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Full text of "Teatro critico universal: Ó discursos varios en todo género de materias, para desengaño de ..."

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ILUSTRACIÓN- 
APOLOGETICE 

AL PRIMERO , Y SEGUNDO TOMO 

DEL 

TEATRO CRITICO, 

Donde se notan mas de quatrocientps descuidos al Autor del 

Ant¡-Teatro;y de los setenta , que éste imputa al Autor, del 

Teatro Critico, se rebajan los sesenta y nueve y medio. 

ESCRITA 

POR EL muí ilustre SEÑOR 

D. Fr. BenitoíGíbronimo FeijoÓ y Montenegro, 

Maestro General del Orden de S. Benito^ 

<iel Consejo de S. M &e. 

JABCDEFGHIJ- 

MADRID. M.DCC.LXXin. 



Por Miguel Escribano, calle Angosta d e S.Bernardo. 
Con las Licencias necesarias. 



A costa de la Real Compañía de Impresores, y Libreros. 



'y^^i^ ír «>i^tf^»¿^ui^'-^^ <^í:t^MííttJfm*'- 



St»o^r^ (in) 

IV^SÍ'DEDICATORIA ; 

Que hizo el Autor al Rtno. P. M. 

ir. Francisco de Berganza , General 

de la C9ngregacion de S. Benito 

dd España, Inglaterra, &c. 



IL"° R N. 



t ^ 



|t<y«>f»| Q ^^/^ ^^ atrevo á poner este Li-* 
% A^ % ^^ ^ ^ Murtas de V, Rma. mas 
loíSoííií f^^bien á esperar que sea recibido 
con agrado ; porque , aunque peque* 
ño en el volumen , y aun mas pequeño en el v(k> 
lor , al fin es Libro, Solo este genero dealho" 
jas se hace lugar en la austerissima estrechez 
con que V. Rma, observa la pobreza religio^ 
sa. T yo me lisongéo de ser el primero entre 
todos los subditos de V, Rma» que haya acer* 
tado á ofrecerle tal presente , que V» Rma. 
admita sin repugnancia* La vanidad de este 
acierto es el único interés , que puede tener 

a 1 mi 



(IV) 

mi amofrpfofrio enj(t dedicación ^.estaObrim 
Ua'^ pues ''-oíroi / ^ suden ütrlbuirse á los 
Escritores m la elección de Patronos ^ ni tie* 
nen.£abjt^ientO£n mi genio (^creo qu^ pued9 
défirlQCCfi s^isfaCCion) ^ni aunqua^ih le tu^ 
bier'án^ los Buscara por este medió , estando 
cierto de qué para V. Bma, solo es- mérito 
aquel ^ que en el Cielo se reputa for tal. Nues" 
tro Señor g¡^¿e iW' Kno^iguAchos años, 
Oviedo , y Diciembre s de i f ap. 



• :\ .'. B. L. M: de V. Rma. 
su mas rendido subdito ^ y siervo , 



-. \ - 



Fr. Benito Fetjoó* 



APRO- 



(V> 
APROBACIÓN 

T>el P. Fr. Martin Sarmiento^ Lector de Teología Mo^ 
ral en el Monasterio de S. Martin de esta Corte. 

POR mandato de nuestro Rmo. P. M. Fr. Francisco 
de Berganza , General de la Congregación de 
nuestro P. S. Benito de España , Inglaterra, &c. he vis- 
to un Libro, intitulado Ilustración Apologética al pri^ 
mero , y segundo Tomo del Teatro Critico , que desea 
sacar á luz el Rmo. P. M. Fr. Benito Feijoó Montene- 
gro, Maestro General de la misma Religión, Abad que 
ha sido , y es al presente del Colegio de S. Vicente de 
Oviedo, Graduado en la Universidad de dicha Ciudad, 
Catedrático de Santo Tomás, y de Sagrada Escritura^ 
y actualmente de Visperas de Teología, &c. 

Y siendo la Obra una justa Apología contra la cen- 
sura, que D.Salvador Josef Mañer estampó en su Anti^ 
Teatro , consiguientemente se me intima , que leia los 
Tomos del Teatro Critico, y la impugnación que el 
Anti-Teatro trae. Digo , pues , que leí con alguna re-> 
flexión el Teatro, Ami-Teatro, y esta Ilustración Apo^ 
logrtica. Por lo que toca á expresar mi dictamen , no 
be tropezado en este escrito con cosa opuesta á los 
dogmas católicos , disonante a buenas costumbres , ó 
contraria á nuestras Constituciones , y Leyes. Por lo 
que mira á sentenciar en esta racional contienda , cedo 
el cálculo á los lectores indiferentes ; solo propondré, 
con ingenuidad mi sentir. 

' Los que conocen la modestia del P. M. Feijoó es- 
trañarán en el estilo alguna acrimonia, que no acostum- 
bra) pero los que reflexionaren debía ser Apologético^ 
am echarán de mas aquella dulzura, suavidad, y cor- 
tesía con que, impugnándole, trata a su pretendido ópcn' 
sitor. Tiene el estilo todo el lleno del carácter apolo- 

^3 g^- 



getico , y solo &ltan las acres invectiváis , que le carac-* 
terizan ; esto es triunfar de sí proprio su modestia , aun 
quando la defensa es en causa propria. Antes de Aris- 
tarcos, y Zoylos fueron forzosas Apologías, pues mu- 
cho antes de estos fueron mui comunes las calunuiias. 
Pero no sé que de otro alguno, como de nuestro Autor, 
se pueda decir, que , sin pasar la raya de una justa de- 
fensa , supo triunfar , sin preconizar el triunfo. Si con- 
sistió en la debilidad del émulo , ó en la valentía del 
emulado : Demit bomrem amulus Ajad (a) , dejólo á 
la discrecion.Lo que yo debo decir al Autor es lo que le 
dijera Sydonio : Tam qui te ienrntefitur non babes^ quam 
non invenís , qui sequantur {b). Envidiosos , y Anti- 
Críticos sí habrá muchos : Quoniam amulari non li-- 
cet (r) : opositores de conseqüencia pocos, 6 ninguna 
Escritores, que á la sombra de un especioso titulo im- 
priman lo contrario , saldrán á docenas. Pero Escri-* 
tores , que entiendan lo mismo que impugnan , 6 que 
no impugnen lo mismo que ignoran , hasta aora no sa- 
lieron al teatro. Enfermedad es esta de escribir , que 
si en tiempo de Juvenal era incurable, hoi dia , sobre 
incurable , es contagiosa : y siendo contra el Teatro 
Critico, ya picó en epidémica manía : Insanabile scri^ 
bendi cacoetbes {d). No digo que el Sr. Mañer escri- 
biese por manía su Anti-Teatro , pues en varias par- 
tes dá á entender su merced , que entra preguntando, 
y consultando sobre sus dudas , solo por oír al P. M« 
en sus respuestas. Lo mismo que otro Gaditano hizo 
con Tito Livio (é). Asi solo juzgo , que sus desvelos 
de casi tres años no tíenen otro fin , que el de hallar 
soluciones á muchissimas cosas, que no pudo entender 

en 

" (a) Ovid. 13 Mctam. (b) Sydon. lib. i , eptst.^. (c) Plaut. ¡n Míllt. 
- (rf) Jiivcn. satb\ 7. W P^*"* ^'^- - » ^P'^^^* 3* 



(VII) 
en el Teatro Crkico ; y con efecto , pues las busca en 
i^uien se las dará á manos llenas : Nibil est quod dis^ 
cere velis^ quod Ule docere non possit {a). En esta 
Ilustración hallará el Sr.Mañer saciada su curiosidad^ 
advertida su corta penetración , y satisfechos los que 
llamó descuidos del Teatro ^ habiendo sido deslices 
de su propria inteligencia. 

Es el Teatro Critico de superior orden á entendió 
miemos vulgares , asi por su harmónica composición^ 
Como por la sublimidad ingeniosa de su Artífice. Solo 
con advertimos Pausanias {b) quien habia sido el Ar« 
quitecto del Teatro de Epidauro , creyó discretamen-* 
te, que no se podia ponderar con mas alta expresión: 
Quis Polycletum audeat in certamen provocare 'i Es el 
P. M. Feijoo el Polycleto del Teatro Critico , y el 
Autor de esta Ilustración Apologética : Quis audeat 
in certamen provocare ? Esto bastaba para elogio , y 
estb sobra para Votar á ciegas la victoria contra sus 
Antagonistas. La universal aceptación con que se fin-* 
ge fue admitido en el Parnaso el famoso Poema Pas^ 
torfido {c)^ es buen simil del común aplauso con que 
el Teatro íue recibido en la República literaria. Ape- 
nas salió á luz esta Obra , quando los curiosos ansia- 
ban á porfia leerla , y convertirla en la substancia de 
su erudición. Hasta de la Magestad llegó á señorear- 
se su dulzura : tanto , que saboreándose , como con el 
Poema Apolo , se lamia los dedos , y chupaba los la^ 
tios ( palabras del Socaliño ) por haberla gustado, 
hecha de mayor cantidad de conceptos^ que de palabras. 
Es verdad no faltaron Cínicos melancólicos, que no te^ 
niendo calor, ni espií^ku para digerirla, tentaron morder- 
^ a 4 la 

' (4) ídem iik. X , efist t2. (b) Pausan, in c$rmsb* (c) Trajan. Bo- 
calin. Avis. 31. 



(VIII) 
la por el pergamino. Censores de corteza ^ Críticos de 
aforro , y émulos , al fin ^ de que no podían ser émulos* 

Quería Crates que el verdadero Critico poseyese 
la Enciclopedia universal : Críticum oportere esse />e- 
ritum omnis scientia Lógica {a). Pero ( gracias á U 
fortuna de este siglo ) no hai hombre , que con haber 
hojeado solo en una antesala las Aventuras de D. Qui- 
jote, ó las Travesuras del Gran Tacaño , no se imagi- 
ne Critico de bien sonadas narices para censurar age- 
nas obras , ó negar glorias inconcusamente recibidas. 
En algunos será antojo , ó ligereza^ en otros ya pasa 
de tesón á férrea terquedad. Hai Pseudo-Criticos noc- 
turnos tan enamorados de su tosca., y ruda Minerva, 
que para apropriarse el carácter de Críticos , juzgan 
superfino el conocimiento de Antigüedades, Cronolo- 
gía, Geografía, y Gramática. ¿Qué digo Gramática? 
Aun el ignorar los compuestos de sum^ ^s^fi^i^ creo no 
impide para critiquizarle á la moda ; que su principal 
compuesto prasum^ cees no puede menos de ser supo- 
siticio , y contrahecho , pues no nos consta de Autor 
coetáneo ; y el privilegio deNebrija tiene muchas nu- 
lidades. (^). De semejantes Criticastros Anónimos, y 
Pseudónimos dijo muí bien Antiphanes, que eran chun- 
ches de los eruditos : Eloquentium clandestiné marden^ 
tes cimices. Yo los llamara también chinches de la Re- 
pública, y de sus glorias, pues todo lo envidian, todo 
lo inficionan , y todo lo muerden. 

Con este venenoso animo salieron muchos de ma- 
no armada contra el Teatro Critico : Impetum feceruta 
uno animo in Theatrum (c). Los mas escribieron con 
buen fin , aunque en mala causa. Era esta la defensa 
^ de^ 

{d) ^^..Sext.Empyr. aiv. Matth, {b) Af. Causin. Ub.x^furabd. $9. 
(d) Act, cap. 19 3 V. 19. 



(IX) 
de Íbs"qae no creían ser errores dé su facultad. Solo 
faltaba uno , que saliese derechamente en defensa del 
vulgacho , y sus vulgaridades , que no es la facultad 
de menos séquito. Pero esta materialissima , y molesta 
carga ya parece la echó sobre sus hombros el Sr. Ma-- 
fier: por cuyo empleo le llama con razón el P.M.Feíjoó 
Procurador General del Vulgo ^ y Juez Conservador de 
sus Errores. Creyendo, pues, el Sr.Mafier, que acaso^ 
como allá en el Teatro de Roma, 

Elepbas aJbus Vulgi converter et ora (^) : 
comenzó su Anticritica, acriminando, y arguyendo de 
descuido la especie del Elefante blanco. A lo que se 
deja entender , para que divertido el vulgo con aquel 
descuido Elefante espectable en el Teatro Critico, no 
atendiese á todo lo demás que se decia en el Teatro. 
Ingenuamente concede el P. M. como medio descuido 
solo la equivocación de Siam por Bengala ^ la que es 
accidental al asunto para que se traía la especie. Yo 
dijera , que ni aun medio descuido ha sido , si se apun- 
tan las circunstancias. Es claro que á imitación del 
3uey , ó Apis en Egipto, se veneró , y venera en la 
India Oriental el Elefante. De Bengala lo dicen mu- 
chos : de Siam lo afirman algunos, citados del célebre 
Geógrafo Pedro Davity {b) , quien, aunque no los sigue, 
dice , que Siam es un Seminario de muchas sectas , y 
raiz de toda la Idolatría. De aqui es consiguiente ser 
tan conforme el religioso culto del Elefante blanco á 
la Metempsycbosis ^ 6 transmigración Pythagorica, que 
creen aquellos Barbaros , que sería crasa inconseqüen*- 
cia no adorarle. El Dios Sommonokbodom tiene estan- 
cia en el Dios Osiris {c). Este falso Dios se veneraba 

en 

^« ■ -— - — .1. ■ ■ ■■■■, ■ ■ 11 ■ ■ ■ ■ I , ■ . , . ,m 

(a) Horat. M.i , ep. i. (b) Dzvitj de Asia 9/9!. ^lo, 6^6 ^ 6^7» 
'(i) Diodor. Sic. /ii. i. 



(X) . 

en el Buey negro^o Apis, por haber trans|nigrado áélsa 

alma: ¿pues por qué no se adornará por lo mismo el falso 

Dios Sommonokbodam en la figura del Elefante blanco ? 

Esta , que ha parecido equivocación ^y no lo es, 

ha tenido contra sí la corpulencia del Ele&nte , que no 

pudo tragar el Sr.Mañer , porque no se hallaba en sus 

libros ; y asi , sobre este monte viviente tentó amonto-i 

nar descuidos contra el Teatro : Q^avis oratío insi^ 

mulari potest ( queja de Ápuleyo ) M ea , qua ex prio^ 

ribus nexa sunt^ principio sui defraúdentur {a). Si se 

desquician las clausulas del P. M. Feijoó , si se dislo- 

can sus palabras , si se violentan los significados , si 

es error lo que no se entiende, ó no se ha leído : y fí-< 

nalmente , si ha de ser descuido del Autor el que sus 

Censores no sepan buscar las citas, mui escaso andu- 

bo el SnMañer en contar solos setenta descuidos, pues 

ya pasarán de setecientos los de esta clase. Algo sería 

tolerable en un Autor de Aldea; pero en un Autor de 

Corte , en un Belerofonte Literario^ en un Escritor, que 

maneja á menudo la Real Biblioteca , no. Ni es disi- 

muiable que no encuentre las citas , y es repreensible 

se valga de Autores , que dicen lo contrario á lo que I 

entiende ; esto es exponerse á aquella irrisión , que 

Luciano hace de un indocto entre muchos libros : Qui 

in tui perniciem velut Belleropbontes codicem attule^ 

fis {b). Porque como otro Belerofonte manejaba libros, 

cuyo contenido ignoraba , y aun no advertía que eran 

contra sí mismo. Puede ser consistiese en que elSr. Ma- j 

fier leyó de priesa el Teatro Critico , para escribir su 

Anticritica mas despacio. Asi no salió al certamen con-* ¡ 

tra el P. M. Peijoó , y su Teatro ; sí contra un Autor ^ . 

fingido en el teatro de su fantasía. ' 

Tie- i 

(4) Apulej. Afolog. ib) Lucían, adv. indúcu • ■ \ 



(XI) 
Tiene el Teatro Critico en su construcción la prini 
cipal circunstancia, que en unTeatro material pedia Vi« 
truvio:iVe sit locus surdus {a). Tal simetría debe tener 
un Teatro, que ni la mas minima voz se pierda, ni deje 
de pirse la mas remisa. A poco que se altere la estructura^ 
se alterará la voz.Si se combinan los sillares para descri* 
bir otra ñgura de aquella, que para su progreso,aumeat09 
y conservación pide la voz, sea c6nica,ó circular su conr 
cavidad; tan lejos de entenderse lo que se canta,y recita 
en el Teatro, apenas se logrará la primera aprensión de 
las voces, ó resultará un confuso sonido de todas ellas. 
Mas delicado es elTeatro Critico en su fábrica.No bas-^ 
ta que en él hagan reflexión las voces acia los oídos ; es 
preciso que la verdadera significación de las palabras re-« 
verbere acia los entendimientos. En suma, en el Teatro 
material hacen reflexión las voces, hiriendo en los mar-^ 
moles, ó materiales: en el Teatro Critico,para su ioteli^ 
gencia,ha de reflexionar la misma inteligencia, hiriendo 
formalmente en las voces: Ne sit locus surdus {b). A una 
sola voz, que se le quite, se le añada,se le altere, queda-* 
rá confuso todo el Teatro,y descompuesta su harmonía» 
No de otro modo que la imasen dePhidias en el escudo 
de Minerva competía con el smiulacro en la duración. O 
se habia de arruinar la simetría de la Estatua,ó jamas se 
borrarla la imagen de su Artífice. Asi , pues, se ve gra- 
vada en el Teatro Critico la intelectual imagen de su 
Autor. A poco que su colocación sfrftrastorne, quedará 
la imagen desfigurada ; y á tantico que se tuerza el sen-- 
tído, ó inteligencia , que debió dar, y dio á las voces , ni 
aun imagen de sí mismo quedará el Teatro. 

Una sola voz de estas , si , di cese , parece , si acaso^ 
creen algunas^ sea esto asi^ 8ic quitada, 6 alterada en el 
Tea- 

(a) Vicniv. Ub. ^ ^tétp.li &(. (p) Apulej. dtMuni. 



(XII) 
Teatro Crítico , siempre saldrá viciada su inteligencia, 
á no resultar una monstruosidad de contradicciones, que 
puedan llenar cíen Anti-Teatros. Asi se quejaba S.Agus^ 
tin {a)^ porque Juliano habia arrancado de sus clausu- 
las las voces videatur^ y putetur^ para tener algo que 
impugnar : Abstulisti verba , quas dixi^ & dixisti , quiS 
ipsefinxisti. Y asi le responde : Redde verba mea^ & 
vanescet calumnia tua. Esto mismo pudiera responder 
el P. M* Feijoó al Sr. Mafier : Restituya V. md. mis pa^ 
labras á su lugar ^ y se desvanecerá en bumo su Anti-^ 
Teatro. O si , como es razón , quisiere escusar aqui en 
el Sn Mañer la malicia, y calumnia con que alli pro-< 
cedió Juliano, y atribuirlo todo á unos grandes deseos* 
de patrocinar al vulgo, con no menos vulgar intdigen:* 
cía , lo que Marcial á Fidentino: 

Quem recitas meus est , ó Fidentine , libellusz 
.Sed malé cüm recitas , incipit esse tuus {b). 
No es el Teatro Critico, que el Sr. Mañer impugna , el 
mismo que escribió el P.M. Feijoó; sino el proprío que, 
no leyendo bien , se fingió el mismo Mañer. Juzgó al 
descuido con cuidado del Teatro Critico, y se descuida 
del cuidado que debia poner en entenderlo. Por esdt 
abunda el Anti-Teatro de alhucinaciones mas que vul- 
gares, que esta Ilustración hará patentes. 

No es menor alhucinacion laque padece el Sr.Ma^ 
ñer en la causa del vulgo, confirmar sus proprios errores 
con nuevas vulgarfdades. Dos, que el P. M. desprecia 
por demasiadamente crasas, quiero advertirlas al mismo 
vulgo, para que tantee el aprecio que merece su Patrono. 
La primera consiste en los melindres de parida, que el 
Sr.Mafier(foLii8,n.i5) impone á los Gallegos sobre 
su palabra. O debia aplicarlos á los Isleños de Córcega^ 

se- 

(4) S. August. w»f. Julián. Hb. 4. c.%. (b) Mart. lib. i , cpigr. 5^. ; 



(xni) 

según Diodoro Sicnlo: y á los Cántabros ^ Segon Estra!^ 
bon ^y Mariana (a) ; ó debía señalar Autores de nlayor 
categoría para antigüedades Españolas. La segunda sé 
halla al f. 266,n.i9, con esta rotunda gracia: JSizíre ¡as 
Provincias, de España son reputados los Gaüegospor la 
gente mas insipietOeiiiy ruda. ¿Quiénes son los AreopagÍH 
tas que sentenciaron? Las Catedrales, Religiones, Uni-«. 
versidades,y Colegios testifican lo contrario conla expe- 
riencia. Las Pelucas , y Corbatas,que han estado en Gali- 
cia, 6 saben algo delReino,no dirán semejante cosa : coa 
que solo resta, que tan baja vulgaridad se conserve entre 
g«ite4e alpargata, y varapalo; ó que en las Alpujarras 
se observe por la tradición quarenta y una. Citar contra 
Galicia Autor Portugués, y rayano, es ignorar los ele- 
mentos.de la Critica. Diga el Sr. Mañer en el Obispado de 
Toy, que los Gallegos son Portugueses , y espere la res- 
puesta.' Demás,que semejante ojeriza es común entre con« 
Tayanos, como se ve entre Navarros , y Franceses. El 
nombre de Portugués en Galicia huele á no sé qué. No 
obstante, para queFaria quede satisfecho,y y elSnMañer 
desengañado , estimaré se lea el misnw Epitome de Faria 
á la ^ag. 154. (¿). AUi se leerá expresamente, que acosa- 
dos los conterráneos deFaría del valor Gallego, no ale- 
garon otro motivo para lograr las paces que imploraban, 
sino decir, que Portugueses,y Gallegos todos eran unos: 
Pues la origen de unos^ y otros era la misma : Griegos to^ 
dos. Para la contradicción de Faría sobra lo dicho : para 
prueba de que no debió admirarse, bastaba Estrabon:M^- 
scima Lusitanorum pars^ ut Gaflaici vocitentur^factum 
est {c). Con que no es elP. M.Feijoó, como quiere persua- 
dir elSnMañer, docto entre insipientes^y rudos Gallegos, 
Or -^ 

(«) Diod. llb. 5 , ÍMs. 14* Estrab. lib. 3. Manan. Hb* 3. ctf* %s* 
(¿) Faría %fiup. i.caf. ii.péig. 25 4* (O £$tr^« ^^^* 3* . 



(XIV) 
Orfeó entre Thraces, y Pindaro entre Beocios. Es Pinda-i 
ro , Orfeo, y Autor sobresaliente , no solo entre los cele-^ 
brados que ha producido Galicia , sino también entre I03 
mayores que dieron lustre ^ la Monarquía Española. 

Las demás alhucinacioáes , que en nombre del vulgo 
acumula al Sr. Mañer, las verá el leaor notadas á cente- 
nares en esta Ilustración Apologética: con tal eficada^ipie 
no podrá menos de admirar en ella con Sydonio (a) la 
oportunidad en los egemplos,laféen las cítasela proprie-i 
dad en los epítetos, laurbanidad en las figuras , la valen-» 
lia en los argumentos , el peso en la& sentencias^ y dictan 
menes^y íinalmeQie y un rio en la eloqiiencia, y un rayd 
en cada clausula: Flumen in ver bis ^ fiíimen in clausulis^ 
No es el P. M/rayo , que hiera , ó lastime á sus émulos^ 
Es un rayo intelectual de tan superior gerarquía, que al 
mismo tiempo que solo espanta , aterra, y horrorkaá sus 
Antagonistas lechuzas , ilustra todo quanto tiene dicha 
en su Teatro , para mayor desengaño de los que desearr 
sacudirse de errores vulgares. Solo en estos se compro^ 
mete, para que, cotejando Teatro , Anti-Teatro , y Apo-* 
logia, hagan justicia en el presente cerumen. Si mi yo/ío^ 
por ser de discípulo apasionado del Autor, no se rechazan 
se, sería, que el P.M. maneja las especies en esta Olnra^ 
como quien las tiene proprias; y que su Antagonista las 
malvarata como prestadas: que el P. M. escribe lo que 
sabe; que el Sr.Mañer escribe lo que trasladó: que el P. 
M. sigue der^hamente la senda de la verdad ; que su 
Antipoda busca sendas torcidas para impugnarla. Final* 
mente digo , que la paradoxa primera del Tomo III del 
Teatro ya no es paradoxa en nuestro paralelo. Escriba el 
Sr.Mañer Anti-Teatros , y mas Anti-Teatros usque in 
ipfinitum ; pero no piense llegará á tocar la linea, rumbo, 

ó 

m ■ ■ ' ■ I ■ lili . ■ ' ' ■■ ■ ■ 

(4) Sydon. //*. 9 , efitt. 7. Opp^rtunltas , &c. 



(XV) 
6 vuelo, que sigiie el.P.M.Feijod. Esté es siempre rec-- 
(o; el que elSr.Mañer se proí>oae,ó le desviafá la ig-^ 
nor^ncía in i^finitum^ 6 torcido Con la intención, nunca 
podrá alcanzarle. En lineas parece quimera , por eso es 
paradoxa:en nuestro^ cotejo dejará de ser paradoxa,por« 
que se hará patente á todos , que deben decir al Sr. Ma« 
fíer tanteé primero su caudal de Minerva, antes que su6^ 
fíe impugnar al P. M. 

Tecum babita^& noris quam sit tibi curta suppellex {a). 
Por tanto soi de dictamen, que esta Ilustración se publi- 
que , para combatir algunas cataratas, que la obscuridad 
del Anti-Teatro quiso introducir con trampantojos. Tan 
ajustada la hallo al intento, que si el Teatro se llevó el 
aplauso de los curiosos, espero que esta Ilustración será 
hechizo de sus mismos émulos. De Pompeyo, dice Ca- 
siodoro {b) , que el renombre de Magno le mereció, mas 
que por sus conquistas, por su Teatro^ y Tertuliano pon-« 
dera, que solo era menor que su Teatro Pompeyo: T^e^ 
trosuo minar {py Como si dijesen entre los dos, que Pom- 
peyo era grande por su Teatro ; y que su Teatro era 
grande por ser Teatro de Pompeyo. Del P. M. diré yo, 
que si por suTeatroCritico mereció el renombre de groñ'^ 
de^ por esta üustracion Apologética logrará aplausos de 
mayar. Tbeatro suo majar. Y asi se le debe congratular 
para que prosiga con su Teatro, que asi podrá gozarse 
4el mayor aplauso , con que en adelante será recibido; 
Plausuque sui gaudere Tbeatri {d). 
Asi lo siento, saiva meliari^ en S. Martin de Madric^ 
y Noviembre 20 de 1^29. 

Fr.Martín Sarmienta. . 



'{d) Pers. Satjr. 4. {h) Casiod. if. Pidsc. {$) Tertul. JeSpettac. cap.to, 
(d) Lucan. lib.i ^v. 135. 

APRO- 



(XVI) 
APROBACrON 
Ve D. Bedro Alcázar^ Abogado de los Reales Qmseps^ 
• y Agiente Fiscal del de Ordenes. 

M. P. S- 

^ ^E manda V. A. reconozca un libro , escrito por el 
IVl Rmo. P. M. Fr. Benito Geronimo Feijoo , del 
Orden de nuestro gran P. S. Benito , que le intitula: 
Ilustración Apologética al í , y II Tomo del Teatro Cri-* 
tico contra el Anti*-Teatro Critico deD. Salvador Josef 
Mañer ; y confieso , que solo la obediencia que debo á 
tan alto precepto , obliga mi cortedad á dar dictamen 
sobre esta Obra , pero no censura; porque ni el obede- 
cer me pudiera daf aliento para censurarla , ni debo yó 
entender se me mande ser Censor de la que se dirige á 
ilustrar , la que con tan notorio aplauso , como justo^ 
ha dado á luz este Autor. 

No era necesario este libro para manifestar la eru- 
dición , y elevación del discurso del P. M. porque lo ha 
hecho bien público la común aceptación de su antece* 
dente Obra, y menos lo necesita para curar las heridas 
que le haya causado el Anti-Teatro ; porque bien* q<h 
nocerá el P. M. ( como qualquiera) , que las avenidas 
de su Contradictor no traen fuerza. para hacer sac^e, 
y solo con ellas le presenta .sus buenos deseos. Pero no 
ha querido escusar este trabajo , para lograr con él 
mayor aclamación de su triunfo á vista de su 'contra- 
río : Quia dum desint bastes ^ desit ^oque , causa 
triutnpbi (a).; porque semejantes impugnaciones , aun-- 
que se sumergen luego en el desprecio , dejan el efec- 
to , que la piedra arrojada en el estanque , que , hutu 
7 ,. / .^ . .^l«n^ 

(4) Ovid. X Fast.v.719* 



(XVII) • 
diéidosenaJ ci¿nD;;fQC¿iflm a^ai vai;Í9ic¡fcülos ele;- 
vados^ con que descobféñ Biás^su cmstialiim^h^^ 
ra : Alius^ atqúe oIíma subinde cifcúuím exi^tatar. Y 
tampoco ha querido el P. M. dejar dé dar ia gloria á 
6u contrario, de que pu^ Jhallarse tai,cuya arrogaos 
da. con .razón se .debe alat^aír.:. ^ ^r^M ■ ^;-;:'.^ I ;: i. ^ 

' C/ir ií^itf ?^Ve.f > tatúen est lauddnáa ve/untas. , « . 

Y podrá decir con verdad, que ha sido disputante del 
P. M.Feijbó en sus Obras í Jas ¿fiíras , y en pública 
palestra , que úo necesita de confesarlas resultas. 

Por muchas razones podrá estarle agradecido á 
este Autor el del Anti-Teatro;pues en vez de una co- 
lérica satisfacción (que es la que correspondía á sus 
reparos , para ser congruente la respuesta á la subs-« 
tancia de ellos, estilo, y método con que los propone) 
le ofrece una suave , y piadosa corrección, al mismo 
tiempo que el desengaño de sus errores, sin que haya 
motivo para creer venganza en estos casos; lo que pue- 
de, y debe discurrirse fraternal repreension de la re- 
ligiosa modestia del P. M. , como lo enseña S. Agustín 
en uno de sus libros de Sermones (a) : Ñeque bíc ea 
indicia probibetur , quie ad correctianem valet. Etíam 
ipsa enim pertínet ad misericardiam. Ni es de presu- 
mir, que el estilo del Autor del Anti-Teatro irritase 
al P. M. para tomar venganza , no habiendo cosa mas 
notoria , y sabida , que se halla siempre el desprecio 
de los Artífices en los que ignoran las reglas del Arte, 
y perfección de la obra: Q¡»i ignorata artes ^ negli-^ 
gunt artífices. 

Por lo que juzgo este libro de utilidad para este 
Autor, y para el del Anti-Teatro, y no de menos pa-^ 
b ra 

(«) S. Aiigusc Ith. I it Sám. Dimin. 



(xvín) 

Í2i el piiblico, por lo que estieode, y autoriza masías 
noticias, y eru(Ucion. de los Tomos de su Teatro Criti-* 
co , con que podrán divertirse los curiosos ,y recrear^ 
se los doctos , sin que tenga cosa alguna que perjudi- 
que á las buenas costumbres , ni contra los derechos 
del Real Patrimonio ^ y asi justamente merece la liceos 
cia que pretende, para darse á la estampa. Asi lo sien- 
to, salvo in a9M¿lhis<y &c.. Maddd ^ y Diciembre 6 
de 1^29. 

^ ÍÁc.D. Pedro Bernardo Alcázar 
de Montoya. 



- i 



APRO- 



(XIX) 

APROBACIÓN 

Del Licenciado D.Joaquin de Ancorería y Ezpeleta^ 

-' Abogado de los Reales Consejos^ y Fiscal del Tri^ 

^ bunal de la Nunciatura de España. 

TTVE orden, y comisión del Sr. Licenciado D^Miguél 
JL/ Gómez de Escobar, Vicario decstá VilladeMa- 
drid,y su Partido ,he leído con singular atencion^y ^%^ 
toWllustracion Apologética del I^y II Tomo del Teatro 
Critico Universal^ su Autor elR.P.M.Fr. Benito Geró- 
nimo Feijoó, Catedrático de Videras de Teok>gía de 
la Universida(d de Oviedo,y Abad en so Real Colegio 
de S.Vkente, del Orden de S3efiito; Obra de tan su^ 
perior elevación, que admirando los ingenios mas gi-^ 
gantes en las lenguas de la fama, hará inmortal el 
nombre de su Autor con el glorioso renombre de Fe-> 
nix de éstos siglos: no hai aplauso, ni encarecimiento, 
que no venga-estrecho á cal Obra,^n cuyo elogio die^ 
ran por bien agotada su Retorica los TuHos , y De-* 
mosthenes ; y si á Mercurio , por Numen de la Elo« 
qüencia , tributaba cultos la Antigüedad fabulosa ; al 
Rmo.Feijoó erigirá estatuas todo el Orbe, delineando 
en gravados jaspes su memoria , si no es que por civil 
ruda materia no es el jaspe digno de tan alta gloria* 

Apenas gozaron de las primeras luces los dos Tomos 
del Teatro Critico, quando se lisonjeó nuestra Nación, 
contemplándose superior á todas ,viendo en dos peque- 
fios libros cifrada la p<^itica de todo el mundo : en su^ 
cintas paradoxas el gobierno de las Naciones mas remon- 
tas; y én sentenciosos períodos la Historia Natural,y Sa^» 
grada ; y en fin ,de5hechaslasnieblasde errores,que ejn<- 
pañaban las luces de lo& entendimientos, no solo vulga^^ 
tes^sino politicosjcon razón nos debémospersuadhr haber 
VegadoeiSíglo ddOrojqoe eA lefios se prometiaOvidto; 

b2 Au" 



(XX) 
Áurea prima sata est atasy qu/e vindice ml/Oj 
Sponte sua^ sirte íegefidufn , rectumque colebat. 
Descubierto este nuevo tesoro^ que por universal con- 
tiene las mas preciosas riquezas de la naturaleza, y de- 
biendo á él las Ciencias, y Artes varias noticias, que 
las eiíjgrandecea, la .emulación de algunos conspiró 
contra esta Obra las armas de la mordacidad; y aun*- 
que en cada linea admiraron lo primoroso del pincel 
(á que confesaría ventajas el de Zeuxis, Timantes , y 
Apeles), ó porque no fuese singular la copia , ó para 
calificarla , si puede ser^ de mas heroica, opusieron á 
ella varios. descuidos, que contemplatron á la escasa 
luz de isu compteensioa \ logrando: el Rmo. Feijoó , pa** 
ra acreditarla dé mas insigne, la emulación, sin la que, 
decia Themistocle^, no podia haber acción gloriosa. 
. Gratóse debiera confesar su Rnuuá las contrarias 
objeciones; pues estas sún el ma.s precioso esmalte de 
su Teatro GritioQ, y 9i:&eg(>deellasse;acendraeloro 
de su doctrina:, cuyos subidos quilates se. ostentan mas, 
y mas en la Ilustración Apologética: en ella manifiesta 
la estatura pigmea de s^s contrarios; y como el Hercules 
Thebano publica la victoria, sin vanidad del trofeo, de- 
fendiendo con tanta energía süis máximas , y noticias^, 
que la vista menos lince, la mends perspicaz intdigen^ 
cia, confissará á su Rma. el acierto , y á sus émulos la 
temeridad : en multiplicados errores les convence , y 
Campeón generoso les subministra armas con quepuct 
dan pelear y pairat tener mas iqtte yencejc: dando! solti-^ 
cion á las impugnaciones vanas de sus contrarios , ea 
cada clausula derrama copiosos raudales de Histo-t 
ria ; y como esotro Hercules Tirintio puede blasonar, 
que con cadena» deotoiaprisioQÓá 3us enemigos^ . ; 
• A los furores de ul pluma pudieran trepidar loámas 
poderosos contrarios, tomaodo á buen partido la fuga^ 

aun- 



(XXI) 
aunque fuera á uña de caballo en el blanco de Siam^ que 
es el blanco adonde su Rma. confiesa menos mal tiradas 
las enemigas flechas ; y si por una leve equivocación (á 
que satisface) ensangrentaron contra el Autor los filos de 
su pluma, no será reparable que la mia, á impulsos de 
la razonase oponga á la paradoxa, donde hiegaelRmo. 
Feijoo, que bai en el mundo virtud atractiva , quando 
su Ilustración Apologética arrebata con tal dulzura , y 
atrae con tanta eficacia, que es en su comparación la 
virtud magnética del imán, no solo menor , pero fábula* 
sa. Sus mismos opuestos dan á la Ilustración el nombre 
de Ramillete, compuesto de flores mas varias, y fragran- 
tés que las que, á influjos del Abril, producía el pensil 
Hibléo , sin que las ráfagas del Austro mas contrario, 
ni los soplos del enemigo Cierzo puedan marchitar sus 
colores, ni desvanecer sus fragrancias. 

Últimamente escribióla Ilustración Apologética ofen- 
dido \ y pudiendo en tantas lineas pisar tas de la modes- 
tía, no se encuentra insultante pal2Ü>ra, ni voz indecorosa 
que desdiga de la urbanidad Religiosa; pues por mas que 
al coronado Reí de las selvas, y al elefante, asombro de 
valor, y de fiereza, procuren causar inquietudes otros 
de su especie, menos nobles, puede en aquellos tanto la 
soberanía, que disimulando la ofensa, tienen por desdoro 
el castigo , y por ignominia la venganza. Con esto , y 
con que no contiene proposición alguna contra la pureza 
de la Religión, ni la sinceridad de las buenas costumbres, 
es digna la Apología de la licencia que Se pretende , pa- 
ra que la estampa añada esta gloria mas á nuestra Na-- 
cion. Asi lo siento. Madrid, y Diciembre 13 de ijrap^ 

JAc. D.Joaquin de Ancbarena 
y Ezpeieta. 

*3 AD- 



(XXII) 

ADVERTENCIA. 

YA se di6 noticia en la Vida del P. Feijoó de sus 
Obras ) y de sus Impugnaciones. Como no se han 
reimpreso estas , ha parecido conveniente reunir en un 
Tomo todas las Obras Apologéticas, que el Autor pu«> 
blic(5 sueltas. 

Su coordinación no guarda el orden cronológico , y 
jst han puesto en este Tomo según el tamaño. 

La primera es la Ilustración Apologética contra D. 
Salvador Josef Mañer, que es á la verdad la Obra de 
mayor empeño en su genero de nuestro Benedictino por 
la variedad de objeciones á que debió responder. 

La segunda es la Apologia del Scepticistno Medico 
en favor del primer Tomo de la Medicina Sceptica del 
Dr. D. Martin Martínez, Medico de Cámara de S. M: 
primera producción «n esu linea del P. Feijoó , y tal 
vez la que entre las demás sobresale por el orden, por 
el estilo, y por la amenidad con que se escribió. 

La tercera es la Justa Repulsa de iniquas acusa^ 
dones contra el P. Soto Marne,en que procedió con mas 
brevedad, reduciendo á ciertos puntos capitales su de- 
fensa. 

La quarta es la Respuesta al Sr. Asiodoro^ persona 
principal en el Dialogo Harmónico , que salió á luz en 
la Imprenta de Lorenzo Francisco Mojados, á nombre 
de Fr.JosefMadaria, Organista de &Martin de Madrid 
Su estilo diferencia bastante del de nuestro Escritor; y 
jio es violento conjeturar la escribiese con noticia suya 
el Autor de ella , y trata sobre la Música de los Templos. 

Sigúese en esta edición uña impugnación de los Dis« 
cursos del Teatro Critico, que tratan de la Medicina, 
con este, titulo: Dudas ^ y reparos sobre que consulta un 
Escrupuloso al RJ^JMLFeijoóy Autor del Teatro Critico 

Uni- 



(XXIII) 
UtdversaU Se atribuye comunmente este Papel al Pa- 
dre Agustín Castejon de la Compañía de Jesús , y per 
ser de corto volumen vá reimpreso en este Tomo. 

Contra el Papel antecedente salió uno mui breve 
con este titulo : Blanda^ suave ^ y melosa curación del 
Escrupulosor^ y de sus flatos espirituales, que se puede 
conjeturar fuese del Dr. Martínez , á quien el Escrupu- 
loso incluye en su censura , ó de ailgun apasionado suyo. 

La quinta Apología es la Satisfacción al EscrupU" 
loso , que vá también añadida en esta addídon , y cor- 
rió anónima , quando se publicó suelta. 

La sexta, y ultima es la Respuesta al Discurso Fi- 
siológico Medico delDr, 2>. Francisco Dorado, Este Me- 
dico era un Profesor acreditado de Oviedo^ donde resi- 
día el Autor del Teatro Critico. Imprimióla en aqueUa 
Ciudad en la Imprenta de Fausto de la Plaza el año de 
ijra^.No ha llegado á nuestra mano el Discurso delDr. 
Dorado, y asi no se le ha podido incluir en esta co-* 
lección. 

Si en aquella Ciudad tubo por Antagonista el P.Fei- 
joó al Dr. Dorado, logró en la amistad del Dr. D. Gas-^* 
par Casal , Medico también en ella, y después de Ca* 
mará de S.M. un buen amigo, y un trato literario , qi» 
fbe mui útil al célebre Feij^ 

Tal vez habrá otros apologemas niehos , que ten- 
drían aquí li^ar; pero no está en nuestra mano publi- 
carlos, mientras los amantes de la pública instruccíoa 
no les dirijan á la Compañía de Impresores, y Libre- 
ros, á cuyas expensas se hace esta impresión, la qual 
no perdonará ningún gasto para completar las Ohrasde 
este digno Escritor» 



«4 PRO- 



(XXIV) 

PROLOGO 
AL LECTOR. 

C Asi al mismo tiempo que salió áluz mi tercer Tomo, 
pareció contra el primero, y segundo un Librejo 
con el titulo de Anti-Teatro Critico , su Autor D. Sal- 
vador Josef Mañer. Solicité al punto verle para res^ 
ponderle. Mas luego que lo entendieron algunos amigos 
míos , que residen en Madrid , procuraron disuadirme, 
representándome , que lo que se llamaba Anti-Teatro 
Critico , no era mas que un agregado de inepcias, futi- 
lidades, reparos pueriles, materialidades impertinen- 
tes , ignorancias , y equivocaciones : Que un Escrito de 
este car^ter se reconocía incapaz de imponer á algún 
hombre 4e razón , y por tanto era ociosa la respuesta: 
Que en caso que tal qual ignorante la apreciase, no era 
razón que por esG^ robase el tiempo debido á la prose* 
cucion de mi principal obra , y frustrase las esperanzas 
del Público, qye con aiisia deseaba la continuación del 
Teatro Critico: Que probablemente el Autor se holgaría 
mucho de verse respondido , lisonjeándose con la glo^ 
ria de que yo hubiese salido con él á campaña* 

En quaQto-4 1a calidad de| Autor , uno me decía, 
que el nombre erasiq;)uesto , porque no habia tal Don^ 
Salvador Josef Mañer en el mundo, ó por lo menos en 
la Corté; pues ha;biendo solicitado noticias de él, no 
las habia hallado. Otro me avisaba, que conocia á di- 
cho Mañer; pero le conocia por un pobre Zoilo, que 
nunca habia hecho, ni podría hacer otra cosa mas que 
morder escritos ágenos : recurso fácil , y trivial, para 
que en el concepto de ignorantes hagan representación 
. ^ • de 



{XXV) 
de Escritores aquéllos, á quienes Dios oegó los talentos 
necesarios para serlo. Otros dos me escribían , que no 
era uno solo el Autor del Anti-Teatro, pues ocho Ter- 
tulios, entre ellos D.Salvador Josef Mañer , habian fa- 
bricado esta Obra ^ y me expresaban la casa donde con^ 
currian á conferenciar, juntamente con los nombres, de 
dos , ú tres, cuyas obligaciones me hicieron estrañac 
mucho que se hiciesen de parte de la multitud en, un 
duelo, en que batallaban ocho contra uno. En fin, añus- 
que varios en las noticias del Autor, todos convenían 
en que la obra no era merecedora de respuesta^ 

Entraba ya en este dictamen, quando otros aviso» 
posteriores me aseguraron, que no faltaban dentro , y 
fuera de la Corte quienes aplaudiesen el Escrito de Ma- 
ñer. Y aunque al mismo tiempo se me prevenía, que es-, 
tos eran de tan corto alcance-, que el mas alto no pasa- 
ba de Tertulio de primera tonsura , justamente caí enr 
la duda de si el desprecio, con que mis anugos nodurában 
aquel Escrito , era efecto de su pasión por mir persona^ 
ó el aplauso que le daban los Aprobantes , efecto de sa 
ignorancia. Con esto resolví examinar por mi misma el; 
Anti-Teatro. Hicele conducir ^ y le registré con cuida-» 
do. El juicio ( lector mió) que hice de él, es, el que ve»; 
ras justificado en esta Apología. £1 que po pude y ni 
puedo hacer, es en orden al intento del Autor* 

¿Qué podría moverl/e al Sr« Maüer á escribir contra 
mi? No la profesión de alguna facultad , que conside*-' 
re agraviada en mis Escritos j pues ^ 4 lo^qiie entiendoy 
ninguna profesa. No el espíritu de emulación, ! ó envi-^i 
día, porque un hombre, ó totalmente ignorado en la 
República Literaria, ó solo, conocido por haber escrib- 
ió contra D. Diego de Torres, uq Fap^l. .de. estos ^ que 
qualquíera c^scribe curren¡tfi ^^^arfW, ¿qué proporción te«: 
nía para intiroáucirse á éspaA^y^ no d^ de.nu üieríto , ai-^ 

no 



(XXVI) 
Bo de mi fortuna? No algún resentímiento de mi perso- 
na; porque ¿cómo podría yo ofender á un hombre , de 
quien no tenia la menor noticia ? No el zelo de desen- 
gañar al Público de algunas máximas (á su parecer er- 
radas ), que yo le hubiese sugerido; pues si bien que 
esto es lo que manifiesta en el Prologo , en el discurso 
de esta Obra pondré mas claro que la luz del media 
dia, que infinitas veces lidió de intento contra la ver- 
dad , pareciendo imposible , que tantos, y tan visibles 
yerros todos naciesen de ignorancia, ó alhucinacion. No 
por eso digo , que en vez de desengañarle, quisiese en- 
gañar al Fúbíico ; sino que le pareció que podria por vía 
de disputa (como á cada paso sucede ra las Aulas) ar- 
güir contra las mismas proposiciones , que en su mente 
tenia por ciertas* 

Tampoco convengo en que tomase la pluma por d 
motivo de acreditarse de erudito, porque estelin^ de 
Escritos no es capaz degrangear crédito alguno ásus Au- 
tores. Son tan fáciles, que al mas ignorante , y rudo so- 
bra habilidad para ellos. Esto de escribir impugnando 
á otro , no tiene mas dificultad , que poner manos á la 
obra. ¿No se ve lo que pasa en el egercicio de las Es- 
cuelas? El Estudiante mas corto arguye, siempre que 
se le ordena , contra qualquiera aserción que se propo- 
ne; y como grite , patee, y hable en tono de confianza, 
y seguridad , no faltan en el concurso quienes digan 
que tiene razón. En un Escrito es esto mucho mas ñidl: 
ya porque se toma todo el tiempo que se ha menester 
para pensar, y estudiar la materia; ya porque el que 
impugna, elige á su arbitrio aquello en que tiene ripio 
para impugnar, omitiendo todo lo demás , sobre que no 
halla que decir. Si es preciso gastar erudición , este es 
lui estorvo insuperable para el ignorante, que se halla 
en un desierto. Mas en la Corte está patente, para su^ 

plir* 



qcxvii) 

plirlo todo, la Real Biblioteca* £1 que apenas abrió en 
soda su vida un libro, aüi rebuelve en quatro dias qua-* 
trocientós. Llena de apuntamientos tres , ó quatro plie- 
gos sobre el asunto que se ha propuesto tratan Vase á 
su quarto, allí echa á centenares Autores con sus citas 
puntuales , que es una maravilla. Y veis aqui calificado 
de mui erudito á un ignorante. Es verdad que solo enr 
tre ignorantes logrará esta calificación ^ porque los qite 
escriben sin otro fundamento mas que esta lectura de 
socorro , es imposible que no caigan en muchos errores 
crasos , de que nos da innumerables egemplos el Sr.Ma-* 
fíer en su Anti-Teatro. ¡ Quántas yeces les sucede á esr 
tos Escritores mendicantes juzgar que escriben puntual-* 
mente aqueUo que acaban de leer , y es otra cosa diver« 
sissima ! De esto también se hallaráa egemplos en el 
Anti-Teatros 

Añádese, para &cilitar en la Corte semejaittes Es^ 
critos la coi^a que hai en ella de hombres eruditos en 
todo genero de materias , á quienes el Escritor mendi- 
cante puede preguntar^ y consultar sobre qualquier pun* 
to que ocurre. No faltaron quienes , por defraudarme 
malignamente de la gloria adquirida en la publicación 
del primer Tomo , digeron 5 que lo que escribí sobre 
Música lo debí á D. Ant<Hito de Literes , y sobre Mct 
dicina 9 al Dr. Martínez : uno, y otro falsissimo, y uno, 
y otro ageno de toda verisimilitud. Lo de Literes, porr 
que jamas tube con este Músico la menor correspondei>- 
cia, ni aun le debí siquiera una visita, habiendo esta- 
do tres veces en Madrid: Lo de Martínez , porque 
¿quién creerá, que este ministrase especies contra aque: 
Ua Facultad, de quien depende su subsistencia? Mayor- 
mente quando en caso de parecer bien el Escrito , otro 
se habia de llevar todo el aplauso. Pero si hallan posi- 
ble, que quien escribe en este retiro sea socorrido á 

ma- 



(XXVI/Í) 
Alanos llenas de la Corte , á quien vive en la misma 
Corte ¿quáoto mas posible será este recurso? 

Finalmente , los Escritos de este genero están tan le-* 
jos de pedir en sus Autores alguna ciencia, que por la 
mayor parte son hiyos de la ignorancia. Hablo de aque- 
llos, donde la mayor parte de las objeciones se funda 
en errada inteligencia , ya de las proposiciones que se 
impugnan, ya de los Autores que se alegan. Si á esta 
nulidad esencial se agrega la de amontonar fruslerías, 
y reparos pueriles , para abultar el numero de los ar- 
gumentos , y el de los folios , en vez de grangear el 
Autor alguna fama, le acarrea un sumo desprecio. 

Aun las impügnlciones pasaderas , ó razonables son 
úe cortissimo mérito, porque basta para ellas la mas 
limitada capacidad. No piden genio, método, estilo, ni 
invención. £1 mismo Escrito , á quien impugnan , les 
da las voces, les señala el camino , y lleva de la mano. 
Asi , no hai que espeirar que estos Escritores de censu- 
ras escriban jamas de Marte proprio sobre algún asun^ 
to* No pueden , aunque quieran. Si se ponen á ello, no 
encuentran sino nieblas en el discurso. No saben por 
dónde enlpiecen ; y si empiezan , ignoran cómo prosi- 
gan. A qualquier parte qué se buelvan , no ven sino 
sombras. No aciertan á dar un paso sin aquel lazarillo, 
que antes les servia de guia. Están atónitos con la plu- 
ma en la mano , en ademán de quien cuenta al techo 
los pontones , ú de Poeta que busca consonantes. Asi 
los infelices, para tener nombre de Escritores, se hallas 
precisados al miserable empleo de tirar mordiscones á 
ágenos Escritos. 

De aqui nació la inundación de Papelones que hu« 
bo en la pasada faena. Era cosa graciosa ver á quienes 
(de algunos me consta) no acertaron jamas á notar una 
Carta,sacar á luz un impreso.Me admirara déla temeri- 
dad 



(XXIX) 
dad de algunos sugetos^ despreciables por su doctrina,' 
y por su carácter , que se atrevieron á 9^k álíi p^liéls^ 
tra, si no hiáxera leído en el hombre de letras dé^Pj 
Daniel Bartoli , que un Cocinero del Emperador Vá- 
leme tubo la osadía de escribir contra el Gran Basilio, 
y notar su Teología de defectuosa. :.-^^: * •: i 

' /Excluidos , pues, los demás inotiviob tipie se puédéií 
imaginar de parte del Sr.MaDer , para escribir du Anti-: 
Teatro , solo resta el de algún pecuniario interés , que 
le puede producir la venta. Ya dije en otra parte , que 
yo tengo la gracia gratis daba jde facilitar , no soló él 
despacho de mis Escritos , más también de'Jos dé^ misf 
contrarios. No obstante ', ó^ porque- el . Püblibo se fue' 
cansando de tanto Papdajo , ó está escarmentado de 
los muchos reales que gastó en comprar Escritos por la 
mayor parte insulsos, ridiculos, inútiles, parece 'que ya 
no es tan corriente la venta,f»ues.yeo repetii^eii>l8^Gaw 
zetas el reclamo , llamando á la compra. QciarídcMel Sr. 
Mañer dio la noticia de su Anti-rTeatro, 'añadió á ma-- 
ñera de Apéndice \ T en la misma parte se vende el 
Repaso General de los Escritos de Torres por el mismo 
Autor. Aora que sacó á hiz el BeIer4>Jbnte Literaria 
(titulo rimbombante, para aitraei aquellos que tittiéit 
toda la alma en los oídos )^ puso al pie* de aquella no-^' 
ticiá en la Gaceta i T en la misma parte se vende el 
Anti-Teatro Critico^ &c. por el mismo Autor. Esto si¿- 
niñea, jqueel Bíbtico se haca {como dicen )de:^nfeás,^ 
y el Sr. Mañer , i. fberza de clamoresl :Gáaetales v i^uicM 
tejeoabocarks sus.Eacrkos. : ^ - ; •' '^ 

: Sease qual se haya sido el motivo que tubo el Sr; 
Mañer para inqiugnarme , diré los quetube yo parares^ 
ponderteé Sjéis^ts^^msÉBaiQiafíSi^^ 
sco.esfiesarláiqUemeliíhpíd»./ :>¿ oJEe»;oi;;«.T*-ÍJnA Lu 
^ i ílüabÍMido tomaiiofeá icHhájo4cl'i>i¿tode:deaén^í^^ 
.... j dor 



(XXX) 
^or jd^fFidüblioo^ es'de m incómbencisk remoTér los e^ 
tüTjto^ qti^: 86' oponen al , desengañob .El:mayor ( se en- 
(ifqde en l»>extenrion.)^ qae kasta aoora ke encontrado^ 
es el Anü-Teatro del Sn Mañér. Otros ,ie contentaron 
con ifnpugnar una , ú otra proposicigs^ ó máxima par-* 
ticular. Este se empeñó eiL combati/'d todo demiObra^ 
y «qoinQ si fuese Juess Conservador 4e los errores delVul-- 
gp ) solicitó mantenerlos en snantiqnada posesión. Pre- 
tendO) pues, que esta Apología no solo sirva al Publico 
de defensa contra la preocupación engañosa, que quiere 
inspirarle el SnMañer, mas también de preservativo 
fespectO'deJa continuación de su Obra , en que me ái^ 
cen trabajan ét, y toda k vandadade sus Contertulios 
con grande afán. En esta Apología se verá, que el Anti- 
Teatro no es mas que una tramoya de Teatro , una 
quimera critica , una Comedia de ocho Ingenios , una 
iji^ioaide iftocentes , un coco de párvulos, una fabrica 
en el aire, sin fundamentó , verdad, ni razón* Y siendo 
cijsrto^qqeel Sr^Mañer coh todoís sus asociados no pió 
drá escribir de aqui adelante, sino como escribió hasta 
aqui, cotí este desengañóles aorraré á muchos el gasto 
d? dinero en comprar sus Escritos , y el consumo de 
tiempo $n leerlos* Mas si el SmMañer prosiguiere , y 
los engañados no se. desengañaren ,. lia me cansaré en 
mas respuestas , ni al Sr. Máñer, ni á otro alguno. Con- 
tinuaré mi. Obra, sin cuidar de satisfacer á objeciones 
d^ tj:eLmv^nt(^o , : ó ^ ya > ifíia^ contrarios ló ¿anten . como 
briuiifQ , ó; y«: ló Jkirení aonv> desprecia '• 

Aun es de mas genciaJ hipoitaricia «otro motivo que 
he tenido', para escribir es¿u respuesta» Es el caso, que 
como Qo hai vicio alguno de quanto^ se oponen á una 
rgfita iCfiitiíCa (Otasurst ^ en que iib> bayao oaádo el Autor 
del Anti-Teatro ( esto se entleacLd con distribiicinp acÓ4 
Qigdada;, {Hiei^uilad objecionea tddecen de^onosiatha^ 

ques, 



(XXXI) 
qaes^y otras de etros)^ lo qúano'9erá:de&cnbrir aqneq 
Uos defectos 5 que llar una perfecta instrucción á los leo> 
tores , paira lúuier- recto juida,/asi :4e los Escrkos ciiti*^ 
eos que salieren , como de las censuras que los impug^^ 
iiaren. . ' 

£o todo-caso^fectoriinto^yaoqoé he vesóelro iKxres» 
ponder á mas Papelones,'quier>i>-desd&aorai4rffiarti^ düti 
álguoas pTeveiicioaés';c0ttn»i^'ó(>Dtrai los jaitiácios ds 
mis émulos. No te engañe la fanfarronada, 6 harmonía 
de los títulos. Es esta una maula ^iej{i aprendida de las 
Boticas, dbndedebajo rdeliotábre de^jacávetaureo^ ó 
agíia angélica, £e^¥eiidáitina»drógiKs tbiiosas^ «iiieha^ 
cen echar las entrañas. En las alegaciones de Auttíreé 
suspende el asenso, si iio puedes consultarlos. "{Oh quán- 
tas veces te han engañado con testimonios stqwestbá , 6 
mal entendidos ! Sspepo, que des{iué6\d»\laídá está iVpo- 
logía^ te sirvan eitAnti-l^eatro dé.«9cavfniénto 'gendta)^ 
para' no caer mas en .'semejante laaoc-Quaiiditfie^ltQpre^ 
semaren como absurdals algunas propófcicioneis iáfa'S,tue¿ 
gote que repases el original; y después que hayas visto 
el contexto, y examinado las pruebaa y te prometo no 
apelar de la sentencia if»e:'dieres:^áTrft)tlnar aIguho< 
Quando te rej^^tieren eh -una Gaceta el mismo Escrito^ 
que ya publicaron en otra , téhlo por mala señaK Si 
el gef^ero es' bueno, no necesita pregonarse tanto^ 

No me atrevo áofreo^ite luego el IV Tomo , porqué 
mi sahid es poca',yjnis toeupaoíories muchas. A tataréá 
de la Cátedra se añadió a«rá}a de esta Prelacia, "efi qué 
me ha puesto la Religión^ y áuna,7 otra la fiífigadé 
los correos, que muchas veces, me roba áoü (tias enté-i. 
ros de la semana : no pudiendo negarme á estimar , y 
corresponder , como puedo, á la hoora quémeh^en 
con su comunicación muchos sugetos respetable»^ y* eru- 
ditos de varias partes de España, que solo me conocejí 

. . por" 



(XXXII) 
potr:iBi$ «¿cckrá^ysio.ao poca^ (\wQde nú bailo impos»' 
bititadó á respQoider- alados. 7^oesii»íjifQtooonqi]eyo 
pbt int.o6mpléxidn.j.soi de>oMta>re9Í6tencidal trabajoy 
auQ quando gozo- buena saltd^ hace <pt esta Obra ca- 
mine con mas perezoso paso, que el que tú, y yo qnk 
siecamosi Poro nó ie|paoe^;queihago poco'en prose- 
gotrb , aonqfae !sea:€on; adguna lent^ud Cieittméme teii» 
drías lastima de an<, si supieses quáoto me cuesta , y á 
quán altó precio compro esto poquito de &ma , que me 
grangea la pUima..¡Oh,quánto» disgustos, y por quántos 
i$amÍQ06)Qe'ha<)CflÁiona(Ío)estli^ineax>rable Furca, qoeila- 
man.Gayidia! ¿iPero lo legado? Siempre el Mundo fbe 

«$Í2 • ■.•'." .•• . .; •• ,' í': ...:■.•.;- • ! - ■■■ 

. Macetat envidiábante octthsillm» essepótentem 
>■ Ilium adspectari claro ^ qui inceditbonmrey 
.y Ipsi*s0 Ht' tjambrís.vctlvi , canoqite ^éruntur. (0). 
íQuántos arbitrios^ quántas maquiaBcbáes.se han discur- 
rido, y a/pai^ quitürjue la g^ría délo escrito^ ya para que 
no prosiguiese <la Obra empezaida ! Dejo aparte dicterios, 
y caluQEUÚas ,cpmo. cosatrivial.en sendejantes casos. Pero 
no sé S)i á otro ]^«:ritQr babrá sucedido el que procurar 
sen aterrarle coíf cartas-' anoninaa.lkiias de- aihenaizas. 
Sigo , leaor mío , una hienda cubierta de. peUgros , y tror 
pie^^s. Per insidias iter est y f orinaste ferarum» Mas 
no por esotemasi, quetr^ulacon el pavor la mano deje 
.ca«r la pluma. Pésele el pifiíictpto poeViney que habia de 
psíá^^xx ffludblis oyosiciones por el caraicter- de liú (Xoizcy 
9iiy0 asunto es combatir opiniones comunes. AfiadkS.des- 
pues la emulación, i^uevps ^cuentrós. Por todo voi rom- 
piendo : con £it^ sí ^ pero sin des&llecimiento. 
-. Nitor in i^dversum , nec nte^ fui ctetera^ vincit 
t ímpetus^ & rápido cotttratius evehr oríi U\ 
:VALE. 

:".;... . ;,. - • ..- ....... • ■■• VOZ . 

(4) Lucttí, M. 3. át Str, »áíiirt, (*) O^hi. lié, *. Mttm* 



V o z 







•*'•■■ ■ ■■ ■ 

• • ! 

DISCURSO PRIMERO. 

f.Mte4 en «teDÍ3Ctirsa d Sr« Maño^ cotH^ 
deoaÁdram dque haya coafbadido Ja; 
P^oxiAÍ PüeMú coo la^í^ ^ohim, y usa- 
do promiaciiameiite de estas dos expre-^ 
sióties 4 Goáio eqtiivaleatés la una á 1». 
OtnL Porfíe dice , qiss la Voo^del Pueblo es la que se coor: 
»de^ idimanar.de todo^ehPusUK V c^ tO'> 

das 4a9 Gecarcpiias^ Nobles^t y Plebeyos^ Eclesiásticos, y; 
Seculancs; pero vozícoinun íb$ la que subsiste síolo en la: 
plebes Así lo define el Sr. Mañer por su propria autori-^ 
did : quien ignoramos que la tenga , para dirnós leyes 
tn materia de lengua ^ y despojar las vociss de lassigoifk 
eAcbnes redbidas* La expre^on f^oz coman i cada pasó s6 
iisai, para itgnifícar el oonsentímieiito del todo de la Repú*'; 
blica ^isiii excepción de dases. Y así, sÍ!uno dUce : Entre ios, 
Espofhhs es voz cmmm^ que el cuerpo de Santiago estd. én 
Galicia'^ oadie entiende, que se atribuye este sentir sdo á. 
la plebe de España. Yá entiendo de dónde vino la equivoca-*; 
t^ñ del Sr. Ma5er« Vio que la expresión Estado común sig- 
nifica el vUlanage , y por aqui quiso regularla expreslop Foz, 
comun\ sin advertil* , que el adjetivo común (cocbo otros mu-*' 
chos) sigdiftca coa mas , ó menos limitadon , según d subs- 
tantivo á que se aptica% Pregúnteles, á tos Lógicas si por ra-* 
ton común entienden solo los predicados, que convienen k 
lo» entes valgáis \<% á Jós PoHticos , si por utUidíid. común 
«iiCt«idfWiiiMQ$imetateiel ioteréatfe ios Ple^ 

A De 



2 Voz SBL PüSBIO« 

i . De aquljasa áiiimiigiiar él asunto dé tto¡^r6:^íiie&r^ 
so. ¿Tcómolohaoe^ Probando que algunas veces la vos 
del Pueblo es acertada* ¿¥ eso* quién st lo niega? Pruébenos 
que lo es siempre ^ si quiere probar algo. Yo pruebo, que 
h, voz del pueblo QO es voz de Dios , porque esta no piie-*^ 
de errar, y aqudla yerra nfuc^s veoes^i Dpdr cornea fstdL 
q&e algilnas veces ader^a-d Pueblo , es llefaaf papel , descaii- 

^intacta ladificsltad, ^ 

I Pero á bueltas de esto , que nadie le niega , (fice aK 
gunas CQs^^ que es preeiso.le nieguen. todos. Ní^r* 7 di- 
ce , qiie^^o pie murítf el Angeüco Doctor , k cam^zépor 
SofKfá'ía voz dü Bmbh^cmtemiM scUnba^kmes^ fm skte 
meíerAsfetesdesu Mcboso eransiioh camaronMüa delQh 
nrnnde Cbf^ores los Mongei dei Jkbnasterio de W^ssamviñ 
le pie dio por Iriem egecutado cincuenta a0os después el Papa 
Juan XXIIen h Bula de su Cmmíjwi^ím. Perdone el Sr.Ma^ 
Ser, que tal suceso , ni se aprueba , ni aun jé^hac^ ménoioa' 
de él en la Bula de CaQpnizfacibn. Leíla toda con. irnia pKH 
prío» qjos. El S¿ Mañer debió de ^akse*! los^fenos^ qoe en^ 
tre odio Tertulios, que conspiraron <x)ntra mí en la ibrma*^ 
<^n del Antí-Teatro , habia mucho de que echar mano, f 

: 4 Ibidem ; quando dice , que á Santo Tomás le canoni-^ 
2Ó la voz del Pueblo, ó habla de un Pud>lo particular , ú^ 
de la Iglesia universaL >Lo primero supone el error teologl-i^ 
có , de quela voz de un PueUo particular sea suficiente «pa^t 
ra Canonizadóo , aunque puede ser previa dispoñdón- {wá 
día. Lo segundo, aunque fuese verdad , no es del caso :pue» 
la voz de la Iglesia universal ^ asiento con expresión pootívtf 
en aquel Discurso , que es infalible. • - ^ 

5 Numero 10 <lice , que S. Roque es tan antígnó cerno 1m 
peste* \ Buena chronología es ! Según esta cuenta ftie SiRoqucí 
coetáneo á Moysés, pues en tiempo de éste hubo peste eo^ 
£^pto , como consta del capitulo 9 dd Éxodo. Acaso ha-^ 
bria otrais pestes antes ; mas esta es la primera de que tene-¿ 
mos noticia. . . 1 ' . , 

' 6 JlAácm áice^ que & Rofuk féeci^nonlliado s 
por la voz del^ffeüo^ S^ Roque fiíe canonizado porcia voádo 

:''l la 



BíJsbunsro Primero. 3 

la Igleria umversaU tomo puede verse eo el P.Rfliadedeyra; 
y esto QQ es del caso; porque aqui no disputamos si la vos 
ide la Iglesia universal es voz de Qios ; antes, esto católica** 
mente lo creo, y positivamente lo afirmo en aquel Discurso; 
numero i$. La question es de un Pueblo particular, ó de una 
Provinda , de una Región , &c^ 

- 7/ Nuóiero X I me impone, que yo tengo por infalible la 
Vok det Pueblo, en lo que toca á mi aplauso, quando en el 
Prologo del segundo le doí las gradas por lo que ha favores 
ddo á mi primer Tomo. No sé con^qué pjos lee el Sr.Mañer 
(pi8 escritor Lo contrario consta evidenteniente del mismo 
parage , que dta ; pues allí digo , que la áoeptadon , que de^ 
bo al Pueblo ^ nó nace de mi mérito , sino de mi fortuna. Si 
b vos 4el Pueblo en la calificadon 4e mis escritos fuese in-« 
alible , supondria.neoesariámente el mérito; pues el que ca^ 
fifica rectamente , aprueba lo que merece ser aprobado. 
, 8 Numero it dice , que e¡ difunto Czar de Moscovia bi-^ 
so embajada en persona d (üversas Cortes de Europa. No bal 
tai cosa. El difunto Czar Pedro visitó algunas Cortes de Eü* 
ropa, mai no como Emb^yador : pues esta vos significa ai 
que es embiado por otro, cuya perscMia representa; y al Czar 
¿adié lé cometió , ni pudo cometer tal embajada. Si se me 
responde, que aunque no fUe Embajador en realidad, tomó á 
carácter , y apariencia de tal , tamUen es falso : porque aque^ 
Ha embajada (que en realidad fiíe puramente aparente ) la 
puso en cabeza del Generalissimo Fort , del Virrey de la Si-<- 
beria, y del Candllér del Imperio. A estos tres revistió d 
Czar del carácter de Embajadores , tomando para sí pred- 
•amenté el de Gentil-Hombre , que los acompañaba para 
Visitar incógnito las Cortes. Y en esta equivocación suya 
aefiínda MaSer para condenar, como eqmvoca , una expre* 
aionmia. 

^ 9 Numero 17: Aquella expredon mia , ño he visto , fue 
a^uno de aquelhs Escritores Dogmáticos^ &c quiere que 
signifique, que he visto todos los Escritores Dogmáticos, 
que prueban la evidente credibilidad de nuestros misterios* 
Sentido absolutamente repugnante; siendo imposy^le , qútf 

A t na- 



4 Voz tofií Pueblo. - 

nadie los vea todos ^ aunque ande peregruuttKio por él tnid^ 
dp taoicamente á ese intento. En el mismo númefo alega uoc 
testimonio de S. Agustín, citándole de este modo: En et 
¿¡ftnb. serm^i. adCénhec. cap.13. Aquí hai , do uno solo, si*^ 
no mudhos yerros. £1 primero , porque S. Agustiu de «9^mh 
iolo ad Cathecumenos no procede por sermones , sino por li-^ 
bros. Ló segundo , porque siendo quatro estos libros, ningu- 
no llega á trece capítulos , sino el segundo ; y én este no liai 
el testimonio que se alega, sino en el quarto, oap. 10. Lo 
tercero , porque ^1 texto se dta truncado , y es su sentido 
mui diferente del que le dá Mañer , como se bará patente á 
quien leyere todo el contexto. 

10 En el mismo numero dta de S. Basitio , epist. 71 es- 
tas palabras : ReUqua vero Eccksia , p^a erbisfimbus usqúe # 
ad fines EvangeUum accepit. En la epístola 71 de S. Baaiio, 
que tengo presente , no hai tales palabras. Puede ser que en 
la edidon , que vio Mañer , ú el que le ministró la especie, 
estén colocadas con otro orden las epístolas. Pero quedo coa 
algún escrúpulo , porque la gramática del texto alegado es 
defectuosa,y no veo el yerro enmendado en la fé de erratas. 

11 Én el mismo numero 17 dta al P. FeÜpé de Seaeri. 
£1 nombre de Pablo, y no el de Felipe, vi en la frente de 
todos sus escritos. Pero esto pase , que es fadl equivocarse 
en un nombre; sí t»en que el Sr. Mañer en cosas mas me^ 
nudas me repara, para tener con que abultar su escrita Y 
sepa de camino,. que en lo que se dijo del elefante blanco, 
se equivocó Bengala con Sián, por la vedndad de los dos 
Reynos. Es derto que en Bengala adoran al elefante blanco, 
aunque en Sián sob le dánxulto política Esto segundo yá lo 
averiguó el Sr. Mañer , pero le faltaba saber lo primera Si 
quiere testimonio de ello, ve^lo en el Sr« Jovet , Hisioríá de 
las Religiones^ tom. 3 , pag. 2 jp. 

1 2 Por fo que mira al empeño de defender , que es bue^ 
na prueba de la verdad de una Religión el tener mas séquito 
que otras en* el muiído, ¿quién no vé la ábsürdissima consé*. 
qttenda que se sigue? Esto es, que antes de la Venida d^ 
Christo, y aun muchos años después que vino , se^ <>téflrd&< 

. de-. 



Discurso Primero. ^ 

llera la- RéBgion^ que daba cultos á Jopíter ^ pues teaia esta 
fiüpa Deidad mucho mas; séquitoi en el oaiadó ^ que . el Diosr 
verdadero: éste ceñido 4 un. puno de tierraen la Palestina; 
yí aquel adorado en casi todo el ámbito del orbe. 
* I ) Sobre lo que dice el Sr. Maoer de Savonarola^ re^ 
mitesele al Prólogo del tercer Tomo del Teatro Critico , y^ 
¡se le.exbrtai que^iquáudo haya.de. dlar un.personage del 
cáracterdel Sr. Marqués de Aln^antes^, se asegure m^r prt-- 
mero t para no imputarle una especie totatmoite quimérica. 



VIRTUD. Y VICIO- 

DISCURSO SEGUNDO. 

ii /^Uanto en este Discurso me opone el Sr.. Mafler; 
\^ oonsisté en egémplos impertínéaffs , y varias 
r^ equivocaciones. Para probar , que la vidaviciQ* 
ia nO' ocañóna algiina inquietud en el inimo, alega el egem* 
pío de los Emperadores Mahometanos, citando la Historia 
(Secreta délos Turcos, escrita por los Holandeses , donde se 
dá nocida de* la, vida ífeücma^que cummmmt acostumhranl 
<Pftra saber, que los Sultanes acostumbran una vida ddido^ 
aa, escusado es leer ninguna historia secreta , pues harto puf 
l)lico es el hecho. Habla el Sr. Mañer de las ddídas del Ser-^ 
raOo^ que asi lo dcga dicho en la clausula inmediata anteoe* 
dente. Y esto lo saben muchos , que no han leído historias 
«cretas, ni públicas; Pero no es esto lo que se gifesdona; Su^ 
popemos , que ná solo los Emperadores Otomanos , sino 
iQtros infinitos de todo genero de Religiones , y Reynos ,cVfe 
ven qni ^entregados álos deldtes venéreos. Lo que debe 
probamos el Sr. Mafier , y no prueba , es, que esos deldtes 
^fstán indemnjesde todo disgusto , y amiargura aotocedentt^ 
-^sübssgiámts^ Yo BSrmtrq^ no: y d ^que OK inq^gqa 

- '1 ' Al Pte^ 



6 Virtud , y Vicio/ 

: % Pero demos^ qoé k» Eoiperadores Otxte^ 
Hoa vida todadeníiel t ^ saetcla alguoa de acibar ; ' iqué 
prueba esto al ioceoto^ (Esa exoepdóQ impedirá , que mi 
máxima se verifique eo el común de ios hombres? ( y ad«^ 
vierta el Sr, Mañer , porque no cay gamos en otra equivoca- 
ción t que aqui elconmn de los hombres, qo siguifica solo la 
plebe) 2 Hé escrito yo para Constantinopla , ó para EspaBai 
{Para Turcos, ó para-Católicos? Aquellos' Emperadores tie» 
den por licito el uso de mueba&mugeres* Son poderosissimos;» 
en cuya conseqüencia tienen muchas , mui hermosas , y mui 
guardadas* i De aquí se sigue, que carezcan de los remordi- 
mientos de conciencia , de las inquietudes de la pretensión^ 
de JDs^su^tds de ^na alevosía^ Busq¡aé9bos |(kor Atá/todisieftas 
circunistándid el SrJ Mañer , ni áiin pk>r áüá , sino en'los So^ 
foeranos. Y aun á estos les quedan sus escozoresr pues siim 
reprimen en gran parte el apetito , estragarán la 99lud , abre^ 
viarán la vida; y esta consideración no les hará buen et- 
lomago*. -' . ■ ' 

< 3 } Parar probar qqe ]a virtud es molesta, y áspera , ale- 
ga el templar de. Ixxs Santones Infieles del Oriente. ¡ Buenos 
Antonios , Pablos , y Pacomios nos cita ! Lo primero , esto 
es dar nombre de.v]rt;ud á una demencia diabólica. Lo segun- 
do, aun quando lo fuese,. nada probaria; pues para ser ua 
hombre virtuoso , no es necesario que practique las horribles 
penitencias de aquellos infieles. Quedando mucho más atrá^ 
puede ser Santo; y aun para serlo, debe quedar mas atrá^i 
Lo tercero , yo no niego, que hai algunos actos de virtud 
penosok. ¿Quién será tan fatuo, que diga, que el acto heroy«- 
co del martirio está exento de todo dolor ? Lo que afirmo es 
únicamente , que la vida virtuosa , tomada én geoeral , es 
mas dulce , ó menos desabrida , que la viciosa. Esto no qui- 
ta ,. que las penitencias rigorosas cuesten mucho trab^ , y 
sean repugnantes á la naturaleza. Si el Sr.Mafier reparara 
aquella proposición ^ mav Padecen ¡os justos; pero nmchp 
nKMs ^ue.. hs ákfínfüffruee .^ y.otifaSiSemqantes ;, viera, 
9ie nada iiacia coa proponerme^ por ínoléstas las penitei^ 
«ias« **'... , ..'.'• '. •> 

- ': : -. '' feuel- 



Discurso Segundó. 7' 

-:^' Buelve despuet al ásuúto de que idiimtiOs viciosas. víh 
ven can.paz^ y akgria, eafor^ndolo con el egemplo de úq9{ 
Renegados «n Ma^ueoosii qué'dedan : Comemos^ j^Moffiús^ 
guebuen ínfierim w^ espera. Mui corto explorador de oo-i 
razones esel Sr. Mañer ^ qúando de aquellas palabras iafíere^ 
qué loados Renegados vivían oon piu:^ y alegría* ¿Es posible 
que.nó yeala manifiesta repugnancia , qne bai^n queisioml^ 
taneamente exljstáael faifierao seguro en la mente , y la akh 
gria en el corazón ? Señor núo, kts propuestas palabras üni^ 
' eamedte ^ignífictan los vanos v é inútiles etfuerzos que aque^ 
Uos dp8 miserables hadan por teinplar con el placer, de la 
comida , y bebida las amarguíftamaa aqgustiitt, que les oprif 
■uso d animou 

y Pero ffl^gor que todo es lo que me opone al numero 6^ 
Para prbbar, que el vicio de la liaría se puede egercer ,sin 
desazón 'alguna , alega el ^emplo de los casados « á quienes 
la gracia mátñmñMmami^ PeLoaso 

es el ^enokplar. No sabíamos hasta aoca,, que «1 uso del oUh 
triraonió en los casados « á quienes la gnuáa matrimonial 
mantiene en vida traa^ila, fuese egertádo del vici6 de^ Ui 
Iqjuria. 

: 6 Las eqnivoéadónest que sobre el presente asiiito pih . 
déoeel Sn I\faSer (hablo de las capicales). , soíi dOs. iia.pri^ 
mera s qu^ para indemiiizar los vidos, espedalaaeote d <de 
h lujuria 9 de toda amargura , discurriendo por las molesn 
tías 9 que yo le he señalado ; muestra uo^iadlvtduor%'que«tá 
libre de una; otro, que es(;á libre de otra ; otro de oirar&Oí 
Este modo de discurrir no sirve para argumento , m< para 
respuesta : porque yo propongo dl^ntivameote Jas m0les^ 
tías , que padecen. los Iqjuriosos^eslo. es, nO pretenden v que 
dada individuo las padece-tedas; sindique raríssímó{ ó oín«^ 
guno se escapa de alguna , ó alonas de las señaladas^ ¿Quí 
hace , pues , el Sr. Mañer con qmtarle alguna pordondUa de 
pesó á este, ó al otro, a por otra parte le diga bastante' 
carga? < • * ^ t *\ 

.»*7 La seguddaeipivDcadon consiste,^ 9ie<distifigM^ 
éo yo claramente eoire los.prindpios % y los pft^gmtis m* Ui 

A4 vir-' 



8 ViRro©y Y Vicio/ 

vfftudí y ssegttrátidcsque aquellos, éa 1m que had esbdo i 
^üttado9 mucho tíempo eo el vicio, ^son arduisdmos, mas na 
«tí los progrtsos , &C. el Sr. Mafier confiíndé uno , y otro á 
cada^Mtso, para tener que argüir, 6coaquere^)ooder.£Q 
virtud deísta equivocación capiul me representa aquella 
^oposición mia ( hablando de uo pecador en los principios 
dé su cohvendoo) ítampt ^ enfin^por un phUtgaék d^icuUa-^ 
éfi^tomo contradictoria i la otra, en que ^digo, que eramr 
Mmm ctmceiir la virfMl toda asperezas ^y metida entre es^ 
pinas. Si el Se. Mafier leyera con reilexioo lo que yo he es-* 
crito, y no confiíndiera lo que yo distíngo , viera que oft 
hai.contradiccion alguna en lasados proposkioQes¿ . 

8 Fuera de estas equivocaciones capitales , fau otraa 
muchas. Expoi^mós algunas , yá* que no todas. 

9 Numero 5 : Al egemplar ; que yo propongo de CafSf 
dice, que su inquietud era castro del Cieh^y no dimanada 
de la naturaleza del vicio. \ Bella distinción ! Coma sr una 
misma cosa no pudie» ser efecto del (íecadóvy pena delpc«% 
cado. Pregúnteselo el Seikir Mafier á qualqulmi Teotogo 
principiante, y sírvale el desengafio de escarobíento , para no 
tocar en adelante con la pluma en materias que no ha estu» 
diado. Lo que yo digo es , que la inquiémd de Caín nada de 
la memoria de su delito. Y esto mismo dice S. Geroníi 
mo : Consciéntia scekris tremebundas^ epist. 115 ad Da-». 
uasum. 

* 10 Eo el mismo numero 5 dice, que en las Naciones 
políticas los hombres no padecen algún detrimento en lá 
honra, por ser dados al vicio de la lujuria. ¡Rara sentencia 
es ! Yo creía, que eso, bien lejos de suceder en las Nado«» 
oes políticas ^ solo pasaba en las barbaras. 

II Numero 61 Sobre lafé de Pellicér dice, queen el 
Reyno de Congo toman las mugeres á prueba por tres años 
antes de casarse. ¡ Noticia estraña , y por mil capítulos in- 
cieíble! Los mas pasarían en pruebas toda la vida. PeUicér 
no es aproposito para calificar especie tan extrava^^anteá 
Autor cdino'se sabe , poco escrupuloso en \sl. Historia, 'de 
miea dicetlfimioso Autor de kaRtpaim Uisíericni centra 

Fer- 



tñgfteriUW^fi^ óo puso la mano en coa a]|;uaa\ que óó vi«! 
dúe: y es muipodble , que sacudo su capricho v hiciese 
costumbre general de aquel Rey no un caso particular. Eael 
Rejno de Congo se introdujo la ReMgioo Católica ef. ano 
1484, y después acá se ba conservado en él , como puede 
verse en Monsi^et , Hist. de Jas, Religiones det mun^ó^ 
tom.4« pag.P49 usq. ad p8. Y Mons. de Lacroix., .qMe esy 
Cribióquatro tomos ^ solamente dd África- ^^tom. 3 , cap. de 
Congo , tratando de su ReligioD ^dice ^ que los matrimonioa 
en aquel Pafe se celebran canfonne al rito de la Iglesia Ro» 
Buina ; y aunque refiere algunos abusos^ que en dbsinter^ 
vienen como restos del Gertti|ismo v no hace mendoo del 
de la prueba de lasmugeres^ quei^fiíeseverdaderovaQhii^ 
biera dejado dé notar ^ como tan esteaño , y reparable. R^al*^ 
mente es de admirar ^ que. un hombre que se mete á cridk 
€0 , 00 advierta ^ que es corta la autoridad 4e Pellicér^ pa^ 
n fimdar en ella una costumbre , que csti tsm fíiera de lo 
creíble*' 1 • - '...>.,> 

^ 12 Numero 7 dicct 910' loque yo aiego de :& Agustín 
en sns:Coníesiones , no hace prudfa Ocia el inteaio^ luíbiem^ 
¿oh el Santo espirituafízado^ i Que nos significará con esto{ 
Lo que S. Agustín formalissimameDíte dice en aquel lugar^ 
es <, qne^quahtos mas pasos daba en la prosecudon de la virw' 
tud, tanto mendsaspera v ó tanto mas dulce la .hallaba , y 
tanto menos sentía el abandono de los deley tes camales. £»r 
to es puotualis^mamente lo que hace al proposito v que alli 
sigO(^ como verá claramente el lector, bolviendo i leer lo 
que digo en aquel Discurso, numero 7. Sin embargo , el Sr» 
Mañer , contenta con su esftk^ituaüMado^/éCWktbiyt múi sa^ 
tísfecho , que siendo lo t/ue el Sanio decía muiproprio de úgu^ 
imento^es nmiageHédeldtsuRevere»disMmá.\Q!iJá\»át 
decir á esto , sino que alabo la satisfaccbn? . t 

• i^ Numero 8 dice, que d Tiberio , fohreiallendo en ¡t 
Inhumano^ no se le nrtó h lasfit». Algp^trasado está:el S^ 
Mner en ia hís^ona (de Tiberio; Lea éa iSuelonio las iniH 
Uer^les, extravagailtis', y lorpissimas :ohsoeoiáad¿s , ^ 
aquel Ptiodpepractícóco la Isla 4e€aprÍ4 y verá si se ip 
-i no» 



10 VlRTÜB^^Y ViCH). 

fibté lo lásdvo« O^ «le f&nxmvKÍx^tnhijprb^ 
tomo ; vayase á suMoreri^i <|neletJeoetacr^ mano ^.ytcn ftt* 
hallará , hablando dé Tiberio^ qúefí» M* if^sme por sm 
hfscivias , como por sus viok^iiciás. Y mas abajó « despuesnie 
hacer memoria de sus mtitiBas^ y horribles Grueldades« prór 
sigue asi : Ei no /hemetos fikmstntdso 'en susjkwh 

? r4 Numero ro^: Respóndieodo al argumento ^ ^qiie totúo 
f o de lá confesión de los condenados: Lassatí suimfs m via 
iniqmtatis^ & periütionis\ dice^-que digan sus mercedes h 
mié' quisieren^ que sébre ¡o fuese trata ^ ¡no es delfcaso. su 
narrativas ; No es dd caso? ¿Qué 'mas del caso pMede.Mf^ 
paria quien vá á probarv que ^ carabao >dd. vido.es < causa*? 
db, y molesto 9 x}ue la coofeÁon de-bs mistnok^ 4ue lú4 
deron la experiencia? Dice élSr. Maoer, qué aqui tratamos 
del vicio en esta vida; no del castigo ^ xpt tiene en el Infiera 
nb. Pues bien :: Aipiellof condenados hablaban, del vidoeit 
esta vida. Es clarissimo; pues hablaban del vido considera'» 
do eb él ¿miino^ de far perdición t In viá imqmtatis'\ iSzper» 
dUthnis; y el cáttiinó de la perdidon es la práctica del vido 
¿nf esta vida: el infierno nó es camino de lá perdidon , riño 
tenininó. £1 Sr.Maner vio la voz Lifiemo en el texto: Taiid 
dixerüfi^ in inferno ; y eso. le basta para dedr á Dios^ y á di^ 
«ha; que él texto no es tlel caso i ddñeodo advertir «que 
aqnqué los que ' hacen aquélla confesión , €stán en el Infier^^ 
ho 9 la confesión habla de lá molestia , y cansancio , que pa*^ 
decieron en esta vida,. Esta'donfesion de los condenados ee 
perfectamente conforme á la seotenda de David , Psaloí.^ ja 
hablando dé los impíos: Cbntritio\ &i9^UcitasJn'Mi 

wOr9m*9 

*. > lY >Y^4tiej6 dé estrañar 4 que nn faónd>retan cortesa^ 
no como el Sr. Mañer , que aun á los condenados tos dá tra-» 
tamienio dé merced^ Imí me haga tan poca, que ácadapa* 
gfhá trata quantdidigo de despri^xisitti» . \. 
- f 5''>l Numero^ ft^ EstbpiioposiddnQm4¿ácfkaal^^ 
dpio del DísGorso : Temaré \en este^ Dis€t^M su 4N(enga0úi 
ia entiende ccfno que ^amflesOt qiie entra en él aáunto. á 
-' i tien- 



ViRTU© , Y Vicio, i i 

tieotaSf y nti conocimiento. ¡Raro modo de construir es! 
¿Qué esmipó yiS 9 i^ alterase erseotidá de 2^í»bl texto , qtíe 
está en latín, quien le altera tanto á esta proposición, que 
está en romance? ^Quiéii creyera, qúeliajrai algún cortesa- 
no , que ignoVe, que allt, como en otra¿ muchas partes , el 
verbo tefUifr significa lo mismo que intentar , procurar , ^07 

frjfiwr^i &c. ?• ,, j : . y ; r iL- i ' '^ i 
17 Numero ip'mé nota un descuido. jDicé , que en Phi- 
\oa Judio no se baila la^es^ecie , que propongo , ceme««i^ 
al entrar en este Discurso. ¡Oh qué bien lo resolvieron el 
Sr. Maoer, y sus f^ontertulios L ^elvan otra. vez á la Real 
Biblioteca , busquen á Philon Judio , miren en el libro (único) 
)ie Sacr^cüs AMk %§S Caim>i y muí áJos principias hsilla- 
irán la especie , casi con las misma» palabras t qui^.19 trae S. 
Ambrosio. Mas por ahorrarles ese trabajo, «las pondri 
aquí : A^4wi éue cum singuUs nobis cohabitant uxares , inh 
mide , i$f estaque sibi invicetn , animakm dommn repkfífes 
wnmiathnis /witenthttibus. Harum alteram dUigimusj quanf 
futamusmamuetam^ mitem^ wmcjssimém nabis\ ^fmáUoj 
rmimam^ luecivocatur volupjUis:iiürerdf«i;m» odimus foti^ 
wffermm^Jmmitefn %^mmawue$amquei & mbis iffeniiséwíwn^ 
fuec virtus naminatur. £stas son las proprias palabras de 
Philon, según la traducción de Adrián Türndx> , y de Da* 
Jirid Hoeschelio. ¿No es esta la misma especie punmaltssimar 
meiite',.que yo^propuse? if^ sqn pasi las qaisntas.palabras de 
S^. Ambrosio^ Pues, señores Tertulios , cuenta con lacaent^ 
y. no ponerse á hablar .al ayre , as^uraiido contra tato mapir 
fiesta verdad , que tal. cosa no se halla en Philon Judio.. Lo 
que yo escribí , está bien escrito. Y el decir , que S. Ambro^ 
do citó á PhUon Judio , fue para significar con expresión de)^ 
€oro0a% que tomó a<mel concepto de PhiloiH comotesc)ar« 
4|ueletomót 






I» 

■ •■■■.,■ -I 

HUMILDE, ' 

Y ALTA FORTUNA 

:l ■■ I > : -4 

DISCURSO TERCERO. 

1 

« T A critica de este Discurso está llena de vicios. El 
m É primero es el que notamos en el numero 6 del 
Discurso antecedente. Yo en mi Discurso voi discurriendo 
por las molestias, que afligen la alta fortuna « no preten*- 
diendo , que en cada individuo , y en todas ocasiones estén 
todas juntas 9 sino con distribución acomodada , como se vé 
darameñte en el contexto. ¿ Y qué hace el Sr. Mañer ? Pror 
poner uno, á quien falta una; otro, á quien falta otra, &c* 
&to es hurtar el cuerpo á la dificultad , y dejar el campo 
por mió. 

% El segundo es , dejar sin respuesta ios argumentos» 
contentándose con una folsa apariencia de que responde» 
V. gnnunoero iS, al suceso, que yo refiero de Pyrrho, y su 
Comejero Qneas , dice, que fe^»f sfjh manifiesta es la ann 
bicUm deluno^y la discreción del otro. Pero el caso es ( y es 
de lo que debiera hacerse cargo el Sr. Mañér ) , que lo que 
derediamente manifiesta esa discreción del otro y es , que ei 
poseer mas, no hace á los hombres mas felices, que es lo 
^ue yo allí intentaba probar. En el nuipero ^guíente entra el 
Sr. Mañér de este modo: En el%. 6. habla su ReveremUssi^ 
ma con aquellos , d quienes domina la ambición^ y la codicia. 
Y después de resumir algo de lo que digo contra ellos , res* 
ponde, que en muchos de los que poseen alta fortuna , no 
dominan esos vicios. Sea asi norabuena. Pero si yo en aquel S 
hablo solo oon aquellos, á quienes domina la ambición, y 

la 



y 



•' DlSCtJRSáTÉRdERO. t^ 

la oodkaa, jqúé Vespüesta es dedr ^ qué á otros no los <k>mi- 
Dan esos vidos? Esto es , como si á uno que probase, qué 
los Ethiopes son feos , porque sóki negros , se le respondiese^ 
que hai otros hombres en el mundo , los quales no son ne^ 
gros. ¿No seria gentil respuesta ? Pues con esta , y otras de 
este jaez , queda tan satisfecho el Sn Mañér ^ como si dige-*' 
raalgo. 

j El tercero es, confundir lo que en el Discurso sirve de 
exornadon, ú de simil, con lo que se alega para prueba. 
Numero j supone, que yo alegué, como prueba del asunto^ 
la respuesta del Oráculo de Delphos á la pregunta de quál 
lx>mbre era el mas feliz del mundo : lo que le dá ocasiori 
para extenderse en mostrar la poca , ó ninguna autori- 
dad del Oráculo para esta dteiaon. Aquella especie no se 
trae como prueba, ni hai voz en el contexto, que califique 
este uso de ella, sino como exornación histórica, que ame* 
niza la lectura. ¿ Quiere el Sr. Mañér que yo escriba con üd 
método seco , descarnado , rígido , sin amenidad , sin cultu- 
», donde solo se vea el probo majorem , el contra i sic ar-^ 
gumemor , dices , repUcabis^ &c ? Si el Sr. Mañér lo quiere > 
asi, yo digo que no quiero; y lo que hace mas al caso , tany* 
poco quieren mis leétores; excepto aquellos pocos, que por 
ios motivos que ellos se saben , se holgaran de ver mis libros 
arrojados por tos rincones, y llenos de telarañas. Aquella es- 
pede del Oráculo de Delphos se halla vertida en muchos ex^^ 
oelentes Sermones, y en muchos libros piadosos, y discretos. 
Vaya á reñir con todos ellos el inexorable, y rígido Mañer» 
Al numero jj entiende también como prueba lo que escribo 
de los dientes de oro , y plata de los Macazares ; siendo wbí 
claro que la luz meridiana , que aquello no es prueba al in-^ 
tentó del Discurso , sino sinül al asunto particuLir, que en 
aquel numeró se toca. r 

'4 El quarto es, proponer didocadas mis proposiciones^ 
cbfl lo qual extrae muchas del legitimo sentido, que tienen 
toel contexto. Combatíl* discursos, donde las razones se 
Van tegiendo^con n^todo oratorio , destacando de ellos pro- 
pbftidones sobt*« quienes eaygaa los argiin^ntés,^ unhkhb^ 
-' : do 



14 Humilde ^ v alta Fortuna* 

do dé argiur doloso, &!«>,, y 4geno de toda buen» eritíctt 
Solo pueden impugoarae separadas aquellas proposiciones» 
que se esunipan oooio Teoremas , ó Conclusiones ( díga^ 
moslo así) per se subsistentes^ esto es ^ que pors(misnrmdái| 
perfecta idea del sentido en qpK se profieren. Las que yáa 
enlazadas en un discursporacorío , no le manifiestan muchas 
veces 9 sin tener presenjjPél todo del contexto « donde C0I07 
cada cada una en et^tigar que le toca, y QX>strando.el res- 
pecto que dice iiSs antecedeptes , y subsiguientes , condu^ 
ce, como porUa mano, á su recta inteligencia. Si las iao* 
ciones del rostro más hermoso, se pintan sin el orden que tie^ 
lien en éí , siendo el original bellissímo , la imagen será dí»f 
forme. Lo prpprio sucede en los escritos de este genero. Las 
censuras, que se hacen de ellos, destacando proposiciones» 
son unas pinturas infieles, que quitando el orden, despintaa 
ia belleza ; de modo , que las que son perfecciones en el to«Y 
^o , parecen borrones , desquadernada la textura. 
.. 5 Pongamos égemplp en una obra, que según buenos . 
Críticos, es de \o nqas excelente que en el genero oratorior 
vieron los siglos. Hablo de la Oración de Tuliopor Quiato 
Ligario, la qual justissimamentees la admiración de /fuantof 
entiendep de eloq&enda. Nadie la lee , qpe no halle un pri-» 
mor en^cada rasgo. Sin embargo, si algunas proposiciones 
suyas »e representan separadas <kl contexto, parecen ímplf- 
catprias, disonantes , absurdas. Al entrar en la Oración lla- 
ma Gceron crimen nuevo, y nunca antes oído el hecho , son 
$re.. que caía la acusación contra Ligario : Napum crimen ^& . 
0nte hac numquam awütumé EÍ hecho,^obre que caía la acur 
fácion, era precisamente haber militado Ligario contra el 
César: lo qual otrps muchos hablan hedió antes. Dicelue^ 
gp, que Ligario no tiene culpa alguna : Omni culpa vacóte 
y io prueba por todo el Discurso : lo qiial, sobre oponerse i 
la confesión antecedente, pugna también con la protesta 
que hace el Orador al fia, de que solo tiene recurso á U 
clemencia del Cesar : pues si Ligario está inocente, tiene 
recurso! la justida, aunque falte la denienda. Llama en otra 
parte honesta á una meatira, coa que pudiera escudar á.U^ 

ga- 



• ' Discurso Tercero. - " 15 
g&rtdt fi^J^, ^mhmcQt(Ü mandada, { Qu^ de&ttaa íia^ 
ttuHT honesta una acdoa ^ que es intiiasecámente mala ! Dl^ 
ce f que ^ acusación intentada contra Ligarío no tieaéifuerf 
29a para que le condenen , sino para que le quiten la vida: 
Non habetetm vim ista accusatio ^ ta Ligarius conikmne'^ 
par ^ sedut necetur. ¡ Qué implicación , ó qué algat-ávíá ! Vé 
6qui quatro , ó dnco desatinos de marca mayor en una ora^ 
don corta : y esta es puntualnoíente aquella que prefieren á^ 
todas las demás de Oceron sugetos de gran conocimiento. 

6 Por eso en la crítica de semejantes escritos se desea 
sobrie todo la buena fé , para sacar al Teatro del examen las 
üazoikfs en el Verdadero sentido en que las profirió su Autor; 
Si aquella falta , es fácil enga&ar á todos los que no son mui 
despíettoá 4 y persuadirles , que un escrito (aunque en sí mis-> ' 
Aló excelentissimo) es totalmente despredable. 

7 Este defeéto ( ló mismo digo de los tres anteriores ) es ' 
liasi transcendente á todo el Antí-Teatro. No soló separa las 
propoisídones del contexto , para traerlas á estran'gero senti-i 
<tó: tal vez laís destronca , cortándoles la mitad. No sé si otro 
álgun Oiticofue tan enemigo de la legalidad ^ que llegase á 
este extremo. Véase el num, 7 , donde dta como mia esta ~ 
proposición, extraída del segundo Tomo, pag. 24 iNoesh^ 
qu€ se siente^ h que se dice i tomándola en sentido geiiera* 
lissimb , para probarme con ella , qué nó pueden histrearse 
jamás los gustos , ó pesares^ de los hombres. Mi t^roposicibn * 
en la parte dtada es esta : Noesh que se siente lo que sé 
díce^ quando es delito decir h que sé siente. Esta segunda 
parte, que saca la proposidon de un sentido mui universal á 
uño mui limitado , se la rapó á navaja el Sr. MaSer , dejan- 
do escueta la primera ^ no es lo que se siente h que se dice^ 
para tener con que afguirme á mí, y con que alucinar al 
pobre lector. 

8 Propuestos estos quatro defectos ( digámoslo asi ) ge* 
aérales , lo$ quales siempre deben tenerse pre^htes para ha*^ 
<ier debido concepto dé lá Critica del Sr. Mañer , no sbló éoii ' 
eVasnnto del presente Discurso , mas en todo su libro: pase*-- 
nosálos particulares, que ocurren aquiiádvirtíeñdo^qucP 

so- 



J 6 HlTMILDE , T AITA FoilTlTKA. 

solo 3^ Qotaráü los mas sobresalientes: r^gla qüí.OoavnH 
inentie se observará ^ este escrito, pqr. ao hacerle ouii 
prolijo. 

: 9 Numero 4 dice « que el sentimieoto ^le tubo Agato- 
des de la muerte de sus hijos degollados , podrá cof$ír apesara 
¡re con el gusto de mandar egectaar h proprh con los hijof ^, 
las mugeres^ de hs mismos homicidas. ¿Y ji^ga el Sr. Mañer 
eu Dios, y en su conciencia , que este gusto sería igujil ^ 
aquel dolor ^ ¡ Oh qué mal empieza á pesar ios gustos» y dis- 
gustos de los poderosos! 

10 Numero tf, después de evadirse de una objeción miat 
propuesta en el numero antecedente , en la forma .que suekSt 
esto es, sin 'decir cosa que pueda servir.de respue^ , bao» 
reflexión sobre estas palabras mias : Ser id ififisüto^ si carries$^ 
' do las Historias , quisiese sacar al Teatro todos aquellos , em 
quienes la mano de la fortuna alternó cruelissimos golpes com 
los mas tiernos alhagos. Ni esto es mui in^ortante d nuestro 
proposito. Aqui me carga la mano terriblemente el Sr.Mafier,: 
repreeodieodome con estas palabras: Sí para el asunto em 
fue estamos ippporta poco^ ipara qué es gastar el tiempo em 
Benar planas de loque no es del caso^ ¡Válgate Dios por &*« 
qué mal acondicionado que está ! Óigame d Sr. Mañer le sur 
pUco. i Muí importante no advierta que es superlativo? idje^ . 
bajo del superlativo no están el comparativo , y positivo ? No 
hai duda. Luego aunque aquello no sea importante en su* 
perlativo, poda ser importante en comparativo , ó positiva.^ 
De otro modo. Entre importar mucho, é importar nada, 
¿ no hai el medio de importar algo ? Claro está. Luego vaor 
que aquello no importe mucho (que es lo que yo afirmo)^ 
00 se infiere que no importe nada ; aqfies queda lugar á que 
importe algo. Pregunto mas. ¿Lo que importa algo para un 
asunto , no es del caso para él? Yá sé vé. ¿Púés con qué con- 
ciencia el decir yo, t}ue aquello no es mui importante á mi 
proposito, me lo toma el Sr. MaBer por lo misnao que con- 
fpsar, que no es del caso para el asunto? Mas, ¿D^mle e^áo. 
esas planas, que, yo Heno con esoxjue me dice queno es del 
c^so? O habla, de k» egemplares que ^otes h4>¡af ropuestOt. 

6 



• Discurso Tercero. irf 

ádé los'qaé f ^«r no ser mui mport^rntes). omito. Con aque- 
llos no babia llenado ni aun media plana : y los que omito, 
DO ocupan ni aun un punto mathematico en el papel* 
' z I Numero 7 dice , que el valor intrínseco de la fortuna 
(-estoes, gustos 5 y disgustos interiores) es inaveriguable. 
¿ Pues cómo pretende contra mí , que los gustos interiores de* 
los poderosos son mas , y mayores , que los de los humildes {' 
i Ha averiguado lo que es inaveriguable? Y si no pretende 
probar aquello, no habla al caso, pues sobre eso es la disputa, 
z 2 Añade en el mismo numero, que en la fortuna hu- 
tmlde es mas fadl el alcance ; pero en la soberana mas difi- 
dl( ¡ qué presto le rebajó de imposible á fácil en unos, y á: 
fisas diíidl en otros ! ) á causa de la casi continua diaimubi* 
don con que viven todos los Soberanos. Para esto nos remi- 
te á Tiberio ; como si Tiberio foera todos los Soberanos , ó 
como si un Principe, que foe singularissimamente notado de 
felso, y disimulado , hiciera argumento para los demás. £1 
que Tiberio haya údo cruel, jserá prueba de que todos 
fcs Soberanos lo son i Esfuérzalo luego con que la máxima de 
Estado está mií veces pidiendo aquesta simulación , para ha* 
cer impenetrabk el secreto del Gavineto. i Qué tiene que ver 
lo uno con lo otroi ¿Es por ventura secreto del Gavineto el 
etfár el Príncipe afegre , ó triste, bien , ó mal humorado? Sr. 
Mañer , los Príncipes ocultan las resoluciones, cuyo secreto . 
importa. Pero en qüanto á sus gustos, ó pesares , tan al re- 
vés sucede de lo que V. md. dice, que antes los ^berano^, 
por su independencia , franquean por lo común el estado de 
su ánimo ; pero á los humildes su dependencia los obliga 
mucha vtees á fingir diferentes afectos de los que tienen 
en el pechó. Y asi lo tiene entendido todo el mundo , eycqn 
tod Sr. Manen 

. z j En fin , dignos el Sr. Mañer: Si á los Soberanos no 
se les pueden averíguar los gustos, y disgustos interíorest 
^ cómo se los^ averiguó desde Madrid á Sicilia , y á la distan- 
cia de dos mil afíos, á Agatocles , y esto con tanta puntúa-* 
Kdad, que halló en perfecto equilibrio el sentimiento de la 
muerte de sus hijos t con el placer de la venganza? 

B Mil- 



1 2r HüMIlDE , y ALTA FORTUNA. 

. 14 Númeróp, prosiguiendo en probar bc^^ é 

imposibiUdad de explorar los gustos , ó di^;usto$ interiorest 
se aprovecha de aquel texto del Edeáastico, donde sedioet 
que hs necias tíenem el carMon en hi labios ; pero los diserta 
tos los laUos en el ctaroMánietío ts^hsncáostíe^ el oo** 
razón patmie: los discretos escondido. Y no advierted buen 
Sr. queesüe texto le degüeUa : porque^endo grandissinx) el 
numero de necios ( infinito le llama el Espíritu Sonto ) 9 que 
hai en todas fortunas , tenemos muchos , y mucbissímos con 
los corazones á primer folio , donde podremos ver , qué im*- 
preñon de disgusto ^ ú de placer interior produce en ellos la 
fauniilde , y alu ibrtuna. 1 Qué importará , que el corto nu-- 
mero de los discretos nos retire el pecho , quando nos pode* 
mos desquitar con ventaja en las millaradas de los nectos,ana!' 
fomizandoles muí á nuestro gusto el corazón ? Pero la ver- 
dad es, que no significa el texto lo que entiende el Sr.Mafien 
lino que el discreto calla lo que la prudenda, y conciencia 
mandan callar; y el necio publica lo que debiera esconder^ 
En to demás no se le quita al discreto que se quge, si le 
aprieta el zapato ; y también hai una especie de tontos , qu6 
de todo hacen misterio. 

; 1 5 Numero t o dice , que Séneca jamás se quiso desha- 
cer de las mudias riquezas que tenia. Tácito dice lo contra^ 
rio. No sé á quién crea. 

16 Numero ij confimde en el Principe las necesidades 
del Estado con las de la persona. Aquellas no son del caso: 
ni se duda , que para ellas no bastan millaradas , ú son me- 
0ester millones. 

1 7 Ibidem leo esta clausula : Quien solo tiene lo preciso^ 
siempre anda falto de lo necesario^ Es paradoxa de primera 
clase , y primer orden. Pero pasará por implicación manifles^ 
ta, entretanto que no nos la ilustra con algún comento el Sr. 
Mafier* 

18 Numero 17 á la noticia dada por mí , de que dAm-^ 
teo^ Rei de la SqytJüá^le sonaban tnejorhs relinchos do su 
oabaUo^ que ¡os tañidos del Músico tsmenias^ dice, que es« 
taesextravifig^ciayqudno prueba contra el gusto de la 

dul- 



Discurso TsRCBRa ip 

idtffaAiKí dé la manca. Y comoriio traigo la ^spcdú de An* 
-téo para probar tal cosa , es preciso confiasar , que el Sr. Ma* 
«fier no habla al caso. Pero dejemos esto ^ y vaiBOsíá otra co¿- 
^síé Allá adelante , pag. 1 1 1 « hallo ^ que el Sr. Mañer nos di- 
ce, que mejor k suena una aga militar , que todas ¡Os^ mel(h 
4ías de Jos mas canoros rmsefhres. Quisiera saber, sí se Ha:* 
ina extravagancia el gusto de Anteo, qué nombre hemos (te 
-idár al del St. Mañer : porque yo no hallo mas dulzura en el 
estruendo de la c^ , que en los relinchos del caballo. Perb 
valga la verdad ; esto lo dice á fin de mostrarnos , sin riesgo 
suyo, que tiene un espíritu marcial , y guerrero. 

ip En los numeras ii , y ai hace por responderal tev- 
tOf^que yo alegué del. Edesiastés, el qual explica, no solo 
con voluntariedad , mas con manifiesta oposición á la letra. 
Y para esto nos cita la Verdón Arábiga , la Complutense , y 
últimamente á Comelio. Comelio claramente dice, que el 
detengafio de Salomón caía sobre el goce de todas aquellas 
cosas, que servían á su deleite. La Complutense, y el Ara- 
biso exponen algo mas al mtento del Sr. Atener. Pero pues 
Vio el Sr. Mañer á Comelio , alli vería también , que abaor 
dona aquella exposición , por ser puramente dmbolica. 

ao Lo mas gracioso es , que confesándonos el Sr. Mafiér 
pag. T07 , nuoL ^^ que no viola BMia masque por el per^ 
g<mino^ á cada paso cita textos de la Biblia, y se rébuelca 
en ellos muí despacio : y aun si nos descuidamos , haí su adi- 
tamento de Cornelios, Arábigos, y Complutenses. Mas yá 
lo entienda {Há , Sr. Don Salvador ! harto mejor le hu- 
biera estado no fiarse tanto en las especies, que le minis- 
tran sus auxiliares , pues le embocan á veces lo que no dice 
•la Biblia , lo que no se lee en las Bulas de Canonización , lo 
cpie no sueñan los Padres, lo que no núentan las Histo- 
rias, &c. 

SI Numero a; ote dice, que es mui difidt saber, A el 
pobre se sienta á la mesa cpn mas gana que el rico. ¡Esto es 
Duii difidl ! . Vo otó., que si fuera tan difidl de saber , no lo 
-tupiera todo el mundo. Pbro no hai cosa, que el Sr. Mañer 
tatf dificulte t i thiéqoe de úot dañe por convenddOb 

Ba , D^ 



rao Humilde , r'AtTA FoátUHX 
. 92 Desde el mmiero «8, basta el t^ iodiisiv^, para res^ 
-fXMíderá la reflexión, que hago yo ^ de que el escaso, y bur 
-milde trato , que Iqs pobres tíenea en habitaciofi , vestido, 
comida , &c« no les es molesto , considera transferido ese hi^ 
milde trato á los ricos. Eso , Sr. Mañer , es mudar de sugeto, 
y trastornar el asunto. Yá se vé, que si al que está hecho é 
pan de Zaratán , le ponen delante centeno^ le amargará isi 
al que rompió loa mas finos paños, y tjclas, le .visteo debo- 
riel , lo sentirá mucho : si al que habitaba un magmfico PaU^ 
do, le meten en una choza, se haUaií estrecho, y desepor 
solado : si al que andaba en carrosa ^ le precisan á andar á 
pie, no podrá sufrirlo. ¿Pero no vé el Sr. Mañer, que «sto 
no es <]el caso? Porque yo no relevo de la nK>lestia, ó Roqe 
la minoro al trato humilde de los pobres transferido á Iqs ri- 
jcos, »no<x)locado.en los mimios pobres, que están habt* 
tuados á aquel trato humilde , y grosero. 

2j Numero 35 confunde la amplitud de fortuna con el 
gozo, ó placer , que de ella se recibe: con que concejdiendo 
: yo en los poderosos mayor amplitud de fortuna, infiere, que 
yá asiento á su opinión. A esto no tengo que hacer , sino re- 
mitirle á quien le explique lo que es extensión , é inteq9Íotlt 
• lo que es quantidad de mole , y quantidad de virtud.. Pero 
. entreunto que lo averigua , le preguntaré, ú por razón dp 
. su mayor ^^//Vim/,; apreciará mas una braza de piedra , qu(p 
dos dedos de oro. 

, a4 Desde el numero 4 1 en adelante toma por asunto s^ 
Salar las ventajas de l^ fortuna alta sobre la humilde , y pro- 
pone quatro: honor, justicia, ciencia, y liberalidad. £1 mal 
es, que todas estas quatro vent^j^s son fuera del intento de 
,1a disputa. Aqui se qQestiona , si gozan igual convenienqa 
-temppral los hH94k]es, que los poderosos; y no veo por áoBr 
de dichas quatro calidades engrandezcan la convenien9¡a 
.temporal; esto es^ hagan vivir con quietud,. contento, y 
placer. El honor trae consigo mil inquietudes, y cargs^s., de 
.que están exentos los que no yWen tap consifler^dqs eR .^I 
mundo. La Justicia, si.se hab}a del habito, ó inclinación á 
ella , es pqta^qu^lidad .qiof al^^ ^u^^na /tieniet que. yér, con,,l¿ 
''"*.'•) *'^ ale- 



.' Discurso Tercero* ti 

«fegfria 9 6 desasan del ánimo : fuera de que el haUto de jus« 
tida puede exi&tír del mismo modo en los fiumildes ^ que en 
los poderosos. Si se habla de la justicia en egercicio, esta ocu- 
pay y fatiga á los que la practican. Traslado á los Togados. 
JLa ciencia Jio sé qué conexión tenga con la alta fortuna 9 pa- 
ra atribtiirsela mas á aquella ^ que á la humilde. Antes en es^ 
ta se hace mas necesario el estudio para ganar la vida. Pero 
aea asi norabuena. En el Discurso séptimo nos responderá 
el Sr. Mafkir ^ cómo didehdonos aqui, que la ciencia contri-*- 
buye á la felicidad temporal de los poderosos 9 compone lo 
que dice aqui , con k> ^e dice allá. La lib^alidad es una 
virtud mui commoda ; pero no á los que la egerdtan , sino 
i aquellos con quienes se egercita. Y vé aqui todas las prue- 
bas , que alega el Sr. Mañer , para que los de alta fortuna lo 
pasen con mas conveniencia , que los de la humilde. 

2 5 Olvidabaseme advertir , que en el numero 42* prueba 
también con el simil de los Angeles , pues en el Geh (dice ) 
Mogran superiores ventajas los de Gerarquía mas elevada: 
Todo es uno. Los Angeles , Sr. Mañer , son desiguales en la 
naturaleza t y aun en la gracia. jQué^ene que ver eko con 
la mera desigualdad de fortuna , de que aqui tratamos? 

26 £n el numero 49 confunde la desigualdad de la for- 
tuna en quanto al explendor ( que es lo que yo llamo humil- 
de , y alta ) 9 con la deñgualdad en quanto á la convenien^ 
tía y para hacerme cargo de un descuido, el qoal le cae en- 
teramente acuestas. Sr.mio , la primera desigualdad se supo-* 
ne. La segunda es la que se disputa; 
. . «7 Numero 50 me impone como sentencia mia, que to- 
dos los que eleva la fortuna , ^n decadencia alguna t en este 
mundo y los precipita en el otro ; y á todos los que humilla 
aqui y sin darles jamás la mano , en d otro los eleva todos. 
Asi lo dice el Sr. Mañer; pero no lo dige yo. Lea V. md. 
aquel rengloncito , con que termino el numero % , donde to- 
co esa pieza. Esto es lo mas común , aunque no es regla sm 
excepción^ 

18 Numero ^z me capitula otro descuido, pretendien- 
do^ que es fabulosa la especie, que escribí dd Templo de 
- Bj píe* 



4 9 Humilde^ t Alta Fortuna. 
piedras traospareiites , que eligió Neróú eQ> BxxtstA U l?otn 
tuna. Esta noticia vSr; Máñer), daláPlinior^i el Üfa«|tf . de 
«u Historia Natural , cap; z « que yo no sbi bctmlv^ « que ié^ 
vante Historias de ini cabeza; con que si ñieraj£ü>úiósar ^ el 
•descuido no será mío, sino de Plinio. Y sea , ó no ñibulosa, 
2 no advierte el Sr. Mañer^ que solo uso: de ella para simiB 
2 No sabe, que para este uso no es menesterMraiifiqar lá ver-t 
dad de las noticias? ¿Ignora, que seipueden a^Hcar ooma 
«imiJes V aun las que son ciertameattl fabulosas ? ^ ^^ ^ ^^^ 
do mil veces proponer como figuras , símiles , ó soodbras dé 
los: Misterios de nuestra Rdigion ^ las labulas del Geoti'^ 
lismo? 



LA política mas FINA, 



I lililí wp—pap^i^tM 



DISCURSO QUARTO, \ 

EN este Discurso nada me opone el Sr« Mañer, porque 
dice, que está tan adaptado á su genio , y tan confor-» 
me á su concepto, que solo debe decir, que merece muchos 
elogios. Yo me doi.de eso mil norabuenas. Y me haré car-* 
go en adelante, de que para que uh escrito merezca mudiod 
elogios , no ha menester otra cosa ^ que estar adaptada al 
genb del Sn Mañer , y conforme á su concepto. Esta es Ut 
regla^ que ha de atender el Público^ 



MÉ- 



^3 

■>— ■ — *^—^^^ Í—— íMP»-— i— iW^— W^ i— ^— ^^i— ^— ^^1— i^»^— I ^ 

: MEDICINA; 



DISCURSO QUINTO. 

. t "T^Uihero i asienta , que erré en atribuir solamente 
JJ^ ai :vulgo la nimia confianza en la Medicina : js 
lo prueba 5 porque muchos, fuera del vulgo > están impresio-» 
nados de esa nimia confianza.^ Este argumento se funda eit 
eí errado concepto, de que solo es vulgo el que viste gabán, 
y polaynas. Sr. Mañer, para el efecto que aqui se trata , hat 
algún vulgo metido de gorra entre las Pelucas,. entre laa 
Togas, entre los Bonetes, entre las Capillas. Y para decirlo 
de una vez , nt aun se escapan de ser vulgo algunos de lo^ 
que se precian de Escritores, y muchos de los que se meten 
á Tertulios. 

2 Numero 1 admite como justo mi empeño en corregir 
la nimia confianza de la Medicina , sí no me hubiera propa-* 
fiado al despredo de la Facultad. Niego en está segunda par-* 
te , el que me haya propasado al desprecio, y no tengo mas 
que hacer en la materia. Supongo , que á la hora presente 
yá habrá visto el Sr. Mañer el preciosissimo librito ( que de** 
biera estar escrito con letras dé oro ) del Doétor Gazola , in- 
titulado eí Mundo engañado por los/uhos Médicos , y habrá 
hallado, que dice todo lo que yo he dicho de la Medicina, 
de los Médicos, y aun dice mucho mas. j Escribiría un Me- 
dico en desprecio de su profesión I No , sino en obsequio de 
la verdad. 

' 3 Numero j dice , ^ que para qué dividí la Medicina ea 
los tres estados de perfciccion , imperfección, y corrupción^ 
si luego advierto^ que el estado de perfección es estado de: 
pura posibilidad , y que Medicina perfecta no la hai en el> 

B 4 V mun- 



^4 MsDICINAé 

mundo ? Respmdó, que para advertir eso muma Opooe^ 
qoéunaMedidoa^quenoexistie, no puede ser auembro di- 
videndo de la razón común de Medicina. Respondo , que va- 
ya el Sr. Mañer á una Aula de Artes , donde verá dividir la 
lazon cpmun de ente en posible, y existente: item en ente 
^ real, y de razón; siendo así , que el ente podble no existe; 
y el de razón , ni existe, ni puede existir. En d mima no» 
mero prebende probar ad hormnem , que liai denda perfecta 
de Medidna, con lo que lie dicho de los Médicos Chmos eo 
el segundo Tomo; esto es, que tienen talcompreension del 
pulso, y de la lengua, que por ellos, sin el subsidio de otra 
ootida , conocen la enfiámoslad , sus simptiomas , y drcuns- 
tandas. ¿ Pues qué , no bai mas que saber en la Mediana? 
No menos que todo el conodmiento de los remedios (que 
es lo que mas importa ) se queda en d tintero. Esto es lo 
mismo que dedr, que uno es perfecto Matliematico , porque 
sabe diez , ú doce demonstradones Geométricas. 

4 Numero 4 repara, que pude omitir la notída,que 
4oi de las impresiones , que se hicieron de las Obras de Ba*- 
Ilivio. Y yo^advierto, que el Sr. Mañer pudo omitir un re- 
paro tan inútil , que para nada es conducente : y por la mis- 
ma regla, de las den partes dd Antí-Teatro pudo omitir 
las noventa y nueve. Pasa luego á adivinar el motivo, que 
tube , para expresar el numero justo de las impresiones de 
Ballivio. Y esto se debe condenar como arrojo en un hom- 
bre , que por otra parte reconoce la gran dificultad , que hai 
en conocer interiores. 

5 Numero 5 contra Sydenhan , y contra mí pretende» 
que hai método seguro para curar iodo genero de fiebres. Pa- 
ra esto alega d egemplo de D. Juan de Grandona , que en 
Córdoba, con el secreto de unas pildoras , sana todo genero 
de fiebres intermitentes. Y bien : todo genero de fiebre ¿ no 
compreende mas que las intermitentes? Esto de conftindir 
el todo con la paité , el diviso con el dividente, d genero 
con la espede , es freqüentissimo en el Sr. Mañer. Si hubie^ 
ra estudiado un poco de Lógica , el tiempo que gastó en es* 
cribir el R^iaso de losEscritos de Torres, y el Anti-Teatro, 

le 



Discurso QüDím sTjb 

leiiubierá estado óiejbr. Lo de mandaraie endüsf . la mitl» 

6 ira ir á Córdoba, á averiguar si es verdad lo que refiere de 
•Juan de Grandona , pase por desahogo del genio fes^vo 
del Sr. Mañer. Para lo demás es escusado: pues desde aqui sé 
yá , que el Sr. Grandona no tiene método seguro parafurar 
todo genero de fiebres , asegurándome elSr. Mañer % que suf 
pildoras qo alcanzan mas, qge á las intermitenteai ; , . . , 

- 6 Numero 6 re{Hte lo dicho en el numeroipñmerOi que. 
Ao existe solo m los vulgares la nimia confianza de los Mé- 
dicos. Y yo también repito lo que dige sobre eso. 

- 7 En el numero 7 no hay isas que una chaíizoneta , 6 
Samémoslo con mejor nombre, conceptillo «chistoso ,<de queí 
abunda muclH) el Aoti-Teatro. 

8 En todo el numero 8 nó hace mas que repetir ló que 
antes digeron otros muchos, y á que yá se respondió muchas 
veces. 

9 Numero p mé capitula, por qué eh vez de la Come- 
dia Francesa del Enfermo Imaginario ^ no cité la Español» 
del Licenciado ¡Vidriera. Luego pasa á adivinar , que lo hice 
para ostentarme versado en libros Franceses. Parece que el 
Sr. Mañer les negó en el Discurso tercero á todos los hom-> 
bres la facultad de eicplorar corazones , solo á fin de están* 
caria toda dentro de su estudio. ¿ Y no pudo ser el que yo qq 
liaya leído la Comedia del Licenciado Vidriera? ¿No pudo, 
ser también el que, aunque la hubiese leído , no me ocurfÍ9*. 
se^ Pero la verdad es , que no fue eso, ni esotro ; sino que 
la Comedia del licenciado Vidriera no era, ni aun femotis- 
unamente , del caso para el proposito á que yo aplicaba la 
del Enfermo Imaginario t y está venía ciavada.^^ :! _ 1 

r 10 Numero 10 me culpa el no fiar eii el testimoftip unir 
eo de Oporino, para creer Ias;i:uras prodigiosas de ParaoeK 
so. Y cómo que no fio. Para ct^s prodigiosas , y rarissimai, 
ao basta nn testigo solo ; salvo que esté dotado de algún ca^ 
racter , ó qualidad relevante, que le h&ga valer por muchos; 
mucho menos^ si^el testigo se.pr^me apasonadcu Opodno 
no tenia alguna qualidad relevante ( Impresor , yr.MedJctfi 
#rdinarb>; y por ptra parte se presume interesado e^^dos 

ere- 



a^ . Meéigiiia. i 

leredttos de l^árdcelso^ porque fue discipub sbyo. Añtík OM 
guyendo á^mjll ) , que yo creo , que huboi Dio^eúes Cyoin 
to^ porque lo dijo Terencio « y las hazañas de Alq^ndro^ 
porque las reñere Quinto Curdo. Porque lo dige^ ésos sch 
los 1) nkgolo. Para Diog^nes Cynica^i ^ote cqo^Terencio á 
Diogeoes Laercio^i^lutarco^ EUanov Juveñal^ Luciano, Va^ 
lerio Máximo* Para: Alejandro , añada sobre Quinto Curciq 
ájastltío. Plutarco, Plinio, Arríano, Diodoro Siculp , Fia- 
vio Josefo ; y lo que es mas que todo , la Sagrada Escritura^ 
Muí novicio es en la Historia quien está en fé de que de Dió:^ 
genes Cynico solo dio: noticia Terencio , y de Atejandraso^ 
lo Quinto Curcio» 

X t Numero 1 1 reputa por contradiocioh , el que habkn'i 
do concedido alguna probabilidad á la: sentencia, que ge- 
riieralmente condena por nodva la sangría, después conven^ 
go en que es verdadera la sentencia , que la juzga en varios 
casos Gonvemeoce. Esta acusación depende deque el Sr. Ma- 
Ser no sabe qué cosa es probabilidad , ignorando por consi^ 
guíente, que la pr6babiiidac| de una sentencia no pugna cbá 
la verdad , sino con la evidencia de su contradictoria. Si hu^ 
biera fpeqüentado algo la Escuela , viera á cada paso á ba 
Presidentes de Actos propugnar como verdadera su seoten-í 
da; y asegurar que loes> concediendo al mismo tiempo, 
que la sentencia opuesta es probable. Otra cosita , que aña-{ 
de en este mnnero , vi antes se me objetó en otros Papeles: 
impresQS , y se satisfizo sobradamente. 

1 2 Numero 1 1 me tacha , que habiendo dicho , qué ei^' 
algunos poquissimos ácddentes está declarada la expénenda. 
á &vor de la sangría i añado después ^ que aun en esos aeaso) 
secüraHain mejor de otro modow Y: bien: ¿Qoéfaai coittra 
eso ? No nias qué la cfaanaoneta , de que por esta reffiíí feam«^ 
bien podría dedrse , que mi Teatro Crítico (nido ponerse 
mcgor de otro modo. Vo lo concedo redondamente. Mas na 
l0 conceder^ del Anti-Téatro; porque en • materia de grace;"' 
jo nnytití mas qué desear.i} Que con éstas cosicosas ise andea 
fttígandoias prenspwü : t ' r . . 

• 2 j ^^tuo¿ftDiiI} i sb ¿(mdameti^^Blgaoq me cuenta enr* 

ire 



Discurso Quinto. iy 

tre 1c8 enemigos de la Quina. Ló mas que puede inferirse 4e 
lo que en el lugar citado apuñeares f que no quiero jED^rnaje 
en esa contienda. . • : ;^ ji ' » 

14 Numero 14 me liace cargo sobre^ uaa respuesta y qué 
di al textx) del Eclesiástico, que tiabla de la Medicina* Estt 
mismo cargo me habían hedx) antes tres Médicos en tres 
Escritos públicos; y tengo satisfecho larganoenter Sin embate 
gode queelSnMaSer había prppuestoal prinoipio>de hi 
Critica de este Discurso, que solo totaria lo qué liabi^ oíaai- 
tido los demás V se aprovecha , no una vez sola .| sino mu* 
chas , de los trabajos ágenos* 

< 1 5 Numero 1 5 me repreende ( fundando el cargo en mi 
confesión propria) el haber figurado los riesgos de la cura^ 
tion algo mas abultados de lo que dicta la razón* .£1 caso 
^9 que yo no confesé tal cosa. Mi clausula es : Si acaso m 
Mina , ú otra expresión he figurado los riesgos de la curación 
ulgo mas abultados y&c. aquel si acaso as expresión dequiea 
duda , no de quien confiesa. Y bien, que lo confesara , ¿qué 
tenemos con eso i ¡ Oh , Sr. '( dice Mañer ) « que «en materias 
phisicas no se puede abultar mas délo que son .en sí las co- 
sas ! Y yo le respondo aliSr* Mañer , que en materias morá-i* 
les C que importan mas que las phisicas ) se vé practicar esto 
á cada paso á hombres santos , y doctos. £1 que por ver mui 
dominante algún vicio en la República , aunque no sea de 
los mas enormes , predica contra él , le pinta con tales colo^ 
res , como si fuera el maá execrable de todos los vicios. £1 
que para remover alguna ocasión de pecar, aunque no sea 
de las que con rigor se llaman próximas , pinta sus riesgos^ 
los abulta con la eloqüencia á algo mayor estatura, que la 
%ue tíeneaen sí mismos. £sto es abultar las cosas mas de lo 
que dicta H razón Lógica., .6 Metaphisica , pero no mas de 
lo- que dicta la. razón Oratoria. Y si el Sr^Matier quiere sar 
ber, qiié razón Oratoria es esta, y por qué la llámateos asii 
también se lo diremos* £1 que vá á persuadir una verdad%i | 
quien , ó por preocupación del juicio, ó por pasión de la vot 
luntad ) está de parte del error opuesto ^ necesita esforzar los 
noú vo5.de modo vque ei impulso de la persudsioo incline st 



dS Medicina* 

{|o mas allá de dquel punto indivisible en que está la verdad^ 
tpxe se IntéMaipersuadír^ porque debe hacerse cargo del im-« 
pulso opuesto y que hai de parte del oyente « para mantener^ 
te en su errtN*. De este modo equilibrada la fuerza de los dos 
impulsos , que inclinan á contrarios extremos ^ se puede es-* 
perar ^ que el móvil se cpiede en el medio , donde está la ve^ 
dad. £n esto no bai ficción, ó mentira: al modo que no 
miente él cristal convexo, abultando mas la letra á quien^ 
sin ese auxilio, no puede leer la escritura : ni miente el Atú^ 
fice, que quando la estatua se ha de colocar á mucha distan* 
cía de la vista , la hace mas crecida que el original. Asi en 
estos dos casos , conáo en el nuestro, el abultar mas la cosa* 
no es mas que proporcionar la representación á las círcunsr 
tandas, de suerte, que en la potencia resulte una justa idé» 
del objeto. Me he extendido algo en esta doctrina, porque 
puede ser mui útil para muchos , que por no estar en ella» 
censuran á bulto. Y si al Sr. Mañer nada le hace fuerza , em- 
piece desde luego á borrar todos los hipérboles , que se en- 
cuentran en los escritos exhortatorios de los Santos Padres, 

X 6 Numero 1 5 me ao'guye , que quando seBalo las con-* 
diciones, que se han de atender en la elección de Medico, 
omito la mas necesaria, que es el que sea dodo; y señala 
una , ó menos conducente , ó iúutil , que es el ser buen Chrís- 
tiano. Respondo lo primero, que señalar la calidad de doc- 
to , no es necesario , porque no hai enferino alguno tan bár- 
baro , que necesite de este aviso. Yo señalé las condicieneii 
que no todos advierten; la que todos saben , que es indispen- 
sablemente necesaria , ¿para qué la había de escribir? Si lo 
hiciera , el primero que me culpase esa advertencia por ocio* 
sa, sería el Sr.Mañer; y después de él, todos aqudlos, que por 
mala disposición del ánimo están á censurarlo todo : á la ma* 
oera de aquellos murmuradores depravados, que si vén en 
un hombre exterioridades de devoto, dicen que es hipócri- 
ta ; y si «o las vén , que es atheista. Respondo lo segundoi 
que entre las condiciones señaladas , hai algunas ( especial- 
mente la séptima ) expresamente ordenadas á que por ellas 
«e conozca, si el Medico es do$to, ó ignorante; y estobasr 

tat 



Discüáso Quinto. ap 

ta; mn(pAnAó sea necesario , para x]iie> éb kctori oteozca^ 
i que le -quiero' docto. - ■ ^ '• > ..\'\ • *■ '^ -', ^ v -. .. ■> . 

17 £1 grado de inutittdad , en que pone el Sr>¿ Maficr la 
drcunataocia de aer buen Christianoel Medico^ es cosa que 

. asombra. No soh , dice, m necMsita de ser buen Christíéno 
el Medico respecto día curé deljs^erfáa'i\nuts:ni aumd^^set 
CkrisHano^ Vé aquí, que JosMedicos , queiesoribkrol] tociH 

• ifa. mí 9 admitieron* esa calidad , ó por/ necesariar v j6 poc <od^ 

-ducente. Después sale uno ál TeatRtf éon la capá, hipocritli 
de escrupuloso , y dice, que nb. es. necesario ser buea Chria^ 

;tiano; que basta ser Cbristianb. Ultioianiente viene di SnMá- 
fíer , y ecba eLfallo total tinque asir la de.buenCIbristianqt 

fCótíio lo de CbristíaíK) .9 es escusádou ^Qi^énae entitederá 

4.C0Q esta gjtate^ Nótese^ qUe.e^ ql capgtüld j8 déL Ecdeab»- 
ticQ , de quien se vale ^ ási.érSr. Mañer , como todos los do* 

\más t para oboetarme lo que en él se lee á favúr de los Medic- 
eos, sejes intima á estos , ^ue.rueguen á Dio^ por la salud 

<de los.qu9MÍ«fcovc<MisUeca(idó 'tes oráciooea nmi condur- 
centes al fín de la curación : Ipsi vero DominmH'depr&cabunr' 
tur^ ut dirigat réquiem eorum^ & sanitatem ^propter conser^ 

^fümm il^Tfwi^é Pregunto aora : ¿"Qué eficacia tendrán ]ás 
macidnts del que ni es Buen Christiáno , ni aüh Christiano? 

1 8 Aunt guando sec^sidere todo en manos de las cau« 
sas segundas, isin^iaas concurso que eUgtoen&i de parte de 
la primera^ ó prescindiendo de todo concurso de esta , ¿no 
me importará mucho un« Medico de buena conciencia (yá se 
vé , que también le supongo docto ) ,. <^^ quien estoi ^egu- 
radd, que hadendose cargo de su obligación , hará ^uan- 

Jto pueda por mi salud? Y al contrario , ¿no puedo temer, que 
liti Medico depravado , aunque ingenioso , y docto , me de- 
je morir, ó(j^i\ no poner la^ti^cion pecesadan^ porque mi 
asistencia le estorva otros interesa mayores, dejando aparte 
los motivos 4 que pueden ocurrir á un hombre perverso , pa* 
jainfluir directamente en mi muerte? 
.: , ip I Advi^rtple también d Sr« Mañer , yr á los demás qtié 
sean de su sentir, que hai una Constitución del Sumo PÓéii^ 
i»e Gci^fipXlUí wftedtda el dtaiadeMarsodelaik) 1 58 1^ 

cu^ 



30 Medicina. 

^ya tkuto sumario es : Medici Hebrai t tre/ Tp^ks adcu^ 
randos Chrístianos infirmas non adminamur. Y se tpaáda^^i 
>elki lo que sucDa eo el referido Sumario. 

10 NuiBero 17 (que es el ultimo ) dice, que encargar 
al Medico , que observe coa cuidado^ e&pedirkliaga lo que 
•ao puede. ¡ Hai tal ! ¿Qué eft imposible obsoiiar con cuida- 
ndo ) Sí seüor ^ dic( Mañer : porque yo o^gícíeno por defee* 
tuosas todas ias observaciones de Riverí^^ ¿Y por dóndese iih 
fiere aquello de< esto ?• Porque Riverío Iflzo observaciones de- 
afectuosas t i no podría otros hacerlas exactas ? Asi lo dice Is 
-nueva Lógica del Sn Mañer, Pero yá que su merced ea otrtí 
.parte me eítdcoa elo^o (just<sstmaaiente merecido ) {a Car- 
ta defensiva dd Doftor Martínez , léala aora en la división 
antepeaultima dei 1. 1 1 ^ y alli > verá como , despreciando 
coamigo las observaciones de Riverío , no desespera de otrfls 
mas exactas. Asi coocluye aquella división: Pero qudn ai 
contrario d^ las de Rlverio son las de Hippocrases ^y tas de 
i^denhan: estas sirvende lustre d la Medickus\ como Uu 
otras de baldón. ' 

RÉGIMEN 

- PARA 
CONSERVAR LA SALUD. 

•| ■ 1 ' . , ■ 

DISCURSO SEXTO. 

'I "^^rUmero {úimero dice, que en este Discurso doi 
XN documentos muí oportunos , y reflexiones noiM 
4>ien pensadas. No obstante que me encuentra algunost des- 
cuidos* Vamos á verlos. 

« a « íNuinero a niqg^ «sta proposictoo mia , aunque ^apo^ 

ya- 



Régimen para cohservae: la Salud, ji; 
yadaooo la áiitóridad de íÜppoosQíxsiT Nif^m makjar se 
faede decir absolutamente que esnocsvOé'lEÁ que no «se rinda ' 
~ á la autoridad de Hippocrates ¡» no me escandaliza :.que yo. 
hago lo mismo, quando me parece. Pero el tener aquella 
proposición por falsa , consiste en la venial ignorancia de lo 
que significa íel adverbb absoUaaniente.O^ por mejor decír^ 
DO quiso darse por entendido de su significado: pues alli 
mismo explico , que aquel adverbio equivale á umversaimen-' 
te^ respecto de todos los individuos. Lo bueno es, que cocí 
una noticia , qué trae , confirma mi proposición ^ en vez de 
impugnarla. Dice , que los buUos Guamos solóse mantienen 
de tierra. A que afiade: ¿ «Shrv/ razón que digamos por esto^ 
que ei sustentarse confina , no sea absolutamente nocivoi 
Sí 9 señor (respondo yo ) 9 razón será , y aun preciso el de*^ 
drló : pues si la tierra (ora sea aquella tierra de calidad al- 
guna especial, ó no) no es nociva como aUmento á los Indios 
Guamos; el serlo para otros hombres dependerá del acciden*. 
tal respecto de desproporción al temperamento de estos , ú 
de falta de habito; y no de que ella én sí misma sea absolu* 
tamente nociva. Y la mayor beirignidad, que en este punto 
podremos tener con él Sr. Mañer , será concederle^ que esta 
es una qüestion de nombre. Lo que quiero yo decir , y diga 
con expresión 9 es , que úo bai alimento alguno , que sea no- 
civo i todos los^ imlividuos dé la especie humana. E$to^mi»- 
mo lo confirma d Sr. Mafíer : Pues si la misma tierra au- 
menta bien á algunos 9 ¿qué alimento habrá malo para to- 
dos? Sin embargo , sin temeridad se puede decir, que la es« 
pede de los Indios Guamos necesita de coníirmadon , como 
otras muchas , que nos vienen de Indias. 

j Numero j : Habla sin firmar aqui 9 ni alli, sin conce*- 
der, ni negar lo que digo sobre la discrepancia grande de 
temperamentos en los individuos de la espede humana. Solo 
]e noto , que confunde , y toma por lo mismo el ser una ob- 
servación defectuosa , que el referir algún hecho falso. Pero 
estas equivocaciones son tan freqüentes en el Sr. Mañer , que 
es preciso pasarle muchas, por no tener una pendencia á 
cadapaso* 

Nu- 



3*^ Discurso SextcL 

'. 4 ^ Numero 41 y ymt niega ^ que re8()ééb delta 1 
individuo pueda ser prcnrechosoiei camero nutrido cob tales 
hierbas ^y nocivo nutrida con otras. £1 hombre está tan re- 
suelto á disputar el terreno dedo por dedo, que no quiere 
(Conceder la verdad mas clara. Si el alimento, que nos pres- 
tan los animales, varía en su calidad, como nadie niega,» 
según el mejor, 6 peor nutrimento , que tienen , i qué difi-*'. 
cuitad hai en que el camero, criado c(mi unas hierbas , sea 
de una qualidad própordonada, y criado con otras de una 
qualidad desconveniente al temperamento de algún deter- 
minado hombre ? Una Comunidad Religiosa conocí , cuyos 
individuos notoriamente mejoraran de algunas indisposicio* 
oes que padedan, desde el punta que mejoraron de pasto á 
sus carneros. 

5 Numero tf , y 7 me atribuye falsamente la afirmativa 
de que los peces alimentan mgor que las carnes; y consi- 
guientemente á esto algunas opiniones concernientes á: este 
punto, que yo pongo ea las cabezas de otros Autores , el Sr. 
Mañer las pone éa lamia. ¿Qué hai queestrañar? ¿GSma 
ae pudiera componéis su libro sin tanta suposición £ilsa, ^ 
tanto reparo fútil , sin tanto raciodnio inepta ? En la qües-* 
Ilion de preferenda entre carnes, y peces , no hago mas que 
referir las varias opiniones de los Médicos, para concluir de 
aqui , que no habiendo doctrina constante , y general en la 
materia, cada uno se gobierne por su. experiencia proprist 
pmes para unos será mejor la carne, y para otros el pes- 
cado. 



DE- 



S3 



DESAGRAVIO 

VE LA 
P R Ó F ES 10 N: L I T É R A R I aI 



p 



. DISCURSO SÉPTIMO. 

II T7^ ^'^ numero x oo hai mas qué una exdaiiiatíoft 
SJj ad pompam. En el segundóme hace, cargo de 
que dudo de la verdad de mi resolución de este Discurso» 
Fúndase en que, después de referir la opuesta, y. común 
sentencia , que los estudios estragan la saltad , y abrevian la 
vida , añado, Penshn terribk , si es verdadera. Aquellarcom 
diciooal jf es verdadera le sonó á duda» Según esta cuenta^ 
d Sr. Mañer está en juicio de que qualquiera , que profiere 
una proposición concÜcioaada , duda de la existencia de U; 
eondicion. Digolo, y lo diré mil veces, que al Sr. Mañer le 
hizo gr^n falta un poco de escuela. A poco que freqüeotái^ 
el Aula de Súmulas, oyera á. aquellos mifchacbos, parar 
^gem|>lo, yá de I9S proposiciones hipotheticas ,yá de Jas ar? 
gumentaciones condicionadas , pronunciar aquella; «ft* Soi 
hicet^ dies est , sin que ninguno de eUos dude , si luce , ó no. 
luce el Sol, quando la artidUa. Y si entrara en la Aula de 
Teolqgiía , oyera , que ab mterno existió eq la mente Divinat 
el.conocimiento de la futura conversión de Tyr ios, y Sydo^' 
oíos, debajo de la condidoñ de que Christo les predicase;^ 
sin que por esto se pueda decir, que Dios ab atemo dudó, 
sí Christo había de predicar á los Tyrios , y Sydonios. 

2 Pero demos que la ilación del Sr. Mañer no fuese tan 
absurda como es «donde está tan clara mi ment;e , y que re-- 
aolutoria, y afirm^amentei procedo «oatrai, íi sentencia, 

: nj ' C ' • CO- 



^ Desagravio de t a Profesión LiTERARtí'. 
común ; ¿par^ qué será querer trampear mi dictamen con 
tales quisquillas? Verdaderamente , ^le dá lastima véi^ A 
un hombre de las prendas de D. Salvador Mañer andar á 
caza de voeedllas , agarrando hilachas , asiendp pelillos, y 
después de todo dár^l iiombre sonante de ^ÍMti-Teatro i un 
jcompuestode materias tan débiles vque un niño le puede 
derribar á soplos. 

3 . {¡lumerp i : Supone , que ^ la cuenta ^que hago , de 
quo en las Universidades , v* gr..de trekita , ó quárenta su- 
geiost llegan á la edad septuagenaria quatro., ó seis ^^^ no 
hago cómputo de los que la guadaña de la muerte se llev¿ 
antes de llegar á esa edad. ¡Estraño modo de entender lo 
que se lee! Señor mio,s¡ de quárenta sugetos soló llegan á Is 
idád septuagenaria seis , los treinta y quatro que restan» 
¿quiénes MU , sino los que la guadaña de la muerte se lleva 
antes de llegar á esa edad^ Luego expresamente entro á es-» 
tos en el cómputo. Sí no los entrara , sería el sentido de' la 
proposición,, el que llegan á lá edad septuagenaria los que 
flo mueren antes de la edad septuagenaria; que es lo mia« 
VO que decir, que llegan i esa edad los qu^ llegan á dku 
^ 4 Numero 4: Para probar , que ^ven mas los que na 
cstucfian , que los hombres de letras , saca al Teatro los tre* 
ce. Parroquianos de S. Juan del Poyo , de cuyas largas eda- 
des doi notida en el Dtscurso XII del primer Tomo, numé^ 
jPO 7, diciendo, que no se hallarán trece sugetos tan aad» 
nos en todas las Uiuversidades, Colegios, y Tribunales de 
iSspB&s^ La misma cuenta hace , respecto de los doce an- 
éjanos , qué hicieron la ñimosa danza en la Provincia de 
Herford, Pero esta cuenta , con licencia del Sr. Mañer, vi 
mui mal formada^ Para que el paralelo fuese ajustado, de^* 
berian suponerse colocadas las Universidades , TríberaJes, 
y Colegios, 6 en la Parroquia de S. Juan del Poyo, ém\ñ 
Provincia de Herford , para quedar iguales sus individuos en 
quanto4 los influjos del clima, ó con los trece , ó con los 
docbandanos. Yá se vé , que si los iliteratos habitan un pafs 
salubérrimo, qual supongo ser el del Poyoi|<6el deHerfard^ 
6>el dé'la^Isla de2eyián,^y los literatos en otmícpaíscsím 



. Discurso Séptimo. jj 

fUk bien oondicioiíados, se hallarán mas iocByidnos de Ur* 
^ edad entre aquellos « que entre estos. Traslade el Sr. Ma^ 
lier todas las Universidades de Espafia ( que mayores impo^ 
«¡bles compone su ingenio en el Anti-Teatro) al sitio de S^ 
Juan del Poyo ^ y entonces nos veremos. 
' 5 Numero $ afirma y que la comparación $ que yo Iiago 
entre los Coristas, y hombres de letras de las sagradas R&r 
ügiones, no está biiói formada : porque dice , que los Reli-^ 
giosos solo son Coristas, ó asisten al Coro en su menor edad, 
y después que se abanzan en años , ocupan las Cátedras; 
con que es preciso, que los liombres de grande edad se bat 
Uen entre los sabios , y no entre los Coristas, Mui bien esr 
tá en la práctica de las Religiones el Sr. MaSer , quando igr 
aora, que en las Religiones, que profesan Coro , hai indi- 
'Viduos ( y son el mayor nimiero) destinados al Coro por to- 
da la vida, aunque vivan den años.'£ntre estos , pues , y I09 
-Profesores de las letras hacemos la cc»nparacion. Estos tro? 
frfezos es preciso que dé quien se pone á escribir á salg^at 1^ 
'^pie saliere , sin informarse de las. materias que toca. ; 

6 Numero 6 : En contraposidon de los ocho sabios mui 
estudiosos , de quienes yo liago mendon , que íiieron de lar- 

ri vida , ofrece una lista de otros, que murieron en agraz» 
lo bueno es, que en la listanos^alasinoquatroódncQ 
que murieron antes de los quarenta afios. En que sobre lo 
dicho se debe notar lo primero, que su lista la compuso de 
augetos buscados en el largo espado de dnco siglos; yo la 
mia de sugetos , que murieron jtodos de setenta anos á esta 
¿parte. Sime estendiera á dnco siglos, en vez de ocho,conr 
tara ochenta. Pero en todo caso añada por aora á aquellos 
Dcho sabios modernos de larga vida el P. Theophilo Ray- 
naudo , que vivió odienta afios; el P. Vieyra casi noventa; 
«1 P. Qabriél de Henao mas de noventa ; d doctissimo Obis- 
po Daniel Huet , que vivió , trabsyando incesantemente , llan- 
ta los noventa y uno ; d P. Sirmondo noventa y quatro ; y 
«1 P. Harduino de ochenta y tres. Estos seis con los otros 
«ocho háoen catorce : con que te puedo dar ocho de barato 
*al Sr. Mafier, y quedar siempre con punto superior al suyq^ 

Ca Lo 



3<r Desagravio de la Propesíon Literaria. 
Lo segundo Y que le resta probar^ que esos pocos «estadio^ 
Sos murieron temprano , porque lo eran, y no por otras cau- 
sas , qi^e todos los días arrebatan en agraz á estudiosos^ y 
holgazanes. Lo tercero, que si el estudio fue inmoderado 
respecto de su resistencia , y temperamento , aunque murie- 
ren por éU nada prueba , pues tíí estudiatnnioderado yá con* 
ftsamos^ que es nocivo; ' . . ; 

7 ' Mas se ha de advertir, que entre los qpe murieron ea 
agraz cuenta á Julio Cesar Scaligero, diciendo ^ que falleció 
á los veinte aik>s de edad: para lo qual cita el Tomo VI de 
las Sentencias de los Sabios de París con^atras nmckos ^ sup- 
presso nomine» Ese Tomo no dice tal disparate ; antts de.éi 
ie colige evidentemente lo conp-ário: pues aíkma , pag«2o8« 
que Julio Cesar Scaligero empezó sus estudios á la edad de 
treinta y cinco años^ con estos términos: Ilcamenfa ses éft^ 
des par la lectura d' Aristote^& dHippocrate á V age de ¡% 
ans. Y los otros muchos se quedaron en el ertado de la poil- 
tñlidad j pared enmedio de la perfecta Medicina; En el Dio- 
donario de Moreri se lee, que Julio Cesar Scaligero mudó 
de setenta y cinco aik>s. En Tomás Popeblount, pag. mihi 
^00 9 que murió de setenta y quatro : diferencia , que puede 
Consistir en que el uno cuenta el ultimo año incepto, y el 
otro completo. Aora pregunto : j Quién le dio facultad al Sr« 
Mañer , sin ser Medico, para acortar á nadie los dias de la 
vida ? i Le parece , que es pecadillo de nonada , quitarle á 
filo de pliima, como á filo de lanceta, cincuenta y quatro^ 
é cincuenta y cinco años á Julio Cesar Scaligero ? Pero esta 
culpa acaso no sería del Sr. Mafier , sino de alguno de sus 
iipuntadores : que como el pobre anduvo con caña, y an- 
zuelo 'á pescar noticias contra mí, topó con algunos chai^ 
eos, dotide , pensando* hallar truchas , solo encontró ranas. 

S Numero 7 alega unos pocos Médicos, y otros pocoá 
Autores no Médicos , que sienten , que el estudio peijudica 
< Ib 'salud. Esto es querer abultar tcon lo mismo que sabe» 
que no le puede servir. Si yo advierto, qué en ehastmto de 
este Discurso está contra mi sentencia toi/o el tnando , y fio 
Mío el vulgo .ignorante ^ mastaoibien el ccH^un de Jos sa- 
í. . biosi 



* ^ . Discurso Sevtiuo^ : 37 

Uos; v^ú^fiKPza me hará el citarme , no digo yo 4iez, 6 
doce AutoieSt «10 ^iez^ ú doce mil .?> 

p Numero 8 : Cbntra una razón mia á favor del estudio 
propone dos instancias ^ ninguna del caso : porque yo hablo 
del estudio no intnoderado ; y en los dos casos , con que se 
oie'insta 5 bal iñmoderadon inanifiestá;. . 
-1:90 Numero 9 propone dos i^didones, que señalo, pa- 
ra ^ue el esftndio no sea notívo ; la primera , que sea con-t 
fbrme al genio ; la segunda , que no exceda en el modo : las 
quales despueá impugna en los números 10, y ii. De la 
primera dice , que és vaga ; y yo no sé qué mas determina-* 
da la quiefe i ni qué mejoMoé puedo explicar. No será con* 
forme al genio el estudia en todos los que le égercitan por 
precisión, y no'^or tnc1inácibQ\| como aquellos, que estu^ 
dlan obligados de la necesidad, ú de la obediencia, y dé 
otremodo no estudiaran. La segunda impugna, diciendo^ 
gae es impracHcabie^ porque siendo el estudio tan dulce , c(h 
moyo shnsú , t^o strd el estudioso , que se pueda ir á la 
PutfBo. iNotable doctrina nos trae el Sr. Mañer ! Según eso^ 
es impracticable la moderación , 6 es imposible dejar de ex* 
ceder en toda9 aquellas cosas que son dulces, y conformes al 
apetito.^ Véase el Sr. Mañer en ello mui despacio , antes de 
sacar ^em^ántes^ proposiciones al público. 

X I Numero 1 1 ; Después de citarme en la parte , donde 
COnfiHdndá el trabajo, y fatíga que padecen los que estu* 
dian materias áridas, para instruir á otros, añado, que les 
. orve de algún aUvio la complacencia en los nuevos pensa-^ 
inientos buenos, que les ocurren , echa este ribete : Como si 
W que sé fatíga por alcanzar lo que anhela^ dejdra de que^ 
ídar oa$isado por* el gusto de haberlo conseguido. No es del 
easov con su licencia ; pues yo no niegp el cansancio , antes 
le supongo; solo sfiadouñ recreo, que puede hacer mas toh» 
ierable la fktíga. 

II Numero i|: Sobre est^predsa clausula nüa, /a^ 
tundidad mental sigue opuesto orden d la Phisica ^ porque la 
concepción eS'trabMoia^y el parto dulce ^osteata una rara 
^eficadesn de conciencia. Dice , que pude escusar este con* 

Ci cep- 



3$ Desagravio sfB LA Profesión Literaria* 
cepto\ porque lleva la idea al otro extreaia de I» compaña 
cien. Y no contento con esto , añaden que m etmui homsh 
ta la advertencia. St. Mafler^ % para qué son esos melindres? 
i No es V. md. el mismo ; que en .el oum. 8 de este misma 
Discurso dice i boca llena , para i»oerme á mí una ins-> 
tancia , que el vicio de la lujuria tiem fiuuíde dekite , ^jüej/tí 
fatiga ? i No es ed mismo que én el Discurso Mguddo«í pa- 
ra probar contra mí las comodidades déla vida viciosaii iaPi 
gamente^ y con toda expresión se estiende por dos bojiaa 
enteras en proponer las.dulzuras del vido de la lascivia , re-) 
moviendo de él. toda aspereza ? i Quién le alteró tan de re-r 
pente la constitución del espíritu, y de tan robusto» le Iv-I 
zo tan melindroso' ¿Antes digería una cesta de melocotones^ 
y aora no puede con una giunda ? ¿ Na advierte la gran di^ 
ferenda que hai, de una proposición , la qual solo iodireo? 
ta , y ocasionalmente puede excitar en la imaginación la 
idea de un ofageto torpe , ( lo que muchas veces es ineyjtable 
aun en las cooversacbnes mas santas, y purasXá tantas pro? 
postoiones; én que con términos formales qos representa esQ 
mismo objeto torpe, engalanándole con reflesdones , que Váo 
á persuadir, que es sin mezcla de amargura, cómodo » dul^ 
ce , y delectare ? ¿ Qué se ha de hacer ? Todo esTo es me-- 
nester juntar , para sacar á luz un libro que x llame JÍntift 
Teatro. r ; . . f r 

' I s Numero 14 : Se entra en la autoridad 9 qte yo dto 
de Bacon 9 donde este grande hombre propone las drcun»v 
tandas ^ que hacen dulce la ocupación de los literatos» Pera 
dgando en el tintero la mayor parte de ella 9 sedo se agarra 
de la circunstancia de ser el estudio arbitrario: l^ivuNí.ai 
arbitrium suum. Y bien : | qué dice sobre esto^ Dioei^ ^Ue 
viene aserio misino^ que en losguarismos del nueve , queifatet 
ra hs nueves, es nada. Quiere decir, que según esta cuenta á 
ningún literato le es el estudio dulce, porque á ninguilo k 
es el estudio arbitrario: lo que luego pretende prdbap con 
una enumeración pdr mil partes defectuosa. '{'Qué cüaiiosfT 
bie ^ que asi se alhudne d Sr;,Mañér ! ¿No tenia pr€||seirfe^ 
quando escrihia^sto , al misma Baoon» cuyo sttiMÜdbi';^»»»- 
. ; \ que 



.. : '.I Discurso Séptimo, 39 

qfte grande, todo fue arbitrario i ¿Quiéo le pr^isó i aquel 
Sabio , gran Canciller de Inglaterra y á estudlar^j^anto , como 
estudió? ¿Y de aqui no era natural saltar la consideración 
al otro, también doctissimo Canciller de Inglaterra, Tomás 
Moro, que asimismo estudió muchissimo, solo porque qui^ 
36? Pero yá alo ultimo, como retractando la absoluta, que 
^babiaechado, la modera, diciendo, que aunque hai algu* 
nos , son raros los literatos , que usan del estudio á su arbi;- 
Itrio. Y yo le aviso al Sr.Mañer, que son muchos, y muchis- 
.simo6« Casi quantos Escritores hai, y ha habido, tomaron 

£yr so voluntad , no solo la ocupación de escribir, mas tam- 
eh ^ á en: todo , ó por lo menos en mucha parte, el estu- 
dió , que para escribir hubieron menester : pues aun en las 
:8agradas: Religiones rarissima vez precisa la obediencia á 
4iiogun Profesor á sacar volúmenes á la pública luz. Fuera de 
-que, aunque concediésemos al Sr. Mañer, que son pocos 
tíos que no estudian por precisión , y que á todos los demás 
«daña el estudio , nada se infiere contra lo que decimos en 
^este Discurso : poes.quando defendemos , que el estudio no 
<es Bodvo, hablamos de él, considerada su naturaleza, y 
-prescindiendo déla circunstancia accidental de ser violento. 
14 Quanto en los números 15, xtf , y. 17 dice de las 
-muchas indisposiciones , que padecen los Literatos , es vo- ^ 
-luntaño, y no mas que repetir la voz común, de que yo 
me hago cargo. Pero aora es tiempo de que nos diga el Sr. 
Mañer , cómo , ponderando aqui tanto lo que la ciencia 
consume, y abrevia la vida, lo que los estudios fatigan , y 
^estragan la salud, se compone esto con habernos en el Dis- 
rcurso III, numero 4$ , señalado la ciencia por una de las 
quatro prendas , que contrU)uyen á la conveniencia , y fe* 
• licidad temporal de los poderosos. Esto no tiene mas salida 
que confesar, que está tan ciego en la pasión de impug* 
narme, que, á trueque de contradecirme á mí , no repara 
en contradecirse á á. 

15 También se hace mui notable, que en el num. itf, 
hablando del Aforismo de Hippocrates; que yo cito , his de 
causis hmm boHtum statím solvere expedís , dice, que no 

C4 pU' 



40 Desagrado de la Profesión Literaria. 
pudo un hombre tan sabio como Hippocrates decir un jlfcftU^ 
mo tan barbara. \ Hai tal hablar al ayre ! Busque el Sr. Ma- 
fier las Obras de Hippocrates , y véalas, no solo por el per* 
gamioo , como á la Sagrada Escritura , sino en el libro pri- 
mero de los Aforismos , y hallará, que el citado es el terc^ 
ro de aquel libro* ¡Que se tolere en el mundo tal espede 
de impugnaciones , que se reducen , ó á afirmar falsedadeti 
notorias., ó á negar verdades patentes! \ 

16 Casi, ó sin casi es ejusdem furfutis lo que diceeii 
los números 1 8 , y 19, que son los últimos, n^ando en ellos 
lo que yo he escrito del gran embelesamiento de Archime- 
des , y Francisco Vieta en las especulaciones matfaematicas, 
sin mas fundamento , que parecerle imposible al Sr^Mañer 
aquel embelesamiento. Se&or mió , lo (ficho dicho : yo no scá 
hombre ,'que finja noticias , ni ande levantando testimoniosi 
ni á la Bula de Canonización de Santo Tomás, ni á S^Agustin 
de Symb. ad Cathecum. ni á Philon Judio, ni al Tom. VI de 
las Sentencias de los Sabios de París , ni á los otros muchos 
tuppresso nomine , ni á nadie. La especie del embeleso de 
Francisco Vieta la hallará en la Vida , que anda eos sus 
Obras , sacada de Jacob Agustín Thukno, y en el Diccbn^ 
rio de Moreri de la impresión de París del año de 171» , v* 
Vieta : y la de Archimedes en Plutarco, en la Vida de Mar* 
celo , y en Valerio Máximo , lib. 8 , cap. 7. Esotro de:ayerH 

• ji;uar si es posible , ó imposible , es mdalto empefio para la 
Filosofía del Sr. Mañer. 

1 7 Para coronar lo dicho sobre este Discurso , le renií* 
to al Sr. Mañer á la Ckronologia enmendada del P. Ricciolí, 
donde , pag. j , en el largo Catalogo de Longtevis^ quetrae^ 
se numeran cerca de quinientos de larga vida, entre los qua« 
les mas de ios das tercios bao sido varones seoi^os eq 
ciencia. 






AS- 



•j.-'-nicr éí 



r}: rn.ivj'ih ' \j^ * 



SI 



V i ■' f i r 



ASTROLOGIA JüDICIARIA; 



'■• í^í /••• :-yo j> ^. 



DIS C U RSO O € T ^'FO¡: V 

1 T^Umero primero dice, que es <fc mi setítir ep^uái^- 
XN to á la vanidad de la Astroíógía Jydiciária^ Jp?- 

timo mucho la noticia. Con este auxiUar; nada^tciQgp^ 
rmer de parte de los Astrológica^ i^. aun ^p^h)^'^ Iftfti^?* 
,tro&:.pues el sabio á aquellos ios ípónyeqqe, y á'.és^os'loi^ 
.doo^na. \ \ ". / ^ -'^ 

2 Numero % enseña mag^tralnienté , que los AstroV;)gos 
. solo estienden sus predicciones á Jó$ Keinps tY /j^I^^ r ^j^ 
.Europa..^ Quién se lo dijo á su merce<^^!^^<^^ meta Á^o^ 

gica nos cita 5 en que se señalasen terpoibós njjos fff^^f^j^ 
; diccionde los Almanaques? Albuma^V que pronpstiqii m 

abolición de la Religión Glirikiana en todo el tnnn^,p^x9 

el año de 14^4^ ¿dñó sus predicciones , sóió/á uoí^jp^árte^^ 
. la tierra? Los i3gupboS;Astrologog ^;jróp^5!i^quV% TOj^ 
:de> (fundón ^el^ 

. ¿^ Pisci^jvqonspír^fon4:í^pu^ci,^ WQÍ\\m^^^ (o- 

ido^l ¡Orbe pab.ql añpdé'i5*24^¿«,tínVr6n a^^^^^ 
, .EurqpaiNq bal sino echar decisiones antojadizas, etí tono de 

quie9 lo entiende; que , aunque se rían los docto^^ las cree- 

raíl .los parv^lps,. • , .". .,..„...: VI -V' :! 
j Numero 3 confunde en uno To que yo en los n^ifi^- 
ros 5 9 y (f de mi Discurso digo de dos pronósticos distintos» 
para tener con qué responderme , ó con qué arguirme. Y lo 
que sale por conclusión de lo que dice el Sr. Mañer en este 
■umero es , que, según su mente , puede un hombre morir 
«n la guerra , sin que haya guerra. Todas mis paradojas ptü- 
sicas, y mathematicas no valen lo que esta sola. 
4 Num.f|: le hace grande harmonía lo que yo digOy 



\k Discurso Octavo. 

fljaJa jdudsipn de k es£era,jaue hacen Iqs Astrólogas en 
cmST^Sát^s , es voluntaria v y ^In fundamento alguno. Sobre 
esto,niete una gira, que qo se.d^ja entender; y aun dudo 
61 él'Se entiehde i iímisnlp. I¿a priesa con que camino 9 no 
IRe.pgrBííte á,det£perrae para jnformarle de lo que en esta 
materia ignora. Pero remitoíe ai P. Dechales, tom. 4, tract. 
2 8 , 5rctp¿4 ,^. cuyp tepi^a in : iTmiraf - ^stírohgw circa 
dhistonem MÓckcím áomórum. Yál V. Tosca tom. 9^ Üb. 4» 
tract. ^^^prop. 8 ^.la qual ^\Á concebida en estos términos: 
'£a ifoisim dúGielo en doce Signos de diversas triplicidades^ 
'g n<ttüfah:áfS-yno tiene fundamento ^ ni. razón ^ que llaman á 
"briütf; ^¿^^'fJt^i&fio'co Jas doce casas ceíestesi Y despiíes áe 



priórl; ¡mtp'mTCm tas doce casas ceíestesi Y dtspé 
'^rbbir^'h^^ eb' orden á ÍoS Signos, concluye : £a 

iMsyítí'i^y^aún" coHiúái éazon\ pasa en la división éehCieh 
en las dofe cctsas celestes. Si. el Sr. Mañer nos digere , que 
atqui solo se niega fundamento, 6 razón á príori ^ cofa lo 
'ijuát^^e^ corápatíJ)le ^ye le tengan á posterior i ^ buelva la ho- 
]N i ir vefá ea há pfr6p6á¿ion decima negado también el fiín- 
j^máxito a pósterli^i:^^ ^ . ; ' . '7 \'' ' 

V '5 Numero $ dice, que los Piscatoreis soló estiendén sAs 
'predicciones al Meridiano , á quien ajustan las lunadones. 
En el numero 2 nos había dicho , que las estienden á toda 
Europa^^y toda Europa está compreendida debajo de mu* 
^jchos Meridianos distibtós. Esto de contradecirse atan corta 
^distancia, no es para todbs. Lo qui^ no tiene duda es, que 
;uno, y otro es falso. La rázon es clara : porque el miimo 
\ aspecto de Astros observa el Astrólogo , que está en Pékin^ 
que el que habita en Madrid : con que si dicho aspecto sig- 
nifíca lluvia f tanto la significa para Pekio, como para Ma^ 
drid. 



ECLIP-^ 






sí 



ECLIPSE 3 

úJscüJEi sa IX... w.rs\ y. ' 

í T^OS argumentos no? hace aquí el $r»Mañer, á 
I 3 fin de probar el perfíicioso influjo de los Eclip* 
KS..E1 prioptero es la experteQC^,flel ost^o, p¡¡^ ^^j^o ua 
£Íi:Upse de 3olen la Provincia d^y^zueía^?cl(¿i^.nO|Solo) 
¿perdieron las miesiési aquel añOr; gisif tai^t^i^ lo^.qi^iqci^ 
siguientes ; y. al fin , desesperando de q^ ú .t|€«^r4^RV.^^ 
ciese de tan fatal dolencia » abandonarpQ los naturales su 
^ultivo. Que proviniese este daño de^ Eclipse 9 lo prueba, 
por^u^>no hubo, otras ^ai^sas 4) qye i^ii^rse^ \ DefectúosÍT 
siopa, prueba ! Porque; ^¡qué I^ilo^c^yalc^f^á averiguar ,tQ4 
das ,la$, cansas^ que pMfi4cn inflM(r.^nvel de^trp^de (as mí^ 
^ ^ i Quié(^ sabe; si sp susqjtó^ ent^ce$ algunaierm^tacioij 
subterránea 9 que .alterase la constitución de la tierra.? lO ^ 
sopló de otra parte alguna aura maligna contraría, á la fe^ 
cundidad del País? 

^\ ^le^prijguuuupus^adt'Sr; MaQei' ^ por ^Hóefi^vf' ^ tjlT* 
ras WOtíízo et Eclipse el mismo daño; ¡deísta objeción yá 
se hace carga, y reSpobde, que no podímhs íoh/^r las dispo^ 
siciones con qué en acuella ocasión se hallaba aquella tierra^ 
pásraJioietcse introducido en ella Ja referida calamidad^Y yo 
repongo , que taippoco puede sab^r el ^r, Mañer si esas dis- 
posiciones eran táíes , que fuesen v no sbld disposiciones , si* 
no causas bastantes á inducir por stpA|$a)[^s aqi}ell&-cal^mi- 
dad , sin ayuda, ó influjo del Eclipse. Fuera de que esta so- 
lución enteramente arruina los pronósticos ,, que por los 
£dipí^ hacen los Astrqlogos: pijes estos no ^ben,ni puedeo 
f^b)sr qn^ disposiciones pendra la tierra, al ti^po.del Eclipsa 
3 .5l]W¿««Í9^ 9fgPinP9ÍQ. fi^n^sf^m 1^'ffí^ad de la^- 
<r . ,\ moa- 



if4' Eclipses» 

mosfera , nratinnada de Ja falta del calor cfel.SaL SUafijalr. 
¿fet Ar. laziattmosfiara.ftiesé tanta como la del argumento^ QO 
dudo que baria mucho daño* Pero aquella es tan remisa , que 
no haí habitación ¿láto quanto recogida , qiíe no esté mas 
fresca, quando^ alumbra el Sol ; que el ambiente externo, 
qoftnd o el Solestá eclipsado* Coa que si aquella^fi^esGuraaia 
daña , menos dañará estotra. Asíniismo qualquiera vienta 
Septentrional refresca láás^k atmosjfera ¿qué ningún Eclip- 
se. Si aquel no produce esos malos efectos « soplando tres 
dias,^ ¿por qué los ha de causar el Eclipse durando tires 
horas^ Cierto , que estando yo, no ha mucho tiempo, con- 
versando pori afgúhos'de mb compañeros ^bre esta misms^ 
gestión de si dañan , ó ño los Eclipses, me opusieron el granf 
bochorno , qué hafaáan experimentado durante un Ecl^se de 
Soi ^creyendo qáe del Eclipse habia dimanado el calor , y 
que por medio de él podia dañar el Eclipse. Y aunque no du-* 
do se engañaban en el discurso , era constante el bscho; con 
él c]ual no es coñapatiblela íKáMad de la atmosfera, que nos 
aseara el Srl Mañer ; siempre que el Sol está eclipsado. Etí 
fin , aún quándosea a^y (k)^ esomismo será el Edif^ mu^ 
fehas veces provechoso ; pues muchas veces el mismo calor 
daña á racbnales , brutos , y plantas. ¡ Quanto convendria 
entonces un Eclipse portátil para refrigerar la atmosfera! 



B 



COMETAS- 



DISCURSO X. 



- 1 



1 tJ N éste Discurso tné hace igual merced , qué en d 
r^ - tercero. Aprueba ttá dictamen , califica las prue- 
1>as de excelentes, &c. Con esta aprobadón puede yá correr 
ípor todo el mundo sin tropiezo mi Discurso contris los Co« 
isetas. Solo temo , que » tiene la desgtatía de enéontrar cott 
Ton^vfe«rva^debd(^d^ka!vocoddu(tt^ - 

1 ANOS^ 



I ■ M 

AÑOS CLIMATÉRICOS.: 






n IVr^ ^ ^^' averiguar qué es lo que ioteotá acpit d 
XN Sr. Mañer. Por una parte confiesa ^ qiie no se 
persuade á que sean fetales los Años; Climatéricos. También 
protesta^ que no consiente con la.Escuela.Pytíiagoríba en 
(lar virtud al numéro^séptenario en sí misma Por otra parte 
inmediatamente an^de> que dicho numeifo ej tenuh pormis-^ 
terioso ^y artejo^ ó ñudo ^ en quien la naíurakza desoAre su 
suspensión para detenerse y 6 de nuevo tomar fuerza para 
proseguir. Enigmático está el cuento. 

2 Pregunto lo primero: i Aiqué viene esa ^logía por 
el nmAero septenario, si nó sirve para probar los Años Qi* 
datericos , que es la qüestíon que aqui' tratamos^ Pregimto 
lo segundo: ¿Que quiere decir artejo^ Y lo tercero: ¿Qué 
quiere decir ñudo ? Porque estas voces, en quanto aplicadas 
al numero, son puramente. metafóricas, y .es menester ex- 
pücarlaai por otras. • Pregunto ki quarto: Signifiquen lo que 
quisiere , si no prueban que el iiumero septenario tenga al- 
guna virtud en sí miámó { i^ndadrem i Pregunto lo quinto: 
i Qué es del caso, que el numero septenario sea tenido por 
misterioso? También son tenidos por tales el ternario , él 
quaternarió , el octonario (y este yá bol lo es mas , por los 
odio que concurrieron á la fabrica del Anti^-Teatro ) , el no^ 
«enario, el denanio , el duodenarío , el qüadragcoario , co- 
mo puede ver en muchos pasages de los .dos grandes Padres 
S. Agustín , y S. Gregorio, i Qué sacaremos de aqui i 

3 ítem mas, pregunto al Sr. Mañer : Si yo me hago ca^ 
^o de la objeción fundada^ las mpdanzas, que aqaecea 
al hombre en lo» primeros septenarios., y concluyentemente 
f)or muchos capitulas redarguyo^a^i ]a. observación ^ coóoó 



4^ Afios Climatéricos. 

la deduccioD^ ^ue w hacede ^la; ¿á qué propo oUplape pitj fc 
án hacerse cargo de mis argumentos ? Fin al men t e ^ sr esa 
observación no le persuade la fatalidad <jlelos Añps Clim^t^ 
ricos , i i qué fín la propoae ? Mas sí no halló otro modo de 
dedr algo sobre este Discurso , sino trasladando parte de Jfl 
que leyó en el Theatnm vita humana sobre el numero sep* 
tenario, aunque no viniese al caso; paso por ello. 

4 Lo que no puedo pasar es la mofaVque hace de la 
keoteada, que excluye al estaño del numero de los metdesi 
creyéndole un mixto de plata , y plomo. Abra su merced el 
mbmo Tomo ááTheatrum vitahtmafue , de que se valió eo 
este Discurso, y como le leyó en el verbo NrnmrM^ léale 
verbb Metaltum , donde « debióo d^l título i^pecks variai 
hallará, qiie entre las varias senteodas que hat en orden al 
numero de los metales, propone por una de las dos mas pro^ 
bables la que dice, que son seis, no mas, excluyendo al es# 
taño, por ser un mixto de plata, y plomo: HdenUtr autem 
Ínter alias de hacre cpiniones phás hahere frchabiUtatisduai 
•quarum una septem numerat species , vidéüoet aurwn^argem 
tum^as^fttrmn^plundnm^argeHtumtíwm^stanmmia^ 

* tera tam¿m s€x^ retmfvend» rtanmm ^ pnpterea qwki ^ 
mat ipsum esse inJUscretam speckm duerum mttaUorum , ur* 
genti ^&phfmbi. Vea el Diccionario de Dombes, v. Etain^ 
y hallará , que los Autores de aquella grande Obra , no soto 
hablan con honor de dicha sentencia, sino que están expre^ 
sámente por ella. La misma sentencia hallará, propuesta en 
nombre de los Chymicos, en Hermán Boheraave (in Instib 
Chymiae, tit.i de Metallis in genere); lo peor es, que el re» 
tintín con que el Sr. Mañer se burla de esta o{Mníon , dá á 
entender , que no cree que haya habido Autor alguno por 
ella: porque una de las reglas de su critica es dar por áite 
todo lo que ignora. 

5 ¿Y de qué servirá , para impugnarme^ que la^ Plañe* 
tas sean mas que siete (como yo he dicho por los Satélites 
de Júpiter, y Saturno, que poco há se han <te8Cubierto) , d» 
dr , que solo son siete los recibidos, y conocidos por talesí 
£1 9ie, aun después de aquel f^c rp^ximieoto, sedo senom^í- 

bren 



Discf^Rso XI. 47y 

lA» iiQiWI|IV»ite «$fee. Planeta , ¿les quitará >á k^ fiueva* 
lomte descubiertos la reaUdad, y el ioftijo, que lea jt(x% 
ccmio. Astros ookK^dos en los Cielos Planetarios? 



SENECTUD DEL MUNDO. 



DISCURSO XÍI 

' ft npAnAStn aquí me favoreoe generosamente el Sr* 
JL Mafier ^ aprobado mi sentencia ^ y mis pruebas^ 
Pero dice y que siewh este mi Discurso par h general digna 
ée qualquiera elogio^ soJo se k notan hs descuidos siguientes. 
Asi el numero primero. 

: % Numero a propone el primer descuido, que tonsiste 
en que despues^de referir las larjgas edades de los trece an^ 
danos:de & Juan del Poyo i afiado , que en este siglo és cosa 
prodigiosa. Esto parece inconsequenda, siendo mi intento 
probar, que en este siglo se vive tanto, como en los pasa<« 
dos. Respondo, que en aquella clausula no se hace compa<^ 
radon de «ste siglo á los siglos antecedentes proximps ,«6 
Boedí^namente remotos , »no á los remotissimos ; esto es, 
los que precedieron , ó se substguieron inmediatamente al 
Diluvio; ni por e^^^^i^^A? entiendo solo d ultimo centenar de 
afios, sino con significación mas genérica, todo d tiempo 
fue há que la .vida de los hombres está en la corta exten^* 
abo, que hoi goáa. - , < 

j Numero } trata de descuidó lo que ¿Kge de las qua«» 
tro causas de la larga vida de tos hombres antediluvianos^ 
Como yo en esta materia no dige mas de lo que á cada paso 
K halla en los Sagrados Expositores del Génesis, no debo 
detenerme eo ella ; pues deto^ suponer , que si el Sr. Máner 
supiera, que aquella es doctrina tomm ^ no la tratarla de 

descuidó átlío» -:-.•'.• ^'.- -' >^.. • ou;. 

Nu- 



4$ Senbctud dbl MuNDd 

4 Mutbéro 4 ttie capitula el haber crefdó lo qué « Üetláó 
taino , leí eb «na Rdatíon impresa- defBaxá Turco vxjue etf 
ochenta años dé edad defendió una I^aza de Hungría ^ tñá^ 
nejando dos alfanges. ítem llama á aquella Relación Relaciam 
dfCíego. ítem dice , que-debí nombróla Plaza. ítem 9 para 
suplir mi falta , nombra la Plaza, y el Gobernador , y dta 
Aui0|res*; It^m di^, qu9 el Gpbernadpr'na teqía,odiepta 
años II como rezaba mi citada'Relaaón \ «ino 'setenta. Itéin 
dice , que aquella Relación pararía en los Archivos de los Es« 
pecieros. 

5 A lo prifhero respondo , que el Sri MaBer no «abe si 
crd aquella noticia. Yo solo digo , que la leí ; quando en la 
ccíin(9robacioDde un -asunto .solo se dá una espedientes 
sefiá <^a dé que^el que usa deella, la cree; pero (pandóse 
exhiben otras pruebas condüyentes , y seguras (como con-» 
fiesa dSr. Mañer lo son las mías en el asunto presente ) es 
común entreverar una^ ú otra ^ de quien no hai la misma se^ 
gurídad, dejando al juicio del lector la prohabilidad, que 
puede tener. El mitoib modo de explicarme , que kí en unm 
ReJaciM siendo niño , muestra que no confiaba, yo mucha 
en la noticia. A lo segundo digo , que pues el Sr. Mañer na 
vio aquella Relación, tampoco puede constarle si era de 
Ciego , ó áá algún hombre de mui buena vista. A lo terco* 
fo, que no sé qué precepto, ni natural, ni positivo me induH 
gese la obligación de nombrar la Plaza : m qué falta le podía 
hacer al lector, para el asunto, la expresión de esta acd-í 
dentalissima drculistanda. A lo quarto le doi las gracias al 
8r. Máñer, por la caridad con que suple náis defectos, exn 
poniéndose al riesgo de que ua lector ^reparón se lo noto 
de superfluidad. A lo quinto digo, que slelSc.iMañeD (¡ene 
autoridad' ^ara quitarte á Julio Césai'ScaUgero cíocuknta y 
dncoañós de vidav tanitneii la tendría d Aiítor'de la Rd»- 
don para añadirle diez al Bajá de Buda. Por lo que mira á 
lo'ukimo , deqoe aqudia Reladon pararía en los archivos 
ée' los Espeieiéro8^|4e aviso lal Sr^lAfaier: coo bime de lo» 
vhlgares^ quei 00 dlfi^ .«i)erbiiB vi9M& 00 m\}C ,ú jdeotró de 
pocos años parará en los mismos archivos su Antí-Teatcob^ > 

Nu- 



DíscüBsoXIL 4$ 

' '9 ' Kmnero '5 llama descuido mió, lo que es un comple- 
xo de dos ecjuivocaciones suyas. Dice que yo niego, que ea 
!o6 tiempos antiguos haya habido Gigantes : y este es uo 
gravissimo descuido, porque del Sagrado Texto del Gene- 
ais consta, que los hubo: Gigantes autem erant super terram 
tn diebus iUis. Digo, que en esta objeción hai dos grandes 
equivocaciones. La primera , porque los Gigantes de que 
habla aquel Texto , existieron antes del dijuvio ; y yo quaur 
do niego la decadencia del genero humano en estos tiempos^ 
respecto de los antiguos, expresamente hago excepción del 
tiempo antediluviano. La segunda, porque no niego, que 
en los tiempos antiguos haya habido Gigantes , entendiendo 
por Gigantes á todos aquellos que exceden considerabler 
mente la común estatura. Si en este sentido concedo Gi« 
gantes en este siglo, ¿á qué proposito los negarla en los 
antiguos ? Solo ú niego aquellos Gigantes desmesurados de 
veinte ^ treinta , quarenta codos , &c. y asi nada hace el $r« 
Mañer con agregóme sobre Og , y Goliat , de quienes hago 
tnendon , al Egypdo del Paralipómenon , que tenia dnco 
codos. ¡Válgate Dios por tanto atarme la Escritura un honoH 
fcre que confiesa , que solo la vio por el perganüno! Si con- 
cedo en nuestros tiempos hombres de seis codos , ¿ qué nos 
prueba Mañer con. el antiguo Egypdo, que no tenia mas 
que dnco? 

' 7 Con esto está satisfecho el otro Texto de la Escritura 
( los embanasta , que es un horror ) , que alega al numero tf; 
pues Á los Exploradores solo digeron verdad en que el Pue* 
Uo de Canaan era procera statura , mintiendo en lo demásii 
i qué prueba es esta de los enormes Gigantes antiguos ?-jNo 
basta para dedr, que un hombre es procera statura^ el 
que exceda un palmo, y aun menos la estatura regular? 

8 En lo demás le dejamos al Sr. Mañer la libertad , que 
goza , de creerle á Homero el que Diomedes le tiró á Eneas 
un peñasco , que catorce hombres del tiempo del mismo Ho- 
mero no podian levantar del suelo; y á Virgilio lo mismo 
con poca diferenda , aplicado á Turno : como á los demás 
DOS deje la libertad <^ admirarnos de sus buenas creederas* 

D Pero 



^o Sen£Ctí7d dh. Mundo. 

P Pero le r*dvierto ^ que otra vez no diga, que S. Agí»' 
tín ia.i^^ cap. 9 de Civif^ Déiy ciM á PHnio el Segundo ^y 
k llama Doctissimo yurm. 'S« Agustio cita de este modoc 
PUnius Secundus , doctissinm hmo , &Cn Sepa, pues , el Sr# 
Mañer , que PUnius Secundas en aquella dta no significa á 
Plinio el segundo^ sino á Plinio el primero. No tiene que 
arrugar la frente , que es asi lo que digo. Hubo dos PlinioSf 
mayor , y menor , sénior , y júnior , tio aquel de éste. £1 pri<- 
mero , ó mayor, es el Autor de la Historia Natural , dedon^ 
de cita S^Agustin la sentencia, que en el lugar referido se lee^ 
y se halla en el lib, 7 , cap. itf de dicha Historia Natural* 
} Pues cómo le nombra S. Agustin PUmus Secundus\ Yo se 
lo diré al Sr. MaQer. Es , que aquel Secundus es renombre t ó 
apellido que tubieron ambos Plintos. El primero se llamó 
Cajus PUnius Secundus-^ el segundo Cajus CaciUus PUnius 
Secundus. El modo de distinguirlos en las citas es, quando se 
cita el segundo, añadir alguna nota particular, que convenga 
á éste , como P/íii/(7 elmenar , ó PUftío eliumotió tambiea 
puede servir de distintivo la obra que se ata , v. g. el Pam^ 
girico de Trajano , ó las Epístolas , pues éstas se sabe ser 
obras de Plinio el menor. Sí 00 hai nota distintiva, ó si se 
cita la Historia Natural ^ se entiende citado Plinio el ma^ 
yor; Quede mandado ^esto á la memoria, porque no le su* 
ceda otra vez quedar el SrJVIañer expuesto á la risade los lec- 
tores , vfendo que ignora , que el Autor déla Historia Natu- 
ral es Plinio el mayor ( cosa sabida hasta de los Gramáticos), 
y que toma el SecunAés^ que es renonü)ref por adjetivo oo« 



CON- 





: CON SÉ C T A R I O. 



E^ 



DISCURSO XIIL 

^Ste Consectario es el dedo malo de este Tomoi 
donde tropezaron muchos por imita de reparoi 
y al mismo tiempo por sobra de reparo, antes del Sr-MaSer^ 
quien aora nos repite lo que halló dicho por aquellos , que la 
Filosofía moderna ^ que en él impugno, quando sea error^ 
oo es error común, ano particular; y asi su impugnación no 
debió ocupar lugar alguno en esta Obra. 
' 1 Vamos á cueptas, señores precursores de Mañer , y Sr. 
Mañer. El titulo de mi Obra es Teoiro Critico Universal Y 
en una Critica Universal ¿ por qué no podrá entrar la Criti* 
ca , no digo yo de la Filosofía Cartesiana , pero aun de la de 
Tbales Miledo, que apenas tiene hoi sequáz alguno? Mas: 
Aquel titulo inmediatamente le explico con estotro^ Discuta 
sos varios en todo genero de materias. Ello lo está didendot 
que no hai materia alguna, sobre laqual no se pueda d¡scur«* 
rir en una Obra, que está inscripta con este titulo. 

3 Pero , ó Sr. que remata el titulo con este ribete, para 
desengaOo de errores comunes. A que digo lo primero , que los 
Críticos puros, y limpios, no debieron agarrarme el titulo 
por la cola, sino atacarle por la frente. Oigo lo segundo» 
que aquella addidon no define la substancia de la Obra ; so- 
lo expresa el fin príndpal de ella: y no hai Escritor alguno 
(aunque entren los mas escrupulosos) , que no introduzca ea 
su escrito muchas cosas , que no conducen al fin primario 
de la Obra , sino á otros fines secundarios. ¿ Qué importaba 
al fin del nobilissimo Poema de la Endda pintar en él tao 
prolijamente los amores de Dido con Eneas , y mas quando 
aquella drcuastaada es fingida ? IKgo lo tercero, que por 

Di eso 



5 2 Consectario. 

eso di á aquel Discurso el titulo de Consectario d la materia 
defDiscurso antecedente , seoalaado con esto^ que no entra- 
ba en el Teatro Critico por sus méritos proprios , sino por 
los de su antecesor : porque los Consectarios son unos pega-* 
dízcís, que á sombra agena se hacen lugar en qualquier Tea- 
tro. Digo lo quarto « que si advirtiesen mis Anti-CriticQ^ 
como explico en el Prologo del primer Tomo , qué entiendo 
por errores toimnes , hallarían , que el Discurso Consectario 
podia entrar en el Teatro Critico , no solo como dependien- 
te de otro , sino por su proprío mérito. Nótense aquellas ilo8 
(clausulas de dídx> Prologo : Ni debajo del nombre de Errores 
comunes quiero significar ^ que Jos que impugno sean tráms* 
cendentes d todos los hombres. Bástame para darks.ese nof^ 
Ire^ que estén admitidos en el común del vfálgo^ d tengan en^ 
ere los Literatos más que ordinario séquito. Aora^ la Filosor 
fia corpuscular no es dudable , que tiene mas que ordinario 
féquito en las mas Naciones de Europa, pues raríssimo Oír- 
80 filosófico se escribe en ellas , donde no se siga alguno de 
los sistemas modernos. Esto basta» y sobra para satisface 
don del Sr. Mañer , y de todos los demás «que han mordido 
el Consectario por el titulo de impertinente , siendo junta-* 
mente respuesta á todas las impugnaciones pasadas , presen- 
tes, y fiíturas, fundadas en sem^te reparo^ contra qualr 
quiera parte de mi Obra. 

4 El resto de la critica del Sr. Mañer sobre este Discufn 
SO; se reduce á un sentidissimo duelo, porque reprobé el 
estilo de su adorado D. Gabriel Alvarez , é impugné su opi^ 
DÍon filosófica del infinito , y sempiterno reboltijo de unas se- 
millas en otras. Por lo que mira al estilo, cierto que yo estaba 
en fé de que no había hombre dé mediana inteligencia , que 
aoestubieséenel.nhismo^entir,espedalmenteá leyeron el 
Maestro de Ni^s , que no dga duda en la materia. 

5 En quanto á Jk opinión filosQfica , me fíie libre el im- 
pugnarla , como lo hago con otras que tengo por i^sas. Pu- 
de también decir con verdad , y lo repito aora, que no se 
hizo cargo de los argumentos contrarios , porque este es ber- 
«hoco^tame^ £1 añadir., como siesjctitíese paca .fwmknea 
♦ J : • . sin 



piscuRso Xm. 5 3 

sh áiscursú , no ^es deqir ( como construye , y entiende el %r. 
JVIañer ) que escribid para hambres sin discurso* É% onii dis^ 
tinta proposición la una de la otra. Pero es un pleito sempi-- 
ierno , si tengo de lidiar con el Sr. Mañer sobre todas las 
proposiciones, que oae trastorna, equivoca, coofiínde, y 
énuende al revés. i 

* 6 Mas yá que D. Gabriel no se hizo cargo de las diíi- 
jcultades , el Sr. Mañer toma por su cuenta el desempeño, yr 
el asunto de responder á todas. Pero, ¡ó qué presto le vemos 
dar un terrible tropezón ! porque propone por primera din* 
cuitad contra aquella opinión la duda, que yo confieso te^ 
oer, de quién fue el primer Autor de ella. El caso es, que yo 
iio propongo esa duda como dificultad contra la sentencia 
X)ue impugno , y fuera delirio proponerla como tal. ¿Qué co- 
nexión tiene, ni puede tener con la falsedad ^ ó con la ver- 
dad de una opinión, el que yo sepa, ó ignore , quién fue su 
primer Autor? Ni hubo menester el Sr. Mañer suponerme un 
argumento tan ridiculo, y disparatado, para darnos la no- 
jtitía (valga io que valiere ) dé que fueron sus primeros Au« 
tores los Filósofos antiguos del Indostán : pues esta selectis^ 
[sima espede pudo introducirse con el justo titulo de sacarme 
dé mi duda, y no con el doloso pretexto de ser respuesta á 
un argumento. . 

. 7 Propone por segundo argumento fes en realidad di 
í>rin>erp ). el ^to que yo cito del Génesis, donde se enseña^ 
que cada hierba , ó planta hace, ó produce la semilla pro- 
.priade su especie: Facientem semen^ &c. Y responde , que 
00 tiene inconveniente el entender aquel facientem semen por 
.la desembokura de la semilla criada , que cada planta hace 
jegun su especie en la nueva producción. Esto es lo mismci 
jque decir, que hace el vestido el que le desembuelve , ó t^ 
ge la tela el que la desdobla. Lóst^ue interpretan con tanca 
violencia las palabras de la Escritura , estará bien que no la 
.^yean jamás , sino por el p^gapiino» . 
]'^ 8 Pe aqui gi i;n salto por .sobre el numero 4S de mi 
^^¿mso ^ para agarrarse , no de las bellotas , sino de las rar 
jnas' del robte f de quien se habla en ^1 numero 4 j. ¿Han vi» 

\íí; Dj to 



54 Consectario: 

to la escapatoria ? Aguardé un poco el Sr. Mañer, que enese 
numero 42 está el busilis del caso , y todo el poodus del ar- 
gumento 9 sin el qual no valen dos bellotas todos los millo- 
nes de millones de ellas ^ cuya cuenta se haCe en el siguien- 
te numero. Y no es tan lerdo el Sr« Mañer , que pueda ig^- 
norarlo. 

p El argumento /qué én dicho numero 42 propongo ad 
hminem contra D. Gabriel , es de los mas concluyentes, que 
caben en materias físicas. Fundase en que D. Gabriel niega 
con Gasendo la infinita divídbilidad á la materia; y úa ser 
ia materia infinitamente divisible, es totalmente imposible 
aquella actual continenda de todas las semillas , que hubo, 
Y habrá siempre en la primera semilla. Véase el lugar cita-^ 
do. Para hacer mas sensible la fuerza de este argumento , me 
extiendo en el numero 43 , sobre el cómputo de bellotas ( ó 
por mejor decir , de robles formados) que secontenian en la 
primera bellota. Hasta aqui saltó él Sr. Mañer , ocultando 
mañosamente, con la omisión de lo que digo en el numí. 43, 
lá aplicación que tiene dicho, cómputo , y sin la qual no 
iiaí argumento. Lo qual se Verá mas claro, si se advierte» 
íque este argumento nada vale contra los Filósofos Cartesiá:- 
nos, porque como estos conceden infinita divisibilidad á la 
materia , siempre les queda tela de sobra , en que eqabolver 
quantos millones de ¡semillas quisieren. Asi solo tienef fuerza 
en la opinión de ki infinita divisibilidad, que lleva D.GábriA 
Alvarez , y á que hurtó el cuerpo el Sr. Mañer. 

10 Dice luego , que yá D. Gabriel sé hizo cargo de este 
argumento; Ni lo soñó. Pero el Sr. Mañer quiere persuadir» 
que se hizo cargo, y que respondió, solo por haber (ficho 
simplemente, que resplandecía mas Ja sabiduría delAltíssh- 
mo i búsqéiejando con sóh'un rasgo de su poder toda la serie 
ée vegetables^ que habré hasta el fin del mundo. En esta clau- 
sula no parece, ni aun en bosquejo, mi argumento. Tampoco 
puede servir para respuesta el decir , que resplandece marh 
^abidurlafdelAhiÜsimo^ €?í?. Sin 'embargo, él Sr.'Mañer no 
dá oti-a , que la repetldóh áp esta clausula. Séñbi! mío : Si yt> 
prud)o quetuüa^ia es ^tümi^icaf representadclo la absoluta 



Discurso Xin. 5$ 

imposibilidad que bai en ella^ ¿ será respuesta dedrme , qus 
en eso-mismo resplandece mas la sabiduría del Altisslmo? Yá 
se vé que no. La sabiduría del Altissimó no resplandece, ni 
puede resplandecer en quimeras : y asi es menester en pri-' 
mer lugar buscar por donde escapar de quimera aquello , cu<^^ 
ya posibilidad se disputa. 

.. z I No. propone el Sr. Mañer mas argumentos, míos oon<^ 
trá la opinión de D. Gabriel , que Ips dos dichos ; siendo asi^ 
que hat otros tres, y muí fuertes en el numero 47 , además, 
dé otro, que hai en el numero 48 , especial contra los Car- 
¿Ríanos. Vé aqui cómo ha salido de su empeño el Sr.Ma- 
fiér. De dnco argumentos mios , solo se hace cargo de uno« 
y dé la mitad de otro. Y de estos dos al uno responde mal^ 
al otro, ni bien, ni mal. ¿No hubiera sido mejor dejarlo estar, 
^mo se estaba, ó dar traslado, para que respondiesen , á 
los Filósofos dellndostáhr 

. it Varias acerbidades me dice en este Discurso el Sr. 
Mañer. Yá no las estraño. Y aqui especialmente son condo-, 
nables al gran dolor, que muestra, de ver impugnado á su 
D.Gabríél Alvarez; si yá el dolor no se buscó como pretextQ 
para ensangrentar la pluma. Pero no callaré lo que me dice 
sobre una clausula mía , que copia de este modo : Corrió la 
pluma mas de h que debiera en la impugnación de esta sen-" 
tencia. \ Válgate Dios por Sr. ! ¡ que apenas me ha de copiar 
proposición alguna, la qúal no desfígure de algún modo! 
Aquella clausula está formada en mi libro de esta suerte: 
Corrióla pluma acaso mas ^&c. ¿Por qué me quitó aquel 
adverbio acasol i No vé que con él tiene la proposición dis- 
tíntissimo sentido , y que vá de esta á la otra, lo que vá de 
9udar receloso de si excedí , ó no, á confesar llanamente el 
exceso, como cierto ? Pues no es esto solo. Además de dicha 
fikeradon literal , bai otra , que pertenece únicamente al 
sentido. Es el caso, que aquel correr mas la pluma , no lo 
entiende como que signifique , que me dilaté mas de lo que 
pedia la materia , sino que delinquí en el modo de la impug- 
naden : y asi jugando del terminillo correr , me echa inme- 
diatamente este cortesanísimo repulgo : ^ nosotros nos de^ 

I>4 ja 



^6 Consectario. 

ja Bastanf emente c&rridos el ver ^ que cwiociendo su í(eve^ 
rendissima^ que no debió dejarla correr^ no obstante ló ege^' 
cuto. El que no conociendo su defecto^ cae en fly aun para com 
CM Dios tiene disculpa; mas que caiga qtden lo conoce , ni 
aun para con los hombres puede substrahersc. i Qué es esto? 
i Es bueno que, después de alteranne el Sr. Mañer enorme»', 
mente mi proposición en la letra, y en el sentido ( gravissi- 
ma culpa en un Escritor Crítico ), no se corra de sus verda*' 
deros , y reales defectos, y se corra de los ágenos , é imagi- 
narios! Sin embargo, yo quiero disculparle, creyendo que 
él adverbio acaso se le pa^ por alto, y que entendió el cor-- 
rer maslapbma , no en su legitimo, y natural sentido, á^ 
Jio en el estraño , y violento, que expresa. 

I j Lo que en el ultimo numero añade , que el significa^* 
do, que doi en Castellano á la voz Francesa TourbiUén , no 
es nuevo, pues se halla el mismo en el Diccionario de So« 
bríno, \ de qué sirve , sino de mostrarnos , que el Sr. Mañer 
está á agarrarse de toda fruslería , para abultar su Anti*Tea« 
tro ? Ni la voz Francesa , ni la Castellana tienen en el Dic- 
cionario de Sobrino la acepción, que corresponde á los Tur- 
billones Cartesianos: pues estos no inviernos impetuosos^ 
que vdn dando bueltas^ que es la explicación que le dá eo 
Francés ; ni torbellinos de viento ^ que es la versión en Caste- 
llano, aunque son cosa análoga á aquellos. Y asi solo se deben 
decir torbellinos^ ó remolinos ^ como yo vierto, ún añacUr 
de viento , pues no es viento la materia que remolina en la 
Filosofía Cartesiana. Y para mayor desengaño suyo, vea 
como en el Diccionario Universal de Trevoux, después de 
dar dos significaciones mas generales á la voz TourbiUdn^ 
explican aparte la particular significación , que tiene esta 
voz en la Filosofía Cartesiana. Si con todo eso dice, que na 
se me puede ddr precio alguno por el nuevo hallazgo , yo digo» 
que reserve la repulsa para quando se lo pida : y que queda- 
mos pagados , pues yo tampoco le daré un odiavo por la 
gracia. 

14 Olvidabaseme el cargo que me hace el Sr. MaSer» 
de que no copié bien á D. Gabriel, quando le atribayo el 

que 



Discurso Xm. 57 

^ae dice ^ que em la semiBa del tulipán se vé cmi el micros^' 

copio formado un tulipán entero : porque D. Gabriel no dioe< 

que eo la semilla^ sino en el mismo tulipán , en aquellas^ 

pintas negras , que lo matizan. A que respondo : que , ó eo* 

aquellas pintas negras está la semilla , ó no. Si lo primero^ 

bien éige yo ; si lo segundo, la experiencia , que alega D» 

Gabriel , no es del caso, para probar que eo iñ semillas de 

las plantas están formadas las mismas plantas, y contenidis^ 

actualmente en estas otras semillas. Lo cierto es, que el P. 

Maiebrancbe {üb.ude Inquir. Ferit. cap. 6. ) , y otros que 

alegan la misma experiencia , no dicen , que se vé el tulii^ 

formado en esas pintas negras , que matizan sus hojas, sino 

en la yema de la cebolleta. Y esto puede conducir algo pa^ 

ra su opinión ; lo otro nada. Con que si me equivoqué, fue 

por suponer graciosamente, que D. Gabriel no habia de pro* 

bar su sentencia coa un fenómeno, que no era del caso. 

15 No se nos olvide tampoco, que en este Discurso, no- 
mero 5 , es donde dice el Sr. Mañer , que no vio la Biblia mas. 
que por el pergamino. 



MÚSICA DE LOS TEMPLOS. 



DISCURSO XIV. 



A' 



Qui solo se me acúsala digresión, que bice áda 
la Poesía, Medicina, y Oratoria. Pero lo que 
dBge 4&1a Medicina , y Oratoria, no fue digresión , sino sí- 
mil traído al: proposito de ser en la Poeáa, como en estotras 
dos Facultades , muchos los llamados , y pocos los escogí-r 
dos ; y nadie hasta aora condena los sinüles por digresiones» 
Con que solo queda la Poesía á recibir su corrección, poc 
aer una bachillera , que se mete donde no la llaman. 
. % Ftro^Sr. Mañer, ¿qué regla de buena Crít^ 

pro- 



58 Música í>E IX» Tehíplos. 

prohiba todo generó de digresiones ? Yo las hallo en lo? mas* 
excelentes Autores. Y aunque no ignoro « que hai tal qual^, 
que nimiamente escrupuloso sigue su camino, puestos los ojos, 
en el termino, sin dir siquiera una cgeada, ni á wm , ni á 
otro lado; los mas (y puedo decir también losjiejores) no 
tienen por inoongruidád salir tal qual vez de k^rseada á oo-. 
ger una flor, ó teber de una fílente , que vte¿ corta distan-, 
oa. Uno, y otro extremo , añ el de huir yíd^ digresión, co-" 
mo el de introducir muchas, ó mui largas , reputaba por 
vicioso el Griego Tbeon , que era un Critico de muí buen 
gusto : asi repreendia el primero en Philisto , y el segundo 
en Tbeopompo , ambos Hbtoriadores Griegos de bastante 
nombre : Ñeque enim oportet shnpüciter fiigere fUgressimes^^ 
fuúd PhiUstuffccit , quod in his animus oudieMium acquies^ 
títi vefum mas , qua aded sunt prolixa , ta abducam aaJi^ 
tarum ammos , ut necesse rit ea , qua anfe dicta sunt in me^ 
moriamrevocaríi cujusmodi digressionibus utitur Theaponh- 
pus in Philippicis. (Theon in Progymnasm. ) Esta es una 
de las materias, que no deben pautarse por reglas genera-» 
les, sino dejarse al juicio de los lectores, los quales experi- 
méntalmente conocen si las digre^ones son molestas , ó gra- 
ciosas. El genio del Escritor hace lo mas en esta parte. Hai 
algunos , que descalabran con qualquiera digresión que ha- 
gan , por el desaire con que la introducen : hai otros , que se 
hacen seguir con gusto dd lector á qualquiera parte que va-- 
yan. En fin , el Sr. Mañer no se mate sobre esto , que yo es- 
tol í\jo en atender el gusto del Páblico con mucha preferen- 
cia á su buena , ó mala Critica. 

^ j El caso es, que aún tenemos mas que digerir en el 
asunto de la digresión, que aqui sexne repreende, porque 
hablé con desprecio de los Poetas, Médicos , y Oradores de 
este siglo , como consta de aquel interrogante : ¿ donde está 
ti Abdico verdaderamente sabio , el Poeta cabala y el Ora^ 
dar perfecto \ En lo que parece se dá á entender , que no se 
encuentran tales entes en todo to descubierto ; y esta es gra^ 
vissima injuria contra los Profesores de las tres FacultaSdeSi 
Alas se me nota aqui una contradicción 1 porque ai^i^o aqui» 

que 



Discurso XIV. 59 

que haya algún Medico sabio , siendo asi , que en el Discurso 
de la Medicina , num. a , confieso , que hai Médicos sáfaiosi 
y en la respuesta al Doct. Martínez le califico de sabio en 
aquellas voces , el sabio , eJ eloqüente 9 el sutil Martínez. 

4 Empezando por esto ultimo , respondo distinguiendo: 
Hai Médicos sabios , y el Doctor Martínez lo es , respective 
ai statum frasentem Me^cime 9 concedo : absohaé^ & sim^ 
^liciten negó. ¿ No vé el Sr. Mañer , que allí mismo donde 
digo y que bal Médicos sabios , les concedo á estos no mas 
que un Arte imperfecto de Medicina? Luego es claro, que 
no hablo de una sabiduría absoluté^ & simpücitér tal, sino 
respective. No hai, pues, contradicción alguna, pues alli 
concedí Médicos sabios respective^ aqui , quando pregunto 
por el Medico verdaderamente sabio , los niego absol^é ; y 
eso significa aquel adverbio verdaderamente ^ el qual solo se 
pudo añadir , para dar á entender , que se habla de una sa- 
biduría pí-opría , y rigorosamente tal. Pero el Sr. Mañer dio 
en la zuna de no hacer casó de los adverbios : con io qual 
logra la ventaja de no entender las proposiciones. 

5 A lo de que hablo con desprecio de los Profesores de 
las tres Facultades, digo, que aquello es ponderar la ardui- 

: dad de las Facultades; no despreciar los Profesores. £n quan- 
to á la Medicina , estoi bastantemente explicado. ¿ Qué que- 
ja pueden tener de mí los Médicos modernos, por decir que 
no hai alguno perfecto entre ellos , si aseguro lo nusmo de 
quantos hubo en los siglos antecedentes ? El ser Poeta cabal 
X esto es , sin defecto) , se lo niegan muchos, no solo á Virgi- 
lio, mas aun á Homero. Orador perfecto, es común confe^ 
sion de los Critícos, que no le hubo hasta aora. Quintiliano, 
con otros muchos, le negó esta excelencia á Cicerón , y Ci- 
cerón se la negó á Oemósthenes: Non semper impkt aures 
meas , dijo de él. \ Qué sacamos de aqui ? Que estas tres Fa;* 
cultades tienen tan alta la cumbre, que no pueden arribará 
ella los Profesores de mas excelente ingenio. 



PA- 



6o 

PARALELO 

DE LAS LENGUAS. 

^mmmmm ■ ■ ,■■■■■■ . — ^igi 

DISCURSO XF. 

1t T7N este Discurso se nos ciilpa en primer lugar el^ 
Mlá Corolario f como cosa no perteneciente al Para- 
lelo* Yá en d Discurso pasado se le instruyó al Sr. Mañer en 
lo que debe saber tocante á digresiones. Y aora se le añade^ 
que por eso mismo es Corolario , porque esta voz , aplicada 
á los escritos « significa aquello que se añade fuera de la exi- 
gencia del asunto, aunque concerniente á algún punto , qué 
se toca en él « como el nuestro conderne á lo que en el cuer-- 
po dd Discurso tocamos en orden á la entidad del idioma 
Gallego n y Portugués. Asi no puede condenarse como im« 
pertinente mi Corolario, sin que caiga la misma sentencia 
sobre quantos Corolarios hubo , hai , y habrá basta d fin dd 
'mundo. 

2 En segundo lugar se nos culpa la introducdon de vo- 
ces Latinas, y Francesas en el Castellano, justificando la 
acusadon con la enumeradon de las siguientes : Ingurgitar^ 
intersticios ^undulaciones^ procaces^ ineluctahks^ intumes-- 
cencía , tabla^iomsida por la mesa, turbiUan , y resorte. Soa 
ocho en todas. Digame aora el Sr.Mañer : ¿Acuerdase de qué 
en el Discurso XIII , num.4, alaba el estilo de D.Gabriél Al*^ 
varez , y llama injusta dentellada mi censura , de que es ini* 
proprio , y afectado? Digame mas: Quando las ocho voces 
numeradas seail forasteras , \ no sabe que son muchissimais 
mas las que de este jaez se encuentran en la Historia de Don 
Gabriel Alvarez? Vaya contando : JUberrimo , cmmmlitanes. 



Paralelo de las Lenguas. 6j. > 
prlfiúgenia , prolifica , grecánica ^ congerie , reticencia , re-- 
st^te 9 percolar 9 versaúl^^ intereaiáeían ^ sirmdcadencia^ ki^' 
feriólas j sabatismo^ aligar , embrutecer , interrogar » ^o«- 
termina 9 ^0^0 por manzana 9 ^i'i'ítf 9 mutuada ^ adversario^ 
celar ^ por ocultar 9 ^xfc?Ai por yestídura larga, invento. Váo 
veinte y cinco, y no las digo todas. Pues si D. Gabriel ef^ 
una Historia 9 que si se imprinuisra en la Iptra de mi Teatro 
Critico 9 con la distancia otdiharia <íe renglón á renglón, 
no abultaría la mitad de un Tomo mió, echa veinte y cinco 
estrangerismos ( esta voz sí que es nueva ) sin perjuicio de su 
grande estilo; ¿porqué lian de perjudicar al mió ocho no 
mas repartidos en una obra i que es quatro. tantos de la de D¿ 
Gabriel ? ^ No se vé en esto , que el Sr. MaSer no tiene otra 
regla para aprobar , y reprobar, que M propria pasión? 
' 3 Pero bolvamos á mis ocho voces. Ingurgitar lo oí mil 
veces, hablando de comedores , y bebedores. Intersticios es 
voz tan común como la de Ordenes. Undulación , y undulan 
<e, se les oyeá veces á los Médicos, liablando de pulsos. 
Procéz^ y procacidad^ se ha dicho mas de ochenta veces ea 
los Pul(Hto6. Ineluctables es voz freqüentíssima , quando íá 
pondera la eficacia de los argumentos. Tabla^ aun para sig-r 
BÍficari0^M, y á es corriente entre losr Cortesanos, quando 
«1 contexto dá luz para entenderla en este sratido; y asi vae 
rias veces oí ^ sentarse d la tabla. Resorte^ perdone el Sr^ 
Mafier, pues yá D. Gabriel Alvarez habia introducido esta 
voz en su famosa Historia. Con que solo quedan por mi . 
cuenta turbillon^ é intumescencia. La voz turbillon puedo 
disculparla, porque yá la habia explicado quando usé de ella; 
y dige intumescencia , hablando del flujo del mar , de miedo 
^ue sí deda hinchazón ^ tum^ ^ ó ent$émecmiento ^ creces»! 
los Cirujanos, que la oiaréa era una enferoiedad , que toca^r 
ha á 9U profesión. Puede ser , que en otra ocasión, por imi- 
tar las brillantes metáforas de D. Gabriel Alvarez , en vea 
de intumescencia del mar , diga hidr^sía de Neptuno. 



D& 



6a 

; DEFENSA DE L^ MüGERES. 

lili ■ " " I ■ ■ ■ . I - j i i i> I , „ 

DISCURSO XVt 

I TJ^Stube para pa»r adrante y omitienclo este Db» 
Jj/ curso 9 porque en la substancia el Sr. Mañer vino 
i hacer lo mismo. Cosa admirable es, que siendo el asunto 
primario, y auh casi total de mi D^kma de ¡as nmgeres m 
igualdad en entendimiento con los hombres, la quai probé 
con varios argumentos largamente, á ninguno de ellos tocó 
con la pluma el Sr. MaSer « ni hizo noas que entretenerse en 
los arrabales del Discurso, con tal qual parte accesoria del 
argumento. ¿ Qué Anti^Teatro es este ? ¿ O por qué se le dio 
este titulo ? Cierto, que aunque yá tenia entendido , que ha« 
bia algunos títulos pobres en la Corte, tanto como este nua« 
ca lo pensé. 

( 1 Numero i exclama sobre la arduidad de mi empeBo» 
Exclame quanto quisiere. Sabia que tenia caudal ba¿anta 
para desempeñarme en los libros de mi estudio. 

i Numero i siente, que algunos censuraron este D¡s«^ 
curso de molesto, por muí largo. Lo que yo puedo decir som- 
bre esto es , que de otros me aseguraron , ^ue todo el libro 
les habia parecido corto. 

4 Numero i se pone á probar mui despacio, que los 
hombres tienen mas vigor , ó fíjerza corporal , que las mu* 
^res.^ íQué tiempo tan bien empleado! ¿Quién se lo niegan 

5 Numero 4 me opone, que vi6 á muchas mugeres dia^ 
cretas confesar su inferioridad respecto de los hombres. Res- 
pondo , qu^ nahai discreto , que no yerre en algo. ¿ Quién 
negará , que es mui discreto el Sr. D. Salvador Mañer \ Sia 
embargo, ó quánto : : : mas quédese aqui. 

6 Numero y me nota el haber omitido dos, ó tres espe- 

cies 



Discurso XV L 6^ 

tíes históricas 9 que podían agregarse para el intento mismo^ 
i que traiga otras n}ucha& (Hai cosa ! ¿Qué ^ yo tengo de 
escribir todo lo que al Sr« Mañer se le antoja que escríbal 
Sj mi Discurso pareció molesto por mui largo, ¿qué fuerat 
8i añadiera esas tres especies sobre las demás? Diceme en 
otra parte^ que pude escusar tanta copia de egemplares : que 
con dos para cada cosa tenia bastante ; y aora quiere que 
se acumulen quantos se encuentran en las historias. £1 hom* 
bre batalla tan á ciegas , que sobre su cabe2;a caen los mas 
de los golpes* 

7 Numero 6 me supone « que pretendí equilibrar la ro- 
bustez de los hombres con la hermosura de las mugeres^ 
dando por iguales las dos prendas* Lo contrario consta de la 
parte misma, donde me cita. El empate lo pongo única- 
mente en ser una , y otra prenda del cuerpo* En lo demás 
me explico positivamente á favor de la primera, i Puede ha« 
ber mayor claridad , que la que se contiene en esta clausula 
mia ? Pero en el caso de ¡a qüestkm doi mi voto d favor de la 
TtAustéz , la qual juzgo prenda mucho mas afreciabk^ que h 
hermosura. ¡Hai tal Upo de suponerme lo que no digo, ó lo 
contrario de lo que digo ! 

' if Numero 7 quiere probar, que el imperio de la hermo- 
sura sobre la voluntad no es apreciable: porque yo digo, que 
8i todas las mugeres fuesen feas , la menos fea tendría el 
mismo atractivo , que hoi tiene la mas hermosa, Y no ad- 
vierte el buen señor la evidente instancia, que padece este 
argumento en la prenda de la robustez : pues es cierto, que 
8i todos los hombres fuesen afeminados , ó débiles, el menos 
afeminado sería tan estimado ^ como lo es hoi el mas va* 
líente. 

9 Numero 8 se empeña en que la docilidad de las mu- 
geres no contraresta la constancia de tos hombres; pero sin 
dar prueba alguna: sin que le disqjlpe la acusación de que 
yo tampoco las di por mi intento > pues esa misma adverten- 
cia debia servirle de aviso, para no caer en la misma fal- 
ta. Yo no di pruebas sobre este asunto ; lo uno , porque en^ 
tendi^ido <oomo allí me explico) por constancia 9 y doci- 

li- 



6 4 Defensa de las MuéERK& 

lidad la natural inflexibilidad , ó flexibiKdad de genios, mi 
pareció 9 que el mismo careo de los términos explicaba bas-* 
tantemente el contrarresto de los significados. Lo otro , por- 
que si á cada proposición, que profiero ( especialmente quan- 
do me divierto en una parte accesoria del asunto ) , había 
de entrar el sic argumentar , probo majprem ^ reipondebis^ 
contra^ &c. hiciera un Discurso infinito. ¿Qué digeran de él 
en ese caso los que aora le tienen por prolijo? Asi que es 
preciso dejar muchas cosas en aquella verisimilitud , que os^ 
tentan á primeras luces , y permitir algo al juicio de los dis« 
cretos leaores. Esto , como digo , se entiende en los puntos 
accesorios. Pero los que impugnan , como toman la quali*^ 
dad de actores, deben probar contra todo aquello que im- 
pugnan. 

10 De paso quisiera saber , ¿ por qué en este mismo nu- 
mero llama el Sr. Mañer fárrago el citar yo unas doctrinas 
de Santo Tomás, y de otros grandes Teólogos, que me ha- 
cían ai caso , y no ocupan mas de nueve lií»eas en el nume- 
ro 14 ? Fárrago , señor mió , se llama , ó la multitud de ci- 
tas superfluas , ó la profusión de especies impertinentes, ó 
la acumulación de argumentos ineficaces. ¿Por qué capitiH 
los de estos será fárrago el mió? Las especies, compreendí- 
das en aquellas nueve lineas, son oportunissimas al intento 
que sigo en aquel numero ( léalo el mas apasionado del Sr^ 
Mafler ) ; y ocupando el breve espacio de nueve lineas , tam-' 
poco se me puede notar la proligidad. Cierto que algunas 
veces fui tentado á dar el nombKÚe fárrago á varios trozos 
del Anti-Teatro, que meparedan merecerlo; pero me coih 
tuve por la decencia. Aora yá sé , que no estol obligado i 
guardar esas atenciones con el Sr. Mañer. 
' ri Numero 9 : Por haber dicho yo, que ¡a prudencia 
)ie los hombres se equilibra con ¡a senciUez de las nmgeresi 
y añadido , que aun estaba por decir mas^ porque al genero 
humano mejor le estaría la sencillez^ que la prudencia ; nota^ 
al parecer , de arrojado el pensamiento, quando advierte^ 
que no le di rienda , pues produge en prueba de ello solo 
iiaa fajDukmdad , mdiiída eo a^iellas palabras: Al siglo de 

Oro 



DfscTOso XVI. 65 

Oré niídie le compuso de hombres prudentes.^ sino de hombres 
i^andidos.^tíSw mió : Que al genero humano en común me^ 
jor le estaría la sencillez, que la prudencia 9 no solo estaba 
para decirlo , sino^que lo digo. Y mas digo , que esta es una 
verdad tan clara , que no necesita de prueba ; suponiendo^ 
!que aquise habla de aquella, que se .llama prudencia huma-* 
na y y que dirige en buscar las conveniencias de esta vida(^ 
inortal ;dó de la prudencia ^ considerada como virtud moral, 
ó adquirida, ó infusa, que precisamente dirige á lo honesto; 
pues en quanto i esta, no hai razón alguna para concederse^ 
la mas á los hombres, que á las mugeres. Digo, que toma- 
da la prudencia (como aqui se toma) en aquel «entido, 00 
tiene duda , que al genero humatio en común , mejor le esta^^ 
ría la sencillez, que la prudencia. Aquella desterraría del 
mundo la mayor peste suya , que es el engaño, y la mentira, 
de quien nacen otros infinitos daños, si no todos; ésta solo 
desterrarla la temeridad , dejando lugar al dolo, y demás vi- 
cios. En quanto á que la prueba , que alego , es tomada de 
una fabulosidad , digo , que el Sr. Mañer no la tomó por don« 
de debiera. No h^ duda de que es fabuloso el siglo de Oro; 
pero no es fabuloso , que el constimirle de hombres candi- 
dos , no prudentes , los que le fingieron , nació del concepto 
común , y verdadero t en que están los hombres , de que no 
Ja prudencia , sino la sencillez del trato , es; la que puede har 
cer féUz el mundo. . Por este l^do se ha de mirar mi prueba^ 
que es por donde yo la toma Pero etSr. Mañer, al revés dé 
Apeles con Antioco , siempre én mis razones busca el ojo de^ 
-fixtuoso para pintarle , ocultando el sano. 

I a Numero 10: Nada hai sino recalcarse en lo dichoii 
y de paso introducir un texto , que dejaba yo explicad^ 
( compreendiendole en la razón común de las sen^endas sa-f 
gradas, que miran al misoK) fin ) en el numero 5. 

13 En el numero 1 1 , que es mm largo , se dilata en ale* 
gar textos de la Escritura , donde se elogia la virtud de la 
prudmcía. Este sí que es fárrago , porque son muchos los 
textos ( no menos que diez ) , y porque no son del caso« Nio- 
^guno hai entre todos ellos 9 que.pretoa^ oi.aup por conse^ 
...> £ q;üea* 



66 Defensa bklas Múgeres. 

qttencia mediata , la prudencia á la seocUléz. Esta es la i]ue»- 
tíon. Que la prudencia es buena, y laudable, es lo que ex««- 
presan los textos ; y esco nadie lo. niega , especialmente ea 
el sentido en que la toma la Escritura* ¡ Qué üxúl me fuera 
á mi amontonar otros tantos ,. y. muchos mas textos en elo- 
gio de la sencillez ! Pero no lo bago , porque soi enemigo de 
fárragos. • 

14 Namero 1 1 me impugna sobre haber dicho, que ¿f 
tergtíénza es gracia característica del otro seso. Dice , que 
ú esto fuera asi , valdría esta conseqüencia: Tiene vergúen^ 
za: luego es^ muger. Y también valdría estotra: Es mugen 
luego tiene vergüenza: y ni una , ni otra valen, porque hai 
hombres vergonzosos , y h^ mugeres que no lo son. Si el Sr« 
Maner advirtiera , que la- voz característica , en el uso , que 
hago de ella , es metafórica, conociera la futilidad de su ob- 
jeción; pues para que esta valiese, era menester tomar la voz 
en su riguroso , y primitivo significado. Vea el Diccionario 
de Dombes (que bien sé que le vé algunas veces, y no por 
el pergamino, como la Escritura ) v. Carácter , y hallará \xsr 
terta esta sentencia del discretissimo P. Rapiñ : La grande^ 
-za del alma es el carácter de los Remanas. Preguntóle aora^ 
si vale esta conseqüencia: ¿TiMe grandeza de aboa lluego es 
Romanad ni estotra: iEs Romano: luego tiene grandeza de a^ 
fña\ Yá se vé que nú : porque no todos los Romanos tienen 
grandeza de almia ( ó no todos la tübieron , si se habla de 
los antiguos), y la tienen muchos , que no son Romanos. 
^Qué responderá á esto el Sr. Mañer? 

I % Concluido este numero i a , dá un salto mucho ma*- 
yór óue el de Al varado, plantándose desde el numero 27 
de (ni Decurso en el numero 1 5a , y dcgando intactos todo 
d cuerpo, y alma <ie>Ia qiiestion , si el entendimiento de las 
mugeres es igual al de los hombres. Rara parsimonia en mar 
terla de literatura , no morder, sino en los antes , y postres 
de la disertación, quien toma el carácter de antagonista. 

1 6 Puesto , pues i de golpe en el ultimo S de mi Discur*^ 
so , creyíera yo ;» que hallándole al espirar , venía mas como 
^agonizante v que como cooobattente , si no le vier^ luego 



DrWtmsoXVI. 6f 

¿isparár sobre el pobre moribundo un horrendo farrag^^ 
que dura desde el numero xj deUuyo hasta el 17 inclusivéii) 
Sí^ señor ^ fárrago ts; porque quantas objeciones se incluí, 
yen en dichos números, proceden fuera del intento. Todaí?. 
van á probar i que aun removida la ocasión ^^ue lo$ hom*. 
bres suníínistran á las mugeres, con la desestimación , que: 
hacen de ellas, para sus friagilidadeSf quedan en pie otrQfr 
incentivos. Esto está bien dicho, pero no es del caso; por^ 
que yo no pro^se aquella ocasión como única , sinp coma 
una ; no como motivo total , sino parcial. No bai duda , que^> 
éun removido aquel tropiezo , y colocadas las mugeres en d 
grado de apredo que merecen, tendrían sus influjos las par-r 
tes amables del pretendiente, la promesa, la dadiva , la ame- 
naza, la porfía, y en algunas su propria iptemperíe. Pero»» 
señor mió, su galardón merece, y utilmente se^ ocupa, quieo: 
no pudiendo desarmar toda la artillería que bate las mura- 
llas de una plaza, clava , ó desmonta alguna parte de. ella». 
Esto es lo que yo hice, ó pretendí hacer en el $ ultimo d^y 
mi Discurso. Conociendo , que la existimada inferioridad de; 
las mugeres contribuye en parte á sus flaquezas , y especial- 
mente en las casadas es un incentivo freqüente , y poderoso^» 
para que sean infieles, el desprecio, que hacen de ellas I04 
mandos , pretendí remover esta ocasión. Quedan otros cin-: 
co , ó seis enemigos en el campo : es verdad ; pero menga 
daño harán esos por sí solos , que juntos con el otro. 
.17 A bueltas de esta equivocaron capital del Sr. Ma-» 
8er bai otras en aquella porción de su escrito. Num. 14 : Pa- 
ra probar, que aun lograda la persuasión de la igualdad en- 
tre los dos sexos , lo mas que se: logrará será que las muge:-" 
res no se rindan con presteza , mas no el que no se rindan} 
propone en el combate al hombre imaginándose superior,; 
y á la muger considerándose igual. No es esa la hipothesiea 
que estamos: pues yo pretendo persuadir la igualdad, no 
solo á las mugeres, mas también á los hombres : y asi hom- 
bre , y muger se me han de representar combatiendo ea 
el grado de existíaíadon, en que yo los quiero poner para 
ver 9ué se seguida en eseca^oXademá^ei aUerArlaiúpotesi. 
-^a E* Nu- 



6S D£F£NSA DE LAS MuGERES. 

j t8 ^ Numero 15 pretende, quesrla muger, consideracK^ 
dose igual ál hombre, tiene por oprobrio el rendírsele, lo 
mismo sucederá dentro del matrimonio. ¡Bella oonseqüencia! 
La imaginada superioridad de parte del hombre es un con-* 
trapeso , que minora en parte la ignominia de la rendidoQ 
inhonesta, y por este camino bolita el triunfo: el qual á 
veces no se lograra , si la ignominia en la apreeosioo de la 
muger se representara sin aquel menoscabo en el peso. Pero 
como en el matrimonio no hai ignominia alguna , es la ila-- 
cion totalmente descamin^a. 

19 Numero x 7 dice , que el despredo , que hacen algu-» 
nos maridos de su^ esposas , no nace de la imaginada supe- 
rioridad de su sexo , sino de otros principios. Concedo loa 
otros principios , y niego qoe aquel no \o sea. La existimada 
superioridad del sexo por sí misma , sin otro auxilio minora 
la estimación de la consorte, y da fuerza á los demás capi* 
tulos , quando concurren otros. Es verdad , que algunos , na 
obstante la imaginada superioridad , estiman, y aman á sus 
esposas. Eso consiste en que los motivos, que consideran én 
ius prendas para estimarlas, y quererlas, exceden al que 
contemplan en la propria superioridad para desestimarlas.; 
Pero aun á estas la imaginada superioridad les roba parte del 
aprecio ; y á otras, que no están en ese grado , las precipita 
á la positiva desestimación. 

ao En el numero 1 8 empiezan los que el Sr. Mañer lla« 
ma descuidos. Dice en este numero, que es contradicción, 
habiendo yo negado en el numero 8 de mi Discurso, que 1# 
Caba fuese causa de la pérdida de Espafía, llamarla después 
ruina de España en el numero ai. Si el Sr. Mañer hubiera 
estudiado algo de los distintos géneros que hai de causas, y 
hecho juntamente reflexión sobre el contexto en que están 
introduddás las dos proposiciones, no hallaría alguna con- 
tradicción en ellas. Ni aun era menester llegar al segundo li- 
bro de los Físicos , donde se trata de Causis. Con la distin- 
ción subjectivé^ objective^ vulgarissima entre los Lógicos^ 
está compuesto el pleito. En el numero 8 negamos, que lá 
Caba fuese «ama efidence fisíca^ ni.moraLde lapá'dida de 

i - • ^ Es* 



Diécüftío XVL % 

Cspaña. Cite sentido, caldca la pnie^ , que datnoft aüi ^ y 
JQQtanirate el iotentp j que es r^ewarla de^ioda cylf^ .Eii ^ 
numero k.t feí récenocémás caaisa ocasional. purameiiiQjobjerT 
iiva, éurlaqual nohaiinfligo culpable. £^o consta asiioiH^ 
tno del contexto , pues se trata allidél daño que puede oca^ 
sionár en los hombres la hermosura « contemplada puramelh 
to eomo objeta ExpUqueoqpa esto al Sr. MaSer en el. Qgemr\. 
plodé Judithé ¿Fue Jtidkh'caiisackiliv^emttQjasqvo d^ 
Jofemes ? Sto dMdavpqrque eUa lo ^tficipa expnewiOentet en 
6U Cántico : Pulchritudo ejus captivar» fecit ammam ^jusí^ 
^Tubo culpa^ ó fue cómplice én los impuros deseos de aquel 
Caudillo ? No por derto ; porque la Escritura califica su con^ 
4ucta , no solo de inocente^.sioo. de heroica*, i Por ^cé esto^ 
Porque influfó como cansa ponasaeote otó(tív,a^ op íjqoio 
«fagetivai^óeSdeote/tQ^^emas^ . ^ >, 

a T Numero 1 9 : De las expresiones con : qoe yp .cdebré 
áa habilidad Poética de Antonieía de la Guardia ^ y de Maír 
ta Martina $ didendo de la primera ^ que M^htíha en Francia 
hombreMtguno quería pusiese el pie adelante; y de la4QgUfir 
^9 qfxt^ahoAsr Hfidfi epm^íiñiévi P^a^ ekkdiaf afuera 
-ptódigio^emre lasmageres i je aw$ emre bs hambres j collf 
fl&ique tadtameote insinúo la superioridad de los bombresL 
No es asi. Aun supuesta la igualdad en aptitud de qno á 
:ótro sexo, es ponderable en una muger el que iguale en 
iqualquiera facultad á. Jos hombres asas.avent^ladM.eto elUf» 
•La razota<e9,4)orque soa po^issto^.las mugtinst, y otujchisr 
•simes los hombres), .^e se ¡apiliiCat i aqBeU4&0uÍtact4<y> es 
fnas &dl hallar larexoelenda entre muchos, que entre pocos» 
Por cuya> razón seria mui ponderable, qqe eú una compafiia 
de cincuenta hombres ae hallasen dos tan valientes , coma 
dos tos maftvaUentes.de il)da:unigQande.£geilG¡io;<. . 
. %%\ Numerb to me tachan el M^er notado Ja: ikkavde 
^no-gia.en Jas Obras Poéticas idi^jla célebre AOntoa de Mft4 
|poo% y. añadido , que: la agudeza que muestra eo la crisis 
del Sermón del P« Vieyra , es mucho menor que. la del im<^ 
pugnado» Confie» el Sr. Maner ser eüa critica ;^ta-^ 
<k; peco ^ke estar ilieatde.sttílugar;i mrq^jalUiOoae'trsiiii 

Ej la 



JO' DbFBNSA os las Mtifc}ERBS« 

k MoDJa de Megioo para la oeosura, siao para el dogb. 
Respondo , que eQjelo^uNipuraaieiitQ paneg^kw solor tíe« 
nen lugar ka perí^ocicHies^ea toa ^gíos criticQaí cs^ea tam? 
bien los defectos, mayormente quando fao exteden ,iii iguar- 
lan á las perfecciones^ Y aun quando el SnMañer en esto tu- 
biese razón ^ esta sería una de las que el Castellano Uama 
ftúskría^^A Ft^ncé&petitesses^tíí ItBXisaiú vagatelas ^ y el 
Portugués parvuiMi ^ de queestá lleno todo el Anth Teatro. 
! 2; Numera 2 1 , az , y 2^ impugni|i:la ootkta que di de 
las Amazonas de la America. En entrándose el Sr. Mañer en 
las Indias Occictentales, se halla en su demento^ Sería lasti- 
ma que perdiese el público las noticias « que adquirid el 
tiempo ^e anduvo por aquellaa Regiones^ No tiene el Sr^ 
Mañer mas íiadcír para la negativa de las Amasoñas de la 
America ^ que al P« Vicente Mária Coroneiiea saAtMne 
P'énero^' Por la affirmativa está la opinión común Ccomo na 
niega MaSer ) ^ la quai tubo su origen « y subsiste desde qué. 
el Capitán Francisca de Orellana descubrid las orillas dd 
gran^Rlo , que- por este respecta se fiamd ^ y aún se* llama 
¿oi df ÍM Amaz&tms^ ¿Quién no vé, que un Aiifeoc particu^ 
lar vy Veneciano:, que siempre vivid distaatissimo de aquer 
líos Países , es poca cosa para contrarrestar una qñnioB co- 
mún ^ derivada de los misnoos que fueron testigos de vistaS 

24 Pero no válela opinión común , qi aun valga la 
depo^cidn de Francisco de Orellaaa ^ y de sus Soldados (qife 
todo esto puedo darle de barata al Sr. Mafier) , sea la apues- 
ta ctofflas que de Autor á Autor. £1 P. Christoval de Acú^ 
aa , de la Compañía de Jesús , aíirmá en su Viage, que im^ 
primid en Madrid , de aquel gran Rio el año de KÍ41 , que 
en la Ciudad de Quito se hizo iníormacion , de orden de su 
Real Audiencia y hoerca de las Amasonaa; y* se probd ea 
ella'pbí^ mudios testigos ^ el quelás había« También afirma 
iiabersé' hallado en' la Ciudad de Pteta al tiempo quesehih 
20 otra 'ialbrmacion jurídica sobre el mismo asunto, y que 
en la mismaCiudad tratd, y comunicd á una india , que 
fa^iá vi^dó' mucho tiempo con elfais. Este Viage está reim^ 
presó 4ID^ un TottpM kÁfi^\)húí^^ y^jímd^ 

iX ^ J. Mr- 



. : :: BifiCüiuio X V I. . r 7^ 

wtmag ^ qiie ái6 Llnzm Madiidel P.Maou^l Rodríguez^ do 
la Compañía dé Jesús ^Procurador General de {odiA$<; y^ir 
duddo en Francés por Moosieur de GiMibervUlerde ía Acar 
demia Francesa, se añadió ad calcem dd Viag^f que lúzQ ú 
JVfar dd Sm Wodeg Rogger, Corsario logléft* Véa.aora ^el 
diBcrfetb iector'á) quién hemos de creer i» si aCl Autor V^neda- 
00 , que no pudo tener tan segiinis noticias ^ ó aí £spafi9i^ 
^esefundá ea tan valederas testímonioSi 
.25 Lo peor para elSr* Mañer es, que aunque creamo9 
á^u ?• Coronefi , tengo cx>n él quanto he menester para mt 
¡atento :. pues éste-) aunque cree ser. fabulosas, aquella .cir-7 
emstabdas « añadidas en la Relación de QteUana ^ que ,har 
cea á las Amazonas de la Afnerica en todo semejantes á ki^ 
de la Asia, con6esa , que de hecho en uo desembarco, qu« 
fizo Orellana con su gente á las orillas de aquel Rio , 94liá 
á hacerle opoiñdon la gente del País, en que venian arma-^ 
daslasmugeres juntamente con los hombres? esto, píffa m 
intento ba¿ta; pues en d lugar donde toco esta espedci , tra* 
to del csTuerzo >, y espíritu marcial, de que son oapace3 Í8I 
mngeres. Junto para este fin varios egemplares , entre ello9 
d de las Amazonas de la America. Y estas es claro , que m^ 
hacen al caso , consideradas únicamente con la quaUdad 49 
fñugeres guerreras , aunque folten las demás drcunstaiM::ias 
de nq admkir hombre alguno dentro de su Estado, buscar 
fuera de él amantes para fecundarse^ &c. Con que e$^(W9ff0 
prúduceniem este testigo , y viene á caerle al Sr, Mañer som- 
bre la cabeza todo el Aikmte í^eneto de su P« Corondi. 

35 En el numero 34 tenemos otra como la pasada. Tanir 
bien toca á Indias , y otra vez sale á danzar d P» CoronelL 
Condéname como yertx> el haber hablado del Rio de 1m 
Amazonas, y d Mafaaon,.comiQtñ fuesen un solo Rao* Dir 
ce, que los primeros Geografds, que escriUeron de la Ame* 
rica, lo creyeron asi ; pero yá se sabe , que los mendonar 
dos soQ Ríos distintos, y rédbidos oomó tales> há mai d^ 
un siglo, entré "los' Geografiísf modernos. Para esto trae d 
Q^)oyo de su P, C<>rondi , yj dd< Diccboario de Moreri. , 
' 37. NoobstanieestaQohn5»lasevaac¡afltk.quedé^^ 

£4 es- 



ya DEFsksA be las Mujeres* 

espina atrávestadá ^ qué bo (ttamiíló ; esto ó i'U, ifasqr i pdon 
del Kio Marañori ^ con su mapa tirado^ hécfaa por el R Sa- 
muel Fritz ( Manuel le llama el Sr.Mafier ) , de la Compa- 
tlia de Jesús, en que se halla ser el Rio Marañoa uno mismo 
con el de 4as Amazonas. Perare^ponde^.que esto noohtta, 
porque ac^la deseripoion es sacada de uoa Memoria Esgár 
éoh^y hecha sobre el sentir antigua • * 

28 Por desgracia del Sr. Mañer, su merced no vio de 
isu6 ojos el mapa del P. Fritz; y yo sí , que le tengo dentro de 
mi Celda. Y de él consta con evidencia no ser fundado en 
el sentir antiguo , sino en noticias prácticas ; fraseas, radcn- 
tes, y seguras. Id imcrípdón colocada en la frente del ma? 
|>a es esta: El gran Rio Marañon^é Amasamos , tmla üS-r 
irion di ¡a Cofnpañia de Jesus^ geógraficatrntue delineada por 
el P. Samuel FVHx , ñfísimero continuo jen- este Rio. Inme- 
diatamente prosigue asi : P. J.de N. Shcietatis Jesu , quón-t 
dam in hoc Mar añone Missionarias sculpekat Q;Biti ^ann, 
^joj. Es el P. Juan de Nanvaez el que se nota 000 iaquellas 
letras iniciales. £n la relación puesta al pie del mapa se ha** 
% esta erttre otras clausulas : Tiene la Compañía tie Jesús en 
este gran Rio una mui dilatada^ trabajosa ^y Apostólica ñü* 
shn^ en que entró año 161%. 

ip Diganos aora «1 Sr. MaSer : \ Sí un Misionero ;cootí^ 
tiuo del Marañon , una vez que se puso ¿ formar mapa de 
aquel Rio , le haría sobre memorias antiguas, no pudiendo 
íl él faltarle noticias recientes, y seguri^mas, adquiridast 
yá por sus proprios viages , yi por la comunicación de los 
defnás Padres de aquella gran Misioi»? El Padre Juan de Nar« 
¿vaez, que* abrió la lasnlnav y fbe también Misionero ed 
^uel Rio , contribuye á la sieguridad de aquellas noticias» 
y viene á ser otro testigo de la identidad del Rio ^MaraBoa 
toú el de las Amazonas. ¿ No son estos cfc» testigos harto 
mas fidedignos en ia materia presente^qoe los otros dos alé^ 
^ados por el Sr. Mañer-, Mónéri ^ y; CÓroneli^ qué no salie?- 
ton jtfUfiís^le Europa ?¿Qnécftidat puede haber en e^ < j 

jo' Qiié d Sr; Maaer no vio de< sus q|bd ( presdndieoda 
«I le vi6:cciifk»s:de;algudocderSU8 compañeros deTertulia) 

: . •. el 



/n ^ ! DiscüMcrX Vi; 'T ^y 

cSmapa^ dttdo, esí claro. Ló primeró;, porqae le sapratf 
formaido sobre memorias antiguas ^ y de él consta lo con<^ 
trariow Lo segundo « porque llama al Autor Manuel^ siendo 
IQ nombre Samuel. Esta equivocación es mai fácil súce^ 
der ;á quién escribe sobre inotidas de Tertulia yú de «urriUc^ 
dondet qoando poyeire ^el'qise refiece^ fréiiüentememé ens 
tre dos voces que tienen lasnúsmaivocales^ toma una poci 
otra el que oye. Lo tercero ^ porxpie diceque elmápa se^t 
fiala el origen del Rio en el Lago de Zurimir^ y no es 9áí 
pues le pone en la» Laguna de Laurícocha.fiYi que mal le 
estáai. Sr« Mañer el fiarse tanto en las: noticias de cotectcnría; 
que le administran sus cam^radas de Tertulia! 

j I Ótrá sentmcia imedia haifen esta inateria ; y és^ cpie^ 
siendo dos Ríos distintos en su origen , el uno llamado Mch 
raüan^ú otro ik las Amazonas^ y juntándose después cerca 
de Santiago de las Montañas , retienen para el agregado de 
los dos, ambos nombres ; y asi , el Rio grande , que resulté 
de ellos , se llama MarafUm , y :díJas Amaxúnqs. Véase á 
Medrano en el tom. %. de su Geografía, Descripción delRio^ 
^ Imperio de las Amazonas^ cap. a , donde dice , que al Rio 
general , que consta (te entrambos, Uaman comunmente Rio 
de Orellana^ Marañan ^6 délas Amazonas. Esto á mí me 
pobra.: siendo cierto , qued que llaman Imperio de las Amor 
wnas está ¿ la margen del gran Rio , que consta de los dosf 
Luego hablando yo de este (como hablo ), no yerro en dár^ 
le ambos nombres. 

. ja Yo quiero , con todo , darle de barato al Sr. Mañer 
( que es mucho dar , y aun es dar mucho , y remucho ) que 
^ mas probable la opinión v que. él sigue. Quando.yaiitt 
instituyo alguna disertación geográfica^ sino que hal)tó 
f)or incidencia , y de paso para otra cosa mui distinta de 
todo lo que es Geografía, del Rio de las Amazonas ¿qué im* 
portará que hable según esta, ó según aquella opinión? ¿No 
es este reparo (como otros inumerables del Anti-Teatro) 
proprio de un hombre , que no teniendo con que vestir un 
libro , no hai trapo inútil , que no agarre? 

1 1 Numero a 7 impugna lo que £ge del noble instinto de 

los 



74 Defensa bb las Mugeres. 

Im DeHioes. Cité á GesDero. Veta ew mismoiiie oota ^ bul-^ 
pandóme de que me haya dejado ir sóbrela fé de Gesmroi 
Pues pregunto: ¿Es Gesnero algún Tertulio de los ochodd 
Anti*Teatro ? ¿ No es Autor de primera nota entre los que 
haa escrito de AnimalibuA Loliuenaes^ que á Ge^ero^ f 
¿mí . DOS contradice solo solace su palabra .» pues no cita Au^ 
tor alguno. La satis&ocion alabo. Solo á aquella parce de 
la nocida , en que se dice , que. los Delfines retiran los cada*^ 
veres de su especie ^ quando faat riesgo de que sean devora^ 
dos por otras bestias marinas , le paredón que derribaba bas^ 
ta n teme ntt con dedr : \ Aquéshio hs retbran^l Parque eí 
Mar es casa cfxnmn de ios peces , sim que haya sith prohitíd^ 
para, ios m^ores. i Cómo que no? jPnes no podrá retirarse 
iiñ Delfin muerto entre ana tropa de Delfines vivos? ¿No poK 
drin tener sus cabernas ^ por cuyas bocas no quepan los pe-i 
ees mayores ? ¿Dice algo el P. Coroneli sobre que puede ha^ 
ber cabernas en el suelo del Mar?]Oh que tiempo tan despeN 
dicíado el que se gasta en esto! ^ 

ADVERTENCIA. 

Aunque el Sr. Mañer ^ entrando con su critíca en nd sei 
gundo Tomo, numera los Discursos como los halló numera*» 
áoseaéLprifoero^ segundo^ Síc no debió hacerlo asi ; puea 
yí, colocados para la crítica en un Tomo > debió llamar* de^ 
dmoseptimo al que llama primero , dedmooctavo al que 
llama segundo^ y asi de los demás, como yo lo haría si 
reimprimiese incorporados en un Tomoelprimero^yseginido: 
ó por lo menos debiera dedr: Discurso primero dei segunda 
Tomo , Discurso segundo del segundo Tomo ; &c. para evitar- 
la conñision: lo que yo evitaré nombrándolos comoesraaoo^ 



GÜER- 



^5 



GUERRAS FILOSÓFICAS. 



DISCURSO XV I L 



N" 



f Umero x nota» que el error, que condeno en esfe 
_ Discurso , no es de los comunes. Sobre lo qual 
fauelvo á remitirle , para que acabe de entenderlo, á la ex* 
plicacion , que doi de esta voz en el Prologo del primer 
Tomo. 

1 Numero z me capitula sobre nohaber tomado las Guer- 
ras Filosóficas desde sus primeros principios : Porque un Es^ 
vritar ( dice ) ^que se encargad la noticia de alguna^ ó al- 
gunas guerras^ las debe ddr desde su origen. |*Que siendo tan 
claro el intento de mi Discurso , no le haya comprehendido 
la Tertulia octonaria! ¿Quándo , ó dónde me encargué yo 
€Íel oficio de Historiador de las Guerras Filosóficas? Este pun- 
to lé traté como Critico , no como Historiador^ Tomé por 
asunto repreender el abuso de impugnarse injuriosamente 
unos Filósofos á otros. Con esta mira propuse algunos egem* 
piares de este abuso, en que me fue libre usar de los que 
quise elegir , sin qiue esto por algún capitulo pudiese preci'^ 
«arme á teger una larga historia de las Guerras Filosóficas. 
Pero necesitó de esta acusadon injusta el Sr. Mafier, ó la 
tomó por pretexto , para decirnos lo que habia leído, ú oído 
de las contenciones de Platónicos, y Aristotélicos en el siglo 
decimoquinto. Y para esto nos cita la Academia Real de las 
Inscripciones , como si no fiíera una cosa vulgarizada en 
¡numerables libros. 

i ¿Pero qué es esto? ¿Queriendo el Sr. Mañer suplir mi 
fitlta , y referir Jas Guerras FUosoficas desde su primer ori- 

Ssn , empieza en el siglo deqmoquinto? ¿Pues qué no hubo 
uelrras Filosóficas antes de ese siglo % ¡Oh^i qué errores se 
. í ex 



yd CuERRÁS Filosóficas» 

exponen los que no tienen otro estudio t que aquélla lectura 
de'SQCOffo.CcQflQiO'Siíiiera bautismo ) á que se aplicaa» en. la 
Biblioteca Real, sobre aquel punto determinado, que enton- 
ces les ocurre esct^tr ! Sr . Mañer , opártet studuissei Señor 
mió, las Guerras Filosóficas empezaron poco después que em« 
pezó la Filosofía, y no precisamente en quanto al egerddo, 
mas también en quanto al abuso de la disputa : que por eso 
digeron algunos, qne la Filosofía empezó i ser <iesvergonza- 
da en Diogenes , bufona en Menippo, quisquillosa en Ciean« 
tñs^ é inquieta en Afcesilao. Aun queriendo ceñirse álas^ 
Guerras entre Platónicos , y Aristotélicos , estás en^pezaron 
viviendo Platón , y Aristóteles y sobre que se pueden ver eá 
Elianq {¡¡b. 3 , Var. Histor. cap. ip. ) las graneles , y escan^ 
dalosas rencillas , que hubo entre Aristóteles , y sus Discipu^ 
los de una parte , y Platón , y Xénocrates de la otra. Por lo 
que mira á diderios injuriosos , no hai mas que leer varios 
Diálogos de Luciano , donde este Autor refiere ser, y haber 
ñdo aquellos fireiqüentissimos, a^ en su tiempo como en los 
antecedentes, entre los Filósofos de todas Sedas. Singular- 
mente de Platónicos, y Aristotélicos dice Pbodo en su Bitdio- 
teca ( num.i 14O : Suá sponte crntendendi studio , atqtte ve^ 
sanue se addiscentes. Mucho antes del siglo decimoquinto, 
¿quién ignora la terrible tormenta, que se levantó en Parísi 
y aun en toda la Christiandad, contra Aristóteles , y Aristón 
telicos , y duró hasta que la sosegaron el grande Alberto ^ y 
Santo Tomás de Aquino? Con tolo , el Sr. Mañer no halló 
de donde empezar las contiendas tumultuantes de los Filoso» 
fós , sino del siglo decimoquinto. 

4 Aun acaso le disimularíamos este grande yerro, si su* 
puesto él , acertase en lo demás. Pero todo su parrafote de 
Gaceta Filosófica , con que pensó lucir ,'está Heno de.des^ 
aciertos. Jorge Schdario debió decir, y dijo. Schalam. Ai 
Cardenal Besarían llama Besaron. Estos pueden ser yerros 
de Imprenta ; pero también pudieron nacer de trasladar mui 
apriesa lo que se leía en la Biblioteca Real , ú de no perci^ 
bir bien las voces al Tertulio que socorrió 00a las noticias^ 
Pasa en sileocio i Jprge de Treyisonda , que fíie uno de loí 

prin- 



^ Discurso XVIL'^ 77 

{frincipáles Campeones en aquella guerra, y contra quien de- 
rechamente escribió el Cardenal fi^sarion. Asimismo omite 
en el siglo 16 á Bemardino Telesio , y á Pedro del Ramo, 
que hicieron crudissitna guerra á los Aristotélicos, y tubie- 
ron buen numero de Sectarios. Después de estos vraia bieti 
el famoso Bacón de Verulamio , de quien puede asegurarse 
con verdad, que hizo mas daño á Aristóteles , que todos los 
que le precedieron : pero también se lo dejó en el tintero. 
Con este se encadenaban naturalmente Gasendo, Descartes; 
y Maignan , porque procedieron según las ideas de Bacón^ 
en quanto á desterrar las Formas Aristotélicas ^ y empeza- 
ron á florecer quando Bacón dejó de vivir. Todos estos omi* 
tió el Sr. Mañer , haciendo únicamente memoria de Bernar-- 
do Donato, Autor de casi ningún nombre , y Escritor de un 
Dialogo : que es como si el que se pone á escribir una giier-^ 
ra, callando los Tenientes Generales de las Tropas, solo 
diese noticia de un Cabo de Esquadra. De Bernardo Dona-* 
to da un salto disforme ( yá vimos su agilidad en otros ) has^ 
ta Descartes , Gasendo, y Maignan , que fueron mui dis- 
tantes de aquél en el tiempo , y no tubieron algún parentesr 
co en el asunto , sino debajo de la razón común de ser todos 
opuestos á Aristóteles. Y aunque el Sr. Mañer llama á estos 
últimos auxiliadores de los Platónicos, que hablan reñido las 
pendencias antecedentes, lo hace sin bastante conocimientoi 
Gasendo no siguió la doctrina de Platón, sino la deEpicuro; 
Descartes se erigió en inventor de sistema nuevo , que no 
tiene que ver con la Filosofía Platónica , ni él quería que le 
tutnesen por sectario, ó auxiliar de nadie. Los Maignanistas 
es verdad que procuran cubrirse con la autoridad de Pla- 
tón. Pero este es un misterio politico literario , que no quie- 
ro por aora descifrársele al Sr. Mañer. A lo que voi vien- 
do , no le dá mejor el naipe al Sr. Mañer en la Historia^ 
que en la Critica. 

5 Numero i . Para responder á un argumento, que hago 
contra Descartes , dice , que aquella duda universal de todo» 
que pedia este Filosofo ,. como basa de todo su sistema , no 
U proponía por them , sino por hipothesis. Esto lo dice asi 

el 



7 8 Guerras FiLOSOPtéAs^ 

ti Sr. MaSer, ún mas prueba , que su propHá^ mitofldadEr 
Convengo en que no la proponía como thesisy pues ni que« 
ria asenso constante á ella , ni la miraba como fín , ni aun 
cotüo medio del Discurso^ sino como puro prerrequisito. Pe^ 
vo niego que la propusiese en qualidad de pura hipo$hesis¿ 
Esto consta claramente de lo que dice Descartes : Principa 
PhiJosoph. part. i de Principiis cogfffthnis humatut , donde 
propone los fundamentos « ó motivos que hai para la duda 
universal ^ como es , que no sabe si duerme , ó vela ; si hai 
algún genio poderoso « y deceptor, que le imprime talet 
ideas falaces, quantas son las que tiene de todas las cosas,&c# 
Éstas pruebas serian fuera de proposito para una duda pura^ 
mente hipothetica. La hipothesis cada uño la forma coma 
quiere^ sin prueba alguna. Las expresiones, de que usa Des-^ 
cartes en la solicitación de la duda universal, convencen lo 
mismo, como son las siguientes: Semelin vita de fus ómnibus 
studeamus dubitareiv. dubitabimus in primis an ulke res sen^ 
sibiks , aut imagihabiks existant.:: dubitabimus etiam de re* 
Üquis , qu<e antea pro máxime certis habuimus , tS?r. {ubi su-^ 
prá ) Consta lo proprio, aun mas claramente de la respues^ 
ta de Descartes á las objeciones, que Gasendo le hizo contra 
aquella primera máxima suya, donde lleva mal que Gasendo 
le diga, que es imposible aquella duda ; y dice, que no hai 
razón alguna , que pruebe tal imposibilidad. Y para expli-* 
car como conviene llevar el entendimiento al extremo de du* 
dar de todo , para que apartado asi á la mayor distancia de 
las preocupaciones antecedentes, venga después á quedarse 
en el medio justo de asentir solaniente á lo que convenciere 
la razón , usa del egemplo del báculo torcido á una parte, 
4)ue para dejarle recto , se tuerce primero violentamente al 
lado opuesto ( in Gassendo tom. i )• ¿Estoes proponer la 
jduda universal solo como hipothesis? 

6 Desde el num.4 hasta el 8 mete una bulla horrenda 
por lo que no importa un comino , y hai contra mí la urba- 
jnissima exclamación : \Fuerte materialidad ! ¡el hombre for^ 
malissimo que lo dice ! Todo este tumulto viene por lo que 
lyo dige sobre aquella imagen insultante» que contraía Filo^ 

s¿- 



DiscuBso XVII. 79 

m>fÍSL Aristotdica colocó el P. Saguens en la frente de su li^ 
bro ^tomismus denumstraftás : la que pretende calificar coa 
¿í egemplo de la que el Sr. Manzano puso en su Manifiesto 
contra la Francia, donde se representa al Rei Católico Car-r 
-los Segundo, pisando las Uses Francesas. Yo no sé qué jui^ 
cío hacen de aquella imagen los Políticos. Dudo mucho, 
que la aprueben los mas, ni los mejores. Y caso que eso pah 
se «ntre los Políticos ^ no tiene lugv entre los Escolasticosi 
en cuyas disputas se mira como injuria la irrisión , y despre- 
cio de la doctrina opuesta ,. especialmente quando esta tie* 
oe tantos , y tan grandes patronos , como no se puede du- 
dar de la Aristotélica. Dice el Sr. Mañer , que las empresas^ 
fue muchos Escritores acostumbran poner en las fachadas de 
sus libros y no son otra cosa , que la idea de lo que en ellos 
tratan. Según esta regla, debió el P. .Saguens figurar pues* 
tas en batalla la antigua , y la nueva Filosofía. Esta sería la 
justa idea de lo que trata en el libro , que todo es una óon- 
^«ertacion de las dos Filosofías^ y no representar la antigua 
vencida, y hollada de la nueva, pues no trata el libro de 
ese triunfo, aunque le pretende. 

7 ¿Pero qué les parece que será aquella, que llama^^r^ 
fe materialidad el Sr. Mañer? Dirélo. Habia notado yo la 
colocación de Ja imagen en la frente del libro » como que 
esto era cantar el triunfo^ no solo antes de la victoria ^mas 
aun antes de la batalla. Con mucha razón : pues primero ve- 
mos en el libro á la antigua Filosofía rendida en el triunfo^ 
y después batallando en la palestra. Dice á esto el Sn Ma^ 
fier, que quando el Autor llega d poner su empresa al princi" 
pió del librof no es antes de empezar la disputa^ sino después 
de concluida. ¿Qué, eso es asi? Pues digo, que lajuerte mat^ 
rialidad. viene á quedar 42or cuenta del Sr. Mañer. Atienda. 
Lo ultimó que suele escribir el Autor , es el Prologo. ¿Por 
esto se dirá, que el Prologo, hablando formalmente^ es lo ul- 
timo del libro • No sino materiaüssimamente. Ei principíoi 
medio , ó fín de la obra, hablando formalmente , se regula 
por el orden natural , con que están chocadas en ella sus 
partes ; no por el tiempo en que el Autor la$ forpió , que 

esa 



8o Gu£RRÁs FilosofÍcas. 

esa es pura oíateríaUdad. Bueno fuera ^ que porque einiH 
tor empiece á figurar un monte ^ no por la eminencia , ni 
por la falda 9 sino por el medio, digeramos , que el medio 
< hablando formalmente ) es el principio. No por cierto; 
porque la imagen , (hablando formalmente ) se atiende se^ 
«gun su correspondencia al original : y asi es principio de la 
imagen lo que representa el principio del monte: medio, !• 
<que representa el medio, &c« Entenderlo de otro modo , a 
fiierte materialidad. 

8 Numero 9 repite lo que contra mí escribió un docta 
jVIinimo , sobre la nota inserta en la pag. ip de mi segundo 
Tomo , y á que yo di satisfacción en el Prologo del tercera 
En el lugar citado dtge lo que pedian la modestia, y la equir 
tiad en un punto , que tocaba á el honor de un hombre tan 
grande como el P. Saguens : sobre que no era razón que yo^ 
aunque no me faltase probabilidad bastante, altercase por- 
fiadamente ; antes bien era justo cejase de la contienda, 
aplicándome á la parte mas benigna , mayormente quando 
Ja veía bien fimdada. Asi lo pradican los que diputan por 
razón , y no por capricho. Lo demás es hacer las disputat 
eternas , y moler á todo el mundo con inútiles raciocinios. 
Mas aora ya que sale al campo el Sr. Mañer con armas ager 
ñas, hemos de ver cómo las maneja , y él verá si tengo , no 
aolo que responder al argumento que me repite, sino coa 
que cargarle apretadamente. 

^ 9 Diceme , que la acusación que hago yo , de que la 
proposición que afirma , que el Cuerpo de Christo real, y 
verdaderamente se divide , quando se quiebra la Hostia , ae 
opone á la definición del Concilio Tridentino, seáon i j, 
can. i , se anula con la 4Üstincion que dá el P. Saguens de 
división dse^y división in se , afirmando la primera, y oe- 
*gando la segunda , del Cuerpo de Christo en la Hostia. 

10 Aora óigame el Sr. MaSer. Lo primero , esa distin^ 
cion , aunque sea en sí buena , en los términos en que esta-* 
mos no satisface. El P. Saguens en el libro Accidentia pro^ 
fligi^ta^pag.zio^y 2 ji , respondiendo al primer argument 
to , dice, que el Qierpo de Christo real , y verdaderamente 



. Discurso ^VTL ) 8< 

te divide en la Hostia, sin queen^aquelld.parte^apIkiQe la id& 
tinción de divMonkíse^ y ase , ni añada «dgiKia^iipresiodi 
que mitigue el lígor de la proposición : la qual , tomada en 
rigor , y propriedad , es contradictoria á la definición del 
Concilio. Aora , señor mió: E^to es repceenstbte en un És^ 
crítor; porque proposición contradictoria i algún Pogma 
Sagtado nunca debe proferirse^ úa que en el contexto mis^ 
mo donde « introduce, se explique de modo , que no haga 
contradicción. El explicarla en otra parte distante, bastaré 
para purgar al Autor de la nota de error, mas no de la de 
imprudencia , ó falta de exactitud: es p ecialmente quando hai 
mucha distancia de la proposición á la explicación , cómo 
en el-Ubrito dtadó , donde eotrei }¡a. proposición , y la expli- 
cación median treinta y siete paginas. Esto. deja pendiente 
d riesgo de escándalo en los que leen una parte del libro, 
y no la otra, como sucede ácada paso. Luega, aun conoe^ 
dido como bueno el todo de la doctrina, queda repreensiUe 
tí P.Sagueos por la mala colocación. ' > 

• I X Lo segundo^ y principal digo ^que uno de loa dos 
extremos de aquella distinción ; conviene á saber , la dhisiam 
áseles quimérico, y contradictorio ; por consiguiente qui» 
merica^ y contradictoria es la misma distindoo* Allá vá ese 
par de silogismos para el Sf. Mañer. DiWdirse realmente 
nna cma con división dse^ esí dividirse « .6 separarse reai^ 
tnente de ú misma; sedsic est^qpt es quimerioot y contra^ 
dicterio, que ma cosa se divida , ó separe realmente de sí 
misma : hi^o es quimérico , y contradictorio dividirse real- 
Boente con ¿visión d se. Pruebo la menor : Es quinaerico , y 
contradictorio, que una cosa se (fistinga realmente . de k 
misma: sedsic est , que es imposible dividirse ,6 apararse 
mímente, de sí misma ,. sin di¿¡nguirse realmente de ú mísr 
ma : luego es quimérico , y contradictorio , que una cosa, se 
divida , o separe realmente de sí misma. La menor consta 
del axioma : Separatio realis est signum evidens distinctith 
mis realis. Y todo lo demás es claro. Lo que de aqui se sigue 
es, que no pudiendo aquella proposición del P. Saguens á la 
pag. ajo. explicarse con la división d se^ por ser esta ampo* 

F si- 



SS GVEMLAS F».OSOFICAS« 

tSiIei wjd'pttedaeptetiderseide la divi^oa mse x, y eoteo^ 
(iklá ikeate laqdo ^ « contr^<ltCtoria i la écñaiaoa del Cooi 
cilioéi . . " . • 

. i^ Nd dudo qyesabrí loque ha de respooderá esto el 
doittr IVBnmio, á cujra sombra se puso el Sr« Mañer : coma 
ni tani^ooo su Revereodissíma dudará de que, qualquiera cor 
sa: que tiie< wspaada ,70 sabré: Id que le he de replicar. Per<>i 
00 es eso'^n lo que eséamoá aorat Aqiidla: lid ¿anteoedeotet 
está compuesta. Lo^que aora se propone, es á'ifih de avisar, 
al Sr. Mañer , que deje las oosas^ á quien las entieode , y 
ípié los puntos de Teok^ía no se< hicieron para Tertulias de 
corbata. ' -; 

' 13 En quañto á que el libro Acoidmthi profiig/Ua , que 
.yx> dto V sea del P. Saguens , tampoco es eficáz:el ai^^imieii* 
tx> que tomó del docto Mininao el Sr« Mañer , por lo menoa 
como le propone Mafia*. Cítase en el Atonásnms demms^ 
traius^ un^ libro , iptitulado Academia prófl^ata 9 como ííbn 
del P.Saguens. ¿Pero de4lóhde6al»mos.qi]éeselmismo}J£n7 
Iré tantos libros oopio han salido áhíz; qontra los accidentes 
Aristotélicos, ¿oo píxlo ponerse á dos diifetóntes el titulo .^^ 
ridMtía pro^ata^ ¿Quáittos libros distintos hu parecido 
debajo del mismo titulo ? Dos escritos harto diferentes salie^ 
rouGontra mí ooiid de AMi^Teatroé Y todos los demás que 
•rae ímpugn^pons ^pudieron rotularse del oiisiao modo; sino 
que na* t«2<is>díer6n eai^d estratagema de tículo^ sonante» que 
órnese de campana para llamar la gente. Aun el mismo Sr^ 
IMaíler sé acordó algo tarde ; pues por haberle dado un ti-» 
tulo bajo á otro escrito suyo , tiene aún estánoKlo en la li-* 
broifa deioaQ^de Moyael Repaso g^mnaldelos escritos do 
7(vrerf Si le bufócrá llamado Cb/ijra Antíturriano ^ 6 Gósa 
«mgante v tf 'dos meses tuhiéra despachados todos loaegem* 
{daresr 






.* i .*; .. ' . .1... 



1 ;-^ • \ 

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"» V 



HISTORIA NATlíftAL' 



DISCURSO XV It'h ' 

' X \ Qui tenemos mucho que hacer , porque el Sr.Ma-» 
.¿jL 8er hizo estudio especial sobre la materia de es- 
te Discurso, á fin de merecer ips gloriosos títulos de resucr* 
tador de Pigmeos, 7 Uiücoraios, restaurador de Gallos es^ 
panta Leones , y Básílisoos^ xiescubridor de Esmeraldas 
Orientales, Torpedos , &c« y todo debajo dd alto carácter 
de Juez Conservador de errores vulgar^ 

9 £1 primer disparo que me hace , es, que no di bas£an^ 
tes pruebas de que son errores los que capitulo como tales, y 
aun algunos me contento con decir que lo son , quasi sin mas 
prueba > que mi palabra. Aquel quasi me incomoda un poco^ 
y al Sr% MaSer le aprovecha : porque si le pregunto , qué err 
róres el que capitulo quatí sin prueba; me señalará el que 
quisiere, pretendiendo que la prueba que doi , no es mas qué 
quasi prueba. 

- % Es cierto, que no dige cosa alguna^ sin fundarla,^ en 
experiencia ^ ó en autoridad , ó en razón ; pero el.Sr, Mañer 
echó menos la pesada multitud de otas, que yo quise , asi 
en este , como en los demás Discursos , evitar , por no eofa* 
tlar á los lectores. Hago saber al Sr. Mañer ^ que algunas , y 
TÍO pocas veces, el no dtar , ó el no señalar capimlos , ibliost 
y números, vá sobre la buena fé de. que el Público ha de 
practicar la equidad de creer i un Rdigioso^ que nó» le ha 
dado motivo alguno para que no le crea. Y también le ha- 
go saber t que aquellos que padecen freqüentes equivocacio- 
nes en citar lo que no dicen los Autores , por mas que dten^ 
no deben ser creídos, hasta leer las especies en sus originales^ 
ytomarlo6dicho»personalffl^teilos testigo8.Á;n^,,gra'- 
4 F a ' ' tías 



.P^ Historia Natural. 

das á Dios 9 hasta la hora presente , por mas que rebol vie-^ 
fbn lóshlNjíos I mU ISüfo^ t Qb me hao'á^;ido eíí dta algiH 
na falsa ; y que t aun donde no cito , tengo mui bien que d* 
(ar, Icf vetí eh erpfesénté isunté el Sf. Máñer. 

4 Luego meca en bs cgos con dnco errores comunes 
pertenecientes á la. Historia Natural , que omití « y debí no- 
tar. Puede ser que haya omitido mas de catorce , aunque es- 
té en el cot^odafiento de que'to son ; pues pocos haí tan fe- 
lices , que les ocurra sobre un asunto de mucha extensión to< 
do aquello que saben. De hechoen la reimpresión de miise- 
gundo Tomo , que quando escribo esto ^ está para haoerset 
se notarán otros dos errores pertenecientes á la Historia Na^ 
tural , que por olvido onciití en la primera edición. f 

5 Pero veamos quáles son esos dnco errores omitidos^ 
de que aora me hace cargo d Sr. Mafier. El primero, que 
falta una pordon xle mundo que descubrir , mayor que la 
descubierta. El segundo , que en el viage de la America se 
Vá cuesta abajo , y se buelve cuesta arriú. £1 tercero, que 
t\ mar está mas alto que la tierra. £1 quarto , que d Imán 
untadocon ajo pierde su actividad. £1 quinto, que d Cama- 
león se sustenta del aire. 

6 Respondo , que el Sr. Mafier , por querer decir todo 
lo que sabe , aunque no venga al caso , saca las cosas de sus 
quidos. Los tres primeros errores no pertenecen á la HJsto* 
na Natural , sino á la Geografia. El quarto pertenece al tra- 
tado de MagnetCj que los Mathematicos há muchos años 
hicieron suyo, y no me atrevo á turbarlos en la posesión^ 
Fuera de esto, d primer error está tan lejos de ser comun^ 
que hasta aora á nadie he visto que estubiese en él. El quar- 
to error tampoco es de los comunes. Vaya el Sr. Mañer pre- 
guntando por Madrid, que yo creó, que andará calles en- 
teras, donde no haya un: alma que di^, si el Imán untado 
con d ajo pierde, ó no pierde la virtud. Pero halló d Sr.Ma-? 
Ser esta especie verbo aii en el Diccionario de DombeS , que 
es su pan de cada dia, y no quiso perderla. 

r 7 £lultimo,sieserror, no haiduda que es error co-r 
mn I y quefert^nece derechamente i ia Historia NaturaU 

c Pero 



Discurso XVIL 85 

Aefb'(iot|úi^ Capitularle por error« porque dudaba , y^ aun 
dado 9t lo 68. Si yo le hubiera anotado por error cooiuo, estoí 
ctoto que el Sr.Mafier me ioapugnaria^dicieodo qtieiioioes» 
Vi aqui queme-tneto i adivioo , y le digo punto por puoto 
lo que sucedería en ese caso. Fuera el Sr. MaSer á su Oracu^ 
io sempiterno el Dicdonarío de Dombes , llegaría al verba 
CamakoH- : lo que hallaría alti lo primero 9 sería una relacioa 
de Mons.^ Perrault<» ei qoal indfaia á que el Camaleón na se 
sustenta del aire. Luego inmediatamente á esta 9 vería du-» 
da otra relación de la señora Escuderil la qual dice , que dot 
Camaleones , que la trageron de la África, en diez meses 
qué duraroa, no lomaron alimento alguno sensible; de doo^ 
dé infiere , que se sustentaran únicamente del aire. Vistas es^ 
tas dos reladones( que son todas ias que hai allt en ordenad 
alimento del Camaleón ) vi<iu¿ baria el Sr. Mafier i Lo que 
faace otras veces : tomaria la segunda ^ que es la que le hada 
al caso para impugnarme, y dc^ia la primera en el tintero. 
Pues quédese el Camaleón como se-estaba, y coma lo que 
pudiere; que si yo le quisiese sustentar de alguna cosa sóli«^ 
da, por eso mismo el Sr. Ma^er , aunque k viese morir de 
hambre, ó rebentar de flatos ,iio le daría sino aire , y mas 
aire. 

8 Vamos aora discurriendo por los puntos de Historia 
Natural, que me impugna el Sr. Mafier, y desde luego le 

Érotesto, que yá que en dos de dichos puntos me alega el 
ttcdonarío de Dombes, en aquellos dos, y en casi todos 
fes demás , le tengo de dar con él Dicdonarío de Dombes 
en los ojos, para que todo d mundo vea, que el Sr. Mañer 
defiende una causa tan infeliz , que los mismos testigos que 
busca para su abono , deponen para su condenadon« 

PIGMEOS. 
' 9 'XTO digo, que no los hai; el Sr. Mafier, que sf« 
X Allá vá en todo caso su Diccionario de Dombes, 
¥# Pyffnee.Perstmade carta tatta^ que no tiene mas deun ce^ 
éo de alto. Pygnueus. Dicese asi del nombre de un Pueblo 
fabuloso^ que se deciaestfír en Thracia^&e- 

¥i iQué 



dS HisTORt A . Natura^. 

I lo [ ¿Qúéátega por la existeocia de )o» Ptg(nefB^«l*Ste 
Mañera Dice « jw se -quiere dejar de ¡as^autcridad^^ de HíHi r- 
mero^Ovidh , Pamptmió^ Mayólo % JBart^inQ^yotfm ipor^ 
ipienoselas desprecie pbr apócrifas ( y cómoi) ^y quita coff 
mucha razón ( y sin iquizá también } p^fue le bas$a el Prife^ 
ta Exequiél , qui alcapi %j ^ descrÁknda ios, grandezas d^ 
la Ciudad de^Iyro <, diceási ; Pygawi » :c^e^ot iatiáriibui 
tmsiSic. lA>sPigfneosiqueeaaéanm'iMSwm^^ DeaqiA 
eonclnye el Sr, Mañer , que constando de Ja Escritura que loa 
hubo i no se pueden dar por fabulosos^ ¡Oh qué b¡^ 
.II Si quien le sotorrió al SnManer con este teatto » y . 
ka treá versiones (bien que impertinentes > a<yualaaf le hu<-i 
iñera advertido^ quedólo muiípocos^ Autoresosn Nicolao do 
Lyra entienden aquel lugar dé la Vulgata^el rigor UteraU 
y que esta es hoi la exposición' mas <fesvalída de todas , es<t 
tando opuestos á ella c^ todos los Expositores agrados; 
le hubiera escusado la confusión de que aora se le diga, que 
hai' poca diferencia de entender la Escritura por la corteza^ 
á leerla sob por el pergamino. Nadie sabe con certeza él pror 
prío significado de la voz Ganmadim^ que eátá en el Hebreo^ 
y no se halla en otro lugar de la Escritura. De aquí vino la 
variedad de las versiones , según la varia raíz de donde 
cada uno deriva aquella voz ; en tanto grado, que hai quie- 
nes , en vez dé entender en ella Pigmeos y entienden Gigantes^ 
12 Decimos , pues, con el común de los Expositores 
que la inteligencia de Lyra es totalmente improbable : por-r 
que i á qué proposito hablan de colocar Pigmeos sobré sus 
muros? ¡Bella gente para defenderlos! Responde Lyra, que 
no los ponian para defensa ^ sino pai-a hacer irrisión de sus 
enemigos. Buena escapatoria; ^ y solo para esto .conduciao 
gente de una Nación estraSa? Quien cree esto, ¿que no creerá? 
i Qué era menester v sirio poner sus mugeres, y niños sobre 
las torres, si él intentoisblo era dará entender por escarnio 
á l^us enemigos , que les bastaban contra ellos los mas débi- 
les .defensores? i.' 
I j ' Las. tres versiones, que alega. ^1 Sr, Mafier ^ cierfo 
que son muidel'CasQ..£l. Chaldéo ( dice} vierte Ca/^mb^i 

5ym- 



Discurso XVIIL^ S7 

^ (Symtñicó Medasi y los Setenta Custodes. ¿ Y por <júé i^gla, nf 
Cappadoces , ni Custodes significarán Pygmeós , ó horptirea 
^ brévissíma estatura? Aun paradlos Cappadoces yá harat- 
gnna regla ^ qiie es la de Corripe Cappadocem^ que comodín 
ce que se abrevie^, podrá alguno entender en la brevedad dei 
acento, la del tamaño. Dice el Sr.Mañer, que las dos prime- 
ras versiones se pueden aplicar á lasNactónes de donde eran 
los Pigmeos. \ Cosa inaudita! Níngtind de quantos hasta ^o^ 
f a hablaron dle Pigmeos ^ los puso , ó fingió , ni en la Cappa-^ 
docia n ni en la Media* Unos los colocaban en Thrada, otro§ 
los retiraban á la India Oriental , otros daban con ellos en 
la Ethiopia^ ú otra alguna remota Región de la África. ¿Pi&«- 
Tb en lá Cappadocia , ni en la Medía ? Mui bien harian ^los 
Médos , si fuesen Pigmeos , tantas gloriosas conquistas como 
fue menester para hacerseduefios en la antigüedad <le una 
de las quatro famosas Monarquías ; y mucha gloria de Cyro 
sería por cierto haberlos vencido, y sujetado á los Persas. 
¿ Qué es esto, siiio perder totalmente el tino en la defensa 
de una causa injusta, y echar mano de lo primero que se 
fíresénta á lá imaginación, aunóte sea la extravagancia mas 
absurda? 

14 Prueba lo segundo el Sr.MaSer, que hai Pigmeos^ 
señalando por tales la Nación de los Groelandos. Pero se en* 
gaña el Sr. Mañer. Que los Groelandos, los Lapones^ y los 
Samoyedos, todas tres gentes mui Septentrional^, son. de 
mas corta estatura que las demás Nadones de Europa, se lee 
én algunos Geógrafos. Que sean propria, y rigurosamente 
Pigmeos, no sé que alguno lo diga; por lo menos "^e los 
Geógrafos modernos. &do vi citado en el Diccionario Por* 
tugues á Magino; Pero Bhiteau , Autor del ENcciónario, se 
fie de él, y de los Pigmeos. ^mmr significa Cubitahs^ bom* 
bre de un codo de estatura , derivado de una voz Griega; 
que significa Cfa^, como puede ver en el Calepiao de Pase^ 
racio; y todas esas Naciones Septentrionales son de mudio 
mayor tamaño que un codo ; y yo apostaré algo , sin haber- 
te visto , que nada dice contra esto el Atlante Véneto d6l P« 
Goroneli, que buelve á danzar ^qul, y que wie> dicie ( aua 

F4 se- 



S 8 Historia Natural. 

según la titadel Sr JVIdSer) lo que dioen otros Geógrafos; esto 
es 9 que los Groelandos son de corta estatura. 

1 5 Dice el Sr. Mañer , que á los fines del año pasado de 
1718 presentaron al Rei de Dinamarca tres varones , y do$ 
hembras de aquella Nación, tan pequeños , que ninguno pa*- 
saba de codo, y medio de altura. Yo se lo quiero creer, aun- 
que solo lo dice sobre su palabra. Pero de eso mismo se in- 
fiere, que no son Pigmeos los Groelandos ; porque es natu- 
riü , que para hacer el presente mas exquisito, escogiesen loa 
mas pequeños que hallaron. Y si los mas pequeños llegaban 
ü codo y medio ( que es exceder en medio codo la estatura 
de los PiffDoeos ) , ¿cómo serán Pigmeos los demás ? 

1 6 «Adviértese, que quando negamos Pigmeos , solo ex« 
dttimos Nftcion entera , que sea de esta estatura ; no la po« 
sibUidad, ó existencia de algún individuo monstruosamente 
pequeño, que no pase de un codo. 

UNICORNIO. 

fty T^^^ ^ Sr. Mañer , que dudando yor como dudo» 
X^ si son mas los Autores que afirman su exigen* 
da , ó los que la niegan , debí mantenerme neutral en esta 
qüestion ; y que ponerme de parte de la negativa , fue quer 
rer deddir la duda con mi dictamen. Quiere dedr , que la 
deddí por mi antojo, y sin razón alguna. Engañase mucho 
el Sr. Mañer , ó quiere engañar á los lectores. Desde el nur 
mero 14 hasta d 1 3 doi pruebas de mi dictamen , y respondo 
á las objeciones, como se puede ver fácilmente. Aora vaya 
por prueba de supererogación el Diccionario de Dombes* 
cuyos Autores, v. Licame , después de representar la poca 
té , que merecen los Escritores , que afirman la existencia dd 
Vnicornio , y la insigne variedad que hai en sus relaciones^ 
concluyen cUdendo, ^wp las Autores de mas juicio tienen^ 
pte este es un animal fabuloso. A estos me atengo. 
' 18 Aqui me apioge el Sr. Mañer no menos que cinco 
descuidos. \ Qué tales serán ellos.^ Como los demás. El pri« 
mero k not^ fo «tta dauwla mía : £9 »ik^ cosa están, amve^ 



. Discurso XVin. 89 

nUos^ ¿f t(0os^ d casi twhs bs Naturalistas ;yés:, que hai 
algittuk^ó algunas bestias , que tienen solo una asta en Ja 
frente : por taks señalan yd el Asno Indico\ yd la Rupica-^ 
pra Oriental^ yd otra llamada Ofymes. Magistralmente de» 
dde el Sr. Mañer , que no hai tales bestias , ni otra alguna 
QnÍ€X)rae, sino la de que se disputa; y asi los textos de )a £s^ 
críttíra; que nombran el Unicornb, no (Pueden salvarse sin 
la existencia de esta misma bestia, que yo niego. 

19 Pai^ justificar su proporción , y mi d^cuido , cita á 
Gesnero, Jonstón ^ y el P.Scoto, en los.quales dice no pa« 
recen tales bestias unicornes, especialmente el Asno Indico^ 
que es por quien comienza» Esta es la buena Critica 'del Sr» 
Mañer. Vá á la Real BibUoteca: rebuelve aUt dos , ó tres li^ 
bros ^ y. en no baUando en dios la especie que busca , la cofor^ 
dena por fabulosa, i Qué prueba es el silencio de tres Auto» 
res , para negar la existencia de algún animal \ ¿ Lo que se 
h^la omitido en esos tres ^ no podrá hallarse en otros txe^ 
cientos? 

oo^ Aun. no e^ descubierta toda la hilaza. Lo& tres de^ 
ben rebajarse á dos; pues el P.Scoto no debe entrar en cuen?* 
ta, por quanto en su Fisica curiosa no tubo la intención, ni 
le pasó por el pensamiento ^ de hacer historia de animales, 
sino de elegir á su arbitrio especies pertenecientes á Física, 
para divertir á los lectores. 

- 21 Aún falta lo mas, y lo pew; y es\, que estos dos se 
quedan en uno. Es el caso , que Gesnero latamente , y no eo 
una parte sola , sino en dos, trata del Asno Indico debajo de 
este mismo nombre : la una , verbo Monoceros^ poco después 
del principio, ibi: Qjuin etiam Asinum^sive Onagrumlndicum^ 
ti non Ídem , inter Unicomia tamen animaüa^ &c.y pr6sigue 
diciendo en lo que conviene, y en lo que se distingue del 
Unicornio, cuya existencia qüesttonamos, y asegurando la 
conveniencia , en quanto á ser unicoraes entrambos. Pero mas 
largamente , y mas de intento , quando trata de Onagro , si^ 
ve Asino sihestri^ donde tiene titulo separado para el Asna 
Indico , eil letras mayúsculas , de eiste áiodo : Dé Asims ^^vei 
éiOna^is fotius^ Indicis. Y eo^ánacá ttatar df ^lóapor ]« 



95 Historia NATUiUt. 

siguieote clausula.: Sihestrés Asi$m equis magniHi^ne mM 
Miliares, apud halos nasciiocc^i^ eosqut reJifuo corfore hl- 
-bos n capHé verd purpureo^ otuüsque nigris ( aemkis tertíli 
JRxíphé f^okn. ) esse ^.cornuqué in fronte gerere unicüm. 
^11 i Quién ^ á vista de esto, no admirará la confianza 
con que dice el Sr. Mafier , que en Gesnero no se halla me^- 
Dloria alguna del i\sno índioo^ Aun si solo tocara este Autor 
incidentemente, y de paso esta noticia, fuera dtsiniulable aa^i- 
dacia. Pisro tratando Gesnero del Asno Indico debajo de tí* 
tulo proprio , ¿ quién , á no lo viera , creería , quehabia dé 
atreverse, ni el Sr* Ma&er , ni nadie, á decir, que Gesnero 
oo bi^ de él fü aunóla snemr mención ? Mas es, que dioe^ 
que en Gesnero no se baila noticia de otro algún Ashr>^ que el 
que cada dia por ¡as caiks.£ncomramós. Y es bueno ^ que 
Gesnero , después de tratar de esta especie común , larga* 
gamente por titulos separados vi tratando de otras muchas 
especies de Asnos* De Hinnos ^^^^ ^ & Ginno , es un titulo; 
y este compreende tres especies distintas: luego de Ckü^proi 
srúéAsinosÜvestfii después de Asinis Scyt1úciSr& África^ 
nisy que son dos especies de Asnos cornutos. En fin , i^ jísi* 
nis , vel Onágris potius , Indicis ^ omitiendo otro titulo dé 
Onocentauro , porque á este le dá por fabuloso. Cómo se dt^ 
cen, y cómo se estampan estas cosas, yo no lo sé. Lo que 
sé es, que si para hacer Anti-Teatros , es menester asegu*4 
rar , que los Autores dicen lo que callan , y callan lo quedi* 
oen (como hasta aora hemos visto que hace el Sr. Mañer , y 
aun veremos adelante mucho mas ) , mejor fuera hacer cru« 
ees en la boca , que Anti-Teatros, para remediar el hambre. 
. %l Con que solo queda Jonstón de los tres nombrados^ 
Esté Autor noJe tengo , ni le hai en esté País ; a^ nó puedo 
éxanodnarle. ¿Pero qué debo discurrir? ^fierá vendad que no 
habla palabra del Asno Indicor¿0 será otra »tal ésta citai» 
que la de Geisnero ? Como á mí no raeh^ce al caso que este 
Autor k> diga , ó lo calle ; haga el lector el juicio que qui« 



24* ' Delá Rupic^arUntcome, después üe dar bnéltai 
por a^ui iy por ñnHáv^nnieiá convenir e« que Íjésq(Ht>'d& 

no- 



, Discurso /XVIII. - pi 

ÜiS^ásbú^fiVBLi fnas es soiré hfé <ie u^ que* 

áña^ el^gual afirma ^ que sr halla en las ntrntes C^pacips^^ 
BOireí que tacbáé Si los montes Carpacios tocan:, en: parte á 
Polonia (: como, no hai duda ) , ¿ qüiéd mejor podrá dar noti-¿ 
da de los animales que hai en ellos ^ que un Autor Polaco? 
Y pótense tas palabras con que cita Gesnero á dicho^utor^ 
AfODÚiusSahndferg^ms invquadam ád-me épntoia agensí 
de UnUornüms ¡Rtipicapris ^ inquit : Certum est v minmequei 
duhium iriCarpatho tnome versas RussiamiTrañsüvaniamque 
repetiriferas símiles xmnind Rupicapris % excepto quod unh 
ctofí conmé media frome enascHur ^ mgrum , &c. Nótese^ 
digo.^ que el Autor le diá la> noticia lá^Gáiiéra ed uba carta 
escrita á él ^ y que le dice ^ que esta esnoa txisa cierta^ y que 
no admítela menor duda. Certum ést^minimeque dubnm^^o^ 
tese asimismo ) que en otra parte lé dá Gesnero al Bscrítor^ 
que le dio esta noticia, el glorioso atributo de Summus na-^ 
tura.perscrutatoTn Mire qué círcunstanciflaá estas para que 
B61ecfeyese4 

- %l También es falso lo queinsmik el Sr. Mañer, que 
Gesneronocitaotro Autor, que aquel Polaco» por la Ru-^ 
picabra Uiiicorne ; pues once lineas mas abajo nombra otro^ 
que afirma su existencia , con estas palabras: Simeón Sethi% 
Capream etiam^ quie Mosckum gerit^ Monocerotem esse 
scribii \ donde advierto á Jos lektores que lo ignoraren , que 
Sfonoceros es voz Griega, que significa animal , que no tie> 
Be mas de un cuerno. Tangen cita por la misma Cabra DvSr 
corne , ^n el fin del Corolario á la historia de Monocerote , á 
Alberto Moscenio , Polaco , á quien llatna eximia doctrina 
juvehir. • . . . . . 

. %6 De la Cabra Oryges dice , que Gesnero , áuttque ha- 
bla de día , afirma, que es animal igncíto en nuestro tiem- 
po,. y atribuye la misma limitadón á Jonstón, y al P. Scoto. 
Eso , con licencia del Sr. Mañer , no es del caso. £1 decir que 
es animal ignoto en nuestro tiempo , no es negar su existen^ 
cía, si no es. qlie se siga: el extraordinario rumbo del Sr^ 
Mañer ; que niega todo loqué ignora; ítem : Que estie ani- 
mal sea ignoto aoray DO lodiceJGesnero asertivamente, sir 

no 



p2? Historia NATxniAt;. 

fK> coa düdá •íFem nostro sxckh ignota^ fáfoBar. ftem :fik 
que sea ignoto en este tiempo, no quita que fuese cooodcfo 
en otros tiempos; y como lo fuese en aquel tiempo , en que 
la Esaimra habló del Unicornio t nos basta , y sobra : pues 
el que haya esta, y otras especies de bestias unicorbes, lo trae* 
mos para el efeao de salvar los Textos de la Escritura ^ jqúá 
nombran el Unicorab , sin conceder que haya aquel aai<*i 
mal determinado, i quien se dá este nombre vulgarmeoten 
¡Válgame Dios, y los descuidos que se le caen Si Sr. Mar- 
Ser, á cada descuido mió, que quiere notar! Si quie* 
re mas noticias de bestias unicornes , y los Autores que 
las traen ^ lea á CSesar^en sus O>mentarios, lib. 6 , cap. atfb 
á León Alado sobre un texto de S. Eustadbio, donde dicey 
que algunos Autores sefialan siete espades de bestias une 
cornes : al insigne Expositor Benedictino D. Agustín Calmet 
en su Diccionario Bíblico, donde dice: Vorrh Vocea ^Touth 
Equl , Asifd^ Dama , Capta ^aüaque piara a$umamia^ aü^ 
quando Unicornia sunt. Poco antes habia contado la Orygea 
entr& estas especies ^y poco después dta i Dalecampio pa- 
ra siete espedes de brutos unicornes tal Diodonario Portu^ 
Sés de Bluteau, y allí estas palabras : Se por Umcorm ha-- 
ws de entender kum animal , que tenha Jmm sd cerno na 
testa ^ ha nmitos desdes unicornes no mundo \ porque na Afirt^ 
ra, é na Asia ha Tauros , Bacas ^ Caéahs^ Asnos ^ Cabras^ 
iíc. que ten kum só como na testar^ y en fin, á Gaspar de los 
Reyes en su Campo Elysio , quaest. tf 7 , num. 6 , donde cita 
otros Autores, que dicen lo mismo. Vea el Sr.Mañer,queel de* 
jar de citar Autores, no es por falta de ellos, sino por escusac 
el tropiezo embarazoso de citas en la lectura. Vea tamtñeti«, 
qué dirá el mundo de que el Sr. Mañer no hallaren toda la 
Real Biblioteca un Autor , que dé noticia de Asnos, y Cabrai 
XJnicornes , y yo haya hallado tantos sin entrar en ella. 

97 El segundo descuido me le pone en haber escrito^ 
que la noticia , que dá Alberto Magno de que el Unicornio 
se rinde manso, y amoroso á una doncella, la copió de 
Juan Tzetzes. Opone á esto el Sr. MaBer; que Joan TntíA 
fio dice qoe el Unicornio se riode i unji donceU^t «no á ui| 

mu- 



.Discurso XVIII. 93 

muchacho vestido de tnuger ; y asi , si Alberto Magno co-? 
pió aquella noticia , no fue de Tzetzes , sino de S. Gregorio^ 
que en el lib. 3 1 de los Morales dice lo misnao. 

98 Aquí me es. preciso (aunque con harto dolor de mi 
corazón) decir , que el Sr. Mañer incurre m una fuerte f»a^ 
terialédad. Que al Unicornio le atraigan con una doncella, 
6 con un muchacho vestido como tal 9 formalmente es una 
misma, cosa ; pues los aiismos, que dicen esto segundo , su- 
ponían el amor del Unicornio i las doncellas; por eso con el 
vestido le representan como tal al muchadho. Explicaréme 
con un egemplo. Volaron los p^os á las ubas pintadas de 
Zeuxis. i Diremos que aquellos pojaros «ran amigos de ubas 
pintadas ? No por derto. Antes los atraían las pintadas, por-^ 
que eran aficionados á las verdaderas. Pues haga cuenta el 
&• Mañer, que estanx» en el mismo caso. El muchacho ves- 
tido de muger ( en la relación de Tzetzes) , era una donce-^ 
Ha pintada para el Unicornio; y este se iba amoroso á la 
doncella pintada, porque la juzgaba verdadera. Asi Tzetzes, 
y Alberto coinciden en una misma cosa , que es el amor dd 
Unicornio á las doncellas. 

ap Es verdad que antes de Tzetzes S. Gregorio había 
dicho lo mismo ; y no es este el mas antiguo Autor en quiea 
se halla , como piensa el Sr. Mañer ; pues en S.Eustathio, 
anterior á S. Gregorio , se halla la misma especie. Pero ha- 
biendo yo de impugnarla por fabulosa , tocaba á mi respeto 
callar aquellos Santos , y nombrar solamente á Tzetzes , Au- 
|or Griego , en quien se verifica lo de Gracia mendax^ pues 
en 13 Chilladas que escribió , echó las mentiras á milíara-^ 
das. ¿Y quién duda , que S. Éustathio, y S. Gregorio toma- 
rían aquella fábula de otro Griego mas antiguo? 

30 En el mismo nuniero, donde me nota este descuido 
el Sr. Mañer , me avisa otro, que para referirle es preciso 
prevenir i los lectores con aquello cte Horado: 

Spectatum adndsi , risum teneatis amici. 

Es el cuento , que tratando de la especie del Unicornio , que 
trae Albertp Magno;, dige : íIS fueseverdad hfuedieeAk 

ber-^ 



1)4 HiátORiA Natwral. 

hetfo 9 &c. sobre que el Sr. Ma^r gustó dé tirarme el si<« 
guíente varapalo : T h primera^ que se hace reparable , es el 
descuido en el modo de tratar á S. Alberto Magno^ con la 
llaneza de llatnark Alberto d secasx Asi el Sr» Maoer « eo 
acumine^ quo poUet « eaque comitate , qua assokt. 

j t Alegróme derto de que el Sr. Maner me dé esas lee* 
dones de cortesía « para pagárselas en la misma moneda* 
Ha de saber su merced ^ que esa que llama Uanesca ^ es el 
tratamiento mas respetoso , y noble de todos ^ quando se 
habla de algún hombre eminente. ¿Cómo esto ? Yo se lo di« 
ré. La mayor altura ^ á que puede arribar él mérito de un su-^ 
geto, es^ que solo condecir su nombre <» entiendan todos qué 
ae habba de éK Asi, nada expresa tanto la heroica grandeza 
del Magnánimo Conquistador de la Asia , como el que ha** 
hiendo habido tantos Alejandros en el mundo, y muchos 
por varios capítulos insignes^, quando se dice solamente Ale-^ 
jandro i secas , se entiende , que se habla de aquel herbé in« 
comparable. El que le nombrase Alejandro lercero , Res de 
Macedoñia , tan lejos estaría de tratarle con decoro, que le 
haría injuria,pues con eso mismo significarla, quesolo el tim- 
lode Rei Tercero de aquél nombre ^ y de aquel Reino, y 
00 sus acciones gloriosas, le distinguía de los demás Alejan^ 
dros. Del mismo modo, nadie nombra mas dignamente á & 
Agustín , que el que le llama á secas Augtatino ; porque ha^ 
hiendo habido muchos Augustinos célebres en virtud , y le* 
tras , nada da idea mas magestuosa de este gran Padre , co* 
mo que el nombre de Augustino á secas le signifique á é^ 
como que es único , ó como que los demás , en comparación 
suya, se obscurecen, y no tienen nombre alguno. 

11 Y valga la verdad : ¿No oyó el Sr. Mañer mil veces 
en los Sermones nombrar Pablo ^y Augustino íl secas, quan- 
do se citan estos dos Santos^? ¿ y Benito , Domingo , Francis* 
co^ Ignacio á secas , quando se predica á estos gloriosos Pá^ 
triarcas ? ¿Será esto llaneza , 6 Falta de respeto ? \ Pues qué 
me inquiera , sin qué , ni por qué ? A fé que el Sr. Mafier es 
un hombre raro, y que hasta aora no parecieron en la Ré« 
pública Utmria reparos semejantes á Jos suyos, l^ies crea« 

me. 



DiscüRíO XVIII. '^ 95^ 

Ble, que, con ser tan singular, aunque escriba nñl Anti- 
Teatros , no logrará que nadie le cite , 4iáendo Salvador ár 
86cas« 

. li El tercer descuido que me nota, e$ ^ negar aqui l^f 
existencia del Unicornio, lo que dice, no me puede ser posi^ 
bk^ sin caer en mconsequente^ porque en el primer Tomo, á 
la pag. Z5J?, respondiendo á un argumento, dige : En quan-- 
to al Monoceffmte , Gesnero cita varios Autores , que ase^. 
guran^que aún persevera su especie^ No sé qué contradice 
cion hai aqui. Ix) mismo digo aora, que dige entonces : £9 
cierto, que Gesnero cita esos varios Autores; y con todo , yo 
me estol firme en que no hai Unicornio. Para responderá 
aquel argumento , bástame lo que dige alli , sin meterme en 
la qüestion de si bai Unicornio , ó no, porque no era lugar 
oportuno para entrar en esa discusión, i No sabe el Sr. Ma-r 
fier , que á un mismo argumento se pueden dar diferentes 
respuestas? Luego no se infiere, que no me pueda ser posibk 
(posibilidad rdlexa^ ó posibilidad de posibilidad, con la 
qual solo atinó la singular Metafísica del Sr.Mañer) sin caer 
en inconseqiiente. Sin caer en inconsegüencia^ querría decir* . 
34 El quarto descuido.es, que cité á Olao Magno por 
la existencia de los Unicornios marinos : lo que no pude h^T 
oer, habiendo dicho en otra parte, que este Autor está rer 

Eutada por fabuloso. Tubiera razón el Sr. Mañer «^ si no bur 
¡era citado mas que á Olao ; pero mire que cité juntamente 
con él á Gesnero , á Etmulero , á Willybeyo , y á Primero^ 
úo ; y á la sombra de estos quatro Autores yá puede entrar 
plao Magno , aunque eche sus mentirillas de quando eo 
quando. Precisamente ha de haber leído mui poco quien no 
haya visto citado mil vecea á Olao Magno por los mismos 
9ie le juzgan de fé poco segura. Estose compone confírmanr 
do su dicho con otros testigos. Y si al Sr. Mañer pareccQ 
pocos los alegados , lea á Jacobo Savari , y á Nicolás Leme- 
ri en la voz monoceros , y verá , que uno, y otro dicen, que 
es Éibula quanto se cuenta del Unicornio, y que las astas, 
q« comunmente se enseñan « son de un pez llamado Nar^ 

vaJ^ , . 

/ * El 



^6 Historia Natural. 

j 5 El quinto descuido es ^ tiaber dicho , que es impotf^ 
Me darseántídoto universal para todos los venenos. ¿Y qué 
hai contra esto ^ Sv. Mañer? Hai el que Barba , Arte de los 
Metales , cap. 4 , dice, que la tierra Lemnia, dicha asi^ (son 
palabras del Sr. Mañer ) parque se saca de la Isla de Lernas^ 
es remedio universal contra todo genero de veneno» ¡Gran 
Medico debió de ser este Barba , quando su autoridad sola 
basta para calificar de universal un antidoto! Asi lo juzga-^ 
rán sin duda los ledores que ignoren que Autor es este. ¿Pe*, 
ro qué carcajadas darán , quando sepan que no fue Medico 
chico ^ ni grande9 ni Cirujano , ni aun Barbero ? El Licen-» 
ciado Alvaro Alonso Barba fíie un Cura de la Parroquia de 
S. Bernardo en el Potosí , que con la ocasión , que le daba 
la proximidad de las Minas^^ se aplicó á su inteligencia rae-* 
canica ; y escribió un librito sobre este asunto ^ que intituló 
jírte de los Metales. ¿Pues qué mas quieren ? ¿No es Autor 
i (proposito este para dar nombramiento sellado de antidoto 
universal á la tierra Lemnia 9 y á lo que él quisiere? Si poc 
cierto : del mismo modo que el Sr. Mafier , ó su Impresor 1q 
es para hacer Isla del Archipiélago á la tierra de Lemas. « 

¡6 Supongo , que algo mas autoridad tendrá 9 que el U* 
cendado Bart» , en materias medicas y el ñunoso Medico de 
Ueja Hermán Boheraave. Léale pues , en sus Imtit. Medk. 
sum. 1 1 29 , y alli estas palabras: Genérale amtem antítaxicom 
propkylacticum nuBum wmhió cognoscitur hactenas ^ ^^ 9 
repugnas tale esse. Y en Ballivio, Dissert. de Tarant. cap. %^ 
hallará) qae para la mordedura de la Tarántula no hai anti* 
doto que aproveche sin la música. 

37 Otra buena es ^ que la piedca de la serpiente estd re^ 
emocida por antidoto universal \ y afiade d Sr. Mafier , que 
esta es cosa tan notoria^qae no admite disptaa. Alabo la sa^ 
tís&cdoo que tiene de la credulidad de los lectores. Loa 
que mas extensión dan á la virtud de esta piedra ( ó cuerno^ 
por mejor dedr ) es para curar toda mordedura de sabandija 
venenosa. Pero tome el Sr. Mañer una dragma de aoüroán 
por la bocado mismo digo de otros inumn^ádes venenos) y 
veremos de qué le sirve |a piedra de la serpiente» / -'^ 

BA- 



. Discurso XVIII. ^7 

BASILISCO- ' 1 V. 

38 "pXICE el Sr« Mafiei; , ^ue no pruebo hteo t qiieiet 
I J Basilisco carezca de la eficacia yeoeoosb , que 
wlgarmente se le atribuye. jPor qué? Porque hs que esta-, 
mos ( son palabras suyas ) en que mata con la vhta^ no entetir 
demos ua con los n^yos visuales ^ sino con los venenbsos 4^* 
vios 9 que por aquella parte despide ; yiest& no on /juaijideraj 
positura , sino en la vista recíproca^y distienda propórdontr, 
da\ esto etique no estando mmf distante^ mire el BAtilisaa 
fuando d él Je miren. 

i9 Si el Sr. MaSer habla por sí solo ^ Jiotes 4d cawy' 
pues yo no me puse á impugnar su propria opinión, ni sabía 
qual era ésta quando eséribí deFBaslisco , ni aun sabía que 
kabia D. Salvador Mafíer en el mando; .^tacrilarjo^ic» y^^ 
gar , y común. Si le ha dado siú pederéis el Vuigo^s^a res- 
ponder por todos los Comunes , y explica en su vos ri seo^ 
tir de toda la Canuu*a Ba)a> es £ilso lo que diee ; pos» ^«^pirr 
mon Vulgar es, que mata el BasUisco con ia vista < habUnd^ 
con propriedad ) úa acordarse de efluvios, \iu.attn .«abw.^ 
oosason efluvios^ ni haberlos oído nombrar.. ' . . 

40 Lo de la vista reciproca también es fiúsO. i-a oplokM 
mas común » aun entre los Naturalistas, e» ,queelBasiIi^ 
mata mirando, aunque no sea visto. Lo ée hMstOfífiiaí prih 
porcionada , en el sentido en qué lo toma el Sr» Mafler^ t^ii^ 
bien es añadido. Lo que dicealos que afirman: «fa jEi^af 
es, que el Basilisco alcanza á matar adonde alcance á vér<^' 
sin pedir mas proximidad , ó proporción. Asi todo Ip que 
aós dice el Sr, Máñer, para hacer mi prueba ineficaz, es ua 
tegido.de supuestos arbitrarios , y unadesfígoracíoo total de 
la opinibii común , para evadii- la dificultada , t ' ..* 
' 41 Si la opinión vulgar aceUca del BasilisQofUQwl^qiie 
pinta el Sr. MiSer , lo que yo diría en ese casa,, es ^ que nq 
hallaba repugnancia física en el hecho; pero q^ ttto no 
bastaba para creer su exbtenda , no aleg&ndose pruebas &¡r 
perímentaleíi , caUíicadas por Autoim itdeflyigiiQ^á.iB^^'qyr 
Bo tod»Jo qife tí posible^ sedebcoáicinitír s/mo^íIMffttK^ 

G El 



^^ Historia Natítiíal. 

4^^ El Diccionario de Dombes ( porque tío nos falte 
este socorro } afirma ^ que el BaiiUs^pasa entre hs moder-- 
nos por setfieme fabulosa. Y . poco ma^ abajo éaade,qqp 
¡os hombres de juicio se burlan conMatthiolo dt las relacio^ 
pesy que hai tocantes 4 esta materia. Con.el Diccionario de 
Dombes concuerda perfectamente el de Moreri , y con una 
y <Mro elPortugués de Blúteau ; át)ue añadiremos la autoría, 
dad del célebre Benedictina Calmet en su DioeionarioQiUir .- 
co; V. BasiUscus^ cuyas son estas palabras: Insigniores ta\ 
0i$n Medid j & FhUosophi recentiores ^ putant cpmmentin 
tium^ & prorsus inventum , quidquid de Basilisco fertur. aé^^ 
dünt etiam 4Í nemine unjuapí visum /uisse^ 

•• 'j^ '. .:• -r ,.. ■ ;l E-;.0 iR ■ . .- ^ : . ' 

a^}/ Tí 1 O primero, x{ue aqui encuentro, es una córtecciom 
■ I > ■ magistral porque dige , que quanto escribieron, 
los naturalistas de las admirables antipatías de algunos anhi 
males , todúi es^memirai IHcc tí^ Sn Mañer, gue para afir^ 
f^4¡ue toda }eí Mentira y?i^ mdesaria probar que los jíutorési .. 
¿*»ibimn ^míüta4U\mééte4io qae es dificultoso j &Cé ¿Qué 
hemos de decir á iesto? Que el Sr. Mañer no sabe, que la 
mehtíra isé divide en formal^ y material^ y que solo á la 
primera conviene én ser contra mentem. |Y por qué. no la 
difdtiK)^ No es injuíñ afirmar , ^ue el Sr. Mafier ignora lo 
qae • nOr ha- estudiada, • ni tiene obligación á . estudian La 
jséfii JMcr jKxlrá oensurarsele es , que se haya metido á escrn 
blr «(X>f&ma¡<eriá8, de que no ha estudiado ni aun los primea 
fós rudídieñtós. 

- 44 Vamos al caso. Dice, que la experiencia, que yo ale^ 
go de Carnerario , no prueba que el L^oñ no huye del can^ . 
to del Gallo , sino que-no hüyexle la presencia del Gallos 
Nt^ es triatei la distinción , sí valieraé.Pero el mismo Sr. Ma<- 
fi€r tece tfxíño valga ; pues después ^ referir la experieti^^ 
cia deCaítterario ; que fiíe , que soltándose un León, dio enii 
tiií^ gariittéro , donde mató, juntamente con el Gallo, la ma-t 
fttt^pmt^^MtmBSí^éñaiie la del Doctor Barreta, qiif 
vi6¥Értas<sMiStti i»«lttetídoiaer p 
• í O noi 



.^ DjSCtiRSO XVni.| r.pp 

nos Gallos. Pregunto aora al Sfv^la&r: í§í ^^o^tQsof ^Gap^- 
líos estábate 'callandito.^ :y po(Í¡gerp4 ^iqw^ra.es^-boi^^ es 
jBm^ quaodoios acomettan 199 It^eeoes ? Decir qu^ nvig^ 
fio chilló, es quimera» Chillarían todos r y muchos salvp 
que hubiese alguno tiin desgraciado , que tubiesíe. la garr^ 
xiel LeoQ sobre su cabeza , y pescuezo r cQg^o^ol^ .^Q^e^r 
oieote sin prevención , lo que es ea^i vapp^ibi;?. Si cliíUarpo^ 
y los Leones no huyeron , vé aqui que no^le amedreata ma^ 
al León el canto , que la presencia del Gallo* Si no es que 
nos diga el Sr« Mañer , que no es lo mismo cancar el Gallo^ 
que chillar , ó gritar* Mas tampoco esta distinción pued^ 
aprovecharle; pues si .el canto del Gallo pone miedo 9I 
León , debe ser por el metal de la voz ^ nq por el tono, ó $6- 
rie de la solík; pues siendo asi^j si aquella mi^ma splfa^s^ 
trasladara á la voz humana , hiciera el misox) efecto ; y cpn 
prevenirse bien un cantor de quiquiriquies^ sepodria entrart 
como por su casa , por las quebas de \o^ jLeQne^ • 

45 Mas si j con todo % la9 |?](perie^cias pr^PMets^as pp |f 
liacen fuerza, vea al Sr. Carainuel en su. Teología fundan 
teenuU num« 405 , donde pregunta: yín Leo Gallumfugiañ 
Y <lice lo siguiente : Leonem dicunt voce GalU terreri , & 
fingere ( mire si estamos en los términos de la qüestion ) : lúe* 
go : Hac sententía apud vulgus obtinuit , & in mukU^hih- 
sophorum übrisreperta^^ab ómnibus creditur^ & sappomtur^ 
etsi quotidiana experieníia ( aqai conmigo } dempfisfret ^íffr 
denter cofOrarium ¿Quiérelo mas ciaron Pues prosiga en la 
lectura de aquel pasage, y verá que el Sr.Carnmuel habla 
de experiencias oculares suyas, que tubo en Madrid , Valla- 
<lolidft Gante , y Praga» Vaya aora, para mayor ¿unda- 
«liento 1 el Diccionario de Dombes^i verb. Z/(M, cíice asi: 
E^ tm errof popular cre^r , que el León tiene^ miedo al Gallo. 
Suponese, que pues le llama error popular , habla del mift- 
do al canto ; pues este es el miedo que la opinión popular 
le atribuye. Vaya también con el de Dombes el Diccio- 
iiariQ Académico Francés de las Artes ^ y las Ciencias, asi- 
4nismo verb« LÍ09* fyi»9 son sus palabi^ : Lficesejambie^ 
fuetioM mitdpaiGailo^^ iu como k ^^ím^iperfíse 

G % ha 



vi do Historia Natural. 

ña vim h cóéfwrki púrt:fpirkndi^ . ' P 

< 4¿f 'Sdtíté^X otro ásiünto , ^ el León huye del fíiego , el 
Sr.M&oer aftere enteramence el asante de la qüesdon. 
Todo lo Que dice , y alega , probará ^ quando mas , que á 
Codos los orutos , espedálmeúte los sítvescres , es molesta la 
vista de lá llama « Ó- porque hace ea su órgano alguna im^ 
préitoní desapacible ,'¿oinó aun eü los hombres sucede alg» 
deeátb\;óp6r ser obgeto mu! Insólito á sus ojos, y ^ total? 
mente desemejante á quanto vén en las selvas. Pero no es 
eso lo qué yo niego; porque no es eso lo que aquí se tratai 
la qiiestion es , si determinadamente en la especie Leonina 
liai alguna aversión antipática , que ki obligue á huir del 
fiíego: ^áto'és lo i^ue yo ne£^^ y probé mi dictameá 
con la experiencia referida por Juan Bautista Tabernier; á la 
qual piensa el &*.Mañer^ que opone aljgfo con decir ^ que 
el interés del pasto movió al León á agarrar el Soldado* 

2ue estaba junto i la hoguera» Señor niio , si la aversión 
élljeón aMiiego fuese ádtfpatioa , evo se llegaría á él (^e- 
gmk l!a doctrina corriente de los Naturalistas^ qué refieren 
éstas antipatías), ni por él interés de un -pasto, áa él qual 
podría pasar, ni aun por librar de uíi riesgo evidente la vl^^ 
da. Asi dicen los hnlor& amipaticos^ que la culebra no pa-^. 
sa por donde hai ramas de fresno , aunque la maten ; que 
Im ganados nó pasan' por sitio doQde^escén enterrados los 
intestinbsdei lobo; butiqíie los desloñoeav^c. 
)••'»,•.. • . . • . ' ■ 

SANGRE MENSTRUA. 
47 T\lg^» que hai mi experiencias de que la sangre 
' ' JUr menstrua no tiene la actividad poíi2X)liosay que 
tantos libros le atribuyen. Esto le rebuelve la sangre, / 
k bilis al ^. MaSer , poique dige ndt expefienctas á bulto, 
Sin determinarlas una por uña ; y á fé que era menester ud 
gran libro para esta rdacion individuaL¿Y qué haríamos con 
"eso ? El público sin eso mte cree , porque me ha experitiien* 
tado hombre de verdad éa mis escHtos ^ y dl^Sr. Méñer taft 
«fócil le Wrfá neg^r^Úi^Mil éKperíeoiCteS'deterAiiDfiadas', com^ 
l&detéráüu^ás^iPo^ esto^ y^ porque la «latetia no es notd 

i (j littk» 



. Discurso XVni. ' tor 

limpia para maú^da tan de cérea, omitiendo Ja noticia 
privada 9 que tengo* de algunos experimenisas^ echaré, por 
otro camino « y le pondré delante al Sr. Mañer Autores d$. 
especial nota , para hacer fé en esta materia ; ésto' es , Me^ 
dicos sabios II prácticos , y modernos. 

48 Teodoro Craanen (Disserf. Phisic. Medie part. 1» 
pí^. 519*)^ largamente prueba con razón, y experiencia^ 
que las menstruadas no manchan los esp^^ ni su. sangre 
es venenosa* Juan Dominico ^nioxixio {Opusc.ik Cátame^ 
niis^ mun. 7.) niega á la sangre menstrua toda qualidad de^ 
leteria , ó venenosa; y en el numero j i > después de decir, 
como muchos le atribuyen qualidad maligna, prosigue.: /^¿^ 
rum mra^ quce de hoc sanguine pradicataur , aMumo potiuf^ 
esse vetularmn tmgasi , aut csrculatürm figmffta. Este Au- 
tor es de grande autoridad &i lo que tratamos; ponqi^ es- 
cribió tratado particular del flujo menstruo , que eso signi'- 
fica Catamema. Lucas Tozzi ( /í^. 5 , ^phorism. 39. ) dios, 
que en la reteacbn larga de menstruos se hace de la sangnB 
lectie ; lo qué no pudiera ser , sí ella fiíeiu tan aialcondicÍQrr 
luulá, como dicen» Juan Jacobo Waldismit {tom.i ^pag. 1 14) 
dá por sentado con experiencia , que ¡a sangre menstrua^ 
hien constituida , cerca del novilunio expira cierto olor fra^ 
ffrante , al modo de las flores d^ la Caléndula ; donde np 9ola 
ae debe notar el buen olor , el qual remueve toda sospecha 
de la alta corrupción que le atribuyen , mas también aqüe-i 
Ua expresión bien constituida (bene constitutus} lAmgo el 
aer sangre menstrua , no es incompatible con que esté títa 
constituida , ó bien condicionada. 

49 Si nos hiciese mucho al caso la autoridad de Aristó- 
teles , también la podríamos agregar ; pues éste Oib. a de 
0enerat. í/ímmahcap, so.) afirma, que son, de una inicua 
naturaleza la sangre meiistrua, y la leche: Eadafft natura 
iactis^ & menstruorum est^ Lo que coincide con lo que po« 
co há alegamos de Lucas Tozzi. 

-• %o Chonela fiesta el Dicdonario de Dombef^dopde 
después de referir lo que Hippocrates , Plínio, y Gohiasda 
dicen de laiquaUdad maligna de la:s^agre mantoiayat dfii»: 

Gi de 



loa Historia Natural. 

de : P0ró todo esto esfabuhso^ypuis es cierto ^ qneesta san- 
gre es la misma que Ja que ^std. cofitoniéa en venas , y ar^ 
ferias. 

51 Advkito , que alguno de los Autores alegados ad- 
mite , que las mugeres en el tiempo del flujo menstruo pue« 
den aJterar algunas Gosas , como vinos, y guisados ; pero no 
por razón de ki^ogre , sino de lof copiosos hálitos , qne en* 
toooes arrojan por transpiración. Mas aun esto ^ si tal vez 
sucede , se debe atribuir á la constitución particular de al-^ 
gunas ; siendo cierto que en muchas casas unas mismas cria» 
das están guisando todo el año en la cocina , y sacando d 
vino de la bodega « sin que se avinagre el vino^ ni se estra- 
guen los guisados. ^ 

51 &. Mañer : las autoridades , que aqui he alegadot 
pudiera haber estampado también , quando escribí contra 
este error común 1» y aun otras muchas. Pero no quise llenar 
de citas , ni en esta , ni en otras materias, porque es bor- 
rar papel , y embarazar al lector. No hai cosa mas fiídU que 
amontonar autoridades. Este es un atajo para hacei' gruesos 
volúmenes á poca costa ; porque entretanto que se traslada^ 
no se discurre. Yo segdré el método que he guardado has* 
ta aqui, aunque lluevan Anti-Teatros. Una cosa es ser Au* 
tor , y otra Copiante. Aquel, de lo que ha leído en varios 
Autores sc^e esta, ó aquella materia íbrma una masa men- 
tal , que después con su proprio discurso estiende, ordena^ 
y sazona. Este , ^in estudio previo , ni uso del discurso» solo 
con ponerse los libros delante , vá sacando retazos de aqui^ 
y de acullá , y quando mas , cose, pero no tege. 

PIEDRA DE LA SERPIENTE. 

9} .'rXIgp,que las quew venden por tales, no lo son^ 

X^ ^no trozos de cuerno dedervo preparado. Con* 

tra esto no opone otra cosa el Sr. MaSer, sino que Juan Baui* 

tista Tabernier dudó si estas {Medras son í^ctidas., ó natura* 

les, y en las Memorias de Tnevoux del año de 1 70 j. se ha* 

Uk expresada la misma duda. Uno , y otít> es cierto ; perb 

l^ué Mcamoi dt^aqtáfiEspreciaQ que duden todos, lo que 

wIj ; .» aque* 



. Discurso XVHI* ;i(>3 

aqueflos dudaron ? guantas c0aas para uqd 900 dUflása^ ^y 
para otros. ciertas^ .! . , , ,1 ,1 

^4 Lo que realmeolt saoedió .en esta tnat^i» fue ]o:qw 
regularmente sucede en el deseügaSodé otro qualquiera «r* 
ror. Lo primero es el error : al error supcede la duds^ « y á la 
duda el desengaño. Tiempo hubo en que todos creían « que 
estas eran legítimas .piedras:: empegaron después» i deséu^ 
brirse motivos para la desconfianza ^ y.s^ swscít6 la diuda«i 
Esté fue el estado en que halló esta materia Tabernier, si 
acaso no ñie él el primero, que trajo la duda á Europa. Y en 
fin 5 la investigación áque movió la duda, produjo erdesen- 
gaño de que no son piedras naturales , sino factidas ; esto 
es, trocitos de cuerno de ciervo tostados. .. 
: 55 £1 engaño que hubo al principio ,lFiie cootivado de 
la codicia, y íbe cotnun á otras mercancias prietítales (pprn 
que para subirlas excesivamente el precio , fingían los ven* 
dedóres, ó la esencia, ó los accidentes que podían hacerlas 
«las estimables. Asi en aquel tiempo , en que la canela, nos 
venia por manos de los Árabes^ persuadieron- á ios £urp-r 
péós, que era menester ir á buscarla en loa iñdOsdevlas 
águilas; siendo asi que hai enZeílan mudáis, y grandes. selr 
vas de estos arboles. Mucho después se hizo creer acá ; quue 
la porcelana se formaba de conchas., que era menester mas 
de un siglo para prepararlas ; y no es otra cosa ^ que una 
beta de tierra , que se halla en aquellos países , como afífr 
man los<PP. Martin Martini ^ y L4iis le Compte , Misioneros 
Jesuítas , como testigos de vista. Lo proprio sucedió con la 
piedra de la serpiente , para venderla mucho mas cara de 
lo que es razón ; porque la circunstancia de raro , y pere- 
grjnd isube el precio á qualquier genero ; y yá se vé quanr 
to mas rara será una piedra , que solo se encuentra en la car 
hezsL de ciertas Serpientes que hai en parte determinad) 
del Asia, que un pedadto de cuerno de ciervo, que en qualr 
quiera parte se halla. . ¡ 

« 5^ Hoi está descubierto el secreto t y no solo en lé 
Asia , mas en nuestras Islas Filipinas , y en la America üe 
liaoen estas fingidas piedras; de modQ> que no haima^du* 

G4 da^ 



'ia4 Historia Natural. 

tía i que la que quiere introducir uno ^ ú otro ifttdresados es 
la venta, los quales , no pudiendo yá mantener el engaño eqi 
un todo , se esfuerzan á manteiierie en parte ^proburando 
persuadir, que hai piedras facticias , pero que también las 
hai naturales; lo que se desvanece ñtcilmente, observando 
la perfecta semejanza que tienen todas en peso^ textura^ 
y color, salvo la distinción qne les dá á algunas, el estar 
mas, ó menos tostadas* 

57 Lo que dice Juan Bautista Tabernier, que ein su tiem* 
po solo losBracmanes las vendían, es una efícacissima prue- 
ba de la suposición. Porque si las (ledras fuesen naturales, y 
se hallasen en la cabeza de tales serpientes , tan fácil les 
sería hallarlas , y aprovecharse de ellas á todos los demás 
naturales de aquel País, como á los Bracmanes. ¿Sabíaseiquál 
era la serpiente , que las criaba? ipor qpé no podrían matar- 
la los que no eran Bracmanes, y sacaría la piedra? Es , pues, 
sin duda, que si solo losBracmanes conservaban entre sí 
el secreto de la piedra facticia , solo ellos sabían de qué mar 
teria se hacia , y escondían la noticia con la fkxioñ de 
que la hallaban en la cabeza de alguna serpiente , de la 
qual acaso en todo el País hó había sino el nombre que dios 
querían darla. 

• 58 Aquí me nota un descuido d Sr. Mañer^ que es habef 
escrito, que tos 'Bracmanes de la Isidia son bs Sacerdotes 
de'aquelhs Idolatrúf. Dice el Sr. Máñer , ^le no son los Sur 
cerdotes , sino los Nobles de aquel País ; pero ño dá otra 
prueba de su contradicción , que la que se contiene en esta 
clausula: Su Reverendissimapudo haberlo visto en las Memo- 
rias de Trevoux de 171 1 , uri* 91^ donde se dice la casta de 
hs Bracmanes , é la alta Nobleza. Perdone su merced^ que 
yo no pude haber leído en d lugar que me:dta , lo que no 
hai en él. Vi todo el articulo dtado,d qual trata de los quar 
tro tomos , que con el titulo de Súmma Criticte Sacres sacó 
á luz el P. Querubín de S. Josef , y en todo él no hai pala^ 
ItÑra tocante á Bracmanes ^ ni Bramenes^ m Bramiñesi que 
lie todos estos tres modos se íiombran. . . , < . 

j^ Esto de io^descuídosí^r que me jnota d Sr.Maoort 
,• ^ '.^ es 



. Discurso XVin. 105 

lis de las comedias mas graciosas , que jamás se habrán re- 
presentado en el Teafro Literario. Enpeñóse en notarme 
setenta descuidos en mis dos primeros Tomos. Voi mirán- 
dolos uno por uno, y en todas partes > en vez. de mis descui- 
dos t encuentro sus alhucinaciones. 
. 60 Pues el Sr. Mafier no dá mas prudia de que los Brao 
mames de la India sop los NoUes , que una cita supuesta^ 
yo estoi exempto de. darla en mi defensa; pijes su mo*ced 
hace el papel de actor, y yo de reo. No obstante , porque 
todo lo aditnite el partido , allá van por gracia , y amistad 
esas pruebas. 

di En materia de signifícadones de voces tienen su pro^ 
pria jurisdicción los Diccionarios , y asi vayan estos ddan- 
te. £1 de Dombes : Bramin , ó Bramine. s. m. Este es tm 
Sacerdote de la Religión de los Indios Idólatras , succesores 
de los antiguos Bracmanes. El de Morerí : Br amenes , Bra^ 
náns , á Bramnes^ Secta de Paganos en las Indias , que se 
dedican al cubo de sus Idohs^y al ministerio de susJemphs. 
Después de los Diccionarios , parezca el doctisstmo Prelado 
Pedro Daniel Huet , el quai en su Denwnstracion Evangeü^ 
^a , prop. 4. art^ 6 , trata largamente de los Bracmanes , coe- 
nociendo siempre en ellos la qualidad de Sacerdotes , ibi: 
jípud illos ( Indos ) sacris procurandis Bracmanes vacant* 
Después de interponer otras cosas : M Idola accedentes 
Mracmanes tintinnabulum gestante instar tintinnahilorum 
Mmmi Hebríeorum Pontificis. Mas abajo : SoUs Bracmani^ 
bus patem interiora templi. Poco después : Cibaria Idolis 
Bracmanes apponunt^ instar panum propositioms. Asi vá dis- 
curriendo en el paralelo , que hace de los ritos de lo$ Bracr 
manes , ó Sacerdotes Indianos , con los de los Sac^dotes ¿e 
los Hebreos. En íin , el Obispo Osorio , citado en el Tea^ 
tro de ia Vida humana , tom. % , pag. 363. Indorum Brac- 
manes Sacerdotes , &c. Ponese la cita de Osorio , lib. a. Ae- 
rum Enmanuelis. Ándese el Sr. Ma&er á caza de descuidoSii 



BA- 



toó Historia Natural. 

. ' ■ ' > 

, BALLENA. 

' 6% T?S la qüestioo « lá Ballena riecie la garganta tan 
Jj^ estrecha 9 que no quepa por ella (como siente el 
vulgo ) mas que una sardina. Dige que no; y el Sr. Ma^ 
fier ^ que quiere inipugnarme, no alega á favor de la opi« 
luon del vulgo prueba alguna ^ que^iMieda llamarse tiü: ciüá 
unos Autores t que diceó, que á 4a Ballena tíb le cabeuá 
hombre entero por la garganta. Sea asi norabuena. ¿Esto 
probará que no la c^be mas de nna sardifia? ¿No hai me^ 
dio ? Quépale un Congrio, ó una Mer]^ , y estoi contento^ 
porque para impugnar el error vuji^r, &ko basta. 

6 i Cita después los Diccionarios del Abad de Challvoit 
y el de los Autores dé Dombes, la Reladon de la Embajada 
de los Holahdeses á la China , Gesnero , y Aldrovandó, en 
prueba de que las:Ballenas solo se alimentan de cierta espu- 
ma que extraen del mar , de unos pequeños insectos , y 
de algunas hierbas 9 sin que jamasen su vientre se hallen 
peces gruesos , ni aun medianos; y según Gesnero, ni aun 
pequeños trozos de peces : Sine ullis piscium frustis. TaoH 
poco todo esto admitido 5 prueba cosa. A ningún buei le 
han hallado en el vientre , sino menudissimos trozos de hier- 
ba despedazada ; á ningún caballo otra cosa , que esto mis» 
mo , ó granos de cebada, ó paja mui triturada ; sin que por 
eso puáa inferirse, que al buei , y al caballo no les que^ 
pan por la garganta una pera, ó una manzana enteritas. De 
modo , que el alimentarse la Ballena de las cosas dichasi 
puede depender de que esa» quadran á su complexión , y su 
gusto , y no de que no pueda pasar cosas mas gruesas. 
^6^ Y es mui de notar , que ninguno de los Autores da- 
tados por el Sn Mañer , que especifican el alimento de la 
•Ballena , nombra la Sardina , siendo asi , que se »be, que 
este es ordinarissimo alimento suyo. De donde se infiere , ó 
que el SeSor Mañer dta mal , ó que los Autores citados tra* 
taron esta materia con grande inconsideradon. De qualquie- 
ra modo , para nuestro intento se anula enteramente su 
autoridad. 

Pe- 



. Discurso XVIIL ' ' 107 

?5 Pefo lo mas reparable de todo es el engañoso modo 
de citar, que practica el Sr. Mañer* Cita á los Autores de 
Dombes, y la Embajada de los Holaodeses á la Qiina para 
el asunto de que las Ballenas solo se alimentan de espuma, 
y de unos pequeños insectos. Cita asimismo á Gesnero, para 
persuadir , que no se halla jamás pez alguno , ni grande , ñi 
chico, en el vientre de la Ballena. Sobre esto hai muchas co- 
sas que advertir ; y es bien advertirlas , porque nadie se 
deje sorprender de las citas del Sr. Mañer. 

66 Adviértese lo primero, que quando los Autores de 
Dombes dicen que las Ballenas se sustentan de la espuma del 
mar , no hablan ex mente prcpria , sino aliena , como se co^ 
noce en este addito pegado á la noticia : Ségun lo que dicem 
EUano^ Rondekcio , y Gesnero. Adviértese lo segundo, ^ue 
la Relación de la Embajada de los Holandeses á la China , se 
halla citada en los Autores de Dombes dentro del mismo 
parrafillo, donde está lo que cita de ellos el S. Mañer. Ad- 
viérteselo tercero, que en el parf afilio siguiente citan dichos 
Autores la Relación de la Embajada de los Holandeses ai 
Japón, la qual dice lo contrario de lo que se reñere en la 
Emboada á la China. La Embajada á la China dice que no 
se halla en los estómagos de las Ballenas , sino ciertas ara- 
fias negras, y un genero de hierba verde. La Embajada. á 
el Japón dice, que es cierto que se alimentan de peces ^y que 
se han hallado , en el vientre de algunas , quarenta^ ó cin^ 
cuenta. No se advierte esto para notar de encontradas las 
dos Relaciones , pues puede ^er , que en diferentes mares 
tengan diferente gusto, y úutrimento las Ballenas ^ y que 
aquellas dos Relaciones hablen de las que se hallan en ma^ 
res distintos : digo , que no se advierte para este fin , sino 
para que se conozca la añagaza del Sr. Máñer en citar; pues 
estando inmediatos los dos parrafiUos , el uno , en que se cv- 
tala Embajada de los Holandeses á la China, el otro en 
que se cita la Embajada de los Holandeses al Japón , solo cir 
tó aquella , porque le pareció que podía hacer al caso para 
impugnarme, y onütió esta, que claramente prueba n^ sei>- 
tendá. Adviértese k> quarto , que la dta de Gesnero es en«- 

ga- 



io8 Historia Natural. 

ganosa ^ porqK donde este Autor dice sine tiOis pircíum 
frustis , no habla ex propria meme^ sino de opinión de Ron^ 
ddecio , á quien cita en el titulo de BáUiena , &c. RtmdeJe-- 
tius. Pone inmediatamente debajo la imagen ^ ó dibujo , que 
hace del pez, Rondelecio ; y luego entra la Relación escrita 
por el misno Autor. Adviértese lo quinto , que la Ballena, 
de que alli se iiabla , no es propriamrate tal, sino espuria, 
como notó el misoioGesDero ; y asi después pone otro titu«« 
lo separado , de este modo : De BaUiCfM vera. JRjmdektíus. 
Adviértese lo sexto , que citando Gesnero los dichos de mas 
de treinta Autores en orden á la Ballena, solo uno se halla 
entne ellos , que favorezca algo la opinión del vulgo. Digo 
^Jgó , porque ni aun éste afirma la estrechez de la garganta, 
sino (pie tiene en ella atravesada una membrana , con vá^ 
rios agugeros , por cada uno de los quales solo puede ca« 
ber un pequeño pez. 

67 Adviértese , en fin, que quando Gesnero habla ex 
mente propria ( lo qüal hacS en el Corolario ) exhibe prueba 
decisiva á mi &vor : pues afirma , que el año de 1545 se 
pescó en Grypsuvald, Puerto de la Pomeraniá, una Ballena, 
€n cuyo vientre se halló gran copia de peces, y entre ellos 
un Salmón vivo, largo de una vara : In ejus ventrículo re^ 
perta est ingens copia piscium non concociorum adkuc , &^ 
Ínter aUos &thno^sivé ¡achsus vivas uhue ¡ongitwüne. Donde 
€» deben advertir tres cosas. La primera, que dicha Ballena 
era de las mas pequeñas , pues excedía poco de veinte y 
quatro pies : y si esta podia engullir un Salmón grande vivo, 
¿que podrán engullir algunas, que se han hallado largas dos- 
cientos pies , ó cerca ? como se lee en muchos Autores , y 
entre ellos en el Diccionario de Domb^, dejando aparte 
Jas de la China, á quienes se atribuye sin comparación ma-r 
yor tamaño. Lo segundo se debe advertir, que esta Ballena 
se cogió viviendo yk en edad de veinte y nueve años( según 
la cuenta que hice) el mismo Gtenero: por lo qüal pudo 
as^^uFarse bien del hecho. Lo tercero , que este Autor di- 
rce, que el Canciller de la Pomeraniá {Cancellarius Princi^ 
fum Pomeramée ).Ie escribió e^ta noticia á Sebastián Muns* 

te- 



. ^ Discurso XVIIL" i op 

t»o. Y era aqu¿l mucho persooagé, para jtegárle capái 
-de escribir cosa que do fuese verdad en materia, en que no 
podia sacar interés alguno de mentir. El P. Jorge Fourniec, 
célebre Jésuita , en su Tomo en folio de Hydrograíía, pag. 
1283 , dice, que en tiempa de Felipe II se halló en Valencia 
tina j que tema en el vientre dos honü^res muertos. Omit¿- 
-mos otras historias ^ y caitoridadest que podriamos alegar 
il mismo intento. 

TORPEDO. 

^8 T7N este asunto hace el Sr. MaSer que me impug- 
JJ/ na , y no me impugna. Yo concedí , ^e este 
pez^ si k tocan can una asta ^ ó bacuh ^ produce enelbram 
del que Je hiere una breve sensación dohrosa mezclada con al^ 
go de estupdr. Solo negué , que cogido en el anzuelo ^por el 
hilo nykt caña comunique aJjguna qualidad capdz de entor- 
pecer el brazo del pescador \ ó que haga el mismo efecto 
el contacto de la red en que le cogen. Pongo las propri^ 
{>alabras de que usé , asi en la afirmativa ^ como en la ne- 
gativa. Aora véase todo lo que sobre este punto alega el 
Sr. Mafier , y se hallará , que las autoridades, y experiencias 
que propone 9 prueban únicamente lo que concedí, y ningu- 
na de ellas lo que negué. ¿Pues para qué se metió en este 
asunto? Para lo que en otros muchos: para hacer que hace^ 
mos , y abultar el escrito. 

69 Y noto n que á Stefano Laurencini , á quien halló ci« 
tadoen el Diccionario de Dómbes, verb. Torpilk^ le cita 
«ISr. Mafier diminutamente-; y que según lo que dice este 
Autor 9 aun de lo mismo que yo concedo al Torpedo, se de- 
be rebajar mucho : pondré su cita , como se halla en el Dío^ 
cionarío citado: El Sir. Stefano Laurencini , Florentina hisío 
un Tratado particular de Torpedo. Dice^ que la pequen espe- 
cie no pesajamds mas de seis onzas^ y que la grande pesa 
^desde 18 1/ 24 Ubras. Cobca este pez en el numero de los vi- 
v/paros. «& corazón palpita ocho , d nueve horas después de 
arrancado. Pero afirma (eicpifiouvDigo)^ que es menester 

to- 



lio Historia NATuáit. 

túcar el Tk^pédoimnedkuameme con la fkáno tn d$s1huieu^ 
las^ que k ciñen ^ donde reside sm veneno ^ para sentir elesr 
tupór. 

. 70 Según este Autor ^pues^ es claro ^ que el contacta 
iCon el báculo , ú otro qualquiera^ que no se haga con la 
inano inmediatamente^ no basta para causar estupórr ni aim 
el de la mano basta^ si esta no toca alguiio de los dos ws» 
culos. Hemos quedado lindamente , S?. Mañer. De náodc^ 
que este Autor ( que es de gran peso en la materia presente, 
porque la trató mas de intento , que tbdos los demás , y ha* 
bla según sus experiencias proprías, á lo que se deja enten* 
^der ) 5 no solo inipugáa la facultad estupefocttva del Torpe- 
do^ según aquella extensión que le di la opinión común; 
pero rebaja mucho « y aun muchissimo de lo que yo admito^ 
{Ob« si me tragera muchas de estas citas el Sr* Mañer, quaor 
to se las estimara yo! 

71 Lo de si el Torpedo produce el pasmo con vírtu4 
narcótica, 6 por m de mecanismo , es qüestion , que no 
pertenece á la Historia Natural, ^noá la Fisica: ajustado 
el hecho , que es lo que toca al Naturalista , en orden i la 
causa cada uno razona según los principios físicos que 
sigue. Que losPP. Kirquer , y Scotolo atribuyesen á virtud 
narcótica , no hai que estrañar , por que seguian la antigua 
Filosofía , que todo lo compone con virtudes , y qualidades^ 
y en su tiempo estaba aún mui niña la Fisica, que fíeivore^ 
ce el mecanismo. El Laurencini , en aquella expresión don^ 
de reside su veneno ^ da á entender, que siente lo mismo. Pe^ 
rp la circunstancia de que solo se sigue el efíscto, tocando 
al Torpedo en los músculos (losquales son los iastrumenr 
tos inmediatos del movimiento ) , es una valimte conjetura 
de que es obra de puro mecanismo. Lo mismo se persuada 
también , si el estupor no se comunica por el contacto me* 
diato del hilo del anzuelo , ó de la red , ú de otro qualquier 
cuerpo, que pueda complicarse ; sí solo por un báculo, ú 
otro cuerpo , que no se doble fadlmente; y es , que-por me« 
dio de este hace impresión en la mano el movimienta ^ 
Torpedo , lo que no puede ftor d otra* 

Si 



\ Discurso XVIII? ^ tit 

' ^i Si él Sr. Mañer ^ ú otro qualqujera quisiese ver ad-^ 
mkablemente explicado cómo este pez produce ei estupor^, 
y hormigueo en «el brazo por puro mecanismo^ vea la.His!^ 
Coria de la Academia Real de las Ciencias del año de 1724^ 
pagina ip 9 donde liallará la explicación dada por Monsieuo 
de Reaumur , can ajustada al fenómeno , y tan conforme á 
la exacta anatomia^ que el núsaio Académico hizo de este 
fez y que á ningún hombre razonable dejará la menor duda# 

ÁRBOL DE LA ISLA D£ HIERRO. 

•« 
7J T^^8^^ ^^ ^^ 1^ ^^^ ^^ Hierro (una de las Canarias> 
JL^ no hai el Árbol i de cuyas hojas se ciienta , que 
aedestila diariamente agua bastante para el uso ae todos loa 
moradores de la Isla ; pero sin meterme en si le hubo , ó no 
eo otro tiempo. £1 Sr. MaSer concede , que no le hai hoi; 
pero dice que le hubo en otro tiempo. Estamos compuestos^ 
pues el Sr. Mañer concede lo que yo añrmo^ y yo no me 
meto con loque él añade. No obstante el Sr. Mañer se esr4 
tiende en este punto , por abultar, como está dicho, aun^ 
que no tiene que impugnar. 

74 Mas por hablar claro , lo que no dige en el Teatro 
Critico, lo digo aora: que tampoco creo que hubo algua 
tiempo este arboL El Sr. Mañer solo cita por su pasada exi»* 
tenda al Licenciado Nuñez de la Peña, quien dice (según la 
dea del Sr. Mañer) , que después de haber durado muchos 
años, un ftirioso temporal le arrancó el año itf3 5> No he 
visto al Licenciado Nuñez de la Peña , y puedo temer , que 
esta dta se parezca á otras muchas , que quedan atrás nota-* 
das , y á otras muchas que se notarán en adelante. Pero no 
fiaya defecto alguno en la dta. Digo, que es poco fiador un 
Autor solo para asegurar una maravilla tan grande de la na« 
turaleza , y que no tiene semejante en otro algún lugar del 
mundo. Este es argumento legitimo de critica. Dice d Sr« 
Mañer , que el tal Licenciado Nuñez de la Peña era natural 
de aquellas Islas. Confieso, que es drcunstanda, que le pro^ 
pordonaba. pava informánse bien :dd liechOt Pero asimismo 

es 



lia Historia NATURÁt. 

es circunstaiiQia t que para la fé le rebaja el credEtQ : pof que 
la pasión oadoaal suele hacer á los Escritores fáciles, á y á ea 
creer , ó ya ea referir prodigios que tocan á su País. 
.75 L^ mas célebre que hai aquí, es, que después de 
citar á dicho Licenciado , no parecíendole al Sr. Mañer que; 
este testigo bastase para asegurar en los lectores la certeza 
de que hubo tal árbol , para quitarles toda duda, entra en el 
lium. siguiente de este modo : ü» certeza se deja conocer^ em^ 
que un hijo de Gomer , nieto de Noe^por hijo de Japhet^k 
puso d la Isla el nombre de Heroy como puso su padre el si^yo 
d otra de las Canarias , que se llama Gomera : aquel nombre 
después corrompido , quedó en la de Hierro ; mas en el idioma 
de aquellos primeros Pobladores Hero significa fiíente , y Til 
el árbol que destila ^^yno habiendo en la Isla fuente a^una^. 
ni memoria de que la hubiese^ la entenderían por el arboí 
Tilj porque destilaba el agua , que dios habitadores servia 
de fuente. 

^6 Si desde que hai discurso en el mundo, se hubiere 
hallado discurso, tocante á critica , de este jaez, ó Critico 
alguno, que con semejantes principios pretendiese probat 
cosa alguna como cierta , me condeno á quemar los tres To;^ 
mos , que llevo escritos , del Teatro Critico. Para que algo 
se infiera con certeza , es preciso que todos los supuestos, / 
premisas , que sirven á la ilación , sean dértos« Qualqutera 
que sea falso, ó dudoso , se refunde el vido en el consiguien^ 
te. Pues vé aqui , que en el discurso del Sr. Mañer no hai 
cosa cierta : todo desde la cruz á la fecha , á buen librar, 
es dudoso. ¡Qué bien saldrá con certeza el consiguiente, que 
pretende inferir ! Yá se vé , quán dudoso es todo lo que se 
dice de las poblaciones que edificaron los hijos , y nietos de 
Noé: todo fundado pn etimologías arbitrarias, que do hai. 
cosa bias insubsistente , y así cada uno etimologiaa codqíq 
quiere. ¿De donde ss^mos, que la voz Hierro^ vino por 
corrupción de la voz Hero , pudiendo excogitarse mas de 
quinientas voces diferentes, que tengan alusión bastante, pa- 
ra que de qualquiera de ellas, corrompida ^se pueda formato 
hi voz IBerroi tQuiéá hoi sabe , ni poede saber , quál fiíe .e| 

¡dio- 



Discurso XVIII; 113 

!dfóniade aquellos primeros Pobladores , y si en él la voz 
Hero dignificaba fuente ? No podemos saber qué lengua se. 
habló eii España dos mil años há; y aí Sr. Mañér le consta 
quál era el idioma de una Isleta del Occeano há tres , ó qua-^ 
tromiL 

77 Añádase, que la etymología no dá motivo alguno pa« 
ra pensar , que algún hijo de Gomer diese nombre, ni de He-^ 
ro 9 ni de Hierro á aquella Isla. Dos vec&<s nombra la Escri'* 
fura los hijos de Gomer. La primera en el cap. ro del Génesis: 
Porrdfilii Gomer ^ Ascenez^ & Riphat^ & Thogorma. La 
segunda en el primer Libro del Paralipomenon, cap. i, coa 
las mismas voces: i En qaál deestos^tres nombres seencueih 
tara el menor parentesco , ó alusión al nombre de Herói 
' 78 Pero aun dado de barato todo esto « % saldrá la conse^ 
qüencia , que busca el Sr.Mañer? Nada mehos.Dioe su mer«« 
c^, que no pudiendo ponérsele á ia Isla nombre signifícati*» 
Vo de ftiente , por alguna fílente que hubiese ea ella , porque 
ninguna hai en larealidad^se iivGere,que se puso por el.arboU 
^ue destilaba ágna; Díganos su merced : de 4ue hoi no rhaya 
Atente en la Isla^ ¿se infiere que nunca la hubo ? ¿Quábtas 
fUentes se perdieron , y se están perdiendo cada dia ? No di- 
go un gran t^remoto , qualquiera leve tx)ncusioadel terre^ 
no pu^ cegar el conducto, y divertir á otra parte la cor^ 
riente: 

- Hicfimtes natura fiowsefnisit ^& iUic 

Clausit^ & amiquis tam multa tremoribiás orhis 
FkmifM prosiUunt , aut exsiccata residunt. Ov«i 5.Met^ 

y 9 Luego pudo darse el nombre de fuente á la Isla, pop 
alguna que tubiese en la antigüedad , y hoi falte. Añádese i 
esto , que en los motivos de la imposición de los nombres se 
discurre con tanta libertad , que Mandeslo, citado por To*« 
más Cornelio, bien Igos de conceder, que el nombre de 
a^iella Isla en Ja antigüedad signifícase fíjente , dice que se 
bposoel nombre de Hierro (por no tener ninguna) con 
alusioaásu^errenodura, yseco,. . . 

H Sin 



114 Historia Natural, 

8o Sin embargo , al Sr, Mañer te pareció ^ que con este 
fárrago de supuestos arbkrarios probaba ^m certeza , que 
hubo en la fóla el. Árbol que se qUestioRa« Alabo la buena 
critica. A lo que nos dice de las dos albercas mendonadas 
en Tomás Cornelio, digo yo^ que advierta el Sn Mañer^ 
que aquel Autor hace primero la relación del Árbol , y todas 
sus circunstancias ('en que entran.las albercas) , y inmedia-» 
tamente reprueba toda aquella teladon por fabulosa. 
: 8 1 Habiendo visto sobre quán. vanos fundamentos quiso 
establecer el Sr, Mañér ^ que hubo tal ArboU digamos el que 
tenemos ^ para negarlo. Este se toma de las mismas relado* 
nes, que'hoi nos aseguran que no le haí. El P.Tallandier, da- 
tado en las Memorias de Trevoux % dice asi : El Árbol de la 
Isla de Hierro^ct^as hojas son otras tamas fuentes^s un cuett 
to inventado por hs f^iagerós. Esta expresión manifiesta^ que 
ni te hai , ntle hubo. S le hubiese habido algún dia , no se- 
ria invención de los Viageros , sino de la naturaleza. Fuera 
de que sena una omisión mui rq>reen^bte ¿aliar en la reía** 
ÚGa\, qué negaba su existencia « el que un tiemtK) le habia 
habido. Que el P. Tallandier se infomaó exactamente de las 
particularidades de ias Canarias , aunque lo quiere negar el 
Sr. Mañer ^ consta con certeza de su misma reladon : pues 
un hombre ^ que se infórmó dd tiempo que se gastaba en su- 
bir el pico de Tenerife ( siete horas ) , y las brazas que tien^ 
de altura perpendicular ( mil y tresdentas ) , ¿ cómo es creí* 
ble , que d^ase de averiguar con toda exactitud lo que ha-*^ 
bia en orden i la estupenda maravilla (única en su espede 
en %1 mundo ) dd Árbol de que hablamos? 

8i Tomás Cornelio dice: Qfie personas dignas de ff^ 
fue haH 'estfito desde aqueVas Islas n siendo preguntadas por 
Cartas , respondieron ^ que tal Árbol mUagroso no se halUii 
mi añadir palabra de que haya existido. algun tiempo: loque 
no es crdble se omitiese, si hubiese memoria cierta de su 
pasada esdstenda. Donde noto^ quán injustamente me nota 
el Sr. Mañer de dtar mal á Tomás Cornelio , quando digo» 
que las reiadones^ que alega^ testifican, que este Árbol es 
soñado. Esta expresión el Arbd es soñado no la poúga fin car* 

be- 



Discurso XVIII* i i 5 

béza de TotttSs Cornelio 9 ni la atribuyo á las relaciones qué 
él cita ; y asi no se hallará en el Teatro Critico escrita de 
fetra bastardilla 9 que es la señal ordinaria de que se copia U** 
iferalnoeüte al Autor que se cita. La expresión es mia: la subs- 
tancia es de Ton^s Cornelio. £1 dice, que no se halla tai 
Árbol; y quando algunos afirman , que hai alguna cosa ea 
el mundo, la qual realmente no hai , es modo de hablar co- 
munissimo, para negar su existencia, decir que es un sueño, 
lo qual se tiene por equivalente á dedr , que la especie es 
fingida. Cierto , que no son para un esaito público tan ík-^ 
tiles reparos. 

ESMERALDAS DEL ORIENTE. 

8j T^^S^ 9 V^ °i ^^ ^^ Continente, ni en Isla algiH 
JL/ na de la Asia hai minera alguna de Esmeral-* 
das, fundándome en la autoridad de Juan Bautista Taber* 
nier , que es la mayor que en esta materia se puede desear, 
porque toda su vida traficó en pedrería, y con este motiva 
paseó muchos años varios Reinos de*la Aisia. 

84 Vanamente pretende el Sr. Mañer impugnarme. Gta 
los Diccionarios de Chaviloy , y de Domb^. Yo estoi en que 
se crea á Juan Bautista Tabemier con preferencia á los dos 
Diccionarios; porque los Autbréi que concurrieron á for« 
marlos , no podian tener de esta materia la certeza que Ts^ 
bernier. Pero hagamos al Sr. Mañer liberalmente el partido 
de admitir, como inconcusa , la autoridad de sus Diccíona^ 
rios. ¿Qué dicen estos? Asi el de Dombes: No se conocen 
otras Esmeraldas , que ¡as Occidentaks ; porque de las otras^ 
que se ¡laman de ¡a P^ieja Roca , ¡a mina se ha perdido. Pues 
á fé, que la deposidon de este testigo es á mi favor. Si hu^ 
bo, ó no hubo algún tiempo Esmeraldas Orientales, ó tnit- 
na de ellas en el Oriente , de eso no "he dicho palabra , ni 
tampoco Tabernier. Este Autor habla de lo que habia, ó 
no habia en la Asia en su tiempo ; y yo , que me dfío á lo 
^e él depone , hablo con la noisma Hmitadon. Aunque h»- 
^a habido en tíempode* ^larra8^e8a míoat que llaman de ¡a 



1 1 6 Historia Natural. 

Roca yiéja^ los Autores de los dos Diccionarios unánimes 
confiesan, que se ha perdido : Miserabik verbum fuit. Lo 
que se ha perdido, no se posee de presente: luego Tabernier^ 
y yo 9 que hablamos de presente , tenemos razón , y los dos 
testigos , que alega el Sr. Mañer , son contra producentem 
trabajo , que le sucede muchissimas veces. 

85 Con esto se desvanece la objeción, que hace con 
las Esmerakias , que adornaban el Racional del Sumo Sacer- 
dote, diciendo, que saldrían de la Roca Vieja, que había 
entonces, y no hai aora ; y como hablamos die aora , nada 
prueban las Esmeraldas que había en el Racional há dos , y 
tres mil años. Pero no es menester nada de esto. En su Dic- 
donarío de Dombes puede ver el Sr. Mañer, que antes se 
daba nombre de Esmeralda al jaspe verde muí fino. 2 Y có- 
mo se puede entender de otro modo lo que se lee en d capí- 
tulo primero de Esthér, que el pavimento del salón , donde 
dio su famoso convite el Reí Asnero, era de Esmeralda, y 
Marmol ? Super pavimentum Smaragdino , & Parió stratum 
lapide, i Cómo se puede entender de otro modo lo que Teo* 
frasto dice de una Esmeralda de quatro codos de largo , y 
tres de ancho , que había presentado el Reí de Babilonia al 
de Egipto ? ¿Cómo lo que de otras portentosas Esmeraldas 
escribe Plinio? 

• tó Si aun estas dos soludones no bastaren para satisfa* 
cer al Sr. Mañer ( bien creo , que para otro qualquiera bas- 
cáráb ) , allá vá la tercera. Supongo , que el P. Calmet ente» 
iieria algo m^or la Biblia que el Sr. Mafier : pues vea aquí* 
que este famoso Expositor juzga , que la. que en la Vulgata 
X llama Esmeralda , no era la piedra , á quien hoi comun- 
mente se dáeste nombre; y añade , que de las nombres He« 
4>reos de las piedras preciosas, de que habla la Escritura, ape- 
na^ hai uno , cuya significación se sepa con certera : «Sba« 
ragdus etiam inter gemmas Rationaüs &mm Saeerdotis re-- 
censetur ; sed Hebneum Baraket , nitorem , £f fulgor em as^ 
tri exprimens^ gemmam potius Cerauniam\ Jístroitem^ ^ 
Iridem^ cujus plura sunt genera ^ ^uctore Plinio % indicare 
Videtur. Recokfufa sunt tomen i qiMg alibi anini0áveriinmSy 

^ ex 



Discurso XVIII. 117 

ex nomhikts Hebraicis gemmarum vix extare uJlum^ de cu^ 
jus significatume ttquidd constet (la Dictíon. Biblico , verb« 
SSmaragdus.) 

87 Alega también á Mons. Struys, que dice se crian E^ 
meraldas en la Isla de Madagascár. ¿Pero esto, qué prueba? 
¿ Qué se crian en la Asia ? No : porque la Isla de Madagas- 
cár no pertenece á la Asia , sino á la África. ¿Que las que hai 
en la Asia van de aquella Isla , y no de la America, contra 
lo que dice Tabemier ? Tampoco : porque aunque Madagas^ 
car esté mas á mano, que la América para el comercio de la 
Asia, puede retirar á los Asiáticos del comercio con los de 
aquella Isla la general opinión de que son los hombres mas 
falsos , y embusteros del munda También pueden ser las Es- 
meraldas de Madagascár tan pocas, que no pueda estable- 
cerse con ellas tráfico alguno. En quanto á las dificultades 
casi invendbles , que propone el Sr. Mañer, para que las Es« 
meraldas de la America pasen á la Asia , por los dilatados 
giros que pide este viage, falta de comercio entre tal , y tal 
Nadon &c. digo , que Tabernier, que vivió ochenta y nue- 
ve años, y gastó lo mas de su vida en el comerdo de pie-» 
dras predosas por el Asia, sobre ser curiosissimo, aun en lo 
que no importaba á sus intereses, sabría mejor, que el Sr» 
Mañer, si habia, ó no tantas dificultades en la conducción. 

88 Gtame en fin el Sr. Mañer á mí mismo. jCómo esto? 
Es el caso , que en el Discurso V del primer Tomo , despre* 
dando todas las piedras preciosas , como inútiles para el uso 
de la Medicina , escribi estas palabras : To par h menos creo^ 
que sirve mas ¡a menos virtuosa hierba del campo , que todas 
las Esmeraldas , que vienen del Oriente. Respondo lo príme* 
ro, que bien pueden venir del Oriente á Europa Esmeral* 
das , sin que se críen , ni haya minera de ellas en el Oriente. 
Como al contrario , los Galeones traen del Ocddente mu- 
chos géneros, que no nacen en el Ocddente , sino en Filipi- 
oas , Japón , China , &c. Asi no hai contradicdon alguna de 
lo que dige alli , con lo que digo acá. Respondo lo segundo, 
que quando se toca por inddenda, y no de intento , algu- 
na espode^ se habla de ella según la opinión común , y cor^ 

H i ríen- 



1 1 8 Historia Natural. 

riente , présdadiendo de verdad ^ ó falsedad. Esto es tan 
aerto, que aun á los dichos de los Sagrados Condlios ponen 
esta excepción gravissimos Teólogos. Quando trataba de la 
Medicina , sería una gravissima impertinencia ponerme á 
disputar, si se crian, ó no Esmeraldas en el Oriente. Tocóse 
en una palabra esta especie por incidencia : no es ese el lu- 
gar donde se debe buscar mi sentir. 

8p Al fin de este Discurso se me señala otro descuido^ 
que es haber llamado Indios á los naturales de las Islas Fili* 
pinas. Dice, que no se les puede dar este nombre , porque 
las Filipinas no son Islas , que se sitúan en ninguna de las 
demarcaciones de las dos Indias de Oriente ^y Occidente. Es* 
to lo dice con tanta satisfacción el Sr. Mañer , que aunque se 
hace cargo de que el P. Tallandier usa de la misma voz que 
yo , pasa por encima de ello , como si nadie lo digese. Pu^ 
aguárdese un poco. Abra el Diccionario de Moreri ,' v. PAí- 
' apiñes^ y vea , que empieza asi : Filipinas , Islas de Asia en 
tintar de las Indias. Abra el de Tomás Cornelio, v. Lusu^ 
y vea como empieza de este modo: Idixdn , Isla del mar de 
las Indias ^y la principal de las Filipinas. Aora bien : ¿quién 
eñtenderia mas de demarcaciones geográficas , Moreri , cu- 
yo gran Diccionario compreende juntamente con lo históri- 
co, lo geográfico» y Tomás Cómelio, que escribió tres gran* 
des Tomos de Geografía , ó el Sr. Ma&er? 



ARTES DIVINATORIAS. 



DISCURSO XIX. 

t /^Omo en el Discurso pasado se detuvo tanto el Sr. 
\^ Mañer, abrevia en éste. Unas veces camina des- 
pacio, en otras de priesa, aunque en todas partes pica. En 
el num. i buelve á su tos, de que las Artes Divinatorías no 

800 



BiscuRso XIX. 119 

son Error etmun. ¡Válgate Dios la porfía ! ¿Ni aun siquie- 
ra común de dos y ó común de tres ? Que á mí esto noe 
bastaria para dar por bien empleada la erudición que gasto 
en este asunto, por mas que el Sr. Mañer diga, que la dear 
perdicio sin provecho. Y vamos claros: Si no gasto á cuen- 
ta del Sr. Mañer, ¿ qué le vá , ni le viene en que la desper-*. 
dide ? Buelvo á decir : Quandp mi escrito no sirviese de des- 
engañar, sino á dos, ó tres infatuados de las Artes Divina- 
tonas , \ no serian bien empleados la erudición , y el trabajo? 
Pero el Sr. Mañer no está bien informado. El error es harto 
general. Pregúnteles i los Misioneros, que han corrido va- 
rios Países, y sabrá lo mucho que han lúillado que corregió 
entre la gente rustica en materia de adivinanzas. Y por la 
í^e mira á lo particular de la Chiromancia , Pueblos ente-^ 
ros acuden, casi eti procesbn , como á Oráculo , á qualquier 
Tunante, que con mediano artificio simule entender este 
ministerio» 

% Numero 1 propone una dausula mia , en que cfigo» 
que si la Chiramancia tubiese atgun fundamento , ¡a cruz <ha« 
btase de aquella, ó aquellas cruces formadas en las rayas de 
la mano ) no habia de ser signo moral^ ni civil ^ sino naturaí 
Y en el num. 1 impugna esto, diciendo, que tenga funda-- 
mentóla ñola Cfdromancia^ siempre deberá ser natural el 
signo. Con la venia de su merced : Si la Chiromanda no tie^ 
oe fundamento , la cruz de la mano nada significa : luego no 
€8 signo , ni moral , ni político, ni natural. 

} Num. 4 me culpa haber explicado la rueda de Bedat 
por d riesgo de que algunos quieran usar de .día. Ese riesgo 
e^ removido, habiendo yo con venado patentemente, que 
€8 una quinaera. Antes bien he visto yo algunos , que anda« 
han buscando nlídtos la rueda de Beda , juzgándole un ar^ 
cano portentoso, y después que leyeron el Teatro Critico^ 
á carogada suelta se ríen dd embeleco» 



H4 PRO. 



lió 



profecías supuestas 



DISCURSO XX. 

IX T^ L numero i se diri^ al tema wdinarío de preten* 
Mjj der, que en mis Discursos por ningún respeto ía« 
d&'ectamente introduzca clausula alguna, que derediamente 
DO sea impugnación de algún error común. En vano se le 
representa al Sr. Mañer el titulo de mi Obra : Teatro Critico 
Universal^ ó Discursos varios en todo genero de materias^ 
debajo del qual se compreende mucho mas que errores co« 
muñes , aunque el fin de la Obra sea desterrarlos. En vano 
se le dirá también , que en qualquiera escrito entran oportu- 
namente muchas cosas , que miradas por sí solas , no perte- 
necen substandalmente al asunto, pero tienen cabimiento, 
ó como exornación , ó como digresión , ó como incidencia^ 
ó como preámbulo. Nada aprovecha , porque el hombre es- 
tá intratable. ¿ A qué podi;é atribuirlo ? ¿ A que ignora, que 
en los escritos , como en todos los compuestos naturales , y 
artificiales, entran no solo substancia , sino accidentes ? 'Éa 
mucha ignorancia. ¿A que quisiera ver mi Teatro Critico ea 
la catadura de un esqueleto seco, sin amenidad , erudidon, 
ni hermosura , para que nadie le arrostrara ? Es mucha ma** 
üda. 

^ Numero 2 hai un raro trastorno. Tratando yo de la 
opinión de los que renten , que las Profedas de las Sybüas 
fueron supuestas por algún Christiano en el segutKlo siglo, 
la había impugnado ; porque no es de creer, que á la s^i« 
duria de los Padres mas vecinos á aqud tiempo se ocultase, 
si le hubiese , este engaño. ¿ Qué dice á esto el Sr. Mañer? 
Dice , que si á los Padres no se ocultó el engaño, no le hu- 
bo. Hasta aqui vamos bien: pues eso pretendo yo. ¿Qué 

mas? 



Dtscubso 'XX. líii 

ibas ? Que pues no k hubo r tampoco en hs que son del sentir 
ife hs Padres podrá darse el error i \ Uai cosa mas g^^ciosar ! 
Yo impugno oomo error la opinión que es contraria al sentir 
de los Padres: Y MaSer me impugna á mí 9 ó piensa que me 
impugna ^ diciendo , que en los que son del sentir de los Pa« 
dres no hai error« % Quién basta aora vio tal modo de impug^ 
nar ? Lo mejor es , que sin decir otra cosa 9 concluye el nu^ 
mero con una de acpiellas cortesanías acostuidbradas , como 
si éÍvgtrzmo% fárrago , 6 fuerte materialidad. 

I Numero i concediendo , que en los Oráculos del Gen^ 
tílismo no siempre era el demonio quien respondía , y que 
algunas veces los Sacerdotes fingian^con su voz lá de la 
Deidad, que se veneraba en el amulacro , entra en si eran 
mas , ó menos freqüentes aquellos casos 9 que estotros. Esoí» 
Sr. Mañer , por el camino que V. m. sigue , es imposible cal- 
cularlo. Los egemplares, que alega en el resto del Discurso^ 
gratuitamente concedidos todos , sob prueban lo que no ne« 
gamos ; esto es, que algunas veces respondía d demonioi 
Pero que estas eran las mas ', % por dónde lo probarán aqne* 
líos egemplares , aunque los multiplique por veinte , treinta^ 
ochenta, ni ciento? Aqui no cabe cómputo mathematico^ 
ttno congetura critica. Lo que el recto juicio dicta (y aun 
es regla filosófica) es , que aquellos efectos , que pueden de* 
pender de causa latural,. y regular, se atribuyan á esta, 
siempre que no hai certeza de ^ue intervino causa preterna- 
tural , y prodigiosa. Este es el cano en que estamos. Las Ioh- 
endones de los simulacros Gentilicos {Midieron ser del de- 
monio, y pudieron ser de los Sacerdotes. Que algunas vece» 
eran de aquel ^ no hai duda ; como ni tampoco^ que otras 
veces eran de estos. Pero por lo cornmr,. ¿qué juicio se debe 
bacer ? Que pues sé tiene tan amanoja causa tan proxi«^ 
ma, tan natural, tan domestica ,.cómo la asistencia de Saceiv 
dotes embusteros, es ridiculóz concebir á los deoionios cor- 
riendo diariamente la posta desde el Infierno á Delfos, á Do» 
dona , á Júpiter Hamnoa.,.á Sinope^ á Ghrysopolis^ y á Qa^ 
ros. Sr. Ma8e# ,.esto de la buena crktca no se adqitfere.ref! 
bol viendo. índices, y e8críbieQdo;apadtaoiientDS<eD la Reíd 
Biblioteca» En 



122 Profecías Supuestas. 

4 Eo los numeras 4, y 5 pretendet que 00 fíierón de 
burla 9 ó por política las consultas que hicieron á los Orácu- 
los Agesilao, y Algaodro 9 de las quales yo doi ootída. Esto 
lo quiere salvar con que pudo ser esto , pudo ser aquello , y 
pudo ser lo otro. £1 averiguar sí una cosa se hace^ ó dice 
de burlas ^ ó de veras^ no se bgra extendiendo lo&cgos á to» 
da la posibilidad 9 pues muchas cosas posibles son increíbles; 
ñno examinando con juicio sólido la acción^ y las circuns^ 
tancias. Cotéjese lo qpe sobre estos hechp^cscribimos el Sr. 
Mañer, y yo i y veremos qué'dictain^ forma el lector dis- 
creto. 

í 5 Numero 6 dice ^ que si hs Oráculos de la GetUilidad 
/besen orJenariamente dados por el artificio de los Sacerdotes^ 
nunca este fingimiento pudiera mantenerse por tantos siglos^ 
y en tantas partes del mundo. ¿ Por qué no ? Apeuas hai al-* 
guna Religión falsa en el mundo, que prindpalmente no se 
origine , y mantenga por los embustes de sus Sacerdotes, y 
Doctores; Nace el error del embuste , y con todo se mantie* 
nen por tantos siglos el embuste , y el error. Cogerían ( no 
hai duda ) una , ú otra vez á los Sacerdotes en el engaño» 
Mas esto era insuficiente para sacarlos de la supersticion^xMT* 
que no era conseqüencia de que una , ú otra vez los enga« 
ñasen los Sacerdotes, que los engañasen siempre , ó las mas 
veces. Apenas hai fiíerza humana,. que arranque las raíces, 
que echa un error en la plebe!. Sobre esto se debe conside- 
rar , que en el respeto de los Oráculos se interesaban la sub^ 
sistencía de los Sacerdotes , y la política de los Príncipes» 
Quando estos dos brazos a)ns{piran á mantener en una creen* 
cia engañosa al Pueblo , no hai t>tro remedio , que el divino* 
Aquella duplicada autoridad tiene gran fuerza para persua^ 
dir ; y á los que con la persuasión no induce al asenso, obi»« 
ga con el mfedo al dishnulo. De este modo unos yerran por 
falta de capacidad ; y los que son dotados de mas luz , solo 
la aprovechan para su desengaño, porque á vista del pelí-* 
gro , no soló no se atreven á impugnar el error ageno , maa 
ni aun é manifestar el conocimiento proprío. Por esta razón 
ík) ^emossaber^ site que crtmn los Oráculos, exoediaa 
^ mu- 



Discurso XX* jes 3 

mucho en numero á los que no los creían. Pero atento al po^ 
(feroso influjo que regía su creencia « y á la3 buenas creede-» 
ras del Vulgo , es persuasible , que en esta clase casi ningu- 
no disintiese. 

6 La prueba , que en este mismo numero toma el Sr. 
Mañer de los sacrificios de sangre humana , es futilissima^ 
i Qué , era menester para esto^ que el demonio hablase fre^ 
qüentemente en los Oráculos? Una vez sola que lo hiciese 
en aquellos pocos simulacros, á quienes se ofrecían humanas 
victimas 9 bastaba para dictarles esa execrable leL Aun sin 
locución externa alguna podia inducirlos á esa abominación, 
persuadiéndola con sugestiones internas á aquellos que fue* 
sen de mas autoridad entre los Paganos. En fin i nada de es» 
to era necesario: pues los mismos Infieles podían discurrir, 
que las victimas humanas, como mas preciosas , eran mas 
eficaces para obligar las Deidades, y sobre este supuesto 
moverse por ú mismos á aquel abominable culto. 

7 La paridad de los milagros , de que usa en el mismo 
numero IVbñer , aceto de mui buena gana ; esto es , como el 
que haya milagros falsos, no quita que los haya verdaderos, 
tampoo) las ilusiones que hacian los Sacerdotes en los Ora-* 
.culos, prohibían que otras veces hablasen en ellos los demo- 
nios. Hasta aqui vamos conformes. Aora prosigo yo : Y co-> 
mo el que haya milagros verdaderos , no quita que sea , sin 
comparación, mayor el numero de los fhlsos; tampoco el 
qué hablase algunas veces el demonio en los ídolos, quita 
que fíiesen mudias mas , sin comparación , las veces que ha* 
blasen los Sacerdotes. Vea el Sr. Mañer dónde para su pari-> 
dad. Me he detenido algo mas en este numero , porque es 
donde dice algo. 

8 El numero 7 es mera preparación para el 8 , donde 
toma por asunto probar el silencio de los Oráculos del Gen* 
tílismo. Y aqui es también donde el pobre se alhucina, y se 
confunde lastimosamente. Ni advierte lo que yo digo, para 
impugnarme ; ni advierte b que alega , para no impugnarse 
á ú proprio. Yo solo negué la consulta de Augusto, y res^ 
puetta dd Oráculo de Delfos contenida en los tres versos, 

que 



124 Profecías Supuestas. 

que pongo ál num. i x de mi Discurso , alegando por prae- 
ba de esto (bien que no única) el testímonio de Cíceroii, 
que asegura , que el Oracub de Delfos yá antes de Augus^ 
to habia enmudecido. El Sr. Mañer me imputa, que niego 
el silencio de los Oráculos ( hablando asi en común ) en la 
venida del Redentor. ¿Qué tiene que ver uno con otro? ¿No 
tenia el Gentilismo mas Oráculo que el de Delfos ? Aunque 
este hubiese enmudecido antes, como no hubiesen enmude* 
cido los demás, y enmudeciesen quando vino Chrísto al muih 
do , ¿ no se verifica que cesaron los Oráculos del Gentilismo 
en la venida del Redentor , que es lo que Mafier pretende 
probar? Luego habla fuera de proposito. 
^ it No advierte tampoco lo que alega. Lo primero , por- 
que dos textos de Isaías , que cita, commovebtmtur Simulacrs 
jEgypti d facie ejus : : : ituerrogabunt Simulacra sua , nada 
menos dicen que lo que él quiere. El cammovekmtur inter* 
preta emmdecerdn. No sé qué latinidad es esta. Algunos, 
quando están commovidos, es quando hablan mas. El segun- 
do texto dice , que los Egipcios consultarán sus Oráculos; 
pero que estos no responderán , ni lo dice aquel texto , ni 
otro alguno de todo el contexto. Con buenos papeles se vie** 
ne el Sr. Mañer. Y dejo á parte, que aun quando le dejáse- 
mos en salvo su extravagante construcdoo , probarían los 
textos d silendo de los Oráculos de Egipto, mas no d de 
todos los demás del mundo , que es su intento. 

10 Lo segundo, porque las demás autoridades que cita» 
están pugnando unas con otras , y con el mismo Mañer ; ó 
el mismo Mañer , truncándolas , hace que pugnen. Escoja lo 
^e quisiere. A S. Gerónimo le hace dedr , que después de 
la venida de Christo callaron todos los ídolos. Y Mañer nos 
deja dicho en el nunu 6 , que aun hoi están hablando en los 
Rdoos de Cañarte, y Maduré. El pasage de Simón Mayó- 
lo dice , que luego que nació Qiristo , cesaron los Oráculos» 
P^o otros Autores alegados alli mismo , y el mismo Mañer 
dicen, que iban callando suooesivamente en los Lugares, al 
paso que se iba introduciendo en ellos la luz del Evangelio* 
£1 AbaddeFleurí es tiestigo^mrrairMiv^MM», pues dice» 

se- 



Discurso XX. 125 

segua le cita MaBer , qm con las reliquias de S.Bdbylas no 
-se dieron mas respuestas en el famoso Templo de Apolo ^ que 
hacia aquel Lugar ilustre. Luego hasta aquel tíempo daba 
Apolo respuestas. San Babylas murió el tercero siglo: luego 
mucho tiempo después de la venida del Redentor daba sus 
respuestas Apolo. Mas: Las reliquias de S. Babyias fueron 
transportadas á Daphne^ Lugar donde estaba el Templo de 
Apolo , que venia á ser como un Arrabal de Antióquia ^ de 
orden de Galo, que fue creado Cesar por Constancio el año 
de 3 5 1. Entonces yá , y mas de un sglo antes > sobre todo 
el País de Antióquia habia , no solo rayado , sino levantado- 
se mucho sobre el Orizonte la luz del Evangelio. Luego ú 
en. el tiempo inmediato antes de la transladon de las reli- 
quias daba sus respuestas Apolo, este hecho prueba contra lá 
opinión de que succesivamente como iba rayando en los va- 
ríos Países del mundo la luz del Evangelio, iban callsuido 
en ellos los Oráculos del Paganismo. Finalmente , el Sr. Ma- 
fier está tan inconstante en todo su contexto , que yá quiere 
-que hayan cesado umversalmente los Oráculos con la ve- 
nida del Redentor; yá que hayan callado los mas ,y prose*f 
guido otros en su garleiia; yá que este silencio no se siguie- 
se inmediatamente á la venida de Christo , sino á la publi-* 
cadon del Evangelio , respectivamente á los Países en que 
«e iba publicanda 

II Mi sentir sobre esta materia , yá que no le expliqué 
en el Teatro Crítico, le expongo aqui en las siguientes aser- 
dones. Digo lo primero, que es felso que cesasen general* 
mente los Oráculos con la venida dd Redentor. Esta aser- 
don es contra algunos Autores , que afirman este silendo 
universal ; y consta mi aserdon de inumerables testimonios 
-de Autores Eclesiásticos, y Profanos, losquales convencéis 
que aun por mucho tiempo despqes dieron sus respuestas a^ 
gunos Oráculos. Presdndimos aqui , si era d demonio , ó si 
-eran los Sacerdotes los que hablaban en ellos. IKgo lo segun- 
4o^ que al introdudrse el Evangdio en los varios Lugares^ 
6 Pa^ del mundo, unas veces enmudecían los Oráculos, y 
•tras no. Una, y otra parte consta asimhmo de ¡numerables 

Hi»- 



125 Profecías Süpüeistas. 

Historias» Esta variedad consistía eo que Dios unáis veces 
con su mano poderosa ataba |á lengua ^ ó al demonio^ si es**- 
te era el que hablaba ^ ó á los Sacerdotes Idolatras , para que 
no continuasen su engaño á vista de los Ministros del Evan«- 
gelio ; y otras , por sus altissimos juicios , no quería hacer ese 
milagro; Digo lo tercero , que después de introducido el 
Evangelio en qualquiera Lugar, y hecfaose en él tan poderos 
so, que destruyese enteramente la Idolatría ^ era (M^ecisoque 
cesasen las respuestas de los Oráculos , quando éstas eran 
dadas por los Sacerdotes. Es claro, pues ni aun habría Idda 
que sirviese de instrumento , y los Sacerdotes^ 6 dejarían de 
ser Idolatras , ó tendrían escondida su Idolatría. 

- 12 Numero 9 entra el Holandés Antonio Vandale , y 
la impugnación , que contra él escribió el P. Baltus, y al nu^ 
mero lo la Carta perteneciente al asunto que escribió el ?h 
Bonchet al P. Baltus , como todo se halla en las Memorias^ 
y Diccionario de Trevoux. Vamos sobre esta especie á cuen^ 
tas, Sr. Mañer ; y vamos poco á poco, que si aun yenda 
mui despacio se equivoca^ sí se apresura un poca, dirá que 
dos , y tres son catorce. 

- 1 3 Lo primero pregunto , ¿ á qué viene aqui el Holán* 
des Antonio Vándale? Este Autor escribió un libro ik Ora^ 
culis Ethnicorum , cuyo asunto fíae probar, que nunca (atien- 
da al nunca , porque suelen escapársele los adverbios ) el de** 
monio habló en los Oráculos del Gentilismo; Ano que siem* 
pre ( atienda también ál adverbio siempre ) eran las réspues^ 
tas de ^Uos fingidas por los Sacerdotes. Que el asunto de An» 
tonio Vandale era tan universal como he dicho, se halla 
expreso en las Memorias de Trevoux del año de 1707 , ar- 
tic. 10 j 5 y artic. 104 ; en el Diccionario de Trevoux , vXhra^ 
^ü? ; y en la República de las letras, tom. i , artic i , donde 
^ dá un extracto del libro de Vandale : que yo el proprio li- 
bro de Monsieur Vandale no le he visto, y discurro que tan^ 
poco el Sr. Mañer. Diganos aora su merced , ¿qué tiene que 
•ver esto con lo qae digo yo \ Vandale dice , que jamás el d^ 
nonio habló én los Oráculos del Gentilismo. Yo confieso^ 
que habló algunas veces; pero que las ma^ era engaño de 

los 



Discurso XX. 127 

]q9 Saoéixibtes* Ea guaúto á la cesación de los Oráculos , el 
P.Baltus (según el extracto de su impugnación ^que se baila 
en las Memorias de Trevóux ) le concede al Holandés ^ que 
no cesaron de golpe al tiempo.de la venida del Redentor ^ jj- 
m d medida que los hambres fueron conociendo el Evar^eUo^ 
y su doctrina sakidabk fue recibida por todas partes. CotH 
tra esto nada dige ; porque , que el Oráculo de Delíbs calla* 
ae antes 9 no quita que los demás callasen después. ¿Pues^ á 
qué proposito nos trae á Antonio Vandale , y nos cita al P, 
Baltus? 

14 Lo segundo ; expliquenos el Sr. Mañer ^ ¿qué quiere 
dar á entender 9 quando dices que el asunto de Antonio 
Vandale es mui prvprio de un Anabaptista 9 qual él lo era^ 
mas nnd improprio de quien ^ aun en caso de duda , debiera es* 
fOr por la parte piadosa^ y edificante'^ Mui proprio de un 
Anabaptista será todo aquello que fuere conseqüencia , ó tu- 
hiere conexión con los dogmas de su secta. ¿FÍies qué con^ 
seqüenda , ó conexión tiene con los dogmas de los Anabap* 
listas , el que el demodo no hablase en los Oráculos del Gen- 
tilismo? Si el Sr. Mañer escribiera solo para la Ínfima plebe» 
nada estrañára.£n las Memorias de Trevoux del año de x 72 5, 
artic. 17 9 hallará 9 que el Abad Anselmo 9 de la Academia. 
Real de las Inscripciones, llevóla misma sentencia del Ana- 
baptista ( con no ser Anabaptista 9 sino Católico ), en quan-? 
to á que los Oráculos del Gentilismaeran todos ilusión de los 
Sacerdotes. Y eñ el Diccionario de Dombes ( citoleros *li-* 
búros 9 que mas rebueWe el Sr% Mafter )» v. Oracle 4iléerá esta 
sentencia del Abad Villars9 que taoápoco em Anabaptista: 
Estd decidido por espíritus ael primer orden^que to¿>s los 
pretendidos Oráculos no eran mas que una superchería de la 
Avaricia de ¡os Sacerdotes Gentiles ^óun artificio déla poli^ 
tica de los Soberanos. Junte el Sr« Mafier con estos dos á 
Monsieur de Fóntenelle 9 de la Academia Francesa 9 que se 
explicó por el mismo sentir en el Compendio que hizo de la 
historia de Vandale 9 y hallará por un Anabaptista 9 que Ue^ 
vó aquella opinión 9 tres Católicos 9 que siguieron la misma. 
Esto no es mas^que mover pendencias por antojo , y hablar 

so- 



128 Profecías Supuestas. 

solo para la ínfima plebe^ que todo lo que dice ua Ifet^ge 
tiene por heregía» 

15 Mas aun es peor la segunda parte de la proposidoin 
Mas nmi improprio de^en ^ aun en caso dedada^ debiera 
estar por la parte piadosa , y edificMte. ¿ Quién es este Pa- 
dre de Cóndilo , que habla de allá arriba con tan alto ma- 
gisterio? ¿Es mas que el Sr. Maner ? Pues oygael Sr.Mañer. 
\oc^^e&mid improprio^ y mú^ ageno de todo Christíano» 
es, después de haber censurado una opinión (con razón , 6 
sin ella ), como propria de here^, levantarle á un progi- 
mo suyo (Católico por la gracia de^Dios) el fabo testimonio 
de que lleva la misma o^nion. Quando se me llega á mal- 
tratar con injuria tan atroz, es predso repelerla con esta da* 
ridad. Mas no por eso hago juido , ai Dios lo permita , que 
el Sr. Mañer me hizo esta ofensa con conodmiento, y deli- 
beración. Otro concepto mui diferente lengo hecho de sil 
mucha Christiandad. Solo , pues ^ lo debo atribuir, y atribú^ 

,^0 á inconsideradon. 

16 Quánto dista la opinión de Antonio Vandale de la 
mia , está patente á todo el mundo. En lo demás^ i^r don-* 
de se interesa la piedad ^ ó qué edificadon se sigue de que 
se crea , que el demonio era quien mas freqüentemente ha-* 
biaba en los Oráculos del Gentilismo ? ¿Ni qué detrimento 
en la piedad^ ó qué mina esfMritual puede seguirse de que se 
crea , que las mas veces era engaño de los Sacerdotes ? Mon^ 
sieur Vandale decia, que siempre era engaño de los Sacer- 
dotes. Con todo, los PP. de Trevoux, en nombre dd P. Bal<« 
tus, dicen, que b opinión de Vandale nada peijudica á la 
Religión Chrlstiana , quando para calificar de desinteresado 
el testimonio de los PP. en esta materia , dicen en d dtado 
art. 104: A los PP. ks era indigente , que estas supersti^ 

' ciones tubiesen por causa la impostura de los Sacerdotes , d 
la operación de los demonios. La falsedad de la Religión pa^ 
gana se demonstraba igualmente en una , y otra suposición* 
Pues el Sr. Mañer rebuelve tanto las Memorias de iTrevouxt 
aprenda de sus sabios Autores á discurrir oon solidez : y no 
oos ande gritando., que lo que yo he dicho de los Oracuh>s 

del 



Discurso XX, 129 

dá t^eotiii^o, quita á la Religión Christiana una de la» 
pruebas de su verdad. ¿Qué prueba es esa ? Si es prueba de- 
fectuosa 9 soástica^^ ó fundada en una suposición falsa ^ haré 
servicio á la Religión , y á la verdad en quitársela. Ojalá pu- 
diese yo desterrar de las lenguas <, y plumas de todos los Ca* 
tólicos todos aquellos argumentos á favor de la Religión^ 
que no sean eficaces , y Mlidos , porque hacen un gran per-* 
juicio á la venlad , quando los Infieles , que los oyen , pérci-* 
Mendo el defecto de la prueba ^ juzgan que no tiene otras 
mejores nuestra Religión ; ó que , pues en defensa de esta 
nos valemos de sofisterías 9 y suposiciones falsas , es injusta 
la causa que defendemos. 

' a 7 Por ceñirnos á la presente materia , ¿de qué serviri 
para^ convertir á un Gentil , proponerle que todos los ídolos 
del Gentilismo enmudecieron al tiempo que nadó Cbristo?^ 
Si sabe algo de historia , no servirá sino para obstinarle mas: 
porque no solo^de los Autores profanos , mas aun de los nues^ 
tros le consta, que después de la venida de Christo se oye^ 
ron respi^stas á miK:hos> Simulacros, y A algunos después dé 
pasados siglos enteros, Doi que todos nuestros Autores estu-^ 
biesen oonfbrmes en el hecho , que juzgan ventajoso á la Re- 
ligión. Tampoco servirá de nada , si los Gentiles refieren el 
hecho de otro modo. Doi ( pongo por egemplo ) , que to- 
dos nuestros Autores, convenidos sobre lafé del primero 
que lo dijo, fiíese Eusebio, ú otro, afirmen ^ silencio del 
Oráculo de Delfos luego que nació Christo, con las circuns^ 
tandas dichas de la consulta de Augusto, y aquellos trea 
versos Me puer Hebrueus , &c. ¿Qué haremos con esto? R^* 
pondera el Gentil, que esta eá una fábula ( como de hecho 
lo es) pues de las Historias Romanas consta , que nq hubo tat 
TOige de Augusto á Delfos ; y su Cicerón , á quien dará mu- 
cha mas fé , que á Eusebio, le dice, que el Oráculo de Del<^ 
fi)s yá habia dejado de dar respuestas antes que naciese Au-^ 
gusto. Y si nos insta sobre que le mostremos , en qué Auto- 
res, ó monumentos seguros halló Eusebio aquella especie 
(que pues fue posttitior á August&cerca de trescientos años, 
m pu4o:ser' léAigo de efe ^ ni o^la á^ testigos de.:vistia), no^ 

I • sa- 



/' 



130 Profecías Supuestas. 

sabremos cómo le hemos tte responder. Con ^ quedarán 
mas terco eo su error > sobre la persuaáon de que no tener 
mos á favor de nuestra Religión otros argumentos t que los 
de este jaez. 

18 Asi que quanto es mas segura la causa que se defien-. 
de 5 tanto mayor cuidado se debe poner en no echarla á per- 
der con algún falso, ó leve racickdaio. . £1 argüir sobre he-^ 
cho inciertos , ó poco seguros ( mucho mas sí son conocida* 
mente falsos > á favor de la Religión ^ nace de un indiscreto, 
y falso zelo 9 que tiene conseqüendas perniciosas. No hai 
que andar con ese ridiculo trampantojo de que se le quita á 
la Religión Christiana una prueba de su verdad. No se le qui- 
£1 sino un estórvo, donde tropieza el Infiel. ¿Tan faltos esta- 
raos de pruebas legitimas, sólidas, concluyentes, quesea 
Itaenester acudir á argumentos insubsistentes, fundados en 
suposiciones falsas , ó dudosas? Si la indiscreción , y acaso á 
veces la malicia, no hubiera supuesto entre los Católicos 
muchos milagros falsos , hiciéramos mucho mas fim^za á los 
Hereges con los verdaderos. ¿ Pero qué nos sucede en estft 
materia con ellos? Loque á Tiberio con los Romanost 
que, por haberle cogido en varias mentiras, yá no le creían 
las verdades. Etiam vero & honesto fidem demisit^ dice Tad« 
to de él. Entre los Católicos debe reinar, por todo la verdad^ 
b soUdéz ; y yá que el vulgo no puede >aer curado entérame» 
te de su vana credulidad , ni en la parte mas sana del ttmt- 
do se puede evitar todo embuste ; pero por lo menos los que 
toman la pluma en la mano para defender la Religión ver^ 
dadera, de nada deben echar mano, que no sea proporción 
nado á la justicia de la causa. Me he detenido en esta mate- 
ria , porque me obligó á ello la gravedad de la injuria. 
- i^ Numero jx me capitula por descuido una chanza 
mezclada con ironía ; esto es , hábér dicho , que e¡ Profttm 
i falso ) Nicolás Dravicio^ es ni9tura¡ qtte digese muchas mt- 
dades^ porque se sabe que era un buen bebedor, i Por qué se- 
rá descuido éste? A ¡os niños ^ y dhs locos (dice el Sr.Mafier) 
se atribtfyen comunmeMe tas verdades^ pero jamás, be oída 
fue se pongan en hs ebrios, i Qué dioev señor? íGqo que no 

.ha 



Discurso XX. 131 

lia oído jamás i que el.vioo revela los secretos del corazoa? 
(Qae.es eso ^ sino dedr verdades ? No por otra cosa sedioe^ 
que las hablan los niños, y locosi sino porque como les falta 
el uso de la razón , hablan lo que sienten sin reserva. £1 caso 
es, qne añade Mañer, qatquamh los bebedores Ikgim dperi 
der ei juicio , no hablan j y mientras hablan no k pierden. 
¡:Hai sencillez semejante! £1 Sr. Mafier no debió de ver sino 
borradlos tacibirnos. IHies yo he visto muchos mui hablado* 
res. Y aun los mismos borrachos taciturnos , antes de llegar 
á aquel ultimo termino de la ebriedad, que les induce sílen-^ 
cío, y modorra, ¿no pasan por el grado de la inmoderadi 
alegría , en que, medio turbado el juicio , se habla con der 
masía , y se franquea indiscretamente el pecho ? ¿ Quién lai 
duda ? Aora bien : i Quién se descuida ? ¿Él Sr.Mañer , ú yo? 
¿ Y no es bueno, que para notarme lo dicho, de descuido, ha^ 
ya hecho párrafo aparte, con titulo separado > que dice ea 
letras gordas arriba : DESCUIDO PRIMERO ? Aun quan« 
do yo hubiera errado , mostraría qn grande hipo de contra-*- 
dedr , el detener la pluma en menudencias como esta. Pero 
con hacer muchos párrafos con títulos particulares de des^ 
cuido primero , descuido segundo , &c. llamar descuidos á las 
verdades mas notorias , y ponec por otgeciones las que no lo 
KKi , se hace un quademillo, que después con dgar el papel 
flojo , quando se enquadérna , tiene su perspectiva de libro. 
. ^0 Numero i % , y ultimo. En esta clausula , ó clausulas 
mias: Hemos vagueado hasta aora parla Noruega de lain^ 
fidelidad. Td salimos al pais de laluzenla región delCato^ 
licismoi halla otro descuido enorme. Dice , que esto es supo* 
ner , para que la contraposición sea ajustada , que la Norue* 
ga es la región de la tiniebla. Sobre lo qual magistralmente 
se pone á explicarme, que la luz se reparte con igualdad por 
todo el Orbe, y que tanta pordon de luz goza la Noruega, 
como otra qualquiera región del mundo. ¿Y no sabe mas que 
eso el Sr.Mañer ? Pues por acá sabemos algo mas. Y tam-^ 
bien podrá saber algo mas su merced» si estqdia bien mi 
%srfxr Tomo , con el ánimo humilde de desengañarse de. s'is 
errores, y no con ^ hipo poco decoroso dec cazar mosquitos: 

1 2 pues 



13* Profecías Supuestas. 

pues en didiotei'oer Tomo, pag« 155 ^ouin.7o;y pag.2itf, 
Aum. 9 aprenderá <» que los Países Subpolares ^ ó mas wdn os 
ft alguno de los Polos ( v. gr. la Noruega) , gozan , no solo 
igual cantidad, pero aun mayor, 6 gozan mas tiempo la luz 
&\ Sol , que los que están nms distantes de los Polos , y mas 
vecinos á la Eqainocdal ; de suerte , que á propordon de su 
mayor latitud, ó Septentrional , ó Austral , es mayor el tíem* 
po en que los ilumina el SoL En las dos partes citadas se ex* 
plica este fenómeno , y se señalan los principios de donde 
proviene. Entonces sah^d quien eselqneenla Gramática de 
la Geogtafia no ha üegado á las decUnackmesi elegante equi-» 
voquillo , con que el Sr. Ma&er me nota de ignorantissima 
en la Geografia. 

%i i Pero cómo , nendo esto asi, hacemos de la Norue^ 
ga la antonomasia ( digámoslo asi ), de la obscuridad? Pre* 
gunteselo á sus Contertulios , y á otros infinitos , que con es- 
&r eo el supuesto de que tiene la Noruega tanta luz como 
España , hacen lo mismo, y á cada paso , para significar uo 
sitio lóbrego, ó un edificio obscuro, dicen, es una Noruega. 
Y por si acaso esos no se lo dicen , yo le digo desde aora^ 
que en esta expresión figurada cae la alusión precisamente 
sobre aquella estación del año , en que son las largas noches 
de la Noruega, y no sobre todo aquel espado de tiempo^ que 
compreende las quatro estaciones del año. 

21 Si yo digese lo que en este numero nos dice el Sr« 
Mañer sobre la cantidad de los dias , y nodies de la Norue^ 
ga , justíssimamente me daría por condenado en aquel fiíllo,. 
de no haber llegado á las declinaciones en la Gramática de 
la Geografía. Nótese aquella proposición: En Ja Noruega:^ 
por estar entre' Jos cJimas quince ^y diez ocho {fot ^gmpJo Ja 
Chtdad de Rugen) , tiene én Invierna doce horas de noche , j^ 
en eJ Verano otras tantaf^ dia. Desafio al toas diestro etl 
acumular errores Geográficos , sobre que en tan breve e^a* 
do, como el que ocupa esta proposición , no junta tantos er« 
rores condo hai en ella. Vayan contando. 

23 Error primero: Que la Ciudad de Rugen pertenece 
á la Nonaega. No pertenece ^no á la Pomeranib : sobre la 
qual véanse todos los Geógrafos. £r- 



/ DiseüRBo XX. r ijj 

-^ 14 ' 'fiffbf'II : Que la Noruega está etit^e' los < dimaa 
qüinoe vy diez y ocho. La Noruega por la parte Septentrión 
áalalisataza tilas allá deh<^Umav«iMe' y' quatro, porque sé ex^ 
áende hasta sesenta y dos grados de latitud Sq>tentríonal\» y 
hasta los sesenta y seis grados indusivé se cueotaa veinte 
y qiiatro climas ; de modo, que allí terminan los c^nas, que 
los Geognífosí modernos llamaa prdfrkfs ^'ú déJias ^ y em^ 
piezan los que llaman imptaprhs^ ú^demésef. m í 
' 25 E^ror ni: Que tiene la Norrógav ni parte álgunatle 
la Noruega , doce horas de-noche en invierno^ £1 Invierna 
compreende tres meses^ con que decir que en Invierno tiene 
la Noruega doce hora» de noche v es decir ^ que b&tiene po^ 
el espacio de' tres meses^: lo qu&es^faa&lsovqtiésolo en dos 
dtías dei a5o tfene «¿as^lode boi*»: precisas desmoche. uno áif 
ehtrar la Pritdavera, y otro al entrar d.Ofioiiorlo que es co^ 
fioun átoda esfbra obuqua. .ü - . ^ 

*^ a5 Error IV: Que en Verano tiene la Noruega « 01 par^' 
te alguna de la Noruega , doce horas de.dia*^ Que se tx>rae^ 
Vemiid-por^I^imav^ai,.6por'ti'Est)bvsien3pre ercor^ 
porque solo tieníe^ doce horas de xlia en dos diasr del áfio ^ y 
son los mismos en que tiene las doce horas de noche. Esto^ 
como dige^es común á toda^esíera obliqua;£n la esfera rec« 
la son siempre iguales ios dias con las noches» En la paralela 
no bai mas que aa'dia^y una noche en todo et año. En la 
obUqaa sólo faai dos dias , en qne soñ^iguales el <Ua , y la no-^ 
che; y de estos diaa, d uno cae ep «1 Equinoccio Vemo ^ el 
otro en el' Autumnal. 

' ay Error V: Poner por contrapuestos dlovierno^ y d 
Verano 9 ea quanto atener aqbeldoce horas de noches y 
este doce horasxíe dia;i sieodor evidente V que en esto nopue^ 
de haber contraposidonq pues, sí el Invierno tiene doce horas 
dé noche ^ tendrá* taoobien doce boiras de diá; y di d Verano 
tiene doce horas de dia , tendrá también doce horas de no- 
che* ¿No es buencrrarv juntar dnco^erroressubstandales de 
Greografíaenunapnoposidon, qne no .excede- tres lineas? > 
r .t%Lo qoehai engorden al asunto^ queaqni tí'atamosi 
9^lo diréoK» farevieorientt .^.S&MañerwIJIesd^ 
- :> I i has- 



'34 Profecías Supuestas. 

Iiasu el df aiV> Botar jse pueotao comuompote eoCR I09 mo» 
demos ( los antiguos baciaa otM cuenta poc folta de ^rodpr» 
ctmmito geográfico) veinte y.qoatro .dtmas. La diferencia 
deestos climas seí regula por el exceso de media hora en el 
día máximo del año; de sudte, que empezando acontar des- 
de la EqoínoaiaUjrr/KnW, el primer dima dá doce hocaa 
y. media en eldiamasümo del año ( advirtiendo ^ que se ooo- 
síderan para este-efecto los. eUmas^ no en d principio « ni el 
medio , sino en d termino) , «1 s^^undo trece, el tercero 
trece y media, el quarto catorce, &c« Aesta proporción van 
credendo los dias máximos del año basta el circulo Polar^ 
donde el día máximo es-de veinte y > quatro horas; y otro 
tanto Ja^nocbe:i9axima« Desde dvdrculo Polar hasta el Pola 
(en cuyo espadó se cuentan los cBmas fíios) siempre el día 
máximo es mayor que veinte y qoatro horas, excediendo 
tanto mas, quanto es mayor su latitud , ó altura de Polo» 
basta que debigo del Polo hai un dia de seis meses, y la no- 
d)e tiene otro tanto. 

a^. En coQ^écpiendadeesto,JaNonleg9,queestáconíl^ 
preeodida entre dnbuenta y ocho, y setenta y dos grados 
de latitud Septentrional , con poca diferencia , según la ma^* 
yor , ó menor latitud de los varios Países que compreende, 
tiene los cUas maxinios dd año , mayores , ó mmores. En ki 
parte que está ea sesenta y seis grados y siediode latitud 
(donde se considera el drado Polar Aixrtico) et d dia fná* 
idmo dd año xle vdnte y quatro horas* Desde aUij» caminan*? 
do acia el Polo, siempre excede el dia.knaxiino de veinte y 
quatro horas , tanto mas, «panto es mayor la latitud , ó me* 
Doi; la distanda del Polo ; y de alli , caminando áda el Me* 
diodia , siempre esp d dia máximo meiiotique las. veinte y 
quatro horas; y tanto menor , quanixrés menor la latitud , 6 
mayoría distanda dd Polo. Deísuerté^ que. en una parte db 
la Noruega tiene el dia mayor del año vdnte horas, en oti^ 
veinte y una , en otra vdnte y dos , en otra veinte y ttes, en 
otra vdnte y quatro , en otra veinte y dnco, &c. . : 

JO Lo mismo que dedmos dd <Karisiáxinio , que cae en 
jilifahtíno Estivo^ se debe eiAcader da Ja lÉiám mteima^ 

í que 



Discurso XX. 135 

que cae en el Solstício Hiberno. Pero se debe advertir, que 
épú áeioaiá por diá aqiffiL!&mpo preasateéotev que el Sol 
realmente se eleva sobre el Orizonte; y por noche aquel 
tiempo j que realmente está debajo de él; porque si se cuen- 
ta por dia todo aquel tiempo en que se goza la luz del Sol« 
y poF^e^e todo- aquel tiempo, en. que fáltala luz Sokuv 
vienen á ser mayores los dias , y menores las noches, y asi 
no hai igfualdaá entre el día del JSoktidafistivp , y la noche 
del Solsticio Hiberno ; sí, que esta es conñderablemente me^ 
ñor que aquel. Esta desigualdad consiste 5 nó solo eñ la ad- 
dícion de la luz crepuscular , que aumenta el día , mas tam- 
bién en la refracción que padecen los rayos Solares en I3 
Atmosfera, la qiial hace que el Sol parezca sobre el Orizon- 
te algún tiempo antes que realmente se deve sobre él, y al- 
gún tiempo después que realmente se deprime, como expli- 
camos en el III Tom. DiscVII , S 10 per tafam^ 
'3% De los dos principios expresados depende , que com** 
preendiendo todo el periodo del año, gocen; como hemos 
dicho , mas tieiiipo la luz del Sol los Países mas vecinos ai 
Polo, que los <^ se. acercan mas al Equador; porque los 
crepúsculos duran mas tiempo, por la mayor obliquid^ con 
que desciende el Sol debajo del Orizonte; y la elevadon apa*» 
rente del Sol sobreiel Orizonte también dura mas tiempo , á 
causa de la mayor refracdon que padecen sus rayos por la 
mayor densidad de la AtmÓ8fi»ra4 De suerte, que la eleva- 
ción real del Sol sobre el Orizonte, tanto tiempo del afto sé 
goza en España, que en la Noruega; pero la luz del Sol , na 
solo con igualdad ( como juzga el Sr. MaBer, y se piensa co^ 
munmente) , sino coa exceso t ^ goza en la Noruega , qfxf 
en Esfüaña. 



14 uso 



i3<í . .. -■'•■■• ''■ 

^I SSSSSOkKmékmmmmmmmmmmmmmmmémmmmmSmSSS^ 

uso DE LA MÁGICA 

DISCURSO XXL 

• ar T TAbiendome detenido tanto en el Discurso pasa* 
JlX do , es preciso abreviar lo posible en el presen- 
te ^ pues no és obra esta para detenerme mucho en ella^ úi 
el empeño merece tomarse con tantas veras. 

2 Si como el Sr. Mañer escribió sobre la materia de este 
Discurso trece hojas , hubiera querido escribir mil y trescien* 
tas, le fuera mui fócil;porque reduciéndose á trasladar cuentos 
de hechicerías , que se encuentran en varios: Antones^ espe- 
cialmente los Demonografos , hai ri(Ho para llenar siete , ú 
ocho übrejos del cuerpo del Anti-Teatro. Si á estos se añá^ 
den otros algunos de corrillo, yá se engrosarán un poco.mas. 
Eso hace aqui, con la diferencia que hai del mas al menos, 
el Sr. Mañer. Y cierto hace mal, porque se degrisda volunta- 
riamente de Critico, para quedarse en mero copiante^ Yo 
supongo todas esas m^cms de Magia , que rjefíereo varios 
Autores, y me hago cargo de ellas ^ para exatninárJas á la 
ittZ'de la critica. £1 Sr. Mañer nú hace mas que trasladar lo 
que halló escrito, y todo lo cree, ó hace semblante de creer^r 
lo , como no se le represente física, ó metafísicamente im« 
posible» £su es la única regl^ de su.crítíca ; que.es lo misn 
mó qué decir, que su critica carece de toda regla* iEK^a? 
minar la posibilidad de las cosas toca al Filosofo. El Crí* 
tico debe pasar mas adelante , para buscar dentro de lo po- 
sible lo verisimiL Buenos estaríamos, si creyésemos to- 
do aquello que no hallamos repugnante. Pocos , y pocas 
veces mienten tan desatinadamente , que caiga la ficción so- 
bre objeto imposible. ¿Qué uso tendría el juicio prudencial, 
prenda tan estimable en los hombres, sí todo lo que á la luz 
Of.U |T de 



DiscuKSO XXI. 137 

dé l£ Füósofia se halla posible , hubiese de creerse ? Aun des^ 
pues de aseguradas la posibiiidad metafísica , ó física de una 
cosa, restan dos pasos mui grandes que andar, antes de 
asentir á su existencia: el uno ^ el de la posibilidad nfK>raU 
el otro , el de la verisimilitud ; y los llamo dos pasos , por- 
que no siempre coinciden en un mismo espacio; pues aun* 
que todo lo moraknente imposible es inveri^mil , no todo 
h> inverisimil es moralmente imposible. Véase esto en el 
proceder de los Tribunales de Judicatura. Deponen contra 
el reo tres ^ ó quatro testigos sobre un ddito físicamente po- 
sible. Le absolverán sin dúdalos Jueces, si no obstante la 
posibilidad física , hallan que es moralmente in^osible. Ha* 
Uanlo moralmente posible : con todo , si á las luces de la 
prudencia se representa inveriámil, suspenderán la senteoda 
hasta apurar mas la qüestion. !^^^ 

. í No es , pues, del caso, á qmen niega un hecho con ^ 
razones proprias del Tribunal de la Critica , responderle 
con la posibilidad física dd hecho (como á cada paso hace 
el Sr. Mañer ),; antes es contra toda critica, y aun contra 
toda Lógica, pues esta no permite ilación de la po^bílidad á 
]a enstencia. 

4 Reconócese mas el defecto de crítica del Sr. Mañer 
en los Autores , que para cosas de Magia cita como Oracu* 
los , Herodoto , Filostrato, Simón Mayólo ', el P. Gkispar 
Schot y y Torreblanca. A Herodoto le colocan los Críticos 
ras -con ras de los Poetas , y algunos llaman Historia Poeti^ 
ca la suya. Cicerón , aunque celebra algunas partidas su* 
yas,. le afirma la mezcla de inumerables fábulas: Q/t^anH 
fuam^ & apud Herodatum patrem historia^ & apud Tfteópom- 
p§m sim inmumerabiks fabtdie ( de Leg^bus, lib. i ) • De Fi- 
lostrato hemos probado ( quanto cabe en la Critica ) que no 
hai fíxidamento para creerle en lo que dice de Apolonio; 
antes hai muchos fundamentos positivos para lo contrario. 
Pero el Sr. Mañer de nada se hace cargo , sino de su po« 
#dlidad á secas. Siman Mayólo compiló jquanto halló escri^ 
to , «o examen alguno; y nadie > le ha leído , que no hiciese 
ttte juido. £1 P. Gaspar Schot es Autor apKdábie en todo 

lo 



138 Uso BB LA Mágica. 

k) queescriUó perteoecieate i las Matemáticas, y á lálMagiii 
oaturáL Pero en sü Física curiosa solo atendió á entretener 
la curiosidad de los leaores^ sin mas diligencia <pie la de 
juntar lo que estaba esparcido en otros libros. Torreblanca 
no sé por qué se me alega, siendo cierto que poquissimo se 
halla en él ^ que no haya tomado del P* Deliio, y á este le he 
descartado yo por mui crédulo en lUtería de hechicerías. 
' 5 Asi d Sr« Mañer pudo e^sar estas alegaciones : co^ 
DIO también pudo , y debió eicusar el cuento que le embo* 
carón en Cádiz , siendo muchacho , del hombre llamada 
Nam Nam : la visión nocturna de las bnyas, que gozó en 
el arroyo xie Sancborqutz; y la historia de los Piaches. El 
primerocuento no es menester mas que leerle^ para no creer** 
fe f porque por cien capimlos se representa invertsimil ; 7 
como el Sr« Mañer, aun hoi^ después de tantas experiendas, 
es tan credub^ ya se vé que lo sería mucho mas siendo 
mudbacho , y nadie hallaría dificultad en perscndirle la mal . 
tegida historia de Nam Nam. £n la visbn de las Bnijaa 
ya se vé quese cita i á mismo ^ coma testigo de vista , y 
00 dudamos de la mucha Yeraddad xJel Sr. Mafier ; pero co^ 
mo en su Anti-Teatro hace contra mí el oíicio de actor, no 
debe ser admitido para testigo. Lo ousmo decimos de los 
Piaches ( flecheros de hierbas ) ^ aunque esto no nos dice si 
lo sabe de vistg; ó de oídas. ¿Pero qué cosa mas rídiculat 
que creer que hai en la America unos hombres , que tiran-^ 
áo hierbas , aunque sea i distancia de algunas leguas , qui- 
tan la vida á sus enemigos, si estos no se acogen á la pro« 
teccion de otros Piaches que los defiendan ? ¿Quien cree es^ 
to, qué no creerá ? Cierto es^ que como los Españoles no 
tienen Piaches protectores, ya los hüUeran destruido del 
todo aquellos Americanos, sin serwles de nada suartílle^ 
ría, pues alcanza la hierba disparada, antes de llegar á^ tiro de 
cañón. Decir que Dios no lo permite , es una solución mui 
voluntaria. Habiendo de recurrir á lanegadonxié permi- 
Mon,. hartó mas razonable ^es ponerla un poco mas arriba^ 
diciendo , como yo cttgo ^ que es increible que Dios permfr« 
ta en tantas Naciones ^ y á tantosindiyiduos dé ellas (como 

pre- 



. Discurso- XVIII. 139 

pretende Mafier ) , qué contraten con su enemigo, y nuestroj 
y usen de sus fuerzas para tantos insultos. Que lo permita 
una ú otra vez rara por sus altissimos juidos, se entiende 
muí bien» Que dé una rienda tan floja al demonio para nues^^ 
tro daño, y á los hombres para que usen de su poder , es 
increíble. Hombres , y demonios son dos Repúblicas diver*^ 
sissimas , que la Providencia , juntamente con la naturaleza^ 
han puesto muí distantes ; y asi , solo en casos raros , y en 
virtud de una providencia permisiva mui estraordinaria , se 
debe discurrir comercio familiar de los individuos de la una 
con los de la otra. 

6 Lo mismo que de los Piaches, digo de los que el Sr» 
IMañer llama Duros ^ porque son primos hermanos de aque^ 
líos. Dá este nombre á unos Soldados invulnerables, que di«< 
ce se hallan con mas freqüenda entre las Naciones estrange-» 
ras , singularmente los Suizos, y otros Pueblos de Alemania, 
que por mas balas que les disparen, caen á süs pies, como ú 
dieran en una estatua de metal. Mas dura es la noticia que 
los nusnios Duros. Pocos de éstos que hubiera en una Nación, 
conquistarían todo el mundo. ¿Qué brecha habría inaccesi^ ' 
ble para ellos ? ¿Qué esquadron tan cerrado habria que no 
rompiesen unos hombres que acometen sobre el seguro de no 
9&r heridos? Esta noticia echa la puja sobre la que nos dio 
Homero de la invulnerabilidad de Aquiles : porque en fin 
Aquiles no era tan duro , que no fuese blando por aquella 
I^te por donde entró la flecha de Páris. Pero nuestros du* 
rissimos Duros por todas partes están cerrados , no solo á 
piedra , y lodo, sino á bronce , y marmol. 

7 En todas las demás noticias que vierte el Sr. Mañer 
aohre el asunto de Magia, se nota su falta de crítica, ú 
de lectura, ú de advertencia. Lo de la Vara Divinatoria, 
en que hatoe mucho ahinco , ya habrá visto en mi terúer 
Tomo , que es un embuste. La venta que hacen los Septen- 
trionales de los vientos , . es trampantcgo , como afirma Ar- 
¿rimo Jonás, docto Irlandés , testigo de vista , en su ^na^ 
thome Blefkeniana. El largo cuento que trae al numero u« 
y sobre que cita al P* BoiKhet ^ puede ser verdadero ; pero 

es 



X 40( Uso DE LA Magzoa. 

^ mala critica , y peor lógica, inferir de na hecho solo , f de 
lui hechicero solo (pues para este efecto no refiere otro) , que( 
hai náuchos hechióeros en el Oriente. Alegar las ConstiiucuH 
nes Apostólicas para los hechos de Simón Mago , como obra 
en que no puede ponerse duda de ser de & Gemente , es 
demasiada confianza, y mudia (alta de noticias para un Crí- 
tico: pues muchos hombres doctissímos tienen por tan apa* 
criia esta obra , y por tan supositicio parto de S. Clemente»' 
como la de las Recogmisiones* £1 Cardenal Belarmino está 
explicado abiertamente por este sentir {üb. de Script. Ecck* 
siast. in Sancto Clemente) : el célebre Augustiniano Christia** 
no Lupo cita por el mismo al Papa Gelasio , al Cardenal Ba- 
ronio , y á otros muchos. Con la advertencia , que citando 
al Papa Gelasio , añade : Éjusquejudtcktm ómmssemper Ec-^^ 
cksia Latina est sequtsta (in Schol. ad Can. 2. TruU. Si^ 
nod. ) : lo mbmo siente el P. Petavio (in Notis ad Sanct. 
Epiphan. ad fueresim Atutíanorum ) , lo mismo otros inume« 
rabies hombres eruditíssimos. 

8 También es grave inconsideración para un critico ha«^ 
' ber llenado dos hojas de citas sobre la especie de Zoroas^ 

tro 9 que yo toqué tan de paso, y la qual, que se tome por 
aqui t ó por allí , no importa un comino para la qüestion; 
mayormente quando esa multitud de citas no quita la duda 
que yo propuse en orden á Zoroastro. Yo me imagino que 
la Termiia octonaria gastó quatro dias en rebolver quantoa 
libros pudo encontrar en la Librería Real , que tratasen de 
Zoroastro: y en que todo ese tiempo estubo sonando el nonh* 
bre de Zoroastro en todos los ángulos de la Biblioteca, ba-* 
tallando los ecos, no solo unos con otros, mas también coa 
los oídos de todos los circunstantes. ¿Y esto para qué ? Parar 
moler al lector* con tanta cita «n utilidad alguna , y desca*< 
labrarle con la repetición de ese nombre desapacible mas de 
quarenta veces 6n€l espacio dedos hojas. ' 

9 En el numero 22 cita elSr. Ma&er dos tratados de 
dos Médicos cjue vio junticos en dos artículos inmediatoa 
de las Memorias de Trevoux ( que son las que , juntamente 
con las Cartas Edificantesit el . Diccionario de Mor^ri* y A 

de 



. Discurso XXI. - 14 1 

ik Doknbes , le prestan el ri(:iía ordinario) del año de 171 7. 
Y sobre esto también tengo dos, ó tres advertencias que ha- 
eeríe 9 que pertenecen asimismo á la exactitud de un buen 
Critico. Las dos primeras tocan á la dta de Monsieur Lan-^ 
gef la tercera í la de George Mekilíni^ En orden á la prime-^ 
ra cita le advierto lo primero, que otra vez vaya mas despa* 
cío, pues nos íemiteál articulólas de las Memorias de 
Trevoux de didio año : Y ni del tratado de Mdnsieur Lan* 
ge , ni dé su asunto , que es. el suceso de la poseída Mada- 
lena de Morin , se halla palabra en el articulo 138 , sino en 
el 1 3 5 • Lo segundo , que debid hacerse cargo de las extra-" 
vagantes ideas , ó mejor diré ilusiones, de aquel Medico, 
para no darle mucho crédito en lo que afirma de Madaleiia 
de Morin, pues un hombre sémi-^iluso en nada puede hacer 
mucha fé. Buelva á leer el citado articulo , y digame ¿qué 
juicio hace de aquella unión instfpmental de los demonios 
aéreos á unos cuerpos orgamzados minutísimos, mediantes 
los quaies se introducen en los cuerpos humanos ,* y sin los 
qiiales no pudieran hacer daño' alguno á los hombres? 

10 En orden á George MekiUni, de cuyotratadai? J%h 
cantamentis tratan dichas Memorias de TreVoux en el ar- 
tículo 136 inmediato , paso el que le cite como si hubiese 
visto el mismo tratado , pues aqui no hace memoria alguna 
de las Memorias. Paso también el que le llame Mekifím^ Ha* 
mandóle los Autores de las Memorias MerkUni. Paso,eci 
iin,' que llamándole dichos Autores Merklini, quando ha-^ 
blan de él en Latin, y en el caso de genitívo, pero Merklin^ 
quando le nombran en Francés, el Sr. Mafier , hablando de 
¿ en Romance, le apellida con el^nitívo Latíúo Mekilim^ 
60I0 porque vio en el tityló del articulo GeorgH Abráhaña^ 
Merklini. tractatw , :^IvTodo esto ' importa poco , 6 nada; 
y si hubiera de reparar' en estas cosillas , pudiera contra uii 
AmhTeatro estrecho, y de pocas hojas, escribir catorce 
Afiti-Ma¡^es gordos , y rollizos. Lo que no pasaré , ni 
puedo pasar (porque toca á la legalidad en 9o substanda^) 
es^y'que diciendo clarítamehte los Aut¿irés de las^ • Memorias 
de iWoiix , qiie deJosfsdwta'casoide heducerí^ q^ 

fie- 



1 4* Uso DE LA Mágica. 

fiere el. Médico. Merklio , no t(nhs.^st<^/ttstimofuÍMhí¡ de 
niQih que no pueda reusarse e/ creerhs ;. d Sr. Mañer dke» 
que todas sesenta relaciones estén testimoniadas con stfi^ 
cíente prueba para su certeza. jñ*opoogo tos praprios ter* 
tqinos de uno ^ / otea escrito. Y siendo ioduUtable ijue. jel 
Sr4 MañQT üo tubo otiía; notida del tratado de Merkün ^ que 
Ü que halló eo las JVIemorias de TrevouxC oomo se iiíliere 
de haber citado juntícos dos Médicos^ que están tambíed 
juoticos en dichas Memorias ^ poner por nombre del uno di 
genitivo MsrkUni^ que vio en la frente del artículo^ usar 
de la misma frase testimoniadas ^ dt que usan los Autores 
^e las Memorias ; y en fin , saberse que el Sr« Mafier no 
gusta 9 ni gasta de libros latinos ) :/cfigQ» que no habieadq 
tenido el Sr. Mañer otra noticia del tratado de Merklin que 
la que halló en aquellas Memorias ^ no puede pasarse que 
haya estampado una proposición derediamente ccmtradíc^ 
toria á la que se halla en ellas ^ solo porque le hacia al cst* 
so. £1 Sf., MaSer dice, que todas sesenta relaciones estén su^ 
ficientemente testimoniadas. Y los Autores de las Memorias 
dicen y que no todas están sufidentemente testímomadas. 

XI Del mismo modo que el Sr. Mañer aveces halla en 
los Autores lo contrarío de lo mismo que dicen ; otras no 
encuentra^ aunque lo lea , aquello que claramente pronuñ^ 
dai\« Buen egemplo hai en d cargo que me hace sct>re En^ 
rico Cornelio Agtippa^ de quien dice^ no debí colocarle 
en aquel catalogo, que íbrmo desde d numero x i hasta el a j. 
Las razones.que da son dos^ que están de apuesta entre sf 
sobre quál es peor. La primera es, que yo no traigo algun 
prodigio que hc&a hecho ; ante$ por kk serie de su vida k 
firmo una apología ^ defendiendo el ^ no fué MagOi^iJE^^ 
yocadon portentosa 1 Siendo aqOel catalogo (como clara* 
puente explico) de hombres, que fiíeroo tenidos por famosos 
Magos , sin tener dada de Magos , ¿qué razón es dedr^ que 
de Agrippa defiendo que no fiíe Mago , para inferir que 
DO debí introducirle en aqud catalogo? Antes¡ no pudiera 
introdutirle, si lo bubiera sido*. Agrippa fiíe tenido por Ma^ 
go insigne^ loque oo tíeoe dudst (Arcfaioaagpier.Uaffla.d 

9l. 



Discurso XXL 143 

Pi DeHo ) ; yo .defiendo^ no lo fiíe v^dáderafneate : luen- 
go por eso mismo tieae cabimiento en un cataloga que ( se 
fornu de hombres .que fueran tenidosipür Magos; sin terldj 
¡Raro confundir, las cosas por derto! : [ 

I a La segunda razón es la que prueba lo que llevamos 
dicho, que no ve en los Autores, aunque los lea , aquello 
que claramente afirman. Dicct ^e tampoco puedo ponerle 
en el numero de los embusteros, pues te faltaba ilfié^^ 
miento de que fuese Mago. El que ie faltaba el fingimiento, lo 
supone de confeskxi mia; ó por lo menos de mi silenciOé 

Y es bueno que alli mismo , donde trato de Agrippa , al 
empezar el num. 1^ digo : Es verdad que Agrippa se alabó 
deque x^iMt/aMijifia. Yenelnum.47refierotqueAgrip^. 
pa se jactaba de que sahia el gran secreto de cénmnicar en 
un momento qualquiera noticia d otro , que distasemuchos 
centenares de leguas , haciéndole leer por reflexión en la Lu- 
pa lo mismo que él escribiese con sangre en un espejo x yno 
solo dijo que sabía hacerlo , sino que lohabia hechomuchas 
veces. Si esto no e$ alabarse de IMbgico en teórica , y prác-* 
tica » ¿quál lo será ? 

13 Enfin^nopuedodi^ular loquedSr.MaSerdioe 
sobre aquella proposición mia: Muchos , y graves Autores 
tienen la generación de hs Íncubos por fabulosa : á la qual 
inmediatamente planta el Sr. Mañer este borrón :,Jus^uen^ 
la enhorabuena sus mercedes por h que quisiereñjque la ma^ 
yor parte de eBos tienen la autoridad en ser discipuhsdeLu^ 
tero. Esta es ott*a tal como la de Antonio Vaodale. ¡Rara fie- 
reza de hombre! ¿Que no pierda ocaaon de ensangrentar 
la pluma , entrándola por la parte mas sensible del pecho? 

Y porque no se dude que viene derediameoteal nño aqud 
golpe, po€x> mas abajo supone aquella opinión como mia« 
diciendo : Pero quando concedesemos la improbable opimon 
de sju Reverendissima^ &c ; siendo asi , que yo 00 afirmoy. 
ni me declaro por aquella opinión, ni hago mas que referir 
amplemente, que la llevan muchos, y graves Autores. Que 
la llevan náuchos , y gtsaves Autoi» , puede verlo en el P^^ 
Delrio , liba a, qliest. i j , y en Paulo Zaquías , Ub. j^qaesu 

Me- 



l\6 Uso PE I4A yíhQtCk. 

lo haga; pefO€ísto no e$ por. defecto intrioseoode la po« 
tencía y. sino 4por la ísD|)edícioQ del uso* En quanto á iá 
extensión que tieoe su iotrioseca pecada , respecto de las 
cosas materiales , hai.diversas seoteacias. Unos restringen su 
virtud á las cosas aublunarieís » otros la estíenden á 1¿ ce- 
lestes. Y en uno , y otro extremo bai nueva diviáon de 
opiniones ^ estendirado unos Autores mas que otros aquel 
poder.: de modo ^ que en quanto á mover todo el globo de 
Idi tierra , lo niegan unos , y lo afirman otros. Y lo mismo 
en quanto á impedir el movimiento de los Cielos , ó darles 
movimiento contrario. En la sentencia del Eximio Doctor, 
queia virtud motiva del Ángel « como finita , se proporcio- 
na á la resistencia del móvil ( Ub. 4 de yingeüsy cap. 32), se 
entiende bien ^ cpie dos demonios puedan. mas que uno , y 
quatro mas qne dos. Si quiere saber mas el Sr. Mañer , es* 
tudielo, como hice yo. 

18 Pasóle el mal uso que hacede loa textos de la E»« 
jcrkura : Uno que dice jdel Anti^Christo^ que hará bajar fue- 
go del Cielo , como si esto fuera lo misma que obscurecer 
¿s luces celestes , que es paca lo que le trae» Otro de Job: 
Non est potestas ^ quce comparetur ei super tfrram; el qual 
asi prueba el poder del demonio en el Qelo , como el po* 
ider del Tueco en la Lunaé Ello d mundo en todo anda al 
•revésk Yo(que he visto la Biblia' muchas veces por adentro, 
-traigo pocos ^extoa de ella ; y d Sr. Mañer que solo la vio 
por el pergamino , los menudea que es un asomtH*o. 

19 Num. aS nota esta interrogación mia: iDe queksfí^ 
vióiíNerxm darte mucho día Magka , si no pudo evitar la 
fCWspiracioni d nx>tívo de norria es^ que digo mas abajcii 
que eLmismo Principé akandoná después esta apücaden. tü^ 
ce pues, Mañér ,.que es claro que no podía servirle. para 
evitar la c<»spiradon , habiéndola abandonado antes. |Pues 
qué, aunque hubiese abandonado la aplicadon> ó estudio 
;jde la Mágica , no podria servirle después lo que había estu- 
cado- antes? ¿£s predso que olvide á¿í todo una facultad el 

r 910 cesa en el estudia de ;ella? ; 
w . ao^ MumecD %^ ffice f(^ á oingUDo: tiene vu ha tcnt- 
;: do 



.Discurso XXI. ' 147 

do el vt^olpor nia^o ^ porque éipieá^e^ y diga que lo e% 
y reputa por gran =desci)ida; cnco haber dicho lo- contraria*^ 
AStíde\ qúe'el valgo rsolo lósrjozga Magos por lo que leg. 
ve hacer, no por lo que les oye decir. No haí verdad al^ 
guna tan constante, que no lleve su rifirrafe, si cae en las 
uiias del Sr. Mañer. Nada mas ordinario en el vulgo , que 
creerle £ uno queche, b que él dice que sabe. Ningún fa« 
randttiéro viene de afuera > que para oon ta plebe, y aun mas« 
que Ia< (debe ip no sea Mediooi y Astrólogo , y quantoéi quie- 
re decir que es, sin ser nada* Ydflendonos á materia de 
hechicerías, ^uién ignora quanto miedo tienen puesto á 
los rústicos en varias partes los que se dicíen nuberos? ¿Quán- 
t6 tamhien aquellos, y aquellas que dicen tienen á su obe- 
diencia los lobos? Constando por infinitos egemptares , que 
este no es mas que un embuste, de que hacen grangería, sa**: 
candóles á los labradores algo de moneda , y víveres, con 
el miedo de que fulminen sobre sus mieses las nubes, ó des^ 
pacben contra sus ganados algún destacamento de lobbs. 
liosque por maniáticos, ó ilusos en esta determinada ma^ 
teria , juzgan que realmente son hechiceros, se hacen creer 
con mas fadlidad; porque la persuañon propria tiene algo 
mas de fuerza para conciliar la agena , que la formal men-> 
tira ; suponiendo (como fí-eqüentemente sucede ), que los 
^e ven que no deliran en otra cosa, juzgan que tampoco 
en estst deliran. Si son traídos ajuicio, hacen la confesfoo 
conforme á la ilusión en que están ; y este es el caso , en que 
lio solo el vulgo asiente á que realmente son hechiceros. 

tt En el num. ^o tenemos admirables cosas; y tales, 
que no se han visto jamás sino en el Anti-Teatro. Habia di- 
cho yo al numero 6^ de mi Discurso , que á la objeción qud 
sé hace con el Canon del Concilio Andrano contra la exis-* 
tenda del bueto de las hrujsts^responik htafftente peHo en el 
tíb. ^ délas Disquisiciones Mágicas. Dice á esto el Sr.Mañer, 
que esto es aprobar la solución del P. Delrio; y hasta aquí 
tnce bien. Pero quanto dice de aqui abago es un cúmulo de 
errores, y algunos son de aquellos de primera clase, quebas* 
•tan paradegradar deesaitor al hombre de masalto caracten 

Ka £m- 



148 Uso DE LA Mágica. 

11 Empéñase en impugnar la solución del P. DeMo al 
Canon del Condiio Andrano , pwque aora es lo mismo que 
impugnar la mia ; y dice lo primero , que el P. Delrio tra^ 
ta este punto en ¿1 seccáon 18 del 5 libro. Primer ertoc^ 
pues es en la sección 16 donde le trata. En la secdon 18 no se 
habla palabra del referido Canon. De Euckaristia morituris 
prabenda es el titulo de la secdon i& : que parad budo de 
las brujas , de que trata d Canon alegado del Cóndilo , es 
mui del caso. Pero ya veo que este es un error leve , y d 
hombre mas cuidacíosó puede equivocarse en eljaumero de 
una dta; bien es verdad^ que en el Sr. Mañer se hacen re- 
parables estas ecpuvocadones, por ser tantas. 

s] Dice lo segundo , que la respuesta « que da el P. 
Delrio y es negar que aquel Canon sea del Condiio Andra^ 
no. E^te error ya es de los garrafales. En dos partes toca 
el P. Delrio la qüestionde síes legitimo aquel Canon; la 
una de paso en el libro z , qUest. 16 ; la otra latamente ea 
d libro 5 9 secdon ,x6 : y en una y y otra parte se aplica á 
la sentenda afirmativa clara ^ y expresamente. En este ulti- 
mo lugar ( que es del que habla el Sr. Mañer ) , después de 
proponer las objedones que hacen otros Autores contra la 
legitimidad del Canon , inmediatamente prosigue asi : His 
tamen argúmentis nombm inducar ut Burchatdo^ Ivom^ Gra-- 
tiano , fie dicam tot alHs dodissimis viris comradicam , vei 
éconmmm me sentetitia patiar avellL Y proponiendo luego 
las razones que hai á favor del Canon prosigue después: Qfuh 
re magis vergit animas 9 ut , danec certhra habeMms^ etm 
(Canonem) ConciUo Anqyrano relinquamus. 

14 En este segundo error se envuelve otro : pues tra<- 
tando de lá soludon que da el P. Delrio al Canon del Con- 
cilio , no solo le imputa la que no da , mas también calla la 
que realh^nte da. Pudiera acaso dar dos sdudones d P. 
Delrio 9 é mipugnar el Sr. Mañer la una , dejando á salvo la 
otra. Mas en este caso dd>iera hacer alguna expresión, por 
donde se conodese que la solución . que impugna , no ^es la 
imita queda el P. Delrio.. Pero d Sr. Mafier trataia soludoa 
que imputa.aip. IMtxü^ yhabkde.eUa^.como de i^niou 



. DfsdVRsoXXI. ' 149 

Wt la floludoh que da el P. Delrio, estubie^ cotúpreendida 
eo pocas lineas « podría acaso escaparse por ioateocion á 
alguno t aunque leyese toda aquella sección; pero el caso 
es , que está latíssiox) en ella , y asi es indable la inadverten-* 
da. Con que le sucede aqui al Sr. Mañer lo que no ha mu- 
dx> le notamos en otra parte; esto es «que ve en los Auto^ 
res lo que no dicen , y no ve lo que dará « y expresamente 
tratan. Con que esta ocultadon de la verdadera soludoa 
del P.Delríoes otro error ^ y van tres. 
. 35 Dice lo tercero, que d Papa Marcelino aprobó d 
ConciUp Ancirano; y añade , que esto se lee en el primer 
Tomo de los Concilios. Dos errores baí aqui, entrambos de 
marca mayor : el uno en el hecho, el otro en la cita. En 
el primer tomo de los Cóndilos no se lee tal cosa. Y le de- 
safio al Sr. Mañer , á que ni en la Colección del P. Labbé 
(que es la que usó ) , ni en otra alguna , muestra tal apro* 
«ación dd Papa Marcelino ; y luego verá la evidencia que. 
tengo de dio. Este es el error en la dta. 
. itf . £1 error en el hecho es pdpable , porque el Papa 
Marcelino murió antes que se empezase la GeÍd>radon del 
Condlio Ancirano. Esto es cosa inconcusa en quantos escri- 
bieron de Historia Edesiastica. Y hasta aora no se vio en 
h Iglesia aprobar un Condlio futuro en profecía. Tres Pa* 
1^ hubo entre Marcelino, y Silvestro Primero ^ en cuyo 
tiempo se celebró el Concilio Ancirano, aunque no ocupa- 
ron los tres la silla muchos años. A Marcelino succedió Mar- 
celo Primero: á Marcelo Eusebio : á Ensebio Melchiades; y 
á Mekhiades SUvestro Primero , en cuyo tiempo , como di-, 
ginooa*, se celet)r¿ el Condlio de Andra* jYJiubo después, 
acaso otro algún Marcelino que pudiese aprobar aquel Con- 
cilio? No, señor; porque aquel Marcelino hasta aora es el 
único de su nombre entre los Papas. Van ya dnco errores 
contados. 

: xj £1 error sexto está en que dice , que por orden de 
Gregorio XIII fue mandado retener d Canon, de que habla- 
mos , en el decreto de Graciano. Y añade , que esto no la 
niega d P» Ddrio en d lib* 2 « qüest. itf , que es otro error 

K3 mas» 



f 50 Uso DB LA Mágica* 

mas. Ni Gregorio Xtll mandó reteoer el reíbridó Canon efi 
el Decreto de Graciano, ni esto' lo concede el P.Delrio.' 
Lo que dice éste en d lugar citado es, que se retubo el Caí 
non en el Decreto de Graciano , corregido por orden de 
Gregorio XÍII : Reienfus/iáU m decreto Gratiani jussu 
Gregorii XIII^ Pontt eotrecto. ¿Quién no vé que es cosa 
diversissima retenerse el Canon en el Decreto de Graciano, 
corregido por orden del Papa , de mandar el Papa que se 
retubiese el Canon en el Decreto? Y de hecho, solo lo pri^ 
mero hubo : lo qual no es aprobación aun tacita del Canon* 
¿Quiere verlo claro el Sr. Mañer ? Pues mire. Corrigi^ la 
Vulgata por orden de^Síxto V ; y después por orden de 
Clemente VIH, En esta segunda corrección se purgó la Vul- 
gata de varias cosas que hablan quedado en ella, hecha la 
primera corrección. Pregunto aora : ¿Aprobó Sixto V , ni 
aun tácitamente , todo lo que se retubo en la Vulgata cor- 
regida por su orden ? Es daro que no ; pues á ser así , no 
se hubieran quitado después muchas cosas como supositi- 
cias. Cuenta , que van otros dos errores en este pirrafillo: 
con que son sietet 

28 El octavo , y peor de todos es , que en la solución, 
que dá el Canon alegado, le trastorna, y buelve al revés, 
imputándole á dicho Canon lo contradictorio de lo que en 
términos expresos, y formales afirma. Atención. Lo que res^ 
ponde es , que él Canon del Concilio, bien lejos de negar 
ios bueios, y transmigraciones de las brujas por el aire, ^r- 
má, que huelan super quasdam bestias ( esto es , el demonh 
en Jbrma de ellas) , & mukarum terrarum spatia éntempes^ 
t€e noctis silemh pertransire: en donde vemos {*añsLáe)ser 
falto decir , que de aquel Canon consta ser meras ilusiones hf 
budos de las brujas , pues expresamente declara h con^ 
trario. Son sus proprias palabras , y el Latin inserto es des^ 
tacado del contesto del Canon. 

29 Nunca la mala fé ^ ó falta de legalidad subió á\mas 
ako punto que el que se vé en este pasage. Para cuya evi-^ 
dentía pondré aqui entera la clausula del Canon , de donde 
destacó aquel poco Latin el Sr. Maner. Dice asi : IBud etiam 

non 



. Dis(!tmso XXI. 151 

$of$ est m&tpffubm » qugd qutedam sceleratte mulieres^ re^ 
tro post i$atanam e9m>erf4e^4<Bm(mAm ilhíssUmibus^ ^'phanr- 
tasmatibus sedu^t^ ^crefiufU^ & profitentur íe nóctumis, 
húris cw9t Diana paganorum Dea ^ vil cum Herodiade ^&, 
inmimera pmititudine mulietwn^ equUare super quasdam 
hestias 9 & tfmka terrarum spatia imempesta noctis sikníh 
p€ftransire ^ ejusque jüssionü^us ^ vebit Domitue obedire , & 
MTtis nootibus ad efus servitítím evocara Vé aquí claro,, 
como la luz del Mediodia que el Canoa no añrma ( como dK 
ce el Sr. Mañer } , que aquellas mugeres buelao de noche t y 
se trasponen á lugares mui distantest sino que ellas lo creen^ 
y dicen asi : Qredunf & profitetour. Y lo creen engañadas 
con las ilusiones del demonio, dcefnomm iUussumUms^& 
phantasmatibus seducue. Decir el Canon que ellas creeq 
que budan , ¿es decir que huelan? Antes implicita, ó explí- 
citamente afirma el Canon que no , quando dice , que el 
creerlo asi nace de ilusión del demonio. Y porque no que^ 
.de alguna duda , prosiguiendo en hablar de estas misma* 
Hugeres ( pues no se habla de otras en todo el Canon } , añr- 
ma % que todo aquello es mero sueño inducido por el demo* 
alo. Atiéndase : tRquidem ipsc Satanás , qui transfigurat sf 
in Angelum lucís , cum mentem cujusque nrnlicrcuLe ceperit^ 
& haAc sibiper infldelitasem subfugaveris^ illicd transfórmale 
fe mdfversarum personarum species^ atque simiütudines^ 
& mentem , quam captivam tenet^ in somnis dehdens^ modd 
betOi modo tr istia , modo cognitas , modo incógnitas personas 
ostendens , per devia qtueque deducit. Et cum solus spiritus 
hoc patitur ^ if^delis mens luec non in animo , sed in corpo^ 
fe opinatur evenire. Qfiis enim non in somnis , & nocturnis 
vissionibus extra se educkur^ & muka videt dormiendo , qua 
non viderat vigilando} 

10 Es tal mi asombro, al ver en una sola pagina d^ 
Antí*Teatro tantos errores como hemos notadp, y algunos 
de ellos que llegan al supremo punto de ilegalidad , y mala 
fé , que debe permitirme el lectcMT hacer aquí una reflexioQ 
para mi desaogo. El Sr» Maiíer cita en varias partes del 
Adü-Xeatro mucbos Ubros, qvQ jio he vistQ %m puedo yéi^ 
;.. . ^ K4 por- 



151 Uso DE LA Mágica» 

porque ni yo los tengo , ni los hai ea estt País. ¿Deberé 
creer que son legales aquellas cicas ? Parece que no ; por-^ 
que habiendo evidenciado tantas veces su falta de legalidad 
en las citas de los libros que he podido ver , está contra él 
la presunción de que en los que no puedo ver te sucede lo 
mismo 9 y aun mucho mas en aquellos que él discurre que 
por raros no hayan llegado á mis manos : pues hai sin da- 
da muchos en el gran ga2sofílacio de la Real Biblioteca 
que no se hallan en las Libreriar particulares. Habiendo si-' 
do muchissimos los cotejos que en el discurso de esta obra 
hice de sus citas con los originales, en mui pocos dejé de 
hallar algún defecto substancial de legalidad. ¿Cómo, en 
vista de esto , podré evitar la sospecha de que con los Auto* 
res, de que carezco , se use del mismo fraude, mayor- 
. mente con aquellos que se discurre no se hallarán en las po* 
bres Librerías de este País? Sobre esta consideración vea» 
los lectores , si deben tener una desconfianza general de 
quanto hallan alegado contra mí en el Anti-Teatra- 
' j I No pretendo formar de aqui argumemo contra \m 
ánceridad del Sr. Mañer. Antes juzgo que esto^misnoo es prue^^ 
ba de su candor. Ni es ironía , ni paradoja. £s el caso, que 
como para la formación del Anti-Teatro tubo su merced 
muchos Oficiales ( según me ba asegurado sugeto mui fide* 
digno , que pudo saberlo ) , es natural que hiciese de ellos 
el uso que en semejantes casos se hace; esto es, les enco- 
mendase el juntar materiales , reservando para sí , como 
artífice principal , ponerlos en orden. Uno, pues 9 se encar*^ 
garia de reboíver libros sobre tales puntos, otro sobre otros, 
según la comisión que cada uno tubiese del Sr. Mañer. Ha- 
bría entre estos, algunos poco hechos al trabajo. La Corte 
tiene mucho en que divertir la gente. A que añadiendoser 
que su nombre no babia de parecer en la finente de la obra, 
tomaron mui sobre pdnéel escrutinio; con que le acudie- 
ron }al pobre Caballero de Mañer con unas noticias, ú t>ídas 
en corrillos , ó leídas al buelo, y puestas al revés en la me- 
moria. Creyólos elSr^ Mañer ^ y dio aquellas espedes á I9 
escampa : ¿eMo es {^roprioide [hombre candidos ysendUó^ 

- - 1 .^ /i. que 



DisoüAso'XXI. ^53 

que oráib nó sabe engaBar á nadie, tampoco presume qué 
nadie le engaña. En caso ique no fuede eeto O que-ei sin duda 
lo oaas probable ) s líó puedo* discurrir otf ft ' ¿ona ;>$i no que 
MI merced tomaba la pluma para escribir , quando tenia la 
cabeza mui mareada díe estudiar ; y en este estado es natu- 
ral que se confundan , barajen , y trastornen las especies; 
Uno, y otro principio pudo concurrir. • - * 

31 En el numero ultimo O yá era tiempo die llegar á él) 
impugna lo que digorde aquella visión nocnirna^ que llamasi 
Hueste^ con una experiehcia propria, ^ando pasaba de Car- 
racas al Puerto de la Guaira , en cuyo transito , dice , vio 
aquellas luces nocturnas con tales circunstancias, que hacían 
evidencia de ser una congregación de Brujas. Dige en una 
parte, que las noticias de Indias comunmente necesitan de 
conñrmacion. En otra que el Sr. Mañer , como en su libró 
hace oficio de actor, ho debe ser admitido para testigo. Y 
en fin , acabo de decir, que algunas veces se pondría á escr^ 
bir, teniendo atolondrados los sesos de rebol ver mochos 
libros, en cuya coyuntura podía suceder le pareciese, que 
aun al tiempo mismo que escribía ^ estaba viendo las Brujáis. 
Escoja el lector de estas tres soluciones la que le parezca 
mas á proposito. 



MODAS. 



^i- 



DISCURSO XXIL. 

1 T TAbiendome detenido mucho en los dos Discur^» 

JlJL sos pasados, loaorraré aoraen los quatro si* 

guientes : ya porque el Sr. Mañer también pasa ligeramente 

sobre ellos , yá porque no dice cosa con que pi^a alud* 

aargil mas ignorante del Vulgo. v: > 1 

a iBn ei primer mmero de este confietai ^-que estan^noni 

-I ii bien 



1^4 Modas* 

U«n Qorr«gi<Ht9tf^a9 )ai tnocjas, de que tiabkK Sobedui 
neaos^ qoe jbo h^ya compr^eadido eo la correcoioii . \a% 
peluca» «y 1» «w^cion de I4S pehica» • en el cabello pro* 
firio, con ríz$s ^ undulaciones^ y buoks. En quanto á las 
pelucas^ contente en que las usen Jos que tienen medios pa-« 
jr4«Uas« porque es. conveniencia; i)ero no los que han me* 
nester para la olla el dinero que gastan en ellas. Subspriboí 
«:o{|nMicfao §ustp.aL Sr«Mañer«. En quanco á la iaiitacfoa 
4e 4a peluca ji.subsocibai€fn parte. Algo tiene de figuraíki; 
4)ero es cortissimo el inconveniente. Vea el Sr» IVlaJier qué 
¿ocíl 301 ^ y bieoayenidot quando le veo hablar con aigp de 
razoQw Solo advierto ^ que habieodome repreendido atrás e( 
iiso de la voz ufkkáhcionein debió miraBdolom^ort de pere^ 
cerle bien el tenoioillo^ y asi lo; usa en esta parte, Ojoalerr 
ta. Ningún Escritor diga ^ deesu vo^; no beberé. 

I Numero % congetura % que habiendo dicho que el es-^ 
ludio de los que llaman Medaltístas es entre las Naciooes# 
táñ la Moda ; le tildo como digno de repreension. Conge? 
tura mal ^^ y estol muí Iqos de eso. Coooxco las utilidades 
fie aquel estudio. Y ^ el Sr. Maoer buetve los ojos á la 
«que digo en el numero 26 de aqud Discurso , verá que noj 
estol mal con todas las Modas ; antes estoi mal coa los que 
están mal con todas. Apruebo las útiles : repruebo las des* 
cpnvenieittes. Asi^el decir que es de la Moda a^iel estH- 
dio 9 no le presta algún fundamento aí Sr. Mañer^ para 
juzgar que le tengbporrepre$nsibl«u 

4 Numero j se hace apologista ele los bigotes EspaSo^ 
les n para introducir dos noticias que leyó vetho harbas J 
verbo peh ^ las quales á la verdad no son del caso ; porque 
la qüestion es predsamence^^si el uso del vigote contiene, ó 
no contiene deformidad : y sobre este punto no hai que de- 
cir v aino que el bígcHe al Sf. Maoer le parece binh , ^ á 
mi me parece mal. En este numero tira un horrendo ^jo so- 
mbre, el trato de los Españoles de este tiempo ; y lo m^ re^ 
parablcj», que lo hace con la espada de un Judio. Dice^ 
queá un Judio erudito le oyó en Amsttndán censurar ^|rrtf 
bieoaeoie elm^l tr«t# deios Espafiete té iomediatamopte 

ma- 



Discurso XXII. r.5f 

flHiiMesta'Vlar pleoo asenso i la ceniMfa» Pregunto , ¿si se>« 
ría mejor la creencia de aquel Jucfio;» ^ue Iji del {Anabap- 
tista Vandale , y la de los Discípulos de Lutero? Y en se« 
gundo lugar pregunto: Si el Sn Mañer se conforma con te 
opinión de un Judio ^ en perjuicio de nuestra Nadon ; ¿por 
qué ao podré yo conformarme con la opinión de un .Here-* 
ge« en lo que no perjudica, qí á la Reli^on , ni á la Nación^ 
ni á nadie? 

5 Numero 4 impugna el uso del vestido militar ^ por la 
razón de que no es vestido patrio ; y defiende la golilla^ 
porque escusa muchos gastos que se siguen de la compra dé 
paños estrangeros. Ni una , ni otra nzqa valen cosa. No 
la primera , porque el vestido militar ( llamando asi al que 
es con|radistinto de la golilla ) , patrio es « y mas antiguo 
en España que la golilla. Y asi el texto que trae de Sofo- 
nías, contra los que visten á la Estrangera, no es del caso. 
Fuera de que lo que ( según los Expositores Sagrados) ear 
aquel lugar se repreende, no es todo vestido Estrapgero» 
sino el que era proprio , y oaracterizante de alguna Nacioa 
infiel; como entre nosotros lo sería el turbante Turco. Otro* 
Lo exponen del vestido que usaban los Sacerdotes Idólatras 
en el culto de los ídolos. Otro^del vestido proprio deotrQ 
sexo. Y nada de esto es del caso. Pero en .el Sr. Mafier, es- 
to de usar i cada paso , y fuera de proposito, de textos 
de Ja Escritura , ya parece tema. Tampoco la segunda ra- 
zón prueba nada : pues sin vestir golilla , se pueden evitar 
paños Estrangeros , y superfluos gastos. ¿Quién le quita al 
^ue no usa golilla , vestirse de paño de Segovia? 

tf Si lodicho nsbafta para templar la queja del Señor 
Máñer sobre el abandono de la golilla « busque en esa Corv 
te, que no fakárá , el elegante , y gracioso Poema del P« 
Juan Commirk) , cuyo titulo es : GoliJia decreto JovU imert 
éicta. Ludus CathóUei Regís ( PMtippi V ) vetsu reddituf^ 
donde veri bien «pintadas las uicomodidades de éste trage^ 
La;idé»del Poeta es txkbránri festivo/eaojo^^coaque okies- 
tro Rei. ReUpe V (f nepFesenthdilé su.ipersoss en la de Júpiter) . 
aerqiá da(.¿ la^^iUti^cK'yftr^ lyag» >«hf^iA^wff^Y^ ^ que.li 

ao' 



tfogaba ÚbápiiBs'^áe íaheeh usado tmo» qitáatos'dns , qfUaiH 
d» estaba pára^vcMir á España. 



SENECTUD MORAL 

DEL GENERO HUMANO. 



E' 



DISCURSO XXIII. 

^N este Discurra , desde el principio hasta el nunu 
tf ) DO hace el Sr. Máñer mas que enumerar al^ 
gunos egemplos de virtudes que hubo en los primeros si- 
glos. Lo qual solo podría ser del caso 9 si, yo hubiera dicho 
que todos los hombres t á red barredera ^ de los primeros 
veinte ^ ó treinta siglos habían sido malos, Pero no habíen^ 
do yo dicho ui disparate ^ ¿de qué sirve sacar al Teatro 
Veinte , ó treinta justos ^ á parangonarlos con millones de 
millones que yo represento 4elinqüentes? 

2 Pasa luego á los textos del /Crisostomo « S. Agustín, 
y S. Gregorio « con que yo pruebo , que los siglo» en que 
florecieron aquellos Santos, fueron tan corrompidos, como 
el nuestro. A los dos primeros nada responde. Solo al cóm-. 
puto que hago (ponderando el lugar del Crisostomo) de que 
por lo menos tendría seiscientas mil almas la Ciudad de 
Antíoquia , pareciendole demasiafla vecindad , dice , que 
eno se deber4 entender cm su sahxlyem ée téenta» No 
hai «no echar de escás á Dio», vjá dichas iLe (carece, aqqe-i 
lia al Sr. Mañer mucha vecindad? Pue» á otros les parecerá, 
poca , y con razón : pues yo de hecho me cení al numera 
menor , ó mínimo que pcxiia echársete. Vea > á Josefb ,itbb 
t-'defiQiL jfodaicoíupc T^ donde dice %:queAntioqiUaiera 
(enma|[nt€ud la^terceva Cioqtadideitodoiel;lcMperiaAómanw 
<Ejsk 91 bMOUsáá^iWiKk^^^ por a 

• i mu- 



/ BiscüRso xxm. t^j 

onicha poblacióo la UAmaba la grande. Y en eHe Moreri 
leerá, que Dion Crisosiomó ledatreiota y aeis estadios de 
larga Y como tubiese no mas^que lá añtad de ancbo , no es 
mucho darle millón y medio de almas , y atfn mas. 

i A la autoridad de S. Gregorio dice , que la compara* 
don que hace el Santo de la Igle^ á la Arca de Noé , la 
expliqué voluntariamente ., como me hada al caso. ¿Quál 
fue la exfdicacion ? Pecir que eomo.en ¡a Ana de NoéJuh. 
bia pocos hombres ^ y nmchos brutos i dei proprio modo eñ. 
¡a Igksia es mqyor el numero délos que obran brutalmente^ 
fue de lasque vhen como racionales. Esta es, y en estas pa* 
labras que me copia el Sr. Mañer ^ está 1^ expUcadocí que 
él llama voluntaria : por eso inmediatamente á las p^abras 
referidas, para darme en rostro con la vohintariedad de !• 
explicación , prosigue asi su merced : Toqui se, pasma lá 
pluma de ver el art^io con que se vd tomando la flor que 
se necesita para formar el ramillete. No para aqui : pues 
luego pretende que mi explicadon tío solo es voluntaria» 
pero también contraria á la mente ,.y contexto del Santo. • 
. 4 ¿Creerá alguno , en vista de esto , que la éxplioaciofi 
que doi yo del simil de la Arca de Noé, es la misma que 
da S. Gregorio , y que nada puse de mi casa v ni hice otra 
cosa que repetir ello por dk> la propria aplicación, y uso 
que hizo el Santo de aquel simill ¿Oipreeria alguno ,<itte 
no habiendo hecho yo otra cosa que copiar del Santos no 
Bolo el simil , mas también la aplicación , pudiese faabet 
quien se atreviese á decir , que la aplicación que yo liagd^ 
tío solo es voluntaria, mas aun opuesta á la mente dd Sai> 
tó ? Pue» puntualmente estamos en este caso. Vaya el lee* 
tor á la Homilia j8 de S. Gregorio in Bvangelia (que erd 
lugar que cito yo , y que recita Mañsír ) , y un buen ped» 
ao antes dé llegar al medio , hallará estas palabras iTetre^ 
re autem vos non debet , quod in Ecclesia^ & mubi malíi'& 
pauci sunt boni^ quia arca iñ undis Diluvii , qu¿e kujus Ec^ 
clesia typum gessit^ & ampia in ifferioribus 4 & angasta in 
euperioributfifit. Qfue in summitate etiam sua ad unius mefp^ 
Jsuram fiuiití: eátcrevit. Ifferius qmppé péodrupe^ayOtque 

re- 



1^% SensctüiS Moral^ &c. 

feptiUa ; superkis'veré a¡m n & hamineshaüáfsétfedénifa 
tst. Ihi b»a éxtitit ubi besiiar habm* , Ití angusta ubi hth 
mines servmitt ^[tOanimirt^ Saftcta Bcóksia im oar^utíh 
bus amplia est^ im spirHualibus angusía. Uhienim bestiaks 
hominum mares toleráis iSici latios siimm laxas. UMautem 
eos haber ^ fui spiritaü ratione st^fblti sum , iUic quidem ai 
iuffímum dusitúT ; - sed tomen <, i^ia pauci sunt ^ amLustátur. 
{Puede estar ims.oiaro y que %. Gregorio , en el «mil de la 
Arca drNóé^cDt» \k Ig^e^ 9 en atención ai poco numero 
dé los justos 9 y al grande de los pecadores, representa 
squeüds en ios pocos hombres qae había en la parte supe- 
rior déla Arca, yestos^en los muchos brutos que había en 
la inferior'? S» embargo , el Stí MaSer dice , que esta ex-' 
plicaqion es contraria' á la mente de S. Gregorio f y la quei 
él da, es, que como de ios tres hijos de Noé que estabat» 
en la Arca ^ dos eran buenos, y uno malo ; así en la Igle- 
ña son mas tos justos, que Jos pecadores. Para esté efi^rto 
alega iinas palabras del Santo dentro de la misma Honulia^ 
pero escritas á diferente intento. ¡Ah, Sr.MaSer! ¿Quan^. 
tas vec^ le he de decrr , que na haga pie sobre esas espe* 
cíes que le ministran sus Contertulios? 

5 Echa en fin el Sr. MaBer el fallo , de que quanto he 
dicho de los desordenes , y vicios de los siglos mas remotoSf 
00 es del casó : porque los que se lamentan de la corrup** 
don de estos tiempos , no hacen la comparación de ellos 
oon los mui antiguos , sino con ios seis , ú ochó siglos inme^ 
dtatos : ni tampoco ésta comparación se hace con los hom-« 
bres de otras Naciones, sino con los Espafioles nuestros as* 
oendientes. Con cuya ocasión hace el Sr. Mañer un magni*^ 
fico elogio déla honra, virtud , y punto de nuestros pasados^ 
aunque eooprobr ¡o de los presentes^ , ^ 

-'^ SeBor mío , la queja de la mayor corrupción de cos- 
tumbres en el cotejo que se hace del tiempo presente coa 
los pasados , no hai por qué limitarla á £spaRa sola, puei 
lá misma se oye fUera de España ; y no solo se oye en és« 
te SI gto ; tamúen se oyó en lo» anteriores. E^a lameotacioa 
es masr contüQ qn? 1¿ de Geremias; Cada uno juzga d 

- t mas 



tnasconrompUlq aquel siglo eo 'que vive. AqnBa rVulgár, 
pero errada máxima vde que asi como van sacoedfeado los 
€ÍgIos, se ya. aumentando la malicia de los hdmhres, es 
propria, no del vulgo de España , sino del vulgo del mundo; 
y tanto ruido hizo en los tiempos de antaño , como en el de 
aora. Ha muchos siglos que se repite el i temponú d maresl 
de Cicerone no solo en nuestra Región , mas én las demás,, 
Asi yo hice muí bien en introduck la que V. md. graciosa- 
mente llama barahunda de Asirios , Med^ , Griegos , y 
Rímanos ; y otra vez que trate el punto ^ añadiré á aque<^ 
lios , sin que V. md. pueda remecUarlOi Cmbrios , Lombar-^ 
áhs^yGodos, 

' 7 Pero consideremos sedo dentro de España esta queja^ 
¿Quien ha dicho á V. md. que los Españoles que la articu* 
Tan , solo cotejan los Españoles de hoi con los de aver? 
Son infinitos los que en esta materia hablan 4sin determina^ 
cion de Naciones ^ haciendo ot^eto de su Jamentacion lo 
txxxmn del Orl>e , ño lo particular de éste. Reino , díden'-» 
do én general , que la continencia , el recato ^ y ' la seoci<> 
Uéz , la moderación , la buena fé se han ido perdiendo en 
el mundo , al paso que el tiempo fue corriendo. Es cierto, 
que no pocas veces se oye esta queja contraída á España. 
Pero si yo quise hablar de la general, y corr^irla , ipot 
qué no podría hacerlo ? Los ^que hablan solo de España, son 
por lo conoun pretebdientes desatendidos , que se rascan 
donde fes come , y todo es ensakar el gobierno pasado, pa^ 
faciéndole al Soldado de mas. corto mérito , que en otros 
s^los sería por lo menos Gobernador de una Pl^za. Y co^ 
mo en todos los siglos hubo esta especie d^ quejosos , en to* 
<kis los. siglos* se. oyó la mismas quqa\ Yaque no la teni^ 
poilque en nada serví al Rei., ni ai Reino ^ no quise déter<^ 
minar la plumal tan 'particular objeto ^ sino eompreender 
Ja genera], ó mascomiio* 

8 ¿Y quien le ha dicho, tampoco á V« md» que los qu(^ 
en nuestra ^adoii dan esa prefenenciaéios Espalibtésao** 
Jiguos sobre los moderno» 4 í^h ia. mira en los $eisVá odM 
sigkB'anterbresJ ^^ada 4aio,se&alarft'laii^K>^ 

gri- 



gridad/, .ácori^pcioo de,.£flpaña como le patedere « y los 
mas DO iietenmnaráa dempo alguno ; solo indeterminada- 
mente 9 y & bulto dirán ( y es asi que lo dicen ) que nuestros 
pasados fueron n^jores que nosotros. 

P Finalmente ¿en qué hbtorias leyó V. md. que los Es* 
pañoles de los seis , ú ochos siglos anteriores fueron de me- 
jores costumbres, y ^e mas punto « y lionra.que los del 
presente ? Tome V« md. en la mano la Historia de nuestro 
célebre Mariana : vaya corriendo por ella esos seis , ú ocho 
siglos 9 y verá que bellezas encuentra. £n el siglo undécimo 
le verá pintar los vicios proprios de la aula, como hoi se 
lamentan. Los cortesanos , falsos ^y engañosos aJuhdores^ 
que ni son buenos para la paz^ ni para la guerra^ atiza- 
ban 9 &c. ( lib.p, cap. I ) Si se habla de la corrupción de co^ 
lumbres en general, mire lo que dice al principio del úglo 
decimotercio , hablando en general de España : La licencia^ 
y costumbre de pecar ^ casi habia apagado la luz de la razom 
los vicios eran tenidos por virtudes^ y las. virtudes por tr/- 
cios ( lib. 1 2, cap. 8 ). Si.de la lealtad , y honradez de la Na- 
ción 9 óigale al fin del mismo siglo , tratando de la feis»!- 
ma , y abominable conspiración contra D. Alonso el Sabio: 
Tal era la disposición de los corazones en aquella sazón , que 
hazaña tan grande (es ironía) , como quitar el Cetro alRei^^ 
unos se atreviesen ttimentaüa , muchos la deseasen « y casi 
todos la síifriesen (lib. 14 , cap. 5 ). Algunos años después 
hallará otra horrible pintura del desenfreno de vidos en 
Castilla: Por las Ciudades y Fiüas^ y Lugares ^en poblo' 
dos 9 y. despoblados , cometian d cada paso mil maldades^ ro^ 
eos , latrocinios ^y muertes^ quien con deseo de vetearse de 
fus enemigos , fíden por codicia ^ &c. ( Ub. j ; , cap. < ) Ea 
el siglo 14 verá x)ué tal era. el punto, f .te Christiandad de 
los Españoles , leyendo estas clausulas : Elvulgó ^ con la es-- 
peranza del interés ^ se vendía al que mas le daba , varia^ 
como sueJe , é inconstante en sus proposiciones. De aqui se 
seg^ka übettadféra camtí« todo genoto de maldades ^ muer^ 
te^i robps.^y latrocinios. , iniserabk avenida de calamidades^ 
Sise hithbdelfpalgóbierao^ en cada pagina deeste gritn*- 

de 



Discurso XXIIL i^i 

de JFfistoriador se encontrarán tristíssknas lamentaciones del 
^desgobierno de aquellos tiempos. ¿Pero qué nos detenemos 
«en cosa tan notoria ? Es muchQ de admirar , que un hombre^ 
que ha leído algo, se ponga de parte de una opinión propria 
de los que jamás abrieron un libro. 
** TO Vamos á mis descuidos en este Discurso, que son 
dos , según la sentencia Senatoria del Sr. Mañer. El primero 
culpar aqui la ambición de Semiramis en sus conquistas , ha* 
biendo en el Tonl.i , DiscXVL celebrado su prudencia, po- 
lítica, y ánimo varonil. Solo el ingenio del Sr. Mañer pudie- 
ra hallar contradicción entre aquella repreension, y esta ala- 
banza. ¿Por qué lado pugnarán estas prendas con aquel d^ 
fecto ? En raro Héroe , de los que celebra el mundo , dejaron 
de concurrir el valor, y prudencia política con la ambi* 
don. Las prendas son laudables ; el vicio repreensible. 

1 1 El segundo descuido es haber dicho , que la pureza 
de costumbres de la primitiva Iglesia no fue de mucha dura- 
don. Dice el Sr. Mañer que duró tres siglos; y convengoen 
ello, i Pero quién tiene por mucha duradon la de tres siglos 
en comparación de diez y ocho que van corriendo? ^olo tie« 
ne por larga la felicidad que goza por tres siglos una Repu-» 
blica , el que la mira con los ojos de una dañada envidia. 



sabiduría aparente. 



DISCURSO xxir. 

EN este Discurso estoi agudo , sólido , y admirable, 
r si se ha de creer al Sr. Mañer. Solo me culpa haber ti- 
rado un rasguito de pluma acia la Medidna , no hablando 
en particular de otra alguna Facultad. Disculpóme con que 
con los Médicos yá no tenia que perder , estando yá antes 
faecho todo el daña Con los profesores de otras Facultades^ 

L me 



i6i Senectud Moi^al. 

me vd con tiento , por no multiplicar enemigos. Sin eiid)ar- 
go 9 el Sr. Mañer no leyó con mucha reflexíoo mi Discurso; 
pues en el num. 19 de él hai una inveciivilla acia otra parte» 
que á fé que no sabe á jalea de Victoria. 



ANTIPATHIA 

BE 
FRANCESES, Y ESPAÑOLES. 



N' 



DISCURSO XXV. 

fUmero 1 se ostenta admirable Fisico el Sr.Máfier» 
Habiendo dicho yo, que la oposición de las dos 
Naciones no viene de Antipathía , sino de los acddentales 
motivos , que en los siglos pasados hubo, para el encuentro 
de las dos Naciones : me opone , que bien pudo nacer de 
esos principios la oposición , y después con la costumbre ha- 
c&*se natural ; por consiguiente pasar á Antipathía la que 
en su origen no lo era. 

a Esto sí que es entender lindamente lo que es Antipa*» 
thia , y lo que es Naturaleza. Sr. Mañer , quando se dice , que 
ia costumbre es segunda Mturakza (que es lo que á V. md. 
le ha engañado) , se habla con locución metafórica. Hablan- 
do físicamente , y con propriedad (dejando fuera el misterio 
de la unión hipostatica), nadie tiene mas que una naturale- 
2a, que 6s príncipium motus^ & quktis ejus , in quo est. An* 
tipathia se entiende en las Escuelas una oposición natural» 
que proviene de causa oculta. La oposición de Franceses, y 
Españoles no es natural ; esto es , no es radicada en la natu- 
raleza de las dos Naciones , porque ésta siempre fíie una mis<^ 
ma. Tampoco proviene de causa oculta » sino manifiesta^ 

pues 



Discurso XXV. 16^ 

paes él Sr. MaSer se la señala en las vistas de Fuente-Rabíá: 
luego por dos capítulos está excluida dé ser Antipathia la 
oposición de las dos Naciones. 

* 3 De aqui pasamos á deshacer su equivocación en tos 
dos egemplares que alega de Muías ^ y Elefantes, de quie^ 
lies dice^ qué siendo fecundas par su naturafeza primitivai 
te hacen par segunda naturaleza esteriks , estando domesti^ 
cadas. jQué es eso de naturakza primitiva , Sr. Ma&er? Por 
Dios no lo oiga algún Estudiantejo de la Escuela , porque sin 
duda tendremos caroyada. Sí las Muías ^ atenta su naturales 
za , son fecundas , esa misma fecundidad natural , y radical 
fetendrán estando domesticadas. La potencia será la misma; 
pero por algún estorvo estatá impedida. En sabiendo el Sr. 
Mañer , qué es facultad impedida, y expedida , acto prime-t 
ro, y segundo , potencia , y egerdcio , hablaremos mas so» 
bre el caso. 

4 Si en el numero i se muestra excelente Fisico , en el 1 
se maúifíesta consumado Lógico. Habia dicho yo, que la 
ojeriza con los Franceses no la heredaron hs Españoks de 
hs Alemanes , sino los Castellanos de los Aragoneses. Falla 
.el Mañer, que esto es lo mismo que si digera , que la hereda^ 
ron los Españoles de los Españoles. Y asi concluye, que en 
esto no se ha dicho nada. Lo que nos muestra esta sentencia, 
es , que en la Lógica del Sr. Mañer lo mismo es el genero, 
que la especie; el diviso, que d dividente; el todo, que la 
parte. Por eso saca tan bellas conseqüencias.Si Ío mismo es 
dedr Aragoneses, que dedr Españoles, lo mismo será dedr 
Aragón , que decir España : Luego como con verdad se di-^ 
ce, que ^pafía compreende las tres Coronas de Portugal, 
Castilla , y Aragón , se podrá decir, que Aragón compreen* 
de las tres Coronas de Aragón, Castilla, y Portugal. Del 
tiúmio modo , si lo mismo es decir hombres (que es la espe-^ 
de, 6 la parte ) , que dedr animales ( que es el genero , ó et 
todo ) , se inferirá , que bai hombres quadrupedos , hombres 
volátiles, aquatites, reptiles, insectos, &c. ¿Velo aora , Sr? 

5 Numero 3 para fijar el origen de lá oposidon de F'ran- 
ceses, y Españoles en las vistas de Luis Undécimo , Rei de 

L 2 Fraa- 



1 64 Antipathia de Franceses , &c. 
Francia^ y dé Ebñco Quarto de Castilla, ak^á ta tfiitoFÍda<Í 
de Felipe de Comioes. Pero el mal es <, que Comínes no diaf 
lo que el Sr. Mañer quiere que diga. Lo que dice Comioef 
< que aqui le tengo en su antiguo Francés } es , que hubo al- 
gunos piques entre Franceses , y Españoles en aquellas Vis- 
tas , y que después aquellos dos Reyes no se amaron uno 4 
otro: Et oncques puis ees deux Roisne / ei$$raimerei9t. £st€( 
no es decir , ni formalmente , ni illativé , que aquellas vistan 
originaron la ojeriza, que después ha reinado entre las dos 
Naciones : pues ni las rencillas de algunos particulares , ni 
la discordia dedos Reyes infieren perpetua ojeriza entre do» 
Reinos. Si fíiese asi , casi todos los Reinos de Europa estarian« 

00 menos que Francia, y España , en perpetua (como la lla^ 
ma el Sr. Mañer ) Antipathia. 

- 6 Si Comines , de quien señala el lugar , no dice lo que 
pretende el Sr. Mañer , i qué esperaremos de Monsieur Tup« 
quet, á quien al^^a á bulto , y de los demás que vienen á sus 
espaldas embozados , quiero decir, suppresso nomine; contK> 
aquellos otros muchos , que en otra parte cficen , que Julia 
Cesar Scaligero no vivió mas de veinte años? No nos deten-^ 
gamos en esto , pues en alegaciones de Autores yá tiene bicQ 
asentado su crédito el Sr. Mañer. 

7 En el numero mismo me da uaa mano pesada , de las 
que suele , por aquella digresión que íntroduge sobre la opo-* 
sicion de Turcos, y Persas , y la Bula del Musti , cuyo texto. 
puse á este intento. Dice que la Bula está larga , enfadosa , y^ 
no es del caso. Y á mí se me diera bien poco de que el Mus- 
ti haya sido un maza, si de rebote no viniera á mí la pelota, 
porque introduge una CQsa tan molesta, y despropositada.» 

1 Mas qué he de hacer ? Supongo que el punto se yotó pot 
habas blancas , y pegras entre el Sr. Mañer , y sus Cppterm•^ 
Vos, y salió decretado , que la Bula, pues no jtiene<que haoei^ 
en mi Discurso , se buelva á Constantinopla. Sin en^rgOy 
entretanto que llega el caso de reimprimir mi segundo to- 
mo-, apelo al jaiqio del Público. ,7 

8 Mas como en la invectiva presente buel ve el Sr. lyia- 
fier ásu te^ia de condenar generalmente las digr^iones» 

quie- 



. Discurso XXV. 165 

^piérb'teFnde'aaa vez puedp. quiburle ese mal vido, jrá 
4|iié liapueda lograr ob-a enmienda. Sepa V. md. que la dk 
gresion es parte de la Retorica , y como otra qualquiera íi^ 
gura , » te in^rocfaiGe con sobriedad , deleita ; si es mvá repe« 
lida ^ eofada. Oiga á Gerardo. Vosio , lib. 5 Riietor. cap. gi 
Jh íUgressimuius feccatur ^ariam « f$am iáii plañe eos: fii^ 
giuni^ fí afíi mfidr proáucwi». ¿Ve V. md, como en lasett^. 
tencta dfe éste famoso Critico es vicio huir del codo las é¡t* 
gresiDoes?. Otga.á Alstedio^lib: 7,.EQcy^op8^ de Rbetor« 
cap. 1 5 f que k digresión es una de las figuras que la Reton 
rica usa: Fí^juts sementíte secundaria smnt %% , videüca 
jánxesis , ügressio^ tramition &c. Oígk t Quitttiliano y lib.4^ . 
cafi. I i la definición* de la digresión junta con un grande 
egemplo , que autoriza sú uso : Párt^sis ^ sem diffressh esi 
éUiemtrei^ sed adtaüitatem úamm. pertinentis^ extra ordi* 
mem excurrenstructaius. Aqui eleeemplo:iSr lopriimG^or^» 
Vcetafaoit digressionem de marte ÜasariSi & pradigüs^ qute 
ipsiusnmtemdenuntidvertmt^i&c. ¥ ñ el egemplo de Vir^ 
¿lio, por ser Poeta, no leiíaoe fuerza ^ vea elqueaiegade 
Cicerón el citado Gerardo Vosio lib. 5 Rfaetor. cap. 61 bé 
apndGceronem^pralú OoréeUo Parechasim (digresión) h^ 
íes de ¡audihás Pompeii , mquasdivinus Hk Oratar ^ vútH 
tinemne ipso dueis aarsus éUcendi teneretar % ahrupto , quen$ 
ktchaaverati sewume^ divertit. Pudiera alegarle mucfaasinu 
autoridades^ Pero si.las ü-aídas no.le hacen fuenEa^ lo mismcr 
aucedei^' con las demás. . . I 



DISCÜRSaXXVI,XXVILXXVIILYXXIX.' 

* ' I 13^^ ^^'^ quátro Discursos pasó'el Sr. MaSer co* 
Jl mo.gaio por brasas. Para no tratar del prjmeroi 
(que es de los Días Críticos) , dice, que tiene xlos ra2so«iesd 
b ttoa, que juzga que yo tengo ryzoii ; y la otra , porque na^ 
da entiende de ta ^íentenide cen a^lfundamédtai'que se ne^ 
eetitapapadeifir uknelásmttó. S tadoiec» tenido siempre 
4m1 Lj pre- 



t66 Discurso XXVI^Scc. 

presente estasegunda taáop r¡*oh quItitamolestíasDiuifaier^ 
escissado el Sk; MkSer 4; sliprc^no « i wiiec^es vy tambmi» 
I mil * — '= •' ' - • - • • " * ••-'••'•..... ><t 

a De los otrost tres Díscürsoa ( que son sobre el Pesodd 
4^re, JEi/^¿i del fuego , ^ ./4ifiri]per¿/«íx) dioe que estos^ 
ni en tos Filosofos^^ni en el Vulgá pueden ser errores : Na en 
hs primeix>t4for^ antes Jjue^^se^fomme él Trki$m)irataFi'\ 
hioflúO i esmban defendida \y seguidas emas *opMúnes\^na 
en el segundó ., porque el VvIgP <m es. capézde erraren lo que 
fio disputa^ ■ , , 

' i Diga que soni)ellá& tas dos; razones. Pudiera remitírle 
al Sr, MaSeni lo qüb'l^hedichoen el Coosectaciascrfireeste 
pQoto; peraiáorarfioiésanéi]e;^ttr4'M^ será xemitíde á noa 
Anua de €ik>aofía. Esoqa 'la que: quisiere « ú de la$ -R^ligio-» 
ñé&r^ délas Uitívorsidadeade Salmnaiica^ á Alcalá; y^pué»» 
to á la puerta; diga ea alta voz^ que el aire ea pesado , que 
es una patraOa lo de la Esfera del fuego^i y una quimera d 
Antlperiscs^^ Y» Verá .qlié gritería? se levanta oootra V; mdU 
Entonces: sabrá si a<y]elÍD& tres ciTore» están aún metidos en 
tos> tuétanos de Imttlerables Fik>soíbs.> Salg^ despue» de entré 
los* Filósofos ( que saldrá sin duda bied despachado ) , y va<» 
ya á Jún corrillo de Payos: digales asimísma « que el aire es 
pesador y que lo que comunmente se dice « que la agua de 
Im pozos; está mas fr^caen Veranó t ^leen Invierno ; es 
patarata^^uesíboie tubierenpor locólo ñttüa^youquiero 
pagar algo bueno^ De modo ^ que estos errores están;,, lioso* 
lo en infinitos Filósofos ^ mas también en todo el Vulgaalto, 
flBgorS&l(íJBtíJg Jfítendfirt r^:y(yaí jS^t^eríffatit.'B!^ 
ro el que ignoren la voz Griega ^ i probará que ignoran el 
qp^mA^ cptte^'índe j4 ^^jueBayaz^ P¡gí;tí«pWf ft V^qw 
00 saben el Taare nuestro ^ porque no Te saben en Griega 
- ^4 n Ptte&Iaí£6da4!a7oat JRor^e el ifuUgo^ nó es(ciff>dzi de 
mrar en h^ qm ra dispusaf¿ \ Oh. dKrhosor vulgo> que basi na*- 
da errarás 9¿{)ues casi nada disputas! [Pera aÜDiosmio^ qué 
coaaequen^ia se descubre por .aquel lado I ¿ Quál ? Que el 
vuljgc» de ]Qs.idolis(irasf^ tel4elos Mkhnmtfanosi eKde- tos He^ 
seges no yeóm eajaatiria de'flctigioci^wrqusí tea.eit| inMes 

. ; '. • ria 



Discurso XXVi, fice ; 161^ 

Ha ifof ábpulaii. ¿No^sería m^, Sr.Mafiee.,«USnse.de es;^ 
tribir Anti-Teatros'y gafe proferir maMinat^^ doade ■salen 
c<^nseqaendas tan absurdas? > 



m. 



. "V 



PARADOXAS físicas- 



DISCURSO XXX. 

1 \r^ tenemos eti el campo al Sr. Maner .armado é^ 
X Filosofo: dudo si coa armas propriáa, óáge-r* 
ñas : solo sé> que son falsas. Y en quanto á la repetida can** 
tílena , con que aora nos buelve á dar matraca en el nume^ 
ro primero^ de que aun en caso que fueaep errores los que 
impugno en mis Paradoxas, no serian erüores del Vulgo , y 
t>or consiguiente impertinentes á ask proposito v tmslado á lo 
dicho sobren Omsectario ^ que no soi amigo de macbacar^ 
Aora vamos siguiendo las Paradoxas por su orden. 

PARADO XA PRIMERA. 

E/ fuego ekmental no es caliente en suimgfadoi * 

a «/^U£ tiene contra esta Paradoxa el Sr.Mañer? 
6\J Tiene lo primero i» que el Sol es fuego formal- 
mente en sentencia raui recibida de bs Filo* 
sofos modernos; y asi la prueba, que yo i» contra el suino 
calor de fuegoelétíieBtai ^ tomo del exceso que. ha(:e al calor 
de aquel el d^io»<rayos del Sol^ recogidos en el fodo del es-í 
peja ustorió^ó & contra producentem^ ó bada*prud>a ^ por* 
que .uno v y * otra es formalmente fuego. 
- j - Bien^ibflívengocoQe los Filósofos modertíofi>-(» que 
el Sol es formaUiibnte.foegQi.¿Pem es So^gp ftement^l? ; 01i¡ 
io queleséarprende.iaipregpnti)la jal SoJ^lañár J JBaelva^jott^ 

L4 ' rar 



i^a Parapoxas.Fisicai r 

Hr la Pftradox9¿ i No ve íque enr ella nQ:ijiego d soedaeaknr 
á toda {«8^ fiormal itf júr ursino al fiíego i^emental? £r^9 
M» ej^ ad retn el argumento, entretanto que el Sr. Mañer nQ 
nos prueba , que es fuego elemental el del Sol, que será lo 
mismo que probar , que el Sol está debtyp.de la Luna* 

A Tiene lo segundo , que para prol^ir el exceso del cá«» 
loe del Sol sobre él del fuégq'de^ á(^ abdjo , ísería menester 
hacer t\ cotejo, congregando las partículas ígneas de este 
alemento, asi como están congregados. los rayos del Sol en 
el foco del espejo ustorio. Respondo , que este cotejo , ó esa 
congregacion.de I9S partículas ígneas noe^nienester para na* 
da. La razón es evidente: porque Aristóteles,/ los que siguíen- 
dóle,atfibuyen sumo calor al fuego dementd, hablan de éste, 
no en la suporicion de que se congregasen sus partículas íg- 
neas (como los rayos del Sol en d espejo ustorio)^ sino en el 
estado natural en que le tenemos ^ y experimentamos. Y asi, 
como yo pruebe que haí otro fuego (sea congregado, ó dis^ 
gregadó ) de calor mas intenso que aquel , pruebo bien que 
el calor del fuego elemental ( como le considera la sentencia 
Aristotélica ) no es sumo : porque calor sumo es el calor má- 
ximo posible , y no puede ser máximo , ^i es posible otro ma? 
yor. Muéstrenos, ó en Aristóteles, ó en sus Sectarias algún 
pasage , djOnde f^ra atii^ir c^lor si|n)o ^ fiM^p jílemeatalf 
pidan la circunstancia de que se congreguen sus partículas, 
CQ^.se congregan ^s rayos solares en elresp^ ustorio; 

5 Tiene lo tercero , que ¡a Jlamdfiálminada (es fraise cul- 
ta , que significa el rayo , ó centella ) , .qué es fliego elemen- 
tal , es tan activa como los rayos del Sol en el espejo usto-^ 
rio. Nie¿oel asunto: porcpie los rayos del Sfol recogidos ea 
e\ espejo vitrifican «lasmiaterias., que isé presentan én el fiotm 
f é esta operación», que esíla mas glitaiAil Áiegp, ob alcanza 
k llama fuínünante. ^ Estai roiiipfe los ««rofr^ derrite h» me^ 
tales ( que es; todo lo que nos pondin'a de ella HSr.;Mi¿er.); 
pero que vitrifique piedras, y metades, ni^niM lo ^ice el Sr« 
Mañer, 4» hasta aora lotie bidé , ó ic^do» .Res|Kindó( lo \si^ 
gün^ó', iitteawKqiwidose! conccidiese^todo, nada prdbaria 
eí argumenUoL iLa iázon «51, porque «ladajse pr^^oba. á.£|voí 
•.:.'i , : ^ de 



. Biscússo XXX. • 16^ 

de la máxima Aristotélica ^ con que el íuegó elémeatal , so^ 
lamente fomentado en tales ^ ó tales materias, solamente 
congregado de éste , ó aquel modo ( mucho, menos si se ex^ 
trae á estado violento) tenga calor suma La máxima Aris« 
totelica es general; y una máxima general , en materia física 
respecto de qualqyier^ especifi, se ^Isi^qt siempre que no se 
verifique en todos los individuos de ella > considerados en su 
estado náturaU Tan Igos está de eso la sentencia del calor 
sumo del fuego elemental, que no se halla tal calor sumo en 
él Caun permitido el asunto del argumentó ) , sibo quando le 
extraen á un estado violento , y que por tales de>révissima 
duradon. ' 

, 6 Noto aqui , que el Sr» MaSer , hablando del espgó u$^ 
torio en general, determina el numero de los rayos del Sol, 
que sé congregan en él , á tres miUones , quatrodentos y se* 
aenta y quatro mil rayos^ Señor mió , el numero de los rayQ84 
que se congriegan , no ea todos iosiespcgos es uno,/ sino i!Qa«- 
yor , ó menor, segua el mayor;, 6 n^enohdiainetro ddespe^ 
jo. Mas yá sé en lo que consiste. Leyó aquél numero tlé rá^ 
^os el Sr. Mafier en las Memorias de Trevoux del año de 
171^, tratando del gran espgo ustorio del Se Villete ; y cof 
mo está taa IÑen en lasmatérias v lo queattí je dke de aqntí 
eapego particular , lo aplicó á iodos los>»üstoHosi ediando á 
todos loa tres millonea de rayos , con su aditameoto^ W$snt 
bien le faltó saber , que dentro de un mismo espejo se puede 
computar mayor , ó menor numero de rayosa según la ma- 
yor , ó menor extensicm latitudinal ^ que se diere á cada rat 
yo , lo qual es aiíbítrario ; y asr note, qué quandói en aqae^ 
}las*Memcoriaa,n hace cómputo dá humero de ^ayos^ que<se 
fidngreg¡an' en el grande espejo dé Vitléie, se le dá á cada nr 
yo la dedmaséxta parte de una iioea quadrada del pie de Par 
rís; si el rayo ae quiere imaginar mas delgado:,.ó dividirse el 
rayo , qike álü ae señala , en quatro rayos distintos, que esto 
es voluntario, puesjesdiidsiUésifl^tenDÍnQj(coflKr.todojg^ 
to continuo ) será quadruplicado el numero de rayos ; y si se 
imaginare mas grueso, será menor el numero. Otra vez le 
d^odlSr.MaSi&rfqwoportetstuduisse. E^ode andarse á 

tras" 



1 70 Paradoxas Físicas. ^ 

trasladar de los libros ^ para escriUr én materias V que antes 
no se faaa estudiado poco, ni mucho , es ocasionado á mil 
jrerros enormes^ porque aun creyendo que se traslada al pie 
de la letra 9 fadknente^ toma una cosa por otra. 

PARADOXA II. 

Bl aire antes se debe jtizgar frió ^ que caliente. 

7 A ^^ ^^ Sr.Maiier nada dice á fkvor de la sentencia 
J\ común, que impugno. Solo indina á que el aire, 
considerada precisamente six naturaleza , antes se debe ju£w 
gar indifeiiente i frió, y calor, qué frío, tii caliente. Lo quat, 
si t»en no lo contradigo por aora^ pues en la propuesta dé la 
Paradoxa cot^ ios dos extremos entre sí ^ no con el medio^ 
pero no lo pnidum los experimenCos que alega. Es asi que 
algunas veces se pueden ^ñalar agentes esdriniecQs ^ que 
en ausencia del Sol ( y yo también en su> presencia ) enfries 
el aire , como vientos septentrionales, 6 las nieves de mon« 
tes vecinos ; pero otras muchas veces que no hai tales agen*» 
tes extiinsecos, precisamente por la ausencia del Sol, si es 
alga 'dilatada, como en las noches de Innerno ^ se ocperi-» 
inenta el aire fUo:: luego es preciso confesar^ que es frió por 
sn ndturdieza; pues á no serlo, siempre neoedtaria de agente 
extrínseco para enfriarse. 

- 8 Al cargg^qae me hace el Sr. Mañer, de que debf para 
mi prueba hacer cuenta, no solo de la ausendadel Sol , mas 
taoibien de la de los fuegos áibterraneos, los quales por ú 
solos pueden calentar el aire, aun etl ausenda del Sol : Res* 
pondo, que ydconwleré la causa <uxlmaria,y regular dd 
calor del aire; no la irregcdar, y extrordinaria^ quales soa 
los fuegos subterráneos , quienes en rarissimos parages son 
en tama copia -^ y están tan vecinos á la superfide de la tíer« 
fa 9 que^puedan dir calor seoable ál áiieii 



PA- 



. Discurso XXX^ 171 

PARAPOXA IIL 

EJagua\^ considerada según su naturaleza^ ántei 
pide ser sólida ^ que Jluida^ 
9^ T^^^ ^^ prímpro^el Sr; MaSer^xjue como yoprm^ 

tiitece«ieme^télrespbQdbpor4os:ppopi^m^^ á la 

antecedente ha respondido» Aorá sói^inno yo«. Skd' siú esti 
que á la anteoedEente no ha respondido^ ní bien, ni malr lúe* 
go á esta no responde ni maU ni bien«. Y asi es^ pue&se con-^ 
tenta ^coa deoñr que ha Tespoodidov }r pasa á proponer por 
argumentoruft texto de la Escritura^, cou^qoéda por concluí^ 
da la disputa sobre está Paradoxaé. n >.:/ > ' [ 

la V9yase ua poquito mas^despadd elSr. Mafíer, y ad« 
vierta 9, que además de la prueba común á ambas Paradoxas^ 
hai otra especial aá kominem contra Aristotélicos^ t> que con- 
siste eaque faag^.ea su: sentencia es fría iftsumm « y la 
frialdad m: samma no puede menos de elar<» y por oonsLt 
guiente consolidar al. sugeta ea quiea se halla. ¿Cómo sef de«^ 
ja esto en el tintero?' 

. 1 1 Veamos aora et texto 9^ que yá había mucho» tiempa 
que tenia ociosa su grande erudición escrituraria» Dice ^ quie 
los. tres, días: de Fa Creadoa estubcí' la agua fluida ,. pue» al 
tercero la congregó Dios en un Tugar ; loque hatpudíera ha-^ 
eer sin milagro ^ á estár^ eladá.. Sedsic esty queilos: tres^ pri4 
meros: dia& faltaba d agente extrinseoo del Sol ^ que la Uqui-^ 
dase ^ pues, este fue criado al quartp^ diar luqgfa estaba la 
agua fluida en virtud de su propría naturaleza ^ y no por la 
fuerza de algiin agéate-extrínseco. • ^'^ ;i 

; ! I r ¿Quiéct le dgo al Sr; MaSer ^ que Jio habla eal6$ treí^ 
príraerosi^as agedteiextrinsecovque c^lentactd^^lsvagualáí 
fiquidase^ ¿N6 hábia luz: en este tiempo ? Cliaro está ^ -pues 
Dios lá crió eí (Primer dia«¿V esa luz no^ venia^dealguacueri^ 
po^flumihaikte ?' Asíalo dicea Padres, y'Exposiroresr común-* 
Énente^ 7aisilor^dirii:taúíÚtoetSr«. A^añePrpuesfandaáaor^ 

rar 



tj% PaIadoxas Fincas» 

rar de milagros, y sio milagro no podia estar la luz sio íq« 
hereoda á algua cuerpo lumimwi. Supiietto|^ pues , que ha- 
bla cuerpo iluminante , ¿dé d(Snde sabe el Sr. Mañer , que ese 
^erpo ilumiilaate no era, también calefttiente ? Demos ^la 
paso mas. Y si le añadiese yo , que ese cuerpo iluminante era 
el Sol , ¿qué diria el Sr. MaSer ? Haría burla de mí , ya se 
ve; porque consta de la Escritura « que el Sol fiíe prodi|d* 
do el quarto día. Pues ríase taimbien de Santo Tpmás, que 
dice expresamente que el SoU y todos los demás Lumioarea 
celestes fueron hechos, el primer día. (ip. fmétst. 70 ^ 0rt. i ) 
Riase asimismo del Eximio Suarez, que afirma lo mismoi 
{lib. % de Opere sex dierum , cap. a ) En uno , y otro halla- 
rá explicado ^ cómo se entiende la producción de los Lurni^ 
nares , que la Escritura señala en el dia quarto; como tamr 
bien la razón por qué Moisés no la asignó al primero. Esta 
sentencia ñó hai duda que es difícil, por la aparente opost« 
don del sagrado Texto: con todo, es la mas seguida, por<« 
que se les. encuentran mas espinas á todas las demás, que 
bailen esta materia^ Pero qualquiera que se lleve, se abreliii^ 
gar.áque haya agente extrínseco, que oüiente el agua en 
los tres primeros dias. Porque.si se dice <x>n algunos, que 
Dios crió el primer dia la luz separada de todo cuerpo, del. 
mismo modo pudo producir el calor. Si se quiere decir coa 
otros que la prodigo inherente á otro cuerpo distinto del Soi^ 
como ese cuerpo fíie iluminante , pudo ser* también calefii» 
cíente* Si, en fin , con otros, que Dios por sí mismo, sin ia<i 
terveodon de otra causa , prodigo, y conservó la luz aque^ 
líos tres dias , como inexistente precisamente al cuerpo ilu«« 
minado, del mismo se puede decir , que prodigo , y conser* 
Vóelcalor¿ . . 

I i CcHno quiera que aqueltó haya sido ( que con oerteft 
sa nadie lo sabe), io 91& sabemos con certeza es, que en los 
Plises 3iíbpiálare8,;precií^amfinie per^latlai^ ausencia dd( 
SoU la aj^adel mar está elada , y sólida* Y si do, aeñaieDoa 
el Sr^ Mañer el agente extrínsec0 ,.qae.la enfrb alli; U> qué 
QO.faace, ni podrihaoec, si no.esjque «ecitrra al aire. Pero 
deese olodo^.pqreaQilItaírser^ iaenl 

i de 



. Discurso XXX. 173 

4é la.'itAéééaefite 9 ooncediéado qué el áice por/^í ' mismo es 
firto* . .' ' i . 

14 Y 00 d^i^ aquí de advertir^ qpe el Sr.Mañer,9]aii^ 
do estraña tamo el oír que el agua por 3U naturaleza antes 
pide ser sólida, qiie fluida , se pasma de pocas cosas. ¿ Qué 
fiíera si alguien.le dígera lo mismo del aire? Pues, ve aq« 
que no falta quieb to diga, y lo pruebe ; y á. fé qqe ^ up 
gran Físico. Por si no quiere, creerme, citóle al fiímoso Me^^ 
dico de li^a Hermán. Boerbaave m Instit. Onfmte^ tmu i^ 
fag. 2X X de la impresioa de París de 1724. 

PARADOXA IV. 

o todas las qualidades son ocultas , ó ninguna 16 es, 

1 5 "r\Ice el Sr. Mañer , que esto no es Paradoxa , ni 
* 3lJ metrfce non^f detall sino solo arffmienso de 

ios Cartesianos ^ sin afirmación ^ ni concJusioh éñningunol 
¿ E^te es^ fallos 6 labeVibto? O quiere decir el Sr. Mañer , que 
la misma tesis, que propongo por Paradoxa , es argumento 
de los Cartesianos; y esto no puede ser, porque tan gran dis- 
parate sería detír , que una proposidon sdá es argumento^ 
como dedr V que ima; piedra áola jes toda la casaf*; ó quiere 
decir , que el argumento <> con que^ pruebo aquella propon 
sicioo, es de los' Cartesianos: ydeaqui ^ cómo puede infe* 
rirse, que la proposición probada no es Paradoxa ? ¿ Son^ 
por ventura , incapaces los Cartesianos de formar, argu- 
mentos probativos de Paradoxas ? ítem : i Qué quiere de-^ 
cir argumento de los Cartesianos ^ sin conclusión jen nio^ 
gunoh i?úede haber argumento sin txmdusion , 6 consi- 
. guíente, que es ilo mi^lmo i ¡ Estraña lógica* es la del Sr« 
$IaSer[ 

: tó Yo leí las Obras FilosoSca? de Descartes, y de algu- 
nos Carteáanós: y protesto que no me acuerdo de bab^ieí^: 
4p eodlgiiOQ. el asuntó, deila. presente Paradoxa. Pero que lo 
íuera , ¿ qué te niamos coa eso f Hke yo pleito bomknagp de 
A no 



»4 

1 74 Paradóxas Físicas* 

iu> escribir jain^^ sino b que ninguaotroresc^^ Enifió^ 
¿ qué quiere decir , el ifxt yendo yo por este rumbo ^ bien.pu^ 
diera llenar de Paradóxas el tercer. trnmS ¿Qué es fr por es^ 
fe ram^a? ¿Es usar de los argumeotw de lo8 Cartenahta ? J^ 
no bastará acaso para llenar oiaua tres hcjas, porque es me^ 
nester que los argumentos seas prdbatívos de Paradóxas ^ y 
que los prueben bien : poilíue yo no he de echar mano de 
todo lo que tenga visosde argumento, para llenar un escri^- 
to, cDipo haceel.Si>.Mañer: y acaso no hallaré en todos loa 
libros de los Cartftí^os argumento alguno contra la opít 
nion común que me quadre* [ Oh, qué cosas nos ha didia 
aqui el Sr. Mañer en n^enqs ^ ads jineas! 

Omitimos la' Paradoxa juinta ypor^ difpkno asef$so é 

eUaeliSr.Mager. 

. • • * .. . j 

PARADOXA VL 

'El Sol ^ en virtud de su propria dispostcion intrínse-f 

ca^ calientayy alumbra can desigualdad en dife^ 

rentes tiempos. 

17 T^Undé esta Paradoxa en las inandias que á veces 
M? se observao-en el Sol , las quales , prescindien-- 

do de otras, causas^ es preciso disoúnuyan Isi luz , y calor del 
Sol. Dig^ prescimtíéfuio dé otras causas^ porque es dertb 
que) hai otras , que hacen lo mismo , y aun mas. poderosa-^ 
mente, que aquellas manchas, como la mayor distancia del 
Astro , la incidencia obliqua de sus rayos , los vapores inter-^ 
puestos , &ۥ 

18 Doscosasdioe á esto elSr. Mafier: la primera, que. 
supone que esta observación i 6 reflexión la liabré visto ea 
las Memorias de Trevoux del año 171; , art. 57 , donde se 
propone en nombre de Monsieur Maraldi, y'del P« Rheita: 
la segunda , que los Autores délas Memorias impugnad &HI 
mismo la opinión de Rheita, y >MaraIdi , y asi.ddbí hacerme 
cargo del argumento que Jiacen cootni €Ua«.. > :^: . ; .i c ^>^>^^' 

A 



/Discurso XXX. ' 175 

ip' Ato' primero digo^ que le protesto a! Sr«Mañer 
(créame sí quisiere) 9 que quan<;lo escribí las Parado?^ Fi«# 
sicas 9 aun no tenia en mí librería ^ ni había visto las Memo^ 
ría» de Trevoux del año de 25. Mas esto importa poco ^ pues 
como dige poco há , yo no hice pleito homen^e de decir 
iiempre lo que ningún otro dijo. 

ao A lo segundo respondo, que • prescindiendo de si lo» 
Autores de las Memctf^ias impugnan la opinión de Rheita , y 
.Maraldi, es cierto, que no impugnan la mia. La conclusión^ 
que ponen dichos Autores, es esta, y concebida en estos pro- 
príos términos : No es del Soldé quien depende precisamente 
el grado de frió , ú de calora que reina sobre la tierra. Esta 
proposición praeban; y esta en ninguna manera es opuesta 
á lo que yo digo en la Par^doxa. Es claro : pues yo no digo 
(y fuera un grande absurdo el decirlo), que dependa pre- 
cisamente del Sol el grado de frió, ó calor , que hai sobre la 
tierra. En aquel adverbio precisamente no reparó el Sr. Ma- 
fier, aunque lo copió. ¡Notables descuidos padece en la ob- 
aervacioa de los adverbios ! Decir , que depende precisametp* 
te del Sol el aumentó, ó diminución de calor , y frió , sería 
negar que haya otras causas que influyan en lo mismo. Esto 
fiO to digo, ni me pasa por la imaginación; antes todo lo 
contrario-, como puede verse en el num. 20, que es el ptír 
mero de mi Paradoxa. Es claro que hai otras , y mucho mas 
observadas , que la que yo seilalo» Lo que digo es , que aun 
en defecto de aquellas , ó prescindiendo de aquellas, las man- 
chas del Sol por sí mismas disminuyen algo el calor, y luz 
que comunica el Astro á la tierra: lo qual, ni lo niegan los 
Autores de las Memorias , ni pueden negarlo. Pero aunque 
do me impugnan á mí , pudieron con razón impugnar ü Ma-^ 
fialdi , y á Rheita $ porque el primero probablemente atri* 
buia la moderación de ios calores de un afio, y el segundo la> 
intensión de los fríos de otro á las manchas del Sol , como 
á causa única , según entienden su opinión los Autores de las 
Memorias. Esto yo también lo juzgo improbable, porque na 
ocupando las n>anchas; por lo comuna sino una muí cortan 
pordon respectivamente al todo del disco Solarles poquis- 

si- 



1 7^ Pa&adoxas Físicas. 

simo 1 y ca^ ioseosible.el aumento del friov óidmUAicioo de 
eaior que pudieran inducir : por conáguiente \ habiendo sid6 
mtti notables la dimioúcíoQ de calor, y aumento de frió de 
Jos dos años , de que hablan Maraldi ^ y Rbeita , es preciso 
concluir v que con las manchas del Sol concurrieron otras 
causas. Luego ni yo seguí la opinión de Maraldi , y Rheita^ 
oí e^ contra mí 16 que $cen los Autores de las Memorias. 

,a I Asimismo es evidente, que nada hace contra mí otro 
pasage que cita el Sr. Mañer de las Memorias de Trevoux 
del año de lyitf; pues solo pretenden en él sus Autores lo 
mbmo que en el citado arriba: conviene á saber, que hsá 
otras causas^ fuera de las manchas del Sol, ó la £ilta cte ellas» 
bastantemente poderosas para hacer los años , ó frios^ ó ca** 
lientes , lo qual yo redondamente concedo. 

2 2 Sobre el contexto de esta Paradoxa me nota el Sr. 
Mañer dos descuidos. El primero es decir aqui, que las man^ 
chas transitorias del Sol dismimfyen el calor ^ y la luz dcia 
las Regiones elementales^ habiendo dicho donde traté de loar 
Eclipses , que la falta de luz , y calor del Sol , por la- interpo- 
sición de la Luna, no puede hacernos daño perceptible. Pr&i 
tende que hai contradicdpn entre estos dos pasages. Y cier- 
to que solo los ojos linces del Sr. Mañer pudieran descubrir- 
la. Si yo 4igese , que la diminución de calor , y luz del Sol^ 
ocasionada de las manchas^ nos hadan daño perceptible!, va- 
ya con Dios que hubiese contradicdon. Pero no se hallara 
que haya dicho tal. Mas aunque lo hubiera dicho, no habria 
sombra de ella. ¿ Es , por ventura, lo mismo, para el efecto 
de dañar, la diminudon de kiz , y calor por tres horas sola- 
mente ( que es lo mas que dura elEclipse Solar) , que la di- 
minudon de calor, y luz, ocasionada de las manchas del: 
Sol, que dura á veces meses , y años? Si yo digese , que eli 
faltarme alguna porción del alimento necesario , por una €o-<' 
mida sola, no podía hacerme daño, ¿se me podría infi^rír 
de ahí, que tampoco podría hacerme daño esa falta contir- 
nuada por un año entero ^ ¿ No podría asegurar el daño en 
este segundo caso , y negarle en el primero úa contradicdoa 

alguna i ¿Qué'diic)apii^.teQ6i;est9? ^-i 

El 



. DisduRsoXXX. 177 

-' }%3 E3 ¿ergundo descuicb me' le atribuye el Sr. Manera- 
deudo suyo. Es el caso, que me imputa la intéligeiicia (erra- 
da á lo que él pretende ) de ua texto de Job; la qual no es 
mía, ni la puse en mi oombre, sino de otros Autores , sin 
aprobarla , ni reprobarla. Y esto le basta al Sr. Mañer para 
decir con la sati^uxáod que suele: ^ estos ferros vií expues- 
to , P. Rmo.el q»e traslada sin mas refiexian que-tomar h 
atte en otro haUa. La fiílta de reflextán (como también la li-* 
bértad de palabras tan insultantes ) toda ^tá de parte del Sr. 
Mañer. Si su merced hiciera alguna reflexión , por poca que 
fuera , en lo que lee, advirtiera, que solo refiero la sentencia 
de otros , y la pnidba: qpe toman .de aquel texto , sin apro- 
bar ni la sentencia ^ «i: la prueba. ;iuites. bien todo vá metido 
en una clausula que empieza c Oreen algunos^ &c : lo que 
evidentemente oíanifiesta, que todo el contexto de dicha 
clausula se refina á la o|^on de aquellos algunos. . 
: 34 La <Pafaáóxa séptima se omite , porque elSr. MaHer 
dice que asiente- deUa^Es verdad que para decjr esto solo, hi-i 
20 su división V como en las demás : pusa Paradoxa f^I 
arriba con > letras igordas , y luego debajo el asunto de la 
Paradoxa , que es la mas larga de todas , porque se atendió 
mucho á no omitir superfluidad alguna « á fin de abultar di 
Anti-Teatro. 

L PARADOX A VIIL 

La extensión de ¡a Jlama acia arriba ^ en forma 
[; piramidal^ 6 cónica , es violenta 

,,-:, , ala misma llama. 

o.- • /■' ' ;; : ":: - ..iij;;¡| ,;•(.; -f? .' . i 

- 14 YP|UantopPópoD&conti:a esta Paradoxa el S. Maner, 

\J depende de que ignora el distintivo dei movi-» 

^ nuentonaturaUy.el violento. Prueba lo primero, 

que la. llama es maa>leve que el airc.que ladrcunc^u Hasta 

aqukfva bien. Ijiego aubsume : >el ;Cuerpo mas leve^ que aquel 

•líquido, que Ip jtodea^^^ube JK>bce¿étaaturakp»itie., ó coa 

- . li M mo* 



178 Paradoxas Físicas. 

movimieató iDatural : luego ]a llama tCOfioiovbiiiento aa» 
tural , y 00 violentOi sube sobre el aire que la circuo^ 
De la menorsubsutn(ita Doda otra prucba^i áooquesiem^ 
pre vemos en codos los líquidos , qué el leve se pone sobre 
el grave» 

- t6 Digo que la menor -^ubsin^pta es lalsa 9 ]r la prueba 
Binguna; como puede verseen estotra i que pcooedesubne 
la misma experiencia; Stoápn ^óemasque. ^l£i¿rpo grave sm^ 
héquando hai fuerza superior á sui gravedad ^ que Je impela 
acia arrufa: luego sube naturalmeníe^'El anteoedence.es ver* 
dadero, y la conseqüenda falsa. Lonúsmo puntualmente 
sucede en la prueba deiSr.Ma&er^que.€iijesta.instancía. ¥ 
¿qué-mucho i» si ¡déncioament3e> ehcasbics eirmismo? Lo qué 
le evidenciaré aora; al 6r;Mañer;' - . : . ; ^ 

17 Sube uh cuerpo , siempre <pie es mas grave que él d 
líquido , que le circunda* ¿Pero por qué sube ? Porque hai 
fuerza superior á su resiscencra que le impele ¿cia arriba; 
eoh viene á saber, la del liquidó circundante ^ que como mas 
grave que el circttndado ^ hace iiia& fuerza que él para ocuy 
par el lugar Ínfimo, y« no puedeooupprle, ana en virtud 
de la acción con que impele acia arriba el otro. Hasta aqui 
convienen los Filosofiss modernos, y ntre ellos el P. Vicente 
Tosca en la misma autoridad que cica el Sr. Mañcr , como 
si estubiera á su favor , siendo asi que le degüella* 

38 Paseinbs!a^^nte,¿(;^<i^sjMojfin}i6qtp qatu^ 
que proviene de virtud intrínseca ^ y natural del mismo mo- 
fcil. ¿Quáí es el ViotentbV El que no proviene de virtud prcí- 
pria del mobil , sino de impulso e^straño. Ve aq^i gustadas 
todas las cuentas. £1 cuerpo mjenos \grave, circundado de 
liquido mas grave ^ se mué^'é'ida áiVfta. ¿l'ero por virtud 
propria? No, sino por el impulso del líquido mas grave, que 
faacéfiíema por ócnp'ár:suJug«ru£i aceite; Y&gn;l¿t^^ 
té se escaria eh d fondo de la; ¡vasija ,!si lío vertíesbi én ella 
agua, á otro licor mas pesadoqueéLPiBro vertido éste, por 
razón de^u mayor gravedad ; hace masíAierza <p&fe«I aoe^ 
te,, para íM\p2LT^\\ai%wrs\xíf^ 
acia árribdel aceite* Niiiue'w wenos^9fe^la*^iedra<ecctrQa*> 

- i K men- 



Discurso XXX. 179 

mente se estarla en él sneío , si una fuerza mayor que la re-^r 
sistcndá de str gravedad no la impeliese áda arriba. 
• 39 Todo esta supone la sentencia^ hoi corriente, de 
(jue en mngun cuerpo hai levidad absoluta, sino respeélíva.; 
Estoes, todos son graves; pero mas , ó menos: y se dice 
leve, respecto de otro, el quees menos grave. También se 
debe aponer, quequando distinguimos el movimiento natu« 
ral i jr violento, hablamos según la sentencia comuo , por* 
que en la Cartesiana, que no admite movimiento alguno, ni 
aun el de los graves , sino en virmd de impulso estrafio, noi 
hai esta distinckin. 

JO De modo que el Sr. Mafier sé quedó en los arrabales 
de la qüestion. Propúsonos la experiencia que está á los ojost 
de todos,y lé pareció que con esto tenia ajustado el negocio;r 
siendo asi , qi¿ esa misma experiencia, hien mirada, prueba 
invenciblemente mi Paradoxa. Con esto queda desvanecido 
lo demás que dice sobre el experimento de Bacón , pues to*' 
do* mira á persuadir que la llama sube en forma piramidal,* 
quando el li<iuido que la circunda^» es mas grave que ella, y 
no sube , qiiando aquel no es mas grave: lo que no solo con* 
cedemos , sino que de esto mismo hacemos argumento coiH 
cluyente á favor de la Paradoxa. 

PARADOXA IX. 

Es dudoso si hs graves ^ apartados ¿ una gran 

distancia de ¡a tierra^ bolverian d caer 

en ella. 

31 T^OS equivocadooes tan monstruosas hallo en la 
JL/ impugnación que hace el Sr.MaSerá estaP^ 
radoxa, que estaba por decir , que superan á quanto hasta 
aora he hallado de admirable en su Anti-Teatro. La primera 
es confundir la proposición categórica con la hipotética* 
Yo digo que es dudoso , si los graves bajarían debajo de la 
lupótesi propuesta ; esto es , en caso q^e se apartasen á 

Mi una 



i8o Pakádóxas Físicas. 

una gran distancia de la tierra» Y el Sr. MaSer me arguye 
con la expértenda de que los «graves bajan , y que las. qu^t» 
mas varias sentencias que hai en orden á la causa que los 
bace bajar, suponen que bajan ; y que quando en la Statica 
se disputa sobre la aceleración de los graves en el descenso^ 
se da por asentado que bajan; y daca que bsuan, y torna que 
bajan, y buelve que b^. Sdk>r , por amor cte Dios , que 
no es eso. ¿Quién ha de ser tan fittuo que le niegue que Jos 

graves bajan, ni dude de ello ? Suponemos que b^an, y 
ajarán eternamente , entretantt) que un Ángel no los colo- 
que en aquella gran distancia de la tierra , que pide nuestra 
hipótesi ; prescindiendo por aora de si una pieza de artille- 
ría podrá apartar la bala á esa distancia. La duda propuesh 
ta no es si bajan, ó no bajan , como hoi están las cosas; sh 
no si bajarían, ó no bajarían , en caso de removerse mu«» 
chissimo de la tierra. Pdra uno que digese es dudoso si hs 
hé^s , tm caso que tubiesen aJas^ bolarian^ ¿qué argumen* 
tó sería probarle á secas , que los bueyes no buelan , y 
aferrar en que no buelan , y traer testigos de que no bue* 
lan? Si la duda está propuesta debajo de una hipóte^ que 
jamás se vio , ¿qué impugnación será arguirle con lo que de 
facto sucede? 

i % La segunda equivocación es instar con unos entime- 
mas , cuyo consiguiente es contradictc^io á lo que se supo- 
ne en el antecedente , al argumento que hago yo, en que 
el consiguiente, bien tgos de ser contradictorio , tiene cor 
nexion con el antecedente. Yo arguyo asi: Es dudoso quai 
sea la causa del descenso de los graves , si alguna facultad 
intrínseca suya , 6 la virtud atractiva de la tierra : luego es 
dudoso, si puestos á una grandissima distancia, bajarían. Es- 
tá duda, que hai en el consigmenfe, se infiere de la que hai 
en el antecedente. La razón es clara ; porque puesta la se- 
gunda sentenda ,. los graves no de qualquiera distancia b^ 
rían, pues podría la distancia ser tanta, que estubiesen fuera 
de la esfera de actividad de la virtud atractiva de la tierra; 
la qual, como finita, no á qualquiera distancia alcanza. Lue¿ 
go la duda de si la causa del descenso, de los graves.es fal 

vir- 



Discurso XXX, i8i 

virtud atractiva de h tiara , trae consigo necesariamente 
)a duda át ü puestés^^ti qualquiéra remocisBima distancia, 
bajarían. ¿Qué instancia es para esto ac^el entimema del Sr. 
Mañer , hs Ciehs se duda si ion suidos , ó fluidos : Usego 
dudoso es el que haya Ciehs ? ¿Qué instancia , digo , se pue* 
de hacer con un entimema, donde el consiguiente es contra- 
diaorio á lo que se supone en el antecedente ; á otro, don^ 
de no hai tal contradicción, antes hai conexión? Yo le pon- 
dré en la misma materia otro entimema, donde la duda de) 
antecedente infiere la del consiguiente: Es dudoso si el Cielo 
(hablando en general ) es fluido , ó sólido : luego es dudoso si 
hai siete Cielos Planetarios , ó uno solo. Aqui si que lacón- 
seqüencia es buena , porque no hai repugnancia en el con-» 
siguiente á nada de lo que supone el antecedente, antes hai 
conexión : porque si el Cielo es fluido , todo será un cuerpo 
etéreo continuo desde la Luna ál Firmamento; y si es só« 
lido , no pueden salvarse los varios movimientos de los Pla« 
netas, sin poner siete Cielos distintos. Asi,Sr. Mañer, que 
hai dudas que tienen entre sí conexión , dudas que tieneq 
inconexión, y dudas que tienen entre sí repugnancia : f 
querer hacer instancia con las ultimas á la primeras, es carer 
cer no solo de la Lógica artificial , mas aun de la natural. 
' il Aora reparo en otra solemne equivocación del Sr. 
Mañer ; y es, que aquella expresión , de que tal vez uso ea 
la duda del descenso de los graves puestos á qualquiera dis^ 
tancia de la tierra^ la tomó al revés , como sí yo compreeiH 
diese en ella las distancias mas cortas , y dudase de si baja^ 
ria el grave puesto á dos, quatro, diez , veinte varas de 
la tierra. ¡Buena duda sería esa ! No , señor , esta proposi- 
ción , es dudoso^ si los graves , puestos d qualquiera distan^' 
cia de la tierra , binarían , equivale , y l^ce el mismo sen- 
tido que esta, es dudoso^ si los graves^ por mas^ y mas que se 
apartasen de la tierra , bajarían. ¡Que también sea meaés* 
ter explicar esto! 

' 24 A lo del experimento de la bala de artillería, dispa-* 
rada verticalmente, sobre que cité á Cartesio, digo que yo 
Je cité mui bien ; pero el Sr. Mañer buscó la cita muí mal^ 

Mj La 



1 8 a Par ADOxAs Físicas. 

La cita fue de este moda: Véame las EpistcSas de Cortesía 
ifMersefmo^tom. x^ Epist;. io6. £1 Sr» Maoer no registró 
(ñas que la epistola lotf^y debió regi^ar mas. Si mi iotento 
fuese remitir el lector uoicameQteá la. Epistola lotf^escusado 
era decir, véanse Jas Epístolas (en plural) de Cartesio áMer-* 
senno. ¿Pues á qué fio se determinó aquel numero? A fin de 
señalarle al Sr. Mañer desde dónde había de empezar á leer^ 
Es asi , que en la Epistola lotf le dice Cartesio á Mersenno^ 
que no quedaba satisfecho del experimento, á menos que se 
hiciese con una pieza de artillería , que recibiese bala de 
hierro de treinta , ó quarenta libras. Si fiíese el Sr. Mañer 
pasando hojas hasta la Epistola 1 1 1 , que no estaba tan le- 
jos , hallaría que el P. Mersenoo hizo el nuevo experimenta 
en la forma que se lo habia dictado Cartesio , como se co^ 
líge de estas palabras: Gratias ettatn ago pro esperimenio de 
globo versus Zenith exphso , qui non recidit^ quod certe val^ 
de mirabik est. Estas segundas gracias no tenian sobre qué 
caer, si Mersenno no se hubiese arreglado en el segundo ex-* 
perimento al dictamen de Cartesio. Pero dice el Sr. Mañer^ 
que en las Obras de Mersenno no se halla esta especie. Y 
{qué sacamos de ahí? Tampoco se hallan sus Cartas escritas 
á Cartesio. ¿Es preciso que un Autorintroduzca en sus Obras 
todo lo que sabe, ó ha visto? ¿No pudo también Mersenno te- 
ner concluidas sus obras, quando hizo aquellos experimentos? 

i 5 Después de todo le confieso al Sr. Mañer, que no fio 
mucho en el experimento alegado , porque pudo inclinarse 
algo la maquma al disparar , y caer la bala á distancia , que 
do la percibiesen los que asistían á la operación. Pero con la 
duda que tiene , sirve de algún aditamento á las razones de 
dudar , que se propumeron á favor de la Paradoxa , y para 
eso se trajor 

^6 Corona el Sr. Mañer esta Paradoxa con un descuido 
mió , que consiste en que tocando incidentemente la mag-* 
nitud de la tierra, no la determiné á punto fijo, sino según 
el' poco mas, ó menos. Bien por cierto: como si esto estubie- 
se evidentemente averiguado con toda precisión. Todos los 
Mathematicos qae tratiaa de Geografia .^ hallan grandissima 

dir 



Discurso XXX. 1 83 

dificultad en hacer las observaciones con tal exactitud, que 
ho quepa el mas , ó menos. Y de aqui vino, que según ias ob* 
servacionés diferentes ^ se señala diferente magnitud. ¿Quán* 
ta discrepancia se encuentra entre la medida de Snelio , / 
la del P. Ricciolo? ¿Y quánta también entre el P. Ricciolo, 
y los Máthématicos Parisienses? Sin embargo , el Sr. Maíñer 
quiere que á punto ñjo le señale la circunferencia de la tier«^ 
ra. Harélo, quando los Mathematicos estén acordes sobre el 
punto. 

PARADOXA X. 

En la composición de todos los vegetables entra 
alguna porción metálica. 

37 ¡T^Oncede la Paradoxa el Sr. Mañer , pero me nótá 
V-/ tres descuidos. El primero consiste , en que dan- 
do por mas probable en una parte el que no hai virtud atrac- 
tiva en el mundo , en otra asiento , como evidente , que la 
fierra tiene virtud magnética. Esta nota supone, ^{MtapHd 
mnnés lo mismo significa virtud magnética , que virtud 
atractiva^ y supone mal. Quantos tratan del Imán filosófi- 
camente; usan de la voz virtud magnética. Sin embargo^ 
tnuchissimos, llegando á explicar qué virtud es esa , niegan 
que sea virtud atractiva ; esto es , que obre el Imán por ver^ 
dadera atracción. De modo^ que virtud magnética signifi- 
ca, sin determinación filosófica , aquella facultad próductiyá 
de los efectos , que se observan en él Imán ; aora esta fa- 
cultad sea substancial, 6 accidental , consista en alguna 
qualidad Aristotélica , 6 en puro mecanismo, obre por trac- 
tion , como dicien unos , 6 por atracción, como dicen otros. 
Pero virtud atractiva signiñca determinadamente facultad» 
que obra por verdadera atracción. 

38 El segundo descuido dice , que estí en esta proposi- 
ción mia , la aguja magnética en ¡as Regiones boreales baja 
ia cúspide de la linea orizontal d buscar el Polo terrestre. 

M4 Di- 



184 Paradóxas Físicas. 

Digole , que la tnisma propostcion hallará en el P. DechaleSf 
Ub. I de Magnet. Tcrt. Ord. Experimenta experim. 5. Y ea 
él P. Tosca ¡ih. i de Ge<^afia^ cap* l % prop. ii , fum. j. 
^ara qué he de dar mas satí^ccion á quien trata de descui- 
do todo lo que ignora? 

i9 £1 tercer descuido es , haber señalado por primer 
inquiridor de las partículas metálicas de los vegetables á 
Monsieur Go/iredo^ de la Academia Real de las Ciencias. No 
hice tal cosa. Referí la experiencia que hizo Monsieur Go- 
fredo , sin decir , ni significar que fuese el primero , ni el se- 
gundo que examinó esta materia. Véase nú num. jp , que 
es el que dta el Sr. Mañer. ¿Si á mí se me cita con esta le- 
galidad 9 qué será á los Autores que no veo? 

PARADOXA XI. 

Sin fundamento^ aun contra toda razón se atribuye 
al Sol la prgduccioH del Oro. 

^ A ^^^ ^^ propone el Sr« Mañer un enredo , que no 
XjL podrá descifrar el mismo que inventó los enig- 
mas. Dice 9 que de haber dicho yo que no alcanza la octM- 
dad del Sol d producir los metales ^y especiabnente la Pla^ 
ta^ y el Oro^ lo que se infiere es , que yo supongo que el Sol 
es quien produce los metales ^ y especialmente la Plata ^y el 
Oro. ¡Estraño raciocinio! De modo, que porque afirmo que 
00 tiene actividad para producirlos , ¿se infiere , que supon^ 
go que los produce? ¡E^ á quanto puede llegar una buena 
Lógica! 

' 41 Nótame luego por descuido el haber escrito , que 
se dice , que el Oro debe su existencia al Sol. ¿Pues qué duda 
tiene <, que esto se dice ? Y aunque se diga sin verdad , y 
aun sin fundamento alguno 9 ¿dejará de decir verdad el que 
apio afirma que se dice'i 



?Ar 



Discurso XXX. 185 

PARADOX A XII. 

Posible es naturalmente restituir la vista á un 

ciego. 

i 41 T7Sta Paradoxa he* propuesto, coostítuyendola solo 
» Xlá '^ ^^9^\ grado de probabilidad, que merecen las 
relaciones délos experimentos, traídos por Autores que 
dto: añadiendo , y repitiendo por dos veces, que no salgo 
por fiador de la verdad de aquellos experimentos. Esta pro^ 
testa bastaba para indemnizarme de los ímpetus de otro quaK 
quiera que no fuese tan riguroso como el Sr. Mañer ; quien 
sin embargo de haberme negado por fiador , quiere, como 
por justicia , obligarme á que pague por aquellos Autores, 
como si lo fuera. Aora bien , por evitar pleitos , y apelacio- 
nes , aqui estoi pronto á pagar. ¿Qué es lo que debo? 
. 4j No resulta, de. los Autores otra cosa , sino el argur 
mentó que me hac^ el Sr. Mafier , de que si los renoedios par 
ra recobrar la vista , de que doi noticia , fuesen ciertos 1 ya 
no hubiera ciegos en el mundo ^ pues para una pérdida tam 
sensibk como es la^ vista , se hubieran propagado esos remer 
dios y y á lo menos ningún Principe púdica estar ciego ^ ni 
tuerto. Niego ta sequeta, la qual no probará jamás el Sf. 
Mañer. Aunque los remedios fuesen ciertos , y los supiesen 
todos los ñoínbrés , habría muchos , y mudiissimós ciegos, 
y habría Principes ciegos , y vizcos , y torcidos , y tuertos. 
¿No vé el Sr. Mañer que los remedios , de que se habló , no 
sirven para toda ceguera; antes con expresión se dijo, que 
solo restituian la vista , quai^kdo esta falta nácia de haberse 
vertido los humores del ojo , mediante alguna picadura? 
Lluego toiiDs los demás, que están ciegos, ó tuertos por oteas 
causas , ciegos , y tuertos se quedarían , aunque los reme- 
dios fiíesen eficaces, y públicos; de modo, que estos servirían 
so}o para una , ú otra ceguera mui rara, pues es cierto, que 
íes harto caro el caso t eo que se pierde la.vista por este ac«- 
adente^ . . . ' • 

£1 



1 26 pARADOXAfi FmCAS. 

44 El compás á la izquierda^ con que el Sr. Mañer pro* 
cura hurtar 9I quQTpo 4 la autoridad del ^. Dechales , está 
egecutado con destreza , si no embolviera una pesada inju- 
ria contra tan excelente Autor. ¡Qué bien compreendido tic* 
ne el genio , y leídas las Obras del P. Dechales , quien insi-- 
núa, que en lo que dijo deí ojo artificial , solo fue mostrar la 
sutileza de su ingenio! Fue el P. Dechales sutilissimo , no bai 
duda; pero juntamente gravissimo, y solidissimo , de cuya 
índole desdecía tanto escribir , para ostentación de ingentOi 
cosa que no tubiese realidad , como de otros desdice escri- 
bir cosa que no sea mera ilusión. La constrticcion del ojo ar« 
tifídal no se inventó para el uso que se expresa en esta Para*- 
doxa» sino para representar los principales fenómenos de la 
^ta r y dar una idea sensible de la Óptica. Discurrió el P. 
Dechales estotra aplicación ; sin embargo desconfia de su 
utilidad , como yo también ; 00 porque mirando por sí solo 
con la consideración mathematica el ojo artificial, y présela- 
diendo de todos los demás accidentes , no se haga evidencia 
-de que supliría la falta de los humores , y túnicas del ojo qué 
«stáo áda su convexidad; sino porque se juzga imposible 
que la retina , arrancado el ojo , se conservase en la debida 
temperie para egercerse en ella la visión. 



MAPA INTELECTUAL. 

DISCURSO XXXI. 

: tx y^Uanto sobre este Discurso dice el Sr. MaSer, va 
\^ fundado, en un falso supuesto que establece al prín* 
dpio; ésto es ^ que d Vulgo no juzga que hai 
Naciones Barbaras por defééto de genio ^ sino solo por de- 
fecto de cultura , y aplicación. Tan falso es esto v que aun 
fiíera^d^l Vulgo se propaga en no pocos aquel errado juicios 



Discurso XXXI. I87 

Y 9t lo miramos bien , es casi consiguiente necesario al con- 
cepto que comunmente se hace de la desigualdad de las 
Naciones en quanto á la habilidad intdeébíaL Porque si^ 
pongo por egemplo, dentro de la misma Europa , y en la 
corta distancia que hai de Italia á Alemania , se juzga co« 
munmente que los genios de aquella Nadon exceden mu-- 
cho á los de ésta en sutileza ; ¿qué dificultad hai en que es^ 
ta desigualdad entre Naciones remotissimas sea tanta, que 
en algunos llegue al punto de barbarie? £1 P.Dominico Bou- 
hours ( que á fé que no era del vulgo ) , en sus Coloquios de 
jíristio yy Eugenio puso en qüestion 9 si puede hab¿* alguo 
Alemán que sea bello de espíritu; y responde que sí: pero 
que será un prodigio. Si un Autor tan discreto hizo este ba« 
jissimo concepto del genio de los Alemanes, ¿quál le hará el 
Vulgo de los que oye llamar Sahages de la American He 
dicho del genio de los yíkmanesj pues el ?• Bouhours no ig<*- 
noraba que en Alemania se cultivan las letras como en otra 
qualquiera Nadon Europea , y asi era defino de capacidad^ 
no de cultura , el que notaba en aquella Nadon. Asi que es* 
te errado concepto del Vulgo (incluyendo aun á muchos que 
no se reputan por Vulgo ), está tan á los ojos de todos , que 
DO sé como hai resoludon para negarle. Pero el Sr. MaSer, 
como Procurador general del Vulgo , unas veces niega los 
errores que todo el mundo palpa en esta dase de gente , y 
otras veces defiende que no son errores. 

2 Después de sentado aquel falso supuesto, va discur-* 
riendo por varias Naciones del mundo, y señalando en ca- 
da una, ó alguna ignorancia considerable, ó algún notable 
error , ó alguna practica irradonal. En esto se estendió con 
mucha proligidad , porque en qualquiera libro , de tantos 
(:omo tratan de Naciones , se encuentra forrage sobrado, no 
solo para llenar un Discurso, mas aun para uo libro entero. 
¿Pero á qué fin es esto ? O con esos errores pretende probar 
en las Naciones , que indden en ellos , una barbarie ( pues 
asi la llama ) , que sea defecto de capaddad nativa , ó una 
barbarie que signifique solo falta de cultura. Si lo primero, 
iodde en el noispso error , que por muí exorUtante niega en 

el 



i88 Mapa iNTEtECxuÁL. 

el Vulgo ; y esto le calificaría ( lo que oo puede «er) de mas 
ignorante^ y rudo, que d Vulgo mismo. Si Jo segundos^-* 
da prueba contra mí ; pues yo no niego, antes positivamen- 
te concedo mucha desigualdad entre varias Naciones , pop 
la cultura de unas, y &lta de cultura de otras. V ve aquí 
con un papirote solo derribada esta grande esquina del An-r 
ti-Teatro. 

3 La verdad es , que ei Sr. Maner se descuida enorme- 
mente ; y olvidado de que al principio negó aquel error en 
el Vulgo , después lé afirma en varias partes , especialmente 
tratando de los Gallegos , de quien dice , que entre todas las 
Provincias de España son reputados par ¡agente mas insipien- 
te*^ y poco mas abajo , que son tenidos los Gallegos por gen^' 
te ruda. Aora pregunto : ¿los que tienen á los Gallegos por 
gente ruda, entienden esta rudeza por falta de capacidad, 
ó por falta de cultura ? Precisamente hade ser lo primero: 
Lo uno , porque la voz rudeza eso significa propriamente; 
y asi no se dice uno rudo , porque no ha estudiado, sino por^ 
que es inepto para el estudio. Lo otro , porque nadie igno^ 
ra , que en Galicia hai tantas Escuelas para la instrucdoa 
de los naturales, como en otro qualquiera Reino de iguat 
población. Solo mi Religión tiene en aquél dos Colegios de 
Artes , y uno de Teología. Los Jesuítas tienen seis Colegios. 
De las Religiones de Santo Domingo , S. Francisco , Agus- 
tinos , y Mercenarios , donde se enseñan Artes , y Teología^ 
hai muchos. Sobre esto la Universidad de Santiago es fre- 
qüentada de ¡numerable Estudiantina, y está adornada de 
dos Colegios , el de Fonseca , y el de S. Clemente , de don- 
de salen cada dia excelentes sugetos para varias Iglesias. Lúe* 
go es preciso , que la rudeza que se nota en la gent? de Ga- 
licia, sea considerada délos que la notan, como defecto^ 
no de cultivo , sino de capacidad* 

4 Realmente es asi , que el Vulgo de las demás Provio* 
das de España , midiendo toda la Nación por aquella pobre 
gente que va á la siega , hacen este juicio : en que se mues-^ 
trao harto mas rudos, que los mismos i quienes notan de t»* 
les ; pues soo dos errares grandes , regi¿ar por la gente del 

Cam- 



Discurso XXXI. i8p 

Cas^ toda la de un Reino ^ y tener por rudeza nativa la 
que sdo es falta de cultura. £1 primer error yá tiene un gra» 
de egemplar en. los Españoles , respecto de los Franoeseft 
pues el Sr. Mañer , tratando de la oposición de las dos Na- 
ciones > nos d^ dicho á lá pagina 123, que los Españoles 
discurrían que todos hs Franceses eran de la misma Iqya que 
aquella gente inferior que viene de Francia á España. EL 
segundo ^aunque tan craso, juzgo yo que no existe soJa-í- 
mente en el que vulgarmente se llama Viügo, mas tambiett 
en algunos , que aunque visten miejor , no entienden, mejor 
que el Vulgo. También contribuye á lo mismo oírles hablar 
á la gente de la siega aquel lenguage, que juzgan xidiculo^ 
y despredable 9 como si el entendimiento de los hombres 
estubiera vinculado al idioma que hablan ^ y como* si no 
hubiera rudos en Castellano, insipientes en Latió, y ümn- 
datas en Francés. 

5 La fiílta de reflexión en esta materia no puede ser mar 
yor, porque está á los ojos de todos patente el motivo para 
el desengaño. En las Religiones , en las Universidades, • en 
los Colegios respectivamente al liiimero délos Gallegos que 
estudian , tantos sugetos hábiles se encuentran, como en los 
individuos de las demás naciones. Lo mismo se observa en 
los de otras Prc^incias , cotejados entre sí. Por lo qual yó 
no hallo motivo para dar , en quanto á esto , preferencia á 
una sobre otra. Oí eñ^ cierta conversación á un Castellano 
de espíritu sublime, que llevaba una opinión media en quan* 
to á la habilidad de los Gallaos. Decía , que de Galicia sa* 
le mucha menor numero de ingenios que de las demás Na«* 
dones ; pero que habia observado que de esos pocos que 
Míen , cada uno vale por seis , ú ocha de los ingenios de 
otras Provincial Juzgo la máxima mui favorable á Galídaí 
porque en esté pbntael exceso en la intensiones preferible 
al de la extensbn ; siendo derto , que mas adelanta, y per 
netra un ingenio coma ocho , que diez ingenios como qua* 
tro. Pero no puedo darle asenso , por la misma experiencia 
alegada de lo <}ue pasa en las Rcdigioues, y Universidadi^ 
4oade ni se velaónfiBriQridad ^ el muñera 9 niel exceso 

en 



1 90 Mapa Intelectual. 

en la penetration. Démonos todos por buenos , permitiend* 
átlos ingenios elevados que discuiran singularidades , y á 
Jos espíritus burdos ^ que se dejen llevar de concepciones 
plebeyas. 

6 En lo que dicede las demás Naciooes,á quienes-pre* 
tende acreditar de barbaras ; ó prueba barbarie nativa^ ó na^ 
da prueba^ porque todos sus fiuidamentos estriban , ó en la 
tiranía del gobierno^ ó en errores absurdisámot en materia 
de Religión ^ ó en la practica ireqüente de k>$ mas brutales 
vick>s. Y como todo esto es contra lo que dicta inmediatis^» 
símamente la luz de la razón natural j prescindiendo de toda 
cultura , y estudia , lo que prueban sus argumentos no es 
solo falta de estudio , y cultura « sino incapacidad \ 6 barba* 
fie nativa. Con que , ó el Sr. Mafier usa de pruebas que co^ 
noce flüitUes t para inferir lo que no siente; óestáender* 
ror ( que por demasiadamente grande niega á nuestro Vul« 
go ) de que hai muchas Naciones liarbanu con barbarie 
nativa. Lo que sería acreditacse de mas vulgar que el mis^ 
mo Vulga 

7 Pero yo meatengoá lo primero : porque nielSr.Ma* 
fier es capaz de este error, ni puede menos de conocer la 
futilidad de los argumentos , con que pretende persuadirle. 
Los vicios mas abominables no prueban falta de espirítu« 
sino quando mas, mala disposición del temperamento para 
la práctica de la virtud. Asi se han visito siempre, y aun se 
ven hoi á cada paso sutilissimos iogemos, y bastantemente 
cultivados , moi corrompidos en las costumbres. ¿Quántos 
en su mente están rcfMüendo ^ no sin algún dolor ^ aquella 
sentencia Ovidiana : í^deo meüara , proboque , deteriora se* 
¡quof^ta^ violencia-de las pasiones atropelia ^ si la gracia no 
le saleál encuentro con- armas vencedoras, las más bien for*' 
madas ideas. A los ábsündos en materia de Reli^on tengo 
satisfecho en mi Diacurso en todo él $. VII; Y á lo dicho alli 
añada aora el Sr. Mañer, que si qualquiera error mui repug«> 
nante á los principios naturales en materia de Religión prueba 
barbarie, es preciso declarar por barbaras! Inglaterra, Ho^ 
landa t Dinamarca ^Sueciav y gran parte dejAlauHwqtpiíac 

en 



. Discurso XXXI. ipi 

en todas esas NaoQoes está mid doipioaoteel error de que no 
pecamos por elección ^ síno.poc necesidad: que Dios nos' 
obliga á pecBT^ de modo ^ que oos e'9 imposible evitar el pe^ 
cado : y sin embargó, por pecar de este modo , nos conde-» 
na á pena eterna. ¿Qué error mas . absurdo que este? 
, 8 La tiranía del gobierno está mui lejos de probar la 
barbarie de la Nación; porque no es la Nadon quien 1^ 
egercica , sino quien la padece; y asi , quando.mas , proban 
ría la barbarie en los Principes. Pero jíi aun en estos láprue* 
ba. Póngase un Principe, el mas sutil de los hombres , el 
mas instruido en Ciencias , y Artes : si está poseído de una 
pasión violenta de aumentar su soberanía, procurará aumeo-* 
tar sin limites en los vasallos la dependencia, hasta poner, 
vidas , y haciendas pendientes de su arbitrio. Esto nace de 
sobra de ambición , no de falta de habilidad ; antes ha me-, 
nester mucha para colocar su grandeza en este estado* 

9 Y aqui ocurre una insigne equivocación del Sr. Má*. 
fier, quien tratando de la política de Turcos, y Persas» con*, 
fimde la rectitud del fin ^ con la sagacidad de la elecqion» 
Quando se celebra la política de lo& Turcos, no cae el do* 
gio sobre su dirección ádá lo honesto, sino sobre la sutileza 
en buscar medios que promuevan lo útil. Estoes lo que co-* 
munmente se quiere significar, quando se pondera la con-i 
ducta pofitica de qualquierasugeto. El quedicei que alguno. 
es gran político , no quiere expresar que sea. un santo : tam- 
poco el que dirija sus máximas áda el bien público; sino que 
eUge con sagacidad, y aplica, con maña losmedíos mas con- 
ducentes á la propria conveniencia. En este sentido dice to-^ 
do el mundo, que ftieron grandes Políticos los dos Guillel*^ 
BQos Principes cíeOrange, sin embargo deque entrambos 
liieron Tiranos , pues fíieron. usurpadores. Es verdad, queyo 
faunca concederé , que ttíSLsesfJía PoUtica mas fina ; pero 
tampoco negaré que sea sutil , asáita^délicada: fuera de que 
guando hablo con todo el mundo , es pred», que presan- 
diendb de mis opiniones portictilarés, use del idioma comun^ 
y tome las voces»itomo el mundo las eimende; yei mondo 
pagnm Potítícá^i» entiendesiiip^lójquó lieoMisexplicado. 

Di- 



E p a Mapa Intelectual. 

i . ro Dígamoáaora algo de los Chinos^ en quines Tarto 
¡uielizcneote se estíende el Sr. Mañer* Lo primero que aipii 
reparo ^ es la absoluta , de que ya se mudó enteramente el 
concepto, que teníamos, antes de la barbarie de los Chinos* 
Que se mudó en muchos , yo lo concedo. Que se mudó ea 
todos los que tienen alguna erudidon en orden á la política^ 
y gobierno de las Naciones ,. también. Pero que los vulga-» 
res no se mantengan, en la antigua o[Hníon , lo niego , y lo 
negará todo hombre de razón. Estos ignoran enteramente 
el gobierno , y política de los Chinos, y asi están en que son 
lo sumo de la barbarie. Y buelvo á decir, que con los vulga* 
res se deben contar para este efecto muchos de bonete , y 
capilla: pues muchos de estas dos clases no ponen aplicadon 
alguna á adquirir noticias de las Naciones, como es daro; asi 
en quanto á esta parte no hacen clase aparte del Vulgo. £1 
Doctor iVlartíoez, á quien se medta, no tiene bonete, ni ca-* 
pilla, sino peluca. Y es claro también, que la sentencia que 
alega d Sr* Mafier, la qual esun gracejo puro, no es lugaü 
aproposito para explicar su propria opinión, siendo mui fie* 
qüente fundar los chistes sobre opiniones vulgares. 

II Lo segundo se hace reparar, que d apotegma Chino 
que yo alegué, de que ellos tienen dos ojos, los Europeos 
uno , y son ciegos todos los demás hombres , le trastorna el 
Sr. Mañer , y le pone de otro modo $ sin otra autoridad que 
k suya. Como yo le he propuesto , le Id en las Rdactonea 
de Juan Botero , que tienen otra autoridad eñ el mundo que 
las del Sr. Maoer. Cite el Sr. Mañer otro Autor de igual cre«- 
dito ; y aun después de citado el Autor, y asegurado el cre-^ 
dito^ queda lugar á examinar el pasage , por la desconfían^ 
za en qne nos han puesto los gandes dócuidos del Sr. Mar? 
fier en)sus alegadones. 

12 Reparo lo tercero , que condena en los Chinos d 
echar mano de hombres sabios para los gobiernos. La ra^on 
que da, es, porque dan toda la estímadon á las letras, des- 
cuidando de ]ai armas , á cuya causa atribuye el haberlos 
superado varias véce$lQ$ Tartarosi;.y en 6n^ haberlos. doipir 
nadb del todo. Aquí JwiQUSbaieqí^ Lo.prínn&7 

ro. 



. Discurso XXXL 193 

roi la élecd<») de sabios para el gobierno civil notinfiereda** 
atencioa á la pericia Militar; y asi, porque sea repreensible 
esta, no es culpable aquella. Lo segundo, yo alabé la esti- 
imacion de las letras, por la parte que es laudable; si por 
otra parte hai exceso, será capitulo aparte: y asi no deberá 
condenarse lo que «alabo , aino lo que omiiio. Lo tercero , es 
falsa la total inatención , que supone elSr.Mañer en losChi^ 
nos , en orden á lo Militar. La grande muralla que hicieron 
para defenderse de los Tártaros ^ un millón de hombres que 
la guarnecia, el inmenso numoro de fortalezas, que entre 
mayores , y menores ll^^aban á dos mil trescientas y cin-* 
cuenta y siete , siendo sdscientas y veinte' y nueve las que 
llaman de primera orden ( sin incluir , niea aquel numero^ 
ni en este las infinitas torres de la gratn mtíralla ), un SupreK 
mo Tribunal de la Guerra , que tiene siempre por Gefe uno 
de los mayores Señores del Reino , y cinco Subalternos: To- 
das estas providencias, digo, ¿son de gente que no presta 
alguna atención á la Milicia ? ¿ ú de hombres , que como di? 
te Mañer , quieren oponerse solo con Ubros d las armas ene-- 
migas ^ que los invaden ? ¡Hai tal hablar de £aintasía! Pues es^ 
tas noticias las hallará el Sr. Mañer en Tomás Cornelio , y 
en otros muchos. Lo quarto, aunque es verdadera la inepti- 
tud de los Chinos para la guerra , por la qual los vencieron 
varías veces los Tártaros ; pero no la atribuyen .los Autoresi 
que hablan de la Qiina , á filloa de inteligencia , ó de cuida-^ 
óoi sino á falca de valor , porque es aét\x> .qúíe naturalmente 
son mui tímidos. Lo ultimo , el haberlos en fin sujetado los 
Tártaros no dependió de su imperida, sino de sus grandes 
discordias civiles. Los Chinos mismos pusieron en el Trono 
á4os 'Tártaros <, siendo su€pnductor,iy padrino el misnoo 
General Chino, que militaba contra ellos. £iSr.;Mañer e»^ 
tá mui atrasado dé iiotkáasChiniekas. \ .: ! 
' II Lo cpu'to que reparo 9 es, que reb^ tanto el inge- 
nio , y habilidad mecánica de los Chinos* Isaac Vosio , en su 
áibro de Varias Olnervadonesv díee,. que juzga e;l.gc8iia de 
tos Chinos superior al de^xias las demás:Ihiac¿neB>dd myasy 
ido;yque después 4e haber aprendido: rno¿>tcos de. eHos la 
'fohríca de la Pólvora , la Imprenta , el uso de la Aguja Nan^^ 

N tí- 



194 MkPA Intelectual* 

áca, y otros secretos ^retíeneaann otros mudbós 5 ^e ae . 
no hemos alcaozadoi £q el Dicdooarío de Moreii se lee^ 
que los Holandeses 5 por mas que han trabado en ello , no 
pudieron imitar sus carros, que se mueven con velas. AUi 
nusmo seañadcr que casi en todo genero de profesiones me^ 
canicas tienen iavendones particMlares, para &cilitar las 
obras ^ y aliviar los artífices. Oponer á todo esto el exceso 
que les hacemos en la Pintura , es muí poca cosa para con* 
trapeso. Y aun es mucho menos para contrarrestar las tres 
invenciones de Poh^óra , Imprenta , y Aguja Náutica , la in- 
vención del Espejo Ustorio , que es sin duda mui inferior á 
qualquiera de aquellas tres. Fuera de que aún no se sabe , ú 
esta invención es de: Europa, ú del AsIsí^ del Poniente, ú 
del Oriente, y el Sr. Mañer se la adscribe voluntariamente á 
la Europa , para tener con qué empatar de parte nuestra las 
invenciones de la China. Lo mas es el error craso de que el 
Sr. Villete fue el inventor del Es^go Ustorio , confundiendo 
el ser artífice , como lo fue , de un EspQo Ustorio excelente» 
con ser el primer inventor del artificio. Mas antiguo es el ar^ 
tífício del Espejo Ustorio, que el trig^imo ^udo de Mo&s% 
Villete; pues, aunque condenemos por &bula, que Arqui- 
medes con el uso de él quemó las Naves de Maréelo en el 
sitio de Syracusa , y Proclo las de Vitaliano en el de Consr 
tantinopla, consta evidenteoiefite de Plinto , y Plutarco , q»e 
este artificio fue conocido, y uteido délos antiguos». Veáseel 
primero en el lib. ai de la Historia .Natural, cap. 107. Y d 
segundo en la Vida de Numa Pompilio. i?tro qué es menes* 
ter ver á Plinio , y Plutarco ? Mui poco ha leído quien ig- 
nora^ que mas de den Autsoresde Itís últimos «glosescribte* 
toa de la constraccion del £spqo Ustorio , antes que náde- 
se el Sr. Villete. .' 

14 Si el Sr. Mafiertubíese mas noticias, dejaría el Esr 
pqo Ustorio en casa de su du^, y echaría mano de la Ma- 
tpiina. Pneumática, que es invendonde Othón Guerricot 
Alemán^ para apostarlas á laainvendones de la China, pues 
e», síá compaittcion , <fe mas ingeaSd qué el Espga Ustor 
rio, y tamtMenrde mas ütHidad, pclr el ^aode uso que tiene 
para observaciones físicas : y le aSadiria por équipage d 

Com- 



. Discurso XXXL 195 

Gompis dé proporción ^ ia Péndula , los Longaritlimos,&c. 
Pero el Sr. IMañer 00 ^be salir de su Espejo Uscório ; y aquí 
le buelve á contar el numero de rayos que se conj^regan en 
él. Sobre que le bolvemos á advertir los yerros que le nota**, 
mos en lá Paradóxa primera. Petó d estos errores vd expues- 
to el que traslada sin nías reflexión (añado yo , y aun sin ma» 
conocimiento )^ que tomar h^en otros halla. 
/ 1 5 Tampoco »rve el decir , qtie los Europeos perfecctCH 
mron aquellos tres Artes, que deben su iavencbn á la Chi« 
aa; parque facile est iffventis addereé Siempre pide espíritu 
mas alto la invención dé uii artificio 9 que d adelantamiento 
dd que ya está inventadou 

. 16 Reparo la quinto , quáa sin.fiindamento niega á los 
Chinos el conodmiento Medico , que les aseguran tantos Au-t 
tores. IsaiacYosió v AodrésCleyerciv el JDiicaonado de Mo-' 
rerí t demás de varias Relaciones , que se hallan en la Repá*^ 
blica de las Letras , y Memorias de TreVoux , á que añado 
la deposidon del Itüstrissimo Sn D.Manuel Josef de Anda«« 
ya y Haro , Olxspo de esta Diócesi ^ como testigo de vísta^ 
dicen lo que yo refiero. Oponer i todo esto un hecho parti--» 
eulár , en que no atreviéndose á curar los Médicos Chinos é 
su Emperador ^ le sanó el ?• Gerbeilon con la Quina, es opo^ 
ner á ün Elefante una Mona. ¿ En qué materia no suceds^ 
que una , ú otra vez rara acierta el ignorante « y yerra el doc-» 
to? ¿Quántas veces logró la infdiz temeridad , lo que se ne* 
gó al prudente encogimiento ? 

17 Reparo lo sexto , que el Sr. Mafier nota como barba*^ 
rie de los Chinos , el no pagar al Medico quando no sana al 
enfermo. De aqui se infiere, que fue un bárbaro D. Francis^ 
00 de Quevedo , que deseaba entre nosotros la misma prác^ 
tíca. A fé , que si la hubiese , trotarían menos , y estudiariaa 
mas nuestros Físicos. ¿Eso me llama barbarie el iHien Sr. 1 
Dios traiga por acá tal barbarie. A lo que dice el Sr. Maner; 
que nosotros tenemos la misma Id en el Fuero Juzgo ^ digo^ 
que lea d Sr. Mañer la glosa que está al pie de la lei que d-- 
ta , y verá que no la entendió bien, y que es mui distinta de 
la que se observa en la China. 

<8 Finalnoente, por lo que mira á la policía de los Chi^^ 

N % nos, 



196 Mapa Int electual. 

Bos , te remito á Tom4$ Cornelio, que trata de ella largad- 
mente , y alli verá ú es excdentisnina <, no solo comparada^ 
con la de los demás Asiáticos, mas^ también con la de los Eu- 
ropeos. 

1 p Pasando de los Chinos á los Americanos , lo que de 
estos nos dice el Sr. Mañer es derechamente opuesto á lo 
qae nos refiere el Sr. D. Juan de Palafox en áii Retrato natu^ 
ratdelos Indios. Y no hallando modo de conciliar á los.dos» 
me resuelvo á conformarme antes con el dictamen de su Uu^ 
trlssima, que con el de su merced. Y pienso, que sus mismos 
Contertulios me han de aprobar la elección. Por tanto^aque- 
11a exacta distinción genealógica de CrioUos , GachúpineT^ 
Mestizos i Quarttrénes^^ ^ Saltaatrases^ puede guardarla 
para mejor ocasión. 

20 También me (^treee, qiie^n orden á los Pueblos Sep». 
tentrionales de la America, sin escrúpulo de conciencia, po- 
dré subscribir al P. Lafítau , que refiere lo que halló por tra- 
to, y experiencia , antes que el 5r^ Mañer, que habla solo 
por adivinanza. Y sepa dé camino, que la mejor eloqfienda^ 
es la que á un entendimiento claro ; perspkáa, y sólido dic-^ 
ta la misma natiiralezia ; no la: que se grangea á* fioerza de zt^ 
tifício en el Aula. Aquella persuade eficazmente , y conven- 
ce los ánimos ; ésta es puro sonsonete de los oídos. Asi no 
estrañe, que en selvas, y motrtesse hallen hombres eloqüen- 
tes4 A fé que he visto mas de quatro Labradores » cuyas ra^ 
zones me hacían mas fuerza que las del Sr. Mafier. Y por ao^ 
ra le remito al Reveréndissimo P. Maestro Fr. Benito Pañe- 
tes , General que fije de mi Religión, y hoi reside en el Mo- 
nasterio de Monserrate de esa Corte , á quien podrá pregun- 
tar, sí es verdad, que su Reverendissima me dijo varias ve- 
ces, quando tube ia fi^rtuna de ser a»npañero suyo en el 
Colegio de S. Salvador de Lerez , que no habia visto hom- 
bre , ni de entendimiento mas claro, ni mas eloqüente , que 
un pobre Harriero llamado Francisco de Seixo , natural de 
una montaña , distante seis leguas de Pontevedra , á quien 
tratamos mucho los dos ; bien , que yo creo que el Sr. Ma- 
ñer , si le tratara, oyéndole hablar Gallego cerrado (que no 
sabía otro idí0ma>.,:le tendria por insipieftte^ y rudo^ 

Va- 



. Discurso XXXL/- a^^ 

:aota:d Sb:MaQer» J^ipfíineroes^.qQ^ didea^o en naapao* 
te , que en la PoUíica ñolhátí Néciofi fue^^uak iflos Ji^fár^ 
digo en otra , que bs Persas son dé mas policía que los Ttin- 
cos*^ y ai ofra, que e¡ gobhrm PoUtico de los Chmos excede 
lal de todas las\demds Naciones^ Pret¿ddex|iieiiai aqui csoQ'» 
tradiockxa ; jr^eL pretenderlo consiste rá que al parecer.ig^io^ 
rasque PjoUHca^'OoeBMiQom\mís»út&:^^ 
como se exf^ücó arriba ^ tiene distinto sighificado , qoe foli^ 
cÜL^ y gobierno político. La vozpolic/a .tiene entre nosotros 
dos significados , que en Franáés. se exprímef!! por dos distin* 
tas voces 4 pólice ^ y páÜtese^At las^quaies)la>pnmerá signi-^ 
fka reglamento dé ^lasi. cosas: péblieas pertenecientes 4 emá 
Ciudad^ ó J^illá :^y)a'pt^fss!íááicortesmki^ ¿urbanidad» L^i 
SOBL Política entre nosotros significa deteraiinadamente^ 6 
por lo menos tsejgun Já masjoomua acepción Ccomo notan 
mos arriba) , la l^ilidad €;ii promover con las Artes Auli^ 
cas las conveniendas pecsonáles.vaunqúe «ntreilds flraqoej 
«s es ]fidiferei|te ¡zvcaípofítiqfet: para sigmfioanesto , é el 
^obieno^ del Estado;. Buesto esto ^ buelva eL Sr. Mañer á leen 
46s tres lugares, que cita, atienda al contexto, y verá que sfe, 
liabia de cosas distinti^simas en aquellas tres expresiones* . i 

12 El s^iundo descuido « haber atribuido i Jos Quoos 
¡a invención dc'la Imprenta .fEfVindad i, 4]ue«iéQÍeign el San 
MáSer, que nohayaa invehtado Vyfigtrddo UQgdnenk d^ 
Imprenta antes qUe npsotros; ^ solo- que la ojueátra es muí 
distinta de ]sí suya , pues ellos imprimen con planchas gran 
vádas ; nosotros con caractéres.separados ; y asi añade , tjuet 
m pudo servirle d Juan deCatemburg (asi llama al primera 
que en Europa introdujo la Imprenta ) la noticiaideJa Chité 
ná. Muchas ieadyertendas se le oot&n en estb'jpoyüto al£r. 
Mañeri . . • x,; sb - • ;j 

- ^} No advirtió lo primero, que d imprimir oM carao* 
teres separados no toca á la invención del Arce^ sino á la 
pecfeodon ;* y como se díjojafcriha::jFtfúife)ri* immttír adden 
iré. No advierte lo . ségumiQi^ qtte.endalDprimetoi tnjprésim 
toes que en> £uroj;)ai se hicieran 4. se lasó de planchab:|np^va«* 
dasy ni ma« ai meeos.qoe en la GUoákEUo pqdd terioled 

' í • Nj ' su 



"7 9^ Mapa iNTELscrüAt. 

«ti íawoniSAoiDioáaMíño dé Dombos. Y JiáoM^íh^oAsL lo 
•mismo: noo^ yotro ^ y^h» Imfrmerié^ Luego piuló servkJe 
tü primer Europeo, que acá introdojo la Imprenta, la noti* 
da de la China. No advirtió lo tercero, que á los Chinos les 
es imposible servirse de caracteres separados , por ser los de 
BU escritura inumeraUes; y ari, el no usarlos no nace ds fiilta 
de ingenio, 6 inveqdoo^ sino de Jmposibíiidad. Eata adver-^ 
tenda también la faaUará en el Dicdonario de Dombes. Pa->- 
80 el que Uama al inventor, ó primer impresor Europeo^ 
Juan deCatemburg^ debiendo llamarle Juan de Gunembergm 
Esto depende de apuntar muí^de priesa en la Biblioteca , ú 
de escribir lo que oyó mal á algún Coptertulib*' Paso tam?f 
biea , el qne sin contingenda «tríbnya/á didio Juan de Gut^ 
tembérg la gloria de ser el primen li^Miesor tropeo, quaa*» 
do esta qüiC^on aun no estíi deddida , compitiendo á 'Gu^ 
temberg , en la pretemion de esta. gloria, Juan Fausto , na* 
turalde Mogunda, Juan Mente!, ó Mantel, natural deStraa* 
burgo ,y' Lorenzo Coster ,.vedao de Harlem en Hdanda. 
.14 'EL tercer ésscuiéki es^, hab^ dicho v que sieátodoei 
mundo hubiese^puix aro que azifiir^ en tbdoel fhúndoiseríapref' 
farido este metal d aquel. A esto opone €l Sr. Mañer lo pri- 
mero , que yo confieso en otra parte, que el oro es el metaá 
mas noUe, y< asi sieoipre los hombrea estimanan iliás el oro, 
enafceadon á < su' ooblesa:,. o^ t\ asoíar; A ^to oeapondo^ 
que los faombresi4i0 atietydieD-en las^cosn lá nobleza áinba 
<queadelaqueaquise habla), sino, ó.lo 1^0% ó lo utfll 
Asi se vé, que nadie estima mas , ni tanto una hormiga, co^ 
ino tm diamante ; siendo asi , que aqudla , como ente an^* 
mado , y aensible, es sm comparadon fisicamente mas oof* 
Ua!^ (jue^ste; ' "• '^^ «••.•,*:'.• 1 
. %i 'JOpoiijelO4B0gundoTq[iieiuiiimic^ 
ta, que de azófar , sin embargo de lo qual, es menos estima* 
dodazofu-Vqúe la plata. ReBpoh<i|o, negando el antece- 
dente eá todo caso, hasta qué venga un buen Contador que 
tomO' naMa cxhi toda exactitud; de, la ^cantidad de piala 4 K 
aobfiar'v'que iadénid inondoip que d Sr. Mafier ba ntatural 
qne 'qnedaáermkii fiuigadod^ aoniiar kB.mU}one& de jayos ;dd 
Solead EspqoUáimiv^l^ 00 eansarae mas, . 'echaría eft- 

L. - /i % to- 



*v Discurso XKXV \ tpp 

t&á»i!^lft t^cnm)^!'^ Mas tambíea pucde^nv4n^eb.e»l 
«í ^ofc^cioa h$ya '^guna aaQoadiU9.i Es. el: casov quéiétrázo^ac 
es metal f^ietídovy «xooipon^t &lóf|i»eariaido(vQe(c^ 
fere , y calamina, 4"^ es uhaéspede detninensri, á^<\ix^h& 
grande abundancia en el País de Lieja;, y :eñ otras paites. Poí 
driamoS'» pbés, permitir, que: del metal campuetto tiaya 
Doénds cantidad en el mando ^ qué. desplata; pEroiKú^ pasm 
énvitecerle el que abunden mucha mas que la plakaios doa 
agredientes de que se compone» . ^ 

. %6 £l quarto descuido es , haber dídio que parece maa 
razonable pensar , que los Egipcios en aqudlas viles criatut*> 
ras que adoraban , atendiesen i algún? mistíca sigm^cacion^* 
y xfsñ t\ oitoo fuese respectivo, y no abscdütOi^ Bara graduab 
esfo de descuido , no alega- sino una febola' ektravagantev 
que tiene codo el aire de nación Kabínica ; esto es , que éf 
notívo de adorar los Egipcios los puerros, y las cebollas^ 
file, qiie quandó se anegaron los Egipcbs que iban en s^ 
guitnlento de los Hebreos, en él Mar Bermejo ^ todps lo» 
qué se escusárotí de aquella jornada ^ pbr estar ocupados raí 
varios ministerios , adoraron después los mismos ministerioflt 
(los objetos de ellos querría decir) , en que estaban oo^kK 
dos ; y asi , los que entendían «n aquella sazón en la siembii» 
de puerros , y cebollas , adoraron después los puerros , y laá 
cebollas , como á libertadores 4e m ruina, Ara justificar taitf 
ridicula noticia, no alega otra cosa , sino que lo dláeS.jígus^ 
fin ,> otras ÉscfUofex^ sin expresar quiénes son esos otros,! 
ai en qué parte lo dice S. Agustín : lo que verdaderamente 
ñit descuido notable , porque un cuento tan fallido como es^ 
té , necesitaba de fianzas mas determinadas. Raímente me«i 
jor le está al^r% Aflafier; que á la £ilta de cita llamemos áos^ 
cuido , que no cuidado. Pero démosle norabuena de haraúp 
al Sr. Mañer, que la noticia sea verdadera. ¿ Por dónde se 
infiere de ella , qu^ la adoración dejos Egipcps á puerros, y 
cdboHas fíiese absoluta , y no respectiva ? ¿Qué conseqüeo- 
dá faai de lo uno á lo otro M/> mas natural es, que ádon|f 
sen en aquellas plantas alguna falsa Deidad , á quien ántecé* 
dentemente daban cukos, consderandola libertadora suya^ 
y juzgando que el conducto mas proporcionado para dirige 

N4 la 



ooo Mapa Intelectvái;« 

h adoraGjkMrv «rán las mismas (damast que por b^3sradoii 
suya ii^ian dado asunto para escusarse de aqüeUa expbdn 
don. Lo que no tieoe duda ( porque consta, de varios lugares 
de la Escritura) es, que los Egipcios antes de la salida de los 
Hebreos eran Idólatras» 

27 £1 ultimo descuido se señala^ en que habiendo dicho 
en el prínoer Tomo^ que la singídarr.txtnmugancia de hr 
antiguos Egipchs en materia de ReXgiofi ios acrecía de mai 
corta ha intekctual ; aora digo, que hs errores en materia 
de Reügian no prueban absolutamente rudeza en hs hombres. 
Este es el único argumento de quantos.se hallan en el Antíh 
Teatro , que tenga alguna eficacia aparente; y en ei caneo 
de aqudlas dos clausulas es donde únicamente se pretende^ 
con un poquito de véristmilttud , que padecí algún detcuidob 
Vea el Sr. Mafier , ú soi hombre de equidad. Aora oiga mi 
aoludon. Digo, que en el segundo pasage hablé respondien- 
do , en el primero arguyendo, i Qué quiere decir esto ? A 
otito que hubiese freqüentado las ^cuelas, no :era menester 
CKpiicarseto. Al Sr.MaSer sí. £1 que responde* siempre debe 
hablar según su osente propria, y usar de la doctrina , que 
juzga vei^adera. Pero el qiie arguye, muchas veces ñinda 
d argumento en la doctrina misma de los contrarios , ó en 
la sentenda mas común ^ aunque la juzgue falsa , siéndole li- 
bred sacar conseqüendas^ úide priodpios, que juzga segu* 
ros , ú de ios que , aunquerpam.'SÍ falsos , admiten los contra* 
rios. Arguyendo yo, pues, en d lugar citado contra una 
aentenda común, tomé por antecedente una proposición, 
que los contrarios me admiten por verdadera, aunque yo 
para mí la tengo por falsa* E^to se vé á cada paso en las Es* 
cuelas. Aqui acaba d Aúü-Teatro t y aquí acaba la ilustra^ 
don Apologética. 

CONCLUSIÓN. 

LO que resulta de todo este critico examen, es , que sub^ 
sisten indemnes qoantas máximas estampé en mis dos 
primeros Tomos , y que de setsenta descuidds, que ofredó 
notarme dSr.Mañer, solo justifica uno, que está en la espe- 
cie 



Discurso XXXI 201 

de del Elefante blanco de Sian {tom. 1 9 P^« ^i)Y este e» 
de bien poca monta « habiendo consistido la equivocación 
en tomar de dos Rdnos vecinos^ el de Sian, y el de Benga- 
a ^ uno por otro. En el de Bengala es derto que se adora el 
Elefante blanco. Pero la vedndad de los dosRdnos,yel 
que en el de Sian es alhaja tamUen de singularissima estima- 
ción d Elefante blanco , y que apreda sumamente aquel Réi« 
hasta hacer qué le sirvan como esclavos los Mandarines, itt^ 
dujo insensiblemente aquella equivocadon, que no puede 
emiputarae por mas que medio descuido , por no caer el yer- 
ro sino en una circunstanda accidental de la notida. Pero 
en recompensa de medio descuido solo, se los dejamos no- 
tados por centenares al Sr. MaQer. Quien quisiere divertirse 
en contarlos, hallará, que no fue hipérbole el estampar en 
la frente de este escrito , que pasan de quatrodentos , que á 
la verdad es mucho para un libro de tan pocas hojas. Repa** 
resé, que en varias partes encontramos racimos de ellos en 
él breve recinto de pocas lineas. Pero mucho mas sería , sin 
comparación , » se notasen los que se omiten. Aseguro con 
toda verdad , que exceden mucho en numero* los omitidos á 
los notados, porque me contuve en señalar predsamente los 
que hadan al proposito de mi defensa. Solo de los que per^ 
tenecen al defecto de Gramática Latina, y Castellana , se 
puede hacer un rimero monstruoso. Por lo que mira á la 
Gramática Latina, se puede hacer concepto , advirtiendo, 
que á la pag. loi del Anti-Teatro, en menos de quatro ren- 
glones hai dnoo solecismos. Léase desde el medio de la li- 
nea 8 : Huic corporis magmtudine respondebai animonm , & 
vhrum magnitudo , donde está magnitudine por magnitudini^ 
yvirum por virium. Y desde el fin de la linea 10 : Populas 
magnus , & validus , & tam excelsus , ut Enacim stirpe qua^ 
si Gigantes crederentur , & essent similis filiarum Enacinté 
Aqui se pone populos por populus , falta la proposidon de 
antes de stirpe^ y se dice similis por simiks. Que todo esto 
fuese puramente yerro de Imprenta, á nadie se hará creíble, 
pues tantos solecismos juntos ni puede dejar de advertirlos 
el que corrige, ni el Impresor de enmendarlos, puesta la 
corrección. Que á un corrector mui descuidado se le escape 

un 



coa Mapa iNTELBCTifAL. 

ttQ soledstnoren ciida paginas váyia; pera ciooo, ea taetids 
de quacro renglones, no paedb sor. Eq el Castettano tampof) 
co haí cosa con cosa : y pocas clausulas se encuentran don-* 
de no haya , ó ímpropriedad de la voz , ú de la.frase « ó ma- 
la colocación, ó yerro en el genero, ó en la conjugadon, &a 

Resulta asimismo^ que ningún Escritor hasta aóra pecá^ 
ni tan enormemente , ni tan fi'eqüentemente contra el pre^ 
cepto nuis esencial de la Critica, que es de rderir con i^-« 
lidad, asi las doctrinas que se impugnan , como I9S que se 
alegan* En su Prologo ofceció el Sr» Mañer ser exacto en es*^ 
ta materia ; pero viéndole faltar á lo ofrecido « ^asi en cada 
pagina , y en cada numero , parece set que aquella promesa 
00 miró mas., que á preocupar falazmeot)! al lector , para 
gozar^ abusando de su buena fé , una 19}ertad sin limites ea 
corromper mis pasagcs , y suponer muchas veces los que no 
hai en los Autores que cita« 

ítem resulta , que aquella capa de modestia « con que sa-» 
lió el Sr. Mañer embozado en el Prolpgo, se tiró luego al 
suelo , para ajarme con modos insultantes en todo el ducur-* 
áo de la obra. De donde puede colegirse ^ que aquella pro^ 
testa venero las lineas aon toda la reverencia que se merece 
el pincel^ no debe entenderse como una sincera exposidoa 
del ánimo; sino como una expresión irrisoria « donde transa 
parentandose el velo de la ironía , salta á los ojos el dea^ 
precio. ^ 

Resulta en fin , que mis lectores tienen , en vista de este 
escrito, un motivo nuevo, y mas eficaz que todos los ante^ 
cedentes , para desconfiar enteramente de las reconvenda^ 
nes que me hacen mis contraríos. Sobre que les repito , y re* 
comiendo nuevamente^ y con mayor instancia lo que les di^ 
ge en el Prologo del tercer Tomo% desde d num. 66 , hasta 
d tf 8 indusivé. 



F I N. 



203 

apología 

DEL SCEPTICISMO MEDICO, 

ESCRITA POR ELRmo.P.M. 

' Fr. benito GERÓNIMO FEIJOÓ, 

BENEDICTINO, 

Catedrático de Teología en ta Universidad de Oviedo ^^c. 

Videte ne quis vos decipiat per Philosophiam, & ina-« 
i fiem fülacianu Pauli ad Colossens. cap. a« 

- 1 1^^^^ Stos días llegó á mis manos tm Kbro inti^ 

i^ij^^^írig» tulado: Centinela Medico-AristoteUca 

M\ JDi i Ü» contra Scepticosy su Autor D. Bernardo 

^^^^ López de Araiyo y Ascarraga ; cuyo inr 

V *^^ ^'^ temo es impugnar el que se intitula : Me^ 

Acina Sceptica^ escrito por el Dr. D. Martin Martínez , uno^ 

y otro Médicos de los Reales Hospitales de la Corte ; y d 

Dr. Martínez también Honorario de su Mag. en su Real fa^ 

milla, y &>cio de la Academia de Sevilla. 

a Había yo leído la Medicina Sceptíca , y algún otro es;- 
crito del Dr. Martínez , admirando (como creo les sucede á 
todos los que han estudiado algo ) elsutíUssimo ingenio, sof- 
Udissimo juicio , y admirable erudición de este Autor , pren- 
das á que junta en grado ventajoso la elegahcm , claridad , y 
gracia en el estilo. Viendo, pues , aora en la Obra de su aiH 
(agonista ( que verdaderamente mas es antipoda suyo en las 
dotes del espíritu ^ que en las opiniones de la Escuela ) todo 
lo contrarío , apenas pude contener mi admiración de que 
ingenios pigmeos se empeñen en combatir; gigantes. 

To- 



ft04 

3 Todo aquel libro es ua tegido de dicterios , atribuyen- 
do al Dr« Martínez los epítetos de necio ^ loco ^igfwtame ^Y 
otros igualmente decorosos en cada pagina ( lo que á mí nue 
servirá de disóiilpa , si contra mi genio, y costumbre trata- 
re con alguna aspereza á Araujo en este escrita). Y no me- 
nos se qota á cada paso la ineptitud de los argun^entos , quQ 
aun no arriban á. paralogismos; continnadon de supuestos 
falsos en la doctrina del Autor impugnado : ignorancia gran* 
de de la misma Escuela que defiende: digresiones lejos del 
intento : citas fuera del asunto : afectación pueril de una eru- 
dición trivial^ trayendo con violencia Ip.mas vulgarizado de 
las Polianteas: el estilo bajo, aunque con inútiles esfuerzos 
de culto quiere tal vez levantarle del suel<]^ : tas voces impro- 
prias, el método desordenado , y la expresión eoibarazada, 
y confusa, ' ') 

4 Notable es el daño , que en la República Literaria oca- 
sionan semejantes impugnaciones , sirviendo de embarazo 
para sus adelantamientos á los honobres doctos,.á quienes se 
oponen, los quales en sacudirse de estos despreciables estor- 
¥08 i| desperdician parte del tiempo, que utilmente conv- 
inieran en enriquecer el Orbe con otros escritos : asi como á 
un egercito arreglado le retardan marchas , y atrasan ope- 
raciones las repetidas invasiones de desordenados volunta- 
rios, aunque tan inferiores en las ñierzasi: y por otra parte 
llenan de errores i la ignorante juventud ^ la qual desnudH 
aun de capaddad para decidir de la calidad de los libros, 
prefiere fneqüentemente á las fuentes claras de doctrina es- 
tos inmundos charcos, con cuyo cenagoso Uoor se obstru- 
yen de tal calidad las mentales vias , que no hai después ape- 
rientes eficaces para limpiarlas>i hadendose cada dia el mal 
mas irremediable por mas envejecido. 

5 Demás de este gravísimo daño , que á todos toca, 
fimda la Obra de Araiqo un particular resentimiento á los 
que seguimos la Escuela Aristotélica , viendo tan mal defen- 
jdida en ella la doctrina de nuestro Maestra , que quien no 
ae instruyere por otros libros de los fiíndamentos que luu 
para seguir á Arittoteles , con preferencia á otros Filósofos» 
dará sin .duda la sentencia á favor de estos; siMediendoá 

este 



205 

este Autor lo que ál mal Abogado , que hace perder la ha^ 
cienda á la parte que tenia mejor causa. 

6 No discurro que moviese á Araujo para este arrogo ala- 
guna pasión de envidia á los aplausos que el Dr. Martioez 
logra entre los eruditos , por mas que la amarguissima hieV 
y. destemplanza de dicterios con que escribe, lo arguya,' 
siendo estas las seíías que dio Ovidio de aquel villano afecto: 
Vectora feJk vbrent^ Ungua est n^usa veneno. Met. lib. 2; 
sino la ansia de hacerse famoso , impugnando á un hombre 
celebrado: medio ihiquo, que para conseguir gloria mucho 
bá tenia inventado la malicia , y que logra felizmente no po* 
cas veces, por lo menos en aquel poco tiempo que tardan 
los sabios , que son pocos, en desengañar á los ignorantes, 
que son muchos. 

7 Pero haya sido d que se quisiere el motivo , vamos 1 
la Obra. Lo primero que en ella noto , es , que el Autor fal- 
tó enteramente á la promesa , y al intento. Habia ofrecido 
en el Prologo atacar el libro del Dr. Martínez, y defender 
la doctrina Aristotélica. Ni uno , ni otro hace, ni aun lo en>* 
prende : pues solo se estrecha á las nueve hojas de la Intro-^ 
duccioQ de Martínez , en las quales ninguna doctrina partí* 
cular de Aristóteles se impugna : solo se expone el asunto , y 
el modo de tratarle: explica el Hippocratíco , en qué senti- 
do se aplica al epiteto de Sceptíco^ y discurre por los va- 
rios capítulos por donde puede errarse el juicio físico de las 
cosas , que se fímda en las especies sensibles. En los varios 
Diálogos , que componen el cuerpo de la Obra de Martí- 
nez, hai muchos, y terribles argumentos contra las doctri- 
nas Aristotélicas , que se van tocando en ellos. Aqui no lle- 
gó , ni aun á darles vista siquiera Araujo, contentándose con 
ir puerilmente glosando la Introducción. Y asi cumplió tan 
exactamente con la obligación en que se puso, como cum- 
pliera un Capitán empeñado en la conquista de alguna Cíü-' 
dad , si no hiciera mas que registrar de lejos los muros , y 
dar una buelta por el campo. Éste libro, pues, podría darle 
alguna reputación al Autor con aquellos lectores, que solo 
son capaces de entender, y decir, que Araujo sacó á luz un 
libro contra la Medicina Sceptica de Martínez < y acaso 00 

pre- 



ao5 
prttendió otra cosa , que el que souase^o entre los Igoo^ 
rantes ^ para hacer algún ruido en el mundo). Pero los inte-y 
Ujg^entes dirán ^ que este libro , ni es impugnación de la Me* 
dicina Sceptíca^ ni defensa de la dáictrina de Aristóteles , sir 
oo un fárrago inútil sin proposito alguno ; y á les pregun* 
tan, ¿qué tízo en él su Autor? respondenin bien, que sacó 
la espada , y no hizo nada. 

8 En todo el discurso de la Obra rdna un fiüso supuesto 
(defecto capital , y transcendental de toda ella ) , que es la 
atribución del Soeptictsmo en su mayor rigor, y en toda la 
extensión poisible al Dr. Martínez. Este habia señalado i su 
$cepticismo límites bien estrechos, dSendó sus dudas al 
9sunto de aquellas disputas puraiQente asteas, que hoi tie^ 
nen divididas las Escuelas. Araujo quiere hacerle cargo, y^ 
9fe le bace.ácáda paso, de una duda , ó suspensión de asen- 
so generalissima acta todos los objetos^ qual la profesaroá 
los rigorosos Scepticos, ó Pirrbonianos. Ser aquella la men^ 
te del Dr. Martínez , se ve con evidencia en toda su Obra^ 
Que funda en esta suposidon falsa la suya Araujo se palpa 
con la misma claridad en toda ella. ¿Pues adonde estamos? 
¿Cómo hai osadía para una calumnia tan dará , y tan san^ 
grienta? 

. 9 En este supuesto falso funda aquel ridiculo argumen-» 
to, que importunamente repite sobre qualquiera cosa que 
el Dr. Martínez afirma : O el Dr. Mar$inez conoce , que es 
0si como h afirtM , ano. Sinoh conoce^ ipor que lo dice ? TT 
si lo conoce , kicgo no es Sceptico : porque los Scepticos dudan 
dé todo. Y lo mejor es , que luego triunfa , como si le hubie^ 
ra cogido en una contradicdon notoria. Y no menos bfeliz 
que en los argumentos que propone , lo es en las autorida** 
des que dta, las quales , siendo todas contra los rigorosos 
Scepticos, ninguna viene contra el Dr. Martínez. ¡Qué do« 
lor es, que con estos extravíos se ocupen las prensas! 

I o En este falso supuesto funda aquella gradosa invec- 
tiva del numero catorce , probando , que la secta Sceptica se 
opone á la Religión Católica : como si esto se lo negara nar 
die, de la Sceptica tomada en toda la latitud posible. Pero si 
el Dr. Martiaez no profesa esa Sceptica , todoio que amon? 

to- 



ao7 
tona á ese intento, no eá del caso. Y ú laprofesa^y en su es* 
crito lo manifiesta 9 debió delatarle al Santo Tribunal , y es? 
cusar á los lectores la risa , que precisamente les ha de sal-» 
tar á borbotones, quando vean la incongruidad , y extrava-: 
ganda con que en aquel párrafo zurce el principio del Sinn 
bolo de S. Atanasia xloquek preguntan al fue quiere hauti^, 
zar se , y lo que éste responde ; quántas partes tiene la Doc^ 
trina Christiana , &c. 

X I Que et Scepticismo del Dr. Martinez no sale d^l re- 
cinto de la Fisica, consta con evidencia , no solo de la In-» 
troducdon , mas de todo el cuerpo de la Obra : pues todas 
sus dudas terminan en materias fisicas; en las quales basta 
para justíiicar la suspensión del asenso la porfiada discordia 
de las Escuelas ; ¿ y quién negará que es este un proceder 
radonalissimo? Si alguno de los partidos que batallan , tu* 
biera á su favor algún argumento conduyente , ya se hubie* 
ra hecho dueño del campo , y cesaría la disputa. Y pues nin*? 
guno le tiene, % por qué no podrá quedarse neutral el enten<* 
dimiento , por no arriesgarse al error en qualquiera partido»' 
que abrace? Yo hallo que en esta materia los miedos son pro- 
prios de los mas generosos espíritus : y entendimientos pron> 
tos á abrazar con invendble adherencia conclusiones dispu* 
tables , son ligeros , ó temerarios ; si no es que digamos ( y 
acaso con razón) que por sus escasas luces pueden ver Jos 
fundamentos proprios, que están cercanos, pero no los age- 
nos , si no es con mucha confusión , por mas distantes. Y de 
aqui nace aquel repreensible despredo de las opiniones con- 
trarías, que se ha hecho tanto lugar en las Escuelas. 

1 2 El Divino Valles favorece el Sceptídsmo del Dr« 
Martinez en el mismo lugar que Araujo cita para impug-* 
carie. Tan ciego va este Autor, que no advierte que se de* 
güella con las mismas armas, que saca á la batalla.. Buelva 
á leerle , que estas son sus palabras : Eorum verd quce in opi* 
nione versantur^ cujusmodi sunt omnia fisica probkmata^ 
constat , nullum prorsus se ir i possei, quia , si quodpiam illo^ 
rum sciretur , accedente scientia^ tolkretur omnis opinio , sub^ 
iota omni obscuritate , & incertitudine , qua non possunt 
abesse ab opinione. Non sohm autem non est hactenus com^ 

pa- 



ao8 
parata scientia fhyskafum asierthmm^ seiné compararí 
quidem potest , quia pJ^sicus non abstrahit á.materia ; ma-»^ 
teriaüum verd notitia , cim pertineat aisensus , mn potest 
uUra opinUmem procederé. Sciemia emm est universaHum^ & 
intelligibiUum. Itaque physicus^ quantumvis labórete nm po- 
test suarum theseon scientiam comparare. 

li Vea Araujo si Martínez dice mas que Valles. Y vea 
ú la criminalissima conseqüencia , que haoe contra Marti-i 
nez , de que la Física no es denda , no está anticipadamen* 
te concedida con toda claridad por Valles. Y para que ni á 
Araujo, ni i otro alguno quede duda de que Valles fue en 
las cosas fincas tan Sceptico como Martínez , lea al prtnd- 
plo del mismo capitulo 45 de su Filosofía Sacra esta senten* 
da definitiva su^a: Homines^ quantumvis studh Phihsophia 
insudent ^fieri non potest , ut aliquando invemant rationes^ 
& causas eorum^ qucefiunt sub sok , sed necesse*est , ut in 
earum investigatione ^ dum sunt in tenebris sensmm horum^ 
plus ^ aut minus alhucinentur ^& de his etiam^t qua sibi vi^ 
dentur probabilissima , nisi se ipsos velUnt faJkre ^ thibitent^ 

14 Aun en las materias físicas no es absoluto , y jgene* 
ral el Sceptidsmo del Dr. Martínez , pues concede el cono- 
cimiento claro , seguro, y cierto de muchas verdades , ne- 
gando soló , que esc conocimiento sea scientifíco , ó demons^ 
trativo (que es lo mismo que dice Valles) , y asi aun dentro 
del ámbito de las cosas sensibles dista infinito de losPirrho* 
nianos. Lea el Dr. Araujo otra vez en la Introducdon de 
Martínez aquellas palabras del Hippocratico , que es quien 
representa su persona : No es el animo de los prudentes Scep- 
ticos negar que hai verdades ( como Pirrhon , que Uegd á tal 
estado de demencia , que no se apartaba , aunque viese yemr 
un caballo corriendo)^ sino negar que hqya ciencia fisica de 
ellas, i Adonde tenia, no digo el entendimiento , sino el sen- 
tido común Araujo , quando leyó esto? ¿Cómo trata de Pirr-* 
honlano al Dr. Martínez , quando él se aparta tanto de Pirr-p 
hon? ¿Cómo le hace cargo de un Scepticismo universal^ 
quando él le ciñe á tan estrechos límites? Y asi.eíectiyamen- 
tc todo d libro de Araujo es una continuada impertinencia 
¿n substancia: todos sus argumentos , y citas cuchilladas al 

aire, 



áiret6áttQ fantasma dé PirrhoQ,4ue fabricó su iniagifla* 
tiva. 

15 Para mayor demonstradon de esta verdad C si cabe 
mayor } transcribiré otras palabras del Hippocratico , y el 
donoso argumento 9 que sobre ellas forma Araujo. Dice asi 
el Hippocratico en la misma Introducción : En ¡o fisico nos 
Jta concedido Dios el uso de algunas verdades ; pero nos ha 
ocultado el intimo conocimiento de ellas ^ que presume tener 
Ja arrogancia dogmática. Sabemos que el Juego quema , que 
la luz alumbra , que el opio adormece ; pero cómo hagan esto^ 
no nos es concedido penetrarlo. Entra aqui Araujo , y como 
ú cogiera á su contrario en una implicación manifiesta « le. 
arguye asi : Pregurao: O sabe que el fuego quema ^6 noisi 
dice que sí^ ya sabe algo en lo fisico ; si dice que no ^ i para 
qué dice que lo sabe^ Y prosigue : De aqui se sigue j que el 
Scepticismo queda destruido por susproprias razones. 

\6 ¡Notable equivocación de iiombre! Si el Dr. Martí- 
nez le ha dicho con tanta claridad ^ asi en las palabras que 
poco ha cité , como en las antecedentes , y en otros ipfíni- 
tos lugares , en qué sentido es Sceptico, y en qué sentido 
no : qué verdades se pueden alcanzar en la Fisica , y quáies 
son impenetrables; ¿para qué mancha el papel con ese arma<« 
tosté , que por sí mismo está desbaratado ? Y este es el ar-*' 
gumento que fireqüentemente repite en varias part^ del lir 
bro , y con el qual ( ¡hasta aqui puede llegar la vanidad! ) 3e 
juzga triuh&nte de su contrario. 

• 17 El Scepticismo , pues , del Dr. Martínez no alcanza 
á negar el conocimiento cierto de varios fenómenos, ó efec- 
tos sensibles , sino de sus causas físicas , y del íntimo modo 
de obrar, ó acción de ellas ( y esta es puntualissimamente 
la sentencia que alegamos de Valles): v. g. sábese cierta-, 
miente que el ruibarbo purga ; pero no con qué virtud ;;si es 
por la combinación deMas quatro primeras qualidades, si 
por otra qualidad tercera, distinta adequadamente de aque- 
llas , si por la figura , ó movimiento de sus partículas ; si 
obra atrayendo, ó fermentando, &c^ Sábese, que la sangre 
tírcúlat peco se ignora quien da el p;imer: iinpulsp i e$tei 

O mo- 



aio 
movimiento» ¿Qué virtud motriz és lá suya? Si elástica , ¿c6» 
mo no se debilita en pocos años? ¿Qué fuerza contraria res- 
tituye succesivamente al punto de su mayor vigor el elate* 
rio? ¿Cómo no se equilibran estas dos fuerzas contrarias , y 
se suspende del todo el movimiento , pareciendo preciso que 
en el mutuo encuentro haya un punto , en que sea igual el 
impulso de los dos resortes? por cuya razón se juzga comun- 
ícente , que es imposible hallar por medio de muelles el 
movimiento continuo.^ Sábese que el opio adormece ; pero 
se ignora tanto cómo hace este efecto , que aun se duda si 
es caliente , ó firio ^ prevaleciendo ya hoi , contra el consen-* 
tímiento de la antigüedad^ la opinión de que es caliente. 

18 Explicado el Scepticismo de este modo ( pues este 
es el qué defiende el Dr. Martinez) , es claro , que todo el 
libro de Araujo es fuera del caso , y no toca el áDeptícismo 
de Martinez en el pelo de la ropa. Y ad puede guardar tor- 
das sus citas , y argumentos , tales quales son ellos , para 
quando encuentre un Sceptico , que dude umversalmente de 
todo ; y yo aseguro que jamás le encuentre. 

ip Podrá acaso juzgarse repreensible en el Dr. Marti- 
nez, que no preste algunas doctrinas disputables aquel asen^ 
so probable que motiva el peso de razones, en que estrivan; 
mayormente quando aquel peso es tal, que inclina sensible-^ 
mente la balanza del juicio mas á una parte ^ que á otra, 
que es lo que repreende Valles en el Físico Pirrhoniano, pro- 
siguiendo asi el lugar primero que citamos arriba, y dta 
Araujo : Non tamen debet more Pyrrhomcorum dubitari de 
ómnibus y sed probabilioribus assentirh nu^na enim stupiditas 
est putare omnium rationum contrariarum esse parem virria 
etiamii ubi probabilis est contradictío , netori liceat cifra 
ditíbitaticnem assentiri. 

20 A este cargo respondo, que la Sceptíca mitigada, 
que profesa el Dr. Martinez , no estorva que dé asenso pro- 
bable á muchas aserciones controvertibles. La razón es, por* 
qu6 el asenso probable no estorva la duda ; antes necesa* 
riamente la embuelve, puestos Teólogos, con Santo To^ 
más , le defíúen ijudicium ^uo intiUectus a/sentítuñ unipar^ 

ti 



5 1 1 

tícomradictioms\cuM fomüdine aUerm. Y este miedo, 6 
recelo deque la verdad se halle en la coatradictoria dQ la 
conclusión á que se asiente, formalissimamentees duda. As| 
lo entiende , y enseña Santo Tomás % i ^q.i^ art. ^ donde 
hablando del asenso opinativo, ó probable , dice asi : Alio 
piodo ifaeUectus asentit aücui^ non quia sufíicknter moveatur 
ab objecto proprioy sed per quamdam ekctionem voluntarte 
decUnans in unam partem magis quam in atiam : & si hoc 
quidem sit cum dubitatione^ &formidine alterius partis^ erit 
üpinio. Con que el Scepticismo, ó duda de quál de las con-^ 
tradictorias es verdadera, no solo no quita, antes acompaña 
necesariaúiente el asenso probable, ú opinativoá ¡unad^ 
ellas. Y asi los Teólogos probabilistas, para que la opinión 
probable pueda regular la operación honesta, quieren que in 
praxise deponga la duda especulativa circa hanesiatem ope* 
ratianis^ que consideran ÜQseparable del asenso especulati- 
vo puramente probable , circa licitum operationis secundkm 
<se. Y el mismo Valles en las palabras citada^ asienta esta 
verdad, pues dice, que quando hai probabilidad por ambas 
sentencias opuestas , no puede darse á alguna de ellas t^ 
asenso , que excluya la duda. Neutri licet citra dubitatianem 
assentiri. Y aun mas claro en las alegadas mas arriba: Ne^ 
tessé est :::utdehis etiam qute sibi videntur probabilissima^ 
nisi se ipsos veJint faJlere y dubitef$t. Luego el asenso proba- 
ble no quita el Scepticismo: ni el ser Sc^ptico^ ó dubitan-- 
€e, estorva dar asenso probable á varias conclusiones : como 
efectivamente lo hace el Dr. Martínez, quien jamás se mues- 
tra reñido con él , sino con aquel asenso firme, tenaz , deci- 
^vode algunos, y no pocos dogmáticos., que desprecian 
«como delirios las opiniones opuestas. 
^ a I Digame el Sr. Arai^o: Quando un Autor está tan ttr 
Mlutoriamehte fijo en la sentencia que defiende, que llama 
¿ la contradictoria desatino, ó necedad , y á los que la pro- 
pugnan ignorantes , necios, insensatos, ¿se puede decir, que 
da su sentencia asenso solo probable , ú opinativo? Es cla- 
ro que no : pues este no tiene recelo alguno de que la con- 
tradictoria sea verdadera; condición esencial del asenso pro^ 

Oi ba« 



aíz 
bable , cotrio hemds visto de Santo Tomás. Pues que bal 
muchos dogmáticos de este humor^ es indubitable: raro seo- 
lario de la nueva Filowfía se ve^ que no trate de deslumbra? 
dos , barbaros^ y ciegos á los Aristotélicos. Y del mismo 
modo apenas hai Aristotélico ^ que no honre á los nuevos 
Filósofos con los epitetos de necios, insensatos , estupidos, 
&c; siendo entre estos el mas encaprichado el mismo Dr. 
Araujo , hombre tan fuera de lo razonable , y un dentro de 
Aristóteles, que llegó á soñar canonizada la doctrina de es* 
te Filosofo por el Breve de N. SS. P. Benedicto XIII , dirigid 
do á los Religiosos de su Orden , que empieza Demissas 
preces :f siendo asi , que no se hace mención en dicho Breve 
de Aristóteles , ni de su doctrina. Pero de esto ya hablaré* 
uos adelante, por ver si podemos deq[>ertar alSn Aráiio de 
tan extravagante sueño. 

22 Contra esta especie de dogmáticos procede el Dr« 
Martínez , y con harta razón ; quedándose él en el medio 
de un Sceptidsmo racional , pues ni de todo duda, ni á todo 
asiente. Cree aquellos fenómenos , que la observación , y 
experiencia persuaden: duda de sus íntimas causas, y tal vez 
las juzga impenetrables , por lo menos con aquel conod- 
miento que puede engendrar verdadera demonstracion d 
priari. Aun en las materias controvertidas presta no pocas 
veces asenso probable , inclinándose mas á una parte, que 
i otra ( y asi no tiene que reñirle Valles ) como en lo del ju-* 
go nutricio , la existencia de los espíritus animales, existen- 
cia , y mo^oüento de la materia sutil, y en otras muchas 
cosas« 

1 j . Lo que en esta materia es mas insufrible es la teme- 
raria pretensión de que el Sceptidsmo moderado se oponga, 
*fii aun por reihotissimas conseqüendas, i alguno de los dog- 
'mas revelados. Supongo que nadie es tan aludnado que lo 
sienta asi. F«s artificio vulgar de Filosofastros desnudos de 
razones acudir luego á que la sentenda que impugnan , es 
contraria á los sagrados dogmas. Qualquiera alusbn, ó equi- 
vocación de voces , con que coloreen este asunto , les bas- 
ta para engañar i los ignorantes, y poner miedo á los doc- 
tos. 



«o&íSeéptícSsniodiglttó! Vajra al fiíego: qué esta és laseiH 
teocia de Pirrhon. 

14 Esto me suena al duste del Gran Tacaño^ siendo pi^ 
fk> 4 que aquel vecino , qtie se llamaba Pancia Aguirre^ solo 
por tener el nombré efe Pontio, le lUmaba Pmdo Pihta^ 
BsiMis MperííGiales^ y ptierites^, que se dejan Itevar del 
sonido de las voces, ñn atender á la substancia de 4o8 sig-^ 
Qificadds, siempre se qáedarán en el primer umbral de las 
Ciencias. Sr; Araujo , ¿qué importará que haya sido Sceptico 
nrrhoo^ 6 que Ib sea el Sr. Martínez? Examine V. md« qual 
Soepficismo ñieel de aquéU y qual el de este« ttecoaüm^ 
dal Pondo Pilato con PotfñoAgidrré. < r 

vjf \.OdMbuaQS^Vtt»daB»9 iio'sdtaiá la Fikmfia; mas 
atinála Iglesia 9 estos hoihbres qoe temeraríameote procu-^ 
tan interesar la doctriiia revebda en sus particulares senté»* 
das filosóficas. ^De esto se asen los hereges para xalumniar** 
nos de que ttaetum» artoribi de-Fé de laf opiobiies de la 
fflkMofiá^.y <x>n este arte ípenuaden á los sayosi árduaiV^ 
odiosa -nuestra creáida. Enesto se fundan algunos estmn^ 

foros, quando dicen, que en Espafta patrodaamos con la 
eligfon el idiotismo. Poco ha que escribió uno , que son 
filenos librea las opiniones de Espáfia, queJoa cuerpos eÁ 
(Turquía. Para' que se guarde el respeto debidolJo sagran 
áo^ es menester no oonfondirlo con lo ' profana Si albino 
erigiese las h^itadmes todas^en Templos'^í seria autor dé 
que á los Templos se perdiese la reverenda , y el decora; 
lueoes tiene la Iglesia para calificar quales doctríqas son utit* 
hs 9 quales perniciosas v y quales iod^entes. Dégese í dlqe 
la dedsfoa, y no^^ieiM peroirback» losque sioceraniéotte 
buscm la verdad, con otros espantajos que les opoh^ la pw^ 
daüdad^» y la íacdoh; 6 tal vez la ira de los que di^t^ 
iu nombre á alguna -partíoular Escuela , 6 la enívi^i delot 
que no pueden adelantar tanto.. 1 

* %é r OtC0 dapituldide acwsadofi^f enqw st enát^eoe^lgiíal^ 
BMDte Araiv> contra :el Dr. Martihea 40$ ' el otoideáari. eaia 
por iantiler fiarla prsicticaidfi laMedidaa la^qftestioiféf 
feoricas, que se agitan en lasEscoelaSir Y^yo cre0i qué nia-^ 
M Oj gua 



*»4 
gun cordata ^tgstpLáe afletltíri al ifl<ft«aett^4el^Or; RfartlMa 
Estamos viendo í cada paso , que los Autores l!4edicos que 
lEevab mulopuescíis seoteocias en estas qüestioqes especula- 
tii/as^ convienen eo la práctioa de |a ipuracioji^f hw^no 
se dirigen pOr sus opiniones teórjótt |¡ar^. Jas op«radoiief 
lácticas; de donde «yk^tttfDeote'$e;4Ígiie la ínutiiidad dé 
aquellas pará'í^as:: > . ...iJi. *..:.: . ., 

« 2 7 ¡Quánta exposición hai tMte los Médicos aotiguosi y 
modernos , sobre señalar las causas de Jas enfermedades, y 
tDOflOide obrar de. los medlcacoentos! Con.tipdo $ dios Etmu* 
teró.i, que eaJa prácticftr^Qc^erdaiw ./itfi^^ fifctiCcB^ 
tas son sus palahr a^}^ flo^istreí$í>tf]^ olmnmioiA' 

res « & recemiores : v. gr. Qféoad ustm Jalappa , MtrcutH 
imbie venérea ; dijffhrefitia sakemetí ^HMdirMhmem^ seu 
nusarum^scnaimitm..:. 

j.> a& ; Auó U ofxiskáoo'de.diBcsfss^ que «s Iii inayor que 
^,lo teérioo puede ifaabfer^ no induce veriedadeo ia^práo 
tica : pues Mediccis que siguen diferentes ^enaas:, .curan 
de un roisiDO modo; y seri un bárbaro el Medico, qu« abu> 
donando' la^observacion , y experiencia , que soa^las verda- 
deras guñ^enila-iyiedicina^ artem eítperhntiafeciís,.exem^ 
ph monstrante viam.i jsp .dirya por el sistema que £0flpibi6 
widadeí'o para:ia curdctoo) por' cny« paron iVfedicoscelebeiP^» 
cunos dedtaian;fiiert^)sn{e (Jomtra^ el Uso de los sistemas 
en la Medicina , condenándolos , no solo como inútiles, mas 
aiifa como perniciosos. El filt&oso Bagliviú es . tan íreqüente 
en este! inyectivaen varia* tuirttis d^ stta.Óbrasji.que ep el 
Brolo^ se; discanta <3on tí tector de. ^u proligid^d ¿breiestá 
moíattii.£aifrumistuiníkrturosho^e^^ nle\m.é§M 

gerenda-n ac stepius mcidcamla experientw i & natura sec^ 
nanee necessitate^ necnon hypHhesm , ac ^rterntanm va^ 
nHate exphdenda mokstum fortérO^/bré fmtidum excusatmm 
kahr^xislliht^: ¥ pqe^-mas : ab^ airibuye el^ pocfo , ó nin- 
goti»adekaiiiami«atO)que[;tH¡ao:ía.Mkdicioa en h/s^primcacñ 
sigloryen que bkieton laoi grand^iprogiésos lasdénofe w 
test á la jciemasiada aplfeai^Mi de: tea PrófiMnrcs á sisteniaii 



tmatis. i» Jiyp^hesfiwsprofsus indklserint i nmtam (k CDg-> 

i/osvenáis^ curapdisqtíe márbis , quam quo pacto éorufn pro^ 

bakikm fa$iQmm reddeM solticiH : ex qúo fit , ut in maxi^ 

num human/t genetis ferniciem^ & medicina dedecüs^ nom 

j^mrWifsima artis prascriptOi sed propríi ingenii commnta 

CQ9¿f^nt.\h^ fnisfxu). iaménta eKfamoso prictioo Sideobaim 

^AÜw Veré^ difii vis potesf i, füoi errar Jims a^am pneóüeriñi 

hipeiieífee istó fhsfsiohgicie , dum scriptores^ qtéorum ánimos 

faho colore ilke imhierint^ ktíumodi pfuenomena moribus 

^fipSgfmt % qu^ifi nirí in ipsorum cerebro hcum numquam 

babfferuni* El jcBÍdosissiino; Mr. Lefranzcos , Medicb del dU 

^iQta Duque deOflearts, asi en su Kbro de Bj^exiimes Cri-^. 

ticas S9ire la MeMciña^ como en el que kiqtuló Prqyecta 

4f* la Reforma de la Medicina , pondera largamente el gra^ 

vissioM) daño$ que á este arte ocasiona la aplicación á for- 

IBar s y seguir astenias : llora amargamente el tiempo que 

le desperdida én diputar questiones especulativas : quiere 

que ñgan otro orden las Uaivecsidades^en la instrucción de 

la juventud que se aplica á esta Facultad i qtie el que ha$ta 

aqui han seguido : que no los examinen defendiendo teses^ 

ano de otra forma. Én fin^ si Araujo viere este$ y. los de^ 

|Q9S: AutQres citados ^ bollará en ellói puntualmente quanto 

9pl)fe este- capitulo le, desagrada eo ^ Dr. Martínez ; y^co^ 

nogerá que. no es ^ solo qttiep JiOídice^iSÍM que sigue á.nub» 

«hos^ y grandes Paireónos. ^ * 

', %9 Lo que dioe en su Introducdon el Dr.JMartifte^ de 

1^ incooducendatde la Dialéctica, y Física , que se enseña 

^ las JBseuelas , . paratla M¿djiciaa,y le i^uelvie á Araújo su 

a^ifsta. Colerai^ Sínodo, queieo diuchisñoifts bcgas nobám 

sino arrcyir vMüim atrabiliarios, y auit le falta^ poco [uirtf 

echarlos bigados. Terriblemente se enciende al ver qugar* 

se á su contrario del mucho tiempo que sin fruto se consume 

eo^alKideotlcaif y me le pone por éste delito ras con ra» 

de Irfitferp,, f QtPGb Heresiarca& Tengase uñ poco roa« aliáj 

$r,Ilrty.l8aiHMe^alGe^^)radoBagU BMt, Meé^^ttét. té 

O 4' cap^ 



cap. 5 , $• j V <Ionde sefSalá á la Dialéctica por igualmente 
incoflídücente para la Medicioa, que la Mathematica^Retbrf* 
ca , Astrortomfa ^ &c« Y llega á almiar , que es tan inútil 
para el Medico^ como et arte de [»fitar para el Aludco: 
Tatt$i intefest Medici ad intimiarem morborum Mrtoriam ap- 
nquemUm , qüami intéresi Musici mis pictüria. 
^ JO Cierto que no d^ tanto el Dr. Martines , y atip0ttá\ 
go que no dirá Araujo , que Baglivio Aie un ignorante ,4ie^ 
Ció , insentoto , loco , como dioe de Martines á cada paso; 
pues todos los Médicos de estos tiempos le veneran com6 
oráculo de la Medicina. Y la gran estimación y que hace el 
orbe literario de su libro de Praxi Medica^ se evidencia de 
que en el espacio de treinta afios van ya liechas diea edidd^ 
nes de él; pues aunque la ultima «^heoba en Amberes Mé 
año de 1 71$ t sé ilama nona en la frente de la Obra ; fii6 
por no tener presente el Impresor la que se habra hecho ea 
Venecía en el año de 1 5 , la qual era la nona verdadera-^» 
mente , habiéndose seguido á la octava hecha poco antea 
en París. También supongo i» que faalMendo impreso esta 
Obra la primera vez en Roma , y dedicadolaal Samo Pon^ 
tiflce' Inocencio XU , á nadie olerá á chanaisquina; pues tie« 
nen en Roma bien delicado el difitto para percibir todo tiH 
fbdeheregfa. 

ii Repico «le no dijo tanto el Dr. Martines, {Aies nd 
condena absolutamente la^ Düalectiea , sino eí mucho tíémptf 
que^se ifiHisufaHr eo su ^estudio^ dc^endose de qoe las SKmu^ 
las solas gasten en muchas Escuelas un afio entetx). ¿Y qUfenr 
negará qué e^e es exceso? En otms Escuetas^ se enseñattias 
Súmulas en ttno ó dús meses, y no han méneseer más suii 
estudiantes^para hacerse*^ cóom se hacen después mudíos;' 
eminentes éh otm ciéndas^ L0 misÓKrae piiede^dedr , y 
lo d^on muchos hombres grandes , del mucho tiempo que 
se gasta en gestiones inútiles de la Lógica, Fbka , y Me* 
taíísica. ¿Quándo llegará el caso de que i un Medico le sir^ 
va algo para la curadon , haberse quebrado- la cabeaa so- 
bre si el ente.de raaon -es olgetode la ix^c^r^l^^ H 
definido en la defidkion d«l gencnvcómo pttKÍBde ^«n^ 



fti7 
tf la Materia enste por propria exktenda? &c Pues aun pa» 
ra los Teólogos reprueba por inútiles semgames qü««ioaes. 
el insigne C^no : Quis enim (dice ) ferré possit dipuia$ianes 
Ulas de universaübus , de nominim analogia , de primo cog^ 
f$Uc t de principio individuatíonis ^ sic enim inscribuni , de 
éiseinctione quantitafis á re qtáania^de máximo , & minimo^' 
de ifffiniPo^ de intencionen &, rendssione , de ptoportionihfs^ 
4S groMlmín deque aUis. htgnsmodi sexcentis ? Y poco mas 
abajo : Qfád veri Utas nunc puestiones rderamus% Nufá 
Deus materiam possit faceré sine forma ? Num pktfes Ange^ 
hs ^usáem sfüíiei condere ? Num eon$inu$fin in omnes suas 
partes dMdtre ? Num relatkmem á std^cto separaren AUas^ 
§ue nmkd vanhres , ^mt scriiere Me nec licet , nec deceñ 
Ne qui in hunc hctim serte inciderint ^ ex quorundam inge^ 
trio mnnes schoke Auctores iestiment. 
' i% Buelvo ádedr: Si el gastar el tíempo en estas qües- 
tíones, es perderle aun para el Teólogo, en sentir de uno» 
que lo file grande, ^quesera para el Medico? La respuestas 
común es, que semejantes disputas sirven para afilar el in« 
gemo* 2 Y es posible , dirá el Dr. Martínez , que el ingenio 
no puede afilarse sino en materias inútiles? £1 ingenióse afila 
egercitandose;¿y no puede egercitarse razonando sofcM'é 
asuntos útiles , y cuyo conocimiento conduzca para la Me^ 
dicina , ó para otras GÍeiidasi?^Será bueno que por egercitar 
el iogenia, dspnteiMS' en las Escuelas aquellas graciosa^ 
qUtstiones , que con £úsedad atribuyó el otro Satírico i un» 
gran familia : An si mus in more mingas timendum naufra-^ 
gium ? An puneta Mathematica sint recept acula spirituumi 
An canum^latratus Junamreddaa macuhsam ? An in spatiíd 
imaginar Os péstk insfhui na^íatio9 An iympana cor id 
Asini infecta dtíecteñt inteKgentias^ 
" 3Í El discurso , pues, se aguaa con el eg^erdcio de ra^ 
conar , y discurrir , y mudio mcgor en cosas útiles , y prove* 
cbosas , que en las inútiles, y vanas ; pues demás de bal»- 
tuarse el «entendimiento á rgiMar de asuntos dignos , se ad- 
quieren de camino nc«icias coaducentes. Y de verdad algu- 
nos ¡ogeoiofise^dguauu^taoto Ollas '^iestioaesiflut^ qué 
- j á 



3l3 

á manera del cutiMllb, que se íiftte prolijamente, pierden' «I 
acero , y se quedan con el hierro , ó ae les dobla d filo , do 
modo que yá no corta. Es la Dialéctica una espada véi^cíl 
á todas partes^ por su nawraleza tan apta para cortar loa 
errores* como para herk. las verdades; y se eKperímenta« 
que los que se en vidaa en esta esgrima « coa indiscreto. ma«. 
oejo ázia todas pactes rebueivea^y oó hai verdad tan se^ 
gura á quien no tocjue su ctichiUada, qaando, pres(midiénd(> 
.importunanaente4>rmal¡dades 9 despedazan misarablementst 
los objetos. 

14 Por esta razón* asi como el sobrio, f redo uso de. 
la Dtalecúca aprovecha mucho á ios Teólogos para impug-» 
oar los errores^ el exceso * y abuso sírviiS á mochos herege» 
para defenderlos. Véase lo que dios S. Ambrosio de Jos Arñ 
ríanos , lib. i de Fide : Omfcm vemmrum suarum Ariani im 
Diatectica disputatiáne c^nstituuot ; sed non m Diakatica 
placuit Deo salvum. /acere pQptsbm suum. Y en el comentúr 
al Psalmo 1 1 8 : Sic emim j/lrianus in perfidkm ruisse cogfwi^ 
cimus ; dum Christi generathnem piaand $$n hujus s^culk 
folUgendam ; reliquerunt ^ústolum , se/paéntut ArisMekm 
De modo * que no todos los hereges están reñidos con lá 
Dialéctica de Aristóteles, como piensa Araujo. Y sí la ojeriza 
de algunos Sectarios contra Aristóteles fuera argun^nto 4 
favor de este Filosofo , sería también prueba ft favor de 
Descartes haberse, declarado contra su sistema, t coraoi $9 
declararon las Universidades helreticas de Leydeo 9 GrolüiH 
gaiyDubberg. 

i 5 No por esto se puede^m debe negar, que la Dialec^ 
tica , y Filosofía , que se ensefian en las Escuelas , como sir-^ 
dientes de la Teología Escolástica^ ooaduoen mucho parii 
defender las verdades reveladas; y asi lo confína á boc% 
llena el Dr. Martínez. Pero es ineptíssíma impertinencia in- 
ferir de aquí • que sean necesarias para la Medicina « . comQ 
pretende Araujo , i quien señalaré aora dos disparidades nor 
t^bleS) para que de aquj adebm&e , tmejor instruido^ no toane 
las cosas á bulto. I» primera es , que en la doctrina Cafió-» 
lica no iieQe$it9tnos 4e busoar iai verdades., .«00 de definir 

dcr- 



axp 

derlas. InfiUiblemente aségufados de que es deito el xrami^ 
DO que seguimos , solo hemos menester luz para descubrir 
Jas ¿lacias con que los hereges pretenden apartarnos de la 
senda. Y á este fin es importantissima la DiáieáitíBít En la 
Medicina no es asi ; porque en esta Facultad no es necesa^ 
rio desenredar sofismas ^ sino descubrir verdades : efxaminar 
los pasos de la naturaleza en las enfermedades, la diferencia 
de ellas , y de sus sintonías , y buscar remedios oportunos* 
V como nada de esto se puc^e conseguir con la Dialéctica^ 
ni con todo lo que se ensena en los ocho libros de los Fisír 
€05 > sino con las observaciones experimentales, yi proprias^ 
yá agénas; de aquí es , que toda la Dialéctica, y Física de 
Aristóteles es inútil par^ la Medicina. 
• 3^ La segunda disparidad consiste , en que siendo Dios» 
que es objeto de la Teología , simplidssimo , que en una ia^- 
divisible entidad contiene todas las perfecciones posibles , no 
puede adquirir aqueL conocimiento de Dios, que proiduce la 
Teología Escolástica , distinguiendo esencia , atributos, pr&i* 
dicados formales, y eminenciales , &c, quien no estubiere 
bien instruido en todas las abstracciones lógicas , y metaíisi- 
eas. Asimismo sin enteoder bien las nociones de naturaleza; 
supuesto , existencia , relación ^ y otras muchas , que. se eor 
tt&aa eo los CursdS'de Artes .^^ nd se podrá dar uir paso en 
los Tratados de los Sacrosantos Misterios de Trinidad, y Eo^ 
carnación. Ni sin saber qué es substancia , accidente, habiT 
to , virtud operativa, .&c, se podrá alcanzar en algún modo 
la esenda , información , y causalidad eficiente de los entes 
sobrenaturales. Generalmente apenas hai materia Teologi-r 
esa , que no sea una Noruega para quien no lleva delante la« 
luces dt la Dialectioa , Fisica , Met^ca , y Animastica, que 
síe.enseñan en las Escuelas. • 

37 . Lo contrario sucede en la Medicina, para quien tor 
das aquellas noticias son impertinentes. Nada de quanto con* 
tienen los Cursos de Artes conduce para conocer Jos Iseñales 
diagno^icQs , ni prognostícos de las enfermedades , ni para 
la curación de ellas , ó para la invención de los remedioa 
¥ a8i> ni itf)9 palabra de la Fisica ^ ó Metafísica de Aristo- 
i te- 



440 
teltí se halla en los Tratados de Medicina práctiáu Aunque 
desde el tíempo de Aristóteles hasta hoi se hubiera estado 
filosofando sobre la quina « sobre la raíz de la tüpecacuanat 
y sobre la gran valeriana nlvestre , no se hubiera descubier^ 
to , que la primera era especifico contra las fidbres intenni- 
tentes ; la segunda contra disentereas ^ y diarreas « y la ter*' 
cera contra los insultos epilectícos. Lo mismo se puede de* 
cir de todos los demás remedios, asi específicos, como ge- 
nerales. La experiencia los ha descubierto , como también 
las repetidas, y atentas observaciones manifestaron la dife- 
rencia de enfermedades , sus antomas , sus metastases « los 
plazos de las crises, y todo lo demás , que se sabe en la Me« 
dicina : no habiendo hecho otra cosa la Física ( y no la que 
se enseña en los ocho libros de Aristóteles, pues ésta , con- 
tenta con nociones universalissimas , ni aun á eso alcanza) 
que discurrir con mucha variedad , y poca fortuna sobre las 
causas , después que la experiencia le mostró los efectos. De 
todo lo qual se infiere , quan inútil es quanto se enseña ea 
ios Cursos de Artes para la práctica de curar; y quan ridi- 
cula ilación es deducir de la necesidad de la Dialéctica , y 
Fl^ca para la Teología Escolástica t su utilidad para laAfe- 
dicina. 

i i% Y para acabar de desengañar á Araujo , y á otra 
cualquiera que sintiere con él , )midré aquí una autoridad 
del grande Hippocrates , en que no soto condena por inútil 
para el arte Medico la Física general, y abstracu (qual es 
la que se enseña en los ocho libros de Aristóteles ) , mas aun 
aquella particular del hombre , que llaman los Médicos Fi- 
siología. Asi dice lib. de Veteri Medicina, part^i^ 9^*^hi 6é 
Porro Médici quidamitemque sófhista ^ilicMt quod impossi^ 
bik est meOcinam cognoscere eum^ qm ntm novit quid sU 
homo , & quomoáo prinmm fiutus , £^ comfoctus sii. E¡go 
vero qua aUcui sophistie^ ata Medico de nmura Actm stmf^ 
aut fcripta^mmus cerneo medicimée ani cemven i re , quampic^ 
ioriie. R6an ese hueso los señores Medióos sofistas , que taoí^ 
Co apredo hacen de su Física* 

' 19 ^Uporestosea(pluyeellBx6ttamiellltOtf ddiacsiiv 

•o 



80 de la IVIedidoa. i Quintas veces en las coasitkai se litiga 
raóíotialissimamente sia tocar qüestion alguna de Física , ni 
usar de suá principios abstrados? ¿No pu^n ludr mui bien 
un discurso agudo , y un entendimiento <:laro en la recta 
aplicación de las observaciones hechas , eo la oportuna com- 
binación de los indicantes, y en otras advertencias prácti- 
cas , de donde se debe deducir k> que conviene egecutar en 
las circunstancias ocurrentes? Asi loegecutan los Médicos 
sabios , y dan á conocer su saber <» y su discurso en las con- 
sultas , sin acordarse de los ocho libros ik Phisica ausculta-^ 
turne. Y yo quisiera ver cómo le va á un Dogmático , si tro- 
pieza con un Sceptico en alguna consulta , con todo el apre* 
cío que hacen aquellos, y desprecio que hacen estos de la 
Fiska , y Dialéctica; Mas yá lo adivino , viendo eu estos 
dos escritos el valiente noodo de argüir de Martínez , y la 
flaqueza en argüir , y req;x)nder de Araujo. i Raro empeña 
de hombre ! Tratar á su contrario de igncx^ante en la Fisicat 
y Dialéctica , solo porque despreda como inútiles las qües- 
tiones teóricas , quando está viendo en todo su libro la ener- 
gía , agudeza , solidez , y erudición con que se mancha &m 
ellas. 

40 Pero aunque no podrá dejar establecida su idea en 
el mundo ^ á lo menos en el mundo de los sabios ; mucho 
me temo que tengamos después otro cuento in^pido como 
el de los dos pob^ Practicones en la concurrencia con los 
dos Médicos Aristotélicos j en que, después de razonar es^ 
tos solidissimamente sobre las causas^ señales , prognostícos^ 
y curadoQ de la enfermedad , uno de los prácticos dijo : Eu 
en tal casu non faceré nada ; y no habló mas palabra. El 
otro respondió : Eu cum fariña y é aqua pJantage , / 6rodehi 
y aqui paró. > 

41 Sr. Arai^ (hago de caso que te tengo presente) , i no 
me dirá de qué nadon eran estos dos liombres ? Porque yo^ 
en lo ppco que hablaron , advierto una confusión de lenguas 
no menor que la de la torre de Babel. Vamos al primero,^ 
Eu en talvasu non faceré nada. La "voz eu es Gallega, qué 
significaba: mío/ es Castellano: MM es Latino; y a«mip- 

mo 



2^^ 
mo non facen : nada es Castellano. Con goe este bombré en 
media linea corta habló Latín , Gallego , y Castellano. Va-! 
mos al segundo. Eu cum fariña y é aqua pUtmage , é brodeJo. 
Eu es Gallego : cum forma Latino : / es conjunción Gallega: 
aqua es Latino ; y con c antes de la q Italiano : plantaje ni 
es Castellano , ni Gallego , ni Latino , ni Francés , ni I^a-* 
no , aunque se avecina á la voz Latina plantago , y supongo 
que eso quiso decir : brodeJo será voz Moscovita , ó Polaca; 
Gallega <, Castellana ^ ni Latina npie es : en Francés la que 
mas se acerca es broder^ que ^^irifica bordar ^ y brode bor-^ 
dado ; pero supongo que no^uiso dedr esto : en Italiano 
brodo significa caldo ; brada lo mismo , y también agua ce- 
nagosa: brodetto significa huevos batidos* Mucho comento 
se necesita para lo poco que dijo este Prattcon : pues en 
una línea amontonó Latín , Gallego ^ Italiano , y otra len- 
gua incógnita. Buelvo i preguntar : ¿De qué nadon eran 
esos honu>res ? Sin duda que serian de todas las nadones ^ 6 
tendrían por patria á la torre de Babel ; ó ^ lo que es mas 
derto , serian nuUius natíonis , como nuUius Dkecesis , por- 
que no hubo tales hombres. Supongo que no se halló en la 
consulta Araujo ; y sin escrúpulo podremos discurrir , que 
creyó con facilidad lo que otro le refirió sin alguna verisi- 
militud. 

42 Y quando creamos que en la Corte egerderon la 
Medicina dos profesores tan barbaros « | se inferíria de ahí» 
que todos los que desestimad la Dialéctica ^ y Fisica de Aris- 
tóteles sean otros tales? jY no hai medio entre los puros 
Empy ricos <, quales eran esos dos Practicones ^ según las se- 
fias , y los Radonales propasados , que todo lo fian á sus si- 
tegismos? Pues en verdad ^ que en este medio está la virtud 
curativa. Y asi lo conodó el superior talento de Bacon de 
Verulamio, aunque doliéndose de que en su tiempo aun no 
se había dado con este medio. Compara este grande boa>- 
bre los Empyrícos á las hormigas ^ los puros Radqpales á 
las arañas : y dice, que los Médicos buenos no deben ser 
•bornúgas, ni arañas , sino abejas. Los Empyrícos son hof- 
^gas ^ porque usan á bulto de ios materiales ( Médicos ) % 

que 



223 

que juntan sin poner nada de su casa ; esto es , de su discur^ 
80. Los puros Racionales son arañas, porque fiandolo todo 
al discurso de sí propríos; esto es\ de las entrañas de su 
mente , fabrican aquellas sutiles telas de vanos raciocinios,* 
que ni tienen solidez , ni utilidad ; ni unos , ni otros son bue- 
nos, i Pues quáles lo serán i Aquellos que como las abejas, 
usando de los materiales que la naturaleza ofrece á la obser^ 
vadon , con atenta consideración , en los senos mentales los 
disponen , preparan , y digieren para sacar de ellos , según 
las ocurrencias, el néctar saludable para cada enfermo: £m-^ 
pyricifotmic^ more congeruta tantum , & ututitur : Ratio^ 
naks aranearum more telas ex se conficiunt : apis verd ratio 
media est^ quce materiam ex floribus horti , & agri elicit\ 
sed tamen eam propria facúltate vertit^ & íügerit. Si Araujo 
se complace en ser araña , allá se las haya ; y deje á Martí- 
nez ser abeja. 

4i Pero yá es tiempo de que lleguemos á aquella tre-» 
menda zurra , que le da á este pobre , pretendiendo probar* 
le , que defiende doctrina condenada por la Santa Sede , y 
opuesta á la Religión Católica. ¿ Cómo pretendiendo pro- 
bar ? Dice que lo ha de demonstrar con evidencia num.j82. 
¿No menos que con evidencia? Salga ese toro: allá va. £1 
Dr. Martínez condena , como inútiles para la Medicina , la 
Dialéctica , y Fisica de Aristóteles. Bien : i y qué tenemos 
con eso ? ¿ Cómo qué tenemos con eso ? ¡ Ahí es nada el sa- 
pazo que se traga! Hai un Breve de N. SS. P. Benedicto XIII, 
dirigido á: todos los Religiosos del esclarecido Orden de 
Predicadores , en que S. S. dice , que las Obras de Santo To« 
más son mas claras que la luz del Sól^y que no hai en ellas 
error alguno. Sed sic est, que la Dialéctica, y Fisica de 
Santo Tomás es la Dialéctica , y Fisica de Aristóteles : luego 
diciendo S. S. que no hai error alguno en las Obras de Santo 
Tomás, define que no hai error alguno en la Dialéctica, y Fí« 
sica de Aristóteles. Luego quien impugna la Dialéctica, y Fi«p 
sica de Aristóteles , impugna una doctrina canonizada por la 
Santa Sede. Mas: Dice S. S. en el referido Breve , que con la 
doctrina deSantoTomás se defiende la verdad de nuestraSanta 

Re- 



*a4 

Religión V y se oanfonde la faeré|^ Ei Dr. Márttaa dioet 
queTa Dialéctica^ y Física de Aristóteles no son de prove* 
dio para la Medicina : de cpie se infiere , que tampoco son 
de provecho la Di^ectica t y Fisica de Santo Tomás , puea 
son la misma Dialéctica, y Física de Aristóteles. Luego se 
opone d Dr« Martínez al Breve de & S. Este es en siima el 
discurso de Araujo , y su ofredda evidencia* 
. 44 ¡ O insigne descubridor de los pestíferos dogmas ! ¡O 
vigilantissima centinela de la Iglesia de Dios ! Viva Aristó- 
teles ; que de esta hecha se iiicórporan su Física , y Dialéc- 
tica con los Concilios Generales. ¡ O , en <pé abismos se pre« 
típita quien dego de una pasión se. mete á escribir de lo 
que no entiendelVtamúú.yá -si podemos senderear á este 
hombre descamitttdo. \ Piensa d Sr. Afaigo , que por este 
Breve queda omonizado quanto escribió Santo Tomás , y 
condenado quanto se opone á qualquiera Doctrina suya ? Si 
Bo queda canonizado todo , pueden exceptuarse su Fisica» 
y Dmiectica de esa canonizadon; y con razón especial d^ 
ben exceptuarse, pues no tratan de cosas pértenedentes & 
la Fé. Si todo queda canomzádo , queda por conágiüente 
condenada quat;^ra Escuda , que impugúe alguna doc« 
trina del Santo. La Escueta Jeátiticá impugna algunas sen- 
tendas del Angélico Dodor , aunque pocas : la Esootistica 
mudiissimas ; con que cayó el rayo de la condenación Apos- 
tólica sobreestás dos Hu^issinaas Escuelas. Vea el Sr. Araujo 
en qué charco se há metido. 

45 Al^ñó pudtem dedr , para sacarle de él , que nue»* 
tro Santissmio F^dite;eb el Breve alegado ^ no solo no define 
lo que él sueña ; pero íií aun define cosa alguna , porque no 
habla ex Cstbedra. Lo qual podía probar , porque las señas 
de enaeñar el Papa ex Cathedra^ son hablar con toda la 
Igleáa , como Pastor universal suyo , proponer, lo que ense* 
fia como cosa que firmemente se há de creer. Y sdbré esto 
añaden los Teólogos dos cóndídones : La prímerá ^ que la 
materia sea de rebusfideU aut morum (que la que no lo esi no 
es capaz de definición). La segada, que haya previa ^ y ma^ 
dura consulta , ó en Condlio f ó con losCardenate&«^coa 

gra- 



**5 

fgra'ñaááua^eíÁagoí. Otros aBaden otns drcuostaodas; 
pero las expresadas son de todos los Autores que tratao de 
esto. Y Aráiyo puede ver á su amado Palanco , íraa. ie Fi^ 
de 9 dxsp.i , qwnst. i2é Aora pregunto: ^ Habla d Papa en el 
dtado Breve con toda la Iglesia? No derto; ú solo con los 
Religiosos de Santo Domingo. ¿Usa de palabras deBoitivat 
proprias de Juez , que da sentencia ? Ninguna hai tal « sino 
suasorias , consolatorias, y encomiásticas. ¿ Precedió aque* 
Ha solemne consulta? Nadie lo dijo hasta aora. Luego parece 
que no habló ex Cathed/ta^ y por consiguiente, que nada hai 
definido en dicho Breve ; porgue el Papá solo define quanda 
habla ex Cathedra. 

4^ Pfero presdndiendo de esto, j dejándola iadedso, de« 
mos que el Breve de nuestro Beatissimo Padre íiiese definití* 
vo , y que hablase en él su Santidad ex Cxthedrá. ¿Piensa el 
forastero de la "feología , y mal vedno de lá Medidna Arau^ 
jo, que por eso ^ledaba definido quanto contiene dicho Bre* 
ve ? Piensa mal; porque nó todo lo que en las dedsiones def 
los Pontífices (y lo núsmo digo de los Coodliosf Generjstles ) 
se propone, se entiende definido; sino soloaquello qué deio*' 
tentó vá á definirse. Tcdo lo deúiáa que scf aflade , ó por tñSL^* 

Íor explicadon , ó comprobadbo^ 4 pqr Respuesta ,.ó >pr 
icidencia, no logra io&Ubilidad al^iin^'ni se constituye* 
de Fé por dichas decisiones. Asi el Cardenal £s^irbnda(i, M' 
Rigali Sacerdatio^ lib. u % 9 «num. i $ : QfM autemmCan-' 
el/tfi, vel Ptmiificum Decreíis adducuntut explicandi tan-' 
tum eausd^ velad pbjecta respom/endo , vel ratlones^ aUijuM 
afferendoi vé ütcükmter satmn , S prater causam principa^ 
km asxeeembi hmc odFidém ñon pertinente sed tantúm ad 
majerem minoremoí Pant^ícum dactrinam. Lo mismo afirma 
Cano/¿¿^. 5 deLocU^ cap.^. Yasi,áHnque en el Concilio 
quartol.ateraiiense, r0f. Firnntér,^ de Summa Trínit. sé ha*: 
bia afirmado , que tos Angeles son onmini incorpóreos ; Sa&r 
lo Tomás pMst. tSde ñMo^ art. i ^ dice, que esta aserdon 
oo es deFé^ pórqneesta doórioa era finara del intento eseth* 
daldd Cóndilo. 
47 Siendo» puestdttoíoo interno d^mKstnoSaptisBdi»' 

P Pa* 



Padre en su Breve dedafar, que k Dodrln'Toii&tica ié^ 
Cratia ab harinseco tfficaci no estaba condenada en la Gons« 
títucion Umgetdtus de Clemente XI (oomo pretendían los 
Quesnelistas , y sobre que cayó la queja del General de San- 
to Domingo á su Santidad ) , si algo bai definido en dicbo 
Breve, de modo, que en virtud de él se pueda tener por de 
Fé , será únicamente este punto. Lo demás que contiene d 
Breve, es incidente respecto del asunto intentado , y como 
ae ha dicbo , suasorio , consolatorio , y encomiástico, en que 
el SS. P, explica el tierno afecto que profesa á su Sagrada 
Religión, y la especialissima estimación que bace de la Oóc* 
trina de Santo Tomás. Y asi , aunque en el mismo Breve 
anima á los Padres Dominicanos á que desprecien las ca- 
lumnias intentadas por los Quesnelistas contra sus sentencias' 
de la Gracia ab intrinseco eñcáz^ y de la Predestinación 
antepnevisa menta ^ y dice-, que laudablemente basta aora 
las enseñó su Escuela; no por éso dejaron de quedar ias sen« . 
Sendas opuestas á estas con la probabilidad que tenían antes^ 
f 48 Mas démosle ya en fin al Sr. Araujo , que N. SS. P* 
en el referido Breve bablase ex Catbeára ; y laminen ^ qué 
<|uanto.enél se contiene se baya de tener por doctrina dé 
Fé. Piensa qne logra algo con eso ? Se engaña. [ Oh, que di-^ 
ce su Santidad, -que los Escritos de Santo Tomás están libres^ 
de todo error ÍÉs verdad, y sé lo concederá redondamente» 
el Dr. Martines. ¿De aqui se sigue v qué quanto dice Santo. 
Tomás en sus Tratados Filosóficos, ni aun Teológicos sen. 
verdadero ? Nada menos. Sepa el Sr. Araujo, que.la voz er^. 
ror en las Bulas doctrinales se toma en sentido , no vulgar,, 
sino dogmático , en el qual dgnifica , no qualquiera própo^v 
sídon falsa , sí solo aquella ^ue contradice á la Fé , ó á la^ 
doctrina definida por la Iglesia» Y. con mas especialidad lia-' 
man los Teólogos errores, ó erróneas í ciertas proposido* 
nes^ que no contradicen directa, ó inmediatamente á las 
verdades constantemente reveladas; pero se acercan mucho 
freso^ aunque en la noción^ ó definición de la proposición 
errónea , y en la explicación de lo que significa la censura^ 
detál,quándo se: aplica i alguna proposiciQU^ están algo 

'; va- 



^^9 

-vaiio^^ ebnviniehdo áo obstante en qué es Inferior , y himé^ 
diata á la censura de herética. Lo que quiere decir^ poes, sil 
Santidad , es, que en las Obsas de Santo Tomás no hai pro^ 
posición herética alguna, ni error del modo expresado. Y 
esto; era lo que únicamente conduela al intento de su Saatí^ 
dad , que era separar enteramente la Doctrina de Santo To^ 
más de la doctrina condenada de Quesnél. En esta inteKgen^ 
cia la Escuela Escotistica ha impugnado hasta aora, y pro* 
rigue en impugnar á muchas Conclusiones Teológicas -dé 
Santo Tomás; y si se pueden impugnar sus doctrinas Teo^ 
lógicas /^qüánto mas las Filosóficas , con quienes unicamen^ 
te se mete el Dr. Martínez? 

4P No por eso pretendo yo aprobar quantó en opodi 
don de la Filosofía de Aristóteles se faardicho hasta aorapotf 
los Filósofos modernos* Sé^^qae sinsalir.de la Filosofarse 
I>ueden febricar sistemas peligrosos para la Teología. Y de 
hecho en el Cartesiano encuentro algunas Scylas , y Caribe 
^s.i pues de su idea de la materia constituida por la exten-* 
idoh, asentando coma asienta Descartes, que adonde quiera 
que se imagina extensión la hai realmente , se infieren , á 
nú parecer 9 la existencia de la materia ^^/^mo;» y la infí^ 
DÍdad del mundo, ambos errores contra la Fé. Y negando 
tmiversalmente toda forma accidental , son de dificultosissí-^ 
toa explicación los dogmas Teológicos en materia de gradai 
por mas que en esto haya trabajado agudissimamente el Pa¿ 
^relVíaignan con susseqiiaces, quienes responden con mas 
felicidad á la objeción de los accidentes Eucharisticos. Coa 
todo no me meteré en censurar el sistema de MaignaD, dife-» 
rente en muchas cosas del Cartesiano , pues hasta aora no Id 
ha condenado Tribunal alguno. También la constitución pih^ 
ramente maquinal de los brutos, sobre ser impersuasible á la 
razón, y al sentido, padece gravissimas dificultades en^la 
Escritura, y induce por cierto rodeo á algún peligro de asen«> 
80 á la mortalidad del alma racional. Aquella duda univer-^ 
aal , aunque pasagera , que pide Descartes por preámbulo á 
w Filosofía, tiene mal olor; y genios hallará dispuestos! 
hacer asisto en ella^ y una vez introducida ^ de hu^peda 

Pa de 



¿e la razoo pasará á aeSonu En fio (oiniidetido otras rtptfi 
ros) aquella absoluta repugoancia de la aoiqulladon , que 
asieota este Filosofo, dúminuye omc^ d poder soberaao. 
Pero eo aquellas qüestíooes , que oo tieoeQ coDeupo alguna 
£00 los dogmas, podrá cada uoo sentir como quisiere , y se- 
guir , ó abiodonar á Aristóteles, como se le antojare. 
■ 50 £1 Sr.Araujoes de aquellos Aristotélicos cerrados, 
de qiúenes auo<^ Aristotélico tarntúen , y tan gran Filoso^ 
Ib, como Matbematioo, el Jesuíta Dechales se mofii coa 
grada ^Kk.tde M^gnete %frop. 8 , <ficiendo, que están tan 
enfureddos contra b Filosofia Corpuscular , ut sah nomne 
corpuscuiorum eshorrescant. Yo convengo en que la Filoso- 
fia de Aristóteles j como mas abstracta , y (digámoslo asi ) 
mas esfúrítualicada , es también mas oportuna para el uso 
de la Teología; Uen que para este fin reconoció S. Agustia 
mas propria , por mas elevada , la de Platón ylih,tde Ciw-' 
tat, Dei^ cap, 1 1. Pero para examinar la naturaleza sensi- 
ble, creo que las r^las mecánicas son mas acomodadas, y 
las ideas abstractas.serán siempre , como hasta aora lo, han 
«do inútiles; porque ^egun el célet>re didw deBacon de Ve- 
rulamio , mHura nM.^strahnda est^ sed secunda, Y á los 
Aristotélicos encuentran en los cctf pusculistas rígidos algu- 
nos tropiezos para los dogmas católicos, acuérdense, que 
aobre este capitulo mas tobo que expurgar Aristóteles , que 

Descartes. . ,-. * 

5 1 Santo Tomás YÁrü sapientissimamente con el Pnna- 
pe de los Peripatéticos , lo que el Santo Tribunal de la In- 
qtúádon egecuta con los libros útiles, pero en alguna par- 
te viciados , borró lo nodvo , y aprovechó k) útil. Antes que 
Santo Tomás viniese al mundo padeció Aristóteles la mi»- 
ma fortuna , y aun peor que hoi Descartes. Los PP. de la 

G'lmitíva Iglesia miraron la Doctrina Aristotélica con note- 
e ojeriza , considerándola enemiga de la Católica. El aSo 
de mil doscientos y nueve, quince años antes que nádese 
Santo Tomás, se juntó en París un Cóndilo contra Am^lrir 
co , que en la Doctrina de Aristóteles (lindaba algunos per- 
niciosos errores: y por los PP. del Concilio fqeroo condenar 

dos. 



dos, /máodadds quemar los Libros de Aristóteles, impo- 
nfendo ptm de excomunión á qualquiera que los tubiese, ó 
leyese. Cesarlo, y Roberto, Monge Antísiodorense, dtceri 
que la lectura de la Filosofía Aristotélica fiíe prohibida solo 
por el espado de tres años. Poco después fiíe condenada su 
Metafísica por una Asamblea de Obispos^ en tiempo de F^ 
lipo Augusto , el año de 121 5. El Cardenal del titulo de S¿ 
£stevan, Legado de la Santa Sede, confirmó las mismas pro-^ 
lubidones, permitiendo solo 4a lectura, y enseñanza de. la* 
Dialéctica de Aristóteles el año de 123 1. El Papa Grego-' 
río IX prohibió enseñar la Física , y Metafisica de Aristote^ 
les , hasta que fuesen revistas, y corregidas. 
' 5 2 En este infeliz estado halló Santo Tomasr á Aristote^ 
les al dar los primeros pasos en la carrera de las letras. Y al 
modo del advertido Caudillo , que halla mas ventajas eti* 
traerá su partido á los enemigos, que en destruirlos, condbió^^ 
un proyecto digno de su generoso, y alto talento, que fiítf 
traer á Aristóteles al vando de la Doctrina Católica , y há-^. 
cer que militasen'débajo de las vanderasdé la verdad lasar-» 
mas que antes servían al error. No solo algunos Hereges sei 
abroquelaban con la Doctrina de Aristóteles , pero también 
los Mahometanos, entre quienes , por la solercia de su tra- 
ductor , y comentadcM* Averroes , liabia cogido gran büelo ét 
Estagirita , en la Escuela de Córdoba hadan con sus sutile-^ 
zas guerra á nuestros Santos Misterios. Y de hecho los Ara^ 
bes se habían hecho cómo depositarios de los escritos de 
Aristóteles, y de sus manos los redbimos los Católicos. Co-^ 
nociendo , pues , Santo Tomás ( como observó el Cardenal 
Palavidno Hist. GmciL TVident. Üb. $ , Mf.14 ) que en qual*-' 
quiera Reino domina aquella Religión , que es patrocinada 
de Ibs hombres eminentes en sabiduría ; y viendo la alta re^ 
putacion , que entre los enemigos de la Fé se había adquirí-» 
do Arístotéles, con religiosa, y admirable política aplicd et 
«ngularíssimo ingenio, y superior luz , de que el Ciclo le h^t 
biadotado , á hacer á Aristóteles de nuestra parte, depu^^ 
rando sii Filosofía de todos los errores, de modo , que pudQ 
servir de basa á aquel admirable l^monioso sistema de Jea*^ 



logia £scolatticá\ que debemos al Doctor Aiigdied* 

5 ; Es cierto « que la Filosofía moclerna, como mas pa^ 
gada á la naturaleza sensible , no puede lograr tan superior* 
uso ; pero por el mismo caso que está aleada de los Divinos 
Misterios , se considera mas vecina á las cosas material^ « y 
por tanto mas apta para registrar de cerca sus fenómenost 
hos Aristotélicos de^ la alta atalaya de sus.abstraccioney 
metafísicas miran de lejos « y solo debajo de razones cdmu* 
aes la naturaleza de las cosas , con que están bien distantes 
del conocimiento reaU y físico de ellas* Y aunque los moder* 
B0& no nos hayan dado basta aora el hilo, con que se pueda 
penetrar seguramente este laberinto , al fin dan algunos pa* 
sos acia la puerta de él , como dice el P. Dechales , insigne 
Aristotélico , y que supo de una , y otra Filosofía quanto 
qualqgiera otro hombre de este, y del pasado siglo. Pondré 
sus palabras , porque contienen un acertado documento pa-r 
Ka Araujo , y otros de su humor: Ridemt commums philosth 
fhi(e sectatores recéntiorum^ ut vocant acmnenta. Jure idfa* 
eerent , ^í atiquid dicerent* Sed dum ipsi nihü explicant , & 
principas universalibus insistunt ^ alias tdterius progredi 
^quo anime patiantur. Lib^ % de Magnete , prop. 9- 
- 54 Yo quisiera , que se moderara aquella ciega venera- 
ción de la antigüedad , tan dominante en algunos , que á los 
antiguos los consideran como Deidades, á los modernos co- 
mo bestias ; y ni á unos , ni á otros ( que es lo que debieran ) 
como hombres.. Pero. aun con mas razón se debiera ex* 
tirpar el indiscreto amor de novedades reinante en otros , par 
fa quienes la Doctrina se hizo cosa demoda,y nada les agrá 
da, sino lo que empezó: á decirse ayer. Aquellos obstinada^ 
mente repelen ; éstos ciegamente abrazan quanto dicen los 
modernos; y uno , y otro exceso , como notó el Gran Can- 
ciller de Inglaterra , son dos grandes estorvos para los pro- 
gresos de las Ciencias : Reperiuntur if^nia alia in admira^ 
tionem anti^itatis , alia in amorem , & ampJe^um novitatis 
effusa. Pauca verd ejus temperamenfi sunt , ta moAm tenere 
possint; quin aut quie rectepasHa sunt ab yíntiquis convel-- 
iottt , aut ea centemnant^ qu^ recté ^fferuntur d Novis^ fbc 

verd 



fjerdmagm scfienthmm , & PMIisopiidt détrbnemo sit\ cum 
stwUa ptaius smt amiqukoHs 4^ & ncmtatis^ quam judiciai 
Ncv. Org. scieta. üb.i^num. ^€. Pero no se puede negae 
que hai mas riesgo en abrazar inconsideradamente las nue^. 
vas opiniones, que eá defender obstinadamente las antiguas* 
Sean algunas de est^ norabuena, ó inútiles, ó ñilsas.. Exz-^ 
minadas ya por infinitos sapíeotissioMs 'Católicos, estamos 
fibres de que nos induzcan á algún error contra los. dogmas 
canonizados: seguridad que no puede haber en las nuevas 
opiniones, si luego que nacen se permite indistintamente á 
sabios, y Pignorantes estudiarlas, y defenderlas. En esto 
hubo tanto exceso ent Francia^ luego que Descartes dio á 
luz su nuevo sistema, que á Ludovico Desclache , célebre 
Aristotélico , inventor de las Tablas Filosóficas , le airando^ 
nvon casi todos sus Disdpulos por ir á estudiar la nueva 
FilosoJSa. 

5^ No pienso que haya de ser ingrata esta digresión á 
los graips amantes delá verdad. Y bolvieado á coger d hi«t 
lo , juzgo que concluyentcmente ha demonstrado el sumo 
desproposito del Libro de la Centinela , en alegar el Breve 
Demissas preces , para probar que el Dn Martínez defiende 
Doctrina condenada por la Iglesia. Pero ¿ qué estraik) yo, 
que el Autor de dicho Libro no haya penetrado la intención, 
y fuerza del Breve , quando veo , que ni aun gramattcalmen» 
te supo construirlo? Erraribus danmatis Au^uítiniame , & 
jlngeüae Doctrina nomen obtendi. Construyó , que el nom- 
bre de la Doctrina de S. yíugustin , y el Angélico Doctor se 
encubra , ú oftás^ con los errores rechazados. Esto depen-^ 
di6 de no saber que significa el verbo obtendo^ obtendis^ sien*^ 
do, en su legitimo sentido , aquella clausula invectiva con^ 
Ira los Hereges , que osan colorear , escusar , ó patrocinar 
sus errores con el nombre de la Doctrina Augusciniana: , y 
Angélica. Pero mucho mas desatinad imente está traducida 
aquella otra clausula: Pergite porrd Doctoris v&stfiJopera 
Sók cla^iora sine uUo prorsus errare conscripta , quibu^'Ec^ 
clesiam Christi mira eruditume clarificavit , inqffenso pede 
éecurrere.'Uiicsúblt se haráá quien ap viere el Ubrode 
- . P 4 Arau- 



Araujo , qoe siendo este latió tan ¿laro , fan torpemente te 
baya errado la construcción. De este modo le traduce : Pra^ 
seguid^ pues^ id adelante ^ obras de vuestro Doctor mas cía--, 
ras que el Sol ^ escritas sin el mas minimo error ^ con las quay 
les aclaró con maravillosa erudición^ que la Iglesia de Chris^ 
to corre sin tropiezo. En aquella clausula habla su Santidad^ 
no con las Obras de Santo Tomás , sino con los PP. Domi- 
nicanos rcomo se evidencia de ella, y de su contexto, i Y 
quién no ve, que es un desatinadissimo romance: Idadelan^ 
ie , obras de vuestro Doctor i £1 inqffenso pede decurrere^ 
que se refiere á los PP. Dominicanos (extiortandolos.á que 
prosigan sin tropiezo en leer , y estudiar las Obras de Santo 
Tomás ) , lo refiere Araujo á la Iglesia de Christo , diciendo, 
fue esta corre sin tropiezo. Opera ^wsiri Doctaris^ que en 
ki oración es acusativo de decurrere , lo hace Araujo nonoi- 
nativo de pergite. Y los mismos errores de construcción se 
continúan en la segunda parte de esta clausula. Fuera de es- 
to , todo el Breve está traducido con estranissima improprie^: 
dad, y confiísion. 

< 5tf Si según Araujo no puede ser Medico quien no sabe 
la Dialéctica , y Fisica : quién no sabe Gramática , i qué po* 
drá ser ? Y no digo mas. 

, $7 ¡Pues qué cosa tan graciosa es ver á un Medico , con 
solo este carácter-, entrarse por la Teología como por su ca- 
sa , y echar en tono magistral decisiones de treinta suelas! 
Habia escrito el Dr. Martínez , que las verdades reveladas 
engendran en nosotros fé^ no ciencia. Y al leer esto Arai\jo„ 
arrugando sin duda la frente , y estendiendo los brazos^ 
prorrumpió en esta decisión rotal. No me suena bien esta pro-, 
posición. Piles sepa , Sr.Dr. que esta proposición, que á v.md« 
le suena mal, á Santo Tomás le sonó mui bien. Ensena. e) 
Santo 2,2, qu¿est. i , art. 5 exprofeso , que son incomponi-* 
b!es Fé , y ciencia acerca de un mismo objeto. Y en la solu- 
ción al tercer argunoento dice, que la existencia de Dios, por 
ser demonstrable por razón natural , no puede ser objeto de 
la Fé i ni pertenece á ella sino prasupositive. Y aun mas le 
digo 9 Sr.Dr. la proposición de Martutez, en el sentido ea 

que 



^33 

que éMa profiefe, no solo saetía bien , sino que es de Fé; 
Habla el Dr. Martínez del habito , ó acto proprio dé las ver- 
dades reveladas , que estas engendran , ó causan , como ó\> 
jeto suyo, y á quienes aquellos se terminan. Esto es evidente, 
pues dice que engendran Fé, y la Fé solo la causan en el ha-* 
bito j y acto proprios , que tienen por objeto las mismas 
verdades reveladas. Pues este habito 4 y este acto es de Fé 
que no pueden ser científicos , ó tener razón de ciencia; 
pues S. Pablo dice ad Hebr. cap. 1 1 , que la Fé es argumen^ 
tum non í^parentwm 9 y asi embuelve esencialmente la obs-^ 
curidad incomponible con la clara luz del conocimiento den^ 
ttíico. Con que venimos i parar, Sr» Dr. en que es una-pro^ 
posición de Fé la que no le suena bien. Pero no se asuste^ 
que yo, como conozco la gran sinceridad con que dijo esto» 
y otras cosas , no le he de delatar al Santo Tribunal, 
r 58 Si yo hubiese de censurar todo lo que es repreensí-^ 
ble en la Obra de Araujo, sería preciso hacer otro libro tan 
grande como el suyo ( que es la mayor ponderación^ , pues 
no hai pagina en todo él , que no tenga bastante que corre* 
gir. Pero lo menos remisible es aquel casi continuo torcer 
el sentido á lo que dice el Dr. Martínez : en lo qual, aunque 
las mas veces yerre por equivocación , algunas es cierto que 
peca de malicia. Pondré por egemplo la primera nota , ó 
acusación que hace á su contrario. 
. 59 Empieza Martínez su introduocion de este modo (ha- 
Mando el Galénico ) : Nuestro famoso Vaües ^ para estimw 
h ik su aplicación ^ tenia sobre su mesa este aviso : Si quie^ 
res-vivi^ largo tiempo^ no le pierdas. Toa su egemplo he 
procurado me naciesen estas, canas , mas déla edad que he 
aprovechado^ que de la que he viúido. No hai cosa mas torpe^ 
i/decia Séneca) quje un antiguo viejo , que no tiene otra prue^ 
ha de haber vivido mucho , que la edad. Larga es la vida^ 
si está empleada , &c. 

60 Este contexto no permite dudar del sentido verda*^ 
deramente moral , en que aplica Martínez , y entiende el 
dicho de Valles. Pues ve aquí que el Dr. Araujo le levanu 
el testimaoÍQ.de que le entiende biaterialmeote , como que 

el 



«34 
el Dr. !Vlart¡fiez lé trae pim apoyó de qne el tñndiaésIttdiQi 
real j y fíncameote alarg:a la vida , y hace vivir mas nu-¿ 
mero de años : Y proiijatnente se pone á probar , que ios 
Qfiui aplicados á las letras están mas sugetos á enfermedad, 
de) , y acortan el numero de sus días. ¿Pues no es mas da-« 
ro que la luz del día ^ que Martínez no toma d dicho de 
Valles en el sentido que Araiigo le achaca? ¿No está díden^ 
^ inmediatamente el Galénico ( que es quien habla allí ]f^ 
que el estudio le ha anticipado )as canas? Luego bo siente 
que la mucha aplicación á las letras alarga materialmente la 
vida. La sentencia de Séneca ^ que luego dta : Larga es la 
mda^ si está empleada^ ¿no evidencia el verdadero sentido^ 
^ qué toma aquel dicho de Valles el Galénico? ¿Pues có-» 
ino Araujo le hace tan injusto cargo ? Suelvo á decir , que 
esto no. puede ser efecto de ignorancia , ó fiílta de inteligenf 
da. Y de aqui puede conocer qualquiera , quanto se debe 
deferir á la buena fe de este Autor* ^ 

', 6i Otras veces (y son las mas) toma al revés ^ por fel^ 
ta de ioteligenda , lo que dice el Dr» Martínez. Asi sucede 
en una alucinación que se puede contar entre las capitales! 
del Libro , porque muí freqüentemente se sirve de ella pa-^ 
ra argüir á su contrario de inconsequenda« Pondera el Dr* 
Martínez la dificultad de conocer fisicamente las' cosasé 
porque quanto fisicamente conocemos y es por especies sensi'^ 
tíes , y las especies sensibles^ son por muchos modos^ falaces. 
Dice en otra parte que los Scepticos dan razón de las cosasi 
erando á los sentidos ^ y observación:, y los Dogmáticos^ na 
tolo creen lo sensible ^ ylo observado , sino h que les parece^ 
se sigue por racional consequencia; y que las ihas veces en^ 
gaña , si va desnudo de autopsia , ó propria observación. 
' ói Entre estos dos lugares halla evidente contradicciom 
Araujo^ porque parece que en el uno se dice que no se ha de 
dar crédito á las especies sensibles, siendo estas por muchos 
modos, falaces ; y en el otro, se pretente arreglar el conoci- 
miento de las cosas por ellas, creyendo únicamente á I09 
sentidos , y á la observación. Deduce también de la combí^^ 
nadon de los dos lugares ¿ que ios^Sceptípos van descami«» 

na- 



^31 
B8<!e«« porque se gobieraaa por la» especies posibles ( que 
fofi falac^ / creyendo á los sentidos , y observación : y io$ 
Pogmaticos proceden con acierto , porque con sus racional- 
Jes conseqüencías rectifican las observaciones, y desvanecen 
)as falacias de los sentídos. 

6i Entendió según esto Araujo , c^e la mente del D^ 
Martínez ^ en el segundo lugar que citamos, sea que se ha 
de creer á los sentidos groseramente, y sin reflexión alguna^ 
ni uso de discurso para descubrir sus falacias , y rectifica! 
las observaciones. Ya se ve que lo entendió asi ; porque si 
no , no le notara de inconseqüente , ni infiriera Jo que in* 
'íiere. Pues que lo entendió mal, es claro. Porque el Dr« Mar- 
tínez, después que dice que las espedea sensibles son por 
muchos modos , falaces, va discurriendo por los varios mo^ 
dos que tienen de engañarnos , señalando hasta catorce , y 
descubriendo con muchas reflexiones sólidas , y agudas, ia$ 
falacias de los sentidos, para que sobre su simple informe 
no precipitemos el juicio. Y de aquí se deduce también^ ^ 
que quando condena en los Dogmáticos el asenso que dan á 
¿s conclusiones , que á su parecer se infieren de la observar 
cion par conseqüencia racional, no excluye elusodere<- 
flexion , y discurso en el manejo de las experiencias ; sino 
aquella velocidad , con que muchos Dogmáticos ( si no tor 
dos) precipitan el asenso, deduciendo de una experiencia 
mal examinada, una conclusión. En esto pecaron mucho los 
antiguos, al paso que los modernos , de cuyo vando está 
Martínez , proceden con mas circunspección, apurando mas 
las (¿iservaciones , cotqando los fenómenos , y examinando 
linas experiencias por otras. 

N^tf 4 Explicaránme algunos egemplos ( y discúlpeseme si 
$01 en esto algo prplyo, porque es la materia importante); 
En la qüestion de si hai esfera elemental del fuego , exten- 
dida por todo el concavo del Cielo de la Luna , los antiguos 
hasta el tiempo de Cardano procedieron con precipitación, 
infiriendo de una experiencia sola , y esa mal examinada, 
la existencia de aquella esfera. Vieron el continuo conato de 
la Uanoa en subir , basta que se disipa , y sin mas examea 

con-"^ 



43^ 

concluyeron , qtie está' ñaciá del an»a con que el fiíego v« 
á buscar su esfera. Los moderqos , mas atentos, conoderon 
la futilidad de esta ilación ; registrando con mas reflexíoQ 
la experiencia que la fundaba ; porque observaron lo primea 
ro , que generalmente entre cuerpos de desigual levedad» 
ó gravedad, si hallan abierto el camino al movimientOt 
siempre el mas leve sube sobre el que lo es menos , sin ne* 
cesitar para esto de tener arriba e^ra propría , quelella-^ 
me; y asi sube el humo , sin que haya arriba una esfera pro^ 
pria del humo. Suben las exhalaciones, suben los vapores mi 
parar , hasta que llegan á aquel punto donde el aire , siendo 
ya mas leve, que este inferior que respiramos, ya por menos 
oprimido del superior , ya por menos mezclado con las par- 
tículas de otros elementos, y de los mixtos, quedan en equi« 
librio con él\ en quanto al peso , no pudiendo ninguno de 
los dos cuerpos p^otrudir , ó impeler al otro mas arriba ; por^ 
que para esto era necesario , que fuese mas pesado que él, 
contra lo que se supone. Lo mismo se experimenta en los 
licores de sensible desigualdad en quanto al peso. £1 acdte 
se está quieto en el suelo del* vaso ; y si echan otro licor 
mas pesado tjfxe él en el mismo vaso, va subiendo ; y tanto 
tnas , quanto mas licor echaren , según la capacidad del con-^ 
tínente ; no porque haya arriba alguna esfera de aceite , si-^ 
no porque siendo el otro licor mas pesado que él, llevándole 
8u peso áda abajo , rempuja acia arriba al aceite, el qüal 
queda sobre el licor , por ser mas leve que él , y debajo del 
aire , por ser mas pesado que el aire. Lo mismo que al acei-^ 
te con el agua, sucede al espíritu de vino rectificado cod 
el aceite , por ser aquel mucho mas leve. No es , paes , ne^ 
cesarlo para que la llama suba, que mire arriba á su elemen- 
to, sino que el ambiente que la circunda, como mas pesadoj 
la oblige al ascenso. 

tf 5 Observaron lo segundo , que un carbón encendido 
no sube, aunque tiene la forma de fuego ; y esto no tiene so- 
lución en el sentir de aquellos Filósofos , que no admiten en 
el carbón encendido otra forma substancial , que la del fue-* 
go : no habiendo lugarv á la disparidad qqe señalan entre el 
j car- 



tarfx>n 9 y la llama , diciendo que aquél es pesado, y densos 
esta leve , y rara ; porque aunque esto es verdad, no es comt- 
patible con los principios de los que dan esta respuesta: pues 
si , según los Peripatéticos , la raridad , y levedad son pro* 
priedades de la forma substancial de fuego, y la materia 
del carbón , y la llama es especifícamente una , que no tiene 
diferentes propriedades , ó por mejor decir , no tiene ningu«- 
oa, deberá ser igualmente leve, y raro uno, que otro. Y 
también es bien difícil la solución que dan otros Perípateti'^ 
eos , diciendo , que el carbón encendido conserva la forma 
substancial de leño , embolviendo en sus poros las partículas 
de fuego , aá como el hierro encendido» Digo qjie es harto 
difícil esta solución en la sentencia común , que da á la^ for- 
ma de ceniza por succesora de la forma de fuego, como é 
la cadavérica de la viviente. Luego si el carbón todo se ha«- 
ce ceniza , todo fue fuego antes. No sucede asi en el hierro 
encendido, pues sacudida la llama se ve que retiene su anti^ 
guaíbrma.^ Observaron lo tercero, que un fuego invisible 
sin luz , ni pábulo, es una quimera, ó por lo menos un mis- 
terio qué no se debe creer sin que Dios k> revele , ó algu- 
na razón conduyente lo persuada; y bien lejos de eso , es 
debii , ó ninguno el argumento en que se funda esta esfera 
imaginaria. Por estas razones muchos insignes Aristotélicos 
niegan la esfera del fuego , en tanto numero, que Mastrio, 
aunque la defíende , confiesa que ya son mas los que en esta 
qüestion siguen á Cardano, que á Aristóteles, tanu 4 PfUIós. 
di^put. 4, ad üb. de Cosío , qu^est. 1 , art. i. Y los Astróno- 
mos umversalmente tienen por fantástica esa esfera. 

66 En este egemplo se ve como .los antiguos, usando 
de la decisión dogmática sobre una experiencia sola , mal 
entendida , fundaron un teorema falso, deduciendo precipif 
tadamente lo que á su parecer se infería de eHa por rado*» 
nal conseqüencia ; pero los modernos, manteniéndose sobre 
las reglas de una prudente Sceptica, miraron, y remiraron 
aquel fenómeno , combinándole con otros experimentos de 
I6 que acaece en el encuentro de los demás cuerpos líqui- 
dos de p^so desigual , y de lo que suceijte en el mismo iue« 

go 



•23^ 
go cebado en filatelia skllida; y esto Ibeosur de aut^^ 
propria observacioa , para no caer en el erroiv 

6^ Y oo omitiré aquí , <]ue aunque los Autores que de^ 
fiendeo la esfera del fuego , se cubréa con la autoridad de 
Aristóteles, es tan insubsistente este patrocinio , como el 
impugnado argumento , de lo qual haré evidencia. Los lu-** 
gares que se citan de Aristóteles , son el primero ^üh.^Jk 
Cceh 9 cap. 2 , & 3 : el segundo, iit. 4 de Cash^ cap. 4; y 
el tercero , ¡ib. i Meteor. cap. 4. En él primer lugar faabla 
Aristóteles , no del fíiego elensental , sino de la materia c&* 
leste , á quien á veces da el nombre de fuego : de lo qual 
se convencerá quiení leyere coa atención aquellos dos capi^ 
tulos i yy especialmente la ultima parte del quarto. En el se^ 
gundo lugar no dice palabra de tal esfera del fuego ; solo 
afirma , y prueba , que el fuego es el mas leve de todos 
los elementos , porque en qualquiera parte del ajne que se 
cobque la llama, se mueve icia arriba. £1 ultimo lugar, que 
es donde podía buscar algún patroctoio la sentencia que det 
^nde la esfera del fuego, es donde Aristóteles manifiestameih 
te la degüella ; pues (fice abiertamente , que aquel cuerpo 
colocado entre el aire , y ultimo pelo , aunque se acostum^ 
lira llamar fuego, no lo es , y que solo se le dio ése nombre 
por ser un cuerpo caliente , y seco. Pondré sus palabras, p^i 
xa que á nadie quede rastro de duda : Ergo in medh^ & cír^ 
jca niediism id habetur qaod gravissimum atqyefrigi^ssimumi 
idemque^ discretum est , ierran dipo ^ & aquam. Sed circum 
hmc^ & illa quce iisdemipsis proxim cohcerent. Tiám aérem 
thm id quod ex cwsuetudine ignem vocamus poni qffirmanmsi 
igfds tamen non est , cum ille sit calor is redundancia , & 
quasi fervor quidam. ¿Quierenlo mas claro? Prosigue : l^e^ 
rumoporiet intelligere partem eJetnenti teme circumfusl, qui 
4uit diciturj quique á nobis etiam ita appellatur hunúdam ca^ 
¡idamque essé , quoniam vapores mittit^ ipsiusque térra as-^ 
pirationes continet ; superiorem autem partem calidam , £? 
'siccam : Natura enim evaporationis statuitur humor ^ & ca^ 
Jor; asphrtstionis calor & siccitasi Evaporatio etiam facul^ 
' tote erttamquam aquaiaspiratio^perin aa ignis^ ¿Quién^n* 

i se 



m* admira á\^l^ deestovque en las Escuelas cons^ante^ 
méate se dé & Aristóteles por Autor de la esfera del fuegp,, 
creyéndolo únóssiae)taiiien 9 porque otros lo digeroo sin 
reflexión? 

> tfS £1 segundo egemplo pondré en la qüestion de si es 
posible vacío en el Universo. En está disputa se pueden ver. 
claramente los diferentes modos que hai de filosofar. £1 pri-. 
mero , de aquellos que sin consultar la naturaleza deciden 
en materias físicas por la preocupación de sus ideas. £1 se- 
gundo , de los que de una experimicia sola , mal entendida^ 
deducen una conclusión filosófica , que á su parecer se sigue 
por radooal conseqüencía. Y el tercero ^ de aquellos que sus- 
penden el asenso^ hasta que una sutil » y sólida reflexión so^ 
bfe varios experimentos los determine á formar dictamen» : 
69 £1 primer papel hacen aqui los Cartesianos ^ quienes 
sobre sus felsas ideas , de que el constitutivo de la materia 
es la extensión j y que donde quiera que se imag^'ne exten«- 
^n la tiai realmente ; concluyen que es absolutamente r^ 
pugnante d vacio ^ de tal calidad ^ que le es imposible á Dios 
aniquilar , ó sacar el aire que hai entre quatro f»redes, sin 
introducir ai tntsmó tiempo otro cuerpo» Su fundamento es. 
decir ^ que en este espacio siempre inevitablemente $e ima-* 
gína extensión ; y porque esta es una idea innata , que no 
puede engañar ^ 'se sigue ^ que Verdaderamente la hai* Lúe* 
go siendo la extensión constitutivo de la materia^ baga Dio^ 
quanto quisiere 9 y quahto pudiere, siempre habrá materia 
entre las quatro paredes» Que conseqüendas se sacan en Iq 
fisico^quándo se funda solo en la preocupación délas pro<: 
prias ideas él discurso > se puede ver en lo. absurdo de esta 
opinión, pues de ella se sigue, que el espacio imaginario* 
es espacio real ; esto es , que todo está lleno de materia, por*; 
que en qualquiera parte de él se imagina extensión; y ppc 
consiguiente , que el mundo es infinito, sin que aproveche á; 
Descartes decir , quenoes infinito,, sano indefinito: pueses-^ 
tas son voces , y nada mas; porque indefinito es aquello que, 
tiene términos i pero indesigmíbles ; y á aquella materia in- 
Boénsa. no wsolo na se pueden* señalar términos , ano que yer^ 

da* 



*40 
dádefameñté áo los tieiie, ttgHn* la óptdM dé Descartes: lo 
qtial'Se evidencia ^ de que en aquel espacio mismo que se 
<iondbe restante , después de los términos indesignables , se 
imagina extensión , y por consiguiente hai materia. Sigúese 
también de esta opinión , que la materia es ab atemo ; por- 
que en el mimo espacio que hoi ocupa el mundo, condbe 
antes de su creadon, extensión; y esto retrocediendo sin li- 
Ilute por aquel tiempo imaginario t que precedió á la fomuH 
don del Universo; luego mil años , ua millón, un millón de 
millones, &c. antes que Dios criase al mundo , había ma* 
tería en este mismo espado. 

' 70 Los Aristotélicos antiguos, del ascenso del agua ea 
la bomba coligieron la imposibilidad natural dd vado , no 
hallando otra causa á que atribuir el movimento espontaneo 
del agualda arriba , contra la natural inclinación que tiene 
por su gravedad , sino al horror que ^n^ la naturaleza al 
vado ; por cuya rason , cediendo de su inclinación propria 
en obsequio del bien público del Universo, sube eliígua á 
Henar aquel espado que desocupa al retirarse el émbolo» 
En esta opinión se precipitó d juicio , por fundarse él cfi»» 
curso en una experienda sola tomada á bulto , y sin exami- 
narla en varias circunstancias, como era necesario. 

7t En fin, á la diligenda de los modernos en repetir 
sus experimentales observaciones, variando de muchas mo- 
dos las circunstandas , ddxmos el desengaño de que no el 
horror del vacío , sino d peso del aire ( y en algunos expe- 
rimentos también su virtud elástica) es quien determina d 
agua al ascenso. No se me escandalicen mis Aristotélicos, 
quando oyen que el aire es pesado, como ya be visto su- 
ceder á algunos; pues Aristóteles lo enseña mui de asiento 
bb.é^^de QbIo , cap. 4. Y lo prueba con la experiencia de 
^ué 61 pellgo inflado pesa mas que vado. ¡Ojalase estudiara 
bien este gran filosofo! que asi se viera como muchas cosas 
que nos dan los modernos por nuevamente descubiertas , ya 
é las dejó advertidas. 

-- 71 Que do es , pues, el miedo del vado quien llama 
arriba al agua , se demuestra con las experiencias siguieflK 

tes: 



241 

tes: Usando de^^bo tttti largo ^ como de quárebta pl^ 
ó mas ^ cerrado por una extremidad ; el qual se Ueoe de 
agua ; y después se buelva , sin que el agua se vierta ^ hasta 
colocar el oriíkdo patente en la superficie del agua de un 
estanque , ó de un barreñon , bajará el agua del tubo hasta 
la altura de trdnta v tres pies , donde se quedará suspensa* 
Si la experiencia se hiciere con el mercurio , no subirá este, 
en qualquiera tubo que sea » mas de dos pies , y tres dedos. 
Si los tubos se inclinan , quanto mas se aparten de la perpen^ 
dicular , tanto mas capacidad de ellos ocuparán^ así el agua, 
como el mercurio ; pero sin pasar jamás el agua de la altura 
perpendicular de treinta y tres pies , ni el mercurio de la de 
dos pies , y tres dedos* 

73 Aora se arguye asi : Si el agua, 6 el azogue subie- 
ran solo pot estorvar d vado , moviéndolo» el bien público 
de la naturaleza contra su natural inclinación , al bolver el 
tubo quedarían elevados hasta su mayor altura , ocupando 
toda la capacidad del tubo; y usando de una bomba de la 
altura sobredicha , irian continuando el movimiento hasta 
arribar á la emmenda para ocupar toda la concavidad , y 
estorvar en ella el vado ; porque idem mamm , idem sempet 
est natmm faceré idem. No sucede asi ; luego no es el horror 
del vado quien llama los líquidos áda arriba. Mas : ó aquel 
espacio, que resta desde la altura de treinta y tres pies, adon- 
de llega el agua, hasta ia extremidad superior del tubo, qu& 
4a vado de todo cuerpo , ó no. SI lo primero , yá el vacío 
es naturalmente posible, y no le tiene la naturaleza el horror 
que se dice : si lo segundo , qualquiera cuerpo , que se diga 
que ocupa aquel vado, ese mismo podrá ocupar toda la con- 
cavidad del tubo , y escusar al agua , que suba contra su 
natural iodinadon en la bomba ni un dedo solo ; y quando 
se budve el tubo , caerá toda la agua que ocupa el tubo; 
«porque si pudo entrar algún cuerpo en la parte superior , y 
por eso b^ el agua aquellos siete pies primeros, como lo 
restante del tubo no está mas cerrado , podrá entrar en todo 
él : con que no tendrá el agua motivo para quedarse suspen*- 
'Sa en la altura de nreinta y tre^ pies , como ni d mercurio 

r Q en 



14^ 
en la de dos pies\ y trcS dfdcs/ Otros mochas árgaméntM 
te hacen sobre estás ^ y otras experiendas, 

74 La cau^ , pues ,<iel ascenso de estos líquidos es el 
peso del aire , el qual , gravitando sdbire el agua , 6 azogue 
del estanque , ó vaso donde se pone el tubo , impele el líqui* 
do acia arriba , no pudiendo entonces contrapesar, ó resistir 
aquella fuerza la columna de aire colocada en rectitud so* 
bre el tubo ; pcM^que al subirse , 6 estando retirado el ém^ 
bolo, yá no gravita sobre el líquido contenido en el cañom 
Por esto sube el agua á treinta y tres pies, y el azogue á dos 
pies , y tres dedos ; porque tanto peso tiene esta altura en el 
azogi¿ , como aquella en el agua , y ad se equilibra el peso 
del agua con el aire en treinta y tres pies de altura , y el del 
azogue en dos pies ^ y tres dedos. Ni pueden subir de este 
termino , porque llegando á estar equilibrado el peso dd 
aire con el de los dos líquidos, no tiene ya fuerza para ha--' 
cerlos subir mas. Supongo sabido , para inteli^enda de esta 
materia, que los líquidos comunicantes entre si, ó contiguos, 
se equilibran á proporción de ^u peso especifico , combina- 
do con la altura de la columna , y no con el grueso de ella¿ 
Y asi en dos tubos comunicantes , de los quales el uno fuese 
mil veces mas ancho que el otro, se equilibraría una libra 
de agua en el menor con mil libras de agua en el mayor , y 
quedarían en la misma altura. 

7 $ Que el peso del aire , y no oira causa , determina los 
líquidos al ascenso , se demuestra mas , porque constante^ 
mente observan la regularidad de subir mas , ó menos , á 
proporción del menor , ó mayor peso de los mismos líquidoSi 
La agua sube con el exceso' que se ha dicho sobre el nqercu-** 
rio , porque otro tanto exceso hace el mercurio en el peso al 
agua. £1 vino sube (como observó Robervallio) algo mas 
que el agua , porque es algo mas ligero. El ingeniosissimo 
Mathematico Móns. Paschal , bien conocido en el mundo 
por su libro de las Cartas Provinciales , habiendo hecho ex^ 
periencia con eV mercurio á la íalda de un altissimo monte, 
ilámado por los Franceses Lepmts de Doume , sito junto á 
Claramonte , después en la tercera parte , ó podo-menos de 

su 



243 
9U ¿ftura^ y lal fií ea la cumbre ^ halló , queá la tercera parite 
de la altura del mcmte subía el mercurio un dedo menos ^ y 
eo la cumbre tres dedos menos que en la falda. Lo qual no 
¡Aiiede atribuirse á otra causa , que al menor peso del aire^ 
Á proporción que se^ iba subiendo^ ya por. ser menor la co* 
lumna que gravita^ ya por estar, meaos oprimido del su^ 
perior :: otros dirán que por mas puro. Ooúto mucho mas 
que sé podia decir sobre esta materia , y la solución de aK 
^nas objeciones de poco momento , porque no es mi animo 
tratar esta qiiestion mas de lo que pide el presente asunto. 

JÓ Ni por eso los modernos asientan Ja posibilidad del 
vacío ; solo pretenden que su imposibilidad no sé prueb^i con 
la experiencia xUcha : y de hecho t ella es tan débil para pro-* 
baria > que algunos con elh. misma han querido probar , que 
el vacío es^naturaknente posible ; lo qual fundan de este mo* 
do : Si un tubo , cpmo de quatro pies , bien sellado por una 
extremidad , después de llenarle de mercurio , se cierra con 
fil dedo por la extremidad, abierta , hasta colocarle sobre lift 
vaso lleno también de mercurio , y entonces se abre él ori^* 
fido , baja el mercurio por el tubo, hasta quedar en la altur 
ra de dos pies ^ y tres dedos ; en cuyo experimento parece^ 
que el espado restante del tubo queda vado de todo cuerpo. 
Los Cartesianos responden con su materia sutil , que penetra 
prontamente todo cuerpo ^ por sólido que sea , y asi se en* 
tra sin detendon por los poros del tubo á ocupar aquel e^ 
fiacio. Otros acuden al aire ^ ó espíritus vaporosos , encar-^ 
celados en el mercurio, que desprendiéndose de él quandó 
desdende , y capaces por la dilatadon de ocupar mayor es- 
pado 9 llenan lo que resta hasta la altura del tubo. Como 
quiera que sea, el Jesuita Dechales en el lib. i déla Statíc^ 
prueba con ingeniosa solidez, que aqud espado del tubo o» 
está vado de todo cuerpo. Porque la que con el calor a¿ 
•arrara , y con el frió se condensa , es algún cuerpo , ó subs* 
tanda: pues que alli hai rarefacdon , y condensadon , se 
demuestra, porque calentando la parte superior dertubo^ 
baja algo mas el mercurio, y enfriandola siibe. Luego se 
arrara , y comprimé aquel e^acio , y por consiguiente hai 

Qi alU 



244 
allí algún <Aiérpo; y de este experimento infiero tambfen^ 
que el cuerpo que ooipa aquel espacio , no es la materia su^ 
til Cartesiana , porque ésta es incapaz de rarefacción , y coe^ 
densacion , siendo ella , según sus defensores , la que ocasro* 
na la rarefacción en los demás cuerpos , metiéndose en sus 
poros , y la condensación , saliendo de dios ( que de este 
modo explican los Cartesianos la condensación , y rare&c-^ 
tíon ) ; y asi sería menester que subiese otra materia mas 
mitil , para que aquella se arrarase , admitiéndola en sus po^ 
ros 9 ó excluyéndola se condensase : contra lo que se supone 
de ser suma su sutileza. 

f 77 He discurrido en este asunto no mas que lo preciso 
para mostrar la variedad con qué proceden en las qüestío- 
lies fisicas los Filósofos , según la variedad de sus aplicado* 
nes , y genios. Pues aqui se ve , que unos discurren solo se-* 
gun las ideas á su arbitrio estableadas : otros , consultando 
mui superfidalmente la experiencia ^ por predpitar la i]a«- 
don, yerran el aserto; y otros , en fin, mas cautos miran, 
y remiran la naturaleza en sus fenómenos, suspendiendo el 
asenso , hasta que experiendas reiteradas los relevan de to^ 
da duda. A estos últimos llama el Dr. Martinez Scepticos; 
á los primeros, y segundos Radonales , y Dogmáticos. Si 
aplica con propríedad estas voces, será qüestion de nombre; 
porque Scepticos es lo mismo que dulritatívos , de la voz 
Scepsis , que significa duda; y como los Dogmáticos Me* 
dicos en las Escuelas están tan lejos de la duda , que esta* 
hiocen muchos axiomas inconsideradamente en sus Tentati^ 
vas , los quales pone en duda el Dr. Martinez ; por eso no 
impropriamente aplica á su Obra el nombre de Sceptica; 
porque expone dudas , de las quales están mui lejos los £s* 
colasticos Dogmáticos ; pero sea la voz como qui^ere , en 
la substancia no se le puede negar , que hace bien en po* 
nerse contra los primeros , y segundos, de parte de los ta^ 
ceros. Y con esto quedan explicadas aquellas clausulas dd 
Dr. Martinez , sobre que , por no entenderlas Araujo, levantó 
tanta polvareda. 

78 Pero quiero ya dgar en paz á Araqjo , tenoinando 

la 



I 



la crfafs de su fibto., aunque tema impulsas, dé decir algd 
también sobre aquellos insípidos cuentos 9 y desgraciados 
chistes i con que salpica la Obra, toda. Déxase conocer ^ que 
quiso Arai^o imitar á un gran genio de esta Corte 9 cuyaa 
Obras criticas se han hecho plausibles en toda España , no 
menos por su saladissimo gracejo , que por su incompsurafato 
erudición , y singular energía en el estilo ; que fue lo misnáo^ 
que apostárselas al Sol una linterna , 6 querer seguirlos bue-9 
los del águila un avestruz. Recójase Araujo al sagrado dd 
sus silogismos , tales quales se los deparase su poca, ó mu* 
chaDiale¿tica; V. gr. como el que propone al.num.43p, 
donde ningún termino de la nuyor se halla ea la menor , ni 
en la conseqüeoda alguno de las i premisas f procurando 
trampear con armatostes lógicos la falta de conodmienta 
en las materias de que se trata ; y déjese de escritos críticos,' 
que piden otra gracia , otra profundidad , otra agudeza, otra 
erudición , y aun otra sinceridad. 

7P . Y por cerrar con llave de oro este escrito ^ le con^ 
dniré con una alta reflexión del- Divino Valles, á f^r del 
Scepticismo Filosofo» Explicaildo este doctisñno hombre ea 
el cap. ^4 de su Filóse^ Sagrada ( donde se dedara verdad 
deransente Sceptico en orcten á las cosas Físicas ) tres textos 
del Eclesiastés. £1 primero del cap. i : Proposui in animo 
qu(Brere , & investigare sapfenter de ómnibus , qwefiuns sub 
soJe ; hanc oecupasionem pessimam ikéH Deus filüs, honanum 
mt occuparerntÉT in ed^ £1 segundo del capitulp 3 : Cünsta 
fecH bomt iñ tempore siuf^ if nmmdum tradkBi disputatum 
eorum , «r non inveniat homo opus quodoperafus est Deas ab 
mitio usqae adfinem. £1 tercero del capítulo 8 : Et imette^i 
Tguod ommum operum Deimdban possit hama invenire rasión 
f^m torumf fute^fitmt^smksok^ & füansá.pkáslaioravéfit 
ad quarenáifA \ tanta mtmásinvfnias etiamsi dixefrit sapiens 
« nosse\ non potefJt reperire. £x(dicando (digo) Valles 
tttos textos , colige de dios dos verdades. La primera , que 
d deseo de adquirir el conocimiento fisico de las cosas , y 
de sitsi causas , 68 natural, como indito por el mismo Aof- 
IXMride la.flaturates^it^ La segunda, que^^r mas que los 

Qj hom- 



«4^ 
honores trabiajea á este fio ajamas podían lograr didx) <x>- 
Bociihienta^ ; . . . , 

.80 Pero poaese después esta ofcSedon ^ qae está saltando 
á los ojos. Si al hombre lé es imposible alcanzar denda de 
las cosas naturales ; ¿ para qué le infundió Dios el apetito de 
conseguirla ? y da á día dos respuestas. La primera es, que 
dio Dios este apetito al hombre , para que , dedicado á esta 
ocupación honesta de investigar las causas naturales , evitase 
la ociosidad , y otra^ ocupadones criminosas. 

81 La segunda es mas plausible , y la que hace á nues'* 
tro intento. Dice, que tan lejos está la imposibilidad de co- 
nocer las cosas naturales de hacer inútil la ocupación de in«* 
vestigarlas , que antes de esa misma imposft>ilidad le resultai 
al hombre una utilidad suma, i Y qual es ? El que sobre esta 
basa forma el discurso un argumento concluyente de que hai 
otro mundo , otra vida, otra bienaventuranza que la pre- 
sente. Lo qual se convence de este modo : £1 apetito de co« 
nocer con toda claridad las cosas naturales es natural , como 
cada uno en $i proprio experimenta ; y como sea evidente^ 
que el apetito natural no puede tmninarse á cosa absoluta- 
mente imposible , se sigue con la misma evidencia , que este 
conocimiento , que se baacsí , es absolutamente posible. Lue^ 
go no pudiendo alcanzarse en esta vida mortal, y en esta 
elemental esfera que habitamos, precisamente hai otra vida 
inmortal, y otra región superior adonde se puede conseguir 
esa deoda» que anelamos : Cum enim /lofftíffí (hable el mismo 
Valles) sü sciemiade natura appetitusm^uraüs^taüs verh 
appetítus non possit esse impossibilium , constat eum takm 
scientiam cansequi posse amnind. Quare si m hac vita ac sm^ 
suum horum ministerio non potest , fit ut illum maneat vit0 
alia beatior^ in qua d perpetúa ^ qaa im hac torquetur sitii 
Tft satiandus^ cum sciücei apparuerit gkria J)eL 

8 % EsCá utiUssima conseqüenda sacan los Scepticos , in^ 
sistiendo en sus dudas , que dertamente importa m9s que 
quantas iladones hacen en materias físicas los Dogmáticos; 
y esto aun quando con ellas adelantaran algo, ó mucho eo 
el conocimiento^e las <;o8as naturaids vpws ma» vak dar no 

pa- 



paso ooD él desengaño átia el Reidd de U grada, ^ que cóch 
quistar con el discurso todo el Imperio de la naturalezaé 
* 83. Debajo de esta reflexión de Valles pondré otra mia« 
del mismo orden en quanto á la utilidad ; y es^ que los Scepr 
ticos FJsicos están mas dispuestos á rendir el asenso á las 
verdades reveladas. Conociendo la insuficiencia de su dis^ 
eurso para alcanzarlas cosas naturales , están mas distantes 
de presumirse con capacidad de decidir contra la realidad 
de los misterios : vbien saben que mucho mas kgos está lo 
sobrenatural, que lo natural de su compreension ; y asi si 
su razón no puede registrarlos fondos de la naturaleza, me* 
nos podrá los s^nos de la grada. A cada uno le está dicien^ 
do su propríá reflexión lo que á Thales MQesío su criada^ 
quando contemplando la esfera celeste, ca3ró en el boyo: 
Si na conoces Jo que está tan cerca áé tus pies , i cómo has dé 
compreender h que iüstamittares de kguas de tus tgosi la 
Iglesia nuestra Madre siempre bailó mas dóciles para su en- 
señanza á los que mas desconfian de su propria capacidad; 
y siempre sba mas &ciles á rendirse á ageno gobierno los 
que menos caudal hacen del talento proprio. Al contrario 
casi todas las heregfas nacieron de la demasiada estimacioa 
que hicieron de su discurso sus Autores : Omnium herético^ 
rum ( dice S. Agustín epístola %6) quasi reguJaris est illa 
temer it as y scilicet ut conentur auctoritatem stabilissimam 
fundatissifHée Eccksiie quasi rationis nomine , & poUicita" 
tione superare. Y ha sido tan freqtíente el hacerse hereges 
obstinados de Filósofos presumidos , que Tertuliano Ub. de 
Animay cap. 3 , llamó á los Filósofos, Patriarcas de los here- 
ges. Y en el libro de Pnescript. cap. 6 : Hareses ( dice ) á 
PhiJosophia subornantur. No se entienda empero , que este 
daSo le ocasione la Filosofía por sí misma ; sino la presun* 
cion filosófica de aquellos que son fáciles á concebir por de- 
monstraciones sus discursos probables, y aun sofísticos (como 
en el pasado siglo Descartes , que quiso vender por eviden- 
cias no pocos paralogismos) ; porque en habiendo facilidad 
á concebir evidencias donde no las hai , puede estenderse á 
los objetos sobrenaturales esta ligereza 9 y en concibiendo 

Q4 evi- 



evidencia , se le niega el debido tributo á la revelación. Por 
lo qual concluyo con las palabras de S. Pablo ^ que propuse 
en la frente de éste escrito : Videte ne quis vos decipiat per 
Philosophiam , & inanem falaciam. 

Acabando de hacer esta Aprobación Apologética ^ recibí 
el segundo Tomo de la Medicina Sceptica del Dr. Martínez, 
donde incluye otro Apologema contra la Centinela. Confíe* 
so , que en algo hemos coincidido ; pero sinceramente afír-> 
mo , que quando llegó á nods nótanos dicho segundo Tomo, 
ya tenia yo concluida , y aun remitida mi Aprobación. Hago 
esta salva 9 porque ni en uno, ni otro se tenga por hurto lo 
que ha sido coincidencia ; por lo demás tengo por útil , y se^ 
gura esta Medicina Sceptica , y digna de la pública luz, por 
ver si con este estímulo llega algún tiempo en que nuestras 
Érelas Medicas entñienden el siniestro uso desús estudiost^ 
Oviedo I de Septiembre de 1725. 



Fr. Benito Fejgoí. 



JÜS- 



JUSTA REPULSA 

DE INIQUAS ACUSACIONES. 

CARTA 

En que , manifestando las imposturas , que 
contra el Teatro Critico , y su Autor 

DIO AL PÚBLICO 

EL R. P. Fr. FRANCISCO SOTO MARNE, 

Cronista General xle la Religión de S. Francisco, 

ESCRIBE A UN AMIGO SUYO 
EL muí ilustre SEÑOR, T Rm, P,M, 

D. Fr. Benito Gerónimo FeijoÓ, 

Maestro Genera/ de la Relipon de S, Benito, 

del Consejo de S, M, &c. 




MADRID. M.DCC.LXXin. 



Por Miguel Escribano, calle Angosta de San Bernardo* 

Con las Licencias necesarias. 

A costa de la Real Compañía de Impresores ^ y Libreros» 



APROBACIÓN 

Del M. R. P. hf. Fr. Gregorio Moreyras , del Gremio , y 
Claustro de la Universidad de Oviedo , y su Catedrático 
de Santo Tomás , Abad del Real Colegio de S. Vicente de 
dicha Ciudad ^y Examinador Synodal de su Obispado^ &c. 

DE orden de N, Rmo ?• M. Fr. Iñigo de Perreras t Ge- 
neral de la Congregación de S. Benito de España , y 
Inglaterra , reconocí el nuevo escrito del Rmo. P. M. Fr. Be- 
nito Feyjoó , del Consejo de S. M. &c. cuyo titulo es : Justa 
repulsa de iniquas acusaciones. Reconocíle digo y y reconocí 
también en su letra , que me engañé en el concepto , que 
antes habia hecho , de que no hallaría en este escrito mas 
que admirar, que lo que hasta aora admiré , y admiró con- 
migo toda la Europa en los demás de este célebre Autor. Sin 
embargo hallé en él una nueva , y nada esperada materia á 
la admiración. Reconociendo Cicerón (a) ^ que en la decli- 
nadon de su edad acia la senectud se iba debilitando, como 
la fuerza de su cuerpo, el vigor de su eloqüencia , decia , que 
ya su oratoria empezaba á encanecerse. En efócto, en quanto 
á esto, á un mismo paso caminan la oratoria, y la poética; 
una, y otra van perdiendo las fuerzas á proporción que se 
van abanzando los años. 

Así esperaba yo que sucediese á nuestro Autor; y el veif 
que no le sucede a» , antes todo lo contrario , es lo que mi-» 
nistra nueva materia á mi admiración, y la ministrará ¿ todo 
el mundo. No llegó Cicerón , ni con mucho , á k . edad en 
que hoí está nuestro Autor , porque complaciendo á la ira 
de Marco Antonio, le quitaron la vida antes de cumplir se- 
aenta y quatro años. Y antes de esta edad Cicerón , el gran 
Cicerón, el glorioso Príncipe de la Eloqüencia Romana, 
sentía ya lánguida, y decadente la suya. Al contrario nuesr 
tro Autor, puesto en edad mas abanzada, nos muestra en 
este escrito , que mantiene aún todo el vigor, fuerza , ener- 
gía , y esplendor de aquella eloqüencia , que ha hecho apelli« 
- dar- 

(«) Apttd Quinálian. lib. it , f^p. x.^ 



darle el Marco Tulio £spafiol. Esto sók> le faltaba para ser 
qn todo Fénix , para ser en todo singular, y único. 

No obstante debo confesar , que no lo és tanto , que no 
tenga un egemplo en la antigüedad. Este nos mostró la Gre- 
da en el Poeta Sophocles , que por su dulcissimo divino nu- 
men fue llamado la ^trena Attica. Un indigno hijo de este 
grande tiombre , en atendon á la abanzadissima edad de su 
padre, pretendió ante los Jueces Athenienses quitarle el go- 
bierno db casa , y hadenda , al^^ando que como decrépito 
estaba incapaz de ese manejo. ¿ Cómo rebatió Sophocles esta 
iniqua pretensión ? Leyendo á los Jueces parte de su trage* 
dia , intitulada el Eífypo , que actualmente estaba compo^ 
Hiendo ; y hallándola los Jueces tan hermosa , y brillante^ 
como las que habia compuesto en sus mejores años , unáni- 
mes votaron á su favor ; y cargado de ignominia arrojaron 
al hijo del Tribunal (a). Este egemplo hallo de conservarse 
en una senectud grandceva toda la gala , y valentía de elo- 
qtiencia ^ de que solo se considera capaz una edad robusta* 
Mascsolo este egemplo hallo; y al fin ^ fiíe menester dejar 
pasar el espado de veinte y dos siglos ^ para que en nuestro 
Autor se repitiese otro semejante , dándonos ocasión para 
llamarle el Sophocles de este siglo. 

Muí lejos estaba de pensar esto d M. R. P. Soto Mame. 
Por lo menois ^ uno de su habito , aqui en Oviedo, dijo, que 
el P. Cronista se faatna metido en la empresa de escribir con-* 
tra nuestro Autor s debajo de la confianza de que éste , por 
SIX5 años, y achaques, no estaba ya capaz de tonur la plu- 
ma para cosa alguna. Y para mí esto es mui creíble, pues 
solo fimdado en un tal supuesto , pudo atreverse temeraria- 
meóte á derramar en su escrito tantas , y tan horribles im* 
posturas, que era sumamehte fácil al Rmó. Feyjoóiíacer vi- 
sibles al público , como egecuta en el breve impreso , que 
aora le presenta^ aunque solo se reduce á descubrir las que 
encontró en las primeras hojas dd primer Tomo. Mas des* 
cubriendo estas , viene á descubrirlas todas ; ¿ porque quiéq 

es- 

{«) Moas, Roll. Hist. Mílg^towu ^ 9 fract. 4. §. i, ^ 



esperará veracidad alguna , de quien en pocas hojas amonto^ 
nó tantas falsedades? Añado, que tan torpemente inadver** 
tído procedió en ellas el M. R. ?• Soto Marne , que él Hus- 
mo las descubrió. ¿ Quién no admirará la ceguera de este 
Escritor en espedfícar Autores, que muchos tienen á manoi» 
como que el Rmo. Feijoó ios copió, apropriandóse trabajos 
ágenos , y facilitando de este modo el conocimiento de su 
detestable audaz ilegalidad ? ¿Quién no sé asombrará de que 
haya escrito, que muchos de los Discursos del Rmo, Fdjoó 
no son mas que traslados literales de otros? Quien se arroja 
á esto , sin duda tiene por estúpidos á todos los Españoles, 
f>ues solo los estúpidos dejarán de conooer que el estilo del 
Rmo. Feijoó en todas sus Obras es uno misma 

Creo fírmissimamente , que quantos con algo de luz na- 
tural las han leído , en ellas mismas se evidenciaron de la 
Índole noble , generosa del Autor , totalmente incapaz de la 
bajeza de solicitar aplausos ¿ costa de ágenos desvelos. Y 
porque la ocasión se viene rodada para decir lo que siento 
en esta materia , á todo el mundo testifico , después del con* 
tinuo trato , que por espacio de quince años he tenido con 
el Rmo. Feijoó , que hasta aora no he visto , ni dentro , ni 
fíiera de mi Religión , hombre mas sincero, tnas abierto, mas 
candido , ni mas declarado enemigo de toda fraude , dolo, 
ficción , ó embuste. Y esto puntualmente es lo que le ha sus- 
citado por enemigo al P. Cronista, y á otros de su genio, que 
llevan mui mal que nuestro Autor impugne errores, en cuya 
manutención se consideran interesados. 

Pero aunque todos los que han leído las Obras de nues- 
tro Autor se indignarán de la grosera acusación de Autor 
plagiario , que le intentó el P. Soto Marne , mucho mas los 
que han tratado á este incomparable hombre , por haber 
experimentado lo que yo; esto es , que en la conversación 
es el misnu) que en sus escritos : igual gracia , y hermosura 
en el estilo , igual agudeza , y solidez en los Discursos, igual 
oportunidad en las noticias , igual fecundidad en las senten-> 
das , igual energía en las persuasiones , igual dulzura , y 
atractivo en sutitancía» y modo para oonciliarse los áni- 
mos: 



4S08 : en fio ^ tan uno mismo en lo hablado ;»y en lo extito^ 
qwrpQ sé si á su lengua llame imagen viva cte su pluma , 6 
Á su pluma Imagen viva de su lengua. Y á este , á quien 
puedo llamar Sol de España con mas justicia , que Justo 
Lipsio llamó Sol de la Francia á ^¿riano Turnebo : Sóí iBe 
Gaüúe Tutnebus\ ¿hai quien se ftreva á llamar Autor pla^ 
giario ? i Qué diré á tan descubierto calunmiador , ano lo 
que el mismo Lipsio dqo á Dionisio Lambino por haber es» 
crlto , que Turnebo era plagiario : O Jupiterl audis hec ? ut 
plagiar kás sii Turnebus ? non credam hoc sexcentis LambinÍT. 
{a) Óigame aora el P. Soto, que es infinitamente infisior 
en todo á Lambino : O Júpiter ! awUs luec'i utplagiarius sit 
Feyxous^noncredamhocsexmiBionibtásSbtarum^ 

Y reduciéndome aora á lo que {úde mi conúsioo de Cen- 
sor , digo 9 que en nada desdioe este escrito de las obligado^ 
oes de una christiana, y religiosa pluma. *Ási lo siento ea 
este Real Colegio de & Vicente de Oviedo á %6. de Agosta 

lie 174^» 

» 

Er, Gregorto Morcas* 

,11 - _ ^ mil I I -^ 

(«) ÜK 5. ^st. ^¡mst. ifist. 17. 



CEN- 



CENSURA, Y APROBACIÓN 

VeJ Rmo.P.MJ)Jsidoro Francisco Andrés^ JMbngeB&mHe^ 
tino de la Congregación Cisterciense delaCoronadeAragpt^ 

POR comisión del Sr. Licenciado D. Tomás de Nagera^ 
Salvador , del Habito de Santiago, Capellán de S. M, 
Vicario de esta Villa de Madrid , y su Partido , &c , he visto 
un Libro en forma de Carta, ó una Carta, de que se puede 
formar dignamente un Libro , escrita por el Rmo. P. M.D« 
Benito Feijoó , Monge Benedictino, con honores de Gene- 
ral de la Congregación de España, del Consejo de S.M, &c, 
con el titulo de Justa repulsa de iniquas acusaciones:;^ quan^ 
do gustosamente me dedicaba á su lección, escuché de entre 
la enmarañada espesura de un Soto una voz que decia : Al 
Maestro cuchiUada. Quedé trémulo á impulsos del temor , y 
del asombro, porque la misma contradicción del acento pro- 
ducia diversas dudas en mi ánimo. En la voz Maestro se re^ 
conocía la alta enseñanza del que en el Orbe Literario tiene 
tan sentados sus créditos , como bien fundados sus elogios. 
En la voz cuchillada se traslucía un violento furor , que con- 
vertía los buelos de una modesta pluma en los tajos sangrien- 
tos de una espada ; porque , como escribe Plinio , el furor, si 
se enardece, engendra hierros, aborta espadas, arroja pie-* 
dras (a). Al Maestro , dijo Aristóteles , que se le deben igua-- 
les gratitudes , que á los Dioses , y á los padres (b) : luego á 
quien se venera Maestro , le son debidas las mayores aten* 
dones , obsequios , agradecimientos , y reverencias : no dic-- 
terios, invectivas, desatenciones, ni cuchilladas; porque des- 
cargar estas en quien se reconoce Maestro, es perpetrar una 
ofensa conociendo el delito. ¿ Al Maestro cuchillada ? ¡Ter- 
rible sentencia! No la fulminaran mas atroz en sus profundos 
isubterraneos Tribunales Minos , Eaco , y Radamantho , hu-^ 
medeciendo sus plumas en el lago Estigia Con mucha razón 

pin- 

(a) Furor , cumfervesch , gtgnltftrrum^ farturit gladhs, sfargh lifídu. 
Plin.ínPaneg. 

(b) Arist.inPoI. 



piataroh al Sol lai Myttiologteos (ii) (Pertrechado coa acera- 
das puntas, y armas defensivas ; porque como es el Astro que 
más luüe, desterrando nieblast y auyeñtando sombras , cre- 
yeron preciso que se armase contra los tiros de la emulación^ 
que excitaba la misma resplandeciente belleza de su luz. To- 
dos admiran en el Rmo. Fdjoó un Sol del Orbe Literario, 
que destierra las sombras de los errores comunes, y disipa 
las nieblas de preocupaciones vulgares : luego bien necesita 
de armarse como el Sol , para defender los peregrinos deste- 
llos, y felices producciones de su estudio, porque hai som- 
bra, que^ pretende ofiíscar sus bellos esplendores; niebla, que 
solicita obscurecer la claridad de sus rayos ; y atrevida ma- * 
no, que (con el fin de acreditar su valentíat ó d^treza)ia*« 
tenta dar al Maestro cuchillada. 

Para reparar este daño (que hasta aora quedó solo en la 
insensible exterioridad de un pergamino) ocurre el Rmo. 
Feijoó con esta Carta, que intitula : Justa repulsa de iniquas 
acusaciones^ y con ella la cuchillada del pergamino es ya 
golpe de timbal para pregonar sus triunfos , y poblar el aire 
de sus merecidos aplausos. Carta llama á este doctisámo 
escrito , ó porque es tanta su facilidad , y viveza de bgenio, 
que el formar una perfectissima Obra no le cuesta mas que 
escribir una Carta ; ó porque una Carta del RmK>. Peyoó , en 
el peso de Astréa, equivale á muchos volúmenes de otras 
plumas : que si en el aprecio de Algandro valia mas la Iliada 
de Homero, que una Provincia entera ; en la esthnacion de 
los doctos un breve Discurso de este hcHubre grande, excede 
á una Provincia de Escritores. 

Intitula á su Carta Justa repulsa , y es cierto que es jus- 
ta por qualquier aspecto que se mire, -y por qualquiera la- 
do que se contemple. Justa , porque es natural la defensa, / 
mas quando la acusación se supone inicua ; pues, como dijo 
el Emperador Juliano (6) : Nadie sería inocefite , si bastara 
que le acusasen. Justa ^ porque está respirando la modera- 
ción, 

(«) Soldrmis , & sagitth pktus, Cartar, de Imagin. Deor. 
(k) i J^x inH0cens isse fottnt , si stcmásse suffciút ? Ap. AmniiaB* 
Marceil. Ub. i^. 



don 9 sufrimiento , prüdendá ^naode^ ; y equidad. Justa^ 
porque son las expresiones tan medidas, que no pudieran dér 
mearse mas ajustadas ^ y finalmente jWira, porque siendo con* 
s^ del Eclesiástico, que se tenga cuidado del buen nom-f 
bre (a) ^ es justo que nuestro Autor conserve el glorioso titu,-? 
lo de jíutot original^ que le ha grangeado tanto sombre eti 
la región de la ^má , y pretende borrarle la contraria' plitma^ 
queriendo que un Monge, que vive en los Países de Miner-» 
va, á expensas de su proprío caudal, sea mendicante de 
agena erudición. 

Califica nu^ro Autor las contrarias acusaciones de ini^ 
fuas^ y yo no dejaré de tenerlas por importunas, porque pa- 
ra arguirle sobre quatro particulares capitulos , no era me- 
nester destemplar toda la deleitable harmonía del Teatro* 
Dedf el Acusador , que á esto le movió d sentimiento de la 
Religión Seráfica, es poner en armas á la silenciosa quietud 
de los daustros , alterando la (^cida tranquilidad de su so-* 
uego , sin especial motivo para el imaginado tumulto ; por*^ 
que si son tres los ingenios Seráficos , que critica el Rmo« 
Feijoó ( nada digo de las flores de S. Luis , que por su minu^ 
tíssima'entidad , según nos las pintan los que se dedicaron á 
8U examen , mas tienen de minimas, que de menores ) , soq 
otros tres los Seráficos Alumnos , que engrandece, elogia , y 
admira en su Teatro Critico: la sólida sabiduría del cilebre 
Macedo : la feliz conducta del Gran Cisneros; y la consumar 
da política de Sixto V. Con que si el Autor de las acusaciones 
COfflpreendió al Rmo. Feijoó digno de su enojo , por criticar 
H tres Alumnos de la Religión Seráfica , le ha de juagar dig^. 
iiissimo de su apredo, por aplaudir & tres Héroes de su pro«- 
pria Seráfica Familia. 

Supongo que no es de mi cargo pesar las razones, argu- 
mentos, y ítutoridades de uno, y otro; pero el entrañable 
amor que profeso á la Religión Seráfica (de que es buen tes- 
tigo mi amada , gravissima , y santa ProvinciaUe Aragón ), 
me indtijo á rever con gran complacenda mia los elogn^* 

R qué 

(«) (nrétm hiM it b$ñ$ mmim. Ecdes. cap. 4x » v. z f . 



que tributa á mnchoa de sus hijos d'Rmo, Feijóó ; y quando 
mi affecto no sei»rfntió de la crisis, que hizo sobre los escri* 
tos de unos, y miró con alhago las expresiones laudatorias, 
que dedicó al mérito de los otros , es constante , que siendo 
mui prescindible el resentimiento por los primeros, es muí 
deluda la gratitud por los segundos. 

Embaine , pues, la espada el Autor de las acusaciones, 
supuesto que en el sagrado Teatro de su esdarecidissima Re- 
ligión le queda tan útil, ameno , y espacioso campo en que 
lucir. Brille alli su despejado ingenio : ocúpese su infatiga- 
ble^tudio : siga con pasos de luz las huellas del sapientissi- 
mo Wadingo, del eloqüentissinx) Cornejo, y cálese de un 
buelo sobre los altos capiteles , que levantó su antecesor en 
elevadas torres. Deje á nuestro sabio incomparable Benedic*- 
tino en la pacifica posesión de su Teatro , donde luce , y lu- 
cirá eternamente, como Autor original, y famoso desmayo 
de la imitación , como gloria de España , esplendor de la 
Cogulla , envidia de los Estrangeros , objeto de los distingui- 
dos honores de un Rei Católico , digno de la cstimabilissi-* 
ma memoria del Supremo Oráculo ; y véase , que Diana 
(Diosa de los Bosques , y los Sotos ) fatigada ya de andar- 
se á caza de descuidos , se convierte , como Daphne, en lau- 
rel , para coronar las venerables sienes del gran Feijoó : en- 
éuyo docto escrito nada encuentro contrario á nuestra San- 
ta Fé, y buenas costumbres ; porque parece que le dá á luz 
con el nusmo intento, que escribió sus Obras el Eminentissi- 
mo Baronio : Obtemperantes ad fuec disquirenda trahinmr^ 
non alter candi libídine , sed ratione instituti pro fidelHate 
eiucidanda (a) Asi lo siento , salvo m^or parecer. Madrid, y. 
Septiembre á primero de 1 74P. 

Isidoro Francisco Andrés^ 
Monge Benedictino Cisterciense. 



\ü) Barón, in Aff. tom. i . min. 

APRO- 



APROBACIÓN 

DelDr. D. Francisco Manuel de la Huerta y P^ega^ Cro^ 
fusta del Reino de Galicia , y Académico Numerario de 
JasReaks Academias Española ^y de la Historia. 

M. P. S. 

HE visto, y leído con la debida atención la Carta que el 
Rmb. P..M.D. Fr. Benito Feijoó, del Consejo de su 
Mag. escribe á un amigo , con titulo de Justa repulsa de ini^ 
fuas acusaciones ; y me manda V. A. que censure ; y para 
poder con fíihdamento dedr mi dictamen , es forzoso apun*^ 
tar brevemente: lo que siento del Autor, y de la Obra. 

Ninguno, aun entre sus émulos , ha negado á este Es-, 
critor una vastissima erudición en varias dencias, ilustrada 
con la notida de las bellas letras, y fecundacb con una ame« 
na eloqüenda, que naturalmente numerosa persuade al aseo^ 
80 de sus discursos. Tampoco es dudable , que es el primero*. 
y acaso el único entre nuestros Españoles , ,que ha querido^ 
dirigimos , abriendo un nuevo , ancho , y deleitoso camina 
para las dencias, poblando de deldtosas flores las áridas 
sendas que nos dejaron los antiguos. Creo que fuese este su 
obgeto; y que lastimado de ver florecer entre las otras Na« 
ciones las dencias naturales con deliciosa fecundidad , quan-* 
do en España se adquirían con seco , y trabajoso estudio de 
términos, y voces abstraídas, quiso comunicarlos aquel bieo^ 
y hacernos apetedble la tarea. 

No me parece que Español ninguno puede negar su re^ 
conodmiento á tan noble idea , que aunque le adquirió con-* 
trarios » tubo ya en grandissíma parte su efecto ; pues mu«-« 
chos, aun de sus opuestos, lograron , empeñados en contra-- 
dedrle, saludar las dencias, sin aquella aspereza de sus 
prindpios ; pero algunos creyendo era improperio á la Na-t 
don, lo que realmente era ilustradon , y doctrina , tomaron 
la pluma con indiscreto zelo , y abusaron injustamente de la 
defensa. 

Ri No 



No es negable lá dulzura cdnqiie el ^célebre Teatro Crí- 
tico corrige, y enmienda los errores comunes; y la compos* 
tiira ,y modestia con que está escrito , pedían de justida unos 
contrarios , que civilmente modestos esgrimiesen los aceros 
déla razón ^ sin el bastardo ortn del ¿cterio^ la maledi- 
cencia , y la impostura. Este vicio , enemigo no solo de la 
Religión, sino de la policía r y buena crianza , tiene mas lu- 
gar en nuestras plumas , que en las estrangeras, en cuyos 
idiomas se leen , y admiran ardientes dispütaa, aíx)bgías, 
y controversias ^ guardándose reciprocamente el debida de-* 
eoro á las personas. 

Bien notoria es cpianto ha padecido este Héroe de la Re- 
publica Literaria , quando por inventor , y original de este 
nuevo media (que no puede negársele este titula) era dig- 
Bissimo de eternas alabanzas. 

Ya descans^a (piieto , y al parecer en el puerto , quan- 
do una furiosa repentina tormenta le saca del abrigo, y le 
obliga aponerse en alta mar,, para evitar naufragio. Publi- 
có d R« P. Fr. Francisco Soto y IVhme, Cronista General 
de la Religión Seráfica , dos volúmenes en quarto contra va- 
rios Discursos del Teatro, con bastantes noticias; peroenor« 
me , é infelizmente manchados con tal exceso de palabras^ 
é imposturas, que hicieron de su Apologfei una corrosiva 
sátira contra k> just<Kt y debido : asi lo han sentido los 
doctos* 

* A medicar esta llaga es h presente Carta , tan colmada 
de razones , que persuaden es fábula ridicula quanto del pla- 
gio se vocea , sin ser necesaria otra prueba, que ver, ade-; 
más de la que han liecho los EspaBoles , la estimación , que 
hacen de esta Obra los sabios Estrangeros , que saben dis^^ 
tingutr entre original , y copia. 

Qumdo se fiobla de los Escritores femosos antiguos, y 
modlernos , se debe por justicia citarlos con la veneracioH , y 
respeto ,que corresponde á sus méritos , y tareas; pero es lí- 
dto , y mas en qüestiones naturales , y profanas ^ disentir de 
sus dictámenes, y opiniones, sin que el contradecirlas sea 
deslucir^ ni ofieÁder levemente la alta aabidurfo ^ue pos^e* 

ron. 



fOQr Aá vMnoft prMlScaBtfente en' las Umvecfidfldeá jdiíptita^s 
4^^r inpiígnadd»:, y defendídas/yaiiedad de opiutones eá 
U Física^ y otras dendas^ sin que sfea oíéasamtámá^yDos» 
tór la vehemente instancia del arguyente: De. suerte; que 
aun quando el Teatro (que lo niego) disintiese voluntarias 
mentes y «n fondaiaiento de.la^oiíinion de los Antiguos, y 
enmateríaswdiférrates, y libres ip^impugoás^/e^to :solo 
ae atribuirla, en el Tribunal de lMtdoGloi|,4>fiilta de caaoni 
fiero nunca á ofensa del re^tD. .'. íj::..j ; •> 

Llaniase novedad el método del Rmo. Ftiijoó^ y por tan« 
to se quiere que sea ligereza, y falacia* Pero este es un so* 
fisma improprio i y opuesto á la radonaltcfeid ; porque si asi 
en genend seconcíbe está máxima tomó «eixl9dera ; ¿en ifxé 
elasé; y estímadon teqclremas á loftipyeníores delaacoÁá? 
i Será justo que les demos el nombre de novelistas, y Í^IAt 
cés? Nii^d juidoso creo qué asentirá ¿ello; de suerte, que 
la novedad por sí ni es mala; ni daíiosa, antes sí muchas 
veces utilissíma , y conveniente,. si el &n , y.motivos , que l4 
fieráuaden, no la vidan^^Uasta aora lo% émulos del Teatr<^ ' 
«o han descubierto algiiwiesgo ^ ó peligro religioso ,,é por 
Utico en su método ; óon que se. ^ja persuadir , qué e^ utili 
y digno del mayor aprecio. Ni aun quando lo que eosefía el 
«Teatro se quiera notar como ooviEdad , bailo por donde se$ 
repreensible, pues lo mas notable es tomado de la Física^ 
que se quiere llamar moderna; pero examinado su origen 
con verdad , y aápaaión ,se4i«Uaí sef inas antigua que Aris- 
tóteles; de suerte, que los modernos han despertado aque-* 
líos prindpios en que los antiguos fundamentaban sus sis- 
temas. Estos los han resudtado , vistiéndolos, y adornando* 
los con las flores de un nuevo método , y enriqueciéndolos 
con los frutos de gran multitud destiles experimentos, ha- 
dendo con la mecánica visibles los teóricos axiomas de su 
tíenda. 

¿Cómo , pues , podremos escusamos de tributar al Rmo. 

Feijoó los mas eminentes debidos elogios por Autor original 

de este nuevo camino de las deudas naturales , á lo menos 

en nuestra Espafia; quando vemos por la experienda , que 

" ' Rj ha 



ha^ sido el 4u¿ lia ehnquetido los mas^ttridbs tetyeüos dq-laf 
Naciones estrafías , con opimos frutos^ aun en lo civil ^ y 
económica dé sus tareas ? % . 

Acúsesele en buena hora ^ que á este fin ha compuesto 
sus Discursos de agenas noticias. Nadie pidió á un Jardine-^ 
ro hábil que fabricase flores: que cultive sus semillas, las 
multiplique , hermosee 4 y forme de ellas vistosos, y agrada? 
bles ramilletes, es chanto pnédé pedirse del arte. En esta Obra 
escogió el Rmo. Feijoó del jardín de las ciencias las. mas cu* 
ríosas , y apreciadas qüe$tiones; y con ellas en varios rami- 
lletes , y discursos nuevos , ha brindado á los ingenios de su 
Nación á imitarle ; y siendo dirigida principalmente á darlo 
añá<x>nocer, y á satisfacer el injusto, y temerario cargo 
del plagio ésta Carta, me parece es justo que logre la licen^ 
da que solidta; 

En ella se verá la estimación que su Obra, ha merecida 
tí Supremo Pastor de lá Iglesia^ á quien le sobra el sublime 
lugar que ocupa, para que ntiestravenepacion le reconozca 
1^ Heroé de las Letras : la que ha-debido á nuestro iMp^ 
taran y al mismo tiempo el aprerto detrás insignes píiH 
áiías , libres de la contemplación , odio ; ó. Jisocga* . 
'»' No encuentro cosa que desdiga á la Fé, ni se oponga | 
las Leyes de estos Reinos. Madrid j de Septiembre de 174^^» 



p.fVdn^sM Manuel de la Huerta 
r 9 Vega. 






PRO- 



; P ROLÓLO. ; 

LEctor niio : Si eres uqó de los muchds que vieron do9 
Tomás, qjié.poco ha, coa eljtkulo de Rg^exitmes Apo^\ 
¡ogeticas sobre todas mis Obras , salieron de la^ tinieblas ¿ 
la iiiz. ea ta Impneatal d¿ Salátnanca:^ dres también uno de 
los mochos que vieroa el m,3s feo atentado que se cometiór 
en la República literaria desde que hái pluma, tinta , y pa--^ 
peí eael monda Viste un Escrito , donde cada letra es ua 
borroo. Viste un EraJtaxionckila. ka, ^ cía rabia ., el odb 
vertíéroa todásu:pona»DSi Viste^uo Bscffito.de |>i^ á cabjssa 
orgtnizado de rusticidades ^fíociooHnu^y qujmeras. Viste wk 
E^to 9 ctiyte quátix> elemeatob ion bt ignorancia» lá rude? 
za,ía maliMÍicencia , y el embuste. i 

< Mas siendo tal el escrito^ me dirás ¿é qué proposito me 
6tigo en impugnarle % ¿Su própria indjgnidajd no dará 4 
eonocer itodMlb^je es? ¿No fímra mqorasentir ¿op ud 
^ndó desdeftMorál^déspredqqQedeélhaFád público?¿Na 
dirán al óMMTtf iamtichos $ quealgun. valor, tiene este Escth 
Éo» quando yo juzgo conveniente rebatirle ? ¿No dirán mu^ 
cfaos asimismo « que algo debe de ser en la República Utets 
rafia el P. Soto Mame , quando no tengo ; por indecoroso 
latir á medir con é\ la plnma? ¡Oh qué poco te hace? cargcí^ 
Lector 'miot de que los más de los iioaáiDes no estiman t 6 
desestiman las cosas , en atención á su valor intrínseco « sino 
á varías circunstandas mui extrínsecas! Yo te protesto, que 
m elP. Soto Marne oo fuese mas qoe el P. Soto Marne ^ coa 
ffan serenidad le dcgat ia llenar el Públioc^de libros sc^e U* 
bros. Si el P. Soto Mame no ftiese mas que el P. Soto Mar- 
ne , haria yo de él el casp queliibe de otros' impugnadores 
mucho menos infelices que éU Pero eseP. Soto Marne sue* 
na ser Cronista General de la Religión de S. Francisca Ese 
P« 'Soto Marne es mien^ro de la jsas nuaoerosa Familia Re« 
^lar qu« tMne la iglesia de IHss. Si aún no me lias enten» 
-didot me'MfixpUcafé nast Los mas de los hombres no soo 
ím R4 ca- 



I ggf TwfgrjtaSi-tfetin fiamto por lo que ¿1 es ; ^nó 
por uoos accídrat^ incotiexos con^su legitimo precio ^ en- 
tre los quale^ /íi^e^rpiiínér li^ar 16 que su^a el carácter 
del Autor. Advierte , pues , que suena mucho la quaHdad de 
Cronista General de una Rdigion tan dilatada ; y á este 
grah sonido proporciona el inumerable vulgo el concepto 
de la Obra. , 

Aun sin atender á etta quattdad , halla motivó para for- 
mar de ella una idea ventajosa, si es verdad lo que se dice» 
que el P« Cronista escribió por encargo de su Religión , y 
que esta costeó el gasto.de la Impnenta. Si es venüul^ digo 
cóbdidoaalmente, que yo oo pofedo ¡creerlo. Mas. aunque yo 
«10 k> créa,^ ni lo ¿reab tasqué hacen la: reflexión debodat 
«on infinitos tos «pip Ipcraen^Püesfeo 1olqual> se hace la supcH 
«don innegable, ^ que á Ja mmetostssima Religión de S4 
Francisco nunca le faltan algunos suge(os mui hábiles. Y.de 
ella resulta , que sí el P. SotoMarhe entre todos fue elegido 
para esta empresa ^ fue considerado por d fnas hab& de to^ 
dos , ó á lo meno^ por uno de jos mas-^aabües» Qualqi^a 
qué soló dis^ntri^ isobre bst)Of)pnoGtpid0i¿y^aM.lwfinitO3 loa 
^e no pueden díscíarir sobre otros ) vtéi^oioi puede menos 
de contemplar la producción del F. Cronista como digna del 
aprecio de todo d mundo? 

Es el P. Soijo dVlarne mieáabrq de una Rdigion nttniero-f 
si^ma;, y dbvesta Tircunátapeiai resulta ida el vtdgo úm 
ventaba notable al tnredító dé sit Obra, porquedeaqui le víe^ 
ne tener mas dé cincuenta nül Pianegiristas de ella dentro 
del ámbito de España ; y talea Panegiristas , que son oídos 
de todo el mundo V porqo^ su.propria Inatituta. les da .oc^ 
ston para tratar ^contódd genero de ig^nte^ ; y Ití congn^a^ 
itifim'to nútnfer 6 de devotos... Con que por todas partsss.sue^ 
na tuna tumultuante grkeriá,ideque láObra de su CrornstíH 
es una cosa grande ; siendo, por qualquiéra parte que se mi« 
re , la más düspreciablé que hasta aora salij^ de las bnprenr 
tas de Espatíai Considera^ pu¿s ^ ¿qué dirin Jos que gñtM 
esto, ^ i su .vocería noirjespcraXeiifcyQlmas qMQ9^ 
lendo? Levániadiaiil ntosiiet gritt) r^ífápmA&'f ilf^ffi,9!&ar 

.: ;i ba 



Sa de coftvetxñdct, porque tío tetúa qué responder. 

No quiero yo decir que esta voz sea general en la Reli- 
gión Seráfica , donde hai tantos hombres doctissimos, y dis- 
cretissimos , y en el mismo grado desapasionados , y aman- 
tes de la verdad. ¿Mas qué han de hacer estos , sino callar, 
quando su voz no puede ser oída entre el tropel de la mul- 
titud que vocea? Yo sé mui bien que algunos prorrumpieron 
en dolorosos gemidos» y se les llenó de rubor el seniblante al 
mostrarles parce de las infinitas citas falsas de su Cronista* 
Pero esto es todo lo que pueden hacer , viendo su causa de* 
plorada , y aun esto se ven casi precisados á ocultar de los 
que constituyen Pueblo en su Repúblicaé 

* Ni yo me atrevo , ó puedo culpar á ese mismo Pueblo^ 
el qual procede sin duda con buena fé, por lo menos hasta 
aora. Los puntos en que me impugna el P. Cronista » son 
tan distantes de su conocimiento » como de su estudio. ¿Qué 
importará que muchos de los que componen ese Pueblo, 
sean buenos Escolásticos, buenos Teólogos llórales, bue- 
nos Predicadores , si son estrañas á esas Facultades las ma« 
tenas , sobre que rueda la disputa? ¿Si no han visto, ni tie- 
nen los libros , de donde les había de venir el desengaño? 
Por otra parte se les hace increíble (y no lo estraño) , qué 
su Cronista hable con tanta arrogancia , y satisfacción , si 
no estubijese inui cierto .de todo lo que pronuncia. Digo, q^e 
no lo estraño , porque aun á muchos de los que noiran con 
indiferencia la qüestion , engañó esa afectada jactancia. Y 
en efecto , ¿quien creyera que á la hinchada pompa de un 
parturiunt montes^ no había de corresponder otra produc- 
ción que la de un ridiculus mus'i ¿Quien creyera, que un Re- 
ligioso , y Religioso de tal carácter , había de ostentar co- 
mo verdades evidentes las que para los que manejan los li« 
bros conducentes al asunto, son visibles falsedades? Verda- 
deramente este es un fenómeno mui raro en el Orbe Lite- 
rario , y que por tan raro nadie debe estrañar que á muchos 
se hiciese increíble , mucho menos á los que eran interesa* 
dos en que esas falsedades fuesen verdades evidentes. 
Mas sin embargo de haberte expresado las razones que 

ten- 



tengo para rebatür al P^Soto Marne, tía pienses que esto s«í 
para mí im empefio mui serio. Eqtre los motivos que hai 
para responderle, y los que hai para despreciarle , tomaré 
un rumbo medio , qqe es represeotaEír al Páblico el examen 
que tuce de algunas pocas hojas^4e su primer Tomo , porque 
esto es lo que basta para qmjfe haga juicio del todo de la 
Obra. En esas pocas hajKj/eráél ?6blico tantas calumnias 
groseras, tantas impostu^ malignas, tantos falsos, y sucios 
dicterios , que no podrá menos dé avergonzarse , por el ho- 
nor de la Nación Española, de que en Espalüa se haya dado 
á luz pública ona Obra de tan vil , y baja condición, fun-* 
tamente verá el concepto que se debe hacer de quanto haya 
escrito , 6 quanto escriba en adelante ^ P. Soto Marne. 

jíccipe mnc Danaum insidias , & crimine aktinó 
Disce amnes. 
Deda el gran Virgilio , quando se disponía á referir los eoh 
bustes del Griego Slnón. Yo puedo decir mucho mas del P# 
Soto Marne, que Virgilio del engañador Griego. Y así apro^ 
priaré á nü asunto el pasage, variado de este modo: 

^cipe nunc Ati imidias , & crimine dmuitQ - - 
Disce amnes. 
Be muchas imposturas en pocas hojas ¿qué se puede esperar 
en dos Tomos, ^no imposturas ¡numerables? No tengo, LeíQ^ 
tor nuo I aoas que decirte por ahora» Y asi VALE» 



JUS- 



■ JUSTA REPULSA 

PE INIQUJS ACUSACIONES^ 
EN CARTA 

DEL MAESTRO FEIJOÓ 

^ A UN AMIGO SUrO. 

SM^í^l^^^' Señor mió : habiéndome V. md. escrito no ha 
^"Tijpi:»» muchos dias , que suponía hubiesen llegado á 
» JVliigj» mi mano los dos Tomos, que cotí el titulo Ae^ 
^^^^m flexiones apohgeticas dio á luz contra mí el R. 
^^^^^^* P. Mro. Fr. Francisco de Soto y M^rne, Cronis- 
ta de la Religión Seráfica , y pedidome en conáeqüenda le 
expresase el dictamen que hacia de dicha Obra, le respondí^ 
que aún no la habia visto, y acaso no la vería: aora le aviso^ 
que pocos dias ha me vino de Salamanca por el Ordinario 
^e aquella Ciudad á esta, sin Carta alguna, ni otra aviso, 
que el que me dio el mismo Ordinario , de que se la habia 
entregado el Librero. Y porque ya Id en el primer Tomo 
lo bastante para hacer concepto del todo de la Obra, se le 
expondré á V. md. con la sinceridad que me es tan con- 
natural. 

Digo , pues, que este es el mas imserable Escrito de 
quantos hasta aora parecieron contra mí. Esto por quatro 
Capítulos : primero ^ por su irri^blé estilo : segundo , por su 
groserissima dicacidad : tercero, por sus contradicciones: 
quarto, por sus insignes, y freqüentes imposturas. ¿Pero es 
posible , dirá V.md. que Obra compuesta «por un Cronista 
General de la Religión Seráfica abunde de tan enormes vi» 
cios ? Si 9e5or ; es posible , y es existente. Y no me atrevie^ 
ra á afirmarlo con tanta seguridad, si no pudiese probarlo 

€00 



4 

COSÍ la mayor evidencia. ¿Qué quiere V.nid?^1e tal vez uá 
monstrao de la matriz de donde menos se esperaba. 

La Obra está dedicada á mí. Y ^e es el mas estraRo 
modo de insultarme; porque dedicarme un escrito todo lleno 
de los mas torpes dicterios, y mas groseras injurias contra 
mí 9 ¿qué otra cosa es sino una declarada , y civil irrisión? 
No le responderé m esta parte ; porque tal genero de des* 
cjuite 9 sobre ser mui improprio en mi persona , en ningún 
modo me desagravia. Voi, puesta lo que importa, exponien- 
do á V. md. en varios $$• el concepto que merece la Obra* 

MOTirO DEL P.SOTO PAILa ESCRIBIR 

contra mi. 

S.L 

ESte manifiesta en el que llama Vrdogo^ IntroduccUm , jr 
Dedicatoria , por las siguientes palabras : Patente es d 
-quantos manejan Jas Oirás de V. Rjna. eljustissimo senti-- 
miento de la Religión Sereba ^ que no haknenáok desrmre^ 
cido ios mas afectuosos respetos , je mira cfendida en el ho^ 
ñor de muchos de sus ilustrissimos Hijos. Expresa luego 
quienes son estos , prosiguiendo asi: 

^nmasfundamentoqueel que afuba la voluntariedad^ 
la preocupación^ ó el engaño^ i^ama ^. Rma. la juiciosa sa^ 
biduría ^ y sólida critica del clarissimo Doctor , el famoso^ 
y Venerable Frai Nicolao de Lira ; la cehtrada erudición^ 
y veracidad histórica del Ihistrissimo , y Venerable D. />• 
yfntonio de Guevara ; la prodigiosa sabiduría , y. constante 
furesut defédel ikatdnado Doctor , y esclarecido Mártir el 
B. Raimundo Udio^y el antiquissimo siempre venerado mila^ 
gro de las Flores de SL Luis del Monte. 

Estas injurias, dice, le mueven d tomar la pluma para re^ 
sistir la fuerza con la fuerza ( y aqui , pensando que se ele- 
va al estilo sublime , se enloda en el estrafalario ) disipando 
d fogosas radiaciones de la verdad las densas nubes , que 
compactadas d vaporosas preocupaciones del engaño^ vaguean 
sostenidas del mas injustificable empeOo. 



r^'lt ^ 



3^ 

. Voii dar satis&cciim al P. Crodi^ra sobi^ «stos c^gos; 
V lo primera digo^ que es (alsissimo ^ que yo haya infaman 
do la juiciosa sabiduría , y sólida critica de Nicolao de lÁifzJ 
Venero este Autor , como muí sabio ^ y de vida egemplar; 
Nada obsta á esto haber dicho que me parece totalmente 
improbable su exposición de aquel lugar de Ezequiél ; Sed 
& Pygmc^iy qm trata in turribus fWr, entendiéndole ótí 
los P^meo^ propriamente tales ^ quales los pintan Punió, Fi^ 
k>strato , y otros antiguos ; esto es , tma progenie , 6 nan 
cien de hombredUos de no mayor altura que un codo». La' 
foma de un sabio que escribió libros , no se denigra por 
haber proferido alguna proposición totalmente improbable, 
i Adonde está el ctocto , que habiendo escrito muchos , no 
incurrió en uno, ú otro desacierto? ¿No se ve á cada paso 
improbar k» E9q)oatores Sagrados esta , ó aquella exposi-i 
cion , ya^de este , ya de aquel Santo Padre , sin que por es-^ 
to nadie entienda que le infaman ^ y feltan á su respeto? 
¿Qué flediero hai , por diestro que sea r que flechando to-* 
da la vida r siempre hiera el bl^nco^. 

Digo 9 pues , que me ratifico en que tengo el' sentir de 
Lira por enteramente improbaUé , y que ésta es húi la ex^ 
posición mas desvalida de todas. Y si el P. Oonista hubie- 
ra notado la partícula hot^ de que he usado en esta propo- 
sición , idera que era importunissimo para el caso el numero 
de Expositores antiguos ^ que acumula á &vor de la expo* 
aicion def liraw 

Es el caso, que Ya improbabilidad dé la opinión de Li^ 
ra no nace de lo que se supo en los tiempos anteriores á Li-^ 
ra, ni en tiempo de Lira, ni aun en dos* siglos después. An« 
tes por falta de noticias de Geografía, y de la Historia NaK 
tural ,. en ié< de los Autores que afirmaban^la existencia de 
los Pigmeos ^ ie tenía esta , si no por. de^a; por probable^ 
y aá no habiameon veniente en entender la voz Pigmeos co- 
no está en la Vulgata. Hoi ya se sabe r y se sabe con toda 
certeza ^ que no bat tal Nadoo en el mundo , porque ntf 
hai parte habitable en él (por lo menos de nuestro Contí-^ 
waXRr dotide poniiflí ios antiguos los Pigmeos ) , que oo ha-i 

yaa 



4 
yan pisado algunos de tantos Misioneros , ó CiMkierdantes, 
como se han esparcido por el Orbe « y oinguoo halló en ét 
tal Nación. 

A esto opone el P« Cronista la co|$a estatura de los 
Groelandos , Lapones , Samoyedos , ytkras Naciones Sep^ 
tentrionales , como si estos fuesen ji^rdaderos Pigmeos. Pt^ 
ro el P. Cronista tomó muí mal M medida á la estatura de 
esas Naciones. El Geograifb la Dilartiniere» que es el que mas 
correcta , y mas «impíamente escribió hasta aora en la fa-* 
cuitad Geograñca , después de decir que los Lapones soo 
los hombres mas pequeños dé todo d Septentrión ^ añade 
inmediatamente ^ que su estatura común es de tres codos; 
lo que es ser tres veces mas alto que los Pigmeos, á quie-^ 
oes no dieron mas que un codo de estatura, los Autores que 
hablaron de ellos , y eso significa la voz Pygmaus; esto es, 
cubitaüs. Con que de poco le sirvió al P. Cronista andar pá« 
ra este , y otros muchissimos puntos de los dos libros , faa-t 
ctendo cuesta en los Escritos de D. Salvador Mañer, sin ha« 
cerse cargo de lo que se respondió á este Escritor. Et Jueo 
de Nicolao l^ano. 

En quanto á la poca sinceridad histórica del IlustrisdoKi 
Guevara ( dejando á salvo muchas excelentes prendas, que 
por otra parte tubo ) , lo dicho dicho; y allá se avenga el 
P. Cronista con el Jesuíta Andrés Scoto , y el Bíbliotecaíria 
N. Nicolás Antonio, pues yo nada mas digo en este punto^ 
que lo que estos dos famosos Críticos digeron ; y lo dige 
por el mismo motivó qué ellos ; esfio es cumplir con la obli« 
gacion de Critico , dando luz á los Lectores, para que en 
materia de historia no se engañen, aceptando noticias falsas 
por verdaderas.; ' 

Lo mismo pro^>orcionalmente , y aun con mas razón* 
puedo aplicar á k) que dige del Arte de Raimundo Lulio» 
Muchos años antes de escribir en este asunto, me lastimaba 
de los que fundados en unas noticias vagas de que dicho Ar«« 
te servia para instruir en todas las Ciencias, y discurrir con 
acierto en todo genero de asuntos , pensando hallar en él 
iia amplissii^o tesoro intelectual, perdían malamente el^ tiemri 

po 



po en mandar á la memoria áquet agregado dé inútiles com- 
binaciones , sucediendoles lo mismo que á los investigadores 
de la piedra filosofaU cuyo trabajo se va todo en humo , sin 
ganancia alguna ^ antes con pérdida ; quando si el tiempo 
que gastan en eso empleasen en aprender algún Arte útil, 
no dejarían de lograr algún fruto. Digo , que si los que se 
aplican á aprender el Arte de LuKo*, empleasen el tiempo 
que gastan en ello en leer otros Libros buenos , se hallarían 
al fin de la cuenta con muchas útiles noticias , quando de 
Lulio no pueden sacar conocimiento alguno , sí solo expli<^ 
car ( mejor diria implicar ) con una misteriosa gerigonza lo 
que ya saben por otro estudio. Esta compasión n^e movió 
á la obra de miserícordia de desengañar á los pobres que 
caen , ó en adelante pueden caer en error tan nocivo , para 
que no malogren miserablemente el tiempo* 

Pero quiero dar graciosamente, que la Critica que hice 
del' Arte de LuHo , no haya sido justa. ¿No hicíwon la mis<^ 
toa , y algunos mucho mas acre , el Canciller Bacón , el Pa-* 
Are Renato Rapin , el P. Juan de Mariana , el mismo Lucas 
Wadingo , insigne Analista Franciscano , el Premonstratense 
Ensebio Amort , D. Nicolás Antonio, D. Diego Saavedra^ 
el Marqués de S. Aubin, nuestro D. Juan de Mabillon , y no» 
vissimamente el doctissimo Modeoés Luis Antonio Murato* 
rí , todos Autores famosos en la República Literaria ? ¿ Pues 
por qué no riñe con ellos ?'2 Sí soto conmigo? Es el caso, 
^ue quiere hacer el desentendido ( como los dos Apologis* 
tas Capuchinos , que le precedieron ) de que hubo otros Au«- 
tores , y Autores célebres , que desestimaron totalmente á 
Lulio, haciendo la cuenta de que la autoridad de uno solo^ 
poca fuerza puede hacer al público. ¿ Qué fuera , si yo aña^ 
diera lo que dicen de Lulio Nicolás Eymerico , Natal Aler 
jandro , y otros , y subscribiera á su dictamen ? Si el P. Cro- 
nista General sabe , como es verisimil , lo que estos dos Au- 
tores escribieron de Lulio , en vez de quejarse de mi Critica, 
debiera darme las gracias por mi moderación. Y aora mu«- 
cho mas, quando, aun tan provocado , no lo bago. Es^ pues, 
«ina de las muchas del P. Cronista , decir , que yo he infama^ 

do 



6 

do la pureza de fé de Ra)mímido Lulio , qustklo de esto en-» 
teramente me abstuve ^ aunque pudiera seguir el dtceamen 
de Nicolás Eymeríco , que eu la segunda parte del Directo^ 
rio de Inquisidores especifica hasta cien proposiciones erró- 
neos , que se ballaa en las Obras de Lulio ; 6 por lo menos 
el del famoso Analista Franciscano , que dice , que la mayor« 
y principal parte de las proposiciones notadas por Eymeri-* 
co , realmente están en los Libros de Lulio , de las quales, 
añade, algunas son dignas de censura. Véase sobre ef^e punto» 
y sobre todo b que toca á Raymundo Lulio, la Carta trece 
de mi segundo tomo per tatam. 

Quanto á las Flores de S. Luis del Monte , eo nu aegun^ 
do Tomo de Cartas tengo evidentissimamente probado, que 
d decantado milagro es fiílso , y supuesto : que lo que diceq 
los Escritores Franciscanos sobre este asunto , permitiendo, 
que se yeri6que de algunas flores milagrosas que hubiese en 
otro tiempo ( pues pudo haber milagro «n otro tiempo , y 
faltar en este), es evidentemente ioadaptable i las flpiiet 
que se ven en este : ya porque es mucho mas probable , que 
00 son flores : ya parque aunque lo sean , no son azucenas, 
ó lirios azules, como dicen los expresados Autores , sino unos 
quasi átomos blancos: ya porque no solo se hallan en esa 
Érmiu , de modo , que en toda la redondez de la (ierra no 
haya otras semejantes á ellas, como afirma Wadingo, qui^ 
Ims shniks nullibi amsficiuniur , y lo mismo el Sr* Cornejo 
en Castellano ; antes se ven en inumerables sitios, asi de este 
País, como de otrps, especialmente donde bai humedad, 
como bodegas , lagares , y en algunas leguas del territorio; 
donde está la Ermita de S. Luis, son comunissimas: ya porque 
«n la misma Ermita , no solo se descubren el dia del Santos 
y mientras se canta su Misa , como dicen tos Escritores d* 
tados ; pero en otras horas , y días. Todo esto consta plenis*** 
simamente de la Información autentica , que de orden del 
Uustrissimo Sr. D. Juan Avello , Obispo de Oviedo , hizo su 
Provisor ( que hoí lo es del Arzobispado de Santiago , y Ar« 
cediano Cardenal de aquella Iglesia) D.PoUcarpo de Mendo^ 
2a, desde el dia i tf ai 1 1 del mes de Agosto del afio de 1744% 

y 



7 
y se conserva en el Archivo Episoopal de esta Iglesia. Y 
aunque en el año antecedente se había hecho otra, en que 
se pretendía probar la existencia del milagro, no se logró 
6l intento , por las evidentes nulidades, dolos , y falencias 
que hubo en ella , como tengo demonstrado en el segundo 
Tomo de Cartas , desde la pagina j5i hasta 392. 
, Y esta es toda la satisfacción que debo dar al P. Cro*? 
nista sobre los quatro crímenes de que me acusa , y cpie tan- 
to han irritado su humor bilioso. 

VEL ESTILO DEL P. CRONISTA. 

$. IL 

Este es él mas infeliz , y despreciable del mundo ; lo quál 
consiste, en que queriendo á cada paso elevarse alele^ 
gante , y culto , para lo qual ciertamente no le hizo Dios^ 
con la misma freqüencia cae en el extravagante , y ridiculo. 
La extravagancia , y ridiculez pende , ao de un capitulo , ó 
vicio solo , sino <ie diferenteSé El primero viene de la pro^ 
visión , que hizo de unas quantas voces , que le parecieron^ 
6 altisonantes , ó mas harmoniosas que otras , para introdu- 
cirlas en esta , ó aquella clausula , cómo , y quinao pudiese; 
v.gr. radiaciones^ esplendoroso^ infundamentabk ^ if^nda- 
mentahiUdad ^ robustar 9 incontextabk ^ incontextabfiidad^ 
cmniscibiüdad ( por omniscenda ) , presuntuoso , presuntuo^ 
sidad^ coacción , temosidades , pavoroso , cecuciente , agitar^ 
tongruenoiaUdades , asuntar , desfihs , &c. Estas voces al- 
guna vez entran sin violencia , muchas con calzador, y otras, 
se acomodan á Dios te la depare buena , vengan , ó no ven- 
gan ; V. gr. pavorosa verificación , generosas coacciones ; qu^ 
viene á ser el cuento de la Damisela , que habiéndole caído 
mui en gracia las voces , exterior , y iifatibktñente , reben- 
taba por lucir con ellas en la conversación, y no halló cómo^ 
hasta que estando en visita , á un gato , que llegó á enredar 
cerca de ella , dijo con indignación : Zape aqui infaUbk* 
mente , 2 hai gato mas exterior ? 

-. Entre las voces del P« Cronista ,. que be señalado , has 

S unas. 



8 

unas 9 ip6 son exóticas « y tftras estratnbptfcas ^ 6 uoas m&^ 
mas son uno, y otroj Vt gr, espUmhroso^robustar^ astrntar^ 
infundamentabiüdad^ ihconte^abilidad ^ desfihs , amgruenr* 
cialidades. Lástima es % que entre los Académicos , que 
compusieron el Diccionario Castellano ^ no hubiese uno del 
genio inventivo del P. Cronista , que sin duda le tendríamos 
mucho mas copioso ; mayormente quando debo suponer^ 
que nos dejaría en él las voces que teníamos antes , con la 
misma significación que atribuye á las nuevas que introduce, 
añadiendo estas á aquellas ; v. gr. á la voz congruencia , zfor^ 
^m2LC(mgruenciaüdad\ Sl la voz omniscio^ añadiría omniscia- 
bk. Especialmente para los Poetas seria una gran conve- 
niencia tener voces de sobra ; porque tal vez en la voz 
nueva hallarían la consonancia, y numero de silabas que ne-* 
cesitasen, y no tenian en la antigua. Pongo por egemplo, 
quando se necesitase un consonante de luminoso , que pw 
el contexto debiese ^udir en la significación á esta misma 
voz , como en las de lucido , brillante , resplandeciente , no 
hallaba la consonancia , sería un tesoro para el Poeta tener á 
mano la voz esplendoroso. 

Esta, y la de radiaciones^ son las dos mas dilectas que 
tiene , y vienen á ser como cabeza de mayorazgo de su es- 
tilo pomposo : asi le vienen varias veces al caso , 6 él pro* 
Cata que vengan. Tapibien la voz presuntuoso es muí de su 
cariño , porque usa de ella con freqüenda. En su primera 
reflexión , que aun no llega á dos hojas , demás del abs- 
tracto presuntuosidad , se repite quatro veces el adjetivo 
presuntuoso. 

El segundo capitulo, que constituye ridicuto su estilo^ 
quando quiere elevarse al culto, es la extravagante aplica- 
ción de las voces , para erigir scbre ellas clausulas sonoras; 
V. gr. la pavorosa verificación de este infautissimo principio. 
El adjetivo pavoroso viene con el substantivo verificación^ 
como el don con el terukque de Quevedo. Proporcional imi-^ 
tacion de las fanáticas Phebades. Esto vale un millón para 
atolondrar á simples. ¡ Qué glorioso quedaría de ser el pri- 
tnero que introduce la voz Phebades en el Castellano ^ quan- 
do 



9 

¿ose encuentra rarissiina vez aun en los Poetas Latinos! 
jízorada ¡a vana curiosidad d iwmderaciones de la prestmr 
tuósidad ambiciosa , atropella aquellas stAriedades del saher^ 
No era ^ ni con mucho , tan irrisible como esta, aquella cul-^ 
tedad , de quien por escarnio dijo Quevedo: \ Que linda re^^ 
vancanilial Pues ai es barro ^ na es mi animo ofender la in-^ 
iencional veracidad de su palabra. Y júntesele esotra , vene^ 
ra la vulgaridad la Critica de V.Rma. coma ilustrada de una^ 
^miscibilidad compreensivd. No es tampoco malo , hs apo^ 
yos , que robusta la autoridad. Pero á todo excede la pompa 
del clausulon siguiente : Me resolví é tomar la pluma para 
resistir la fuerza con la fuerza , disipando d fogosas radian 
dones de la verdad las densas nubes ^ que compactadas d 
vaporosas preocupaciones del engaño ^vaguean sostenidas del 
más injust^oabk empeño. ¿ Quándo llegó á esto la mas cul-. 
ta latiniparla ? Las fogosas radiaciones , nubes compa&adas^ 
y vaporosas preocupaciones , son capaces de hacer estreme- 
cer á un Fierabrás. Pero quales sean estas fogosas radiado^ 
nes del P. Cronista, abqo se lo explicaré á V.md en párrafo 
aparte. 

El tercer vicio del estíio del P. Cronista , y freqUentissi-^ 
mo en él , consiste en los retruécanos insípidos, y afectados 
sonsonetes, proprios de Predicadordllos barbiponientes; y 
aun entre estos los mas , con desdeñoso tedio , huyen de esta 
puerilidad Tales son , de una circunspección piadosa , ó una 
^dad sabiamente circunspecta. Dirige las rectitudes del 
juicio d las infalibilidades del asenso. Hacer pasar por pe^ 
netr ación de entendimiento las temosidades de un preocupada 
capricho. Desfilo tan pernicioso , como eversivo 4t las recti-^ 
tudes del juicio. La lihertad presuntuosa del discurso , faci^ 
Uta el paso d hs errores del asenso. Criminosos desfilos del. 
racional apetitp , d mal reprimidos Ímpetus del antojo. Entre^ 
gando con terca tenacidad su asenso día obcecada volunta* 
riedad de su presuntuoso discurso. Obras tan verdaderamen* 
te utiks al público , como esplendorosas al honor de su santo 
Hiibito. Aspirando día vanidad de una erudición aparente^ 
per ías superfluidades de una curiosidad indiscreta. Tan es-t 

S a tra- 



lO 

íritíh dios sainas circunspecciones de tm reUgi^o cons^ 
como proprio de las perversiones del juicio. Haciendo mas 
poderoso el engath d veneradas sublimidades de ingenio. Para 
imrodtícir « como preciosas producciones del acierto , las in^ 
fiindamentables novedades de un preocupado capricho. T re*- 
celando^ que este aumentase infecciones a lo dogmático , tur- 
Heron por sospechosa esta presuntuosa libertad hasta en h 
fisico. 

£1 quarto vido conáste en haber emplastado las clau- 
sulas de nombres abstractos , algunos de su propria fabrica^ 
y otros substantivos, cuya superfluidad , y aun cuya defor- 
midad se viene á los cgos ; v. gr. presuntuosidad y respetuo- 
sidades y incontextabüidades , congruenciaUdades , rectitudes^ 
infalibilidades y temosidades ^ superficialidades ^ circunspec-^ 
ciones , perversiones y sublimidades ^ if^cciones^ &c. en que 
no solo disuena la redundancia , mas también la improprie- 
dad; v. gr. circunspección ^ no dioe bien con piadosa , sino 
con prudente , ó discreta. \ Y quáles son las superfluidades 
de la curiosidad^! .jNi quién aspira d la vanidad de una erur 
dicion aparente'^ ¿O quién hace vanidad de erudicictfi soIq 
aparente ? £1 que aspira á la erudición , pretende la verda- 
dera , aunque por infelicidad suya solo consiga la aparente^ 
Asi como el P. Cronista no aspira al estilo ridiculo , sino al 
culto; pero aspirando al culto , se deja caer en el ridiculo^ 
Lo que quiso el P. Cronista decir con aquella clausula dispa- 
ratada , se explicarla oportuna , y limpíamete con esta: 
Logrando solo una erudición aparente por nwéUo de una cu- 
riosidad mal regida. Asimismo lo que quiere decir aquella: 
Recelando que este aumentase infecciones d lo dogmático , tur^. 
bieron por sospechosa esta presuntuosa libertad hasta efí lo 
fisico , echando ñiera la borra , se explicarla clara, y conci- 
samente con esta : Temieron que la nimia libertad enlofi-- 
sico se extendiese hasta lo dogmático : lo que es un temor 
bien fundado. Pero de este modo se perdia la costra de aur 
mentar infecciones , y quedaba fuera su amada presuntuosa. 
Pe modo , que el P. Cronista con la redundancia , y impro- 
priedad de tantas voces superfliM^ > lo-que logró ñie hacei^ 

un 



tm estilo que dá ádoo , lleno de verrugas ^ castras , diviesosv 
turumbones, y lobanillos* Y aun algunas veces es el tumor 
tan grande , que viene á ser papera de la clausula* Sin'emí^ 
bargo 9 todo esto es bueno para payos , y tontos , que tienen 
por gala de la pluma esta suciedad del idiomat Pero si Dios 
no le dio habilidad para mas, 2 qué pudo hacer el pobres 
sino suplir la elegancia que ie falta , con la extravagancia 
que le sobra ? 

DE LAS FOGOSAS RADIACIONES 
del P. Cronista. 

%. IIL 

Estas fogosas radiaciones empiezan en la misma Dedi«« 
catoria* Y esta es una cosa nunca vista , dedicarme á 
mí sus dos Tomos. Y aunque en quanta^ JDedicatorias de \l- 
bros hubo en el mundo, ó la total , ó principal materia fue 
elogios, ó merecidos, ó nó merecidos de los sugetos á quienes 
se dedicaron , aqui es al revés. En vez de las aromáticas ex« 
halaciones del incienso laudatorio , se me presentan los he-- 
diondos humos de groseras calumnias , de viles dicterios, de 
atroces injurias , de testimonios falsos , de imposturas enor- 
mes. Y esto en los términos de que usa la mas baja Plebe^ 
quando la ira le perturba la razón. A este fin , dice en la. 
quarta pagina , dirijo quatro Disertaciones , en que demues^ 
tro la inftsndamentoMidad^ error, preocupación, tí ignorancia 
con que f^Jlma. itfama la gran sabiduría de &c. Y aqui en-^ 
tran los grandes crímenes , que he cometido en la justa Cri- 
tica que hice de Nicolao de Lyra , del Uustrissimo Guevara, 
de Raymundo Lulio , y de las Flores de S. Luis del Monte* 
En la pagina quinta , es preciso hacerle ver , me dice , el 
gran numero de sus preocupaciones , errores , ignorancias^ 
contradicciones ^y falsedades> En la sexta , me pareció con-- 
veniente , y aun necesario poner d los ojos del público el con^ 
traveneno d los engaños^ errores ,y falsedades que represen^ 
ta el Teatro* En la séptima , el honor de mi Religión Sagrada^ 
coligado con ei amor á la verdad, y la defensa de ¡ajusticia^ 

$3 me 



m precisa d evidenciar alpébUco hs fm^h$i errores \ ignor 
rancias , falsedades ^y ctmsradiaciami que incurre F. Rjwt. 
En la octava ^ es necesario evidenciar alpübUco hs tan mu^ 
chos , cmo graves yerros , que oculta ¡a brillante amenidad 
de sus Escritos. En la nona , disparaodo por otro lado y dicei 
que mi Critica por to4os sus poros esté respirando una com^ 
pkútion acre , tenae^ , biliosa ^y adusta. Debiera decir trans^ 
pirandón qo respirando , pues por los poros se transpira « no 
se respira ^ áendo la respiración correlativa á la inspiración, 
la qual no se hace por ios poroá , sino por la boca , y áspera 
arteria. Pero buscar prx>priedades en d estilo del P. Cronista, 
es pedir manzanas al roble. 

Estas son las que el P. Cronista llama fogosas radiacio- 
nes , quando no^son otra cosa , que sulfúreas , y nitrosas ex- 
halaciones de un corazón basado en ira , negros hollines 
del humor atrabiliario que le quema , efluvios pestilentes de 
un ánimo encancerado. Y á esto dio nombre de Dedicato- 
ria. Pero ya está entendido , que este fue un doloso artifició 
para vender sus libros. 

Es el caso , que sabe el P. Cronista , como nadie hai qué 
lo ignore « la desestimación en que han caído acia el público 
todos los Escritos ( siendo tantos ) , que se han estampado 
contra mí. De que es prueba evidentissima , y á que do hai 
respuesta , el que ninguno se ha reimpreso ni una sola vez, 
según se me ha asegurado ; quando de mis libros, sin cesar, 
se hacen reimpresiones sobre reimpresiones. Esto es por lo 
que mira al público de España. En orden á otras Naciones, 
es igual demonstradon de lo mismo , el que ninguno se ha 
traduddo en otra lengua , siendo asi , que de mis libros se 
han hecho muchas tráducdones en varios idiomas. Solo den-^ 
tro de Italia , y en Idioma Italiano se han hecho tres traduc- 
ciones , una en Roma , otra en Venecia , otra en Ñapóles. 
i Qué se infiere de aquí? Que viendo el P. Cronista la poca, 
ó ninguna aceptación que han tenido mis impugnadores, se 
hizo la cuenta de que sí publicaba su Escrito con titulo que 
K>nase á impugnación , nadie habia de dar por d seis ma- 
ravedís. ¿ Qué hizo , puesj Recurrió i la trampa de salir al 

pú- 



público disfrácelo ctMi capá \de amigó,, tnyez de osten- 
tarse contrario. £1 titulo de Refiexiones apologéticas so^ 
' bre el Teatro Critico , es indifereote á uno , y otro , porque 
puede ser la apología á favor mió , ó contra mf. En esta 
duda el obsequio de dedicaroie á mí la Obra, determinaba, 
el asenso de ser ¿ favor mío. Coma en efecto , al ver en la 
' Gazeta el título de los libros que se me dedicaban , casi 
umversalmente se creyó , qiie el Autor era un auxiliar mió, 
que salía á confirmar quanto tengo escrito. Persuadido, 
pues , que saliendo al público con esta capa , habían de 
acudir los compradores; como ai contrarío, descubríen-* 
dose enemigo , por lo común le habían de dejar apolillat» 
en las tiendas, usó del astuta arbitrio de los compañe- 
ros de Eneas , que en la noche de la ruina de Troya v pára^. 
engañar á sus enemigos , se apropiaron las señas exteriores 
de los Griegos. 

Mutemus cfypeos , Danaumque insignia nobis 
Aptemus. • • • 
Y en ef^o se ve , y lo haré ver á V. md. que el P. Cro- 
nista , en quanto escribe , sigue la máxima de aquellos Tro* 
yanos : 

Dolus , an virtus , quis in hoste requirat ? 
6 la del Romano Cornelio Syla , que aprobaba ^ que el qué 
careciese de las fuerzas de León , se valiese de las fraudes de 
la Zorra. 

Aora pasaré á demonstrar, que las preocupaciones^ erro- 
res , ignorandas , contradicciones , y falsedades , que íniqua, 
y f^lsemente me atribuye el P. Cronista , numerosíssíma* 
mente se hallan amontonadas en quanto él escribe. Esto 
egecutaré , discurriendo por la Dedicatoria , y sus nueve 
Reflexiones generales^ sobre el todo de mis Obras , en otro« 
tantos párrafos. 



S4 DJS- 



»4 

DEDICATORIA. 

S. IV, 

AQui hai coDtradiccioo visible entre los elogios con qtié 
me inciensa , y las injurias con que me ultr^ Las in- 
jurias se vierpn en el S* j. Véanse aora los elogios numero i: 
4Íque¡la zehsa apUcacion can que ^ Rma. promueve elcuU 
tfoode los brittantes Jar (unes de Minerva^ k ha recomen^ 
ifado el Mecenas Español de la RepábUca Literaria ^y na^ 
die ignara ^ que esta eterniza la protección de sus pkmas en 
el saifirado de aquellas benignas ar^s^ Dos sonsonetes llenos 
^dimpropriedades, pero sumaaiente honoríficos. 

! Num. 1 2. Reconozco , amo , y aprecio áV. Rma. por su-- 
geto de ilustres prendas^ y digno de la veneración común. 

Quisiera que nos dijera el P. Cronista 1 2 cómo puede ser 
dotado de ilustres preodas , y mucho menos digno de la ve- 
neración común un áugeto ^ que en quanto escribe freqüen- 
temente cae en preocupaciones , ercores ^ ignorancias , con- 
trddltqjoníes $ y fálsedadeii ? Más : ¿ cómo ama , y aprecia & 
qvien tafl ignominiosamente ultr^.? Mas : ¿ cómo promue- 
ve el cultivo de los brillantes Jardines de Minerva , quien 
siembra en ellos preocupacioníesy errores, ignorancias ^ con- 
tradicciones 9 y falsedades? 

i £n e) num. 4. profiere una insigne impostura , que es la 
siguiente : Ansieso de esquivar una disputa , que sobre la te- 
diosa aversión que infunde h espinoso de su carácter % carta- 
hja el curso á la prosecución de ms principales tareas , ma^ 
nejé quantos medios me supo inspirar la prudencia ^ d fin de 
reducir á V. Rma. á la justa, convención de una satisfacción 
religiosa. Qualquiera qué lea esto , tendrá por cuereo que^ 
este Religioso me escribió ^ y reiteró algunas Cartas 9 ó Pa-. 
peles f dirigidos al fin que expresa. Protesto ,. que no solo no* 
recibí jamas letra suya, mas ni aun sabía que tal hombre ha- 
bla en el mundo ; ni oí , ó leí su nombre , hasta que salió á 
luz pública esta Obra suya. 

¿Y qué diremos sobre que en el numero 18 Hamacó bien 
é la Dedicatoria , ó bien á toda la Obra, ingenua > obsequiosa^ 

fra^ 



/ 



fi-aternat.^justa i siiti^acciofñ Pero esta \, ^dígase la verdad» 
podrá examinarse de falsedad , tomándola por ironía , y ín-: 
terpretandola en esta forma : ingenua ^ significa falsa : obse- 
fuiosa^ injuriosa \ fraternal^ enemiga capital : justa^ iniqua: 
satisfacción^ satirizacion. « 

REFLEXIÓN PRIMERA* 

§. V- 

ESta se reduce á un lugar comunissimo ; y es , que sott 
peligrosas las novedades en materia de doctrina. En 
este asunto sigue el P. Cronista á muchos de los que antes 
escribieron contra mí. Pero aquellos fueron descaminados, y 
el P. Cronista se descamina con ellos. Son peligrosas las no- 
vedades en materia de doctrina ; ¿pero qué doctrina? De la 
Teológica , de la Sagrada. Y esta sola novedad condenaron 
los Santos Doctores; por lo qual el P. Cronista los cita sinies- 
tramente, como si condenasen la novedad doctrinal en todas 
materias. Y su mala fé se evidencia en el único pasage que 
copia en orden al asunto , dándole truncado , para ocukar 
su sentido. Este es de mi P. S. Bernardo en la Epístola 174, 
y le traduce asi el P. Cronista : La novedad en opinar eshi-* 
ja de Jas levedades del discurso y hermana de Jas superstición 
nes deJ asenso ^y madre de Jas temerid^s deJ juicio. Va-* 
inoa«aora á ver como está este pasage en el original del San*' 
to. AJioquin ^ dice , nuUa ei ratiene pJacehit ( aquel ei es re- 
lativo á María Santissima , porque se trata en aquella Epís- 
tola de una novedad perteneciente á su culto) contra EccJe- 
siíB ritum pnesumpta novitas , mater temeritatis j sóror jw- 
ferstitionis afilia Jepitatis. ¿No se ve claro, que aquella par- 
te de la clausula contra EccJesia ritum se dejó fuera con 
estudio , y mui de intento , porque en día se descubría que 
S. Bernardo solo hablaba alli de novedad en materia Sagra- 
da? ¡Que Religiosos , y Religiosos de algún carácter usen de 
tales supercherías! ¿Esto no es una clara impostura contra d 
Santo , y notoria falsifícacíon de su doctrina ? Como el P.. 
Cronista no nos da copiado otro pasage de algún Santo Pa- 
dre,, 



i6 

dre , sola este puedo notar. ¿Quales serán los que de^ en el 
tintero ^ quando es tan fuera de proposito el que nos pone á 
los ojos? 

Ni por eso negaré yo , que puede haber, y hai noveda- 
des en lo Fisico , que son arriesgadas en lo Teológico. A 
entendimientos perspicaces, y bien instruidos en lo Teoló- 
gico , y en lo Fisico , toca discernir quáles lo s6n , y quáles 
no. Los rudos no disciernen; ó toda novedad dan por desea-* 
minada como contravando , ó toda admiten como genero 
lícito. De los segundos , rarissimo hai en España ; de los 
primeros, inumerables; y en el siglo pasado también tos hu- 
bo en Francia , y ocra« Naciones. ¡Qué tumultos no se ex^ 
citaron contra Harvéo por el descubrimiento de la circula- 
ción de la sangre! iQué riesgos no se imaginaron en admitir 
las manchas del Sol, que descubrió el Jesuíta Christophoro 
Scbeinero! Aun la invención de nuevos remedios en la Me* 
dicina padeció horrendas contradicciones. Poco faltó, 6 fal- 
tó nada para decir , que era fiíego infernal el de los hornos 
de laChimica. ¡Qué persecuciones no sufrió la introducción de 
la Quina de parte de los Médicos , que no querían admitir 
medicamentos que no hubiesen sido recetados por los anti-^ 
guos ! Medico hubo tan cerrilniente obstinado sobre esta 
materia ( Francisco Blondél , Profesor de la Universidad de 
París ), que viende^{>or la experiencia innegables los buenos 
efectos de la Quina en las fiebres intermitentes, persistió en 
que no se podia , en buena conciencia, usar de este remedio, 
diciendo, que la sanidad que mediante él lograban los^en-^ 
fermos , era efecto del pacto que para este fin hablan hecho 
los Americanos con el diablo. 

Esto se reduce á que los que no tienen el alcance, y inf* 
truccion necesaria para señalar los limites en que deben con** 
tenerse las Ciencias naturales, de modo , que no hagan hos« 
tiles excursiones sobre la Sagrada Teología , á bulto dispa^ 
ran contra toda novedad , usando de frivolas razones ^ f 
adulteradas &ut(»ridades. 



RE- 



REFLEXIÓN IL 



17 



$. VI. 

EN esta no hai otra cosa , que proseguir con broza inútil 
él asunto de la pasada , á excepción del testimonio 
^ue me levanta en el num. 14 ^ que es el primero de dicba 
Reflexión 9 de que en ei Teatro Critico se miran las opinior 
nes^ por antiguas y y comunes , despreciadas : por nuevas^ 
y singulares^ aplaudidas :y no prefiero las opiniones por mas 
fundadas , sino porque gozan el atractivo de nuevas. Todo 
va por sonsonetes. 

Uno , y otro es falso : el hecho , y el motivo. El hecho 
de que prefiero con la generalidad que expresa la proposi- 
ción , las opiniones nuevas á las antiguas ; y el motivo, de 
que esto lo hago , no por juzgarlas mas fundadas , sino por 
ei atractivo de nuevas. Si la novedad fuese mi determinativo 
para la preferencia de las opiniones ^ hubiera abrazado al- 
guno de los sistemas ñlosofícos modernos ^ el de Descartes» 
el de Gasendo , óuel de Newton. De ninguno de los tres me 
constimyo sectario. £1 de Newton le toco por incidencia^ 
sin mostrar asenso , ni disenso. Hablo del sistema universal 
de la pesantez; que el particular de la Óptica le juzgo probar 
bilissimo. En ninguna parte de mis Escritos muestro la mas 
leve inclinación al de Gasendo. Y si esto no basta , desde 
luego declaro 9 que le tengo por poco , ó nada probable. El 
de Descartes, no en una parte sola impugno con toda la ñierp* 
za posible , no solo como improbable en lo Físico , mas 
tanibien como peligroso en algunas de sus partes acia lo 
Teológico. Mas : en el Tom«II , Disc. I, S* 3 tne explico coa 
amargura contra los modernos ^ que tratan con desprecio á 
Aristóteles. Y para mayor evidencia de que no estoi reñido 
con las opiniones antiguas , por tales , quisiera que el Padre 
Cronista tubiera presente aquella clausula mía en el mismo 
párrafo , num. ij : Enel dibujo de la Filosofia Aristotélica 
hai el abuso de pintar la ancianidad como oprobrio ^pues la 
larga edad^ aunque d las mugeres hace menos atendidas^ á 
las doctrinas hace mas respetables. En fin , todos nais Escri« 

tos 



i8 

tos vocean, que ni prefiero para el asenso , ni la antigüe- 
dad 9 ni la novedad , sino la verdad y en quanto me parece 
serlo ; y que procuro imitar al Padre de Familias dd Evan- 
gelio y qui proferí de thesauro suo nova^ & vetera. 

En el num. 2$ me acusa como crimen el asentir dios 
experimentos que publican los Novelistas Estrangeros. Cier- 
to que la voz Novelistas es mui propria para adaptarse , 6 
á los Filósofos 9 que hacen los experimentos, ó á los Auto* 
res que nos dan noticia de ellos. Según esto, el cuerpo au- 
gusto de la Academia Real de las Ciencias , que en las na- 
turales se puede decir que echa el compás, y da el tono á 
toda la Europa, no será mas que una patrulla de Novelistas. 
Novelistas se llaman los que andan esparciendo historietas, y 
cuenteciilos, tomados de rumores populares. Pero la proprie- 
dad con que habla, y escribe el P, Cronista , ya está bastan- 
temente conocida. 

Condenar la Filosofía experimental , es reprobar la úni- 
ca Fisíca que hai segura , y que ha servido á otras Nacio- 
nes para adelantar , ó perfeccionar muchas Artes Tactivas 
utilissimas. Si esta no se cultiva en España, ¿de quienes he- 
mos de tomar las noticias de los experimentos, sino de los 
Estrangeros? 

Lo que afiade el P. Cronista, que yo uso de esas noti- 
cias, sin recelo de equivocación, vá á Dios, y á dicha. Ten- 
dré ese recelo , quando haya motivo para él ; y quando no, 
no. Y quando le tenga , es mui derto que no consultaré al 
P« Cronista , para salir de la duda. 

En el num. 2^, y 27 anda arriba, y abajo el amadissimo 
epíteto esplendoroso y entrwjdo en cuesta, para repetirme de 
nuevo, que quanto he escrito son impertinencias ^firuslerias^ 
errores , y contradicciones^ y para dar de paso al Teatro 
Critico eltioaroso nombre de Pepitoria. 



RE-' 



REFLEXIÓN III. 

$,*:V.II, . . 

ES aqui el asunto del P, Cronista , persuadir al li^uodoi 
que los créditos que en el lograron mis Obras , no son 
.deUdos al mérito^, ^qq al arte, ^ unaJiscreta sagiu^idad^ 
^ue dice fue tuf^ M h^ rmi^.keUa^.maimhrfis. que ha rmne-^ 
jado lo astutamenPe ifigenioftí ^4 fifi (k ^ganarla dejir encía 
del público. ¿Y en qué consiste esta nianiobra ? Al momento 
io explica. En ufkz arrogante v&rbosidad, agitada con des-- 
treza ( el verbo a^/^ar es uno d^ los que tiene en la gaveta 
de las yoce^ selectas ,. para lucir ) ^ ^n(* magei^uoM y.ame^ 
na introducción, de curiosas, novedades ^fropuestfis can estih 
elegante , y aire magistralmente decisivo. Lo qqei aplica mas 
en el numero ^guíente , diciendo : A violentos impulsos de 
esta tirana maxinut , juega V. Rma. con Jan vigorosa des^ 
treza los atractivos de la novedad ^ los embelesos de la ert^ 
átícion , las flores de la Retorica ^y l^ fhqiientes, persMsh 
vas de la elegancia 9 que hecho elZeuxis , y Parrasio de ¿t 
intelectual pintura , ha representado uhas verdaderas las 
fingidas ^y manejables cortinas los cobres^ engañando e&tk 
esta hermosa perspectiva y no soh al cecuciente vulgo de las 
simples avecillas ^ sí también á la perspicaz clase de muchos 
pacionaks* 

¡Oh qué {primores de estilo hai en este afectado clausidon! 
friolentos impulsos de, estatir^ana masifna 9 implicados al ar-; 
tifíelo retorico , es una grande extravagancia; pero aunque 
le &lte XüLCongruenciabiUdad^ es un rasgo esplendoroso^ pues 
tiene sonido de tambor ^ que agita el aire vigorosamente: 
¿Y qué diremos de las eloqüentes persuasivas de la elegan*^ 
era ? Que es verdadera Tautología 6 Pleonasmo , que es em-t 
plastada , y hablando sin rebozo , es lo que llan^ el vu^ 
Español y albarda sobre albarda. 

Mas dejando el estilo, que cada uno se explica como pue* 
de, en loque dioe el P. Cronista 4 ;quis el ar^ifídoTetododi 
es el que ha concillado crédito á mis Obrase ó se engaña^ 
6 quiere engañar. Lo que en gran parte ha concíliado ere- 
di^ 



dito á mis Obras^i yaua puedo decM- i que^ mi persona, na 
es el artificio , antes lo contrario del artificio; esto es, la 
naturalidad , la franqueza , la abertura de ánimo , la since- 
ridad, el candor. Esta buena partida ha conocido en mis Es- 
critos la perspicaz clase, no de muchos, sino de todos los 
racionales* E^a buena partida conocen en m( , y confíesaa 
todos los que me tratan : de modo , que en mi Religión an- 
da, á modo de proverbio , en la boca de muchos , el Maes^ 
tro Feijod nunca miente. 

En el Segundo Tomo de Cartas tengo perito ^ que nun- 
ca estudié reglas de Retorica , ni vi de ellas «no , como de 
paso, lo que bastó para conocer que<me eran inútiles. Y en 
eso nusmo estoi siempre , sientan^Mroslo que quiaeren. Aá 
mi persuasiva en ninguna manpra es hija del arte ^ sino de 
la razón natural , en quanto e^ me representa con claridad 
las verdades que escribo , proponiéndome las razones que 
las persuaden ; y esas mismas razones , puestas perspi- 
cuamente , me sirven para persuadirlas á otros. ¿Mas quie- 
nes son estos otros? No el mócente vulgo de^ples ave- 
dllas , pues antes el vulgo ignorante , y rudo es el que siern* 
pre he tenido por contrario , sino la perspicaz clase de loa 
racionales. Es verdad que entre estos hsi muchos que no 
confiesan lo mismo que conocen: por envidia los menos) 
por facción, ó espíritu de partido, los mas. Pocos son tan 
ingenuos , que exberiormente convengan en que en otra Re- 
pública hai algún sugeto de mérito superior á todos los de 
la suya. 

En el numero siguiente , que es el ^ i , me dispara el Pi 
Cronista la nueva jaculatoria, ó rmwsL fogosa radiación^ de 
que deliró con audacia ; y porque hiciese mas fíierza , la em-f 
pápelo en sublimidades , agitaciones , cecodentes ^ infunda-* 
mentables,y Bimiicas Phebades, que toda esta latiniparla 
hai en llana y media; y aun en tan corto espacio se repí« 
ten las agitaciones , porque en el numero 29 tengo agitada 
la verbosidad^ y én elj z a^isadc^el entendimiento. < ^ 

RE- 



21 

REFLEXIÓN IV* 

$. VIII. 

Dnatadisñmo campo se ofrece á la pluma en el asunto 
de esta reflexión. Pfero es un campo como los de la 
Nubla , fecundos del mas mortífero veneno del mundo : co4 
ino los despoblados de la Libia , llenos de sabandijas ponzo» 
fiasas. Aquí es donde su ingenio suelta todos los diques» ¿Pe* 
ro á qué aguas ? A las del Lethéo , del Averno , y del Ache- 
ron. Aqui es donde con la mayor claridad del mundo mués* 
^a el P. Cronista , que aquel espíritu mendaz ^ que tal vez 
osó mover las lenguas de muchos Profetas ( ero spiritus men* 
dax m ore amnium Propheíarum* Paralip. 2, cap. 1 8 ) tam<» 
bien tal vez se atreve á dar impulso á la pluma de algunos 
Religiosos. Si V. md. por lo que he e3q>uesto hasta aora de 
la Obra del P. Cronista ^ hace juicio de que tiene compreen* 
didoel carácter de este Escritor, está mui engañado. Si 
piensa ^ que .está instrwdo del g^ado adonde llegan su rtdi* . 
euléz , su impertínenda , su ceguedad , su arrojo^ y su ma* 
Hela 5 está mui I^os de la cuenta. Por lo que hasta aora he 
propuesto^ puede sin duda haber entendido que én las quali* 
dades expresadas excede á quantos Escritores satíricos le han 
precedido. Pero esto no basta ; pues por lo que verá en or* 
den á esta Reflexión , hallará , que en el asunto de ella aun 
«e excede á sí mismo. V.md. no deberá estrañar, que yo aora 
me explique con voces mas duras que las que basta aora he 
usado con otros impugnadores de mis Escritos ; pues si él 
iniquamente se ha tomado la libertad de inculcar tantas 
veces 9 que mis libros están llenos de errores^ preocupaciones^ 
ignorancias y contradicciones y y falsedades ^ extendiéndose 
á decir que soi un delirante con audacia; ¿por qué yo , vien*^ 
dome tan atrozmente injuriado , he de escasear en una jus- 
ta defensa las expresiones^que manifestando directamente los 
desvarios de su pluma , sirvan también de algún alivio á mi 
dolor ? Pero vamos al caso. 

El asunto de esta Reflexión ^ es probar que yo soi un 
Autor plagiario ^ mero copista de otros Autores : que quanto 

he 



he escrito lo he túMadórídt otros ^ poniendi) solo de mí par- 
te lo que él llama elegancia del estilo, mas claridad, orden^ 
y método. Esto intenta. persuadir de dos maneras : Lo pri- 
mero^ con una coojetiira general, pero tan disparatada, que 
á prueba algo , prueba lo contrario de lo que pretende. Lo 
segundo, nohibrando los libros en <piienes hice los robos. Eq 
\o primero, se oíos muestra un raciocinante desatinado: en lo 
segundo, un impostor atrevidissimo. 

Para lo primero se funda en dos pasages míos, tomados 
del segundo Tomo del Teatro Critico , Discurso VIII , ou-« 
mero jo , y 31 ^ donde descubriendo la artificiosa falada, 
con que algunos Escritores usurpan el aplauso de Eruditos, 
escribo lo siguiente : Donde hai gran cofia de libros^ esfa^ 
til el robo y sin que se noté. Pacos hai que kan muchos , y 
nadie puede kerhs todos^ con que lodo el inconveniente que 
se incurre y es^ que uno^ á otro^ entre millares de millar- 
res de Lectores , ccga al Autor en el hurto. Para los de-^ 
fñds queda graduado de Autor en toda forma. Este es el 
prhner pasage : el segundo como se isigue : El escribir p» 
tugares comunes , es sumamente fácil. El Teatro de la Vida 
Humana , las Polianteas ^y otros muchos Ubros^ donde la 
erudición está acinada^ y dispuesta con orden a^abetico , 6 
apuntada con copiosos índices , son fuentes públicas , de don- 
de paeden.beber , no soh los hombres , mas también las bes-- 
tias. Qfialqmer asunto que se emprenda , se puede llevar^ 
arrastrando d cada paso d un lugar común ^ ú de política 
ú de moralidad^ ú de humanidad^ á de historia. Alü se enca^ 
ja todo el fárrago de textos^y citas que se hallan amontona^ 
dos en el libro Para todos , donde se hiseo la cosecha. Con es^ 
to se acredita el huevo Autor de hombre de gran erudición^ 
y lectura. 

- Puestos estos dos pasages mios , pro^gue asi elP. Cro- 
nista: Pues P.M. este mismissimo puntualissimamente es el ar- 
tificio con que V. Rma. ha surtido la varia erudición de sus 
Obras ^ dfin de acreditarse de hombre de gran erwUcion^y 
hcfuraí Pues P. Cronista , le responderé yo , esos mismis- 
simos pas9ges'.nuo& pEueban puntqalíssimaiQente qne^ no ^ 

ése 



«3 

ak erahiBcio , de c^yo fie usados» para acreditarme de 
erudito. Porque , difame por ^u vida ^ ¿ qué ladrón hai ^ que 
publique el artificio misaio oán que él hace sus robos ? ¿Qué 
tramposo manifiesta ál mutfdo las industriáis mismas de que 
s£ vate para apropriarse lo ageno ^ aunque las ponga ea ca.-^ 
beza de otros ? La franqueza con que yo descubro esas lite^ 
rarias maulas <» i no tacefi visible , que por esta parte no me 
duelen prendas? Solo á hombres estúpidos , ó insensatos pot 
drá persuadir el P; Cronista una paradoxa tan irracional» < 

Lo proprio digo de la portentosa impostura , que ^ah*^ 
za pocas lineas mas ab^ en esta proposición : Muchos de 
los Discursos que presenta y.Rma. en quaUiad de AuSor orU 
ginario , son títeraks traslados ^^ que no imervinomasfati^ 
ga 9 que la de traducirlos é nuestro vulgar idiorha. \ Notable 
desbarro ! ¿ No menos que literales traslados ? Si el P. Cro*^ 
Dista no escribiera ciego enteramente de una pasión furiosa^ 
conociera 9 quequantosha^ leído mb libros, han de recibir 
esta proposición , según el humor con que losi halle , ó coa 
indignación, Ó róh. carcajada; porqué todos han conocido 
^ mi estilo júempre es mió,. siempre tiene un carácter , que 
le distingue de los demás estilos, lo qual es incompatible; con 
el traslado literal^ en que es predso tomar el estilo del Au«* 
Cor que se copia. Dgo aparte, que muchos dirán , que te» 
Diendo ya de mi cosecha el estilo que he menester paca mi 
gasto, sería una gran necedad mendigar el estilo de nadies 
Protesto t que oías trabajo noe cuesta trasladar el estilo age^ 
no, que formar el proprio , como experimento siempre que 
jiizgo conveniente poner á la letra el pasage de qualquiera 
Autor 4]ue cita 

Finalmente ruego á V. md. que publique ( y yo también 
por. mi parte lo publicaré quanto pudiere ) de modo que lie-» 
gue 4 sus (Midos, que desde luego le desafío á que muestre ni 
un Discurso solo que yo haya trasladado literalmente de al^ 
gun Autor; con esta convención entre los dos: que si le mos- 
trare, yo me declaro desde aora convencido de la nota de 
Autor plagiario :;■ pero si no , él ha de incurrir la infaniia de 
Autor ¿alffurioé Y cueotacoQ éUo,.que aunque él dice, que 
t.> T mur- 



?4 

muchas de hs Discunt^^queyo presento eti fuaMkfJ¡tj§^ 
tar originario ( orignud qoiab decir, que origkiarío tíwe 
sigoiñoicioa una dórente; pero en ordea á impropriedades 
de estilo es preciso perdonarle infinito) , son Utemks trasia- 
dos^yotio pido la ejdubÍQion de ews nmcfacs ; ooo uno so- 
lo me contenta 

Hasta aqiú la acusación que me iotsenta de plagiarb;» se 
reduce á las generalidades expresadas. Vamos aora á ver có* 
mo la partiodariza* Empieaca i hacerlo por el titulo de mi 
Obra. Hasta ¡aidéa (Act) dei Teatro es tomada de varios 
Autores y que emprendieron ese mismo argumento. Estos son^ 
entre otros^ el Ingles Tomás Brown^ que an^s dei.aáo de 
fi68o escribid ^ Tomos contra errores comunes : hr dos 
Francesefr^l P. Bt0er , que escribid Esamen de ¡aspreoCu» 
paciones wtgares^ y JactAo Primerosh^ que escribió sobre 
ks errores delvu^o. Elndsmo asunto üustrd ei ItaUano Sci» 
pión Mercurio « Medico Romano^ en su Obra sobre Jos erro* 
res populares. 

I Jesús , lo que el hombre ha visto! (&án loa q¡ue leyereQ 
t8to.Pu»yoledigoá V.md. que i4>ostaré quanto quisie^- 
ren , que ninguno de esos quatro Autores vio t ni aun por di 
pergamino , como se suele dcpr^ Vaya. V. md. conmigo. 

£1 año de 4V redbí una C^rta de un Caballero de Víz^ 
c^a, en que me avisaba de que en la Gaceta de Holanda 
de II de Agosto del affo 41 acabsdba de leer dsguientepar^ 
lafiUo: Briason^ Librero de París ^ que vive en la calle de 
Santiago^ imprimid aora nuevamente nn libro^ intitulado £n^ 
aayo sd)re los errores populares ,6 examen de muchas ojú-* 
oiones 9 recibidas como verdaderas, y que son filsas , ó du* 
dosas; traducido del Inglés en dos tomos , con unlndice enn 
teramente nuevo^y mejor que el de la edición antecédeme. 

£n la misma Carta expresaba el Caballero Vizcaíno, que 
el motivo de darme dicha noticia era el rezelo de que la imf- 
presión , que en ella se enuncia , fuese iicdon del Gacetero 
Holandés, ordenada á desacreditarme, haciendo pensar al 
anundo , por medio de la coincidencia del título de aquellos 
libros con el de losuño^^^que estos enn traslados t á oopiaa 

de 



«5? 

¿e aquellos; en cuyo casoie parecía precisó ^ que yo averf^ 
guase 8i la impresión era Terdadera 9 ó fingida ; y siendo lo 
segundo , hiciese manifiesta á todo el mundo la impostura. ^ 
Respondíle al Caballero con la Carta estampada pag.? 58 
de mi primer Tomo , que es la 34 eo la serie de las Cortad 
de aquel Tomo. En ella le decia, que tenia la noticia del 
Gacetero Holandés por verdadera ^ porque en efecto yo te^, 
oía en mi librería los dos Tomos , de que habla en ella , de 
otra edición anteriorf hedía también en París el año de 1 7 ? j^ 
y que de ellosera Autor « aunque el Gacetero no lo expresav 
el Inglés Tomás Brown, porque todas las señas que daba la 
Gaceta 9 coinddian con los dos Tomos de este Autor , que 
yo tenia. Anadia ^ que dichos Tomósime los habia embíadcá 
el Maestro Sarmiento el año de 40, quando ya CMia condu{«» 
dos los ocho Tomos dd Teatro Critico: en conseqüencia dei 
to qual , solo pude valerme de ellos para d Suplemento ^ co» 
mo en decto me valí en alguna cosita; esto es , en la espe^^ 
de pertenedente á los Judíos » que propuse en la pag. 177^ 
oum.17 9 para lo qual dté al mismo Tomás Brown^ con taCH 
ta legalidad , y tan distante de la ii^ustida de apropriarme 
trabajos ágenos, que en nombre, y cabeza de aqud Autor 
exhibí las pruebas que convencen ser falsa la o{»nion del 
mal olor de los Judies» 

Aora añado, que en caso que el P. Cronista no quienr 
creer que no tube estos litaos hasta el añod^ 40 , lé daré 
6tra prueba, no dudosa, sino demonstrativa, de que no to^ 
mé , como él afirma, ni pude tomar la idea de mi Obra dé 
la de Tomás Brown ; y es , que la primera traducdon que se 
hizo de ella del idioma Inglés al Francés, fiíe la del año dé 
1^ , como insinúa claramente el mismo Traductor en^ la'se^ 
¿unda pagina de su Pre&do. i Cómopude yo tomar la idéá 
de una Obra, que empecé á imprimir el año de itf , de otra 
que no pude ver hasta el de jj ? Si no es que al P. Cronis^ 
ta se le antoje dedr , que yo sé la lengua Inglesa, y tenia es*^ 
ta Obra en el original Inglés^ antes w empezarla tbia* 

Dedale también al Caballero Vizcaíno , que aunque quan* 
do empecé mi.Obra 00 tenia noiida de ftl^uia , cáiya idéá 

Ta coin- 



i6 

tí>incidie8e con la tnia ^ én la prtísecudon de día adqolrf d. 
coQodtnieoto de que además de la de Tomás Brown , había 
otras tres, que en parte tenian dicha cdncidencia ; y Je nomr 
braba los tres Autores , con la expresión de los títulos de 
sus escritos. Estos son Jacobo EVimerosio, Medico Francés^ 
que escribió un pequeño libro con el titulo de Erraribus tiu^ 
giin ordme ad 3iledicinam; Scipion Mercurio, Medico Rob- 
iñano , que dio un Tomo en Italiano, cuyo titulo es de glp. 
EfTürí poptdari d' Itatía; y el P.Buffk»*, Jesuita Francés, que> 
en su idioma produjo un breve Tratado con el titulo de Exa* 
men des prejuges vulgitíres. * 

Ni yo hablo en la citada Carta de otros Aut(N:es, que 
han escrito deb^ de la idea semgante á la del Teatro , ni 
d P. Cronista nombra otros ; de que se colige , que no tenia 
mas noticia de ellos , que la que halló en dicha Carta. Lo 
primero por la identidad* Lo segundo , porque las Obras de. 
todos <p]atro Autores son bastanteaiente raras en £spaSa« 
Acaso no hái en España otroregemplar del libro^ Sdpioa 
Mercurio, que el que yo tengo : ni yo le tub&era^ á no mi& 
lo hubiera embiadó de Ronta, ocho , ó nueve wos há , el 
P. M. Fr. Baltasar Díaz , por parecede, que acaso podría, 
confirmar part¿ de lo que yo tenia escrito sobre la Medicina*. 
.Lo tercero, porque esto mismo hace casi siempre; esto es^ 
citar lot mistnos . Autores^que yo cito , oomo que k>8 ha vis- 
to, y leído y (mra imponer á los Lectores, que de ellos he^ 
copiado tales , y tales discursos que he escrito. ¿ Pero quiéa 
ba de ser tan simple, que le crea, que. casi todos los libros 
que yo.dto , de los quales l6s mas son lextra&cultativos , y 
bastante ranos en España , se halle* en la Librería del Conr 
veatoi de San Francisco de CíudacHRodrigo , quando en, la» 
Ubredas de tales Comunidades raro libro bai, que no sea 
perteriedenteá la Cátedra , al Pulpito , al Confesonario , fue- 
ra de algunos Históricos , ó Ascéticos ? Lo quarto seconveoh 
ce lo mismo de la falsilla con que al empezar la nominacioh 
de los Autores, de quienes prettade que yo he .tonoado fai 
idéa^dice:^ox.it0ii, eMr*eK0ttbs%élIf$g1ésTimdf Bronm^ 
&C9para.d^ri.^ttteiidMr>jq|ueáiinaade loaquatrooombua? 
> : dos, 



! ¿7 

lacia visible: ñétid&'cieitOt qué^sti hutáera ^s^ó ocres dis^t 
tintos de los cfxiMI qíie yo dtó^, -le hada mucfab mas ai ca^» 
so especificar aquellos « que estos^'La raaoa es dará; porque: 
respecto de los Autores que yo mismo dto, no cabe la sos- 
pecha dd que lite liaya usurpado la idea ; ó el contenido: los 
ocultaria^ eñ ese caso ipianto pudiese. Descubrir^ fAies, loa 
que yo éaíto^ importaba al ^/Chronista. para hacerme sos^. 
pechoso del xobo. ¿Pero qué habla dé descubrir el pobre? Si^ 
pobreza. Y en efecto la descubre aporque conoo el hombre 
pobre todo es trazas^ de estas tran^netas se sirve á £ilta de* 
jiistída^i y de razón. Estas son entre piytar. Salgfa alguno ás 
esos Otros. Antes saMrieiAati-^Christo; . 
^ - -Peix> esto es nada respecto de lo que se sigud ¿ Goeérá. 
V. tnd. que en no mas de hoja y media emboca ha¿ca unas: 
tneiota imposturas? Pucb aunque noqukra creerlo ^ yo haré 
que lo crea , y también haré que se asombre, r 
•^ Asi prosigue ten el iiiim.t40i Aifuella tan vekBrada Oñr^^ 
ta^ que dirige P^i Rmih d fin 4e fensMsa^ir á cierta seOorá 
prefhfíese el estado de ReJigiosu al dec^^ada ,' es d U ktrd 
del Ulmo. Laiaguet , Obispo de Soisons^ensu docta Carta in^ 
titulada : Tra^o át la íklsa gloria^det mundo ^ y feliddad 
de la virtud ^dlrigidad Cierta Mtdáma Francesa^ d fin dá 
fersuadliñla pt^iese al' d^'casaás deseado de.Rellgiosan 
t Bellamente! Espeiíecdvirfttamn^Utiaefétsi}pi^ 
ae Mene, que h> que se intitula TVariiife , óo' esiCarta : á los 
i^ se viene , que siendo el asunto la falsa gloria del nrntt^ 
tío r yfitUcidad de la virtud^ no solo no coindde con mi Car^ 
tá^á la letra', mas ni' aun en el ínfiento , pues y6 no me pro^ 
pongo eh ella tai aanütaiParo di^emoa razones^ y vamos 
á ios iKchos j . . í. : 

' Ssta t llámese Caita ^ 6 llámese Tratado* del Sr.ümguetf' 
gradas & Dios la tenemos en Oviedo. Sepa V. md« que hai 
un libro espiritual de éste Illmo.cuyotituio.es:. De la con^ 
fiam»gm la ntíserícordia de Dios. &té libado tradujo tiel Fraó^ 
césat Castellano él P. AndréSídettonnUMa; de b Ccnspañiá 
de Je8i|V'fto^fl%|^6'{Kva> sacona ^ Mssth Y <tro incorporin 
i 1 Tj dos 



dos deb^ de 1103 ndmuitiubierUftf Tratado de^ bace 
mención d P« Cronista « traducMo avimismo del Francés al 
Castellano. De este libro asi traducido vi dos ediciones, la 
una hecha en Cambrat el ano de 1725 ; otra hecha en Paoot^ 
plonaelde 1755. 

Un egemplar de esta s^nda edidon tiene el Sr, D. 
Manuel Sánchez Salvador^, dignissimo Ministro de esta Real 
Audiencia ; y como algisnos PP. del Con venta de S. Francis-* 
co de esta Gadad andídban ostentando á todo el Pueblo la 
Obra de su hermano el P. Cronista por una cosa mui gran-* 
de, y nunca vista, ni dda; el expresado Caballero, que no so- 
lo es un noble Lesgista, mas también aficionado á todo ge- 
nero de bella literatura , solidtó verla, y lo logró, £mpa6 
la lectura del primer Tomó; maslu^o que en las primeras 
hojas vio tantas imposturas, tantos aviles dicterios, tan gro- 
seramente expresados, y aderezados de mas á mas con jA 
fastidioso condimento de un ridiculo ertilo; lleno de asco» 
y indígnadon, arrojó el libro ,; resuelto á «o leer una linea 
mas. Pero como después le ifigesen, que i la p9%. %^ entran 
ba el Autor en la empresa de mostrar que en quanto he es^ 
cnto he sido un mero copiante de otros Autores, sabiendo 
él mui bien ser falso esto, porque tiene todas mis (%ras. Jas 
ha Iddo todas, y está dotado de toda la oltica necesaria 
para discernir entre un Escritor plagiario., y un Autor origi^ 
iial,luegoseleofredó,queoopodia menos.de decir es* 
trafJas cosas elP; Cronista sobre este asunto ; y hadendo 4a 
cuenta de leer solo para rdrse, boMó á tomar el libro. Fue- 
se en derediura á la pag« 25 ; y interpolando renglones con 
carcajadas, fiíe leyendo hasta d fin de la pag.37 , y priado 
|tíodeh38,qureadondeestá¡laclaiiflu]a del P.Cronista^ 
que acabo de copiar ; pero luego que la leyó, l0<fiie predso 
interpola las carcajadas oonadmicadoúes. Tenia presente 
en su memoria d asunto de mi Carta , y el de la Carta , ó 
Tratado del Sr.Languet , que dta el P. Cronista; como taoH 
bien tenia, según he dicho, d libro, en que está . incorpora- 
do d referidoTcatado, prtsaente to/Stf ttbreria» Sabía mui 
bien por c5nsfguíeitffí,i qne mi Cartas no solonaes ciyia litfe 

' * ral 



ni Ceonida^ddP.'Crótib»^ del Tratada del Sr. Lmi 
glietvtir»9 ni concuerda aquella' con' ests) €n«liasunta'¿CÓ-i 
mo^biendo esto, pedia' dejar 'de admir¿ir el visible iklio 
testínionio, y portentosa audacia del P. Cronista? Es mui 
aficionado á mis escritos. Por lo qual le pareció mui justo vin-* 
dicar , en la parte que pudiese , mi honor, iniquamente ofen^ 
(Sido con la nota de Autor plag&r» ; en cuya conseqüencia 

K ¡sentó OAt Carta ioipitssa, y el Tratado del Ilustrisrinic» 
nguetá algunos sugetos, entre estos al Sr. D. Manuel 
Berik^a , su compaSerojen el ministerio de esta Real Audien» 
tía , al Doctoral de esta Santa Iglesia , Colegial Mayor del 
de Cuenca , D» LuisrMaBero, y á mi Abad el P. M. Fr. Gre-» 
gorto Moreyras, para que leyendo uno ^ y otro , viesen I4 
grande discrepancia que hai entre los dos escritos. Hechq 
esto, me emUó el libro del Illmó. Languet t y yo hice la mis^ 
ma diligencia de mostrar , con el mismo fin , el referido 
Tratado « y mi Carta á otros muchos , entre ellos á los Srs; 
D. Nicolás de Valvin , D. Josef Valvin , y D. Faustino Garr 
tía de TuBon ; los dos primeros Canónigos , y el tercero Ar^ 
cediano de esta Santa Iglesia ; á D. Henrique Manuel de Vh 
llaverde , Maestro de Capilla de ella ; y á los Caballeros D^ 
f^rpValdés Prada , y D. Josef Garciá JoveV residentes en 
esta Ciudad ; á D. Lope Josef Valdés , Doctor Teólogo , y 
Catedrático de Teología de esta Universidad ; y á D. An^ 
tonio Arguelles Quiñones , Catedrático de Artes también 
de elUu Todos estos testigos cito de la impostura del PadrQ 
Cronista. 

Pero V. md. podri por sí mismo enterarse de ella , pues 
Irfenso que en Madrid haya bastantes egemplares del Libro, 
y Tratado del Sr. Languet, pues en el^kto uno, y otro son 
unos bellos escritos espirituales, y la traducción no pued9 
mejorarse. Podrá, <figo, V.md.'Ver,quando encuentre el 
Tratado en qüestion , que no sola no es copiado á la letra 
por mi Carta , mas ni aun convienen en el asunto. El de mi 
Carta es de hacer un paralelo entre el estado de Moqja , y 
tí de casada, en que muestro que aquél es mas cómodo, aun 
te^pecto de la vida temporal , que éste. El Tratado delSr^ 

T4 Lan* 



LaogucC «suttá «MoKaki^tirgMlaral i la^viitet^ ,db qoej^ 
batíe en él oi: una palabra de dtcha ioferíorídad ddLesc^fo 
mátrínsbtüál alM<ma3latei»pQr lo igaai ftWawgwmeote eoim^ 
tía el P. Cronista « qne él intento del Sr. Lragiie( es persmoer 
dirtila Madama- Ihaf§césm frífiries^ ulde casada e¡ estado 
de ReUgiosa. 

i' Esta k»goeinipostiJia\jUnla' con Jas muchas 
visto antes , y. las muchas imas que veremos después ^ pos ce« 
preseútaen ePP. Cronista; uoimevo Turpin^ 6 tvi nuevo 
Aríosto ; aunque con esta diferenoia , que Ariostjo puso sus 
ficciones en buen verso , y CQn nmoha gracya; el P. Q-onis-« 
ta puso las suyas con mucha dec^gracia^ iy .en mala prosa^ 
i Qué verdades históricas podreocios esperar, db él ^ si proa» 
f[ue la Crónica de surgrao Religión { Tendremos, sin dud^ 
en lugar dé ellas cuentos de Calaínos ^'aventuras de Caballé^ 
ros Andantes « consejas de vi^as» Quien vio Ío% Anales d^ 
grande Wadingo, y vea cómo prosigue el P. Sotó Marne^ 
¿qué dirá? dirá: 

. ' • * 

¡O^tttmohacNibbeNio^distaiatabiUal 

Pero vamos virado los demás capitulo^ (que son muchos) 
por donde pretende constituirme Autor pUgiarío. Inmedia« 
taihente á laxita dd Sr. ¿soguee prosigue asi: Si DisouriQ 
nbre la hmnlde'^.y ákn fortuna, ts de JwenaJ^ sátira lo» 
i Cómo podrá coménér la risa, qiúen vea a<pieUa sátira i de»^ 
pues de ver mi Discurso? Es verdad , que Juvenal ep ella ex* 
pone. las incomodidades « y reveses á que están expuestos 
los mas lieos , y poderosos. ¡ Pero con quánta diverádad a| 
ei método^ ^d^ modo de. discucñr v eo el ^tiljO , ea la es-> 
pedficacbn de e^ incomodidades ^ ^ los casos (pie se pror 
p0oent,>en Jas Historias^queae rfifieren , ep las sentencias, ea 
los áinüies , en toelol Añado , que ni Juvenal toca en su satu- 
ra el punto principal de mi Ducurso ; esto es , probar, que 
la humilde fortuna es mas cómoda que la alta. 
< Prosigue.el P. Cronista { Mídala Mtdicim 9s4e G^upar. 
éeíosRi^yesi^Q^vedat tlJPttr»^-, flJMinfi<!Smvar0', ei 
: i ' ... 'l ■ Dr, 



3» 

Ih^Búis\M(mía€a\3^1iere^yf¡tr(anm^ ¡OÉ^qúébienl 
Nombra d P. Cronista á Gaspar de los Reyes, Qu^ vedo , el 
Petrarca ^ MoDtafia> Moliere, y el Dr. Bois, no mas que 
porque yo los nombro : Gaspar de los Reyes en el num. 6^ 
de mi Discurso Medico : los quatro siguientes en el numuf i; 
y Bois en el num. 61. De Reyes tomo solo dos brevissimos 
pasages. ¿ Por esto se verifica ^ que qii Discurso es de Gas-* 
par de los Reyes ? Si es asi , lungun Escritor puede citar á 
otro para poco , ni para mucho , sin incurrir la nota de pla- 
giario. Lo de que mi Discurso es de Quevedo , y de MuUe-, 
re, no sé como lo entienda; si no es que alguno de buea 
humor hiciese alguna impresión particular de aquel Discur-? 
80 ,7 en él con picardía íntrodugese el celebre Romance de 
Quevedo, cuyo asunto es la conversación de las muías de tres 
Médicos con la haca de un Barbero; 6 algunas de las pullas» 
4}ueen varias partes de sus Obras dispara á los Médicos; y 
aámismo introdugese unos retazos de las Comedias de Mo^ 
liere , en que hacen algún papel los Médicos: Vrgr. la de el 
Medico por fuerza , la de e/ Amor Medico^ y la & el Enfer^ 
mo. imaginario. Si no hubo tal impresión particular^ mucho 
se alucinó el P. Cronista , metiendo en juego á Quevedo , y 
á Moliere , como si fuesen lo mismo unas qieras cbanzone- 
tas disgregadas, que un Discurso, seguido, razonado, y se^ 
río sobre la incertidumbre de la Medicina. Con igual razón 
podia decir, que mi Discurso es de Mardal , de quien hai 
varioa epigraimaas irrisDrios .de los Médicos ; mas no lo ha 
dicho , porque no le halló nombrado entre los otros. £1 Dr, 
Bois corrige una , ú otra práctica común en su tiempo, sin 
(neterse en razonar poco , ó mucho en general sobre la in* 
certidumbre de la Medicina. De Montaña Id algo im tiem- 
po ; hoi. no le tengo ; pero me ¿cuerdo^ que no hai cosa en 
él, que se pueda llamar Discurso sobre la Medidqa^ Del Re« 
trarca sé, porque lo leí en Moreri , que hai un escrito suyo 
intitulado : Invectivie contra Medicum. Perp es^o suena que- 
rella contra un Medico particular, lo que no tiene conseqüeor 
cía acia la Facultad. 

- ¿Y nonos dirá el P.Crooista ea qué. Tomo, ó Parte de 

Qu©- 



Quevedo (lo ttásmod&gpjft MootafSá , MoUere , el Petrar- 
ca « Bois, &Ct) está ooi^íscurw sobre la Afedidna , para 
que por la dta espedBcá vengan á conocer los lectores sí es 
verdadero 9 ó falso el robo que me imputa ? El se guardará 
de eso. Otra preguntílla : ¿ Es el mismo Discurso el que es^ 
tí en todos esos Autores « ó diferente? Si lo primeixi, noso^ 
lo yo hurté de ellos ^ m» tamUen ellos entre sí ix)haroa 
unos iie otros. Si lo segundo t mí Discurso sobre la Medid-» 
na no está en todos esos Autores^ sino otros diferentes del 
mió. i Qué podrá responder á esto el pobre Cronista ? Y es-^ 
tas dos preguntas « ó advertendas téngalas V.md* presen^ 
tes para otros casos que se presentarán en addante* 

Del IJlmo. Guevara hai una Carta al Dr»^ Melgar, ea 
que habla bastante de la Medicina ; pero inferir de aquí^ 
que mi Discurso es del Illmo. Guevara ^ es iá conseqüencfai 
mas desatinada del mimdo. Del mismo modo saldrá esta) 
Hippocrates escribió de Medicina : luego mí Discurso es de 
Hippocrates. i Qué importa que el litmo* Guevara haya es-i^ 
críto algo de Mediana , si no escribió lo que yo ? Ni en el 
intento convenimos. El mió es probar la incertídumbre defai 
Medidna por la falibilidad de sus maximas^por la variedad 
de sus sistemas 9 por las opuestas opiniones de sus Autores^ 
asi en la teórica , como en lá práctica, i Hai algo de esto ed 
la Carta del lUmo. Guevara? Ni una palaln-a. El asunto de 
este Prelado es^ que muchos Medican ^ por indocto» ^^ ó por 
imprudentes ^ curan mal ; y les da sobre esto varios conse^ 
jos , que en parte me parecen oportunos^ y muestran su buen 
Juido en la materia. Pero de la incertidümbre del Arte, dé 
la falibilidad de sus prindpios, del encuentro desús Autores^ 
de la variedad de sus sistemas^ ni lin solo rasgo , ni el mas 
leve asomo. Solo sí tocó algo del origen ^ y progreso de la 
Medicina, como yo al prindpiode mi Discurso; pero él 
CQui diminutamente, y solo aquello que pertenece á lamas 
remota antigüedad ; yo con mucho mayor exten«on , y re-» 
presentando la serie de los progresos de la Medidna hasta 
los últimos siglos. Mas este es un índdenie muí inconexo 
con lo substandal dd asunto. £n lo demás la Carta es di»- 
-:.. j .ere- 



33 

creta, y graciosa , t)orqiieefedivanente el Autor eo el esti« 
lo epistolar tenia hermosura, y ameciidad. Y sepa V.incl. que 
cito por la discrepaacia grande que hai entre la Carta dd 
Illmo. Guevara, y mi Discurso de Medicina , los mismos 
que cité arriba para la discrepancia del Tratado del Sr. Lan^ 
guet, y mi Carta , porque cotejaron estos dos escritos asimis* 
mo que aquellos. 

Pero ve aqui una inadvertencia rara del P. Cronista, que 
citando á Gaspar de los Reyes, Quevedo , y Moliere, que 
nada hacen al caso para su intento , deja en el tintero á D^ 
Martin Martínez , que por haber escrito mucho sobre la in- 
certídumbre de los sistemas Médicos en sus dos Tomos de 
Medicina Sceptica , podia iludir á muchos con la dta : con 
el sonido de ella, digo ^ que en realidad es diversissimo lo 
que yo he escrito de lo que escribió él. Mas como yo no hi* 
oe memoria de Martínez en aquella parte del Discurso , en 
que nombré los otros Autores , tampoco la hizo el P.Cronj^** 
ta: nueva prueba de que* no cita sino los Autores que yo d* 
to ; ni aun los nonábres de ellos supiera , á no los leyera en 
mis libros. 

Prosigue : El desagravio de la prtfesiM literaria es del 
tOmo. Daniel Huet en su Huetina. No he visto la Huetina^ 
creo debiera llamarla Huetiana , como se dice Mknagiana^ 
Thuana , Naudeana , Séaligeriana , porque es estilo comú<« 
nissimo terminar en ana semejantes colecdones. Pfero sia 
verlai, puedo afirmar , que la dta es falsa. La razón es clara; 
porque estas colecciones , que sean en ina^ que sean enanai 
no son mas que unos agregados de chistes , ó de sentendas 
compendiosas , ya criticas, ya políticas, ya morales, &c, 
que de las conversadones de uno, ú otro hombre grande re- 
cogieron algunos ciuíosos para darlas á la luz pulsea. ¿Qué 
tiene que ver esto con un Discurso de ocho hojas en quarto, 
aobre el asunto de que la profesión literaria no abrevia la 
vida, como comunmente se piensa? Acaso en alguna con* 
versadon manifestaría el Illmo. Huet ser de este sentir. ¿Pe- 
ro eso qué hace al caso? Yo no pretendo, ni pretendí jamási 
qiie en quanto escribo no alcanzó á alguno de k» que me 

pre- 



34 

Írecediefon algutfr pstttáe las verdades que yo alcanzo? 
;$ lo mas verísimiU y aun diré oioralmente deito^ que nín^ 
guna verdad he escrito ^ que no haya didio , ó alcanzado^ 
por lo menos algún otro hombre de tantos como hubo de 
Adán acá. ¿Mas qué similitud tiene esto con la maligna im- 
postura de que no hago mas que copiar los escritos de otros? 

Prosigue : Los Discursos sobre la Astrohgía Judiciaria^ 
Eclipses , y Cnmesas son de Barck^o en su Argenis : del P. 
Dechales ^ tomlj^^ tracu 28 : del P. Tosca ^ tom.9 ^ Ub.^ 
rr.aS ; y del Diario de los Sabios de París delaiKo de 1 704, 
Journal t. 

El Argenis de Bardayo cito dos veces en orden á la As^ 
trología Judidaria en el Discurso en que trato de dlá , una 
al numero to , y otra al 24. Esto basta al P. Cronista para 
decir , que el Discurso es de Barclayo ^ porque es lo de »em- 
pre en él , decir que traslado lo que escribo de los Autores 
que dto ; siendo asi ^ que como noté arriba ^ de atados se 
infiere^ que no hice en ellos el robo. Sin que por esomeguer' 
que en el lib. % del Argenis, cap« 1 1 hai un razoaaimento 
excelente contra la Judidaria , que ocupa tanto papd conoo 
la quarta parte de mi Discurso ; pero que este sea traslado 
de aquel , es falsissímo. Otros muchos escribieron antes que 
vo contra la Astrología Judidaria , y muchos también ha^ 
faían escrito contra ella antes que Barclayo, y antes que él 
ultimo anterior á Barclayo, otros. A este andar quantos es** 
cribiéroo de asuntos que antes trataron otros <i fueron meros 
copiantes. 

A Barclayo no hai por qué echarle á montón Astrologfá 
Judidaria , Eclipses , y Cbmetas , porque de Eclipses , y Co* 
metas no dice ni una palabra. Asimismo el P. Tosca isn el 
Tratado s8, que se dta, trata de la Astrotogía Jiidiciaria) 
pero nada de Eclipses , ni de Cometas. Y es cosa gradosa^ 
que diga el P. Cronista que mi Discurso es del P. Tosca^ 
quando en orden á la Astrologfá Judidaria fue de opinión 
cóotrariaá ia mia, por lo qual oominadameñte le impugno 
en el numero 36. £1 P. Dechales en el Tratado "28, que es 
también d dcado« trata de todas lres^a>sas; pcr4» de Coco» 

tas. 



3? 

ta3^ y Eclipsen sólo flaea/yinathemriicameQlie; ibu^ loi 
Jucüciario; esto e» , de sus causas , dtios , y movimientos;, 
nada de sus signtfícadoDes,y efectos, que es el asunto que yo 
me propongo. A este Autor también cito en tres partes, pero, 
la una solo para una chistosa tiistorieta qi^e .refiere; y las dos 
para la refutación de dos hechos ,. que se alegan á favor de« 
la Judidaria. .! 

Prosigue: EJ Discurso sobre ¡a senectud del mundo és de 
Juan Jonston en su Obra de Natura constamia. No he visto 
esta Obra , ni aun okk) nombrar á su Autor. Sea lo que fue- 
ve , como el P. Cronista con tantas imposturas eik que le he 
cogido t me ha dispensado de la ohligacbn de' darle credi-*'^ 
to 9 lo dqo asi ^ repitiendo solo la ad venencia , de que áun^> 
4)ue haya tratado de la misma materia , de^jue yo hablo eoM 
mi Discurso , puede ser el Discurso mui diferenter 

Prosigue : El Discurso sobre la Música de los Templos es- 
del P. Atanasio. Kirquer en su Musurgia universal. Al P« Ata- » 
oasio Kñrquq: easu Musurgia^ universal dtjé en el oum. 2tf. 
de aquel Discurso sobré la Solfa , que compuso del cantó det> 
Ruiseñor. Vio el P. Qrooista aquella dta, y no hubo menes^: 
ter mas para decir , que el Discurso de la Música de los 
Templos es de la Musurgia universal del P. Kirquer , porque 
este es su chorrillo ; y en viendo que en d tal Discurso yo 
dto algún Autor , aunque sea um especié menudissima ^ que* 
no ocupe mas de tres renglones , como de hedió no ocupa> 
mas la esped^de la Sol£i del Ruiseñor^ al punto me levanta, 
que mi Üiscurso es de tal Autor. 

Tube algún tiempo en la Celda , aunque prestadas, to* 
^as las Obras del. P. Kirquer. Ninguna tengo aora. Sin^em- » 
bargo , siabolver á examinar la Musurgia universal^ üengO' 
una razón eficadssima para creer que en ella no tocó tal Au* 
tor el asunto que yo me píot>use en aquel Discursa 

Nuestro SS. P. Benedicto XIV , que hoi reina gloriosa- 
mente , en su Carta Pastoral , expedida el dia ip de Febraro 
dd pfesenté áño,^ dirigida á todos vlos Obispos 4el Estado» 
Pbntffido, exortandoles, fentre otros^^ punios pertencdecMeaN 
4l<CuiMi)DivinQ f qpe procuKen» que la Muslca^ik los Tem^ 

píos 



píos acá grave/y eteramme deaMdá de ios Usongemi 
9lhiagos de la Música Team^Y me cica tres veoes sdbre d 
asunto en el Discurso expresaíb , y ninguna al P. Kirquer* 
Aora bien : las Obras del P. Kiripier son comunissinias em 
Roma, de modo , que apenas habrá Biblioteca que carerca 
de. ellas t y mucho. menos la Poatiiicta^; esto, ya por k» 
grandes créditos del Autor ; ya porque en aquella Capital 
donde vivió-lo mas de sn vida, cooqmso, y imprimió todast 
ó casi todas sus Obras. Siendo asi , ¿ quién creerá , que si sé 
bailase en la Musurgia del P. Kirquer mi Discurso sobre la 
IMbsica de los Templos , que el P« Cnoaisu representa coma 
suyo,elSS»P«oo te cítase á él como á mí; ó por mejor de-<» 
dr , te dtaria á él solo« como Autor .original , omitiéndome: 
á mi , como mero copiante ? 

YnoteV*md. de camino, que siendo la Rfasurgia del 
P. Kirquer dos Tomos en folio , no nos^seSala d P. Cronista 
en qué parte de ellos está ese Discurso sobre la Airaca dé 
los Templos, j Y por qué? Porque no está en parte alguna 
de ellos; y supone , que nadie se ha de quebrar la atoa le* 
yendo dos Tomos de folio , para cogerle en la trampa. 

Prosigue : E¡ Discurso sobre elpataktolk las lenguas e$ 
MP. Biffier en ti Dialogo 9 sobre elexamen tk Uspreocu^ 
pacUmes vulgares. No bal taL El titulo , y asunto de mi Di»^ 
curso.es: Paralelo de las Lenguas Castellana ^ y FVancesOm 
De esto ni unapalaiMra escrilMÓ elP.Buflfier. En ordeii á len<^ 
guas solo tiene un Dialogo, en que mtenta probar la para-* 
doxa , de que todas las del mundo son iguales ( i Qué tienp 
que ver lo uno con lo otro? ) Y este no es el Dialogo p, sino 
d f.Loquetrataeodpes,9»eM kai hombre tan prudente^ 
^ pueda asedarse asimismo fue no es ridiculo. 

Prcdgue: La dienta de las Mugetes es de la famosa 
Lucrecia Marínela en su docto LU^ro sobre este mismo asun-^ 
Éo\ de Pedro Gregen en su Obra de Principatu , & Imperio 
MUUerum^ del P. Buffier ^ citado Dialogo %\ deD. Fran^ 
cisco Mamel en Si^ Guia de Casados \ s d^ Abad.de Belh^ 
Morde en sus Cartas curiosas de Literatura^ jr de MeraL^ 
Sí seOor X «iK«:liMiiiot AutpKt» i cyceydon de Gregeot 
. . c¡- 



37 
€Jté yapor mi opioioii de la igualdad dé los do» aexos. Y 
dertameate no los citaría v coiii0'he4icno , si tíe Iqs Escri^» 
tos de dios buhiese'QDaqniestaaii Discurso. ¿Qué hombre 
habrá un lerdo , que no haga el mismo juicio ? 

Prosigue : Ei Discurso sobre las Guerras Fihscficás es 
del Autor de las Observaciones Selectas ad rem Bttennriam 
spect. Me parece mui bien. Gta mga , vamos adblante. No 
¿ü cosa icomo ir consiguiente. Este Autor cito yo en los 
Bumeros j y y 4 de este Discuite ; mas cúm la diferencia^ 
que yo pongo la dta toda en latin , Au&or observa, sekct. 
adrem list. spectamimm : Y el P. Cronista hace una pepito- 
ria ridicula de btin ^ y romance , que es para echar los hi-« 
gados ^ d Autor de las Observaciones Sékíetas ad rem títte^ 
rariam spect. £1 dcgar de la voz spectantkm esoriGa no mas 
que la primera alaba , y una letra de la segunda « consistió 
en ^e no supo si la habla de llevar á genitivo^ ó^á acusattvot 
ó á nominativo ; y uno , y otro venia disparatadamente , ha- 
biendo empezado la cita en romance. Pero vio él al talAutor» 
comoyoaVSopfaídePer8Ía¿ EslastStaiatpieláafanpostnrasle 
salgan tan baratas. Na tiabia de fraguan taatas % si le oosti* 
ran rebolver tal qual libro. Pero' como no le cuestan mas 
que transcribir mis dtas , y dedr , que mis IXscursos son de 
los Autores que nombro, trampea al baratillo ^ y por eso te* 
Demos tanto embrolla 

Prosigue: El discurso sobre la Historia ^Ikiturat tís. de 
Tamds Brown en sus dos Tomas ^ imiíuladosh.Ensqyoo eíAre 
hs^rrores populares y y de otros nmchos Rewíores^de espe^ 
Cíes pertenecientes d la Natural Historia. ¿ En qual de los 
dos Tomos , y en qué parte de él ? Cita vaga , para que no 
le cojan ; pero, cogido está de todos modos. Si para aqud 
Discurso me aproveché de Tomás Brown , neoesaríamente 
fue en prdeda , porque yo di á luz aqud Discurso , cotpo 
todos los demás del segundo Tomo y el aBo de 1728 , y los 
dos Tomos de Brown no se tradugeron , como ya advertí 
arriba , de la lengua Inglesad otra lengua hasta dnco años 
de^puesi Esto noio sabia el P. Cronista ; pero sab^ , que 
haUa iittAiitar;ing£¿8« llanado Tomási Brov^n , que halua 

es- 



3» 

OBsccito dos- Tomos in6cifládar : Ensayo sAte bt^ emns po^ 
polares^ porque. esto 8e4ó dye yo ¿ él, y á todo el muodo 
ea la Carta 74 de mí primer. Tomo v en los nwneros i^ y y« 
Sabía asimismo , que este Autor impugnó vanos errores ^ ú 
opiniones dudosas, pertenecientes á la Historia NaoiraU por- 
que también se loifíje yo á^ét, y á todo el mundo en el mí* 
mero ti de la misnoa. Y ve aquí por qué. se clavó el polM^ 
Si como le dge estas dos cosas*;» le l^iMera diclu> que iiasta 
et aQo de j } noliabian salido los dos Tomos del cascaron de 
la lengua Inglesa , no saldría aora con este gazapatón. Pero 
al fin esto le servirá para que en adelante se vaya con mas 
tiento en las. imposturas, y no diga que yo hurté tal Dis- 
curso de tal Autor ^ si no te cito dentro del mismo Discorso» 
é anteriormente áél ; porque si le cito en otro Tomo poste- 
rior 5 como siKcedió aora, puede suceder , como sucedió acNra^ 
que el tal Autor, no saliese á luz , sino posteriormente á mi 
Discurso. Pues P. Cronista t cuenta con ello i que este es aví* 
fodeami^. 

' Aqvelto de los^ar Rnisdres ún no mas que eUtteras^ 
que nada significan. Eso se llama haMftr á touko ^ y á Dtoa 
le la depare buena. Si el Pw Croatsu no fíie Revisor de To- 
más Brown , á quién nombra , menos sería Hevisor de otros 
innominados Revisores. Mas ya que no sea Revisor de los 
Autores que ciu , le encargo mucho ^ que primera , saina- 
da , y teroera Vez sea Revisor de qoanto escribe; y 00 con- 
tento con esto ,:lo entregue á ser exacñinadaf»or stís , ú ocho 
Revisores de los mas doctos de su Orden , paca que avisen al 
Autor después derevisar la Obra» 

Prosigue : Los Discursos sobre ios Artes Dmnaiorias^ 
Pr^ecias supuestas^ y mso de la Magia ^son^ del grun Dic^ 
vionario Uietorico de. JHoreri en ^sus respectivas diccUms^ 
especialmsme hpeirtenecietttedpredietkmes SibiUnas^yOra^ 
cuhs del GentUismo^que todo es ÜteraimeMe copiado verbo 
Sibik ^ y verbo Oracie. 

Desde kiego digo , que apelo del faUo dd P. Cronista á 
snfM 4e dos millones «de Jueces ; esto es , á: todos aqueitae que 
téñfi^v 6 tuüte A mano el gnm DjodquÉía ijlstocioo :dé 
.,j * Mo- 



39 

Moreri, que es el proceso por donde se ha de juzgar el pleito» 
üegistrea las dicciones respectivas á Artes Divinatorias^ 
Prt^cias supuestas ^y uso de la Magia. ¿Pero dónde están 
estas \ Yo tengo en mi Librería el gran Diccionario Histó- 
rico de Moreri de la edición del año de 25 , y el Suplemento 
liecho el año de 1 5 , que lo es de aquella edición , y de la 
del año de ja. Ni en uno , ni en otro encuentro verbo Arts^ 
ni verbo Devinatoires , ni aun verbo Devins , que son todas 
las dicciones respectivas , que hai á Artes Divinatorias. No 
hai tampoco verbo Propheties ^ pero sí verbo Prophetes. Mas 
suplico á los Jueces , que miren si en ese articulo se halla 
2^go de lo que yo digo en el Discurso de Profecías supues* 
tas ; que en mi Moreri ni una palabra. Hablase alli algo de 
los Profetas verdaderos , luego algo menos de los Profetas 
falsos s en que no se ocupa ni aun media columna , y aun 
eso poco es importantissimo á todo lo que yo tengo escrito. 
Hallase sí verbo Magie , y alli, de la Magia diabólica , que 
es de la que yo discurro en diez y ocho hojas , se trata en 
«ola una columna : ni alli hai otra cosa ^ que las sucintas his- 
torietas de unos pocos hechicerillos , de que no hice memo^ 
ria en mi Discurso. 

Advierto empero, que si en alguna edición de Moreri, 
.posterior al año de 28 , se hallare mas de lo que he dicho, 
tomo la protesta , de que no puede perjudicarme , porque df 
aquellos Discursos á luz el año de 28 , y asi pruebo la coar* 
tada. Esta , y otras semejantes advertencias son precisas, 
quando b^ litigantes dolosos. 
. Lo de Sibilas , y Oráculos , como yo no formo Discurso 
aparte sobre alguno de estos dos asuntos , en ningún modo 
debe embarazarme. ¿ A qué Escritor se intenta acusación 
sobre que sacó tal , ó tal especie de tal , ó tal Autor ? Antes, 
«¡endo especies históricas , quales son las que he escrito so- 
bre Sibilas , y Oráculos , de algún Autor se han de sacar : de 
otro modo no serían especies históricas , sino noticias fabu- 
losas. La verdad es , que Moreri sobre Sibilas , y Oráculos 
algo dice de lo que yo he escrito , y que yo no habia me- 
nester leer en Moreri, quando en otros muchos Autores se 

V ha- 



40 

halla; pero también trasgo especfes que no te hallan e&^Mb* 
reri. Y añada á estas lo mucho que diiscurro sobre los Oracu« 
los en la Ilustración Apologética « desde la pagina 12 hasta 
la j 2 , y sobre las Sibilas en el Suplemento , pag.44 , y 45. 

En quanto á lo que articula el P. Cronista , que quanto 
digo de Sibilas , y Oráculos ^ todo es lüerabneMe copiado dei 
citado Diccionario y verbo Sibik ^y iferio Orack ^ de nuevo 
recurro á la integridad de los Jueces , protestando , que en 
toda forma me quejo de la calumnia ; y esto se entiende aua 
entrando al cotejo lo que sobre uno ^ y otro añadí en la Ilus* 
tracion , y en el Suplemento. 

Prosigue : E¡ Discurso sobre la senectud moral del Genero 
Humano es del Diario de ¡os Sabios de París del ato de i y 04^ 
Jornal 41. No tengo del Diario de los Sabios de París mas 
que un Tomo , que por accidente vino á mis manos. Este es 
el del año de 1^82. Con todo , desde luego digo, que aun* 
que concedamos , lo que es casi moralmente imposible , que 
dos Autores , uniformemente ^ y solo por casuaUdad ^seen* 
cuentren en un Discurso de diez hojas ( tantas tiene el Dis* 
curso qüestionado) , con verdad pueda dedrse , que lo mis- 
mo es el uno , que el otro ; con todo , constantemente afir* 
mo » sin ver dicho Diario de 1704 , que no se baila en él el 
expresado Discurso. La razón es , porque el Diario de los 
Sabios de París todo él procede por unos artículos , ó extrac- 
tos pequeñissimos y que es rarissimo el que ocupa tanto lu* 
gar como hoja y media de mi IMscurso ; los mas no tanto 
como una hoja ; y muchos ni aun lo que una plana. Sobre 
lo qual me remito al examen , que pueden hac^ los que fre- 
qüentan la Biblioteca ReaL 

Prosigue : El Discurso sobre la antipatkia entre Flanee- 
ses y y Españoles es de Pedro Rosel , en el Libro que escribid 
sobre este asunto \y deD. Carlos Garda en su Obra inti^ 
titulada : Los dos Luminares de la tierra y España y y Fran- 
cia. Que esos dos Autores hayan escrito sobre la misma 
materia , bien puede ser. Nf en caso que lo hayan hecho y eso 
rae peijudica en alguna manera, pues nt pretendo, ni he pre- 
tendido y que nadie haya escrito sobre alguno y ó algunos de 

los 



- 41 
1m asantes <pie yo trato. Sería esa una pretensión fatua, por* 
que supondría el imposible de tener leídos antes quantos li- 
bros hai en el mundo. Pero que mi Discurso sea de esos dos 
Autores lo niego , y lo reniego. Ni yo vi esos Autores ^ ni 
los oí nombrar jamás ; y como poco faá dye > el encueatro de 
dos Autores ( y aun aqui somos tres ) en una disertación mis* 
ma , de modo que con verdad se pueda llamar idéntica « si 
ao es moralmente imposible del todo, es un átomo lo que 
le falta. Lo mejor es, que yo puedo mui bien negar , que 
Pedro Rosel , y D. Carlos Garcia hayan escrito ni una pala* 
bra sobre la antipatia de Franceses > y Españoles , porque las 
¡numerables , y gruesas imposturas que lie evidenciado al 
P. Cronista y me absuelven de la obligación de darle crédito 
alguno ; de modo, que aun el concederle , que hubo tales 
Autores, me lo puede estimar como gracia. 

Prosigue : E¡ Discurso sobre los Dios Crisicos es de As-- 
ckpiades , Comelio Celso , Lucas Tozzi , el Doctor Martinezt 
y otros. ^ Y no nos dará d P. Cronista especificadas las citas? 
No pudo hacerlo , porque yo tampoco las especifiqué. As- 
depiades, Comelio Celso , Lucas Tozzi, y el Doctor Martin 
nez son puntualissimamente los que he alegado en el num. 7 
contra la opinión de los Dias Críticos , ninguno mas , y nin« 
guno menos. Solo la dta vaga de los mros es suya. Estos 
otros son los Autores que tiene en su Librería , ó en la de 
su Convento. Para los demás cita á cuenta mia, y yo le hago 
la costa á titulo de pobre para que me impugne. ¿ Y quién 
negará , que es suma pobreza de caudal pensar que alguien 
le ha de creer , que yo manifiesto al público los Autores á 
quienes usurpo los discursos ? Supongo que aora es de mi 
cuenta partidparle qué dicen los Autores que nombro; lo 
que dicen los otros es de la suya. Mas no por eso deje de 
dtar los otros , que estos otros son los Autores mas citados 
del mundo, pues sobre qualquiera materia á cada paso oímos 
dtar lo que^ dtío el otro. 

Cornelio Celso expone brevemente las distintas opinio- 
nes de los Autores que están por los Dias Críticos , que no 
todos cuentan de una manera , y nada mas; esto es , en d 

Va ter- 



4» 
tercer libro , cap. 4. Lucas Toza sotó pmdNts qng oo fia! 
Dias Críticos con algunos egempbs sacados de Hppocra- 
tes, de enfermos que murieron fuera de los Días Críticos; 
esto hace en d primer Tomo , pagina tnihi ^9 ^ y nada mas* 
£1 Dr. Martínez no hace mas que repetir , citando á Tozzi, 
los egemplos que este akga de Hippocrates ( Ttíino 2 de 
Medicina Sceptica , conversación 16 , p^. 155.) 

Esto hai en quanto á Cebo , Tozzi , y Martínez , Autd^ 
res que tengo en nü Librería. ¿ Mas qué diremos de Ásele* 
piades ? Que este Autor está con los Autores otros en la del 
P. Cronista* ¿ Qué quiero decir? Que no hai tal Autor en el 
mundo. Hubo sí en tiempo del Gran Pompeyo un Aifedko 
célebre , llamado Asclepiades, de quien nos dan noticia Pli- 
nio, y Cornelío Celso ; pero Autor Asclepíades no le haít 
ó porque nada dejó escrito , ó porque si escribió algo , há 
muchos siglos que se perdió. Plinb nos dice el modo partí- 
cularissimo de curar que tenia Asclepíades; y Cornelío Celso 
solo el que despreciaba los Días Critícos. Leyó el P. Cronista 
en mi Discurso ^ $• j 9 que de hs amiguos Asckpiades v y 
Cometió Celso contrad^eron hs Dias Críticos. Hizo juido 
por aqui de que Asclepíades era Autor , cuyas Obras eñs-^ 
ten ; y dando á entender que las ha leído , como sí me hu-^ 
biera cogido en el hurto , pronuncia ^ que mi Discurso es dé 
Asclepíades. Aqui viene pintado lo de D. Josef Montoro: 
^. Cierto que se haUan impresas 
cosas ^ que no estdn escritas. 
Lo que hiego dice , que muchos me precedieron en la sen- 
tencia que expongo en orden á la esfera del fuego ^ antipe- 
ristasís , y peso ^ aire ^ libentissimamente se lo conceido, 
como no bolvamos á la imposmra de que lo que yo escribo 
es traslado literal de otros. ¿ He propuesto yo por veútura, 
ó hecho empeño de llevar en todo opiniones contraros á 
quantos me precedieron ? El motivo de escribir aquellos tres 
Discursos es /que mi destino es desterrar errores comunes* 
¥0 escribo principalmente para España , y en España son 
errores comunes los de la esfera del fiiqj[o , antíperistasiSy 
y absoluta levidad del aire, r 

Las 



43 
Laa Paradoxas fisicas todas son contra errores vulgares 
de España j y aun de otras Nadones. En orden á ellas pa^ 
dece el P. Cronista el craso error de referir como opiniones 
de otros las aserciones que yo infiero de los principios que 
pusieron 9 ó admitieron otros. Si esto es ser Autor plagiario, 
el Subtil Dr. Scoto no es mas que un pobre copista , pues ea 
prindpios que estaban ya asentados , fundó aun sus mas par- 
ticulares opiniones. Cito de varios Libros estrangeros los ex- 
perimentos que hideron sus Autores , ó estos refieren hechos 
por otros; pero de esos experimentos , razonando sobre ellos, 
infiero condusiones , que sus Autores no dedugeron , ni de- 
ducen los que tienen sus libros. 

Prosigue también en esta parte con la mogiganga de dr 
tsar , como Autores que ha leído , los mismos que yo cito; 
Esto es propriamente estender ^ respecto de mí , el Instituto 
dé Religioso Mendicante , aun hasta lo literario. Es verdad, 
que también lo estiende respecto de D. Salvador Mañer. 
Dice, v.gr. el P. Cronista, esta paradoxa es de fulano, estotra 
de dtano. ¿Y quienes son ese fulano , y citano ? Son Mons. 
ViUet , Mr. Reamar , el Chandller Bacón , Mons. Homberg, 
Mons. GoScedo , las dos Lemeris , el P. Dechales , y no sé si 
hai mas. Con la advertenda de que es tan literal en copiar- 
me , que donde yo erré el nombre , él taoobien lo yerra; v.gr. 
yo escribí Mons.Re^fmfn no se del)e escribir asi, sino,ó Mons. 
Reaumwr , como se escribe en Francia , ó Mons. Romur^ 
ooma se pronuncia en Frauda, y debe pronunciarse en Es- 
paña. Mas como el P. Cronista no vio el nombre de este 
Autor escrito, en otra parte que en mi libro , como lo halló 
en él asi Jo puso. 

Es verdad , que cita un Autor que no dto , pero le ten- 
go , y otros pocos que ni cito , ni tengo. } De los segundos 
qué diré \ Que me debe estimar como una grada mui apre-* 
dable, si le creo qoe esos Autores dicen aquello para que 
los alega ; esto no solo por la razón dada arriba de que ha* 
biendole cogido en tantas imposturas , estoi absuelto de la 
obligadon de creerle, sino lo que ven mis ojos ; mas también 
por otra muí particular del asunta individual en que esta*- 

V i mos; 



44 
nos; y es 9 que el Autor que yoteigo^y no dto^ní mst 
palabra dice de aqudlo para que le alega, dí aun toca la iiia«- 
teria. Dice asi el P. Cronista: La primera paradoxa fisica 
ts Uterabneme del P» JuIhRcviüe , extractado en las Me^ 
fnorias de Trevcux de lyi?» Mi primera paradoxa fisica es 
esta : El fuego ekmentaifio es caliente en sumo grado. ¿Dice 
esto , ó algo coDceraieote á ello el P. Roville ^ extractado en 
las Memorias de Trevoux de 1717 ? Nada. Ni una palabra 
se baila en él de fiíego elemental , ni de grados , ni de calor. 
£1 libro extractado del P. Roville está en el primer Tcxno de 
las Memorias de dicho año , en el articulo 37 , pag. 484, 
y su titulo es este : Discurso sobre la excelencia ^y ciudad 
de las Mathematicas ^ pronunciado en el Colegio Real de la 
Compafíia de Jesús de la mui célebre Universidad de Caen. 
De modo , que aun d que llama libro no es libro. Y no ha 
otra cosa , ni chica , ni grande del P. Roville en todos los 
quatro Tomos de las Memorias del año de 17x7. Pero aun- 
que el titulo promete cosa diversisdma de mi paradoxa fi- 
sica , ¿ acaso por incidencia tocará algo que aluda á ello? 
Buelvo á decir que ninguna palabra. Onno de tales co^as se 
permiten en Espafia ^ para que las Naciones estrangeras ba- 
gan moia de nuestra literatura. 

En lo de que el P. Dechales estampó las proposiciones^ 
que se enuncian en mis paradoxas nona , y duodécima, dice 
la verdad. ¿ Pero esto es usurpación , ó robo ? £n ninguna 
manera. Lo primero , porque para la duodedma le dto yo* 
Lo segundo, porque aunque coinciden estas dosparadoxas 
mias con las suyas , yo me estiendo mucho mas en ellas , y 
alego noticias , y pruebas que no se hallan en el P. Dechales. 

Inmediatamente á esto entra una trápala tumultuaria , y 
confijsa y de que todo lo restante de los dos primeros Tomos 
del Teatro Critico es copiado del Diccionario de Mora-I, 
del de Dombes , de la Historia de la Acadenua Real de las 
Ciencias , del Diario de los Sabios , de las noticias de la Re« 
pública de las Letras, de las Curioddades de la Naturaleza, 
y del Arte del Abad de Vallemont, del Magisterium natura^ 
del P. De-Lanis^ de las Relaciones de Táber|iier , Tevenot, 

y 



45^ 
y'de otros Viagerós^ <le U» Letras Edttcsnites, de los Po- 
Hatiteistas en todo genero de Filosofía Moral, Física expe* 
rimental , y Mathematica. Concluyendo asi : T principad 
mefae de las M&mrias de Trevoux , en cuyos extractos hace 
y. Rma* la nu^yor parte de la cosecha ^ eon que enriquece 
sus Obras , como testifican expresamente hs Sabios Colecto^ 
tes de las citadas Memorias en las del año de 1 730^/01.169^. 

Empiezo por esto ultimo. Es una impostura garrafal de- 
dr 9 que los Sabios Colectores de las citadas Memorias tes- 
trican expresamente ( ni aun implícitamente ) lo que les im- 
puta el P. Cronista* Impostura garrafal digo , y ofensa gar-^ 
ra&l que se hace , no soló á mí , mas tantioien á los Sabios 
Colect(x*es« Hallase escrita cosa equivalente á esta, ó idén- 
ticamente la misma , en el lugar que cita el P. Cronista. 
i Pero quien la dice ? ¿ Los Sabios Ccrfectores? Nada menos. 
Esto está en la copia de una Carta , que los Colectores dicen 
haber recibido de Zaragoza , dirigida á ellos ; y empieza de 
títe modo : Lo que vos habláis previsto , quando anuncias^ 
teis en vuestras Sabias Memorias de Trevoux la Obra del 
Pé Feifod^ Benediaino^ se ha verificado altamente , pues de 
todas partes de España se arrejan Escritos sobre los de este 
Religioso , elqual de vuestras Memorias ha sacado lo mejor 
que ha escrito en quanto al fondo de su Obraé 

De k) que se sigue , y de todo el contexto de la Carta se 
colige el Autor de ella. Este fite un Tunante embustero , que 
se llamaba D. Prandsco Antonio de Tgeda , y vivia esta- 
fando á todos los que podia , con la droga de que sabia el 
arcano de la piedra filosofal ; lo que no le quitó vivir pobre» 
y morir como un Adán , como sucede á casi todos los pro- 
fesores de este embuste. Trátele yo algo en la casa del Dr. 
Martínez el año de 1728. Tradujo dicho Tunante un libro dé 
J^ynereo Philaleta , que trata de la piedra filosofal ; y aun- 
que oculta su nombre el Traductor debajo dd de Tbeophilo, 
en la citada Carta le descubre. Impúgnele yo en el Discurso 
octavo del tercer Tomo ^ y tpiiso vengarse ( á lo que parece) 
escrilñendo la Carta dicha á los Autores de las Memorias de 
Trevoux, que al fin década mes estampan las noticias lite- 

V4 ra- 



46 

rarias 4iue redfacn át vims: fAittí , para -que Ib cahiomia 
corriese todo el mimdo; De que él fue Autor de la Carta no 
tengo evidencia , pero sí unas ftiertissimas conjeturas, fun- 
dándose parte de ellas en la misma Carta , cuyo Autor dogia 
mucho á dicho Tejeda j y se queja igMalmente de que yo Je^ 
haya impugnado. Bien pudo hacer esto mismo algún sim|^ 
apasionado suyo. Un Boticario muí acreditado , llamado. 
Pefia 5 á quien de paso traté en Alcalá el año de a 8 , me dijo» 
que este petardista le había hecho perder drogas de bastan- 
te valor , que graciosamente habia sacado de su Oficina, con 
la esperanza de la piedra filosofal. 

. i Pero acaso aprueban , 6 asientan los Autores de las Me- 
morias á que yo saqué de ellas lo mejor que he escrito? Nada 
menos. Copiada la Carta , pasan inmediatamente á copiar 
una sucinta noticia del libro de Tejeda , que se les remitió 
juntamente con ella ; y de alli á copiar asimismo Cartas re- 
cibidas de otras partes , en cuyo genero de Escritos sm prác- 
tica comunissima es darlos al pública, sin hacer crisis algu- 
na sobre su contenido. 

i Pero juzga V. md. que vio el P. Cronista él lugar que 
cita de las Memorias de Trevoux ? Nada menos. Vio si la 
Carta de Tejeda , copiada por mí en mi quinto Tomo , Dis- 
curso XVII , $. U 9 donde rebato ^I testimonio que me levaji- 
l6 Tejeda, de que tomé de aquellas/Memorias lo mejor dd 
fondo de mi Obra. Y aquí se descubre, como en otras mu-; 
chas partes, la insigne mala fé del P. Cronista. Alli yió el 
falso testimonio de Tejeda ; y alli vio también la repulsa del 
falso testimonio : esto segundo en el §. IX. ¿Pues qué hizo? 
Copió el falso testimonio, añadiendo otro ; esto es., que el 
testimonio es de los Autores de las MemcH'ias, y fpaUa la de- 
monstracion que hice de su falsedad. 

En orden á aquella trápala (que no merece otro m^ubre) 
de que yo me aprovecho en mis Escritos del Abad de Valle- 
mont , de Tabernier , Tevenot , y otros Viageros , de las Le- 
tras Edificantes , &c. muestra en ella el P. Cronista, que es- 
taba persuadido á que no habia de hallar en España sino Lec- 
tores insensatos. Es cierto que de todos esos libros, y de 

otros 



47^ 
otfok machiasimosioas me he servido. ¿Pero qué? ¿Había yo 
de fabricar eo la ofídna de mi celebro noticias históricas, 
geográficas , y otras semejantes , que consisten meramente 
en techos? i O tomarlas de los Autores que pudieron exami- 
narlos ? i Qué pretende el P« Cronista ? ¿ Que yo ftiese á pa- 
sear toda el A^ , para averiguar si es verdad todo lo que de* 
aquella graode parte del mundo nos dicen Tevenot , Taber- 
Dier ) y otros Via^geros ? ¿ Que fue3e asimismo á pasear una 
gran parte de la America , y de la África , para informarme 
por nii mismo de lo que de muchas Regiones suyas escriben 
los Autores de las Cartas Edificantes? ¿ Que yo fuese ú tn^ 
bajar con el arado , y azadón en Montes , y Valles , Jardi- > 
nes , y Huertas , para asegurarme de los experimentos , que 
afirman el Abad de Vallemont , Mons. de la Quintínie , el 
P. Vanniere , y otros , en orden á la Agricultura ? Creo que 
también , quando digo algo de Cyro , ó de Alejandro ; quie- 
ra imponerme la obligación de retroceder mi nacimiento á; 
los tiempos de aquellos dos Conquistadores , para ser testi- 
go de vista de sus hechos , y acusarme de Autor plagiario» 
si para algunos de ellos cito á Herodoto , Xenofonte , Plu- 
tarco , ó Quinto Curdo. Dudo que otro Escritor igualmente 
extravagante haya parecido hasta aora en el mundo. 

Después de tantas ^ y tan enormes imposturas , pone con • 
gran- serenidad al num. 42 , por confirmación de todas ellas, 
otra impostura. Haceme cargo de dos , ó tres clausulas mias > 
en el primer Tomo de Cartas ( dice e¡ segundo , que supongo 
ser yerro de Imprenta) Carta 1 j num. i , que son las siguien- 
tes: ^&»^e en la. solución de estas ^ y otras dificultades fi" 
sicas (hablo de las que propongo en aquella Carta) pone al- 
go de su casa mi tal qual ocurso , por la mqyor parte lo 
debo d luz que me han dado los mas excelentes Filósofos de 
estos últimos tienes. Nunca he deseado aplausos que no me- 
rezco. Sin embargo puede ser que me quede saha alguna 
partecita de mérito ^ aun en la doctrina agena , si acertare 
d proponerla con alguna mas claridad que los Autores de 
quienes la derivo. 

Quando esta ingenua 9 y modesta confesión mia^ tan vo- 

lunr 



48 

liuitarianfinté hecha ; désien. edfficarle, y aun cóníliticiífle; 
cxMno las descempliKlas pasiones ( que oo es una sola ) que le 
eaardeceo ooncra mí , todo lo eaveoenan , de aquei beaigno, 
y suave oordial hizo ponzoña : porque inmediamente á la 
primera daustáa mía prosigue asi : Pero como en el numera 
diado declara l^. Rma. que aquel algo quepone de su casa^' 
se reduce d exponer las noticias y éscursos ^ observacionesr 
y r^xiones que traslada ^con alguna mayor distinción ^mf* 
todo ^y claridad que teman en sus originales , se convence 
que V* Rma. solo es Autor de aquella nusvor claridad ^ né^ 
todo , y elegancia que resplandece en el Teatro ; pero mero 
copióme de los discursos^ especies ^y apqyos que promueven 
sus argumentos. 

\ Qué bien ! La inteligencia de mi contexto está admira-' 
ble. No creerla yo, que hombre alguno de los que saben leer, 
por ignorante que sea , la errase tan enormemente. Yo dará, 
y darissimamente distingo en aquel pasage de substancia, 
y modo. La substanda está en la entidad del Dísoirso sobre 
laáoludon á las qüesdbnes físicas que propongo en aquella 
Carta. El modo está en la daridad con que me expttco. Clá« 
ra , y darissimamente digo , que en quanto á la substanda 
lo mas es doctrina agena ; pero tangen pongo algo de mi 
casa. Clara, y darissimamente digo , que etf quanto al mo^ 
do me <)ueda alguna partedta de mérito aun en la doctrina 
agena , que es proponerla con mas tlaridad que sus Autores. 
¿ Pues cómo el P. Cronista lo trastorna , y confunde , atri« 
huyéndome que digo , que lo único , 6 aquel algo que pon* 
go de mi casa , es d modo de la claridad ? 

Mas no es esto lo único que hai que notar aqm , uno que 
esta modesta confesión propone axno confirmación de lá 
general , y absoluta sentenda , que acaba de echar , de que 
quanto he escrito fiíe copiado de otros Autores ; pues luego 
que acaba de proferirla , prosigue asi : Patente cof^rmacion 
de esta verdad es aquella coffesUm , &c. Para proponer al 
Público aquella confesión mía , como confirmadon patente 
de que en todo , y por todo sol Autor plagiario , es precisa^ 
una de dos. cosas : ó bien que su inteodon sea rq>resentarse- 

la 



49 
la como estendida á quanto he escrito : ó tuen que aunque 
limitada á la Física que hai en aquel Discurso ^ qutera que 
de ella , aunque yo oo lo confiese ^ se infiera , que en quanto 
he escrito sucede lo mismo ; esto es , valerme de doctrinas 
agenas. 

Si lo primero , es imposible absolverle de la nota de mala 
fe^ siendo visible ^ que mi confesión es limitada á las qües-* 
tíones fisicas que propongo en aquel Discurso. Si lo segundo, 
hace 9 ó quiere que el Publico haga una ilación sumamente 
disparatada : esto es , de confesar yo , que en asunto deter-- 
minado me valí de alguna doctrina agena , inferir , que en 
quanto he escrito hice lo mismo. Esto es puntualissímamen* 
te 9 conio si de confesar un hombre , (pie tal alhaja ( desig- 
nándola ) que tiene en su casa es prestada , se quisiese in* 
ferir 9 que quanto hai en su casa es prestado. Y sería der^* 
tamente una cosa admirable , que si confesase que aquella 
. alhaja se la había prestado fulano , este fulano , fímdado en 
dichi confesbn» se quisiese echar sobre todos sus muebles. 
No sé de quien ha aprendido el P. Cronista tan estraña Lor 
g^ca ; porque ciertamente ni la enseña Scoto , ni Scotista al« 
guno* 

Pienso yo , que de aquella confesión mia muchos ioíeri* 
rán lo contrario , coligiendo de la sinceridad con que volun* 
tariamente manifiesto al Público , que en la mayor parte del 
asunto de aquel IMsoirso me valí de doctrina agena , que lo 
mismo declararía en orden á otros , si en ellos también me 
hubiese aprovediado de trabajos ágenos. 

Voi ya á concluir en orden á esta quarta Reflexión , en 
que tanto me he dilatado; y en lo poco qye resta hallará 
V. md. mucho que reir , mucho que admirar , y infinito que 
reprehender. Vio V. md. hasta aora la multitud de impostu^ 
ras 9 y oprobrios que ha arrojado sobre mí el P. Cronista. 
Aora verá, que en su pluma hai tinta para ennegrecer á 
otros muchos hombres buenos. 

En el num. 4 j , que es el inmediato al que acabo de ex- 
poner , después de repetir la general , de que todo lo que he 
escrito es tomado de otros , prosigue asi : Qon esto sehare^ 

pre-- 



50 

presemaáúV. Rma. dhs vitlgares^dhs curiosas iUteratas^ 
y 0un d algums que gMom ¡a mvestiéura de doctos^ coma 
hombre de erudición admirabk ^ compreensum prodigiosa^ 
y vasta User asura ; pero tan sin razón , &c. Sqgun esto» 
quantos hasta aora haa elogiado mi ingemo , y erudidon, 
6 son iliteratos, ó meramente tíeneo la investidura de doctos. 

Este fiülo coge de Ueno lo primero á los mismos Apro- 
bantes de su Obra, i Quién tal pensara? Pues es cosa de he- 
cho. Vamos á verlo. £1 Rmo. P. M. Fr. Gerónimo Fernan- 
dez, del Gremio , y Claustro de la Universíd^ de Salaman- 
ca, su Catedrático de Artes , Prior que ha »do del Convento 
de S. Andrés de Carmelitas Calzados, y Secretario de Pro- 
vincia , Revisor de su Obra por el Ordinario , en la tercera 
plana de su Aprobadcm, linea ii,asiliablademí:£/Aina. 
Doctissimo Feijoo\ guante sin duda de procer estatura^ que 
mantiene ^y decora la pakstra con ¡as brillantes armas de 
su Critica. Este es un dogio nuii alto , porque son mui altos . 
los Gigantes, cada uno dentro de la linea en que es gigante; 
y como el Rmo. Fernandez no ha tomado la mecfida á mi 
cuerpo , sino á mi literatura , lo que pudo hacer por la U- 
teratura de mis libros , en la literatura me adama Gigante. 
Luego será el Rmo. Fernandez , ó uno de los curiosos ilite- 
ratos, ó de los doctos de investidura , porque así lo iaUa d 
P. Cronista. 

No menor dogio, ó d mismo gigante dogio debo á los 
Rmos. PP. MM. Fr. Josef Carantoña, Doctor Teólogo del 
Gremio, y Claustro de la Universidad de Salamanca , y sii 
Catedrático de Vísperas ; y Fr.-Gregorío Malvido , Lector 
de Prima en el General Colegio de S. Francisco de U misma 
Ciudad. Estos , que son del mismo Orden dd P. Cronista, 
y Aprobantes por su Vicario General, al prindpio de la ter** 
cera plana de la Aprobadon le dicen aa al P. Cronista: 
jflientese soh con dar al púUico^ que sale d medirse con et 
que hoi venera Gigante el Orbe ¿¿erario. 

De modo, que sus Aprobantes mismos vienen á ser sus 
Reprobantes, por lo menos en quanto á los oprobios oaa 
que me insulu , y acusKíones con ^le me infuuu £1 me 

de- 



51 

dépriíñe , dids áie exalhm. El me representa pigmeo , ellcís 
gigante. Pero eso no importa ; porqué como los tiene degra- 
dados de verdaderos doctos el P. Cronista y su panegírico de 
nada me hace al ca$a . 

Cae lo sejg^undo el íaMo sobre muchissimos Sabios de nues- 
tra Nadon , y de otras 9 de no pocos de los quales puedo 
mostear testimonios. Y á todos le da de lo mismo el Sr.Abad 
Franconi en la Dedicatoria ál Embajador de Venecia de la 
traducción que hizo del primer Tomo del Teatro Critlcaá 
la lengua Italiana , Ja qual Dedicatoria empieza asi : ^l cék- 
hre Teatro Critico delf Erudiiissima Feijoó^ che d meritata T 
approbazkme y é il plauso di ttata non scJamente ¡a Spagna^ 
eom> daBe moke impressione di esso fatte pud vidersi , ma di 
que k ktterati ancora di akre Nazioni , é speciahnente di 
Romay&cJEstt Abad^ como habita en Roma, sabrá mui bien 
lo que sienten de mis Escritos los Literatos (Letterati) de Ro- 
ma , y también de otras partes , porqué de todo « y de todas 
partes acuden alli las noticias. Mas ya estos Literatos seráa ' 
iliteratos , porque asi lo dice d P¿ Cronista* 

Cae lo tercero el fallo sobre los^que inspiraron , 6 con- 
firmaron al Ret nuestro Señoír én d concepto que hizo de mi 
mérito para darme los honores de Consejero suyo , debiea-* 
do creerse de la alta .prudencia del Monarca, que no pro<» 
cedería en la concesión de gracia taa extraordinaria sin ple-( 
no coriodmiento de mi proporción para ella, ya adquirida 
por sí misdfio , ya por el informe de sugetos sabios* . 

Cae lo quarto sobre las honrosas clausolas del Decreto 
que se expidió para aquel distintivo. Óigalas V.md. que bien 
merecen ser notadas : Por quanto la general aprobación^ y 
aplauso que han merecido en la República Literaria d pro-^ 
prios , y d estraños ^ las taiks 4 y eruditas Obras de vos, el 
M. Fr. Benito Feijody digno hijo de la Religión de S. Benito^ 
&c. y tíkllo las demás, que compreende la Real Cédula, por* 
que bastan las referidas para preguntar al P. Cronista , ¿si 
uña vez que es el aplauso general , se debe contar solo por 
de iliteratos , ó dé solamente doctos de investidura? 
. Cae lo quinto el fallo.del P. Cronista sobre dos Eminen- 
:. tís-^ 



5» 

tíssimos , y Sapientísimos Cardenales de la Siata Iglesia 
Romana. Él primero el Emioentíssimo Sr. Carden^ Geofue» 
gos, de quien tengo una Caru sumamente hooorifica^ es- 
crita de su proprío puño, su fecha 17 de Junio del afio 
de 1 72 }, *en la qual de mi ingenio, y erudición hace un do- 

S Jo tan alterque parece apuró en él todasu etoqüenda, aenr 
o esta mui grande* Puede V.md. ver su copia en la Apro- 
bación , que á mi sexto Tomo'dió mí Compañero él P. M 
Fr. Josef Pérez. 

El segundo es el Eminentisflmo Sr. Cardenal Querini» 
Veneciano , Benedictmo de la Congregación Ca^nense , hoi 
Obispo de Brescia,*t]e donde oae dirigió una Carta , no me-i 
DOS tx>nrosa que la mencionada, escrita taAibien de su pu- 
Bo con fecha de 7 de Marzo del |>resente afio; y tradudda 
del idioma Italiano al Español, es como se sigue: 

Rmo. y Doctisdoio Padre. 

Brescia 7 de Mana de 1749. 

Deseos yo mucho tiempo hdde hacer comcer d V. Rmo. ü 
distintissima estimación que hago de su talento , verdadera^ 
mente admirabk en la Arte Qritica , y asimismo en otrae 
Ciencias mas sublimes ^ me aprovecho gustoso de la favora^ 
Ne ocasión^ que me presenta el viage d España del Señor 
Cardenal Portocarrero , en cuya compaHia pasar d esta Car^ 
ta mia el Mediterráneo^ llevando juntamente consigo algu^ 
ñas pequeñas composiciones ndas (habla de las Obras que dio 
á luz ) , ¿IX qudles me atrevo d ofrecer dl^. Rma. con la con^ 
fianza de que las recibird cortés , y hemgnamente. Este fa-^ 
tor k suplico aora^y con verdiúkro corazón me protesto 

De V. P. Rma. 

Brescia 7 de ñSdrzo de 17^9 

Servidor 

' • / JÍ. M. Cardenal Qfiorim. 



53 
He feíletido la iecfaa « portuüé en el original está repetida del 
mismo modo. La A^y M« de la firma son las ioiciales de su 
nombre , ó de sus dos nombres ^ngeh Marta , que tal es el 
modo de firmar Cardenalicio» Este Cardenal es uno de los 
hombres mas doctos que tiene toda la Iglesia de Dios. Tal 
estimación tiene en Roma , según testifican varios Españor 
les que le conocieron en aquella Corte» Y es cosa de hecbo, 
que su insigne literatura , y resplandeciente piedad le ele- 
varon á la Purpura. Si C9n todo quiere el P. Cronista que es* 
te Eminentissimo sea nó mas que un docto de investidura^ 
que lo sea ^ y vamos subiendo mas arriba. ¿ Mas arriba ? De 
los Cardenales no hai otro ascenso , que al Papa. Pues al Pa- 
pa hemos de subir» 

Cae lo sexto el fello éel P. Cronista sobre nuestro SS. P* 
Benedicto XIV , que hoi reina gloriosamente. En su Carta 
Pastoral , que cité arriba^ tres veces me cita con honor en el 
Discurso XIV de mi primer Tomo del Teatro Critico , y esto 
en el corto espacio de cinco hojas, que son en las que trata 
el asunto que yo traté en aquel Discurso. Todo el resto an- 
terior de aquella Carta y aunque todo perteneciente al Culto 
Divino y razona sobre otros dos asuntos , de que yo nada es- 
cribí jamás. Si me cita con honor , se infiere que lee mis li- 
bros con aprecio; de que hai también por otra parte noti- 
cia positiva. Este Sumo Pontífice ^ con la venia del P. Cro^ 
nista y todos asientan que es doctissimo ^ y en sus Obras ha 
manifestado , sobre una grande , y vasta erudición , una ex- 
celente Critica y sobre que puede verse el Rmo. P. M. Fr. 
Miguel de S. Josef en su Bibliografia Critica , Tom. III , des^ 
de la pag. 5 ip, hasta la 588» 

Y aora ^ con la ocasión de nombrar este sabio Trinitario^ 
me acordé de una célebre contradicción del P. Cronista. 
En lo poco que he leído de su primer Tomo y dos veces le 
nombra , la una llamándole doctissimo Panegirista mió ; la 
otra gran Panegirista mió : uno , y otro con mucha verdad, 
porque realmente es doctissimo y y realmente también gran 
Panegirista mió en muchas partes de su dilatada Obra; pero 
con mas especialidad y y extensión en el primer Tom. verb. 

Be^ 



54 

Benedictas Mierafffms Ftíjod^ donde por ocho columoas 
de folio amplissimamente me cutnúla de muí sobresalientes 
lelogios. i Cómo compone ^ preguntaré aora al P» Oonistai 
el llamarle Joctissimo Panegirista nrío^ con lo cpie poco há 
nos dijo, de «pie solo me aplauden las iSteratos^y ayunos 
bocios de investidura^. Si me respondiere, que é\ nada com- 
pone , antes lo descompone , aprobaré la respuesta. 

Si acaso V.md. me notare el que produzco á mi favor 
testimonios, que me son tan gloriosos, le responderé, que 
de las alabanzas en causa propria es lidto usar , como de la 
espada cum moder omine inculpatée ttaeiat. Después de enu-* 
merar algunas excelencias que le ilustraban, coa el motivo 
de que algunos querían deslucir su mérito, deda el Apóstol 
S.Pablo á los de Coáníoi Factus smn insipiens^vos me co^gis^ 
tis; ego etum á vobis debui commendari. Lo prdprio puedo 
decir yo al P. Cronista : Factus sum insipiens , tu me coegis- 
ti ; ego enim á te debm cammendari. Fuera de que , siendo 
mi honor , no solo mió , mas también de mi Religión , no so- 
lo puedo licitamente I mas también estoi obligado & bolver 
por él. 

Señor mió , aunque yo al principio me habla propuesto 
hacer en esta Carta una excursión por las nueve Reflexio- 
nes generales , con que el P. Cronista pretende dar á los lec- 
tores una idea de todas mis Obras , desisto ya de este inten- 
to por aora : Lo primero » porque este escrito ya para Carta 
es muí largo : lo segundo , porque me instan infinitos de to^ 
das partes , para que concluya , y dé á luz el tercer Tomo 
de Cartas, en el qud ^ por buenas razones, me pareció no 
incluir esta , sino adelantarla á las demás. 

Lo tercero , porque lo escrito basta , y sobra para com- 
preendep qué es lo que se puede esperar de todo lo que el P; 
Cronista dio á luz en estos dos Tomos , y de lo que puede 
dar en adelante. Posible es , que poco i poco se le fijese mtr 
tigando la ira con que tomó la pluma , después de desfogar^ 
la en tantos torpes , y rústicos dicterios , como vertíó en una 
grande parte del primer Tomo. Asi en quanto á esto alguna 
esperánzame resta de que se eomknde en parte, porque 



después de desfbgar tan CDpiosahiehte erhmnor atrabiliaria 
que le turba la vista, es natural que use de ella para recono- 
cer el Habito que tiene acuestas, y las grandes obligacio* 
Bes que están anexas á él. Pero nada me prometo en quanto 
á las ilaciones absurdas que freqüentemente hace, y citas 
folsas que tan copiosamente multiplica , porque esto no pen- 
de de precipitaciones de la colera j sino de otro principia 
mui diverso. 

Es verdad , que en quanto á las citas falsas hai quienes^ 
solo le acusan de una ligera, y mal fundada confianza. Ua 
sugeto de Madrid escribió á un amigo suyo, residente en es-^ 
ta Ciudad , que habiéndole hecho, cargo sobre el asunto de 
ks citas , respondió , que para ellas se habia valido de otros, 
los quales le habían engañado; lo que muchos tendrán por 
cierto, en atención al grande numero de Autores que dtai 
i porque quién creerá , que en la librería de su Convento (e$ 
bien verisímil que ni en otra alguna de C¡udad*Rodrigo) hai 
esos libros ? Sábese la incuriosidad, ó negligencia , que en or-* 
den á tales libros reina en España. Hai en Madrid muchos, 
no solo en la Real Biblioteca, mas aun en las de algunos par- 
ticulares. Creo hai bastantes en Zaragoza , y Sevilla , y tal 
qual otro Lugar de los mayores de España. Pero todos esos 
Lugares están mui distantes de Ciudad*Rodrigo. Hai en al-* 
gunos Colegios Mayores mui buenas librerías ; pero en Ciu* 
dad-Rodrigo no hai algún Colegio Mayor. En las librerías 
de los Regulares hai los libros necesarios para tas fiíncioneq 
proprias de su Instituto , y mui pocos de los otros , á excep-» 
tíon de dos Religiones , que en algunas Casas suyas se e»^ 
tienden algo mas. Los Abogados, Médicos, Cirujanos , &a 
se contentan con los libros, de su profesión; Demos, aña* 
den, que ea Ciudad-Rochrlgo haya quien ¿enga ios libros de 
las Memorias de Trevoiuc , cpie pasan de doscientos; los di 
la Academia Real de las Ciencias , que ya llegan á ochenta j 

Lson mui costosos; los dncuenta y dos de la República de 
s Letras; d Diario ()e los Sabios det París , que si se ha 
ciontínuado hasta aora v consta yaite mas de sesenta Tomos} 
las pumerqsas lObmaási.?^ J^quer.^ y otros múchissimos 
«•^ X es- 



estraogeros , que cita el P. Crohista .^ y son bastante raros ^ 
en España. Demos^ dicen ^ que en Ciudad-Rodrigo Jbaya 
quien , ó quienes tengan todos esos libros. ¿ Sus dueños los 
prestarán para que estén años enteros en la celda de un Frai- 
le , careciendo de su uso todo ese tiempo? 

Pero este argunoento , aunque en lá apariencia espedo- 
ao^no hace fuerza a%una. Lasoludon es clara. No hubo 
menester el P. Cronista esos libros ^ ni proprios y ni presta- 
dos. Con tener los qué escribió D. Salvador Mañer ^ y los 
que escribí yo ^ estaba proveído de quanto era necesario pa«» 
ra completar su Obra ^ tal qual ella es; porque con citar los 
Hbrós que los dos citamos y como que los ha examinado , sin 
haber visto ni aun los rótulos^ todo está compuesto. Y aun- 
que esta industria le ocasione una ^ ú otra vez el fracaso de 
dtar libros que no hai en el mundo > como quando escribió 
que mi Discurso contra los Dias Críticos es de Asclepiades, 
pensando el pobre , qué pues yo decía ^ que Asclepiades se 
babia opuesto á ellos^ debía de haberlo leído en algún libro 
suyo; ó también el de citar un Autor , desfigurando su nom- 
bre, porque en mi libro le halló desfigurado; v. gr. Reamar^ 
eso poco importa , porque pocos saben , que no hal libro al* 
guno de Asclepiades, ni impreso, ni manuscrito; y pocos sa-* 
ben también , que se llama Reaumur , ó Romun 

Es asi que esto lo saben pocos; pero todos saben , y 
conocen < como ya se le avisó arriba), que ningún Aut£>r 
plagiario dta aquellos Autores i cuyos escritos Usurpa ; po^ 
que esto sería mostrar tá los lectores el caniino por donde 
han de dar con el robo. Asi es notable inadvertenda, quan-* 
do yo no nombro como patrpnos de mi opinión ^ sobre los 
Dias Críticos, mas que los quatro, Asdepiades^ Cornelio 
Celso , Tozzi , y Martínez ^ ptoponer él esos mismos , nin-* 
guno mas , ninguno menos, como que en ellos hice mi co^ 
secha. ¿ Quién será tan lerdo, que no conozca que no tiene 
otra noticia de ellos, que la que halló en mi escrito? ¿Ni 
quien será tan rudo ,que le ¿rea,. que ya descubro los Aur 
tores , cuyos Discursos me aproprtolEste es un error .trans» 
cendenté 4ei P^ Cronista eo iquaotoiiobes me imputa. . ' 



^7 
Zn dando á hiz m¡ tercer Tomo de Cartas, puede sec 

que me divierta con V. md* con tal qual otra, sobre lo que 
ñgue á las quatro primeras Reflexiones del P. Cronista ; por-? 
que mi cabeza , mi mano , y mi pluma no están ya para co- 
^s mayores. Pero esto de responder, ó impugnar , es masi 
fácil que pedir prestado. Por esto siempre estoi en que los 
que no escriben mas que impugnando, 6 respondiendo ^aun* 
que multipliquen libros sobre libros , son unos meros Escri- 
tores , que solo merecen el nombre de Autof cilios ; y esto se 
entiende en caso que lo hagan algo razonablemente , que sí 
lo hacen como el P. Cronista , no solo no los tendré por Au- 
tores^ mas ni auq por Autordllos; sí solo ( salvo siempre el 
honor que se debe al estado , y Habito de algunos ) por unos 
ratones de los desvanes, y zaquizamíes del Palacio de Mi- 
perva, que no tienen habilidad mas, que para roer papeles, 
y destrozar libros. 

En orden á lo que he dicho, de que en concluyendo U 
impresión de mi tercer Tomo , puede ser remita á V. md. 
una , ú otra Carta mas sobre el mismo asujito, no tiene V. 
md. que temer, que aunque quiera escribir ( dándome Dio9. 
yida) treinta, ó quarenta Cartas mas, tan largas como esta^ 
me falte materia; pues en lo que he visto de la Obra del P. 
Cronista , no liallé hoja en que no haya mucho que celebrar. 
Iba ya á concluir ; pero aguarde V.md. que aora ocurre nue* 
va especie , que no debo omitir. 

Sepa V. md. que llegando aqui con la pluma , supe que 
el Sr.D. Manuel Sánchez Salvador, de quien hablé arribáis 
con ocasión de la Carta del Sr. Languet , tenia también eí 
libro de D. Carlos Garda , de quien dice el P. Cronista sa« 
qué el Discurso de la Antipathia de Franceses, y Españoles^ 
y al momento se le embié á pedir , para hacer el cotejo. 

Este es un libro en octavo de 401 paginas , escrito ea 
Francés, y Castellano , alternando por paginas los dos idio- 
mas ; y impreso en Rúan el año de 1616. El Autor de él es 
dicho D. Carlos García, ó el Dr. Carlos Garda , que asi se 
nombra en el libro ; y le tradujo en Francés uno, que solo 
se nombra con las tres letras iniciales R.D. B. Tiene veinte. 

X 1 ca- 



J8 

capitules, y dé estos soló uno, i^iiéñ ti <7t tócala iasute^. 
ría que yo trato eo mi Discurso , que^eft síeaalar las causad 
de la antípattiia , ú oposición entre Franceses , y Espaíioles* 

Pues aora , Sr. mió, para que V. md. acabe de asombrar^ 
se de la mala fé del P. Cronista, sepa también , que escritos 
mas diversos , y aun mas encontrados, sobre un misooo asun«* 
to , que aquel Capitulo , y mi Discurso , no los habrá visto 
jamás. 

Señala el Dr. Carlos Garda quatro causas de la antipa«» 
tilia entre Franceses, y Españoles. La primera el influjo de 
los Astros. La segunda, la concurrencia dd Rei de Frandá 
Luis Xi , y el Rd de Castilla Henrique IV , en los Ifanites dé 
los dos Reinos , con numerosa comitiva de una , y otra par* 
te; en la qual concurrencia , dice d Autor , que como el 
Rei Castellano, y ios. suyos fuesen mui- ricamente vestidos; 
y al contrario mui pobre , y ridiculamente el Francés, y los 
Myos; los Españoles hicieron gran mofa de los Franceses, 
y de aquí empezó el odio de estos á nosotros. La tercera 
causa que'señala , es , que en los tiempos pasados no venia 
algún Francés hombre de forma á España , ^ solo unos mi-^ 
serables desarrapados , que ganaban su vida en España ed 
oficios muí viles: lo que dice, fue gran parte para que los 
Españoles mirasen con desprecio , y ojeriza á ht Nadon 
Francesa^ Y ía quarta, y ultima , la diversidad de genios de 
una , y otra Nadon. 

Aora büelva V. md. los ojos á mi Discurso , y hallará^ 
que ninguna de estas quatro cosas señalo yo por causa de lá 
antipathia de Franceses , y Españoles. De la segunda , y ter-' 
cera no hago la mas leve memoria en aquel Discurso, que 
es bien corto, porque de hecho no las tenia, ni las tengo por 
causas , ni aun parciales de dicha oposición. La primera , es^ 
to e^, el influjo de los Astros , positivamente la impugno en 
el num. 2. Y lo mismo la quarta en el num. p. Asimismo ve- 
ii V. md. alli, que las causas que yo señalo de dicha oposi- 
don , todas son tomadas de la Historia , y todas mui diver-^ 
^s de aquellas quatro. ¡ Asi hace ilusión A sus lectores , y á 
fodo el iOQiundo un ?i Cronista Geaersd de la Religión de Si 

■ > • í .: Fran- 



59 

Fraacisoo! Pero habiendo visto tantas de este genero « ¿qué 
ettrañoaora? 

Propongo también por fiadores de mi verdad , sobre la 
diferencia de estos dos escritos , á los mismos que escribí co- 
mo tales anteriormente sobre otros asuntos semejantes. Y 
aento mucho no tener á mano algunos inteUgentei de la lea* 
eua Francesa, para que vean por sus ojos los disformes. tes- 
timonios , que el P.Cronista levanta á los Autores de las Me- 
morias de Trevoux, y á otros muchos Escritores Franceses. 
En este Colegio mió hai dnco que la entienden ; pero como 
es natural ser repelidos por apasionados $ de nada me sirve 
su testimoniOé 

Sin embargo no pienso , que esto sea en alguna manera 
necesario 9 porqué qüalquiera podrá hacer la reflexión dé 
que constando ser falso lo que dice de haber yo trasladado 
de tales , ó tales libros , que están en lengua Castellana , y 
que por consiguiente leen muchos, y pueden leer todos; ¿qué 
se puede esperar de él en lo que dice de haberme servido pa- 
ra lo mismo de tos libros Franceses , que leen poquissimosl 
En efecto , buelvo á decirlo , jamás he visto impostor tan 
atrevido , ni tan declarado enemigo de la verdad ; pero tam- 
poco tan inconsiderado , pues por serlo tanto , él mismo des^ 
cubre sus imposturas. {Rara ceguedad de hombre ( dgando 
otras muchas cosas ) , arrqjarse á decir , que muchos de mis 
Discursos son traslados literales! Quien se atreve á proferir 
una patraña tan visible , ¿ á qué no se atreverá? Patraña tan 
visibk 9 digo; pues aun los que no tengan la crítica necesa^ 
ria para conocer la uniformidad de mi estilo, alcanzan por 
lo meaos, que no he menester mendig^ el ageno. Antes le 
he desafiado. á que muestre un sólo Discurso mió, que set 
traslado literal. Aora estiendo el desafio á que muestre so-* 
las quatro lineas, tomadas de otro Autor , sin citarle yo, 
proponiéndolas como suyas ; y esto debajo de la convendooi 
alli propuesta. F^sro ya basta. A Dios, Sr. nodo, hasta otra, 
Oviedo , y Julio jo de X74P. 



Xj RE& 



6o 



RESPUESTj4 

Al Sr. Askdoro , persona principal en el Dialogó 
Harmónico , por el P. Fn JosefMadaria , Órga-* 
aisu del Real Monasterio de S¿ Martin dé Ma- 
drid : y la dedica á la Capilla dé nuestra 
Señora de Atocluu 

M yA#ÉÉ jy V«md.Sr.As¡odoro, qtae es hombre de chollai 
3d^^T"|:g^ menos tal qual descuido : á V.md. que está or- 
m\ Al l^fi» denadode Maestro : á V. md. y no i NícíatOy 
MJMJRñiHTO ^^ Terpasto , que soo meros legos en su facol^ 
"^^^'^ tad : á V.okI. escribo; porque de V.md. me es- 
panto t que de sus doy alumnos, uno, que se Uama Nidato, 
donde se debe suplir una i, y leer mírior^, que es lo núsmo 
que principiante, ó aprendiz; y otro, que se apellida Ter^ 
pasto , voz que significa hombre que come tres veces al dia« 
felten en el Dialogo á las regias de la decencia , y no entien^ 
dan las de la Música^ nadie se debe admirar. Pero ¿ á quién 
no causará novedad , que un hombre que se Uanra Asiodoro, 
y solo le falta una letra para ser un C^odoro, haya dado i 
conocer al mundo , que faltándole una en d nombre , le fái^ 
tan tantas en 4a substancia? 

.Corrige V. md. en ademan de hombre tranquilo las de-* 
masías ea que prorrumpen Nidato , y Terpasto. La corree^' 
cion debiera ser para que no «atiesen á luz pública aquellas 
injurias. ¿Por ventura los dicterios que disuenan hablados 
pasito en una conversación privada , pueden sonar bien gri--' 
tados por mísdio de la estampa á todo el mundo? ¡Oh c|ue 
las madureces de V. md. son tan fingidas , que en la música 
racional solo pueden pasar por falsas! ¡Válgate Dios por se* 
fior lo que le dolieron los elogios dados á Lifensl Yo cu- 

rá- 



6i 

irára de inuil>uetia gafia ésa herida , diciendo que V. md. es 
mucho mas que Literes^ ú pudiera hacerlo en conciencia; 
pero habremos de tener paciencia entrambos , ya que no 
siéndome licita la mentira , necesariamente se ha de quedar 
y, md. sin aquella lisonja. 

Pero digan Terpasto, / Nidato lo que quisieren , que 
yo solo con V.ntid. me entiendo; y no quiero meterme en 
aquella broza de historia musical , trasladada toda del se- 
gundo libro del Cerwie^ tampoco en los textos, que fueroa 
tropas auxiliares, con que socorrió al Dialogo aquel Músico 
de Capilla , aunque no de la Real , ( ya V. md. me entiende) 
que puso dte su casa los latines : tampoco en la qüestion , át 
si hQi son muchas las composiciones buenas; mucho menos 
én la controversia de si la Música que se estila en el Tem* 
pío , tiene en gran parte el vicio de teatral , que le nota el 
Critico; porque aunque este es el puntó mas substancial, co^ 
mo no es menester ser Músico para dar voto en él , sino te^ 
ner un juicio recto, asi V.md. como yo habremos de estar 
á lo que juzgaren hombres prudentes, y cordatos, que oi*^ 
gan la Música del Templo, y lean lo que está escrito por una; 
y otra parte en eí Dialogo Harmónico , y Teatro Critico. ^ 
Solo, pues , me iré en derechura á los reparos propría- 
mente facultativos , que V.md; pone contra el Autor del Ted^« 
tro , arguyendo en ellos su falta de inteligencia en la Musi-¿ 
ca. Estaba para decir ( y si V. md. me diese licencia lo di^ 
na), que ellos son tales, que prueban la fklta de inteligen^^ 
tía , no en el Critico , sino en V. md. - \ 

El primer reparo facultativo que V. md. pone , es sobré 
aquellas palabras del Critico : AqueUas caídas desmayadas 
de unpimto d ^ro^ pasando no solo por el semitono ^^ mas taní^ 
Hen por todas las comas' intermedias. Sobre lo qual ^pierde 
V. md. toda su compostura , y exclama de este modo (f.^9.)t 
áS supiera el Critico , que el intervalo de coma ef una distan^ 
ría tan pequeña^ que sobre ser imposible su afinación ^ Id 
voz humana y es imfercepsibk aloMo su quumidad justa ^ sié 
duda se hitiera cargo de lo que debia , y no prorrumpiera ^ 
tan gran desacierto^ 

X4 Des-^ 



6^ 
Despado , Sr. Asiodoró , tío dé mal egnnpló i esbs pó^ 
bres mozos que tiene á su lado. Si así habla el Maestro, ¿qué 
harán los Discípulos ? Me atreviera i jurarle, que todo lo 
que V. md. dice de la cama ^ lo sabia el Critico antes que 
Terpasto , que es el mas mozo entre los tres del Dial(^0| 
supiese IffAi^arse los mocos; pero esto está mui Igos de pro* 
bar, que no pueda dar aquellas caídas, no solo quien no 
puede distinguir en la entonación una coma de otra , mas 
aun quien no sabe lo que es cama , ni lo que es punto. £i 
caer de un punto á otro , pasando por todas las comas , no 
tiene mas misterio j que ir laxando insensiblemente la larin* 
ge (pregúntele al Dr. Martínez, qué animal de las Indias es 
este , que yo le prometo que de esto sabe tanto como quan- 
tos Doctores tiene la Santa Madre Iglesia ) , y sin saber qué 
es ¡atinge , ni qué es el mecanismo con que biya , ó sube la 
voz , lo hace una Comedtaota , quando quiere , y una Áldea^» 
oa lo hará del mbmo modo. 

Explicaréme con la voz de un instromento, para que V. 
tnd. me entienda. Si al mismo tiempo que alguno lúere una 
cuerda en la guitarra , empieza á añejarla con media buelta 
de clavija , es cierto que el sonido irá bajando de la p^e 
aguda á la grave, pasando por todas las comas intermedias, 
sin que para esto sea menester, que el que toca el instru- 
mento , sepa dar la afinación de la coma, ni aun sepa lo que 
es coma ; pues lo mismo sucede aflojando la laringe en la 
voz humana. Tan escusado es para correr todas las comas, 
que hai en un intervalo músico , el saber , y poder entonar 
las comas , como para caminar por todos ]m puntos que hai 
en un espacio local , el saber , y poder designar esos puntos. 
Y aun ieiliré á V.md. que si el que sube, é b^, no hace 
alguna, aunque brevissima discootínuadon en la voz, es 
imposible bajar, ni subir, sin pasar por todas las comas in- 
termedias ; y se lo podré probar con evidencia mathematica 
(y mire que sé lo que me digo) ; sí bien es verdad , que aqud 
transito por esos mequdos intervalos e$ Wk rápido, que no 
puede percibirlo el oído; y asi solo^ actúa de la voz en loa 
puntos adonde vade intento « porque ea ellos iMce mórula 
sensible. Va- 



Vamos al otro reparo , qué es donde hai mas moooma- 
quia musícaK Habia dicho el Critico, que el genero llamado 
MAcirimM»^ 9 juntándose con el diatónico, y cromatico, que 
necesariamente le preceden , añade bmoles, y sustenidos á 
la Música. Esta clausula tiene V. md. por prueba conclu* 
yente de la poca , ó ninguna inteligencia que aquel Autor 
tiene de la Música* i Y por qué^ 'Porque ( esta es la razón 
que dá V.md. ) hs semiionas nu^yor , tu menor no pertene^ 
cen al genero enhamumico , pues éste procede par dos diesis^ 
y tín ditono. Aqui será menester que yo me estienda algo para 
quitarle á V. md. la equivocación que padece. 

Es derto que el genero enbarmonico procede por dos 
diesis , y un ditono , y para esto no es menester citar á Ri»- 
fael Volaterrano , que solo sirve de dar carraspera á los lee- 
tores del Dialogo ; pues nó hai Autor de quantos tratan de 
la teórica de la Música , que no diga lo mismo , aunque en 
quanto á señalar la quantidad del intervalo, llamado ^sis^ 
hai la variedad que diré luego , y cuya noticia es precisa pa- 
ra que nos entendamos. 

Pice V. md. que el intervalo llamado ifieWx consta de 
dos cosías y medu ; pero no sé con qué fundamenta Seis 
Autores , que tratan de Música , tengo presentes ( por señas 
que los pedí prestados ) el CercMie i D. Angelo Berardi , Ro- 
mano, D. Antonio Fernandez , Portugués , el P. Dechales, 
el P. Tosca , y Monsieur Qzanan , y ninguno dice, tal cosa* 
ElCerone^ y el Berardi dicen , que consta la dieásde dos co» 
mas. IX Antonio Fernandez tiene por lo mismo la diesis que 
Ja coma. Los tres últimos distinguen la diesis en mayor, y 
inénor : de la mayor dicen , que consta de quatro comas, y 
' es lo mismo que el semitono menor ; de la menor , que es 
una coma no mas. Mons. Ozanan llama á la iqeiior diesb 
cromatica , porque en realidad pertenece al genero croma- 
tico 9 y á la segunda diesis enbarmonica ; pero quiero seña- 
lar los lugares, porque no haya ^ otra reyerta como la que 
hubo con el Critico ^ porque no. señaló el. lugar de Plutarca 
Cerone libro i , cap. j j. El Berardi en el libro btitulado: il 
Fer cbé Mukak,^ íbUiu , y 3a«, D^ Aitonio Femaodez en 



«4 

SU Arte de Música^ cap. j 4.: Tosca eti el Tratado de Música^ 
lib. 2 , cap. % 9 propos. p. Óchales in Tract. de Música^ pro- 
pos. 9. Ozanan en el racionario de Música , inserto en su 
Diccionario Matheniaim:o , fol. 54P. 

£1 Cerone acas^ hizo equivocar á V. md« porque en 
el cap. 12 dice , <^ Oiympo , inventor del genero enhar^ 
monico ^ dividió el semitono en dos partes ^ sin determinar 
si la división fue en partes iguales : y dio á Ja diesis lacan*^ 
tídad de dos comas y media « que es la mitad del semitono 
mayor, 

Pero es cierto que el Cerone qo lo entendió asi ; porqup 
en el capu n , señalando los dos primeros intervalos del ge-» 
nero enharmonico ^ dice, que el primero es una diesis cóh 
una con» 'mas , y el segundo una diesis : y constando , se* 
gun todos y los dos primeros intervalos del genero enharmo- 
nico de cinco comas , se infieren evidentemente dos cosas en 
la mente del Cerone : la primera , que la división del semi-^ 
tono es en partes desiguales una de tres comas , otra de dos: 
la segunda , que la diesis no consta de dos comas y median 
sino de dos justas ; que por eso en el primer intervalo , que^ 
es de tres comas , dice el Cerone , que se añade una coma á 
la diesis. 

Ciertamente la variedad que hai en señalar la cantidad 
de la diesis « en partes es qüestion de nombre ; porque unos 
dan el nombre de diesis á un intervalo , y otros, á otro. L3 
qüestion que hai iqui de substancia es cómo se divide el se* 
mitono mayor en el genero enharmonico ; y en esta qües^r 
tion , Sr. Asiodoro, dice V. md. lo que nadie dice. V. md. 
le divide en dos partes iguales , cada una de dos comas y 
media : todos los Amores que yo vi le dividen en dos partes 
desiguales , conviniendo en esto , aunque en lo demás dis-» 
crepan: queriendo unos, que de las dos partes en que se dí-^^ 
víde , la una tenga tres comas , y la otra dos ; y otros , que 
la una tenga quatro comas , y la otra una. Esta ultima sen-» 
tsencia llevan el P. Dechales , el P. Tosca, y Moos. Ozanaa 
eo los lugares dtados arriba. ' 

Y pan averiguar . qiueoes ^eoeii. ma» razoo <.supue8C6^ 



• ■ ■ ■"■ ■ ■ «f 

que V* indi en lo que <fice oó puede tenerla )v<lebemos.sur 
poner , que el genero enbarmonico por sí solo^ ó separada 
de iosotros (los, no puede ser de algún uso : esto se hace 
patente « considerando , que en un sistema , que procede por 
el orden de intervalos ^ de que consta el genero enbarmonico 
(de qualquiera modo que se divida el semitono ) ^ no cabe 
barmoi^ alguna , ó sonido grato al oído : asi lo siente tam- 
bien el Cerone , cap. 34, donde dice, que ei simple gemrO' 
cromatico ^y el enharmonico no se pueden usar. Y aunque al« 
gunos dudan , si los antiguos tubieron algún uso de estos ge-» 
ñeros separados , depondrán la duda « si leen á Plutarco es 
el libro de Música ( como el libro es uno solo , y no está 4i^ 
vidido en capitules , habrá de contentarse el Sr# Asiodoro 
con que se cite de este modo ), donde claramente da á co- 
nocer , que el Oiympo , inventor del enbarmonico, solo en^ 
señó , y practicó el uso de él junto con los otros. 

Hecha esta suposición « veamos cómo es practica» 
ble el genero enharmonico junto con los otros. Digo que 
solo es practicable , y tiene lugar en la Música , dividien- 
do el semitono en dos partes ; la una de una coma , y 1» 
otra de quatro ; pero no de otro qualquiera modo que se 
divida. 

Para inteligencia, y prueba de esto, pongamos que en un 
órgano se quiere añadir el genero enharmonico al diatonioH 
cromatico , que es el común de los órganos. Es claro que 
en qualquiera parte que se añada una voz , que levante so* 
bre la inmediata , ú dos comas , ú dos y media , ú tres , no 
puede hacer consonancia con otra alguna voz del genero 
diatonico-cromatico ; pues discurriendo por todas las espe- 
cies de consonancias , ó le faltará , ó le sobrará algo. Luego 
considerando en el genero enharmonico dividido él senütono 
en dos partes , la una de dos comas , la otra de tres , ó en- 
trambas de dos coaías y media, es inconyungible este ge« 
nero con el diatonico-cromatico. 

Pero si se divide el seniitonó mayor en dos partes , la 
una de una coma 9 la otra de quatro ^ no solo es conyunq^í- 

ble, 



66 

ble , pero hace un efecto adamable^ 91e.es perfeccioaar al- 
gunas ooasoaaactas , que ea el genero diatonioo-Groiiiatíoo 
están imperfectas. Vamos al órgano común ^ que está for- 
mado según este genero, y me explicaré con las mismas pa- 
labras con. que se explica á este intento el P. Tosca en el 
lugar citado arriba. Habia hablado en la proposición 8 del 
sistema músico , diatonico^-cromatico , proprio de órganos» 
espinetas , y harpas de dos ordenes , y pone el titulo de la 
nona de este modo: ExpÜcase el sistema Matomco-^rtmatíco- 
enhanmmico. El contenido es el que sigue á la letra : « De lo 
iKÜcho en la proposición pasada se colige > que en el siste- 
Mma alli expresado solamente hai sustenidos en Gsolreutt 
f^Csolíaut , y Ffiíut , y Bmolados en Elami , y Bfami , de que 
»st sigue no hallarse en todos lugares con su debida canti- 
»»dad algunas consonancias; porque la tercera mayor , que 
Mhai de Bfami blanca á Elami negra , pasa de su debida di- 
wmension « y es áspera ; porque aunque de Bfami blanca á 
»fCsolfaut ne^a hai un tono justo, pero de CsoUaut negra 
abasta Elami negra hai dos semitonos mayores ; el uno <k»- 
iKle Csolfaut negra hasta Dlasolre, y el otro desde Dlasolre 
•f á Elami negra : y este defecto no estarla , si antes de Elami 
onegra hubiese un sustenido de Dlasolre , el qual distaría 
ffdel bmolado de Elami , haria la parte grave una diesi har- 
f^monica , que es la diferencia del smútooo mayor , y me» 
»>nor. Asimismo las terceras menores de Ffaut blanco al sus- 
>»ten¡do de Gsolreut son defecmosas , por quanto constan de* 
f9un tono que hai de Ffaut á Gsolreut , y de un semitono 
ftmenor que hai de Gsolreut á Gsolreut sustenido ; siendo asi 
i»que requiere para su perfecdon un tono , y un semitono 
nmayor : de que ae sigue ser sobrado blandas* por faltarles 
r»una diesis harmónica. > 

f^Estos , y otros defectos sem^antes » que bai en el siste* 
»ma diatonico*cromatico « dispuesto en la forma explicada». 
»9se corregirán añadiendo bmoíados á Gsolreut , Ffaut , y 
tfCsolfaut , y dando sustenidos á Dlasolre * y Alamire ; y por- 
»que si estas teclas * ó cuerdas «e aoadieKK.al fístcma « di»- 

»ta- 



6y 

f^tarian dé tos bmolados , y sustenidos arriba explicados, 
»maa diesi harmónica , qué es propria del genero f nharmo^ 
9>nico ; por eso llamo al sistenoua , asi dispuesto, diatonico- 
yicromatico-enharmonico , el qual tendria ;del diatónico los 
^>tonos , y semitonos mayores ; del cromatico los semito^ 
9>nos menores , y del enharmonico la diesis. '> Hasta aquí el 
P. Tosca. 

Aora ya ve V.md. Señor Asiodoro , bien claro ^ $i quiere 
abrir los ojos , con quánta razón dijo el Critico, que la intro* 
ducdon del genero enharmonico añade en la Música bmo^ 
lados , y sustenidos ; pues es manifiesto que por el genero 
diatónico , y cromatico no hai bmolados en Gsolreut , Csot 
faut , y Ffaut , ni sustenidos en Dlasolre, y Alamire. (Si fuera 
asi , todos los órganos los tubieran , pues todos están forma* 
dos según el sistema diatonidb- cromatico ) : luego solo resta 
que se añadan aquellos bmolados , y sustenidos , por la agre^ 
gacion del genero enharmonica Es verdad que en el tetra* 
cordo enharmonico , ó orden de tetracordos , según este ge^ 
ñero, considerado solitariamente, no hai bmolado alguno, 
A intervalo de semitono mayor ; y esto fue lo que á V. md. 
le equivocó. Pero como añadiendo voces, que disten una die- 
sis enharmonica de los bmolados , y sustenidos del genero 
diatonico-cromatico , resultan nuevos bmolados , y susteni- 
dos; esto es , sustenido donde solo habia bmolado, y bmo* 
kdo donde solo habia sustenido , con toda propriedad se 
dice , que el genero enharmonico añade bmolados , y suste- 
nidos á la Música. 

"r Si V. md. dijere, que otros Autores no dividen en el ge- 
nero enharmonico el semitono mayor, como Dechales , Tos-* 
ca, y Ozanan , nada me hace al caso. Ello es evidente , que 
solo es practicable el genero enharmonico , como lo explH 
can estos ; como lo explican otros , no puede tener uso algu- 
no , ni solitario , ni junto con los otros. A que añadirá V. md. 
que si el genero enharmonico se puede tomar en diferentes 
sentidos , por la variedad con que hablan los Autores , el 
Critico evidentemente habló del enharmonico , que es oon- 

yun- 



68 

yungible con los otros do^generos ; y este es evidente , que 
añade bmolados , y siist;raidos^ á la Música , y que coa su 
unión deja el diapasón dividido en mas menudos intervalos, 
pues introduce las diesís menores ^ que son los mas menu^ 
dos intervalos que hai en el sistema músico : luego no fiie 
desacierto con su ribete de grande < como V. md» dice \ el 
que en esto cometió el Critico , sino mucho , y muchissimó 
acierto ; y el gran desacierto quédese á cuenta de quien le 
toca. 

Prevengo á V. md- que no se Re en unos Autorcillos tri* 
viales y que andan en manos de los Músicos ^ los quales^ sa- 
liendo del ripio de su práctica , escriben sin conocimiento, 
ó trasladan sin reflexión. He visto uno., que divide el tetra-* 
cordo enharmonico en una diesi» de dos comas y media; otra 
de dos comas , y un ditono : en lo qual hai evidente contra^ 
dicción , pues disminuye el tetracordo en media coma , de- 
jándole con veinte y dos comas y medía, quando debía te^ 
ner veinte y tres justas. 

Acabemos ya de hablar en Griego, para dedr á V. md. 
en Castellano , que yo me tomé la licencia de escribir i 
V. md« esta Carta , sabiendo que el P. Maestro Critica no 
había de responder al Dialogo , por estar compreendido eo 
la clasede aquellos escritos, que en el Prologo condenó á 
negadon de respuesta. Pero sepa V« md. que aunque no se 
precia de Músico, ni de otra cosa, es hombre capaz de dar 
razón de quanto tiene escrito en qualquier facultad que se 
sea. Esto toca, no á su vanidad, sinoá su honor ; porque 
hubiera sido ligereza dar á la estampa especies , i fiíer de 
mendigadas mal compreendídas. 

Prevengo también á V« md. que á ese muchacho Terpas- 
to le corrija, para que ya que del Critico diga lo que quisiere^ 
no hable con tanta insolencia de los que acreditan el Critico, 
tratándolos generalmente de necios: pues no ignora V. md. 
hai sugetos discretissimos de todas clases en esta Corte que 
le acreditan. Y si Terpasto no se enmendare , embiele V.md. 
i la Villa de Bures , para que haga compañía al Bachiller 



6gr 

MaJa-cuera , y qué se llamé X3XíA¿ktk Malá-cuera como él; 
pues es razón > que quienes soa tan parientes én el genio, 
tengan el miaño apellido.. 

Tampoco escuso decir á V. md. lo que estos dias me su- 
cedió con un Religioso Dominico ^ con quien suelo comuni- 
car para mi aprovecl^nii^nto espirituah Llévele , para que 
k viese , el Dialogo Harmónico ; y iiahiendole leído con no y 
poco disgusto ^ bolviendo á hojear el principio , y encontran- 
do con la Aprobación del P. Lector de Artes de Atocha: ^Re-* 
Ugiosa Dominico (exclamó admirado) aprueba este Papell Le- 
yóla ^ y después dijo : Qmsuelome con que siquiera muestra 
la escuela que tubo en la circunspección ^jt modestia con que 
habla : pues no hace lo que muchos yíprobantes de estos tiem-- 
pos , que es revestirse del mismo espiritu de las sátiras que 
aprueban : antes ^ aunque con blandura , reprueba los dicte- 
rios del Dialogo. Pero creo que no k aprobaría ^ ni aun en 
quanto á la substancia ^ si tubiese presente la que nuestro 
lllmo^ Montalvan escribe en una de sus Cartas Pastoraks 
acerca de la Música de estos tiempos^ y la doctrina que d 
este proposito alega de nuestro P» Santo Tonuís^ 

Dijele , que deseaba saber lo que sobre este punto había 
escrito el Sr. Montalvan ; y sacando el libro de sus Pastora- 
les , impreso en Salamanca , y abriéndole , al foL 6i , na 
contento yo con leer la bella doctrina que en hoja y media 
da sobre esta materia ^ me pareció trasladar del numero P7 
las palabras siguientes : No puede menos de ser abuso digno 
de toda enmienda ^ lo que vemos ^ y experimentamos \ y es^ 
que no solamente se usa imüferentemente en la Iglesia de tod0 
especie de cántico^ y música^ sina es que muchas veces de 
proposito se buscan y y componen aquellas que mas deleitan 
sensiblemente , y mas abstraen el animo de todo espiritu de 
devoción ; de forma « que aquella misma música que en los 
Teatros, cómicos se ha usado con mas aceptación de aquel 
puesto y por lo que dékita ^y divierte ^ esta misma se procura 
luego consagrar y usándola en las Iglesias y en donde causa 
ks mismos efectos que en las Tablas^ 

Vea 



70 
Vea V. md. Sr. Asiodoro , si esto es lo mismo que dice 
el Critico. Pues á fé , que el Sr. Montalvan era uno de los 
Doctores de la Santa Madre Iglesia; y que no estubo jamas 
en Galicia , ni en Asturias : ni era chicharra , ni cuervo , sino 
mui Águila , aunque le pese al Sr. Graduado de Bolonia. 
VALE. Madrid , y Enero % de iji-j* 



Servidor de V. md. 
1^, Jos^ Madaria. 



i..I 






71 



DUDAS, r REPAROS 

Sobre que consulta un Escrupuloso al Rmo, 

; P.M. FeJjoó^Auiqr del ^Teatro Criticó ; 

' '•• universal.- • •: -/ ':•'.••-■: .'. 

f^tAft$^ O soi 9 P. Rmo. un sugeto^ que padezco flatc^ 
ÍA/^IIÜ^ espirítuaIe8;quiero:dedt'9 pacfezráiescrupuloá 
Wl ^ ii& y los llamo asi.,, porque coiñb:f a íártoda lod 
^ gfeái^ ^ pqskúoo corporal w le dá;estSjnt)a:^lxQij}^^^^^ 
gS*^^*^ rece que lambieh se puede á{dtear ^ih víoleQcitf 
á esta ligera Jndísposidon del. alma^ Yóvpues, coiii ^sü^ 
acháquillo , .de que es Medico mi Confesor v me détertuiné 
á leer el aplaudido Teatro Critico , coó que. V. Rina* pr^ 
tebde iluminar los enteuditbtentoa de .los bombqes^, y étir i-^ 
quece/ la Provincia de las Letras : y cierto , Padre ínio y qwei 
ü he de decir el juicio que hice al acabar ^ libfO/ y del qual 
ya tengo escrúpulo ) es , que esta Obra es. parecida á algu-. 
ñas. nubes de Verano ^ las quales entre un poco de lluvia 
suelen arrojar mucha piedí^a^i cotn que á los que coje los des- 
calabran; ..,:'• :r . '/.\. . ! : ,.,\ :.. ' . '.,:' ' \ 
- . Asi, ni mas4 nt menos! Csahro isieliorii) "d iUbro de:Y»iRcna^^ 
en sus primerosDiiscursds da Jina lluvia de buenos dictatne*'. 
nes; perojdcipues dispara piedrasryde^que qiiedaa muchosi 
descalabrados. Llevado de esta imaginación J dye á ^mi can 
potéC (yie por mits escrupuloi^ sL no.esjá /^ , á: nadie; s¿ }&$ 
he dicho ) , que V. Rma.» gs»ta poc^jíbridad rtíon «IS)pro»-{ 
líiosivy que esto es4 en buendSAernráws^.whcrftnOnabre.de 
aisi? flechar sátiras contra l*dQ;elt»w^^^^ As-*' 

trologo, contra el. Poeta., contraüd Medioo.icontta elIVIUn 
rico ;> &C. sacando.de este ef (f^^teta lias s^ijoras mugares^ 
^;qüíQnes^yo no séjcpfi^ cpnpitíncia V. Rma% les .lav* las 
caras:» y-tos ca^oSi tanja ]iaoi^ vástói Mas íMM, V^^Rwa* 
'■/. :.:• - ' Y * co- 



74 
minuyo aquéllaíbaenatfó ^ y ooQfeoka tob el Medico que le 
asiste, la qual convienen todos en que^ es tniU utU á los en- 
fermos^ í •: - , . .. 

Pues Padre mió, ¿ con qué conciencia nos inculca V.Rma* 
estas especies á los sanos , sino es para que nos ahoguemos 
jen desconfianzas quando nos viéremos enfermos? ¿ Pues esto 
es cordura? ¿Qué hemos de hacer con estas. noticias, si no 
las podemos remediar? Si no nos toca, ni podemos remediar- 
las, i paria qué es inculcar en que hemos de saberlas ? 

Mas rni los mismos Médicos pueden tener por fructuosa 
el discurso de V.Rma. y es la razón clara : Padre mió, la Me- 
(dica Facultad procede por unas probables conjeturas : es asi; 
pero añado,<}ue de este modo no pasará por masque V.Rma« 
se canse en imprimir ; porque Dios , que á todos nos tiene 
condenados á muerte , no ha de enriquecer á la Facultad 
Medica con unas noticias , y principios evidentes, y demos- 
trables, para que sus alumnos nos vayan (según ellos) perpe- 
tuando en los terminosí de la vida. Para que Adán , después de 
su culpa , no comiese del árbol de la vida, y asi trampease 
la muerte á que Dios le h^bia condenado, tomó Dios por 
medio arrojarle del Paraíso , como V. Rma. sabe mejor que 
yo : pues á este modo ; para que creamos que hemos de mo- 
rir , y que no tenemos hora segura , ni cabo ninguno de que 
asir nuestra esperanza i es disposición divina haber com- 
puesto de incertídumbres la Facultad Medica , asi en el co- 
nocimiento de las enfermedades , como en la aplicación de 
las medicinas. ^ No es esto asi ? Pues Padre mió , ¿ para qué 
es zaherir á este Gremio venerabilissimo , sobre que no sa- 
ben mas de lo que Dios quiere que sepan ? Que V. Rma. los 
exhortase á mucha aplicación á los libros, 4 mucha obser- 
vación de las experiencias, haciendo sobre ellas sus discur* 
sos , y reflexiones , esto estaba bien , para que de ese modo 
su falta de aplicación no sea causa de lo que no acertaren; 
pero darles en rostro con que su ciencia es falible , quando es 
preciso que lo sea en conseqüencía de ser nosotros mortales, 
eso fue bueno para que Quevedo nos hiciese reir , dícieodolo 
entre las chanzas de sus coplas; jperp no para que de ello 

ha- 



75 
baga aMnttf sfrió una plutna tati grave cdfflo la de V. Rma. 

Pero ea fin , Padre mió ( bolvieado á nuestro cuento), i be 
de llamar Medico? Sí. ¿V á tjufén ? i Al ingemosissimo Martin 
Martínez? Mucho tarda en responder V. Rma. sin duda para 
darme á entender con su ñlencio , que á este se inclina su 
elección. Pues no. Padre mió, perdóneme V.Rma. que este no 
ha de ser el elegido ; porque aunque V.Rma. le dá mil titulo» 
honoriíicos , ninguno le exceptúa de lo que según V. Rma. 
escribe el Sr. Gaspar de los Reyes : Peffe&issimi sepe Me^ 
dki itt varios rapUmtur errares. Perfectissimo será el Dr. D. 
Martín Martínez ^ pero los mas perfectos la yerran muchas 
vecef, y de varios modos. PuesqueelSr«il£r^fiv^a:8eestéea 
su casa. 

- i PerO'á qúiéñ llamaremos? Yo te lo diré: Dice V. Rma. se 
ha de Uamar á uno en quien concurran estas circunstancias: 
La primera^ que sea buen Christianar. La segunda^ que no sea 
de temperamenso mui ígnea: La tercera^ que no seajactancíosa: 
La }quarta , que no sea adicto d sistema alguno fÜoscfico : La 
quinta^ que no sea amontanadof de remedias : La sexta , que 
observe , y se informe exactamente de las señales de las em* 
fermedades : La séptima , que correspondan par lo común los 
sucesos 4 sus pronosticas. ¿Haí mas ? No hai mas. ¡Pues ay^ 
Padre mió! ¡ Peor está que estaba ! ¿Es posible que nos pida 
V. Rma. que para llamar, y elegir Medico, fatiguemos la 
memoria en aprender siete artículos sobre los catorce de nues- 
tra Fé? i Dónde vamoi aparar ? ¿ Es posible que para elegir 
Medico nos pida V. Rma. que se hagan mas diligencias , y 
mas informes , que para recibir un Canónigo en una Iglesia 
de Estatuto i 

Fuera de esto ^ V.Rma. se olvidó en esta larga receta^ 
que nos escribe para la acertada elección de Medico , de 
que escribía para el Vulgo , como tantas veces nos dice eni 
m Critíco Teatro; y si no^ ¿quiere V. Rma. que la gente 
del Vulgo traiga consigo piedra de toque de Médicos^ co- 
mo de oro , y de plata n para saber qual debe ser elegido , ó 
qual debe ser reprobada, pcx* tener, ó no tener las qualida-- 
cfef que V« Rma,. te pr«sGnbe ? Bien vó Vi Rma. que ^está para 

Y 3 el 



^6 

el y^go, y ptfarquieq QO csVulgo ^ e8i)na:(irovide0c¡a di^í 
fioiltosa. i ' ;. . « - 

Que sea buen Qhristiano^ 9 dice V. Jílma, s€)bre lo Cbris- 
tíaoo. {Buen Christiaoo! i Qué quiere decir esto? ¿ Es acaso el 
que no nos hemos de contentar con pedirles la fé de Bautis- 
mo s sino informaroos de quien es sv Confesor ^ y acudir á éU 
para que en quanto pueda nos diga un poquito de su3 bqenaa 
costumbres* quántas vece$ con^e^y conuilga^y si acude por 
la Quaresma á azotarse 4 la Bobeda de S« Ginés? ¿Es esto? 

Que sea juicioso , y de temperamento no muí ígneo. Pa- 
dre mío , esto para el Vulgo es hablarle en gerígonza ; ¿ qué 
sabe el Vulgo de ígneos , ni de templado» .? Bien aé yo que 
V. Rma. se rió al poner está partida. 

Pues vamos á otra v que no ses^Jaciancioso : Padre Maes- 
tro , esto ya está dicho ; porque si ha de ser juicioso « su bueot 
juicio le enseñará á no gastar jactancias; sí ha de aer buen 
Chrístiano , su noodestia le dictará á que se reúre de ejlas. 
i PuQs para qué es amontonar términos ^ Mas : y si la jactan^ 
cia pudiese servir para avalorar los desmayos <» y descsdtmen- 
tos del enfermOfipor qué no se le permitirá al Medico el que 
se alabe ^ y pondere la valentía de algunos medicamentos, 
y los aciertos de su Facultad i Esto, por este fin, ¿ qué in- 
conveniente puede tener? 

Que no sea adicta 4 sistema alguno íio9oñco. Esta es 
otra , prima hermana de la del temperamento no muí igneo« 
Padre Reyerendisámo, ¿el Vulgo de Oviedo entiende de fi^ 
losofias , ni de sistemas ? Porque por acá , de puertas afuera, 
y de puertas adentro de la Corte, bien sé yo que el Vulgo 
no entiende de esos terminiUos ni una palabra. ¿ Pero qué 
digo Vulgo ? Oiga V. Rma. lo que el otro dia pasó en un 
Convento de Moqjas. Sepa V. Rnuu que se juntaron en un 
Capitulo para hacer elección de Medico» Hablaron primero 
las Madres Discretas » y Consultoras ; y como mas le&las 
dijeron : Para que la eleodon sea acertada ^ no hai cosa co^ 
mo arreglarse á lo qiie tiene escrito el Rmo. Feijoó. Agradó 
la proposición , ^tr^jose el libro i, y aqitt te quiera Pknese la 
$uperíora lIos aateojps ^y 69ipe^0()p(4 .faogmear , dice, asi: 
¡ c '/ Ma- 



77 
Múátés Jfiktt' , la prlmerd que sü Rma. nos advierte , es ^ que 
el Medico sea buen Christiano. Dice mui bien su Rma. ( ex^- 
clamaron todas ), Christiano, y tnui Christíano : eso es lo 
qtié conviene á quien ha de tomar el pulso á las Esposas de 
Christo. Dice mas ( prosiguió la Superiora ) : Que sea juicior 
M> « y de temperamento nó mui ígneo; que no sea adicto á 
riileina ninguno filosófico. Aqui fíie ella : Al oír estas pala- 
britas , todo aquel Congreso se estremeció : empiezan á al- 
tercar sobre la inteligencia de aquellos términos , dicense 
mit boberias : Las andanas las entienden de un modo; las 
jóvenes de otro , y ningunas las entienden : todo se reduce á 
Voces; y en fin la eleodón se quedó sin tiacer , porque tro- 
petó en el sistema , en lo ígneo ^ y en lo filosófico. 

P. Rmo. este es caso práctico ^ y aun sucedido <, y por él 
verá V. Rma. lo primero, que nó escribe para el Vulgo, pues 
por gobernarse por sus reglas, hubo el cisma que acabo de 
referir en una Comunidad de señoras mugeres , que deben 
entrar las primeras en aquellas elogios que V. Rma. predica 
de todas. Lo segundo que de todo lo dicho se infiere , es, 
que el Medico , que V. Rma. nos dice que elijamos , solo le 
encontraremos en las ideas de Platón , ó en los espacios 
imaginarios ; y si no , apostemos algo á que el que tiene 
V. Rma. elegido para sí, no tiene todas aquellas buenas ca- 
lidades , que V. Rma. dice que ha de tener. Pues por tantos 
P. Rmo. déles licencia á mis escrúpulos , para que juzguen 
que ha sido inutilisñmo el trabajo que en este Discurso ha 
tomado su Rma. 

Tengo también escrúpulo , P. Rmo. de Iiaberme escan* 
dalizado al ver que V. Rma. en sus Obras alaba á algunos 
Autores que hoi viven. En el Discurso Medico se alaba á 
D. Martin Martínez sobradamente; y mas que sobradamente 
en la Carta que V. Rma. le respondió. En el Discurso con- 
tra la Mu^ca de las Iglesias se alaba sin margenes í D. An- 
tonio Literas. Padre mió , yo no dudo que estos sugetos se* 
rán mui dignos , y mui beneméritos de los elogios que 
V. Rma. les estampa. Pero según doctrina del Espíritu San- 
to , me parece que había de de haber esperado V. Rma. 

Y4 á 



78 
tf que estos Caballeras « retíraseo deMtnoitalery pvú.pó^ 
der decirles sin peligro aquellas. Cositas tan. dulces, que casi 
casi se pueden poner en soHa de requiebros. 

Después de la muerte vienen Uen las honras , y los ^>r 
£^os; porque el alabado no está expuesto á vanidades , ni 
quien alaba puede esperar el interés de la corresponcfenda; 
pero de estos aplausos que V« Rma^ da á los vivos, ^ qué 
quiere V. Rma. que digan los picarones , uno que esto ha 
sido hacerles V. Rma. te barba á estos barbados , para que 
i V. Rma. le hagan el cerquillo , y el copete ? No, P. Riikh 
no alabo esta conducta. 

A lo que el Espíritu Santo enstíia y se aSade la confirma- 
don de lo que dicta la expedeocia. Esta ensefia , que por 
ser tanta la debilidad del genio de los hombres, alabar mu- 
cho á un individuo de una Comunidad se tiene por injuria 
de los demás individuos. No porque ello sea asi ; sino por*- 
que á la música de agenas alabanzas se resienten nuestros 
naturalmente malos inmortifícados genios. Pues, Padre miop 
2 esto se pudo ocultar al conocimiento de V. Rma. que tiene 
experimentadas las Comunidades mas que yo ? Claro está 
que no ; i pues cómo no reparó en este inconveniente la prur 
denciadeV. Rma? 

Mas : A los mismos aplaudidos les ha hecho V. Rma. po- 
ca merced ; pues por manifestarles su buena vduntad , les 
ha concitado mil desafectos , los quales sacan al público mu- 
fhas cosillas , que fuera mejor estulneran sepultadas en la 
tierra del olvido. Desde entonces sabemos, que toda la gra- 
vedad d^ Martínez andubo á cachetes con otro Medico en 
medio de una calle de Madrid : desde entonces sabemos, 
que dijo Torres : Qfde Martínez cwáa de Jo que mataba , pen 
il del matadero. Proposición ( que dicen algunos) , que es 
mui picara , aunque yo no sé por <pié ; pero basta que lo di- 
gan. Pues , P. Rmo. ¿ es posible que no tropezase en este re- 
paro su discreción , y amor á sus Amigos ? 

Últimamente padezco el escrúpulo de haberme escanda- 
lizado de V. Rma. por el ultimo Tratado, en que V. Rma. 
$e empalia en dar vanidad á las señoras mugeres. Empeño 

es 



79 
fa eateftal ; queV. Rifia. le coiifiesa difidt , quando eotra en 
él 9 dícieo^o : £11 ¿r^^ve <m;pe^ me pongo. P^ro yo afiado. Par 
dreJÍmo* que no s(rio es grave, ano peligroso; no soto dÜKÜi 
ñiO pridcipio de ñtoestas conseqfiendas , como ya veremos* 

Los Santos Padres de la Iglesia , los Augustínos , los Ge- 
fonimos, los Crisostomos, y los Bernardos (de los qualet 
veo que huye V. Rma« en este Tratado , y cierto que lo ad^ 
miro) dicen de las mugeres , que regularmente se ven po-^ 
MÍdas de la vanidad ^ de la soberbia , y de la presunción; 
y lo confirman con to que todas pintaron en la primera; 
Pues al punto que una Serpiente le dijo no sé qué de deidadi 
y de sabiduría , con todo su entendimiento se determinó á 
atropellar el precepto divino ; y la causa ñie , porque el der 
nonio conoció las iodinadones de su genio , sopló ádaib 
vanidad 9 y la soberbia 9 llenóle de aquellos humos la fanta-« 
sía , y asi se la llevó de calles. Esto son las señoras muge* 
res , que V. Rma. alaba tanto. Pues , Padre mió, ¿ con qué 
conciencia se viene V. Rma. aora á repetirles á las pobres 
la tentadon de la Serpiente ? V. Rma. les dice que son lin- 
das, que son dodles , que son sendllas , que entendimtentoa 
por entendimientos tan buenos por lo menos son los suyos 
como los de los hombres ( ai que no es nada). Padre mió, 
vamos poco á poco : estos almivares les dicen en coplas los 
que las pretenden 9 y las consiguen para asuntos no mui bu^ 
nos. Pues pregunto , i será bien hecho escribirselos , y dár- 
selos en romance? ¿Llevadas de este airedUo lisonjero , la 
que fuere devota , no se entibiará en sus virtudes , y crecerá 
i palmos en su amor proprio? ¿Y la que no fuese tan vergon* 
zosa , como V. Rma. las pinta á todas, no correrá por d 
mar de sus devaneos á todo trapo , sin que haya rémwa 
que la suspenda ? Buelvo á preguntar : ¿ Con qué cordura, 
P. Rma UQ hombre tan bien intendonado da empellones á 
esta ipóbn gente tan caediza , para que se predpite á cada 
paso? Téngales V. Rma. lástima , y dcgelas , que no han me- 
nester sus sones para bailar. 

Si después de haberlas condenado Dios á que vivan su- 
jetas al hombre, ha habido,y hai tantas, que rompend fi^no 

de 



8o 
de la si^edoa (y haUen acpi los niaridos experimafitacIdsX 
¿ qué sQffá de aqui addante ^ eo que cada una {iretttideHí 
igualdades oon el hombre de mgor euteodimietiCo , alegan- 
do á su fiívor , quando menos vtoda la autoridad ádMik^ 
P. M. Fr. Bemto Gerónimo Fnjoó^ Maestro General de la 
Religión de S. Bemto^y Catedrático de Vifferas de Teofe* 
gía de la Universidad de Oiriedo^ 

La seriedad de un & Juan CrísdstoiM (a) llegó á dedt\ 
que el que se casase ^ primeto habia de^eer todo el Derecho 
Civil 9 y Canónico; dando á entender', que dar un hombre 
i una muger la mano de esposo^ es nelerse en un labirínto 
de pleitos , de desazones, y pesadumbres ; de las quale^ 
para desenredárseles omester todo aquel esmdío. Pues aora 
<|ue por merced del P. Fegoó las seiiores mugeres tienen mas 
armas para sus litigios , i quién se podrá averiguar con ell^ 
I Qué ludirán de estudiar los pobres que hayan de tomar el 
estado del matrimonio ? Yo no sé ; pero sí sé , P. Rmo. que 
reccMiodendo V. Rma. la gravedad, y peso de este escrúpu- 
lo, procura desvanecerle con unas razones , que á tendría 
mucho de ingeniosas, pero tienen poquiasímo de sólidas , y 
verdaderas , como ellas mismas lo dirán« 

La primera es: Si ellas ( las mugeres) son verdadera^ 
$9iente en las perfecciones del abna iguales con nosotros^ no 
habrá vicio alguno en que lo conozcan , y entiendan asi. 
Santo Tomás ^ hablando de la vanagloria^ dice : Qjue este 
pecado no se incurre por conocer cada uno , y aprobar el 
bien que tiene , &c. Todo esto , P. Rmo. esti mui bien ; pero 
digame V« Rmá. ¿es cierto, que las señoras mugeres son 
verdaderamente en las perfecciones del alma iguales con no^ 
sotros ? ¿Hd alguna decisión de algún Condlio que lo de* 
fina? i La mayor parte de los hombres de mejor juicio no 
es del sentir contrario ? Esto no lo negará V. Rma. Puea 
mientras no es cierto que las señoras mugeres son verdade-^ 

ra-' 

(4) ^ando igitur uxortm áucturus es , non s&inm cMie jfuSy verum 
•ñm EaUsiéíJtkm UgUo. D. Chiys. rMn. 6. m trut. ^aUs inunde 
ím$t nx$rit. 



St 

ramí^aeéHlaspefíwtfUmit^del (ámaiguéks duosatrás ^ ¿no 
qe exppndráú ájalguo vicio .^ en que lo conozcan ^ y lo en^ 

Que un hombre conozca ^ y apruebe algún bien suyo», 
no es pecado. Buena proposición : pero óigame V. Rma. lo 
que s0 sigue.^ Los mas ^^ y los mejores juicios dd mundo síenT 
l;en « que las ipugeres oo tíenen ^ ni poseen esos bienes que 
V. Rma. les atribuye: pues estando tan en duda el si poseen^ 
6 no poseen Uenes ^ ¿no es exponerlas á la vanagloria , ani- 
marlas á que se estimen por esos bienes , como si indubita- 
blemente los poseyeran \ Deje V. Rma. que sea fijo el que 
poseen esas prendas^ y entonces puede decirles V« Rma. con 
Santo Tomás , que no será pecado que las conozcan. 

Mas : y aun entonces tendré por mas acertado el callar^ 
y no prestarles semejantes impulsos. Y es la razón : No me 
negará V» Rma. que aunque hacer un hombre á su Dios ün 
reconocimiento humilde de las prendas que le haya dado» 
no sea pecado, es una materia tan peligrosa, que todos los 
Santos, echaban por el lado opuesto , sintiendo de sí , y vien- 
do en sí imperfecciones que no tenían : eran justos , y se te- 
nían por pecadores : eran sabios , y muchos se tenían por 
idiotas. ¿Y todo esto por qué ? Porque esto de reconocer 
cada uno sus prendas , aunque sea por el fin de dar á Pioa 
fH)r ell9s gracias, está mui á riesgo de que pare en una mar 
Ügna estimación propria , que los aparte de la senda de la 
sólida virtud. Pues, Padre mío , aun después que todos con- 
vengamos en que las señoras mugeres son tan ricas de bie* 
nes , como V. Rma. nos las finge , será bien callar , y no 
exortarlas á que se estimen , que ellas se tendrán bastante 
cuidado de mirarse , para este fin , á los espejos de su amor 
proprtd. 

La segunda razón de V. Rma. es; Estimense las muge* 
res ; sepan que no stm en el conocimiento if^iores d ht 
hombres ; ctm eso entrarán confiadamente d rebatir sus so^ 
fisterias , donde se di^azan con capa de razón las sinr^sxo^ 
nes^ Bien , dicho , pero no acabo • de entenderlo ; porque ann 
tesbieú del estimarse las m^^eres-y creo ya que nacerá di 

pre- 



u 

pretender, y admitir gustons fes fodeMOs , jr záondoú» 
que los hombres puedan tributarles, estando eo juicio de que 
los merecen ; y admitidos aquellos humos , P. Rmo. V^ Rma. 
me crea , que están cerca de cegarse con ellos ñicilmente» 
y de pagar los rendinuentos que los hombres les hagan, coa 
sus proprios rendimientos. ¿ Qué muger bien prendada no 
procura lucir sus prendas? jQuá! se tiene por hermosa» 
que no guste de d¡^rse ver ? ¿ Quil por disolta , que no 
quiera dejarse oír? Estimanse por estos dotes , como V. Rma» 
les aconseja ; pero también procuran ocasiones de que los 
hombres las reconozcan , para que se los estimen. Pues, 
P. Rmo. de estos cuidados , y de los i^>lausos que á ellos se 
sigan , i qué apegos de mala ralea no pueden temerse para 
sus voluntades? ¿ Quiere V. Rma. que sus corazones se estén 
en babia , quando andan gallardeando sus hermosuras , y sus 
entendimientos para aficionar A los hombres ? P. Rmo. cui- 
dado no sea que por alentarlas á que se estimen , las expon-* 
gamos á peligrosos incendios. V. Rma. les escriba otras Car- 
tas , como la que escribió á su hermana para que se entrase 
Monja , y créame que esto es lo mas s^uro para eUas , y 
para V. Rma. 

La tercera razón se reduce á estos términos : Estímense 
¡as nuégerespara que no hqya adukerios : Esihnenlas sus ma^. 
rkhs ^y asi eUas no tendrán motivo para poner su a^ion en 
otros. Esta razón no concluye , pues muchos maridos , que 
han estimado mucho á sus mugeres, han encontrado en ellas 
unas correspondencias infames. Léanse las historias. Pero 
pasemos adelante : V. Rma. quiere que los maridos estimen 
á sus mugeres: ¿ y por qué ? Porque V. Rou. les dice , que 
son hermosas , son dóciles , sencillas , y discrecas. Pero pr^ 
gunto : Si los maridos experimentasen todo lo contrario , ¿de 
qué servirá todo lo que V. Rma. les dice , para que las esti- 
men ? Si aquel ve , que su muger no es hmno^i , sipo fea:' 
ú el otro halla 9 que la suya no es sencilla , sino maliciosa ; e^ 
otro, que la que le tocó de suerte no es dócil , sino terca,, 
perrengue, y porfiada ;.y. enfin^ si Jos mas eñcuentraá que 
no son entendidas i sioo^bobag^, 7 iidd8SL¿ dengues deeúatf 
: ^ ex- 



83 

experiencias , quiere V. Rma. que las estimen áplo^spbre Ja 
palabra ¿Te VL Klnoa f YKloEan de tener mas fuerza para di- 
vertirlos sus experiencias , que toda la persuasiva del Teatro 
Criúco para detenerlos! Pues, Padre mió, estas son las« dis- 
culpas que dan quando se les riñen tales excesos: y asi de este 
Discurso de V. Rma« no sacamos en los maridos la estíroar^ 
don provechosa de sus mugeres: y estas mearán uha estí? 
macion , sí no dañosa , inútil de sí mismas. jPues: para quó 
habrá sido emplear en esto la pluma \ Por esto be murmura*» 
do de V. Rma. y de esto tengo escrúpulo ; por tando pido 
que no me dé V. Rma. motivo para que tenga otros asi. 

Dios guarde muchos años La persona át V. Rrna* Mar* 
drid 4 de Enero de 172 7*. . ,1 : - ^ 

- : ' RL.M.deV.Rma* 

Su fiel , y aficionado^ < 



E¡ Eicrupuhso. 



SA^ 



84 



SATISFACCIÓN AL ESCRUPULOSO. 

t 

NO respondiera yo i V. md. ú otro no hubiera respon£« 
do debajo dd ironioo título Biamla , suave ^y melosa 
curación del Escrupuhso^y dej^fUños esphituaks. Por-» 
que mi intento en este £scrita mas es desaprobar aquella 
respuesta , que dar la mia. Abmnino aquel defensorio , y de-> 
testaré quantos se le parezcan. Quien de aquel modo defien- 
deiü Rma P» IMLFeíjoó, je injuria ; porque se hace sospe- 
choso de amparar causa injusta , quien, con dicterios la pa<« 
trodna. 

El honor de iu Rma¡ pedia esta protesta pública. El pa- 
pel de V. Rma. no pedia respuesta pública , ni privada; pues 
todos ^us reparos estaban propuestos, y satisfechos en otros 
Escritos anteriores. Pero ya que tomé la pluma , daréles un 
nuevo repaso. 

£l>rimero qife V.md. le hace es: Q/ue ha disparado 
piedras , y flechado sátiras contra el Astrólogo « contra el 
Poeta y contra el Medico ^y contra el Músico. Este cargo es 
en todas sus partes injusto. Del Astrólogo no ha dicho sino 
que su Arte no tiene fundamento alguna Esto lo dijeron 
muchos Padres de la Iglesia , y probó latamente poco há la 
misma conclusión el Venerable Padre Señeri , en el primer 
Tomo del Incrédulo sin escusa ; con que no se puede dedr 
de su Rma. que ha flechado sátiras contra el Astrólogo , sin 
hacer el mismo juicio de aquellos ; y hacer de aquellos este 
juicio , no es proprio de un escrupuloso. CJontra el Poeta so- 
lo escribió , que hai mui raro que lo sea bueno (este es d 
dictamen de quantos entienden algo del Arte) ; pero esto á 
nadie ofende ; pues á qualquiera que se precie , 6 con razon^ 
ó sin ella de ser buen Poeta , le queda á su arbitrio juzgar 
que él es ese raro. Dijo también , que las canciones que se 
componen para las Iglesias, no tienen el espíritu de devo- 
ción , y gravedad que pide la materia. Este es un hecho 
-^ ^é cons-» 



8í 

constante % en qué nadfe pone du<hu AI Medico representó 
sa incertidumbre. Si esta es sátira y nías, satírico es V. md« 
que su Rma. pues no solo confirma lo <^e él dijo ; esto es, 
que la Medicina de presente es incierta ; pero afiade (foLj^.) 
que nunca saldrá de este infeliz estado. Con que V.md. con- 
curre con su Rma« á desconfiar á los enfermos , y de mas 4 
Boas desalienta en su aplicación á los Médicos. Al Músico 
manifestó , que muchas de sus composiciones sagradas tie^ 
nen el aire de teatrales. Lo mismo , aun con términos mas 
fbertes que él , dijo el Uustrissimo Montalvan en una de sus 
Pastorales (fol. tf j ) , y nadie le ha tenido por satírico. Haga, 
pues j V. md« escrúpulo ( que seriamente debe hacerle ) de 
decir al Público , que su Rma. ha flechado sátiras , y dispar 
fado piedras. 

^ $• II. 

HAce Vand. el segundo cargo, preguntándole: iQuefiruto 
se puede sacar de haber manifestado la incertidambre 
de la Medicina ? Esta pregunta debió escusarse , pues ya está 
satisfedia , ó preocupada , y pu^to de manifiesto el fruto 
que se saca de conocerse aquella incertidumbre , en el Dis-- 
curso de la Medicina^ num. <Í4 , y tf j ; y en la respuesta al 
Dr.Martiflez, desde l^pag.j hasta la 5 inclusive. Lea V.md. 
uno, y otro JE^rito, que yo hago escrúpulo de gastar el tienn 
po en repetir , para responderá quien solo por hacer que ha- 
cemos , arguye con lo que ya es¿ respondido. No obstante 
se dirá algo luego. 

i Y con qué coodencia carga V. md. sobre la de su Rma» 
la posible resolución de alguno en no llamar al Medico , esp- 
iando gravemente enfermo, habiendo su Rma. instruido á 
todos dd la máxima opuesta en aquella clausula ? Confieso^ 
que en los males de man^sto peligro es prudencia acudir á 
su socorro. Déjese V.md. de escrúpulos vanos , y acúsese de 
esta calumnia. Es verdad que después la retracta : i pero pa- 
ra qué escribió antes lo que habia de retractar después? ¿No 
hai otro modo de llenar papel ? 

liictV.má. Que de proponer la incertídumhre déla Me^ 
dicina á los sanos iSe sigue el que se ahoguen en desconfianr- 

zas 



ios quamh taSnénf^mos. Esto es^tfiftnr la espede solo por 
la parte que quema, y de esto también se bebe hacer escrú- 
pulo* Es cierto , que el enfermo estará mas contento si juzga9 
aunque sea con error , que el Medico tiene ciencia infalible 
para curarle. Pero los males que se siguen de este error , to- 
jfinado en común , pasan mucho mas , que la privación de 
aquel consuelo en el enfermo. Sigúese , que el mismo enfer« 
mo , asegurado de que tiene afianzada en el Medico la salud 
del cuerpo , cuida menos de la ókl alma. He visto varios 
templares de enfermos., que , por dar crédito á las prome- 
sas del Medico , retardaron las diligencias christianas para 
morir : de modo , que , ó no las hicieron $ ó las: hiderom ^atro*^ 
peludamente. 

Este* es el inconveniente ( verdaderamente fpwris9Ímo> 
que se sigue en el enfermo.de juzgar infalible el Arte Medi- 
co : en los sanos, ó algo enfermizos se sigue el de estragarse 
con medianas freqüentes , en que gastan juntamente el di- 
nero , y la salud. En los Médicos que padecen este error, 
se sigue el ser temerarios en recetar , y estudiar mucho me-. 
DOS , sobre la fé de que lo poco que estudiaron ya los pnn 
en parage de curar todo lo que es curable. Coteje V. md. 
estos males con el desconsuelo que ocasiona al enfenno la 
desconfianza del Medico , y verá qual pesa mas. 

Y si V. md. lo mira bien , esedesconsudo necesariamen^ 
te le ha de tener d enfermo , que V. md^ supone con dolen- 
cia grave ; y lo que es mas , el mismo Medico ha de ser el 
instrumento , porque debe en conciencia advertirle el peli- 
gro : y esto formalissímamenté es hacerle dudar , si la men' 
didna alcanzará á la cura. Con que venimos á parar , en que 
el mismo Medico debe introducir en el enfermo :a(^ella des-! 
confianza , que V. md» tan terriblemente abomina. . \ ^ 

Después d^ revolcarse. nmcho en d injusto, cargo que 
queda disuelto , habla V. m4 con el Critico de este mo-! 
do : Pero , enfim^ Padr^ mú^ih^ ík Homar Medico ? Sí. ¿ ÍT 
d quien ^ ¿yíl ingeniosissimo Martin Martínez ? Y inmedian 
tamenie prosigue vMifihí t^da en responder V. Kmai. Hijo 
Oto, mi»i.a«Qr«do «stá.V^;md» Justando, su Rmaii distantb 

cer- 



87 

cerca dé ochenta l^as ^ i como ha de responder , y mucho 
menos llegar allá su respuesta en el instante en que acaba 
V. md, de escribir la pregunta ? Pero ya V, md. viendo su 
tardanza , se responde á d mismo , y después se replica á su 
propria respuesta. Mas como ni la respuesta , ni la réplica 
son del caso, viene en fin á parar en las circunstancias que 
él señaló para la elecdon de Medico , para hacerle la obje- 
ción de que en algunas de ellas no pueden hacer juicio los 
vulgares. Señor mió , pues V. md. trasladó esa objeción de 
la Carta defensiva del Doctor Martínez , donde está pro-» 
puesta con mas viveza que en su papel de V. md. pudo tras* 
ladar la solución de la respuesta á aquella Carta , pues leyó 
uno, y otro escrito. De paso le diré , que los que ponen á 
los Médicos en crédito, aun para con el Vulgo , son los que 
entienden qué es igmo , y qué es sistema. El Vulgo tiene 
pur gran Medico, al que tiene por gran Medico el que no es 
Vulgo. 

Si V. md. repitió el argumento del Doctor Martínez pa? 
ra introducir el chiste de las Monjas , hizo bien , porque dé 
hecho está sazonado. Pero sirvase V.md. decir de mi parte á 
esas , y á las demás Monjas , que en lo que no entendieren 
del libro, consulten á los Fraiksi con eso se librarán de 
qüestiones. 

En la circunstancia de ser el Medico buen Christiano 
pone V. md. la dificultad del informe. Este reparo ya le hizo 
el Dr. Martínez , y le satisfizo : traslado á su respuesta.] Vál- 
gate Dios por tanto trasladar lo que estaba dicho , y mas 
bien dicho I Y no se hará escrúpulo del tiempo que en esto 
$e malogró. 

Repítese luego sobre la circunstancia de qué nío seade 
temperamento mui ígneo, que el Vulgo no entiende qué sig«- 
iiifica ígneo. Tengo dicho : y á lo que añade , que el Critico 
se reiría al poner esta partida , aseguro á V. nád. que la puso 
coa mucha seriedad; pero yo coa dificultad contuve la risa 
al ver la objeción. 

Después se le opone : Qjue la partida de no ser el Medico 

Z jac^ 



88 

jactancioso , es escurada , porque estd inctutda én íd de ser 
éuen Christiano. Algo atrasado hallo á V. md. en la iotán 
gencia de la propriedad de las voces. Buen Christíanoj 9e^ 
Sor mió , no significa un complemento de virtudes cabalissif 
mo , sin algún defecto ; porque siete veces al dia cae el jus-» 
to. Añade V. md. que sí la jactancia del Medico puede ser^ 
Vir para avalorar desmayos, y descaimientos del enfermo^ 
¿qué inconveniente puede tener ? Respondo que ninguno, si- 
no que al enfermo se lo lleve el diablo. Si el Medico, á fuer 
de jaaancioso, promete curarle, quando no puede, y el en- 
fermo le cree, en fé de que no ha de morir descuidará de la 
alma : moriráse sin creer que se muere ; y ai es un grano de 
ánis el inconveniente que tiene. 

Entra tras de esto el cuento de las Monjas , que es cuen- 
to, y en pos de él , se le dice , que un Medico con las pren- 
das que le busca, solo se hallará en las ideas de Platón. Esto 
sí que es ser satirico contra los Médicos. ¿ Dónde estaba Vm 
md. quando escribió tan denigrativa proposición contra este 
Gremio venerahiÜssim^ De las siete partidas que señala al 
Medico bueno, las de no ser adicto á sistema ¿guno filoso- 
ñco , no ser amontonador de remedios, no ser de tempera- 
mento mni Ígneo , y corresponder por lo común los sucesos 
á los pronósticos , es evidente que se hallan en muchos Mé- 
dicos. Lo de no ser jactancioso , dice V.ind. que se incluye 
en 16 de ser buen Christiano ; y digo yp , que con mas razón 
se incluye en lo mismo el observar exactamente las señales 
de las enfermedades: porque siendo buen Christiano,se apli- 
cará al cumplimiento de tan esencial obligación. Las quatro 
primeras calidades , como se ha dicho , se hallan en muchos: 
conque la idea Platónica es, que entre esos muchos haya 
Húb que sto' buen Christíano. jOb admirable escrupuloso! 
fOhticrní, y delicada conciencia! Yo, señor mió, no soi 
escrupuloso ; pero ú hiciera un juicio tan temerario , y tan 
maligno, al punto me iria á echar á los pies del Conferár. 



S.nL 



8í> 

$• iir. 

REpreende V. md. (este es el tercer cargo) que elCriti^ 
co alabe d Martínez^ y dUieres. ¿Y por qué? Por- 
que están vivos. Señor mió, alabar solo á los muertos, es pro- 
prio de envidiosos. Bien sé que el Eclesiástico me dice : A^ . 
te fnanem ne laudes hominem quemquam. Pero también sé^ 
que S. Gerónimo me lo expHca de este modo : Ne heattm di^ 
cas quemquam honünem ante mortem (a). Y S. Efren: Ame 
obitum neminem praiücaberis (b). Si el Texto debiese enten^ 
derse materialmente 9 como V.md. le entiende, haría mal 
David ^n atiabar á Abigail: Ocias en elog^ delante de todo 
el Pueblo á Judith; y aun el Apóstol erraría en aquel Panegi^^ 
rico que hace á los de Corínto : Laudo autem vos ftatresj^ 
quod per omma meí memores estis , & sicut fradidi vobis^ 
prcecepta mea tenetis : pues todos estos estaban vivos , quan-^ 
do fueron elogiados. 

Dice V. md. que alaba sobrada , y aun mas que sobrada- 
mente á aquellos dos sugetos. Pero luego añade , que no du- 
da que entrambos serán muí dignos, y muí beneméritos de 
4os elogios que les estampa. Discurra V. md. cómo puede 
componerse ser los sugetos mui dignos de los elogios , con 
ser los elogios sobreexcesivos á los sugetos; y en ajustanda 
esa contradicción nos veremos. 

¡Oh , que otros se resienten de que alabe á estos ! :£1 rer 
sentimiento no puede ser razonable , quando á los demás no 
les niega el mérito para iguales elogios; y si el resentimien- 
to es injusto, buelvase V. md. contra los que se quejan con 
malicia ^ no contra el Crítico , que alaba con verdad. ¿ Por 
ventura le constituyó á V. md. la envidia por su Abogado? 
Si es asi, represente al Príncipe , que no premie á los bene^ 
méritos, porque lo sienten los mal intencionados. 

¡ Oh, que de sus elogios se ha seguido que saliesen sáti^ 
ras contra alguno de los elogiados! Señor mió, los aplausos 
de David irrítaron la colera de Saúl. ¿A quién cidpará V.md. 

Zi al 

{i) S. Hteron. ñh. %. rn Isai. of. 3. 
(() S. Efren ^ afud Alapul. 



al espíritu maligno, que agitaba í Sati , 6 á los que ioocen- 
temente alabaron á David I Veóle á V.'md. predsado t para 
guardar conseqüenda , á culpar á estos, y no á aquel. 

Estampa V.md. de nuevo las mismas sátiras. Alabo la 
santa intención dei Escrupuloso. Lo peor es, que una de ellas 
no lo es , y el Escrupuloso le fuerza el sentido para que k> 
parezca ; con la reflexioncilla de que dicen algunas que aque^ 
Ha proposición es mui picara. Señor mió , si la araña hace 
veneno del jugo de la flor , no se infiere que el veneno esté 
en la ñor, sino en la araña. La otra especie, que se puede 
llamar satírica, salió en nombre de un Barbero , y aun para 
ser ella quien es , se prohijó á demasiadamente honrado pa- 
dre. A este paso puede V. md. andarse á recoger dicterios 
de Cocheros , y Lacayos , para impriooirlos en sol£i de es- 
crúpulos* 

$. IV. 

EL ultimo cargo es sobre el Discurso & favor de las mu- 
geres , dónete V. md. para decir algo , debia responder 
'á las razones con que el Critico prueba su igualdad en el 
entendimiento con los hombres. Pero pues no lo hizo , no 
pudo ; y añ , en esta parte substancial de la <]üestion se me- 
tió tras del común parapeto, de que los PP. y los hombres 
de mejor juicio dicen esto , ó aquello de los vicios de las mu^ 
geres ; á lo €]ual , sobre que no tiene que ver con él entendi- 
miento ya está respondido en d Teatro Critico , {a) sin que 
V.md. responda, ni pueda responder al juicio común de lá 
Iglesia, que las llama sexo devoto. Vamos á ver los inconve- 
nientes que pueden seguirse de lo que su Rma. ha escrito en 
común á favor suyo. 

Dice V. md. Qjue las alaba de lindas^ y dóciles ^y de 
Igual entendimiento con hs hombres. Añadiendo : Qfie estos 
^Imivares se los dicen en coplas los que las pretenden. Estra- 
fios fantasmas se le representan á V. md. ¿Vio V. md. has- 
ta aora algún enamorado tan delirante, que requebrase á 

alr 

(a) Teat. Crh. Tm. 2 , Vhc. XFl\ num. 1, 



91 

elguña muger con elogbs comunes á todo el ^xo ? El que 
pretende ^ elogia á aquella que pretende; y tanto mas se lo 
estimará ésta^ quanto mas esté persuadida á que el común 
del sexo no merece aquellos elogios ; porque con la repre* 
sentada singularidad se toma un baño de Fénix , simil de que 
fireqüentemente se usa en las coplas de galanteo. 

Si V. md. en sus ideas Platónicas halla algún hombre que 
quiera casarse con todo el sexo femenino .i ese no dudo que 
pondrá en coplas todo lo que su Rma. á favor de las muge- 
res estampó en aquel Discurso. 

La autoridad del Chrisostomo ya se le puso á V. md. de 
pe dpa en otro papel; y se le mostró , que no dice lo que 
V.md. supone. 

Pide V. md. una definición Conciliar, que declare , que 
las mugeres tienen tan buen entendimiento como los hom* 
bres. También en el otro papel se le dio esa deñnidon Con* 
ciliar y que V. md. no esperaba , juntamente con autoridades 
de PP. que afirman lo mismo. Pero doi que ningún Concilio 
lo diese : ¿ por ventura en las materias naturales no pode* 
mos afirmar cosa alguna , sino lo que declararon los Cónd- 
ilos ? Responda V.md.á ku razones con que prueba la igual* 
dad de entendimiento , si se halla con fuerzas para ello : por- 
que la absoluta de que los hombres de mejor juido sienten 
lo contrarío, se niega con la misma facilidad que se afirma. . 

Supuesto que sea verdadera la pretendida igualdad , no 
faai inconveniente en que las mugeres la conozcan. Dice 
V. md. Qjue se desvanecerán. Por esta regia á nadie se podrá 
alabar la prenda que verdaderamente tiene ; de hecho V.md. 
está mui mal con que se alabe á nadie. £1 riesgo de la vani- 
dad en el caso presente está mui remoto : porque las alaban- 
zas, que en común se dan á la especie, ó al sexo, no son 
las que trastornan la cabeza al individuo. Si fuese asi, se de« 
lieria borrar de los escritos de San'Leon el Grande aquella 
magestuosa advertenda: Agnosce^ 6 homo , digmtatem tuam^ 
O por lo menos, no haría bien la Iglesia en cantarla todos 
4os años en público. Yo creo, que losMedicos no estarán mas 

Zi va; 



9* 

vanos aora qué antes ^ aimque V. md. los llama Gremio twr 
fterabiUsshno ^ epiteto superlatívo, que no sería despropor'^ 
donado á todos los Obispos de la Iglesia ^ juntos en un 
Concilio. } 

Prosigue V. md. mostrando otro rie^o: En que las Mu^ 
gercs se estimen así mismas. ¿ Quál es ? Que de ese nxxlo 
admkirdn mas gustosas hs inciensos que los hombres las tri-- 
éutan ; y cegadas con aquellos humos , estarán mas fáciles d 
rendirse^ para pagar los rendimientos de los hombres con sus 
proprios rendimientos. ¡Raro modo tiene V. nod. de entender 
Jas cosas ¡Todo es al revés de como V. md. piensa. Nadie 
estima mas los obsequios » y está mas pronto á retribuirlos, 
que quien se juzga mas lejos de merecerlos. Si las Mugeres 
te estiman mucho , recibirán como tributo debido á su mé- 
rito quaoto á los hombres les dictare la lisonja; de estema- 
do se juzgan esentas de la paga. Por esta razón los hombres 
viciosos no buscan á las que están en la apreensíon de sus 
prendas desvanecidas , si no son capaces de captarlas con al- 
tos ofrecimientos. Alli la adulación no aprovecha: es menesir 
tér buscar, otro rumbo ; y aun he oído decir ^ que las muget 
tt& vanas solo las hace caer en la red quien halla modo de 
quitarles la vanidad. 

Añade V. md. Que el que hs maridos estimen d sus es^ 
fosas ^ no evita los adulterios*^ pues muchos maridos^ que 
kan estimado mucho d sus mugeres^ han encontrado en ellas 
unas correspondencias infames. Es verdad ; pero son , y sica»- 
pre serán muchas mas las que se venguen de los maridos, 
que las desprecian, que las que ofendan á los maridos,que las 
estiman. ¿Ha dicho su Rma. , por ventura , que estimando 
los maridos á las mugeres, no habrá adulterio alguno en el 
mundo ? Escusaránse muchos ^ no todos. ¿Pues á qué viene 
esa objeción? 

Concluye V.md. objetando: Que el representar dios 
maridos que las mugeres son hermosas , dóciles ^ sencillas ^ y 
disertas ^ no persuadird al marido que la suya tiene estas 
prendas^M.pof experiencia conoce que k faltan. £s mui cier^ 

toí 



P3 

to; i pero quáhdb ha pretendido el Critico persuadir tal co^ 
sa ? ¿ Ha escrito , por ventura^ que todas las mugeres tienen 
aquella xroleccion de prendas ^ ni aun alguna de las quatro 
señaladas ? £1 decir que las mugeres son. iguales en entendí 
miento á los. hombres 9 ¡es decir que toda3 son discretásl 
Antes lo contrarío : pues entre los hombres los discretos son 
los menos. Siendo , pues ^ las discretas las menos , lugar les 
queda á los maridos para tener las suyas por tontas» Lo mis- 
tHo digo de la prenda de la hermosura* Lo que su Rma. úni- 
camente ha procurado persuadir es , que no las desestimen 
por aquel concepto común , de que su sexo es inferior en en- 
tendimiento al nuestro, y que son animales imperfectos, &c* 
i Qué tiene que ver esto con aquello? 

Señor mió, crea V, md. que con lo que ha escrito el P. 
M. no ha tentado, ni dado empellones á las mugeres. Loi 
que andan á dárselos , adulan al individuo , y dicen mil ig- 
nominias del sexo , para que dé mas valor á la estimación de 
una el desprecio de las otras. Si V. md. se escandaliza de su 
Rma. porque ha probado que su entendimiento es igual al 
nuestro, escandalícese, en primer lugar, del P. Bufier, Es- 
critor célebre de la Compañía, que escribió al mismo inten- 
to, y los Sabios Jesuítas , Autores de las Memorias de Tre- 
voux^ que celebran aquel escrito , y manifiestan ser del mis* 
mo sentir que el P. Buñer. (a) 

He respondido á V. md. en limpio , sin mezclar aquellas 
frases burlescas, aquellas irrisiones afectadas , aquellas pre- 
guntas irónicas ( de que V. md. usa tanto ) con que se suele 
trampear la &lta de solidez en los Discursos, y con que se 
hace apreciar un escrito entre los ociosos. Examinen los dis^ 
cretos quién tiene razón ; y mas que no halle la gente de ta- 
rarira materia en mi Papel para reir. 

Yo perdono á V. md. quanto murmurare de mí. Pero lo 
que á V. md. le estará mejor, será prestar paciencia , si le 
mortifica el ver, que unos por mui honradores , otros por 

Z4 po- 

(mX 'Idcmor. de Trcv. t$m. xf ,/*/• i}0¡. 



P4 

poco inteligentes I celebran lo que elP. M. ha escrito. Mi 
ánimo no era responder á V jnd. sino manifestar al Público la 
suma displicencia que me ha ocasionado la blanda y suave^ 
y melosa curación. Pero ya tomada la pluma ^ la dejé correr 
acia esta parte 9 por no imprimir quatro 9 ó seis renglones 
10I0& 



.i '\ i .. .;«»i{i 



tLE& 



9S 

RESPUESTA 

Al Discurso Fisiologico-Medico del Dr. D. Fran- 
cisco Dorado por el R. P. Mro. Fr. Benito Fei- 
joó , que la dedica á lo$ Gloriosos Marti-* 
res San Julián^ y Santa 
Basilisa. 

ft ^ lÉ á ^OR dos razones , Sr. D. Francisco, he resuelto 
^^TlTÍJI^ responder al Discurso Medico de V. md. no al 
m\ X I^B^ antecedente de su hijo el Sr. D. Josrf. La prime- 
^^^sM ra, porque D» Josef en la pag. i de su escrito 
^^^^^^^ protesta , que escribe por el fin de adquirir fa- 
ma : y sin embargo que algunos de los Médicos , que en es- 
tos tiempos escribieron contra mí , teniendo antes mas que 
mediana opinión , con sus escritos hao decaído algo de eUa; 
debiendo yo esperar , que al Sr. D. Josef suceda toído lo con» 
trarío, no es jukto que mi oposición le sirva de estorvo.- 

La segunda razón de no responder al Sr. D.. Josef es , por- 
qae éste en realidad no me iiripugna. Lo que yo he preten- 
dido, y probado, asi en mi D^ürsó Medico, como en la 
* Respuesta al Dr. Martínez , es , que la Medicina es incierta, 
y alible. JBn este punto, que es el único substancial, con- 
viene cpomígo D. Jósgef^ cómo* se puede ver desde el fól. 20 
hasta el 24 inclusive , donde se conduela con el conato dé 
descubrir el mismo defecto eni las demás ciencias humanas^ 
Es verdad , que deispues en algunas partes insensiblemente 
se desvia de lo que al principio establece. Pero atengome é 
^^ su verdadero dictamen es aquel que explica antes ^le su 

Mfcenidad seturbasé con «llardopded^ é^pati, . > :\ 

* i Solo í pies y ál V« ffld. be á^wppaoikti^ SrirD.Francisoo, 
' que 



96 

que parece está mas persuadido, 6 mas resuelto á persuadir 
lá certeza de su arte. Para este efecto iré siguieodo su escri^ 
to paso por paso» 

Empieza V. md. hablando con el Sr. D. Josef con estas 
voces : He visto el Manifiesto precautorio Medie fi , que hicis^ 
te en defensa de Ja MeiUcina^ Médicos ^ safu^iendo d Jas 
razones de dicha Crisis; y ^nque tienes oportunamente res* 
pondido dsus asertos , &c.* Aquí supongo Jwi yerro de Im- 
prenta , que en vez de argumentos puso jrxért^^: porque á 
los argumentos se responde, á los asoftós se contradice. 

Sr. D. Francisco, yo también he fko ¿r Manifiesto pre- 
cautorio Medico ; pero no encontré la satís&ccion , y res- 
puesta que V. md. expresa á las razones de la Crisis. Discur- 
ro que por tmii sutil éé encaparía á la cortedad de mi vista. 
La crisis prueba la incertidumbre de la Medicina con varias 
autoridades; pero con una razón sola, aunque amplificada 
de muchos modos, y aplicada á muchas materias. De las au- 
toridades hablaremos después. La razón se toma del encuen- 
tro de opuestas opinbnes que hai éntrelos Autores Médicos 
sobre la práctica curativa de todas, ó casi todas las enfer^^ 
medades. Unos dicen , que tal cosa en tal enfiermedad apro« 
vecha ; otros que daña. Uno , y otro es probable , ea consta 
deracion del numero , y doctrina de los Autores que lo afifr 
man: luego ni uno, ni otro es cierto. Esta cooseqüeoda es 
evidente: porque la probabilidad xle una opink>n esincom^ 
patible con la certeza de la opuesta , y lacerteza ^e vum. 
excluye la probabilidad de la otra. Vamos aora á ver si en 
todo el escrito de D. Josef hai sittisfaocion á este argumento. 

Desde. que empieza faasta(el.fol. 27 hace un cofe^ de la 
Medicina con las demás<c¡eoeias , eo quanto áila oposidoit 
de Escuelas, y opiniones Eistono esrésponder ál argiimea-^ 
to, sino coofkmar el asunto. Siendo cierto, que aquello 
que en las demás ciencias se disputa entre los Profesores de 
varias Escuelas , ni por una parte «, ni por otra llega al gra-r 
do de certeza» fioqgo poeiegelnplo^ rEn iai£il0SQfiai.ubi9ax^ 
cea ; quela materia tieQqt{Nic|iria exisicúdá , otr9« que: no* 

Uno, 



Y 

Uao, y otro es probable : luego ni lo uno , ni lo otro es 
cierto. En la Teología unos dicen^ que hai fíluca predeter* 
minacion ; otros que no. Y de aquí infiere evidentemente to» 
do racional , que ni es cierto que hai física predetermina*- 
don , ni es cierto que no la hai. Luego habiendo la misnoa 
oposición de sentencias entre los Profesores de la Medicina, 
w seguirá la misoia incertidumbre. En mi Respuesta al Dr. 
Martínez be señalado las disparidades que hai entre la Me- 
dicina» y las demás ciencias^ y no es menester repetirlo aquL 
Solo digo, que quando los Médicos sepan los medios de re^ 
cobrar la salud del cuerpo, con la misma certeza que los 
Teólogos sabemos los medios con que se puede lograr la sar 
lud eterna del alma , correremos pangas unos , y otros. 

En el fol.2 5; hallo estas palabra»: De las camuüas^y al-- 
tercacumes , P. Rmo. no se infiere bien la incertidumbre de 
la Medicina ( acabo de probar con evidencia, que se infiere 
bien ) ; prosigue D. Josef : Ni después de estos debates dejan 
¡de convenirse , y concordarse los Médicos Católicos -^^Cf^o fin 
es el alivio de sus enfermos. Esta tampoco es respuesta. Lo 
primero, aunque estubiesen convenidos los Médicos Católi^ 
eos , si no están convenidos con estos los que no lo son , ya 
hai oposición de opiniones , y por consiguiente incertidum-^ 
bre. i Por ventura las máximas medicas son dogmas teologi** 
eos , en que no tengan voto los Autores infieles que estudia-* 
ron la Medicina ? ¿No están comprando cada dia los Medí* 
eos Católicos libros de Médicos Hereges para estudiar, y 
aprender de ellos ? Si es menester ser Católico para hacer 
juicio recto en la Medicina , deben quemarse, ó por lo me- 
nos condenarse como inútiles los escritos de Hippocrates^ 
Galeno, y Avicena; porque Hippocrates fue Gentil , Avice* 
na- Matx)metano , y Galeno peor que Mahometano , y que 
Gentil , pues tubo por material el alma del hombre , y por 
consiguiente por mortal. Sobre lo qual se puede ver el An* 
gelico Doctor (0) , y el Eximio Suarez (b). Lo segundo , es 
■ fal> 

(a) S. Thom, Cattr a gentes , /i*. i , af. ^ j. 
' (¿) > Ve Anima ^ lib^x ^ cap. x. 



falso que lós Médicos Católicos están convenidos. ¿No era 
Católico el Dr. Bois ? Pues este se opuso á la práaica cura* 
tiva de casi todos nuestros Médicos, y hoi ha! muchos que 
le siguen , y me consta que D. Josef estima mucho á este Au- 
tor. ¿No fue Católico Lucas Tozzi ? Pues este está declarado 
terriblemente contra todos los Galénicos modernos. § Pero 
qué es menester detenernos en esto , quando todo el mundo 
sabe \ que hoi entre los Católicos son infinitos los Médicos» 
jque abandonan á Galeno? Los mismos caudillos de las sec- 
tas mas opuestas á Hippocrates, y Galeno fueron Católicos. 
Católico fue Santorio, inventor de la Medicina Estática. Ca- 
tólico fue Helmoncio , por señas, que habiendo sido acusa- 
do de magia por sus émulos , por razón de sus maravillosas 
curas, fiíe examinado por el Santo Tribunal , donde justificó 
ser aquellas efecto de su superior ciencia natural , y así salió 
triunáinte de los acusadores. Católico fue también Paracel- 
so , pues aunque su audaz ingenio le hizo caer en algunos 
errores, no fue Herege; porque le faltó la pertinacia, y su 
como Católico fue enterrado en la Iglesia de S. Sebastian de 
la Villa de Salisburgo , donde está decorado su sepulcro coa 
tan glorioso epitafio, que hasta aora ningún Medico Hippo- 
cratico , ó Galénico le logró tan ilustre. Es de esta manera: 
CofuUtur Me Philippus Theophrastus Paracelsus insignis Me^ 
dicina Doctor , qui dirá illa vulnera^ lepratn , podagram , f^ 
dropisim , aüaque insanabilia ccrparis contagia mirifica arte 
substulit , ac bona sfsa in pauperes distribuenda , Imoranda- 
que coUocavit. 

En ei párrafo siguiente prueba D. Josef, que las consul- 
tas de los Médicos son útiles ; lo qual yo nunca he negado» 
£n el inmediato ofrece señalar la causa de la oposición de 
dictámenes entre los Médicos , lo qual hace hasta el fbl. 28. 
Que la causa sea esta , ó aquella , no es del caso. Lo que es 
dd caso es, que haya la oposición de dictámenes, pues de 
ella se infiere evidentemente la inoertidumbre. Quando Q. 
Josef ofrece señalar la causa de las qüestiones , habla comm- 
go de esta manera : Pero verdV. Rma. cómo le muestro con 

Ckfh 



99 

riefrtífica evidencia la 'cansa rrocc^^ dertó que pudo aorrao 
este trabajo, pues ya sabía yo la causa (pie D. Josef señala^ 
y sabía de mas á mas otras tres 9 ^ quatro que omite. 

Desde el foU 28 al j i dice , que muchas veces mueren 
los enfermos , ó por sus proprios excesos , ó porque las en* 
iermedades son incurables, y asi , que no se debe echar la 
culpa á los Médicos. En esto tiene razón ; y en quanto á caU 
par los Médicos , ninguno los culpa menos que yo; porque 
estando cierto de que su Arte es falible, conozco que aun el 
que mas estudia, y mas alcanza , por mas que haga , algu-i 
oas veces errará la cura. Mueren , pues , los enfermos , unas 
veces porque las enfermedades son incurables; y otras, por* 
que , aunque sean curables , las hacen incurable con sus ex- 
cesos; otras, porque, aunque admitan cura, no adertacoa 
ella el Medico'; otras, en fin , mueren, porque el mismo Me* 
dico los mata : aunque esto ultimo mui rara vez sucede á loa 
Médicos , que están bien enterados de la falibilidad de su Ar* 
te, y tienen las demás circunstancias que yo señalé al fin de 
la Crisis Medica , porque se van en recetar con mucho tiento» 

Al folio. 3 1 propone como osia una proposición de mui 
diferente modo que yo la be escrito ; esto es , que los enfer^ 
nws solo á la naturaleza deben la mejoría ; y al Medico no 
mas que la mala obra de retardársela. Esta proposicbn, 
enunciada de este modo , es indefinida , y por tanto , equi- 
valente á universal ; y á^ , lo mismo es decir , que los enfer-- 
mos s$h 41a naturaleza deben la mejoría , que dedr , qué 
siempre que mejoran , solo á la naturaleza deben la mejoría^ 
y yo no digo eso , sino que muchas veces ^ que hs enfermos 
mejoran^ solo d la naturaleza deben la mejoría : y el que su-^ 
pede esto muchas veces, es innegable. Por ventura, siempre 
que el enfermo sana , i debe al Medico la mejoría? Si fuese 
asi , donde no hai Médicos , ningún enfermo sanaría. Mu- 
chos han observado , que donde no hai Médicos, viven tan» 
to los hombres, como donde los hai. Algunos se adelantan á 
dedr, que viven mas , y mas sanos. En esto yo no me meto. 
Siendo) pueS) cierto, que las mas de las enfermedades son 

cu- 



100 
curables por scísl la naturaleza, taodbieá ló esr, qiie e^, ai 
pi Medico ( como tniicbas veces sucede ) fatiga í I9 natura*-» 
leza coa reoiedias escusados, retardará lain^oría* 

Desde el foU 32 hasta el 36 propone D. Jfosef , y disuel- 
ve algunos argumentos contra la Mediciq^que no son mios, 
ni me pasó jamás por. el pensamiento ^oponerlos , como 
constará á quien lejresemi Crisis Me4fau 

En el ípL i7 pone de letra bastardilla, como mia , esb| 
proposición , que no todos los accidentes se hayan de querer 
luego en sus primeras invasiones sujetar á los remedios , üa^ 
mando los Médicos. Y con esta ocasión discurre hasta el f. jp^ 
inclusive sobre el riesgo que tiene el no acudir á las enfer^' 
medades en sus principios. Aquella proposición no se hallará 
en toda la Crisis , ni otra equivsdente á ella. Lo que he dicho 
^, se dejen if^ la natural^M aquellos accidentiüos de poca 
monta , que ella por sí misma cura (a), y lo nüsmo digo aora# 

Desde el foU 19 al 45 declama justissimamente D. Josef 
oontra los Médicos recetadores, que desde el príndiño has- 
ta el fin de la enfermedad no hacen visita « en que no orde^ 
nen algún remedio. En esto tiene mucha razón. Para mí no 
es dudable , que todo Medico que receta mucho , mata mu-^ 
cho. Con el prqtexto de que ayuda á la naturaleza , ki de» 
güella, porque debilita las fuerzas, y turba el conato que 
hace para las crises. 

Desde el foL 45 hasta concluir el Discurso , disputa Don 
Josef contra mí sobre el origen de la Medicina, en cuyo in^ 
termedio ingiere elo^os de Hippocrates, y desprecio de los 
Autores que yo he citado en comprobación de ser incierta 
la Medicina. Lr qüestion del origen de la Medicina es pu- 
camente Ustorica , y aá qualquiera cosa que se diga en ella^ 
DO sirve para probar , ni la certeza % ni ia felibilidad del Ar-» 
te : por lo qual no tubo razón D. Josef para decir » al intro-^ 
ducirse en esta qüestion , qué yo hice argumento del origen 
de la Medicina , para probar su mcertidumbre. Tan falso es 

es- 

<«)• rctír. crít. t$m. z. CriiisUcák. nm. ^4. 



lOI 
esto 9 cxmío lo qtied^ dicho arriba ^ de que hice ai^men^ 
to de la expulsión de los Médicos de Rotna« No todo lo que 
se toca en el progreso de un Discurso Critico , se trae como 
prueba del principal asunto. Qualquiera verá, leyendo el 
mió , que no alego como prueba, ni la expulsión de los Me^ 
dicos (y aun ^ala tengo por dudosa), ni el origen de la Me« 
dicina. Pero quién tenga razón en quanto á la qoestion del 
origen, ya se verá hiegó. En las alabanzas de Hippocrates 
convengo, pues yo también le cito siempre con elogio. Re^ 
bajar la justissima estimación que merecen los Autores que 
yo he citado, podrá , quando mas , servir de respuesta á las 
pruebas que hago ab auctoritate^ pero no al argumento á 
ratíone. Al fio de este escrito haré ver la poca razón qué 
también en esta parte tiene -D.Josef. 

Vé aqui V. md. Sr. D. Francisco , que en todo el Discucv 
so de D. Josef no hallamos la respuesta , y satisfacción que 
V. md. dice á los argumentos de mi Crisis. 

Prosigue V. md. continuando la clausula de arriba, en 
aprobación del escrito de D. Josef, de este modo : T kgitt-* 
mámente manifestado el antiguo origen de esta ciencia , con 
las veridicas señas de sus kgitimos ^y utiks Profesores , && 
En quanto á las señas de los útiles JProfesores apruebo la de 
ser estos mui detenidos , y considerados en prescribir reme- 
dios. Lo otro de señalar por buenos solos aquellos Autores^ 
que han seguido el ripio de la doctrina Galénica, tratando á 
los demás de delirantes, como hace D. Josef áda el fin de su 
Discurso, hallará V. md. hoi pocos Médicos de algún credi* 
to en el mundo , á quienes se lo haga creer ; pero hallará in* 
finitos , que buelvan al revés la tortilla. Yo he dado, asi e» 
mi Crisis Medica , como en la Respuesta á Martínez , bas^ 
tantes señas para distinguir los Médicos buenos de los malos» 
y han sido tan bien recibidas de los Profesores, que habién- 
dome impugnado muchos en otros puntos, en este nadie has^ 
td aora me contradijo. Solo Martínez puso en una, ú otra 
drcunstancia algún reparo; pero con mi Respuesta qued6 
satisfecho , como me hizo constar por carta suya. Si , con 

to- 



f02 ^ 

iodo , aquellas seSas'tio son dd giisto de V. md. en eao no 
nos etnbaraoemos. Paso á examinar la qüestíoa dd origen «Je 
laMedidoa. . 

Habia escrito yo en la Crisis Medica, de paso , y solo 
por modo de introducción á las variaciones que después pa- 
deció el Arte 9 que la Medicina fue criada a^un tiempo co- 
ma fttOa expósita aporque no habia otra regla para curar los 
etfermos^ que- exponerlos en las plazas ^y calles públicas ^ pnh 
ra que los que transitaban les prescribiesen remedios. Don*- 
de omití, por no detenerme en una noticia harto trivial , co« 
mo de estos remedios los que con la experiencia se tialiaron 
mas comprobados , se escribieron en las columnas , y pare- 
des de los Templos , de donde los tradadaron de^esalgu* 
nos antiguos Médicos , y sobre estos principios se empezó á 
formar el Arte. 

Contradice esta noticia D. Josef, pretendiendo, que la 
Medicina que hoi tenemos , y la que hubo en todos ÚQmpo% 
es legítima descendiente de la denda infusa de Adán , el 
qual , dice D. Josef , ^le es mui probable , que escribiese li- 
tros de Medicina; y poco mas abajo, que es mui verosímil, 
que estos libros los guardase el Santo Patriarca Noe en d 
Arca ^y después sus hijos los comunicasen d sus descendien^ 
tes ; conservándose principalmente entre los Caldeos , de denu- 
de la pasó Maso d Egipto el Santo Patriarca jfbrahan^ y 
de ellos trasladó después Apis los que compuso de esta ciencia 
entre los Egipcios , de donde los pasó á la Grecia Esculapio. 
¡Raro modo de prueba de una noticia histórica es la que em* 
pieza con es mui probable , prosigue con es mui verosímil^ y 
acaba con acaso los pasó^ sin dtar para estas transmigra- 
ciones.de Caldea á Egipto, y de Egipto á Grecia Autor ala- 
guno que lo diga! 

Para probar que Adán escribió libros de Mediana, yes- 
tos pasaron á Caldea , ya alega D. Josef un Autor ; pero en 
quien concurren las tres nulidades de ser uno solo, de ser 
desconocido , y por tanto no saberse qué fé merezca, y en 
fin « de no haberle visto el mismo D. Josef 9 pues dice, que 

es 



30^ 

es siiigiáafissiiiio él librd ^y cíoíftO)^tat le lifelteA k)¿ Jiísuítak 

de la Villa de Monforte deLemus, y tti mxnúxpmúDl Jo^ 

sef quién le ministró esta notitía. Dice que el Autor se llama 

Cuzemi ^ de Nación Caldeo, y que escribió de Agricultura; 

en cuya Obra cita muchas veces los libros que ootbpusieroa 

de Medicina Adán i Setht y otros Patriarcas; ^ r^i j 

Que Adán tubo dénc^ iiiñ»a de todas las bMainatura-i* 

les 9 es s^tir común de l(£«:Teotog06. Que escribiese libro! 

de Medicina , ni de otro algún Arte , es tan incierto , que el 

eruditissimo jesuíta Martin Delrio (tf> afirma como cosa 

constante , que no escñbió de ciencia, 6 arteaíguno ninguti 

Padre , ni Expositor Sagrada ;^ ni Autor profiírio ^ dSgho" de 

alguna fé ;dice que Adán escñbmit&Mí alguna^ LósCbí4 

merizantes Rabinos le «atribuyen dos libros , uno intitulado 

ios Generaciones de Adán , en que dicen se contenían los 

sucesos del mundo hasta Enoch : otro el libro del primer 

Adán , que proseguía refiriendo todósi los sucesos futuros. 

i/>s i&(bulosissimos Mahometanos le atribuyen orro^ cuyo titíi^ 

lo Íes , Testamento, de la káz:,y sa contenido es el testamento 

de Adán ; los infatuados Alchimistas (b) atribuyen á Adán 

&o sé qué libro , 6 libros de la Piedra Filosofal , según el Pa^ 

dre Delrio en el lugar citado arriba. Con que tenemos mui 

buenos ;teistigos de los Hbros de Adán , el temario s(ipi*c^o 

de Itíú eidbusferós Rabinos, Mahometanos ^ y Alchimiscasl 

y asm admitiendo todos estos libros fabuíosoísí , mhUfátúcÁ 

entre ellos alguno de Meditíúá z solo lo dice ei Caldeo ; qué 

está en Monforte; , . » 

i Vamos claros , Sr. D. Frandscoc ¿le parece á y«md. que 

si los' Iteuitas poseyesen on escrito, donde>ite haUiaÁseh^ e^pé^ 

des extraídas de los libroft derAdan (^e, oooioí ^áf t<^ dé 

una ciencia inftisa , precisamente hablan de ^er^admirabfesi 

iFUtilissimas ) , hablan de tener tan poca caridad con el pú- 

blico^que le recatasen este tesoro i Ni lo creerá V.tnd. ni 

. ..:. .ASL,. :.--- lo" 



Xa) Delrio iib. i Dhq. Magk. Cáf. $ , aumst. i , stct. x, 
YSltS> fjf, 



(b) V¿asc la HÍTtSrra % la Igl^; f ddTlTiuídó^ K-Gabad-*^ 



104 

^o creeré yO};:Anfi9»lici9 persuadtrép»q8 dthbos « i ique cónsul-!- 
lando á J^^iuijicJQd pública vy* á la particular del Colegio^ 
Je darían á la esitampa ; y no haciéndolo , se colige , que, 
como doctos /tienen- aquel libro por indigno de fé., aunque 
le.^n^iiVeA pof raro.} porque €n las Librerías de Comuni* 
dades sé guard^'^innnOl^bigas aprectables , los libros nm 
ravQ$ryíQsp«€¿abpentt?'m9waCri(Q$. ai^ y de Autores 

tnui estrenos, 'imfH|ije. por Otra parte no contengan sino em* 
^st^ , y: B9tra6Wf -..,/.. 

. X>e. los X4brpti .^e Seth ningún Autor sagrado , ni profano 
h^^Mmi^i»< IfO quiQ.timcaniente^se halla , es lo que de él 
á^^f^ipr^qi^ojl^a) }:eftto ea 5 qu? sabiendoeste I^triarcat 
yi j^ jQPl^i^aNK» mcse9orei , poF lo que habiaq oído á su 
padre Adán: ^i que «l.;routido' babia de ser castigado con dos 
diluvio; , vtno de aguan otro efe Juego t porque no perecie^ 
sen :muchs;s ^oticia3 de las^ cosas naturales , que con su estur 
<ik>.9 y Pplii^^ráQft «habían: Bd(luiridQ^i las es^críbieroa .en dos 
qHuipn^^jtncW^^diíilAdrillo ^M otra de piedra.. £tt» nocíf- 
í^/$rSk^^^.^^muík ii« Autor ;como. Josefo v eá.tpnida 
por fa^uH>^.p0r loa.Eseritordi de buen jdcp^ Donde ad? 
vierto tambi^o.; que «unquendd fuese verdadera ,. nada se 
fieguia á^l^Yorjideltorigen dela^Medicína v porque en aque* 
jlas .columnas: flptse* ^tamparon todast Jas^Cienclas » yArtes^ 
jjomo-iHcopsid^adflmenW idlcep algunoB Aunores^^ .citando 
Á Jw?foís¡n baberteuMdQí pu«R Josefó «cpfBsanjente limita 
eI:estud¡o,!y apUqftcion deSeth^-yMlsfdísandientes á la Aa- 
tronomía , 6 Cienda de las cosas celestes ; .SSikraím, scienT 
tiam^ af c¿eks$ÍMm rmwnélc^icttem^xcogiiav^runt.. Con 
que ySif* Du JfraoQiíco i. estí -erige» dfr la Medicina ,jpropár 
g84p PQr¡loífJüibrQs de AdM.^fj SethíiC diga ^Joque quisieite 
PjE^ní}t');»:no.:e$tii bíeá ^ustado#f >i: . i • • f: ^ • j .^í '-■.■' ^ 
Pero apuwtoos masje^ta materia > rpárü cuyo efecto go- 
piaré.jaqiji JüteraUnentc laclausutooonque D.Josrfse juc 
troduceá impugnarme sobre el origen de la Medicina: R. P. 

'--Mr' 






(4) Joseph. Antiq. Jndah. lit. i , af. i. 



.:r\ , ./i.;v 



105 

M. de eOamMérJa , con la venia dé V. Rma. 4lgma notiy 
tía mas tenemos hs Médicos (pie, oseo algm&\ porque naí- 
importa ; y asi Ufemos 'procurado hacér^^d nuestra Fáculfdd 
mas antiguas ^y mas honradas pruebófí (^1; 49). Bien sabe* 
el Sr. D, Josef ( y mas aora , que viese ate ocuparse en la^ 
califícadon de su proprm nobleza >9 que ¿ nadie se hacei^ 
pruebas con un testigo solo; y D. Josef para las del origen 
de la Mediana no cita sino á uno , conviétté á saber GUze^ 
w& ; á que se añade ser testigo no conocido^ ñi haberle e> 
mismo D. Josef examinado , pues no le leyó« Pbro voi á^ 
Pira cosa. . - . 

Diceme D. Josef, que de esta materia tienen mas notl-' 
da los Médicos, por<}ue les importa. Convengo en ello «y 
estemos en esto. Aora entro yo. Sedsic ess\ que los Medi-^ 
eos en esta materia dicen lo que digo yo, y no lo que dicéf 
D. Josef: ergo. La menor subsunta se prueba con evidentíaf 
porque D. Josef no dta por su sentencia Autor Medico al^ 
guno , sí solo uno . que escribió de Agricultura ; y yo le ci- 
taré no menos que quatro Autores Médicos por la mía» 
Cuenta con ellos» 

Lucas Tozzi ( Medico ) en la Dedicatoria del primer 
Tomo , hablando de la Mediana , dice asi : Trojanis ternpo^ 
ribus vulneram dumtaxat ctsratione clara fuit. ( No se sa« 
bia en aquel tiempo otra cosa de Medidna mas que la cu- 
ración de las heridas. Buena traza dé andar por^l nífundó 
los libros de AdanO Deinde usque ad Pehponésiacum hethám 
in nocte densissima ¡atuis^ atque ab fus soÜs\ ^ia áliqüanS 
segrotassent , ediscehantur remedia. ( No habia otros Me-^ 
eos, que los que habian padeddo las mismas enfisrmedlides.^ 
Proptereaque kge cautum erat apud Assyrios , ta morhis de^ 
fimctisnalé affkctos circuirent ^ ilhsque docerent/^^ *qua ipst 
ope adjuti evaserint\, partter -apud Mgyptios , & Babylo-^ 
mos languentes in compitis expositi. { Vé aquí la niña expo- 
rta que ya deda^ ) Prietoreuntes sciscitabanfur , 5*/ quid sa^ 
kaare ad iUum morbum experti fuerint. Deinde in Grcecia 
Uberatí Janguoribus ^inscribere cceperunt in tabeUis ^ qua 
in adibus JEsculapii , AppolÜnrs ; ccstetorumque Deotum 

Aa a 1^- 



10^ 

sisie fextur Ñiíp^karatw 9 ' ¿K imtisuisse * JIMiciminu . G6q 
9V^\HIPP0creiw /iQSttmyó ^ Medicina sdbte.lM:BQtida& 
que halló ^n lo$ Jemploa v<:omprobi^as por la experknda 
de los hombres». Luego de aquella experiencia es hija fetMer 
diciiKt Hyppocratíofi , y. do de losi sonados líbrois de Adán. • 
( ^ Herpipn Bohoraaive (M^Wo ) to los Proiegonenos habla 
asi del Arte>IV|edÍQo: Prima cindendíe arti fimdamentajedt^ 
€asus fcrtuitíáf^ ( ¿ Pues d^^iKle están los libros de Adaa 1 > 
Secunda wfíHralif instinctjus. Tertid eventus haud pr^evius. 
Incrementum deinde dedit primó memoria experimentorumy 
qaa ob$u¡erani préegressa ; Secundi descriptío morbi ^ r^me- 
dii,^ fí, fUffesft4^ : 4^ .cQlunmis « tabuUs ^ 4í parietibus Tem^ 
phnmu ( Estos ^ra^;los libros donde entonoes se estudiaba 
la Medicioa , y oq los de Adao. ) Tertid Mgrorum in tri-^ 
viis n & foro expositio ( otra vez entra aqui la niña expó- 
sita), mt transeutaes de morbo compettarent \ remedia j si 
noranty aperirent. 

, Lo mi^mo. pukitoalnaente c^e los. dos Autores alegados* 
dice Conrado Barchusen ( Medico ) , que escribió de intento 
1^ Historia de la Modicina^imyo e0(tra¡C(0 tengaln^er to et las 
Memorias de Trevoux del año de 1 7 10 , tom. 4 ^/id. 1P36. 

Pero qníen coq «as exten^on , y claridad trata de esta 
materia es Reyes. en sii Campo Elysio (a). Este eroditissinio 
Autpr dice coniQJa Medjdna padeció dos. naufragios uni- 
versales. £A priiRec<>.exti«guió ki'Medicinaque había dqado 
nuestro P^re Adán., híqual juntamente con las noticias dé 
las demás ciencias^ y art^ se fiie disminuyendo .poco á poco 
en la memonj^ de los homjbred , hasta que del todo se per^ 
dio : Tatfdmgue cum omm6ws^ientih^.& (trtíbus. h^enti 
^atifofysfno pffíifus ohruta^ ^ ex$wcta Medicina es^ .Ooií. 
qMe ^. íií®^ Jiferos de Arfaa-, y 8sib,. también peretícron. 
S¿)bre erAipdftipento de Ja experiencia, forado después el 
Arte Medico ¿sculapb (. todo $9. 4^ cítadQ Autor ) , d 

;.■..•. . . . • qual '. 






10/ 
quál tambíeo' se fue perdiendo : y esté fiíe eltegutido oau«- 
fragio que padeció la Medicina. En esta ruina dei Arte.anr 
daban los hombres tentando la ropa á. la naturaleza ^ para 
buscar remedios ; y este fue el tiempo ^ en que se acostum- 
braba poner los enfermos en los lugares públicos , para que 
los que hablan experimentado algún remxidio , se lo avisar 
sen : ^tque ita ( dice el Autor > pasitos per plateas infirmas 
eir^bant ( tercera vez encontramos con la niña expósita) 
ta ilíos d se expertis remediis juvare possent. Dice después, 
que estos remedios se escribían en los Templos « y que so- 
bre el fundamento de estas noticias , añadiendo su expe- 
riencia , y discurso , formó Hippocrates la Medicina. Haud 
dubium est Hippocratem muka ex his co^gisse^ atque addi* 
ta mox experientia , & ratkme , viam optime medendi , m;?- 
dum satis usque ad se compktam , aut mani/estam ^ sed can- 
fusam , ac inviam cansummasse. 

Quiero añadir á los quatro Autores Médicos alegados 
otro , que aunque no lo fue de profesicMi y por su antigüe^ 
dad , y por su emíaenté.erudicion en todo genero de litera* 
tura ckbe ser admitido. Coa esto tendremos dnco testigos^ 
que sobran para las pruebas que hacemos del origen de la 
Medicba. Él gran Plutarco en el libro que intituló : ^li 
hené lateat vivens , dice asi dei modo que tenian en curarse 
ios antiguos : At prisci Hü mortaks agratos palám cura- 
hánt veorstm wmsquiique si.^qM. habtdsset canducibik y qt0d 
4)el ipse étgfütansiy vel akeramcurans camp^risset ^ consa^ 
Jebat eij cui opus erat* Atqme itaferunt artem experimen- 
tas natam in majas auctam esse* Esto dicen los Autores Me*- 
jdicos.ea quamó al origen de la Medicina : y los. cinco Aur 
•txMresiqae yo cito, no están ea alguna BíbUoteca distante^ 
dno en la librería de\mi oekla, para que quien quisiere veof 
-gá á ver si están fielmente estados :Me he detíenido tin «sta 
^qfiestion, para qué otra vez se e$qu9ie hablarme con tanta 
•satisfacción en la impugnación de mis noticias : pues ningu* 
na di , ni daré á la estampa ( aun aquellas que tocó de^pfiso^ 
iGomo acQidedtates il asunto ) » qub ao .teoga juati&adai coa 
¿uenos.ap&yoSfi' - 



.1 



ji . ..i 



Aa i Pro- 



io8 

Prosigue V« mS. St. Di Frandaco vhablaiido cén D. Jo* 
sd^y suponieruk que tut pruebas todas son comtenientes y te 
prevengo , que no serán del gusto de todos ^ porque no pu^ 
diendo ser Jos honAres unhersalmente de un mismo dicta^ 
men , por haberks dejado Dios esta pena de fatigarse , por 
saber cómo son ¡as cosas criadas ^ no sera justo pretendas^ 
ni juzgues combatir á tantos ameres proprios^ d titulo de que 
tienes de tu parte los mejores fundamentos. £1 amor proprio 
inas sospechoso es , que influya en quien escribe defendiendo 
la Facultad que le da de comer , que en quien ^ por impug^ 
narla, nadie le ha de dar sino q^xemeaomes. Las pruebas con^ 
venientes^y mejores fundamentos y que en esta clausula se ca* 
lifícan y no se sabe quales son : pues D. Josef en todo su £s* 
crito no trae prueba alguna ^ ni buena , ni mala de la certe- 
za de la Medicina. Supongo , que con la agudeza de su in- 
genio bien podia discurrir algunas sutilezas que en la apa- 
riencia la probasen. Pero como en este punto siente lo mis^ 
mo que yo , no quiso empeñarse en probar lo que sabia no 
podia probar con solidez. Dirélo de otro modo : tubo por 
mejor no probarlo ^ que probarlo como V.nxl. lo prueba. 

Prosigue : Ta veo^ que en el tal Discurso se dirige toda la 
empresa de su Autor (aqui entro yo) con lo agudo^y exqui- 
sito de sus Discursos yy auxiliado de algunos Patronos j^ü^ 
fieos y aunque no de la nu^yor autoridad entre nuestros diestros 
Profesores ^ para por eUos educir similes , sobre que la Me^ 
dicina de aora es Arte incierta ^ dudosa ^ y faUbk ^ parecien- 
thle descubría en los análogos del decir h^ las egecuciones^ 
y desengaños de {firmarlo. Si los Patronos son de mucha 
autoridad , y quienes son los Profesores diestros t se verá 
después. Lo de educir por ellos algunos similes , no lo en* 
tiendo , y mucho menos los análogos del decirlo. Aamismo 
toda la siguiente clausula hasta acabar el parrafa^es im* 
penetrable ; pues habiendo yo pedido á algunos discretos 
que me la explicasen , llanamente me dijeron ^ que tampoco 
Ja percibian. 

Bcielve después^ V. md. i felicitar á XX Josef sobre su 
Escrito de esta suerte : Me alegro hayas tomado, la pluma 

tan 



tan noBkmfité ^'qat también el perdanár caJIaridoda aliento 
á que prosiga el mundo delinquiendo. Esto ya lo entieado» 
Quiere decir ^ que yo cometí delito en escribir la Crisis Me^ 
dica , y delito tal , que no se debe perdonar. Sin embargo 
yo perdono de todo corazón la injuria que se me hace ea 
tratar aquello de delito. 

-^ Prosigue : Solo reparo ser vakntia ( esto es á mí ) a/tr-' 
mar i que todos los remedios son inciertos , dudosos , y fali^. 
hks absolutamente. Esto , d mi entender , es querer decir^. 
que Dios ha hecho una naturaleza mas capaz de males , que. 
de remedios. Que la hiciese Dios asi , ó que la hiciese tal el 
pecado de Adán , lo que no tiene duda es, que en el estado 
presente somos mas capaces de males, que de remedios , que 
por eso este eis valle de lagrimas. V. iná. es capaz de pade^ 
cer mal de gota , y no es capaz de aplicarse remedio para 
ese mal. Lo que se sigue del párrafo , con la autoridad de 
Orígenes, prueba que Dios crió medicamentos , y antido^ 
tos ; pero no que los Médicos sepan á punto fijo la «yirtudi 
y uso de ellos. 

Añade luego en' el párrafo nguíente , que es notablt re^ 
solución discurrir , que Mppocrates ^ Galeno ^y otros no co^ 
nociesen éstos medicamentos. Lo que se dice es, que ni Hippo-» 
crates, ni Galeno supieron con certeza ( cuidado con la pa-> 
labra certeza > con qué medicamentos ^ quándo , y cómo 
aplicados, se curan las enfermedades. Esto se probaní abajo* 
Entre tanto digahos V. md. que medicamentos infalibles ha^ 
ttó en los escritos de Híppocrates , y Galeno para las enfer-- 
medades, de que trataron estos dos grandes hombres, y que 
á V* md. ocurren en la práctica. 

' En el párrafo siguiente dice, que la acusación fuera justa 
contra los Médicos ignorantes ; pero no contra los doctos* 
Todos los Médicos que escriben contra mí , se matan sobre 
esto: que es 16 mismo que implícitamente colocarse cada uno 
i sí proprio en la clase de los doctos. Lo que digo es , que 
Medicina cierta ninguno la tiene. La diferencia está única-» 
mente , en que los Medióos buenos conjeturan ; los malos 
desatinan. 

Aa 4 El 



lio 
£1 párrafo lomeduito es iotroductório á Ids dedióiistra- 
dones ofrecidas de la certeza de la AfecBcina , las quales 
empiezan al fiti del foU 5 de este modo : Las demmstracuH 
fíes que kgitimameme se pueden hacer en comprobación de 
ser la Medicina , como la profesamos , y egercemas ^ cierta^ 
son tantas , quantos enfermos logran salud , triunfando de 
graves dolenciaí por medie de la recta apUcacion de los 
remedios ; de las quales probablemente murieran^ é no ser 
socorridos por los Médicos doctos , y experimesstadas con loe 
remedios. Aqui hai una implícadon manifiesta. Si los enfer- 
mos probablemente murieran , á no ser socorridos, luego solo 
es probable ^.y no cierto, que debiesen la vida al socorro; 
por conáguiente tan lejos está de inferirse de aqui ^ que la 
Medicina es derta , é infalible , que antes se infiere lo con«- 
trario. Es cierto , que nunca se puede saber con evidenda 
que el enfermo muriera ^ si el Medico no le socorriera. Pues 
si algunas veces se ve , que los enfermos abandonados de 
U» Médicos por deplorados <» mcáDcan por beneficio solo de la 
naturaleza , mas íadl es que por el mismo benefido mejoren 
Butcfaos de los que .ellos tienen por curables, por peligrosos 
que se juzguen : luego no hai caso alguno en que se sepa con 
evidenda , que el enfermo debe la salud á la Medidna. Pero 
demos esto de grada. No se infiere lo que se pretende ; / 
me explicaré con un simil. Un hombre ^ dudoso del camino 
por donde se vá de un Lugar á otro , eolprende el viage , y 
es posible que aderte , ó por mera casualidad , ó gobernaos 
<bse solo por conjeturas. Al llegar al termino ^ conoce coa 
evidenda que acertó con el camino. \ De aqui se infiere , que 
antes sabía con evidencia , qué senda habia de seguir ? Na 
por cierto. Pues lo misniío sucede en la Medicina. Aun quan*- 
do al convalecer el enfermo , se supiese .con evidenda , que 
el Medico habia acertado con la cura <» no se infiere que an- 
tes tubiese conocimiento cierto de cómo le debia curar. Pu- 
do acertar por meras conjeturas , y aun por pura casualidad. 
Lo que , pues ^ se debe creer que sucede á los Médicos en la 
curadon , es lo que sucede á todos los que obran por pura 
conjetura, ó probabilidad ; esto es , que unas veces. adertao» 

y 



III 

y otras yerran; por i consiguiente unas veces curan , otras 
inatan ; y otras ni matan, ni curan , porque la nátural^a re^ 
$tste el yerro de la cura , y vence ta enfermedad. \ 

Contrae luego V. md. á la curación de enfermedades 
epidémicas lo que habia dicho de la curación eti general. 
Y es cosa admirable , que vaya á mostrarnos la infalibilidad 
de la Medicina , adonde mas que en otra alguna parte está 
dudosa, y obscura. Todos los Autores que han manejada 
fiiebres epidémicas asientan , que en ningún otro genero de 
dolencias se hallan los Médicos mas perplejos , á causa de 
que, aunque en la corteza haya semejanza de unas á otras, 
cada una tiene su singular carácter , por el qual pide distinta 
curación ; y asi las observaciones hechas en una epidemia- 
no sirven para otra , antes bien muchas veces lo qu^ en una 
epidemia alivia , en otra mata. El célebre Sidenban (<i>, quel 
asistió con vigilantissima observación en muchas epidemias,' 
confiesa que en los principios de cada una andaba conoo de 
nuevo , tentando la ropa , y probando ya un remedio , ya 
otro , hasta ver qual producía mejor suceso. Doko advierte^ 
que en semejantes enfermedades nunca el Medico puede , ni 
debe prometer la mejoría , porque nunca puede estar ase- 
gurado de ella : Medlcus numquam debet promittere recon^ 
valescentiam (b). \ Qué bien viene esto con la infelibilidad 
de la Medicina i Reyes advierte {c) que por ser tan varias 
las enfermedades pestilentes , y epidémicas ^ nunca se po^ 
drá conseguir remedio cierto para ellas. Lo mismo dice el 
doctissimo Juan Jacobo Unaldismith {d). Lo mismo Ribcs 
rio (e) , en quanto i aprovechar , ó no la sangría en las fíe* 
bres epidémicas. 

De aqui es haber sido en muchas epidemias fíinestissimo 
el uso de la Medicina , librando mucho mejor los que no se 

me- 



■« 



(4) Sydenhan de Febrib. cap. i. 

Ib) Doleo/i^. 4. de Vebrib. caf. 5. 

' (O Reyes Cawif. Eiys. quétst. 66. 

• (í) Unaldismith tem. i^fel. mtbi ^f f. 

' (O El Ribcrio Ub. 17. sea. 3 , r^. x. 



lis 

medicaban. Esto observó el RaxbaaM tp las constítudo- 
nes epidémicas Mutineoses , donde 4ioe : Que mas presto^ 
y mas seguramente fueron curados ¡tfsque no se sangraron, 
ni'purgaron , ni se ks dio algún ot¿o genero de remeiüo^fian- 
do todo el negocio de su salúdela naturaleza. En la epide^ 
mia que padeció este Prioci^do el año de diez ^ habiendo 
(rfdo yo , que en la Villa de Gijon , donde hubo muchos en^ 
fermos , raro , ó ninguno murió , le pregunté la causa á Don 
Aatonio Mazias ^ Medico que era á la sazón de aquel Parti*^ 
do 9 y uno de los mas juiciosos , y advertidos que conocí. 
Pijome , que los habia curado ^ no curándolos. Procuraba 
no quebrantar con remedios la naturaleza , y solo les orde- 
naba alguna cosa mui leve ^ solo porque no dijesen que no 
hacia algo. Esta fue su respuesta! En el segutkio Tomo de 
Bois se halla la Carta de un Medico Valendano , donde 
dice^ que en una epidemia de costados que hubo en aquel 
Reino t usando él , y otros dos compañeros suyos del reme-' 
dio común de la sangría ^ se les morían muchissimos , hasta 
que , sabiendo que una pobre muger con un remecfio fadl, 
y casero habia salvado á su marido, y á sus hijos , se abs- 
tubo en adelante de sangrar , y se libraban todos , ó casi 
todos. ¡ Ah Sr. D. Francisco! Si la Medicina fuera infalible 
en la cura de las enfermedades epidémicas , no hubiera la 
epidemia del año de diez hecho en la casa propria de V.md. 
el sangriento destrozo que hizo. 

Hacese luego V. md. una objeción con estas palabras: Ta 
9Ígo repücar d estos ^ que también acontece morirse los medi^ 
cinados ^y que d los otros suele socorrer liberal la naturales 
za^ La respuesta de V. md. es la siguiente : yí cuyo argu-* 
mentó digo $ qué quahdo Dios , usando de su dominio^ decreta 
dar d un hombre una enfermedad mortal , no tiene lugar el 
remedio , porque el decreto superior , contra quien no valen 
fuerzas humanas , dirige en estos casos nuestros dictamener 
á la egecucion de su divina voluntad. Esta soUjicion destruye 
enteramente á la Medicina , y á los Médicos. En todas las 
enfermedades hai decreto absoluto de muerte , ú de vida. 
Y tan cierto es , que sí hüv decreto de vida > vivirá el enfer- 
mo. 



n3 

mo , aunque no llame al Medico ; como que morirá ^ si hai 
decreto de muerte , aunque le llame. Pongamos , pues , que 
un enfermo > retorciéndole á V. md. la solución , le arguye 
asi: Sr. D.Francisco , si está decretado que yo muera , V.md« 
DO podrá hacerme vivir; y si está decretado que viva, la 
enfermedad no podrá hacerme morir. Pues estese V. md. ¿á 
su casa ^ que no le he menester para nada. ¿ Qué le respon-^ 
derá V. md. habiendo dado aquella solución ? 

Recurrir á decretos condicionados , para responder i 
este dilema , es inútil. Lo uno , porque el decreto condición 
oado no quita su egecucion al absoluto , que es la razón pofr 
que algunos graves Teólogos han excluido de Dios, como 
superfinos , los decretos condicionados. Lo otro , porque 
siendo derto que los Médicos tal vez curan al que sin ellos 
muriera, y tal vez matan al que sin ellos sanara; tan posible 
es el decreto condicionado de que el enfermo viva , si^no 
llama al Medico , y muera si le llama , como el opuesto d^ 
que si le llama , viva , y sí no le llama , muera.* Y como no 
podemos saber, ano por revelación, al tiempp que enferma* 
mos , si hai este decreto , ó aquel , no tenemos: mas razoa 
para llamar al Medico , que para no llamarle. Vea V. nkU 
en qué pantano se ha metido con su recurso á los decretos 
divinos. 

Si á V. md. le hace dificultad mi proposición , de que tal 
vez las Médicos taaatan al qué sin ellos sanara, óigale decir 
i un gran Medico , como son muchos mas los enfermos á 
quienes los Médicos indoctos matan , y vivieran si no fuera 
por los Médicos , que aquellos á quienes libran los Médicos 
doctos , y murieran si no fuera por ellos : Cwípluret ab in* 
docfis Mediéis hngé occidutaur , alioquin victuri , quam ma^ 
rüuri ab eruditís sahentur (a). Con que siendo rarissimo el 
^ue puede discernir los Médicos doctos de los indoctos (ma^ 
feria en que freqüentissimamente viven los Puebles mui en- 
gañados, como asientan los mismos Autores de Medicina) 

mas 

. (4) Hieíon. Caidan. de MctMúmdoiii^ €»f. 100. apud PicioelU 



"4 

tnas razotí tíeorel enfermo para téiñer qué el Medico le ma-* 
te i que para esperar que le cure. Hasta aqui de la primera 
prudba « que V. md« me alega por la iofalibiiidad de la Me- 
dicba. 

La segunda demonstracion (a) la toma V.md. de que 
Galeno dice de sí mismo ^ que siendo de su nacimiento mui 
enfermizo' ,. sé^ libró de muchos achaques con las medíciaas* 
¡ Rara demonstradoo! No igpora V.md. que toda demons- 
tracion pide esencialmente dos cosas : la una , que las pre- 
misas s&Lü evidentes ; la otra , que la conseqüenda sea le- 
gitima y Y ambas cosas faltan aqui. El dicho de Galeno no 
constituye infalible lo que afirma ; porque Galeno no es la 
suma verdad : luego oo es ioialible aquel antecedente , cuya 
verdad únicamente estriva en el dicho de Galeno. Pero 
quiero darle por evidente : ¿ por dónde saldrá la conse- 
qüeñcia , de que la Medicina es infelible? ¿ Una Mediana 
puramente probable no podrá librar á muchos ( ya que oo 
á todos , ni á los mas) de sus achaquéis? Nó faai duda. Luego 
con Medicina puramente probable pudo Galeno mejorar su 
salud. Lo que yo leí de Qaleno , y que lo refiere él mismos 
es 9 qu^ de mozo era mui goloso de hongos, y otras porque- 
rías, y absteniéndose de ellas después , mcgoró de sus indis- 
posiciones. Para curarse de este modo, no son menester pur-* 
gas V pi iaogrias. 

'. Pero para que se vea qué infalibilidad tubo la Cienda 
Medica de Galeno , sépase que él dice de sí mismo , que 
prescribió varios remedios á sus enfermos , solo porque ha* 
|>ia soñado que eran convenientes (¿) ; y en otra parte re- 
fiere ^ que á sí fnismo se sangró una arteria en la mano de- 
recha, por haber soñado que le sería saludable (c)^ Esta es 
b infalibilidad que tenia en su Arte aquel grande Héroe de 
la Mediana. A fé que es de temer que algunos de los secta* 

ríos 

(a) Dorado féU 9* 

' (Jf) Comment, i. de Humonb. text, ».. . 
;:í (c) üb. de Simg9ín^missi0th anh uUim. apud PauL Zacb, IH» 4> fif* <> 
qu4CSi. s , num. 17 , & Reyes qiMSt, ^7.9 »m* i^. . . . i 



"5 

nos finos de Galeno i siguiendo el egemplo dé sü Caudillo, 
nos manden sangrar , y purgar solo porque lo han soñado, 
y, con todo- nos diráa que latMedidna es in&lible : porque 
( ya se ve ) ¿ qué reglas mas infólibles que los sueños ? 

AqUi se acabaron las demonstradones ofreddas de la 
certeza de la Mediana , las quales se reducen en limpio á 
aquella primera proposición : Las denumstr aciones^ &c* sen 
ianias , quantos enfermos logran salud , &c. Pues d egeoH 
pío de Galeno , por ser uno de aquellos quantos\tio añade 
pada. Y ve aqui , que si alguno qui^ese probar , que la Me-^ 
dicina , qual los hombres hoi la practíca^n ( pues de esa ha* 
blajpQS ) es no siolo inútil, sino pernidosa , lo demonstraria 
dd mismo modo, diciendo:. Las demanstraciones que kgit 
timumenté se pueden hacer , de que ia Medicina , C(nno se 
egerce , y priesa , es perniciosa , y funesta , son tantas^ 
quantos son hs etfermos que mueren d manos de los Medic- 
eos; y siendo estos muchos mas, que aquellos que los Me- 
dicQS curan ( como arriba nos deja dicho Cardanp ) , se in« 
fiere » que muchas mas demonstradones hai de que la IVfe^ 
didna es perniciosa, que. de que es utiK Después se puíede 
confirmar con el egemplo de algunos enfermizos ( y á Te que 
no son pocos ) que aseguran , que empeoraron después qiie 
se pusieron en manos de los Médicos , y mgoraron de- 
jándolos. 

Si se me respondiere , que estos danos los hacen los Mé- 
dicos malos , ó indoctos , no los buenos , y doctos ;, conven-!» 
go en ello, i Pero cómo sabremos quáles son buenos, y qua- 
les malos ? No lo pregunto para mí (que yo bien lo sé) , sino 
para el Pueblo. Si estamos al dicho de cada uno , el mas jg- 
Dorante esr un Hippocrates. Si al dd Vulgo , éste siempre 
reputa por d mayor Medico aquel en quien vé mas ojaraica, 
bamboHa^.y osadía: y como el Medico tenga estas tres prent 
das , bjen puede matar á roso , y belloso , que tiene su cré- 
dito seguro , por mas que procuren desengañar al Vulgo los 
que distinguen 4o blanca de 4o negro. Qtwda , pues , en pie 
l^./dudar:de!qual:e$Medicobueno,'ómalo:y soló sabemoá 
de:d^to i que soa muchos mas loa: malos ,tque iba buenos^ 
^... " ' De 



ii6 

De que se infiere con evidénda , ipié el eaftirmo 5 al tiémpa 
que llama al Medico , mucho «(¿6 miedo debe tener de que 
el Medico le daoe ^ que espei6*riza de que le alivie. 

} Pero será derco esto /de que son muchos mas los Me^ 
dtcos malos , que los bueáos ? Tan derto es , que es innega- 
ble : porque sobre que los mismos Autores Médicos se la-¿ 
mentan de esta desgracia de la Medicina, sá te hace refle^ 
xíon sobre la suma arduidad de esta Ciencia, y d grande 
estudio , é ingenio que pide ; y por otra parte se considera, 
que casi quantos se dan á la Mediana con pcmer en una Aula 
los primaros ergos, y dos años dé práctica , que sean agu- 
dos, que romos , se hallan Médicos hechos , y derechos, y 
después la multitud de enfermos les deja poquissimo tiempo 
para estudiar , saldrá 1 la cuenta , que sok) uno , ú otro de 
ingenio , y compreension singularissima ( de los quales ape-* 
ñas entre ciento hai uno) puede ser buen Medico. 

Recurrir á la experienda , para que supla el defecto de 
estudio V y habilidad , es vano efugio. Vemos que un Medi- 
co , que tiene muchos enfermos , no se aicuerda por la tarde 
de lo que recetó por la mañana. ¿Cómo se acordará de los 
remedios que aplicó á los enfermos el año pasado , y del 
decto que hideron , para hacer de este modo la colecdoii 
de anumerables experimentos en sumemork , que es el me-^ 
dio de* adquirir el conocimiento experimental ? Así es cierto» 
que los que visitan mas enfermos, no solo son los que menps 
estudian « mas también los míe menos observan. 

Y si esto no basta , o^ase en la voz del piadoso Rey 
Felipe Tercero » la de mudu» personas doctas , y zelosas, 
que le instruyeron de que era tanta la carestía que habia de 
buenos Médicos» que se podia temer que faltasen aun para 
las Personas Reales. Asi dice en el libro j de la nueva Reco* 
piladon, tit. 16 , ley 11 : Porque hemos sido infbrmados de 
personas doctas » y alosas del bien comun^^ que en estos 
nuestros Reinos hai mucha faka de buenas Médicos , de 
mden se pueda tener satisfdt^ion ^y que se puede temer que 
hm de faltar para las Personas Reales ^^c. Hago aora 
esta reflexion. .Quaodo Felipe lüerGero dijp esta, ya tetaba 

ios- 



117 
ipstituido el Tribunal del Pratoi-Medicaió , y eran examina* 
{los las Profesores del mismo modo que hoi, habiéndolo arrer 
glado asi Eeüpe Segundo. La providencia que Felipe Ter* 
f:erQ dio en la Pragmática alegada, que fue el que se enseñase 
in voce la Medicina en las Universidades , tratando de toda 
l0i .práctica Mtlielicav y no restrii^ieada á quademos escri-* 
tos uno i ú otro tratado , ao se observa bd. Luego el nego- 
cio deja^ Medicina está hoí en el nusmo estado eo que le 
bailó Felipe Tercero quando hizo aquella Ley ; y porconsi-* 
guíente no hai motivo para discurrir que hai hoi mas copia 
^ Médicos buenos que entonces. Entonces era tanta la felta 
de ellos 9 que se jpodia temer faltasen aun para las Persona» 
ReaJes; ergiHf^ . .;.' a : . ^ 

Satisfecho ya V. md. ( ya se vi6 con quanta razón ) de 
tiaber denQüon$tracki la^in&libilidad de la Medicina , pasa á 
responder á Ips^^rgumentos^con que prueba yo su falibi^ 
lidadk Tqdd la^solucion. s^ reduce á decir, que iio obsta el 
que los. Médicos á un achaque mismo disoirran diferentes 
remedios; porque. unoa rettaediós se pueden substituir coa 
otrosí; esto es r<siendo distintos , hacer el mismo efecto. £1 
que le sugirió á V.md. estasoludon ( que sé mui biert quiea 
es Xpudo teolbien adwrtide de -m insuficiencia « pues me 
«QOtta:<qHe>la alban^a \ y. á mí me la confesó. Es cierto que 
BQrscdq ip9 iremedios seip^tes^ v^gi^. dos purgantes, se 
«ilxstituyen recipeocaoleote^ mas.talvez algunos déseme^ 
jantes ; y también que muchas veces una evacuación suple 
otra. Digo ^ que todo esto es cierto , pero no es del caso: 
porque yo taato^n^el Discurso Medico, comben la Res^ 
puesta á Martínez ^ar^ijro^Ja^ falibilidad de la^Medidna de 
las inumerahles qüestíooes,.en que los Médicos se oponea 
unos á otroí , ya eo términos contrarios , ya en contradictor 
ños : y áqui no cabe equivalencia , ni substitución ; si no es 
que V. md. quiera decir , que las tinieblas puedan substituir 
ája lu^,el calor al frió, d color negro al blanco. Esme--^ 
nesterse sepa^ que no es lo núsmo ser )ps remedios de^^ 
otejantel^'ique ser opuestos. Por ventura siendo' enteramente 
MQtrario.su efecta^ ¿podrán. substituirse reciprocamente 
I . los 



ii8 

los acctdos 9 y los alkalínos y quando dos Médicos en una fie- 
bre , siguiendo diferentes Autores j uno prescribe aquellos» 
y otro estos ? i Quando uno juzga conveniente ^ que el en- 
fermo se harte de agua fria, y otro le ordena cosas calientes, 
cabe substitución 9 ó equivalenda^ ¿Quando uno en fé de 
que el mal está todo en las primeras vías; ordena purga , y 
otro 9 creyéndole en las segundas, decreta sangría , equi« 
valdrí la sangría á la purga ? Bien lejos de eso , si el pri- 
mer Medico hizo recto juicio , la purga le aprovechará , y 
la sangría le hará gravissimo daño. ¿ Pero qué me canso en 
esto? Repare V. md. mis dos E<KU*itos aleados , y verá» 
que apenas hai punto substancial en toda la Medicina , donr 
de no haya Autores que se opongan contraría , ó contra* 
dictoriamente. 

£n los dos párrafos siguientes se arrima V. md. algo í 
la verdad. Copiarélos al pie de la letra. Ademas de esto se 
deben considerar en esta ciencia , asi eger citada , tres fir^ 
cunstancias y ó estados. El primero es el que llaman añaU^ 
tico y ó demonstrativo ^enel qual se hacen verídicas demons^ 
tr aciones , como que la effermedad es nres prsrter naturam: 
Q^ temperamentum fit ex elementis : Quod um§mquadqu§ 
resohitur in ea , ex quíbus cwnpomtur : jgiM^ senectus ,^ 
mors naturaUs non possunt evitari. De axiomas ceoretíoosr 
universales le concederé á V. md. qtianto quisiere , porque 
Qo es de esos la disputa , ni con veinte carros de ellos se 
curará un sabañón ; ñno de aquellos dictámenes últimos re-, 
gulativos de la curación de esta , y aquella enfermedad. 
Erosigue : El segundo es el que llaman tópico , ó probable 
( eso es lo que yo digo, y de ese estado hablo ) en cnyo ex-; 
tado , aunque pueda haber dudas % también hai certezas ik 
varias cosas ( veamos quales son ) , como que la quina ex 
un evidente febrífugo , el opio indubitable narcótico , el a»^ 
timonio un verídico y y fuerte vomitivo , e/ mercurio un in^ 
falible antigalico , el nitro un verdadero aperitim $ y el 
vitriolo Uanco preparado uñ indubitable mdnerariowy^f^^ 
fnuchas cosas. Concedo totum ; especialmente si se habla de 
\SL infalible existencia de la virtud^ y no de la iofiíúible ^pro« 

dñc- 



119 
ducdon del efecto : pues aunque sea evidente que la quina 
es febrífugo , el nitro aperitivo, &c. no es evidente , que en 
este , en aquel , y en el otro caso han de auyentar la íiebreí 
ó quitar la obstrucción. 

Nadie duda , que en este sentido hai muchas cosas cior^ 
tas en la Medicina; pero no son esas sobre las que se disputa» 
Explicóme : Todos los Médicos convienen en que el ruibár^ 
bo purga , del mismo modo que convienen en que la lanceta 
sangra» La dificultad está en el uso. i Qué importará que yo 
sepa que el ruibarbo purga , si no sé quándo convendrá pur-* 
gar con el ruibarbo ? Lo mismo que saber que la lanceta 
sangra , si no sé quándo conviene usar de la lanceta. La vir- 
tud de infinitos remedios aún está del todo oculta* La de 
otros en parte se sabe , y en parte se ignora. Pongo por 
egemplo : de todos los purgantes usuales se saben que lo 
son ; pero no se sabe si los hai específicos para humores 
determinados, ó si qualquiera purgante (como entre los mo- 
dernos se juzga mas probable ) purga promiscuamente de 
todos. Tampoco se sabe si purgan solo el humor excremen-^ 
ticio , ó juntamente con él (como para mí tengo por cierto) 
el jugo nutrido. Asi que en estas cosas pártese sabe, y parte 
ae ignora. 

Donde apenas se sabe nada , y todo es dudas, y qiies^ 
tioneji , es en el uso de los remedios. La quina es febriftigo» 
Con todo son algunos los Médicos- que no quieren que jamás 
oe use de ella , y mucho mas los que no echan mano de ella, 
sino en casos apurados. Mudio mayor es la duda que ted en 
purgas, y sangrías. Hai Médicos, que casi generalmente las 
condenan : entre los demás hai la qüestion de quándo con« 
tienen. En una enfisrmedad un Medica quiere que se sangre, 
ptro. que se pui^e , otro que no se purgue , ni sé sangre, 
-úao que se conforte ; y cada uno dice que el otro yerra la 
cura , y daña al paciente : y esta división no solo está entre 
los Medícaos que asisten al enfermo , mas también entre los 
-Autores que escriben de Medicina , entre quienes no se va- 
<ría el juicio de la:€nfepmed!ad , pues todos le dan el mismo 
nombra. A' esta es^meoestcr que responda iel ^é jua^e in- 

Bb &« 



120 

falible la Medicina* Pero oi hasta aora:se hizo , dí se hará 
jamás. Añado , que auo en orden á la virtud de los reme-» 
dios , considerada in aSu primo , á bueltas de algo ciertow 
y algo probable , haí infinito falso , y sofistico. El texto de 
Valles t citado en él Teatro Critico , es claro : Fmcot de 
mUd re mgari magis Médicos , quam de medicamemonm 
viribus. 

Hace después V.md. la reflexión (la qual otras dos ve^ 
ees inculca en el discurso del Escrito ) de que fuera defeo 
tuosa la Providencia , si habiendo criado medicamentos para 
nuestros males , ignorasen los Médicos el uso de ellos. A que 
se responde ^ que si la Medicina se cultivase como debia^ 
se lograrla un conocimiento capaz de aliviar en gran par* 
te nuestras dolencias. Pero si los mas de los Médicos estu- 
dian poco; si muchos se obstinan en seguir unas máximas, 
que la experiencia ha descubierto perniciosas , solo porque 
son antiguas ; si á esta profesión se admite infinita gente in* 
hábil, sin aplicación , ni ingenio « tal vez algunos , que par 
su rudeza no pudieron entrar en otras Facultades; este no es 
defecto de la Providencia , sino culpa de los hombres : Ex te 
Israel perditio tua^ tantummodo ex me auxíJhm tMumí 

Sigúese una queja , de que yo anónimamente increpo los 
desacertados pronósticos de uno y ú otro Medico» Pues lo 
bago anónimamente « y sin nombrar á alguno , ¿ para qué se 
4^ V. md. por entendido ? 

De aqui adelante quanto se sigue es un extravío del pun- 
to de la qüestion á los incidentes de ella. No digo yo , que 
esto sea usar del artifido vulgar de divertir la plática á Jo 
accesorio , quando no hai que dedr en lo prindpaL Pero no 
nendo este el motivo , no sé qual puede haber para gastar 
de las cinco partes del Escrito upa sola en lo príndpal , y 
quatro en lo accesorio. Sin embargo correré por todo la plu- 
ma , aunque con la brevedad que piden tratarse los puntos 
puramente accidentales de la qüestion. 

i Para qué es hacerme cargo de que áento mal de Hippor 
crates, quando apenas le nombro vez alguna sin epíteto 
Jbónro:^? ¿ Para qué trasladar deGaspar.de los. Reyes > m.fai 

/ i ^ ^ se- 



segunda qüestjon , y en la (}uarta dé su Cmpó Efysh ^ toda 
aquella retalla de Príncipes , Héroes , y hombres ilustres que 
fueron Médicos, sin hacerse cargo de la distinción que di en 
mí Respuesta á Martinez, de que hubo Reyes que supieron 
Medicina , pero que no fuesen Médicos por oficio? j Para qué 
todo aquello de los Arquiatros ( especie sacada también de 
Gaspar de los Reyes) con el restante catalogo de honores 
que debieron á algunos Principes , y Repúblicas los Médicos, 
habiendo yo en la Carta alegada confesado , que la Facultad 
Medica es nobilissiína , y que un Medico sabio es alhaja pre-> 
dosa de qualquiera República? En vista de esto , ¿ qué lugar 
puede tener la propalada sospecha de que yo escribí con 
ánimo malévolo de infamar los Médicos ? Si tubiéra esa ruin 
intención , asi como V. md. trasladó de daspar de los Re- 
yes los honores de los Médicos , citando los Autores que ha-* 
lió citados en él , trasladara yo lo que en el naismo Autor se 
halla bien justificado , de que hubo tiempo en que los que 
profesaban la Medicina eran esclavos. Lo mismo se halla en 
Paulo Zaquías , quien añade , que eran esclavos aun los mis- 
mos Arquiatros , ó Príncipes de los Médicos. Trae también 
este Autor el Texto del Derecho^ en que se equiparan para 
el salario los Médicos á las Parteras. Todo esto pudiera ya 
liaber sacado á luz , juntamente con los insignes oprobrío9 
que varíos Autores dijeron de los Médicos , que V.md. puede 
ver á la larga de los citados Gaspar de los Reyes , y Paulo' 
Zaquías. Yo no habia tocado el punto de si hubo Reyes Mé- 
dicos , ó no en el Discurso Medico , porque esto no hacía al 
caso para mi intento. Hablé algo sobre ello de paso en la 
Respuesta al insigne Martínez , porque él en su Carta me 
tocaba este punto. 

i Para qué haber andado mendigando especies sobre el* 
texto non sum Medicus , una vez que me confiesa , ó lo con- 
fiesa el que escribió por V. md. este retazo ^ que aquel texto 
no habla del Medico corporal^ sino del moral ^ y político? Si 
Leen de Castro dice , que la voz Chaves significa Medico, los 
dos insignes Expositores Cornelio Atapide Jesuíta , y el Pa- 
dre D. Agustin Calmet* Benedictino , con quiénes íéeon de 

Bb a Cas- 



122 
Castro es poca ropa , diten que ngnifica CSrtijafio, ¿ para 
qué el buinilde equivoco de niulgata^ y vulgaridades^ 

I Para qué meterse en la qüestk>n de si bi Vulgata se de- 
be preferir al texto Hebreo ^ Digale V. md. ai Auxiliar que* 
le prestó estos socorros , que esta materia tiene mas que es* 
tudiar de lo que él piensa. Que lea al insigne Jesuita Alfonsa 
Salmerón ^ que asistió al Concilio de Trento , en sus Prole- 
gómenos , Prolegom. 3 , y allí , entre otras , estas palabras: 
lÁberum autem reüquit (habla del Concilio) onmibus , qui 
Scrifturas Sacras prcfiindius meditaniur , f ornes Gnecos^ 
aut Hebneos , quatenus opus sis consulere , quo nostrum vi^ 
tio librar iorum , aut temparum injuria corruptum emendare 
vakant. Licebit itaque nobis , saha Concilii auctaritate^ 
sive Graci , sive Hebnei exemplaris kctkmem variam pro^ 
ducere , eamque ut verum BibUorum textum expenderé , £? 
enarrare. Que lea al Cardenal Belarmino (a) , donde seSala 
quatro causas , para que muchas veces se acuda al teMo 
Griego , y Hebreo ^ prefíríendde á la versión Vulgata. V en 
el capitulo antecedente verá como dice 9 que la autentid- 
dad de la Vulgata definida por el Tridentino consiste predr 
sámente en no contener algún error contra la Fé , y buenas 
costumbres. Que haga reflexión á que después de declarada 
la Vulgata por autentica en el Tridentino , fue corregida por 
Sixto V , y mui poco después otra vez por Gemente VIII ; 
y lo que hace mas al caso es , que este Papa en la Bula que 
precede su edición , dice que algunas cosas mudó en la Vul- 
gata , dejando intactas otras , que parecía se dehian mudar: 
In hac pervuJgata kctione , sicut nonnuUa consultó mutata^ 
ka etiam alia ^ qua mutanda videbantur ^ consultó immutata 
relicta sunt. Luego la declaración hecha por el Tridentino 
de ser autentica la Vulgata , no quitó que quedasen en ella 
erratas que corregir después. 

Que lea al insigne Dominicano Natal Alejandro en el 
agio quarto de su Historia Eclesiástica , diserL j^, art. 5 ^ 

cu- 



123 

cuyo título es : Utrum^ & qüo sensu Vulgata versio sit au-- 
thentica'i Donde , después de poner la definición del Con*. 
cilio 9 verá , que su conclusión es la siguiente : Authetaica 
dicitur quia nihil c(Minetfidei > & banis maribus repugnans\ 
mn vero sit auihentica dicitur 9 quasi fontibus Hebraicis^ 
velGracis.pneferenda , aut etiam ctuequanda. Y advierta» 
que aunque la Historia Eclesiástica de este Autor fue cen- 
surada severamente en Roma , en esta proposición no se le 
tocó , como ni en el catalogo que en el artículo siguiente 
hace , no menos que de ciento y tres lugares de la Vulgata, 
como hoi la tenemos , donde está alterado el sentido ge* 
nuino 9 por ignorancia , ó equivocación de los que la trasla* 
daron , ó imprimieron* Que advierta 9 que la variación dq 
voz entre Chirurgus^ y Mtdicus en aquel texto nada hace 
al caso en orden á los dogmas, y costumbres ; y asi es del 
oumero de aquellas expresiones en que, según los Autores 
alegados , es licito preferir el Hebreo á la Vulgata* En fia 
que note , que por la regla de Pió IV en el índice , se puede 
usar del texto Hebreo , ó Griego , para elucidación del La-? 
tíno de la Vulgata. Y eéte es puntualmente él caso en que 
estamos ; porque la yoz Ctírurgus no se opone á la , voc 
Medicas , antes la explica. La Medicina se divide unica<» 
mente en Pharmaceutica , y Cliirurgica; y asi tan propria* 
mente son Médicos los Cirqjanos , como los que llamamos 
Doctores. La voz , pues, que en la Vulgata es obscura , y 
genérica , se determina , y explica por., la dd Hetbreo. E^ 
mucho mas lo que le pudiera avisar sobre este punto , en 
que no profiero mi sentencia ; solo propongo estas notídas» 
para que en tan grave asunto nadie , sin haberle estudiado, 
pe meta á hablar con afectado magiÁerio. Sin embargo de? 
bo confesar , que en todo lo que contíene de exposición de 
Escritura el Papel á quien voi respondiendo , reconozco otrs 
pluma mas racional , y metódica* 

Vengo ya al texto del Ecksiastico i sobre él quaU quaa^ 
to dye yo en mi respuesta á Martínez , V. md. me lo tuercei 
y toma al revés, para tener que impugnar, y que calumniarv 
donde no hai que calunoaiar , ni que impugnar. Empezó 

Bbi di- 



114 

diciendo , que aquella prorposidon inia ^ si dijera yo que toda 
¡a Medicina que hoi se practica en el nmndo es imail ^ y no^ 
cha ^ no me opusiera al texto del Eclesiástico , en quanto á 
la forma no se diferencia de esta : SI yo dijese , que se sa^ 
tisface al precepto de la comunión anual por comunión sacri-- 
lega , no me opusiera al Decreto de Inocencio XI. ¿Qué nos 
querrá decir en esto el Sr.Doaor? ¿Hai por ventura Su-« 
mulista que ignore , que dos proporciones , una falsissima, 
y otra verdaderissima , pueden ser semejantes en quanto 
á la forma ? La misma forma tiene está proposición : En 
Christo hai dos naturalezas ^ que esta : En Christo hai dos 
supuestos. Con todo ^ la primera es de fé , y la segunda es 
herética. ¿ Pues para qué será hacer ruido entre ignorantes 
con un trampatojo^ de que harán burla los Sumulistas ? 

Lo mejor es que prosigue asi : No digo yo que la propon 
sicion de fu Rma. se opone d la doctrina sana ^ que el juzgar 
eso toca d Tribunal superior. Esto naturalmente signifícai 
que el dejar de decirlo ^ no es por falta de verdad en el di^ 
cho , sino por falta de autoridad en la persona. ;Grande ^ y 
acertada sentencia I Pues diga lo mismo de esta propoddont 
En Christo hai dos naturalezas , porque en quanto á la for* 
ma es semejante á aquella : En Christo hai dos supuestos. 
- Vamos ya aclarando lo que V.md. obscureció en el texto 
del Eclesiástico ^ aunque me detenga en una materia incon^ 
ducente al punto substancial mas de lo que era rázon. ¿Quie* 
re V. md. que el precepto honora M^dicum (aligue absoluta- 
mente^ y sin limitación de tiempo , como el honora Fatremi 
Vengo en ello ; pero ha de advertir V. md. que como el pre- 
cepto honora Patrem no me obliga á honrar un hombre^ 
que es solo Padre en el nombre , y no en la realidad : solo á 
un Padne verdadero, y no á un Padre fingido : del mismo 
modo el honor^a Medicum me obligará á honrar al Medico 
verdadero ; esto es , al que sabe la Medicina útil , y prover 
chosa ; no á qualquiera que tenga nombre , y representadon 
de Medico « aunque no sepa la Medicina utií, y conveniente 
para curarme. El mismo te^cto precisa á entenderle asi , pues 
me dice que honre al Medico , porque le he menester prop^ 

i ter 



125 

ter necessitaiem; y jro do he menester á uoo cpie no sabe 
la Medicina utiL , y verdadera « por mas que tenga nombre^ 
carácter, y representación de Medico , sino á aquel que la 
sabe. 

Mas.: tampoco estoi obligado á honrar al Medico , de 
quien tengo duda positiva , y bien fiíndada, si sabe , ó nq 
sabe la IMtedidna verdadera i así como no estol obligado á 
servir , y obedecer á un hombre de quien tengo duda po-r 
sitiva 9 y bien fimdada , de si es , ó no es mi Padre. La razón 
es clara , porque el acreedor ha de ser cierto ^ para ^le la 
deuda sea cierta. Luego ni á aquel , ni á este soi deudor d^ 
mis obsequios , mientras haí duda bien fimdada de si son ler 
gitimos acreedores á ellos. 

Hasta aquí corren pargas los dos preceptos. Aora entré 
la disparidad en quanto á la práctica. Rarissima vez ocurre 
duda razonable á alguno de qual es su verdadero Padre, sien* 
do moralmente cierto ( salvo algún caso raro ) , que aquel 
que está comunmente reputado por su Padre , verdaderar 
mente lo es. Pero freqüentemente ocurre duda razonable de 
á este , aquel , ó él otro son verdaderos Médicos. Por esto 
yo estoi obligado á obedecer á este , á quien todos tienen 
por mi Padre , salvo que tenga certeza de lo contrario ; por- 
que el juicio común en esta materia constituye certeza mo- 
ral , quando lo contrario no consta con toda certeza. Pero 
no estoi obligado á honrar á este Medico , y ponerme en sus 
manos , aunque el PúUico como tal le tenga asalariado, por- 
que esto no me quita la duda. 

Que hai duda, y que es razonable , lo pruebo maniíes^ 
tando el fundamento de dlá. Los mismos Autores Médicos 
asientan ( y yo lo sé muí bien por principios intrínsecos )^ 
que son imújips mas los Médicos malos que los buenos , los 
ignorantes que los doctos. Lwgo yo debo dudar ( hasta que 
por algún camino me asegure de la verdad) de si este» aquel, 
6 el otro son de los primeros, ú de los segundqs ; y no solp 
dudar , sino que como áfrequenter contingeníüms fit judir 
cium , propenderé mas á creerle dd numero de los malos^ 
porque estos son mas íreqUentes.. 

Bbít íOh, 



ii6 

tOh^que bsCá aprobado |kA- el ntm>-MedBcato, 6 g^ 
diado eo una Uoivereidad ! No hace fíierza. En tiempo de 
Felipe IIL eraa aprobados, y graduados los Médicos ea U 
misma forma que aora ; y oon todo le advirtieroo á aquet 
Rey personas doctas t y zelosas , que el numero de los Inie- 
Aos era tan corto , que se podia temer que deHodo se acá-» 
basen. Donde añado , que no ignoraban aquellas personas 
dbfetas la indeiecribilidad de la Divina Providencia , y que 
todo lo dispone fuerte , y suavemente , en que el Sr. Doctor 
juzga tiene una gran prueba de que aempre ha de haber 
buenos Médicos. Si el hombre con buenas providencias no 
acompalla á la IXvina , ot habrá Médicos para curar , ni pan 
para comer. Y aunque perezcan todos los hombres , nunca 
se podrá atribuir á defecto dé la Divina Providencia : Quis 
Ubi impiitahit , si perierint natíones quas tujtcisti (á) ? 

¡Oh, que el Pueblo le tiene por docto! Menos fuerza 
hace eso* Como el Medico obre con satisfacción , y hable 
con orgullo^ como recete mucho ( sendo asi que calo peoff 
que puede tener ) , como tenga unas maneras insinuantes^ 
y artifidosas , en que algunos esmdian mas que en aforis-^ 
mos , será tenido por un gran Mecfioo ^ aunque no sepa pat 
labra. Mr. le Fraocé , doctissimo Medico de la Facultad Pa- 
risiense, en el segundo Tomo de Refiexianes criticas sobre la 
-Medicina , dice , que siendo la ciencia , y la virtud las dos 
partes esenciales para constícuñr un buen Medico, para ei 
efecto de ganar fama^f^ crédito la ciencia no aprovecha ^y la 
virtud estorva ib). A vista de esto , ¿ quién se gobernará por 
el crédito que tiene un Medico de docto^ para juzgarle tal ? 
Lucas Tozzi C^) , hablando de los Galénicos de estos tierna 
{)os , dice, que aun^ne son rudos , e indoctos^ con todo , ka 
fMs de los hombres son mas nidos que ellas , pues hs tienen 
por sabios. Pues no señor, el que el piiblico tenga á uno por 
Medico docto , nada prueba ; y según estos Autores prueba 
lo contrario. 

• c . , .Pc^.> 

(4) Smpíent. i 2. / i - . . . . - ^ 

{}) Memor. deTrev. m. 171Y ^tüá. 4 i A/r tobr. - '^ - / i 



127 

I Pero de este nodo se ¡quedará 6iemt)re el precepto det 
Eclesiástico en el aire , como idea Platónica ? No , con Ucea* 
tía del Sr. Dr. ó de su auxiliar» Hai reglas prudenciales para* 
resolver la duda ; y hallando conforme á ellas, que este es 
buen Medico, entra la obligación. Yo di en el Teatro Cii- 
tico, y en la Respuesta á Martínez las señas de los buenos 
Médicos: quien no quisiere gobernarse por ellas j sino por 
la opinión del pueblo rudo , allá se las haya. i 

Lo que sé ha dicho del precepto del EclesiastiGO, se de* 
be entender respectivamente de las Reglas de los Patriarcas 
Basilio, Benito, y Agustino. Es rara extravagancia pensar 
que los Patriarcas quisieron obligar á sus subditos á poner su 
vida en las manos de un hombre > de quien con fundamente! 
dudan si es Medico , ú homicida , y mucho naenos si sa- 
ben que es mas bomitída que Medico. Y la Regla de mi P. 
S. Benito no sé por qué la cita V. md. pues ni una palabra 
de Medicina , ni de Médicos hai en toda ella; siendo asi 
^pie tíene capitido partícular, que trata de los enfermo^ , y 
es el i6 de i^mds fratríbus. Pero en todo caso , como lor 
4]ue leen d papel de V..md. oo han de ir á examinar las Re-i 
^las de los Patriarcas , bueno es dtar á Dios , y á dicha. 

Hasta aqúi se habló de los Médicos diviHve. Vamos ao^ 
la á la colección de todos los Médicos de esta Era. La qüe»¿ 
tion en quanito á esta parte es.puramente teórica ; porque 
como el coipun de los hombres nunca ilegará á hacer juido 
ide que toda JaMedidoa de hoi es errada , ni aun tiene fíin-« 
damento bastante para dudarlo , nunca por este motivo de* 
jará de honrar, y buscar á loa ¡Médicos. 

En esta parte de la qSestion es mucho lo que V. md. se 
equivoca , y aun se contradice. Primero confiesa , que pue^ 
de^faltar en d mundo la^verdadera Mediana ; y después se 
pone á probar , que no puede feltar , con el argumento de 
que no puede fákar la Divma Providenda: tomando de aqui 
ocasión para predicar á la Arca de Noé , y á' todo el Dilu^ 
wfo universal con aquella exdamadoa : ; Ohavésl ¡Oh pecesl 
^hanimaks\ 
f^. Y a h e m ost ra do quá a fUtil argumento es aquel; y no 4a 



148 
es menos él que se UMzÉA texto iMuere te oAmái &pera 
Abissimi. Este pnieb^^uaodo mas, que ra el dilatado 
campo de la natural^ hai remedios cootrarkA á todos los 
males ; pero no que $e conozcao , y mucho menos que este 
conocimiento no pueda jamas faltar. Yo creo por aqoeUa te- 
gla 9 que hai en la naturalexa algún específico contrarío al 
mal de gota. Búsquemele d Sr. Dr« con la linterna de aqud 
texto. 

M otro ttKtaNtmcomsmmmtlwBtur opera ejtás^ di k 
de dos exposiciones. La primera ^ qae nunca será consuma- 
da la Medidna; esto es, perfiscta. Y lo creo. La segunda» 
que nunca se acabará la Medidna. Y entendiendo esto déla 
materia medica» es mui derto : entendBendolo de la denda 
medica » es solo probable la expoodon ; y yo no niqgo mt 
mui probable, que hai hoi en d mundo, y habrá aempre 
dencia medica ( tomando la voz deuda latamente ) ; Uea 
que mui imperfecta , y poseída de pocos. 

Finalmente » tampoco prueba nada el texto Aiagmtüh 
nem kamimám virtus illorum. Es cierto que Dios crío los me* 
dicamentos para el uso del hombre ,.y también b es » que 
no puede usarlos sin conocerlos ; pero d ordenar Dios las 
cosas á este , 6 al otro fin (hablando del fin inmediato , & 
particular ) , no prueba que el fin se haya de conseguir indu- 
bitablemente : y esto ningún Teólogo , ni aun Filosofii lo ig- 
nora. Véase Saitito Tomás {a) , donde enseña » que- d orden 
de las cosas á los fines particulares muchas veces se firustra; 
pero nunca el orden al fin universaL No ha! hombre que no 
esté ordenado á la bienaventuranza sobrenatural t y los mas 
no la ooAsiguen. Pero en la m&ma materia que tratamos, se 
ve claro. No es dudable que hai inumembles hierfaas\^ y 
plantas , cuyas virtudes medidndes aún se ignoran ; nendo 
«si , que esas mismas las críóDios para d uso del hombre. 

He visto á Hugo Cardenal, porque V.md. me lo man^ 
dó ver , y solo Id en él, que Dios dio conocimientoá loa 
hombres de las virtudes medicínales; pero esto ae salva gob 

que; 

(4) ^i¡d$t.6.Í€tr€rU.m.i. 



129 
que le haya dado i algunos^ y en algún tiempo ^ lo qual na- 
die niega. £1 concepto ^ que Hugo Cardenal tenia hecho de 
lo8 Médicos , le explica en la parábola del hombre ^ que ba- 
jaba de Jerusalen á Jericó , y cayó en manos de ladrones^ 
por estas palabras : Et incidit in latrones^ id est^ in manum 
Medkorütn quoad infirmitaiem. Y mas ab^o dá la razóme- 
dici infirmes spotiam pecunia , & occidunt , ^a magna sa*^ 
laria accipiunt^ & sapissime nihil prosunt ^ md aUquando 
obsunt. Esto no lo digo yo , dicelo Hugo Cardenal , á quien ' 
V. md. me remitió. Con que ^ Sr. mió, el que la Medicina 
verdadera siempre se ha de conservar en el mundo , está mui 
mal probado en la substancia ; pero no puedo negar que és^ 
tá bied predicado en el modo. Lo de decir primero , que la 
Medicina verdadera puede fieiltar en d mundo , y después po^ 
nerse 4 probar que no ' puede faltar , es contradicción maní* 
fiesta. 

Haceme V.md. el cargo de que explico el honor a Medi^ 
cum condicionadamente; y le restripjo en quanto al tiempo» 
Esto file entender mui por la corteza: ni uno , ni otro hago^ 
Yo digo que aquel precepto obliga siempre que haya M&¡Ür 
COS. i Puede dársele mas extensión? Fs claro que no; porque 
ai llega el caso de no haber Médicos , ¿ cómo tengo áe hon<^ 
rarlos ? Si esto se llama limitar el texto, ó darle sentida con^ 
diciooado, es una limitación , y condkiop esencial á todo 
precepto 9 que induce obligación, cuyo objeto terminativo 
es Contingente; pues es imposible que el precepto obligue 
¿n egercicio > faltando el objeto á quien se ha de dirigir la 
acción. No por esto se limita en quanto al tiempo : lo qualse 
ve en este egemplo* £1 precepto de dar limosna á los po»- 
bres es general , y absoluto para todos los siglos. Con todop 
es cierto que si hubiera un siglo tan feliz , que en él la tierra 
se colmara de bienes, de modo que no hubiese pobre algu^ 
nb, no obligarla en aquel siglo el precepto de la limosna. 
Puede ponerse el egemplo mismo en caso menos metaíisico 
de otro modo. Es cierto que como aquel precepto obliga 
sih limitación de tiempo, obliga también sin limitación de 
lugar. Sin embargo , si hubiese una Isla, que, por su fertili- 
dad. 



130 
dad , ó por su buen gobierno, careciese de ptobres , como la 
Utopia de Tomás Aforo ^ se diría con verdad « que ea aque- 
lla Isla nadie tenia obligación á dar limosna. Es claro que 
donde no hai miseria que sublevar , no se puede ^ercer la 
virtud de la misericordia. 

Aora,Sr. mió, á en este siglo hai Medióos « ó no ( esto 
es. Médicos realmente tales , en la forma que se explicó ar-^ 
tíba), no se puede saber por el texto t porque el texto ni di- 
ce, ni niega, que los ha de haber siempre. V.md. me con^ 
fie^ , que desde aquel siglo á este pudo degenerar la Medi- 
cina en un sistema lleno de errores , y por el texto no pode* 
mos saber si ya degeneró. 

Asi en quanto á esta parte está mal hecho el oot^ en-f 
tre el honora Patrem^ y el honara JUkdictsm. Es iinposible 
que &lten verdaderos padres en el ouindo^ y asi es imposi-* 
ble que haya siglo en que no obligue el hofiara Pairem; pe- 
ro es posible que falten en el mundo verdaderos Médicos ; y 
asi es posible que haya si^lo en que no obligue el homra Me^ 
dicum. La naturaleza es invariable : el arte admite muchas 
variaciones ; ¿ pues qué cotejo es este ? 

Hasta aqui le he permitido á V. md. de grada, que él 
texto del Eclesiástico sea preceptivo; pues verdaderamente 
no es sino consiliativo. Mas es, que no es consgo etico , sino 
económico. La razón es, porque la honoracion, que es vir-f 
<ud moral , no tiene por motivo el bien del honorante , sino 
d del honrado. Es doctrina de Santo Tomás (a) : Honor rexr 
picit proprium bomm hanarati. Y el motivo que señala d 
Eclesiástico, para honrar al Medico, es el bien del honoran- 
te; esto es, porque le ha menester : propter necessitatem. 

Y para acabar de desengañar á V.md. le preguntaré pri-r 
mero , ¿ sí S. Bernardo entendió bien la Escritura? Y supo- 
niendo , que me responde que sí , le haré ver aora , quán le- 
jos estubo (je considerarlos obligados á llamar á los Mé- 
dicos, y usar de medianas. Escribiendo álos Monges de S. 
Anastasio (Jb) dice , que ni les conviene á su Religión y ni á 
• su 

(4) Div, Thotn* », 1. qimst.xs $ éru i. 
,0) Diy.Bcniard. e^w^J4^ 



8U salud buscar medicinas corporales: Propterea minime coni- 
peti$ Religioni vestra medicinas quterere corpñ'áks^ sednec 
expedit sahai. Y poco después : Species entere , quarere Me-- 
dicosj acciperepotiones^ indecens est Religioni vestra. 

Ve aqui que un S. Bernardo, versadissimo en la Escritu- 
ra , no halló en ella ese precepto de usar de medicinas , y 
de Médicos: tampoco le halló en la lei natural , la qual no 
ignoraba. No solo eso. Ve aqui que S. Bernardo dice aque- 
lla proposición , que yo nunca llegué á decir , y que V. md. 
llama temeraria , imprudente , &c. esto es , que las medici- 
na^ corporales no convienen para la salud. Buenos queda- 
mos. Pero ( replicará V. md. ) el Eclesiástico aprueba como 
convenientes las medicinas. Respondo , que lo que de aqui 
$e infiere es^, que S. Bernardo entendió , que aquel texto no ' 
compreendia á los Médicos , y Medicina-de su tiempo. Y 
quando lo entendió asi , con buen fundamento lo entendió, 
f Las equivocaciones que V. md. ha padecido en la inteli- 
gencia de mi escrito , son muchas. Yo no niego, que el que 
digese , que quanta Medicina hai hoi en el mundo es errada, 
diria una proposición falsa. Lo que niego es, que aquella pro» 
posición se oponga á aquel texto, ni le altere el sentido. Pue* 
de haber mil proposiciones falsissimas en la materia que tra* 
tamos, que no se opongan á aquel texto: porque aunque fal- 
sas, el texto nada determina acerca de ellas; y asi, á quien 
las profiera se le ha de argüir, no con el texto, sino con otros 
principios. Es indubitable que el texto del Eclesiástico ha- 
bla solo de los Médicos buenos (sin que haya , ni pueda ha- 
ber Padre, ni Expositor que le entienda de otro modo). Este 
sentido enteramente se le dejarla intacto al texto el que di- 
jese, que no compreende á los Médicos de este siglo, por- 
que todos son malos. En la misma causal que señala para de-* 
cir que no los compreende , muestra que entendió el texto 
como debia entenderle ; esto es , de los Medicos^buenos. Per- 
mito que diria una proposición falsa, pero no opuesta á la 
verdadera inteligencia del texto. Qerto que tropezamos eo 
unas cosas, que no lo creyera. 

Dice V. md. que el texto no dáüíadanieQto para excluir 

de 



13* 

de él los Médicos de éste siglo. Es derto. Ni dá fundamentó 
para incluirlos , ni para excluirlos. Y asi del texto no se pue-* 
de inferir lo uno ^ ni lo otro. Del mismo modo que si hai 
qüestion sobre si JuaQ .es verdadero padre de Pedro , del 
texto honora patremwi se puede inferir que lo es , ni que no 
lo es. Lo que no tiene duda es , que el honora Medicumtom^ 
preende á los .Médicos de este siglo ^ si son buenos; y no 
los compreende , si son malos. Si lo son , ó no lo son , no se 
puede probar con el texto : se han de buscar otros princi-* 
píos. Esto es lo que yo llamo sacar del sagrado alcázar de 
aquel texto á los Médicos. Y quien se hiciere cargo del pun<- 
to preciso que se qüestiona aora , conocerá con evidencia 
que no pueden acogerse á él. 

Siendo todo lo dicho tan claro, tan liso, y tan llano^ 
¿qué concepto hará de V.md. quien sobre esto le ve llenar 
de exclamaciones , y aun de dicterios tantas hojas? 

No solo V.md. me altera el sentido á lo que digo , pero 
aun me atribuyelo que no digo. Folio 35 me imputa, qud 
de la posibilidad de una cosa inñero el que puedo animar 
su existencia. Nunca hice tal ilación. El entimema sobre que 
cae esta acusación es este : El Espíritu Santo aprobó el usé 
de la Medicina recta como talj sin determinar quál es la 
recta ^ ó la torcida i ktego podré yo decir ^ que la Medicina dé 
este siglo es totalmente errada^ sin contravenir d la Escritu-- 
ra. Esta conseqüencia es evidente: porque en qualquiera ma« 
tena , en que la Escritura nada determina , podré yo decir 
esto , ó aquello , sin contravenir á la Escritura. Pero V. md» 
me desfigura el antecedente , tomando en lugar de la inde- 
terminación de la Escritura la posibilidad de la Medicina 
errada ; y me trunca la conseqüencia , quitándole aquella li- 
mitación , sin contravenir á la Escritura : puesta la qual , el 
sentido legitimo de la conseqüencia es , que el decir que to- 
da la Medicina de hoi es errada , no se opone á la Escritu- 
ra. Y asi esta proposición, toda la Medicina de hoi es errada^ 
será falsa por otros capítulos , en lo qual yo no me meto; 
pero oposición con la Escritura es evidente que no la tiene^ 
que es lo que yo únicamente afirmo. Por tanto ^ las instan- 
cias 



133 

das del ave Fénix, y de las hooibres con los ojos en I09 pie% 
juntamente con la graciosa conclusión , d confiésese aUi con* 
vemido ^ ó confiese aqui que hai ave Fénix ^ solo podrán ha^ 
cer fuerza en un país, donde hai hombres que tengan en los 
pies los ojos. La conseqüencia , que á mi se me pi^esacar^ 
es únicamente , que puedo decir que hai ave Fénix , sin con^ 
travenirdla Escritura. Y es cierta. Pero no diré que hai 
ave Fénix, porque lo tengo por falso, aunque la Escritura 
00 lo declara. 

La instancia que se sigue en el párrafo inmediato, es 
una mera equivocación. Yo infiero de este modo : El Espi^ 
ritu Santo no aprobó la Medicina de este siglo i luego puedo 
yo decir que la Medicina de este siglo es errada^ sin oponer^ 
me al texto. Tómese el antecedente vice versa , como V.md. 
quiere. El Espíritu Santo no reprobo la Medicina de este 
siglo y i saldrá de aquí aquella conseqüencia que V.md. pre- 
tende, luego no puedo decir que la Medicina de este siglo es 
errada , sin oponerme al texto ? No por cierto ; sino ésta, 
luego puedo decir que la Medicina de este siglo no es errada^ 
sin oponerme al texto. Esta conseqüencia no tiene contradic-^ 
cion alguna con la que yo saco ; antes de hecho , una , y 
otra son verdaderas ; porque supuesto que la Escritura ni 
aprueba , ni reprueba la Medicina de este siglo , no se opon« 
drá á la Escritura, ni quien dijere que es buena, ni quien 
dijere que es mala. Advierta V. md. que la negación, pues- 
ta antes del puedo , ó después del puedo , varía infinitamente 
la proposición. ¡Válgate Dios por tanto descuido dialéctico! . 

Folio 42 me supone, que de la oposición de doctrina 
entre Galénicos , y Helmondanos , infiero , que una , y otra 
doctrina son. falsas. No hago tal ilación (y era menester ser 
un fatuo para hacerla } ; sino que no pueden ser ambas ver-^ 
daderas. ¿Es lo mismo aquello que esto? Siendo una de ellas 
falsa , ¿ no basta decir , que no son ambas verdaderas? Otra 
vez digo : ¡Válgate Dios por tanto descuido dialéctico! 

Aora , Sr. D. Francisco , no me dirá V. md. ¿ para qué se 
gastó tanto papel , y tiempo , sobre si el texto del Eclesias^ 
ticx> se ha de entencter de este ^ ó del otro modo ? Esto para 

la 



134 
b qüestíofi en qoe éstaiDOs^ amiq^ jrafeoofio^^ 

quanto quiere , nada pméxu DisfMitamos st el Arte de la 
Medicina es derta, ó falible. ¿Qoé hace para esto el Aonor^ 
Medicum'i ¿No se puede honrar al Medico, y aprotur la 
Medicina , aun^ie sea puramente congetural? ¿Uo buen Ge^ 
oeral no se Ueva las mayores estimaciones de una República^ 
y se considera mui necesario en día , auncpie jamas tenga 
certeza (como de hecho no la tiene) de vencer al enemigo? 
¿Pues para qué fue emplear la mayor parte del escrito ea 
este asunto? En mi Respuesta á IVfartinez vio V. md. con- 
firmada con nuevas razones , y autoridades la incertidumbre 
de la Medicina. A aquello se halMa de responder , y no á 
una digresiondlla que hice. jQué se diri lesto , ano que 
V. md. halló socorro para la digrenon, y no para lo princi- 
pal; y no pudiendo ddenderse de una estocada, buscó quien 
le defendiese de un aniño? A quanto yo probé de la oposi- 
ción de las doctrinas medicas , no se me responde eo cantas 
hojas otra cosa , sino lo que contiene esta d^isula: Omíra'- 
dicciones hai entre los Médicos-^ pero no tan céukadas coma 
se le representan dsu Rma. Con esta general nada se res- 
ponde á quien puso de manifiesto las contradicciones , espe- 
cificándolas. Si yo solamente hubiera dicho á bulto , que las 
contradicciones que hai entre los Médicos, son mui grandes» 
se me respondiera bien , diciendo tamUen á bulto, que no 
son tan grandes. Pero habiéndolas especificado yo , ¿ de qué 
drve esa general ? Luego se me añade , tome su Rma. otros 
anteojos , que no hagan Jos bultos tan grandes. Yo no tomo ni 
estos , ni los otros; porque gracias á Dios, hasta aora no los 
uso , ni los necesito para leer las contradicciones de los Me* 
dicos , que aunque estén escritas de letra mui menuda , sott 
harto abultadas. 

Concluye V. md. su escrito , aconsejando á D. Josef , que ' 
si se le ofrece tratar alguna vez de textos de la Escritura, se 
vaya en materia tan grave con mucho tiento. Este consgo 
es solo para en público ; que en secreto bien sé yo. que le di- 
rá V. md. que ni despacio , ni apriesa tr^te de materia tan 
grave , sino que. busque un. Teólogo , ó un Predicador que 

lo 



135 

lo llaga por él ; y D. Josef , como im buen hijo; no dudo se- 
guirá las huellas de su padre. De camino me disculpa ámí^ 
porque escribí mui de priesa la Respuesta á Martinez. Viva 
mil años. Es cierto que no tardé en aquella Carta mas de 
doce dias , que es sin duda poco tiempo para responder á un 
hombre como Martinez ^ á todas luces grande : y por si acá* 
so este escrito tampoco sale á gusto de V. md. se servirá de 
disculparme con el mismo motivo, pues le aseguro, que aun-- 
que es mas largo , tardé menos en este , que en el otro ; y 
esto sólito en mi celda con mis libros, y sin tropas auxiliares* 

Y ya que le encuentro á V. md. tan benigno , le pondré 
delante de los ojos los excesos, en que prorrumpió su enojo 
en todo el discurso de su escrito , y que se pasaron por alto. 
á los doctissimos Aprobantes ; porque esos raptos de la ira 
no le tienen á V. md. conveniencia. 

En la Dedicatoria da V.md. á mis escritos el nombre de 
wulgares calumnias. Fol. 3 los trata de delito, y delito taJ, 
que no se debe perdonar. En la misma pagina , y en la sí- 
luiente dice , que íne vakntia^ y notabk resohicUm ( voces' 
que ya se sabe lo que significan ) escribir lo que he escrito. 
Pag. 9. Aquella clausula : Debajo de cuya suposición tengo 
for innegabk la certeza de los remedios , no quedando ^dm 
entender y en h christiano recurso d otras interpretaciones^ 
significa, que es contra la doctrina christiana , poc lo menos 
illativé^nt%zc\z certeza á lalVfedicina. En la pag.i; sele atri- 
buye á Hippocrates , siendo gentil , un milagro , aunque tanh 
bien esto se sacó de Gaspar de los Reyes (a): me imputa que 
he escrito dicterios contra los Médicos de estos tiempos. Se- 
iialeseme uno , asi en la Crisis Medica , como en la Respues-* 
ta á Martinez. Pag. 2} leo esta clausula: En mi sentir solo 
puede consolar d los Médicos el ver , que aquellos que los w* 
tuperan j confirman con el efecto de llamarlos^ la causa de. 
su ignorancia , j; su malicia. Esta ignorancia , y malicia , se- 
gún el contexto , á mí me cae acuestas. Pagina 2 5 dá á en- 
tender , que yo en la exposición de la Escritura pasé los ^ 
Butes que prescribe ei CkmcUb Tradentioo; P^. 1 2 explica, 
que una proposición, mia ( de la qual ya se habló) es digna^ 

Ce de 

(tf) Reyes queu. 4 , /«. * ». 



13^ 

de condenación. Pag. j j , con ocasión de la hipóte^ , que 
introduce de un Predicador , explicando el texto del Ecle^ 
siastico , concluye hablando de mí: Allá se avenga con Jos 
dogmáticos su Rma. que yo no hallo calida. Esto daramente 
significa 5 que de lo que yo digo se sigue sin duda la oposi^ 
cion á algún dogma; y á mí me hace tanta fuerza esto, 
que resueltamente digo, que ú el Predicador expone aquel 
texto de otro modo que yo ( yo le entiendo solo de Médicos 
buenos , y verdadera Medicina) , no sabe lo que se expone. 
Fol. 37, después de sacar una conseqüencia disparatada, 
por via de retorsión (de la qual poco há se habló) , prosigue: 
Buena conseqüencia en Ja lógica del P. M. Yo he mostrado, 
que aquella conseqüencia no se sigue en la lógica del P. M. 
sino en la del Sr^. JDr. Pag. 48 hai la injuriosa aplicadon del 
juego de cañas de los muchachos. Cierto que todo esto des* 
dice de la experimentada , y notoria prudencia , juido , y 
caridad christiana de V. md. 

- Pero yo r Sr- D. Francisco , perdono á V. md. todas esas 
injurias. No solóse las perdono, también se las disculpo. Ya 
sé que es cosa común en estas lides intdectuales , quando el 
discurso no halla razones, desaogarse la padencia en dicte- 
no^. De este modo correspondo la disculpa que V. md. dio 
á favor mío , para que la Respuesta á Martínez no fuese de 
su agrado.. 

Solo me resta aora ver, con qué razón en dos , 6 tres 
partes dice V.ind. que los Autores que yo dté por la fa\ibi-í 
lidad de la Medicina , son de poca autoridad entre los Pro- 
fesores diestros por sus perpetuas inconseqüendas. En el 
Discurso Medioo dté lo primeiK> juntos á Ballivio , Etmule- 
ro vSídenham, y Fran9ois. D^pues separados, á Valles , que 
asienta, que los Médicos dicen muchas falsedades en ordea 
á la virtud de los remedios: á Doleo , que en su Encyclo- 
pedia Medica , en todas las enfermedades, refiere el encuen- 
tro de varias opiniones ; y á Gaspar de los Reyes, de quieti 
es* aquella terrible senteúeia , hablando de sí ,• y de todos los. 
demás Médicos: Di^i^ knsemperndmetrenms.llñ^^ Res-^ 
puesta á >]Vbh5n62' a&adí i Ráoiaíinlen terimnfsspman^ 
teexpresosj y fuertes; y á los Autores de las Memorias de 



137 
Trevoux » que aunque loo Médicos por ofido , es una junta ^ 
de hombres doctos en todo genero de letras. 

De todos estos dice V.md. que son de poca autoridad 
por sus inconseqüencias. Las inconseqüencias era menester 
notarlas^ porque no basta decirlo á bulto ; ¿pero cómo ha- 
bía denotarlas V. md. si á algunos de los Autores alegados 
no los vio jamas , ni aun por él pergamino ? Lo de poca au- 
toridad es bueno para dicho entre gente que nunca oyó 
campanas. £i Dr. Aqüenza, á quien V«md. celebra como h^ 
roe> que eo este grave conflicto de la Medicina la defendió 
con especial aliento (siendo así que en sentir de Médicos , y 
no Medióos, no salió á luz escrito mas fuera de proposito 
que el suyo) , y de quien dice en la Dedicatoria « que anda 
siempre al lado de los Reyes (siendo bsí que jamas los acom- 
pasa ) ; fue el primero que habló con desprecio de Etmule- 
ro, Sídenham, y Wilís : para cuya enorme extravagancia no 
le hallaron los Médicos doctos , y aun los indoctos otra dis- 
culpa mas que la que yo hallo á V. md. esto es 9 no tener 
que responder. 

Este despredo de unos hombres ñunoosámos eo Alenur* 
nía , Inglaterra , Espafia, Francia, é Italia , pone la Medid-* 
na en nuicho peor estado que estaba. Porque si no puede 
hacerse confianza de lo que dicen unos Médicos, á' quienes 
cdebra el clarín de la fama por todo el ámbito de Europa, 
y que verdaderamente son los Principes entre los moderóos; 
i qué confianza deberé yo hacer, quando esté enfermo, de 
unos Médicos , que desparramó la fortuna á este , ó al otro 
Partido? Si aquellos padecen perpetuas inconseqüendas, 
¿qué harán estos? Buelvo á decir ,que peor está que estaba. 
- Lo mejor es , que dtando yo tantos Autores por mi sen- 
tencia , ni D. Francisco, ni D. Josef dcan uno, ni medio por 
la suya. ¡ Alabo la santa pobreza! 

Pero yo , que como mal Rdigioso , gasto algunas super- 
fluidades , quiero añadirles aora á los Autores alegados otros 
de nuevo. Lucas Tozxi en el prologo dd primer Tomo dice 
abiertamente , que nunca hubo arte derto para curar: Cum 
medendi certa ars numquam extiterit. Paulo Zaquías {a) ha- 

_ Cea bla 

(«) Paol. Zaq. lih. 4 » tlt. i , quast. $ , wtm. 9j 



13^ 

Ua asi de la Medidoa: Natisshmm est^&ah homimm nUl^ 
lo negandum ^ artemhan<r^ Ucet ínter t^miestiobiUssmam , S 
sensu ipso stabihtam , mMl mmnd certi unquam possepr¿evi- 
dere^nec pnedicere. No creyó este hombre doctissiino,qiie hu« 
biese hombre que n^;ase lo que hoi me niega D. Francisco 
Dorado; y en otra parte afirma, que el prometer con certeza 
curar al enfermo , es proprio de Mecücos ignorantes : IgmH 
rantíam consequitur , ta phrimum , aher gravis error , su^ 
ferba nempe promissio suis iegratantihus certis vaháis : nam 
hoc vüium proprium eorum est^qisi minus m arte valent. Va- 
mos á los antiguos. Comelio Celso , atado por Gaspar de 
los Reyes (a) , dice que no hai cosa tan cierta en la Medici- 
na $ como que todo es incierto : Nihil aded in Medicina cer- 
tum est 5 quam nihil cértum. Galeno ya se ve si tenia por fiaüi- 
ble la IMbdicina, quando se gobernaba á veces por los sueños 
para recetar. En fin , Hippocrates , mismo grande Hippo- 
crates , llanamente confiesa , que es imposible conseguir doc- 
trina cierta para curar: Medijcinam citó discere non est possi'-. 
hile , propterea quod impossibik sit statam ac ceftam doctri-^^ 
nam in ipsa fieri {b). ¿Son todos estos de poca autoridad jen* 
tre los Proíbores (tiestros? . ... 

ADVERTENCIA. 

EN el discurso de este escrito se nótari acaso qne hablo, 
con mas vehemencia, que en otros de los Profesores 
de Medicina en común; pero quien advirtiere, que iba res- 
pondiendo á otro escrito, donde en cada pagina leía una in- 
vectiva, ó un dicterio, no estrañará que se me azorase la ma- 
DO, ó se me encendiese un poco la pluma. Buelvo á dedr, que. 
venero á la Facultad Medica , como honoratisáma , y nobi* 
lissima. Huiré los Médicos malos , siempre amaré á los^bue-' 
nos; y estoi en conocimiento de que hai en este siglo, y en 
España algunos excelentes. Los doctissimos Médicos de Sa-. 
lamanca,á quienes dedicó su Discurso el Dr.D.Francisco Do- 
rado, no necesitaban de su defensa. Tampoco la había menes-. 
ter la Facultad en común. Antes tal vez sucede defenderse, 
una opinión de modo, que.queda desautorizada con el patro^; 
cinio. APBO- . 



(tf) Reyes Camp. Blys. quast. ^7 , nm. 15. 
(fy Ub. de Loth in hümm. 



^39 

APROBACIÓN. 

DE orden del Sr. D. Tomás Edez dd Castillo, JPravisor^ 
y Vicario GenersU de este Obispado, he visto la Res- 
puesta , que dá el R. P. M. Fr. Benito Feijoó al Discurso Fi- 
síologico-Medíco del Dr. D. Francisco Dorado, en que he lo* 
grado la dicha de anticiparme á leerla; porque <)ualquiera 
obra de su ingenio tiene en mi afecto estimación singular. 
La presente está tan llena de razones eficaces para satisfa- 
cer, tan erudita de noticias oportunas para deleitar , tan flui- 
da de eloqüencia facunda para persuadir que deja lánguidos, 
y sin vigor los fundamentos que propone la contradicción* 
Cantista á las diikniltádés sinBiiumuIarlas , y no afectó des- 
víos para evadirse. Introdúcese en lo mas profundo , y ar- 
duo de las disputas sin tenoor, porqué su dencia, y. noti- 
cias son armella para ofender , y defender. La viveza de su 
perspicacia penetra las materias mas estrañas , y las hace 
proprias su ingenio, que es en todas peregrino. No deja cosa 
al escrupuloso en que tropezar ; porque si hai algo obscuro» 
con claridad lo explica ; si difidl ^ con magisterio lo desata; 
ú impertinente, con soberanía lo depreda. P^o escusados 
son los elogios para quien tiene tan altos créditos en toda la 
República Literaria ; y no cabiendo ya su fama en estos 
Rdnos, empieza á volar á las Regiones estrañas. Limitóme, 
pues, á dedr , que este escrito no se opone en cosa algunaá 
nuestra Santa Fé , y buenas costumbres ; y ademas de satis- 
facer tan plenamente, nos enseña nxxlostia, porque cine 
con tal cuidado sus voces , que no excede , aunque provoca- 
do, los límites de una justa defensa. Oviedo , y Fd>rero i8 
de 1717. 

£k. D.Pedro de la Tom4 



Ct^ AD- 



140 



H. 



ADVERTENCIA. 



Abiendose reunido en esta ultima impre^ 
sion el Suplemento de cada Discurso en su 
lugar y ha parecido conveniente conservar los 
Principios^ y Prologo^ que tema el Tomo /Y, 
para la inteligencia del Público^ y que nada 
se eche de menos. 



PROLOGO. 

LErtor mb, presentóte un Libro ;, en cuya lectura halla- 
rás poco deleite , porque el método 9 y bueoa disposi- 
ción 9 que tienen laí mayor parte en la gracia de nn escrito^ 
£iltan aqüi <dast enteramente j pdr no permitirto la materia* 
Adíückmes^ f Cürreccümes.^: S^ar^das- del cuerpo de la 
Obra , que se addidona ^ y corrige v son piezas sueltas 1^ enr 
tre quienes no se halla algún brden, y por consigmente nin- 
guna hermosura. Pero en compensación deberás agradecer^ 
me el buen tgempio que te doi ^ confesando ^ y enmendando 
algunos yerros Olios. Son muí pocos los Autores que conor 
cen los proprios , y mui raro el que , aunque los conozca, los 
confíese. Para edificarte mas, añado á esta confesión la de 
que no de todos los que enmiendo, debo á mí mismo el des- 
engaño. Algunos , en materia de noticias históricas ,,me di6 
á conocer la caritativa admonición de uno , ú otro docto 
amigo : por lo que me considero mui obligado á encomen* 
darlos á Dios. Si mi buena intención merece contigo algo^ 
te pido para mí el mismo beneficio. VALE. 



DE- 



141 
DEDICATORIA^ 

"Que hizQ el Autor al R. P. M. Fr. Miguel de 
Herce ^ General de la Congregación de S. Be- 
nito de España , Inglaterra, &c 

R.**^ P, N. 

l|ft^||ÉfiB Reseftto d V, Rma. un Libró , y ^^ ^ vnict 
«-j P ^ ^^ ^ Rma. puedo ofrecer^ porque es lo 
^ iy único que KRma. no reusd admitir. La i'n- 
j BW^ i "^ diferencia , y aun repugnancia deV.Rma. 
•écia todo aquello conque pueden obsequiar unos hom- 
bres á otros j no tiene otra excepción que esta. Conot- 
co la pequenez del dan , y conozco mas, que siendo tan 
tortOy aun sé representará menor puesto en las manos 
de un hombre tan sabios porque \j]¡ué bulto hará la mí- 
€era pobreza de este-escrito á la vista de ese Gaz^fi- 
• lacio Literario^ Pero también seque esto no estorva 
la benigna aceptación de KRma. Basta ser Libro pa- 
ra que V. Rma. le mire con amor. Veo tan apasionada 
la inclinación de V.Rma. á todo lo que es estudio , ó lee- 
tura , que puedo esperar , que aún ésta desestimable 
producción mia le sea agradable , por dar alguna ma- 
teria á ese egercicio'. que quando es muí ardiente la 
sed, el licor mas ingrato lisonjea el apetito. Con gran* 
de admiración mia be notado, que quantos intervalos 
deja á F. Bma. libres la tarea del gobierno, entera^ 
mente son ocupados en la lectura. En el espado de dos 
meses que V.Rma. estubo en este Colegio, por intere- 
sarme tanto en la conversación de V. Rma. la he soli-- 

C4 tí- 



14* 
citado siempre (¡ue sabia que no le ocupaban las depen^ 
dencias dé otros subditos*^ yiasi fueron inumerabies las 
éecés que logré á V. Bma. solo en la celda \ ipera có^ 
pio^ Jamás sin la pluma ^ ó el libro en la mano : siem-^ 
pre , 6 dando luces á la Religión con sus cartas , ó au- 
mentando' las proprias con los libros. Seguramente j y 
en todo tiempo^ á qua I quiera que pregunte^ qué hace 
V. Rma. en los ratos que dejan á Ai elección las pen-* 
sioHes del oficio^ se dará respuesta ajustada con las 
palabras de nuestro sabio Monge Don Bernardo de 
Montfaucon , hablando de la Minerva^ que está en la 
Galería Justinianai Sedet, volumenque tenet {a). Asi 
está siempre aquella Minerva. Asi hallamos siempre 
á este Apolo : Sedet, volumenque tenet. Este es su re-^ 
poso^ este es su descanso , sedet Este es todo el alivio 
que se toma de las fatigas del gobierno.: 

Pero P. Rmo. si be de decirlo todo, ^ no solo se esr 
tiende mi esperanza á que V. Rma. reciba este Librú 
con agrado^ mas aun á que lo lea sin desabrimiento. 
No ignora V.Rma. el famoso dicho de Plinio elMayor^ 
testificado por el Menor : Dicere solebat, nullum tssc 
librum tam malum y ut non aliqua parte prodesset {b). 
Tyo creo que esto se verifica con mas rigor , y con 
mas generalidad en los hombres sabios. Un entendí-* 
miento ilustrado ^ y perspicaz suele hallaren los libros 
mas que lo que hai en ellos ^ ó por lo menos mas que lo 
que el Autor mismo entendió ^ y quiso dar á entender.. 
Penetra los fondos de esta , ó aquella máxima ^ en que 
el Escritor no habia visto mas que la superficie. Me-- 
jora las especies ^ trasladándolas del papel al discur^ 

so. 



(á) Montfauc. Suplem. de la Antigued. exflicada , tom. i . ^. J . f . /• 



M3 
so. T>e los mas groseros rasgos con citrt^ especie ée Cbir 
mica mental extracta ^preciosas sutilezas. De Ui mina 
del metal mas basto sabe sacar algunas partículas, 
de arOé Los mismos yerros suelen servirle , excitando 
algunas ingeniosas reflexiones ^ que sin esa causa oca* 
jSional nunca lograrían su existencia. T finalmente el 
hambre mas docto puede adquirir una , ú otra noticia 
en el libro mas inepto : pues ninguno bai en el mundo 
tan sabio , á quien no s^ oculte algo de lo que alcanza 
ísnOj ú otro ignorante. 

Hallará F.Rma. sin duda muchos defectos. en esta 
Obra. To , sin distinguirlos^ por la reflexión que bagt 
sobre mi cortedad^ conozco que nQ puédemenos de ba* 
herios. V. Rma. percibirá quales son. ¿ Pero á qué ojos 
podrán llegar mis yerros^ donde tengan mas segura una 
indulgencia piadosa ? ¿ Cómo podré yo temer á F.Rnuu 
rígido sobre yerros de entendimiento^ quando todos, sus 
subditos le experimentamos tancompasivOiaun en aque^ 
líos en que tiene parte la voluntad "i Toco un punto y en 
que no tengo libertad para detener la pluma. ¿ Quién 
no ba conocido , y quién no ba admirado esa nobilissima 
afabilidad^ esas entrañas llenas, de misericordia , essi 
espíritu todo dulzura , ese corazón todo amor , que está 
derramando lecbe^ y miel sobre todas las accioneSjSobra 
todas las palabras de V.Rma'i Pero lo que mas asom^ 
bruj es ver concillada tanta benignidad con tanto zelo^ 
tanta propensión á la clemencia fon tanta inclinación 
á la observancia ; y sobre todo que la explicación de 
aquella no impida^ antes promueva el itflujo de esta. 
Es extremamente dificil , que en un Prelado la benevo- 
lencia mui tierna no degenere en condescendencia vi^ 
ciosa i porque el Ímpetu que da aquella al corazón , no 

k 



144 
íe permite parar en los limites gue Señala ta rectitud. 

Nó sé si diga , ^ solo V. Rma. bailó el raro secreto^ 
de que un grande amor á los subditos , Metí lejos defo^ 
tnentar en ellos la licencia ^0ópere eficaxsnente con el 
telo para desviarlos de lojrelajacioñ. Pero ya que ne 
iea V. Rma. el uftico en ^justar este peregrino consor-- 
€io \ es por lo menús\^ enquanto yó be visto ^ quien supo 
ponerle M eípunto mas alto^ v^ . 

Ningufno mas atento que V. RiHáé d precaver todo 
'desurden ; nin^no mas puntual en corregir los que no 
pudo precaver. Pero viene siempre la corrección tan 
endultada ^ que ganando entecamente el corawn ^ bace 
infalible la enmienda. Sabe FJima. tocar las llagas del 
alma con tan exquisito tino^ que albaga al paciente la 
aplicación del remedio. Hablo por noticia de los mismos 
que lograron la enrienda. Hace V. Rma. tan amables 
ios repreensiones ^ como los demos las alabanzas. Vir-- 
ga toa , & bacului tüus ípsa me consolatá sunt , decia á 
Dios el Santo Rei David. Lo mismo puede decir áV. 
Rma. qual quiera de aquellos^ en quienes egetce su au- 
toridad coercitiva. Verdaderamente es una gracia mui 
singular , que la vara que corrige , al mismo tiempo 
consuele ^ pero creo que Dios puede comunicar este ex^ 
celentissimo don A los hombres aporque veo que se le ba 
comunicado á V. Rma. Corrige F.Rma. y con la corree-^ 
cion misma consuela , porque respirando siempre amor 
el corazón de V. Rma. aun en las acciones que dicta el 
zelOj se bace visible el cariño. 

De aqui viene la paz mas que Octaviana ^ que gota 
la Religión debajo del mando de F. Rma. 

...... .Dilectio semper in ore 

Fnictum pacis habeu 



«4$ 

I>ijo el Poeta Arator (a). El amor He V. Rma. estén-- 
diendose á todos sus subditos , los une á todos. ¿ Cómo 
pueden estar divididos entre síj si ninguno está divi^ 
dido de V. Rma 'i Arriba se me representaba F. Rma^ 
en la^ Minerva , sentada con el Libro en la mano: Sedet^ 
volumque tenet. Aara se me representa en la misma 
Minerva , como se halla en algunas monedas antiguas^ 
teniendo en la mano vn ramo de Oliva. Ramum Oliva» 
tenet, dice el mismo Autor que cité arriba {Jb). Es la 
Oliva símbolo de la Paz , y era consagrada 4 Minera 
va^ porque según los Mitológicos , Minerva la babia 
inventado^ ó producido: 

Adsis b Tcgaet &veiis j ókxqat Miaenra . . 
. Invcntrix. . {Firg. i.Georg^) 

Esta tranquilidad apacible , que hoz ^ cm. algunm 
ventaja á otros tiempos ^reina en la Religión yOl if^^ 
jo de ese pacifico Numen se debe^ La entrada de Fé 
Rmai, en el. gobierno Jue como la de la Paloma en elAr^ 
ca de Noé: Portans ramum c^vse virentibus fi>liis. JLa 
circunstancia , en que trajo aqueJJa Paloma el ramo de 
Oliva con hojas frescas , y pomposas , persuadió 4 dl^ 
ganos , que su producción bnbi&se sido milagrosa ; por-*^ 
que lo natural era ^ que la tormenta antecedente bubie^ 
« destrozado, la Oli^a , como todos los demás arboles. 
Pero sacando el caso del sentido literal al místico , se 
puede decir , que aun quando la Oliva ^álos combates 
de la tempestad y estubiese ajada ^ y marchita , rever-^ 
decena en el puco df la Paloma^ Es esta ave de unge^ 
nio sumamente amoroso ^ por lo que dijo Propercio{c)i 

Non 

• (á) Arat. M. i^h AS. Afou. 
(b) Montfatic. tomiAnttq.f, i. etf. il. 
(í) ' Propert. tib. i. ^ 



'4^ 

Non me Chaofniae vincent in amore Colwnbae. 

T es verisimit , que en atención á esta propríedai 
la tomase por imagen suya el 'Espíritu Divino^ que es 
todo Amor. Siendo asi, es consiguiente d la venida de 
la "Paloma el anuncio de una paz floreciente en el ramo 
verde de Oliva, DUectio semper in ore fructom pacis 
habet ¿ Que' podíamos esperar del amante , y benévolo 
coraxon de V. Rma. sino este precioso fruto ? Diga la 
apacible tranquilidad que bol goxa toda la Reli^^on, 
Hubo al principio circunstancias , que hicieron temer 
Á alfftnos , que la paz no friese tan serena en este Qua- 
trienio , como en los antecedentes. No estraSo aquel te^ 
mor ^porque atenta la condición humana, la diversidad 
en los dictámenes es mui ocasionada i producir divi-^ 
sion en los corazones. Pero la dulzura, y benevolencia 
de V. Rmo. regidas una , y otra por una consumada 
discreción , disiparon luego aquellos miedos i y en vir- 
tttd de su benigno influjo , no solo se conservé la unión 
de los Áninm , mas aun se concilló i un dictamen uni- 
forme ( lo que parecía imposible ) la contrariedad de 
opiniones. Parecióme estar viendo en V. Rma, á los 
principios de su Prelacia aquel Venerable Varón, que 
Virgilio pinta, sosegando los individuos de un Pueblo 
conmovido , como simil de Neptuno , aquietando las olas 
4el Piélago perturbado: 

Tum pietate gravem ac mentís , «i fort^ virum qneiii 
- Conspexere silent, arrectísqoe auríbus adstant: 
■ Ule r^it dictis ánimos , & pectoca molcet. 
T>igo , que luego se concilio á un dictamen uniforme ¡a 
contrariedad de opiniones ; porque lot/mismos que , por 
nojtener bien conocido áV.Rma. querían llevar úotra 
parte la elección , luego que se/bizo\ ía aprobaron en 

sus 



147 
sus corazones. Pensaban hacerlo' méj&t yb&tíendo otra 
tosa ; pero á las primeras experiencias del gobierno 
de V. %ma. vieron que no se podia babet bécbo cosa 

mejm J 

Este concepto hicieron todos entonces. Este mismo 
permanece boi mas fortificado , y evidente cada dia^ 
porque incesantemente , en todo el discurso del Qua- 
trienio , nos ba estado dando V. Rma. nuevas pruebas 
de su certeza. Bien lejos de fastidiarnos la conducta 
de V. Rma. quanto es mayor su duración , se nos bace 
mas apetecible yyV que ya ba de durar mui poco , no 
puede considerarse sin mucbo sentimiento. Pero otra 
consideración puede consolarnos mucbo -^ y es^ que que-* 
de á todos los succesores de V. Rma. un tan perfecto 
egemplo para la imitación. To desde aora exortaré á 
cada uno de ellos con aquel Lema , que Felipe Picineli 
puso al espejo colocado á la vista : Aspice ut emendes. 
Todos podrán , y deberán mirar en este espejo el zelo 
sin aspereza , la afabilidad sin afectación , la discre^ 
cion sin vanidad ^ la sabiduría sin pompa , la austeri^ 
dad sin desabrimiento , la entereza sin ceño , laforta-^ 
leza sin arrogancia , la humildad sin abyección , la 
corrección sin estrepito , la vigilancia sin afán , la 
amistad sin pasión , la sagacidad sin astucia , la re- 
serva sin dolo ^-el secreto sin misteriosidad ^ la vera-^ 
cidad sin ofensión , la condescendencia sin apocamien- 
to , la justicia sin rigor , la economía sin escasez , la 
parsimonia sin melindres^ la solicitud sin congoja , la 
penetración sin suspicacia , la actividad sin inquietud^ 
el sosiego sinfiogedad , la política sin falacia , el jui^ 
cío sin pesadez^^ la devoción sin figurada , la benigni- 
dad sin relajación*^ enfin^quantas prendas deben con- 

cur^ 



zurrir para amstítidr nn perfecto "Prelado, Nuestro 
Señor guarde áKRma, tmcfi^ años ^ para que muchos 
años tengan presen^ este Máelo los que "Dios destine 
al gobierno de la Religij^San fícente de Oviedo, 
y Optubre üQí de 174a 



Riiid.P.K. 
B.L.M.deV.Riii3. 
Sn mas rendido subdito y siervo 



^. Benito Feijoó, 
APROu 



APROBACIÓN 

DelM. R. P. M. Fr. Benito Marin , Maestro General de la 
Religión de S. Benito , del Claustro , y Gremio de la Uni^ 
versidad de Salamanca ^ y su Catedrático de Prima de 
Teologia , jíbad que ha sido ^ y actualmente es del Colegié 
de j51 Vicente de dicha Ciudad ^ &c. 

Nuestro Rrao. P. el Maestro Fr. Miguel de Herce , del 
Claustro , y Gremio de la Universidad de Salamanca, 
y su Catedrático de Prima Jubilado, Teólogo de S. M. ea 
la Real Junta de la Concepdoa , y General de la Congrega* 
don de S. Benito de España , &c. me manda vea , y le diga 
mi dictamen sobre el Tomo nono , su titulo : Suplemento con 
Correcciones^ y Adicióneselos ocho Tomos del Teatro Cri* 
tico Universal^ compuesto por el Rmo. P. IVL Fr. Benito 
Feijoó , Maestro General^e nuestra Sagrada Congregación, 
Catedrático de Prima Jubilado de Teologia de la Universi-» 
dad de Oviedo, Abad que ha sido dos veces , y actualmente 
es del Colegio de S» Vicente de aquella Ciudad , &a 

Y aunque hecho cargo de la obligación que se impone 
por el precepto , debía , antes de dar la sentencia en esta 
causa , leer la Obra con la mayor refle^on , siguiendo el 
orden, que , según Santo Tomás C^), ha de ob^rvar un Juez: 
In Judice tria requiruntur , quod sumas judicandum , quod 
consideret merita causa , ® quod froferat sententiam jus^ 
tam ; confieso , que he invertido el orden impuesto por el 
mandato. Para explicar mi dictamen , y dar la Aprobación 
del Suplemento , no ha esperado mi obediencia , y venera- 
don debida al Autor , y sus Escritos la proligidad de regís^ 
trarle los ojos ; porque sabiendo se da recomendación á la 
Obra , nombrando solo al Autor , hallando en su nombre 
celébrela Aprobación mas insigne: Optimus enim Auctor 
approbat suo de nomine sua , ( como no ignoran los Sabios 
en las Estatuas de Phidias , y las Pinturas de Apeles , apro- 

: : ba- 

(jt) Div. Thoin. su^. Psalm. xS. 



ISO 

badas generalmente de todos con singulares aplausos , sa- 
biendo que eran hechuras de estos Artífices diestros ) sería, 
á mi ver , injuria , y fiílta de estimación al Rmo. P. 1\1 par 
sar sus Obras al examen de los ojos para la alabanza ^ quan- 
do esta solo se afianza en su singular destreza ; no habiendo 
mas justo juicio , ni dictamen mas seguro en tan elevadas 
Obras , que una fé ciega , fondada en la luz , que á todo el 
mundo se ha estendido con su nombre : Habent imerpretem 
fuJgorem sui hmims , quo totus repktus est arbis. lUkás ilkh 
minaiio esi fides sine judice. 

Asi discurría yo , para tlar la Aprobación que se me pide, 
sin tener ya que añadir , habiéndose dicho el nombre del 
Rmo. P* M. drviendome de egemplar, según nos refiere 
Erasmo , las voces mas expresivas de que se vallan doctos; 
para aplaudir la doctrina , los Discipulos de Py tagoras {a) : 
Ilk dixit. lUe fecit. Pero sabiendo no faltan Ofensores de 
las Censuras 9 y temiendo que la mia se note de apasionada, 
ó defectuosa en el orden , ó en el modo, que pide el mas 
justo juicio ; siguiendo observante el orden impuesto por el 
mandato , digo , que he visto , y leído con la mayor refle- 
xión el Suplemento á los ocho Tomos del Teatro Crítico 
Universal. Y si antes de leer sus clausulas , y admirar su eru- 
dición , fue solo el Autor motivo , que me impelia gustoso 
á sentenciar en su abono con cariñoso respeto : considera- 
dos aora ios méritos de la causa , y viendo su nombre im- 
preso en todas las Obrafe que hace , aun mas que lo fue el de 
Phidias en la Estatua de Minerva , no me parece hai sen- 
tencia mas justa del Suplemento , que la que se dio á aquella 
Obra para admiración del mundo , por discurrir que venia 
fabricada de algún Cielo {h)\ ínter Phidia apera máxime 
cammendaia est Miwrvce statua , qwe emúhus ejus ope^ 
rUms amecellit. 

i^is te Phidiaco Jbrmatam Juüa cceh^ 
Aut quis Palladia non putet artis opus ? 

En 

- II I _ 1 1 ii^^i— ^—i— I — •• 

(tf) Erasm. LibtL de tingla. 

(b) Pau$. Ub. I. Pascrat, v. Pjudias. Mart.//*..^, 



^5^ 

En toda3 las Obras que hizo el grande Artífice Phidias , os- 
tentó con tal arte su :destreza , que todas «Uas se juzgan mu» 
dignas de la alabanza. Mas quando llegó á formar , y pulir 
de ultima mano la Estatua , de quien se ha hablado , es de 
sentir Quintiliano , que ella sola era bastante para celebrar 
1 Phidias entre todos excelente; porque añadiendo con arte 
quanto podia desear Religión supersticiosa en cuko de Dtír* 
dades , salió tan perfecta la obra , conforme en todo á la 
idea de la fingida Deidad, que aunque grande en todas obras, 
y dempre excelente Phidias , aun era mucho mejor en las 
Divinas Estatuas (a) : Diis potius guám hominibus efíiciendis 
nietior Artiféx traditur ; vel si nihil^ nisi Minervam Athenis 
effkcisset , cujus ptdcritudo oí^cisse aJiguid etiam receput 
Religioni videtur , aded majestas operis Deam aquabau 

'■ Phidias diestro el Rmo. M. FÓjoó esculpió envíos odio 
Tomos del Teatro Crítico Universal sólidos ingeniosissimos 
conceptos , mostrándose siempre grande en la variedad de 
asuátos , y robándose auii por eso la complacencia de to- 
llos: Et veritate phcéi <¿)« En la italla entera de sus coa^ 
oeptuosos bultos , animados de la viveza de los Discur-^ 
eos , é inimitaUe el^^cia , han hallado que admirar quan* 
tos , conodeodo el fondo, y los primores del arte, han dado 
ú sus libros con justicia la corona ; pudiendo dedr sb jac* 
tanda con Properqo: Libris est data pabna meis. En su 
admirable Teatro, masUmvíersal , que aquel donde , solidto 
JLypsio.(^), hallaba egemplos de todos siglos: Ntm uniüs, 
^evi^ ata m-bis exempla^ sed omnkém tempahm y omnium gen^ 
tiwn , quasi in d^fusso Theatro spectantur ; encuentra la éru- 
didon selectísshnas noticias, con que, desterrando Errores 
Comunes, á todos tiempos, y entre todas las Naciones, re* 
conozca en la verdad sus mas subidos qiaflates. 1^ ^ina , vo* 
lando airosa , y publicando sonora su nombre por todo el 
Bmiido^ ha lAierta camiao nmva, en-que siguiendo los pa- 

Dd sos 

^" ■ ■ I ■ I 

(4) Quintil. //^. 11. Jnsth.Orat. ... 
ib) VicintL Mund.Symbtí.fíb. 1^ 



152 

90S de un Artífice tah diestro én las facultades todas, te pue^ 
da ya caminar coa singulares noticias: 
...^..Prasens tibi Fama benignun 
Stravit iter^ iücitque novum monstrare fiouris (a). 
Sus Obras , en fin , lograron universales aplausos, sin que 
al parecer hubiese aj^uso ya que añadir á sus singulares 
Obras , sino alabar con estudio las alabanzas ya dadas ; pues 
ya sé fue estilo antiguo repetir la alabanza con misterio (6) : 
Credukrunt verbis ejus , & laudaverunt iaudem ejus. Eq 
medio de esto es tan grande el Rmo. P. M. en lo que su in^ 
genio emprende, que no queriendo faltar al juicio que ten^ 
go hecho de sus relevantes prendas, si solo me contentase 
coa repetir alabanzas (c) , Tujam tantas ex, ut qui te nom 
laudat , judicio , & existimationi sua detrahat\ he de aña* 
dir nuevo elogio en las Addiciones mismas que propone el 
Suplemento ; porque si en las otras Obras del Sapientissimo 
Autor mereció grandes elogios debidos mui de justida , la 
alabanza que se forma en los Escritos presentes , no solo es 
grande, que es máxima : Máxima ¡aus operis scriptisfor^ 
matar in ipsis. 

' Hasta aora en todos los ocho Tomos que hemos visto 
del Rmo. P. M. en su Teatro Magnifico , parece imitaba á 
Apeles , poniendo solo por inscripción de sus Obras {d) : Fa» 
ciebat. En este Tomo, que añade por Suplemento á los ocho, 
se encuentra ya la inscripción en el grado mui perfecta Fe^ 
eit. Antes hacia. Aora hizo. Dio diestro la ultima mano, 
con que añadiendo matices á sus elevadas Obras , se aumen* 
tasen mas , y mas las alabanzas debidas {e) : Famam , glo* 
riamque factarum , ac dictonm aded sincera ver it ate non 
ttbstuüsti ^ut augeres. Sin el Suplemento es cierto que era 
ya grande el Teatro. Con el Suplemento logra otra exce« 

len- 



(-) 


Stat. tib. i. 


<*) 


Psalm. loy. vers. ij 


(c) 


Hertnol. //*. t. ep. 6. 


w 


Orat. in Príf. 


(0 


Casio<L/i». 8. ef, ijt 



153 

leocia distinta , <}ue es el verse ya complsto (a) lOpusstéum 
in aliam summtatem , Domino ¡argiente ^ perduxit. Es , ea 
fia 9 vivo retrato de este Teatro del mundo , quien , aun sien- 
do ya perfecto ^ gozando las excelencias que le dio Divina 
mano, recibe la perfección, quando le dan complemento [b)i 
Compkvit Deus opus suum^ quodfecerat. Para qqe fuese per- 
fecta , bastaba 3er obra suya : Opus sutm. Para ser digna de 
elogio , sobraba ser obra hecha por tan soberanas manos: 
Fw^at. Y en medio de estar perfecta , digna de toda ala- 
banza , se dice, que Dios la dá con perfección complemento^ 
acreedor á nuevp elogio , porque mostrando coa él su mai- 
yor gloria la fabrica de este Teatro del mundo , diese nueva 
alabanza , complaciéndose gustoso en la hermosura añadida 
Gon el orden mas perfecto (^): 

En prteclara nitet mundano machina cuhu. 
Ergo ubi campktis fulserunt omnia rebus^ 
Omatuque suo perfectus constitit Orbis^ 
Blustrans quodcumque videt : placet ipsa tuenti 
JÍrtifici fqctwa suo : laudatque Creator 
Dispositum pulcro , quem condidit ordine nmndum. . 
No es razón que me detenga en aplicación tan obvia , y 
acaso ya anticipada ; y mas llamándome el texto á otro rer 
paro, que aunque le juzgo casual , le considero preciso. Dada 
ya la ultima mano en las Addiciones que hizo Dios á este 
Teatro del mundo , se nota , que descansó , y que cesó de la 
.Obra que veb ya completa (^3 : Compkvit , & requienit ab 
smni opere , quod pairarat. Al Rmo. P. M. Feijoó se le debe 
suplicar , que no descanse ; y aun tengo por conveniente se 
le mande , que no cese en añadir nueva hermosura á su Tea- 
tro con infatigable estudio. Y en caso de que se le permita 
Gesar de la Obra empezada , sea el descanso conforme al que 

Dd 2 nos 

(«) ídem lib. i.Vivln. Jnsu caf. %%. 

\h) Gen. %. 2. Perfectí^m cpmflevh ^ & $mMí» cíusitmmávit ; Justa 
Pagn. 
(i) Alcim. Avit. lib. i. in Gen. 
(i) Gen. ubi supr. 



154 

DOS previene el texto , y explica con agudeza San Ambro-^ 
áo (a) : Reqmevit iii uí faceret. Opera operibui iniexereti 
i& prosequeretur opus , quod ipse jam c(Bperat ; pues si imitó 
su templar en el Teatro que ha hecho , no e^ justo le falte 
el modo de imitarle en el descanso : In labore requier. 

Docuit veneranda exempia quieiis* 

Sic cessare Deus , sic otia sumere novk: 
Phás ut agat cessans (¿). 
Solviendo , pues « al asunto vdigo , que este Tonto nono 
es Qmpkmento perfecto del Teatro Critico UniversaU á imi<- 
tacion del Teatro que formó mano Divina ; no solo por las 
jíddicianes que en él % encuentran , sino también por las 
Cofr^cciones que se hallan {c) ; pues si dividiendo Dios de 
las tinieblas la luz , llegó á formar su Teatro con el may<« 
lucimiento , no puede menos de ser tuddo en todo el Teatro 
que ha compuesto el P. M. quando se esmera solícito con 
correcciones discretas , sacar tan pura la ;luz de la verdad 
que propone , que no se vea ya en él ni aun una sombra 
mas tenue. El candor proprio á su genio , é ingenuidad coa 
que procede en sus palabras , se manifiestan al vivo en sus 
'excelentes obras : Documenta Artis suee dum ostendit ^'ipse 
se pinxit. Si faltasen estos apreciables dotes en sus lucidos 
Escritos , donde corrige ^ y separa lo verdadero de lo falso» 
y aun de lo dudoso , podría acaso la envidia , exhalando los 
vapores tan proprios á causar niebla, disminuir lucimientos 
que ha publicado la Fama (d) : Candor si abest ab scriptis^ 
nebulam livor habet , nec illustravit ea diuturnior lux Fama. 
Pero poniendo tan claros , sin ocultar la verdad , libres de 
toda fraudulencia , los Discursos , como decia el Niseno {e)^ 
aunque á otro asunto : Omnia sunt dilucida libera ab omni 
fraudulenta occultatione , ac prcfunditate separata y ita ut 

pue^ 

(4) Ambros. Ub, 4, in cap. 4. Luat. 
(¥) Mar. Vicc. lié. i. Gen. 

(c) DivIsH lucem k tenehris. Genes, z. 4, 

(d) Lyps. apud Pidn. Mund. Symé. 

(e) Gregor. Nis. in cap. $. Cmu 



pucf^s mamftsta sita ^ se hace tan claro el Teatro, que hasta 
los niños podrán reconocer su esplendor , y prorrumpir en 
elogios de la mas perfecta luz ; pudiendo decir entonces, 
que la alabanza es perfecta , por proferirla una lengua en 
quien no se halla malicia {a)i Ex ore infantium , & loe- 
ten^ium perfecisti laudcm. 

£1 elogio que á las Correcciones me parece debo dar, 
Án nota de adulación , ni otro defecto , que haga ser injusta 
la sentencia, le veo ya prevenido con gran complacencia 
mia por el doctissimo CaramueU Dudando sobre la verdade- 
ra etimología del nombre Latino Littera , pone algunas con 
singular agudeza ; pero quando mas la explica , es dándole 
el mismo significado, que corresponde á esta voz Litura^ 
del verbo usado Oblitero , que significa borrar , ó corregir. 
Y asi , notando en un libro , que se enviaba á su censura, 
las correcciones que hada con discreción el Autor , se ex- 
plica con este elogio , mui proprio de nuestro asunto (¿) : 
Lihrum assero magno studio , <S? labore compositum : & ab 
his lituris incipio sperare multas luces , quce argumentum 
illustrené , & clarissimum Auctorem reddant. Me enim Ju^ 
dice indignus est , qui legatur á Doctis , Scriptor qui nihil 
delet. Hai Escritores tan tercos en mantener su dictamen, 
que no queriendo mudarle , aun viendo que les convence la 
razón , siguen la máxima errada de aquel infeliz Autor , que 
contra la misma verdad se mantuvo en repetir: Quod scripsi 
scripsi. Bien distante el Rmo. P. M. Feijoó de este peligro, 
siguiendo siempre prudente la fuerza de la razón , si alguna 
vez la ha encontrado contraria á lo que ya ha escrito , no 
se desdeña en decir con el Poeta Virgilio al tiempo que 
componía las Eneidas, obra celebrada en todos siglos : Qjuod 
scripsi deleo'^ pues si es perpetua ignominia no ceder á la ra- 
zón , mudando el dictamen hecho , como ponderó Catulo, 
no hai gloria mayor de un hombre , por todas razones céle- 
bre en el Teatro del mundo , que las Correcciones que hace 

Dd3 de . 

(d) Psalm. 8. 3. 

(b) Caram. tm. %. Tbiripg. Kíiul. efht. 3 x. • 



ti6 

de sus palabras, y Escritos <, segua observó curioso de mi 
Emperador , Suetonio. 

i Pero para qué me caaso , y molesto á los Lect<M« ea 
probar esta verdad , quando la prueba mayor es el prodi- 
gioso Libro que compuso S. Agustín de las Retractaciooes, 
ó Correcciones ? Son tantos los elogios que ha merecido coa 
él este Doctor de la Iglesia , que falta tiempo para referir- 
los ; y aunque sobrase á proporción del deseo , lo impediría 
sin duda la admiración , ó el pasmo , pudíendo decir con 
Virgilio (a): 

Obstupid , magno laudum perculsus xmore. 

Solo diré 9 para concluir con mí sentencia, manifestando 
que es justa , vistos los méritos de la causa , que asi como á 
S. Agustín entre los Doctores Grande , se le pudo aplicar 
con fundamento aquel superior elogio , que se verifica ea 
Dios con la mayor propriedad (b) : Stcut tenebne ejus , ita 
& lumen ejus^ aludiendo á que S. Agustin 9 no solo es grande 
en sus Obras 9 sino también en las Retractaciones , ó 0>r- 
recciones que hizo de ellas , porque unas^ y otras en sí son 
el mejor testimonio de haber siempre procedido con acierto: 
Habuit testimonium kicis^ & tenebrarum , que dijo mí Padre 
S, Pedro Damiano : asi 9 sin violencia alguna , juzgo se pue- 
de adaptar el mismo elogio al Rmo. P. M. Feijoó : pues lu-^ 
ciendo no menos con las Correcciones que hace en este 
Tomo , que lo luce en las Addiciones al Teatro 9 encuentra 
tantos testigos que favorezcan su causa , y aprueben con- 
cordes la Obra , quantos son los que mirando Correcciones, 
y Addiciones sin emulación , ni envidia , deponen , que en 
todas ellas , y por diversos caminos no solo hai clara doctri* 
na , sino también luz , que luce aun entre tinieblas densas, 
para quitar la ignorancia. 

De este modo tengo dicho , por no omitir el cotejo con 
la proporción debida , que el Rmo. Autor en este Tomo me- 
rece aquellos elogios , que dio á S. Agustin Prospero {c) : 

Acer 

(a) Virg, //*. 9. JÉneid, 

(b) Psalm. 138. II. 

(O Prosp. //*. ^ de Fít. Céntempl. cap. *}i. 



157 

Acer ingenio , suavis eloquio ^ sacuJaris litter atura peritus^ 
in Eccksiasíicis labor ibus operosus^ in quotidianis disputa^ 
tionibus clarus , in qutestionibus solvendis acutus , in omnl 
actione sua compositus , & in expositione sua Fidei nostra 
Catholicus. Y si el Concilio Toletano VIH aplaudia á este 
Doctor de la Iglesia con las siguientes expresiones {a) : l^es- 
tigationis acumine cautus , inveniendi arte pracipuus , asse-' 
rendi copia profluus , ehquentice flore venustus ^ sapientice 
fructu fcecundus\ manifestando el Rmo. P. IVL estas singu- 
lares prendas en la Obra que se remite á mi Censura , no 
hai arbitrio para dejar de decir es Obra en todo perfecta; 
y al mismo tiempo afirmar , no se opone á nuestra Santa 
Fé , buenas costumbres , y Leyes particulares. Este es mi 
sentir , salvo meliori. S. Vicente de Salanianca , y Noviem- 
bre 30 de 17ÍP. 

Fr. Benito Marín. 

(tf) Concil. Tol. Vin. 



Dd4 



ífi^iíV 



158 



APROBACIÓN 



Del Doctor D. Martin Delgado , Cura proprio de la Parro^ 
quia de Santa María la Real de la Almádena de esta Corte^ 
y Teólogo de Cámara del Sérenissimo Sr. Infante D. Felipe^ 
Gran Prior de la Orden de S. Juan. 

DE orden, y por comisión del Sr. lie D. Pedro de 
Aroztegui , Canónigo, y Dignidad de la Santa Iglesia 
Primada de Toledo, y Vicario de esta Villa, y Corte de Ma- 
drid , he visto , y examinado un Libro , cuyo titulo es: Suple^ 
tnento ^ ó Adiciones ^ y Correcciones á los ocho Tomos del 
Teatro Critico , compuesto por el Rmo. P. M. Fr. Benito 
Feijoó , del Orden de S, Benito , Catedrático de Prima Jubi- 
lado de la Universidad de Oviedo , y Abad del Colegio de 
S. Vicente de dicha Ciudad , &c. y por él hallo , que del Sol 
de su Autor es un rayo este Libro ; porque , como dice el 
Damasceno (a) : Como Sol , con el rayo de sus Obras , lo 
ilumina todo un Sabio : Sicut Sbl^ ad illuminationem ómnibus 
ortus^ sine invidia porrigit suos radios^ cunctosque übminari 
permittit , ita & illustrat , & splendidos ostendit. No nae pa- 
rece que es agena del Autor la similitud ; pues en los Libros 
que á la luz pública ha dado en los ocho Tomos que ha es- 
crito, vá nuevos rayos de sabiduría , y erudición esparcien- 
do; con que por sí mismo se viene este Libro aprobado, por- 
que los rayos del Sol se traen consigo la aprobación , y reco- 
mendación toda , por ser el mismo Sol el que los ilustra. 

Y confirma esta verdad el sumo crédito, que por tantos 
años logra este gran Maestro en su erudita Obra , no solo 
en España , sino en toda la Europa : el universal aplauso , y 
aceptación con que se ha recibido , que con haber sido co- 
piosa la impresión , se hubieran agotado otras muchas, s^gun 
las ansias con que la han buscado , y pedido. ¿ Qué mucho, 
pues, quede por sí este Libro aprobado , quando es hijo de 
tan noble entendimiento, y solo se diferencia de los demás 

en 

{a) Cap. i^dcBarlaam. 



'59 

en el tiempo de haber nacido ? La sabiduría^) y extensión 
de noticias de los que consagran sus tareas al bien públioo» 
se mide por. la que se encierra, y se contiene en los asuntosi 
que toman , y eligen : el asunto del Autor en este noble par-i 
to de su bello entendimiento es corregir, y aOadir, ó dar 
nuevos realces á sus ocho Tomos del Teatro Critico , y en 
este dá el ultimo testimonio de lo Maestro que es en las Cien- 
das, y Artes que en los demás escribe; pues consultando los 
mas altos Cedros , y los Maestros mas sabios en Ciencia , y 
Artes , de cada uno ha escogido la medula de lo sumo , para* 
tomar de esta suerte en sus Addiciones , y Correcciones una. 
como quinta esencia de su sabiduría : con que no parecerá 
en mí estrañeza diga , es por lo remontado, sutil, y eficaz de 
su ingenio , aquella Águila grande , de que habla Ezequielt* 
que coronando los mas altos Cedros , ó haciendo en ellos sa. 
asiento, sacaba su medula : Tulit meduUam Cedri\ esto es, di* 
ce el P. Sánchez (a) , quod in aliqua re existimatur summum^ 
id ejus appellatur medalla. Increíble parecerá á la posteridad) 
que haya habido hombre tan sabio , tan erudito, y de tanta 
extensión de noticias , tan versado en Gencias, y Artes, que, 
todas las posea , y hable con tanta propriedad de termiaos^ 
en cada una , como si no supiera otra« 

Mas todo este lleno prodigioso de noticias, que le acre- 
ditan de una Biblioteca animada, corona este sabio Maestro 
con las jíddiciofies , y Correcciones , que añade, en este Li- 
bro ; porque á vista de los bien formados rasgos con, que ha 
escrito los primeros, sobresalen , y se dqjan ver mas hermo- 
sas, por lo acrisolado que dejan sus verdades; y es preciso 
que Addiciones tan lucidas se lleven la atención de los Sa- 
^bios. Aparecese en el Oriente una Estrella: la vieron tres Re- 
yes ; y luego que la miran , se empeñaron ep segi^rla : ^j- 
dimus Stellam in Oriente^ & veninms^ Lo piisnio. fue veríais 
que darse por obligados á acompañarla : yidimus & veni* 
mus. Eran estos tres Reyes, Sabios : Magi , id est ^Sapientesi 
y es proprio de los Sabios dgarse llevar de las luces que mi- 

rao. 

(á) P^ Gaspar Sancbes hic 



i6o 

fán. Pero no está aqúi mi i*eparo ^ sino i por qué se inclinan 
con tanta adheJsion á mirar esta Estrella f FitUmus Stellaní 
^í¿s\& venimos % ¿No han visto otras Estrellas? Sí; y las 
hatí I observado con teda díligenda , porque eran muí entre- 
gados á la observación de los'^Vstros: Utgens (dice S.Leon 
Papa ) (a) ^ quce spectandorum siikrum arte polkbat. Pues si 
han visto , y observado otras Estrellas , ¿por qué se empe-* 
flan 'mas en seguir esta ; que á tas demás? Es el caso , que es* 
Ca era una nueva Estrella: era Estrella añadida á las demás; 
ptTO con tanto primor , que entre todas sobresalía con mas 
ilustres 9 y bellos resplandores; tanto, que perfeccionaba , y 
suplia la luz, que á las demás les faltaba : Nova etenim clan 
ritas apud Magos Stetke ittustrioris afparuHi ¿pues qué mu- 
cho que se Jlevase tras sí la atendon , y aun los corazones 
éé los SjMos, quando sus luces añade, y corrige lo que falta 
á las Jénia» ? Todo lo dijo S. León Papa ib) : Stella novie ckt^ 
ritatis apparuit , qua iÚustrior , cceteris pulchriorque siderh 
bus y facilé in se iníuentium ocuíos animosque converteret. 
•'' Estrella *és la qué de nuevo aparece en las otras que ha 
escrito este insigne, y grande Maestrb, añadiendo á las que 
adunaban' su ántdrchado firmanaénto nuevas luces, que her-* 
mosean , y corrigen lo que á aquellas les faltaba : con cuyos 
resplandores se desvanecerán las apócrifas nieblas de algunos 
que han querido persuadir ser mas sus asuntos , ideas de la 
faiitdiía^ que hijos ¡de la* verdad : desgracia común de los Es- 
cHtóiS'iy Escritores ,' que qüanto mas egercítan sus penosas 
taíréaSenla! ^rtídidbri ; y enseñanza-, tanto mas crece la emu- 
lación en k>s.que solo por pre^uiicion quieren ser sabios. Asi 
por esto , coino por no contener^cosa alguna opuesta á los 
Dogmas de la Reügion Católica, ni á las buenas costum- 
bíei ,-soid* parecer puede V.'S. dar la licencia que preten-. 
cte. J^tó >sJéflto. En Madrid á x4 de Abril de 1740. 

' ^ - ' Dr.D. Martin Delgado. 



- . ,., ■ j 



(¿) Strm, 4 de Pfspbl 
XfÓ Serm. i it Bpipb, 



J 



<!EN-i 



i6i 

C.EN S U JR A 
Del Dr. D. Manuel López Aguhrre , Colegial que/ween el 
Insigne de S. Bernardino de la Cifádad de Toledo ^ Cura de 
las Parroquiales de Nava-Hermosa ^y de S. Pedro ^ sita 
en la Iglesia Primada de dichfi Ciudad ^ Rector del Insiga 
ne Colegio de Santa Catalina , Universidad de Toledo , jr 
Catedrático antes de Filosofiayy después de Teología en di^ 
cha Universidad: Examinador Sinodal de este ^rmbispa-^ 
do '^ y al presente Cura proprio de la Parroquial de S. Jus^ 
to^y Pastor de Madrid^ &c. 

M. P. & 

EL Libro , nona parte del Teatro Critico Umversal ^ que 
en declaración de los errores comunes dá á la pública 
luz , y á la universal admiración el Rmo. P. M Fr. Benito 
Feijoó , del Orden Benedictino , Catedrático dé Prima Jubi*- 
lado en la Universidad de Oviedo , &C4 el qiie con el titula 
de Suplemento , ó Addicciones ^y Correcciones, d los ocho To- 
mos antecedentes' y ofrece qual novena Maravilla á el inmor«> 
tal aplauso de la Fama, y que V. A. remite á mi Censura^ 
leí con aquella especie de atención , á que impelen sus Obras, 
á quien las llega á leer: puesto que en todas ellas de su lo-, 
cucion lo terso , lo natural ,.y dulce de suiestilo, y»lo nuevo! 
del asunto 9 llevan tras sí las atenciones de todos , como la. 
lección de otro libro singular arrebataba de Séneca la aten- 
ción : Tanta autem dulcedine me tenuit , ac traxit 9 ut illum 
sine ulla düatione perkgerem. 

Alta propriedad es de la Ciencia conservarse , y aún 
crecer ^ quanto mas se comunica. Es , deda el Roterodamo, 
no como el violento Aquilón, que rápidamente, empieza^ 
quando inspira , y tibiamente inspira quando acaba. Es ú 
qual dulce Austro, que empezando Aura suave á inspirar, 
prosigue, y acaba con mayor inflamación: Sicut \/4quilo sni- 
tio vehemens desinit lenior ; contra , yíuster initio lenior , de^^ 
sinit vehementior ; ita , qui pracipites...utggrediuntur , ^i- 
gescunt in processu» Contra^ qui.comiUo suscipit , magis ac^ 

cen^ 



1^1 

cencUtur operis progressu. Asi nuestro sabio Autor en la suo 
cesi va producción de sus especiales Obras,corre con tal alien- 
to el buelo de su pluma , que dá á conocer como docto á el 
Orbe Literario , que no la influye el violento Aquilón , que 
en el progreso la yeld) sino es el Austro suave, que al mismo 
volar la inflama. 

Si esto es aá en los ocho aplaudidos empeños de su Tea- 
tro , se acredita con mas espedalidad en este Libro , ñendo 
de nuestro eloqüente Autor su general asunto, el dar aumen- 
to á sus primeros Discursos , y aclarar ( mas que corregir) 
las dudas de sus apoyos. En lo primero aumenta su enseñan- 
za á los demás ; en las Correcciones en cierto modo se doc- 
trina á sí. A todos los christianamente curiosos dirige su en- 
señanza en lo que añade , y á sí mismo se enseña en lo que 
corrige ; y esta viene á ser la mayor ponderación de su sa- 
biduría singular ; ó porque él solo á sí mismo proporciona- 
damente puedeconvencerse; ó porque en lo que-escribe ; él 
solo á sí propriq será capaz de aumentarse. 

Con gran discreción alidonaba Plutarco , que siendo la 
duración succesiva carcoma que lo consume todo , á la sa* 
biduría la aumentan los mismos años : Cum reUqua omnia 
tempore diminuantur , scientia sola senectute at^escH. Siem- 
pre hai que saber , decia Séneca : aun siendo asi que quando 
lo dijo se contaban ciento y catorce años de su vida: Semper 
discendum est , quod an scianms^ experiri non possumus. Y en 
nuestro Autor se ve tan verificado este discreto concepto, 
que en lo que añade se experimenta que habia mas que sa- 
ber : Sémper discendum; y en la$ Correcciones^ que siempre 
hai que dudar: yin scianms , experiri non possumus. 

¿A quién no admira, que un Varón egercitado en regen- 
tar las Cátedras, y en las delicadas especulaciones de la Es- 
cuela , contuviese en su mente tan abundantes , como espe- 
ciales noticias ? Quede por esta vez con excepción Quintilia- 
Do en detertninarle sola una materia al discurso {a) : Inge-- 
nium non debet duabus curis partiri'^ que esta mente ilustra- 
da 



(4) Quint. lib. xo. Inst. caf. 3. 



163 

dá se admira en todas las Ciencias tan ^fócto\ y juiciosd 
dictador dé todas , como si fuese Autor de cada una. 

¿^ quién no admira^ que prefijándose por objeto á sus 
Escritos el convencer los errores comunes del ignorante vul- 
go, hiciese tan dilatado el asunto, como es infinito el nume- 
ro de los necios \ Y dando en su Crisis tal magisterio de elo- 
cuencia, de razón , y de verdad , mejor que á Mercurio de 
eloqüente celebraron los antiguos {a) : Quídam Mercurhm 
ehquentia Prasidem nominabant , por numen de la razón , y 
verdad (que dijo de Aristófanes la discreción) : Quoniam 
ajunt Mercurium sernumis^ & veritatis esse Prasidetn^ pue- 
de coronarse nuestro Autor en el Templo de la Fama con la 
verdad , la razón , y la eloqüencia. 

¿A quién no admira ? ¿ mas qué busco que admirar , sí 
cada asunto, cada clausula • cada palabra llama en todas sus 
Obras á la admiración? Admirables los asuntos, sin dejar de 
serlo todos, aunque en su materia sean liumildes algunos; ó 
porque sobresale mas de tal Maestro lo sabio en ostentar en 
lo humilde lo erudito ; ó porque , si en la delineacíon de los 
asuntos graves prepara sabia instrucción á los hombres, no 
menos en los humildes con la erudición se instruyen. Pictur^ 
rágravitmiáeáz Aquiles Bocchio) (Jj)i 
Ostenduntur pondera rerum. 
Ergo mihi nema objiciat^ qubd seria ^ inani 
Picturá gravktm ostendendo pondera rerum^ 
Miscere annitar , sumrnd curdy utik duki. 
Admirable es cada claasula de este libro también , y aun 
de sus Obras. Aquel Laconicismo tan connatural en quanCo 
escribe este sabio ( sin juntar á lo lacónico lo confuso) prác- 
tica fue que consiguieron pocos , y en que siguió el consejo 
del Jurisconsulto {c) : Melius est pauca verba idónea effunde- 
fe, quám multis inutiübus homines pnegravare , haciendo sus 
clausulas como la moneda de oro, qué en bulto poco encier- 
ra valor mucho; como de la perfecta Oración lo deseaba 

Plu- 

(«) Eunap* ii Vit. Prüesresn Af. Novar. 

(h) tih. I , Symbol. 3. 

(c) Ui* Tanta ^ $• CoHtrarium. Coi. di Vtt, jur. tntuUmi. 



1^4 
Plutarco (a) : Orathfds vahr iehetesse quaRs eHín fmmmb^ 
gui ed suftí pnestantiores ^ qud in minari materia pbts vah* 
ris 9 ac pretii compkctuntur. Sic optimum Oratíonis iUud est^ 
quo pauds multa suntgraoitér « sapienter y acuté sigfíificatiBt. 

Tantx) como le atíendo admirable eo sus clausulas^ y 
asuntos^ le considero en las voces de suBscrito. £1 proporr 
cioñar el dialecto á tanta variedad de ipaterías « y de discur** 
sos, lo tengo yo en este Sabio por esMdal prodígb. Oomuo* 
mente se observa manifetarse en I9 mas* quaodo se expli? 
can las frases, y aun las voces, de U facultad que tratan; y es^ 
que preocupada la mente en lo facultativo « la hace mendi* 
gar á la explicacioa las voces y los conceptos, i Mas qué di- 
ré de nuestro Autor con asombro ? Diré , que para cada ma* 
tena destina las voces, como si no hubiera otras. O bien se 
explique qual Teólogo profundo , ó bien fundamental Escri- 
turario, ó se manifieste en lo Fiáco como Sceptico, ó á la 
Historia la cuente sus errores , ó á la Medicina proponga 
dificultades , ó trate de los Meteoros en el Cido , ú observe 
lo mas raro de todo el mundo , no se encontrará una voz, 
«i trata de una materia , que sea emendigada de la otra. Coa 
t]ue si dijo el Oráculo Divino, que en las palabras se advierte 
el Varón sabio , y sensato (¿) : In Ungua sapientia dignasen 
tur , & sensus , (S? scientia , & doctrina in verbo sensati^ 
podré dedr , que en cada voz de ^ste doctissimo Libro se en* 
cuentra de nuestro Autor un vislumbre de lo sabio. 

Foresto, y no contener cosa ofensiva á la Fé , ni & las 
Regalías de S. M. merece á V. A. la licencia para su impre- 
sión. Asi lo siento , &c. En S. Justo , y Pastor de Madrid» 
á 28 de Abril de 1740. 

^ Dr* D. Manuel López jiguirre. 



{á) Plutarc. in Pbpci9ne. 
(k) Eccics* c. 4 9 o;. %9» 



F I N.