 
encargo: con el decreto de 28 de octubre en que 
fixó la época de las cortes para primero de mar- 
zo : con las convocatorias , y instrucción de eleccio- 
nes despachadas á todo el reyno en primero de 
enero , y finalmente con el decreto de 29 del mis- 
mo mes , en que reuniendo todos los demás, de* 
jó solemnemente arreglada , y acordada la orga- 
nización de estas primeras cortes generales , y ex- 
traordinarias del reyno ; con aquel decreto , el ul- 
timo que pronunció , y el postrer rasgo d^ su celo* 
en que dando á la representación nacional la me- 
jor institución , que permitían las circunstancias 
actuales, y requerían las venideras , y que con- 
cillaba todos los preciosos derechos , que debía res- 
petar , con el mayor bien del publico , de que 
no podia prescindir, coronó sus ilustres, aunque 
desgraciadas tareas, y la hizo apesar de la en- 



vid ra , acreedora á la gratitud ,, y al aprecio de 
la posteridad. 

47. Resulta , pues , de todo lo dicho hasta aqui 
que no se puede culpar á los centrales de haber 
violado las leyes ni la justicia ,. ni las máximas de 
conveniencia publica en no haber convocado des- 
de luego las cortes,, y que el orgo de usurpa- 
ción fundado en la ley de partida solo pudo ser 
inventado por la emulación r patrocinado por la en- 
vidia , y tragado y cacareado por la ignorancia.. 

48. Es ya tiempo de pasar al segundo r que 
se hace á los centrales , por no haber nombrado* 
desde luego una Regencia, conforme á la ley de 
partida. Pero » antes de responder á el , permíta- 
seme una reflexión » que me parece muy impor- 
tante. Supongamos á estos magistrados resueltos 
á tomar tal medida. ¿Entregarían desde luego el 
gobierno en aquella época , en que todo se re^ 
celaba» y de todos se sospechaba, á una , ó po- 
cas personas , á ciegas ,, y sin preparación alguna?' 
¿Nombrarían una Regencia, sin instituirla ? ¿ La 
instituirán , sin señalar su autoridad , fixar sus li- 
mites , prescribir sus deberes, y preservar los de- 
rechos de la nación? ¿ O podrían hacer esto atro- 
pelladamente ,. y sin tomar algún tiempo para tan 
grave deliberación ? No sin duda. Ahora bien en- 
tretanto que esto se arreglase ,. y que la Regencia 
se nombrase» y instalase ¿que deberían hacerlos- 
centrales ? ¿ Estarse mano sobremano, sin proveer 
á rainguoi obgeto de ia administración publica , ó- 
dar toda su atención á tantos ,. como en aquellas 
estrechas circunstancias , tes presentaba el peligro 
de la nación? Y en este tiempo ¿de que linage 
seria su autoridad? ¿Por breve r por interina que; 



(L1X) 

fuese no seria legitima? ¿Se podría decir usurpa- 
da ? Luego es preciso confesar que los centrales 
exercieron por algún tiempo un poder legitimo, so 
pena de que fuese ilegitimo , y nulo , no solo 
quanto hicieron sino quanto se quiso que hubie- 
sen hecho. ¿Qual es , pues, el instante , en que es- 
te poder dejó de ser legitimo , y empezó i ser 
usurpado? A los que hicieron el cargo toca deter- 
minaile. ¿Mas lo podrán hacer los autores de ia 
consulta, sin comprometer su opinión, y su bue- 
na fé , y sin ofender á la alta autoridad á quien 
consultaron , y á la suya propia ? 

49. Permítaseme también, preguntarles ¿ qual era 
sobre este punto la opinión del consejo de Cas- 
tilla en aquellos dias? Hemos dicho ya como pen- 
saba este respetable tribunal en 4 de agosto de 1808: 
esto es que no permitiendo las circunstancias dr- 
reglar el gobierno según los medios designados por 
las leyes y costumbres nacionales , era su deseo que 
se arreglase por diputados de Jas juntas , reuni- 
dos al mismo consejo. Pero en la circular de 27 
del mismo mes, dirigida con su manifiesto á las 
mismas juntas , exórtandolas de nuevo á que se des- 
prendiesen de su autoridad, y pareciendo que se 
olvidaba ya de la suya, modificó aquel deseo, y 
le redujo, á que el gobierno se arreglase en la forma 
que estimase la nación en cortes, ó por medio de di" 
putados de las juntas, depositándole en las per" 
sonas , ó cuerpos que para ello se eligieran. Parece 
pues ,« que el deposito del gobierno , no en algu- 
nas personas, sino en un cuerpo entero , ó en al- 
gunos , no hubiera sido contrario al dictamen del 
consejo; y parece también, que si por suerte los 
diputados de las juntas hubiesen depositado la su- 



prema autoridad en el mismo consejo , o en tm 
cuerpo , compuesto de consejeros , y centrales, na 
hubiera dicho , ó no pudiera decir que obraban 
contra su opinión, ¿Como es, pues, que la idea 
de que se hahia.n violado la* leyes en no nombrar 
una Regencia conforme á la ley de partida , no 
ocurrió al consejo , hasta que la junta central se 
bailó constituida con los delegados de las pro- 
vinciales solamente , y reconocida, asi por toda la 
nación ? 

50. Pero acerquémonos mas L la materia de 
esta discu-ion. Yo no negaré que desde el principia 
formé, y sostuve después con tenacidad el dicta- 
men de que se debían anunciar desde luego las 
cortes, y formar una Regencia según el mode- 
lo de la ley de partida , y que de mi opiük n, 
eran, algunos oíros de mis compañeros ;, pero da 
estas- opiniones debo prescindir ,. quando trato de. 
calificar la que siguió la junta» Mas tampoco deja*- 
ré de decir , que los centrales , que opinaron par- 
la composición del gobierno tal,. qual fué consti- 
tuido entonces., no hicieron otra cosa que obrar, 
según los poderes que recibieran de las juntas 
comitentes : los quaies , todos á excepción de uno 
si mi meraoiia no me engaña , lejos de autori- 
zarlos para que nombrasen un nuevo gobierno r . 
les prescribían expresa, y señaladamente, que se. 
reuniesen en un cuerpo , para gobernar la nación,. 
Si este pues, es un cargo, pertenece mas bien <L 
las juntas comitentes que á sus delegados ; y no me 
engallaré en creer que si se agitase en las próximas, 
córteselas mismas juntas, ó sus diputados sabrán res- 
¿onde* á el con la. energía, y solidez, que su g } a- 
v.eda.d merece.. 



(LXT) 

51 Siendo esto asi ¿ no será una manifiesta ni- 
justicia tachar á los centrales de usurpación de 
la autoridad solo porque no la depositaron en al- 
gunas personas según el tenor de la' ley de par- 
tida ? Por mas que algunos miembros de la junta 
gubernativa, respetando la sabiduría de esta ley 
y atendiendo mas al espíritu, que á la letra de 
sus poderes , y mas que á las clausulas de su co- 
misión , á la generosidad y patriotismo de sus co- 
mitentes , hubiesen opinado por el nombramiento* 
de una Regencia , nadie podrá culpar con justicia 
á los que ateniéndose á la letra, y tenor de sus- 
mandatos, siguieron la opinión que tenia mas apo-- 
yo en los principios- comunes del derecho ; y mu- 
cho menos unos magistrados tan acostumbrados- 
como los consultantes, á respetar las formulas del 
foro , y á no reconocer en los actos públicos otvm 
sentido , ni otro valor , que los que se conforma» 
con la letra y tenor de sus clausulas* Y* si los 
principios lógicos de la interpretación son tan res- 
petados en la jurisprudencia civil , ¿ como podráa 
culpar á los que los respetar on en una materia po- 
lítica, en que el pesode las palabras se calcula con 
tanto mayor escrúpulo, quanto mas graves pue- 
den ser las constqüencias de la violación de estos- 
principios? 

52. Porque ¿quien negaiá. que por lo menos era 
muy peligroso, entonces-, oponerse á la voluntad 
manifestada por las jumas en sus- delegaciones ? 
¿ Ni quien desconocerá los gravísimos inconvenien* 
tes, que se hubieran seguido, si estos cuerpos 
se negasen al reconocimiento de un gobierno for- 
mado contra el tenor de sus poderes ? Si de una 
gane, parecía , que las . juntas , no quedan poner sa 



(LXII) 

confianza sino en aquellas personas de su gremio, 
cuyo patriotismo habían , por decirlo asi , palpa- 
do , por otra se trataba de una autoridad , que 
venia de su mano , y estaba apoyada en la 
opinión que se habían grangeado de los pueblos 9 
salvándolos tan gloriosamente de la opresión , y 
tiranía, Resistir , pues , abiertamente su expresa 
voluntad para entregar el gobierno á pocas per- 
sonas , no señaladas por ellas , parecía una teme- 
ridad poco conforme con los recelos de la pru- 
dencia, ¿ Y quanto mas en un tiempo en que coa 
tan espantosa facilidad se concebían , y difundían 
sospechas , y odios contra los mas inocentes ciu- 
dadanos ? En el ¿quántos generales, grandes, pre- 
lados , magistrados , y literatos eran mirados con 
desconfianza , yá por antiguas relacione? con el 
infame Godoy , yá por enlaces con los nuevos par- 
tidarios de la tiranía , yá por la tibieza , indeci- 
sión , ó ambigüedad de su conducta , ó yá por 
has calumnias y chismes, que en aquella época de 
licencia y confusión , excitaba contra ellos la emu- 
lación y la envidia? Por todas partes se gradua- 
ba, ó como delito, ó á lo menos como culpable 
flaqueza haber ido á Bayona, permanecido en Ma- 
drid , ó residido en otros puntos dominados por el 
gobierno intruso, haberse humillado á jurarle , á 
ovedecer sus ordenes , ó á sufrir aunque violen- 
tamente su yugo , y su desprecio. ¿ Que re- 
putación estuvo entonces segura? ¿Qual no es- 
puesta á las asechanzas de la envidia, á las im- 
posturas de la calumnia, y al furor del popu- 
lacho agitado por ellas? ¿Ignoran por ventura 
este peligroso estado de la opinión publica los ministros 
consultantes ? ¿ Ignoran que no bastaron al respetable 



(LXIII) 

consejo de Castilla tantos heroicos testimonios de 
integridad, como dieran poco antes,, muchos de 
sus dignos ministros ; ni la prudencia con que des- 
pires- y para evitar mayores males temporizó con 
algunos decretos del usurpador ; ni la prudente des- 
treza con que frustró la execueion de otros ; ni 
la gloriosa constancia con que abiertamente re- 
sistió al fin, los que sellaban la usurpación: que 
na bastaron repito, para escusar á *este ilustre cuer- 
po la dura necesidad de sincerar su conducta? 
¿ Ignoran que aun después de sincerada, en su enér- 
gica apología r costé no pequeño cuy dado , y amar- 
gura á algunos de su gremio disipar estas nubes 
que la opinión,, tan fácilmente agitada entonces, 
esparcía sobre su conducta particular? ¿Y tendrán- 
hoy la cruel injusticia de culpar á l'os centrales,- 
por él prudente detenimiento con que procedieron 1 
en aquella tan delicada situación ? Ah í acaso se 
puede ver aqui el origen del resentimiento que 
produjo una consulta tan injuriosa al honor de los 
centrales: al honor de aquellos mismos ,- que con 
tan delicada solicitud habían protegido, s y salva- 
do el suyo í 

53. Bastaría lo dicho para demostrar la injus- 
ticia de los consultantes,, sino fuese preciso de- 
mostrar también la mala fé con que nos acusaron 
del mas enorme abuso de la autoridad , que su- 
ponían usurpada violentamente; Copiaré primero, 
y analizaré después sus palabras , para que se co- 
nozca mas de lleno el espíritu de rencor y ven- 
ganza que las dictó. tf Podría, dicen , preguntár- 
meles (á los centrales) j> aun hacérseles cargo "del 
«abuso desús poderes, y autoridad, y haber arrollado» 
echado por tierra las- leyes y anulando los tri- 



fLXTV) 

tunales inutilizándolas justicias , erigidose en le* 
»gisladores , reunidos en si mismos los podereá 
» legislativo, egecutivo, y judicial , y en suma tras- 
tornado enteramente el gobierno monárquico, de 
■«•un modo el mas arbitrario , y desconocido." 

54. Este torrente de injurias, en que, rom^ 
piendo los diques de la moderación , se difundió 
la hiél de los ministros consultantes , ni viene 
del origen , ni se dirige al termino que en ellas 
aparecen. Su verdadero origen era el odio á las 
juntas provinciales , y su obgeto vengarse de las 
ofensas que creian haber recibido de ellas. Non 
dum tmm causee irarurn : : : exclderant animo. Re- 
cordaban, sin duda , entre otras , aquella destem- 
plada representación , que una de las juntas de orien- 
te dirigió al gobierno , y imprimió , y divulgó, 
en despique de otra consulta , en que el consejo- 
reunido había atacado, con poca oportunidad, y 
demasiada vehemencia á las juntas , y cuyas- 
copias se habian difundido , también con mu- 
cha indiscreccion , por todas partes. Esta aversión 
del consejo era tan antigua corno el gobierno cen- 
tral, ora naciese de los celos, que daban, y el fre- 
no que oponian . las juntas á su ambición , como 
algunos maliciosamente sospechaban , ora del estor- 
bo que ofrecían al total restablecimiento del an- 
tiguo orden civil , como me complazco en creer, 
Pero atacar directamente á las juntas, en la situa- 
ción , y en el lugar en que se hallaba el con- 
sejo en febrero d€ este año , y á vista de la or- 
gullosa junta de Cádiz , pareció á los consultan- 
tes tan duro y peligroso , como sabroso * y se- 
guro derramar su hiél sobre los centrales enton- 
ces inermes y perseguidos y que entre otros tenían 



(LYV) 

8 sus ojos el grave cargo de haber ofendido s* 
autoridad , sosteniendo la de las juntas. Es pues 
preciso , para desvanecer este cargo asi determi- 
nado decidir dos qüestiónes* i . Si la junta gubernativa 
debió disolver desde luego las juntas provinciales 
como deseaba el consejo: 2. hasta <jue punto 
•es cierto , que los centrales., conservando las juntas 
abusaron de su autoridad en los artículos que la 
consulta indica. En ambas qtiestiones prescindiré 
de mi opinión particular, aunque será necesario 
exponerla mas adelante; poique no se trata aquí 
de lo que se pensó , ó pudo hacer , sino de lo 
que se hizo. Mas para juzgar de lo que se hizo 
nadie debe , ni puede prescindir de las circuns- 
tancias en que se hizo , y mucho menos podrán 
nuestros censores que tanto peso dieron , y tanto 
partido sacaron en su consulta de las circunstan- 
cias en que la hicieron. Exáminaré , pues, una 
y otra qüestion, no en abstracto, sino en con- 
creto de las circunstancias á que se refieren. 

5$. En la primera procederé con la mayor ge* 
nerosidad ., pues dejaré su decisión á cargo de nues- 
tros mismos censores , si quieren responder de 
buena fe á una sola pregunta , que no les puede 
parecer capciosa , pues que nace de la misma qües- 
tion. Oiganme, pues, sí quando la junta gubema^ 
tiva , compuesta de delegados de las provinciales ^ 
acababa de ser , no solo reconocida , sino cele- 
brada con entusiasmo por los mismos cuerpos, que 
con generoso patriotismo habían resignado en ella 
la suprema autoridad : si quando estos cuerpos, 
contando todos con su existencia , solo difesian 
acerca del grado de autoridad , que debía quedar- 
les bajo la del gobierno central; si quando algu- 



(LXVT) 

nos , mirándose como representados en él , preten- 
dían dirigir, desde las Capitales , los dictámenes 
de sus delegados , y conservar por este medio in- 
tervención , y directo iníluxo en el exercicio de la 
soberanía : si quando el mas poderoso de todos , 
la junta de Sevilla , desvanecida con sus laureles, 
después de reservarse en sus instrucciones , una no 
peqiK ña porción de este (.xercicio, aspiraba toda- 
vía á establecer una especie de constitución fede- 
ral , y se afanaba por propagar en las demás es- 
ta ambiciosa- idéa : díganme , si quando el nuevo 
gobierno no podia dar un paso en el desempeño 
de sus funciones, sin tener cabal conocimiento del 
estado en que se hallaban las provincias, después 
de un trastorno tan general , ni tomar este cono- 
cimiento de otra parte que de los cuerpos que las 
habían gobernado: si quando todos los fondos, to- 
das las fueizas, todos los recursos , y por decirlo 
asi, toda la voluntad, y obediencia de los pue- 
blos estaban todavía en manos de estos cuerpos :: 
si quando este nuevo gobierno aunque deposita- 
rio del supremo poder no estaba rodeado del es- 
plendor, ni de las ilusiones, ni de los apoyos de 
la soberanía: díganme, si mientras los celos, los recelos 
la ribali Jad, la envidia, los resentimientos , y las re- 
clamaciones se cruzaban entre las juntas provin- 
ciales , y las autoridades civiles , eclesiásticas , y 
económicas, y las corporaciones, y los individuos; 
y mientras el terrible movimiento , qud había tras- 
tornado el orden antiguo ondulaba todavía sobre 
ios pueblos: díganme, repito, si en tales circuns- 
tancias hubiera sido cordura en los centrales cer- 
rar los ojos á toda consideración, á todo inconve- 
niente % á todo peligro , para anonadar con un gol- 



(LXVIÍ) 

pe vigoroso de autoridad atantos cuerpos tan res^ 
petables, tan respetados, tan poderosos, y tan be- 
neméritos de la nación? ¿Si hubiera sido cordura 
privarse de sus luces , de sus auxilios , y de los 
consejos de su experiencia ? ¿ Si hubiera sido cor- 
dura olvidar sus servicios, despreciar su poder, y 
provocar su resentimiento? ¿O bien , si la atinada 
cordura , y justo detenimiento con que los centra- 
les se hubieron en este delicado punto , no eran 
harto mas dignos de alabanza , que de tan amarga 
censura ? 

56. Porque los ministros consultantes no igno- 
ran , que la junta central , aunque inclinada á con- 
servar la existencia de las provinciales , trató desde 
el principio de fixar los límites de su autoridad. 
Varias órdenes dirigidas á este fin se expidieron 
en Aranjuez , y entre ellas algunas relativas á res- 
tablecer el libre exercicio de las autoridades ci- 
viles , y señaladamente la del consejo real. Tra- 
tábase de acordar difinitivamente este punto, qu an- 
do el nuevo peligro , que amenazó á la patria 
en los últimos aciagos días del noviembre de 1808 
obligó al gobierno á invocar de nuevo el auxi- 
lio , y excitar el celo de las provincias, al mis- 
mo tiempo que á abandonar su residencia , para 
salvar el precioso deposito de la suprema autori- 
dad. Pero reunida en Sevilla volvió su atención 
á este obgeto, y en medio de los gravísimos cuy- 
dados de aquella época , acordó el decreto de r.° 
de enero del año pasado , cuyo primer obgeto fué 
poner expedita, y libre de embarazos en su exer- 
cicio, la autoridad ordinaria de los tribunales, jus- 
ticias , y ayuntamientos , y circunscribir la de las 
juntas ai solo obgeto de armamento y defensa , en 



(LXVIII) 

unión con los capitanes generales. Bien se yo que 
aun asi no quedaron satisfechos los celos del con- 
sejo , ni los de las magistraturas ordinarias de las 
m provincias : bien sé que les hacían sombra toda- 
vía los honores, y distinciones que se concedie- 
ron , ó mas bien conservaron á las juntas, y á sus 
individuos , asi en consideración de sus recientes ser- 
vicios , como porque existiendo para auxiliar el go- 
bierno en el primer obgeto de sus cuydados, no 
debian existir sin. decoro. ¿Y que otra cosa per- 
mitían las circunstancias? ¿ Ignoran por ventura lo* 
consultantes, quantos embarazos causó al gobierno 
mismo apesar de estos miramientos,- la insubordi- 
nación con que algunas juntas resistieron aquel 
decreto, ó por mejor decir el pretexto que dio 
ú los que tiranizaban sus opiniones? No lo igno- 
ran por cierto , pues les tocó mucha parte del re- 
sentimiento con que alguna de ellas se desahogó 
contra tan justa providencia,,. Deben pues, confesar,, 
que la junta central, ni pudo, ni debió suprimir 
las juntas provinciales, y que ciñendo su autoridad 
al obgeto de armamento y defensa , hizo quanto 
pudo , y quanto debió en aquellas circunstancias. 

57. Esto supuesto , pasemos á examinar , hasta 
que punto los centrales, conservándolas, arrollaron , y 
hecharon por tierra las leyes , inutilizaron lasjus* 
licias , y anularon los tribunales , que es la ma- 
teria de la segunda qüestion.. 

58. Nada es mas natural en el hombre qut 
3a propensión á creer lo que desea , y á lisongearse 
de que oíros creerán fácilmente aquello á que él 
se ha persuadido. Qtitf volumus ' , et credimus //- 
henter , et quee ser,timus ipsi et reüquos sentiré spe- 
mwus. : decía. Cesa r ; y esto avino á los ministros con— 



(LXIX) 

«litantes. Hubierales sido muy sabrosa la total su- 
presión de las juntas , para que su autoridad des- 
enliase sin menoscabo , ni desaire , sobre todas las 
demás , como en el orden antiguo sucedía; y he 
aquí que por haber sido conservadas las juntas, 
que les hacían sombra , alzaron el grito centra 
nosotros clamando que el orden antiguo había 
sido trastornado, y las kyes, que le establecían 
arrolladas, y heohadas por tierra. Pero nada de 
esto pasó, y su censura es en este punto, tan 
injusta, como en los demás. El mar¿¿£ ¡miento de 
3a antigua geraffquia civil era ciei lamente muy im- 
portante : pero no lo era menos conciliaria con* 
el estado en que se hallaba la nación. No lo era* 
menos combinar su existencia con la de unos cuer- 
pos que nuevas, y extraordinarias circunstancias 
habían hecho nacer en medio de ella , y que el 
fcfluxo de. las- mismas circunstancias no permitía 
suprimir. Esto es lo que con teda pruden- 
cia, y meditación procuró hacer la junta cen- 
tral: la qual sin inutilizar , ni anular ninguna jus- 
ticia , ni tribunal de el rey no ni menguar, ni em- 
barazar sus facultades ordinarias procuró conser- 
var unos cuerpos , que creyó necesarios, á la sal- 
vación de la patria: les conservó la autoridad ne- 
cesaria para cooperar en este grande obgeto ; y 
concilio quanto fué posible el egercicio de sus ex- 
traordinarias funciones , con el délas funciones or- 
dinarias de las demás magistraturas. Y si tal vez 
estas, apesar del celo de la central , hallaron al- 
gunos embarazos de parte délas juntas provinciales-: 
ni esto basta para justificar el cargo, ni para echar 
sobre los centrales la culpa de un exceso, que 
estuvo, en oíros, y, que ellos sino pudieron, porl@j 



I 



(LXX) 

meños procuraron evitar. 

59. Para mayor prueba de esta verdad leván- 
tese por un ínstamela consideración al estado , en 
que la junta gubernativa halló el gobierno, ins- 
umido por los pueblos, en todas las provincias. 
Ademas de haber sido admitidos en la composición 
de las juntas, que cresron, los gefes , y algunos 
miembros de los principales cuerpos de cada car- 
pital , no hubo una en que sus magistraturas or«<- 
diñarías fuesen suprimidas. Los ayuntamientos, las 
justicias ordinarias , los tribunales de apelación 
fueron confirmados, y mantenidos en el exercicio 
de sus funciones. No hubo una, en que estas fun- 
ciones fuesen suspendidas , ni limitadas en su legiti- 
ma autoridad, aunque todos los cuerpos, queda- 
ron sometidos á la autoridad de las juntas , como 
que entonces representaban la soberanía. Creada 
la junta central, pasaron de aquel yugo , que les 
parecía rms pesado , porque le imponía una ma- 
no mas cercana, á otro que al principio les pa- 
reció mas decoroso , porque representaba mas com- 
pletamente la soberanía, y mas ligero, porque le 
imponía una mano mas distante. Y si los celos 
renacieron todavía fué, porque el espíritu de armo- 
nía , y concordia es mas difícil de conservar don • 
de la ribalidad de poder, y ambición , lucha con- 
tinuamente por alterarle , y destruirle. 

60. Esto se observó mas claramente en el con- 
sejo real , el que durante el imperio de las juntas, 
había gemido en el yugo del tirano: pero que- 
brantadas sus cadenas por el vencedor de Baylén 
se halló de repente restablecido en su primera 
dignidad; y solo, y sin que alguna otra la domi- 
nase, ni rodease, brilló entonces con nuevo espíen- 



(LXX!) 

dor. Dividido en las provincias el ex'ercicio de la 
soberanía, el" consejo le vio venir á sus manos, en 
medio de la ilustre capital dbl reyno : entró á exer- 
cerle con el celo mas loable ; y que entonces usó 
de este poder con toda la actividad, y toda la 
prudencia que requerían las circunstancias , y eran 
propias de su sabiduría , es una verdad , que solo 
puede desconocer la envidia: aunque también lo 
es, que dio á este exercicio una extensión tan di- 
latada , que merecería la nota de ambiciosa , si 
la rectitud de su intención , y la grandeza del 
peligro , do la disculpasen. Pero en medio de es- 
ta brillante situación apareció de repente la junta 
central, y la generosidad que tuvieron las provin- 
ciales para crearla, no la tuvo el consejo para su- 
frirla. Hallóse de repente sometido á ella , y esta 
súbita conversión le hubo de ser tanto mas amar- 
ga , quanto no se le dió parte alguna , como había 
deseado , en la composición del nuevo gobierno ; y 
quanto vio quedar subsistentes las juntas que eran 
sus rivales. ¿Porque, pues f no podré yo atribuir 
á este principio la repugnancia con que se prestó 
á reconocer el gobierno central? La tenacidad con 
que invocó después las leyes para deshacerle, y cam- 
biarle por otro? y el constante empeño con que 
atacó la autoridad de las juntas , y so color de re- 
clamar el orden antiguo , sostuvo que las leyes 
habían sido arrolladas, las justicias inutilizadas,, 
los tribunales anulados , y el gobierno monárqui- 
co destruido? 

61. Con todo , el cargo que se nos hace de 
haber anulado los tribunales , puede tener otra ex- 
plicación , si es cierto lo que algunos han sospe- 
chado. Hase querido suponer , que la formación del 



(LXXTT) 

consejo reunido fué mirada por algunos de sus mi- 
nistros , como la extinción del antiguo consejo de 
Castilla: que estos ministros hubieran querido, que 
aquel su respetable tribunal reparecíese en la es- 
cena , no solo con su célebre nombre , sino tam- 
bién , con todas las campanülas que antes adorna- 
ban su dosel , levantado sobre todos los demás : 
que aunque no les hubiera amargado la reunión 
de toda la autoridad, que andaba repartida en los 
otros, la quisieran sin mezcla, ni confusión con 
ellos. Que haber refundido en uno la representa- 
ción de todos , y metido en su santuario minis- 
tros de todos ^ y hecholes á todos participantes de 
su fama , su autoridad , y sus prerrogativas , les 
parecía una monstruosa profanación; y en fin, que 
s-iendo el consejo de Castilla el único cuerpo in- 
termedio entre el soberano , y la nación , y como 
decían en su arenga al consejo de Regencia , un 
antemural entre el supremo poder, y el humilde ciu- 
dadano , la junta central había defraudado á sus 
ministros en su autoridad, y prerogativas , todoquan- 
to había comunicado de ellas á los ministros de 
Gtros consejos. Otras cosas se suponían en esta ra- 
zón , que no son tan del caso , aunque pueda ha- 
ber en ellas algo de cierto ; poque es difícil ex- 
plicar de otro modo la acusación, que hacen los 
consultantes á la junta central de haber anulado los 
tribunales del rey no. 

62. Pero en buena fé;, que si este es el espí- 
ritu del cargo, poco nos costará absolverle , y aun 
h icerle recaer sobre nuestros censores. Porque creer 
que en aquella época hubiera sido cordura resta- 
blecer tantos consejos, con tanta muchedumbre 
de oficinas, y dependencias, seria tanta temeridad 



r (LXXttI) 

«orno creer que no se debió establecer ninguno. 

Lo primero hubiera escandalizado á la nación, vien- 
do agravar sus apuros , con un gasto tan grande , y 
tan inútil. Lo segundo la hubiera afligido , vien- 
do que se la privaba de aquella protección , que 
podia hallar en esta alta magistratura. Hubiera ade- 
mas sido inhumanidad abandonar á la miseria , ó 
mantener en ociosidad á los dignos magistrados , 
que fieles á su deber, y á su patria , y exponi- 
éndose á nuevos males , y peligros habian aban- 
donado desde luego el teatro de la esclavitud , y se- 
guido de cerca al gobierno legítimo, para ofrecer- 
le la continuación de sus servicios. ¿ Que es , pues» 
lo que dictaba la prudencia en semejante coyun- 
tura ? Lo que tal vez convendrá establecer per- 
manentemente para lo sucesivo. Porque , suponien- 
do necesaria la alta autoridad confiada á estos cuer- 
pos i para qué tantos? Lejos de ser ventajoso di- 
vidirla en muchos. ¿ no lo sería mas , reuniría 
en uno? ¿No tendrá entonces mas unidad , mas 
fuerza, mas expedición en su execucion ? Su divi- 
sión , ó por mejor decir su destrozo , no fué por 
cierto , obra del celo , sino de la ambición minis- 
terial. Cada ministro quiso tener en su departa- 
f mentó consejo , juzgados , fueros , dependencias, y 
dependientes separados , para dominar mas absolu- 
tamente sobre una parte de la nación» Si alguna 
autoridad requería exercicio separado , era sin du- 
da la del consejo de las Indias, por la distancia, 
la grandeza , y el carácter particular de sus ob- 
getos , que no pueden ser conocidos por el estu- 
dio, sino esta ilustrado por la experiencia ; y la 
junta central le habiera restablecido , separada- 
mente si hallase á la mano bastantes ministros coa 

10 ' 



que ftíftnan^ Tales fueron sus miras en la crea- 
ción 1 .oncejo-reunido: miras que distaban mu i 
poco de las que pensaron , y acordaron tos sabios 
consejeros de Casulla , y ludias , para el caso de 
ia traslación del gobierno * como mas se dirá en 
la 2.a parte. ¿Que es pues lo que puede tacharse 
en tan prudente medida? ¿Ni quien puede desa- 
probarla , sino este miserable espíritu de cuerpo 
t± íe apegado á sus añejas formas, y costumbres % . 
y á los pequeños obgetos de su ambición levanta 
él grito contra todo lo que parece trastornarlos? 

63. Me excandezco , lo confieso y al tratar esta 
materia no acierto á hallar la moderación r que 
es propia de mi carácter. Porque ¿ quien la tendrá 
para oir que se culpe á la junta gubernativa de 
haber anulado los tribunales quanda esto no pue- 
de entenderse de los existentes ¿ sino de los que 
se habían ya di&uelto, y anulado por si mismos? 
En Aranjuez los confirmó á todos: en Sevilla no 
halló á ninguno. Si todos, ó la mayor parte de 
los ministros de los consejos , abandona nda la corte 
hubiesen seguido al gobierno r y corrido á reunir- 
se á su sombra , el cargo tendría alguna aparien- 
cia de razón. ¿Pero fué este el caso? Sin contar 
los apostatas r que infame , y descaradamente pa- 
saron al contrario bando : sin contar los que por 
miedo , ó necesidad se sometieron á sus deseos T 
¿ quantós fueron los que perínanecieron escondidos 
de su vista , ó buscaron- otro asilo ? No quiera Dios: 
ijue yo ofenda el honor de muchos hombres vir- 
tuosos , ; á quienes sír delicada salud, su honrada 
pobre'zá , ó los vínculos sagrados de la naturaleza 
Condenaron a mendigar r & perecer en el seno de 
sil faniífia j y lejos de los consuelos > y socorros; 



(LXXV) 

que la benignidad del gobierno Jes ofrecí?. Mi 
.animo es solo recordar que quando la central tía- 
taba este punto, no habla en Sevilla consejos que 
restablecer, .ni consejeros que reintegrar, sino ea 
pequeño número. Formó pues el constjo reunido coa 
Jos que tenia á la vista. ¿Y que hizo con los de- 
más ? i Que hizo con aquellos mismos , que déte- 
pidos en Madrid , ó por la dificultad de la salida 
ó por los peligros del viage , ó por menos 
justas razones, fueron viniendo después, aunque po- 
co , á poco? ¿No los acogió con la consideración 
y benevolencia debidos á su carácter ? ¿No pres- 
cindió de su tardanza? ¿ No se expuso á murmu- 
ración , y censura por haberles conservado sus 
sueldos ? Y en fin , ¿ no protegió , no salvó el ho- 
nor de aquellos, cuya conducta tachaba la ma- 
levolencia de ambigua, y sospechosa ? ¡ Y será po- 
sible que entre estos mismos se cobijen nuestros 
acusadores ! ¡Respetables magistrados que componéis 
je! consejo-reunido , perdonadme : yo no os acuso 
£ todos: reaquso solamente á mis acusadores. Per- 
dónenme .también los que se hayan atrevido á serlo. 
Yo no escribo para ¡ injuriarlos , sino para repeler 
mi injuria. Su conducta comparada con la del cuer- 
po que prpcuró honrarlos, y distinguirlos, debe 
aparecer ante la nación tan fea, como injusta, y 
podría , adeudas ser tiznada con la negra nota de 
ingratitud, si á lo que se hace por ta justicia, se 
pudiese dar el nombre de beneficio. 

64. El cargo que se hace á los centrales de haber 
trastornado el gobierno monárquico , per haber reu- 
nido los tres poderes , hace muy poco honor á los 
consultantes, porque supone en ellos, ó muy cra- 
sa ignorancia, ó muy refinada malicia. Para a r> 



solverle, nada tendré que decir en quaritoál pi** 
tlcr executivo , pues que este formaba la primera 
y mas esencial prerrogativa del nuevo gobierno. 
Tampoco del poder ¡judicial, porque es notorio 
que la junta gubernativa no se entrometió á deci- 
dir pleytos, ni á sentenciar causas; y si acaso 
inició, ó promovió , ó confirmó algún juicio no usó 
en esto de otro poder judicial que el que nues- 
tra constitución dá al soberano ,. en quien origi- 
nalmente reside , para asegurar la observancia de 
las leyes. Y si en el uso de esta suprema auto- 
ridad hubo ó no algún exceso r cosa es , que per- 
tenece á otra qüestion , y de la qual no será 
nuestro juez el consejo , sino la nación junta en 
cortes.. 

65. Bastará, pues, para desvanecer este cargo, 
en que se ha pretendido recopilar y confirmar los 
demás , hablar de el poder legislativo , y explicar 
la naturaleza de este poder según nuestra consti- 
tución. Prescindiré de aquel monstruoso estado , en 
que nuestros Reyes le exercieron en los últimos 
siglos sin limite alguno , decretando motu propi§ 
leyes conformes , ó contrarias á la misma cons- 
titución : las quales el consejo, no solo era el pri- 
mero á obedecer, sino que las promulgaba, y man- 
daba y hacia cumplir por todo el reyno , como 
órgano, y arcaduz natural de¡ la voluntad soberana. 
¿ Pero acaso en el estado mas puro , si asi puede 
decirse de nuestra constitución , no era en España 
un atributo de la soberanía el uso del poderle- 
gislatlvo 2 * ¿Qual de nuestras leyes no presenta á 
nuestros soberanos como supremos legisladores de 
»ia nación ? cf La facultad de hacer nuevas leyes 
w(dice el sabio, y profundamente erudito Marina) 



(LXXVIÍ) 

wde sancionar, modificar, y aun renovar las anti- 
?>guas, habiendo razón y justicia para ello , fué una 
^prerrogativa tan característica de nuestra monar- 
«quia, como propio de los vasallos respetarlas y 
wovedecerlas." Es verdad que este mismo autor re- 
conoce la obligación que tenían nuestros Reyes de 
llamar y consultar las cortes para establecer nue- 
vas leyes, y corregir, mudar, ó alterar las an- 
tiguas: mas no por eso da á las cortes otro derecho 
que el de confirmar con su aceptación estas leyes. 
* c Porque las leyes de los principes (dice) aunque no 
y> necesitan para su valor el consentimiento de los 
« vasallos, y deben ser ovedecidas solamente por 
» el hecho de dimanar de la voluntad del sobera- 
do, ecn todo eso, jamas se reputaron por leyes 
9) perpetuas, é inalterables, sino lasque se publi- 
caban en cortes. Lasque carecían de esta solemni- 
99 dad debían de ser cumplidas , y ovedecidas eti 
♦¿calidad de pragmáticas , ordenanzas, provisiones 
»> cartas, ó cédulas reales: que no siendo por su 
«naturaleza invariables, podían ser reformadas dis- 
9> pensadas , y revocadas por el monarca reynan- 
»te, y sus sucesores." Tal es la opinión del hom- 
bre que mas profundamente estudió , y mas sabia- 
mente analizó nuestra antigua legislación , á la luz 
de los mas recónditos monumentos de nuestra his- 
toria; y por mas que yo no subscriba enteramen 
te á sus opiniones, como explicaré mas de pro- 
posito en otro lugar, es una verdad constante que 
no se halla en nuestra legislación una ley , ni en 
nuestra historia un documento que niegue á nues- 
tros soberanos el poder de hacer leyes. Lueto en 
nuestra constitución el poder legislativo , como quie- 
ra que se entienda modificado r andaba unido en: 



(LXXVIII) 

la soberanía, con el supremo poder executivo. Luen- 
go aun suponiendo cierto , que la junta central usar 
sede este poder, teniendo en si el exércicio -de. 
34 soberanía, nunca se podría decir que le habia 
usurpado , ni menos que por usarle hubiese tras- 
tornado el gobierno monárquico del modo mas ar- 
bitrario, y desconocido, como digeron los con- 
sultantes. 

66. ¿Y donde , y en que hallaron este transa- 
torno, causado por el uso de aquel poder ? Yo re- 
paso en mi memoria los decretos de la junta central 
y aunque hallo algunos á que se puede dar el 
nombre de leyes temporales , no eran en realidad 
mas que providencias mometaneas exigidas por , y 
acomodadas al estado actual de la nación. Es ciertq 
que hay también algunos á que podrja quadrar 
mej^r el nombre de leyes, ¿ Los. citaré ? No Jo 
querrían acaso los ministros consultantes, ni yo 1q 
quisiera, ni lo haria , si á p'Q me forzase la 
ubi ilación de mi propia defensa. 

67, La junta central admitió al exércicio del 
poder soberano los representantes de Madrid, y 
los de las provincias de nuestras Indias. Lo primero 
era debido al grande y riel pueblo , cuyo heroU 
co exemplo, y cuyos infames ulv ajes excitaron en 
toda la extensión de España aquella santa indigna- 
ción con que se leuanpó- de repente para sacudir 
el yugo del tirano. Quando todas las provincias 

• tenían el consuelo de ser. gobernadas por un cuer- 
po compuesto de diputados suyos ¿ se negaría este 
derecho á Madrid corte , y capital del reyno y 
cuya población igualaba , ó excedía á la de algu- 
gunas provincias? ¿ Y ¡ se le negaría la junta cen^ 
U&l que | acabába le reunirse Á sus puertas y 



(LXXIX) r 

que trataba entonces de trasladarse á residir en 
su seno? Si -esta era una ley, sin duda era tan 
iecomendada por la justicia , y tan conforme con 
la constitución , que es muy difícil inventar ua 
titulo que la hiciese digna de censura. 

63. La admisión de los representantes de Amé- 
rica fué sin duda un acto de poder legislativo. Pe- 
ro ¿quien será el que no reconozca, no digo la 
prudencia, sino también la justicia de este decreto? 
Pues que ? quando la nación huérfana , y privada 
de su buen Rey erigía un gobierno provisional en 
cuya composición entraban diputados de todas las 
provincias de este continente : quando era tan ne> 
cesa rio estrechar los vínculos de fidelidad y amor 
social , que nos unen con nuestros hermanos de 
ultramar: quando estos fieles españoles , abrazan- 
do con tan ardiente entusiasmo la causa de su Rey, 
y de su patria ofrecían tan generosamente darles 
con sus caudales los auxilios que no podia« con 
-sus brazosiquando no era menos justo acreditarles 
que el nuevo gobierno trataba sinceramente de re- 
parar, con consejo suyo los agravios , que en una 
larga serie de años habían recibido del antiguo : 
en fin quando era ya tiempo de que los natura- 
les de aquellos ricos , y dilatados países empeza- 
sen á probar la igualdad de derechos con los de 
la metrópoli, á que los hacían tan acreedores los 
eternos principios de la naturaleza, y de la so- 
ciedad i que máxima de prudencia , que princi- 
pio de justicia política puede tachar una medí- 
tía que lejos, de trastornar nuestra constitución, ten- 
tiia; mas bien á perfeccionarla ? 5 Una medida que 
"necesariamente entrará en su reforma , qualquiera 
que sea la opinión de los d'gnos ciudadanos que 
se van á congregar para acordarla? 



(XC) 

6o. Una serie de decretos sucesivamente expe- 
didos por la junta gubernativa, á consulta de su comi- 
sión de cortes, y recopilados en su ultimo decreto 
de 29 de enero de este año , fijó la institución 
y organización de las cortes que habia convocado. 
Sin duda que los que pretendan , que estas cortes 
debían celebrarse según el modelo de las antiguas, - 
hallarán que los centrales usando para esto de po- 
der legislativo , alteraron notablemente, sino la 
esencia de la constitución monárquica , por lo me- 
nos sus formas, y los antiguos usos y costumbres 
relativos á las juntas del rey no. No es de este 
lugar examinar la justicia, ó la prudencia de ca- 
da uno de estos decretos , como haré , si Dios 
quiere, en otro mas oportuno : pero si pregunta- 
ré á nuestros censores ¿ si la junta central habia 
acordado la convocación de las cortes , no era 
absolutamente necesario que acordase también la 
forma en que debian celebrarse ? Ahora bien : es- 
ta forma había sido notablemente diversa como 
hemos advertido ya , no solo en las distintas épo- 
cas de nuestra monarquía, sino también en los 
diferentes reynos, que se reunieron en ella. Alas 
próximas cortes como que eran generales debian 
ser| llamados representantes de todos estos reynos. 
Tratabaseademas de unas cortesextraordinarias, con- 
vocadas para una muy extraordinaria, y muy im- 
portante emergencia; y no pudíendo acomodarse átan 
extraordinarias circunstancias ninguna de las formas 
observadasenlasantiguascortes,eradeabsoluta necesi- 
dad adoptar una diferente y extraordinaria. Para ado- 
ptarla, 'o era también resolver varias graves du- 
das, que naturalmente se presentaban, asi sóbrela com- 
posición , y elección de la representación nacional, 



(LXXX1) 

oomo sobré sü organización, institución, y egerci- 
cio de sus funciones. ¿ Y como podía proveérse 
á este grande obgeto,ni resolverse quanto era re- 
lativo á su arreglo sin usar del poder legislativo? 
Prescindiendo , pues por un instante , de la calidad 
de aquellos decretos, ¿quien podrá culpará ios cen* 
trales por haber usado de este poder para expe- 
dirlos? Y quando procuraron acomodarlos, ac^so 
con mas religiosidad , que la que los consultan- 
tes querrían , al carácter de la constitución espa- 
ñola, i como pudieron decir de nosotros que había- 
mos usado del poder legislativo para trastornar 
el gobierno monárquico del nudo mas dtscouoci- 
do y arbitrario? 

70. Difícil seria concebir el odio que fragua 
contra nosotros esta muchedumbre de cargos tan 
vanos, como enormes, si nuestros censores no se 
hubiesen apresurado á descubrirle , desde el punto» 
en que lo pudieron hacer sin peligro. No bien nos 
hallaron separados del mando, y desarmados, y 
perseguidos qiíando poniéndose á la banda de nues- 
tros contrarios, anunciaron la intención de concu- 
rrir al aumento de nuestro cescredito. El consejo 
de Regencia habia sido instalado en la noche del 
ultimo dia de enero, y anunciándose al público el 
primero de febrero: cu el dia 2 inmediato acordó 
el consejo-reunido ía arenga, con que debía cum- 
plimentarle y en ella cuydaron ya los consultan- 
tes de realzar su adulación ál nuevo gobierno , coa 
los insultos del antiguo, en la siguiente , indiges- 
ta , y misteii./sa clausula. w Nunca mas segura su 
«próxima ruina (hablaban de la del enemigo que 
«estaba á las rué? tas ) , que habiéndose puesto V. M. 
«en este dia al freate de una nación generosa t fie¿ 

11 



¡(LXXX1I) 

*»y valiente por suj religión , por su independencia 
»y por sn Rey ; cuyas desgracias han [consistido* 
»en la desunión de voluntades, en la diferiencia 
?> de opiniones en el desvia de las mejores leyes , en 
ala propagación de principios suversivos , intoler -an- 
otes , tumultuarios y lisongeros al inocente pueblo 
99 que 110 tiene obligación á descubrir las ocultas mi~ 
¡y ñas con que semejantes gentes han ¿ntentaáo volar fa 
»que mas ama" Al fin de la arenga , ( y yo no diré 
que para combatir el pensamiento de las cortes* 
y la forma en que se habían convocado , y para 
prolongar su celebración- ; porque de esto quiero 
que juzguen mis lectores) añadieron : ^estos son los 
yobgetos únicos en que debe emplearse vuestra so~ 
99 berana atención :: abandonemos todo lo que pueda: 
» distraernos*, y guardémoslo para quand 'o la pazy la: 
» tranquilidad se consigan por vuestras victorias.. Ve- 
"nejemos; nuestras Uyes* loables usos y y costum- 
"bre& santas de nuestra monarquía. Armaos,. Señor* 
99 contra: sus innovadores que intentan seducirnos;; 
wy administrad justicia con. fortaleza sin excepción: 
9rde personas t reparad este trastorno; de principios: 
9>falsor^ en que nos vemos sumergidos, y no du- 
"de V¿ M. que unido intimamente con la nación^ 
»y con este supremo: tribunal dk ambo? mundos con— 
99 seguirá mantener la religión y el trona á núes— 
»tro legitimo Rey Fernando Vil ; la salvación del 
^pueblo, la conservación de las A meneas v y la 
"justa verganza del; enemigOe" He copiado fielmen- 
te sus palabras para que se vea su consonancia con? 
las de la consulta r y para que se juzgue, si los; 
que las dictaron,, malograrían qualquiera ocasión que- 
Ies viniese después á la mano r para exponer mas. 
abiertamente el sentido «jue. envolvían^ 



(LXXXIII) 

yr. Creyeron hallarla , qua.ndo el consejo de Re* 
gencia , acosado por todas partes de nuestros ene- 
migos consultó al consejo-reunido sobre lo que 
convenía acordar en quartto al destino de los in- 
dividuos de la junta central ; y entonces fué quaa- 
jdo los consultantes, arrojando la mascara, der- 
ramaron contra ellos todo el rencor que hervía en 
sus pechos , en la famosa consulta de 19 de fe- 
brero de este año. Harto he dicho ya sobre ella: 
mas para que mis lectores acaben de calificar su 
espíritu , acabaré yo también esta parte de mi de- 
fensa, exponiendo á su reflexión otra clausula, en 
¿jue al mismo tiempo que ensalzaron con jactan- 
cia la prudencia de sus consejos , pretendie- 
ron exponernos á la execración del público, atri- 
buyendo las calamidades que le afligían en aque- 
lla época á nuestra tenacidad .en despreciarlos*' No 
?\ pudiendo por otra parte dudarse ( digeron ) que la 
»ma\or parte de los males que sufrimos , y el es- 
atrecho apuro en que nos vemos , nacen de esta 
vsu tenaz insistencia en no dexar un mando, tan, 
?>mal adquirido como desempeñado." 

72. Tai era la opinión que desearon inspirar 
jk la nación contra nosotros. No temo yo, que su 
.deseo sea cumplido: pero determinar qual sea la 
ppinion , que corresponde á nuestro celo, á la pu- 
reza de nuestra intención, y á los servicios que he- 
mos procurado hacer á la patria , no es de aho- 
ra , pues pertenece á otro tiempo , y á otro juicio, 
i jueces mas augustos , y á defensores mas elocuen- 
tes. Lo que á mi me toca es hacer ver á mis lec- 
tores la temeridad con que los ministros del con- 
sejo-reunido se arrojaron á juzgar tan precipitada- 
mente de nuestra conducta. Porque ¿ quien losha- 



(LXXXIV) 

bía constituido jaeces de la junta central? ¿ "De 
donde les venia el derecho de ser nuestros censo* 
res ? Y si eran nuestros jueces ¿ porqué , prevarican- 
do en tan sagrado ministerio tomaron la parte de 
nuestros acusadores? Si eran nuestros jueces ¿ quien 
produjo- ante ellos la acusación? donde buscaron las 
pruebas de el delito? ¿.quien oyó sus cargos? ¿ea 
que forma recibieron la defensa délos delinqiien- 
tes? Vta-se su respuesta en la misma consultav 
La opinión pública os acusa , digeroa r en. uno de 
sus apostrofes á los centrales. ¡ La opinión/ publi- 
ca! Pero ¿donde? ¿ante quien ? ¿ porque órganos? 
[Pudo profanarse mas descaradamente este nombre!. 
i De quando acá le han merecido las voces y im- 
posturas de la calumnia ? ¿ Quando pudo aplicarse 
a los rumores , y dicharachos , inventados por una 
gavilla de ambiciosos r divulgados por sus viles 
emisarios , y repetidos por nuestros émulos en ua, 
rincón del rey no ? No : no es tal el carácter dé- 
la opinión pública: de esta, opinión, que nunca 
acusa con parcialidad, ni juzga con precipitación:: 
de esta opinión r que se forma siempre por el jui- 
cio desinteresado de los hombres de bien, que no 
se suia por les suserros de la calumnia , ni por los 
artificios de la envidia , ni se dexa^ alucinar por 
las groseras ilusiones de la ignorante .muchedurn- 
bre. ; Ah i esta respetable opinión , lejos de conde 
na: nos, deploraba entonces en secrete el horrible 
trastorno de cosas y de ideas ^ que agravaba las 
desgracias públicas, viendo á la calumnia triunfar de 
la inocencia, y apadrinada por los que estaban mas, 
obligados á cubrirla con la egide de las leyes.. 
- 73. Pero, en conclusión, lo que será siempre.: 
mas. admirable en el juicio de los hombres sex^u-- 



(LXXXV) 

satos, es el espontaneo , y desatado furor con que 
nuestros censores, sin necesidad , ni provocación 
pronunciaron contra nosotros un juicio , que aun 
quando fuese disculpada por la justicia, nunca po- 
día serlo por la moderación y la prudencia. Por- 
que i como no vieron que acusándonos de usurpa- 
ción ante el supremo consejo de Regencia, le hec lia- 
ban; en cara esta misma noía T pues que el poder 
que empezaba á exercer era el mismo que acaba- 
mos de pasar á sus manos?- ¿Como no vieron que 
insultaban mas abiertamente á dos miembros de 
aquel augusto senado, que hi bien Jo si lo ministros- 
de la junta central, no poJian no ser cómplices 
en la usurpación de su autoridad £ ¿ Como no vie- 
ron que se injuriaban asi mismos , pues que el cuer- 
po , á cuyo nombre hablaban , no exercia otra, 
autoridad r que la aue habíamos creado restable-' 
ciendole? ¿Como no vieron que denigrando ai go- 
bierno antiguo, desautorizaban , y debilitaban al nue- 
vo, enseñando al pueblo -á despreciarle r y abrian 
la puerta á la anarquía,, "al mayor de los ma- 
les sociales,, y al único que puede hacer deses*- 
perada la causa de nuestra libertad? ¿Como no> 
vieron que en una censura tan general , en que 
todos los actos del gobierno central eran compren- 
didos , y en que ninguno- de- sus- miembros eia ex- 
ceptuado r hacian recaer su venganza sobre aque- 
llos, que no podían ser obgetos de su odio, nü 
de su resentimiento? Como no vieron que quan- 
do algunos^ centrales los hubiesen desayrado, & 
ofendido , ó* se hubiesen mostrado desafectos á su 
cuerpo, á sus personas, ó á sus dictámenes , era 
una enorme injusticia envolver en sus imputaciones* 
á. tantas distinguidas personas , que lejos de ofen— 



(LXXXVI) 

der su mérito, y de despreciar su opinión los 
bian siempre respetado, y que lejos de desairar- 
los, los habian tratado con decoro , con amistad, 
con cordialidad , y hechose acreedores, sino á su 
gratitud , por lo menos á su aprecio y estimación? 
Sobre todo ¿como no vieron que el estilo mismo 
de su consulta lleno de livor y menosprecio bas- 
taba para acreditar su parcialidad , y hacer sos- 
pechosa la misma razón que pretendían persua^> 
dir Porque es preciso reconocer, que jamas el su^- 
premo consejo se habrá producido en tan acerbo 
y destemplado estilo , aun contra las personas mas 
indignas: estilo tan ageno de la mutua benevolen- 
cia , por la qual existe la sociedad civil , como de 
la benigna indulgencia que une á los hombre» en 
la humana sociedad; pero mucho mas ageno to^ 
davia déla grave f y prudente moderación, que 
forma el carácter de la magistratura, Tal es el 
tenor de un escrito , que no podrán releér sin rii? 
bor sus autores , y que tal vez borrarán arre-? 
pentidos , antes que pase á manchar los archivo^ 
del consejo 



ARTICULO SEGUNDO, 



ti Cerrado este articulo de mi defensa que yf 
se hacia tan molesto á mi pluma, como era re-r 
pugnante, y penoso á mi corazón, entraré coi* 



4 



(LXXXVTI) 

paso mas libre, y rápido á desvanecer las ca^m- 
nías inventadas , para denigrar la reputación de 
los que compusimos la junta gubernativa. Impugnan- 
do á los ministros del consejo- reunid o la pluma 
marchó lentamente, detenida á cada paso, pgc 
el respeto del tribunal , á cuyo nombre hablaron 
y por el concepto de sabiduría, que es insepara- 
ble de su profesión. Deteníala también , la consi- 
deración que naturalmente inspiraban unos con - 
trarios , que solo pretendían atacar con las armas 
de la razón, y se cubrían con el escudo de las 
leyes. No era por lo mismo posible rechazarlos sino 
con sus mismas armas, y esto pedía un miramien- 
to , que solo se pudo perder de vista quando el 
desliz de la pluma , nacía del doTor de ía ofen- 
sa. Pero á unos enemigos , á quienes ningún res- 
peto protege por lo mismo que se encubren : á 
irnos enemigos , que atacan en asechanza , y dis- 
parando desde sus emboscadas , solo emplean las 
armas prohibidas de la mentira, y ía calumnia 
es preciso cargarlos de recto ; tratarlos sin el me- 
nor miramiento : atacarlos con toda la vehemen- 
cia de la justicia; y oprimirlos con todo el peso- 
de la verdad, que tan infamemente han ultra- 
jado. 

2. Es posible que falte á mí pluma el calor,, 
que fuera necesario , para tan rudo ataque; pero 
yo se le pediré á la indignación que excita en mí 
alma la fealdad de los delitos que nos han i .su- 
putado ^ y en que fui envuelto con los dehiss 
centrales. El cargo de usurpación de la autoridad 
soberana, aunque gravísimo por su natuia>eza, po- 
dra á lo menos dorarse con aquella especie de 
wopel que suele engalanar los proyectos de la ana- 



(LXXXVI1I) 

foicion : pero los de robo de la fortuna pública , y 
de infidelidad á la patria, imputados al cuerpo 
que estaba encargado de defenderla y salvarla, lle- 
van consigo tan abominable , y asquerosa fealdad 
cue á ser ciertos dejarían impresa en los nom- 
bres de sus autores una de aquellas eternas man- 
chas, qué según lu frase de Cicerón , ni se pue- 
den desvanecer cm el largo curso del tiempo , ni la- 
varse con todas las aguas de los rios.- 

3. De aqui es , que en la imputación de tan 
hediondos delitos, es mucho mas de* admirar la 
torpe necedad , que ia maligna osadía de nuestros 
calumniadores ; porque costandoles tampoco forjar 
alguna acusación, que tuviese visos de verosimi- 
litud, forjaron unos cargos no so4o improbables por 
su falsedad , sino imposibles por su naturaleza. Ce- 
gábalos tanto su ambición que los hizo hociear 
al primer paso. Era su obgeto apoderarse del man- 
do: mas como para despojar de él , á los que 
le recibieron de la nación era preciso imputarles 
culpas, que fuesen á los ojos de la nación bas- 
tante horribles y enormes , he aqui que echa- 
ron mano de las primeras , que su loca fan- 
tasía creyó mas propias para excitar su odio, y 
nuestro descrédito. Se esforzaron , aunque en vano 
en hacerlas correr. Cien bocas alquiladas para re- 
petirlas las divulgaron por todas partes: el vulgo 
las oyó con mas espanto que asenso : nuestros ému- 
los se¿ valieron de ellas para completar nuestra ruina : 
pero la nación no se dejó engañar. Los centrales aun- 
que perseguidos, insultados, y amenazados de muer- 
te por los sediciosos en su tránsito á la Isla de 
León , siguieron su camino sin otra protección que 
la de su inocencia : se reuaieron tranquilamente aüít 



acabaron de arreglar la organización dé las Cor- 
tes que habían convocado para allí : acordaron uná- 
nimes alíi la formación de un consejo de Regen- 
cia, y le nombraron y le instituyeron; y frus- 
trando la ambición de sus enemigos, hicieron á 
su patria el último, y mas recomendable servi- 
cio , salvando 1 1 autoridad suprema de las ruines 
Bianos que habian querido- arrebatarla , y confian*» 
dola á otras que creyeron mas fieles , mas fuer- 
tes , y mas felices. Asi fué, como los mismos que 
conspiraron contra nosotros , y por los mismos me- 
dios que emplearon para infamarnos , y arruinar- 
nos , vinieron á labrar nuestra gloria, y su pro- 
pia infamia. 

4. Pero pasando yá al exámen del primero de 
estos cargos forjados contra nosotros , se hallará 
en él mismo la demostración de su futilidad. Si 
el delito de peculato se hubiese imputado á tal 
qual individuo de la junta central , y fingido el 
modo , y supuesto los medios , por que se habia 
aprovechado de los fondos públicos , se hubiera % 
á lo menos , dado alguna verosimilitud á la ca- 
lumnia. Pero imputar á un cuerpo entero , com- 
puesto de mas de 30 individuos un delito tan féo, 
tan difícil de cometer, y tanto mas de ocultar, 
aun por uno solo ; y imputarle á^rompon , y á bul- 
to , sin determinación de personas, de tiempos , de 
casos, ni de sumas ¿no hace ver demasiado á las 
claras , que solo se trataba de hacer ruido y al- 
borotar con el estampido de una gran- calumnia : 
sin considerar , que , acabada la vibración de su 
sonido , se desvanecería por si misma , y descu- 
briría el punto de donde venia el tiro , y la tor- 
peza con que ss habia errado el golpe? 

12 



(XC> 

5. Ronque se puede asegurar , que - tos,, mismos 
que fraguaron el cargo , sentían , allá en su co- 
razttfl , que era del todo contrario y repugnante 
á la opinión pública , pues que lo era también á 
la r'v;i : que tal es el carácter de la calumnia,, 
q v. pila es la, que primero se desmiente asi mis- 
ma. En medio del odio indistinto que profesaban 
á te Jos los, centrales , por que ninguno era fa- 
vorable á sus designios ¿ como ignorarían que en- 
tre ellos habia muchos á quienes , aunque ma.t 
de su grado, ¡debían respetar por la rectitud,, y 
noble pureza de su conducta ? Yo no hé menes- 
ter citar los nombres de tantos ilustres calumnia- 
dos : pero apostaré mi cabeza , á que si se pre- 
senta su lista ,á mis lectores , para que señalen con 
el ^iedo , los que crean capaces de cometer tan 
grave, y ruin delito , resultará de este criterio que 
la mas considerable parte de nosotros queda ex- 
ceptuada , y libre de tan infame presunción. Y no 
temo añadir r que si toda la junta sevillana , á 
cuya envidiosa vista exercimos la soberana auto- 
ridad : por un. ano entero , y los miamos que la 
movieran á insurrección , y sus satélites , y sus 
emisarios, y sus diaristas , y sus trompeteros , y 
fautores , pudiesen ser sinceros; por un solo ins- 
tante , vendrían también á subscribir á esta taa: 
numerosa, como justa , v gloriosa excepción.. 

6. Mas no por eso reduciré yo á ella sola la 
repulsa de una .calumnia, que está demasiado re- 
sistida por su misma naturaleza, para que no pue- 
da desvanecerse por otros medios* Si estuviese mos 
en juicio legal , siendo de cargo del acusador la 
justificación del delito , y no habiéndose dado de el 
ainguna prueba „ la negativa sola bastaría para nu~ 



(XC!) 

estra defensa , y "absolución. Pero-sé trata de un jc¡í* 
ció de opinión , y nada haría yo sino desvaneciese 
hasta la mas iigera impresión que el clamor de los 
calumniadores pudiese haber hecho en el público. 
No .siendo, pues , dable rebatir con excepciones- 
especificas y directas una. imputación tan vaga y 
general, y un cargo tan indeterminado, lo haré 
con excepciones indirectas y generales: pero tale» 
que no dejen la i>ias pequeña duda sobre su torpe 
falsedad. 

7. Quando -me puse á reflexionar , de que ma* 
ñera pudieran los centrales haber convertido en 
provecho suyo los caudales del público, hallé que 
solo sería posible por uno de tres medios; Prime» 
ro : alterando el sistema económico de la Real Ha- 
cienda , y substituyéndole otro , que pudiese dar 
lugar á manejos , y - usurpaciones. Segundo: acor- 
dando algunas sumas , bajo el nombre de gastos 
secretos, ó para obgetos de I inversión supuesta, 
para envolsarselas después. Tercero: aprovechán- 
dose de algunas sumas decretadas para obgetos 
de verdadera y legitima inversión , y- cubriendo 
después el fraude con cuentas supuestas;, y figura- 
das. Si había algún otro medio de cometer esta 
especie de vergonzoso fraude, confieso que mi 
inexperiencia, y falta de penetración , en materia 
para mi tan nueva, y odiosa, no han podido dar coa 
él. Veamos pues , si es posible , ó probable, que 
los centrales se valiesen de alguno de estos me- 
dios para defraudar los fondos públicos. 1 

8. r. Por el primero de ellos, la esponja 
-de Godoy chupó, en el anterior reynado, la es- 
pantosa porción de la fortuna pública que todos 
saben, y que por desgracia, se nos escapó coa 



(XC11) 

este insigne ladrón. Suprimiendo la alternación de 

los tesoresos generales : dividiendo las entradas del 
tesoro, y el manejo de sus fondos, entre la te- 
sorería general , y la caxa de consolidación : po- 
niendo aquella á cargo de su mayordomo , y es- 
ta al de uno de sus mas hábiles y fieles adeptos: 
separando en ña y bajo la mano , y distribución de 
este último los fondos de la marina real , en que 
él era el arbitrio supremo , logró á fuerza de re- 
duciones de vales, misteriosas negociaciones, ver- 
gonzosos agiotages, y escandalosos monipodios * 
allegar aquel inmenso tesoro., que después de ce- 
bar su insaciable codicia , debía servir al esplen- 
dor y apoya de su soñado reyno algarhico- 

9. Pero la junta central , lejos de seguir tan 
abominable egemplo , tomó el camino directamen* 
te contrario , y hizo quantos esfuerzos pudo , paras 
restablecer el antiguo sistema de administración de 
la ReaL Hacienda/ Hallando pobre el tesoro pu- 
blico, y obstruidas sus entradas» y divididas era 
los tesoros particulares de las provincias, procuré 
desde luego reducirlas todas á la tesorería gene- 
ráK y dar asi^ á la receta, y salida, y á la euerv- 
ta y razón del erario , la unidad que. requería 
el buen orden , y establecían los reglamentos d* 
nuestro antiguo sistema riscal. Restableció la al- 
ternación de los tesoreros generales, confirmando' 
en su empleo á O. Vicente Alcalá Gaiiano á quktt 
halló en ejercicio, acreditado ya por sus cono* 
cimientos- económicos , largos servicios , y experien- 
cia ^ y nombró para la alternación de la cuenta 
y responsabilidad áD. Víctor Soret , también acre- 
ditado por su patriotismo , y servicios en la mejor 
época de U junta de Sevilla. No suprimió, aunque 



(XC1H) 

lo cteseaba , la oficina de consolidación, porque era 
menester penetrar antes los obscuros misterios de 
sus negociaciones, que con tan loable celo había 
empezado á descubrir el consejo de Castilla; y 
lo era también desemmarañar los enredos cíe su 
tortuoso manejo, antes de reunir el de sus fondos 
á los de la masa común : pero confió la admi- 
nistración de esta caxa 4 y aplicó á sus mejoras 
todo el cuydado, que las circunstancias permitie- 
ron. Finalmente puso al frente de este ramo de 
la administración pública á un hombre, general 
mente venerado en la nación por su alta probi- 
dad , por su heroico desinterés, por sus profun- 
dos conocimientos , y par los ilustres , y reciente» 
servicios, que había hecho á ta patria en su ma- 
yor aflicción. ¿ Díganme ahora, los que conozcan 
este sistema de administración , que siguió la jun- 
ta durante su gobierno , si pudieron los centrales 
convertir en provecho suyo los fondos del esta- 
do , sin que este robo fuese tan notoria, coma 
el que pudiera hacer una quadrrlia de bandoleros 
en medio de una plaza pública? 

10 2. Quando ta junta central no conociese 
las disipaciones, á que dieron lugar, en el go- 
bierno anterior , tos decretos expedidos con el tí- 
tulo de gastos secretos, y quando sus miembios se 
respetasen tan poco á si mismos , que pudiesen 
incidir ea tan reprobado abuso , la simple inspec- 
ción de sus actas , basta para probar el cuidado 
con que le evitaron. Las mismas actas acredita- 
rán , que no acordaron sumas algunas para obge- 
tos figurados, por el simple cotejo de ellas con las; 
ordenas expedidas á la tesorería general para pro- 
veér á los obgetos de la gueua > y á los demás 



(XCTV) 

gastos ordinarios y extraordinarios del estado. Uno, 
y otro abuso, además , era incompatible con el 
método constantemente observado en estas mate- 
rias. Quando estos acuerdos tenían su iniciativa en 
la junta , pasaban antes de resolverse á la sección 
de hacienda ; la qual exáminaba la proposición con 
el ministro, y con su dictamen volvía á ser dis- 
cutida, y resuelta en sesión general. Quando por 
el contrario tenían su iniciativa en el ministerio, 
la proposición examinada, y tratada antes por el 
ministro en la sección , se refería después con su 
dictamen á la junta donde se resolvía. Para come» 
ter, pues, el fraude, que suoone el segundo me- 
dio , era preciso , que fuese primero concebido poc 
todos , y luego amañado en la sección ; ó bien con- 
cebido, y amañado en la sección, y luego consen- 
tido , y decretado por todos en la junta. ¿ Es pues 
creíble^ que 30 personas de tan distinguido y di- 
ferente carácter se uniformasen , para cometer un 
fraude tan vergonzoso • ¿ Y quando nuestros ca-? 
lumniadores tuviesen tan baxa idea de nosotros, 
la tendrían también del ministro ? ¿ De un hom* 
bre á quien no. deberían nombrar sin poner su fren- 
te en el polvo * ¿ De un hombre , sin cuya com- 
plicidad , y deliberada concurrencia al fraude no 
se podía cometer ? ¿Pero que digo el ministro? 
¿Pedían executarse tules decretos, sin que pasasen 
antes por ¿nil manos y vias , en la secretaria y en las 
oficinas que debían intervenir en su execucion? Que 
bajo el yugo de un valido , que tiene á su de-r 
yocion , ó intimida, y refrena con su poder á 
los ministros, y sus dependientes, se conciban y 
amanen tales fraudes-: que estos fraudes aunque se co-^ 
anjean se atapen: que el mismo que los hace se burl§ 



de la opinión pública, y sus egecutores se crean cubier- 
tos con su sombra; esto ya se entiende : esto es- 
tá en el orden, ó por mejor decir en el desorden 
de las cosas , quando una nación viene á caer en 
tal desgracia que el despotismo de un hombre so- 
lo baste para corromper, ó tiranizar á todos los 
instrumentos que deben servir á sus delitos, r ¿:ro 
persuadir que en un cuerpo tan numeroso, y dis- 
tinguido , y en un gobierno tan liberal , tan mo- 
derado, tan popular en sus operaciones , cupiesen 
designios tan sórdidos, y manejes tan vergonzosos 
estudiados y obscuros es una especie de desvario 
que solo pudo entrar en cabezas huecas, y deli- 
rantes : pero que no cabe en ninguna cabeza sana* 
y bien organizada, 

ii 3. ° La pretensión de que los centrales 
pudieron defraudar al público por el tercer me- 
dio , es tan ridicula , que apenas se puede tratar 
de ella con seriedad; puesto que para cercenar 
por medio de cuentas figuradas alguna parte de 
las sumas acordadas para obgetos de inversión le- 
gítima y ya no bastaría que todos ellos, y el mi- 
nistro de hacienda , y los ministros de otros ramos, 
y sus inmediatos dependientes fuesen hombres corrom- 
pidos, y sin una pizca de vergüenza, sino que fuesen 
tan viles y bajos que saliendo de su alta esfera se aba- 
tiesen í buscar fuera de ella otros hombres tan rui- 
nes , para capa , y auxilio de sus ruindades. Por- 
que ¿como se podían cercenar, ni defraudar, en 
tiempos de tanto apuro y penuria T las sumas li- 
bradas para obgetos de legitima, y urgente inver- 
sión , sin suponer gastos no hechos, precios no ■ jus- 
tos T sumas aumentadas, partidas ilegitimas, y 
j otras supercherías, sin las guales, ni se podían,, 



(XCVI) 

fignrar cuentas, ni distraer cantidades algunas? Y" 
quando se pudiese, ¿ como se verificaría sino por 
medio de muchos confidentes , y cómplices , y par- 
ticipantes exteriores ; puesto que la junta central 
no proveía inmediatamente á estos obgetos , ni li- 
braba directamente por su secretaria, ni autori- 
zaba á sus individuos , ni comisiones para que lo 
hiciesen ? Porque es menester confesarlo en honor 
suyo, que las ordenes de esta clase se comuni- 
caban siempre ai ministro de hacienda para su exe- 
cueion. Y aunque en la inmensidad de sus aten- 
ciones solia la junta confiar á varios individuos 
yá en particular, yá en sección, yá en junta de 
comisión, el eximen dealguñas materias, y el desem 
peno de algunos trabajos , jamás puso fondos algu- 
nos á su disposición , ni los autorizó para librar- 
los directamente, ni hubo, que yo sepa , gasto al- 
guno , que no fuese comunicado por orden de la 
junta al ministerio, y pagado con ordenes de es- 
te y expedido por los medios establecidos en este 
ramo de gobierno. Asi que , para que se verifica- 
sen estos vergonzosos embudos, era preciso, queelea- 
juague se fraguase entre los centrales, y el ministro; pa- 
sase por los oficiales de la secretaria de hacien- 
da : se extendiese á los proveedores , asentistas f 
comisionados, y demás agentes del gobierno : cun- 
diese á las oficinas de cuenta, y razón, y : : : : 
Yo no puedo seguir por este obscuro , y fango- 
so laberinto, cuyos ambages son para mi tan des- 
conocidos. Diré solamente ( y per mita serme esta hu- 
milde comparación) que tan difícil me parece, 
que los centrales usurpasen por este medio su- 
mas grandes, ni pequeñas, sin que Jo supiese to- 
do eí público, como que los legos de* un coa- 



ventó se comiesen las raciones del refectorio sin 
que lo entendiesen todos los frailes. 

12. Pero se nos dirá, 6 mas bien se nos ha 
dicho ya: si tan pura fué vuestra conducta ¿por- 
qué después de haber alucinado a los pueblos ^ pa- 
ra atraerlos á vuestra devoción con la solemnísi- 
ma oferta de darles cuenta \de vuestra adminis- 
tración^ y inversión de caudales , no cumplisteis 
tan recomendable palabra? Duro es para mi, vol- 
ver á lidiar, y á estrellarme con los ministros del 
consejo-reunido, á quienes toca en legitima pro- 
piedad esta misteriosa reconvención. Nuestros ca- 
lumniadores , como mas encarnizados , y menos re- 
flexivos , echaron en este punto por el atajo, y 
sin pararse en barras , pronunciaron redondamen- 
te que hablamos robado los fondos públicos : pero 
los consultantes , como hombres mas avisados , y 
de sangre mas fria , nos argüyeron solamente de 
no haber dado cuenta de aquellos fondos, para que 
otros pudiesen inferir que los habíamos comido sin 
necesidad de que ellos lo dijesen. Voy pues á respon- 
der á su reconvención ; y aunque la respuesta no 
es difícil , por lo mismo que es muy impor- 
tante procuraré darla tal que pueda tranquilizar 
al público, satisfacer al consejo, y servir de tapa 
boca á nuestros ruines calumniadores. 

13. Por ahora la reduciré á dos breves clau- 
sulas, que ampliaré después. Primera: la junta cen- 
tral no pudo verificar la presentación de esta cuen- 
ta. Segúndala cuenta que era de cargo de la jun- 
ta central estaba pronta, para quando se pidiese. 
Primera: la cuenta á que se refiere la recon- 
vención , es sin duda la de el año de 1809 con * n ~ 
cíiuion de los tres últimos meses del anterior* 

n 



(XCVIII) 

Es pues cTara, que no- pudo formarse , examinar- 
se , y aprobarse hasta principios de enero de este 
año ; y este fué precisamente el tiempo en que 
la junta central acordó trasladarse á la Isla dé León,, 
para preparar las cortes , que tenia convocadas allí. 
Digan pues de buena fé, los que saben la situa- 
ción en que se halló , los pocos dias que allí es- 
tuvo , los graves cuidados que la rodearon T y los 
importantes objetos que alli acordó ¿ si pudo vol- 
ver su atención á ta formación de esta cuenta? 

14 Mas quando pudiese, la cuenta en que de- 
bió pensar la central no era la de 1809, sino 
otra que alcanzase hasta fin de febrero deste año: 
porque habiendo señalado el 1. de marzo para 
la apertura de las cortes ,. y debiendo- exponer an- 
te esta augusta asamblea , como tenia ofrecido, qual 
había sido su conducta en el tiempo de su admi- 
nistración,, es claro que su exposición debia "abra- 
zar la inversión de todos los fondos, que estuvie- 
ron bajo su mano , hasta aquel dia.. Si pues r hu- 
biese publicada en enero de este año r la cuenta que 
fenecía en diciembre anterior , para presentar des- 
pués á las cortes otra de solo los dos últimos me- 
ses, es también claro, que esta duplicación hubie- 
ra parecido ridicula , y acaso, acaso misteriosa. Lue- 
go no habiendo tenido la dicha de depositar su 
autoridad en las cortes, til de darles cuenta de su 
administr a *n , como siempre pensó, y deseó; mal 
y no sin siniestra , y dañada intención se la pu- 
do reconvenir de haber faltado á una promesa,, 
cuyo cumplimiento no estuvo en su mano. 

15 Otra reflexión harto obvia * hace conocerla 
estrañeza con que los centrales fueron reconveni- 
dos sobre este pumo t porgue si los consultantes 



(XC1X) 

tenían alguna duda acerca de la pureza de fiues- 
tra conducta ¿ no era mas prudente , y mas justo 
que propusiesen al consejo de Regencia la necesi- 
dad de formar y publicar esta cuenta , para sa- 
tisfacer con ella al público, que no aumentar los 
recelos del público culpándonos de no haberla dado? 
Ellos sabían muy bien que para esto no era ne- 
cesaria nuestra intervención, porque si bien ,eramos 
responsables de la buena ó mala inversión de los 
fondos públicos , no eramos nosotros, sino la teso- 
rería general quien debia formar la cuenta. Sabian 
también que esta cuenta xiebia estar próxima $ 
arreglarse; puesto que el nuevo tesorero general 
se hallaba ya en egercicío, y que este según tules* 
tro sistema económico, debía abrir una nueva cuen- 
ta , así como el cesante darla de su época. Sabían 
.que según los reglamentos y practica de este sis- 
tema , la razón de entradas en , y salidas de, la 
tesorería, no solo constaban en esta oficina, sino 
que se presentaba semanalmente al ministro. Sa- 
bían , que los documentos justificativos de su dis- 
tribución se arreglaban , y recogían á la entrada 
de el año, y que quando faltasen algunos estan- 
do reducidas , las relaciones del cargo y data, á 
las dependencias de Sevilla , y Cádiz era fácil reu- 
nidos quando se pidiesen. Sabían , en fin , que de 
,c>ta operación pendía , no solo nuestra opinión y 
la del ministro, sino también la del tesorero gene- 
ral ; pues que apoyándose su solvencia en decre- 
tos de la junta, y ordenes del ministro, no podía 
alterarlos, sin comprometer su propio honor , y echar 
sobre si la agena responsabilidad. ¿ A que, pues, 
en vez de buscar esta luz y difundirla en el pú- 
blico para desengaño suyo , y satisfácelo» auesiia; 



¿ á que, repito, inspirar al publico dudas y sos- 
pechas contra nosotros, con tan imprudente! re- 
convención ? Y quando el dictamen de los fiscales 
de S. M., aunque tan desfavorable á nuestra con- 
ducta , les abria un camino tan justo y legal 
para examinarla ¿ á que venían las dudas con tan 
afectada prudencia ponderadas , para dejar expues- 
ta nuestra fama al insulto de los calumniadores r 
y á las ilusiones del vulgo agitado por ellos ? 

16 Pero nos dirán todavía ¿ y tantos socorros 
dados por la generosidad inglesa : tantos donati- 
vos presentados sobre las aras de la patria por 
la lealtad española; tanta plata recogida de Ios- 
Templos, y de los particulares ; tantas contribu- 
ciones , y arbitrios ,. y empréstitos extraordinarios 
y sobre todo tan inmensos caudales venidos de 
América, que se hicieron? ¿como han desapare- 
cido ? 

17 Muy fácil era responder en una sola clau- 
sula: entraron en tesorería, y salieron de ella pa- 
ra defensa y conservación de la patria ; y esta 
respuesta tan concisa como cierta pudo y debió 
preveérse por los fiscales , y consultantes del con- 
sejo , para no afectar dudas tan injuriosas á su 
buena fé , como á nuestra probidad- Sin embar- 
go, estas dudas son demasiado graves, para que 
yo no crea necesario disiparlas, ampliando aque-, 
lia respuesta. Harelo , como Dios me ayudare 
aunque aislado, sin haber intervenido en la comi- 
sión de hacienda , sin datos , ni documentos á la 
mano , sin instrucción ni practica en negocios de 
cuentas, y sin mas luces, ó auxilios, que los que 
puedo buscar en mi pobre memoria. 

v¿ Conviene para esto hacer algunos supuss- 



(CI) 

tos que no necesitan de prueba, porque se refie- 
ren á hechos notorios , ó por lo menos bien co- 
nocidos de nuestros censores. Sea el primero que aun- 
que la Inglaterra socorrió con grandes sumas á nues- 
tras provincias , en los principios de nuestra santa 
insurrección -, y aunque continuó después socor- 
riéndonos generosamente con poderosos auxilios de 
tropas, armas, vestuarios, fornituras, municiones 
y otros varios artículos, es un hecho innegable 
que desde la institución de la junta central no so- 
corrió al gobierno con una sola esterlina en dine- 
ro. Antes bien la junta , por corresponder á tan 
generosa aliada , no solo prestó corno era debido,, 
muchos socorros á su exército , sino que no tu- 
vo reparo en acceder á la negociación que pro- 
puso á su nombre el Caballero Coehrane , de li- 
brar tres mil/enes de pesos en América, pagaderos, 
en letras sobre Londres: negociación que nos resul- 
tó harto gravosa por la lentitud , y perdidas del. 
reintegro, y que haría muy reprensible la buena 
fé con que se admitió, sino la disculpase la gra- 
titud debida al generoso gobierno , á cuyo nombre 
fué prepuesta y aceptada, 

19 Sea el 2, Que en quanto á donativos, pla- 
ta recogida, empréstitos, y arbitrios extraordinarios 
deben distinguirse también dos épocas: la del go~ 
bierno de las juntas provinciales y la del gobier- 
no central ; y ya se vé que dividido asi el car- 
go , quedará muy mengustío el de la última. Es 
ademas constante que la junta central no impuso 
contribución alguna extraordinaria hasta sus pos- 
treros dias, y de consiguiente que nada percibió- 
por este título. Y lo es en fin , que salvo los dis- 
truos de Sevilla y Cádiz, nada , que yo sepa, per- 



( cu ). 

cibió tampoco de las contribuciones ordinarias, y 
extraordinarias de las provincias. Es pues claro, 
que el cargo de su cuenta debe quedar reducido 
á las contribuciones ordinarias de Sevilla, y Cá*- 
diz, á ios fondos recibidos de América, y á los 
empréstitos de su época, 

21 Todos los fondos recogidos por las juntas su- 
premas en las suya, fueron distribuidos por ellas, 
y consagrados á la defensa de la patria en la pri- 
mera y gloriosa camparía: sin que de sus sobran- 
tes hubiese venido cosa alguna , que yo sepa, á 
la tesorería general ; si ya no es lo que algunas 
generosamente ofrecieron , sin exigir reintegro pa~ 
Ta cubrir el empréstito pedido á las provincias. 
De los demás no se. les pidió cuenta, ni lo per^ 
mitieron las circunstancias , teniendo atención á que 
los habían administrado, y distribuido con autor 
rídad suprema, y igual ája que la junta central exercia, 
y á que no era justo dudar , ni de su probidad, 
y celo, ni de la grandeza de los obgetos á que 
tuvieron que proyeér, ni de la necesidad en que 
se hallaron de gastar sin detenerse en los escrú- 
pulo^ de la econonsíj, en medio de tanta urgen- 
cia , turbación y variedad ck atenciones, á trueque 
cié cubrirlas cumplidamente. 

22 Es verdad que el producto de los donati- 
vos , arbitrios, y contribuciones ordinarias y ex- 
traordinarias de las provincias en la ultima époc:* 
debió estar á disposición del gobierno central, y 
á crecer el fondo de la tesorería general : pero es- 
to no se pudo verificar. Con el fin de reunir eri 
aquella tesorería todos los fondos públicos, y de 
dar á su recaudación administración, y cuenta y 
razón, la unidad, sin la qual no puede haber 



( cm ) . , 

su distribución , ni orden ni economía, cuidó la 
junta de establecerla, expidiéndola real orden de 
13 de octubre de 1808 para que todas las teso- 
rerías, y oficinas de cuenta, y razón abriesen 
nueva cuenta desde el 25 de setiembre anterior 
y estableciesen su correspondencia con la tesore- 
ría mayor , á dónde debían venir sus fondos. Es- 
ta real orden comunicada al tesorero general fué 
circulada á todas las provincias , mas a pesar de 
ella la administración de sus fondos continuó baxo 
la autoridad de las juntas provinciales \ sin que en 
ella se diese intervención á la tesorería general , 
ni los fondos se pusiesen á disposición del gobier- 
no. Lo mismo se mandó de nuevo por el regla- 
mento de r.° de enero del año pasado , y se re- 
pitió por la real orden de 29 de agosto , aunque 
con tau poco efecto. De el espíritu de indepen- 
dencia , conque algunas juntas procedieron en es- 
ta materia presenta un buen egemplo la represen- 
tación , que la junta de Valencia publicó en b$ 
de setiembre del año pasado , y á la qual con- 
texto el tesorero general en su informe de 22 de 
octubre , que también anda impreso. Prescindien- 
do , pues, de esta discusión de autoridad, que no 
es del dia , porque no se trata de los fondos, que 
debieron estar , sino de ios que estuvieron á dis- 
posición de los centrales, resulta siempre, que no 
pertenecen al cargo de su cuenta los que fueron 
percibidos, y distribuidos por las provinciales du- 
rante su gobierno. N 

23. Hechos estos supuestos , deben tener pre- 
sente mis lectores , que el empréstito general pe- 
dido, y repartido á las provincias en 1808 no pu- 
do completarse 7 por la invasión de las que ocu- 



(CIV) 

pó el enemigo al fin de aquel año; y que, de 

los pedidos al consulado de Cádiz, y otros cuer- 
pos , se reintegró y pagó todo quanto las circuns- 
tancias permitieron. Aora bien ; si se considera que 
desde primero de enero, hasta fin de septiembre 
del año pasado, se habían pagado yá por las te- 
sorerías , que estaban á disposición del gobierno 
388 millones y medio de rs, solo para los obge- 
tos de la guerra , como demostró el tesorero ge- 
neral en su citado informe: si se agregan á esta 
suma los que se habrán librado desde i. ° de octu- 
bre, hasta fin de enero de este año, para proveer 
ú tantos y tan numerosos exércitos , como man- 
tenía la patria; y si se añaden los fondos inver- 
tidos en la administración civil , y en el auxilio 
de tantos desvalidos , como hizo la guerra , y de 
tantos empleados infelices, como se refugiaron á 
la sombra del gobierno, que tan benignamente los 
acogía, y pagaba, de qualquiera manera , que se 
calcularen los fondos venidos de América, el re- 
siduo de los empréstitos, y el producto de las con- 
tribuciones ordinarias de Sevilla, y Cádiz, fácil- 
mente se adivinará, que la cuenta que se forma- 
re ( pues que de formarse tiene ) de la época del 
gobierno central , lejos de cargar á este gobierna 
con la infame nota, que le quisieron imponer sus 
calumniadores, será la mejor apología de la pu- 
reza , y rectitud de intención de sus miembros. 

24. Y por ventura ¿pudieron formar de ellos 
otra opinión los que los observaron de cerca , y 
quieran judgarlos con imparcialidad ? ¿ Los que ob- 
servaron el miramiento y respeto con que trata- 
ron los fondos públicos , restableciendo el buen or- 
den 1 y la economía en su administración? no dis- 



(CV) 

pensándolos por su mano, sino por las vías y me- 
dios establecidos en este orden? ¿y no invirtien- 
dolos , sino en los obgetos recomendados por la 
justicia , y la necesidad ? ¿ Los que observaron esta 
economía, en la supresión de todos los gastos de 
luxo del antiguo gobierno, y en la moderación con 
que establecieron el suyo, sin aparato, ni osten- 
tación alguna, y buscando su esplendor, no en el 
tequito , guardias , corte , oficiales , y atuendo, de 
que suele rodearse ia representación de la sobera- 
nía , sino en la justicia , y parsimonia de su gobier- 
no, que eran harto mas dignos de la veneración 
y benevolencia de los pueblos ? ¿ Los que obser- 
varon esta misma parsimonia en la detenida dis- 
pensación de gracias y pensiones, y en el religio- 
so desinterés con que se abstuvieron de acordar- 
las para si, ni sus familias? ¿Los que observa- 
ron el sencillo y modesto porte de su vida pri- 
vada durante su mando , y la generosidad con que 
le abdicaron , sin reservarse sueldo , ni recompen- 
sa alguna , ni otra esperanza que la de la gratitud 
de la nación á quien tan lealmente habían servi- 
do ? ¿ Y en fia la formarán los que aora mismo, 
y en medio de tanta difamación ven por sus ojos 
la pobreza y desamparo á que los redujo esta mis- 
ma generosidad? Concluyase, pues, que si ha si- 
do una necia , y atroz calumnia el atribuirles ei 
robo de los fondos públicos, ha sido también una insi g- 
ne injusticia pervertir la pureza de su intención , atri- 
buyendo la generosa oferta de dar cuenta de su 
conducta al ruin , y anticipado propósito de en- 
gañar á los pueblos; y esto , sin otro fundamen- 
to , que no haber cumplido una oferta, que no 
les fué dado cumplir. Quisiera ahorrar esta arnar- 

14 



ga reconvención á los que tuvieron la temeridad 
de hacernos otra, harto mas injusta y amarga:; 
pero i Quis tam patlens. ut teñe ai sé ? 



ARTICULO TERCERO. 



Shn la ultima calumnia divulgada contra los* 
miembros de la junta gubernativa acabaron de vo- 
mitar sus enemigos todo el odio que en sus rui- 
nes almas escondían Era muy grave sin duda so- 
bre vergonzoso el crimen de peculato : pero el de in* 
fidencia á la patria en las circunstancias en que v 
y en las personas, á quienes se imputaba,, reunía 
toda la enormidad que podía hacerle en el mas: 
alto grado abominable, y atrocísimo.. Y esto hace 
ver , que si nuestros calumniadores fueron bastan- 
te insensatos para atribuirnos un crimen , que por 
inverisímil, y repugnante se haria increíble, ó se* 
desvanecería por si mismo, también fueron bas- 
tante malvados en aprovechar el momento, que 
era mas favorable, para producir ei pronto y ter- 
rible efecto á que aspiraban. Hallábase la nación 
consternada por la triste , y no esperada derro- 
ta de Ocaña , y por la falta del mejor de sus exér- 
citos : los enemigos , vencida la barrera de Sierra 
Morena, venían derramándose sobre los quatro rey- 
nos de Andalucía: uno de sus exércitos se aban- 
taba, aL de Sevilla, y amenazaba su capital : aque? 





(CVtt) 

Ha populosa ciudad estaba ya en el mayor sobre- 
salto , y en este punto el gobierno, saliendo de 
ella , para trasladarse i ía Isla de León, parecía 
abandonarla á su suerte. ¡ Que momento tan opor- 
tuno para representar los centrales como fugitivos 
y traidores á la credulidad de un vulgo, tan acos- 
tumbrado á oir esta -voz, y tan agitado y descon- 
tento entonces, .como propenso siempre á atribuir 
á la infidelidad Jas {desgracias públicas ! 

m. Pero por mas -que circunstancias tristes, y 
raras ..hubiesen favorecido aquella calumnia en Se- 
villa^ por mas que su eco hubiese resonado en otras 
partes por algunos dias: por mas que la emu- 
lación , y la envidia hubiesen salido en su apoyo, 
en los lugares en -que.se reunió el gobierno, el tiem- 
po solo iastó para -.desvanecerla : la verdad tomó 
su lugar , y se puede ya asegurar sin reparo que 
no habrá hoy en toda ia extensión de España un 
solo hombre ,de sano juicio, y recto corazón que 
pueda darle el mas pequeño asenso, 

3. Es sin erabargo necesario confundirla , siquie- 
ra para que sus inventores no le busquen algún 
apoyo en nuestro silencio. Harélo, pues , por el úni- 
co medio en que k) puedo hacer; esto es, por 
medio de excepciones generales ; poique también 
debe contarse en la extravagante perverádad de 
nuestros calumniadores , el no haber nombrado en 
estaímputacion personas, señalado tiempos^ni indicado 
hechos , ó casos , á que pudiera contraerse una .de- 
fensa mas determinada , y especifica. 

4. La primera y acaso la mayor de estas ex- 
cepciones se halla en la misma atrocidad de el cri- 
men que nos han imputado : el qual en la lista 
de los delito* públicos^ que puedvn cometerse con- 



(CVilT) 

tea la sociedad , tiene el primero, y mas alto Ja* 
gar, como que ataca directamente sus fundamen- 
tos, y pone en riesgo su seguridad. La fealdad de 
este delito es tan horrible á los ojos de la ley,, 
que no acertó á explicarla mejor que comparán- 
dole al hediondo mal de la lepra. " Traición ( di- 
"ce la rubrica del título 2.° de la partida 7a ) 
»es uno de los mayores yerros et denuestos en 
«que los homes pueden caer: et tanto la tovie- 
»ron por mala los sabios antiguos r que conos- 
» rieron las cosas derechamente , que la compara- 
ron á la gafedad Et traición ( añade la ley que 
«sigue á esta rubrica) es la mas vil cosa et peor 
« que, puede caer en corazón de bornes." A el hor- 
ror , con que la miraron nuestras leyes, corres- 
ponde la enormidad de las penas que señalaron 
para su castigo; pues, como si no bastasen la vi- 
da, y los bienes y la fama del traidor , para sa- 
tisfacer á la sociedad., extendieron la pena hasta 
rus inocentes hijos, y por "decirlo asi la eterniza- 
son. w Et demás (dice la ley 2.) todos sus ñxos- 
«que son varones deben fincar en fama dos para 
«siempre de manera que nunca puedan haber non— 
«ra de caballería , nm de otra digaidat, nin ofi- 
«cio , nin puedan heredar de pariente que hayan 
«nin de otro extraño , que los estableciese por 
"herederos, nin pueden haber las mandas que les 
«fueren lechas: et esta pena deben haber por la mal- 
«daí que tizo su padre," 

5, Pero la* atrocidad de este crimen, considera- 
do sin relación alguna á sus circunstancias, crece 
mucho mas todavía por la calidad de las perso- 
nas que ie cometen; por el gr do que ocupan en 
la, sociedad: y por ios deberes que quebrantan ofen- 



(CíX) 

diendola. Qualquiera inteligencia, ó ayuda que un 
simple ciudadano tuviese , ó diese á los enemi- 
gos de su patria, fuera sin duda, un delito gra- 
vísimo. Fueralo mas , si el magistrado civil de 
una ciudad la sometiese á su dominio : mas si el 
gobernador de un castillo ó plaza fuerte les entre- 
gase sus llaves : mas aun , si un ministro les ven- 
diese los secretos importantes de ei gobierno ; y* 
mas en fin , si uu general les entregase el egér- 
cito confiado á su mando, para defender la patria. 
Pero todos estos delitos parecerían leves, com- 
parados con el de un cuerpo que siendo deposi- 
tario de todo ei poder de la nación, honrado coa 
toda su confianza, y encargado de gobernarla, y 
defenderla , tratase de venderla al tirano que la 
oprimía. Porque elegidos nosotros para tan augus- 
to ministerio, sin otro titulo que la opinión de 
nuestra probidad , y distinguidos entre^ tantos dignos 
ciudadanos para tan alta dignidad , y confiados, á 
nuestro délo el exercicio del supremo poder , y 
á nuestra lealtad la conservación de los mas pre- 
ciosos intereses del estado, ¿ quantos insignes bene- 
ficios no teníamos qua olvidar, altas honras, y 
confianzas que despreciar , sagrados deberes, y san- 
tos juramentos que violar , y prostituir para caer 
en ei atroz propósito que nos fué imputado ? 

6. Se dirá que todo cabe en la perversidad de' 
el corazón humano, y por desgracia , es muy cier- 
to , que no hay delito de que no sea capaz quan— 
do se aleja de los puncipios de la virtud , y aho- 
ga los sentimiefítos de la naturaleza. Pero asi co- 
mo fuera necia presunción y temeridad , pretender 
que ningún central era capaz de caer en tan abo- 
minable delito , lo fuera mucho mayor , presen- 



. ( cx ) 

der, que todos pudieron reunirse y acordarse pa¿ 
ra cometerle. Fuera enorme injustíeia creet que cu- 
po en todos tanta corrupción., tanta vileza, tanta 
perversidad de deseos, tan estrecha unión, tap 
profundo secreto , y tan perseverante astucia , co*. 
mo eran necesarios para concebirle, y execuiar* 
le. Y quando esto se creyese posible respeeto.de 
otro cuerpo ¿ pudo creerse de el que estaba tan 
decorosamente constituido? ¡Porque si ei esplendor 
de la nobleza, las sanas, y religiosas máximas de 
honor , y probidad , el pundonor de la profesión 
militar, la -santidad del sacerdocio, y la rectitud 
de la magistratura, no fuesen buenos, y seguros 
fiadores de la fidelidad : smo lo fuesen la educa- 
ción distinguida^ ios altos empleos dignamente de- 
sempeñados, los talentos ilustrados por el estudio 
y la experiencia , y la reputación, y buen nom- 
bre adquiridos por una noble y virtuosa conduc- 
ta ¿donde se hallarían calidades mas dignas de 
la coimanza publicad y quando no se concedan 
todas , á todos los cerrares ¿quien será tan in- 
justo y temerario que no las conceda á ninguno? 

7' z Qfi°d en ' lm est tam despsratum collegíum, 
in quo nema, é decem , sana mente sin 1 , (i) Decia Ci- 
cerón defendiendo la institución de -los tribunos 
de Roma : de un cuerpo al cual se entraba á fuer^- 
za de intrigas, sobornos, y bajas adulaciones : de 
un cuerpo , cuyos individuos se distinguían , á com- 
petencia, turbando al alto gobierno, y persiguien- 
do á sus primeros , y mas dignos magistrados: 
de un cuerpo que so color de favorecer al pue- 
blo, tantas veces habia turbado la república , taa- 

(i) Libro 3. de ¡egibus, 



• (CXI) 

tas: protegido á Tos conspiradores , tantas puesto en 
peligro su seguridad , y que entonces misma eran 
los primeros fautores de sus tiranos. ¿Y que hu- 
biera dicho, si hablase del senado de aquella re- 
publica , conde si alguna vez se vieron Apios » Ver- 
res , Catiliaas , y Ciodios, nunca faltaron Cami- 
los, Fabios , Lelios, Emilio?, y Catones? Y por 
mas que la envidia quiera rebajar en la compara- 
ción, ¿qué hubiera dicho de un cuerpo de trein- 
ta recomendables ciudadanos , libremente escogidos 
en todas las. provincias de España , y elevados á 
la dignidad del gobierno supremo sin otros títulos, 
que la reputación de lealtad ,. y amor pública 
acreditados- en su anterior distinguida conducta? 

8 Porque quien podría persuadirse , que hom- 
bres, tan altamente calificados por la opinión pú- 
blica , cayesen todos de repente en tanta vileza , 
y corrupción, como sus calumniadores suponían? 
¿Cabía esto siquiera en el corazón humano? No 
por cierto- Capaz de eL bien y el mal , asi coma 
no se levanta de un vuelo hasta la cima de la he- 
roica virtud , tampoco se despeña de un golpe en 
la sima de la iniquidad* Máximas de prudencia y 
justicia, de moderación, y honestidad bebidas en la 
primera educación : egemplos de fortaleza , de be- 
neficencia y patriotismo presentados en la juventud,, 
y admirados , y -fielmente seguidos , forman los 
habito? virtuosos que le perfeccionan , y elevan por 
grados á la primera» Ignorancia , y abandono en 
la primera edad , malos egemplos aplaudidos , ó 
defectos tolerados; y pasiones mal reprimidas en 
la adolescencia forman los hábitos perversos que 
Le corrompen , y abaten hasta la segunda. Cabe, 
ria duda, en la flaqueza humana , que un hom=- 



bre antes inocente, agitado por el furor de Urí£ 

pasión fogosa y exáltada se arroje sin reflexión £ 
cometer alguna acción temeraria , y violenta ¿per@ 
cabrá en este hombre un atroz designio , que no 
pueda concebirse sino por la mas negra iniquidad, 
ordenare, sino con la mas fria, y profunda me- 
ditación, ni egectitarse sino por medios viles, ofi- 
cios tenebrosos , arterias ,y astucias pérfidamente ma- 
quinadas ? ¿y lo que no cabe en un hombre solo, 
cabria en mas de 30 de tan distinguido carácter, 
y de probidad tan generalmente reconocida ? Creer 
pues, que todos, sia excepción alguna ^ desmintie- 
sen de repente esta probidad , y haciéndose insen- 
sibles al freno de el honor , y sordos á ía voz de 
la conciencia , y olvidados de io que debían á su 
Dios , á su Rey , á su patria , y asimismos , se hi- 
ciesen de repente traidores , seria creer un fenó- 
meno ; tan raro en el orden moral , como el retro- 
ceso de los planetas en el orden físico . 

9 Y aun dado por posible este fenómeno moral, 
¿'como io seria , que en tanto número de personas 
de tan diferente condición , y carácter se hallase 
tan estrecha unión , tan estudiado disimulo , tan 
profundo secreto, y tan tortuosa conducta , como 
este malvado designio requería ? Y quando esto 
fuera repugnante en qualquiera noble corporación: 
quando lo fuera en el mas humilde gremio ó cofradía 
¿quanto mas no lo fuera en un cuerpo , compuesto de 
tan nobles ,y tan varios elementos? ¿En un cuerpo 
en que se hablan reunido prelados, grandes, ca- 
nónigos, militares, togados, intendentes, y otras 
personas de diferente clase y profesión? ¿En un 
cuerpo , cuyos individuos se distinguían mas toda- 
vía , que por su profesión , por su clase , por sa 



(CXIIÍ) 

eduCácioa , fot íus talentos, por sus estudios por sos 

servicios, y por su conducta, y carácter ? ¿ Y en- 
tre los quales , por lo mismo, no podían faltar 
ni el deseo de dominar , y distinguirse , ni la lucha, 
y diferencia de opiniones, ni los celos, y desave- 
nencias, ni la falta de discreccion , y prudencia, 
ni la buena , ni aun la mala emulación ; vicios en- 
démicos que turban la concordia de todas las cor- 
poraciones? Y quando nuestros enemigos no cesaban 
de llamar defectuosa, é imperfecta nuestra institu- 
ción, precisamente, porque entre tanto número de 
individuos creian difícil hallar la unión, la activi- 
dad, y el secreto necesario para salvar la patria 
i como podían creer que solo era fácil para ven- 
derla ? ¿ creian por ventura que esta trnion era im- 
posible para el bien, y solo posible y fácil para 
el mal ? ¡ Insensatos ! El honor-, la conciencia, ei 
respeto á la opinión publica, el amor á nuestro 
Rey , y á nuestra patria, y el odio á la tiranía 
nos pudieron unir, y nos unieron para desempeñar 
fielmente nuestro deber, hasta donde nuestras luces, 
y nuestras fuerzas alcanzaron ; ¿ quales, decid, qua- 
ies pudieron ser los motivos que nos uniesen para 
prostituirle? 

10 Porque siendo constante , que los hombre s 
no obran sin que algún impulso mueva, ó deter- 
mine su acción, y que este impulso deba ser pro- 
porcionado á la grandeza de las acciones que pro- 
duce, á nuestros enemigos toca señalar ¿ qual pu- 
do ser, el que sacándonos de la senda de el ho- 
nor, y virtud nos despeño en tanta vileza, y de- 
pravación ? Sentimientos de odio, y de amor, de 
temor , ó de ínteres, suelen mover poderosamente 
las acciones humanas, ¿ Y bien ? ¿ qual de estos pu- 



(CXIV) 

cío movernos á Ser traidores á* nuestro Rey, y á 
nuestra patria ?¿ Sería el odio á un Rey tan vir- 
tuosa, y tan desgraciado,, ó á una patria tan ge* 
ñeros i, y tan afligida ? ¿ A un Rey,- que libraba 
en nosotros la esperanza de recobrar su Hbertad,- 
y su trono , ó á una patria que nes había confia- 
do el rescate de su Rey , y la defensa de su li- 
bertad ? ¿ Sería acaso^ el amor? ¿ Pero á quien? 
¿Al monstruo de perfidia que tan vilmente había 
engañado á nuestro amado, y inocente Rey , y tan 
cruelmente estaba ultrajando,, y oprimiendo á nues- 
tra heroica , y querida patria ? ¿ Sería el temor ? 
¿Pero que podían temer los que estaban cubiertos 
con el escudo de la suprema autoridad, y defen- 
didos por todo el poder de una nación tan heroi- 
ca , y valiente ? ¿ Sería el interés ? Pero ¿ qual pu- 
do tentar á los que habían abandonado sus em- 
pleos,, sus- casas, su fortuna, y sus esperanzas para 
servir, y ser fieles á su patria? ¿ Ni que interés, 
pudo presentar á nuestra ambición la ruin políti- 
ca del tirano ? ¿ De mando ? ¿qual igualaría aí que 4 
ejercíamos en el seno de nuestra patria? ¿ De ho- 
nores ? ¿ Y quales serían comparables á aquel á que 
nuestra patria nos había elevado ? ¿ De otras altas 
recompensas ? ¿ Pero quales podría esperar nuestra 
perfidia de un tirano ofendido , y provocado r que 
no pudiese esperar nuestra fidelidad de una patria 
generosa, y reconocida l No, no: si e>to no ca- 
bla en nuestro carácter r ni en nuestra coscie^cia* 
menos cabía en nuestra razón ni en nuestra seguridad*. 
^Podíamos acaso, desconocer la condición de un tirano» 
modtlb de tiranos v tan. sabiamente prevista, j 



(CXV) 

tan exáctamente definida por nuestras 'leyes ? (*) 
¿ Ppdiamos poner la menor confianza , en los ai fras- 
cos ,y sugestiones de un monstruo, para quien 1$ 
religión , los dulces vinculo* del amor , y de la 
sangre , el honor , la amista J, la buena fé, soa 
nombres vanos? g P^ra quien las pjiabi as , las pro- 
mesas , los mas solemnes tratados , y los mas san* 

(*) Partida 2. titv.'o i.° ley 10. 

Tirano tanto quiere decir , .como señor cruel \ que 
es apoderado en algún rpgnó, ó tierra , per fuerza, 
ó por engaño, ó por traición* et estos tales sen de 
tal natura , que después que son bien apoderado? e<\ la 
t'erra aman mas de facer su pro, mani r sea á 
daño de la tierra, que la pro comunal de todos* 
porque siempre viven á mala sospecha de la perder,. 
Et porque ellos pudiesen cumplir su entendimiento mas 
desembargadamente , dixieron los sabios antiguos \, que 
usaron ellos de su poder siempre contra los del pue* 
blo , en tres maneras de arteria : ¡a primera es que 
punan que los de su señor io sean siempre nescios^ 
.et medrosos , porque quando á tales fuesen , non osaricn 
levantarse contra ellos, nin contrastar sus volunta- 
des-, la segunda que hayan desamor entre si <, de gui- 
sa que non se fien unos de otros ; ca mientra en 
tal desacuerdo vivieren , non osarán facer ninguna 
fabla contra él , por miedo que non guardar jen en- 
tre si fé , nin poridat ; la tercera razón es que pu- 
nan de los facer pobres, et déme ter los en tan gran- 
des fechos, que los nunca puedan acabar , porque 
siempre hayan que veer tanto en su mal, que nun- 
ca les venga , á corazón de cuy dar facer tal cosa, 
que sea contra su señorlo'.et sobre todo esto siempre pu- 
fiaron Iqs tiranos de astragar d ¿os poderosos y et 



ccxvi) 

tos" juramentos- , no son otra cosa que medios de se- 
ducción y perfidia ? 

1 1 Pero que digo ? Los que disfrutábamos el al- 
to honor de estar al frente de la nación mas he- 
roica del mundo , y aclamados en ella por padres 
de la patria , iríamos á. postrarnos á los pies de 
el soldán de la Francia , para que nos pusiese ea 

Wm i.». ». » i ii» II i ii i i II i i ■ « I» »ni m»i.m n.ujnuu»-imM« ,i» uní, m— .11111 M 

de matar a. los sabidores , et vedaron siempre ew 
sus tierras cofradías, v y- ayuntamientos de los ho- 
rnos : et parlaron todavía de saber lo que se decit 
ó se facie en la tierra T et fian mas su conseja 
et la guarda, de su cuerpo em ¡os- extraños,. Por quel 
sirven á su voluntat, que en los de la tierra, quel 
han de facer servicio por premia,. Otro si decimos 
que maguer alguno hohiese ganado señorío de rega- 
ño por alguna- de* las derechas razones, que de xil- 
inos en las leyes ante, des ta,, que si el usase mal de- 
su poderío , en las maneras que dixiemos en esta ley*, 
quel puedan decir las- gentes- tirano. Ca tornase el 
señorío que era derecho en torticero, asi como di» 
xo Aristotiles en el libro que fabla del regimiem 
to de las cib dadas , & de los regnos. 

Los profesares del moderno maquiabelismo ens alu- 
zan como un prodigio de penetración el ingenio con 
que su pernicioso maestro indicó en sus obras , y se- 
ñaladamente en su Principe , las vías y medios qm 
conducen á la tiranía y aseguran su imperio', pe- 
ro á nosotros toca admirar la profunda y piado* 
sa sabiduría con que un rey de España , había 
enseñado , algunos, siglos antes a sus pueblos, los ar- 
tificios de la tiranía , para que viviesen alerta con- 
tra ellos ; viles partidarios de Napoleón y de vues- 
tra pseudo- filosofo José. , miraos en este ejpejpL 



(CXVIT) 

la lista de sus viles esclavos? ¿Triamos á inclinar 
la rodilla ante el sátrapa de Madrid , para ayu- 
darle á usurpar el trono de Pelayo, y robar á 
nuestro Fernando el VIL la herencia de los Alfon- 
sos, y los Fernandos de Castilla ■? ¿ Iríamos á mez- 
clarnos- con los Ofarriles , Urquijos , y Morías ; cor* 
los Caballeros Arribas y Marquinas , para ser como 
ellos insultados r , y despreciados por los insolentes 
bajari de el tirano? ¿O iriamos á confundirnos en- 
tre los demás apostatas de la patria para ser co- 
mo ellos-, escupidos ,. y escarnecidos por nuestros 
fieles r y oprimidos hermanos ? ¿ Para ostentar á 
su vista la ignominia que cubre siempre el ros- 
tro de los traidores ? ¿ y para ser á todas hora# 
obgeto de su odio y execración ? ¡Oh colmo de 
ignominia, y vileza ! ¡Oh asombro de malicia y 
perversidad t ¡ Españoles , hijos de la lealtad, y el 
honor : dechados de probidad,, y buena fé , sed 
vosotros jueces en esta causa ! Judgad, pronunciad^ 
si aquellos honrados- ciudadanos, que merecieron: 
un dia vuestra- confianza pudieron caer en tan 
vil , y vergonzoso abatimiento ? Y si todavia los 
halláis- dignos de loor ó- de aprecio, haced que 
vuestro imparcial , y respetable juicio desplome so- 
bre sus infames calumniadores, toda la ignominia 
con que quisieron manchar sus nombres, y me- 
moria! 

12 'No es fácil seguir la larga cadena de re- 
flexiones y sentimientos que se agolpan en el es- 
píritu á la consideración de tan negra calumnia;; 
y mas de una vez me han hecho desear , en el 
curso de esta memoria, que nuestros acusadores 
hubiesen sido mas diestros en dar algún viso de' 
verosimilitud á sus imputaciones , indicando persa- 



(CXVílí) 

ñas ó hechos á que pudiese yo contraer la de- 
fensa: que hubiesen indicado el ministro que pu- 
dimos corromper , el general que pudimos ganar 
Ja correspondencia , ó inteligencia que pudimos 
seguir, los secretos emisarios que pudimos enviar 
ó recibir de] enemigo, para f aguar tan horrible 
traición.; y en fin ? que pues nos imputaban ua 
delito , que no se puede cometer sin cómplices^ 
que hubiesen indicado los agentes, los confidente? 
los auxiliares , y los medios de ta mafia infidelidad. 
Pero , pues qu.e nada de esto pudieron hacer , ni 
siquiera inventar acabaré yo oponiendo á su torpe 
y falsa acusación la noble y franca conducta , coa 
que los centrales acreditaron en el curso de su 
gobierno, su constante amor, y fidelidad á la pa- 
tria. b}o por eso cansaré á mis lectores con una 
larga apologia; porque ni esto es de mi cargo, ni seria 
justo anticiparla al exámen y juicio que debe ha- 
cer de ella la nación. Pero si citaré los hechos 
que basten para acreditar qual ha sido la conduc- 
ta de la central en el punto , en que fué tan in- 
justa , y infamemente calumniada. 

13 La junta abrió su gobierno poniendo á su 
frente al hombre que era entonces mas respeta- 
do de la nación , asi por sus venerables canas , 
como por la reputación de sus talentos políticos, 
y larga experiencia en el gobierno: en una pala- 
bra al que era entonces proclamado el Néstor de la 
España. Llamó también á su lado á los ilustres 
patriotas, que gozaban déla confianza pública en 
el mas alto grado. No fué el favor, ni la intriga 
ni la amistad, ni el parentesco, ni el paisanage 
fiué solo el amor á la patria, y el mas puro de? 
ss© del acierto , quien eligió los ministros ó por 



(CXÍX) 

mejor decir no fuimos nosotros , fué la nación quien 
los eligió. Procuró también allegar asi para el des- 
pacho de los negocios , personas acreditadas en el 
público por sus talentos % su probidad y su bien 
probado patriotismo. Aquel presidente y estos mi- 
nistros T y estos cooperadores, haciéndose cada á'm 
mas dignos de la confianza que habia puesto en 
ellos r fueron conservados en sus cargos; y es ab- 
solutamente necesario y ó extender hasta ellos la 
negra presunción de infidelidad , ó librar de esta 
nota á los que les dieron tan constantemente su 
col fianza y su aprecio. 

14 Apenas habia empezado sus funciones el go^ 
bienio de la junta quando el tirano vino á in- 
vadir de nuevo , con mas poderosas fuerzas el her- 
moso suelo de España j y no bien hubo venci- 
do las barreras del Ebro , quarjdo empezó á ten- 
tar nuestra fidelidad. Los apostóles del napoleonis- 
mo , que le habían vendido la patria f y venían: 
á su lado T se aunaron para servirle en tan vil 
proposito : y ansiosos al mismo tiempo de dorar 
su infamia con la nuestra , y afectando compasión 
y deseo de evitar los males públicos , se dirigie- 
ron al presidente de la junta , con una de aque- 
llas insidiosas caitas que el público vió arder ccn 
tanto gusto en medio de la plaza de Madrid , por 
la mano de el verdugo. Pero mientras el púb i- 
co aplaudía la indignación y el desprecio , con 
que la junta central habia recibido y tratado aque- 
lla tentativa , sus miembros por un repentino una-- 
nime, y casi inspirado movimiento , se levantaron 
de sus sillas , y alzando sus manos al Cielo ju- 
raron un nuevo y solemne juramento de no oir 
proposición alguna, ni entrar en negociación cor* 



r 



d tirano , mientras no nos restituyese 5 nuestro 

Rey , y alejase sus tropas de el ultimo limite de 
el territorio español (*) 

15 Lo que juramos lo cumplimos. Dispersados 
los exércitos de la izquierda , y de Extremadura 
y disipado también el de reserva, que con mi- 
lagrosa actividad habíamos logrado reunir ante la 
capital : vencidas las barreras de Cameros y Somo- 
sierra, y amenazado yá de cerca Madrid, con- 
servábamos todavia nuestro puesto en Aranjuez , pro- 
curando detener aquel impetuoso torrente: hasta 
que apareciendo ya en Móstoles las avanzadas fran- 
cesas, tratamos de salvar el sagrado deposito de 
la autoridad , que nos fuera confiado. Traidores, 
se hubieran dejado sorprender , paraque sepultada 
la nación en la anarquía, ningún esfuerzo pudiese 
oponerse á los progresos del tirano. Ciudadanos, 
fieles á su deber, y constantes en su proposito 
correrían á buscar nuevos recursos, y oponer ai 
tirano nuevas dificultades. Tal era nuestro deber; 



(*) Léanse en el real decreto expedido en Aran- 
juez á 14 de octubre de 1808 estas palabras, di- 
gnas de escribirse con caracteres indelebles. » De- 
velara finalmente ( la junta central) que ha jura** 
99 do en un acto el mas solemne, no oir , ni admi- 
vtir proposición alguna de paz, sin que se resti- 
vtuya á su trono á su amado soberano el Sr Don 
Femando Vil. y sin que se estipule , por prime- 
ara condición, la absoluta integridad de España^ 
^ de sus Americas, sin la desmembración de lev 
nmas pequeña aldea. » Véase la gaceta de Madrid 
de 18 de octubre de aquel año» 



(Cxxi) 

y este deber fue cumplido. Y si los ' exércltos * ^ 
que tan poderosamente le resistieron : que tanto 
prolongaron la lucha : que tan difícil hicieron su 
empresa ; y que refrenan todavía su temeridad , 
acreditan la lealtad y constancia de nuestra he- 
roica nación ; ¿ como no acreditarán también la 
lealtad y constancia del gobierno que los ha reu- 
nido ? 

16. Establecida la junta en Sevilla , nuevas ase- 
chanzas pretendieron tentar nuestra fidelidad. El 
público ha leído también con escándalo los insi- 
diosos oficios , que el apostata Sotelo dirigió á la 
central : por medio de el ilustre general La-Cu- 
esta , y el generoso partido con que la junta re- 
chazó , por el mismo noble conducto , aquella in- 
digna tramoya. Y que ? ¿ hubieran sido tan uná- 
nimemente despreciadas , hubieran sido desechadas, 
sin la menor contestación, las tentativas de aquel 
traidor , por unos magistrados <, que estubiesen to- 
cados de el mismo contagio de infidelidad , que 
le inficionaba ? ¿ No le hubieran oido á lo me- 
nos? ¿No hubieran abierto alguna corresponden- 
cia política para preparar á la sombra de ella las 
vías, y medios de su traición? Volvió Sotelo de- 
sairado ; y ios centrales acreditaron otra vez á la 
nación , que no se habian reunido para negociar 
con el tirano , sino para salvarla , asi de sus ar- 
mas , como de sus artificios. 

17. Casi al mismo tiempo uno de los genera- 
les del tirano intentaba con otros insidiosos ofi- 
cios , y persuasiones , tantear la fidelidad de al- 
gunos generales de la nación \ y de algún respe- 
table ministro , y aun de aigun miembro de el go- 
bierno central. Pero la unánime v y generosa re- 



(CXXTI) 

pulsa que halló en todas las respuestas , dadas al 
mismo tiempo, y desde diversos lugares; y es*? 
tas mismas respuestas , dictadas por el mas puro 
y fiel patriotismo, que el público leyó con tanto 
placer, y el gobierno distinguió con tan honrosa 
aprobación , ¿ no probarán la uniformidad de sen- 
timientos con que los gefes , y defensores de la 
patria estaban consagrados á su defensa ? (*) 

17. Algunos individuos de la junta gubernativa 
habían propuesto en ella desde el principio de su 
gobierno la necesidad de anunciar á la nación unas 
cortes generales, y á par que el enemigo redobla* 
ba sus esfuerzos , y que el peligro de la patria 
crecía , renovaban ellos con el mas puro celo sus 
instancias en favor de esta importante medida. Acor- 
dose en efecto la congregación de las cortes por el 
decreto de 11. de mayo de el año pasado , para 
el presente año ; y desde lugo se comenzó á pre- 
parar esta reunión, y á buscar el consejo, y lu- 
ces de todos los cuerpos públicos y de los sabios 
de la nación, para verificarla con mayor fruto* 
Otro decreto de 26 de octubre siguiente fixó la con- 
vocación dé las cortespara el b de enero r y si* 
reunión para el 1. de marzo de este año. Este 
decreto se anunció á la nación, que le recibió con 
entusiasmo, y le aplaudió como una prueba del 
celo, y patriotismo que animaba á su gobierno. Las. 
convocatorias se expidieron en efecto á todos los 
ángulos de España en i.° de enero, y en 13 del 
mismo acordó la junta trasladarse á la Isla de 

(*) léanse estas cartas en el suplemento a la ga~ 
reta del gobierno de 12 de mayo de 1809- y las 
que tocan á m. % se hallarán en elxipen&ce» 



(CXXIfl) 

León, punto señalado parala reunión general. Era 
nuestro proposito dar á las cortes la razón exácta 
de nuestra administración, y conducta, como ha* 
bíamos ofrecido ; y esta oferta , que en na gobier- 
no permanente, y corrompió, pediera ser una aña- 
gaza , para atra-ber, y engañar la confianza de los. 
pueblos , en un gobierno uterino , y justo , y libe- 
ral, que conocía y confesaba su respomatilidad y 
que iba á resignar su mando , no puede , no ser, 
una relevante prueba de su fidelidad y buena fé. 
Porque, ni podían sus miembros gec tan insen- 
satos, que esperasen sorprender la vigilancia de un$ 
asamblea tan justa y sabia , ni exponerse tan fran- 
camente á su juicio y censura, si sus conciencias 
no los asegurasen de la pureza de sus intencione?. 
¿ Cabia pues eo el juicio de ningún hombre impar * 
cial y sensato creer posible tan noble , y patrió- 
tica coiducta en unos hombres vendidos á ios ene- 
migos de la patria ? 

i5 Es verdad que en medio de ella sufrió lá 
patria la mayor de sus desgracias en la memora- 
ble rota de Oca ña. Pero es bien digno de notar- 
se , que aun quando esta desgracia , se quisiese atri- 
buir á infidelidad ,óá culpa del gobierno, cosa que 
no se podrá hacer sin horrible injusticia, todavía 
este cargo no recaería sobre la junta entera , sino 
solamente sobre los seis individuos , que componían 
entonces su comisión egecutiva. Saben todos que 
la junta central ansiosa de dar mas actividad . y 
vigor al gobierno, resignó en esta comisión toda 
la autoridad egecutiva : que desde ectences no en- 
tendió en ningún negocio relativo á ella, y seña- 
ladamente en ningún asunto de guerra : que des- 
de entonces cesó la sección , encargada de este r¿- 



fCXXíV) 

mo , así como todas las demás : que desde etí- 
lenices asi el ministro de la guerra , como todos 
los demás ministros , despacharon inmediata y direc- 
tamente con la comisión ; y en fin que desde en- 
tonces la junta ni tuvo otra intervención en el 
gobierno, di se reservó otro derecho , que el de que 
¿a comisión le diese noticia de ocho , en ocho dias v 
de sus operaciones. En conseqüencia de este esta- 
blecimiento todas las ordenes emanadas del gobierno 
desde i.° de noviembre del año pasado para el 
movimiento, y operaciones áz los exércitos fueron* 
dictadas por esta comisión , en la qual la voz deil 
Marques de la Romana era principalmente segui- 
da : no solo por ser el único militar que había ea^ 
ella , sino por la opinión que se tenia de sus ta— 
lentos. Todas ademas fueron previamente tratadas-, 
con la junta militar , compuesta de sabios generales, 
y en concurrencia del Marques T y todas dictadas* 
con acuerdo de esta junta ; y todas fueron direc- 
tamente comunicadas á los generales , sin interven- 
ción , ni noticia de la central. ¡ Ah r si entonces 
como todos esperaban nuestro exército del centro- 
entrando otra vez triunfante- en Madrid, hubiese 
tremolado sobre su real Alcázar los estandartes de 
la nación, de esta insigne gloria , ninguna parte s$ 
hubiera querido dar á la junta central: toda y , oja- 
la que asi fuese , se habría dado á su comisión^ 
ejecutiva ! Quan atroz , pues , quan horrible no se- 
rá la calumnia que no contenta con achacar aque-- 
lia desgracia á los individuos de la junta , la atri- 
buyó á un impulso tan negro y vil, como age- 
no de la lealtad, y nobleza de sus principios! A 
un impulso, para el qual no tenia n¡ autoridad nii 



(CXXV) 

19 Por ultimo llegó el instante en que los ene- 
migos de la junta central, aprovechándose de su 
ausencia , y de la agitación en que se hallaba el 
pueblo de Sevilla, pronunciaron alli, que habla- 
mos vendido la patria , y aquella infiel ó cobar- 
de junta, instigada oor ellos , declaró la disolu- 
ción del gobierno legitimo, y apoderándose sacrile- 
gamente de la soberana autoridad dispuso de ella 
á su alvedrio. ¿Y qual fué en esta terrible crisis 
la conducta de los centrales ? Acusados de trai- 
dores , insultados ,. y perseguidos por los emisarios 
que iban excitando la indignación de los pueblos; 
en su camino , si algún remordimiento de este de- 
lito inquietase sus conciencias ¿ no habrían es- 
perado al enemigo, ó buscado entre sus tropas al- 
gún refugia contra el furor de sus perseguidores ? ¿ No 
hubieran con ido á percibir el fruto de su iniquidad? 
¿No hubieran abaadonado la nación á la anarquía, ó á 
un gobierno espurio, que seria tan capaz, como 
la anarquía, de turbarla, y perderla? ¿Se hubie- 
ran reunido tan tranquilamente para acordar , en- 
tre tantos peligros los medios, de salvarla? ¿ Hu- 
bieran resignado tan generosamente su autoridad,, 
y la hubieran depositado en manos tan fieles , y 
tan dignas de la confianza publica ?j ingrato, in- 
justo , barbero y desapiadado será el hombre que 
á vista de tan noble , y prudente conducta pueda 
abrigar en su corazón la mas liviana sospecha con- 
tra nuestra fidelidad í 

20. ¿ Y por ventura no la acreditamos mejor, 
y por decirlo así, no la coronamos, quando, ab- 
dicado el mando, y vueltos á la condición de hom- 
bres privados , oimos sin susto bramar el u Tacan- 
de la calumnia , que levantaba contra nosotros 
tan horrible tormenta ? ¿ Qual fué entonces nuestra* 



(CXXVI) 

conducta? Tranquilos, seguros, consolados con el 
testimonio de nuestras conciencias sufrimos Lis in« 
jurias, la humillación, la pobreza, el desamparo 
y hasta el abandono del gobierno, á quien la ma- 
lignidad de nuestros émulos, arrastró á las mas 
injustas , y escandalosas providencias contra nues- 
tro honor. Todo esto sufrimos, y lo sufrimos con la 
fortaleza, que solo es dada al varón justo en la 
tribulación , y con amella longanimidad que solo 
puede inspirar el sentimiento interior de una con- 
ciencia pura, Sin habernos reservado la menor re- 
compensa de nuestras fatigas, y servicios, y sin 
humillarnos á pretenderla, algunos, faltos de todo 
auxilio , y medios para viajar quedaron á la som- 
bra del gobierno , expuestos á las asechanzas de 
sus perseguidores, y al insultante desprecio de sus 
émulos; y los demás, buscando algún reposo eq 
eJ seno de sus familias, ó en los asilos de la amis- 
tad, unos partieron á sus provincias , sin temerlos 
peligros que la calumnia, y la guerra habían sem- 
brado contra ellos por todas partes, y otros, con 
el mismo proposito, nos embarcamos, sin temer 
las miradas desdeñosas de la oficialidad , ni el des- 
precio de la chusma marinera , ni los riesgos de 
el mar airado, que pareció también conspirar con? 
tra nosotros. ¡ Que exemplo tan nuevo y admirable 
de desgracia , y resignación no presentaron entona 
oes á nuestra afligida patria tantos fieles servidores 
suyos, caídos por decirlo así desde el trono, en 
las garras de la envidia , y la calumnia, y aban- 
donados por el gobierno que los debía proteger, 
y entregados á una gavilla encarnizada de faccio- 
sos que, triunfaban con exultación de su inocen- 
cia ! i O ilustre y generosa nación 1 Si hemos sidg 



(CXXVII) 

tales, quales estos hombres perversos nos represen- 
taron á tus ojos ¿ porque no cae la cuchilla de 
tu justicia sobre nuestras delincuentes cabezas? Pero 
si somos inocentes ¿ porque los que hemos merecido 
algún dia tu confianza, después de haberte servi- 
do fielmente: después de haberte consagrado nues- 
tros coitos talentos , y nuestras continuas vigilias: 
después de haber sacrificado nuestra salud , nuestro 
reposo nuestra fortuna á tu bien, y seguridad, nos 
abandonas sin defensa, ni protección al furor de 
nuestros enemigos? 

21. Pero no: tu eres supremamente justa; y 
tu has empezado yá á vengarnos. Poco tiempo há 
bastado para el desengaño: las ilusiones de la ca- 
lumnia se han disipado, y la idea de nuestra ino- 
cencia no es y á dudosa. Lo que falta para nuestro desa- 
gravio , será obra de el tiempo, será fruto de nu- 
estra constancia , y será el mas claro testimonio 
de la justicia de los dignos representantes , que 
van á reunirse para asegurar tu libertad. Esta jus- 
ticia asegurará el triunfo de nuestra inocencia; y 
mientras nosotros le esperamos tranquilos , nues- 
tros enemigos , avergonzados , y confusos sufren 
yá aquella infalible pena, que esta destinada por el 
Cielo á la iniquidad : aquella pena, que explicaran 
admirablemente una sentencia de Cicerón., fraque 
poenas luunt^ non tam juditiis , quam conscintia , 
ut eos agítente insectent urque furi<z^ non ardenfibus 
telis , sicut in fabulis , sed angore consilmtix r 
fraudisque crutiatu. * 

22. Mas¡ oh cara y afligida patria ! si este tri- 
unfo basta para nuestro sosiego, no basta para 

X*) De Legibus. Lib. i. ° 



(CXXVT1I) 

tu seguridad. La calumnia, apuntando & nosotros 

há herido mas gravemente tus entrañas. Ella es la 
que aumenta tus peligros, y lucha por colmar tus 
desgracias. No es la mayor, que un monstruo de 
poder, y perfidia te haya robado tu idolatrado 
Rey, y oprima tan cruelmente tu preciada liber- 
tad. No es la mayor , que envíe sucesivamente 
sobre ti esas feroces falanges , que van perecien- 
do poco apoco á manos de tus valientes hijos. Esio, 
sí", que de íu mismo seno hayan salido otros 
infieles, y bastardos hijos, que aliados con tus 
enemigos los ayudan á labrar tus cadenas: : unos, 
apostatas infames, abrazando descaradamente la cau- 
sa de el tirano: otros, ruines egoístas , esperando, 
en cobarde neutralidad, que el dedo horrible .de 
la guerra les indique el partido mas conveniente 
á su interés; pero otros, tan viles como los prime- 
ros , y mas crueles y dañosos que los segundos 
frustrando todos tus generosos esfuerzos , y per- 
siguiendo á todos ios hombres virtuosos, que con 
celo, y constancia trabajan por tu defensa, y tu 
gloria. Enemigos de el mérito que los ofende, y 
déla virtud que ios deslumhra, los acechan £ 
todas horas desde sus emboscadas, para herirlos, 
y mancharlos. La envidia es su elemento , la calum- 
nia su arma. Con ella han pretendido despojar á tus 
generales de la gloria de sus laureles , á tus ma- 
gistrados de el patrimonio de su reputación, á tus 
grandes, y á tus prelados del esplendor de su no- 
bleza, y virtud, realzado por su lealtad, y á los 
buenos , y fieles ciudadanos del fruto de los sacri- 
ficios hechos , ó de la sangre derramada en tu defen- 
sa. Pero aquellos á quienes tu confianza levantó 
sobre los demás son, y serán siempre el principal 



(CXXÍX) 

blanco del odio, y de los tiros, y de las asechan- 
zas de esta infame secta. Ningún gobierno se libro, 
ninguno se librará de ellos. Calumniaron á las 
juntas provinciales, porque en ellas apareció la 
aurora , y de ellas salieron los primeros rayos 
de tu libertad. Calumniaron á la junta central, 
porque á medida que crecían tus peligros, creci- 
an también su constancia , y su celo , y se redobla- 
ban ^u ardor, y sus esfuerzos en defensa tuya. Calum- 
nian hoy á la suprema regencia, por que imitan- 
do la constancia de sus antecesores , resiste con 
igual celo , y ardor los ataques terribles de tus 
enemigos ; y calumniarán mañana, yo lo pronos- 
tico, sin reparo , á los ilustres ciudadanos , que van 
á reunirse en tu nombre , porque consagrarán todo 
su celo, y tareas, á tu libertad, tu independen- 
cia , y tu glori^.Y si esta augusta reunión , desenvol- 
viendouna fuerza, y vigor, que no puedencaber en un 
gobierno precario, y débil, no ahoga de una vez|el mons- 
truo de la calumnia , que es el mayor de tus ene- 
migos tu , ¡ O amada patria mia ¡! tu, yo lo pro- 
nostico también , perecerás, no por los esfuerzos 
de el bárbaro tirano que devasta tus pueblos, sino 
por los de los hijos ingratos que destrozan tus 
.entrañas* 

23. Acabé, por fin esta defensa en medio de 
la indignación, y , la angustia , con que inunda mi 
alma este doloroso presentimiento, y la voy á 
cerrar con dos advertencias que creo necesarias, 

24 Primera: en la defensa general , que ' llevo 
hecha de los centrales, no há sido mi animo 
comprender ai total de sus individuos, sino en 
quanto fueron todos indistintamente comprendidos 
en la calumnia. Si por desgracia alguno no la pudiere 

*7 



desmentir con <nr conducta particular, cósá que rró* 
espero , nada por eso perderán de su fuerza las 
razones que la han- repelido- respecto de los de- 
mas. Cabe que en una corporación, por noble, y- 
s-anta que sea , haya alguno que prostituya su ho- 
nor , y su deber , sin que esto degrade la noble- 
za , ni la santidad de su gremio. Oigo que dos in°* 
dividuos de el nuestro se hallan bajo la censura: 
de la justicia. Su absolución será de gran con- 
suelo para sus hermanos: pero ¿ sino la obtuvie- 
sen solo tendremos que- sentir , que hayan desper- 
diciado la gloria , que hubieran adquirido imitando 
nuestra noble , y inocente conducta* 

25. Segunda: tampoco há sido mi animo deférr* 
der la conducta de los centrales en la totalidad der 
su gobierno, sino en los puntos en que esta tota- 
lidad fué atacada por la calumnia. Aquel empeña > 
merece otro cuidado, otra pluma, otros auxilio s¿ . 
y está reservado á un juicio que soló pertenece á la* 
suprema autoridad.de la nación reunida. Preten- 
der que este gobierno fué siempre infalible", sería 
tan grande absurdo, como fué grande iniquidad en 
sus enemigos atribuirle tan infames violaciones de su 
deber. Exáminada su conducía se podrán hallar en ella 
errores, descuidos, defectos , no solo porque- era una 
junta de hombres, sino también de muchos, y muy 
varios elementos- compuesta; y sobre todo porque 
obró en medio, de los mayores peligros, embarazos, 
y penuria , que pueden rodear á un gobierno. Pera 
se hallará también, que trabajó con el mas puro 
celo, y la mas recta intención, para alejar el pe^ 
ligro, y asegurar la salvación de la patria: por mas 
que el cielo tuviese reservada esta gloria á manos 
mas felices. Y no. me detengo en pronosticar , que 



los padres de la patria, á quienes' no pueden des- 
lumbrar , ni los paralogismos de la envidia, ni las 
imposturas de la calumnia , quando hayan exami- 
nado tranquilamente la conducta de los centrales, 
si tal vez tropiezan en ella algún repato , o ue min- 
ea será superior á- su indulgencia , admirarán tam- 
bién todo el celo, desinterés, lealtad , y pureza de 
intención que basten para asegurarles la única re- 
compensa á que aspiran; el aprecio , y gratitud de* 
$u aacion.. Muros 22. de junio de i8iq« 



PARTE SEGUNDA 



EXPOSICION 

D£ LA CONDUCTA, 
OPINIONES DEL AUTOR. 



quis existimat me r aut volúntate esse- 
tnutata , aut virtute debilitata , aut animo 
fracto r vehementer errat. Mihi quod potuit 
vis , et injuria ,, et sceleratorum hominum 
furor detrahere , eripuit i ahstuüt di s sipa- 
vit t quod viro fortl adimi non. potest , id 
manet et permanebiu 

CiC£R.. post redditum ad Pop* 



("O 



EXPOSICION BE LA 



conducta del Autor, desde que 
recobró su libertad basta el 



fensa de mi conducta en la ultima época de mi 
vida pública : pero en esta parte de mi memoria 
no podrá correr la pluma tan atrevidamente , co- 
mo en la que acabo de desempeñar* Defender la ino > 
cencía de mis ilustres compañeros, era un oficio 
noble , desinteresado , y recomendado por el ho- 
nor , y ia justicia ; y las altas calidades, que dis- 
tinguen á la mayor parte de ellos , me inspira- 
ban aliento , y osadía en e 1 empeño de su jus- 
tificación, Pero vuelto á mi solo, por mas pene- 
trado que esté de mi propia iaoceucia , todavía» 




día. 



I. 




la necesidad misma de defenderla nie encoge, y 
embaraza. Temo que algunos de mis lectores des- 
conozcan esta necesidad , y suponiendo que en la 
defensa de los demás queda envuelta la mia, tachen 
de superabundante, y afectado mi proposito. Te- 
mo que otros con menos- buena fé, quieran po- 
ner duda en los hechos que voy á referir en 
apoyo de mi razón ; y temo, en fin , que no fal- 
te quien demasiadamente severo atribuya esta ex- 
posición á orgullo, y vana ostentación de mi me- 
lito. Mas apesar de tantos reparos me es indis- 
pensable arrostrar este empeño , asi para satisfa- 
cer á mi patria cuyo bien he buscado siempre, y 
mas en esta ultima parte de mi vida, como pa- 
ra acallar mi conciencia, cuyos dictámenes he pro- 
curado siempre seguir. Confio por lo mismo que 
los lectores sinceros, y imparciales honrarán mi 
proposito con su aprobación. En obsequio de ellos, 
responderé al primer reparo: que aunque la calum- 
nia hirió indistintamente á todos los miembros de 
la suprema junta central, la ofensa no pudo ser 
igual en todos , sino proporcionada al carácter y 
conducta que la-timó- en cada uno; y aunque yo 
no presuma tanto de mi, que me ponga sobre los 
demás, tampoco me desestimo tanto, que no me 
cuente entre los mas agraviados. Al segundo; que 
las muchas , y respetables personas que pueden de- 
poner de los hechos relativos á mi conducta pú- 
blica,, serán fiadores bastante abonados , de mi ver- 
dad, y buena fé : de las quales, ademas, darán 
testimonio, asi las actas de la suprema junta, y 
de su comisión de cortes , que deben existir en 
manos del gobierno , corno las copias de mis dictá- 
menes,, que he podido conservar , y que publicaré 



por apéndice de esta- memoria. Y al último diré: 
que la sensibilidad, y la delicadeza del amor pro- 
pio , en materia de reputación nunca pueden ser 
en demasía ; porque la religión nos manda tener 
cuidado de nuestro buen nombre, y el honor nos 
obliga 4. conservarle, y defenderle ; y quando en 
esto se mezclase algo de orgullo, seria un orgu- 
llo de tan noble linage , que mas mereceria alabanza 
que. censura.. 

2. Y que? después de haber servido £ mi pa- 
tria por espacio de quar^nta, y tres años en 
carrera de la magistratura , con rectitud y desin- 
terés desempeñado muchas extraordinarias comisio- 
nes , y encargos del gobierno , todas á mi eosta* 
y todas con notorio provecho del público : después 
de haber sufrido por- mi amor á la justicia, y hor- 
ror á la arbitrariedad, una persecución , sin egem- 
pío en la historia del despotismo, y en la que r , 
sin precedente culpa , juicio , ni sentencia , me vi de 
repente arrancado de mi casa , despojado de todos 
mis papeles, arrastrado á una isla, recluso, por 
espacio de 13 meses en un monasterio , traslada- 
do después á un castillo r y encerrado y sepul- 
tado en él por otros seis años: después que obte- 
nida mi libertad al punto mismo, en que empe- 
zaba á peligrar la de mi patria , no solo abracé 
con firmeza la santa causa de su defensa , sino que 
me negué á todas las sugestiones y ofertas liscnge- 
ras , con que la amistad y el poder procuraron em- 
peñarme en el opuesto partido : después que nom- 
brado para el gobierno central , quando les- muchos 
años, y trabajos , y una prolija enfermedad teniarr 
arruinada mi salud , no solo renuncié al descanso, y 
al deseo de conservar mi vida , sino que consagré: 



(VI)* 

sus restos al servicio de mi nación , admitiendo 
aquel encargo , y dediqué á su desempeño la apli- 
cación mas continua y el mas puro , y ardiente 
celo: después en fin, que al cabo d<¿ tantos tra- 
bajos, y servicios, y quando creía haber corona- 
do, con este último, todos los de mi larga car- 
rera, me veo atacado , y ofendido en mi honor, 
y desairado , y insultado en mi persona, podrá ha- 
ber quien culpe que salga á defenderla , y since- 
• rar mí conducta? ¿ó habrá quien nía niegue el 
consuelo de buscar en la equidad, y ju sucia de 
mis conciudadanos el desagravio de tantas injuria» 
y en su gratitud , y aprecio la recompensa de tan- 
tos servicios ? 

3 Voy pues , á solicitar esta preciosa recom- 
pensa , tan anhelada por mi corazón , no cansan- 
do á mis lectores con largos raciocinios , ni consen- 
tidas quejas , sino instruyéndolos con la sencilla 
y veraz exposición de mi conducta , y opiniones en 
esta época memorable. Habiendo ya rechazado y, 
si mi amor propio no me engaña, deshecho, y 
confundido las calumnias en que fui indistintamen- 
te envuelto , con los demás miembros de la jun* 
ta central, restaba todavía , para mi particular de- 
fensa , oponer , á sus negras imputaciones , el leal 
y desinteresado proceder, con que procuré llenarlos 
deberes de aquel cargo. Porque gozando al entrar 
en él, de una honrada, y distinguida reputación, 
adquirida en los varios destinos, en que portan- 
tos años serví á mi patria , nada es tan deseable 
para mi como recobrar, y conservar este precioso 
patrimonio , para gozarle en paz los pocos dias, 
.que puedan quedarme de una vida tan laboriosa 
y aguada. 



( VI1) . , 1_ 

4, Bien quisiera , para lograr este suspirado ob- 
geto extender la presente exposición á todo el tiempo 
de mi larga magistratura. No lo haré, porque no se 
crea, que quiero vanagloriarme de mi mérito : pero si 
agregaré á esta memoria una simple lista de los des- 
tinos que ocupé , encargos que desempeñé, servicios 
que hice, y persecuciones que sufrí durante ella; 
porque escribiendo para muchas personas, que no 
me conocen , sino por el ruido r que hicieron en 
la nación mis desgracias r justo es,que vean de lie- 
n>> quien es el magistrado , á quien la calumnia sin 
dejarle nunca de la mano,, pretende ahora robar el 
último , y mas precioso fruto de sus servicios y 
trabajos. 

5. Entrando pues en 1 materia dividiré esti se- 
gunda parte de mi memoria en tres articules, án 
el primero daré noticia de mi conducta desde el 
principio de la presente revolución , hasta nu en- 
trada en la junta central.. En el segundo, de mis 
opiniones y conducta en el desempeño de aquel 
augusto ministerio. Y en el tercero, de mi conduta 
y persecuciones desde la instalación de la supe- 
rna Regencia hasta el dia. La verdad y la buena 
fé^ que guiaron hasta aqi i mi pluma , presidirán 
también, á esta ultima parte de mi trabajo. ¡ Di- 
choso yo , si pudiese obtener con el la compasión 
Y «i aprecio, de mis^ conciudadanos ! 



(VIII) 



ARTICULO PRIMERO. 



España en el verano de. 1807,. y los escandalosos 
decretos de octubre, y noviembre, expedidos eti 
el Escorial , contra el desgraciado Principe de As- 
turias , habían llenado mi alma de amargura, y 
terror, porque al mismo tiempo que me robaban 
aquella débil esperanza de libertad, que solo po- 
día fundar en una mudanza de gobierno , me ha- 
cían temblar pjr ,1a vida del deseado heredero del 
trono, y por la libertad de mi patria. Viala yo 
entregada al capricho de dos monstruos , cuya pér- 
fida inteligencia, y conspiración , para oprimirla, 
se columbraba yá en la acorde conducta de en- 
trambos. Estos tristes presentimientos , unidos á las 
molestias de mi largo encierro , y al anticipada 
rigor de aquel invierno, destemplaron sobre ma- 
nera mi cabeza y en tal grado la debilitaron , que 
haciéndome incapaz, de leer,, y escribir, me pri- 
baron de el único consuelo que ya tenia en aque- 
lla triste situación. Siguióse una tos acre, y conti- 
nua, que me privaba del sueño por la noche, y 
del descanso por el dia, y, no cediendo al régi- 
men , ni á los remedios ordinarios , me hácia mi- 
rar hacia el termino de una vida , que después de 
sufrir tan rudos ataques , mal podia yá superar el 
ultimo , en que las dolencias del cuerpo se agrava- 





exércitos franceses en 



tan por la opresión de el espíritu, 

7. Asi llegó aquel memorable mes de tnarza 
de \8o3, que llenó á la España de gozo , y espe- 
ranzas , tan lisonjeros, como rápidos; sin que 
bastasen á tranquilizar los espíritus de sus fieles hi- 
jos, quando aterrado yá el traidor intestino, le 
vieron descubiertamente protegido, y salvado por 
el tirano exterior de la patria. Por la tardanza 
de los correos marítimos, se supo tarde, y de una 
vez en Mallorca la rápida serie de ios sucesos de 
aquella época. El g de Abril llegó al capitán gene- 
ral, y ami la real orden en que nuestro amado 
Fernando Vil quebrantaba mis cadenas , pero en 
cuyas menguadas frases, su infame ministro , el mar- 
ques Caballero, habia cuydado de esconder lo mas 
precioso de la justa, y piadosa voluntad del sobe- 
rano. Deciaseme solamente que S. M. mandaba, que 
se me diese libertad , y me permitía ir a Madrid. (y) 
De forma, que mientras el publico celebraba eL 
mió , entre tantos otros triunfos de la inocencia , 
yo solo le miraba , como una nueva injuria hecha á mi 
justicia; porque no me interesaba tanto el logro de la 
libertad, como el desagravio, y restauración del honor» 

8. Esta triste idea me hizo aborrecer la vista 
de las gentes , y dilatar mi presentación en la ciu- 
dad de Palma; y por lo misino en el siguiente día 
6, salí, sin anunciar mi destino, del castillo de 
Bell ver, para esconderme otra vez en la cartuxa 
de Valdemutva, y pasar la Semana Santa entre 
aquellos piadosos anacoretas , que con tanta caridad 
me recibieran 7 años antes, y tantas muestras de 
amor, y compasión me dieran, mientras viví en 

(1) Véase el apéndice número IIL 

*9 



'(X) 

su compañía. Acogiéronme con Ingrimas de te mas 
mas tierna alegría , y me dieron nuevos testimoni- 
os de su benevolencia y caridad. Fué allí mi pri- 
mer cuidado dirigir una representación al sobe- 
rano (2) con fecha de 18 de abril , exponiendo 
á su piadosa consideración , que no era tanto su 
Teal clemencia , quanto su suprema justicia , laque 
tenia yo derecho á esperar; y suplicándole se dig- 
nase concederme un juicio, que pudiese servir á 
la reparación de mi honor, y buen nombre, C( n 
tantos ultrages ofendido. Dirigí esta representación 
a un amigo, para que la pusiese en manos del Rey, 
pero j ah ! quando debia recibirla, yá este infe- 
liz monarca caminaba al abismo , en que le pre— 

(2) Esta representación se hallará en el apén- 
dice citado , y con ella , las dos que había yo diri- 
gido al Rey padre , desde la misma Cartuja, con 
fechas de 24 de abril, y & de octubre de 1B01: la 
orden comunicada por el capitán general de Ma~ 
Horca al gobernador del castillo de Bellver , y por 
este á los comandantes del destacamento destinada 
ú mi encierro, y custodia ; y una curta confiden- 
cial , que entonces dirigí á D. Juan Escoiquiz, pa- 
ra que apoyase la suplica contenida en mi ultifna 
representación. Estos documentos originales , que por 
la desgraciada ausencia del Rey , no pudieron*tener 
curso, me fueron devueltos por mi buen amigo D* 
,jfuan Arias de Saavedra , aquien los remití desde 
Mallorca. También se hallarán en el apéndice el 
oficio , que pase al decano gaver nadar del con se jo % 
y su respuesta con motivo de la publicación que 
hizo un impresor de Madrid , sin noticia mia de 
¡a representación de 24 de atril de 1801» 



(XI) 

el pitaron su excesiva buena fe , y U horrible per- 
fidia del que se apellidaba su mejor aliado y amigo. 

9 Era entonces mi deseo volar á ios brazos de ' 
D. Juan Arias de Saavedra , ministro del consejo de 
hacieada, mi segundo padre, mi primer amig*; y mi 
singular bienhechor: (i) el quai , echado de Ma~ 
drid en el tiempo de mi arresto , sin otra culpa 
que estos santos títulos, se hallaba desterrado en 
su casa de Jadraque. Esperaba yo reparar mi salud 

(i) Después de escrita ta presente memoria, la 
muerte arrebató á este leal ciudadano, virtuoso ma- 
gistrado, y celoso defensor de la patria ; que Me- 
tió de años y méritos , falleció en la villa de Bus* 
tares el 23 de enero ultimo a la edad de 74 años 
perdiendo yo en el al primero , al mejor , y al mas 
tierno de mis amigos. Entre las amarguras, que afli- 
gieron mi espíritu en esta ultima época de mi vi- 
da, fué muy señalada , la que sentía al conside- 
rar a este venerable anciano , forzado á abandonar 
su casa y bienes, y á vagar, con su virtuosa fa- 
milia , por montes y lugares fragosos , perseguido y 
proscripto por los enemigos de la naden. ¿fhsioso 
de servirla y de consagrarle el último resto de su 
fortuna y su vida , había concurrido a la formación 
de la junta superior de Siguenza ; en cuyo ilustre 
cuerpo trabajó y se desveló por la defensa de su 
provincia, con aquel celo encendido y constante con 
que babia desempeñado en su vida anterior todos los 
oficios de la justicia y de la amistad. Hombre de 
bien a las derechas : justo en el mas rigoroso sen- 
tido de esta palabra : misericordioso , compasivo desin- 
teresado , y amigable , fué amado de quantos le tra- 
taron , y respetado de quantos le conocieron* Fué- 



en su amable compañía, y recobradas algunas fuer- 
zas , y restaurada mi opinión , huir á esconderme 
en mi suspirado retiro de Gijon, para acabar allí 
en paz una vida tan llena de contrariedades, y 
aílicciones. Escribí á este buen amigo, comuni- 
cándole mis ideas, y dediqué el tiempo , que podia 
tardar su respuesta , á dar una vuelta por la her- 
mosa isla de Mallorca, para desaogar mi espíritu, 
y tomar algún recreo con tan agradable exé rcicio. 

sobre todo el mas excelente dechado de amistad fir- 
me y sincera de la anal ofreció los mas ilustres 
exemplos , de que muchos pueden, dar testimonio:, 
pero ninguno tantos ni tan insignes como yo. En el 
tiempo de mis persecuciones , que traen su fecha 
desde el 1790, el amor que empezó: á profesarme 
en 1764, en que me tomó á su cuidado, a mi en- 
trada en el colegio mayor de San Ildefonso de Al- 
calá , subió á tal grado de ternura , que me dis- 
tinguió siempre con el nombre de hijo y yo le di 
el de padre ; y los eficios que desempeñó con mi- 
go , y los sacrificios que hizo por mi , especial- 
mente en la mas triste temporada de mi vida, y 
el amor , respeto y gratitud con que yo respondí 
a ellos no desmintieron ni desmerecieron jamas estos 
dulces titules, Per dio/e en fin la patria en el tiem- 
po en que mas eficazmente la servía ', perdióle su 
amable familia, quando mas necesitava de su apoyo\ 
y le perdí yo , quando la noticia de su existencia, y la es- 
peranza de reunirme á él algún dia era el mayor de 
■mis consuelos ; y esta nueva amargura , que ahora, 
testifican mis lagrimas, penetrará mi alma hasta, 
que el Cielo, se digne de unirla ¿ara siembre can. l¿k 
fyyok. ■ .. . . 



(XUI) 

Presénteme, después, en la capital , cuyos generosos 
habitantes, completaron, con la alegría, y obsequios, 
con que me distinguieron á competencia, los precio- 
sos testimonios de aprecio, y compasión, con que 
me habían honrado , y consolado , durante mi lar- 
go cautiverio. 

10. Recibida la respuesta de Arias de Saavedra» 
que aunque reintegrado en su plaza del consejo 
de hacienda, reusó pasar á Madrid , por esperarme 
en Jadraque : resuelto mi viage por Barcelona: em- 
barcado yá el equipage, y parte de familia en eí 
correo de La isla t que me esperaba en Soller» 
iba yo á partir para aquella villa, quando arriba 
á Palma, el 17 de mayo, mi ilustre amigo, y 
después digno compañero D. Tomás de Veri, que 
habia presenciado en Madrid los horrores del exe- 
crable dia dos, y sabido á su paso poF Valencia» 
la elevación de Murat á la regencia de España» 
la ausencia de toda la real familia, y el dolor» 
y espanto, con que todos temblaban yá por fa 
libertad, y la vida de nuestro amado Rey. Pocos 
dias antes* tan dolorosas nuevas, me hubieran quiz* 
movido á quedarme en aquella deliciosa isla, á lo 
qual me instaban, con mucho ardor mis amigos- 
mallorquines; pero el barco correo no podia dete- 
nerse: las muías estaban á mi puerta: mi familia» 
y equipage embarcados , y era indispensable partir* 
Arranqueme , pues , de los brazos de aquellos bue- 
nos amigos, acompañado de mis particulares favo- 
recedores, el generoso D. Antonio, y el sabio bri- 
gadier D. Juan de Salas \ y Heno de dolor , y cons- 
ternación , pasé á dormir en Soller: me detuve allí» 
por Jaita de viento el dia 18 » y embarcándome 
«1 i$ arribé al . puerto de Barcelona, cerca deS 



(XIV) 

medio día del 20. 

11. En esta ciudad me recibió el generaVEzpeleta 
con grandes muestras de aprecio, ofreciéndome su 
casa, instándome muy amistosamente á que tomase 
en ella algún descanso. La aversión que mi largo 
encierro me habia inspirado al bullicio de las gran- 
des poblaciones , no rae permitió disfrutar su favor. 
Era mi deseo partir en la misma tarde á Molías 
de Rey: pero rodeado de visitas, y cumplidos, no 
pude verificarlo hasta la madrugada del 21 en que 
salí de Barcelona, dejando alii á mi mayordomo, 
paraque preparase coche y carruage, y se me rea- 
Diese en aquella villa. 

12. Esta precipitación causó la primera ruina que 
sufrió mi pobre fortuna en la presente época. No 
hallándose pronto conductor para el equipage , mi 
mayordomo resolvió dejarle á cargo de un cono- 
cido suyo, y buscarme con un coche de camino, 
en que llegó á Molins de Rey la mañana del 23, 
y en que al punto emprendimos nuestro viage: pero 
la gloriosa insurrección de Zaragoza , cortó den- 
tro de pocos días toda comunicación con Barcelo- 
na, donde mi equipage quedó entregado á la ra- 
pacidad de los franceses. Pérdida pequeña en si, 
grande en mi estimación, pues contema una cor- 
ta, pero escogida colección de los libros, manus- 
critos, y apuntamientos, que me habían ocupado 
y consolado en aquel espacio de mi larga re- 
clusión, en que me fué permitido leer , y escri- 
bir. Mi viage continuó, sin otra desgracia, hasta 
Zaragoza, apesar de que tuve que admirar, y 
temer en todos los pueblos de el transito, la 
curiosidad , y el recelo , con que se miraba 
quanto venia de Barcelona , y e\ descontento 



(XV) 

general , qué se veía pintado en todos los sem- 
blantes : síntomas, que credan á medida, que 
penetrábamos por el reyno de Aragón, y que 
tardaron poco en anunciarnos la insurrección de 
su gloriosa capital. 

13. La confusión, y desorden que suponía en 
ella, y eran tan poco convenientes al estado 
de mi salud , me hicieron resolver 13 continua- 
ción de mi viage , pasando de largo , sin en- 
trar en sus puertas : pero no me fué posible» 
Apenas llegué al puente quando me vi rodeado 
de gran muchedumbre de gentes de la ciu- 
dad, y el campo, en cuyos semblantes tor- 
vos, y resueltos , se vdan fuertemente expresa- 
dos el despecho , y el valor , que agitaban sus 
ánimos. Informados de que venia de Barcelona 
todos se agolparon en torno de mi coche, cla- 
mando unos, porque se nos registrase, y otros 
porque nos condugesen al nuevo general. En me- 
dio de esta contienda , se oyó un susurro que 
decia , y repetía es Jove Llanos, y desde enton- 
ces, sosegado el bullicio, empecé á ser mirado 
con aprecio, y compasión , y conocí quanto ha- 
bía debido mi nombre á mis pasados infortunios. 
Fuy desde allí conducido, en medio de la mu- 
chedumbre^ al palacio del ilustre, y valiente ge- 
neral D. José Paiafax, y no pudiendo verle por 
hallarse ocupado en una junta , fuy de su orden, 
y acompañado de sus ayudantes Butrón , y Villal- 
^va á la casa del marques de Santa Coloma, en 
*}ue habitaba mi digno amigo O. Benito Her- 
mida , su padre político, y donde encontré la 
tierna, y generosa acogida, que á mi quebran- 
tada salud, y abatido espiritu convenia. Volri 



(XVI) 

por la tarde á ver al general PalafoK, que me 

honró con grandes muestras de aprecio; y, yá 
fuese , porque entre los aplausos de aquella ma- 
ñana , habían pronunciado algunos, este es de 
los buenos : este conviene que se quede con no- 
sotros; ó bien por solo efecto de su bondad, y 
favor, aquel ilustre general esforzó este deseo, y 
me instó aque me detuviese alli, con muí finas, 
y honrosas expresiones : pero representándole el 
lánguido, y triste estado de mi salud, le rogué, 
que, lejos de detenerme, protegiese la continua- 
ción de mi viage. Cedió á mi ruego, con la ma- 
yor bondad, encargó á su ayudante Butrón que 
me acompañase por la noche á la posada de 
los reyes, que está fuera de puertas, y me 
dió para el siguiente dia una escolta de esco- 
peteros, mandada por el celebre tio Jorge; aquel 
insigne patriota , que muriendo después sobre una 
batería , se contó entre las heroicas victimas de 
la primera gloriosa defensa de Zaragoza. 

14. En el siguiente dia 28, dejada la escolta 
en la primera venta del camino , le continuamos 
sin desgracia, siguiendo hasta Tarazona , á donde 
llegamos el inmediato dia $9 , que era domingo , 
para oir misa, y hacer medio dia. Advertimos allí 
los mismos síntomas, que en los pueblos anterio- 
res, y hallamos ademas, que la juventud de la ciu- 
dad, ansiosa de que se la armase, esperaba con 
impaciencia á un comisionado, que se decia venir 
al efecto de Zaragoza: cosa que atrajo mayor cu- 
riosidad hacia nosotros. Entramos á oir misa, pe- 
ro ai salir de la catedral me vi rodeado de 
gran muchedumbre de jóvenes, que, aclamando 
mi nombre , hicieron con migo tales demostra- 



(XVII) 

ciones de aplauso, que no las referiré < por que 
no se atribuya á vanidad. Sacóme de en medio 
de elias el caballero D, Bonifacio Doz, que so- 
segando aquellas buenas gentes , me llevó á su 
casa , y me ofreció generosamente su mesa, á 
la qual nos acompañaron algunos amigos suyos, 
canónigos de la catedral. Después de haber co- 
mido en tan agradable compañía , y protegido de 
ella, tomé mi coche, y «ali de la ciudad, con- 
tinuando después , felizmente el viage hasta Ja- 
draque, á donde llegué, por fin, á hacer no- 
che el i.° de junio: pero tan rendido á la 
fatiga, y acaecimientos del viage, que mi buen 
amigo, al verme tan extenuado,, y deshecho no 
pudo gozar, sin mucho sobresalto, del placer 
que se prometía en nuestra feliz reunión , des- 
pués de 10 años de dolorosa ausencia. 

15. Sin embargo, libre yá de embarazos, es- 
condido en aquel dulce retiro 4 y en el seno 
de tan amable, y virtuosa familia* contaba yá 
con que la salubridad de los aires de Alcar- 
ria , el reposo, ios socorros de la medicina, y 
la asistencia , y consuelos de la amistad, podrí- 
an sacarme del riesgo , que amenazaba á mi 
vida , quando al amanecer del siguiente dia dos, 
un posta despachado de Madrid vino á trastor- 
nar esta esperanza. Ttaia para mi una orden 
de Murat , expedida por el ministro Piñuela 
en la qual , secamente , y sin expresión de mo- 
tivo, ni obgeto , se me mandaba pasar inme- 
diatamente á Madrid, y presentarme á aquel 
nuevo regente. Esta orden puso en la mayor 
premura mi espíritu, por que me hizo preveér 
la nueva lucha , que se le preparaba; y por 

20 



(XVIII) 

lo mismo que estaba resuelto, á no desviarme 
un punto de la linca, que me prescribían la 
lealtad y el honor, conocía los peligros á que 
esta firme resolución me exponía. Pero la provi- 
dencia, que nunca abandona al hombre de bi- 
en , me ofreció en el decadente estado de mi 
salud el medio mas honesto de conciliar mi 
constancia , con mi fidelidad. Mi respuesta, por 
tanto, se redujo á decir al ministro, que el 
¡estado en que se hallaba mi salud no me per- 
mitía ponerme en camino, y que si acaso lo- 
graba restablecerla , pasaría á presentarme al prin- 
cipe regente. 

16. Pocos días habían pasado,, quando otro 
posta , despachado de Bayona, me trajo otra 
orden de Bonaparte , y su hermano José en que 
honrándome con expresiones muy lisongeras, me man- 
daban pasar á Asturias para reducir á mis pai- 
sanos al sosiego v y aqur es cencía al nuevo 
orden de cosas. Trajome también carta parti- 
cular de D. José, Miguel de Azanza , en la qua? t , 
felicitándome por mi libertad , y renovando la 
memoria de nuestra antigua amistad , me anun- 
ciaba, en confianza, estar yo destinado por el 
' Emperador para ministro del interior de su her- 
mano José. Mi respuesta de oficio , se redujo á 
dar gracias por las honras , que se me dispen- 
saban , y exponer que el estado de mi salud 
no me permitía desempeñar aquel penoso encar- 
go: pero en mi carta particular á Azanza , le 
manifesté quan lejos estaba de admitir, ni el 
encargo, ni el ministerio; y quan vano me pa- 
recía el empeño de reducir con exórtacbnes á 
un pueblo r tan numeroso , y valiente > y tan re- 



(XIX) 

suelto á defender su libertad. 

17. Otro tanto respondí á D. Gonzalo O-far- 
ril , que tres dias después, asustado con la ener- 
gía, y valor, que desenvolvían los leales astu- 
rianos, me despachó otro posta desde Madrid, 
con carta, en que me rogaba, que ya que no 
pudiese pasar á Asturias, á lo menos exor ta- 
le por esento á mis paisanos, á que deja-» 
sen las armas, y se restituyesen al s ;sk j go- 
Neguéme también decididamente á este paso; y 
como en la carta de O-farril viniese una pos- 
data de D. José Mazarredo, en que me instaba 
al mismo efecto , escribí á este separadamente; 
y siendo mayor la confianza, que con el tenia 
por nuestro antiguo , amistoso trato , le descu- 
brí mas abiertamente mis sentimientos^ conclu- 
yendo mi carta con decirle, que quando la cau- 
sa de la patria fuese tan desesperada , como 
ellos se pensaban, seria siempre la causa del 
honor, y la lealtad , y la que á todo trance 
debia preciarse de seguir un buen español. 

18 Ya se deja discurrir, que entre tantos mi- 
sioneros , como se buscaban pata persuadirme, no 
podía ser olvidado mi antiguo amigo el conde de 
Cabarrús que poco después vino á Madrid , nom- 
brado ministro de hacienda , y muy distinguido por 
el rey intruso. Sus cartas traían todo el calor, y 
vehemencia, que á su fogoso carácter, y á nues- 
tra antigua familiaridad convenían , y que tarto 
animaba el deseo de unirme á su suerte. Me re- 
presentó , me exórtó , me rogó , quanto cabía 
en la fuerza de la elocuencia , y en los tiernos 
sentimientos de la amistad ; y no , según decía, 
para arrastrarme á una acción infame , sino como 



él se pensaba , ó por lo menos afectaba pensar*, 
para asocia rme al designio de hacer feliz á Es- 
paña , y salvarla de los horribles males que la ame- 
nazaban. Tal era entonces el lenguage de todos los» 
apostatas de la patria ; si en alguno de buena fé, 
en los demás para dorar su perfidia. Yo no sé si 
Cabaniis , hombre extraordinario en quien com- 
petían los talentos con los desvarios , y las mas no- 
bles calidades, con los mas notables defectos , era 
ó no sincero en sus persuasiones. Lo que sé es que 
?ocos días antes i habiéndonos encontrado, y abra- 
zado á ¡ni paso por Zaragoza , al cabo de 10 años 
de persecuciones , y ausencia le hallé tan decidi- 
do , por la gloriosa causa de nuestra libertad, que 
sus lagrimas corrieron , y se mezclaron con las que 
me vio derramar, por el peligro en que se ha- 
llaba mi patria : demostración , que en un hom- 
bre disimulado, y doble, pudiera ser ambigua : pe- 
ro que me pareció decisiva , en uno, en quien la 
franqueza de carácter, pasaba ya á ser indiserec- 
cicn. Si acaso me engañé, no me engañé solo r 
porque en el mismo concepto estaban otras muy 
dignas personas de Zaragoza, que entonces le da- 
ban su aprecio y confianza ; entre las quales, pue- 
do citar á los ilustres Palafox, Hermida, y Bás- 
tago , con quienes había cooperado en ios memo- 
rables sucesos de aquellos días. Convenimos al sepa- 
ramos , que me buscarla de nuevo en Jadraque 
ofreciéndome que arreglaría su conducta por mis 
consejos: pero extraños acaecimientos, que pusieron 
en riesgo su vida , ie forzaron á mudar de rumbo 
desde Agreda , y á tomar el camino de Navarra.. 
Con esto , hallándose en Burgos con el nombra- 
miento para el ministerio de hacienda r y en me- 



(XXI) 

dio de los exéicitos franceses, su temor , su lige- 
reza , ó su ambicien le arrastraron al partido opues- 
to : en el qual ,. el disfavor , con que se dice le 
miraron siempre el gaviuete de Sí. Cloud , y al- 
gunos ministros de José , pueden acaso probar que 
su corazón no habla nacido para servir á los ti- 
ranos. 

19 Como quiera que sea, desde que dejó de 
ser amigo de mi patria , dejó de serio mio T 
y sus persuasiones , y esfuerzos hallaren en 
mi toda la refutación, y firme resistencia , que á 
mi leal carácter convenía. Bien se que sin em- 
bargo , no faltó quien quisiese excitar alguna odio- 
sidad contra mi nombre, por la antigua amistad 
que tuve en otio tiempo con este partidario , y 
que no me desdeño de confesar. Nacida en dias 
mas inocentes y felices , del aprecio que hacía 
de sus talentos , y de la intimidad con que le 
distinguía el sabio conde de Campomanes , quan- 
do yo vine á ser alcalde de corte, á fines de 1778* 
y en cuya casa, y sabia sociedad empezó núes*-, 
tro trato , creció después á par de la reputación- 
que le iban grangeando sus nobles prendas, y sus 
grandes conocimientos económicos , y con la esti- 
mación que le profesaron los ilustres condes de 
Aranda , Gausa , Revillagigedo , y Carpió, marque- 
ses de Astorga , de Velamazan , y de Cas-trille, Du- 
ques de Kijar, de Osuna , y de Alburquerque , mu- 
chos distinguidos literatos y magistrados, y quan-- 
to había de noble y de honrado en la época de- 
Carlos 111, que fué la de su prosperidad. Creció 
mas todavía en la cruel , y injusta persecución,, 
que contra él, y contra los establecimientos, que 
habia propuesto le suscitaron sus enemigos exi la¿ 



(XXII) 

de Carlos IV, quando retirándose los demás , fui 
yo , sino el único , uno de los pocos que no te- 
mieron manifestarse amigos suyos: pudiendo ase- 
gurar, también, que entre todos, asi fui el mas 
fiel á su amistad en la desgracia , como fuera el 
mas sincero y desinteresado en la prosperidad. Y 
esta amistad duraría todavía si él hubiese sido igual- 
mente fiel al primero , y mas santo de sus debe- 
res ; porque siempre he creído con Cicerón (*) 
que á todo se debe anteponer la amistad menos 
al honor , y á la virtud. Perdónese esta digre- 
sión á mi delicadeza; y si alguno reprobare toda- 
vía los sentimientos que descubre , sepa que también 
el virtuoso Sócrates, fué constante amigo del vicio- 
so Alcibiades, mientras Alcibiades no dejó de ser ami- 
go de su patria. 

20. Tantas tentativas y repulsas no bastaron 
para que cesase el ataque empezado contra mi fi- 
delidad, ^uí por fin nombrado ministro del interior: 
vino otro correo á traerme el nombramiento con 
varios despachos , y una carta confidencial y muy 
expresiva de D.Mariano Urquijo ; y aunque yocon- 
texté en los mismos términos , que á los oficios 
anteriores, renunciando decididamente el ministe- 
rio, y devolviendo los despachos, con todo, el 
decreto de mi nombramiento se publicó en la ga- 
ceta de Madrid con el de los demás ministros; 
y yo hube de pasar por el grave sentimien- 
to , de que los que no me conocían , ni estaban 
enterados de mi repulsa, pudiesen dudar algunos 

(*) " Q uem quadam admiratione commotus sa?pius 
éi fortas.se laudo quam mee se est,» Como decía. el mismo 
$n el iih 3 de Legib* hablando de Platón. 



(XXIII) 

días de mi fidelidad. 

ai. Con tanto mi espíritu había quedado satis- 
fecho, pero no tranquilo ; porque temía , que % ó 
por el disgusto que pudo dar mi resistencia, ó 
por el empeño de probar nuevas tentativas, qui- 
siesen arrebatarme á Madrid, para enredarme en 
los lazos del partido opuesto : pero acaso un in- 
cidente, que pudo haber aumentado este peligro, 
concurrió felizmente á librarme, de él. Aparecióse 
de repente en Jadraque hácia los últimos de ju- 
nio el arcediano de Avila D. José de la Cuesta 
bien conocido por la cruel persecución , que su- 
frió en el anterior reynado. Decía haber salido 
de Madrid sin otro motivo , que el darme un abra- 
zo ; y como nuestro trato aunque amistoso nunca hu- 
biese sido muy intimo r y por otra parte se di- 
jese , que era tal el que tenia con el ministro O-far- 
ril , no faltó quien recelase que venia de explo- 
rador de su parte,, para indagar el verdadero es- 
tado de mi salud. Entraron con esto en algún cui- 
dado mis amigos , y tanto mas quanto yo aun- 
que muy decaído todavía,, me levantaba todos los 
dias antes de comer , hacía algún exercicio pee 
las tardes , y tenia mas bien la apariencia de un* 
convaleciente débil, que de un enfermo en peligro.. 
Confieso que por mi parte, nunca asentí al rece- 
lo de ios demás, ni atribuí la visita de Cuesta ái 
ningún oculto designio, porque no lo hallaba con- 
ciliable con la idea que tenia de la honradez y 
franqueza de su carácter. En consecuencia le vis- 
té en su posada : paseamos juntos por la tarde : mié' 
acompañó por la noche , ya en la tertulia , ya al 
lado de mi cama : hablamos sin rebozo de las co- 
sas del dia : hallé sus sentimientos qual conveniai 



(XXIV) 

ni honor, y lealtad; no le escondí ninguno de los 

miós , y él se despidió tan persuadido de la rea- 
lidad de mi indisposición, como de la constancia 
de mis propósitos. Fuese, pues, el que se quiera 
el impulso de esta visita, ello es que concurrió 
también á asegurar mi tranquilidad, y desde en- 
tonces volví toda mi atención al cuidado de mi 
salud. 

22 Empezaba ya á experimentar mucho alivio 
en ella, á favor del régimen , y remedios adop- 
tados. Las pildoras de opio, calmando la tos, y con- 
ciliando el sueño me permitían algún descanso 
por la nonhe : un parche en la nuca fuá descar- 
gando mi cáfeeza : la leche de burra templando mi 
sangre, y el exercicio á orilla del Henares, y pol- 
las fértiles huertas de jadraque , reparando poco 
á poco mis fuerzas. Quaado hube recobrado al- 
gunas ■; empezé el exercicio acabailo , y aunque 
habla pensado terminar la curación con los baños 
¡termales de Trido, ei medico pretirió los de el He- 
nares, que tomé por muchos días. Y como en aque- 
lla sazón, la gloriosa victoria de Baylen , abriese 
á la nación tan risueñas esperanzas , concurrió 
también á la total reparación de mi salud , ya 
que no á la del .estrago , que los años , y los 
trabajos habian hecho en mi constitución. 

23. En esta situación me hallaba , quandoun pos- 
ta despachado por la junta general del principado 
de Asturias, llegó á Jadraque el 3 de septiem- 
bre con el aviso de estar nombrado para el go- 
bierno central, junto con mi ilustre, y amado ami- 
go el marques de Campo-Sagrado. Por mas que es- 
te distinguido testimonio del aprecio de mis pai- 
sanos fuese tan grato para mi corazón , confieso 



(XXV) 

que me hallé muy perplejo en la acetacion de tari 
grave cargo, por juJgarle muy superior al esta- 
do de mis fuerzas. Contaba 'ya 65 años: de re- 
sultas de los pasados males, y molestias mi cabe- 
«a no quedó capaz de ningún trabajo , que pidie- 
se intensa y continua aplicación ; y mis nervios tan 
débiles , y initables , que no podian resistir la mas 
pequeña alteración , del espiritu. Quaiquiera sensa- 
ción repentina , de dolor, ó alegría , quaiquie- 
ra idea fuerte, quaiquiera expresión pronunciada 
con vehemencia , los alteraba y conmovía , y tai 
vez añudaba mi garganta, y arrasaba mis ojos eu 
lagrimas involuntarias ; y esto unido ai horror , y 
aversión , que mis pasadas aventuras me habían 
inspirado á toda especie de mando , me hicieron 
vacilar mucho sobre mi resolución. Pero al fin, el 
amor á la patria venció mi repugnancia, y mis re- 
paros , y resignado á sacrificar en su servicio quai- 
quiera resto que hubiese quedado de mis débiles 
fuerzas admiti el nombramiento , renuncié la asigna- 
ción de quatro mil ducados (1) que se nos seña- 
laban por dietas, y despaché el correo con la res- 
puesta de mi acetacion. 

24. Esto resuelto, y sabido el arribo de Cam- 
po-Sagrado á Madrid, y que se hallaban ya alli los 
diputadas de Aragón, Cataluña, y Valencia, partí 
de Jadraque en la mañana del 17 de setiembre pa- 
ra reunirme á ellos. 

25. Acordado desde luego reunimos en conferen- 
cia nos juntamos en la casa del principe Pió , di- 
putado de Valencia , y recayó nuestra primera y 
principal discusión sobre dos estorbos , que podiari 
dificultar la concordia, y retardar la reunión ge- 

(1) Véase e¡ apéndice al núnu IV % 



(XXV!) 

neral de todos los diputados en Madrid. Habíamos 
entendido que los poderes de los diputados de 
Sevilla venían ceñidos á ciertas instrucciones tan 
abenas de los sentimientos de otras provincias , co- 
im de lo que la razón , y conveniencia pública 
requerían, y que podrían, por lo mismo , dar mo- 
tivo á una funesta división; y sabíamos también 
que estos mismos, y algunos otros diputados, ya fueie 
por preocupación contra el consejo ya por otra 
razf n , venían encargados, y dispuestos á resistir 
el establecimiento del gobierno central en Madrid, 
La remoción del primer obstáculo era muy supe- 
rior á nuestras desunidas fuerzas; pero , por for~ 
tuna trataba ya de superarle el prudente, y pa- 
triótico celo del general Castaños, que , interpo- 
niendo su autoridad y influjo con la junta de Se- 
villa , y pasando á Aranjuez á tratar personahnen- 
te con sus diputados, lo#ró que se les enviasen 
y admitiesen poderes sin restricción alguna: bien 
que no por eso aquella junta revocó, sino que 
antes ratificó , y remachó las instrucciones pri- 
vadas que les diera. Sobre el otro obstáculo, los 
diputados que estaban en Madíid habían pasado 
ya algunos oficios con el conde de Tilli , y D. 
Rodrigo Riquelme , diputados de Sevilla , y Gra- 
nada , y no sé si cora algún otro de los que lie— 
gáran primero á Aranjuez, para moverlos á que 
viniesen á reunirse con ellos ; á lo quai se ne- 
gaban, só pretexto de ser mas conveniente que 
las primeras conferencias se tuviesen alii : de cu- 
yo empeño tampoco los pudo separar Castaños. 
Conferirá entre nosotros la materia ,• nuestro uná- 
nime dictamen fué por la unión general en Ma- 
drid , y ciertos de c^ue d Conde de Florida Blan- 



(XXVII). 

ca , que abundaba en el mismo dictamen , aca- 
baba de llegar á A/anjuez , comisionan^ s al prin- 
cipe Pió, su antiguo amigo, á fin deque pasan 
do á allí , le reduge>e á veoir á Madrid, para for- 
zar asi á los demás á seguir tan fespetáblé egem- 
plo. 

¿6, Partió inmediatamente el principe pero ya 
llegó tarde; porque co : ? !os prítaerbs inciensos que 
se dieron en fyláñiúzz á Floridablanca , se le ha- 
fcia inspirado la idea, de que su i i mas convenien- 
te tener en aquel retiro algunas c diferencias pre- 
paratorias , para acordar el modo de establecer eí 
gobierno eo la corte. Habían entretanto llegado á 
Aranjuez otros diputados, y adherido á una idea 
que, sobre tanta apariencia de prudente, tenia yá 
tanto apoyo : con lo qual el principe Pió se dejó 
también arrastrar á ella, y á los demás sin ar- 
bitrio, para resistir un error, que acaso fué oca- 
sión de otros mas esenciales. 

27. Digo esto, por las grandes ventajas, de que 
aquella idea privó al gobierno. Si la junta central 
se hubiese instalado en Madrid , y e^tablecidose des- 
de luego en el palacio real , antigua residencia de 
los sob*. ranos, y rodeadose de todo el aparato, que 
no desdígase déla modestia, y economía, que con- 
venían á un gobierno tan popular : si se hubiese 
colocado al frente de los primeros tribunales dig- 
nidades , magistrados, y personages de la corte, 
y á la vista de aquel grande, y generoso pueblo 
¿quien duda , que hubiera aparecido con mayor 
decoro? ¿que «e hubiera con Ciliado mejor el amor 
y el respeto de todas las clases , y sentido irus 
de cerca, que estos, y la confianza nacional eran 
los únicos apoyos, que podia tener , y debía bus- 



(XXVIII) 

car, para su nti£va autoridad? Sus miembros en- 
tonces , hubieran contado mas con este apoyo: res- 
petado mas al público : estimadose mas á simismos; 
y hallado mas á la mano, auxilios, y consejos, 
para el mejor desempeño de sus funciones. Y el 
gobierno, desde aquel antiguo asiento de los tri- 
bunales , oficinas, y archivos, en que tendría á 
la mano los documentos , y tos agentes del des- 
pacho , y donde se hallaban todavía los exércitos 
que habían hecho la primera gloriosa campaña , 
hubiera podido expedir mejor sus ordenes , arreglar 
mejor los planes, y buscar mejor los recursos, pa- 
ra la segunda ; y hubiera podido dar vado , á los 
inmensos negocios de aquella época, con toda ¡a 
actividad , y presteza , que sus criticas circunstan- 
cias pedían. Pero la intriga triunfó, y logró ale- 
jir el buen momento de obtener estas ventajas, 
que ya no fué posible recobrar. La proposición d& 
trasladar la junta á Madrid , no solo fué renova- 
da sino solemnemente acordada por la gran ma- 
yoría y aun señalado día para verificarla : pero los 
que secretamente la repugnaban tuvieron bastan- 
te influjo en el débil animo del presidente para 
ir dilatando la execucion , hasta que las ocurren- 
cias sucesivas la hicieron ya imposible- v 

28. Sabido por el principe Pió lo acordado en 
Aranjuez, partimos de Madrid mi compañero y yo 
el 22 de setiembre, pero contando con que vol- 
veríamos muy luego á vivir en aquella capital , de- 
jamos encargado que se nos tomase casa , compra- 
sen mu. bles, y coche, y previniese lo demás ne- 
cesario para nuestro establecimiento ; y dejando allí 
los equipajes , que nos habían enviado de Astu- 
rias , fuimos á la ligera , y asi nos mantuvo la 



(XXIX) 

persuasión en que permanecimos de volver á Ma- 
drid, de un dia á otro: y como nuestra salida de 
Aranjuez , fué después t.an inopinada , y pronta, 
quintó antes teníamos, y quanto habíamos prevenido 
en aquella capital quedó en las garras del enemi- 
go , que tardó muy poco en apoderarse de ella. 

29. No me avergüenzo yo de exponer al público 
estas menudas circunstancias, y pequeños acaeci- 
mientos de aquella época, pues por poco impor- 
tantes que aparezcan, de su conjunto , y conoci- 
miento se debe componer la completa exposición 
y juicio de mi conducta. Y como yo no aspire 
á pasar entre mis compatriotas por un héroe, si- 
no por un honrado, y fiel magistrado, deseo, y 
espero, que los hechos de mi vida privada lejos 
de desmintir , confirmen este concepto que he pro- 
curado asegurar con mi conducta pública. 



ARTICULO SEGUNDO. 



30. Jt&A llegar á Aranjuez, hallamos ya reu- 
nida allí la mayor parte de los diputados de las 
ctras provincias, y que hablan tenido ya algunas 
conferencias en la posada del conde de Florida- 
blanca ; con lo qual empezaron á celebrarse en 1» 
misma casa las sesiones preliminares por mafias 



^ (XXX) 

na y noche: presidiendo et mas anciano que era 
el conde , y llevando nota de los acuerdos D. Mar- 
tín de Garay. "En estas sesiones , reconocidos por 
una Comisión , y aprobados por todos, los pode- 
res de las juntas provinciales: elegidos presidente, 
y secretario general, para la central: acordada 
la formula de su juramento , y tomadas las demás 
medidas necesarias, se resolvió proceder á la solem- 
ne instilación de la junta gubernativa: la quaí 
se vallico en la mañana del 25 de setiembre si» 
grande aparato á la verdad, pero con todo et ju- 
bilo, y aplauso, que permitia aquella estrecha si - 
tüáciorn. 

31. Desde luego empezaron las sesiones ordi- 
narias p:>r mañana, y noche en el palacio real, 
y á puerta cerrada. Y aqui no puedo dejar de ad> 
veitir, quan injusta me pareció siempre la opinioa 
de aquellos que nos culparon de no haber cele- 
brado nuestras sesiones en público: sin duda por 
que no advirtieron , que el carácter esencial de 
la junta suprema era el de una autoridad execu- 
tiva. Porque ¿ en que cabeza pudo entrar la idea 
de que las deliberaciones de esta autoridad , que 
p.u la mayor parte exigen gran secreto , y gran- 
de expedición debían ser públicas ? Que sean pú- 
blicas las discusiones de una asamblea legislativa 
ya lo entiendo ; aunque esto tendrá también algu- 
nas justas excepciones; pero ¿ en ane gobierno del 
mundo, qualquiera que fuese su constitución, se 
puede hallar un solo egemplo , con que autorizar 
semejante censura? Conozco, que las que son de 
esta clase no necesitan respuesta , pero : sapien- 
tibus , ét inslpientibus , debitares sumas. 

32., Uno u¿ ios primeros acuerdos de la jun- 



(XXXI) 

ta central fué nombrar una comisión de cin- 
co vocales, para formar el proyecto de regla- 
mento, porque debía regirse , y uno de los nom- 
brados fuy yo. £1 articulo mas esencial de es- 
te reglamento , y al qual debían referirse to- 
dos los demás era la institución , y forma del 
nuevo gobierno: sobre la qual habia yo decla- 
rado antes mi dictamen , en conversaciones pri- 
vadas, y por consiguiente á el procuré llamar, 
desde luego , la atención de mis compañeros. 
Hubo sobre este importantísimo punto largas dis- 
cusiones , y controversias, cuya materia se po- 
drá colegir fácilmente de lo que dejo dicho en 
la primera parte , acerca de la legitimidad del 
gobierno central. En estas conferencias expuse 
yo, y sostube mi parecer con tanta firmeza , co- 
mo, poca fortuna; pero siendo tan enemigo de 
obstinarme en la porfía, como de rendinne á 
lo que desaprueba mi razón disentiendo en to- 
dos los puntos , que se oponían á mi dictamen, 
ine reservé el derecho de exponerle mas am- 
pliamente, quando se presentase el proyecto de 
reglamento á la aprobación de la junta; y asi 
lo verifiqué en la sesión celebrada á este fin 
la noche del 7 de octubre de aquel año. 

33. Mis lectores hallarán este voto en el apén- 
dice (*) y aunque escrito con la difusión , y 
desorden, que eran consiguientes á la priesa, en 
que la variedad , y muchedumbre de atenciones 
nos ponían, en aquellos dias , no me desdeño 
de presentarle en su desaliño original; por que 
me interesa mucho que vean en el qual era 

(*) Véase el número V. 



(XXXÍl) 

mi modo de pensar sobre una question, qul> 
fué 'después materia de tantas hablillas, y calum- 
nias. Esto me basta; pero sin embargo en fa- 
vor de los que Quieran evitar la molestia de 
leer tan difuso dictamen , indicaré aqui los artí- 
culos á que reduje su conclusión. 

34*. Fué esta, que desde luego se anudase 
á la nación, que sería reunida en cortes,- lue- 
go que el enemigo hubiese abandonado nues- 
tro territorio, y si esto no se verificase antes, 
pira el octubre de i8eo: que desde luego se 
formase una regencia interina en el dia i.° del 
año inmediato de 1809: qué instalada la regen- 
cia, quedasen existentes la junta central , y las 
provinciales ; pero reduciendo el número de vo- 
cales en aquella á la mitad , en estas á qua- 
tro ; y unas y otras sin mando, ni autoridad, 
y solo en calidad de auxiliares del gobierno: 
que el oficio de la primera fuese, velar sobre 
la observancia de la constitución , ó reglamento 
que se diese á la regencia ; verificar á su tiem- 
po la convocación de las cortes ; y preparar los 
trabajos, que se debian presentar á su discusi- 
ón y decisión; y el de las segundas, consultar ó 
informar por su medio al gobierno, r sóbre lo mas 
conveniente al bien del reyno, y auxiliar sus ope- 
raciones. 

35. Fué oido este dictamen en la junta con gran- 
de atención, y no sin algún aprecio, Eran muchos 
los que se hallaban inclinados á adoptarle (h) y no 

(h) Debo advertir aqui , que asi en esta, como 
.en todas las materias de importancia que sé acor- 
daron en la junta central , el dictamen del marque^ 



'(XXXIII) 

tne engañaré en decir , que erar, pocos loa 
que no se hubiesen persuadido entonces de su 
solidez. Bastáron , empero estos pocos , para que, 
sin desecharle , se prolongase su discusión ; y so 
pretexto , de que negocio tan grave requería 
mayor meditación, y exámen, lograron que la 
resolución se suspendiese , y se señalase para ella 
el . 7 del inmediato mes de noviembre. 

36. No molestaré á mis lectores ampliando los 
fundamentos de mi dictamen , como pudiera, 
porque no quiero que se juzgue ahora, sino por 
las razones en que le apoyé entonces: pero si 
haré dos explicaciones, que creo necesarias para> 
que se conozca mejor la rectitud de intención 
con que fué formado. 

37 Algunos han censurado , y á caso, no fue- 
ra de razón, que yo hubiese señalado para las 
cortes una época tan distante: pero, de la opor- 

de Campo-Sagrado fué siempre uno con el mió. El 
deudo de antigua amistad que nos unta , se hizo 
mas estrecho por la confianza con que nuestro prin- 
cipado nos unió en el encargo de representar su voz 
en el gobierno supremo : pero mas todavía , por el 
unánime proposito , que ambos formamos de consa- 
grar todo nuestro celo , y nuestras tareas al mayor 
bien de nuestra patria. Con este fin conferiamos y 
acordábamos de antemano nuestros dictámenes ; y 
la justicia me obliga á reconocer , que si mis estil- 
adlos , y larga experiencia pudieron concurrir con al- 
go á su acierto , el buen juicio , la atinada pru- 
dencia y los conocimientos , y experiencias del mar- 
quzs? en materias militares no tuvieron pequeña par- 
te en él. 

22 



(XXXIV)! 

t -'tildad de la que señalé, no se debe judgar 
por los sucesos posteriores , sino por las circuns- 
tancias contemporáneas. No era entonces tan re- 
mota la esperanza del triunfo de nuestros exér- 
citos , y de la expulsión del enemigo de nues- 
tro territorio, como lo fué después , y ademas 
el gobierno gozaba en aquel momento de una 
confianza., que las desgracias sucesivas fueron al- 
terando. La misma grande idea , que había yo 
concebido de esta operación, \os grandes bienes, 
que esperaba de ella , y los grandes males que te- 
mía si se realizase precipitadamente, y sin la de- 
bida preparación, me determinaron por aquella épo- 
ca ; que todavía pareció muy cercana á los que oiaa 
con sobresalto el nombre de cortes : entre quienes 
saben mis compañeros, que tengo derecho para ci- 
tar al ilustre conde de Floridablanca* Y tanto me 
basta para que los hombres imparciales apiueben 
ó alómenos disculpen el celo y la buena fé coa 
que concebí y propuse mi dictamen. 

38. Hase censurado también mi opinión acerca 
de la conservación , y existencia de la junta cen- 
tral , y de las provinciales, aunque reducidas en 
su número, y funciones: sobre lo qual queda di- 
cho bastante en la primera parte de esta memo- 
ria : pero todavía añadiré aquí, que siempre me 
pareció tan injusto, y tan duro, dejar sin ningún influjo 
en el gobierno á las dignas personas , que ha- 
bían venido á constituirle , honradas con la con- 
fianza de las provincias, y cuyas luces, y expe- 
riencia podían servir de tan grande auxilio á la 
regencia propuesta /como peligroso conservar á las 
juntas una suma de autoridad , que pudiese em- 
barazar la acción del gobierno supremo , y 1* de 



(XXXV) 

las magistraturas inferiores. Creí por conseqüencia 
que convenia buscar un medio, p'^ra conciliar , uno, 
y otro respeto, y sino me engaño mucho, el que 
propuse, era el único que la prudencia política 
podía sugerir en aquellas circunstancias. Los suce- 
sos posteriores, por desgracia, no han desmentido 
mi previsión , y mis temores , asi por los emba- 
razos que experimentó la central , en la desove- 
diencia , y orgullosas pretensiones de algunas pro- 
vinciales, como en los que hallaron estas en el 
desvio, y descontento de las demis autoridades 
del reyno. 

39 Habrase tal vez censurado que á la expo- 
sición de mi dictamen hubiese yo anticipado la so- 
lemne declaración de que jamas admitiriá nombra- 
miento alguno para miembro de otro gobierno, mi- 
nisterio , presidencia , ni oficio , qut j tuviese au- 
toridad , ó mando particular: resolución , q oe quan- 
do no estuviese fijada en mi alma , muy de an- 
temano, la hubiera formado entonces : no tanto pa- 
ra dar mas fuerza á mis razones, como para ale- 
jar, de los que no me conocían, la idea de que 
pudiese animarlas algún interés personal. Saben to- 
dos que en algunos papeles públicos de aquel tiem- 
po, no solo se habia propuesto el pensamiento de 
una regencia, sino también indicado para ella va- 
rias personas que se creían distinguidas con la con- 
fianza pública, y que entre otros nombres habia 
sonado también el mió. Noera yo tan vano, que le cre- 
yese comparable al de tan dignos varones: pero 
sabia que la opinión pública habia concedido á 
tni conducta, y mis desgracias, todo lo que po- 
día faltar á mi mérito. No fué , pues , afectada, 
sino sincera , y precisa aquella pretexta, que mi con- 



(XXXVI) 

dncti posterior nunca desmintió. Dentro de poco r 
tratándose de arreglarlos ministerios, y á pro- 
puesta de el conde presidente , se quiso que me 
encargase del de gracia ,. y justicia : pero rae ne- 
gué resueltamente á aceptarle- Y quando en ene- 
ro de este año, se trato del nombramiento de la 
regenera , fui yo uno de los que mas insistieron 
en que previamente se acordase, como se acordó' 
no ineluir en ella á ninguno de los que corapo- 
niamos la junta.. En otro tiempo recordar estas pe- 
queñas circunstancias , pudiera atribuirse á jactan- 
cia , ó vanidad,, mas quando se trata de defen- 
der el honor, ni puede , ni. debe ser tan melin- 
drosa la modestia.. 

40 Como quiera que sea , la suspensión de esta re- 
solución bastó para que sus autores lograsen el 
fin que en ella se proponían. Pasóse á la forma- 
ción de las secciones , y al nombramiento de los; 
ministros : distribuyéronse á los ministerios- los ne— 
gocios que habían pasado por la secretaría gene- 
ral , y el gobierno empezó á correr en la mis- 
ma forma que conservó después , hasta la crea- 
ción de la comisión egecutiva. Fuera alargar en 
demasía esta exposición , y salir de su obgeto el 
tratar de las operaciones de la junta en aquella' 
importante época. Básteme decir , que mientras err 
las sesiones plenas se promovía con actividad, y 
energía el aumento organización , y armamento de 
los exércitos , que levantaban las provincias: se ins- 
taba , y urgía á los generales de la patria , para, 
que los moviesen hácia el enemigo ; y se solicita- 
ba y rogaba á los de nuestro generoso aliado,, 
para que concurriesen á participar de los laure- 
les , que prometía la ruina, del. tirano, de Euro- 



(XXXVII) 

pa , sus vocales, divididos en las secciones traba- 
jaban con aplicación , y constancia en ellas , ex- 
tendiendo su celo , y cu y dados á los diferentes 
ramos del gobierno interior , para reducir su ac- 
ción á unidad , y hacer que todos concurriesen, 
á una , al grande y primer obgeto de la defensa 
nacional. 

41 Acercábase ya el 7 de' novimiembre, y aun- 
que no dejé de recordar en tiempo el señalamien- 
to, que estaba hecho de aquel día, para exami- 
nar , y votar sobre mis proposiciones, arrastra- 
da la atención de ra junta hácia los exérciíos que 
estaban; ya cerca de el enemigo , no fué difícil á 
los desidentes- prorrogar ia discusión , que trans- 
ferida , de un dia en otro , ai cabo nunca llegó 1 
á verificarse.. 

42 Crecieren entre tanto, no solo los cuyda- 
dcs del gobierno, sino también los peligros de la- 
patria. Supiéronse sucesivamente las dispersiones de- 
Espinosa , y de Burgos. La discordia de los gene- 
rales en Tudela se miraba como de mal agüero 5 
para el exército de el centro , y entre las con— • 
Urgencias , que convenia prevenir, era una lá del 
riesgo , que podia correr el gobierno : riesgo, á 
qué debia ocurrirse con tiempo, para proveér an- 
ticipadamente v asi á su decoro , y seguridad coma- 
al desorden que podría causar una traslación pre- 
cipitada , y no prevenida. Procuré yo llamar la- 
atención de la junta á este obgeto, indicándolos 
inconvenientes de una mudanza precipitada , y las- 
ventajas , que podrian resultar de su previsión. Pro- 
dujo esto el nombramiento de una comisión , que 1 
examinase este punto con el presidente. Como uno» 
de sus- vocales , expuse mas ampliamente mis refle^ 



(XXXVIll) 

xtones acerca de el , y en consecuencia fui nom- 
brado para pasar á Madrid á tratar, y arreglar 
con reserva las medidas que pareciesen mas con- 
v ementes al obgeto. Parti á Madrid el 25 de no- 
viembre : traté en aquel mismo dia la materia con 
ti decano del consejo D. Arias Mon : formé con 
su acuerdo una junta compuesta de aquel vene- 
rable .magistrado , de los consejeros de Castilla Cor- 
tavarria, y Vilches , de los de Indias Posada, y 
Valiente, y del secretario de este ultimo D.Sil- 
vestre Collar. En los dias 26 y 27 , tuvimos di- 
ferentes sesiones , en que se acordaron todos los 
puntos que pudo ofrecer la mas exácta previsión 
como se verá en el apéndice al número VI. Ei 
28 por la tarde me restituí á Aranjuez : pero ha- 
llé que la junta asustada por el adelantamiento 
de las partidas francesas, vistas ya aquella ma- 
ñana en Vil la rejo , habia comisionado al vocal D. 
Pedro de Ribero, pira que pasando á Toledo, exá- 
minase el estado de defensa en que se hallaba 
aquella ciudad , y las proporciones que ofrecía pa- 
ra el establecimiento de la junta. Mas urgentes 
me parechn otras medidas. Enterando inmediata- 
mente al presidente de el desempeño de mi en- 
cargo, le insté á que sin perdida de tiempo jun- 
tase la comisión , para que se acelerasen las que 
traia que proponerle, Pero le hallé tan oprimido 
por sus males, y tan abatido por las desgracias 
de aquellos dias , que no me fué posible redu- 
cirle á mi instancia en aquella noche, y menos en ei 
siguiente dia . en que el cuydado, y peligro cre- 
cía por instantes. En suma, por una de aquellas 
fatalidades que trastornan las mejores ideas quan- 
do la fortuna abandona á los gobiernos , todo en 



{XXXIX) 

este punto se previo , y pensó : pero nada , ó poco 
se pudo hacer. Cea todo conviene que el públi- 
co conozca las medidas que se acordaron y cal- 
f cule las ventajas que hubieran producido , y los ma- 
les que se hubieran evitado , con su egecucion para 
que yo pueda decir úa empacho i quid ultra de- 
but faceré , et non feci* 

43 £1 enemigo victorioso por todas partes , se 
habia adelantado, con su acostumbrada rapidez 
hacia la capital; y hacía que la necesidad de 
la traslación de el gobierno se anticipase á las 
medidas meditadas , para este caso. Supiéronse 
mas de lleno los tristes efectos de la batalla 
de Tudela , la separación de los exércitos de 
Aragón, y del centro, el ataque de Somosierra, 
y el peligro que amenazaba de cerca á Madrid. 
Con esto en la mañana del primero de Diciem- 
bre , habiéndose sabido por el generel D. Fran- 
cisco Eguia, que el punto de Somosierra estaba 
ya forzado, el presidente reunió temprano la jun- 
ta en palacio , y después de enteraría en los va* 
rios partes recibidos aquella noche y se pasó á tra- 
tar del socorro de la capital , y de mover ach 
ella todas las fuerzas, y recursos disponibles, 
acordando á este j6ií las ordenes convenientes» 
Tratóse después, de buscar nuevos auxilios en 
las provincias ^ y pareció oportuno enviar á ellas 
diferentes vocales , para que en calidad de comi- 
sarios , procurasen excitar de nuevo el espíritu 
publico, elevarle á ia altura,, á que habia subi- 
do el peligro, animar, y inflamar el celo de 
las juntas, levantar nuevas tropas, y buscar to- 
dos los medios, y recursos y que fuesen posibles. 



fXL) 

para promover con ardor la defensa de la pa- 
tria. . Fueron , pues, nombrados estos comisarios, 
y entre ellos yo para pasar á Asturias: pero ma- 
nifestando los demás el mayor deseo de que no 
me separase!) de la junta, sacrifiqué á éi mi per- 
sonal conveniencia. Ah ! quien me diria enton- 
ces que esta moderación podía ser tan funesta 
á mi desgraciado país ! Tomadas estas medidas, 
y con la esperanza que se había concebido de los 
oncios que antes se pasaban , por medio de nu- 
estro general Escalante, con el general ingles 
Moore,á fin deque se adelantase con sus tropas 
para cubrir la Castilla, se pudo yá volver la 
atención, á un punto, mirado antes, como tan 
distante., y que yá pedia la mas pronta resolu- 
ción. 

44. Con efecto el presidente propuso á la junta' 
la necesidad de trasladarse á otra residencia. Por 
mas dura que fuese esta medida, poca duda 
se ofrecía acerca de ella, puesto que los- fran- 
ceses, que hablan hecho ver sus exploradores en 
el 28 hacia Villarejo', habían, aparecido yá el 
30 anterior sobre Mostoles. (2) Pero el punto en 

(2) Entre los grandes desaciertos de Bonapar-* 
te , que el C¿clo permitió en favor de muestra san- 
ta causa, debe contarse el de no haber sorpren- 
dido como pudo en esta ocasión al gobierno , que di- 
rigia fas negocios de España. A los fines de no- 
viembre , nuestros exércitos estaban en completa dis- 
persión : los suyos los .per si guian en todas partes: 
él rodeaba con el grueso de su fuerza á Madrid; 
j> sus avanzadas y guerrillas se habían ya ade- 
Lintada sin obstáculo el 27 y 28 hasta cerca del 



tjue debiera fijarse el gobierno merecía muy se-¿ 
ria discusión. El presidente , y algunos otros 
vocales insistían en que desde luego se traslada- 
se la junta á Cádiz; pero á los que estábamos 
mas serenos, costó muy poco persuadir, que 
en tai dictamen se sacrificaba á la seguridad del 
gobierno , no solo su decoro , sino también la 
conveniencia publica: la qual exigia, que residie- 
se en el punto mas cercano ai teatro de la 
guerra , que fuese posible. Algunos se inclinaban 
á Toledo: pero habiendo anunciado el vocal D. 
Pedro de Ribero, que alli no habia otra defen- 
sa , ni seguridad , que los que ofrecia su situa- 
ción , no tuvo séquito este dictamen. Hablóse 
también de Sevilla, y Cordova , que por la ra- 
zón antes dicha tampoco hallaron apoyo. Al fin, 
desechados los demás se prefirió el de Badajoz, 
en que yo insistí. Ninguno , á la verdad , ofrecia 

Tajo. No temarnos sobre este rio ninguna de f ensa- 
que pudiese resistirle, y fuera de una compañía de 
guardia, ninguna tropa, ni fuerza protegía lase~ 
guridad de la junta central. Doscientos ó trescien- 
tos caballos con pocos infantes hubieran podido caer 
sobre Aran juez y apoderarse de ella ; y quanta 
este golpe, tan propio de su pérfida astucia hubie- 
ra contribuido á sus triunfos, nadie hay, que no l<% 
reconozca admirado. Logró es verdad , lanzarnos de 
nuestro asiento ; pero no logró destruir nuestra au~ 
toridad , ni menos entibiar aquel celo ni doblegar aque- 
lla constancia , que creciendo á la par de los pe* 
Ugros que nos rodeaban , supo oponer á su ambición 
obstáculos, que no ha podido todavía vencer , ni 
vencerá > si el Cielo no nos desampara* 

*2 



(XLTI) 

grande seguridad, entonces, por 6;ue dispersa-» 
dos nuestros exércitos * todas las provincias que- 
daban abiertas al enemigo , y habiendo embia- 
do ellas todas sus fuerzas á los e xércitos se har 
liaban indefensas, y desprevenidas. Perú á lo me- 
nos , desde el abrigo de aquella plaza , se podía 
conservar mejor la correspondencia con el exército 
inglés, y con el que ya se formaba con los dis- 
persos de Espinosa , y Burgos , y se reforzaba 
por las populosas provincias del Norte : proveér 
Kftas fácilmente á la reunión de los dispersos de 
Somosierra , para formar otro exército en Extre- 
madura : promover el alistamiento de nuevas tropas 
para reforzar el de Andalucia ; y en fin, obser- 
vando los movimientos del enemigo , y en caso 
de nuevo peligro, llevar el gobierno hacia aquel 
punto, si amenazaba al poniente, y al norte, ó 
bien, si tomaba el rumbo de Sierra-Morena, pa- 
ra invadir las Andalucías, y la Extremadura, atra- 
vesar el Portugal, y refugiarse en estas provincias 
septentrionales , que yo miré siempre como el ulti- 
mo baluarte de España , qual lo fueron en otro 
tiempo, y lo serán todavía, si el gobierno las mi- 
ra con mas atención que hasta aquí. 

45, Esto acordado, se resolvió también que la 
junta se dividiese en tandas , para facilitar el via- 
ge , y evitar embarazos y gravámenes en los pue- 
bles del transito , y que desde luego se partiese 
á Toledo , para arreglar allí las disposiciones del 
viage. Pero no bien se hubo acordado esto, quan- 
do el presidente , y el arzobispo de Laodicea par- 
tieron con el ministro Cevallos : los comisarios 
nombrados fueron saliendo para sus destinos, y otros 
vocales se preparaban también á partir, quahdo los 



(XLIIi) 

demás levantamos el grito , para arreglar muchos 
artículos de grande importancia , sobre ios guales 
debia continuar y continuó la discusión. Acordó- 
se, entonces, enterar de la traslación de la jun- 
ta á los ministros extrangeros, que se hallaban en 
Aranjuez : dieronse varias providencias , para sal - 
var las alhajas mas preciosas que habia en aquel 
real sitio ; y entre otros puntos se arregló uno que 
antes no fuera tratado. Tai era la continuación 
del despacho de los negocios, durante el vkge. A 
este fin se nombró una comisión activa, compues- 
ta del presidente conde de Floridablanca , del vi- 
ce presidente marques de Astcrga, del Baylio 
Don Antonio Vaidés , del conde de Contamina, 
de D. Martin de Gara y , y de mi , con el mi - 
nistro D. Francisco de Saavedra, y con la se- 
cretaría general : se acordó que esta comisión 
tomase, y fuese siempre en la ultima tanda, 
y se la autorizó con todo el poder necesario , 
para llevar la correspondencia , y proveér á quan- 
to exigiesen las ocurrencias urgentes ^ durante el 
viage , y mientras no se pudiese verificar la reunión 
de la junta. 

46. Fueron *con esto, partiendo los demás voca- 
les , que no pertenecían á esta comisión , la quai 
quedó permanente toda aquella tarde , y noche , 
tomando las providencias , que una , en pos de 
otra fueron ocurriendo. Entre estas no olvidé yo 
las que se habian acordado en la junta formada 
por mi en Madrid, para el caso en que ya nos 
hallábamos ; y aunque algunas eran ya impracti- 
cables , se tomaron lasque permitía la premura del 
tiempo. Fué aprobado el proyecto de la real cé- 
dula, que debia publicar el consejo para anunciar 



(XLIV) 

al reyno la traslación de la junta , el qual había 
formado el decano gobernador, de acuerdo con 
los consejeros Coríavarria y Vilches. Nombrá- 
ronse los ministros destinados para ei consejo-reu- 
nido, que debia seguir á la junta; y se comuni- 
caron á este fin los avisos, asi como las orde*-* 
nes convenientes , para salvar , en caso de apuro* 
quanto firese posible : providencias tardías r á la ver-' 
dad , pero que todavía hubieran producido muy 
saludable efecto, si el hado que arrastraba los su- 
cesos de aquel dia no le hubiese frustrado. El cor- 
reo partió con las órdenes á media noche; pera 
el presidente duque del Infantado, que salió á la: 
inad rugada á buscar el exércko del centro , para 
traerle á la defensa de Madrid , ó no las recibió- 
ó no le fué posible cumplirlas.. Que hubiese sida 
de ellas , y de los demás oficios pasados aquella 
noche, ni lo sé ni es fácil de averiguar en me- 
dio de la confusión , en que se hallaban ya las- 
autoridades de la corte en tan apurados momen- 
tos : pero sé , que quanto se obró entonces , y 
voy decir ahora ,. del progreso de nuestro via- 
ge, basta para probar , quan infame impostura aña- 
dieron , á las demás inventadas contra nosotros,, 
los que publicaron que la junta central se había 
disuelto en Aranjuez , abandonando su deber, y que 
sus miembros habian huido ,. y dispersadose vergon- 
zosamente al acercarse el enemigo. 

47. Era ya la media noche quando la comi- 
sión activa , arreglado quanto pudo prevenir su; 
celo, levantó la sesión permanente de aquel dia,. 
Entonces tratando ya- de nuestro viage , para reu- 
nimos á los demás en Toledo , eché yo de verr 
los que jpaaieran por la maiíaaa, y tardei- 



(XLV) 

habían ocupado todos los coches y carruages deí 
sitio ; y no teniéndole propio , me halle en aquel 
triste punto sin coche para mi , sin caballos pa- 
ra la familia, y sin carro que condugese el po- 
bre resto de mi equipage , ya reducido á pocas 
ropas, y pocos libros. En tal desamparo no tuve 
mas recurso que agregarme á mi buen amigo D, 
Francisco de Saavedra , que me ofreció un asien- 
to en su coche, y dejando en Aranjuez á mi ma- 
yordomo , por si podia salvar mi ropa r salimos 
de allí, después de la una de la noche del pri- 
mero al dos ele diciembre: circunstancias , que no 
deben perder de vista mis lectores , porque nin- 
gunas califican mejor el carácter del hombre pú- 
blico , qúe aquellas , en que colocado entre su con- 
ciencia , y su peligro , pospone la propia seguri- "* 
dad al desempeño de su obligación, 

48, Llegados á Toledo , hallamos que la prime- 
ra tanda , adelantada desde el dia anterior , ha- 
bía partido yá, y que el presidente se disponía también 
á partir : pero la comisión activa, que en tan cri- 
ticas circunstancias, ni quería r ni debía tomar so- 
bre si todo el peso de tan grande responsabilidad 
instó al presidente , para que se reuniese á ella* 
y insistió en la necesidad de que toda la junta se 
detuviese en algunos puntos del transito , para pro- 
veér con mayor consejo á las graves ocurrencias» 
que podían sobrevenir. El peligro , á la verdad, 
era grande , porque la escolta que llevaba la jun- 
ta era muy débil , y un pequeño cuerpo de ca- 
ballería bastaba para sorprenderla y ó por lo me- 
nos á los mas rezagados ; y con todo se acordó' 
la reunión de todas las tandas en Talavera- Cele^ 
toáronse allí dos sesiones r ea que se acordar 



(XLVI) 

diferentes providencias , y entre ellas el nombra- 
miento de una comisión compuesta de D. Pedro de 
Ribero, D. Lorenzo Calvo , y Vizconde de Quinta- 
cilla, para que quedasen en aquella villa , con el 
obgeto de detener, reunir, y organizar los oficia- 
les , y soldados dispersos de los exércitos de Ex- 
tremadura , y reserva , que en grandísimo número 
venian por aquel punto: encargo, que desempe- 
ñaron con tanto celo, como utilidad. Con lo qual 
y acordada otra detención en Truxillo , continuó 
el viaje , celebrando la comisión activa sus sesiones 
diarias, y el despacho de la correspondencia, y 
negocios ocurrentes ; bien que sin asistencia del pre- 
sidente, que por sus años, y achaques, se vio for- 
zado á buscar la mejor comodidad , que adelan- 
tándose á todos , podría encontrar en el camino. 

49. Reunida la junta en Truxillo , demoró 
allí tres dias , y habiendo recibido pliegos del ge- 
neral Escalante , en que anunciaba la ineficacia 
de sus oficios con el general en gefe del exérci- 
to ingles, fué nuestro primer cuydado instar, y 
insistir en la solicitud de su auxilio, para con^ 
tener los progresos del enemigo. Seguía entonces 
su viage, con la junta , el caballero D. Juan 
Frere , ministro plenipotenciario de Inglaterra, asis- 
tiendo á nuestras sesiones, y conferencias ; y tan 
ardientes fueron nuestros ruegos, y tan constan- 
te el celo de este ministro , por el triunfo de nues- 
tra causa, que se resolvió , con acuerdo suyo, ha- 
cer nueva , y ultima tentativa , enviando una di- 
putación al malogrado general Moore, á fin deque 
reuniéndose á la división del general Baird, yá nuestro 
•exércko -de la izquierda, que Romana había junta- 
do en Leoa, se avanzasen por Castilla la Vieja. 



(XLVI1) 

Nombróse pór parte del caballero Frere ai acti- 
vo coronel Stuard , 5' por la junta á D. Francis- 
co Xavier Caro , uno de los comisarios que debían 
ir á Galicia , y Asturias. 

50. Partieron al punto, y sus eficaces oficios 
produgeron todo el efecto que se deseaba ; efecto 
que si fué muy desgraciado por las perdidas que 
en medio de tanta constancia , y valor , sufrió el 
exército de los aliados , también fué en gran ma- 
nera favorable al obgeto general de la guerra. El tirano 
desvanecido con sus triunfos ,• y irritado contra los 
ingleses, que después de sacar de sus garras el 
Portugal, le disputaban la presa de la España , 
llevó contra ellos todo su furor , y sus fuerzas: 
los hizo perseguir en su retirada , hasta que toma- 
ron las naves; y se enseñoreó por un instante de 
Galicia. Pero Galicia recobró su libertad , por el es- 
fuerzo de su valiente pueblo: Bonaparte perdió 30^ 
hombres en esta loca empresa : el exército inglés 
volvió á aparecer en España , con mayor fuerza; 
y la junta central, aprovechándose de los errores 
de su enemigo , hizo renacer los poderosos exér- 
citos , que el tirano halló ya al frente de las pro- 
vincias de oriente , y medio dia , quando volvió 
á invadirlas. 

51. En las sesiones de Truxillo , la junta se. 
ocupó por mañana, y noche en el grande obge- 
to de la defensa del estado , dirigiendo á sus 
comisarios , á las juntas provinciales , á los ge- 
nerales , y intendentes de tas exércitos , las or- 
denes mas activas , para promoverla , según cons- 
tará de sus actas: concurriendo al mismo santo 
fia sus vocales , con oficios particulares , á sus 
respectivos comitentes, según se verá en el que 



(XLVIII) 

yo dirigí entonces á la junta general del princi- 
pado de Arturias , por hallarse el marques de Cam- 
po-Sagrado destinado á la comisión de Cordova. 
Apéndice número VIL 

52. Otro punto se acordó ademas , ó por me- 
jor decir , se desacordó , en las sesiones de Tru- 
xillo. Como esta Ciudad ofreciese todavía la pro- 
porción de elegir entre el camino de Badajoz , y 
el de Andalucía, los que deseaban residir alli, suscitaron 
de nuevo, la ya resuelta discusión de este punto; y 
tanto digeron , y tanto insistieron en su dictamen, 
que lograron inclinar la mayoría hacia aquel rum- 
bo. Estuvo yá acordada la traslación á Cordova: 
pero, no acomodando á los que preferían la re- 
sidencia de Sevilla , lograron , que se acordase 
Ultimamente la traslación á esta ciudad; y ea 
consecuencia , fué comisionado D. Francisco de Saa- 
vedra, para que se adelantase á preparar alli el 
recibimiento de la junta central. Con esto , quedé 
yo otra vez, á pie; y no queriendo abandonar 
lá comisión activa hube de agregarme á D. Anto- 
nio Escaño , que habia seguido á la junta , y 
en sus sesiones plenas despachado, interinamente 
los negocios de guerra; y este digno ministro , no 
solo me recibió muy amistosamente en su com- 
pañía, sino que se acomodó á seguir el viage 
en la ultima tanda. Detúvose, con la comisión ac- 
tiva, otro dia mas en Truxillo, y partiendo des- 
pués camino de Sevilla , llegamos á aquella ciudad 
ei 17 de diciembre , y hallamos reunidos en ella 
á todos los demás. 

53. Allí apareció de nuevo la junta central con 
toda la dignidad , que á su alta representación 
convenía; allí desplegó todo el celo y constan- ¡ 



(XLIX) 

fcia, que requerían las estrechas circunstanciasen 
que se hallaba la patria; y allí recobró, y ase- 
guró por los esfuerzos de su patriotismo la con- 
fianza del público, á que era tan acreedora; pues 

que solo la negra envidia podrá desconocer la 
actividad y energía, con que se aplicó á aumen-. 
tar la fuerza de 1 nuestros exérckos (3) á reparar 
las perdidas que sucesivamente sufrieron , á levan- 

(3) Apesar de las enormes perdidas que sufrir 
la patria al principio de nuestra segunda cam- 
paña , se puede asegurar , que el gobierno central 
Qpuso en ella al enemigo , en los cinco exércitos 
§ue le hacían frente en Cataluña , la Mancha , 
Extremadura , Castilla y Asturias ,y en las tropas 
levantadas en Valencia , Aragón, Murcia y Gali- 
cia , una fuerza que pasaba de ciento cincuenta mil 
combatientes, en que habia mas de veinte mil ca- 
ballos : sin contar la muchedumbre de partidas suel- 
tas de guerrilla que se fueron levantando por todas 
partes , y que de continuo le acuchillavan, ó refre* 
naban: hecho que no tiene egemplo en nuestra histo- 
ria , y tendrá pocos . que se le puedan comparar 
en la de Europa. Débese esto, sin duda, ala he- 
roica constancia del patriotismo español : pero si se 
consideran los esfuerzos que hizo el gobierno para 
auxiliar y dirigir esta constancia , y los escasos 
medios , con que , y las criticas circunstancias en 
que los hizo y las inmensas dificultades y contradi- 
ciones con que hubo de luchar para realizarlos, la 
posteridad imparcial no negará ■■ á los miembros de 
la yunta central , alguna parte de la admiración, 
con que recuerde este prodigio de valor y constan* 
cía española» 



tur una poderosa caballería; y á promover los de- 
mas objetos de la> defensa- y bien de la nación: 
minería gloriosa-,, que d^be reservarse á otra plu- 
ma mas feliz, mientras la mía sigue el humilde 
obgeto, que me he propuesto en esta segunda parte. 

54. Pero en medio de tantos afanes los enemi- 
gos de la patria tentaban desde afuera nuestra leal- 
tad , y los del gobierno turbaban dentro nuestro 
sosiego. Tampoco me detendré á hablar de la 
constancia , con que fueron desechadas las insidio- 
sas proposiciones que hicieron los primeros , por 
medio de sus emisarios Sotelo , y Sebastlani ; por- 
que de ello está ya enterado el publico, por las 
gacetas de aquel tiempo, y yo he dicho, lo que 
basta para mi proposito, en el articulo 3. a de 
la primera parte de esta (*) memoria. Mas con- 
viene decir ^ de los varios manejos que pusieron 
en obra los segundos , lo que baste para que sea 
conocida mi conducta particular % con respecto á 
ellos. 

55. La envidia que seguía muy de cerca los 
pasos de la junta, luchaba por robarle,, con la 
confianza de la nación , el único premio que po- 
¿lia recompensar su celo. Entre las murmuraciones 
que suscitó contra los centrales era una, la de que 
trataban de perpetuarse en el mando, y con la 
qua! r como la mas especiosa y les hacían continua 
guerra. No habiendo la junta creado una' regen- 
cia , ni anunciado las cortes 7 ni señalado época 
para la renovación de sus miembros, la sospecha 
podría ser justa % para los que ignoraban las pro- 

(*) La cartel del general Sehastiani , y mi res- 
puesta se hallarán en el apéndice al número VIII* 



posiciones 9 que estaban pendientes, y tenían rela- 
ción cotí esta materia. Pero la junta de Sevilla 
obligó á tratarla de proposito Habia nombrado á 
sus -diputados por el solo tiempo de un año; acor- 
dado renovar uno, de seis, en seis meses: preve- 
nido que la renovación empezase al primer semestre; y 
ratificado este acuerdo en sus instrucciones, aun des* 
pues, que se allanó á enviarles poderes mas am- 
plios. En conseqüencia de esto procedió de hecho 
á sortear el diputado cesante, y anunció á la jun- 
ta suprema el deseo de nombrar otro en lugar 
del conde de TillU excluido por la suerte. Nom - 
brose para examinar este punto una comisión, en 
que yo entré , y con su informe se discutió la 
materia en general, Habia sido mi particular dic- 
tamen , que la cesación de I03 delegados tempo- 
rales era de rigorosa justicia, al vencimiento del 
plazo; y que, quando asi no se creyese , la pru- 
dencia política, el bien del público, y el deco- 
ro mismo del cuerpo requerían , que todos los de- 
legados se renovasen por mitad , al cumplir del pri- 
mer año, cesindo uno de cada provincia. La dis- 
cusión fué reñida, muchos opinaron por la amovi- 
lidad: pero la mayoría , la desecho: fundada en 
que la limitación de tiempo no estaba expresa en 
los poderes , y que ía delegación que contenían era 
indefinida, 

56, Si este acuerdo fué muy desagradable á ías 
juntas provinciales , no lo fué menos á los indivi- 
duos de la centra] , que deseaban alejar de elJa t 
y de si , la idea de ambición que les achacaban 
sus enemigos. Todavía mas adelante, el Baylio Frey 
D. Antonio Vaidés hizo la proposición absoluta de 
que se acordase la renovación de los vocales 



(LI1) 

de h junta. Mi dictamen entonces fué, que ai 
vencimiento del primer año, esto es, el 25 de 
septiembre, se renovase la mitad de sus vocales 
cesando el mas anciano de cada provincia. Apén- 
dice número IX. Pero pendiendo ya la discusión- 
sobre el anuncio de las cortes , se halló en ella 
un pretexto,, para no acordar esta movilidad. 

57. No trataré yo de este importante anun- 
cio sin que antes entere á mis lectores de uno 
de los mas desagradables incidentes, que pudieron 
oprimir mi espíritu en aquella época , colocán- 
dole en la dura alternativa de atacar la conduc- 
ta de un general , á quien las circunstancias , en- 
que abrazó, la causa de la patria habían dado gran 
Hombradía , ó de abandonar la defensa de los de- 
rechos del país en que nací, y de cuya repre- 
sentación estaba revestido. El Marques de la Ro- 
mana , miembro ya de la junta central, subro- 
gado por la de Valencia al difunto principe Pió*, 
era en aquel entonces general deV exército de la 
izquierda , y estaba ademas encargado de las co- 
mandancias ■ generales de Galicia, Castilla la Vieja, 
y Asturias , á donde había pasado en los princi- 
pios del mes de AbriL El mal estado en que de- 
xaba el principal exército, y la principal provin- 
cia de su mando, hizo creer á todos- que iba pa- 
ra volver volando , al socorro de Galicia , con al- 
guna parte de las muchas fuerzas, que la junta 
general de Apiris levantara para su- propia de- 
fensa :• pero su conducta hizo conocer muy luego» 
que habla ido solamente á suprimir aquella junta» 

58 Descontento de ella, por no sé que acciden- 
tes, de su correspondencia, y incitado por algu- 
nas hombres díscolos y sediciosos , que huleado* 



(LTI1) 

de su justicia fueron á calotrrninrla , y á buscar 
la sombra , y á fomentar el descontento de este 
general : llevaba ya escondido en su animo aquel 
arrogante proposito. La junta de Asturias, legalmen- 
te elegida por todos sus concejos, según la anti- 
gua constitución de el principado , y compuesta 
de las personas mas distinguidas de él, asi por 
su nacimiento , y conducta , como por su desin- 
terés y patriotismo, estaba bien agena de esperac 
tan amarga recompensa de su celo; precisamente 
quando habia dado de él tan insignes testimonios 
asi ai marques, como á la patria. Al ver str pro- 
vincia rodeada de los exérchos franceses , que ocu- 
paban ya á Galicia, Castilla la Vieja, Le*>n , y 
costa de Cantabria , acababa de hacer los mas 
heroicos esfuerzos para ocurrir al peligro y sal- 
var el pais confiado á su gobierno. Habia levan- 
tado á este fin una fuerza efectiva de 24© hom- 
bres , de buenas , y robustas tropas , y las habia 
armado, organizado, y en ía mayor parte vesti- 
do. Habia ademas, acogido, socorrido, y curado 
un numero inmenso de oficiales y soldados , que 
rotos, hambrientos, y contagiados, se refugiaron 
allí , después de las retiradas y dispersiones de Es- 
pinosa , Mansilla , y Foncebadon* A tan grande* 
obgetos no pudo proveér sin grandes recursos y 
privada de toda comunicación con el gobierno su- 
premo , y no pudiendo esperarlos de otra parte y 
los hubo de buscar dentro de su mismo pais. Hi- 
zo á este fin reclutas, requisiciones, exacciones* 
y tomó otras medidas, extraordinarias , fuertes y 
enérgicas , que aunque dirigidas con justicia , y 
desinterés, no podían executarse sin firmeza, y vi- 
gor , ni dejar de doler á los que las sufrían. Re- 



(LIV) 

soltaron de aquí quejas , y desabrimientos señalada-* 
mente de aquellos cuerpos, y personas , á quienes', 
por mas pudientes habia cabido mas parte en los 
auxilios exigidos. Los que azulaban al marques le 
señalaron con el dedo estos descontentos para que 
en ellos hallasen algún apoyo las imposturas , en 
que le habían imbuido. Otro gefe mas cauto, ó me-» 
nos prevenido , hubiera buscado la verdad en ori- 
gen mas puro : informado de personas mas im- 
parciales : examinado por si mismo los hechos ; 
registrado las actas de la junta ; y aun no se hu» 
hiera desdeñado de dirigirse á sus individuos, pre- 
guntándoles, y si tanto podía, reconvenjendolos , 
sino según formulas judiciales , al menos por aque- 
llas vias , que dicta la prudencia, y no descono- 
ce la justicia. No fué asi como procedió el mar- 
ques: el golpe venia decretado, y su execucion 
le parecía ya precisa, Asi que , dando por cier- 
to quanto se le habia insuflado, y contándose coa 
facultades, que no tenia, ni por su empleo, ni por 
su comisión , y que ni le dio , pi le pudo dar 
el gobierno , procedió de hecho en el día dos de 
mayo (¡ que hasta en la elección de este dia fué 
desgraciado J) á la disolución de la junta consti- 
tucional del principado de Asturias : encargó es- 
ta violencia á la fuerza armada: envió un bata- 
llón, para que lanzase á sus individuos de* la sa- 
la capitular, dó estaban congregados; y se 
apoderó sin inventario, ni recibo de las actas, 
y papeles de la sala de sesiones, y de las secre- 
tarias general , y particulares de las comisiones. 
Y para justificar , ó mas bien completar, tantos 
atropelíarnientos , fixó en las esquinas de la ciudad 
y cúcuió después por todo ej principado uo e4k> 



(LV) 

to tan indecoroso á la representación , y conduc- 
ta de todo aquel cuerpo, y tan denigrativo del 
honor , y probidad de sus ilustres miembros , que 
apenas hallará exemplo que le iguale, entre los aten- 
tados cometidos por el despotismo militar, en opre- 
sión , y desdoro de la autoridad civil. 

59. Pero mientras el marques, triunfante de la 
junta legitima , se ocupaba en organizar otra nue- 
va , y espuria, de su prop»a invención , y elecci- 
ón ; y en atraer á ella á algunos de los que 
nombró , y se desdeñaban de ser sus miembros; 
y mientras se distraía en otros negocios, tan age- 
nos de su cargo , como de su situación , el pais, 
falto de gobierno, y entregado al abatimiento, y 
al desorden, se hallaba ademas amenazado del mas 
inminente peligro. El general francés Ney, se po- 
nía en marcha desde la Coruña, tan seguro de 
entrar sin estorvo en Asturias , que traia ya 
impresa su proclama ( 1 ) á los asturianos, ofreci- 
éndoles protección , y recomendándoles la obedi- 
encia ; Kellerman se acercaba á León; para emrar 
por el medio dia ; y Bonet se adelantaba por la 
costa, para penetrar por el oriente. Con efecto 
siguió su marcha Ney, sin que las divisiones de 
los exércitos de Galicia, y Asturias, que esrabaa 
ai otro lado del Eo se moviesen. El 15 de mayo 
estaba yá Ney en Cangas de Tineo, de lo qual 
dio pronto aviso á Romana el comandante de 

(1) Esta proclama en lengua francesa y espa- 
ñola , impresa en la Coruña el' 8 de mayo de 
1809 sets dias después de la supresión déla junta, 
y de la qual conservo un exemplar , se hallará en 
el apéndice al número. X. 



aquella alarma , sin que por eso se tomase pro* 

videncia alguna; y el 18 se hallaba ya á tres 
leguas de la capital , sin que en ella se supiese 
nada hasta el medio dia. A la sorpresa de esta 
noticia se agregó la de la partida del marques, 
que después de comer salió de la ciudad, lleván- 
dose consigo la intendencia , y los caudales que 
habían venido para la defensa del principado, y 
se habían recogido en el: encaminóse al puerto 
de Gixon : hizo que le siguiese el comandante 
militar de la provincia que acababa de nom- 
brar : embarcóse aquella misma noche en el Ber- 
gantín Palomo , que de antemano tenia prevenido, 
y al rayar el 19 se hizo á la vela para Galicia. 
Entretanto Kellerman y Bonet se apoderaban del 
resto de la provincia, y Ney , dejándola á su 
cu y dado, se retiraba á su departamento. Era tiem- 
po, todavía de escarmentarle , por que el mar- 
ques llegó luego á Figueras, tuvo noticia de su 
retirada antes que hubiese repasado el Navia, y 
en las divisiones que mandaban al otro lado de 
el Eo los generales Malí y , y Woster tenia mas 
que triple fuerza para cortarle el paso , derrotar- 
le enteramente, dejar libre á Galicia, y volvien- 
do con todo el peso de sus fuerzas , acabar con 
los temerarios satélites de el tirano , que estaban 
en Asturias. Asi fué como esta heroica, y des- 
graciada provincia fué abandonada á un enemigo» 
que aunque escarmentado, y arrojado de .ella al 
cabo de 19 días, por el esfuerzo de sus valien- 
tes hijos , quedó saqueada, y asolada, con toda 
ia rabia, que inspiré á un bárbaro invasor la 



(LVII) 

íirísma resistencia , que inutiliza sus esfuerzos, (ij 
6o. Muy prontamente llegaron á herir nues- 
tra sensibilidad las quejas de les individuos dé 
la junta suprimida , tan denigrados , y agraviados 
por el marques , y las del procurador general 
del principado D. Alvaro Flores Estrada, que no 
pudiendo obtener de el un pasaporte,, vino poca 
después fugitivo , y corriendo los mayores peligros 
á Sevilla , á reclamar el desagravio de ta provin- 
cia, el de su representación , y el de sus com- 
pañeros; y en pos de uno,, y otro llegó la no- 
ticia de la ocupación del pais. Hizo el procura* 
dor general su reclamación en una vehemente , y 
bien fundada queja, y el asunto se puso en 
discusión en junta plena. Desde las primeras nov 
ticias el marques de Campo -Sagrado , y yo, lejos 
de tomar en esta materia la representación que 
nos competía , como diputados por Asturias , cui* 
damos de evitar la nota de parcialidad, que pu- 
diera achacársenos por naturales del pais ofen- 
dido, ó por parientes de algunos de los injuria- 
dos ; y confiando en la rectitud de la junta , le 
representamos nuestro parecer , y nos abstuvimos de 
votar en este negocio. Pero la junta, siguiendo 
entonces aquella especie de prudencia empasta- 
dora , que dá mas consideración á las personas, y 
circunstancias , que á la justicia de los negocios, 
tomó el extraño partido de nombrar dos comi- 
sionados, uno milkar , y otro togado, para que 
pasasen á Asturias , á informarse , y informarla de 

(i) To no saco consequencias: pero expongo he- 
chos notorios y [constantes , que si alguno pusiera 
en duda estoy pronto a justificar* 



(LVIIÍ) 

este: confiando un asunto tan grave , y urgente^ 
á un medio tan lento , y aventurado* quando la 
razón , y «as leyQs indicaban , el que , sin perjui- 
cio de qualquiera averiguación , y providencia ul- 
terior , y sin lastimar el honor del ofensor , y de 
los ofendidos era aun mismo tiempo > el mas jus- 
to, y el mas prudente. 

61. Este nuevo agravio , hecho á nuestra pro- 
vincia , nos dictó la reclamación , que presentamos 
á la junta en 6 de julio siguiente. Si fundada, 
ó no , se verá en el apéndice al número X. En- 
vidias y miserias, mezcladas en este negocio que 
empezaba ya á mirarse, mas como nuestro, que 
como público , hicieron que la junta insistiese en 
su providencia, y que nosotros en otra reclama- 
ción de 10 del mismo mes protextasemos formal- 
mente contra ella, á nombre del principado: aña-* 
diendo,que pues era, uno de nosotros, individua 
y ambos diputados de la junta constitucional in- 
juriada , y suprimida , si se entendiese estarlo ya % 
entenderíamos también estar concluida nuestra re- 
presentación. Pero la intriga maniobro, ganó la 
votada, y la junta, sin consentir en nuestra se- 
paración , ratificó, y llevó adelante su acuerdo. 

62. El obgeto principal de nuestras reclama- 
ciones, era, que se mandase á los comisionados; 
que ante todas cosas reinstalasen la junta supri- 
mida y que si hallasen motivos justos, para al- 
terar su gobierno , hiciesen después , que se con- 
vocase una nueva- junta , y que los concejos del 
principado nombrasen nuevos diputados, con ar- 
reglo á su constitución. SiendQ, pues, notoria el 
despojo que habían sufrido» asi la provincia en 



(LIX) 

su gobierno constitucional , como los individuos de 
la junta en la representación de sus respectivos 
concejos; y no siendo posible que tantas, y taa 
dignas personas (pasaban 4e 50) se hubiesen he- 
cho indignas de continuaren sus funciones; nu- 
estra suplica tenia en su favor todo el apo- 
yo de la íazon , y de las leyes , protectoras del 
derecho de los cuerpos políticos, y de los ciuda- 
danos. Por tanto la repulsa de tan justa suplica, 
unida al desaire de nuestra particular representa- 
ción, hubieran justificado suficientemente nuestra .se- 
paración de Ja junta central. Allegábase á esto el 
ruego de nuestros amigos, que enterados del mai 
sucesode nuestra instancia y preocupados , y asus- 
tados con las murmuraciones , que oian á todas 
horas contra los individuos de la junta , nos insta- 
ban á que aprovechásemos esta ocasión para aban- 
donarla , y nos aseguraban, que- este paso tendría 
.en su favor , no solo la aprobación , sino el aplau- 
so del públieo. Tal judgaria yo, también , si pu- 
diese honrar con este nombre á aquella porción 
de gentes , que por ambición , por envidia , ó por 
ligereza , formaban el partido de los enemigos « 
y desafectos del gobierno, ¿ Mas por ventura nos 
permitían el honor , y la justicia pasar á este par- 
jtido , y fortificarle , y proporcionarle el triunfo 
á que aspiraba? ¿Nos permitían concurrir al des # 
doro de nuestro cuerpo , y al descrédito de nues- 
tros hermanos? ¿Nos permitían afligir á los ami- 
gos del orden, del sosiego, de la sumisión á la 
autoridad pública, y del bien de la patria con- 
fiada á su cuidado con una escisión tan escan- 
dalosa? No por cierto: nuestro deber en aque- 
lla crisis era plvidar nuestra ofensa , y desaire par- 



(LX) 

ticular en obsequio de el bien común , y aun 
de los mismos que los causaban: y añadir este 
nuevo sacrificio á los demás que habíamos he- 
cho á nuestra santa causa. Esto creo , que debía- 
mos hacer , y esto hicimos. La conseqüencia fué 
que los comisionados no parecieron en Asturias has- 
ta principios de noviembre del año pasado : que 
en enero de este año nada , nada- sabia el go- 
bierno de sus- operaciones ; y que al arribar bo- 
sotros á esta ría , con la infausta noticia de estar 
Asturias nuevamente ocupada por el enemigo, ha- 
llamos también la de haber sido también aban- 
donada , por los que habían venido <L ser sus re- 
dentores, (i) 

63. Es- ya tiempo dé tratar de la importante 
deliberación ^ antes suscitada v y resuelta en lajun- 
ta central y que la serie de sus consequencias me 
obligó á posponer á la que antecede. 

64* Hacia la mitad de abril , D. Lorenzo Cal- 
vo de Rozas, diputado por Aragón, había propues^ 
to de nuevo y fundado la necesidad de convocar/ 
la nación á cortes generales , y esta proposición 
aunque desagradable á algunos, halló ya bastan^ 

(1) Otros graves negocios se trataron en la junta 
central por estos tiempos, en que. y o no me desde* 
£ar i a de publicar mi opinión , . si fuese necesario á 
mi proposito , y si razones de prudencia no me ob-li* 
gasen á omitirlo. A bien qm nada fué , ni pudo 
ser secreto en un cuerpo tan numeroso y franco ¡y 
que siéndolo yo por carácter, mi modo de pensar 
nunca, fué , na disimulado , ni encubierto a quien qui* 
so saberle. Advertencia que deberán tener a la vista 
ios. %ue. notaren mi. tiUnm SQbrs algún articulo^ 



(LX1) 

te apoyo en la mayoría de los vocales para que 
se admitiese á exámen con la circunspección que 
su gravedad requería. Acordóse , en su consequen- 
cia , que fuese exáminada separadamente, en todas 
las secciones en concurrencia del ministro de cada 
una ,y que sus dictámenes se refiriesen después á la 
junta plena. Hizose así en la sesión del 22 de mayo: 
Ja discusión fue largarlas opiniones vari-as-pero su resul- 
tado produjo el memorable decreto de aquel día que 
hará tanto honor al celo r como ai desinterés de aquel 
augusto cuerpo. Ei voto que yo enuncié entonces , 
por no estar de acuerdo con algunos de mis com> 
pañeros de sección, quedó escrito , y firmado ea 
la secretaria general ,. y de él se hallará una copia 
en el apéndice al número Xh 

65. No se acordó esta tan deseada providencia 
para alucinar al público, como algunos censuraron 
fundados en la indeterminación de la época sefrala- 
da para las cortes, sino para asegurar el buen 
cfectqfde una medida que tomada sin preparación,. pit- 
diera producir grandes daños y- para explorar de ante- 
mano la opinión pública , acerca de las grandes re- 
formas, que se esperaban de ella, y para llamar 
hácia estas reformas el estudio y meditación de 
los sabios, como acreditó bien la conducta poste- 
rior de la junta. Con estos fines había acordado 
en el mismo decreto, que se pidiesen informes á todas 
las juntas provinciales, tribunales , obispos , cabildos , 
ayuntamientos, y universidades del reyno^scbre los 
principales puntos de reforma , y mejoras, que con- 
vendría proponer á las cortes ; y que para exami- 
nar , y analizar la preciosa materia, que debían 
producir estos informes , y preparar lo demás con- 
veniente á la COP£regasÍQr¿ de adusta asa^- 



(LXÍ1) 

blea , se'nombrase una comisión que entendiese eti 
este obgeto. 

66. Esto acordado se procedió luego á formar 
la comisión de cortes. Sus miembros fueron nom- 
brados por votos secretos ; y recayó el nombra*- 
miento en ej arzobispo de Laodicea, De Francís*- 
co Castañedo, D. Rodrigo Riqueime , D. Francis- 
co Xavier Caro , y en mi. Empezamos desde lue- 
go nuestras conferencias : nombramos para secre- 
tarios de la comisión al erudito, y laborioso aea^ 
demico de la- historia D. Manuel de Abelia, lla- 
mándole de la embajada extraordinaria de Lon<- 
dres , en que estaba empleado, y á D. Pedro Po- 
lo de Aleocér , oficial de la secretaria del despa- 
cho de guerra. Acordamos ¡¡ después, los demás pun- 
tos relativos á la organización de la comisión. Pro- 
puse yo en ella , y fué aprobado , un proyecto de 
decreto, que después se elevó á la sanción de la 
junta suprema, y es el de 15 de junio siguiente, 
que por impreso se comunicó a todos los cuer- 
pos públicos , con las circulares relativas al encar- 
go de informar directamente á la comisión so- 
bre los puntos señalados en el de 22 de mayo , 
y se hallará en el apéndice al numero XI. 

67. Era consecuencia suya , que la comisión se 
hallase con un inmenso cumulo de informes , me- 
morias , y escritos, cuyas ideas seria imposible 
aprovechar, si antes no se entresacase, y ordena 
se su materia. Reconocimos también, que para 
el examen , y juicio de ella , no se devia fiar ta 
comisión de sus solas luces , y fuerzas, y qu$ 
le era indispensable buscar buenos, y sabios coo 
peradores , que la ayudasen en tan delicado en*- 
cargo. En consecuencia acordó también á propia 



'(LXIII) 

esta mia , que se formasen varias juntas , com- 
puestas de las personas de mas instrucción , y 
experiencia en los puntos indicados en el real 
decreto , que se pudiesen hallar á la mano : que 
cada una de estas juntas fuese presidida por un 
vocal de la comisión : que cada una nombrase ua 
secretario , para refrendar sus acuerdos, y corres- 
ponderse con los de la comisión , y en fin , que 
trabajando separadamente, cada una, en el ramo 
de su atribución, fuese remitiendo los proyectos, 
é ideas relativas á eU con sus observaciones, 
y dictamen : todo lo quai fué consultado á , y* 
obtuvo la aprobación de la junta suprema. 

68. Las juntas que en consequencia se forma- 
ron fueron: i. a junta de ordenación , y redacción, 
cuyo único instituto era extractar lo mas precio- 
so de los informes , y escritos que viniesen á la 
comisión ; separar, y ordenar su materia, y dis- 
tribuirla á las demás juntas, para facilitar el trabajo de 
cada una. 2. a Junta de medios , y recursos extraordi- 
narios, para promover la presente guerra. 3.3 Junta de 
constitución, y egi s ¡ación, junta de hacienda real. 
5.a Junta de instrucción publica. 6, a Junta de negocios 
eclesiásticos* 7. a junta de ceremonial de cortes. Y, 
aunque se habia pensado también en formar una jun- 
ta de guerra, y marina , pareció después que la 
junta militar permanente , que existía al lado 
de la central , desde su instalación , podria lle- 
nar cumplidamente este obgeto. 

69. Ni creyó la con ision que bastaba á su 
celo formar estas juntas , si no las organizaba de- 
bidamente; á cuyo fin acordó, que se formase, 
para cada una , un reglamento , ó instrucción 
ea que , señalando sus funciones, y objetos , se 



(Lxivy 

llamase su atención hacia los puntos de reforma, 
y mejora que fuesen mas dignos de ella , y so- 
bre los quales se deseaban mas particularmente sus 
luces, y observaciones. La confianza, con que desde el 
principio me honraron mis dignos compañeros , puso á 
mi cargo este trabajo á cuyo desempeño me apliqué 
con el celo y diligencia que merecía su obgeto. 
Formé, pues, cinco instrucciones, para las cin- 
co primeras juntas, que van indicadas, y que 
fueron revistas , y aprovadas por la comisión. 
Para la 6. a formé solamente unos breves apunta- 
mientos, que se entregaron á su presidente D. 
francisco Castañedo, con encargo de ir indican- 
do verbalmente los puntos de reforma eclesiástica, 
que conviniese tratar con preferencia. Tampoco 
formé instrucción para la ultima, porque encar- 
gado D. Antonio Capmani , de recoger quantas me- 
morias históricas pudiese haliar , ácerca de ias 
antiguas cortes de Castilla, Aragón, Cataluña, Va- 
lencia , y Navarra , y de informar quanto fuese 
relativo á la organización ¿ y ceremonial ae estos 
congresos, y hallándose nombrado también para 
vocal de la junta de ceremonial, á mi que co- 
nocía su vasta instrucción en nuestra historia , y 
antigüedades, y sabía quanto tenia leido, traba- 
Jado , y adelantado en este encargo , me pareció, 
§ue seria por demás , quanto pudiese proponer pa- 
ra ilustración de su junta. 

70. Las muchas dignas personas que se nom- 
braron para estas juntas: los vocales de la comi- 
sión de cortes, que las presidieron, y la instruc- 
ción que se dio á cada una constarán en las ac- 
tas de nuestra comisión ; y los preciosos trabajos 



que desempañaron, y que debieron continuar des» 
pues de nuestra cesación í, según se acordó en el 
ultimo decreto de la central de 29 de enero de 
€ste año, constarán también en los libros de ac- 
tas, que llevaron sus respectivos secretarios. A raí 
me basta referirme á unas y otras, así para que 
se conozca ei ardiente celo con que la comisi- 
ón, de que fui vocal , se aplicó al desempeño 
de su importante) encargo (*), como para que 
se calcule la porción de trabajo que me cupo 
en sus útiles tareas. En el qual,| es justo contar 

(*) Si no temiese ser tachado de presunción da- 
ría aqui una larga noticia de la extraordinaria di- 
ligencia con que los individuos de la comisión de cor* 
tes, penetrados de la importancia de nuestro en* 
cargo , nos aplicamos á buscar la instrucción ne- 
cesaria para su mejor desempeño. De mi sé decir % 
que desde que fui nombrado para el , me miré mas- 
bien como individuo de la comisión] que de la juntu\ 
á la qual solamente asistía , quando se trataban 
que st iones relativas á cortes , ó otras de igual impor- 
tancia, ó era particularmente avisado para venir 
•á ella. Todos buscábamos con ansia instrucción, y 
consejo , yá en nuestro estudio privado , ya en las 
luces, y auxilio ageno: de lo qual ademas del en- 
cargo hecho á D. Antonio Capmani , y que arriba 
indiqué , citare entreoíros muchos que pudiera , el que 
consta del oficio pasado con el general D. Francisco 
V enegas , para atraer por su medio á nuestro auxi- 
lio la persona que^ creíamos mas profundamente ins- 
truida en la historia civil de la nación ,y mas ansi- 
osa de que recobrase su antigua gloria, idease el 
apéndice número XIL 

26 



(LXVT) 

el que tube en la junta de instrucción piblicct, cuya 
presidencia preferí á la de constitución-^ que me 
señalaban mis compañeros , por el intimo senti- 
miento que estuvo siempre gravado en mi espí- 
ritu , de que la buena instrucción publica era el 
primer manantial de la felicidad de las naciones* 
y que de el solo se derivan todas las demás 
fuentes de prosperidad, sobre cuya preferencia y 
primacía escriben , y disputan tanto los moderaos 
economistas» 

71. Mientras los individuos déla comisión,, como 
presidentes de las juntas auxiliares, promovíamos se- 
paradamente los trabajos de cada una , reunidos des- 
pués en sesión los lunes, martes, jueves , y vier- 
nes de cada semana, examinábamos , y discutíamos* 
en común , las importantes qüestiones , que era 
preciso resolver , antes de convocar las cortes. Quan- 
tas * y quan graves fuesen estas, solo podrán co- 
nocerlo los entendidos en materias políticas, que 
consideren este obgeto en todas sus relaciones. A 
este fin , nada era tan importante, como fáetermi~ 
liar los principios que debían dirigir nuestras re- 
soluciones : pero á pesar de la pureza de intenci- 
ón , unidad de deseos que rey naba en los voca- 
les de nuestra comisión, no era posible que rey- 
case en todos la misma unidad de principios^ y 
mucho menos en politica : la qual, no siendo pro«* 
píamente una ciencia , porque nada hay en ella 
demostrado, da el nombre de principios , á cier- 
tas sabias máximas, que han logrado mayor acep- 
tación entre sus profesores» Pero era el deber de 
cada uno de nosotros fijar su opinión en esta im- 
portante materia. Asi procuré hacerlo yo, y lejos 
de esconder los principios ó sean máximas, que me 



(Lxvn) 

propuse seguir , y de que no me desvié un pun- 
to , los expondré sencilla , y francamente á mis lee*» 
tores. Porque si algunos desmerecieren su apro- 
bación, no quiero que se achaquen á otros Ios- 
errores , que son mios; y si la merecieren, tam- 
poco quiero, que se me atribuyan á mi las er- 
rores ágenos. 

72 Fué el primero , que pues las circuns- 
tancias exigían, que á estas primeras cortes con- 
curriesen diputados de todos los dominios , que 
abraza la monarquía española, no pudiendo orga- 
nizarse este general , y extraordinario congreso 
en ninguna de las formas conocidas en nuestra 
historia, por ser muy diferentes entre si, y todas 
imperfectas, era preciso que la junta central, á 
quien , como depositaría del poder soberano , toca- 
ba su convocación , determinase la nueva forma 
en que debia ser convocado, y instituido; y que 
esta forma se acomodase á las extraordinarias cltn 
cunstancias , en que la nación se hallaba. 

73 2 - Q lie s i n embargo de la verdad de esta 
proposición , la junta central no era ni se podia creer 
del todo libre en el señalamiento de esta nueva 
forma ; porque teniendo jurada la obediencia de las 
leyes fundamentales del reyno, ni podia, ni debia 
entrar trastornándolas, ni alterando la esencia de 
nuestra antigua constitución, cifrada en ellas: ni 
tampoco derogando los privilegios de la gerarquia 
constitucional de la monarquía española y rey 
nos incorporados en ella; sino que, respetando, y 
conservando uno , y otro , era dé su deber con- 
ciliario , hasta donde fuese posible , con lo que exi- 
gían la justicia , y conveniencia publica en las, 
extraordinarias circunstancias de la presente época. 



(LXVTÍI) 

74 3'° Q ue tampoco la nación se hallaba en 
el caso de destruir su antigua constitución , para- 
formar ctra del todo ntiev3 , y diferente ; poique 
habiendo- reconocido, y jurado toda ella , con el 
mas libre , general* y sincero entusiasmo , á su 
adorado rey Fernando Vil, y la observancia de la& 
leyes fundamentales del reyno ; y no habiendo que- 
brantado este desgraciado principe ,. ninguno de 
los pactos de la constitución nacional , parecía, que 
el cela del nueve congreso solo se debía propo- 
ner una reforma de esta constitución , y tal que 
conservando la forma esencial de nuestra monar-" 
quia , y asegurando' la • observancia de sus leyesr 
ínndarnentaies , mejorase , en quanto* fuese posible, 
estas leyes; moderase la prerrogativa real, f los. 
privilegios gravosos de ta gerarquia privilegiada, 
3/ conciiiase uno , y otro x&n los derechos impres- 
«eripúbles de la nación , para asegurar y afianzar 
la libertad civil r y política dé los ciudadanos, so- 
bre los mas firmes fundamentos. 

75 4»° Qfltf aunque la junta central debía reco- 
nocerse sin autoridad, para hacer por si misma 
esta reforma constitucional, debía reconocer tambi- 
én , que era de su deber , y muy propio de su celo,. 
y oficio meditar el plan de ella, y prepararle, y 
presentarle á las primeras cortes,, comunicándoles 
todas las luces, y observaciones, que bebiese po- 
dido recoger ; no para ñxar su resolución , sino 
para axíüar , y f-icilitar sus deliberaciones,, sobre 
tan importante obgetó. 

"76 5.° Que pues una buena reforma constitu- 
cional solo podía ser obra de la sabiduría, y la 
prudencia reunidas, era muy conforme á entram- 
bas ¿ que en el. plan- de ella 7 se, evitase , con tari* 



(LXIX) 

ta cuydado* elimportuno deseo ¿fe realizár nuevas, 
y peligrosas teorías, corno el excesivo apego á nu- 
estras antiguas instituciones \ y el tenaz empeño de 
conservar aquellos vicios, y abusos de nuestra anti- 
gua constitución, que expusieron la nacrorr á los 
ataques- del despotismo , y desmoronaren poco ípo** 
co su venerable edificio. 

77 6,° Que aunque en esta nuestra antigua 
constitución se hallaba la primera de las perfec- 
ciones que reconoce la política: esto es la divisi- 
ón de los tres poderes , el* ejecutivo en el rey r el 
legislativo en las cortes , y en tes tribunales es- 
tablecidos r el judicial , esta división era en ellia 
muy imperfecta ; porque ni estos poderes estaban 
exáctamente discernidos , ni eraa bastante indepen- 
dientes , ni había en la constitución vinculo que los- 
uniese, ni balanza que los contrapesase , y man- 
tuviese á cada uno en sus limites. Que pudienda 
los reyes de Espato declarar á su voluntad la guer- 
ra, y hacer la paz: concertar tratados, y aliarv- 
zas con otras naciones : levantar tropas , y man- 
darlas: crear magistraturas^ nombrar sus miembros v 
y dirigir por medro de ellas ledo et gobierno in - 
terior, económico , y político, del reyno , es claro 
que , de hecho , tenian en su manóla suerte de la 
nación: por mas que la coostiruebn les prescribie- 
se la necesidad de consultarla, para imponer nue- 
vos tributos, resolver ca^os arduos , y pedir su 
aceptación en las nuevas leyes. Que aunque el po- 
der legislativo residiese en las cortes ( como es fá- 
cil demostrar por los mismos documentos históri- 
cos ,. que se citan para atribuirle exclusivamente 
á los reyes ) teniendo estos el derecho de convo- 
carlas, disolverlas v y admitir r ó desechar 



/(LXX) 

proposiciones , el egércicio de aquel poder , no era 
ni completo, ni libre , ni independiente. Y en fin f 
que aunque el exércicio del poder judicial estuvie- 
se atribuido á los tribunales establecidos, pudien- 
ido el rey erigir nuevas magistraturas, nombrar 
los miembros de las ya instituidas , y promover- 
los, y deponerlos , y alterar las funciones de estos 
cuerpos, y atraer á su corte los casos graves, j 
confirmar, ó revocar las sentencias capitales , pro-* 
nunciadas en ella , aquel poder tampoco era inde- 
pendiente , ni libre. Y pudiendo en fin estos tri-» 
bunales judgar casos no prevenidos por las leyes, 
interpretarlas en sus juicios , dirigir la autoridad 
municipal de los pueblos , y entender en la poli- 
cía , y gobierno interior del reyno , era también 
posible , que el poder judicial usurpase , ó alte- 
ras-e en alguna parte las funciones de los poderes 
legislativo, y exécuti'vo. De todo lo qual , dedu- 
cía yo , que la reforma constitucional debia prin- 
cipalmente dirigirse al remedio de estos defectos. 

78. 7. Que debiendo suponerse , en cada uro 
de estos tres poderes y señaladamente en los dos 
primeros una tendencia continua , y constante á 
su engrandecimiento , la misma separación , y in,- 
dependencia de su egércicio los impelería á la ex- 
. tensión de sus atribuciones, y limites, y los ten- 
dría en continua desavenencia, si en la misma 
constitución no hubiese un vinculo que los enlazase, 
y una fuerza , que conteniendo los excesos, y irrup- 
ciones de cada uno, mantuviese aquel equilibrio 
político, que es absolutamente necesario, asi para 
asegurar el orden , y paz interior de la sociedad, 
como para dar seguridad , y garanda á la coos- 
tituciorj establecida. 



(LXXI) 

79. 8.° Que este vinculo, y esta fuerza no 
se debían buscar en ningún poder externo , ni ma- 
terial, cuya acción, siendo alterable , por su natu- 
raleza , podría crecer , ó debilitarse, yá por los 
esfuerzos de la ambición, yá por la imprevisión 
de la ignorancia, ó por el descuido de la pere- 
2a ; sino en un poder moral , inmutable, y cons- 
tante, que obrando siempre, con un mismo im- 
pulso , dentro de la misma constitución , mantuvie- 
se la unión social, y resistiese quanto pudiese destruirla. 

80» 9. Que para enlazar los poderes execu- 
tivo , y legislativo , ningún medio dictaban la ra- 
zón , y la experiencia mas propia, que dar al pri- 
mero la sanción de las leyes , y reservar al segun- 
do el derecho de reprimir los excesos , ó faltas 
de su egecucion. Que sin este enlace, y obran- 
do siempre separadamente „ la autoridad legislati- 
va podría , por medio de nuevas leyes, cercenar, 
poco á poco, las atribuciones, y entrometerse en 
los limites de la egecutíva, hasta menguarla, 6 
destruirla; ó por lo menos , podría forzaría á execu- 
lar leyes opuestas ai orden, y sosiego de la so- 
ciedad , sobre que debe velar, y al bien de los 
ciudadanos , que debe proteger. Por el contra- 
fio, el poder egecutivo podría también ya omiti- 
endo la egecucion de las leyes, ya ¡alterándolas 
ó excediéndose en ella , ir poco á poco menguan- 
do la autoridad del legislativo, violando los de- 
rechos de los ciudadanos , y cayendo al fin en la 
arvitraríedad , y el despotismo. 

81 10. Mas como este enlace, lejos de evitar, 
excitaría la tendencia de los dos poderes al en- 
grandecimiento ; y tanto mas , quanto mas los 
acercase , y uniese su acción , es claro , que ía 



(XLT!) 

constitución sería todavía imperfecta , sí ademas 
fió contuviese en si una fuerza media , que inter- 
puesta entre uno , y otro poder , los redugese á 
armonía , y sirviese de balanza , para mantener cons- 
tantemente ei equilibrio político. 

82. Que si se consultan la razón, y la 
experiencia , se h aliará, que la mejor balanza cons- 
titucional , que se conoce , es la división de la re- 
presentación nacional en dos cuerpos; uno encar- 
gado de proponer, y hacer las leyes, y otro de 
reveerlas. Que este ultimo , interpuesto entre el 
poder estatuyeme , y el sancionante , se hallaría tari 
libre de los deseos, y pretensiones de uno , y otro t 
como interesado en la conservación del orden, y 
bien general ; y en detener la tendencia del uno 
acia la democracia, y la del otro, acia ei despo- 
tismo; y por tanto , no solo mantenida entre am- 
bos la armonía , y el equilibrio, sino que seria la 
mejor garantía de la constitución. 

83. 12. Que este cuerpo intermedio serviría 
también para perfeccionar, y, por decirlo asi , for- 
tificaría el poder legislativo, confiado á la repre- 
sentación nacional ; pues que, sujetando las nue- 
vas leyes á doble exámen , y deliberación, no so- 
lo resistiría las que tendiesen §, alterar los dos 
primeros poderes de la constitución , sino también 
las que pudiesen ser dañosas ai bien de la socie- 
dad, en que ei interesaría tanto mas, quanto siem- 
pre se compondría de los que mas disfrutan de sus 
ventajas ; y entonces es quando propiamente se po- 
dría decir, que no serán los hombres, sino las 
leyes quien dirija las acciones, y defienda los de- 
rechos de los ciudadanos: en lo qual está cifras- 
da la suma, de la perfección social. 



(unan) 

$4* 0^ esta balanza politicé % ñt qísé 

fio hay exemplo en ninguna constitución de 1» 
^antigüedad, ni rastro en los escritos de sus filó- 
sofos : que no conocieron Licurgo , Solón, ni Nuina, 
oii se halla indicada por Platón , Aristóteles , ríi 
Polibio ; y -que tampoco se halla admitida ea 
las nuevas teorías de ios políticos modernos , ( cuya 
¡propensión democrática ha causado tantos males 
en nuestra edad); y en fin, de la qual tampoco 
gozan, la mayor parte de los pueblos cultos de 
Europa: esta balanza, repito, es, y se debe re- 
conocer , como el mas precioso descubrimiento debi- 
do al estudio, y meditación de la historia an- 
tigua t y moderna de las sociedades. El qual , ade- 
mas de apoyarse en razones de la mas alta filo- 
sofía , está canonizado con el exemplo de los- 
aos grandes pueblos de Europa, y America, en que 
se ha dividido la ilustre nación inglesa» A esta 
balanza debe el primero su prodigioso engrande- 
cimiento , la conservación de su libertad, y la 
inmutabilidad de su constitución: á ella debe el 
segundo el vigor con que camina, con pasos de 
gigante, al mismo engrandecimiento, y á los mis- 
mos bienes; y ella asegurará á nao* y otro la 
conservación, y el aumento de estas ventajas, si e 
furor democrático , destruyendo este equilibrio , y 
garantía de sus constituciones no se las arre- 
bata. 

#5 14. Por ultimo , siendo demostrable , áe 
una parte , que solo , por falta de esta balanza^ 
ningún gobierno simple puede ser durable, ni ase- 
gurar la dicha de la sociedad, y de otra, qae 
esta balanza es acomodable á la esencia de todo 
gobierno mixto, ora prepondere en su constitu- 

27 



(LXXIV) 

cíon la forma monárquica, ;ó aristocrática , ora 
la democrática ; y siéndolo también , que es aco- 
modable á la reforma de la constitución española» 
sin destruir su esencia, y conciliable con la r>re- 
rogativa real , si se moderase: con los privilegios 
de la gerarquia constitucional, si se restringiesen; y 
con los derechos de la nación, si se restituyese á 
su representación el poder legislativo en toda su 
plenitud , creia yo que el establecimiento de esta 
balanza debia formar uno de los primeros obgetos 
del pían de nuestra reforma constitucional. 

86 15. Era por tanto mi dtrseo seguir estos 
principios, ó máximas en el desempeño de mí en- 
cargo, no solo para el arreglo de la institución 
del primer congreso nacional ; sino también para el 
del plan de reforma, que se le debia proponer , y 
cuyas bases, en mi juicio, deberían ser , *.* ase- 
gurar ai rey el poder executivo , bien discernido, 
y en toda su plenitud: el derecho de sanción , ab- 
soluto, ó modificado , si mejor pareciese : toda Fa 
autoridad gubernativa, con cargo de exercerla, 
conforme á la constitución , y á las leyes , y sien- 
do sus ministros responsables á la nación de su 
observancia. 2.a Asegurar á la nación el poder 
legislativo en la misma plenitud , y el derecha 
de exercerla por medio de sus representantes i jun- 
tos en cortes , en periodos determinados, y en ca- 
sos extraordinarios : con toda la autoridad necesa- 
ria para mantener , y defender la constitución , y 
la observancia de las leyes, y para reprimir los 
contrafueros que pudiesen ocurrir; y en fin para 
mejorar la constitución aunque sin derecho para 
mudarla, ni alterar su forma, y esencia: debi- 
endo respetarla siempre, como obra de sus ma- 



(LXXV} 

nos, aceptada, y jurada por la nación. 3.a Asegu- 
rar al poder judicial el derecho de administrar 
la justicia , con arreglo al tenor de las leyes, en 
toda su plenitud , dándole, no solo el derecho, sino 
también el encargo de proponer, á la nación , los 
defectos que observase en ellas, y en su execucion, 
y las mejoras que pudiesen recibir ; pero separando 
de este poder quanto perteneciese á gobierno y 
policía municipal. 4.a Dividir la representación na- 
cional en dos cuerpos , ó cámaras , la una com- 
puesta de los representantes de todos los pueblos 
del reyno , libremente elegidos por ellos mismos, 
y la otra del clero, y nob'eza reunidos; adjudi- 
cando á la primera el derecho de proponer, y 
formar las leyes, y á la segunda el derecho de 
revérlas y confíi marlas ; á fin de que una discusi- 
ón repetida en dos cuerpos , diferentes en carác- 
ter, y pasiones , aunque igualmente interesados en 
el bien general , produjese constantemente leyes 
prudentes , y saludables , conservase la armonía 
social , y contuviese las excesivas pretensiones de 
las autoridades constitucionales, para defender , y 
hacer inalterable la constitución. Con loqual , creia 
yo, que mi patria aseguraría, con su prudencia, 
la libertad, y independencia , que defiende con tanta 
constancia, y heroicidad. (*) 

(*) Alguno oyéndome discurrir sobre estos prin- 
cipios , me reconvino ¿ con que vmd. quiere hacernos 
ingleses ? Si vmd, le respondí , conoce bien la cons- 
titución de Inglaterra : si ha leido lo que de ella 
han escrito Montes quieu , De-Lolme , y Blacks- 
tone : si sabe que el sabio republicano Adams dice 
de ella , que es en la teórica la mas estupenda fa - 



1 

87. Estos principios, que en el píogf es& ■ de fftr* 
cstras discusiones se fueron examinando y adoptan- 
do en la comisión , fueron al fin admitidos por las 1 
vocales , que de nuevo entraron en ella , y sir- 
vieron de regla para sus resoluciones* y consul- 
tas , como se verá por sus actas, y por los ex- 
pedientes de la junta suprema , que las sancionó/ 
Y si bien estas no se extendieron á todos los pun- 
tos que debía abrazar el plan de reforma v porque 
la comisión no tuvo la dicha de concluir sus ta- 
reas, por lo menos se suplió esta falta con el ul- 
timo memorable decreto de 29 de: enero de este) 
año con que la junta central eorosó sus servici- 
os , acordando la organización del primer congreso 
nacional conforme á ellos. La primera discusión susci- 
tada en nuestra comisión fue ; si las cortes debían con* 



brica de. la humana invención , asi por el estable- 
pimiento de su balanza , como- por los medios d 3 
evitar su al teme wn : : : : y que ni la invención de 
Jas lenguas , ni el arts de. la navegación , y con$~ 
tracción de naves , hacen mas honor al entendimi- 
ento humano : si ha observado los grandes bienes* 
que este , ilustre , y poderoso pueblo debe á su cons- 
titución : y si ha penetrado las grandes analogías 
f ue. hai entre ella , y la antigua constitución españo^ 
la; y en fin , si vmd , reflexiona, que no solo, pue- 
de conformarse con ella, sino, que qualquiera im*> 
perfección parcial que se advierta en la constitu- 
ción inglesa, y qualquiera repugnancia que te£g#- 
eon la nuestra, se pueden evitar en una buena r**t 
forma constitucional , ciertamente que la recomben* 
chn de vmd será tan poco digna, de .su bacá r fggfcl 
de mi o i de*. 



(txxvny 

grrgarse por estamentos,© en una sola junta. Mis prin- 
cipios me obligaban á desearlo primero, y lo misma 
opinaron el arzobispo de Laodicea, y D. Francisco Cas - 
tañedo; pero disentieron de este dictamen los vo- 
cales D.~ Rodrigo Riquelme , y D. Francisco Xa- 
vier Caro , votando po£ una representación indi- 
visa, y común. La consulta acordada por la ma- 
yoría, y sancionada por la suprema , junta, contie- 
ne los fundamentos de uno , y otro dictamen , y 
se podra ver en el apéndice al número. XIIL 
¡ 88. En otra consulta unánime, respetando los 
antiguos privilegios de las ciudades devoto en cor- 
tes, se propuso , que fuesen llamados al primer* 
congreso un representante de cada una , asi en la¿ 
corona de Castilla , como en las de Aragón , y? 
Navarra. Mas para que en la elección de sus po* 
éeres tuviese alguna parte el pueblo, según su pri- 
mitivo derecho ,= se acordó también, que concun* 
riesen ú ella el síndico r y diputados del común 
con mas tanto- número de vecinos , como hubiese- 
de regidores perpetuos en cada ayuntamiento. 

89. Todavía pareciendo á la comisión, que' 
esta representación sería insuficiente, para expresar' 
la voluntad general de la nación ; poco conforme* 
á los derechos primitivos del pueblo de España, y" 
menos á la exigencia de los cbgetos con que se 
congregaban las primeras cortes , acordó , que vi- 
niese a á ellas diputados libremente elegidos por 
iodos los pueblos del reyno, en el número y form- 
ina que manifiesta la instrucción de la convoca^- 
toria general. 

90. No todos conveníamos al principio en te 
substancia de este acuerda. Opinaba yo, (jue aua~ 



(LXXVIII) 

que sería justo extender la voz activa , ó derecho 
de elegir, á todos los ciudadanos que no tuviesen im* 
pedimento legal convenia circunscribir la pasiva óde- 
recho de elegibilidad á ciertas calidades de pro- 
piedad , estado, y doctrina , en que se pudiese apo- 
yar mejor la confianza nacional. Un voto escrito 
de D. Rodrigo Riquelme , que resistia esta limi- 
tación , atrajo á si el de la mayoría : á la que ce- 
dí yo , con tanta menos repugnancia, quanto mashabia 
debido la nación en la presente época á la gran 
masa del pueblo ; y quanto la composición de las 
primeras cortes no serviria de regla precisa, para 
las sucesivas. 

Acordó asimismo la comisión , y sancionó 
la junta , que se admitiese á estas primeras cor- 
tes un diputado de cada una de las provinciales 
del reyno. Movióse á este acuerdo, no solo para 
recompensar con tan preciosa distinción, á unos 
cuerpos que habian hecho á la patria tan insignes 
servicios , sino también, porque habiendo encendido 
en el armamento de los pueblos, en la dirección 
de la guerra , y en el gobierno interior de las 
provincias, durante la primera época de la revolu- 
ción , debi3n tener el mas cumplido conocimiento de 
sus fuerzas, sus recursos , sus derechos , y sus ne- 
cesidades; y por lo mismo , la experiencia , y las 
luces de algunos de sus miembros, podrían ser de 
gran provecho en la representación nacional. Y en 
verdad , que atendidas estas razones, solo la envidia 
pudo tachar (como en efecto tachó ) una medida ex- 
traordinaria dirigida á tan buen fin , solo por no ser 
conforme á nuestras antiguas costumbres, quando con 
igual razón fueron y debieron ser alteradas en otros 
puntos. 



V 



(LXXIX) 

$2. Toda la comisión estaba animada del mas 
ardiente deseo de extender la representación na- 
cional á los habitantes de los dominios españoles 
de America, y Asia; y de este deseo habia da- 
do ya la junta central el mas solemne testimonio 
en su decreto de 22 de enero del año pasado , 
en que acordó admitir en su seno á los repre- 
sentantes de aquellos pueblos. Fundado en esto el 
vocal D. Rodrigo Riquelme, no solo insistía en 
que fuesen llamados diputados de aquellas provin- 
cias á las primeras cortes , sino en que no se proce- 
diese á celebrarlas sin su concurrencia. Oponíamos 
los demás á su dictamen , que esto no solo era 
incompatible con la reunión del congreso , en la 
época, ya acordada, y publicada , sino que aten- 
dida la inmensa distancia de algunas de aquellas 
provincias, la retardaría , y prolongaría , por un tiem- 
po demasiado largo é indefinido. Pero en el pro- 
greso de la discusión , que fué reñida , ocurrió un 
medio de conciliar uno y otro dictamen , y fué el 
de admitir á las cortes cierto número de los na- 
turales de aquellos dominios , existentes en este 
continente y elegidos entre ellos mismos , para que 
los representasen en calidad de suplentes : lo qual, 
después de algunos debates, fué unánimemente acor- 
dado, propuesto y sancionado por la junta supre- 
ma. En conseqüencia consultó la comisión á dife- 
rentes ministros del consejo reunido , de los que 
por haber residido en América , tenían mayor co- 
nocimiento de aquellos países , á fin de que la in- 
formasen sobre el número de suplentes que con- 
vendría nombrar para su representación , y entre 
tanto expidió circulares á las capitales y plazas 
de comercio del reyno , para que remitiesen lis- 



(LXXX) 

«tas de los naturales de una y otra india fesídten* 
tes en ellas , á fin de convocarlos á la eleccios 
de sus representantes suplentes. Todo lo qual se 
anunció ademas, por el real decreto de i.° de 
enero deste año , cuya redacción me fué encar- 
gada , y se hallará en el apéndice al número XIV, 

93. Una vez adoptado este medio fué ya fácil 
extenderle, y con efecto se extendió á las provin* 
cías de España, que por estar en el yugo del ene- 
migo , no podían nombrar diputados para las cortesa 
Acordóse pues , que fuesen representadas por me- 
dio de suplentes : á cuyo fia se despacharon tam- 
bién circulares pidiendo listas de los naturales de 
aquellas provincias, que se hallaban refugiados eíi 
otras, libres del yugo, para que ellos mismos y 
de entre ellos se eligiesen los representantes su- 
plentes. Las razones, que para esto tuvo la comi- 
sión se hallarán en el apéndice al número XV. 

94. Pero mientras nosotros nos desvelábamos en 
el exámen de estos, j otros puntos de nuestra in- 
cumbencia , nuevas y espinosas discusiones se sus- 
citaban en la junca , y la obligaban á llamarnos 
para su decisión. Las murmuraciones de sus ému- 
los y las intrigas de los ambiciosos crecían y an- 
daban en continuo movimiento , para trastornar el 
gobierno existente., y iban generalizando el deseo 
de una mudanza. El consejo-reunido en una con- 
sulta de 22 de agosto,, después de atacar con ve- 
hemencia la autoridad de las juntas superiores y 
4.e Indicar, con menos rebozo, la opinión de ile- 
gitimidad del poder de la central , concluía 
y se inculcaba en la alegación de su favorita ley- 
de partida; y en una palabra quería el nombra - 
ifciento de una regencia* la abolición de las juntas, 



(LXXXt) 

y la entera restitución del orden antiguo, de que 
tanto descollaba su autoridad. De esta consulta con 
estudio, ó sin él, se habían difundido copias por 
varias partes , y era ya materia de todas las con- 
versaciones. Llamó mas todavía hácia si la aten- 
ción pública , después que la junta de Valencia, 
á donde fué á parar una de estas copias, resenti- 
da de las invectivas del consejo, dirigió á la cen- 
tral , en 25 de septiembre del año pasado una re- 
presentación , mas elocuente , que comedida , en la 
que rechazó su injuria , y hizo la apología de las 
¿untas; y no solo publicó, y comunicó este escrito, 
sino que excitó á las demás sus hermanas á que 
saliesen al apoyo de su deseo. No era este ente- 
ramente ageno del consejo, pues que concluía coa 
Ja necesidad de reconcentrar en pocas manos ei 
poder egecutivo, asegurando que estaría mejor [de- 
positado en tres, que en cinco , y mejor aun , en una 
que en tres personas : bien que reservando á lajun- 
ta central el exercicio del poder legislativo. 

95. Fué ya preciso entrar en discusión sobre 
estas materias, y fué entonces quando la opinión 
de los centrales acerca de ellas, se descubrió mas 
abiertamente. Los que antes miraban con aversión 
Ja idea de un consejo de regencia, la resistían aho- 
ra con alguna mas razón ; porque estando anuncia- 
das las cortes para el presente año, que ya se 
nos acercaba, parecía ocioso alterar el gobierno in- 
terino , quando la institución de otro mas perma- 
nente, y mas conforme á las circunstancias de la 
nación, seria uno de los primeros obgetos del pró- 
ximo congreso. Ni los que antes opinábamos por 
la regencia la creíamos conveniente , quando era 
ya un obgeto descubierto de ambición, y «aaiena- 



¿aba, ÉÜ tantó $1 gobierno, como á ta ra tria cofr 
peligrosas conse^üfchciffs; y qufrndo era mas fácil 
y prfrderiífc, <1c una paírte , aecelerar la ceogregc^ 
cicn de las cortes , y de otra reconcentrar desde 
Juego la autoridad egecutiva ,. por otro medio me- 
ros expuesto» Prevaleció pues, este dictamen y pro- 
dujo una en pos de otra, dos resoluciones, de cu- 
ya prudencia no se desdeñarían los senados de Atenas 
y de Roma; 

96 La primera crear una comisión egecutiva, á 
<)uien se encargase el despacho de todo lo relativo i 
gobierno, reservando á la junta los negocios que 
requiriesen plena deliberación ; y la segunda (de que 
hablaré después) fijar para r, °de marzo de este aña 
Ja apertura de las cortes extraordinarias. 

97. Nombróse en conseqiiencia una comisión pa- 
/a formar el plan ó reglamento que debía observar- 
ía egecutiva; y este encargo recayó en el Baylio Frey 
D. Antonio Valdés , Marques de Campo-Srigrado, D- 
Francisco Castañedo, Conde de Gimonde , y en mi. 
Desempeñárnosle con la posible brevedad , pero cor* 
tá mayor atención. El plan se propuso al exámert 
de la jttnta : pero tuvo la desgracia de no me- 
recer su aprobación.: acaso por el grande esmero 
que pusimos en separar de la junta plena , todo 
emento era relativo á administración , gobierne*- 
y mando, y dejándole solamente las materias que 
requerían madura deliberación. Y aunque la jun- 
ta no podía desconocer, que las máximas que sir- 
vieron de base á este reglamento eran muy con- 
formes á su obgeto , como no fuesen pocos los ar- 
ticules, que di^ustaban á los aficionados al man* 
do, se nombró otra comisión diferente , para cor- 
regir nuestro plan, ó mas bien para formar otra 



/ 



(LXXXH1) 

nuevo: el qual al fin, fué aprobado , y llevado 
á egecucion , como luego diré. Porque el obgeto 
de esta memoria me obliga á interrumpir la re- 
lación de algunos hechos , p ara intercalar otros* 
que están intimamente enlazados con el. Tales eran 
los dos notables incidentes de que voy á hablar* 
98. El decreto de formar una comisión egecuti- 
va trastorno inesperadamente Los manejos de la 
ambición, aunque no sus esperanzas, Eradla ver- 
dad dificii renovar la qüestion sob e el estableci- 
miento de una regencia, tan prudente ,. y solemne- 
mente desechada : pero todavía se halló quien , 
cediendo á ageno impulso, mas que á su propia 
reflexión , resucitó la ya olvidada controversia, pre« 
cisamente quando el plan de I3 comisión execu- 
tiva se estaba exáminando en la junta. Fué este el 
vocal D. Francisco. Palafox, el qual , al desacier-^ 
to de renovar aquella proposición, añadió el de 
presentarla en un papel tan descomedido , y insul- 
tante , que el mismo sorprendido por la admira- 
ción y disgusto , con que fueron oídas algunas ds 
sus clausulas , ( que tal vez otro había dictado) s-e 
allanó á borrarlas, y cancelarlas como lo hizo f 
en el acto mismo, y sobre W mesa de la sesión. 
Con esto, y con desestimar lo restante del papel 
se contentó lajuata, que nunca desmintió su generosi- 
dad en el desprecio de sus injurias. Pero no se con- 
tentaron lo> instigadores de Palafox: les- quale* 
para hacer ruido con su papel , le divulgaron di- 
fundiendo copKs de él por todas partes. Qual fue- 
se el espíritu de esta maniobra , no lo diré yo, por- 
que podrán judgarlo mas imparcialmente mis leci 
tores , leyendo la representación que la junta supe- 
rior de Murcia , escandalizada de sus expresiones 



(LXXXlV) 

dirigió á la suprema , con fecha de 25 de noviem- 
bre , y se público en la gazeta del 14 de diciem- 
bre siguiente. Ni tanto hubiera dicho , sobre este 
odioso incidente, si no fuese necesario para ilus- 
trar al público sobre la sorda, y mal disimula» 
da guerra que se hacía entonces á la junta cen- 
tral , y cuyo espirita nadie desconocerá , quando 
combine este hecho con los demás que le prece- 
dieron y sucedieron; y de los quales por justas 
consideraciones no indicaré,, sino lo que diga rela- 
ción con el obgeto de este escrito* 

99. Entre ellos, uno fué mas desagradable , p 
ruidoso todavía, que nació entre ^s-tas discusiones 
y sobre el qual tampoco detendría la pluma si- 
tío recelase que mi silencio pudiera atribuirse á falta* 
de valor , ó de razón para referirle. Voy por tan- 
to á instruir acerca de él á ims lectores, 

100. Déla segunda comisión substituida , pam 
corregir el plan de la- egecutivet- , (jue habíamos 
formado, fué miembro el marques de la Roma- 
na; y esteAgenerah después de aceptar su> nom- 
bramiento, de as-istir á las sesiones de la nueva: 
comisión, de entrar en la discusión de los artí- 
culos del nuevo- plan , de encargarse de corregir ^ 
y ordenar los ya aprobados , y en fin después de 
acordar., y firmar con los demás este plan, seré* 
servó á exponer en la junta su dictamen particu- 
lar. El obgeto manifiesto de este dictamen era? 
renovar la ya fastidiosa proposición de nombrar 
tina regencia: bien que organizada á su manera* 
y dirigida á los fines que él se sabia* Tal era eí 

^obgeto manifiesto, con que en la sesión del 14 de 
octubre leyó en la junta aquel pomposo, desafo- 
rado j y., insultante papel r que pogo^ después oon 



(LXXXV) 

violación del secreto , y confianza que debía á su 
cuerpo hizo imprimir en Valencia, y repartió por 
su mano en Sevilla 5 y que reimpreso después en 
folio, se difundía por una y otra- España , -y aim 
salió á meter bulla fuera de sus limites ; con tan • 
ta exultación de los emules de la central , como 
de los enemigos de la patria. Si al deseo de alu- 
cinar la opinión pública para captarla en su fa- 
vor , tan mal disfrazada en este papel, no hubie- 
se mezclado el marques el de rea-Izar su crédi- 
to , á costa de el de sus compañeros y pudiera 
alabarse' la prudente generosidad, con que la jun- 
ta suprema , siempre confiada en la rectitud de §t$ 
conducta, despreció este nuevo y atroz insulto* 
No opinábamos asi' los que penetrando el verda- 
dero aunque encubierto fin de : aquel escrito, y combi- 
nándole con otra3 sordas intrigas,, coetáneas á él v creia^ 
mos necesario proveer ai decoro, y seguridad del 
gobierno,, sino con procedimientos , que aunque jus- 
tos, hubieran tenido el aire de venganza, á lo me- 
aos con una concluyente, y decorosa respuesta pa- 
ra disipar la kn presión , que pudiera hacer en la 
opinión del vulgo, y evitar otras conseqüenchs v 
que ya se temían , y por desgracia se verificaron* 
Mas la junta anduvo tan generosa , que no solo 
perdonó el agravio , sino que le pagó con un be- 
neficio. Desechada la proposición del marques , se- 
procedió al nombramiento de los miembros, que 
debían componer la comisión executiva , y él fué 
el primero que se nombró para ella : sin duda por- 
que la junta quiso probar su celo, y capacidad 
en el remedio de los males, de que tan altamen-*- 
te se quejaba, y acreditar al* público que sacri - 

fle * sus reseatimieíitos, al ardiente deseo de re-~- 



(LXXXVI) 

mediarlos. 

101. Fácil hubiera sido entonces desvanecer ios 
paralogismos, demostrar la falsedad de lossupués- 
tos , y poner en claro los errores politices , con- 
tradicciones , y inconsequencias , de que está pía- 
gado el papel de Romana , y mas lo fuera des* 
pues que la experiencia acreditó , que los ma- 
les, que sirvieron de pretexto para sus reclama- 
ciones , eran tan superiores al celo, y esfuerzos de 
la junta, como á los del marques. Mas ya no 
es tkmpo de entrar en esta diacusion ; porque es- 
ta/ido próxima la reunión del congreso n-aciona!, 
alli es donde los centrales acreditarán , con quau-ta 
injusticia eran censurados, y insultados, en el ti- 
empo mismo en que servian á la nación , no con 
vana ostentación de celo, y patriotismo, sino coa 
el sacrificio de su fortuna , sus luces , y incesantes 
tareas. Ademas , que siendo consonantes los car- 
gos, que hace el Marques , con los que dejo ya 
rebatidos, debo esperar, que quantos lean con im- 
parcialidad esta memoria, no podrán leer su pa- 
pel sin indignación. Por ultimo, otra razón, har- 
to notable , me obliga á no decir mas acerca de este 
punto , y e?, que no habiéndose resuelto Roma- 
na, al leer su papel en la junta, hallándonos pre* 
sentes mi compañero, y yo, á pronunciar aquel 
afectado, y injurioso apostrofe, que dirige á As- 
turias en la pagina 38 de la edición en 8. y en 
la 10 de la edición en folio , qualquiera que fue- 
se el motivo, que le inspiró esta consideración ha- 
cia nosotros debe ser pagado por mi , con la de 
- callar acra lo demás , que sobre el apostrofe , y 
sobre todo el papel pudiera decir , y lo que sin 
duda airé 9 si a ello fuese provocado. 



(LXXXVI1) 

102. Nombrada la comisión egecutiva , tan dócil 
como fue el Marques en la aprobación de su plan, 
lo fue después en la admisión del nombramiento, 
apesar de las protextas hechas en el papel , de aban- 
donar al gobierno, sino adoptaba su dictamen. 
Entró , pues, al egércicio de sus nuevas funciones, 
sobre las quales nada diré , sino lo necesario para 
la instrucción de mis lectores , reducido á las ad- 
vertencias siguientes, r.a Que uno de los artículos 
del p^n de la comisión fue la abolición de las 
secciones , y que desde entonces todo el despacho 
se hizo directamente por los mismos con la nue- 
va comisión , sin que las secciones que cesaron del 
todo , ni la junta plena, entendiesen ya en ningu- 
na materia de gobierno, salvo en el nombrami- 
ento de algunos altos empleos y que se reservó* 
2.a Que sitado Romana el único militar que en- 
tró en la convsion , su voz fué en ella , no solo 
la primera, mas casi la única, que decidía todas 
las materias relativas á la guerra. 3.a Que aunque 
Ja comisión egecutiva se renovó á la suerte , coa* 
forme al plan en i.° de enero , y entonces salió 
de ella el Marques, continuó este, sin embargo, 
asistkndo á sus seüones, y decidiendo todas las 
materias relativas í la guerra , en la misma for- 
ma que antes. 4.a Y por ultimo , que extinguida 
también la sección de guerra , como las demás, 
el Marques continuó asistiendo solo á las confe- 
rencias de la junta militar , y refiriendo sus dictá- 
menes á la egecutiva , que fiada en sus luces seguía 
dócilmente su consejo, en las resoluciones de esta 
cíase. Advertencias, que judgo necesarias , para que 
nadie atribuya á los miembros de la. central, ios 
defectos, que pudo haber en el gobierno durante. 



(LXXXVIÍt) ' 
esta época desgraciada , si acaso hubo alguno. 

103 Pero del fondo de estas reñidas discusiones, 
salió, por fin , el decreto de 26 de octubre, en 
que la junta se mostró con toda la dignidad que 
correspondía á sus altas funciones. El mismo em- 
peño de rechazar una pretensión , que podia ha- 
cer caer la suprema autoridad en las manos am- 
biciosas que aspiraban á ella , alentó á los cen- 
trales, que reconocían la necesidad de las cortes, 
para que clamasen con mis instancia por la acce- 
kracion de su época , y hizo desmayar á los que 
i o contradecían. Hizo esta proposición ( si no me 
engaña mi memoria ) el mismo vocal D. Lorenza 
Calvo de Rozas, que habia echo sobre el mismo 
objetóla de 15 de abril anterior; y aunque no fal- 
taron debates, ni contradicciones, tuvo en su fa- 
vor una mayoría tan decidida , que la discusión 
versó principalmente sobre el tiempo , y modo 
del decreto. Se creia ya indispensable cumplir la 
solemne palabra dada á la nación en el decreto 
de 22 de mayo del año pasado , de congregarla 
en todo el presente , ó antes si las circunstancias 
Jo permitiesen: condición que parecia cumplida, pu- 
es que las circunstancias no solo permitían , sino 
que exigían su reunión. La permitian, porque en 
aquellos dias , la esperanza de que nuestros exér- 
citos entrasen de nuevo en la capital era ya tan 
probable , que la junta trataba de nombrar, y en 
efecto nombró capitán general, gobernador, y cor- 
regidor de Madrid, con dos consejeros asesores pa- 
ra el primero; y ademas D. Rodrigo Riquelme, y 
yo fuimos encargados de arreglar el plan de 
providencias, que se debían expedir en Madrid, 
para asegurar el orden , y la tranquilidad de aquel 



(LXXXIX) 

gran pueblo en medio del primer alborozo ¿fe sft 
libertad. Y lo exigían , por que quando un gobier- 
no , ya sea por su conducta, ya por las intrigas 
de sus emules, y enemigos empieza á perder la 
confianza del publico , las mudanzas , y remedios 
parciales , mas que remedios , son paliativos de la 
dolencia que amenaza su disolución. Antes de pro- 
ceder á la votación fue consultada nuestra comi- 
sión de cortes sobre el tiempo necesario para con- 
cluir los trabajos previos que le estaban encarga^ 
dos ; y no nos detuvimos en ofrecer , á una , que 
redoblaríamos nuestra aplicación , actividad , y 
vigilias, para que por ellos no se retardase un* 
medida tan necesaria. Acordóse , pues el citado de- 
creto de 26 de octubre, que se anunció en laga- 
reta del 4 de noviembre inmediato , y se circuló 
por todo el reyno , en que se señalaron , el 1. 
de enero de este año, para la convocación, y et 
1. de marzo , para la reunión de las cortes: decre- 
to memorable, que á despecho de la envidia, que- 
dará inscripto con letras de oro en los fastos de 
nuestra heroica revolución. 

104. Loque ofrecióla comisión á la junta su- 
prema , lo cumplió , quanto de su parte estuvo,, 
á fuerza de aplicación , y trabajo; y á ello con- 
tribuyeron no poco, con su actividad, su celo , y 
sus luces los dos dignos auxiliares, que entraron 
de nuevo en ella: D. Martin de Garay , y el con- 
de de Ayamans, subrogados á D. Rodrigo Riquel- 
me , y D. Francisco Xavier Caro , que fueron nom- 
brados para la comisión executiva ; y desde enton'r 
ees nuestras operaciones tuvieron toda la celeridad 
que la premura del tiempo, y la muchedumbre 
de sus obgetos exigía. 

*9 



( xc > 

io§. Una difícil question se había ventilado* 
muchas veces en nuestra comisión sin que los 
dictámenes acabasen de uniformarse. Acordada la 
reunión de las cortes, por estamentos r ocurrió des- 
de luego el embarazo, que ofrecería la delibera- 
ción separada de los tres brazos , que era confor- 
me, á la antigua costumbre. Constaba que en las 
cortes reunidas en Toledo á fines de 1538, y disuel- 
tas á principios de 1539, y que fueron las ulti- 
mas que se congregaron por estamentos , los pro- 
curadores de las ciudades , y los dos brazos secu^ 
lar, y eclesiástico se juntaron , y deliberaron se- 
paradamente , y también, que no fue permitida; 
por el rey su reunión , aunque solicitada por la: 
nobleza ; según se halla, en una harto pesada aun- 
que muy curiosa relación , que de las sesiones de- 
este brazo, dejó escrita el conde de la Coruña v 
y anda en la. colección m. s. de las cortes de Cas- 
tilla. En esta qüestion, siguiendo yo mis princi- 
pios , opiné siempre por la reunión de los bra- 
zos privilegiados en uno solo v y por la división 
del congreso en dos cuerpos, ó salas, ó cáma- 
ras separadas: pero á otros detenía el temor de- 
la preponderancia que tendriao estos dos cuerpos 
t?n la representación nacional quando estuviese» 
i areunidos. Aumentaba este reparo un dictamen del 
consejo reunido ,que consultado por la comisión 
sobre el modo de organizar las cortes , creyó con- 
servar los privilegios de la nobleza r y el clero,, 
amalgamando los tres estamentos en un solo cur- 
po. Hibiase consultado también á las juntas de 
constitución , y ceremonial , y aunque no habían 
responJido aun , se sabia que inclinaban al mis- 
mo dkumea. Mas á pesar de todo» Ja comisión^ 



fXCI) 

que en repetidas conferencias había considerada 
esta qüestion en todos sus aspectos , y relaciones, 
quanto mas la examinaba, hallaba ser mas ciertas 
las ventajas, y menos temibles los inconvenientes 
de reunir los privilegiados , y dividir asi la re- 
presentación. Las razones en que -se fundó serían 
largas de expresar , aunque las principales quedan 
suficientemente indicadas; y ademas se hallarán 
en el apéndice al número XV. Pero es de mi 
deber indicar las que tuvimos, para no apreciar los 
inconvenientes , que ofrecía nuestro dictamen , á 
fin xie que no se crea , que pudo arrastrarnos á 
el algún motivo de pasión , ó parcialidad, que cier* 
lamente no cabia en la pureza de nuestra intención. 

106. Primeramente no nos detuvo el gran núme- 
ro de individuos , tjue se reuniría en la cámara de 
privilegiados: porque -siempre sería muy inferior al 
de los representantes del pueblo ; y porque teni- 
endo una sola voz, su número sería casi indiferen- 
te. 2 ° No nos detuvo la superioridad de influxo 
que podrían tener estas dignidades, por su mucho 
esplendor , y gran riqueza , para trastornar el equi- 
librio constitucional: asi porque ellas eran tanto mas 
interesada? en conservarle, quanto mas necesario 
era este equilibrio , para su propia conservación, 
como porque su poder, por grande que se supon- 
ga , siempre sería muy inferior al poder físico , que 
tendrá el monarca , como executor de las leyes, 
y al poder moral que la opinión publica dará 
constantemente á los representantes del pueblo que 
no la desprecien. Quando , por el contrario , el 
poder de estas clases gerárquicas , siempre será 
bastante, para que , inclinado á una , ó otra par- 
te , pueda refrenar á la que luchase por trastor- 



(xcu) 

tar el equilibrio, y servir para mantener en 'fi- 
el la balanza política. 3. No nos detuvo la ex- 
orbitancia de los privilegios de estas clases, pues- 
to que todos los que fuesen onerosos al pueblo 
debían cesar desde luego , y desaparecer entera - 
mente en la reforma constitucional , conservando- 
seles solamente Jos privilegios de honor, necesari- 
os para mantener su gerarquia. Guya conservaci- 
ón , lejos de ser gravosa , seria muy favorable al 
pueblo, porque en esta gerarquia, tendría siem- 
pre una hipoteca mas de su libertad;- y tenien- 
do el pueblo como debe tener abierta la entrada 
en ella ,. en recompensa de grandes- , y señalados 
servicios , hallaría en este derecho un estimulo, y 
veria un ilustre premio propuesto á la virtud, y 
al mérito de los ciudadanos, 4. No nos detuve* 
la conocida propensión ,. que hoy se advierte en : 
estos privilegiados , y señaladamente en los gran- 
d-fcsr, á la autoridad real; porque ella es un efec- 
to necesario del despojo de los derechos de m 
ié T áse. Privados de su antigua representación , fue 
tan natural que se acercasen al trono , de- donde 
solamente podían venirles honras , y empleos., que 
mantuviesen su esplendor , como que se alejasen 
¿el pueblo el qual , sufriendo sus onerosos pri- 
vilegios, y no pudiendo ya hallar en esta clase 
protección alguna , debía necesariamente mirarla 
eon aversión. 5. No nos detuvo el temor de que 
el rey pudiese atraer estos privilegiados á sui 
partido, por medio de los cargos, y empleos que 
codean de cerca al trono que ellos apetecen 
siempre , y á que minea sube el pueblo: porque este pe- 
ligro cesaría-, cerrando , como será justo cerrar, 
íte mimám* ea la cámara de dignidades, á tod® 



(xciii) 

el que ocupare empleo én palacio , y corte del 
rey ; con lo qual ios demás , lejos de apoyar la 
ambición del poder executivo , sería» continuos 
centinelas v que observasen mas de cerca su con- 
ducta ,. y la de sus ministros y agentes. 6.° No 
nos detuvieron , en fin , los vicios de orgullo, cor- 
rupción , y ignorancia , que ,. coa mas exageración, 
que justicia se suelen achacar á la alta noble*- 
za ; porque quando los grandes sean restituidos á- 
su primera dignidad , la educación de su juven- 
tud empezará á ser mas cuydadosa v y tanto mas 
encaminada á la sabiduría, y í la virtud , quan- 
to solo estas dotes le podrán conciliar la consi- 
deración del monarca r el amor del pueblo ,y la con- 
fianza y el respeto de su clase. Tales fueron los 
fundamentos de nuestro dictamen, que consulta- 
do primera , y segunda vez á- la junta obtuvo 
por fin su aprobación. 

107. Otros dos puntos se habían tocado oca- 
sionalmente , aunque no resuelto por la comisión,, 
la inkvativa y la sanción de las leyes. El prime- 
ro pareck mas llano, pues aunque la proposici- 
ón de las leyes , sea un derecho inherente al po- 
der legislativo , no se podia negar al egecutivo 
sin grave inconveniente. Porque teniendo á su cae 
go la egecucion, y observancia de las leyes esta~ 
blecidas ,. la dirección de los negocios públicos, la 
conservación de la tranquilidad interna , y la de 
la seguridad exterior ,. por lo mismo que no tie- 
oe autoridad para establecer , debe tener derecho 
para excitar la atención, y el celo del poder 
estatayente. Este derecho es ageno sin duda del 
carácter del cuerpo, ó cámara privilegiada: per©; 
suponiendo libre á todo ciudadanQ el derecho de regre— 



(XCIV) 

sentacion, y pudiendo qualquiera particular represen- 
tación servir de iniciativa á un decreto, ó ley ge- 
neral , tampoco aparecía inconveniente en que se 
diese á esta cámara el derecho de proponer: bien 
que esto pediria algunas modificaciones para evitar 
el influjo que pudiera fundar en él. 

108. En quanto á la sanción opinábamos, que 
este derecho era esencial , no solo al rey sino 
á todo poder exccutivo : lo primero , porque sin 
él , no podría defenderse á sí mismo; su existen- 
cia vendría á ser precaria; y la constitución en 
esta parte no tendría garantía. Y lo segundo porque 
¿quien preveerá mejor la inconveniencia, y los 
peligros de las nuevas leyes , y las conseqüencias 
y dificultades de su egecucion , que el que encar- 
gado de la administración publica, y de velar á 
todas horas sobre la conducta de los pueblos ^ 
debe conocer- mejor su estado, SU3 opiniones, y 
sus necesidades ? Pero si el derecho de sanción 
debía ser absoluto, ó lkriitado no era tan fácil 
de decidir. La experiencia acredita , en la exce- 
lente constitución inglesa , que el veto absoluto sir- 
ve á su defensa , y no daña á su perfección ; y 
la razón, y la prudencia advierten, que es muy 
difícil limitar este derecho , sin destruirle. En un 
poder interino, y precario, como un regente, ó 
consejo de regencia, la limitación parece justa, y 
aun necesaria : en el rey seria peligrosa. Estas ra- 
zones determinaron nuestro ultimo dictamen san- 
cionado por la junta central en el real decreto de 
29 de enero de este año. 

109. Mientras la comisión continuaba sus traba- 
jos , se examinaba en la junta otra proposición 
del vocal D. Lorenzo Calvo de Rozas y sobre que 



(XCV) 

se declarase la libertad de la imprenta, la junta 
en materia tan grave quiso oir el dictamen del 
consejo- reunido : el qual fué contrario á la propo- 
sición ,. y opinó por la observancia de las antiguas 
leyes : exceptuando solo el ministro D. José Pablo 
Valiente , que formó voto particular en favor de 
la libertad. Bajó esta consulta á nuestra comisión 
la qual la pasó á exámen de la junta de instruc- 
ción publica r que yo presidia. Tratóse el punto 
con mucha reflexión en varias de sus sus sesio- 
nes; leyó en ellas una eloqüente memoria, soste- 
niendo la libertad de la imprenta el canónigo D* 
José Isidoro Morales : pasóse á la decisión : hubo 
alguna variedad en los dictámenes : pero la ma- 
yoría de los votos fué favorable á aquella liber- 
tad ,. y acordó que Ta memoria de Morales se im- 
primiese, y sirviese de respuesta á la consulta pedi- 
da por la comisión de cortes. 

no. Asi se hizo; y aunque no- llegó el caso 
de que la comisión consultase su parecer á la jun- 
ta' suprema , porque á medida que se avanzaba el 
tiempo crecían la priesa , y muchedumbre de nues- 
tras atenciones, es de mi deber indicar lo que so- 
bre esta grave materia se habia conferido, y pen- 
sado en nuestras sesiones. No habia entre noso 
tros quien no estuviese penetrado de la excelencfci 
y necesidad de esta nueva ley : pero no tanto 
de su conveniencia momentánea. Desde luego opi- 
nábamos, que la junta central no tenia bastante 
autoridad para establecerla : puesto que no repre- 
sentando á la nación, sino al soberano , no podía, 
nf debia hacer otras leyes que lis que fuesen ne- 
cesarias para la defensa , y seguridad nacional : mu- 
cho mas , quando hallándose tan próxima la reu- 



(XCV1) 

nion de las cortes , nuestro deber no podía ser es* 
tatuir, sino proponer esta nueva ley. Que ademas, 
no se podia decir necesaria, quando la libertad 
de escribir sobre materias políticas, aunque sugeta 
á ciertas formalidades , existia de hecho ; y quando 
el gobierno mismo había , por decirlo asi , provoca- 
do á los sabios para que lo hiciesen en todos los 
puntos de reforma, y mejora publica. Fuera de que, 
la instrucción, que era de desear en el día para 
estas materias , no es de aquellas que se adquie- 
ren de repente, en obras, y proyectos políticos, for- 
mados, y leídos de priesa, sino una instrucción 
solida, adquirida de antemano en el profundo es- 
tudio de la política, y madurada con serias medita- 
ciones, y perfeccionada con la atenta observación 
de los bienes, y males que vienen á otros pue- 
blos de su constitución política. Por ultimo opi- 
nábamos algunos, que la libertad de la imprenta 
nunca sería mas útil , ni menos peligrosa que quan- 
do se estableciese para apoyo , y defensa de una 
buena constitución y por consiguiente , que no 
debía preceder, sino acompañar á la reforma de 
la nuestra , como uno de sus principales apoyos. 
Porque siendo tan peligroso el abuso , como pro- 
vechoso el buen uso de esta libertad , y siendo 
mayor aquel peligro en sus principios , quando no 
solo la malicia , sino también la temeridad, la li- 
gereza , la instrucción superficial, y la ignorancia, 
hacen que el primer uso de ella decline hácia la 
licencia , y corra desenfrenadamente por ella, la 
sana razón, y la sana política aconsejaban , que no se 
anticipase este peligro , en una época en que las ase- 
chanzas de los enemigos exteriores, y de los agitadores, 
y ambiciosos internos, fomentando el hervor de las 



(xcvn) 

pasiones podían extraviar las opinionéá j y las ideas, 
y exáltar en demasía los sentimientos del público; 
y que por tanto no convenía aventurar tai* grá»- 
ve providen^i?- , t&$üá que con madura, y tranqui- 
la deliberación, se hubk-se asegurado una buena, y 
sabia reforma constitucional. Porque al fin, la ex- 
periencia de k$ pasados y de nuestros días, ha 
demostrado en otras naciones^ que semejante li- 
bertad solo puede existir , y ser compatible con 
una buena constitución ; y que, de qualquiera mo- 
do , que una constitución sea imperfecta , y mala, 
sus mismos vicios la destruirán , tantas veces quan- 
tas se pretenda establecer. 

nr. No me hubiera detenido en este punto que 
al fin no fué decidido por nosotros , sino porque 
exponiendo al publico mi conducta, y opiniones no 
debía ocultarle la que tuve y tengo acerca de una 
materia , en que la junta central ha sido tan cen- 
surada. No lo fué á la verdad sin algún fundamen- 
to , aunque si , con mucha ligereza , por falta de 
conocimiento en ios hechos , que dieron ocasión á 
3a censura. Creo por tanto de mi deber explicar- 
los con franqueza, sin que sea mi animo erigir- 
me en apologista d^e el error ; porqne si el hom- 
bre puede merecer indulgencia, quando cae en él, por 
ignorancia , ó flaqueza de su razón r jamas será dis- 
culpable, quando por interés , ó por orgullo se obs- 
tina en defenderle. 

112. No bien declaró la España su proposito 
de ser libre quando las plumas , animadas del en«* 
tusiasmo general , se dieron á -promover sus heroi- 
cos esfuerzos, presentando á ios pueblos la espe- 
ranza de su futura dicha, provocándolos contra 
sus tiranos, y celebrando la ruina del despotismo, 

3° 



[xcvm) 

y la aurora de nuestra libertad. Las juntas- 
supremas , conociendo quanto conducía esto á in- 
flamar el espirita publico v protegieron en todas 
partes la libertad de escribir. Entretanto Madrid, 
oprimido por sus tiranos r callaba , pero escribía 
también ; y apenas la victoria de Baylen le libró 
de su yugo, quando los distinguidos ingenios de 
la corte consagraron su pluma, y talentos á la 
causa de la patria , no menos protegidos por la 
sabiduría del consejo real. La España entonces 
se inundó de escritos patrióticos: nunca tanto su- 
daron sus prensas : periódicos , memorias ,. pro- 
yectos de guerra, de economía , y de política , de- 
clamaciones , canciones , himnos , sátiras, invecti- 
vas , todo se dirigía al sagrado obgeto de la glo- 
ria , y libertad nacional. Y aunaue á estas produc- 
ciones pasag^ras aplicaba la critica lo que siem- 
pre dijo de oirás ; sunt bo*.a+ sunt mala qu¿edam \ 
sunt mediocria mn'ta í sin embargo consideradas á 
la luz de su alto, y digno fin,, eran un ilustre 
testimonio del ardiente amor de libertad, que 
viviera mal jnprimido, en los corazones españoles.. 

113. Aparicio la junta central ^ y aquel hidal- 
go impulso seguía produciendo nuevos escritos pa- 
li ioticos , en que tenia no poca parte la política;, 
cuyas materias , y opiniones se discutían ya con 
ñas aceptación , y con tanta mayor libertad, quan- 
to mas las hahia repri nido", y perseguido el des- 
potismo anterl r. El conde de Floiidablanca , i 
quien no puedo menos de citar aquí, por masque 
respete su nombre , y su memoria , miraba con 
desagrado, y susto esta libertad , ó porque no se 
conformaba con sus antiguos principios , ó según 
se ixifciia de sus, ilLcuxsos r porque tenieiuto cl*~ 



(XCIX) 

vados en su animo los males , y horrores de la 
revolución francesa , los atribuía al choque, y des- 
enfreno de Jas opiniones políticas que no solo 
fueron permitidas^, sino provocadas por aquel desa- 
lumbrado gobierno. Temía <, por tanto, que iaexál- 
tacion misma del espíritu de nuestros pueblos pu- 
diese exponerlos á que fuesen conducidos, desde 
«el amor á la libertad, al extremo de la licen- 
cia. Deseoso , pues , de que en esta especie de 
escritos se guardase la debida moderación , pro- 
puso, y presentó i la junta un proyecto de de- 
creto, que había fqrmado á este fin. No fueron 
muchos los que desaprobaron esta idea , no reco- 
nociendo la necesidad, y mucho menos la conve- 
niencia de semejante medida: pero la mayoría se 
imbuyó en los mismos temores^ que el presidente; 
y como no se tratase de poner nuevos limites, á 
la libertad de escribir, sino de contenerla en les 
que le estaban señalados por nuestras leyes , apro- 
bó el proyecto, y conforme á el se expidió el 
decreto : cuya publicación se hizo mas desagrada- 
ble , por la inoportuna exposición de su preám- 
bulo , que por su disposición preceptiva , reducida! 
(á lo que creo, pues que no le tengo á la vista) 
á encargar al consejo la observancia de las leyes 
del reyno relativas á esta materia. 

114. La junta central conoció luego este des- 
agrado , y \ejm de promover la egecucion del 
decreto, no solo dejó correr quanto se imprimía 
por todas partes , sino que por sus decretos de 22 
de mayo, y r$ de junio, convidó á los cuerpos 
públicos, y sabios de la nación , para que diri- 
giesen al gobierno sus pensamientos acerca de todos 
ios puntos de reforma, y mejoras , que convirúe- 



se proponer á su primer congreso: sistema que na 
desminüó después, si ya no fue en otro inciden- 
te desagradable de que voy á hablar* 

115. EL Periódico intitulado semanario patrió- 
tico , fruto de aquel primer impulso, dictado por 
el mas puro patriotismo, y escrito por una plu- 
ma eloquente , y sabia , que había sido suspendi- 
do por algún tiempo, eon motivo de la ocupa- 
ción de Madrid, volvió: á aparecer en Sevilla, no 
solo sin estorbo,, sino con conocida protección del 
gobierno central. Las materias políticas, uno de 
sus esenciales, obgetos, eran tratadas en el con 
plena libertad. Tratarlas, sin descubrir,, y atacar 
con calor los errores ,, y excesos en que suelen 
caer los gobiernos,, y los gobernantes, no era 
fácil, ni era de esperar.. Tal qual central, ó celo- 
so en demasía del decoro de su cuerpo , ó apli- 
cándose á si mismo algunas de las descripciones 
hechas en el semanario, empezó á quexarse de 
esta libertad , y á inspirar el temor de que pu* 
diese despojar al gobierno déla confianza del pu- 
blico. Esta queja,, aunque no elevada á proposici- 
ón formal,, lejos de ser acogida , fue contradicha f . 
y disipada por los que,, ni la creían justa, ni me- 
recedora de providencia-. El papel continuaba en 
su tono: el resentimiento de sus desafectos crecía, 
y al fin, renovada la queja , en una de aquellas 
sesiones de noche á que la mayor parte de los 
vocales no asistía , por hallarse ocupados en sus. 
secciones, ó colisiones, y en que tampoco me 
halle yo presente, logró tanto apoyo , que seiba 
ya á tomar previdencia conforme á ella. Detuvo es- 
te golpe la prudencia de D. Martin de Garay, que* 
bisado ; desatendidas las juiciosas reflexiones, cea 



que demostró la poca justicia de la queja, buscó 
un medio de acallarla , ofreciéndose á tratar pri- 
vadamente con los redactores del semanario , y 
encargarles , que procurasen evitar lo que pudie* 
se dar motivo á nuevo resentimiento , y contra- 
dicción. Tal fue el hecho, según le entendí enton- 
ces de alguno de los que le presenciaron; y si se 
atiende á sus circunstancias , y á la conocida in- 
clinación, con que D. Martin de Garay miraba, 
y protegía , asi al papel como á sus redactores , el 
medio que propuso- no- pudo ser r ni mas honesto, 
ni mas prudente^ Pero el; amor propio es muy 
vidrioso u el de ios redactores * se resintió en de- 
masía ; y no contentos coü suspender la continua- 
ción de su papel la anunciaron al publico en ut>a 
nota escrita con demasiada ligereza ,- en que tuvie- 
ron mas consideración- al desahoga de su resenti- 
miento, que á la desfavorable impresión , que po- 
dría hacer , y por desgracia hizo contra el gobier- 
no. Yo he apreciado siempre ios talentos,, y alaba- 
do el celo de los redactores : ellos lo saben: pero 
in hoc non lauda. Coma- quiera que sea la gran 
mayoría de la junta no desmintió sus principies 
y contiauó protegiendo la libertad d-e escribir; y 
sifuese preciso alegar de esto algún ejemplo, ó prueba 
me bastara citar al Expectador ' sevillano escrito por 
uno de los que trabajaban para el Semanario y-que em- 
pezó á publicarse en u ° deoctubre;y ál vote de la na- 
ción que se anunció mas adelante, protegido, y 
señaladamente fomentado por nuestra comisión de 
cortes* 

116. Entre tanto el grande, y vasto obgeto de 
nuestros trabajos ofrecía á cada paso nuevas ma- 
terias que tratar,, y nuevas qüestignes que deci^ 



(CU) 

dir : pero el tiempo instaba, y fue preciso pospo* 
nerlas , para volver toda la atención á las que se re- 
ferian á la convocación de las cortes. Quantas y quart 
graves fuesen estas no es difícil de concebir. Nú- 
mero de representantes que debían componerlas , y 
su distribución entre las provincias del reyno: nú- 
mero , funciones , y facultades , de las juntas elec- 
torales : forma , y orden gradual de las diferentes 
elecciones: calidades de los electores, y eligen- 
dos: actas, poderes, instrucciones, en una pala- 
bra, quanto abrazaba este esencialisimo obgeto* 
requerían un cuidado , y tareas incesantes. En él 
se trabajó dia , y noche , y la justicia ^requiere, 
cue no se defraude de la gran parte de gloria, que 
cupo en su desempeño á nuestro digno compañe- 
ro D. Msrtin de Caray , encargado de los calculo^ 
y por menores,, y de la redacción déla instruc- 
ción general. Ni tampoco al secretario D. Manuel 
Abella , que habiendo acreditado en todo el de- 
sempeño de su cargo , sus luces , y constante apli- 
cación , mostré en este negocio la mas extraordi- 
naria y incansable actividad ; y tanta que sin su 
auxilio hubiera sido imposible , que el ultimo dia 
de diciembre se hallasen ya aprob?dos , impresos, 
y preparados para su despacho , tan vario, y pro- 
digioso número de convocatorias , yoficios de direc- 
ción como al rayar del i. ° de enero de este año 
partieron de Sevilla ; llevados por correos ordina- 
rios y extraordinarios á todas las provincias libres 
¿el reyno. 

ii7. No fué posible expedir al mismo] tiempo 
las convocatorias á los privilegiados, como se ha- 
bía pensado. La comisión deseosa de seguir , en 
quanto fuese posible, las formas antiguas, había 



(Olí) 

resuelto , que los privilegiados fuesen convocados 
eomo antes lo eran, por oficios, individuales, y 
buscado á este fin por todas partes y señalada- 
mente en la secretaria de estado las plantillas de 
estos oficios , que debían acomodarse á sus dife 
rentes dignidades , particularmente en el brazo ecle- 
siástico» No se había podido tampoco completar 
las listas de nombres , y títulos de los grandes, 
Y prelados ; y ¿a expedición de tantos y tan di- 
ferentes oficios era incompatible con la operación 
simultanea de la convocatoria general. Consideran- 
do, ademas, que el plazo de dos meses señala- 
do en e>>a, y tan necesario para las elecciones 
gradu iies de los representantes del pueblo , no lo 
da para esta convocación individual , la suspendió» 
hasta salir de aquel embarazo : pero cuidó de 
prevenirlo por una nota impresa al pie de los ofi- 
cios de remisión ,. dirigidos con las convocatorias 
generales á todas las juntas provincialts , cuyo 
tenor es como sigue. Nota—Je ha remitido igual 
convocatoria á las ciudades de voto en cortes , con 
ti encabezamiento que á cada una corresponde ; y 
con arreglo á lo que previene la instrucción ; y se 
remiti d igual ú los representantes del brazo ecle- 
siástico , y de la nobleza. Pero las juntas no cui- 
daron de hacer publicar esta circunstancia ; lo que 
dio lugar á una equivocación, de que quiera Dios 
que no se duela la patria algún dia. Falta fué 
también , no tanto de la junta central como de nues- 
tra comisión ^ no haberla anunciado al público por 
Medié de la gazt ta : falta que recordamos, y senti- 
mos con mucho dolor, por mas que estemos -con- 
fiados de que se nos pueda disimular este olvi 
4a r por la muchedumbre de cuidados y negocios 



qne nos abrumaba : por la esperanza que teníamos 

de expedir los oficios dentro de pocos dias desde 
la isla : por el tropel de ocurrencias imprevistas que 
interrumpieron, y trastornaron, después, asi las 
operaciones , de -la junta como las de la comisión; 
y finalmente por el encargo hecho á la regencia 
en el real decreto de 29 de enero, de hacer des- 
de luego esta convocación. 

11S. Ni eran estas nuestras solas tareas porque 
la gravedad de las deliberaciones, en que ai mis- 
mo tiempo se ocupaba la junta, nos obligaba á 
asistir con frecuencia á sus sesiones, y aumenta- 
ba el peso ^ y afán de las nuestras. A las inmen- 
sas perdidas ocasionadas por la desgracia de Ocaña v 
se anadian los nuevos peligros á que estaba expues- 
ta la patria; y la junta, falta ya de recursos 
para cubrir tamaños obgetos , hubo de ocurrir á 
los medios extraordinarios,, deque antes se había 
abstenido , por no agravar con ellos los males, 
y daños inseparables de la guerra. Mientras la 
comisión egecutiva dirigía con los ministros este rama, 
en las sesiones de la junta se fueron sucesivamen- 
te proponiendo , exáminando y acordando, los ar- 
bitrios que para sostenerle parecieron mas opor- 
tunas, ó por no ser tan gravosos á los ciudada- 
nos, ó porque recaían mas directamente sobre las 
personas pudientes, que debian contribuir mas, por 
lo mismo que gozaban mas, y tenían mas que con- 
servar. De estas discusiones resultáronlos reales decre- 
tes de 6 de diciembre del año pasado, publicados por 
cédulas de 17 del mismo; 1. para aplicará los 
gastos de ia guerra todos los fondos de obras pias f 
que no tuviesen destino á hospitales , casas de 
caridad , ó establecimientos de educación publica» 



m.° Pafá daf igual aplicacíort á todos los fondo® 
de encomiendas vacantes , ó vacaturas en las orde- 
nes militares. 3. Imponiendo el préstamo for- 
zoso déla mitnd de todo el oro , y píáta de los* 
particulares, con la misma aplicación. Resultaron 
también los decretos de 1 de enero de este año 
sobre la rebaja gradual de sueldos , haciéndola su- 
bir con proporción á su grandeza , y sin otra 
excepción , que la de los militares , que defendían 
la patria ; y para la contribución extraordinaria 
de guerra , en que el gravamen subía en la misma 
proporción que las fortunas; y el impuesto so- 
bre los carruages de luxo &c* Estas providencias* 
con} las instrucciones necesarias , para su execu-' 
cion , fueron el fruto de los desvelos de un cuer- 
po , que tantos hombres maliciosos, ó ignorantes» 
se complacen hoy , denigrar, sin tomarse el trabajo 
de comparar los esfuerzos, que hizo, las dificul- 
tades que superó , y las amargaras que su- 
frió , por desempeñar dignamente sus funcionen 
en las apuradas circunstancias en que le pusieron* 
unas desgracias , que solo la emulación, y la en- 
vidia le pueden imputar, 

119. En medio de estos cuidados nuestra co- 
misión , libre ya del que le habia dado la expe- 
dición de las convocatorias, y auxiliada de las jun- 
tas subalternas, se ocupaba coa grande ardor ea 
arreglar la institución , y forma del próximo con- 
greso , la solemnidad de su apertura , su ceremo- 
nial , el método de sus discusiones, la correspon- 
dencia de las dos cámaras entre si, y el de las 
cortes con el poder executivo, y sobre todo ei 
plan de reforma , y mejoras , que la junta pen- 
saba someter al exámen , y resolucioa de te 

3 1 



fCVI) 

augusta representación nacional. Pero una nueva 1 
discusión , abierta en la junta central nos obligó 
á interrumpir otra vez tan importantes tareas y 
eos arrastró á sus sesiones. El enemigo amaga-* 
ba á atacar los puntos de Sierramorena , y la 
dispersión , que habían sufrido nuestras tropas, no 
ofrecía bastante seguridad para contenerle: con lo 
qual parecía , que las Andalucías estaban ya abi- 
ertas á sus incursiones. El peligro era mas cier- 
to, que cercano : mas para el temor nunca está 
distante. Propúsose, pues, en la junta la necesi- 
dad de trasladarse á la isla de León , y de la 
resolución , que se tomó entonces sobre este punto,, 
debo dar aquí mas cumplida razón , por lo mis- 
mo que fue mirada con tanto desagrado , y tu- 
vo tan desgraciadas consecuencias. 

120. La experiencia de lo acaecido en la sa- 
lida de Aranjuez, había hecho que la junta acor- 
dase el sistema que debía- seguir en el adveni- 
miento de igual peligro. Quando la dispersión de 
Medellin abrió al enemigo la entrada occidental 
de Andalucía ,, se empezó á hablar también en la 
junta de nueva translación , y de aqui resultó que 
$q esparciese la voz , no solo de que iba á salir 
de Sevilla , sino también que se trasladaba á la 
America. Entonces las personas de temple seré- 
do, y que tenían mas confianza en los recursos 
de la nación , y mas. cuidado del decoro , y dig- 
nidad del gobierno obtuvieron , que la junta per- 
maneciese inmóvil ; y que para calmar la inquie- 
tud del publico se expidiese, y publicase el pru- 
dente decreto de 18 de Abril del año pasado.. 
En este decretq se declaró que la ¡¡anta nunca 
mudari* su residencia r sino quando el lugar de ella: 



(CVII) 

stuviese en peligro , ó alguna razón de publica 
utilidad lo exigiese : que entonces lo anunciaría 
'anticipadamente al publico , señalando el lugar de su 
translación : que este Jugar seria elegido siempre, por la 
mayor proporción que ofreciese para atender á la defensa 
de la patria ; y en fin, que jama* abandonarla el centi^ 
.nente de España, mientras hubiese en el un punto en que 
pudiese situarse , para defenderle contra sus in- 
vasores.!*) Pero al mismo tiempo, y para evitar 
los inconvenientes , que una pronta f y forzosa trans- 
lación pudiese acarrear , se puso en discusión una 
excelente memoria , presentada por el conde d e 
la Estrella, que abrazaba quantas providencias de 
precaución convenia tomar de antemano con este 
obgeto : discusión, que, penetrado de su impor- 
tancia , renové yo con tanta repetición , que mas 
de una vez me atrajo la nota de importuno , y 
cansado; porque á la distancia del pe^gro no era 
bien percibida la necesidad de su resolución. 

121. Fue , pues , consiguiente á todo esto, que 
no pocos resistiésemos la nueva propuesta de tan 
anticipada translación , asi por no aumentar con 
ella el sobresalto , en que estaba ya Sevilla, por 
los progresos del enemigo, como porque la presen- 
cia de la junta en la isla , no podía ser necesa- 
ria hasta pasada la mitad de febrero. Hubiera con- 
venido , sin duda , que se trasladase allí nuestra 
comisión , para trabajar con menos distracciones en 
los obgetós de su cargo, y en los preparativos 
del congreso: pero sus vocales nos abstuvimos dé 
hacer esta proposición , porque no se creyese, que 
nos movia nuestra particular conveniencia. Opina- 

(*) Fe ase el apend. número XFfL 



(CVIII) 

mos, por tanto , que convenia ir tomando las me* 
diias necesarias , para preparar la salida de la jun- 
ta , y anunciar al publico la necesidad en que se 
bailaba de pasar i la isla r para arreglar la aper- 
tura de las cortes : pero sin que se señalase dia^ 
ni se anticipase la salida , á la ultima necesidad 
de hacerla. Con> todo, fueron mas los que 6 temi- 
endo, ó penetrando mejor los peligros que nos ro* 
deaban , acordaron el decreto de 13 de enero de 
este año, por el q-ual se anunció al publico que 
la junta debía, hallarle reunida en la. isla, para el 
1. de febrero ,, residiendo entre tanto en Sevilla 
el competente numera de vocales ,. para atender 
al despacho de los negocios ; y se convino ademas 
que ningún vocal pudiese ausentarse antes del dia 20¿. 

122. Ya se ve que la continuación del- despacho 
en Sevilla, acordada en el decreto , se entendía 
principalmente con- la -comisión egecativav puesto 
que pocos negocios , de ta* reservados á la deli^- 
beracion de la junta plenas, podían ya ocurrir, ni 
ser urgentes en aquellos dias. Sin embargo el vice* 
presidente, el secretario general, y algunos otros 
resolvimos permanecer en Sevilla , hasta el mo- 
mento preciso , y aun pasado el 20 en que empe* 
zaron á salir los demás,. Continuamos nuestras se- 
siones por mañana y noche, dando vado á lo po- 
co que pudo ocurrir. Los miembros de la comisi* 
m egecuttym, sin indicarnos* el motivo de su ins- 
tancia^, nos insinuaron mas de una vez, que po~ 
diamos partir también, mas no por eso abando- 
namos nuestro proposito. Hasta que habiéndonos 
hecho entender , en la mañana del 23 que tenían 
acordada su salida, para la madrugada siguien- 
te, , después, de » permaascer eo s^slaa, aasta la* on-* 



(CIX) 

ce de lá noche del mismo 2j resolvimos tambíea 
nuestra partida : la qual por haber preocupada 
los coches , y carruages los que se anticiparon á 
salir , hubimos de hacer mi companero , y yo, pof 
el rio, reuniendo en un barco nuestras familias 
y equipajes ;*salvo lo que por ser de mas bulto quedó 
en Sevilla , donde pereció la pobre nueva librería, 
que yo habia podido juntar -ala; y era lo mas 
precioso de los restos del mío. 

123. Navegamos felizmente á San Lucar el 24, 
y el 25 pasamos al puerto de Santamaría, don- 
de ya nos sorprendió la noticia de los peligros, 
y insultos que habían corrido , y sufrido en m i 
transito los compañeros r qacsalieran al mismo tf- 
empo que nosotros, con la desgraciada propor- 
ción de viajar en coche. Habíanse dado mas prie- 
sa que ellos, los emisarios- de los sediciosos de 
Sevilla , y conmovido en tai manera a? pueblo de Xe- 
rez, que puso en el ultimo riesgo sus vidas. No* 
bastaron al presidente arzobispo de fcaodicea , y aF 
secretario general D. Pedro de Ribero, su con- 
decoración , y sagrado carácter , ni al vice-pre- 
sidente , al digno, y respetable conde de Altami — 
ra , la ilustre , y constante lealtad de su conduc- 
ta para que no fuesen apellidados infieles , y trai- 
dores, y para no oir , y ver, cerca de si lcs : 
aullidos, y los puñales de la canalla amotinada ,, 
y mal reprimida por el ingTato y pérfido Merge- 
lina su corregidor. Corrieron igual peligro eMionr- 
fado , y ardiente patriota D. Antonio Cornel 
ministro de la guerra , y el vocal D. Félix Ova- 
lie que acompañaba á Altamira. Salvólos á todosn 
la protección del Cielo, y llegando á la Isla logra- 
roa reunirse coa los compañeros >. que se fcabks^ 



(CX) 

dado iras priesa para establecerse allí. 

124. E¡ntre tanto se habían juntado á nosotros 
en el puerto de Santamaría D. Francisco Casta- 
ñedo , D. Sebastian de Jocano, y el barón de Sa- 
basona , que vinieran también por el rio. A las 
nuevas de los atropellamientos de Xerez se ana- 
dian ya los anuncios del alboroto de Sevilla, y 
resoluciones de su junta; que sin duda, se anti- 
ciparon de proposito para prevenir en contra nues- 
tra la opinión pública ; y uno, y otro nos obli- 
gó á reunimos en conferencia sobre el partido que 
deberíamos tomar en tan estrecha situación. Eri esta 
conferencia, después de acordar que se escribiese 
á la Isla , para tomar lengua , y luz sobre la suerte 
de nuestrps compañeros, que aun ignorábamos, tar- 
damos poco en convenir en la única medida que 

.podría evitar la anarquía , y salvar la patria. Muy 
luego tuvimos noticia de que el presidente , y vice- 
presidente, se hallaban salvos, y reunidos á los 
demás en la isla, y á poco tiempo recibimos 
la orden de pasar allí, lo que verificamos sin la 
menor tardanza: dexmd ;> en el puerto al marques 
de Campo- Sagrado para enterar del estado dé las 
cosas , y conferir con el general Castaños que pa- 
sa uJ o á Sevilla era esperado allí. 

125. Llegado qae hubimos, se nos enteró de 
haberse llamado al í al mismo general que antes fue- 
ra nombrado capitán general de Andalucía por la 
comisión ejecutiva \ y hallamos también que la idea 
de nombiar una regencia era casi unánime en los 

. vocales de la junta, asi como la de los princi- 
pales sugetcs que convenia poner en ella. Desde 
entonces la junta continuó sus sesiones ordinarias, 
en la fojma acostumbrada , y entró á deliberar 



(CXI) 

«obre este óbgeto, sin perder de vista e! de k 
reunión de las cortes , ya convocadas , y al qual 
llamamos, con grande instancia, su atención los 
que componíamos la comisión encargada de su pre- 
paración: no tanto por no malograr el fruto de 
nuestras tareas, como para que la junta, ya que 
ro pudiese coronar , no dejase imperfecta la más 
gratóle , y gloriosa operación de su gobie no. 

126. Era de ver ei aquellos apurados momea- 
tos la magnánima tranquilidad con que los depo- 
sitarios de una autoridad tan perseguida, y de 
tantos peligros rodeada , se ocupaban en deliberar 
sobre estos grandes objetos. Mientras los emisarios 
dé sus enemigos , después de haber sembrado la ci- 
zaña de la revolución en los pueblos del transito, 
se rebullían en Cádiz para excitar la tormenta^ 
que muy luego se levantó allí contra nosotros , noso- 
tros , cerca de sus puertas , deliberábamos con so- 
siego sobre los- medios de restablecer el orden , 
destruir la anarquía , asegurar el mando supremo, 
y promover la defensa de la patria , y la suya. 
Varios acuerdos fueron el resultado, casi unánime, 
de estas deliberaciones : que resignásemos el mando, 
sin reservar ni pretender otra recompensa , que la 
honrosa distinción del ministerio, que habíamos exer- 
cido: que se anunciase esta resolución por un edic- 
to que instruyese á la nación en los motivos de 
ella : que se nombrase una regencia de cinco in- 
dividuos , siencro uno de ellos por representación 
de nuestras Indias : que ninguno de nosotros pu- 
diese ser nombrado para este nuevo gobierno : que 
se formase para él un reglamento , y arreglase la 
formula del juramento 9 que debían prestar sus in- 
dividuos antes de instalarle ; y en fin 3 que feu- 



(CXI!) 

mendo tos acuerdos hechos por lá junta , S pro-» 
puesta de la comisión de cortes , acerca de la ins- 
titución, y forma de lasque estaban convocadas; 
y determinando los puntos propuestos, y pendientes a- 
cerca de este grande obgeto , se sancionasen pre- 
viamente por un decreto que iós declarase y con-r 
tuviese. 

127. La redacción del reglamento^ y decreto 
nos fué cometida á D. Martin de Garay , y á mi, 
que desde luego nos dedicamos á trabajar uno , 
y otro. Presentado el i.° después de sufrir va- 
rias considerables modiíkaciones , fué aprobado, y 
sancionado por la junta; (*) y lo fué asimismo 
la formula del juramento que debian prestar los 
miembros de la regencia á la entrada de su car- 
go que también eos había sido cometida. 

128. En quanto al decreto habíamos procura- 
do nosotros que no quedasen olvidados ni pendien- 
te? , ni abandonados al arbitrio de ninguna otra 
autoridad los puntos., cuya decisión era indispen- 
sable, para no dejar aventuradas ni la reunió» 
del primer congreso, ni su buena organización. Ea 
consequencia de esto se estableció por ei articulo 
2. que inmediatamente se expidiesen las convo- 
catorias á los grandes, y prelados del reyno. En 
el 4. y g. se determinó la forma , en que se 
debian hacer las elecciones de los diputados su- 
plentes, asi por las provincias de America, coma 
por las de España sugetas al enemigo. Por el 9. 
«e mandó crear una diputación de cortes , para que 

(*) Como este /proyecto de reglamento pertenezca 
también á la historia de mis operaciones le publicare 
m si apéndice al numero XVII» 



(CX1II) 

subrogada á la comisión de este titulo , continua* 
se los trabajos, que aquella había promovido , ba- 
jo la autoridad de la joma suprema; y además 
se señalaron á esta diputación las fundones indi- 
cadas en los artículos 4. ° 5. y 3. Por el 11. a 
se confirmó la existencia J y ordenó la continua- 
ción de las juntas auxiliares de la comisión de cor* 
tes, creadas por autoridad de la junta suprema, para- 
que continuáran sus trabajos , y los pasasen á la 
diputación de cortes , y esta á la regencia ; y las 
proposiciones , y proyectos formados por ellas, se 
presentasen á su tiempo á las cortes. Y finalmen-> 
te por los restantes artículos desde el 12 al 25 se 
acordaron los demás puntos, que "decían relaci- 
ón á la apertura, institución, y organización de 
las próximas cortes generales , y extraordinarias. 
Todo lo qual, exáminado , y aprobado por la jun- 
ta plena fue sancionado por el citado ultimo real 
decreto de 29 [de enero. (*) Y con esto, llenos, en 
quanto nos fue posible , todos nuestros deberes , se> 
pudo ya proceder al nombramiento de los miem- 
bros de la regencia. 

129. Es también admirable la imparcialidad, y 
conformidad con que se hizo esta elección. Casi 
todos , á una , habíamos puesto los ojos , primera 
en el venerable obispo de Orense , por la alta opi- 

(*) Es harto notable que este real decreto 'm 
se baya publicado hasta ahora , ni puesto en exe- 
cucion. Pudo haber para ello grandes motivos que 
la distancia , y falta de noticias en que me hallo 
no me permite conocer. Tero pues que es justa 
que le conozca el público se hallará en el apéndi- 
ce al número XVIII. 

32 



(GXIV) 

nion , que de sus virtudes apostólicas , su sabidu- 
ría , su patriotismo , y firmeza de carácter tenia 
la nación entera. Segundo : en D. Francisco de Saa- 
vedra ,( que envuelto en el torbellino de la insur- 
lección de Sevilla, había logrado ya salir de sus 
vórtices y estaba en la bahía) por la intima con- 
vicción, y experiencia que teníamos todos, asi de 
sus vastos conocimientos políticos, económicos, y 
militares , como de su inalterable probidad , y amor 
publico. Tercero : en el general Castaños, por la 
distinguida opinión, que sus talentos militares , pru- 
dencia política ^ y gloriosa campaña de Baylen le 
Ji3bian grangea&o : opinión tan cruelmente perse-- 
gnida , como modestamente vindicada en aquel ma- 
nifiesto , que descubriendo el origen, y indicando 
los instrumentos de su difamación ,. hizo resplan- 
decer su mérito con mayor brillo. Y. qua: to en D« 
Antonio Escaño, tan conocido en la junta por su 
celo, y constante probidad , como en la: nación por 
sus grandes conocimientos marítimos,, uno , y otro 
realzado con su incesante aplicación, y admirable 
modestia. Solo se vaciló en quanto á la. elección 
del5.° regente, que debía entrar por representa- 
ción de las Americas, no siendo acorde la opinión 
de los votantes , acerca de las calidades^, que 
debían concurrir en la persona nombrada paralan 
alto cargo, y representación. Algunos individuos de 
la junta indicaron á D, Esteban Fernandez de Le- 
ón , contador general de Indias , y ministro del con- 
sejo reunido , que aunque no nacido en America,, 
pertenecía á una familia distinguida , y arraigada 
en Caracas : habia residido alli mucha parte de. 
su vida, y desempeñado con buena reputación va- 
rios distinguidos empleos del real servicio :. por lo. 



(CXV) 

^qual , y por la opinión que se tenia de sus reco- 
mendables prendas, se inclinó á su favor la ma- 
yoría de los votos , y quedó nombrado para la 
nueva regencia. 

130. Era el dia 2 de febrero el señalado por la 
junta suprema en su decreto de 29 de enero, para 
la instalación de este nuevo gobierno: pero á me- 
dida que los enemigos exteriores y los agitadores in- 
testinos adelantaban en sus progresos, se hacia mas 
necesaria la existencia de una nueva autoridad, que 
atrayendo á si la atención , y confianza del pú- 
blico fuese bastante poderosa para refrenará unos* 
y otros, con sus vigorosas, y enérgicas provi- 
dencias. Acordóse por tanto acelerar la instala- 
ción de la regencia, y se verificó en la ultima 
sesión celebrada por la suprema junta central en 
la noche del 31 de enero. En ella, reunidos todos 
los centrales que estábamos en la Isla , y hallán- 
dose ausentes dos individuos de los nombrados pa- 
ra la regencia, leídos que fueron el decreto de 
erección , y el reglamento, y después de haber 
prestado el juramento que va indicado en manos 
del arzobispo de Laodicea , nuestro presidente , los 
regentes D. Francisco Xavier Castaños, D. Antonio 
Escaño, y D. Esteban Fernandez de León, fueron 
puestos en posesión d«e su cargo : con lo qual f 
y leído por D. Martin de Garay el edicto y un bre- 
ve , y eloquente discurso de despedida que formó 
el mismo á nombre de la junta , dejó esta resig- 
nada en manos del nuebo gobierno toda la autori- 
dad , que hasta entonces habia exercido , con tan 
puro, y constante ce ] o , como no merecida des- 
gracia. Véanse ei apéndice á los números XIX y XX. 

131. Asi coronó la junta central las funciones 



(CXV1) 

de su augusto ministerio , salvando á la patria 
de la horrible anarquía en que sus enemigos 
internos la tenían envuelta; y, si pesarosa de 
no haber tenido la gloría de resignar su auto- 
ridad en mano de los augustos representantes de 
la nación , como habla tan ardientemente anhe- 
lado, ai menos muy consolada con añadir este ul- 
timo sacrificio á los demás „ que había hecho ea 
su servicio,, y obsequio. El plazo de 16 meses ea 
que yo concurrí al desempeño de sus funciones 
fué á la verdad breve en el tiempo : pero largo 
en el trabajo;, penoso por las contradicciones, y 
peligros; y angustiado por el continuo, y amar- 
go sentimiento de que , ni la intención mas pura, 
j)i la aplicación mas asidua ,. ni el celo mas conso- 
lante bastaban para librar á la patria de las des- 
gracias que la afligieron en este periodo. Si duran- 
te él he llenado yo con la integridad que exigía: 
aquella augusta magistratura y con la lealtad pro- 
pia de un buen ciudadano , y fiel patriota , sus 
deberes , lo juzgarán mis lectores , por esta fiel, 
y sincera exposición de. mi conducta. Mi concien- 
cia me dice que si , y consolado con este inti- 
mo , y dulce sentimiento acabaré este articulo di- 
ciendoles lo que Cicerón á Pompeyo en una de 
sus cartas : Nuil a enim re .tam Icetari soleo-, quam 
officiorum meorum conscientia : quibus si quando non 
mutuo respondetur , apud me plus officii residere fa~ 
éjtllime patior. Ejpistol. ad Familiar. Lib» $. epist. 7* 



(cxvil) 

ARTICULO TERCERO 



■ JSl i. ° de febrera de este año aprecié 
ya al frente de la nación el nuevo gobierno, por 
el qual eon tan buena-, y tan mala intención se 
habia clamado tanto» Alentáronse á su vista los 
amigos de la patria , al reconocer un poder mas 
vigoroso levantado contra la anarquía, que tur- 
baba su sosiego , y contra los tiranos que ame- 
nazaban su libertad. Espantáronse estos enemigos,, 
que fundando en la disolución del gobierno la 
ultima esperanza de su triunfo , se hallaron for- 
zados á seguir la difícil y sangrienta lucha con 
otro mas firme , y unido. Cayeron de animo les 
perturbadores de la paz interior; y viendo, salir 
de las ruinas mismas del cuerpo que habían der- 
rocado,, otro mas robusto y mas dispuesto á re- 
primir sus intentos, cuidaron solo de disfrazarlos 
y esconder su vergüenza. Y entretanto nosotros 
confiados en la providencia, salíamos á arrostrar 
la persecución , sin otro consuelo que la idea del 
bien que acabábamos de hacer , ni oirá seguridad 
que la que daba á cada uno el testimonio de su 
propia conciencia. 

2. Es ciertamente digno de recordar al publico el 
espectáculo que en aquel momento ofrecían é sus ojos r 
los que poco antes habían tenido en sus manos la su- 
ma de la soberana autoridad. Acosados por la ca- 
lumnia,. que na los dejaba de la mano: desdar 



(CXVIII) 

nados de la ambición , que había cambiado su en- 
vidia en desprecio; y mal vistos del vulgo, á qui- 
en una , y otra preocupaban , y incitaban contra 
ellos , volvían los ojos á todas partes , sin hallar 
protección en ninguna. Muchos , que antes gozaran 
de alto, y opulento estado, se [vieron reducidos 
á obscura, y escasa suerte , y los demás , perdidos 
sus antiguos empleos , y su mediana, ó pequeña 
fortuna , y cerrados para ellos sus casas , y pue- 
blos de naturaleza, ó domicilio , cayeron de repen- 
te en la indigencia , y se vieron forzados á bus - 
car algún asilo en la caridad de sus amigos, y 
parientes : abandonados al parecer de la patria 
á quien tan fielmente habían servido, 

3. Entre tantos desgraciados era yo de los po- 
cos , á quienes parecía haber respetado la fortunas 
pues que dejaba á mi elección dos recursos , para 
vivir sin ser gravoso á nadie: uno, permanecer al 
lado del gobierno , sirviendo mi antigua plaza de 
consejero de estado : otro volverme á Gixon , para 
gozar en paz del pequeño patrimonio de que ha- 
bían vivido mis padres , y del qual, por su mu- 
erte, y la de toda su numerosa familia , quedara 
yo poseedor. El primero de estos medios pare» 
cía el mas ventajoso,, y seguro : pero el horror, que 
tantos escarmientos , y desengaños me habían ins- 
pirado á la vida publica, la necesidad en que es- 
taba de reparar mi salud , y el deseo de descan- 
sar algún tiempo de tantas, y tan mal premiad as 
fatigas , me hicieron preferir el segundo , como mas 
conforme á la situación de mi espíritu. Resolví, por 
tanto , solicitar mi retiro y al punto lo puse por 
obra. 

4, En la mañana del 1. de febrero formé 



(CXIX) 

una representación al supremo consejo de regen- 
cia , en que le suplicaba se dignase concederme mi 
retiro , señalar para mi subsistencia el sueldo á que 
me juzgase acreedor ; y que,.quando esto no fuese 
de su agrado, al menos me concediese una licen- 
cia para pasar ¡á mi casa , á restablecer mi salud. 
A\ mismo tiempo le exponía, que para no ser del 
todo inútil en aquel retiro estaba pronto á conti- 
nuar , si fuese de su agrado , en las comisiones, 
que en otro tiempo, y por tantos años habia des- 
empeñado en aquel pais , y señaladamente en res- 
tablecer el real instituto asturiano , fundado por mi 
en la villa de Gixon : establecimiento útilísimo, que 
habiendo producido ya el mas copioso fruto de bue- 
na v y escogida enseñanza v fue después perseguido 
y casi arruinado , en odio de mi nombre , por mis 
poderosos enemigos. La suprema regencia , en vis- 
ta de esta representación , no condescendió en mi 
xetiro : pero defirió benignamente al resto de mi 
supiica poruña real orden que me comunicó el mar- 
ques de las Hormazas con fecha del siguiente dia 
2 cuyos honrrosos términos debo contar entre las 
recompensas de mis servicios , como se verá en el 
apéndice al número XXI. 

5. Obtenida esta licencia volvi la atención á los 
medios de realizar mi deseo: pero al exáminar ei 
estado de mi pobre fortuna hallé , que toda ella 
se:' reducía á 7985 . r.s vellón, como 200 onzas de 
plata en cubiertos, y una escribanía, mis peque- 
ñas veneras , un escaso surtido de ropas , un ca- 
jón de libros , y papeles, y lo poco que podia 
billar en mi casa , saqueada yá una vez por los 
fúnceses. Ahí quien me diria entonces , que otra 
vez estes barbaros estaban apoderados de eHo, y 
del patrimonio en que libraba la esperanza de mi 



(CXX) 

descanso! Nadie extrañe que me detenga á hiblaf 
de estas miserias. Si la relación de ellas pareciere 
á alguno afectada , ó indecorosa ( que todo podría 
ser) sepa que también la pobreza ilustra, quando 
es honrada , y que después de haber sufrido ca- 
lumnias tan contrarias á mi carácter , y de estar 
herido en la parte mas sensible del amor propio, 
no solo tengo derecho á defender mi constante 
desinterés, sino también á gloriarme de la estre- 
chez á que me ha reducido. 

6. De esta , que , si no se quiere llama* virtud, 
es á lo menos la prenda mas noble del magistra- 
do , creo haber dado testimonio en la ultima asf 
Como en las primeras épocas de mi vida publica. 
Dije ya , jque aceptando el nombramiento para la 
junta central , reusé el honorario que la de Astu- 
rias señaló á sus diputados, porque gozando un su- 
eldo, mas que suficiente, para mi subsistencia, y 
decoro, crei cosa indigna admitir otra recompensa 
por un servioio á que era tan [acreedora mi pa- 
tria. (*) Tampoco admitimos secretario, ni consul- 
tor de la diputación , mi compañero , y yo , ni abo- 
no de gastos á cargo del principado , como creo 
que hizo algún otro. Quando después se trató en 
Aranjuez de señalar sueldo á los centrales , fue mi 
dictamen que no pasase de mil doblones; pues, 
aunque escaso , creia , que el estado de la nación 
pedia de nosotros los primeros egemplos de mode- 
ración , y parsimonia; y para que ninguno enten- 
diese , que en este dictamen podia tener parte el 
goze de sueldo superior por mi plaza de consejero 
de estado , saben mis compañeros , que consentía. 



(*) Vid* ¿4pend. núm. IV. 



(CXXl) 

y asi lo expuse , en que se reáugese i Íóí ñiismos 
608 reales. No entiendo por esto tachar de exce- 
sivo el que se acordó pues tratándose entonces cte 
- vivir en un pueblo tan caro , y de tanto lujo, co- 
r mo Madrid , el decoro mismo del gobierno exigía, 
sino grande esplendor , mucha decencia en sus mi- 
embros ; y eran pocos los que podían sostenerla sin 
los auxilios de la nación. 

7- No d^ré como prueba de desinterés la re- 
nuncia del ministerio de gracia , y justicia , que se 
me ofreció, y era tan ventajoso en sueldo; porque 
otras razones me le harían desechar , aunque estu- 
viese dotado con todo el Potosí. Tampoco daré 
como mías las pruebas de moderación, que dieron 
todos de no haberse mezclado á disponer por su 
mano de ninguna especie de Fondos públicos : de no 
haber pedido gratificación , ni ayuda de costa por 
ningún servicio , ni encargo particular : de no ha- 
t>er acordado excepción alguna á su favor en los 
decretos de rebaja de sueldos , prestamos , y con- 
tribuciones ; y en fin de haber abdicado el mando» 
-sin pretender sueldo, ni recompensa, ni recibir si- 
quiera la ultima mesada vencida , quando los mas 
no tenian ya de que vivir, sino de aquelresiduo, 
y todos, inciertos de su suerte, se hallaban for- 
zados á emprender algún viage, ó buscar algún nue- 
vo establecimiento con sus familias. Pero si , á tan 
pura conducta, es comparable, la de los hombrea 
indignos que manchan sus manos en la substancia 
de los pueblos, díganlo, si pueden , de buena fe, 
los que con tanta impudencia nos asimilaron á ellos. 

8. Del apuro en que yo me hallaba para em- 
prender mi larga navegación , me sacó uno de aque- 
llos hombres , que no se llaman héroes , porque m 

33 



(cxxny 3 

trastornan imperios, ni ganan batallas , ni acome- 
ten #tr$vi4a« y ambiciosas aventuras: pero que re- 
almente lo son , por constante exercicio de las 
virtudes pacificas de su estado : virtudes , nunca 
mas solidas, ni mas difíciles ,, que quando ningún ; 
estimulo de vanidad las provoca , ninguna esperan- 
za de recompensa, ó gloria humana las anima, y 
nacen solo de. los purísimos 'principios de religión,, 
honor y benevolencia. D.. Domingo Garcia dé la 
Fuente, agregado á mi familia desde que fui nom- 
brado en 1797 embajador á Rusia , donde el ya 
antes estuviera con D. Miguel de Calvez : que me 
siguió, y sirvió después en mi breve ministerio, y' 
-que volvió conmigo á Gixon , sin ventaja alguna, , 
se hallaba en mi compañía ,. quando la garra del ■ 
•despotismo me arrastró desde mi casa á la .cartu- 
ja de Mallorca, Entonces , resueltó á acompañarme ■ 
también en mi desgracia,, no solo me siguió es- 
pontáneamente en tan incierto,, y largo destierro,, 
sino que me acompañó, y consoló continuamen- 
te en ía profunda soledad dé aquel monasterio. Ar- 
rancado de alli , y trasladado al castillo de Bellvér,, 
se eticerró , y sepultó con migo entre sus cerro- 
jos: cuydó de mis intereses : me asistió en mis do- 
lencias : toleró fon resignación las >suyas , que fue-- 
ron graves; y sufrió con migo , y por mi los mas> 
insolentes , y duros tratamientos; siempre con ros- 
tro sereno, y con li caridad, y fidelidad mas ti- 
erna. Hillabase todavía con migo al disolverse la 
junta suprema , aunque con la plaza de primer por- 
tero de su secretaria general , y con justa espe- 
ranza de conservarla en la de la regencia; pero no • 
tíh&ú ' jng vio resuelto á volver á Asturias , quando » 
*enuaci¿yU¿) tyia esj?eraa^a determinó seguirme. No; 



(CXX1IÍ) 

pude yo consentir en este nuevo , y generoso sa- 
crificio, ni el xeder sin muchas lagrimas á una 
separación que era para entrambos tan dolorosa, pe- 
ro tampoco consintió que en la estrecha situaci- 
ón en que me hallaba, buscase yo en otro el au- 
xilio que el podia darme ; y desde luego ofrecién- 
dome 129 rrs. que era acaso toda la fortuna que 
habia podido juntar en 13 años de buenos servici- 
os, me Ihizo las mas vivas instancias para que los 
aceptase. iPenetrado cde lia sinceridad de m oferta 
cedí á ella dándole las seguridades., que permití- 
an las circunstancias., y que tal vez mi desgracia» 
y la suya habrán (frustrado. Ni esto le bastó : sa- 
biendo después mi detención aqui , y el desamparo 
ú que me reducía la ocupación de Asturias, voló 
á estar á mi lado t y hoy este mi honrrado acree- 
dor me sirve con la misma constancia y lealtad 
que si estuviese animado de las mas altas esperan- 
zas. ; Lectores no culpéis esta digresión , dictada por 
el agradecimiento ., y consagrada á la virtud ; y pu- 
es que ya no puedo recompensar de otro modo la 
de este hombre de bien, .no llevéis á mal que la 
haya expuesto, y recomendado á vuestro aprecio» 
para que en el encuentre un ¡premio tan digno de 
ella como de vosotros! 

9. Con la noticia de que la fragata de S. M. 
Cornelia iba á partir en busca del venerable Obis- 
po de Orense , resolví con mi inseparable compa- 
ñero y amigo Campo-Sagrado solicitar nuestro pa- 
sage en ella hasta Galicia, para tomar desde allí 
por tierra á nuestras casas de Asturias ; y obteni- 
do que .hubimos el permiso , nos trasladamos á aquel 
buque con nuestras familias , y equipages. E! rnio 9 
.junto con el de D. José Acevedo Villarroel f oficial 



(CXXIV) 

de la secretarla del consejo de indias, que pasan*- 
do con licencia á su casa , quiso , por su honra- 
dez , y antiguo afecto á mi persona, asistirme en 
el viage , era tan corto , que se reducía á tres co- 
fres , y un cajón de libros ,. y papeles , con nues- 
tras camas, y la de dos solos criados, £1 de mi 
amigo era mayor, porque le acompañaban la Mar- 
quesa su esposa , el teniente de navio D. Juan Val- 
des su hermano político, el capitán, de infantería» 
D. Ramón de Valdes su tk> ,~.y ayudante , el pres- 
bítero D. Antonio García Araago su capellan, un» 
cirujano , una doncella^ en- ayuda de cámara , con ; 
su muger , y dos ó tres criados. Pero al montar- 
en la fragata, hallamos embalados también en ella i 
á los vocales de la junta ■ ■ centrad D^Franeisco Cas- - 
tanedo , y D. Lorenzo Bonifaz con sus capellanes, . 
al conde de Gimonde y D* Sebastian de Jocano > 
con sus criados r al , vizconde de Quintanilla coim 
su esposa , su* cuñada T . tres ^ hijas 4 dos hijos, dos ; 
sobrinos, y la correspondiente familia, y á D. José 
García de la < Torre coa su esposa , suegros, cuña-- 
da , hermana v. hija, y. con los equipages de todos 
estos : circunstancias que he querido referir proli- 
jamente, porque luego se verá quanto conduce su 
conocimiento al progreso de nuestra triste historia. 
. io> Poco tiempo fue menester para que yo co- 
nociese, en el desden con que eramos, tratados ,/y 
en las atravesadas, y desatentas miradas de la chus- 
ma de, la fragata , el terrible efecto que las calu- 
mnias sembradas contra; nosotros jhabian producido, 
y hacían fermentar en ella ; y como los que iban, y 
venían de tierra, nos asegurasen- de los infames 
rumores , que se esparcían en Cádiz, y en que 
si^masi tQdqs, indistinta y. confusamente ejavueltosj 



(CXXV) 

ao hubo entre nosotros quien no se llenase de In- 
dignación contra tamaña injusticia. Pero llegando 
á su colmo la de mi compañero , y mia , y no pu- 
díendo ya tolerarla resolvimos salir al frente, y 
hacer á sus autores un público desafio: para que 
si alguno tuviese algo que producir contra nues - 
tra conducta particular soltase su embozo , y 8t 
presentase á haberlas cara < á cara con coso- 
tros. Dirigimos este cartel ai redactor del diaria 
de Cádiz para que le publicase en su periódico; 
y á fin de que no se \é pusiese embarazo pasamos 
oficio al general Venegas gobernador de aquella 
plaza ,. rogándole^ que protegiese esta publicación*» 
El gobernador > y el diarista dieron cuenta dees— - 
tos oficios á la junta- superior^ de Cádiz : pero esta ' 
junta ,, de quien • esperábamos 4 y que nos debia 
alguna protección , .0 tímida r ó preocupada, reusá » 
la publicación. . Si con razón * ó sin- ella lo juz- - 
gará el lector por los documentos de este inci- 
dente. Novis voluisse sat est. Véase el apéndice nú « 
mero XXII- 

11. Ya entonces empezaba el susurro de cier* - 
tos pasos dados por la< misma junta de Cádiz, y 
de cierta consulta hecha por el consejo -reunido * 
contra los centrales í pero sin que pudiésemos tras- 
lucir el origen v . y obgeto de estos movimientos. - 
Impaciente yo de conocerle, resolví pasar á Cá- 
diz , mas no lo consintieron mis compañeros, te- 
merosos de que me expusiese á algún insulto ,-6 - > 
por lo menos á un desaire; porque corría tam- 
bién Ja voz de que estábamos arrestados en la 
fragata, y su demora en bahía y guando no le • 
faltaba el viento , y se hallaba con tan urgen- - 
te comisión r . parecía confirmarla. Crecía con eu$ > 



(CXXVI) 

miesTr; impaciencia , y no pudiendo sufrir tanta 
kijusticiu , y detección, como supiésemos qu * es- 
taba también en bahía , y pronto á dar la vela 
para Asturias el bergantín Nuestra Señora de Co- 
vadonga , resolvimos mi compañero y yo a pro ve 
char la buena ocasión de navegar directamente 
, en él. Dimos cuenta de este designio al consejo 
de regencia, por si en ello habia algún embara- 
zo: aprobó nuestra resolución, y con esto nos 
trasbordamos al bergantín, dejando encargada á per- 
sonas de nuestra confianza la averiguación y el avi- 
so de los manejos , que se urdían contra nosotros» 
y cuyo presentimiento nos hacia partir con mas 
enojo , que cuidado. 

12. Llegó con esto el 26 de febrero, y á la* 
seis de la tarde, soplando el viento O. £. O. di- 
mos la vela de la bahía. Del t. q al dos de mar- 
zo doblamos el cabo de S. Vicente. Del tres áí 
quatro, arreciando el viento de travesía., y en- 
grosando la mar seguimos navegando nuestro rum~ 
bo, pero con gran cuidado , y no yá sin rece- 
bo. Del quatro al cisco el temporal se hizo ter- 
rible , y tormentoso , con vientos del S. O. al N. O. 
la mar por los cielos, y grandes y frecuentes chu- 
bascadas , que fueren siempre á mas en ;toda la 
noche del cinco ; y en el fin de esta , quandíí 
nos estimábamos á 10 leguas fuera del cabo de 
Finisterre , la mar , y el viento nos habían arro- 
jado sobre la Isla de Ons, contra cuyas rocas iba 
ya á estrellarse el buque, quando al rayar del 
dia 6, la luz, y la protección del Cielo salvaron 
nuestras vidas , dándonos el tiempo preciso para 
zafarnos con una virada oportuna: con lo qual do- 
blando el cabo de Corruvedo , pudimos tornar abrí- 



(CXXVII) 

go en esta hermosa , y segura ria de Muros. 

13. Pero nuestra suerte nos condenaba todavía 
á seguir de peligro en peligro, y de una en otra 
^desgracia; No bien habíamos anclado , quando las 
individuos de la sanidad que vinieron á reconor- 
cernos, nos dieTon la triste noticia de que nues- 
tro pais estaba otra vez ocupado por los franceses. 
El Cielo se nos vino encima ; pues quando el de- 
seo de J algún descanso nos empeñaba en tantos 
trabajos y peligros, vimos de repente cerrado para no- 
sotros el unicoasilo en que podíamos encontrarle. Igual 
á nuestra pena fué nuestra admiración. Asturias aun- 
que- privada de la mayor , y mejor parte de las 
fuerzas que leVantára para su defensa por haber 
consagrado- á la patria 1 once mil soldados escogi- 
dós, qué envió 1 al mando del general Ballesteros, 
y que se han llenada de gloria en el egército de 
la izquierda, tenia todavía recursos, y vigor su- 
ficientes para conservar su libertad ; y la hubiera 
conservado , si la disolución del enérgico gobierno 
que antes los buscaba , y aplicaba , no los hubie- 
se inutilizado ; y si los ; comisarios , que envió el 
gobierno central á redimir aquélla infeliz provin- 
cia no se hubiesen ocupado mas en instruir ex- 
pedientes que en formar soldados , y llevarlos á la 
defensa del pais confiado á su mando. 

14. La acogida que mi compañero y yo halla- 
mos en la villa de Muros no pudo ser mis fa- 
vorable á nuestra triste situación , ni nías digna 
de nuestro reconocimiento. El furioso temporal 
áe la noche anterior, dando á conocer á sus na- 
turales el riesgo que habíamos corrido ; los hizo 
iftirarnos comd á verdaderos náufragos , y excitó 
sü~ humanidad en favor nuestro. Regidores > cano-* 



cxxvni) 

íüigos, empleados públicos, comerciantes, y lias* 
ta los últimos del pueblo , nos consolaron con sti 
compasión , y honraron con muestras del mayor 
-aprecio. Pero se distinguieron entre todos la viu- 
da y hijos S'endon del comercio de esta villa, no 
solamente franqueando para nuestra habitación la 
mejor de sus casas , y trasladándose á vivir en 
otra menos cómoda , sino también prestándonos quan- 
tos oficios , y obsequios caben en la hospitalidad 
y la cortesanía: bondad que crece, asi como nues- 
tra gratitud , al paso que , con nuestra detención, 
: .se prolonga su incomodidad. 

i$. Después de celebrar una solemne acción de 
gracias al Altísimo, por nuestro salvamento, en 
la colegiata de esta villa , cuyo distinguido ca < 
fcildo nos acreditó también su generosidad , y pa- 
gados algunos días , recibimos la agradable no- 
ticia de que las tropas de Asturias , conducidas 
$>or los | generales del pais , habían atacado al ene- 
migo , y arrojadole hasta el Sella , contándose 
ya al general Bonet al otro lado de sus fronte» 
^ras. Llenos , pues , de alegría y confianza , y im- 
pacientes de rever nuestros hogares determinamos 
reembarcarnos en el mismo bergantín, detenido aun 
en la ría por falta de viento. Habiamonos ya despedí- 
do de nuestros favorecedores: estaba embarcado nues- 
tro equipage; el biique , levada el ancla, navegaba 
para ponerse en franquía , y íbamos á tomar un 
bote, para pasar á ei, quando vimos , que cambia- 
do el viento, viraba otra vez sobre el puerto. Pero 
había virado también la fortuna ; porque apoco ti- 
empo llegó el correo con la triste nueva de que 
Jos franceses , atacando á los nuestros sobre Can- 
gas de Onis,, los habían rechazado y dispersado 



(CXXIX) 

volviendo & apoderarse de Gixon, Aviles, y Ovie* 
do, y á adelantarse hasta la derecha del Nalón. 
Con esto nuestras dulces ilusiones se volvieron en hu* 
mo, y desde entonces continuamos en nuestra pri- 
mera , incierta situación , puestos siempre entre la es- 
peranza , y el desaliento : situación que nos fuera 
mas llevadera, si nuevas contradicciones, y disgus- 
tos no hubiesen túrbido la paz,* y el consuelo que 
hallamos en la agradable compañía de estos honr- 
rados muradanos. 

16' No fué el menor de nuestros disgustos el 
que voy á referir á mis lectores , para que ad- 
miren , hasta que punto la suerte , conjurada con- 
tra nosotros, nos exponía á la injusticia , y al des- 
precio de las mismas autoridades , que nos debian pro- 
teger. Arrojados á este puerto , donde solo nos pu- 
do detener la triste noticia, que en el hallamos, ni 
nos fueron pedidos, ni nos ocurrió presentar nues- 
tros pasaportes ; ni á la verdad era necesario esta 
formalidad quando nuestros nombres, y los de nu- 
estras familias, asi como el punto de nuestra direc- 
ción , constaban del rol, que fué reconocido por los 
individuos de la sanidad, y por el comandante de 
marina del puerto; y quando asi mi compañero, co- 
mo yo eramos tan conocidos en este reyno. Ade- 
, mas, en el dia siguiente á nuestra arribada , di- 
mos qiienta de ella y del motivo de nuestra 
detención al capitán general , rogándole , que 
se sirviese comunicarnos las noticias , que tuviese 
de el estado de nuestro pais , y poniéndonos bajo 
de su protección. En el mismo dia 7 enterados de 
no haber llegado á Galicia la fragata la Cornelia, 
ni noticia de oficio de la erección del consejo de 
regencia , escribimos al venerable obispo de Orea- 

34 







(CXXX) 

se r comunicándosela con remisión de los impresos, 
que la acreditaban ; y dirigimos también este plie- 
go, abierto ,, al capitán general, para que, después 
de enterarse de su contenido , se sirviese encami- 
narle á su; destino» Por ultimo , en carta confiden- 
cial al mismo general le dimos noticia de los últi- 
mos sucesos de la isla , y , no sé porque especie de 
presentimiento le hablamos de los pasaportes , que 
traíamos de la regencia : á cuyos oficios todos re- 
cibimos puntual contestación. De forma ,. que por 
este medio se hizo publica, y generalmente cono* 
cida en este rey no nuestra arribada , la ocasión de 
ella, y la de nuestra detención en Muros. 

17. Apesar de esto , y á pocos dias de estar aquí,, 
©irnos ya cierto rum rum,. de que la junta supe- 
rior de la Coruña meditaba no sé que providencias 
contra nosotros ; y aun se decía,, que un comandan- 
te de aquel resguardo, venido de alli , habia anun- 
ciado que se embiaria una comisión á este efecto. 
La especie nos pareció tan inverosímil , que la tu- 
pimos por una hablilla del vulgo : mas luego cono- 
cimos que no era del todo infundada. La moda de 
perseguir y insultar, á ios centrales , habia sucedi- 
do á la de calumniarlos, y cundiendo por todas 
partes, habia montado ya el cabo de Finisterre, y 
prendido en la junta de Galicia ; donde no faltó 
quien quisiese lucirlo con ella estrenándola en no- 
sotros. Es justo pues que sepa ei publico el efec- 
to y las providencias que produjo aqui; poique nun- 
ca importa tanto instruirle en los excesos de las* 
autoridades que le gobiernan , como quando ha lle- 
gado el tiempo, de que tengan un termino , y de 1 
^ue los ciudadanos injuriados, y perseguidos espe- 
inas, de su pcoteccijiiy O^ue teman , de sus vio- 



(CXXXI) 

leticias, 

1 8. Pasáran ya tres semanas desde nuestra lie-» 
gada, y en el 25 de marzo, á cosa del medio dia, 
volviendo nosotros de la Yglesia colegial donde, 
coavidados por d ayuntamiento habíamos concur- 
rido á la misa, y procesión de rogativa publica, 
con que se imploraba la asistencia del Altísimo en 
favor de nuestras armas, se apareció en nuestra ca- 
sa el coronel D Juan Felipe Osorio, acompañado 
de un hombre , que luego supimos era escribano 
real. Habían entrado de secreto la noche anterior 
en esta villa ^ acompañados de un asesor , y coa 
escolta de tropa , sin que traspirase el motivo de 
su venida, ni nosotros supiésemos de ella. Despu- 
és de los ordinarios cumplidos ^ y de pedir nues- 
tros nombres , manifestó,, el coronel que tenia que 
tratar conmigo solo. No me pareció poco estraña 
esta entrada : pero retirándose Campo-Sagrado , cre- 
ció mi extrañeza al oirle que venia con comisión 
de la' junta provincial de Santiago , emanada de 
la «superior de la Cortina , para saber si teniamos 
pasaportes, y recogerlos. No le escondí quanto me 
sorprendía esta providencia, ni la? razones de mi 
sorpresa ; pero le respondí que teniamos pasaportes 
-de la suprema regencia del rey no, y que, pues, 
qualquiera que fuese el obgeto de su venida, debía 
bastarla reconocerlos, sin pasar á recogerlos, estaba 
pronto ,á presentar el mío, y no dudaba, que mi com- 
pañero lo estarla también respecto del suyo. Pero 
insistió en que su comisión le obligaba á recoger 
uno , y otro , y siendo vanas mis Tefl.xíones , y 
protextas ., acerca de esto, hube de ceder, por no 
estrellarme con una autoridad , que empezaba te- 
niendo en tan poco nuestro carácter f y circuías*- 



(CXXXII) 

tandas. Entro mi compañero : enteróse de lo ocur- 
rido : aprobó mi resolución, y mis protextas: entrega- 
mos al coronel nuestros pasaportes , exigiendo tes- 
timonio de ellos, que nos ofreció, y con esto dába- 
mos ya por concluido tan desagradable negocio. 

19. No era asi , por cierto, pues, acabado el 
primer paso, y siendo ya las dos de la tarde, mani- 
festó Osorio, que tenia que hacer otra diligencia, 
y nos pidió hora para volver* Significárnosle , que 
pues había empezado, no se detuviese en concluir 
su comisión, para librarnos de una vez del cui- 
dado en que nos ponia su misterioso proceder : pero 
insistió en suspender la diligencia hasta la tarde y 
pedirnos hora. Dimosela : despidióse : le convida- 
mos á comer : no acetó , y se fue : debiendo yo con- 
fesar en honor de este caballero , que en toda esta 
fastidiosa escena se portó con mucha moderación 
y cortesanía ; Y que si faltó , entrándose sin pre- 
vio anuncio en nuestra casa á egecutar actos de 
justicia contra lo que exigen, las reglas de poli- 
cía , y la urbanidad, este defecto mas bien que 
suyo., pudo ser de sus comitentes. 

20. Volvió , pues , Osorio á la- hora señalada, 
y ya entonces nos manifestó abiertamente que su 
comisión se extendía á reconocer , y recoger nues- 
tros papeles;. AUt: fué. quando nuestra indignación 
llegó á su colmo , y mas particularmente la mia , que 
habiendo sentido una vez la mano feroz del des* 
potismo egecutando sobre mi igual atropellamien- 
to , ni me que^ó humor para sufrirle otra, ni; 
creia que llena ya la medida de horror con que 
3a nación miraba estas violencias , pudiese ningún 
ciudadano estar expuesto á ellas. Hiedo asi pre- 
sente ai comisionado con un calor y vehemencia 



(CXXXIII) 

que le hacían enmudecer : pero militar y egecu- 

tor , insistía en serle foizoso cumplir las ordenes 
de sus gefes. La contienda duraba ; pero lo que 
á nosotros sobraba de razón sobraba al comisio- 
nado de fuerza para vencer en ella. En tal es- 
trechura , no teniendo nada que temer dd escrutinio 
de nuestros papeles, nos allanamos á que los re- 
conociese, y, si copia de ¡alguno desease ,1a to- 
mas? también : pero al mismo tiempo le decla- 
ramos con la mas decidida resolución, que no los 
queríamos entregar ; y que , pues solo la viva fuer- 
za armada podría arrancárnoslos , obrase, como le 
pareciese. A vista de esto, no se atrevió á insis- 
tir y tomándose tkmpo para consulte r á sus comí» 
tentcs, se retiró ; aprovechando nosotros esta tre- 
gua para dirigir nuestra queja al capitán general, 
dar cuenta de lo ocurrido al venerable Obispo de 
Orense, y representarlo á la suprema regencia ; (*) 
aunque siempre temerosos de que los instigador- 
res de la junta de la Coruña se obstinasen en 
consumar nuestro > atropellamiento. . 

21. Por dicha no sucedió asi. En la junta su- 
perior de Galicia había muchas persenas de noble 
y distinguido carácter , que conocida la sorpresa*, 
se apresuraron á repararla;: y Jes instigadores 
tan tímidos en la defensa, como fueion arrojados 
en el ataque, no se atrevieron á continuar la lu- 
cha con unos contrarios , que tenían de valor , y 

(*) V ease el Apend* mím. XXIII. Echóse menos que ' 
no nos hubiésemos dirigido á la ¡unta : pero cono- - 
cidaya su disposición recordamos lo que dijo Tullio,, 
Hoc animo qui sunt deteriores , fiunt rogatu Ad Fa* 
miliares Lib. 2 Epist* 17.. 



(CXXXTV) 

justicia , todo lo que les faltaba de fuerza y pro- 
tección. La junta por tanto, dio por concluida 
la comisión de Osorio: pero aprobó su conducta: 
íe dio gracias po? su buen desempeño ; y acor- 
dada !a restitución de nuestros pasaportes , le man- 
dó retirarse , con algunas prevenciones, mas bien 
dirigidas á justificar su error , que á satisfacer 
nuestro agravio. 

22. Y gracias á Dios que este no creció hasta 
donde quiso extenderle la junta como supimos des- 
pués por tí tenor de su comisión; la qual, según 
un oficio dirigido por Osorio ai general , -con fe- 
cha del 26 siguiente era : » para el examen y ave- 
riguación de los pasaportes de los Exmos. Sres. 
»D. Gaspar de JoveLlanos: y marques de Campo- 
» Sagrado: destino, con seguridad de sus personas, 
»no -estando revestidos de dios : aprensión de estos, 
r>y de los papeles que tes hubiesen acompañado des* 
9>de Cádiz &c. Infiérase pues, qml pudo ser -el 
espíritu, que dictó esta providencia, y á quanta 
ignominia nos tuvo expuestos. Que viniésemos s.ín 
pasaportes no fuera extraño ; porque dirigiéndonos 
por mar á nuestro pais , y siendo nuestras cir- 
cunstancias tan conocidas , pudiéramos muy bi?a 
tener por ociosa esta formalidad * ? y de mi, aseguro 
que sino hubiese visto á otros pedir sus pasapor- 
tes , no me ocurriera pedir el mió., por la pri- 
mera vez de mi vida. ¿Qual pues , fuera enton- 
ces nuestra suene, quando en esta villa no hay 
otro lugar seguro., que una ruin cárcel „ y un lla- 
mado castillo, con dos covachas, que ni merecen 
el nombre de calabozos ? ¿Y para que se bu se - 
lia seguridad con nosotn s, en un pasto dedóndq 
uo podíamos salir sino gateando [por las ásperas 



(CXXXV) 

montañas , que le rodean ? ¿ Y que fuera de no - 
sotros , si cayendo- esta comisión en persona menos 
prudente y advertida que el coronél Osorio, se hu- 
biese procedido á arrancarnos á viva fuerza nues- 
tros papeles , privándonos de este fruto de nuestras 
tareas, que luego verá la luz publica para desa- 
gravio nuestro, y confusión de nuestros persegui- 
dores ? 

É£> Acaso la suprema regencia no penetró la 
extensión de esta violencia, pues que reproban- 
do la conducta de la junta , y su comisionado , 
por real orden de ij de abril nada proveyó so- 
bre nuestro desagravio^ Siendo pues , necesario es- 
perarle del público , cerraré este articulo , hacien- 
do honor á la parte sana de la junta superior de 1 
este reyno;; pero á los que la sorprendieron, y no 
esperarán tal obsequio,, las siguientes preguntas. i. a 
¿ Como pudieron dudar , que tuviésemos pasaportes 
quando lo sabia el Capitán general , presidente de 
la junta? 2. a Si dudaban de nuestra asercion¿ por- 
que no encargaron i la justicia de Muros que los 
reconociese , ó , si tanto no les bastaba , que los 
recogiese , y enviase á la Coruña ? 3. a Si descon- 
fiaban de esta justicia , y querían valerse de otra 
mano ¿que razón tuvieron para encargar tan ser- 
cilla diligencia á una comisión; militar escoltad i, 
de tropa , asistida de asesor , y escribano, y reves- 
tida de un aparato que la hacia tan escandalo- 
sa en? el publico, como injuriosa á nosotros? 4.a 
Quando por algún accidente nos faltasen los pa- 
saportes , siendo nosotros , y nuestro estado y ca- 
rácter tan conocidos en este reyno ¿que obge- 
to de policía ni de justicia pudo sugerir la idea- 
te nuestro arresto? s» a iQüal- era la competen- 



(CXXXVl) 

cla'de la junta, para proceder á actos tan violentos con- 
tra un consejero de Estado , y un teniente general, que 
arrojados por lá tormenta á estas playas, se ha- 
llaban aqui , de transito para otra provincia; no 
habían quebrantado ninguna ley ni reglamento mu- 
nicipal de esta; ni contra ellos existia acusación 
queja , ni motivo particular de sospecha , ó des- 
confianza ? 6a Conocido que fué el error de la 
primera providencia ¿ porque en vez de reparar- 
le con otra, que conciiiase el decoro de la au- 
toridad pública con el nuestro, tratáron de soster 
nerle, y dorarle con pretextos , que sin dsculpar 
el exceso , dejaban mas descubierto el agravio? 7.a 
Porque en fin, los que nos expusieron á tanto son- 
rojo , y humillación , no recordaron la coplilla de 
a^uel antiguo romance castellano qne dice: 

Que non es de homes honrados, 

Nin de Infanzones de pro 

Facer denuesto á un íidalgo , 

Que es tenudo en mas que vos ? 
24. Pero ah ! que en la larga carrera de nues- 
tras desgracias , quedaban todavia otras injusticias 
que admirar, y otras amarguras que tragar y su- 
frir. Acababa de abrirse la comisión de Osorio, 
guando por carta de uno de nuestros compañeros, que 
dejamos á bordo de la Cornelia, supimos que arri- 
bando al Ferrol , no bien tomaron tierra en el 
Seijo, quando hallaron sobre si una comisión mi- 
litar , enviada por la junta de la Coruña , para de- 
tenerlos. Qual fuese el obgeto de esta providen- 
cia no se sabe, aunque puede inferirse por la ana- 
logia, y combinación de los sucesos contemporáneos. 
Lo cierto es, que el gobernador de el Ferrol, só 
pretexto de seguridad , trasladó al castillo de S. 



(CXXXVI1) 

Felipe á los canónigos D. Francisco Castañedo, y\ 
D. Lorenzo Bonifaz , al conde de Gimonde , al 
vizconde de Quintan-illa, y á D. Sebastian de Jo- 
cano , todos individuos que fueran de la junta cen- 
tral. Dirigieron estos sus quejas á la de Galicia* 
la qual acordó luego su libertad : bienquesin otra sa- 
tisfacción , que la de dorar su providencia, con el 
titulo de medida de policía. Pero la misma carta 
■nos instruía de otro insulto mas atroz que habia 
sido hecho á los mismos sugetos en la bahía de 
Cádiz con el registro de sus equipages, de que 
hablaré luego. Estas noticias al mismo tiempo que 
agravaron nuestra aflicción, nos dieron mas clara 
idea de la indigna guerra declarada á nuestros nom- 
bres ; y trayendo á nuestra memoria la insurrec- 
ción que habia precedido en Sevilla : ios movimien- 
tos de la intrusa, y efímera autoridad que se vio 
nacer de ella ; y las medidas tomadas allí y en 
Cádiz contra los que habíamos compuesto la jun* 
ta central; y combinándolo todo, con la vacilación 
y tardanza de la junta superior de este reyno 
en reconocer la regencia ; y con los atentados de Mu- 
ros y Ferrol, nos hizo admirar ysentv la gran dis- 
tancia á que se extendiera el influjo maligno 
que ocasionaba tantos escódelos y con quan- 
ta rabia difundía su veneno por todos los ángulos 
de España. 

25. Siendo pues nuestra situación demasiado amar- 
ga , y citica, y los insultos q;ie subíamos dema- 
siado grandes y peligrosos, para que guardásemos 
por mas tiempo el silenc'o , resolvimos elevar nues- 
tras quejas al supremo consejo de regencia , y lo 
fcic'mps en una larga representación de 29 de mar- 
zo que se hallará en el apéndice: en la qual, si 

35 

1L: mM¡ 



(CXXXVill) 

nos es muy sensible haber hablado con; alguna in- 
exactitud de la conducta ; de la junta de Cádiz, 
y del consejo reunido, ncs lo es mucho < mas, no 
haber tenido á la vista la consulta de este, y los 
eficios que la movieron- para que la impugnación 
de los sofismas,, y injurias de sus autores,, 
no fuese entonces, tan incompleta v ni: ahora tan ; . 
tardía. (*). 

26. Masaora quetengo en mismanos copia; ¿e Ios- 
documentos relativos al expediente deL consejo, y 
al. que produjo el escandaloso registro de los equi- 
pages hecho en Cádiz : ahora que su presencia y 
lectura renuevan en mi alma, el dolor que me obli- 
gó á tomar la pluma pára escribir esta memoria,, 
voy. á cerrarla con la exposición de la ultima, 
injuria que nos estaba reservada. Y digo que nos 
estaba, porque en el registro de los equipages he- 
cho en ia fragata Cornelia hubiéramos sido com- 
prendidos mi honrado compañero, y yo, si la casuali-- 
dad de nuestro trasbordo al bergantín Covadftiga^ 
no- nos hubiese librado del: bochorno, y vergon- 
zosa humillación , que los demás sufrieron, y al quah 
no sé, si hubiéramos podido sobrevivir. 

27. Apenas se instaló la nueva regencia quarrdo > 
sus dignos individuos, en medio de los grandes 
cuidados, y peligros que los rodeaban, oyeron con . 
susto las murmuraciones que se difundían porCá-- 
diz contra los miembros del gobierno central. El 
espíritu que habia dado impulso á la insurrección 
de Sevilla andaba ya soplando allí p/ews buccis,^ 
el mismo fuego : pues , que no contento condes- / 
tinar algunos de sus agentes á perseguirlos en.sui 

(*) Vid. ¿fpend. núm. XXW.. 



(CXXXIX) 

transito á la Isla ,'hábia adelantado otros, para qire 
difundiesen en Cádiz las calumnias promulgadas en 
Sevilla , y los famosos acuerdos de su junta. Por-* 
que su obgeto no solo era la disolución del gobier- 
no legitimo, sino también confirmar la intrusa y flaca 
autoridad que le habían sostituido. Entre ^otras vo- 
ceadas que estos emisarios esparcían, era una * 
que los centrales cargados de las riquezas que ha- 
bían robado al publico se iban á escapar con su 
presa; y esta especiota logró tanta acogida, que se 
tiene por cosa indudable, que los diputados enviados 
por la junta de Cádiz , para tratar con el nuevo 
gobierno hicieron mérito de ella para proponer 
la necesidad de torñar alguna providencia con no- 
sotros, á cuyo fin habia ya dispuesto que no se nos 
permitiese partir de la bahia. 

2S. La suprema regencia, por uno de aquellos* 
ímpetus del celo., que impaciente de hicer ei biem 
no se detiene en la calidad de los medios con que 
le busca , acordó desde luego , que se hiciese un 
registro general de los equipages de todos los que 
¡fueron miembros de la junta central. La real or- 
den que el marques de las Hormazas pasó á este 
fin , y fué extractada en otra que pasó después 
ai consejo , era de este tenor. =r *>Que habiendo He- 
lgado á noticia de S, M, que en el público, cuyo 
»odio á la junta central se habia manifestado abier- 
tamente, se de.cia , que los individuos de ella con- 
« dudan en sus baúles gruesas cantidades de di- 
«ñero , y alhajas de valor , prevenía á la superior 
«de gobierno de Cádiz , que , de acuerdo con el 
-«comandante general de la esquadra , hiciese un 
«registro de ios equipages de todos , para tomar 
«en conseqcieacia del resultado de esta diligencia. 



(CXL) 

«las providencias que fuesen justas." 

29. La junta de Cádiz, meditando con mas fres- 
cura y madurez sobre el contenido de esta orden v 
vaciló en el partido que debia tomar ; y pene- 
trando ya la injusticia , y dureza de semejante 
medida sje detuvo en su execucion. Pero la regen- 
cia ansiosa de ella, instó de nuevo á lajunta,. aun-> 
que ya mas considerada, ciñó su orden á que « si 
» habla algunos de los individuos de la central, so- 
mbre quienes determinadamente recayese la sospecha 
»del pueblo, manifestase quienes eran, par a detener* 
"ios ,. y en caso contrario \ dejasen marchar á todos. 

30. Contexto entonces la junta de Cádiz , y 
en un oficio de 14 de febrero , en que tocó con 
destreza todos los inconvenientes , que ofrecia la 
medida acordada por la regencia , y procuró jus • 
tificar con mucho arte las que- habia empezado 
úi tomar, y deseaba cumplir, esquivó el encargo , y vol- 
vió sobre el gobierno toda la odiosidad de la ege- 
«ucion¿ 

3 1. Perplexa la suprema regencia , y comprome- 
tida ya en este negocio , resolvió asesorarse con- 
el consejo reunido , y en oficio que el marques de 
las Hormazas pasó á su decano , con fecha del 15 
c-on remisión de los antecedentes , encargó al con- 
se ; o ; que con presencia de todo, consultase á S. M s 
«Si los individuos todos de la junta central debiarr 
«ser detenidos, ó algunos determinadamente,, desi- 
« guando los que hubiesen de ser : si convenia , ó no 
«permitirles /que pasaren á sus respectivas provin- 
»cías ; y finalmente., que determinación habría de 
«lomarse con ellos : en el supuesto , de que ya 
:>es:aban anestados D. Lorenzo Galbo , y ei conde 
«de THlí , camra quienes S. M. tuvo motivos justos, 



(CXLI) 

* para dictar esta providencia, » (*) 

32. Entonces fue quando él consejo reunido des- 
tacó la horrenda consulta del 19 de febrero, sobre 
la qual , por haber discurrido tan á la larga en la 1 
primera parte , solo queda que tratar aora (del dic- 
ta me n en que concluyó. 

33. Con fecha del 16. el consejo pasó el expe- 
diente á los -fiscales ,- cuya respuesta daría materia 
á muchas justas reflexiones , si su texto, que se po- 
drá leer en el apéndice, y lo dicho eti la i.a parte 
sobre la consulta , no las hiciesen excusadas. Pero 
deben advertir en ella mis lectores la prudencia, 
con que los fiscales procuraron , aunque en vano r 
inspirar al consejo la única medida, que podia con- 
venir , para conciliar nuestro honor , con las circuns- 
tancias en qre se hallaban la nación, y el gobier 
no. Ya, en otra respuesta del 2 de febrero , y quan- 
do se trataba de reconocer la regencia , habían opi- 
nado , que se consultase á la regencia la necesidad 
de ilustrar ála nación á cerca de la conducta de 
el anterior gobierno, obligando á sus individuos á 
^ue diesen qüenta de su administración. Este dic- 
tamen no era desacertado ; pues que siéndole res- 
ponsables de su conducta , no podia ser dudosa aque- 
lla obligación ; y si bien , en calidad de deposita- 
rios, que fuéramos del egercicio de la soberanía, fa 
nación sola tenia legítimo, y bastante poder para 
pedir esta qüenta , y castigar nuestros delitos, si al- 
guno de ella resultase, tampoco era dudoso, que 
el examen de nuestra conducta se podia emprender por 
el gobierno existente , para someterle después al jui- 
cio de la nación , que iba á ser congregada. Y aun- 

(*) Idease el apend.num, L 



(CXLU) 

que es cierto asimismo , que la responsabilidad dé los 
magistrados, y ministros públicos no los obliga á 
dar una razón general , y individual de todos los 
actos de su administración , sino solamente á res- 
ponder á los cargos , que sobre alguno de ellos se 
les hicieren., y á satisfacer las dudas , ó hacer las 
explicaciones que sobre algunos se les propusieren; 
también lo es , que en las circunstancias, en que se* 
hallaban la nación , y el gobierno era .mas conve- 
niente al estado de la opinión al interés del pu- 
blico , y al honor de los mismos centrales, que 
se les mandase presentar ;la .cuenta de los fon- 
dos que estuvieran á su disposición, y dar una 
razón cumplida de su administración:: cosa que 
solo podían verificar estando presentes , y teniendo 
á la mano las actas de su gobierno ; y cosa , que 
sin ser u<n juicio formal , el qual no pude instaurar- 
se , sin que preceda demanda ., ó acusación deter- 
minada , seria suficiente para satisfacer al publico, 
y aun para justificar qualquiera medida política, que 
interinamente quisi-se tomarse. Por ultimo es tam- 
bién digna de alavarse ta prudencia con que los 
fiscales propusieron su dictamen á cerca del regis- 
tro. » El reconocimiento de los equipages ( dijeron ) 
?>es un paso que solo se halla entre las actuaciones 
«de una causa criminal , y si la seguridad individua 
«al de los señores vocales, la necesidad de satis 
v facer á la nación , y otras razones políticas ponea 
«á cubierto de toda censura la detención de sus per- 
9>souas, no sucede asi con el examen de sus habe- 
res. Este es un sagrado, y el escudriñarle , por 
3? solo las voces populares , quando no hay peligro 
«de que se trasporten, compromete la delicadeza 
»de la justicia soberana, y , da lugar á que, ó se 



(CXLIl!) 

» censure esta, pr Jos que la fuerza : sugeta al '' re- 
tí-conocimiento ¡ó indica que el gobierno no ha 
atenido bastante previsión para evitar estos rumores. 

34- Pero el dictamen que formó el consejo, e a 
vista de tan estraños antecedentes , füe consiguien- 
te á* la tremenda exposición en que le fundó , y 
con que ios. consultantes pusieron el sello á su malig A 
nidad , como creo haber demostrado. No se atre- 
vieron á apoyar el registro délos equipages: pero ala- 
varon el celo , y prudencia con que la regencia 
le habia acordado v y aun censuraron indirectamen- 
te el detenimiento de la junta de Cádiz en egecu- 
tarle, atribuyendo su repugnancia , á haber mira- 
do aquella medida como dura, y difícil, por ha- 
berla considerado á sangre fría* Tampoco defirie- 
ron al dictamen de los fiscales , pretextando , que en 
esta especie de negocios la resolución tocaba , mas 
á la prudencia , qne á la ciencia del derecho '. corno 
si los fiscales hubiesen regulado su parecer por el 
texto de alguna ley , ó por el voto común de los 
jurisconsultos. Quisieron en fin, para sisólos, la glo- 
ria de sacar al gobierno dei atascadero en que se le 
habia metido, satisfaciendo al mismo tiempo su pro- 
pio resentimiento. No conviniéndoles , pues , que an- 
duviésemos á su vista , los que podíamos calificar me- 
jor la parcialidad de sus dictámenes , no solo opi~ 
naron , qn« no era necesaria nuestra presencia , sin 
que se mostraron deseosos de acelerar nuestra par- 
tida; pues que asegurando que no habla en ella oin-- 
gun pelero , añadieron que convenia darnos pasa- 
portes, puraque pudiésemos salir prontamente á don- 
dé nos pareciese* Mas no por eso nos dejaron de 
lá mano, sino que, queriendo inspirar recelos de' 
nuestra conducta , ¡ y presentarnos en todas partes , , 



(CXLIV) 

como sospechosos, propusieron 7 también, que todos 
debíamos quedar á disposición del gobierno : que 
no convenia , que nos reuniésemos muchos en un 
punto : que cada uno , en la provincia que eligiese, 
estuviese baxo la vigilancia f encargo especial de 
¡os capitanes generales , ó otros ge fes superiores ; y 
tn fin, para cerrarnos todo asilo , ó mas bien , para 
que no pudiese aparecer en America ningún testi- 
go , ni victima de la persecución, en que les cupo 
tan buena parte, propusieron , que no se permitiese 
á ninguno de nosotros pasar á aquellos países. 

35. Y porque semejante dictamen se hará tan in- 
creíble á mis lectores, corno la resolución con que 
el supremo consejo de regencia le sancionó , copiaré 
aqui la real orden , con que el marques de las Hor- 
mazas la comunicó al decano de el consejo en 
fecha de 21 de febrero de este año , en que es- 
tá comprendido, y loado , y dice asi: lllmo. Se- 
"ñor: el consejo de regencia de los reinos España é In- 
"dias, adoptando con unanimidad ^ y singular aprecio el 
"prudente , y acertado dictamen que le propone ese 
^supremo tribunal , ha acordado que por las cau- 
»sas que tiene promovidas á los centrales D. Lo- 
«renzo Cdlvo y Conde de Tilii , como con la in- 
citación á la junta de Cádiz en razón de que 
«indicase qualquiera otros procedimientos, que in- 
tentase con algunos mas de los restantes vocales, 
^ha llenado sus deberes en esta parte; y S. M. 
»se propone completarlos dejando responsables á 
"todos ellos, para con la nación junta en cortes 
ȇ efecto de que den cuenta de su administra- 
"cion , y publiquen el manifiesto que tienen ofre- 
cido. De consiguiente , y en conformidad del re? 
wferido dictamen, bá resuelto S. M. se franquée 



(cxlv) 

*á Ioj vocales, libres, sus pasaportes, para que 
" puedan trasladarse á sus provincias; pero de nin- 
r>gun modo para las Americas : debiendo quedar á 
» disposición del gobierno , bajo la vigilancia , ja 
»cargo especial de los capitanes generales , ó otro» 
"gefes superiores de las provincias, á donde les 
"convenga dirigirse, y cuidando la regencia que 
^no se reúnan muchos en una provincia. Asimismo 
?>ha dispuesto S. M. que de todo se dé noticia 
wá la junta superior de Cádiz, en ulterior prueba 
»de los deseos que animan constantemente al con- 
"sejo de regencia de complacerla, y de la distin* 
»guida atención que le merecen sus representaciones r 
«en quanto lo permitan la justicia y las circuns- 
tancias. Todo lo que de real orden comunico á 
"V. S. I. para su inteligencia y gobierno , y la de 
"ese supremo tribunal. Dios guarde á V. S. I. mu* 
"chos años : Real Isla de León 21 de febrero de 18 10. 
El Marques de las Hormazas." (1) De esta mane- 
ra sin exámen ni juicio previo, quedó sellada % 
con solo el dictamen del supremo tribunal de am- 
bos mundos , y sancionada por la autoridad sobe- 

(1) Aqui es donde debo pedir á mis lectores que 
pasen los ojos por la lista de los individuos de la 
junta central ( apendic'e número Ii ) contra quienes se 
dirigían las flechas disparadas por los consultantes % 
y condenados á sufrir la vergonzosa degradación 
en que los puso su dictamen. To no sé si el conse- 
jo consultó el registro de equipages que se hi* 
zo en la Cornelia : pero sé que aplaudió el que an~ 
teriormente habia mandado la Regencia, á la jun- 
ta de Cádiz, hacer de todos los de los individuos <k 
la junta centrah 

36 



(CXLVI) 

rana , la degradación ae los dignos individuos, que * 
acababan de hacer á la nación tan . ilustres servi- 
cios. (*)r* 

36. Mas si esto bastó \ para contentar la envi- 
dia de nuestros emulós, no bastó para saciar la ra- 
bia de nuestros enemigos , á quienes faltaba toda- 
via arrancar al gobierno alguna medida mas es- 
trepitosa , que completase su triunfo , y nuestra hu- 
m'ilraciotK Lo que deseaban , lo consiguieron fá- 
cilmente. Poniendo al punto en acción sus artifi- 
cios , hicieron que uno de sus agentes apoyase an- 
te el gobierno los falsos rumores que ellos mis^ - 
mos habían esparcido, con una delación mas abier- 
ta y determinada; y para desacreditar á un tiem- 
po al gobierno que habian disuelto , y al que de- 
seaban disolver , le forzaron, á que acordase el i 
registro de: los equipajes de los centrales, que es- - 
tabamos detenidos en la Cornelia. 

37. Acordado que fué este registro pasó inme- - 
diatamente á la fragata D. Juan Paez de la Ca- 
dena , ministro del tribunal de policía, acompaña- 
do de los delatores , y de un buen número de : 
dependientes, y intimó la comisión que llevaba. . 
Oyéronla los centrales con sorpresa ; pero some- 
tiéndose á la autoridad suprema de quien emana- 
ba , solo exigieron que se diese al acto del re 
gistro la mayor publicidad posible , á fin de que 
el desengaño fuese mas completo , y notorio. La 
prudencia y circunspección del ministro comisiona- 
do condescendió con tan justa demanda : el reco- 
nocimiento de los equipages se hizo en publico 
con la mas menuda escrupulosidad , á vista de la 



•(*) Vid* ¿Ipend. núni. /. 



(CXLVII) 

? tripulación de la fragata ,7 á presencia de los mis- 
mos delatores ; y la horrenda falsedad de la ca- 
lumnia quedó completamente demostrada, en el mis- 
mo hecho , con tanta, gloria de la inocencia; coma 
ignominia de sus perseguidores. 

38. Yo no hablaré aora , ni del ruin delator 
que fraguó, ó adoptó tan monstruosa calumnia,, 
ni del hombre mas ruin , que , cediendo á agenas 
sugestiones , la apoyó contra su misma evidencia 
y conciencia. Tampoco hablaré del poco aprecio, 
con que la regencia acogió la reclamación de los 
injuriados , que al punto comisionaron á D. José Gar- 
cía de la Torre, para que pidiese ante ella el 
desagravio de una injuria tan pública: ni del ex- 
traño partido , que le < consultó el consejo de levan- 
tar un expediente judicial , sobre una delación taa 
solemnemente, y á presencia de tanta muchedum- 
bre de testigos , desmentida. No me detendré ea 
las idas y venidas del tal expediente, ni en su 
trasiego de unos tribunales , en otros, para em- 
barazar su conclusión , y prolongar el desagra- 
vio de los interesados ; ni finalmente en la ex- 
traña y ilegal resolución, con que , al cabo de 
;seis meses , se creyó reparar el ultrage de tan* 
tas dignas personas , y desagraviar la vindicta pu - 
blica : cuya satisfacción , era tanto mas necesaria, 
quanto mas generoso fuera el perdón que los ofen- 
didos concedieron á sus ofensores. Porque de todo 
esto quiero que se enteren los lectores por si mis- 
mos leyendo y admirando la real orden , que con 
fecha de 10 del mes pasado , comunicó el minis- 
tro D. Nicolás de Sierra, no á los interesados, que 
dí aun esto le debieron , sino al secretario del des- 
pacho de estado : documento memorable , que se 



CXLVII1) 

estampará también en el apéndice (*) para qué ates- 
tigüe perpetuamente á nuestros venideros , el indis- 
culpable abandono con que la autoridad publica 
expuso á tantos buenos servidores de la patria á 
ser juguete de la envidia de sus émulos, y del furor 
de sus enemigos. 

39 Tal ha sido la ultima herida , que penetró 
nuestro corazón , si ultima puede llamarse, mien- 
tras la calumnia maquina , la envidia sopla , la ino- 
cencia sufre, y el gobierno duerme todavía. ¿Y no 
tendremos derecho de quejarnos ? No importa que 
de este escandaloso registro haya resultado un de - 
sengaño, el mas patente de nuestra inocencia , y 
de ia iniquidad de nuestros enemigos ; porque ni él 
era necesario, para que la pureza , y probidad de 
los que le sufrieron fuesen conocidas, ni basta la utili- 
dad del fin , para disculpar la injusticia de los 
medios. No achacaré toda la violencia de esta 
medida á la suprema regencia , que instigada por 
tan urgentes impulsos , y extraviada por tan si- 
niestros consejos , se alucinó en una resolución y 
que acaso creyó la mas favorable á nuestro ho- 
nor. Mas no por eso aprobaré la nimia docilidad con 
que cedió á sugestiones, cuya parcialidad pudo, y debió 
penetrar. Ninguno conoce mejor que yo el corazón de 
los dignos individuos, que componen este augusto cuer- 
po , y ninguno respeta , mas sinceramente, su celo, 
y sus talentos: pero ninguno tiene mas derecho, 
que yo, para admirar la timidez con que conside- 
ró unas circunstancias , que eran, tan peligrosas para 
su propia autoridad , como para nuestra opinión, 
procedió, sin duda, con pureza de intención: pero 



(CXLIX) 

si esta basta , para justificar aquellas providencias, 
que no teniendo regla que señale la linea que deben 
seguir , penden del acierto contingente de la pru- 
dencia , no basta para cohonestar las que traspa- 
san los dictado's de la razcn , y los principios eter- 
nos de la justicia. La ley resistía , tanto la escan- 
dalosa medida que se tomó , como la falta , que hubo 
en ia reparación del mal que hizo ; y nada en ests 
escandaloso incidente es mas monstruoso , que el con- 
sejo de aquellos magistrados, que creyendo nece- 
sario un formal , y solemne juicio , para castigar 
á los autores de una calumnia , tan evidentemente 
descubierta,, no le juzgaron necesario, para proce- 
der , por una simple inverosímil , y increíble dela- 
ción , á un acto tan contrario á las leyes, como 
á la seguridad , á la libertad, y al honor de tantos 
dignos ciudadanos. 

40. i Y por ventura no indicaba la prudencia 
política , bien claramente , la linea que convenia 
seguir en este negocio , y el partido que era mas 
decoroso á la misma autoridad publica? Un poco 
mas de paciencia , y meditación hubiera hecho cono- 
cer á la suprema regencia, que nunca seria mas 
respetada la suya, que quando se viese desplega- 
da con vigor , para proteger la inocencia, y reprimir 
la calumnia ; 7 que nunca peligrarían mas su deco- 
ro , y seguridad, que quando- la calumnia, triun- 
fante de los que antes representáran la soberanía, 
se animase á perseguirla en sus sucesores. Hubie- 
ra sentido , que nunca seria mas poderosa la fuer- 
za confiada á sus manos , que quando se emplease 
en mantener el orden publico, y en refrenar á los 
perturbadores, que promoviendo la anarquía, eran 
ya mas enemigos del gobierno existente, que d$i 



que habían destruido. Hubiera , en fin , previsto, que 
si es peligroso oponerse de frente á la opinión pu- 
blica , es también necesario desengañarla , y traer- 
la al sendero de la justicia , con la sencilla- expo- 
sición de la verdad; y que esto nunca es difícil, 
quando son la mentira, ó la calumnia las que la 
sacan de el. Porque el publico ama siempre la justi- 
cia, aun en sus errores: la respeta , aunquando la 
persigue; y nadie le desvia de este amor-y respe- 
to , sino con las apariencias de aquella virtud. Ala- 
vando, pues , el buen celo del supremo gobierne?, 
toda la veneración que le profeso , no basta , para 
que no eche menos su prudencia , y su equidad ea 
la decisión de este negocio. 

41. Pero lo que sobre todo merecerá la mas ple- 
na desaprobación de nuestros contemporáneos, y la 
eterna censura de la jmparcial posteridad , es la 
falta de consideración, de prudencia, de equidad, 
y de justicia de los que le arrastraron á tan es- 
candalosas providencias. Porque ¿ quien creerá, que 
ni los individuos de la junta superior de Cádiz, 
ni los ministros del consejo, que solicitaron las me- 
didas, y dictaron las consultas de aquel .tiempo, 
estuviesen persuadidos de la verdad de los rumores 
que se esparcían en aquella ciudad , y mucho menos 
que fuese obgeto de ellos ningún central de los que 
estábamos embarcados en la Cornelia ? ¿ Habia por 
ventura en Cádiz un solo hombre publico , que 
ignorase de donde procedian , por quien se divul- 
gaban , y qual era el perverso fin á que se diri- 
gían tan increíbles imposturas ? ¿ Que es , pues , lo 
que pydo moverlos á promover , y autorizar provi- 
dencias tan lujuriosas á la opinión de tantos hombre* 
de bien? 



(CU) 

42, Bien sé , que para cohonestarlas se buscó 
entonces un motivo , y se buscará aora una dis- 
culpa en la opinión del publico. La junta de Cádiz 
se erigió en órgano suyo, y el falso celo de los con- 
sejeros consultantes , la invocó en apoyo de sus invec- 
tivas , y consejos : como siesta sola opinión seña- 
lase la única linea de conducta, que debe seguir 
un go'bierno , ó como si ninguna providencia diri- 
gida á contentarla , ó acallaría pudiese ser injusta. 
Pero ; quantas injusticias , y atropellamientos no ha 
producido , y quintos no puede producir esta má- 
xima, en un tiempo, en que el espiritu del pue- 
blo está tan exáltado, como el livor de la envi- 
dia, y la astucia de la ambición que le provo- 
can! El pueblo , si tal nombre se quiere dar á la 
gran masa de gente ignorante, y vozal , que nun- 
ca juzga por su propia razón, sino por sugestión age^ 
na, jamas profesa amor á su gobierno;! nunca le 
hace justicia, y siempre halla culpas , ó faltas ea 
los que le componen. Pero estos juicios no nacen 
de malignidad suya: le vienen siempre déla age;::;. 
Le vienen, de los que, aspirando á' mandar, tie- 
nen grande interés en desacreditar á los que alin- 
dan. Le vienen d<e los envidiosos, y presumidos, que 
censurando á todas horas ai gobierno , quieren pisar 
por entendidos en el arte de gobernar. Le vienen de 
los quejosos, y descontentos , que nacen de el ejer- 
cicio mismo de la justicia ; y ,en fin , de ios char- 
latanes , y lenguaraces , que por ociosidad , ó por 
vicio , hablan , y censuran de todo , sin entender de 
nada. De estos elementos se compone aquella dis- 
posición ordinaria del pueblo, que tan discretamen- 
te difinió Guiciardini. Tale é (dice) ¡a natura d po- 
poli, incünata á sperare pui di quel che si debb*, 



(CL1I) 

et a tolerare manco di quel che é necesario , é ad 
avere sempre infastidio le cose presente. 

43. ;Ah l semejante disposición es mas descubier- 
ta , en medio de las desgracias publicas , que ofre- 
cen mas plausibles pretextos al diente de los mur- 
muradores ; y, mal pecado, de esta verdad ha dado 
una triste confirmación, la suerte de la junta cen- 
tral. Apesar de las desgracias que acaecieron desde 
el noviembre de 1808 su 'energía, y su celo le con- 
servaron la confianza del publico, aunque comba- 
tida por las censuras de sus enemigos : pero, 
quando era mayor esta confianza: quando por sus 
ilustres esfuerzos los egércitos de la patria iban á 
entrar otra vez en Madrid , la fatal rota de Oca- 
ña le arrebató el fruto de sus patrióticos afanes! 
¿Y no será un monstruo quien le atribuya esta des- 
gracia quando ya , no la junta , sino la comisión 
egecutiva dirigía los negocios déla guerra? Quan- 
do sus causas deben buscarse en el egército, y no 
en el gobierno? Pero ella era demasiado grande: 
sus consequencias demasiado terribles : el vulgo 
las sentia ; y los ambiciosos no se detuvieron en 
atribuirlas al gobierno , que trataban de arruinar. 
¿Quien pues, dijo á las autoridades de Cádiz que 
aquellos rumores eran el eco de la opinión pú- 
blica ? Ko eran el susurro de unos advenedizos % 
repetido por un puñado de gente baja, y soez, 
seducida, ó comprada por ellos, mientras las per- 
sonas ilustradas ,y sensatas, y la parte mas sana' 
de aquella ilustre ciudad le oia con escándalo , 
y le despreciaba y detestabá en silencio. De forma 
que se pudiera preguntar, á los que achacaban 
ai pueblo de Cádiz esta opinión , lo que Cicerón 
á Clodio , quando pretendía que el pueblo de Ro- 



(OLiIl) 

ma fuera autor de su persecución y destierro» ¿ An 
tu populum romanum esse illum putas , qui cons- 
tat ex iis qui mercede conducmtur ? i Qui impe~ 
lluntur ut vim afferant magistratibus ^iUt obsideant 

senatuml iOptent quotidie cosdem, incendia, rapiñas* 

Pero acabemos yá. El hado siniestro, que presidia 
en aquélla época á la suerte de la nación, y á 
la de sus mas fieles servidores, desplomó sobre ellos 
tódo el peso de rigor y seveiidad , que solo de- 
bió caer sobre sus perseguidores: cuyo castigo , y 
oprobrio , asi como el premio, y triunfo de sus vic- 
timas , quedaron reservados al infalible juicio de 
la misma opinión que fué suplantada para opri- 
mirlos. 

44. Con esto levanto la mano , y doy fin á és- 
ta memoria , en que tal vez habré abusado de la 
paciencia y benignidad de mis lectores. Si asi fue- 
re, perdónese á la hidalguía de el impulso que me 
movió á escribirla. Si hallaren demostrado en ella, 
que ni fué usurpada la autoridad de que fui par- 
te , ni fui culpable de abuso en su exercicio: que 
no concurrid disipar, ni malversar los fondos pú- 
blicos , sino mas bien á su fiel , y económica dis- 
tribución ; y que fui siempre tan celoso , y cons- 
tante defensor de mi patria, como enemigo de los 
tiranos que la oprimen: si hallaren , que* consagré 
el ultimo resto de mis luces, y fuerzas, á la de- 
fensa , y servicio de la nación , y que en este la- 
borioso periodo de mi magistratura , mis opiniones 
mis escritos, y todos lospensamieñtos, y todos los pasos 
de mi conducta publica, fueron dictados por la lealtad, 
y el patriotismo, sin ninguna mira de ambición de orgu- 
llo, ni interés personal : si hallaren , en fin que 

37 



(CLIV) 

vuelto á mi primera condición, en vez del apre- 
cio , y gratitud que debia esperar del publico, so- 
lo hallé peligros, inquietudes, y desaires, y que los 
toleré con la moderación , y constancia , que con- 
venían á un hombre inocente , nada me quedará 
que desear ; y mi trabajo será, plenamente recom- 
pensado, . 

45. Con todo , al levantar la pluma , una se- 
creta pena queda en mi corazón , que le turbará 
en el resto de mis dias. Yo no he podido defen-, 
derme áv mi, sin ofender á otros, y temo que, 
por la primera vez de mi vida , empezaré á te- 
ner enemigos , que yo mismo haya excitado. Pero 
herido en lo mas vivo, y sensible de mi honor* 
y no hallando autoridad que le protegiese, y sal- 
vase, era preciso buscar mi defensa en la pluma» 
única arma que habia quedado en mis manos. Mane- 
jarla con templanza, quando un, dolor tan agudo 
la impelía, era muy difícil. Otro, mas diestro en 
estas lides, la hubiera esgrimido con mas a^te y he- 
rido mas, exponiéndose menos: yo atacado con 
vehemencia, y entrando en la lucha inexperto, y 
solo ; me entregué á ella á cuerpo descubierto , y 
por salir del peligro presente , no me curé de los 
que podían sobrevenir. Tal era el impulso que me 
arrastraba , que me hizo perder de vista todas aque- 
llas consideraciones , que tanto pudieran sobre mi 
en otro tiempo. Veneración á la autoridad públi- 
ca , respeto á las personas constituidas . en digni- 
dad , afecciones privadas de. amistad, de inclina- 
ción , de trato , y familiaridad , todo cedió en mi 
espíritu ai amor á la justicia , y al deseo de que 
la verdad , y la inocencia triunfasen sobre la en- 
vidia y la calumnia. ¿ Y ser¿ tanto perdonado ,pox 



(CLV)l 

los que me persiguieron, ni por los que me nega- 
ron su protección ? Pero no importa: llegó yapa- 
ra mi el tiempo en que toda desaprobación, qm 
no venga de los hombres de bien ,y amantes d « 
la justicia deba serme indiferente. Quando me hállb 
tan cercano á la edad que señala un termino in- 
falible á la vida del hombre ; quando estoy co- 
bre , y desvalido , y sin hogar , ni protección en 
mi misma patria ¿ que me queda que desear des 
pues de vi gloria, y su libertad, sino tátikit 
con ei buenuombre, que procuré adquirir en ella? 

46 Amados compatriotas , qualquiera región que 
habitárets s donde el nombre español sea respetado» 
si llegáre á vosotros esta memoria, admitidla cotí 
benignidad , leedla coa atención, y pesad su ma- 
teria en la balanza imparcial de la justicia. Ert ella 
hallareis defendida ante el augusto tribunal de la 
opinión publica , la causa del mérito y la ino- 
cencia ultrajados y perseguidos, contra la envidia 
y la calumnia sus tínicos acusadores. Todos voso- 
tros seréis sus jueces , y vuestro juicio será Tes- 
petado de la posteridad. Dad pues el fallo: de cu- 
ya favorable justicia me asegura mi conciencia. 
Y si en medio de las lagrimas , que os hace 
derramar sobre los males de nuestra patria el fu- 
ror de los enemigos exteriores , que tan cruel- 
mente la devastan, quedan algunas para sentir 
las injusticias , con que sus enemigos internos la 
afligen, concededlas á un anciano magistrado,, 
á quien no bastaron , ni los largos servicios (*) 
que hizo , ni las crueles persecuciones que sufrió, 
ni las ultimas ilustres vigilias que consagró 

(*) Vid. A$md. núm. XXVL 



(CLVl) 

al bien y defensa de su nación ,. para salvarle 
do Ja persecución ¡ y el furor de estos tspiH 
ríos españoles. Dignaos, pues, desellar con vu- 
estro juicio su desagravio, de consolarle con vues- 
tra compasión, y de darle en vuestro aprecio, y 
gratitud el único premio que desea, para acabar 
ep paz sus dias. Asi promoveréis á un mismo ti- 
empo la causa de la inocencia , y la de la patria, 
cuya gloria , y seguridad , no están menos cifradas 
en los triunfos de su valor, que en los. de su jus- 
ticia. Muros 2 de setiempre de 1810. 

i Gaspar de J ove! laño?* 




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