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r-;>úL- 





mi 




PRESENTED TO 

THE LIBRARY 

BY 
PROFESSOR MILTON A. BUCHANAN 

OF THE 

DEPARTMENT OF ITALIAX AND SPANISH 

1906-1946 







Á -.i 



I 7 . 



FEA Y CON GRACIA 



Esta obra es propi-edad de sus autoras, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cuales so hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho íe traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
ae conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecfao el depósito que marca la ley. 



SERAFÍN X JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



"Fea V eon gracia 



ENXREiVIES 



CON MUSiCA DEL MAESTRO 



JOAQUÍN TURINA 



'^•^^1^^ 






.<^ 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12; 

1©05 



FEA Y CON GRACIA 



EíSJTREIVieS 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



con música del maestro 



JOAQUÍN TURINA 



Estrenado en el TEATRO MODERNO el 3 de Mayo de 1906 



*- 



MADRID 

B, 7BL,A8CO, IMP. UABQDÍS DE S4KTA ANA, U OÜP 

To'.iíono número 551 
1905 






Jl JSorefo forado 

ji'Lódia.tó de luiuteióu cL>iÍt¿iiea, de laieu- 
tó u de a>taeia. 



\.ció Clíuióieó. 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



PEPILLA LA FEA ¿uta. Pk a.do. 

CARMEN LA BONITA Feanco. 

LEONOR LÓPEZ. 

REMEDIOS . Martín. 

ASUNCIÓN N. N. 

MARÍA N. N 

FERNANDO bK. Chicote: 

MANOLO Soler. 

JUAN Llaneza. 

CHIRIBITAS Castro. 

ISIDORO PONZANO. 

JOSÉ MARÍA Jarillo. 



- .■d'^,,^l^^bt, .f"^ 



'ijSi II íg; II aj6 II >$; II a II «1 II áS II •* II «5 II •«) II c«fe II áJ II ^ II íJ^JI íÍ* ll<* ;i * II <* I 



FEA Y CON GRACIA 



Habitación en casa «le José María, eu Sevilla. Una puerta al foro y 
una ventana enrejada á la izquierda del actor. Muebles modestos. 
Es de noche. Luces de petróleo. 



ESCENA PRIMERA 



CARMEN LA BONITAS, LEONOR, REMEDIOS, JUAN, MANOLO y 
CHIRIBITAS; luego JOSÉ MARÍA 

(Todos los personajes visten á lo popular y están de fiesta. Al levan- 
tarse el telón, Leonor canta un tango. Remedios, al final, lo baila.) 

Música 

Leonor Macarenita de mala suerte, 

no hny ningún hombre que varga un cuarto, 
ni ee merese ninguno de eyos 
que tus ojitos abrase er yanto. 

No yores porque se ha ido: 

pídele á Dios si no güerve, 

que le nazcan en la cama 

peinesiyos de arfileres. 
Contigo 

me voy ar moro, serrano, 

si tú te vienes conmigo. 



Juan i Arrancándose esiiontáneamente. ) 

Morena, 
sólo con que tú me mires 
no hay pa mí en er mundo pena. 



(Siguen todos el compás eon las palmas, y acaba Ke- 
medios de bailar entre ¡oles! y gritos de entusiasmo. 
Cesa la música.) 



Chir. ¡Ole, ole! 

Man. j Baila usté mejó que mi ca3'el 

Juan ¡Hombre, qué salín! 

Man. Usté no sal>e cómo baila mi caye los sába- 

dos. (Mamando á José María, «jue cruza por el foro.) 
¡Pepe! 

J. M\\< . (Asomándose á la puerta.) Me yamo. ¿Qué? ¿NoS 

divertimoí-'? 

Man. Bautiío como este no lo ha iiabío nunca. 

J. ]M\R . ¡Como que en ca habitasión tengo una fiesta! 

Man. ¡Ajolá le nazca á usté un niño toas las se- 

manas! 

J. Mar. ¡Hombre, no! 

M-vN. ¡Aunque no sea de ust ! ¡Si es pa que se re- 

pita er bautiso! 

J. Mar. De toas maneras. No gasta esas bromas. 
Hasta luego. 

Man . Adió^. 



ESCENA II 

DICHOS, menos JÓSE MARÍA 

Leonor Vamos á vé: que no nos enfriemos. ¿Usté, 
Carmelita, no canta? 

C\R. (Que es tan sosa como bonita.) ¿Y yO que VÍ á 

canta? 
Leonor Malagueñas, tangos, soleares... 
Juan ¡Lo que usté sepa! 

Car. ¿y yo que vi á sabe? 

Leonor Pos si no sabe usté canta, baile usté argo; 

que no fartará quien la acompañe. 
Car. ¿y yo que vi á baila? 



— 9 



Leonok 

Car. 

Car. 
Leonor 
Car. 
Leonor 



Juan 
Leonor 
Man. 
Leonor 



Lo que haya usté bailao otras veses. Y si no, 

toque usté. La cuestión es anima esto. 

¿Y yo que vi á toca? 

Toque usté cuarquier cosa que le gugte, 

¿Y á mí qué va á gustarme? 

Ah, ¿no? 

^i yo soy mu sosa. 

Ya lo estamos viendo. (Reparando en Pepilla, que 
pasa por el foro, y levantándose á llamarla.) |PtípÍ- 

y:i! ¡I^epiya! 
¿Quién es, la Fea? 
«í. 
Tráela. 

Esa sí que tiene salero. (Se va por el foro lla- 
mándola.) ¡Pev)iya! 



ESCENA III 



DICHOS, menos LEOXOR; después LEONOR y PEPILLA 



Man. 



Rem. 
Juan 



Pep. 



Man. 

Juan 
Pep. 



Leonor 

Pep. 
Leonor 
Man . 

}'EP. 



A mí es una mu jé que me hase reí. (Asomán- 
dose á la puerta.) Pepiya, ven acá; que tos so- 
mus amigos. 

Verdá que sí: pocos, pero bien avenios. 
Aquí ar lao no se pué para: 3^0 he tenio que 
salirme. Se iian metió tres patosos echándo- 
selas de que están sembraos, que no hay 
quien los resista. 

(Por el foro, con Leonor. Es de un feo gracioso.) QuG 

coste que canto las solearen — 'güeñas no- 
ches — si la guitarra está ya templa. 
¿Pos no va a está templa? 
¡Y esperándote! 

Lo digo porque en er patio hay un tocaó 
que ya ha echao dos canas templando. Yo 
se las he visto salí. 

At^uí nos lo encontramos to hecho. Sién- 
tate. 
Ya está. 

A vé esas soleare?. 
Pero canta las tuyas, ¿eh? 
Claro. Pa argo son mias. Anda tú también, 
Juaniyo; que se arme tiroteo. Vamos aya. 



10 



Música 



Juan La raare que te parió 

se raerese que la veas 
puesta en el arta iwayó. 

ChiR. ¡Ole! ^lE-teV... (silba en son de elogio.) 

PeP. (cantando cou mucho sentimiento los dos primeros 

versos nada más, y rematando luego la copla con una 

salida de tono, hablada.) 

En er sementerio entré 
dando voses como loca... 
y me dijo er sepulturero: á la caye ahora 
mismo, que esto no es ningún café cantan- 
te. (Risas.) 
Rem. ¡Av, qué güeno! 

Juan ¡Miste que la ocurreneia! 

Man. ¡E< mucha PepÍ3'a! 

Leonor Y que lo saca de su cabesa, no de ningún 

libro. 
Juan Venga grasia para mí: 

la grasia manda en er mundo; 
la grasia no tiene fin. 
Chir. ¡Bien por mi tocayo! ¿Este?... (vueive á silbar.) 

Pep. Er pobresito e mi pare 

es un viejo esgrasiaíto... 
que se emborracha tos los lunes, porque 
ea sapatero, ¡y nos pega ca palica á mi mare 
y á mi!... 

(Nuevas risas.) 

Juan ¡Grasiosa! 

Man. Es cosa e compra á esta mujé. 

Car. (Hicndose desentonadamente.) ¡Ja^ ja, ja! 

I'ep. ííQué ha sio? 

Car. Na: yo. 

Pep. Ah. 

Juan Vente conmigo, morena, 

que te pagaré en cariño 

lo que faite en la alasena. 
Chir. ¡Ole! 

Pep. (Remedándolo.) ¿Este'?... (Silba.) 

Chir. Anda tú, simpática. 

Leonor Anda tú. 

Plp. Dile ar sacristán que doble, 

que ponga cortinas negras... 



— 11 — 

y ya, verás tú cómo no te hase caso, por ]ue 
el hombre iio está pa lo que ca uno quiea 
mandarle, (se repiten las risas ) lía, ahora escu- 
cha una en serio, y se aca')ó lo que se daba. 

Solo porque me quisieras, 

quisiera sé máí bonita 

qne ks rosas terapia nera=. 

(Palmas, oles y gritos de alegría. Cesa la música.) 



Man. Anímate tú, Chiribiti?'. 

Chir. Yo estoy ya borrao. No me quean más que 

orejas pa oí. 

Pep. ¿S il)e¡s quién canta como un griyo rea? 

Le )NOR ¿Quién? 

Pep. ¿se larguirucho que tiene en la nariz una 

quemain-a. 

Rem. ¿Kse tan feo? 

Pep. Ese mismo. ¿Por qué no vais por é? 

Chik. Yo lo conozco. 

Pep. Pos anda. 

CirtR. (a Mauoio.) Acompáñame tú. 

Man. EiíTia pi alante ya. Ar momento gorvemos. 

(Se van los dos.) 

Leon'or (a Hemedios.) ¿Vamos nosotras por tu herma- 
na y p >r Asunsión, pa baila unas seviyanas 
las cuatro? 

Pep. Bien pensao. No dejarlo pa luego. 

Rem Por mí (pie no quede. 

Leonor And^iuditO. (Se van también las dos.) 

Juan Con eso me dais tiempo á mí pa que tome 

otra copa dos cuartos más aya; que yevo 
veintitrés... y me cargan los nones, (vase.) 



ESCENA IV 

PEPILLA LA FE.\ y CARMEN LA BONITA 

Pep. Ni yo conozco ar larguirucho, ni sé cómo 

canta, ni me importa saberlo, ;.-e entera 
usté? Lo que yo quería era que me dejaran 
tranquila un rato. (.=e .sienta.) 



12 — 

Car. ¡Ja! 

Pep. Oea usté que ya no tengo cuerpo esta no- 

che. He cantao más que una sigarra. 

Car, i-Ja! 

Pep. ¡Jesús, qué baruyol Y to, porque ha nasío 

un niño que paese una nuez. 

Car. ¡Ja! 

Pep. Conao no se enmiende en er tlesarroyo, lo 

cascan pa postre. 

Car. ¡Ja! 

Pep. (Pero, ¿esto es una mujé ó es un pájaro?) 

(Pausa.) 

Car. ¿Ha visto usté qué caló hase? 

Pep. (Pemcfiámioirt.) ¡Jal ¿Quié usté mi abanico? 

Car. Grasias^: tengo yo uno. (se levanta.) Místelo. 

Estaba sentá ensima de é. 

Pep. Ah, vamos... Se conose... Yo er caló lo ten- 

go en la cara. 

Car. ¡Ja! 

Pep. ¡Ja! (Se abanican las dos.) 



ESCENA V 

DICHO?, FERNANDO é ISIDORO 

(Aparecen los dos en la puerta, algo alegrillos, y se detienen en ella 
disputando.) 

Fer. Aquí hay golondrinas. Te digo yo á tí que 

saco novia en er bautiso. 

IsiD. ¡Qué pesao te pones en cuanto lo pruebasl 

Fer. No tengo otra cosa que hasé, y saco novia 

en er bautiso. 

IsiD. iTe pones argo pesao en cnanto lo pruebasl 

Fer. ¡8i casi no he bebió tres copas, hombre! 

¡Pero saco novia en er bauti.^o! 

IsiD. ¡Miá que te pones pesao en cuanto lo prue- 

basl 

Fer, ¡Güeno, pos déjame en paz, si no quiéfe 

aguantarme! ¡Yo saco novia en er bautiso! 

IsiD. ¡Y yo te dejo! ¡Pero te pones mu pesao en 

cuanto io pruebas! (se va.) 



13 — 



Fer. ¡Adió?, plumu!... Es simpático, y güen ami- 

go... }' sabe gastarse sinco duros... ¡pero se 
pone mu pesao en cuanto lo prueba! 



ESCENA VI 

PEPILLA LA FEA, CARMEN LA BONITA y FERNANDO 

Fer. (Fijándose en las dos muchachas, que están sentadas 

de espaldas á la- puerta, una á la derecha del actor y 

á la izquierda otra.) Pué que esté aqui mí suer- 
te... ¡Porque yo saco novia en er bautisol 
¿Con cuar me encaro de las do^?... Sin ?abe 
por qué, así por la esparda, paese que tira 
más esta de la derecha... V'amos aya... (?aiu- 
dando á Pepiíia.) Güenas noches, niña. 

Pep. (volviendo la cara.) Güi^nas nOcheS. 

Fer. (separándose, desagradablemente sorprendido.) (¡Cá- 

mara qué sustir! .. ¡.Je.-iís!) 

Pe?. (Por er sarto que ha dao le he debió de pa- 

resé una miniatura.) 

Fer. (El eferto del amoniaco me ha hecho... Va- 

mos á ve la otra.) (í-'e vuelve hacia ella y se que- 
da, encantado mirándola.) (¡Ole! Mentira paese 
que en un parmo e terreno haya una arca- 
chofa y un clavé. ¡Vaya colores, vaya ojos, 
vaya boca, vaya hechuras, vaya!... ¡Vaya, 
hombre, vayti! ¡Que saco novia en er bauti- 
Bü!^ (se dirige á Carmen.) Niña, por Una de esas 
caPuaUdades que se dan, ¿es usté la que se 
ha calo der sielo hoy pnr Ja mañana? 

Car. Ay, ¿der sielo? 

Fer. Pos si no es der sielo, ¿de dónde se ha podio 

usté cae ccn esa cara tin presiosit?... 

Pep. (Eya de un nío y tú de otro.) (observa la esce- 

na con maliciosa burla y gozándose en el chasco de 
Fernando ) 

Fer. ¿Con esa cara, que es er luserito e la tarde? 

Car. Se ha fijao usté en la cara. 

Fer. Natura: en cuanto la he visto. 

Car. Ay, en cuanto la ha visto. 

Pep. (¡Con qué grasia le ha contestao!) 

Fer. ¿Está usté triste? 



— 14 — 

Car. Ay, j'O triste. 

Fer. Eso pregunto; que si está usté triste. 

Car. Ay, qne si estoy triste. 

Fer. Si. Me había qiierío párese que andaba usté 

preocnpaíya. 
Car. Ay, preocupaÍ3'a. 

Fer. ¿Qué? ¿No anda usté preocupaíya? 

C*R. A y, preocu[jaíya. 

Pep. (¡Sopas de macarrones vas ásudá!) 

Fer. o será que yo no sé lee en unos ojos tan 

bonitos. 
Car. Se ha fijao usté en los ojos. 

Fer. o que e?a boca de cora no quié desirrae á 

mí lo que sabe. 
Car. Se ha fijao usté en la boca. 

Fer. En la boca, que cuando se ríe, enseña dos 

hileras e dientes como pa dejarse mordé. 
Car. Se ha fijao u*té en los dientes. 

(Pepilla se esfuerza en aguantar la risa. Feriiaudo la 
mira mosqueado. Pausa. Pepilla desahoga la risa tras 
el abanico. Fernando vuelve á mirarla.) 

Fer. (Rompiendo á sudar.) ¿Usté 68 de cste barño, 

paloma? 

Car. Ay, paloma. 

Fer. ¿Ks ubté de este barrio? 

Car. Sí. 

Fer. Ya desía yo... ¿A que se yama usté Con- 

suelo? 

Car. No. 

Fer. ¿Cómo se yama usté entonses, si pué sa- 

berse? 

Car. Carmen. 

Fer. ¡Carmen! Er nombre más bonito. 

Car. Se ha fijao usté en er nombre. 

Fer. Me he íijao en er nombre... me he fijao en 

er nombre... (sopia sofocado.) Hase caló... 

Car. Hase caló... (pausa.) 

Pep. (Lo que es ya, como no le ofrezcas un 

puro...) 

(Nueva pausa. Carmen está en Babia. Fernando suda, 
y mira á la otra que ríe nerviosamente queriendo en 
vano reprimirse.) 

Car. (Levantándose.) A y, yo ví á bebé una poquiya 

e agua. 



— 15 — 



Fer Mejó será que tome usté una gaseosa. 

Car. Ay, una gaseosa, (se va) 

Fer. Sienta mu bien pa la asaura. ¡Vayan con 

Dios las salinas e Cádiz! :Carav con la niña! 



ESCENA VII 

PRPILLA LA FEA y FERNANDO 
Fer (a Pepilla, que se ríe de él con no bastante disimulo.) 

¿Qiiié usté haserme er favo de no reirse 

tanto? 
Pep. ^^imitaudo á la otra.) Se ha fijao usté CU la rísa. 

Fek Ah, ¿pero es piforreof 

Pep. (lo mismo.) Ay, pitorreo. 

Fer. (l)ispueíto á marcharse para cortar la burla.) Vaya, 

niña, que usté se alivie. 
Pep. Cuidao con ese clavo, que to er mundo tro- 

pie.^a en é. 

Fer. (Deteniéndose eu la misma puerta y mirando al suelo.) 

¿Qué clavo? 
Pep. (con sorna.) Me he confundió. Es en la habi- 

tasión de junto. 

Fer (Un tanto corrido j picado por el camela,, que, sin 

perdón, asi se llama.) ¡GüeilO está, hombre, 

güeno estál... Se ha querío usté divertí con- 
migo. 

Pep. Sí, señó. 

Fer. Pos na más que por eso ya no me voy de 

aquí. 

Pep. Me iré yo entonses. (se levauta.) 

Fer. ¿Por qué? 

Pep. Porque á la fuersa no quieo yo que esté na- 

die á mi lao. Y usté, por su volunta, ya to- 
maba er portante. 

Fer. Es que tíunbién me queo por mi volunta. 

Pep. Si to ha sío una broma. Me voy, porque es 

tarde pa mí, y me estarán esperando en mi 

casa, (señalando á la pared á que dé la espalda Fer- 
nando.) Son ya las dose y media. 

FkR. ¿Las ¿lose y media? (volviéndose y buscando inú- 

tilmente el reloj.) ¿Dónde esiáer reló? 
Pep. En el Ayuntamiento. 



— 16 — 

Per. (Tragando saliva.) ¿AIi, SÍ?... (.;Otro gorpcsito? 

Pep. Otro. La vía hay que pasarla á tragos. 

Fer. Güeno, pos no se vaya usté. 

I'ep. ¿y no le dará á usté mieo de verse aquí tan 

solo conmigo? 

Fer. Quisa no me dé mieo. 

Pep. Soy tan fea, que asusto. A usté lo asusté 

cuando entró. 

Fer. ¿a mí? 

Pep. a usté. ¡Pegó usté un respingo!... Y, la ver- 

dá, yo no escogí esta cara... Le salió asín á 
mi papá, y no era cosa de reñirle luego. 

Fer. (Riéncicse ) Grasia sí tiene usté. 

Pep. To no iba á fartarme. Las cosas güeñas es- 

tán luás repartÍHS de lo que ¡:arese. 

Fer. Verdá que hí, niña. 

Pep. (Su.spirando.) ¡,Ay!... (Se sienta y se abanica. Pausa.) 

Fer ¿Me deja usté que me siente á su lao? 

Pep. ¡Si, señó; pero coja usté otra siya, que esa 

está rota. 
Fek. ¡Vamos aya!... ¿Quié usté darme er terser 

gorpe.^ito?... Tonto soy, pero tres veses no 

me caigo. (Se sienta en la silla indicada por Pepilla 
la Fea qnc, efectivamente, está rota, y da en el suelo 
con su cuerpo.) ¡A}''! 

Pep. (Riéndose.) ¿No le dije á usté que cogiera otra 

siya? 
Fer. ¡Como se está usté di virtiendo conmigo 

desde que yegué!. . 
Pep. y lo que quea. 

rER. (sentándose a su lado en otra silla, después de pro- 

barla.) ¿Quea mucho? 

Pep. Hasta que usté se canse. Es la vengansa que 

yo tomo. Me río de to er mundo ¿No ve 
usté que to er mundo se ríe de mí por la 
cara que tengo? 

Fer Por la grasia digo yo que eerá. A media 

que se habla con usté, va usté mandando, 
niña. 

Pep. ¡Manda yo!... Tenía yo que sé tan inosente 

como usté pa creerme eso. 

Fer. ¿Quié usté dejarme á mí en pá un ratito? 

Pep. Güeno. 

Fer. Forma le digo á usté que el homy)re que le 



— 17 — 

hable dos minutos y no vea que es usté una 
persona e mérito, y uo se ría con er salero 
que usté tiene, es porque lo han armidonao. 

Pep. ¿De veras? 

Fer. De veras. Y er que se ría de otra cosa... 

ese... ese ni es hombre, ni se viste e limpio, 
ni pué di á ningún lao, ni vale dos pételas, 
fc^obre que no hay en to er bautiso esta no- 
che quien se ría de usté estando yo pre- 
sente. 

Pep. Porque se lo come usté, ¿no es verdá? 

Fer. Es posible. 

Pep. ¡Jesús, qué fiera! 

Fer. ¿Ahora es usté la que se asusta? 

Pep. ¿Vo? ¿De qué? ¿De las fieras? ¡Ca, hombre! 

Estoy acostumbra. |En mi casa soy yo la 
más bonita, conque usté carcule! Un día fui- 
mos á retratai-nos en grupo mi papá, mis 
dos tíos, mi madrasta, mis hermanos y yo, 
y nos dijo er fotógrafo que uno á uno sí se 
atrevía, pero que á tos juntos no se determi- 
naba. 

Fer. ¡ la, ja, ja! 

Pep. Oif.a u^té: al espejo de mi madrasta le pasó 

lo que ar de la copla. 

Fer ¿Er qué? 

Pep. Q'ie se le fué el asogue por no verla. 

Fer. «¡Vamos aya!... ¡Bendita sea la hora en que 

biso Dios que entrase yo por esa puerta! 

Pep. S.'^ss... ssss... ssss... que no me lo creo. 

Fer. ¿Vle pongo en cruz? 

Pep. Va usté á está mu incómodo. 

Fer. a su lao de usté, ¿qué m.e importa? 

Pep. Que no me lo creo. 

Fer Miste que lo juro: que me hinco de roiyas. 

I^EP. Tenga usté mucho cuidao con lo que base. 

Fer. ^Por qué? 

Pep. Porque lo pué sorprende mi novio. 

Fer. ¿Su novio? ¿Pero usté tiene novio? 

Pep. ¡y ms lo pregunta usté como una cosa rara! 

Fkr. Como una cosa que yo sentiría. 

Pep. ¡Menos! 

Ker. ¿De formalidá tiene usté novio? 

Pep. De formalidá. Y hay que verle la cara, Hase 

2 



— 18 — 

juego conmigo, en peo. Un fenómeno er po- 
bresito. Cuando van niños en er tranvía no 
lo dejan subirse. 

Fer. ¡Ab!' 

Pep. ¡Ah! Se tranquilisa usté, ¿no es eso? 

Fer. Eso: justamente. 

Pep. ¿Quié usté una poquiya de agua pa er 

susto? 

Fer. ¿Quié usté no burhirse tanto de mí? 

Pep ¿y usté de mi, con toas e-as cosas que nce 

eetá disiendo [¡a que me las crea? (se ie%'atita.) 

Fer ¿f'ero se piensa usté que son nieutiía? ¿Ten- 

go 3'^o cara de engaña á nadie'? 

Pep, Ar presente, quisa me esté usté bablando 

una mijiya convensío. Ya ve usté si soy 
franca. Pero sale usté abí fuera, le da un 
poco el aire, se refresca, ve usté unos ojos 
bonitos, aeules. ó verdes, ó negros, ve usté 
una cara e rosa, ve usté una bnca de piñón 
que se ríe que da gloria, ve usté una mata e 
pelo enrisao con dos flores ayí dormías de 
gusto, ve usté un cuerpo de esos que se sim- 
brean, ve usté unos pies cbiquinitivos, ve 
usté unas manos como dos p;dijMiitas,.. ve 
usté...to lo que á mí me farta,pa acabí pron- 
to, V no se güerve usté á acordá de Pepiya 
la Fea. 

Fer. ¿Que no? 

Pep. Que no. Si así tiene que sé: si eso es lo que 

manda en er mundo: los ojos grandes, la 
boca cbica, er cuerpo üra^ioso... No lo niegue 
usté, porque está una viéndolo tos lo=i días. 
A usté mismo, le píe por la caye una limos- 
na un chiquiyo que tenga los ojos bonitos y 
er pelito enrisao, y le toma usté la cara, y le 
da una monea, y hasta le dise:- -Chiquiyo, 
bendita sea tu madre. Y, en cambio, se la 
píe á usté uno de esos pobre.-itos njal enca- 
raos, con los ojos bizcos y los pelos tiesos, y 
usté lo menos que base es darle un empu- 
jón y desirle: --Vete ya, niño, que eres más 
feo que armorsá en camiseta... 

Fer. ¡Tiene uslé grasia por catorse! 

Pep. ¡Pero soy fea por veintisinco! Vayase usté á 



— 19 — 

busca á la Bonita, como le diseu, que le irá 
á usté mejó. Deje usté á la Fea: miste que 
á la Fea, fea y to, le duelen mucho los des- 
engaños. 

FeR. (Después de contemplarla un momento.) (Me ha dao 

la noche esta mujé.) (Se sientan lejos el uno ael 
otro. Pausa.) 

Pep. (Mirándolo de reojo.) (Y ps simpático el hom- 

bre. Y hasta guapo, comparao conmigo.) 

Fer. (Mirándola á ella.) (No cs esta muJé tan fea 

tan fea como párese ar pronto.) 

Pep. (Tiene una oreja más grande que la otra. 

Pero eso se arregla tirándole tos los días de 
la más chica.) 

Fer. (Y eya está en que me gusta... Y me gusta, 

me gusta; no es broma.) 

Pep. C¡Ay!. . Por tené otra cara daba yo ahora 

mismo mi baú con mi madrasta dentro.) 

Fer. (¡Qué se le va á jasé!) 

Pep. Oiga usté; pero ¿hemos peleao? 

H'er. Por mí, no. 

Pep. Como se ha puesto usté tan lejos... 

Fer. (Acercándosele.) Como usté me echó de eu 

vera... 

Pep. ¿Yo? 

Fer Usté. 



ESCENA VIII 

DICHOS y JUAK 

Juan (Llegando de improviso.) Pepiya, ¿quiés basé er 

favo de venirte ar patio? 
Pep. ¿Pa qué? 

Juan Porque no me dan una copa hasta que te 

yeve. 
Pep. Ahora voy. 

Juan Miá que van á baila cuatro muchachas mu 

bonitas y me han comprometió pa que yo 

cante. 
Pep. Ahora voy, te digo. 

Juan Güeno. 

Pep. (Deteniéndolo cuando va á irse.) Oye. 



— 20 — 

Juan ¿Qné? 

Pep. Mientras yo yego, canta tú esta copla. (Le 

habla al oido.) 
Juan (Mirando al otro con iiDilicia y sonriéndose.) Kn- 

terao. 
Prp, y con arma; que se oiga desde aquí. 

Juan ¡Enterao, mujé! ¿Te digo que enterao? (vase.) 



ESCENA IX 

DICHOS, menos JUAN. Al final ISIDORO 

Pe-p. ¿No va usté ar patio, amigoV 

Fer. a mí no se me ha perdió na en er patio, 

Pep. Pos ¿y el arfílé de corbata? 

Fer. (Echándose mano al pecho.) ¿Eh? 

Pep. (Riéndose.) Pei'o, hijo mío, si no trae usté ni 

corbata, ¿ande iba a vení el arfilé? 
Fer. ¡Como que acabará usté por desirme que se 

me ha caío la nariz y yo por buscarla con 

un misto! 
Pep. ¡Ja, ja, jal Vayase uí-té ar patio, que está 

ayí la Bonita. 
Ff.r. ¡Que le den á la Bonita cuatro tiro^! 

Pep. ¡o cuarenta! Pero que sean con í-á, y se le 

hase un favo de camino, (cyese á Juau dentro, 
que rompe á cantar una seguidilla.) Caye USté. (Es- 
cuchan los dos. La cojila que se oye es la siguiente: 

Me dijiste que erajea, 
me pusiste una corona: 
más vale fea y con grasia, 
que no bonita y guasona. 
Er salero en las mujeres, 
y en las rosas el oló, 
y si usté no está conforme, 
vaya usté mucho con Dios. 

(Palmas, oles, etc. Durante el canto, Pepilla se ríe, y 
Fernando mauiflesta en su desasosiego que ha com- 
prendido la alusión.) 
Pep. (Repitiendo el final de la copla.) 

Más vale fea y con grasia 
que no bonita y guasona... 
Está bien. 



— 2i — 

Fer Diga usté, niña: ¿merezco yo que se me 

cante esa copla? 
Pep . ¿Se ha fijao usté en la copla? 

Fer. Me he fijao en la copla, porque usté le dijo 

ar que ha eetao aquí que me la cantara. 
Pep. Es verdá; pero no se enfade usté por eso. 

Fer. No me enfao; pero vamos á habla en serio 

dos palabras. ¿A qué hora se duerme su ma- 
drasta de usté? 
Pep. Kn cuanto mata tres osenas de mosquitos. 

Tarda poco, porque los mata con el aliento, 

que es venenoso. 
Fer. Pos con las boqueas del úrtimo, estoy yo 

mañana á la noche ar pie de su ventana de 

usté. 
Pep. ¿y usté qué sabe donde está mi ventana? 

Fek. Tengo veinticuatro horas pa enterarme. 

Pep. ¿y á qué va usté á di? 

Fek. Éso usté lo verá. 

Pep. Pos ¿sabe usté una cosa? 

Fer. ¿Qué? 

Pep. Que si usté me lo dise porque se figura que 

no vi á bajá, se engaña. 
Fer ¿Bajará usté? 

Pep. ¡Ya lo creo! Y si usté no va... usté se lo 

pierde. 
Fer. Verdá que sí. Hasta mañana. 

Pep. Hasta mañana. 

Fek. (Lo que es enamorarse: ya me está pare- 

siendo bonita.) 
Pep. (Lo que es la ilusión: ya le veo las orejas 

iguales.) 
Fer. (casi desde la puerta.) Hasta mañana. 

Pep, Hasta mañana. 

IsiD. (Que llega cuaudo Fernando va a marcharse.) ¿Ande 

vab? 
Fer a la caye. 

IsiD. ¿A la caye? 

Fer. ¡He sacao novia en er bautiso! 

IsiD. ¡Qué pesao te pones en cuanto lo pruebas! 

(se marchan juntos.) 



— 22 — 



ESCENA ULTIMA 

PEPILLA LA FEA, LEONOR, REMEDIOS. ASUNCIÓN y MARÍA; 
luego JUAN, CHIRIBITAS, MANOLO y CARMEN LA BONITA 

Leonor ¡Er trabajo que nos ha costao trae á estas 

niñas! 
Rem. ¡No las querían deja! 

Pep. Es claro: lo güeno está mu solisUao. 

Juan (saliendo.) ¡Qué bien fuiste, mujé! 

Pep. No te importe, hombre; que la fiesta vamos 

á armarla aquí. 

Man. (Llegando á tiempo con Chiribitas.) ¡Ni más ni 

menof-! Porque ni ese tío de la quemaura 
sabe canta, ni hay grasia más que en este 
cuarto. 

Chir. ¡Pero así como suena! 

Pep. ¡Pos animarse tosí ;A toca tú, á canta yo y á 

que bailen las niñas! ¡Yo estoy rnu contenta 
esta n' chel ¡Aquí vamos á está hasta que 
nos eche el amo e la casa! ¡Vengan parmas 
y venga alegría! 

(Mientras todos se disponen á reanudar la fiesta, ella 
dice, dirigiéndose al público y batiendo palmas al 
final.) 

Ya que tan fea nasí, 
y que la suerte me sopla 
y un hombre se fija en mí, 
hagan ustedes así 
acompañando esta copla. 

Música 

(Leonor, Remedios, Asunción y María bailan las sevi- 
llanas; Juan toca la guitarra; canta Pepilla, y los otros 
llevan las palmas y jalean.) 

Las caras lindas se arrugan 
y los cuerpos se joroban, 
y en cambio la grasia vive 
mientras vive la persona. 



23 — 



Yo quisiera tu cariño, 
yo quisiera tu cauda, 
yo quisiera muchas parmas 
que yevaran er compás. 

(tae el telón, i 



FIK 



Madrici, Enero lf>05. 



ADVERTENCIA IMPORTANTE 



Las empresas que pongan en escena este entremés, 
pagarán por derechos de propiedad la mitad de los co- 
rrespondientef á una znrzuela en un acto. 



OBÍ^flS DE !iOS MISMOS AUTORES 



Esgrima y amor, juguete cómico. (2.a edición.) 

Belén, 12, principal, juguete cómico. 

Gilito, juguete cómico-lírico. (2.a edición.) 

La media naranja, juguete cómico. (2." edición.) 

El tío de lafimila, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito derecho, entremés. (3.a edición.) 

La reja, comedia en un acto. (3.a edición.) 

La buena somferúr,sainete en tres cuadros, con música. (5.a edi- 
ción.) 

El peregrino, zarzuela cómica en un acto. 

La vida íntima, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

Los horradlos, saínete en cuatro cuadros, con música. (2.a edi- 
ción.) 

El chiquillo, entremés. (4.a edición.) 

Las casas de c.irtóu, juguete cómico. 

El traje de lucen, saínete en tres cuadros, con mi.ísica. 

El patio, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

El motete, entremés con música (2.a edición ) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros. 

Los Galeotes, comedia en cuatro actos. (3.a edición.) 

Jja pena, drama en dos cuadros. 

La azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música. 

El nido, comedia en dos actos. (2. edición.) 

Las flores, comedia en tres actos. 

Los piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡A Sevilla en el botijo! humorada sa- 
tírica en tres cuadros, con música. 

La dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, csmedia en dos actos. 

Los meritorios, pasillo. 

1 a zahori, entremés. 

La reina mora, saínete en tres cuadros, con música. 

Zaragatas, saínete en dos cuadros. 

La zagala, comedia en cuatro actos. 

La contraía, apropóí-ito. 

El amor que pasa, comedia en dos actos. 

El mal de amores, saínete con música. 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol, paso de comedia. 

Fea y con gracia, entremés con música. 



SERAFÍN I JOAftUiN ÁLVAREZ QUINTERO 




ADAPTACIÓN ESCÉNICA 



DEL CAPÍTULO XXII DE Lfl PRIMERA PARTE 



DON QUIJOTE DE LA MANCHA 



-^*^-^^JH- 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñex de Balboa, 12 



130S 



LA AVENTURA DE LOS GALEOTES 



Esta obra es propi-ídad de sns autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los paises con los cuales so hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho ie traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son loa encargados exclusivamen- 
te de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA mmu M ios wmi 

ADAPTACIÓN ESCÉNICA 

del capítulo XXII de la primera parte 

VK 

DON QUIJOTE DE LA MANCHA 

POR 

serafín í JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Representada en el TEATRO REAL el 10 de Mayo de 1906, 
con ocasión del III Centenario de la publicación del Quijote 



*- 



MADRID 

B. VELtaOO. lUP., UABQDÍS DK SABTl ÁVA, 11 DCr 
TeU/otw ntinxero 5f/ 



t9<l» S 



CUATRO PALABRAS 



Deberes de patriotismo, siempre inexcusables para 
todo buen español, nos obligaron á poner nuestras 
manos pecadoras en el mejor libro del mundo, con 
motivo del tercer centenario de su publicación. Sin 
el acicate ó estímulo de aquellos deberes, por espon- 
táneo impulso, jamás hubiéramos osado lo que, de 
todas maneras, acaso sea una profanación indiscul- 
pable. 

Se nos encomendó el adaptar á la escena uno de 
sus capítulos, y elegimos entre todos el de la famosa 
aventura de los galeotes, no sólo por considerar ésta 
como una de las más bellas y expresivas, y de ele 
mentos más pintorescos y acomodables al teatro, sino 
porque, además, tal vez ninguna otra pudiera ser 
llevada á él con menos añadidos de parte nuestra. Y, 
en efecto, la labor realizada ha sido más bien de se- 
lección y de ensamblaje que de invención, ya que 
hemos empleado frases y aun párrafos enteros de 
otros pasajes, que convenían á la adaptación escénica 
del escogido por nosotros. 

Sírvanos esto de descargo, si no de disculpa, y 
absuélvanos en último extremo lo puro de nuestra 
intención y el no haber rehuido responsabilidad ni 
trabajo alguno en la ocasión solemne en que se trató 
de honrar, con mejor deseo que fortuna, al príncipe 
de nuestros ingenios. 

S. yJ.A. Q. 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



DON QUIJOTE 5r. Díaz de Mendoza (F.) 

vSANCHO PANZA Palanca. 

EL ENAMORADO Santiago. 

EL TOLEDANO Soriano. 

EL HECHICERO CarSÍ. 

EL ESTUDIANTE • JYIgsGÍO. 

GINÉS DE PASAMONTE Díaz de McndozaOVl.) 

GUARDA 1.a Manrique. 

ÍDEM 2.=' DUSte. 

ídem 3.a eirera, 

ÍDEM 4.a . . Guerrero. 

Sute galeotes que no hablan 



=v>ralK 



>V>CÍ!^-í«». »^ 



LA AVENTURA DE LOS GALEOTES 



Camino real eu los campos manchemos. Es una mañana de Agosto. 



(salen por la izquierda del actor, DON QUIJOTE y SANCHO, caba- 
lleros en Kociname y en el rucio. Don Quijote lleva en la cabeza la 
bacía que él diputa por yelmo de Mambrino. Apenas salen detienen 
su marcha.) 

D. Quij. Aquí podemos, hermano Sancho Panza, 
meter las manos hasta los codos en esto que 
llaman aventuras; mas advierte que aunque 
me veas en los mayores peligros del mun- 
do no has de poner manij á tu espada para 
defenderme, si ya no vieres que los queme 
ofenden es canalla y gente baja, que en tal 
caso bien puedes ayudarme; pero si fueren 
caballeros, en ninguna manera te es licito 
ni concedido por las leyes de caballería que 
me ayudes hasta que seas armado caballero. 

Sancho Por cierto, señor, quo vuestra merced sea 
muy bien obedecido en esto, y más que yo 
de mío me soy pacífico y enemigo de meter- 
me en ruidos ni pendencias: bien es verdad 
que en lo que tocare á defender mi persona 
no tendré mucha cuenta con esas leyes, 
pues Jas divinas y humanas permiten que 
cada uno se defienda de quien quisiere 
agraviarle. 



D. Quij. No digo yo menos, pero en esto de ayudar- 
me contra caballeros has de tener á raya 
tus naturales ímpetus. 

Sancho Digo que así lo haré, y que guardaré ese 
preceto tan bien como el día del domingo . 

D. (¿üij. La ventura va guiando nuestras cosas me- 
jor de lo que acertáramos á desear. Este es 
el día, oh Sancho, en el cual se ha de ver el 
bien que me tiene guardado mi suerte: este 
es el día, digo, en que se ha de mostrar 
tanto como en otro alguno el valor de mi 
brazo, y en el que tengo de hacer obras que 
queden escritas en el libro de la fama por 
todos los venideros siglos. ¿Ves aquella gen- 
te desaforada y feroz que allí parece y hacia 
nosotros camina? Pues yo te digo, Sancho, 
que ó yo me engaño, ó e.sta ha de ser la 
más famosa aventura que se haya visto. 

Sancho Peor será esto que los molinos de viento: 
mire, señor, que le digo que mire bien lo 
que ve, no sea el diablo que le engañe: que 
esa pobre gente que hacia nosotros viene, 
no son gigantes, ni endriagos, ni encantado- 
res, ni cosa que lo valga; que á lo que á mí 
se me alcanza es cadena de galeotes, gente 
forzada del rey, que va á las paleras. 

D. Qu'j. ¿Cómo gente forzada? ¿Es posible que el 
rpy haga fuerza á ninguna gente? 

Sancho No digo eso, sino que es gente que por sus 
delitos va condenada á servir al rey en las 
galeras de por fuerza. 

D. Quij. En resolución, como quiera que ello sea, 
esta gente, aunque los llevan, van de por 
fuerza y no de su voluntad. 

Sancho Asi es. 

D. Quij- Pues desa manera, aquí encaja la ejecución 
de mi oficio, desfacer fuerzas y socorrer y 
acudir á los miserables. 

Sancho Advierta vuestra merced, que la justicia, 
que es el mesmo rey, no hace fuerza ni agrá 
vio á semejante gente, sino que los castiga 
en pena de sus delitos. 

(Llega frente á ellos en esto la cadena de los galeotes, 
que oportunamcMite debe aparecer en el fondo, hacia 



— o — 

la derecha del actor. Vienen hasta doce hombres á pie. 
ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro 
por los cuellos, y todos con esposas á las manos. Vie- 
nen asimismo con ellos cuatro guardas: dos de ellas 
con escopetas de rueda, y las otras dos con dardos y 
espadas.) 

D. Quij. Deteneo?, señores guardianes y comisario, 
que por la orden de caballería que profeso, 
os pido y ruego que seáis servidos de infor- 
marme y decirme la causa ó causas por qué 
traéis á esta gente de esta manera. 

(üetiénense todos y le miran asombrados de su e>:- 
traña figura.) 

GuAR. l.« Señor caballero, esta cuadrilla es de galeo- 
tes, gente de su majestad que va á las ga- 
leras: y no hay más que decir, ni vuestra 
merced tiene más que saber. 

D. Quij. Con todo eto, querría saber de ca la uno de 
ellos en particular la causa de su desgracia. 

GuAR. 2.a Aunque llevamos a^ní el registro y la fe dt 
las sentencias de cada uno de estos mal- 
aventurados, no es tiempo este de detener- 
nos a sacarlas ni á leellas: vuestra merced 
llegue y se lo pregunte á ellos mismos, que 
ellos lo dirán si quisieren, que sí querrcín, 
porque es gente qiie recibe gusto de hacer y 
decir bellaquerías. 

D. Quij. Yo os agradezco, señor guarda, la licencia 
que me otorgáis, y haré lo que me decís de 

muy bupna gana, (ai Enamorado, mozo de hasta 

edad de veinticuatro años.) Decidme vo-, herma- 
no, ¿por qué pecados vais de tan mala guisa? 

Enam. Por enamorado, señor. 

D. Quij. ¿Por eso no más? Pues si por enamorados 
echan á galeras, días ha que pudiera yo 
estar bogando en ellas. 

Enam. No son los amores como los que vuestra 
merced piensa, que los míos fueron que 
quise tanto á una canasta de colar atestada 
de ropa blanca, que la abracé conmigo tan 
fuertemente, que á no quitármela la justi- 
cia por fuerza, aun hasta ahora no la hubie- 
ra dejado de mi voluntail: fué en fragante, 
no hubo lugar de tormento, concluyóse la 



— 10 - 

causa, acomod.áronmfi las espaldas con 
ciento, y por añadid Lira tres años de gura- 
pas, y acabóse la obra. 

D. Quij. (íQiié son gurapns? 

Enam. Giirapas son galeras 

D. QuiJ- (Encarándose con el segundo galeote de la cadena, el 
cual no responde palabra ) ¿Y VOS, hertoaoo? 

¿Cuáles son vuestras desventuras? que se- 
gún vais de triste y melancólico presumo 
que no han de ser pocas. 

Enam. Este, señor, va con nosotros porcanario, digo 

que por músico y cantor. 

D. QuTj. ¿Pues cómo, por músicos y cantores van 
también á galeras? 

En'm. Si, señor, que no hay peor cosa qw. cantar 

en el ansia. 

D. Qu'j. Antes he oído decir que quien canta sus 
males espanta. 

Enam. Acá es al revés, que quien canta una vez 

llora toda la vida. 

D. Quij. No lo entiendo 

Guar. o.'i Señor caliallero, cantar en el ansia se dice 
entre esta gente non santa confesar en el tor- 
mento: á este pecador le dieron tormento y 
conf'^só su delito, que era ser cuatrero, que 
es ser ladrón de bestias, y por haber confe- 
sado le condenaron por seis años á galeras, 
amén de doscientos azotes que ya lleva en 
las espaldas; y va siempre pensativo y tris- 
te, porque los demás ladrones que allá que- 
dan y aquí van le maltratan y aniquilan \ 
escarnecen y tienen en poco, porque confe- 
só y no tuvo ánimo de decir none-: porque 
dicen ellos que tantas letras tiene un no 
como un si, y que harta ventura tiene un 
delincuente que está en su lengua su vida ó 
su muerte, y no en la de los testigos y pro- 
banzM.'^; y para mí tengo que no van muy 
fuera de camino 

D. Quij. Y yo lo entiendo ¡isi. 

ToLED. Y yo también, señor caballero, y mayor es 
mi desgracia, que vo}' pnr cinco años á las 
señoras gurapas por sólo faltnrme diez du- 
cados. 



.--11 __ 

D. Quij. Yo daré veinte de muy buena gana, por li- 
braros de esa pesadumbre. 

ToLED. Eso rtiC parece como quien tiene dineros en 
mitíid del golfo, y se está muriendo de 
hambre sin tener adonde comprar lo que 
ha menester: dígolo porque si á sii tiempo 
tuviera yo esos veinte ducados que vuestra 
merced ahora me ofrece, hubiera untado 
con ellos la péndola del escribano, y avivado 
el ingenio del procurador de manera que 
hoy me viera en mitad de la plaza de Zoco- 
dover de Toledo, y no en este camino atrai- 
llado como galgo; pero Dios es grande, pa- 
ciencia, 3'^ baí-ta. 

D Quij. Vos habéis hablado como discreto, (ai He- 
chicero, auciano de venerable rostro.) ¿ i VOS, bueil 
hombre, cómo os veis en tales andanzas y 
en tan grande vergüenza"? Mal dicen en este 
lugar y ocasión vuestro venerable rostro y 
vuestra barba blanca. 

(e1 Hechicero rompe á llorar, entre burlas y risas de 
algunos galeotes. El Estudiante habla por él.) 

EsT. Este hombre honrado va por cuatro años á 

galeras, habiendo paseado las acostumbra- 
das vestido en pompa y á caballo. 

S.^NCH') Kso e«, á lo que á mi me parece, haber sali- 
do á la vergüenza. 

EsT Así es, y la culpa porque le dieron esta pena 

es por haber sido corredor de oreja y aun 
de todo el cuerpo: en efecto, quiero decir que 
este caballero va por alcahuete, 3' por tener 
asimesmo sus puntas y collar de hechicero. 

D. Quij. A no haberle añadido esas puntas y collar, 
por solamente el alcahuete limpio no mere- 
cía el ir á bogar en las galeras, sino á man- 
dallas 3' á ser general dellas, porque no es 
así como quiera el oficio de alcahuete, que 
es oficio de discretos, y necesarísimo en la 
república bien ordenada: pero la pena que 
me ha causado ver estas blancas canas y 
este rostro venerable en tanta fatiga por al- 
cahuete, me la ha quitado el adjunto de ser 
hechicero, aunque bien sé que no hay hechi- 
zo? en el mundo que puedan mover y for- 



— 12 — 

zar la voluntad, como algunos siaiples pien- 
san; que es libre nuestro alberlrío, y no hay 
yerba ni encanto que le fuerce. 
Hech. Así es, y en verdad, señor, que en lo de he- 

chicero que no tuve culpa, en lo de alca- 
huete no lo pude negar; pero nunca pensé 
que hacía mal en ello, que toda mi inten- 
ción era que todo el mundo se holgase, y 
viviese en paz y quietud sin pendencias ni 
penas; pero no me aprovechó nada este 
buen deseo para dejar de ir adonde no es- 
pero volver, según me cargan los años y un 
mal que llevo que no me deja reposar un 
rato. 

(Torna á llorar como al principio. Sancho, movido de la 
compasión, desmóntase del rucio y acercándose á él le 
da una limosna ) 

Sancho Tomad, hermano, un real de á cuatro, que 
los duelos con pan son menos. 

D. Quij (ai Estudiante.) ¿Y vuestro deüto, cuál cs, se - 
ñor estudiante? 

KsT. Yo voy aquí porque me burlé demasiada- 

mente con dos primas hermanas mías, y 
con otras dos hermanas que no lo eran mías: 
finalmente tanto me burlé con todas, que 
resultó de la burla crecer la parentela tan 
intrinc idamente, que no hay sumista que 
la declare: probóseme todo, faltó favor, no 
tuve dineros, vime á pique de perder los 
tragaderos, sentenciáronme á galeras por 
seis años, consentí, castigo es de mi culpa, 
mozo foy, dure la vida, que con ella todo 
se alcanza. Si vuestra merced, señor caba- 
llero, lleva alguna cosa con qué socorrer á 
estos pobretes, Dius se lo pagará en el cielo, 
y nosotros tendremos en la tierra cuidado 
de rogar áDios en nuestras oraciones por la 
vida y la salud de vuestra merced, que sea 
tan Lirga y tan buena como su buena pre- 
sencia merece. 

D. QuiJ. (a una de las Guardas, y refiriéndose á Ginés de Pasa- 
monte, el cual lleva más prisiones que sus compañeros 

de cadena.) ¿Y este bueii hombre, por qué va 
con tantas prisiones más que los otros? 



— 13 



GüAP. o. a 



D. Quij. 

GUAR. O ii 



GiNÉS 



GUAK. O a 



GiNÉS 



GuAR. o.a 
GiNÉS 



GuAR. 3 a 



GiNÉS 

1). Quij. 

GlNÉS 

GuAR 3.a 

GiNÉS 



Porque tiene él solo más delitos que to. los 
ellos juntos, y es tan atrevido y tan grande 
bellaco, que aunque le llevamos desta ma- 
nera no vamos seguros del, sino que teme- 
mos que se nos ha de huir. 
¿Qué delitos puede tener si no han mereci- 
do más pena que echarle á las galeras? 
Va por diez año.=, que es como muerte ce- 
vil: no se quiera saber más sino que este 
buen hombre es el famoso Ginés de Pasa- 
monte, que por otro nombre llaman Gine- 
píUo de Parapilla. 

iSeñor comisario, vayase poco á poco, y no 
andemos ahora á deslindar nombres y so- 
brenombres: Ginés me llamo, y no Ginesi- 
11o, y Pasamonte es mi alcurnia, y no Para- 
pilla como voacé dice, y cada uno se dé una 
vuelta á la redonda, y no hará poco. 
Hable con menos tono, señor ladrón de mas 
de la marca, si no quiere que le haga callar 
mal que le pese. 

Bien parece, que va el hombre como Dios 
es servido; pero algún día sabrá alguno si 
rae llamo Ginesillo de Parapilla ó no. 
¿Pues no te llaman así, embustero 
Sí llaman, mas yo haré que no me lo lla- 
men, ó me las pelaría donde yo digo entre 
mis dientes, (a Don Quijote.) Señor caballero, 
si tiene algo que darnos, dénoslo ya y vaya 
con Dios, que ya enfada con tanto querer 
saber vidas ajenas; y si la mía quiere saber, 
f-epa que yo soy Ginés de Pasamonte, cuya 
vida está escrita por estos pulgares. 
Dice verdad, que él mismo ha escrito su 
historia, que no hay más que desear, y deja 
empeñado el libro en la cárcel en doscien- 
tos reales. 

Y le pienso quitar, si quedara en doscientos 
ducados. 

Hábil pareces. 

Y desdichado, porque siempre las desdichas 
persiguen al buen ingenio. 

Persiguen á los bellacos. 

Ya le he dicho, señor comisario, que se vaya 



— 14 ~ 

poco á poco, que aquellos señores no le dir- 
1011 esa vara para que maltratase á los po- 
bretes que aquí vamos, sino para que nos 
guiase y llevase adonde su majestad manda: 
si no, por vida de... basta, que podría ser 
que saliesen algún día en la colada las man- 
chas que se hicieron en la vento, y todo el 
mundo calle y viva bien y hable mejor, y 
caminemos, que ya es mucho regodeo este. 

GUAR. 3.'^ (Amenazando á Giués con la vara.) Ahora verás, 

ladrón. 
D. Quij. (Estorbando la acción.) Señor comisario, yo os 
ruego que no le maltratéis, pues no es mu- 
cho que quien lleva Un s\U(]ñs las manos, 
tenga algún tanto suéltala lengua, (voiviéu- 
dose a todos.) De todo cuanto me habéis dicho, 
hermanos carísimos, he sacado en limpio 
que aunque os han castigado por vuestras 
culpas, las penáis que vais á padecer no os 
dan muclio gusto, y que vais á ellas muy 
de mala gana y mu}' contra vuestra volun- 
tad, y que podría ser que el poco ánimo que. 
aquel tuvo en el tormento, la falta de dine- 
ros deste, el poco favor del otro, y finalmen- 
te el torcido juicio del juez hubiese sido 
causa de vuestra perdición, y de no haber 
salido con la justicia que de vuestra parte 
teníades: todo lo cual se me representa á mi 
ahora en la memoria, de manera que me 
está diciendo, persuadiendo y aun forzando 
que muestre con vosotros el efecto para que 
el cielo me arrojó al mundo y me hizo pro- 
fesar en él la orden de caballería que pro- 
feso, y el voto que en ella hice de favorecer 
á los menesterosos }' opresos de lo.s mayo- 
res; pero porque sé que una de las partes de 
la prudencia es, que lo que se puede hacer 
por bien no se haga por mal, quiero rogar á 
estos señores guardianes y comisario sean 
servidos de desataros y dejaros ir en paz, 
que no faltarán otros que sirvan al rey en 
mejores (;casiones, porque me parece duro 
hacer esclavos á los que Dios y Naturaleza 
hizo libres: cuanto más, señores guardas. 



— lo- 
que estos pobres uo han cometido nada con- 
tra vosotros; allá se lo haya cada uno con 
su pecado, Dios hay en el cielo que no se 
descuida de castigar al malo, ni de premiar 
al bueno, y no es bien que los hombres hon- 
rados sean verdugos de los otros hombres 
no yéndoles nada en ello: pido esto con esta 
mansedumbre y sosiego, porque tenga, si 
lo cumplís, algo que agradeceros; y cuando 
de grado no lo hagáis, esta lanza y esta es- 
pada harán que lo hagáis por fuerza. 

GüAK. 8^1 Donosa majadería: bueno está el donaire 
con que ha salido á cabo de rato: los forza- 
dos del rey quiere que le dejemos, como si 
tuviéramos autoridad para soltarles ó él la 
tuviera para mandárnoslo: vayase vuestra 
merced, señor, norabuena su camino ade- 
lante, y enderécese ese bacín que trae en la 
cabeza, y no ande buscando tres pies al 
gato. 

D. Quu- Vos sois el gato y el rato y el bellaco. (Di- 
ciendo y haciendo arremete con él tan presto, que sin 
darle lugar á defenderse, lo hiere de una lanzada. Va- 
cila el hombre y va á caer dentro.) 

GuAR. o.^ ¡Favor! ¡Muerto soy! 

D. Quij. iCulpa, ruin bellaco, á tu sandez y demasía! 

(Las demás Guardas ponen mano á sus armas y arre- 
meten á don Quijote. Los galeotes, viendo la ocasión 
que se les ofrece de alcanzar libertad, procuran rom- 
per la cadena donde vienen ensartados. Las Guardas, 
en fin, ya por acudir á los galeotes que se desatan, ya 
por acometer á don Quijote que los acomete, no hacen 
cosa de provecho. Sancho, por su parte, ayuda á soltar 
á Ginés de Pasamonte, que es el primero que salta en 
la campaña libre y desembarazado ) 

GuAR. 1.1» ¡Favor al rey! 

GuAR. 2. ¡Favor a la justicia! 

D. Quij. ¡ ^quí 03 aguardo y espero, gente descomu- 
nal y soberbia, ahora vengáis uno á uno, 
como pide la orden de caballería, ora todos 
juntos, como es costumbre y mala usanza 
de los de vuestra ralea! 

GuAR. 4 a ¡Que se desata esta canalla! 

GuAR. l.ii ;V'oto va! 



- 16 — 

GüAií. 2.a ¡Por las barbas de mi padre! 
GuAR. l.ft ¡Noramala dimos con este salteador de ca- 
minos! 

GiNÉS (Saltando libre.) ¡Norabuena dimos con él! (Des- 

aparece un momento y vuelve á salir luego cou la es- 
copeta del comisario que cayó dentro herido.) 

D. QuiJ. (Desafiando á las Guardas.) ¡Venid acá , gente 

soez y mal nacida! ¿Saltear de caminos 
llamáis al dar libertaii á los encadenados, 
soltar los presos, acorrer á los miserables, 
alzar los caídos, remediar los menesterosos? 

(Reaparece en esto Ginés de Pasamente con la esco- 
peta, y apuntando á una Guarda y señalando á la otra, 
no^ueda una en todo el campo. Los galeotes, sueltos 
y libres ya, contribuyen á la huida de las Guardas á 
pedrada limpia ) 

GuAR. 4.a ¡Ahj don ladrón! 

GuAR. 1 íi ¡Ah, bellaco villano! 

GuAR. 2.'^ ¿Contra la mesma justicia te atreves? 

GüAR. 1 ii ; Voto va! 

D. Quij. Non fiiyais, miserables criaturas, gente in- 
fame, canalla ruin 5' de poco ánimo! ¡Bien 
dice vuestra cobardía lo bajo y vil de vues- 
tra condición y oficio! 

Sancho Conténtese con lo becho, señor Don Quijote, 
y no tiente al diablo, ni dé más voces, sino 
sólo gracias á Dios, que demasiadamente 
bien hemos salido de este suceso, libres de 
nuevos golpes las costillas, y mire que le 
digo que esas guardas que van huyendo 
han de dar noticia del caso á la santa her- 
mandad, con la cual no hay usar de caba- 
llerías, que no se le da á ella por cuantos 
caballeros andantes ha}' dos maravedís: y 
así yo le ruego que nos partamos de aquí y 
nos embosquemos en la sierra, que cerca 
está. 

D. Quij. Naturalmente eres cobarde, Sancho: yo sé lo 
que ahora conviene que se haga. (Apéase y se 

dirige á los galeotes, que andan dispersos y alborota- 
dos y que han despojado al comisario herido de sus 

ropas) ¡Acercaos, hermanos; venid á mi to- 
dos! ¡Venid os digo, que por la libertad que 
os di, bien puedo pediros que me escuchéis! 



— 17 — 



(Rodean todos á Dou Quijote, entre burlones y cu- 
riosos.) 

GiNÉs ^-Qué nos manda vuestra merced, señor ca- 

ballero? 

I). Qurj. De gente bien nacida es agradecer los bene- 
ficios que reciben, y uno de los pecados que 
más á Dios ofenden es la ingratitud: digolo 
porque ya habéis visto, señores, con mani- 
fiesta experiencia, el que de mí habéis rece- 
bido, en pago del cual querría, y es mi vo- 
luntad, que cargados de esa cadena que 
quité de vuestros cuellos, luego os pongáis 
en camino, y vais á la ciudad del Toboso, y 
allí os presentéis ante la señora Dulcinea 
del Toboso, y le digáis que su caballero el 
de la Triste Figura se le envía á encomen- 
dar, y le contéis punto p'jr punto todos los 
que ha tenido esta famosa aventura hasta 
poneros en la deseada libertad, y hecho esto 
os podréis ir donde quisiére'des á la buena 
ventura. 

GiNís Lo que vuestra merced nos manda, señor y 

libertador nuestro, es imposible de toda im- 
posibilidad cumplirlo, porque no podemos 
ir juntos por los caminos, sino solos y divi- 
didos y cada uno por su parte, procurando 
meterse en las entrañas de la tierra, por no 
ser hallado de la santa hermandad, que sin 
duda alguna ha de salir en nuestra busca: 
lo que vuestra merced puede hacer, y es 
justo que hag;a, es mudar ese servicio y mon- 
tazgo de la señora Dalcinea del Toboso en 
alguna cantidad de avemarias y credos, que 
nosotros diremos por la intención de vues- 
tra merced, y esta es cosa que se podrá 
cumplir de noche y de día, huyendo ó repo- 
sando, en paz ó en guerra; pero pensar que 
hemos de volver ahora á las ollas de Egip- 
to, digo á tomar nuestra cadena y á poner- 
nos en camino del Toboso, es pen?ar que 
ahora es de noche, que aun no son las diez 
del día, y es pedir á nosotros eso como pe- 
dir peras al olmo. 

D . QuiJ . (Puesto ya en cólera.) PuCS VOtO á tal, Don Giue- 



— 18 - 

sillo de Paropillo ó como os llamáis, que 
habéis de ir vos solo rabo entre piernas, con 
toda la cadena á cuestas. 

GiNÉS (OnifiAndoles á los compañeros.) Mire VUCStra 

merced, señor caballero, de (^ué donosa ma- 
nera le obedezco, (coge uu guijarro y se lo dispa- 
ra á Don Quijote que con la rodela se cubre.) 

D. Quu- ¡Ah, bellaco y harto de ajos! ¿Contra quien 
te dio la libertad la empleas? 
(Los galeotes todos, al ejemplo y seña de Ginesillo, se 
apartan y entre gritos y risas comienzan á tirar tantas 
y tantas piedras sobre Don Quijote, que éste no se da 
manos á cubrirse con la rodela. Sancho se pone tras su 
asno, y con él se defiende de la nube y pedrisco que 
sobre entrambos llueve.) 

Enam. ¡Recebid ésta, señor caballero andante! 

EsT. ¿No tiene vuestra merced otra orden que 

darnos? 

GíNÉs ¿Adonde queréis que o? lleve la respuesta 

de 'vuestra señora Dulcinea? 

ToL. ¿Qué os parecen las peladillas de arroyo, se- 

ñor caballero? 

Sancho ¡Válame Dios, señor! ¿Ve vuestra merced 
cómo mejor estaríamos en la sierra? 

D. Qui.i. ¡Oh, señora de mi alma, Dulcinea, flor déla 
fermosura, socorred á este vuestro caballe- 
ro, que por satisfacer á la vuestra njucha 
bondad en- este riguroso trance se halla! (Le 

aciertan con tal tino dos guijarros seguidos, que le 
hacen vacilar y caer al suelo. Apenas le ve en él, el 
Estudiante le quita la bacía de la cabeza y le da con 
ella tres ó cuatro golpes en la espalda; Sancho acude 
á remediar á su amo; Ginés, mientras, le roba su ga- 
bán.) ¡Ah, bellacos! ¡ah, gente mal nacida! 

Sancho ¡Válame Dios! Mire vuestra merced en qué 
nueva locura se ha metido. 

EsT. Señor caballero de la Triste Figura, ¿le con- 

tamos esto también á la señora Didcinea 
del Toboso? 

D. Qui.i. ¡Ah cobardes villanos, atended que no por 
cobardía, sino por mi desgracia, estoy aquí 
tendido! 

Sancha (Encarándose ton Ginés.) ¿A quicu te SOltÓ laS 

manos robas, hijo de la tai? 



GiNÉs (Huyendo.) ¡Ahora, Cada uno á su buena ven- 

tura! 

Enam. ¡y Dios sea con todos! 

EsT. ¡Y á quien El se la dé, San Pedro se la ben- 

diga! 

(Se dispersan corriendo, y desaparecen en varias di- 
recciones. Quedan solos jumento y Rocinante, Sancho 
y Don Quijote: Sancho temeroso de la santa herman- 
dad: Dou Quijote mohinísimo de verse tan mal parado 
por los mismos á quien tanto bien ha hecho.) 

ijANCH ) (Llegándose de nuevo á su amo, para ayudarle á le- 

vantarse.) ¡Ah, señor Don Quijote de mi alma! 
¡Quién creyera que cuando rrie holgaba yo 
con vuestra merced de haber sacado limpias 
de palos las costillas, había de veuir por la 
posta y en seguimiento suyo esta tan gran- 
de tempestad de piedras y puñadas que ha 
descargado sobre nosotrosl 

D. Quij. Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el 
hacer bien á villanos es echar agua en la 
mar: si yo hubiera creído lo que me dijiste, 
yo hubiera excusado esta pesadumbre; pero 
ya está hecho, paciencia, y escarmentar para 
desde aquí adelante. 

Sancho Así escarmentará vuestra merced, como yo 
soy turco. 

(Durante las últimas palabras de Don Quijote y Sancho 
va cayendo el telón lentamente.) 



FIN 



Madrid. Abril 1905. 



OBHflS DE ÜOS IVUSMOS flÜTOHES 



Esgrima y amor, juguete cómico. f2.a edición.) 

Belén, 12, principal, juguete cómico. 

Gilito, juguete cómico-lírico. (2.a edición.) 

La media naranja, juguete cómico. (2." edición.) 

El tio de la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito derecho, entremés. (S.a edición.) 

La reja, comedia en un acto. (3.a edición.) 

La buena sombra, sainete en tres cuadros, con música. (6.a edi- 
ción.) 

El peregrino, zarzuela cómica en un acto. 

La vida íntima, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

Los borrachos, sainete en cuatro cuadros, con música. (2.a edi- 
ción.) 

El chiquillo, entremés. (5.a edición.) 

Las casas de cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, sainete en tres cuadros, con música. 

El patio, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

El motete, entremés con música. (2.a edición.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros. 

Los Galeotes, comedia en cuatro actos. (3.a edición.) 

La pena, drama en dos cuadros. (2.a edición.) 

La azotea, comedia en un acto. 

El género ítifimo, pasillo con música. 

El nido, comedia en dos actos. (2.* edición.) 

Las flores, comedia en tres actos. 

Los piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡A Sevilla en el botijo! humorada sa- 
tírica en tres cuadros, con música. 



La dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Los meritorios, pasillo. 

la zahori, entremés. 

La reina mora, saínete en tras cuadros, con música. (2." edi- 
ciún.) 

Zaragatas, saínete en dos cuadros. 

La zagala, comedia en cuatro actos. 

La contraía, apropósito. 

El amor que pasa, comedia en dos actos. 

El mal de amores, saínete con música. 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol, paso de comedia. 

Fea y con gracia, entremés con música. 

La aventura de los galeotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Quijote. 

La pitanza, entremés. 



SERAFÍN I JÜAÍÜÍN ÁtVAREZ QUINTERO 



La musa loca 



eOMBDlfl EN TRES ACTOS 



(el tercero dividido en dos cuadros) 



-$-3>^^^- 






SOÍÍIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

i-soe 



LA MUSA LOCA 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cuales se hayan 
celebr/tdo ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA MUSA LOCA 



eOMEDIfl EN TRES HCTOS 



(el tercero dividido en dos cuadros) 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenada en el TEATRO DE NOVEDADES de Barcelona, 

el 4 de Julio de 1905 



■*- 



MADRID 

B. VBU4BCO. tUP., UABQDéS DB SARTA ABA, 11 O P.° 
Teii/ono número yf/ 

I906 



J^ Jacinto ^eqavente 

jie^eaituo u a^táioeiáiieó tuíieuio, auda6 
tuuoV-aaO'i de la copuedia ejjiauoia, Sué 
deüoitótíHOá adtidi^ado'ieá u autiaóJ, 

(Je^Lartu u Loaciutu. 



REPARTO 



m 



PZRSONAJES 



ACTORES 



ACTO PRIIVIERO 

riDELA Seta. Suáeez. 

DON ABEL SECANO Sr. Díaz de Mendoza (F.) 

DON MAURICIO REGLA Y SALA- 

ZAK ClRERA. 

URRUTIA Santiago. 

CABRA Carsí. 

TOLEDO Mesejo. 

MANOLO Juste. 

BARBUDO DÍAZ. 

DON JESÚS Urquijo. 

LUCAS Cayüela. 

UN PRESTAMISTA Gil. 

ÜN CAMARERO Fernánde . 

ACTO SEGUISIDO 

DOÑA ANTONIA PACHECO Sra. Morera. 

IRENE Srta. Asquerino. 

DOÑA ANDREA Sra. Guerrero. 

FELISA Srta. Bremón. 

MARIQUITA García. 

DON ABEL SECANO Sa. Díaz de Mendoza (^ F. "> 

DON MAURICIO REGLA Y SALA- 
ZAR Cirera. 



(1) Merced á algunas lig-eras alteraciones introducidas en el acto 
segundo de esta comedia después de sa estreno en Barcelona, consig- 
namos aquí el reparto de la primera representación en Madrid, en 
lugar del que allí se le dio. 

Debemos, sin embargo, mencionar á la Sra. Guillen, á la Srta. To- 
rres, al Sr. Palanca y al niño Peral, que interpretaron en Barcelona 
los papeles de Laisita, Felisa, don Mauricio Regla y Salazar y Eduar- 
do respectivamente, y que no figuran en la actualidad en la compa- 
ñía del Teatro Español. 



TEBUTIA Sr. Santiago. 

UN SEÑOR ANÓNIMO DlAz de Mendoza (M.) 

BUSTAMANTE Gukkrero. 

DON GENARO Mkdrano. 

ROMERO SoRiANO VioscA. 

ACTO TERCERO 

IRENE Srta. Asquerino. 

LUISITA Oancio. 

LIBORIA Bueno. 

DON ABEL SECANO Sr. Díaz de Mendoza (E.) 

DON MAURICIO REGLA Y SALA- 
ZAR Girera. 

URRUTIA Santiago. 

FOSO , Mesejo. 

DON JO VITO CARSÍ. 

EDUARDO Niño Quintín. 

PARRA Sr. Viñals. 

BERMÚDEZ Urqüijo. 






^ /^tSPS^ --«í 



ACTO PRIMERO 



Negociado de don Mauricio Kegla y Salazar, en una oficina del Es- 
tado, en Madrid. Mampara al foro. Ventana glande á la derecha 
del actor. Puertecilla de escape á la izquierda, empapelada como 
las paredes. Estera de cordelillo. A la derecha, en primer térmi- 
no, mesa y sillón de don Mauricio. A la izquierda, frente á ella, 
mesa j' sillón de don Abel Secano, oficial primero. En el foro, á 
la derecha de la puerta, un par de mesas de dos pupitres fronte- 
ros cada una. La del rincón está colocada, como las de don Mauri- 
cio y don Abel, de suerte que al sentarse ante ella los empleados 
el público los vea de perfil. La otra en sentido contrario: un em- 
pleado dará la espalda al público y otro estará de frente á él. 
Hacia el centro de la habitación otra mesa análoga á la primera 
y colocada en igual forma. En las paredes, perchas correspon- 
dientes á las mesas y alguna anaquelería con legajos. Sobre todas 
las mesas, aparte el servicio de escribir, abundancia de papeles y 
libros. Sillas de gutapercha. Cerca de la ventana una estufa. Escu- 
pideras y cestos de papeles junto á las mesas. Pendiente del techo, 
sobre cada una de ellas, una bombilla de luz eléctrica con panta- 
lla verde. Timbres. Almanaque.— -La vejez y mal estado de los 
muebles, el polvo de libros y legajos, el borroso color del papel 
de las paredes, y aun los remiendos de la estera, patentizan que 
por la covachuela que hoy rige don Mauricio, han pasado algunas 
generaciones.— Es por la mañana. 



ESCENA PRIMERA 

DON ABEL; luego LUCAS; después CABRA 

(La oficina está sola. Ábrese la mampara y sale don Abel. Don 
Abel, protagonista de esta comedia, es un pobre diablo. Frisa 



— 10 — 

con los cincuenta; tiene poco pelo, y éste gris, bigotillo y moscn. 
Los ojos, mortecinos y tristes. Alguna vez, no obstante, fulgura en 
ellos siniestra llamarada. Lleva gafas de acero. Sus ropas son liu- 
mildes, defendidas con maña y bencina de las inclemencias del uso. 
Al llegar tiende la vista por la estancia, desde la misma puerta, cer- 
ciorándose de que aún no hay allí ningún empleado.) 

D. Abel Nadie. Parece que es un crimen, y no es un 

Crinien. (corre á su mesa, y sin quitarse sombrero ni 
capa, se sienta, saca de uno de los cajones un cuader- 
no, y rápidamente, lleno de turbación y ansiedad, bus- 
ca una entre sus páginas manuscritas.) Aquí está. 
(Después de leer para sí.) ¡All! ¡Ya (IcCÍa yo! El 

ritmo de la frase era oirn. (Leyendo.) «¿Por 
qué"? (iPor qué no me contestas ahora? ¿Por 
qué?» ¡Claro! Se repite dos veces el por qué. 
¡Qué tontería! Y no he podido pegar los 

ojos en toda la noche, (sigue hojeando el cua- 
derno.) ¡Qué bien rae ha salido esta esce- 
na!... ¡Qué linda es esta frase!... «No quiero 
más esclavitud que la de mi cerebro: no 
quiero más cadenas que las de mi concien- 
cia.» Aquí hay un aplauso, ó sé yo muy 

poco de estas cosas. (Mirando con recelo á la 
puerta.) ¿Eh?... Temí... (volviendo á la obra.) 

¿Pues y ésto? Esto parece de Echega'-ay. 
«No pidamos á la carne humana en la tie- 
rra, resistencia de roca en la playa.» ¡Bravo! 

He me saltan las lágrimas. (Guardando el cua- 
derno.) Al cajón otra vez, drama mío, no me 
sor[)renda alguien... Ahora cauí-^aría mofa, 
lo que luego ha de causar admiración y en- 
vidia. (Mientras cuelga la capa y el sombrero. j \\ 

dicen los críticos que el monó'ogo es fals-o!... 
¡que no es real!... ¿Pues no vengo yo hablan- 
do solo desde mi casa? Por supuesto, ¿quién 
había de sospechar en el mundo que Abel 
Secano, el huaiilde oficial primero de esta 
mísera covachuela, iba á sentir bajo su crá- 
neo la llama de la inspiración; iba á escri- 
bir un drama como ese?. . (sale Lucas, ordenan- 
za de la oficina, por la puertccilla de escape.) 

¿Quién? 
Luc. Señor Secano, buenos días. 



— 11 



1). Abel 



Luc. 
D. Abel 



Cabra 
Luc. 

Cabra 



(Este Lucas procede de la Guardia civiL Usa grandes 
bigotes, y conserva en su empaque y modos el sello y 
los üábitoa de su primera profesión. Eu la mano trae 
UD jarro lleno de agua, que vierte en una cacerola que 
hay sobre la estufa.) 
Buenos días, Lucas. (Abstraído: entre dientes.) 

«No pidamos á la carne humana eu la tierra, 
resistencia de roca en la playa.» 
¿Manda usted algo? 
JNada, Lucas. 

(Lucas va á irse por el foro, á tiempo que llega Cabra, 
á quien deja pasar.) 

Hola, Lucas. 

Felices, señor Cabra, (vase.) 

Buenos días, don Abel, A usted no hay 

quit n le coja la delantera. 

(e1 ciudadano Cabra, víctima resignada de la admi- 
nistración, y miope de añadidura, viene de capa casta- 
ña y hongo café, y usa gafas de gruesos cristales. Fn 
la oficina usa manguitos. Las rodilleras de sus panta- 
lones manifiestan que de los sesenta años que tiene ha 
pasado sentado cincuenta y cinco. Ocupa el primer pu- 
pitre de la derecha. Trae en la mano un rollo de pa- 
peles.) 



ESCENA II 



DON ABEL y CABRA; después DON MAURICIO 



Cabra 
D. Abel, 

Cabra 



D. Abel 



Cabra 



¿Cómo sigue el chico? 

Mejor está. Cabra; muchas gracias. ¿Qué 
papeles son etos? 

El trabajo extraordinario que le dio el jefe 
á Urrutia. Al fin y al cabo tuve yo que car- 
gar con él. Hasta las tres de la mañana no 

he podido acostarme. (Arranca la hoja del alma- 
naque.) 

Le digo á usted que se está poniendo esta ca- 
sita... (Saca uú periódico y lee de pie junto á la es- 
tufa, sin dejar de atender á Cabra.) 

Y menos mal ustedes^ los que suben. Ya ve 
usted yo: ayer hizo cuarenta años que tomé 
posesión de este mismo pupitre. 



— 1-2 — 

D. Abel ¿Con cuánto? 

Cabra Con seis mil reales. Y hoy tengo cuatro 

dqíI. 

D, Abel ¡Sí que es una carrera loca! 

Cabra (suspirando.) Aquí rae he dejado la vista, el 

pulso, el pelo, el eetómfigo... No es (|ue yo 
me queje... Aquí he cogi<io el reuma que 
me va á llevar al cementerio; aquí he cogi- 
do las jaquecas (jue padezco alternando con 
el reuma... No es que yo me queje... Aqui 
conocí á mi mujer, que en paz descanse. 
Era hija del entonces portero mayor, que 
MU paz descanse. Se empeñó en casarnos el 
jefe de esta sección en aquella ¿poca, don 
Inocencio Colmenar, que enpaz descanse. La 
pohrecita me dejó doce hijos, (\\ie me viven 
todos... No es que yo me queje .. A otros les 
va mucho peor... pero de cuándo en cuándo 
un desahoguillo... Iré haciendo el parte. 

(Se levanta, coge de la mesa de don Mauricio una hoja 
de asistencia, y escribe en ella los nombres de los em- 
pleados del neéociado, los cuales, á medida que lle- 
gan, la vau firmando.) 

D. Abel Mire i:sted, Cahra; yo también rae veo ro- 
deado de rancha gente. Kl mayor de mis chi- 
cos ya es un pollo: usted lo conoce. Es listo, 
es bceno; vale. Será un hombrecito. Me tie- 
ne muy contento. Pues bien: si algún día se 
le ocurriera decirme: «Papá, yo quiero ser- 
vir al Estado», lo disecaba. No le digo á us- 
ted más. Lo disecaba. 

Cabra Y haría usted muy bien. ¡Ojalá mi padre 

me hubiera disecado á mí! Daría gusto de 
verme ahora. 

D. Abel En cuanto á un servidor de usted... Pero, 
bueno; esto es otra cos;^... Tiempo al tiem- 
po... No quiero hablar, (saludando a don Mauri- 
cio que llega por el foro.) Dios te guarde, Mau- 
ricio. 

Cabra Don Mauricio, muy buenos días. 

D. Maur. Hola, señores. ¿Qué hay? 

(Dou Mauricio Regla y Salazar, jefe del negociado, es 
hombre recto, inflexible, aunque cortés y cariñoso con 
sus subordinados. Para él la administración es un 



— 13 — 

culto y él un sacerdote. Su fisonomía es vigorosa, ex 
presiva, muy española. Tiene cuarenta y tantos años. 
Viste de chaqué.) 

D. Abkl ¡Ps'-hé! 

¡Hoy como ayer, maTiana como hoy, 

y siempre igual! 
¡Un cielo gris, un horizonte eterno, 
y andar... andar! 
D. Mauh. Chico, cliico, qué por las nube» me recibes. 

¿Es que te has dado á la poesía"? 
D. Abel Tal vez De poeta, músico y loco... 
D. Maur. ^.Y tu pequeño? 

D. Abel Parece que ha amanecido mejor. La noche 
ha sido buena. Luego vendrá la muchacha 
á decirme el parecer del médico. 

D. MaUK. Oye una cosa. (Oon Abel se le acerca.'/ Miía el 

boi radorcillo que he hecho para contestar á 
la Dirección. (Le da unas cuartillas.) A ver qué 
te parece. 

(Don Abel lee para sí. Don Mauricio en tanto lo con 
templa con el resplandor del esperado triunfo en la 
fisonomía. Llega Manolo.) 



ESCENA ni 

DICHOS y MANOLO; luego BARBUDO; después ÜRRUTIA 

Ma-^-. Buenos días, señores. 

D. Maur. Hola, Manolo. 
Cabra Buenos días. 

MajN. y fresco^. (Deja gabán y sombrero en la percha co- 

rrespondiente, y antes de sentarse en su sitio, que es 
nno de los pupitres del centro de la escena, se acerca 
á la estufa para calentarse. Es un muchacho simpáti- 
co y listo. El gabán que lleva es de entretiempo y el 
traje de verano. Como se ve, tampoco nada en la abun- 
dancia. Para trabajar en la oficina se quita los puños 
y trueca la americana de la calle por otra remendada 
y llena de tinta que guarda en su pupitre.) 

Cabra Ahí tienes el parte. 

Man. Ahora voy. 

D. Maur. (a don Abel, así que acaba la lectura.) ¿Qué tal? 

D. Abel De lo más bonito que has hecho, Mauricio. 



_ 14 — 

D.Maur. ¿Eh? 

D. Abel l^ero fuerte. 

D.Maur. Eso quiero: darle en la tetilla. Y ya habrás 
visto que le tapo todos los callejones. Que 
me sale por peteneras: ley de 15 de Abril 
del 94; que esto, que lo otro, que lo de más 
allá: real orden de 26 de Agosto del í)5; qud 
tal y cual y qué se yo: real decreto de 14 de 
Mayo del 96; que si fué, que si vino: ins- 
trucción de 12 de Setiembre del 97; que 
patatiü, que patatán: circular de 29 de Oc- 
tubre próximo pasado. Y no hay más. Tie- 
ne que meterse en el burladero. 

D. Abfl Si, sí: no hay escape, (se va á su sitio ) 

D Mauk. Mfmolo. 

Man. Mande usted. 

D Maur. Ponga usted la minuta de esto. 

Man. Sí, señor. 

D. Maur. Y que luego Cabra lo saque en limpio. 

Cabra Está bien. 

(Llega Barbudo, viejo gruñón de malísimas pulgas. 
Disfruta un haber de seis mil reales, y toca la trompa 
en un teatro. Tiene más cejas que bigote. Viene de 
capa.) 

Bar, ¡Qué atmósfera!; |Se masca el carbón! ¡No sé 

cómo pueden ustedes resistirla! ¡Aquí nos 
vamos á morir todos! Buenos días, señores. 

Cabra Buenos días. 

D.Maur. ¿Quieren ustedes que abramos la venta-.ia 
un momento? 

Bar. ¡Sí, hombre, si! 

Man. ¡No, hombre, no! Estos del norte no tienen 

nunca frío. 

Bar. ¡Lo que no quieren es respirar veneno! 

Man. ¡Ojalá se muera usted mañana! ¡Así puede 

que ascienda yo! 

Bar. Sí, sí; no lo verán tus ojos. Tienes oficial 

quinto para rato, (Después de colgar la capa y el 
sombrero, siéntase ante el pupitre de frente á Cabra.) 

D. Maur, (Mirando el reloj.) La media ya y faltan cuatro 
todavía. El mejor día llevo el parte así. y 
vamos á tener un disgusto, ¿Se sabe de Ji- 
ménez? 

D. Abel Continúa malo. Yo estuve ayer á verlo. 



— 16 — 



D. Mauk 



Bar. 



Cabba 
Bar. 



Urrut. 
D. Maur, 

Urrut. 

1). Maur 
Urrut 
D Maur 

Urrut. 
D. Maur. 
Urrut. 

D. Mauk 



Urrut. 
D. Maur. 
Urrut. 

D. Maur 
Urrut. 



D Abei. 
Man. 

D. Abel 



Pues Toledito y Uirutia me van á oir. Y eso 
que pierde uno la fuerza moral: luego se 
presenta á las doce ese niño gótico de -Jor- 
gito, que abusa porque tiene el tío alcalde, 
¿y quién les dice nada á los otros? 
Aquí hay dos razas: los que toman el sol y 
los que tornan quina en rama. Y ande el 
movimiento, (a cabra.) Ya me ha dado us- 
ted dos veces con el pie en la espinilla. '\ 
Ha sido sin querer 
Es que sin querer también me duele. 

(Llega Urrutia todo jadeante. Es el hazmerreír del ne- 
gociado. Viste malamente: usa un hongo muy alto y 
un gabán color de hoja seca, entallado y con raja 
hasta la cintura. Es ligeramente tartamudo.) 

Fe... fe... felices. 

¡Vamos, hombre! ¡Firme usted el parte en 
seguida! 

Us... usted perdone, don Mauricio. ¿So... 
soy el último? 

Firme usted el parte y no se meta en más. 
Us... usted perdone. 

No hay de qué. ¿Me quiere usted decir que 
ha estado usted haciendo? 
Re... re. . retratándome. 
¿Cómo? 

De... de cuerpo entero. Pien... pienso hacer- 
me unas postalitas. 

Siempre había usted de apearse por las ore- 
jas. Oiga usted. Ayer, en este oficio, me 
puso UHted fecha de Octubre. 
¿Y qué? 

Que estamos en Noviembre, 
^ues... pues tiene usted razón. Me... me ha- 
bré equivocado. 
¿Qué duda cabe? 

Lo... lo rasparé, y si no queda bien haré 
otro. Con... con permiso. Don... don Abel, 
^;cómo sigue el enfermo? 
Un poco mejor; muchas, gracias. 
Es verdad; que yo no le he preguntado. 
¿Sigue mejor, eh? 
Así parece. 

(Deja Urrutia sombrero y. abrigo en la percha corres- 



— 16 — 

pondiente, y se acomoda ante su pupitre, de frente al 
público. También se cambia de americana, y 



ESCENA IV 



Pres. 



D Mauk 

Pres. 

D. Maur, 

Pres. 

Bar. 

Pres. 

D. Maur 
Man. 



Pres. 



Urrut 
Pres. 
Man . 
Urrut. 
Bar. 
D. Abel 
Cabra 
D. Abel 



DICHOS y un PRESTAMISTA 

(saliendo violentamente por el foro con el sombrero 
puesto, unn estaca de la que Dios nos Ubre, y unas in- 
tenciones peores que la estaciv.) BuGllOS diaS. 

Buenos dias. 
¿El señor Toledo? 
No está. 
¿No está? 

¡Pero cúbrase usted! 

¿Cómo? (se quita el sombrero.) Ustedes dispen- 
sen. ¿De modo que el señor Toledo no está? 
No, señor, no está. Creo que salta á la vista. 

Espere usted un poco. (Levanta la tapa de su 
pupitre y mira hacia dentro en son de burla.) No; nO 

está. 

¿Eso ha sido un chiste? Pues el señor Tole- 
do me anda bufcando, y me anda buscando 
el señor Toledo, y no digo más sino que va 
á encontrarme el señor Toledo. 
Us... usted á él ya es más difícil. 
¿Si, verdad? Buenos día^. (Vase como entró.) 
¡Ladronazo! 
¡Ju... judíol 
¡Chupa sangre! 
Pero ¿quién es ese? 
Un prestamista. 

¡Ah! El amigo Toledo trae siempre unaá 
combinaciones y unos enjuagues... 



TOL. 



ESCENA V 

DICHOS menos el PRESTAMISTA. TOLEDO 

(Asomando el rostro apicarado por la puertecilla de es- 
cape, y dando los buenos días en voz baja.) SeñOreS, 

buenos días. 



— i: — 

D. Maur. ¡Toledo! 

ToL. iáchsss... Por Dios, don Mauricio, no me riña 

usted. 

D. Mauk . Firme el parte al momento, que voy á lle- 
vármelo. 

lOL. (obedeciendo sin quitarse la capa y con el sombrero en 

la mano todavía.) Sí, señor. Usted Comprende- 
rá que hay peligros superiores al rayo. 
D. Maur. Ya, ya estoy. A trabajar ahora, (vase por ei 

foro con la hoja de asistencia.) 



ESCENA VI 

DICHOS, menos DON JlAUPaCIO; después LUCAS 

(Toledo es joven, madrileño de raza. Se peina entre chulo y señoiito. 
Usa cuello bajo, corbata encarnada y bota con caña de color. Su si- 
tio en el negociado es el de frente á Manolo, Deja capa y sombrero 
y abre su pupitre mientras le interrogan los demás sobre el pasado 
lance ) 



Man. Oye, tú, ¿qué belén es este? 

ToL. [Poca cosa! Que le huyo el cuerpo á ese ma- 

tatías, porque lo he clavado en cincuenta 
duros. 

(Reetocijo general.) 

Man. ¿Si? 

Cabra ¿Si? 

Bar. ^^A. ese? 

Urrut. ¡ \Je... me alegro! 

D. Abel Pues es usted el príncipe de los ingenios, 

amigo mío, ¿Cómo ha sido la cosa? A ver, á 

ver... 
ToL. Ese es mi secreto. El hecho es que no ve 

una peseta de los cincuenta duros. 
Bar. De las pocas veces que ha tenido usted 

gracia. 
Urrut. In... infeliz de mi: le tomé veinte á uno de 

la calle del Salitre, y ya le llevo entregados 

más de ochenta. 
D.Abel ¡Qué atrocidad! 
Urrut. ¿Ño... no ve usted que hasta que no le dé la 

2 



— 18 — 

cantidad íntegra me está cobrando inte- 
reses? 

ToL. Tú tienes la culpa. Por bruto, 

Urrut, Si ,. si.„ si fué cuando la enfermedad de mi 
madre. No.,, no digo eso: fi... fi.,. firmo yo 
la horca. 

D. Abel Tolfdo, ¿me da usted El ImparciaU 

ToL. Sí, sefior, 

D. Abel Tenga usted FÁ Liberal. 

Urrut. ¿Quie... quiere usted El Pais? 

1). Abel Luego. 

(Cada uno está sentado en su sitio, Don Abel y Toledo 
leen los periódicos; Urrutia raspa y enmienda su equi 
vocación, en que vuelve á incurrir; Manolo compone 
un reloj, y Cabra y Barbudo trabajan. Todos, siu em- 
bargo, intervienen en la conversación, Toledo, antes de 
sentarse, toca dos veces el timbre, que se oye lejos,) 

ToL. Beberemos agua, ¡que diablo! Para que pase 

el susto. 

Urrut. ¡Mal... maldita sea mi suerte! 

Man. ¿Qué le sucede á usted? 

Urrut. ¡Que... que he raspado Octubre y be vuelto 
á poner Octubre! ¿Es pata la mía? Se va á 
quedar esto como una lela de cebolla, 

ToL. ¿Tu raspador no tiene sueldo? 

Urrut. ¡No... no tiene sueldo! 

ToL. ¡Pues es quien más trabaja en el negociado! 

(Risas.) 

D. Abel Amigo Barbudo: ayer á su novillerito de us- 
ted le echaron un bicho al corral. 

Bar. También se los echaban á Lagartijo, amigo 

Secano. 

Man. ¡Ande usted con esa, don Abel! 

Urrut. Es... es que en Madrid no se sabe ver toro-*. 
¿ Ver d ad , Bar b u d o? 

Bar. Ño señor; no se sabe. 

ToL. Para ver toros hay que ir á su pueblo de us- 

ted. ¡Creo que los lidijiíi en la sala de sesio- 
nes del Ayuntamiento! 

Cabra ¡.Ja, ja, jíi! 

Urrut. ¡Hom... hombre: crisis! 

(Gran alarma.) 

Bar. ¿Crisis? 

Cabra ¿Crisi^? 



-. 19 — 

Man. ¿Cómo crisis? 

XTrrut. En... en Portugal. 

Cabra ¡Ah, vamos! 

Man . ¡Nos ha asustado u?ted! 

Luc. (Por el foro, con dos vasos de agua en una bandeja.) 

Agua, señores. 
ToL. Déme usted, Lucas. 

D. Abel Déme usted á mí también. (Beben ambof.) 
Luc. ¿Quiere algún señor más? 

D. Abel Gracias. 
Luc. Servir á ustedes, (vase.) 



ESCENA VII 

DICHOS menos LUCAS 

Man. Cómo se conoce que este Lucas ha sido do 

la Guardia civil. Siempre está cuadrado. 

Bar. Ya lo malearán los otros bigardone?. 

ToL. (Levantándose. i ¡ \h, señor Barbudo, abora quo 

me acuerdo! Ya. decía yo que había entn- 
nosotros una cuentecita pendiente. .Anoche, 
- en ca^a de Moran, estuve cenando con va- 
rias amigas y dos ó tres ilustres concurdá- 
neos; uno de ellos, este chico que escribe de 
teatro?... este... Calpena. 

D. Abel ¿tós usted amigo de Calpena? 

ToL. Unas miaja-. Coincidimos en gustos: Bláz- 

quez ó N. P. U. Bueno, pues se me ocurrió 
preguntarle sobre la discusión que ayer tu- 
vimo-, señor de Barbudo, y me aseguró que 
se purde decir ó muy gordo ó gordísimo; 
pero que muy gordísimo, como usted sos- 
tenía... 

Bar. ¡y sostengo! 

ToL. Es un disparate de á folio, impropio de toila 

persona que ande en dos pies, aunque usted 
lo haya oído en el Congreso. 

D. Abel ¡Claro! Escuche usted: un ministro, que ya 
es académico de la lengua, dice á por y dice 
riyéiidose. Me consta. 

ToL. Lo crer\ 



— 20 —• 

Cabra Pnes un gobernador de provincin, protector 

mió, que en \)i\z descunse, á las cocretas las 
llamaba crofiuetas. 

D. Abel Y las llamaba bien. 

Cabra ¿Bien? ¿Pero no son cocretas? 

1). Abel No señor. 

Cabra Pues es un error en que llevo cincuenta 

años. 

Urrut. y .. y mi portera con nsted. (Risas.) 

D. ABbL Bueno, señores, vamos á trabajar, que luego 
don Mauricio me dice á mí que si no puede 
dejarme solo, que si yo alboroto el cotarro, 
etcétera, etcétera. 

ToL. Vamos á trabajar. 

íjar. ¡Ya era bora! 

(Todos obedecen la indicación de don Alie), a excep- 
ción de Urrutia, el cual levanta y sujeta la tapa de su 
pupitre con un cuadradillo, y oculto tras ella uadie 
puede ver lo que hace. Hay un breve silencio, a poco, 
hacia la derecha, principia á oírse un número popular 
de zarzuela tocado al violfn por un músico callejero.) 
UkRUT. (Detrás de su tapadera.) A... ahí viene el ciegO. 

Man. Pobre Lombre: á las dos de la noche está to- 

davía rascando el vioiín por esas callet;. 

ToL. Anoche lo vi yo á última hora toteando los 

couplets de las enaguas. 

i). Abel ¡Oh! ¡No puedo ya con las enaguan! ¿Va 
gente á ver eso, Barbudo? 

Bar. Kican, pican. 

í). Abel Y^o lo sentiría por usted, que toca la tronapa 
en la orque&ta y se gana un sueldo honra- 
damente; pero me alegrarla de que cerraran 
ese tealrucho. 

Bar. ¡Hombre! 

i). Abel A mí déme usted arte: á mí no m'? dé usted 
pantorrillas. 

ToL. Opino todo lo contrario. 

(e1 ciego ha ido aproximándose; luego pasa cerca de la 
ventana, y al fin se aleja. En cuanto lo que toca llega á 
ser bien perceptible, primero uno de los empleados, en 
seguida dos, después todos ellos, tararean o silban á. 
compás. Toledo, en algunos momentos, hace de direc- 
tor de orquesta, usando por batuta un cuadradillo. Kn 
el instante eu que es más vivo el entusiasmo, presenta- 



— 21 — 

se don Jesús por el foro. D. Jesús es un viejeeito jubi- 
lado, reeortadico y pulcro. Lo reciben cou nmcho 
afecto.) 

ESCENA VIH 

DICHOS y DO:í JESÚS; después LUCAS 

D. Je-. ¡Buenos días, señores! ¡Este es el negociado 
de la a egría! ¡Jel 

D. Abel ¡Don Jesú-! ¡Dios le guarde! 

Cabra ¡Querido Jesús! 

Urkut. ¡Ho ., hola, don Jesús! 

Man. ¿Qué tal, don Jesús? 

D. Jeí. ¿Estábamos de concierto, eh? ¡Cómo se co- 
noce que anda ])or ahí Mauricio! 

ToL. ¡Hay que alegrar la v^ida, don Jesús! 

D. Abel ¡No.s tenia usted olvidados! 

D Jes. La lluvia, hijo, la lluvia. Ya sabéis que cuan- 
do hace sol, vengo á la oficina como si estu- 
viera en activo. No puedo remediarlo: me veo 
en la calle y se me vienen los pies para acá. 

D. Abel Por aquello de que 

siempre, aunque sea una cárcel^ 
hay un ricón olvidado... 
¿No es cierto, don Jesús? 

D. Jes. Muy cierto, muy cierto... (Acercándose á don 

Abel.) ¿Qué hay, amigo Secano? 

D. Abel Lo de siempre: dejándonos aquí la vida, 
día por día. Estoy más harto de estas cua- 
tro paredes... 

D. Je''. Hombre, pues tú no te puedes quejar: llevas 
una carrera muy bonita... 

D. Abel ¡Ay, don Jesús! El mundo es muy grande, 
muy vario... Hay en él muchas veredas por 
surcar. 

D. Jes. CIjíco, no te entiendo. 

Luc (Por el foro.) Señor Toledo; aquí le buscan. 

i OL. (Levantándose y escondiéndose á prisa tras su capa ) 

¡No estoy! ¡Diga usted que no estoy! 

(^Manolo y Urrutia contribuyen en seguida al engaño, 
suponiendo que es el prestamista otra vez.) 

Man. (Alzando la voz.) ¡El señor Toledo no ha veni- 

do! ;No está en Madrid! 



— 22 — 

Urrut. ¡líp... está en Marruecos! 
I ). Abel ¿Quién pregunta por él? 
liUC. No conozco... Es una señora muy guapa, de 

mantón. 

TOL. (saliendo á escape del escondite.) ¡Pero, hombre, 

haberlo dichol ¡Si es una })einadora que me 

proteje! (Vase por el foro corriendo. Todos .so ríen 
del lance.) 

IjUC. Señor, yo no sabía... (se va también.) 

1). Jes. Es mucho peine ette Toledito... Oye, A he), 
¿y tu gente? 

I). Abel A Ricardín lo tengo algo malucho. Los de- 
más están bueno?. 

1). Jes. Irenita se ha puesto monísima. El otro día 
me la encontré. Iba con tu cuñada. Es un 
pimpollo la criatura. 

1). Abel Dios me dé fuerzas para verlos en camino á 
todos. Y son siete, querido don Jesús. 

1). Jes. Ya, ya sé que son siete. Pero tú veías cómo 

los sacas adelante. (Acercándose á Urrutia, el cual 
se levanta ) ¿Qué hay, l)ollo? 

Urrut. Us... usted dirá, don Jesús. 

1). Jes. Siéntate, hombre. ¿¡Y tii madre? 

Urrut. Tan... tan buena: fastidiada con su reuma. 

1). Jes. ¿y tu padre? 

Urrut. Tan... tan bueno: fastidiado con su hígado. 

D. Jes. Hace un siglo que no los veo. 

Man. Don Jesús: ¿se le volvió á parar á usted el 

reloj? 

D. Jes. (Acercándosele.) No, bijo mío: dcsde que tú me 
lo compusÍ!-te... 

.Man. Diga usted; ¿es cieito que va usted á insta- 

lar en su caí-a la luz eléctrica? 

D. Jes. Hombre, no sé: eso quiere Gertrudis. Ya 
veremos. 

Man. Pues no se comprometa usted con nadie. 

D. Jes. ¿También electricista? 

Man. También. Hay que agarraise á todo: tengo 

ya dos chicos. Quedará usted satisfecho, don 
Jesús. Es más: le ens-eñaré á u.'-ted una traiu 
pa para que no corra mucho el contador. 

]-). Jes, ¡Je! Lo cjue tú no discurras... ¿Y^ ahora qué 
te haces, Manolillo? 

Man. Pues aparte esas menudencias que suelen 



~ 23 — 

salirme, cuando acabo aquí en la oficina me 
voy á casa de Rodríguez Hincón, donde llevo 
el correo; allí estoy hasta las seis ó las filete, 
según fl número de carta?; luego al Real, — 
ya sabe usted que soy acomodador de las 
plateas... 

D. Jes. Sí; eso es de mis tiempos. ¿Y á casita des- 
pués? 

Man. ¿a casita? ;A la buñolería! 

D. Jes. ¿A qué buñolería? 

Man. a una que he abierto á medias con un fran- 

cés en la calle Mesón de Paredes. 

D. Jes. Ya. 

Man. Mi socio ha puesto el dinero y yola inteli- 

gencia. Y hay que estar encima. Porque na 
es posible fiarse de nadie. 'Ni siquiera del 
socio, 

D. Jes. Chico, chico... 

Man. Al amanecer me retiro á casa, y trabajo un 

poco en marquetería, compongo relojes, ilu- 
mino algún retratillo... Lo que cae, 

D. Jes. Pero, muchacho, ^;y cuándo duermes? 

Man. i .-os domingos. 

i). Jes. ¡Je! (volviéndose á don Abel un momento. j Escú- 
chame, Abel, ¿contestaron de la Adminis- 
tración de Huelva ó hubo necesidad de con- 
minarles con multa? 

r>. Abel No, no; contestaron. 

D. Jes. ¿En la fornju que yo indicaba? 

D. Abel íSí, señor. 

D. Jes. ¡Claro! ¡Si aquello era de sentido comúnl 

(Acercándose á la otra mesa.) ¿Qué hay, Señor 

Barbudo? 
Bar. ¿Qué ha de haber? ¡Rabiando! 

O. Jes. ¿y la señora? 
IÍAR. ¡Calcule usted: rabiando! 

D. Jes. ¡Vaya por Dios! Tú, amigo Cabra, siempre 

dando ejemplo de laboriosidad. 
Cabra Psché... ¡qué remedio! 
D. Jes. Ya supe que .se murió tu cuñada Pepa. 
Cabra La pobrecita descansó. Lo que no sabes es 

que toda la familia está conmigo. 
D. .Jes. ¿Sí, eh? 
Cabra Una de esas gangas que á mí me caen... No 



— 24 — 

es que yo me queje, pero hazte cargo: aña- 
de cuatro bocas más á las doce que ya lenía, 
y dime si con cuatro mil reales es posible 
vivir. ¡Catorce nos sentamos á la mesa! 

1). Jes. ¿Catorce? 

Cabra ¡Catorce! Nos levantamos en seguida ¿eh? 

pero nos sentamos catorce. 

D. Jes. ^,Tu hijo mayor te ayuda? 

Cabra Me entrega lo que gana el poWreeillo: una 

miseria que le dan en ferrocarriles. El se- 
gundo quiere ser actor: me trae frito. 

1), Jes. ¿y Leopoldhi? 

Cabra A ese lo tengo en una imprenta, y á Salva- 

dor en un comercio. Me los exprimen como 
limones y les dan dos reales los sál)ados, 
pero siquiera aprenden á trabajar. 

D. Jes. ¿Y Asunción? 

Cabra Asunción se casa en Febrero. 

D. Jes. Que sea enhorabuena. ¿Con quién? 

Cabra Con un sacrií-tán. Lo primero (jue ha salido; 

no íbamos á escoger... Parece buen mucha- 
cho; la quiere... 

D. Jes Bueno, hombre, bueno... Está bien, está 
bien... Voy á saludar á los de aíjui junto. 

Man. Vaya usted con Dios, don Je:?ús. 

TüL. (Llegando.) Dou Je.'^ús, Vaya usted con Di(>e. 

Siempre ha habido pobres y ricos. 

1). Jfcs. Adiós, buena pieza... Si como eres listo qui- 
sieras trabajar... 

ToL. Es qne si quisiera trabajar ya no eeríi listo. 

D. Jes. ¡Je! Quedaos con Dio?. Ha^^ta otro diíta. 

D. Abei. Adiós, don Jesús. 

Urrut Va... vaya usted con Dios. 

ToL. Déjese usied ver de cuándo en cuándo. 

Man. No me eche usted en olvido, don Je.sús. 

D. jE<r'. Quedaos con Dios, que láos con Dios .. (se 

va por la puertecilla de escape,) 



26 ~ 



ESCENA IX 



DON ABEL, URRUTIA, MANOLO, TOLEDO, BARliUDO y DON 
MAURICIO 



TOL. 



Man. 
D. Maur. 



D. Abel 

D. Maur. 
Urrüt. 

D. Mau,í. 

Urrut. 
D. Maur. 



Cabra 

ÜRRUT. 

D. Ma.uk. 



Toi. 

ÜRRUT . 

D. Abel 



Piie.g señor, ¡vaya un día! Después de la 
buena vista de mi peinadora, se me ocurre 
entrar en el negociado de Bermúdez, es- 
taban tallando al monte y he ganado cua- 
renta céntimos. 
Eres el niño de la suerte. 

(Por el foro, con unos papeles en la mano ) Floy Vie- 
ne el jefe con los pantaloncitos de montar. 
(Á don Abel.) Chico, á iMarchcna lo ha puesto 
verde. 

¿Sí, eh? Pues quiera Dios que no me llame 
á mí, porque traigo los nervios de punta. 
Urrutia, ¿qué hace usted? 

(A.somaudo la cabeza por encima de la tapa del pupi- 
tre.) Pi... pi... pitillos. 

No es ocasión de hacer pitillos. ¿Enmendó 
usted aquel oficio? 
Sí señor; tome usted. 

(indignndo al ver lo lamentable de la raspalura.) 

[Hombre, por Dio.s! ¿Usted cree que esto se 
le puede presentar al jefe? ¡Ni que raspase 
usted con un cuchillo de cocina! Cabra, co- 
pie usted e.'ito en limpio. 
En seguida. 

Pue... puedo copiarlo 3^0, jdon Mauricio. 
No hace falta: usted sume estas cantidades 
y ponga en un papel aparte el total que 
arrojen. Manolo, déme usted mis cuartillas, 
que el jefe las quiere leer. Probablemente 
no servirá una letra; pero quien manda 
manda. ¡Ah! y todos en su sitio, que me 
temo que le dé hoy la ventolera de visitar 

los negociados. (Se va de estampía por el foro.) 

¡Cómo me molestan las lumbreras de la ad- 
ministración! 
Y... y á este cura. 

A mí me molestan la administración y las 
lumbrera='. 



- 26 ~ 



ESCENA X 



DICHOS, menos DON MAURICIO: uu MOZO de café 



Barb. 
Man. 

TOL. 



D. Abei. 



Urrut. 

T )L. 

Cabra 
Urrut. 

Man. 



Mozo 

ToL. 

^Ian. 

Mozj 

Urrut. 

Mozo 



I). Abel 



Milagro será que no nos haga venir esta 

noche. 

Si; porque empieza á torcer.se el día. 

Lo que será inilagro es que no.s escapemos 

sin ai^uello de... (imitando á don Mauricio, pasea 
y dicta en tono campanudo.) M'inolo: Coja USted 

cuartillas y escriba, (los demás .se ríen.) Bases... 
para la organización y retornia de la Ha- 
cienda pública, coma... del Ejército, coma... 

(Aumóntanse las risas.) 

íSeñores, señores, (jue no está ni medio regu- 
lar burlarse así de nuestro jefe... á espaldas 
suyas. 

¿Y... y cómo vamos á burlarnos cuando esté 
delante, don Abel? 
¡Claro! 

¿Viene usted papel de memibrete, ürrutia? 
Ten... tengo un pliego; pero está manchado 
de queso. 
Yo tengo limpio. Torne usted. 

(Sale con un servicio el Mozo de café por la puerteci- 
11a de escape, y lo deja sobre la mesa de Manolo.) 

Buenos días. 

Hola, Sebastián. 

¿A quién le toca hoy? 

Al señor Urrutia. 

Pues apún... púntalo. 

Está bien. Hasta luego, (se va por ei foro.) 

(suena el timbre correspondiente á la mesa de don 
Abel ) 

¡Hombre! ¡qné gracia! ¿Qué tripa se le ha- 
brá roto á ese don Finchado que tenga yo 

que componer? (Se levanta de mala gana). Va- 

mos á ver á su excelencia. ¡Como si nos- 
otros tuviéran.os la culpa de que el se haya 
casado con una señora que lo trae de cabe- 
za! (Vase por el foro.) 






ESCENA XI 



TOLEDO, URRUTIA, MANOLO, BARBUDO y C-íBRA; luego LUCAS 



Man. Caballerop, ¿ustedes han visto cómo está 

cambiando este don Abel? 

Barb. De eso justarpeute iba á hablar yo. Hace 

una temporada que es otro hombre. ¿Qué 
diablos le pasa? 

Urrut. a... anoche, serian las doce y media, lo vi yo 
por la calle del Colmillo discutiendo solo. 

ToL. i'ues el domingo por la tarde — miento, el lu- 

nes, — estaba en un cafetín de la calle Toledo 
con tres ó cuatro tipos que si no eran cómi- 
cos le andaban muy cerca. 

Man. ¿Cómicos? 

ToL. Así parecían. ¡Vaya usted á saber en qué 

andará metido! 

Luc. (por el foro.) ¿El señor Secano? 

Cabra Está con el jefe. 

ToL. ¿Quién lo busca? 

Luc. La doncella que tiene ahora: esa que vino el 

otro día. 

ToL. ¡Ah! ¡lisa tan guapa! 

Man. ¡Que pase! 

ToL. Homi>re, sí: dígale usted que pase; que don 

Abel ha de tardar un rato. 

Luc. Perfectamente, (^se va.) 

Cabra ¿No se incomodará, señoree? 

ToL. ¿Por qué? 

Man. La chica es preciosa. 

ÜRRur. Y... y muy dislinguidita, ¿verdad? 

ToL. Eso es lo mejor: eus pretensiones de perso- 

na fina. 

Man. Digo yo: ¿si todo lo qne tendrá don Abel 

será que ha perdido el seso por la donce- 
Uita? 

ToL. No: me parece que no. 

Luc. (Abriendo la mampara del foro y dejando pasará Fi- 

deía.) Aquí. Pase usted. 



' - 28 - 

ESCENA XII 

DICHOS, menos LUCAS. FIDELA 

(Aparece Fidela, en actitud entre resuelta y comedida, que ella cree 
de suprema distinción. Ks uua muchacha de pueblo, que por azares 
de su vida se encuentra en Madrid, dedicada al servicio doméstico. 
Viste con arreglo á su posición actual, pero con ciertos detalles 
que quieren ser de señorío.) 

FiD. Con permiso. Muy buenos días. Ay, tocios 

son hoQ^bres. 

¡NÍan. Buenos días. 

Urrut. Bue... buenos días. 

FiD. ¿Cómo están ustedes? ^ Están ustedes bue- 

nos? 

Man. Bien, ¿y usted? 

Pío. Yo l)ien; muchas gracias. ¿Sus familias de 

Ustedes están bien? 

ToL. Bien; muchas gra'^ias. 

Urrut. ¿Y... y la de usted? 

FiD. Una servidora no tiene familia; pero m li- 

dias gracias. 

ToL. Siéntese usted aquí, (ofreciéndole una silla jun- 

to á la estufa.) 

FiD. Ahí, no; muchas gracias. Con permiso de 

usted, me arreb;ita demasiado el calor. 

TOL. (Trasladando la silla junto á la mesa de secano. j 

Pues aquí entonces. 

FiD. Ahí tendré muchísimo gusto. Muchas gra- 

cias, fse sienta.) 

ToL. ¿Hace frío en la calle? 

FiD. Si, señor; muchas gracias. 

(Pausa. Todos la miran y ella alardea de <iue no siente 
turbación.) 

ToL. En seguida vendrá don Abel. Le ha llama- 

do el jefe á su det-pacho. 

FiD. Una servidora no tiene prisa mayormente. 

¡Ay, mayormente!... Esto no lo dicen más 
que las personas de cierta clase. Todo se 
pega menos lo bonito. 

(Manolo ha repartido el café en tres vasos. Le lleva 



— 29 — 

uno á ürrutia, él bebe de otro, y el otro lo deja un el 
pupitre de Toledo.) 

ToL. Puede usted expresarse con libertad. Aquí 

no nos asustamos de nada. 

Man. y que, dign usted lo que diga, sus modales 

y sus palabras dicen bien claro que no es 
usted lo que parece. 

KiD. Ay, no, señor; no eoy lo que parezco. 

Urrut Ya... ya se ve que es usted una persona muy 
distinguida 

FiD. Muy distinguida, sí, señor. ¿Para qué voy 

yo á negar lo que salta á la vista? (suspiran- 
do.) [Ay!... Los azares del mundo me han 
hecho descender unos cuantos peldaños en 
la sociedad... Por eso digo que no tengo fa- 
milia, pero la tengo... y muy honrada... Si 
yo les declarase á ustedes el nombre de mi 
seiior padre, tal vez se asustarían. 

Urrut. ¿Ra... Ravachol? 

Fio. Dispénseme usted que lo oculte. 

ToL ¡^'í, señora! (Pues no fallaba más! (Bajo a Ka. 

uoio, al ir por su vaso) (¡Es una doncella de 
abrigo!) ¿Quiere usted un sorbo de café? 

FiD. Ay, muchas gracias. 

ToL ¿De veras? 

FiD. Muchas gracias. 

Urrut. ¿La... la irrita á usted? 

ToL. ¿Es que no le gusta? 

FiD Sí, señor; sí que me gusta. He tomado mu- 

cho café en este mundo. Pero de otro modo. 

Urrut. ¿En... en grano? 

ToL. ¿Quieres callarte, estúpido? 

FiD. Ese C'íballero se burla. No hay como bajar 

unos peldaños en la sociedad para ser la di- 
versión de la gente. 

Urrut. No... no me burlo. Ha sido una broma, se- 
ñorita. 

FiD. Señorita, bien dicho está: señorita. Emplea- 

da hoy día por mi desgracia en bajos me- 
nesteres, pero muy señorita. ¡Ay, si mi fa- 
milia ganara un pleito que tiene en Portu- 
gal sobre unos títulos de nobleza! No lo ga- 
nará, porque cuando viene la mala todos 
son reveses. Pero sin arremontarme tanto: si 



— -¿o ~ 

usted supiera quien fué el padrino de boda 
de iDÍ hermano el fraile... (Risas.) De mi her- 
mano el fraile, no es equivocación. Casó mu}' 
bien, enviudó el pol)recito, y de pena se 
metió en un convento. 

Urrut. Co... como don Alvaro. 

ToL Hombre, don Alvaro no enviudó. 

Man. ¡Ni se casó siquiera! 

ÜRRUi . Pe... pero se encerró en un convento, que es 
lo que yo digo. 

FiD. |Ay! 

Man. ¿y está usted á gusto en casa de don Abel? 

FiD. Contenta estoy, porque todo? allí son muy 

cariñosos conmigo; j^ero derramo lágrimas 
interiore.*, porque quien ha sido y no es... 
usted calcule. Con todo, bendigo á Dios que 
me los puso en mi camino por una dichos i 
casualidad. 

Toi. ¿Luego u&ted no tenía relaciones anteriores 

con ellos? 

FiD. No, señor. Yo, hace ya algunos mese.-', ve- 

nía en el tren sola con mis penas, huyendo 
de una ciudad de cuyo nombre no quiero 
acordarme, como dicen en el Don Quijote — 
ya ven ustedes como tengo mi poquito de 
ilustración. Y — lo que pasa en las línias- 
férreas — en la segunda estación del trayeto 
se suVñó en mi coche una señora. Yo no po- 
día contener los solli.zos, y la señora, á puco 
de oirme, se interesó por mí y me jireguntó 
lo que me pasaba. Le riferí mi historia y me 
tuvo mucha piedad. ¡Mi historia es muy tris- 
te, señores míos, muy tristel Si sujúeran us- 
tedes quien fué mi padrino de conñrmación, 
comprenderían lo bajo que ha caldo esta 
desgraciada. La señora aquella era la her- 
mana política de don Abel — cuñada, que 
se dice ordinariamente, — y como se enteró 
de mis intenciones y la conmoví tanto con 
mis lágrimas, rae ofreció su casa desde lue- 
go y me llevó á ella, porque vio el peligro 
que en un .Madrid corría una joven tan de- 
centita como yo y tan bien dotaila por la 
naturaleza, aunque esté mal que yo lo diga. 



— 31 — 

Bar. (Dando un puñetazo eu la mesa.) (¡Ya me ha 

equivocado tres veces!) 
FiD. En fin, señores míos, qué cosa no será mi 

historia, <!uando un señor de tanto talent" 
como el señor Secano, ha compuesto un 
drama con ella. 

(e1 empleado que menos abre un palmo de boca al es - 
cuchar tal revelación.) 

ToL ¿Kh? 

Man . ¿Cómo? 

Uruut. ¿Un... un drama? 

FiD. Un drama, sí ¿Pero ustedes no lo sabían? 

ToL. ¡Ya lo creo! ¡Si nos lo ha leído! (Les guiña á 

los demás.) Se titula... 

FiD. La paloma herida. 

ToL. La paloma herida; eso es. Lo que no sabía- 

mos nosotros era que usted fuese la heroína 
de ese drama. 

FiD. La heroína, justo: la heroína. Sí, señor; 

pues 3'o soy. 

ToL. ¡Vaya por Dios! ¿Tan desgraciada es usted 

como aquella... no recuerdo el nombre .. 
como aquella...? 

FiD. Alfonsa. 

ToL. Alfonsa: cabalmente. 

FíD. No ha querido ponerle Fidela, que es mi 

gracia, por no echar un borrón sobre mi h- 
milia. En el pri^ner ato y en el segundo ato, 
pasa todo de la misma manera que me ha 
pasado á mí. En el tercer ato ya varía un po- 
quito. 

Man . ^.Y eso? 

FiD. Pues usted imagine: varía en que Alfonsa 

muere del pecho... y yo... en buena hora lo 
diga... me parece que... Don Abel no quería 
matarme: pero dice que luego los críticos, si 
no muere alguien en la obra, salen con que 
no es di ama... 

ToT . Ya. 

FiD. Y él quería que lo fuese. 

ÜRRUT. Y... y lo probable es que lo sea. 

Man. Sobre todo si llega á representarse. 

FiD. En eso anda. Aquí le traigo yo una gran no- 

ticia: una carta de un señor que tiene mu - 



- 32 — 

cha mano con los cómi(!OS, que lo cita ma- 
ñana en su casa para que le lea el drama á 
un pria:er ator, á ver si lo quiere echar en 
su teatro. Yo me alegraré mucho de que lo 
eche. 

ToL. Ah, pues lo echará, lo echará... ¡En cuanto 

que lo oiga! 

Man, Si no echa el drama, echa á don Abel.. 

FiD. ¿Cómo? 

TüL. (Por don Abel, que vuelve.) AqUÍ está nuestrO 

hombre. 



ESCENA XIII 

DICHOS y DON ABEL. Al final DON MAURICIO 

D, Abel Hola, Fidelita. A ver, qué carta es esa... 
FiD. Tome, señor. La que usted esperaba. 

i). Abel ¿"^l- (Loco de júbilo lee la carta repetidas veces.) 

F:d. La señorita Irene se atrevió á abrirla, por- 

que conoció la letra del sobre, y nos la leyó 
á todos. Figúrese usted qué alegría. Por eso 
me mandó al instante con ella. 

D. Abel Ya, ya. ¿Y el chico? 

FiD. Mejor está. La fiebre ha rimitido. 

D Abel Pues vete allá y diles que me quedo saltan- 
do de gozo, y que hoy rae marcharé más 
temprano. 

FiD. Bueno, señor. 

D.Abel Ah, mira. Ten ahí. (Dándole dinero.) Compra 
unos pasteles. 

FiD. ¿De dema? 

D. Abel De todos. 

FiD. Hasta luego, señor. 

D. Abel Adiós, Fidela. (Relee la carta radiante de alegría.) 

FiD. (a los empiiados.) ¿Mandan ustedes algo á una 

servidora? 
ToL. Gracias. 

.Man. Muchas gracias. 

FíD. Pues con su permiso... Yo he tenido mucho 

gusto en conocerlos... (Se encamina hacia la puerta 
de la Izquierda.) 

ToL. Por ahí no... 



- b3 — 

FiD. A}', me haV)ía confundido. Es la primera vez 

que entro en este local... A cualquiera le 
pasa... No es por falta de trate... Servidora 

de ustedes... (Encamínase á la ventana.) 

ToL. Por ahí tampoco: esa es la ventana. 

FiD. Ya, 3'a lo veo. Es que iba á mirar si llovía... 

No es por falta de trato... 

UrRUT. (Abriéndole la mampara.) Pa... pase USted. 

FiD. Muchas gracias. Servidora de ustedes... (sa- 

ludando á don Mauricio, que llega á tiempo y la deja 

pasar.) Beso á usted la mano. 
D. Maur . Adió-. 
D. Abel (Frotándose las manos gozoso.) ¡Bien, hombre, 

bien! ¡Perfectamente bien! 



ESCENA XÍV 

DICHOS menos FIDELA. DON MAURICIO 

ToL. ¡Vaya una doncellita que gasta usted para 

andar por cafa! 

D. Abei. Guapa chica es, en efecto. 

D.Mauk. ;,Es esta quizás aquella de que tú me ha- 
blante? 

D. Abel La misnca. 

D. Mauk . Sí que tiene buen ver. 

D. Abel Lo que yo siento es que un pobre oficial 
primero como yo, cargado de familia, no 
puede sostener doncellas de tal fuste. 

Bar. (Acercándose á don Mauricio.) Don Mauricio, ¿me 

permite usted que me llegue un momento 
al teatro? 

D.Maur. Sí, hombre, sí. 

Bar. Muchas gracias. 

Toi . ¿Va usted á seguir á la doncellita, eh? 

Bar, Ni más ni menos. Muérase usted de envi- 

dia. (Se pone el sombrero y la capa, y se va en medio 
de las risas de todos.) 



¿i — 



ESCENA XV 



DICHOS menos BARBUDO 



(Don Abel no se puede estar quieto. La satisfacción no lo deja. As!, 
pues, mientras trabajan los demás, él pasea hablando de lo suyo.) 



D. Abel 



TOL. 

D. Abel 



D. Maur. 
D. Abel 



D. Maur 
ToL. 

D. Abei. 



Man. 
D. Abm. 



D Maur, 



Fidelita, Fidelita... Ha impresionado Fideli- 
ta... Ustedes, los jóvenes, claro es, se fijan 
más en el rostro hechicero, en los labios de 
grana, en el seno turgente... ¿eh? Pero créan- 
me á mí: Fidela, con ser tan hermosa, es 
mujer, más que para vista por fuera, para 
vií^t-i por dentro. 
Eso no lo niego yo, don Abel. 
Sin mostaza. Su historia, que ya Vs he con- 
tado á ustedes á grandes rasgos, es intere- 
santísima de veras. 

¡Ay infeliz de la que nace hermosa! 
¿Nos la vas á contar otra vez? 
(Sin atenderle.) Es la historia hermosamente 
vulgar y sencilla de la ninjer que cae por 

amor. (En sus ojos reluce la llamarada siniestra que 
se ha mencionado al principio.) Un hombre le 

miente al oído palabras engañosa^: el niño 
ciego acecha entre flore.-^: no pidamos á la 
carne humana en la tierra, resistencia de 
roca en la ])laya. 
Pero, Abel, ¿qué dices? 
(a Manolo ) Me da el corazón que está pro- 
bando una escenita. 

Y 3'0 prejlUntO... (non Mauricio lo mira asombrado 

por cima de los lentes.) Y ])regunto yo: ¿qué so- 
ciedad es esta que tiene vítores y aplausos 
para el ladrón de honras ¿eh? y no más que 
desdén y lodo para la víctimaV ¿eh? ;.eh? 
Eso se pone en un drama y lo aplauden. 
¿Lo aplauden, verdad? ¿Qué mundo es este 
en que vivimos, tan mezquino, tan misera- 
ble, tan pequeño... 

(interrumpiéndole en el mismo tono, al oir el timbre 
correspondiente á la mesa de don Abel.) ¿En que á 



— as- 
ió mejor te llama el jefe y tienes que ir á su 
despacho? 

(Risas aduladoras de los subordinados.) 

D. Abel (Un poco corrido.) Pero ¿es á mi? 

(vuelve á sonar el timbre.) 

D M\UR. A tí: no lo dudes. Ya lo estás oyendo. 

D Arel (contrariado.) Nuestro dignísimo superior je-" 

rárquico, sobre ser imbécil es inoportuno. 
D. Maur. Pa?o, paso, querido Abel: sabes que no rae 

cu-ta que se trate así á quien debe merecer 

nuestro respeto. 
D Abel Pues son dos trabajos, si bien lo miras: es 

el uno, que no te guste, y es el otro, que 

tienen que aguantarte, (ai timbre, que vuelve á 

sonar) ¡Voy, hombre, voy! (Yéndose por el foro.) 

¡Qué fastidio! 



ESCENA XVI 

DICHOS, menos DON ABEL 

D.Mauk. Señores, necesito verlo para creerlo. Este 
Secano era trabajador, incansable, obedien- 
te, respetuoso; y de algún tiempo acá, yo 
no sé qué mala hierba habrá pisado, que se 
nos ha vuelto» del revés: gandul, charlatán, 
alborotador, levantisco... Por las barbas de 
• mi abuelo que no sé, no sé... 

ToL. (Con júbilo.) ¡Nosotros, feí! 

D Maur. ¿Cómo? 

Man. (lo mismo.) ¡Hace diez minutos hemos des- 

cubierto la clave! 

D. Maur. ^iDe veras? ¿Pues qué hay? 

ToL. Hay, que don Abel ha escrito un drama con 

el argumento de la chica, es decir, que de 
la historia de Fidela ha sacado el argumen- 
to para un dramn, y ese drama es el que le 
ha hecho perder la chabeta. 

D. Maur. ¿Qué me cuenta usted? 

ToL. ¡Lo que nos ha contado la muchacha! 

D. Maur. ¡Pero si hace falta estar loco! 

Man . i Pues lo estará! 

D. Maur. ¡Cristo, qué desgracia! 



— 36 - 



Cabra 



D. Maur, 

TOL. 

D Mair, 



Uf<RUi. 

D. Mair, 

ÜRRUT. 

D Maur. 
Urkut. 

D. Maur. 



Urkut. 
D. Maur. 

Cabra 
D Maur. 
Cabra 



D. Maur 
D. Abe:, 



Tremenda, don Mauricio, tremenda... Y 
cueiita que una cosa así le .sucedió á uii 
liermano Baldomero, que en )>;iz defcanse. 
¡Pobre Abel! ¡Pobre amigo mío! (Manolo y to- 
ledo se rfeu.) No, no; no es caso de ri.sa. 
Pues ¿de qué ha de ser, don Mauricio? 
De láí-tima: créunme ustedes. Conozco ejem- 
plos estupendos. El bacülus del autor es más 
temible que el del cólera morbo. El hombre 
que escribe un drama sin deber escribirlo, 
ya no tiene una hora feliz. Y siéntense us- 
tedes, no venga y nos coja murmurando de 

él. (Reparando en el jinpitre de Urrulia que tiene la 
tapa levant.nda y á Uirutia detrás.) Urrutia, ¿USted 

qué hace? 

(Asomando la cabeza como la otra vez.) Ll... lunán- 

dome una uña. 

Pues esa operación la deja usted para su 

casa. ¿Sumó usted las cantidades que le di? 

(Yendo con los papeles á la mesa del jefe.) 8i... SI, 

señor; aquí está el resultado. 
¿Qué saca usted? 

Vein... veintisiete mil quinientas cuarenta 
y cinco pesetas... con quin... con quin... 
con quince céntimos. 

¿Ve usted, hombre? ¡Luego «üce usted que 
le tengo ojeriza! ¿Cómo han de dar estas ci- 
íras un total de veintisiete mil pesetas, si 
una sola de las partidas es de cuarenta mil? 
Me... me... me habré equiv( cado. 
(Mirándolo con indignación.) ¡Naturalmente! Ca- 
bra. 
Señor. 

Haga el favor de sumar esto. 
En seguida. 

(suenan sucesivamente y á diversas distancia.s varios 
timbres. Uno de ellos es el correspondiente á don Mau- 
ricio.) 
(Levantándose.) ¡Bueno va! Tenemos reunión 

magna, (a don Abel, que llega cuando él va á mar- 
charse ) ¿Qué sucede, chico? 
Nada, hombre, nada: que las contrarieda- 
des domésticas de ese don Botijo las hemos 
de pagar aquí. 



— 8" - 



D. Maur. Mira, Ab^l, no olvides lo que te dije antes. 
D. Abel ¡Pnes no olvides tú tampoc>) lo que te re- 
pliqué! 

(se va don Mauricio.) 



ESCENA XVII 

DICHOS y DON ABEL 

D. Abel (Barajando en la mesa papeles y libros y tomando no- 
tas en una cuartilla.) Ganas de pedir datos ridí- 
culos para darse tono... ¡Mentecato!... (suena 

el timbre correspondiente á él.) Aguarda Un poco, 

vida mía... ¿En dónde tendré yo esos pape- 
lotes? (vuelve á sonar el timbre.) Aguarda Un 
poco, digo, hijo del alma, que es más fá 'il 
dar con el dedo en el botón, que dar con 
estas sandeces que tú quieres. (Tararea cual- 
quier musiquilla.) ¡JeSÚ-f, qué Caramba! (-uena 

el timbre de nuevo. j ¿Otra vez? ¡Mira no me 

cruce de brazos, si hurgas mucho! 
Cabra (inquieto.) ¡Que se juega usted el destino, 

don Abel! 
D. Abel ¡Y me lo juego á usted al mus, mi querido 

amigo! («isas.) ¡Pues hombre! ¡A fe que estoy 

yo para templar gaitas! 

D. MaUR. (Llegando y encarándose con su amigo.) Abel, ¿qué 

es esto? ¿No has oído el timbre del jefe? 

D. Abel SI. 

D. Maur. ¿y por qué no has ido inmediatamente al 

' despacho? 

D. Abel Porque... tengo reuma en los tobillos, ¿te 
enteras? 

D. Maur. Para tener ese reuma es preciso ser accio- 
niáta del Banco; ¿te enteras tú? Y por la 
amistad particular que nos profesamos, y 
por la subordinación que como inferior je- 
rárquico me delies, te suplico que mientras 
í>irvas a mis óraenes no des espectáciilns 
como este que acabas de dar. Conque vé al 
despacho del jefe en seguida, y tengamos 
en paz la ñesta. Si no basta el ruego del 
amigo, valga el mandato del superior. ' 



— 38 — 



.D. Abel 



D. 


Maur 


D. 


Abel 


D. 


Mauk. 


0. 


Abel 


D. 


Mauk 


D. 


Abel 



(Un tanto amostazado y nervioso.) Mil'fl, IDÍVP, 

Mauricio, no quiero contestarte. 
Mejor es. 

Para tí, por lo menos, 
Y para ti. 
Bien está. 

Pues bien está. Y silencio, ¿eh? 
(Con desdén soberano ) ¡Eies un legajo que ha- 
bla! (Se va por el foro de nial temple.) 



ESCENA XVIII 



DICHOS menos DON ABEL; después BARBUDO 



D. Maur. 



Cabra 

Urru'J' 
Cabra 

ÜRRU'J 



Cabra 



Urrut. 
D. Maur. 

Tul,. 



D. Maur. 
Man. 
D. Malr. 

'JOL. 

D. Maur. 
Tjkrut. 



(Paseándose preocupado.) ¡Inaudito! ¡inaudito! 
Y lo pongo á raya: esto no; esto no. Ni ami- 
go, ni hermano; esto no. Si se ha vuelto 
loco que lo encierren. Ante todo, subordi- 
nación y respeto. 

(Que hasta ahora no ha podido respirar.) AmigO 

Urrutia. 

Man... mande usted. 
¿Qué total era el qne usted sacaba? 
Vein. . veintisiete mil quinientas cuarenta y 
cinco pesetas, con quin... con cjuin... con 
quince céntimos. ¿Y usted, qué gaca? 
Catorce millones, trescientas veintidós mil 
novecientas ocho pesetas, con quince cén- 
timos. 
Es... estaban bien los céntimos. 

(prestando atención hacia el foro.) ¿Avcr?... ¿Oyen 

ustedes? 
¿Qué pasa? 

(Oyese lejos un violento altercado entre el jefe supe- 
rior y don Abel. Todos escuchan.) 

Ya se armó: la que yo me temía. 
Pero si don Abel está desatado... 
Callar. 

(siguen escuchando. La tormen-a arrecia allá dentro.) 

¡Buena banderilla! 
¡Qué bruto! 

Va á costarle el des-tino. 
I De... demonio de hombrel 



— 39 — 

Cabra A}', ay, ay... ¡Pobre familia! ¡Tobte don 

Abel! 
Bar. (Llegando en plena algarabía.) ¡Parece que hay 

bronca en el ocho! 
D. Maup. ¿Pero han visto ustedes qué insensatez? 

¡Estoy horrorizado! ¡Estoy perplejo! ¡Ese 

pobre diablo ha perdido el sentido común! 
Man. Aquí viene, aquí viene... 

D. Mauk. Pues ahora me va á escuchar á mí. Señores, 

cada cual á su puesto. 

(obedecen todos, en expectativa de nna escena sabro- 
sa, Don Mauricio también se va á su sitio.) 



ESCENA XIX 

DICHOS y DON ABEL 

(viene fuera de si: lívido, descompuesto, temblón, el cabello eu des- 
orden, los ojos chispeantes.) 



D. Abel ¡Pues hombre!... ¡pues vaya!... ¿Es que so- 
mos una piara de borregos? (como sí tuviera 
delante al jefe.) ¿Qué sc ha tigurado ustcd, se- 
ñor vacío? ¿H.h? ¡Lo que le he dicho á us- 
ted en su despacho se lo repito con ilustra- 
ciones en la Puerta del Sol! (Buscando en sus 
interrogaciones el asentimiento de los compañeros.) 

¿Eh? ¿eh? ¡Es usted una calabaza con gabá n 
de pieles! ¿Eb? 

D Mauk. (Levantándose.) [Abel: no puedo consentir que 
sigas por ese derrotero! 

D. Abel ¡Pues vete, si no quieres oirme! ¡Yo tengo la 
lengua para hablar, y nada más que para 
hablar! ¡No es mi camino el de la adula- 
ción servil y baja, que dijo Cervantes! ¿Eh? 
¿eh? ¿eh? 

D. Maur. ¡Daré parte al director general y al minis- 
tro! 

D. Abel ¡Yo me salto al uno y al olro! (Encarándose 
con la ventana.) ¡Sí, scñor ministro! ¡me lo salto 
á usted, que todo lo que ha hecho en esta 



— 40 — 

oficina es quitarnos al empleado más útil, 
para traernos á un soljrinito imbécil, que 
discurre menos que un raspadorl ¿EhV ¡Mi- 
nistritos á mí!... ¡Si nadie ignora que entro 
vuecencia en el ministerio con un trapo 
atrás y otro delante, y ya tiene dos finca-< 
en el Escorial y una casa de vacas en los 
Cuatro Caminos! ¿Kli? ¿eh? ¿Me muerdo yo 
la lengua? ¿Kh? 

D, MaUR. (kii tono duro, tratando de imponerse.) ¡ Basta ya! 

¡No quieras que apele á la violencia! ¡Bas- 
ta ya! 

D. Abel ¡Basta, sí, basta, porque yo me voy á la calle! 

D. Maur. ¡Si te autorizo para ello! 

D. Abel ¿Si me autorizas tú?... ¡Hombre, no suelto 
una carcajada volteriana, porque no sabes 

quién fué Voltaire! (Mnrnaurando palabras inco- 
herentes, saca del cajón de su mesa el cuaderno del 
drama, y luego coge su sombrero y su capa dispuesto 

á marcharse.) ¡Pues tendría Salero!... |Qué sali- 
dital... Ministro.^... jerarquías... autorizacio- 
nes... ¡Ja, ja! ¡A mí con esas!... Si, sí... 

D. Maur, (Yéndose á las buenas, compadecido de su amigo ) 

Al)el: no es el jefe, es el amigo quien te su- 
plica que te quedes, que te tranquilices. 

D. Abel Déjame, déjame... ¡Si es que me ahogo! ¡si 
es que necesito aire puro en donde respirar!... 

Cabra Pero aguarde usted un ratito, y ya más se- 

reno... 

D. Abel ¡Nadie me chiste! 

Man. ¿No comprende usted que si sale así?... 

1). Abel ¡Nadie me conteste! ¡Hay mas horizonte que 
el de esta misera covachuela! ¡Hay más luz 
que la que entra por esa ventana! ¡.\diós, 
compañeros! ¡Quiero, aunque sea un día, 

gozar del sol de la libertad! (Blandiendo el dra- 
ma.) ¡En la mano tengo la llave de mi cárcel^ 
¡No me compadezcáis, porque no soy digno 
de vuestra com¡)asión, sino de vuestra envi- 
dia! ¡Quédese la compasión para vosotros 
todo?'; para usted, desdichado Cabra, qu<' 
tendrá que seguir por los siglos de los siglos 
comiendo y almorzando obleas! ¡Esto dice 
el amigo, esto dice el caballero particulari 



— 4i -. 

¡El empleado grita, para que hasta los sor- 
dos lo oigan, que se í-alta al jefe del negocia- 
do, y al de la sección, y al director general, 
y al ministro del ramo, y al presidente del 
consejo, y á la Constitución vigente! ¡Abur! 

( Vase por el foro, ante el asombro general.) 



ESCENA XX 

DICHOS menos DON ABEL 

(Hay un momento de estupor. Los empleados se miran en silencio, 

como ante una cosa nunca vista. Luego rompen á comentar el lance 

y acaban por charlar todos á la vez.) 



Man. ¡Qué atrocidad! 

Cabra ¡Pobre don Abel! ¡Cesantía segura! 

Urkut. Pe... pero ¿han visto ustedes? 

ToL. ¡Está más loco que un cencerro! 

ÜRRUT. ¡ \... á mi me da pena, la verdadl 

Cabra ¡Es otro, es otro! 

Bar. ¡y tiene más razón que un santo; esto es 
aparte! 

D. MauR. (Dando en su mesa un formidable puñetazo, para impo- 
ner su au toridad.) ¡Silencio! (Todos lo miran.) ¡Si- 
lencio he dicho! Esto se acabó, (con dignidad y 
energía.) No piensen ustedeá que vamos ahora 
á hacer comidilla de la desgracia de nuestro 
compañero, que por desgracia la diputo. El 
señor Secano ha sido hasta hoy un fancio. 
nario idóneo, un amigo leal, un compañero 
intachable. Censuremos en nuestra concien- 
cia sus flaquezas, pasajeras sin duJa, pero 
sepamos no imitarlas. ¡A trabajar todos! 

(Ante algún murmullo que no da la cara.) ¡A traba- 
jar he dicho! Ese es nuestro deber, (cada cual 
ocupa su puesto.) Manolo: escriba usted lo que 
voy á dictarle. 

Man. Usted dirá. 

D. Maur. Bases... para la organización y reforma de la 
Hacienda pública, coma... del Ejército, co- 



— 42 — 

ma... de la Armada, coma. . de la Agricul- 
tura, coma... de la Industria, coma... de... 

(Dicta, paseándose, con candorosa solemnidad. Los em 
picados lo miran á hurtadillas. Algunos se ríen disi- 
muladamente. Por la calle, en sentido contrario que 
antes y tocando lo mismo, pasa el ciego del violln- 
El telón va cayendo con lentitud.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



!^^ 



..6<^>,.9*?^> «)»i>.. 



ACTO SEGUNDO 



Interior del cuarto de doña Antonia Pacheco, antigua actriz, en uu 
teatro de la corte. Al foro, la puerta de entrada. A la derecha 
del actor, una cortina abierta por medio, que da al cuartito toca- 
dor. Decorado sencillo. Sillas y divanes. Una butaca. Una mesita. 
En las paredes, algunos retratos de autores y actores ilustres, 
muertos ya. En el techo, un globo de luz. Sobre la puerta, un 
timbre. Es de noche. 



ESCENA PRIMERA 

IRENE y FELISA 

(e1 cunrto está á oscuras y cerrado. De pronto se ilumina, ábrese la 
puerta y salen Felisa é Irene. Irene es hija de don Abel; viste con po- 
breza. Felisa es la doncella de doña Antonia Pacheco, joven y bonita.) 

Fel. Pasa, pasa... ¿Ves tú cómo nadie te ha visto? 

Estás temblando... ¡Pobrecita! 
Irene Si vieras que me da vergüenza... con estos 

guiñapos... Y que no quiero que papá se 

entere... 
Fel Tu papá estará en el saloncillo, í-i es que 

ha venido ya. Mi señora está en escena 

todavía. 
Irene Nunca he entrado en el cuarto de una actriz 

hasta ahora... (Fijándose en uno de ios retratos) 

¿Quién es este t^eñor? 
Fel. Uno que escribía comedias muy bonitas... 



- 44 — 

no recuerdo &u nombre. A todos estos los co. 
noció mi señora. 

Irene ¡Ay! ¿Saldremos con bien de nuestro empe- 

ño, Felisa? 

Fel. ¿Qué duda cabe, tonta? ¿lis posible que sea 

para mal nuestio encuentro del lunes, des- 
pués de más de un año de no vernos? Ade- 
más, mi señora fíoza liaeiendo bien. 

Irene ¡Ay, Felisa! ¡Ojalá me atienda y me ampa- 

rel Porque si se nos hunde también esta ta- 
bla, yo no sé qué va á ser de nosotros. 

Fel. ¡Pobrecita! (a un movi"iienlo de Irene.) Calla. 

(Se asoma á la puerta.) ¡Oios mío! 

Íkene ¿Qué? ¿Viene alguien? 

Fel. Sí. 

latNE ¿Quién? 

Fel. Tu papá. 

Irene ¡Mi papá! ¡El señor nos valga! 

Fel. No te apures. Escóndete aquí. (Entreabre la 

ccrtina del tocador.) 

Irene (obedeciéndola.) ¿Ves qué mala suerte? 

Fel, Ño le apures, mujer. Está tranquila. Yo te 

avisaré cuándo has de salir. 



ESCENA II 

FELISA y DON ABEL 

(Preséntase éste con las huellas de su padecer en el rostro y de su 
penuria en las ropas.) 



D. Abel Felisa, Dios te guarde. 
Fel. Don Abel, buenas noches. 

D. Abel (sentándose con abatimiento y soltando un i)rofundo 
suspiro, que és e>l primero de una serie.) ¡ Ay!... ¿ i U 

señora está en escena aún? 

Fel. Si, señor. Y todavía tarda. 

D. Abel Me parecen siglos los momentos. Tú sabes 
que esta noche va á bacerme la merced de 
escuchar mi obra. 

Fel. Sí, S3ñor: ayer me enteré. Como sólo traba- 

ja en los dos primeros actos de e^ta come- 
dia, y quedan otios dos, tiene tiempo. 



— 45 — 

D. Abel ¡Ayl 

Fel. y á propósito, señor don Abel: si usted me 

diera su permisOj yo me quedaría á la lec- 
tura. 

D. Abel Desde ahora lo tienes. Más entiende-^ tú 
que algunos zopencos. 

Fel. Gracias: es favor. 

Y). Abel ¡Ay! 

Fel. Pero ¿á qué vienen esos suspiro:? ¿Por qué 

está usted triste esta noche? 

D. Abel Hija de mi alma, (icómo he de estar si llevo 
ya cuarenta y dos lecturas en año y medio? 
Me falta la le, me falta el entusiasmen., y 
aun temo que me falte la campanilla Per- 
míteme este rasgo de humorismo: también 
cantan los pájaros en el sauce. 

Fel. ¡Pobrecito don Abel: en cualquier tonteií;) 

que dice se echa de ver el talento que t'ene! 

I). Abel jAyl 

Fel. Vayase usted al saloncillo, que estará más 

animado que esto. 

D. Abel (Levantándose maquiualmente.) Me iré... me iré 

al saloncillo... Como me iría á la casa de fie- 
ras, si me enviases... Bien es verdad que 
tsnto monta. Adiós, Felisa. 
Fel Vaya usted con Dios, don Abel. 

J). Abel (Marchándose.) ¡Ay! 

Fel. ] Pobrecito! \Q,\.\é acabadito y qué derrotadi- 

to está! (Acércase á la cortina del tocador y habla 

con Irene.) Irenita, pasó el peligro. Ya .?e fué. 
Pero bueno es que te quedes ahí, para que 
no te vea nadie hasta que mi señora llegue 

y yo la prevenga. (Asómase á la puerta del cuarto 

y luego vuelve al tocador.) Me parece que ha 
acabado ya el acto primero. Hay tiempo de 
todo, porque en el segundo sólo toma parte 

en una escenita. (va otra vez á la puerta.) Ya 

viene, 3'a viene. 



- 46 - 



ESCENA III 



FELISA y DOÑA ANTONIA; luego IRENE 



( Mega doña Antonia del escenario. Viste un traje de época. 



D.*Ant. ¡Jesús, lo queme fatiga esta picara obra! 
Gracias á Dios que acabo pronto, (siéntase en 

la butaca.) 

Fel. (',ííay gente? 

D.a Ant. ¿Quién ha de haber? [Nadie! La familia del 

autor en un palco, y el autor entre cortinas 

mordiéndose el bigote. 
Fel. Pues ya ve usted que los críticos dijeron que 

esto era un asombro, y una maravilla, y 

qué se yo qué... 
D.aANT. Pues ningún crítico de esos ha vuelto otra 

noche. De modo que ó tienen mucho que 

hacer ó no les gusta tanto como dijeron. 

(Pausa. Felisa mira hacia el tocador y luego va á la 
puerta del cuarto y la cierra.) ¿Qué haCBS, chlca? 

Fel. Perdone usted, pero ahora... 

D.a Ant . ¿Qué pasa? 

Fel. Esta noche es noche de audiencia. ¡Tiene 

usted tan buen corazón! 
D.a Ant. ¡Ay, Dios mío! Siempre serán tu? cosas. 

¿Quieres decirme?... 

Fel. (Entreabriendo de nuevo la cortina del tocador.) bal, 

írenita, sal. 
D.a Ant. Pero ¿quién está ahí? 

Irene (saliendo cohibida y emocionada ) BucnaS nOcheS. 

D.a Ant, (Levantándose.) BuenaS UOcheS. 

Fel Ksta señorita es bija de don Abel Secano. 

D.a Ant. ¡Ah! Celebro mucho... 

Ifíene Servidora. 

D.a Ant. Sí se le parece. 

Irene Usted dispensará mi atrevimiento al pre- 

sentarme sin mi papá. 

D.aANT. Atrevimiento no hay ninguno. S entesa 
Venga aquí. 

Irene (obedeciendo.) Con licencia. 



— 47 — 



JPel. Si no es por mi no viene, le advierto á us- 

ted. Le daba vergüenza; le daba miedo. 

D.a Ant. ¿Miedo? ¿Es que se asusta usted de las 
viejas? 

Irene (sonriendo.) No, señora. Temíalo que pudiera 

usted pensar de mí. 

D.a Ant. Seguramente nada desfavorable. 

Fel. Verá usted, doña Antonia; porque si no, to- 

dos van á ser cumplimientos... Es el caso 
que Irenita y yo fuimos compañeras en el 
taller de una modista de sombreros... «Ma- 
dame Lulú»: una de Triana. Y hará cosa de 
cuatro días, nos encontramos en la calle. 
¡Lo que nos alegramos las dos! Irenita m^' 
contó sus penitas, yo le conté las mías — 
que algunas tengo — y lo demás... usted lo 
comprenderá sin que yo se lo explique. 
Dice bien: usted ya lo habrá comprendido, 
con sólo ver cómo me presento. Vengo á pe- 
dir por mi papá. A pedir es poco: á rogar, á 
implorar, á llorar, si fuese necesario. 
Conmigo no lo es, no se aflija. Usted quiere 
hablarme de La paloma herida, ¿no es eso? 
Sí, señora. 

Pierda usted cuidado, que en mí no influye 
poco ni mucho la desventurada leyenda 
que ese drama tiene, ni menos aún la con- 
dición humilde de su autor. Los viejos so- 
mos compasivos. De algo bueno han de ser- 
vir los años. 

Irene Dios se lo pagará. Todo el mundo se burla 

de los autores desconocidos. 

D.* Ant. Yo no. En todo caso de los conocidos. A 
los otros creo que es un deber escucharlos. 
¿Qué sabe nadie lo que hay en un manus- 
crito que no ha abierto? Algunas veces, en- 
tre el trigo asoman dos orejas; pero ¡caram- 
ba! también pueden asomar dos amapolas. 
¿No es verdad? 

Irene ;Qué buena es usted! 

Pel. ¿Lo estás viendo? Tiene mi señora un cora- 

zón que es una posada: para todo peregrino 
hay albergue. Mira: el otro día vino aquí un 
autor, tan mal de ropa el ángel de mi alma... 



Irene 



D.a Ant. 

Irene 
D.a Ant. 



- 48 — 



D.a Ant 



Irene 



1) li Ant 
Fel. 
D.ti Anj 
Irene 



D.a Ant. 
Ikene 

D.a Ani. 



Irene 



D.a Ant. 
li ene 



D.a Ani 
Irene 



Tú, tú; deja las anécdotas sentimentales. 
Por hablar no sabes lo que dices, (a ireno.) 
Diga usted, niña: su papá de usted, y pei- 
done la indiscreción, ¿no es más que autor 
dramático? 

Ahora, nada más. Antes era empleado; pero 
hace ya cerca de año y medio que quedó ce- 
sante. Cuando escribió el drama, el jefe lo 
tomó entre ojos. 
¿Por qué? 

Por envidia, y nada más que por envidia. 
Calla, ¿Y son ustedes muchos hermanos? 
Siete. Sino que desde la cesantía nos que- 
damos con papá sólo dos, porque así lo ha 
querido la necesidad. Les otros cinco, uno 
aquí, otro allá, están en casa de varios pa- 
rientes. 

¿Su mamá vive con ustedes, por supuesto? • 
No señora: mi mamá nos faltó cuando yo 
tenía nueve años. Y soy la mayor. 
¿Y cómo nació en su papá de usted la idea 
de escribir ese drama á su edad, y de lan- 
zarse á estas andanzas? ¿O es que su voca- 
ción desde joven le empujó á ello? 
¡Ca! no, señora. ¡Si todos en casa nos que- 
damos ccn la boca abierta! Le sopló la musa 
de pronto. 

¿Le sopló la musa?... 

Papá sacó el drama de la historia desgracia- 
da de una tal Fidela; una doncella que tu- 
vimos en casa... cuando podíamos permitir- 
nos fsos lujos. Por cierto que hugo hemos 
sabido que se casó con un cacharrero de 
Pozas, y que son felices, A papá le ha con- 
trariado, porque dice que su heroína no 
debe acabar de tan prosaica manera; pero 
no varía el final de su obra, porijue tam- 
bién dice que el arte tiene derecho á modi- 
ficar la realidad, 

Tiidudal)lemente, Sólo que suele ser la rea- 
lidad la que lo modifica todo. 
Esa sí que es una gran sentencia. Ahí está 
la triste realidad de mi casa. ¡Qué cambio! 
¡qué vueltas! ¡qué carecer aun de lo más 



— 4'J — 



D.a Ant. 



Irene 



D.a Ant. 
Irene 

D.a Ant. 
Irene 
D.a Ant. 
Irene 



preciso! ¡\y, señora; crea usted que nos van 
faltando los alientos! Ya no nos queda más 
tabla á que agarrarnos que La jJaloma heri- 
da, ni tenemos otra esperanza que la que 
usted nos dé. Mi papá espera de su drama 
tranquilidad, salií^facción, dinero, alegría; 
yo, tal vez casarme: tengo un novio que me 
quiere mucho; mi hermano el mayor librar- 
se de las quintas; mis hermanitos los pe- 
queños, volver á casa... Por eso me he de- 
terminado á llegar hasta usted, venciendo 
mis escrúpulos, üe usted depende la sal- 
vación de esta familia desgraciada. Usted 
puede llenar nuestra casa de luz. 
^;Qué más quisiera yo, criatura? Yo no pue- 
do hacer más que escuchar la obia, y pe- 
dirle á Dios que me guíate mucho. Yo no 
soy aquí más «)ue uua actriz vieja; respeta- 
da y (querida, eso sí, pero á la que no se le 
atiende... si no le conviene al empresario. 
De todos modos, haré cuanto esté de mi 
parte. No lo dude usted. 
(Levantándose.) Pues no molesto Hiás. Señora, 
le doy á usted intínitas gracias... A mi papá 
no le diga usted nada de esto. Adiós, se- 
ñora. 

Adió?, niña. 

Felisa, ¿quieres acompañarme por los pa- 
sillos? 

Sí, f-í; acompáñala hasta la salida. 
Muchas gracias. 
Adiós. 
Me voy muy contenta, muy contentíi. (se 

marchan las dos.) 



ESCENA IV 

DOÑA ANTONIA, DOÑA ANDREA y MARIQUITA. Al final FELISA 



D."Ant. ¡Pobre niña! ¡Qué ilusiones más desatina- 
das! Esta locura del teatro la debían estu- 
diar los médicos. ¡Una familia que fía su 
porvenir, su vida, del drama de don Abel 



— 60 - 

Secano, hazmerreir de bastidores!... ¡Jesús, 
Dios mío! y dice que le sopló la musa... 
¡Pobre señor! ¡M.-is valía que le hubiera so- 
plado el Guadarrama! 

D.* And. (Asomándose con Mariquita á la puerta del cuarto.) 

¿Hay permizo? 
D.íiAnj. jHola! Adelante. 

(Pasan doña Andrea y Mariquita, madreé hija, anda- 
luzas las dos. y meritoria esta última en el teatro Vis- 
te también un traje de época, en armonía con el de 
doña Antonia.) 

D.a And. Nos vamos en zegiiía: no molestamos. Veni- 
mos na más que á darle á usté las gracias, y 
á darle á usté las gracias, y á darle á usté 
las gracias. Da las gracias, niña. 

Mar. Muchifimas grasias. 

D.a And. Esta es mu corta y no ze atreve á habla de- 
lante e nadie. Místela ya como una amapo- 
la. Y yo le digo que en er teatro )a vergüen- 
za no zirve pa na. ¿E^ ó no es? 

D.hAnt. Yo creo que no es. 

D.^Akd. ¡Ay, qué gracioza ha estao! Po zí, po zí: á 
usté ze lo debemos to. Yevaba la pobrecita 
mia arrincona zeis mezes de meritoria. Lo 
más que hacía era entre bastidores: de mor- 
• muyo. Y usté la ha zacao, usté la ha zacao: 

usté la ha puesto en las candilejas. Dios ze 
lo pague á usté, doña Antonia. En er tea- 
tro, ardabas, y ardabas, y ardabas. 

D.:i Ant. No, doña Andrea: en el teatro, como en to- 
das partes, mérito, afición, estudio... 

D.a And. ¡Y ardabas, y ardabas! 

D.a Ant. Bueno, y árdalas, si usted quiere. 

D.i^ And. ¡Ay, me remea, me remea! ¡Qué gracioza es! 
Ahora, un papelito, un papelito. Porque lo 
de esta noche no ha zio na: zacá dos velas, 
y apaga una. Zoplá, zopla cuarquiera. ¿Es ó 
no esV Usté que es tan güeña y tiene tanta 
mano con loz autores, á vé zi le conzigue un 
papé. Ya zabe usté lo que zon estas cazas: 
ze está oscurecía hasta que ze agarra un 
papé. ¡Un papé, un papé, doña Antonia Pa- 
checo; búsquele usté un papé! Esta lo hace 
to, lo hace to. Le da usté una tonta, y la 



~ 51 — 

hace; le da usté una lista, y la hace; (Acer- 
cándose mucho á doña Antonia y bajando ]a voz.) l6 
da usté una tunanta, y la hace, — que no zé 
dónde lo ha aprendió la chiquiya. 
D.a Ant, Descuide, que no he de abandonarla. 

(vuelve Felisa.) 

D.a And. Ya lo es-tás oyendo. ¡Güeña madrina te has 
echao! No la dejes tú á eya. Pínchale, pín- 
chale; que en er teatro, ardabas y papeles, 
y ardabas y papeles, y ardabas y papeles. 
¿Ks ó no es? Y vamonos ya, que no me gus- 
ta que incomodes. 

D.a Ant. l-a niña no incomoda... 

D.aAND. ¿Yo zí, verdá? ¡Me la ha zortao! ¡me la ha 
zortao! ¡Con qué zalero me la ha zortao! 
¡Quéeze usté con Dios, zo gracioza! Y muchí- 
ziiras gracias, muchizimas gracias, muchízi- 
mas gracias. 

Mar. Muchísimas grasias. 

D.a Ant. Vayan con Dios. No las merece. 

D.a And. : Volviéndose desde la puerta.) ¡Doña Antonia Pa- 

, checo... que zoy una madre... qae zoy una 

madre... que zoy una madre! 
D.a Ant. Ya, ya lo sé. 

(Se retiran la madre y la hija.) 

Fel. Pero ¿por fia ha trabajado Mariquita esta 

nocheV 

D.a Ant. Sí, hija, sí: por no oir á la madre; que es 
una madre, como ella dice, pero que habla 
por toda una tamilia. 

Fel. Pues tengo que darle el parabién á la mu- 

chacha. ¡Pobrecita! ¡Es más buenecita y más 
pavita! ¿Qué ha hecho? 

D.aAsT. b'igúrate: tenía que apagar una vela, y la 
apagó diez minutos antes. La Ristori no es. 

(Llega Bustamante, autor joven, de aspecto simpáUco.) 



ESCENA V 

DOÑA ANTONIA y BUSTAMANTE 

BusT. Ilustre doña Antonia. 

D.a Ant . Hola, Manolillo. ¿Cómo lo pasas? 



— 52 — 

BusT. Bien, ¿y usted? 

D.aANT. No te agradezco la visita. Sé que vienes 

aquí porque están cerrados los cuartos de 

las jóvenes. 
l>r'?T. No sea usted mal pensada. 

1) a AnT. No seas tú ilipócrita. (viendo que Felisa se entra 

en el tocador.) Y también vieiies porque te 
gusta mi doncella. 

¡jüST. Me gusta, sí; pero no vengo por eso. Yo, 

como autor, seré una desdicha; pero como 
particular, soy de lo más formalito que pisa 
escenarios. 

D.a Ant. Ya, ya te conozco. 

BusT. Vengo del saloncillo, doña Antonia; y ven- 

go á respirar, le soy á usted franco. ¡Kse se- 
ñor Secano es un ciprés! ¡No habla njásque 
de asuntos tristes! Me ha entrecogido en un 
rincón y me la ha dado buena. Va á limpiar 
aquello de gente. 

D.aANT. ¡Pobre don Abel! 

BusT. Pobre, sí; pero que no se meta en el salonci- 

llo á amargarnos la vidaá todos. 

D.aANT. Pues tú, y otros como tú, tenéis la culpa. 
Porque os divertía le dabais bromas verda- 
deramente crueles, haciéndole creer que era 
un genio, y entre todos le habéis vuelto el 
juicio. Ayer recibió una carta de I'arís, pi- 
diéndole su obra para la Comedia France- 
sa. ¿Te parece? El otio día le hicieron un 
retrato en 3I cuarto de la Peral, diciéndole 
que iba á publicarse en un periódico de 
Alemania. En fin, horrores. 

BusT. Esas son cof-as de Ruíete. 

D.íi Ant. Pues bien podía Rufete emplear más inge- 
nio en las obras y menos en el saloncillo. 

BüST. Más en las obras, lo comprendo; pero menos 

en el saloncillo, no puede ser. 
(Se ríen los dos.) 



— 53 — 



ESCENA VI 

DICHOS y UN SEÑOR ANÓNIMO; después DON GENARO 
y ROMERO 

{Este señor Anónimo es uno de esos seres insignificantes y entrome- 
tidos que conoceu á todo el mundo, y á quienes no conoce nadie. 
Habla de lo suyo como si la humauidad viviera consagrada á pen- 
■sar en él. Viste con pulcritud, está siempre contento, y saborea la di- 
cha de vivir.) 



ÍSeÑOR (Asomándose á la puerta del cuarto.) ¿Se puede? 

Da Ant. Aliviante. 

Señor ^;(.'óiiio está usted, mi señora doña Antonia? 

D.^ Ant. (sin saber cou quién habla.) Bien... ¿y UStcd? 

Señor Bien, muchas gracias, ¡üaballero Bustamau- 

te! ¿qué tal? 
BUST (Lo mismo que doña Antonia.) Bien... ¿y UStcd? 

íShÑOR ¡Vamos tirando de esta vida perra! ¡Je! He 

llegado hoy. Me voy mañana. 

D.a Ant. ¿No se sienta usted? 

Señor Con mucho gusto. Estaré un ratillo. 

D.^ Ant. (a Bustamante.) (¿Quién es, tú?) 

BusT. ( \ doña Antonia.) (No lo sé, doña Antonia.) 

Señor Pu^^s sí: he llegado hoy. 

Bi;sT ¿Y se va usted mañana? 

Señor AJañana, sí; no puedo abandonar aquello. 

D a Ant. Claro. 

Señor Yo siempre como un meteoro. ¡Je! ¡Xi visto 

ni oí lo! ¡ian pronto aparezco como desapa- 
rezco! ¡Je! ¿Usted se casó, Bustamante? 

BusT. No, señor. 

Señor ¿No? Pues ¿quién se ha casado? 

BusT ¡Mucha gente! ¡Como que es no parar! 

D.a Ant. ¡Lualquiera pesca á este mariposón! 

Señor Ya, eso sí; pero yo juraría haber leído... ¡Ah, 

doña Antonia! Muy encarecidos afectos de 
Julia: ¡pero muy encarecidos! 

D.a Ant. ¿De quién? 

Señor ¡De Julia! 

D.a Ant. Ah... de Julia. Devuélvaselos usted de mi 
parte. 

Señor Lo agradecerá muy de veras. Está encanta- 



64 - 



D.a Ani. 

Señor 



D.a Ant. 



Señor 
Da Ant. 

BUST 



D. Gen. 

BuST. 

D. Gek. 



D.a Ak'J 
D. Gen. 



Señor 



D. Gek. 

Señor 
p. Gen. 
Sbñor 
D. Gen. 
Señor 
D Gen. 



da con usted: ¡encantada! ¿Se acuerda usted 
del día del chocolate? 
No. üigo, sí; sí me acuerdo. 
¡Yaba llovido! ¿Se lo ha contado usted á 
este? Fuede que le saque partido para una 
piececilla. 

Momentos antes de llegar usted — mire us- 
ted qné casualidad— hablábamos precisa- 
mente de eso. 

¡Lo que nos reimos! ¿Se acuerda usted? 
¡C( mo que yo me puse mala! 
Y yo, cuando me lo contó, (a doña AuioDia ) 
(Es que no tengo la menor idea de este ca- 
ballero.) 

(Se ríen los tres: doña Antonia y Bustamante, del señor 
Anónimo, y éste del día del chocolate. Llega do» 
Genaro, caballero elegante.) 

Fues, señor, a ese don Abel vá á haber que 
darle un destino en Caracas. ¡Muy lejos! 
¿Otro que huye? 

¡Y huirán hasta los retratos de la pared! ¡Si 
es tétrico! ¡Si es abrumador! ¡No hay diges- 
tión tranquila con ese hombre! 
¡.la, ja! Mi cuarto es un refugio esta noche. 
¡Qué poco pueden ustedes sufrir al piójimo! 
¡A fiiójiuios patibulario?, desde luego! Yo 
no, yo no. He comido con la de Vista Ale- 
gre: estaba guapísima. Nos ha díido una co- 
mida espléndida: vinos y licores exquisito."-... 
Yo terminé con pippermmf. ¡Pues pur causa 
de ese señor Secant», se me ha puesto la lan- 
gosta de pie! ¡Imposible! ¡imposible! 

(Sorprendido de que don Genaro no lo salude.^ 

¡Amigo don Genaro! ¡Desde que no nos ve- 
mos no nos conocemos! ¡Je! 
(confuso.) Ah... usted dispense... No había 
reparado... 
¿Cómo está usted? 
Bien... ¿y usted? 

He llegado hoy. Me voy mañana. 
Ya. 

Si quiere usted algo para aquella gente... ¡Jel 
Nada: expresiones... (a doña >»i)tonia.) '¿Quién 
es este señor tan regocijadoVj 



' 65 



D.» Ant. (a don Genaro.) fPoi' lo vÍ8to se trata de un 
anónimo: ha llegado hoy, pero viene sin 
firma.) 

Señor Vaya, vaya, con don Genaro... ¡Je! ¿Se acuer- 

da u.sled del día de las ostrasV ¡Je! ¡Ya h;i 
llovido! 

D. Gen. Le diré á usted... tomo ostras casi todos los 
días; de modo que no es fácil... 

Señor ¡.Je! ¡Cómo nos divertimof-! 

(Aparece. Romero en la puerta. Viste, como doña .\n- 
tonia, de época.) 

Rom. ¿Está aquí Bustamente? (vióndoio.) Bueno, 

chico, efcto es cosa resuelta: hay que sortear- 
se para ver quién mata á Secano. 

(Risas.) 

D.a Ant. Calle usted, mala sangre. 

Rom. ¿Mala sangre? Mire usted, doña Antonia .. 

Señor (cortándole la palabra con un abrazo que uo puede 

retardar más tiempo.) ¡Roilierillol ^,CÓra0 te Va? 

¡Dicho.'^os los ojos, hombre, dichosos los ojos! 

¿Qué hay? 
Rom, (Perplejo) fiQuc qué hay? Pues... nada... Aquí 

repiesentando comedias. 
Señor Confiésalo: ¿á que lo que menos esperabas 

era verme? 
Rom. Sí, si; efectivamente: lo que menos, (a don 

Genaro.) (¿Quién esVj 
D. Gen. (a Romero.) (8e ha perdido la fe de bautismo.) 
Señor Yo las gasto así: cuando menos se pien-a... 

¡Jel 
D.a Ant. Ha llegado hoy. 
Señor Sí: he llegado hoy. 

D.a Ani. y se va mañana. 
Señor Sí: rae voy mañana. ¿.Qué he de hacer? No 

tengo má-< remedio. El ojo del amo... ¡Je! 

Al yunque, al yunque. Además, tú sabes lo 

que es .Julia. 
Rom ¡Oh! No me hables de eso. ¿Está buena, eh? 

Señor Sí, ya está buena. Aquello no fué nada. Un 

parto doble: lo de todos los días. ¡Je! Ahora 

sueña con su automóvil. 
BusT Amigo, cómo se conocen los ricos... 

Señor ¡El que habla, y escribe cuatro patochadas y 

gana un dineral! ¡Je! 



- 56 — 

BusT ¡Hombre! 

Señor No lo niegue usted, porque lo han dicho los 

periódicos muchas vece^. Siempre que estre- 
na usted le ajustan las cuentas los críticos. 
¡El teatro es un filónl lun filón! 

D.a Ant. ¡Un filón! ¡Y todos los autores, ricos! Ahí 
está don Abel Secano. 

(Movimiento en todos como para irse.) 

Rom. ¿Dónde? 

D.a Ant. Lo cito como ejemplo. 

Rom. Ya. Hast^i est;i noche no me ha colmado las 

medidas el tal Secano. Antes no era asi. ¡Se 
ha puesto de un fúnebre que aterra! 

Señor Pero ¿quién es él? ¿Quién es ese? 

D.a Ant. Un pubre señor que ha escrito un drama y 
no consigue verlo representado. ¿Le parece 
á usted floja desdicha? 

Señor Si fuese divertido me lo llevaba mañana á 

almorzar. ¡Je! Yo me río mucho con esos 
ti pos. 

Rom. a eso estamos: á reírnos los unos de los 

otros. ¿No es verdad? 

Señor ¡Je! ¡Qué punto! Romerillo, Romerillo... ¿Te 

acuerdas del día del arroz? ¡Je! 

Rom. ¡Calcúlate: no pienso en otra cosa! 

Señor ¡Ya ha 11 'vido, caramba, ya ha llovido! 

D. Gen. Oiga usted, doña Antonia: ¿y hay catástro- 
fe en ese drama? 

D.a Ant. Yo no lo conozco todavía. 

BusT. ¿Que si hay catástrofe? ¡Espantosa! 

D. Gen. ¡Por Dios, que no nos pongan eso! ¡Va á ser 
imposible venir! ¡Si el teatro no es un sitio 
para digerir bien, no sé qué es el teatro! 

D.a Ani . Compadezco á ese pot)re hoadire. Son tan- 
tos los que se han soltado á escribir come- 
dias á la buena de Di< s, que ya va habiendo 
más autores que público. 



~ 67 — 



ESCENA VII 



DICHOS y CRRUTIA 
UrrUT. (presentándose en la puerta sombrero en mano, azorado 

y temblón.) ¿Se... se puede pasar? 

D.» Ant, Adelante. 

Urrut. (sin oiría.) ¿Se... se puede pasar? 

D.a Ant. Adelante. 

Urkut. Bu«... buenas noches. 

D.a An'i . Buenas noches. 

D. Gfn. Buenas noches. 

(Urrutia mira á todos, con cuya presencia no contaba, 
y no acierta á decir palabra. Pausa angustiosa.) 

D.' Ani . ¿A quién busca u^ted? 

Ukkut. a... á la señora Pacheco. 

D.a Ant. Yo soy. 

Urrut. Lo... lo siento mucho. 

D.a Ani . ¿Cómo? 

ürrut. No., nada... Me... me he equivocado. 

(Nueva pausa y nuevas miradas. La reunión se ríe con 
disimulo.) 

D.a Ant. Usted me dirá lo que quiere. 

Ukrut. a... ahora no es ocasión. Está usted ocupa- 
da. Vol... volveré. 

D.a Ant . Como usted guste. 

Ührut. Tra... traía una carlita. 

D.a Ant. ¿Para mi? 

Ürrut. Pa... para usted. 

D.* Ant. Fues démela, y la leeré con permiso de es- 
tos sefiores. 

Urrut. Sen... sentiría hicomodar. 

D.'Ant. No, no señor, no. 

Urrut. To... tome usted entonces, (ai adelantarse hacia 

doña Antonia para dnrle la carta, pisa á uno, y al re- 
troceder para ponerse donde estaba, pisa á otro.) Us... 

usted dispense, caballero. 
D. Gen. No hay de qué. 
Urrut. ¿Le... le he hecho á usted daño? 
Señor No, señor. 

D.a Ant. (Leyendo la carta para si.) Ah, eS de Rovira. 
Perfectamente. (Apartándose á un lado.) Hiiga 

usted el favor. 



— 58 — 



Urrut. 
D.a Ant 
Urrut. 
D.a Ant 
Urrut. 
D.a Ani 
Urrut. 



D." Ant. 
Urrut. 

D.a Ant. 
Urrut. 
D.a Ant. 
Urrut. 
D.a Ant. 



Urrut. 
D.a Ant, 
Urrut. 



D. Ant. 

Urrut. 

D.a Ant. 
Urrut. 



D.a Ant. 
Urrut. 
D.a Ant. 
Urrut. 
D.a Ant . 
Urrut. 
BusT. 
Urrui . 



Sen... sentiría incomodar. 
Siénteee usted. 
Gra... gracias: no tengo prisa. 
Pueri soy toíía oidí)S. 
¿To... toda oído.t? 
Quiero decir que ya le escucho. 
No... no la entendí á usted. Se... se trata de 
un monologuito. escrito para usted expro- 
feso 

¿De usted? 

V... y de tres compañeros de oficina. La idea 
es de un servidor, 
^/-ómo se titula? 
El... El baúl mundo se vende. 
¿Es cómico? 
Tie... tiene lo suyo. 

Bueno; pues yo lo leeré con todo cariño, y 
usted se da una vuelta por aquí dentro de 
unos días. 

¿Co.. como cuando? 
¿Hoy qué es, jueves? El lunes próximo. 
Mu... muy bien. Me... me alegro de que no 
sea el martes. Le suplico á usted benevolen- 
cia; y que influya para que lo pongan; que 
está todo muy ujalo, y... y un servidor 
tiene á su padre, y... y tiene á su madre, y... 
y tiene á su novia, y... y tiene cuatro mil 
reales de sueldo. 
Ya, ya me hago cargo. 
Pues... pues muchísimas gracias. Uí. . usted 
perdone la libertad... y hasta el lunes. 
Pero ¿y el monólogo? 

¿El... el monólogo? (Palpándose.) ¡Es pata la 
mial ¿Pues no me lo he dejado en casa? Y... 
y lo puse adrede con el sombrero. 
¡Vaya por Dios! 

Yo... yo se lo traeré á usted mañana. 
(Reprimiendo la risa.) Cuando usted quiera. 
Bue... buenas noches. 
Adiós. 

(a los contertulios.) Bue... buenas noches. 
Buenas noches. 

(Dándoles la mano uno por uno de puro aturdido que 

está.) Que... que usted siga bueno... Que .. que 



- 59 — 

UFted siga bueno... Que... que usted siga 
bueno... Que... que usted siga bueno. 

Señok Vaya usted con Dios. 

Urrut. (á doña Antonia.) ¿Me... me he despedido de 
usted? 

D.a Ant. Sí, señor. 

Urrut. Us... usted dispense la pregunta, frisando a 
otro al retirarse.) Us... ufcted perdone. ¡Parece 
que voy ciego! \Ea pata lamía! 

(Todos se ríen de él cuando se va.) 

ESCENA VIH 



DICHOS menos URRUTIA. DON ABEL 

Rom . ¿Quién es ese moscón que tanto tropieza? 

D.a Am , Un autor que no viene más que á traerme 
un monólogo, y se lo deja en casa. Compa- 
dezcámosle también. 

BusT. Di(»s le dé mejor suerte que á don Abel Se- 

cano. 

1). Gen. ¡y una musa más regocijada! 

(Sueua el timbre.) 

D.^Ant, Me llaman á escena, señores. Ustedes se 

quedan en su cuarto, (saludando á don Abel, que 
llega á tiempo que ella se ya ) ¡Don Abeli ¡TantO 

gusto!... 
D. Abel ¿Cómo está usted, mi buena amiga? 
Rom. (¡Ufl) 

D. Gen. (¡Nos copó!) 
BusT. (¡A mí no me pesca!) 

D.a Ant. Fase, pase; ahora vuelvo. No tengo más que 

cuatro palabr&s. (se va.) 
D. Abkl Buenas nochet*, señores. 
Señor Buenas iioches. (Á Bustamante.) (¿Es este el 

sombran?) 

BuST. (ai Anónimo.) (El mismO.) 

D. Abel ¿Qué hay de cosas, amigo Bustamante? 
BusT. ¡t'sché!... 

(Bustamante, Romero, don Genaro y el seiJor Anónimo 
se van marchando con toda suavidad y disimulo, suce- 
sivamente, huyendo de la quema y tarareando una mis- 
ma canción entre todos. Uno la empieza y los demás 
la signen al marcharse.) 



60 ^ 



BUST. 

Rom . 
D. Gen. 
Señor 



Tara tira tara tarara... 
Tiri tirí tirí tiró... 
Tora tora tora toriaro... 
Turú turú tiirú turó... 



ESCENA IX 



DON ABEL y FELISA 

D Abel (con amargura.) Ciiando no les distraigo me 
huyen... jY se figuran que no me doy cuen- 
ta!... ¡ Ay, Abel, qué camino más largo y iná i 

penoso! (siéntase dando muestras de postración ) 

Fel. (saliendo del tocador.) ¿Está usted hablando 

solo, señor Secano? 
]). Abel Sí, hija mía; estoy hablando solo. 
Fel. ¡Ay, pobrecito! ¿Y por qué es eso? 

D Abel Porque no tenía con quien hablar, y tenía 

que hablar necesariamente. 
Fel. Pero, dígame usted; ¿no estaban aquí unos 

señores? 
D. Abel Aquí estaban, sí; pero entré yo... y eso bastó 

para que se fueran. 
Fel. ¡Pobrecito! Ande usted, que ya le llegará la 

suya. 
D. Abel ¿Lo crees tú? 
Fel. a pies juntillas, don Abel. ¡No faltaba más 

sino que se quetlara oscurecido un talento 

tan grande! Verá usted cómo mi señora le 

da la mano. 
D. Abel Dime, Felisita, ¿qué piensa doña Antonia 

de mí? ¿Qué dice de la lectura de esta no- 
che? ¿Le has oído algo? ¿Sabes algo? ¿Me 

puedes contar algo? 
Fel. Don Abel... Don Abel... ¿Ve usted? Ya la 

tenemos. 
D. Abel ¿Qué tenemos? 
Fel. Ya voy á decir lo que no debía. 

D. Abel ¿Cómo? 

Fel. Lo que he prometido callar. 

D.Abel ¡Di nielo, por Dios! 
Ff.l. ¿Quién piensa usted que ha estado acjuí 

hace poco? 



- 61 — 

D. Abei ¿En dónde? 

Fel. Aquí: en este cuarto. 

D Abel ¿Quién? 

Fel. Irenita. 

D Abel ¿Mi hija? 

Fel t?í, señor. 

D Abel ¿Mi hija? ¿Que ha estado aquí mi hija? 
¿Para qué? 

Fel, Para pedirle á mi señora protección y am- 

paro. 

D Abel (conmovido) ¡Hija de mi ahna! 

Fel. Yo la traje, yo la presenté, yo la acompañé 

luego hasta la puerta... ¡Iba la pobrecita sal- 
tando de gozo! ¡Porque no sabe usted cómo 
la recibió mi señora! 

D. Abel ¡Ay, si esto fuera el principio del fin! 

Fel. Lo será, lo será. 



ESCENA X 

DICHOS y DOÑA ANIONIA 

D.a Ant . (saliendo.) ¡Gracias á Dios! Esta noche ya no 
vierto más perlas, don Abel. 

D. Abei ¿Acabó usted ya? 

D.^Ant. Por fortuna. Nádame molesta tanto como 
trabajar con el teatro vacío. ¿Tiene usted 
ahí la obra? 

D. Abel ¡Qué pregunta! 

D.ii Ant. Bueno, pues me voy á quitar estas galas y 
la leeremos en seguida. 

1). Abel ¡Jel... Los malos tragos... ¿No? 

D.a Ant. Una advertencia. Creo que debe usted invi- 
tar á Carranza. Es el primer actor de la 
compañía y le conviene á usted tenerlo de 
su parte. Ño vendrá, pero usted lo invita y 
queda bien. Dígale que ya estamos de 
acuerdo. 

D. Abel ¡Cuántas bondades, doña Antonia! ¿Cómo 
podré pagar?... Yo también me he permiti- 
do invitar á un amigo... ¿Usted no tendía 
inconveniente? 



— 62 — 

D.íi Ani-. ¡Ninguno! Traiga usted á quien quiera. 

D. Abel Gracias. ¿Será usted benévola cun este po- 
bre autor? 

D.aANT. Lo soy con todos. Mi padre fué escritor 
también, y sé lo que cuenta producir. 

O. Abel E^ usted muy buena, muy buena... Usted 
no puede imaginar lo que va á resolverme... 
lo que para mí significa... Además, aquí, 
entre tantas burlas, entre tanto desprecio, 
si viera usted cuánto se eslima esta consi- 
deración, esta cortesía... aunque no sea más 
que esto... Vaya, vaya, no quiero dar el es- 
pectáculo de echarme á llorar como un chi- 
quillo. 

D.a Ant. Por Dio', don Abel; ¿á qué viene eso ahora? 
Ande usted á cumplir con Carranza. Yo sal- 
go al instante. 

D Abel Allá voy, allá voy... 

Fel. ¡Pobrecito! (Entrase con doña Autonia ca ol toca- 

dor.) 



ESCENA XI 

DON ABEL y el SEÑOR ANÓNIMO 

D. Abel (Enjugándose los ojos.) Esperaré un momento... 
Temo que esas fierecillas me vean llorar. 
Porque si hay uno que se ría de estas lágri- 
mas, soy capaz de ahogarlo, (pausa.) ¡Quién 
sabe! ¡quién sabe! Puede que la victoiiaesté 
cerca, y entonces... Yo no guardo rencor 
para nadie, pero esos que se mofan de mí 
descaradamente, esos que hacen saínete de 
mi desgracia... esos... lo que es esos... 

oEÑOR (Presentándose risueño y decidor como de costumbre.) 

Felices. 
D. Abel ¿Quién? (Reconociéndolo.) ¡Ah! 

¡Señor ¿Sabe usted si la señora Pacheco está en el 

tocador? 

JJ. Abel (Después de mirarlo de arriba abajo, marchase tara- 
reando la misma caución que antes le tararearon á él.) 

Tari tari tari tariaro... 



— 63 — 



ESCENA XII 

EL SEÑOR ANÓNIMO y DOÑA AKTONIA 

Señor ¡Ay, qué gracia! ¡Me la ha devuelto! ¡Es el 

sombran! ¡el loco! ¡Je! ¿Pero que ese pobrete 
quiera escribir comedias? ¡Qué cosas se ven! 
(Acercándose al tocador y gritando ) ¡Doña Anto- 
nia! 

D.a Ant. (Dentro.) ¿Quién? 

Señor Yo. 

D.a Ant. ¿Quién? 

Sen ir Yo. 

Da Ant ¿Quién? 

Señor Yo. 

D.a Ant. ¡Ah! 

Señor Un minuto nada más, doña Antonia. Me 

voy mañana, y las despedidas á la francesa 
no entran en mis costumbres. ¡Je! ¿Qué me 
dice usted para Julia? 

D.a Ant. ¿Para Julia? Nada... mis afectos... ¡Y que á 
ver cuando voy por allá! 

Señor ¡Bravo! Otra cosita, y no molesto más por 

ahora. Dentro de un mes volveré á verla. 
¡Recíbame usted con un trabuco! 

D.a Ant. ¿Por qué? 

Señor En mis ratos perdidos he escrito una come- 

dia de chistes, y deseo que usted la conoz- 
ca. ¡Je! ¡Es un mamarracho muy grande! 
¡Je! 

D.a Ant. ¡ lesús, qué sorpresa! ¿Cómo había yo de 
presumir...? 

Señor Cuando el diablo no tiene que hacer, escri- 

be comedias con el rabo. ¡Jel ¡Ah! Y conste 
que si á usted le parece más mala que á 
mí, me la echa al corral sin rodeos. ¡Yo no 
rae enfado! ¡A otra! 

D.a A^T. ¡Eso es! ¡A otra! 

Señor Conque hasta pronto. Muchos aplausos, mu- 

cha salud... y muchas pesetas. ¡Sin pesetas 
no se camina! ¡Je! 

D.a Ant. ¡Adiós! 

Señor ¡Adiós! 



- 64 — 



ESCENA XIII 

EL SEÑOR ANÓNIMO y DON MAURICIO 

Señor (a don Mauricio, que llega cuando él vsi á marchar- 

se.) Pase usted. 
D. MAU^ . Usted pvin)ero. 

Sfñor Hágarre el favor. 

D. Mau. Muchas gracias. 

Señor ¡Calle! ¡Is'o lo habla conocido! ¿Cómo ef- 

tamos? 

D. Maur. (sin conocerlo a él.) Bien... ^.y usted, beñor? 

8eñür ¡Tan famoso! ¡Je! He llegado hoy. Me voy 

mañana. ¿Quiere usíted algo para allá? 

D. Maur. Nada: feliz viaje. 

Señor Que usted siga bueno. 

D. MaI'R. Vaya usted con Dios, (cuando se marcha el 

otrol No recuerdo haberlo visto en mi vida. 



ESCENA XIV 



DON MAURICIO y FELISA; después DOÑA ANTONIA 



Feí.. 

D. Maur 

Fel. 

D. Maur. 

Fel. 

D. Maur. 

Fel. 

D . Maur , 



Fel. 

D. Maur 
Fel. 
D. Maur 
Fel. 

D. Maur 



(saliendo del tocador.) ¿Quién eS? 

Buenas noches. 
Buena" noches. 

¿El cuarto de la señora Pacheco es este? 
Este es. 

¿Está la señora? 

Cambiándose de traje está. ¿Qué se le ofrece 
á usted? 

Hablar con ella; pero por mí que no se im- 
paciente. 

(Felisa entra y sale trayendo y llevando recaditos ) 

Que tenga usted la bondad de decirme su 

nombre. 

Dígale que no me conoce; que es inútil. 

Que haga usted el favor de sentarse. 

(obedeciendo.) Muchas gracias 

Que no hay de qué. (Quédase en el cuarto. Pausa. 
Se miran los dos como queriendo reconocerse.) 

Su cara de usted me es conocida. 



- 66 — 

Fel, y á mí la de uster), señor. Desde que salí 

me estoy fijando, y juraría que le he visto 
en alguna parte. 

D. Maur. Igual me ocurre á mí con upted. 

Fel. (Recordando de pronto, y con muestras de complacen- 

cia.) ¡Ah, ya caigol... Sí, sí, el mismo; ya se 
quién es usted. Y es la tercera vez que le 
veo; pero soy muy buena fisonomista. 

D. Maur. Vamos á ver: ¿quién soy? 

Fei.. Ahora, no sé: antes, era usted el jefe del se- 

ñor don Abel Secano. 

D. Maur. Cierto. ¿Y usted? 

Fel. Yo soy una amiguita de Irene. Y alguna 

vez tuve el gusto' de encontrar á usted en su 
casa. 

D. Mauk . Sí, es verdad; fí. 

Fel. ¿y qué le trae por aquí, señor? Por si pue- 

do servirle en algo lo pregunto. 

D. Mauh . Por aquí me trae precisamente el propio 
don Abel. 

Fel. ¿Es usted quizás el amigo suyo á quien ha 

invita lo á la lectura? 

D. Mauk . El mismo soy. Ya veo que tiene usted no- 
ticias. 

Fel. Me hallaba presente cuando se lo advirtió á 

la señora. ¡Es precioso el drama de don Abel! 
¿Usted no lo conoce aún? 

D. Maur. Lo conozco, sí. No es drama: es tragedia. 

Fel. ¿Tragediíi? 

D. Maur. Sí: tragedia. 

Fel. Usted fué siempre gran amigo suyo. 

D. Maur . Y sigo siéndolo. Por eso he venido á la lec- 
tura. 

(Sale doña Antonia en su traje habitual de calle. Don 
Mauricio .se levanta.) 

Fel. La señora. 

D.* Ant. Muy buenas noches. 

D, Maur. Buenas noches. Usted me perdonará la li- 
bertad... Y a creo que sabe usted por el se- 
ñor Secano... 

D.'' Ant. Ah, sí. ¿Es usted su amigo?... 

D. Maur. Mauricio Regla y Salazar, para servirla. El 
iba á presentarme á usted: me presento yo, 
y tanto monta. 



— 6« — 

D." Ant. Siéntese usted. Ahora vendrá el reo. 

D.Maur. ¿Quiere usted hablar cuatro palabra<í con- 
migo, antes que venga él? 

D.' Ant. Con nail amores. Felisa... 

Fel. Yo le he pedido permiso á don Abel para 

quedarme á la lectura. 

ü.^ Ant. a la lectura, sí; pero á esto, no. 

(^Vase Felisa y cierra la puerta tras si.) 



ESCENA XV 



DOÑA ANTONIA y DON MAURICIO 

D,* Ant. Usted me dirá. 

D. Maur. Lo primero, que no se figure usted que ven- 
go á leerle otro drama. 

D." Ant. Mire usted; no dejo de agradecer la adver- 
tencia. 

D. Maur. Soy moro de paz. Acaso el único español 
que no haya escrito un drama. Pero prefie- 
ro ser la excepción á ser uno de tantos. 

D." Ant. Y yo le felicito. 

D. Maur. Mi intención no es otra que hablarle á us- 
ted del autor de La paloma herida. 

D." Ant. ¡El pobre Secano! 

D. Maur. El pobre Secano: usted lo ha dicho. La amis- 
tad que me une á él es antigua y desintere- 
sada — de esa que nace en las aulas del insti- 
tuto — y me duele y me aflige verle como 
le veo. 

D.' Ant. En efecto: es una compasión. Yo no he sa- 
bido negarme á la lectura de esta noche. El 
piensa de mí (.\ue soy en esta casa una ins- 
titución, que mi autoridad en ella es indis- 
cutible... Se engaña. Pero sea lo que quiera, 
yo le aseguro á usted que no le faltará mi 
apoyo. 

D. Maur . Eso ya es bastante. Y aquí entro 3^0 con mis 
manos lavadas. 

D.í^Ant. Ya adivino loque va usted á hacer: reco- 
mendarme el drama de su amigo como si 
fuera suyo propio. 

D. Maur. ¡No lo permita Dios! 



— 67 — 

D.*^ Ant. ¿Que sea su\o"? 

D. Maur. Ni que sea mío, ni que yo recomiende tal. 

D.a Ant. ¿Entonces?... 

D. AJaur. Señora Pacheco, aquí se trata de salvar aun 
hombre; á una familia entera. Si Secano si- 
gue adelante sui más norte de vida que sus 
dramas y sus locuras, esa gente perece. Y 
sería nn dolor. Yo tengo amigos en la situa- 
ción política actual: hoy por hoy, puedo fá- 
cilmente reponer á Secano en su antiguo 
empleo, y conseguir así que vuelvan las 
agua" á su curso. Mañana no sé si podré. 
Aquí se levanta uno con una situación y se 
acuesta con otra. Pues bien: yo pido á usted 
para ese pobre loco... 

D.a Ant. (interrumpiéndole.) Chist, silencio. 

D. Maur. ¿Qué? 

D.a Ant. (Prestando oído hacia la puerta.) Nada: Creí que 

llegaba. Siga usted. 
f). Maur. Yo pido á usted parae?e desventurado ami- 
go nuestro un desengaño tan doloro.so y tan 
cruel que le obligue á romper la pluma y á 
quemar todos los papeles. 

(Pausa.) 

D.a Ant. Si u^ted hubiera oído á su hija, que ha es- 
tado á verme esta misma noche, y me ha 
hecho encargo muy distinto del que usted 
me hace, comprendería la pena y el asom- 
bro con que le escucho. 

D. Mauk. Pues apelo á su conciencia de u-ted: si me 
oye á mí, entre los dos salvaremos á esa fa- 
milia; si atiende usted á los ruegos y lágri- 
mas de Irenita, no hará usted sino alentar 
en sus caballerías al infeliz Secano, empuja- 
do al despeñadero en que se halla, como 
tantos otros, por la ignorancia y por las di- 
ficultades de la vida. 

D.a Ant. Me hace usted dudar. Pero ¿es que el dra- 
ma no tiene pies ni cabeza? 

D. Maur. El drama... ¿Usted ve al autor? Pues como 
el autor es el drama. ¿Cree usted posible que 
un pobre diablo que jamás tuvo e.=as aficio- 
nes, á quien nunca le pasaron las letras por 
la imaginación, de pronto se siento á la 



— 68 — 

mesa y escriba un diama bueno, nada más 
que porque tiene siete chicos y el sueldo 
no le alcanza? Esto es muy doloroso, pero... 

D* Ant. Sí, señor, es verdad: el drama no es el que 
él ha escrito, sino el que él vive y repre- 
senta. ¡Se ha ponderado y voceado tanto, por 
lenguas y papeles, la ganancia del autor 
dramático en estos tiempos, que ha perdido 
la cabeza medio mundo. 

D. Maur, Añada usted á eso, señora, los sueños de 
gloria, la eterna aspiración á descollar sobre 
quien nos rodea, el bnlago de los aplauí^os. . 

D.a Ant. ¡Ah, los aplausos!... A ellos, á ellos se debe 
principalmente que la escena ten^a dos n.u- 
sas, como digo j'o: Talia, que á mí me pare- 
ce una gran señora, y una hermanastra 
suya tan desatinada y tan loca, que es capaz 
de volver tarumba al homl)re más equilibnf- 
do y prudente. Imagine usted, con cuaren- 
ta años de teatro, lo que pudiera yo contai- 
le á usted de eí-tas cosas. Este arte, como 
ninguno, apasiona, deslumhra, embona- 
cha... No he visto nada igual. Aun aquellos 
mismos que públicamente fingen tlesdeñai- 
lo, allá en su fuero interno lo esliman, lo 
quieren, y envidian sus glorias doradas... No 
en vano es un arte capaz de unir á muchos 
hombres en un momento... Pero nos aparta- 
mos de nuestro asunto, y don Abel va á pre- 
sentarse y á dejarnos á, media entrevista. 
¿En qué quedamos? 

D. Maur. Eso usted lo ha de decir. 

D.a An I . Pues quedamos en que, si el drama efecti- 
vamente es un disparate, como ya creo, sal- 
varemos entre los dos á don Abel Secano. 

D. Mauk. De usted depende. 

D.a Ant. La primera parte. La segunda, de usted. 
Cuente usted con el desahucio del drama- 
turgo. 

D. Mau.;. Cuente usted con que vuelve á su empleo. 
¿Pactado? 

D."Ant. Pactado. 

D. Maur. Y Dios dirá. 

D.a Ant. Y don Abel también. Porque, dejando á un 



— (i9 — 

lado ya la i'uiiiialidad de nuestro pacto, yo 
le aseguro á usted que Secano saldrá de 
aquí diciendo que usted es un mal amigo 
suyo y q»ie yo soy una vieja loca. 

D. Maúr. Con tal que queme el drama... 

D.aANT. Antes quema á uno de los chicos; no sea 
usted inocente. 



ESCENA XVI 

DICHOS, DON ABEL y FELISA 

I). Abel (Desde dentro.) ¿Hay permiso? 
D.aÁNT. Adelante. 

(Sale don Abel. Felisa lo sigue.) 

1). Maur. ¡Si 68 nuestro hombre! 

1). Abel Te he estado buscando por la sala para 

presentarte á esta señora... ¡Tonto de mí! 

Conociéndote, he debido comprender que te 

anticiparías... 

¿No viene Carranza? 

No, señora, no viene. 

Me alegro. 

Pero ha agradecido mucho la atención. 

¿Ve usted? 

(Bajo á doña Antonia.) (Por SUpuestO, yO oigO 

1h lectura.) 
Sí, mujer; ya estoy.) 

(Bajo á don Mauricio.) (¿Le habrás hecho el elo- 
gio de la obra? 

(a don Abel.) He hecho... lo que he debido 
hacer. 

(Estrechándole las manos.) ¡Que DioS te lo pu- 
lí Ue!) 

Cuando usted guste, amigo Secano. 
Cuando usted mande, señora mía. 
(a Felisa.) Cierra la puerta, tú; que no nos 
interrumpan, (a don Abel.) Aquí estará me- 
jor. Siéntese. 
D. Abel Muchísimas gracias. 

(Se sientan todos. Doña Antonia, don Abel y don Mau- 
ricio, ante la mesita, formando un grupo. Felisa aparte, 
lia poco lejos.) 



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a Ant. 


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, a Ant. 



— 70 — 

Fel. (¡y poquito que le va á gustar á mi señora! 

Coa esta, ya la he oído yo seis veces ) 

(Don Abel, temblando de emoción, desabrc'ichase el 
chaleco y saca el trágico manuscrito.) 

D.a Ani. ¿Querrá usted un poco de agua? 

D. Abe'. Ahora no: más tarde, si acaso... (Lee con voz 
apagada y balbuciente.) «ia paloma herida, (ira- 
ma en tres actos, original de don Abel Se- 
cano y Canseco... Personajes... Alfi nsa, die- 
cinueve años... Manuela, veinticinco años... 
Lolita, quince años...» Bueno, ya iiáii ta- 
liendo los personajes... No quiero causar... 

D.a An'j. Pero, por Dios, don Abel, que no es noche 
de estreno... Está usted temblando... 

J). Abei. Si, sí señora... estoy temblando... [Jí-(ed me 
perdonará si soy ridículo... Estoy temblan- 
do... Y esle temblor no es solo mío... no se 
queda aquí... va y viene... Porque ahora 
mismo... en este mismo instante... allá en 
mi casa tiemblan también todos los míos 
esperando el resultado de esta lectura... Y 
es que, para ellos y para mí, hay mucho 
dolor ó mucha alegría detrae de estos pa- 
peles... Este lo sabe... usted acaso lo adivi- 
na... yo lo puedo jurar... Perdóneme... per- 
dóneme... Ya me iré serenando... (Hace un es- 
fuerzo y continúa la lectura con voz cada vez más 
turbada.) «Acto primero... £1 teatro lepre- 
senta una sala de casa pobre... muy pobre... 
en un histórico puel)lo de Castilla... Puertas 
al foro y laterales... Muebles... muebKs des- 
vencijad* s y rotos... A la izquierda una 
ventana... por do: de entra un rayo de ^ol .> 

(e1 telón ha caído lentamente. Todavía, sin embargo, 
se oyen algunas palabras de don Abel ) «Et^Ceua pri- 
mera... Aparecen Alfonsa y Lolita...» 



FIN DEL ACTO SEGUNDO 



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ACTO TERCE^RO 



CUADRO PRIMERO 

Comedor muy pequeño en casa de don Abel Secano, en Madrid. Puer- 
ta al foro. Mesa vieja y pobre con tapete de hule mas pobre y 
viejo que la mesa. Aparador sin platos. Sillas. Es de noche. Pen- 
dieüte del techo, sobre la mesa, da su escasa, luz uua bombilla de 
cinco bujías enteramente 'á cuerpo». 



ESCENA PRIMERA 

IRENE, LIBORIA y FOSO 

(a Irene ya la conocemos; Liboria e.s la portera de la casa, que por 
cierto tiene bigote; Foso es un vecino viejo del cuarto de al lado, 
catador teatral y empleado eu consumos. Viste de capa, gorro y ba- 
buchas. Fuma en pipa.) 

Irene Le aseguro á usted, señor Foso, que ettoy 

yerta: de miedo y (Je frío. Si llego á ir al 
teatro rae pongo mala y tengo que vol- 
verme. 

Foso Calma, Irenita, calmartranquilidad. La bora 

de la justicia ha llegado. Esta noche mor- 
derán el polvo los enemigos de su papá de 
ut-ted. No siento más que no presenciarlo; 
pero me hace tanto mal salir de noche... 

Irene ¡Ay, Dios le oiga! 



~ 72 — 

LiB. ¡Que se fastidien! Yo, pa mí, como si lo es- 

tuviera viendo; porque miste, señorita Ire- 
ne, que aquí el señor don Mauro sabe de 
cosas de teatro. 

Foso (vanidosamente.) ¡Psché! 

Irene ¡ v aya si sabe! Papá cree en lo que usted le 

dice como en el Evangelio. 

Foso Los «fios... la experiencia. . He estrenado 

mucho, me han silbado mucho... y perdien- 
do se aprende, Irenita. Sin eml)argo, en el 
teatro nunca se acaba de aprender: el teatro 
es nn arca cerrada. 

LiB. ¡Digo! 

[rene Por CÍO yo no estoy tranquila... 

LiB. ¿'^e acuerda usté, señor don Mauro, de la 

última obra que le echaron abajo en Nove- 
dades? 

Foso ¡Ya lo creo! La deshonra de una madre enfer- 

ma ó los crímenes de los jesuítas. 

LiB. Cabal. 

Foso Bueno; aquel era un drama de pelea, de 

lucha: no podía salir bien. Kn el café lo dije 
yo por la tarde: «Esta noche me silban.» 
Y todos: «¡Ca, hombre, ca!» Y me silbaron. 

LlB. (a Irene.) ¿Eh? 

Irenk Pero, por Dios, no hablemos ahora de sil- 

bas; yo no tengo los nervios para oir hablar 
de silbas esta noch*^... ¡Cómo estará el pobre 
papá!... ¡Cómo irá la representación!... 

Foso ¿Cómo ha de ir, Irenita? lA pedir de boca! 

IjIB. |Ay, señorita, qué alegría! 

Irene ¡Ay, portera, ay, vecino, yo no quiero creer- 

lo! ¡Seria tanta felicidad! Deseo ver entrar á 
papá, y á mi hermano, y á la tía Luisita... y 
al mismo tiempo estoy temiéndolo... Diga 
usted, señor Foso: ¿la escena de Alfonsa y 
el sacerdote, no tiene peligro? 

Foso ¿Quiere usted callar? ¡Si es la más segura 

de la obra! 

LiB. ¡Cómo lo ve todo desde casal 

Foso (Eugreido ) ¿Kecuerda usted, Irenita, aquella 

frase del acto primero que dice: «El sol 
alumbra sin preocuparse de que quema, y 
quema sin preocuparse de que alumbra»? 



— 73 — 



Irene 

Foso 



Irene 



Foso 



Irene 



Foso 
Irene 

Foso 



LlB. 

Irene 

LlB. 

Irene 

Foso 
Irene 

Foso 

LlB. 

Irene 

Lie. 
Irene 

Foso 



Sí, señor. 

Pues ahí ha debido ser el primer aplauso de 

la noche. Tan seguro tuviera yo mi ascenso 

en consumos. 

¡Ay, Dios lo quiera! Mire usted que son ya 

tres años y medio de padecer constante... 

¡Cuánto disgusto! ¡Cuánto sinsabor! ¡Cuanto 

desengaño! 

¡Ah! En este terreno no hay amigos. Dígalo 

el petardo que nos dio á todos aquel don 

Mauricio Regla y Salazar, el amigo del alma, 

¿eh? el compañero de la escuela, que se fué 

á pedirle á la Pacheco que ni á tres tirones 

pusiese el drama. Poco le dijo su papá de 

usted cuando lo descubrió, para lo que se 

merecía. 

Es una de las cosas que á mí se me resiste 

creer: que aquel señor siempre tau bueno 

con nosotros... 

Usted es un ángel, Irenita... 

Como tampoco entiendo por qué la Pacheco 

hizo más caso de él que de papá. 

¡La Pacheco está chocheandol Pero, así y 

todo, buenas tripas se le pondrán cuando 

se entere del triunfo. Lástima que el estreno 

sea en un teatrillo de mala muerte. 

(prestando oído hacia la puerta.) Calle USté. 

¿Qué pasa? 

Me parece que llaman al sereno. ¿No oye 

usté? 

81, efectivamente. ¿Habrá acabado ya la 

ol)ra? 

¡Es muy pronto! 

Yo voy á asomarme al balcón, (vase por ei 

foro hacia la izquierda.) 

¡Qué alegría va á tener esta pobre niña! 
¿Sí, verdá? 

(Asomándose llena de inquietud á la puerta.) ¡Es la 

tía Luisita! ¡la tía Luisital 

¿Sola? 

Con don Jovito el del tercero, (vase corriendo 

hacia la derecha. ) 

Pues sí que lo extraño. ¿Qué hora es ya? 
(sacando su reloj.) Vaya usted á saber: este re- 
loj no anda más que de día... 



— 74 — 

LiB. Se conoce que se nos han ido las horas 

charla que charla. 

Foso Eso debe de ser. 'I'engo... tengo... No obstan- 

te mi seguridad en la obra, tengo... tengo 
cierta emoción. 

LiB. ¡Av, Dios mío! 

Fes ) Nada, nada: descuide usted, que no ha pa- 

sado nada. 



ESCENA II 

DICHOS, LDISITA y DON JOVITO 

(Salen con Irene. Luisita, solterona de buen ver, que usa queve«3os, 
viene arrebatarla, sofocadisiina, llena de indiguaelón. Don Jovito, ve- 
cino de la casa, ya entrado en años, es hombre apagado y pacífico.) 



IrENK (pálida, trémula, asombrada.) PerO, por DIoS, tíil 

Luisita, ¿es eso pot^ible? 

Luí. ¡Ay, qué rato! ¡ay, qué noche! ¡ay, qué in- 

dignación! ¡Sinvergüenzas! ¡canallaí?! ¡ani- 
males! 

Foso Pero ¿ha terminado ya el drama? 

Luí. ¡Ay, qué gente! ¡ay, qué público! ¡ay, qué 

picardía! ¡Bandidos! ¡tunantes! ¡borrachones! 

Irene ¿Oye usted, señor Foso? 

Luí. ¡Asesinos! ¡üestruir así el porvenir de una 

familia honrada! ¡Ay! ¡ay! Un abanico... 
¿Qué digo un abanico?... ¡Un revólver! Por- 
que yo mato á alguno, yo mato á alguno... 
¡Ay, Dios mío! ¡ay, qué infanjiu! ¡qué infa- 
mia! ¡qué infamia!... 

Foso (Atónito.) ¿Pero no hemos tenido un éxito 

muy grande"? 

Luí. ¿Pero no me está usted oyendo, señor? 

D. Jov. Ha sido una desgracia; una mala noche... 

Foso A ver, á ver, ¿quiere usted explicarnos?... 

Irene Sí, sí; cuente usted, tía Luisita, cuente us- 

ted... 

LiB. Cuente usté... 

Irene ¡Ay, Dios mío de mi alma! ¡Cuántas ilusio- 

nes por tierra! ¡Pobrecito papa! ¡Fobrecitos 



— 75 - 

nosotros todos! (Llorando.) ¡Ay, señor Foso, el 
teatro es un arca cerrada: tiene u-ted razón! 

JjUI. Yo he pasado primero una angusiia, y lúe 

go un gofoco, y después una ral)ieta... ¡Ay! 
¡Por supuesto, mi cuñado es un calzonazos, 
un viva la Virgen!... ¡Si llego yo á ser hom- 
bre esta ncche — que me ha faltado poco — 
yo no salgo de allí sin armar una gresca; sin 
pegarme con ocho ó diez, sin volar el teatro! 
¡Piratas! ¡granujas! Y vengo decidida: tene- 
mos que fundar un periódico, cueste lo que 
cueste. ¡Esto no queda así! Al concluir el 
segundo acto casi me dio un insulto. Gracias 
que don Jovito es muy amable, y me subió 
un refresco. ¡Ay! ¡ay! 

Foso (impaciente.) Pero, ¡por lo? clavos de Cristo! 

¿tiene u-ted la bondad de referirnos lo que 
ha pasado? ¿Es que ha habido muchas pro- 
testas? 

Luí. ¿Cómo protestas? ¡Un motín! ¡un escándalo! 

¡un terremoto! 

D. Jov. Por ahí; por ahí... 

Luí. ¡De seguro que ha ¡do gente pagada! 

D. Jov. Por ahí... 

Luí. Porque la tomaban con todo, señ('r: con el 

drama, con los actores, — ¡mala boml)a en 
ellos! — con las actrices, — ¡mala peste en 
ellas! — con Jos trajes, — ¡ay, qué trajecitos! — 
Y venga gritar, y pegar patadas, y dar bas- 
tonazos... iQué país este! En Francia no se 
silba; ni en Inglaterra... Y en Alemania, 
cuando no gusta una obra, se pide cerveza, 
y nada más. 

Irene ¡Jesús! ¡Jesús! 

Foso ¡Jesús mil veces! 

Luí. El uno que hacía el gato, el otro que batía 

el perro, el otro que hacía el mirlo, diez ó 
doce lo menos que hacían el gallo... 

Foso (Filosóficamente.) |E1 teatro es un arca cerrada! 

[renk ¡Virgen mía de las Angustias! ¿Era esto lo 

que nos tenías reservado? Pero ¿ ómo ase- 
guraba usted, señor Foso, que iban á sacar á 
mi papá en triunfo? 

Foso Irenita, ya estoy perplejo: yo estoy frente al 

caos. 



— T<> — 

LiB. Si me dicen á mí que la iiiquilina del en- 

tresuelo ha venido una noche sola, no me 
asombro más. 

D. Jov. ¡Mucho! 

Foso \amos á ver, señora, vamos á ver... Porque 

yo me pellizco y... ¿Dónde empezó el jaleo? 

Luí. Calcule usted: em|>ezó en t^l acto primero: 

en aquella frase tan bonita del galán en que 
dice que el sol alumbra sin reparar en que 
. pica y viceversa. 

Irene (Estupefacta.) ¿Está usted oyendo, señor Foso? 

FüSO ^ Después de soplar la pii«a.) Me lo temía. 

IkENE cMue se lo temía usted? 

Foso i Va lo creo! Había callado, porque no me 

gusta alarmar; pero esa frase hay que decir- 
la muy bien, ó no tiene efecto ninguno. 

D. Jov. Ahí le duele. 

Luí. Pues aquel perro de cómico — ¡mal ruyo lo 

parta!- -la dijo todo lo mal que pudo. Se 
equivocó al final. Por decir alumbra, dijo 
alambre. Y luego ¡qué galán! Así de estatura. 
Y sin voz. Del paraíso le gritaban: «¡Más 
alto!» «¡Más alto!» 

isENE ¿Por la voz? 

Luí. ¡Y por la estatura, sería! 

Foso Con elementos así, no hay éxito posible: ya 

me voy explicando la catástrofe. 

D. Jov. Por ahi... 

Ikene Dígame usted, lia: la escena de Alfonsa y el 

sacerdote, ¿cómo cayó? 

Luí. No aie la nombres, hija. Allí fué Troya: allí 

lUé lo grande. (Foso sopla otra vez la pipa por hacer 

algo.) ¿No ves que el público la traía empren- 
dida desde el principio con el dichoso cura? 
Además, el bri bonazo que hacía el papel, en 
lugar de afeitarse el bigote — ¡mala tina se lo 
consuma! — se lo tapó con pasta. Y á la cuen- 
ta lo hizo tan mal, que con el calor del teatro, 
y con los gestos de la escena, se le empezó á 
salir una guía lo mismo quc una brocha. 
¡No quieras oir á los guasones! «¡Que se afei- 
te!» «¡Que se afeite!» «¡Ese cura es de pega!» 
El hombre se cortó, se azoró, y quiso seguir 
la escena de espaldas al público; pero en 



- 77 - 

esto se le cae el solideo, y cuando vieron que 
no tenía corona, fueron tales los gritos y las 
voces, que hubo que echar abajo el telón. 
¡Ay, Dios mío! ¡Qué corajina tengo! [Estoy 
furiosa! 
Foso Ya no hay más que oir ni que pensar: ya 

está descubierta la incógnita: lo imprevisto. 
El tiro que falla, el niño que llora, la estatua 
que estornuda... Lo imprevisto. ¡Si me ocu- 
rrió á mí en Price cuando estrené La sotana 
y la levita ó los crímenes de los masones! Primer 
acto: arriba; segundo acto: arriba; tercer acto: 
un personaje dice: «El señor obispo ^e acer- 
ca.» Y en lugar del obispo sale un perro de 
aguas. ¡Se acabó la obra! ¡No recuerdo tu- 
multo igual! Tuve que marcharmic á mi casa 
con barba postiza. 

Irene (Eh súbito arranque de indignación.) Pues si lo han 

silbado á usted tantas veces, ¿por qué se la» 
echa de entendido? 

Foso ¿Eb? 

D. Jov. Ahí le duele. 

Foso Oiga usted, niña, ya que me sale usted por 

peteneras: si su papá de usted hubiera sido 
un poco más modesto, y cogiendo su drama 
me hubiera dicho: «Amigo Foso, ahí eítá 
mi obra: dele usted cuatro toques?, otro ga- 
llo le cantaría. 

Luí. ¿Otro gallo? ¡Si usted le da esos toques qne 

dice, arrastran á mi cuñado esta noche! 

Foso ¿Kh? 

Lli. ¡Pues, claro, señor! Tiene razón Irene: ya 

cansa usted con tanto echárselas de sabio, 
y predicar cómo debe hacerse, y esto eí-tá 
mal y lo otro está peor... Y luego estrena 
usted y hay que avisar á la Cruz Roja. 

D- Jov. Por ahí; por ahí... 

Foso Señora doña Luisita, el vulgo... etcétera, et- 

cétera... y pues lo paga... etcétera... hablarle 
en... etcétera, etcétera. 

Luí . ¡Señor Foso, está usted en mi casa y me está 

usted faltando! 

Foso Señora doña Lui.'ita, es que hay cosas... 

Luí. ¡Pues si hay cosas, la primera cosa que debe 

usted mirar es que habla con una dama!... 



— 78 — 

Foso Acepto la repulsa, á fuer de prudente. 

ÍjUI. Bueno, bueno. 

Foso ¡Y tan bueno! 

Luí. Bupno. 

Irene Han llamado. Ya están ahí. (véndoss.) ¡Qué 

noche más distinta de la que soñábamos! 
Luí. ¡Pobre Abel! ¡Quería á su drama como á un 

hijo! 
LiB. Quite usté; si se parte el alma... 

Luí. (a Liboria, que §■? asoma á la puerta.) ¿Son elloS? 

LiB. Ellos son, sí señora. 

Luí. (Yéudose á recibirlos.) ¡.Av, Jesús! Esto parece 

una pesadilla. 

l^'oso iCnl),arme á mí!... ¡culparme á mí!... ¡"ues 

hombre! ¿Sov yo el papa? 

D. Jov ¡Tremenda desgracia, señores! Yo he pre- 
senciado aquello y todavía no he entrado en 
calor. 

LiB. Es un espanto, don Jovito. ¡Y en la situa- 

ción que les coge! 

D. Jov. Paes eso es lo horrible: que aquí no hay pan 
para mañana. ¡Deben hasta el aire! 

Foso Chito, que llegan ya. 



ESCENA III 

FOSO, DO:^ JOVITO y LIBORIA; DON ABEL, EDUARDO, 
IRENE y LUISITA 

(Salen los cuatro últimos por este orden, silenciosos y mustios. Dou 
Abel se sienta en una silla, abatido, sin decir palabra. Su hijo 
Eduardo permanece un momento abrazado á su hermana y luego 
se sienta sin hablar también. Luisita reprime sus nervios. Todos 
•contemplan al autor con aire compasivo. Nadie se atreve á romper 
el silencio en un rato ) 



D. Abel 

Foso 

D. Abel 
Foso 
I). Abel 



(.Mirando á Foso, lleno de aflicción.) Amigo FoSO, 

hemos perdido la batalla. 
]jO sé, don Abel; y soy el primero en la- 
mentarlo. Pero no tengo yo la culpa. 
¿Y quién lo culpa á usted, señor? 
¡Todos los presentes! 
¿Por quéV La culpa no es de nadie. La cul- 



- 79 - 



Irene 

D. Abel 

Edu 

Irene 

Luí. 



Foso 
Luí. 



LlB 

Foso 
D. Jov. 
Luí. 
Irene 

LlB. 

D. Jov. 
Luí. 



LlB. 

1). Jov, 
Luí. 



Foso 



pa es mía: enteramente mía. Y- mucho 
me duele mi equivocación, si la hay, en 
efecto; pero lo que más me aflige, me in- 
digna, es la manera brutal, desconsiderada, 
soez, con que se ha rechazado mi trabajo, 
que á nadie ofendía; con que se han pisotea- 
teado mis ilusiones 

Pero la silba ¿ha sido tan grande como di- 
cen, papá? 

Ha sido tremenda, hija mía. 
Tremenda, hermana. 

¿Ni aun en el paso de la muerte han aplau- 
dido? 

(Estallando.") ¿Cómo habían de aplaudir si uno 
de la orquesta había pue-to su sombrero 
junto á la concha del ai)unt:ulor, y los de 
arriba empezaron á tirarle cosas? ¡Qué país! 
¡Qué asco! 

¿rambién de e-io seré yo responsable? 
Lo que debes hacer, Abel, es darle más en- 
sayos á la oi)ra, acort:ir algunas escenas y 
meterle tres 6 cuatro chistes al principio. Si 
á tí no te salen, Castañeda, el sastre del por- 
tal, tiene muy buenas ocurrencias. 
¡Eso! ¡Y que la traguen! 
Yo me reservo mi juicio. 
¿Y poniéndole música, gustaría? 
¡Qué barbaridad! 

Calle u^ted por Dío.-j, don Jovito... 
¡Miste que música! ¡Vamos! 
Ustedes perdonen. 

No hay más que hacer lo que yo he dicho, 
y quitar el cura. Al público le ha chocado 
el cura. Salió el cura, y todo se lo llevó el 
diablo 

Como que dice mi marido que las cosas de 
la iglesia no se deben sacar á las tablas. 
¡Mucho! ¡mucho! 

Ya recordará éste que se lo aconsejé: haz de 
ese cura un comandante. No esprecií-o que 
sea el confesor de la familia. Los militares 
tienen mucha autoridad siempre. ¿Qué opi- 
na usted. Foso? 
Insisto en que me reservo mi juicio. Pero 



- 80 - 



Irene 

D. Abel 

Irene 

LlB. 

D. Jov. 

Foso 
D. Jov. 
Lie. 
Irene 
Luí. 

LlB, 

Foso 



Luí. 



D. Jov 

Luí. 

D. Abel 

Luí. 

Foso 

D. Jov. 

Foso 

Luí. 

D. Abel 



sí diré, que cuando á mí me silbaron La he. 

renda fingida ó los crímenes de los jyrotes- 

tantes... 

Déjese usted de protestantes ahora... 

Si, 8Í; no deliremos. Lo ocurrido esta noche 

es irremediable. 

Irremediable: esa es la verdad. 

iQué dolor! ¡Con lo que aquí se ha Jan- 

tasiao!... 

Mala la hubisteis, ingleses, 

en esa de Roncesv alies... 
Franceses, hombre. 
Yo sé por lo que digo «ingleses». 
¿E-tán llamando? 
¿Quién podrá ser ahora"? 
Castañeda, el de abajo, seguramente. 
Deje usté; yo iré. (vase ) 
Pero, amigo don Abel, no sé qué me da ver- 
lo de esa manera. Levante usted el ánimo, 
hombre de Dios, que quién más, quién me- 
nos, ya cabemos á qué sabe el jarabe de 
silba. ¿O cree usted, por ventura, que es el 
primero á quien le ponen las oreJMS callen 
tesV Han silbado á Lope, á Calderón, á Mo- 
reto, á Zorrilla, á Tamayo, á mí... ¡á todos, 
honjbre, á todos! 

Y, aparte de eso, Abel, que la obra es muy 
bonita, di».\n lo que quieran; que en el pú- 
blico ha habido gente envidiosa, y gente 
pagada... 

Y gente que no ha pagado también... 
Que los cómicos la han degollado .. 
Eso SÍ; no cabe discutirlo. 
Que tenemos que fundar un periódico... 
¡Bravo! ¡Un periódico! 
/^'or ahí... 

¡Muy bien! ¡muy bien! Yo me encargo de 
la revista de teatros. 

Sf, señor; porque es muy triste que haya 
que aguantarse en un caso asi. 
Calla, Luisita, calla. Callad todos. No dis- 
paratemos en nuestro afán de hallar ]>alia- 
tivos á lo que no los tiene. Mi desengaño ha 
sido tan grande, tan cruel, que me hace 



- 81 - 

abrir los ojos á la realidad. ¿Qué importa 
ahora que el drama sea malo ó sea bueno, 
ni' que el cura deba ser militar, ni que yo 
tenga quien me envidie, ni que Foso se 
equivoque ó acierte, ni que en el pública 
haya habido mala fe, ni que al castigarme 
haya empleado groserías de taberna ó de 
plaza de toros? Lo tremendo aquí, lo pavo- 
roso, es mi ruina total, mi ruina abrumado- 
ra; es que yo dejé mis medios de vivir por 
estas caballerías del teatro, y sacrifiqué ne- 
ciamente á mis hijos; es que no veo solu- 
ción á este desastre; es que no sé, no sé qué 
va á ser de mi ni de los míos, derrumbadas 
las esperanzas que puse en mi obra... 



ESCENA IV 

DICHOS y DON MAURICIO 
D. MaUK. (presentándose oportunamente en la puerta.) ¿Se 

puede pasar? 

(Movimiento en todos.) 
D. Abel. ¿Eh? (Avergonzado al verlo.) ¡MaUricio! 

Irene (con timidez.) Adelante, señor Regla, adelante. 

(Pasa don Mauricio y estrecha las manos á Irenita, 
mirando á los demás. Liboria asoma en este momento 
y contempla el cuadro. Foso vuelve á soplar la pipa. 
Cae rápidamente el telón.) 



FIN DEL CUADRO PRIMERO 



— 82 — 



CUADRO SEGUNDO 

Despacho eloíjante y severo de don Araiiricio Regla y Salazar, en un 
ministerio. Al foro la mesa de trabajo y una mesita auxiliar. Chi- 
menea encendida á la derecha del actor. Mampara á la izquierda. 
Es de dia. 

ESCENA V 

DON MAURICIO y BERMÚDEZ 
(Bermúdez poniendo documentos á la firma de don Mauricio.) 

D. Maur. ¿Anoche se trabajó de firme? 

Berm. Todo el personal estuvo aquí. El señor mi- 

nistro quería esosdatos para la sesión de hoy. 

D. Maur. ¿Quién ha escrito esto? 

Berm. Un sobrinillo mío, que sirve de tenaporero 

hace un mes. 

D. Maur. Tiene bonita letra, 

Berm. Algo recuerda la escuela todavía. 

D. Maur. Esta noche lo necesito á usted. 

Bebm ¿a qué hora? 

D. Mauk. Después de cenar. Nos reunimos en el café 
y nos venimos juntos. ¿Hay más? 

Berm. No, señor. ¿Manda usted otra cosa? 

D. Maur. Nada. No deje usted de comprobar eso en 
la Gaceta. 

Ber.m. Ahora mismo. Hasta luego. 

D. Maur. Adiós, Bermúdez. (Vase óste con todos ios docu- 
mentos firmados.) 

ESCENA VI 

DON MAURICIO y PARRA; luego DON ABEL 

(Don Mauricio fuma y hojea papeles. Después oprime el botón de un 
timbre, que suena dentro, y aparece 1 arra por la mampara. Parra 
es el portero mayor. Frisa con los cincuenta.) 

D. .Malr. Oiga, Parra. 
Parra Usía me dirá. 



— 88 — 

D, Maur. Sin usía. 

Parra Como es la primera vez que veo á usía esta 

mañana... 

D. Mauf. ¡Sin usía, hombre! Menos usía y más obe- 
diencia. ¿Ha venido alguien? 

Parra Precisamente acaba de llegar el caballero de 

que ayer me habló usted. 

D. Maur. ¿Y cómo no lo ha hecho usted pasar? 

Parra Porque acaba de llegar, precisamente, 

D. Maur. Pues que pase, que pase. 

Parra En seguida, (se va.) 

(dou Mauricio se levanta, y de espaldas á la chimenea 
espera la visita. De pronto, Parra vuelve á abrir la 
mampara y deja pasar á don Abel.) 

1) Abel. ¿Hay permiso? 

D Maur. Entra, hombre, entra. ¿Cómo te va? 

D. Ab6,l. Tirando. 

D. M\UR. f^,Y la gente menuda? 

D. Abel. Bien todos. ¿Y tu hermana? 

D. Maur. Así, así. (Mira á Parra.) 

Parra ¿Desea usted algo? 

D. Maur. Sí, señor: que se vaya usted, y que no se 

quede escuchando detrás de la m-ímpara, 

como otras veces. 
Parra Entendido. 

D. Maur. Lo he dicho bien claro. 

(Vase Parra.) 

ESCENA VII 

DON MAURICIO y DON ABEL 

D. Abel Veo que no cambias de carácter. Genio y 
figura... 

D. Maur. Es que este buen Parra es muy entrometido 
y muy hablador, y si no lo pongo á raya 
capaz es de acercarse á contarnos un cuen- 
to. Pero deja el sombrero, Simple. ¿Vas a 
■gastar cumplidos? 

D. Abel (obedeciéndolo.) Soy el pobre escribiente del 
ilustrísimo señor don Mauricio Regla y Sa- 
iazar. ' ' 

D. Maur. Eso, luego. Ahora eres mi amigo Abel Se- 
cano, (lo abraza.) ¿Te has veuido á cuerpo? 



T=r /84 "^ 

D.Abel Sí. 

D. MaUr. Puesbac^ vm frío de todos los demonios. 

D. Abel (suspirando.) Sí lo hace, fí; pero... me lie ve 
nido-á cuerpo. Achaque de eycribientep. 

D. Maur. Ya Fe atenderá á todo. ^-Quieres un ciga- 
rrillo? 

D. Abíl Dámelo. ¡Buen despacho tienes! 

D. Maur. No es malo, no. 

D.Abel. Telo mereces todo, Mauricio. Mi familia 
está que no sabe dónde ponerte. Irenita hi 
recortado un retrato tuyo de no sé que pe- 
riódico; le ha hecho un marco de pnja de un 
sombrero mío, y te ha colgado en 1 1 come- 
dor. 

D. Mauk. ¡Ja, ja! Dile que lo quite. Yo os mandaré 
uno bueno. 

D. Abel Te lo cuento para que veas hasta dónde mis 
hijos saben agradecer lo que haces }>or su 
padre. 

D. Maur. Bien está, bien está. 

D. Abel A mí me has salvado, 

D.Maur. Calla. 

D. Abel , Sobre sacarme de la cabeza mis caballerías 
literarias, mis locuras, me das un medio de- 
coroso para que no me muera de hambre. 
Recobro el juicio, tengo pan que llevar á nú 
casa, y tengo tu amií-tad, que vale más que 
todo ello junto. 

D. Maup. Oye una cosa. Tu reposición en tu antiguo 
destino va en vías de conseguirse. El minis- 
tro está conmigo á qué quieres boca. Allá 
veremos. Por de pronto, y por si tarda en 
arreglarse la combinación, aquí tienes esto 
que yo te doy. Es una á manera de gratifi- 
cación por trabajos extraordinarios: sale de 
los gastos del material. Yo siento que sea 
tan poca cosa, pero, chico, algo es algo... 
Menos da una piedra. 

D. Abel A mí me parece lo que me das un monte de 
oro; pero si te cuesta la menor violencia el 
proporcionármelo... 

D. Maur. ¡so digas tonterías... Ni se hable más del 
particular. 
(Breye pausa.) 



D. Abel 
D. Mauh. 

D. Abel 



D. Mauk. 
D. Abel 
D. Mauk. 
D. Abel 



D. Maur. 
D. Abel 
D. Mauk. 



D. Abel 
D. Maur. 
I). Abel 



D. Maur. 



D, Abel 

D. Maur. 
D. Abel 
T>. Maur. 



Qué, ¿no trabajamos? 

Ahora, hombre, ahora; no tengas prisa. Lo 
t)ma8 con ganaa. ' 

Sí: te aseguro que hí. Creía yo que al volver 
á sabir las escaleras de ¡e-ta casa, después 
de más de tres años de voluntario olvido, 
sentiría tristeza, pesadumbre; él doloí del 
retorno á la cárcel... Y ha sido al íevés; he 
entrado animoso, contento... ¿Y á que no sa- 
bes a quién me he encontrado en la prime- 
ra mesetilla? 
¿A quién? 
A don Jesús, 
¡Ah! ICl gran don Jesús... 

Y está lo mismo: parece que duerme en 
aguardiente. Me ha dicho que sigue hacien- 
do sus visitas á nuestro negociado. ¿Querrás 
creer, chico, que desde que me dediqué á 
dramaturgo nunca volví á poner los pies 
allí? 

Ya, ya. 

¿Se murió Cabra? 

No. En el mismo pupitre lo tienesi Por ra- 
zón de economías le han rebajado el sueldo 
mil reales, pero allí sigue, 

Y no es que él se queje, ¿eh? ¡Pobre Cabra! 

Vamos á trabajar. (Toca el timbre.) 

Cuando quieras. Soy tuyo. Vuelvo á lo que 
fui lleno de alegría; de alegría sana... de ale- 
gría... de alegría... Yo tenía una facilidad de 
palabra que voy perdiendo. 

No te importe, (a Parra, que se presenta en la 
mampara.) Traiga USted leña, (a don Abel.) \^as 

á ponsrte frente á mí; aquí, en mi misma 

me*a. (Se sienta en su sillón. Don Abel obedece y se 

coloca frente a él.) Primero que nada quiero 
que copies esto. 

Lo que tú me diga?, ¿Hago letra corriente ó 
de adorno? 

Corriente. Esmeradita, ¿sabe.'=-? 
Descuide usted. Digo, descuida. ¿Te parece? 
Yo, mientras, voy a preparar. . Porque, chi- 
co, me traen de cabeza. ( Pausa breve. Trabajan 
los dos.) . . . . ' . - 



— 86 - 

ESCENA VIII 

DICHOS y BERMÚDEZ 

Bfrm. (Desde la mampaia.) ¿Da USted SU permiso? 

D. Mauf. Adelante, Bermúdtz. ¿Qué hay? 

Bekm. El señor ministro que tenga usted la bon- 

dad de ir á su despacho. 

D. Mauk. Dígale usted que voy en seguida. ¿Hay al- 
jzuien con el? 

Berm. Sí, señor; ese diputado andaluz... 

D. Maur. ¿Narbona? 

Berm. El mismo. 

D. Mauk. Ya sé lo que quiere. Voy allá. 

(Vase Bermúdez. Don Mauricio busca unos papeles, y 
cuando va á marcharse lo llama don Abel.) 

I). Abel Mauricio. 
D. Maur. ¿Qué pasa? 

D. Abel (Mostrándole el original de lo que copia.) AqUÍ Se 

te ha escapado un galicismo. 
D. Maur. Bueno, pues déjalo; no te preocupes tú de 

esos detalles. 
D. Abel Dispensa. 
\). MAU^. Estás dispensado. K,n ef-ta oficina, ninguna 

que tenga menos sueldo que yo, tscribe 

mejor que yo. (vase.) 

ESCENA IX 

DON ABEL y PARRA 

D. Abei. ¡Je! Sus genialidades de siempre... í*ero en 
esta oficina, como en todas, es un (iisjjarate 
escribir desapercibido por inadvertido. Y no 
hay que darle vueltas, (vuelve á su labor.) 
También este cuyo es sandunguero... En fin, 
allá él... Una cesa es la amistad, y el estilo 
es otra cosa. 

(Llega Parra con leña para la chiraencn, cautaudo 
flamenco.) 

Parra Tú me dejaste soUto. . 

1>. Abel ;E1í? 



— 87 — 

Parra ¡Ah! Usted perdone. Como vi salir al señor 

Regla, y no tenía costumbre de que usted 
viniese, creí que el despacho estaba solo. 

D. Abel Ya. 

(Parra mueve en la chimenea Jos tizones y echa leña 
de la que trae.) 

Parra Se me liace raro que don Mauricio pida 

fuego... ¡Digo! El está siempre echando 
lumbre... Vamos, echando lumbre en el 
buen sentido... No es esto criticar. 



ESCENA X 



DICHOS y URKUTI.V 



(De improviso ábrese violentamente la mampara, y aparece Urrutia 
sombrero en mano.) 

Parra ¡Hombre! ¡hombre! ¿qué manera de entrar 

en un despacho es esa? 

Ukrut. No... no crei que el muelle ettaba tan flojo. 

Parra Lo primero es pedir permiso. 

Urrut. ¿Sí, verdad"? 

Parra ¿Qué se le ofrece á usted? 

Urrut. Me... me ha dicho el señor Regla que pase 
y que lo espere aquí. Y... y no doy más ex- 
plicaciones. 

l'íRRA ¡Bueno, hombre, bueno! ¿Tiene usted usía? 

Ukrut. To... todo se andará. (Reparando en don Abel, 

que lo está mirando sonriente.) ¡Dcn... dou Abel! 

D.Abel ¡Amigo Urnitia! 

Urrut ¡Tan... tanto tiempo sin verlo! ¿Cómo sigue 
usted? 

D. Abel Bien, ¿y usted? Está usted más gordo. 

Urrut. La... la buena vida. Y... usted está más 
alto. 

D. Abel ¿Más alto? ¡Ya no tengo edad de crecer! 

Urrut Se... serán Jos tacones. 

Parra Tai marcharse, por decir algo.) No alcei) mucho 

la voz, que luego se oye todo y se enfada el 
señor ministro. 

Urrut. ¿Ah, sí? Yo... yo creí que el ministro era us- 
ted. 



— 88 — 



Parra^ Pues yo lo tomé á usted por el Presidente 
) del Consejo. ¡Mira éste ahora! (se va.) 

Urrut. ¡Qué... qué tunante! Se... se fíguran que son 
generales porque tienen galone.'-\ Me... me 
las traigo yo con los porteritos. 



ESCENA XI 



DON ABEL y URRUTIA 

D. Abel ¡Vaya, vaya con el amigo Urrutia! ¡Si viera 
usted lo que yo gozo saludando á mis anti- 
guos compañeros de covachuela! 

Urrut. ¿Y... y qué hace usted sn\n\, ahora que me 
acuerdo? 

D. Abel (vergonzosamente.) Pues... nada... que Mauricio 
me necesita para un trabajo delicado... y 
como yo soy siempre el mismo... el amigo 
de mis amigos... ¿Y usted? ¿A. qué debemos 
esta visita? 

Urrut. Ven... vengo á darle las gracias á don Mau- 
ricio. 

I). Abel ¿Por qué? 

ÜRRUT. Me... me ha ascendido á seis... Me... me ha 
hecho hombre. Usted calcule: siete duritos 
más... 

D. Abel Que sea enhorabuena, querido Urrutia. (se 

sienta junto á la chimenea. Urrutia se sienta también, 
después de calentarse un poco.) 

Urrut. ¿A usted lo ha colocado de nuevo? 

D. Abel Tras de ello anda ahora. 

Urrut. ¿Pe... pero eso no querrá decir que usted 

abandone el teatro? 

D. Abel Hombre... el teatro... el teatro... 

Urrut ¿^■^■- estrenó usted La cotorra herida? 

D. Abkl La paloma... 

Urrut. Eso es: La paloma mensajera. 

D. Abll Herida, herida. 

Urrut. Herida, eso es. ¡Qué cabezota soy! 

D. Abel La estrené, sí señor: en mal hora... y por mi 

desgracia. 

Urrut. ¿Se... se la machacaron á usted? 

D. Abel ¿Y cómo no, querido Urrutia? La vida es 



— ^80 — 

sueño no resiste el embate de aquél público 
alborotador, levantisco, para quien la única 
diversión era el fracaso. ¡Qué noche! No 
quiero acordarme. Ya pasó, ya pasó. 

,Urrut. a... á mí, en buena hora lo diga, hasta el 
presente no me han machaca'h ninguna. 

D.Abel (perplejo.) Pero... ¿cómo? ¿Usted?... ¿usted?... 

ÜRRUT ¡Qué... qué cara pone! 

D.Abel ¿Usted también se ha dado á las letras? 

Urrut. ¿a... á las letras? ¡Un cuerno! ¡Al... al teatro! 
He estrenado un par de piececitas... con un 
amigo. 

D.Abel ¿Dónde? 

Ukrut. En... en la Sociedad Carrascosa. 

D. Abel ¿Y quién es Carrascosa? 

ÜRRUT. Ca... Carrascosa es un fresco que ha hecho 
dos sainetitos y que ya tiene Sociedad. 

D. Abel ¡Caramba, hombre, caramba! ¡Qué sorpresal 

Urrut La... la última la estrené el mes pasado. 

D. Abel ¿Cómo se titula? 

Urrut. Cas... Castañas al vapor. Es muy gorda. 

n. Abel ¿Y gustó? 

Urrut. Se... se lieron. A... ahora resulta que tengo 
gracia, don Abel... 

D. Abel No es mala fortuna. 

Urrut. Ver... verdad que no; porque el público no 
quiere tristezas. 

D. Abel Sí; pero métase usted á torcer el tempera- 
mento del artista. Yo no siento lo cómico; 
no lo siento. A usted, verbi gracia, le sale 
al paso una pelota de mosquitos en el Reti- 
ro, y hace un chiste. 

Urrut. Se... seguramente. 

D. Abel Yo no: yo veo el paludismo que acecha. 

Urrut. Pues... pues es una gaita. Y ¿sabe usted lo 
que le digo? Que no ganará nunca dinero 
con esas cosas. 

D. Abel Bien, esto es aparte; yo ya no me ocupo... 

Urrut. ¿Có... cómo que no? 

D. Abel No, señor, no; estoy desengañado, vencido... 
Paso de escritor á escribiente. 

Urrut ¡Buen tonto está usledi Pudiendo hacere 
rico... 

D. Abel Hay mucho de leyenda en eso. 



— 90 — 

Urrux. Si... si yo, con los argumentos que se me 
ocurren, supiera redactar como usted... 

D. Abel ¿Qué quiere decir redactar? 

ÜRRur. Re... redactar. Mire usted, don Al)el: en lo 
que hablan los personajes de mis obra?, 
¡anda con Dios! que mal que bien, me apa- 
ño, porque si se me va alguna faltilla de or- 
tografía, co... come las hache? no ¡ruenan, á 
Dios gracias, desde el público no se advier- 
te; pero me pongo á redactar, es un ejem- 
plo, dónde han de estar las puerta^-, ó si 
hay etcalinata en un jardín, ó un ga... ga- 
binetito modernista, de estos complicados, 
y ya me tiene usted sudando á chorros. 

D. Abel Ah, naturalmente. Careciendo de letras, de 
cierta cultura... A mí eso no rae importa. 
Yo tiro de pluma y me describo á San Frnn- 
cisco el Grande sin dejar un santo en el 
tintero. 

ÜRRUT. E?... es que usted ha leído muchas novelas. 
¡Ojalá encontrara yo un colaborador como 
usted! 

D. Abel Vamos, vamos; ¿quiere usted callar, hom- 
bre?... 

Urrut. No... no se haga usted el chiíjuito. Oiga us- 
ted, oiga usted... Le... le voy á contar á 
usted un argumento que se me ha ocurrido 
en el tranvía. 

D. Abel ¡Ja, ja, jal ¡Este Urrutia!... 

Urrut. Ve... verá usted. Ello es un capitán de un 
barco mer... mercante, que trae de América 
dos loros. 

D. Abel ¿Dos loros? 

ÜRRUT. tSÍ... sí, señor; si por eso me equivoqué yo 
con lo de la cotorra; porque venía reinando 
en esto de los ¡oros. Bueno, pues en la tra- 
vesía... Pero no; verá uí^ted: uno de los loros 
es para la que... queridilla del capitán... 

D. Abel ¡.Je! 

Urrut. Y el otro para una vieja muy beata. En la 
tra... travesía, que es á lo que iba antes, al 
loro de su queridilla le enseña muchas pa... 
palabrotas, por... porquerías, co... cosas ver- 
des, para reírse luego cuando estén almor- 



— 91 - 

zando; y al de la beata le enseña la letanía' 
el gori-gori, y otras pamplinas por el estilo- 
Bueno, pues el criado del capitán, al llevar- 
los asi que llegan, cam... cambia los loro?. 

D. Abel ¡Ja, ja, ja! ¡Ks graciosísimo! 

Urrut. ¿Verdad que lo esV 

ü. Abel Está, está bien ideado, 

ÜRRUT. ¿Quiere usted que hagamos la obra juntoh? 

1). Abel ¿,J untos? 

Urrut. Sí, señor. 

D. Abel Mo... si yo no... Eitoy fuera de juego... Ade- 
más, me he prometido á mí mismo .. Apar- 
te de que no tengo gracia maldita. 

Urrut. ¿,Qué no tiene usied graciay ,Por quintales! 

•>. Abel ¿Yo? 

Urrut. Natural. El que se cree que no la tiene es el 
que la tiene, como me pata a mí. 

D Abel Es posible... es posible... 

Urrut. Há... bágame usted caso: yo vivo en la calle 
Liituneros, cuatro, segundo. ííe va usud por 
allí unas cuantas tardes, y pitillo va, piti- 
llo viene, nos sorbemos la obra en och.) días. 

i). Abel Pero si la cuestión es que yo tengo el com- 
promiso moral... Y cuidado que en ese tema 
de los loros empiezo á ver cosas... ¿Usted 
habrá imaginado la acción en casa de la 
vieja? 

Urrut. Es... es igual. 

I). Abel Pirque á mí se me ocurre que esa vieja 
puede tener una criada picanlilla... 

Urrut. ¡Sí, señor; ¡con un novio soldado! 

D. Abel ¡Muy bien! ¡Y entre los dos le enseñan m¡U 
picardihuelas al loro! 

Urrut. ¡Y los sorprende la beata 3' tiene que es- 
conderte el soldado debajo de la mesa! 

D. Abel ¡Ja, ja, ja! 

Urrut. ¡Ja, ja, ja! 

(' 03 dos se ríen de buena fe, con la llama áo. la ins- 
piración en los ojos. Llega don Mauricio eu tal punto, 
más cargado de papeles que se marchó, y los observa 
estupefacto. Don Abel y Urrutia, engolfados como se 
hallan en su creación, no advierten la presencia del 
jefe.) 



- '.12 — 

e;scéna XII 

DICHOS y DON MAURICIO 



ü. Abel 
Urrut. 

D. Abel 

Urruí . 
D. Abel 



D. Maur. 

ÜRRU'I . 
D. iVlAüt. 



Urrut. 
U. Mauk. 



Urrut. 
i). Maur. 
ürkut. 



D. Maur 



ÜRRUr. 



|Y haremos que esté un poco borracho! 

¡Su... superior! ¡Y que diga algunas cosas en 

yoz alta! 

Y la criada le dirá á la vieja: «¡Es el loro, 

es el loro!» ¡Ja, ja, ja! 

¡Ja, ja, ja! ¡Tiene usted más gracia que 3'o! 

No, hombre... Lo que hay es que en este 

asunto veo... veo... reconozco que veo... 

(En efecto, ve á dou Mauricio y se queda yerto. Urru- 
tia lo ve también después y quisiera que la tierra se lo 
tragase. Hay unos momentos en que don Mauricio 
acusa con la mirada á los dos y ellos no se atreven ni 
á respirar.) 

(con entereza ) ¡Salga ustcd de mi despacho, 

señor Urrutia! 

I'on... Don Mauricio... 

¡Salga usted! (Umitia se estremece y se encamina 
hacia la mampara tembloroso y desconcertado. A mitad 
de camino don Mauricio vuelve á llamarlo.) ¡ülgu 

usted! 

(volviéndose de un salto.) Man... mande usted. 

¡Sirva Uí-ted para algo! (Entregándole unos pocos 
papeles de los que trae.) Llévele USted estoS d(>- 
cimientos al señor Oortegana. 
¿Quién... quién es el señor Cortegana? 
¡Tiene usted el deber de saberlo! 
Es... es verdad... Yo... yo venía á darle á us- 
ted la enhoral)uena... digo, no... á (jue me 
diera usted las gracias... digo, no... 

¡Silencio! (oice esto tan violentamente que se le 
caen los papeles á Urrutia.) ¡Bienl ¡Muy bien! 

¡Recoja usted esos docu-jaentos en ¡-eguida, 
y ordénelos según estaban, ó lo suspendo á 
usted de empleo y sueldo! 
Sí... sí, señor. ¿Es pata la mía? (como puede ei 

hombre recoge los papeles del suelo, invirtiendo doble 
tiempo del que invertirla si estuviera tranquilo, y luu- 



— 93 — 

go procura ordenarlos sobre la mesita auxiliar. Kiitre 
tanto don Abel y don Mauricio hablan lo que sigue.) 

D. Maup. Abel, Id que he visto, ni f-iquiera es digno 
de ti. Me has engañado: me has traicio- 
nado. 

D. Abel Perdóname. Es muy difícil en tan pocos 

,, ■ días aventar las cenizas de unas ilusiones, 

acaso por locas más queridas... Si alguna 
vez has tenido ilusiones, sabrás perdonarme. 

D. Maur, He tenido ilusiones; y aún las tengo. Pero 
cuando han sido desaliñadas, he sabido aho- 
garlas en fior. Para eso está el sentido co- 
mún. ¿Ks nue tu? promesas nada pueden 
contigo? ¿Es que nada valen tampoco mis 
consejos? ¿O es que vas á recobrar la razón 
cuando te estés muriendo, como don Quijo- 
te? Siéntate, que para que le tomes el gusto 
al trabajo, vamos á llevarnos acjuí hasta 
las tres de la madrugada, 

D. Abel Lo que tú ordenes haré yo. 

D. Mauk.. Coge cuartillas, que te voy á dictar. (Mientras 

don Abel se dispone á ello, dice contemplándolo con 

lásiima.) (Es enfermedad incurable. ¡Pobre 
amigo mío! Está loco: no tiene atadero.) 

D. Abel Cuando gustes. 

D. Mauk. (Paseando.) Bases... para la organización y re- 
forma de la Hacienda pública, coma... del 
Ejército, coma... de la Armada, coma... 

(tJrrutia, oyéndole dictar, se esfuerza eu reprimir la 
risa.) 

D. Abel (sin esperar más comas.) Pero, Mauricio... 

D. Mauk. ¿Qué? 

D. Abel Me dejas turulato.. . ¿Aun sigues con tu an- 
tigua manía de reformar y regenerar á Es-, 
paña? 

D. Mauk. Aun í-igo, sí... Escribe. De la Agricultura, 
coa:a... de la Industria, coma... (suena un tim- 
bre.) Aguarda un instante, (se va.) 



— 94 



D. Abel 
Urrut. 

D. Abei. 



Urrut. 
D. Abki, 

Urrut. 
D, Abel 

ÜRRUT. 

ü. Abel 

ÜRRUT. 

D. Abel 
Ukkl't. 
J'). Abel 
Urrut. 
ú. Abel 

ÜRRUT 

D. Abel 

ÜRRUT. 

1). Abpl 

ÜRRUT. 

I). Abel 

ÜRRUT. 

D. Abel 

ÜRRUT. 

D. Abel 
Ukrut. 



ESCENA ULTIMA 

DON ABEL y URRUTIA 
(Apenas desaparece den Mauricio.) ¡Pobre RtuigO 

mío! Está loco: no tiene atadero. 
No... no, señor, no lo tiene. Ije... le riñe á ns- 
ted porque escribe comedias, y está todavía 
con la pa... paparrucha de las baíes. 
¡Jesús! ¡.Jesús! .. ¡Qué cosas!... Indudable, 
amigo Urrntia, indudable... La vi<la es una 
gran tragedia con personajes de saínete... 
¡Mu... muy bien dicho! 
¿Quién había de pensar que ese hombre?... 
¡8i hay para soltar la carcajada! 
¡Pa... para soltar la carcajada! 
Es claro: el público hace bien... Lo que quie- 
re es risa y más risa... y risa y más risti... 
¿Qué... qué le he dicho á usted yo? 
¡Como que en la vida no hay más que tipos 
cómicos! Yo soy un tipo cómico... 
¡Sí... sí señor! 
Usted es un tipo cómico. . 
¡Sí... .sí seño:! 

Mauricio es otro tipo cómico... 
¡Si. . sí señor! 

El propio ministro del ramo, ¿no es un tipo 
cómico?... 

¡Más cómico que todos junto'! 
Sí, sí... Como la luz, como la luz... Hay que 
escribir una obra cómica. Amigo Urrutia. 
A... amigo don Abel. ¿Lo aguardo á usted 
mañana? 

No, señor: esta noche. 
¡Me., mejor que mejor! 
¿Latoneros...? 
Cua... cuatro, segundo. 
Pues ha? ta luego. 
Hasta luego, 
¡ün abrazo, colaborador! 
(Abrazándose á él.) ¡Un... uu abmzo! ¡El porve- 
nir es nuestro'. 



- 95 — 

D. Abel ¡Saldremos á la escena juntos! 
Ubrut. ¡Co... como Daoiz y Velarde! 
D. Abel ¡Hasta luego! 

UrRUT. ¡Has... hasta luego! (Yéndose radiante de júbilo.) 

ri... tipos cómicos... ti... tipos cómicos... mu- 
chos ti... tipos cómicos... 

D. Abel (Echando llamas por los ojos.) TipOS CÓmicOS... ti- 

pos cómicos... No hay más que tipos có- 
micos... 



FIN DE LA COMEDIA 



Madrid, Mayo, 1905. 



OBRBS OE IiOS MISIVIOS flÜTOHES 



Esgrima y amor, juguete cómico. (•2.° edición.) 

Belén, I-í, principal, jug-uete cómico. 

Cíilito.juo-iiote ci')mico-lírioo. Música del m^aestro Osuna. (2.* edición) 

Lia metlia naranja, juguete cóm.ico. (2.^ edición.) 

El tío «le la ílanta. juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito «lerecho, entrejnés. (3.* edición.) 

lia reja, comedia eu un acto. (4." edición.) 

lia buena sombra, saínete en tres cuadros, con música del maes- 
tro BruU. (6.* edición.) 

El peregrrino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

L.a vicia íntima, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

liOS borrachos, saínete en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Griménez. (2.* edición.) 

El chiquillo, entremés. (5." edición.) 

Eas ca.<ías de carttfn, juguete cómico. 

El traje de luce.s, sainete en tres cuadros, con mrisica de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

El motete, pasillo con mvisica del maestro .José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con música del maes- 
tro Chapí. 

Eos ©aleotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) 

Ea azotea, comedia en un acto. 

El jféncro ínfimo, pasillo con miisica de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera. 

El nido, comedia en dos actos. (2." edición.) 

Eas flores, comedia en tres actos. 

Eos piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epilogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡1 Sevilla en el botijo! hiimorada 
satírica en tres cviadros. con miisica del maestro Chapí. 

Ea dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Eos meritorios, pasillo. 



Lia zahori, entremos. 

lia reina mora, saínete en tres cuadros, cou música del maestro 
Josó Serrano. (2.* edición.) 

ZaraK'ntaN, sainóte en dos cuadros. 

Lia zaK'nla, comedia en cuatro actos. 

Lia contrata, apropósito. 

Kl amor <|ue pUMa, comedia en dos actos. 

El mal «le amores, sainóte con música del maestro José Serrano. 

Kl nuevo servidor, humorada. 

Mañana «le sol, paso de comedia. 

Fea y oon g'racla, pasillo con música del maestro Tu riña. 

íítk aventura «le los g^aleotes, adaptación escénica de un capi- 
tulo del Quijote. 

lia musa loca, comedia en tres actos. 

Lia pitanza, entremés. 

£1 amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 



SERAFÍN I JOAQUÍN ÁLVAREZ «ÜINTERO 



LA PITANZA 



E NTR ElVIES 



.^í<^$g^ 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa,. 12 



LA PITANZA 



Esta obra es propi<)dad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cnales se hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho ie traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Mpañoles son los encargados exclusivamen- 
te de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA PITANZA 



ENTREIVIES 



SERAFÍN y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenado en el TEATRO DE LA ZARZUELA el 15 de 
Setiembre de 1905 



*- 



MADRID 

B VBLA8CO, IMT., MAEQUfiS UE SANTA ANA, 11 DOP." 

Teléfono aiimero 6M _^ 



1905 



ji\ Sr. Don pedro Ruiz h pirana 

(Z/Ui/ atHiaoS de óteutji>Le, 

QjeiapH u íoacLutu, 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

JESUSA Seta. Mendoza. 

SES'OR clemente.. . . : . . . . Sr. Ruiz de Akaíía (P.) 

ANDRÉS Rviz DE Abana (E.) 



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LA PITANZA 



Una iilaza eu Sevilla. A la derecha del actor, eu primer término, un 
banco de piedra. Es de día 



ESCENA PRIMERA 

SEÑOR CLEMENTE; luego ANDRÉS 

•(eI señor Clemente es uii cochero de punto que tiene la parada allí 

cerra y que almuerza y come en aquel banco. Sale por la derecha 

del actor y mira hacia la izquierda de muy mal temple. Es que so 

retrasa el almuerzo más de lo justo, ^ 

Sp. Cle. Po.s í^eñó, güeno está: se conose que mi majé 
tiene ya la barriga yena. La una er día, y 
sin pares¿ con el armuerso. ¿A. que se le ha 
orvidao á la mu bruta? ¡Maidita sea la hora 
en que un cochero se casó! ¡A.si cayera ur 
rayo en mi casa, y la partiera primero á 
eya, y luego á mi cuñao, y después á mi 
cuña... y aunque queara una chispita pa los 
niños no se perdía gran cosa! ¡.Jinojo, como 

me tiene la familia!. . (Mirando hacia laderecl; a."! 

Hombre, me alegraré que aquer señorito 
der caJd me quiea toma por horas; que como 
no traiga dos güevos fritos en la cartera, lo 
va á yevá su padre. Vamos, me perdona la 
vía: pasa e largo... Fué que no yeve suerto. 
A lo mejó estos de los pantalones doblaos 



sin que yueva, tienen un duro pa to er mes... 
Asin se peinan con tanto pelo: pa tenéqiie 
pelarse poco. Y mi armuerso sin asoma por 
ningún lao... ¡Mardito sea Moión! ¿En qué 
estará pensando mi gente? ^;Habrá cogió un 
elértrico á mi 6eñoray¿La habrá matao una 
leja? ¿Se le habrá calo ensima un baú? No 
qnieo forma castiyos en el aire... 

(Sale por la derecha Andrés, mocito de! pueblo.) 

And. Dios guarde á usté, señó Clemente. 

Sr. Cle. Hola. 

And. ¿Está usté güeno? 

Sr. Cle. Si, hijo, sí. 

And. Ya sé (jue la familia está güt-na... 

Sr. CiF. Sí, la familia sí. ¡Güeña está la familia! 

And. ¿Qué le pasa á usté, señó Clemente? 

Sr, Cle. ¡Mah;s digestiones que base imo! 

Anc. ¿Sí, verdá? Lo mismo tengo yo á mi madre. 

¿Por qué no toma usté una poquita e ser- 
vpsa antes de las comías, pa abrirse el ape- 
tito? 

Sr. Cle. ¡Guasón, si lo que estoy es desmayao! 

And. ¡Ay, qué grasia! Siempre de güen humó... 

Sr. Cle. ¡Siemprel Santa Lusía te conserve la vista. 

And. Pos yo, pasaba por aquí, y como lo vi á usté 

desocupao y liase dos ó tres días que le 
quiero habla de un asunto... 

Sr. Cle. ¿De un asunto tú? 

And. Fué usté carculárselo... En er tayé me han 

subió er joma... y Jesusa y yo habernos 
pensao formalisá lo nuestro. 

Sr. Cle. (Mirando á todas partes y escupiéndose en una iiuiiiu.y 

¿Ande he puesto yo er látigo, hombre? 

And. ¿Er látigo? ¿Pa qué quié usté er látigo? 

Sp. Cle. ¡Pa crujírlelo ensima y que sarga-^ corriendo 
por ahí hasta que pierdas los tacones! ¡Mar- 
dito sea Morón! ¿Pos no me pregunta que 
pa qué quieo er látigc ? 

And. Pero señó Clemente... 

Sr. Cle. ¡Pero señó Jinojo! ¿Qué te has creío tú? 
¿Que porque te dejo habla con mi niña, por- 
que se me caen los pantalones de güeno, vi 
yo á consentí que tú te la yeves lo mismo 
(jue me yevé yo á mi mujé? ¡Vamos, quital 



- 9 — 

¡Vale mi hija como siete veses más que su 
madre! |Y vales tú como setenta veses me- 
nos que yo! 

And. Pero señó Clemente... 

8r. Cle. ¡Que te ca3'es, hombre! ¡Toavia no ganas tú 
ni pa costearle á mi niña er jabón que gasta! 

And. Pero ¿no oye usté que me han subió er 

jorná?... 

Sr. Cle. ¡Me alegro! Compra una arcansia pa los 
ahorros. ¡No nesesitabayo en mi casa más 
que un nieto con la cara e tu madre! 

And. ¡Con mi madre no se tiene usté quémete, 

señó Clemente! 

Sr. Cle. ¡Pos no la saques á la caye más que en Car- 
navá! 

And, ¡o se cava usté ó vamos á tené un dijusto! 

Sr . Cle. ¡O te cayas tú ó te sarto un ojo! 

And. ¿a mí? 

Sr. Cle. ¡A tí! 

Ani:>. Si no mirara quién es usté... Pero esto es 

asesinarlo á uno, señó Clemente... Yo le diré 
á Jesusa lo que ha pasao... 

Sr. Cle Pué que se lo diga 30 primero... (Acción de 

pegar.) 

And. Como le toque usté ar pelo e la ropa. . 

Sr. Cle. ¿Qué? 

And. ¿Que qué? 

Sr. Cle. Sí; que qué. 

And . (Reprimiéndose ) Na. 

Sr. Cle. Pos na. 

And. Le vale á usté... le vale á usté... Quéese usté 

con Dios: no quieo perderme, (se va de estam- 
pía.) 

Sr . Cle. ¡Como si vas y te tiras ar río! ¡Me da lo mis- 
mo' ¡Mardito tea Morón! ¿Pos no se quié 
casa con mi hija con dos reales tos ios sá- 
bados? ¿Qué pensará darle de bebé? ¡Porque 
supongo que en come no habrá pensao! ¡.Ji- 
nojo con er niño! ¡Si le digo á usté que hoy 
por la mañana me está á mí hasiendo farta 
un barreno! 



— 10 - 

ESCENA II 

SEÑOR CLEMENTK y JESUSA 

Sr . ClE. i a Jesusa, «■jiu' s;ile por la iziiuic-nla con un porta- 
viandas y una botella de vino.) 

¡Vamos, hombre! ¡Ya quiso Dios! ¿lis que se 
ha parao er reló de la Tlasa Nueva, verdá? 
¿Y tu madre? ¿Por qné no ha venío tu ma- 
dre como loá ios diab? ¡Tenía yo gana de 
darle una sopita hoy I 

Jes. Yo le diré á usté lo que ha pasao. 

8r. Cle. No me digas na si no quiés que de un guau- 
taso te esbarate la cara. ¿Te paes^e á tí ni 
medio bien que .er cabera e fnmilia yeve 
aquí una hora renegando de la familia, 5' de 
la cabesa, y der Dios que lo v.ñó, y de la co- 
madre que lo trajo ar mundo"? 

Jes. Pero, padre, si no me deja usté que le ex- 

plique... 

Sr. Cle. ¡Como que estoy yo pa escucha discurpitns 
con el hambre que tengo! Destapa eso ya, y 
vamos d vé lo que me traes; que no fartaba 
más sino que fuea bacalao con tomate, que 
siempre me base daño. ¡Mardito i=ea Morón! 
¿^^a qué estaría ese pueblo en er mapa cuan- 
do era yo sortero? ¿Qué delito habré yo co- 
metió pa (jue me toque e-a mojé, que es 
una ruina? Una mujé fea, una mujé brutr», 
una mujé ari-ca, una nnijé puerca... 

Jes. ¿También puerca, padre? 

8r. Ci.e. ¡Puerca y retepuerca! ¡Se lava con saliv.i, 
como loH gatos! 

Jes. Vamos, vamo.«; siéntese usté aquí y coma 

usté, que mientras coma usté no hablará lo 
que no es presiso. 

f~R. Cle. (Principiando á comer.) ¡No, 6Í no vi á tené 6Í- 

quiea er derecho dt-r pataleo! ¡Jinojo qué 
egoismo! ¡Ya que me baséis la santísima 
pascua entre tos, dejurine que chiye! ¿Tú 
no ves que .si yo no chivo reviento? Estése 



Jes, 




Sk. 


Cle. 


Jes. 




Sr. 


Clk. 


Jes 




.Sr. 


Cle. 


Jes 




Sr. 


Cle. 



- 11 ~ 

usté lo er día ar só, y al aire, y al agua, y ^ los 
rayos enseadíos que les dé la gana e cae, — 
porque el arquila atrae la elertrisidá, — y lue- 
go vaya usté á su casa y encuentre usté á 
su mujé con las greñas corgando y la cara 
snsia, y á sa cuñao — sinvergüensa, ladrón, 
lisensiao e presidio, mar tiro le den, así lo 
ajorquen — borracho perdió jugando á las 
cartas, y á su cuña chuleando con los veei- 
nos, y á tí charlando con ev jmnhrera e tu 
novio... 
¿Jambrera.^ 

¡Jambrera, si! Te lo digo á tí y se lo he di- 
cho á é hase dos minutos. 
Pero, ¿ha estao aquí ya? 
Ya ha estao. ¡Por lo visto se habíais dao sita! 
¿Y qué han hablao ustedes? 
Casi na, porque no se lo he consentía. 
¿De verdá, padre? 

¡No, que juego! ¡Que se haga un hombre v 
gane los cuartos, aunque sea enseñando á la 
madre á perra gorda, y entonses pué que si 
viene á hablarme de tí yo no le rompa una 
espiniya! Pero mientras eso no suseda y 
ande lampando e hambre, ¡qué jini^jo vi yo 
á trata con é de casamiento! Échame vino. 

(La muchaclia, glmoteaudo, lo obedece.) 1 nO me 

hagas pucheros, que es peo. (Bebe.) ¿Esta tor- 
tiya la ha gnisao tu madre? 

Jes. Como siempre. 

Sr. Cle. ¡Te he diclio que no me hagas pucheros! Y 
pa que veas tú que soy justo, reconozco que 
la tortiya está güeña. Una cosa es que yo no 
trague á mi mujé, y otra cosa es haberme 
tragao la tortiya. (vuelve á beber.) Er vino no 
es er mismo. 

Jes. No señó, que es otro. 

Sr. Cle. Mejó. 

Jes. Mejó. Un rea más caro. 

Sr. Cle. ¿Y á qué viene este lujo? 

Jes. Si to eso es lo que le iba á usté á explic:^ 

sino que cuando usté se pone de esa mani- 
rá lo que hay que hasé es cayarst . 

Sr. Cle. Pos ¿qiié ha su&edío? 



- 12 - 

.Ikp. Que á tito Julián le han caío diez duros á la 

lotería. 

Sr. Cle. ¿a uii cuñao? 

Jes. En er désimo que el otro día se encontró en 

la caye. 

Sr. Cle. ¿Le paesfe á usté? Tos los granujas tienen 
suerte. 

Jks. y de ér salió darle á usté una Por|)resa: com- 

prarle mejó vino y traerle meuúo, que sabe 
que le gusta á usté. 

.Sr. Clk. (coa súbito gozo.) ¿Pero me traes menúo? 

Jes. Ahí viene; si, señó. 

:^v.. Cle. Es un orsequio que yo estimo: la verdá. 

Jes. Madre lo ha guisao: ¡está más güeno'... Por 

eso ha eio er vení njás tarde. 

Sr. Cle. ¿Ha sío por eso, eh? ¡Sí que güele á gloria! 
Como que tu madre pué gui-á en er palasio 
tle los reyes en Madrí. La verdá es la verdá. 
Y está dicho. Hombre, en Madrí le yaman 
¿i esto cayos. ¡Las cosas!... Échame otro va- 
sito, que le vi á hasé la cama. 

Jks Tome usté. 

8r. Clf. (Luego que empina el codo.j ¡Pobresiyo mi CU- 

ñaol Ahí tienes nn hombie, (]ue será to lo 
que se quiera, pero que no le farta corasón, 

y que es agradeSÍO. (Empieza á devorar el menu- 
do.) iClar( ! Er no pué orvidá que yo los cogí 
de mita e la caye á é y á su hermana, y 
partí con eyos er cacho e pan que gano pa 
ustedes. Eso, un hombre e bien no lo orvía. 
¡Lástima que tome esas monas er iMijolero! 
í^orque, eso sí, está domiuao por er vino. — 
La arrastra e tu madre ha cargao la mano 
en la pimienta, porque sabe que es mi debi- 
lidá .. Échame olio vaso. — Y cuidao que yo 
se lo he dicho vtse^: «Julián, que tú eres 
una persona esente; que eres un cabayero; 
c^ue eres un hombre de pundonó... Bebe, 
])ero no escandalises...» Y se lo digo porque 
lo quiero. ¡Como quiero á Pastora, su her- 
maniya! [Me vienen á mí conque si chulea 
ó no chulea! Señó, hay que ponerse en las 
sircubtansias. La cbicjuiya es una jaca e 
pura sangre: e¿ bonita, és bien anda, tiene 



- 13 - 

mucho fuego, le f;ustan los hombres como á 
toas, y quié conosé er mundo, poique le 
pica la curiosidá... ¿Y por e?o vamos á raor- 
murarln? ¡Ni que estuviéramos aquí entre 
frailes y monjas! ¿Ha fartao en argo á la de- 
seníia? ¿Se ha extralimitao en taiito asiu"? 
Nn; poique yo no se lo hubiera consentío. 
Ni yo, ni tu madre, que tú sabes cómo las 
gasta, y la palisa que te dio á tí cuando te 
vio hasé aqueyo. Acuérdate. Y te arvierto 
que á mí me dijustó... Sí, porque yo he te- 
nío veinte año-... y sé que á los veinte años 
no están las cosus couio á los sincuentü. — 
¡Jinojo! Me he tragao un cachiyo e choris-o 
que me ha dejao la nuez en carne viva. 
(Bebe otra vez.) Coii esto se cura.— Pero lu 
madre es intiersible en ese terreno, Hase 
bien, ¿eh? Dios me libre de criticarla. Tu 
madre es una mujé que tiene sus deferios, 
que tiene sus flacos, como ca quisque — por- 
que fartas basta las estatuas las tienen; — 
pero que puesta á educa sus hijos, como ha 
educao á tu hermano y A ti, y a té lo que te 
yama una mujé de su caí^a, no hay en Sevi- 
ya cuatro que le puean dá Itrsiones, ¡qué 
jinojo! La juí^tisia es justisia. Y si no, aquí 
estás tú. A n.uchjs señoritas de esas der 
pan pringao quisiea yo vé arterná contigo. 
Tú sabes salu<in, tú sabes despedirte, tu sa- 
bes dá una explicasión, tú sabes ofres^é tu 
casa, tú no te cortas delante e nadie... en 
fin, tú vas adonde vaya la primera. Asín es- 
tamos tu madre y yo: ¡mirándonos los dos 
en er pimpoyo que Dios nos ha dao! — Si me 
traes más, más me como... ¡Miá que hase un 
dia!... Hasta caló tengo. 

Jes. Como que ha comió usté por media osena, 

Sr. Cle. ¡Je! Cuando pasan rábanos... Oye, .Jesusiya, 
¿cómo es aqueyo de...? (cantaiKio.) 
Rabanera, rabanera, 
véndame usté un labanito... 

Jes. (Riéndose.) Ay, padre, cayese usté por Dios, 

que va á cambia er viento. 

Sr. Cle. ¡Je! iMalamente lo hago. Unsigarriyo ahora... 



- 14 — 



¡Güeno está'... ¡Que ruede er mundo hasta 
(jue se caníJe! 

Jes. (Mirando de pronto hacia la derecha.) Padre, que 

lo 3'aman á usté 

Sr. Cle. No me da la gana de í. 

Jes. Miste que es un señorito, padre. 

Sr. Cle. ¡Pos por esol ¡Que arquile una burra! 

Jes Tira usté er nesíosio por la ventana. 

Sr. Cle. ¡Y tiro á un Pléicule de la Alamea! ¡Eso es! 
Un día f s un din... Mia quien va ayí.... (Ma- 
mando.) ¡Andiés! ¡Andresiyo! ¡Ven acá, hom- 
bre, ven acAl 

Jes. ¡Ven acá, Andresiyo! (Aparece Andrés por la iz- 

quierda, mirando receloso al señor Clemente.) Asér- 

cate, que no basemos daño. 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS y ANDRÉS 

Sr . Cí.E. Tómate un vaso e vino <á mi salú. (Andrés se 

queda estupefacto.) ¡Tómatelo, simple! (Andrés 
bebe maquinalmentc.) ¿E-< gÜeno, ehV (Aludiendo á 

su hija.) ¡Y no te ye vas na! ¡Podría está la 
criatura! Eso es lo que tienes tú, que eres 
corto e vif^ta y no has sabio íij:\rtp. Y lo peo 
de lacliiquiya es la cara, paque te enteres: 
porque en lo mora... en lo mora es un estor- 
nudo e su madre, que debía está en la His- 
toriíi España. ¡Bendito sea Morón, que la ha 
criao! 

And. Pero... ¿hybla usté en serio, señó Clemente? 

Sr. Cle. ¿Pos á quién mejo que á ti le vi yo á da mi 
niñaV ¡A ti, que .sé que eres un hombre tra- 
ba jaó y honrao, capaz de saca un duro de 
del)ajo una piedra donde lo hava! ¿Qué? 
¿Que ahora apenas tienes jorná? ¡Tampoco 
vas á ca-arte esta noche! ¡(lué jinf>jo! ¡ A lo 
mejó se les píen in'püsibles á argunoá hom- 
bres! ¡Y en úrtimo caso, ahí está nii coche 
y a(juí estoy yo, |)a que no les farte á ustés 
ni agua bendita! 

And. Ks usté mu güeno, señó Clemente. 



— 16 — 

Jes. ¿^6? lú"-* ¿No te lo dije? 

Sr. Cle. No ea que yo soy güeno: es que tengv, nie- 
moria, y me acuerdo der pobre e tu padre, 
y pienso en lo que gosaría si estuviera pre- 
sente; y me acuerdo de que yo anduve ena- 
moriscaiyo de tu madre — que aquí pa nos- 
otros tres puso er mingo en su tiempo, — y 
uno no es de piedra... y er bien que uno 
haga en esta vía, ya se lo pagaran en la 
otra ¡Echa pa elante y subirse ar coohe los 
dos, que ahora mismo víinio? á publica las 
amoiiestai^iones por toa Seviya! 

Jes. ¡Ja, ja, ja! 

And. ¿Pero qué le pasa á tu padre que está tan 

contento? 

Jes. Na: que ha comió. 

Sr. Cle. ¡Señó, lo que le pasaría á media E>pañ{>I 
¿Pos por qué ha}' dijustos en er mundo y 
están yenas las casas e locos? ¡Porcjue nadie 
come! ¡Qué jinojo van á contarme a mí! 
Con que ar coche, ar coche. Vamos á pa- 
jearnos 

Jes. Pero, ¿ha perdió usté la chabela, padre? 

Sr. Cle. Tú déjate yevá. 

Jes. ¡Ea, pos vamos! 

And. ¡Vamos! (Se van por la derecha riéndose. Jesusa se 

lleva el portaviandas y la botella con que salió.) 
Sr. Cle. (Recreándose en la pareja.) ¡Ole! ¡ole! ¡Esa eS 

güeña gente! ¡Viva mi casta! ¡La verdá es 
que me ha dao Dios una familia pa ponerhi 
en un n)arco! 

(ai público.) 

Bien comió y bien bebió, 
pa remate de funsión 
sólo un aplauso te pío. 
Si me largas un sirbío 
me cortas la digestión. 



FIN 



Mira-Sierra, Agosto, l'Mó. 



ADVERTENCIA IMPORTANTE 



Las empresas que pongan en escena este 
entremés pagarán por derechos de propiedad 
la mitad de los correspondientes á una pieza 
en un acto. 



OBRAS DE liOS laiSfíOS HÜTOfiES 



Esgrima y amor, juguete cómico. f2.a edición.) 

Belén, 12, principal, juguete cómico. 

Gilito, juguete cómico-lírico. (2.a edición.) 

La media naranja, juguete cómico. (2.* edición.) 

Kl tio de lafinuta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito derecho, entremés. (8. a edición.) 

La reja, comedia en un acto. (3.a edición.) 

La buena sombra, saineiQ en tres cuadros, con música. (6 a edi- 
ción.) 

El perrgrino, zarzuela cómica en un acto. 

La vida intima, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

Los borrachos, sainete en cuatro cuadros, con música. (2.a edi- 
ción.) 

El chiquillo, entremés. (5.a edición.) 

Las casas de cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, sainete en tres cuadros, con música. 

El patio, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

El motete, entremés con música, (2.a edición.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros. 

Los Galeotes, comedia en cuatro acios. (:?.a edición.) 

La pena, drama en dos cuadros. (2.a edición.) 

La azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música. 

El nido, comedia en dos actos. (2.^ edición.) 

Las flores, comedia en tres actos. 

Los piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡A Sevilla en el botijo! humorada sa- 
tírica en tres cuadros, con música. 



La dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Lus meritorios, pasillo. 

y a zahori, entremés. 

La reina mora, lainete en tras cuadros, con música. ('¿.'^ edi. 
ción.) 

Zaragatas, saínete en dos cuadros. 

La zagala, comedia en cuatro acto?. 

La íontraia, apropósito. 

Rl nmor que jiasa, comedia en dos actos. 

Ei mal de amores, saínete con música. 

El nuei-o servidor, humorada. 

Mañana de sol, paso de comedia. 

Fea y con gracia, entremés con música. 

La aventura de los galeotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Quijote. 

La pitatiza, entremés. 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ ftülNTERO 



El amor en solfa 



(Segunda parle de EL AMOR EN EL TEATRO) 



CAPRICHO LITERARIO 



en cuatro cuadros y un prólogo, 



CON MÚSICA DE 



RUPERTO CHAPÍ y JOSÉ SERRANO 




SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

1©05 



EL AMOR EN SOLFA 



Esta obra es propiedad de sas antores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cuales se hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



EL AMOR EN SOLFA 

(Segunda parle de FL AMOR EX EL TE\TKü) 

CAPRICHO LITERARIO 

en cuatro cuadros y un prologo, 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



CON MÚSICA DK 



RUPERTO CHAPÍ y JOSÉ SERRANO 



Estrenado en el TEATRO DE APOLO el 8 de Noviembre 
de 1905 



^- 



MADRID 

a. VELA8C0, IMP., MABQOáa DB SANTA ANA, 11 BlF 

Teléfono número 551 
1©05 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

f=»RÓUOGO 

^ EL AUTOR Sr. Mesejo. 

CUADRO PRIIVIERO 

LA CAUTIVA. Seta. Pino. 

'-- ■ ALHAMAR Sr. Reforzó. 

Esclavas 

CUADRO SEGUNDO 

Kj^ carmen Seta. Brú. 

5>v^>».*J^^LA SEÑORA ALFONSA Sra. Vidal. 

a^wJ-^^dEL SEÑOR TELESFOí?0 Sr. Carreras. 

i ■ mTACO...if.,.c'.^.. ..?.. .^. SlRVENT. 

jU'^'./xlKD ALECIO ., . . . RiQUELME. 

$V»-* EL SEÑOR ATILANO Mihura Alvakejí. 

Vecinos, vecinas y transeúntes 
CUADRO TERCERO 

t^^*^ MAGDALENA Srta. Pmo. 

f>r^^ RICARDO Palou. 

<V«^<Í« GASPAR Sr. Mesejo. 

^Y^ DON DIMAS Manzano. 

Marineros y mozas del pueblo 

CUADRO CUARTO 

^ w-»., PONCIANITA Skta. Brú. 

y«>^*Av;eLASA Espinosa. 

(I^^Jbrj' C ASILDEO Sr. Riqüelme. 

/t^vuuA^EL SEÑOR ROQUE Careión. 

t*.' >M*í*MOZO lo... SORIANO, 

-Uy ídem 2.'' Picó. 

Mfr*-IDEM 3.0 Rodríguez. 

cuiJi^EM 4.0 Valverde. 

Mozos y mozas del pueblo 



s^c 



»>^ V^iSIBiG^ ^^ 



EL AMOR EN SOEFA 



PRÓLOGO 

EL AUTOR 

Inmediatamente detrás del telón aparece la embocadura de uu tea- 
tro, con lujosa cortina abierta por la mitad, que se pliega á los 
lados. En la parte superior hay un gran letrero que dice: «Teatro 
Úrico nacional.» 

Sale por la derecha el Autor, de americana y hongo, se dirige al 
público, y todo lo mejor que puede le dice lo que sigue:) 

Público amigo y señor: 
perdona mi atrevioiiento 
y oye, si quieres, atento 
dos palabras de un autor. 



Hace tres años ó cuatro, 
humilde te presenté 
una obrilla que llamé 
El amor en el teatro; 
donde, con mano tan buena 
,que conseguí tu favor, 
pinté cómo es el amor 
a través de nuestra escena. 
Mas conozco que hice mal 
y que no anduve certero 
al dejarme en el tintero 
todo el «amor musical.» 



— 6 — 

Enmendando, pues, mi error. 

y con más ó menos arte, 

hice esta segunda parte 

de las escenas de amor. 

Y en ópera castellana 

te ofrezco en primer lugar 

los amores de Alhamar 

y una Cautiva cristiana. 

Dieran corazón y vida 

ella por él y él |ior ella, 

mas entre el moro y la bella 

hay mucha sangre vertida. 

Dejo en sus regios pensiles 

al infeliz mahometano, 

y te llevo de la mano 

á un rincón de los Madriles, 

en que verás que te doy 

un cuadro de amor chulesco, 

sentimental y grotesco, 

según la usanza de hoy. 

Después, tu recuerdo avivo 

de la clá^ica zarzuela, 

donde el amor se revela 

siempre audaz y siempre altivo; 

y con tan nobles anhelos 

y tan sencilla ternura, 

que hizo antaño la ventura 

de nuestros padres y abuelos. 

Finalmente, en pocos trazos, 

y en un pueblo de Castilla, 

bosquejo una zarzuelilla 

de aventuras y estacazos. 



Sin ninguna presunción, 
y con el más sano intento, 
los cuatro cuadros presento 
á tu consideración. 
Si consiguen agradarte, 
habré mi gusto logrado; 
si no... me iré resignado 
con la música á otra parte. 

(Se retira por cualquier lado siu tropezar.) 



CUADRO PRIMERO 

ÓPERA.— Amor imposible 

El letrero de la embocadura se trueca por arte de magia ó df bir- 
libirloque por el del titulo de este cuadro. La misma variación 
se verificará eu los sucesivos. 

Li» escena es en Granada y en los jardines del palacio de Alhamar, 
príncipe moro.— Es de noche y hay luna 

Esclavas 

(cantando dentro ) 

¡ Ay de las pobres cautivas 
del poderoso Alhamar! 
¡Ay de las tristes que lloran 
su perdida libertad! 
Nuestras lágrimas ardientes 
la luna sale á alumbrar, 
y á la mañana, piadoso, 
el sol las enjugará. 



Distraed nuestra pena 
cantando en la espesura, ruiseñores. 

Llora, noche serena, 
tus lágrimas de amor sobre las flores 

Que luego ese llanto 

será con el sol 

diadema en la rama, 

corona en la flor. 



(sale la Cautiva.) 

Cautiva 

El aire del palacio me ahoga y me envenena. 
¡Piedad, señor del cielo, tened de mí piedad! 



Me afligen esos cantos; me agobia esta cadena; 
la zambra me entristece; ¡yo quiero libertad! 



Esclavas 

(Dentro.) 

Vendrá la alegre aurora con sus risueñas galas, 
esparcirán las flores su aroma en derredor; 
los pájaros cantando desplegarán sus alas; 
murmurarán las fuente«; palpitará el amor... 



(ííale Alhnmar.) 

Alhamar 

Cautiva cristiana... 

Cautiva 

Moro... 
¿Otra vez al lado mío? 
¿No ves que peno y que lloro 
de mirarme presa aquí? 

Alhamar 

¿Por qué, mi rico tesoro? 
¿Por qué es para tí sombrío 
este palacio de oro 
que arde en fiestas para tí? 

Cautiva 

Porque su aire me asesina, 
porque su esplendor me mata, 
porque es triste y mortecina 
para mis ojos su luz... 

Alhamar 

Oye, mi estrella argentina, 
oye, mi paloma ingrata, 



oye, mi flor granadina, 

perla del suelo andaluz: 
Cautivo estoy en tí, pues por tí vivo, 
cautivo en tu hermosura soberana, 
y en tus brazos quisiera estar cautivo, 
¡ven á mis brazos tú, bella cristiana! 

Me seduce tu realeza, 

me hechiza tu dignidad, 

me arrastra tu gentileza, 

me vence tu majestad. 

Cautiva 

Yo muero por tu regia gallardía, 
yo tiemblo ante tu voz sonora y fuerte, 
yo en tus brazos de amor me abrasaría, 
pero nunca ha ser: ¡antes la muerte! 

Gala de los africanos, 

entre tu amor y mi amor 

la sangre de mis hermanos 

eleva ardiente vapor. 

Alhamar 

Nazarena, 
el amor hace luz la sombra oscura, 
la nieve fuego y júbilo la pena. 

Cautiva 

Príncipe de los príncipes, 

todo lo puede amor, 

menos borrar la sangre 

que la maldad vertió. 

Tu padre el rey tirano, 

traicionero y feroz, 

á muchos de los míos 

brutal acuchilló. 

Fuimos sus prisioneros, 
mis damas, mis amigos, mis hernijano- 

y en tu bella Granada, 
rendidos y entre burlas penetramos. 
Como botín de guerra 



— lo- 
te me ofrecieron, príncipe valiente: 

me elegirte entre todas: 
¿por qué primero no me diste muerteV 

Alhamar 

Porque tus ojos, cristiana, 
me encendieron en bu luz; 
porque tú eres la sultana 
de todo el reino andaluz; 
porque tú eres el tesoro 
que soñé para mi bien; 
porque en tus gracias el moro 
vio el Edén. 

Para ti mis palacios diamantinos 

que edificó el ensueño; 
para tí mis poéticos verjeles, 

en donde el ocio es dueño. 
Sola tú reinaxí^.s en mi morada, 

tú sola en mi albedrío: 
tendrás joyas, y sedas, y perfumes; 

¡tendrás el amor míul 

Cautiva 

Hijo del Profeta moro, 
orgullo del pueblo infiel, 
ese tu rico tesoro, 
este tu bello vergel, 
ese amor que en ti se aviva 
al par que se aviva en mi, 
no los quiere tu cautiva 
para sí. 

En tus jardines, donde el ocio es dueño, 

sangre mancha las flores; 
los pebeteros de tu regia alcoba 

lanzan rojos vapores. 
Nunca^iniré tu vida con mi vida: 

¡jamás he de ser tuya! 
¡Ábreme ya las puertas de esta cárcel, 

y déjame que huya! 



11 



Alhamar 



Huye, cristiana, huye, 

y mátame al huir. 

¡Jamás te hubiera vi&to! 
¡Ya el sol no sale nunca para ujíI 

En cuanto brille el día 

á tu castillo irás: 
te llevarán, hermosa, mis gómeles... 
¡Cautivo queda el priucipe Alhamai! 

(Aléjase la Cautiva.) 

¡Que no llegue el día! 
¡Que no alumbre el solí 

Cautiva 

(Dentro ) 

¡Príncipe: te quiero! 
¡Maldito mi amorl <* 

Esclavas 

(neutro) 

Vendrá la alegre aurora con sus risueñas galas; 
esparcirán las flores su aroma en derredor; 
los pájaros cantando desplegarán sus alas; 
murmurarán las fuentes; palpitará el amor.. 



12 



CUADRO SEGUNDO 
saínete LÍRICO. -Amor Chulesco 

Calle en los barrios bajos de Madrid. A la derecha del octor, la casa 
del señor Telesforo. A la izquierda, de frente al público, la del se 
ñor Atilano. Fs á la caida de la tarde, en el mes de Julio 

ESCENA PRIMERA 

El SEÑOR TELESFORO; luego PACO 

(e1 señor Telesforo está sentado á la puerta de su casa, en mangas 
de camisa. Se entretiene en jugar con un boliche.) 

*Sr. Tel. Con esto del descanso dominical hay díapa 
to lo que se quiera. Mi mujer se ríe; pero yo 
me distraigo más así que viendo entarugar 
las cayes. 

(Sale Paco, chulo 'repudrió» por el querer.) 

Paco Dios guarde á usté, señor TeJesforo. 

ÍSr. Tel. No me hables ahora. 

Paco ¿Qué está usté haciendo? 

8r. Tei . Cay a, hombre, cay a; que hablando se me va 
la vista. 

Taco ¿Cómo? 

•Sk. Tel. ¡Rediez, qué pesao vienes! (Dejando ei juego.) Y 
vaya una cara pa ser domingo. ¿Te han leído 
alguna hoja de almanaque? 

Paco Me da usté envidia, hombre; me da usté en- 

vidia con ese genio tan festivo. ¿Ha ealío la 
Carmen? 

•Sr. Tel. ¡Acabáramos! Yaestá aquí elde«Que nos eii- 
lierren juntos.» Pero, ven acá, papel de hito: 
reíiesiona. ¿No conoces que mientras tú te 
achicharras y te haces cieico por la Carmen, 
eya está en los toros muy vestía y muy pues- 
ta, y que quien la ha osequiao es el Inda- 
lecio? 



- 13 — 

Paco ¡Maldita sea la fiesta nacional! Cayese usté, 

señor Telesforo, que me está usté cosiendo ¡l 
púnalas el alnoa. Usté sabe lo que esa mujer 
ha 8Í0 pa mí, y yo pa eya. Desde asi nos 
queremos; usté lo sabe. Eya iba por serrín 
pa el gato á la carpintería del señor Sinesio, 
donde yo estaba de aprendiz... 

Sr. Tel. Sí; si me lo cuentas tos los días. Pero ya te 
lo dije ayer: los pobres nos jorobamos siem- 
pre. La Carmen te quería — y pa mí que te 
sigue queriendo, esto es aparte; — pero id se- 
ñor Atilano el papelista, que le gustan las 
gordas, se le ocurrió casarse con la señora 
Alfonsa, que es una especie de globo cauti- 
vo, y se casó; y la señora Alfonsa yevó su 
candidato pa la hijastra. Y como la Carmen, 
y la Alfonsa y el Atilano, creen que el In- 
dalecio está podrió de dinero^ ahí tienes 
explicao el negocio. Pero yo sé de lo que el 
Indalecio está podrió, y otras cuantas cos;is 
que á su tiempo saldrán, y ó poco puedo ó 
la Carmen es tuya. Y no hablemos más, 
que ahí vienen los interesaos. 

Paco Es verdá; que aquí están mis verdugos. 



ESCET>jA II 

DICHOS, la SEÑORA ALFONSA y el SEÑOR ATILANO 

(Salen éstos de tiros largos y en dirección á su casa. La señora Alfou- 
sa abulta por cuatro.) 

Sr. Tel. ¿De Jos toros, eh? 

Sk.íi Alf. Sí, señor, de los toros. Porqye se puede. 

Sk. Axil. De ver los toros en tres delanteritas de gra- 
das. 

Sr. Tel. ¿La señora en las tres? 

Sk.í^ Alf. La señora en una, mi señor esposo en otra, 
y la Carmen en otra. 

Sr. Tel. ¿Y en dónde está la Carmen? 

Sr.* Alf. Ahí se ha quedao hablando con una amiga. 
¡Rediez lo que pregunta usté! 

(Entrase eu la casa. Su marido la sigue.) 



- 14 — 

Sr. Tet,, Vecino, vecino. 

Sr. Atil. ¿Qué hay? 

Sr. Tel. ¿Se sabe dónde ha caído el Alcotán? 

Sr. Atil. íTrnk'nn<io saliva.) Por duodécima y última vez 
le tolero á usté una guasita sobre el volu- 
men de mi señora esposa, (vase tras óna.) 

Sr. Tei . (Riéndoíie.) ¡Pobre señor Atilano! ¡Le lia tenío 
que cortar las patas á la cama porque la ne- 
ñora no se podía suliir! 

Paco Pero, ¿usté ha oído, señor Telesforo, usté ha 

oído? 

8r. Tel, Voy por el pianito pa distraerte. (Entrase en 

su casa.) 



ESCENA líl 

PACO y CARMEN 

Paco ¿Por qué me pasa á mí esto? ¿Por qué ha 

dejao de quererme e=a mujer? Yo voy á ha 
cer un disparate. ¡Dios mío! ¡ayí viene! ¡Y 
ca vez más bonita! 

(í^alc Carmen en dirección á su casa Paco la detiene. ) 

Música 

¿Dónde vas, paloma? 
¿Dónde vas, morena? 
• ¿Dónde vas, mi vida? 

¿D(inde vas, mi reina? 



Car. Quítese de enmedio, 

yame uslé á otra puerta, 
que no es usté nadie 
pa pedirme cuentas. 



Paco ¿Desde cuándo? 

Cap. Desde siempre. 

Paco ¡Tié gracia! 



— 15 — 

•Cap. Yo me alegro. 

Paco ¿Que te alegras? 

Cak. |La mar! 

Paco Pos que coste que tendrás que sentirlo, 

y que coste que me vas á escuchar. 

■Cab. Si has perdido la cabeza 

vete y nándala bus-car, 
y la caye deja franca y no estorbes, 
pa que pase to el que quiera pasar 



Paco Si he perdido la cabeza 

tú has perdido la memoria. 
¿No te acuerdas de quién soy? 
¿No te acuerdas? 

€ar. ' ¿Yo? ¡Ni jota! 



Paco Pronto has olvidao, 

picara mujer, 
to lo que te quise, 
to lo que juré, 
to lo que gozabas 
con este querer. 



■Car. ¡Ay, Jesús, qué mosca! 

¡Ay, qué pesadez! 

¡Ni yo sé na de eso 

ni lo quieo saber! 
Paco Pos si no lo sabes 

yo te lo diré. 



(Apelando á su retórica chula.) 

Yo soy aquel chicuelo 
que apenas levantaba 
tres cuartas en el suelo 
con tu querer soñó: 
yo eoy aquel que un día 
temblando te miraba, 
y amor que en tí dormía 



— 16 — 



mirando despertó: 
yo soy el que primero 
te dijo: «¡Yo te quiero!» 

Vida mía, 
ya sabes quién so^ yo. 



Car La no\ia de aquel chico 

que á tí te enloquecía, 
ya hay más de nn año y pico 
que el moño se subió. 
Y tanta niñería 
y tanta bobería, 

vida mía, 
no las aguanto yo, 

Paco Ahora soy yo el que te dice 

que te vayas y me dejes. 

Car. Ahora soy yo la que sigue 

su camino como siempre. 



I'aco (¡y lo malo es que no tengo yo coraje 

pa partirle el corazón!) 
Car. (¡y lo malo es que le quiero, que le quiero, 

que le quiero y se acabó!) (cesa la música.) 

(Entrase él en casa del señor Telesforo, más 'repudrió» 
que cuando salió, y ella en su casa sofocadlsima, no 
sin hacerse antes el clásico mohín de desprecio.) 



ESCENA IV 

La SEÑORA ALFONSA y el SEÑOR ATILANO; luego el SF.ÑOR 
TELESFORO é INDALECIO; después CARMEN 

(Los dos primeros salen á su puerta con sillas y se sientan.) 

Sr.» Alf. y vé tú á comparar á un carpinteriyo como 
ese, con un hombre tan bien plantao como 
el Indalecio, que además es de buena fami- 
lia y tiene posibles. 

Sr. Atil. Pero ¿qué vas á contarme, mujer? La Car- 



— 17 — 

men se casa con el Indalecio, y al que le 
pique que se rasque. 

Sr. TeL. (saliendo con un pianiío de cristal y sentáudosc.) 

Ese pampli yorando á moco y baba. Voy á 
tener que terciar en el asunto. (Empieza á to- 
car el pianito.) 
Sr.-i Alf. ¡A^iós! Se ha trasladan aquilaFilarmóuici. 

Sr. TeL. (Tocando y cantando.) 

Pompón usa la... 



No. 

No. 



Pompón usa la... 



Pompón usa la... 
Na, que no pueo sacar el Pompón, vecina. 
Miste que es desgracia. 

(Sale Indalecio, chulo repugnante, de los de verruga y 
hongo café malo.) 
InD. (saludando á sus futuros suegros.) PerO que lUliy 

buenas. 
Sr. Axil. Felices, Indalecio. Siéntese usté. (Le ofrece 

su silla.) 

Sr. Tel. (Ya está aquí Mejía. Yo busco camorra esta 
tarde.) 

Sr.íi Alf. (Llamando.) ¡\iña! ¡Sal, que tienes visita! 

Ind. Déjela usté estar; que la pre... la pri... la pri- 

cipitación — esta palabra se me ha airavesao 
— no la conviene á ninguna joven. 

Sr. Axil. ¿Y á qué debemos la satisfación de que usté 
haya venido á vernos á estas horas? 

Ind. Pues... véase la clase. Como en los toros no 

hemos podido hablar, por hayarse ustedes 
en el 9 y yo en el 1, se me ha ocurrido pasar 
por aquí, á ver si son gustosos de dar esta 
noche una vueltecita en la verbena con un 
servidor, lo cual que tengo apalabrado para 
la Carmen, por un si es caso, un soberbio 
mantón de la China. 

(ex señor Telesforo toca oportunamente, á manera de 
comeutario burlón, aquello de La verhena de la Paloma 
que se refiere á los famosos mantones. Los otros tres 
lo miran mosqueados.) 

Sr. Tel. También ts droga que no sé más que el 

principio de toas las piezas. 
Car. (saliendo, también con su silla ) Hola, Indalecio. 

2 



— 18 — 

Ind. Venga con Dios la alhahaca virgen ó el 15."i 

de las fototipias. Serie B. 
Sr . IV,] . (A peseta la línea, ya le costaría un pico ese 

piropo.) 
Car. (¿Kn dónde estará Paco?) ¿Qué dice usté de 

paiticuIarV 
Ind . Me acababa de expresar en estos ó parecidos 

térojínos: véase la clase. Como en los toros 

no hemos podido hablar, por hayarse uste- 

dps en el 9 y yo en el 1... 
Sr. Tel. (¡Qué pesao es este tío!) 
Car. Ya, ya le vi á usté muy ancho, ayí á oriya 

del palco del rey... 
Ind. Fué casual. Cnidao. Ustedes conocen mis 

ideas: soy republicano por la ría láctea. Mi 

señor padre usaba en casa gorro frigio y mi 

señora madre también. (ei señor -iciesforo toca 

la Marsellesa. Las miradas se acentúan.) ¿líS chunga 

lo del pianito? 

Sr. Atil. Parece que sí; pero no le haga usté caso. 

Ind. ¿No, verdá? Me carga-i los jocosos más que 

las paradas del tranvía. Al tercer cilindro 
que deí^arroye, le ventilo la nuez. 

SR.a Atf. ¡Qué bien habla este hombre! ¡Da gusto 
oirle! 

Car. Siga usté con lo que iba contando. 

Ind. Véase la clase. Digo que soy republicano de 

los rojos desde que nací, lo cual que no eptA 
reñido con la cortesanía, que decimos. Es á 
saber: que aun siendo yo republicano, puedo 
ver los toros á oriya del palco del rey, y has- 
ta saludar al joven monarca cuando se retire. 

(ei seüor Telesíoro toca la Marcha Real. Indalecio sal- 
ta. Carmen se ríe.) ¡Vaya! (Se pone de iiie decidido a 
todo.) 

Sr.» Alf. ¿Adonde va usté? 

Ind. Voy á celebrar utisl interviú paciñca. con el 

ciudadano del pianito, (se dirige con caima :il 
señor Telesforo ) 

Sr.» Alf. ¿Ves tú? Vamos á tener un disgusto. 
Car. No yegará la sangre al río, no. 

Sr. Atil. Estoy con aquí. 

Ind. (Encarándose conel señor Telesforo.) Venerable an- 

ciano, (ei señor Telesforo lo mira con sorna, tocando 



— 19 — 

mientras el famoso «No me mates, uo me mates, di* 
La canción de la Lela. Indalecio sonríe con desdén y re 

pite las mismas palabras.) Venerable anciano. 

Sr. Tel. ¿Qué hay, poyito? 

ÍND. ¿Se podría usté tocar las narices? 

Sr. Tel. Según con quó... Ses;ún con qué objeto. 

ÍND. Con el objeto de que aprecie usté bien la di- 

ferencia de espesor que tienen ahora y van 
á tener de aquí á muy poco tiempo. 

Sr. Tel. (Levantándose.) Hombre, hablando de otra 
cosa: ¿me quiere usté prestar esa verruga pa 
])intarrae el pecho de yodo, que hasta en 
verano padezco catarro.^? 

(Indalecio lo mira, escupe, da un paseo blandiendo el 
bastón y calmando con un ademán la emoción de los 
otros, y luego vuelve al señor Telesforo y sale por don- 
de no lo espera nadie.) 

Ind. Me alegro de que sea diario el A B C. 

Sr. Tel. ¿Pa suscribirse? 

Ind. No, señor: pa que mañana vea el barrio en- 

tero un fotograbao del juez de este distrito 
levantando un cadáver. 

Sr. Tel. ¿Me va usté á matar? 

Ind . Tal vez. 

Sr. Tel. ¡Caramba! ¿Y me permite usté que vea an- 
tes este 13.000, por si está premiao saber á 
quién le dejo eso? 

Ind. Haga usté cuantas disposiciones testamen- 

tarias estén á su alcance. Yo no tengo 
priwsa. 

Sr . Tel . Gracias: no esperaba yo menos. Ahora mi?- 
mo voy á escribir un comunicao, pa que 
pase conmigo á la posteridá, diciendo entre 
otras cosas, lo siguiente. Primero: que es 
usté un sinvergüenza... 

Ind . (conteniendo su cólera, y com.o si esperase para lueg > 

comérselo crudo.) ¡Ay!... 

Sr. Tel. Que está engañando á esa pobre familia... 

SR.a Alf. (Levantándose.) ¿Eh? 

Sr. Atil (lo mismo.) ¿('ómo? 
Car. (Lo mismo.) ¿Qué? 

Ind. ¿Usté sabe lo que profiere, pobre hombre? 

Sr. Tel. ¡La verdal ¡La pura verdá! Y'o sé que tiene 
usté tres hijos de otra mujer; que la ha 



— 20 — 

abandonao; que ee muere de liambre sin 
que usté la dé una limosna; que cuando no 
estó usté preso le andan buscando... 

Ind. ¡Ay! 

Cak. Pero, ¿qué dice usté, señor Telesforo? 

Swa Alf. ¿Pero eso es así? 

Sr. Tel. ¡Ni más ni menos! |Y Jo pruebo si es me- 
nester! 

Sw. Atil. ¿U.'^té qué contesta, Indalecio? 

Ind. ¿Yo? [Que miente ese hombre con toa la 

boca! 

8h . Tel. ¡li,l que miente y engaña es usté, chulo 
aburrió! 

Ind. ¿^O? (^'^ ó, abalanzársele á tiempo que sale Paco y se 

interpone entre ellos.) 



ESCENA V 

DICHOS y PACO; luego VECINOS, VECINAS y TRANSEÚNTES 

Paco ¡Alto ahí! Como le toque usté á este pobre 

viejo, ya pué usté encomendarse á Dios. 

Ind. Párvulo: ¿y usté no estaría mejrr dando el 

<;atón y la dotrina? 

Paco No, señor; que hago aquí más falta. 

Ind. ;,Pa qué? 

Paco Lo primero pa defender á este hombre. 

Sk. Tel. Gracias, Paco, pero no era preciso: tengo 
mosquitero. 

PrtCo Y lo segundo, pa decirle á usté, ya que nos 

vetros cara á cara, que esa mujer no será 
mía, pero de usté, menos. 

Ind. Hasta ahora no me ha tocao usté en el hue- 

so dulce. El cariño de esa joven no se dif- 
puta con la lengua, sino de otro modo. 

Paco ¡Pues á eyo! 

Ind. ;A eyo! (Sacau sendas navajas y se embisten como si 

fueran á hacerse picadillo, dando lugar á los gritos y a 
la alarma de los circunstantes, que los sujetan, y de los 
vecinos y transeúntes que andaban por allí cerca espe- 
rando su hora. Luchan unos momentos porque los suel- 
ten, y al cabo se impone á todos el señor Telesforo.) 



— 21 — 

Sr. Tel. ¡Ea¡ ¡quietos ya! ¡Basta de pendencia! Aqni 
no ha pasao na. 

Car. (Que está junto á Paco, sujetan-Solo aún.) PaCO, Hí» 

te pierdas tú por quien no lo merece. Per- 
dóname. Han sío malos consejos. 

Paco l'ero ¿tú me quieres? 

Car. Te quiero, sí; te quiero y te querré toa mi 

vida. Lo digo aquí delante de to el mundo 

Paco ¡Bendita sea tu bocal 

Sr. Tel ( Acercánrlose á Indalecio con sorna.) Mi CODSejO 

leal es que tome usté un kilométrico esta 
misma tarde. 

Ind. Ya lo cogeré yo á usté en un solar desal- 

quilao. 

Sr. Tel. Será difícil, porque á no ser en caso de apu- 
ro, no voy por esos sitios. 

Ind. Vaya, buenas tardes. No se ha hecho Im 

miel... etc. 

S^ . Tel. ¡Adiós, colmena! (Se va Indalecio entre las pullas 
y las risas de la multitud.) 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS, menos INDALECIO 

Sr.» Alf. ¿y tú qué dices á to esto, Atilano? 

Sr. Axil. L-'uts que si los chicos se quieren. .. Dómiíius 
vobiscum. 

Sr. Tel. Conque, ca uno á su avío y á su quehacei . 
Usté, señor Atilano, á espu-xar el puchero; 
usté, señora Alfonsa, á apisonar las cayes.., 

Sx.a Alf. ¡Oiga usté! 

Sr. Tel. Y vosotros, muchachos, á quereros, 

que esto se terminó como Dios manda: 
que más vale cariño con pobreza 
que mal querer con joyas y con galas. 
Que pa pasarlo bien en este mundo 
basta una guardiyita limpia y clara 
con una ventanita frente al cielo 
y en el pretil un tiesto de albahacn 

(ai público.) 

Y aquí termina el cuadro del sainete, 
y aquí pido perdón para sus faltas. 



— 22 — 



CUADRO TERCERO 
ZARZUELA CLÁSICA. -Amor audaz 

Playa. La acción se supone á fines del siglo XVIII. Es de día 

ESCENA PRIMERA 

MAGDALENA y GASPAR 

(Magdalena es una marquesita joven y huérfana. Gaspar es un ma- 
rinero viejo, de pipa y sotabarba.) 

Mag. Buen Gai«par... ¡Estoy sin vida! 

(tas. Aquí me tenei¿'. 

vIag. ¿Le viste? 

Gas. Sí, por cierto. 

Mag. ¿y no desiste 

de su insensata partida? 
Gas. ¡Desistir! ¡Bueno es el mozo! 

l'ara él todo riesgo es llano: 

habla como un veterano 

y apenas le apunta el bozo. 

Resuelto está ¡vive Dios! 

Nada le arredra en su intento: 

no teme más que al momento 

de despedirse de vos. 

Y es tan grande mi cariño 

por ese mancebo loco, 

que, ya veis, me falta poco 

para llorar como un niño. 
Mag. Gaspar, mi siervo más fiel, 

mi amigo, mi consejero: 

dile que venga; que quieio 

hablar á solas con él; 

repetirle una vez más 

lo que el alma sufre y lloia 

al verle partir ahora 

para no volver quizás. 



— 23 — 

¡Triste amor! ¡Loca fortuna, 

víctima tuya me has hechol 

¿Por qué al que eligió mi pecho 

has mecido en pobre cuna? 
Gas. iS'o os abandonéis asi 

al llanto y á los suspiros. 

Voy al instante á serviros. 
Mag. Aquí aguardo. 

Gas. Vendrá aquí. 

(Vase por la izquierda, enjugándose una lágrima que 
le rueda por el atezado rostro. Magdalena se dispone 
a repetir cantando lo mismo que le ha dicho á Gaspar, 
poco más ó menos ) 

ESCENA II 

MAGDALENA, después RICARDO. CORO DE MARINEROS dentro 

Música 

Mag. ¿Por qué, niño Cupido, 

por qué me hieresy 
Dime por qué. 
¿Por qué, niño querido, 
mi llanto quieres? 
Yo no lo sé. 

¿Por qué salió el que adoro 
de una cabana? 
¿Por qué ealió? 
Para causar el lloro 
que así me daña, 
¿qué te hice yo? 

(oyese dentro hacia la izquierda del actor, alegre ru- 
mor de marineros que beben y cantan, j 

(Jdro J>as olas nos arrullan del ancho mai: 

bendice, marinero, tu profesión... 
Cantemos y bebamos sin descansar, 
cjue el vino es alegría y es ilusión... 



Mag. Entre las voces de todos 

su voz oí; 
y entre mil la conociera 
si hubiera mil. 



— 24 — 

(Sale Ricardo por la izquierda. Es el niarlnerilo que 
trne á Magdalena como loca.) 

Ríe. ¡Dulce ilusión del alma mía! 

Mag. ¡Sueño constante de mi amoil 

Kic. ¡Sol e.«plendente de mi día, 

abrapadorl 
Mag. Juntos lloremos nuestros males. 

Ríe. No hay, vida mía, que llorar. 

Copien serenos tus cristales 

el ancho mar... 



Aunque pobre de cuna, 

niña del alma, 
soy rico de ilusiones 

y de esperanzas. 
Yo volaré l)UScando 

dichas y glorias, 
que remedien lo humilde 

de mi persona. 



Voy á cruzar los mares... 
Los vientos protectores 
querrán que á estos hogaree 
me vuelv'an tus amores. 
Mag. No aumentes mis pesares, 

no avives mis dolores. 
Llorando tus azares 
.^e quedan mis amores. 



ESCENA III 

DICHOS, DON DIMAS. luego MARINEROS, MOZAS DEL PUEBLO y 
GASPAR 

(Sale Don Dimas por la derecha, apoyado en una muletilla, y al 

ver juntos á .Magdalena y á Ricardo quédase con la boca abierta. 

Continúa la música.) 



D. DiM. ¿Qué es lo que ven mis ojos? 

£^j(, ■ I (¡Tutor maldito!) 



— 25 — 

D. DiM. ¿Quién es este arrapiezo? 

^^^^- j (¡Nos ha cogido!) 

D. DiM. r Abrazados estaban; 

yo los he visto, 
y he de darle al mancebo 

duro castigo.) (Fuera de sí.) 

¡A ver! ¡que vengan todos! 
¡que vengan ahora mismo! 
¡(jue vengan y me digan 
quién es el atrevido! 

(saleu por la derecha y por la izquierda, marineros y 
mozas cantando á coro.) 

Coro ¿Qué es eso que le pasü, 

señor Don Dimas? 
¿Qué es lo que le sucede 
que tanto grita? 

(Sale Gaspar.) 

D. DiM . iíabiando estoy de cólera; 

soy casi un energúmeno; 

jamás he visto atónito 

lo que hace poco vi. 

Este mancebo intiépido 

y mi sobrina, candida, 

estaban abrazándose 

cuando he venido aquí. 

Con artes maquiavélica», 

sin duda amor mintiéndole, 

á la inocente tórtola 

logróla cautivar. 

Contad quién es el sátrapa; 

contad quién es el mísero; 

si lo sabéis contádmelo 

y de él me he de vengar. 
Ellas (¡Jesús! ¡.Jesús! ¡qué escándalo!) 

íCllos (¡Yo encuentro el caso lógico!) 

Ríe. (¡Tu tío es un estúpido!) 

M/.G. (¡Lo puedo atesüguar!) 

D. DiM. Contad quién es el sátrapa; 

contad quién es el misero; 

si lo sabéis contádmelo 

y de él me he de vengar. 
CoKO Rabiando está de cólera; 

es casi un energúmeno; 



— 26 — 

jamás ha visto atónito 
lo que buce poco vio. 
Este mancebo intrépido 
y sn sobrini', candida, 
estaban abraz!\ndose 
cuando él aquí llegó. 



Mag . ¡Todo por ti! 

¡Qué triste amor! 
Ilic. ¡Confia en mí, 

candida flor! 

((esa la música.) 

D. DiM. ¿Qué es e.'-oV ¿No hay quien hable'' ¿lis que 
estoy vendido entre mis propios servidores^ 
¿Se os antoja bonita la hazaña de e^e mozo? 
¡Un marinerillo de tres al cuarto alirazado á 
la hija de cien nobles!... Es decir, de un no- 
ble nada más, pero cuya corona han lleva'lo 
cien noble-< sobre su cabeza... 

Ric. Señor, yo mismo os contaré... 

D. DiiM. ¡liepórtese el audaz! ¿Ignora que se dirige al 
hijo de cien duques? Es decir, de un duque 
nada más, pero cuya corona... 

Ctas. Sí; han llevado cien duques sobre su cabeza. 

ü. DiM. Tú me has comprendido, buen Ga.'par. 

Gas. l'ues oídme, que por mi boca vais á saber 

de este ujozo bueno que así despierta vues 
tra cólera, algo que ni siquiera sospecháis. 

\J. DiM. Habla, pues, que espero ansioso, 
y si no empiezas reviento. 

Gas. Tened, señor, más reposo, 

y escuchad bien, que es sabroso 
el relato. Va de cuento. 

(Tose, da una chupada á Ja pipa, los mira a todos de- 
mandando atención y dice:) 

Entre el clamor general 
de una ciudad aterrada, 
con aparato infernal 
desplomábase incendiada 
una mansión señorial. 
Por si el voraz elemento 
no se bastara á sí mismo 
para hundir en un momento 



— 27 ~ 

el palacio en el abismo, 

tenia un cómplice: el viento. 

La llama viva, prendía; 

el aire fuerte, atizaba; 

y asi el incendio crecía, 

y así á todos parecía 

que la ciudad se abrasaba. 

De improviso, un ¡ay! de horror 

que lanza una madre loca 

llena al pueblo de pavor, 

y corre de boca en boca 

un espantoso rumor. 

Y las bóvedas se hundían, 

y las paredes temblaban, 

y las maderas crujían, 

y los herrajes saltaban, 

y los escombros crecían, 

cuando se vio la figura 

de un mancebillo trepar, 

presa de extraña locura, 

hasta llegarse a ocultar 

entre el humo de la altura. 

Pasó como una centella; 

y la muchedumbre aquella 

dijo, cuando del doncel 

no quedó rastro ni huella: 

«¡La virgen vaya con él!» 

;0h! ¡qué angustiosos momentos! 

¡qué mezclar los corazones 

amenazas y lamentos, 

•iollozos y maldiciones, 

plegarias y juramentos!... 

De pronto, en la balaustrada 

de un balcón hecho pedazos, 

apareció Humiliada 

la figura antes borrada 

con una niña en los brazos. 

Un grito conmovedor 

de alegría y de sorpresa, 

saluda al grupo de amor... 

La niña era la marquesa 

y Ricardo el salvador. 

Yo no vi más; que de hinojos 

en tierra vine á caer 



— 28 — 

entre humeantes despojos, 
y no me dejaron ver 
las lágrimas de mis ojos... 
J.a historia, t^eñor, es esa. 
Dei?pués de escucharla, espf ro 
que me digáis si aún os pepa 
que abrazara á la marquesa 
el humilde marinero. 

l\ DiM. (Despreciando las quintillas.) ¡Bah! ¡bah! ¿Y 68 

eso todo? Pues nada nuevo me cuentas, 
buen Gaspar: sabia lo del intendio: fué pn 
vida de mi pobre hermana. Sólo ignoraba 
quién fuera el héroe. La hazañn, después de 
todo, es harto baladl. 

Ríe . (Adelantándose hacia don Dimas.) Señor: lo que 

hice no tiene mérito alguno, decís bien; 
pero desde aquel día amo á Magdalena cun 
toda mi alma, y ella me corresponde. 

D. DiM. ¡Insensato! 

Kic. Soy pobre; no conocí á mis ] adres .. Crecí 

en la soledad y me hice fuerte. A nada temo. 
Preparada tengo esa barquilla que ha de 
llevarme ahora mismo hasta aquel ht rmo.-o 
bajel que allí veis, presto á zarpar, pues sólo 
espera mi llegada. En él partiré ctuí rumbo 
á lejanas tierras. Quiero buscar fortuna. De 
mi vuelta tendréis noticias: yo os lo asegu- 
ro. Dios os guarde. (Lb vuelve la espalda y se 
dirige á la barquilla que tiene dispuesta en el foro. El 
coro le abre paso. Magdalena lo detiene un punto. Do:i 
Dimas lo observa con curiosidad y luego habla solo.) 

Música 

Mag. . ¡Ricardo mío! 

Ric Dentro de un año 

serás mi esposa; 

seré tu esclavo. 
Mag . ¡Luz de mis ojos! 

Kic. ¡Dueño adorado! 

¡Adiós! 
Mag. ¡Adiós! 

(Salta Ricardo resuelto y ágil á la barquilla, y desde 
ella se despide de todos cantando.) 



— 29 -- 

Ilic. Playa que el alma adora 

de tí me alejo: 
una niña me llora 
y un pobre viejo. 
Halle flores ó abrojos 
por donde vaya, 
siempre tendré mis ojos 
en esta playa. 



(La barquilla parte con lentitud.) 

Coro ¡Vé con Dios, marinero valiente; 

líi fortuna te habrá de ayudar!... 
¡Que tu nave conduzca y aliente 
la Virgen de\ mar!... 

(Despídeulo todo», á excepción de don Diruas, natural- 
mente, agitando gorras y pañuelos. El tutor y tío de 
Magdalena parece preocupado. ¿Luchará tal vez con la 
torcedora idea de que el marinerito audaz va á resulUir 
al flu de cuentas hijo suyo? Cosas más extrañas se hao 
visto.) 



— 80 — 



CUADRO CUARTO 

Zarzuela cómica.— Amor milagroso 

<'orralóii en casa del señor Koque, vecino adinerado de Zagalejo de 
Arriba, pueblo que bien pudiera ser de Salamanca. Al foio una 
tapia con gran puerta en el centro. A la izquierda del actor otra 
puerta que da acceso á la casa. Hacia la derecha un barril vacio, 
como de diez ó doce arrobas, puesto en pie y cubi ^rto con un 
par de tablas. Kn el foro, junto á la tapia, en el rincón de la 
iz(juierda, nn gran montón de lana. Es de día. 



ESCENA PRIMERA 

CASILDEO 

(Aparece la escena sola. A poco se entreabre la puerta del foro, y 
asoma primero la cabeza de Casildeo y luego todo él. Trae un som- 
brero de los que nadie usa, y un traje en armonía con el sombrero. 
Mira receloso á todas partes, ve que no hay por allí bicho viviente, 
y se adelanta hasta las candilejas como si se fuese á arrojar á las 
butacas.) 

Casildeo Baldosín y Baldosín, servidor d- 
ustedes. Ya es desgracia llamarse Casildeo 
y ser hijo de dos Baldosines; pero no es esa 
ia mayor (¡ue me toca. La mayor es que so}'' 
confitero en Zagalejo de Abajo, y mi novia 
es de aquí, de Zagalejo de Arriba. Claro es 
que yo he podido enamorarme de una 
de Zagalejo de Abajo; pero es el caso 
que me gustan más las de Zagalejo de Arri- 
ba. Zagalejo de Arriba y de Abajo se odian 
á muerte ]ior causa de dos Cristos. Dicen 
los de Arriba que el Cristo de Arriba es más 
milagroso que el de Abajo; y dicen los de 
Abajo que el Cristo de Abajo es más mila- 
groso que el de Arriba; y en cuanto se en- 
cuentran uno de Abajo y uno de Arriba, se 



— 31 - 

dan una paliza que yo no me quisiera ver 
arriba ni abajo. Ni en medio, por supuesto. 
Con estos precedentes, calculen ustedes mi 
temeridad al venir desde Zagalejo de Abnjo 
á hablar con Poncianita, la hija del señor 
Roque, dueño de esta casa, que es hombre 
de melena en necho, porque decir de pelo 
es decir poco. Pero hay que convenir en que 
si el amor no tuviera ese picantillo de unos 
palos en perspectiva, sería dulce de tomn- 
te... antes de pooerle el tomate. Voy á ver 
si sale mi tesoro. Casildeo Baldosín y Bal- 
dosín, servidor de ustedes, (Acércase á la casa, 
y arrostrando todos los peligros, se pone á cantar.) 

Música 

Sal, dulce batata, 
que tu amor me mata; 
sal, cara de plata, 
y oye la cantata 
y el cariño acata 
de este polvorón, 
que es la flor y nata 
de su profesión. 
Sal, caramelito, 
sal, cuerpo bonito, 
sal, que necesito 
ver tu real ])almito, 
sal, que ya estoy frito 
como un chicharrón; 
sfil y me derrito 
de satisfacción. 



ESCENA II 

CASILDEO y POXCIAKITA 
1 ON. (saliendo al reclamo.) 

Casildeo... 
Oas. Poncianita... 

Poncianita... 
Pon. Casildeo... 



— 32 



Cas. 


Cada instante que te veo 




rae pareces más bonita. 


Pon. 


Y tú á mí á cada visita 




rae pareces menos feo. 


Cas. 


Poucianita... 


Pon 


Casildeo.. 




Casildeo... 


Cas. 


Poncianita... 



Cuando el cura nos lleve al altar. 
Pon. Cuando el cura nos case en latín. 

Cas. ¡a. y, qué vida nos varaos á «lar! 

Pon. ¡Ay, qué vida la nuestra, monín. 



Cas. Nos levantaremos, 

alma y vida mía... 

VoN. Al cantar del gallo 

cuando llegue el día.. 

C\B. ¡Ki ki ri ki! 

Pon. ¡Kikirikí! 

En la propia cama 
desayunaremos... 

Cas Como palomitos 

nos arrullaremos... 

Pon. 'Uuuu... ruuu... 

Cas. Ruuu... ruuu... 

Yo tendré un minino 
para los ratones... 

Pon. Yo tendré un canario 

para los balcones... 

Cas. ¡Miau! 

Pon. ¡Piiiii! 

Cas. ¡Miaul... 

Pon. ¡Piiiii!... 

En la primavera 
y á la tardecita... 

Cas. Iremos al campo 

con una cabrita... 

Pon. ¡Beeeee! ¡beeeee!.,. 

Cas. ¡Beeeee! ¡beeeee! .. 

Y al volver juntiti»s, 
ya sin luz el cielo... 



— 33 — 

Pon. Cantarán las ranas 

en el arroyuelo... 
Cas. Cuá cuá cuá... 

Pon. Cuá cuá cuá.. 



IjOs dos ¡Oh cuánta ventura! 

¡Oh cuánta alegríal 
¡Sol de mis amores! 
¡Luz del alma mía! 
¡Qué felices horas! 



¡Qué dichoso el día 

que haya entre esos bichos 

un ama de cría! (cesa la música.) 



Pon. Casildeo de mis ilusiones. 

Cas. Almíbar ds mis tarros. 

Pon. Tengo que darte una gran noticia. 

Cas ¿Que me quieres más que el domingo? 

Pon. JSo; sino que seremos felices muy pronto, 

porque se van á acabar las rivalidades en- 
tre los dos pueblos. El señor obispo va á 
venir á arreglarlo. Se hospedará aquí. 

Cas. ¿Aquí? 

Pon. Como lo oyes. Papá va á echar la casa por 

la ventana, á fin de que, en todo caso, si el 
señor obispo le da la razón á algún Cristo, 
se la dé al nuestro. Esa lana es para hacer- 
le un par de colchones magníficos. Aquel 
barril tan grande para llenarlo de vino del 
tío Toño, y darle una comida á los pobres. 
Se está pintando y encalando toda la casa; 
se están fregando todos los peroles; se va á 
sacar la vajilla nueva; se está regando todo 
con unos polvos de Madrid para que no le 
pique nada al señor obispo... En fin, Casil- 
deo, que se acerca nuestra ventura; que el 
mismo señor obispo nos podrá echar las 
bendiciones. 

Cas. ¡Ay, pimpollo de mi existencia! No son pa- 

labras las que salen de tu boquita: ¡son al- 
mendras garrapiñadasl (La abraz.n.) 

Pon. ¡Casildeo! 



— 34 — 
Cas ¡Foncianital La dicha es audaz. 

(Óyense ladrillos hacia la pasa.) 

Pon. ¡Cristo de Zagalejo de Arriba! 

Cas. ¿Qué sucede? 

Pon. ¡Que viene mi padre! 

Cas. ¡Cristo de Zagalejo de Abajo! ¿Pero tu pa- 

dre ladra ya? 

Pon. ¡No! ¡[.^a que ladra es Blasa, la criada, que 

así me avisa de que viene! 

(continúan los ladridos.) 

Cas. ¡Maldición! ¿Qué hago? 

Pon. ¡Huye en seguida, no lo echemos todo á 

rodar! 

Cas, (obedeciéndola azorado.) ¡Ahora mismo! (Retro- 

cediendo asustadísimo después de asomarse á la puer- 
ta.) ¡Virgen! 

Pon. ¿Q'aé? 

Cas ¡El cabo de carabineros, que me odia á 

muerte! ¡Yo no salgo! ¡no salgo! 



ESCENA III 

DICHOS y BLASA 
Blasa (saliendo de la casa despavorida.) ¡Señorita! ¡qUC 

llega! 
Pon. ¡Ay! 

Cas (Corriendo desatentado.) ¡DioS mío! ¡los doS 

Cristos juntos no me salvan! ¿Dónde me 

escondo? 
Pon. ¿Dónde lo escondemos? 

Blasa ¡En la lana! ¡en la lana! 

Pon. Es verdad, ¡en la lana! 

Cas. ¿Con el calor que hace? 

Pon. ¿y qué remedio? ¿No ves que si te coge 

papá te eac.i astillas? 
Cas. ¡Me has convencido! ¡a la lana! ¡á la lana! 

(Métese eu el montón de lana, y entre Blasa y Pon- 
cianita lo tapan bien.) 

Pon. Anda, vida mía, que todo se remediará. 

Blasa Encoja usted esta rodilla, señorito. 

Pon. y la cabeza, la cabeza. 

Blasa Así, así. 



- 35 — 

Pon. Ya no se ve nada: estáte quieto. ¡Ay, Blasa, 

qué sustos da el amor! ¡A qué cosas obliga 

Blasa Dígamelo usted á mí, que tengo á mi novio 

á estas horas metido en carbÓQ hasta los 
pelos. 

\jAB, (Asomando la cabeza un instante, y cscnpienclo lana.) 

¿No viene ese hombre? ¡Porque ya me he 

tragado un vellón! 
Pon. ¡Escóndete, insensato! 

Cas. ¡Haz io posible porque se vaya pronto; mira 

que esto no es el Monasterio de Piedra! 
Pon. ¡Escóndete! 

Blasa ¡Aquí viene! 



ESCENA IV 

DICHOS y el SEÑOR ROQUE 
Sr . ROQ. (saliendo de la casa, cachazudo y tranquilo.) Hola, 

Poncianita. 

Pon. Hola, papá. 

Sr. Roq. Hola, Blasa. 

Blasa Buenas tardes, señor. 

Sr. Roq. fiQué hay? 

Pon. Nada. Ven allá dentro, que te tengo que en- 

señar una cosa. 

Sr. Roq. Luego iré. Ahora traigo ya mi plan, y de él 
no me salgo. No; por()ue se han empeñado 
unos y otros en que el señor Roque quede 
mal con el señor obispo, y el señor Roque 
no queda mal ni con su padre, (a Biasa.) A 
lo mío. Llégate á mi cuarto, y tráeme aque- 
llos diez cuarterones de tabaco que hay so- 
bre la cómoda. Me voy á estar haciendo pi- 
tillos hasta que anochezca. 

Pon. [Papá! 

Sk. Roq. Sí, hija, sí. ¡A ver si va á tener ó no va á 
tener que fumar el señor obispo! ¿Qué te 
detiene, Blasa? 

Blasa Nada; ya voy, señor, (vase.) 

Pon. (¡Ay, Dios del cielo! ¡Me quedo viuda antes 

de casarme!) 



— 36 — 
ESCENA V 

PONCIANITA, el BEÑOR ROQUE, MOZO I." y MOZO 2." Al final 
BLASA 

(Suenan dos golpes en la puerta del foro.) 

Sr. Roq. Mira á ver quién es. 

Pon. (¡Qné alegría si ee llevaran á papá!) (Abre la 

puerta y aparecen dos Mozos del pueblo cou dos varas 
largas y fuertes.) 

Mozo 1.° A la paz de Dios. 

Pon. Buenas tardes. 

Sr. RcQ. Buenas tardet^^. 

Mozo 1 ." Aquí nos manda el señor Isidro. 

Pon. ¿El señor Isidro? 

Mozo 1 .° ¿No es aquí donde hay que varear dos col- 
chones de lana? 

Pon. ¡Nol 

Sr. Roq. ¿Lomo que no? ¿Qué sabes lo que dices? 
¡Hemos hablado esta mañana para lo mis- 
mo! (a los M070S.) Esta es la lana: podéis em- 
pezar cuando queráis. 

Pon. (con el alma en un hilo.) Pcro, papá, 8Í es que 

yo... yo me he comprometido con una ami- 
ga... que conoce á unos hombres... 

Sr. Roq. Déjate de amigas, que hay muchas envi- 
dias, y muchas cosas que tú no sabes. A va- 
rear, á varear. A ver si me ponéis la lana 
como si fuera espuma. 

Mozo 2. " No quedará usted descontento. 

(Descargan alternativamente los dos primeros varazos 
sobre la lana. Ponciauíta se estremece y lanza un grito 
agudo á cada varazo. Los Mozos, sorprendidos, sus- 
penden su tarea.) 

Pon. ¡Ay! ¡Ay! 

Sr. RoQ. ¿Qué tienes tú? 

Mozol.*' ¿Qué es eso? 

Pon. Nada .. sino que... como yo he quedado con 

esa amiga... 
Sr. Roq. ¡Que te dejes de amigas, mujer! Continuad 

vosotros. 

(Nuevos varazos y nuevos gritos.) 



- 37 — 



Pon 
Sr. Roo. 



Blasa 
Sr. Roq. 
Blasa 
Sr. Roq. 



¡Ay! ¡Ay! 
¡Dale, machaca! 

(siguen los Mozos vareando. Sale Blasa, y al verlos da 
uu grito espantoso. Vuelven á suspender su tarea.) 

¡Ay! 

¿lú también? ¿Y no me traes eso? 

No lo encuentro, señor. 

Vaya; tendré que ir yo á buscarlo. No servís 

para nada, (vase.) 



ESCENA VI 



DICHOS, menos el SEÑOR ROQUE 



Pon. 



Mozo 1 
Pon. 





Cas. 




Mozo 1 





Mozo 2 





Mozo 1 . 





Cas. 




Pon. 




Cas. 




Blasa 




Cas. 




Pon. 




Cas. 




Pon. 




Blasa 




Pon. 




Mozo 1. 





Mozo 2. 






¡Por la Virgen Santísima, no peguen uste- 
des más varazosl 
Pues ¿qué hay? 

(Arrimándose ni montón de lana.) Sal, Sal, CaSÍI- 

deo; sal. 

(saliendo todo lleno de lana, mohino y maltrecho.) 
¿Qué sal? ¡Vinagre es lo que necesito! 
(Estupefacto.) ¡Anda! 

(Lo mismo.) jOigal 

¿Tú ves, chico? (Se ríen á carcajadas.) 

No reírse... Ay... ay...Hiiiii. 
¿Qué te pasaV 
Hiiiii... 
¿Qué es ello? 

¡Que me ha entrado lana hasta el estóma- 
go!... (Escupe sin cesar.) Ay... av... No puedo 
más .. me entrego. 
¡Huye, huye ahora! 

Si estoy hecho una breva. El primer varnzo 
de uno de estos me cogió en diagonal y no 
me dejó fuera ni los tacones. 

(Nuevas risas de los Mozos.) 

¡No reírse, caramba! 

¡Huya usted, por Dios! 

Mira que si sale papá y se encuentra aquí 

con uno de Zagalejo de Abajo... 

¿Cómo? 

¿Qué? (Cada uno lo coge por un brazo, blandiendo 

la vara.) ¿Pero ustcd 68 de Zagalejo de Abajo? 



-^ 38 - 

Pon . ¡Cielos! 

Cas. ¡Yo no soy ya de ningvina parte. 

Mozo 2. o ¿Cómo que no? 

Mozo 1.*^ A ver: ¿cuál de los dos Cristos es el más mi- 
lagroso? 

Cas. El de aquí, el de aquí, sin género de duda. 

Junto al de ustedes el mío es una maquini- 
11a de afeitar. 

Mozo 2 ¡Ahí 

Mozo 1." Entoncep, márchese usted tranquilo. 

Sr. Roo. (Dentro, gritando,) ¡Poncianita! 

Cas. ¡Huy! 

Pon. ¡Papá que llega! 

Blasa ¡Corra usted por Dios! 

Cas. ¡Ya lo creo que corro! (Corre unevomente á la 

puerta y vuelve atrás con los pelos de punta ) ¡Ho- 
rror! ¡El sargento de carabinero-s, que me 
odia más que el cabo! ¡Imposible salir! ¡Me 
prendel 

Sr. Roq. (Más cerca.) ¡Ponciauita! 

Pon. ¡Jesiís! ¡Va á pescarte papal 

Cas. ¿Qué hacemos? 

Pon. (Tirando de él.) jA la lana, á la lana!... 

Cas. (Resistiéndose aterrado.) ¡A la lana no! 

Blasa (lo mismo que Poucianita.) ¡A la lana, á la 

lana!... 
Cas. ¡A la lana nooooo!... 

Pon. ¡Entonces al barril, que está vacío! 

Cas. ¡Eso! ¡eso! ¡al barril! Ayudarme, ayudarme 

todos. (Entre los Mozos y ellas lo meten dentro del 
barril. Los Mozos no paran de reirse.) 

Pon. ¡Qué apuro. Dios de Dios! 

Blasa Hoy ganamos el cielo. 

Cas. (Ya dentro del barril.) ¡Huy qué fresquita es 

esta casa en comparación á esa otra! (se aga- 
cha y desaparece.) 

Pon . (a los Mozos.) Ustedes á varear de firme; y por 

Dios no se rían, no vaya á sospechar el se- 
ñor. 

Blas\ (De repente.) ¡Ay, Cristo! ¡Y mi uovio en la 

carbonera todavía! ¡Voy á ver si lo saco! 

(vasc corriendo dentro de la casa. Sale el señor X^Q- 
quc.) 



— 39 — 

ESCENA VII 

PONCIANITA, CASILDEO, el SEÑOR ROQUE, MOZOS 1." y 2.°; lue- 
go otros dos MOZOS 

8r. Roq. ¿Adonde va esa? Cuando más falta hace se 

quita de en medio. 
Pon. Fues ¿qué pasa ahora? 

Sr. Roq. Que ya están ahí los mozos que traen el 

vino del tío Toño. 
Pon. ¡Ayl 

Sr. Roq. ¡Pero, chica, todo te asusta hoy! (a ios Mozos 

que se ríen cou estrépito.) ¿Y VOSOtrOS doS de que 

OS reís? ¡Pues sí que se me ha puesto á mí 
un humorcito como para bromas...! (Abre la 

puerta de la tapia En seguida aparecen el Mozo 3. y 
el 4." con sendas cubetas de vino.) 

Pon. (¡Santo Dios! ¡Hazlo impermeable!) 

Sr. Roq. Hola. 

Mozo o. o Buenas tardes, señor. 

Sr. Roq. ¿Traéis las ocho arrobas? 

Mozo 3 o tii, señor; ahí está el carrillo. 

Sr. Roq. Pues este es el barril. A volcarlas. 

(e1 Mozo 3. quita una de las tablas que tapan el ba- 
rril y vuelca dentro con gran resolución la cub.ta que 
trae. Poncianitd grita como antes. El otro vuelca en 
seguida la suya. Poncianita vuelve a gritar. Los de la 
lana ríen. Casildeo no aguanta más vino y con el na- 
tural asombro de los Mozos se sale del barril sacu- 
diéndose como un perro y salpicando á todos.) 

Cas. ¡No puedo más! 

Mozo 3 o ¿Eh? 

Sr. Roq. ¿Qué hombre es ese? 

Cas ¡['refiero morir de un tiro á morir como un 

bizcocho borracho! 

Sk. Roq. ¿Quién es usted? 

Mozo 3.0 ¡Es el confitero del otro pueblo! 

Sr. Roq. ¡.Ih, canalla! ¡Ahora verás tú! (Lo persigue ca- 

sildeo huye.) 

Pon. ¡Perdónalo, papá! 

Cas. ¡Perdóneme usted: hace más milagros este 

Cristo! 
Sr. Roq. ¡No te me escaparás, bribón! 



— 40 — 

ESCENA VIII 

DICHOS, CORO de MOZAS y MOZOS. BLASA al final 

(Sale por la puerta de la tapia el Coro, que anda sicm ■ 
pre oliendo donde guisan.) 

Música 

Coro ¿Qué ocurre? ¿qué ocurre? 

¿Qué pasa? ¿qué pasa? 
Sr. Roq. i Recontra! ¿Qué es esto? 

¿Por qué sin permiso del amo 

se cuela esta gente en mi casa? 
Coro Vecino, ¿qué ocurre? 

¿Qué ocurre, vecinc? 
Sr. Roq. ¡Caramba! ¡qué moscas! 

¡Que estaba escondido este pollo 

ahí en esa bota de vino! 



Coro ¡Ja, ja., ja, ja! 

¡Ja, ja, ja, ja! 

¿Y á qué vendría? 

¿Y quién será? 
Cas. Yo mi conducta 

quiero explicar. 
Coro El su conducta 

quiere explicar. 

¡la, ja, ja, j*-! 

lJ^J«, ja, jí! 

fCesa ]a música.) 

Sr. Roq. ¡Rediez! ¡Pues no les ha hecho á ustedes 
peca gracia el Janee! (a casiideo.) Conque, 
vamos á cuentas usted y yo. 

Cab. Señor Roque, yo soy Casiideo Baldosín y 

Baldosín, confitero en el pueblo que tiene 
el peor Cristo; voy á heredar al tío Tragal- 
dabas, á quien usted conocerá de seguro; 
amo á Poncianita y me quiero casar con 
ella. 

Sr. Roq. (a su lüja ) ¿Es eso verdad? 



— 41 — 

Pon. Todo. Y adeicás es muy guapo, como pue- 

des ver. 
Sr. Roq. ¿De manera que venía usted aquí por lana? 
Cas. ¡No, señor; por lana no! ¡Puede usted creer- 

mel (Saca el pañuelo para enjugarse un ojo, y cae 
lana de él como para una almohadilla.) (¡Huv!) 
(Sale Blasa, con señales inequívocas en el rostro de 
haber sacado á su novio de la carbonera.) 

Blasa. ¡Anda! ¡Pero cuidado que dan que hacer los 

novios! 

Sr . Roq. Pues ahora se va á ver quién es el señor 
Roque. Yo quiero que se acaben las diferen- 
cias entre un pueblo y otro, y lo pruebo ca- 
sando á mi hija con el confitero de Zagale- 
jo de Abajo .. 

Pon. ¿De veras? 

Sr. Roq. De veras. 

Cas. Gracias, señor Roque. 

Sr. Roq. ¡Pero el Cristo de Zagalejo de Arriba hace 
más milagros que el de Zagalejo de Abajo! 

Todos ¡Sí! ¡sí! ¡sí! 

Cas. Todo lo acato y lo admito 

con alegría infinita: 
en teniendo á Poncianita, 
lo demás me importa un pito. 

(ai público.) 

Y si para tí fué grato 
el mirarme en más de un brete, 
aplaudiendo este juguete 
me harás pasar un buen rato. 



FIN 



Mira Sierra, Julio, 1906. 



..-C'.' 



OBHRS DE !iOS IWISIVIOS ROTORES 



Esgrima y amor, juguete cómico. (2.a edición.) 
Belén, 12, prmcipal, juguete cómico. 
Güito, juguete cómico-lírico. (2.a edición.) 
La media naranja, juguete cómico. (2.* edición.) 
El tío de la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 
El ojito derecho, entremés. (:^.a edición.) 
La reja, comedia en un acto. (3.a edición.) 
La buena sombra, sainete en tres cuadros, con música. (6.a edi- 
ción.) 
El peregrino, zarzuela cómica en un acto. 

La vida intima, comedia en dos actos. (3.a edición.) 
Los borrachos, sainete en cuatro cuadros, con música. (2.a edi- 
ción.) 

El chiquillo, entremés. (5.a edición.) 

Las casas de cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, sainete en tres cuadros, con música. 

El patio, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

El motete, entremés con música. (2.a edición.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros. 

Los Galeotes, comedia en cuatro actos. (3.a edición.) 

La pena, drama en dos cuadros. (2.a edición.) 

La azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música. 

El nido, comedia en dos actos. (2.^ edición.) 

Las flores, comedia en tres actos. 

Los piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡A Sevilla en el botijo! humorada sa- 
tírica en tres cuadros, con música. 



La dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Los meritorios, pasillo. 

2 a zahori, entremés. 

La reina mora, 'íainete en tres cuadros, con música. (2.* edi- 
ción.) 

Zaragatas, saínete en dos cuadros. 

La zagala, comedia en cuatro actos. 

La contrata, apropósito. 

El amor que pasa, comedia en dos actos. 

El mal de amores, saínete con música. 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol, paso de comedia. 

Fea y con gracia, entremés con música. 

La aventura de los galeotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Quijote. 

La pitanza, entremés. 

El amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un 
prólogo, con música. 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ PNTERO 



Los chorros leí oro 



entrem:es 



■ •«»°S>t«©í<£ÍW* 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

leoe 



LOS CHORROS DEL ORO 



Ksta obra es propiedad de sns autores, y nadie po- 
drá, 8in su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países oon los cuales se hayan 
celebrando ó se celebren en adelante tratados interna' 
oionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LOS CHORROS DEL ORO 



ENTREMÉS 



serafín y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenado en el TEATRO DE APOLO el 8 de Marzo 
de 1906 



-*- 



MADRID 

E. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 11 
Teletono número 551 

1906 



j/I Joaquina del pino 

gala de la, raza andaluza 
(¿Juá aatni'iadó'ieS u atutaoó, 

'X.OJ (jyLuhieé. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

MERCEDES Skta. Pino. 

JUAN MANUEL Sb. Caeeeras. 

JUANITA Paquita Novo. 






LOS CHORROS DEL ORO 



Habitación baja en casa de Mercedes, mujer del pueblo no mal aco- 
modada, en Sevilla. Al foro una ventana que da á la calle. A la 
derecha del actor una puerta, y á la izquierda otra. Las paredes 
blancas y lucientes. El suelo, de lositas de dos colores, aljofifado 
de tal modo, que se pueden comer migas eu él. Muebles modes 
tos, pero bien ordenados y muy limpios. Entre ellos una cómoda. 
En el centro de la habitación una mesita, sobre la que hay un 
costurero. -Fs de día. 

(Mercedes está asomada á la ventana. Es una mujer que marea de 
guapa y de limpia. Le da el sol y parece que tiene lentejuelas ) 

Merc. ¡Adiós! Aya va como una palomita .. Se 

come la caye, y no levanta der suelo tanto 
así. ¡Hija mía, qué presiosa esl Si viviera su 
padre, se le caería la baba mirándola. La 
puerca e la vesina se ha parao á darle un 
beso: á vé si le deja la seña... ¿Otro beso? 
¡Vamos, güeno está de cariño, señoral Sí. 
hija mía, sí; bases bien en echa á corre. Y 
es que no le gusta que la bess nadie. Las 
tonterías de las mujeres cuando somos ni- 
ñas. Ya dobló la esquina. (Se retira de la venta- 
na.) Chala me tiene. Vamos á guardarle er 

baberito. (Recoge uno que hay sobre una silla, y con 
gran cuidado lo guarda eu un cajón de la cómoda ) 

¿Esto es una mancha? No. Pensé... lis des- 
colorió de lavarlo. [Ajajá! (poniendo bien una 
silla que no está en su sitio.) ¡JeSÚs! Por donde 



Juan 

Merc. 

Juan 

Merc. 

Juan 

Merc. 

Juan 

Mfrc. 

Juan 



pasa mi madre arma un terremoto. (Fijándose 

en la silla.) ¿Le paese á usté? f OrVO. (Coge un 

paño y la limpia y la frota ) Así te quiero, pren- 
da. Y ahora, k seguí cosiendo estas naguas 

blancas, (siéntase á ello jnuto á la mesita.) Se tar- 
da Juan Manué... Quisa haya estao esperan- 
do á vé salí á mi niña. Como le tengo dicho 
que cuando eya esté aquí no entre... fSí, por- 
que la niña va á hasé en Agosto los siete 
años, pero paese que yeva un viejo en la ba- 
rriga, según se fija en to. Y no me agrada 
que note na de e^to, mientras yo no me de- 
termine. Juan Manué es un buen hom- 
bre... y me quiere... Y me hase grasia, esta 
es la verdá. Porque Juan Manué tiene gra- 
sia. ¡Pero es tan adán! ¡es tan suí-^io er gran- 
dísimo condenao! Mi madre se dispara cuan- 
do ve que yo yevo las cesas adelante. «¿En 
qué estás pensando, hija mía? Acuérdate de 
tu marío, que era como los chorros del oro er 
pobresito, y fíjate después en ese tipo que 
ahora te pretende; que le teme al agua más 
que un perro rabioso.» Y es la verdá: es muy 
susio. Is'o, y eso no: como Juan Manué no se 
corrija... Porque sobre sé muy susio, es muy 
desasirao. Yo creo que sí, que se corrige... 
Muestras va dando ele eyo... Er rose conmi- 
go argo ha de podé .. Lo que me hase más 
grasiii es lo que se esfuersa er pobre en pre- 
sentárseme arreglaíto. 

(Asomándose por la ventana.) ¿Vive aqUÍ la mujé 

más bonita der barrio? 

¿Quién pregunta por eya? 

El hombre más feo de Europa. 

¿De Europa na más? 

Na más: los chinos son más feos que yo. 

Pos esa mujé no vive aquí. 

¿Que no vive aquí? A mí se me había fígu- 

rao que estaba yo hablando con eya. 

Viene usté malo de la vista. O no se habrá 

usté lavao bien los ojos. 

¿Ya estamos con el agua á pleito? ¡Me los 

he lavao con aguarrás, pa darle á usté 

gusto! 



— 9 - 

Merc. ¡Jesús, con aguarrás! Es preferible el agua 

clara. 

.luAN Güeno; ¿me deja usté que entre á acompa- 

ñarla un ratito, ya que ha salió la niña? 

Merc. Entre usté. 

Juan Abra usté la cánsela. 

Merc. No es presiso: mi madre está á la puerta e 

la caye. 

Juan ¿Y está suerta? 

Merc. ¡Oiga usté! 

Juan Usté perdone: he querio pregunta si no 

muerde. 

Merc. No muerde, no; pero ándese usté con cui- 

dao. 

.Juan Con quien tengo yo que anda con más cui- 

dao que un equilibrista, es con la hija, (vase 

de la ventana.) 

Merc. Na, que me hase grasia este hombre. Señó, 

no la tendrá pa nadie, peí o pa mí la tiene. 
Y luego, como también es viudo, y con una 
niña, como yo... lo que piensa una: paese 
que está escrito. Bien dise la copla que to 
cae ensima: tanto critica j'o de la gente 
desasea... y miste por donde viene er diablo 
y lo enreda. 

Hadie diga en este mundo 
de este agua no he de bebé, 
porque er caminito es largo 
y puede apretá la sé... 

(Sale Juan Manuel por la puerta <le la izijuierdn. Es 
cajista de imprenta.) 

Juan ¿Sabe usté lo que me ha dicho su madre? 

Merc. ¿Qué le ha dicho? 

Juan Que si tengo paraguas, que lo tire. 

.Merc. ¿Pa (jué? 

Juan Fa que me moje siquiera los días que 

yueva. 
Merc. (Riéndose.) Mi madre tiene güeuos gorpes. 

Juan Sí, señora; y la hija también; pero la hija 

y la madre se conose que me han tomao a 

mí por aseite, que por no está en el agua se 

va arriba. 



— 10 — 



Merc 
Juan 

Merc 



Juan 



Mekc 

Juan 

Merc 

Juan 

Merc 

Juan 



Mefc 

Juan 
Merc 

Juan 

Merc. 

Juan 
Merc. 

Juan 



Mekc 
Juan 
Merc 

Juan 



Merc. 



¿Y no hay na de eso? 

No liay na de eso. Vamos á vé, con impar- 

bialidá: ¿qué tar vengo hoy? 

Desde aquí, mejó que otros días. Asérquese 

usté un poco más. Pero suerte usté antes er 

sombrero. 

¿Ve usté cómo se ersagera un poquiyf? 

(Deja sobre una silla el sombrero. Mercedes, mientras, 
ve que trae manchada de yeso la espalda.) 

(Levantándose.) ¡Virgen de las Angustias! 
¿Qué ocurre? 

¿Usté se ha visto por la esparda? 
¡No pueo! ¿Qué traigo por la esparda? 
¡To er yeso de un tabique! 
iMardita sea mi suerte! Ahora sí tiene usté 
rasón: es que hoy están en casa de obra, y 
antes de sah se me orvidó refregarme con- 
tra la cama. 

¡Ave María! ¿De esa manera se sepiya usté? 
La esparda, eí señora. 
Venga usté acá, hombre, venga usté acá... 

(Coge un cepillo y lo cepilla con coraje.) 

Cuando digo yo que es usté la mu jé que yo 
nesesito... 

¡Uf! ¡lo que suerta! Meresía usté que le va- 
reara la americana sin quitársela. 
¡Ay! que me liase usté coí^quiyas, Mersedes. 
Y vaya una manchita que tiene usté aquí 
en el hombro. 

¿,En el hombro? Del hombro pa atrás no 
]meo responde, porque no rae fijo; pero por 
delante, lo que es hoy no me encuentra usté 
á mí ni una mancha. 
¿No? 
Ño. 

(señalándolas.) Una... dos... tres... cuatro .. sin- 
co... seis... siete... ocho... 
¡Caray, no siga usté! ¡Miste que es lo gran- 
de! En mi casa no me veo ni una sola; sar- 
go ar só, y me veo dos ó tres, y yego aquí, y 
na más que piso er cuarto este, ya estoy 
plagaíto. 

¿Si, eh? Pos las mismas que tiene usté aquí, 
tenía usté en sn caí^a. ¡Que así andará eja! 



— 11 - 

Y que las hay de tos colores. Dise mi ma 
dre que se prensa un traje de usté y sale 
un tinte. 
Juan No, si ya sabemos que la mamá tiene mu- 

cha grasia. Pero comprenda usté, Mersede=, 
que un pobre cajista de imprenta, que está 
to er día metió en tinta, como los calama- 
res, y que está cuidao por una cuña — ¡mar 
tiro le peguen! — y por una niña de este arto, 
no pué vení aquí como pa ponerlo en un 
escaparate. Además, usté no se ocupa más 
que de critica, y de f=acarle á uno los colo- 
res, y cuando uno hase un esfuerzo pa que 
usté lo estime, usté no lo estima. Toavía no 
me ha dicho usté na de la corbata. 

MerC. (Reparando en que no trae puesta ninguna.) ¿D6 

qué corbata? 

Juan (Llevándose la mano ai sitio.) ¡Ay, qué grasioí^a! 

¡De estal 

Merc, ¿De esa, eh? 

Juan ¿Le paese á usté, si es sino? Hay días en 

que ar salí de casa debía uno pisa una cás- 
cnra de melón y estreyars8 contra las pie- 
dras. (Saca la corbata del bolsillo.) Miste doude 
la traigo. 

Merc. riQné más da? 

Juan Pero, güeno: ¿la corbata es de gusto ó no es 

de gusto, que es aquí lo que se discute? 

Merc. Le diré á usté: pa aliñarla, no es fea. 

Juan ¿^<^r> que pa aliñarla? ¿No le gusta á usté la 

corbatita? 

Merc Como escarola, sí. 

Juan ¡Se acabó! 

Merc ¿Q^é va usté á hasé con eya? 

Juan ¡A tirarla á la cayel Yo sé que er que se la 

ponga, se luse; pero á usté no le ha agradao, 

y eso basta. ¡La tiro! (La tira por la ventana en 
efecto.) 

Merc ¿Es que piensa usté tira to lo que no me 

agrade á mi? 
Juan ¡Ni más ni menos! 

Merc. Pos entonses suba usté arriba y tírese usté 

por er barcón, (vuelve á sentarse.) 

Juan Eso no me lo diga usté ni en broma. 



— 12 — 

Merc Pero ¿cierno vi yo á haserle cara á un hom- 

bre que ca día que pasa está más desa«trao 
y más susio? 

Juan ¡No, que vi á está más limpio ca dial ¡Qué 

cosas tiene usté! ¡Si uno no vive en un í'aná, 
señora! ¡Miste las estatuas: hasta jaramagos 
Jes salen! 

Merc. ¿Es desí, que usté hasta que no le sargan ja- 

ramagos no está contento? 

Juan Yo no estoy conten tu mientras usté no se 

desida á quererme. (Se sienta ai ladu de ella.; 

Merc. Pos largo le va. El hombre (^ue á mí me 

yeve otra vez á la iglesia, ha de havarse en 

el agua tan á gusto como á la vera mía. 
Juan ¡Por vía e Dios! ¿Su difunto de usté era un 

sarmonete? 
Merc. Mi difunto era un hombre que daba gloria 

de mirarlo: limpio, cdorao, escamondao... 
Juan Y engüerto en harina, sí señora; lo esioy 

viendo en una freiduiia. 
Merc. O se caya usté, ó tenemos un dijusto serio. 

Juan No lo tome usté así: er mismo respeto que 

le guarde usté á su difunto, le guardo yo, 
.^[ERc. Pos mucho ojo con lo que se hf.bla. 

Juan Y si se quié usté desquita, métase usté con 

mi difunta y yo la acompaño. 
Merc. Creo que era pa el avío. 

Juan ¡Pa viví con usté! 

Merc. Muy mujé de su casa... muy consertaíta... 

J UAN ¡Sí! 

Merc. A mí me han contao que argunos días se en- 

contraba usté las botas en el ¡iparadó. 

Juan No tanto, no tanto... No hay que pondera. 

La soppra ensima e la cama sí que me la 
encontré muchas veses. 

Merc. ^,Y su cuña de usté, la hermana de eya, es 

lo mismo? 

Juan Es peo. 

Merc. Disen que le da por la iglesia. 

J UAN Demasiao. Pa mí que parará en un convento. 

Merc. ¿Que parará? 

Juan Que parará, sí; que parará. No creo que haya 

errata. 

Merc. ¡Vaya una diversión de familia! 



— 13 — 

J JAN Por eso busco otra, Mersedes... porque pien- 

so en mi hija, que ca día nesesita más quien 
la acompañe; porque pienso en mi, que estoy- 
más solo que un sereno, (viendo que Mercedes 
se prende una aguja en el pecho.) CuidaO, nO Se 

piíichíe usté cotí esa aguja. 

Merc. Descuide usté, que no me pincho. 

Juan ¿Hay argodón? 

Merc. í^o hay argodón. 

.luAN Pos urgo hay. 

Miikc. Arg", í-í, pero argodón, no. Siga usté con lo 

que iba disiendo. 

Juan Si es lo mismo que le he dicho á ueté vein- 

tisiiico veses: que yo no vivo uiás que pa 
este ratito que los domingos paso con usté; 
que me tiene usté que me van á echa de la 
imprenta, porque desde que la conozco lo 
pongo to con armirasiones: hasta las pregun- 
tas; que ni como, ni bebo, ni duermo, ni... 
¿('ómo dise aqueya copliya que usté cauta 
tanto? 

Merc. ¿(.luá? 

Juan Aqueya de... 

Ni como ni duermo, niña... 

Merc. Ah, ya. 

Ni como ni duermo, niña, 
desde que te conosí... 

Juan No, no; pero canta, canta es como yo la 

quiero. 
Merc. ¡Vamos, hombre! 

Juan Ande usté, Mersedes; ya que ha salió la con- 

versasión. 

Merc. (cantando.) 

Ni como ni duermo, niña, 
desde que te conosí, 
que no me arcansan las horas 
más que pa pensar en tí. 

Juan (lírando el cigarro contra el suelo, en un arrebato de 

admiración.) ¡Ole COU ole! 

Merc. ¡Coja usté ese sigarro ahora mismo, so 

puerco! 



~ 14 — 

Juan Perdone usté, Mersedep, no me he dao cuen- 

ta de lo que hasía. (Lo recoge, y no sabiendo don- 
de echarlo, se lo va á guardar en un bolsillo.) 

Merc. ¿Pero va usté á guardármelo, houibre? 

Juan ¿Me lo vi á come? 

Merc. ¡Tírelo usté á la caye, señó! Mañana compro 

un senisero. 

Juan ^^ Después de tirar á la calle el cigarro.) ¿Su difuntO 

de usté no íuniaba? 
Merc. No, señó. 

Juan Mi difunta, si. (Se acerca á ella, y le canta muy 

mal lo que ella ha cantado muy bien.) 

Ni como ni duermo, niña, 
desde que te conosi... 

Merc. ¡Cayese usté por Dios! ¡Jesú-^ qué oído! 

Juan íSÍ que es malo, (vuelve á sentarse.) 

Merc. ¿Con que ni come usté ni duerme desde que 

la conosió?... ¿Y por quién va eso, Juan Ma- 

nué? 
Juan ¿Que por quién va eso?... ¿Quiere usté que 

le regale el oído? 
Merc. ¡No! ¡el oído no! ¡Ni regalao lo quiero! ¡Quée- 

ee usté con é! 

Juan (cogiéndole una mano entusiasmado ) ¡Bendita 

sea!... ¡Tiene usté grasia pa pone un [lUesioi 

Merc. ¡Suerte usté, grandísimo adán! ¿Se atreve 

usté á coge una mano mía con esas manos? 

Juan Las de usté están más limpias; es verdá. 

Mañana me pongo unos guantes. 

Mek< . Hombre, no; mañana se las Java usté con 

jabón, y por argo se empiesa. 

Ju^N Mañann, y pasao, 3' toa la vida haré yo lo 

que a usté se le antoje, imitaré á mi niña, 
que me trae loco con la de usté 

Merc. ¿Con la mía? 

Juan Sí, señora: como er domingo pasao no vine, 

no hemos hablao de esto. Usté sabe que la 
he puesto en la misma academia. 

Merl. Sí. 

Juan Pos güeno: le ha dao á la mía por copia á la 

de usté: se ha enamorao de eya. Y no yeva 
su niña de u«té unos carsetines,ó unas bota-, 
ó un vestío, ó un laso, ó un babero, que no 



— 15 - 

venga mi Juanita á desirme: «Papá, la niña 
de la transa rubia — que es como la yama — 
se ha comprao esto y esto: cómpramelo tú 
á mí. A 

Merc. ¡Angflito! 

Juan Y yo ¡claro! ¿qué he de hasé más que com- 

plaserla? Y está la chiquiya que es un car- 
eo e la otra. Le arvierto á usté que ni que 
fuean gemelas: de formalidá. 

Merc. Me la tiene usté que trae un día pa que la 

conozca. 

Juan ¡Ya lo creo! Usté va á sé su madre... Y lo 

más grasioso de to esto. . 

(Preséntase de improviso Juanita por la pnertd de la 
izquierda llamando á su padre. Viene la infeliz que da 
pera verla: desgreñada, sucias la cara y las manos, las 
medias caídas, el vestidillo manchado y roto.) 

JüA. I Papá! ¿Está aquí mi papá? 

(e1 papá quisiera que la tierra se lo tragase.) 

Merc. (Levantándose.) ¿Qué dises, niña? ¿Quién es tu 

papá? 
JuA. Este. 

Merc. (con asombro é indignación ) ¿Este? 

JuA, Sí, señora. Papá, tu compadre Arturo está 

en casa esperándote. 
Juan (Desconcertado.) ¿Está en casa, eh? ¿No lo ha 

cogió un tranvía ni na? 

(Mercedes se va derecha á él, decidida á todo, y él le 
huye.) 

Merc. ¡Sinvergüensa! ¡granuja! ¡charrán! ¡embuste- 

ro! ¡Venga usté, que le saque los ojos! 

Juan Los ojos no, Mersedes: ¿con qué iba yo á 

mirarla á usté entonses? 

Merc. ¡A mí no me tiene usté que mira más en su 

vida, cara de mico! ¿Con que esta era er 
careo? ¿Con que esta era er remeo de mi 
niña? ¡Vamos, eche usté á corre ya si no 
quiere morí á mis manos! ¡Trapalón! ¡mal 
hombrel ¿Y dise usté que me quiere á mí 
y tiene de esta manera á su hija? ¡Si estoy 
por yamá á un munisipá pa que lo yeve a 
usté á la carse! ¡No hable usté! ¡No se de- 
fienda usté, que es peo! ¡Esto es un crimen! 
¡esto es una infamia! ¡No paga usté ni fri- 



16 — 



Juan 
Merc. 



Juan 

Mekc 

Juan 

Merc 

Juan 

Merc. 

Juan 

Merc. 



Juan 

Merc 
Juan 



to! [Pobrepital Pero ¿upté no ve que le quita 
salú, que le quita alegria, que le quita cari- 
ño de to er que la mire, porque no tiene un 
6Ítio pa darle un beso? Y es bonita la pobre; 
que da más lástima toavía... ¡Vayase usté, 
vayase usté de mi casa ya, que hasta hoy nd 
he visto yo bien claro lo retesusio, lo rete- 
puerco, lo retemalo, lo retefeo y lo reteanti- 
pático que es usté! 

Mersedes... que se me van á sarta las lágri 
mas... y no traigo pañuelo. 
¡Vayase usté, hombre, vayase usté y no pase 
por esta caye como no sea en carnavá, que 
yo no lo conozca! 
Mersedes... 
¡Vayase usté, le digo! 
Ya me voy... Niña... 
No; esta se queda aquí un ratito. 
¿Que se queda aquí? 
íSí, señó. 

¿Qué va usté á hasé con eya? 
A ponerla como su madr?^ la parió; á echar- 
le ensima toa el agua que le base farta ar 
padre; á fregarla; á dejarle er cuerpesito 
como una rosa; á vestirla luego con ropita 
limpia de mi hija; á peinarla, á carsarla, á 
darle después cuatro besos muy apretaos, y 
á mandársela á usté pa que ee entere de lo 
que es un careo de mi Carmen; por supues- 
to, con orden de que no se aserque á us^té 
hasta que no esté limpio. ¡Y ya tiene usté 
penitensia! 

(Afligido.) Mersedes... yo soy un esclavo de 
usté. Dios le pague á usté lo que va á basé 
con mi niña. Cuando usté quiera, hase lo 
mismo con er padre. 

Güeno, güeno: á la caye ahora. Ya sabe us- 
té como á mí me gusta la gente. 
Ya lo sé; y bien mereslo tengo este castigo 
y este bochorno. Mientras que no me saque 
briyo, no güervo á vení. Palabra. Cómprese 
usté unas gafas negras pa que cuando me 
vea no le lastime er resplandó. Y luego nos 
casamos; y la luna de mié la vamos á pasa 



— 17 — 

á la oriya der río. Y ayí coge usté una pie- 
dra, y me la tira al agua, y yo me echo al 
agua por eya y la paco en la boca. ¡Sí, por- 
que estoy convensío de que como no me 
güerva perro de agua usté no me hase caso! 
Güeñas tarde?, (se va.) 
Merc Vaya usté con Dios, (a la niña.) Y tú no te 

asustes, hija mía. Yo tengo una niña coa o 
tú, y quipro que te parezcas á eya, pa darle 
una lersión á tu padre, que es un embuate- 
ro. Entra ahí, que pa aya voy yo. 

(Vase Juanita por la puerta de la derecha.) 
Juan (Asomándose por la ventana.) ¿Sabe USté lo qUe 

me ha dicho su mamaíta? 
Merc ¿Qué? 

Juan Que al amánese pasa er carro e la basura. 

¡Por 6Í yevaba poco! ¡Mardita sea!... (vase.) 
Merc Si de esta no se enmienda... es hombre al 

agua. Que es lo que yo querría. 

(ai péblico ) 

Es pa er cuerpo y pa la cara 
el agua clara un tesoro, 
der que siempre he sío avara... 
¡Dios bendiga el agua clara! 
¡Vivan los chorros del oro! 



FIN 



Madrid, Febrero, 1906 



OBHRS DE IiOS IVHSPUOS RÜTOl^ES 



Esg'rlnia y amor, juguete cómico. (2.* edición.) 

Belén. 13, principal, j üíjuete cómico. 

Ollito, jug^uete cómico-lirico. Música del maestro Osuna. (2.* edición 

lia media naranja, juguete cómico. (2.* edición.) 

El tío de la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito derecho, entremés. (3.* edición.) 

lia reja, comedia en un acto. (4.* edición.) 

JLa buena sombra, sainete en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brull. (6.* edición ) 

El perejsfrino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

Ea vida intima, comedia en dos actos. (3." edición.) 

Eos borraclioN, sainete en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. (2.* edición.) 

El chiquillo, entremés. (5.' edición.) 

Eas casas de cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, sainete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos, (3.* edición.) 

El motete, pasillo con mvisica del maestro José Serrano. (2." edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con miisica del maes- 
tro Oh api. 

Eos CSaleotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) 

Ea azotea, comedia en un acto. 

El g-énero ínfimo, pasillo con miisica de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera, 

El nido, comedia en dos actos. (2.^ edición.) 

Eas flores, comedia en tres actos. 

Eos piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y ejnlogo. 

Abanicos y panderetas <$ ¡ 4 Sevilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapi. 

Ea dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Eos meritorios, pasillo. 



I^a zahori, entremés. 

La reina inora, saínete en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. (2." edición.) 

Zarag'ataiit, saincto en dos cuadros. 

liB KaK'ala, comedia on cuatro actos. 

La casa «le («arefa, comedia on tres actos. 

lia contrata, apropósito. 

El amor que pasa, comedia en dos actos. 

£1 mal de amore.s, sainete con música del maestro José Serrano. 

£1 nuevo servidor, humorada. 

^lauana de sol, paso de comedia. 

Fea y con gracia, pasillo con música del maestro Tu riña. 

La aventura de los g^aleotes, adaptación escénica de un capi- 
tulo del Quijote. 

La musa loca, comedia en tres actos. 

La pitanza, entremés. 

El amor en .solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pro 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

Los chorros del oro, entremés. 

jVIorritos, entremés. 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVARRZ (JL'INTBRO 



MORRITOS 



Bi N T R E M E S 






8001EDAD DE AUTORES E8PAÍÍOLE8 
Núñez de Balboa, 12 

1 © O e 



ikiofSRirrotd 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cuales se hayas 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



MORRITOS 



IC N T R E IVL E) S 



SERAFÍN Y JOAdülN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenado en el TEATRO LARA el 12 de Marzo de 1006 



^' 



MADRID 

a. VBLA8C0, IMP , UABQaáS DE 8AKTÁ A.SA, 1) GCP ' 

Telétono número 551 



<Jl Boncfíiía ^uiz 

encanto de la, escena españo'a 
(L/uJ ^ueuóJ amiaóó, 

'4.0 J Cííuió>ieó. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

MORRITOS Spa. Ruiz. 

GRKGORIA Srta. Alba. 

UN DESCONOCIDO Se. Zorrhxa. 



M II áfe II ^ II >*) II SS II áS II ^ II ií?: !l ■* II ■* II * II •« II >« II :« II ^ II «i II <!6 II * I 



MORRITOS 



Portería de Pepita Reyes en Madrid. Es de dia 



v^La escena está sola. Por la puerta que da á la escalera sale GREGO- 

RIA, coa un lío de ropa en una mano y unos calzoncillos lavados y 

rotos en la otra.) 

(treg. (Llamando.) ¡Morritos! ¡MoiTitos! ¿Dónde se 

habrá metió esa arrastra? ¡Morritos! ¿Le 
paece á usté la mona esta? ¡Morritos! Lo 
menos está emboba con un folletín. ¡Mala 
peste en tos ellos! ¡Morritos! 

(Sale Morritos del interior de la portería con la seííu- 
ridad de una paliza en los ojos.) 

Mor. ¿Qué pasa? 

Greg. ¿Dónde estabas metía? 

Mor. Pué usté calcúlalo, cuando no he salió al 

primer grito. Estaba en el patio encendien- 
do el brasero. 

Greg. ¡El brasero!... ¡el brasero'... No te salto un 

ojo porque hoy es lunes, y no quiero empe- 
zar así la semana. (Mostrándole los calzoncillos.) 

Mira. 
Mor ¡Anda, que siete! 

Greg. Como que estas prendas así no las debía 

una de acetar pa lavarlas. Paecen de tela de 

cebolla. jV se hará la ilusión de que lleva 

calzoncillos el amo! 
Mor. Pué que se la haga. 



Greg . Calla tú y óyeme. Mientras yo voy al ocho, 

me coses eso como puedas, ¿sabes? que ten- 
go que entree;ar la prenda y no quiero lle- 
varla rota. ¿Te has enterao? 

Mor. ¡Así que habla usté en chino! 

Greg. Pues date prisa, ¿eh? que antes de cinco mi 

ñutos estoy aquí por ellos. (Yéndose hacia la 

calle.) ¡Maldito sea el demonio!. ¡Miste que 
llevo una mañana!... 

Mor. (Muy asombrada, cuando se queda sola.) EstO SÍ que 

es raro: lo menos que va á iiaber es eclise: 
venir mi madre y escápame yo sin que me 
sacuda, sí que es un fenómeno. A ver dón- 
de hay agujas pa coser esto... Porque, eso sí: 
como vuelva y no esté ya cosió, y á su gus- 
to, el fenómeno no se rej>ite. (Busca en el costu- 
rero de Pepita y hállalo que desea.) Aquí tiene la 

Pepita de to. ¡Miá que si se lo zurciera coa 
hilo colorao, no era bofetá la que me larga- 
ba! Dios me libre. Con el padrón de cédu- 
las no se puén gastar brom^ts. (su sienta junto 

á la camilla á coser.) ¡Anda! ¡CÓDIO está esto! 

¡Qué vergüenza! ¡Si por aquí se puen colar 
tomates! Y á lo mejor este homl)re será ca- 
sao, y tendrá cutis pa ponerse delante e su 
mujer con estos calzoncilios. Los hay des- 
ahogaos, (cantando mientras da las primeras pun- 
tadas.) 

Yo me quería casa 
con un mocito barbero, 
y mi madre me quería 
monjita de un monasterio. 

(Gritándole de pronto á un Desconocido que pasa em 
hozado hacia el interior de la escalera.) ¿Ande Va 
usté? (viendo que no la oye suelta la costura y corre 

á la puerta.) ¿Ande va usté? ¡Que si quieres! 
Echó el tío escaleras arriba. ^^A qué cuarto 
irá'? Luego me riñe á mí el señor JNicasio. 
Pues aunque va embozao le he visto bien 
la cara; no se crea que se me despinta. Una 
tié que fijarse, porque con las cosas que pa- 
san en este Madii tus los días, y que train 



los papeles, ¿quién le dice á una que ese tío 
de la capa no es un tío de estrs nia'os que 
llevan un revólver de seis tiros en un bolsillo 
de aquí atrás? ¡Miá que si eí-e fuera á mata 
á la vieja de arriba, pa róbala! ¡Anda! Por- 
que esñ vieja tié dinero: á mí no me la 
pega. Lo tendrá metió en un calcetín ó de- 
bajo un ladrillo: pero tié dinero. ]Miá que 
si la matara ese hombre! ¡Jesús! ¡Un crimen 
en la casa esta! ¡Qué envidia en to el barrio! 
Yo, de tócale á algún vecino, que le toque 
á la vieja. Sí; porque la vieja se va á morir 
el día meno.^ pensao como un loro, í-in rui- 
do y sin na; y nadie va á compadécela; y 
to el mundo dirá que está bien muerta, que 
bastante ha vivió, y que por ;dií nos espere 
muchos años; mientras que si ese tío euibo- 
zao va y la mata, ella, total, no pierde más 
que unos cuantos días, y le tendrá lástima 
to el barrio, y hasta sacarán los papeles un 
retrato suj'o cuando era joven. Porque lo 
que es de ahora mejor será que no lo sa- 
quen. ¡Vaya si eso está bien! Y no hay que 
pensar en otro inquilino: la vieja, la vieja 
es la que cai. ¡Qué ovación! ¡Miá que los días 
que íbamos á pasarnos charla que charla na 
más que de lo mismo! ¡Anda! ¡Se me hace 
agu.i en la boca! Y aquí los guardias, y 
aquí el juez, y aquí los periodistas, y aquí 
los médicos, y aquí los de la curia — al olor 
de los cuartos de la vieja, — y tos pa arriba, 
y t(js pa abajo, y á declarar los inquilinos, y 
el señor Nicasio, y la Pepita, y á declarar la 
cacharrera, y el sereno, y el de los faroles, y 
á declarar los de la alcantarilla, y la trape- 
ra, y mi madre, y las burras de leche... y á 
declarar to el mundo. ¡Ay, me vuelvo loca 
de alegría! Y á to esto yo calla, pa no meter- 
me en líos. Que me preguntan: «Pues yo 
no he visto na, señor juez, (jurando.) ¡Míste- 
la!» ¡Y á ver quién me saca de ahí! Y de 
pronto |zas! que cain sospechas sobre la Pi- 
fania, la de doña Irene, que es mu marenca- 
rá y mu fea, y tiene un ojo que se quié meter 



— 10 — 

dentro del otro; y ella que no y que no, y que 
es inocente, y se pone en cruz, y to el mundo 
que 8Í y que sí, porque le han visto unos pen- 
dientes mu güenos, y «¿ríe ilónde han salió 
esas misas?» «¿(][uién ee lo» ha comprao?»... 
Yo sé quién se los ha comprao — (]ae pa to 
hay gustos, ^pero me callo como una muer- 
ta pa que siga la bola. ¡Que se fastidiel ¡Esa 
me paga á mí la media libra e churros que 
me (luitó la otra mañana! Y se la llevan á la 
cárcel, y tié que nombrar abogao, 3' toa su 
familia viene del pueblo: el padre, la madre, 
la hermana casa, la hermana soltera, el her- 
mano tonto, el hermano cura.,, Y tos á la 
cárcel, y tos á vela: ¡y vaya una ecena, por- 
que tos son bizcosl Y los papeles, unos que 
pares y otros que nones, y en Madrí no se 
habla de otra cosa, y se forman partios, y 
llega la vista; y yo calla. Y el fiscal, que es 
el que tié mas malas pulgas — porque yo 
he estao una tarde en las Salesas y lo he re- 
parao — el fiscal pide que la maten y que ln 
maten; y el abogao se pone: (subida en una si 
lia baja.) «[Es Una iuocente, señores jueces! 
¡Este va á ser otro crimen más malol ¡Mi de- 
fendida no tiene más defezto que el del ojo, 
y ese es de familia!» Y el fiscal que nones, 
y dale, y machaca, y que se tié que salir con 
la suya: siete penas de muerte, y un día. Y 
yo calla. Pero en esto una noche, durmien- 
do yo, se me presenta un angelito y me 
dice: «Morritos, lo de los churros no es pa 
tanto: debes declarar to lo que sabes.» Y yo 
me dispierto convencía, y se lo cuento á la 
Pepita y al señor Nicasio, y el señor Nicasio 
me da un mamporro por haberme callao 
t^nto tiempo, y yo comprendo que es. mere- 
ció, y va y le escribe un anónimo al pre.'^i- 
dente del t^upremo citándolo aquí en la por- 
tería. Y viene el presidente, y viene el juez. 
y yo me disculpo con que estaba asusta, y 
aluego declaro. Y ponen á la Fifania en li- 
berta, y ella me da un abrazo conmovía, v 
to.-) los bizcos se echan á llorar de agradecí- 



- II — 

miento, y buscan al tío de la capa, y lo en- 
cuentran, y me lo train, y yo digo; «Este e>, 
pero que lo indulten el día del rey » Y to el 
mundo: «¿Pero quién ha descubierto la ver- 
dá?» Y los papeles: «Pues la Morritos, la 
Morritos, la Morritos.» Y vienen los perio- 
distas á ver á la Morritos. (Fingiendo im diálo- 
go.) « — Buenas tardes. — Buenas tardes. — ¿Es 
usté la Morritos? — Servidora. ¿Usté es perio- 
dista? — Servidor. — Lo be conoció en los len- 
tes. ¿Y en qué puedo servirle? — Pues vengo 
sobre la vieja del tercero. — Pues verá usté, 
señor: yo estaba aquí conforme estoy abora, 
cuando de pronto ¿sabe usté? vi pasar á un 
tío embozao en una capa, con unos embozos 
así como los que usté trai — pué dar esa Cii- 
suabdá. Lo mismo fué verlo que le di el 
quién vive preguntándole que adonde iba. 
¿Usté me ba contest ao? I^ues igual hizo él.» 
Y sigo yo charla que diaria, y de una cosa 
paso á otra, y al tío se le acaba el papel, y 
tié que ajiuntarse cosas hasta en las sue- 
las, y se va con dolor de cal)eza de oime, y 
al día siguiente fale en el periódico to lo qne 
le be contao, y Morritc.s pa acá, y Morritos 
pa allá, y me sacan retratos, y me ponen 
hasta en los prospetos, y se venden «pañue- 
los Morritos», 3'' en la Puerta del Sol un ju- 
guete: «¡La vieja y Morritos, diez cénti- 
mos! ¿Quién no embroma á un amigo? 
¿Quién no le da un susto a la criada?» Y 
«papel de fumar Morritos», y «cerillas Mo- 
rritos», y «anís e.'^carcliao Morritos», y Mo- 
rritos, y Morritos, y Morritos, y no hay mas 
que Morritos. (pausa.) Lo malo de to eslo 
es que pasa el crimen, porque viene otro 
más sonao, que á lo mas la familia de la 
Pifania me regala á mí un par de gallinas 
que se comen aquí entre tos, y vuelta yo á 
la portería, y á trabajar como una perra, y el 
señor Kicasio á regáñame, y mi madre á 
eslomame á golpes, y to lo mismo. ¡Pa eso 
vale más que no asesinen á la vieja! (Nue- 
va pausa.) Estaría mejor otra cosa... Que un 



«lía entrara mi madre toa sobrecogía, toa 
acelera, y sin darme los buenos días, me 
<lijera: «Morritos, vente al café económico 
• le enfrente, que te convido yo.» Lo cual 
<iue yo me quedaría con tanta boca abierta; 
|)or(jue mi madre no gapta esas finuras. Y 
ya en el café, ca una con un vaso de recuelo, 
ella toa temblando, y yo con los ojos como 
dos cajns de betún, me biciera esta declara- 
ción: «Morritos, tú no eres bija mia.» Y yo 
pa mí: «No caira esa breva.» Y ella enton- 
ces: «Yo te arrecügi una nocbe mu fría, en 
que el viento se llevaba los árboles, á la 
misma puerta e mi casa, cu.indo vivía en la 
calle de la Ventosa. Estabas lia en pañales 
mu finos, y con mucbos encaje«, y muchos 
olores de casa rica, y una medalla colgá al 
cuello, que tengo yo del)HJo el hule de la 
cómoda, y una carta de tres renglones que 
decía: «Una madre atribula deja ai^uí á esta 
niña inocente, si hay un alma piadosa que 
la ampare, no le pesini.» Y una rayita por 
debajo. ¡Jesús! Temblando estoy na más que 
de pensalo. Y resulta luego (]ue mi madre 
es una señorona, que se escurrió una vez — 
como se escurren tantas señoronas, — y que 
se tuvo que callar por la familia', pero ya se 
le lian muerto tos y me han buscao, porque 
no pué vivir de remordimientos. Y viene 
a(^uí, y quié llévame á su palacio con ella... 
¡Qué ovación! <.<¡Hija mía!» «.¡Madie mía!» 
«¡Al fin te encontré!» Yo he visto esta ece- 
na muchas veces en el teatro, pero siempre 
con música, que es lo que me carga. Y tos 
á mi alrededor llorando conmovíos, y llora 
también el señor Nica-^io, que no ha llorao 
en su vida, y la Pepita ¡-e me abraza al cue- 
llo toa atribuU, y yo la digo: «¡No te olvida- 
ré nunca, Tepital Ves por mi palacio siem 
pre que quier.is.» Y en el palacio toas las 
})aredes e.-táu de seda, y no hay más que 
criaos, y doncellas pa mí, y la una pa lá- 
vame, y la otra pa j^einume, y la otra pa rás- 
came, y la otra pa vestime, y la otra pa ca- 



~ 13 — 

zame... Y en esto que la Morritos pe pone 
mala. ¡Jesús, qué bomba en el palacifi! Seis 
Diédicos á mi cabecera, calvos tos, escuchán- 
dome por toas partes, y sin saber ninguno 
lo que tié la Morritos Y viene un médico 
de mu lejos con muchas barbas y muchas 
manchas en la ropa, y dice: «Pues la Morri- 
tos lo que tié es que está enamora de un 
príncipe.» ¡Anda con esa! Y mi madre se 
me abraza llorando: «¡Hija, yo no te quiero 
perder tan pronto!» Y yo: «¡Madre!» Y ellp: 

«¡Hiia!» Y yo: «¡Madre!» (oyendo de improviso 
á Gregoria, que viene hacia la portería chillando, 

como siempre.) ¡Cristo! ¡la mía de vfras! ¡Qn-- 
chasco! ¿Qué me dio que hacer? (Azorada da 

vueltas por la escena ) ¿Qué me dÍÓ? ¿qué me 

dio? ¡Ah! ¡los calzoncillns! ¡Me la gano! ¡va- 
ya si me la gano! (Los agarra nerviosamente por 
ambos pemiles, y queriendo ver por donde ha de co- 
serlos, en un movimiento involuntario los raja y se 
queda con un pernil en cada mano ) ¡Virgen! ¡Bue- 
na cosa he hecho! ¡Ksto sí que no tié com- 
postura! jMe monda mi madre! ¡me monda! 
¡Y ya está aquí! ¡Vi á escóndeme debajo e 

la cama! (Xira ios pemiles y se va espantada al in- 
terior.) 
GreG . (Terminando al llegar á la portería la riña en que 

viene enredada, probablemente con una verdulera.) 

¿A üií usté? ¡De ganas! ¡Eso sería un pue- 
blo! ¡Ka tía pindonga!.. ¡Morritos! ¿Qué ha- 
cen, Morritos? Pero ¿qué es esto? ¡Aquí un 
pernil!... ¡anda Dios!... ¡y aquí el otro! ¡Mal 
tiro la peguen! ¿Pues no me ha roto los cal- 
zoncillos la arrastra? ¡Morritos! ¡Morritos! 
¡La deshago! ¡Se acabó la Morritos pa siem- 

pr^ ! (Entrase furiosa en el interior de la portería, A 
poco descubre á Morritos debajo de la cama y comien- 
za la paliza del día, no obstante ser lunes. Las voces 
de ambas se oyen confundidas allá dentro.) 

Mor. ¡Ayl ¡ay! ¡No me haga usté na! 

Greg. ¡Grandísima tunanta, sal aquí que te mate! 

Mor. ¡Ay! ¡ay! ¡Si ha sío sin querer! 

Greg. ¿Sin querer, condena? ¡Toma, toma sin que- 
rer! 



— 14 — 

Mor Ay! ¡ay! 

GuEG. ¡Si hasta que no te esbarate no descanso 

¡Si eres mu perra! 

Mor ¡Ay! ¡ay! ¡Madre, por Dios, madre! 

(íREG. ¡De hierro quisiera tener las manos, arras- 

tra! 

Mor. ¡Ay!¡Hy! 

Greg. ¡l^e paece á usté la que me ha jugao! ¡Va- 

lijos, hombre' ¡Si hay pa cegarse y hacerla 
polvo!... (saiieuJo.) jMaldita sea la...! 

( Durante este dulce coloquio, el Desconocido de antes 
se ha asomado á la portería y ha Damado á la ]>ortera 
varias veces.) 

Desc. ¡Portera! ¡Portera! ¿Pero están ahí matando 

■> alguien? ¡í^ortera! ¡Portera! (eu este momento 

sale Gregoria, que va hacia la calle hecha un basilis- 
co.) Diga usted, portera: ¿el vecino del se- 
í;undo.. ? 
Greg. ¡Se ha tirao por el balcón esta mañana! 

¡Miá este ahora! (Le da un empujón á la puerteci- 
11a y otro al Desconocido, y se va echando maldicio 
nes.) 

Desc. (Perplejo y alarmado.) ¿Quc sc ha tirado por el 

l)alcÓn? [ÓOrcho! (a Morrltos, que sale deshecha 
la pobreeilla, enjugándose las lágrimas y sollozando.) 

;Niña! ¡Niña! ¿Kl vecino del segundo.. ? 
Mor. Yo... no sé... Yo creí que usté iba á mata á 

la vieja... 

OeSC. ¡Corcho! (Huye despavorido.) 

Mor. ¡Así acaban... toas las fantesías de la Morri- 

lOS.... (ai público, entre soUoeos.) 

Ya que tan mal me ha ealío 
];onerme á fantesiar... 
lú... que eres amigo mío. . 
no me vayas á dejar 
el corazón encogió. 



FIN 



Madrid, Febrero^ VMf> 



OBRñS DE íiOS MÍSMOS ftÜTOl?ES 



Csg'rima y amor, juguete cómico. (2.^ edición.) 

Belén. 12, principal, juguete cómico. 

Oililo, juguete cómico-lírico. Música del maestro Osuna. (2.* edición) 

I^a nieUla naranja, juguete cómico. (2. '^ edición.) 

El tío «le la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito ílereolio, entremés. (3.* edición.) 

Ea reja, comedia en un acto. (4.* edición.) 

Ea buena sombra, saínete en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brull. (6.* edición ) 

El peregrino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

Ea vitla Intima, comedia en dos actos. (-3.* edición.) 

Eo.s borrachos, saineto en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. (2.* edición.) 

El chiquillo, entremés. (5." edición.) 

Eas casas de cart<ín, juguete cómico. 

El traje «le luces, sainete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadres, con música del maes- 
tro Chapi. 

Eos Oaleotes, comedia en cuatro actos. (3." edición.) 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) 

Ea azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera. 

El ni«lo, comedia en dos actos. (2.^ edición.) 

Eas flores, comedia en tres actos. 

Eos piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epilogo. 

Abanicos y pan<leretas 6 ¡4 Sevilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapi. 

Ea «licha ajena, comedía en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Eos meritorios, pasillo. 



lia zahori, entremés. 

1.a reina mora, saínete en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. ('2.* edición.) 

Zarajgratas, sainete en dos cuadros. 

l<a zaj^ala, comedia en cuatro actos. 

l<a casa ele (> arela, comedia on tres actos. 

lia contrata, apropósito. 

El amor que pasa, comedia en dos actos. 

El mal de amores, sainete con música del maestro José Serrano. 

El nuevo servidor, hiimorada. 

mañana de sol, paso de comedia. 

Fea y con gracia, pasillo con miisica del maestro Turina. 

lia aventura de los galeotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Qiiijote. 

\a» musa loca, comedía en tres actos. 

Ija pitanza, entremés. 

El amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pro 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

lios chorros del oro, entremés. 

JMorrltos, entremés. 



serafín í joaídín ályarez quintero 



AHOR í mm 



PASO DE COIvIEDIA 



'caí^^^rs:^ 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

isoe 



iVAdíOJR A OSOURA.® 



Esta obra es propiedad de sns antores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los paises con los cuales so hayan 
celebrado, ó se celebren en adelante, tratados inter- 
nacionales de propiedad literaria. 

Los antores se reservan el derecho ie traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores kspañoles son los encargados exclusivamen- 
te de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



AMOR Á OSCURAS 



PASO DE COMEDIA 



SERAFJN í JOAQUÍN ÁLYAREZ (¡CINTERO 



Estrenado en el TEATRO LARA el 19 de Abril de 1906 



-*- 



MADRID 

B. YKLASOO, lUPBSSOB, UABQUÉS OS SAKTA AMA, 11 

Teléfono número 561 
I906 



cM BíoíiíÓQ íDomus 

gentilísima adn'^, 
QJuJ adiHhac/ó'ieá u íueuod auitaod 



'X^oJ ^^ui 



Oleó. 



<Jl &¡oíiíée ^omus 

gentilísima acfri^, 
QJuá aduthaaO'Leá u iueuoá auiiaoá 



RKPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

ALICIA Seta. Domus. 

RUPERTA Alba. 

DON LUIS Sk. Palanca. 

MANOLO De Djego. 



íb^- 






..fPimSr:;^. 



*^ 



m^SMMMMMMMSimsiam^^aM 



AMOR A OSCURAS 



Gabinete elegante en casa de Alicia, viudita de teatro; esto es, joven 
y guapa. Es de noche: profusión de luces. 



(Sale Alicia por una puerta, naturalmente. Verla y comprender la 
prematura muerte de su marido, todo es uno. Cou mano de rosa 
toca un timbre de plata y aparece por otra puerta una doncella, 
que es un marroquí, la belleza de la señora y la fealdad de la cria- 
d», que encima se llama Ruperta, contrastan duramente. Alicia no 
estima en mucho sus encantos; Ruperta tiene pretensiones y frunce 
la boca para hablar. La una viste con sencillez y elegancia; la otra 
con cierta distinción.) 



Rup 


Señora. 


Alicia 


Ven acá, Ruperta. 


Rup. 


Mande usted. 


Alicia 


¿Has prevenido ya á Manolo? 


Rup 


Manolo sabe ya la lección como el Padre 




nuestro. 


Alicia 


¿Y tú? 


Rup. 


En mí, descanse usted. Otra cosa no seré, 




pero lista... 


Alicia 


Es verdad. A tí se te puede confiar cual- 




quier asunto delicado. 


Rup 


Muchísimas gracias. 


Alicia 


Es justicia. 


Rup. 


Es favor. lístá usted nerviosa. 


Alicia 


No... 



Ri'p. 

Alicia 
Rup. 



Alicia 



Rup. 
Alicia 



Alicia 



Rup. 



Alicia 



Sí, señora, sí; otra cosa no tendré, pero 
ojo... 

También es verdad: no se te oculta nada. 
Nada. El cariño que le profeso á usted, hace 
que le adivine los pensamientos... las in- 
quietudes... 

Pues sí que estoy nerviosa: es cierto. E.^-e 
caballero va á llegar de un momento á otro... 
y no sé, no sé cómo saldremos de este lan- 
ce, verdadero paso de comedia. 
Diablura le llamaría yo. 
Bien dicho está: diablura. 
Como que otra cosa no tendré, pero tino 
para dar con la palabra propi?... Y si usted 
reconoce que es diablura, ¿por qué se mete 
en ella? 

lAy, Ruperta, mi temprana viudez me ha 
abierto los ojos! Yo no conozco al señor de 
Salazar, ni el señor de Salazar me conoce 
á mí; pero yo sé bien á lo que viene, y él 
sabe mejor que yo lo espero. 
Pues por eso mismo creo yo que debiera 
usted recibirlo de día, á la hora acostum- 
brada de las visitas de cumplido, y hablar 
con él, y cambiar impresiones... y nadi 
más. 

No, no; esta prueba la hago. Será capricho 
ó tontería, pero la hago. Mi primer marido 
se enamoró de mí cuando 30 tenía quince 
años: le cautivaban mis ojos negro?, mi 
boca fresca, nii cabello abundante, mis ma- 
nos finas y bien cuidadas, mis pies menu- 
ditos, mi cuerpo juvenil... ¡Ay! Al año de 
amores nos casamos... y á los dos meses de 
matrimonio ni él podía soportarme á mí, 
ni yo á él. Mi cuerpo, mis pies, mis mano-, 
mi cabello, mi boca y mis ojos perdieron á 
los suyos todo atractivo, todo encanto... 
Vino primero la indiferencia, luego la frial- 
dad, después el hastío... A a(:;uel homl)re no 
le había gustado yo nunca más que por foe- 
ra; aquello no era un matrimonio. Se pegó 
un tiro. Yo creo que hizo bien. Han trans- 
currido ya cinco años, durante los cuales he 



pensado más de una vez en volver á casar- 
me; porque una mujer sola está tan triste... 

Rup. ¡Ay, muy triste, muy triste! 

Alicia Tengo muchos adoradores, no sólo en Gua- 

dalema, sino también en los pueblos de la 
provincia; y todos lo mismo que aquel: que 
si la boca, que si los ojos, que si la risa, que 
si el pie, que ei el talle... 

Rup. ¿y en qué se han de fijar, señora? 

Alicia Bien está que se fijen en eso; pero yo quie- 

ro que si otro hombre me lleva al altar, an- 
tes que por mis hechizos de mujer bonita 
guste de mí por mi condición, por mi ca- 
rácter, por mis salidas, por mi charla tonta 
ó discreta, por mis genialidades, i)or mis 
caprichos, por mí entera, en una palabra. 
¿Comprendes ahora y disculpas la trampa 
en que quiero que caiga ese señor don Luis 
de Salazar? 

Rup. Sí, señora: lo comprendo, lo disculpo... y 

hasta lo río... ¡Ja, ja, ja! Otra cosa no ten- 
dré, pero el don de hacerme cargo no me 
falta. 

(Sale Manolo con una tarjeta en una bandeja de plata.) 

Man. Señora. 

Alicia ¡Ah! (Después de mirar la tarjeta.) Que pase. 

(vase Manolo.) Aquí le tenemos. Sigúeme tú. 

(Se marchan las dos rápidamente. A poco vuelve á sa- 
lir Manolo con don Luis.) 

Man, Pase usted, caballero. Haga el favor de es- 

perar sentado, (se va.) 

D. Luis ¿Esperar sentado? No me hace gracia el do- 
ble sentido de la frase. ¡Bah! ¡qué tontería! 

(E&te don Luis es un caballero de buen porte y me- 
diana edad, que comprende que se iialla en la de ca- 
sarse, para no pasarlo peor andando el tiempo, j La 

casa revela buen gusto, bienestar... feminis- 
mo... sobre todo feminismo. Aquí hay una 
mujer. Es claro que ei no hubiera una mu- 
jer no habría venido yo. ¿S'erá bonita ó fea? 
Lo natural es que sea bonita. Mi hermana 
dice que es preciosa; pero mi hermana no 
es voto imparcial: ¡es tan amiga suya! ¿Por 
qué no habrá querido enviar un retrato? Es 



— 10 ~ 

alarmante... ¿Le habrá ocurrido algo desde 
que mi iiermana no la veV... Si tuviera por 
aquí alguno, anticiparía mi impresión y es- 
taría seguro de mí cuando ella saliese. Soy 
tan impulsivo, tan fuguilla... Porque yo me 
quiero casar; comprendo que me ha llegado 
la hora; pero según y cómo. Casarme, sí; ca- 
sarme, sin duda me conviene... Pasó ya la 
juventud alocada... y en la vida hay peli- 
gros... hay peligros graves para el soltero: 
una criada guapa... una lagartona un poco 
lista... ¡Horror! No pensemos en desatinos. 
Hay que casarse: estoy en punto de cara- 
melo. 

(Apáganse todas las luces. E! gabinete queda como 
boca de lobo ) 

Alicia (Dentro.) ¡Ruperta! ¡Manolo! ¡Ruperta! ¡Es 

mucho cuerno! 
D. Luis ¡Ah! 

Alicia (saliendo ) ¿El señor de Salazar está aquí? 
D. Luís a los pies de usted. 

Alicia í'erdone usted este incidente inoportuno. . 

D. Luí 5 Por Dios, señora... 
Alicia Cada lunes y cada martes hemos de tener la 

misma función. • 
1). Luis Je. 
Alicia Le digo á usted que la fábrica de luz de 

que aquí gozamos es una maravilla. 
D. Luis En to ias partes cuecen habas. (¡Qué frase 

más ridicula! Y es que estoy azoradísimo 

con esto de la luz ) 

(Alicia toca el timbre.) 

Alicia Dichosos criaditos... 

D Luis ¡Oh, los criaditos!... 

Man. (Presentándose en las tinieblas.) ¿Señora? 

Alicia Velas, hombre, velas: ¿en qué estáis pen- 

sando? 

Man. Señoi-a, no hay velas. 

Alicia ¿Que no hay velas? ¡Dios mío, qué sofoca- 

ción! Caballero, usted me dispense... 

D. Luis ¡No faltaba más! 

Alicia ¿Sabéis que ocurre lo mismo un día sí y 

otro no, y ahora no hay velas? ¡Que se lle- 
gue Juan por doce paquetes! 



- 11 — 



D. Luis Coa nna vela basta. 

Alicia ¿Cómo? 

D. Luis Nada: una tontería... Je. La situación están 
anormal... Je. 

Man. Juan ha ido á casa de su novia. 

Alicia ¡Pues llégate tú: pero volando! 

Man. Sí, señora, (se va.) 

Alicia ¡Cuánto deploro, señor de Salazar, este con- 

tratiempo desagradable! 

D. Luis Señora, doblerrente lo deploro 3'o, porque 
rae priva de contemplarla á usted. 

Alicia Muchas gracias. Tenga usted la bondad de 

sentarse. 

D, Luis ¿En dónde? Temo tirar algo. 

Alicia ¡Jesús, es verdad! Encienda usted una ce- 
rilla. 

D. Luis No puedo: no fumo. 

Alicia Ya lo sé. 

D. Luis ¿Que lo sabe usted? 

Alicia Su hermana me lo ha dicho mil veces. Pero 

hay quien sin fumar las lleva. Aguarde: yo 
le guiaré. 

D. Luís Jamás en la vida tuvo un ciego lazarillo 
más encantador. 

Alicia Agradezco la galantería, pero ^- usted qué 
I-abe? 

D. Luis No hace falta la luz para saber eso. 

Alicia A<iuí: siéntese aquí. ¡Sin cuidado. 

D . Luis (sentándose con todo lujo de precauciones.) ¿oÍn Cui- 
dado, eh? Mil gracias. 

Alicia Y yo aquí, (se sieuta cerca de él.) Y espere- 

mos la luz divina. 

D. Luis Pero hablando mientras. 

Alicia Es natural. Esto me recuerda un cuento 
muy gracioso. 

D. Luis ¿Kldel túnel? 

Alicia ¿Cuál? 

D. Luis Ninguno: estoy yo confundido. dQué bruto!) 

Alicia ¿Su hermana de usted buena, señor de Sa- 
lazar? 

1). Luis Sí, señora, sí. Me encargó mucho que no 
dejara de hacer esta visita. Nunca me per- 
donaría que yo hubiera estado en Guada- 
lema y no hubiera venido á verla á usted. 



— 12 — 



Alicia 
D. Luis 

Alicia 
D. Luis 
Alicia 
D. Luis 



Alicia 
D. Luis 
Alicia 



D, Luis 
Alicia 
D. Luis 

Alicia 
D. Luis 



Alicia 



D. Luis 

Alicia 
D. Luis 



Alicia 

D. Luis 
Alicia 



¿A verme? 

A verla, sí; porque supongo que llegarán las 
velas... ó la luz, 
¿Y si no llegaran? 

¡Aquí me esperaría hasta la salida del sol! 
¡Ja, ja, ja! 

Le confieso á usted que si mis deseos de 
conocerla eran muy vehementes, ahora lo 
son más. Tiene usted una voz tan agrada- 
ble, tan dulce, tan acariciadora... 
¿A que va usted á compararme con un rui- 
señor? 

Nada más natural, puesto que la oigo en la 
sombra y estoy encantado de oiría. 
¡Encantadol ¡.Jesús! Derrocha usted galan- 
terías... ¡Encantado! ¡encantadol... ¿Cree us- 
ted que lo estaría lo mismo si hubiera luz? 
¡Oh! seguramente. 
¡Con qué decisión lo afirma usted! 
Mi hermana se hace lenguas de su hermo- 
sura. 

No es posible... 

¡Vaya si es posible! De su hermosura y de 
su discreción. No se le caen de la boca, al 
hablar de usted, aquellos versos clásicos: 

Era hermosa, era discreta, 

que aunque eyiemigas las dos, 

en ella hicieron las paces 

hermosura y discreción. 

(Fingiendo gravedad.) Scñor don Luis, SU hcr 

mana de usted habrá podido elogiar mi dis- 
creción, porque es muy amable; mi belleza 
sospecho que no, porque además de ser tan 
amable, es compasiva, y es buena. 
(¡Canariol) 

(¡Le he oído tragar saliva!) 
No, no... pues aun á trueque de lastimar su 
modestia... je... yo le respondo... je... (Pausa 
angustiosa.) Se tarda el chico de las velas. 
Se tarda, sí. A saber hasta dónde habrá te- 
nido que alargarse. 
(¡Luz! ¡luz. Dios todopoderoso!) 
¿Muchos días en Guadalema, señor de Sa- 
lazar? 



— 13 — 



D. Luis 

Alicia 
D. Luis 
Alicia 
D. Luis 

Alicia 



D. Luis 
Alicia 
D. Luis 
Alicia 

D. Luis 

Alicia 



D. Luis 

Alicia 
D. Luis 

Alicia 
D. Luis 



Alicia 



D. Luis 

Alicia 
D. Luis 

Alicia 



([Se ha acercado un poqaito!...) No sé .. to- 
davía no sé... 
¿No sabe? 

No; no sé... Según... 
¿Según? 

(Su aliento es tibio... envenenador... ¡Y qué 
perfume exhala de su persona!...) 
Se lo preguntaba, no por curiosidad, sino 
porque deseo enviarle con usted una futesi- 
11a á su hermana. 
Je... Lo agradecerá tanto... 

Y eso que estoy muy resentida con ella. 
¿Por...? 

La mu}' picara no fué para ponerme dos 
letras siquiera cuando me caí del chhallo. 
¿Cel caballo? Le ases uro á usted que lo ig- 
nora, que lo ignorábamos completamente. 
¿Ks posible? Si hablaron de ello todos los 
periódicos... Por hablar, hasta indicaron el 
defecto que me quedaría en una pierna. . 
(¡Es coja!) 

Y en la nariz... 

(¡Es chata!) Pues nada... no... ni una pala- 
bra, no... Je... 

(Ebte hombre se me va á desmayar.) 
(¿Por qué no habrá un incendio en la casa?) 
Vaya, vaya, con el caballito... ¡Qué diablo de 
percance!... Sí que pasaría usted unos ratos 
crueles. 

¡Ay, don Luis, para mí ningún dolor es cosa 
nueva! Estoy harto avezada á ellos. Además, 
la belleza exterior, la belleza física, yo no la 
estimo. 

Es como el heno, á la mañana verde, 

seco á la tarde... 
ya que le agradan á usted los versos. Hay 
en la vida algo de más precio y valnr, algo 
más puro, algo más duradero... ¿verdad? 
Indudablemente. (¡Esta mujer es fea como 
un demonio!) 

(suspirando.) ¡Ay! 

(¡Canario! Como se ponga tierna va á com- 
prometerme.) 
¡Ay! 



- 14 — 

D. Luis (¡Y dale! Estoy nervioso... pero muy ner- 
vioso...) 

Alicia Si se queilara usted en Guadalema siquiera 
ocho días, señor don Luis, yo me honraría 
nmcho en sentfuie á mi mesa alguna no- 
che... 

D. Luis Yo me honraría doblemente en ello, seño- 
ra... Agradecidísimo... 

Alicia Y una tarde iríamos á Mint al Río. 

D. Luis ^.A Mira al Río? 

Alicia Una casita (*e recreo que tengo á cuatro le- 

guas de distancia. 

D. Luis ¿A cuatro leguas? 

Alicia Foco más. 

I). Luis ¿Que es adonde ha ido ese por las vela«? 

Alicia ¡Ja, ja, ja! ¡Por las velas!... ¡Ja, ja, ja! Es us- 

ted muy ocurrente... muy gracioso... 

D. Luis ¡Oh!... 

(Se rieii los dos. ella de puro burlona y él de puio ner- 
vioso.) 

Alicia La campiña de Guadalema es muy linda; 

por más que como usted viene de un país 
tan hermoso... ¿Su país de usted es muy pin- 
toresco? 

D. Luis Muy pintoresco, mucho. 

Alicia Pero mal clima, ¿eh? 

D. Luis Sí; mal clima: lloviendo siempre.. Mucha 
enfermedad: paludismo, viruelas... 

Alicia ¿Viruelas? ¿Ha dicho usted viruela;-? 

D. Luis Viruelas, sí; pero no se alarme... no son cosa 
de siempre. En la actualidad no hay virue- 
las. ¿Le teme usted á esa picara enfermedad? 

Alicia (cou fingida pena.) Ya no. 

D. Luís (¡Atiza!) (Se aparta un palmo.) 

Alicia (Está sufriendo todo lo que yo gozo ) 

I). Luis (Cuando vengan las velas me las pueden 

encender á mí en los carrillos.) 
Alicia ¡Jesús qué desesperación de luz! Estoy frita: 

jjnede usted creerme. 
D. Luis Je... 
Alicia J^a verdad, voy sintiendo impaciencia de 

conocer su cara. 
D. Luís Je... 
Alicia Un hombre tan culto, tan ocurrente, tan 



— 15 — 



D. Luis 

Alicia 

D. Luis 
Alicia 



D. Luis 
Alicia 



D. Luis 
Alicia 

Rup. 

Alicia 

Rup 

Alicia 

Rup. 



Alicia 

D. Luis 
Alicia 

D. Luis 
Rup, 



Aucia 
D. Luis 



amable, tan fino... (sopia sofocado don luís.) 
¿Kstá usted soplando? 

¡Si... si, señora... es costumbre... Costumbre 
muy fea... peio es costumbre. 
¿Por qué ha de ser fea? Como estamos á os- 
curas, voy á permitirme una libertad. 
(¿Qué irá k hacer?) 
La de decirle que usted no puede tener 

nada feo. (a don Luis se le cae la chistera.) ¿Qué 

es eso? 

El sombrero, que se me ha caído. 

¡V^aya por Dios: Esta oscuridad no favorece 

más que á mis confianzas con usted... Por lo 

demás, es bien enojosa. Y cuidado que dice 

el poeta 

que la mvjer amada 
oída es más temible que mirada. 
Bien es verdad que aquí no hay amor: la 
cita es importuna. ¿Digo mal, don Luis? 
(¡Yo no respondo sin un arco voltaico!) 

(Después de esperar eu vano la respuesta.^ (ComO to- 

dos: lo mismo que todos.) 
(Saliendo.') Señora... 
¿Ruperta? 

¿Aún no ha venido Manuel con las bujías? 
Aún no: ¿te parece? 

¡Dichosa luz! iQiié angustia! Yo le respondo 
á usted de que no se verá nunca más en es- 
tos compromisos. 

Por mi no lo siento: ya sabes que estoy acos- 
tnmbiada. Pero hazte cargo: este caballero... 
¡Oh, no! 

¿Quieres ver si por allá dentro hay un mal 
quin()ué de petróleo; aunque sea un velón? 
[Aunque sea una pajuela! ¡-Je! 
Creo que es inútil, pero iré... (pónese en ei 

lugar que ocupaba Alicia, y ésta se esconde tras un 
mueble.) 

Por má=i que ya parece que vuelve la luz: 
he notado una oscilación... ¿Mo, don Luis? 
Yo no he notado nada... nadn... (pausa breve.) 

¡Ahora sí! (Oe repente iluminase todo como al prin- 
cipio estaba. Don L'iis se halla cara á cara con Ru- 
perta y ahoga un grito de espanto. Luego quiere son- 



16 — 



Alicia 
D. l^uis 
Alicia 

Rup. 
Alicia 



D. Luis 



Alicia 



D. Luis 

Alicia 
D. Luis 



Alicia 
D. Luis 



Rup. 
D. Luis 



reir y hace una mueca horrible. Alicia contiene la risa. 
Ruperta mira á don Luis maliciosamente ) ÍjYÍX... 

gra... gracias á Dios que nos vemos las ca- 
ras... (¡Es un fenómeno!) Je... Bueno, pues... 
¿De modo que á cenar una noche?... Je... 
Yo me marcho en seguida: no quiero mo- 
lestar más tiempo... Ya que he tenido el 

gusto de verla... Je... (Alicia suelta una carcajada 
que sorprende al par que estremece á don Luis, ante 
quien se presenta de improviso sia dejar de reirse.) 

¿Eh? 

Para broma, ya basta, ¿no es verdad? 
¿Esa voz? ¿Usted es Alicia? 
Sí, señor; yo soy. Y esta muchacha mi 
doncella. 
Servidora. 

Ue acuerdo con su hermana de usted le he 
dado esta broma y ahora le pido mil per- 
dones. 

Como el fin de la broma ha sido haberla 
visto á usted de verdad, bien puede perdo- 
narse y hasta agradecerse. Pero lo que no 
se me alcanza es el fundamento, la inten- 
ción que á usted ha guiado... 
De eso ya hablaremos más adelante... en el 
supuesto de que usted me favorezca con 
nuevas visitas. 

El favor, el gusto, la satisfacción, el encan- 
to... todo es para mí. 
¿Le espero á usted á cenar una noche? 
Más bien á almorzar una mañana; con sol, 
con mucho sol... Sí, porque ya creo que 
hasta el siglo que viene no habrá otro 
eclipse. 

¡Ja, ja, ja! Adiós, señor de Salazar. 
Adiós, Alicia encantadora: la broma, como 
de usted, deliciosísima... Me voy á la fonda 
con fiebre, pero deliciosísima... Usted... su- 
perior á toda ponderación de todo poeta 
nacido... (¡La doncella un rifeño!) A los pies 
de usted... Buenas noches... 
Se deja usted el sombrero, señor. 
Es verdad... Estoy un poco aturdido, lo de- 
claro... A cualquiera le ocurre... Pero, en fin, 



- 17 _ 

hechizado, complacidísiaio... ¡muy bonita 
la broma!... Buenas noches... (vase tropezando.) 
Alicia Adiós, don Luis. 
Rup. ¿Está usted satisfecha ya, señorita? 

Alicia Lo estoy por el buen efecto que me ha he- 

cho don Luis, y porque me he convencido 
de mi tontería. 
Rup. ¿De su tontería? 

Alicia Sí, hija, sí; porque yo también, mientras le 
oía en la oscuridad, hubiera dado algo por 
verle la cara. 
Rup. Me lo había figurado: otra cosa no tendré, 

pero penetración... ¿Y no cree usted que se 
haya dolido de la broma? 
Alicia Eso no. Sin la broma, acaso no volviera 
más: con la broma, vuelve, (ai público.) 
Público amigo y señor: 
perdón para mi simpleza. 
Ya he visto, aunque con dolor, 
que en el mundo la belleza 
es la puerta del amor. 



FIN 



Madrid, Febrero ]906. 



OBRAS DE IiOS IVUSMOS AUTORES 



£sg:rinia y amor, juguete cómico. (2.^ edición.) 

Belén, 13, principal, jusfuete cómico. 

Oilito, jungúete cóm^ico-lírico. Música del m.aestro Osuna. (2." edición) 

L<a media naranja, jug-uete cómico. (2.* edición.) 

m tío «le la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito «lerecho, entremés. (3.* edición.) 

Lia reja, comedia en un acto. (4.* edición.) 

lia buena sombra, saínete en tres cuadros, con música del maes- 
tro BruU. (6.* edición.) 

El peregrrino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

Lia vida intima, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

Lios borrachos, saínete en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Griménez. (2.* edición.) 

El chiquillo, entremés. (5.* edición.) 

lia.s casas de cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, sainete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con música del maes- 
tro Chaiií. 

Lios Galeotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) 

Lia pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) 

Lia azotea, comedia en un acto. 

El gfénero ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera. 

El nido, comedia en dos actos. (2.* edición.) 

Lias flores, comedia en tres actos. 

LiOS piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. (2.* edición.^ 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡ 4 Sevilla en el botijo! liumorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapi. 

Lia dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. 

Lios meritorios, pasillo. 



I^a zahori, entremés. 

L.a reina mora, saínete en tres cuadros, oon música del maestro 
José Serrano. ('2." edición.) 

Zarajpatas, saínete en dos cuadros. 

lia zaK'ala. comedia en cuatro actos 

lia casa de <«arcta, comedia on tres actos. 

lia contrata, apropósito. 

m auior «|ue pasa, comedia en dos actos. 

El mal de amores, saínete con música del muestro José Serrano. 

El nuevo servidor, liiimorada. 

Mañana de .sol, paso de comedia. 

Fea y con u'racia, pasillo con música del maestro Tu riña. 

lia aventura *le los galeotes, adaptación escénica de un capi- 
tulo del Quijote. 

lia musa loca, comedía en tres actos. 

lia pitanza, entremés. 

El amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pro 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

lios chorros del oro, entremés, 

9Iorritos, entremés. 

Amor á oscuras, paso de comedía. 



serafín í JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Lo molo somtro 



S AIMKXEí 



con inúsica del maestro 



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SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

i©oe 



LA MALA SOMBRA 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
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del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA MALA SOMBRA 



SAINKTE5 



SERAFÍN í JOAQUÍN ÁLVAREZ (¡CINTERO 



CON MÚSICA DEL MAESTKO 



JOSÉ SERRANO 



Estrenado en el TEATRO DE APOLO el 2) de Setiembre 
de lOOtí 



■* 



MADRID 
e. rBLisco. lup., uabqdús db sahta ana, 11 otrp. 

Teié/ono número ¡fi 
I 906 



Jl Wfaí Jlza 

ftiedíCO u jióeia oLue na cwLaao a Htedta 
C^jhaua naciéudóia mo'ii^ ae 'liáa: Suá de- 
voióá adtuttado'Leíí u amtaoó 



'¿/eia4tu u Loaautu. 



RBPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



PEPA LA GARBOSA Sbta. 

LEONOR 

LA 'SORDA Sra. 

BALDOMERO Se. 

ANGELILLO.. .;,. ^^^^ -;*«-.•. \.,^. ¿j.- 

TABURETE 

PEREGRÍN 

JUAN DE DIOS 

BADANA . 

CURRO MELOJA . . 

JOSÉ POTO, POTITO 

UN FORASTERO... 

MANOLO 

LUIS 

UN CHIQUILLO Niño 

OTRO 

Algunos transeúntes 



Pino. 
Palou. 
Vida! . 

C aEKKRAS 

Manzano. 
Ruiz DE Arana. 
Mesejo. 
Gabcía Valeko. 

SOKIANO. 
On TI VEROS. 
MlHURA ALVABEZ. 

gordillo. 

Cakbión. 

Rodríguez. 

CANDELáS. 

Alakes. 



I^A MÍ 



La escena es en un barrio de Sevilla, y en «La Favorita^;, betunería 
y tienda de aperitivos y refrescos, que en mal hora abrió Baldo- 
mero Meana. Hay dos puertas vidrieras, que dan á la calle: una 
en el foro, hacia la izquierda del actor, y otra á la derecha, en 
primer término Hay además una puertecilla de escape, con ctír- 
tina, situada en el último término de la izquierda, y que comu- 
nica con el interior de la casa. A la derecha de la puerta del 
foro, el mostrador de la parte de aperitivos y refrescos, y tras él 
una anaquelería con todo lo concerniente á este género de esta- 
blecimientos. Adosados á la pared de la izquierda la tarima y 
el banco del limpiabotas. Hacia la derecha del local tres ó cua- 
tro veladores con sillas, uno de ellos entre el mostrador y la 
puerta del foro. Todos los enseres y muebles modestísimos, ti- 
rando á pobres. Tapando el hueco de un cristal que falta en la 
parte inferior de la puerta del foro, hay pegado un papel. Clava- 
dos con tachuelas en la pared, singularmente en el lado de la 
betunería, carteles de toros, retratos de toreros y cromos de pe- 
riódicos taurinos. El sucio de lositas de dos colores. Es una ma- 
ñana de Abril, en que tan pronto llueve como sale el sol. 



Pepa la Garbosa, encargada y camarera del establecimiento, está 
sentada ante un velador echándose las cartas; Baldomcro almuerza 
sentado ante otro; Leonor, su hija, linda mocita de diecisiete años 
que aún se peina de trenza, bien que doblada y anudada, le sirve el 
almuerzo á su padre, sacándolo de una cesta en que lo ha traído; y 
Angelillo, por último, limpia con todo esmero unos zapatitos de 
Leonor, con quien tiene amores, aunque Baldomero no lo sepa. A 



— 8 — 

espaldas de este y de la misma encargada, se guiñan y se eutieuden. 

Está lloviendo. Por la calle pasan algunas personas cou paraguas 

abiertos 



Música 

Pepa ¡Cómo yueve! 

Bald. ¡Joyín y cómo yuevel 

Ang. |No para de yové! 

Leo. a mar tiempo se pone güeña cara. 

Bald. ¡Yo no la sé pone! 



Pa los campos disen 
que esto es superió: 
pa la tienda mía 
no pué sé peo. 



Ang. Con uno de tus sapatos 

vi yo á basé un barco velero, 
y el aire de mis suspiros 
lo va á yevar á tu puerto. 
Míralo di, 
míralo ya: 
¡vaya un barquito bonito! 
¡se va comiendo la má! 



Baid. ¡Estoy desconsolao! 

¡Estoy acbicbarrao! 
¡Estoy desesperao! 



Leo. En un capuyo de rosa 

que en mi ventana he criao, 
vi yo guardando besitos 
que tengo ya destinaos. 

Tú lo has de vé, 

ya yegará, 
er día en que e?a rosita 
te ponga yo en el ojá. 



— 9 — 

Bald. Este bacalao tu madre 

siempre me lo pone salao, 
y ya eátoy hasta las narises 
dtj tu madre y der bacalao. 



¡Joyín qué pesa! 
¡Sabiendo que sabe de sobra 
lo mar que me sienta la tá! 



Pepa Por un moreniyo agrasiau 

estoy yo loquita perdía; 
la? horas felises que paso á su lao, 
pa mí son las horas mejores <'er día. 

¿Por qué no ha venío? 

¿Por qué no vendrá? 

L/as picaras cartas 

no me disen na. 

Si no yega pronto 

yo rompo á yorá. 



Bald. ¡Y sigue yoviendo: 

pa sombrita de jiguera negra 
esta que yo tengo! 

Pasa por la calle del foro, de derecha a i/.cinierda, un 
hombre con paraguas abierto. 

Ang. Los ojos con que te miro... 

Leo. Los ojos con que me miras... 

Ang. a tí te disen: rmi arma...» 

Leo. y á mí me disen: «mi vía.» 

Te quiero á ti, 

te quiero yo, 
porque no encuentro en Seviya 

otro ninguno mejó. 



Ang. Te quiero á tí, 

te quiero yo, 
porque no encuentro en Seviya 
otra ninguna mejó. 



— lu — 

BaLD. Levantiíndpse. 

¡Cayarse un momento! 

Paese que ha escampao. 
Va á la puerta del foro. ■ Por la calle pasa en esto un 
cura, abierto el paraguas, 

¡Pos sigue yoviendo! 

Cesa la música. 

¡liO ha tomao la yuvia con ganas! ¿Se que- 
jarán toavia los labraores? 

Leo. Papá, de cuando en cuando sale er só. 

Bald. Sale er só tres minutos y yueve dos horas 

¿Y esta es Seviya? ¿Y esto es Abrí florío? 
¿Tú qué esperas? 

Leo. Mis sapatos. 

Bald. Pero ¿no están toavia? 

Ang. Sí, señó, que ya están, a Leonor. Aquí los 

tienes. Bajo. (¡Bendita sea tu cara! 

Leo. Bajo á él. ¡Chiquiyo, cáyate! Dentro e media 

hora esto}' en la tienda e Kransisco. 

Ang. Ayí iré yo dentro e media hora.) 

Vase Leunor por la puerta del foro. 
Pepa Dejando las cartas con mal humor y levantándose 

nerviosa. ¡Qué martirio, Señó! Contra más 
me echo las cartas, peores cosas me disen. 
No sé pa qué agarro la baraja. 

Bald. ¿Qué es lo que te ha sallo? 

Pepa Esaborisiones: que José María no me quie- 

re, que me engaña con una rubia, que lo 
van á mata... 

Bald. Pierde cuidao que no lo matan: bicho 

malo... 

Pepa Bardomero, echa un punto á la boca. Si er 

queré es delito, condena estoy á cadena per- 
petua por ese hombre. 

Bald. ¡Bendito sea Dios! 

Pepa impaciente. Y no viene, no viene... ¿Quién 

me lo estará entreteniendo? Asómase á una de 

las puertas y luego á la otra. 

Bald. Ca loco con su tema. ¿Qué bases tú, Ange- 

liyo? 

Pasa de derecha á izquierda por la calle del foro 
una mujer con paraguas cerrado. 

Ano. Inventando una trampa pa los ratones. Yo 

siempre inventando. 



.— ftl — 

,' BalDí Hombre, á vé si discurres argo pa acaba con 

las moscas malditas. ¡Joyín con las moscasl 
, -•> ¡Cómo lo tienen to! 

Ang. Cuando yo estaba en la otra tienda, que era 

también de aperitivos y limpiabotas, inven- 
té un garbanso malirno. Lo mismo era me- 
terle fuego, que salía un jumaso que no de- 

: jaba una mosca viva. Pero tenía una cosa 

mala: qv-e prinsipiaban los parroquianos á 
tose y se eebarataban tosiendo. i 

Bald. Pos aquí pues quema tos los garl)an808 

que te queden: no hay temó de que tosa 
nadie. 

Prpa Detrás de estos tiempos vendrán otros. 

J3ald. ¡Así venga er carro e la carne y me coja por 

Ja mita! ¡Si esto que me pasa ahora no es 
de hoy, ni es de ayé; es de toa mi vía! ¡Si es 
er pcjolero sino con que nasi; la arrastra 
mala eombra que me persigue! Quinse días 
yeva abierta etta tienda, que creo que esta 
desente; aonde me he gastao los pocos aho- 
rriyos que me queaban: pos er día que más 
se han hecho tres pesetas. 

A.NG. ¡Pa un désimol 

Bald. ¡Pa compra una pistola en er Jueves y pe- 

garse un tiro! 

Ano. ¡Pero, mi amo, si es que no se le ocurre ar 

que asó la manteca, en un barrio pobre, en 
:_,;,. . que no hay que come, pone una tienda pa 

abrí el apetito! 

Bald. No, hombre, no: es que yo vine ar mundo 

pa toma quina en rama: ni más ni menos. 
\La. pata e las criaturas! ¿No estaljlesí base 
cuatro }-ños un puestesiyo e fósforos, y salió 
la modita de ensendé los cigarros con yesca? 
¡Pos lo mismo me pasa en to! 

Pepa Lo primerito que debías hasé, era prohibir- 

le la entra en la tienda á esos amigos tuer- 
tos que vienen aquí á haserte la tertulia. 

Bald. ¡Mía por donde resueya! 

Ang. ¡Con más rasón que Ig, Pastoral 

Baid. ¿Tú también? 

(Ang. Un pone que los tuertos no traigan cosa 

. ,,.;^ mala: ¿y qué? Basta que la gente lo crea. 



— 12 — 

Sobre que tres tuertos reunios como vienen 
aquí, ar más guapo lo echan pa atrás. 

Ha salido el sol iin momento. Por la calle del foro 
pasa con paraguas cerrado una pareja de hombre y 
mujer, de derecha á izquierda. Luego pasa un chi- 
quillo. 

Bald. Desesperado. ¿Y tengo yo la curpa, vamos á 

vé, de que mis tres amigos de la infansia 
hayan perdió un ojo ca uno? 

Pepa Tú no tendrás la curpa, pero er que entra 

aqui á toma una copa tampoco la tiene. — 
Me vi á asoma á la esquina un momento, á 
vé si veo veni á José María; porque estoy que 

no vivo. Vase por la puerta del foro. 
Bald. Después de mirarla marcharse lleno de indignación, 

se dirige á Angeiiiio. ¿ le paese? ¿Cuando si 
no fuea porque es mi cuña la plantaba en 
la caye? ¿No es detgrasia, no es mala estre- 
ya lo que me ha susedío con esta mujé? 
Abro la tiendo y me pregunto: ¿á quién pon- 
go yo ar frente de los aperitivos, pa que yame 
golosop? Y al istante pienso en mi cuña. 
¿Dónde la hay con más gancho que Pepa 
la Garbosa en toa Seviya? ¿No digo bien? 

\ng. Si, señó. 

Bald. Eya es guapa, eya es limpia, eya tiene agrao, 

eya tiene su poquito de educasión... eya 
tiene su poquito e vergüensa... — poquito. Y 
hablo con eya, y nos convenimos, y viene 
aquí. Pero ¿pa qué viene? Pa traert-e consi- 
go á ese hombre — ¡mar rayo lo parta! — y da 
luga á que pase en el establesimiento lo que 
tú ves que pasa tos los días, á cuenta e los 
marditos selos. 

Ang. ¡Déjelo usté corre! ¡A lo mejó se le apárese 

la Virgen á los caminantes! — Vi aya dentro 
á pone la cola pa pega esta máquina. Entrase 

cantando por la puertecilla de escape. 

Bald. ¡Güeno! Y yo vi á ponerme á contá las 

moteas. 

Pasea melaHCÓlico con las manos atrás, miíando al 
techo. Pausa. Por la puerta de la derecha, cuando 
Baldomcro va de espaldas á ella, llegan Luis y Mano- 
lo, estudiantes. El uno trae paraguas y el otro chan- 



— la- 
cios de sroma, y ambos libros y cuadernos de apuntes. 
Al sentirlos Baldomero da media vuelta, y al verlos se 
le ilumina el rostro. 

Man . Buenos días. 

l>uis Buenos días, amigo. 

Hald. jGüenos días! 

Man . ^.Nos sentamos, tú? 

Luis Un momento, que hoy no quiero fartá á la 

clase. 

Bald. Donde ustedes gusten. 

Man. Aquí mismo. Se sienta ante uno de los veladores. 

BaLD. Espera, no haya porvo. Le pasa un paño ai ve- 

lador. 

Luis sentándose. No señó, no hay porvo. Ya se ve 

que está to bien limpio. 
Bald. Hombre, otra cosa fartará, pero aseo... ¿Qué 

van ustedes á toma? 
Man. Yo, casaya. 

J.uis Y yo. 

Bald. ¿Dos copitas e casaya, eh? ¡Ar vuelo! va por 

ellas y se ias sirve, emocionado y jubiloso. Mientras 
tanto los estudiantes se dicen en voz baja lo que sigue. 

Man . (Aquí sortamos er duro. 

Luis Cara de tonto tiene er tío.) 

Bald. Presentándoles las copitas. ¡ComO loS ángelcsl 

Man . ¿Esta casa es nueva, verdá? 

Bald. De hase quinse días. 

Luis ¿Usté es el amo? 

Bald. Pa servir á ustedes. 

Man . Pues vaya por la prosperidá de la casa. 

Bald. Muchas grasias, señores. 

Beben los muchachos. Baldomero sigue el movimiento 
de las copas como si él bebiese también. 

Man. ¡Buen aguardiente, amigo! 

Luís [Buenol 

Bald. Lo mejó que se vende en Seviya. 

Man. ¿Quiés otra copa? 

Luis No, que va á sé tarde. 

Man. Usté hará negosio. 

Bald. Dios lo oiga á usté, poyito. 

Man. ¡Ya lo creo que hará usté negosio! sacando 

del bolsillo un duro falso y dándoselo con naturalidad. 

Cuando se sirve bien ar público — cobre usté 
las copas, — er público responde siempre. 



_ h:— - 

BaLB. Atento á la conversación y no al duro, va al mostra- 

dor, lo echa en el cajón y coge la vuelt«, que luego le 

entrega á Manolo. Eso es-lo que yo quiero, ser- 
ví bien ar público. Porque quien pretende 
viví der público, justó es que trate ar públi- 
co como er ])úb]ico se merese. ¿No hablo' 
bien, señores? 

Man. Mucho mejó que mi catedrático. 

B*LD. ¡Ja, ja, ja! 

Luis Bajo ai otro, como antes. (Ya está 611 er cajón. 

Man. Puea 3'a tiene un recuerdo pa toa la vía.) 

Bald. Dándoles el cambio. Cuatro Sesenta, y cuarenta; 

sinco. 

MaN; - Ofreciéndole propina. Tome USté. ■ • 

Bald. Grasias; no se armite. 

Luis Levantándose decidido. Ea, pues que UStésigá' 

bueno. 
Bald. Espera dos minutos. '• 

Man. Con cierta alarma. ¿Qué hay? 

Bald. Na; que yo soy gustoso en convida á ustedes. ■ 

Man. ¿Convidarnos? 

Bald, Sí, señó; si ustedes me lo asertan. 

Man ¿Por qué no? 

Luis a Manolo, mientras Baldomcro les sirve las copas en 

el mostrador. (A mí me remuerde la consien - 

sia, tú. 
Man. ¡Cómo se ve que eres de primer año!) 

Bald. Ahí va, señores. 

Man. Se agrádese, amigo. 

Luis Salú y suerte ]ja convida mucho. 

Man. Quéese usté con Dios. ■ ' ■ 

Bald. V^ayan ustés en horagüena. ¡Y no orvidar?e 

de la casa! 
Man. No, señó; no nos orvidamos. 

Luis a su compañero al tiempo de irse. (¿No te dije que 

tenía cara e tonto?) Se van por la puerta de la de- 
recha. 

Bald. i'úblico así es er que le conviene á mi tien- 

da. ]Qué dos muchachos más corrientes y 
más simpatiquiyos! ¡Y qué paso yevan! 
Como la Úniversidá les piya tan lejos... ¡Ay, 
si quisiera Dios que esto se animara! 
Vuelve Pepa por la puerta del foro, radiante de ale- 
gría. 



15 —~ 



Pepa ¡l'a viene ahí! ¡Ya viene! 

Bald. ¿Qné difes? 

Pepa ¡Que ya viene José María! No te enfaes con- 

migo, Bardomero. ¿Qué mar te hago yo con 
quererlo tanto? Si es mi 8Íno; si tiene que 
sé; si está escrito ayí arriba; si desde er sielo 
lo echaron ar mundo pa mi persona... Aquí 
está é. 

En efecto, llega por el foro el afortunado José María 
alias Taburete. Es mucho irás feo que morderse' las 
uñas. Cuando se le ve del brazo de Pepa, se le odia á.''- 
muerte. ; • 

Tab Salú. 

Bald. Dios guarde á usté, amigo. (¡Desde er sielo 

dise que lo echaron! Así tiene la narí: ¡der 

gorpe!) 

Tab ¿Me esperabas? 

Pepa ¡Cómo me conoses, gitano! , 

Tab ¿De veras rae esperabas? 

Pepa ¡Por tu salú y la mía! 

Tab ¡Marnolia! 

Pepa Tulipán! 

Tab. Convídame. 

Pepa ¿Qué se te apetese? 

Tab. Tráeme dos copas de ginebra. 

Pepa Ahora mismo. 

Taburete se sienta ante su velador, que es el que está 
junto á la puerta del foro. Pepa le sirve la ginebra y 
se sienta á su lado. En amor y compaña saborean la 
dicha de vivir... y la ginebra. 

Bald. (¡Jinojo! ¡Se ve y no se cree! ¡Con toa la he- 

chura de una boca e la Isla que tiene el 
hombre!) 

Sale por la puerta de la derecha la Sorda, vieja bille- 
tera, que pregona y habla desentonadamente, alternan^ 
do la voz de tiple aguda con !a de contralle;. ■■' 

Sorda ¡Er catorse mí... quinientos veintisinco! 

Bald. ¡La Sorda! ¡Me pone nervioso! 

SoRD . ¡De dose reales! ¿A quién le doy la suerte? 

Bald. ¡Dámela á mí, que farta me haee! 

Sorda Oye, Bardomero. 

Bald. ¿Qué ocurre? 

SoRD.A Oye. 

Bai.d. Chinándole. ¡Ya oigo! ¡Joyín con la viejal 



— 16 — 



Sorda 
Bald. 

SORP-^ 

Bald. 
Sorda 
Bald. 

Sorda 

Bald. 
Sorda 
Bald. 



Sorda 



Tab. 



Pepa 
Tab 

Pepa 

Tab. 

Pepa 

Tab 

Pepa 

Tab. 

Pepa 

Tab. 

Pepa 

Tab, 
Pepa 
Tab 



¿Esos dos muchachos que salían de aquí, te 

han hecho argún gasto? 

Sí. 

¿Qué sí? 

¡Que eí! 

¿Te han paga^ con un duro? 

Sí. 

¿Que pí? ¡Pos es más farso que el arma e 

Júas! 

Abalanzándose al cajón. ¡Jinojol 

A mí me lo han querío sortá. 

¡Rejinojo! Mirando el duro y sonándolo luego. ¿Le 

paese á usté? ¡Pero si esto es un cacho e 
plomo! ¿Cómo he tomao yo esto? ¡Mardita 
sea la má! ¡Vi á vé si los cojo toa vía! ¡Miste 

que haberlos COnvidao! Se va corriendo por la 
puerta de la derecha. 

Sí, sí; ya los arcansaste Pregonando. ¿A quién 
le doy la suerte? ¡Er catorse mí... quinientos 
veintisinco! ¡De dose reales!... se va por la puer- 
ta del foro. 

¡Chavó, qué pito tiene esa mujé! Si eya se 
oyera pregona, pregonaba por señas. 

Llega un Forastero por la puerta de la derecha, se 
sienta ante uno de los veladores y toca las palmas. 
Vo}'. Se levanta para ir a servirlo. 
Receloso del recién llegado. (¡Er de ayé! ¡Ese CS 

er de ayé!) ¡Pepa! 

Deteniéndose á mitad de camino. ¿Qué quicrCF? 
Imperiosamente. V en acá. 

Obedeciéndolo.. ¿Qué quieres? 
Aparte con ella. (¡Ese cs er de ayé! 
¿Er de ayé? 
[Er de ayé! 

Fíjate, que no es er de ayé. 
¡Sí es er de ayé! ¡Er que te mira! ¡er que te 
ronda! 

¡Que no es er de ayé, José Marín; no te sie- 
gues! 

¡Que sí es er de ayé! 
¡Si er de ayé tenia bigote! 

jPoS se ha afeitan! E1 Forastero toca las palmas 
nuevamente. Pepa hace ademán de ir allá. ¡QuiCta 

aquí! 



— 17 - 

Pepa ¡Pero, hombre! 

Tab. ¡Quieta aquí! ¡Tú no sirves ar gachó ese! 

Pepa ¡Que estoy sola en la tienda! 

Tab ¡Quieta aquí! ¡Ese es er de ayé! ¡Vaya si es 

er de ayé! 
PEPy^ ¡Jesús, Dios mío! ¡Qué sof ocasión! ¡Te juro 

que no es er de ayé! 
Tab ¡vSí es er de ayé! ¡Si te estás vendiendo tú 

disma! 
Pep\ ¡Que no es er de ayé. Taburete! 

Tab ¡Que sí es er de ayé!) 

Vuelve á palmetear el Forastero, un si es no es sor- 
prendido del lance. 

FoR. ¿Pero quién despacha? 

Tab a Pepa (¡Échate pa un lao! 

Pepa ¡Por Dios, Taburete! 

Tab. ¡Silensio!) Va ¿ donde está sentado el Forastero, y 

se encara con él. Pepa presencia la escena angustia- 
dísima. ¿Preguntaba usté? 

FoR. Que quién despacha. 

Tab Despacha la señora; pero un servido es el 

encargao de sacarle er corasón por la boca á 
to er que la mire con segunda. ¿Hase? 

FoR. Levantándose asustado. ¿Qué ha de kasé, SeñÓ? 

Yo soy un pobre forastero, que ha venío á 
SU negosio, y que ha entrao aquí á tomarse 
un chiitito e vino; de ninguna manera á ju- 
garse la vía. Conque abú, sarsaparriya pa la 
.«angie... v otra careta pa carnavá. 

Tab ¿Qué? 

FoR. ¡Na, hombre, na! ¡Compadre, qué cosas me 

suseden á mí en Seviya! se va por donde vino. 

Tab. a Pepa. ¿Has visto cómo es er de ayé? ¡ÍSe 

ha achica'! 

Pepa ¡No es er de ayé, José María! ¡Por la gloria 

e mi madre! 

Tab. ¡Quítate de ahí! 

Pepa ¡Me güerves loca! ¡Me asesinas! 

Mirando á Pepa trágicamente, torna el liombre á sa 
velador y se dedica á hacer pitillos. Mía, lejos de él, 
llora mirándolo á hurtadillas. Angelillo vuelve. 

Ang ¿No hay nadie de fuera? ¡Pos si yo pense 

que estaba e.^to yene! ¡Eran tantas parmas! 
Se sienta en el suelo, junto á la tarima del limpiabo- 



— is- 
las, á continuar su trabajo. Reparando en la actitud 

de los amautéí, dice: (jVaya! Se coiiose que 
Don Juan y Doña Inés andan de pelea. ¡No 
se jartan nnucal) 

Música 

Pepa intenta una vez ó dos acercarse al pavoroso Ta- 
burete, y éste la detiene con el rayo de su mirada. 
Por fin se atreve y llega hasta él suplicante y llorosa. 

Pepa ¡Várgame er sielo, José María! 

¡Qué injusto eres 
con quien la sangre por tí daríal 

¡Ay, arma mía! 
^;Tú no estás viendo que aunque me hieres 
biempre á tu antojo sigo rendía? 

Pos ¿qué más quieres, 
sielo de Mayo de Andalusía? 



Ang. (¡Le yaraa sielo de Mayo, 

y está yoviendo en la caye, 
y aquí no nos parte un rayo!) 



Pepa Ven acá, granuja, 

ven acá, moreno; 
ven acá, y que rae miren tus ojos, 
que tienen armiba, que tienen veneno. 

Tab. ¡Güeno! 

Se levanta, harto ya de ternezas, y se sienta ante otro 
velador. 
Pepa Yendo á su lado nuevamente. 

¿Por qué tu cariño 
me esquiva ó se caya? 
¡Ven acá, y que me miren tus ojos, 
que tienen asuca, que tienen metraya! 
Tai; ¡Vaya! 

Se va á otro velador. 



Ang. (Er mundo ar revés: 

• ¡una golondrina detrás de un mochuelo! 

¡Voliente papé!) 



^ 19 — 
Pepa Apurando los recursos de su ternura. 

No seas tirano, 
no seas verdugo; 
dime lo que quieres 
pa yo iiasé tu gusto. 



¡Píeme er pan que me gano; 
píeme el agua que bebo; 
píeme que yore, y y oro; 
píeme (jue vuele, y vuelo; 
píeme <^ue mate, y mato; 
píeme que muera, y muerol 



¡Píeme la vía! 
Ang. (¡Cávate, mu jé, 

mira no te í)ía 
pa toma café!) 



Pepa a punto de acariciarlo. 

¡Gachón!... 
¡ Traisionero!... 
¡Salao!... 
¡Embustero!... 

En el adusto semblaute de Taburete se dibuja una 
sonrisa indescriptible, que dedica á su amada. Esta 
respira al cabo satisfecha. 

¡Grasiag á Üio'--, tormento de mi vía! 
¡Lo que me ha>es sufrí! 
Ang. (¡No era tiro con sá er que yo le daba 

á tu novio y á tí!) 

Cesa la música. 

Pepa ¡Ay, Joseliyo! Ya respiro á gusto. ¡Qué rati- 

to he pasao! 
Tab. Lo comprendo, Pepa: me atarugo, me siego; 

no veo más que traisiunes. Convídame. 
Pepa Me has adivinao er pensamiento. ¿Qué 

quieres? 
Tab í)ame tres copas de ginebra. 

Pepa Correndito. 

1 asa por la calle del foro, de izquierda á derecha, uu 
vendedor ambulante. Vuelve Taburete á sentarse ante 



— 20 — 

su velador, Pepa vuelve á servirlo, y ambos luego a 
conversar amorosamente. 

Por la puerta de la derecha sale José Poto, Potito, un 
novillero que es una monada. Viste un traje corlo fla- 
mante, ceñido y primoroso, y viene á que le limpien 
las botas para que no le falte detalle alguno. 

PoT. Güenos días. 

Ang. Güenos días. 

POT. Sentándose en el limpiabotas. A vé PÍ me yeVO de 

aqní dos espejos en vez de dos botas. Y 
aprisita, que estoy sitao. 
Ang Volando va á sé. Con usté me estreno, se en- 

trega lleno de entusiasmo á la labor. 

PoT. Aprieta y te ganas un puro. ¡Cámara, qué 

mañana de agua! 

Pepa Aparte con Taburete. (¿Quién es este torero? ¿Lo 

conoses? 

Tab Desdeñosamente. Er Polito. ¡Na! Un niño quB 

presume mucho. ¡Na! Y que se la da de 
vivo con las mujeres. ¡Na! Una pnrmita pa 
er Domingo e ÜMnios. ¡Na! ¡No lo mirebl 

Pepa Si no lo miro, selosiyo.) 

Ano. ¿Conque mañana lo aplaudimos á usté? 

Por la calle del foro pasa un individuo sin paraguas, 
corriendo; después pasa otro eu sentido contrario, con 
paraguas abierto. 

PoT. Según lo que quiera la suerte. Ganas de 

complasé á la afií-ión tiene uno. 

Ang . ¿Q>ié vestío piensa usté yevá? Y usté dispen- 

se la pregunta. 

PoT. Verde y oro, con cabos granas. 

Ang. ¡Olf ! Por aquí f=e dise que er segundo toro se 

lo va usté á brinda á una güeña mosa de 
este barrio. 

PoT. Esponjadí-simo. Hombre... cuaudo errío suena .. 

Yo, por lo pronto, vi á armorsá en su casa 
con eya dentro e media borita... 

Ang. ¡.Asín viene usté de pinturero! 

PoT. ¡.Je! 

Ang. Güeña suerte pa tn. 

J'OT. Muchas grasias, hombre. 

Ang. (¡Presume más que una titiritera de un sir- 

<"©! ¡Y no le cabe en er cnerpD la guasa!) 

Llega por la puerta del foro Peregríu, que es el pri- 



— 21 — 

mer tuerto de la serie. Es tocador de oficio y usa un 
paraguas colorado. Lo envuelve, como á los demás, 
un velo de tristeza, pero él se cree jocoso y hum j- 
rista. 

Per. ¿Han visto ustés qué manera de yové agu»? 

¡Y toa pa abajo! 
PoT. ! ¡Cámara, un tuerto! Podía no habé venío/) 

Per Peo fuea no verlo, ¡qué sambomba! 

Ang . (Pos tú no lo ves más que á medias.) 

Peregrín abre su paraguas y lo pone abierto en un rin- 
cón para que se seque. 
Fot. Saltando nervioso. ¡Eh, amigo! 

Per. ¿Es á mi? 

PoT. ¿Usté no sabe que es de mala ^aía abrí así 

un paraguas bajo techao? 
Pek, Riéndose. Ah, pero ¿usté cree en esas papa- 

rruclias? ¡Vamos, hombre! Se sienta auto el pri- 
mer velador de la derecha, que es el puesto, por de- 
cirlo asi, de los tres compadres. 

PoT. Y usté creería también si matara tres novi- 

yos mañana. 
Per ¡.Je! Eso está güeno. Yo estoy convensio de 

que to lo (jue se cuenta de los agüeros son 

fantesías der VUrgO. Levantándose y haciendo lo 

que dice. ¿Me quié usté a mí desí qué impor- 
tará "pa que suseda una desgrasia que yo, es 
un pone, le dé güertas á esta siya sobre una 
pata? 

Po'j. ¿Se quié usté está quieto, cámara? 

Per ¡Je! ¿ lambién lo de la siya? Tos los toieros 

son lo mismo. ¿Se acuerda usté de la cogía 
grande que tuvo er Miserere Chicof 

PoT. Le diré á usté: en este momento no me qui- 

, siea acordá. 

Per. Er día antes de la corríaestuve yo con é, gua- 

seándome de estas cosas, y le menté la hicha 
qué sé yo las veses. 

PoT. ¿Sí, verdá? 

Per. Güeno: pos lo cogió er toro porque lo tenía 

que coge; pero ¡vaya usté á sacarle de la ca- 
besa que lo cogió er toro porque yo le menté 

la hichal ¡Berrasioues! vuelve á sentarse. 

PoT. Será lo que usté quiera, señó, pero vale más 

no mentarla. 



— 22 — 
Per. ]Je! 

Sale Juan de Dios por la puerta de la derecha. Es el 
segundo tuerto, tocador también, y peor trajeado que 
l'eregrín. Habla con voz lúgubre. No trae paraguas. 

Juan Felises. 

Ang. Venga usté con Dios. 

PoT. Aiarmadisimo. (¿Otro tiierto?) Niño, no te en- 

tretengas. Acaba pronto. 

.Juan a Peregrin. :Conque er pobre Casimiro estiró 

la patal 

Per. Parmó. ¿Qué se le va á liase? Arrieri tos somos 

y er caminito andamos. 

.Juan ¡Pobresiyo! 

Ppr Esa es una china que tos tenemos que tra- 

ga, Juan de Dios. í'armaré yo, parmarás tú, 
parmard er l'otito... [Tos parmnrenws! Ahí 
no vale sé rico. ¡Servisio obligatorio, qué 
sambomba! 

Juan ¡Siempre has de está de humól Pos yo ven- 

go de casa e Casimiro. ¡Qué cuadrol ?eÍ8 
criaturas deja, tamañas a4. Caben toas de- 
bajo un canasto. Y las desgrasias son como 
las seresas: nunca vienen solas. La cuña de 
Casimiro, loca de remate: ¿te has enterao? 

Per. ¿Asunsión? 

Juan Asunsión. Le da por seguí á los artiyeros. 

Per De esa locura hay muclio. La madre murió 

de una palisa que le pegó er padre porque 
la cogió con un húsare. 

Juan ¿Y er fuego de anoche: lo viste? 

Per Si. 

Juan ¡Qué barbaridá! ¡Seis familias en la ruina! 

PoT. Acaba pronto, niño. 

Juan .suspirando ¡\y, av,ay! ¿Tienes ahí un siga- 

rro que no te sirva? 

Per. Dos me quean: toma uno de los dos. 

Llega Badana por la puerta del foro. Es el tercero, can- 
tador de oficio, y tan triste como los otros. 

Bad. yaiú, señores. 

PoT. Botando en el asiento. ¡Cámara! 

Bad. ¿Desía usté argoV 

PoT. No era con usté, a Angeinio. Acaba ya, por lo 

que más quieras. 
Per. Vienes pingueando. 



— 23 — 

Bad. Como que este paraguas mío es espesiá. En 

cuanto que piir.sipia á yové se le hincha er 

palo y no pué abrirse. Se sienta con Juan de Dios 
y Peregiín, se abstrae, y dando golpecitos con el pa- 
raguas en el suelo empieza maquinalmente como á 
templarse para cantar. 

PoT. Aparte con Angeiiiio. (Pero, oye tú, ¿esto 68 una 

betunería ó un ten t aero e tuertos? 
Ang. ¡Je! Son amigos del amo. 

Fot. ¿y á qué canastos vienen? 

Ang. ¡a anima la tienda! 

Fot. ¡Cámara! Y ¿qué es lo que hasen? 

Ang. Pos el uno no hase na, y les otros le ayúan. 

Son gente e tablao: cantaores y tocaores. 

¡Pero carcule usté quién va á yamarlos pa 

una juerga!) 

Bad. Cantando. 

Seis años de carse, 

cuatro de presidio, 

cadena perpetua, 

tres días en capiíja, 

el hipo e la muerte, 

entierro paga o, 
y luego a la mano der verdugo 
tendré yo que entregarme... 

Pjt. ¡Güeu hombrel 

Bad. Badana me yamo. 

Fot. ¿Quié usté varia er cante, por su salú? 

Bad. Usté dispense. Esto lo base uno sin darse 

cuenta e lo que hase. Se le viene á la boca 
una alegría, y la suerta como se le viene. 

Ang. Servido de usté., 

PoT, Grasias, hijo. Dios te lo pague. 

Vuelve Baldomcro por la puerta de la derecha. 

Bald. ¡Cuarquiea da con eyos! ¡Hasta la Alamea 

Vieja he yegao! a Potito. Güenos días. 

Fot. Güenos días. 

Bald. a ios tuertos. Hola. 

Per Hola. 

Juan Hola. 

Bad. Hola. 

PoT. Fos señó, he pisao mala yerba. 

Ang . ¿Qué le pasa á usté? 



— 21 — 

PoT. Que me he dejao er portamoneas en el otro 

temo. Ni un perro cliico traigo ensitna. 
Bald. Por er servisio no lo sienta usté. 

Por. tíe agrádese la confiansa; pero e.s que nesesi- 

to dinero SUerto. sacando de la cartera un billete. 

¿Tiene usté cambio e sinco duroí-? 

Bald. Levemente escamado. ¿De... de sillCO durOSV 

Sabe usté que como es temprano quisa no 
haya, a ios tuertos. ¿Ustedes tienen cambio e 
sinco duros? 
Juan También son ganas e gasta saliva, Bardo- 

mero. Se pone á leer ua periódico ilustrado. 

Ano. Traiga usté. Yo iré a cambia en un peri- 

quete. 
Poi . Date prisa. 

AnG. Ya estoy aquí, coge cl billete y echa á correr por 

la puerta del foro. (Donde estoy ya es viendo á 

mi novia.) 
PoT. Mirando el reloj. Tos son Contratiempos. Se me 

ha hecho más tarde que la má. 
Bald. Er niño gorverá en seguía. 

PoT. (¡De güen humó vía encontrarme á aque- 

ya!) Tomaré un chato mientras viene, se 

sienta ante uno de los veladores, lo más lejos posible 
de los tuertos. 
Bald, Pepa, un chato aquí. 

Pepa se levanta y sirve á Potito. 

Juan Los hay que son fieraf--. Un marío en Chi- 

piona, que mata á su mujé y cuerga las tri- 
pas der barcón. Aquí en er diario viene er 
retrato e las tripa?-. ¡Qué decadensia! 

Por. (¡Pero vaya unas conversasiones que saca cr 

tío ese!) 

PeR- ¡y toavía quién argunos que la pena de 

muerte se abuelal ¡Sí, si! 

Juan Aquí no hay sivilisasióu paeso. 

Per. Somos más sanguíneos. 

BaD. Cantando otra vez. 

Ar simenterio me voy, 
yo me voy ar simevíerio, 
yo ar simenterio me voy .. 

PoT. (¡Camarín, no veo la salía!) 



— 25 — 

Bald. Tú, Badana, vete ar siinenterio si tienes gua- 

to, pero no me cantes en la tienda. 

Bad. Dispensa, hijo. Es la pajolera afisión. 

PoT. A Pepa, aparte. (Diga usté, güena mosa: ¿estos 

tres anaigos frecuentan er loca? 

Pepa Más de lo que le conviene al amo, 

PoT. Eso creo yo; porque ensima e sé tuertos, que 

ar fin y ar cabo es una desgrasia, no son mu 
alegres que se diga. 

Pepa Gaye usté, por Dios. Si yo pintara argo en la 

tienda... 

PoT. Pero ¿usté no pinta aquí na, presiosa? 

Taburete empieza á agitarse. Baldomero, que está pen- 
diente de él, se echa á temblar. 

Bald. (¡Ay!...) 

Pepa No, señó. Ni aquí ni en parte arguna. 

PoT. Será porque no hay gusto en Seviya. 

Pepa Será por eso. 

PoT. Pos usté bien que lo demuestra pa veí-- 

tirse... 

Bald. (¡Ay!...) 

POT. Cogiéndole á Pepa los flecos del pañuelo que tiene 

puesto. Porque este pañolito es cosa fina.) 

Tab. Alzando la voz. ¡Las manos quietas! 

Bald. (¡La jisimos!) 

PoT. ¿Cómo? 

Tab. ¡Las manos quietas! 

Poi. Hombre, yo creo que en coge er ñeco der 

pañolito, no hay ofensa pa nadie. 

Tab. Es que der ñeco se pué usté corre ar flaco. 

PoT. Le diré á usté, amigo: sé trata con señoras. 

Tab. Pos lo disimula usté más de lo que con- 

viene. 

PoT. Levantándose con resolución. Oiga USté, que eSO 

ya es habla demasiao. A mí á educasión no 
me gana usté, ni toa la parentela de usté. 

Tab. Yendo hacia Potito como si fuera á mereudárselo. 

¿No, verdá? 

Pepa ¡Por Dios, José María! 

Tab. ¡Quítate de enmedio! 

Bald.- ¡Pero, Taburete, por Dios! 

Tab ¿Queréis dejarme? 

•luAN ¡Ya está arma, ya está arma! 

Tab, ¿Me va usté á repetí lo que ha dicho? 



— 26 - 

PoT. ¡Sí, señó: pero no va á sé aqni; porque á mí 

cuando quieo coge un galápago pa tirarlo ar 
poPO, la gente me estorba! 

Tab. ¡Mardito sea er café con leche!... 

Hace como que va á sacar una navaja; Potito le echa 
mano á una silla; Pepa grita incesantemente, y los de- 
más se Interporeu entre aquellos y meten á empujonet; 
á Taburete por la puertecilla de escape. 

PoT. ¡Venga usté pa acá! 

Pepa ¡Ay! ¡ay! ¡ay! 

Bald. Pero, ¿qué va á fé esto? 

Per. ¡Quieto ahí! 

Pepa ¡No te pierdas, José! 

Juan ¡Vamos, hombre, vamos!... 

Tab. ¡Sortarme ya, que me coma á esa careo- 

manía! 

PoT. ¡Sortario, á vé qué hase! 

Bald. ¡Meterlo ahí, que no sarga más! ¡Joydn con 

el hombre! 

Tab. ¡Ya nos veremos espasito! 

PoT. ¡Cuando usté quiera! 

Juan de Dios entra con Taburete por la puertecilla. 

Pepa ¡Ay, JesúiJ, no hay minuto seguro con é! Y 

es que se siega er pobresito; es que se ense- 
la hasta de un tirabusón que yo coja. ¡Ay! 

¡ay! Vase tras él. 

PoT. Pos si se ensela que se quee en su casa me- 

tió. ¡Miá también la mu jé! a Baldomcro. ¿Usté 
es el amo der negosio? 

Bald. Por desgrasia, amigo. 

PoT. ¡Sí que tiene usté aquí una lotería! ¡Está 

esto yeno de alisiente.-! — ¿Y el arrastrao der 
niño, qué hase? 

Impaciente se asoma á una y otra puerta. Lluive con 
verdadera furia. Sale de nuevo Juan de Dios á comple- 
tar el cuadro. 

Juan Bardomero, esto no pué sé. 

Per. Ko pué sé. 

Bad. No pué sé. 

Bald. Desesperado. ¡Que no pué sé, ya lo sé yo! Pero, 

¿qué queréis que le haga? 
Juan. Bien te lo arvertí: no yeves mujeres á la 

tienda, que las mujeres no dan más e di- 

justos. 



— 27 — 
Per. Empesando por la propia. 

Por la calle del foro pasan dos ó tres personas sin pa- 
raguas, corriendo. 

PoT. ¡Kse, por lo visto, se ha yegao á Fransia cá 

cambia! 
Bald. ¡Mala puñalá le den ar niño! 

PoT. ¡Y no yueve! ¡Se me vaá orvidá á mí esta 

mañanita! ¡Más nervioso estoy que er rabo 

de un perro! 
Bald. Hombre, Badana, ¿quiés alargarte hasta el 

estanco á vé si ves á ese pajolero, y lo echas 

pa acá de un puntapié? 
Bad. ¡Si, hombre; ya lo creo! ¡No fartaba más! 

Se va por la puerta del foro cantando. 

Cuando le hisieron la autosia, 
cuando la autosia le hisieron... 

Juan Escucha, Bardomero. Harme caso una vfz 

siquiera, ¡corcho! Si no quiés arruinarte, 
despide á esa mujé, y tráete aquí á un hom- 
bre e chispa, á un hombre e pico, á un hom- 
bre e simpatías; tráete á un Curro Meloja, y 
á la semana lo vas á nota, ó me corto yo la 
cabesa. 

Bald. ¿Un Curro Meloja? ¿Quién es Curro Meloja? 

Juan Asombrado. ¡Corcho! ¿No conoses tú á Curro 

MeloiaV Oye, tú, Peregrín; no conose á Curro 
Meloja. 

Per. ¿Que no conoses á Curro Meloja? ¡Sí, hom- 

bre! ¿Quién es Curro Meloja? 

Juan ¡Ei hijo de Paco Meloja! 

Per. ¡Er casao con Rosa lal3onita! 

Juan ¡Señó, Curro Meloja! ¡Si en Seviya lo salu- 

dan hasta los gatosl 

Per. ll^igf^l ¡Curro Meloja! 

Juan ¡Josú! ¡Curro Meloja! 

Bald. Fos señó, siento en el arma no conosé á 

Curro Meloja. 

Per. ¿a que aquí el amigo lo conose? 

PüT. ¿Eh? 

Per. ¿No conose usté á Curro Meloja? 

PoT. ]Yo estoy ya que no conozco ni á mi padre! 

Juan Pos güeno: Curro Meloja es un hombre que 

está sembrao. 



-. 28 — 

Per. De los castisos, ¿sabes? ¡De los nuestros! 

Juan Ahí en er Raratiyo va á lon:á dos copas toas 

las lardes á una tienda, y hay bofetás por 
entra en la tienda. 

Bald. ¡Que venga aquí ese hombre en seguía! 

Juan Es un gacholi que se pone á contá cuentos 

y te tumbas e risa; que pasa una mujé por 
la caye, y le dise un piropo, y güerve la cara 
la mujé pa darle las graí^iHs; que coge la 
guitarra y es menéete comérselo; que se pone 
á canta, y se quea solo. Ese es Curro Meloja. 

Per ¿Tú sabes dónde va por las mañanas? A la 

tonelería der Bizco. 

Juan ¿Quiés que me yegue en cuatro sartos y lo 

traiga? 

Bald. ¿Pos no he de queré? ¡Si ese hombre debe 

sé pa los parroquianos un papé de efcos pa 
las moscas! ¡Yégate corriendo por é! 

Juan Pa luego es tarde. 

Per. Coge mi paraguan. 

Juan ¡El agua no moja! Vase á escape por la puerta dfl 

foro. 

PoT Pero oiga usté, amigo, ¿no será cosa que er 

niño haya hecho un viaje con mi biyete? 

Bald. No, señó, no; por ese lao no: er chiquiyo es 

de confianea. ¡Rejoyín, qué sombra la mía! 
Peregrín, honjbre, sar tú también á vé si 
das con Angeliyo. 

Pul. Y si no encuentra cambio que traiga er bi- 

yete. La cuestión es que puea yo irme pron- 
to de esta tienda, pa recomendársela en se- 
guía á tos los amigos. 

Per Aya voy. Coge su paraguas y se va también por la 

puerta del foro. 

Po 1 . ¡Cámara! ¿Quié usté darme una poca de 

agua 6 Sé, que se me han regüerto las tri- 
pas? Se sieuta aute un velador, 

Bald. Sí, señó. Ahora mismo. Trata de servirlo con la 

rQa\or solicitud, pero coge un sifón de «gua de ; eliz 
que no funciona normalmente. 

PoT. ¡De hacharao he roto á suda! 

Bai D. ¿Qué jinojo le pasa á esto que no tira? 

PoT. ¿También se ha descompuesto er sifón? 

Bald. ¡Tambiéo! ¡Miste quégrasia! Va asé menas- 



— 29 — 

té di por otro, ai decir esto salta uu chorro de ¡icrua 
que pone á Potito como nuevo. 

PoT [Me caso con la rná! ¿Por qué no ras echa 

usté el aeua ensima? 
Bald. Ha eío sin queré... Usté perdone... 

PoT. ¡Digo! ¡Y estrenando vestio! ¡Hoy me dan á 

mí las viruelasl 

Llega Angelillo por la puerta de la derecha, jadeante, 
sudoroso y mojado. 

Ang. Aquí estoy yo ya. 

PoT. ¡Hombre, grasias á Dios! ¡Eres pintao pa 

una casa e socorro! 

Bald. Ahora te ajustaré yo las cuentas, granuja. 

Ang. Mi amo, si es que no había cambio en nin- 

gún sitio. He corrió más que er tío e la 
lista. 

PoT. ¿Quiés darme er dinero? 

Ang. Sí, señó: tome usté. De la faja va sacando uno 

tras otro cinco paquetes, de otros tantos duros en cal- 
derilla. Potito, al ver la faena, llega al rojo. UnO, 

dos, tres, cuatro y si neo. 

PoT. ¿Pero los tra^s en cuartos, anima? 

Ang. ¡No he encontrao otra cosa! 

Por ¡Hay pa cogerlo ¿sabe usté? y haserlo asti- 

yas pajoleí'as! ¿A qué huele esto? 

Ang. Será á pescao; porque he cambiao en la 

pescadería. 

Pot; ¿Le paese á usté? ¿Y dónde me guardo yo 

tanto paquete que no haga feo? ¡Por su- 
puesto, mañana viene aquí mi cuadriya y 
le mete fuego á la tienda! se va disparado 

por la puerta de ln derecha. 

Bald. Grandíí^imo ladrón, ¿tú también vas en con- 

tra mía? ¿Qué has hecho? 

Ang. (Ganarme dos reales en er cambio e los sin- 

co duros! ¡Lo que no se gana usté aquí en 
tres meses! 

Bald. ¿Tú le has cobrao er servisio e las botas? 

Ang . Yo no. ¿Y usté? 

Bald. ¡Tampoco! ¡Ni er chato que se ha tomao des- 

pués! 

Ano. ;Pos ha sío un negosio mu bonito! 

Vuelve á salir el sol. 

Sorda .asomándose á la puerta del foro. Bardomero. 



- 30 — 



Bald. 
Sorda 
Bale. 
Sorda 
Bai.d. 
Sorda 
Balo. 
Sorda 
Bald. 
Sorda 

Bald. 
Sorda 
Bald. 
Sorda 



Bald. 
Ang. 
Bald. 



Sorda 

Ang. 

Sorda 



Ang. 



¿Otra vez? 

^•Tú no esperabas un barrí de vino? 
¡Sil 

¿De mansaniya? 
¡Si! 

;De Sanlúca? 
¡Sí! 

¿Qué pí? 
¡Que si! 

¿Ha dio por é á la estasión Antonio er ca- 
rrero? 
¡Sí! 

¿Que sí? 
¡Que PÜ 

¡Pos se le ha roto ar carro una ruea, se ha 
caio er barrí, se ha defondao, y está toa la 
caye regá de vinol 

¡Rejinojo! Da una patada y pisa á Angelillo. 

lAyl 

¡Hombre, echa una caja e fósforos en un 
vaso e agrna, qne me los vi á toma en cuan- 
to güerva! Vase por la puerta del foro, despavorido. 

¡Miá que tiene una pata tu amo! 
Aludiendo al pisotón. Regulá la tiene, comadre. 
Yéndose pregonando. ¿A quién le doy la suerte? 
¡Er catorse mí... quinientos veintisinco! ¡De 
dose reales! 

jJosú! ¡Cuando se van de aquí los tuertos, y 
la Sorda, y el amo, y Taburete, ¡Josú! paese 
que se respira! ¡JosiÍ! ¡Jasta er só ha salió! 

Se asoma á la puerta de la derecha. ¡Y mi novia 

en la esquina! Llamándola. ¡Leonoriya! ¡Pues 
vení sin cuidao! 

Llega Leonor. 



Música 



Ang. Ven aquí, claveyina, 

ven acá, pimpoyito. 
Leo. ¿y mi padre? 

Ang . ¡Salió tragando quina! 

¡La tienda lo trae frito! 
Leo. Tiene suerte maüna 

mi papá er pobresito. 



— 31 ~ 

Ang. No te apures por tu papá, 

que yo, uiña, lo sarvare; 
yo soy hombre capá, 
mientras viva con tu queré, 
de yevá la Puerta Rea, 
donde está la Puerta e Jeré. 



Leo. El arcarde se va á opone 

á ese cambio tan radica; 

pero es cosa de vé 
que sólito por raí na má, 
donde está la Puerta e Jeré 
yeves tú la Puerta Rea. 



Ang. 

Leo. 
Ang. 


¡Eso es poco! 

¿Poco? 

¡Poco! 




¡Es una bicoca! 


Leo. 
Ano. 


¡Chiquiyo, me güerves loca! 
¡Yo sí que estoy loco! 




En la cabesita 




de un arñlerito, 




Jago yo un cuartito 




mu chiquerretito, 


Leo. 


pa que vivas tú. 
¡Josú! 


Ang. 


Jurando. 




¡Va por tu salú! 


Leo. 


Pos en la puntita 




de ese arfilerito. 




te hago yo un laito 


Ang. 


mu apañaito, 
donde quepas tú. 
¡Josú! 


Leo. 


Juraudo. 




¡Va por tu salú! 


Ang. 


Tirándole besos. 


Leo. 


¡Ten pa tí! 
¡Vengan pa acá! 



— 32 - 



Ang. ¿y pa mi? 

Lbo. |Pa tí no hay na! 

Tiiinaiido yo los tuyos güeno está. 



Ang. ¿y si te cogiera? 

Leo. ¡Qué me has de coge! 

Ang. ^A'amos á probarlo? 

IjEO. ixAnda y prueba á vé! 



Juegan corriendo por la escena. 

Ang. ¡Moreniyal 

Leo. ¡Moreniyo! 

Ang. ¡Corre, corre, corre, corre, que te piyo! 

Leo. ¡Corro, corro, corro, corro, que me piyal 

Asg. ¡Que te cojo, Leonoriya! 

Leo. ¡Que me coges, Angeliyo! 

Ang. ¡Que te piyo, que te piyo! 

Leo. ¡Que me piya, que me piyn! 

¡Ay, Angeliyo! 

Ang. ¡Ay, Leonoriya! 

Leo. ¡Ay, gitauiyo! 

Ang. ¡Ay, gitaniya! 

Leo. ¡Déjame, que ya estoy causaiyal 

Ang. ¡Yo también estoy ya cansaiyo! 



Leo. ¡Vaya un modo de corre! 

Si nos viera mi papa, 
con er genio de é 
¡la que me ilia á echa! 
|lo que me iba á basé! 
¡la que se iba á arma! 

Yo me doy ya por vrnsia, 
y me entrego de una vé, 
que es mejó que tv'i me cojas 
¡mtes que nos coja é. 

Ang . Abrazándola de pronto. 

]Te piyé! 

Cesa la música. 

¡La? ganas que tenía yo, Leonoriya, de que 
pasáramos los dos un rato solos! 



— 33 — 

Leo. ¿Pos y yo, Angeliyo? ¿Hay na mejó que 

verse así, serquita, serquita, y sólitas, sóli- 
tas, dos personas que se quieren tanto? 

Ang. Ven acá: arrímate á mí, que no te yeno de 

betún. Siéntate aquí conmigo. 

8e sientan juntos, ella en una silla y él en el suelo, 
cerca de la tarima del limpiabotas. 

Leo. Aquí me tienes. Dime, Angeliyo: ¿cómo va 

er negosio? 

Ang. ¡De cabesa! 

Leo. ¿De cabesa, eh? Como to lo que emprende 

er pobresito de mi papá. ¡No le ha salió 
bien má3 que una cosa en esta vía! 

Ang. ¡TJna cosa na más! ¡Conformes! 

Leo. La primera tienda de ansuelos y lombrises. 

Ang. Entcnces le han sallo bien dos cosas: la 

tienda e los ansuelos y tú. Lampando estoy 
yo porque tu padre se desespere der nego- 
sio — que ya le farta un pelo — pa ponerme 
delante de é y desirle: «Señó Bardomero, 
de argo le ha de serví a usté tené esa hija 
tan serrana. Aquí hay un hombre.» 

Leo. ¡Ay, qué alegría, Angeliyo! Porque yo sufro 

mucho de verlo ar pobresito míi pelea con 
su sino perro pa saca la casa adelante. Hora 
es ya de que descanse er pobresito. De cua- 
tro garbansos que tengamos nosotros, uno 
será pa mi madre y otro pa é. En la eegu- 
ridá de que si arguno es negro, le toca er 
negro ar pobresito mío. 

Ang. Pero ¿qué hablas ahí de cuatro garbanso?? 

¿Tú crees que no vamos á salí de pobres nos- 
otros? ¡Pos no tengo yo muchos inventos en 
la cabesa! Arguno petará. Yo no me paso la 
vía de betunero. ¡Pa eso tenía yo que no ha- 
berte conosío á tí! Desde que tú me has mi- 
rao con esas dos cajas e betún que tienes 
por ojos, me ha entrao una hormiguiya de 
sé rico y de vale argo, que ya verás como va 
á para en bien. 

Leo. ¿Será la tienda nuestra? 

Ano. ;Dalo por seguro! ¡Y la muaremos de sitio, 

y la pintaremos de coló de rosa, y le cam- 
biaremos er nombre, y le prohibiremos la 

3 



— 34 — 

entra á tu padre, y le pondré yo un ventila- 
do que cante tangos, que ér sólito va á yamá 
ar público! 

Leo. ¿y eso será pronto, Angeliyo? 

Ano . ;Cuando menos se piense! Porque te preven- 

go que ca vez que Taburete arma aquí una 
gre-'ca, ó que los tuertos prinsipian á dá rnn- 
las notisias y no acaban, me jaí^en á mí asiu 
la^ tripas }' me eiitr;ín rranas de pelea. 

Leo. ¡Pero qué güeno eres! ¿No te vi á qneré? 

Ang. ¿Te parezco yo mu güeno, Leonoriya? 

Leo. Mu retegüeno, y mu forma, y mu desent^. 

Ang. Dema^iao desente: porque yevamos junto-f 

un cuarto de hora, y no te lie cogió ni un 
peyizco. 

Leo. Con ganas del pellizco. Hombre... 

Ang . ^.Qué'? 

Leo. Si no es más que un peyizco... 

Ang, ¡Un peyizco na más! 

Leo Ea... pos anda... 

Ang. Lo malo es que como tengo los déos un po- 

quiyo susioí, será mejó que te lo coja con 
los dientes. 

Leo. Peí o eso ya no es un peyizco: eso es otra cosa 

más grave... 

Ang. ¡Sin apretá, no es grave! 

Leo ¿No es grave?... 

Llega en esto el Forastero otra vez, por la puerta del 
foro. 

FoR A la paz e Dio?. 

Angelillo y Leonor que estaban tan acaramelados, se 
asustan y reniegan de él. 

Ang. [¡Mardita sea tu estampa!) 

Leo ('¡Mía qué oportuno!) 

FoR. (¡Hombre, me he colao en la misma tienda 

de antes! Y es que tiene dos puertas. Menos 
mar que no está aquí aquer guapo.) se sienta 

ante un velador y toca las palmas. Angelillo no le hace 
caso. Vuelve á tocar las palmas. 
Ang . Levantándose y yéndosí á el con mal modo. ¿Qué SC 

le ofrese á usté? 
FoR. Algo desconcertado. Yo quisiera un chatito e 

montiya. Pero por las güeñas... Cuestiones, 
no. 



— 35 — 

Ang. ¿üu chatito e montiya? 

FoR. ¿No hay montiya? 

Ang. Le diré á usté: hay montiya, pero franca- 

mente, no es un montiya reco nendable. 
¿Sabe usté donde tienen un mo itiya pa chu- 
parse los déos e gusto? nevándolo á la puerta del 
foro. Aquí ar regorvé de la esquina e-ta. 

FoR. Muchas grasias, amigo. Me limpiaré las bo- 

tas, )'a que estoy aquí. 

Ang. Esas botas están limpias, señó. 

FoR. Un poco perplejo. ¿Estáu limpias? 

Ang. y con er día de yuvia que jase, es ganas e 

gasta dinero en limpiarse las botas. 

FoR. También es verdá. i'En mi vía me ha pasao 

na por el estilo. ¡Compadre, qué S^íviva esta!) 

Vase por la puerta del foro, dejándose olvidado el pa- 
raguas. 

Ang. ¿,blabrá tío mal ange? ¡Paese que había ele 

gío er momento pa entra! 
Leo. Viendo venir á Baidomero. ¡María Santísima! 

Ang. ¿Que? 

L'ílo. ¡Eíto sí que es peo! ¡Mi padre! 

Ang. ¡Nos caímosl 

Por la puerta del foro vuelve el desventurado Baldo- 
mero. Leonor se pone tras el mostrador á hacer que 
hace algo. 

Bald. ¡Marditas sean las asitunas sapateras! Oye, 

¿quién era ese que salía? 

Ang. Uno. . 

Bald. ¡Eso ya lo he visto! ¿Ha bebió argo? 

Ang. No señó... Pa mí que es de la polisía. 

Leo. (¡Qué lioso!) 

Ang. Ya sabe usté lo que quié esa gente. 

Bald. ¡De memoria! 

Ang. (Se la tragó.) 

Bald. Aquí paese que güerve. 

Leo. (¡.Josú!) 

Vuelve el Forastero por su paraguas. 

FoR. Con permiso: se me orvidó er paraguas. 

Bald. Dándoselo con solicitud. ¿Es eSte? 

FoR. Sí, señó: muchas grasias. 

Bald. JNo hay de qué. Yo soy el amo de la tienda. 

Poniéndole misteriosamente un duro en la mano. To- 
me usté pa unas copas. 



— 36 ~ 

FoR. Sorprendidísimo. ¡Hombre! 

Bald. ¡Hílgame usté er favo! 

FoR. ¡Pero, hombre! 

BxLD , ¡Señó, pa unas copa?! Dándole vueltas sin dejarlo 

hablar, lo empuja hacia la puerta del foro. 

FoR. ¿\ santo de qué? 

Bald, ¡Bébaselas usté á mi salúl 

FoR. Es que... 

Bald. ¡Es que no se habla más der partícula! ¡Va- 

3^a usté con Dios! 
FoR. Pero... 

Bald. ¡Vaya usté con Dios! Desaparece el Forastero, 

Angelillo y Leonor han presenciado la escena muerto» 

de risa. ¿Digo, eh? ¿Conozco yo á esos tíos? 

Ang. ¡a la legua! 

Bald. ¡Y hasía como qne no lo tomaba! De repente. 

¡IVIe ca?o con la Torre el Oro! 

Ang. ¿Qué? 

Leo. ¿Qué? 

Bald. ¡Que le he dao er duro de los estudiantes! 

lin cuantito vea que es de plomo, se cree 
que es pitorreo y me va á barda de una 
multa. ¿Es pata ó no espata'^ A Leonor. ¿V tú 
por qué estás en la tienda? 

Leo. Porque... mamá me dijo... me dijo, dise: 

«Yégate aya en un sarto... y que papá te dé 
dinero pa compra dos varas de tela que ne- 
sesito.» 

Bald. ¿Sí, eh? Pos dile á tu madre que con una 

vara hay bastante... y que yo la yevaré esta 
noche... y que habrá tela pa las dos. ¡Arsa pa 
casa ya, que estás tú mu saca de quisio! 

Leo No se enfade usté conmigo, papá; que no 

he hecho na malo... toavía. 

P>ALD. ¿No oyes que te vayas? 

Leo. Ya me voy. ¿Por qué no inventas tú una 

cosa contra er mar genio? 

Bald. ¡Verás! 

Vasc Leonor corriendo por la puerta del foro. 

Ang. (¡Más bonita es que un puesto e flores!) 

Bald. Lleno de aflicción. Angeliyo, estoy á dos dees 

de tirarme ar Guadarquiví por el arco de 
en medio. ¡Cuatro arrobas de mansaniya 
perdían! No yoro... porque disen que los 
hombres no yoran; no por farta e ganas. 



— 37 — 
Ang ¡ Va3'a por Dios, mi amo; vaj'a por Dios! 

Sale Taburete por la puertecllla de escape, coge su pa- 
raguas y se eucamiua a la del foro. 

Tab. Hasta luego. 

Balu . Hasta luego. 

Ang. Hasta luego. 

Tab. Deteniéndose un punto. ¡Ah! Sí viniera Anto- 

nio er gitano preguntando por uií, que se 
aguarde. 

Bald. ¿Pero va á vení á mi casa ese hombre? 

Tab. Anda disiendo por ahí que tiene ganas e 

matarme, y yo le he mandao cuatro letras 
disiéndi>le que aquí lo espero. 

Bald. ¡También lo ha podio usté sita en la Cruz 

der Campo! 

Tab No se me ocurrió. Con esa no cuente usté 

hoy. Desde la pendensia de antes, metió la 
cabesa deb^ijo un corchón, y no la saca. 
Hestérica perdía. 

Bald. ¿Qué es eso de hestérica? 

Tab. ¡Que no hay quien la aguante! Se va por la 

puerta del foro. 

Bald. ¡Pos hesférico estás tú desde que nasiste, la- 

drón! 

Ang. ¡Asín trompiese en er primer adoquín le- 

vantao y se esbarate ayí la cara mas e lo 
que la tiene! 

ChIQ. 1.0 Asomándose á la puerta de la derecha y chillando. 

¡Bardomero!... ¡Mucha tienda y poco dinero! 
Bald. ¡Vieras si te cojo! 

El Chiquillo echa á correr y desaparece. Por el hueco 
dal cristal de la puerta del foro asoma la cabeza otro, 
rompiendo el papel. 

Chiq. 2.0 ¡Bardomeriyol... ¡Mucha tienda y poco bor- 

siyo!... 
Bald. ¡Mardito sea tu padre! 

El Chiquillo huye. Se ve correr á tres ó cuatro más, 
que le chillan á Baldomero. 

Ang. ¡Qué grasiosos están los niños! 

B-vLD. Acuérdame que le avise ar cristalero, por- 

que han dao en la grasia de mete la cabesa 
por er papelito. 

Chiq. 1.'^ Dentro. ¡Bardomero Castañ:is!... 

Chiq. 2s^ ¡En er cajón tiene telarañas!... ; 

Nuevos gritos y carreras de los Chiquillos. 



— 38 — 

Bald. ¿Tú oyes? |E8 er cormo ya! ¡Has-ta Ids chi- 

quiyos sacan cosas con mi mala sombral 

BaD. Presentándose alborozado por la puerta del foro y yén- 

dose en seguida. Oye, tÚ. 

Bald. , Qué quieres? 

Bad. ¡Ahí viene Juan de Dios con Curro Meloja! 

Ang. ¿Con Curro Meloja? 

Baid. Si; si vienen pa acá. 

Bad. ¡Kse hombre si que te conviene en la tien- 

da! ¡Voy á paludario! 

Bald. ¡Señó, que sea n)i jjrovidensia Curro Me- 

loja; que me sarve; que me anime el esta- 
lilesimiento; que ya me duele el nrma judía 
de verme perseguío por la mala ei-tieyal 

Per. Por la puerta de la derecha, no menos alborozado que 

Badana. ¡Ya tienes ahí á Curro Melojal 
Bald. [Me alegro! 

Per |Y lo que te alegrarás! 

Ang. lArgunas ganas tengo yo de conosé á ese 

homl)re! ¡Uise to er mundo que es un cho- 



rro e giasia 



Bald. ¡Ojalá lo sea de güeña sombra pa mí! 

Per. Aquí está ya. 

Por la puerta del foro, que Angelillo ha abierto pre- 
viamente de par en par, entre Juan de Dios y Badana, 
llega el anhelado y famoso Cuiro Meloja. Ko hay más 
que verlo para comprender que la leyenda que lo en- 
vuelve carece de base. Hay reputaciones usurpadas. 

Bald. ¡Adelante, señores! 

Curro Empezando a desplegar su repertorio. ¡iSoluQUíJ 

Es de advertir que hasta los bueuos días los da como si 
dijera una gracia, y que él celebra con su risa primero 
que nadie todo cuanto dice. Está satisfecho de su in- 
genio. Sus amigos y admiradores, los tres tuertos, re- 
piten también en son de elogio todas sus frases y se 
ríen á perecer con ellas. 

Bald. Güenos dias. 

Curro ¿Cómo está usté, amigo? 

Bald. l'a servirle. 

Juan Aquí er compadre Bardomero, ¿te enteras, 

Curro? tenía ganas ei hombre de toma con- 
tigo una copa. 

Bald. Si, señó. 

Curro Juaniyo, una copa se toma pa hasé un juego 



^ 30 — 

e manos. ¿Qué menos vamos á toma que 

una dosenibüisf 
Juan a Baidomero. (¿Has estao en er timo/ ,L'na do- 

seyúhüü! Tú d<^jalo á é. Porque es un hombre 

á quien no se le pué desí: «Haga usté una 

grasia.» 
Bald. a Juan de Dios. Ya comprendo que no es 

ningún perro amaestrao.) ¡í'ero, cabayeros, 

sentarse! Vi yo á di preparando eeas copas. 

En efecto, va á ello. Todos los ojos, que son pocos, y 
nones, están fijos en el héroe de la jornada, de quien 
se espera mucho y bueno. Por la puertecilla de escape 
sale en esto Pepa la Garbosa con un mantoncillo al 
brazo, que deja sobre una silla al salir. 

Pepa Güeuos días. 

Curro Güenos días, a Peregrin. ¿Quién es esta mo- 

rucha? 
Per. Pepa la Garbosa: ¿no la conoses? Cuña de 

Bardomero. 

Curro contemplándola con admiración. ¡Vaya Cardo! 

Per. Ven acá, Pepiya. Este es Curro Meloja. 

Pepa Mucho gusto de conoserlo. 

Curro Yo no le digo á usté na, porque me ha cor- 

tao Uí-té el resortíbilis. 
Juan Oye, Pepiya. Tiae pa acá tu guitarra, que 

pué que no estorbe. 
Per Pué que no. 

Pepa ¿Mi guitarra? Me lo ha prohibió Taburete, 

pero en ñn... Vase por la puertecilla otra vez. 

Curro Mirándola andar. ¡Vaya caló! ¡Pero que vaya 
caló! 

Por la calle del foro pasan dos ó tres muchachas, acom- 
pañada de su novio alguna. 

Juan Tú siempre serrando los ojos delante e las 

mujeres. 
Per Por aquí pasan ahora argunas mu serranas. 

a Juan de Dios. (A vé SÍ lo oimOS.) 

Bald. Las operarlas de ahí abajo. Dos ó tres hay 

que valen er dinero. 
Curro ¿Quién se quea sin mirarlas entonset? 
Juan ¡Pa argo ha sallo er só! 

Se acerca Curro á la puerta del foro. Pasan diversas 
muchachas de mantón, solas unas, otras en parejas ó 
en grupos de tres, y á cuantas pasan les dedica una 



- 40 



frase el festejado. Los tuertos rien á mandíbula l)iUicii- 
te, como ya se ha dicho, y repiten entusiasmados las 
frases 

Juan Guiñándole á Baldomcro. ¡Ahora verás Canela! 

CukRO A una mocita. ¡Vaya Cardo! 

Juan ¡Va\M cardo, distl 

Curro a otra. ¡Vaya cardo! a otrns. iVaya caló! 

AnG. Desde la puerta de la derecha. ¡Por aqUÍ también 

pasan arrimas! 
Curro Acudiendo allá presuroso. No se pilé cstá en toas 

partes, amigo. 
Ang. Miste esa. 

Curro viéndola venir. ¡Vaya cardo! ¡Vaya cardo! ai 

paso de la mujer. jVaya calÓ! 

Juan Desde el foro. [Curri^'o! 

Curro ¡Me yamo! Se une á su panegirista, y apenas llega, 

le dice de nuevo á otra oficiala: ¡Vaya Cardol 
Baldomcro deja mientras sobre un volador una botella 
de manzanilla y una bandeja de copas, que llena del 
liquido precioso. AngcHUo se le acerca á abrirle su 
pecho. 

Ang. (¿No le paese á usté mucho cardo, señó Bar- 

domero? 
Bald. y mucho caló. ¡Como que va á herví er 

cardo!) 

CURKO .\ las que van pasando por la puerta ¡Lo pequeño! 

¡Lo fino! 
Ang. ¡Lo gordo! 

Curro ,>,KhV 
Ang. ¿No es gorda esa? 

Curro Niño, tienes tú que come toavía muchas 

migas pa arterná con mangue. 
Pepa saliendo. Aquí está la guitarra. 

(.'uRRO ¡Vaya cardo! 

Bald. Y aquí están las copas muertas e risa. 

Ang. (¡No será de lo que dise Curro Meloja!) 

Per. ¡Siéntate, Curriyo. Vamos á arma una mijita 

e juerga. 
Curro Vamos á armarla. A eso estamos. 
Bald. ofreciéndole una copa. Tome usté, amigo. 

Curro 8e estima. Se la bebe de un trago, tapa con la mano 

la copa vacía y luego mete en ella la nariz. 
Bald. ¿Le gusta? 

Curro Sipi. 



~~ 41 



Bald. 
Curro 

BaLD. 

Curro 
Bald. 

Curro 



Juan 

Pepa 

Curro 

Pepa 

Curro 

Bald. 

Curro 

Pepa 

Curro 

Juan 
Bald. 

Curro 



Juan 
Pepa 
Bad. 
Per. 

ÁNG. 

Bad. 



¿Cómo? 

¡Que sipi, hombre, que sipi! 

Ah, sipi. Lo desía, porque si no le sirvo otra 

marca. 

Nopi. 

¿Nopi? Yo creo que es una mansaniyita que 

se deja bebé. 

¡Naturaca! 

Baldomero, á cada palabra de Curro Meloja y ante las 
risas de los tuertos, mira consternado á Angelillo, dán- 
dole á entender que no le encuentra el chiste por nin- 
guna parte al tau celebrado gracioso. 

¿Tú no bebes, Pepa? 

Yo no. Me lo ha prohibió Taburete. 

¿Y qué es eso? 

Mi novio. 

¿Tiene usté novio, hija? 

Un cachiyo. 

Pero cantará usté cuarquier filigrana. 

También me lo tiene prohibió. 

¡Várgame Dios! ¿Es un bando ese hombre? 

Gran carcajada de los tuertos. 

¡Ha estao sélebre! a Baldomero. (Tú déjalo á é. 

A Juan de Dios. ¡Si yo lo dejo! ¡Ya se ha to- 

mao tres copas!) 

Ea, pos aya voy yo, niña, pa meterla á usté 

en fatigidrris. a juan de Dios. Témplate por lo 

mío. 

Vamos aya. 

Vamos á vé. 

Vamos á vé. 

Vamos á vé, vamos á vé. 

¡Vamos á vé! 

áar por esa copla que á mí me gusta tanto: 



Er verduguito apretó, 
mi padre sacó la lengua, 
mi madre se impresionó. 



Curro Eso es mu triste. ¡Ya veremos por donde 

pito! 
Per. ¡Venga, venga! 



— 42 — 



lusica 



Principia á entonarse Curro Meloja 



Curro 

Bad. 

Juan 

Curro 

Bald. 

Per. 

Curro 



Bald. 
Ang. 

Per. 
Bad. 

Cuero 
Pepa 

CURR ) 



Pepa 
Ang, 

Bald. 

Vng. 
Bald. 
Curro 

Pepa 

Juan 
Curro 



Au, au, au, au... 

¡Olel 

¡Mi niño! 

¡Ole la voluntaca, y na máe que la voluntacaf 

An, au, au, au... 

Maquinalmente. ¡Vaya Cardol 

¡Pero que mu güeiio! 

Arrancándose al fin, como si la u estuviese más bara- 
ta y fuese más graciosa que las otras vocales. 

L.au grausiau deu lau persounau 
non seu mideu por audarmeus, 
queu geu mideu por aurroubaus. 

Los tres tuertos estallan en exclamaciones de entusias- 
mo, desconociendo sin duda que, además de la u, hay 
cuatro vocales. 

A Angeiiiio. (¿Qué te parese á tí, Angeliyo? 

A Baldomcro Que er der padrón de los pe- 
rros está aquí mañana.) 

¡Veamos á otra, á otra! 

¡A la grande! 

Va por usté, niña. 

Venga ya. 

Tantou teu quierou mujeu 

que anteus deu verteu con outrou 

maulan puñaulau te deun. 

Se reproduce el entusiasmo de los tuertos. 

Mu bien cantao está eso, señó. 

Aparte con Baldomcro, como antes. (^¿Qué ha dlcho 

de tedeunf 

¡Cuarquier cosa! Pa mí que Juan de Dios 
está en lo firme. 
¿Por qué? 

Porque dise que este se quea solo cantando.) 
¿Y á usté, persona e mérito, no le vamos á 
vé la grasia? 

Ay, si supiera usté er mieo que tengo. Tan- 
to mieo como ganas e canta. 
¿Por una vez quién va á saberlo, mujé? 
Vamos, vamos aya. 



43 — 



Pepa Vaya que sea. ¿Qué canto, Juan de Dios? 

Juan «Si te di lo que más vale.» ¡Lo tuyo! 

Pepa Güeno. 

Si te di lo que más vale, 
¿qué pueo ya contra tí, 
que no quisiera quererte 
y te quiero más que á mí? 
Moreniyo mío, 
vete de mi vera, 
que vi á escribirte una carta 
en que te pío que vengas. 

Oles y aclamaciones generales. 

Curro ¡Sircustansias ahí! 

Per. Anda, Pepiya, otra; no te enfríes. 

Pepa Como sé que me orviaste 

por una mala gachí, 

me está quemando la boca 

aquer beso que te di. 
Anda y que te prendan, 
vete de mi lao, 

y mándame cuarquier día 

mi delantá colorao. 

Se repiten los aclamaciones y ccsa la música. Momen- 
tos antes se ha presentado Taburete por la puerta del 
foro, sin ser visto. 

Dando un paraguazo en el suelo. ¿Con que de 
juerguesita, eh? 
Sobrecogida, j José María! 
¡(Uieno val 
¡''abúrete! 
¿Eíte es Taburete? 

Yo soy Taburete, si señó, a Pepa. ¿Se pué 
sal)é quién ha sío er sinvergüenea que te ha 
dao permiso pa canta? 

Interviniendo amistosamente, seguro de su labia. 

Coiiiparito, usté se haequivocao, y usté dis- 
pense. A lo mejó pierde uno er caletrihilis. 
Aquí no somos más que unos amigos que 
están tomando cuatro copaH, y usté va á sé 
uno de eyos, y me va á aserta á mí esta copa 
que yo le doy. 

Per. ¡Mu bien, mu bien! 

Juan a Baldomcro. (¡No hay otro pa arregla cues- 

tiones!) 



Tab. 

Pepa 

Bald. 

Ang. 

Curro 

Tab. 



Curro 



- 44 - 

TaB Después de aceptar la copa y de bebérsela, sin pala- 

bras, da las gracias con un ademáu y repite: ¿Se 

pué eabé quién ha sío er sinvergüensa que 
te ha dao permiso pa cantáV 

Bald ¡Jinojo! 

Curro ¡Vamos, hombre, vamos; que no se diga! 
Aquí tos somos unos, y aquí lo que hay son 
güenos deseos, y no hay más que habla, y 
usté se va á toma ahora mismo otra copirri, 
porque con un pie solo no se anda. ¿Es ver- 
dá, comparitü? 

Juan (¡No hay otro pa arregla cuestiones!) 

TaíJ. Se echa al cuerpo solemnemeute la segunda copa, y 

vuelve á preguntar: ¿Se pué sabé quién ha SÍO 
er sinvergüensa que te ha dao permiso pa 
canta? 

AnG. Kstallando. ¡Yo he Slol 

Tab ¿Cómo? 

Movimiento general de sorpresa. 

Ang. ¡Aquí no hay más sinvergüensa que usté, 

que se está bí^biendo la boteya y no jase las 
pases! ¡Se acabó! 

Tab. ¡Niño! 

Ang. ¡Hombre! 

Pepa ¡Por Dios, José María! 

Tab. ¿Tú no te has visto nunca la nuez en la par- 

ma e la mano? 

Ang. ¡No señó; y no saque usté la navaja, porque 

no le jase usté sangre á una fresa! ¡Yo soy 
quien le ha pedio á Pepa que cante... y yo 
soy también er que le va ásortá á usté dos 
gofetás en cuanto rechiste, y er que le dise 
ahora que por la puerta se va á la caye! 

Tab. ¿Quéeee? 

Ano. ¡Aquí está usté de más! ¡Se acabó er perjudi- 

ca á esta tienda con escándalos y bravatas! 
¡Y si su pareja de usté quié seguirlo, tampo- 
co vamos perdiendo gran cosa! 

Tab. a los demás. ¿Qué hago yo? ¿Me vi á ensaña 

con un chiquiyo? 

pRPA ¿Pero tti has escuchao, Bardomero? 

Bald. ¡Sipil 

Pepa ¿Qué? 

Bald. ¡Que sipi! 



— 45 — 



Pep^ ¿y estás conforme? 

Bald. ¡Naiuraca! 

Pepa ¿Ah, sí? ¡Ea, poa anda y que te enmielenl 

¡Vamonos, José María; que tengo vo dos mía- 
nos n u hermosas pa trabaja en cuarquier 
parte y ganarlo pa ti! ¡Vente, hijo de mi 

arma! Coge su mantón y agarra del brazo á Tabu- 
rete. 

Tab. ¡Vamonos, si; que hay muchos días pa ajus- 

ta cuentas! ¡Er que quiera argo con Tabure- 
te, en la Placa e Viyasís estoy toas las ma- 
ñanas, junto ar puesto e los calentitos! Ar- 
gunas veses no se me ve con el humo, pero 
ayí estoy. 

Pepa ¡Anda y no hagas caso! ¡Lo mismo ér que el 

otro, son unos desagradesíos! ¡Pagarte así, 
con er carté que tú le dabas á la tienda! ¡Va- 
monos, que la caye es mu ancha! 

Vase por la puerta del foro, con su queridísimo Ta- 
burete. 

Mu bien, Angeliyo! 
Pero bien de veras! 
De lo güeno güeno, lo aguanoso! 
Chachipé! 

No hay otro pa arregla cuestiones! 
¡Pos claro, señó! ¡Yega un momento en que 
se jarta una piedra e la caye de que la pi- 
sen tantol ¡Y á mí me duele ya el arma de 
vé la mala pata de este pobre hombre, y de 
que to Dios se amonte en é! ¡b^s como uste- 
des, que sobre pasarse aquí la vía sin habla 
más que de cosas tristes, espantando á los 
parroquianos, por to favo se nos aparesen 
hoy con esta vela pa las tormentas! 

Curro ¡Oiga usté, criaturita!... 

Juan ¡Oye tú!... 

Fer. ¡Bardomero! 

Bad. ¡Bardomero! 

Per. rt,Tú autorisas este sabruto? 

Bald. ¡Sipi! 

Curro ¿Es que me hase usté burla, amigo? 

Bald. Sipi\ á\go nopi. ¡Es que yo también tengo 

grasia! 

Curro Pos mire usté: lo que me sobran á mí en 



Juan 

Per. 

Curro 

Bad. 

Bald. 

Ang. 



— 46 — 

Seviya sen tiendas donde un fósforo que yo 

tire, lo recogen. 
Ang. ¡Irá usté á arguna serería! 

Curro Voy á donde me sale de adentro, iiiño. ¡De 

verano! Encaminase á la puerta ck-l foro. 

Juan No te enfaes, Curro. 

Curro ¿No me he de enfada, Juan de Dios? 

Per, ¡Haeón tienel 

Juan ¡Te acordarás de este desaire, Bardomerol 

Per. ¡Te acordarás! 

Vanse los tres con Curro, comentando iiuligiiados el 
suceso. 
BaLD. Abriéndole los brazos a Augelillo. ¡Ven acá, Au- 

geliyo, ven acá, que desde ahora te quiero 
como si tu hubiera parlo mi mujé! ¡Ven 
acá, que en dos minutos me has espatitao 
de aquí toas las plagas que me sercaban! 

Ang. Después de abrazarlo. PoS mi amO, OtaVÍa SOy 

yo capá de sacarlo á usté á Üote. 
Bald. ¿Cómo? 

Ang. Déjeme usté siquiera un mes encarííao de 

la tienda, y si esto cambia e rumbo, usté 

me paga con lo que yo le pía. 
Bald. ¡Finnao! 

Ang. ¿De veras? 

Bald . ¡Te digo que firmao, Angeliyo! 

Ang. Peñiilando a la puerta del foro, en donde aparece Leo- 

nor. ¡Pos ayí está er premio! 

Bald. con gran sorpresa. ¿Mi chiquiya? 

Ang. Como usté vé, no me queo corto. Entra. 

Bald. ¿Te gusta mi chiquiya? 

Ang. ¡Vle gusta más que come con los «ieosl 

Leo. y yo lo quiero á ér más que á nadie en er 

mundo. 

Bald. ¡Pos anda y pelea juntos con er sino, que á 

mí siempre me ha echao bola n* gra! Pué 
que Fea lo único asertao que 3'o haga en 
e>ta vía. 

Sorda Pasando por la calle del foro de derecha á izquierda. 

¡l£r catorse mí... quinientos veintisinco! ¿A 
quién le doy la suerte? 

Üaldomero huye al oírla. 

Ang. i a nosotros va á sé! Con er poco dinero que 

liaya en er cajón vi á compra ese desimo. 



— 47 — 

Leo. [Mu bien pensaol Y luego, lo primero que 

hay que hasé es cambiarle á la tienda er 
nombre. 
Ang. ¿Cómo quieres tú que le pongamos? 

Leo. «La güeña sombra». ¿Te párese? 

Ang. Me párese. 

Leo. Al público 

Mi papá la deja; 
ya la tienda es otra... 
De hoy en adelante será esta la «Tienda 
de la güeña sombra». 



FIN 



Fuenterrabla, Agosto, 1906. 



OBRBS DE IiOS MlSiyiOS AUTORES 



EMgri*i>iia y amor, juguete cómico. ("2/ edición.) 

Rel^n, 12, principal, ja a-uete cómico. (2.^ edición.) 

Oilito, juíjuote cómico-lirico. Música del maestro Osuna. (2." edición.) 

lia nictlia liaran ja, jug-uete cómico. (2." edición.) 

Kl tío «le la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito «lereeho, entremés. (3.* edición.) 

lia reja, comedia en iin acto. (4.* edición.) 

lia buena sombra, sainete en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brull. (6." edición.) 

El pereg^rino, zarztiela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. , 

Ea vida intima, comedia en dos actos. (3." edición.) 

Eos borrachos, saineto en cuatro cuadros, con miisica del maes- 
tro Giménez. (2." edición.) 

El chiquillo, entremés. (5.' edición.) 

Eas casas ele carttín, juguete cómico. 

El traje «le luces, sainete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2." edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con miisica del maes- 
tro Chapi. 

Eos Galeotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) 

Ea azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera. 

El nido, comedia en dos actos. (2." edición.) 

Ea.s flores, comedia en tres actos. ^2." edición.) 

Eos piropos, entremés. 
• El flechazo, entremés. (2." edición..^ 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epilogo. 

Abanicos y panderetas 6 ¡4 Sevilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapi. 

Ea dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pcpit.t Reyes, comedia en dos actos. 

Eos meritorios, pasillo. 



laa zaliorf. entremés. 

I^a reina inora, saiiieto on tros cuadros, con música del muestro 
José Serrano. (2."' edición.) 

Zarag'atiis. sainóte en dos cuadros. 

Ija za^'nla. comedia en cuatro actos. 

I.>a ca^a de Oarcfa, comedia on tres actos. 

lia contrata, ai>roiiósito. 

El amor «|ue pasa, comedia en dos actos. 

El mal «le amores, sainóte con música del maestro José Serrano 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol. paso de comedia. 

Fea y eon ffraeia, pasillo con música del maestro Turina. 

I<a aventura de los galeotes, adaptación escénica do un capi- 
tulo del Quijote. 

lia musa loca, comedia en tres actos. 

Ea pitanza, entremés. 

£1 amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música do los maestros Chapi y Serrano. 

Eos chorros del oro. entremés. 

9Iorritos, entremés. 

Amor á, oscuras, paso de comedia. 

Ea mala sombra, saincto con música del maestro Soriano. 



SERAFÍN i JOAÍDÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



EL QEIflO ALEGRE 



COMEDIA EN TRES ACTOS 




SEaVNDA SDICION 



'Nm-»-*' 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balbea, 12 



JBI-, OKJNTIO ArvE£OI«K 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados intemaeio- 
nales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españolea son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pourtous les pays, y compris la Sué- 
do, la Norvége et la Hollando. 



Queda hecho el depósito que marca la ley 



EL GENIO ALEGRE 



COMEDIA EN TRES ACTOS 



serafín y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenada en el TEATRO ODEÓN de Buenos Aires, el 29 de 
Setiembre de 1906 



SEGUNDA EDICIÓN 



MADRID 

e. TBLA800, Ilir., llABQníB DI BASTA ÁHÁ, 11 DÜP-' 

Teléfono número 661 
• 908 



(5 nuestro l^ermano Pe3ro 



(Je>La4tH u loacLuíH. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

CONSOLACIÓN Ska. Gueebkeo. 

DOÑA SACRAMENTO Sbta. Cancio. 

CORALITO SuÁRHZ. 

SALUD Sea. Salvador. 

LA CHACHA PEPA Bueno. 

FRASQUITA Bofill. 

CARMEN Salveeda. 

ROSITA Meeceditas Delgado. 

JULTO Se. Díaz de Mendoza (F.) 

DON ELIGIÓ Caksí. 

LUCÍO (1) Santiago. 

AMBROSIO DÍAZ. 

PANDERETA Sokiano VioscA. 

ANTOÑITO Vaegas. 

DIEGO Urquijo. 



Todos ellos, á excepción de Doña Sacramento, Julio y Don 
Eligió, hablan con pronunciación andaluza, más ó menos 
acentuada según su clase y condición. 

Doña Sacramento habla el castellano con reposo y dulzura, 
aunque con cierta afectación señoril; Julio con la suavidad 
de un andaluz que ha vivido en Madrid mucho tiempo, y 
Don Eligió como si tuviese la lengua de metal y la campa- 
nilla de madera. 



(1) Se llama la atención sobre el nombre de este personaje, que no 
68 Lucio., sino Lucio, con acento sobre la i. 






ACTO PRIMERO 



í-a escena es en Alminar de la Reina, ciudod andaluza, y en el am- 
plio, vetuí^to y sosegado patio del palacio de doña Sacramento 
Alcázar, marquesa de los Arrayanes. Al foro, hacia la derecha del 
actor, esta la ancha escalera del palacio, y hacia ia izquierda, el 
portón y una gran ventana con reja, por la que se ye el zaguán. 
A la derecha hay una sola puerta y á la izquierda dos; la del se- 
gundo término es más pequeña que las otras y conduce á la casa 
de labor. Arcos anchos y airosos, que descansan eu gruesas co- 
lumnas de mármol. El suelo, de mátmol también en el centro 
del patio, y de ladrillo en los corredores. En medio, una fuente. 
Balcones en el piso superior, que corresponden á los corredores 
altos. Colgada ante el portón una gran farola. Pocos muebles; en- 
tre ellos un arcón, un banco, dos sillones y u^a mesa írailuua. 
Decoran las paredes retratos al óleo de los ilustres antepasados 
de la familia, dos de los cuales son un fraile y una monja. 
Es por la tard3. 



Don Eligió, administrador de doña Sacramento hace muchos 
años y hombre de uno* sesenta, aparece vestido con traje negro 
á la usanza del siglo XVII, y en la actitud que le ha parecido 
más propia para que lo retrate Antoñito. Gasta lentes redondos, 
lo cual cree él que le da cierto parecido físico á don Francisco- 
de Quevedo. Claro que no hay tal cosa. 8e tiñe la mosca y el bi- 
gote, y no se tiñe el pelo porque no le queda ninguno. 

Antoñito, sentado ante una silla de que se vale á modo de ca- 
ballete, retrata al óleo á don Eligió. Es un muchacho paliducho 
y enclenque, gran aficionado á la pintura, de genio avinagrado, 
y de los que piensan que todo el toque está en pelarse poco y en, 
usar una corbata desaforada. 



~ 8 ~ 

D. EuG. Me parece que ya falta luz, Antoñito. 

Ant. ¿Se cansa usted? 

D. Elig. Yo no mo canso nunca. 

Ant. Pues luz hay de sobra. 

D. Elig. Cierto que en este mes es cuando oscurece 
más tarde. Lo que sí quiero es que desde 
mañana nos vayamos á pintar al jardín, ó 
al patinillo, ó á la azotea, ó al corral. 

Ant. Es que á mí me gusta más este fondo. 

D. Elig. Pues pinta el fondo cuando termines la figu- 
ra; porque, la verdad, es triste gracia que 
todo el que llegue á esa puerta, tenga algo 
que mirar ó que decir de mi catadura. Ya 
se me alcanza á mí que es extraño capri- 
cho este de que tú me retrates de esta gui- 
sa; pero no hay por qué darle dos cuartos 
al pregonero. 

niego, viejo cochero de la casa, asómase por la venta- 
na del zaguán eu traje de faena. 

Diego Señó arministradó. 

D. Elig. Kstremcciéndcíe. ¿Eh? Ah, ¿eres tú? ¿Qué su- 
cede? 

Diego ¿Engancho ó no engancho? 

D. Elig. No enganches. La señora no sale hoy. 

Diego ¿Ni er señorito Julio? 

D. Elig. Ni el señorito Julio. 

Diego Güeno está. Keiírasc. 

D. Elig. ¿Ves tú? No gano para sustos, Antoñito. 

Ant. Dejémoslo, si le parece á usted. 

D. Elig. Sí, sí; dejémoslo. 

Ant. Hoy hemos trabajado mucho. 

Mientras va recogiendo sus bártulos, echándole miradas 
á au obra con los ojos plegados, don Eligió la examina 
detenidamente. 

D. Elig. A ver, á ver... Lo que te dije ayer, Antoñi- 
to: los pies grandes y la cabeza chica. 

Ant. Sulfurándose. ¿Sí, eh? Don Eligió, mírese us- 

ted al espejo. 

D. Eug. Paso, paso; la justa proporción de la figura 
humana son siete cabezas, y esta figura tie- 
ne más de siete cabezas. 

Ant. ¡y usted también! 

1). Elig. ¿Que yo tengo más de siete cabezas? 

Ant. ¡Sí, señor! Además, usted entenderá de li- 



bros antiguos y de administrar bienes aje- 
nos, pero no sabe usted una papa de arte. 

D. Elig. Primero: la papa no es unidad de medida 
para el arte; segundo: entiendo de arte y de 
todo más que tú, pintamonas... 

Ant. ¡Que lo estoy retratando á usted! 

D. Elig. Déjate de chanzas. Y tercero: tienes una va- 
nidad que puede ser grave enemiga de tu 
talento. Tu padre, humilde servidor de nues- 
tra señora la marquesa, hace esfuerzos por 
completar tu educación artística, y tú no 
corresponderás á ellos como debes, desoyen- 
do los consejos de las personas serias. Si 
ahora crees que pintas ya como Velázquez... 

Ant. ¡No lo permita Dios! 

D. Elig. ¡Blasfemo! ¿Qué dices? 

Ant. ¡Que tengo á Velázquez por una máquina 

de pintar! ¡Por un practicón! 

D. Elig. ¡Calla, Antoñito, calla, si no quieres que te 
tire la caja de pinturas á la cabeza! 

Ant. ¡Abajo idolillos! 

D. Elig. ¡Oh! Juventud presuntuosa, juventud necia. 
En mi libro sobre las personalidades ilus- 
tres de Alminar de la Reina, no te conce- 
deré un lugar ni en la fe de erratas. Abre, 
que están llamando. 

Ant. Ya abrirán las criadas. 

D. Elig. Yéndose escaleras arriba. ¡JeSÚí<! ¡JcSÚs! ¡Qué CO- 

sas se 03^en! La culpa tiene quien se deja 
retratar por un tal mocoso. 
Ant. Es idiota. ¡Vamos á pasarnos aquí la vida 

entera admirando á Velázquez y al otro cur- 
si de Murillo! ¡Bah! Llaman ¡U poit<^n más fuerte. 

Pues, señor, me han tomado por el portero. 

Va á abrir por fin, y al darse de manos á boca con 
Ambrosio, le dice en tono despectivo. ¡Ah! ¿CrCS tUr 

Amb. Yo zoy: ¿qué paza? 

Ant. ¡Que has podido entrar por el postigo! 

Amb. ¿Zí, verdá? Tu padre entra aquí por esta 

puerta principa, porque no hay otra más 

principa toa^áa. 
Ant. ¡Cualquier cosa! 

Ambrosio, padre de Antoñito y antiguo mayordomo 
de doña Sacramento, es un viejo de blnncus cabellos 



y rostro encendido. Un rayo no lo parte. Viene del 
campo. Viste sombrero ancho, chaquetón al hombro, 
faja y zahones. 

Amb. ¿y la zeñora? 

Ant. ¿Yo qué sé? ¿Soy yo el perro de la señora? 

Amb. ¿y yo, zoy tu eriao, pajolero niño? Te vas á 

gana un día una Ijofetá por ezas contesta- 
ciones que tienes, que ze te va á (jueá la 
corbata chica. Vamos á vé qué lias pintao 
hoy. 

Ant. Como si miraras la pared. ¡Lo que tú en- 

tiendas! 

Amb. Contemplando el retrato de don h ligio y meneando la 

cabe/a en son de burla. ¡Bendito zea Dios! 

Ant. Papá, papá; conten la jaca. 

Amb. ¡Bendito zea Dios! Hay en er pueblo ca pa- 

tio que ze junde e flores; ca azotea que ma- 
rea la vista; ca peazo e campo que ez una 
gloria e Dios; ca mocita que ez un amanece 
de Mayo: y to lo que ze te ocurre á tí es 
pinta este mochuelo. 

Ant. ¡Papá! 

Amb. Porque esto ez un mochuelo: con eza nariz 

y ezas dos reondelas en loz ojos... ¡A vé! 

Ant. Yaya, tienes el don de sacarme de quicio. 

Coge con vehemencia todos sus trastos y echa a correr 
hacia la casa de labor. ¡QuC te alívics! 

A.MB. ¡Jozús! ¡Aya va ezo! Paece un cohetito de á 

ochavo. ¿A quién zardrá eze pajolero niño 
con eze pajolero genio? ¡Mar fin tenga la bilis! 

Por la escalera baja en esto pausadamente la señora 
Marquesa de los Airayaues. £g una dama de hasta se- 
senta hñoH, y de porte grave y majestuoso. Kn su 
Abril fué sin duda muy hermosa. Conserva toda la 
dentadura y se cuida las manos con primor. Sus ca- 
bellos son blancos; sus ropas negras y sencillas. Usa 
toca de seda y gafas de oro- 

D.a Sac. ¿Qué es eso? ¿qué es eso? ¿Con quién re- 
ñías? 

Amb. Buenas tardes, zeñora. 

D.a Sac. Buenas tardes. 

Amb. ¿Con quién había de zé? Con eze hijo que 

Dios me ha dao, que me va á zacá er zó de 
la cabeza. 



— 11 — 

D.a SaC. Después de sentarse cu uq sillón. ¿Vienes del 

campo? 

Amb. Der campo vengo. 

D.a Sac. Tengo que ir una de estas tardes. 

Amb. Años hace ya que no ze ve er campo tan 

bonito. Hasta en la arena y en los chinana- 
les han zaHo espigas. Por la vera er Zotiyo, 
zeñora, er trigo tapa ya á loz hombres. 

Da Sac. El Señor ha oído nuestras preces. 

Amb. El año pazao ze hizo er zordo. 

D.a Sac. ¿Qué dices? El Señor oye siempre á los pe- 
cadores, y puede castigarte porque J dudes 
de su bondad infinita para con nosotros. 

Amb. La zeñora me perdone. Ze me fué er tapón. 

D.a Sac. ¿La gente está buena? 

Amb. Buena está toa. Y trabajando mu a gust<j. 

Gaspariyo er del aperaó ez er que anda azi 
por lo mediano. 

D.a Sac. ¿Pues qué le sucede á Gasparillo? 

Amb. Zeñora, que es mu bestia, y le gustan loz 

higos á perece, y la otra tarde ze lió con 
eyos y ze comió tres varas e vayao. 

D.a Sac ¡Ave María! 

Amb. Loz hay que no escarmientan nunca. 

Dentro, hacia la casa de labor, óyese á Lucio, que se 
acerca al patio cantando la siguiente copla: 

Vente conmii^o ar molino 
y zerás mi molinera, [ 

le echareis trigo á la torva : 

mientras ijo pico la piedra. 

Durante el canto doña Sacramento y Ambrosio conli- 
núan hablando. 

D.a Sac. ¿Quién canta así? 

Amb. Lucio, que paece una cigarra. 

D.a Sac. Bien se conoce que lleva en mi casa pocos 
días. 

Amb. Er ze irá haciendo á los gustos de acá. No 

es malo, zino que ez un chiquiyo, y acos- 
tumbrao á la liberta der cortijo, no repara. 

a Lucio, que sale en este roomento rematando su 

copla ¡Caya, hombre! ¿No estás viendo que 
está aquí la zeñora, peazo e bruto? 
Lucio Riéndose. ¿Cómo iba á verlo con la puerta. ; 

cerra, zeñó Ambrozio? 



v^ 



DaSAC. Lucio. 

Lucio ¿Qué manda z\i inercéV 

D.a Sac. Ven acá: acércate. 

Amb. Me da á mi er corazón que tú vas á vorvé 

mu pronto á agarra el arao. 
Lucio ¿Yo? ¿Por qué? ¿He Jecho yo arguna coza 

mala? 
D.a Sac. Callad. 

Amb. ¿Estará don Eligió en zu despacho, zeñora? 

D.a Sac. Seguramente. 
Amb. Con permizo de usté voy á verlo, sube. 

l.uclo es un zagal algo tosco, de alma infantil y risa 
l>ulliciosa y fresca. 

D.a Sac. Oye, Lucio. 

Lucio ¿Me va usté á reñi? 

D.a Sac. Si que voy á reñirte. 

Lucio Afligido. ¡Mardito zea er demonio! ¡Ezo ez ar- 

guna mentira que le han contao á usté! 
¿Quién ha zio er chivato? 

D.a Sac. ¡Schsss! ¿Qué palabrota es esa? 

Lucio Chivato quié deci zoplón, con permizo de la 

zeñora. 

D.a Sac. Bueno, bueno, déjame hablar á mi. Todas 
las tardes cuando se descorre la vela, vienen 
las golondrinas á los alambres y me cuentan 
á mi lo bueno y lo malo que se hace en mi 
casa durante el dia. 

Lucio ¡Miste las golondrinas también! 

D.a Sac. Esta casa, Lucio, no es una casa como las 
demás; es una casa seria; no lo olvides nun- 
ca. Pasas el dia cantando y riendo; alboro- 
tando en la cocina, en las cocheras y en el 
corral. Esta mañana, durante la misa en la 
capilla, quitaste á todos la devoción aguan- 
tando la risa. 

Lucio Es que me jicieron gracia dos moscas que 

ze iban perziguiendo. 

D.a Sac. Pues cuando se oye misa, no se mira más 
que al altar. 

Lucio Yo iré aprendiendo á poquito á poco. 

D.a Sac. Porque confío en que lo harás así no te he 
devuelto ya al cortijo. 

Lucio Dios ze lo pague á usté. Lloriqueando. Zi USté 

me mandara á mí ar cortijo... ¡mardita zea!... 



— 13 — 

me tiraba ar pozo er día menos penzao, por 
no verme ayí. 

D.a Sac. No te apures, hombre. Tan pronto lloras 
como ríes. Pareces loco. 

Lucio Es que er campo no es pa mí, zeñora. Ayí 

loz hombres no zon más que unas bestias, y 
yo quieo zé un hombre como loz hombres. 
No me parió mi madre á mí... 

D.a Sac. Reporta tu lenguaje, Lucio. 

Lucio ¿También está mar dicho que me parió mi 

madre? Po zi no me parió mi madre, ¿qué 
jizo entonces? Enzéñamelo usté, doña Za- 
cramento, que nadie nacemos zabijondos. 

D.a Sac Calla, calla. 

Lucio Lo que yo he querío decí, zeñora, zino que 

por lo visto me iba exprezando malamente, 
es que yo no he venío ar mundo pa destripa 
terrones. ¡Ze ma figura á mí! ¡Tengo yo mu- 
chas cozas en la cabeza!... Er manijero der 
cortijo ze queaba embobao oyéndome habla. 
Er manijero y tos. Una noche en la gañanía 
me puze á jacé una exphcación de laz es- 
treyas, y de cayaos que estaban loz hom- 
bres, jasta er viento ze zentía corre por los 
trigos. 

D.a Sac. Bien, bien. Ya sé que eres listo; aunque está 
mal que te alabes de ello; pero si no te en- 
miendas pronto, á la gañanía volverás á se- 
guir embobando á los gañanes. 

Lucio Güeno, vamos á vé: ¿qué es lo peo que he 

Jecho: lo de las moscas? 

D.a Sac Son muchas cosas juntas: de sobra lo sabes. 
Ayer metiste por el postigo á unos amigo- 
tes, y hubo en la casa de labor vino y 
fiesta. 

Lucio ¿Quién habrá zío er chivato? No quiziea más 

que cogerlo pa darle azín en mita e la cara. 

D.a Sac ¡Lucio! 

Lucio Lo que pazo, zeñora, es que vinieron tres 

paizanos á verme, con un chava que ze ha 
criao conmigo y ya está jecho un hombre, y 
yo me alegré muncho y le zaque un verz''. 
Le dije digo... 

D.a Sac No lo quiero saber. 



— 14 — 



D.a Sac. 
Lucio 

D.a Sac. 

Lucio 
D.a Sac. 



Lucio Zi es pa que vea 7A\ merzé que no es ninguna 

picardía. Le dije digo... 
«Este amigo que está aquí 
ze yama Francisco Ozuna; 
y por ezo es menesté 
que pague er vino y las aoitunas. » 

Se ríe escandalosamente. 

Mira, mira; no te rías así. 
Me río porque tuvo que convidarnos. ¿Tam- 
bién está malamente reirze? 
Con escándalo, sí. ¿O te piensas que sigues 
aún en lo alto de los cerros? 
; Yo que vi á penzarme, zeñora'? 

Silencio. La oración. Principia á oirse lejos el 
toque de Ángelus. Atraídos por él, y según costumbre 
de la casa, vienen todos los criados y servidores á rezar 
la oración donde está la señora. Lucio le abre el por- 
tón á Diego, el cochero; por la puerta de la casa de 
labor salen Frasquita y Carmen, criadas viejas, y por 
la escalera bajan Ambrosio y don Eligió. Este último 
vestido ya con su traje ordinario de americana. 
Cuando están todos doña Sacramento pregunta: ¿ i mi 

hijo? 
I). Elig. Señora, no lo sé. Presumo que se hallará en 
sus habitaciones. 

D.a Sac con tristeza. Hasta de esto se olvida, comen- 
zando á rezar. «El Ángel del Señor anunció á 
María, y concibió del Espíritu Santo. Ave 
María, Dios te salve, María...» continúa rezando 

entre dientes. 

Criados «Santa María, Madre de Dios...» siguen ellos 

lo mismo. 

J).a Sac «He aquí la sierva del Señor. Hágase en mí 
según tu palabra. Ave María. Dios te salve, 
María...» 

Criados «Santa María, Madre de Dios...» 

D.a Sac «El Verbo se hizo carne y habitó entre nos- 
otros. Ave María, Dios te salve, xMaría...» 

Criados «Santa María, Madre de Dios...» 

D.a Sac. Después de terminar la oración entre dientes. Amén. 

Se santigua. Bucuas noches. 

Todos se santiguan también y coutestan á las buenas 
noches, aunque claro está que no á coro. Luego, pri- 
mero D. Eligió y después los demás, van besando 



— 15 — 

uno á uuo la mano de la señora. Ambrosio y las cria- 
das se entran en la casa de labor; Diego, por el por- 
tón, qnc deja entornado, vuelve á las cocheras; Lucio 
se va arriba, y D. Eligió se queda en el patio. Hay 
una puusa. 

D. EliG. Calándose los lentes redondos, como en todos los mo- 
mentos solemnes. ¿En qué piensa mi señora la 
marquesa? 

D.a Sac. Amigo Frías, ¿en qué he de pensar? Usted 
lo sabe. 

D. Elig. Le ha disgustado á la señora que el señor 
marqués no baje á rezar la oración. 

D.a Sac. No es eso sólo. Es que parece como que se 
goza en mortificarme, desdeñando ó toman- 
do á burla todas las severas prácticas de esta 
casa. 

D. Elig. Sí, señora: es muy cierto. 

D.a Sac. Ayer tarde vinieron á verme el señor \áca- 
rio, el señor Marqués de la Cava y doña O, 
personas las tres graves y sesudas, y él se 
pasó toda la visita divirtiéndose cuanto pudo 
á costa de ellas. Si no se marchan pronto 
tienen que sangrarme. 

D. Elig. En ese respecto el señor marqués es incorre- 
gible. A mí, según el dicho vulgar, me trae 
frito. 

D.a Sac. Le consta que es tradición de la familia que 
la puerta de esta casa se cierre todas las no- 
ches á las diez. Pues bien: una noche que 
pase aquí, ha de recogerse lo más temprano 
á las diez y media, para que la puerta no se 
cierre á las diez, y alterar la costumbre, y 
dar que decir á la gente. 

D. Elig. Y. lo que es mas grave, mi señora: entra á 
las diez y media por el portón y á las once 
se va á la calle por el postigo. 

D.ít Sac ¿Por el postigo? ¿Qué me cuenta usted? ¿Y 
á donde va tan á deshora, señor de Frías? 

D. Elig. Señora marquesa, no lo sé; pero sospecho 
que no irá á contemplar la ciudad á la luz 
de la luna. 

D.a Sac. ¿Ve usted? Cada viaje de mi hijo á esta 
casa me cuesta á mí un año de vida. ¿Quie^ 
re usted mayor suplicio para una madre 



-lo- 
que adora en él? Ayer de mañana llegó, y 
ya estoy deseando que se vaya. 
D. EuG. Y yo: con todos los respetos. 
D." Sac. Sí, sí; que se vaya otra vez á Madrid, ó á 
Granada, ó á Sevilla, ó á donde quiera; á 
vivir solo como un aventurero; á arrastrar su 
título por el Albaicín ó por Triana; á derro- 
char su hacienda con mujereK indignas y 
con amigos de la peor estofa; á envenenar 
su cuerpo, á perder su alma, y á entregarla 
al diablo. ¡Ay! ¡Soy muy desgraciada, amigo 
Frías! ¿A quién saldrá ese hijo con esa cabe- 
za tan loca? 
D. Elig. A mí no... 
D.a Sac. A usted no tenía por qué salir. 
D. Elig. Perdone. A mí no se me alcanza. 
D.a Sac. ¡Ah! 

D. Elig. Porque el señor marqués, su señor padre, 
fué siempre hidalgo de muy caballerosas 
costumbres, y mesurado en el hablar. 
D.a Sac. ¡Oh, si mi marido levantara la cabeza, y 
viera que su único hijo, el actual marqués, 
tiene cubiertas las paredes de su dormitorio, 
en el palacio solariego de los Arrayanes, con 
retratos de cómicas y de bailarinas!... ¡Oh! 
D. Elig. Y una Venus de Médicis encin.a de la mesa 

de noche. 
D.a Sac. ¿Usted la ha visto, señor administrador? 
D. EuG. Sí, señora; pero desde el punto de vista ar- 
tístico; coiiio un tal hombre como yo puede 
ver esas desnuileces. 
D.a Sac. Ya. Y dígame usted, querido Frías, puesto 
que hay que hablar de ello: ¿Julio habrá 
venido por dinero, como siempre? 
D. Elig. Nunca viene á otra cosa. 
D.a Sac ¿Debe? 

D. Elig. Hasta el modo de andar, según otro dicho 
del vulgo, que á las veces acierta con lo gra- 
neo de la expresión. 
D.a Sac. ¿Y cuánto quiere? 
1). Elig. ¿Lo digo? 
D.a Sag. ¿Pues no lo pregunto? 

D. Elig. Basta. Necesita... dice que necesita veinte 
mil pesetas. 



— 17 — 

D.íí Sac. ¡En el nombre del Padre! 

D. Elig. Esa fué mi exclamación al oirln, señora 
marquesa. Y añadí: y del Hijo, y del Espí- 
ritu Santo. 

Baja Lucio y enciende las luces de la escalera, del za- 
guán y del patio. Luego se va á la casa de labor. 

I). a Sac. Niegúeselas usted en redondo. Que hable 
conmigo. ¿Se ha propuesto quizás que con- 
cluyamos por pedir limosna? 

D. Elig. Es literalmente insensato, si la señora mar- 
quesa me permite expresarme así. 

I). a Sac. Insensato; insensato. Bien claro lo vio us- 
ted, mi querido Frías: mi hijo hallaba un 
freno en la disciplina militar; pidió su reem- 
plazo en Madrid pretextando el deseo de 
vivir en mi compañía, y no sólo no vive 
conmigo, sino que ha dado á sus vicios rien- 
da suelta. 

Pausa. Sale por el portón la Chacha Pepa. Es una vie- 
jecita del pueblo, que habla A tontas y á locas, chocha 
ya por el peso de los años. 

Chacha ¿Ze pué pazá? 

D. Elig. ¿Otra vez aquí? 

D.a Sac. ¿Quién? ¡Ah! La chacha Pepa. ¿Qué quieres? 

Chacha Dios guarde á usté, doña Zacramento. ¿No 
ha venío la niña toavía? 

D.a Sac. Si la niña no viene hasta el domingo, 
mujer. 

D. Elig. Si ya hemos quedado en avisarte, Pepa. 

Chacha No ze incomode usté, don Ramón. Doña 
Zacramento, dígale usté que no ze incomo- 
de. Hágaze usté cargo que la he tenío en 
mis brazos, que le he cantao la nana, que le 
he dao mi zangre... y que 3^a va pa veinte 
años que no la veo. ¡Niña de mi vía, qué 
ganas tengo de comerle á bezos la cara! 
¿Vendrá con er marío, no? 

D.a Sac. ¿Estás loca, chacha? ¿De dónde sacas que 
mi sobrina se ha casado? 

Chacha ¡Ay, qué gorpe! Aquí está don Pedro que 
me lo dijo. 

D. Elig. ¿Dónde está don Pedro? 

Chacha ¿Usté no es don Pedro? ¿Pos cómo ze yama 
usté, que ziempre me trabuco? 

2 



- 18 — 

D. Elig. Don P]ligio. Y yo no he podido decirte pa- 
labra de ese casamiento. 

Chacha ^iNoV 

D. Euc. Ño. 

D.ii 8ac. Es que te has confuníHdo, Pepa. 

Chacha ¿ZíV 

D.a Sac. Si. K\ que se ha casado es mi pariente don 
Alfonso, el señor Conde de la Luz. ¿Tú no 
te acuerdas de él? 

Chacha ¿No tengo de acordarmeV A mí las cozas de 
acá no ze me orvían. Eze don Arfonzo y la 
madre de la zeñorita Conzolación eran her- 
manos. 

D.a Sac. Justamente. Y fué quien se hizo cargo de 
la niña cuando murió su padre, mi pobre 
hermano Rafael. 

Chacha ¡ Ah, don Rafaé! ¡Cómo ze me reprezenta á 
mí don Rafaé! Andaba azín: con los brazos 
mu meneaos. ¡Miste que cazarze ahora don 
Rafaé! 

D. EuG. ¿Cómo don Rafael? 

Chacha Digo, don Rafaé: pobrecito. ¿Don Alonzo, 
no ez er que ze ha cazao? 

D. Elig. ¡Don Alfonso! 

Chacha ¿Qué más da don Arfonzo que don Alonzo? 
¿Y con quién ze ha cazao, á la edá que tie- 
ne er güen zeñó? 

D.ü Sac. Mujer, ya te lo hemos dicho cien veces: con 
una joven de Solar del Rey, donde reside. 

Chacha Ay, zí señora, zi. Po zi er motivo de venirze 
acá la zeñorita Conzolación es que no ze 
yeva bien con la zeñora de don Arfonzo. 
¿No es verdá? 

D.a Sac. Verdad. 

Chacha ¿Ve usté como me acuerdo mu bien? No ze 
enfurruñe usté, zeñó, que ya me voy. ¿De 
manera que la niña viene aluego? 

D. Elig. ¡No! 

Chacha Güeno, pos quié decí que usté me mandará 
una razón azina (pie yegue. De eza mane- 
ra no incomodo. Miste que mi pobrecito 
Juan está impedío, 5' no hace más que pin- 
charme pa que venga á pregunta por la 
niña. Y yo, que necezito poco, pos nos jun- 



— la- 
tamos el hambre y la gana e come. ¡Zeñó, 
zi mis brazos han zio zu cuna, zi la he enze- 
ñao á habla, zi le he dao la zangre e mis 
venas!... Estará ya hecha una rear moza. 
¿Quién me contó á mi que la había visto y 
que era mu bonita? Mi comadre, la mvijé de 
mi compadre Antonio, que vino aquí por 
una promeza. ¡Ay zeñó, cómo vuela er tiem- 
po! Ya me voy, ya me voy. Doña Zacramen- 
to, que usté ziga güeña. Don Benito, quéeze 
usté con Dios. 

D.a Sac. Adiós, chacha. 

D, EuG. Adiós, mujer, adiós. 

Vase por el portón la Chacha Pepa, charlando sola. 

D.a'SAC. Esta infehz de Pepa no sabe ya dónde esül. 
de pie. 

D. Elig. No lo sabe. 

D.a Sac. Verdaderamente chochea. Y la noticia de la 
llegada de mi sobrina Consolación, á quien 
ella ha criado, le ha vuelto el poco juicio 
que le cjuedaba. 

D. Elig. ¿La señorita Consolación llegará segura- 
mente el domingo próximo? 

D.a Sac. Con la voluntad de Dios así será. Al menos 
tal me dice en su última carta. Deseo verla 
aquí. Espero hallar en ella una consoladora 
compensación á las amarguras que me pro- 
porciona mi hijo. 

D. Elig. Améa. 

D.a Sac. Es joven; es rica; seguramente es buena. 
Gozo yo, amigo Frías, encauzando estas vi- 
das juveniles que el azar, ó la mala educa- 
ción, ó la falta de sentimientos cristianos 
puede malograr ó perder. 

D. Elig. Aquí baja el señor marqués de los Arraya- 
nes. Con la venia de la señora marquesa, yo 
me quito de enmedio. 

D.a Sac. Así como así, deseo conversar á solas con 
mi hijo. 

D. Elig. No lo olvide usted: veinte mil pesetas. 

Se va por la puerta de la derecha como gato que teme 
una pedrada. Julio que lo ve, baja las escaleras rién 
dose. Es un muchacho alegre y decidor, fuerte y sano, 
y nada gomoso. Viste un traje sencillo de casa. 



— 20 — 

D.a Sac. ¿De qué te ríes, Julio? 

Julio Del gran don Eligió, que se escabulle en 

cuanto me ve. Me teme más que á un tiro 
con sal. 
D.a Sac. Justifíeadamente, por supuesto: lo mortifi- 
cas con tu informalidad y con tus chanzas 
de mal gusto. 

Julio Eso te cuenta él; pero lo que hay es que le 

he descubierto una aventurilla amorosa que 
tiene por el barrio de los gitanos. 

D.« Sac. Mira, Julio; tus chocarrerías me lastiman á 
mí más que á él. Don Eligió es incapaz de-' 
lo que le atribuyes. Don Eligió es un hom- 
bre serio. 

Julio Ay, mamá, perdóname, pero se la tengo 

jurada á esos que tú llamas hombres se- 
rios. 

D.a Sac. Así andas tú, mala cabeza. Tenemos que 
hablar, y no poco. 

Jl lio ¡Hola! ¿El sermón de todos los viajes? Pensé 

que esta vez me escaparía. 

D.a Sac. ¿Estás decidido á marcharte mañana? 

Julio Decidido. 

D.a Sac. ¡Y viniste a3'er! ¿A Granada, naturahnente? 

Julio ^('aturalmente. 

D.a Sac Ahora sopla el viento de Granada. 

Julio Es una tierra hermosa. En ninguna de las 

que vo conozco se ama la vida tanto como 
allí. ■ 

D.a Sac ¿Ni en Alminar de la Reina, al lado de tu 
madre? 

Julio No te enfades, mamá; á tu lado viviría yo 

siempre. Cuando no vivo es porque no pue- 
do. Somos incompatibles. Vemos la vida de 
distinta manera, y desde este momento, al 
hacer yo la mía, amargo la tuya sin querer. 
Para tí la vida es un martirio: para mí es 
un regalo. Para tí el mundo es un valle de 
lágrimas: para mí es un campo de ñores. 
Tú quieres vivir encerrada en un calabozo: 
yo qLiiero que me dé el sol en la cara. Si la 
vida es alegre, como creo, ¿por qué entriste- 
cerla? Y si es triste, como ])iensas tú, ¿no es 
humano alegrarla un poco? 



^ 21 — 



D.a Sac. 

-Julio 
D.a Sac. 
Julio 
D.a Sac. 

Julio 
D.a Sac. 
Julio 

D.a Sac. 



Julio 



D.a Sac. 



Julio 



D.a Sac. 



Julio 



D.a Sac. 
Julio 



¡Alegrar la vida! ¿Y tú le llamas alegrar la 
vida á vivir como vives? 
¡Claro! ¿No es alegre mi vida? 
De puro alegre es loca. 
Pues ya ves si la llamo bien. 
Bueno, Julio: esto es menester que con- 
cluya. 

¿Esto? ¿Y qué es esto? 
No finjas. Sé á lo que has venido. 
Don Eligió, el administrador, me parece que 
también sabe algo. 

Déjate de burlas. Sé cómo vives. ¿ No te 
avergüenza que á todo un marqués de la 
ilustre casa de los Arrayanes, en una ciudad 
como Granada le señale la gente por derro- 
chador y por tramposo? 
Con gravedad cómica. ¡Ah, sí! Me avergüenza 
que nie señalen por tramposo. Por eso quie- 
ro pagar cuanto antes, para evitar una cosa 
tan fea. 

Y volver á empezar la madeja, ¿verdad? ¿No 
te enciende la cara que de una mujerzuela 
de mal vivir se diga en todas partes: «Esa 
es la... amiga del marquesito?» 
Lo primero, mamá, que quien me critique 
por eso, es porque deplora que no pueda de- 
cirse lo mismo de él; y lo segundo, que eso 
no es más que un sueño, hijo de tu cando- 
roso prejuicio de cierta vida. 
¿Vas á negarme á mí lo que se pregona á 
los cuatro vientos? ¿Crees que yo, por des- 
gracia, no sé que la afición á las mujeres te 
domina, te ciega? 

Ni me domina ni me ciega; es simplemente 
que me gustan á perecer. Más te digo; creo 
que sin ellas no valdría la pena de vivir en 
el mundo. Por algo Dios, que es tan sabio, 
ha creado siete mujeres para cada uno de 
nosotros. 

¡Jesús, Dios mío! ¡Qué disparate! 
Estoy convencido, mamá. En la vida de 
cada hombre, ocultas ó á la luz del sol, hay 
siete mujeres. Sólo que yo tengo la fran- 
queza de confesarlo, y los hombres serios le 



— 22 — 

dicen al mundo que van al ca8Íno, ó á una 
junta cualquiera... ó ¡i velar á un enfermo... 
y yo sé adonde van. 

D.a Sac. ¡Silencio, Julio! Cuando te oigo desbarrar de 
esa manera, cada día man despeñado hacia 
tu perdición, temo y deseo al mismo tiempo 
que estos venerables retratos que nos escu- 
chan se animen con vida momentánea tan 
sólo para acusarte y confundirte. 

Julio ¡Mamá, por Dios, mamá! Que aquí estamos 

hablando familiarmente y en confianza; 
que no estamos ante la historia, que miente 
mucho. Si cualquiera de estos varones an- 
tepasados míos, á quien yo venero y respeta 
como hombres de honor, sintiera de impro- 
viso correr por su cuerpo un sojüo de vida, 
no dudes que lo aprovecharía para decirme: 
«Julio, vamonos á conocer á esa moza.» 

D.a Sac. ¿Qué estás diciendo'? 

Julio La pura verdad, señalando sncesivamcnte á va- 

rios retratos. Mira: el primer marqués de los 
Arrayanes, don Gonzalo de Miranda, dejó 
al morir siete bastardos nada menos. 

D.H Sac. ¡Julio! 

Julio Eso que se sepa. El venerable y reverendo 

Fray Tomás, modelo de virtudes, dejó .. 

D.a Sac. ¡Julio! 

Julio Dejó un hospital para leprosos, cuando ya 

el buen señor no podía dejar otra cosa. El 
diablo harto de carne... Sor Teresa de la Ca- 
ridad... 

D.a Sac. ¡Calla! 

Julio Sor Teresa... 

D.a Sac. ¡Te mando que calles! ¿No contento con 
prostituir tu presente, osas manchar y es- 
carnecer tu pasado'? 

Julio Nada de eso, mamá; recuerdo sólo los he- 

chos que fueron; declaro la verdad lisa y 
llana. Tu mismo abuelo, hombre intacha- 
ble, aunque de buen humor, escribió un 
libro lleno de gracia, que á escondidas leí 
yo cuando niño, y en el cual pude ver im- 
presas todas esas hazañas que ahora te es- 
candalizan tanto. 



— 23 — 

D.íi Sac. Ese libro se quemó y no hay que hablar 
más de él. 

Julio Pues no debe quemarse ningún libro que 

diga la verdad. 

D.í' Sac. La verdad, la única verdad que aquí existe^ 
es que eres incapaz de enmienda; es que me 
hieres con tus liviandades; es que me ma- 
tas con tu falta de seso, con tu ausencia de 
moralidad, con tu desdén por cuanto yo 
más amo y venero. ¡Oh! No eran como tú 
ciertamente aquellos mozos de Alminar de 
la Reina, que en la bodega de esta casa se 
adiestraron en el manejo de las armas y que 
luego se batieron en Bailen. 

Julio No, no eran como yo: ciertamente valían 

más que yo. Pero tampoco eran como esos 
á quien tú llamas ejemplares y con quienes 
me das en cara á cada paso. Digo de estos 
de ahora, frivolos, hipócritas, calculadores... 
á los veinte años; incapaces de apasionarse 
ni por una mujer ni por una idea; jóvenes 
sin juventud, negros como sotana por den- 
tro y por fuera, que no llevan en la cabeza 
más que el plan de una buena boda, ajus- 
tando á la novia como una finca (') como 
una jaca. Créeme, mamá; créame usted,, 
señora marquesa de los Arrayanes; segura- 
mente se parecían más á mí que á estos 
otros aquellos mozos que se batieron en 
Bailen. Y doblemos la hoja, que por excep- 
ción me he puesto serio, y temo parecerme 
á don Eligió, que sería lo peor. 

D.ii Sac. ^;Quieres dejar en paz á don Eligió"? Este- 
buen hombre, honrado administrador de 
nuestros bienes, merece todos mis respetos. 

Julio Y los míos. Y aun pienso darle un beso en 

cada mejilla, con mucho cuidado para no 
desteñirle el bigote, en cuanto me entregue 
lo que le he pedido. 

D.!i Sac. ¡Oh! En ese particular, ya tiene mis órdenes 
más terminantes. 

Julio Las quebrantará de seguro. 

D.a Sac. ¿Cómo? 

Julio De seguro. ¿No ves que lo domino? Tengo- 



— 24 - 



SU secreto... y el lií^mbre que tiene el secreto 
de otru, et; su amo. AdenuiíS, pienso llegar 
para ablandarlo hasta la adulación más 
baja. El ha escrito un libro de erudición, al 
que no hay manera de hincarle el diente. 
Tiró mil ejemplares, y hoy tiene en casa 
cerca de dos mil. La edición ha crecido, que 
es el colmo de no venderse. Pues en cuanto 
le diga yo que sé de dos ó tres compradores 
entusiastas... no resiste. Se vuelve loco y se 
me rinde sin condiciones. 
D.^ Sac. Tú si que eres loco de atar. 

A la puerta de la calle se supoue que f)ara un coche, 
cuyo cascabeleo se ha sentido y se ha ido acercando 
momentos antes. 

JcLio ¿Qué es eso, un coche? 

D.a Sac. Así parece. 

Julio Y ha parado aquí. 

D.ii Sac. ¿A estas horasV Lo extraño mucho. 

Diego Asomándose alborozado por la ventana del zaguán. 

¡Doña Sacramento! ¡Doña Sacramento! 

D.a Sac. ¿Qué pasaV 

Diego ¡Que aquí está ya la señorita Consolasión! 

D.a Sac. ¿Mi sobrina? ¿Qué dices, hombre? 

Diego ¡La mismita! ¡La mismita en persona! ¡Mís- 

tela! Retirase corriendo liacia la puerta. 

JiLio ¡Cuánto me alegro! Así la conozco antes de 

irme. 

D.a Sac. Pero si no puede ser... si no debía llegar 

hasta el domingo, a Don Eliglo, que sale por 
donde antes se fué. ¿Ustcd Oye estO, amigo 

Frías? 

D. Elk;. He oído los cascabeles de un vehículo. 

D.a Sac. ¡Pues creo que es mi sobrina que ha llegado! 

D. Ei.k;. ¿Su sobrina? ueno de asombro. ¿Sin telegrama 
previo? Vamos á ver, vamos á ver... 

Julio Atisbando por la ventana ¿ílola, liola? ¡La pri- 

mita es guapa de veras! 

Uirígense todos al portón, á tiempo que por él llegan 
Consolación y Coralito, su doncella. Consolación es lo 
mejor que ha salido de Alminar de la Reina, con per- 
miso del administrador de la casa. Fuerte, ágil, inquie 
ta, revoltosa, llena de salud, de alegría, lleva el sol en 
el alma y en los ojos. Su doncella, muy linda por cier- 



— -Ib .- 



to, es más presumida que una mona. 1 a entrada de 
ellas es triunfal. Empujando el portón entreabierto, pe 
netra Consolación en aquel patio como el sol por las 
claraboyas de un castillo en ruinas. Llega, por decirlo 
así, á despertar la casa; á sacudir á sus moradores. No 
queda gato ni perro que no salga a darle la bienvenida 
y no se regocije de verla allí. Viste de blanco, y en la 
mano trae un gran ramo de flores. 

Coks. ¡Tía! 

D.a SaC. Pero ¿eres tú, demonio? Se abrazan y se besan. 

CoNS. ¿No me esperaba usted, verdad? 

D.a Sac. ¡Ha.sta el domingo! 

CoNS. ¡Pero qué bien está usted! ¡Y qué guapa! 

¡Parece que no pasan los años!... 

D.a Sac. ¡Vaya si pasan! Don Eligió, ¿quién la co- 
noce? 

CoNS. ¡Ay, don Eligió! No había reparado... ¿Qué 

tal, don Eligió? 

D. Elig. Defendiéndonos del tiempo implacable. ¿Y 
usted, señorita? 

CoNs. Ya usted me ve. A usted lo hallo más joven, 

si cabe. 

Julio Es que se tiñe. 

CoNS. ¿Cómo? confundiendo á Julio y saludándolo con grau 

efusión. ¡Pacheco! ¿Usted aquí? ¿Cómo le va, 
■ Pacheco? 

Julio A Pacheco, no sé. A mí no me puede ir 

mejor. 
CoNs. ¿No es usted Pacheco? 

Julio No soy Pacheco. Y lo siento mucho, en vis- 

ta del éxito de Pacheco. 
CoNS. Pues tiene usted su misma cara. 

Julio Pues acompaño á Pacheco en el sentimiento. 

D.a Sac. ¡Muchacha, si es tu primo! 
CoNs. ¿Julio? ¿Este es Julio? 

Julio Sí, prima, sí: Julio soy. 

CoNs. ¡Jesús! ¿Quién lo había de pensar? ¡Si hace 

ya más de veinte años que no nos vemos! 

iPero ¿no me escribió usted, tía, que este no 

estaba aquí? 
D.a Sac, Y no estaba. 
Julio He venido á conocerte nada más. ¿Verdad, 

don Eligió? 
D. Elig. Nada más. 



— 26 — 

CoNS. Muchas gracias, hombre. No lo creo, pero 

muchas gracias. ¡Mira que hemos corrido y 
saltado por este patio! ¿Te acuerdas. .lulio? 
¡Pero qué bien los encuentro á todos! Hasta 
Diego se conserva como un chiquillo. ¿Qué 
vino se bebe en esta casa? ¿Y Cinta, Diego, 
y Cinta? 

Diego Tan güeña que está. 

CoNS. ¡Pobre Cinta! ¡Cuánto la hacía rabiar cortán- 

doles las orejas á los gatos! ¡Ja, ja, jal EL 
patio es el que me parece más chico. ¡Claro, 
como yo soy mayor! Mañana mismo, tia, 
hemos de ir á la casa en que yo nací. ¿Quién 
vive allí ahora? ¡Le advierto á usted que 
traigo en la cabeza un revoltijo de recuerdos 
de mi niñez!... ¡Lo que yo voy á gozar an- 
dando por las calles de Alminar de la Reina! 
En el tren se lo decía á Coralito. Ven acá, 
Coralito. Presentándola. Tía, mi doncella. 

Cor. Coralito Moreno y Ri vas, para servir á, usté 

y á todos. 

Julio Gracias, Coralito Moreno y Rivas. 

CoNS. Qué guasón es mi primo. Ahí donde usted 

la ve, es una gran persona esta muchacha. 
Y me quiere á morir. Lo malo es que voy á 
perderla pronto, porque saca novios hasta 
en el desierto. 

D. ElIG. Alarmado. ¿Sí, eh? 

Julio Se explica. 

Cor. Mirándolo con un carsmelo en cada ojo. Grasias. 

CoNS. ¡En el tren nos hemos reído!... Un señor 

cura que venía acom])añándonos, y que ma- 
ñana pasará á saludar á usted, enseñaba 
hasta la última muela. Todo porque esta ha 
hecho tres conquistas durante el viaje: una 
de primera, otra de segunda, y otra de ter- 
cera. 

Cor. De segundn, dos. 

CoNs. Es verdad, dos; el teniente de Carabineros 

y el otro. 

Cor. La señorita Consolasión tiene muy buen ge- 

nio y le gusta oirme. Todo eso de las con- 
quistas es guasa suya. No ha habido más 
sino que los hombres la miran á una... y 



— 27 — 
una no va á taparse la cara con er pañuelo. 

Coralito pronuncia las eses como si tuviera ua diente 
roto. Principian en este punto á salir de la casa de la- 
bor las figuras de seguudo y de tercer orden, algunas 
de las cuales ya revelaban su impacieucia y su curio- 
sidad asomándose con disimulo á la puerta. 

Amb. Con permizo de los zeñores, yo vengo á za- 

ludá á la zeñorita. 
CoNS. ¡Hola, Ambrosio! ¿Qué tal? 

Amb Vamos viviendo. A usté ya la veo como una 

roza... 
CoNS. ¿Y tu mujerV 

Amb. A mi mujé no hay quien le dé una pena. 

CoNS. ¿Y Antoñito? ¿No se llama Antoñito? 

Amb. Antoñito ze yama. A pintó ze ha metió. Aya, 

veremos lo que zale. 
Coxs. ¿Y Joaquina? 

Amb. .Joaquina, mejorando lo prezente, es la honra 

e la caza. ¡.Jozús, qué criatura! No tiene fin 

de bonita, zeñorita Conzolación. 
CoNS. ¡Digo! ¡Si está aquí Carmen! ¡Y Frasquita! 

¡Jesús, .Jesús! ¡Se me figura que no me he 

ido de Alminar de la Reina! 

Empiezan á repartirse besos que suenan lo mismo <jue 
cohetes 

Car. Señorita Consolasión, me alegro de verla tan 

lusía. 

Fras. Que sea usté bien venía, señorita Consola- 

sión. 

CoNS. Ya me tienen ustedes aquí á darles trabajo. 

Car. Señorita Consolasión, usté no da trabajo. 

Fras. Y á eso está una, señorita Consolasión. 

CoNS. Por Lucio que la mira embobado. Y este, ¿qulén 

es? A este no Jo conozco. 
Lucio Ni yo á usté, zeñorita. 

Julio Ah, pues hay que presentarlos en el acto. 

La señorita Consolación y el animalote de 

Lucio. 

Lucio suelta una carcajada escandalosa, que secundan 

todos los que no son personas serias. 
D. Elig. En tono reprensivo. ¡LuCÍo! 

Lucio ¡Me ha jeclio gracia er zeñorito don Julio! 

¡Como me ha yamao animalote! Pos ya zabe 
la zeñorita Conzolación que pué manda á 



- 28 - 



Lucio jasta que ze tire por er barranco, zi 
tiene la zeñorita eze gusto. 
D.» Sac. Calla, Lucio, calla. 

Preséntase de improviso la Chacha I opa, arrebatada y 
temblorosa de emoción y de júliilo. Materialmente se 
come á besos á Consolación, peí o con 'entreactos» en 
que la contempla hechizada. 

Chacha ¿Ande está? ¿Ande está? ¡Hija de mi arma! 
¡Hija de mi corazón y de mi zano;re! 

CoNS. ¡Chacha Pepa! 

Chacha ¡Hija de mi vía! ¡Déjame que te coma! ¡Me 
traian engaña! ¡Me querían hace creé que no 
venías nunca! ¡Pero á mi ze me puzo en er 
corazón que iba á verte esta noche! 

CoNS. ¿Y Juan, chacha? 

Chacha Bardao lo tengo ar pobrecito. ¿Tú vendrás á 
verlo, verdá mi arma? 

CoNS. ¡Vaya si iré! 

Chacha ¡Ay, qué retegüena y qué retehermoza te ha 
parió tu madre! 

Lucio Zeñora, ¿ze quié usté cayá? 

Chacha ¿Yo? ¿Por qué? 

Lucio ¡Porque en esta caza no está bien decí que 

lo ha parió zu madre á uno! 

Jutio ¿Qué dice este salvaje? 

Chacha Yo hablo aquí to lo que ze me venga á la 
boca. ¡Hija de mi corazón. Dios te bendiga! 
¡Qué guapizima estás! ¿No es verdá, doña 
Zacramento, que paece la Virgen der Car- 
men? 

D." Sac. Si, si; pero basta ya, chacha Pepa. Déjala, 
<|ue te vas á poner mala de alegría. 

1). Ei.iG. Y cada uno á su quehacer y á su puesto, 
que t^e hace harto prolijo el capítulo de ex- 
pansiones. 

D.a Sac. Aguardad un segundo. Mi sobrina, la seño- 
rita Consolación, viene á vivir conmigo. 
Quiero para ella igual consideración é igual 
respeto que para mí. No lo olvidéis. Y tú, 
sobrina , ven arriba ahora y te llevaré á 
tu departamento. Tenemos que hablar mu- 
cho. 

Coks. ¡Y tanto, tía! ¡Qué casa aquella! El pobre 

de tío Alfonso... 



— 20 - 

D.a Sac. Calla. A solas me dirás... 

CoNS. Ea, pues vamos á donde usted me lleve. 

(Jhacha ¡Adiós, niña mía! ¡Adiós, lucero! 

CoNS. Adiós, chacha; que vengas. 

Chacha ¿Tú no vas á di á vé á mi Juan? 

CoNS. ¿No te he dicho que sí? 

Chacha Pos mañana mejó que pazao. ¡Adiós, reina 
der cielo! ¡Adiós, pimpoyo bonito! 

D. Elig. ¡Basta ya! ¡basta ya! ¿Cómo ha de de- 
cirse? 

Chacha ¡Cáyeze usté, don Dificurtaes, que gruñe usté 
más que er carriyo de un pozo! 

Doña Sacramento y CoDsolación se encaminan hacia la 
escalera. Coralito las sigue. Los otros criados van á re- 
tirarse también. En este momento Lucio, que está en 
primer término, con la mirada distraída y un dedo en 
la boca, sale con la siguiente improvisación: 

Lucio «La zeñorita ha yegao 

mu gracioza y mu bonita; 

parece una íló der campo; 

Dios bendiga á la zeñorita. 

Y con zu tía, aquí prezente, 

y don Julio, mucha zalú les dezea 

zu zervidó que lo es 

Lucio Fernández y Perea.» 

El poeta, eutie satisfecho de su obra y corrido, suelta 
otra carcajada que estremece el patio. Doña Sacramen- 
to sonríe con cierta benevolencia; don Elisio se pore 
más serio que nunca, porque le molesta la incorrec- 
ción de los versos, y porque el poeta se ha olvidado 
de citarlo á él; los demás ríen y charlan á un tiempo, 
comentando la buena ocurrencia de Lucio y la belleza 
de la señorita. Tía y sobrina, con la doucellita á la 
zaga, siguen subiendo las escaleras. Consolación ríe de 
muy buena gana. 

CoNS. ¡Ay, qué demonio de muchacho! Ha tenido 

sombra de veras. 

Cor. Es grasioso ese hombre. 

Chacha ¡To ze lo merece el ánger mío! ¡To, to, to! 

Amb. Eze chiquiyo no ze paga con oro. 

Diego Ha estao mu salao. 

Cak. Ha estao mu oportuno. 

Amb. ¡y qué bonita está la zeñorita! 

Fras. Está presiosa. 



— 80 — 

Cau. Está hecha un lusero. 

Amb. ¡Mujeres azi es lo que debía pinta mi niño! 

¡Mardita zea!... 
Julio Lucíu, venga esa mano; eres un gran poeta. 

D. EliG. Abrumado por tal algarabía. ¡Ay, av, av, ay!... 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



i^^--. ^^t^^^^-^b^ .*J^w 



«8 II S IIWIIS II S II SS II ^ II S; II tíü II * II Sfe II ^ II S II ^ II MM]I*I!j^ 



ACTO SEGUNDO 



La misma decoración del acto primero. Es por la mañana. 



Doña Sacramento, sentada en uno de los sillones, lee un libro 
forrado de pergamino. De pronto, á lo lejos, óyese el voltear do 
las campanas de una torre, que repican como si algún suceso fausto 
ocurriese en Alminar de la Reina, ó como si los campaneros so 
hubieran vuelto locos. A los ojos de la noble dama, que de^a la 
lectura, asoma el asombro más grande. Don Eligió sale por la 
puerta do la derecha, con una pluma de ave en la oreja, y en un 
gesto tal de estupefacción, que no parece sino que le han dicho que 
la edición de su libro se agota por puntos. 

D. Elig. ¿Oye usted, mi señora? 

D.a Sac. Oyendo estoy, querido Frías. ¿Qué repique 
es este? 

D. Elig. En Dios y en mi ánima que no adivino cuál 
pueda ser la razón de tan desatado campa- 
neo. Hallábame ordenando los apuntes para 
mi conferencia de esta noche, sobre el em- 
pleo del la en el dativo femenino —yo soy 
laista, — cuando el recio tole tole de las cam- 
panas me distrajo de mi tarea. 

D.a Sac. ¿Mañana es fiesta de guardar? 

D. Elig. Para mi santiguada que no. 

D.a. Sac. ¿Las campanas son las de Nuestra Señora 
del Carmen? 

D. Elig. Ellas me parecen. 



— 32 - 

D.a Sac. y repican con desusada furia. ¡Bali! Pronto 
hemos de saber á qué se debe todo. 

D. Elig. Así es la verdad, va á irse y vuelve. Dígame, 
doña Sacramento: ^;aún no ha regresado la 
señorita Consolación':-* 

D.íi Sac. Aún no ha regresado. ¿Tuerce usted el ges- 
to, amigo Frías? A ver, á ver... 

1). Elig. Si la señora me lo permite le diré que el 
paso de hoy no merece mi aprobación. 

D.a Sac. ¡Ay, señor don Eligió! Ya lo he podido 
comprender. Yo estoy contrariadísima. Pero 
vinieron sus amigas por ella, y no supe opo- 
nerme á su resolución. 

C^sa el repique. 

D. Elig. ¿Quiere decirme la señora qué lecciíui seria 
ha de sacar la señorita de la boda de unos 
gitanos? 

D.a Sac. Y menos mal si todo se quedara en la boda; 
pero de seguro habrán llegado frente á sus 
cuevas, donde tendrán zambra todo el día. 

D. EuG ¡Lamentable espectáculo! Las danzas de las 
gitanillas son harto deshonestas, y sus can- 
tares, chabacanos y libres, pican <iue rabian. 

D.a Sac. Cierto es. 

1). Elig. La señorita Consolación, señora marquesa, 
tiene el diablo en el cuerpo, como suele de- 
cirse. Esa alegría suya, desenfrenada, ato- 
londradora, febril, entiendo yo que debe ser 
combatida por todos los medios. La encuen- 
tro peligrosísima á sus años, y desde luego 
poco señoril y poco seria. 

D.a Sac. Amigo Frías, ha ido usted á poner el dedo 
en la llaga. Mi sobrina rae tiene disgustadí- 
sima. Diez días lleva aquí y Dios sabe cuán- 
tas contrariedades me ha causado ya. Su 
genio alegre, como usted ha dicho muy 
bien, es realmente perturbador é incontras- 
table. Nada le intimida: nada respeta. En 
esta casa, donde había el silencio de un 
claustro, se oye ahora por todas partes un 
loco reir y un charlar sin tregua ni reposo. 

D. Elig. Además, señora, ¿qué viene á ser esto de re- 
cibir aquí, á cualquier hora del día ó de la 
noche, á todo el que llama á esa puerta? 



- ;i3 — 

Cuando no es el Tío Garando, que la vio 
nacer, es la Tía Pilonga, que la vio abrir los 
ojos; cuando no es el Tuerto de la Plaza, que 
le debe el estanco á su señor padre, es otro 
lisiado cualc|uiera que viene á pedirle una 
limosna. Y aquí el ama; y aquí el marido 
del ama en una silla, porque está baldado; y 
aquí los seis hijos del ama; y aquí todos los 
criados y criadas que fueron de su casa pa- 
terna, y aquí el pueblo entero, ¡qué diablo! 
Y una de besar, y una de reir, y una de char- 
lar, que no me permiten poner una coma en 
su sitio. Esto no, señora marquesa, esto no. 

T).-A Sac. Pues ¿y la doncellita, es de oro? No ha de 
sacudir una falda si no es cantando; siem- 
pre ha de rei^licar á lo que se le dice; con 
todos los mozos de la vecindad coquetea; 
usa unos vestidos de colorines escandalosos; 
se echa encima una de olores que trastor- 
na, y se baña, como si fuera una duquesa, 
casi todos los días. 

D. Elig. ^:Sí? 

D.a Sac. Sí, señor. 

D. EuG. ¿Dónde...? 

D.a Sac. ¿Cómo? 

D. Elig. ¿Dónde se ha visto cosa igual? 

D.a Sac. Le aseguro á usted que si no se corrige, aun 
á riesgo de incurrir en el enojo de mi sobri- 
na, la plantaré en la calle. 

D. Elig. Y hará usted muy bien. En el bolsillito del 
delantal lleva un pedacito de espejo, y ape- 
nas se ve sola en un rincón, ya se está arre- 
glando los nenes. 

D.a Sac. Lo he observado. 

D. Elig. Otrosí. Le gusta, ó hace que le gusta, Lucio. 

D.a Sac. ¿Lucio? ¿Tan zafio? 

D. Elig. Sí, señora, Lucio. Y trata de embaucarlo y 
desvanecerlo con todo linaje de coqueterías. 

D.a Sac. ¡Oh, no! Pues eso no. En mi casa no. 

D. Elig. Y aun hay algo más lamentable. Ayer leía 
á hurtadillas un librejo que escondió al ver- 
me á mí. 

D.a Sac. ¡Hola, hola! A propósito: ¿examinó usted la 
biblioteca de mi sobrina? 



— 34 — 

D. Elig. Sí, señora. ¡Vaya una biblioteca! 

D.a Sac. ¿De quién tiene libros? 

D. Elig. De Becquer, el poeta nocivo y peligroso; de 
Canipoaraor, que llamaba las cosas por su 
nom])re; de Valera, que tampoco se mordía 
la lengua; de Pérez Galdós... ¡v de Luis 
Taboada! 

D.» Sac. ¿Y en francés, ha visto usted algo? 

D. Elig. Dos ó tres noveluchas de Daudet, (jue pien- 
so quemar sin autorización de nadie. 

D.ii Sac. Con la mía. 

D. Elig. Sospecho (jue la señorita Consolaci(')n tiene 
el deplorable hábito de dormirse leyendo. 

D.» Sac. ¿Por qué no le da usted su libro, querido 
FríasV 

D. Elk;. Con mil amores, si lo desea la señora mar- 
quesa. Yo no había pensado en cosa tal, por- 
que soy naturalmente modesto, i'fisa coralito 

desde la primera puerta de la Izquierda hacia la escu- 
lera. Su andar menudito de paloma y el ineit.-mte jue 
go de sus curvas, sacan de quicio al íidmiuistrador. 

¡Niña! 
Cor. ¿Es á mí? 

D. Elig. A usted. Hágame el favor de acercarse. 

Cor. Obedeciéndolo muy sonriente. ¿Qué mC manda 

usté? 

D. Elig. Ante todo menos sonrisita. 

Cor. Si es agrado natura. 

D. Elig. Pues menos agrado natural. Y muchísimo 
menos guiñarme á mí. 

Cor. ¡No es guiño, señó! 

D. Elig. ¿Qué es entonces? 

Cor. Picardía del ojo izquierdo. 

D.a Sac. Bien está ya, sea lo que fuere. Diga usted. 
Coralito. 

Cor. ¿Señora? 

D.a Sac. ¿Qué libro leía usted ayer tarde? 

Cor. ¿Me vio usté? No, que fué este cabayero er 

que me vio. 

D. Elig. ¡Quien la viera á usted es aquí lo de menos! 
¡Aténga.se al interrogatorio! ¿Qué libro leía? 

Cor. Un hbro grasiosísimo. «Las vcintisinco ma- 

neras de que se vale una muje i)ara saca 
novio, y un hombre para saca novia.» 



— 36 — 

D.:» Sac. Pues ese libro se lo entregará usted al señor 
administrador. 

UoR. ¿Va usté á saca novia? 

D. Elig. ¿Eh? ¡^^oy á sacar lo que á usted no le in- 
cumbe! 

Cor. ¡Hu}^ qué palabra! 

D. Elig. ¡Usted es la que está sacando ya los pies del 
plato! 

D.a Sac. Sí, por cierto. Coralito, si no quiere usted 
obligarme á una reprensión dura, replique 
menos y obedezca más. Hoy mismo le dará 
usted al señor don Eligió el libro que leía, 
para que lo queme. 

Cor. Pero ¿es que er libro es malo? 

D. Elig. ¡Es deleznable! 

Cor. ¿Pues qué va una á lee; «Bertordo, Bertordi- 

no y Cacaseno?» 

D. Elig. ¿Cómo se entiende? ¡Retírese! 

Cor. Sí, señó, sigue su camino hacia la e.scalcra. 

D. Elig. contemplándola y moviecdo la cabeza con disgusto. 

¡Ay qué meneito!... ¡qué meneíto!... 
Cok. ¿También está mal er meneíto? ¡Vaya! ¡Esta 

casa es la Inquisisión! sub'- 
D. Elig. ¡Silencio! 

Cor. Señó, si no pío. Desaparece. 

D. Elig. ¡La última frase ha de ser de ella! ¡E.sto me 
vuelve loco! 

Cor. Dentro, cantando. 

Yo no sé... 
yo no sé lo que le ha dao 
este serrano á mi cuerpo... 

D. Elig. Yéndose al pie de la escalera á gritar. ¡Corallto! 

Cor. Contra más... 

contra más quiero orvidarlo 
menos conseguirlo jmedo... 

D. Elig. ¿Pero ve usted, señora marquesa? ¿No es 
esto burlarse de mí abiertamente? 

D.a Sac. Estoy callada, porque con la tal mocita no 
hay modo de hablar. Luego le diré á mi so- 
brina lo c{ue hace al caso. Comprendo ahora 
que si la mujer de mi primo Alfonso es una 
muchacha seria, como ya me incUno á creer, 
hayan saltado de allí Consolación y su don- 
celHta. 



— 36 — 

I). Elig. ^;Sabe mi señora cuál es la que estimo única 
suerte de este caso? 

ü.íi Sac. Me lo figuro, amigo Frías. 8e refiere usted 
á quo no está mi hijo entre nosotros. 

D. Elig. Cabalmente. 

D.a Sac. ¡Ah, ya lo creo! Mi hijo, dado su natural,, 
alentaría y aun aplaudiría todas estas cosas 
que á usted y á mí tanto nos desagradan. 
l'or eso, señor don Eligió, transigí con él, y 
le dije á usted que le diese todo lo que pe- 
día, para que levantara el vuelo cuanto an- 
tes. Su presencia aquí estaba llena de peli- 
gros. 

D. Elig. A Dios gracias, se fué al día siguiente de 
llegar la señorita Consolación, y no debemos 
temer que vuelva por ahora ni en algún 
tiempo. 

Julio Asomándose por la ventana del zaguán. ¿Hay pOSa- 

da para un peregrino"? 

D.a Sac. Estupefacta. ¡Julio! ¿TÚ"? 

D. Elig. romo si tomara ruibarbo, ¡Doil JuHo! ¿Usted? 

Julio Yo mismo. ¿Hay posada ó no? Vengo á mo- 

lestar lo menos posible; cuestic^n de un par 
de horas. 

D. Elig. Habrá usted visto que nos hemos ci[uedada 
de una pieza su mamá y yo. 

Julio Lo que veo es que no quiere usted abrirme. 

Palabra de honor que me iré sin pedir más 
dinero. 

D.a Sac. Ábrale, clon Eligió, ábrale. 

Julio Gracias, mam.á. Don Eligió se fía menos 

que tú. 

x). Elig. obedeciendo á la señora. ¡Qué cosas tiene el se- 
ñor marqués! 

Julio Abrazándolo en el mismo portón, qnc queda entre- 

abierto ¡Don Eligió! ¡Mi ángel tutelar! ¡Ya 
sabe usted que yo lo quiero muy de veras! 

Besando á doña Sacramento ¿Qué hay, mamaíta? 

D.a Sac. ¿Qué ha de haber? Que me desconciertan 
tus salidas de tono. ¿Me quieres explicar qué 
es esto? 

ThIío viste traje de campo al uso deja tierra. 

Julio Esto es que tu hijo el calavera, tu hijo el 

pródigo, tu hijo el malo, viene con unos 



— 37 

amigos á un tentadero en La Temprana, á me- 
dia legua de Alminar, y mientras ellos pre- 
paran el almuerzo alegremente, él monta en 
su jaca y se llega á darle un beso á su ma- 
dre. ¿Qué tal, don Eligió? ¿Soy ese aborto del 
abismo de que usted habla? 

D. Elic. Señor marqués... yo nunca he dudado... Esas 
bromas de usted son injustas... Lo cual no 
empece... 

Julio Sí empece. 

D. Elig. No empece... 

Julio No empecemos. Y perdone usted este chis- 

te. Sé que usted odia el chiste. 

D. Elig. Según. Cuando es de buena ley, lo celebro 
como el que más. 

Julio Pero sin reirse. Yo no lo he visto á usted 

reirse nunca. ¿Tú has visto reirse á don 
Eligió, mamá"? 

D.a Sac. ¡Julio! 

D. Elig. Señora... 

Julio Don Eligió, no haga usted caso de mis chi- 

rigotas. Estoy contento... y no reparo en 
que quizás lo moleste á usted. 

D. Elig. De ninguna de las maneras. 

De la casa de labc^r sale Ambrosio. 

Amb. Tengan ustés muy buenos días, sorprendido. 

Don Julio, ¿cómo usté por aquí? 

Julio Hombre, no es tan raro verme por aquí. 

Amb. ¡Pero tampoco es coza que ze vea tos los 

días, como er zalí der zó! — Con permizo. 
Don Eligió de mis curpas. 

D. Elig. ¿Qué hay? 

Amb. a mi niño lo tiene usté ya en er jardín con 

la paleta y los pinceles, y pregunta zi va 
usté á ponerze la ropa con que lo está pin- 
tando ó zi hoy también lo deja. 

D. Elig. ¡Válgame Dios! Dile que hoy tampoco po- 
demos hacer nada. Tengo mucho que tra- 
bajar. Mientras no salga de mi conferencia, 
no quiero distraer un minuto. Tanto, que 
con permiso de todos... ¿La señora marque- 
sa me necesita? 

D.a Sac. Para nada. 

D. Elig. ¿El señor marqués quiere algo? 



— 38 — 

Julio Que le pase á usted el susto. 

D. Elig. Siempre ha de chancear el señor marqués. 

Vase por la pueria de la derecha. 

Julio ¡Pero no se ríe! Escúchame, Ambrosio. 

Amb. Mándeme usté, don Julio. 

Julio Te felicito. Sé que tu hijo progresa en la 

pintura. 

Amb. ¿Que progreza? 

Julio Así me dicen todos. 

Ame. ¿Zí, verdá? Pué zé que progreze; pero lo 

que yo le pío á usté, y á tos los que dicen 
í^ue progreza, es que no me mienten ar 
niño. 

Julio ¿Por qué? 

Amb. Conteniendo su mal humor. Por lia. No me micn 

te usté ar niño, don Julio; no me miente 
usté ar niño. Yo cuando me enfao no zé 
habla zin zortá ajos y ceboyas... y me voy á 
enfada zi me mienta u.sté ar niño. ¿Esta- 
mos, don Julio? Ez un favo que yo le pío á 
usté que no me miente ar niño. Y usté ziga 

bueno. Vase á la casa do labor 

Julio Adiós, hombre. Riéndose. ¿Qué le ocurre á 

Ambrosio con el niño? 

D.a Sac. No lo sé á ciencia cierta; pero me figuro que 
se trata de un gran desacuerdo en materias 
de arte. 

Julio Ya. 

D.a Sac. Dejemos á Ambrosio y vamos á cuentas 
nosotros dos. . 

Julio ¿Cómo á cuentas? ¿No he jurado (|ue soy 

moro de paz? 

D.a Sac. Respóndeme: ¿puede creerse lo que me has 
dicho del tentadero y de que vienes á ver- 
me tan sólo? 

Julio ¿Pues á qué he de venir sino á eso? ¿Te he 

engañado yo alguna vez? 

D.a Sac. Es cierto: nunca. 

Julio No lo digas con retintín. ¿Y mi prima? 

D.a Sac ¡Tu prima! ¡No me hables de ella! ¿Dónde 
creerás que está tu prima? 

Julio ¿Dónde? 

i).a Sac. Con seis ú ocho amigas en una boda de gi- 
tanos. 



Julio ¿Ah, sí? 

D.a Sac. Como lo oyes. 

Julio ¿Es quizás la novia la hija de Chiribiqui? 

D.a Sac. ¡Qué sé yo! 

Juuo Seguramente. Acabo de encontrarme á Chi- 

ribiqui con una borrachera, que si no era 
de boda era de bautizo. Me saluden tirando 
el sombrero por alto. 

D.a Sac. ¿Y de qué te conoce á tí ese hombreV 

Julio Somos compadres. 

D.a Sac. ¡Julio! 

Julio Le bauticé el último chiquillo. 

D.a Sac. ¡Jesús! Así te parece cosa natural que tu 
prima haya ido á esa boda; sin reparar en 
que aquellas cuevas no son ni con mucha 
escuela de Inienas costumbres. 

Julio Mamá, por Dios, no confundas las cosas. 

Ponte alguna vez en la realidad. Precisa- 
mente me agradó de mi prima, en lo poco- 
que hablé con ella, lo espontáneo de su ca- 
rácter; lo franco, lo ingenuo de su corazón,: 
su irreflexión simpática, su alegría juvenil, 
que nacen de un alma clara, de un cuerpo 
saludable... Una mujer así, ni de las cuevas 
de gitanos ni de ninguna parte saca nada 
que no deba sacar. 

D.a Sac. No me sorprende oirte. Harto presumía yo 
que tu señora prima había de encontrar en 
tí juez bastante benévolo para sus hge- 
rezas. 

Julio Mamá, me desespera que hayas de verlo 

siempre todo á través de los lentes de don 
Eligió. Yo apenas conozco á mi prima; ni 
tengo para qué ser su abogado; pero vale 
mucho más que sea como yo me la figuro, 
que no como estas niñas del pueblo, de que 
Dios nos libre. 

D.a Sac. No midas por un rasero á las niñas del pue- 
blo. En el pueblo hay de todo. Y bien sa- 
bes tú que sobresale una muchacha entre 
las demás, de la que te he hablado mil veces, 
con elogio de sus virtudes. 

Julio Sí; para que yo tomara estado; para que yo 

dejara mis devaneos; para que yo sentara. 



40 — 



D.a Sac. 
Julio 



D.u Sac 

Julio 



D.a Sac. 
Julio 
D.a Sac. 



< lONS. 



Julio 
D.a Sac. 



Julio 

CONS. 

D.a Sac. 
Coxs. 



la cabeza... Ya, ya lo sé; pero como lo pri- 
mero que se necesita en un inatrimonio es 
amor, y yo no siento amor jior esa señorita, 
aunque sea una rica heredera, alií tienes 
por qué no andamos de acuerdo. Y l)asta ya 
de dimes y diretes, mamá, que siempre he- 
mos de estar riñendo ó cosa parecida, y yo 
me he propuesto no Vf)lver á reñir contigo. 
Esa sería buena señal. 

No sería mala; pero no por lo que tú pien- 
sas. Porque te advierto una vez más, que 
yo no he de parecerme nunca á tu adminis- 
trador. 

¡Y dale con el pobre administrador! 
Para eso haría falta, como dice la copla, 

otro mundo y otro cielo 

y otro Dios que dispusiera. 

Oyese en cl zaguán al;íarrtbía de muchachas y mu- 
chachos que se despiden. 

¿Eh? Ahí está ya Consolación. 
¿Mi primaV 

Siempre se anuncia asi: con risotadas y bu- 
llicio. Sentiré que entre alguien. Esta casa, 
desde que ella llegó, es la casa de tócame 
Roque. 

Dentro todavía. Hasta lucgO, liasta luCgO. No 

faltes tú. Mariquita Antonia, saie por ei portón. 

Viene de traje claro y mantóa de Manila ó de espuma, 
puesto en forma de chai. Lucio la sigue. 1 la, ¿Ve 

usted cómo no me han matadoV ¡Hola, pri- 
mo! ¿Tú por aquí otra vez? ¿Has venido al 
casorio? 

¿Cómo te va, primita? 

Ha venido al campo, á almorzar con unos 
amigos, y se ha llegado ;i vernos. Pero se va 
en seguida. 

Bien se ve que has andado de fiesta. ¡Bue- 
nos colores traes! 

¡Y qué fiesta! Me hubiese alegrado <jue la 
hubieras visto. ¡Ay, tía, me he reído liasta 
ponerme mala! 
Para eso necesitas tú poco. 

Lucio observa embobado a Consolación. 

Es que no hay gente como los gitanos para 



— 41 — 

pasarlo bien. ¡Me han dicho una de cosas!... 
Con lo que á mí me gusta que me digan 
cosas los gitanos. Los gitanos y los que no 
son gitanos. Mire usted, tía, un hombre del 
campo me dijo... Lucio, ¿cómo fué"? 

Lucio ¿Er qué? ¿Lo que le dijo á usté Vinagre? 

CoNs. ¿Vinagre? 

Lucio Aquer de la chaqueta al hombro y la man- 

cha en la oreja. 

Coks El mismo. 

Lucio Eze tiene mu güeña zombra. Le dijo, dice... 

Se ríe recordando la ocurrencia Le dl_]0, dlCC... 

con permizo de la zeñora... le dijo, dice... 

Julio ¡Acaba! 

Lucio Don Julio, güenos días. 

Julio Buenos días. ¡Acaba! 

Lucio Le dijo, dice: «Toavía estaba zu mamá de 

usté echando cuentas... y ya era usté bo- 
nita. » 

Se ríen 61, Coiisolaci6n y Julio. 

D.'d. Sac. ¡Qué disparate! 

Lucio Poz un gitano mu negrucio, conoció por Ma- 

ceta, le dijo otra coza, que usté, zeñorita 
Conzolacion, ó no la oyó bien, ó jizo azín 
como que no la oía. Le elijo, dice... 

CoNs. Calla. Remedándolo. Hice «azín como que no 

la oía. » 

Lucio torna á reir. 

D.a 8ac. Me maravilla que te puedan halagar tales 
piropos. 

OoNs. Por Dios, tía; ¿pero usted cree que son más 

finas las cosas que nos dicen los señoritos? 
Yo he pasado un rato que no se me olvida- 
rá en mucho tiempo. Había allí una gitani- 
11a, ¡que bailaba de una manera!... ¡Qué sa- 
lero, qué brío, qué encanto más particular!... 
Y era preciosa. No me la traje para que 
usted la viera, por miedo á don Eligió. 

D.a Sac. ¡Muchacha! 

Julio Esa sería la Chamarina, ¿verdad? 

CoNS. ¿La conoces tú? 

Julio Mucho. Nació bailando. 

CoNS. El que nació bailando, por lo vi.sto, es un 

zagalillo de este alto, más negro y más feo 



— 42 — 

que mandado hacer. ¡Lo que se zarande(> 
aquel cuerpo, Dios mío! 

Julio Ah, sí: Malos Pelos, sin duda. 

Coxs. ¡díalos Pelos! Así le llamaban. 

Juiío Ese es hijo de Micaela la Bonita y nieto de 

Petaca. 

Coxs. E.stás metido en el gran mundo, primo. 

Jui.io Completamente. Mamá, no te enfades. 

1).!' S.-vc. No me enfado, no. Ya estoy acostumbrada 
i'i oírte. 

Lucio Cuente usté lo der repique, zeñorita Conzo- 

lación. 

D.a Sac. ¿Lo del repique? 

CoNS. Sí. ¿No ha oído usted repicar en el Car- 

menr* 

D.a Sac. Con gran sorpresa, ciertamente. 

('oNs. ¡Pues he sido yo! 

ü.a Sac. ¿Tú? 

Coks. Yo. 

Julio ¿Tú, prima? 

CoNS. Yo, yo. 

Ludo La zeñorita ha zío. 

D.a Sac. ¡Virgen de las Angustias! 

Julio ¿Campanera también? 

Coxs. ¡Campanera y sacristana y cuanto hay que 

ser en el mundo! Verá usted, tía. No arru- 
gue el entrecejo: alégrese conmigo, por Dios. 
V^olvíamos las muchachas y los muchachos 
charlando y riendo del casamiento de los 
gitanos, y al pasar por el Carmen dijo una: 
«Vamos á entrar á rezarle á la Virgen.» Y 
entramos todos á rezar. En esto, yo, que 
rezo más á prisa, me levanto y me subo á 
la torre, recordando mis siete años. Lo mis- 
mo fué verme, que todos á la torre conmi- 
go. ¡Qué barullo! ¡qué risa por aquella esca- 
lera, oscura como boca de lobo! Cuando lle- 
gamos al campanario nos deslumhró la luz. 
¡Es gloria del cielo lo que se ve por aquellos 
ojos de la torre! Al sentirnos, una bandada 
de palomas echó á volar. La mañana era 
hermosa: el aire, fresco y saludable. El sol 
parecía que pintaba de amarillo el trigo, de 
rojo las amapolas, de blanco el pueblo, de 



— 4á — 

verde los pinares... Temblaba yo, mirando 
todo aquello, de emoción, de alegría, de ga- 
nas de vivir... Allá lejos, muy lejos, había 
unos hombres encorvados, segando la mies... 
Quise yo en un momento levantar el vuelo 
como las palomas, saltar, gritar, cantar 
como un pájaro; quise yo agradecerle á Dios 
la vida que me dio, los ojos que me puso 
en la cara y la alegría que me puso en el 
corazón para ver y sentir todo cuanto veía 
y sentía; quise yo llevarles, comunicarles 
mi bienestar á aquellos campesinos, alegrar 
su trabajo penoso, hacerlos descansar un 
instante siquiera... Sentí el impulso de los 
momentos buenos, estalló mi corazón en 
risa y en lágrimas, y ni visto ni oido: senti- 
do y hecho: cogí la cuerda de una de las 
campanas y empecé á voltearla como si hu- 
biera sido campanera toda mi vida. ¡Talán 
tan! ¡Talán tan! Se estremeció el aire. En la 
torre se armó un revuelo de risas y gritos 
que ensordecía. Lucio se agarró á otra cam- 
pana. Un monaguillo, contagiado también 
y encantado con la indisciphna, se agarró á 
otra. ¡Talán tan! ¡Talán tan! ¡Talán tan! ¡Ta- 
lán tan! Parecíamos locos. Las palomas, que 
habían vuelto á la torre, echaron á volar 
otra vez... Y algunos de aquellos hombres 
que trabajaban lejos, levantaron los cuerpos 
que tenían inclinados sobre la tierra, y un 
buen rato estuvieron mirando hacia arriba: 
hacia la torre, hacia el cielo. Ya sabe usted, 
tía, por qué ha habido esta mañana repique 
en el Carmen. 

Lucio ¿Pos no ze me han zartao las lágrimas? 

Julio No ha sido á tí solo. Mira tú por dónde la 

alegría de la señorita nos ha enternecido á 
los dos. 

Lucio Es que ha contao la coza que ha zio estarla 

viendo. Mejón que estarla viendo. 

D.a Sac. Consolación, Consolación, eres buena, pero 
eres loca. 

Coks. Ay, tía, pues yo me esforzaré en ser un po- 

quitito más buena y un poquitito menos 



- 41 — 

loca, para darle á usted fausto. Poquitito, 
¿eh? 

Baja Coralito tan pizpireta como siempre. 

Cor; Señorita Consolasión. Sonriendo. Hola, Lusío. 

Coxs. ¿Qué quieres? 

Cor. ¿Se puede habla? 

Coks. ¿Por qué no, mujer? ¿Qué hay? 

Cor. ¿Sabe usté que están ahí las masetas? 

CoNs. ¿Mis macetas? ¿Todas? 

(/OR. Todas: hasta la der perejí. 

D.ii Sac. Es verdad: no te he diclio... A j^oco de irte 
tú llegaron los tres carros. 

Coks. ¿Dónde las han puesto? 

Cor. En er Jardín en cuatro filas. 

CoNS. I^^oy á verlas corriendo! Tía, venga usted. 

¡Verá usted qué primores! ¡Mis macetas son 
famosas en todo el contorno! Yo las quiero 
más que á muchos parientes. Ande usted, 
ande usted. 

D.it Sac. Mujer, déjame á mí; yo no estoy para nada. 

Julio ¿Ni para ir al jardín, mamá? ¿De manera 

que llegan las macetas de Consolación y la 
dueña de la casa no va á recibirlas como me- 
recen? 

CoNS. ¡Pues claro! Si no viene, me pico. En serio. 

!^.a Sac. Sea como tú quieras. Vamos al jardín. 

Se encaminan las dos hacia la puerta de la casa de 

labor. 
CoNS. Usted se alegrará. Lo que siento es que ya 

hay pocos claveles; pero rosas... ¡verá usted 

qué rosas! 
Cor. Una viene como la cabesa de un niño chico. 

Julio Ahora iré yo á verlas también. 

CoNs. Te gustarán. 

Julio Lo creo. Hay cosas que gustan, más que por 

ellas en sí, por la persona que anda en torno 

de ellas. Conociéndote á tí, por fuerza han 

de encantarme tus macetas. 
CoNS. ¡Mira qué galante es mi primo! 

D.a Sac. ¡Buen par de taravillas estáis tu primo y tú! 

Ríen los mnchnchos. Ellas entran en la cusa de labor y 
él subo. Lucio se queda como cuajado mirando á la 
puerta. Coralito, que cree que no es á l.i puerta preci 
sámente adonde debe mirar Lucio, le dice al cabo: 



— 46 - 



Cor. Pero, oye: ¿te han embarsamao con estopa? 

Lucio Sin oiría. ¡Er zó ze ha metió en esta caza!... 

¡Pmtores no la pintan!... ¡Bonita es como la 

fló der granao! 
Cor. ¿Estás hablando solo? 

Lucio ¡Mardita zea la pobreza! ¡A ladrón me vi á 

echa pa tené dineros! ¡Zi yo fuea zeñorito!... 
Cok. ¡Jesú! Tú no estás bueno de la armendra. 

Lucio ¿De dónde? 

Cor. i'or la cabeza. De la armendra. 

Lucio ¡Déjame á mí ahora! volviendo á sus pensamien- 

tos. ¡Qué mira!... ¡Qué habla!... ¡Qué anda pa 
arriba y pa abajo como una pluma!... ¡Qué 
reí... que paece que entra en la caza un ban- 
do e golondrinas!... 

Cor. Picada. Lo primero que hay que tené en este 

mundo es educasión. 

Lucio ¿Qué dices? 

Cor. fi^oy yo argún trapo? 

Lucio Compara con tu zeñorita eres trapo y medio. 

Cor. Grasias. ¿Tú te has fijado en la soga der 

poso? 

Lucio ¿Por qué? 

Cor. Porque asi eres de fino. 

Lucio ¿Pero te quiés tú pone con eya? 

Cor. Yo no, hijo mío; yo no quiero ponerme con 

nadie. Cada una es como Dios la lia hecho. 
Lo que si te digo es cpe yo, aunque sea en 
er campo, hago así en er suelo con er pie... y 
salen siete novios. 

Lucio ¡Ziete griyos es lo que zardrán! 

Cor. Arguno me canta por las noches. Acostum- 

bra estoy yo á que hombre que me ve, hom- 
lire que siente la punsá. 

Lucio ¿Y á mi á qué me cuentas tú ezo? 

Cor. Pa que te enteres con quien tratas. 

Lucio ¡Zi ya lo zé de zobra! ¡Que siempre habemos 

de está lo mesmo! Quéate con Dios: me voy 
á verla entre las flores. 

Cor. ¿a quién? 

Lucio ¡A doña Zacramento va á zé! ¡Mía esta! jA 

tu zeñorita, pamplinoza! ¡Eza, zí que da azín 
con er pie en er zuelo, como dices tú, y za- 
len ziete claveles reventones! 



- 46 — 

•Cor. Despechada. ¡Vaya! 

Lucio Siguiendo el hilo de su admiración. ¡Nu ZC dicc por 

mucho que ze diga lo bonita que es! ¡Bonita 
á toaz horas y en toas partes! Ayé ze puzo 
toa de negro y ze fué á miza zola conmigo, y 
no zé cómo er Pae Ramón no ze equivoc(') 
ar decí: «Dominus vobiscum», y le dijo: 
«¡Bendita zea tu madre!» Zi yo zoy er Pae 
Ram(')n me equivoco. ¿Poz y cuando se en- 
casqueta eze zom])rerito tan zerrano, que 
debe zé de Parí de Francia, y ze monta en 
la jaca baya y echa á corre por er camino e 
los Parrales que no hay quien la ziga? ¿Y 
cuando está zentá y ze levanta de prontor* 
¿Y cuando está de pie y da una carrerita pa 
zentarze? 

<JoR. ¿Y cuando nase un hombre tonto, tonto, 

tonto de la cabesa y no hay quien lo com- 
ponga? ¿Qué te párese á ti? ¡Er demonio er 
gañán, que debía está tirando de una carre- 
ta con otro buey! ¿Sabes tú lo que yo te 
digo? ¡Que mar dita la tarta que me hasen á 
mi tus piropos! ¡Pos de buena lana es er car- 
nero! Volviéndose de pronto y encarándosele. Mira: 
er marquesito de la Cruz de la Fuente, que 
es un rear moso, que se lava er cuerpo tos los 
días, me mandó á mi unos sarsiyos de bri- 
yantes, con una cartita en que lo que menos 
que me de-sía era surtana: en er baú la tengo; 
Periquito Mora, de lo mejó de Sola der Rey, 
se ha querido casa conmigo, ¿te enteras tú? 
¡casarse conmigo! }' me ha dao su retrato, 
firmao por é: en er baú lo tengo; aquí yevo 
diez días, y sin salí á la caye, como aquer 
que dise, tengo ya cuatro pretendientes... 

Lucio ¿En er baú? 

OoR. En er baú tengo las cartas; que te coste á tí. 

Y va er resto: er boticario de esta caye, que 
es más guapo que tú, y más lino que tú, y 
que fuma con estenasiyas, está envenenan- 
do á medio pueblo, trastornao desde una 
noche que fí yo á comprarle sargatona. ¿Lo 
sabes? ¿Te enteras? ¿Me has oído? Cuando 
menos te piensas tú que se tom*') mi madre 



- 47 — 

er trabajito de echarme ar mundo pa un 
cortijero. ¡Jesú! ¡Jesú! ¡qué ilusiones se hase 
la gente! ¡Quítate de ahí, feo to, que hueles 
á piara! ¡Úf! ¡qué asco me ha dao de pronto 
este mendrugo! ¡pero qué asco! ¿A dónde 
iríamos á para? ¡-Por María Hantísima! ¡Es- 
taría yo loca! Entrase por la primera puerta de la 
izquierda huyendo con repugnancia cómica de Lucio, é 
indignada ante la suposición de que ella lo mire con 
buenos ojos. El da rienda suelta á sus carcajadas. 

Lucio ¡Ju, ju, ju! ¡Ze ha enfadao! ¡Ze ha enfadao 

por que yo no le digo na! ¡Ju, ju, ju! ¡Pre- 
zume más que un zordao con un puro! ¡Ju, 

ju, ju! Ue improviso se queda serio, fijándose en un 
retrato que hay colgado sobre la ventana del foro. 

Güeno está, hombre; no es mala penzión la 
que tengo. Dende que la zeñora me riñó 
porque me reía, en cuantito ze me va la 
riza ya me está mirando er tío eze. Vallan- 
do de puntos de vista. Y zi me pongo aquí 
me mira. Y zi me pongo aquí me mira. Y 
zi me pongo aquí me mira taijibién. Donde 
quiea que me pongo me mira. Encarándosele. 
¡Zeñó, pero zi la riza no va con usté... y ezo 
que paece que zaca la cabeza de un quezo! 

Aludiendo á la gola. ¡Ju, jU, ju! Suelta otra vez 
la risa y vuelve á quedarse repentinamente serio anl-! 
la mirada del caballero retratado, y á buscar nuevos 
puntos de vista para ver si logra esquivarla. En este ir 
y venir lo sorprende Doña Sacramento, que sale de la 
casa de labor y se encamina á la escalera. 

D.a Sac. Lucio. 

Lució Zeñora. 

D.a Sac. ¿Qué estás haciendo? 

Lucio Ganas de armorzá. 

D.a Sac. ¿No te has llegado á la botica por lo que te 

encargué? 
Lucio Como no corría prieza hasta la noche... 

Pero iré ahora en un zarto. Zólo que vi á di 

á otra botica. 
D.a Sac. ¿Por qué? 
Lucio Porque er boticario de esta caye está ena- 

morao de Coralito, y ze le píe marnezia y 

da lamedó. ¡Ju, ju, ju! 



— 48 — 
D.ft Sac. ¿Qué rií<a es esaV ¿l^o te latengo reprendidaV 

Al mismo tiempo que la repircnsióii do la señora lo 
atnja en su risa la mirada do marras. 
Lucio f^in quitarle ojo al de la gola. Zí, ZeflOra, ZÍ. 

I). a 8ac. Pues mal se conoce. Procura no ]ier<ler la 
memoria. Y procura, además, cuando sal- 
gas á la calle, no detenerte en la ventana 
de esa mujer conocida por la Morisca en el 
pueblo. 

Lucio ¿También ze lo han contao á usté las go- 

londrinas? 

D.a Sac. También. Ketlrasc por la escalera. 

Lucio ¡Ju, JU, ju! Al retratado. A tí te vi Vo á ZOr- 

tá una pedrá en un ojo. 

1).»- Sac. Desde la escalera. ¿Eh? 

Lucio Zeñora, no va con usté. Usté dispenze. Por 

tercera vez trata de descubrir nuevos puntos de vista 
para burlar la mirada acusadora. Sale luegro Consola- 
ción. 

CoNS. Lucio. 

Lucio Mándeme usté. 

OoNS. Escucha: voy á adornar el jiatio con mace- 

tas mías. 

Lucio ¡Ole! 

CoNS. ¿Te gusta la idea? Llégate al jardín, y to- 

das aquellas que hay allí separadas junto á 
la pila, vémelas trayendo ahí al lado. 

Lucio ¡Como zi quié usté que le traiga er jardín 

entero, y la pila, y los peces! 

CoNS. No; no es menester. Que te ayude Diego. 

Lucio Lo que usté me mande, y na más que lo que 

usté me mande. Vase el hombre todo alborozado. 
Baja Julio, que ha trocado el ti aje de campo por uno 
de casa. 
CoNS. Sorprendida al verlo. ¡Julío! 

Julio Consolación. 

CoNS. Pero ¿no vas al campo ya? 

Julio No voy. 

CoNS. ¿Qué bicho te ha picado? 

Julio ¡Venates! 

CoNS. Pues ¿sabes que me alegro? 

Julio ¿Sí? 

CoNs. Sí; porque he pensado adornar el patio con 
mis macetas, y tú vas á ayudarme á ello. 



— 49 — 

Julio ¡Ahora mismo! 

Coks. Cuando ese las traiga. He mandado traerlas 

á Lucio. 

Julio Ya. 

CoNS. Oye: ¿te ha pedido tu madre que te quedes? 

Julio No. 

CoNS. ¿Y de veras te quedas? 

Julio Sí. 

CoNS. Perdóname. 

Julio ¿Por qué? 

Coxs. Porque yo me malicié que la reunión del 

tentadero no era sólo de amigos; y cuando 
no vas... 

Julio Cuando no voy... 

CoNS. Claro se ve que es sólo de amigos. Ya sé, ya 

sé que te gustan un poquillo las faldas. 

Julio ¡Un poquillo, no! De aquí á la casa de en- 

frente no voy yo si no es por unos ojos. 

CoNS. Ya sé también que tienes el genio demasia- 

do alegre. 

Julio ¿Demasiado alegre? ¿En qué sentido? 

CoNS. En los cinco sentidos. 

Julio Eso es muy cierto. Soy gran aficionado á 

ver, á oir, á oler... 

CoNS. Atajándolo. Y á lo otro que falta: no te can- 

ses. Y naturalmente, te quedarás en Almi- 
nar para ver, para oir, para oler... 

Julio Etcétera, etcétera; no te canses tampoco tú. 

CoNs. ¡Bueno! Me voy arriba. 

Julio contrariado. No te vayas ahora. ¿No vamos 

á arreglar las macetas? ¿No hemos quedado 
en adornar el patio juntos? 

CoNS. Si, pero todavía... Voy á escribir antes. 

Julio ¿A escribir? ¿A quién? 

CoNS. ¡Qué curiosidad, primo! 

Julio ¿Al tío Alfonso? 

Coks. No. Y eso que no me olvido de aquella 

casa. 

Julio ¿A su mujer? 

Coks. Tampoco. ¡Dios me libre! 

Julio Con cierto asombro. ¿Entonces á quién vas á 

escribirle tú? 

Coxs. Es claro: si no es al tío Alfonso ó á su mujer, 

ya no hay á quien escribirle en el mundo. 



— 50 — 

Julio ¿A alguna amiga? 

Coks. ¡Pero qué curioso! 

Julio ¿A algún amigo? 

CoNs. Ni amigo ni amiga: ¿tú qué tienes que ver? 

Julio Pues, hija, como no le escribas á San Anto- 

nio... porque se te haya perdido algo... 

CoNS. A San Antonio le escribí hace ya tiempo, 

certifiqué la carta, le metí dentro un sello... 
y no tuvo más remedio que contestarme. 

Julio Ya. 

Coxs. ¿Comprendes? 

Julio Sí. ¿Tienes novio? 

CoNs. Uno. 

Julio ¿Querías tener dos? 

CoNS. Con uno bueno basta y sobra. 

Julio Lo siento en el alma. 

Coks. ¡Primo! 

Julio oí, hija, sí; te soy franco. Me molesta que 

las mujeres bonitas tengan novio. Las (juie- 
ro ó libres como el pájaro, ó ya con su ma- 
rido al margen. Por lo que no paso es por el 
novio. El novio es una figura molestísima. 

Coks. Pues, hijo, hay que sufrir. Yo tengo otra 

opinión del mío. Voy á escribirle. 

Julio Poquito, ¿eh? 

CoNS. ¡Ay, qué gracia! Lo de todos los días. Un 

pliego tan cruzado que parece una tela me- 
tálica. 

Julio r;^ es tú? Si no fuera por ese hombre, tú y 

yo seguiríamos charlando ahora. ¡Porque 
para algo me he quedado yo aquí! 

Coxs. Para algo, sí; pero para eso, no. Sé también 

que eres muy embustero. 

Julio Achaques de la imaginación andaluza. ¿Tú 

no mientes? 

Coxs. Mejor y más que tú. 

Julio ¿Hola? 

Coks. Mira: tú acabas de decirme que no te vas 

por el gusto de charlar conmigo, y eso es 
mentira, y yo no lo creo; y yo te he dicho 
que tengo novio, y es mentira también, }'■ 
tú te lo has creído. 

Julio ¿No tienes novio? ¿Hola, hola? ¿Con que no 

tienes novio? 



— 51 — 

OoNS. No, hijo mío; ni me sale. Yo digo lo que 

una muchacha de mi pueblo, que es muy 
salada: «Con mi media naranja han hecho 
por ahí un refresco.» 

Julio ¡Esto ya es otra cosa! ¡No tienes no\do! ¿Arre- 

glamos las macetas? 

CoNS. Asi que las traiga Lucio. 

Julio Conformes. Es particular lo que me sucede. 

Mi madre se va á quedar con la boca abier- 
ta. Porque te prevengo que ahora me voy á 
llevar vin mes sin salir de casa. 

CoNS. La verdad es c|ue eres un tarambana, pri- 

mo. ¿Qué razón hay para que no vivas con 
tu madre? 

Julio Eso es muy complejo. Diferencias de carac- 

teres, de opiniones, de gustos... Claro que 
hav algo más... 

CoNS. ¡Y tanto! • 

Julio No, no va por donde tú imaginas. 

CoNs. Pues cerca le andará. 

Julio Eso sí. 

CoMs. ¿A ver? 

Julio Vale más que sigas sin saberlo. Por todo pa- 

saría yo, si mi madre pasara por una sola 
cosa mía. 

€oNS. Con interés. ¿Te gusta alguiia mujer que á ella 

no le agrade? 

Julio Me gustó... y mucho. 

CoNS. ¿De dónde era? 

Julio De Málaga. 

CoNs. ¿Cómo se llamaba? Dilo. 

Julio Antoñita la buñolera. 

CoNS. ¡.Julio! 

Julio Tú me lo has preguntado. 

Coxs. ¿Pero si eso se acabó, según parece...? 

Julio Se acabó... cuando se murió ella. 

Coxs. Ah, ¿no vive? 

Julio No vive; pero dejó rastro. 

CoNS. Ya. El aceite de los buñuelos se agarra mu- 

cho á la garganta, con soma. ¿No puedes ol- 
vidarla, eh? 

Julio Tengo un hijo. 

(!oNS. ¿De ía de los buñuelos? 

Julio De la misma. 



— 52 — 

CoNS. ¡Vaya por Dios! ¿Y tú qué pretendes de tu 

madre? 

Julio Que venga mi hijo aquí. 

Coks. ¿Y á tu madre... le hace daño la masaV 

Julio ¡No eis que le hace daño; es que no consiente- 

hablar de ello! ¡Le subleva la conversación! 

Co\s. ¿Se parece á tí? 

Julio ¿Mi madre? 

CoNs. Tu hijo. 

Julio Es un retrato mío. 

CoNS. Menos mal. 

Julio ¿Cómo menos mal? 

CoNS. Porque... dichosa la rama que al tronco 

sale. 

Julio Ya sabes lo que me separa de esta casa. De 

esta casa... y de algunas mujeres. 

Coxs. ¿De algunas mujeres? ¿Por qué? 

Julio Porque sueño yo con que la mujer C{ue lle- 

gue á ser mi esposa, acepte ese hijo mío 
como primera condición... y lo quiera como 
yo lo quiero. Si no, no me caso. 

Silencio. 

Coks. ¿No tienes más que uno? 

Julio No. 

CoNS. Alarmada. ¿Eh? 

Julio Que no tengo ninguno. 

Coks. ¡Mentiroso! 

Julio ¡Que no tengo ninguno! Del mismo barro 

que hiciste á tu novio hice yo á mi hijo. Y 
acaso con la misma intención. 

Coks. ¡Pero lo has adornado mucho más! ¡Grandí- 

simo cómico; farsante! ¡Si ha habido un mo- 
mento en que creí que se te saltaban las lá- 
grimas! No seré yo quien se fíe de tí. 

Julio Ni yo de tí, primita. Hablemos claro. 

Coks. ¡Ja, ja, ja! 

Julio Y oye en serio una cosa. 

Coks. ¿En serio? 

Julio En serio, sí. 

Coks. Diine. 

Julio Aguarda. 

Por la primera puerta de la izquierda sale Coralito c» 
dirección á la escalera. Sonríe, mira maliciosamente al 
pasar y sube. 



^'63 — 

CoNS. ¿Qué me ibas á decir? 

Jui.io Muy sencillo. A tí te ha preocupado un ins- 

tante que yo tuviera un hijo, y á mí me ha 
interesado un punto que tú tuvieras novio. 
¿Por qué es esto"? ¿Me quieres contestar? 

iJoKS. Busca la contestación, uo la encuentra y dice: ¿Va- 

mos á arreglar las macetas? 
Julio ¡Vamos á arreglarlas! ¡Ya era hora! 

CoXS. Llamando. ¡LüCÍo! ¡Lucío! 

Julio ¡Lucio! 

Lucio Saliendo de la casa de labor, seguido de Diego. ¡AqUl 

están ya toas las macetas, zeñorita! 
CoNs. ¡Pues vengan todas una á una, que vamos á 

poner el patio que va á reírse solo! 
Lucio ¡Ole! ¡ole! 

En menos que se dice y con presteza y alegría juve- 
niles, cubren y rodean de macetas la fuente y ponen 
otros al pie de las columnas, de tal suerte que truecan 
el patio en un jardín, cambiando su aspecto. Lucio y 
Diego les vau entregando las macetas que ellos dis 
tribuyen d capricho. Las hay de rosas, de geranios y 
de alelíes. 

€oNs. Verás tú qué prontito. 

Julio ¡Cuántas hay!... ¿Dónde pongo yo esta? 

<Joxs. Esa, junto á la fuente. Las pequeñas en 

torno de la fuente. Dame acá, Lucio. 

Lucio Tome usté. 

Coks. Y las grandes rodeando las columnas. 

Julio Ajajá. ¡Qué bonita es esta! 

Coks. ¿Y esta, vale algo? Esta es mi orgullo. 

Julio Esta aquí. Y esta aquí. 

Lucio ¡Ju, ju, ju! 

Coks. Esta remonona á la fuente. 

Julio Otra á la fuente. 

Coks. Y otra á la fuente. 

Julio ¡Cualquiera va á conocer el patio! 

Lucio ¡Ju, ju, ju! ¡Cuando don Eligió lo veal 

Coks. ¡Lo que pesa esta, demonio! 

Julio Esta aquí. 

Coks. Y aquí esta. 

Julio Y esta. 

Coks. Y esta otra aquí. 

Julio ¡No se acaban nunca! 

Coks. Y tú aquí. 



— 64 — 

Julio Y tú con la de antes. 

Coks. Y esta chica aquí para que la vean. 

Julio Y esta grande aquí para que descuelle. 

Coks. Y esta aquí. 

Julio Y esta aquí. 

CoNS. Y ya no hay más. 

Juuo Y ya se acabaron. 

Lucio ¡Ju, ju, ju! ¡Qué bonito! ¡Pero qué bonito! 

Julio Sí que está bonito de veras. 

Kíen satisfechos y se dejan caer fatigados cada uno 
en un sillón. Doña Sacramento ha bajado ú tiempo de 
ver el fin de la faena, y pregunta llena de estupor 

D.a Sac. ¿Qué es esto, Julio"? 

CoNS. ¡Tu madre! 

Julio ¡Mamá! 

D.a Sac. ¿Qué es esto, Julio? 

Julio Pregúntaselo á Consolación. 

D.a Sac. Consolación, ¿,ciué es esto? 

CoNS. Pregúnteselo usted á Lucio. 

D.a Sac. ¿Qué es esto, Lucio? 

Lucio ¡Pregúntazelo usté á las golondrinas! 

Doña Sacramento pasea la vista por el patio, entre se- 
vera y sonriente, y los otros la contemplan gozosos, 
esperando su aprobación segura. 



FIN DEL ACTO SEGUNDO 






ACTO TERCERO 



El palio os el mismo, pero parece otro. La transformación iniciada 
al final del acto segundo es ya completa. Los severos sillones han 
sido sustituidos por sillas de paja y mecedoras de rejilla; donde 
estaba el arcóu hay un piano; por doquiera hay plantas y flores; 
en los arjos macetas colgantes. Corre el surtidor de la fuente, 
tliciendo cosas peregrinas. Es por la tarde. 



Coralito, á quien ya le consienten en la casa, bien que á rega- 
ñadientes de don Eligió, dos deditos de escote, hállase asomada á 
la ventana del zaguán, como en acecho de una víctima. En esto 
Antoñito baja las escaleras á escape y cruza corriendo hacia la 
casa de labor con unos pinceles y un frasco de aguarrás. 

Cor. Parando en su carrera al polluelo. ¡Je.'íú! ¿Quiéll 

ha tirao er tiro? 

AnT. Deteniéndose. ¿Cómo? 

Cor. ¿Dónde va usté tan desesperao? 

Akt. a seguir retratando al don Eligió ese. A ver 

si quiere Dios que acabe hoy. Me dejé arri- 
ba el aguarrás... 

Cor. Humó se nesesita pa pinta á semejante bi- 

cho, y más con esa ropa antigua que se 
pone. Paese una sanguijuela. ¿Cuándo va 
usté á pintarme á mí? 

AnT. Dejando la 'pose, por un momento. Cuaildo USted 

quiera, Coralito. 
Cor. Por mí... usté carcule. Me puedo pone otra 

blusita que tengo toavia más vaporosa, y 



— 66 - 

con el escote un ]wqnito más l)aji); sin yegá 
á lo grave, naturarniente. 

Ant. Lo grave... lo grave es lo bonita que es 

usted. 

Cok. ¡Carambo! 

Akt. Coralito... 

Cor. ¿Qué hay con Coralito? 

Ant. Coralito... usted va á tener la culpa de que 

se haga una revolución en mis ideas artís- 
ticas. 

Cor. ¿Sí? 

Ant. Al tiempo. \'oy á ver si concluyo con aque- 

lla momia, que por cierto está hoy de un 

humor de perros. Entrase en la casa de labor. 
Cor. íluaniio Au'.oñito se ha marcharlo. FritO. PcrO fri- 

to. Yo debo de tené solimán en los ojos. 

Por la primera puerta de la izquierda sale Ambrosio 
lleno de alegría y se dirige á Coralito. 

Amb. ¡Duro, duro! ¡Dale por ahí to lo que pueas! 

Cor. ¿Ha estao usté escuchando la conversasión? 

Amb. Zí, hija mía; y Dios te lo premie. No lo de- 

jes viví; envenénale el aire; que haga nú- 
ineros con los pinceles por tu perzona; que 
ze muera por tí... ¡A vé zi me lo cambias, 
precioza, y acaba por pinta argo bonito! 

Cor. ¿Pero qué le pasa á usté con é, que lo tiene 

tan irritao? 

Amb. ¿Qué quiés que me paze? ¡Que erpa;oíero 

niño no pinta más que dezastres y cozas 
feas! jLa caza me ha yenao de cimenterios, 
y de ciprezes, y de niños tábiros, y de muje- 
res flacas! 

Cor. ¡Vaya un gusto que tiene! 

Amb. ¡No hay un liziao en er pueblo á quien no 

haya copiao! El único hombre cabá que ha 
pintao zoy yo, y pa ezo me ha puesto un coló 
verde y una tiriya en pie, que paece que 
me están ajorcando. 

Cor. jAy, qué risa! 

Amb. ¡Miá pintarme á mí verde! Poz ahora está 

retratando á zu madre, y verde; y á zu her- 
mana, y verde. Pajolero niño, ¿zomos pi- 
mientos ó zomos tu familia? 

■Cor. ¡Ja, ja, ja! 



— 67 — 

Amb. ¡Zi yo yego á penzá que iba á toma eze rum- 

bo, en zeguía lo dejo zé pintó! Dale, Corali- 
yo, dale tú, hasta meterle er zó dentro e la 
cabeza. Miá que zi conzigues que te pinte 
tar como eres, ó que pinte este patio, ó que 
pinte una zandía... ¡verde por fuera, zi quié 
gasta er verde, pero colora por dentro como 
zon las zandías!... te compro un mantón de 
Manila de dos mir reales, bordao en tos los 
colores que er jyajolero niño tiene en la caja 
y que no zé pa qué rejinojo le zirven! se en- 
camina ti la casa de labor. 

Cor. Kiéndose. Vaya usté con Dios... y prepare usté 

los dos mir reales. 

Amb. Volviéndose en la misma puerta. ¿De VCrdar 

Cor. Cuando yo lo digo... 

Amb. ¡Ole! ¡Bendita zean las caras graciozas y los 

cuerpos zerranos! ¡La diferencia que va de 
esta mujé á la colerción de fieras que tengo 
yo corgás por las paredes de mi caza! 

Cor. También le gusto ar padre. Una familia 

atravesá por mí. 

Asómase Salud por la ventana del zaguán. Viene cou 
su marido, el gran Pandereta, y con Rosita, su hija. 
Son un matrimonio popular, feliz si los hay. 

Sai.. Ssss... ssss... Güeñas tardes. 

Cor. Güeñas tardes. 

Sal. ¿Está la señorita? 

Cou. ¿Cuá señorita? 

Sal. La señorita Consolasión. 

Cor. Sí que está. 

Sal. Pos abra usté, que venimos á verla. Nos ha 

mandao vení. 

Cor. ¡Ah! ¿Ustedes son los jardineros? 

Sal. Sí, señora. 

Abre Coralito el portón y salen los tres recién llegados. 
Quédase entornado el portón. 

Pand. Salú, pimpoyo. 

Cor. Dios guarde á ustedes. Ayé sintió muchísi- 

mo er no está aquí cuando ustedes vinieron. 
Dise que á usté no lo conose, pero que con 
usté ha jugao en er patio e su casa. 

Sal. Miá como eya se acuerda. ¡Es más güeña la 

señorita! 



— 68 ~ 

Cor. Vi á avisarle, sube. 

Pakd. ¿Tú has reparao, Üíúñ'? ¿Ha cainbiau este 

patio? Se conose que la señorita nueva trae 

mucha alegría. 
Sal. ¡Si anoche me dijo Frasquita, la cosinera, 

que hasta va á mete aquí un teatro! ¡Y que 

don Eligió, el arministrad('), está con eso 

por las nubes! 
Pand. Riéndose. ¡.Je, je! ¡Don Eligió! ¡Qué mursiéla- 

go es don Eligió! 
Sal. Yo tengo muchas ganas de vorvé á vé á la 

señorita. Tú carcula: era mi madre lavan- 
dera en su casa... 
Pakd. Me lo has contao noventa veses; pero sigue. 

Sal. ¿.Pa qué? Joseliyo María, ¿te acuerdas tú 

de cuando servíamos acá? 
Paxd. ¡No que no! 

Sal. ¿Y^ de cuando entramos en relasiones? ¿Te 

acuerdas? 
Pand. señalando á una columna. Ayí te dí er primero. 

Sal. Señalando á otra. No, que fué aví. 

Paxd. Ayí fué donde nos pescó don EUgio y nos 

plantó en la caye. 

Se ríen los dos. Consolación b;ija. 

CoNS. ¡Salud! 

Sal. ¡Señorita! se besan. 

Coxs. ¡Qué guapa estás, mujer! 

Sal. Este es mi marío. 

Paxd. Pa servirla á usté, señorita. 

CoNS. Gracias. ¿La niña es tuya? 

Pand. Y mía también. 

CoNS. Y"a me hago cargo. Tiene buen humor tu 

marido. 

Sal. Pandereta le yaman. 

CoXS. La chiquilla es preciosa. La besa y la acaricia. 

¿Cómo te llamas tú? 
Rosa Rosita. 

Sal. Es la mayó que tengo. Tres más quean en 

casa. 
Coxs. ¿Tres más? 

Pand. Y la imaginasión proyertando. 

Coxs. Sentarse. ¿Y"" tú qué haces ahora, Salud? 

Sal. Este, que es un poquiyo hortelan(j y otro 

poquiyo jardinero. 



- 50 — 

Pakd. Na: una güertesiya que tenemos ahí á la 

salía der pueblo, con cuatro lechugas y cua- 
tro flores. Rosa que no se vende en la caye 
se la pone mi mujé en er moño; y tomate 
que uo se vende en la prasuela, tomate que 
se echa en er gazpacho. 

Sal. ¿Qué se le va á hasé, señorita? Si sernos pro- 

bes, ¿ensima nos vamos á apura? 

Paxd. ¡Eso sí que no! En mi casa tengo yo prohi- 

bió arruga el entresejo. Yo no he estao tris- 
te más que una vez en toa mi vía: cuando 
enfermó la madre de esta, y dijo er médi- 
co... que no era cosa de cuidao. 

Sal. ¡Gaya, sinvergüensa! ¿Será sinvergüensa? 

Es mu sinvergüensa. Nos yevamos mu bien. 

CoNS. Ya, ya lo veo. Sin embargo. Pandereta, á mi 

me han dicho que se le va á usted la mano 
con Salud. 

Sal. Diga usté que no es verdá, señorita. 

Paxd. Diga usté que sí, que es verdá. Cuando 

bebo, que es de tarde en tarde... vamos, toas 
las tardes, argunas veses me da negra y le 
sacudo tres ó cuatro gorpes. 

Sal, Güeno, pero luego nos reímos. 

Pand. Como que si no nos riyéramos luego, yo no 

te ponía un deo ensima. 

Sal. Señorita, si una no tiene más tesoro que 

está contenta. ¿Qué va una á saca con em- 
berrenchinarse? Perdé la salú. 

Pand. ¡Eso! Miste, probes semos como las ratas, 

pero ni eya ni yo envidiamos á nadie. Yo 
voy á casa de don Manuer Tinaja, que de- 
bajo e ca ladriyo tiene una onsa e oro, y no 
veo más que esaborisiones por toas partes. 
Se ponen á armosá, y un niño toma la 
emulsión, y el otro el aseite, y el otro una 
pírdora en ca plato, y er padre agua de una 
boteya asú, y la madre agua de una boteya 
con un grifito... ¡Pa eso que se muden á la 
botica! 

Sal. ¿Pos y en casa de doña Guadalupe, donde 

vi yo á hasé los mandaos? Er mario pelea 
con la mujé; la mujé pelea con er suegro; er 
suegro pelea con la cuña; la cuña pelea con 



-.- 60 — 

er cuñao; er padre esloma á los chiquiyos; 
las crias no paran dos días... ¿Y eso es viví"? 
Miste nosotros. De mi vera no se espegan 
mis hijos. 

Coks. Ea, pues vamos á lo nuestro. 

Pand. Usté nos dirá, señorita. 

Sal. ¿Es pa argo der jardín pa lo que usté quie- 

re á mi maríoV 

OoNs. Justamente. Es una lástima de jardín; está 

perdido, abandonado. ¿Usted lo conoce'? 

Pand. ¿Er jardínV Mejó (jue er genio de mi suegra. 

CoNs. ¿No es verdad que se puede poner nmy bo- 

nito? Con varios cuadros de rosas y claveles, 
alguno de violetas, un par de celindas, un 
jazmín en un muro, una enredadera en el 
otro... ¿Verdad? El cenador, que es lindísimo, 
cjuisiera yo cubrirlo de rosas, á ser posible 
de pitiminí. Y como gracias á Dios la tierra 
es buena y hay agua abundante, me da pena 
que la tierra esté sin dar flores, y el agua 
parada, y todo muerto. 

Panu. Sí que da pena, señorita. 

vSal. Usté verá qué bien lo arregla este. A fante- 

sía no le gana ningún jardinero. 

Pand. Yo le pongo á usté una enredaera de cam- 

paniyas en er muro de frente á la casa, que 
en cuanto prinsipie á da fló hasta van á 
toca las campaniyas. 

C!oNs. Mejor que mejor. ¿Y á qué \an á tocar. Pan- 

dereta? 

Pand. Según. Cuando entre usté en er jardín, á 

gloria; cuando se presente el arministradó, 
á las ánimas. 

CoNS. ¡Ja, ja, ja! ¿Tu marido también conoce á don 

Eligió? 

Sai.. ¡Digo! Si nosotros servíamos acá; sino que 

nos echaron á la caye á los dos días de no- 
vios. 

CoNs. ¿Por qué? 

Pand. Porque esta se reía de to y yo también, y se 

hartaron de tanta risa. 

CoNS. Bueno, pues vengan ustedes al jardín. Allí 

sobre el terreno veremos lo que puede ha- 
cerse. Ande usted. Pandereta. 



— 61 — 
Pand. veamos donde usté diga. 

Se eucamiiian a la casa i.le labor, á tiempo que sale Je 
ella don Eligió echando chiribitas, y vestido con la 
ropa de dos siglos há que ya le conocemos. 

D. Elig. ¡Mamarracho de pintorcillo! ai encontrarse con 
el grupo. ¿Eh? Buenas tardes. 

El efecto que tamaña aparición les produce á todos es 
extiaordinario. La risa se les escapa de los labios y 
ellos se esfuerzan en contenerla. Piimcro Consolación, 
luego Salud con su niña, después Pandereta, oontcs 
tan como pueden á las buenas tarde?-- y uno detrás do 
otro se van á soltar la risa allá dentro. 

CoNS. Buenas tardes. 

Sal. Güeñas tardes. 

Paxd. Güeñas tardes. (¿Se ha escapao de un cua- 

dro este hombre?) 

D. Elig. ¡Ah! ¿También he de servir yo de chacota? 
¡Voto va, que se engañan muy mucho! ¡Pues 
buen día Uevo para aguantar ancas de na- 
die! 

Baja doña Sacramento. 

ü.a Sac. ¿Qué es eso, señor don Ehgio? 

D. Elig. Señora marquesa, perdone usted si llega á 
alcanzarle alguna chispa de mi cólera; pero 
me hallo fuera de mí. 

D.si Sac. ¿De su cólera? ¿Y por qué causa se le ha en- 
cendido así, amigo mío? 

D. Elig. No es una causa sola; son miles de causas, 
que conspiran contra mis ideas, contra mis 
hábitos, contra mis nervios. En esta santa 
casa ha entrado un vendaval Cjue todo lo ha 
desordenado y revuelto. 

D.íi Sac. ¿Se refiere usted por ventura á mi sobrina 
Consolación? 

D. Elig. ¡A ella misma! Hora es ya, señora marque- 
sa, de que pongamos freno á sus locuras. 

D.!i Sac. ¿A sus locuras? 

D. Elig. De alguna manera he de llamarlas. 

D.a Sac. ¿Y si yo le dijese á usted, bondadoso ami- 
go, que las locuras de mi sobrina van ga- 
nando mi ánimo? 

D. Elig. Perplejo. ¿Será posible, señora marquesa? 

D.a Sac. ¿Por qué no? Aún no hace un mes que vive 
conmigo, y }'a ha modificado en algo mis 



— 62 — 

costumbres, y lia alterado la severidad de 
mi casa, llenándola de gritos, y de risas, y 
de pájaros, y de llores; y si Iñen esto empe- 
zó por desconcertarme y aturdirme, y por 
levantar mi protesta —usted es testigo, — hay 
una razón que puede más «jue todo... que 
me lleva á agradecer esa alegría. 

D. Elig. Doblemente perplejo. ¿A agradecerla? 

D.ti Sac. ¡y quién sabe si á bendecirla! 

D. Ei.iG. ¡Yo voy á perder el juicio! 

]).» Sac. Mi hijo Julio, desde aquella misteriosa apa- 
rición de hace quince días, no sale de esta 
casa; él, que á pesar mío, no paraba jamás 
en ella, arrastrado por los atractivos de otra 
vida sin disculpa alguna. ¿Es el amor quien 
aquí lo retiene? No lo sé. ¡Ojalá lo sea! Por- 
que yo sé decirle á usted, excelente Frías, 
que mi hijo, llenando con su prima este pa- 
tio de flores; planeando la reforma del jar- 
dín; ideando la construcción del teatrito en 
las habitaciones cerradas; discurriendo so- 
bre la comida á los pobres, y la fiesta á los 
trabajadores del cortijo, y todas las cien co- 
sas que sueñan juntos, es dichoso; es hon- 
radamente dichoso. Y así lo quiero. 

D, Elig. ¿He oído yo mal, señora marquesa, ó soy 
víctima de algún maleficio? ¿Es decir que 
usted está pronta á sepultar sus más caras 
ideas? 

I).!i Sac. Nada de eso; en todo casoá modificarlas, si 
á ello me llevaran mis reflexiones. Pero á lo 
que sí estoy decidida es á que mis sentimien- 
tos más legítimos vivan á la par (]ue ellas. 

D. Elig. ¡Bien! ¡Muy bien! ¡Perfectamente Ijien! De 
todo lo cual yo colijo que usted autoriza en 
el austero palacio de los Arrayanes, la cons- 
trucción de ese teatrillo de que antes ha 
hecho mérito. 

D.» Sac. Teatrillo, no; teatrito. Lo he prometido ya. 

D. Elig. Despechado y furioso. ¡Soplan vientos de li- 
bertinaje! 

D.« Sac. con severidad. Scñor de Frías... 

D. Elig. La señora marquesa me disculpe. Y luego 
me oiga. 



- 63 — 

l).a 8ac. Hable usted. 

D. Elig Como ya creo percibir claramente que, do 
hoy más, cosa que yo refute ó discuta en 
esta su casa, será cosa hecha, para darme v- 
mí con la badila en los nudillos, tengo el 
sentimiento de anunciar á la señora mar- 
quesa que en este punto y hora han acabado 
mis servicios aquí. 

D.a Sac. ¡Querido Frías! 

D. Elig. ¡Señora marquesa! 

D.a Sac. ¡Me dará usted el mayor disgusto de mi vida! 

D. Elig. Xo es menor el que á mí me causa, mi se- 
ñora. 

Sale Julio por la primera puerta de la izquierda u;i 
poco sorprendido é interesado. 

Julio ¿Qué ocurre? ¿Qué charlan ustedes? Reparan- 

do en la guisa de don Eligió. ¡Hola! ¿Dónde Va 

vuesa merced tan galán, señor caballero? 
D. Elig. La señora marquesa de los Arrayanes tiene 
la palabra. Con todos los respetos. 

Hace el hombre un par de cortesías y se va por las 
escaleras á cambiar de traje cuando menos. 

Julio ¿Qué yerba ha pisado don Eligió, mamá? 

D.a Sac. La yerba que ha pisado no sé; pero se nos 
^áene encima una gran desgracia. 

Julio ¿Qué? ¿Va á dar quizás otra conferencia? 

D.a Sac. No es caso de broma. Está contrariadísimo 
con todo lo que aquí sucede, y acaba de 
participarme que nos deja. 

Julio ¡Bah! Creí que era otra cosa. Ya lo conven- 

ceremos. 

D.a Sac. Mira que está muy enojado. 

Julio Mejor. 

D.a Sac. ¿Qué ha de ser mejor? ¿Me prometes tú ha- 
cer cuanto puedas por retenerlo? 

Julio Cuenta con que se queda en casa. Don Eli- 

gió es un infeliz. La adulación lo rinde, ya 
lo sabes. Como yo le proponga que inaugu- 
re el futuro teatrito con una conferencia á 
propósito del teatro griego, es hombre al 
agua. Y aun lo verás trabajar en algunas 
comedias. ¿Qué digo comedias? ¡En el inter- 
medio de baile! 

D.a Sac. Calla, calla por Dios. 



— 64 — 

Julio Sobre todo, mamá, tú y yo no reñimos. 

¿Hemos vuelto á tener nicas tiquis mionis 

desde qne te lo prometíV 
D.:i Sao. No en verdad; y así te quiero siempre. 
Julio Y así espero seguir mucho tiempo. 

D.a Sac. ¿Cuánto? 
Julio ¿Cuánto? Pronto lo sabré, a Coralito, que sale 

de la casa de labor. Coralito. 

Cor. INIande usté. 

Julio ¿Y la señorita C'Onsolación? 

Cor. Por usté preguntaba ahora. En er jardín 

está con Pandereta. 
Julio ¡Caramba! ¿Y cómo no me lo ha avisado? 

¿Vienes, mamá? 
D.íi Sac. ¿También yo he de ir? 
Julio Sí; quiero que se haga todo á gusto tuyo. 

D.íi Sac. ¿A gusto mío? 
Julio A gusto tuyo, sí; no subrayes. 

D.a Sac. Pues vamos al jardín. 

8e vnn hijo y madre por la puerta de la casa de labor. 

Cor. Ya lo creo que se quieren. La señorita jura 

que ér no le ha dicho nada todavía; pero ni 
de espardas pué negá er señorito que le ha 

tomao cariño, suspirando. ¡Ay! saca su espejito 

de bolsillo y se da un vistazo. 

Lucio, que sale por el portón, se queda contemplándola 

burlouamente. Viene del campo. Trae una espiga en el 

sombrero, 

Lucio ¿Te vas á retrata? 

Cor. Volviendo la cara. ¡Hola! ¿Ya yegaste? 

Lucio ¿Prezumes tú argo? 

Cor. Hombre, el arreglo siempre dise bien de 

la persona, con coquetería. Y las que somos 
feas... nos tenemos que compone. 

Lucio Ezo zí. 

Cor. Indignada. ¿Que SÍ? 

Lucio Tú mesma lo has dicho. 

Cor. Lo que digo yo mesma es que estás más gan- 

so ca día. 

Lucio Mejón pa mí. Er zé ganzo engorda. Oye: ¿y 

la zeñorita Conzolación? 

Cor. ¿Yo qué sé? En er jardín con er señorito. 

Lucio ¡La zuerte e loz hombres! ¡Miá que zi argún 

día me quiziera á mí una mujé como la ze- 
ñorita Conzolación! ¡Ah! 



— 65 — 

Cor. Siempre en la brecha. ¡Quiéii sabe!... Si tú te 

sivilisaras un poco... 

Lucio ¡Vamos, quita! Lo más que me quié á mí 

ez una zurrapastroza der barrio e los gita- 
nos. ¡Ju, JU, ju! Mirando de pronto al de Ir gola y 

poniéndose serio. ¿Ya empezamos, amigo? a 
Coralito. ¿Qué te zucede á tí? 

Cor. Quemadísima Nada. 

Lucio Poz esto de la zeñorita y der zeñorito, yo 

me lo malicié. Y ar principio me jizo er co- 
razón azín pa arriba y pa abajo, porque me 
había enamorao como una bestia de la zeño- 
rita. 

Cor. No se biso la mié... 

Lucio Pero aluego ze me pazo aqué delirio, ze me 

zalló er jumo e la cabeza, ¿zabes? y me en- 
tró una alegría mu grande de que pazara lo 
que paza. Tanto ez azín que antié, mientras 
limpiaba er patiniyo, estuve zacando un 
verzo pa los dos. Pero no una aleluya como 
otrcs que he zacao, zino un verzo largo, azín 
por el estilo de un romance. Conque fí y 
agarré y ze lo yevé escrito á don Juan 
Martínez er procuraó, cpe es poeta, y tiene 
una corona en zu despacho, con intención 
de que me lo arreglara. Y me lo ha arre- 
glao... pero ahora rezurta que á mí me gus- 
ta más como yo lo jice. Y estoy acechando 
una ocazión pa echárzelo á eyos. En cuanti- 
to los vea juntos á los dos diciéndoze ter- 
nuras. Veras tií, Coraliyo, verás tú. Principia 
azín: 

«Todas las flores der campo 
ze han puesto er traje de gala; 
y también er zó ze ha puesto 
zu corona de oro y plata...» 

Cor. ¡Ay, qué bonito! 

Lucio ¡Zi zigue toavía! Verás tú. 

Cor. ¿Cuándo me sacas á mí un verso! 

Lucio ¿A tí? 

Cor. Sí. 

Lucio Mirándola con cierto orgullo satisfecho. Yo te lo 

zacaré; no te apures. 
Cor. ¿De veras, Lusío? 



— 66 — 

Lucio Zí, mujé; de veras. 

Cor. a vé cii;intns cosas me dises. 

Lucio Zecún me coja. Zi me da por lo lino, por lo 

fino; zi me da por lo graciozo, por lo «rracio- 
zo; zi me da por lo verde... 

Cor. Mira, que te dé por lo fino y así se lo man- 

do á mi madre. 

Lucio ^-A tu madre? 

Cor. Si. 

Lucio Po zi ze lo mandas dirle de quién es. 

Cor. ¿No tengo de desírselo? Accrcándj.selo con za- 

lamería. Le diré: «Mamá, sabrás que te man- 
do ese verso que me ha sacao un muehacho 
que está aquí en casa, y que tiene esa habi- 
lidá. Un muchacho muy guapo... muy lis- 
to... muy simpático...* 

Lucio ¡Ju, ]u, ju! ¡Pos no te pones tú mu meloza! 

Cor. ¡Qué brutísimo eres! 

Lucio ¡Ju, ju, ju! Encarándose de nuevo con el de la 

gola ¿Güerta á mira, compadre? ¡Ea, pos ya 
me jarte yo! ¡Me río jasta que ze me zarten 
las muelas! 

Cor. ¿Qué dises? 

Lucio ¡Y zi á usté también le jace la pascua que 

ze haigan traío flores ar patio, y (¿ue corra 
la fuente y que tos estemos contentos, ze 
güerve usté pa la paré y azín ze ajorra eze 

dijUSto! Dando un respingo de repente lleno de 
pavor. ¡Lh! 

Cor. ¿Qué te pasa, Lusío? 

Lucio ¡Que me paece que me ha zacao la lengua! 

Cor. Tú estás loco. 

Lucio No estoy loco. ¡Es que eze gachó no me deja 

viví! ¡Me mira de tos laos! 
Cor. ¿y tú no sabes por qué es eso? 

Lucio ¿Ze ha enamorao de tí también? 

Cor. ¿De mí? 

Lucio A tu parece zerá el único que farte en la 

caza. 
Cok. ¡Vaya! No se puede trata címtigo. Cuando 

está una más tranquila suertas una pata. 
Lucio ¡Pos nadie te ha yamao á mi vera! 

Cor. ¡Otra, hijo, otra! 

Lucio ¡Zi no prezumieras como prezumes!... Y des- 



— (7 — 

pues e to, zi te ze mira espacio, ¿qué tiene's 
tú que varga dos pezetas? Un cojunto azíii 
que no es repunante, un ojo más chico que 
otro, una nariz que ez un peyizco, y pare 
usté e contá. ¡Ea! ¡Me \'i adentro á jugá 
con la perra, que gasta menos posturitas! 

Entrase en la casa de labor. 
i[/OR. A punto do nn ataque nervioso. ¡Ay! ¡av! ¡ay, qué 

bestia! ¡qué bestia! ¡qué bestia! ¡Y lo malo 
es que tiene rasón mi señorita! ¡Es el único 
que me gusta! ¡Ay! ¡ay! ¡Bien carito voy yo á 
paga to lo que me he divertío con los hom- 
bres! Pasea agitadisiaia, haciéndose aire con el de- 
lantal y queriendo tranquilizarse. 

Salen de la casa de labor Coiisolacióu y doña Saera- 
uiento. 

•CoNS. Sí, señora. ¡Pues ya lo creo! Cuanto antes 

mejor. Escucha, Coralito. 

D.a Sac. ¿Qué te ocurre? 

€oR. ¿A mi? ¿Pues qué tengo? 

C!oNS. Los carrillos como tomates y los ojos echan- 

do bombas. 

<JoR. Tomaré sarsaparriya. 

CoNs. ¡ Ah, ya sé! Esto ha sido una pelotera con Lu- 

cio. Siempre andan asi. Acabarán casándose. 

Cor. Eso quisiera é. 

CoNS. ¿Y tú no? 

Cor. ¿Yo? No como telera. 

D.a Sac. Bien está. Sube y abásale al señor adminis- 
trador que la señorita Consolación quiere 
hablarle. 

I'OR. Ahora mismo. Sale andando y sube con tal gracia 

que hace inverosímil el desdén de Lucio. 

D.a vSac. Prefiero que seas tú quien interceda, porque 
mi hijo Julio á lo mejor lo echa á perder 
todo con una broma. 

CoNs. ¡Y yo lo hago encantada! Esté usted tran- 

quila. Un pobre señor que tanto quiere á 
usted, que lleva tantos años á su servicio, 
honrado, bueno... 

D.a Sac. ¡Oh! A carta cabal. Su conducta siempre ha 
sido intachable. 

€oNS. Le digo á usted que no me lo perdonaría. 

Déjeme usted sola con él. 



D.H Sac. Eso es muy acertado. Aquí aguardo yo. 

Kntrase por In puerta de la dereeha. 

( 'oKS. ¡Pobre don Eligió! La verdad es que está pa- 

sando las de Caín, so sienta. Ahí viene. 

Baja, en efecto, vestido ya de americana, y con toda la 
lapidcz que exige lo interesante de la eiitrevista, si 
bien con cara de pajuoln. 

I). Elig ¿Es cierto, señorita, que desea usted hablar 
con mi humilde persona? 

( "ONS. Es cierto. 

1). Elig. Pues aquí me tiene á sus órdenes como ca- 
ballero y como servidor. 

CoNS. Muchas gracias; pero vamos á hablar sók^ 

como amigos. Si usted no quiere serlo mío, 
yo me empeño en ser amiga de usted. Sién- 
tese aquí á mi lado. 

D. Elig. ¿Que yo no quiero ser su amigo, señorita? 

Coks. No, señor; acaba usted de decirle á mi tía 

que se va de esta casa, porque yo estoy loca 
como un cencerro y usted no me puede re- 
sistir. 

D. Elig. Escandalizado. ¡No, no! ¡Así nol ¡No hay que 
alterar los textos! 

Coks. Bueno; la forma será otra, pero ese es el 

zumo del limón. Mi tía ha tenido un verda- 
dero sentimiento; yo, no se diga. ¿Cómo no 
me ha de doler que por mi causa determine- 
marcharse de aquí, donde casi ha nacido, un 
servidor leal, un amigo excelente y un con- 
sejero bondadoso?... No, no, no. Señor de 
Frías, antes que consentir que usted salga 
por esa puerta, salgo yo con mi doncella, 
con mis flores, con el loro, con el piano, 
con la perrita y con toda la balumba que 
conmigo ha venido para desesperarlo á us- 
ted. 

D. Elig. ¡Señorita! 

CoNS. Así como suena. Usted no me conoce toda- 

vía, don Eligió. 

D. Elig. sumido en uu mar de confusiones. Pero, bueilO... 

Pero... poco á poco... Entendámonos... Pre- 
cisa ordenar la discusión. 
Coks. Lo que precisa es que usted y yo nos diga- 

mos las verdades claras. Vamos á ver. ¿Qué 



— 69 — 

motivos tiene usted para irse? ¿Qué ventole- 
ra es esa? 

D. Elig. El caso es que... hecha así la pregunta... 

€oNS. ¿Le ha molestado á usted quizás que llene 

el patio de macetas? 

D. EuG. ¡Oh! ¡Por Dios!... Eso nunca.., nunca... ¿A 
santo de qué? 

CoNS. Naturalmente. Las macetas á nadie estor- 

ban: alegran la vista, perfuman el aire... 
¿Entonces qué le contraría: que la fuente 
corra, que suene el surtidor? 

D. I]lig. Menos aún... Corra el surtidor en ))uen 
hora. 

•Coxs. Buscaremos otro pecado. ¿Es quizás la cana- 

riera que he puesto arriba lo que subleva á 
usted? 

D. Elig. ¿La canariera? ¿Me lo pregunta usted en 
serio? 

Coxs. Ya veo que no es la canariera. A otra cosa. 

¿Es el loro? 

D. Elig. El loro es harina de otro costal. No por el 
ave en sí, sino por las lecciones que aprende. 

Coxs. Le advierto á usted, y hasta se lo juro, que 

yo no soy quien le ha enseñado á decir: 
«Que baile don Eligió.» 

D. Elic. ¿Que baile don Eligió? ¿Pero dice el loro tal 
cosa? ¡No lo dirá más de una vez en presen- 
cia mía! ¡Eso es una burla que no se puede 
tolerar! Mas ya comprenderá usted, señorita, 
que son razones de mayor entidad las que 
me han impulsado á despedirme. 

Coxs. ¿Luego las hay? 

D. Elig. Confieso que las hay. 

OoNS. Seguiremos buscándolas con un candil. 

¿Acaso es una que yo reciba en este palacio 
á los pobres que vienen á verme? dod Eligió 
tuerce un poco el gesto. Eso podrá parcccrle mal 
á la gente frivola, á la gente que vive de la 
etiqueta y de la farsa; pero un hombre todo 
corazón, como usted, no es posible que des- 
apruebe que trate yo con bondad y cariño á 
los que sufren, á los que necesitan. 

D. Elig. No pinta usted más que el lado agradable 
de las cosas... 



— 70 — 

C'oNS. Y si las cosas tienen un lado que es af¿rada- 

ble, ¿á qué se han de mirar por ningún (jtro?^ 
Pero ¡tonta de mi! Ya caigo en lo (jue ha sa- 
cado á usted de sus casillas. Lo del teatrito. 

D. Elig. Lo del teatrito... 

CoNS. Lo del teatrito por fuerza lo lia entendido 

usted mal. ¿Usted se fígura que en ese ta- 
blado se van á bailar tangos y peteneras? 

D. Elig. ¡Presumo que no! 

Coks. Y cuidado que á mi las petenera;-' me gus- 

tan. Y aun las bailo. Ese teatrito no será 
más que un recreo casi inocente... agradable» 
culto... Lo primero que he pensado yo es 
que comedia ([ue se represente, comedia que 
usted ha de elegir. 

1). Elig. ¿Ha pensado usted esoV 

C'oxs. ¡Pues claro! ¿Quién mejor que usted, que 

tanto sabe y tanto ha leídoV Porque yo le 
hago la justicia de creer que no será usted 
de los que cierran abiertamente contra el 
teatro. 

D. Elig. No en mis días. El teatro es lugar de hones- 
to esparcimiento, á la vez que de provecho- 
sa enseñanza. 

( •oxs. ¡Muy bien! ¿Ve usted como no peleamos? 

Pues usted será el que lleve la voz cantante 
en el de casa. Y si quiere, para la ])rimera 
función, elige una comedia de un religioso. 
Por ejemplo: de Tirso de Molina. ¿No era... 
fraile Tirso de Molina? 

D. Elig. Sí, sí, pero... Tirso de Mohna... Ya madura- 
remos ese asunto. Porque á pesar de (jue era 
fraile... es más verde que un apio. 

( 'oNS. Quien dice Tirso de Molina dice Lope de 

Vega... ¿No era cura? 

1). Elig. Sí... sí era cura... pero era un cura muy es- 
pecial. 

CoNS. ¿Muy especial? ¿Pues qué especialidad tenían 

D, Elig. Dejemos ahora esto... Es cosa que debe me- 
ditarse muy mucho... 

CoNS. Me he fijado en los autores antiguos, por- 

que como de estos del día dicen por alií que 
no escriben más que cosas que no píxlemos 
ver... Pero, en fin, sigamos nuestro pleito. 



— 71 — 

Explicado lo del teatro, ya veo que no sola 

somos amigos, sino amiguísimos. 
D. Elig. Indudable. 
l'oNs. ¿Quiere usted que escribamos una obra en 

colaboraci(')n? Usted pone lo serio y yo los 

chistes. 

D. Elig Apretando la cara par.i no .soltar la risa. ¡JeSÚs! 

CoNS. Don Eligió, si le hace á usted gracia alguna 

cosa que 3^0 le diga, ríase sin cuidado, que 
yo no se lo cuento á nadie. 

D. Elig. Éso temo; que acabará usted por hacerme 
reir. 

t'oxs. Como que después de tanto hablar, vengo á 

sacar en limpio que nada le molesta á usted 
de mi persona más que las ganas con que 
me río; lo que atolondro, lo que charlo; lo 
que voy de aquí para allá, lo que revuelvo... 

D. Elig. Le diré á usted... 

CoNS. No, no, señor; en este punto no me diga us- 

ted nada: no hay discusión posible. Tiene 
usted que tragarme así. A mí no me gustan 
esos lentes redondos que usa usted, y tam- 
poco le he dicho nada hasta ahora. Yo he 
hecho siempre, v hago, y haré, todo lo posi- 
ble por alegrar mi vida y la de aquellos que 
me rodean. Alegrar la vida es quererla, y 
quererla es una manera de adorar á Dios, 
que nos la ha dado. Convénzase usted, don 
Eligió: el que está alegre es más noble, más 
bueno, menos egoísta, más fuerte... 

D. Elig. ¿Más fuerte también? 

CoNs. También. Ayer me decía mi primo hablan- 

do de esto, que él vio cuando estuvo en 
campaña, que los soldados que mejor resis- 
ten la vida dura de la guerra son los más 
alegres, los que saben cantar y reir. De 
modo que yo tengo razón que me sobra por 
la punta del pelo; que usted antes se acalo- 
ró; que ahora me da un abrazo... 

D. Elig. ¿Un abrazo? 

CoNS. O dos, si le parece poco. Y que para tal cul" 

pa, tal iDena: usted le proporcionó á mi tía 
el disgusto de anunciarle su marcha, y aho- 
ra va á entrar en esa habitación, donde ella 



.está, á decirle que sigue hoiu'ámlonos con 
su compañía. 

D. Elig. Señorita Consolación, la lionra... el hon- 
rado... 

Coxs. Ni una palabra más: el aljrazo y adentro. 

Don Eligió la abraza, tarabaleánciose de pura turbación. 
D. Elig. En ademán de darle otro abrazo. Repito que... 

Coks. No repita usted nada: adentro. Advirtiéndo- 

le á usted una cosa: que esta escena es úni- 
ca en su género. 

1). Eu(.. Entendido, entendido... Obligadísimo á su 
bondad... 

Hace una cortesía lo mejor que puede y se va eu bus- 
ca de doña Sacramento, enjugándose un par de gotas 
que asoman á sus ojos, probablemente de tinta china. 

Coxs ¡Lo he convencido! ¡Claro! ¡Si no hay comí» 

tener razón y no dejar hablar! 

Salen de la casa de labor Julio, Pandereta, Salud y su 
niña. 

Julio Consolación. 

Coks. f,Qué hay"? 

Julio Pandereta que se va y quiere saber si viene 

ya desde mañana. 
Coks. Sí, sí, desde mañana. 

Sal. Ea, pos muchas grasias, señorita, por ha- 

berse acordao de nosotros. 
Pand. Yo me pienso trae á tres ó cuatro hombres. 

Julio Los que necesites: allá tú. 

Pakd. Me traeré al hijo er siego, me traeré á Tor- 

niyo, me traeré á Scboya, me traeré á Cara- 
lata... 
Sal. No te traigas á ninguno que se emborrache. 

Pand. Pos entonses vas á tené que vení tú sola 

con los retratos e los sinco. 
Sal. Conque, vamonos ya, que es tarde. Señori- 

ta, quéese usté con Dios. Con Dios, señorito. 
CoNs. Adiós, Salud. 

Julio Adiós. 

CoNS. Niña, dame un beso. 

Sal. a vé si va usté una tarde por la gücrta. 

Pand. Con Dios, don Julio. Con Dios, señorita. 

Que haiga salú, y que muchos años les baile 
á ustés la risa en la boca, como ahora. 
Sal. ¿Quiés no charla inás^ 



— 73 — 

Pakd. Después e to, dentro e sien años, tos carvos. 

Sal. Anda, hombre. 

Pand. Ya nos vamos, ya. Yo lo paso tan bien en 

este mundo, señoritos, que er día que me 
muera, si por casolidá ven ustés mi entierro, 
no digan ustés: «¡Hombre, probesiyo Pande- 
reta! ¡Lástima e Pandereta! ¡Tan güen jardi- 
nero como era Pandereta!» No lo digan us- 
tés. Lo que tienen ustés que desí es esto 
otro: «¡Más quemao qvie las ánimas va ese!» 
Ea, echa pa alante ya. Hasta mañana, seño- 
ritos. 

Sal. Que ustés sigan güenos. 

.CoNS. Vayan con Dios. 

Julio Hasta mañana. 

Sal. Niña, ¿qué se dise? 

Ros. Güeñas tardes. 

Se va á la calle el regocijado matrimonio 

CoNS. ¡Pobre gente! ¡Bendita su alegría! Hace sonar 

distraídamente las teclas del piano. 

Julio Oye. 

CoNS. ¿Qué quieres? 

Julio ¿Para qué te llevó mi madre del jardínV 

Ooxs. Porque quería hablarme. 

Julio ¿De mí quizás? 

Coks. De tí... y de otra cosa. Dice que está sor- 

prendida... y contenta; que pareces oiro. 

Julio Pues soy el mismo. 

Coks. Le llama la atención que pases tanto tiem- 

po en la casa. 

Julio ¿Y á tí, te llama la atención? 

Coxs. Como no sé tus costumbres de antes... 

Julio ¿De antes... de qué? 

Coxs. De antes... de confundirte yo con Pacheco. 

Julio Pues mis costumbres de entonces y de siem- 

pre, y hasta mi sistema filosófico, consisten 
en vivir contento y en hacer la vida agrada- 
ble y risueña. Allí donde puedo lograrlo, 
allí me estoy. Ahora le ha tocado á mi casa; 
pero es porque mi casa es otra; yo no. 

Coxs. ¡Si vieras lo que me gusta oiite hablar así! 

Julio ¿De veras? 

Coxs. Me enorgullece que por mí quieras á tu casa. 

Antes no la querías. 



— 74 — 

Julio Antes no. Me parecía una Ci'ircel, te soy 

franco. 

CoNS. Y á mí me encanta que las per.sonas quie- 

ran i\ su casa. No te puedes imaginar la rabia 
que siento al hablar con cualijuiera que no 
hable de su casa nunca. Tú sabes que hay 
personas así. Me pasó á mí con un señor, 
que después de tratarlo más de tres años, sin 
que ni por casualidad sacara á relucir á su 
casa, ni á su gente, ni siquiera á su perro, 
acabé por encararme con él un día y por 
preguntarle: don Fulano, pero ¿usted vive 
en una palmera? 

Julio ¿Y qué te contestó"? 

Coxs. (^ue sí. 

Julio Era de esperar. 

Coxs. La casa es la mitad de la vida. Yo compa- 

dezco á los que no la tienen, y á los que 
tiemblan al llegar á la sm'a. 

Julio Pues calcula tú lo que sería mi casa, regida 

])or el criterio estrecho y antipático de don 
Eligió, á ciuien mi pobre madre tiene por el 
liombre más sabio de este mundo. 

CoNS. ¡Infeliz don Eligió! Lo que te ocurre á tí 

con él es que lo has tomado entre ojos, y 
no quieres luchar. Enemigo más débil no 
he visto. Acabo de tener con él una escena 
conmovedora. 

Julio ¿Suplicándole que se quede? 

CoNS. Sí. Para eso también me llamó tu madre. 

Casi ha llorado y casi se ha reído. 

Julio ¿Reírse? ¡No lo puedo creer! 

CoNS. ¡Pobrecillo! A mí don Eligió me parece un 

eclipse de sol. 

Julio k ¡endose. Explica eso. 

Coxs. I 'orque es la negación de la alegría. Esa luz 

pálida, esa sombra triste que proyectan las 
cosas, ese frío que se siente, ese temor de 
que el sol no vuelva... 

Julio Tienes razón; todo eso es don Ehgio. 

Coks. En el último eclipse que yo vi, cuando vol- 

vió á brillar el sol me eché á llorar como 
una tonta. ¡Tengo una lástima de los cie- 
rros!... 



— 7& — 

Julio . El sol, el sol bendito es el que contigo lia 
entrado en esta casa. Tú lo has traído de la 
mano... ó en los ojos; pero lo has traído. Tu 
alegría es la suj-a, prima Consolación: fuer- 
te, sana, fecunda, generosa. A todos alcan- 
za; á todos llega. Y llegó á esta casa, cerrada 
como sepulcro á toda luz, y alumbró con 
la suya hasta los últimos rincones. Y puer- 
tas y ventanas se abrieron, para que entrase 
y sahese el aire de la vida: de la vida alegre, 
de la vida buena, de esta vida que se nos 
dio para que nosotros le demos digno y sa- 
broso empleo. 

Coxs. ^igue, sigue hablándome así. 

Julio Seguiré... diciéndote lo que nos decimos sin 

palabras á todas horas. Te quiero: me cj[uie- 
res. Me enamoraste el día aquel en que 
contabas que habías volteado la campana 
del Carmen, porque tenías el alma llena de 
alegría y querías llevársela de alguna ma- 
nera á unos campesinos que trabajaban le- 
jos. ¡Alegrar el trabajo de los hombresl 
¡Bendita tú, que eres capaz de pensarlo y 
de hacerlo! En aquel momento debí caer á 
tus pies de rodillas y decirte que te quería. 
Porque vi claro entonces, que tu alma era 
grande, porque era alegre, que era buena, 
porque era alegre, y que tu alegría, bienhe- 
chora y fecunda, podría recoger toda la de 
mi alma, perdida, desparramada, estéril... 
Y mira como no me engañé. 

CONS. Suspirando con amor satisfecho. ¡Ay! ¡Ya era hora! 

Julio ¿Qué dices? 

CoNS. ¡ Ya era hora de que te oyera yo decir todo 

eso! 

Julio Consolación, ¿pero no lo sabías? 

Coxs. ¿Sabes tú que te quiero? 

Julio Sí. 

Coks. Pues no te lo digo, y ya verás qué buen rato 

se pasa. 

Julio ¡Consolación! 

CoNs. Pero sí te lo digo. Te c[uiero... Bueno, pri- 

mero, porque te c{uiero. 

Julio ¿Y después? 



— 76 — 

CoNs. Después... porque á tnivéí^de tu buen humor 

y de tus ligerezas, he adivinado el corazón 
de un hombre capaz de sentir todo eso que 
me has dicho, y capaz también de algo más 
que de tomar unas copas de vino con Chiri- 
biqui ó con Petaca. Y te quiero además — 
voy á confesártelo todo — porque no hay 
mujer á la que no le halague ser la última 
á quien quiera un hombre que ha querido á 
muchas. 
Jui.io ¡Qué tiene que ver!... 

Coxs. Por si tiene... y porque supongo que seré la 

última. 
Julio ¡La última! ¿Y si yo te dijese que la pri- 

mera? 
(JoNs. No lo creería. 

Julio ¡Pues por eso no te lo digo! Faltaba aquí la 

alegría del amor, y ya está entre nosotros. 
Somos y seremos felices. 
CoNs. Tenemos el deber de serlo. 

Jumo Mi casa, será nuestra casa; mi madre, será 

nuestra madre; mis hijos, serán nuestros 
hijos... 
('oxs. ¡No faltaría más! 

Julio Diez, doce, catorce, dieciséis... 

CoNS. ¿Qué estás contando, loco? ¿Las macetas? 

Julio ¡Los hijos que tendremos! 

OoNs. ¡Ave María Purísima! 

Julio Y todos fuertes, sanos, limpios, alegres, 

amando la vida... 
CoNS. De eso me encargo yo. Antes de mandar á 

ninguno á la escuela le preguntaré: «Niño, 
¿qué es lo mejor que hay en la vida?» Y cuan- 
do él me responda: «La vida», entonces lo 
mandaré á la escuela á que el maestro le en- 
señe paparruchas. 
Julio ¡Ja, ja, ja! 

Coks. Así me educaron á mí: en esta alegría crecí 

yo. Recuerdo que mi padre, siempre que le- 
vantaba en alto una copa de vino— y esto 
era á menudo, porque le gustaba bebérsela 
después, — entre l>urlas y veras decía: «¡Ale- 
grémonos de haber nacido! » 
Julio ¡Alegrémonos, sí! Si en mi vida no hubiera 



- 77 — 

más que este moniento, por él solo la ben- 
deciría. A doña Sacramento, que sale. ¡Mamá! 

D.a Sac. ¿Qué quieres? 

Julio Ven aquí. 

CoNS. Tía, venga usted. 

D.a Sac. ¿Qi^é queréis? 

Julio Que estamos muy contentos, y hace falta 

que tú lo estés con nosotros. ¿Vamonos al 
campo los tres? 

D.a Sac. ¿Ahora? 

JcLio Ahora, sí. 

CoNS. Vamonos. 

Julio Anda, mamá, daremos un paseo; charlare- 

mos de muchas cosa';; te contaremos nues- 
tros sueños, nuestra ventura... 

D.a Sac. ¿Pero os habéis vuelto locos? 

Coks. Sí, tía Sacramento; y queremos que usted 

se vuelva también. 

D.a Sac. ¿No basta con dos en la casa? ¿Para qué ha 
de haber tres? 

Julio ¡Para mantear entre todos á don Eligió! 

D.a Sac. ¡Calla! 

CoNS. No le haga usted caso; este está más loco 

que yo. Llamando. ¡Coralito! ¡Coralito! Suba 
usted, tía; suba usted á arreglarse. Coralito 
le ayudará. 

Baja Coralito. 

D.a Sac. ¿Corahto? 

CoNS. Coralito, sí. Anda, Coralito, acompaña á la 

señora á su cuarto. 
Cor. a la disposisión de usté. 

D.a Sac. Entre confundida y gozosa. ¡JeSÚS, JeSÚS, DioS 

mío!... ¡Yo con Coralito de doncella!... ¡Este 
es el fin del mundo! 

Kncamínase hacia la escalera. Coralito la sigue. Con- 
solación y Julio se ríen de la in(»ccnte tribulación de 
la marquesa 
Cor. Viendo lo esponjada que está su .señorita, le dirige al 

pasar á su lado esta breve pregunta: ¿ xa.'^ 

CoNS. Ya. 

Cor. ¡Ay!... En este momento sale Lucio de la casa de la- 

bor. Coralito lo ve y suelta uu suspiro muy distinto 
del otro. ¡Ay!... Únese á doña Sacramento y sube la 
escalera con ella. 



— 78 — 

Lucio Bamboleando ligeramente el cuerpo, y en la seguridad 

de su triunfo, se arrnnea á decir su romance sin enco- 
mendarse á Dios ni al diablo. 

«Todas las flores der campo 

ze han puesto er traje de gala...» 

Julio ¿Qué dices tú? 

Lucio ¡Cayarze ahora! 

Consolación y .lulio lo escuchan sonrii^ndo compla- 
cidos. 

«Todas las llores der campo 
ze han puesto er traje de gala., 
y también c zó ze ha puesto 
zu corona de oro y plata. 
En er cielo está la luna 
y laz estreyas más claras, 
y una alondra por loz aires 
va cantando estas palabras: 
A la puerta de un })alacio 
3'egó una roza lunaria, 
y er zeñorito don Julio 
ze enamoró de mirarla. 
Le dijo que la quería 
por hermoza y por cristiana, 
y eya ze quitó una perla; 
le mandó que la guardara. 
Zalió... zali(')...» 

Deteniéndose perplejo y ocongojadísimo. 

]Ze me ha orvidao! 

Recordando de pronto y prosiguiendo lleno de ale- 
gría. 

«Zalió de la perla luego 

una maripoza blanca, 

y azín le dijo á don Julio 

volando por la armohada: 

Conzolación zerá tuya 

zi fne cumples la palabra 

de que ziempre has de quererla 

como á la Virgen zagrada. 

Y er zó ze vistió de oro, 

y la luna de oro y naca, 

y todos los ruinzeñores 

cantaron en la enramada.» 
Esto de la enramada me lo ba puesto er 
procuraó. 



— 79 — 

i.os enamorados sueltan francamente la risa. Lucio' 
animado, «e ríe también. 

Julio Poeta, vé por tu sombrero, que vas ;i acom- 

pañarnos al campo, donde te coronaremos 
de espigas. 

Lucio ¡Ju, ]U, ]U! Vaso corriendo y riéndose. 

Coks. ¿Y á dónde iremos, tú? 

Julio A donde tú quieras. 

CoNS. Pues déjate guiar, que acaso no conozcas el 

sitio donde voy á llevarte. f;Has subido al- 
guna vez al cerro de las AguilasV 

Julio Nunca. 

CoNs. Desde él se ve toda la vega- los huertos, los 

prados, los valles, la cinta del río, los pue- 
blecillos del contorno. Dejaremos á tu ma- 
dre descansar á su falda y treparemos nos- 
otros de la mano monte arriba. Y ya en lo 
más alto, mirando al cielo, vamos á repetir 
gritando, para que tu madre desde abajo lo 
oiga, aquello que mi padre decía: «¡Alegré- 
monos de haber nacido!» 



fin de la comedia 



Madrid, JuniO; J906. 



OBRAS DE LOS MISMOS AUTORES 



Esg'rlina y amor, juguete cómico. (2.* edición.) 

Belén. 12, principal, juguete cómico. (2.* edición.) 

Ciilito, juguete cómico lírico. Música del maestro Osuna. (2. •edición.) 

lia media naranja, juguete cómico. (2." edición.) 

El tío <le la flauta, juguete cómico. (3.* edición.) 

El ojito derecho, entremés. (3." edición.) 

laa reja, comedia en un acto. ("4.* edición.) 

lia buena sombra, saínete en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brall. (6.* edición ) 

El pereg:rlno, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. (2.* edición.) 

fia vida íntima, comedia en dos actos. (3." edición.) 

liOS borrachos, saínete en cuatro cuadros, con música del nlaes- 
tro Giménez. (3." edición.) 

El chiquillo, entremés. (5.* edición.) 

lias casas de cartón, juguete cómico. (2." edición.) 

El traje de luces, saínete en tres cuadros, con música de lo 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (4.* edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con mvisica del maes- 
tro Chapi. 

lios Oaleotes, comedia en cuatro actos. (3.' edición.) Traducida al 
italiano con el titulo de I Galeoti por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ija pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) Traducida al italiano 
con el mismo título por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ija azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera. 

El nido, comedia en dos actos. (2.* edición.) Traducida al catalán con 
el titulo de Un niu por Joaquín María de Xadal. 

lias flores, comedia en tres actos. (2.* edición.) Traducida al italiano 
con el título de I fiori por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

IjOS piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. (2* edición.^ 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco c\iadros, pro 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡A Sevilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapi. 



La dicha ajena, comedia en tres actos > uu prólogo. (2/ edición.; 
Traducida al alemán con el titulo de Das fremde Gl'úck por J. Gusta- 
vo Ruhde. 

Popita Reyes, comedia en dos actos. (2.* edición). 

Lio.s meritorios, pasillo. 

£.a zahori, entremés. 

Lia reina inora, saínete en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. (2." edición.) 

Zarag'atas, sainete en dos cuadros. 

Lia za;;ala. comedia en cuatro actos 

lia casa de Uarcía, comedia en tres actos. 

Ija contrata, apropósito. 

El amor «jue pasa, comedia en dos actos. Traducida al italiano 
con el titulo de Vamore che passa por Griuseppe Paolo Pacchiorotti. 

El mal de amores, sainete con música del maestro José Serrano. 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol, paso de comedia. Traducido al alemán con el titu- 
lo de Ein sonniger Margen por Mary v. Haken. 

Fea y con g:racia, pasillo con música del maestro Turina. 

La aventura de los g^aleotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Quijote. 

La musa loca, comedia en tres actos. 

La pitanza, entremés. 

El am<»r en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

Los chorros «leí oro, entremés. 

Blorritos. entremés. 

Amor á «>scuras, paso de comedia. 

La mala sombra, sainete con música del maestro José Serrano. 

El genio alegre, comedia en tres actos. (2.* edición). 

£1 niiío prodigio, comedia en dos actos. 

Nanita, nana... entremés con música del maestro José Serrano. 

La zancadilla, entremés. 

La bella Luccrito, entremés con música del maestro Saco del 
Valle. 

La patria chica, zarzuela en un acto, con música del maestro 
Chapi. 

La vida que vuelve, comedia en dos actos. 

A la luz «le la luna, paso Je comedia. 

La escondida senda, comedia en dos actos. 

El agua milagrosa, paso de comedia. 

Las buñoleras, entremés. 



Voiiipas y honores, capricho literario en verso por El diablo oo- 

jiieXo. 
La madrecita. novela publicada en El cuento semanal. 



SERAFÍN í JOÁftüÍN ÁLVAHEZ (jUINTERO 




1 niño prodigio 



COMEDIA EN DOS ACTOS 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
NúAez de Balboa, 12 

1©06 



EL NIÑO PRODIGIO 



A^, 




A 




Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cuales se hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación 
del robro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



EL NIÑO PRODIGIO 



COMEDIA EN DOS ACTOS 



serafín i JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenada en el TEATRO LAR A el 13 de Noviembre de 1006 



-*• 



MADRID 

«. TBL.4800. lUP., UABQUÉB OB BAHTA AMA, íl DVP." 
TeU/ono número jf/ 

I906 



fil 5r. D. Franeiseo Rodríguez JVíarin 
y al Baehillep F^aneiseo de Osuna, 

yarec/aros //z^e/z/os se¿////a/íos, ^¿/e ¿v? //?- 

////^a ^ J^cu/íc/a co/aforac/d/^, ^a/í e/za/^ 

/ec/c/o /as /¿/ras es/fa/ío/ás ^ aí^a/brac/c 

efr/co /esoro c/e //¿/es/ra /loes/a />op¿//ár. 

S^¿/s f¿/e/zos am/^os ¿/ ac/zn/rac/ores. 



RKPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



DOÑA MANUELA Sea. Rodríguez. 

DOÑA GUILLERMINA Valyerde. 

CLARA Ruiz. 

ROSAURA Seta. Tosca: o. 

FERNANDA PEÑAFLOR Alba. 

NIEVES Latobre. 

MANOLÍN Niño Pepito López. 

QUIJANO Se. Rubio. 

ROSALES Palanca. 

LISONJERO Simó-Raso. 

DON ELÍAS La Riva. 

JORGE Calle. 

BONIFACIO Baubaycoa. 

DON VICENTE DE LA SOSA . Romka. 

VILLACORNEJO Zoekilla. 

CASTILLO Mata. 

DON ANDRÉS Pacheco. 

ISIDORO García Oeejoela. 






ACTO PRIMERO 



La escena es en Guadalema, capital de Castilla, y en la trastienda 
de la sastrería de Quijano, uno de los más acreditados sastres de 
la localidad.— A la derecha del actor, puerta con cortina japonesa 
de varillas, que da á la tienda. A la izquierda, dos puertas: la del 
primer término, más chica que la otra, y tapada por una cortinilla 
de yute, comunica con el taller de la sastrería; la del segun- 
do, con el interior de la casa del sastre. Al foro, bHlcón de 
antepecho, con vidrieras, al través de las cuales se ve la calle. Es 
piso bajo. Eu el rincón de la derecha del foro, y de frente á la 
pared de la izquierda, mesa y sillón de Doña Guillermina, admi- 
nistradora de la sastrería y cuñada del dueño. A la altura de la 
mano, en la pared, vanos portapapeles con facturas, y un alma- 
naque. Junto al sillón un cesto de papeles. Hacia el centro de la 
habitación una camilla, A la izquierda del foro, una anaquelería, 
en la que se ven piezas de tela, cajas de muestrarios, etc. En un 
rincón un maniquí con una prenda concluida. Sillas y butacas. 
Estera de cordelillo. En las paredes, cubiertas de papel modesto, 
algur.os cuadros de figurines masculinos. 

Es por la mañana, en un día templado de invierno. 

Quijano el sastre, padre de Manolín, está sentado á la 
camilla leyendo un periódico. Doña Guillermina, su 
cuñada, hace cuentas en su rincón. Quijano es un viejo 
bonachón y simpático; Doña Guillermina una vieja do 
pies y de cabeza firmes, y de ojos sagaces é inquietos: 
está en todo. Usa gafas, manguitos y delantal. 

D.a Gui. Sumando. Doí-, ccho, diez, diez y nueve, vein- 
ticinco, treinta y cuatro, cuarenta y una, cin- 
cuenta y dos, y llevo cinco. Cinco, eiete, ca- 
torce, veintiuna, veintiocho, treinta y cua- 
tro, y de treinta, tres. Tres mil cuatrocientas 



_ s - 



Nieves 

Quij. 

Nieves 

Quij. 

D.a Gui. 

Nieves 



Quij. 
D.a Gui. 



Nieves 

Quij. 
D.a Gui. 
Nieves 



BoN. 



NlE^ ES 

BoN. 

Nieves 

BUN. 

Nieves 
BoN. 
D.a Gui. 

BOM. 

Nieves 

BoN. 



venticinco pesetas, justas y cabales, (^omo 
trampa, ya es trampa. ¡Está buena la sangre 
azul! 

Del taller sale Nieves, oficiala tan linda (lue linn imanas 
de rediniiilii del dedal y la aguja. Trae una americana 
en la rnauo. 

Maestro. 
¿Qué hay? 

¡Otra vez la americana de Don Antonio! 
¿Otra vez? 

¿Otra vez? ¿Pues qué se le ofrece de nuevo? 
Lo de siempre: que le saque de donde mis- 
mo le metí. 8e conoce que engorda un día sí 
y otro no, y nunca le caen bien las prendas. 
Es pesadito el buen señor. 
Y paga á plazo?. Y hay que arrancarle los 
plazos con sacacorchos. Y no se le sacan. Y 
el mes pasado dio un duro filipino. Compos- 
tura de percha. 

Esa le iba 3^0 á dar, pero como luego don 
Ventura se enfada... 
No me gusta engañar á nadie. 
¡Cuidado si eres infeliz! Ya lo sabes, Nieves. 
De mi cuenta corre, Doña Guillermina. 

Sale Bonifacio de la sastrería, cuando Nieves va á 
irse. Es un joven ingenuo y pálido, futuro sucesor de 
Quijano. Sobre los hombros trae un metro que parece 
que le ha nacido allí. 

¡Jesús, qué posiual a la otiuiaia. Vaya usted 
con Dio?, Nievecitas. Ya era hora de que 
me diese usted los buenos díaá. 
Si no le he visto á usted hasta ahora... 
¿No? Pues yo la he visto á usted esta maña- 
na muy tempranito. 
¿A mí? 

En la fotografía de la calle Nueva. ¡Je! Como 
está usted allí retratada... 
¡Ay, qué pillo! 
Heu'ular. Oiga usted. 

¿Qué es eso? Nieves, al taller. Bonifacio, á la 
tienda. 
No se incomode usted. Doña Guillermina. 

Hasta luego. Se entra eu el taller. 

Hasta luego. Aunque no sea más que por 



— 9 — 

que hay oficialas así, vale la pena de ser 
sastre. Bajaudo la voz. ¡Permítanme ustedes 
este respirillo! ¡Me trae frito ese liombre! 

Quij- (j,Quién? 

BoN . Machuca: el de la fábrica de sardinas. 

D.a Gui. ¡Otro que tal baila: 

Quij Pues es buen pagador; no critiquéis. 

D.a Gui. 8í, pero t'do su dinero trae un tufillo que 
trasciende á sardinas desde una legua. 

Bo>. ¡Dígamelo usted a mí: El día que liquida se 

me llena la tienda de gatos. ¡.Je! 

Quij Anda, anda, no míenlas, ()Ue te pereces por 

charlar. Y, sobre todo, que va á enterarse el 
hombre. 

BoN. No se entera. Coge un muestrario. Un mes lle- 

va eligiendo un chaleco. Va el muestrario á 
su casa; lo examinan todos allá; da su dic- 
tamen la mujer — bueno, la... mujer; — torna 
aquí el muestrario; manda corriendo á la 
criada otra vez i)ara que se lo lleve... ¡Jesús, 
qué ir y venir! ¡Como si fuera cosa tan difí- 
cil elegir un chaleco! 

Qu.j A la titnda y chitón, ó me enfado. 

BoN. Ya, ya voy a la tienda. Marchase, en efecto, em- 

pezando una frase en tono complaciente. Le decía á 

usted, querido Machuca... 

Quij Es bueno de veras este muchacho. 

D.a Gui. Y fiel como un perro. 

Quij Y no tiene hiél para nadie. ¡Que parece men- 

tira, datlos sus principios! ¿Verdad, Guiller- 

ininar Deja el periódico y se asoma á los cristales dil 

balcón Manolín se tai da. 

D.fiGui. Como hace tan l)uen sol, y de estos días 
caen pocos en el invierno de Guadalema, 
andará paseándose con el maestriv 

Quij Bien puede ser así. Me alegraría... Que res- 

pire aire puro, que se fortalezca ese cuerpe- 
cito. No todo se ha de volver estudio y tra- 
bajo, ¿verdad? Yo celebro que dé la lec- 
ción en casa del maestro, porque así, quie- 
ras que no, todos los días sale á la calle. 

BoN. Apareciendo nuevamente. Don Ventura. 

Quij. ¿Que ocurreV 

BoN. El señor Machuca, que desea que le diga 



— 10 " 

xisted mismo, v^^i pe lleva más la lista que < \ 
cuadro .. y si va mejor el botón de pasta, ó 
el de tela... ¡ó el de cuerno! 

Quij Con mil amores; sí. vase. 

D.» Gur. Sumando. Ocho, diez y seis, veinticinco... 

BoN. ¡Ije digo á usted que iiay que tener una pa- 

ciencia!... 

D aGui. Cállese usted ahora. — Veintisiete, treinta y 
cuatro... 

BoN. Doña Guillerujina, es que ciertas cosas... 

D.aGui. ¡Que se calle usted, hombre! Cuarenta y dos, 
cuarenta y nueve... 

BoN. Ah, 3'a. Se marcha también. 

D.aGui. Cincuenta y cuatro, cincuenta y ocho, y 
llevo cinco, y siete doce. Mil doscientas 
ochenta y nueve pesetas con treinta cénti- 
mos. Tampoco es mala trampa. lEstá buena 

la clase media! Distribuyendo las facturas en los 

portapapeies. ¡Vayfi! Pondremos estas, entre las 
que puede que se cobren; estas entre la.s 
que puede que no se cobren, y estas otras 
entre las que no se cobran ni yendo á Lour- 
des á pedirlo. ¡Bah! ¡Cómo abusión de mi 
pobre cuñado! Conmigo habían de dar. A 
son de tambores publicaba yo por las ca- 
lles á los tiam posos. Escribe. 

Por la puerta de la sastrería salen de la mano Don 
Klías y Manolín, y se van por la que conduce á la casa. 
Don Elias, antiguo violinista de café y actual profesor 
de Manolín, es un viejecillo infantil y tembloroso. Vis 
te modestamente. Kn la mano trae la caja del violin 
del chico. Manolín, el niño prodigio, es un pequeñuclo 
de seis años de edad, bonito y despierto. Usa gabán - 
cito de esclavina y sombrcrito flexible. 

D. Eli'ns Buenos días. Doña Guillermina. 

D.aGui. Sin dejar de escribir. ¿Se viene de dar un pa- 
seo, cli? 

D. Eií*s Sí, señora; hasta los Alamillos llegamos; 
pero después de dar la lección. Vamos á ver 
á la hermanita. 

J^.a Gui. Levantando los ojos y contemplando á Manolín mien- 
tras se retira. jQué gloria de criatura! ¡\ qué 

suerte de padre?! signe escribiendo. En el ta- 
ller canturrea una oficiala. Doña Guillermina, á poco 



— 11 — 

de oiría, grita. |SÍlenCÍo! La oficiala párete no ente- 
rarse. ¡Silencio he dicho, Nieves! 

Nieves Desde dentro. ¿Me hablaba usted, Doña Gui- 
llermina? 

D.a Gui. ¡Dale más á la aguja y menos al canto! 

Nieves ¡Si es Aurora! 

D.aQui ¡Quien sea! ¡Parecéis grillos todo el día! 

Continúa escribiendo. En el taller se oyen risas conteni- 
das, que luego cesan. 

Desde la calle, se asoma Lisonjero á los cristales del 
balcón y llama con los nudillos. 

'--' Lis. ¡Ahora vengo! 

ü.aGui. Levantándose. ¿Eh? ¿Quién? Alborozada al verle. 
¡Ahí ¡Señor Don Jacobd! Abre las vidrieras. 

¿Cómo está usted? ¿Por qué no pasa? 
— Lis. No puedo en este instante. Volveré dentro 

de diez minutos. Me están e^perandc en 
ocho sitios Pero dígale usted al señor Quija- 
no que vuelvo, que tenemos mucho que ha- 
blar. 

D.í'Ciui. Perfectamente: así se lo diré. Antes pasó 
Uf-ted hacia arriba. 
^ — L:s. Hacia arriba y hacia abajo qué sé yo las ve- 

ces: toda Guadalema he andado ya. ¡Y hay 
que ver los pasos que tiene esta humilde 
capital de provincia! ¡Caray, caray! Conque 
hasta luego. 

O.» líui. Vaya usted con Dios, Don Jacobo; que us- 
ted siga bien, cierra las vidrieras y torna á su sitio. 
Por la puerta de la casa sale nuevamente don Elias, 
acompeñado ahora de Doña Manuela, madre del prodi- 
gio. Esta señora es física y moralmeute la media na- 
ranja de Quijano. Se vieron y se entendieron hace vein 
te años. Estaba escrito-, tenía que nacer Manolín. 

D. Ei.iA. Aprovechándome de que hoy tenemos sol... 
D.aGui. Oye, Manuela: acaba de hablar conmigo 

por el balcón el señor Don Jacobo. 
D.a Man. ¿y cómo no ha entrado? 
D.a Gui. Porque iba muy deprisa: con^o siempre. 

Pero me ha dicho que luego volverá. 
D.a Man. ¡Cuánto me alegro! ¡Qué persona más finae.^í 
D. ElÍas Pues decía ()ue aprovechándome de que hoy 

tenemos sol, me alargué con él hasta los 

Alamillos. Me gusta oirlo hablar... Dice a 



— 12 — 

veces cosas que me dejan atónito. Ks un 
privilegio de criatura. 
D.aMAN. Unted habrá vípIo, Don Elias, que á mí se 
me está cayendo la baba. tSiéntt'se usted un 

ratito. A Quijano, que vuelve de la sastrería. ¿TÚ 

oyes esto, Quijano? 
Quij. ¿Qué? 

D.a Man. Don Elias, chocho con nuestro hijo. 
Quij Como tú y como yo. 

D.a (titl. ¡Y como yo! Se levanta y se acerca al grupo forma- 
do por los otros tres. ¿Adelanta mucho, maes- 
tro? 

D. El ÍAS ¡Adelantar! ¡adelantar!... ¿Qué es adelantar 
para él? No es ya que corre; es (jue salta, que 
vueln... 

()UIJ. Maquinalmente. QuC VUCla... 

1). Elí\s Que no hay quien lo siga, señor Quijano; 
doña Manuela, que no hay quien lo siga... 
Es menester rendirse á la realidad y recono- 
cerlo: no estamos ante un niño habilidoso y 
listo, que muestra vocación decidida por un 
arte cualquiera: estamos en frente <ie un 
prodigio; de un fenómeno de la Naturaleza. 

Qnij. De un fenómeno, tú. 

D.a Man Ya ves: de un fenómeno. Tan bonito como 
es Manolin... y es un fenómeno. 

D.a Gui. Lo dije, lo dije. ¿Verdad que lo dije, Ventu- 
ra? No me quitéis la gloria de haberlo di- 
cho. Lo dije: «Este muchacho se sale del 
montón; se destaca. Hay que ponerle un 
n)aestro en seguida.» Lo dije, lo dije. Vuel- 
ve á su tarea, sin perjuicio de ir y venir siempre que 
mete cucharada. 

(iu j. Lo dijo, lo dijo. 

D.a Man Y lo sigue diciendo. ¡.Je! 

1). Elias ¡Bueno está el maestro de Manolin! ¡Maes- 
tro! ¡Maestro! Yo, cuando se pone á tocar, 
me cruzo de brazos y pienso entre mí: «Aquí 
no hay maestro y discípulo; de haberlos es 
tan trocados lo.^ papeles: él es (piien pue- 
de enseñar algo; yo no. Aquí no hay más 
que un pobre músico de cafe, mandado reti- 
rar como guitarra vieja, que tiembla de emo- 
ción y llora viendo y oyendo lo que nunca 



-is- 
ba visto ni oído, [Es mucho Manolínl se en- 
juga Qiia lágrima con el pañuelo. 
QuiJ . Repitiendo frase y ademán de don Elias. ¡Es mucbo 

Manolín! 
D.a Man. lo mismo. ¡Es mucho Manolín! 
Quij- A üjí, de cuando en cuando, me asalta el 

temor de que las telarañas del cariño nos 
cambien los colores de las cosas. 
D.a Gui. ¡Cal 
Quij. ¿Ca? 

D.a Gui. ¡Ca! 

D.a Man ¡Pues naturalmente, Quijano! Te pasas de 
modesto. Has tenido siempre esa falta. Y así 
como veo las tuyas, vería también bis de 
Clarita, las de Manolín. 
D. Elias Amigo don Ventura, pronto, muy pronto^ 
será la primera exhibición pública de esa 
maravilla del cielo que ha caído en esta 
casa: usted verá si Guadalema entera tiene 
ti^nbién las telarañas qne usted dice. 
D.í^ Gur. Maestro, ¿y componer? ¿No le dará el naipe 

por componer? 
D. Elías Cal aja, calma... Deje usted que muela el 

molino 
D.a Gui ¡Mire usted que si hiciera una ópera! Eso 

deja muchísimo dinero. 
D.* Man ¿Quieres callar, hermana? ¿Quién piensa en 

el dinero? 
Quij. ¿Quién piensa en tales porquerías? 

D.a Gui. Yo, yo. Yo pienso, porque debo pensar; por- 
que ahí está el porvenir del niño. Hazte 
cargo: Puccini, con sólo La Bohémc... 
Quij. Vamos, calla; que.no me gusta oirte desba- 

rrar. Nosotros, gracias á Dios, tenemos un 
pasar que muchos quisieran: para eso he tra- 
bajado yo toda mi vida. A mí no me hace 
falta dinero: á mí lo único que me importa 
ya, lo que me ilusiona, lo que me hace so- 
ñar dormido y despierto, es que se sepa en 
Guadalema, en España, en el mundo todo, 
que Quijano eksastre tiene ese hijo. 
D.a Man ¡Que Quijano y su mujer tienen ese hijo! 
Dices bien, Quijano. Guillermina es una 
.- . ' roñosa. . ; 



— 14 — 

D> Gci. Sí, sí, roñosa. Lo que hago es mirar lejos. 

D^ Man ^:Qné mayor satisfacción, qué mayor gloria 
puede cabernos á nosotros (\\\e la de haber 
parido á Manolín? Tu apellido inmortali- 
zado, el niño recibiendo íivaciones aquí y 
allá, asombrando á las gentes en Madrid, en 
el extranjero... Esta noche he soñado que 
tocaba delante del Kaiser. Tengo al Kaiser 

aquí. Montado en las narices. 

D. Elias ¡Je, je! Oiga usted, doña Manuela, sueños 
más difíciles se han vuelto realidades. Con 
Manolín irán ustedes donde quieran. 

D.a Gui Lo que no sabéis es lo mejor. Por supuesto, 
descendemos 'del mono en línea recta: tenía 
razón David. 

D. Elias ¿David? 

D.a Gui 8í. No hacemos más que imitarnos los unos 
á los otros. ¿Pues no sale la panfila de la 
droguera queriendo tener ella también otro 
niño prodigio? 

D.a Man. ¿La droguera? ¡.Jesús! 

Quij. ¡Qué disparate! 

D.a ]\Ian Veamos, ahora... 

Quij Ahora cada uno va á descubrir en su casa 

un fenómeno. ¡Lo que son las envidias! 

D.a Man La droguera sí tiene un fenómeno en su 
casa: pero no es el niño; es el marido. 

Quij Para murmurar baja la voz. 

D.a M^N ¿Y cuál es la habilidad del angelito ese? 

D.a Gui Dicen que pinta. 

D.a Man ¡Bah! ¡I^a de todos los chicos: pintarrajear 
por la pared! 

DaGui. ¡Cualquier cosa! 

D. Ei.ÍAs Levantándose. Y en Último extremo, señor: 
pongamos que ese niño vnl^a todo lo que se 
le antoje á su madre: pero, ¿es lo mismo 
nintnr en un lienzo cu:itro monigotes que 
.arrancar de las cuerdas secas de un violín 
las más sublimes melodías? El arte de la 
música es el arte de los elegidos: donde ter- 
mina el poder -y el alcance de la palabra 
humana, allí empieza la música. Que no 
me hablen, que no me digan: Manolín es 
único, único. Dios ha (juerido que lo sea. 



— 16 — 

Su gloria es mi gloria. Porque rodíirá el 
tiempo; Manolín llenará los siglos con su 
nombre; ¿y quién me quita á mí, oscuro 
músico de cate, pobre viejo que soñó con la 
gloria sin encontrarla nunca, quién me qui- 
ta á uií haber sido el primero que le enseñó 
al prodigio á mover los deditos 'iernos en 
un violín de juguete? Nadie, nadie: he sido 
yo. Esa gloria es mía; mía. Y ya no charlo 
más. Hasta mañana, padres felices. 

D.a Gui. Adiós, maestro. 

D.a Man. Vaya usted con Dios; hasta mañana. 

D. Elias Páselo bien, Doña Guillermina. Hasta ma- 
ñana. 

D.a Gui Hasta mañana. 

Vase Don Elias, dojáudolos á todos enternecidos. 

Quij. ¡Está hechizado el pobre viejo! 

D.a Man ¿Y tú? 

Quij. ¿Yo? Dame un abrazo, Manolilla. se abrazan. 

En el taller vuelven á oírse risas. 

D.a Gui, Bueno, bueno; bien están los abrazos y las 
ternuras, pero no olvidéis lo que he dicho: 
una ópera: que escriba Manolín una ópera. 
(^avalleria Rusticana produjo el primer año... 

Q'Jij. ¡Un dineral; todo lo que tú quieras; pero no 

nos hables ahora de ochavos, Guillermina! 

Las risas del taller se acentúan. 

D.a Guí. ¡Vaya! Esa es otra. Hoy tenemos revuelto el 
taller. Cuando viene la bizca, tiemblo. Esta- 
ré un ratito de centinela. Entrase en el taller. 
Cesan las risas. 

Hale Clara del interior de la casa. Trae una cestilla de 
labor. Es una rnuchachita muy mona, todo modestia y 
serenidad. , 

Clara Mamá. 

Da Man. ¿Qué quieres? 

Clara .Manolín, desde que es prodigio, ¡da unas 

contestaciones!... Vé ala cocina, porque está 
poniendo á Teodosia como un trapo. 

D.a M \N. ¡Diablo de chico! 

Quij. ¡Es gracioso de veras! 

Clara Sí; muy gracioso, y muy artista, y toca muy 

bien el violín, pero yo, si fuera hijo mío, le 
crirtaba un poquito las alas. Le ha dicho una 



16 — 



desvergüenza á la mujer que no se le puede 
pasar ni á Sara^ate. 
D.a Man Ya me figuro la que es; porque no sabe 

Olra... Voy allá, voy allá... Vase ai interior de la 
casa. 

Qüij A reírle la gracia, por supuesto... Nos tiene 

bobos Manolín, No hay modo de reñirle 
nunca. 

Sale Bonifacio de la sastrería. 

BoN. Maestro. 

Quij Discípulo. ¡Je! 

BoN. Haga usted el favor un instante, que el se- 

ñor Machuca... 

Quij. ^.t ero está ahí todavía? 

BoN. ¡Todavía! A raí me va á dar fiebre. El señor 

Machuca quiere saber á punto fijo, y bajo pa- 
lal)ra de honor de usted, ei la trencilla viste 
en los chalecos ó no viste. 

Quij. ¡El demonio del hombre! Habrá que sacar- 

lo de dudas... Vase á la sastrería. 

BoN . Yo me quedo un ratito aquí. ¡Valiente cata- 

plasnial 

Clara ¿Quién es? 

BoN. Machuca: el de las sardinas. Boquerón, co- 

mo le dicen los chiquillos. 

Clara Ya. Se sienta á hacer labor. 

BüN . Encaminándose a! taller y volviéndose de repente. 

Oiga usted, Clara. 

Clara Diga usted, Bonifacio. 

BcN. No le cuente usted á 

que entro en el taller. 

Clara Vo no le contaré nada, 

BoN. ¿Cómo? 

Clara Porque está en ej taller, 

BoN. iAh, canario! Entonces no entro. 

Clara Ya sé que le gusta á usted Nievecitas. 

BoN. ¿No me ha de gustar? ¡Si es de lo mejor que 

se fabrica en su clase! 

<,Yara . Bi que es muy monina esa muchach?. 

BoN. ¿Le agrada á usted? 

Clara No tanto como á usted; pero me es muy 

.'simpática. ¿Y usted va con buen fin, Boni- 
facio? 

BoN. Yo voy con el fin de casarme; ¡lo que no sé 



Doña Guillermina 
pero va á enterarse. 



— i: — 

8Í ese fin será bueno! Hay tantas opinio- 
nes... |Jel ¿Y usted, cuándo nos da un gran 
día? 

Clara ¡tíuy!... ¡Largo le va! 

BoN . ¿Y eso? 

Clara Mire usted, Bonifacio: que Jorge y yo no 

nos entendemos del todo. Y bien sabe Dios 
que me duele; porque, al íin y al cabo, co- 
mo es el primer novio que he tenido... esas 
cosas echan raices... Pero de alyún tiempo 
á esta parte salimos á pelotera fiiaria. 

BoN. ¿A pelotera diaria? Para novios, es mucho. 

Clara Pues así andamos. 

BoN. Ya, ya. Yo no me precio de zahori, pero 

bien podría escribir ce por be lo que á usted 
le sucede con Jorge. |Si lo oigo respirar en 
la cervecería de las camareras! Usted es una 
mujer de su casa, muy prudente, muy dis- 
creta, muy tranquila, muy enamorada de su 
rincón, y él. ..él... ¿lo Higo? 

Clara Dígalo u.«ted. 

BoN. No me atrevería, si no la estimase á usted 

tanto. El es indigno de usted, Clara: él es 
un ambicioso vulgar. ¿Estamos conformes? 

Clara hace un gesto para no contestar. PerO en el 

pecado lleva la penitencia. Yo sé bien en 
lo que paran todas esas bambollas. ¿No ve 
usted que yo he sido genio antes de ser 
sastre? ciara lo mira. Genio, genio: asi como 
suena. 

Clara Sí, si lo sé. 

BoN. Por eso dudo entre reirme ó indignarme, 

cuando escucho las baladronadas de su 
novio de usted, y por eso me indigno sin 
reirme cuando veo lo que aquí se hace con 
Manolin. Opóngase utted, Clara; opóngase 
usted á cuanto se trama con su heimanito. 

Clar.\ Esa ya es harina de otro costal. Yo pienso 

como usted, y como Rosales: creo que Ma- 
nolin debiera jugar con los otros chicos al 
esconder ó al marro, y estudiar su violín y 
acostarse á las oraciones; pero cuando niis 
padres no lo entienden así, tendrán razón 
ellos. Ahora, que si fuera hijo mío, á las 

2 



— 18 - 

ocho lo metía en l;i cama; y si los socios del 
Casino y los vagos de Guadalema querían 
divertirse, que bailaran un minué. 

BoN. Por usted habla la voz de la razóu: yo, que 

he sido genio, puelo asegurarlo. ¡Ay! A mí 
me dio por la poesía: yo era poeta. A los cin- 
co años cantaba al sol, y á la luna, y al Ve- 
subio —sin liaberlo visto, — porcjue el sol y 
la luna, menos mal, — y á Napoleón prime- 
ro, y al moro Muza. ¡Con decirle á usted que 
llegué á mirar con lástima á Kspronceda! 
Veinte presas 
hemos hecho, 
á despecho 
del inglés... 
I A mí esto me parecía malísimo! Y yo tam- 
bién tuve veladas en el Centro Republicano 
de mi pueblo, d(in<le canté á í'orrijos, yá 
los Comuneros de Castilla... ¡Todos los cro- 
mos de mi caFa! Y hubf) para mí flores, y 
palomas, y aun coronitas de laurel... ¡Ay! 
Cuando se acabaron las gracias del niño, y 
me vi en la necesidad de hacer algo capa/ 
deque lo admiraran los hombrts, tuve con- 
ciencia de todo lo falso de mi aureola in- 
fantil, y pasé las horas mas negras de mi 
vida. Pero el sentido común me salvó. Por- 
qne ya empezaba á torcerme, y á envene- 
narme, y á mfirder á diestro y niniestro, 3' á 
negarlo todo, «¡('a, homl)re, cal* — me dije 
un día en que tuve que purgarme dos ve- 
ces. — «jEsto no va copmigd! ¡Que sea genio 
otro tonto cualquiera! Yo me dedico á sas- 
tre.» Y aquí me tiene usted. Soy vulgar, 
pero soy feliz: en vez de cantar el caos —que 
también lo canté— canto el cuerpo de .Nie- 
vecitas. Y ella me lo agradece. Y no hay 
quien me tosa. 

Claua Hizo usted bien. Hubiera usted sido un ge- 

nio de pega, y así es usted un hombre de 
})rovecho. 

BoN. Usted me ha comprendido Soy un pobre 

hombre que en breve podrá poner al frente 
de esta noble casa un letrero que diga; 



- 19 — 

«Bermejo, sucesor de Quijano». Y no falta- 
rár. g<^i)io3 que rae lo envidien. 

Sale Doña Guillermina del taller. 

D.a Gui. Pero, señor, ;,que no se halla usted más que 
fuera de la tienda? 

BoN. \J^, je! ¡Doña Guillermina! Es que hablába- 

mos Clarita y yo, y decía Ciarita... 

D.a Gui. Lo que decía Clarita no me im')orta: lo que 
digo yo es que se vaya usted al mostrador 
ahora mismo. 

BoN. Y yo la obedezco á UFted como un ángel. 

Cuando era genio, me fasti<li>ib i obedecer; 
per» ahora que sov una vulgaridad. . ¡en- 
cantado! Se va á la sastrería. 

D.a Gui. ¡^anto Dios, lo que goza en pegar la hebra 
ese bendito! 

BoN. Asomando la cabeza un instante por entre las varillas 

de la cortina, le dice con acento misterioso á Clara. 

Allí viene su novio de usted. 
D.a Gui. ¿Qué ha dicbo? 
C'.ARA Que ahí viene Jorge. 

D.aGui. Va. 

Hay una pausa. Doña Guillermina trabaja en su mesa; 
Clara hace labor. Llega Jorge, con cara de pocos ami- 
gos. Es un muchacho que era muy simpático y se ma- 
lea por puntos, porque ha acabado la carrera de leyes 
y cree que el mundo no le hace justicia. 

Jorge Hila. 

Cl'Ra V<-n con Dios. 

Jorge Felices, Doña Guillermina. 

D.a Gui. Dios te guarde. 

Clara Buf^n día, ¿verdad? 

JoKGE Calor al eol y fresco á la sombra: lo mejor 

para coger una pulmonía, se sienta. 

Ci.ARA ¿Estás enfadado? 

Jorge N >. 

Clara Pues, hijo, las señas son mortales. 

JoinGE Si opinar lo contrario que tú es indicio de 

enfado, avipa. 

Clara Cuando digo (lue hay mar de fondo... ¿Vie- 

nes del bufete? 

Jorge No. 

Clara ¿No? 

Jorge ¡No! 



— 20 - 

D.a Gui. Del bnff^te, no; pero bufando, sí. 

Jorge ¡Qué bonito juego de palabras! a su uovíh. 

Ni vengo del bufete, ni vuelvo m^^. 

( "lara ¿Por qué? 

.'üRGE Porque no ha nacido el hijo de mi madre 

para echar alU el quilo trabajando, y que se 
hiere un caballero i)articular, ipie debiera 
t star tirando de un tranvía. Ya lo sabes 
¿Tienes otra cosa que objetar? 

Sale Quijano de la sastrería, y al observar la actitud 
de los novios se va al interior de la casa moviendo la 
cabeza con disgusto. 

CALARA Dulcemente. ¿Por qué eres apí, Jorge? Digo,, 

¿por qué te has vuelto así? ¿Es que ya nó 
me quieres? 

Jorge Lagoterías, no. 

Clara ¿Ves como has pisado mala yerba? ¿Qué te 

pasa? Si yo no soy tu novia para saber lo- 
que te pasa, y tú mi novio para cont írme- 
lo, riñamos de una vez. 

Jorge se levanta y da un par de resoplido."? iiaseaudo. 

l\a Gui. Hombre, hombre, que van á volar estas 

cuentas, y están por cobrar. 
Jorge Déjese usted de bromas, señora mía. 

Claka Jorge. Jorge, ven aquí. Ven a(]uí, le ruego. 

Jorge vuelve al lado de ella como á remolque. No- 
te mereces el cariño con que te trato, a una 
mirada de 61. No; no te lo mereces. ¿Qué te 
ocurre? Di meló. 

JokGE Nervioso. ¡Me ocurre... me ocurre... que la bu- 

manidad se ha propuesto freirme la sangre! 

(■LARA ¡La humanidad no se ocupa de til No seas 

presuntuo.-o, 

JORGK Sintiendo la herida. ¿No Se OCUpa (le mi? ¡PueS 

ya se ocupará con el tiempo! 

Clara Con el tiempo yo no lo dudo; pero lo que es 

ahora.,. De tí sólo nos ocupamos tu madre 
y yo. ¿Y quién mejor, después de todo? 

Jorge Mira, nena, queriendo consolarme me está-* 

diciendo lo que más me puede ninitificar. 
¡No parece sino que no te enteras ó que }'(» 
hablo en chino! ¿De modo (jue me oyes re- 
petir á diario que quiero luchar, que quitro 
subir, que quiero ser alguien, que no quiera 



— 2] — 

morirme oscurecido en Guadalema, y to- 
davía me sales con frasecitas de eomediit 
cursi? Las mujeres á lo mejor perdéis el 
sentido de las cosas, por no decirlo deotrn 
modo más crudo. 

Clara Creéis los hombres que lo perdemos, cuando 

no halaga-nos vuestra vanidad ó vuestro ca- 
pricho. ¡Dices til que quieres luchar!... 

Jorge ¡Y quieto lunhar! 

Clara No, Jor-íe; lo que tú quieres no es luchar. 

Ks a'go más cómodo: es no lucli.ir, precisa 
mente: ee plantarte tle un salto donde Cbté 
el que esté más arrilia; donde ee llega, si .st; 
llega... dt^spués de luchar. 

Jorge ¡Bah, l)ah! No sahes loque dices, ni entien- 

des una p'tlal)ra de esto. Estás muy atraca- 
da de noticias. Vives con las ideas de tu-; 
abuelos, y gracias. Antiguamente se anda- 
ban los caminos en galeras aceli-radas, y :i. 
fuerza de tiempo; ahora ea en el tren, y ya 
el tren nos va [»areciendo un carromato. 
Hay que ahorrarle molestias y panoramas. 
El camino importa un pitoche: la cuestión 
es llegar. 

Clara ¡Llegar! No se te cae de la boca esa palabra. 

¿Qué es lo que tú entiendes por llegar? 

Jorge ¡Está bien claro, hija de mi vida! Pasar de 

no ser nada, á ser algo; de que i adié me 
vea, á que todo el mundo me mire. ¿Cómo? 
¿En qué esfera? ¡Me es indiferente! Lo mis- 
mo se me da llegar de una manera que de 
otra: estrenando un drama ó publicando un 
libro dn cocina; pronunciando un discurso 
elocuente ó ensartando á un ministro en 
desafio. 

Clara Calla, calla. 

JoKGE |La cuestión es llegar! 

Ciara Te ruego que calles. Me entristece oirte. No 

eres el que era?. ¿Con qué amigotes te re- 
unes que así te han vuelto? 

Jorge No son amigotes los que me abren loa ojos: 

es la vida, que dice verdades muy amargas. 
Esta vida febril, inquieta, complicada, ver- 
tiginosa, que vivimos los hombres de este 



22 — 



Clara 

Jorge 
Clara 
Jorge 



Clara 
Jorge 



Clara 



Jorge 



Clara 
Jorge 



Clara 

Jorge 
('lar A 

• loRGE 

Clara 



siglo. jAy del qne se cruce de brazos y se- 
poi ga á niiriir la luna! ¡Lucido tstái 
'J ú í-í (^ue estíis ho}' fuera de quicio, Jorgre. 
¿No acal)aráH de deciruje lo que t'enesr* Por- 
que hay al^o más que esta uianía de llegar 
y llegar que te ha entrado ahora como un. 
sarampión. 

¡Como un sarampión!... ¡Como una enfer- 
n)e(lad incurabU ! 

¿Ee quizás el viaje á Madrid lo que así te 
revuelve la hilis? 

¡Ni más ni menos! Acertaste ef-ta vez. El 
viaj*- á \ladrid, que no se me cuaja como- 
qui.-iera. 

¡Dichoi-o viaje á Madrid! 
¡E'O es: dichoso viaje! Lo primero es el «me 
quieres^» «te quiero» del novio y la novia. 
¡Mi porvenir que se lo lleve Pateta! jQré 
egoÍMuo niás refinado y más si-icida! 
No disi arates, Joige Si yo viese en tu viaje 
á Madrid un propósito noble y seno, yo se- 
ría la primera a an'maite; p» lo s' veo que 
vana ir ala | ara tu ahsilnta i erdición; para 
la coiiipleta ruina del Jorge de lü'ce cuatro 
añiifi... del uiío... del bueno .. ¿cómo quieres 
que vea con buenos ojos ese viaje? 
¿I.agriruitas ahora? ¡Era lo único que me 
faltaba! ¡Delicias del hogar! De mi casa he 
Sil ido huyendo, por no escuchar á mi fami- 
lia, que también toca de cuando en cuando 
la nota sensible. Llego aqui. y más sensible- 
ría. ¡Esti'y mejor que quiero! ¿Por uué no 
me habré quedado yo en la canja? 
¿Luchando? 

Mira, Clf-ra; lo único que no sufro, es que- 
ni de cerca ni de lejos, mis afanes te sirvan 
de burla. 

Perdona, hombre: ha sido una broma ino- 
cente. 

I'nes no lo olvides. 

No lo olvidaré. Y hablemos de otra cosa. 
O no hablemos, que será preferible. 
Hoy, sin duda alguna. 

Jorge se levanta y empieza á pasearse para dar sali- 



— 23 — 



da al fluido nervioso Quiere liar uu cigarrillo, se le 
enredan los dedos, y acaba por tirar tabaco y papel. 
Clara lo mira con tristeza Doña Guillermina canturrea 
zumbonamente al cabo de un rato. 

D.a Gui Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, 
seis y dos sen ocho y ocho diez y seis .. 

Jorge la mira á punto de soltarle una fresca, pero se 
contiene, traga saliva y sigue sus paseos. Sale Bonifa- 
cio con una pieza de tela que le muestra á Doña Oui- 
llermina. 

Diga usted: ¿se puede dar este pantalón en 
cinco durosV 

Sf; pero pida usted ocho. 
Había pedido diez. 
Así me gustí'. 
¿Quién eí-tá en la tienda? 
Paco Uodríguez, hace ya un ratillo. Y el se- 
ñor Kosales, que acaba de llegar se retira. 
¡Caranibh! ¡ya tenemos ahí al ir evitable se- 
ñor Koí-ale.-! Entre los contertulios de la 
tienda y de la trastienda, el que más me 
molesta ts él, ¿Y tus papas, andan por allá 
dentro? 

Allá estarán con iManoIín. 
Pues alia voy yo ú coniarles un cuento, ca- 
balmente del tal Rosales y de Manolín. 
Pues ¿qué ocurre? 

Ocurre que es-e Galeno de Cinco Villas, va- 
lido de su autoridad de médico, y haciendo 
alarde de f-u ingenio baturro, en la trastien- 
da de la botica de Quiroga, y en el estanco, 
y donde viene á pelo, hace chacota del niño 
pro'ligio, y del padre del niño prodigio, 
y de.. 

Clar\ No lo creo. 

Jorge Pues ciéelo, poique lo digo yo. Estás hoy 

levantisca, paloma. Voy allá dentro. 

D.a Gui l'ejaudo el trabajo y yéndose tras él. A ver, á ver... 

Esto me interesa. 
Clara ¿Usted también? ¡Bah! 

Se marchan al interior de la casa Jorge y Doña Gui- 
llermina. De la sastieria sale Rosales, Este Rosales, 
de nombie Don Pascual, es uno de los médicos más 
queridos de la población. Hombre fuerte y robusto. 



BON. 

D.a Gui. 
BoN. 
DaGui 
Clara 

BON. 

Jorge 



Clara 

•lORGE 

Clara 
.Jorge 



~ 24 — 

aragonés de raza, habla con el acento de su país y uo 
tiene pelos en la lengua, usa capa y sombrero flexible. 

Ros. Aquí eótoy yo. 

Clara Don Pascual, buenos días. 

Ros. ¿Qué hay? 

Clara Lo de siempre. 

Ros. Pues lo de siempre es que lo mejor de Gua- 

dalema es la Plaza de los Soportales, y lo 
mi-jor de los Soportales la casa de Quijano. 
¿Dónde se ha metido ese hombre? 

Clara Con mi novio e^tá por allá dentro. 

Ros. ¿Con tu novio? 

Clara tíi. .Siéntese ut-ted, que no tardarán en salir. 

Ros. Lo que es tu novio, con perdón, aun(]ue no 

salya no me importa. ¡Leña! ¡ijué antipá- 
tico ei-! 

Clara Será para usted, Don l'ascual. 

Ros. Pues para mí habió. Anoche por poco le 

abro la cabeza en el casino. 

Clara ¡Ay, Jesú>! 

Ros. Luejío I-e la hubiera tenido que cerrar, por 

ser el médico que pillal>a mas cerca, pero 
nunca habría perdido el tiempo con más 
íiusto. 

Clara Bueno, sí; dejemos á mi novio. Ya sé que 

no se quieren ustedes bien. ¿Hay muchos 
enfermos? 

Ros. Menos h ibría, si hubiera menos médicos. 

Clara Basta que usted lo diga. ¿Ha ido usted 3'a á 

casa de don Acisclo? 

Ros. Dh allá vengo. ¡Bien tristecico lo he dejado! 

Cl^ra ¿Está peor su sefiora? 

Ros. Al revés: de esta no se le muere, no. 

Clara ¿Y por eso está triste? ¡Vamos! ¡Dice usted 

unas herejías! ¿Tan mala persona es doña 
Prudencia? 

Ros. R-gularica es. Y su marido no me puede 

ver a mí ni en pintura. 

Clara ¿Porque? 

Ros. Porque dos años antes que él fui yo novio 

de ella. 

Clara ¿Y eso qué importa? ¿Ahora va á acor- 

darse...? 

Ros. Sí se acuerda, sí. ¡Floja señalica le ha que- 



— 25 — 

dado! Pude yo cargar con ella y cargó é!: 
tiene, tiene motivos para m;il quf-rerme. 

Clara ¡Ja, Ja, ja! Pero si usted también se casó 

luego. 

Ros. ¡Diferencia va! Algo daría él por encerrarse 

en casa con mi mujer en vez de con la suya. 

Clara ¡Ya lo creo! Es que con:o Posario hay pocas. 

Ros. No hay más que ella: se rompió el molde. 

Pero alguna falta había de tener: e.^ arrima- 
dica á la cola. Como yo: lo mismo que yo. 
Así nos han salido los hijos, poiirecicos míos: 
que clavan los clavos con la cal)eza. 

Clara ¡Jesús, por Dios! í^e divierte usted hasta de 

su sombra. 

Ros Digo la verdad .siempre. 

Clara Pues niegue usted que es guapísimo Pas- 

cualín. 

Ros. No lo niego, no: es igual á su madre. Pero 

tiene seis años, y le preguntas quién ha he- 
cho el mundo y se encoge de h^mibros. En 
fin, con tal que sean buenos, y bu^no.? lo son, 
¡adelante con el iLclona!! Todos lo.s hombres 
sirven para algo en el mundo: no han de ser 
ellos menos. AJédico soy yo, y nadie se ha 
opuesto á que lo zea. ¡Los que pudieran vo- 
tar en contra se mueren!... 

Clara Cual(|uiera que lo oyese á usted, creería que 

era usted un matasanos. 

Ros Aún los hay ppores. 

Por la puerta del interior de la casa van saliendo su 
cesivameute doña Guillermina, doña Manuela y Quiji- 
no. Saludan muy serios á Rosales, se sientan, y no le 
dirigen la palabra. El los mita un poco perplejo. 

D.a Gui. Buenos días. 

Ros Buenos días, Doña Guillermina. 

D.a Ma^'. Buenos días. 

Ros. Salud, Doña Manuela. 

Quij. Buenos día.'^. 

Ros ¡Hola, hombre, hola! ¡Ya pareciste! 

Quij. Ya parecí. 

Ros. ¿Qué es eso? ¿Vienes disgustado? 

Quij. No. 

Ros. ¿Cómo que no? Pues esa no es tu cara. ¿Te- 
nemos alguna novedad, doña Manuela? 



D.a 


Man. 


Ros 




D.a 


Gui 


Ros 




Clara 


Da 


Man. 



- 26 — 

No. 

¿No hay ninguno malucho? 

Eso qnifiera usted. 

¿Yo? ¿A qué panto, señora? ¡Si aquí no co- 

l)ro las visitas! 

¿Y Jorge? 

Poniendo en sus palabras toda la ironía de que es 

capaz. Se ha quediido con Mancjlin; con el 
pobrecito Manolii»; con ese de.«dichado de 
iManulín. Porque ahora resu'ta, ¿stibe usted, 
Don Pascual? (|ue Manolín es un pollino y 
nosotros unos mentecatos. 
Ros. ¿Qué dice usted? 

QuiJ. En el mismo tono que su esposa. Y OtrO mente- 

cato el novio de Clara, que ahora mismo 
ePtá con la boca aldt-rta oyéndole tocar el 
vinlín. 

Ros Del novio de esta va bien todo cuanto se 

diga. ¡Luía! ¡qué antipático e^! 

Clara Más antipátifo es usted, ¡caramba! y lo de- 

JHu jjasar. Ya nje canfé yo. 

Hos. No te enojes por él conmigo, que no lo vale. 

D.a Gui No lo valdrá, pero cuando njeuos es un hom- 
l)ie que no tieiie dos caras. 

Ros Pues es un dolor; porque le van á romper la 

que tiene el día menos pensado. Y á ver qué 
8e liHCe. 

D.a Man. ¿Quién ge la va á romper? 

Ros Puede que sea yo, ¡leña! Porque me estoy 

oliendo qué ese ha venido aquí con algún 
chisme, y los chismes no van conmigo, ¡A 
nií se me habla claro! ¡Caras tiesas y medias 
] alttbras no se las aguanté ni a nii padre! 
¿Qué tienen que decirme, leña? ¿Quieren us- 
le les reventar de una vez? 

Se desborda la iudignapión en lorma de improperios, 
que oye Rosales sin contestar palabra. 

Quij. ¡.Si, señor; tenemos que decirte...! 

Da Max. j llenemos que decirle á u=ted que es un mal 

amigo! 

D.a Gui ¡Un infame! 

Qi ij. ¡Un traidor! 

Da Man. ¡Kso; un traidor! 

Quij ¡Nunca pude esperarlo de tí, i'ascual! ¡Sé 



— 27 — 

que te vas á la botica de Quiroga, y al es- 
tanco, y allí te ríes de mi mujer y de mí, y 
de las ilusiones que nos forjamos con nues- 
tro hijo! 

D.a MvN. ¡Con nuestro hijo, que es un fenómeno, aun- 
que usted no quiera! 

D.a Gui. ¡Eso no pe hace: eso es una porquería en 
Li da tierra de garbanzo?! 

Clara Por Dios, tía; por Dio?, mamá; que parecéis 

gnllos inglesen. 

Hos. No doy media vuelta ahora mismo y sacu. 

do los zapatos al salir de la casa, porque se- 
ría tan majadero como ustedes. Y tan mal 
amigo. ¡Ksii» sí que me e-^cuece, leña! ¿Es 
decir que el primer zascandil que llegue con 
una invención, tira por tierra una amistad 
de treinta años? Pues si es así, di tú que no 
ha debido s»rlo ni de un día. sulfurándose. 
^,Quién ha trüído ese cuento? ¿A que delan- 
te de mí no dice palabra? 

Clara No se sufoque Ut*ted, Don Pascual. 

Ros. Trndría qui- taparme los oídos, muñeca. 

D.« Gui. ¡"^í; si ya contábamos con los puñetazos y 
¡as bravata:-! 

Ros l'ero ¿es que insiste usted, señora? ¿Voy yo 

á tener que d»fenderme aquí de una calum- 
nia? ¿No basta ser quien soy, y que lo nie 
gue encima? silencio general. ¡Bucno, hombre, 
bueno! Ya veo f]ue no basta. Este si que es 
un desengaño. Lo que yo he dicho de Ma- 
nolín y de ustedes, en la botica y en el es- 
tanco y en todas paites donde me piden 
opinión, es lo mismo que digo aquí siempre 
que viene á cuento: que protesto con toda 
mi alma de lo que hacen con él. 

D.a Man. ¡Manolín es un artista eminente; lo dice su 
ujaestro; lo dice todo el que lo oye! 

Ros. Por lo mismo que quizá sea un artista, es- 

más doloroso que se le mate en flor. 

D.íi Man. ¿Pero tú oye«, (iuij.nno? 

Ros. Tuviera yo en lugar de los cuatro zoquetes 

que he traído al mundo un hijo como él, y 
puede que rascara el violín una hora del 
día, pero ya cuidaría yo de que triscara por 



— 28 ~ 

los montes lo menos ocho, como un cor- 
derico. 

Quij. ¡Y dale! ¡Si es que este niño es especial! 

D.:' Man. ¡Si ijuitarle el violin es matarlo! 

D.í* Gui. ¡Si no le gusta jugar como á los otros chi- 
cos! 

Rus. ¡i.eña! ¿Pues no dice que no le gur-ta jugar 

y tiene seis años? J^o que es que le han me- 
tido ustedes en la cabera que es un hombre- 
cico, y que es un fenómeno. ¡I^eña, qué ma- 
nía esta de anticipar la vida, de coger el 
fruto a destiempo! Tienen un niño, y ya 
quieren tener un homlue. Por supuesto: no 
es de ustedes toda la culpa: ustedes marchan 
empujados. E.ste mal es dfl siglo. Todo el 
niimdo tiend^^ á estrellarse. No sé en (\ué 
consiste. Puede que lo hayan traído los auto- 
nióviles. 

Clara (oh cierta vehemencia. Sí, señor; sí, seüor: tiene 

u>ted mas razón que un santo. 

D íi Man. Tú te calla?, mocosa. 

Clara Yo me callo, porque tú m^ lo mandas, pero 

estoy conforme con Rosales. No hay nada 
en sus quicios. 

Ros. ¡Bien dice-, leña! Aquí se siega ya, sin que 

grane la espiga. En M-molín lo ves. Echa 
á un lado el estrujar su cuerpecico — que 
ya es echar; — ; ero si alK.ra se le empieza á 
exhibir y á deslumhrar con la gloria tem- 
prana, ^,qué aplausos le van á halagarandan- 
do el tiempo? ¿Qué le dejan usteiies paia 
esa edail en que más se sueña que se vive; 
para esa edad— acuérdate, Ventura en que 
charlábamos tú y yo como locos f)or las ca- 
lles de Zaragoza, yo de mi Kosario, (pie en- 
tonces era Hosarico, y tú <ie doña Manuela 
aquí presente, que f arece mentiraí 

D.a M/ N ¡Oiga usted! 

Ros. Ahora le toca á usted, señora. Hemos de 

oir por turno. Este es mi pensar, y así lo 
soltaré donde quiera mondo y lirondo, me 
pongan buena ó mala cara. Y si ustedes no 
lo quieren oir, tendrán que atrancar la puer- 
ta de la calle y no dejarme entrar; porque 



— 20 — 

como entre y se hable del caso [leña, que lo 
digo! ¡De buena raza vengo! Mi ]iadre se 
llamaba Andrés, dijo un día por una dispu- 
ta que se llamaba Antonio, y Antonio se lla- 
mó ya toda su vida. La esquela de defun- 
ción nos dejó escrita llarasindose Antonio. 
Y Antonio le pusimos en la lápida, porque 
sabíamos que si no Fe llevaba un disgusto. 

D.a Gli. ¿y todavía, después de decir eso, quiere us- 
ted que a.juí se le tome en cuenta cuando 
(la en una testarudez? 

D a Man. En este caso se fastidia usted, señor mío. 
¡No faltaría más, sino que porque usted hava 
dicho que se llama Pedro, le hayamos de lla- 
mar Pedro nosotros, sabiendo que se llama 
Pascual Bailón! Ya cono* emos bien el puño. 

Quii. Sí, sí; tenemos en esta cuef-tión criterio muy 

distinto. Tú ves negro lo que nosotros rosa. 
Acaso estemos engañados; pero déjanos con 
nuestra ilusión. Y perdona si un poco cie- 
gos por el cariño á Manolín, pusimos en tela 
de juicio tu amistad. 

Ros Calla, Ventura, calla, que yo soy siempre 

el misnif). La pruel)a es que discuto. Y oye 
un instante ese cornetín que suena lejos. 
Ni de encargo viene. 

En efecto, óyese á lo lejos un cornetín, que toca una 
jota. Todos escuchan. 

Quij. ¿Y eso qué es? 

Ros, tise es el cornetín de unos titiriteros, que 

van rodando por el mundo. Ahora les ha to- 
cado caer en Guadalem^. Al son de esa jota, 
bailan dos chiquitines, niño y niña, de la 
edad de tu Manolín. Esta mañana me los 
encontré en la Plaza Grande, cansadicos ya 
de bailar, y me dieron pena. Pensé en mis 
hijos, y pensé también en el tuyo. 

QuTj. ,;Ves tú? 

D.a Man . ¿Ves tii? ¡PJsto es lo que exalta! 

D.í' Gui. ¡listo es lo que no puede oir.=e! 

Quij. ¿^^as á atreverte á comparar?... 

Ros. No, no comparo: tú no tienes la disculpa 

que esos padres. El hambre puede mucho, 
¡leña! 



— 30 — 

Quij ¿F,'^ que tú piensas fjue nosotros...? 

D.a Max, ¿Es que usted ^e figura. .? 

Ros ¡No me figuro nada: no hago icás que de- 

^ cir lo que veo! 

Quij. ¡Pups nos ofendes, atribuyéndonos ideas de 

explotación! 

D.a M'N. ¡Sí, señor: nos ofende! 

Ros. ¿Pero quién ha pensado tal cosa? 

D.a Gui. ¡ü-ted! 

D.a Man. ¡Usted! 

Quij. ¡Tú! 

Eos. ¿Y..? 

Quij . ¡Tú! 

Ci.ARA Calma, por la virgen bendita. Y si quieren 

ustedes hacerme cüso, quede esto aquí. Ni 
[■{opales ba tenido la intención (]ue vosotros 
pensáis, ni vosotros sois ca|iaces «le nada feo. 
Pero cuando se ponen las personas así no se 
entienden nunca. 

Ros. Hablas como un libro, muñeca Siempre he 

dicho que eres tú lo mejor de la <asa. — V03' 
al taller á que me cosan estft l)otón de la 
americana, que está un poco flojo. 

D.a Gui. ¡Todos los dias ba de traer usted un botón 
flojo! 

Ros. Si las oficialas tuvieran la cara como usted, 

ya vendrían bien seguros, ya 

Entrase en el taller. El cornetín de los titiriteros deja 
de oirse. Quijano, Doña Manuela y Doña Guillermina, se 
agrupan indignados, y á media voz truenan contra el 
baturro. 

D.a Gui. A este lo planto yo el mejor día. No soy yo 
quien le sufre todas las barliaiidades que 
quiera decirme, poique sea de Aragón. 

Quij. Pero ¿habéis visto igual terquedad? 

D.a Man. ¡Oh! ¡Es una cabeza de bronce! 

D.a Gui. Pues por más vueltas que le deis, en el fon- 
do no hay más que envidia, y envidia, y en- 
vidia. ¡Como que en su casa en vez de cua- 
tro ó cinco chicos tiene un juego de bolos! 

Clara Callad, por los clavos de Cristo; (jue viene 

ahí Jorge, y está con Rosales á tres pullas, 
y va á haber aquí toros y cañas. 

.-jale Jorge haciendo demostraciones de entusiasmo. 



31 - 



Jorge ¡Oh! ¡oh! 

Quij. f!,Qu(^? 

D.a Man ¿Qué? 

JoKGE ¡Oh! ¡una maravilla! ¡Un asombro! 

D.sA Gui. ¿Manolín, verdad? 

Jorge ¡Espanta! ¡Kptremecel ¡Da fritt! 

Quij. (íOye?, Clarita? ¿Oyes á Jorge? 

D.a Man ¡Para que nos vengan con dimes y diret'-;-!... 

Jorge ¡Vamos! ¡hJI que niegue eso, que es coim» 

negar la hiz del sol, ó es ciego del todo, ó es 
un animal de bellotas... ó es algo más malo! 

Clara Bueno, bueno; no chilles. 

Bonifacio se asoma á la puerta de la sastrería. 

BoN . El señor Lisonjero pregunta por usted, don 

Ventura. 

La Boticia le produce á la familia gran regocijo y 
cierta turbación. 

<qiuij. ¡Hombre, • 1 señor Lisonjero! 

D.a M \N. ¡El señor Lisonjero! 

D.R (iui. ¡Que pase! ¿Verdad? 

Quij . ¡Si, si, que pase! 

D.a .Man ¡Que pase en seguida! 

Se retira Bonifacio. Quijano, Doña Guillermina y Doña 
Manuela, se retocan ligeramente. 

Jorge Yo me voy. 

(^LARA ¿Te vas? 

Jorge Sí. A ese señor de Lisonjero lo masco, pero 

no lo trago. 

Clara ¿Vendrás á la tarde? 

JokOE No sé. Según esté de pulgas. 

Clara Tranquilízate, hombre. 

Jorge ¡Ojalá pudiera! Hasta luego, ó hasta mañana. 

Clara Adiós, coge su labor y se va al interior de la casa. 

Jorge Ala familia. Buenos días. 

Quij. Adiós, Jorge. 

D.a Man. Ha.-ta luego. 

D.a Gui. Adiós. 

A tiempo de irse Jorge llega Lisonjero. 

Jorge Pase usted. 

Lis. Usted. 

Jorge Muchas gracias, se va. 

Jacobo I isonjero es hombre joven, despierto, activí- 
simo, bullidor, inquieto, de fácil palabra y persuasi- 
vos ademanes: capaz de emprenderlo todo y de llegar 



— 32 — 

á todos lados. Viste con elegancia personal. Los pii- 
iTieros botines que se vieron en Guadaleiua los llevó él. 

Li?. ¡Famili?. dichosa!... ^:Qné tal? 

Quij. ¡Señor Lis^oniero! ¡Tniito gusto! 

Lis. Doña Manuelfi, Doña Guillermina — nosotros 

ya nos hemos visto, — querido Quijano... ¿Y 

el monstruo de la casa? 
Quij. Kn su estudio. ¡No deja el violín! 

Lis. ¡Eetupenda criatura! 

D.a Man Je. 
Lis. <;Y esa mariposilla blanca que á veces veo 

revolotear por este balcón? 
D.H Man. Allá dentro. Llámala, Guillermina. 
I^is. ¡Nunca! Prohibido que por mi se moleste á 

nadie. 
D.a Gui. ¡Pero siéntese usted! 
Quij. ¡Es verdad; que estamos aquí como bobos! 

Siéntese usted. 
IjIs. No puedo; muchas gracias. Tengo veintisie- 

te cosas que hacer todavía antes tie las doce, 

y son las doce menos cuarto. 
Quij. Pues ya que no se siente, deje el sombrero 

y el gabán. 
Jvis. Eso sí. 

Quij. Muy arrugadillo está el forro. Enviémelo 

mañana y lo i)lancharemos. 
Lis. Se hará como usted quiere. Antes que se 

me olvide. Dando voces hacia la tienda. ¡Boni- 
facio! ¡Bonifacio! 

Quij- ¡Bonifacio! 

D.a Man. ¡Bonifacio! . 
. Bo^'. Asomándose. Ser»'idor. 

Lis. ¿Usted conoce á Paco Rivera? 

BoN. ¡Ya lo creo! 

Lis. Si pasa por la calle, llámelo usted y avíse- 

me en seguida. 

BoN. Perfectamente. Me fíguro que no pasará. 

Lis, ¿Por qué? 

BoN. Porque... porque... Doña Guillermina lo 

sabe. Se marcha. 

D.a Gu!. No pasa, no. 

Lis. ¡ Ah,yal ¡Es un perdis incorregible! Otra cosa. 

Quij. ¡Bonifacio! 

Lis. Ño; no es con Bonifacio. 



— 33 — 

BON . Asomándose otra vez. ¿Qué hay? 

Quij. Nada, nada. Vete. 

Bonifacio se va. 

I^is. ^Tienen ustedes aquí teléfono? 

D.a Man. Lo vamos á poner á primero de año. 
=:^ Lis. ¡Kntonces no me sirve ahora! ¡.Je! Ii)a á ha- 

blar con la redacción de El Débate... Luego 
me llegaré. A lo nuef^tro. 

Quij. ¡Cuánto tenemos que agradecerle! 

D.a Man ¡Cuánto se molesta por nosotros! 

Lis. ¿Quiere usted callar? Para nal es un honor 

y un gusto. Y primero que nada es un de- 
ber: el deber en que está todo ciudadano 
que ama á su país de contribuir á que sus 
glorias más legítimas redplandezcan á la luz 
del sol. 

Quij. ¿Usted fuma? 

— IjIS. No, señor; me falta esa virtud. ¡.Jamás he 

incurrido en la vulgaridad de llamarle vi- 
cio! Aquí del cuento: «Si fuera vicio, lo ten-' 

drías.» Dando de improviso una carrera y asomándo- 
se al balcón. Aguarde usted un minuto. No, 
no es Perales. Me pareció Perales: un ciuda- 
dano á quien necesito para catorce cosas. 
Por cierto que hoy es el santo de la herma- 
na y no le he mandado tarjeta. Escribiendo en 
un cuadernillo de apuntos. Felicitar á María 
Luisa. A })ropósito: ¿ustedes tratan al alcal- 
de de Valladolid? 

QuiJ. Consternado. No... 

— Lis. Yo tampoco. Y me hace falta echarle un pe- 

rro de presa. Ya lo buscaré. A lo nuestro. 
D.a Gui. ¡Jesús, Don Jacobo! me aturde usted con 

esa actividad. Y lo admiro, lo admiro con 

toda mi alma. 
— Lis. ¡Señora, qué remedio! Los hombres de este 

siglo ni podemos callar, ni podemos comer, 

ni podemos dormir, ni podemos estarnos 

quietos. ¡En la brecha siempre! Al asunto. 

r)ecididamente, el veinticuatro. 
Quij. ¿,E1 qué? 

— Lis. La velada: la presentación de Manolín. 
Quij. ¡Ah! 

D.a Man. ¿El veinticuatro? 



- 34 — 

D.aGui. El veiniiciiatro ee marte?, Don Jacobo. 

Lis. Mejor. Así de un día que todos tienen por 

aciago, haremos un día memorable en los 
fastos de Guadalemít. Íbamos n darla el 
Véintitrfs, pero lU)Siiura, la marquesita, ha 
organizado para ese día no sé qué ]ira en 
automóvil y me ha escrito dos letrns supli- 
cándome que traslademos la fiesta al día si- 
guiente. Porque de ninguna manera quiere 
faltar. Está encantada con el pequeño. ¡Sólo 
de oirme! 

D.a Man. ¿Es decir que irá la señora marquesa? 

Lis. ¿No oye usted? ¡Si tiene más empeño que 

yol Ella es muy entusiasta, muy amante 
del arte, y sueña ya materialmente con epa 
noche El marido también irá: el señor mar- 
qués Pero ese es lo mismo (lue si no fuera, 
porque no se enteía de nada. Y más vale. 
Digo, no es lo mismo: al fin y al cabo es un 
nombre en la lista: le da lustre, le da esplen- 
dor... Por supuesto, exijo traje de etiqueta. 

Quij. ¿De etiqueta? 

Lis. ¡Ah, ya lo creo! Es lo primero que me ha 

preguntado Rosaura; la marquesita. Ento- 
nan mucho los escotes y las pecheras blan- 
cas. Y nos quitamos de encima una porción 
de cursis. Cuidado que el casino • s un cen- 
tro eminentemente liberal; pero yo sé con 
qué bueyes aro, y sé también que la alta 
clase es la que da la patente, la <|ue impri- 
me el sello. No en balde es la espuma, señor. 

D."'i Man. Justo, justo. 

D.!' Gui. Muy bien pensado, señor Lisonjero. 

Quij. Dice usted muy bien. 

Lis. ¿De modo que estamos conformes? 

Quij. Y verdaderamente reconocidos. 

Lis. El reconocimiento es de mí para ustedes, 

ya que me proporcionan el éxito mayor 
que ha podido soñar un secretario de casi- 
no de provincia de segunda clase. Entre pa- 
réntesis, y que no salga de nosotros: sospe- 
cho que Rosaura, la marquesita, algo trama 
con motivo de Manolín en aquella monísi- 
ma cabecita de pájaro. Sea lo que sea, no 



— 35 — 

les pesará á ustedes. ¡Ah! Invitaciones de 
señora, las que quieran; ustedes primero 
que nadie, ¡claro es! pero les rue^o que sean 
parcos, porque estoy abrumado de compro- 
misos. ¡Señores, qué nul)e! ¡Y no se ha anun- 
ciado todavía! iDial)lo! Se me olvidaba lo 
mejor. Mañana, en El Debite, saldrá una 
nota artística, una impresión, cuatro letras, 
consagradas á Manolin }' haciendo atmósfe- 
ra nara la velada. Aquí tengo las pruebas. 
Tomen ustedes: léanlas á su sabor. 

<iu'j. ¡Señor Lisonjero, qué bueno es usted con 

nosotros! 

D:^ Man. ¡Qné amable! ¡qué atento! 

Lis. Repito que cumplo un deber. Buscando en la 

cartera el artículo. EstO UO eS; ni estO. ¡Dios 

mío de mi vida! Necesito dos días lo menos 
para contestar tantas cartas. ¿Saben ustedes 
que me ha tocado la lotería? Qn premio 
chico: diez duretes. Menos da una piedra. 
Aquí está. 

D.a Gur. A ver, á ver. 

■Qüij. Trae. 

Lis Les suplico qne no lo lean basta que yo me 

vaya. Que va á ser ahora mi^mri, porque si 
no voy á quedar mal con siete personas. 
Compadézcanme: estoy convidado á ahiior- 
zar en tres casas: ó se me pican dos fami- 
lias ó he de almorzar tres veces. ¡El delirio! 
Despidiéudose. Doña Manuela, Doña Guiller- 
mina, querido Q.iijano... Un bes > en la fren- 
te al prodigio, y dos en los diminutos pies 
de la señorita de la casa, Y mandar cuanto 

gusten. Suyísimo. corriendo hacia el balcón nue- 
vamente. No, no es Perales. Suyísimo. 

•Quij. ¡Adiós, señor Lisonjero! 

Da Max. ¡Vaya usted con Dios! 

D.a Gui. ¡Que usted lo pase bien, señor Lisonjero! 

El señor Lisonjero hace una reverencia exquisita, y se 
va á la calle como alma que lleva el diablo. 

■Quij. ¡Qué hombre! ¿eh? ¡'^ué hombre! 

D.a Man. A ver, á ver eso que va á salir en el perió- 
dico. 
D.a Gui. ¡Vaya un confite para algunos! 



— 36 — 

D.a Man. Ya tragará quina la droguera. Anda, Quija- 

no, léelo. 
Quij. Aguarda que me ponga lo.s lente?, mujer. 

Palé Rosales del taller y eruza decidido hacia la tienda. 
Quijano oculta las cuartillas ndeiitras pasa. 

Ros. ¡Ea, ya voy listo! Hasta luego, que me e?pe- 

ra mi gente para volcar la olla. V no me 
guarden rencor por lo del pequeño, que ha- 
blo de buena voluntad. 

Quij. Adióp. 

D.a Man. Vaya usted con Dios, a Quijano, apcna.s desapa- 
rece Rosales. Anda, lee efo. 

l).a GuT. Lee, lee. 

QuiJ. Empezando á leer con voz temblorosa de emoción y 

alegría. v<El niño prodigio 9 

D.a Man. ^.E1 niño prodigio lo titula? 

Quij. «Kl niño prodigio.» Ya ves: no le llamairios 

otra cosa nosotros, y sin embargo, el verlo 
puesto en letras de molde, nos sorprende, 
nos impresiona... 

I). a Man. Sigue, sigue. A mí se me saltan las lágri- 
mas. 

D.a Gui. Sigue. 

Quijano lee. En la calle, más cerca que antes, vuelve 
á sonar el cornetín de los titiriteros tocando la jota 
Abstraídas en la lectura, ninguna de las tres personas 
de la casa presta atención á la miisica callejera. 

(iüij. «En el hogar de los señores de Quijano^ 

honrados y antiguos comerciantes de eí-ta 
localidad, ha entrado un rayo de sol de 
primavera, que con su luz ilumina los más 
apartados rincones, y alegra, con la más pu- 
ra de las alesrias, aquellos corazones senci- 
llos. Hace tieujpo que se viene hablando en 
los círculos artísticos de Guadalema...» 

Cae el telón, cortando la palabra de Quijano. 



KIN DEL ACTO PRIMERO 



rrwTtinnifiriiirinninfirirw^ 



ACTO SEGUNDO 



Ante escenario en el Teatro del casino de Guadalema. Una puerta á 
la derecha del actor y á la izquierda otra. Al foro, y á convenien- 
te altura, se supone que está el escenario, cuya entrada oculta a 
los ojos del público un telón de forillo visto del revés Entre este 
y la pared del foro hay una gradilla que por la derecha y por la 
izquierda da acceso al escenario. Un par de butacas, algunas sillas 
y una mesa con servicio de agua. El suelo alfombrado. Es de 
noche. Luces. 

Estamos en la noche de la presentación de Manolín 
ante el público. Lisonjero, de coi recto frac, vuela por 
el casino: es el alma de la velada y, como üios, está 
on todas partes. Los demás personajes visten también 
Je etiqueta, pero es claro que con arreglo á su clase y 
condición. 

Sale Lisonjero por la puerta de la izquierda, sube co- 
rriendo por la gradilla, habla algunas palabras en el 
escenario, detrás del forillo, baja por la derecha y se va 
á escape por la puerta del mismo lado. 

Lis:. tía inútil anunciai- á las nueve: hasta las 

diez no viene nadie. ¿No digo? ¡Nadie toda- 
vía! Cuatro gatos en el salón. Así como asi 
la velada es corta. Voy á prevenir... Llaman- 
do. ¡Isidoro! Por luás (^ue antes... Pero, no; 
bien está prevenir... ¡Isidoro! saie en esto por la 

puerta de la derecha Don Vicente de la Sosa, el presi- 
dente del Casino, y casi se tropieza con él. Es un señor 
atildado y correcto, que gasta en cosmético más que 

en pan. ¡Olí, señor presidente! 
D. Vic. ¡Querido Lil^onjero! 



- 38 - 

" Lis. ¿Aún hay escaso público, verdad? 

D. Vic. Ya irán llegando todop: no tema usted, ce- 
losíí-inic secretario. El snlón del teatrito del 
casino de Giiadalenia lucirá esta noolíeromo 
en las ocasiones más solemnes. 
'^- Lis. Asi lo espero yo. MeL'.tiria hi dijera otra cosa. 

Habrá que señalar la fecha de hoy con pie- 
dra blanca. Sobre todo, los que somos aman- 
tes del a¡te... 

D. Vic. ¿Del ¡irte por e! arte, amisro Jacobo? 

Lis. N(» alcanzo la intención de usted, señor de 

la Sosa. 

D. Vic. ¿^o, verdad? Es raro, en tan sutil injenio. 
¿Me va usted á persuadir á mi, joven amigo,, 
de que en esta velada, organizada con tanta 
ardimiento por la marquesita «le Villacor- 
nejo y por usted, para presentar al niño 
prodigio, es amor al arle todo lo que reluce? 

Lis. Sí, señor, sí; amor al arte. 

D. Vic. En ritíor, no esta mal. Como obra de arte, 
la marquesita me gusta más que todo lo del 
Greco. 
■ — Lis. Sintiéndose haiflgado. Vaya, vaya, quede usted 

con Dios, señor presidente. 

D. Vic. El le proteja á usted, señor secretario. ¡Je, 

"¡e! Ríen los dos. Lisonjero se va por la puerta de la 
derecha, corriendo. 

...Y déjale al amor sus glorias ciertun .. 
Voy a ofrecerle mi.« respetos á la familia de 

JVJanolín. Vase por la puerta de la izquierda, con- 
trastando su parsimonia con Ja agitación del secretario. 
Sale don EUa.s por la puerta de la derecha. 

1). Elías ¡Qué noche!... ¡qué nocbe'... Y ahora empie- 
za. Yo tiemble de cabeza á pies. Tengo la 
boca más amarga... Bien han hecho en po- 
ner aquí agua abundante. Se sitve agun y bebe. 
¡Qué orgullo el mío! Todo el mundo me fe- 
licita: todo el mundo. 

Vuelve Lisonjero por donde se fué, y después de ha- 
blar con don Elías, se va por la puerta de la izquierda. 

""" Lis. Ese Ramírez no está en nada: va á haber 

que darle pasaporte. ¡Qué brutísimo es! Ah, 
maestro: que no se le olvide el retratito; que 
Jo necesito mañana; que quieto que salga 



— 39 - 

con el de Manolín en el suplementD de El 
Debate. 

D. Em'as Señor Lisonjero, pí ya le he dicho á usted 
que no tengo más que un retrato, y ese es 
del tiempo de Maricastaña. Figúrese usted: 
de cuando se usaban aquellos cuellos que 
parecían balcones. 

Lis. No importa: eso mismo será una nota muy 

bonita. ¡Y ahora que me acuerdo!... Vaseá es- 
cape dejando á don Kiías estupefacto. ¡Perico! ¡Pe- 
rico! 

D. Elías Es admirable este don Jacobo. ¡Qué hom- 
bre! Y quiere bien al niño... lo quiere bieii. 

Sale Don Andrés por la puerta de la derecha. Es un 
señor que pasa por poeta en la localidad, pero que no 
lo es ni tiene facha de ello. Es tan sordo, que ni en 
el tiro de pichón oye nada. Todo el mundo le habla 
por señas, en vista de que es inútil levantarle la voz. 
Viene abstraído, mouologueando, y no ve á don Elías. 
Este le toca con la mano en un hombro. 

D. An. Volviéndose. Hola. ¿Qué hay? 

D ElÍ\S Ayudándose con la mímica para hacerse entender. 

\luy dÍ!-traido va usted, señor den Andrés... 

¿Y eso.s versos? iMe han dicho que son muy 

bonitos. 
D. An. ¿Mis versos? Ya veremos lo que resultan. 

Sentidos. Oí al chico en casa de Férez, y me 

conniovió. 

Es un fenómeno. 

Muchas gracias. 

Digo que el chico es un fenómeno. 

Repito las gracias. Y felicito á usted cordia- 

lísiniamenle. Hasta luego. 
D Elías Es usted muy amable, don Andrés... Hasta 

luego. Y muy sordo, ¿i'ues no dice que n\ó 

al niño en casa de Pérez?.. ¿Qué habí > de 

oir, si es como una tapia? 

Don Andrés le vuelve la espalda, y abstraído como sa- 
lió, y hablando solo, se va por la puc-rta de la izquier 
da. Don Ellas va a seguirlo, pero se ve obligado á de- 
tenerse y á echarse á un lado para dejar que pase Li- 
sonjero, el cual sale como una bala en dirección á la 
puerta de la derecha. 

— Lis. Perdone usted, maestro. 



D 


Elías 


D. 


Ak. 


ü 


Elí^s 


D. 


An. 



— 40 - 

D. Elías No hay de qué... ¡Jesús! ¿dónde irá? Ac.iso 
huya llegado la marquesita... Voy yo con 

mi nene. Vase por la puerta de la izquierda. 
Saleu por la de la derecha Rosaura, que viene del bra- 
zo de Lisonjero, y Villacornejo, que viene detrás pa- 
pando moscas. Rosaura es guapa, insiiniante, vanido- 
sa, coqueta; Villacornejo, su marido, lo dol)la la caad 
y no se entera de nada. 

RoSAU. Hace un siglo que yo no entro por aqni, 
querido Jacobo. 

Lis. Para desdicha de estas cuatro paredes, bellí- 

sima Rosaura. 

Vil. Yo también hace mucho que no vengo. La 

última vez que estuve, fué cuando habló 
aquel mantenedor de los juegos florales qun 
echó un discurso de dos horas hirgas. ^Se 
acuerda usted? Se desc mch»"! el techo del 
salón 3' se desafinó el piano de cola. ¡Qué pe- 
sado! 

RosAU. Calla, Gorito. 

Lis. El marqués FÍempre tan ocurrente. 

RosAu. ¿Y ustf^d cree oportuno, Jacol)n, presentar- 
me ahora á los padres de Manolín? 

Lis. ¡Oportunísimo! Les halagará como una ca- 

ricia. Por mi parte le ¡uiuncio á usted que 
la velada ya, mal que pese á los que no sa- 
ben poner sino faltas, es un éxito enorme, 
envidiable: sobre todo para usted, insigne 
marquesita. Para mí. como no podía men"S, 
es á la par que un éxito un semillero de ene- 
mistades. Con las invitaciones se me ha pi- 
cado media Guadalema. 

RosAU. ¿Sí? 

ÍjIS. cicada la de Robledal; picada Teie.gita Ca- 

lero; picada la hermana de don Justo; pica- 
da la de Sánchez; picada la de Pérez; picado 
su marido... ¡Qué Fé yo! Es el cuento de nun- 
ca acabar. Diez y sei.s disgustos llevo hasta 
ahora, y uno que voy á tener dentro de un 
rato, diez y siete. Pero todo lo doy por bien 
empleado con tal que esté usted satisfe.-.iii. 
Ros.au. Lo estoy; si, señor: ¿á «^ué negarlo'^ 
V^ii.. Mande usted áfreir monas á la gente. Esto 

es un poblacho ridículo. 



- 41 — 

RosAU. Me lisonjea el considerar que por mi inter- 
vención directa en este asunto, surgirá aquí 
esta noche una futura gloria de Guadalemn. 
¿Se va á telegrafiar á Madrid? 
-^— Lis. ¿Cómo no, Rosaura? De eso me encargo y» . 

RosAL'. ;?í, sí; encargúese usted, Jacobo, pira que 
salgan los telegramas como es debido. 

Vil. y, diga usted; el niño ese, ¿toc.i tan bien 

Corno todos dicen, ó es una castaña de las 
que usamos por acá? 

— Lis. No, no, no: castaña no es castaña. Para la 

edad que tiene es muy de estimar lo que 
hace. Ahora, que más adelante resulte un 
artista ó se quede en agua de borrajas, eso 
yo no lo sé. 

Vil. Lo que le pido á usted, Jacobito, ya que 

aquí mangonea, es que esta noche toque el 
pay-pay, ó el pon-pon, ó los raías... Cosas así 
alegre.^. Porque si la toma con Beyerber ó con 
Metoven, nos vamos á aburrir como ostras. 

Rosal. Gorito, no seas cafre. Si no entiendes una 
palabra de música, ¿para qué hablara de e¡-oV 

Vil. ¿Que no entiendo de música? Mire usted, 
Jacobo: de lo único que entiendo yo en esta 
vida es de música. Bueno, y de perros tam- 
bién. 
Lis ¡Hombre! 

Vil. La música, es probado: cuanto más sueño 

me da, más sublime; y los perros, cuanto 
más feos y más asquerosos, más mérito. No 
falla. 

RosAU. ¡.Jesús, Dios mío! 
Lis. ¡Este marqués!... ¡este marqués!... 

Vil. Si todos fueran francos, dirían lo que yo de 

las dos cosas. V03' á asomarme por el telón 
á ver qué gente hay. 

— Lis. Ya estará el saló:i casi lleno. 

Sube Villacornejo por la derecha de la gradilla. Ro- 
saura y Lisonjero aprovechan la ocasión para hablar 
más intimamente. 

RoSAU. ¡Qué salidas tiene Goro! ¿verdad? 

Lis. Da pena, Rosaura, pensíir que toda la vida 

haya usted de {¡asarla con ese hombre. 
RosAu. ¡Siltnciol Baje usted la voz. 



— .2 — 

Lis. Con ese hombre vnlsíar, adocenado, ^'rosero, 

incapaz de apreciar el aroma fínisimo de 
e.^íta flor que le ha tocado en puert^. 

RosAU. Calle, calle; le pido que calle. 

Lis. No puedo, Rosaura: cuando me veo solo con 

usted no me sé dominar. 

RosaI". Si no estamos solos, Jacobo... Se le acerca com» 

si lo estuvieran. 

Lis. Se le manda á la amistad, á la cortesía: á lu 

pasión, no. Y pasión es esto, Rosaura: pa- 
sión que ya ha echado raíces, que no se re- 
signa, que busca su premio. 

Vil. Desde dentro. ¿Dónde está el agujero del 

telón? 

Lis ¿KhV 

RosAu. ¿Qué? 

Lis. Ahí á la derecha, marqués. Está un poco 

'^^^.lo» y por eso no lo liabrá visto. 

Vil. Ah, si: ya lo veo. ¡Demonio, qué incómodo 

e-tá! 

RosAU. Por poco nos sorprende, .Jacf)bo: sea usted 
más prudente... y más disitiiulado. 

Lis. No se entera. Sobre que la culpa es de usted. 

RosAU. ^;Mía? 

Lis. ¿Por qué es usted tan linda? ¿Por qué sus 

ojos tienen esa misteriosa atracción que de 
todo me habla, de todo, menos de su ma- 
rido? 

Vil. Siempre dentro. ¡Te VCO, besugo! 

Rosal-. ¿Cómo? 

Lis. Sobresaltado. ¿Di(^e usted, marqués? 

Vil. ¡Era al teniente Ilios, que está amelonado 

con la novia, y no cueuta con que yo lo miro 

desde aquí! 

Rosaura y Lisonjero, se ríen. 

Lis. ¿Usted ve como vive en el limbo? 

RosAu. Calle usted ahora. 

Lis. a don Elias, que sale por la puerta de la izquierda. 

¡Insigne don Elias! Venga usted acá, que 

voy á presentarlo á la señora manjutsa de 

Villacornejo. 
I). Elí\s Honradísimo... 
Lis. A Rosaura. Aquí tiene usted al gran maestro 

de nuetitro Manolín. 



_ 43 — 

D. Elías Señora... 

RosAU. Déme usted esa mano; para mí es vm placer 
muy grande estrecharla. 

D. Elías Señora, yo recibo un honor... Esta noche es- 
toy gozando como nunca en mi vida. Yo no 
soy maestro de ese niño: la casualidad ha 
unido mi suerte á la suya, y un rayito de su 
gloria temprana, llega ha^ta mi. 

Vil. Apareciendo nuevamente. Esta de bote en bote 

el salón Ahí nos vamos á ahogar como no 
abran los boquetes del ttciio. Estas fiestas 
las prefiero en la Plaza de Toros. 

RosAU. ¡Por Oíos, Gorito! ¿ün concierto de violín en 
la Plíiza de Toros? 

Vil. Ya tú me entiendes: aquí lo de menos es el 

violín. La cuestión es lucir los trapos. 

RoSAU. No digas tonteras. Presentándole á don Elias. El 

señor es el maestro de Maiiolín. a don Eiías. 
Mi marido. 

D. Elias ¡Oh! ¡Tanto gusto!... 

Vil. Me alegro conocedo á usted. Encargúele us- 

ted al chico que nos toque cosas ligeritas: el 
pay-pay, los ratas, los lunares... Cosas aí-í. 

RoSAU. Volada. Anda, vamos á saludar á los padres 
del niño; que tengo en ello un gran interés. 
Hasta luego, maestro, 

D. El ÍAS A los pies de usted, señora marquesa. 

RosAu. ¿Quiere usted guiarnos, Jacobo? 

iiis. Con mil amores Por aquí; por aquí. Entrase 

por la puerta de la izquierda, dando el brazo á Rosaura. 
Villacornejo los sigue tarareando alguno de sus cantos 
favoritos. 
D. Elias Mirándolo ir, con desdeñosa indignación. ¡(JCU''ren- 

cia es!... ¡Los rafas!... \e\ pay-pay!... ¿Se figu- 
ra que es ManoWn el ciego que toca en los 
soportales de la Plaza? 

Por la puerta de la derecha llegan Rosales, Bonifacio y 
Castillo, á tiempo que por ella se va don Elías. Casti- 
llo es un muchacho simpático, de hablar apasionado y 
vehemente. 

Ros. ¡Felices, maestrico! 

Cas. Maestro, que sea enhorabuena. 

BoN. Que sea enhorabuena, don Elías. 

J). Elías Gracias, señores, gracias; muchísimas gra- 



— 44 — 

cias. La recibo de todo corazón. Alucliísimas 
gracias... se va. 

Cas, ¡Pobre viejol En el café me pone nervioso, 

porque el desdichado es un rascatripas, y 
toca unas cosas muy cursis; pero aquí me 
conmueve su emoción. 

Ros. Como chiquillo con zapatos nuevos está el 

hombre esta noche. 

BoN. Esta noche se quita de encima treinta años. 

Ros En cuanto se quite el frac, que tenibá esa 

fecha. 

BúN. ¡Je, je! Hombre, Castillito, cuéntale á Rosa- 

les la jugada que le has pre[)arado á don 
Andrés. Anda; que va á reirse. 

Cas. Ni á Rósale.*!, ni á tí, que estás rabia ndopor 

saberla. Si la pulilico, pierde toda la gracia. 

Ros. Pero, chico, ¿tii no eras los )>ies y las manos 

de don Andrés? ¿Pues qué mudanza es esta? 

BoN. Está furioso, porque le ha quitado la novia. 

Ros. ¿La noviaV 

Cas. ¿Q^^é me ha de quitar á mí ese gaznápiro? 

En primer lugar, yo no tengo novia. Lo que 
hay es que ningún espíritu delicado puede 
ver en paciencia que venga un cerdo car- 
gado de millones á meter las patas y el ho- 
cico donde hny una flor. 

BoN. ¿Eh, qué tal? 

Ros Muchacho, no t3 entiendo. Explícame esa 

indignación. 

Cas. ¿No sabe usted que se quiere casar con la 

Venus de Nieve? 

Ros. ¿I^on Andrés Ramales? 

Cas. ¡El n)ismo! ¡Con la V^enus de Nieve! ¡Con 

esa idealidad, que recuerda la monja de las 
Tres fechas! ¡Cou la única mujer á qu-en yo 
he querido! 

Ros. Me dejas turulato, Pepe. Esto es peor que 

lo de la Torre Nueva de Zaragoza. Yo no !o 
tolero. 

Cas. ]í\i yo! 

BoN. ¡Ni yo, qué diablo! 

Cas. ¡Si los padres son unos mercachifles indig- 

nob, aquí está Castillo el poeta, p;ira opo- 
nerse á esa profanación, en nombre de la 



— 45 - 

belleza y del arte. A mí no me querrá nun 
ca ella, porque soy un perdis y un bohe- 
mio, pero ¡vive Dios que menos que mía 
sera de Don Andrés Ramales! Esta noche lo 
desacredito; lo hundo; lo poníro en el ri- 
dículo mas espantoso. Va á tener que irse 
de Guadalema. Porque usted lo sabe, y tú 
también, y toda la provincia: la mitad de 
los versos que publica ese mentecato, son 
míos. Se los escribo yo, y él los firma; ¡pero 
f-on míos! Y me los pa^a bien, e?o es aparte. 
Tengo, pues, en mi mano su reputación, su 
aureola de poeta escultural: está perdido. 
¡Esta noche acabo con ella! 

BoN. Tú has comido fuerte. 

(Jas. He comido fuerte, y he bebido fuerte, y 

traigo un frac que me han prestado. Las tres 
cosas me honran. 

BoN. ¿Y qué has hecho? ¿Darle quizás unos ver- 

sos muy malos para que los lea y decir lue- 
go que son tuyos? 

Cas. ¡Hombre, no! ¡Vaya una venganza! 

Ros. Eso no se le ocurre más que á un genio que 

ha acabado en tonto, como tú. 

BoN. ¡Je! 

Cas. Lo mío es diabólico; refinado; felino: pare- 

ce que lo ha discurrido una mujer. No sien- 
to más sino que cualquier casualidad pue- 
de dar al traste con ello. Pero, en fin, si me 
protege la fortuna y llega á realizarse, esta 
noche hay que sangrar á Don Andrés. 

BoN. ¡Hu}! Aquí viene. 

En efecto sale Don Andrés por donde se marchó y 
pasa hacia la puerta de la derecha. Seguros de que no 
los oye, lo saludan con los siguientes insultos, á los 
que él contesta coif gestos de agrado y de cortesía. 

Cas. ¡víala bestia! 

P>oN. ¡Melón! 

(Jas. ¡Elefante! 

Ros ¡Anda á tirar de un carro! 

BoN. ¡Pavo real; que no sabes hacer una aleluya! 

Cas. ¡Adoquín! 

BoN. ¡Estafador! 

Ros. ¡Bandido! 



— 46 — 

Cas. ¡Te casarás con el ama de llavea! 

Ros ¡Leña, no, que esa me gusta á mí! 

Sueltan la risa al desaparecer Don Andrés. 

BoN. Si, hoaibre, sí; bien empleado le e.stá. Si 

quiere t-er genio, que lo sude. 

Ros ¿Y de qué cabeza ha salido que en la vela- 

da de esta noche haya lectura de versitos á 
Manolíu, como ni fuese pnco la velada? 

Ca?. ¡Qué sé yo! De la de Lisonjero, probal)le- 

raente; que eso no es cabeza: eso es un cor- 
cho de champagne. Con todo, 3^0 le agradez- 
co en el alma la inicialiva. 

Boa. ¿También lee versos Fernanda Peñaflor? 

Vas. ¡También! 

BoN. ¿L'f^s conoces tú? 

O.AS. Sí: anoche me los dio para que los llevara al 

periódico. Como todo lo suyo: una narta de 
incongruencias y de vulgaridades. Pero no 
suenan mal. Se irá á su casa con ovación y 
oreja. 

BoN. ¿De íjué te ríes? 

Cas. De nada. 

Ros. ¡Pobre Manolín! A los seis años apenas cura- 

püdos, lo emptijan ya á esta vida de hala- 
gos, y de vanidades, y de mentiras... ¿Qué 
prisa tenían, leña? Van á destrozarlo. ¿No 
pif^nsas tú lo mismo que yo? 

Cas. Lo mismo. La vida del arte, amiao Rosales, 

no es para niños. Parece tranquila y dioho- 
sa; pero es vista por fuera. Dentro de tila se 
lucha con todo el odio y con toda la pasión 
de que son capaces los hombres. 

Lisonjero pasa otra vez como una bala desde la puerta 
de la izquierda á la de la derecha, dando al aire los 
faldones del frac. 

Ros. ¡Allá va eso! 

BoN. Este, este saltamontes, es el que más ha in- 

fernado en casa de mi principal. 

Cas. Amigo, está en turno. La marquesita es un 

poder en Guadalema, y Don .Jacotio es el 
que aspira ahora al Uavin de la puerta falsa. 

BoN. ¿ \spirar? Yo creo que ya tiene el llavín 

Cas. Allá ellos. Rosaura no perdona medio de 

liallarse siempre de actualidad. Y ahora el 
pretexto es el niño prodigio. 



- 47 - 

Ros ¡Leña! eso es lo que más me irrita y me sa- 

ca de tino: que no hay en todo este belén, 
ni un asomo de cariño á la criatura, ni de 
amor al arte, ni de cosa que valga la pena; 
sino vanidad y vanidad, cuando no algo 
peor. 

Cas. Usted pone el dedo en la llaga; pero no es 

cosa de tomar el asunto a)uy á i)echos. ¿Va- 
mos á dar una vuelta por el salón? 

Ros. Vamos á dalla. 

BoN. Yo no acompaño á ustedes. 

Cas. ¿Por qué? 

HoN. Está Doña Guillermina en la última fila de 

butacas, y á todo el que llega que no ha pa- 
gado el frac, le echa los gemelo?. Y á mí me 
da vergüenza. Les debía dar vergüenza á 
los que no han pagado, pero me la da á mí. 
No voy; no voy. 

Cas. l'ues vamos nosotros. Antes nos tom:treinoH 

dos copitas, .:no? 

Ros ¿Otras dos copitas? Castillo, Castillo, que 

torres más altas han caído. Pero, fin fin, sea. 

BoN. Hasta luego. 

rosales y Castillo se van por la puerta de la derecha. 
Por la de la izquierda sale Clara. 

Clara Hola, Bonifacio. 

BoN. ('larita. 

Clara ¿Hay mucha gente ya? 

BoN. Mucha: no cabe un alfiler en el snlón. Pero 

á quien usted viene buscando no ha venido. 

Clara No... yo no vengo bascando á nadie. Ya sa- 

be usted que no. He salido aquí con un pre- 
texto, porque, la verdad, la charla de la 
marquesita me fastidia. 

BoN. ¿Está allá dentro la marquesita? 

Clara Sí. Ha entrado á conocer á mis padre?. Y 

me choca que no ha hecho más que saludar- 
los y ya parece que los quiere entrañahle- 
mente. Como usted comprende, no puede 
ser verdad. ¿Ha visto usted á Jorge? 

BoN. ¡Ejem! 

Clara No tosa usted, no... 

EoN. ¿Es cierto que se va mañana á Madrid? 

Clara En eso anda. 



— 48 -- 

B )N. \Y es cierto que han terminado ustedes? 

Clara No... 

lioN, r;N'o? Me han engañado. Pero .. 

Clara Pero ¿qué? 

üoN. Nada, nada; no me gusta ser inoportuno. 

^;Quiere usted que salga por alií fuera y ei 
'o encuentro le diga que estA u&ted aquí? 

Clara El debe saberlo. 

BoN. Con todo, yo lo hago de muy buena gana. 

Clara Si se em¡)eña usted... 

Bonifacio echa á andar hacia la puerta de la derecha, 
pero antes de irse, se vuelve con resolución para de- 
cirlo á Clara algo que le bulle en el cuerpo. 

HoN. ¡Me lo va usted á oir, aunque se enfade! ¡Se 

merece usted un hombre cabal, y no ese 
majadero forrado de lo mismo, que tiene 
usted por novio! He dicho. Vase. 

Clara ¡Qué ingenuidad mas graciosa! Cosa que se 

le ocurre, la suelta. Mirando hacia la puerta déla 

izquierda. ¡Vaya! Aquí viene toda la comitiva. 

Salen Rosaura, Doña Manuela, Quijano y el afable Vi- 
llaeoniejo. 

RüSAi'. Por Dios, no se molesten más: vuélvanse 
con el niño. 

Quij. Es una satisfacción y un deber... 

D.a Man. Ha sido usted tan buena con nosotros... 

Vil. No les choque á ustedes: esta es así con todo 

el mundo Favor (jue ella puede hacer, lo 
hace sin mirar nada. 

Clara Pues ojalá se lo agradezcan todos como mis 

padres. 

D.a Man. ^íe lo has quitado de la boca. Estoy aturdi- 
da, temblando; se me ocurren las cosas y no 
atino con las palabras para decirlas. Usted 
me disculpará si he cometido aliruna falta. 

RosAU, Ninguna, señora;¿quién habla de faltas aqui? 

Quij. Pues se lo dice á u.-ted de buena fe: y yo se 

lo repito con ella. Somos dos infelices: us- 
ted no tiene más que vernos. 

D.a Man. Dos pedazos de pan... 

Quij . Dos padres dichosos, que han tenido la ven- 

tura de... de... 

Clara Más vale que no sigas, papá, si no quieres 

soltar el trapo. 



— 49 — 

RoSAU. Se ve que son muy buenos sus papas de us- 
ted, señorita. Pero esta no es uoche de ge- 
mir, sino de estar todos muy contentos. 
^,Verdad, Jacobo? Ah, que no está Jacobo. 
Ellos, por padres del niño prodigio; usted, 
por hermana; yo, por iniciadora de esta 
fiesta, que es mi orgullo. 

Da Man. Dice que es su orgullo, Quijano. 

QtJj. Ya, ya. 

RosAu. Mi orgullo, sí. ¿Quién no lo siente, al dar la 
mano á un genio que nace? Apreciar lo que 
vale ese niño, ya es algo... 

Vil. Sobie todo sin halierlo oído. 

RosAU. Calla, Pero contribuir á que se dé á luz, 
allanarle el camino de la gloria, eso es mo- 
tivo para lisonjear el amor propio de la per- 
sona más modesta. 

D.a Man. ¡Oh!... 

Qv]. ¡Oh!... 

Vil. Hombre, ¿y á cuál de ustedes .'■ale el chico 

con esa afición? Porque esas facultades sue- 
len ser heredadas. 

Ql'ij. Ahí verá usted, señor marqués. Lo grande 

es que en Jas dos familias no ha habido uno 
solo que sepa tocar ni la zambomba. ¡Y to- 
dos un oído infernal! ¡.Je! 

Vil. Fues sí que es cosa extraordinaria. Porque 

lo frecuente es salir á lo:^ antepasados. Yo he 
sacado todo lo de mi (ladre. Mire u.>-ted: mi 
afición á la caza: de mi padre; el quedar- 
me dormido leyendo el Quijote: de mi pa- 
dre; á los treinta años le empezaron á salir 
canas á él: á mí lo mismo; él se casó á los 
cuarenta: yo también; él no tuvo hijos: yo 
tampoco... 

Ros .u ¿Que tu padre no tuvo hijos, Gorito? 

Vil . Bueno, me tuvo á mi; pero yo no me cuento. 

RosAU. íáiempre con este humcjr. Es incorregible. 
Vamonos al salón; ¿te parece? 

Vil. Pues desde que me casé, todo igual que mi 

padre: somos dos gotas. 

RosAU, Vamonos, vamonos. Despidiéndose. Hasta lue- 
go, señora; hasta luego, s^ñor Quijano. 
Adiós, señorita. Ya. sé yopoi nuestro amigo 



— 60 - 

Lisonjero que usted completa el tesoro de 

aquel honrar. Seretuos amigas. 
CL'^RA Será una honra para mi. 

J).a Man. Adiós, señora marquesa... 
Quij. Señora marquesa, mil gracias... Adiós, señor 

marqués... 
Vil. Yo si me aburro daré una vuelta por acá. 

UoSAU. (iQi^ié has de aburrirte, hombre? Hasta luego. 
D.^ Man. Hasta luego. 

ROSAU. Cogiéndose del brazo de su marido, como si estuviera 

en la luna de miel. ¿No los envidias? Tener uu 
hijo... y un hijo como Manolín. jAy! Hace una 

monería de despedida y se va sonriéndoles á todos. 

Quij. ¿Tú hns visto, Manuela? ¡Qué finura! ¡qué 

amabilidad! 

D.«' Man. ¡Qué don de gentes! ¡qué distinción ¡qué bo- 
nitos modales! 

Clara ¡Pero cómo se perfuma! Yo al principio creí 

que me daba algo 

Qi'ij. ¡Y hay quien critique de una señora tan se- 

ñora! 

D.a Man. Critican porque vale, porque es la primera 
donde va, porque pone el mingo. 

Qüij. Ni más ni menos. 

D ^ Man. Si criticaran del marqués, que aquí inter nos 
se me figura algo arrimado á U cola... 

Qv¡]. ¿Qué sabes tú, infeliz? El marqués lo que es 

un hombre de mundo, un hombre corrido, 
que habla siempre con buen humor. 

Clara Pues ha tenido dos ó tres caiditas... 

D.^ Man. Anda, vamos allá; que Manolín está sólito 
con el maestro. 

Quij. Vamos, vamos con él. 

D.a Ma^í. ¿y la droguera? ¿Qué dirá esta noche la dro- 
guera? 

Quij. Olvida á la droguera, mujer: al'á cada uno 

con sus ])asiones. 

D.a Man. ¿'1 u te quedas, Clara? 

Clara Sí. Viene aquí Jorge, y quiero hablar con él. 

D.a Man. No te entretengas mucho. 

Quij. ¡Como que esto irá á empezar de un mo- 

mento á otro! 

Se van Doña Manuela y Quijano por la puerta de la 
Izquierda. Por la de la derecha llega Jorge. 



— 51 — 



Clara 
Jorge 



Clara 
Jorge 

Clara 



Jorge 

Clara 
Jorge 



Clara 

Jorge 
Clara 
Jorge 



Hola, hombre. Dichosos los ojos. Hoy no te 
he visto en todo el día. 
¿Tú sabes? No he dispuesto de dos minutos 
Despidiéndome de este, visitando á aquel, 
cumpliendo con una porción de mamarra- 
chos por no disgustar á mi familia, y sobre 
todo, consolando á mi madre, que imagina 
la pobre que irse á Madrid es irse á ios in- 
fiernos. 

¿Y te vas mañana, por fin? 
¡Mañana! ¡Gracias á Dios! Se me hacen si- 
glos los momentos. 

Calma, hombre, calma; que ya estás á la 
puerta de la felicidad. En veinticuatro ho- 
ras no ha de ocurrir nada que te lo eche 
todo por el suelo, 

¡Oh! Es que en estos últimos días se me ha 
exacerbado la fiebre de salir de aquí, y el 
odio á esta tierra antipática. 
¿Pero no hay nada en Guadalema que te 
baga dejarla con sentimiento? 
|Bah! Ya pitaste por donde pitfis siempre. 
De modo que me lleva á Madrid la sola 
idea de trabajar, de luchar por un p >rvenii' 
para ofrecértelo, de llegar, en una palabra, 
y te me sales echando de menos un suspi- 
rito dedicado á tí al silbar la locomotora. 
¡Vamos, hombre! Tenéis las mujeres el don 
ridículo de empequeñecerlo todo en la vida; 
de no ver irás campo de acci(^n para el 
hombre qu*^ el círculo que podéis trazar ex- 
tendiendo los brazos. 

No te enfades; no grites. Lo que nos pasa á 
las mujeres es que cnando nos dice el no- 
vio que rabia ptu* marchíirse de donde esta- 
mos... pues... francamente... en nuestra pe- 
quenez... no nos hace gracia. 
Bueno, bueno. .A. otra cosa. No quiero entrar 
contigo en discusiones que siempre acaban 
de mala manera. ¿Y Manolín? 
Con mis padres, esperando su hora el po- 
brecito. Ya ves tú: á ese, sin querer, lo ha- 
cen llegar ú. los seis años. 
¡No; si eso está muy mal; si lo deben meter 



— 62 - 

en alcanfor para que no se pique, como pro 
pone el sabio de Kosales! 

Clara Ro'^ales no propone eso. Pero dejemos tam- 

l)ién al niño. Óyeme. 

Jorge Qué. 

t.'LARA Sé, aun(jue no por ti, que has recibido una 

credencial. 

JoRGK ¡Contento me tiene la credencial! 

Clara ¡Kspantaiame yo! ¿Xo es la (jue habías pe- 

dido? 

Jorge ¿Qué ha de ser? ¡He de darle un millón de 

gracias á mi tío Paco! ¡Nos ha matado mi 
tío Paco! |Ya ves tú mi tío Paco! ¡el brazo 
derecho del ministro! Pues por todo favor 
se me desoielga soltándome un destino en 
que hay que ir á la oñcina todos lo- días. 

Clara ¿Los domingos también? 

Jorge Ah, ¿te hurlat^? 

v'lap.a Pero, Jor^íe, ¿qué destino esperabas? 

Jürge ¡Ay, qué inocente! ¡Uno como hay iiiUcho^» 

para no parecer por la oficina má> que á 
firmar la nómina, si es que no te la llevan 
á casa! 

Clara J£;-o no lo sabía yo. 

Jorge ¡Tú no sabes nada de nada! Mira: Evaristo 

Rey, un amigo de ayer, como (luien dice, 
me ha ofrecido una plaza de l)arrendero. 

Clara ¿De barrendero? 

Jorge ¡Hay que agarrarse á todo! No es <iue yo 

vayaáoarrer las calles, como comprende- 
rás; ¡pero cobro lo mismo que si las barrie- 
se! [Y siempre es una ayuda! 

Clara ^Ave María purisima! Te confieso, Jorge,, 
que nunca sospeché que en tu afán de lle- 
gar, como dices tú, llegaras á eso. 

Jorge ¡No, que me voy á andar con aquí la puse y 

con remilgos de empanada! ¡Ya le acusaré 
yo las cuarenta á mi tío Paco! Con.'^idera 
que voy á Madrid á jugarme el todo por el 
todo: pues lo prin.ero que necesito es tener 
el estómago lleno: fuego en la caldera. Poi- 
que yo no me bago ilusiones, niña. Sé cómo 
está Madrid: sé lo dura y lo difícil c^ue es 
allí la pelea. Todos los puestos están toma- 



— 53 — 

dos. Vas á un periódico á eolicitar, y no hay 
periódico que no tens;a íu director y sus re- 
dactores; vas í^ un teatro con una c<jmedia, 
y en cada teatro hay sesenta comedias de 
loá paniaguados y amigos; abres un bufete, 
y no sut'ñe.s que nadie vaya á encomendar- 
te un asunto: han de ir á casa de Fulano, 
de Zutano ó de Perengano. Los conocidos 
¿sabes? ios de fama. [A los demás que nos 
coja un tranvía! ¡Este es un país desprecia- 
ble! Si yo hubiera nacido en Francia. . 

Clara Por lo menos sabrías francés ahora, que lo 

sabes muy mal. 

Jorge ¡Caramba! 

(JLARA Jorge, es que te escucho con verdadero 

asombro. Tú no e«iás bueno de la cabeza. 
¿Qué quieres? ¿Que los periódicos no tengan 
redactores hasta que tú elija^i redacción, ni 
los teatros comedias hasta ver si tú escrilips 
una, y que los abogados de nombre se va- 
yan á su pueblo á arar y te dejen á tí el 
bufete? 

Jorge ¡No es eso! 

Clara ¡Sí es eso! Eso, al menos, es lo que tú dice-. 

JoRGK ¡Lo (.\ne yo quiero es que se mueran los vie- 

jos, que obstruyen el camino de la juvenlui! 

Clara Ya saltaste con el tema de los viejos. Cuan- 

do tocas á él, no puedo escucharte con 
calma. 

Jorge Pero ¿no es una ley natural que se mueran? 

¡Pues que se mueran ya, que se mueran to- 
dos y nos dejen lil)res los puestos! 

Clara Qué duda cabe en que se morirán: hoy uno, 

mañana otro... ¿Qué remedio les quedaV 
¡Pobrecitos! Pero reflexiona que fueron jóve- 
nes como tú, y que lucharon para descan- 
sar cuando fueran viii-jos; sin sospechar que 
vendrían al mundo otros jóvenes de tan poco 
valer que necesitan que haya una epidemia 
para (^ue se sepa que ellos viven. 

Jorge jCstás agresiva. 

Clara Lo estoy. Me duele que triunfe en tu alma 

ese odio á los viejos. ¿No llegarás tú á serlo 
alguna vez? 



— 61 — 

Jorge ¡(-liando yo sea viejo que me tiren á la ba- 

sura! 

Clara Y que te barra un compañero de escoba,¿no? 

Jorge ¿Eh? Pues tómalo como quieras tomarlo;, 

pero lo que es una campañita rabiosa en 
un periódico de esos de escándalo, de esos 
que muerden por morder, contra tanto ve- 
jestorio inútil como está infestándolo todo, 
¡esa la hace el bijo de mi ujacbe! ¡Y si me 
denuncian, encantado; y si voy á la cárcel^ 
mejor; y ?i ten>:o que batirme con cuatro ó 
sein, miel sobre iiojnelas! 

(^f.AP.A Bien, bien, Jorge. Haz enhorabuena esa 

cam|»aña, y mata á quien se deje, y vé á la 
cárcel, ya que eso parece balagavte, y chi- 
lla, y vocifera, y muerde, y escupe; pero to- 
das las victorias que logres, f^i logras alguna» 
sea con la plun a, ó con la espada, ó con la 
escoba, ofréceselas á otra mujer. 

•loRGE ¿Qué dices? 

Clara Que no quiero seguir engañándome. Hay 

entre nosotros ahora mismo mucha más 
distancia que la que el tren va á poner ma- 
ñana. Vete, y vive, y triunfa; pero no te 
íicuerdes de mí. 

•Jorge Ah, ¿es que intentas amargarme el viaje? 

Clara Al contrario: necesitas mucha inde|ienden- 

cia; mucha libertad. Mi cariño podría pe- 
sarte: vete sin él. 

Jorge Y a tí, ¿no ))odría pesarte de otra manera 

este paso que das? 

Clara Nunca. P]n todo caso, si tú fueras capaz de 

volver á eer el de antes. Pero entonces... tú 
me buscarías. 

.íokOE ¿iiloras? 

Clara No. 

Jorge Mira que no estoy en el caso de suplicar. 

Clara Ni yo en el de escuchar tu^^ súplicas. 

Jorge ¿Quiere decir que esto acabó? 

Claka Quiere decir que tú no eres Jorge; que tú 

eres ot:o... y que ese no es el mío. 

Jorge Más claro, agua. Bien está. No lo esperaba, 

pero bien está. Después de todo, razón te 
Eobra: ¡menos peso para el cauíinol 



— 5i — 

Clara Poco ujeno?, pero menos al fin. 

JuRGE Adiós^ Clara. 

Clara Adió?, Jorge. Te deseo fortuna. 

Jorge Y á tí yo. Vase por la puerta de la derecha miran, 

dola. Ella se va por la de la izquierda. 
Sale por la de la derecha Fernanda Peñaflor, soltero- 
na y poetisa, del tarazo de Don Vicente de la Sosa. 
Lisonjero sale tras ellos. 

Fek. Usted siempre, señor de la Sosa, pródigo de 

galantería. 

D. Vic. Traer á usted de mi brazo y no elogiarla, 
fuera incultura manifiesta. 

Lis. Con la venia de usted, señor presidente, ya 

creo que debemos comenzar. 

D. Vic Ah, si, sí: u-jted manda, querido Lisonjero. 
¿No falta nadie? 

Lis. Nadie. 

D. Vic Pues á comenzar en seguida. 

Fer ¿y mi colega don Andrés, ha venido? 

Lis. ¿Cómo no, si es uno de los números del pro- 

gramar Voy corriendo por Manolín y su 
familia. Pero no... Pero sí... Antes es conve- 
niente.. Llamando. Isidoro! ¡Isidoro! 

IsiD Presentándose en la puerta de la derecha. Señor Se- 

cretario. 

Liis. Va á empezar la fiesta. Mucho ojo: aquí no 
entra nadie más que las personas de la casa. 

ísiD. Entendido, señor secretario. 

Lis. ¿Los del telón están arriba? 

Isio. Hace media hora, f-eñor secretario. 

Lis. Af^í me gusta Pueiles retirarte. 

IsiD. Con permiso de usted, señor secretario. 

Lis. ¡Ah! 

IsiD. Señor secretario, 

i^is. Prevenidos muchos vasos de agua. 

IsiD. Doce tengo dispuestos, señor secretario. 

Lis. Está bien. Pued'-s retirarte. 

IsiD. Servir á usted, señor secretario. 

Lis. ¿Qué más? ¿Qué más, señor secretario? ¡Ah! 

La otra puerta. Vasc por la de la izquierda, lla- 
mando. ¡Perico! ¡Perico! 

J^'er. ¿Va usted á hablar largo tiempo, señor pre- 

sidente? 

D. Vic Oh, no: sólo cuatro palabras. 



— 58 — 

Fer. ¿Cuatro palabras? Cuatro perlas. 

D. Vic. ¡Oh! Perlas, las que usted verterá en correc- 
tos endecasílabos. 

Fer ¡Ohl 

D. Vic. Precisamente he de hablar yo poco, para no 
dilatar el momento de su lectura. 

Fek. ¡Oh! Hay dos Lisonjeros en el casino: el se- 

cretario y el presidente. 

D. Vic. ¡Oh! No son lisonjas mis palabras, si bien 
celebro el juego del vocablo. Contadas es- 
trofas conozco yo en el lenguaje de Zorrilla 
que puedan igualarse al primoroso soneto 
(jue va usted á leer. 

Fer. ¡Oh! Se aventaja usted en amabilidad cada 

día. Pero aunc^ue fuera, como usted dice, un 
primor mi pol)re soneto, ¿qué valdrá com- 
parado con el discurso que le ha de prece- 
der? Yo no soy más que modesta artífice de 
la rima: usted es soberano artista de la pa- 
labra. Yo bebo en mi vaso, como Mu^set; 
usted bebe en el rio. 

D. Vic. ¡Oh! 

Fer. ¿Q"é digo en el río? ¡En el mar! 

D. Vic. lOh! 

Fek De ahí las sales de su prodigiosa elocuencia. 

D. Vic. ¡Abrumado, Fernandita, abrumado! 

Fek. ¡Porque el genio abrumal 

D. Vic. ¿Pues cómo puede usted vivir? 

Fer. ¡Abrumada yo! 

D. Vic. ¡Oh! 

Fer. ¡Ohl 

D. Vic. (E:íta señorita y yo nos damos unos honibcs 
interminables.) 

Sale Rosales por la puerta de la flerecha. Lo sigue Isi- 
doro. A poco, por la misma puerta, sale ñon Andrés. 

Ros. Fernandita, señor presidente, buenas um- 

ches. 

D. Vic. Bien venido, señor Rosales. 

Ros. Isidoro no quiere dejarme pasar; pero ¡leña! 

yo le he curado al chico la escarlatina, el 
sarampión y unas gástricas: tengo más de- 
recho que nadie á estar aquí. 

J). Vic. Y nosotros recibimos en ello una gran 
merced. 



— 57 — 

Ros. Se agradece, a Isidoro. Ya lo oyes, tú. 

Is!D. Señor Rosales, usted me ha de dispensar; 

pero á mí me mandan... 

Ros. Sí, hombre, sí. 

IsiD, Y como me mandan... no puedo hacer más 

que lo que me mandan. Usted me ha de dis 
pensar, señor Rosales. Con permiso, se va. 

Ros Además, amigo don Vicente, hay otra razón 

para que yo esté aquí. Va á leer unos ver- 
sos don Andrés Ramalea; puede ocurrir un 
cataclismo... 3' siempre es bueno que haya 
un médico cerca. 

FtR Por Dios, Rosales, que ahí llega don An 

drés... 

Ros ¡Que llegue! ¡No se enterará, no! ¡Leña, qué 

sordo está el infeliz! Hay que hablarle con 
banderitas como á los barcoí. 

D. An. Fernandita, acaban de decirme que la com 

posición de usted es una joya. No me ha 
8orprendid(\ 

FeR. Apelando, naturalmeute, á la mímica. ¡Oh I La de 

usted, la de usted es la que creo que es ad- 
mirable. 

D. An. Alia veremos. 

Ros Como no es suya, no sabe qué decir. 

Fer jDon Pascual! 

Ros. ¡Si no oye un cañonazo! 

F'er. Pero ¿usted cree en esas calumnias? 

Ros. Desde que usted me lo dijo, 

Ker, Este Rosales es terrible. 

D. Vic. ¡Oh! 

Lis. ¡Ajajá! Ya viene todo el mundo. Son las diez 

menos dos. Vamos á empezar al momento. 
A mí se me ocurre, salvo mejor opinión de 
cualquiera... 

Sale don Elias por la puerta de la izquierda. En la 
mano trae el violín del niño. 

D. Elías Ligo, señor Lisonjero, que yo estoy á la dis- 
posición de usted y de todos,., que mi papel 
aquí se reduce á servirlos á todos... 

Lis. Gracias mil en nombre de todos, querido 

don Elías Pues á mí se me ocurre, salvo 
mejor opinión de cualquiera. . 

Llega Bonifacio por la puerta de la derecha. Lo sigue 
Isidoro, 



— 58 — 

BoN. Don Jacobo, tájietiie upted la boca y los 

oídos, si teme (]ue sea inconveniente ó mo- 
lesto; áteme usted á la pata de una silla, 
pero déjeme usted que me quede aquí con 
los padres del niño. Yo he vislo á esa cria- 
tura nacer; yo avipé al médico cuando se 
puso mala doña Manuela— y aquí está el 
médico, que no rae dejarn mentir; — yo... 

Lis. Ni una palabra más, Bonifacio. Complaci- 

dísimo yo en complacerlo. 

BoN. Dios se lo pague, a Isidoro. Tú, ya lo oyes. 

IsiD. Don Bonifacio, usted me ha de dispensar; 

pero á raí me mandan... y como me man- 
dan... no puedo hacer más que lo que me 
mandan. Usted me ha de dispensar, don 
Bonifacio. 

Lis Estás dispensado: retírate. 

IsiD Obedeciendo. (¡Qué ptiís! ¡No se cumple una 

ordenl) 

Lis. Pues... á mí se me ocurre, salvo mejor opi- 

nión de cualquiera... 

Por la puerta de la izquierda salen en esto doña Ma- 
nuela, Clara, Qnijaiio y Mauolín, á quien han vestido 
de rantalón corto y smoking. 

Quij. Víiraos, varaos allá, valiente. 

I). Vil. ¡Oh! 

Fer. ¡Oh! 

D. Vic. ¡A(]uí está el héroe de la jornada! 

Fer. ¡A<]UÍ está el prodi.sio! ¡Qué preciosidad de 

criatura! ¡qué encanto! ¡(pié ra^'o de inteli- 
gencia en su mirailn! Permítanme ios felices 
padres que estampe un ósculo en la frente 

del genio. Lo hace como lo dice. 

D.» Man. Gracias, señora. 

I). VlC. Besando también a Manolín. ¿Esta nOChe tOCarás 

mejor que nunca, veriiadV 

Man. Encogiéndose de hombros, oí. 

Quij. ¡Dice (lue si! 

D.a Man. ¡Dice que sí! No se corta, no; no se corta. 

D. Vic. la seguridad del genio prematuro. Todos 
los genios han dicho (pie sí. 

Fer. ¡."^í! Divina palabra. ¿Quién no aspira á de- 

cir que sí alguna vez? 

D.!i Man. ¡Hijo de mi corazón bonito! Lo besa. 



— 50 — 
QuiJ. iHijO de mi alma! Lo besa también. 

1). Elias ¿Y para el maestrilio viejo, no ha quedado 

ninguno? ¡Jel Lo besa. 

Lis. Vaya, vaya, no me lo imnresionen más, que 

pudieran perjudicarle. Decía yo, que salvo 
la mejor opinión de cualquiera, veo la ve- 
lada en la forma siguiente: Ya está arriba 
el telón. El escenario íiparece solo. Allí no 
quiero nunca más que dos per^onap. Acto 
seguido, usted, señor presidente, sube con 
Manolin. Aplauso. Cuatro palabras presen- 
tando al chico. Aplauso. Deja á Manolin y 
baja por Fernandita. Aplauso. Lee Fernan- 
dila. Aplauso. Baja Fernandita y sube don 
Andrés. Aplauso. Lee don Andrés. Aplauso. 
Baja don Andrés y sube don Elíab. Aplauso. 
Pone los papeles sobre el atril y empieza á 
tocar el niño el programa impreso. ¿Es así? 

D. Vic, Menos los aplausos a mi discurro .. 

Fer. Meiíos los aplausos á mi poesía... 

Lis. Bueno, bueno; ya veo que es a-í. Prevenidos 

todos, que voy á levantar el telón. 

Emoción general. Los padres dan tooueeitos á Mano- 
lia en la cabellera y en el traje; don Elias parece 
aturdido; la muchacha tiembla; Bonifacio va de aquí 
para allá; Rosales se sienta, y observa el curso de la 
velada cou creciente disgusto; Fernanda repasa sus ver- 
sos; don Andrés parece que rumia los suyos, y el pre- 
sidente, un tanto azorado, se estira los puños, se afila 
el bigote y como que ordena en la imaginación sus 
ideas, isonjero sube por la izquierda un escalón de la 
gradilla y toca dos veces un timbre aue hay en la 
pared del foro. 

D.a Man. Animo, hijo mío, 

Quij. No le (ligas nada, mujer. 

BoN. ¿Tiene usted miedo, Clara? 

Clara Alucho: mire usted cómo tiemblo. No sé 

cómo mi tía Guillermina puede estar en el 

público. 

Lis. Prevención, suena el timbre. Ejecución. Vuelvo 

á sonar el timbre. Oyese el ruido que el telón al le- 
vantarse produce. Por ambos lados del forillo, entra 
alguna luz del salón. Oyese luego el rumor del públicO' 
y un largo siseo que impone silencio general. 



— 60 — 

Ros. Ya no tiene remedio. 

Lis. Bajando la voz. Cuando usted guste, señor pre- 

.<i(lente. Yo me voy al |)úblico á romper el 

primer aplauso. Vaso precipitadamente por la 
puerta de la derecha. 

D, Vil. Vamos allá. Dame la mano, Manolín. 

La emoción aumenta. Doña Manuela se santigua. El 
presidente, llevando de la mano á Manolln, sube al 
escenario. Estalla un aplauso, que se mantiene unos 
instantes, y que ya sabemos que rompe Lisonjero. 

BoN. (¡Como á mí: lo u)ií-mo que á mí!) 

Por el hueco de la izquierda miran con ansiedad los pa- 
dres del niño, y por el de la derecha Clara y Don Elias. 
Inútil es decir que toda la atención está en el escenario. 
Don Andrés, no obstante, como es sordo, no vive más 
que para sus versos. 

D. Vic. L'na vez que cesa el aplauso. «Señor.is: Señoritas: 
iseñoreF. No creáis que voy á hacer un dis- 
curso.» 

Ros. (¿No lo han de creer ¡leña! si siempre em- 

piezas así, y siemftre lo hacesV) 

D. Vic. «Nada máá lejos de mi ánimo, ni más ino- 
portuno en estos momentos. Ks mi inten- 
ción sólo, es mi deber, es mi obligación, ñ 
queréis, haceros la presentación ofí'-ial por 
así decirlo, de este niño artista, verdadera 
maravilla de la naturaleza, que ya, á buen 
seguro, lia cautivado vueslro.s corazones y 
vuestros ojos con los encantos indudables 
de.'-u presencia de ángel de Murillo.» 

BuN. (Como á mí ) 

Fer. |Es una palabra de oro! ¡de oro! 

D. An. ,Qné bien habla ese hombre! 

Ros ¿Usted qué sabe? 

Quij. ¡Ssssch! 

Silencio largo. 

Fer. ¿Por qué no sigue? 

Clara Porque está bebiendo. 

Fer ¿Ya? 

D. Vic. ^< Pronto, cuando escuchéis embelesados las 
melodías f-uaves, las melodías valientes, las 
melodías sublimes que arran<)ue el niño de 
las cuerdas de su violin, comprenderéis que 
no es hiperbólica mi palabra al calificar 



— 61 — 

como califico á nuestro pequeño conterrá- 
neo.» 

D.a Man. a Quijano. (¿Conté qué ha dicho? 

Quij. Conterráneo. 

D.a Man ¿Y qué es eso? 

Quij. Será vioHnista.) 

D. Vic. «¿Os acordáis de la niñez de Mozart? Pues 
aquí tenéis el segundo tomo.» 

D. Elías Muy bien, muy bien... 

Quij. ¡Sssschl 

D. Vic. «Pudiera yo extenderme ahora, abusando 
de vuestra tenevolencia, en altas considera- 
ciones á propósito de la influencia educatriz 
que la música ejerce en el espíritu de los 
hombres que forman las naciones que se 
dicen cultas. I'ero os hago gra'ia de esta 
digresión erudita, por iuh ya vfi- en vues- 
tros ojos la impaciencia legítima de que yo 
abandone este sitial que inmerecidamente 
ocupo, para deleitaros en escucbar al niño 
prodijiio.^o, y antes que á él, las inspiradísi- 
mas poesías á él dedicadas por nuestra ilus- 
tre conterránea Fernanda Peñaflor, y por el 
inspirado literato Don André-i Ramales» 
también nuestro querido conteriáneo.» 

D.a Man. a Quijano. (Hay que averiguar lo que es eso.) 

D. Vic. «Dejo, pues, de molesta i- vnesira atención 
y os doy las gracias por vuestra condescen- 
dencia y cortesía: y al marcha; me de aquí, 
fija la mirada en la frente del niño, me atre- 
vo á exclamar: Honra y prez á quien ha po- 
<íido á los seis años y tres meses de bu edad, 
por la magia de su mérito indiscutible, reu- 
nir en el modesto salón de esta modestísi- 
ma casa á la sociedad de Guadnlema en su 
representación más culta y esjmmosa. He 
dicho.» 

Estalla dentro un nuevo aplauso prolongado. Baja 
nuestro hombre con las mejillas como tomates. Todos 
lo felicitan. 

D.a Man ¡Muy bien, señor, muy bien! 

Q ij. ¡Admirable, admirable! 

Fer. ¡Oh! ¡De oro! ¡De oro y muchas piedras! 

BoN. ¡Enhorabuena, Don Vicente! 



- fi2 — 

Ros ¡Enhorab'iena! 

D. K' t»s ¡Muy bonitol 

D. Vic. Nada... cuatro palabras.. Presentar al chi- 
co... salir del ])aS0. . A Clara, que no le ha dicho 
nada ¿Verdad? 

Clara Maquinaimente. Muy bien, muy bien... 

Por la puerta de la derecha sale Isidoro á reponer el 
agua. Por la misma puerta llega Lisonjero como una 
exhalación, y estrecha entre sus brazos á Don Vicente. 

Lis. ¡Bravo, maestro, bravo! ¡Cumo de usted! 

D. Vic. ¡Oh!... 

Lis. Quedamos en que ahora sube usted del bra- 

zo á Fernandita y vuelve aquí. 

D. \'ic. De acuerdo. 

Lis. Yo me voyá romper el aplauso, Vase corriendo. 

D. Vic . ¿Fernandita? 

Fer. Cogiéndose de él, Con mil amores. Cada día 

hay mayor belleza en su palabra, de la 
Sosa, 

D. Vic. ¡Oh! Las bellezas de la velada, ])rincipian 
con usted. 

Fer. ¡Oh! 

Suben al escenario. Aplauso caluroso. Durante él vuelve 
Don Vicente. 

D. Vic. Escuchemos, porque tiene que oír. 

Fer. Sacando, no se sabe de donde, una voz que no es la 

que usa á diario, 

«AL NIÑO PRODIGIO. — SONETO 

¡Salvo, niño genial, sol de tu casa! 
¡Salve, gloria de España venidera, 
clavel de anticipada primavera, 
cuyo aroma los ámbitos traspasa! 

En los comi^'nzo^^ de tu edad escafa, 
alumbras ya cual fúlgida lumbrera, 
y ven absortas tu veloz carrera 
aristocracia, clase media y masa. 

De tu fama los límpidos alliores 
el cielo d9 las glorias ya han teñido 
de vivos é irisados resplandores. 

¡Surge, y eleva al cielo tu sonido! 
¡Callen todos los pájaros cantores! 
¡Música celestial, ya te han vencido!» 



— 63 — 

Nuevo aplauso dentro, más caluroso aún que el ante- 
rior, porque el soneto ha durado menos tiempo que el 
discurso. Don Vicente va á recoger á Fernanda, con 
quien vuelve en seguida. 

R(S (Y si Manolín tuviera mi edad, ¿qué pensa- 

ría de todo esto, leña?) 

D. Vic. ¿Y era usted quien hablaba de piedras, Fer- 
nandita? 

Ffr. ¡Oh! 

D.» Man. ¡Precioso, señora, precioso! 

Quij. Nuestro hijo no merece tanto. 

D. Ei.ÍAS A mí me ha hecho llorar. 

Fer [Oh! 

ü. Elías Eh verdad que no haeo más que llorar esta 
noche. 

líos, íSon muy sentidos; mucho. 

BoN. ¡Mucho! •- 

Fer. Eso sí; corazón he puesto, 

Clar\ Suenan muy bien, muy bien... 

D. An. Enhorabuena, maestra. 
-=5^ Lis. Llegando com(^ antes. ¡Princorosísimo! ¡Primoro- 

sísimo! ¡Es la perla de la velada! 

Fer ¡Oh, cuantísima amabilidad! 

D.* Ma.n'. Ya nos dará usted una copia de su puño y 
Jetra. 

Fer. ¡Ya lo creo! Una á cada uno. ¿Y ha visto 

usted, Jacobo, con cuánta seriedad lo escu- 
cha todo Manolín? 
— - Lis. ¡Como que tiene muchísimo talento! a dou 

Andrés, que sigue abstraído con su poesía. Señor Ra- 
males, ha llegado su turno. 
D. An. ¿Eh? 
— Lis. Usted, usted ya. 

D. An. ¿Yo? 
— Lis. Sí. 

D. Ak. Allá voy. Se dispone á subir, después de cerciorarse 

de que lleva los versos en el bolsillo. 

Lis. Yo me salgo á romper el aplauso. Es inútil, 

porque no ha de oirlo; pero no importa. 
Se va. . 

BoN. a Rosales. (¿Qué Ic pasa á usted, Don Pascual? 

Ros. ¡Que me está entrando la calentura! ¡leña! 

¡Que esto es contra mis nervios!) 

Tibio aplauso dentro, á la presentación de Don Andrés. 



— 64 — 

Sale Castillo por la puerta de la derecha y habla rá- 
pida y misteriosamente eoii Bonifacio. Trae el gabán 
i\l hombro. 

Cas. Bonifacio. 

BoN. ¡Hola! 

Cas . lo me voy al Suizo. Si Don Andrés nombra 

padrinos, allí te espero. 

Boa. ¿Q'ié dicesí' 

Cas. Ahora lo verás: es de lo que no tiene solu- 

ción; porque te advierto que la V'enus de 
Nieve está en el público. 

Quij. ¡Ssssch! 

D. An, Comenzando á leer. 

«AL NIÑO PRODIGIO 7— SONETO.» 

Fer. ¡Oiffa! .¡Hemos coincidido en la combina- 

cióo! 

Don Andrés empieza á leer á grandes voces, para que 
no quede duda de que uo es suyo, aunque él lo hace 
para lo coulrario, el mismo soneto que acaba de leer 
la poetisa. La cara de esta en primer término, su in- 
dignación, el asombro de todos los presentes y el re- 
vuelo que se arma en el público con rumores, comen- 
tarios y carcajadas, son indescriptibles. Al llegar á lo 
de la masa, Don Andrés nota que algo extraño sucede 
allí, y á las señas que el presidente, llamándolo, le 
hace, baja á enterarse de lo que ocurre sin acabar de 
leer el soneto. Castillo, que so frotaba las manos de 
gusto, se va de estampía. Bonifacio, durante todo el 
lance, se ve acometido de una risa nerviosa, que no 
puede el hombre contener. El diálogo que va escrito á 
continuación, -es el que se habla durante la lectura de 
los. dos euiirteto.s. 

Fer. ¡Ese verso es mío! 

D. Vic. ¿Qué e.-) esto? 

Fer. |Y ese también! 

Bov. ¡Atiza! 

Quij. ¡Es igual! 

D.a Man. ¡Es lo mismo! 

Clara ¿Por qué lee lo mismo? 

Fer, ¿Usted se explica este despojo? 

Ros. ¡La Ijroma es de ursulinas! ¡leña! 

D. Vio. ¡Qué escándalo! 

Fer ¡Qué abuso! 

D. Elíab Pero ¿cómo ha ocurrido esto? 



— 65 — 

Quij. ¡Y el público lo está tomando á burla! 

Ros, ¡Naturalmente! 

D.a Man. ¡Ay, Dios mío! ¡Pobre Manolínl 

D. Vic. ¡Calma; silencio; calma! 

Clar^ ¡Que le digan á ese señor que ebtá haciendo 

el ridiculo! 

Fer. ¡y que lo metan preso! 

D. Elías ¡Jesús! ¡Jesús! 

D. Vic. Llamando al poeta. [íScñor Ramales! ¡señor 
Ramales! 

Cas. Satisfecho del efecto de sti jugada. jHasta maña- 

na, si Dios quiere! ¡Buenas noches! se va. 

BoN. ¡Es el deuionio que anda suelto! 

D. Vic . ¡beñor Ramales, baje usted! 

D. Elías Ya parece que se ha enterado. 

D. An. Desde dentro aun. ¿Qué pasa? ¿Qué paí-a? 

D. Vic. ¡Baje ustedl 

D. An. lEh? 

D. Vic . ¡Baje usledi 

D. An. Apareciendo por la izquierda de la gradilla, ftsiista- 

dísimo. Pero ¿qué sucede? ¿Es que hay fuego? 

Feh ¡Lo que hay es que el soneto es mío! 

D. An. ¿Eh? 

Fer. ¡Que el soneto es mío! 

D. Vic. ¡No se entera! 

D.íi Man. ¡Ha estropeado usted la función! 

D. An . ¿Eh? 

Fer. Mostrándole su manuscrito, indignada. ¡Mire US- 

ted: para que lo entienda de algún modo! 

D. An. ¿Eh? Fijándose en el manuscrito. ¿Cómo? ¿Es 

posible? ¿Dónde etlá L astillo? 
Fer. ¡Qué sé yo! 

Res. ¡Hay paia irse de Eí-pañfi! 

D. An. ¿L(''nde está Castillo? 

Al tiempo que va á marcharse "n bi;sca de Castillo, 
echando venablos, llega Lisonjero y se encara con él. 

Lis. ¡Cuando se es tan sordo como usted, señor 

mío, se escriben versos originales! ¡Es Uhted 
un zampatortas! 
D. An. ¡No tolero que me grite nadie! 
— • Lis. ¡Pues le griía á usted todo el mundo! 

D. An. Pero ¿dónde esta ese Castillo? ¡Se va. á acor- 
dar de mí! ¡Lo descalabro! ¡Lo reviento! 

Vase el homlac como perro con lata. 



— 66 — 

Lis. ¡Valiente escándalo! 

D. Vic. ¡Valiente cinismo! 

Fer. ¡Es una broma estúpiíla! 

Lis. ¡Ha sido un borrón en la fiesta! 

Quij- ¿Y Manolír.P^Qué ha hecho Manolín? 

Lis. ¡Reirse, como todo el mundo! Por Dios, 

maestro, suba usted, A ver si con su presen- 
cia se normaliza el curso de esto y se acalla 
esa marejada al comprender que el chico 
va á tocar. 

D. Elias Si, señor; sí, señor. Voy corriendo. 

D.ii Man. Ande, sí, querido don Elias. 

D. Elias Tropczanrlo al subir la grada. ¡Dcmonches! 

Ls. (íQué ha sido? 

Clara ¿Se ha hecho usted daño? 

D. ElÍaS Nada, nada; no ha sido na^a. 

D.a Man. ¡Ay, Virfíen María! 

Quij. Tranquilízate tú: no te excites. 

Lis. ¿Ve usted? Está la gente distraída. No aplau- 

den al maestro, como á los demás, porque 
yo no he roto el aplauso. Voy á escape fuera. 
¡Qué trajín! ¡Qué noche! ¡Bien mere7-co el 

premio soñado! Vnse como siempre. 

D. Vic. Ya se vuelve á hacer el silencio. 

Clara Sí, sí: ya se calman. 

Quij. Callemos todos, por el amor de Dios. 

D.!i Man. Callemos; callemos todos. 

D. Vic. Todos. Va á empezar á sonar el lenguaje 
divino, como celeste voz ante la cual se rin- 
den todas nuestras paciones. 

Ros. ¡Silencio! 

En efecto, en este momento hay silencio absoluto den- 
tro y fuera. Principia á oírse el violín del niño, acom- 
pañado por don Elias al piano. Los padres están abra- 
zados. Clara escucha con emoción profunda. Los de- 
más personajes oyen también silenciosos y quietos. 
Al acabar la pieza musical, una verdadera ovación 
resuena allá dentro, en la que se mezclan voces de 
¡bravo: ¡bravo! También aplauden don Vicente, Boni- 
facio y Fernanda. Quijano y doña Manuela se besan 
y se abrazan llorosos de alegría. 

D.a Man. ¡Hijo de mi vida! 

Qujj . ¿Tú oyes, Manuela? ¡Cómo aplauden! 

Ü.a i\1an. ¡Cómo lo vitorean! 



Quij. ¡Con entusiasmo! ;con frenesí! 

D.aMAN. ¡Dios lo bendiga! 
Fkr. ¡Portentoso! ¡portentoso! 

D. Vic. Usted lo ha dicho: ¡portentoso! Es la pala- 
bra justa. 

£1 corazón de Clara, vencido por sentimientos nuevos 
y complejos, estalla en llanto. Los padres acuden ¡í 
ella. 

D.a Man . Clara, hija raía, ¿qué es eso? 

Quij. ¿Qi^ié tienes, niña? 

D.a Man . ¿Qué tienes? 

Qui.i . ¿Por qué lloras? 

Clara Entre lágrimas. No sé explicármelo... pero los 

aplausos á Manolín... me han dado de pron- 

to muclia pena. 
Quij. Vamos, no seas niña: serénate... 

D.a Man. Estás muy nerviosa; mny emocionada.. 

Haz un esfuerzo sobie ti... 
Quij. Vamos, vamo^... 

D VlC. A Fernanda, con quien entusiasmado comenta el 

éxito. Dice usted bien: ¡asi salen los grandes 

artistas! 
Ros. ¡No, señor, no: así se matan! 

Quij. ¿Kh^ 

D.!* Man . ¿Qué? 
1). Vio. ¿Así se matan? 
Ros. ¡Así se matan! 

Fer. ¡Silencio! Vuelve á hablar otra vez el niño 

prodigio. 
1). Vic. ¡Silencio! 

Reina otra vez silencio absoluto y todos atienden 
como antes. Oyese de nuevo el violín. 

BoN. A Rosales. (¿Asombrará al mundo con su ge- 

nio, ó acabará lo mismo que yo? 

Ros. A Bonifacio. ¡Sea lo que quiera y llegue á 

donde llegue, yo te digo que esto es inhu- 
mano!) 

Qijii. ¡Silencio! 

El telón cae con lentitud. 

FIN DE LA C0MP:DIA 



Fueuterrabía. -Madrid, Agosto y Octubre, 190(5. 



El siguiente nocturno de Chopin, abre- 
viado según las exigencias escénicas, es el 
que ha de tocarse en el momento indicado 
en la obra. El otro número, cuvo comienzo 
debe oirse al final del segundo acto, queda al 
arbitrio del director de escena. 



0>ií'''ií.ii 




OBHBS DE íiOS MISMOS RÜTOfiES 



Esgrima y amor, juguete cómico. (2." edición.) 

Bel^n, 13, principal, ju^aete cómico. (2.* edición.) 

trilito, juguete cómico-lírico. Música del maestro Osuna. (2.* edición.; 

láH media naranja, juguete cómico. (2.* edición.) 

El tío de la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito derecho, entremés. (3." edición.) 

Ea reja, comedia en un acto. (4.* edición.) 

Ea buena sombra, saínete en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brnll. (6.* edición.) 

El pereg'rino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

Ea vida intima, comedia en dos actos. (3.' edición.) 

Eos borracho.s, sainóte en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. '2.* edición.) 

El chiquillo, entremés. (5.* edición.) 

Eas casas de cartdn, juguete cómico. 

El traje de luces, saínete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (3." edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con música del maes- 
tro Chapí. 

Eos Oaleotes, comedia en cuatro actos. (3." edición.) Traducida al 
italiano con el título de I Galeoti por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) Traducida al italiano 
con el mismo título por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ea azotea, comedía en un acto. 

£1 género ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera. 

El nido, comedia en dos actos. (2.* edición.) Traducida al catalán con 
el titulo de Un niu por Joaquín María de Nadal. 

Eas flores, comedia en tres actos. ^2.* edición.) Traducida al italiano 
con el titulo de I fiori por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Eos piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. (2.* edición.^ 

£1 amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas <$ \\. íievilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapí. 



lia «lidia ajcaa, comertiH on tres actos y un prólogro. Traducida al 
aleinán con el lítalo de Dan fremdn Olück por .1. Gustavo Rolide. 

Pepita Il«»ye.s. comedia en dos actos. (2.* edición). 

Ei4»s iiieritorio.s, pasillo. 

La Katiorf, entremés. 

La reina mora, sainete en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. (2." edición.) 

Xara$;ata<«, sainóte en dos cuadros. 

La zag'ala. comedia en cuatro actos. 

La ca.sa «lo <>arcfa, comedia en tres actos. 

La contrata, apropósito. 

El amor «|ue pa.sa, comedia en dos actos. Traducida al italiano 
con el título de Vamure che passa ])or fíiuseppe Paolo Pacchiorotti. 

El mal «le aiii«>re.s, sainete con música del maestro José Serrano. 

El nuevo servitlor, humorada. 

.Vañana «le sol, paso de comedia. Traducido al alemán con ol titu- 
lo de Ein sonniger Margen por Mary v. Haken. 

Fea y con gracia, pasillo con música del maestro Turina. 

La aventura «le los (galeotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Quijote. 

La musa l«>ca, comedia en tres actos. 

La pitanza, entremés. 

El amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

Los chorros «leí oro, entremés. 

9Iorritos. entremés. 

Amor á «tscuras, paso de comedia. 

La mala s«>mbra, sainete con música del maestro Serrano. 

El niiio pro«lig'io, comedia en dos actos. 



serafín y JOAQUÍN ÁLYAREZ QUINTERO 



Nanita, nana... 



ENTREIvIKS 



con música del tnaestro 



JOS:^ «ERfRAJVO 






^^^<^^^ 




SOCIEDAD DE AÜTOREe ESPAÑOLES 
Núftez de Balboa, 12 

1S07 

Copyriglh by the authors, 19C7 



JVAIVITA, IV^^JVA, 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encaríjados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
daction reserves pour tous les pays, y compris la Sui- 
da, la Norvége et la Hollande. 



NANITA, NANA... 



ENTRE rvIES 



SERAFÍN I JOAQUÍN ÁLVAREZ ftülNTERO 



con música del maestro 



JOSÉ SERRANO 



Estrenado en el TEATRO DE APOLO el 27 de Febrero 
de 1907 



■* 



MADRID 

R, Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 11 
Teiefono número 55J 

1»07 



RKPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

MAGDALENA Srta. Del Pino. 

MARÍA LUISA Goeita Novo. 

SEÑOR LEANDRO Se. Meskjo. 

JOSÉ ... Caehekas. 

EL SERENO Ruiz de Akana. 






NANITA, NANA... 



Alcoba blanca y pobre, en casa de Magdalena, en Sevilla. Una puer* 
ta á la derecha y otra a la izquierda. Al foro, hacia la derecha, 
una ventana que da á la calle, y cuyas vidrieras están cerradas. 
Junto á la ventana una cunita, donde duerme María Lu''sa. Varias 
sillas, una cómoda y una mesa. Sobre la cómoda un cuadro con 
alguna imagen de la Virgen, ante la cual arde una lamparilla. 

Es de noche. Cerca de la ventana, en la calle, un farol encen- 
dido. 

MaG. Acabando de cantarle la nana a María Luisa, que 

duerme. 



Nanita, nana, 

duénijete tú, rosita 

ds mi ventana. 

La arropa con mimo y cuidado. Hija de Vai arma: 

ya se quedó otra vez dormidita... ¡Qué 
presiosa eres! Dio.s te bendiga y te dé más 
suerte que á tu madre, ánger mío. La besa. 
Con la cansión de la niña que se vuerve 
rosH, se queda siempre cuajaíta... La es- 
cucha embelesa. Oomo no se la cante, no 

se duerme á gusto. Se sienta junto á la ventana 

y suspira. ¡Ea! ¡A esperá á esos bigardones 
ahora! Es mucho sino er m1o: mi padre, 
borracho; por er vino se pierde: se pierde, 
y no párese en ocho días; mi madre, que 
no lo despresia tampoco; mi cuñao... qU'- 
jvamos aya!... y mi marío... que ve una caña 



— 6 — 

y es capaz de cantarle una eaeta. Y cnidao 
que es bueno. Poique JoBé ew bueno... Qui- 
tándole la bebía... quitándole er juego... 
quitándole er tabaco... y quitándole que pa 
di á los toros empeña hasta la voz... es más 
bueno que er pan er pobreí^ito. Lo que se 
dise en otras mujeres, no piensa é: eso lo 
tengo á orgujo. l'a mi José no iiay más que 
su Madalena. Fué que sea porque no tiene 

tiempo... Mirando por los cristales á la calle. ¿A 
vé?... ¿Viene ahí?... Se ve pasar al señor Leandro 

daudo tumbos. No, no es José... ¡Ks er gandu- 
laso de mi papá!... Y me paese que vif^ne 
como paatravesá er río por sima un alambre. 

Se va por la puerta de la derecha del actor, y á poco 
se la oye discutir dentro con el señor Leandro, que trae 
una borrachera como para tres ó cuatro personas, y 
sobra vino. 
Sr. IjEAN. Saliendo con Magdalena y hablando á gritos. ¡Qué 

monserga de que me caye ni que me caye! 
iToas las noches hemos de tené la misma 
historia! 

.Mag. ¡Chssf-s! 

Sr. Lean. ¡No quiero! ¿No estoy en mi casa? ¿eh? ¿No 
soy er jefe de la casa? ¿eh? ¿No soy yo er 
que suerla la guita pa paga la casa? ¿eh? 

Mag. vSí, sí... 

Sb. Lean. Entonses, ¿á qué canastos me dises que me 
caye? 

Mag. Porque está dormida la niña... y se va á des- 

perta el angelito... 

Sr. Lean. ¡Que se despierte! ¡Soy su abuelo! 

Mag. Pos paese mentira. 

Sr. Lean. ¡Pos es verdá!. . ¡Y esa niña es tuya porque 
yo he querío!... ¿te enteras?... porque yo 
me casé con tu madre... Y yo me casé con 
tu madre exchisivatnente pa (jue tú vinie- 
ras ar mundo... porque si no yega á té pa 
eso... ¡qué canastos me había yo de casa con 
tu madre! 

Mag. Bueno, f-í; tienes mucha rasón... Cava y 

vete á la cama. 

Sr. Lean. ;Ahora sí me cayo! chinando más que nunca. ¡Me 
cayo, porque se me pide por las buenas! Si 



no, ¡qué canastos había yo de cayarmel 
¡Pero por las buenas me cayo! ¡me cayo! ¡ya 
lo creo que me cayo! ¡Leandro, á vé si te 



cayas! 

M. Luisa ¡Mamá! ¡noamá! 

Mag. ¿Ves? ¡Ya se ha despertao la pobresita! 

Sr. Lean. ¡Que se despierte! ¡Soy su abuelo! 

Mag. Vas á dá luga á que venga er sereno á los 

gritos. 

Sr. Lean. ¡Que venga! ¡Soy su abuelo! 

Mag. ¿Der sereno también? 

Sr. Lean. ¡Y de lo^^ Hércules de la Alamea! ¡Soy su 
abuelo! Y sobre to, ¿no estoy en mi casa? 
¿eh? 

Mag. Anda, anda pa dentro... 

Sk. Lean. ¿No soy el amo de mi casa? ¿eh? 

Mag, Anda, condenasión, anda ya... Lo mete á em- 

pujones por la puerta de la izquierda. 

M. Luis^ ¡Mamá! ¡man.aital 

Mag. Aya voy, hija mía, aya voy. 

M. Luisa ¡Mamá! 

Mag . Acercándosele y acariciándola. Si CStoy aqUÍ, ton- 

tiya: no te asustes tú. Anda, duérmete, glo- 
ria. Vaya, á serrá los ojitos... Er que gritaba 
era el abuelo, que venia... con un amigo de 
confiansa. No te asustes. Ea, ea, á serrá los 
ojitos y á dormí: hasta mañana si Dios quie- 
re. ¿Se va á dormí mi niña, verdá? — Está 
asustaíta, la pobre. — ¿Qué quieres tú, reina, 
qué quieres tú? ¿Te canto otra vez la can- 
sión de la niña que convirtió la Virgen en 
rosa porque le pegaba su madre? ¿Te la can- 
to? ¿Se la canto á mi nena? La niña asiente con 

la cabecita. ¿Que SÍ? Pos vaya que sea: se la 
voy á canta mejó que nunca. Le da muchos 
besos. ¡Si no te tengo más que á tí en er 
mundo!... 

Música 



A una niña bonita 
como una estreya, 

le pegaba su madre: 
¡mardita eya! 



— 8 — 

Ar saberlo la Virgen, 

madre cristiana, 
vorvió a la niña rcsa 

de la ventana. 

Nana, nanita, 
¿en dónde esta la pobre 

niña bonita? 



La buscaba su madre 

con desconsuelo: 
«¿Quién se yevó á mi niña, 

Virgen der sieloV» 
Y regando sus flores 

una mañana, 
le dio un beso á la roea 

de la ventana. 

Y er beso dando, 
de la rosa la r)iña 

salió cantando. 



La madre ar vé que un beso 

se la vorvia, 
besándole la cara 

se yevó er dia. 
Y no vorvió á pegarle, 

¡bendita eya! 
á la niña bonita 

como una estreya. 

Nanita, nana, 
duérmete tú, rosita 

de mi ventana. 

Cesa la música. 

Contemplando á María Luisa. Ya está dormidita. 

¡Ay.ánger mío, lo que rae base canta toas las 
noches! Voy A toma una poquita e agua. Bebe 

de un vaso que hay encima de la cómoda. Dentro, eu 
la calle, óyese poco después ruido de cristales rotos. 

¡JesÚBJ Ya está ahí ese. Un faro menos. 
¡Misto que la manera de yamá! Y mañana, 



— 9 — 

naturarmente, vorverá er guindiija *ler Juz- 
gao. ¡Ay, qué pasensia base farta, Dios mío, 

qué pa^ensia! Vase por la puerta de la derecha. En 
seguida vuelve cou José, que no digamos que trae ud-i 
borrachera como la de su señor suegro, pero que no 
le faltan tres copas para igualarla. 

José Con voz llorosa y triste. ¿Vle perdonas, raujé? 

¿me perdonas? 
Mag. Habla bajo, que duernae la niña. 

José ¿Me perdonas? 

Mag. Sí, te perdi)iio, sí; pero ¿de ande vienes de 

esa manera? 
José De infurta ar río, que está cresiendo nna 

barbaridá. El agua en Seviya es la perdisión 

de los pobres. 
Mag. ¡Miá si er vino que bebes se te vorvieía sá, 

pa que te yevaras un año seguío pidiendo 

agua! 
José ¡Agua no! 

Mag. Agua, agua. 

José ¡Auua no, Madalena, agua no! ¡To lo que 

tú quieras menos agua! 
Mag . Estás que te caes... Anda á dormirla pronto. 

¿Va. qué demonios belierás? 
José Mujé, porque al agua le tengo tirria; y des- 

cartando el agua, si no bebo vino, ¿qué vi á 

bebé? ¿aseite? 
Mag. Pero ¿no me dijiste ayé que te matara si 

cogías otra borr^cbera, bribón? 
José Sí, Madalena, pero acuérdate di-r sordao der 

cuento: e«ta no es otra; es la misma de ayé. 
Mag . Tienes rasón, José, tienes rasóu: anda pa 

dentro... anda... anda á acostarte. 
José Pero ¿tú estás enfada conmigo? 

Mag. ¡Qué disparate, lioml)re! 

José Muy afligido. ¡Sí! ¡sí estás enfada! ¡Si yo soy 

un mal esposo! ¡si soy un sinvergüensal ¿Pa 

qué bebo yo, teniendo una mujé que es una 

santa? 
Mag. Bueno, déjame á mí. Y caya, que se va á 

despertá la niña. 
José ¿Pa qué bebo yo, teniendo ahí ese cacho e 

gloria? 
Mag. ¿Quiés ca,yarte, José? 



— 10 — 

José Llorando. ¡No! ¡SÍ yo me porto mu malamente 

con ustedes! Sladalena, déjame que te con- 
vide esta noche. 

Mag. No, no; muchas grasias. 

José Anda; que á tí tamhién te gusta toma una 

copíta de vez en cuando. 

Mag. ¿Quiés cayarle? Si á mí también me gustara 

bebé... esa criatura en vez de sé una niña 
sería una uva en aguardiente. ¡Anda á la 
cama, pirandón! 

JüSÉ I\)s consiénteme que primero le dé un besi- 

to á mi pimpoyo. 

Mag. ¡En seguía! ¡Pa que la despiertes! 

José No la despierto, no. ¡Soy su padre! 

Mag. ¡Vamos, hombre! 

José ¡DéJHme, Madalena, déjame! 

Mag. ¡Jesús! 

J OSÉ Logrando al fin acercarse á María Luisa. ¡Hija G mi 

sangre, qué desgrasiá has nasio, con este 
padre que es un pirata! ¡que es un crimina! 

.Mag. ¡Jesús, Dios mió! 

José ¡Kr patíbulo es poco pa el hombre que pisa 

una taberna! ¡Dios te libre, hija de mi arma, 
de un bebedó! Madalena, píele tú á la Vir- 
gen que le dé un marío boticario. 

Mag , ¿Boticario? 

José ¡Boticario! ¡Pa que lo arregle to con agua 

der poso! 

Mag. ¿Quiés acostarte ya? ¡No pararás hasta des- 

pertarla! 

José Voy á darle er beso y me voy. ¡Adiós, pim- 

poyo mío! Al agacharse para besarla está a punto de 
caerse al suelo. La niña se despierta. ¡lüUJa, hija 

tnía, toma! 

Mag. Bueno está, José: vamos á la cama. 

M. Lti';^ ,Mamá! 

Mag. ¿Ves tú? Ya la has despertao. 

M. Luisa ¡Mamá! 

José ¿Pa qué bebo yo? ¿Pa qué bebo? , Permita 

Dios que una copa de vino que tome se me 
güervari dos en er cuerpo, pa que me hagan 
daño! ¿Pa qué bebo yo? ^ 

Mag. Arsa, arsa pa dentro. Lo empuja y lo mete por i 

puerta de la izquierda, como al otro. 



— 11 — 

M. Luis ¡Mamá! 

Mag. Aquí estoy, corasón, aquí estoy. No tengas 

tú miedo. Era papá... que ha venio también 
con el amigo de toas las noches. Suspirando. 
¡Es que ya me fartan las fuersas, Dios mío! 
Ahora mismo sierro er portón, y le digo ar 
sereno que como venga mi cuñao borracho 

lo yeve á la Casiya. Asomándose á la ventana y 

llamando. ¡Juan! ¡Juan! ¡Sereno! a la niña. Es- 
pérate un momentito, arma mía: ya vuervo 

á tu lao. Al sereno, que aparece tras la ventana. 

Oiga usté, sereno. 

Ser. Dejando chicos á los otros. ¡Benditas sean las 

mujeres (jue pelan la pava con er sereno! 

Mag. ¿Eh? 

Ser. ¿Quiere usté que le cante la hora, reina de 

la caye? 

Mag. ¡Jesús! ¡Pero si está más borracho que los 

otros dos juntos! 

Ser. Es una vez al año, IVIardalena. Onse de Fe- 

brero: proclamasión de la república. ¿Le 
canto á usté La Marseyesa? 

Mag . Cerrando las puertas de la ventana de un golpe. 

¡Cántesela usté á su niujé, si no se la está 
cantando otro! ¿Habráse visto? ¡Ay, Virgen 
mía, tú que lo puedes to, haz que este año, 
en vez de uvas nazcan dátiles en las viñas, 
pa que ni á martiyasos suerten jugo! volvien- 
do al lado de la niña. AqUÍ estoy otra VeZ, CO- 

rasón. Siempre á tu cabesera. Esos borra- 
chones á despertarte, y yo á cantarte cuan- 
tas veses lo quieras tú la cansión de la niña 

que se VOrviÓ rO?a. suspira y principia á cantar. 

Música 

A una niña bonita, 

como una estreya, 
le pegaba su madre: 

¡mardita eya! 
Ar saberlo la Virgen, 

madre cristiana, 
vorvió á la niña rosa 

de la ventana 



— J2 — 

Nana, nanita, 
¿en dónde está la pobre 
niña bonita?... 
Ei telón lia ido cayendo lentamente. 



FIN 



Madrid, Diciembre, 1902.— Febrero, 1907. 



ADVERTENCIA IMPORTANTE 



Las empresas que pongan en escena este 
entremés, pagarán por derechos de propiedad 
la mitad de los correspondientes á una zar- 
zuela en un acto. 



OBRAS DE IiOS WISIVIOS RÜTORES 



Esgrima y amor, juguete cómico, (á.* edición.) 

Belén, 12, principal, jug-aete cómico. (2.* edición.) 

Crlllto, juguete cómico-lirico. Música del maestro Osuna. (2.* edición.) 

JLa media naranja, juguete cómico. (2.* edición.) 

El tío <le la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito «lerecho, entremés. (3.* edición.) • 

Ea reja, comedia en un acto. (4.' edición.) 

Ea buena sombra, sainete en tres cuadros, con música del maes- 
tro BruU. (6.* edición ) 

El peregrino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

Ea vida intima, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

Eo.s borrachos, sainete en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. (2.* edición.) 

El chiquillo, entremés. (5.* edición.) 

Eas casas «le cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, sainete en tres cuadros, con música de lo« 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedia en dos actos. (3.* edición.) 

£1 motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con música del maes- 
tro Chapi. 

Eos Galeotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) Traducida al 
italiano con el titulo de I GaleoH por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.* edición.) Traducida al italiano 
con el mismo titulo por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ea azotea, comedia en un acto. 

El g-énero Ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera, 

El nido, comedia en dos actos. (2.* edición.) Traducida al catalán con 
el título de Un niu por Joaquín María de Nadal. 

Eas flores, comedia en tres actos. (^2.* edición.) Traducida al italiano 
con el titulo de 7 fíori por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Eos piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. f2.* edición.^ 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epilogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡4 Sevilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapí. 



lia dicha ajena, comedia en tres actos y uu prólogo. Traducida al 
alemán con el titulo de Das frenide Glüclc por J. Gustavo Robde. 

l*ci>ita Reyes, comedia eu dos actos. (2." e<licióii). 

I^ON meritorios, pasillo. 

LiH zahori, entremés. 

lia reina mora, saínete en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. (2." edición.) 

Zarag'atas, sainete en dos cuadros. 

lia zag'ala, comedia on cuatro actos. 

l^a casa <le <iiarcfa, comedia on tres actos. 

lia contrata, apropósito. 

Kl amor que pasa, comedia en dos actos. Traducida al italiano 
con el titiilo de L'amore che passa por Giuseppe Paolo Pacchiorotti. 

El mal «le amores, sainete con música del maestro José Serrano* 

El nuevo servidor, humorada. 

jMañana «le sol, paso de comedia. Traducido al alemán con el titu- 
lo de Ein sonniger Morgen por Mary v. Haken. 

Fea y con g'racia, pasillo con música del maestro Tu riña. 

lia aventura «le los jcaleotes, adaptación escénica de un capi- 
tulo del Quijote. 

lia musa loca, comedia en tres actos. 

lia pitanza, entreraés. 

El amor en solfa, capricho literario eu cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

lios chorros del oro, entremés. 

Morritos, entremés. 

Amor & oscuras, paso de comedia. 

lia mala sombra, sainete con música del maestro José Serrano. 

El g'enio aleare, comedia en tres actos. 

El niño prodij^io, comedia en dos actos. 

Nanita, nana... entremés con música del maestro José Serrano. 

lia zancadilla, entremés. 



SERAFÍN I JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Lfl ZANCADILLA 



e)ntrbm:bs 






SOCIEDAD DE'AÜTOREB ESPAÑOLES 
Núñez de Baiboa. 12 

Copyrlgth by the authors, 1907 



J^A. ^AJVO^\r>II^I^A 



Esta obra es propiedad de sas autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encarofados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de, la Norvege et la Hollande. 



LA ZANCADILLA 



ENTRE rvIES 



SERAFÍN I JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



Estrenado en el TEATRO ESPAÑOL el 23 de Marzo 
de 1907 



■*■ 



MADRID 

R, Velasco, impresor. Marqués de Santa Ana, 11 
Teiefono número ¿iiJ 

1907 



vJÜCMc,'^ 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

REFUGIO Ska. Pino» 'V^/¿/ 

ANTONIA Caeo. „ -J%^^ 

ILDEFONSO Sr. Ramíbez. /*-^/¿3 

JUAN Aguibbe . =5 j^Í22 






LA 2ÍANCADILLA 



Calle solitaria, en Sevilla. Puerta de la casa de Refugio. Junto á ella, 
arrimada á la pared, una silla basta. Es una noche clara del mes 
de Julio. Un farol próximo alumbra la escena. 



Salea por la derecha del actor Ildefonso y Juan. Son dos mo- 
citos del pueblo, jactancioso y presumido el uno, y modesto y 
guas6n el otro. 

ÍLD. ¿Lo estás viendo, tú? Miá la ziya. 

Juan La eiya sí la veo; pero no veo más que la 

siya. 
Ild. Hombre... déjate di... Lo primeio que nece- 

zita una reina, ez er trono. Con eza ziya en 

zemejante zitio, quié decirme que zale. 
Ju ^N Tar vé, tar vé; pero mientras no te diga otra 

cosa... 
Ild. También me la dirá. Tiempo ar tiempo. 

Juan ¡Límpiate! 

Ild. ¿Va la cena pa tos? 

Juan Va la sena pa tos. 

Ild. Pos ya pues di juntando, porque tú tienes 

que pagarla. 
Juan ¡Qué ilusiones te hasesl Tú no sabes con 

quién te juegas er dinero. Esa niña no sabe 

ciesí que sí; no se lo han enseñao. 
Ild. ¿Va la cena pa tos? 

Juan Esa niña tiene la cabesa yena e muñecos. 



— 6 — 

Esa niña está esperando un Rey Mago... 

Esa niña... 
Ild. ¿Va la cena pa tos? 

Juan Va. 

Ild. Pos no hables más 5' quítate de enraedio, 

que me paece que zale ahí. De aquí á doz 

horas estoy yo en er café... 
Juan ¿Quiés que te mande un carriyo e mano? 

Ild. ¿Pa qué? 

Juan Pa que te yeves en é las calabasaa. 

Ild. Pespués de mirar el reloj con mucha sorna. La Con- 

testación á las doce y diez. 
Juan ¡Y que nos vamos á reí poco! 

Ild. ¡Zí, ar contrario! 

Juan Hasta luego. Vase por la izquierda. 

Ild. Hasta luego. Esta gente ze ha creío que yo 

no tengo idea; que me veni;o aquí cruzao de 
brazos... Zeis ó ziete noches na más yevo ha- 
blando con la mocita y está ya más zuave 
qne razo der güeno. Y por zi ezo fuea poco... 

Pe quita con mucha precaución el sombrero y saca una 

rosa de él. ¡Na! ¡No le traigo na! To er día la ije 
tenío en agua: azín ze ha puesto. No hay otra 
más pompoza en toa Zpviya. Y lueL'o la ma- 
licia pa preztntarla... Clava la ílor en el asiento 

de la silla. ¿Qué tá?... Como zi hubiea nació en 
las neas... Prestando oído. Me paece (pie zale la 
niña. Yo de espardas, zin darle á la coza 

ValÓ... Se vuelve de espaldas, en efecto, y se pone 
presuntuosamente á encender un puro. Mientras tanto 
sale Antonia, abuela de Refugio, muy vieja y muy fea, 
repara en él y se sienta con mal modo en la silla sin 

fijarse en la rosa. Ya está allí, ya está ahi... Ya 
me ha visto... Ya ha visto la fló... Ya la ha 
cogió. . Ya la güele .. Me vi á gorvé de pron- 
to con er puro encendió, y le vi á paecé un 

faro. Anda, irdefonzo. Da la vuelta y se le corta 
la respiración al ver á Antonia. ¡Agüela! 

Ant. Dios guarde á usté, Irdefonso. 

Ild. (¿I.e paece á Ubté?... ¡Y están to.s los días 

cayendo rayos en er campo!) ¿Y Refugio? 
Ant. Güeña. 

Ii D. ¿Y... zeñó Manué? 

Ant. Güeno. 



Ild. ¿y... usté, güeña? 

Ant. Güeña. 

Ild. La noche está güeña. 

Ant. Güeña. 

Ilü. ¡Güeno, hombre, güeno!... 

Ant. ¿Qué lo trae á usté por aquí? 

Ild. Na; zino que pazaba y dije: zi está Refugio 

ahí, la zaludaremos. 
Ant. Fué que tarae en bajá. 

Ild. Daré una güerteciya, porque ya que he ve- 

nío me paece feo no zaludarla... 
Ant. Aya usté. 

Ild. (¡Demonio e vieja! ¡Me ha espachurrao la 

roza y to er principio e la converzación!) 

Se aleja lentamente por la derecha canturreando. 

Ant, Para si, viéndolo marcharse. Anda ya, esaborío, 

que te la das de alegre y eres un fnnerá... 

Sale de la casa Refugio hecha un clavel. Trae otra 
silla. 

Ref. ¿Corre aquí aire? 

Ant. Ér que había se lo acaba e yevá Irdefonso 

con er meneo e los brasos. Miálo como va. 

Ref. ¡A}', Jesús, si no cal)e en la caye! ¿Se ha ido 

pa gorvé? 

Ant. No que no. Si tú no le dieras palique... 

Ref. ¡Pero bi es la única diversión (¡ne tengo este 

verano! ¿No ve usté que no hay sirco? 

Ant. Pos mira lo que liases... y no juegues coa 

las cosas der queré, que es jugá con fuego. 

Rsf. Agüela, por Dios, no le yame usté fuego á 

ese hombre, que hasta los sigarros se le apa- 
gan de soso que es. 

Ant. Yo lo que te digo es que muchas veses se 

empiesa riendo y se acaba yorando. 

Ref. Pos miste que estará presioso aÜigío. 

Ant. ¿y si á quien le toca yorá es á ti? 

Ref. Como no me entre un mosquito en un ojo 

no yoro yo por es^e perina. Pierda usté cui- 
dao. 

Ant. Güeno, güeno. 

Ref Miste, agüela; es que son tos los hombres á 

juuá con una, porque una ar prinsipio no 
mira más que si le petan y no pué carcnlá 
las intensiones; y cuando se ofrese por ca- 



sualidá que un fachendoso de estos yeve un 
revor<óu y se vaya chafao, no va una á defi- 
perdisiá la vez... Porque son mu malos: miste 
Jo que le ha pasao á Mariquiya Ja Pelusa... 
Y mu traisioneros: miste er chasco de Isahé 
Molina... Y mu vengativos: miste lo de 
xAsunsión la guapa... Y mu perros; niu pe- 
rros... ¡Ay, yo Jes tengo un coraje, agüela... 
que si no fuea porque quiero casarme y ca- 
sartue prontito, tos estaban de más pa mil 
Usté no sal)e Jo que yo gosaría con trae ar 
retortero á seis ó siete .. 

Ant. ¡Chiquiya! 

Kef. i"^í, agüela, sí: y toavía he dicho pocos. Pero 

haliían de está siegos, trastornaos, sin ga- 
nas e come, sin ganas e dormí, sin ganas de 
afeitarse, sin ganas e na... El uno que se pe- 
gara un tiro; el otro que se tiraia de la Girar- 
da; el otro que se gorviera loco y le diera por 
escribí mi nombre por las paredes; dos que 
se rebanaran er peí-cueso por causa mía; uno 
que se fthorcara de un árbo... ¡Ay, qué gusto, 
qué gusto! 

Ant. Levantándose. [Jesús, Jesús, Jesús! 

tÍEF. ¿Adonde va usté? 

Ant. A desirle á tu padre que busque un médico 

en seguía, porque tú no estás güeña. 

PtEF. ¡.Ja, ja, ja! 

Ant. Kieie, nete. 

Ref. Ayí viene ya don Juan Tenorio, 

Ant. Si por eso me c^uito de aquí... Plántale Ja 

boleta, niña: fíirmá te lo aconsejo; que he 
sabio que se está dando tono á costa tuya, y 
que toas las noches apuesta una sena á que 
tú le dises que sí. 

Ref. Mejó: asi traga luego más guita... y le sargo 

más cara. 

Ant.. Espántalo de una vez y no seas tonta. 

Ref. Esté Usté tran()uila, que esta noche yeva su 

meresii'. Calabazas de Rota, que son las 
que más gusto le dan á la bersa. 

\nt.. Me alegraré como si me cayera er |)remio 

gordo. Entrase en la casa. 
Reí. "Viendo acercarse á Ildefonso en actitud de pavo real 



— 9 •— 

y burlándose de él. Ya está aquí mi hombre... 
¡Ole los brasos bien movíosl Paese que está 
nadando. ¿A que da un resbalón en esa 
hojita de lechuga? 

Sale Ildefonso contoneándose, y apenas sale, se resbala 
en efecto. Refugio se tapa la cara con el abanico, 
riéndose. 

Ild. (¡Mardito zea el Ayuntamiento, que no lim- 

pia estas cayes!) 

Rek. fiQué fué? 

Ild. Una broma, pa que usté ze riyera. 

Ref. Muchas grasias. Pos sí que me he reío. 

Ild. Tenga usté güeñas noches, á to esto. 

Ref. Güeñas noches. 

Ild. Ya la veo á ueté tan zuperió... 

Kef. No estoy mala, á Dios grasias. ¿Y usté, cómo 

está? 

Ild. Ar prezente, mejó que usté. 

REt ¿Por qué"? 

Ild. Porque á usté le toca verme á mí, y á mí me 

toca verla á u-té, que ya iiay diíeriencia. 

Ref. Fingiendo que la cautiva la galantería. A}', qué 

bien está eso... .se queda mirándolo como encan- 
tada. 

Ild. (i<'arciná. Y no ze acuerda de que le dije lo 

mismo la otra noche.) 
Ref. ¡Tiene usté unas ocurrensias más bonitas, 

Irdefoneo!... • 

Ild. ¿Le ha gustao á usté eza? 

Ref Mucho... ¿La aprendió usté en viernes, 

verdá'? 
Ild. Desconcertado por el golpe. No... en zábado... ¡Je! 

(¡Pos zí que ze acordaba!) 

Silencio. Los dos se miran sonriéndose. 

Ref. (jVa usté á cresé? 

I;.d. Zi á usté le paece que zny chico... 

Ref. ¡Qué disparate! Miste: tanto así de más, ya 

sobraba; y tanto así de menos, ya no estaba 

bien. ÍSe ha quedao usté en er tamaño 

justo. 
Ild. ¿De veras? ¡Ez usté más gracioza que la mál 

Ref. Siéntese usté, si no tiene prisa: aquí á mi 

lao, que yo no me como á la gente. 
Ild. ¿No, eh? ¿Qué más quiziea la gente? 



— 10 — 

Ref. lAy, qué fino está er tiempo!... Vaya, hom- 

bre, eiénte-^e usté. 

Ild. Jactancioso. (¡Digo!) 

Ref. Fijiliidosti en la flor cuando Ildefonso va á sentarse. 

A vé, espérese usié: ¿qué es esto? 
Ild. Una roza paece. 

Ref. ¿Quién la habrá puesto aquí? 

Ild. Argún amigo que iiaiga pazao. 

Ref. Tirela usté... ¡Sabe Dios en qué moño se 

habrá visto!... 

Ild. Obedeciéndola con oculto dolor. (|Y pa esto la he 

tenío yo en agua to er día!..,) Se sienta, se quita 

el sombrero y se atusa los tufos con intención de que 
ella le vea uua sortija. 

Ref ¡Jesús! ¿Hay relámpagos? 

Ild . ¿Relá m pagos? 

Ref. Me ha clao un resplandó así en los ojo?... 

Ild. ¿No zerá er briyante? Mostrándoselo candorosa- 

mente. 

Ref. Pos miste, es verdá: er briyante es; no había 

yo caío. 

Ild. Tiene mu güeñas luces. 

Ref. ¡Pa pare.-erme á mí relámpagos! 

Ild. Pero ¿quién ha visto relámpagos con er zó 

fuera? . 

Ref. ¿Con er só fuera, si es de noche? 

Ild. ros por ezo está fuera. 

Ref. Ah, vamos; usté quié desí que está de viaje. 

Ild. No zea usté burlona. Lo que yo quieo decí 

es que como usté zale de noche á la puerta 
e zu caza... por ezo está er zó fuera. 

Ref. ¡Ay, vaya un dicho presioso que me ha di- 

cho u.?té! Levantándose. Se lo ví á referí á mi 
agüela. 

Ild. ¡No ze vaya usté ahora!... 

Uef. ¿Usté no quiere? Pos ya no hay más que 

habla. Se sienta. 
Ild. Como antes. (¡Digo!) 

Callan de nuevo. 

Ref. Irdefonso... 

Ild. Me yamo. 

Ref. Oiga usté una cosa, con extremada zalamería. 

Güeno, pero prométame usté no engañarme. 
Ild. ¿Engañarla yo á usté? ¡Vamos! ¿Qué zucede? 



— 11 — 

Ref Anoche... Ei* caso es que me da cortedá.*.. 

Ild . Le arvierto á usté que yo tampoco me como 

á nadie. (¡Ez una tortolitaO 

Ref. Pos anoche... ¿Pero de veras no me va usté 

á engaña?... 

Ild. ¡Primero me lastimen las botasl 

Ref. Pos anoche... 

Ild. ¿Qué? 

Ref. Estaba yo acostá... ¿sabe usté?... y de la par- 

te afuera de mi ventana... oí unaguitaria 
de pronto... 

Ild. (¡Ejem! ¡ejem!) 

Ref. Una guitarra... que sonaba á gloria bendi- 

ta... Las cosas hay que decirlas como son. 

Ild. (¡Qué bien vi yo á cena esta noche!) 

Ref. y acompañándose de la guitarra... oí á un 

mosito que cantaba esta copla: 

liiitonáiidola. 

«No sé como no floresen 
las tejas de tu tejao, 
estando tú ebajn de eyas, 
prima veri ta de Mayo.» 
Ild. ¿Zí, verdá? Tierno. ¡Qué cozitas pazan á ezas 

horas, mi arma!... 
Ref. Güeno, Irdefonso, pos no me engañe usté: 

¿era usté, por casualidá, er que cantaba 
y er que tocaba? 
Ild. Yo mismito. Y zintiendo no zé un canario 

y no tené por istrumento un larpa. 
Ref. Es que me lo dio er corasón... Y si usté su- 

piera una cosa... 
Ild . ¿Qué? 

Ref. Que estuvo en tanto así... 

Ild. ¿Que usté ze azomara? 

Ref. Dejando la zalamería y turbando con la salida al galán. 

To lo contrario: que se asomara mi papá á 

tirarle una bota. 
Ild. ¡.Jel... ¡Ez usté más guazona que la má! 

¿No le agrada á zu papá de usté que á usté 

la ronden? 
Ref. Le gusta más que lo dejen dormí. 

Ild. ;.Y á usté... princeza? 

Ref. Yo sargo á mi papá. 

Ild . ¿Es decí que no debo gorvé con la guitarra? 



— 12 ~ 

Ref. Cou súbita tristeza. [Ay, eso 110, lidefoiiso!. . 

¿Pero le va usté á dá ese való á una broma 

mía? ¿No somos nniigos?... Vaya, que ya me 

pesa habértjela gystao. 
ÍLD. Refugio, no lo tome usté azi tampoco. . Por 

lo mismo que zemos amigos, en mí estaba 

no molestarla á usté. 
Ref. Suspirando. ¡Ay!,.. 

Ild. ¿Qué quié decí eze zuspirito? 

Ref. Que usté debía sabe de memoria... que á mí 

no me molesta nunca. 
Ild. Mirando su reloj. (¡Y no zon más que laz once 

y cinco!) 

Rek. Después de desahogar la risa detris del abanico. ¿liiS* 

tuvo usté ayé de mañana en la bañóla de 

la ('hielan era? 
Ild. (¡Hola! ¡Celitos ya!) Estuve. 

Kef Fingiéndose celosa. Espautárame yo. 

Ild. Me gustan mucho los buñuelos. 

Ref. ¡y quien los hii>e! 

Ild. Quien loz hace me tiene zin cuidao. 

Ref. Con vehemencia y satisfacción. ¿OÍ? 

Lld. Zí, mi arma. 

Ref ¿De verdá? 

Ild. De verdá. 

Rek. Por más que, después de to, ¿á mí qué se 

me daba?... Claro que, como amiga de 
usté, me intereso... 

Ild. Dios ze lo pague... 

Ref, Porque la Chiclanera no será, pero á mí me 

han dicho que anda usté que bebe los vien- 
tos por una mujé. 

Ild. Pos cuando er río zuena... 

Ref. ¡Ah!... ¿De manera que no me han en- 

gañao? 

Ild. No zeñora. 

Ref. ¿y... es der barrio este, Irdefonso? 

Ild. Que ze quema usté. 

Ref. No me diga iií-té quién es, á vé si la asierto. 

¿Es Anita la Rubia? 

Ild . Frío. 

Ref. ¿María Juana, la der Serero? 

liD, Frío. 

Ref ¿Mi amiguiya Clotirde? 



— 13 — 

Ild. Ya ze va usté templando. 

Ref. ¿Me voy templando ya? 

Ild. Un poco, un poco... 

Ref. ¿Mi primiya Remedios? 

Ild. ¡Que ze quema usté! 

Rkf. c mo emocionada. Oiga usté: ¿vive en esta 
caye? 

Ild. ¡Que ze quema usté! Enciende una cerilla para el 

cigarro y se queda con ella en la mano sin tomar lum 
bre subyugado enteramente por el interrogatorio de 
Kefugio. 

Ref. ;En esta caye?... 

Ild. Zí. 

Ref. ¿Será quisa... Milagritos la de ahí enfrente? 

Ild. Oámbieze usté de cera. 

FCef ¿Pero es en esta sera, Ildefonso? 

Ild. En esta, Refugio. 

Ref ¡Que se quema usté! 

Ilp. . Tirando la cerilla. ¡Que ya me he quemao! 

Rkf. ¡Ay, pobresilo!... ¿Quiere usté que vaya por 

una telaraña? 
Ild. Estimíuido, niña; pero esta quemaura, no 

vale pa que usté ze mueva. Quemaura la 

que yevo aquí dentro. 
Ref. ¿En dónde? 

Ild. ¡En medio er corazón! 

Ref ¿y quién la ha causao? 

Ild. ¡Usté cüü ezoz ojos! Basta de dizimulosya. 

Ref. ¿Yo? 

Ild. Usté, que es más bonita que la má, y más 

zimpática que la má... y á quien yo quiero 

más que la má. 
Ref. ¡Irdefonso! 

Ild. Ya lo zabe usté con toas zus letras, zerrana. 

Ahora déme usté la arzolución... ó er pun- 

tiyazo. Lo que usté quiera. En ubté está que 

yo no me cambie por nadie ó que me deje 

coge de un tranvía. 
Ref. Ay, por Dio.-', Irdefonso, no haga usté eso. 

Ild. ¿Ufcté no quiere que lo haga? 

Ref Yo no. 

Ild. Esponjado. ¿Eutonces... es que no le paezco á 

usté ningún zaco e papas? 
Ref. No señó; ni machísimo menos. 



— J4 - 

Ii.D. ¡Olel 

Ref. Ssssfi.,. SP8S8... no se entuBinsme usté tan 

pronto; pare usté er cohete... que le vi á dá 
á nsté unas calabasae... que la má. 

Ii.D. ¡Graciozal 

Ref. ^.Grasiosa, eh? 

Ild. ¡Zi no pué usté dizitnulá la alegría que tie- 

ne en er cuerpo! 

Ref. Ni la pueo disimula ni quieo disimularla 

tampoco; que pa disimulo basta con lo 
pasao. 

Ild. Receloso. ¿Qué? 

Ref. Tenía yo muchas ganas de ponerle er pie pa. 

que se cayera de boca, á uno de estos mosi- 
tos jacarandosos que apuestan en la taberna 
con los amigos si logran ó no logran er ca- 
riño de una mujé. 

Ild. Azoradisimo. Pero, oiga usté, Refugio, ¿y quién 

ha apostao? 

Ref. Usté, so mal auge... Y ha debió usté mira 

antes de esponé su dinero, que con ese coló 
de argarroba y ese labio de arriba, que pae- 
86 un tordo der de abajo, ninguna mujé que 
se presie lo pué mira á la cara... 

Ild. Niña, niña... 

Ref. No, si yo no vargo dos cuartos: no es que yo 

me alabe; pero, hijo mió, ar lao de usté soy 
una pintura. Además, usté se cree que tiene 
mucha grasia, y dise usté un chiste y se 
apagan las luses; usté se la da de que toca, y 
coge la guitarra y paese que están rayando 
pan; usté presuuie de que canta, y f^e arran- 
ca usté y se j^aran tos los relojes; y sobre to, 
usté se figura que tiene solimán en los ojos 
y armiba en la boca y mucha malisia y mu- 
cha escuela pa las mujeres, y una, niña de 
nueve años le da á usté quinse güertas. Con- 
que aire, aire, pa que se le pase á usté er 
sofoco; y si no basta el aire, una sangría. A 
la taberna ó ar café, donde estén los ami- 
gos; á paga la senita aposta; á habla mala- 
mente de las mujeres; á contá cosas (pie no 
han pasao pa darse tono.,, y á comprarse 
unos ¡entes pa otra vez, que tiene usté me- 



— 16 — 

nos vista que un gato viejo. Hace ademán de 
irse. 

Ild. ¡Pero escuche UFtél... 

Ref. Ya he escuchao bastante. 

Ild. Es que no está ni medio bien... 

Ref. ¿Erque? 

Itr. Tratarlo á uno con tanta finura... pa zortar- 

le después eza rocia... 

Ref. Hijo mío, yo estoy por lo moderno. Y ahora, 

hasta las muelas se sacan sin doló. ¡De ve- 
rano. Éntrase en su casa riéndose. 

Ild. Furioso. ¡Mardita zea la má!... ¡Me cazo con la 

má!... ¡Y que una arma mía, que después e 
to ez una loir.brí con moño, le haiga hecho 
este dezaire a Irdefonzo Crezpo! ¡Mardita 
zea la má!... ¡Me cazo con la má'... ¡Y no es 
que á mí me importe pngá la cena! ¡Lo malo 
es que tengo que aguanta las guazas de toz 
eyos... y que encima no pueo proba ni una 
pescaiya; porque cuando tengo este humó 
to me hace daño! ¡Mardita zea la má!... ¡Me 
cazo con la mii! .. ¡Hay pa pegarle fuegc... á 

la má!... Va?e de estampía maldiciendo de todo li> 
existente. ♦ 

Refugio y Antonia salen de la casa muertas de risa. 

Ref. Místelo, agüt^la, místelo; miste qué paso 

yeva. 

Ant. Er demonio eres. 

Ref. Le digo á usté que se las he dao á mi satis- 

fasión. Esta noche vi á dormí mucho mejó 
que é, que de seguro no pega un ojo. can- 
tando y bailando con alegría. 

«Tengo unas calabasas 
puesta^ al humo; 
ar primero que pase 
se las emplumo.» 

Ant. ¡ íesús, Jesús, qué loca estás, chiquiya! 

Rff. Lo que estoy es deseando que venga otro. 

Ant. ¿Pa qué? 

Rf.f. Pa lo mismo, si no es de mi agrado. Goso 

yo lo que u.'-té no sabe echándoles la sanca- 

diya á los hombres. 



— 16 - 
Al público. 

Si le gusto á argún presente, 
que me lo venga á desí, 
que seré mu complaf=iente, . 
Yo no trato malamente 
más que á los tipos asi. 



FIN 



Madrid, Febrero 1904. 



ADVERTENCIA IMPORTANTE 



Las empresas que pongan en escena este 
entremés, pagarán por derechos de propiedad 
la mitad de los correspondientes á una pieza 
en un acto. 



OBRBS DE ÜOS WISIVIOS ROTORES 



Esgprlma y amor, juguete cómico. (2.* edición.) 

Belén, 12, principal, jus^aete cómico. (2.* edición.) 

Güito, jug'uote cómico lírico. Música del maestro Osuna. (2.* edición ) 

lia media naranja, ju»Tiete cómico. (2." edición.) 

El tío de la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

El ojito derecho, entremos. (3.* edición.) 

Ea reja, comfdia en un acto. (4.* edición.) 

Ea buena sombra, saínete en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brull. (6.* edición ) 

El pereg^riiio, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

Ea vida intima, comedia en dos actos. (.5.* edición.) 

Eos borrachos, saínete en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. [2.^ edición.) 

El chiquillo, entremés. (.5.* edición.) 

Eas casas de cartdn, juguete cómico. 

El traje de luces, saínete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

El patio, comedía en dos actos. (3.* edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano (2.* edi- 
ción.) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros, con música del maes- 
tro Chapí. 

Eos Oaleotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) Traducida al 
italiano con el titulo de I Galeoti por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ea pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) Traducida al italiano 
con el mismo titulo por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ea azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera, 

El nido, comedia en dos actos. (2." edición.') Traducida al catalán con 
el titulo de Vn niu por Joaquín Maria de Nadal. 

Eas flores, comedia en tres actos. (2.* edición.) Traducida al italiano 
con i;l título de I fiori por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Eos piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. (2.* edición.^ 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pro 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas 6 ¡ k. Sevilla en el botijo! humarada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapí. 



lia dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. Traducida al 
aleináii con el titulo de Das fremde Glück por J. Gustavo Rolide. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. (■2.* edición). 

LiOS meritorios, pasillo. 

lia zahori, entremés. 

I^a reina inora, sainete en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. (2." edición.) 

Zaras^atas, sainete en dos cuadros. 

La za;;ala, comedia en cuatro actos. 

La casa «le <iarcia, comedia en tres actos. 

La contrata, apropósito. 

El amor que pasa, comedia en dos actos. Traducida al italiauo 
con el titulo de Vamore che passa por Giuseppe Paolo Pacchiorotti. 

El mal ele amores, sainete con música del maestro José Serrano* 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol, jiaso de comedia. Traducido alalejuán con el titu- 
lo de Ein sonniger Margen por Mary v. Haken. 

Fea y con ;;racia, pasillo con música del maestro Turina. 

La aventura de los galeotes, adaptación escénica de un cajii- 
tulo del Quijote. 

La musa loca, comedia en tres actos. 

La pitanza, entremés. 

El amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

Los chorros del oro, entremés. 

]IIorrit4»s, entremés. 

Amor i& oscuras, paso de comedia. 

La mala sombra, saínete con música del maestro José Serrano. 

El g'enio ale$;re, comedia en tres actos. 

El niño prodijj^io, comedia en dos actos. 

Nanita, nana... entremés can música del maestro José Serrano. 

La zancadilla, entremés. 

La bella Lucerlto, entremés con música del maestro Saco del 
Valle. 



SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO 



La bella Lucerito 



E NTREMES 



CON MOSICA DRL MAESTRO 



SACO T^UJ^ ^STA^J^I^l^ 



^^i^>^<^^ 




m"**' 



SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez dtt Balboa, 12 

Copyriglh, by the authors, 1907 



LA BE[XA LUCERITO 



Ksta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni on los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de j)ropiedad literaria. 

Los autores se reservan ei dereclio de traducción. 

Los comisionados y representantes de la fiociedad de 
Autores Españoles son los encarofados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 
. Queda hecho el depósito que m.arca la ley. 



Drolts de représentation, de traduction et de repro- 
iluction reserves pour tous les pays, y compris la Sue- 
de, la Norvége et la HoUande. 



LA BELLA LUCERITO 



ENTRENIES 



SERAFÍN Y JOÁPN ÁLVAREZ QUINTERO 



con iiiúsicd del maestfo 



SJCO DEIi VAI.L.E 



Estrenado en el TEATRO DE APOLO el 10 de Abril de 1907 



*- 



MADRID 

VELASCO, IMP., MABQÜÉS DE SANTA ANA, H DUP." 
Teléíono número líl 

1907 



Jl Jyfariquita palou 



teína del c^a^i^o h dei óaieío. 



'4.0 á CH^uiúieá. 



REPARTO 

PERSONAJES ACTORES 

GLORIA. Seta. Palou. 

DOÑA FELISA Sea. Vidal. 

EL SEÑOR BAENA Se. Careekas. 

EL MAESTRO DE BAILE Mihura Ai.vaeez; 

PEPE EL PIANISTA Rodrigue/. 






L\ BELLA. LUCERITO 



Gabinete en casa de Gloria, calle de Jacometrezo, en Madrid. Uua 
puerta al foro, otra á la izquierda riel actor y un balcón en frente 
de osla. Muebles de diversas clases y categorías, como pagados por 
distintos bolsillos. Eii el rincón de la derecha un piano, adornado 
con un gran mantón de Manila. Sobre todas las sillas y butacas hay 
algo que impide sentarse: una caja de sombreros, dos ó tres pares 
de zapatos de raso, unas medias de seda, varios trajes de «cuple- 
tista», un capote de torero y una montera, un sombrero de ala an- 
ch;i, un corsé, etc., etc. Se ve que en la casa reina el orden mis 
absoluto. Es de día, á Dios gracias. 



Aparecen Doña Felisa, el Maestro de baile y Pepe el pianista. 

Doña Felisa, madre de Gloria, era conocida en su pueblo— San 
Juan de Aznalfaraehe— por la tía Gañote, pero ha mejorado de po- 
sición, gracias á la niña, y se ha plautado un doña como una casa, 
que le sienta lo mismo que á un Santo Cristo dos pistolas. No obs- 
tante el doña, viste á lo popular y tiene voz de hombre El Maes- 
tro de baile, individuo ya entrado en años, y andaluz también, 
es una pirueta humana. Jamás adopta una postuia que no esté 
pidiendo á voces la fotografía. Pepe, el pianista, no es más qne 
una prolongación del asiento del piano. Cuando se le llama asoma 
la cabeza por detrás de este, y entonces se le ve. Si no se le lla- 
ma, sólo se sabe de él porque el piano suena. 

Dentro, hacia el foro, se oye ladrar á un perro con faria. 

D.fi Fel. ¿Oj'e usté, maestro? Ya está ahí. Ya está la- 
drando rito. Ya está ahí. Pero miste que ez 
orí'aio er de eze anima: yaman á la puerta 
unas fardas, y no ladra nunca; yaman unos 
calzones, y ze jace porvo ladrando. 



Maes. Pos sí que tiene trabajo el aniraalito. 

D.a FüL. Verdá que lo tiene: desde que mi niña zeha 

noetío h estreya... Asomándose á la puerta del foro. 

¡Gáyate, condenao! ¡Marina! ¡abre er portón, 

mujé, y yévate á Hito! Asomándose á la puerta 

de la izquierda. ¡Gloria! ¡bija mia! ¡menéate un 
poco, que ya está aquí eze cabayero! \'amo6 
á vé qué ])inta trae. 

El perro ha dejado de ladrar. El Sr. Baena se presenta 
cu la puerta del foro. Ks un hombre de cierta edad^ 
retocadito y no mal trajeado. 

Sb. B. ¿Se puede pasar? 

D.íi Fel. Paze usté adelante, zeñó. Está usté en zu 
caza. 

Sk. B. Mucbas gracias, señora. ¿Hal)rán ustedes re- 

cibido \ina caita mia...? 

D.a Fel. Zí, zeñó, que la hemos recibido. Y lo espe- 
rábamos á usté: como ya es la hora que usté 
dice en la carta... Este zeñó ez er maestro de 
baile. 

Maes Servido de usté. Franeisco Macluica, San 

Marcos veintiséis, segundo... 

Sr. B. Muchas gracias. 

Maes. Lersiqnes á domisilio... 

Sr. B. Muchas gracias. 

Maes. Presios módicos; academia en casa por las 

noches, menos los domingos... 

Sr. B. Repito las gracias. Yo no pienso aprenderá 

bailar. Vengo aquí, á tratar con ustedes, por 
complacer á un amigo mío, á quien nada 
puedo negarle. Ha debido buscar persona 
más apta, porque 3-0, francamente, no en- 
tiendo palabra de estas cosas. Ni fé lo que 
es contratar á una artista del género ínfimo, 
ni distingo las peteneras del tango; pero, en 
fin, la amistad obliga... 

D.a Fei Ziénteze usté, zeñó. 

Sr. B. Buscando con la vista un asiento vacío. ¿Dónde? 

D.a Fel. Es verdá, que está to ocupao. Como anda- 
mos ya de preparativos... Quita de una silIa unos 
zapatos de raso y los pone sobre el piano. Zlénteze 

usté aquí. 
Sr. B. Gracias. ¿Y está la Bella Lucerito? 

D.a Fei . Pa zervirle. 



— 9 



Sr. 


B. 


D.a 


Fel, 


.«R. 


B. 


D.a 


Fel. 


8r. 


B. 


D.a 


Fel. 



Gloria 
Sr. B. 
Gloria 

Sr. B. 



Sr. 6. 

Gloria 

Sr. B. 

Gloria 

Sk. B. 
Gloria 



Sr. B. 
Gloria 
Sr. B. 
D.a Fel. 
Gloria 



Levantándose del susto. ^^Es USted? 

¡Zeñó, qué disparate! Quieo decí que la niña 

está pa zervirle. ¿Yo cómo vi á zé la Lu- 

cerito? 

([En todo caso la Osa Mayor!) 

Yo zoy zu madre de eya. 

(¡Pues por la voz parece su padre lo menos!) 

Aquí zale ya. 

En efecto, por la puerta de la izquierda llega Gloria, 
á quien hay que mirar con lentes. Parece mentira que 
sea hija de su madre. Viste un caprichoso traje de 
•cupletista», y basta verla andar para compiender que 
será una estrella en su género. En honor de la verdad, 
al amigo Baena se le corta la respiración. 

Güeñas tardes. ¿Cómo sigue usté? 
Bien ¿y usted? 

Me esiaba probando este vestío, y por no ha- 
serlo á usté espera no he querío quitármelo. 
Ha hecho usted admirablemente. El vesti- 
do es precioso. 

¿Le agrada á usté? Pos toavía le fartan dos 
gorpes: un laso aquí, y otro aquí, que van á 
quita er flato. Y luego, miste, miste si tiene 
gasa... La modista se ha queao sola echando 
fru-fru... 

Yo t-imbién me quedaría solo, no crea 
usted... 

Le iba á dá á usté miedo. Pero ba tenío usté 
ange. 

Me alegro mucho. (¡Qué mujer, Dios de las 
alturas!) 

Como habrá usté reparao, vi á salí encueros. 
Un ojo me he gastao en ropa. 
Pues ya vale el dinero un ojo de usted. 
Así está la casa; que por toas partes hay 
vestios, ^evo ensima más gasa que una de- 
corasión de ópera. Pero, siéntese usté. 
Con permiso. ¿Y usted, no se sienta? 
¡Digo! Y á su vera de usté. 
Dios se lo pague, Lucerito. 
Enzéñale las postales á este zeñó. 
¡Ya las habrá visto de sobra! Si no se ve 
otra cosa por to Madrí. Hasta en las sa- 
cristías. 



— 10 — 

Sr. B. Es cierto. Y hay una de gitana que me 

tiene usted que firmar. 

GLf)RiA Si, señó: en cuantito venga mi hermaniyo 
se la firmo á usté. 

Sr. B. ^,Las guarda su hermanillo? 

Gloria No; pero es el único que sal)e firma en toa 
la casa. 

Sr. B. Ah, ya. Bueno, pues... como le indicaba á 

usted en mi cartita, mi amigo Don l^ruden- 
cio Martorell, propietario de Barcelona, ha 
edificado un teatrito para explotar única- 
mente el género que u.sted cultiva. 

Glori.-\ Que pienso curtivá; porque toavia no he sa- 
cudió er porvo de ningún tablao. 

Sr. B. Cabalmente eso es lo que pretende mi ami- 

go: que empiece usted allí. Ha visto las pos- 
tales de usted, que son estupenda?, se ha 
vuelto loco... y me ha encargado á mí q;ie 
la contrate sin pérdida de tiempo. 

Gloria ¿Usté cómo se yama? 

Sr. B. Ezequiel Baena. 

Glcki \ Pos miste, señó Baena, vi á hablarle á usté 
clarito: como á mí me gusta er chocolate. Yo 
estoy metiendo mucha buya antes de debu- 
ta; y yo, puesta en este camino, no sargo á 
un tablao á b'agá viruta, sino á darle ar pú- 
blico lo suyo: Er j)úb]ico de Barselona disen 
que tiene guasa; vamos, que tiene arate; que 
se las trae con las artistas (^ue yegan de Ma- 
drí; ¿usté me comprende? Y á mí aquer pú- 
blico, por er carté que ya me he formao, uie 
va á resibi con lo suyo; y yo, naturarmente, 
voy con lo mío. Escuclie usté: yevo una dan- 
sa mora, que tiene lo suyo; y una farruca, 
que tiene lo suyo; y un cake-vá... que tiene lo 
suyo; y cuatro tangos... que tienen lo suyo; y 
un bolero, que tiene lo suyo. Y \o, á tos esos 
bailes, ¿usté me comprende? les doy lo mío; 
porque á los bailes — y aquí está er maestro 
— una tiene que darles lo suyo; y la cosa es- 
tá en tené auge ó en no tené ange. Y á mí me 
párese que yo tengo ange, y que por eso á 
los bailes les doy lo mío. Y la (|ue no tenga 
lo suyo pa los bailes, que no sarga á baila, 



— 11 — 

pori^ue va á traga mncha viruta. Por eso yo, 
ó pargo á darle ar público lo suyo, pa que er 
púi)lico rae dé lo mío, ó me qneo en mi casa 
con lo mío, pa que er público no me dé lo 
suyo. ¿Qué le párese á usté? 

Sr. B. ¡Que efto}' encantado con lo suyo y lo mío! 

D.a Fei.. |Hija de mi arma! 

Maes. Aquí la señorita se ha explicao perfeta- 

mente. 

Sr. B. ¡Perfetamente! 

Maes. ¡O como se digal A los bailes, la artista ne- 

sesita darles... 

Sr. B . ¡Lo suyo: lo suyo! ¡Si no hay otra palabra! 

M.AEs . Eso es; .sí, señó. 

Gloria Levantándose. Un poné, pa que usté se entere. 
Rosa la C'laveyina, que me paese que tiene 
carté, base así la salía der tango. Da unos pa- 
sos imitando á la otra. Pa mí eso llene guasa. 

Sr. B. Tiene guasa. 

Gloria Elisa Campo, la Torrente, sile así... La imita. 

Sr. B. ¡Pues también tiene guasa! 

Gloria ^;Verdá que tiene guasa? Atienda usté ahora 
á mi salla. Tacatac, tacatac, tacatac... 

Maes. ¡No, no! Marcándolo él con verdadero lujo de taco- 

nes. Tacatac, tac tac, tacatac, tac tac... 

Gloria Es verdá: me había yo confundió. ¡Yeva una 
tantos pasos en la cabesa! ¿Usté ve? Tacatac, 
tac tac, tacatac, tac tac... 

Sr. B. «¡Vaya cardo!» ¡Eso es salir de tango y lo 

demás es música! 

Gloria ¿De veras le ha gustao á usté? 

D.^Fel. ¡Déjame que te beze, hija mía! ¡Lo que go- 
zaría tu primer padre, z' viviera! 

Sr. B. ¿Cómo su primer padre'? ¿Tiene dos? 

D.fi Fel. ¡Mi primer marío, he querío decí! 

Sr. B. ¿Ks hija de su primer marido? 

D.a Fel. No, zeñó; ez hija der zegundo; pero ai pri- 
mero le gustaba mucho er baile. 

Sr. B. Ya. 

Gloria Pos güeno, señó... ¿Cómo ha dicho usté que 
se y ama? 

Sr. B. Baena. 

Gloria Po-» güeno, Baena: lo mismo me pasa con 
to. ¿Usté ve er garrotín? Ar garrotín también 
le doy lo mío. 



Sr. B. ¿Quién es el Garrotín? 

Gloria Kr garrotín es otro baile. 

Sr. B. ¡Ah! Me había parecido un banderillero. 

Gloria Riéndose. Hombre, eso tiene ange. ¿Verdá que 
ha tenío ange, mamái' ai Maestro. Ha tenio 
ange. 

Maes. 8í que ha tenío ange. 

Sr. B. Muchas gracias. 

Gloria Sin grasias: la pura. Ha tenío usté nvge. 
Hay quien tiene ange y quien no tiene aw^e, 
como hay quien ÚGwe pata y quien no tiene 
pata. Y usté tiene ange. 

Sci. B. Pues nunca me lo han dicho en la oficina. 

Maes. Aquí la señorita se ha explicao perfeta- 

mente. Eya ha querío desí que usté... va- 
mos, que usté tiene ange. 

Sr. B. Eso es lo que ha querido decir y lo que ha 
dicho. 

D-a Fei.. a mí ze me figura, niña, que pa que este 
zeñó ze haga una idea de to tu trabajo, le 
debes canta arguna coza y le debes baila ar- 
guna coza. 

Gloria Ahora mismo. ¿Usté trae mucha prisa? 

Sr. B. ¡Ninguna! 

Glori \ Pos verá usté: le vi á canta A usté unos 
cuplés que me han dedicao, que pa mí que 
tienen lo suyo; y le vi á baila á usté uno de 
mis bailes, er porvorín, que me gusta mu- 
cho bailarlo, porque le doy lo mío. 

Ss. B. ¡Vamos allá! 

Gloria Vi á basé salía, pa que la ilusión sea com- 
pleta. Se pone un mantón de Manila y un sombrero 
ancho. Pepe. 

Pepe Asomando la cabeza por cima del piano. ¿Eh.'' 

Sr. B. (¡Corcho! ¡Había ahí detrás un hombre! ;Me 

luzco si hablo mal de los pianií-tai-!) 

Gloria Toca primero er paso doble de la Canela y 
luego mis cuplés. 

Sr. B. ¡Vamos, vamos allá! 

Música 



La bella Lucerito, al son del indicado ptiso doble, da 
varias vueltas por la escena, arrogante y graciosa. Al 
señor Baeua se le van los pies detrás de ella. 



— 13 — 

Maes. ¿Eh? ¿Hay trapío? ¿Hay clase? 

D.íi Fel. ¡Hija de mi armal 

Sr. B. (¡Yo voy á Barcelona al debut!) 

Deja Gloria mantón y sombrero y canta los siguientes 
«couplets»: 

Gloria Entérese U8lé, señó Baena. 

Sr. B. Ya, ya me voy enterando, Lucerito. 

Gloria cantando. 

En un pitio que no es para dicho, 
tengo yo mu rebién señala 
una fre^a que fué de un capricho... 
de un capricho que tuvo mamá. 
Y un paisano vino ayé 
y rae dijo en andalú: 
— Que la fresa me enseñe usté; 
¡se lo pío por su salú! 

Y le dije yo 
ar paisano cansada de oirlo: 
— Ño le enseño la fresa yo .. 
poique no... 
porque no... 
porque no... 
¡Lo demás no puedo desirlo, 
que rae murta er gol)ernadó! 
D.aFEL. ¿Qué ta?¿Qiiétá? 
Sr. B, ¡Que la contrato en blanco, señoral 

Gloria volviendo á cantar. 

En un ))ueblo rabiaban dos novios 
por casarse cuanto antes raejó, 
y á un San Roque abogao de bodas 
Je cfresieron yevarle un faro. 
Lo corgaron con gran fé 
ensendido ante el arta, 
y jnnlitos delante de é 
se abrasaban para rogá. 

Y' ya tanto dio 
la pareja rogando to er día, 
que er San Roque se sufocó, 

se indi riló, 

se quemó, 

se atufó, 
¡y en cuantito á los novios vía 
le pegaba un so])lo ar faro! 

Cesa la música. 



— J1 — 

Sk, B. ¡Bravo! ]l)ravü! ¡\'ii usted á causar una revo- 

lución donde quiera que llegue! ¡Contrata- 
da deí^de este Diouientol 

Gloria ¡Pos toa vía no me ha visto usté baila! 

Sr, B, iNoim¡)orta! ¡Contratada! ¡Vengan las con- 

diciones! 

D.a Fkl ¿Tú estás oyendo, niñ:i? 

Maes. ¡Como que es una arquisisiónl 

Sr. B. ¡Pero una arquisisión! 

Maes. ¡O como se diga! 

8«. B. ¡Condiciones, vengan Ins condiciones! 

Gloria Contrato por un mes; dos mir reales de an- 
tisipo; viaje de ida y güerta en primera y 
con lipin |ia mi madre y pa mí; peñera pa 
er perro, y quinse machacantes diarios. 

Sk. B. ¿Quince machacantesf 

Gloria Si, señó; ni uno menos. 

ü.a Fel ¿Ks mucho, quizá? 

íSr. B. ¡No, señora! 

I). a Fel. ¡Como ze extraña usté! 

Sr. B. ¡Porque no sé lo que son quince machacantes! 

Maes. Pos quinse machacantes, señó Baena, son 

quinse chulés. 

Sr. B. Ahora ya está más claro. 

Gloria ¡Quinse duros, hablando en españó! 

Sr. B. ¡Ah! ¿Quince duros son quince machacantesf 

Es machacará un empresario, ¡caramba! 

Gloria La Be^a Luserito no se mueve de su casa 
por menos. 

Sr. B. y está en su derecho la Bella Lucerito. 

D.a Fel. ¡Que te vea, que te vea bailí»! 

Sr. B. ¡Sí, sí, baile usted! ¡Desde luego queda us- 

ted contratada, pero baile u^ted! (¡ilí'o me 
gasto con esla mujer todos mis ahorros!) 

Coge entusiasmado el corsé que hay sol)re una silla y 
lo oprime contra su pecho, ¡.^y. Bella Lucerito! 

Gloria ¡.Josú! ¿Que hase usté? 

Su. B. ¡Demostrarle á usted todos los machacantes 

que vale! 
Hisas, 

Gloria Mamá, por Dios, yévate tu corsé, que siem- 
pre está rodando. 

Sr. B. Peri.icjo. Ah, ¿pero el corsé es de usted, se- 

ñora? 



— 16 — 



D.a Fel. y de usté. 

Sr. B. ¡Yo no Jo quiero para nada! ¡Venga, venga 

ese baile! 

Gloria Ahora mismo. Pepe. 

Pepe ¿Eh? 

Sh. B. (¡Corcho! ¡qué sustos me da Pepe! ¡Siempre 

se me olvida que está ahí!) ai Maestro. (Oiga 
usted: ¿es de cuerpo entero el pianista?) 

CLORn Toca er porvorín. Haserse tos pa un lao, pa 
dejarme sitio. 

Sr. B. ¡Lo que usted quiera, salerosa! Vamos á vél- 

ese polvorín. 

Bail,i Gloria al son del piano entre los comentarios del 
señor Baena y de su madre, }• las indicaciones profe- 
sionales del Maestro. 

Maes. Salida. Grasis. Sonrisa. 

Sr. B. Le da, le da lo suyo. 

Maes. Caderita. 

S><. B. Eí^o; caderita. 

Maes, Más caderita. 

Sp, B. ¡Más caderita! 

D.a Fei.. ¡Ay qué cuerpo! ¡qué cuerpo! 

Mae?. Sortura. Su mijita de aqué. 

Sr. B. ¡Ole! ¡ole! 

Maes. Grasia. Alegría. Saracatepeque. Su gorpesito- 

de gurugú. 

Sr. B. ¡No respondo de las butacas de orquesta! 

D.a Í'el. ¡Hija de mi arma! 

Acaba el baile. 
Sf.B. Aplaudiendo con frenesí. ¡BraVo! ¡bravísimo! 

¡Permítame usted que la abrace! ¡Es usted 
una estrella! ¡Quince machaca)) tes es ))OCo! 

Maes. ¿Ha visto usté? ¿Ha visto usté qué brasos? 

Sr. B. Me he fijado más en las pierna?; pero en 

fin... he visto los brazo«. He visto los brazos..^ 
y he visto un porvenir de rosa... y he visto 

también... Cantando. 

Lo demás no jmedo desirlo, 

que me mmia er gobernado- 
Gloria ¡Ja, ja, ja! Este hombre tiene aiíge. 
Da Fei . Tiene ange. 

Sr. B. ¿y quien no tiene a)ige al lado de usted? Se- 

ñora, la felicito á usted por este pimpollo. 
D.a Fel. Muchas gracias. 



— 16 - 

í?R. B. Maestro, lo felicito á ii?ted por esta diecí- 

pula. 

Maes. Se alerta con fausto. 

Sr. B. y á usted... ¡Bueno, á u^ted la acompaño yo 

á Barcelona! ¡Yo veo el debut! Hasta luego. 
Despídanme ustedes del piauifrta. 

<jlobia Pero ¿se va usté ya? 

Sk. B. Sí, señora. 

Gloria ¿A dónde? 

Sb. B. a teléfonos. A ponerle un telefonema al em- 

presario, que va á decir poco más ó menos: 
«Vista Lucerito. Adquisición. Contrato fir- 
mado. Tien3 lo suyo. Tengo lo mío. Quince 
machacantes. Lleva un pobwrín. Díguili qui 
vingui. Baena.» Buenas tardes. Vase por u 

puerta del foro. 

<jrLORiA ¡Vaya usté con Dios! 

D.íi Fel. ]Ya nos traerá usté la razón que haya! 

Gloria ¡Ya sabe usté dónde tiene su cat^a y una 

amiga! 
ü.a Fel. ¡Hija de mi corazón! ¡Hija de mi zangre! 

¡Ven aquí, que te achuche! 
Glorl-^ ¡Josú! ¡Josúl ¡Qué alegría! ¡Miste que quinee 

duros! 
Maes. Hay pa está contenta. 

Gloría ¿Pero gustaré? ¿gustaré? 
D.a Fel. ¿No has vibto como va eze hombre? 
Gloria ¿Me entenderán los catalaneí-? 
Maes. ¿Pos no la han de entendé, criatura, si usté 

con las piernas habla er volopukt? 
D.»Fei. y zi quiés zalí más pronto de dudas, pre- 

gúntazelo á estos st ñores. 
Gloria Es verdá. ai público. 

¿Tengo yo grasia y trapío? 
¿Canto y bailo con sentío? 
¿Atcrruyo ó no atorruyo? 
¿Le doy al arte lo mío? 
I Pos denme ustedes lo suyo\ 



FIN 



Madrid, Marzo 1)07. 



ADVERTENCIA IMPORTANTE 



Las empresas que pongan en escena este 
entremés, pagarán por derechos de propiedad 
la mitad de los correspondientes á una zar- 
zuela en un acto. 



OBRAS DE líOS IVIISMOS AUTORES 



K.s;rriiiia y amor, juguete cómico. (2." edición.) 

ttelén, 12, priaioipal, juguete cómico. (2.* edición.) 

■<íilito,juí,'uetc cómif",) lírico. Música del maestro Osuna. (2." edición > 

I^a iiieclia naranja, juo-uete cómico. (2.* edición.) 

Kl tío «le la flauta, juguete cómico. (2.* edición.) 

Kl ojito «lereolK», entremés. (3." edición.) 

lia reja, comedi;i en un acto, (i." edición.) 

1.a buena .soiiiltra, s;i¡neto en tres cuadros, con música del maes- 
tro BruU. (6.* cdici(Jn ) 

Kl perejjrino, zarzuela cómica en un acto. Música del maestro 
Gómez Zarzuela. 

I^a vUla fntíina, comedia en dos actos. (3." edición.) 

Ii0.s borrachos, saineto en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. '^2.* edición.) 

Kl cbiquillo, entremés. (5.* edición.) 

lias rasas de eartón, juguete cómico. 

Kl traje «le lucos, saínete en tres cuadros, con música de los 
maestros Caballero y Hermoso. 

Kl patio, comedia en dos actos. (3.' edición.) 

Kl motete, pasillo con música del maestro José Serrano (2.* edi- 
ción.) 

Kl estreno, zarzuela cómica en tres cuadres, con música del maes- 
tro Ohapi. 

Kos <j!alcotes, comedia en cuatro actos. (3.* edición.) Traducida al 
italiano con el titulo de I Galeoti por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Ka pena, drama en dos cuadros. (2.» edición.) Traducida al italiano 
con el mismo titulo por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

I.ia azotea, comedia en un acto. 

Kl género ínfimo, pasillo con miísica de los maestros Valverde 
(hijo) y Barrera, 

Kl nido, comedia en dos actos. (2.' edición.) Traducida al catalán con 
ol titulo de Vn niu por Joaquín María de Nada!. 

Kas flores, comedia en tres actos. (,2.* edición.) Traducida al italiano 
con el título de I fio r i por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 

Kos piropos, entremés. 

Kl flechazo, entremés. (2." edición.^ 

Kl amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pro 
logo y epilogo. 

Abanicos y pantleretas «$ ¡ k Sevilla en el botijo! humorada 
satírica en tres cuadros, con música del maestro Chapí. 



I^a «lidia ajena, comedia eu tres actos y un i)rc'>lQn:o. Traducida al 
aleim'in con el titalo do Das fremde Glück por J. Gustavo Rulide. 

Pepita Keycs, comedia en dos actos. (í." edición). 

IjOS iiieritori«>.s, pasillo. 

I^a zaliori, entremés. 

La reina mora, sainóte en tres cuadros, con música del maestro 
José Serrano. ("2." edición.) 

Zaraj^'atas, saínete en dos cuadros. 

I^a zaj^ala, comedia en cuatro actos 

I^a easa <le <íarcia. comedia en tres actos. 

L.a contrata, apropósito. 

Kl amor «|uc i>a.*ia, comedia on dos actos. Traducida al italiano 
con el titulo de Vamore che passa por Giuseppe Paolo Pacchiorotti. 

Kl mal de amores, saínete con música del maestro José .Serrano. 

Kl nuevo .servidor, humorada. 

Stauana «le .sol, paso de comedia. Traducido al alemán con el titu- 
lo de Ein sonniger Morgcn por Mary v. Haken. 

Fea y con g^racia, pasillo con música del maestro Turiua. 

La aventura de los g-aleotes, adaptación escénica de un capi- 
tulo del Quijote. 

L.a musa loca, comedia en tres actos. 

1.a pitanza, entremés. 

El amor en solía, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, con música de los maestros Chapi y Serrano. 

liOS chorros del oro, entremés. 

Klorrltos, entremés. 

Amor á oscuras, paso de comedía. 

La mala sombra, saiuote con música del maestro José Serrano. 

Kl g'enio ale;;re, comedia en tres actos. 

JEl I1ÍU4» pro4lijSrio, comedia en dos actos. 

Nanita, nana... entremés con música del maestro José Serrano. 

La zancadilla, entremés. 

La bella I^ucerito. entremés cou música del maestro Saco del 
Valle. 



serafín í JOAftüÍN ÁLVAREZ (JülNTERO 



Ixa paíria ehica 



ZAEZUELA EN UN ACTO 



MÚSICA DB 



rui»:bi«to ohaf»! 



SEaUMDA EDICIÓN 




SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núftez fl« Balboai 12 

lexo 

Copyriglit, 1907, 
by 8. y J. Álvarez Quintero, 



LA PATRIA CHICA 



Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá., sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los caales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de tradacción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad dt 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de repressntación y 
del cobro da los derechos de propiedad. 



Droits de represen tation, de traduction et de repro- 
daction reserves pour tous les pays, y compris la Sni- 
de, la Norvegre et la HóUande. 



Queda hecho el depósito que marca la ley 



LA PATRIA CHICA 



ZARZUELA EN UN ACTO 



SERAFÍN f JOA()ülN ÁLVAREZ QUINTERO 



MÜSICA DE 



RUPERTO CHAPÍ 



Estrenada en el TEATRO DE LA ZARZUELA el 15 de 

Octubre de 1907 



SEGUNDA EDICIÓN 



MADRID 

«. TBLASOO, IMP., MARQUÍS DB SANTA ANA, 11 DOr.° 

Teléfono n amero 551 
1910 



AL INSIGNE PINTOR 

íDon %3osé Pilleó as 



deV-iuauo ualó u eáfiaüoi ueio, a 
muía d (JH jiaitia. 



ue 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

PASTORA Joaquina del Pino^ 

MARÍA PILAR Pilar Pérez. 

SEÑA MANUELA Irene Alba. 

CONCHITA Paz Calzado. 

JOSÉ LUIS Juan Gil Rey. 

MARIANO Francisco Meana. 

MISTER BLAY. . . Carlos Rufart. 

ESPAÑITA Antonio González. 

CARRANQUE ,.. Felipe Agulló. 

GREGORIO Ricardo Güell. 

ANSÚREZ Rafael Díaz. 

MEDINA Carlos Tojedo. 



El canto de José Luis con que principiaba esta zarzuela, y 
que fué escrito fóIo en atención á circunstancias especiales 
dereparto, queda suprimido. — N. dk los AA. 



^3,>. BIBIBIBIBIBIBlBIBiaiBIBI5IBi¿iaigiBiiJj !^ 



IB^ 



LA PATRIA CHICA 



Estudio en París de José Luis Romero, piutor español. A la dere- 
cha del actor la puerta de entrada. Ante ella un biombo desplegado. 
A la izquierda una puertecilla con cortina que da á una habitación. 
Al loro dos ventanas grandes, sin reja, por las cuales se ve un jar- 
dincillo alegre.— Como el estudio es pobre no hay nada en él que 
valga dinero. La mayor riqueza está en los cuadros y bocetos de 
José Luis y de algunos colegas que hay por todas partes, colgados 
unos, y otros arrimados á la pared en el suelo. Dos ó tres figuras y 
bustos de yeso, varias armas, una tarima, y sobie ella aii maniquí 
con una chaquetilla de luces, etc , etc. Diversidad de bancos y sillas. 

JOSÉ I.ÜIS, mozo simpático, pinta entusiasmado en nu gran lien- 
zo que representa una figura de mujer andaluza, de tamaño natural, 
envuelto el cuerpo en vistoso mantón de Manila. Colocado en un 
maniquí análogo al que hay en la tarima, esta el mantón que le 
ha servido de modelo. 

Preséntase en ia puerta de entrada ESPAÑITA, viejecülo andaluz 
alegie y animoso. 

Españita. ¿Se puede? 

José Luis. ¿Quién? ¡Adelante, Españita! 

Españita. Dios guarde á usté, don José Luis. 

José Luis. Ven acá. A ver qué te parece esto. 

Españita. ¿Lo acabó usté ya? 

José Luis. Ahora mismo. 



— b — 
Españita. Admirando el cuadro. ¡Presíoso! ¡presiosol 

José Luis. ¿De veras tegu^staV 

Españita. ihté va á haserse rico en París. Se lo dise 
á usté un modelo viejo. Ese ñeco está pintao de mano 
maestra. 

José Luis. ¿Y la cara? ¿Qué dices de la cara? 

Españita. Que yo no he conosío A esta mu Jé, pero 
que debe de está hal)lando. 

José Luis. ¡Hablando está! No es pasión de artista. 
Es que Dios ha dicho vas á acertar, y he acertado en 
ñrme. Te aseguro, Españita, que nunca soñé que pin- 
tando á esta mujer de memoria pudiera salirme tan pa- 
recida. 

Españita. Sí que es milagroso de veras. ¿Lo ha visto 
mister BlayV 

José Luis. Todavía no. Luego he quedado en ir por 
él para que venga á verlo. ¡No te digo nada cuando lo 
vea! ¡El está que sueña con el cuadro!... 

Españita. ¿Se lo pagará á usté á peso de oro? 

José Luis. Según lo encuentre. A mí me ha dicho 
que si acierto con lo que él lleva en la imaginación, me 
entierra en libras esterlinas de pie. 

Españita. ¡Ja, ja! Y es nmy capaz de haserlo. 

Asoma CARK.'^NQUE en la ventana de la derecha del foro. Es un 
joven pálido y triste, que iuma en pipa. Habla con afectado desdén 
de las cosas. Viste con desaliño. 

Carranque. Hola, José Luis. 
José Luis. Hola, Carranque. Pasa. 
Carranque. No estoy de humor. 
Españita. Espantárame yo, don Manué. 
Carranque. Adiós, líspañita. 
José Luis. ¿Tra))ajas mucho? 

Carranque. Nada. ¿Para qué? No creo en el trabajo. 
José Luis. ¿Has heredado á alguien? 
Carranque. Tampoco creo en las herencias, mu- 
chaclio. Me meto en mi estudio, á zambullirme estúpi- 



- 9 — 

damente en mi pereza. Huyo de ese nauseabundo Pa- 
rís, que me ataca los nervios, con asco. ¡Bah! 

José Luis. Te compadezco, chico. Lo que es así vas 
á entregarla pronto. 

Carranque. Sería una soluci('>n. Pero tampoco creo 
en la muerte. 

Españita. Ah, pues no tenga usté duda: se muere la 
gente por ahí. 

Carranque. Oye una cosa, tú, flor de optimismo. 

José Luis. ¿Qué quieres? 

Carranque. Mira cómo estudias una parada. 

José Luis. ¿Es que vas á pedirme dinero? 

Carranque. ¡Nunca! No creo en el dinero. ¡Bah! 

Españita. ¡Claro! Pa creé en siertas cosas hay que 
conoserlas. 

Carranque. Te decía lo de la parada, porque ahí fuera 
disputan con madame la concierge tres españoles que se 
me figura que quieren saludarte de modo expresivo. 

José Luis. Con sorpresa. ¿Tres españoles? 

Carranque. Un español y dos españolas. El viste de 
baturro. En ellas no he parado mientes. Porque son 
guapas, ¿sabes? pero con aquella belleza tosca, ordina- 
ria, de nuestras pobrecitas compatriotas. 

Españita. n. José Luis. (¡Tírele usté argo!) 

José Luis. Pero hombre, ¿cómo no te has detenido 
á ver qué querían? Estoy por salir yo. 

Carranque. Haz lo que te plazca. Yo me he venido 
huyendo. ¡Bah! Les españoles me molestan en casa y 
fuera de casa. 

Españita. ¿De qué pueblo es usté, don Manué? 

Carranque. De un pueblo de cuyo nombre no quiero 
acordarme. Y siento haber citado el Quijote; ese libraco 
soporífero. Un pueblo de la España negra, triste, inqui- 
sitorial... ¡Qué país! ¡No se come más que cocido! ¡Bah! 
Hasta luego. Me voy á mi torre de marfil. Hasta luego. 

Vase. 



— 10 — 

José Luis. Adiós, hombre, adió.s. a Españita. ¿Qué te 
parece? 

Españita. (¿ue no le vendría mal argunos días, en lii 
torresita de marfí, un po({UÍto de cosido do ese que se 
come en España. 

José Luis. Es un majadero forrado de lo mismo. ¿Y 
quiénes serán esos compatriotas?... Dos mujeres... im 
aragonés... Me sorprende mucho. 

Españita. Pues va usté á salí muy pronto de dudas. 
Porque ir('(> que ya están ahí. ¿No oye usté? 

José Luis. En efecto; aquí llegan. 

Pastora. Dentro, llamando á la puerta. ¿Se pué pasá? 

José Luis. Adelante, 

Pastora. Después de abrir la puerta, sin asomar aún. ¿Hay 

permiso? 

José Luis. ¡Adelante, adelante! 

Salen PASTORA, MARlA PILAR y MARIANO. Pastora es anda- 
luza y Maria Pilar y Mariano aragoneses. Visten pobremente los tra- 
jes peculiares del pueblo en sus respectivas regiones. 

José Luis. Sorprendidísimo. ¡Pastora! ¿TÚ? 

Pastora. Yo misma, don José. Dichosos los ojos que 
lo están viendo. 

Se estrechan Ins manos con efusión. 

José Luis. Pero, muchacha, ¿tú en París? 

Pastora. Suspirando. Yo en Parí, por mi mala for- 
tuna. 

Mariano. Güenos días á to esto, siñor artista. 

María Pilar. Güenos días. 

José Luis. Felices. Siéntense ustedes donde quieran. 
Esta es su casa. Basta que vengan con Pastora y que 
sean españoles. 

Mariano. Se estima. 

María Pilar. Falta que nos hace. Yo estoy rindida. 

Se sienta. 

Pastora, i.o mismo Yo también, ¡Ay, qué tres días 
yevamosl 



-li- 
jóse Luís. Sentándoselo jimio. Aliora me coiitarás, mu- 
jer. Porque te aseguro que lo que menos esperaba era 
verte aquí. ¡Vaya, vaya con mi primer modelo! Estás- 
más guapa cada día. a Mariano. ¿Usted no se sienta? 

Mariano. Sí, siñor; pero antes va usté á consentime 
que le dé un abrazo. 

José Luis. Levantándose á ello ¡Ahora mismo! 

Mariano. Dios se lo pague: y apriete usté como si 
fuera de la familia. 

José Luis. ¡Compadre, usted es el que aprieta conio 
si yo no fuera de la suya! 

Mariano. Perdóneme usté. Es que lo hi cogido con 
ganas. ¡Gracias á Dios que nos pone en sitio donde nos 
entiendan lo que hablemos! 

Se sientan los dos. 

María Pilar. Sí que es antipática esta tierra: ¡hasta 
los letreros de las calles están en francés! 

Mariano. Si eso sucediera en España, ya nos critica- 
rían, ya. 

José Luis. Yo, cuando vine, pasé también los gran- 
des apuros. 

Pastora. Don José de mi arma, ¡qué angustia de 
idioma! ¿Querrá usté creé que á mí ni los loros me en- 
tienden? ¡Miste que enseñarles fransés á los loros! 

José Luis. Bueno, bueno, vamos á ver: ¿qué viento 
te ha traído por París? 

María Pilar. Viento de tronada, siñor. Xunca hu- 
biera soplao. 

Pastora. A Parí me ha traío mi mala fortuna, coma 
ya le he dicho á usté antes, y los consejos de miás de 
cuatro que me yenaron de humo la cabesa. Usté sabe 
que yo, viendo que de modelo no se come, me metí á 
cantaora. Armé un arboroto, eso sí; pero el arboroto fué 
mi perdisión. Porque empesó to er mundo á desirme: 
«No seas tonta y vete á Parí. Tu suerte está en Parí.» 
Y dale con Parí. Y torna con Parí. Y tanto hablaron»- 



— 12 — 

•que me vine á Parí. Y ya estoy en Parí... y mardita la 
íírapia que me hase á mí Parí. 

María Pilar. Ni á ti ni á nadie. 

Mariano. ¡Condenao París! ¡Qué malamente nos ha 
recibiilol 

María Pilar. ¡Cuándo lo perderemos de vista! 

Pastora. ¡Cuándo querrá Dios! ¡Ay, er día (\ne yo 
r-arga de Parí, vi á sortá un suspiro como pa hincha un 
gloho! 

Mariano. ¡Malhaya París! a Espafüta. ¿TTsté no será 
de París^ 

Españita. No, señó; no soy de París. 

Mariano. ¡Porque se había lucido! 

Españita. con júbilo. Yo soy españó, como ustedes. 
Paisano de esta señorita tan guapa. 

Pastora. ¡Ole! En la manera de escucharme había 
yo conosío que era usté andaluz ¿Es usté der Puerto? 

Españita. No, señora, que soy der mismo Cadi. Der 
barrio e la Viña. 

Pastora. Y^o soy de Málaga: perchelera. 

José Luis. Pues nos juntamos aquí tres andaluces; 
<iue yo, aunque no lo parezca, también nací por allá 
atrajo. 

Pastora. Ya lo sé. 

Españita. Me casé con una fransesa, y por eso me 
he quedao aquí. Las mujeres tiran más que uno. 

Mariana. Entonces... disimule usté lo que se ha ha- 
iilao. Aunque de las mujeres francesas na malo himos 
-dicho. 

Españita. De la mía puén ustés desí lo que se les 
^mtoje. 

Mariano. ¿Está usté separao? 

Españita ¡Ojalá! 

María Pilar. ¿Es también de las que al recogérselas 
£ayas enseñan las piernas? 

Españita. ¡También! ¡Pero más valía que no las en- 



— 13 — 

señara! Risas. Por desgrasia, mi mujé no podría serví de 
modelo, como yo sirvo. 

Pastora. ¿Sirve usté de modelo? 

Españita. Sí, señora. Elegí este ofisio, porque tan 
pronto me veo de rey, como de fraile, como de torero^ 
como de majo... ¡y to sin moverme! ¿Se pué duda de 
que yo sea españó? 

Nuevas risas. 

José Luis. Bueno, Pastorilla, cuéntame ya cuál es tu 
desgracia y la de tus amigos, por si de algo puedo yo- 
servir. 

Pastora. Cuéntalo tú, María Pila. 

María Pilar. Lo que nos ocurre, siñor, es que un im- 
presario sinvergüenza nos sacó de España con engaños, 
y nos trajo á París en compañía de unos cuantos artis- 
tas más. Mi hermano aquí presente y yo, cantamos 
jotas. En vez de llevarnos al teatro que habíamos con- 
vinido, nos llevó á una barraca que está allí donde 
Cristo dio las tres voces y no lo oyeron. Fracasó el ne- 
gocio — claro es,— y lo pior de to es que el muy granuja 
se escapó con una bailadora, se llevó mucha de nuestra 
ropa, y nos dejó en esta Babel sin más amparo que el 
que nos quiera llover de allá arriba. Pero se conoce que 
los santos aquí también son franceses, y por más que 
les pidimos cosas, como se las pidimos en español no- 
nos entienden y no nos hacen caso. ¡Ya podían tener 
un interpretico allá arriba, ya! 

Pastora. Van dos ó tres días que de milagro dormi- 
mos bajo techao y comemos caliente. En er Consulao 
de España, como son tantos á pedí, no sabemos lo 
que podrán hasé. Y nuestra situasión no armite C'^- 
pera. Anoche vagábamos desesperaos por esas cayes, y * 
quiso la casualidá que me encontrara á aquer mucha- 
cho seviyano, también pintó, que usté me presentó- 
en Madrí. 

José Luis. Ah, sí: Molina. 



— H - 

Pastora. Molina. Pero er poljre Molina está tan pe- 
ralto á la paré que no lo despegan ni con agua caliente. 
No pudo darme na. Me dijo que usté vivía aquí y que 
usté quisa pudiera socorrernos. Y apenas salió er S() 
echamos pa acá. Ahí en un banco de esa plasa que hay 
á la güerta, se han quedao esperándonos los compañe- 
ros. Por lo que usté más quiera, don José, si usté no 
tiene, discurra usté argo: mándenos usté á España Yo 
le dejo á usté que me dé un beso, y si usté me deja á 
mí, se lo yevo a su madre. ¡Mándenos usté á España! 

Sileucio. 

José Luis. ¿Dónde dices que se han quedado los 
otros compañeros? 

Pastjra. Ahí... en la plasa esa... derpalasio ese... de 
la estatua esa. 

Nuevo silencio. La andaluza y los aragoneses esperan con gran 
ansiedad á que hable José Luis. 

José Luis. Pues, hija, si valieran deseos, esta misma 
tarde se iban ustedes para España. Pero, la verdad, aun 
que he venido aquí á hacerme rico... todavía no he con- 
seguido sino mal comer, trabajando mucho. Ando por 
ol estilo de Molina. Españita lo sabe. Y tú me conoces 
■de sobra. Lo que yo tuviera sería tuyo; de u.stedes; pero 
no tengo un cuarto. 

Gran aljatimiento. 

Pastora. ¡Ay, madresita mía der Carmen! 

Mariano. ¡Toas las puertas se cierran! 

María Pilar. ¿Qué ti hemos hecho, Virgen del Pilar? 

José Luis. Abriendo camino á la esperanza. Ahora... 

Pastora. ¿Ahora, qué? 
José Luis. Hay un rayo de luz todavía. 

Españita. ¡Hay más que un rayo: ya sé yo por don- 
de va usté! 

Pastora. ¿Por d(tnde? 

José Luis. Vuelve la cara y mira el cuadro ese. 

Se levantan todos. 



— 15 - 

Pastora. Asombrada, mirándolo. ¡JeSÚS, DioS mío! ¡Qué 

retebién está! 

José Luis. ¿La conoces? 

Pastora. ¡Digo! ¿No la he de conosé? ¡Esta es Mer- 
seditas la Caramela! 

José Luis. Loco de alegría. ¡La Caramela! ¡-Justamente! 

Pastora. ¡Si se sale! ¡Si es estarla viendo! ¡Qué mujé 
más bonita ha sio siempre! 

José Luis. ¡Déjame que te abrace, Pastora! ¡No nece- 
sito escuchar más! ¡Déjame que te abrace! ¡Vengan 
esas manos, simpáticos aragoneses! ¡Choca, Españita, 
choca tú también! 

Pastora. Pero ¿qué le susede á usté? 

Mariano. Pero ¿qué le pasa? 

José Luis. Lo más grande, lo mejor que puede pa- 
sarle á un artista. ¡Que soy creador: que le doy alma á 
una criatura con mis pinceles! Oigan ustedes la historia 
de este cuadro. 

Pastora. Hable usté, por los ojos de su cara. 

José Luis. Hay en París un extranjero, mister Blay, 
hombre extraordinario, rarísimo, con más oro que pesa 
y que tiene gran pasión por las cosas de nuestra tierra. 
En prueba de ello, el castellano lo habla como tú y 
como yo. Bueno, pues este mister Blay— estoy nervioso 
de alegría, estoy fuera de mí, — conoció en Granada 
una noche á la Caramela. El es hombre de pasiones 
ardientes, y se enamoró de ella como un mahometano. 
La chiquilla por supuesto lo merecía: estaba hecha un 
capullo de rosa. Al día siguiente de conocerla, desaten- 
tado, ciego, la buscó para ofrecerle su fortuna, su mano, 
su vida entera... ¡qué sé yo! Pero Mercedes había des- 
íiparecido no sabemos con quién, y esta es la hora en 
que nuestro hombre no ha vuelto á encontrarla viva ni 
muerta. 

Pastora. En Méjico disen que está, con Paco er mc- 
lonero. 



— 16 — 

José Luis. Eso dicen, pero vaya usted á averiguarlo. 
El hecho es que mister Blay, charlando conmigo una 
tarde, se enteró con asombro de que yo fui gran amigo 
de Mercedes, y me dijo así: «Yo lo entierro á usted de 
pie en libras esterlinas — que son monedas de cinco du- 
ros,— si rae pinta un buen retrato de aquella mujer. » 
i Y aquí está el retrato! ¡Y tú la has reconocido apenas 
has vuelto los ojos! Excuso decirte que se me figura 
estar ya tocando las libras esterlinas, Y excuso decirte 
también que las primeras que coja en mis manos irán 
á las de ustedes para que se vuelvan á España y dejen 
de sufrir. 

La alegría del artista se ha ido comuuicaudo á sus oyentes. 

Pastora. ¡Ay, don José de mi corasón! ¡Lo que acaba 
usté de desirnos! ¡Vaya usté corriendo por ese inglés! 

José Luis. Sí que voy á ir, no te creas. 

Mariano. Y risulte lo que risulte. Dios le pague á 
usté su intinción. 

María Pilar. Y permítame usté á mí que le bese la 
mano con que ha hecho esa pintura. 

José Luis. ¡Mujer! 

María Pilar. Tengo en España un hijico que se me 
está muriendo; y si gracias á usté llego á tiempo de 
verlo vivo, pa mí que se me salva, siñor artista; que de 
otros males plores lo. ha sacao su madre. Permítame 
usté que le bese la mano. 

José Luis. ¡Bah! ¡bah! ¡No hay que pensar en cosas 
tristes! ¡Hoy ya es todo de color de rosa! 

Mariano. ¡Sí, siñor; dice usté muy bien! ¡Paice que 
sernos otros! 

María Pilar. ¡Y sernos otros! ¡Y ahora mismo voy :v 
llévales la noticia á los compañeros! 

José Luis. |Y que con usted se vengan aquí! 

Españita. ¡Eso! ¡eso! ¡Que se vengan aquí! 

Pastora. ¡Bendita sea la madre que lo trajo á usté 
ar mundo, don José Luis! ¡Pinta usté mejó que Muriyo 



- 17 — 

y et? usté más güeno que tos los santos que pint() jMu- 
riyd! ¿i 'os no estoy yorando de alegría? 

Españita. ¡Si estoy yorando yo, señora! ¡Viva la Re- 
pública! 

Mariano. ¡A ver si vamos á la cárcel! 

Españita. ¡Ca, hombre! ¡Aquí se pué grita eso á toas 
lloras! Por gritarlo una vez na más en España yevo yo 
en Fransia cuarenta y sinco años. 

Muchas risas. 

José Luis. Españita, el momento lo merect; y lo 
pide: ¡cántanos tu canción española! 

IVIariano. ¿Qué canción es esa? 

Españita. Una que yo he sacao pa consolarme der 
destierro y der matrimonio, y que canto tos los días 
cuando me levanto y cuando me acuesto... y cuando 
peleo con mi mujé. Van ustés á oiría. 

Mariano. ¡Venga, venga! 

Se sientan todos á escuchar á Españita. 

Música 

£spañita, poseído de gran entusiasmo, y con todo el aire gallardo 
y calavera que sus flojas piernas le permiten, da un par de pasees, 
admirado por todos. Luego rompe á cantar. 

Españita. Yo soy españó: 

yo soy de la tierra dichosa 
der vino y der só. 

Para haser en el aire castiyos 

me basta un guitarro; 
para estarme tendido en la cama 

me basta un catarro; 
para vé como pasan las hora.s 

me basta un sigarro; 
para darle mir güertas ar mundo 
me basta una copa de vino y un jarro. 

— 2 



— 18 — 

¡Chitón! ¡Chitón! 
¡Me carga la Costitusion! 

Paladín soy que no caya 
en defensa de su fe; 
soy ministro que no haya 
ni un escoyo en cuanto ve; 
general soy que avasaya, 
y sin tropas ni metraya, 
yo no pierdo una bataya 
en la mesa der café. 



Yo tengo tesoros 

de supertisión; 

un naipe de oros 

es un fortunen. 

Me encantan los moros 

y la Inquisisión, 

y voy á los toros 

y luego ar sermón. 

Dándose golpes de pecho. 

— ¡Santo, santo, santo, 
Señor, yo pequé! 
<Jritanc1o, como si estuviera en los toros. 

- ¡Señor presidente, 
no lo entiende usté! 

- ¡Santo, santo, santo, 
misero mortá! 

- ¡Vayase usté ar toro! 
¡Granuja! ¡morra! 

Yo nunca estoy triste: 
yo soy españó. 



— 19 — 

A todo infortunio mi patria resiste. 

Es la única tierra que ersiste 

que vendo y revende la sombra y er só. 

Yo soy españó: 
yo soy de la tierra dichosa 
der vino y der só. 

<,'esa la música entre aplausos y aclamaciones á Españita. 

María Pilar. ¡Mira qué bonica es! 

Mariano. ¡Bonica de veras! 

Españita. Cuando estoy enfadao con mi mujé y se 
la canto, le sienta peo que unas banderiyas e fuego. 
¡Ja, ja! 

María Pilar. ¡Conque, yo me voy á llegar por los 
otros! 

Españita. ¡Y yo la acompaño, que me gusta mucho 
dá güeñas notisias! 

José Luis. ¡Pues yo estoy aquí con mister Blay antes 
de media hora! 

María Pilar. ¡Pues andando! 

José Luis. ¡Andando! 

Se van anhelantes por la puerta <le la derecha. María Pilar delan- 
te, y Españita y José Luis abrazados detrás entonando la canción de 
Españita. Pastora va con ellos hasta la puerta, y luego, con orgullo 
atisfecho, se dirige á Mariano. 

Pastora. ¿No se lo dije á usté? ¿Hisimos malamente 
en vení aquí? Ahí tiene usté lo que son las cosas: un 
andaluz es er que va á sarvarnos. ¡Un andaluz! Pa que 
usté se entere: ¡un andaluz! ¡Métase usté ahora con los 
andaluses! ¡Eso, eso es un andaluz! 

Mariano. Ya ha dicho él que no lo parecía. 

Pastora. ¿Sí, verdá? Con que no lo parezca y lo sea.,. 
Usté tampoco paese bruto... y pué dá lersiones. 



— 20 — 

Mariano. ¿Ya empezamos'? ¡Que siempre liimos de 
estar riñendo! 

Pastora. No ge meta usté con mi tierra. 

Mariano. Si es usté la que se mete con la mía. 

Pastora. Porque usté la quié compara. 

Mariano. ¿Comparala yo? ¡Dios me libre! ¿Qué com- 
ytaración ha de haber entre un país que no da más que 
embusteros y otro que dice las verdades claras? 

Pastora. ¡De boquiya! Mucha palabra gorda, mucho 
puñetaso en er pecho, mucho maño pa arriba, mucha 
maña pa abajo... y eso es lo que tienen ustés: mucha 
maña... pa engaña á to er mundo. 

Mariano. ¡Usté quié oíme! 

Pastora. Poro conmigo se la lía usté ar deo, compa- 
dre; que ya ha querío usté varias veses entra por uvas... 
y se ha encontrao usté con un perro en la viña. 

Mariano. Siempre le hará usté caso á algún flamen- 
co escucliimizao, de esos que vienen con no.sotros. 

Pastora. A cuarquiera, menos á un liombre que se 
ensiende los fósforos en la cabesa. 

Mariano. Dándose en ella un puñelazo. ¡Es que hav qUO 

ver bien la caecica! 

Pastora. Der país. Tienen ustedes que usa pañuelo 
en vez de sombrero, porque los sombreros se lastiman... 

Mariano. Gracia me hace usté á veces: la verdá sea 
dicha. 

Pastora. ¡Pos es raro; porque nasi no me acuerdo 
dónde!... 

Mariano. ¡Anda con Dios! No se le pué echar á usté 
un piropo: en siguida se engríe. ¡Cristo, qué humos con 
la gracia! ¡Estoy ya de la tierra e la gracia hasta los 
mismos pelos! Y dispués de to, si va usté á míralo, por 
cada andaluz que sale gracioso, já cuánto pelmazo hay 
que aguantar! ¡Por aquello de que son de la tierra e la 
gracia! 

Pastora. No, no, si eso es sabio: pa grasia, los arago- 



— 21 — 

neses. imitáudoio con exageración. «¡Chiquio! ¿Cómo has 
podio comerte un cabrito tú solo? ¡Ahi tiés tú: entró á 
juerza e pan!» Vaya grasia... y va3'a finura. 

Mariano. ¡De la finura no se ha hablao! ¡Usté quié 
oime! 

Pastora. Ni de la finura ni de na debía hablarse. 
Yo no sé pa qué discuto con usté. ¿Dónde se va á pone 
tierra con tierra? Er día que va3-a usté á Seviya, y oiga 
usté repica las veintisinco campanas de la Girarda... 

Mariano. ¡Joroba con las veinticinco campanas, si- 
ñora! ¡La Campana de Huesca no es más que una, y es 
más soná que toas las veinticinco de usté! ¡Y no se la 
refriego á usté tanto por los hocicos! 

Pastora. Che, che, che; que yo no tengo hosicos; 
que me confunde usté con la burra, como en toas las 
•coplas de amores que canta usté. 

Mariano. ¿También se va usté á meter con las coplas? 

Pastora. Volvleudo á imitarlo. 

La burrica de mi suegra 
y el burrico de mi suegro, 
tuvieron una burrica 
y yo les hice el cuarteto. 
Eso es una fió y lo demá es un cardo. 
Mariano. ¡Usté quié oíme! 

Pastora. Siempre cambian ustés á la novia por la 
burrica. Por argo será. 

Mariano. ¡Repaño, esas son gromas! ¡Y cuando uno 
está de groma... dice lo que siente! ¡Dispués de to, pre- 
feribles son esas salidas á los yorigoris del cante jondo 
que usan ustés por Andalucía! 
Pastora. ¿Cómo gorigoris? 

Mariano. Remedando los ademanes de los cantadores de fla- 
menco. Que entré en el cimenterio y pisé un güeso; que 
mi madrecita se me muere; que á mi padrecito le dan 
garrote; que si el presidio, que si el hespital... ¿Eso es 
■estar de jota ó es estar de iideum? 



— 22 — 

Pastora. Lo que hay en mi tierra son unos cantares^ 
(le cariño que ni soñando los ha escuchao usté nunca. 
Mariano. ¡Pues anda que en la mía! 
Pastora Lo primero que farta en la de usté es quien. 
sejia (jueré de ley. 

Mariano. ¡También es inorancia! Siñora, vaya usté 
á Teruel, y vea usté las momias de los amantes. ¡Toa- 
vía se están mirando! 

Pastora. En Andalusía nos aprovechamos antes de- 
yegá á momias. Oiga usté esta coplita: 

Dies años después de nmerta 
y á la vera de mi hoyo, 
has de encontrar unas ñores 
con er coló de tus ojos. 
Mariano. ¡Está bien! ¡Pero no salimos del cimente- 
rio y de sus alredores! 

Pastora. Pos oiga usté esta de otro estilo. 
He visto una marvaloca 
en un campito andaluz, 
tan gayarda y tan bonita 
que me paresiste U'i. 
Mariano. ¿Eso es á mí? 

Pastora. ¡No, hombre! ¡No sea usté anima! Eso es de 
un enamorao á su novia: en luga de desirle que no va 
á verla porque está en er pesebre trabao, que es lo que 
usté diría. 

Mariano. ¿Ah, sí? Ya que me pica usté el amor pro-^ 
pió, a ver si entre tos sus cantares saca usté uno de su 
tierra como este que canto yo de la mía. 
Pastora. Vamos á verlo. 

Música 

Mariano. Apoyando un pie en un banquillo y simulando que 
toca la guitarra. 

En Aragón hi nació 
porque así lo quiso Dios: 



— 23 — 

si me consultan mi gusto 
también nazco en Aragón. 

Pastora. Esa es mu bonita, 

varga la verdá; 
pero oiga usté una 
que le va á gana. 



Aquer pueblesito blanco 
(¡ue está entre los olivares, 
vale más que er mundo entero 
porque ayí tengo á mi madre. 



Mariano- A eso de la madre 

le hi de contestar; 
que la madre es cosa 
para tos igual. 



Viejecica, viejecica, 
á tu Virgen que es tan suena, 
dile tú que me perdone 
que te quiera más que á ella. 

Pastora. De Virgen sé yo una 

que es un portento. 
No hay en otra ninguna 
más sentimiento. 



Los ojos con que lo miro 
te ofrezco yo, Virgen mía, 
porque no miren á otra 
los ojos conque ér me mira. 



— 24 — 
Mariano. ¡Pues allá va esta de carino! 

Es tanto lo que la quiero, 
que cuando la])ro la tierra, 
mi arado escribe en el surco 
su nombre letra por letra. 

Pastora. ¡Pos aya va esta otra! 

Lo yevo tan en el arma, 
que cuando yoran mis ojos, 
en cada lágrima mía 
va una imagen <lerque adoro. 

Mariano. De cariño una rosa 

planté en mi pecho, 
y los celos me espinan: 
¡malditos celos! 

Pastora. Kr cariño es un niño 

que yora y ríe: 
er cariño sin yanto 
no echa raíses. 



Mariano. Vo bendigo á todas horas 
la tierra donde nací... 

Pastora. interrumpiéndole. 

¡Eso es de mi tierra! 
Mariano. ¡No, que es de la mía! 

Pastora. ¡Siempre se ha cantao 

por Andalusía! 
Mariano. ¡Pues en Zaragoza 

ya lo escucharía! 
Pastora. ¡Eso es de mi tierra! 

Mariano. ¡No, que es de la mía! 



— 25 — 

Yo bendigo á todas horas... 

Pastora. Yo bendigo á todas horas.., 

Mariano. La tierra donde nací... 

Pastora. La tierra donde nasí... 

Mariano. Porque por algo mi madre., 

Pastora. Porque por argo mi madre. 

Mariano. Hizo que naciera alH... 

Pastora. Hiso que nasiera ayi. 



Mariano 



¡Siempre se ha cantao 
por Andalusía! 
¡Pues en Zaragoza 
va lo escucharla! 



Cesa la música. 



¡Bien ha estao de copUcas! 

Pastora. ¡Bien ha estao! 

Mariano. Pero no himos dicho ninguna contra la-s 
suegras. 

Pastora Como ni usté ni yo nos hemos casao, toavia 
no ha}' motivo. 

Mariano. 
muy sabida: 



Miste esta que me ricuerdo ahora y que es 



Aquel que quiera mandar 
mmiorias á los infiernos, 
la ocasión la jñntan calva: 
mi suegra se está muriendo. 
Pastora. Pos atienda usté á esta, que oí yo en un 
bautiso en Seviyp: 

Guando se muera mi suegra 
que la entierren boca abajo, 
por si escarba pa salirse 
que se vaya más pa abajo. 
Mariano. ¡Cristo qué ideíca! 



— 26 — 

PSStora. Mirando por una de las veutanus. ¡Ahí está nues- 
tra gente! Tendrá que oí la seña Manuela. Encaminase 

bacía la puerto. 

Mariano. Escuehe usté, Pastora. 

Pastora. Deteniéndose. ¿Qué hay, Mariano? 

Mariano. Que lo pior de to será que le toque á usté 
una suegra de mi tierra. 

Pastora. Lo pior será que me toque un marido, 
¡(i üerva usté por otra! vase, 

Mariano. Se mi está metiendo en el seso esta mujer. 
Y mientras más riñimos, más me gusta. ¡Y riñimos tos 
los días veinticuatro veces! Pero ¡anda! que hasta que 
no me diga que Aragón vale más que su tierra, no li he 
de decir yo lo que estoy pasando. 

Capitaneados por ESPAÑITA, PASTORA y MARÍA PILAR, llegan 
auimosos y alegres la SEÑA MANUELA, CONCHITA, xMEDlNA, 
ANSÚREZ y GREGORIO, andaluces todos menos este último. La será 
Manuela, madre de Conchita, es una vieja agitanada; Conchita, es 
bailadora; Ansúrez, cantador, y Medina, tocador. Lleva consigo una 
guitarra enfundada. Es l:omV)re entrndo eu años y habla siempre en- 
tre lágrimas y sollozos. Gregorio es un mozo b.iilador aragonés. 

Españita. Por aquí; vengan por aquí. Llevándolos ante 
el cuadro de José Luis. Este cs cr rctratito que va á hasé er 
milagro. 

Todos lo contemplan con admiración. Algunos materialmente em" 
bobados. Pausa, 

Conchita. ¡Ay, qué cosa más presiosa! 

Seña Manuela. ¡Ay, qué manos de hombre! 

Ansúrez. ¡Vaya asúcar cande! No le farta más que 
er parpagueo. 

Medina. Yo no pueo vé estas cosas sin echarme á 
3'orá. ¡Seviya e mi arma! 

Seña Manuela. Er mantón está hablando. 

Pastora. f-;La conoseis? 

Ansúrez. ¡Pos ya lo creo! 

Conchita. ¿No la tenemos de conosé? 



— 27 — 
Gregorio. Que no ha pestañtíado hasta ahora. ¿Es la RipÚ- 

blica? 

Todos se ríen. 

Espafiita. ¡Ja, ja! La República, dise. 

Mariano. ¡Qué bruto eres, Grigorio! 

Gregorio. ¡Del roce con tú! 

Ansúrez. ¡Es Merseditas la Caramela! 

Medina. ¡Si es verla en persona! 

Conchita. ¡Como que paese que nos va á habla! 

Seña Manuela. Ganas me dan de preguntarle qué 
ha hecho de unos pendientes que le presté. 

María Pilar. ¡Güen respiro ha tenido la seña Ma- 
nuela! 

Seña Manuela. Respiro cuando nos veamos en er 
ferrocarrí. ¡Ay! 

Pastora. No me hable usté de eso, que me paese- 
mentira 

María Pilar. Y á mí también. Lo veo y no lo creo. 

Ansúrez. Yo, ¡mardito sea er mundo! como faye la 
combinasión me tiro ar Sena. 

Seña Manuela. ^;A qué sena? ¿Quién habla de senas 
ahora, si toavía está en el aire el armuerso? 

Españita. ¡Ja, ja! 

Gregorio. ¡Lo pior será que nos den billete de ida y 
güelta! ¿Qué hacemos 3ntonces? 

Mariano. ¡Amontarnos en tú, paque nos lleves uno 
á uno! 

Medina. Compañeros, yo estoy entregao. Me acuerdo 
e mi casa, me acuerdo e mi gente, y como ya soy 
viejo... 

Seña Manuela. ¡Puñales! ¡no nos meta usté er cora- 
sen en un puño! 

Vuelve JOSÉ LUIS en esto. Los recién llegados se deshacen en. 
cumplimientos y bendiciones. 

José Luis. ¡Paisanos, salud! 

Españita. ¡Este cabayero es er padrino! 



— 28 - 

Seña Manuela. ¡Ay, señó padrino! ¡Bendita sea la 
iiiiulrc ([Ue lo parió á usté! 

Ansúrez. ¡Dios le premie á usté lo que va á hasé con 
•estos pobres desterraos! 

José Luis. Vaya, vaya.. 

Medina. ¡Crea er señorito que es una ohra i; ca- 
ri, lá I 

Conchita. ¡xVrgún día se la pagaremos, ca uno como 
puea! 

José Luis. No se hable de e.so, por amor de Dios. 

Seña Manuela. ¡Esta hija mosita tengo: si la quié 
usté, se pué casa con eya esta tarde! 

Conchita. ¡Y lo mismo le digo yo á usté de mi 
■mamá! 

Medina. ¡Yo no tengo más que esta guitarra, hereda 
de mi padre, y es de usté! 

Ansúrez. ¡Yo no tengo más que un corasón pa agra- 
-deserle su servisio! 

María Pilar. ¡Grigorio, di tú algo! 

Gregorio. ¡Si no me dejan estos, que hablan tos á la 
vez! 

José Luis. Bueno, bueno, basta de gratitudes ya... 
No me emocionen más de lo que estoy. El extranjero 
■que va á pagar el cuadro se ha detenido á la puerta del 
estudio con un amigo... Apártense ustedes á un lado 
para no llamarle la atención cuando entre. 

Obedecen todos con gran solicitiid. 

Españita. Yo me voy ahí junto, al estudio der señó 
i )urand; que es mi hora. Si nesesita usté argo, ya sabe 
<l<')nde estoy. 

José Luis. Gracias, Españita. 

Españita. Paisanos, hasta luego. 

Pastora. ¡Hasta luego! 

María Pilar. Vaya usté con Dios. 

Mariano. Que le veamos, ¿eh? » 

Medina. ¡Que le demos á usté un abraso! 



— 29 — 

Se va Españita por ¡a puerta de la derecha. A poco se lo ve cru- 
zar hacia la izquierda por el jardín. 

José Luis. Moviendo un poco el caballete que sostiene el cua- 
dro. Así parece que le da mejor luz. ¿Verdad, Pastora'? 

Pastora. Xo tenga usté cuidao ninguno, que le va á, 
encanta, Conchita y Ansúrez y Medina y tos se han 
quedao con la boca abierta. 

Ansúrez. Verdá que sí: es un cuadro presioso. 

Medina. A mí se me sartan las lágrimas na más e 
lo miro. 

Gregorio. ¡Y aguarde usté que le pongan el marco! 

José Luis. Mister Blay viene ilusionadísimo, soñan- 
do con la primera impresión. .Al fin y al cabo es ui> 
enamorado. Aquí llega. Adelantándose á recibirlo. Pase el 
ilustre mister Blay á honrar una vez más mi modesto 
estudio. 

El grupo de los españoles está al lado opuesto del cuadro. Pastora, 
delante de todos ellos, en primer término. Llega MISTER BLAY. Sis- 
figura es noble y simpática; su rostro encendido. Es hombre de me- 
diana edad, y no es rubio ni tiene patillas. Usa monoclo. Viste ele- 
gantemente de americana. Habla con calma inalterable y con leve 
acento extranjero. 

Mister Blay. Buenos días. 

Todos contestan á su saludo con la misma frase, aunque no á la 
vez, naturalmente. 

José Luis. Mister Blay, he acjuí mi humilde obra,-. 
esperando su aprobación. 

IVIister Blay. Vamos á verla En este momento, cuando se 
cala el monoclo ¡tara mirar el cuadro, tropiezan sus ojos con la figu- 
ra de Pastora, que le subyuga y que le atrae. No puede contener nna 
ligera exclamación de asombro: ¡Ah! Permanece un rato admiran- 
dola. La inquietud del pintor aumenta por segundos. No sabe qué 
hacer para llamarle la atención hacia el lienzo. 

José Luis. ¡Ejem!... Mister Blay... 
Mister Blay. Absorto. Peregrina hermosura... Tipo de 
espaüola perfecto... 



— 30 — 
José Luis. Mistcr lilay... 

Pastora se retira un tanto, esquivando la pertinaz mirado del ex- 
tranjero. Este la sigue con los ojcs. 

Misten Blay. Tiene aquella noble bizarría de las an- 
daluzas. J.o que los españoles llaman garbo. 

José Luis. Cada vez más desconcertado. ¡Ejem! ¡ejem!. 

Mister Blay... mister Blay... 

Misten Blay. ¿Qué pasa? 

José Luis. El cuadro... 

Mister Blay. Ah, el cuadro. Es verdad, que he veni- 
do á verlo. Aparta su vista de Pastora y se encara fríamente con 
cl lienzo. Está un minuto contemplándolo. Nadie respiía. .losé Luis 
tiembla. Al cabo, volviéndole la espalda, dice: No me gUSta. Y se 
encamina hacia Pastora. 

José Luis. ¿Eh? 

Misten Blay. Que no me gusta. 

Consternación general. Ninguno puede reprimir una exclamación, 
y casi simultáneamente salen todas ellas de sus labios. 

Manía Pilan. ¿Que no le gustaV 
Conchita. ¿Que no le gusta? 
Seña Manuela. ¡No le gusta! 
Medina. ¡No le gusta! 
Ansúnez. ¡La jisimos! ¡No le gusta! 
Gregonio ¿No le gusta? 

Misten Blay. volviéndose hacia ellos, algo sorprendido. No, 

señores , no; no me gusta. 

Maniano. (¡Como que ya estoy viendo yo lo que le 
gusta!) 

Misten Blay. a Pastora. ¿Es usted española, .señorita? 

Pastona. Si, señó: soy de Málaga. 

Misten Blay. ¡Oh, de Málaga! Honra usted á su 
tierra. 

Pastona. Grasias: es favo. 

Misten Blay. Yo no hago favores. 

Gnegonio. ¡Ya lo estamos viendo! 

Misten Blay. ¿Eh? 



— al- 
iviaría Pilar. ¡Calla, borrico! 
José Luis. De modo... mister Blay .. querido mister 

Hlay... 
Mister Blay. ¿Qué es eso? ¿Qué le sucede á usted, 

que está tan triste, teniendo aquí tan buena compañíaV 
José Luis. Como me ha dicho usted c[ue no le gusta 

«1 cuadro... 

Mister Blay. ¡El cuadro! ¡el cuadro!... No tome nada 

tan á pechos... Abrazándolo cariñosamente. La Culpa de lo 

sucedido es de usted... La belleza real es siempre supe- 
rior á la pintada; aunque se llamara usted Velázquez. 
El cuadro de usted puede que me guste, que me entu- 
siasme, mañana ó pasado: hoy es imposible, vuelve junto 
ú Pastora. ¿Couquc malagueña, verdad? 

José Luis. (¡Vaya! ¡Por ahora lleva las de perder el 
cuadrito!) 

Pastora. Sí, señó; malagueña. Recriá en Seviya, 

Mister Blay. ¿Y" su papá de usted? 

Pastora. Mi papá era de Córdoba. 

Mister Blay. ¿Y su mamá? 

Pastora. Mi mamá de Cadi. 

Seña Manuela (¿Le va á hasé er padrón?) 

Mister Blay. Sangre de toda Andalucía corre por 
sus venas de usted. 

Pastora. Así párese. 

Mister Blay. ¿Y qué hace usted aquí? 

Seña Manuela. ¡Esperando er santo arvenimiento! 

Mister Blay. ¿Quién es esa señora que habla? 

Conchita. Mi mamá. 

Mister Blay. ¿Y usted quién es? 

Conchita. Yo soy la hija de esa señora. 

Mister Blay. Eso tiene gracia. 

En vista de esta favorable opinión, se ríen todos para halagar á 
Mister B!ay. 

AnSÚreZ. Animándose, seguro de su ingenio. MosiÚ, ya que 

no__ha visto usté bien el otro cuadro, miste er cuadro 



— 32 - 

este, de unos cuantos artistas de tablao (jue están aquí 
pasando las moras. 

Nlister Blay. Eso no tiene gracia. 

María Pilar. Güen hombre, con licencia de usté, le 
diré yo que semos unos infilices desterraos de España, 
que suspiramos por golver á ella. El que más y el que 
menos tiene allí de quien acordarse, y siente unos tiro- 
nes en el corazón que le hacen mucho daño. 

Mariano. ^,A qué le cuentas al siñor lo que no le 
importa? 

Misten Blay. ¿Quién le ha dicho á usted que no me 
importaV 

Pastora. A. mi se me ocurre, que en luga de yoraríe 
plagas á este cabayero, lo que debemos es bailarle y 
cantarle una mijita, pa que apresie nuestro trabajo. ¿No 
opina usté, don José Luis? 

La iniciativa de Pastora aiiiiDa y rei?ocija á todos. 

José Luis. ¡Claro! Mister Blay gusta mucho de todas 
las cosas de España. 

Mister Blay. Sobre todo, de lo que lleva aroma po- 
pular. Acepto esa fiesta, señorita. Ya presumía yo que 
usted diría lo mejor de cuanto se hablase. ¿Usted 
canta? 

Pastora. Maliy amenté, pero canto. 

Maria Pilar. Yo también canto: cot.as de mi tierra. 

Ansúrez. Y yo. 

Medina. Y yo toco. 

Conchita. Y yo bailo. 

Gregorio. Y yo bailaba jotas, pero se mi ha fugao 
la pareja con el impresario. ¡Ajolá discarrilen! 

Mister Blay. a Mamno. ¿Y usted? 

Mariano. Yo hago lo que se tercie. 

Mister Blay. a la seña Manuela. ¿Y usted, señora? 

Seña Manuela. Yo no hago mas que tené cuidao 
con mi niña; que no es poco trabajo. 

Mister Blay. Eso tiene gracia, vuelven á reírse todo?. 



— 33 - 

como antes. Dígame algún chiste de su país. Algún golpe, 
como ustedes les llaman. 

Seña Manuela. ¿No se va usté á enfada? 

Mistar Blay. No, señora; aunque se meta u.sted con- 
migo. 

Seña Manuela. Pos entonses le vi á desi una cosa: 
([Ue se quite usté ese crista que yeva en el ojo, porque 
paese que va usté asomao á un camarote. 

Fíe de bueua gana el extranjero y todos lo acompañan. 

Mister Blay. ¡Muy bien; muy justa observaciónl 
Diga usted todo cuanto se le ocurra. 
Conchita. (Este no sabe lo que píe.) 
Mister Blay. Y vamos á ver esa fiestecita. 
Pastora. \^amos aya, vamos aya, 

Gran animación y alegría. En un decir Jesús, quedan todos colo- 
cados convenientemente, sin duda por la fuerza de la costumbre. 
Ansúrez y Medina se sientan en dos sillas que colocan sobre la ta 
rima, y los demás se agrupan eii torno de ellos, unos de pie y otros 
sentados en la propia tarima. Mister Blay no le quita ojo á i'astora. 
ni Mariano á Mister Blay. Durante todn la fiesta Mariano permanece 
callado. 

Música 

Seña Manuela. Ande usté, Paco: tóquele usté argo á 
mi Conchiya, pa que eya baile. 

Ansúrez. Deje usté, seña Manuela. Haré yo boca 
con unas soleares. ¡La copita e casaya! 

Medina. Eso está más propio. A vé si sacas lo me- 
jorsito der baú. 

Principia á tocar con verdadero lujo de dedos, 
Ansúrez. cantando al son de la guitarra. 

Un dolorsito que tengo 
no lo curan melesinas; 
lo curan tus ojos negros. 



— 34 - 
Los compañeros lo jalean. 

Mister Blay. Xo me gusta. 
Ansúrez. ¿No le gusta? 

Pastora. Es que ha cantao con un poquiyo e mieo. 
Seña Manuela. Baila tú, Conchiya, baila tú. 
Ansúrez. Aguarde usté, agüela. ¡Cambiaremos hi 
bebía! a Medina. Pásate ar moyate. 
Medina. ¿Un tanguiyo? 
Ansúrez. Un tanguiyo. 
Conchita. ¡Vamos á verlo! 

Ansúrez. volviendo á cantar. 

La estreyitas que hay en er sielo 
me dan consuelo de cuando en cuando, 
y las estreyas que hay en tu cara 
me tienen siempre desconsolao. 

Mándame un besibitibito 

de la tu boquibitil)ita, 

que estoy enfermibitibito 

de calenturibitibita. 

Los compañeros se entusiasman á ver fi contagian á Mister Blay. 

Mister Blay. No me gusta. 

Ansúrez. como quien se traga una pildora sin agua. ¿Tauí- 

pocoV 

Seña Manuela. ¡Que baile mi Conchiya, ó .-^e va á 
cansa este señó! 

José Luis. Sí, sí; que baile, que baile. 

Pastora. Anda, Conchiya, baila cuarquier cosa. 

Conchita. Volandito. Toque usté Las Pamplinas. 

La seña Manuela coge el manlóu de Manila que hay en el mani- 
quí y se lo ooloc.i á su hija. 

Ansúrez. a Medina, mientras Conchila se prepara. (Estaba 

por desirle ar tío ese que se pusiera er crista en la oreja. 
Medina, a Ansúrez, Cármatc, por tu salú, que nos va 
er viaje.) Conchiya, Las Pamplinas. ¡Vamos aya! 



- 35 - 
'Conchita. ¡Vamos aya! 

AnSÚreZ. olvidando todo resentimiento. ¿HagO parmitas? 

Mister Blay. Mejor será que no liaga usted nada. 

Ansúrez. Güeno está. (¡La ha tomao conmigo el in- 
glés!) 

Seña Manuela. Verá usté, verá usté mi niña. Y eso 
■que con este traje no luse. 

Baila Conchita 'Las Pamplinas», jaleada por todos, pero ptiuci- 
pálmente por Pastora, por la seña Manuela y aun por el propio An- 
súreí, á quien la situación y el temperamento le impiden callar. 

Mister Blay AsI que termina Conchita. Esto ha estado 

mejor. 

Conchita. Muchas grasias. 

Seña Manuela. Lo ha bailao demasiao desente. 
¡Como no trae las medias güeñas! 

María Pilar. Vaya, Grigorio, coge tú la guitarra aho- 
ra, y cantaré yo alguna cósica de nuestra tierra. 

Gregorio. ¡Ni visto ni oído! lo hace. 

Los demás secundan la iniciativa con todo calor en vista de que 
■el extranjero parece ablandarse. 

María Pilar. El Baturrico; ¿sabes, maño? . 
Gregorio. Ya estoy. 

María Pilar. cantando. 

Oiga usté lo que le dijo 
una baturra al llevar 
á preséntale su hijo 
á la Virgen del Pilar. 

Como si tuviera un niño en brazos y \i hablara á la Virgen. 

Ampara á este retoño 

que mi ha nacido 
de unas conversaciones 

con mi marido. 
Quiero que saque el genio 

como su madre. 



— 36 — 

y la cabeza dura 

como su padre. 
Quiero que cuando sienta 

la sangre moza 
se lo rifen las chicas 

de Zaragoza. 
Quiero qvie nunca pase 

la pena negra: 
quiero que si se casa 

no tenga suegra. 
Quiero que sea alegre 

para el trabajo, 
y español y baturro 

de arriba abujo. 

Esto fué lo que le dijo 
una l^aturra al llevar 
á preséntale su hijo 
á la Virgen del Pilar. 

Gran entusiasmo. 

Mister Blay. Es muy bonita la canción. 

María Pilar. Hi hecho lo que sé. 

Pastora. ¿Le ha gustao á usté de veras? 

MiSter Blay. Yo no miento nunca si no hace falta; 
y aquí no hace falta Lo que deseo es que cante usted. 

José Luis. Anímate, Pastora; anímate. 

Pastora. ¡Pos ya lo creo! Nunca me hago yo de rogá. 
Coge la guitarra, Medina. 

Gregorio. Vaya. 

Medina. Venga. 

Seña Manuela. (El inglés con Pastora tiene los ojos 
encandilaos: er der crista y el otro.) 

Medina. ¿Qué toco? 

Pastora. Acompáñame er Te quiero y me quiere^i. 

Medina. ;01e! ¡La alegría e la casal 



-- 37 — 
Pastora Ctinlaudo 

Te quiero 
cuando por mi caye arriba 
vienes vendiendo salero. 

Me quieres 
cuando me asomo á mi puerta 
de veintisinco arfileres. 

Te quiero 
porque teniéndote ar lao 
me orvío der mundo entero. 

Me quieres 
porque en estando á mi vera 
se acabaron las mujeres. 

Te quiero 
porque mirando me hieres: 

me quieres 
porque mirando te hiero. 

Por lo grasioso que eres, 
por mi charla salamero, 
porque entre sien me prefieres, 
. porque entre mil te prefiero; 

¡ay, compañero 

de mis quereres! 
por eso tanto me quieres; 
por eso tanto te quiero. 

Se repiten las muestras de entusiasmo y cesa la música. 

Mlster Blay. ¡Bravo! ¡bravo! También es muy linda 
canción. 

Pastora. Yo me alegro de haber asertao. 

MJSter Blay. Levantándose y llamando aparte al pintor. José 

Luis. 
José Luis. Mister Blav. 



— 38 — 

Misten Blay. ¿Es usted mi amigo? 
José Luis ¿Y usted lo duda? 

Mister Blay. Pues bien: venga la prueba. Necesito- 
lialilar ahora mismo, y á solas, con esta mujer. 
José Luis. Es lo más sencillo del mundo. 
IVIister Blay. Perfectamente. 

Se dedica á ver las pocas curiosidades del estudio. Los demás lo 
observan todo con extrañeza, sin explicarse bien lo que ocurre. 

José Luis. (¡Qué hombre más raro! Me parece que- 
se ha salvado esta pobre gente.) a Ansárez, con resolución.. 
Amigo, ¿me hace usted el favor? 

Ansurez. ¿Habla usté cormigo? 

José Luis. Sí, señor: y con su compañero. Tengan la 
bondad. Éntrase por la puerta de la izquierda, seguido de Ansu- 
rez y de Medina. 

Pastora, a Matia piíar. (¿Qué pasará, tú? 
María Pilar, a Pastera. No sé, chica.) 

AnSÚreZ. Asomándose a la puerta. Gregorio. 

Gregorio. Mande usté. 

Ansúrez. Venga usté también. 

Gregorio. Allá voy. ¡Ridiez, qué misterio! Éntrase ea; 

la haliitacióu tras Ansúrez. 

Conchita, a la seña Manuela. (¿Has visto, mamá? 

Seña Manuela, a Conchita. Viendo estoy. 

Conchita. Pa mí que el inglés se ha chiflao por Pas- 
tora. 

Seña Manuela. Pos como eya no se ponga román- 
tica, me veo en er tren.) 

Gregorio. Asomándose como Ansúrez. Seña Manuela. Con- 
chita. Entren u.stés aquí, que tinemos una disputa. 

Conchita. (Digo, ¿eh? 

Seña Manuela. Mariano está como las sopas de las 
estasioncs: que echa humo.) 

Siguen á Gregorio las dos. 

Mariano. (¡Güeno, hombre, güeno! ¡Se conoce que 
ahí dentro dan algo!) 



— 39 — 

S6ñá M&nU6la. Asomándose también, como los anteriores. 

Mariano. María Pila. Don José Luis los y ama á us- 
tedes. 

Mariano. ¿Nos llama don José Luis? 

María Pilar. Vamos, tú. 

Mariano. (Está visto: quié hablar con ella el extran- 
jero. Allá veremos lo que sale de aquí.) Éntrase en la ha- 

l'itaeión. 

Mana Pilar. Deteniéndose un punto con Pastora, autes de 

seguirlo. (Escucha, Pastora. 

Pastora. ¿Qué quieres? 

María Pilar. Ese hombre se ha prendao de tú. 

Pastora ¡Vamos! 

María Pilar. Ya lo verás. En tu mano está nuestra 
suerte: ya lo verás. Na te digo, sino que te acuerdes del 
hijo e mi alma. Mia que tengo en la caeza que si lo 
veo lo salvo.) 

Mariano. Dentro. ¡María Pilar! 

María Pilar. ¡Allá voy! Éutrase con todos. 

Mister Blay. Después de una pausa, La han dejado á 
usted sola conmigo. 

Pastora. Ahora me yaraarán á mí. 

Mister Blay. ¿Y usted irá? 

Pastora. Según. Si es pa arguna urgensia... Porque 
carcule usté que hay fuego en ese cuarto... 

Mister Blay. El fuego no está en ese cuarto. Pastora 
se ríe. ¿De qué se ríe usted? 

Pastora. De una cosa que me ha hecho grasia. 

Mister Blay. Le suplico á usted que no se pitonee 
conmigo. Me haría mucho daño. 

Pastora. Descuide usté, que no me pitoneo. Esté usté 
seguro. 

Mister Blay. Escamado. ¿No es pitoneo como ustedes 
dicen? 

Pastora. No, señó; desimos pitoryeo. Pitoneo me 
suena más bien á otra cosa. 



-^ 40 — 

Mister Blay Lamento la equivocación. ¿Quiere us- 
ted decirme de lo que se reía? ¿Era de mi lente quizás, 
como la vieja? 

Pastora. Vamos á que fuera der lente, sc sienta. 

Mister Blay. Las andaluzas y los andaluces son 
muy salados. 

Pastora. Menos er que sale jyatoso. 

Mister Blay. ¿Patoso... patoso?... ¿Qué es patoso? ¿Pa- 
toso, por ejemplo, es ese flamenco aburrido que cant(') 
imtes? 

Pastora. No me gusta habla malamente de mis com- 
liañeros, pero sí, señó: ese flamenco es un patoso. Tiene 
pato. 

Mister Blay. ¿Se dice tiene pato ó tiene pata? 

Pastora. Las dos cosas Y lo que es ese, tiene pato y 
pata y han hecho cría. 

Mister Blay. ¡Ja, ja, ja! Con permiso de usted voy á 
sentarme al lado suyo. 

Pastora. ¿Por qué no? 

Mister Blay. Gracias. Sc sientn, y In mira atentamente en 
silencio, acorcáudose mucho á ella. 

Pastora. ¿Es usté moípe? 

Mister Blay. ¿Moípe? 

Pastora. Corto e vista; segato. 

Mister Blay. Ah, vamos; miope. 

Pastora. Eso. ¡Como me miraba usté tan serca!... 

Mister Blay. Mucho más cerca quisiera 3^0 mirarla 
todavía. 

Pastora. ¿Pa qué? 

Mister Blay. conteniendo un suspiro. Permita usted que 
me reserve la contestación. Pausa. Señorita: ¿qué cree 
usted que es lo más triste que hay en este mundo? 

Pastora. ¿Lo más triste? suspirando. ¡Ay! ¡Verse lejos 
<lc la tierra de una! 

Mister Blay. Hay algo más triste. Un caballero ena- 
morado y no correspondido. 



-- 4J - 

Pastora. Eso es otra cosa. Ya me ha contao don 
José Luis que anda usté chalaíto por la der cuadro. 

Mister Blay. Anduve. Pero, como Romeo, he cono- 
cido á JuHeta y he olvidado el otro amor. 

Pastora. ¿Quién es Julieta? 

Mister Blay. Julieta es usted. 

Pastora. Yo me yamo Pastora. 

Mister Blay. Pues bien: yo estoy enamorado de Pas- 
tora. 

Pastora. ¿Usté? 

Mister Blay Yo. 

Pastora. ¡Ave María Purísima! Pausa. Mister Blay espera 
cou cierta ansiedad. MlSte... 

Mister Blay. Guillermo es mi nombre. 

Pastora. Si no lo yamo á usté 

Mister Blay. Como dijo usted mister... 

Pastora. No, señó, no; dije miste. En mi tierra de- 
simos: miste esto, miste lo otro... Y yo iba á desí: ¡misto 
que me suseden á mí unas cosas! 

Mister Blay. ¿Se refiere usted á mi enamoramiento? 
¿Hay nada más natural, atendiendo á todas las cir- 
cunstancias? Yo no tengo patria: yo soy de todo el 
mundo. Pero mi amor por España es grande. Mi cora- 
Z('»n está siempre pronto á sentir cuanto le hable de Es- 
paña. Yo siempre he dicho, que si España es una mu- 
jer hermosa, sus ojos son Andalucía. Usted, para mí, 
es toda Andalucía. Ahora me parece que España entera 
me mira con sus ojos. 

Pastora. ¡Qué salidas tiene usté, mister Blny! i Y qué 
cosas tan bonitas inventa! 

Mister Blay. Hablo con absoluta sinceridad. Prefe- 
riría que se me hubiera ocurrido lo áoípato y \?ípata. 

Pastora. Vamos, ¿quié usté cayarse? 

Mister Blay. Si usted ha de hablar me callaré con 
mucho gusto. ¿Qué me responde á mi declaración? 

Pastora. Mister Bla}', ¿qué quié usté que yo le res- 



— 42 - 

ponda? EbO es nna locura de usté. Mentira párese que 
ponga los ojos en mí, cansao como estará de vé mujeres 
l)onitas en toas partes der mundo. 

Mister Blay. Por lo mismo. 

Pastora. Piénselo usté un poco y se convenserá de 
que eso no es más que un arrechucho de usté, 

Mister Blay. Yo no pienso nunca las cosas» del amor^ 
las siento solamente. Levántase. Veo que no le inspiro á 
usted ninguna simpatía. 

Pastora. ¿Qué tiene que vé?... Póngase usté en m^ 
caso, don Guiyermo. se levanta también. Yo soy una pobre 
mujé que suspira por verse en España. Suspiro yo, y 
suspiran tos los que están ahí dentro. Ya se lo refirií) á 
usté María Pila. El empresario que nos trajo á Parí nos^ 
ha abandonao, y nos vemos aquí sin amparo de nadie. 
Esa pobre mujé tiene en su tierra un chiquiyo enfer- 
mo... y está que no vive. 

Mister Blay. Basta. Yo les daré lo necesario para 
la vuelta 

Pastora. Resistiéndose á creerlo de pura alegría. ¿De verdá?" 

Mister Blay. Le repito á usted que nunca miento, á 
no ser preciso. 

Pastora. ¡Se van á gorvé locos cuando se enteren! 
¡Lo van ;i harta á usté de Dendisiones! 

Mister Blay. Pues esta misma tarde podrán partir^ 

Pastora. ¿Todos? 

Mister Blay. Todos, con una sola excepción. 

Pastora. Temerosa. ¿Cuál? 

Mister Blay. ¿No la adivina? 

Pastora, comprendiendo. ¿La mía, quisas? ¿He de que- 
darme yo en Parí? 

Mister Blay. ¿A qué menos puede aspirar un enamo- 
rado que al placer de verla á usted y de tratarla algúi-^ 
tiempo? 

Pastora, con angustia. Mister Blay... 

Mister Blay. No signiñca esto que usted haya de 



— 43 ~ 

quererme por fuerza: esto no es más que un poco de- 
egoísmo de mi parte. El amor es absolutamente egoísta. 
¿Qué tiene usted? 

Pastora. serenándose. Nada. 

Mister Blay. ¿Está llorando? 

Pastora. No, señó, no. 

Mister Blay Me había parecido. ¿Por qué vacila ^ 
entonces? París es muy hermoso, muy hermoso... ¿En 
qué piensa usted? 

Pastora. En el hijo de María Pila. 

Mister Blay. ¿Qué quiere decirme con eso? 

Pastora. Que sí: que aserto. Que me quedo en Parí- 

Entrase decidida en la habitación de la izquierda. ¡María Pila! 

Mister Blay. Estas andaluzas son todo corazón. Yo- 
tal vez haya sido un poco bellaco: pero el amor lo dis- 
culpa todo. Y un poeta español lo ha dicho: 

En guerra y en amor, es lo })> imero 

el dinero, el dinero y el dinero. 

Sale José Luis. Luego salea los demás uno detrás de otro, con 
gran emoci5n y algazara. 

José Luis. Mister Blay, ¿qué dice Pastora? ¿Manda 
usted á España á mis paisanos? 

Mister Blay. ¡Oh, sí! 

José Luis. ¡Siempre el mismo! Noble y generoso. 

Mister Blay. Y un poco bellaco. 

José Luis. ¿Bellaco, por qué? 

Mister Blay. Yo me entiendo. 

María Pilar. ¡Siñor inglés, la Virgen del Pilar le pa- 
gue su obra! ¡Esto que hace usté no se olvida nuncal 
¡A mi hijico le hi de enseñar á bendecir su nombre! 

Seña Manuela. ¡Ay, mcsiv, mosiú, la Virgen de Regla 
lo acompañe á usté siempre! 

Conchita. ¡La Virgen de la Esperansa le ha tocao á 
á usté en er corasón, señorito! 

Ansúrez. ¡Eso es sé güeno! ¡Er Señó der Gran Podé 
no lo deje á usté nunca! 



— 41 — 

Medina. ¡Dichosos los ricos, que puén sacíi de apuros 
:'i l(is ])iil)res! 

Gregorio. ¡Viva usté mil años, siñor! ¡Y yo que lo 
vea! 

Mariano. ¡Usté nos salva, caballero! ¡Usté nos da la 
vida! ¡Si hay Dios en el cielo, satisfecho estará de ver lo 
que usté hace! 

Gregorio. ¡Y si no lo hay, El se lo pierde! 

Pastora. ¿Estáis contentos? 

Mariano. ¡Qué preguntas tiene usté, Pastora! ¿No lo 
hinios de estar? ¿Es poca dicha encontrar en el mundo 
un tal caballero y pitar tos pa España esta tarde? 

Pastora. Fingiendo tranquilidad. No, no: todoS, UO. Yo 

me quedo en Parí. 

Mariano. ¿Que usté se queda? 
María Pilar. ¿Que tú te quedas? 
Seña Wanuela. ¿Que se queda usté? 
Jo^é Luis. ¿Que tú te quedas, dices? 
Pastora. Si, sí: me quedo. 
Mister Blay. ¡Oh, si! Se queda. 

Silencio. Todos se mirau consultándose. 

Mariano, sauando con resolución. Me paice á mí que no 
se queda. 

M'ster Blay. ¿Cómo? 

Mariano. No, siñor,. no: á no ser muy á gusto suyo, 
no se queda. Y la cara que tiene, no es de quedarse 
muy á gusto. 

Pastora. Yo le diré á usté, Mariano... 

Mariano. No me diga u.sté na, que aunque liruto, ya 
estoy al cabo de la calle. 

Ansúrez. Güeno, pero... 

Mariano. Usté se calla ahora. 

María Pilar. No te precipites, hermano. 

Mariano. Tú también te callas. Y se calla to el mun- 
do. '^' lialilo yo solo. 

Misten Blay. Vamos á ver lo que usted dice. 



— 46 — 

Mariano. Con usté va. V me alegro que entienda 
usté el español, porque sería una lástima que no me 

comprendiera bien. Hay un murmullo cotao de censura y temor 

en los compañeros ¡Ya he dicho que se calle to el mundo' 
A Mister Biay. Esta mujer se queda en París haciendo un 
sacrificio, por salvarnos á los demás. 

Misier Blay. Sí, señor; es muy cierto. 

Mariano. Pues si es tan cierto, yo le juro á usté por 
mi madre, que no va por ahí el agua á la fuente. Mar- 
charnos tos á España contentos y dejala á ella aquí 
llorando, eso no pué ser. O ella se viene á España con' 
nosotros, ó tos nos quedamos aquí con ella. Y cuenta 
que ella y yo andamos siempre de pelea: que si tu tierra» 
que si la mía; que si mi gente vale más que tu gente; 
que si las campanas de mi pueblo suenan mejor que 
las del tuyo. Pero ahora ¿quién se acuerda de esas niñe- 
rías? Ahora es otra cosa. Vamos, yo no me sé expresar,, 
pero pa algo himos pasao las mismas penas, y pa algo 
himos nacido en la misma tierra, aunque ella sea de un 
barrio y yo del de enfrente. ¡Aquí no hay más barrio- 
que España, contra! ¡O ella se viene á España con nos- . 
otros, ó tos nos quedamos aquí! 

Mister Blay. Debo advertirle á usted... 

Mariano. ¡O tos nos quedamos aquí, ij ella se viene á 
España con nosotros! 

José Luis. Pero, comprenda usted, Mariano... 

Mariano. ¡O ella se viene á España con nosotros, (V 

tos nos quedamos aquí! a un movimiento de algúu compañero. 

! Y el que no esté conforme que lo diga, que ese sí que 
se queda en Francia pa siempre! Enseñando ei paño cerrado. 
¡Yo me encargo de ello! 

Gregorio, imitándolo. ¡Y yo con tú! 

Seña Manuela. ¡Y nosotros también! ¿Qué se han 
figurao ustés con los puños? ¡Tos tenemos puños! 

En el grupo de los desterrados estalla repentinamente gran algara- 
bía, producida por las más vivas protestas de patriotismo. 



~ 48 — 

Míster Blay. Silencio. ¡Silencio! caiian todos y escuchan. 
Acepto la lección que me ha dado este homltre, que es 
un hombre de corazón, y un patriota. Todos ustedes 
sin excepción alguna, partirán esta tarde para su país. 

Pastora. Mister Blay .. Dios se lo pague á usté. 

Misten Blay Todos, ¿eh? Ya está dicho. Todos. Y 
yo, i)ür supuesto, detrás. Siguiendo á esta mujer, que 
me ha cautivado, a Mariano. Esto no me lo impide á mí, 
ni usted, ni Falafox. 

Mariano. Nc, siñor; ni yu lo pretendo. Ese es otro 
cantar Loque vale tiene muchos golosos... Y si le falté 
■en algo... 

Mister Blay. En nada. Tanto es así, que le ruego á 
usted que me consienta estrechar su mano. 

Mariano. ¡Ahí ^a! 

Mister Blay. Muchas gracias. 

Se estrechan las manos. 

Mariano. ¡Es usté fuerte! 

Mister Blay. ¡Oh, pues usted no es ílojo! —José Luis, 
pase luego por el Hotel, y recogerá cuanto les sea pre- 
ciso á sus compatriotas. Me ha conmovido el arran- 
■que de este hombre. 

José Luis. ¿De veras, mister Blay? ¿Qué es esoV 

Mister Blay. Eniugándose una Ingrima. ¡Oh! Cada día que 
■pasa me cuesta una lágrima. La de hoy ha sido para 
los españoles. Salud, vase 

Mariano. ¡Vaya usté con Dios! 

María Pilar. ¡Dios le dé to el bien que merece! 

José Luis ¡Viva mister Blay! 

Todos. ¡Vivaaan! 

Pastora. ¡Viva también don José Luis! 

Todos. ¡Vivaaaa! 

I'I.stalla la alegría general: los unos cantan y bailan jotas, los otros 
tangos, y todos chillan q\io se las pelan. 

Pastora. Usté nos ha sarvao. l'sté ha sío nuestra 
Providensia. 



— 47 - 

José Luis. No sabes tú la satisfacción que 3^0 tengo, 
Pastorilla. 

María Pilar. Y ese hombre le compra á usté el cua- 
dro: ese hombre es muy güeno. ¡Ay, siñor, me paice 
mentira! 

Cruza Espaüiía cantando por el jardín, en sentido contrario que 

antes. 

José Luis. ¡Españita! ¡Ahí vuelve Españita! 
María Pilar. ¡Lo que \'a á alegrarse cuando lo sepa! 
Mariano, a Pastora, aparte. ¿Cuál es mejor tierra, Pas- 
tora: la tuya ó la mía? 

Pastora. Dándole la mano. Las dos juiítas, ¿no te párese? 
Mariano. ¡Me paice! 

Llega ESPAÑITA, 

José Luis. ¡Españita! 

Seña Manuela. ¡Señó Españita, nos vamos á España! 

Pastora. ¡Mister Blay nos paga er viaje! 

Españita. ¡Pues que sea enhoragüena! ¡Van ustés á 
«ogé la vía poco á gusto! 

Medina. ¡Como si to er camino fuea cuesta abajo! 
¡Mi Girarda! 

Españita. Yo no les encargo más sino que arguna 
que otra vez se acuerden de Españita, y que á tos los 
cursilones que les digan á ustés que nuestra tierra es la 
peo der mundo, les contesten que se vayan á otra cuar- 
•quiera, y que se casen ayí, como yo me he casao. ¡Y ya 
tienen bastante! 

Mariano. No, siñor, no: á esos lo mejor será cantales 
esta coplica, que aunque paezca mentira la hi sacao yo. 
No sé si de la caeza ó de dónde, pero la hi sacao. 



— 18 — 

Música 

Cantando. 

Aquel que hable mal de España 
un castigo ha de tener: 
echarlo á una tierra extraña 
y no dejarlo volver. 



FIN 



Fnenlerrabía, Agesto, 1CC7. 



OBRAS DE LOS HUSMOS AUTORES 



K^ig^riiua y amor, juguete cómico. (2.* edición.) 
Belén, 13, principal, j aguate cómico. (2.* edición.) 
Olllto, juguete cómico-Úrico. Música del maestro Osuua. (2.* edición.) 
lia media naranja, juguete cómico. (3.* edición.) 
El tío «le la llanta, juguete cómico. (3.* edición.) 
El ojito derecho, entremés. (3.* edición.) 
lia reja, comedia en un acto. ('•4.* edición.) 

lia buena sombra, sainóte en tres cuadros, con música del maes- 
tro Brull. (6." edición ) 
El perejfrino, zarzuela cómica en un acto. Música del naaestro 

Gómez Zarzuela. (2.* edición.) 
lia vida intima, comedia en dos actos. (3.^ edición.) 
f^os borrachos, saínete en cuatro cuadros, con música del maes- 
tro Giménez. ;,3.* edición.) 
El chiquillo, entremés. (6.* edición.) 
Eas casas «le carttín, juguete cómico. (2." edición.) 
El traje «le luces, saínete en tres cuadros, con música de loe 

maestros Caballero y Hermoso. (2." edición.) 
El patio, comedia en dos actos. (4.* edición.) 

El motete, pasillo con música del maestro José Serrano. (2.* edi- 
ción.) 
El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros. Música del maestro 

Chapi. 
ItOS Cíaleotes, comedia en cuatro actos. (.3." edición.) Traducida al 
italiano con el titulo de I Galeoti por Giusoppe Paolo Pacchierotti. 
Ea pena, drama en dos cuadros. (2." edición.) Traducido al italiano 

con el mismo titalo por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 
Ea azotea, comedia en un acto. (2.* edición.) 
El granero ínfimo, pasillo con música de los maestros Valverde 

(hijo) y Barrera, 
El nido, comedía en dos actos. (8.' edición.) Traducida al catalán con 

el titulo de Un niu por Joaquín María de Nadal. 
Eas flores, comedía en tres actos. (2." edición.) Traducida al italiano 

con el titulo de I fiori por Giuseppe Paolo Pacchierotti. 
Eos piropos, entremés. 
El flechazo, entremés. (2* edición.) 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epilogo. (2.* edición.) 

Abanicos y panderetas 6 ¡ i Sevilla en el botijo! humorada 
satirica en tres cuadros, con música del maestro Chapi. 

Ea dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. (2.* edición.; 
Traducida ai alemán con el titulo de Das fremde Glück por J. Gusta- 
vo Kohde. 

Pepita Reyes, comedia en dos actos. (2.* edición.) 

Eos meritorios, pasillo. 

Ea zahori, entremés. 

Ea reina mora, sainete en tres cuadros, con música del maestro 

José Serrano. (2.* edición ) 
Zaragratas, sainete en dos cuadros. 
Ea zangala, comedia en cuatro actos. 



l.í\ casa «le García, comedia on tres actos. 

I. a contrata, apropósito. 

I'.l aiii«»r que pasa, comedia en dos actos. (2." edición.) Traducida 
al italiano con el titulo de L'amort che paasa por Giuseppe Paolo 
Pacchiorotti. 

Kl mal (le aiiiore.4, sainete con mvisica del maestro José Serrano. 

Kl lluevo servidor, humorada. 

.ffañana de sol, paso de comedia. Traducido al alemán con el títu- 
lo do Ein sonniger Margen por Mary v. Haken. 

Fea y coi» gracia, pasillo con mixsica del maestro Turina. 

lia aventura de los galeotes, adaptación escénica de un capí- 
tulo del Quijote. 

I^a musa loca, comedia en tres actos. 

I<a pitanza, entremés. 

El amor en solfa, capricho literario en cuatro cuadros y un pró- 
logo, coa música de los maestros Chapi y Serrano. 

liOS chorros del oro. entremés. 

Morrltos, entremés. 

Amor á oscuras, paso de comedia. 

I^a mala sombra, sainete con música del maestro José Serrano. 
(i' edición.) 

El g'enlo alegrre, comedia en tres actos. (2.* edición.) Traducida al 
italiano con el titulo de Anima allegro por Juan Fabré y Oliver 
y Lui<íi Motta. 

El niño pr<»dlsrio, comedia en dos actos. 

Nanita, nana... entremés con música del maestro José Serrano. 

I<a zancadilla, entremés. 

La bella Lucerito. entremés con música del maestro Saco del 

Valle. 
La patria chica, zarzuela en un acto. Música del maestro Chapi. 

Ci.* eiliciini.) 
La vida que vuelve, comedia en dos actos. 
A la luz de la luna, paso Je comedia. 
La escondida senda, comedia en dos actos. 
El ag'ua mila«;rosa, paso de comedia. 
Las bnuolera.s, entremés. 
Las de Caín, comedia en tres actos. 
lias mil maravillas, zarzaela cómica en cuatro actos y un pró- 

losro. Música del mnestro '. hapi. 
Sanu're ^orda. entremés. 

Amores y amorfo.s, comedia en ciiatro actos. 

El patinillo, sainóte con música del maestro Gerónimo Giménez. 
lloiía Clarines, comedia e" dos actos. Traducida al italiano con el 

titulo do Siora Chiareta por Giulio de Krenzi. 
El centenario, comedia en tres actos. 
La muela «leí Key FarfAn. zarzuel.'i infantil. cómico-lanti'i«tica. 

Música del maestro Amadeo Vives. 
Herida de muerte, paso de comedia. 
El últiiiio capítulo, paso de comedia. 



Pompas y honores, capricho literario en verso por Kl diablo co- 

¡uelo. 
La inadrecita, novela putilicad.i en Kl mentó semanal. \ 



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