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Full text of "Teatro escogido de Lope de Vega: Con una introduccion y la biografía"

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Mis. R L. Staixabd 

Di. P. L. Stallaed. 




COLECCIÓN 

DE LOS MEJORES 

AUTORES ESPAÑOLES. 



TOMO XI. 



TESORO 
DEL TEATRO ESPAÑOL. 



TOMO n. 



Pi ns. ■- Ed U impr«nU de £. Thnaot y G% calle Racint, 26. 



TESORO 

ATRO ESPAÑOL 

t>OE SU ORIGE'^ iA.\<> DE iJoG) 

H\.ST\ M hMKOS Dl\>, 

A :;!;EGLAI»0 Y UIVlJHl»'; ^^ i:l vir.O PA.iTlíS, 



TOM<^ -tHÁ"^ I«'í. 



TEATRO ESCOiüDO 

DK 

LOPE DE VIGA. 



Kn nuestro s<^; '.u,^ ¡''^rarií- w- ,i»lri;ii:pjos 'lada <4b.-.>l'ito, 
V .,.)r »'so tencrtr^^ n; i- ♦? en • H.jiit.iijurüij qu*' cu Us •(••. 'u-i 

■í.rijcaLle uu*;sUi opiuio»! D. A. l';u 




parís 

BALDRY, librería tllROPKA 

DRAMARI>-B%IIDR¥ Y Ga 

StiCB^RKS 
t CALLE BONAPARTC, CEHCA EL PALACIO DES IIKAi \-A 

1867 









-^ ^ 1- 









TESORO 



DEL 



TEATRO ESPAÑOL 

DESDE SU ORIGEN (ANO DE 1356) 

HASTA NUESTROS DÍAS; 

ARRIGLADO Y DIVIDIDO EN CUATRO PARTES, 

POR 



TOMO SEGUNDO. 



TEATRO ESCOGIDO 
LOPE DE VEGA. 



En nnestro sistema literario no admitímos nada absoluto, 
y por eso tenemos mas fe en el sentimiento que en las reglas 
dogmáticas, y qnizá arbitrarias, en que los críticos quieren 
que se busque siempre la belleza. 

Al teatro, sobre todos los demás géneros de poesía, es 
aplicable nnestrt opinión. D. A. Dua 




parís 

BAUDRY, librería EUROPEA 

DRAMABD-BADDRY Y Ca 

lUCMOUS 
13, GAILR BONArAKTE, CERCA CL PAUCIO DES BEADX-ARTS, 

1867 



TEATRO ESCOGIDO 



DE 



LOPE DE VEGA 



CON UNA INTRODUCCIÓN Y LA BIOGRAFÍA 



CM017 L/. <)e (Dc&oa. 



En nuestro sistema literaño no admitimos nada absoluto, 
7 por eso tenemos mas fe en el sentimiento que en las reglas 
dogmáticas, y quizá arbitrarias, en que los críticos quieren 
que se basque siempre la belleza. 

Al teatro, sobre todos los demás géneros de poesía, es 
aplicable nuestra opinión. D. A. ifuRAN. 




parís 

BAUDRY, librería EUROPEA, 

DRAMARD-BAIIDRY Y C*. 

ncxsous, 

12, CALLE BOMAPARTE, CERCA EL PALACIO DES BEADX-ARTS. 

1867 









Pirís. — En U impreoU dt £. Tbnoot y C*, t6, ciUe Racint. 



ADVERTENCIA DEL EDITOR. 



En esta colección de las comedias escogidas de Lope de Vega, verá el 
lector, en los ligeros exámenes críticos que preceden á cada comedia, 
jugtdo aquel grande ingenio con arreglo á los principios de doctrina 
dásica pura que profesan los que la formaron y publicaron en Madrid 
hace algunos años. No es este en nuestro entender el mejor modo de 
joxgar á los escritores de los siglos xvi y xvii ; pero como en literatura 
DOS parecen respetables todas las opiniones que se fundan en la convic- 
ñon, y como estamos persuadidos ademas de que la espresada colección 
está hecha con inteligencia y acierto, como por personas de conocida 
capacidad y gusto delicado, si bien, en nuestra opinión, algo dominadas 
]K>r el espíritu de partido, no hemos titubeado en adoptar sus juicios 
sobre las comedias de Lope insertas en este tomo ; juicios por los cuales 
Terá el lector cuanto aprecian á aquel raro ingenio aun los hombres que, 
por sus opiniones literarias, deberian ver en él, sino el primer corruptor 
de la escena española, á lo menos el mas poderoso y tenaz de sus corrup- 
tores. 

Ademas de las comedias de Lope de Vega publicadas en la espresada 
colección de Madrid, ha insertado el editor al fín de este tomo un pequeño 
ipéadice de piezas del mismo autor, ó poco conocidas, ó notables porque 
presentan á Lope de Vega, en cierto modo, bajo un nuevo punto de vista 
drunático. 

El editor aprovecha esta ocasión de ofrecer un público testimonio de 
gratitud al señor Enrique Temaux-Compans que con un celo y un 
desinterés dignos de su ilustrada afícion á la literatura española, se ha 
apresurado á franquearle su preciosa biblioteca, de la que ha sacado el 



iv ADVERTENCIA DEL EDITOR. 

literato español encargado de formar esta colección; la mayor parte de las 
obras raras que componen los suplementos de los tomos i* y 2**, y que con 
dificultad hubiera encontrado en París en ninguna otra biblioteca pública 
ni privada. El espresado literato tiene igualmente una satisfacción en 
manifestar la suma utilidad de que le ha sido para la formación de esta 
obra la no vulgar emdleion flil señor Tiraaux^Gompans en todos los 
ramos de la literatura española. 



ÍREY LOPE FÉLIX DE VEGA CARPIÓ. 



Im este « monstruo de la naturaleza y fénix de los ingenios, x> como 

le toa Cervantes, por los anos de 1562, en la villa de Madrid, y fueron 

sospadres don l^elix de Vega Carpió y doña Francisca Fernandez. Habiendo 

Redado huérfano en su primera juventud, halló un protector y un amigo 

^ el ilusirado ol>Í8po de Avila, don Gerónimo Manrique, inquisidor 

tencral, k quien dedicó, como primicias de su privilegiado ingenio, 

alfanas églogas y la comedia titulada la Pastoral de Jacinto, estudió 

luego filosotia en la universidad de Alcalá, donde se distinguió como en 

todas partes por su raro talento, y entró á servir de secretario al duque 

de Idba, cuyas confianzas pagó Lope, como suelen los grandes hombres, 

eternizando á su bienhechor en la Arcadia. Casado después en Madrid 

con doña Isabel de Urhina, y viudo á pocos años áéí tnfttrimonio, compuso 

i las exequias de &u esposa las célebres anacreónticas de la Barquilla, 

dechados de pureza y ternura dé sentimientos. 

Esta pesadumbre el llevó á Lisboa de soldado, y embarcándose en la 
annada invencible que iba á la espedicion contra Inglaterra, entre los 
pesares de perder un hermano y malograrse aquella empresa, compuso el 
mas celebrado de los poemas jocosos que posee nuestra lengua, la famosa 
Gdomaquiay obra llena de donaires y bellezas, como todas las que salic- 
roo de su fecunda pluma. Restituido á Madrid, sirvió de secretario, pri- 
mero al marques de Malpica y luego al conde de Lemus, del cual le separó 
el segundo matrimonio que contrajo con doña Juana Guandio, en quien 
tuvo un hijo y una hija ; pero habiendo enviudado también poco después, 
desengañado ya del mundo, abrazó el estado eclesiástico, entrando en la 
congregación de sacerdotes naturales de Madrid, de la que fué pronta- 
mente elegido capellán mayor : entonces fué cuando el sumo pontífice 
Urbano Vlll, á quien dedicó el poema Corona trágica de María Estuardo^ 
le escribió una carta muy honorifíca, enviándole el hábito de San Juan, y 
el titulo de doctor en teología. Y desde entonces, esclusivamente dedicado 
al culto de las letras, de las que fué en su siglo el mas precioso ornamento, 



vj LOPE DE YE6A. 

honrado con la amistad y el trato de los mas sobresalientes ingenios y de ú 
los mas grandes señores de su tiempo, con especialidad del duque de Sesa, -ú 
su íntimo amigo, no pasó tal vez un mes, ni aun acaso una semana, hasta k 
el dia de su muerte, sin que diese ó una obra á la prensa ó un drama al w 
teatro ; pero habiendo ejercitado en fin su numen por última vez para ^ 
cantar el Siglo de oro^ el dia 17 de agosto de 1635, al siguiente le asaltó la i 
postrera enfermedad que, en 25 del mismo mes, acabó con él á los setenta 
y dos años, nueve meses y nueve dias de su gloriosa vida. 

Su muerte causó en toda la Europa culta un sentimiento universal. Ce- 
lebráronse sus exequias en la parroquia de San Sebastian con tal pompa y 
tan numeroso y escogido acompañamiento, que decian las gentes por las ! 
calles admiradas de verlo: — ¿Es entierro de Lope?— Frase proverbial, i 
usada entonces para alabar y exagerar alguna cosa, y asi se decia de un i 
banquete, de un tocado, de un objeto cualquiera, precioso ó raro, ban- j 
quete de Lope, tocado de Lope, etc.. Grado de celebridad, y celebridad 
merecida, á que no creemos que haya llegado jamas en vida ningún inge- 
nio del mundo. 

A mucho en efecto debia hacerle acreedor en su siglo, no tanto el 
inmenso número de sus obras (número tan grande que por mucho tiempo 
se ha dudado en España si podrían en conciencia atribuirse todas á un 
hombre solo, repartiéndolas equivocadamente entre él y un supuesto 
bachiller Tomé de Burguillos, bajo cuyo nombre publicó Lope algunas 
composiciones y entre otras la Gatomaquia)^ como el gran mérito de la 
mayor parte de ellas, pudiendo decirse en verdad que no hay acaso una 
página de sus escritos en que no se hallen muchas y oríginales bellezas. 
Ademas de sus numerosas obras en prosa, entre las cuales merecen par- 
ticular mención sus Novelas^ de los muchos poemas y composiciones 
sueltas, cuya sola enumeración ocuparía mas espacio del que podemos 
consagrar á estos ligeros apuntes biografíeos, resulta de lo que el mismo 
Lope dice y comprueban unánimes todos sus contemporáneos, entre otros 
uno cuyo testimonio es irrecusable, Montalvan, en su libro titulado Para 
todos^ y en la Fama postuma de Lope; resulta, pues, decimos, que en 
el año de 1632, llevaba representadas mil quinientas comedias y mas de 
cuatrocientos autos sacramentales. Así lo asegura ademas el erudito don 
Nicolás Antonio en su Biblioteca. 

A pesar de esta prodigiosa fecundidad y de la protección de los pode- 
rosos magnates que desde su primera juventud empezaron á favoreceríe, 



LOPE DE VEGA. vij 

tofo Lope épocas de bastante pobreza. Se sabe que viajó por Francia é 
Italia acosado por la suerte en términos poco comunes, y en la dedicatoria 
éel Verdadero amante^ que dirigió á su bijo, cuando estudiaba este los 
prÍDcipios de la lengua latina, en que le dice que la babia escrito de los 
ma que él ieniay revistiéndose del carácter de padre consejero, le amo- 
Msta qoe siga los estudios sin la remora de la poesía, porque con haberla 
qerdtado él tanto se hallaba mal premiado, « pues tengo, dice, como 
« sabéis, pobre casa, igual cama y mesa, y un huertecillo cuyas flores me 

< dirierten cuidados y me dan conceptos. Yo he escrito novecientas come- 

< días (1), doce libros de diversos sujetos en prosa y verso, y tantos 
( pq»eles sueltos de varios sujetos, que no llegará jamas lo impreso á lo 
t <pie está por imprimir; y he adquirido enemigos, censores, asechanzas, 

< eDTídias, notas, reprensiones y cuidados, perdido el tiempo preciosi- 
( simo y llegada la non intellecta senecius^ que dijo Petronio, sin dejaros 

< mas qoe estos inútiles consejos. » 

Faé Lope de Vega alto y enjuto de cuerpo; el rostro moreno y muy 
agradado; la nariz larga y algo corva; los ojos vivos y halagüeños; la 
barba negra y poblada (2). 



(1) Esto eierlbia Lope por los afios de 1620. 

(3) VarooeB ilustres : Vida de Lope de Vega Carpió, — Convereadones dé Lauríso 
Tr^iicnae. — Losan : Poética. 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



smos asegurado qae esta comedia faé el original de la del Desden con el desden; 
Bemos que después de leída una y otra , el público será de nuestra opinión. Ya por 
motilo, aunque no turiera otro mérito la obra de Lope, seria muy apreciable; 
[■e no ee trata de uo pensamiento común que puede ocurrir á cualquiera, y cuya 
Ddídad no se ha sabido aprovechar, sino de un argumento feliz ^ bien concebido y 
Miado por el inventor, y que no deja á sus imitadores otra gloria que la de perfec- 
arie. Esto es verdaderamente lo que hizo Moreto. Comparando su obra con la de 
e^ se ve que en la primera hay mas pompa y artificio : que los incidentes de que se 
para desempeñar su plan dicen mas á la imaginación : que los caracteres prioci- 
s, singularmente el del galán, están mas bien desenvueltos; v en las dos ingeniosas 
oas de la máscara y el jardín, reuniendo á los amantes, y haciéndolos espresarse 

convleiie á su situación, produce admirables efectos, y satisface completamente 
leseoB del auditorio. 

as si por estas consideraciones, la comedia del Desden con el desden es preferible 
délos Milagros del desprecio, por otras, igualmente importantes, no debe temer 
U competencia con aquella. Prescindiendo de la originalidad , que según hemos 
», pertenece esclusivamente á Lope, su fábula es tan sencilla y bien combinada 
10 la de Moreto : tiene tanta regularidad , mas travesura , situaciones mas cómicas , 

1 acerca mas al rigor de las reglas clásicas, por la naturaleza de su argumento. Nada 
€D este, ni en los persooages, que no sea necesario para el fin que se propone el 

ar. Doña Juana, aunque de carácter menos ideal que la hija del conde de Barce- 
I, es siempre interesante, natural y perfecta. Hernando es superior á Polilla en 
Dto á inventar el medio de rendir u la heroína : y en lo demás tampoco le cede. 
Mioia idea la de hacerle ensayar primeramente su método en la criada , y darle una 
te mas activa en la acción. Esto recompensa el carácter pasivo de su amo, que 
lifiesta sin embargo con obras la elevación de sus sentimientos. La Idea de la que- 
Ittra, y la de enlodar á doña Juana, podrían parecer bajas á algunos lectores; pero 
> meditan bien , verán que no lo son. En nada ofenden el pudor; no están recar- 
M, y ademas de escitar la risa, pintan con vehemencia el poder de los desprecios en 
»razon de las mugeres. 

1 estilo y la versificación son también mejores que en el Desden con el desden ; 
que no sea sino porque no se resienten de la ominosa metafísica enemiga irrecon- 
ible de toda clase de poesía, y particularmente de la dramática. Acaso habrá mas 
-za cómica en la comedia de Moreto que en la de Lope de Vega, pero en esta res- 
idece por todas partes aquella gracia delicada y amable que nunca abandona á sa 
>r, 7 en la cual no conoce émulo. Lo mismo decimos de la naturalidad y fluidez de 
versoc^ que si alguna vez degeneran en prosaicos, generalmente conservan un tono 
agradable, que los mas artificiosos no pueden alcanzar. Quisiéramos citar algunos 
iges» para confirmar una parte de lo que hemos dicho : pero mas vale que nuestros 
ores recorran los diálogos entre Hernando y doña Juana, las quejas de esta, y la 
na final. 

ótese que la intriga empieza por un enredo en el género de los de Calderón , muy 
inai y feliz, y penectamente enlazado con el argumento. 



PERSONAS. 



[ PEDRO GIRÓN. ) 

í ALONSO } Amantes de 

í JUAN J 

ÍA JUANA. 

ÍA BEATRIZ, prima de dona Juana. 



LEONOR, criada. 

El Tío db doíía Joama. 

HERNANDO, criado de don Pedro 

Criados. 



Ia escena es en Madrid^ y el trage d la española a^th'gtta. 

1 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

3a/a en oasa de don Pedro Girón. 

DON PEDRO T Criados. 

D. Ped. Dejadme^ ^qué me queréis? 
Bien sé que podéis decir, 
Que es el dejarme morir 
Des^pcracioo : diréis 
Muy bien , que si esto quitara 
A la piedad de los dos , 
Parte de la ley ée Dios 
Os confieso que negara. 

U*'álgame Dios ! i DóndQ tiene 
condición inhumana 
De su inclinación viUana 
La eontrayerba? 

Cr. W Conviene, 

Aunque se enoje ^ Beltran^ 
Divertirle en su cuidado; 
Que es una tema en que lia dado , 

Y enloquecerle podrán 

Sus continuos pensamientos. 

Cr.:i\ ¿Señor? 

D. Ped. Si mirar siquiera 

Me deyára aquesta fiera, 
Hallara divertimientos 
Mí afligido corazón 
(Ui tan estraña inclemencia. 

Cr. t^ Duélete de tu prudencia. 

Cr. a*. Hai uso de tu raaon. 

( Entra un criado ¡f dice : ) 
Hernando , el que te sirvió 

Y ftié á Plandes, ha venido , 
y leal y agradecido 

Al pan que en ca^a comid, 
Dice que te quiere ver, 

D. Ped. Aunque son muy desiguales 
Tus recados y mis males , 
Dile que entre. ¿ Qué he de bacer> 
Sí es ingratitud negarme 
A su buen conocimiento? 
¡ Que no pueda el pensamiento 
De esta locura apartarme ! 
c Esta muger no es mortal . 

Y se pudiera morir? 
Claro está. Pues el sentir 
¿Porqué ha de ser desigual? 

Y siendo fuerza tener 
Fin su rigor y mí pena, 

¿ Porqué de mí me enagenn 
Lo que ha de dejar de ser? 



flSCENA II. 
Dichos t HERNANDO. 

Hem, Dame tu mano á besar. 

D. Ped. Muy hombre estás ya. 

Hem. Señor, 

Cada día soy mayor. 

D. Ped, Dices muy bien, olwro estar; 
Pero vienes muy crecido. 

Hem. En nuestro mortal estambre, 
Lo que adelgaza es el hambre, 

Y da de sí lo tejido. 

En tres años de soldado, 
Mal pagado y sin comer, 
Pudiera un bombre crecer 
Por encima de un tejado. 
No hay trístís anima mea, 
Como el estar un cristiano 
Entre uno y otro pantano , 
Rociado de gragea 
De vil bronce, porque allí 
Muestra un galán su buen peobo. 
Bien mirado, ¿qué me han hecho 
Los luteranos á mí ? 
Jesucristo los crió, 

Y puede por varios modos, 
Sí quiere , acabar con todos 
Mucho mas fácil que yo. 
Pénenle sitio á un lugar, 

Y tras de andar á balaxos. 
Quitando piernas y brases , 
Sin comer ni descansar. 
Cuando ya el campo se Inclina 
Con el mas sangriento estrago, 
Al último Santiago, 
Pónenle fuego á una mine. 
Que viene á dar á los pies 

Del que embiste confiado , 

Y vuela un pobre soldado 
Hecho Icaro ai revés. 

Z). Ped. ¿Pues qué te obligó á d^ar 
Mí casa, Hernando? 

Hem, El tener 

Indinaoioo á saber, 
Solo por no preguntar. 
Tanta esperiencia ganada 
Traigo , con que me han pagado. 
Que en el consejo de estado 

Pudiera no decir nada. 

Sócrates y Cicerón , 
Según vengo ya de agudo , 
Son vinagre y polio crudo 
Conmigo. 

D. Ped. Ya en mi pasión 
No hay gracia que celebrar, 
Hernando. 



ACTO I, ESCENA III. 



Btm. ¿ Qué hay, mi seüor ? 
«Coru todaría amor 
Tareas de so^irar? 
To lae acuerdo , que algún dia 
le dijiste saspirando : 
;if cómo me muero, Hernando! 
T fidjera la porfía 
k ina condición ingrata 
licamieatarte. 

D. Ptt/. i Qué liaré,! 

Sí 6 la misma que adoré 
ÍMísaom, la que me maU? 

Bern. ¿ Luego tres años y mas 
Te 4ebe solo un des?elo ? 

D. Ped. Si, amigo. 

Benu i Válgame el Cielo J 

fie QBlia redemplio estás 
Ib ú ínflenlo de amor : 
¡Tres años siempre á pié quedo ! 
5o dnra mas ea Toledo 
B DiQor corregidor. 
Tres aáos , treinta y s€_ _ 
la y coatrocientos dias, 
Tiáo un Escorial podías 
bittr becho si tañeses 
IKbqo, piedras^ pinturas.... 

ieías! ¿Y qué^ no te ha dado 
Sifuera un fisvor prestado? 

D. Ped, ¿ Pudieran mis desventuras 
Pirettrio, si eso fuera ? 
SilaoieDte con tener 
E^cranza de no ser 
Aterrecido, viviera, 
laantes he consiütado 
So dicha, y favorecidos^ 
T á eottsejos prevenidos : 
Fbo ja desesperado 
le ve» morir, y asi 
ii becho pena el sentimiento 
Ea U pena , y so tormento 
He está vengando de mí. 

Bern. Si yo , señor, te curara 
fie to amor, ¿qué me dijeras? 

D. Ped. Ya son esas muchas veras, 
fenande; y es cosa clara, 
Qk escede de tu saber 
Q remedio de mí mal. 

Aira. La esperiencia universal 
M hombre, tiene poder 
Sére toda comezón ; 
f Dios no me quita á mí 
Qse pueda curarte á tí, 
AsDqQe en poca estimación. 
c'3lo has visto al blanco tirar 
IhchM cazadores diestros, 
(^ pudieran ser maestros 



'/' ^6 ••••' 



De otros, y no acertar? * 
¿Y llegar un cojimanco, 

Y poner sin gallardía 
A tiento la puntería , 

Y dar en medio del blanco? 
Pues así pienso yo ser¡ 

Que aunque otros hayan tirado, 
Quizá daré afortunado 
En el blanco sin saber. 

D, Ped, Ahora, Hernando, yo no quiero 
Despreciar tu ingenio aquí^ 
Sino que hagas en tí 
Esta esperiencia primero. 
Doña Juana de la Cerda 
Se sirve de una criada. 
Poco menos recatada 
Que ella, sino tan cuerda, 

Y como sepas hacer, 
Que te trate sin rigor, 

En todo después mi amor 

Seguirá tu parecer. 

¿ Quieres darle este diamante? 

Hem. Pues dando, ¿qué le debieras 
A mi ingenio, cuando fueras 
Con ello dichoso amante? 
Con la esperiencia verás , 
Que está, aunque estimas y adoiaa. 
Mas el daño en lo que ignoras. 
Que el remedio en lo que das. 
Un punto no has de esceder 
Los recipes que te diere; 
Que el enfermo que no ^iere 
Al médico obedecer. 
No le queda que argüir. 

D. Ped, Los venenos se prohab«i 
Un tiempo, en los que ya estabas 
Condenados á morir. 
Así yo que á manos muero 
De un repentino rigor. 
Ya resuelto y sin temor 
Ponerme en tus manos quiero. 

Hem. El pulso voy á tomar 
A doña Juana, por ver. 
Ya que no sabe querer, 
Sí está cerca de enfermar. 

ESCENA UL 

Sala en casa de dona Juana, 
DONA JUANA LEONOR. 

Da. Jua. Mueran los hombres, Leoaer* 
León. Mueran mil veces, señora» 

Esta canalla traidora. 

Tiranos de nuestro honor. 
Da, Jua, Eso sí : { buena nnigerl 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



¡ Vive el cielo ! que si fuera 
Mío el mundo, que te diera 
La mitad solo por ver 
Medida tu inclinación 
A mi gusto. Esos tiranos , 
Tiernos , suaves y humanos 
Antes de la posesión, 

Y después de ella crueles ¡ 
Desabridos y ofensores, 

A manos de mil rigores 
Han de morir como infieles. 
La venganza universal 
A sus palabras quebradas , 

Y esperanzas malogradas. 
Seré con rigor mortal : 
Muger, Atila be de ser 
Contra estos fieros tiranos, 
Contra quien son nuestras manos 
El llorar y padecer; 

Y ojalá que á mi opinión 
Cualquiera mugcr se viera 
Reducida , porque fuera 
Cada muger un Nerón 
Abrasador. 

León, i Qué dukura 
Que tiene para engañar 
El que llega á enamorar ! 
I Con qué amor, con qué frescura 
Que pone en el alameda 
De la esperanza los pies 

Y el alma ; pero después 
Qué abochornado se queda ! 

Da. Jua, De las que he visto llorar, 
Estoy tan escarmentada , 
Que quisiera verme atada 
A un duro escollo del mar, 
Antes, Leonor, que rendida 
A una pasión amorosa. 

León. Añade, estando zelosa, 
Agraviada y ofendida, 

Y perderás en pensarlo 
El entendimiento. 

Da, Jua. Guerra, 

Santiago, arma, cierra, cierra 
Contra los hombres. 

ESCENA IV. 

Dichas y HERNANDO. 

Hem. Andallo, 

Ellas embisten conmigo 
En viendo que soy soldado. 
) Vive Cristo, que he llegado 
Al campo del enemigo ! 
Guerra, Santiago, ¡ y yo 
En el asalto ! ¡ ay de mí ! 



Sin barbas salgo de aquí ; 
El demonio me engañó. 

Da, Jua, ¿Qué hombre es aqueste? 

León, ¡Ay señora 

Hernandillo, el que servia 
A don Pedro, y se fué uu día 
A la guerra. 

Hem. Y vuelvo ahora. 

León, Sin barbas se fué y las tiene. 

Hem. También hay entre las gentes 
Barbas para los ausentes. u 

León, i Jesús , y qué grande viene ! 
No acabo de santiguarme. 

Hem, Yo sé por lo que he crecido. 

León. ¿Por qué? 

Hem. Porque no he tenido 

Otra cosa en que ocuparme. 

León. ¡ Lo que traerás que contar 
DeFiandes! 

Hem, Por estas manos 
He muerto mas luteranos 
Que arenas : \ grande es el mar ! 

Y es mentir con desatino : 

Que hay estrellas.... ¡También son 
Muchas! No hay comparación, 

Y me quedo en el camino 
Del hipérbole atascado. 

Da. Jua, Que eres el primero entiendo 
Que se acobarda mintiendo , 
Después de haber empezado. 
¿Viste ala infanta? 

Hem. ¿ Pues do ? 

Cada día. 

Da. Jua, ¿Y cómo está? ♦ 

Hem, Todavía se está allá 
Con la cara que llevó. 

León, ¿ Quién habrá que no lo crea ? 

Da, Jua. Basta, que tienes donaire. 

Hem, Quitado ei don , es el aire 
El que mas me bambolea. 

Da. Jua, i Hate vuelto á recibir 
Don Pedro? 

Hem. Señora, no. 

Da. Jua. ¿ Porqué ? 

Hem, Porque me enseñó 

La guerra á no le sufrir. 
Solía muy satisfecho 
Descansar conmigo antes 
Con ciertos pasavolantes, 

Y ya como vengo hecho 
A embestir y pelear. 
En levantando la mano. 
Pensaré que es luterano , 

Y tocaré á degollar. 

Da. Jua. i Cómo está P 

Hem. Con los ardore 



ACTO I, ESCENA VI. 



te ; j apenas yo 
, cuando desdobló 
ija de sus amores. 

Jwko, Fuego en él y en sus quimeras. 
odo, no me le nombres. 
«. Y fuego en todos los hombres. 
n. Las dos encienden hogueras : ap» 
pajariloe, á fe 
abéis de dar en la liga. 

Jua, ¿Qué dices? 
s. Que nadie diga 

a agua no beberé. [cielos! 

Jua^ ¿Qué es beber? ¡Viven los 
i ardiente me abrasara, 
le mi sangre formara 
antes arroyuelos, 
EM> dar á mis labios 
de tantos enojos, 
liacer fuentes mis ojos, 
ir después agravios. 

casa te podrás 
V como no intentes 
r medios convenientes 
amor. 

ra. Tú lo verás. 
. hta. ¿Cuántos pretendientes tengo? 
ML Perdida tengo la cuenta. 
. Jua, ¿ Serán veinte? 
m. Mas de treinta. 

. Jua. Pues mira que te prevengo 
ie ninguno recibas 
, presente, ó recado, 
na de tiaber faltado 
propuesto. 

M. Asi vivas, 

pienso que una ballesta 
de con mas blandura; . 
le soy á su ternura 
hria contrapuesta. 
. Jueu Asi, Leonor, lo has de hacer, 
para no recibir, 
rte y despedir 
•y listante poder. 

ESCENA V. 

LEONOR T HERNANDO. 

a. ¿Tienes tú amor? 

■M. ¿Qué es amor? 

ré por cien mugeres 

havo de alfileres. 

eres? ¡Jesús, qué hedor! 

a. Parece que no has sabido 

aciste de ana, Hernando. 

n. Por eso nací llorando, 

ti ei haber nacido. 



León, i Según eso, cosa es liana 
Que mo aborreces á mí ? 

Hem. Como si estuviera en ti 
El demonio en carne humana. 
En mi vida hablé muger 
Como no me dé ó me preste : 
El primer emplasto es este np. 

De la cura que be de hacer. 

león. Bueno es esto, para quien 
Está mirando estos dias 
Amantes idolatrías; 
¿Qué, nunca has querido bien? 

Hem. Una vez que en mis intentos 
Sentí ciertos intervalos, 
Les di mas de treinta palos 
A mis propios pensamientos. 
A un diestro muy confiado up. 

En dándole de antuvión 
Sobre su propia lección, 
De afligido y de turbado 
No sabe volver en sí. 

León. Dame tú, que yo quisiera 
Quererte, que yo te hiciera 
Que te murieras por mi. 

Hem. Por dos caminos seria; 
De risa de ver tu engaño, 
O temeroso del daíío 
De tan gran m^adería. 
No quisiera en mis cuidados 
Mas bien que la comisión, 
De axotar sin remisión 
Mugeres y enamorados. 

León. ¡Hay tal hombre! 

Hetm. Industria mia, ap. 

Por aquí se ha de guiar 
La cura ; que en despreciar 
Está la primer sangría. 

León. Presto me he de ver vengada 
De ti, qne criados vienen 
De pretendientes, que tienen 
Hasta el alma enamorada. 
Escóndete, no te vean, 
Y verás como me harto. 

Hem. ¿Qué importa, si yo descarto 
Cuando hay otros que desean? 

(Se esconde.) 

ESCENA VL 

Dichos t dos ceiados con presentes. 

Cr, 1*. Este pequeño presente 
Es de don Juan, mi señor, 
Cuyo cuidado y amor 
Lo serán eternamente. 

Cr. 2: Don Alonso de Rivera, 
Mi amo, á la eqferma ^Qvia 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Esta pequefia sangría, 
Con fe firme y verdadera. 

León, Huélgomeque hayáis venido 
Los dos ; porque sin cuidado 
Responda con un recado 
A los dos que habéis traido. 
Decid á esos caballeros, 
Que ini ama no es muger 
Que se deja convencer 
De búcaros lisonjeros, 
Mi de salvillas doradas; 
Que cuando quisiera el mar 
Sobornos acreditar 
Con las perlas encerradas 
En sus conchas, y la tierra 
Con sus preciosos diamantes ; 
Nunca hicieran inconstantes 
Los propósitos que encierra .* 
Que el crédito y los sentidos 
En este amor perderán ; * 

Porque en esta casa están 
Los hombres aborrecidos. 

Y así á tanto porfiar 
Solo manda responder, 
Que se cansen de ofender, 
O se ofendan de cansar. 

ESCENA VII. 

Dichos mbmos LEONOR. 

Hem, I Oigan, y cuál se han quedado 
El uno y otro aturdido ! 
Pages de tapiz han sido 
Con el intento pintado. 

Cr, I». Muy bien pudiera escusar 
Vuestro amo el competir 
Con el mío. 

Cr. í». Eso es decir, 
Que no le puede igualar. 
Mi amo tiene guardado. 
Para cuando el rey le haga 
Titulo, un dosel ; y paga 
Lo señor adelantado. 
Pues viene al amanecer 
A dormir, que llueva ó truene. 

Cr. W I Qué importa, si el mió tiene 
Despensero y botiller; 

Y comemos á porría, 
Que se lo dé el rey ó no I 

Hem, A ese me atengo yo; 
Que es el eonde de Buendia, 

Y el otro marques de Espera, 
Titulo Camaleón 
Fundado en su pretensión. 

Cr, l«. D« buena gana riflera... 
Cr. 2*. Yo también : riñamos, ai. 



Hem, En empezando á rifar ap. 

Les tengo de percollar 
Los dos presentes aquí. 

Cr, V, Esto le importa á mi fama. 

Cr. 2«. Crédito á mi nombre doy. 

Hem, Criado del turco soy. 
Que te cojo la garrama; 

Y habrás de tener paciencia, 
Que si en los dos reina Marte, 
Hoy se mudan á otra parte 
Los trastos de la pendencia. 

[Coge Hernando las dos salvillas 
y vase.) 

Cr. 2<*. Aquí nos han de meter 
En paz ; al campo salgamos 
A reñir. 

Cr. V. Al campo vamos, 
Que será justo temer 
El téngase de la villa, 
Si es campesino el valor. 

Cr. 2<*. Aun esto será peor; 
Aquí dejé mi salvilla. 

Cr, 1°. Y aquí la mía quedó. 

Cr, 2«. Vuestra desdicha, ó la mía 
Trajo algún ladrón sangría. 

Cr, 1«. La sangre nos igualó. 

Cr, 2". ¿Quién hará ahora creer 
A nuestros amos, que ha sido 
Verdad lo que ha sucedido? 

Cr. V. No sé como puede ser. 

Cr. 2*. Yo pienso, por escusar 
Su repentino furor. 
Decir que tomó Leonor 
El presente, y alargar 
La mentira ; que después 
Será mas fácil remedio. 

Cr, !•. Si puede haber algún medio 
Ese pienso que lo es ; 

Y lo mismo he de decir. {Vast 
Cr. 2«. Aquí viene el dueño mió ; 

Redúzcase el desafio 
A lo diestro del mentir. 

ESCENA VIIL 

DON ALONSO t criado segundo. 

D, Al. ¿Qué es esto? 

Cr, 2\ Darle á mi mai 

El repentino valor 
Que está pidiendo to amor : 
De don Juan Altamirano 
Trajeron aquí un presente 
Al tiempo que recibió 
El tuyo, y el suyo no ; 

Y zeloso é imprudeeté 
Conmigo quiso reñir. 



ACTO I, ESCENA X. 



e admitido estás. 
Basta, no me digas mas : 
f emplexo á Tirir 
lacTO favor, 
bridas no has pedido, 
favorecido? 
|ae no es mi honor 
mi ser, mi hacienda, 
mi voluntad; 
inta felicidad, 
on qoe él mmido entienda 
igo estimación 
rager, que ha dos anos, 
«neltos desengaños» 
Ion Pedro Girón 
leso disgusto. 
le esta conquista 
mi, y que desista 
•oto ; que no es Jnsto 
:on so noblexa 
B qué voy goxando : 
eoder estorbando 
ictos de bajeza, 
li, qoe no he sabido 
, dudosamente 
pretendiente^ 
o y padecido, 
•a, que ya sé 
> el logar primero 
or verdadero, 
iñ estorbaré 
) sin licencia mia 
oya inmensidad 
de claridad 
rsora del dia. 

, Contigo voy. 

ite lo ha creido, ap, 

terle persuadido 
contento voy. 

ESCENA IX. 

Decoración de calle, 

\ JUAN T BL CRIADO PRIMERO. 

. Esto, sefior, fué mostrar, 

ervirte y agradarte 

á mí tanta parte 

tí en saber amar. 

senté ha enviado 

nso de Rivera, 

«tidor, que espera 

amblen su cuidado. 

B6 recibió, 

el suyo han despedido; 

abemos reñido 



El desconsolado y yo. 
D. Juan, La vida, amigo, me has dado ; 

Y desde hoy, que no eres digo, 
Mí criado, eres mi amigo, 

Y en quien fundo mi cuidado. 
¿Es posible, que yo he sido 
Entre tantos pretendientes. 
Ricos, nobles y valientes, 

El solamente admitido? 
El juicio be de perder, 

Y no por el rendimiento 
Con que se obliga mi intento 
A servir y á pretender; 
Sino por la soberana 
Calidad y estimación 

Con que don Pedro Girón 
Pretendía á doña Juana. 
Tres años ha justamente, 
Que el pobre la galantea. 
Sin ver el fin que desea 
En un favor solamente. 

Y tan rendido está ya 
De su amoroso cuidado, 
Que dicen que retirado 
Perdiendo el juicio está. 
Visitarle será bien 

Solo para examinar 
Las causas de su pesar ; 

Y para darles también 
Esta gloria á mis sentidos ; 
Que no hay gustos estimados, 
Como el oir los amados 

Llorar los aborrecidos. {Vase,) 

Cr. í\ Amantes, ninguno crea 
Que es en el arte de amar 
Difícil el engañar 
A quien pretende y desea. 

ESCENA X. 

Sala en casa de don Pedto, 

DON PEDRO T HERNANDO. 

Hern. Es todo lo que he contado 
Tan verdad, como lo es 
Que los dos no somos tres, 

Y que el uno no es soldado. 

D. Ped, La soldadesca en efecto 
En todo entra. 

Hern. Es, señor, 

Constitución del valor, 
Aunque no traiga coleto ; 
Que no hay, á mi parecer, 
Quien hable mas á su estado. 
Que un coletillo picado 
Acabado de comer. 
Todo lo rinde y lo mata, 



I 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Contra los pobres infieles^ 

Si acaso dio á sus papeles 

Sepulcros de hoja de lata. 

¡ Pues qué, si el que está á su lado 

Replica y le da cordel ! 

En la torre de Babel 

No se habló tan revesado ; 

Y tanto sobre comida. 

Dios se lo perdone á Flandes. 
] Qué de mentiras tan grandes 
Tiene á cargo en esta vida ! 

D. Ped. ¿Qué los presentes allí 
Les cogistes? i Gran valor! 

Hem. Entre sus armas^ señor, 
Águila rapante fui : 
Mientras los dos muy valientes 
Defendían la nobleza 
De sus amos, con presteza 
Agarré los dos presentes. 

Y así, que andaban recelo, 
Ya después de haber reñido. 
Como aquel que divertido 
Rasca hongos por el suelo. 

D. Ped. i Y qué tanto me aborrece 
Esa muger? 

Hem. i Ah señor! 
En el no tener amor 
Todavía está en sus trece. 
Pero la has de ver seguir 
Sus pasos de puro amante, 

Y yo de ser ignorante, 
O en la demanda morir. 

D. Ped, ¿ Y yo ahora, qué he de hacer? 

Hem. Dejarte jaropear 
Con principios de esperar, 
De callar y obedecer; 
Que en este primer intento. 
Es el remedio mejor, 
En calenturas de amor, 
Jarabes de sufrimiento. 

(Sale un criado de don Pedro.) 

Cr, Don Alonso de Rivera 
Dice que te quiere hablar. ( Vase.) 

D. Ped. Entre. 

Hern, Aquí he de recetar 

Una cosa muy ligera. 
Si en doña Juana te incita 
Este tu competidor. 
Solo te ordeno, señor. 
Que bebaj en la visita. ( ..*o*^ avív^í-U ■ 

D. Ped. ¿ Pues he de beber sin gana ? 

Hem. Pide de beoer, que yo 
Sé el énfasis y tü no. 
Si del mal que en doña Juana 
Te aflige, quieres curarte, 
No hay sino creerme á mi ; 



Porque has de beber aquí, 
O no he de poder sanarte. 

D. Ped. ¿ No he de saber para qué 
Efecto? 

Hem. Puesto en mi mano, 
Eres enfermo cristiano. 
Que se cura con la fe. 
En empezando á poner 
Argumentos, no te curo. 

D. Ped. Ahora bien, poco aventuro, 
Si está el remedio en beber. 

ESCENA XL 

Dichos y DON ALONSO. 

D. Ál. Sabe Dios, que no he sabido 
Hasta ahora vuestro mal; 
Que como amigo leal , 
Cuidadoso hubiera sido 
El primero en visitaros. 

D. Ped. De vuestra buena intención 
No me deis satisfacción : 
Ni tenéis que disculparos 
Con el darme esa disculpa ; 
Que en tan noble proceder. 
Que ignorancia puede haber 
Es cierto, pero no culpa. 

D. Al. ¿Y cómo os va de salud? 

D. Ped. Ya, gracias á Dios, mejor. 

D. Al. Así lo dice el color. 
¡ Ay de tí, y de tu quietud, a;». 

En sabiendo tu cuidado. 
Que soy el favorecido ! 

Hem. Este por lana ha venido^ <//). 
Y ha de volver trasquilado : 
Pague su intención traidora. 

D. Al. Lo que importa es no comer 
Demasiado, ni hacer 
Desórdenes por ahora. 

D Ped. Antes un médico mió, 
Que he de beber me porfia 
Todas las horas del dia. 

D. Al. Graduado en algún rio 
Debe de estar. 

Hem. Lo que fragua ap. 

El médico sabréis luego, 
Cuando vos paguéis en fuego 
El congetivo del agua. 

D. AL Pediros á solas quiero 
Una merced. 

D. Ped, Salte afuera. 

ESCENA XII. 

Dichos menos HERNANDO. 
D. Ál. De la pasión verdadero 



V/f -^ tk vk 



ACTO h ESCENA XY. 



9 



He TB^ro amor, derto espero, 

Que disculparéis el mió. 

Ti sabéis que doña Juana 

la úáo hasta aquí tirana^ 

Tía dw&o de mi albedrio 

Csaw del Tuestro : mas ya 

lj§ preseDte ha recibido 

h Btí maoo, en que ha querido 

Mime cUro, que está 

S ^«hmlad admitida. 

T pues TOS no habéis llegado 

A uros en tal Mtado, 

ID amor me manda que os pida, 

Ht merced y por faTor, 

QaedeesU empresa salgáis, 

S aeaso el premio esperáis 

Mido á tanto valor. 

D. Ped. A tan resuelto poder 
Besa amor la resistencia, 
Eiirie tener paciencia. 
Qh, dadme de beber. 

ESCENA XIII. 

Daos T HERNANDO con U salvilla 
BCL pftcscirrE t un bernegal. 

D. AL ¡Yilgame Dios, qué curioso 
Beroegall ¿ Quién os le ba dado? 

D. Ped, Una dama le ha enriado 
Can OD recado amoroso. 

Bem, Y noas, que envió á decir 
I;i dama que le envió 
Qae i ella un galán se le dio ; 
T »i es dar y redbir. 
Us bvores de las damas 
S«o ios emplastos de amor^ 
T caran macho mejor 
Qas los recipes y dracmas. [ap. 

D. P9d. \ ViTe Dios, que ha conocido 
Se presente, y se ha turbado! 
i Qué has hecho? 

Eem. Haberte vengado 

fie U intención que ha tenido. 
Ta mira con atención, 
Ta atribulado en su enojo. 
Echa por un lado el ojo, 
T «ti mirando el harpon. 

D. Al. ¿Regalado habréis estado 
Be sangrías? 

b. Ped, Esta sola 
Paé la receta española 
Qae dio fin á mi cuidado. 

D. Al. Ella pudo imaginar... 
Piero yo... Si... Como... Cuando... 

Bern. El hombre se va turbando; ap. 
La porga ha empesado á obrar. 



D. Ped, No parece que tenéis 
Tampoco entera salud. 

D. AL Con esta nueva inquietud... 
I Desdichas, qué me queréis ? ap, 

D. Ped. Mortal estáis. 

D. Al. Tuve ahora 

Un disgusto, y no estoy bueno. 

D. Ped. Amor le ha dado veneno ap. 
Por los ojos. 

D.AL I Ah traidora, ap. 

Quien recil)e para dar. 
Amor tiene ! ¡Vive Dios, 
Que se quieren bien ios dos! 
Mas yo me sabré vengar. 

D. Ped, El color habéis perdido; 
Volved en vos, ya sabéis 
Cuan seguro me tenéis, 
SI en algo estáis ofendido. 

D. AL El tiempo solo os dirá 
Mi intención y mi cuidado. 

ESCENA XIV. 

DON PEDRO T HERNANDO. 

Hem, Ya este lleva su recado; 
Confuso y sin seso va. 

D. Ped. ¿De qué sirve haber querido 
Darle este disgusto aquí? 

Hem, Si en el que te daba á tí 
Mala intención ha tenido, 
¿Qué ley ni raxon ordena. 
En lo justo ni en lo injusto. 
Que te venga á dar disgusto, 

Y leescusemos la pena? 

ESCENA XV. 

Dichos t DON JUAN. 

D. Juan. Entrándoos á visitar, 
Binaba por la escalera 
Don Alonso de Rivera... 

Hem. Para todos hay pesar, ap. (Vase.) 

D. Juan, De suerte que me asegura 
Algún enojo con tos. 

I Desdichados de los dos ap. 

En sabiendo mi ventura I 

{Sale Hernando con otra salvilla,) 

Hem. Apenas vio este presente, 
Que á mi señor le ha enviado 
Una dama, con cuidado 
De verle enfermo y doliente. 
Cuando sin pulsos quedó 

Y tan mortal, que me admiro. [ap. 
D. Juan. {Cielos, qué es esto que miro ! 

De aquellos pulsos soy yo 
El muerto : á tales venenos 



lo 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



¿Quién habrá «lue m resista? 

Hem, Si no me engaña la vista ap» 
Otro atardido tenemos. 

D. Ped. De don Alonso quisiera 
Qae supieran el disgusto, 
O la intención, que no es justo 
£1 irse de esa manera, 
Sin declarar sus estremos. 

D, Juan. ¡Que siendo yo el ofendido ap. 
Los inquiete el que se ha ido! 
Corazón, disimulemos; 
Poiique en llegando á saber 
Que dona Juana le dio 
Lo mismo que le di yo, 
Con intención de ofender 
Mi rendida voluntad, 
En las vidas de los dos 
He de vengar, vive Dios, 
Esta insufrible maldad. 
A saber su enojo voy. 
¡Ah zelos! Mejor d^era ap. 

A vengarme de una fiera, 
t Sin alma y sin vida estoy I 

ESCENA XVI. 

DON PEDRO Y HERNANDO. 

Hem. También tale con cosquillas 
En el alma : del cuidado 
De sus culpas, han tomado 
Cerveza en las dos salvillas. 

D.Ped. ¿Y ahora? 

Hem. Me has de pagar 

La venganza y medicina. 

D. Ped. La invención es peregrina; 
¿Pero esto en qué ha de parar? 

Hem. En salir de todo bien. 
Si te confias de mí ; 
Pues quien te ha vengado aquí, 
Te sabrá curar también. 

'WW.WVWWVW 

ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de doña Juana. 

DOÑA JUANA T LEONOR. 

Da. Jua, O te conozco muy mal, 
O no estás como solfas; 
Que en las intenciones mias 
Nunca te he visto neutral. 
Yo imagino que te han dado 
Alguna yerba los hombres. 



Jueon. Señora, no me los nombres. 

Da. Jua. No, Leonor, presto has mudado 
De acción y de condición : 
Alguna dádiva ha hecho 
Pasadizo de tu pecho, 

Y ha entrado en tu corazón. 
Que en empezando á tener 
Mudable la condición, 

Y que estés á devoción 

De los hombres^ te he de hacer 

Pedazos la voluntad 

A desabrimientos míos, 

A pesares y desvíos. 

Tú me ocultas la verdad : 

Pero eres frágil, y así 

El alma se te mudó. 

León. Desde que me despreció ap. 

Hernando, no estoy en mi. 
¿En qué me hallas culpada? 

Da. Jua. En que ya tío dices mal 
De ningún hombre, y neutral^ 
Arrepentida y mudada^ 
Quieres que lea curiosa 
Esos pérfidos billetes^ 
Con que ya indicios prometes 
De inclinación amorosa. 

León. ¿Pues en qué pueden dañar 
Esos billetes leídos? 

Da. Jua. Peligros no prevenidos 
A culpas suelen llegar. 
Mira, Leonor, la muger 
Que debe á su inclinación 
Recato y estimación, 
Supuesto que es el caer 
Tan fácil, no ha de esperar 
La sombra de algún disgusto; 
Antes debe las del gusto 
Huir, por no tropezar. 
Ruido abajo he sentido ; 
Mira si es algún recado 
De algún amante cansado 
En vísperas de marido. 

Y 8i viene á darme enojos^ 

Y á enfadarme, y á cansar. 
Dale á entender mi pesar, 

Y con la puerta en los ojos. 

ESCENA 11. 

Dichas, el Tío, t DOÑA BEATRIZ. 

León. Tu tio y tu prima son. 

Tío. Ya no pueden ser disculpa 
Tus lágrimas en la culpa 
De tu aparente traición. 
¿ Aprendiste á ser liviana 
De tu madre? ¿No te dio 



ACTO líi ESGBNA Ul. 



11 



B tieiiipo <iae te asistió, 
GKrda, prudente y crisüana, 
iBeDos coosctfos? i No has sido 
Di mis regalos qoertda, 
bfimada y preferida 
AtiB hermaoos? ¿Olvido 
CMfú en tn imaginación 
k qoe soy ta padre, di ? 

Da. Jtta, ¿Qoé es esto, prima? 

Da. Beat. ¡Aydemi! 

21». ¡Boena andará mi opinión» 
Tktnyaen «i logar! 
Ta ét estos locos mosoelss, 
CijoB amantes desrelos 
Si itaadan en engañar, 
Seba dejado persuadir: 
Sa este papel testigo, 
S DO hace fe lo que digo, 
Bi lo que debo sentir. 
Qae te dé en su casa entrada 
Le pide, reconocido 
Be r&se fevorecido, 
H qoe le escribió. | Qné honrada 
Fenoasion ! ¡ Qué rendimiento 
Tan hijo de su flaqueía ! 
Mai también de mi nobleía 
Lo será mi sentimiento. 
T piogniase á IMos, qae fuera 
Cada golpe de esta espada, 
De iBi mano fulminada, 
bkalacion de otra esfera ; 
tse haMas de ver, traidora, ^.iJ^m *? 
Ea las venas que me dan 
Bnroso aliento, un Tolcan, 
Gan foría abrasadora 
Te d^ira con rigor 
Ed cadáver convertida ; 
T la sráa desmentida 
Ea la mancha de mi honor. 
hn que contigo esté 
La traigo : viva contigo 
La que no pudo conmigo 
Asegararmeen mi fe; 
Qae de ti me satisfago, 
T confio que á loa hombres... 

Da. Jua. Detente, no me los nombres. 

Tío. ¿Los aborreces? 

Da, Jtía. Si hago; 

T tasto, que si estuviera 
ñiodada en ellos mi vida. 
Gulosamente homicida 
Be mi propia vida ftaera. 
Qoita, Leonor, ese manto. 

Tío, Solo en tí pudfera hallar 
Cannelo para un pesar, 
Que podo aíUglrm# tanto ; 



Déte Dios en tu virtod 
Lo que mereces por ella. 

Da. Jua. Yo confio en Dios, que en ella 
Ha de fundar tu quietud 
Beatrix. 

Tío. De tu compañía 

Y tus consejos lo espero. 

ESCENA 111. 

Dichos menos el Tío. 

Da. Jua. Solo de una cosa quiero 
Advertirte, prima mia; 
La casa donde has quedado, 
No es casa, que es fortaleza. 
Donde vive la pureza 
Del honor, muy sin enidado. 
A la falsa idolatría 
De amantes engañadores, 
Hay por esos corredores 
Asestada artillería. 
Rabias, enojos, desdenes, 
Desprecios y desafueros. 
Son petardos y pedreros 
Del castillo á donde vienes. 
Pero para estar aquí, 
Pleito homenage has de' haeer 
Primero, de no creer 
A ningún hombre. 

Da. Beai. ¿Perdí 

La reputación, de hoy mas. 
Porque llegué á recibir 
Un papel? 

Da. Jua. ¿Ese has decir? 

Y aun el honor perderás; 
Que como la voluntad 

De tí dispone y dispensa, 
Los prlDcipios de la ofensa 
Solo es la dificultad. 

Da. Beat. Pues en esto, si es delito 
¿Qué hicieras tú? 

Da. Jua. ¿Yo? No mas 

De lo que ahora verás 
En los que á mí me han escrito. 
Trae una luz. 

León. Voy por ella. 

Da. Jua. También yo soy pretendida, 
Pero tan mal persuadida. 
Que antes se verá una estrella 
De mortal mano tocada. 
Faltar, ó retroceder 
El sol ardiente, y crecer 
Esferas de nieve helada. 

León. Aquí está lo que has pedido. 

Da. Jua. Para que sepas mejor 
Vencer sirenas de amor, 



12 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Que engañan por el oido, 
Un acto de inquisición 
Te lo ha de enseñar ahora. 

León. Di que reciba, señora, 
El de don Pedro Girón. 



rescrito? 



Da. Beat, ¿Don Pedro Girón te ha 

Da. Jua. Este es suyo. 

Da. Beat. ¿ Y tu crueldad 

Inmensa, su voluntad 
Castiga como delito? 
Muévate la inciinacion, 
Que hace de tal empleo. 

Da. Jua. Hasme visto en el deseo, 
Pero no en la posesión. 
¿No has visto el mar proceloso 
Prometer serenidades, 

Y luego con tempestades 
Desmentirse cauteloso ? 
Pues así los hombres son ; 
Dame tú que ellos se vean 
Al fin de lo que desean , 
Que luego la condición 
Despolvorea huracanes^ 

Y entre ofensas y temores. 
Todos niegan poseedores. 
Lo que ofrecieron galanes. 

Y así los voy castigando 
En fe, que según entiendo 
Solo obligan pretendiendo, 
Beatriz ; pero no alcanzando. 
El de don Pedro Girón 

Se ha de quemar el primero. 

ESCENA IV. 

Dichas, DON PEDRO t HERNANDO. 

D. Ped. Déjame, que solo quiero... 

Hem. Aquí no hay satisfacción 
Que tomar, ni que pedir; 
Sino dejarme curar. 
Tener paciencia y callar, 
Si no te quieres morir. 

Da. Beat. Esos por su desventura, 
Inquisidora de amor. 
Aclaman en tu rigor 
La piedad de tu hermosura : 

Y claramente se ve 
Tu ignorante demasía; 
Pues tratas como heregía 
Loa méritos de su fe. 

Da. Jua. La pasión mas verdadera 
Es digna de este castigo: 

Y así no hay piedad conmigo. 

D. Ped, Yo lo creo, pero ^pera ; 
Pues quemas mis sentimientos 
En estatua de papel, 



{Vast.) 



Vayan al fuego con él 

Mis blasfemos pensamientos. 

Y habremos puesto en tu mengua 
Con distintas intenciones, 
Tú en el fuego mis renglones, 

Y yo en tu crueldad mi lengua. 
Tan hecha está mi paciencia 
A los rayos de tus ojos. 
Que ese fuego en mis enojos 
Me informa de tu inclemencia. 
Pues con rigor tan estrecho. 
Siempre observante en tu fama, 
Cada desden, una llama 
Del infierno de tu pecho, 
Me abrase, si te ofendieron 
Mis intentos malogrados ; 
Que esos conceptos quemados 
De mayor fuego salieron. 

Y aunque no se permitió 
En los nobles la venganza. 
Cuando el daño ó la esperanza 
En mugeres se fundó. 
Mi voluntad ya rendida 
Parte á enojarse indignada ; 
Que la que no hace obligada 
Solo estimará ofendida. 

Da. Jua. Espera. 

león. Detente, Hernando. 

Hem. No podré, que ya en su amor 
No ha de haber saludador; 

Y pienso que va rabiando. (Vase.) 
León. Como yo de enamorada, ap. 

Después que me has despreciado. 

Da. Beat. ¡Y qué no te da cuidado 
Ver un alma así abrasada. 
Tan justamente quejosa! 

Da. Jua. ¿Esto te puede ofender? 
Viendo á un hombre padecer 
Me considero gloriosa; 
Con tonto Imperio me veo 
En mi libre condición, 
Que ni siento inciinacion, 
Ni se me altera el deseo. 

León. ¡Ay señora! Don Juan viene. 

Da. Jua. \ Hay ton estraña porfía 
De amantes! Otra heregía 
En lo pertinaz. 

ESCENA V. 

Dichos t DON JUAN. 

D. Juan. Conviene , n . 

Corazón, que os declaréis 
En la intención y el cuidado; 
Que una vez desengañado. 
Ya no hay gloria que esperéis. 



13 

■i- 

:5i. 



ACTO II, ESCENA VII. 



2(8 vengo como solia 
A pedir y sopUearte, 
Qk bagas del adorarte 
lérítot en mi porfía. 
BtfU hoy mis ojos rendidos 
Ed m faprema beldad , 
Jngarao ana deidad 
Uena de almas y sentidos. 
Cano libre te admiraba 
liáanpre espirita Inquieto, 
Cao d temor y respeto 
Ts desdenes adoraba. 
Pera abora qoe be sabido 
Qat asee en tu voluntad 
Cao doeoo tu honestidad , 
T^ qoerer has podido, 
Sikré tamlMen castigar * 
B imaginación rendida , 
GtD urna foerzas en mi Tida , 
Coa mas daño en mi pesar. 
A tas ojos Tol veré , 
Hr wolrer por mi opinión , 
Lo foe á don Pedro Girón 
Le diste, y yo te envié. 
1 paes be perdido én ti 
la parte de ven toroso. 
Quero «i la de valeroso 
Siti^certe por mí. 

As. Jua, Espera. 

D. Juan. ¿ Qaé hay qne esperar 

De ana mnger engañosa , 
Qk inconstante y cautelosa 
Sii)e fingir y engañar ? ( V<ue.) 

Da, Jua, i Ciclos, qué es esto I ¡Que á mí 
Se me atreva un hombre , ya ! 
«Hobayqaien le mate? 

ESCENA VI. 

Dichas T DON ALONSO. 

Ü.Al. ¿Quién da 

Cusa de tratarte así? 
4 De qué te espantas, tirana, 
déla quietad de los hombres, 
Qae asi es justo que te nombres 
PirficU y por liviana? 
Lo síiismo que te envié 
for vasallage y sangría 
He tu enfermedad, ó mía, 
Qoe mia pienso qoe fué , 
Me á don Pedro Girón , 
de qoe veo claramente 
Qae de amoroso accidente 
taknoá to corason. 

Ds. /va. Mira bien... 

/). Al. Si, por mis ojos 



He visto en plaU y cristal; 
Lisonjeado su mal 

Y ofendidos mis despojos ; 
Solo puedes argüir 
Tugustoy tu voIunUd; 
Pero no en esta verdad 
Dudar y contradecir. 

Da. Jua. i Hombre! 

D.Ai. Dices bien, timna; 

Hombre soy, y lo he de ser 
Contra quien supo vencer 
Condición tnn inhumana. 
Contra don Pedro Girón, 
Por darte disgusto á tí, 
He de oponer desde aquí 
Mi valiente corazón. 

Da. Jua. Si tengo de responder, 
En injurias declaradas, 
No. 

D. Al. En culpas comprobadas 
No te queda mas que hacer. 

ESCENA VII. 
Dichos memos DON ALONSO. 

Da. Jua. ¿Qué es esto, Leonor? 

í^^' Señora, 

Plegué á Dios, si recibí 
Sus dos presentes, que aquí 
Un rayo me parta ahora : 
Que antes habla pensado, 
Que tú debes de haber sido 
La que los has recibido, 

Y que los has enviado 
A don Pedro. 

Da. Jua. i Vive Dios, 
Villana, infame 1 

Da. Beat. Detente. 

Da. Jua. Aguarda, que juntamente 
Os castigaré á ios dos. 

Da. Beat. Mira, prima, si lo haces 
Por disimular conmigo. 
Solo en mi abono te digo, 
Aunque no te satisfaces 
De mi amor, que nunca vi 
Ningún amante cuidado, 
Que no le haya disculpado 
Por lo que me toca á mi. 
¿No somos también mugeres, 

Y en las mugeres también 
Natural el querer bien? 
Si disimulas y quieres, 
¿Quiéu te guardará mejor 
Tus secretosi que quien tiene 
Tu sangre? 

Da. Jua, ¡Cielos! SI viene 



14 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Envuelto en este rigor 
Castigo que vos me dais; 
Mirad que en éi maltratáis 
La tionestidad de mi lionor. 
Solo el tener sangre mta, 
Beatriz, te pudo escusar 
La venganza del pesar 
Que me has dado. ¿En mi podía 
Caber tan vil pensamiento? 
Beatriz, ¿yo facilidad 
De amor y de voluntad, 
Rendido el entendimiento? 
De mi sangre me hartara, 
Si en esta culpa incurriera; 
Mi propio ser deshiciera, 

Y con mí vida acabara. 

Y aun ahora, que lo digo. 
Que me estoy glorificando 
Parece, hiriendo y cebando 
En la pena y el castigo. 

León, Mas puede, si se enftireee. 
El del arco. 

Da. Jua, No, Leonor. 
¡ Cómo ha de tener amor 
La que tanto le aborrece! 

León. Otra sé yo que deeia 
Lo mesmo^ y por despreciada 
El no estar enamorada 
Le parece ya heregia. 

Da. Beat Dios le dé lo qac desea. 

León. Amen: plegué á Jesucristo. 
Después que á Hernando do he visto ap. 
El alma se me marea. [digas. 

Da. Jua. Aunque mas, Ltanor, me 
Tú en las quejas de esta gente 
Tienes culpa. 

León. De repente 

Mala procesión de hormigas 
Vea sobre mí, señora, 
Sin que de tullida pueda 
Apartarlas, si me queda 
En el corazón ahora 
Mas de lo que digo aqtti : 
Dos presentes me trajeron 
Dos criados que vinieron, 

Y entrambos los despedí. 
Gracias á Dios^ que ha Hegade 
Hernando, que podrá ser 
Testigo ; pues llegó á ver 
Todo cuanto habia pasado. 

ESCENA VIH. 

Dichas y HERNANDO. 
Hem. Déme amor su cataplasma ; ap. 
Porque si el desden no gasto 
Con este segundo emplasto. 



Tengo de dejar con asma 
El pecho de esta cruel ; 

Y sin el oro de Tí bar 

Le he de volver, siendo acíbar, 
En aguachirle de miel. 

León. ¿Hernando, redbí yo 
Dos presentes que traian 
Dos criados que veoian 
De dos pretendientes? 

Hem. No: 

Testigo soy de oculoram; 

Y quedando en competeneit 
Les vi por una pendeneta 
Muy cerca de mortoorum. 

Da. Jua. No estaré en mi hasta sacar 
Del pecho de algún villano 
El corazón con la mano. 

Hem. Serviréte en amolar 
El cuchillo, y le tendré. 
Guardándote las espaldas. 
En tanto que tú te enfadas. 
Que ya tus intentos sé. 

Y aunque á don Pedro he servido. 
De tu parte me he de hacer; 
Que en efecto eres muger, 

Y yo airoso y bien nacido. 
El un ojo apostarla. 

Que algún enredo ha inveotado; 
Porque como le ha faltado 
El amor que te teoia. 
Mil faltas anda diciendo 
De tí, tan publicamente. 
Que se anda toda la gente 
Unos con otros riendo. 

Da. Jua. ¿Qué dice? 

Hem. Dice que tienes 

Un ojo mayor que el otro. 
Este he visto, venga el otio. 

Da. Jua. Loco imagino que vienes. 

León. O tengo el ingenio yo op, 

Desencuadernado ya, 
O este es bellaco, y le da 
Con lo mismo que me dio. 

Da. Jua. Prima, ¿tengo yo kw ojos 
Desiguales ? 

Da. Beat. ¡Desiguales! 
Dos luceros celestiales 
Parecen en sus despojos. 

Hem. Si otras cesas te dijera 
Que dice, no te quedara 
En dos días tanta cara i 
Pues lo de la cabellera 
Postiza, y dientes atadosy 
De manera lo he sentido. 
Que te miro de corrido 
Con los des ojas eerrados. 



ACTO II, KSG£NA IX. 



15 



R* con el alegría 
» dice á la dama , 
se huelga y te infama ! 
)eaL \ Hay tan gran bellaquería ! 
; Hay tal maldad ! No creyera 
ombre que te adoró, 
odes infamias yo, 
mdo me lo dijera. 
na. ¿Y es hermosa esa muger? 
Es airosa y bien prendida, 
ira hay eo la herida, ap, 

la empezado á escocer. 
MI. ¿Y quiérela mas que á mi 
o? 

Absorto la mira, 
oe foé mentira 
ha querido hasta aquí. 
le cogí un billete, 
suspiro que dio 
pas apagó 
ibao en un buíéte. 
no. ¿Qué dices? 

Dios me destruyai 
. tanta su afición, 
e sobre el eorason 
atiUa suya, 
nrígeo le toca^ 
ttt la calle acierta, 
tras una puerta 
lampa en la boca. 
Ko. ¡Jesosi 

Tan grande es sn ardor, 
llegué por un lado 
} disimulado i 
1 Juana , señor? 
spondermenada, 
> me miró, 
go me sacudió 
cruel bofetada, 
ha visto dibujar 
arrillos cristianos. 
ua. ¿Qué dices, primal 
teat. Tirano» 

hombrea, no hay doáar. 
ua. ¿ Qué te parece que haga t 
íeat. Que le escribas un papel, 
» digas en él 
>jos , y que te haga 
de no te ofender 
jco, ni en secreto ; 
1 por el respeto 
le debe i tu ser. 
^ua. Bian dices» esleta aquí, 
ne Dios ! i Dónde voy ! 
no erré: ó estoy 
la, ó fuera de mí. 



ESCENA IX. 

Dichos memos D05ÍA JUANA. 

León, Señora, ya que las dos 
Nacimos con voluntad. 
Hagamos por calidad 
Diferente. 

Hem. ¡Vive Dios. 
Que va á escribir I y que en soma, ap. 
Cruel, tibia ó desabrida. 
Ya está la carne manida 
Cuando se gasta la pluma. 

Da. Beat, Leonor mía, tuya loy; 
Di me á quien quieres, seré 
Tu tercera. 

León. Sí diré; 
Que tan cerca de él estoy, 
Que no estoy dos pasos de él. 
Porque claramente un día 
Dijo, que me aborrecía, 
Me estoy muriendo por él. 

Da. Beat. ¿Es Hernando P 

León. Sí señora. 

Da. Beat. ¿ Pues él 00 sefá dichoso 
En llegar á ser tu esposo? 
Yo he de decírselo ahora. 
Ah , galán. 

Hem, Esto es á mi. op. 

Da. Beat. Ce. ¿A quién digo? ¡Ah 
caballero I 

Hem. Que me dé la vena esporo, op. 

Da. Beat. ¡ Ah soldado 1 

Hem. Ahora sí. 

León. Mucho estima el ser soldado* 

Hem. Soy ( perdonen mis sentidos) 
Sordo en otros apellidos. 

Da. Beat. { Qué gran beUaco ! 

León. ¡TalmadoJ 

Da. Beat. Sabe, que Leonor te estiavi. 

Hem» ¿Pues qué importaré en rigor, 
S! yo no estimo á Leonor ? 
Poco aprovéchala prima » 
Templada eo el instrumento 
De la conyugal unión , 
Si no la afina el bordón* 

Da. Beat. Dios obra en el casamisot», 

Hem. Ese ya es el bordoncillo 
Con que todas las mugeres 
Aseguran sus placeres ; 

Y hele cobrado al cuquillo 
Un temor desatinado ; 

Y atolondrarme no es justo, 
Podiendo tener el gusto, 

Y que otro tenga el cuidado. 
León, Mal conoces mi valor; 



16 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Con el rey no te ofendiera. 

Hem, Como el de los naipes fuera , 
Yo lo creo, mi Leonor. 

Lean, Yo soy muger tan honrada 
Como cuantas Dios crió. 

Hem. ¿Qué importa, si tengo yo 
Una falla endemoniada? 
Preciábame de alentado, 

Y sobre apuesta , hice en Flandes 
Dos ó tres fuerzas muy grandes , 

Y volví á España quebrado. 
León. Quebrado te quiero yo. 
Hern. Por ahora podrá ser, 

Pero echaráslo de ver 
Después, y dirás que no. 

Y fuera poco saber 

De quien su quietud desea. 
Cortar para ti tarea 
Cuando no puedes coser. 

Y muger que tuvo amores, 
No es buena para casada ; 
Que de la vida pasada 

Le quedan los borradores. 

ESCENA X. 

Dichos t DOM JUANA. 

Da. Jua. Este es el papel, Hernando; 
Di , que quisiera enviar 
En sus letras rejalgar, 
Porque muriese rabiando. 
Qae es un tirano, un traidor, 
Un ingrato fementido, 
Cruel, descortes, Ungido, 
Sin dios, sin fe, sin honor. 

Y que se guarde de mí ; 
Que soy muger agraviada , 
Resuelta , y determinada ; 
Un rayo. 

Hem. Diréloasi. 

Da. Jua. Y que si acaso se fía 
En su sangre, en su grandeza , 
Que advierta que á su nobleza 
Nada le debe la mia. 

Y que si desvanecido 
l'orque en otra parte quiere, 
Defectos en mí pusiere. 
Engañoso y presumido 

En su loca estimación , 
Que podrá ser que se pierda; 
Que fácil podrá una Cerda 
Atravesar un Girón. 
Hem, En sabiendo que te he visto, 

Y qae el billete le llevo 

Me ha de poner como nuevo; 
Que para mí , vive Cristo, 



Que es una tigre crtiel, 
Después que tiene otro amor. 
Da. Jua. Toma tu manto, Leonor, 

Y llévale tú con él. {Vnst 
León. Ahora encajaba aquí 

Lindamente una coleta ; 
Que voy con él. 

Da. Beat. ¡Qué discreta 
Es la voluntad ! ¿ Por mí , 
No habrá un poquito de fe 
Con Leonor ? 

Hern. A pensar vengo. 

Que si por mí no la tengo. 
Que por nadie la tendré : 

Y basta decir aquí , 

Que ya de ninguna suerte 
Me puedo mudar. 

León. Advierte 

Que te quiero mas que á mí ; 
Aunque todo el año entero 
Nos andemos, á mandar 
Tú en casa , y yo á remendar 
Tu vestido y tu braguero. 

Het-n. No, Leonor; que en esta vida 
Menos me tendrá afligido 
Un braguero descosido 
Que una muger muy rompida. 

ESCENA XI. 

Sala en casa de don Pedro. 

DON PEDRO. 

i En buen laberinto estoy 
Metido I Los pretendientes 
De doña Juana , impacientes 
Piensan que el dichoso soy ; 
y escriben , que si no doy 
Los presentes que me han dado, 
Me dé por desafiado. 
¡ Cuando un hombre habrá reñido, 
Porque piensen que es querido 
Cuando muere despreciado! 
Nunca de Flandes viniera 
Hernando para matarme ; 
Nunca para aconsejarme 
El cielo aliento le diera ; 
Nunca á mi casa viniera; 
Aunque yo solo culpante 
En las locuras de amante, 
¿De quién me puedo quejar. 
Si me detjé aconsejar 
De un hombre tun ignorante? 

ESCENA XII. 

DON PEDRO T HERNANDO. 
Hem ¿Qué hay? ¿Hay revolución? 



ACTO II, ESCENA XIV. 



17 



I los cielos serenos? 

impagos y truenos ? 

. No hay sino mi perdición; 

ranxa burlada, 

don no entendida, 

*T ofendida, 

a en penas criada. 

creyese de tí ! 

i Soy ignora ntico yo I 

quien me crió. 

de tratar asi , 

puto que tuTiera 

en mal estado ! 
descuartizado 

te lo menos fuera 
ieo. 

¡Ay Hernando! 
Bs de poder liacer 
uiera una muger 
raté, desechando 
[>jos de su honor? 
El énfasis está ahí : 

1 tratarla así 
medio, señor. 

fué de los dos, 
á Leonor rindiese 
lad mereciese. 
. Es verdad. 

Poes, vive Dios 
ie verla ahora aquí, 
»ia bien nueva , 
ura que una breva 
rada de mí. 
aga fingiendo 
i conmigo enojado, 
f. ¿Para qué? 

Ya estás cansado. 
[ue yo me entiendo; 
s, señor, sabrás 
le tengo urdida, 
me quitan la vida ! 
ito. 

'. Loco estás. 

Saca, digo. ¡ Ay, que me matan ! 
quién me ampare ? 

ESCENA XIIL 

os T LEONOR CON un papel 

Deten, 
le le quiero bien. 
Logróse ia patarata. ap, 

f. «Bien le quieres? 

ber que por él 
muriendo, cruel 



Sí seuor; 



Me trata con gran rigor. 

Hem, ¿Cómo te puede tratar, 
Si porque aquí nombré yo 
A tu ama, se enojó, 

Y me ha querido matar? 

León, i Posible es que de ese modo 
La has aborrecido, di ? 

Hem. En no diciendo que sí. 
Das en la calle con todo ; 
Finje que estás enojado. 

D, Ped. Muriéndome estoy, Leonor; 
Ha sido grande el rigor 

Y mucho lo que he pasado. 
León. Este billete te envia; 

Enojada lo escribió : 
Pero disculpóla yo, 

Y su hermosura podia 

Ser disculpa en sus cuidados : 
Que bien sabes , que es quimera 
Eso de la cabellera 

Y de los dientes atados. 

Hern, Concede con lo que han diclio, 
Que hay dientes y cabellera 
En la maraña. 

D. Ped. Quisiera 
Saber cómo. 

Hem, En el capricho 
Entran esos adherentes. 

León, Ella, señor, es senüda, 

Y ha de acabar con su vida 
Lo del cabello y los dientes. 

Hem. Recibe el papel y di , 
Que porque ella le ha traído 
Le recibes ofendido. [ap, 

D. Ped, Dios me saque en paz de aquí. 
Si otra el papel me trajera 
Quizá no hallara en mis manos 
Propósitos tan humanos, 

Y sabe Dios lo que hiciera. 
León, Pues si algún dia, señor. 

Te cansares de tu dama, 

Y se volviere á mi ama 
Arrepentido tu amor, 

Me ofrezco á ser tu tercera; 

Y por si acaso volvieres. 

Haz en tanto que á otra quieres. 
Que Hernando, señor, me quiera. 

D. Ped. Yo sé que Hernando por tí 
Mudará de condición. 

León. ¡ Miren cuál está el Nerón 1 ap. 
Rayos echa contra mí. 

ESCENA XIV. 

DON PEDRO Y HERNANDO. 

D. Ped, ¿ Qué es lo que has hecho? 
Hem. Hacer 

2 



18 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Lo que el Galeno de amor, 

En el recipe mejor, 

Me pudo dar á entender. 

D. Ped, Ya por la esperlenda reo 
Parte de tu medicina , 
Tan rara y tan peregrina, 
Que parece que te creo. 

Hem, Despacio te contaré 
El camino que he tomado ; 
Que ahora voy con cuidado 
A lo que después diré'. 

D. Ped. El papel quiero leer. 

Hern. Cerrado se ha de quedar; 
Todo es en él , descansar 
Con deshonrar y ofender^ 

Y le he menester cerrado ; 

Que hay gran máquina apretada , 

Y aun guerra; y este hillete 
Servirá de pistolete 

En la postrer rociada. 

D. Ped. ¿ Podré yo satisfacella 
En algo? 

Hern, \ Jesús mil Teces ! 
Forzosamente pereces; 
Para siempre has de perdella. 

D. Ped, Ya como el negocio está , 
Ignorantísimo fuera, 
Si de tu orden saliera. 

Hern, No menos, señor, te ya, 
Que ver logrado tu amor; 
Que la has de ver, fia en mi, 
Con mas zarpas tras de ti 
Que gualdrapa de doctor. 



W^/^fV\A/WVtW 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de doña Juana, 

DOÑA JUANA. 

¿ Qué es esto, imaginación ? 
Por qué causa te desvelas, 

Y en mi propio ser anhelas 
Ahora jurisdicción ? 
Dueño soy de mi intención, 

Y soy la misma que fui , 

Y quiero poner aquí 
Límites á mi deseo. 
Contra mí misma peleo : 

i Defiéndame Dios de mí 1 
¿Que quiera yo no pensar, 

Y que me falte el poder ? 

¿ Qué quietud puedo tener, 



Sin dejar de Imaginar, 

Que me pudiera olvidar 

Tan presto un hombre? i Ah traidor f 

Engañoso fué tu amor. 

¡ Qué es esto ! ¿Estoy reprobando 

El pensar, y estoy pensando ? 

I Incurable es mi dolor! 

No quiero admirarme yo 

De que á su dama dijera 

Que tengo yo cal)ellera 

Y dientes atados, no: 

Sí de que tan presto halló 

Muger tan á su medida , 

Que tan del todo se olvida 

Quien tanto supo querer. 

Aquí es donde he de perder 

La paciencia con la vida. 

ESCENA II. 

DOÑA JUANA Y LEONOR. 

León. Señora, til prima está.... 

Da. Jua. ¿ No soy la misma que íui ? 

León. ¿Señora? 

Da. Jua, ¿ Qué ha visto en mi , 

Que tan presto pudo ya 
Trasladar tanta firmeza 
En sugeto diferente? 

León, j Ay, señores , que lo siente I 

Da. Jua, ¿Aquella naturaleza 
6e mudó con tal rigor? 

León. En estasis está ya. 
Carruage hay por acá; 
También embarga el amor. 

Da. Jua. Leonor pienso que me ha visto 
Divertida; importará 
Desvelarla, claro está. 
I Qué mal mi dolor resisto ! 
¿ Yo con recato y deseo ? 
¿Qué hace mi prima? 

León. Ahora 

Me pidió un libro, señora , 
De comedias. 

Da, Jua. Yo lo cteo ; 
En libros mas virtuosos 
Fuera mas justo leer, 
La que ha llegado á saber 
Tantos lances amorosos. 
¿ Pensáis que no os escuché 
Hablar anoche á la una 
Por la ventana ? Ninguna 
Imagine que no sé 
Sus pasos y sus secretos : 
Pero yo soy de opinión 
Que sobre seguro son 
Los castigos mas discretos, 



ap. 



ap. 
[ap. 



ACTO Itl, fiSGENÁ IV. 



19 



prima. {Tuse Leonor.) \ky 
i! 

ce que ya 
I cima está 
tro hasta sqall 
esto! ¿Ha da faltar 
mi Tslor? 
istos de amor 
ni pesar. 

ESCENA IIL 

JSÁ, BEATRIZ Y LEONOK. 

¿Qaé me quieres? 

Qui no quieras; 
ito okrameote, 
I oaeTo aocídeote 
ranas quimeras. 
rMjt 

oelM, que ocioso 
uidadoso 
s lo que está 
Bfl solo el 

casa yo. 
{Qué poco que te debió 

tan cruel, 
liga eres ya, 
Ire le esoibias 
olpas mias! 
Y quién, dime, me difá, 
e quiero baeoa 
to enemiga? 

La que en secreto castiga, 
á la pena. 

fuy bien sabes argüir. 
De to escuela habré sacado, 
mi me has culpado, 
5bo sentir. 

nzatepido: ap. 

la escrupulosa 
1 airosa 

tí ofendido. 

ESCENA IV. 

JUANA Y HERNANDO. 

Dios, boy, sefiora mía, 
te á perecer 
, que has de ver 

dama le euTla. 
diamantes 
;ra le did, 
mu naoid 
is brillantes. 

apreciar, 
w plateros. 



Qud no tiene el rey dinéfoi 
Para poderla comprar. 

Da, Jua. ¿Pues cuánto, dime, Taldrlaf 

Hem. Los plateros que la Tlerou, 
Clocó ciudades, dijeron, . 
De las que hay en Berbería. 

Da. Jua. ¿Cómo está mi nombre aquí P 

Hem, Suelta el papel por tu Tida. 

Da. Jua. Muestra, ó perderá! la ytda. 

Hem. i Hay tal desdicha 1 { Ay de mi! 

Da. Jua. Seis nombres hay á Uhk parte, 

Y seis á otra, ¿qué es esto f 
Dime lo que es, y sea presto. 

Hem. Temo, señora, enojallé : 
A mi amo le rogó 
Su dama que le escribiera 
Doce damas; y esto íbera 
Según ella lo ordenó: 
Seis de las que deben ser 
Muy Justamente queridas, 

Y otras seis aborrecida!. 

Da. Jua. ¿Y de cuáles rengo á S6r? 
Hem. Las aborrecidas son 
Esas donde estás escrita. 
Da. Jua. Es un traidor. 
Hem. Sodomita, 

Y sodomita sayoíi. 

No tienes sangre en el ojo, 
Si no rompes el papel 

Y te le comes; que en él 
Se podrá rengar tu enojo 
t!n las tripas mas despacio ; 

Y la joya envolreré 
ISn otro papel que esté 
Mas bruñido y menos laeló. 

Da. Jua. I Válgame Dios! Maestra á T«f. 
4 El papel que le escribí, 
No es ese? 

Hem. Señora sí, 

?ue no le quiso leer, 
así me lo dio cerrado, 
i Qué fuese tal mi torpeía ! 
¡Desdichado del que empieia 
A estar una vez turbado I 

Í Válgate el diablo el papel 1 
lue tengo en la faltriquera 
Pienso que una resma entera» 

Y que hube de dar con él. 
Cuando ello de Dios está... 

I Oigan, y cuál se ha quedado «fi». 

De difunto embalsamado ! 

Da. Jua. i Cielos, que rerleoto yi ! 
Salgan pedasos de vida 
6el corazón á buscar 
Nuevos modos de vengar 
Un alma tan ofendida. 



20 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



¿No soy la misma que fui, 
Cuando aquel hombre adoraba 
Las piedras que yo pisaba? 
¿Qué defectos halla en mi. 
Que me aborrece y^ desprecia? 

Hem. Ya da voces y se abrasa : ap. 
La calentura está en casa, 
Y debe de ser muy recia. 

Da. Jua. Murléndome estoy, Hernando. 

Hem, Muy poquito menos creo; 
Porque según lo que veo. 
Parece que estás penando. 

Da. Jua. ¿Podréme flar de tí? 

Hem, \ Así plega á Dios hallara, 
Señora, quien me fiara 
En una mohatra á mí ! 

Da, Jua. Toma, pues, y escasarás 
El sacarla, y el pedir 
Que te fien. 

Hem. El vivir 
De un cuervo, y cien años mas, 
Plega á Jesucristo, amen, 
Que vivas ; porque te llamen 
Te apelliden y te aciamen 
La dama Matusalén. 

Ya es cosecha desde aquí, ap. 

Lo que hasta aquí fué sembrar : 
Que muger que empieza á dar, 
También va dando de sí. 

Da. Jua. Yo he de ver á esa muger. 

Hem. Si no es cuando va mi amo 
A verla, que es el reclamo 
A que suele responder, 
Es imposible. 

Da. Jua. Yo iré, 
Si es que alguna noche va. 
Tras él. 

Hem. Difícil será; 
Mas yo te acompañaré. 

Da, Jua. Yo, Hernando, solo te encargo 
El secreto por mi honor : 
Que esto es rabia, no es amor. 

Hem. Así un poquito á lo largo; 
Cuando en tercianas procura 
Ser el calor verdadero. 
Esperezos hay primero. 
Que venga la calentura. 

Da. Jua. En un pozo me echaré. 

Hem. Yo lo creo, de barriga. ap. 

Da. Jua. ¿Qué dices? 

Hem. Que nadie diga 

De esta agua no beberé. 

Da. Jua. Hernando, mira que soy 
Muger, y estoy afligida, 
No por no verme querida, 
Sino despreciada. 



Hem. Estoy 

Por, si no fuera barbado. 
Llorar en esta cautela 
Como un muchacho de escuela 
Que está ya desatacado. 

Da, Jua. ¿Qué noche te he de esperar? 

Hem. Yo avisaré la que fuere 
A propósito... y lloviere ap 

Porque se pueda enlodar. 

Da. Jua, Tu esperanza vive eú mí ; 
No nos vean á les dos 
Juntos tanto tiempo ; á Dios. 

Hem. A Dios... Gracias que vencí, ap 

ESCENA V. 

HERNANDO, LEONOR, y DOÑA 
BEATRIZ. 

León. Lindamente lo has parlado. 

Da. Beat. Para estar aborrecido 
Por ser hombre, mucho ha sido. 

Hem. Soy altar privilegiado. 

León, (c Para mí tenéis vos manos. » 
Os pudiera yo decir; 
Pues supisteis reducir 
Mis pensamientos tiranos. 
¿ Porqué no pruebas tus fuerzas. 
Para hacer que tenga amor 
La del eterno rigor? 
•No haya miedo que la fuerzas. 

Da. Beat. ¡Torcer! Si resucitara 
Su padre, no le tuviera 
Amor, antes le pidiera 
Que al sepulcro se tornara. 

Hem. ¡Válgame Dios! ¿Es posible? 

Da. Beat. ¿ Pues tú solamente eres 
Peregrino en las mugeres? 
No ha nacido tan terrible 
Monstruo de crueldad. 

Hem, Ya sé 

Que no se enamorará. 

Da. Beat. ¿Porqué? 

Hem. Porque ya lo está. 

Da. Beat. ¿Qué dices, hombre? 

Hem. No fué 

La que en Teruel se murió 
Tan pegajosa y suave, 
Con solamente un jara ve. 
Que en la vanidad tomó. 

León. Que me des los pies te pido; 
Si verdad fuese, le diera, 
Aunque en camisa me viera. 
Cuanto tengo aquí.... un vestido. 

Hem, Bien te puedes desnudar, 
Que yo sé que algún mirón 
Deseara la ocasión. 



ACTO JII, ESCENA Vil. 



21 



mi amo se ba de andar 
che que qaiera yo. 

Beat. Sea esU. 
*«. Ha de llover ; 

so casa ha de Tolver 
jamas no se vio 
de ñche en febrero. 
■. Sefiora, estoy por saltar 
atento y reventar 
a. ; ftoc tal espero ! 
Beat, Todo hoy está Iloviinando. 
n. Poes goe ha de ser hoy entiendo. 
BetU. Lo del lodo te encomiendo. 
«. ¡Por amor de Dios, Hernando! 
n. Jdoe^ que ha de sospechar, 
fe aqniy qae lo sabéis : 
loche os vengaréis. 
Beai, Bien dices. 

ESCENA VI. 

Decoración de calle. 

HEBNAI^nK) T DON PEDRO. 

Piec/. ¿Hete de hallar? 

el dfa ando tras tí. 

n. No me espanto de eso, no ; 

ado eo loa negocios yo 

neocia del sofí : 

ftierza se ha rendido ; 

oche ha de seguirte. 

Pee/. Déjame solo decirte, 

I mocho para creido. 

Ddo, si yo la veo 

or mi caosa dar 

so, me han de acabar 

atoa y mi deseo. 

ángel te sacó 

odes, pues has vencido 

I en pc^o endurecido 

pnde vencer yo. 

ol»ligacion postrera 

esperanza perdida 

o toda la vida, 

e ofrecértela entera. 

a^ mi honor, mi ser, 

ito tengo en el mundo, 

QO dueño segundo 

en obedecer. 

I. Esta es tu joya, aquí está. 

?ed. Tómala tú, que no quiero, 

el remedio postrero, 

oelva á mis manos ya. 

i yo, Hernando, siquiera, 

is de mi momento hablarla, 

e sea despreciarla? 



Hern. Señor, desatino fuera. 

D. Ped. No puedo mas. 

Hem. Eso es bueno 

Para un hombre condenado, 
A quien los suyos le han dado 
Secretamente veneno ; 

Y para el que está metido 
Por la sala en la capilla, 
De la vulgar campanilla 
Clamoreado y pedido: 
Pero no para un cristiano 
Libre y con entendimiento. 

¿ Quieres que por un momento 
Se haya trabajado en vano? 
Por Dios, que vienen aquí 
Sus pretendientes, señor. 

D, Ped, Hallarán en mi valor 
Lo que halló mi dicha en tí. 
Aquí no tienes qué bacer. 
Bien te puedes retirar ; 
Consigue tú el alcanzar, 

Y déjame el defender. 

Hern. ¿Qué es retirar? ¡ Vive Cristo, 
Que es, señor, cada estocada. 
De mi contrario tirada, 
Para mi cólera un pisto ! 
En Flandes no lo hice yo. 
Aunque el archiduque Alberto 
Daba voces en desierto. 
Tanto que se enronqueció. 

ESCENA YII. 

DON PEDRO, DON JUAN 
T DON ALONSO. 

D, Al. Señor don Pedro Girón, 
Los que son tan caballeros... 

D. Ped. En las leyes y en los fueros, 
¿Qué debo á mi obligación? 
¿Porqué tenemos que hablar? 
Si es porque no he respondido 
A dos papeles, no ha sido 
Culpa, sino castigar 
El haber imaginado, 
Que si favores tuviera 
De doña Juana, los diera 
Ni aun al Cid resucitado. 
A los hombres que han nacido 
Con mi corazón, no es bien 
Pedirles nadie que den 
Las prendas que han recibido. 
Yo sé dar, mas no volver; 

Y ¡ojalá que Dios pluguiera, 
Que en recibir estuviera 

£1 saberlo defender! 
Pero si ya en el valpr 



12 



LOS nVLHQmñ DEL DESPRECIO. 



Parece que ñoáñn sobradas 
Las raiones, las aspadas... 

ESCENA VIIL 

Dichos t el Tío. 

rio. ¿Qué es esto? 

D, Ped. Nada^ sefior. 

D. i/. Yo 08 buscaré. 

D. Jucn. Yo también. 

D, Ped. Entonces acabaremos 
Lo que comenzado habemos 
Los tres. 

ESCENA IX. 

El Tío. 

Por cierto nuiy bien. 
I Pendencia aquí ! ¡ Yo avisado 
Qae ronde la calle I {Cielos^ 
En una hija^ qué desvelos 
Para ni edad babeis dado I 
¿Qué no te pudo templar 
La conocida virtud 
De tu prima en su quietud? 
Ya es de noche, voime á armiirf 
Porque así podré saber 
Si quien me puede ofender, 
Me puede también raitar. 

K$CENA I* 

Sala en casñ de doña Juana, 

DOÑA BEATRIZ t LEONOR. 

Le<m. Quedito, eel^)ra> eaoa 
Pié de natadiln y pierna. 
Da. Beat, ¿CdmoT 
León. Hernando con linterna, 

Y con zapato de vaea. 
En secreto están htblande 
Mas ha de un hora cabal; 

Y ella, si no miré mal. 
Pienso que se está enüildaiido. 

Da, Beat. ¿Cómo podremos saber> 
Si trata de salir fuera? 

León. Yo lo sabré; aquí me espera: 
Pero no te has de mover. 
Si me hicieran reina ahora 
Solo porque no acechara, 
Pienso que no lo tomara. 

Da. Beat. Valiente anor, nadie ignora, 
Que se fundan tus raaeoes, 
Según tu poder contemplo, 
En entapizar tu templo 



De rendidos corasooss. 
Contra quien mas tu poder 
Resiste, mas te previenes; 
Porque de Dios al fin tienes 
Lo absoluto del poder. 

(Sale Leonor.) 

León. Chinellta bj^a. 

Da. Beat, Espera 

A ver si sale. 

León. Eso hago; 

Porqui» no me satisfago 
Hasta verla en la escalera. (Ft¿ 

Daf Beatf Ruego á Dios, que desf reoU 
Vuelva del que va á buscar; 
Porque no llegue á probar 
Los gustos de enamorada. 

{Sale Leonor») 

León. Fli^o hizo para coofl|ígi9 
Doña Juana mi señora ; 
Como un rayo sale abera 
Por la puerta del postigo. 
Ya no tiene que reñir. 
Privilegio nos ha dadp, 
Con haberse enamorado, 
Para podernos rair. 
¿Qué se ha hecho tu galán, 
Señora, que no le veo? 

Da. Beat. Fuese al Brasil ; d deseo 

Y el alma penando estáo. 

León. Ya en su castillo no bay Mros. 

Da. Beat. Sí, que amorosas pasiones 
Han clavado los fogones 
A petardos y á pedreros. 

León. ¿Qué habemi» de bacgr? 

Da. Beat. Bajar 

AI postigo, y aguardarla 
Para solo avergonzarla 
Con mirarla y con callar. 

León. \ Victoria por el amor! 

Da. Beat. Como es ciego dlóle palo. 

León. Desde hoy puede ser Gonzalo (1) 
Enamorador mayor. 

ESCENA XI. 

El Tío armado. 

¡ Que aun así tratan flaquezas 
Mis años tan sin respeto! 
¡Todavía estoy sujeto 
A femeniles ternezas! 
Pensará^ viéndome así. 
La muerte, que ya la he visto, 

Y que armado la resisto. 

(1) Aqni se le olvidé á Lope q«i «1 aáuii 

don Pedro se llamaba 8araM4o. 



AGTQ 111, ESCENA XIV. 



S8 



El Tío, DOÍIA JUANA, disfiazada, t 

HBMAlfDO KEMIADO T COR UNTERICA. 

Bem. Qoedo, que od iiombr* está aquí. 

Da. Jua, SI al¿o pregimU, que soy 
Itoia Beatriz de la Cerda 
Le dirás, para que pierda 
Ls indicios que le doy. 
Tá tf jnsUcU, éiráa 
Qi» va eo caía de aa padre. 

Bem. No hay disculpa que no cuadra 
i^ dicha ; salir podrás. 

fío. i Qviéo va ? 

Hen. Cuaata poade ser. 

Tto. ¿ Quién esf 

Hem. i Qué pregunta eo vano ? 

Hrtido el género humano, 
ÜA hombre y una mager. 

Tío. ¿ Qoiea aa la angar í 

Hem. Señor, 

Daaa Beatriz de la... ¿ qnét 

Da. Jua. De la Cerda. 

Hem. Ya lo se : 

Déla Cerda. 

Tío. i Ay de mi tionor! 

Hem. 4 Podrémonos cacurrlr? 

Tío. ¿DáodeU UeyasP 

Hem, A Tcr 

A n padre. 

Tío. Hasta saber 

La ferdad, la he de seguir. ap. 

I Y qué, sin pedir licencia 
A so prima, va á buscar 
Sa amnante! La he de matar. 
Safrid y tíeoed pacieacia, 
Csrason, 

Hem. ¿Tenemos ya 
?ttaporiat 

río. Sí. 

Bem. Pues Tamos, 

Qw despachados esUmos. 
Tío. Ta muerte en tus pasos va. 



ap. 



ESCENA XIU. 

DON JUAN T DON AI/)NSO, o^ aocae. 

I D. Al. Por aquí suele venir, 
* T podremos acabar 

Lo ya empezado á tratar, 

I^ésla suerte. 
D.Juan. En recibir 

Presentes, es muy dichoso. 

Sólo en reñir también ; 

Porfíe dos veces le den 



Título da venturoso. 

D. Al.Amíum habéis da dijar, 
Si viene solo. 

D. Juan, Eso no ; 
Con él he de reñir yo. 

D. Al. ¿ Y yo 08 hab^-é de mirar ? 
Al que de nosotros tiene 
Mas antigua competencia 
Le toca aquesta pendencia. 

D. Juan. Quedo, que pienso que viene. 

ESCENA XIV. 

Dichos, DON PEDRO v HERNANDO. 

D. Ped. Mira que vendrá cansada* 

Hern. Venga, y déjala cansar, 
Por lo que te hizo andar 
Con el alma aperreada. 

D. Ped. Basta ya, Hernando, no mas; 
Mira que es escuro y llueve. 

Hern. Muger que ha sido de nieve 
Así la derretir¿8. 

D. Ped, ¿ Quieres apostar, Hernando^ 
Que se ha de volver á ir? 

Hem, Muger aue empieza 4 seguir, 
Derrengada y cojeando. 
Se irá tras un hombre á Plandes. 

D, Ped, Mucha será tu impiedad ; 
Que es mucha la oscuridad. 

Hem. Y tus Ignorancias grandes ; 
En llegando á conocer 
Por las centellas el fuego, 
Te ha de descubrir el juego, 
Y has de venirla á perder. 

D. Ped, Pues alúmbrala siquiera; 
Que estamos lejos los dos. 

Hem. Zarpa ha de haber, vive Dio 
(Mata ¡a linterna,) 

D. Ped, No tienes amor. 

Hem. Quisierí 

Ponerle ceniza en lodo ; 
Porque conozca que es barro 
El presumir mas bizarro 
De las mugeres, en todo. 
Ahogúese, aunque es mancilla 
Ver una muger así. 
¡ Ah quién me trajera aquí 
La hacienda de Sevilla ! 

D. Al. Señor don Pedro. 

D.Ped. ¿Quién va .^ 

D. AL Los que hoy quisieron saber 
De vos, si el no responder 
Fué desprecio. 

D. Ped. Claro está. 
D. Al. Pues siendo asi, no tenemos 
Que detenernos en nada; 



/ 



24 



LOS MILAGROS DEL DESPRECIO. 



Sirra de lengua la espada, 
Qae coD ellas hablaremos. 

{Meten mano y riñen.) 
Tío, dentro. Así castigar podré 
Ta mal pensada traición. 

ESCENA XV. 

Dichos t DOÑA JUANA. 

Da, Jua. Señor don Pedro Giron^ 
Amparadme. 

D. Ped. Sí haré ; 
Caballeros, acudir 
A las mugeres es justo^ 
Que para nuestro disgusto 
Tiempo queda en que reñir* 

D. Ai. Sois en efecto Girón, 
Coya calidad sabemos, 
Y no es bien que os estorbemos 
Tan precisa obligación. 

ESCENA XVI. 

Dichos t el Tío. 

D, Ped, ¿ Quién es ? ¿ Quién va allá? 

Tío. Yo soy. 

D. Ped. ¿ Quién ? 

Tío. El padre desdichado 

De esta hija^ que le ha dado 
El ser que perdiendo estoy. 

D. Ped. Señor don Luis. 

Tío. Yo tomara. 

Que porque nadie me viera 
En mi deshonra, se abriera 
La tierra y que me tragara. 

Hem. No te des por entendido, 
Que no es su hija. 

D. Ped. Sí liaré : 

¿ Qué ha hecho ? 

Tío. Yo os lo diré. 

De su inquietud ofendido 
Con doña Juana, señor, 
De la Cerda, mí sobrina, 
La puse, cuya divina 
Virtud y heroico valor 
Pensé que ia conviniera; 
Y ai contrario, divertida 
En las cnlies > perdida 
La haiio de esta manera. 
Dádole hubiera la muerte : 

Pero quién, .«-eñor, pensara. 
Que de una santa tomara 
Los consejos de esta suerte I 
No le falta sino hacer 
Milagros. 

Hem. De piedra y Iodo, 



Para dar en él con todo. 
Después que empezó á querer. 

D. Ped. Con justa causa os confieso 
Que ahora os podéis quejar; 
Pero no es este lugar 
Para hablar, señor, en eso. 
Mi señora doña Juana 
La reñirá, y vos allí 
También con ella. 

Da, Jua. \ Ay de mí ! ap. 

Tío. ¿ Qué no pudieron, tirana, 
Los consejos de tu prima 
Moverte á no me afrentar ? 

D. Ped. Yo la tengo de llevar. 

Tío. El que como yo os estima, 
Que os obedezca es razón. 

Hern. ¡ Linda va la cazolada ! 
En la santa acreditada 
Se metió la tentación. 

D, Ped, Disimulad, y llevemos 
A su casa, esta muger, 
Que se ha querido valer 
De mí : y luego podremos 
Reñir. 

D. Al. A tanto valor 
No replico. 

D. Juan. Sea así. 

Hern. La buena es la mala aquí, ap. 
Y la mala es la mejor. 
Amantes, nadie sea necio 
En pretender, y avisen 
En lo visto ; que estos son 
Los milagros del desprecio. 

ESCENA XVII. 

Sala en casa de doña Juana, 
BEATRIZ Y LEONOR. 

Da. Beat. Lindamente se cerrara 
La plana de venturosa, 
Si fuera yo tan dichosa 
Que mí padre la encontrara. 

León. Con atrancarle el postigo 
Ahora al volver, perdiera 
La paciencia ; pero fuera 
Todo el enojo conmigo. 

Da, Beat. Si va haciendo con querer 
Nuestro negocio, no es justo 
Qne le pongamos ai gusto 
Estorbos que lo han de ser. 

León. En ia puerta principal 
Llaman. (Vase,) 

Da. Beat. Baja, y quién es mira. 
I Dios me libre de su Ira, 
Si le 1^ sucedido mal ! 
¡ Casi de su parte yo 



ir 

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ACTO III, ESCENA ULTIMA. 



25 



Eftvyporsentíríoya! 
¡Yal^áme Dios ! ¿ SI Tendrá 
Gbo la can que IIctó ? 

U<m. ¡ JesQS ! Todo va perdido. 

Da. Beat. ¿ Quién era? 

ift». Un muy gran tropel; 

T tD padre y ella en él. 

ik. Beat. ¿ Pues cómo no me has pedido 
ilfencias* 

Leen, Y de enlodada 
fitoe tal, que es menester 
Hra limpiarla, meter 
Todo ú Testldo en colada. 
«Qué habernos de hacer? 

Da. Beat. Callar; 

Qk i nosotras no nos toca^ 
Leonor, sino punto en boca, 
I Tobamos con mirar. 

ESCENA ULTIMA. 

Toóos. 

Tío. Lo que pretendo es saber 
Si mi sobrina le dio 
Ucencia ; porque sino> 
Üo ba de quedar á deber, 
Eo agravio tan dispuesto, 
Kada mi honor al sentir, 
i ViTe Dios que ha do morir ! 

Do. Beai. ¿ Quién ha de morir ? 

lio. ¡Qué es esto! 

i Quién eres, muger? 

D. Ped. Aquí 

Solamente os ha tocado 
El quedar desengañado; 
hn Jo demás á mí. 

Da. Jua. Tampoco quiero que tos, 
S es que queréis defenderme, 
Lo hagáis después de ofenderme. 

D. AL ¡ Qué es esto ! 

D. Juan. ¡ Válgame Dios ! 

Da. Jua. Yo soy : ¿ de qué os admiráis? 
Si pensáis que me ha sacado 
De mi casa algún cuidado 
Amoroso, os engañáis. 
Lismageres que nacimos, 
Señor don Pedro Girón, 
Con sangre y estimación, 
lasque las otras sentimos. 
¡ Tiwt Dios, que he de raber 
Quién es esta vuestra dama, 
Por quier. mi opinión y fama 
Se ha echado tanto á perder! 
Qoe esto solo me ha sacado 
De mi casa. 

Da. Beat. Y con razón. 



León. ítem mas; el espigón 
Con su poco de cuidado. 

Da. Beat, Mírala, y calla. 

León. Sí haré. 

D. Ped. Pues si eso no mas ha sido, 
Sfíñora, á lo que haheis ido, 
Mi dama os enseñaré : 
Pero habeisos de obligar 
De hacer con ella por mí 
Una cosa. ¿ Hareisla ? 

Da. Jua. Sí. 

D. Ped. Primero me habéis de dar 
La mano, de que en lo justo 
Por mí habéis de interceder; 
Que yo sé que ella ha de hacer 
Lo que fuere vuestro gusto. 

Da. Jua. Esta es mi mano. ] Hay rigor ap. 
Tan grnnde ! ¡ Que esto me pida I 

D. Ped, Pues esta que tengo asida. 
Sola es mi dama. 

Da, Jua. i Ah traidor ! 

¿ NucTos engaños ? 

D. Ped. Señora, 

Aqueste de Hernando fué ; 
Que yo siempre os adoré 
Con la misma fe que ahora. 

Da. Jua. ¿ Luego nunca habéis tenido 
Otra dama? 

D. Ped. Si criara 
Dios nuevo mundo, no hallara 
En mi corazón rendido 
Lugar otro pensamiento ; 
La muerte pudiera hallar 
Propósitos que mudar : 
Pero no arrepentimiento. 

Da. Jua. i A dónde está Hernando? 

Hem, Aquí. 

León. Mira si nos engañó. 
Con una misma nos dio. 

Da. Jua. i Tü, no me dijiste á mí, 
Que tu amo me afrentaba, 

Y que otra dama tenia ? 

Hem. Mentí en lo que no sabia, 
Por ver lo que deseaba. 

Y como le vi tan necio 

Y tan firme en su pasión, 
Lo dije, porque estos son 
Los míiagros del desprecio. 

D. Ped. Los favores que pedíais 
Tengo >0; mas engañados 
Los llamáis favores dados, 

Y que los diese queriais. 
Porque no creáis en nada, 
Que muger tan virtuosa 
Recibía codiciosa 

Para dar enamorada : 



26 

Aqoi 08 desengafio yo ; 
Unos criadoi riñeron. 
En el suelo los pusieron 

Y Hernando se los cogió. 
¿ Darélos ? 

D. Al. De Hernando son 
De mi parte. 

Da. Jua. Y de la mia. 

Hem. Vuestra ba sido la hidalguía, 
Si fué mía la invención. 

D, Al, Justamente merecéis 
Que se os muestre mas humana 
Mi señora doña Juana. 

Da. Jua. Es verdad, razón tenéis; 

Y ya tan humana estoy, 
Que por lo mucho que gano, 
Si ahora estima mi mano 
Con el alma se la doy. 

D. Ped, Yo con el alma también 
La recibo como es justo. 

D. Juan. Y ios dos con mucho jg^usto 
Os damos el parabién... 

Da. Beat. iPñm^t 

Da, Jua. Mo me digas nada; 



LOS |VU4fiRQ9 m^ PESPRfi€IO. 



Que harto has hecho con QO habUr, 

Ck»n mirarme y eon callar. 

Si te reñí enamorada, 

Desde hoy te disculparé : 

Que ya conozco mejor 

Las fuerzas que tiene amor, 

Después que me enamoré. 

'León, i Pretendiste resistir? 

Hem. No, Leonor, pero tomara 
Que ninguno se casara; 
Por solo oirle decir 
Al obispo de Antloquia, 
Que una comedia se ha hecho 
En que no tuvo provecho 
El cura de 1^ parroquia. 

León, Tuya soy, Hernando mió. 

Hern. Advierta que no hay braguero. 

León. Quebrado 6 sano t^ quiero ; 
Que ya con el aqaor mió 
No tienen l^s In4i^ i>recio 
De amor y de estimación. 

Hem. Yo lo creo ; y estos son 
Los Milagros del desprecio. 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Sí Lope se hubiera detenido é meditar ia combinación dramática de etCa come- 
it, seria como la anterior una de las seis que no pecaron contra el arte grave- 
mate. Pero este hombre, yerdaderamente estraordinario por la fecundidad y loxanía 
k ta imagiDacion, por su ficüidad asombrosa para componer versos llenos y armo- 
notos, por su destrexa en manejar la lengua castellana , parece que quiso fundar 
n gloria literaria, no en la periseelen y corrección de sos obras, sino en el mayar 
lómero de ellas. 

U Esclava de su Galán no es una comedia perfecta, y lo hubiera sido sin duda. 
B Lope hubiera qoerfdo saear de so asunto todo el partido de que era susceptible. El 
carácter de la heroína es tan amable, está tan bien desenvuelto, y presenta situaciones 
tin interesantes, que es un moddo en su dase; y un hermoso original digno de 
Lspe. El hombre apacible y bueno, que sabia amar ; que conocía toda la ternura, toda 
li energía, y 1m satrifleios de fue es capas una muger enamorada, pudo solo imaginar 
d personaba úb Elaoa. Apasionada coo vehemencia de don Juan, y agradecida por el 
ncriAcio ana baca renunciando ia rica prebenda que le alcanxó su padre; cuando le 
le arrojado de sii casa, espatriado y pobre, por no separarse de su amada, le ocurre 
d pensamiento estraordinario de fingirse esclava, y vendarse á don Femando con 
d designio de apaciguar su calera y reconciliarle con su hiJo. Esta resolución, que nace 
de ia pasiMí, produee an interés verdadero, y escita en ios espectadores sentimientos 
Dobks y ganarasaa. á vacas saosibia y apasionada, á veces airada v zelosa, y al fin 
arrelMtada da daapecba, cnando rasga la escritura y se declara, manlílesta siempre una 
pssion prateoda y al mitmo tieaipo un pundonor sin límites. Sería aaeno de nuestro 
propósito copiar todos los paaages aa que brillan sus sentimientos y la fuersa de su 
earicter. Ldanse con ateocioo todas las escenas en que habla, y aehaUáran pmebaf de 
flrti verdad. La última escena del acto s^ando es muy Interesante. 



llMi Asa. §k Mgrtsr eiti »agfgr Serlo de im graadt de Eeptfla t... 

Ha «é» aCuiiS, qaa agrsvi^ ¿Quién hizo aquáUisauaiiut 

La iwdad de aseoíro «üar, Mcijor ¡MUiáa g^rdidat 

mia i Padrt, y ta venganu Para cuando quiera Dios. 

E}ec«ta eo mi, que eoy ¡ Qué bien ! ¡ qué buena cristiana ! 

Desdiebado en ta desgracia. Dios la cumpla sus deseos. 

JMt El. i Ea Tueslra merced! ¿ forqaé, ¡ Ay de aquella desdidiada 

Sí a^asuis la Mtaaa Tendida por oo tniáor ! 

Pbr esta dama, qoa piada 

Cooio eilo pudieran cUane muchos jtroios escelantes, llenos de sentlmieoto y de 
verdad. 

Q carácter de don Juan, d de don Fernando y Serafina, son también interesantes, 
lao variados y están bien soetenidos; pero el de Pedro es necio y empalagoso. Parece 



le el poeta la poso da inCeata para desgraciar las mejores escenas; porque le haea de 

I Bodo, q«» ea ves de rlaa, esdta ia indignación de los oyentes. Era ep aquel tieanno 

laa f«iia dramálka el introducir an toda clase de comedias un personage iuimiloe. 



chocarrero, onf remolido y hablador que divirtiese al pueblo bajo; y Lope obedeció esta 
ley eiaclainf ote. 

£1 tíempo qfue pasa entre el orimero y el segundo acto nos parece un defecto muy 
BoCabie. Los amores de dofia tierafina y de don luán, que empiezan á entrar en la 
aedoQ al fin del acto segando, producen interesantes escenas por los lelos de Elena ; 
no iMViaii un nueva enlace, y doMeron manifestarse desde el principio, combinando- 
Im eu la filuda oon umm adarlo. 

Lm pctaoMges de Bkarda y noiviielo son inútiles, v el enredo que fingen con el ob 
jeto de Ikvarsei Elena, le inventó el poeta sin necesidad para el desenlace. 

El ostílo de Lope es noble y urbano, y la versificación fácil, fluida y armoniosa. SUi 
éoda por este mérito narticnlar, que nosotros le envidiamos, le han dado algunos el 
sombre de buen versificador negándole d de poeta, que tan Justamente ha merecido. 

AuDfae no tenemos d desgraeiado placer de rebuscar defectos en las obras agenas, 
hevea lodfeado lea qpe advortÉanoa en esta comedia; y á pesar de ellos, creemoa que si 
■oaaMM liéM ae dedican i lietedlfii» seria uoa de las mas interesantes de onaatio 
teatro. 



28 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



PERSONAS. 



DON JUAN, amante de 

DOÑA ELENA. 

LEONARDO, hermano de 

SERAFINA. 

BIGARDO. 

DON FERNANDO, padre de don Juan. 

FINEA, esclava de Serafina. 

INÉS, criada de doña Elena. 



PEDRO, criado de don Juan. 

ALBERTO. 

FLORENCIO. ' 

Un notario. 

ANTONIO, criado. 

FABIO, criado de don Femando. 

Criados. 

Acompañamiento. 



La escena es en Sevilla, y el trage la española antigua. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de calle. 

DON JUAN, DE ESTUDIANTE GALÁN, 

Y DONA ELENA. 

Da, El. Esto se acabó, don Juan. 
D. Juan, No es ese lenguaje tuyo ; 

Y de ese término arguyo 
Que mal consejo te dan. 

Da. El, Eso de argüir es bueno 
Para escuelas. 

D.Juan. ¡Novedad! 
Elena, tu voluntad^ 
Sin argumentos, condeno. 

Da, El, Supongo que la he tenido. 

D, Juan. \ Qué mala suposición I 

Da. El. ¿Pues yo, don Juan, qué lección 
O facultad he leído? 

D, Juan, Aguardo la consecuencia. 

Da. El, Habla como para mí. 

D, Juan, ¿Qué puedo hablar para ti 
Con tan cansada licencia? 

Da. El. ¿Quieres que la tome yo, 

Y te diga lo que siento? 

D,Juan, Prosigue, que estoy atento. 

Da, El, ¿Pues has de enojarte? 

D, Juan, No. 

Da, El. Yo soy hija, don Juan , de un 
hombre indiano, 
Hiialgo monlafies, muy bien nacido : 
Dióme su luz el cielo mejicano, 
Que fué para nacer mi patrio nido; 
Mas la fortuna, resistida en vano, 
Por sucesos, que ya los cubre olvido, 
Le trajo á España con alguna hacienda, 
O persuadido de su amada prenda. 



Divídese Sevilla, como sabes. 
Por este ilustre y caudaloso rio ; 
Senda de plata, por quien tantas naves 
Le reconocen feudo y señorío. 
Tiene una puente de maderos graves. 
Sin pies que toquen á su centro frio; 
Mano, que las dos partes divididas 
Por una y otra parte tiene asidas. 
Hizo elección mi padre deTriana, 
Patria de algún emperador romano, 
Para vivir ; la causa fué una hermana, 
O por no se meter á ciudadano. 
Finalmente, pagó la deuda humana. 
Con su muger, el venerable anciano, 
Dejándome, ni rica, ni tan pobre, 
Que el sustento me falte, ni me sobre. 
Aquí he vivido con tan gran recato, 
Que se puede escribir por maravilla ; 
Puesto que de Triana, verdad trato, 
Pasé dos veces solas á Sevilla. 
Pienso que así mi condición retrato; 
Pues habiendo de aquesta á aquella orilla 
Paso tan breve á dividir sus olas^ 
A Sevilla pasé dos veces solas. 
Una, con gran razón, á ver la cara 
Del sol de España, que nos guarde el cielo; 
Porque estando en Sevilla, se agraviara, 
Si no le viera, la lealtad y el celo : 
Otra, por ver la máquina tan rara 
Del monumento, la mayor del suelo; 
De suerte, que á ver fui cuanto se encierra 
De grandeza en el cielo y en la tierra. 
Mas como siempre en los mayores dias 
Las desventuras suelen ser mayores, 
Tú, que tan libre como yo, vlvias. 
Viste en mí la ocasión ¿e tus errores. 
Seguísleme á Tiiana, y las porfías 
De tus paseos, escribiendo amores. 
Aunque rasgué con justo enojo algunos, 
Mostraron lo que vencen importunos. 
Yo te escribí, para decirlo en breve. 



ACTO 1, ESCENA I. 



29 



ibten te amé, porque entendía, 
Asamiento, que al honor se debe, 
el pensamiento dirigía, 
el necio mío, ya se atreve 
¡otrada como á prenda mia : 

00 libertad, y en este medio 
s es imposible mi remedio. 

! vale cinco mil ducados 
oda eclesiástica que tienes, 

1 de tu padre los cuidados 
^nden á mas de que te ordenes. 
saste, que sin ser casados, 
Triana de Sevilla vienes, 

de perder el honor mió, 
;jo te dio tu desvarío, 
jpe, y ese mismo dia 
Lio de Jerez, que estimo 
e, el cual dispensación traía 
irme luego con mi primo. 

tu ingratitud sabia, 

1 sí con lágrimas me animo ; 
'te por su hijo muy gozoso, 
entro de un mes será mi esposo. 
»mbre noble hubiera entretenido 
uger de prendas con engaños, 

> de ordenarse ; aunque hoy han 
ido 

e tu maldad los desengaños ? 
etú burlar mi amor vencido? 
gastaras infinitos años 
ras de amor, no me vencieras, 
\ fueras, si Narciso fueras. 
, don Juan, resuelta, y es mas justo, 
itado tan alto, que te ordenes ; 
es razón y de tu padre gusto : 
1 cinco mil ducados tienes, 
ono el engaño, aunque fué injusto : 
speres de mi sino desdenes : 
pecho de traiciones ofendido 
i pasa desde amor á olvido. 
an. Elena, á tantas verdades, 
»puesta darte puedo, 
tiMias las concedo 
er dificultades? 
)rque' te persuades 
verdad te engañó? 
ando te quise yo 
-ebenda tenia, 
que amarte sabia 
lo que amor me enseñó, 
e alcanzó después 
a, de que yo estaba 
aando no buscaba 
Q ni mas Ínteres, 
¡recer esos pies, 
le iil lo sentí, 



Y si parte no te di, 

Fué porque no quise, Elena, 
Que partiéramos la pena. 
Que era sola para mí. 
Pasó adelante mi amor 
Encubriendo mi desdicha, 
No empeñándote á mas dicha 
Que algún honesto favor : 
Pero si por ser traidor 
Tomas venganza en casarte. 
Bien puedes desengañarte 
De que amor me ha permitido, 
Que me hubiese sucedido 
Con que poder obligarte. 
¿Ves la renta, y ves también 
De mi padre el justo enojo? 
Pues de todo me despoja, 
Aunque mil muertes me den. 
¿Será entonces querer bien, 
O mentira, si me obligo 
Para cumplir lo que digo ? 
Mira sí es prueba de fe, 
Pues todo lo dejaré 

Y me casaré contigo. 

¿ Puede hacer mayor fineza 
Un hombre por lo que adora? 
¿Creerás entonces, señora. 
Lo que estimo tu belleza? 
Dirás tú que es mas riqueza 
Ser, Elena, mi muger ; 

Y sabré yo responder, 

Que aun el propio ser perdiera. 
Si no siendo, ser pudiera 
Que fuera tuyo sin ser. 
Pues quien dejara por ti 
El propio ser en que vive, 
No hará mucho en que se prive 
De lo que es fuera de sí. 
Yo voy á hablar desde aquí 
A quien licencia nos dé. 

Da. El. Detente. 

D. Juan. Ya no podré. 

Da. El. ¿Qué intentas? 

D. Juan. Tú lo verás. 

Da. El. Loco estás. 

D. Juan. No puedo mas. 

Da. El. Mira tu honor. 

D.Juan. ¿Para qué? 

Da. EL ¿Tanta renta, no es error? 

D. Juan, ¿ No has visto un niño, que viene 
A dar un doblón que tiene. 
Porque le den una flor ? 
Pues haz cuenta que mí amor, 
Que amor en nada repara, 
Como el ejemplo declara 
Si lo que ve le contenta, 



so 



LA EStíLAVA M dU ÓALAN. 



Es niño y deja la renta, 
Por el clavel de tu cara. {Vate.) 

Da, El. Aunque es verdad que tanto bien 
deseO; 
Quiero tanto á don Juan, qué me ha pesado 
De que quiera él entrar precipitado, 
De esta locura, por mi humilde empleo. 
Pero el grande peligro en que me yeo^ 
Amando amada, sin tomar estado. 
Animando el temor, templa el cuidado, 

Y me parece que mi bien poseo. 
¡Gran fineza de amor I Pero cumplida. 
Tantas desdichas pueden ofrecerse. 
Que en dejar á don Juan me va la Tlda : 
Mejor es apartarse que ofenderse. 

Que una muger que quiere y es querida, 
¿En qué puede parar sino en perderse? 

ESCENA II. 

Calle diferente: á la derecha fachada de 
casa con balcón, 

DON FERNANDO t ANTONIO. 

Ant, Como si fuera mia me ha pesado. 
D. Fem. Pues á mí no me da mucho 
cuidado : 
Hacienda tengo, gracias á los cielos. 
Ant, \ Qué no puedan armadas ni des- 
velos 
Contra aquestos rebeldes holandeses ! 

D, Fem, Ayudan los ingleses; 
Mas no siempre suceden sus fortunas 
Con tal prosperidad, que si hay algunas 
En su favor, nuestro descuido ha sido. 
Ant. El Draque muerto ya, quien es 
vencido 
Basta que á esto la memoria aplique. 
D. Fem, Mas cerca en Puerto -Rico el 

conde Enrique... 
Ant, ¿En Cádis y el Brasil, qué os han 
tomado? [quedado, 

D, Fem, Diez mil pesos serian, y han 
Gracias á Dios, cien mil, y solamente 
Para don Juan mi hijo. 

Ant. Nadie siente 

Bien de vuestra elección, siendo tan rico. 
D. Fem. A la Iglesia le aplico, 

Y trato de ordenarle brevemente. 
Por causa que me obliga, 

Que no á todos es bien que se la diga. 
Tiene de renta cinco mil ducados 
Que vale la prebenda ; y mis cuidados 
Le llegarán á diez, á lo que creo. 

Ant. El estado es tan alto, que su empleo 
No puede ser mayor ; pero quisiera 
Que vuestra casa sacesion tuviera 



Dilatada á los ttUrtoÉ. 

D. Fem, Eslé i 

Nace de aborrecer el easami 

Ant, ¿Porqué razón .^ ¿No 

D,Fem. 
Que es sacramento sadto; 
Pero pues sois mi amigo, est 
Que quiero, y es razón, satlsi 

Ant. Y yo escucharos, mas 
deros. 

D. Fem, Pasé á las Indias, 
Casé con una dama, y aunque 
Cansóme, Antonio, como propli 
Que en conquistar mi amor no f 
Llevando pues la edad suelta la 
Me enamoré de una criolla airosa 

Y no muy linda; asi en el mundo pasa 
Por lo feo, dejar lo hermoso en tmsA, 
Esto de los conjuros que sabia, 
Aunque es necia disculpa de casttdOtf^ 
De suerte enloqueció mi fantasía, 
Que el depósito fué de mis cuidados i 
Tuve en ella á don Juan, que xso tenia 
Hijos de mi muger, con que elevados 
Quedaron mis sentidos : que es loettra 
Que quien todo lo acaba no la cura. 

Ant. Admiración me ha causado 
Que bastardo sea don Juan. 

D. Fem. ¿Qué pierde, ricoy galtin. 
Si el rey le ha legitimado? 

Ant. ¿Y qué hace ahora t 

D. Fem. Pasando 

Está en mi huerta. 

Ant. ¡Estudioso 

Mancebo! 

D. Fem, E¿ tan virtuoso. 
Que siempre le estoy rogando 
Deje el estudio, y porfla, 

Y ahora debe de ser, 
Porque presto ha de tenef 
Un acto de teología. 
¡Caso estraíio! ¡Maravilla 
Rara, que este mozo sea 
Tan honesto, que no vea 
Una muger en Sevilla, 
Habiendo tanta hermostira ! 
En esto no me parece. 

ESCENA III. 

Dichos y LEONARDO. 
León. Justo parabién merece, 

Y ha sido mucha cordura. 
Estoy, señor don Fernando, 
Enojado con razón. 

¿Cómo en tan grande ocasión 
Nos olvidáis, despreciando 



ACfO 1, ESCENA IV. 



31 



liad 7 yediidad f 
TK. De la plata que he perdido 
Denta hubiera sido 
Dbre 7 no amistad. 
De la plata do sé nada ; 
ÚM alcanzó 
k) qne digo yo 
en rason fundada; 
t casando á don Joan, 
¡s con tanto secreto, 
n». Si et burla, ¿para qué efeto? 
i Burla, si él y Pedro están 
», qoe por temor 
licencia le den 
se amoneste? 
ni. Bien : 

o engaño! 

Y mayor 
creer así; 
nei han informado, 
cataréis airado 
els. 
n. ¿Don Juan ? 

Sí. 
», 4 Vístelo r 

Si no lo tiera, 
niera á decir? 

ESCENA tV. 

DON JUAN T PEÜHO, wt 9bnMti. 

[K. ¿En fin, mandó recibir 
Información? 

Espera, 

mi señor aquí ; 
ida lo que tratamos, 
Tande peligro estamos; 
ibe, a7 de ti. 
n. ¿Donjuán? 
«. ¿Seüor? 

n. Yo pensé, 

pasando estabas 
erta. 

n. De ella vengo : 
seo qne salga 
• de teología, 
lonor y mi fama. 
n. fiien dices : bien se conOrma 
lidado que andas 
e, pues que ya 
íceoeia sacas. 

tape! ap» 

1. ¡Yo, señor! ¿Qué dices? 
íTit Dominus, que estaba 
DtraTimos per portam 
int en la saJa, 



D. Fem. Hyo, no reeibaa peda, 
M los colores te salgan 
Al rostro, que en dar estado, 
Mucho los padres se engañan 
Contra el gusto de los hijos. 
Oime, por Dios, si te casas $ 
Que cien mil ducados tengo ; 
Tu padre soy. ¿Por qué causa 
Fias tu secreto á un mozo, 
Y de tu padre te guardas? 
¿Hay otra luz en mis ojos. 
Mi otros ojos en mi cara? 
D. Juan, Señor... 

D. Fem. No te turbes, di. 

Ped. Conflesa, señor. ¿Qué aguardas? 
Advierte que dice, que eres 
Oculorum de su cara. 

D. Juan, Señor, si verdad te digo, 
Por tu gusto me ordenaba; 
Yo no soy para la Iglesia, 
Casóme con una dama 
Virtuosa y bien nacida. 
Aunque pobre. 

D. Fem, ¿Esas palabras 
Han salido de tu boca. 
Sin que yo te saque el alma? 
Fuera. (Saca ia espada.) 

León, i Estáis en vuestro seso ? 
¿ Para vuestro hijo espada 1 
D, Juan. Señor don Fernando. 
D. Fem. t^uera. 

Ped, Cogevitur éü la trampa. 
León, Teneos. 

D. Fem. ¿Que he de tenerme t 
¿Vil bastardo, así se hallan 
Cinco mil ducados? Fuera. 

Ped. ¿Bastardos los padres llaman 
Los que ellos hacen ? Que estotro 
Como él le hiciera en su casa, 
¿Qué le costaba salir 
Mas por muger que por dama? 

D. Juan. Señor, pues quisiste bleii, 
Cuando sin disculpa andabas 
Con la madre que me diste, 
¿Porqué mis años infamas? 
¿Tengo yo culpa d6 ser 
Bastardo? 
Ped. Verítas clara. 
D, Fem, Ahora bien, por los presentes 
Con la infame vida escapas : 
Vete de Sevilla luego. 
Que la hacienda que pensaba 
Dejarte, al primer convento 
La dejaré por mi alma. 
Ola, echadle esos vestidos 
Y libros por la ventana. 



32 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Idos, picaro. 

Ped. Señor, 

Yo no me caso. 

D. Fern. Si á casa 
VoWeis, yo os haré colgar 
De una reja. 

Ped, iQuare causa? 

¿Soy yo pierna de carnero ? 

D. Fern, Ea, los bastardos vayan 
Al rollo de Écija. 

Ped. ¿Yo? 

¿Mas que también me levanta 
Qué nos hizo á los dos juntos? 

León. Mirad, sefior^ que se para 
Gente á escuchar vuestras voces. 

Ant, Entraos^ señor, que ya basta. 

ESCENA V. 

DON JUAN Y PEDRO. 

Ped. \ Buenos quedamos ! 

D. Juan. i Qué quieres ! 

Como eso los hombres pasan 
Por amor. 

Ped. Si fuera amor 
Persona^ como es fantasma, 
¡ Qué de veces me le hubiera 
Dado dos mil cuchilladas ! 
¿Al rollo de Ecija á un hombre 
Que mañana se ordenaba 
De vísperas? Vivit dominus, 
Que ha de ir á Roma. ¿Esto pasa? 
¿ Qué habemos de hacer? 

D. Juan. Morir. 

Ped. Las puertas cierran. 

D. Juan. Cerradas 

Debe de tener también 
Quien las cierra^ las entrañas. 

Ped. ¡ Qué cerca estás de llorar I [tas? 

D. Juan, ¿ Pues de eso, Pedro, te espan- 
¡ Ayer un coche y criados, 
Casa, hacienda, padre y galas, 

Y hoy cerradas estas puertas ! 
Ped. Presto se abrirán si llamas, 

Con decir que te arrepientes^ 

Y que te ordenen mañana. 

D. Juan. Aunque mil muertes me den. 
De proseguir no dejara 
El casamiento de Elena. 

Ped. Desde la Elena troyana 
Ha quedado por herencia 
Quemar Troyas, perder casas : 
Mas quiero darte un consejo. 

D, Juan, ¿Cómo? 

Ped. Deja la sotana^ 

Y viste galas y plumas. 



Finge que te vas á Italia^ 

Y entra á pedirle la mano; 

Que es padre, y le hará en el alma 
Cosquillas la ausencia. 

D, Juan. He visto 

Gran crueldad en sus palabras. 

Ped, No creas en esas furias ; 
Pídele la mano, y saca 
Por fuerza una lagrimilla, 
Que se la moje al tomalla. 
Que tú le verás mas tierno 
Que una cocida patata. 

D. Juan. ¿Y si no puedo llorar? 

Ped. Lleva la valona untada 
De la mona^ con cebolla, 

Y haz que te limpias^ que basta 
Para que llores seis días. 

D. Juan. ¡O Elena! ¡O bien empleada 
Pena! Ayude tu hermosura 
El ánimo que desmaya. 
Ver la que pierdo por tí. 

Ped. Ya arrojan por las ventanas 
Tus vestidos. 

{Arrojan los vestidos ^ libros y otras 
cosas, ) 

D. Juan. ¡ Bravo enojo ! 

Ped. Anda la mar alterada, 

Y aligeran el navio : 
Voy á buscar mi sotana. 

D, Juan. \ Ay Dios 1 i Si se han de peí 
De doña Elena las cartas, 

Y una cinta de cabellos! 
Ped. ¡Qué joyas! 

D, Juan. Joyas del alma. 

Ped. Cierto que hay almas buhonerai 
Pues andan siempre cargadas 
De cintas y de papeles. 

D. Juan, ¡Ay mi Elena! 

Ped. \ Ay mi sotan 

D. Juan, i Ay papeles ! 

Ped, I Ay gregüesco 

D. Juan, i Ay mis cintas ! 

Ped. \ Ay mi car 

D. Juan. Quien supiere que es amor 
Apruebe mis esperanzas, 

Y no diga que estoy loco, 
Pues quedo con sola el alma. 

ESCENA VI. 

Decoración de calle diferente. 

SERAFINA T FINKA con mantos, 
Y RICARDO. 

Ser, No me habéis de acompañar. 
Ric. La vida, señora mía, 
[ Podéis, no la cortesía, 



ACTO I, ESCENA VI. 



3% 



eodo, qnitar. 

b MD las calles lagar 

tar casaifiJeDtos. 

i se han de dar á tos Tientos 

tro iojusto rigor, 

onde irán mejor 

»pio6 eiemeotos? 

ijame pasar. 

Teneos, 
ibais enojos, 
rida de esos ojos, 
blar en mis deseos. 
;^es en qué? 

Vuestros empleos 
iteria sin mi. 
f qué me direís así? 
oe estáis muy mal empleada. 
If estaTiera mejorada 

Presomo qne sí : 
le no haya en don Jaan 
ides merecimientos : 
rtros pensamientos 
s qué fin tendrán 
Q mañana se ordena. 
lé lo o amor condena 
Dger principal, 
quede tan mal, 
aedc con su pena ? 
iccion se comprende 
uso ó verdadero ; 
creto, primero 
LO de lo que emprende : 
que espera no entiende, 
tiene del daño ; 
spera con engaño 
fin oculto está ; 
é disGolpa tendrá 
na con desengaño? 
o, Ricardo, ya que os veo 
tan declarado, 
ez de Tuestro cuidado. ' 
mi propio empleo, 
roe deseo. 
1 se crió conmigo, 
ladre gran amigo 
y lo es de Leonardo 
ano. 

Mas causa aguardo. 
2ué mayor de la que digo? 
amor con la edad, 
i í ¿Quién imaginara, 
presto comenzara 
la voluntad? 
pió fíié amistad 
e lionpfJa IgDOrancia; 



Pero la perseverancia 
Juntó las cosas distantes, 

Y desde amigos á amantes 
No bay un paso de distancia. 
Queríame bien don Juan, 
Pagábale yo también ; 

Pero en medio de este bien, 
Que bienes presco se van, 
O fué como era galán, 
Admitido de otra dama, 
Cuyas perfecciones ama, 
O yo le desagradé ; 
Que aunque él lo niega, lo sé. 
Que me aborrece y desama. 
Hágole seguir de día 

Y de nocbe. ¡Caso estraño, 
Que no tome el desengaño 
Quien tanto hallarle porfía ! 
Ni en casa de amiga mía 
Largas visitas dilata, 

Ni con sus amigos trata. 
Ni le han visto hablar ni ver 
En calle ó campo á muger, 

Y con tibiezas me mata. 
Muerta entre tantos desvelos, 
Sin saber que puede ser. 
Soy la primera muger 

Que tiene zelos sin zelos : 
Asegura mis recelos 
Con regalarme, y jurar 
En oyéndome quejar ; 
Pero en materias penosas, 
No hay cosas mas sospechosas 
Que el jurar y el regalar. 
Aquí viene la elección 
De su padre, y aquí viene 
Pensar que el amor no tiene 
Amistad con la razón . 
Bien sé que mi pretensión 
Ningún fin puede tener ; 
¿Pero quién ha de poder, 
Amando, dejar de amar, 
SI hay tantas leguas que andar 
Desde amar á aborrecer? 
Esta, pues hai>eis querido 
Saberla fué la ocasión; 
Pude amar por la razón, 
Ricardo, que habéis oído; 
Pero no dar al olvido 
Tantos años de amistad, 
Que bay mucha dificultad 
En mudar el pensamiento, 
Cuando está el entendimiento 
Si^eto á la voluntad. 

Ric. Habeisme favorecido ; 
Que un discreto desengaño 



34 



LA ESCLAVA DK SU GALÁN. 



Nanea hizo tanto daño 
Gomo un engaño fingido. 
Yo vo\ muy agradecido 
AI bien que aqueste me ofrece; 
¡ Mirad qué premio merece 
Quien le tiene por fafor, 

Y si agradeciera amor, 
Quien desengaño agradece! 
Con esto palabra os doy, 
No de no amaros, pues veo 
Ejemplo en vuestro deseo, 

Y desengañado estoy; 
Mas no hablaros desde hoy 
En mi fina voluntad, 

Ni estorbar vuestra amistad : 
Quered á don Juan, que es Justo, 
Porque no es amar con gusto 
Donde no hay dificultad. 
Que si venganza quisiera, 
¿Qué mayor que ver que amais. 
Donde el amor que empleáis. 
Ni fin ni remedio espera? 
Rogaré ai tiempo que quiera 
Templar esta ardiente llama, 
No obligando á quien os ama 
Los méritos que tenéis. 
Aunque licencia me deis 
Para querer otra dama. 

ESCENA VII. 

SERAFINA Y FINEA. 

Ser, {Cortés caballero! 

Fin. Tanto, 

Que lástima le he tenido : 
Fuerte desengaño ha 8ido. 

Ser. Toma, Finea» este manto j 
Que no es tiempo de mirar 
En lo que no puede ser. 

Fin. Notable cosa es querer. 

Ser, Mas notable es olvidar. 

ESCENA VIH. 

Dichas y LEONARDO. 

León, ¿Serafina? 

Ser. Hermano mió, 

¿De dónde? 

León. Vengo admirado 
De dos cosas, con razón, 
De casa de don Fernando : 
La primera, que se casa 
Don Juan. 

Ser, ¿ Qué don Juan, hermano? 



León. Don Juan su hijo* 

Ser, ¿Es posible ? 

Lean. Debajo de hábitos largos 
Suele haber muy poco juicio, 
i Qué bien su padre ha empleado 
Lo que le cuesta el ponerle 
En un estado tan alto 1 
Loquillo ignorante, en fin. 
Un mozuelo enamorado. 
Que arroja hacienda y honor, 

Y estudio de tantos años, 
Por lo que mañana creo« 

Y aon ho> estará olvidado^ 
Si lo tuviese esta noche, 
Como en el alma en ios bniiot. 
La secunda que me admira. 
No es el ver al padre airado, 
Porque es grande la ocasión r 
Pero el ver que llegue á tanto. 
Que después de haber qoerido 
Matarle desesperado, 

Ha echado con grande nota 
P(fr las ventanas abajo 
Toda su ropa y vestidos, 
Sus libros, y cuanto hallarotí 
Ser del pobre caballero. 
Parece que te ha pesado* 
Ser. ¿Pues á quién no ha de posar, 

Y con mas razón á entrambos, 
Que nos criamos con él? 

León. Entra, que quiero qne vamOs 
A hablarle esta tarde juntos; 
Si vive, porque ha quedado 
De cólera casi muerto. 

Ser. Hasta ahora fué mi daño ap 

Un imposible de amor; 
Ya es masor, pues es agravio; 
Porque, ¿quién podrá sufrir 
Loszelos uesengañado? 
Que el amar un imposible 
No ha menester desengaños. 

ESCENA IX. 

La calle segunda, 
DON JUAN Y PEDRO de soldados Cf>:f 

BANDAS Y I»LU1AS. 

D. Juan, Ya vengo como tú quieres, 
Ped, Y como el tiempo lo manda ; 

Esto de plumas y banda 

Es hechizo de mugeres : 

Mucho se ha de holgar Elena. 
D, Juan. Mi padre quisiera yo. 

¡ Ay mi casa, quién te vio 

De tantas riquezas llena 



ACTO t, ESCENA X. 



%% 



Dte paní nif ; 
I te Te cerrada ! 
¿ Qué la cólera pasada 
1 (ie ser para tí? 
Koa. fio me des á eonocer, 
uo hombre tan airado, 
itó, mal informado, 
Udiada muger. 
¿Mal informado? 
tan. ¿Pueé not 

¡ Bien baya amen, pues lo et^, 
abe honrar las mageres! 
ton. ¿Nací de las piedras jof 
\ O sabrosos animales, 
ombre el que os tiene en poco! 
tan Yo á lo menos estoy loco. 
fio todas nacen iguales , 
B han de ser brujas 
9 que andan á chupar, 
menester preguntar 
lie pierna ü de agujas. 
leíate, don Juan, 
lio puedes perder, 
18 perdió por muger 
iendo mas que una^ Adán, 
irtuosaal (Qué santas 
an aquella culpa ! 
«, que tiene disculpa 
Be pierde donde hay tantas, 
ion. Ea, acaba de llamar. 
A mi echarán me^ señor; 
larla que olor, 
euo fuese de azar; 
iOM> algún cascóte. 
^um. i Pues para qué me he vestidb? 
El cuento fiejo iia Tenido 
pedir de cogote. 
Mkse los ratones 
brane del gato; 
ues de un largo rato 
putas y opiniones, 
I, que acertarían 
aerle un cascabel; 
idando el gato con él, 
irse mejor podían. 
m ratón barbicano, 
go, bociquiromo, 
-espaouo el grueso lomo, 
senado romano, 
s de hablar culto un rato : 
n de todos ha de ser 
! ¿e atreva á poner 
icabeJ al gato r 

hion. Ya entiendo, que haber Venido 
o, Pedro, invención, 
uñar, la ejecución. 



Ped. ¿ No tienes apercibido 
El llanto para la mano 
Cuando te la dé á besar? 

D. Juan. Por eso nt» ha de quedar, 
Si mi paiire es hombre humano. 

Ped. DI que su esclavo serás. 

D. Juan. Póngame un clavo ó argolü. 

Ped. Sí no tiene harta cebolla 
La valona, pondié mas. 

D. Jwm. I Ah lie casa ! \ Qué ocasión 
Hoy en la calle perdimos ' 

Ptd. Muy emplumados veniíhos 
Para próuígo y lechon. 
Tú. ni en vestido ni cara 
Tu papel puedes hacer. 
Que yo bien puedo tener 
Piasa en cualquiera piara. 

ESCENA X. 

Dichos y DON FERNANDO. 

D. Fem. i Quién es ? 

D. Juan. Un hombre, señor. 

Que ya no merece nombre 
De tu hijo, pues es hombre 
Que no mereció tu amor. 
Voy á Fian des á morir 
Entre fieros enemigos; 
Pues que no supe entre amigos 
En tu obediencia vivir; 

Y aun ojalá que en Triana 
Me matara una pistola. 

D. Fem. No es tu desvergüenza sola 
La que hiciste con sotana : 
Con plumas puedes volar, 
Porque ya quedas de suerte; 
Que solo pueden valerte 
Por la tiei ra ó por la mar. 
Vete, y en tu viua creas 
gue me has de volver á ver. 

D, Juan. ¡O qué presto has de saber 
La muerte que me deseas! 
Pero siquiera, señor. 
Porque me has criado, mira 
Que no es nobleza la ira, 

Y el perdonar es valor : 
Solo te pido la mano; 
Merezca tu bendición. 

D. Fern, Donde uo se da perdón, 
Es la bendición en vano. 

D. Juan. ¿I'ues es posible, señor. 
Que me dejéis ir asi ? 

D. Fem. ¿Y tú, parécete á tí 
Que me has dejado mejor P 

D, Juan, No era yo para el estado 



o6 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Que tú me querías dar. 

D. Fem. Ni yo para transformar 
Un sacerdote en soldado; 
Que si de tí no me vengo, 
£s poique aunque no lo fuiste, 
Basta que serlo quisiste. 
Para el respeto que tenga 
Clérigo te imaginé. 

Y de haberlo imaginado 
Ya tienes algo sagrado, 
Con que luego te dejé. 
Vete, y no pares aquí, 
NI sepa tus desvarios. 

D. Juan. Ojos, no parecéis mios, 
Pues no me vengáis de mi. 

Ped, Dale cebolla, que ya 
Parece que se enternece. 

D. Fem. \ Qué poco el llanto merece 
Con quien ofendido está ! 

D. Juan, ¿ En fin, me dejais así ? 

D. Fem. Esto es hecbo. 

D. Juan. I Qué rigor ! 

Ped. Dale cebolla, señor. 

D. Fem. Vele, pródigo. 

Ped. ¿Y á mi 

No me oirás por su cochino, 
Hablando con reverencia? 

D. Fem. ¿Más qué incitas mi paciencia 
Para hacer un desatino? 

D. Juan. Muy de otra suerte aquel padre 
De familias recibió 
A su hijo. 

D. Fem, Y lo hiciera yo; 
Mas no es posible que cuadre 
Aquí la comparación ; 
Que aquel vino arrepentido. 

Ped, Si, mas no le has parecido 
En la debida porción. 

D. Fem. Tenia parte en su hacienda, 

Y esa no tiene don Juan. 
Ped. Señor... 

D. Fem. Vaya el ganapán. 
Ped. Dalo cebolla. 
D. Fem. No entienda 

Que ha de ver mas esta casa. 

ESCENA XI. 

DON JUAN Y PEDRO. 

D, Juan. Fuese. 

Ped. Nada aprovechó; 

Mas señas le he visto yo, 

Y todo en efecto pasa. 
Otros hijos se han casado. 

i). Juan. Sí, pero la bendición 



Del padre, aunque haya perdón, ' 

Es desgracia haber faltado. 
Ello ha de ser con su gusto 
Porque así lo manda Dios. 

Ped. Pues volvámonos loe dos, 
Que yo sé también que es justo. 

D. Juan, ¿Elena? 

Ped. En Triana está 

Labrando una verde manga 
Para el venturoso día 
Que casados juguéis cañas. 

D. Juan. Camina, Pedro, á la puente, 

Y pasemos á Triana ; 
Que grandes resoluciones 

No quieien grandes tardanzas. 

Ped ¿Enfln te casas? 

D.Juan ¿Qué quieres? 

Tengo la palabra dada. 

Ped. Oíros tienen dadas obras 

Y no cumplen las palabras. 

D. Juan, i Qué villano estuvo, ay cielos ! 
Ped. Antes no ; pues que le dabas 
Cebolla y nunca la quiso. 
D. Juan, Camina, Pedro, á Triana. 

ESCENA XII. 

Sala en casa de doña Elena, 
DOfiA ELENA É INÉS. 

Da. El. Las sombras de mi temor 
Ya DO dejan alegrarme 
Con cuanto dices que viste. 

in. Propia condiciou de amantes : 
Quitaste el crédito al bien. 
Con que dejas de gozarle 
Mientras le admites dudoso. 

Da. El, i Qué viste, ines, esta tarde, 
Para tanta uicha mi a, 
A don Juan mudado el trage ! 

Jn. Digo que le vi con plumas; 
Mira si pueue mudarse 
En mas diferente forma 
Quien ayer era estudiante. 

Da El. i Ay Dios! Si ya mi fortuna 
Se mostrase favorable 
A mis deseos ; mas temo 
Que al mejor ticnjpu me falte; 
Porque como no son justos, 
No dejan asegurarme 
En esperanzas que duren, 
i>ino en penas que me maten. 
¿ Quién ha de pedir al cielo 
Que deje para casarse 
Un hombre tan ai|o estado, 



ACTO I, ESCENA XIII. 



37 



sota, hoDor Un grande? 
, que solo paras 
181o ! ¿ Porqné haces 
justas? Dirds 
discalpa bastante 
r nacido ciego. 

ESCENA XIII. 

, DON JUAN T PEDRO. 



Jaoiaion? 

m. Entra y no llames. 

Toniaa ya la posesión? 
ni. Vengo, mi señora, á darte 
áoo de la fe 
supiste obligarme. 
iqui, si por ventura 
r deseaste 
"ansa de aer tuyo, 
i ya no se alaben 
hicieron finesas, 
tMi con esta iguales. 
iporta que desde Abido, 
d estrecho pase? 
il se iguala al enojo 
Dble y airado padre I 
» yo la Ucencia, 
lara casarme, 

que no tendría 
[»n publicarse, 

quien se lo <Újo... 
es justo cansarte 
tar tigres, leones 
fieras semejantes ; 
espada, no pudo 
presentes matarme, 
le Uevaba yo 
leles que me guarden : 
18 puertas eo fio, 
ló que me arrojasen 
Ten tanas mi ropa, 
eodiendo probarle, 

1 trage en que me ves, 
partirme á Flandes, 
la bendición ; 

tan inexorable, 

lapudealcamar; 
ame que le alabe 
cosa, que en sus iras 
parecido notable. 
lia echado roaldiciones« 
anchos padres hacen 
ente, porque á muchos 
Dios que les alcancen. 
B ha dado consuelo. 



Y esperanza de gozarte 
En paz, dulce pi-enda mia; 
Que algún día haremos paces. 
Es justo acuerdo, y es fuerza 
Por algún tiempo ausentarme 
De Sevilla; y dar lugar 

A que este enojo se pase, 
Porque el mayor dura un mes, 
Al fin del cual, á casarme 
Volveré á Sevilla alegre : 
Tú en tanto mira que pagues 
Esta fe, este amor... No puedo 
Pasar, mi bien, adelante. 

Ped. Andamos con la cebolla 
Tan tiernos, que en todas partes 
Lloramos sin ocasión. 

Da. EL Pensé, don Juan, alegrarme 
Con verte, y estoy mas triste 
Habiéndote visto, que antes : 
Todo el discurso fué alegre 
Hasta llegnr á ausentarte. 
Porque ¿dónde habrá paciencia 
Que para tu ausencia baste? 
Siento perderte de vista 
No presumiendo que engañes 
Una muger que te adora ; 
Porque para no casarte. 
No era menester dejar 
La riqueza de tu padre. 
La dignidad de tu oficio, 
Dando lugar á que hable 
Toda la ciudad de ti ; 
Pero si es fuerza dejarme, 
¿ Di me dónde vas, mi bien ? 

D. Juan. El amor, Elena, es grande, 
Que mi padre me ha tenido; 

Y aunque este puede templarse 
Con el agravio, es muy cierto. 
Que mi ausencia ha de obligarle 
A notable sentimiento, 

Cun que piadoso me llame. 

Iré á la corte, y de allí 

Escribiré por instantes 

Al mayor amigo suyo, 

Para que el perdón me alcance» 

Vuelvo á aflrmar la palabra 

De ser tuyo ; y porque es tarde 

Para pasar atrevido 

Con las postas por tu calle, 

Solo te pido... 

Da. EL Detente, 
Mi señor, que es agraviarme 
ludirme fe ni memoria; 
Porque primero que falte 
A tantas obligaciones, 
) Se verán las altas naves 



LA BWLAVA W Sü ^Al-AN. 



S8 

De este rio en las estrellas, 
O que las estrellas bajeo 
A ser de sus aguas peces, 
Y rompidos los cristales 
Del cielo, caerán sus polos 
Dividido el sol en partes. 
¿Qué muger debió en el muQ^o 
Amar tanto, aunque llegase 
A perder por tí mil vidas? 

Ped. En fin, liie», hoy se parten 
Soldados, los que ayer fuero» 
Pacíficos estudiantes : 
Así va el mundo. 

¡n, i O qué mano, 

Picaron, pensarás darte 
En aquel Madrid con plumas! 

Ped. ¿Con pluma»? ¡ qué di^parfif^l 
Mal conoces sopalandas ; 
Gorrón, echal^a yo lances 
Famosos ; que donde quieri^, 
Se cuelan los de este ti age. 
A d(« veces de ver plumay. 
Lo que no pasa se sabe ¡ 
Échaiise mucho de ver : 
Mas ya mi amo se parU; 
¿Has de tener fe en ausencia? 

¡n. Antis, Pedro, que me falte, 
Estará el sol donde suele ; 
Porque ¿quién podrá quitarle 
De donde le puso Dios ? 
Ped. Estas si que #on yerbadas- 
D. Jwin. Mi bien, yo me voy, á Píos; 
Que partirme aprisa, nace 
De que esie tiempo gue pierdo. 
Para la vuelta se alargue. iVüse,) 

Da. El £1 cielo va) a contigo. 
Pedro, mira que regales 
A donjuán. 

Ped. Sio tí, señorf / 

No habrá resalo que baste. 
¿Que mandas para Mauríd? 

Da. El. Que acuerden», si me olvidare, 
A don Juan... 

Ped. No me lo digeSi 

NI UnU firmeza agravies. 
Da. El. Abrásame, Pedro. 
Ped. TenU, 

Que haráse que don Juan me abrase, 
Para quitarme el abrazo. 
Da. El. Zelosa quedo y cobarde. 
Ped ¿Deque? 

Da. El. De ver que ^ pooa 

El sol, que en mis ojos sale; 
Que un Maorid, y aquellos años, 
¿Qué lealtad quieres que guarOfiU? 

•WWWWVWVVW 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de calle, 

LEONARDO, PEDPO Y PON JUAN. 

León. Antes fuera maravilla 
Venir con menos cuidado. 

D. Juan. Enojos de un padre airado 
Me sacaron de Sevilla, 
Y vuélvenme los deseos 
De la ocasión á saber. 
Qué fin puedo prometer 
A mis dudosos empleos; 
Para que vos, á quien tiene 
Respeto por amistad. 
Rompáis la dificultad. 
Que á mis desdichas previene. 

León, Yo no sé cómo ha de ser, 
Don Juan, que podáis volver 
Eternamente á su agrado; 
Porque después que á la corte 
Os fuisteis, se ha procurado; 
Pero con su pecho airado 
Nu hay medio humano que importe : 
Antes hablándoie, jura 
Que un esclavo ha de buscar, 
A quien le piensa dejar 
Su hacienda. 

D. Jwm. \ Estrafta locara ! 
Hágame su esclavo á mi. 

Ped, No sino á mí, que podrá 
Con mas propiedad. 

D. Juan. ¿Qué está 

Tan airado P 

León. Ayer le vf 
Con tal determinación : 
¿Mas cómo os fué, me decid, 
En Madrid? 

D. Juan. Llegué á Madrid, 
Leonardo, en buena ocasión, 
Para entretener los ojos, 
Que el alma no era posible. 
Mientras airado y terrible 
Ejecuta i*us enojos. 
Ped. Tu padre, señor. 
D.Juan. lAy triste! 

Leonardo, á Dios; no me vea. 

ESCENA II. 

LEONARDO, DON FERNANDO 
Y FABIO. 

D. Fern. No te fispantM que uo crea 



ACTO II, ESCENA iV. 



59 



dieet;itáleTl8t6T 

D^y sefior, qoe le ▼<. 

TU. Basta, Leonardo, que Pablo 

le para mi agravio, 

lel TiUaDo aquí. 

Aqoi está ; qoe le han traido 

jr enfermedad; 
sis a la piedad, 

áspid el oido; 
toca en vuestro honor 
er á don Juan 
m. Gentil favor le darán 
lad y mí valor : 
Dioe, r^rque en llevando 
míe por él me pierdo. 

Vos, eomo prudente y cuerdo 
señor don Fernando, 
en e«to habéis de liaoer : 
B tanto, y perdonad, 
'é con mf amistad 
lejarle perder. 
isa le he traído, 
e pienso curar. 

•m. flaréisme an grande pesar, 
10 lo hagáis of pido ; 
ais muy cerca de mí, 
iréme por Dios. 
La vecindad de los dos, 
tosa te hace á ti? 
em. ¿No podrá ler que le vea 

vei? 

Ya, señor, 
macho rigor. 

ESCENA 111. 

ICBOS T ALBERTO de soldado. 

So habrá en el mundo quien crea 
^terminación : 

fuerza aventurarme. 
^em. Mira quien viene á buscarme. 

Soldados pienso que son. 

Soy, señor, un capitán 

navio. 

'em. ¿ lias qué viene 

r que me conviene 

cer á don Juan? 

Habiendo sabido, que 

buscando un esclavo 
tas partes, que pueda 
tesa consolaros 
hijo que habéis perdido, 
ha dado en ser soldado ; 
go una esclava, que creo, 
hiendo de ser esclavo 
uneute, que Uane 



Prendas, que no las ha dado 

El cielo á muger ningunii. 

D Fem, Amor siempre ha sido engaño 
Esclavo buscaba yo; 
Pero tampoco reparo. 
Siendo ella tal, en que sea 
Esclava. 

Alb. Es tal, que no hallo 
A qué poder compararla. 
Si nu es al precio; que es tanto, 
Qne dice bien sq valor. 

D.Fem. ¿Es negra? 

Alb, Por niogua caso 

Tratara yo en esa hacienda. 

D. Fem. ¿MulaU? 

Aíb. Tampoco* 

D. Fem, Aguardo 

Qné sea. 

Alb. Es india oriental, 
A quien los moros han dado 
Su secta en aquellas tierras. 
Que ahora van conquistando 
Valerosos portugueses. 
En Malaca la trocaron 
A perlas, y un capitán 
La trajo á España del Cabo 
De Buena -Esperanza ; y yo 
La compré siendo soldado 
Del castillo de Lisboa. 
Entra, Bárbara. 

ESCENA IV. * 

Dichos t DOÑA ELENA con cuvo kn 

LA SARBA. 

D. Fem» Es retrato 
De aquella reina de Persia... 

Da. El. Dadme, señor, vuestras manos. 

D. Fem. Hija, no estéis en la tierra ; 
La fortuna os biso agravio : 
Notable miger. 

Fab. {Famosa! 

D. Fem. Adoptaban sus esclavos 
Los romanos como á ^ijos 
Sus apellidos dejando, 
Y su casa en ellos; yo 
Pensaba hacer otro tanto 
Por cierto enojo que tengo; 
Pero puesto que me agrado 
De la escla?a, haré lo mismo ; 
¿Es el precio? 

Alb. Mil ducados. 

D. Fem. Bien dijisteis que en el precio 
Se veria, y se ve claro 
Su valor. 

Alb. No os espantéis, 



40 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Que donde son mas baratos 
Me los han dado por ella ; 
Tiene entendimiento raro^ 
Por comenzar por el alma ; 
El cuerpo estaisle mirando, 
No tengo que encarecerle ; 
Los ojos son desengaño. 
Por virtuosa os la vendo, 
Que á haber sido lo contrario, 
No era precio para ella 
£1 tesoro veneciano. 
Canta, baila, cuenta, escribe, 

Y es con notable regalo 
^Admirable conservera : 

Esto podéis ver despacio 
Si queréis que aquí la deje. 

D. Fem. ¿Cómo te llamas? 

Da. El. Me llamo 

Bárbara, y no por gentil; 
Porque este nombre cristiano. 
En la nave que venia, 
Con el bautismo sagrado 
Me dló mi primero dueño, 
Temeroso de los rayos 
De una tempestad, que tuvo 
La nave en peligro tanto, 
Que haber librado las vidas 
Fué del bautismo milagro. 
Sin esto, junto á los cafres 
Dimos en unos pe&ascos, 
Que sirvieron de rodelas 
A Yblr flechas de sus arcos. 
Como echó su hacienda al mar 
Aquel mercader indiano, 
Guardóme para la tierra, 
Donde le fué necesario 
Remediarse con venderme. 

D. Fem. ¿Cómo, Bárluiri^ esc clavo 
Os puso en la barba? 

Da. EL Fué 

Presumir amenazando. 
Rendir mi pecho á su gusto, 

Y como sé que le traigo 
En defensa de mi hpnor, 
Lona de mi honor Te llamo : 
Que como ponen blasones 
Los que empresas acabaron^ 
Puso por armas mi honor 
Hierro negro en campo blanco. 

D. Fem, ¡Qué bien dicho! Yo lo creo.. 
Ahora bien : cuando me agrado 
De una cosa, pocas veces 
En el dinero reparo : 
Decidme, señora, ¿en cuánto 
Os compró este capitán? 

Da, El. Señor, mientras es mi amo^ 



No puedo contradecirle ; 
Después que me hayáis comprado 
Os lo diré como á dueño. 

D. Fem. ¡ Qué discreción 1 6 

Álb. Si llegamoi 

A conflrmar el concierto, 
Sean quinientos ducados, 
Que me costó cuatrocientos. 

D. Fem. Esos os daré yo. 

Álb. Subamos 

A contarlos, todo en plata. 

D. Fem. En oro podéis contarlo. 
Porque es dar oro por oro. 

Álb, Ya es vuestro suceso estra&o. 

D. Fem. Bárbara, no á ser mi esclava 
Quedáis; que con vos aguardo 
Cobrar el amor de un hijo 
Inobediente é ingrato. 

Da- El. Pues, señor, haré yo cuenta 
Que por él traigo este clavo ; 
Que sirviendo en su lugar 
Esclava seré de entrambos. 

ESCENA V. 

D05ÍA ELENA. 

Esta amorosa pasión. 
Con que se me abrasa el pecho, 
Pues hierros dorados son, 
Por una fineza ha hecho 
Esclavo mi corazón. 
Con darle á don Juan, no huyo 
De confesarle por suyo. 
Mas puede decir después 
Que de dos dueños lo es : 
Esclavo soy ¿pero cuyo? 
Aunque si dudando están. 
Cuyo ha de ser preguntando. 
Mi fe y lealtad les dirán 
Que no soy de don Fernando, 
Sino esclava de doq Juan. 
Verdad es que él me compró 
Y que el amor me vendió ; 
Pero cuando en mi reparen, 
Si cuya soy preguntaren. 
Eso no lo diré yo : 
Porque de concierto están , 
La fe y el amor en mí, 
Que si tormento me dan 
Solo he de decir que fui 
La Esclava de su calan. 
Que mi corazón quebró 
Lo que don Juan le obligó, 
Le digo ai alma y prometo 
De guardar siempre secreto. 
Pues cuyo soy lo mandó. . . 



ACTO 11^ £SC£MA VU. 



41 



ü ooraioD, 
ido que ha perdido 
cieDda y opinión^ 
ote he qoerído 
nta afición ; 
mo restituyo 
ei amor arguyo. 

se eoGubñrá? 
idie me yerá 

ga que soy suyo. 

ESCENA VI. 

)0ÍÍA ELENA T FABIO. 

aciendo está la escritura : 
Lfbara, que quiere 
iscrihaDO. 

Hoy moere 
id, y asegura 

1 fama que adquiere, 
me he menester 

si eo casa me quedo, 

tilia, y sal)ery 

rrar términos puedo, 

los debo tener, 
lora? 

No hay señora. 
i. ¿Hijos? 

Uno. 
/. ¿Edad? 

Mancebo. 
/.¿Qué estado? 

Ei estado nuevo, 
derta pecadora 
lesto en ios ojos cebo ; 
s clérigo estalMi, 

1 casarse. 

7. ¿El nombre? 

[>on Juan. 

7. Yo lo imaginaba : 

ID? 

Es gentilhombre. 
7. Peligro corre la esclava. 
^o corre, que no está en casa, 
r/. ¿Cómo? 

Su padre le echó 
de porque se casa, 
r/. ¿Por eso? 

¿Es poco? 
7. ¿Pues no? 

eso en el mundo pasa ! 
hay mas? 

La cocinera^ 
na que le crió, 
s:/. ¿Es muy vieja? 

Es bechlcera. 



Da. El. ¿Vos, quién sois? 

Fab. Aquf entro yo : 

Soy señor de la cochera. 

Da. El. Sois hombre muy importante. 

Fab. Y otras veces voy mejor. 

Da. El. ¿Cómo? 

Fab. Con plaza de infante : 

Soy víspera de señor; 
Porque voy siempre delante. 
Desde que os ví^ con deseo 
Estoy, por vida de entrambos^ 
De ministrar himeneo. 

Da. El. Mírasme con ojos zambos. 

Fab. Son señas de regodeo. 

Da. El. Entrad, y tened la mano; (Dale.) 
Porque os daré. 

Fab. Ya es después. 

Da. El. Yo no aviso mas temprano. 

Fab. Así me trataba Inés. 

Da. El. Pues tened respeto, hermano. 
Porque yo respondo así. 

Fab. Yo me despido de ti. 

Da. El. Buenas mis locuras van; ap. 
Yo me vendo por don Juan : 
¡Amor, qué quieres de mí! 

ESCENA VII. 

Sala en casa de Leonardo. 
PEDRO, SERAFINA y DON JUAN. 

Ser. ¿Pensarás que te agradezco 
Que á mi casa hayas venido. 
Si necesidad ha sido ? 

D. Juan. Eso y mocho mas merezco. 

Ser. ¿Tú casaite, y no conmigo? 

D. Juan. Cuando venir presooóí, 
Bien imaginé, que en tí 
Tuviera un grande enemigo; 
Mas para desengañarte 
No hallé camino mejor. 

Ser. Responde mi necio amor^ 
Que ninguna cosa es parte. 
Pues tú me engañas á mí, 
Y quieres á otra muger 
Tanto, que te obliga á ser 
Lo que estoy mirando en tí. 
Pedro, aunque tú me has vendido 
También como tu señor, 
¿ Qué me dices de un traidor. 
Que hasta el honor ha perdido? 
¿Pero qué podrá decirme? 

Ped. Amaina, señora, amaina; 
Vuelve la espada á la vainu. 
No mates hombre tan ílrme. 
Que siendo tú la muger 
Con quien se quiere casar, 



42 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



¿Cómo te puedes qociiar? 

Ser. 4 Yo «oy? 

Ped. ¿Pues quién ha de ser? 

¿Hate dicho á ti tu hermino 
Quién es la muger ú hombre, 
Que sepa siquiera el nombre? 

Ser. ¿Luego yo me quejo en vanof 

Ped. ¿ Pues no está claro, que ha sido 
La Jornada y la invención 
Solo para esta ocasión? 

Ser, Amor la culpa ha tenido 
Del enojo que ha causado ; 
Mi desconfianza fué 
La causa, que no pensé 
En verle tan descuidado, 
Que era por mí la Hneza. 
Don Juan, mí desconfianza 
No dio por tanta muUaosa 
Créditos ala tirmeza; 
Perdonad el recibiros 
Con tan injusto desden. 

D. Juan. Cuéntame el quereros bien, 
l^Q deseos y suspiros, 
Como suele suceder. 
Sino hacienda, honor y vida. 

Ser, Vos verei> que agradecida 
Soy, si soy vuestra muger. 

D. Juan. ¿Pues por qujén pudiera yo 
Hacer fineza tan rara? 

Ser. De mis dichas lo dudara, 
De mis pensamientos po. 
Mi hermano pienso que viene, 
No puedo ahora decir 
Lo que (labré de remitir 
Al alma, que deutro os tieoe 
En ella, y eí corezonr 
Como en secreto lugar. 
Los dos podremos hablar 
De esta peregrinaciun, 
Con que me habéis obligado : 
Vuestra e terna nien le soy. 

ESCENA VIH. 

Dichos, menos SbiRAFlNA. 

D. Juan. ¿Necio, qué has hecho? Ya 
Metido en mayor cuidado, [estoy 

Con decir á Serafina 
Que es ella con quien me caso. 

Ped. Si esta mug^r es el paso 
Por donue tu amor camina 
Al fin ue su pretensión, 
No fué engañarla iucura : 
Que pudiera, por ventura, 
Hacer en esta ocasión, 



Que su hermano, por qufeo ya 
Corren estas amistades. 
Pusiera dificultades 
En lo que tratando está, 
Ni se pudiera vivir 
Aquí con esta enemiga. 

D. Juan. Y si habiéndola me obliga ^ 
A lo que no he de cumplir, 
¿Parécete que son cosas 
Que poco después fatigan? 

Ped. ¿Pues á qué esi-ritura obligan 
Dos palabras amorosas? 

D. Juan. Bien dices, que desde aquí 
Hallemos df negociar; 
¿Mas cuándo piensa llegar 
Esta noche para mí ? 
Muero por ir á Triana. 
Muero por ver á mi Elena. 

Ped. Basta un mes de injusta pena. 
Dejemos para mañana 
Ir á Triana, señor; 
Porque si esta noche vas, 
A Serafina darás 
Sospecha de a*geno amor. 

D. Juan. ¿Eso dices? Si pensara 
No verla, estando en Sevilla, 
Tuviera por maravilla, 
Que la vida me durara 
Hasta que el alba saliera. 
I Ay noche ! ven, porque el sol. 
Dejando el polo español, 
Cubra la antartica esfera. 
Deja, sol, que el negro manto 
Pueda tu rostro eclipsar, 
Que aunque temieras el mar. 
No te detuvieras tinto. 
Embarca tu resplandor. 
Que ver la noche me niega : 
Con mis lágrimas navega, 
Que soy todo un mar d« amor. 
Vete, que no he menester 
Celages de tu mañana. 
Que está mi aurora en Triana, 

Y ella me ha de amanecer. 
Vamos, Pedro. 

Ped. Tente un poco. 

D. Juan. ¿No es de noche? 

Ped. En tu sentido 

Tanta es la luz que ha perdido 
Quien*está de amores loco. 

D, Juan. ¿Pues di, no tengo r^zon? 
¿No es hermosa y virtuosa? 

Ped. Virtud, sobre ser hermosa, 
Ks la mayor perfección ; 

Y asi, será justo empleo, 
Pero con mucho juicio. 



ACTO II, ESCENA IX. 



43 



68 para su senricio, 
Dios mi éeMo. 

ESCENA IX. 

Ion en casa de Don Femando. 

f FZñSANUO T DONA ELENA. 

fm^ Tan contento estoy de tí, 
I, que de^de hoy 
mismo que soy. 
?/. Cuanto ha sfdo contra mí 
hora la fortuna 
iooo Jasfameñte, 
I que de nuevo intente 
bien madansa alguna; 
idosa íDe ha traído 
* á un caballero, 
n mi remedio espero, 
rm. bárbara, mi dicha ha sido; 
que lo siento asf, 
n lo que te he fiado ; 
as liavea te he dado, 
pierna por mí 
;, casa y bscienda : 
ie tu entendimíentq 
d estoy contento : 
le tu pecho entienda 
lo menos que te Qo, 
atenta, y sabrás, 
á mí me importa mas, 
1 pensamiento mío. 
|o un hijo... 
El. Ya sé 

i soeeao, señor; 
e lo dijo Leonor 
que en casa entré. 
^em Este pues inobec|iente, 
lo para ordenarse, 
1 que había da casarse, 
»nióse cuerdam<*nte; 
lenso que le matara. 
» á Seyiiia vino, 
en casa de un vecino, 
mi disgusto I9 ampara. 
todos los enojos 
te ha dado este rapas, 
imor metiendo paz, 
e es la lux de mis ojos. 
90 que le aborreico, 
ie sabe de mi 
e he fiado de ti. 
Ei, Dios sabe que lo merezco. 
B'em. Quiero, porque me han contado 
ene enfermo y perdido, 
I, como que has querido, 
OBM con él airado. 



Cuidar de su enfermedad. 

Que como á propio señor 

Le veas, y de mi amor 

Sustituyas la piedad. 

Las llaves tienes, y tienes 

Discreción; en refi;alarle 

Te ocupa, sin declararle 

Que por mí, Barbara, vienas. 

Sino por tu obligación ; 

Que sé que en viendo á don Juan, 

Tan entendido y gaiao. 

Dirás que tengo razón. 

No hay moz» en toda Sevilla, 

No lo digo como padre, 

Mas gallardo : fué su madre 

En Méjico maravilla, 

Y muy princip.il muger; 
Que á ser legitimo amor. 
Mas tiene de su valor. 
Que de mi puede tener. 
Lo primero, has de llevar 
(Esto sin nombrarme á mí) 
Unas camisas, que aquí 
Quedaron por acabar. 

Y toma en esta bolsilla 
Cincuenta escudos, que e^tá 
Pobre, y no los hallará 
Sobre prendas en Sevilla. 
Pienso que me has entendido. 

Da. El. ¿Y cómo, señor? muy bien, 

Y de camino también 
Con el alma agradecido, 
La confianza que hacéis 

De esta humilde esciava vuestra ; 
En lo demás, bien se muestra 
Que piadoso procedéis 
Como padre, imitación 
Del verdadero desvelo. 

D. Fem. Si tú con discrepo c^lo, 
Pues se ofrecerá oc.ision. 
Le pudieses persuadir 
Que dejase de casarse* 

Y que volviese á ordenarse. 
No le dejes de advertir 

Lo que ganará conmigo. 

Da. EL Señor, ¿cómo podré yo, 
Sabiendo que no bastó 
Tu enojo ni tu castigo? 
Pero en fin yo te prometo 
De hablarle en esto, y muy bien. 

D. Fern, Haz, Bárbara, que te den 
Las camisas en secreto. 
Que ya acabadas están ; 

Y si en este amor reparas. 
Yo sé que me disculparas 

Si hubieras visto á don Joan ; 



44 



LA ESCLAVA DE SU 6ALAN. 



Y quiero que se te acuerde, 
Mil ándoQos á los dos^ 

Que siente Dios con ser Dios 
Un hijo que se le pierde. 

Da. El. ¿Ha de ir alguno conmigo? 

D. Fem. Fabio, que te enseñará 
La casa, que cerca está. 

ESCENA X. 

0051a ELENA. 

Alabo, ensalzo y bendigo 
La piedad que usáis conmigo, 
Cielo, en aquesta ocasión. 
Parece que el corazón 
Me miraba don Fernando, 

Y que de él fbé trasladando 
Mi propia imaginación. 

{ Qué podré ver á don Juan 
Después de tan larga ausencia! 
¡ Qué dineros y licencia 
De regalarle me dan ! 
Parece que ya se van 
Declarando en mi favor 
Los cielos^ pues el rigor 
Piadoso de un padre airado^ 
Da cuidado á mi cuidado, 

Y añade amor á mi amor. 
Ahora os satisfaréis^ 
OJos^ que sin luz estáis, 
Que á ver vuestra gloria vais 
De lo que llorado habéis. 
Hoy vuestro dueño veréis, 

Y siempre licencia os dan : 
Tercero para don Juan 

Es hoy quien mas me aborrece, 
Pues me dice y encarece 
Que es gentilhombre y galán. 
I Con la gracia que me hablaba, 
De las que don Juan tenia. 
Como que yo no sabia, 
Que me cuestan ser su esclava ! 
Lo mismo que deseaba 
Me ofrecía liberal ; 
Porque con suceso igual 
Sea mi ejemplo testigo 
De que suele un enemigo 
Hacer bien por hacer mal. 

ESCENA XI. 

Decoración de calle. 

FLORENCIO T RICARDO. 

Fl. No siempre puede amor lo que ima- 
gina. 
Ric. Jur^ no ver, Florencio^ á Serafina 



Después de ver tan claro desengaño; lin i 

Y aunque pensé que fuera por mí daño isie 
Un milagro de amor ha sucedido, j^ 
Que fué con otro amor quedar vencido. 

Fl. Si tiene alguna cura 
La locura de amor es la hermosura i^^ 

De otra muger ; y así dijo un poeta, 
Aunque es pasión que tanto nos scdeta, ^^ 
Para vencer amor, querer vencerle. g. ^ 

Ric. No pienso yo ponerle ...^ 

Remedio tan violento ; ^ 

Pero andando con este pensamiento, ,^__ 

Vi una muger á donde puso el cielo ,^_^ 

Dos estrellas de fuego en puro hielo ; ,^ 

Un talle tan gallardo, honesto y grave, ^^ 
Un mirar tan suave, 
Un andar tan gracioso, ^ 

Y en cada parte un todo tan hermoso, ^ 
Que vivo sin sentido : 

Mas todo lo que veis, ya fué el olvido 

De aquel pasado amor, pues ya me abrasa ^ 

Y me enciende una e^ava de esta casa. '\ 
F/. ¿Esclava? /: 
Ric. Sí. 

FL i Qué bajo pensamiento ! ' 

Ric. Sin verla, no culpéis mi entendí- 
Fl. ¿Es africana? [miento. * 

Ate. Es india, y justamente, ^ 

Que siendo sol viniese del Oriente, [atina '^ 
Fl. Mal gusto, y en que el vuestro des- ' ' 
Dejar el serafln de Serafina 
Por una esclava bárbara. 

Ric. Su nombre, 

Florencio, es ese ; y porque no os asombre - 
Mi pensamiento Justo, ^ 

Mirad su talle, alabaréis mi gusto. 



ESCENA XII. 'I 

DiCBOS T DONA ELENA t FABIO con ^^ 

UM AZAFATE. 

Fab. Esta es la casa. « 

Da. El* ¿Qué tan cerca era? < 

Fab. Quisieras tú que á la alameda fuera, \ 

La devoción de san Trotón te obliga. ^ 

Da. El. Nuuca salgo de casa. i 

F(^. Pues amiga, < 

Si señor te hace dama, ten paciencia, < 

Demás, que las ventanas eo ausencia < 

De la calle, no son poco remedio. 
Da. El. Nunca por ese medio 

Remedio yo la soledad que paso. 
Fab. ¿Ventana no? 
Da. El, ¿Soy yo botón acaso. 

Que tengo de estar siempre á la ventana ? 
Fab. ¿Qué os parece la indiana? 



ACTO II, ESCENA XV. 



45 



trajo todo el oro y pedrería 
rra y ia mar de Arabia cria. 
Entra, Fabio^ y dirás á lo que 
Tengo. 

ESCENA XIII. 

DlCBOS^ MENOS FAfilO. 

negó disculpa de quererla tengo? 

icayo se ha entrado 

s Serafina. [recndo. 

"aera de don Femando algún 

t»ara divina... 

Vuesa nnerced suplico se detenga, 

e el hombre con quien venso, 

nga. [quiero ? 

^rqué pagas tan mal lo que te 

4 Qué obligación me corre, ca- 
.mor DO obliga? [bnllero? 

Obliga con servicios 
os oficios, 

labras y ánimos donceles, 
n tiempo de Adán le daban pieles. 
Quieres tú galas? i Quieres tú 
STo ? [quiero. 

. No puedo yo deciros lo que 
loieres que te rescate? [tinte: 
. Ni por el pensamiento de eso 
^io en esta casa tengo ; 
e mí misma á verme vengo. 
a te he entendido , ¿ quieres á 
toardo? 

. ¿ No es don Juan mas gallardo? 
hies quieres á don Juan? 
'. Como á mi dueño, 

demás ya sé que fueía sueíio ; 
in una muger con quien se casa. 
íes, Bárbara, si sabes lo que pasa, 
i á mí, que en indio me transfor- 
lo te formas [mus, 

I y de oro, 

tú mi sol, indio te adoro. 
i una mano, porque en ella 
i este diamante, [bella. 

fue es muy bella, quedará mas 
. Quedito y salvo el guante, 
m poco arisca, 
i nueve efes de Francisca, 
I, firmesa y fortaleza, 
junta un monte de aspereza, 
tru añadir el ser famosa. 
lies déjame tocar con solo un dedo 
de tu rostro. 

U \ Lindo enredo I 

enta de perdones ? 
>joft que mude de estnciones. 



Ate. Yo he de comprarte á don Fernando. 

Da, EL Creo 

Que aunque busquéis para tan necio empleo 
Mas piedras oro y perins que un poeta 
Pueda pintar un dia. 
No os venderán una chinela mia : 
£1 hombre sale ; á Dios. 

Fi. Muger discreta, 

Pero taimada. 

Ric. Vamos, que yo espero 

Mi remedio en engaño ó en dinero. 

ESCENA XIV. 

DOÑA ELENA y FABIO. 

Fab. Don Juan sale á recibí i te, 
Y las camisas di á Pedro. 

Da. El. Pues vete, asi Dios te guarde ; 
Que tengo cierto secreto 
Que me dijo mi señor 
Que dijese á don Juan. 

Fab. Vuelvo 

Dentro de un hora por tí. 

Da. EL Vuelve, poco mas ó menos. 

Fab, ¿ Quién son aquellos lindones 
Que te hablaban ? 

Da. EL Caballeros, 

Que causados de faisanes ,... 
Ya entiendes, Fabio. 

Fab. Ya entiendo. 

Da. El. ¿ ZelitosP Soy yo muy propia 
Para oír lacayunos zelos. 

Fa6. Por el agua de la mar, 
Que he de darles, si los veo 
Otra vez, uua mojada, 
Que llaman acá los diestros 
La de Domingo Gayoua. 

Da. EL ¿ Son estos los aposentos 
De donjuán? 

Fab. Sí. 

Da. EL Vete. 

Fab. A Dios. 

ESCENA XV. 

Sala en casa de Leonardo. 
DOÑA ELENA, DON JUAN v PEDRO. 

D. Juan. Mal podré tener contento, 
Pedro, con tanta desdicha ^ 
Hoy á mis hábitos vuelvo. 

Ped. No debió de poder mas. 
Que por ventura la hicieron 
Fuerza su tío y su primo. 

D. Juan. 6 Que fuerza, sí fué el concierto 
Que á casarme volverla? 

Ped. Como no lo hiciste luego 



LA ESCLAVA DE SU CALAN. 



46 

Entró la desconfianza^ 

Que no hay cosa que mas presto 

Rinda y mude una muger. 

D. Juan. En lo que su engaño veo^ 
Es en negar sus criados^ 

Y decir, que no supieron 
Quién la lievó ó dónde fué. 

Ped Hablemos, señor, primero 
De esta esclava de Cu padre, 
Que dicen que es su gobierno ; 

Y no mudemos de ropa, 

Que será, sin grande acuerdo, 
Vender risa á la ciudad. 

D, Juan, \ Buen talle 1 

Ped, i Y gentil aseo ! 

D. Juan. No he visto esclava en mi vida 
De mejor traza. 

Ped» El invierno 

Tenga yo tales frazadas, 

Y los veranilos frescos 
Estas colchas de la China. 

Da, EL Temblando me está en el pecho 
El corazón : señor mío, 
Hoy á vuestros pies presento 
Una esclava. 

D Juan. No prosigas. 
¡ Jesús ! ¡ Jesús ! ¿ Qué es aquesto ? 
Alza el rostro, no le bajes. 
¿ Qué es esto Pedro ? 

Da. EL Bien puedo ; 

Si las lágrimas me dejan. 

Ped. Señor, vive Dios, que creo. 
Que ha hemos los dos bebido. 

D, Juan, t Ay Pedro ! Lágrimas bebo 
De un ángel; pero bien dices, 
Que aque>tu es locura ó sueño : 
Habíame, señora mia, 
Habíame, y di me si tengo 
Mi fantasía en tu sombra, 
Fuera de mi entendimiento. 

Ped. Señora, ¿ dime quién eres? 
I Han hecho algún embeleco 
Estas moras de Sevilla ? 
i Eres tú? ¿ Quién eres? Presto, 
Que estoy por huir de tí. 

Da. EL Yo soy, don Juan ; yo soy, Pedro ; 
I Pues quién, sino yo, pudiera 
Arrojar al mar soberbio 
De tu padre, honor y vida ? 
Que de una amiga sabiendo, 
Que dar quería á un esclavo 
Su hacienda, este pensamiento 
Se me puso en la memoria, 
Y ejecutólo el deseo. 
Toye Ul felicidad. 
Que a de tu padre tengo 



Hacienda y casa en mi mano. 
Hoy me descubrió su pecho, 

Y me dij , que sabia 

Que hablas venido en'ermo, 

Y que venias á curarte; 
Siendo yo cierva, que vengo 
Llena de flechas de amor 

Al agua de mi deseo. 
Este dinero me ha dado, 
Tan declarado y tan tierno, 
Que á los ojos se asomaban 
Las lágrimas por momentos, 
Como ventanas doncellas, 
Que andan cerrando y abriendo, 
bijóme, que yo te diese. 
En razón del casamiento. 
Consejos, que no te doy, 
Que son contra mí consejos. 
Fingí hierros en mi cara; 
Porque están los verdaderos 
En el alma, señot mió. 
Donde no los borre el tiempo. 
Hierro es este de mi cara. 
Porque el dei alma es acierto, 
Que solamente por mí 
Se dijo : acertar por yerro. 
Hierro parece, y es flecha 
Que del arco de sus zelos 
Amor me tira á la ÍK>ca, 
Porque le sirva de seiio. 
Haz que me pongan tu nombre 
Porque sepan muchos necios 
Que fundan en intereses 
To os los amores nuestros, 
Que hubo una muger que fué 
Por solo agradecimiento, 
Esclava de su galán 
Por el nombre y por los hechos. 

D. Juan Dulce esclava de mi vida, 
De mi libertad señora. 
Hierro que mi alma adora, 
Señal por mi bien fingida : 
Hoy ha de quedar corrida 
La griega y romana hist ria; 
Pues en vuestro honor y gloria. 
Que para siempre ensalzáis. 
Con esta hazaña dejais 
En olvido su memoria. 
Templado habéis mis enojos : 
Porque ese clavo recelo 
Que es como signo del c^elo 
Para el sol de vuestros ojos. 
Templad también mis antojos, 
Porque está el alma tan loca, 
Que á imaginar me provoca, 
I Que es la señal que eu vos veo, 



ACTO n^ ESCENA XYII. 



41 



} yerre el deseo 

> de la boca. 
es Ida pensé, 

f os busqué en Triana : 
alie de mañana, 
te nocbe pasé ! 
»le que os hallé ! 
1 errado fui ; 
do el hierro aquí 
a cara Ungido, 
Tuestro marido 
aréis á mi. 
I suele eu la imprenta 
letra al papel, 

> á quedar con él, 
ese hierro esenta ; 
ísU el alma atenta 
podrá pasar, 

inmortal lugar 

traer por vos ; 
;to querrá Dios, 
Miamos trocar. 

ESCENA XVI. 

Dichos t SERAFINA. 

eñor^ Serafina. 

r. ¿Quién? 

ver Tengo vuestra esclava. 

m. Esclava, aquesta señora 

ína, la hermana 

irdo, grande amigo 

idre. 

/. ¡ Qoé gallarda ! 

DtU ! i Qué bien dispuesta 

¡ Qué bella esclava I 

i No codiciéis en el mundo 

I ni otra esclava, 

ta u«ma tenéis. 

Pues, amij$a, cómo os llaman? 

/. Bári>ara, señora mía. 

'ves, fiárbara, no sojr dama, 

ger de don Juan. 

r ¿Qué sois vos con quien se casa? 

lo menos lo he de ser. 
/. Eso solo me faltaba ap, 

' el parabién 

lúea esperanza. 

Quien bizo aquellas camisas? 
1. Eáas muiteres las labran, 
en á mi señor, 
iejor estaran guardadas^ 
indo quiera Dios. 
n. Vete con Dios, que te tardas, 



Da. El, Si^ mejores; 
Pues aquí ya no hago falta, 
Y en mi casa podrá ser. 

{Sale Finea.) 

Fin, Aqni , señora, te aguarda 
Una visita. 

Ser. ¿Quiénes? 

Fin. Ta grande amiga Lisarda. 

Ser, Perdonad, señor don Jnan ; 
Luego volveré. 

ESCENA XVII. 

DOÑA ELENA, DON JUAN t l>£í)IÍO. 

D. Juan. No salgas, 
Bárbara, sin que te lleve 
Pedro desde aquí á tu casa. 

Da. El. ¿ Tú me detienes en ttenipd, 
Que está reventando el alma 
Por dar voces ? Si deseas 
Que declare cuanto pasa. 
Bien harás en detenerme. 

D, Juan. Detenía, Pedro. 

Ped. No vayas 

Enojada, hermosa Elena; 
Hasta que sepan la causa 
Por qué dijo Serafina 
Aquellas necias palabras. 

Da. El. Enojada yo, ¿ porqué? 
I Ah perro, quién te sacara 
El alma ! 

Ped. Tente, señora ; 
Tente por Dios, que me matas. 

D. Jwm. SI engañar e^td ttiugei' 
Ha sido ofensa, que agravia 
La verdad de nuestro amor. 
Deja á Pedro, y tu venganza 
Ejecuta en mi, que soy 
Desdichado en tu desgracia. 

Da. El. En vuera merced, ¿ porqué ? 
Si dejasteis la sotana 
Por esta dama, que puede 
Serlo de un grande en España. 
¿ Quién hizo aquellas camisas? 
Mejor estarán guardadas 
Para cuando quiera Dios. 
¡ Qué bien ! ; Qué buena cHstlána I 
Dios la cumpla sus deseos, 
i Ay de aquella desdichada 
Vendida por un tnildor ! 

D. Juan. Si no eücuchas, nadie basttt 
A poder satiáfacerte. 

Da. El. \ Que pusiese yo en mi cari 
Esta cédula, este hierro. 
Que publicase mi infamia. 
Para que todos le lean ! 



48 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Ped. Señora, ¿ porqué te acabas, 

Y quitas la vida á un hombre, 
Que solo de verte airada 

No sabe tomar consejo ? 

Da. El. Hasta ahora no fui esclava. 
Doña Elena fui hasta ahora, 
Ya soy la Elena troya na : 
Incendio soy de mi misma, 
Mi propio fuego me abrasa ; 
Quien me ha robado el honor 
Es quien me vende á mi patria. 
Traidor, Pári$ de Sevilla, 
Firme Elena de Triana ; 
Pero un don Juan hoy me vende, 

Y el esclavo que maltratan 
Huye del dueño ; perdone 
Don Fernando, que á Triana 
Me vuelvo, y de allí á Jerez ; 
Porque esclava por esclava. 

Quiero serlo de mi primo. {Vase.) 

D. Juan. Oye. 
Ped. Espera. 

D. Juan. Tente. 

Ped. Aguarda. 

D. Juan, Ve presto tras ella. 
Ped. Voy. 

D. Juan. Hoy acabó mi esperanza. 



'WV>A«\Af\,'VWW\i 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de calle. 
FLORENCIO T RICARDO. 

Fl. ¿ Esos eran los enojos, 
Recibirle y regalarle? 

Ric. Es padre, no hay que culparle; 
Que los hijos y los ojos 
Tienen poca diferencia : 
Antes bien la inspiración 
De aquella pronunciación 
Suspiros son de su ausencia. 
En efecto, está don Juan, 
Después de tanta porfía, 
Con la paz que antes tenia 
Con hábito de galán. 

Fl. Imagino pensaréis 
Que ama á Bárbara, y tendréis 
De esta sospeciía testigos; 
Pues aunque sois tan amigos, 
No le veis salir de casa 
Sin ver que vergüenza es 
Que los vci:¡no5', dc^ípues 



Que supieron que se caRa, 
Le ven andar al revés. 

ñic. Si amor y zelos tuviera, 
Cualquier injusto rigor 
Fuera como mal de amor, 

Y como amor le sufriera : 
¿ Zelos con una bajeza, 

Que el valor de amor infama ? 

Fl. Donde hay tan hermosa dama, 
Con tanta gracia y belleza 
¿ Una esclava os trae perdido ? 

ñic. Amor no tiene elección. 

ESCENA II. 

DON FERNANDO y FABIO. 

D. Fem. Alguna causa y razón 
Esta mudanza ha tenido. 
Bárbara no tiene ya 
La alegría que solin. 
Muy contenta me servia, 
Tr sle por estremo está. 

Fab. Como don Juan mi señor 
Ha venido y has mostrado 
En regalarle cuidado, 

Y á Bárbara poco amor, 
Estará con sentimiento. 

D. Fem. ¿ Una esclava ha de querer 
Ser como un hijo, y tener 
El mismo merecimiento? 

Fab. Culpa ai principio tuviste; 
Como á hija la trataste, 

Y como el amor mudaste, 

No te espantes que ande triste ; 
Sino es que aquel gentilhombre, 
Que nunca deja esta puerta. 
Algo con ella concierta. 

D. Fem. Con bien diferente nombre 
Me la vendió el capitán. 

Fab. Pues si no es esto, señor, 
Serán zelos del amor 
Que le muestras á don Juan. 

D. Fem. ¿ Es aquel el caballero 
Que dices ? 

Fab. El mismo es. 

León. Con lo que veréis después 
Remediar mi pena espero, 
Que sin alguna invención, 
Ks imposible mover 
El pecho de esta muger. 

Fl. Siempre mas fáciles son 
Con sus iguales, y fuera 
Mejor comprarla. 

RÍL\ Ese intento 

Fuera loco pcnsaiiiiiMilo; 
l'or un niiiluii no la (üera. 



ACTO 111, ESCENA V. 



i II 



|ae repara eo mi. 

tmoa. que os está miraodo. 

ESCENA Ilf. 

K»l FERNANDO t FABIO. 

m. Poes si la esclava ioquietaodo, 
ibio, por aqní, 
darle Á entender 
«to ha de guardar 

ML 

Godidar 
i de esta moger, 
liante : goe es hermosa, 
ipiesa 7 aseo 

el deseo 
entad ociosa. 

prometeráo 
1 eo l»ajeza» 
(oe hay aspereza. 
II. Mucho se tarda doo iuau. 
a caza, sei^or, diyierte. 
■m. Desde que hoy amaneció 
ú campo, aunque yo 
por buena sJiprte; 

eso entretenido, 
le se le ha olvidado 
lieoto tratado. 
odo lo ha puesto en olvido. 

ESCENA lY. 

T DON JUAN VESTIDO DK CAMPO. 

m. Mira. Fabio, ese caballo, 

ro se queda atrás : 

leoof ! ¿Aqui estás? 

i Dío« q'ie te hallo 

alud que deseo. 

nt. Seas, don Juan^ bien venido. 

'D el campo te ha ido, 

un siaio que no te veo? 

oit. Vuelvo á besarte la mano 

favor; pero quiero 

m. Eso no; primero 

a. 

oit. Escucha. 

^11. Es en vano ; 

queda en que ppdrás. 

ESCENA Y. 

!a en casa de don Fernando, 

ON FERNANDO. DON JUAN 
T DOñlA ELENA. 

em. Ola. 



Da. El Señor. 

D, Fem. Llega allí, 

Descalza á don Juan. 

D. Juan. ¿A mi? 

D. Fem. ¿Pues es mas que los demás? 
Siéntate. 

D Juan. Pedro, señor. 
Vendrá ya. 

D. Fem. ¿Qué novedad 
Es aquesta.^ 

O. Juan, Pues, llegad. 

D. Fem. Veu luego á comer. (Vase.) 

D. Juan. * ¡Qué error 

De mi buena dicha ha sido 
El no haberte conocido ! 
Ángel, la mano tened. 

Da. El. Déme el pié vuesa merced. 

D. Juan. Miro si mi padre es ido. 
Para darte mil abrazos. 

Da. El, l>eme el pié vuelvo á decir. 

D. Juan, Ya no es tiempo de reñir, 
Sino de darme los brazos. 

Da. El. Antes los haré pedazos. 

D. Juan, Pues volveréme á enojar, 
Que no te pensaba hablar 
Por los zeios que me has dado, 
Que bien sabes que has hablado 
Con quien me los puede dar. 
De verte me enternecí, 

Y te he perdonado ya. 

Da. El. Tarde pienso que hallará 
Vuesa merced, para mi 
Satisraccion ; aunque aquí, 
Como cera se regale 
Al sol, puesto que se vale 
De la invención que propone; 
Porque uo hay qué me perdone, 

Y del propósito sale. 

Que Ricardo me hable á uu, 
Cuando por la puerta pasa, 
¿Qué importa, si él en su casa 
Habla á Serafina asi? 

Z). Juan. Es fuerza. 

Da. El. Es amor. 

D. Juan. ¿Yo? 

Da. El. Él,w; 

Que hablarme un hombre, saliendo 
A algún recado, ó volviendo 
A casa, no está en mi mano: 
Mas vuesa merced en vano 
Se disculpa, conociendo 
El pesar que me hace á mi. 

D. Juan. Con tautós vuesas mercedes 
Mira que matarme puedes, 
Dueño de mi alma ; asi 
Que desde que te la di 

4 



50 



LA USCLAYA DE) SU GALÁN. 



Aborrecí cuanto amaba. 

Da, Ei, i Daefto yo, siendo su esclava 
De vuesa merced? 

D. Juan. Yg es eso 

Traleion, malicia y esceso ; 
Amor no, condición prava. 
Ya estoy rendido, ¿qué quieres? 
Por Dios, que de tú me nombres. 
¡ Qué tiernos somos los hombres : 
¡ Qué fuertes sois las mugeres ! 

Da. El. ¿Tu dices que tierno ere^y 
¿Siempre habernos de buscar? 

D. Juan* ¿Siempre habernos de rogar? 
¡Quién no se deja morir, 
Para no llegar á oír 
Tu término de matar ! 
¡ Ay, si en el campo me vieras 
Üo pechos sobre una fuente, 
Aumentando su corriente 
Con lágrimas verdaderas 1 

Da. Si. ¿Por Serafina? 

D, Juan. i Hay lucura 

Tan grande! Que si procura 
Su olvide matarme así, 
Yo quiero imitar de ti 
La misma descompostura. 
Señor, esta es doña Elena, 
Con quien pretendí casarme; 
Ven á matarme. 

Da. El. A matarme 

Vendrá primero tu pena. 

D. Juan. Déjame. 

Da. El. La lengua enfrena, 

Loco de mis ojos. 

jD Juan. ¿Qué? 

Da. El. ¿De mis ojos dye? Erré. 

D. Juan. Ya lo d^iste, ya eres 
Mi dueño. 

Da. El. Sí, pues quieres 
Que yo te quiera sin fé. 

ESCENA VI. 

Dichos y pEDRO de caza. 

Ped, i Qracias al cielo, que os veo 
En pai! 

jD. Juan. ¿Cómo te has tardado? 

Ped. El pájaro lo ha causado, 
Que es algún demonio creo, 
i Qué haya quien case en el mando ! 
¡Qué vaya siguiendo, en fin. 
Un hombre con ua rocin, 
Que le despeñe al profundo. 
Aves que andan por ei viento ! 
Solo hallo disculpados 
Los naipes, porque sentados 



Es dulce entretenimiento. 
¿Quién puede en trucos sufrir 
Dos torneadores crueles, 

Y una mesa sin manteles^ 
Con dos varqs d^ pieflir, 
Que parecen las casitas 
De corral de vecindad. 
Con mucha curiosidad 
Tirándose las bolitas? 

¡ Cuerpo de tal con la flema ! 
Pues otros que juegan solos 
Toda una tarde á los bolos, , 
Quebrantándose por temn, 
De que salen derrengados 
Por enderezar la bola ; 

Y otros, qw* con clia sola 
Tiran por sendas y prados 
Con los mallos ó los mazos, 
Si es ejercicio y no vicio; 
La esgrima es lindo ejercicio, 
Para hacer fuertes los braios : 
Que no ejercitar la espada 

Es causa que en la ocasión 
Falte el aliento ; estas son 
Para juventud honrada. 
Les cazas y pajaretes, 
Allá son para los reyes. 
Que tienen libros y leyes; 
Porque con dos matalotes, 

Y un neblí tuertp d^ yn qjQ, 
¿Quien diablos sale á cazar? 

D^ Juan, Yete, Pedro, á desoauhur, 
Que vienes con mucho eijojo: 

Y vos, mi bien, ya qqedais 
En paz conmigo. 

Da. El. Pfimero 

Quiero que jures... 

D. Juan. Yo quiero; 

Juro que vos me matáis. 

Da. El. De no ver al serafín, 
Que piensa que has de ser suyo. 

D. Juan. Eso juro, y de ser tuyo. 

Da. El. ¿YelseraÜn? 

D. Juan. SeraQn 

En mi vida ie veré. 
Sino á tí, que lo enis mi a. 

Ped. i Qué glosa hacerse podía ! 

Da. El. ¿Cómo? 

Ped. Escucha. 

Da. El. Di. 

Ped. Diré. 

Ks el tí diminutivo 
Del tú; y es hijo del mi ; 
Porque se regala §8Í 
Con el acento mas vivo ; 
Que el tú es bajo, el tiple es mi ; 



kQW 111, ESCfiHA Vül. 



ida, tú desaña, 

rompeta, tú es cochero, 

arín, tí ea chirimía; 

K» al tú oo qaiere, 

ti, que lo eres mia. 

kin. Tal te dé Dioa la salad. 

U. Tu padre llama, y no entienda 

tdamoi. 

i/rn. A Dk», rai prendu. 

EL A Dios. 

tan. ¡Qué duloe Inquietud 1 

ESCBNA Vil. 

DOÑA ELENA 

¡MKOiabe sqfrfr 
:nra de amor! 
luién tendrá val<»r 
Jarse morir? 
habla de oir, 
nar, qna no hay porfía 
sa fantasía, 
laudóse defendiendo, 
1 rendirse, oyendo: 
ti, que lo eres mia. 
^8l estáis satisfechos, 
eréis? defadme aquí; 
que ya me rendí, 
sis de estar desechos, 
daiíos que provechos 
n dA mi porfía, 
lá matarme seria ; 
is flechas al aire, 

con gran donaire: 
tí, que lo eres raía. 

B8CENA VIII. 

DOM ELENA Y FINE4. 

Rárbara, ¿es tiempo de verle? 
Ei. ¿Qué quieres, Pinea amiga? 
B que el señor don Juan 

1 casa, no hay quien viva ; 
con la ocupación 

)oas y camisas, 

ié cuando es de noche, 

IOS cuando es de dia. 

¡Qué trabajos! 

El. ¿Cómo está 

lora Serafina? 

Dala al diablo, que se ha hecho 

■e, una sierpe libia: 

fuera ya llamarla 

ia, que Serafina ; 

mo está enamorada, 

í quien la sufra ni sirva : 



Todo es mirarse al espejo, 
Todo es joyas y sortijas, 
Endemoniarse, enmonarse ; 
Ya se toca, ya se enriza: 
Todo es mirar si la ve, 
Ya todo ver si la mira. 
Todo acechar por las rejas; 
Que están ya las ce)osíns 
Cnnsadns de darla calle. 

Da, El, ¿Hácelc muflías visitas 
Mi amo? 

Fin, Siempre está allá. 

Da. El. ¿Siempre? 

Fin, Es lindo rompe sillas 

Al cinco de oros parecen 
Los dos, que siempre se mlfaq ; 
Él ensillado, y mi 'ania, 
Como potro de Sevilla, 
Ensillada y enfrenada. 

Da, ^/.¿Quiérense mucho? 

Fin. .Suspiran 

Como borricos en prado. 

Da. El. ¿Casaránse? 

Fin, Eso por fia II. 

Da, El. ¿A qué venias* 

Fin, A darle 

Este papel de mentiras : 
Y á fe que tiene un secreto. 

Da. El. ¿Qué secreto, por (u vida? 

Fin. Bárbara, no lo preguntes : 
No espo.«ible que lo diga. 

Da. J?/. ¿Esa es la amistad? 

Fin. Perdona. 

Da. El, ¿Y si jurase? 

Fin. Aun PQilria. 

Ser lo que dijese. 

Da. El. Yo 

Soy tu Terdadera amiga ; 
Dame el papel, que don Juap 
Vino de caza, que el dia 
l-e halló en el campo, y descansa ; 
Que el secreto, pues porfías, 
Ya no lo quiero saber. 

Fin. Si no juraste. 

Da. El, Sí obliga 

El juramento, yo juro, 
Que nunca vuelva á las Indias, 
Que es lo que yo mas deseo 
Desde que vine de Lima, 
Si revelare el secreto. 

Fin, Pues sabe que una vecina... 
¿ Óyenos alguien ? 

Da. El. Nohaynadre. 

Fin. Que es una sabia f pIípíh, 
Ha perfumado el pape) 
Con veinte borracherías, 



52 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Para que don Juan se case; 

Dásele y no se ]o digas, 

Así Dios nos libre á entrambas. 

Da. El. Del secreto que me flas 
Haré escritorio en el alma. 

Fin. Pues á Dios, que voy de prisa 
A yer á aquel pagecillo 
Que me viste el otro día 
Hablar junto á cal de Francos. [ Vase.) 

ESCENA IX. 

DOÑA ELEiNA. 

¡ Qué poco duran las dichas ! 
Tornasol parece el bien. 
Que á cualquier parte la vista, 
Conforme la luz que toma. 
Halla la color distinta. 
iAy Dios! ¿Porqué persevero 
En tal vida, en tal porfía ? 
¿Porqué aguardo desengaños, 
Don Je tantos me la quitan ? . 
Cuando en mejor ocasión 
A Triaiía me volvia, 
¿ Porqué me tuviste amor 
Con lágrimas y mentiras? 
I Qué muger ftií tan mudable! 
Pues no ha un hu;a que decía 
Don Juan, con alma traidora 
Que era yo su alma y su vida. 
¡ Ojalá fuera yo, que el mismo dia 
Yo me matara si lo fuera mia ! 

ESCENA X. 

DONA ELENA, DON JUAN t PEDRO. 

D. Juan. No es posible sosegar. 

Ped. No es mucho, teniendo amor ; 
Mas el desden y el favor 
Suélense siempre hermanar : 
Y todo en fin es perder 
El seso por disparates. 

D. Juan. ¿Elena mia? 

Da. El. No trates 

De hablarme, que no ha de ser 
Esra vez como hasta aquí. 
Yo no digo que me iré. 
Sino que aquí me estaré 
A ver lo que hace$« de mi. 
Yo quiero aguardar á ver 
Tu casamiento^ y te ruego, 
Porque importa á mi sosiego^ 
Que hoy sea si puede ser, 
O por lo menos mañana; 
QiM con dejarte casado, 
Iré, don Juan, sin cuidado 



Y muy contenta á Tríana. 
Allí mi primo y mi tío, 
Si no han venido vendrán : 
Poco me debes, don Juan, 
Pues solo pasar el rio 

l'or esa puente me debes 
Con este hierro fingido. 
Por quien vendida he sufrido 
Penas y trabajos breves ; 
Que á Lima no fiíí por tí 
Ni por bastos horizontes, 
Pasé mares, subí monles. 
Ni hacienda ni honor perdí. 
Vuelvo con manos y pies: 
¿Qué hay perdido? 

D. Juan. ¿Qué es aquesto, 

Pedro amigo? 

Ped. Ea agua en cesto, 

Humo, espuma y viento es ; 
Es un puñado de arena, 
Es cuando el austro se mueve, 
Cielo que hace sol y llueve, 

Y es luna menguante y llena. 
Desde lo de la costilla 

No tienen segura espalda ; 
¡Cuál eres para giralda 
Déla torre de Sevilla! 

D. Juan. ¡Hay tan estrafia mudanza! 
¿Aun no aguardarás un hora 
Para mudarte, señora ? 

Da. El. I Ay de mí ! loca esperanza ! 

D. Juan. Mi bien, yo salí de aquí 

Y de tus brazos también ; 

¿ Quién te ha mudado, mi bien, 
En cuanto de aquí salí? 

Da. El. Menos mi bien ; que no estoy 
Para ser su bien, y advierta, 
Que es esta verdad tan cierta. 
Que el ti'Stigo no le doy 
En este papel tan tierno, {Dáselo.] 

Como de aquel su cuidado ; 
Porque viene perfumado 
Con pastillas del infierno. 
Aquí le trajo la esclava 
Del serafinquevisüa; 
Pues está la retroescrita, 
¿ Para qué me lo negaba? 
Porque se ha de enamorar 
< on él, no le ha de leer. 
Ni yo, para no lo ser 
De quien quisiera matar 
Con las manos y los dientes. 

D. Juan. Elena, si ahora vengo 
Del campo, ¿qué culpa tengo 
De «soi locos aocldeotcs? 
Taoer wk» con rason 



ACTO III, ESCENA XII. 



nicho; pero sin ella, 
» qujjiere atropella 
determinacloo. 
7. Dice este señor muy bien, 
dirá qoe es justo 
se le dé disgusto^ 
diré también, 
erdad, Pedro? 

Señora, 
ebo esa mansedumbre ; 
ar con pesadumbre, 
intenrfon traidora, 
iporta que Sera fl na 
crito ese papel? 
/ Ser moreno y moscatel, 
imenco en la China ; 
>rqaé es necesario 
listor-a se declare? 
le aquí resultare 
irYotro tirdinario. 
K>r culpa mia 
á mas no poder, 
I haya la mnger 
tatabras se fla. 
Espera an poco. 
7. No hay poco, 

tcha rabia y pena. (Vase.) 

m. Yo piensoí Pedro, que Elena 
e yolyerme loco. 
No te espantes, si á sus manos 
te negro papel^ 
(anco, pues lo es él 
i tan inhumanos : 
te, que es morir 
emplando el humor 
jámenlo de amor. 

ESCENA XI. 

N JUAN, PRDRO, RICARDO y 
FLORENCIO. 

Esto le Tengo á decir. 

oedo; que está aquí don Juan. 

% Tue^tro padre buscaba. 

an. ¿Qué es, señ'ir, loque mandáis? 

sumo que descansa. 

Señor don Juan, he pensado 

tan en esta casa, 

ble á esta esclava vuestra ; 

la malicia humana 

t piensa lo peor, 

»>n esto se cansa 

•I señor don Fernando : 

le si con ella hablaba, 

ra reducirla 

n ó por amenazas. 



Que ante la justicia diga 
Los dias que ha que me falta ; 
Porque un día uie la hurtó 
Un soldado, que engañada 
Con casamiento y amores, 
La embarcó y la trajo á España. 
Ella, porque acaso os mira. 
Niega, mas no importa nada 
Que la verdad siempre vence. 

D, Juan. Y muchas veces se engañan 
Los ojos, y puede ser 
Que se parezca esta esclava 
A la que os llevó el soldado. 

Ric. ¿El hombre, el rostro y la habla 
La ha de tener sin ser ella? 
Yo bieu pudiera sacarla, 
Como lo haré, sin dinero, 
Probando que es prenda hurtada ; 
Pero por estar aquí 

Y respetar vuestra casa, 
Daré el precio que costó. 

D. Juan Vuesa merced su probanza 
Haga por allá, y no crea 
Que toda la plata Indiana 
Será de Bárbara precio ; 

Y en esto pocas palabras. 
Porque siento que me burlen. 

Ric, Todo lo que aquí se trata 
Es tan de veras, que presto 
Os lo dirá la probanza, 
Remitiendo á la justicia 
Lo que núes justo á la espada. 

ESCENA XII. 

DOX JUAN Y PEDRO. 

Ped. ¡Hay semejante maldad! 

/). Juan. Mi paciencia ha sido tanta. 
Porque iie pensado, y es justo. 
Que como ios años pasan. 
Pensara este caiíaliero. 
Que esta es bárbara su esclava, 
Pur el nombre, y por si acaso 
Tendrá alguna semejanza 
Con la que en Indias tenia. 

Ped. Esa habrá sido la causa 
De hablarla y de darte zeios. 

D. Juan. ConQeso que me los dalm 
Como SeraQna á Elena : 
filas dime, ¿qué haré? 

Ped. Quitarla 

Este necio pensamiento 
De que con ella te casas. 

D. Juan. ¿Cómo? 

Ped. Hablando, regalando, 

Y jurando, que si hablas, 



r>i 



hk E9QLAVA ra SH GáLAN. 



Jura y regalas, no es 
Mar, monte, ni tigre hircana ; 
Sino muger tierna y sola. 
Que oye, mira, entiende y ama. 

D. Juan. ¡ Qué desdichados amores ! 
Cuando esto en Grecia pasara 
No era mucho; pero espiuebo 
Entre Sevilla y Triana : 
Temo su honor y su vida. 

ESCENA XIII. 

Dichos t tXÜÍÚ. 

Fab. Si albricias, señor, me mandas^ 
Sabrá las mejores nuevas^ 
Que puede esperar tu easa. 

D Juan. Yo te las mondo. 

Fab. Han de ser 

Las que de tu mano agunrdan 
Mi servicio y mi deseo. 

D. Juan. Di presto. 

Fab. Vino la plata : 

¿Pudo ser mas presto? 

D. Juan. No : 

¿ Hay cartas ? 

Fab, Trujo la carta 

Leonardo, y por las albricias 
A Serafina su hermana 
Tu padre un diamante envia, 

Y allá no sé qué se tratan 
Los dos. 

D. Juan. ¿Quién lleVó el diamante? 

Fab. Bárbara. 

Ped. De toda España 

Será esta plata el remedio ; 
Suplirá, señor, las faltas 
De las pasadas fbrtunas. 

Fab. Las albricias que me mandas 
No te han de costar dinero. 

D. Juau.iQué quieres? 

Fab. Solo que vayas 

Y le pidas á señor... 

D. Juan. Di lo demás, ¿qué te paras? 

Fab. Que con Bárbara me case, 
Porque es india, aunque es esclava, 
De gente muy principal. 

D. Juan. Pedro, solo esto faltaba. 

Ped. Si quiere lo que tú quieres, 
Milagros son de su cara. 

D. Juan. ¿Hasla hablado? 

Fab. Ayer la hablé 

Y se puso como un nácar. 

/). Juan. Ahora bien, á hablarla voy. 
Fab. Vivas mas, por merced tanta, 
Que un bando en ciudad pequeña. 
D. Juan. Hoy se juntan mis desgracias : 



¡Qué habrá que nO me peniga \ 

Ped. Brava mugér^ Fablo; 

Fab. Brava. 

Ped. Tuya pienso <iue stirá. 
Aunque el .casamiento amanta; 

ESCENA Xi\. 

Salón en casa de don FetmhndOy con 
mesa y recado de escribir. 

DOÑA ELENA, SERAWÍíA y fíSKk. 

Ser. Aquella ropa, Pinea, 
A Bárbara la darás, 

Y á tú, señor, le dirás^ 

Que el rico diamante emplea 
En sola mi voluntad. 

Da. El. Y en vuestro merecimiento; 
Que aun le juzgo atrevimiento, 
Si valiera una ciudad. 

Ser. Ya, Bárbara» no me ves ^ 
Solíamos ser amigas. 

Da. El. {Ay señora! no le digas 
Por tu vida, que después 
Que vino á casa don Juan, 
Mi señor, no tengo un punto 
De descanso, porque junto 
Todo el trabajo me dan. 
¿Piensas que la hacienda es poca? 
Todo es lavar, jabonar 

Y almidonar : no hay lugar 
Para ponerme una toca; 

Ser. Pues no te se echa de ver : 
Envidia tenga á tu aseo. 

Da. El. Antes si os veis, como os veo. 
De vos la podéis tener ; 
Que si ya por él no fuera, 
Veros fuera mi placer; 
Peroicómo os puedo Ver 
Si nunca veros quisiera? 

Ser. Eso que te cansa á ti, 
Tuviera yo por regalo. 

Da. El. Pues es para mí tan malo, 
Que vivo fuera de mí. 

Ser. Yo como quiero á don Juan, 
Solo servirle deseo. 

Da. El. Yo también; mas siempre veo 
Que pesadumbres me. dan. 

Ser. Pocas tendrás, que ya está 
Mi casamiento tratado ; 
Porque se ha desengañado 
Don Fernando de que ya 
Es imposible volver 
Al hábito que solía. 

Da, El. Deseando estoy el día 
Que don Juan tenga muger, 
Para pedir libertad. 



AQTO m, ES€EKA XTIh 



55 



Ser. Tú la tendrás si yo pnedoi 

Dü. El. Si TOS 09 casáis, ya quedo 
Ubn : ¡ay si faese Tardad! 

SfT. Raégalo, Bárbara^ á Dios; 
T aunque yo no lo niereica4 
Siempre que ocasión se ofresca 
De que ^teis juntos los dos, 
DBe alabanzas de mí. 

Da. EL Y como qoe las diré. 

Ser. Un TesUdo te daré. 

Da. EL Como eso espero de ti. 

Ser. Enamórale, que pnede 
Vodio una bnena tercera. 

Os. El. Pnesto qae no lo estOTiern^ 
Tengo de hacer que lo qnede. 

Ser. Pues abrásame , á Dios; 

Da. EL £1 os guarde, reina mia. 

yAbráznln.) 

Ser. ¡Ajl llegue Bárbara el día 
Que estemos asi los dos. 

BSCENA XV. 

DGSk ELtAA. 

Cansóse la fortniia en pérmguirmPj 
Qie ya no tiene mal mayor que hacerme : 
iQoé necia he sido yo, (lor mbger Arme! 
¿Qué puedo ya perder, sibo|)erdernie.* 
Tasios adonde salga á reeiblrme 
A^ traidor, que acaba de Tebderme, 
Que fundado en el gusto dé engftfiat'nié; 
Por matarme t no acaba de matartoe. 
filtrando tov por esta casa ahora , 
Como quien sobe pasos á la muerte^ 
Y apenas tiene ya de Tlda un hora , 
T en esa Toy, dulce enenigb, á Térte. 
firte hierro áe amor que el amdr dbm, 
Esta crueldad de mi flnéáa advierte; 
Eile será blasón parÉ mi nombre, ¡hombre. 
Que ha de informar la ingratitud de uñ 

ESCENA XYI. 

DON JUA?f^ C0!« ¿AfiAN COMO OÜC SÉ 
LETAItiA, V PEDltd. 

D. Juan, Mdtestra ese espejo. 

Fed. «A(tnééf«*eto, 

Sí está aqní Elena, señor? 

D. Juan, Con la tapa del rigor 
Ko será el cristal perfecto. 

Fied. Criados hay por aquí, 
Hirad los dos como habláis, 
Qoe idosos no miráis 
Eaqneos miren. 

D. Juan. ^ Es asi : 
Lkga y ponme la Talónái 



Da. EL No quiero. 

D. Juan, { Qué buena élclivn ! 

Da, EL Cuando lo fuera, no estáis 
Obligada mi persona 
A llegaros á lacera; 
Eso es de propia muger : 
Llamad la que lo ha de ser» 
Que á mí me cuesta muy cala. 

D. Juan, Huéigome de qiie lo niegues ; 
Pues quedo, como es raion^ 
Libre de la obligación. 

Da. EL Que la escritura me entregues 
Aguardo. 

D. Juan, ¿cuál escritura? 

Da, EL Esa de tu casamiento; 
Porque es el apartatniento 
Que mi libertad procura. 

D. Juan, No sino la que Bicnrdo 
Dice que tiene de tí. 

Da. EL ¿Qué Bicardo? 

D. Juan, Vino aquí 

Ese tu amante gallardo, 

Y dice que eres su esclsTa, 

Y que un soldado te hurtó; 
Esto bien lo entiendo yo. 

Da. EL ;Pues no, si tan claro estaba? 

D. Juan. ¿Y cómo, si es invención 
Que entre los dos se ha tratado , 
Para irte sin cuidado 
De mi padre y tu opinión? 

Da. EL Cuando yo me quiera ir, 
¿A donde me han de buscar? 

D. Juan. Pues yo me quiero vengar, 
Que sé amar y no fingir : 
Llega, llega. 

Da. EL Sí llegara, 
Si en cada mano tuviera 
Cinco puñales. 

Ped, Bieiera 

Bailo tu cara. 

D. Juan. Beparn 
En la cruel^qd con que Vlddes. 

Da. EL ¿Que importa que te quitara 
La cara, puéS té dejará 
Una de las dos que tienes? 

Ped, Esta amistad qtiiern hacer. 

Da, EL Con este principio. (Dale.) 

Ped. Dióíne. 

Da. EL Eso el alcahuete tome, 
Mientras que le vuelto d ver. 

ESCENA XVII. 

Dichón y bdí« ífeftfÍAl^lW. 

D. Fem, ¿Que es esto, Bárbara? 

Da. EL Ha dad4 



56 



LA ESCLAVA DE SU GALÁN. 



Pedro en requebrarme. 

D. Petn, Ha hecho 

Muy bieo. 

Ped, Estoime burlando. 

Da. £/. ¿Conmigo se burla el necio? 

D. Fem. Don Juan^ puesya estás vestido, 
Esta mañana vinieron 
Leonardo y el escribano : 
Entra por tu vida^ adentro, 
Firmaremos la escritura; 
Que los suyos y mis deudos 
Han ido por Seraflna , 
Tu mtiger; porque sabiendo, 
Que fué por quien has dejado 
Aquel intento primero. 
Como ella misma me ha dicho , 

Y siendo este tu deseo, 
No tuve que preguntarte : 
Hicimos nuestro com íerto, 
Con el secreto que es Justo ; 
En Qn, te casas sin suegro, 

Y con veinte mil ducados. 

D. Juan, i \hora , señor, tan presto? 
Mirémoslo mas destpacio. [entiendo 

D. Fem. Por Dios, don Juan, que no 
Tu condición. ¿Ni casado. 
Ni clérigo? 

D. Juan. Yo no puedo 
Dejar de ser obediente, 
Pero digo , que pensemos , 
Si acertamos, mas despacio. 

D. Fem. ¿Si acertamos, majadero? 
¿Merecéis vo» descalzar 
A Seraflna ? ¿ Qué es e^to? 
¿Dejais cinco mil durados 
Por ella, y ahora, necio. 
Queréis quitarme el Juicio? 
Entrad dentro. 

D.Juan. Voy. jAy Pedro! 
Quédate aquí con Elena. 

ESCENA XVIIL 

DfCBOS, MENOS DON JUAN. 

Ped. Hablando de Elena quedo. 

D. Fem. Ea, Bárbara, esta casa 
Me poned como un espejo : 
Aderezad ese estrado. 
¿Tristeza? ¿pues qué tenemos? 
¿Qué cara es esa? ¿No habláis? 
Di as ha, perra, que os veo 
Muy tri te y muy entonada. 
¿Vos pensáis que no os entiendo? 
Éradesya la señora, 
Y con este casamiento 
Os pesa que Seraflna 



A esta casa venga á serlo ; 
Que desde que se trató. 
Andáis que es vergüenza veros. 
Estábades enseñada 
A hombre solo ; pues poneos 
De lado, que tengo nuera, 
Que ha de tener el gobierno 

Y las llaves de mi casa. 
¿Qué te parece á tí, Pedro, 
De aquesta esclava? 

Ped. Señor, 

Tiene poco entendimiento : 
La mejor cuando se emperré. 
Tiene estos reveses. 

D. Fem. Creo 

Que la habremos de vender. 

ESCENA XIX. 

Dichos, veros DON FERNANDO. 

Da. El. ¿A dónde habrá sufrimiento a/ 
Para tau grandes fortunas? 
i Ya no me bastaba, cielos, 
Perder honra y opinión. 
Sino pasar pcjr desprecios 
De esclava, como si fuera 
Verdad que lo soy! .Vi as pienso 
Que siempre lo fui. y el homlire 
Que me ha perdido es mi dueño. 
Pedro, ¿ saltes tú quién soy? 

Ptfcf. ¿Qué dices? 

Da. El. En algún sueño, 

Pensé que era de Triana 
U.'ia muger que trajeron 
De Méjico allí sus padres : 
Su nombre, si bien me acuerdo» 
Era doña Elena. 

Ped. Mira 

Que este triste pensamiento 
Te vuelve loca ; no eres 
Esclava, que amor te ha hecho 
Herrar el rostro. 

Da. El. Es verdad : 

Sí, bien dices, amor tengo; 
¿Pero sin duda soy yo? 
¿Sábeslo, Pedro, de cierto? 

Ped ¿Pues no? Y como si lo sé; 

Y que el hierro que te has pue&to, 
Te agradece mi señor ; 

Porque han mentido los selos. 
Si te dicen que pretende 
Ese injusto casamiento 
De Seraflna. 

Da El. ¡Ha! traidor. 
Fementido, infame, perro; 
Yo te quitaré la vida. 



ACTO UI, ESCENA XXI. 



S7 



■• fusta el tereero 
imorct, nw eiigaftas. 
Seooft, envaina los dedos, 
has desecho la cara : 
le «Dtoje el pescoeso 
preñada, está bien, 
; pero DO con seles. 

ESCENA XX. 

aros, LEONARDO, SERAFINA 
T FLNEA. 

¿ Si habrá ?enido el notario? 
Aquí están Bárbara y Pedro. 
i Pero dónde está don Juan ? 
Pienso que están allá dentro, 
idre j el notario. 
^ Bárbara, no me hablas ? 
U. Vengo 

lar ios estrados, 
Doer los asientos 
i joee^, que hoy 
seoteoelar mi pleito. 

ESCENA XXI. 

s, DON JUAN. DON FERNANDO 

T EL NOTAaiO. 

Solo FPsta que firméis; 
Tino esta señora, 
r». Mi Serafina, en buen hora 
stra cara bon eis. 
7 I Qué pueda yo estar aquí ! 
srdoii del rey espero, 
el cordel primero? 
Se&or, boy tenéis en mi 
Java en Tuestra casa. 
li. Pues si ya esclara tenéis, 
|oó á mí me queréis? 
Calla, hasta ver lo que pasa. 
íi. i Cómo puedo yo eallar P 
Tú lo has de echar á perder. 
r/. i Pues qué me falta que hacer, 
iarioa casar? 

rff. Pe<lro, ¿qué dice esa esclaya? 
No sé qué pasión la dio 
i berros que cenó, 
I en ellos estnba, 
ele, algún anapeio. 
tm. Pues calle, ó liévala allá. 
Sabed, señores, que está 
uclon (quiera el cielo) 
lor esta escritura 
lo de voluntad 



?/. ¡ Hay tal maldad ! 



Ped. Calla, sufre, ten cordura; 
¿ No ves que la están leyendo, 

Y que la quieren firmar? 

Da, El ¿ Qué me queda que esperar, 
Pedro, si me estoy muriendo? 

Ped. Desde una reja miraba 
Un canónigo en Toledo 
Una muía, que sin miedo 
De una peiia en otra daba 
Para despeiíaise al rio; 
Dábanse prisa á salir, 

Y él, sin cesar de reír. 
Daba en aquel desvarío 
Hasta verla despeñar i 
Pero viendo como un rayo 
Ir tras ella su lacayo. 
Volvió el placer en pesar. 
Sabiendo que eia la suya : 

Y puesto, Elena, que sea 
Comparación baja y fea 
Para la desgracia tuya, 
Parece que está don Juan 
(Viéndote andar por la** peñas, 

Y que eres tú por las señas, 
Que ya mis ojos le dan. 
Aunque el dolor disImuFa) 
Para dar voces dispuesto ; 
Señores, acuitan presto. 
Que se despeña mi muía. 

Da, El, Pues ya me ha desconocido, 
El me dejará caer. 

Ped. Ya acal»aron de leer. 

Da. El. Yo he de perder el sentido. 

Noi. Con e le podéis firmar. 

Da. El. Mas yo firmaré por él, 
[Quitale la escritura y la rompe.) 
Que con rasgar el papel. 
Me acabo de despeñar. 

D. Fem. Suelta la escritura, loca. 

Da. El, Pues suélteme aquel á mí, 
Por quien el seso perdí. 

D. Fem. { A qué dolor me provoca ! 

D. Juan, i Temblando estoy 1 4 Si diré 
Quién es? ap. 

Not. Toda la rompió. 

D. Fem. Llevadla de aquí. 

Da. El. Si yo 

Soy loca, la culpa fué 
Ese traidor, que me ha dado 
La causa porque lo estoy. 
(Sale Fuhio.) 

F/ió. Esperad . que á decir voy. 
Señores, que habéis entrado. 

D. Fem. ¿ Qué es eso, Fabio? 

Fah. Aquí están. 

Señor, con un mandamiento. 



58 



LA BSCLUYj^ BE 8U QALAN. 



Para que se deposite 
Esta esclava. 

D. Fem, Entre su daeño^ 
Sin los que yienen con él^ 
Que este no es día de pleitos, 

Y es mucha descortesia. 

ESCENA 1X1 1; 

Dichos, RICARDO t FLÓftENCltt. 

Ric, Yo vine aquí, no sabiendo 
Esta ocupación, señores ; 
Que me perdonéis os ruego, 
Que yo voiveré otro dia. 

Da. EL ¿ Para qué> si desde lu^o 
Digo que mi dueño sois, 

Y que como á tal os quiero ? 
Ea, vamonos de aquí. 

Que cuanto decís confieso ; 
Que si negaba ser vuestra ^ 
Fué la causa el amor ciego 
Que en esta casa tenia ; 
Pero ya conoice el vuestro. 
Ea, i qué hacemos aquf ? 

Ate. Pues para que no entren dentro 
Los que han venido conmigo, 
Guardando el Justo respeto, 
Dadme, señores, liceiielaj 
Para que como su dneño^ 
Lleve ésta esclava á mi casa. 

D. Juan, No pienso yo, caballero, 
Que basta para llevarla^ 
Que ella con el mucho escest) 
De la locura en qde ha dado. 
Diga que es vuestra. 

D. Fern, Sin esto, 

Son cuatrocientos escudos 
Los que han de venir primero 
Que la saquen de mi casa. 

ñic. Si mé la hurtaron, no teogo 
Obligación de pagarla : 
Pésame de haberos puesto 
Bemanda en esta ocasión ; 
Pero esto tiene remedio. 
Depositándola en tanto 
Que averiguamos el pleito. 

D. Jufju, ¿ Oue ííepí'í.'ííto ti^ejiir 
Se la pui'üe d:ir quf' d nueálro ? 

Ric. Eso 110; mai por \o» dii<t 
La ten d ni el uñor Plüreiido, 

Da, EL ¿ pcira que, 5 i ya s^») vuestra 

Y lo digo y lo confieso? 
Si en el dinero transiste. 
Vengan ;i contarlo luego ; 
PoffM iie ia miama auert^^ 
Allí en escudos lo tengo 



Como lo dio don Femáddo¿ 

/>. Juan, Dejádinela hablar primero. 
Oye apante. 

Da. El, ¿ Qué nle quieres ? 

D. Juan, Elena ^ aunque estás fein sesO, 
No igualas á mi locura { 
Porque entre tantos estremos 
De confusión divertido. 
Solamente me OlSteri^» 
Como, guardando tu honor, 
Podemos hallar uñ thédio, 
Para que lleguen al fiti 
Tu esperansa j mi deseó; 

Da, El. I O. qué grabioso letrado ! 
Preguntadle ei cuento á Pedro, 
Del canónigo y Bu muía. 
Que estáis muy despacio^ tiendo 
Que voy al profundo abismo 
De la ingratitud que veo, 
En vuestra crueldad, don luati, 
De peAa en peña cayendo; 
Ea, vamonos de aqui ; 
Ricardo ha de ser mt dueño. 
Yo le daré posesión 
De mi alma i de mi ^^hb. 
Y tú, perro fementido, 
Quedarás trocanaó el ni^rhó. 
Por infamia de Ib^ hotrílircA : 
Cobarde, vil caballero; 
No parecido á tu padre^ 
Sino á quien... 

D.Juan. Tente. 

Da. El. No qtaieto... 

D. Juan, Tente^ luz de aiiuestos ojbs; 
Mi bien, tente. 

D. Fem, i Qué es aquello ? 
¿ Ojos y bien á una esclava ? 

Ate. Vamos, Bárbara. 

D. Juan, Teneos, 

Que os engaña el parecerse 
A quien pensáis. 

Ate. Lo que piedso 

Es que aquella esclava es mia. 

D. Juan, Mirad si el engaño es cierto. 
Pues es mi muger. 

D. Fem, 4 Quién? 

Da. El, Yo. 

D, Fem, ¿ Muger una esclava , perro ? 
Nunca viniera á mi casa. 
Llevadla, señora os ruego; 
Llevadla, que yo os perdono 
Los escudos. 

Da. El. Paso, quedo» 
Que soy mejor que don Juan, 
Que por agradecimiento 
De que dejase por mí 



ACTO III, ESCENA XXII. 



59 



padfeé y détkldfe, 
qué VÓ8 álráaó 
nza ó por desprecio 

adoptar 

por heredero 
I hatíenda á añ esclavd, 
rado éo!)8«Jo !) 
ún briádd mid 
se, que este hierro 
.corno Veis; (¡(fuelasile,) 

lo quito tan presto. 
¡lena mí nombre ; 
riana ; no es tiempo 
con relaciones ; 

este caballero 
iTo por SQ esclava ; 
sfibra la dejo 
n, porque es muy justo : 
Tria na me vuelvo 



doHtéiiu ^6 (fiié ya Hie sido, 
I*árá ser válienie heclio, 
La esclava de su galán. 

Ser, La acción que á casarme tengo, 
Señora, os doy, por hnznña 
De tanto valer. 

D. Fern. Suspéhso 
Dé 10 qué thirando ésioy, 
Digo, aue á don Juan le ruego 
Lá dé la mano y los brazos; 
Porqué tan bizarros hechos 
Merecen prenlios mayores. 

Ped: SéftereS, oigan á Pedt>b. 

ff. Juan. ¿ Qué quieres decir ? 

Pedi Que aquí, 

Senado ilustre y discreto. 
La Esclava de si^ galán 
bá iln ; perdonad sus yerros. 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Aunque hay muchas comedias de Lope de mas artificio y efecto teatral que la pre- 
sente, nos apresuramos á incluirla en nuestra colección, porque está retratada en ella 
el alma de su autor, y respira por todas partes la bondad y nobleza de sentimientos 
que le eran naturales. 

Pertenecía sin duda exponer el premio del bien hablar al hombre que no se cansó 
nunca de ensalzar el mérito ageho; y no debe estrai'iarse que aprovechase la ocasión de 
defender á las mugeres. aquel que no podia sufrir á los que las denigraban habiendo 
nacido de ellas Este pensamiento, que no se le caía de la boca á Lope, se halla espre- 
sado en la comedia desde el principio. 

Que es honnr á las mugeres 
Deada i que obligados nacen, etc. 

Así como en el segundo acto deja traslucir el poeta su aversión á los que regatean los 
saludos en aquellos graciosísimos versos que dice Martin : 

Randas y cambrayes vendo, etc. 

No son menos aprecíables los de la primera relación de don Juan : 

No salió mnger de misa 

A quien nn don Diego, un áspid, etc. 

Y en geiieral toda la comedia e«tá escrita con aquella elegante sencilles, que tao fácil 
parere de imitar, y sin embargo solo se encuentra en Lope. 

Sobre todo los versos que manifiestan con mas evidencia el carácter noble y geaeroso 
de este poeta, son aquellos de... 

¿ No es Leonarda discreta, no es liermosa? 
¿Cómo discreta? Cicerón, Gf>rvantes, 
Ni Jaan de Mena, ni otro después ni antes. 
No fueron tan discretos ni entendidos. 
y mas abajo : 

Soneto de don Lnis, Séneca nnevo, etc. 

Este don Luis es Góngora, que se encarnizó con Lope, envidioso de su fama; y á quien 
la Providencia en castigo de su malignidad privo enteramente de su genio^ siempre 
que trató de ofender á aquel ; porque no se pueden imaginar unos versos mas pobres y 
faltos de gracia que ios que su ruin pasión le sugería. 

En cuanto al inmortal autor del Quijote, paffó también el tributo á la humanidad 
insultando á Lope en un soneto, que en vano quieren algunos atribuir á otro. Y Lope se 
vengaba eternizando la dincrecion y mérito de sus adversarios. 

El de la comedia es particular, porque aunque su fábu a es tan sencilla que desde las 

Erimeras escenas se ve el desenlace^ < stá bien conducida y abunda de gracias tan ama- 
les y sentimientos tan iiellos en boca de los interlocutores, que no es posible dejar de 
seguir ios progresos de su acción con el mas vivo Ínteres. 

Ak/ím. ¿ y él uo tiene liermana allá ? No ha visto el mismo amor desde que miente, 

Martin No, perra ;... perla, queria Que desde que nació mentir sabia, etc. 
Dacíp pti* 

Sormia echado en el umbral del fuego 

Fingió qne el animal, el que acobarda Un mastín, que pudiera andar la noria ; 

Itfas las mugeres, se atrevió á su frente. Siento roncar, y paso i paso apli( o 

Ya ves cou qué donaire fingirla La humilde boca ai temerario hocico. 
Un miedo, que ern ent«. nces osadía, etc. 

¡Que temeratiol 

Y el dialogo entre don Juan y Martin. 

Doñ Jmm. ¿ No seria necedad? Que si alguna mnger miente 

' lUrli», No, sino razón pmdanle ; Veinte mil tratan verdad, et». 

Hasta que entra Feliciano. 



ACTO 1, ESCENA 11. 



61 



Uf ntm escena de cuentos y acertijos, de la cual tomaría la suya Rojas, en Garda 
tí Cmsttmnr^ y otroi*. La de Lope se hizo probnhlemeiite paa llenar el arto. 

ABn^ie la fábula, romo hemos dicho, n sencilla hay en ella bastante enr^o. tanto mas 
adotrab'e cnanto qup es muy natural y verosímil, y no nace de equivoraeiones. 
leoM^-iia y Feliciano ocultan sucesivamente á don Juan por leceios uno Ue otro; don 
AiltQio oculta á Angela p >r una raxon semejante; y de aqui nacen inquietudes y sitúa - 
-" — I criticas para ios enamorados, y mayor luteres para los espectadores. 



PERSONAS. 



LBfi ARDA, dama. 
M» JUAN DK CASTRO. 
DON ANTONIO, viejo. 
lAKTUi, iacavo. 
\fí% PEDRO. 



I ANGELA, dama. 

FELICIANO.* 

RAMIRO, huésped. 

RUFINA, esclava. 
I CARRILLO, criado. 



La escena es en Sevilla, 



A.CTO PRIMERO. 



a- 

1^ 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de don Antonio. 
LEONARDA t RUFINA. 

¿eoü. ¿Doblaste el manto? 

ñmf. Va vengo 

Deqaítarte ese cuidado. 

Uom. ¿Dijiste, Rufina, á Hurtado, 
Qae i la tarde salir tengo? 

ñuf. Ya, teñora, lo prevengo 
De que baa de ver á dona Ana. 

león ¡Qué de juventud villana, 
Qk ooa esperalia enfrente ! 

Ibsf, Servir pudiera de puente 
De»ile SeTilla á Triana. 
lUs ti ea loda la ciudad 
Si hay ta taUe, ¿qué te admira? 

Lsom, Mas pr sumo yo que mira 
Id uro la cantidad : 
Kaeros son calidad, 
lüo el cordot»é8 Lucano ; 
hr^ae esto de padre indiano 
laeve mas la juventud ; 
Qir á la nobleza y virtud 
PiKos estienden la mano. 
¿Ko estaba dun Pedro allí 
Aquel mi grao pretendiente.' 

fta/*. Aquel necio maldiciente 
Oe su hermaoo entre ellos vi. 

¿eoa. ¡Lo que hablarla de mi 
To4a aqoella moeedad 



Con su necia libertad! 

Ruf Allí estaba un cahallero, 
AI parecer forastero. 
Con mas seso y gravedad. 

Leun. En ninguno reparé. 
Por si estaba allí mi hermano. 

Ruf. No estalla allí Feliciano, 
Que uno á uno los miré; 
Pero el forastero fué 
Quien me pareció mejor. ( Ruido dentro.) 

Le fi. Parece que oigo rumor, 
Y cerca de nuestra casa. 

Ruf. ¡Cómo esto en Sevilla pasa ! 
Abre esc balcón, Leonor. 

ESCENA II. 

Dichas, DON JUAN y MARTIN com las 

ESPADAS DESNODAS T LAS CAPaS REVUELTAS. 

D. Juan, Entra, y donde quiera sea. 

León, j Jesús! 

D. Juan. No os alborotéis. 

Ruf. ¿Cómo no? ¿Qué pretendéis? 

León. ¿Quién habrá que aquesto crea? 
¿Hasta mi estrado os entráis? 
¡Ola! 

D. Juan. Si en venir huyendo ' 
De la justicia os ofendo. 
Vuestro respeto agraviáis ; 
Casa tan noble me ha dado 
Licencia, y no me t-ngañé, 
Pues donde un ángel hallé, 
¿Quién duda que fué sagrado? 
Mandad que cierren la puerta. 

León. Rufina, corre. 

Ruf. Ya voy. {Vase.) 



62 



EL PRPUO fililí BIKW ÜABLAU. 



León. Menos t^lt^ij^ilq es^oy, 
Que esluve da veFP8 muwinr 
No cierren la do la calle ; 
l^orque será dar sospecha. 

D. Jtutv, Qne no fué cosu mal hecha 
Os dice mi trage y talfe. 

Mari. Señora, si solo fuera 
Quie(i de esta manera entráni, 
No es mucho que os espanláni, 

Y mala sospecha os diera ; 
Pero don Juan, mi señor, 
Abona el haber pisado 
Las barandas del estrado 
De vuestro heroico valor ; 
Amparadle, pues oísteis 
Que su imagen os llamó. 

{Sale Rufina.) 
Ruf. Ya la gente que os siguió 
No sabe por donde fuisteis : 
Toda en efcto se fue. 

Y Ja calle está segura. 

D, Juan, i\ tai templo de hermosura, 
Buscando amparo llegué 1 
Yo soy, gallarda señora, 
(Como ya os lo dice el trage) 
Forastero de Sevilla. 
Corona de las ciudades, 
Que en Kspaña, en toda £ur^{ia 
Gobierna el rey, que DiQ« guarde ; 
Que, como naturaleía 
Ks de tudos patria y m^iüfe. : 
Nací en Madrid, aunque son 
En Galicia los solares 
De mi nacimiento noble, 
De mis abuelos y padres. 
Para noble nac|9ii^)to 
Hay en Kspnña tres partcü, 
Galicia, Vizcaya, Asturias, 
O ya montañns se llamen. 
¡Qué turbado estoy, pqcs digo 
En ocasión semejante 
Cosas que os importan poco! 
No os espantéis, perdonadme, 
Que por Dios que no me turb«m 
Pendencias ni enemistades ; 
El templo si, y en su Itar 
La belleza de su imagen. 
¿Qué os importa á vos saiier 
Que descienda de la sangre 
Del conde de Andrada y l^eiup.^, 
y que la causa dilata 
De la presente desdicha. 
Que os ha obligado áesciicliarmo 
En vuestro n^isqici aposento. 
Donde el sol fuera arrogante? 
Sat^, que viiie g Sevilla 



HuyaodQ (mirad qué alarde 
De fortunii) porque á un iioinbre 
Castigué la lengua infame. 
Ha!)laha mal de mugeres, 

Y yo que he dado en prpciarnip 
pe (lereiiderií^s, no pude 
Sufrir que tan mal liablase. 
Pasarme quise á las Indias, 
Que dos heridas mortales 

Ya le tendrán bien seguro, 
Que mal de mugeres hable. 
Llegué á Sevilla, y la flota 
(Como veis) aun no ae parte ; 
Entre tanto me entretienen 
Caballeros y amistades ; 
Hoy vine á la Magdalena, 

Y como qlgunos hallase 
A la puerta, me detuve, 

Que ellos gustaron de honrarme. 

No salió muger de misa, 

A quien un don- Dje^p, pn aspjd, 

Helado para gracioso, 

Para hablador ignorante. 

No infamase en las costumbres, 

No desluciese en el talle, 

No a!ease en la hermosura, 

No descubriese el amante. 

Palabra no les deci^ 

Que el alma no me pasase. 

Que cuando se habla en coriillos 

No es afrenta que se hace 

Al ausente que no la oye, 

Sino á los que estin delaqtn: 

Porque es tenerlos por' hombres 

Que gustan de infamias tales, 

Y hablar mal de los ausentes 
Afrenta los hombres graves. 
Salió una señora indiana 
Con dueña, escudero y page, 

Y en viéndolo se tapó. 
Dejando caer la margen 

Del manto ai pecho, en ip negro 

Luciendo cinco cristales. 

Como cuando el sol hermoso 

Por nubes opuestas sale. 

Así de sus ojos beUos, 

Luz por las puertas de Fiandes. 

Pero no templó su lengua, 

Que luego dijo : « ¿Qué trate 

« Mi hermano por interés 

« Con esta indiana casarse? 

« Que vive Dios, que me han dicho 

u Que vendió en Indias su padre 

« Carl)on ó tuerro, que agora 

« Se ha convertido en diamante». 

« Que puesto que es vizeaiiio 



ACTO 1, ESCENA II. 



63 



lo que 0sU trae 
ajos sos prinei^os : 
1 Indias y mares! » 
ido aofriF 
desiguaiet 
n caballero, 
a merced faaUe 
D es, qae desdice 
ibras el trage, 
irar á las mugeres 
e obligados aasen 
tieoibres de bien 
ler hospedage, 
iire meses debeo, 
que se les pague. 
I que son las lengua:^ 
»ara templarse 
qae Jas pusiesen 
hos de sus madres. » 
mete eo eso á él 9 
Mido las partes, >• 
Bscolorido : 
1 Yer que la infamen 
sasioD, y el ser 
[ue basta á obligarme 
í naciera noble. *> 
ues oiga y calle, 
quien soy yo, 
es bien que se case 
lo desigualmente. » 
: u Los qne saben 
scaya ú Jos ui^^ pobles 
mi te que traten 
M ea los pechos, 
raaones tales : 
¡>cerla digo, 
muger es bastante 
r %\ne no es honrado 
las honra-. • « Dejadme 
eees), mataré 
si es su amante. » 
Bio la conozco ; 
e digo baste 
ir en su defensa ; 
pada, cobarde, 
I palabras sobran, 
las obras falten t 
pada, ¿qué esperas, 
detiene nadie ^ *» 
os, que apenas 
ieron iguales, 
so que la indiana 
la de a^un ángel, 
en el suele, 
oerle bastasen 
idasyaaiiges 



Pretendieron ayudarle. 
No espere mejor suceso 
La lengua que las infamo. 
Ni menos que vida y honra 
Quien las defienda y alabe. 
Con esto quise tomar 
La iglesia para librarmet 

Y por Ja confusa gente 
Tomé diferente calle. 

Al revolver de la esquina 
Vi estas casas principales, 
Juigué por ellas el dueño ; 
Es imposible engafiarnic. 
Traigo una liermaiia conmigo, 
A quien doy tantos pesares, 
Que este postrero, seíiora, 
Temo que la vida acabe. 
Esto solamente siento : 
Hasta que la noche baje 
Os suplico permitáis 
Que en vuestra casa me ampare* 
Para partirme á San Li|car, 
Donde á las Indias me embarque, 
Si podrán llevar el peso 
De mis desdichas sus naves. 
Que tan justa obligación 
Hará que el alma os con^ngrir 
La tabla de este milagro, 
Que con letra de oro en jaspe, 
Diga qi)e pudú en Sevilla 
Don Juan d§ Castro |ibr^rse 
Con dona Angela su hermana 
De dos peligros tan grandes. 

Y porque vea el pintor, 
Cuando la tabla señale, 
Cómo ha de poner la historia ; 

Y pues sois la hermosa imágon, 
Ya me pongo de rodillas 

Para que así me retrate, 
Que quien defiende á rougeres, 
Bien es que piedad alcance. 

León. La ocasión en que qs halláis 
No da lugar á respuesta ; 
Vuestro valor manifiesta 
Lo que hacéis y lo que habíais. 
Esa muger que obligáis, 
Yo soy, y palabra os doy 
Que mintió, porque yo soy 
Nieta de tan buen abuelo, 
Que por bien nacida al cielo 
Siempre agradecida estoy. 
Es de mi padre el solar 
£1 mas noble de Viicaya : 
Que á las Indias venga ó vaya 
¿Qué honor le puede quitar? 
Si le ha enriquecido el mar 



64 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



No implica el ser caballero, 
Qiiisi honrar ese escudero 
Mi padre; mas no pndrá, 
Que esa espada es lengua ya 
Con que digo que no quiero. 
Eso de hierro y carbón 
Es lenguaje maldiciente : 
Pero yo quiero aunque míente 
Tener en esta ocasión 
Ese trato y opinión ; 
Para que cuando le halle 
En aquella misma calle^ 
Me sirva el hierro en su mengua, 
Para cortarle la lengua, 

Y el carbón para quemalle. 
Pienso que viene mi hermano ; 
Rufliia, escóndele presto. 

D. Juan, \ Bien haya el cielo» que ha 
puesto 
Mi remedio en vuestra mano! 

Mari. Rufina, color indiano, 
¿No hay bodega, ó palomar? 

ñuf. El pajar te quiero dar, 

Y á tu amo mi aposento. 

MarL ¿Si comen» no habrá sustento? 
Kuf, ¿Ya no te llevo al pajar? 

[Uévalos.) 

ESCENA III. 

LEONARDA. FELICIANO, DON 
PEDKO Y CARRILLO. 

Fel, Esto se ha de hacer así, 
Nu hay sino armarnos de prcnto. 

Lcon, ¿ Üdnde vas tan descompuesto V 

D. Ped, ¿Sabes mí desdicha? 

León, Sí. 

D. Ped. jAy Leonarda, que espirando 
Queiia mi hermano don Diego! 

Leím, Uuien tan locamente ciego 
Vivió siempre murmurando, 
¿Qué mucho que muera así? 

Fe/. ¡Qué buen mudo de consuelo! 
Vamos de aquí. 

D. Ped, Sabe el cielo 

Que reprensiones le di; 
Mas era hermano may<Hr, 
No uie tocaba el (castigo. 

FeL Yo soy «le don Pedro amigo 

Y tuve á don Diego amor. 
Si hablaba mal. solo fué 

De ruin gente, que la honrada 
Siempre fué de el respetada. 

León. ;^Eso dices? 

FeL Estose, 

Y yfT« Dios que si esconde 



La tierra este forastero. 
Que le he de matar. 

D. Ped. No espero 

Que hai)emos de saber dónde, 
Que es Sevilla confusión, 

Y si en mon.'islerio está, 
¿Quién Feliciano podrá 
Matarle en esta orasion? 
Lo mejor será enviar 

A San Lúcar dos soldados 
Para matarle pagados ; 
Porque este se ha de embarcar, 

Y no podrá conocellos. 

FeL Vámosle á buscar agora, 
Que es lo que importa. 

/>. Ped. Señora, 

Pensé que esos ojos bellos 
Enterneciera la muerte 
De don Diego, y tan airados 
Los hallo, que mis cuidados 
Crecen con rigor mas fuerte. 
Que por doblar mis enojos, 
Como á mi hermano un traidor. 
Me mata con mas rigor 
La espada de vuestros ojos. 
Que si no estáis ofendida. . 

Fel, ¿De qué os aflige mi hermana? 
No ha de amanecer mafuma 
Este villano con vida. 

ESCENA IV. 

DON ANTOMO y LEONARDA. 

D. Ant, ¿Dónde va tu hermano así? 

León. Allá C4in i^us amistades 
A ejecutar necedade^t. 
Que te den cuidado á ti. 

D. Ant Dicen q e ha herido á don Dieg 
Un forastero don Juan. 

ÍAon. Los dos á buscarle van ; 
Uno necio, y otro ciego. 

D. Ant. Pues qué, ¿quiere Feliciano 
Acabar mi vida así? 

León. Este don Pedro que aquí 
Triyo á mi pesar mi hermano, 
Qu< riendo que su muger. 
Como se lo ha dicho, sea, 
En estas cosas se emplea. 

D. Ant. Algo le ha de suceder. 
Siempre los malos sucesos 
Vienen por malos amigos ; 
No tiene un padre enemigos 
Como los hijos traviesos. 
Matarán este don Juan, 
¿Quién lo duda? es forastero. 

León. Es valiente caballero, 



ACTÜ I, ESCENA VIL 



tíS 



;<M, DO podrán. 

la coestíon 
al de mugeres 
¿poes cómo quieres 
e la raxon 
oagloria? 

Loego el doo Juan defeodia 
s? 

Si señor, 
se hombre tiene valor ; 
, Leonarda mia, 
e QD hombre honrado : 

maté quisiera, 
«ñas me altera 
ei tiempo helado. 
[onde estaba, 
ra y dinero, 
m de caballero : 
eo hecho no alaba? 
ir á ta hermano, 

y rico. 

ESCENA V. 

SONARDA T RUFINA. 

Ya qaedan 
larlos no puedan. 

temo á Feliciano, 
liste el criado ? 

tin (que aqueste es su nombre) 

mas tordo que hombre 

enjaulado. 

ha de cantar bien ; 

1 apenas entró, 
comer pidió. 

K que de comer le den, 
« con gran secreto 
de don Juan, 
tima los dos me dan. 
caballero es discreto, 
la puesto, Rufina, 
obligación, 
ella obliga á afición, 
^rsoDa inclina. 
I libro. 

Hasme dado, 
tnde contento; 
mi nacimiento : 
mostrar cuidado 
ai ejecutoria, 
[ue aquí la hallaste 
e mío. 

¿Pensaste 
por tu gloria? 
liero que sepa que tengo 
on schor de España, 



Ruf. Si la Tista no me engaña, 
A pensar que quieres vengo 
Ser con él mas que piadosa. 

León. ¿No te parece que fuera, 
Quien á don Juan mereciera... 

Ruf. Di lo demás. 

León. Venturosa, 

Sin temer tormenta ó caima ? 
Porque el bien hablar, Rufina, 
Es una señal divina 
De la noblexa del alma. 

ESCENA VI. 

Sala en la posada. 
ANGELA T RAMIRO. 

Áng. No sé como he de tener 
Paciencia en tan mal suceso, 
Que si no es perder el seso, 
^0 me queda que perder. 

Ram. ¿No pudiera suceder 
El matar á vuestro hermano? 
Que fuiste dichosa, es llano. 
Que en dos males es error 
No agradecer el menor, 
Y quejarse al cielo en vano. 

Ang. Conoxco que mayor mal. 
Huésped, suceder pudiera; 
Que esto no me sucediera, 
Fuera mi inocencia igual : 
¿Una muger principal 
En tierra estraña os admira. 
Que sin amparo se mira? 

Ram. No me admira que os engaña 
Llamar esta tierra estraña. 

Áng. ¿A qué mi remedio aspira? 

Ram. Eu Sevilla estáis, no estáis 
En algún monte desierto. 
jAy del que cerca del puerto. 
Si ya no es muerto miráis ! 
En mi casa no temáis 
Necesidad, ni violencia. [sisteocia 

Fel. {Dentro.) ¿Quién ha de hacer re- 
Adonde hay tanta razón? 

Ram. Estos los parientes son. 

Ang. Defienda Dios mi inocencia. 

ESCENA Vil. 

Dichos, FELICIANO, DON PEDRO 
T CARRILLO. 

Fef. ¿Posaba don Juan de Castro, 
Huésped, en aquesta casa? 

Ram. Aquí posaba, señor, 
Que á mi me pesa en el alma. 

Ffl. ¿Tiene aqui ropa, ó criados? 



66 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Rom. No tiene mas de esta dama. 

Fel. ¿Es acaso criada suya? 

D. Ped, ¿Es su amiga, ó es su hermana? 

Áng. Hermana por sangre «oy. 
De buena sangre heredada. 
Que os supiico respetéis ; 

Y amiga porque se llama 

La amistad, que es verdadera, 
Parentesco de las almas. 
No fué por mi la cuestión; 
NI he sido parte, ni causa 
De vuestro disgusto y pena, 
Aunque la mayor me aleanta. 
Los hombres al fin son hombres. 
Por mayores males pasan : 
¡ Ay de las pobres magerm 
Que los hombres desamparan ! 
Aquí sí que es el dolor, 

Y mas cuanto mas honradas, 
Porque es el mayor peligro 
El honor á quien le guarda. 
Yo soy la muerta, yo sola, 

A quien destruyen y matan, 
Yo triste, que aun ef valor 
En tal desdicha me faifa, 
Entre vuestras armas sola, 
Muger entre mil espadas; 
Dadme, señores, la muerte, 
Yo me confieso culpada, 
Que son sangre las desdichas, 

Y de deudo á deudo pasan. 
Mi fortuna dio los filos, 

Y le sacó de la vaina 

El acero de esta herida... 

¿Qué aguardáis? tomad vengfartza. 

D. Ped. ¿ Qué 08 parece de este llanto? 
i Vive Dios... si no mirara!... 

Fel, Callad, don Pedro, por Dios, 
Que es bajeza esa palabra. 
De lo que don Juan ha hecho, 
¿Qué culpa tiene su hermana? 
Este mozo está en las tierras. 
Donde con viólenlas armas, 
Por una ofensa un linage, 
Mugeres y amigos matan : 
Aunque esta señora fiíera 
Culpada en esta desgracia, 
¿No pudieran detraer 
La mas violenta arrogancia 
Dos perlas de aquellos o>06 ? 

D, Ped. ¡Buen amiío! ¡Linda traza 
De vengar un muerto hermano! 
Ven, Carrillo, que si aguarda 
Mi agravio vanos requiebros, 
Locas son mis esperanzas. 

Car, Vamos por toda Sevilla, 



Déjale, que es una mandria : 
Yo apostaré que á estas horas 
Le está ofreciendo su casa. 
Vamos, por los monasterios 
Que por la tribuna santa, 
Que aunque esté en el refitorio, 
Le he de dar cuatro mojadas. 

ESCENA VIII. 

Dichos, menos DON PEDRO t CARRILLO. 

Fei. Señora, no tengáis pena, 
Que aunque es bastante la causa. 
Por amigo de don Pedro 
Acompañé su venganza : 
Que entré soberbio os confieso, 

Y en viendo ese talle y cara. 
Amainé todas las velas : 
Tengo sangre de Vizcaya, 
Lo que dijere una vez 

Será firme y sin mudanza; 
Dadme licencia que os vea^ 

Y en esta ocasión os vaíga. 
Que he, vive Dios, de poner 
Un millón que hay en mi casa, 
Por vuestro servicio, y luego 
Honor, sangre, vida y alma. 

Áng, El cielo os pague el consuelo. 

Fel, ¿Vuestro nombre? 

Áng. Angela. 

Fel. Basta, 

No se engañó quien le puso. 
¿Huésped? 

Ram. ¿Señor? 

Fel. Dos palabras : 

Con estos cincuenta escudos 
Regalaréis esta dama 
Mientras que vuelvo á Sevilla. 

Ram. ¿ Cuándo volvereis ? 

Fel. Mañana. 

ESCENA IX. 

Dichos, menos FELICIANO. 

Ram, Cincuenta escudos me dio. 

Ang. Término de gente hidalga. 

Ram. I Pesia tal ! es rico y noble, 
Puede comprar á Triana. 
Una hermana tiene hermosa. 
Para quien su padre guarda 
Cíen mil ducados de dote. 

Ang, La fortuna, mi madrastra, 
lía guardado para mi 
Cien mil penas y desgracias. 



Acto I, ESCENA XI. 



escbh A 1. 

Casa de Don Antonio, 

DON JUAN 1 MARTIN. 

«. ¿Cómo pasaste á yerme? 

Con licencia 
lata, que es la qointa esencia 
discreta picardía, 
oreno de esta tierra cria. 
1. ¿Has comido? 

¿Qoé dices? treinta platos 
sta princesa de mulatos, 

la paja de manteles, 

>r que en sillas, ni doseles : 
stre mano, y paz de Francia, 
JO que temiendo la fragancia , 
la, pastilla, j no ser fea, 

pudiera la gragea. 

tú? 

u Pedile á la morena 

lor pasar mejor la pena 

loledad, y ella que ignora 

rías salen en la corte agora, 

tanta prosa, verso y fama, 
a nobleza de su ama 
lores j oro, y la he leído, 
amblen estuve entretenido, 

1 los donaires del Parnaso, 
del ntrevo Garcilaso. 
finalmente, su belleza, 

i competir con su nobleza. 
'tin, tras esto la comida 
le la dama defendida, 
r^Io, olor, gusto y aseó^ 
le ha faltado á mi deseo 

que te dio l.-t mnlatilla. 
^oé bizarra es la gente de Sevilla! 
fkll ¡qué limpia y generosa ! 
n. ¿No es Lconarda discreta, no 
i hermosa? [vantes, 

¿Cómo discreta? Cicerón, Cer- 
e Mena, ni otro deispues, ni antes, 

tan discretos y entendidos ; 
a templada en los oídos, 
icia en favor por el consejo ; 
cía en cristal de vino añejo, 
>blon en mesa ó plata doble, 
apuesta de persona noble, 
arroyuelo ardiendo Febo, 
; don Luis, Séneca nuevo; 
t>re los torreznos que se fríen, 
inas las fuentes que se ríen, 
noro que en la espalda suele, 
le azotan á quien no le duele, 
abo testigo ó alcahueta 



67 

El eco de la solfki de ba(](úeta ; 

Pues en llegando á hablar de hérmosoia, 

Diana es fea, Filomena oscura. 

La doncella de Francia, y la doncella 

De Dinamarca, nones son con ella. 

Porque el sol es muy lindo, y nos enfiada 

Por los caniculares, y esta agrada. 

Quedémonos aquí, pues has topado 

Las Indias sin la mar, que tú embarcado 

Irás á tu aposento con Leonarda, 

Y yo con la mulata que me aguarda 
En mi pajar sin largar las escotas; 
Porque si aquí se encierran treinta flotad, 
¿Qué es menester buscar mayor tesoro? 
Que aun esta esclava, si la vendo, es oro. 

D. Juan. Como piensas, Martin, lo que 
has soñado, 
Bien parece que en paja te has echado. 

MarL Sí, mas no la he comido, que me 
Naranjas que la cólera rompieron, [dieron 
Un pernii con las hebras como grana, 
Que abriera á un hipocóndrico la gana; 

Y á estar hecha en figura mas perfeta, 
De un cardenal pudiera ser muceta : 
Una ave enamorada... 

D.Juan. ¿Enamorada? 

Mart. De tierna, derretida, y bien asada. 
Hubo su rebanito, oliva y queso. 
Que pudieran venderme por el peso; 
Con esto y diez tragadas de Cazalla, 
Dije poniendo aparte la toalla. 
Los OJOS ya dei buen licor testigos : 
Mulata, ¿dónde están los enemigos? 

D. Juan. {Ay, Martin, como todo íne 
alegrara 
Si en Madrid á doña Angela dejara ! 
Pero ver que es mi hermana, y que afligida 
Ha de estar dei peligro de mi vida, 
No me permite gusto ni contento. 

Mart. Quedo, que está Leonarda en tu 
aposento. 

ESCENA XI. 

Dicaos, LEONARDA t RUFINA. 

León. ¿Habréis pasado muy mal 
De aposento y de comida? 

D. Juan. No la he tenido en mi vida, 
Hermosa señora, igual. 

León. Dar «n palacio real 
A vuestro valor quisiera. 

D. Juan. Menos á mi intento fuera : 
^or ser de e?clava le alabo, 
(}up siendo yo vuestro esclavo 
ie disteis mi propia esfera. 
Vine á mi centro en venir 



GS 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Donde vuestra esclava vive; 
Parece que me apercibe 
De que os tengo de servir : 
Si aquí os puedo ver y oir 
Toda mi ventura encierra, 
Todos mis maies destierra ; 
Porque después de no estar 
Í!in el cielo, no hay buscar 
Mayor descanso en la tierra : 
¿ Pero qué ha de ser de mí. 
Ya que en tal lugar estoy. 
Si en siendo noche me voy 
De aqueste dia en que os tí? 
Si tan presto el bien perdí 
Fimera fué mi ventura, 
No es bien el que poco dura : 
¿ Mas quién, señora, pensara 
Que mis contrarios vengara 
Vuestra divina hermosura ? 
Cuál es el muerto no acierto, 
Bella Leona rda, á juzgar; 
Si el no veros me ha de dar 
La muerte, yo soy el muerto : 
Pensé que llegaba al puerto 
De mis desdichas, y llego 
Donde á la muerte navego 
Con tal tormenta y rigor, 
Que quiere anegar amor 
El alma en un mar de fuego. 
¿ Qué hice yo á vuestros ojos 
Que vengan mis enemigos. 
Cuando los hice testigos 
De mis lágrimas y enojos? 
Juzgaréis que son antojos 
Decirme que me desalma 
Amor que me tiene en calma ; 
Pero vuestra discreción 
Sabe que la obligación 
Abre las puertas al alma. 
Primero os amé que os vi ; 
¿Quién vio tan nuevo obligar? 
Y no lo podéis negar, 
Pues sabéis que os defendí : 
Mirad como merecí 
Favores antes de veros, 
Pero fué para perderos. 
Pues en viéndonos los dos, 
No me defendí de vos. 
Aunque supe defenderos. 

León, Señor don Juan, si tenéis 
Determinado partiros, 
Mal podré yo persuadiros 
Contra lo que vos queréis ; 
Ybastaquemedejeis 
Con tantas obligaciones, 
Sin decirme estas razones 



Para mas pena y dolor, 
Que no le detiene amor 
A quien deja las prisiones. 
Defenderme antes de verme 
No fué amor, nobleza fué, 
O condición vuestra en fe 
De obligarme y conocerme; 
Pero si fué defenderme 
Nobleza, nobleza fué 
El haberos defendido; 
Con que direís con razón 
Que cumple su obligación 
Beneficio agradecido : 
Vos os vais porque queréis, 

Y algún deseo lleváis, 
Pues porque queréis os vais. 
Cuando quedaros podéis ; 
Al peligro anteponéis 

El ángel que en la posada 
Debe de estar lastimada ; 
Mirad qué estraños desvelos. 
Que os estoy pidiendo zelos 
Sin amor ni ser amada. 
Dicen que la enfermedad 
Tiene la espada desnuda. 
Cuando está la vida en duda, 

Y en mí el ejemplo mirad : 
A matar la libertad 

La espada desnuda entrastes, 
Aunque piadosa me hallastes; 
Pero el efecto que hicistes 
No os lo dije, pues os fuistes. 
Con mas prisa que ilegastes. 
Id en buen hora á buscar 
Esa dama venturosa. 
Que estará tan cuidadosa 
Como me habéis de dejar; 
Mirad si queréis llevar 
Alguna cosa de aquí ; 
Que os aseguro que fui 
Dichosa en que luego os vais, 
Porque si mas os tardáis, 
Me lievárades á mí. 

D. Juan, Leonarda, si yo me voy. 
Es por no daros enfado. 
Que del ángel lastimado 
Legitimo hermano soy, 

Y el favor que me dais hoy 
En e! alma le imprimí : 
Bien quisiera estarme aquí. 
Si tuviera atrevimiento; 
Porque este humilde aposento 
Fuera cielo para mí. 

El cuidado de mi hermana 
Confieso que me le da. 
León, ¿Qué es vuestra hermana? 



ACTO I, ESCENA Xll. 



69 



hum. No está 

sabedlo mañana, 
f . ¿ Para qué andáis con rodeos^ 
se Ten ios enojos, 
or la boca y los ojos 
( trocando deseos ? 
I la partida bien, 
se muere por no irse^ 
a puede decirse) 
menos, ya qne fuese 
I esta TolBntad, 
saber la Terdad, 
ide, á praeba, y estése. 
^ 08 estáis mirando ? 
han. Por mi yo me qnedo aqai. 
u Y yo 4 qué diré de mi? 
f. Di« qoe lo estás deseando. 
¿ Y él DO tiene hermana allá ? 
i. No, perra... perla quería 
que tú lo eres mía. 
. Tu hermano ha venido ya. 
I. Sainamos del aposento, 
ratú. 

^iiaa. A Dios. 
I. A Dios. 

. i Eo fin se quedan los dos? 
t. O es amor, ó atrevimiento. 

ESCENA XII. 

Sala en casa de don Antonio. 

LEQMARDA t FELICIANO. 

, i Leonarda, señora mia ? 
t. \ Cuánto me alegro de verte ! 
le has tenido con pena 
que tan loco fueses 
npanar otro loco, 
lia sucedido? ¿ qué tienes? 
» bailado por dicha 
otero valiente? 
qué le babeis muerto ? 

Yo 
que vengo á ia muerte. 
I. ¡ Ay cielos! ¿estás herido? 
le? ¿cómo? 

Espera, tente, 
i una herida invisible, 
! sola el alma muere. 
I. 4 El alma puede morir? 
i De amor, hermana, no puede? 
I. ¿ Pues tú sabes qué es amor, 
m gusto indiferente 
nina quieres bien, 
s, que á todas quieres ? 



Fel. Como yo pienso, Leonarda, 
Que mi dinero pretenden, 
Guardo el alma, y doy la bolsa, 
Que es lo que ellas apetecen. 
Dijeron nos la posada 
De aquel don Juan, y cual suelen 
Romper los aires los rayos, 
Fuimos á cal de la Sierpe, 
Entramos, pensando hallar 
Prendas de don Juan, y en frente 
Estaba un retrato suyo. 
Con alma entre viva nieve. 
Una doña Angela, un ángel, 
Claro está, pues lo parece. 
Con unas lágrimas tristes. 
Que hicieran la noche alegre. 
Las lágrimas te encaresco, 
Para que por ellas pienses 
Cuál deben de ser los cielos. 
Que tales lágrimas llueven. 
Pero si llorando, y tristes 
Nombre de cielos merecen, 
¿ Qué serán con alegría 
Ojos que tal gloria tienen ? 
Abrió por medio un clavel, 
Ya quisieran los claveles 
Tomar las perlas que vi, 

Y d^o en ratones breves 

La desdicha en que se hallaba. 
Hablóla yo tiernamente, 
Que no supo á tanto sol 
El corazón defenderse ; 
Pesó á perlas mis palabras 
Enternecida de verme 
De su parte en su desdicha ; 
Que á veces, Leonarda, mueve 
Al llanto en las desventuras 
El ver que alguno las siente. 
Prometí darla favor, 
Don Pedro enojóse, y fuese ; 

Y aunque yo también me fui. 
Diré la verdad, quedóme. 

Di para regalos de hoy 
Cincuenta escudos ai huésped, 
Que llevaba en un bolsillo. 
Con esto he venido á verte. 
Porque sepas que don Pedro 
Puede buscar quien le vengue; 
Porque yo pienso, i^eonarda, 
(Y ríñeme como sueles) 
Tener el ángel que digo 
Por mi dueño para siempre. 

L^on. Lo que yo pienso reñirle, 
(I>ues sabes que las mugeri^is 
De ver otras en desdichr^. 
Se lastiman fácilmente} 



70 



EL PREMIO Q)SL BIEN HABLAR. 



Es que á persona tan noble 
Esa miseria le dieses. 
Cuando le dabas el alma. 

Fel. Razon^ mi Leonarda, tienes; 
Mas no ves que las que pesan, 
Por miedo de los fieles 
A lo principal añaden 
Otra cosa diferente : 
Así al alma puse el oro, 
No porque valor bubieso, 
Pero por cumplir el peso, 
Aunque me pesa de vern^e 
En peso tan desigual, 
Si bien es un tiempo aqueste, 
Que á peso del oro hay almas, 

Y almas que por él se pie|r4en : 
Ya lo di, corrido estoy. 

León, Poco el oro me parece 
Para contrapeso de alma. 
Fel, No tuve mas, i qué me quieres? 
León. En tal ocasiun, berm^no, 

Y mas si amor te enloquece. 
Era lo cierto decir, 

Gomo bombre cuerdo y prudente : 
Yo tengo en casa una hermana, 
Que en esta ocasión os puede 
Tener consigo, entre tanto 
Que este negocio remedien 
Ruegos, dineros, y amigos. 

Fel, i Luego si yo la trújese, 
La tendrías tú contigo ? 

León, ¿ Eso dudas ? ¿ luego entiendes 
Que tengo el alma de piedra? 
Iré por ella, si quieres, 

Y si hay lugar en tristezas 
Le diré lo que mereces. 

Fel. i Ay Leonarda de mis qjos! 
A tus pies quiero atreverme 
A pedirte que me obligues, 

Y que esta dama consueles. 
Haz poner el coche, y parte 
A la calle, que parece 

Que estando á los pies de un ángel. 
Entonces fué de la Sierpe. 
Toma mi hacienda, mi vida, 
Gomo sola el alma dejes ; 

Y esto porque no la tengo. 
León. Llama, Rufina, esa gente. 

Hoy que el ángel de mi hermano 
El coche en oro convierte. 

Ruf. Basta que estáis dos á dos. 

Fel, \ Ay, Angela, si te viesen 
En esta casa mis ojos I [ap, 

León. \ Ay, don Juan, cuánto me debes ! 

Kuf, i Ay, Martin! si á mi o^lor 
Tal san Martin le viniese. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PBIHIERA. 

Sai a en casa de don Antonio, 
DON JUAN T MARTIN. 

Mari, Parece nuestra historia encanta- 

D. Juan. No lo parece, si lo es. [mentó. 

Mart. Al día 

Abre las puertas con dorado aliento 
La bella aurora que las flores cria, [sentó* 

D. Juan, Estaba (como digo) en miapo- 
Cuanto la noche el filo igual tenia 
En la balanza con que pesa estrellas. 
Mas triste que ella suele estar sin ellas. 
Pensaba solo en mi querida hermana. 
Cuando oigo abrir la puerta , y que Rufina 
Me dice, que Leonarda mas humana 
Hablarme en su aposento deternüna : 
Voy tras la esclava como sombra vana. 
Mira tú con qué luz mi error camina, 

Y asido de su enfaldo á escuras llego 
A la esfera bellísima del fuego. 

Una bujía en una cuadra ardia, 

Y con vislumbre trémula enseñaba 

Lo que en la cuadra bien compuesta había, 
Que una cama de seda y oro estaba ; 
El ámbar de aire en viento ie servia. 
Que por las cuatro partes respiraba : 
Allí yo te confieso que suspenso 
Llegar mi dicha por la pusta pienso. 
¿ Qué os detenéis ? (me dice la mulata) 
Corred, cobaide, esa cortina luego; 

Y descubriendo un cielo de oro > plata, 
De una hermosa muger me abrasa el fuego: 
Yo cuando pienso que Leonarda trata 

De algún yerro de amor que es siempre ciQgo, 
Conozco que es doña Angela mi, herman«, 

Y fuese en hum(» mi espera: iza vana. 

¿ Qué es esto (dije), dulce hermana mía? 

Y como con su rostro me juntaba, 
Sentí que huésped en la cama había, 
Que Leonarda de seios suspiraba. 
Martin, yo te confieso el alegría. 

Que ver mi hermana en tal lugar me daba, 
Pero que en parte me pesó, pues creo 
Que fuera mas dichoso mi deseo. 
Después de hablar con ella mas de una hera 
¿ Cómo, 1^ dije, este lugar tomaste, 
Pues era de Leonarda mi señora? 
¿ Tan presto el noble término olvidaste? 
Mandóme (respondía) mudarle agora 
Para poder hablar cuando llegaste ; 



ACTO II, ESCENA II. 



71 



de la otra parte, porque puedas 
lecer lo que obligado quedas, 
cucho desde aquí, dijo Leonarda ; 
lireme yo cotMirdemente : 
HIa, presumiendo de gallarda, 
jó su temor á su accidente; 
»que el animal,^! que acobarda 
15 mugeres, se atrevió á su frente : 
I con qué donaire fingiría 
^do, que era entonces osadía. 
sTia las trenzas, }a la ropa, 
I cuello los candidos cambrayes, 
TuelTe á cubrir con lo que topa, 
indo alegre risa en dulces ayes ; 
•ndo mi fortuna Tiento en popa, 
e al corazón, no te desmayes : 
lo la lus á ruego suyo inclina, 
le mulata su color Rufina. 
« eu crespos rizos sus cabellos, 
de la tormenta del espanto, 
isueña eu mi los ojos bellos, 
»do el animal que temia tanto : 
tó el alma entre las luces dellos^ 

por la colcha que levanto, 
asa el animal, y que le veo; 

lo que pasaba mi deseo. [te, 

visto el mismo amor desde que mien- 
esde que nació mentir sabia, 
ien fingido espanto, y accidente, 
»ien trazado para dicha mia ; 
lo grande estar su hermano ausente , 
ue á acostarse le conduce el dia) 
IOS pudiera oir; mas la ventura, 
lo ella quiere, todo lo asegura, 
(tro bajo á la bordada orilla 
cama, por ver si hallaba <>1 rastro, 
io una desmayada zapatilla 
e faltaba el alma de alalmslro : 
haya la limpieza de Sevilla ; 
le por vida de don Juan de Castro, 
'1 mas grave señor hacer |ju(':( ra 
mpia znpatil'a bigotera. 
$to á mi aposento vuelvo, y di^^o 
fortuna mil requiebros, tales, 
tesde agora á no sentir me obligo, 
lies bienes, los mayores males ; 
i sido el sucho de mi Lisn testigo, 
penas en los fúlgidos umbrales 
ílo puso el pie la blar.ca aurora, 
lo me halló como me ves agora. 
rt. ¡ Suceso estraño, y último sosiego 
temor! Mas breve fué mi historia j 

1 mulata á la cocina llego, 
mdaba en esos pateos d( tu gloria; 
ia echado en el umhral del fuego 
lastín que pudiera andar la noria, 



Siento roncar, y paso á paso aplico 
La humilde boca al temerario hocico : 
Pero apenas la boca en él repara 
Que olía á pepitoria, y no á camuesas, 
Cuando ladrando me agarró la cara, 

Y en los carrillos me estampó las presas ; 
Pues luego mi fortuna en eso para. 
Quiero correr, tropiezo en dos artesas, 

Y doy en la espetera con la frente, 
Despertmdo los gatos y la gente. 

Cual me salta á la cara, cual me agarra 
Por una pantorrlUa, pierdo el tino. 
Muero en el puerto, y sin hallar la b^rra. 
Por embocar In puerta desatino : 
¿ Qué galgo con cencerro ó con guitarra. 
Sacudiendo la cola, huyendo vino 
Por las carnestolendas, como salgo? 
Las manos dejo, y de los píes me valgo. 
Pero ya que salí de la cocina. 
Huyendo del ladrante seguimiento, 
Por ir al aposento de Rufína, 
De las conservas hallo el aposento. 
Oh! bien haya, don Juan, la luz divlqa 
De cuanto vive lustre y ornamento, 
Pues con ella á tus ojos he llegado, 
Oloroso, morditio y arañado. 

D. Juan. Gente suena , aquí te esconde 
Hasta que sepas quién es. 

Mart. ¿ Tengo de hablarte despqcs ? 

D. Juan. Mi soledad te responde. 

Mari. Muy bien te puedes estar. 
Que es Leona rda mi señora. 

ESCENA II. 
MARTIN T LKONARDA. 

León, ¿ Martin ? 

Mart. Pareces aurora 

En la luz y el madrugar. 
Querrás andar en tu casa; 
Indiana en fin. 

León, Oto flu 

Me ha despertado, Martin^ 
Que de hacienda de Indias pasa. 

Mari. Dígolo, porque tenéis 
Fama de ser miserables. 
Por los trabajos notables 
Que. en tierra y mar padecéis. 
¿ Pero qué te ha levantado ? 

León. Un desasosiego injusto. 

Mart, ¿ Es disgusto ? 

León, No es disgusto, 

Que no hay gusto con cuidado. 

Mart. No será pena de amor. 
Que dan gusto sus desvelos. 

León. No le pueiie balti r con zelos. 



72 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Mari, De zelos es la mayor ; 
¿ Pero xeios tú? ¿de quién? 

León, Mis selos son testimonio 
De que se ba Tuelto demonio 
Mi amor. 

Mari. No lo entiendo bien. 

León. ¿ Qué nombre le puedo dar, 
SI tengo de un ángel zelos? 

Mari. ¿De esto nacen tus desvelos? 

León. Si me ha querido engañar 
Don Juan, por baber pensado 
Que le he de ayudar mejor, 
Engáñase, que el amor 
No paga bien engañado : 
Doña Angela no es su hermana. 

Mari, Lo es por Dios, y no es rason 
Que Juzgues de su intención 
Por una apariencia vana. 

León, Yo sé que su dama es, 
y que lo quiere encubrir, 

Y á mí no me ha de mentir 
Por tan pequeño interés ; 
Que me va la vida á mí 

En tener mi libertad : 
Él sabe mi calidad. 
Tan buena como él nací. 
Yo regalaré su dama, 
No por eso ha de pensar 
Que es mejor aventurar 
El crédito de mi fama. 
Ella es muy linda por Dios, 

Y en él muy bien empleada. 
Ya la he visto despojada ; 
Bien se pagaron los dos. 
Hasta verla tuve en duda 
La voluntad y la vida : 
Desvelos me dio vestida, 
Zelos me ha dado desnuda. 
No es cosa para sufrir, 

Que zelos antes de amor, 
Es como necio acreedor 
Que firma sin recibir. 
Di que no me hable mas 
Ed lo que habernos tratado. 

Morí, Si mi señor te ha engañado, 
No vuelva á Madrid jamas. 
Plega á Dios, que un ignorante 
Me lea, ilustre señora, 
En versos, versos un hora, 

Y un mal músico me cante ; 

Y que algún falso deudor 
De estos mohatreros viejos. 
Por audiencias y consejos 
Haga pedazos mi honor. 
Plega ti Dios que seu creída 
La primera información, 



Y quíteme la opinión, 

Que sin opinión no hay vida ; 
Que me vendan mis parientes, 

Y me olviden mis amigos, 

Y que á mil falsos testigos 
Nazcan otros tantos dientes ; 
Que sirve á señor ingrato, 

Y si hubiere lugar, quiero 
Que me tire un caiidelero 
A quien pidiere barato ; 
Que se aficione á capones 
Mi dama por voces vanas, 

Y si tuviere tercianas. 
Me curen por sabañones ; 
Que compita con bonete, 

Y me atruene un bachiller. 
Que hable grueso mi muger, 

Y mi criado en falsete ; 
Que me ensucien una aldaba 
Cuando por llamar la tuerza, 

Y que me casen por fuerza. 
Que con voluntad bastaba. 

León. Ya te conozco, Martin, 
Para tordo eres mejor ; 
Yo entendí que tu señdr 
Miraba otro blanco y fin. 
Lo dicho, dicho, no hay mas. 

Mari, Oye, señora ; detente. 
Escucha. 

León. Vete, insolente. 

Mari, ¿De esa manera te vas? 

ESCENA 111. 

MARTIN T FELICIANO. 

Fel. ¿ Qué es esto ? 

Mari, Perdióse todo. 

Fel. ¿ Quién sois? ¿ Y qué hacéis aqi 

MarL Señor, yo vine..,» yo fui... 

Fel. Quien se turba de ese modo, 
Bien claro dice quién es. 

MarL Soy cigero, y he vendido 
Unas randas que he traido, 
Como lo sabréis después. 
Si algunas voces he dado, 
Por mi dinero será. 

Fel, ¿ Y la caja dónde está ? 

Mari. Aquí enfrente la he dejado. 
De donde agora pasé. 

Fel, ¿ Y á quién las habéis vendido? 

Mart. Si á vuestra muger ha sido 
O á vuest a hermana, no sé; 

Y aquí estaba una esclavllla. 
La cual Rufina se llama. 

Fel. No es mi muger esa dama. 
Mart, Yo sé poco de Sevilla. 



ACTO il, ESCENA Vi. 



75 



De qué Dación? 

Turco soy. 
Furco? 

Digo de Turin. 
Piamontés? 

Sí piamentin. 
!e peligro estoy. ap. 

)e qué país del Plamonte? 
De lUeecas. 

¿De lUescas, cómo? 
Tal miedo de veros tomo ; 

soy de Belmonte. 

9 me agradáis. ¡ Ah Leonarda ! 

ESCENA IV. 

Dichos t LEONARDA. 

¡EsFeÜciaDoP 

Yo soy. 
Gracias á los cielos doy ; 

1 socorro tarda. 

tra merced no he dado 
idas, de que espero 
puerta el dinero? 
Unas randas le he comprado, 
erdonad, hombre de bien. 
Las sospechas, caballero, 
mas DO el dinero. 
Bgaros quiero también : 
Higo. (Vase.) 

MarUD, 
1. 

¿ Qué me mandáis ? 
Que á verme siempre vengáis. 
Pensé que dábamos fin 
06 cuentos, por Dios ; 
s Teotnra fué^ 
cobierto podré 
eaora, cx)d vos. 

ESCENA V. 

LEONARDA. 

>erlas del alba descogían 
hojas las abiertas flores^ 

so alegre paz dos ruiseñores 

sobre un álamo tejían. 

a el tiempo que coger querían 

de sus Cándidos amores, 
otros dos competidores, 

ito fabricaban deshacian. 

jas de que ya vestido estaba 

en cristal los arroyoelos 

lente que el álamo bañaba. 

¡ron mis ansias y desvelos 



Cuando pensé que nido fabricaba : 

Tal fin promete amor, principio en zelos. 

ESCENA VI. 

LEONARDA t ANGELA. 

Áng, ¿ Estás sola ? 

León. ¿No lo ves? 

Ang, Mí hermano, Leonarda mía, 
A asegurarte me envía, 
Para que de mí lo estés : 
Suplícate que me des 
Crédito por desagravio 
De tu amor, que no es tan sabio 
Amor, que á no ser su hermana, 
Fuera la riqueza humana 
Parte á sufrir un agravio. 
Y mucho lo estoy de tí. 
En no haberte parecido 
Aquello mismo que he sido 
Desde el día en que nací. 
I Porqué presumes de mí 
Que si yo fuera su dama 
Aventurara tu fama, 
infomando tu nobleza? 
Porque no hay mayor bajeza^ 
Que ser tercero quien ama. 
ó Mas de qué sirven rodeos? 
Para mas segundad, 
Pagaré con voluntad 
De tu hermano los deseos : 
Amor, de honestos empleos 
No esceda, ni te levante, 
Mas que á ser cortés amante : 
Mira tú si puede haber 
Para zelos de muger 
Seguridad semejante. 

León. Doña Angela, en tiempo breve 
No puede haber mucho amor^ 
Esto ha sido, que e) amor 
Se previene á lo que debe : 
Cuando una muger se atreve 
A amar, mire los sugetos 
Causa de ¡guales ofetos. 
Que examinar el valor 
Antes de tener amor^ 
Es prevención de discretos. 
Nunca aventura la fama 
Tan presto nobles mugeres : 
Si como su hermana eres, 
Fueras, Angela, su dama ; 
(Que nobleza no se infama 
Amaudo lo que es «geno) 
Ya tengo tu amor por bucno^ 
Ya con mis zelos acabo, 
Tu satisfacción alabo. 



74 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Y mi sospecha condeno. 
Si á mi liermano favoreces^ 
Daré favor á tu hermano^ 
Que ya sabe Feliciano 
Lo que vales y mereces : 
La fortuna muchas veces 
Ofrece las ocasiones ; 
Si á las Indias te dispones, 
Aquí es mejor que te pares, 
Sin andar por altas mares 
Peregrinando naciones. 
Aficióneme de ver 
Que sacase un caballero 
En mi defensa el acero, 
Solo porque soy muger. 
Angela, no he menester 
Dineros, sino contento; 
Ayuda mi pensamiento^ 
Que fuera de mi nobleza, 
No hay en las Indias riqueza, 
Que iguale tu casamiento. 

Ang. Yo, señora, haré tu gusto. 
Fuera de ser de mi hermano. 

León. Daba á don Pedro la mano, 
No con pena ni disgusto, 
Pero ya querer es justo 
A quien defiende mi honor. 

{Sale Rufina.) 

Ruf. DoD Antonio, mi señor. 
Viene con don Pedro, á hablarte ; 
Escóndete. 

Ang. ¿Si es casarte? 

León. No hay obediencia en amor. 

ESCEN^i VII. 

LEONARDA, RUFINA. DON ANTONIO 
Y DON PEDRO. 

D. Ant, ¿En tal peligro queda? 

D. Ped. No parece 

Que una hora puede dilatar la vida ^ 
Mengua el valor, y el accidente crece : 
Mi casa queda toda reducida 
A sola mi persona. 

D. Ant* Si en vos queda, 

Será mas aumentada que perdida. 

D. Ped. Bastante hacienda y mayorazgo 
hereda, 
Quien solo quiere ser esclavo vuestro. 
Cuando esta dicha el cielo me conceda. 

D. Ant. Vos conocéis el justo amor que 
os muestro. 
Aquí está mi Leonarda, que en su gusto 
Sabéis, don Pedro, que se mueve el nu< stro. 
Leonarda, sin respuesta, sin disgusto, 



Hoy se ha de hacer este eoDC 

quiero 
Que lo que quiero yo tengas por 
Es don Pedro tan noble caballen 
Que quiero honrar mi casa de h 
Doile sin joyas tuyas en dinero 
Cuarenta mil ducados^ aunque e 
Mayor parte después ; dale la ma 
Para que la escritura se concluj 
Mayorazgo he fundado en Felich 
Ya sabes que es razón, diez mil 
(Gracias á Dios) le quedan á tu 1 
Que en la nobleza, y las virtude 
Tiene por dote de mayor decoro 
Lo que la vida y la opinión aumi 
D. Ped. Si lievo eo mi Mo 
tesoro, 
¿ No me basta saber que es preod 
¿ Qué valor en su pié merece el 
León. Estimo vuestra noble coi 
Señor don Pedro, yo aunque est 
De que la dicha que decís tenia. 
Esto solo os respondo. 

D. Ant. No Gondei 

La yergúeoia jamas estas accioDi 

Vamos adentro, no la demos peo 

D. Ped. No voy contento y 

razones ; 

Disgusto me parece que ha seot 

X>. Ant. Fingen disgusto eo f 

siones. 
D. Ped. Poco dichoso con Le 
D. Ant. Aquel eDcogímiento fi 
D. Ped. Aun no fui de sus ojos 
D. Ant. Vos lo seréis cuando 

esposo. 

D. Ped. Dadme licencia que < 

D. Ant. Dueño sois de esta caí 

D. Ped. \ 

Padre y señor, quien tanto bien j 

ESCENA VIII. 

LEONARDA, RUFINA, t di 
DON JUAN T MARTIN 

León, i Quien pensara que tan 
Tuvieran fin semejante 
Mis pensamientos activos? 
Ruf. ¿ Puede mi señor forzarte 
León. Puede quitarme la vida. 
D. Juan. Déjame, necio. 
Mart. ¿ Qm 

D. Juan. ¿Qué tengo de hacer! 
Mart. ¿ Pues de esa manera s 
León. ¿ Qué es esto, don Juan! 
7). Juan. 



A«Te II, BS€£NA IX. 



75 



Adonde TtsT 

A matanne. 
Por qué, señor? 
I. Por tu gusto, 

fausto? ¿de qué? 

De casarte. 
OUte á mi padre? 

Le oí. 
Pues qué dijo? 

Que me ^ates. 
^o qué respondí.^ 

Tibiezas. 
í doo Pedro? 

Necedades. 
>8iégate. 

¿Cómo puedo? 
Dije el sí ? 

Bastó callarle, 
ido estás. 

I. Soy desdichado. 

: o muger. 

Eso tote, 
iblame bien. 

Bttoy muerto, 
•cacha. 

i. i Qué he de escucharte ? 

sa es locura. 

Es por tí. 
arecen representantes, 
bien el papel, 
artin, así Dios te guarde, 
m Juan lo que dice ? 
Si lo siente ? ¡ qué donaire ! 
le salir sin seso, 
IB disparates ? 
t. Ea, Martin, á embarcar. 
Cómo quieres que me embarañe, 
teado mi dinero 
as y cambrayes? 
a casa cajero, 
uinientos reales 

0, y pretendo 
Italia y Flandes 

. Digo, que le embarques luego. 
Dónde tengo de embarcarme? 
. Dentro del mar de mis ojos. 
otables sois los amantes. 
:. Mas no, que ( orre tormenta, 
oso anegarte. 
a, Rufina, al corredor, 
eiJas avisarme : 

1, lince has de ser 
ta de la caile^ 

> hablar libremente, 
voy. 

Y vo á ser alcaide. 



ESCENA IX. 

LEONARDA y DON JUAN. 

León, Donjuán, las ingratitudes 
Ofenden las voluntades, 
Mucho en poco tiempo debes 
Al alma que supo amarte. 
¿Cuál hizo mas de los dos? 
i TÚ en quererme ; ó yo en dejarme 
Engañar de los requiebros, 
Cosa á los hombres tan fácil? 
¿ Qué mudanza has visto en mí ? 
¿Qué es lo que dije á mi padre? 
¿ Qué te obliga á hacer locuras? 
¿Puede por fuerzu casarme? 
No puede ; y mas que te busca 
Feliciano por mil partes 
Obligado á defenderte 
Por mi inclinación notable 
Al servicio de tu hermana. 
Por Dios, don Juan, que repares 
En la pena que me das. 

D. Juan. No sé como puedo hablarte 
Con las desdichas presentes, 
Porque es razón que me alcancen. 
¡ Qué quien escucha oiga mal ! 
Lo que escuché fué bastante 
Para temer la caída 
De mi fortuna mudable. 
Si tu padre, prenda mia, 
Con resolución tan grande 
Quiere casarte; ¿qué importa. 
Que tú con tu hermano trates 
Resistir la voluntad? 

León. No hayas miedo que me case 
Con don Pedro, don Juan mio; 
Que si de mi hermano sabes. 
Que desea conocerte. 
No será mi padre parte 
Para casarme por fuerza. 

D. Juan. \ Qué notables tempestades 
Corre esta pobre barquilla 
En dos tan breves instantes ! 
¿Es posible que en dos dias 
Cosas por un hombre pasen. 
Que aun en dos años parecen 
Imposible de contarse ? 
Mil veces en mi aposento 
Pienso que puedo engañarme ; 
Porque me niego á mí mismo 
Ser tan presto, y ser verdades, 
O por lo menos que duermo, 
Y que sueño disparates, 
Por mas que los nacimientos 
Conciertan las amistades. 



76 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Entré, señora, en tu cuadra; 
Vi con doña Angela an ángel, 

Y por unas celosías 
De cabellos descuidarse 
Blanco marfil mal ceñido 
De lágrimas orientales^ 
Vi dos manzanas de nieve, 
Escritas de azul esmalte^ 

Y d^e : bien haya el árbol 
Donde tales frutos nacen. 
Luego vi encubrirse todo, 
Quedando solo en cristales 
Unos rayos que tenían 
Breves grillos de diamantes. 
Vine con esto mas loco: 
Olvídeme de mis males, 
Que no esperados placeres 
Olvidan grandes pesares. 
Prometime de tener 

Dueño, que el mundo envidiase^ 
Rico, noble, hermoso, ilustre, , 
De alto valor, de alta sangre. 
En pago de la defensa 

Y alabanzas inmortales. 
Que me deben las mugeres 
Honras, virtudes, linages. 
Desde que ceñí la espada; 
No sufriendo que afrentasen 
Muger ninguna á mis ojos. 
Lo cual me ha costado cárcel. 
Heridas, perder la patria, 
Envidias^ enemistades, 
Oflcios, cargos, hacienda. 
Hasta que pude obligarte 
Con lo que sabes, señora. 

Que te ha obligado á ampararme: 

Y apenas quise salir 

No á dejar mis soledades, 
Sino por ver si te vela, 
Guando el sueño se deshace, 
Oigo decir que te casas, 

Y oigo decir que me maten. 

León, i Don Juan, un hombre valiente 
Tan tiernos estremos hace? 
Mirad, que entraste muy bravo 
Para salir tan cobarde : 
¿ Qué seguridad queréis 
Para que con vos me casef 

D. Juan, Una firma suele ser 
Firmeza de amor constante. 

León, Voy á escribir un papel. 

D. Juan. ¿ V firmarásle? 

León. Esperadme ; 

Mal conocéis las mugeres 
Con amor. 



ESCENA X. 

DONJUÁN. 

El cielo os guarde. 

Fortuna, que á Sevilla me trujiste 
Huyendo del rigor en que me hallaste 
I En qué mar á las Indias me embar 
Que con tal brevedad me enriqueclst 

Mas no es el fin del bien que le con^ 
Si de la posesión te descuidaste, 
Pues para mas tristeza me alegraste ; 
Que no hay alegre bien, si el fin es tr 

No me des dichas para no gosallas. 
No me des glorias para no tenellas. 
Ni el breve bien que en esperanzas ha 

Que no pudiendo asegurarse dellas 
Parece que es mas dicha no alcanza) 
Que vivir con el miedo de perdellas. 

ESCENA XI. 

DON JUAN T FELICIANO. 

Fel. ¿Quiénes? 

D. Juan, \ Notable desdicha 

Fel. i Qué ^s lo que mandáis aqui 

D. Juan. Aunque perderla temí^ 
Muy breve ha sido mi dicha : 
Aqui no hay otro remedio 
Gomo decir la verdad. 
Que será temeridad 
Perder lo que hay de por medio. 
¿Sois Feliciano? 

Fel. Yo soy. 

D. Juan. A vos os busco. 

Fel. ¿ A qué c 

Me buscáis? 

D. Juan, Yo soy don Juan 
De Castro y Portocarrero. 

Fel, ¿ Sois el que á don Diego hiri 

D. Juan. Soy el que ha herido 

Fel. Saco la espada. | 

D. Juan. Esperad, 

Y sabréis á lo que vengo. 

Fel. Vos á matarme vendréis. 

D. Juan, Oidme, señor, os ruego. 
Dos palabras. 

Fel. Ya os escucho. 

Aunque es por cierto respeto. 

D. Juan. ¿ Sabéis, que si lo sabreii 
Que reñimos bueno á bueno 
Don Diego y yo? 

Fel. Bien lo sé. 

D, Juan. Pues según eso, ¿ qué d< 
Entre caballeros nobles? 

Fel, De todo estoy satisfecho. 



ACTO II, ESCENA Xlll. 



mu. Ebío coaoto á la herida, 
i TOS, que DO á don Pedro, 
a satiafaecioD. 
Q término oa agradezco. 
MU. DoDde he eatado retirado, 
hora que me dijeron 
eoora Leonarda, 
de 7 piadoso pecho, 
doña Angela aqní ; 
10 en fin, forastero, 
deudo las partes, 
loDor qae profeso, 
tapias de la huerta 
iré el monasterio, 
orando la Tlda 
lien la trajo vengo, 
co por la casa ; 
saliendo los dueños 
hamilde, que es justo, 
de mi atrerimiento. 
« que la amparéis, 
le me vaya al puerto^ 
casa tan principal 
¡ue la poso el cielo. 
I y Tuestra licencia 
istoio me vuelvo, 
tere justicia, 
le volfiendo temo, 
nos me han de valer, 
08 pies poco Íes debo. 
hiesto que yo soy amigo 
Pedro y de don Diego, 
mas de la verdad, 
slor de los pechos. 
horas puede ser 
é don Mego muriendo ; 
por tan justa causa 
|ro os habéis puesto, 
9s de salir de aquí, 
no es justo, ni quiero, 
qiM yo os acompañe, 
de Leonarda el celo 
paro de vuestra hermana, 
n obligado quedo 
1, por vos, por mí, 
«onarda á teneros 
casa hasta que vais 
á Cádiz ó al Puerto, 
listo alguno en mi casa ? 
MM. Mnguno. 

Pues mi aposento, 
i lo entienda mi hermana 
ladre, daros quiero, 
ion. Echaréroe á vuestros pies. 
Aquel es el cuarto nuevo; 
la llave, tomad, 



Id aprisa, cerrad presto; 
Y advertid que hay una puerta, 
Por donde, si no habíais quedo, 
Os puede escuchar mi hermana; 
Por eso andad con silencio, 
Que á sus aposentos sale. 

D. Juan. Mil años os guarde el cielo. 
Que desde hoy prometo ser 
Para siempre esclavo vuestro. 

ESCENA XII. 

FELICIANO. 

i Qué pudo imaginar mi pensamiento 
Que del alma viniese á la medida, 
Como hallar á don Juan, en cuya vida 
Estriba de mi amor el fundamento? 

Cuando temí, para mayor tormento. 
Mi muerte en el rigor de su partida. 
De los cabellos la ocasión asida 
Dispone á dulce fin mi atrevimiento. 

Ya estaba el alma sin tener sosiego, 
Vestida de mortal desconfianza ; 
Pero valióme la esperanza luego, [canza ; 

Ella es el bien, mientras el bien se al- 
Que como el árbol es materia al fuego, 
Así vive el amor con la esperanza. 

ESCENA XIII. 

FELICIANO Y LEONARDA. 

León, Como mi hermano ha venido, 
Don Juan se escondió. 

Fel. Leonarda, 

¿Qué hay de nuevo? 

León, Que me aguarda 

Un mal tan bien prevenido. 
Con don Pedro está firmando 
Mi padre las escrituras. 

Fel, En voluntades seguras 
¿Quién puede temer amando? 

León. Si tu no temes, yo sí. 
Que hacer este casamiento 
Estorba mucho tu intento. 

Fel, Leonarda, después que vi 
A dofia Angela, que adoro. 
Sin saber quién es don Juan, 
Mil pensamientos me dan, 
Cuyos efectos ignoro. 
¿Quieres á don Pedro bien? 
¿Quieres casarte? 

León. No hay cosa 

Cual una pregunta ociosa. 
Con que mas penas me den. 

Fel. No te puedo encarecer 



78 



EL PRBMIO DEL BIEN HABLAR. 



Lo que me alegra escucharte ; 
Porque á serlo solo es parte 
Querer tú ser su muger. 
Este ha de ser enemigo 
De doña Angela, sí muere 
Su hermano. Pues quien lo fuere, 
¿Cómo puede ser mi amigo? 
¿Tengo de tener cuñado, 
Que á doña Angela persiga? 

León. Feliciano, amor te obliga 
De un ángel bien empleado. 
Por tí no quiero casarme, 
Que también á mí me dan^ 
Sin conocer á don Juan^ 
Pensamientos de guardarme; 
Sin saber por qué, me guardo 
De lo que ios dos intentan. 

Peí. Por tu vida, que me cuentan 
Que es el hombre mas gallardo 
Que ha venido de Castilla; 
Que en un monasterio está, 
Donde á visitarle va 
Lo mas noble de Sevilla. 
¿Quieres que vaya por él, 
Para que á su hermana vea? 

León. Claro está que lo desea: 
¿Mas cómo vendrás con él? 

Fel. En un coche con recato. 
Honor, no es esto ofenderos, 
Que antes es ennobleceros 
Lo que con Angela trato. 

León. Busca á mi padre, y dirás 
Esto que sabes de mí. 

Fel. Ya voy : advierte que aquí 
Esa palabra me das. 

León. De don Juan digo que soy, 
Sí tú quieres que lo sea, 
Aunque nunca á don Juan vea. 

Fel. Loco por Angela estoy. 

ESCENA XIV. 

LEÓN ARDA i RUFINA. 

León, Bueno es ir por él agora, 

Y dentro de casa está ; 
Vivid, esperanza, ya. 
¿Oyes, Rufina? 

kuf. ¿Señora? 

León, Abre ese aposento, y llama 
A don Juan. 

Ruf» En él entré 

Denantes, y no le hallé : 
Hice despacio la cama, 

Y como vi que no vino, 
Fuíme. 

¿eon. jDóodo puede estar? 



ap. 



Que no habiendo otro logar 
Pareciera desatino. 
¡Ay de mí sí se partió 
Temiendo mi casamiento I 

Ruf. Pues él no está en mi aposeD 
Lo mismo imagino yo. 

León. El se fué desconfiado : 
¿Qué haré? muerta soy, ¡ay cielos, 
Estraña fuerza de xeios í 

Ruf. Si se fué, ¿qué te ha Uerado 
Que los ojos de agua llenos. 
Haciendo estremos estás? 

León, Del alma lleva lo mas, 
Del cuerpo lleva lo menos. 

ESCENA W. 

Dichos, ANGELA y MARTÍN. 

Ang. ¿LeonardaP 

León, ¿Angela? 

Ang, ¿Qttéei 

León. Don Juan es Ido; estoy loes 

Ang. ¿Don Juan? 

León, Con causa tatf p 

Que se echa de ver cuan preste 
Olvida quien presto qoiere. 

Mari. No era muy poco temer 
Ser de don Pedro muger, 
Para que su muerte espere. 

Ang. No me puedo persuadir 
Que me dejase mi hermano. 

León. Pues que te ha dejado es fl. 
Para dejarme morir. 

Mari. El no salió por la pnerta. 

León. Sí salló, que siendo bien, 
Cuando se va no le ven. 

Mari. Tu hermano viene. 

León. Estoy a 

ESCENA XVI. 

Dichos, FELICIANO t DON JÜA 

Fel, Angela, para alegraros 
Os traigo lo mas que puedo : 
Dad los brazos á don Juan. 
Ang. ¿Don Juan.^ ¿mi hermano? 
León. • ¿Quée 

Fel. En un coche con amigos 
Le saqué del monasterio. 
Ang, ¿Cómo no me hablas, herma 
D. Jttan. Porque enmudece el coi 
Que viene sm esperanza : 
Mucho á estos señores debo. 
Pues en tan grave desdicha 
Tanta merced nos han heoha. 
¿Es la señora Leonarda? 



ACTO n\y ESG£NA 



79 



Yo soj i servicio Toestro. 

m. No solo os beso los piés^ 

I que pisan beso. 

£d extremo be deseado^ 

«I Joan, conoceros^ 

allá habréis sabido 

doña Angela quiero. 

m. Sé la merced que la hacéis, 

tan nobles pechos : 

sgracia supisteis; 

temo á don Pedro, 
lien pretende matarme : 
K ha muerto de zelos. 
.Mataros? no lo creáis, 
i si yo puedo, 
mochos en esta casa 
índen defenderos. 

n. Como el señMr don Antonio 

• para su ^erno, 
doy el parabién, 

1 raioo le temo. 

^es no temáis, que he de ser 
por padre le tengo) 
quisiere mi hermano, 
nentc obedezco. 

• te casaré^ Leonarda, 
con don Pedro. 

iil veces te doy los brazos, 
imíento agradezco, 
arélete bien? 

Si, hermano. 
Lbrace usted al cajero 

I. Con mucho gusto, 
tandas y cambrayes vendo : 
das, no hay que sacar 
Francos, que tengo 
tandas, manteles, 
I propio pensamiento. 
ún una blanca ; 
mer flota pienso 
irenta fardos ^ 
liando el dinero, 
laves que valgan 
f cuatrocientos, 
ipro mi lugar^ 
^e me paseo; 
e, y hablo cuito, 
sombrero á dedos. 
hacen los hombres, 
itan del suelo, 
, letras, y el trato ; 
) las apetezco 
1 soldados mancos, 
elos conventos; 

• las aprendí : 



ap. 



Trato desde aquí comienzo. 
Fortuna, pues era dama, 
Cuatro moños te prometo, 

Y diez naguas de algodón, 
Con que estés gorda tan presto, 
Que encubras por lo estofado 
Las cantimploras del suelo. 

Ruf. Mi señor viene. 

Fel. Don Juan, 

Volveos al monasterio. 
Que sabéis, que cada día 
Ir á buscaros prometo, 

Y fiad de esta palabra. 

D. Juan. Honráis un esclavo vuestro : 
A Dios, señora Lconarda, 
A Dios^ Angela. 

Áng. Los cielos 

Os libren, don Juan. 

León. Y os guarden 

Para lo que yo deseo. 



V\.V\.'WVW\A.>A«\/\» 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de don Antonio, 
DON ANTOiNlO t FELICIANO. 

Fel. Cuando don Pedro safia 
(Que por su causa no entré) 
Escuché que te decia, 
Padre y señor, con que fué 
Cierta la sospecha mi a. 

D. Ant. ¿Pues qué sospechas? 

Fel, Sospecho 

Que habrás casado á teonarda. 

D. Anl. Tratado está, no está hecho: 
Como ser su esposo aguarda 
De tu amistad satisrecho, 
Entra por padre y señor. 
Mas humilde que un deudor; 
Porque cuantos se han casado 
De esta manera han entrado, 
O sea interés ó amor. 
Pero apenas pasa un rúes 
Cuando es suegro, y de él se afrentan, 

Y por cualquiera interés 
Entre las cosas le cuentan. 
Que se aborrecen después : 
Pésales de ver que vive, 
Como de heredar les prive, 

Y dicen que un siglo dura. 

Fel. Don Pedro á tanta tentara 
Justamente se apercibe. 



80 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Pero DO se la darás^ 

A lo menos con mi gusto, 

Paes desobligado estás. 

D. Ánt. ¿Has tenido algún disgusto 
Con don Pedro? 

Fel. Yo, jamas. 

D. Ant ¿ Pues dóiscla yo por tí, 
Cuya amistad con esceso 
No es de gusto para mí, 

Y agora sales con eso? 
¿ No es tu amigo ? 

Fel. Señor, sí, 

Y á otros muchos preferido. 

D. Ant. No. Feliciano: los dos 
Habéis reñido : ¿ qué ha sido ? 

Fel. Amigos somos por Dios, 
No habemos los dos reñido. [naxa? 

D. Ant. ¿Hay pendencia? ¿hay amc- 
¿Habló mal de tí en ausencia? 
Que hay amigos de esta traza: 
Lisonjean en presencia, 

Y murmuran en la plaza. 
Por muger debió de ser, 
Alguna te habrá quitado; 
No niegues. 

Fel. ¿Yo, qué muger? 

D. Ant. i Pues cómo hoy te causa enfado 
Lo que abonabas ayer ? 

Fel. Porque mayorazgo era, 
Presumiendo que muriera 
Su hermano, y vive, y está 
Fuera de peligro ya, 

Y que le dieras quisiera 
Mejor marido á Leonarda. 

D. Ant. ¿La palabra no se guarda? 

Fel. Digo, señor, que es muy justo : 
Pero el no ser con su gusto 
Me detiene y acobarda. 

D. Ant. ¿Pues qué gusto es menester? 
i Tengo yo de obedecer 
A Leonarda, ó eUaá mí? 
Yo le conocí por tí, 
Por tí será su muger. 
Galas y joyas previno 
De mi palabra fiado, 

Y cumplirla determino. 

Fel. Temor notable me ha dado. 

D. Ant. ¿Deque? 

Fel. De algún desatino. 

D. Ant. ¿Quién le ha de hacer? 

Fel. Mi hermana. 

D. Ant. ¿Tu hermana? 

Fel. Verásio presto. 

D. Ant. Pues ándese en ser liviana, 

Y tú necio y descompuesto, 

Y casaréme mañana. 



Fel. Pues has llegado á decir 
Disparate semejante, 
No te quiero persuadir. 

D. Ant. Salte allá fuera, igoon 

Fel. No es ignorancia sufrir. 
En gran confusión me siento : 
Don luán está en mi aposento, 

Y por su hermana perdido, 

Y don Pedro prevenido 
Al injusto casamiento : 

¡ Qué cortos plazos le dan 

Al mal! ¡ y el bien cómo tarda ! 

Todos en peligro están, 

¡ Mas, ay cielos, si Leonarda 

Quisiera bien á don Juan ! 

ESCENA II. 

Habitación de Leonarda. 

DON JUAN, ANGELA, LEONARDO 
Y MARTIN. 

León. Estarás muy triste aquí. 

Ang Agravias su voluntad. 

D. Juan. Confieso la soledad 
Del tiempo que estoy sin tí ; 
Pero luego que te veo 
Vence la satisfacción 
Cuanto á la imaginación 
Está pidiendo el deseo. 

Ang. El cuarto de Feliciano 
De suerte compuesto esti, 
Que en él consolar podrá 
Sus soledades mi hermano. 
Tiene muy ricas pinturas, 

Y escritorios escelentes. 

D. Juan. Son de unos ojos ausentes, 
Angela, sombras oscuras. 
Abrí la puerta, y pasé 
Al de Leonarda, que aquí 
Amanece para mí 
El sol que anoche se fué. 
¿Cuál hombre de cuantos trata 
Favorecer la fortuna. 
Acostada vio la luna 
En su círculo de plata? 
¿No es verdad, Martin? 

Mart. Señor, 

La luna es húmeda y fria, 

Y comparaUa seria, 

Con Leonarda, poco amor. 
Cada mes su condición 
Hace trecientas mudanzas, 
Que para tus esperanzas 
Contrarios efectos son. 
¿De qué le sirve crocer, 



ACTO 111, ESCENA U. 



81 



Ifo b« denoflosuar? 
iftM podo ioTenUr, 
nena mnger? 

ftié gran bi^exa 
cuartos su plata 
*, oüeodiendo. Ingrata, 
Dataraleca. 
I Potosí 

o que ha podido, 
DOS en él os pido, 
cuartos aquí. 
Smo podré eatratener 

mientras se esconde? 
» que el amor te responde, 
ro responder, 
o jugando, ó hablando, . 
5r. 

Pues contemos 
Drqae no podremos 
DOS bailando ; 

j la mulata 
ato on gateado, 

1 y rastreado 

m, 7 esotro plata. 

Si llega tan dokedia, 
ga U]>ertady 
a habilidad. 

íes comiensa. Angela mia. 
[SiétUanse loi tres.) 
no sé cuento ninguno ; 
\tD entretienen 
M; y asi 08 quiero 
n pleito jueces. 
MMnbre de bien, 
isor de mugares, 
sierta hermana 
mpañaba siempre. 
! el hombre OctaTlo, 
Nimpia, y dos Teces 
por defenderlas 
ffislon ó muerte, 
na dama un día, 
bien le defiende, 
se los dos, 
isarse pretenden, 
o de esta dama 
umana del ausente, 
» también, 
n que le quiere : 

temor de Octavio 
DO se atreve, 
negó, señorefi, 
> ¿cómo puede 
pia, si amor 
te se vence? 
fuereis que responda yo? 



Áng, Claro está que lo deseo. 

Lew. Pues haga Olimpia el einpleo 
A que Octavio la obligó. 
Pues que la ensefia á querer; 

Y los hermanos trocados 
Quedarán en paz casados. 

D. Juan. ¿Qué puedo yo responder? 

Mart. i Brava .cifra 1 1 pesia tal ! 
I Qué enigma tan encubierta ! 
c'Si la quiere descubierta, • 
Leonarda, qué dicha igual ? 

Lean, Si quiero, y le pediré 
Las albricias á mi hermano ; 
Pero oye un sueño. 

Mart, En vano 

Sueñas, ya no hay para qué. 

¿eon.La madre de las tinieblas 
En la silla dé su imperio 
Las puertas al huerto daba, 

Y las llaves al secreto ; 
Estaban todas las cosas 
En un profundo silencio, 
Hasta la envidia dormía. 
No hay mas encarecimiento ; 
Cuando soñé que en un prado 
Estaba sola durmiendo, 

A cuyas flores servia 

De abanillo el manso viento, 

Y que vino un pardo asor 

De una águila negra huyendo. 
Que se amparaba en mis brasos, 

Y que por tenerle en ellos 
Desperté, y vi que me habla 
Llevado del pecho abierto 
El coraion en las uñas; 

i Qué podrá ser este sueño ? 

iíffr/. Notables andáis de cifras. 
Que no lo entiende os prometo 
Uno de aquestos que saben 
Castellano como griego. 
Declaraos un poco mas, 

Y lo que decís sabremos. 

D. Juan, Si te llevó el coraxon, 
Paloma andaluz, durmiendo, 
El pardo azor de CastiHa, 
Hago testigo á los cielos 
Que te dejó toda el alma.. 

Mart. ¡O qué fin para un soneto ! 
Nueva manera de amor, 
Seguidillas en requiebros. 
¿ Aior de Castilla, 
Paloma andaluz. 
Quién los viera, madre, 
Coiper alcuzcuz? 

D. Juan. Este está l)orracho ya. 

Mart. Pluguiera á Dios. 

6 



82 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



León. Di tu cuento. 

Ang. A gentil enteodimiento 
Encomendado se ve. 

Mart. ¿Tan linda le ha parecido 
La cifra que nos dijiste ? 

Ang. Yo me entendí. 

Mart. Si, entendiste, 

l^es todos te han entendido. 

D. Juan, i Ay, mi Leonarda ! si viera 
A doña Angela casada 
Con tu hermano^ y que empleada 
Mi vida y alma estuviera 
En tus méritos divinos, 
I Qué vida fuera la mía! 
La fuena de esta alegría 
Hace pensar desatinos. 
Esta ciudad generosa 
Fuera mi patria : saliera 
Al alba, pero no fuera 
A buscar jazmín y rosa 
Al campo, sino á mi lado ; 
Porque la hallara en tu cara ; 
Y yo en tus ojos hallara 
Lux serena y sol dorado. 
Viera regalada mesa 
Tan alegre al medio dla^ 
Que de tanta dicha mia, 
Aun á mí propio me pesa. 
Cuando la noche en su abismo 
Cerrara el cielo español. 
Durmiera yo con ei sol, 
Antípoda de mí mismo, 
o* Qué príncipe, qué señor 
Tan descansado viviera ? 

MarU Por Dios, que no le dijera 
Tal requiebro un labrador. 

D. Juan, a Pues qué le puedo decir? 

Mart, Grosero amador estás, 
Aquí no has hablado mas 
Que de comer y dormir. 

D. Juan, ¿Sabes tú mas ? 

Mart. Sí en verdad. 

D. Juan. ¿Eres tú culto por dicha? 

Mart. Eso fuera por desdicha. 
Que no por habilidad. 
Dejo las cosas divinas, 
A que un hombre está obligado 
Después que se ha levantado; 
Ya, señor, las imaginas ; 
Pero después de comer 
¿No era justo regalar 
Tu esposa, y ver el lugar. 
Que una muger quiere ver? 

D. Juan. Bien es, Martin, que me riñas : 
Los deseos me engañaron. 

Mart, ¿Porqué piensas que llamaron 



A las de los ojos niñas ? 
Porque fué su oondidon 
Ver cuanto pasa, y también 
El desear cuanto ven, 
Que así las mugeres son. 
Llevémosla á cal de Francos, 
Que mil mugeres ha habido, 
Que por no verlo encogido. 
No dan limosna á los mancos. 
Llevémosla por el rio 
En un encerrado bareo, 
Que una ventana con marco 
Hará triste el humor mió. 
Vea ei sábalo salir 
Del agua á la blanca arena, 
De lama y de conchas llena, 

Y entre las redes bullir. 
Vea como se alborota 
Preso del cáñamo y plomo 
En otro elemento, y como 
La ñudosa red aiota. 
Vaya en el coche también 
Por el campo de Tablada, 
Que una muger festejada 
Sabe que la quieren bien ; 

O á la comedia, que algunas 
Saben dejar los diapines, 
Sj hay rótulos buraUnes, 
Con su ramo de aceitunas. 
Vaya á esas huertas vecinas, 
Vea frutas, corte flores. 
Que no todos los amores 
Se cubren de las cortinas. 
Siempre ftié mi parecer, 
Que el que es discreto, don Juan, 
Nunca ha de ser mas galán. 
Que de su propia muger. 

ESCENA III. 

Dichos y RUFINA alborotada. 

Ruf.Kjt señora, ¿cómo estás 
Con descuido tan notable? 
Que tu hermano y mi señor 
Riñeron sobre casarte. 
Jura que esta noche misma 
Ha de ser; mira qué haces. 
Que están las joyas en casa, 
Ricas telas, y diamantes, 

Y el sastre á la puerta muerto. 
Por dividir en mil partes 
Primaveras y tabíes. 

Mart. Ya no saldremos las tardes 
Por sábalos. 

Leen. Aun no puedo 
Mover la lengua. 



ACTO III, ESCENA V. 



83 



MM. Ni hables, 

ts gmtado, Leonarda, 
iñarme, y de inatanne. 
. i Yo engafiarte, mi señor ? 
poedo yo engañarte, 
la de costar la Tida 
ufrir que me case? 
. Lo que mas siento, Rufina, 
r que el sastre aguarde 
' por esos tabies, 
or cerros y vaUes, 
santa tijera, 
s milagros Iiace. 
la perdida España 
de los alarlwÁ, 
Pdayo salir 
los oficiales : 
Idrian respondieron 
a gaoa los sastres 
I con los moros, 
un pendón acabasen, 
neran allegando 
{Chicos y grandes; 
o haber mil años, 
remedio que se acabe, 
B Uegar á Roma 
edasos juntasen. 
uan. Yo no sé mejor remedio : 
hennano y á tu padre 
don Diego deda ; 
tal infomia saben, 
or eso le hirieron, 
otíble que te casen. 
. Eso ya estoTlera hecho, 
an, si fuera importante, 
Dega á su noticia, 
no te persuades 

s han de hacer pedazos ? [maten, 
uan. ¿Pues qué importa que los 
oe de verte libre? 
. Bao es locura. 
KM. Pues dame 

«medio ; que muerto, 
B nunca Tiya nadie. 
Tu padre. 

Escondeos los dos. 
(OR. ¿Quién habrá que no se canse 
to esconder? 

Quien tiene 

MM. No hay amor que baste, 

ESCENA IV. 

.EONARDO T DON ANTONIO. 
\nf. ¿Cómo, Leonarda, es posible 



Que á ver las joyas no sales 
Siendo propio en las mugeres 
Con las galas alegrarse? 
Mira que están los criados 
De don Pedro para darte 
Tal presente, que es razón 
Que le agradezcas, y alabes. 
¿ Qué es esto ? ¿ no me respondes ? 

Leen. Señor, por no declararme 
No te respondo. 

D. Ant. Bien dices, 

Que puesto que te declares 
Has de hacer mi voluntad ; 
Porque engendrarte y criarte 
Me ha dado este imperio en tí. 

León, ¿Hacen el alma los padres ? 

D. Ánt. No, sino el cuerpo, que el alma 
Dios la infunde. 

León. Si en tres partes 

Se divide el alma, y una 
Es la voluntad, ¿ no sabes 
Que no es tuya, sino mía 1 
Que aun Dios no quiso quitarme 
La libertad con ser Dios ; 
Fuera de esto, no es bastante, 
Que el bien que se da una vez, 
No fué de nobles qui talle : 
Si el cuerpo me diste, ¿es bien 
Que como á dueño le mandes? 
Ya es mió, pues me le diste; 
Utith que es en hombres graves 
Pedir lo que dan, bajeza. 

D, Ant ¿Hay libertad semejante? 
Pues ven acá (que no quiero. 
Como era justo, enojarme) 
¿Cuál es mejor casamiento 
Que con estraño te cases, 
O con el quemas conoces? 
¿No es mejor, hija, emplearte 
En quien puedas tú decir. 
Por conocerle y tratarle, 
Que está dentro de tu casa ? 

León. Suplicóte que repares 
En la palabra que has dicho. 

D, Ant, ¿GémoJ 

León. Yo quiero casarme 

Con quien en tu casa vive. 

D. Ant. Agora quiero abrazarte; 

Y echarte mi bendición, 

Y á los dos, Leonarda, alcance. 

ESCENA V. 

MARTÍN, DON JUAN, y ANGELA. 

Mart. ¿En efecto nos vamos? 

D. Juan. No es posible 



84 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Aguardar á que venga el naeyo esposo. 

Ang. Colpo^ don Joan, tu condición ter- 
rible, [dichoso ? 

D. Jwin, ¿Cuál hombre tan aprisa fué 

Ang, ¿Queriéndote Leonarda, es impo- 
sible 
Darle la mano? 

D. Juan. Un padre es poderoso. 

Mari. No hay padre en voluntades de 
mugeres. [pareceres? 

D. Juan. ¿Qué viento no mudó sus 

Jfor/. ¿Y dónde quieres ir? 

D. Juan, Quiero embarcarme ; 

Pues fuera de peligro está don Diego : 
Aquí puedes, doña Angela, esperarme. 
Que á despedirme de Leonarda llego, 
Que porque no es raí on quiero forzarme 
Que se queje de mi : tú, parte luego, 

Y apercibe la ropa que trujiste. 
Mart, Yo voy. 

ESCENA VI. 

ANGELA. 

Yo quedo enamorada y triste. 

Pasa la mar el mercader que aspira 
A enriquecer, y por la estraua tierra 
De su querida patria se destierra; 
Ni el frío teme, ni el calor admira : 

Del bien gozoso que su gloria mira 
En alta nave la riqueza eucierra ; * 

Y sin temer del elemento guerra 
Las ondas rompe, por llegar suspira: 

Mas cuando ya la patria se la daba, 
Corre tormenta en el vecino puerto, 

Y halla la muerte cuando no pensaba. 
Asi por este mar del mundo incierto, 

Con renta mi esperanza navegaba; 
Perdonóla la mar, matóla el puerto. 

ESCENA Vil. 

ANGELA T DON ANTONIO. 

D. Ánt, ¿Quién se queja, y habla aquí? 

Ang, Ya me ha visto : ¡qué desgracia ! ap. 

D. Ant, ¿Muger de tan buena gracia, 
En mi casa vive asi ? 
¿Quién iols? 

Ang. Señor.. 

D. Ant. No os turbéis. 

Ang. Señor, de vuestro valor 
Bien puedo fiar mi honor. 

D. Ant. Seguramente podéis. [mano, 

Ang. Don Juan de Castro es mi her- 
Por la herida de don Diego 
Vino á su posada luego 



Con don Pedro; FeÜclano 
Piadoso me trujo aquí. 

D. Ant. Agora entiendo la historia. 

Ang. Esperanzas de mi gloria, 
Paciencia, que ya os perdí. 

D. Ant. No de balde, Feliciano 
El casarse defendía 
Su hermana, y aquí os tenia. 

Ang. No me ha tocado una mano. 

D. Ant. De tan principal muger 
Estoy yo muy satisfecho. 
Vuestro hermano, ¿qué se ha hecho? 

Ang. ¿ Qué tengo de responder ? 
A San Lúcar fué, señor. 

D. Ant. Encerrarla quiero aquí. 

Ang. ¿Qué quieres hacer de mí? 

D. Ant. Asegurar un temor : 
No temáis, que en mi aposento 
Estaréis mas recogida. 

Ang. \ Ay esperanza perdida ! 
Cobrad vida, y nuevo aliento. 

D. Ant. Entrad, que os quiero cerrar, 

Ang. Como no salga de aquí, 
Ya no es prisión para mí. 

D.Ant. ¿Qué decís? 

Ang. Que quiero entrar. (Entra 

D. Ant. Por Dios que no ha de salir 
Hasta que case á Leonarda. 

(Sale Rufii 

Ruf. Don Pedro, señor, te aguarda. 

D. Ant. Agora puedo decir 
Que está seguro mi intento : 
Pues quitada la ocasión 
Se pondrá en cijecucion 
De Leonarda el casamiento. 

ESCENA VIH. 

RUFINA, T MARTIN con u hopa. 

Mart. ¿Puedo entrar? 

ñuf. Puedes entrar. 

Mart. Vengo, Rufina, \ ay de mí ! 
A despedirme de tí. 
Hechos los ojos un mar. 
Un mar de llantos, y enojos. 

Ruf. Ya veo yo, Martin amigo. 
La tormenta que contigo 
Están corriendo tus ojos. 

Mart. Ay, ay, ay. 

Ruf. Elay, ay, ay. 

Ha mucho ya que pasó. 

Mart. ¿No lloras, Rufina? 

Ruf. ¿Yo? 

¿Acuérdase delcambray. 
Con que pescó los quinientos ? 
Puf's dígame, ¿qué me dio? 



ACTO III, ESCENA IX. 



85 



Qué había de darte yo? 
r lo meóos los doscientos, 
sos DO te Chitarán ; 

que Doe Tamos, 
geres, solo lloramos « 

Tan los que dan. 
i; pero hoélgome aquí 
cieses mulata, 
le oo quieras, ingrata, 
i luto por mi. 
i moera á piedad 
ado el mastín? 
irienta al fin, 
lama crueldad, 
ibre pasé en el mando 
fue yo pasé? 
la rodé 

mas profundo : 
loDde dormí, 
m mil cuidados, 
lea Tidriados. 

ESCENA IX. 

s LEONARDA i DOW JUAN. 

. El confiarme de tí 

para mi daño. 

ío hayas miedo que lo sea. 

I. ¿En fin, quieres que te crea? 

'ú tabes que no te engaño. 

«. ¿ Dénde doña Angela está. 

No está con Leonarda? 
Conmigo? No. 

Pues aquí 
mientras Juntaba 

r. ¿ Y tú no la has yisto, 

No puede en casa 

na Angela libre ? 

»i con Leonarda no estaba, 

•oseoto en que esté. [das ? 

I. Habla, Leonarda, ¿qué aguar- 

¡yado tu hermano, 

e que te casas, 

nana ? Bueno quedo 

a y sin mi liermana. 

que si esto fuese, 
o que tal infamia 
ría... 

Don Juan, 
»n dignas palabras 
eres y quien soy... 
I. ¿ Qué palabras hay honradas 

lo son las obras? 



leofi. Blira, que conmigo hablas 

Y que si eres deüBnsor 
De las mugeres, y tratas 
Mal mi respeto, diré 

Que las mugeres engañas. 

D. Juan, Leonarda, si esta traición 
Procede de vuestra culpa 
Bien sabes que me disculpa 
Mi honor y buena opinión; 
Porque no será rason 
Donde es la ofensa tan llana, 
Que tengas defensa humana, 
Pues muy atrevida, quieres 
Que defienda las mugeres, 

Y no defienda mi hermana. 
i Seria buena defensa. 
Que por defenderte á tí^ 
Me hiciese tu hermano á mí 
En el honor esta ofensa? 

¿ Cuando tú te casas, piensa 
Que ha de merecer su mano? 
Pues no quiera Feliciano 
Que vuestra casa alborote. 
Que aunque pobre, tiene en dote 
Ser quien es, y yo su tiermano. 
Mi hermana ha de parecer, 
Porque en llegando á mi honor, 
No hay hermosura, ni amor 
Por quien le deje ofender : 
No he defendido muger 
Con mas razon^ en mi vida ; 
Dámela, si eres servida ; 
Basta que de mí adorada, 
Quedes, Leonarda, casada^ 
No doña Angela perdida. 
Mira tú si á tu hermosura 
Igual respeto he guardado, 
Pues la espada no he sacado 
Para hacer una locura : 
¿ Mi honor puesto en aventura, 

Y yo tan cuerdo y discreto? 
Pondré la furia en efeto, 
Aunque le pese á mi amor. 
Que no es bien perder mi honor, 
Por no perderte el respeto. 

León, Tente, espera, que no sé 
Que pueda haberte ofendido 
Feliciano, y si esto ha sido 
Satisfacerte podré : 
Yo misma te vengaré. 
Yo seré tuya, si quieres; 
No te vayas, oo te alteres. 
Angela me toca á mi. 
Porque he aprendido de (í 
A defender las mugeres. 
Si yo soy tuya, no es bien 



86 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Que de mi hermano te quejes, 
Guando la tuya le dejes. 
Conmigo quedas también : 
Seré tuya, aunque me den 
Mil muertes ; cierra los labios, 
Mi bien, que los hombres sabios 
Cuando se ven agraviar. 
Aunque mueran por callar, 
No publican los agravios. 
A mi padre^ al mundo^ al cielo 
Diré que soy tu muger. 

D. Juan. Martin, ¿ qué tengo de hacer 
Entre tanto fuego y hielo? 

Mari. ¿ Qué puede darte recelo 
En tanta seguridad? 

D. Juan. ¿ No seria necedad ? 

Mart. No; sino raxon prudente; 
Que si alguna muger miente, 
Veinte mil tratan verdad : 
Aman, quieren y aventuran, 
Cantan, bailan y entretienen. 
Solicitan, van> y vienen. 
Limpian, regalan, y curan; 
Nuestro descanso procuran, 
Por ellas hay tanta historia 
Que guarda eterna memoria ; 
La casa en que no hay muger, 
Como limbo viene á ser. 
Ni tiene pena ni gloria. 
Lisonja te hago en decir 
Que las quieras, y las creas. 
Porque yo sé que deseas 
Honrarlas hasta morir : 
Sin mugeres, no hay vivir, 
Que aun Dios vio que convenia 
El darle su compañía. 
Que el mas valiente que ves, 
Llora, en naciendo, á sus pies, 
Pensando que las perdia. 

D. Juan. Ahora bien, aunque no tenga 
En toda mi vida honor, 
Quiero que mi justo amor 
Espada y mano detenga : 
Don Pedro á casarse venga ; 
Tu palabra quiero ver, 
Que si supe defender 
Mugeres, en esta ofensa 
Será la mayor defensa 
Fiar mi honor de muger; 
Que solo su defensor 
Aquel puede ser llamado 
Que su honor les ha fiado, 
Y su enemigo mayor 
Quien no les fia su honor. 
Yo pongo en ti nú esperanza, 
Que no es hacer confianza 



De mugeres principales; 
Que hacerlas todas iguales, 
Es la mas necia venganza : 
Cuanto les debo me acuerdo, 
Pi^esto que conoxco ya 
Que algún maldiciente habrá 
Que no me tenga por cuerdo : 
Con justa causa me pierdo, 

Y me obligo á defendellas ; 
Que mas quiero yo por ellas 
Quedar contento de amallas, 

Y engañado por honrallas. 

Que libre por ofendellas. (F 

MarL ¿ Puede haber mayor valor? 
León. El verá si le hay en mí. 

ESCENA X. 

LEONARDA, RUFINA, MARTIN 
Y FELICIANO. 

Fel. i Estaba don Juan aquí ? 

León. Yo detuve su furor. 
Asegurando su honor 
Por escusarte la muerte. 

Fel. c Cómo hablas de aquesa suerte 

León. ¿ Pues cómo tengo de hablari 
Si has querido aventurarte 
A infamarme y á perderte ? 

Fel. c Qué es lo que dices, Leonard 

León, Que por no verte perder 
Tengo de ser su muger. 

Fel. Lo mismo pretendo ; aguarda. 

León. Ya la traición te acobarda : 
¿No era al principio mejor? 
¿ A un hombre de tal valor 
A su hermana le has quitado. 
Habiéndote confiado 
Libcralmente su honor? 

Fel. ¿ Yo quitado? ¿ estás en tí? 

León. Di donde la tienes, presto. 

Fel. En tu aposento la he puesto, 
Desde entonces no la vi; 

Y sospechoso de mi, 

Don Juan se la habrá llevado ; 

Y pues ya te has declarado. 
Yo le tengo en mi aposento. 
Porque solamente intento 
Verme de su hermana honrado. 

León. ¿Tú has escondido á don Jua 
Fel. En mi cuarto le he tenido, 

Y él á su hermana ha escondido, 
Porque á don Pedro te dan ; 

Que ya juntándose están 
Sus deudos para venir 
A casarse. 
Leoté. Tú has de ir 



ACTO 111, ESCENA XIY. 



S7 



) saüsficcion. 

Aotes de luoerie traición, 

mil yeces morir. 

ESCENA XI. 

Dichos^ menos FELICIANO. 

Pott di, Martín, ¿á qné efecto 
n eon eela mentíra 
mi bennano.* ¿eso mira 
fenaa, y respeto? 
NDbre Doble y discreto, 
tera imaginado ? 
Martin, la has llevado r 
¡nes, esto es cierto, 
I de costarte maerto, 
que me has quitado. 
Eso solo me (altaba. 
¿Dónde está? dimelo presto, 
acaré loe ojos 
: lo dices luego. 
Mira que nos ha engañado 
>, y qne es enredo; 
Joan trata verdad. 
No lo creo. 

¿No lo creo? 
Dios si la he llevado, 
Iva á darme otro beso 
n de la cocina, 
itre gatos y perros 
a noche tan mala : 
ame entrar dentro, 
sro hablar á don Juan. 
¿Qué fin tendrán mis sucesos ? 

ESCENA XII. 

X)NARDA T DON ANTONIO. 

/. Paréceme que te burlas 

«diencia y respeto ; 

ados te he enviado, 

a viene don Pedro ; 

adecida estás, 

sos joyas no te has puesto. 

stesas son, Leonarda, 

e afligen tu pecho ? 

ta ser gusto mió? 

a qne yo lo quiero? 

andáis los dos hermanos? 

( acabarme presto ? 

la, que diga un padre, 

MÜabra tengo ? 

leoester una hija 

lál hombre, cuál dueño 

i le quiere dar ; 

tal diferencia en esto, 



Que ella escoge con ios ojos, 

Y él con el entendimiento : 
Solo que te diga yo. 

Que solo tu bien deseo, 
Cásate con quien hallares 
Dentro de aquel aposento. 
Basta para obedecerme, 

Y para saber que acierto. 

Uon. Pues esa es tu voluntad. 
Digo, señor, que obedesco. 

ESCENA XIII. 

DON ANTONIO, DON PEDRO 

Y ACOMPAAAHimTO. 

D. Ped. Vengo á servirte, y honrarme, 
Señor, con todos mis deudos : 
Dame tus pies. 

D. Ani. Con los brasos 
Sale á recibirte el pecho. 

D. Ped. ¿A dónde está FeUciano? 
i Qué poca ventura tengo ! 
¡No honrarme en esta ocasión! 

D. Ant,\o y Feliciano tenemos 
Cierto disgusto. 

D. Ped. ¿Soy yo 

La cansa? ¿ no está contento 
De ser mi cuñado? ¿ya 
Este nombre y parentesco 
Le ha quitado el de mi amigo ? 

D. Ant, Vais de la ocasión muy lejos : 
Hele escondido una dama, 

Y con este pensamiento 
Lo que siente por amor, 
No lo diré por respeto. 

D. Ped. ¿Cómo no viene Leonarda? 
D. Ant. Entremos en su aposento. 
Que ya debe de aguardar. 

ESCENA XIV. 

DON ANTONIO, DON PEDRO, y DON 
JUAN Y LEONARDA de las manos. 

D. Ant. ¡Válgame el cielo! qué es esto? 
D. Juan, Es que estoy con mi muger 

Y de la mano la tengo. 

D. Ped. Pues si la tienes casada, 
¿Cómo, don Antonio, has hecho 
A un caballero esta burla? 

D. Ant. ¿Yo burla? viven los cielos 
Que ha de morir el traidor. 

León. Paso, señor, que no pienso 
Que se dejará matar, 

Y yo disculpada quedo, 
Pues me mandaste casar 
Con quien en este aposento 



88 



EL PREMIO DEL BIEN HABLAR. 



Hallase ; yo hallé á do» Juan^ 
Lo que mandaste obedezco. 

D, ÁfU, ¡Hay Ul maldad! ¿Feliciano.^ 
¿FeliciaDO? 

D.Ped, Si doo Pedro 
Es el agraviado, él basta. 

D. Ant. ¿Mi aposento me bao abierto? 

ESCENA XV. 

Dichos, FELIGANO t DOÑA ANGELA 

DE LAS MANOS. 

FeL Abrile yo con razón, 

Las tiernas Toces oyendo 

Que mi muger daba en el. [hecho? 

D. Ant. ¿Qué muger? traidor, ¿qué has 
D. Juan, Siendo la muger mi hermana, 

Y Castro y Portocarrero^ 

No hay que preguntar quién es. 
Si la herida de dun Diego 
Fué riñendo en ocasión, 
Como honrado caballero, 

Y él me pudo herir á mí, 
Bien sabéis que no le ofendo ; 
Pero si estáis ofendido. . 

D. Ped. Señor don Juan^ yo no siento 



Mas herida que perder 
La esperanza y el deseo ; 
Pero no se pierda todo : 
Dadme los brazos, que quiero 
Ser vuestro amigo y de todos. 

/). Juan. Honrad, señor, vuestro yem< 
Que aunque pobre, tiene sangre 
Del conde de Andrada y Lemos. 

D. Ant. Cien mil ducados de dote 
Os quiero dar, porque al Premio 
Del bien hablar demos fin. 

D. Juan. No le des, sin que primero 
Salgan Martin y Rufina. 

ESCENA XVL 

Dichos, MARTIN t RUFINA ds las han< 

VESTIDOS DE NOVIOS DE GRACIOSIDAD. 

Mart. Aquí, senado discreto. 
Están Rufina y Martin ; 
Que nunca salgo de perros. 

Ruf, Yo he menester un padrino. 

Mart. A mis bodas, cai>alleros, 
Convido para mañana. 
Si no es que antes me arrepiento. 



L 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



EsU a una de las mejores comedias de Lope : el pensamiento es original, y ia fábala 
I uta hka comlrioada y bien conducida hasta su fin. El enlace, que empiexa en la dis- 
olta oI»ünada de Roberto, interesa inmediatamente que ia reina propone á Lisardo 
füeatinore á Diana. Desde aquel punto desea ya conocer el espectador ios medios que 
n i emplear para conseguirlo ; porque han de ser precisamente muy ingeniosos, si han 
de bahr la TicUancia y el rigor con que Roberto guardará á su hermana, por sostener 
k cpifiion que na defendido. 

Ciundo mi hernuna, 

Ftf kamíIdA Mcimieato, Vive Dios, qae si turiera 

lMHliÜj$4da nacíeTa, Mas Argos qoe ojos el cielo, 

Id hombre da maa ingenio, Júpiter, y mas Mercurios 

üi mas ralor la guardara ; One ploma el pavón soberbio, 

lawpie conga islas y ruegos Que no me engañara i mí 

latioan su fortalexa Una muger, ú su Ingenio 

Cee lee tiros del dinero, ele. £1 de Semiramis fuera. 

U introdaccion de Ramón, vestido de buhonero, en casa de Roberto, es muy inge- 
Msa y Terosimil. De este medio dramático se valieron otros poetas, y oartlcularmente 
Tino de Molina en la comedia titulada Por el Sótano v el Tomo, y Uontalvan en La 
ívjuera Vizcaína. En esta escena se escita ya de un modo irresistible la atención de 
k» espectadores , y se insinúa el desenlace a pesar de los obstáculos que se preven. 
Kioa sospecha qoe Ramón no es lo que parece ; se queda con el retrato de Lisardo , 
iqi^n conoce y tiene inclinación, y da el suyo en prenda, sin que Ramón lo solicite. 
Esti aedon parecería un poco indecorosa en una muger de tanto recogimiento y pun- 

dDQAT, ú no estuviera preparada con mucho arte en las escenas anteriores. Fulgencio le 

klara la cuestión que ha defendido Roberto contra Lisardo, y la vigilancia con que se ha 

pnpuesto guardar su honor. 

De esto nacen sus tristezas; Huye de Lisardo siempre, 

Tá^ i>*iH«y»a Diana, No piensen su talle y galas 

Pedrés guardarte mejor Vencer su honor de Roberto 

hvreaida y aviitada. De quien eres noble hermana. 

Diaoa conoce la necedad de su hermano y la indiscreción de Fulgencio : se ofende 
ú ponto su amor propio, se avivan sus deseos, y se propone no desaprovechar en 
aduote las ocasiones que le la presenten. 

¿CoB qeé ingenio, con qué llave T avísame que me guarde 

(vaardar quiere ana muger? De lo mismo que me alaba... 

Idberte quiere saber 

Gencia que ninguno sabe. Yo he mirado atentamente 

Qee es di mayor imposible A Lisardo, y me pesaba 

Tcrá muy presto por si; De ver que no me pagaba 

fin|iie ya me toca i mi Esta amoroso accidente. 

Oee Bo pareaea posible. ^ Pero ya que mi fortuna 

£sle otro necio también ' Me ha traído la ocasión, 

Me alaba d valor de un hombre Aunque fué por ilusión, 

Be tanta «^linion y nombre No pienso perder ninguna. 

T que todos quieren bien, 

El oiMticnlo que presenta la escena IV del acto segundo, en que Roberto halla el 
retiato de Lisardo en la cama de su hermana, es muy oportuno é interesante; y 
Batoralíaimo el medio Ingenioso que dispone Diana para deslumhrar á su hermano, 
f desarmar sn furia. ¿Cómo habla este de creer sencillamente la relación de Celia 
f de sa ama? Lisardo es su contrario en opinión, es galán, y temible por el favor que le 
iispfnsa la reina , y no debe dudar de que habrá puesto en práctica todos ios arbitrios 
oiaginables para conquistará Diana, y que habrá conseguido remitirla su retrato. Era 
irecíso, pues, que el poeta inventase otro medio mas eficaz para probar con evidencia 
l«e era cierto lo que Celia aseguraba ; v le halló muy verosimll y oportuno. Pregonar por 
as calles en el momento mas crítico la pérdida del retrato , ofreciendo hallaigo al que 



90 EL MAYOR IMPOSIBLE. 

le presente ; salir Fulgencio y convencerse por las señas de qae es el de Lisardo e 
se ousca . no pueden dejar en el alma de Roberto el menor recelo de sa hermana, 
escena IV y las siguientes son muy bellas por el diálogo animado y vivo^ y por la sita 
peligrosa en que se encuentra Diana. 

Es igualmente muy verosímil el engaño que dispone Ramón para aposentarse eo 
de Roberto ; y el regalo, y la carta que la presenta, may á propósito para seducir al i 
é inspirarle la mayor confianza. 

No es tan natural, ni tan fácil el medio de introducir á Lisardo ; puea aunq 
poeta, para evitar la inverosimilitud, supone que pasa fuera de la escena, y 
Ramón apagó la luí al mismo tiempo, siempre es difícil de creer que dos pen 
puedan colocarse en un mismo vestido, conducir un cofre, y moverse con él con | 
tan medidos, y movimientos tan acordes, que no lo adviertan por el oido los espías 
lantes de Roberto. 

La salida de Lisardo con la pistola armada produce otro nuevo obstáculo : la f^ 
Diana y Celia es muv teatral y está bien dispuesta, porque los criados, entretenid 
socorrer á Ramón, dan tiempo suficiente para que huyan sin ser vistas. 

El encuentro con Roberto y Feniso, cuando van acompañadas de Lisardo, es igualo 
oportuno é interesante, y muy ingenioso el obligarlos Lisardo á que le acompañen 
casa para que tarde Roberto en saber la fuga de su hermana. 

El desenlace es natural y está deducido de la acción misma. Es lástima que 
no suprimiese los personages del rey y el almirante de Aragón, que no solo son ] 
lutamente inútiles y estraños á la acción, sino que la retardan al fin mas de lo que < 
el espectador. 

Es larga en demasía la escena II del acto primero, y cansada é importuna la n 
parte de ella, hasta que se propone la cuestión en que se funda la intriga. 

El susto que da Ramón a la reina para curarla de las cuartanas, «es también inií 
tiene poca gracia. 

La versificación es fluida, fácil y armoniosa, como lo es generalmente la de Loi 
los versos largos mejores que los que empleaba por lo común en sus comedias. Hay 
chos en esta que pudieran citarse, ya por el pensamiento, ya por la armonía, ó p 
fuerza de la espresion. 

Lísardu muy preciado de discreto, Mientras guarda el avaro su tesoro 

Que se puede ser necio y secretario... Foija el ladrón la cautelosa Uaye. 

j Qué epíteto tan bien colocado ! 

Si él quiere entrar, será defensa en vano 

Mas agora no toca á tu decoro ¿Casalla no es mejor? 
Este imposible ; que en tu casta hermana Que lo pretenda 

Reverencio el valor, la sangre adoro : Aguardo s(dameiite quien la iguale ; 

Es de la honestidad napolitana Entre tanto no quiero que me ofenda 

£1 ejemplo mayor. £1 mismo sol que por los cielos sale. 

El cuento de Ramón en la escena IV del primer acto : cuentan que dos se casan 
gracioso y está referido con una brevedad epigramática. 

Finalmente , esta comedia tiene ademas el mérito de haber sido el original de d 
tomó don Agustín Morete la suya titulada : No puede ser guardar una muger 
variaciones que hizo en esta para mejorar la de Lope así como los pasages en q\ 
quedó inferior á su modelo, los examinaremos con la debida imparcialidad cuando J 
seriemos en nuestra colección. 



PERSONAS. 



LA REINA ANTONIA. 
DIANA, dama. 
CEUA, criada. 
ALBANO, caballero. 
FENISO. 
ROBERTO. 



LISARDO. 

EL REY DE ARAGÓN. 

EL ALMIRANTE DE ARAGÓN. 

RAMÓN, lacayo. 

FULGENCIO, viejo. 

Músicos. 



La escena es en Nápoíes. 



ACTO I, ESCENA 11. 



91 



ICTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración €k Jardín. 

JAFfO DE CAMivo Y FENISO. 

Pasa, orillas de la mar, 
I jaitüDes bellos, 
rte se acaba en eüos, 
B puede envidiar 
Mo campo Hibleo, 
rodé Babilonia; 
a reina Antonia^ 
único trofiBO, 
qne ana eoartaoa, 
llca, enojosa, 
a milagroaa, 
opretíon tirana. 
Qoé aun dará la enfermedad, 
xm que la tí 
á Alejandría partí? 
' con mas sesoridad ; 
por medios declina, 
npla por cautelas, 
lo Bolonia en las escnelas 
e lee medicina 
le están pintadas 
8 enfiermedades 
esentes edades, 
ides pasadas, 
todas solamente 
i gota y cuartana, 
reoce dencia bnmana, 
remedios qne intente, 
Mjor es alegrarse, 
ndo entretenerae; 
ntentar defenderse 
on de aumentarse. 
lao so alteía procura 
gue libres son, 
honesta ocasión, 
^aye se aventura 
nponerse mas, 
i música prueba 
Msos de esta cueva, 
a al mar el compás, 
ás la poesía, 
hw necios pretenden 
« sabios no entienden, 
lyor monarquía; 
» y las comedias 
ible perfección ; 
e al fin tristes son, 



Desterradas las tragedias. 

Una academia dirás 

Que es este campo, un liceo. 

Aib. Que viene su altesa creo. 

Fen. No supo Hinerva mas. 

ESCENA II. 

Dichos, la aEiiiA ANTONIA en ona silla 

DE manos, MdSICOS CANTANDO T GENTE QUE 

ACOMPASA: ROBERTO v USARDO. 

Manea. No son áf. erittii lu fuentes, 
Ni se ríen, qae es mentira , 
Ni las flores esmeralda, 
Ni testigos de su risa ; 
Pero es rerdad que se hallan en Jacinta, 
Soles Qn los ojos, 
Y perlas en la risa. 

Reina. ¿Eres tú el duefio, Lisardo, 
De este romance? 

Lis. Yo soy. 

Que sol á unos ojos doy. 
Adonde me abraso y ardo; 
Por eso si bay objeción 
Propóngala vuestra alteza. 

Reina. De encarecer su belleza 
Hallaste nueva invención. 

Rob. Pretende contradecir 
El nuevo estilo de agora. 

Reina. Proseguid. 

Lis. Querrás, señora, 

Mis ignorancias reir. 

Misica. No son como dicen muckos 
Las rosas alejandrinas, 
Al tiempo qae se abren nácar. 
Coral cuando se marchitan; 
Pero es verdad, etc. 

Reina. Está con lindo artificio 
Encarecida esa dama. 

Rob. Tiene Lisardo gran fama. 

Lis. Mas es de mi amor indicio, 
Que inclinación natural, 
Que me daba la poesía. 

Reina. ¿Qué hay^ Feniao? 

Fen. Que este dia 

Irá fugitivo el mal 
Con tal entretenimiento 

Reina. ¿Quién está contigo? 

Fen. Albano. 

Reina. Bien seas venido. 

Rob. Y no en vano 

Con tan raro entendimiento. 

Aib. Dadme, señora, ios plés. 

Reina. ¿Vienes bueno .^ 

Aib. A tu servicio 

Contento de este ejercicio; 



92 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Mas DO de que enferma estee. 

Reina. No me dejan estos frios. 

Aib. Querrán vengarse del fuego, 
Donde amor se abrasa, y luego 
Sus ojos convierte en rios. 

Reina. Di, Roberto^ alguna cosa. 

Rob. Diga Feniso primero. 

Fen. Decir un soneto quiero. 

Reina, ¿Qué sugeto.^ 

Fen. Laura hermosa. 

Reina. ¿Es la española que ayer 
Iba en el coche á la mar? 

Fen. Licencia me dio de amar; 
Pero no de merecer. 

Laura gentil, que coronar pudieras 
Al mismo sol, en cuyos rayos bellos, 
Mas luz dieran tus ojos, que sin ellos. 
Tienen los ojos de las ocho esferas. 

Si el fuego vivo en que abrasar pudieras. 
Mi rudo ingenio ardiera en mis cabellos 
Ceñidos de tu Laura, porque en ellos 
Premio inmortal á mi concepto fueras, 

Aunque como el gigante sobre el risco, 
Pagara atado la atrevida hazaña, 
Tú fueras de mis ojos basilisco. 

Y en fe de esta verdad, al mundo estraña^ 
Callara Italia su inmortal Francisco : 

Y de otra Laura se alabara Kspaña. 
Reina. Aprovechaste muy bien 

Al Petrarca, y Laura bella. 

Fen. Esta es sol, si aquella estrella , 
Lauro de Laura desden, 

Y si como es mas hermosa, 
Fuera yo mejor poeta 

Que el Petrarca, mas perfecta 
Fuera Laura y mas dichosa. 

Reina. ¿ Sabes algo que decir, 
Albano? 

Alb. Un enigma tengo, 
Que de á donde agora vengo 
No me han dejado escribir. 

ñeina. filen dices, porque las musas 
Calxan coturnos, no espuelas. 

Álb. Que ha de ser malo recelas ; 
Pues tú, señora, me escusas: 
Es pintura de este enigma. 
Un corazón con su flecha. 
En unos grillos. 

Reina. Bien hecha. 

Alb. La glosa, señora, estima, 
A donde viene encerrada. 
Que es algo dificultosa. 
Para que estimes la glosa, 
Si el enigma no te agrada. 
Quien en mi pecho sospecha, 
Que tengo tantas marañas. 



Llegue, y mire mis entrañas, 
Tan abiertas de esta flecha. 
Preso estoy, que no me huyo. 
Firmeza tengo, y lealtad ; 
Señores, adivinad; 
Esclavo soy, pero cuyo. 
Todo de mí se confia, 
Armas, piedras, plata y oro, 
Alcaide soy del tesoro, 
Y del honor, algún dia 
Diré mi nombre si oso... 
¿Mas qué temor me acobarda? 
Yo me llamo al fin... Mas guarda ; 
Eso no lo diré yo. 
Si tengo el costado abierto, 
Por donde, de mis abiertas 
Entrañas, se ven las puertas, 
¿Para qué estoy encubierto? 
Nadie en el blanco me dio, 
Nadie me acierta en efeto; 
Pues yo guardaré el secreto 
Que cuyo soy me mandé. 
Nadie los grillos me quite. 
Que le podrán castigar; 
Guardas, no le áen lugar. 
Pues hurtar no se permite. 
Mucho en hablar me destruyo. 
Porque no habrá quien me mire 
Como esta flecha me tire, 
Que no diga que soy suyo. 

Reina. Notable. ¿Quién te parece, 
Lisardo ? 

Lis, Pienso que amor. 

Aib. No es amor. 

Rob. Mucho mejor 

Para los zelos se ofrece. 

Alb. No son zelos. 

Rob. No; ¿pues quién? 

Alb. ¿Danse todos por rendidos? 

Lis. Y de tu enigma vencidos. 

Reina. Tente, diré yo también. 

Alb. Temo á vuestra magestad ; 
Diga, á ver. 

Reina. El corazón, 
Con flechas puesto en prisión. 
Es el candado. 

Alb. Es verdad. 

Reina. Los grillos son las armellas, 

Y la flecha significa 
La llave. 

Rob. Harto bien se aplica 
El candado preso en ellas. 

Reina. Lo demás queda eu tendido. 
Pues guarda cualquier tesoro, 

Y dei honor el decoro. 

Alb. Vuestra magestad ha sido 



fe-M 



ACTO 1, ESCENA II. 



95 



d^ de esta esfinge. 
I. ¡H, Lísardo. 

Un desengaño 
Doa glMa, y ao daño 
rmi proTecho finge; 
I TiDO de España, 
hasta loe Teños eco 
iallos de Aragón. 
Vo es daño el que desengaña, 
iolees engaños de amor, 
oe es Taño cuidado 
le al pasado error» 
imor desengañado 
faño mayor. 
le ya como á estraño, 
ida la ocasión, 
speranxa es engaño, 
noado posesión 
Ima el desengaño, 
los escarmentados 
n los preTenidos, 
gustos engañados, 
DO os quiero Tenidos, 
de llorar pasados. 
Miscais sin provecho, 
M> habéis de TolTer 
ente á mi pecho, 
esar de aquel placer 
ide escarmiento ha hecho, 
desengañarme, 
lor entretenerme, 
llegando á ayisarme, 
»ble ofenderme 
ha enseñado á guardarme. 
I de Ter en mi pecho 
(años obligan, 
engaños han hecho 
il ; porque no digan 
» de mi proTecho. 
iera yo pasar 
ogaño descuidado, 
egar á engañar, 

al mas bajo estado 
do amor llegar. 

1 de Ter en mi pecho 
años obligan, 
ingaños han hecho 
i ; porque no digan, 
* de mi provecho. 

Tú lo glosaste muy bien : 
Tersos no son 
ios de Aragón 
estra tu desden ; 
bien y maltratar 
e Aragón. 

Señora, 



Quien desengaños adora, 
Mas sabe amar que engañar. 

Reina, Di, Roberto. 

Rob, To diré 

Tres décimas á una dama, 
Que TOS conocéis por fama, 

Y que siempre ingrata íbé. 
Quererme bien, sí queréis 

Que no os canse con quereros, 
Que no pienso aborreceros, 
Mientras tos me aborrecéis. 
Si de que os quiera tenéis 
Tanto disgusto, señora, 
Probad á quererme un hora, 

Y Tereis como os olTido, 
Si puede olTidar querido. 
Quien aborrecido adora. 

Ver que mi amor os ofende, 
Tanto esfuerza mi porfía, 
Que lo que á vos os enfria. 
Es lo mismo que me enciende. 
Si Tuestro desden pretende 
Que deje mi pretensión. 
Inútiles medios son, 
Señora, los desengaños ; 
Que quien estima sus daños, 
No ha de estimar la razón. 

Dejaros yo de querer 
Mientras tan hermosa estáis, 
Señora, no lo creáis ; 
O daos prisa á no querer. 
Mas ni TOS queréis perder 
Esa hermosura apacible. 
Ni este mi amor invencible 
Dejar pasión tan dichosa, 
Como TOS de ser hermosa, 
Que es el mayor imposible. 

Reina. Buenas por mi Tida son ; 
i Mas cómo dices, Roberto, 
Que dejar de ser hermosa 
Es imposible; pues Temos 
Que la edad tan presto acaba 
La hermosura con el tiempo, 
Ya consumiendo la luz 
De los ojos, ya cubriendo 
La púrpura de ios labio». 
Ya dando plata al cabello? 

Rob. Que ella quiera, digo yo, 
Señora, dejar de sello, 

Y aun dejar de habello sido, 
No era yerro. 

Reina, Niego. 

Rob. Pruebo. 

Reina. ¿ Cómo si te has engañado; 
Pues donde dicen tus versos, 
Dejaréis de ser hermosa , 



94 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Decir debieras, Roberto, 
Dejaréis de habdlo sido, 

Y hablar del pasado tiempo? 

Rob, Si agora es hermosa, ¿cómo 
Hablar del pasado puedo P 
Aetna. ¿No yes qae fuera agratiarla^ 

Y que es mas fácil un yerro 
En los Tersos, que en su cara? 

Lis. Dejando el yerro en los versos^ 
No es el mayor imposible, 
Que dejen de ser tan bellos 
Los ojos de esa seiU>ra, 
Si no es encarecimiento. 

Rob. ¿ Pues hay mayor imposible 
Que dejar de ser aquello 
Que fué? 

lÁs. Y muchos pienso yo. 

Reina. Lisardo, escucha, que quiero 
Que cuantos estáis aquí 
Digáis sobre este concepto 
Cuál os parece el mayor 
Imposible. 

Fen, Yo comienzo; 
El servir con mala estrella 
Aunque á generoso dueño, 
Pensando medrar un hombre, 
Por mas imposible tengo. 

Alb, Yo tengo por el mayor, 
Que con bajo nacimiento. 
Puesto un hombre en gran lugar. 
Deje de estar muy soberbio, 

Y de aborrecer á cuantos 
En sus principios le vieron; 

Y de querer si pudiera. 
Verlos ausentes ó muertos. 

Rob. Yo tengo por Imposible, 
El mayor de cuantos yeo, 
Que lo que no puede amor. 
No puede hacer el dinero, 
Porque es el mas ingenioso, 

Y artificioso instrumento 

Que han inventado los hombres ; 
Pues ha derribado al suelo 
Ciudades, honras y vidas, 

Y levantado al gobierno 

Del mundo los mas humildes. 

Lis. Yo, hacer de un necio un discreto 
Juzgo el mayor imposible; 
Porque es como el negro el necio, 
Que aunque le lleven al ba&o 
Es fuerza volverse negro. 

Reina. ¿Diré yo? 

Alb. Si vuestra alteza, 

Dice, todos quedaremos 
Vencidos. 

Aetna. Yo, para mi, 



Por mas imposible tengo, 
El guardar una muger. 

Ao6. A no ser atrevimiento 
Dijera que es el amor. 

Lis. Que me des licencia ruego 
De responder en favor 
Tuyo, aunque es mayor tu ingenio. 

Aetna. Responde. 

Us. ¿Por qué razón, 

Hallas tan fácil, Roberto, 
El guardar á una muger? 

Rob. Porque es tan dócil sugeto, 
Por una parte, y por otra. 
Tan débil que cuando vemos 
Alguna con libertad, 
Mas es culpa de su dueño , 
Que suya. 

Lis. ¿Del hombre puede 
Ser culpa? 

Rob. Hay tantos tan ciegos 
Del interés, que el honor 
Vienen á tener en menos ; 
Ni reparan que en la calle 
Los señalen con el dedo, 
Ni que los afrente el mundo. 

Lis. De manera que en los buenos 
Esta desdicha no cupo. 

Rob. Será influencia del cielo; 
Yo no tengo muger propia, 
Una hermana sola tengo, 
Nació con obligaciones; 
Nunca, Lisardo, agradezco. 
Que á quien le toca las guarde ; 

Y asi cuando algunas veo 
Decir, soy muger honrada. 
Pidiendo agradecimiento, 
Me causa notable risa ; 

Pues de su honor, y provecho, 

Y tan Justa obligación, 

A padres, marido, y deudos, 
Quiere que acá la tengamos 
Como si fuera decreto 
Del nacer muger, ser ruin. 

Y al propósito volviendo. 
Digo, que cuando mi hermana, 
Por humilde nacimiento 
Desobligada naciera^ 

Del hombre de mas ingenio, 
De mas valor la guardara. 
Aunque conquistas y megos 
Batieran su fortaleza 
Con los tiros del dinero, 

Y las espías que ponen 
En los terceros discretos. 
Papeles, galas, suspiros. 
Ocasiones y paseos. 



ACTO 1, ESCENA IV. 



95 



Roberto^ si una muger 

tengo por cierto, 
Dpo6ible guardarla. 

«o claro dUo el ejemplo 
ledad, paes los ojos 
, al fin se durmieron 
ira de Merenrio. 
n eataa ttbnlas eneotos 

para la lumbre 
» de los ínTiemos. 
, que si tuTiera 
B, que ojos el cielo, 

mas Mercurios 
la el paYon soberbio, 
e engañara á mi 
er, si so ingenio 
liramis fuera. 

I» Tive Dios, que sospecho, 
iras lince en Tista, 
Albania fiero, 
dicen que en su cueva 
os ojos abiertos, 
njas 7 yentanas, 
ágrimas de fuego, 
i logar al sol 
ir en tu aposento, 
ibia de engañar 
r que sabe menos. 
k mi, Lisardo? 

A tí, pues, 
alia, que ofendes en eso 
alor de los hombres. 
» sé que no los ofendo, 
idos elloe saben, 

1 mano del cielo 
í>neDa muger, 
mo todos ellos 

e la que es divina, 

B. 

Yo me resuelvo, 
I puede guardar, 
lo contrario sustento. 
lUsardo? 

¿Se&orat 

fiseucba; 
ístoy de este necio, 
! conquistar su hermana, 
sta loe dos reinos 
s, 7 Aragón. 
1 saber el pensamiento 
a aiteía tenia 
toreeadto. 

Pues comleosa 7 veme dando 
malquler suceso ; 
loesta enfermedad, 
tretenimiento 



Es imposible apttearroe. 

Lis. Déjame el cargo. 

Reina. Esto quiero, 

Que hagas por darme gusto. 
Ola, esa silla, que siento 
Enfado de tanto mar. 

Rob, Su calma, ó su movimiento, 
Da mas tristeza á los tristes. 

Aetna. Cantad. 

Músicos. ¿Qué canción? 

Reina. De zelos. 

ESCENA 111. 

LISARDO. 

Conquiste el ancho mundo el Macedón io. 
Alabe Gipion su resistencia, 
Mario en fortuna vil halle paciencia. 
De su valof insigne testimonio ; 

Preste el confuso Niño babilonio, 
A femeniles armas obediencia, 
Y viva largos a&os sin pendencia 
En pacíQca paz el matrimonio,* 

Y no supuesto que el varón adquiere 
Imperio en la muger, honor te asombre. 
De que á sus manos tu defensa muere; [bres, 

Rinde á su industria tus valientes nom- 
Porque es guardar una muger, si quiere. 
El mayor Imposible de los hombres. 

ESCENA IV. 

LISARDO, T RAMÓN con un papel. 

Ram. Hasta que á solas te vi 
No quise llegar á hablarte. 

Us, ¿Qué hay, Ramón? 

Ram. Que vengo á darte 

Un papel. 

Lis. ¿De Estela? 

Ram. Si ; 

Mas dame albricias primero 
De él, y de quererte hablar. 

Lis. Ni albricias te quiero dar. 
Ni tomar el papel quiero. 

Ram. ¿Cómo asi? 

Us. Porque he mudado 

De amor y de pensamiento. 

Ram. i Qué veleta al fácil viento 
Causa mas risa al tejado, 
De verla en tantas mudanzas. 
Como me causas á mi ? 
¿Ayer no la amabas? 

Lis. Si, 

Y con justas esperanzas. 

Ram. ¿Pues qué vendaval te dio ? 
¿Son zelos, o son enojos.^ 



96 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Lis. SoD anos Queros antojos 
A que desde hoy me obligó 
La que me puede mandar^ 
Que mude de pensamiento ; 
Si puede ser fundamento 
De amor el mandarme amar. 

ñam. Todos los amantes son 
Cifras ó engaños. 

Lis. No ba sido 

Accidente en mi sentido, 
Sino en mi dueño elección. 

Ram. Cierto poeta decia. 
Que eran todos los amantes 
Unos yestidos danzantes 
A quien son el tiempo hacia ; 
Que como no es la razón 
La que ha de guiar la danza, 
No hay mas duda en la mudanza 
Que en hacer el tiempo el son. '' 
¿Qué haré de aqueste papel? 

Lis. Lo que á ti te diere gusto. 

Ram. ¿El billete da disgusto? 

Lis. Ya sé lo que Tiene en él. 

Ram. Los que juegan, si lo apruebas. 
Que consejos me acobardan, 
Las barajas viejas guardan, 
Para remendar las nuevas ; 
Tengámosla para un dia 
Que de esta nueva cruel 
Te dé acaso algún papel 
Enfado ó melancolía; 
Es pensamiento que sube, 

Y de las tejas abajo. 

Lis. Tanto el sugeto aventajo, 
Como hay del sol á la nube. 
¿No conoces tú la hermana 
De Roberto? 

Ram. Si, señor, 

En quien estaba mejor. 
Que en la reina, la cuartana : 
Porque tiene de león 
La soberbia y fortaleza. 
Si bien con rara belleza 
Peregrina discreción. 

Lis. Temo á su hermano. 

Ram. Bien puedes, 

Que es temerario su hermano, 
Pero no hay muro tebano. 
Puestas torres, ni paredes. 
Para amor, que es para entrar 
Sol, y para el alma fuego, 

Y como ha tanto que es ciego. 
Sabe como ha de cegar: 

Mas si tú la quieres bien 
Por muger te la dará, 
Pues á tí tan bien te está. 



Y á Roberto está Un bien. 
Lis. No me quiero yo casar ; 

Sin que conquiste su amor. 

Ram. Pues dicenme que es mejor 
Después de casado amar ; 
Que muchos que se han casado 
Forzados de un amor loco, 
Suelen después hallar poco 
De lo mucho que han pensado. 
Quien se quisiere casar 
Ha de mirar en la dama. 
Buena cara, honesta fama, 

Y á Dios, que me echo á nadar. 
Casarse es azar ó encuentro 
Como quien bebe con jarro 
Donde bebe el mas bizarro 
Aquello que viene dentro. 
Cuentan que dos se casaron, 

Y la noche de la boda, 
En quietud la casa toda. 

Ya entiendes, se desnudaron. 
Él dijo : <c Ya no hay que hacer 
^« Secretos impertinentes, 
<c Postizos traigo ios dientes^ 
<c Paciencia, sois mi muger. » 
Ella, quitando el tocado. 
El cabello se quitó, 

Y en calavera quedó, 
Como un guijarro pelado. 
Diciendo : « Perdón os pido, 
<c Postizo traigo el cabello, 

« No hay que reparar en eUo, 
« Paciencia, sois mi marido. >• 
Us. Dejando tus disparates, 

Y los de tu vano humor. 
Quiero, Ramón, que mi amor. 
Por algunos medios trates. 
Nunca la he dicho á Diana 
Que la quiero, solo^ han sido 
Mis ojos los que han tenido, 
Entre su luz soberana. 

Algún corto acogimiento; 
De suerte que aquesta historia. 
Reserva para tu gloria, 
Su primero fundamento. 
Mira pues como ha de ser. 
Siendo tan lince su hermano. 

Rom, Todo pensamiento es vano 
Contra ingenio de muger; 
Dame tú que se te incline, 
Que aunque mas hermanos tenga 
Que hay en la capacha, y venga 
Por donde amor la encamine. 
No ha de impedir que te quiera. 
Con todos los requisitos 
De amor, si ejemplos escritos. 



ACTO I, ESCENA VI. 



97 



cion conddera. 

: á la roM 

nanos puso en torno, 

hojas y á su adorno 

ba^a lustrosa. 

ir cinco hermanos 

aJ rededor, 

íiQa menor, 

s mbios granos. 

que no podrá 

inndo defendella. 

a noche he de ir á yella ; 

o, alerta está, 

arnrlo has de ser. 

imina y nada te asombre ; 

ly yalor en el hombre 

lostrias de muger. 

ESCENA V. 

ala en casa de Boberfo. 

OBERTO T FULGENCIO. 

ito ha pasado^ y yo, Fulgencio^ 
mas se guarde el confiado, [digo, 
e tiene muger tiene enemigo, 
(o quisiera que hubieras porfiado ; 
I de ser necia la porfía, 
iba, por no ser casado. 
*uts en qué te parece culpa mia 
í una muger puede guardarse? 
de Faetonte la osadía? 
roza del sol ha de llevarse 
Ismos dorados paralelos, 
fonoso de abrasarse? 
s á Cítía, á Etiopia hielos, 
i imposible no serla 
ma muger honrados zelos. 
.a antigüedad tres cosas proponia 
libles, siendo Ja primera 
*n que Júpiter soUa 
tr los rayos de la esfera : 
leí Tebano la segunda, 
os de Homero la tercera, 
yo por cosa tan profunda 
ma muger; pero en efecto 
> de lo dicho te redunda? 
lardo muy preciado de discreto, 
leae ser necio y secretario, 
llar, no lo tendrá secreto, 
>posicion me fué contrario, 
ñera, que quedé corrido, 
sustentarlo necesario, 
olgencio, por quien ha corrido 
I edad, ¿es imposible cosa [rido, 
mante, que un padre, que un ma- 
Ardar una muger hermosa? 



Fulg, Para guardar su virginal decoro. 
Supuesto que es historia fabulosa, 
En una torre, como al fin tesoro, 
Acrisio puso aquella hermosa dama. 
Que Júpiter venció con lluvia de oro ; 
Para dar á entender que honor y fama 
Corrompe el oro, y entra donde quiere ; 
Que por eso del sol hijo se llama. 
Guardándose del oro, que prefiere 
Todo imposible, no hay contrario humano. 
Que el marido, al galán, al padre altere. 

Rob. El oro es poderoso. 

Fulg, Es un tirano. 

Rob. ¿Mas cómo veré yo venir el oro? 

Fulg, Si el quiere entrar, será defensa 
Mas agora no toca á tu decoro [en vano ; 
Este imposible, que en tu casta hermana 
Reverencio el valor, la sangre adoro ; 
Es de la honestidad napolitana 
El ejemplo mayor. 

Rob. Si ; mas no quiero 

Que entretenga á la reina su cuartana 
Con hacer que algún vano caballero 
Para desengañarme la enamore ; 
Porque mil vidas perderé primero. 
Mi casa, aunque está bien, de hoy mas me- 
Tu cuidado, Fulgencio, que contigo [jore 
No temo que su lustre se desdore. 
Aquí no ha de entrar hombre, ni aun con- 
migo, 
A hablar una palabra, ni criado 
Pasar de aqueje umbral sin gran castigo. 
¿ Hasme entendido ya ? 

Fulg. De tu cuidado 

Quedo advertido. 

Rob. Sea, sin que entienda 

Mi hermana, que estas cosas me lo han dado. 

Fulg. ¿Casalia, no es mejor? 

Rob. Que lo pretenda 

Aguardo solamente quien la iguale : 
Entre tanto no quiero que me ofenda 
El mismo sol que por los ciclos sale. 

ESCENA VI. 

FULGENCIO. 

Empresa grande fué romper con Argos 
Las vírgenes espumas del mar fiero. 
Aquel piloto de Jason primero ; 
Porque tomaba por tan pesados cargos : 
Y no menor de trances tan amargos, 
Salir el griego que celebra Homero, 
O encadenar el infernal Cerbero, 
Hércules, fin de sus discursos largos. 
Pero guardar del oro, y del rendido 
Pecho de un hombre, amando loco, y ciego. 
7 



•s 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Y á todos los peligros atrevido. 
Una moger, eotre ocasión y ruego, 
Mayor empresa fué que haber veocido ; 
Del mar el agua, y del infierno el fuego. 

ESCENA Vil. 

DIANA T FULGENCIO. 

Diana. ¿Fuese mi hermano, Fulgencio ? 

Fulg. Fuese. 

Diam, ¿ Qué tiene estos dias 

Que añade á sospechas mias. 
Mas duda con su silencio? 
SI yo no le diferencio, 
En sangre y amor, no es justo 
Que me encubra su disgusto ; 
Pues donde hay amor igual. 
Ni se ha de encubrir el mal, 
Ni á solas pasar el gusto. 
Déme parte del dolor. 
Como estamos obligados. 
Que dividir los cuidados 
Es obligación de amor : 
Si nace de su rigor 
Comuniquelo conmigo. 
Que mejor, que de un amigo, 
Puede fiarse de mi. 

Fulg, Nunca yo, señora, fui 
De sus tristezas testigo ; 
Si son de amor, á mi edad 
Parecerále indecente 
Decir lo que amando siente 
La rendida mocedad ; 
Pues si son de enemistad, 
¿Qué puede ayudarle un viejo? 

Dtono. Mudio mas con el consejo, 
Que el mas valiente escuadrón ; 
Que para los mozos son. 
Las canas divino espejo. 

Fulg. Disgustos deben de ser 
Del servir, y del privar. 
Si á Lisardo ve medrar, 
Por la pluma, desde ayer. 
La reina ha dado en querer 
A aqueste medio español ; 
Es el servir un crisol, 
Que descubre los defectos 

Y se prueban los discretos 
Como el águila en el soL 
Las casas de los señores 

Son un cuerpo bien compuesto ; 
Mas no le faltan por esto 
Algunos varios humores. 
Los instrumentos mejores, 
Con alguna üslsa cuerda. 
Hacen que el acento pierda 



Aquella dulce armonía. 

Diana. Mal con la sospecha mia 
Tu pensamiento concuerda ; 
Que si está triste Roberto, 
De no ser mas estimado 

Y es Lisardo el envidiado, 
Que tiene valor es cierto. 

Fulg. Fuera injusto desconcierto 
Decirte mal de Lisardo, 
El es discreto y gallardo ; 
Pero no á tu hermano igual. 

Diana. Por parte mas principal 
De alabarle me acobardo ; 
Mas no, Fulgencio, no son 
Tus palabras verdaderas ; 
Bien se ve que con quimeras 
Me engaña tu sinrazón ; 
No merece mi afición, 
Ni el haberme tu criado, 
Encubrirme su cuidado :... 
Poco te fias de mí. 

Fulg. Bien puedo fiar de tí. 
Como él de mí se ha fiado ; 

Y aun es el medio mejor 
Para sosegar sus zelos, 
Decirte que sus desvelos 
Nacen de su mismo honor. 

Diana, ¿Pues quién me ha tenido an 
Que ese cuidado le dé ? 
Si es Lisardo, yo no sé 
Qué talle tiene Lisardo ; 
Si no es que por ser gallardo, 
Zeloso mi hermano esté ; 
¿Pues qué culpa tendré yo 
De que sea tan discreto ? 

Fuig. Bien te dijera el secreto 
En que aquesto se fundó, 
¿Mas qué muger le guardó? 

Diana. ¿ Y á cuál hombre ves fingir 
Lo que no quiere decir, 
Si á decirlo comenzó? 

Fulg. A tu raro entendimiento, 
Diana, mi amor agravia 
Si este secreto te encubre; 
No ha ser muger, que la causa 
De no guardarle es del hombre 
Que hace de ella conflanza. 
Queriendo que muger calle 
Lo que él siendo hombre no guarda. 
No es esto decirte yo 
Secretos, aunque sobraba 
Tu virtud para fiarte 
Cosas mas graves y raras ; 
Sino darte cierto aviso 
Para que pofigas en guarda 
Tu honor, porque andan ladrones 



ACTO i, ESCENA X. 



99 



)r de ta fanuu 
Tetenimientos 
pasa SOI cuartanas 
Antonia han traido, 
itas cosas varias, 
tion, en que afirma 
y la reina alaba, 
nposible mayor, 
cosas humanas, 
lar una muger, 
iisma DO se guarda, 
me mandó á mi, 
le la noche^ al alba, 
ú alba, á la noche, 
tiODor, y su casa, 
lacen sus trístesas; 
sima Diana, 
guardarte mejor, 
la y avisada. 
Llsardo siempre, 
en su talle y galas 
u honor de Roberto, 
eres noble hermana. 
>r medio he tenido, 
el secreto me encarga, 
claramente 
e en palacio pasa. 
I, y sepa Antonia, 
^rienda tan clara, 
uposible mayor 
f tu honor y fama. 

ESCENA VUL 

DIANA. 

igoorancías del Bando 
be visto mayor ; 
del primero error 
necio el segundo. 
é ingenio, con qué Uave 
quiere una muger? 
quiere saber 
ue ninguno sabe. 

mayor imposible, 
f presto por sí, 
a me toca á mí, 
arezca posible* 

necio tamUen 
el valor de un hombre 
opinión y nombre, 
los quieren bien, 
e que me guarde 
mo que me alaba, 
o de amor estaba 
ta y mas cobarde. 
r¡(>jos los consejos 



Son de grande eslhnacion, 
¿ Mas si mozos oedos son. 
Han de ser discretos viejos ? 
No, que no muda la edad 
El ingenio; al fin mi hermano, 
A mi costa, quiere en vano 
Seguir su temeridad. 
De suerte que por guardarme 
Para salir con su intento. 
Querrá de mí casamiento 
I^a ventura dilatarme. 
Yo he mirado atentamente 
A Lisardo, y me pesaba 
De ver que no me pagalm 
Este amoroso accidente : 
Pero ya que mi fortuna, 
Me ha traido la ocasión, 
Aunque fué por ilusión 
No pienso perder ninguaa. 

ESCENA IX. 

DIANA T CELIA. 

Cel. Cierto mercader flamenco 
Con muchas curiosidades 
De vidrio, y de oro también, 
Pasaba por nuestra calle, 

Y por la reja me dijo 

Que hiciese que le comprases 
Algunas cosas, señora, 
De las que en la caja traje ; 

Y que me darla á mi 
Por el dicho corretaje 
Dos papeles de alfileres, 

Y un poco de lo que sabes. 
Que nos aliña los rostros. 

i Qué dices P ¿ podré llamarle? 

Diana. ¿ Mi hermano está en casa ? 

Cel. 

Diana. Llámale. 

Cei. Merced me haces. 

Entrad, monsieur, ó quien sois. 

ESCENA X. 

Dichas t HAMON de buhonero. 

Ram. El cielo, señora, os guarde 
Los años de esa hermosura, 
Por infinitas edades. 
La fama de que tenéis 
Buen gusto, pudo obligarme 
A enseñaros varias cosas, 
Recien venidas de Flandes : 
Abro con vuestra licencia, 

Y escoged io que os agrade. 
Aunque no tengáis dineros, 



No. 



100 



£L MAYOR IMPOSIBLE. 



Qae no aprieto qiM me pagaen 
Las damas* que do Iob tieoen ; 
Porque bien puedo fiarles 
Uu año^ dos, aunque veis 
Que traigo este humüde trage. 

Diana» ¿ De dónde sois ? 

Ram. De] pais 

De Enao. 

Diana. Famosos lugares 
Dicen que tiene. 

Rom. Es demás 

La fortaleza notable ; 
Pero Valencina tiene 
Para ciudad bellas partes ; 

Y el celebrado reloj, 

Que muestra el curso admirable 
De la luna, y los planetas. 

Diana. Algunas cosas mostradme. 

Rom, Si queréis joyas de precio, 
Tiene cuarenta diamantes 
Este Cupido. 

Diana, A Cupido 
Mas tierno suelen pintarle. 

Ram. Antes de diamantes es 
Por lo que dan los amantes. 

Diana. Ellas son piedras famosas, 
Mas de calidades tales, 
Que vendidas en la joya 
Del platero que las hace 
Tienen el valor que él quiere; 

Y si después de comprarse 
Se quieren vender al mismo, 
La mitad apenas valen. 

Ram. A las mugeres parecen, 
Que ii llegáis á rogalles. 
Se venden por grande precio, 

Y si ellas ruegan, de balde : 
Pero yo no he de querer 
Precio tan exorbitante 

Por los diamantes que veis. 

Diana. ¿Mas qué queréis engañarme 
Con algunas piedras falsas? 

Ram. No puede ser que os engañe^ 
Pues no he da lievar¡dineros. 

Diana. ¿ Qué, sin ellos queréis darme 
Las joyas? 

Ram. Si ; porque sé 
Que puede de vos fiarse 
Hasta el alma de un secreto, 
Que es mas que diez mil diamantes. 
Esto es un bello delfin 
Con diez zafiros, que hacen 
Las escamas. 

Cel. i Linda joya I 

Ram. Este es un famoso Marte, 
Armado como le pintan 



Los poetas celestiales. 
Diana. ¿Celestiales? 
Ram. Si, que son 

De los cielos, los que saben, 
A diferencia de aquellos 
Que el monte Parnaso pacen. 
Tomad, no os acobardéis. 
Diana. Animo tenéis. 
Ram. Tan grande, 

Que un diamante os puedo dar, 
Tan grande, como un diamante. 

(Hace Ramón como que se escom 
un retrato.) 
Diana. Aguardad, no le encubráis. 
¿ Qué es esto, es por dicha imagen? 
Ram. No señora. 
Diana . ¿ Pues quién es ? 

Ram. Cierto retrato de un naipe, 
Que tengo que guarnecer. 
Porque quieren presentarle 
A cierta dama. 

Diana. Mostrad... 

I Buena cara ! 

Ram. El mejor talle 

Tiene aqueste caballero, 
( Fuera de otras muchas partes ; 
Entendimiento, valor, 
Gracia, bizarría, donaire. 
Gentileza, condición, 
Nobleza é ilustre sangre) 
Que en Nápules se conoce. 

Diana. Bien es que á un rostro tan gr 
Las virtudes que decis 
Honestamente acompañen. 

Ram. Eslo tanto, que en su Tida 
Miró á muger aunque hablase 
Con ella, que para una 
Quiere el amor que se guarde ; 
En esta días y noches 
Piensa, y no quiere que hablen. 
De cuantas Ñapóles tiene, 
Sus amigos y sus pages. 
Con ser querido en estremo 
De muchas, que aun ayer tarde. 
Una lloraba conmigo 
Que aun apenas la mirase. 
Después de un año de amor. 
Diana. ¿ Sabes quién es? 
Ram. Si guardaí 

Queréis secreto, os diré 
Lo que perdido le trae. 
Diana. Callar prometo. 
Ram. No es poco 

Diana. Ni mucho, aunque tú te esp 
Que haya mugeres tan cuerdas 
Que cosas que importen callen. 



ACTO 11^ ESCENA 1. 



101 



ocets cierta Diana, 

)«itionadme, 

en Yoestros ojos^ 

illeía agraTÍe), 

lerto hermana, 

MMidestabie 

le es gentilhombre 

Sélaa partes 
que decís; 
polea á nadie 
sd qae á mí : 
unos juntas. 

Dadme 
estas joyas 
en quedarse, 
las veréis. 
las joyas no se trate, 
tomar ninguna, 
o dejadme, 
Miéis fiar; 
» yo enseñarle 
quien decis : 
quien mejor trate 
í que le quiera, 
sé que puedo fialle, 

atreverme 
mentó me falte, 
melé puede, 
renda grande, 
a cadena. 

No es cosa 
preciado vale, 
un naipe solo, 
ez vale un naipe, 
^oena suerte, 

1 un tesoro gane. 

si yo otro naipe os doy ? 
o ese rostro retrate, 
igual del mió. 

es tomad este, y guardadle. 
indo me mandáis volver ? 
Ived en diverso trage 

edaos con Dios, 
ido asegurarme; 
«tro de un hombre 
ito de un ángel. 

ESCENA XI. 

DIANA T CELIA. 

: has hecho? 

Dar un principio 
(liento notable. 
'JO es fingido. 



( Cei. Bien puede ser que te engañes ¡ 

Pero estas preciosas joyas. 

No es posible, que no salen 

De alguna aljatia de Amor. 

¿ Porqué de tomar dejaste. 

Dos, ó tres, de las mejores? 

Que yo, como muchas hacen. 

Le pesqué famosamente 

Dos beUas randas de Flandes, 

Y un abanillo de plata. 

Diana. La joya mas importante 
Para mí, es aqueste rostro. 
No diamantes, no helajes, 
No rubíes, sí amatistas. 
Que adornan oro, y esmaltes. 

Cel. i Conoces ai dueño ? 

Diana. Sí. 

Cel. ¿Quién? 

Diana. Lisardo. 

CeL No te espantes 

Que me admire. 

Diana, Ven conmigo 

Donde despacio te hable ; 
Que el imposible mayor 
De cuantos el mundo sabe. 
Es guardar una muger. 
Si ella no quiere guardarse. 



VWWVWXA/WWW 



ACTO SEGUNDD. 



ESCENA PRIMERA. 

Salón de palacio. 
La Reina y LISARDO. 

Aetna. Ya de tu parte no ofenden, 
Lisardo, tu voluntad, 
Si el principio es la amistad 
De los hechos que se emprenden. 
Lo mas tienes hecho en fin. 
Bien te puedes prometer 
Del principio, que ha de ser 
Alegre, y dichoso el fin ; 
Muéstrame el retrato. 

Lis, Aquí 

Viene, señora, el retrato. 

Reina. No ha sido el pincel ingrato. 

Lis. Ni yo al dueño. 

Aetna. ¿Cómo asi? 

Lis, De burlas pensé querer ; 
De veras la quiero ya. 

Aetna. ¿Burlaste? 

Lis, Presente está 

Quien lo debe de saber. 



lOt 



EL MATOR niPOSIBLE. 



Pregante á aqueste retrato 
¿Si merece esta belleza 
Amor? 

Reina, La mayor tibieza 
Enciende, Lisardo, el trato. 

Lis. No liay cosa mas de temer. 

Reina, Si solo de ser tratada 
Una hermosura pintada, 
Tal efecto puede hacer, 
Tema, Lisardo, la viva 
El que comienza burlando ; 
Que el amor mas dulce y blando 
Tiene el alma vengativa. 
Pero á tí te está muy bien, 
Pues agradecen tu amor; 

Y á mí, Lisardo, mejor 
Para entretener también 
Tan cansada enfermedad. 
Rindamos aqueste necio^ 

Que ha puesto en tanto desprecio 
Nuestro ingenio y libertad : 
Conozca que la muger 
Es un vaso de cristal 
Para el bien, y para el mal. 

¿15. Sí ; porque puede tener 
Licor precioso y veneno. 

Reina. Mire que mal la guardó ; 
No Lisardo, porque yo 
Darte el retrato condeno, 
Mas porque sepa Roberto 
Que es guardar^ si tiene amor 
Una muger, el mayor 
Imposible. 

Lis, Este concierto 
Que habemos hecho adivina ; 

Y que su hermano también 
Aunque he comenzado bien 

Y á pagar mi amor se inclina, 
Temo que adelante sea 

Mas cuidadoso que agora ; 
Que en el aviso, señora, 
Mal el engaño se emplea : 
Si bien de aqueste criado 
Gran confianza he tenido, 
Pues sobre ser atrevido 
Tiene un ingenio estremndo. 
Con este norte navego. 

Reina, ¿Tanto sabe ? 

Lis, Es de manera, 

Que en Troya otra vez pudiera 
Meter el caballo griego. 

Reina, ¿ Podréle ver? 

Lis, , No es persona 

Digna de tus ojos. 

Reina, Quiero 

Verle y hablarle. 



Lis. ¿Ragero? 

( Sale un poge,) 

Page, ¿Señor? 

Lis. AdTierte, y perétona. 

Que es hombre viL 

Reina. Ya lo entiendo. 

Lis. Llama á Ramón. 

Page, Voy por él. 

Reina. Tratemos los dos con él 
El engaño que pretendo. 
Que no puede resaltar 
Daño de mi información. 
Y mientras viene RanMMi, 
Lisardo, te quiero dar 
Esta carta de mi esposo 
Si es que mi esposo ha de ser 
Alfonso. 

Lis, No hay que temer 
En concierto tan dichoso. 
Mas de aquella dilación 
Que causa tu enfermedad... 
Mas mira la brevedad 
Con que ha venido Ramón. 

Aetna. Pues allá podrás despaeio 
Leer esta carta mejor. 

ESCENA II. 

Dichos, RAMÓN t el Page. 

Ram. ¿A mi la reina? 

Page, Ta homor 

Corre hasta el mar de palacio ; 
Mas ya con su alteza estás. 

Lis. Aguarda, Rugero, afaera. 
(Vase el page,) 

Reina, ¿Sois vos Ramón? 

Ram, ¿Quién pu'lie 

Ser sino yo? 

Reina, Llegaos mas : 
Mucho me huelgo de veros. 

Ram. ¿ Qué jardín ó qué edificio 
Soy yo? 

Reina, El mayor artificio, 
Desde los siglos primeros 
De la gran naturaleza. 
Fué el ingenio, y el mas digno 
De estimación. 

Ram, Soy indigno 

Del favor de vuestra alteza; 
Mas tal vez Esopo fué 
Al filósofo su dueño. 
De provecho ; y un pequeño 
Ramo levantar se ve 
Sobre un muro si él le ayuda. 

Reina. Grande artificio tuviste, 
Notable principio diste 



ACTO II, ESCENA IV. 



IOS 



sa de tanta dada. 

me lo ha oootado ; 

o teDgo aquí. 

Priocipio á esta empresa di 

lio determiDado ; 

LS haga, sebera, 

Da. 

Tú has de ser 
na. 

Sí he de hacer 
tu senricio agora, 
me, que aquí estoy. 
Rendir aquella muger, 
¡e lo venga á ser 
do. 

Yo te doy 
que 6i estuTiera 
sa... 

¿Y no podrías 
or algunos dias 

Yo bien padiera, 
cierta iaTeoeion, 

solo la hablara, 

1 Lisardo hallara 
ogar, y ocasión : 
luy dificultoso. 
Dila á Yer. 

Este Roberto 
desranecido 
ene parentesco 
[Qoso almirante 
n, y ei casamiento 
s con don Alfonso, 
(tilla heredero, 
coniunicarse 
amor estos reinos, 
sen seis caballos 
a á fingir me atrevo, 
tantos criados, 
erasen del diestro, 
spaña los envia 
ote á Roberto, 
digan las cartas, 
le noticia tengo 
de su crianza, 
I quedar con ellos. 
m casa, señora, 
cngo por cierto, 
uerta á Lisardo. 
i Qué notable flngimiento ! 
nir seis caballos. 
landa que vengan cubiertos 
nautas. 

La firma 
ante, que tengo 



En cartas suyas, será 
Fácil, á lo que yo «feo. 
De contrahacer. 

Ram. ¿Eso doáái? 

Con lo poco que yo entiendo 
Te la pintaré de molde. 

Reina. Si sales con este enredo 
Seis mil escudos te mand 

Ram, Seis mil años el gobierno 
De Ñápeles y Aragón 
Tengas, y de Alfonso el Bueno 
Tantos hijos, de los h^os 
Tantos nietos, de los nietos 
Tantos biznietos, que lleguen 
Tus choznos al sacro imperio 
De Roma y Gonstantinopla. 

Reina. De médico darte quiero 
Salario; que mis cuartanas 
No tienen remedio en ellos 
Y de tí esperan salud. 
Pues contigo me entretengo. 

Ram. Si yo soy médico tuyo, 
Des higas para Galeno, 
Seis para Avlcena, y diez 
Para Hipócrates. 

ESCENA III. 

LISARDO T RAMÓN. 

Lis, Yo pienso, 

Ramón, que también mi amor 
Tendrá remedio en tu ingenio. 

Ram. Dame el pulso. 

Lis. Estoy perdido. 

Ram. Sangrarte mañana quiero 
De aquestas desconfianzas ; 
Que en purgándote de zelos 
Quedarás como un halcón. 

Lis. Muero de amor. 

Ram. Y yo muero 

De amor de seis mil ducados. 

Lis. i Ay que burlando, y riendo, 
Suele amor salir llorando ! 

Ram. Yo quemaré mis enredosi 
Si se escapare muger 
De los tiros del dinero. 

ESCENA IV. 

Sala en casa de Roberto. 
DIANA Y CELIA. 

Cel. ¿Qué te halló el retrato? 

Diana. Sí, 

De que estoy perdiendo el seso. 

Cel. Que ha destruido, confieso, 
Tus intentes. 



104 



EL HAYOR IMPOSIBLE. 



Diana, ¡Aydemít 
Pero no piense mi hermano 
Tan fácilmente vencer 
Un ingenio de muger, 
Porque es pensamiento vano : 
Que antes el número incierto 
Dirá de su arena el mar, 

Y al cielo podrá contar 
Todas sus luces Roberto ; 
A los árl)oles las ramas, 

Y á las ramas verdes hojas, 
A quien ama las congojas 

Y al fuego sus vivas llamas. 
Que impida el aventurarme, 
A ser muger de Lisardo; 
Porque si yo no me guardo, 
¿Quién puede, Celia, guardarme? 

Cel, ¿ Pues qué remedio ha de hai>cr, 
Si su retrato te halló? 

Diana. ¿Y para qué quiero yo 
El ingenio de muger? 

Cel. ¿Si le halló en la almohada 
De tu cama, le podrás 
Negar, señora, que estás 
De Lisardo enamorada? 

Diana. Sí ; que al instante escritii 
A un criado de Lisardo 
El remedio que ya aguardo. 

Cel. ¿Remedio? 

Diana, Digo que sí ; 

Y que ha de quedar mi hermano 
Desengañado y contento. 

Cel. Sin duda tu entendimiento 
Kscede al límite humano. 
Él viene. 

Diana, Y con él Fulgencio. 

ESCENA V. 

ROBERTO Y FULGENCIO. 

Rob. Mi daño se declaró. 

Fulg, Nunca el honor se perdió 
A la sombra del silencio. 

Rob. \ En la cama de mi hermana 
Un retrato de Lisardo! 
¿Cómo en matar me acobardo, 
Muger tan loca y liviana ? 

Fulg. ¿Qué mas pudieras decir. 
Si al mismo Lisardo hallaras? 

Rob. ¿Pues, Fulgencio, en qué reparas, 
Siendo tan justo inferir 
El deshonor que recibo ? 
Pues si en su cama he hallado 
Hoy á Lisardo pintado, 
Mañana le hallaré vivo. 

Fulg. No fué la dificultad, 



Donde el honor se asegura, 
Guardarle de una pintara. 

Rob. ¿Pues de quién? 

Fulg, De la verdad. 

Rob. Todo es justo que me asombre: 

Y advierte en su falso trato. 
Que por donde entró un retrato. 
Podrá entrar después un hombre. 
¿Qué bien mi casa guardaste? 
¿Qué bien la fié de tí? 

Fulg. ¿Échasme la culpa á mí 
De lo que no me mandaste? 
Tu casa, es cosa muy llana 
Que cuidadoso guardé ; 
i^ero no te aseguré 
La voluntad de tu hermana. 
¿Cómo puedo yo guardar 
Una tan libre potencia, 
Ni á un alma hacer resistencia, 
l^ara que no pueda amar? 
¿Qué hombre has hallado aquí? 

Rob. Si mi casa se guardara, 
Ni aun este retrato entrara, 

Y mas adonde hoy le vi. 
¿Por dónde entró? 

Fulg. ¿Yo qué sé? 

En las ciudades cercadas 
De almenas, lanzas y espadas 
Entrar un pliego se ve. 
Tirado con una flecha : 
Con flecha le tirarían 
Ese retrato. 

Rob. Sí harían, 

Pues fué á la cama derecha; 
Pues vive Dios, que á tener 
Sangre... 

Fulg. Di alguna quimera. 

Rob, El retrato, la vertiera. 

Fulg. ¿ Es tu hermana tu muger? 

Rob. YiUsimos hombres son 
Hermano, padres, parientes 
Que sufren... 

Fulg, No los afrentes 
Con tu mala condición. 

Rob. Que sufren tales agravios; 
Porque en llegando á maridos, 
Me taparé los oidos, 

Y me taparé los labios. 

ESCENA VI. 

Dichos, DIANA y CELIA. 

Diana. ¿Has dicho ya cuanto sabes? 
Rob. ¿Tú estabas aquí? 
Diana, Yo estoy 

Aquí. 



ACTO II, ESCENA YIII. 



105 



esdkhado soy. 

No sueleo los hombres grayes 

; su honor asi. 

Pues cómo? 

Con mas cordura ; 
B Tidrío y se aventura : 
des. 

Si es Tidrio en ti 
^ por ya quebrado. 
Yo DO : que Celia me dio 
ato que halló^ 
mi cama has hallado; 
spechoso fuera, 
í que le guardara 
jue me levantara. 
^ues cómo, ó de que manera 
epudo hallar? 
DJendo de misa ayer, 
al suelo, por ser 
lada en mirar, 
espera, que por la calle 
1 pregón. 

El retrato 
I. 

Y no es ingrato 
í, que á quien le halle 
cincuenta escudos. 
Roberto, cosas de honor; 
B es lo mejor 
, como los mudos; 
retrato, que quiero 
rme de todo. 

'e, Fulgencio, y has de modo, 
legares primero. 
ise Fulgencio, y lleva el retrato.) 

ESCENA VII. 

UCHOS, MEHOs FULGENCIO. 

landa que me den á mi 
«ata escudos. 

Fuera 

Yo la tuviera 

idexa para mí. 

In Jiallaxgo de mi honor 

larte esta cadena. 

'a roe has quitado la pena 

me hallazgo mejor. 

loy á mi hermana traeré 

I de diamantes, 

os semejantes 

)n la pediré ; 

upieses, Diana^ 

me importa guardarte, 

irías en parte 



Mis selos. 

Diana. Yo soy tu hermana : 
¿Para qué guardas me pones? 
Porque si has de ser casado. 
Quedarás mal enseñado 
En mayores ocasiones. 
Nunca enseñes á querer 
Con despertar los dormidos ; 
Que es en zelos mal pedidos, 
La mejor muger, muger. 
Que si el paso les allana 
El aviso, y la tercera, 
La mas diamante, es de cera, 

Y la mas cuerda, de lana. 
Los femeniles antojos 
Los destruyen advertidos, 
Que vemos por los oidos 
Mas veces que por los ojos. 
Que algún necio que prorana 
La virtud de nuestro pecho 
A puro zelos ha hecho 

La mas honesta liviana; 
Que pueden zelos hacer, 
No siendo ocasión forzosa. 
Loca la mas virtuosa, 

Y la de mas ser, sin ser. 
Rob, Diana, perdón te pido, 

Y de tu honor satisfecho. 
Del agravio que te he hecho 
Mil veces perdón te pido ; 
Tomaré enmienda bastante 
En la vergüenza que tengo. 

ESCENA VIH. 

Dichos y FULGENCIO. 

Fulg. Satisfecho, señor, vengo, 
Cuanto me ha sido importante : 
Las señas todas me dio 
De la pintura un hidalgo. 
Sin que discrepase en algo, 

Y el hallazgo me ofreció; 
Mas d^e que en esta casa 
No se toma por hallar 
Retratos. 

Rob, Puédole dar, 
Fulgencio, de lo que pasa. 

Fulg, Y tú á mí mucho mejor. 

Rob. ¿Cómo? 

Fulg. A la puerta te aguarda 

Del gallardo aragonés 
Un presente, y una carta. 

Rob. ¿Del almirante? 

Fulg. Del mismo. 

i?o6. ¿Presente? 

Fulg. El mejor de España. 



106 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Rob. ¿De qué suerte? 

Fulg. Seis caballos, 

Que cualquiera de ellos basta, 
A dar á Córdoba honor; 
Bien puedes mandar mañana, 
Que te empiedren el zaguán, 
Que al son que los frenos tascan 
Llevan el compás los pies; 
Con tanto concierto danzan. 
Las armas del almirante, 
Las aragonesas barras, 
Traen bordadas de tela 
Sobre cubiertas de grana. 
Trae un bayo cabos negros, 
La clin en cintas de nácar, 
Que aunque es encarecimiento. 
Puede envidialle una dama. 
Corto de cueilo, un rosillo 
Fuego por los ojos lanza, 
Y un castaño con bufidos 
Parece que al toro llama. 
Dos rucios son tan iguales. 
Que no harán en una entrada 
En España diferencia, 
Digo en sus juegos de cañas. 
Bizarro muerde un overo 
El bocado con tal gala. 
Que me obligó á descubriUe 
Por las cubiertas las ancas. 
Todos en fin son do suerte, 
Que en el carro de la Fama 
Perdieron de ir solamente 
Por ser de colores varias. 
Da licencia al que los trae 
Para que te dé las cartas. 
Rob. Entre mil veces, Fulgencio. 

ESCEIVA IX. 

Dichos y RAMÓN. 

Ram. Dadme esos pies. 

Rob. Mucho errara 

A quien los brazos merece ; 
Que son las puertas del alma. 
¿Venis bueno? 

Ram, Y muy honrado 

De serviros. 

Rob. ¿Cómo os llaman? 

Ram, Don Pedro. 

Rob, Señor don Pedro, 

Esta es vuestra propia casa. 

Ram. Esta es del almirante 
Mi señor. {Le da una carta.) 

Rob. Quiero besarla. 

Ram. Leed mientras voy á dar 
Un recado á vuestra hermana. 



Dadme, señora, los pfés. 
Dio na. Seáis bien venido. 
Ram. Madama, 

Yo no sé las cortesías 
Ni de esta tierra la usanza. 
El almirante me díó 
En esta pequeña caja 
Cierta joya. 

Diana. Celia, escucha; 
Escucha, Celia. 

Celia. ¿ Qué mandas ? 

Diana. ¿No e-* este el francés que ti 
Los retratos, Celia ? 

Celia. Calla, 

Que te engañan los deseos. 

Rob. Oye esta carta, Diana. {U 

« Mientras nos vemos en Ñapóles, pi 
c( y señor mió, que ya se queda a] 
« tando el príncipe mi señor, eni 
« V. señoría esos caballos, suplicando] 
•« tenga á servicio el enviárselos, sir 
«* llevárselos don Pedro mi caballe 
« para que se los gobierne; á quien su 
« honre en su casa, que es hidalgo qi 
« merece. — Dios guarde á V. señoría 
« El almirante de Ñapóles t Arag( 
Mucha razón ha tenido 
Mi primo en encarecer 
Al que los viene á traer. 

Diana. La mayor merced ha sido. 

Ram. Soy muy vuestro servidor. 

Rob. Con tu licencia los quiero 
Ver. 

Diana. Yo aunque muger espero 
El verlos después mejor. 

Rob. ¿Cómo? 

Diana. Porque Irás en ellos. 

Rob. Favor como tuyo. 

Ram. Voy 

Delante. 

Rob. A fe de quien soy 
Que he de estar loco con ellos. 

ESCENA X. 

DIANA T CELIA. 

Diana. Mientras los caballos mira 
Roberto, al fin caballero. 
Mirar mis diamantes quiero. 
¡Ay! ¿qué es esto? 

Celia. ¿Qué te admira? 

Diana, Solo aquí viene un papeL 

Celia. ¿Papel solo? 

Diana. Abrirle quiero, 

Que si no me engaño espero 



AGtO II, BSCENA XI. 



107 



€8 él. (Lee.) 

rmosa, Us asperezas de ta 
mo, mas dirigidas á sosten - 
)o qae á procurar tu remedio, 

á solicitar con indastria lo 
npcsibie de otra suerte ; á tu 
giren el alma, y para hablar te 
i astuto criado mió fingiese 
^a con ese presente ; dnie 
s te parezca mas á propósito, 
1 eer tayo, pondré mi Tida á 
roe eomo la fórtona quisiere, 
Bss mia. — LitáiDO. » 
len sospeché 
Dhre conocí, 
tío aTontara por ti. 
or el primero fhé, 
Ipio al engaño ; 
r- 

Con nion. 
nace mi confusión, 
ST mi daño. 
Bsdequé? 

' De no saber, 

▼olantad 

9 eeryerdad 
^ á entender, 
lace de nna porfía 

será amor. 

ho ofende tu valor 
inaa. 

Es mia. 

1 qniéresle bien ? 

Le adoro. 
» eoál tan necia muger 
grse querer, 
e sa decoro? 
» nn esgrimidor, 
ida imaginada 
lUaria espada, 
a mejor? 
»to al que torea, 
sin mirar 
»drá sacar 
oe desea 
iredel toro? 
ora, ha de ser 
re la muger, 
r su decoro, 
oluntad 

regarle el alma, 
la que la palma 
i Terdad. 
«oego los hombres no snben 



Celia, La muger dtoereta 
No da lugar á esta treta. 
Para que después se alaben. 
¿Quién no sabe enamorar? 
Tuviera yo tu hermosura, 
Que yo hiciera á la mas dura 
Piedra en cera transformar; 
Que muchos hombres llegaron, 
Con ánimo de fingir. 
Que no aciertan á salir. 
De donde burlando entraron. 

ESCENA XI. 

Dichas t RAMÓN. 

Rom. ¿Puédete seguro hablar? 

Diana. La carta, Ramón, leí ; 
Lisardo me pide aquí. 
Por esta inyenclon, lugar 
Para verme con secreto; 
Pero yo confusa estoy. 

Ram. ¿ Si yo el remedio te doy, 
Tendrá su esperanza efecto ? 

Diana. ¿ Qué remedio puedes darme ? 

Ram. ¿Ya no estoy en casa ? 

Diana, Sí. 

Ram, Yo hallaré puerta. 

Diana, Es así ; 

Mas será para matarme ; 
Que está mi hermano advertido, 

Y apenas entra criado 
Sin ser mil veces mirado 

Y otras mil reconocido. 

Ram. Pues esa ha de ser la gala ; 

Y esta noche te ha de ver. 
Diana. ¿ Cémo, si al anochecer, 

Desde la cuadra á la sala, 
Está hecho centinela 
Hasta que me acuesto yo ? 

Ram. ¿ Es tu hermano lince? 

Diana. No : 

Pero está avisado, y vela. 

Ram.^l No hay jardín en esta casa? 

Diana. Y con una hermosa fuente. 

Ram, Pues has que en este jardín 
Contigo esta ñocha cene, 
Que yo después de cenar 
Haré que conmigo juegue, 
. O se entretenga algún rato, 
Mientras levantarte puedes 
A hablar con Lisardo. 

Diana. ¿ Estás 

Loco? 

Ram. Lo que digo entiende, 
I Que yo te pondré á Lisardo 



108 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Entre hiedras ó laureles. 

Diana, La fuente tiene unos arcos 
De arrayan en las paredes ; 
Pero es imposible entrar. 
Que mi hermano mismo tiene 
Las llaves, ó aquel Fulgencio, 
Que es su alcalde o su teniente. 

Ram, Vestido de ganapán 
Haré que Lisardo entre 
Con Ucencia de Fulgencio, 
Si la noche lo concede, 
Con un arca de mi ropa. 

Diana» Si ; ¿pero no ves que tiene 
De salir luego ? 

Ram. Es verdad ; 

Pero el mismo engaño es ese ; 
Porque dentro de un vestido 
Han de venir dos, de suerte 
Que un cuerpo solo parezca ; 
Que el arca forzosamente 
Los cubrirá desde alto, 

Y luego que me la dejen 
En mi aposento, saldrá 

Al hombre que con él fuere, 

Y quedaráse Lisardo, 
Para que después le lleve 
Al jardin donde te hable, 
Antes que Roberto llegue. 

Diana. ¿ Dos hombres en uno ? 

Ram. Sí. 

Diana. ¿Y si sacan luz cuando entren P 

Ram. Haré yo que con el page, 
Quien trae el arca tropiece. 
Porque le mate la luí. 

Diana. ¡Qué temor! 

Ram. No ama quien teme. 

Diana. Ahora bien, esto es amor; 
É\ de noche se entretiene 
Con dos criados que cantan. 

Ram. Pues haz que al jardin los lleve, 
Que será linda ocasión. 

Diana. Habla á mi Lisardo. 

Ram. Tenle 

Por hombre que has de ser suya, 

Y él tu esclavo eternamente, 
O no ha de haber en el mundo 
Noche encubridora siempre, 
Trasformaciones de Ovidio, 
Jardines, hiedras y fuentes. 
Arcas, ganapanes, llaves, 
Zelos, necios, y alcahuetes. 

Diana. Llévale esta banda. 
Ram. Muestra. 

Diana. Di que del color se acuerde. 
Ram. \ Plega á Dios que á posesión 
Tales esperanzas lleguen ! 



ESCENA XII. 

Decoración de calie. 
USARDO T ALBANO. 

lÁi. Agravio hiciera á la amistad, Albano, 
Que los dos profesamos tan estrecha, 
Si no 08 dijera la verdad. 

Alb. En yano 

Vuestro silencio me causó sospecha ; 
Bien sé que Amor, dulcísimo tirano. 
Pasó vuestra alma con dorada flecha. 
Que siempre esta pasión es conocida, 
En la nueva mudanza de la vida. 
De los amigos, y aun de sí pretende 
Quien ama retirarse, y apartado 
De quien mas se fiaba se defiende ; 
Consigo solo trata su cuidado, 
La compañía y la amistad le ofende 
Hasta el punto que sabe que es amado ; 
Que entonces el placer mismo le obliga, 
A que le aumente, comunique y diga. 

Lis. Albano, yo no amé por accidente, 
A Diana amé por elección, Albano, 
La reina melancólica y doliente 
Autora fué de lo que pierdo ó gano. 
Por dalia gusto amé, mas nadie intente 
Amar, que tiene la ocasión en yano 
La puerta abierta, amor para la entrada, 

Y los sucesos al salir cerrada. 

Tal vez al parecer la blanca aurora 
Sale serena, y llueve al medíio día. 
Tal vez que parda, y descontenta llora, 
Con mas rayos el sol después envia : 

Y así tal vez de burlas se enamora, 
Quien de su engaño, y libertad confia, 

Y así mi engaño, Albano, me parece. 
Sale con sol, con agua me anochece. 

Alb. De la correspondencia el amor nace. 

Lis. Así lo dijo á Venus cierta diosa. 

Alb. Luego si os ama á quien amáis no 
Agravio amor. [os haco 

Lis. La condición zelosa 

De Roberto me mata. 

Alb. Aunque mas trace 

Guardar su hermana, es Imposible cosa; 
Que del principio que me haheis contado 
Ya he yisto su locura en su cuidado. 
Mirad si con la yida y con la hacienda 
Os puedo yo servir. 

Lis. Besóos las manos. 

La reina, que me manda que esto emprenda, 
Hará los pasos al camino llanos ; 
Por lo demás, cuando el peligro entienda 
Amenazar mis pensamientos vanos, 



ACTO II, ESCENA XV. 



109 



de Toestra ecpadá. [dada, 
i doy la mía, que os la tengo 

ESCENA XIII. 

)iCHOS T RAMÓN. 

nate de hallar? 

¿IXSndeTas^ necio? 
Iréte hablar? 

£1 alma misma fio 



í con razón. 



No tiene precio 

Y un señor tan mió. 
llevé, que harán desprecio 

por el iuTiemo frió, 
lo sacan por el tiempo iguales 
de granos orientales : 
ilbió, dióme aposento, 

Diana y quiere hablarte, 
larme? 

Aquesta noche. 

Tal contento 
ro intentaré pagarte : 
le loco atreTimiento 
e peUgro aventurarme. 

te parecerá después dé visto. 
é manzanas hespéridas con- 
do vellocino de oro, [quisto, 
mar, que nunca sufrió nave, 

fiero, qaé encantado toro! 
lo Medea tú venoellos sabe. 
irda el avaro su tesoro, 
roo la cautelosa llave. 
ei8 de entrar. 

¿Los dos? 

De todo 
^cio en nuestra casa el modo. 
de quedar, y saldrá Albano ; 
detengáis, que ya la frente 
)1 al húmedo océano, 
[pora baña el occidente. 
no amigo, no hay peligro hu- 

0, 

lyudas tú mi amor no intente, 
idas perderé. 

Seguidme. 

¿Dónde? 
ioche calla, y el callar responde. 

ESCENA XIV. 

din en casa de Roberto, 

U DIANA t FENISO T Mosicos. 

ss mi hermana me convida, 



Bien os puedo convidar, 
Y porque os pueda obligar, 
Quiero que lo mismo os pida. 

Fen. Si de honrarme sois servida, 
La cena, señora, aceto. 

Diana, Convidado tan discreto 
Reciba la voluntad ; 
Que siempre la brevedad 
Fué causa de algún defeto. 

Fen, Hallaréis tantos en mí ; 
Que solo se echan de ver^ 
Que no tengáis que temer. 

Diana, No me respondáis asi , 
Sino, entretened aquí 
La conversación un rato. 
Mientras de serviros trato. 

Fen, Hacerme merced diréis, 
A que nunca me hallaréis 
Desobligado, ni ingrato. 

Diana, Yo voy con vuestra licencia. 

ESCENA XV. 

Dichos, henos DIANA. 

Fen, Volved , hermosa Diana , 
Que luna tan soberana 
Suplirá del sol la ausencia, 

Y mirad que esa presencia 
Daba tal vida á las flores, 
Que esforzaban sus colores, 

Y esta fuente natural , 
Sobre jaspes de cristal. 
Cantaba versos de amores. 
No será, amigo Roberto, 
Lisonja aquesta alabanza 
Si á ios méritos alcanza 
De su valor claro y cierto, 

Y del que tiene hoy, advierto 
Que os ha de hacer muy dichoso. 

Rob, Antes estoy temeroso 
De mi fortuna en tenella. 
Que cuanto es dichosa y bella. 
Estoy yo necio y dichoso, 

Y pues que llega ocasión, 

Y sois mi mayor amigo, 
Sabed que son mi castigo 
Su hermosura y discreción. 
Aquella proposición. 

Que hice en la junta pasada. 
Me tiene el alma turbada, 
Pues dije que puede ser 
El guardar una muger. 
Aunque esté determinada. 

Y no sé si es mi temor, 
Que en cuidado semejante. 

No hay sombra que no me espante, 



ilO 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Que es muy medroso el honor. 
Pienso que la tiene amor 
Lisardo, pero no puedo 
Hacer mas, que tener miedo 

Y guardarla neciamente; 
Pues hasta la vulgar gente 
Sabe que obligado quedo. 

Fen, Tenéis razón de tener 
Pena de lo prometido ; 
Que ya la fama ha corrido, 

Y 08 han de intentar vencer. 
El guardar á una muger 
Tiene mil peligros claros ; 
Pero quiero aconsejaros 
Que la caséis, con que cesa 
Toda la propuesta empresa, 

Y nadie podrá culparos. 

ñob. ¿Con quién os parece á vos 
De los que en la corte están ? 

Fen, Si no muy rico y galán, 
Yo soy muy nobie por Dios, 

Y siendo amigos los dos 
Me daréis vuestro cuidado. 

Rob. Yo lo doy por concertado, 

Y vos os la guardaréis. 
Fen. La mano. 

Rob. Aquí la tenéis, 

Que es mas que quedar firmado. 

ESCENA XVL 

Dichos y FULGENCIO. 

Fulg. Don Pedro llama á la puerta, 
Con un hombre, que cargado 
Viene de un cofre. 

Rob, ¿ No ha estado 

La puerta hasta ahora abierta? 

Fulg. No, señor, ni se abrirá 
Sin tu licencia. 

Rob, Abrir puedes. 

Con que asegurado qa^es, 

Y salga el hombre. 

Fulg. Sf.hará; 

Que hasta que vuelva á salir 
Me pienso á la puerta estar. 

Rob. Pues acabad de cerrar, 
Que no ha de volverse á abrir. 

Fulg. Yo voy. 

Rob. Cuidado, Palgencio. 

Fulg. Ya está todo prevenido. (Vase.) 

Rob. Aun es temprano. 

ESCENA XVII. 

ROBERTO, FCNISO, DIANA 
Y Músicos. 



Diana. 



He querido, 



Que en esto mudo sUeocio, 
Las vocea de dos criados 
Ayuden á los cristales 
De esta fuente. 

Fen. Y serán tales, 

Que puedan ser envidiados 
De las aves, que eetarán 
Entre esas ramas oyendo 
Lo que mañana didendo 
Por esas selvas irán. 
¿ Hay algo nuevo ? 

Mtís. Una historia 

Famosa. 

Fen. i Es de buena mano? 

Mus, Cierto poeta temprano. 
Que escribe por vanaglorta. 
Nos la M por frota nueva. 

Uinna. ¿Celia? 

Cel. ¿ Se&ora ? 

Diana. Ni UB pa 

Te muevas de aquí. 

Fen. i Pregusto, 

Hay amante q«e ae eleva 
fio alU contemplación , 
Hay ojos negras 6 verán? 

Mus. Tiempo en preguitario pianisi 
Cena y oirás la cancioo. 

Hob. ¿Diana? 

Dtoiía. ¿Sator? 

Rob. Eseneha. 

Diana. ¿Qoé qaáerea? 

Riob. Que eetéi om go 

Que darle á Feniso es justo. 

Diana. ¿ Por qué rason ? 

Rob. PMpqw es an 

Habiendo de ser... 

Diana. ¿Quemas? 

Rob. ¿Diré tu marido? 

Diana. No. 

Rob, Pues palabra be dado yo, 
De que sa mager serás. 

Diana. ¿Tao apriesa? 

Rob. Esto ba de M 

Diana. Entra^Robertoyáosnar, 
Que te debes de cansar 
De guardar uos muger. 

ESCENA XVIII. 

CEUA. 

Lisardo tarda, no creo 
Que ha de ser posible entrar; 
Que suele amor malograr 
De una alma el juste deseo... 
Mas Fulgencio viene aquí. 



ACTO ü, £SGENA XXI. 



11 



ESCENA XIX. 

LLA, FULGENCIO y ALBANO 

EN HABITO DE GANAPÁN. 

¿Dejaste el arca ya? 

la adoode ha de estar está; 

ae' poco. 

Eg asi. 
Oímo andáis con tal cuidado? 
Tiene Roberto enemigos. 
Hombre de tantos amigos^ 
Ta tan recatado? 
tebe de ser 

Dsura de sa hermana, 
romo es Diana, 
a al anochecer, 
ertidle por mí, 
s dijo un ganapán, 
le en la plaza están 
arca trajo aquí, 
í canse en tener 
ido tan terrible ; 
1 mayor imposible 
ar una muger. 
Salid noramala allá, 
d anda nuestro honor! 

ESCENA XX. 

SLIA, LISARDO t RAMÓN. 

Pnésc? 

Ya se fué, señor. 
Cstá aquí Celia? 

Aquí está. 
ansado estoy de esperarte. 
3 milagro entrado Imbenios 
yo. 

Ya le lleva 
I cuidado Fulgencio. 
Zeiian ya? 

Cenando están; 
ntretenímiento, 
aayor ruido^ 
oír ha hecho 
icos. 

c Dónde dice 
le estar.' 

En este hueco 
■eos de esta fuente, 
dia^ desnudarme quiero; 
ne ha de ver Diana 
bito que vengo, 
amon, este sayo. 
Qué traes debido ? 

Un peto 



De armas, y en un tahalí 
Dos pistolas. 

Cel. Como cuerdo. 

Us. Dame, Ramón, esa espada ; 
Que pues prevenido vengo, 
Y enamorado, en tus manos 
Dejo, fortuna, el suceso. 
Me escondo. (Escóndese.) 

Ram, Y yo me entretengo 
Contigo. 

Cel. Temo quererte. 

Ram. Y yo que me quieras temo. 

Cel. ¿Porqué? 

Ram. Porque soy, amando 

Favorecido, tan tierno, 
Que no hay nieve al sol, que forme 
Tantos puros arroyuelos ; 
Persona soy que una noche 
Dije á un gato mil requiebros 
Porque en un balcón movia 
La cola sobre unos tiestos. 
Para mi cualquier muger, 
Como me diga, yo os quiero. 
Acabóse, muerto soy. 

Cel. Pues no es bueno amar tan presto. 

Ram. Yo no puedo mas. 

Cel. Pues yo 

Loco hombre quiero, y los puercos 
Gruñidores, y bellacos. 

Ram. Pues á un artesa por ellos. 

ESCENA XXI. 

Dichos, ROBERTO, DIANA. FENISO, 
Y Músicos. 

Rob. Sacadnos sillas aquí. 

Fen. Corre aquí mas fresco el viento. 
Porque estas fuentes le dan 
Las perlas que va esparciendo. 

Diana, Cantad algo. 

Mus. Una letrilla. 

Aunque no es nueva, diremos. 

Rob. ¿Quién está aquí? 

Ram. Yo, señor. 

Rob. ¿Don Pedro? 

Ram. £1 mismo. 

Rob. ¡O don Pedro! 

¿Trujistes vuestros vestidos? 

Ram, En mi aposento los tengo, . 
Que me ha costado, señor, 
Trabajo, y mucho en traellos. 

Rob. ¿Habéis cenado? 

Ram. A eso voy. 

Rob. ¿Los caballos están bueaoa? 

Ram. Todos están boca abajo. 



i 



H2 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Rob. Creólo. 

Ram. Es caso muy cierto. 

Rob. Tiene humor. 

Ram. Y hartos humores. 

Rob, Va de letra. 

Mus. Estad atento. 

Madre la mi madre, 
Guardas me ponéis; 
Que 8i yo no me goardo 
Mal me guardaréis. 

Rob. Necia letra. 

Diana, Antes discreta. 

Rob. ¿Porqué? 

Diana. Porque la muger 

No puede guarda tener 
Mas conforme y mas discreta. 

Rob. ¿Pues no la puede guardar 
Un hombre? 

Diana. Roberto, sí : 
Mas si ella se guarda á sí 
¿Quién la puede conquistar? 

Rob. Yo sé que á cierta muger 
Pretenden, y que aunque quiera. 
No podrá hacer de manera 
Que llegue á mas de querer. 

Diana. Pues yo sé de otra guardada. 
Que está gozando su amante 

Y está el zeloso delante. 

Rob. Toda esta cifra me agrada, 
Feniso; porque es por tí. 
Fen. ¿Por mí? 
Rob, Sí. 

Fen. ¡Dichoso yo! 

Diana. Fuentes, decidles que no, 

Y á Tuestra sombra que sí. 

Fen. i Qué, merezco tanto bien ? 

Diana. Tanto, que no hay bien mayor. 

Fen. Fuentes, cantadme favor 
En vuestras aguas también. 

Diana. Fuentes, que bañáis la cara 
Con vuestro blanco roció, 
De aquel amado bien mió. 
Mi fe corre á vos mas clara. 
Estas nuevas le llevad. 

Fen, Arboles de este Jardín, 
Decid que aquí puso fin 
La mayor felicidad; 
Porque aquí, como Medoro, 
Podré escribir mi ventura, 
Si aquesta corteza dura 
Es digna de tal tesoro : 
Con esto, y vuestra licencia, 
Me voy, que parece tarde. 

Rob. Yo os acompaño á la puerta, 
Que es fuerza tomar las llaves. 

Fen. Por eso os daré lugar : 



El cielo, señora, os guarde. 
Diana. Y á vos os haga dichoso. 

ESCENA XXII. 

DIANA, CELIA t después LISARDO. 

Diana. Ola, dejadme un instante ; 
Cierra la puerta al jardín, 
Celia, que quiero bañarme. 

Celia. Ya, señora, está cerrada. 

Diana. Mármoles, pórfidos y Jaspes, 
Que al cristal de aquesta fuente 
Le servis de eterno engaste. 
Dadme el bien que roe tenéis. 
(Sale Lisardo.) 

Lis. No pidas, señora, que hablen 
Las piedras, sino las almas. 
Que escuchan palabras tales. 
Quien te ha dicho, que es porfía, 
El venir á enamorarte. 
Miente, que no es sino amor. 
Que de tu hermosura nace. 
No eres tú para elecciones, 
Ni para burlas diamante, 
Sino la cosa mas bella. 
Mas regalada y suave. 
Que dio la naturaleza. 
Con milagro semejante. 
Dando á un cuerpo cristalino 
Por alma dichosa un ángel. 
Verdad es, Diana hermosa. 
Como la reina lo sabe. 
Que tu hermano dio en decir. 
Que tiene por cosa fácil 
El guardar una muger; 
Mas que no pudo obligarme 
Aquesto solo á quererte, 
Porque muchos años antes 
Eras tú dueño del alma, 
Que agora he venido á darte. 
La reina quiere, Diana, 
Que te sirva, y esto baste 
Para saber que no puedo. 
Cuando quisiera, burlarme. 
De veras te adoro, y quiero ; 
No dudes de que te cases 
Conmigo, y de que la reina 
Hu de abonar niis verdades, 
Haciéndonos mil mercedes. 
¿Qué respondes? 

Diana, Que me pagues 

Tan grande amor, señor mió ; 
Pues siendo el alma tan grande. 
Como sujeto infinito. 
Apenas en ella cabe ; 
Que aunque de burlas, ó veras, 



ACTO III, ESCENA II. 



H5 



i amor, no trates 

Dga otro daeño, 

ridas me falten. 

jgro estás 

tie Tisto que traes 

»i8a taya. 

T tú Venas, soy Marte. 

hermano? 

No sé; 
ierra encerrarme 
rre las puertas, 
a qoe me lave, 
dónde podré yo estar, 
i noche pase, 
la sin ti? 

ú quisieses jurarme 
ioDde yo puedo 
nde descanses, 
icha ocasión 
mano nos mate, 
inde estarás, 
e? 

Un dormitorio cae 
ama, y en él 
che imagen, 
neoos hien podré 
amor soy mártir, 
o no te has de mover ; 

desiguales 
le junto á mi 
la. 

Si hablarte 
o esté durmiendo ; 
D efecto b^e 
ly de que temer 
; despertaJle, 
rtido acepto, 
irás, y podré fiarme; 
obügar el miedo 

quedo, ó que calles. 

efecto ya eres mia. 
será la muerte parte 
ne de ti. 

, podrás dejarme? 
ro, el mayor amigo 
•4on me mate^ 
• cielo 

o me pasen, 
s altos polos 
empestades 
10 parece 

desatarse. 
Oía? 

¿Señora? 

Detras 
s arrayanes 



Te desnuda, que Lisardo 
Quiero que seguro pase, 
(Porque es el mejor remedio) 
Con tus vestidos, delante 
De Roberto. 

Lis. ¿Hablas de veras.' 

Diana, Gomo esos enredos hace 
Una muger á un celoso. 

Lis. Ai fin no podrá guardarse, 
Si ella guardarse no quiere. 

Diana. Si ella no quiere guardarse, 
No hay imposible mayor; 
Y al que de guardalla trate, 
Sobre la puerta le escribe : 
Necedad de necedades. 

ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de Roberto. 
CELIA Y RAMÓN. 

Ram, Siete dias ha que está 
Lisardo escondido aquí. 

Cel. Mil pudiera estar así, 
Mas no si le han visto ya. 

Ram. ¿Quién le ha visto? 

Cel. Una criada. 

Ram. ¡Gran peligro! 

Cel. Ya es forsoso 

Salir, haciendo animoso 
Llave de la misma espada. 

Ram. Fulgencio con dos criados 
Guarda la puerta de dia. 

Cel. Dile que mejor seria 
Echar á parle cuidados; 
Pues de noche no hay remedio, 
Ni invención para salir. 

Ram. Yo le voy, Celia, á decir. 
Que el mas poderoso medio 
Es salir con un reboso, 
Y una pistola en la mano. 

Cel. Dile que es necio su hermano, 
Zeloso, y valiente mozo. 

ESCENA II. 

CELIA, FULGENCIO v dos criados. 

Fulg. ¿Pues, Celia, tan de mañana? 
¡ Aunque fueras centinela ! 

Cel. La noche he pasado en vela, 
Que no está buena Diana; 
¿Mandáis otra cosa? 

8 



11G 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Hacer apuestas de guardar el íUego; 

Pues monasterios tiene 

Ñápeles, uno elige, en él me guarda. 

Rob. Eso solo detiene 
Mí brazo, y de matarte me acobarda : 
Dadme capa, y salgamos. [vamos. 

Diana, ílasta la noche, no es razón que 

Rob. Pues voy á concertalle. 

Diana, Parte en buen hora. 

Rob. Y á la noche aguardo. 

Cel. ¿Qué intentas? 

Diana. ATlsalle 

De todas estas cosas á Lisardo. 

Cel. Dársela á Dios procura, 
Que solo Dios la guardará segura. 

ESCENA VllL 

Salón de palacio. 
La Reina t ALBANO. 

Reina. Por esta carta he sabido 
Que el príncipe se embarcó. 

Alb. De Marsella supe yo, 
Que estuvo el rey detenido 
Con las fiestas, que el francés 
Le ha hecho, como era justo. 

Reina, ¿Qué hay de las nuestras? 

Alb. Que es gusto 

(¡eneral, pues tuyo es; 
1.^ arcos se han acabado, 
En que el de Trajano ha sido 
(«on mucho esceso vencido, 
Como se ve retratado ; 
Lo que toca á las libreas^ 
Todas están acabadas. 

Reina. Si, pero no mis cansadas 
Cuartanas. 

Alb. Cuando tú veas 
Al rey mi señor aquí 
No ha de haber mas accidente. 

Reina. Ya siento notablemente 
Recibirle, Albano, así; 
Y tengo ya presupuesto 
De dar veinte mil ducados, 
A quien de aquestos cuidados 
Saque mi salud mas presto. 

Alb. ¿Quieres que se dé un pregón? 

Reina. Harásme un grande placer ; 
Que el dinero suele hacer 
Milagros, si estos lo son. 

Alb. Yo voy á hacer pregonar 
Que á quien te diere salud, 
Se los darás. 

Reina. En virtud 
Del oro, pienso sanar. 



ESCENA IX. 

La Reina, FENISO t R0BERT( 

Fen. Aquí está su alteza. 

Rob. El cielo 

Te guarde. 

Reina. \0 Roberto amigo! 
Deseaba hablar contigo. 
¿Cómo te va de desvelo? 
Triste estás, ¿qué es lo que tienes? 

Rob. ¿Yo, señora? 

Reina. Y el negar. 

Quiere también confesar 
Cuan melancólico vienes; 
Los gustos, y los enojos^ 
Que los corazones toman , 
Como á ventana se asoman, 
Roberto amigo, á los ojos. 
¿No te va bien de salud? 

Rob, Bien de la salud me Ta. 

Reina. Suele faltar cuando está 
El alma con inquietud. 

Rob. Parece que te sonríes 

Y que te burlas de mi. 

Reina. No quiero yo que de tí, 

Y de mi amor desconfies 
Con tan injusta sospecha. 

Rob. No debe de ser muy vana. 
Si á las cosas de Diana 
Encaminas esa flecha ; 
Licencia á pedirte Tengo 
Para casalla. 

Reina. ¿Con quién? 

Rob. Con Feniso. 

Reina. Está muy bien. 

Fen, Si de tu mano la tengo, 
No quiero mayor ventura. 

Reina. Feniso, dilo de veras, 
Que en el mundo no pudieras 
Hallar otra mas segura. 
Yo , como quiera Diana, 
Licencia os doy. 

Rob. Sí querrá. 

Reina, ¿Está prevenida? 

Rob. Está 

Un poco esquiva mi hermana. 

Reina. ¿Pues que la quieres casal 
No quieras casar muger. 

Rob. No es muy difícil de hacer, 
Mas no la quiero guardar. 

Reina. Mira aparte. 

Rob. ¿Qué me mai 

Reina. Por vida mia, ¿ no siente 
Algunos inconvenientes 
De estos pasos en que andas? 



ACTO III, ESCENA Vil. 



Hí 



} tanto por gnardaHas mueren ; 
imposible 

[ue es guardallas si ellas quieren ; 
ellas lo sientan 
ioiDts sn apetito aumentan . 
rdar el oro 

mtre láminas de fierro, 
so decoro, 
e sufre su destierro; 
es tan buena, 
5 apretar pofio de arei)a. 
en te introdujo, 
•, en la república primera, 
muger redujo 
bertadf que bien pudiera 
del hombre, 

idiera eternizar su nombre. 
te yo su celo 

y una casa con mil llaves, 
^ recelos 

í Tiento y de las mismas aves, 
sta porfla, 

i salga en la mitad del día ! 
ren los cielos, 

que muger puede guardarse ; 
los zelos, 

ne entramos pueden desvelarse; 
lonra, y miente 
iprieta y guarda neciamente. 

ESCENA VU. 

Dichos t DIANA. 

Qué es esto, hermano mió? 
ifioo aqiwftasr 

iNo U$ S9b6fi? 
iesrario! 

lo i mi honor con falsas llaves, 
IHana^ hallaron 
que las guardas estamparon. 
\ñ de cera, 

iba del honor la llave; 
se pudiera 
1 Imprimir. 

¿Cosa tan grave 
berto, á voces? [conoces I 

lé mal la infamia en el lionor 
>re es este embozado, 
de salir de tu aposento 
tola armador 
Estás loco por dicha T 

El sentimiento 
ermeloco. [poco; 

thies no lo estes, para tenerme en 
ya muy cansada 
US locuras y recelos; 



Y una muger honrada, 

Si aprietan su virtud injustos zelos, 

Es mina que revienta 

Por el honor, con pólvora de afrenta 

Quejaréme, Roberto, 

A la reina, y al cielo de tu agravie . 

Rob. El caso descubierto 
Nunca le llega á averiguar el saL! 
Yo he sido en todo necio, 

Y así merezco, infame, tudespreí io; 
Estoy porque esta daga 

Lave mi afrenta. 

Fulg. Tente, sefior, fcnto, 

Que no es justo que haga 
Tu honor oficio de marido. 

Diana. Intenu* 

Mi muerte, que bien hace. 
Que Ñapóles salará de lo que nai e ; 
Querrá usurpar mi dote. 
Querrá gozar mi hacienda ya lo tuti< iido. 

Fulg, Vete no se alborote 
La casa, y la ciudad. 

Rob, Ya mas me ofeiülo 

De que diga y entienda. 
Que quiero aprovecharme de su b.nit iida. 
Es propio en las mugeres 
Halladas en delito, un testimonio ; 
¿Pues di, negarme quiere;^, 
O sea libertad, 6 matrimonio, 
Que el hombre que ha salido, 
Tenias donde sabes escondido? 

Diana, Mira, loco Roberto, 
Que tienes enemigos, y que alguno 
Entrarla encubierto ; 

Y no hallando después tiempo oportuno, 
Salir pretenderla, 

Como quien ya no respetaba el dia ; 
Que si mi amante fuera 
Aguardara á la noche. 

Fulg, Y está llano, 

Que de su sombra hiciera 
Mas segura la capa de su engaño. 

Rob, ¡Ay hombres engañados. 
Pues sin honra quedamos y culpados ! 
¿En fin, que por matarme 
Entró aquel hombre? bien así lo creo; 
Mal puedo yo engañarme, 
Fulgencio, cuando dije, pues lo veo, 
Que por donde cabía 

Pintado un hombre, un vivo entrar podia, 
Ya olvidas el retrato 
Que hallé sobre su cama ; ves cumplido 
Mi temor. 

Diana. Yo no trato 
De dar disculpa á un hombre que ha tenido 
Como por burla y juego. 



118 . 

Siete dias á sos ojos. 

Lis. Feniso vive engañado 
En pretender imposibles, 
Ck)mo el de so loco hermano. 



ESCENA XI. 

Dichos t RAMÓN muy alborotado. 

Ram. Déme albricias vuestra alteza. 

Reina. ¿De qué, Ramón? 

Ram, Ha llegado 

• lüI rey mí señor, tu esposo, 
Que de una posta, en palacio 
£1 y el almirante, agora 
Se apean solos; dejando 
Diez leguas de aquí la gente. 

Reina. Sin prevención me han hallado. 
¡ Muerta soy I i Hay tal traición ! 

Lis. Cubrióla un mortal desmayo : 
Siéntese aquí vuestra alteza. 

Reina. A mi cama voy, Lisardo; 
<>ue estoy indispuesta di, 
Cuando entre el rey. 

ESCENA Xll. 

LISARDO T RAMÓN. 

Lis. iCasoestraño! 

No tuvo razón el rey ; 
Voy á recibirle. 

Ram. Paso, 

Que no ha venido, ni agora 
Se sabe en Ñapóles cuándo. 

Lis. ¿No ha venido? 

Ram. No ha venido; 

Que el ver que van pregonando. 
Que á quien la diere salud 
Darán veinte mil ducados. 
Me obligó á dalle este susto ; 
Porque con él es muy llano 
Que se quitan las cuartanas. 

Lis. ¿Estás sin seso? 

Ram. ¿No es claro 

Que con un susto se quitan, 
V que habiéndosele dado, 
(ianaré aqueste dinero? 

Lis. ¿Piensas que bufonizando 
Se alcanza tanta grandeza? 

Ram. Mal conoces cortesanos; 
¿Si no hay búfano hay pecunia? 

Lis. ¿Qué hay de Roberto? 

Ram. Que ha estado 

Para perder el juicio. 

Lis. ¿En efecto, supo el caso? 

Ram. Fulgencio se lo contó. 

Lis. ¿Cómo á su hermana ha tratado? 



EL MAYOR UfPOSIBLE. 



Ram. Sacó la daga, y ha habido 
Pasito de alzar la mano, 
Con algo de tate, tate. 
Que ya Dios te ha perdonado ; 
Y acabóse en un concierto. 

Lis. ¿Cómo? 

Ram. Que quede entre tanto 

Diana en un monasterio. 
La cual me dijo llorando, 
Que á sacalla te anticipes. 

Lis. Voy. 

Ram. Escucha, temerario. 

Lis. Voy, aunque mate á Fulgencio. 

Ram. No harás, que tengo trazado 
Remedio para sacalla. 

Lis. Pues yo me pongo en tus manos 

Ram. Y yo en las de la fortuna, 
Si con este susto sano 
Las cuartanas de la reina, 
Que son veinte mil ducados : 
Seré luego don Ramón, 
Don Caballero, don Gazmio, 
Que con dinero yo he visto 
Ser doña Angela, don Macho. 

ESCENA XIII. 

Sala en la casa de Roberto. 
FULGENCIO T DOS Criados. 

Fulg. Perdiendo estoy el juicio. 

Cr. í''. Todos sin juicio estamos. 

Cr. 2**. De ninguna suerte baUamos 
Señal, Fulgencio, de indicio. 

Fulg. ¿Pues por dónde pudo entrarí 

Cr. I». Que era invisible sospecho. 

Fulg. Si estas paredes le han hoch 
Como á espíritu, lugar, 
Bien pudo entrar, mas sino 
Perderé el seso, Florelo. 

Cr. 2^. Roberto está sin consuelo. 

Fulg. Me admiro que no mató 
Hoy á alguno de nosotros. 

Cr. 1*. ¿Dónde hallaremos disculpa 

Fulg. A mí me ha de dar la culpa 
Con razón, que no á vosotros; 
i^ero mientras que la lleva 
Al monasterio, he de ser 
Pilar de esta puerta, y ver 
Sí hay sol que á entrarla se atreva. 

Cr. I». Todos te acompañaremos. 

Fuig. Diana viene aquí, ojo alerta. 

ESCENA XIV. 

Dichos, DIANA t CELIA. 
Cel. Los tres están á la puerta. 



ACTO 111^ ESCENA XYli. 



119 



Poco remedio teDemos. 
\ Ful^eDcio? 

Defender 
U á ta deshooor. 

ESCENA XV. 

Dichos t RAMON. 

Está 60 casa mi señor ? 
Roberto? 

«Quién hade ser? 
io está en casa. 

Lo que quiero^ 
>ra diré, 
e. 

Yo no séy 
i TíTOy ó si muero, 
isardo queda en la calle, 
ID dado libertad 
y la oscuridad. 
Dile que se raya y calle; 
I posible salir. 
Cómo no? Vete á poner 
», que has de poder, 
Dgo de morir. 
Por armas será imposible; 
oras no intente, 
i yo entretengo esta gente^ 
rást 

¿Cómo es posible 
dios me puedan ver ? 
Cúbrete, y haz como digo. 
Voy, que por él, y contigo 
engo de perder. 

ESCENA XVI. 

M», Mszfos DIANA T CELIA. 

;Qué recado de Roberto 

;e que le has dadot 

^ae el monasterio ha buscado, 

también el concierto ; 

üdo esto así, 

risto una sortija ? 

ay cosa que me aflija 

ora. 

¿ Es de uña ? 

Si. 
a de la gran bestia ; 
il mal de corazón, 
ejor ocasión, 
¡rrible molestia. 
¿ Qué en fin es esto Terdad, 
ly gran bestia? 



Rom, iPuMBDor 

Como esas he Tisto yo. 

Fuig. ¿Pues cómo sóht 

Rom. EBOHChad; 

Compónese aquesta n&a 
De un casado socarrón, 
Que es en casa tonu^on. 
Cuando es su muger garduña. 
Hácese también de necios. 
Que sin mirar sus agravios, 
De ios mas doctos y sabios 
Hacen notables desprecios. 
Hácese de mal nacidos. 
Que se suben á grandezas 
Donde sus mismas bajezas 
Descalabran sus oidos. 
Hácese de pretendientes, 
Que son de la corte estrados, 
Y están gastando sus años 
En cosas impertinentes. 
Hácese de mil pobretes, 
Que de contar se sustentan 
Las vanaglorias que cuentan 
A los señores discretes» 
Hácese del que muy grave 
Su lengua ignora, y lá niega» 
Hablando la lengua griega, 
Donde ninguno la sabe. 
Hácese de los poetas 
Que á hurtos y rempujones 
Dan á luz cuatro traiciones 
Adúlteras é imperfectas. 
Hácese de algunas viejas. 
Que con mil años pretenden 
Muchachos, á quien les venden 
Mayorazgos por lentejas:... 
Mas I ay ! que me ha dado el mal. 
Tenedme, asidme, que muero. 

Fulg. ¡Qué espectáculo tan fiero! 

Cr. 1». Cayó á tierra. 

Cr, 2». Está mortal. 

Cr. 1\ ¿Sabes las palabras? 

Fuig. Sí. 

Cr. l^ Llega y dilas al oído. 
(Bájanse d decirles las palabras. ) 

Ram, Arr0g6. 

ESCENA XVIL 

Dichos, CELIA t DIANA con mantos. 

Cel. Que agora salgas 

Te avisa. 

Diana. Amor, que me valgas 
Te tengo bien merecido. 

{Salen por detras de ellos.) 



120 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



ESCENA XVIII. 

Dichos, menos DIANA t CELIA. 

Cr, 2«. Vaélveselas á decir, 
c No Tes que brama y patea? 

Ram, ¡ Ay ! 

Cr,i: ¿Habló? 

Fulg. No hay mal que sea 

Tan semejante al morir. 
¡ Qué santas palabras son 
Estas, y de gran virtud ! 

ñam. Si queréis darme salud. 
Alegradme el corazón. 

f^ig- ¿ Queréis algunas tabletas ? 

Ram. No, sino cuarenta tragos 
De vino. 

Fulg. Cuatro cuartagos, 
Q postas con estafetas, 
No beben mas á un pilón. 
Pues es de noche cerremos 
La puerta, y con vino haremos, 
Que se alegre el corazón. 

ESCENA XIX. 

Decoración de calle, 
LISARDO. 

Noche siempre serena, cuyo velo 
Y silencio tomó el amor por capa, 
Nema del cielo, de sus ojos tapa, 
Madre del sueño, el hurto, y el recelt>; 

Si alguna vez amante, pues del suein 
AI cielo, nadie del amor se escapa. 
Con esa oscuridad ios ojos tapa, 
A las estrellas, que lo son del cielo. 

Aunque zelos te den sus resplando!c.<. 
Deja, luna, salir mi luz querida, 
Que bien sabe de amor quien tuvo amores : 

La noche se verá del sol vestida, 
Tendrá la sombra luz, perlas las flores. 
Mi pena gloria, y mi esperanza vida. 

ESCENA XX. 

LISARDO, DIANA t CELIA. 

Diana, ¿Si es aquel que se pasea? 

Cel. Mucho lo parece el talle. 

Lis. Gente parece en la calle ; 
Quiera amor que mi luz sea. 

Diana. \ Ah gentil hombre ! 

Us. ¿Quién va. 

Que á mi perdida esperanza. 
Mi loca desconfianza 
Dándole veneno está? 
Aunque esa voz y ese tnlle 



Aseguran mi deseo. 
Que el sol de mis ojos veo 
En el cielo de esta calle; 
¿Sois vos, mi bien? 

Diana. ¿Quién pudiera 

Sino yo ser tan dichosa ? 

Lis. Agora sí, luz hermosa, 
Que estoy en mi propia esfera ; 
Pero volved á correr 
La cortina de ese manto. 
Que resplandeciendo tanto. 
Causaréis que os puedan ver. 
¿Cómo habéis, mi bien, hallado 
Camino al poder salir? 

Diana, Andando os quiero decir 
Mi fortuna y mi cuidado, 

Y la invención de Ramón. 

Lis, ¿Templó su ingenio mi dicha? 

Cel. No ha sido escrita, ni dicha. 
Tan ingeniosa invención. 

Us, i Ah Celia ! todo se acierta, 
Cuando lo quieren los hados. 

Cel, Tres linces dejó burlados 
Casi al umbral de la puerta. 

Diana. Ni en los hados hay poder 
Ni en el ingenio mejor. 
Sino en tenerte yo amor, 

Y en querer una muger. 
Lis. A tantos favores, calle 

Mi amor. 

ESCENA XXI. 

Dichos, FENISO t ROBERTO. 

Fen. Que Heves, te aviso. 
Silencio. 

Rob. Gente, Feniso, 
Sale de mi misma calle. 

Fen, Un hombre con dos mugeres 
Me parece. 

Rob, ¿Quién va? 

Lis. Un hombre 

Con su muger. 

Rob. Diga el nombre. 

Diana. ¡Ay Dios! 

Cel. Desdichada eres. 

Lis. ¿Sois justicia? 

Rob. Ni aun piedad. 

Lis, ¿Sois Roberto? 

Rob. ¿Sois Lisardo? 

Lis, El mismo. 

Diana. . Mi muerte aguardo. 

Rob. Pues, Lisardo, perdonad. 
Que el no haberos conocido 
Me dio aqueste atrevimiento. 

Fen. Con el mismo pensamiento 



ACTO lU, ESCENA XXUl. 



121 



Fd jñ, Lisardo, atrevido. 

Us. Disculpado «tais, Fenlso. 

lto6. Ya que tenemos aviso, 
Y nuestra amistad salieis^ 
Dad iioencia que los dos 
Os Tamos acompañando; 
Porque no vuelva á topar 
Otro atrerido con vos. 

ÍÁs. Estas damas son casadas, 
T voy coD algan temor^ 
Que DO seloso^ aanque es error, 
Lu quiere tener guardadas; 
T por si acaso me sigue 
Gnu merced recibiré, 
t^oe me acompañéis, qae sé 
Qoe me basca, y me persigue, 

Y aun qoe viene acompañado. 
Fen. Los dos iremos con vos, 

Y venga para los dos 

Todo on escuadrón armado. ^ 

ito6. Señoras, no os receléis ; 
De Lisardo soy amigo. 

Ut. Venid, Roberto, conmigo; 
Dejadlas, no las habléis, 
Qoe temo que este zeloso 
Me basque en esta ocasión 

Y en casa sabréis quién son ; 
Pues vengo á ser tan dichoso. 
Que vos nos acompañéis. 

Bob, Serviros^ Lisardo, es justo. 

lú. N'o puedo decir el gusto, 
Que en esta ocasión me hacéis. 

ito6. ¡ Qoé diferentes que son 
Las eosas^ Peniso amigo. 
De lo que piensa consigo 
La propia imaginación ! 
I Veis aquí como Lisardo 
Quiere en otra parte bien? 

Fen. Pues así se hará mas bien 
El casamiento que aguardo. 

ito6. Vamos. 

Fen. Adelante pasa. 

Us. Brava amistad. 

Ao6. Justa prueba. 

Us. i Vive Dios que me la lleva 
El homanito á mi casa! 

ESCENA XXU. 

Saion de palacio. 
La Reina, ALBANO, y después un 

SOLDADO. 

Beina. Sin duda me curó con aquel susto. 
Pues era hoy de mi accidente el dia, 

Y como todos veis, no me ha venido. 

i/6. El médico sin duda el susto ha sido, 



Ganó Ramón los veinte mil ducados. 

Reina. No puedo encarecer loque le debo, 
Pues por él con salud espero al principe. 
Ola, buscadle luego. 

Aib. Vaya presto 

Por Ramón un soldado de la guarda. 

Reina. Advierte, Albano, que pagarle 
quiero 
Burla, con burla, aunque después es justo 
Pagalle el bien, pero primero el susto. 

Sold. Aquí está Ramón en la antecámara. 

ESCENA XXI IL 

La Reina, ALBANO, v RAMÓN. 

Rom. ¿Qué me manda, señora, vuestra 

alteza? 
Aetna. Dame los brazos, álzate del suelo. 
Rom, Será, señora, levantarme al cielo. 
Reina. No he sentido, Ramón, mas ac- 
cidente, [sido, 
Ram. Gracias á Dios, que tu Avicena he 

Y que como se ha visto, yo he sabido 
Mas que todos tus médicos. 

Reina. Yo creo. 

Que el médico mejor es el dcsen 

Y pues del tuyo quedo satisfecha, 
0I«, dadle la cédula ; que es justo. 
Cobre Ramón los veinte mil ducados. 

Ram. Veinte mil años viva vuestra alteza 
Sirviendo de laureola á su cabeza 
Las águilas doradas de su imperio, [miras? 

Reina. Toda está de mi letra, ¿ qué la 
Bien la puedes leer. 

Ram. Con tu licencia 

Leeré tanta merced en tu presencia. {Lee») 

« Por las obligaciones en que Ramón me 
<c ha puesto, quitándome las cuartanas , 
« aunque con un susto tan grande que me 
« pudiera costar la vida, mando que se le 
« den y paguen veinte mil ducados, 11- 
« brados en los bancos de Flandes, de lo 
« que hubiere procedido de las naves que 
« allí se pierden. — La Reina. • 
I A los bancos de Flandes me remites ? 

Reina, ¿No te parece buena la libranza? 

Ram. ¿Pues quién la ha de pagar allí? 
¿ Los peces ? [bancos ? 

Reina. ¿Pues quebraron jamas aquellos 
' Ram. A lindo tesorero me despachas : 
Pero pues prometer son viejas tachas. 
Ya que rompes, señora, tu palabra, 
Manda darme salario por lo menos, 
De médico de cámara en tu casa ; 
Que un oficio real es de tal crédito, 



122 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



Que ganaré en un ano millones , 
Curando mal de madre, y saba&ones. 

ESCENA XXIV. 

Dichos t LISARDO. 

lis. Agora, si que me darás albricias : 
Parece que Ramón fué su pronóstico ; 
Porque de una galera que venia 
Cortando el mar como nevado cisne, 
Vestida de mil flámulas bordadas 
Con las armas de Ñápeles y suyas, 
Con el gran almirante salió el príncipe, 

Y en dos caballos á palacio vienen ; 
Tanto deseo de tus braios tienen, [quites. 

Reina, Ya no tengo accidente que me 

Ram. Mas que Dios te le dé, pues me 
remites 
A los bancos de Flandes mi libranza, 
Donde será por dicha tesorero 
Algún lobo marino ó ballenato. 

Reina. Ya, Lisardo, no puedo reciblile. 
¡Qué así viniese el rey, con escribiiie, 
Que me hiciese merced de entrar despacio ! 

Lis. Yo pienso que su alteza está en 
palacio. 

ESCENA XXV. 

Dichos, el Principe de Aragón, el Al- 
mirante T todo el acompañamiento. 

Princ. Déme los pies vuestra alteza. 

Reina. ¿Señor ir 

Frinc, Con razón estoy 

Postrado á vuestra grandeza, 
Porque seáis desde hoy 
Corona de mi cabeza. 

Meina, Si el agravio lugar diera, 
De aquestos brazos hiciera 
A vuestros hombros corona. 

Princ. El amor mi prisa abona ; 
Que despacio, amor no fuera. 

Álm, Bien dice el rey, mi señor. 
Porque vuestra alteza sabe, 
Que despacio no hay amor ; 
Aquí el enojo se acabe, 

Y hacedle aqueste favor. 
Reina. A vos, almirante, sí; 

Mis brazos están aquí. 

Álm. Eso no, ni vos querréis; 
Que mientras no se los deis 
^0 se han de emplear en mí. 

Reina. Ahora bien^ rey y señor, 
Yo me rindo. 

Princ. Y yo de suerte 
A vuestro heroico valor^ 



Que apenas podrá la muerte 
Desatar mi justo amor. 

Reina. Siéntese aquí vuestra alteza, 
Sabré como viene. 

Princ. Ha sido 

Un infierno de aspereza. 
El camino que he traído, 
Hasta ver á vuestra alteza; 
No sé qué os diga del mar> 
Que no pudieran llegar 
Las galeras sé deciros, 
A no ayudar mis suspiros 
Las velas al navegar : 

Y todo aquesto crecía, 
escribirme que tenia 
Poca salud vuestra alteza. 

Reina. Desconfianza y tristeza 
l;e su falta me afligía; 
i 'oro quiere amor que os deba 
Mi saludy pues con el susto 
i)e venir vos, ÍUé la nueva 
Mi médico, y el mas justo. 

Ram. Muy bien lo paga It prueba ; 
Pues los veinte mil ducados 
I ^ resto serán aceptados. 

Alb. ¿Dónde? 

Ram. En los bancos de Flandes^ 

Que aunque tienen los pies grandes 
Ha dias que están quebrados. 

Lis, Este es mucho atrevimiento 

{A Roberto. ) 
Para estar aquí su alteza. 

Rob. Pues si uo estuviera aquí. 
Villano, vil, ¿ no os hubiera 
Sacado el alma? 

Lis. Mentís. 

Reina. ¿Qué es esto? 

Lis. Locas soberbias 

De Roberto. 

Princ. ¿Pues aquí 
Descomponéis la obediencia 

Y el respeto que debéis 
A mi señora la reina. 

Ya que no me le tengáis ? 

/)o¿. A los pies de vuestra tltesa 
Pido justicia. 

Lis. Y yo pido 

Que Juez de los dos seas. 
En el caso de que agora 
Roberto de mi se queja. 

Princ. Digo que yo lo seré, 
Como vos me deis licencia. 

Reina. Sí habéis vos de ser juez, 
Para que esta audiencia tenga 
Todas las partes que es justo, 

Y el pleito mejor se entienda, 



ACTO III, ESCENA XXV. 



123 



To quiero ser relator. 

Princ. Pues comience mestra alteza. 

Reina. Los días que el accidente 
De qae be estado tan enferma, 
Señor, me dejaba libres^ 
Di en hacer una academia, 
Escogiendo en mis criados, 
L>osde mas nobleza y ciencia. 
Referíanse epigramas, 
Qae hay escelentes poetas ; 
<:aDtában8e mil canciones, 

Y en diferentes materias 
Argoian los roas doctos, 
(ofrecióse un día entre ellas, 
Tratar de los imposibles ; 
Dijeron cosas diversas, 

Y resolvióse Lisardo, 

Qae el mayor de todos era 
El guardar una muger; 
No, señor, mala, ni buena, 
Sino muger con amor, 

Y que guardar no se quiera. 
Roberto lo contradijo, 
Diciendo, que humanas ftierzas 
\i todo el poder del oro 

De ningún efecto fueran 
Para muger que él guardara : 
No sé si en aquesto acierta. 
Tiene Roberto una bermana 
Hermosa, como discreta 

Y por todo estremo hermosa ; 
Quiso para hacer la prueba, 
Enamora lia Lisardo j 

Lo que ha resultado, queda 
Agora en sus confesiones. 

Rob. Señora, no fué ofendellas. 
Decir que pueden guardarse ; 

Y 8i filé mi empresa necia, 
¿Porqué Lisardo tenia 

Df hacer con tanta insolencia 
La prueba en mi propia hermana ? 
Lis. Porque enamorarme de ella 
Xe podia estar muy bien^ 
Conociendo tu nobleza. 
Caando tú mas la guardabas 
Ramón entró á hablar con ella 
Que es ese criado mió, 

Y no el don Pedro que piensas) 

Y en hábito de francés 

La dio mi retrato, en prueba 
De mi amor, y trajo el suyo. 
Después, fingiéndose que era 
Criado del almirante^ 
De cuyo deudo te precias, 
Te llevó los seis caballos. 
Con 80 firma contrahecha. 



Con esto quedó en tu casa, 

Y supo meterme en ella, 
Cuando á Fulgencio tenias 
Por alcaide de la puerta. 
Todo lo demás es cosa, 
Que mi señora la reina 
Sabe, y que no es para aquí. 

Rob. Lisardo, de tus quimeras, 
Fundadas en que yo dije 
Sola una palabra necia , 
Ninguna cosa he sentido, 
Sino que tanto supieras. 
Que sacaras á Diana 
De mi casa con afrenta ; 

Y teniéndola casada 
('on Feniso, nos hicieras 
Hasta tu casa una noche 
Acompañarte con ella. 

Y aunque es verdad, que conozco, 
Que como una muger quiera. 
Hará que el propio zeloso. 
Como el ejemplo lo enseña, 
Acompañe á su galán, 

Mi sangre, y clara nobleza, 
Me pide justa venganza : 

Y así suplico á su alteza. 
Me otorgue campo contigo, 

Y que el almirante sea, 
('omo deudo, mi padrino. 

Almir. Y es justo que se conceda 
A caballero tan noble ; 

Y que si hay quien lo defienda, 
Seamos dos para dos. 

Álb. Cuando esto lícito sea, 
liien puede, useñoría, 
Constándole mi nobleza. 
Medir mi espada en el campo. 

Fen, Por mucho, Albano, que seas, 
No igualas al almirante; 
A mí me toca esta afrenta, 
Salga Lisardo á Roberto, 

Y yo á tí. 

Alb. Pues así queda. 

Reina. Mo queda muy bien asi , 
M con tan sangrientas veras 
Se han de acabar los principios 
De una burla tan discreta. 

Rob. No tratéis, señora, paces. 
Que haréis que el reino se pierda, 
Pues me ha robado á mi hermana 
Lisardo, en común afrenta 
Del almirante, y mis deudos. 

Lis. No es hurto el que se confiesa, 

Y deposita en el juez. 

Rob. ¿ Cómo, si á tu casa mesma 
Me la hiciste acompañar? 



124 



EL MAYOR IMPOSIBLE. 



lÁs, En apartándote de ella. 
La traje á palacio, y tiene 
El hurto de que te quejas, 
Su alteza, con mucho honor; 
A quien pido que la vuelva, 
Pero casada conmigo, 
Porque tu amistad merezca. 
Que por la cruz de mi espada, 
Que palabra descompuesta. 
Cuanto mas obra, no ha sido 
De su honor, ni el tuyo ofensa. 

ñob. Con esto estoy satisfecho; 
Manda que vayan por ella. 

Reina. Vayan luego por Diana. 

ESCENA XXVI. 

Dichos, menos ALBA NO. 

ñam. Entre tanto es bien que .idvii^tas, 
O generoso español. 
Que se ha curado la reina 
Con el .susto que he contado, 
Y para que yo le tenga , 
Me da en los bancos de Flandes 
Esta libranza. 

FHnc, ¿Es su letra? 

Rcm. Si señor. 

Princ, Pues yo la acepto. 

Que quiero pagar sus deudas 

Rom. Vivas mil años. 



ESCENA XXVII. 

Dichos, DIANA t'ALBANO. 

Alb. Aquí 

Viene Diana. 

lÁs. Y tan belU 

Gomo el sol. 

Diana. Dame tus píés; 
Para que de hoy mas me tengas, 
Rey, mi señor, por tu esclava. 

Princ. Parece que en tu belleza 
Traes el ramo de la paz , 
Que tantos pleitos concierta : 
Ya es tu marido Lisardo, 

Y yo con la reina bella. 
Tus padrinos. 

Diana. Tantas honras, 

¿ Quién sino vos las hiciera? 
Princ, Abrásense luego todos, 

Y en dulce correspondencia 
Se aumente amor. 

Rom. Yo, señores, 

Tengo de abrazar á Celia , 
Que estoy con ella casado; 
Porque en el mundo se entienda , 
Que si no quieren guardarse, 
Dueñas, doncellas, y viejas. 
Es imposible guardarlas. 

lÁs, Y aquí acaba la comedia 
Del Imposible mayor; 
Nadie á probarle se atreva. 



LA HERMOSA FEA. 



B peosamiento de esta comedia, parece que sirvió en parte á don Affustin Moreto 
para escribir el Desden con el Desaen ; pues aunque ei plan es distinto yíos caracteres 
iñodpales no son idénticos, el de Estela pudo inspirarle sin duda la idea de formar ei 
te Diana. Ambas son desdeñosas é inconquistables ; ambas desean vengarse, y ambas 
ttta eo fin al amor que les inspiran Ricardo y Carlos; pero Estela no se presenta en la 
CKoia eomo enemiga del amor. Se sabe solamente que lo es porque lo dice Celia. 

Jwim. No be TÍsto necio i mi tmo. Porque i parecerle bien, 

Señm, con tuito estremo. Qaedára al mayor desden, 

Crfíc ¿C¿ino necio? Qae ha yisto el mundo sujeto: 

Mw. T aon blasfemo Que de cuantos la han servido 

Se un Ingel. Ninguno agradarle puede, 

Celia. Pues yo le llamo T es mejor que libre quede, 

IKcboio, aunque no discreto ; Que i lo imposible rendido. 

Ricardo, qfoe sabe el carácter de Estela, teme verse despreciado como los otros prín- 
cipes que la Dan pretendido, y para picar su vanidad é interesarla, finge que le ba pare- 
cido isa. Este pensamiento es muy dramático^ y en él se funda toda la intriga de la 
Bieía. Ai mismo tiempo se introduce Ricardo en el palacio con el nombre de Lauro, gana 
ii coofianxa de la desdeñosa, enamora y dispone ingeniosamente el triunfo de su cariño. 
La venganza de Estela se parece á la de Diana ; aunque no pretende rendir á Ricardo y 
éeipreciarie después por on sentUniento de orgullo como Diana á Carlos, sino por ven - 
pa OD ultriye que la ofende y que Jamas perdona el bello sexo. 



Qm invcDdon no ha de faltar 

ftoa que ne TuelTa i ver ; Le tengo de enamorar 

T si me ve ten por cierto Tan diestra y tan falsamente, 

Que ha de adorarla fealdad Que llegue i TÍTír sin alma 

Qoe dice, y que mi crueldad T... coando llegne á rerse 

Le ba de Ter perdido y muerto. En estado que yo pueda 

O no ha de haher alma en mL A la renganza atreverme, 

Me tengo de retirar 

Que una ves enamorado. Con zelos y con desdenes. 

Gen la risa y d desprecio One le ponga en ocasión 

Quedaiá de aqueste necio Que le parezca la muerte 

Mi sentimiento rengado. Mas alegre que la vida. 

Irtoe mismos son los deseos de Diana para con Carlos, annqae producidos por distinta 



MtUe. ¿T si le vieses querer No me pudiera reneer. 

Qoé harás después de tentarle? 

JHmtm. ¿Qué? ofenderle, áespreeiarle. Toda mi corona diera 

Ajarle, y darle i entóider Por verle morir de amor. 

Que lia de rendir sus sosiegos 

▲ Bis ojos por despojos. Para abrasarle á desprecios, 

A desaires, i violencias, etc. 

Aunque le viera morir 

Sin embargo de esta identidad de sentimientos hay una diferencia muy notable en ios 
dos caracteres. El de Estela, tomado directamente de la naturaleza, no es ona creación 
del genio; es un retrato cuyo mérito se funda en la verdad y exactitud de la copia : el 
de Diana es original ; no ha tenido modelo alguno, es hüo de la imaginación y del talento 
del poeta. De aquí resulta, qoe es infinitamente mas noble, mas ideal y poético que el 
de Éitela. 

También se parecen mucho Celia y Cintia : aquella se enamora de Ricardo, y esta de 
Carlos ; ambos esperan conseauir la mano de su amante ; y ambas tienen que ceder á 



Estela y á Diana , cuando declaran abiertamente su pasión. Por lo demás son absoluta- 
mente distintas las dos comedias^ y es inútil tratar de demostrarlo. 
Ei plan de la Hertnosa fea está bien imag^ado, bien desenvuelto y es agradable é 



126 



LA HERMOSA FEA. 



interesante. Estela es el personage principal, y está pintado con verdad y delicadeza. El , 
sentimiento que manifiesta porque el príncipe se ha ido sin visitarla, su curiosidad por 
saber qué le ha parecido, el sonrojo que sufre al saberlo, y el disimulo con que quiere ** 
encubrir su sentimiento, prueban el talento de Lope y su conocimiento del arte. ^ 



Pues ya te escribe el desprecio 
En la cara vergonzosa, 
Con letras de pnra rosa , 
£1 agravio de este necio. 



Celia. Dijo el necio qne eras fea. 

Esleía. Pues bien, ¿fué mucho el agravio? 

Celia. ¿Cómo puede ser mayor? 

Pregúntale á tu color 

Si le importa el desagravio, 

Hay escenas de muy buen efecto, particularmente la lU del último acto en que ^i 
cardo habla á Estela por la reja del jardín. En esta escena y en ¡a última evitó Lope un 
defecto notable en que incurrieron con frecuencia nuestros poetas antiguos. Presentan 
en muchas de sus comedias un personage que habla en nombre de otro diferente, sin 
que se conozca el engaño en el acento y metal de la voz , que caracteriza individual- 
mente al género hiunano tanto como la fisonomía. Esta convención teatral que estable- 
cieron entonces se opone á la verosimilitud dramática. Lope supo evitarla con mucho 
acierto. 

Estela al oir á Ricardo^ dice : 



¡ Cielos, el eco en Ricardo 
A la voz de Lauro suena ! 

; Hay tan notable estrañeza ! 
Y en la escena última cuando le ve : 

Perdonad, Lauro, qne os tuve 

Por Ricardo. ¿A dónde queda 

El principe? 
Hicardo. Yo, señora, 

Soy el príncipe. 
Esleía. No fuera 



; Qué á Ricardo y Lauro un mismo 

Acento naturaleza 

Les concediese es prodigio! 



Posible, sin ser milagro 
Haber la naturaleza 
Hecho en una misma estampa 
Dos rostros de una manera. 
Lauro, decid, ¿dónde está 
El principe? etc. 



Estos áo9, pasages tienen mucha verdad , y manifiestan el arte del poeta. 

El desenlace es natural y satisface perfectamente á los espectadores ; pero Lope debió 
prepararle con mas anticipación para evitar que las escenas VIH y siguientes del último 
acto caminasen con tanta precipitación y rapidez. 



PERSONAS. 



RICARDO^ PRÍNCIPE DE Polonia^ galán. 
OCTAVIO, galán. 
El Gobernador de Lorena. 
ESTELA, DUQUESA de LotENA, dama. 
CELIA , dama. 



BELISA, criada. 
Un Capitán. 
El Conde. 
JULIO, gracioso. 



La escena es en Lorena. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de calle. 

RICARDO, OCTAVIO t JULIO. 

Oct. Fuera temeraria empresa , 
Pero muy digna de tí. 



Ríe. Todo cuanto en Francia vi 
No iguala con la duquesa : 
Julio, ¿qué te ha parecido? 

Jul, Ud ángel me pareció, 
Que de muger se vistió 
Si alguna vez se ha vestido. 

ñic. No he leído yo jamas 
Que se vistió de muger; 
Pero como pudo ser. 
No pudiste decir mas. 

Oct. En cuanto el so mira y dora , 



ACTO í, ESCENA I. 



ISt 



Seaialit so gallardía. 

Kc. ¡O qué diTína annoofa 
iKen en una señora 
U ma^tad en él talle. 
Ten el rostro la bermosara! 

htl. El oro y la nlcTC pura 
le miestra Alemania, caBe 
CflQ 5D rara perfección. 

Jbc. Parece que en so beUexa 
ftetntó naturaleza 
1 prDpia imaginación : 
^Bi iDe pienso quedar 
h secreto algunos días 
hn Terla. 

Oct, Bien podiaa 
Taer de hablarla logar, 
Chbo no sepa qoien eres. 

he. Tú solo sabes qoien soy. 

Od. Poes la palabra te doy, 
Prmdpe, si hablarla quieres, 
ftspoes de guardar seereto, 
lie hacer que posible sea. 

ftc Hazy Octavio, qoe la fea, 
T ser tu esdavo prometo. 

(ki. SI sabe que estás aqui 
ISíkiiltoao ha de ser, 
Porque te ha de conocer. 
Cflcocha un remedio. 

Jhc. Di. 

Oct. Escribe á Celia su prima, 
CsQ quien tlenei parentesco, 
Qw por ir á ler á EspaAa 
A la ligera, y secreto, 
RspudisteTisitarla: 
hxo qoe despoes volviendo. 
Cumplirás tu obligación, 
Y qoedaráste con esto 
Eseondido en la ciudad, 
ÜMide el ingenio y el tiempo, 
l^va que le Teas, y bables, 
Darán traza á tos deseos. 

Rit, Dices bien, y lleve lulio 
La carta; pero advirtiendo 
Que si la duquesa Estela 
repregunta, como pienso, 
Sila tí, que le respondas 
Qoe sí, una tarde saliendo 
A caía; y si prosiguiere. 
Lo que dije, y lo que siento 
De su persona, le digas 
Qoe Tolvi triste, diciendo 
Qoe era su fama un engafio 
De algún pintor lisonjero, 
Cada pincel mil mentiras. 
Cada color mil enredos ; 
Qoe el ducado de Lorena 



Era tan gran casamiento. 
Que hacia á los pretendientes 
Lindo parecer lo reo; 

Y que á mí, que no lo era. 
Me pareció con estremo 
Fea, y de persona humilde. 

Jul. ¿Pues qué pretendes con eso? 

Ric, Asegurar la intención 
Que para servirla tengo. 
Como veréis adelante. 

Jul. ¿Y no hallaste mensagero 
Mejor en cuantos te vienen 
Desde Polonia sirviendo? 
¿A qué muger, cuando fuese 
Lo mas ínfimo y plebeyo, 
Le dijeran qu6 era fea. 
Que tuviera sufrimiento 
Para no tomar venganza. 
Cuanto mas un ángel bello. 
Tan gran señora ? ¿ No miras 
Que entre algunos documentos. 
Que nos dio para el honor 
De las mugeres el zelo, 

Y obligación de los hombres, 
No dirás no fué el postrero 
Que es fea y vieja á ninguna; 

Y que del atrevimiento 
Seria Justo castigo 
Salir de palacio muerto 
A palos de las cuchillas 
De dos gigantes todeseosY 

Ric. i olio, sí ella íbera fea. 
Era delito muy necio « 
Pero siendo tan hermosa 
Como le ha dicho su espejo 
Ha de enojarse conmigo, 

Y poner su entendimiento 
En vengarse cuando vuelva ; 

Y esto principio al deseo 

Le ha de dar de enamorarme. 
Que es lo que voy previniendo ; 

Y tú verás que resolta 

De este agravio algim suceso 
En favor de mi esperanza. 

Jul. Confieso que voy con miedo. 
Mas consolando el peligro. 
Con saber qoe te obedezco. 

Ric, ¿Tanto sienten este nombre? 

Jul. Si es la hermosura el opuesto, 

Y esta la mayor lisonja, 

¿ Qué término mas grosero 
Que quitarles la esperanza 
De aquel soberano imperio 
Con que rinden á los hombres? 

Ric. Tú verás que es fundamento 
Del edificio mayor 



128 



LA HERMOSA FEA. 



Qae tu?o amoroso empleo : 
Ven, Octavio. 

Oct, Aun DO percibo 

Ta pensamiento. 

Ric. Pretendo 

Obligarla á enamorarme, 
Lo demás te dirá el tiempo. 

ESCENA 11. 

Salón de palacio. 
ESTELA Y CELIA. 

Est. Bien me holgará que te hubiera 
El principe Tisitado, 
Y que el venir rebosado 
Menos disculpa le diera : 
Mal cumplió la obligación 
De pariente. 

CeL Pensarla 

Que el secreto me daria 
Bastante satisfacción. 
Pues parece que la tienen 
Para ocasiones mejores. 

Est. El secreto en ios señores. 
Guando de reboso vienen. 
Es mayor publicidad, 
Porque todos hablan de ellos. 

CeL Es mayor grandeza en ellos. 

Est. Pensamos que es vanidad : 
¿Sabes qué sintió de mí P 

CeL Pregúntaselo á la fama : 
Fénix de Francia te llama, 
Lo mismo dirá de tí. 

Est. Cuidado, Celia, tenia 
De ver en alguna parte 
Este nuevo Adonis Marte, 
Por talle y por valentía ; 
Pero él se guardó de suerte 
Que me vio sin verle yo. 

CeL Ingrato correspondió 
A la ventura de verte; 
Que bien pudiera pagarte 
Si es gentilhombre y galán, 
Con dejarse ver. 

Est. Están 

Tantas culpas de su parte, 
Que aunque te escriba, no creo 
Que á satisfacerlas baste. 

CeL Déla privación sacaste 
Las fuerzas de tu deseo; 
Porque si ver se dejara. 
Menos cuidados tuvieras. 
Que de lo que visto hubieras 
Ninguna idea formara 
Ahora la fantasía. 

Est, El privar á una mnger 



De lo que desea ver, 
Bien sabes tú, Celia mia. 
Que aumenta mas su deseo. 
CeL Así murió la romana, 
Por no ver por su ventana 
I Pasar aquel monstruo feo; 
¿Pues cuánta es mas diferencia 
La de un gallardo alemán, 
Mancebo, hermoso y galán? 

ESCENA 111. 

Dichos, BELISA y JULIO, qub se queda 

AL PAÑO. 

JuL Pedid, señora, licencia. 

Bel. Hablarte quiere un criado (d CeL) 
Del de Polonia. 

CeL No ha sido 

Descortés, ni ha merecido 
Hasta ahora ser culpado : 
Licencia vendrá á pedir 
Para verme. 

Est. Ya le vuelvo 

La honra. 

CeL Y yo me resuelvo 
En que le has de ver y oír. 
Di que entre. {A Belisa.) 

Jul. Dame los pies. 

[Uega Julio y arrodillase á los pies 
de Estela.) 

Est. No soy yo la que buscáis. 

JuL Sin razón culpa me dais, 
Que este yerro acierto es; 
Pues me trujo el resplandor 
De su divina belleza 
A saber que es vuestra alteza 
De dos soles el mayor : 

Y así me vuelvo al segundo, 
A quien traigo este papel. 
Mirad lo que dice en él : 

(Dale un papel á Celia y lee ptira si.¡ 

Y yo, como abraza el mundo 
El ángel, que estoy mirando 
En la señora duquesa, 
Donde parece que cesa 
Cuanto puede haber pintado 
Con los mas vivos colores 
La diestra naturaleza : 

Y perdone vuestra alteza 
Que de estrellas y de flores 
No haga un retrato aquí, 
Como suelen los poetas ; 
Porque prendas tan perfetas 
Son deidades para mí. 

CeL Ya he leído este papel. 
EsL ¿Qué escribe? 



ACTO I^ ESCENA IV. 



1S9 



Cel. 



Que ae pardo 



EO. GorrespoBdIó 
k ^adU patria cruel 
Be tena 7 hombres feroees. 

Cd. Díaciilpóae con pasar 
BeidMwo. 

hU. T por guardar 
(áá ta hermosura goces) 
itagrandeía respeto. 

Ed. ¿Poea á mí <iae me importara, 
Csasdo á GeUa Tisitára? 

Jal. Esto de Teolr secreto 
kkü de ser la ocasión, 
Hr la poca autoridad. 

Mst, ¿Qué d^o de esta ciudad? 

JmI. Que las de tn estado son 
Li pvte mcgor de Francia. 

M. ¿Yióme á mí? 

Hi. Yatevióátí, 

tas para Teñir aqai 
Fsé lo de mas importancia. 

Esi, ¿Que le parecí? 

Jmi. Si das 

Uceada, á GeUa diré 
U qne d^o. 

Esi. Sí daré. 

/■/. Oye, poes. 

{Babia con Celia aparte.) 

Cel. ¿AmÍDomas? 

iQaé puede ser que no sea 
Mi¡7 conforme á su valor, 
Fissto qne fuese de amor? 

/■/. Halier dicho que era fea. 

Cei. ¿ Qué dices? ¿estás en ti? 

Jml. Por eso to quise hablar 
Aparte. 

Ce/. Estoy por pensar 
((•e tabas hurlado de mí, 
Qse me pareces de homor. 

Jml, Tentado soy del despejo, 
las siempre las borlas dejo 
Cnndo respeto el valor. 
So he Tisto necio á mi amo, 
Se&ora, coo tanto estremo. 

CtL i Cómo necio? 

Jui. Y aun blasfemo 

He un ángel. 

Ce/. Pues yo le llamo 

INchoao, aunque no discreto ; 
Porque á pareoerle bien, 
Quedara ai mayor desden 
Qoe ha visto el mundo sujeto ; 
Que de cuantos la han servido 
Hingono agradarle puede, 
Y es mc|or que lihre quede, 



Qne á lo imposible rendido. 
¿La duquesa fea? 

Jul. Sí. 

Ce/. ¿Tiene ese hombre entendimiento? 

Jul. Un mal gusto es fundamento 
De que le pareica así; 
Fuera de ser cosa llana. 
Que no hay disputa en los gustos. 

Cel. Si, pero gustos injustos 
Hacen la raion villana. 

JtU, Hombres hay que un dia oscuro 
Para salir apetecen, 

Y el sol hermoso aborrecen 
Cuando sale claro y puro ; 
Hombres que no pueden ver 
Cosa dulce, y comerán 
Una cebolla sin pan. 

Que no hay mas que encarecer; 
Hombres en Indias casados 
Con blanquísimas mugeres 
De estremadoB pareceres, 

Y á sus negras inclinados : 
Según esto la duquesa 

No deja de ser hermosa 
Por un mal gusto. 

Ce/. EsU cosa 

Mas nueva, y que mas me pesa 
De cuantas pudiera oir : 
Yen por la carta después. 

Jul, Dadme, señora, los pies. 

Y de no se lo decir 
Palabra. 

Ce/. Yete en buen hora. 

Jul. Guarde el cielo á vuestra altesa. 
En cuya hermosa cabeza, 
El laurel que Apolo dora. 
Brille de Francia ó España. 

£1/. ¿Tu nombre? 

Jul. Julio es mi nombre. 

Eef.jTu oficio? 

Jul, Soy gentilhombre 

Que á sí mismo se acompaña ; 
Pero en gracia de mi dueño, 
Que esta embicada me fija. 

Est ¿No respondes, prima miaT 

Jul. Celia me mira con ceño. 

ESCENA IV. 

ESTELA T CELIA. 

Ce/. Ya le dije á ese criado 
Que vuelva por la respuesta, 
Que si al príncipe le cuesta 
Su papel tanto cuidado. 
No quiero escribir sin él. 

Bst Brava pláUoa invistes; 



ISO 



LA BflUOgA FBA. 



¿Qué tntastMf iqaé dqiüipl 
Si dio materia el papel^ 
Dirá que está enamohido 
De mi el principe^ f qae tai 
Perdido á Bapaliá. 
Cei. No Btf. 

Bst. j Quién dada ^e te ha eontado, 
(Que es ordinario en los iiomJ9rés) 
Que en toda Francia no vio 
Dama^ Celia, como yo? 
Con todos aquellos nombres 
De ángel, estrella, jazmín, 
Rosa, perla y otras cosas 
Tan necias y mentirosas: 
¿De mí qué te dijo en flnP 

Cei. No eran cosu de importaiióia 
Las que hablaos. 
Est, ¿Gdmo no 9 

Cei. Antes de enojo; j si ye 
Le volviese á ver en Francia... 

Est. ¿Qué mprmuras? ifüé por dioba 
Descompostura de amert 
¿Pidió necio algún favor f 

Cei. Tengo, duquesa, á desdioba 
Tener tan necio pariente^ 
Est. Dime lo que es. 
Cei. No fs rasoQ. 

Est. I Qué confusión I 
Cei. Gostf ton 

De aquella báfbara gente. 

Ett. Quien quisiere á una mager 
A puras ansias matar, 
Procúrele dilatar 
Lo qne quisiera saber t 
Ni filé jamas discreción 
Dejar raxon comeniada. 

Cei, Si puede ser escosada^ 
Antes parece razón. 
Bit. Celia, lo que fuere sea. 
Cei, i Qué porfiar tan prolijo 1 
Dijo el principe... 
Est. ¿Qué dUol 

Cei. Dijo el necio que eras fea. 
Est. Pues bien, ¿fué muobo el agravio? 
Cei, 4 Cómo puede ser mayor? 
Pregúntale á tu color 
Si le importa el desagravio. 
Pues ya te escribe il deitl^olo 
En la cara vergonzosa, 
Con letras de pura rosa, 
El agravio de este necio. 

Est. Confieso, Celia, que ha sido 
£1 repetirlo el criado, 
Ocasión de baber quedado 
En parte mi honor corrido. 
Hazme placer eoando vuelva 



De deeirlo qmi se quede 
Conmigo. 

Cei. ¿Julio qué puedoi 
Cuando á quedar se resuelva. 
Hacer para tu venganza f 

Est. ¿Nunca has oído oontar, 
Que aquel que se quiere abogar 
Cualquiera cosa que alcanza 
Tiene fuertemente asida? 
Pues así tengo pensado. 
Que el asir de este criado 
Es asegurar mi Vida. 

Ce/.¿QuédleesF 

Est. Que este ha dos( 

Por quien me pienso vengar. 
Que invención no ha de filtar 
Para que me vuelva á ver; 
Y si me ve, ten por cierto 
Que ha de adorar la fealdad 
Que dice, y que mi crueldad 
Le ba de ver perdido y muerto, 
O no ha de haber alma en mi. 

Cei. Con razón estás quejosa, 
Pero es imposible cosa 

Sue puedas vengarte así : 
ejor fuera... 

Est. No hay mejor : 

Déjame, Celia, pensar 
Cómo le pueda obligar, 
Para que me tenga amor; 
Que una vez enamorado. 
Con la risa y el desprecio 
Quedará de aqueste necio 
Mi sentimiento vengado ; 
Que no hay venganza que tea 
Mas discreta y mas gustosa 
Que hacerle querer hermosa. 
Quien le ha parecido Coa. 
Así de aqueste enemigo 
Vengarse mi agravio piensa, 
Porque de la misma ofensa 
Se ba de sacar ol castigo. 

ESCENA V, 

Decoración de ealie, 
RICARDO, JULIO t OCTAVIO. 

Jui. Esta es la hora que sin alma queda. 

Ric, No hay cosa, Julio, que obligarle 
pueda 
Mas á lo que pretendo de importancia. 

Jui. Así lo entiendo yo de tu arrogancia. 

Ric, Y el camino que hallaste 
Fué mucho mas discreto : al flp, ¿dejaste 
Con Celia concertado 
Volver por la r^iiesta? 



i 

I 

1 

1 
i 



ktiú I, escéMa vil. 



Ul 



Hile causailo 
le DOTedad qne la duquesa^ 
hermosura es la mayor empresa 
Dcipea, y grandes [Plandes, 

rancia, de Alemania, España y 
reciese fea. 

De esta manera el cazador rodea 
mal ó al aTe : 

» Terás qae sa arrogancia grave 
de á mi deseo. 

'\Oy amigo, en la ocasión me tbo 
D fidelidad me ha de dar Tid9 ; 
amistad mi confianza asida 
ide conquistar esta arrogante 
agara francesa, que en diamante^ 
inceles de nieve pintó el cielo. 
iza que fabrica mi desvelo, 
que te he contado i 
los mis criados he dejado 
Inlio conmigo, él me acompaña^ 
oñ demás á España 
caminando : con el conde hoy quiero 
rindpio dichoso al bien que espero. 
'. Francés soy por la vida : 
lestra alteza tiene conocida 
litad y amistad ; esté seguro 
' ata que ál lado traigo Juro 
lardarle secreto. 

r. Pues para dar á le que itlteato efsto, 
il gobernador secretamente 
le te dije, porque laege intente 
lerme, qne por causa tan notable^ 
Kles de que hable 

a duquesa y que ella verme quiera, 
e mi amor en Mi fortuna espera 
le mi atreviml«Ate me asegura, 
as manos morir de su hermosura. 
f. Td verás el efeto 
1 noble amigo. 

:. DI también discreto, 

Dé consiste la ventura mia. 
f. ¿Cuándo faltó la dicha á la osadía? 
ro por el papel mientras te prenden^ 
'er como se encienden 
duquesa los elaveies vivos, 
tantos pensamientos vengativos, 
inien tanta hermosura Hamo fea^ 
Ir, matar^ ó enamok'ar desea. 

ESCENA ¥1. 

OCTAVia 

carece de valor 
leardo el pensaMtento, 
is alendo el fingimiento 
imer paso de amor. 



¡O fdersa de la aÉliSiadl 
¡ A qué me pongo por ti i 
Pero ya le prometí 
Favor, silencio y lealtad, 
¡ásperamente sucede : 
Este es el gobernador. 
Que hasta en esto muestra amor 
Lo que sabe y lo que puede ; 
Con el viene un capitán ; 
Concertóse la fortuna 
Con él amor, si en alguna 
Fortuna y amor lo están.' 

ESCENA VIL 

OCTAVIO^ EL GOBEINASOR, IL CAPfTAN 
T CRIADOS DE ACOUPAJiAUlSIITO. 

Gob. Conozco vuestro cuidado. 

Cap. Cuando me toca la guarda 
Soy Argos de la ciudad ; 
No ha de suceder desgracia 
Hasta que deje la noche 
La capa en manps del alba. 
Que aun por esto la prendiera 
Si la noche se quejara. 

Gob. Estar limpia una ciudad 
De gente ociosa, és la causa 
De no haber hurtos ni muertes; 
En que se ve que se engañan 
Los que gobiernan, si piensan 
Que solo el castigo basta. 
Prevenir que no sucedan 
Delitos^ con que no haya 
Quien los haga en quien gobiert)^ 
Es la prudencia mas alta ; 
Porque castigar después, 
Supuesto que es de Importancia 
Para el ejemplo, ya es fuerza, 

Y es mejor que se escusáta. 

Cap. ¿Quién limpiara una eludad 
Donde acuden gentes varias? 
Gob. ¿Quién? ^\ tomor 4el fastlgo, 

Y el cuidado del que ipanda. 

OcL ¡ Oh qné á prepósito viene ap. 

A mi intento lo que tratan I 
En vuestra busca venia; 
Doy al cielo inmensas gradas ^ 

De haberos hallado aquí. 

Gob. ¿Qué es, Octavio> lo qne meadat^ 
Que haberme hallado agradeces t 

Oct. Si no te ha dieho la luna 
Que el principe de Polonia 
De rebozo estuvo en Franela^ 
Sabe que entre otras provincias 
Vino por ver á madama, 
A la corte de Lorena> 



IS9 



LA HERMOSA FEA. 



Yftaéhoéspeddemi^ 
Donde hicimos amistad. 
Partióse en efecto á Espafia, 
Peregrino de su gusto : 
TuTe ante ayer una carta» 
En que me dice que un hombre, 
Tan noble que le llevaba 
Por secretario (que á veces 
No conforma al cuerpo el alma) 
Todas las Joyas le hurtó, 

Y que si por dicha pasa 
Por esta ciudad le prenda : 
Ha sido mi dicha tanta 

Que hoy le he visto en una quinta 
Pasear con una madama. 
Que del hurto y del volver 
Fué por ventura la causa. 
Fingí que no conocía 
Quien era, aunque él me miraba 
Sospechoso de mis ojos, 
Que el miedo en todo repara, 

Y como ves he venido ; 
No permitas que se vaya 
Con tal delito, pues puedes 
Sin peligro, y aun sin guarda. 
Hacer tan Justa prisión. 

Gob. Cuando trujera mas armas. 
Mas soldados, mas defensas 
Para las Joyas hurtadas, 
Que tiene ahora sospechas, 
(Porque nunca el alma engafia) 
Yo solo le he de prender. 
Que para ladrones basta 
El temor de la Justicia. 

Oct. MI intento no es que le hagas 
Agravio, que es caballero; 
Mas que con buenas palabras 
Se cobren todas las Joyas. 

Gob. El capitán de campafia 
Venga conmigo no mas, 

Y dos soldados de guardia. 

ESCENA VIII. 

Salón de palacio, 
JULIO T CELIA CON UNA cabta. 

Cei. Esta es la carta. 
Jui. Sospecho 

Que con enojo le escribas, 

Y del que en esto recibas 
Culpo mi Inocente pecho; 
Que te parlé, sin pensar 
Lo que el principe sintió 
De madama. 

Cel. No sé yo 

A quien se deba culpar. 



O á él que dijo que era fea, 
O á ti, porque fuera Justo, 
Que callaras su mal gusto; 
Pero no hay cosa que sea 
Mas peligrosa (y perdona). 
Que servirse de criados 
Necios. 

Jul, I Qué bien castigados 
Vamos los dos ! pero abona 
Tu culpa en esto la mia. 

Cel. ¿CómoP 

Jul. SI yo fe conté 

(Que toda mi culpa fué) 
Lo que el principe decía, 
El tuyo fué el mismo error, 
Contándole á la duquesa 
Lo que yo dye. 

Cel. No es esa 

Disculpa. 

Jul. Y aun íhé mayor. 
Que en su ausencia me atrevi, 
Y es como no haber hablado, 
Pues ausente el mas honrado 
No puede volver por si. 

Cel. ¿Sentiste llamarte necio? 

Jul. ¿Pues no quieres que lo sienta. 
Si aquello que el ahna afrenta. 
Fué siempre el mayor desprecio T 

Cel. ¿Pues qué llamas afrentar 
El alma? 

Jul. Llamar á na hombre 
Necio. 

Cel. ¿Porqué? 

Jul. Porque es nombre 

Que por íhersa ha de amblar 
Al entendimiento^ que es 
Potencia suya. 

Cel. El honor 

Te vuelvo. 

Jul. Y por el favor 
Yo vuelvo á besar tus pies. 

Cel. ¿Tú á lo menos no has tenido 
A la duquesa por (¡sa? 

Jul. No quiera Dios que me vea 
Falto de tan gran sentido. 
Que solo pusiera un ciego 
En duda tanta hermosura. 
Es ángel de nieve pura. 
Con dos estrellas de fuego : 
Es de la Venus de Fidia 
Retrato; y con mas primor^ 
Hija del cristal de amor 
Contra el ojo de la envidia. 
Es toda nácar lustrosa. 
En cuya boca también 
Las bellas perlas se ven 



ACTO I, ESCENA X. 



ÍS5 



Mías densa, 
ilee moTimiento 
un rojo clayel 
intérprete fld 
iro eotendimiento. 
liOat encamada!^ 
Qtisaa parecen, 
eotre aljdfures creceo 
i pora esmaltadas : 

hacerlas agravios, 
que soo tan bellas, 
que solas ellas 
eran eon sus labios. 

á las manos te indines, 
a grada están llenas, 

1 rayos de asucenas 
■n soldejasmines. 
snte, sa valor 

LD alta escdenda, 

pedirle Ucencia 

ni mata amor. 

^Paea cómo al prindpe ha sido 

in demonio fiero? 

Porqne es un gran miradero. 

iira. Jallo, qne te ha oido 



¿Dónde? 

Estaba 
de aquella antepuerta. 

ESCENA IX. 

DiGooa T ESTELA* 

EscQchándota encubierta 
lisonjas gustaba, 
I de ta alabanza 
siempre afición, 
¡nio y buena opinión 
son mi gusto alcanza, 
ue quiero pedirte 
mi servicio te quedes. 
Háeesme tantas mercedes 
rer de mi servirte, 
tn nombre serafin, 
la boca dichosa 
staropa venturosa 
cho de tu chapin : 
^mo podrá ser 
«da de mi duefio? 
A sacarte de ese empefio 
que tendré poder, 
xibir á Ricardo. 
Ire tanto que responde, 
I quien es corresponde, 
le SI nombre aguardo, 
I conmigo aquí, 



Qne me has pareddo bien. 

Jui. Gradas, sefiora, te den 
Tus mismas gradas por mí. 
Alaben tus altas glorias, 

Y tus virtudes perfetas 
En sus versos los poetas, 

Y en su prosa las historias : 
Los poetas en sus liras 

A tus méritos divinos, 

Cantando mil desatinos, • 

Las historias mil mentiras. 

Eit. ¿Dónde estará tu señor 
Ahora? 

Jul. Aun no liabrá llegado 
A Espafia. Ya su cuidado 
Es de vengansa, ó de amor. 

ESCENA X. 

Dichos, il GoBEaHADoa t OCTAVIO. 

Oct. No es razón que le deis cuenta 
(Para aflnentar este hidalgo) 
A la duquesa. 

Gob. Yo salgo 

Al remedio de esa afrenta. 

E^» iQüé es eso, gobernador? 

Gob, Señora, ha escrito Ricardo, 
El prindpe de Polonia, 
Desde Lunevilla á Octavio, 
Que hurtándole muchas Joyas» 
Se le ha vudto el secretario 
A tn corte. Dióme parte 
De este suceso, y buscando 
Los dtios de mas sospecha. 
En una quinta le hallamos : 
Como avisarte de todo 
Cuanto pasa me has mandado. 
Aunque Octavio no quería, 
A tu presenda le traigo. 

Eil. ¿Octavio? 

Oei. ¿Señora? 

Eit Muestra 

La carta. 

Oct. Esta es. 

Jui. ¡Qué estraño 

Suceso! ¿un hombre tan noble 
En tanta bajeza ha dado ? 

Eii. (lee.) « Señor Octavio, después de 
« daros cuenta de que voy con salud, aun- 
ff que sintiendo vuestra ausenda, sabed 
« que Lauro mi secretario con algunas 
« Joyas mias se ha ido esta noche , con 
« admiración mia y de mis criados, siendo 
« tan gran caballero i sí volviere á esa du- 
« dad, donde entiendo que una dama le 
f( |ia obligado á este desatino, haced que 



154 



lA HERMOSA rSA. 



<f sin afrenU soya sepa de vos e\ disgu 
•c con que quedo. Dios os guarde, — ¿l 
(c PRINCIPE DÉ Polonia. » 
¿Conocéis aquesta firma, 
Julio? 

Jul. ¿Y cómo? aunque no creo 
De Lauro el error que ved, 

Y que esa firma confirma. 
Est. ¿Quién le trae? 

Gdf. El capitán 

De campaña. 
Est. Verle quiero. 

Go¿. Entrad. 

ESCENA XI. 

Dichos, el GAPiráN, oob íac4 
A RICARDO preso. 

Esl. ¡Gentil caballero, 

Y porestremo galán! 
¿Sois Lauro vos? 

Ric. Sí señora. 

Est. Despejad todos la sala ; 
Celia y JuUo solo queden : 
Vos, capitán de campaña, 
Volved después por el preso. 

Cap. ¿Cuándo vuestra alteza mdrldá ? 

Esl. Mas no volváis, que no importa, 
Aquí estará en confianza. 

ESCENA XII. 

ESTELA, CELIA^ RICARDO t IULIO. 

Est. Di, caballero, ¿sirviendo 
A tan gran señor le hurtabas 
Sus joyas, y fugitivo 
Desde el camino de España 
A Lorena te Volvías, 

Y oculto en mi corte estabas i 
¿Qué ocasión pudo moverte 
Para tan infame hazaña, 

Y para venirte aquí 
Con obligaciones tantas 
De noble, y de secretario 

De un príncipe, y con gallarda 
Persona, y con ser forzoso 
Tu ingenio, en bajeza igual is 
A los hombres mal nacidos? 

ñ(c. Señora, en cuya alabanza 
De entendimiento y belleza, 
Gasta la parlera fama 
Trompetas de inmortal brohce, 
Del fénix purpúreas alas, 
Con los ojos del pavón, 
Que yá de celeste pinta 
Clavos errantes y fijos 



El séfiro eterno esmaltap. 
Yo soy Lauro de Lorená^ 
Que fué mi padre de Francia, 

Y fui vasallo del tuyo, 
Si en el título reparas. 
Casóse en Cracovia insigne 
Con una dama polaca, 
De suerte que soy francés, 
De suerte que ya te alcanza 
La obligación al favor 
Por vasallo de tu casa. 
Supe en mis primeros años 
Lo que buenas letras llaman, 

Y dime á la astrología 
Después de otras ciencias varias ^ 
Porque puesto que no obligan 
Las estrellas, pues la sabia 
Prudencia puede regirlas, 

Y que ellas fueron criaclas 

Para el hombre, y no él para ellas i 
Es ciencia tan dulce y alta, 

Y tan digna de un ingenio. 
Que me precié de estucíiarla. 
Supe, en efecto, por ella 
Que en tu corte me guardaba 
Un grande bien la fortuna. 
Que fué de volverme causa 
Desde el camino á tu corte-, 
Que las joyas de la carta, 
Que dice el principe, ha sido 
Invención, porque la íi^fantia 
Me obligue á volver t)or él. 
Tanta ha sido mi privaniai 
Que era yo Ricardo, y él 
Lauro, sin que apenas haya 
Diferencia entre ¡os dos. 
Sirviendo á los dos un alniá : 

Y pues Julio está présenle, 
Bien sabe que no se hallaba 
Ricardo un punto sin mí, 

Y que fué nuestra crianza 
Una misma, siempre juntos 
Desde la primera infancia 
Hasta la presente edad : 
Pero si acaso te espanta 

La ingratitud con que olvido, 
Quien con tanto amor me paga. 
Si amor merece disculpa, 
(Que en las pasiones humanas 
Le dan el imperio ejemplos) 
Amor, señora, me salva. 
Estando el príncipe un dia 
Que salió su alteza á caza. 
Con poco gusto de verte, 
i Mira qué necia desgracia ! 
Yo vi, no lejos de ti, 



ACTO II, BBGBSA I. 



13» 



Una tiD hermosa dama , 
Que Tine á creer que amor 
Mudó la flecha y la aljaba 
Eb arcabos , cerno dicen , 
Que coal la Ttoieota bala 
Derriba el ave á la tiarra^ 
Qoe oiTaelto el cuello eo las alas. 
Baja ftln saagre, que toda 
Por el aire la derrama ; 
Asi yo fientí de un golpe 
Salir de mi pecho el alma , 
EDTudta eu tristes suspiros. 
Pasé la noche eo mil ansias» 
T antee de Ter el aurora ^ 
B principe se levanta^ 
T me notifica i ay triste I 
Que quiere partirse á España : 
Fué fonoso obedecerle ; 
Pero eo aquella jomada 
Traian su amor y el mió 
Tin espantosa batalla, 
Qm quedó Tenddo el suyo; 
T por la posta, madama, 
Tolfi á ta corte, que estoy 
Loeo de mirar su cara , 
Cootento de estar presente^ 
Gastoso de Imaginarla i 
Suspenso en su perfeccioo^ 
loárto de sus bellas armas* 
Aficionado á su ingenio, 
Rendido á sus bellas gracias, 
OikUgado hasta la muerte; 
Porque le doy la palabra 
De pretenderla sin yida , 
De amarla sin esperanza. 

Est, Sin tanta satisfaecion 
Taestra persona jabonaba, 
Que solo son vuestros hurtos 
De voluntades honradas : 
Qoe amor ^ Lorena os vuelva , 
£i disculpa , no es desgracia : 
Seguid , Lauro, vuestro intento, 

Y si alguna cosa os falta 
Ed mi la tendréis segura. 

Rie. Con mas qae palabras almasi 
Beso mil veces la tierra 
Que esos jazmines esmaltan : 
Vendré á veros, si me dais 
Ucencia, hermosa ntadame. 

Est. Holgaréme desalar 
Lo que con la vuestra os pasa » 

Y como ue va de favor. 
;Cdiar 

Ce/, i Señora ? 
Esi. La salva 

CoD que ha ent^do este pavío. 



Nuestra que de paces trata : 
¿ Mas si eras la dama^ Geliaf 

Cei. Cree que no me pasara ^ 
Que me qaiatora. 

Etl. Ni á mi. 

Cei, ¿Qué dices? 

Est. Qua Bo ti iguala. 

ESCENA IIU. 

RICAÜDO t JÜLtO. 

Ric. ¡^y, Julio ! 

Jul. Acá estamos todes. 

Ate. ¿Parécete que se entabla 
Mi pretensión? 

Jul, Lindamente { 

Pero guarda bien las sartas, 
No te conozcan el juego» 
Aunque es nueva la banja^ 

Ric, ¿ Qué te d^o de ser iiat 

Jui. Allá verás de tu sarta , 
La respuesta, y le ^le entisode 
Es que ba quedado picada « 
V que vengarse desea. 

Ric. Yo haré de siierte que saiga 
Muy caro, Julio, de amor 
El precio de la venganza. 

ACTO SEGUNDÓ. 



ESCENA PRlUlEftA. 

Saüm de paiaci^^ 
ESTELA i CELIA; 

Esi, Estoy coptepta de ver 
l)e Lauro el entendimiento, 

Cei, Mucho me espanta tu intento. 

Est, Soy agraviada y muger, 

Cei, Si miente en llamarte fea> 
1 Qué venganza de sq error 
Es, para mostrarle amor. 
Solicitar que te vea ? 

Est, Porque tengo confianza, 
Que le puedo enaiporar^ 
En que pretendo fundar 
La mas discreta venganza. 
Enamorado de 19Í} 
Yo te le pondré de modo 
Que se desdiga de todo 
Lo que Julio dijo aquí : 
Sin estp^ ^ndi^ iQas cierto 
De mi iámor Ricardo esté^ 
Con mil desdenes l|i ^^ré 



136 



LA H£RMOSA FEA. 



ViTir abrasado y muerto. 
Hasta llegar á querer 
Un hombre, es hombre. 

Cel, Es verdad 

Que pierde la libertad, 
Que es como dejar de ser* 

EiL Luego si ha de ser Ricardo 
Solo lo que yo quisiere. 
De estar sqjeto se infiere 
Que mayor venganza aguardo : 
Guárdese un hombre de dar 
Su libertad por querer, 
Porque entonces no hay muger 
Que no se sepa vengar. 
Yo voy con Lauro tratando 
Que el principe venga á verme : 
Si él viene, y viene á quererme, 
Tú le verás suspirando, 
Tú le verás padeciendo; 
Porque en viéndole querer, 
Tengo de darle á entender 
Que estoy por Lauro muriendo. 
Lauro tiene gentileza ; 
De zelos se ha de abrasar. 

Cel, No se puede dar pesar 
A costa de la grandeza ; 
Que donde hay tanto valor, 
No sé, Estela , como quieres 
Imitar á las mugeres 
Viles en tretas de amor. 

Est. Y aun por andar tan iguales, 
Celia, á su grandeza asidas. 
Suelen ser menos queridas 
Las mugeres principales : 
Déjame seguir mi intento. 

Cel. ¿Y Lauro hate declarado 
Quien es la dama que ha dado 
Principio á su pensamiento? 

Est, No lo ha querido decir. 
Ni era Justo porfiar. 
Secreto la quiere amar. 
Si no la quiere servir : 
Que este amor debe de ser 
Al tiempo antiguo. 

Cel, Aquí viene 

Julio. 

Est. Grande amor le tiene. 

Cel, El lo debe de saber. 

ESCENA U. 

Dichas, t JULIO. 

Est. ¿Qué hay, Julio? 

Jul» Venir, sefiora , 

A ver si te sirvo en algo. 
Que 600 lo poe« que valgo 



Mi desconfianza Ignora 
Servicio que pueda hacerte 
De mas consideración , 
Que para toda ocasión 
Ser tu esclavo hasta la muerte. 

Est, Hoy se ofrece en que podrás 
Mostrarme ese buen deseo. 

JuL Y hoy la dicha en que me veo. 
Si tanto favor me das. 

Est. ¿ Quién es la dama á quien ama 
Lauro ? 

Jul, Pésame, por Dios, 
Porque aunque amigos los dos 
Nunca me ha dicho su dama. 
Lo que mas puedo decir 
Es que me parece dentro 
De palacio, así por centro 
De hermosura á quien servir : 
Como porque no le veo 
Fuera de él mirar ni hablar. 
De donde pueda sacar 
La causa de su deseo. 
Duermo en su mismo aposento 

Y de noche el pobre amante 
Es reloj , cuyo volante 

Es alma del movimiento. 
Así parece en la cama, 

Y las horas los suspiros 
Que dan amorosos tiros 
Al índice de su dama ; 
Todo con tal desconcierto 
Que nunca supe la hora 
De esta encubierta sefiora. 

Est. Pues yo tengo por muy cierto 
Que eres tú, Celia. 

Cel. ¿Yo? 

Est. Sí. 

Cel. No lo crea vuestra alteza , 
Fíe mas de su belleza. 

Est. ¿ Qué dices ? ¿ quererme á mí ? 

Cel. ¿ No se ve claro en tener 
Lauro secreto su amor? 

Est. ¡Qué desatinado error! 

Cel. i No puede un hombre querer 
Sin ofensa del sugeto, 
Con secreto, y discreción ? 

Est. No es amor, Celia , pasión 
Que sabe guardar secreto : 
Ahora bien, quien fuere sea, 

Y es mucha curiosidad : 
Por lo menos es verdad 
Que no le parece fea. 
Vamos de aquí. 

Cel. Siempra asiste 

Ese pensamiento en tí. 
Est, {iecia en ofenderme ftii 



ACTO 11^ ESCENA iV. 



157 



▼io que do consiste 
11091, siendo el gasto 
drío sin ley, 
los sentidos rey 
er Justo, ó injusto : 
que mi eonflansa 
ees ofensa mia, 
ré la porfía 
ener la yengania. 
¡Valiente resolución ! 
Sato se encamina bien, 
el f aTor ó el desden 
misma suerte son : 
como del favor 
laceria mudansa, 
I desden esperansa 
ae mude en amor. 

ESCENA Ul. 

JUO, RICARDO Y OCTAVIO. 

Pnes ya caminan tan bien 
priTanza de Estela 
tas, que á tu cautela 

crédito que no den ; 
te, Ricardo amigo, 
iro, pues para mi 
I Lauro, pues yo fai 
otonoes, y hoy testigo 
Mcreta invención 

Celia la misma vida ; 
]go en el alma asida, 
lia llegado ocasión 
í me puedes pagar 

te be servido en esto. 

En obligación me has puesto 

imposible pensar 
la aatisfiíccion : 
n qué puedo servirte. 

Basta, Ricardo, decirte 
ligo á Celia afición : 
ues, si llega ocasión, 
lala bien de mi , 
Dcgor se escucha asi 
morosa afición : 
as de hacer en efeto, 
B en los tratos de amor 
concierto m^or 
I tercero discreto. 

Fia de mí , que tendré 
lidado que del mió. 

De tí mi remedio fio. 

I Amigo Julio? 

Aguardé 
»n Octavio acabases 
nensado discurso. 



Para no romper el curso 
De io que con él tratases. 

ñic. ¿Hablaste al gobernador? 

Jui. Díle tu carta fingida , 
De su gusto recibida 
Con muchas muestras de amor : 
Dijele que habia venido 
De donde el príncipe estaba , 
Que si responder gustaba , 
El que la habia traído 
Mañana se partiría. 

Oc/. ¿Carta le escribes? 

Ate. Después 

Sabrás, Octavio, lo que es. 

Jui, Cuando de darla venia , 
Doy con Celia y con Estela , 
De quien, sefior, entendí. 
Que se han de lucir en ti 
La ficción y la cautela. 
Notable eximen , por Dios, 
Sobre saber quién ha sido 
La dama que te ha traído, 
Hicieron en mí las dos; 
Porque debe de pensar 
Cada una que es por ella. 

ñie, ¿Yquédijistes? 

Jui, Que de ella 

Solamente imaginar 
Que era en palacio podia ; 
Pues fhera á nadie mirabas, 
Que de noche suspirabas, 
Y andabas triste de dia. 

Ate. Bien hiciste ; porque es Justo 
Ir poco á poco y á tiento; 
Porque de este fingimiento 
No nos resulte disgusto. 

Jui, Dices bien ; pero yo sé, 
Que no le falta de ti. 

Oct, La duquesa viene aquí. 

Ate. Vete, Julio. 

Oct. Y yo me iré. 

Con volverte á suplicar 
No se te olvide mi ruego. 

Ate. Será, Octavio amigo, luego 
Que Celia me dé lugar. 

ESCENA IV. 

RICARDO T ESTEU. 

Bst. ¿ Lauro, estás solo? 

Ate. Aqui estaba 

OcUvio. 

Eit. ¿Fuese? 

Ate. Ya se ha ido. 

Eit. Muchas veces he querido 
(Que sus cabellos me daba, 



15fi 

Lauro, la ocasión) fiarte 
Un secreto, y me ha faltado 
Atrevimiento t hoy me ha dado 
Licencia mi honor de darte 
Satisfacción del temor, 

Y cuenta de lo que espero 
Que tan noble caballero 
Hará por mi prppio honor^ 

Aíc. Imagine vuestra altesa 
Las fábulas ó verdades 
De aquellas antigüedades 
Llenas de horror y estrañesa ; 
fi imagine que Teseo 
Va á matar al Minotauroi 

Y presuma que de Lauro 
Espera el mismo trofeo; 
Imagine que desea 

Tener las manzanas de ore, 
Cuyo guardado tesoro 
Fué perdición de Medea ; 
Imagine que pretende 
Del campo Elíseo un laurel» 

Y que pasando por él, 
£1 infierno le defiende, 
O la cristalina esfera, 

Por quien hoy Atlante es monte, 

O como Belerofonte^ 

Ir á matar la Quimera, 

Que no pondré duda alguna. 

Si lo intentan estorbar 

La tierra, el infierno, el mar 

Y el poder de la fortuna. 
Est. Pues eq esa ponfiania, 

Caballero ilustre, adviertp, 
Que aquel dia que f^e viu 
El príncipe tu pariente, 
O tu due£ío, si lo ha sido, 
(Esto como tú quisieres) 
Dijo (no sé como dig9, 
Para tratarlo de suerte, 
O con disculpa m^s^usti^ 
La causa que me entristece) 
Que era yo en estremo teaj 
Vino este Julio á traerle 
A Celia una carta suya^ 

Y como ella pretendiese 
Saber si yo le ag;radaba. 
(Pues vino á esta corté a verme) 
Tan descortés cbtiio el duMbj 
Dijo que no libremente : 
Ahora quiero que veas 

Lo que Sotnos fas mugeres. 
Que mi vanidad acuses, 

Y que mi enojo con4enes. 
Tan grande fe tuve, Lauro, ^ , 
Que DO hay cbsá qué no intente 



LA HfilUiOSA FEA. 



Coi 



Por vengarme de este neelo ; 

Y así quiero, pues tú puedes 
ayudar á mi venganza. 

Que mi amistad recompenses 
En escribir á Ricardo 
ue venga á Lorena á vermes 
in una invención notable: 
Escúchame atentamente. 
Tú has de decir en la eiurta. 
Que tanta privanza tienes 
^onmigo, que te he contado 
Mis pensamientiDs mil veces, 

Y que te dije que el dia 

Óue me vid, sin que entetldlefaé 
Que yo le vela, le vi, 

Y conocí claramente; 
Porque Celia me lo dijo : 

Y que me dejó de verle 
Tan perdida desdé OntenM, 
Que siendo natural^xen^ 

5 legre, vivo tan triste 
ue no hay eaea que me alegre; 
Porque de todos los hombres 
Me pareció diferente^ 
Qon cuya imaginación 
No hay noche que no me acueete^ 
Ni dia que sin deseos 
De volverle á ver despierte; 

Y que yo misma te dije 

?ue si á la corte volvieoe 
endria gusto dq hablarle ; 
Novedad de mis 4eideiies^ 

Sastigo de mis despreoloe 
adecidos Justamente 
Por haber sido con todos 
Ibgrata y áspera siempre» 
dentro. Lauro, de la carta 

3 ulero también que le lleven 
n retrato, porque vea 
Lo que tan mal le parece : 
Este es hombre, al flp, y mosQí 

Y pienso que como piense 
Que una muger como yo 
Con tanto estremo le quiere. 
Vendrá sin duda á buscarme» 
Que tanto les desvanece 

Su presunción ; y está cierto 
Que si el necio á verme viene. 
Le tengo de enamorar 
Tan diestra y tan falsamente 
Que llegue á vivir sin alma; 

Y que cuando llegue 4 verse 
En estado que yo pueda 

)^ la venganza atreverme, 
^e tengo de retirar , 
don zelos y con desdeneüi 



ACT9 il, P8€ill4 )V. 



IM 



ponga en OC98ÍOI1 
parezca la ipuena 
ígre qae la vida : 
te caso 8oce4e 
e teogo trazado, 
anro^ no me yeodes, 
le hacer que Ricardo, 
) DO quiera^ confiese 
y lo que dicen todos, 
sn haber dicho, mieote, 
f fea, despreciando 
en reinos diferentes 
oddo á sos diieDoe 
amos como él) de suerte, 
r mil embajadores 
«ntailo ofirecerme 
perioB y las maqoSi 
le acetase y diese 
18 á quien castiga 
»ganeia justa roep te, 
le ba despreciado un hopibra 
lo el nombre nae ofende } 
merecen amor 
e son tan descorteses 
las mogeres les quitan 
or que las concede 
lesa piadosa 
le estimadas fuesen i 
no estás bien con éJ, 
sme que me yengue, 
úáo de tq eogaño, 
mecido vuelve : 
hay víbora en la Scítia, 
i el África sierpe, 
nnger agraviada 
el hombre la desprecie. 
Pésame, duquesa ilustre, 
parte que me toca 
} la opinión loca 
lombre de tanto lustre $ 
nque no es justo alabar 
í de quien ío siente, 
agravia injosiaqiente 
se quiere vengar, 
[uro que es homl>re 
¡ndimiento y vaíor« 
fecto un gran señor, 
sta solo este nombre, 
)omo puede ser 
pareciese mal 
;el tan celestial 
ra de muger : 
1 fin, hay en los gustos 
i tan mala elección, 
la mayor diserten 
r estribos ipjiistos : 



Pero ce puede consolar 
Que de vuestra partfá estai>e» 
Que siempre se desalabe 
Lo que se quiere comprar. 
Justamente os vengaréis, 

Y yo á escribirle me ofresco 
Contento de que mereicoj 
Que estranjero me fleis^ 
Señora, tan gran secreto ; 

Y así pienso despachar 
A Julio, que sabrá dar, 
Como criado y discreto. 

La carta en su propia maqo. 

Est. Pues esto aparjte escttcha4i 
SI en nuestra firme amistad 
Todo cumplimiepto es vano t 
Cuando un músico pretende 
A otro músico escuchar. 
Suele primero cantar, 

Y el otro no se defiem^e ¡ 
Porque al fin eptá obligado 
De lo que el otro cantó j 

Y asi para oiros yo 

Mi secreto os hs oontado* 
¿Cómo se llama la dam% 
A quien servís? 

Ric. Grap seáorai 

No me preguntéis ahora 
Cómo mi dama se Uanaa, 
Porque siendo desigual^ 
Notable ofensa seria. 

£tt El favor y aipista4 mii| 
i Cómo puede asarte mal, 
Sea quien fuere la dam^, 
Pues yo ayudarte prometo ? 

Alie. Por pagar vuestro sspre^Oi 
Celia, señora, se llama* 

Est. Pésame. 

Rtc. ¿Porquát 

Est. te soy 

Con vosotros desgraciad^ : 
Nación tan mal inclinada 
A mi favor... {loca estoy! 
Tu dueño me Uama fea, 

Y tú aun de burUs no quices, 
(Tan descortés, Lauro, eres) 
Querer que la dama sea : 
Notable estrella he tenido 

Con vosotros. 

Ate. Pues, señora, 

i Si yo te dijera ahora, 
A tu grandeza atrevido 
Que eras el alto sugeto 
De mi humildad, no me hiciera^ 
Castigar? 

Est, No, mientras fo^fs 



uo 



LA HERMOSA FEA. 



Honestamente discreto ; 
Porqoe ¿cómo puede ser 
Dar castigo por amar ? 
Por amar se ha de premiar. 
Que no por aborrecer : 
Querer mal á quien me quiere 
No era cosa natural ; 
Yo no te quisiera mal, 
Pues de esta razón se infiere : 
El galán que se contenta 
Del estado de su dama, 
Jamas ofende á quien ama, 
Pues lo que es honesto intenta. 

Ate. Duquesa y señora mia, 
Dándome tanta licencia, 
Vuestra discreta prudencia, 
Vuestra dulce cortesía, 
Dirá ( i mas ay osadía 
De mis íkciles antojos ! 
¿Cómo diréis mis enojos. 
Si podéis con menos mengua 
Hacer de los ojos lengua. 
Pues saben hablar los ojos? ) 
¿Quién es el sol que me enciende, 

Y me hiela y me acobarda ; 
Quién la ürana gallarda 

Que en su dulce Argel me prende ; 

Quién me entiende y no me entiende ; 

Quién es mi dulce homicida; 

Quién mi esperansa perdida 

En tanta gloria con?ierte, 

Que de tan hermosa muerte 

Aun se halla indigna la vida r 

Ea, pues, atrevimiento. 

Ahora es tiempo de hablar, 

Pues 08 mandan declarar 

Vuestro oculto pensamiento; 

Mas si lo que callo y siento 

Se puede en los ojos yer. 

Presumir y conocer. 

Aunque me deje morir 

No se lo quiero decir. 

Pues no lo quiere entender. 

ESCENA V. 

ESTELA. 

Con rason me tuvo atenta 
Relación tan bien fundada ; 
De oírle quedo admirada. 
Mas no quedo descontenta; 
Que cualquiera atrevimiento. 
Siendo amoroso, perdona 
Una gallarda persona, 

Y un discreto entendimiento. 
Mucha Ucencia le di, 



ap. 



Por saber á quién quería. 
Mas sirva en disculpa mia 
El quererme Lauro á mí ; 
Porque enojada y corrida. 
Estaba desconfiada. 
Del príncipe despreciada, 
Y de Lauro aborrecida : 
Que á quien ninguno procura 
Querer bien, y vive en calma, 
O es hermosura sin alma, 
O es alma sin hermosura. 

ESCENA VI: 

ESTELA T CELIA. 

Ce/. Bien despacio vuestra altesa 
Ha estado con Lauro. 

Est, Emprendo 

La vénganla que pretendo 
De su ingenio y su nobleza, 
Que á los dos he confiado 
El hacer que venga aquí 
Ricardo. 

Cel, ¿Y dice que sí? 

Eit, Esa palabra me ha dado. 

CeL «Pues cómo vendrá? 

Est. Secreto, 

Para que le pueda hablar, 
Que lud>lándole, pienso dar 
A mi pensamiento efeto. 

CeL ¿Y si se sabe en la corte 
Que Ricardo viene aquí? 

Est D^ame el cuidado á mi. 
Cuando el esconderle importe. 
Que ie tengo de burlar. 
Aunque aventure en rigor 
Cuanto no fuese mi honor. 

CeL No te quiero aconsejar ; 
Conozco tu condición 
Tan fdriosa resistida, 
Que aunque aventure la vida 
Has de lograr tu opinión : 
Pero dime, ¿preguntaste 
A Lauro la dama? 

EsL Sí. 

CeL ¿Y á quién ama Lauro? 

Est A ti. 

Tú, Celia, le enamoraste. 
Tú le trajiste á Lorena, 
Por tí su dueño olvidó. 

CeL No es posible sea yo 
La que lo fué de su pena. 

Est No me dé el cielo ventura, 
Si no me lo dijo así. 

CeL ¿Qué me quiere Lauro á mí? 

Est. ^ien puedes estar Mgura. 



Ctf. ¿T agndielda tamUenf 

U. Eso DO; ponpie 6t mal eaio, 
Cttndo sabes que te case, 
QKicr á ninguno Meo. 

Ce/. Si le pesa á Toestra altexa, 
n Ib Tere, ni hablaré. 

JM. No me pesa ; pero sé 
Que puede sa gentlleía 
bapedlr la Tolnotad 
tel tratado casamiento. 
Si erte nneTo pensamiento 
Te falta la Tolontad. 

Cei. No pasará por el mió 
Qaser á Laoro. 

Est. Harás bien. (Vase.) 

Cei. No hay ocasión qne le den 
Al amor, eomo al desyio, 
■aiy si eon seles intenta 
Qw moealre á Lanro rigor; 
Pivqae resistido amor» 
Gen ia prlTacion se aumenta. 

ESCENA VII. 

RICARDO T JULIO. 

Jüe. Ponte, Julio, de camino, 
T per la posta saliendo, 
A Tlsta de la ciudad 
hkguéB á donde tengo 
Al eoode y á los criados 
QoB de Polonia Tinieron 
Sb mi seiTlcio, y dirás 
Qw Toelfan todos fingiendo^ 
Aunque eon poco ruido, 
Qae Tengo también con ellos : 
Brta carta me darás, {Daie una caria.) 
Bd que le escribo, que luego 
Qqs TÍ la de Lauro, puse 
Kncieoiieion su intento; 
T adTlerte. que me la des, 
CsQ atrevido despejo, 
Mante de la duquesa. 

/al. No bas tenido pensamiento 
Ite mas Ingenio en tu Tida. 

jüd Es amor grande ingeniero : 
Las máqnlnas de Arquimedes 
Ko soD encaredmiento 
Para las que tiene amor. 

JmL Ya sé qne amor es tan diestro, 
Qoe fabrica laberintos : 
Tal Tes á maridos necloB. 

ñie. Parte, Jnlio, con cuidado. 

Jui. Yo parto en brasos del Tiento, 
Para TolTer con sus alas. (Vase.) 

Rie. Y yo quedo satisfecho 
Detn diligencia, Julio. 



ACTO 11^ ESCENA VIII. Ul 

ESCENA VIIL 

RICARDO T CELIA. 



Ce/. ¿Lauro? 

ñie. ¿Señora? 

CeL ¿Qué es esto? 

¿Dónde despachas á Julio f 

ñic. Al principe, con deseo 
De dar gusto á la duquesa, 
A quien ya tengo por dueño ; 
Ni es deslealtad engañarle 

Y hacerle Teñir ; pues pienso 
Que aunque pretende burlando 
Enamorarle, el ingenio 

De Ricardo es tan sutil,. 
Que por sin duda sospecho 
Que le ha de querer de Teras. 
CeL Aqni me dijo su intento, 

Y qne habla preguntado 
Quién era aquel nueTO empleo 
De tus pensamientos, Lauro. 

ñic. ¿Y qué te dijo? 

Cei. No acierto 

A decirte que soy yo ; 
Pero si no te agradesco 
Tanto amor, que por el mío 
Hayas dejado á tu dueño, 

Y aTcnturando tu honor 
En ocasión te hayas puesto 
De estar en pais estreno 

Con nombre tan bajo, y preso. 
Mal cumplo la obligación 
De mi noble nacimiento; 

Y asi digo que lo estimo. 
Lauro gaian, como del>o, 

Y cuanto puede mi estado 
Mostrar agradecimiento; 
Que de ser agradecida 

A quien me estima me precio. 
Mayormente con amor. 
Que es acción de nobles pechos, [didiado, 
ñic. Celia, yo sé que un hombre dei- 
Para mayor desdicha ñié dichoso, 
Gomo mi ejemplo muestra que ha llegado 
A romper mi silencio temeroso : 
Tu agradecido pecho, tu cuidado, 

Y el Terme tan aprisa Tenturoso, 
Siendo en tus prendas mi valor tan poco. 
Fueran bastantes á TolTerme loco. 

Díjome Octavio que eras, Celia hermosa, 
Abna de sos sentidos^ y que estaba 
Sin la suya por ti, con amorosa 
Ternura, que las piedras ablandaba; 
Que, pues con la duquesa generosa 
Hallé tal gracia,^ que en palacio entraba 



I4S 



LA «üiridSA FEA. 



Con libertadi jF (ii Alé hkbUibñ y vía. 
Fundaba su esperanza en mi osadía. 

Qnererte f engañarle es Iiíiposible^ 
Aunque me muera yo, dejarle debo [rible, 
La empresa á Octavio, y eon dolor ter- 
Guando puedo tlvir^ lá muerte apruebo : 
Tú, cuando fuere á tu valor posible - 
(Mira qué engaño en el amor tan nuevtí) 
Qae á Octavio fkvorescas^ sin que Octavio 
Sienta mis zelos, y tu amoí* mi agravio. 

Cel. SI tuvieras amor, ¿quién te quitaba 
Que le dijeras, Lauro, á Celia quiero, 
Aunque lo que él de mí te declaraba. 
En su imaginación fuera primero? 
Mas como el no tenerle te obligaba, 
Sigues la ley de amigo verdadero, 
Que tantos han quebrado con disculpa, 
De que el agravió por amor no es culpa; 

Traidor ftaiste á los dos, á tí callando 
Tu amor, cuando Su amor te fué diciendo, 

Y á mi, pues mis favores despreciando, 
De tu villana ingratitud me ofendo : 
Ninguno me hable, aunque se muera 

amando. 
Porque á ios dos estoy aborreéiendo. 

Aic. Celia, señora. 

CeL Vete, impertinente. 

Ate. Por Dios, que la engañé discreta- 
mente, ap, 

ESQBNA a. 

CELIA, ESTEI.A ? |CL GeBnu(4RPR- 

Est. ¿Carta del príncipe á tlT 

Gob. Por mano de Octavio ha sido 
Este milagro. 

Est, Oftsndido 

Ricardo estará de ini, 
Viendo que di libertad 
A Lauro. 

Gob, Engáñase eh todo 
Vuestra alteiá : dé otro modo 
Intenta haceHe amistad. 

Est. ¿Cómo amistada 

Goh. B^ta es 

La carta, quto vista fbera 
Causa que pena tne diera 
De haberle preso después. 
[Dale ttnn curia d Estela, y esta d Celia.) 

Eit, Celia ¿es su letra? 

Cel. Y so firma. 

Est. Lee. 

Cel, Escucha. 

Est. Gomo sombra 

Este principe tne asombra, 

Y sué aghivios conftrma. 



Cel. (Leey) « Éi énqjO qtié íné alé ladro 
te con sü neisk paülda. Me hiiO tomai" tan 
«mal consejo por detenerlCL Suplico á 
«c V. S. que si está preso, le dé libertad, 
te y si no, le pet'Suáda que se vuelva con- 
« migo, que estoy en una aldea, á veinte 
<c leguas de esa corte enfermo, desde que 
« se partió ; porque ftiera de ser mi primo, 
« es mi mayor amigo. » 

Est. Dos cosas vienen aquí 
Notables; es la primera 
Ser su primo: ¿quién creyera 
Menos de Laurot 

Cel. Es así; 

La nobleza trae escrita. 

Est. La otira, que enfermo esté 
Desde que de aquí se ftié. 

Cel. No sin causa solicita 
Que vuelva Láüro con él. 

Est. Responded, gobernador^ 
Que no fuisteis coii su honor 
De Lauro vos tan cruel, 

Y que nunca estuvb preso; 
Que le hablaréis pop oui4adp 
De verle tan agraviado 

Por aquel pasado eseeso i 

Pero no le prometáis, 

Que irá á verle... 
Goó. A escribir voy* 

Est. Ni, que yo avisada estéy 

Del mal que tiene, escribáis^ 

E8CBNA IL 

ESTEUj PELIA T fUC^^tKI. 

ñie. Parecióme que tratabaiii 
Gran señora, vuestra áltela 

Y el gobernador de mí. 

Est. Hay una cosa muy nneva. 

Ate. ¿Cómo? 

Est. El príDolpe tu éo^, 

Mejor tu primo dijera. 
No veinte legtias de aqui 
Está enfermo en una aldea. 

Ric. ¿Enf^mof 

Est. Así lo eseriMé* 

Ric. ¿Pues cómo estando tan tserca 
No se ha sabido? 

Est. Habrá dado 

También en que no se sepa^ 
Como en otras necedades : 
Porque presumo que piensa 
Que est¿ preso. 

Are. A no haber sido 

Por tu piedad, yo estuviera. 
No solo en dures prislonea 



ím 



«(Sí 

1)4 

Hy 

ti 

I 

1 

«1 
n 
i 



AGfD II, 

iHpor Tentara «M» ff4«# 

isL Primero la suya ím 
QoDplo de deadidlMldoii 
I maca á Polonia vuelTa* 

M. ¿No le ^icfli como qiyiQíü 
ftK Laoro vaya 4 U ai<iea ? 

J)¿e. ¿Pues escrii^ que yo fayal 

£#^ Con el temor de ta anteoeU 
Ara DO te osaba deelr 
(^ Terte, Lauro, des«4 1 
Hro á stoites ta agravlQ 
fComo es raxon que lo «leotai) 
!!• pienso yo qoe en tu vidi 
T^erás donde te vea. 

Aie. ^ mi aiiModa, eomo dice, 
Li ha de sentir vaestra altesa, 
todooe esta toi Ricardo í 
Hr mas qne la sangre moera 
Los deseos de so vista ; 
Faera de estar mi inoceoeia 
Tan MDtida de si| AgraTio^ 

SSCfiNA TL 

Dichos t JULIO coit uaa caUtj^. 

jul. ¿ Quién p9Bs4r(i que pudiem 
Tolver tan presto de £|paáiit 

Aír.iEB JuUoT 

Jui. Con rasen llegas 

Adndarsi Jnliosoy. 
Daado tan presto la nielU» 
Que mas parece soy marzOi 

Emí, Lauro, ¿Jallo estaba ftiera? 

ñie. Fué el criado qoe Mcogi» 
Fiado en sa diligencjat 
Para lo qne hacer mandaste ; 

Y poes ya lo sabe ¿el|9> 
Teste loco ha entrado Aquf 
(Que hablarme despqe^ pi|d|Sfa) 
El te dirá Ip q^9 pasa> 
iKoehando que en la al4«4, 

I Que dice el gobernador^ 
U ha detenido fn {^oraifi 
Pdigrosa enfermedad. 
Jui. Si lo saben, ¿qué me queda 
] Para que le ipi^ albrfcias ? 

Rie. Saber sí te dio respuesta. 
Jui. £sta car^i ¥ p9f {a t\iy^ {Dásela.) 
Q porte de esta cadena : 
Queda loco del retrato, 

Y el íáTor de la duquesa ; 
De suerte que al mismo pup^o 
(Gomo si tu imagen bella 
fuera de milagros) pidfi 
lie den de vestir, y que^fi 



XIL 143 



Tan alMrtaü f hilvio. 
Que el conde y la gente nuestra 
Han dado con jos caballos 
Por varias pñHtñ carreras. 
Alborotando el lugar, 
Como, al salir la sentencia 
De un gran estado ett las ódrtés. 
Los que van á dar las nyeyas. 
Eit. ¿Pues el que me tuyo en poco, 

Y á quien parecí tan fea. 
Con bellesa y mi ftivor 

Y mi retrato se alegra ? 

Aíc. Debe de querer el cielo 
Dar á tu vengania fuerzas : 
Leeré la carta. 

Est, Después 

Quiero, Lauro, que la leas, 
Cuando estemos los dos solos. 

Ato. ¿ De qué manera conciertas, 
Que venga á verte Ricardo P 

Est. Porque no demos sospecha, 
Verme de noche podia. 

Ric. ¿Y ha de entrar á tü |)ré8eDCtf f 

Est. No, Latíro, que no es razón. 

Ric, i Pues cómo quieres que sea ? 

Est. Habiéndome como amante 
Por alguna de las rejas 
Que «aleo á los jardines. 

Ric. Ya voy preYUiendo peqas. 

^«^¿Dequé, L<|uro? 

Ric. ¿Ya, señora. 

De aquel favor pe te aeuerdaá. 
Con que prometiste d<^ 
Vida á mi esperanza muerta ? 

Est. Si» acuerdo. 

Ric. 4 Pues no es vason 

Que zelos de un hombre tenga 
De las prendas de Ricardo P 

Est. Calla, Lauro, que si llega 
Esta venganza á su punto, 
Como mi agravie desea. 
Él tendrá zelos de tí. 

Ric. Beso los pies de tu alten. 

S^GSNA XII. 

RICARDO, C£LIA T JULIO. 

Cel. ¿Lauro? 

Ric. ¿QeUaf 

Cei. 4N0 hablavás 

Conmigo mientras Estela 
Con el príncipe? 

Ate. Si OcUvio, 

Sehora, me da Ucencia. 

Cel. ¡Qué cohaide oabaUerol 



fU 



LA HERMOSA FEA. 



Bie* Sefiora, goardar es ítaerxa 
El decoro á It amistad. 

ESCENA XIU. 
RICARDO T JULIO. 

Ute. ¿Qné dices, Julio? 

Jui. Que enredas 

Tal máquina de invenciones. 
Que es imposible que puedas. 
Si has de ser Lauro y Ricardo, 
Salir bien con lo que intentas. 

Ate. En gran peligro me veo^ 
Pues he de hablar en la reja 
A EsteUy como Ricardo, 
Y como Octavio con Celia : 
Mas como voy entablando, 
Julio, el amor que me muestra, 
¿Qué dafio puedo temer 
Cuando el engaño se entienda? 

Jul, Pareces amante halcón 
En conquistar su belleza. 
Que gustan de que la caza. 
Que han de comer, se defienda. 

ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de jardín, 
OCTAVIO T RICARDO. 

Oct Notable invención ha sido. 
Tú mismo fingirte á tí. 

Ate. Mayor es, estando aquí. 
Ser el conde el que ha venido. 

Oct. I Qué bien fingido secreto! 
Rien llegaron tus criados. 

ñie. Vienen diestros y enseñados 
Del conde para este efeto ; 
Pero el peligro mayor 
Es hablar á la duquesa : 
Cuando esto pienso, me pesa 
De haberla tenido amor. 

Oct. En vano tienes temor, 
Que no te ha de conocer 
Por el habla, si ha de ser 
En la distancia mayor; 

Y cuando á su pensamiento 
Malicia pueda llegar. 

Por la patria ha de pensar. 
Que tenéis un mismo acento. 
Ric. Esa razón es verdad, 

Y gran ventara haber sido 



Esta noche, en qne he venido, 
Un limbo de oscuridad. 
Algo tiene que decir 
La luna en esta ocasión 
Al pastor Endimion, 
Pues no ha querido saUr ; 

Y como son sus doncellas 
Las estrellas que la ven. 
Habrá querido también 
Recoger á las estrelhis : 
Lluvioso el cielo se muestra, 

Y favorable á mi engaño. 

Oct. El habla no te hará daño, 
Que no es Estela tan diestra ; 

Y como es tan poderosa 
La hnaginacion, no dudes 
Que por poco que la mudes, 
Quede Estela sospechosa. 

Ate. Paréceme que dirás, 
¿ A qué efecto me he fingido 
Con ella el mismo que he sido, 
Pues no ha de quererme mas? 
Mira, Octavio, esta señora. 
Por soberbia de hermosura. 
Dio en despreciar la ventura 
Que tiene dudosa ahora ; 
Pues ya la tengo en estado. 
Que cuando llegue á saber 
Quien soy, no podrá tener 
Desprecios de mi cuidado. 

Oct, Dichoso fdiste, mas yo 
Tan desdichado me veo 
Con Celia, y con mi deseo. 
Que Celia me aborreció, 

Y él no me quiere dejar. 
Ate. Celia será taya. 

Oct. ¿Mia? 

Ric. Si llegare. Octavio, dia 
Que yo lo pueda mandar. 
Oct. Quiéralo el cielo. 
Ate. Si hará. 

Oct. Julio sale. 

ESCENA II. 

Dichos t JULIO. 

Ate. ¿Es hora? 

Jui. Sí. 

Ate. ¿Sale ya á las rejas? 

Jui. Ya. 

Ate. Pareces eoo. 

Jul, En oyendo 

Que estaba allí, me llamó. 
Entré, vi ai sol, y él me vió 
A media noche saliendo : 
Aquí vieras la oratoria 



ACTO lU^ ESeSNA UI. 



145 



lo: flnalmeola 
tó : ¿cómo fiienta' 
morosa biitoria 
idpe Rieardot 
le á U corte Tino, 
leimagUio, 
cea qne es gaUardo. 

r^liqaé, 
iche han estado 
le ti han hablado : 
DO la engañé» 
wU uno loe dos. 
! esta noche quieras 
f si perseveras» 
aoroy por Dios, 
(uedo escasar, 

está en la calle, 
n yer sa talle, 
pueden causar? 
, y di que ya 
üeon. Está atento» 
I celosías siento 
la persona está; 
has determinado, 
orir 6 á yencer. 
B papeles he de hacer, 
sta amor me ha dado : 
ser Ricardo, y ya 
iro Octavio entienda, 
tlsmos le encomienda, 
Mioertado está : 

Lauro he de ser. 
sales con este engafio, 
i desengaño 

amor puede hacer. 

ESCENA IIL 

ESTELA T CELTA, cada una 

A su BEJA. 

dos partes hacen señas. 
i Celia, Octavio, conoces, 
luro, con Celia^ 
t me fingiré 
NI la duquesa, 
irme el ser quien soy : 

ya entiendes. 

Uega, 
mto dormiré, 
ellos se desvelan. 
Ib el príncipe Ricardo? 
;«, señora, vuestra altesaP 
os para que op* 

engaño mas fuerxa. 
»soy. 

Y yo quien adora 



Esas hermosas eetreUas. 

Ett, iCielos, el eco en Ricardo ap. 

A la vos de Lauro suena! 
¿Qué diréis de mi osadía? 
Pero fuera yo muy necia 
Si disculpara á quien vio 
Vuestra rara gentlieía : 
No he sabido delenderme 
De vos, pues con tanta ausencia 
Sola una vista no olvida. 

Rie, Si amor con su encanto piensa 
Hacerme tan venturoso, 
I Qué tengo yo que le ofresca, 
El os he dado á vos el alma? 
La enfermedad de la aldea 
Fué de amor, fué de haber visto 
Vuestra divina bellesa. 

Cei. I Ah! caballero, ¿sois Lauro? 

Oct Lauro soy, hermosa Celia. 

Cel, ¿No queréis hablar conmigo 
Por no dar selos á Estela? 

Oct. Yo, mi señora, no doy 
Zelos, y cuando los diera. 
Aventurara mi daño 
Por el gusto de quien rehia 
Por alma de mi albedrío. 
Donde no puede haber ftiersa 
Mayor que la voluntad. 

Cel. I Qué desigual competencia 
Hacemos mi prima y yo ! 

Oct. No puede Estela tenerla 
Con vos, si yo soy la causa. 

Cel. ¿Con qué queréis que tgradeica 
Tanta merced? 

Oct. Con pagarme : 

Mirad qué breve respuesta. 

Est. Muriéndome estoy de ver ap. 

Que hablen Juntos Lauro y Celia : 
¿Qué haré para dividirlos? 

Ate. ¿Con quién habla vuestra altexa? 

Eit. ¿Es Lauro aquel? 

Ric. Sí señora* 

Eit, Decidle que á hablarme venga, 
Y vos á Celia daréis 
De lo que tratemos cuenta ; 
Que es muy Justo, por amiga. 
Por mi prima, y deuda vuestra. 

Ate. ¡ Notablemente sucede ! ap 

I Cuánto se engaña quien piensa 
Que nadie puede engañarle I 
¿Lauro? 

Oct. ¿Señor? 

Ric. Dad licencia 

Por un instante. Oye aparte. 

Oct. ¿Conocióte la duquesa? 

Ate. De ninguna suerte, Octavio : 

1« 



146 



LA ÜSmOSá RA. 



Mas como de ver le peta 
Qae hables eonCélia, qoe al fin 
Presume que hablo con ella, 
Me ha mandado que te Uame, 

Y que entre tanto entretenga 
A Celia. 

Oct, i Pues qué has de haeerT 

Ric, Que tú á hablar á Celia Tuélvas, 

Y yo vuelva eomo Lauro, 
De suerte, que vaya y venga 
A ser dos, siendo uno mismo. 

OcL ¡Estrenas cosas Intentas! 

Ate. No puede mi desatino 
Volver atrás aunque quiera. 

(Viteiven taéa wio á $h ^ja.) 

Ric. ¿ Ea vuestra alteza t 

Est. Yo soy. 

OcL Ya vuelvo, divina Celia, 
A abrasarme en vuestras luces. 

CeL Decidme, por vida vuestra, 
Lo que el principe os quería. 

Oct, Caprichos de la duquesa, 
Son de su ingrata altivet. 

Ate. Que me llama vuestra alteta 
Me dijo el príncipe. 

Est. Lauro, 

Hame dado mucha pena, 
Que hables con Celia. 

Ate. Sefiora^ 

Dios sabe que no quisiera 
Ni verla, ni haber naddo^ 
Para ser de mis ofensas 
Tercero, como lo soy. 

Est, {Hay tan notable estraBesal ap. 
¡Que á Ricardo y Lauro un mismo 
Acento naturaleza 
Les concediese, es prodigio! 
¿De qué pretenda te quejas 
Vengarme con estas burlas? 

Ate. Quien llega á morir de veres^ 
No funda en burlas sue zeios. 

Est, Lauro, si yo presumiera 
Que esto habla de causarte 
Un átomo de sospecha. 
Ni la venganza Intentara^ 
Ni aunque me llamara neeia, 
(Que entre personas con alma 
Es mas agravio que fea) 
Tratara de castigarle. 

Ate. Que satlsfaedon merezca 
De esa boca mi osadía, 
Todos mis zelos sosiega. 
¡ Oh qué palabras tan dulces I 
Bien haya quien paga en perlas 
Penas de zelos flngidnp. 
¡Oh quKén estuviera eerca 



Para deshacer las h^tfts 
De esas blancas asueenas. 
Poniendo en ellas la boca! 

Est, Yo aguardara que amaneíoa» 
Por ver al príncipe el talle; 
Pero porque me agradezcas 
Que este deseo no cumpla 
(Que en muger es cosa nueva) 
Di al príncipe que perdone. 
Porque la aurora no sea 
Causa^ que alguno en palacio 
Esta novedad entienda t 
Esto fineza parece. 

Ate. Si en la voluntad engendra 
Alma amor, sean mil almas 
Agradecida respuesta : 
Yo voy para que nos vamoff. 
Que noches, señora, quedan 
Para engañarle, y como es 
Mozo de poca esperiencia, 
Y soberbio de su talle, 
No dudes de que ya piensa 
Que estás de él enamorada. 

Est. Bien dices; yo me voy. iCeliaY 

Cel, ¿Señora? 

Est, Vamos de aquí. 

CeL A Dios, Lauro. 

OcL ¡Quién pudiera 

Iros siguiendo, sol mió! 

ESGBIVA IV. 

RICARDO, OCTAVIO T JUUO. 

Ate. ¡Ah Julio, Julio, despierta! 

/u/. ¿Quién llama P 

Ate. ¿No me conoces? 

JtU, Mueran... 

Aie. i A quién dicae maemit 

JuL ¿Dónde están los enemigos? 

Ate. Deten la locura, bestia. 

JuL ¿Qué te ha sucedido, en flnt 

Ate. ¿Quién pensara, que tuviera 
Tan firme imaginación 
En mi fe, y en su grandeza. 
Para no ser engañada f 

Jui, Triste está Octavio. 

Oct. No alegran 

Dichas fingidas. 

Ate. La aurora 

Ya por la boca risuefia, 
Cándidos rayos dilata, 
Flores y fuentes le besan 
Los coturnos de oro y nácar, 

JuL Y yo dijera en mi í 
Que snlia !a inanana 
I li:n chapines ó en chinelas. 



Afif o llf, B80BNA VL 



147 



r. ¡CNi« anor! «qué lerá d« ttiP 
M^ r«$«i. (FojiM /of dos,) 

L ¿ Quién creyera^ ^ 

K» faoMera para Julio 
bieaen esta feriar 
lieennit qoe se cansan 
K loa amantes tengan 
o para criada, 
no hay Inés. Padanda. 

ESCENA V. 

Saion de palacio. 

ESTELA f CELIA. 

í. ¿ A mi me gafares hacer, 
a, tan grande disgusloT 
1. La qoe se easa sin gusto, 
ida le piensa tener? 
i. Casada toda muger^ 

después su maride : 

! dichosas han sido, 

asarse enamoradas. 

L Debieron da ser culpadas : 

indo amor mereea olvido? 

/. Si Laura no te obligara^ 

i qoe me obedeeleras. 

i, Y yo que no te ofendieras^ 

inra no le agradara $ 

, señora, repara 

He no te ignala á tí; 

s, j príncipes ai s 

o no he pensado mal^ 

an hombre, que no es tu igual, 

iNieno para mí. 

í. -Celia, manos baahillera ; 

fo BM puedo easar 

□ai goato^ y puedo dar 

tado á quien manos fhera : 

mdo yo á Lauro quiera, 

aa Lauro primo de quien 

me eatuTiera bien? ' 

aquel mismo valor 
Mde oliUgar á amor, 

> al principe á desden. 
L Como tu melindre ha sido 
recatado hasta ahora 
■arar buaear, seAora, 
5 príncipes marido, 
eoaá verle rendido 
i homlm, que no io es; 

1 espanta de que dea 
neier, Estela, asi, 

n me quiera sola á mi> 
á ti por interés. 
i» I QHé loca te tiene amor ! 
ipoá tiF 



Ce/. Si ajUMhfl oyeraa 

A Lauro conmigo, hubieras 
Desengañado tu error. 

Est. Del príncipe su señor, 
Que conmigo, Celia, hablaba, 
Zeloso por dicha estaba; 
Pues cuando yo le Uarné^ 
Desengañada quedé 
De que Lauro te engañaba. 

Ce/. ¿Cómo que te hablaba á ti ? 
Pues nunca Lauro te hablé. 
Si de mí do se apartó, 
En cuanto estuviste aquí. 

EsL Digo que le hablé, y le oí 
Tan tierno, tan dulce amante. 
Que se ablandara un diamanta. 

Cel. No 8é como pueda ser 
Que de Lauro pueda haber 
ün retrato semejante : 
Pero pues se ha declarado 
De esta suerte, vuestra áltese. 
En mí fuera ya bajeza 
Darle con zeftos cuidado; 

Y del que Laofo me ha dado 
Quedo tan arrepentida. 

Que no le hablaré en mi vida ; 
Que prenda tan estimada 
No ha de ser de mí enojada. 
Sino adorada y servida. (Vase,) 

Est. ¿Soy yo por dicha, peosamianto mió, 
La que jamas rindió su pensamiento? 
Hielos quieren venaer mi entendimiento, 

Y entrar con mi valor en desaííe. 
Amar por la rasen el albedrío 

Es dar á la disculpa Ihndameoto» 
Por zelos no, que es envidioso intento, 

Y ofensa del iioiior pi deay^río. 
Conciertan las estrellas de los cielos 

El amor entre dos, porque por ellas 
Se quieren con redprocos ^velqs. (lias, 
Pues si estrellas de amor aon cansas be- 
Conciértenos el cido i que los zalotí 
Si son infiernos, no han de aer estrellas. 

ESCENA VL 

ESTELA T JULIO. 

Jui. Salga vuestra alteza á ver 
Del principe mi señor, 
Un prsaente, aunqne en iraJor 
Tan desigual vteae á ser . 
Coa el que hoy ha recibido 
De tus manos liberales. 
Que en sus minas celestialea 
Diamantea han producido ( 
Si bien maa qae loa diamaalai 



148 



LA HERMOSA FEA. 



' La ropa blanca Mtimó, 
Que nunca el sol se vistió 
Con auroras semejantes ; 
Porque tan lindas camisas 
Parece que le dio el alba 
En su azafate, con salva 
De sus flores y sus risas. 
Alaba olor y limpiexa 
De las cajas de ciprés, 
Y dice que todo es 
Retrato de tu belleza. 
Finalmente, se ha esforzado 
A enviarte niñerías. 

Est ¿Qué, tan presto de las mias 
K\ príncipe se ha pagado? 

Jul, No son cosas de valor; 
Si bien son curiosidades. 

Est. Con esto me persuades 
Que me tiene poco amor. 

Jul, Solo un retrato le tiene, 
Qne está engastado en diamantes. 

Est. ¿ De quién ? 

Jui, Porque no te espantes, 

La lengua el nombre detiene. 

Est. Di presto. 

Jul. De Lauro es. 

Est. ¿ Retrato de Lauro á mí 
Con tantos diamantes f 

Jul. Sí ; 

Porque dice que después 
Que te oyó decirle amores, 
No te pudo hacer presente 
De mas valor. 

Est. Lauro miente 

Si le ha dicho mis favores. 

ESCENA Vil. 

Dichos t RICARDO. 

Ate. ¿ Siempre he de hallar, sefiora, en 
vuestros labios 
A Lauro? 

Bst, No esta vez por gusto mió. 
Sino para vengar justos agravios. 

ñic. Mas de tu ingenio y tu valor confio. 

Bst. Nunca se alaban ios amantes sabios 
(Porque es ingratitud y desvarío) 
De los fiívores de sus damas. 

Ate. Mira 

Que ton los zelos del amor mentira. 

Dijome anoche el principe, señora, 
Que nos oyó requiebros cuando hablaba 
Con Celia, en cuya plática el aurora 
Nos halló sin dormir, tan necio estaba : 
Con esto Julio habráte dicho ahora, 
Que mi retrato propio te enviaba, 



Pasándole á una e^a de otra sayo. 

Est. Mas la merece sin enojo el toyc 

Ate. Pues si esto es la verdad, los clan» 
Serene de los ojos vuestra alteza; [cielos 
Que no se han de atrever á cielos zeloe. 
Ni la sombra á la luz de la belleza. 

Ett. Lauro, ¿ no me bastaban los recelos 
De Celia, que me ha dado igual tristeza^ 
Sino pensar de ti que me vendías? 

Aic. ¿Pues qué dice de mí? 

Est. Que la querías. 

Ate. ¿Yo 

Est. Sí, Lauro. 

Ate. Tú misma entretenella, 

Señora, me mandaate; y porque fuese 
Mas secreto mi amor, fingí querella. 
No porque yo, sefiora, \a quisiese. [ella, 

Est. Lauro, Lauro, no mas hablar con 
Que hablaré con Ricardo, aunque te pese : 
Yo no es tiempo qne andemos en secretos. 

Ate. ¿Pues no es secreto amor entre 
discretos? 

Est. Llegando á declararme de esta 
No quiero discreciones. [suerte, 

Ate. Gran señora. 

Que está aquí Julio, y que nos oye advierte. 

Bst. Pues por eso haré yo matarle ahora. 

Jul. ¿ A mí, señora , á mí me das la 
muerte? 
¿ Por qué delito á Jallo, qne te adora ? 
Pero para la muerte, ¿qué mayores 
Que haber sabido feltas de señores ? 

Bst. Por el donaire, Julio, te perdono. 

Jul. Ea, que no pensabas en matarme. 
Que tengo en tn grandeza ilustre abono, 

Y aquí no tienes tú que perdonarme; 
Pero así del mayor imperio y trono 
Tu casa de Lorena tinibres arme. 
Como pienso qne Lauro te parece, 

Y no es falta querer quien te merece. 
Est. Lauro, ¿ahora tristezas? 

Ate. ¿ Nunca oíste 

Que en la prosperidad ninguno es sabio 

Y que mejor un hombre se resiste 

De la desdicha en el adverso agravio ? 
Estoy (¡ay Dios!) de tus favores triste. 
Desconfiado el pecho, mudo el labio, 
El alma sin valor, y la esperanza 
Temiendo la fortuna en la bonanza. 

Veo zeloso al príncipe Ricardo, 
Príncipe al fin, y á tí no mal contenta 
De verle padecer : ¿ pues ya qué aguardo, 
Si sé el peligro, y temo la tormenta ? 
El de Polonia próspero y gallardo. 
Público, Estela, ya servirte intenta : 
i Pues en saliendo en público, no mima 



ACTO 111, ESCENA Vil!. 



U9 



I Taoo de ti misma te retiras? 
i querrás que yo pierda la vida 
oe de Ricardo iÁJnstamente, 
hombre de quien tú fkiisle homicida 
ha de matar sa pepa ausente : 
resaraas que la ausencia ol? ida 
tiermoeura efecto diferente, 
sne amor para impresiones tales 
pa de las almas inmortales. 
Lauro, si tú no supieras 
dad y Talor. 
» á mi grande amor, 
modansa pudieras ; 
quien soy consideras, 
\o que consideres 
> todas las mugares 
quler Tiento que corre, 
Teleta de torre 
Doe de pareceres, 
pensado declararme 
leamente contigo^ 
^en, ai lo mas te digo^ 
menos recatarme t 
lyndar á Tengarme, 
de faltarte valor ; 
lia, y pierde el temor, 
amor erédito alcania, 
DO tiene conflanxa 
pa que tiene amor. 
Señora, nunca be temido 
generoso pecho; 
poca dicha sí. 
. Oye lo que digo atento, 
ibreTiar la Tenganse, 
arte, Lauro, el miedo. 
t príncipe Ricardo, 
i eomo yo le quiero, 
íere, y como me agrada, 
rado, DO nos cansemos 
lies, rejas y noches, 
ndo el casamiento $ 
e la corte se Taya, 
Tuelva descubierto, 
ido fama, que ba sido 
Ito por mi consejo, 
IOS casemos los dos : 
ndo Juntos estemos, 
legue á darme la mano, 
^an Ténganla espero) 
mdo yo la mia, 
on atrevimiento : 
ípe, no me agradáis, 
la palabra tuoIto; 
le si os parecí fea. 
De parecisteis necio. 
. ¡NoUble imaginación! 



Bst, Lauro, en esto me reanehro. 

Aic. ¿Y si se enoja Ricardo? 

Est. ¿Qué importa, si entonces tengo 
Bfil soldados preTenidos? 

Aíc. é Y yo qué figura UeTO 
En este discurso tuyo? 

Est. Ser condicional concierto, 
Que tú vienes á casarte 
Con Celia, para que al tiempo. 
Que te quiera dar la mano. 
Puesto que eres tií tan bueno 
Como él, premie tu cariño, 

Y en él castigue un desprecio. 
Ate. La Tenganse, Estela mia, 

Conoxco que es de tu ingenio, 

Y la merced que me haces 
Digna de tu heroico pecho ; 
i Mas si Ricardo agraTiado, 
Previene ejército luego?... 

Est. ¿ Por dónde le ba de pasar 
Desde Polonia su reino 
Al ducado de Lorena? 

Ric. Ahora bien ¡ lo que has resuelto, 
Es para tanto honor mió. 
Que acertado, ó desacierto. 
Se ha de ejecutar por mí. 
Da cuenta á tu parlamento 
De lo que has determinado 
Mientras al príncipe vuelvo. 

Est, Voy á prevenir á Celia, 
De quien me vengo con esto. 
De los zelos que me ha dado. 

ESCENA VIIL 

RICARDO T JULIO. 

Ric. Siempre se vengan los seios. 

JuL Escuchando estas locuras 
He estado atento, aunque pienso 
Que debo de haber soñado. 
Señor, lo mismo que veo. 
Disculpo de la vengania 
A la duquesa, y confieso, 
Que baberla llamado fea 
Es el último desprecio 
En condición de muger, 

Y que este notable enredo 
Es fábrica del agravio 

En su raro entendimiento. 
Lo que me admira y me obliga, 
Ricardo, á perder el seso, 
Es ver que el príncipe seas; 

Y que digas muy seTcro 

Que irás por él : ¿dónde, cuándo, 
A quién, ó cómo? ¿qué es esto? 
¿Qué príncipe ba de venial 



150 



LA HERMOSA FEA. 



Sino qne MtíUi prevlnteDdo, 

Qae venga el conde en ta nombre. 

AiV*. Hoy ba de quedar deshecho, 
Julio, todo este teatro 
De la fortuna y el tiempo; 
Hoy ha de hacer fln mi engaño, 
Viendo que ha llegado al puerto 
De mi esperanza, y vencido 
Este gigante soberbio, 
Despreciador de los hombres. 

Jul. ¿CómoT 

Ric, Ten, Jallo, silencio, 

Que pintaron los antiguos 
La dicha de un buen suceso, 
En los pies la diligencia, 

Y en las manos el secreto. 

ESGBNA IX. 

ESTELA, CELIA, bl Gobernador t el 
Capitán. 

Goh, Albricias me darán vuestros estados. 

Est, Solícitos cuidados 
Do su descanso y gusto han preferido, 
Gobernador, mi condición y olvido t 
Ya estamos de casarnos concertadas 
Mi prima y yo. 

Go6. SI estald bien empleada»^ 

Dichosos parabienes 
Lorena os da por mi. 

Est, Si qnejá tienes 

Por haber escQsado al parlamento 
El conferir con él mi casamiento. 
Sabed, que fué UstiúM 
Ei secreto, y el nombre de mi esposo; 
Pero ya que ha venido. 
Desde hoy sabréis^ queel de Poloflia ha sido ; 
Principe generoso, 

Que por cartas de Lauro concertado 
(Que con él solamente se ha tratado) 
Está en Lorena y en la corte pienso* 

Gob. De tus vasallos ei amot inmenso 
Esto solo pedia 
Por conservar en sí su monarquía. 

Y á Celia, ¿en quién la empleas, 
Si la misma ventura la deseas? 

Est, En su primo del príncipe Ricardo, 
Que todos conocéis, Lauro gallardo. 

Cel, Hasta agora, seAora, no oreia 
Tanta ventura mia i 
Ttis pies mil vec s beso, 

Y va, pues puodo, alegre te confieso 

El justo, ei grande amor que le he tenido. 

Est, Importa ({na advertido 
El capitán, y con igual secreto. 
Tenga para este efeto 



Un tefelo de soldadM 
No leilM d« palacio. 

Cap. ¿Qué cuidados 

Dtt guerra^ en tanta pas teme su aitelaF 

Est, O sea por grandeza, 
O por temor de algún suceso estrafto. 
No puede el prevenirlos hacer daho. 
Id vos, gobernador, á acompañarle. 
Reconocerle, y darle 
El parabién por todos mis estados; 

Y vos, para que estéis con los soldados, 
Capitán, en el puesto que os pareíoa, 
Para salir, cuando ocasión se ofk-esca. 

Cap, Bien puede vuestra alteía esiar 

segura. 
Gob. Conceda el deto próspera ventura 
A tan dichosas bodas« 

ESCENA X. 

ESTELA Y CfiLlA. 

Cel. Confbsa estoy de ver que no acó* 
modas 
El aposento, que á los dos conviene. 
Que ya te han dicho que RIoardo vlene^ 

Est. Sosiega, Celia mía, 
Que ha de tener la noche de este día 
Suceso diferente. 

Cel. Ya parece, que suena entre la gente 
Ei regocijo. 

Est. Es propio en ios antojos 

De amor anticipar el bien los ojos^ 

ESCENA W. 
Dichas t JÜLIO. 

Jul. Público, pues lo has mandado, 

Y justa licencia tiene. 

Del conde y de Lauro^ viene 
El príncipe acompañado; 
Admirase la ciudad 
Del secreto que has tenido. 

Cel. Mas lo estará de que ha sido 
En tu desden novedad. 

Est. ¿Viene muy galán Ricardo? 

Jul, No ha pretendido mostrar 
Cuidado, aunque no ftiltar 
A lo que debe á gallardo. 

Est, ¿Y Lauro viene contento? 

Jul, Viene contento de ver 
Que llegue el tiempo de ser 
De tu venganza instrumento. 

Est. Habia, Julio, con recato, 
c Cuái te parece mejor 
De Lauro, ó Ricardo? 

Jul, AoMr 



ACTO III, BSClifA Xll. 



151 



Dd prtneipe, ó Hiera ingrato^ 

!fo me dejarán jaxgar 

CBÜ es mejor : pero advierte, 

Qie loa qnteo de tal aoarte 

Satnralesa piDtar 

Oae parece que oopió 

D uno del otro» taoto, 

Qae mirarlos oaoaa espanto. 

Pies no determino yo, 

CoD tratarlos cada dia, 

Cbü es Lauro, y cuál Ricardo. 

Est. Parece qae me acobardo 
De ?«- mi necia porfía : 
Cafi arrqientlda estoy^ 
Qoe es propio de la yenganza, 
€Bando lo qne espera alcanza. 

Ce/. ¿Viene? 

Est, A recibirle voy. 

ESCENA XII. 

Dichos. RICARDO, OCTAVIO, fl Goberna- 
iM>a, EL Capitán t el Conde. 

iüc. ¿A dónde decis que está 
Mi leñora la duquesa ? 

Gcb. Aquí 08 están esperando 
So altesa, y su prima Celia. 

Cap, Notablemente parece 
A Laoro. 

Eit. Sea vuestra alteza 
Bien venido. 

ñic. Y no es posible. 

Que haya bien que mayor sea. 

Est. Perdonad, Lauro, qne os tuve 
Por Ricardo : ¿á dónde queda 
B príncipe? 

Rk. Yo, señora, 

Soy el principe. 

Est, No fuera 

Posible, sin ser milagro, 
Halier la naturaleza 
Hecho en una misma estampa 
Dos rostros de una manera. 
LaorOy decid, ¿ dónde está 
B príncipe? 

¡tic. Hermosa Estela, 

Ya OS digo que soy Ricardo. 

Est. Vasallos, traición es esta. 
El príncipe me ha burlado. 

Me. ¿Conde, soy yo ? 

Cande. ¿Quién pudiera 

Ser, sioo vos? 

Ric. ¿Soy Ricardo, 

Octovio? 

Oct. ¿ No manifiesta 
Voestro valor que sois vos? 



Ric, ¿Julio? 

Ju/. ¿Señor? 

Ric. ¿A qué asperai* 

Que no le dices quién spy ? 

Jul. Señor, en cosa tan cierta, 
¿Qué importa el arédlto «Ait ? 

Hk, A la corta de Lorena 
Vine, señora, por verte. 
Presumiendo que pudiera 
Verte, sin dejarte el alma ; 

Y como de tu belleza 
Hizo tan grande impresión 
Aquella divina fuerza 

En ella y en mis sentidos, 
No pude, ni me atreviera 
A pasar de Francia á España : 
Pero la imposible empresa 
De conquistar tu desden. 
Que á tantos reyes desprecia. 
Tantos príncipes descarta, 
Tantos amantes desdeña. 
Me puso tanto temor. 
Que intenté que te dijeran, 
Cuanto fué causa, señora, 
De la venganza que intentas, 
Solicitando tu amor, 
^0 por soberbia grandeza. 
Como muchos confiados. 
Que has despreciado por ella. 
Si entendí tu condición, 
Si tu estudiada aspereza. 
Si venrí tu libertad, 

Y la palabra confiesas 

Que me diste, siendo Lauro, 

Y ahora no me derechas 
Por príncipe de Polonia, 
Tus bellas manos merezca : 
Que muerto, ó premiado estoy 
<:ontento de ver que tenga 
Mctoria amor de un desden, 
Que fué en belleza y soberbia 
Fénix, y Luzbel de Francia : 
Quedando mi nombre en ella 
Con mas fama, que Alejandro, 

Y con mayor diferencia, 
Pues él conquistaba el mundo, 

Y yo el cielo de la tierra. 

Est. Tanto ha sido tu valor, 
Que me pesa que no seas 
Lauro, para hacer por tí 
Lo que por Ricardo hiciera. 
No por Lauro mereciste 
Castigo, ni yo quisiera 
Mas venganza de Ricardo, 
Que saber por cosa cierta. 
De que estaba enamorada 



152 



LA HERMOSA FEA. 



Cuando él me daba sospechag 
De que era fea eo sus ojos. 
Enojada he visto á Celia ; 
¿Darémosla al condef 

Ric. No, 

Para que de Octayio sea. 

Cei, Ya sabes que siempre he estado 
A tu voluntad sujeta. 

OcL Y yo, dichoso mil veces, 
Pues consigo tal belleza. 

Ric. ¿Al fln^ qué dices de mí? 

Jui, Antes que lo digas venga^ 



Pues no hay loes para Julio, 
Alguna cosa que pueda 
Satisfacer tantos pasos. 
Est, Dos mil ducados de renta : 

Y á Lauro y Ricardo Juntos 
La mano y el alma á medias. 
Para que los dos la partan. 

Ríe, Aquí dio fin el poeta 
A la Hermosa fea, senado, 
Pero con esta advertencia... 

Todoi. Si os agrada, será Hermosa, 

Y sino la Hermosa fM. 



POR LA PUENTE JUANA. 



D üMiito de esta comedia se ftinda en el interés del asunto^ en la sencilleí del plan 
j eo la bondad de los caracteres : no hay en ella episodios qae compliquen la fábula, ni 
aÜuacioDes noeyas y estraordinarias. que esciten la admiración del auditorio. Los zelos 
de Juana y de don Di^o, producidos por doña Antonia y el marques^ llenan los tres 
setos de la plesa, y conducen agradablemente al espectador hasta el desenlace, sin que 
adrlCTía la falta de incidentes multiplicados, y otros adornos, que nuestros autores an- 
tlgnoe derramaban á veces con demasiada profusión en sus comedias. El marques de 
TiOena se enamora de Juana y la solicita, y doña Antonia procura casarse con doo 
¡Mego : estos son los únicos obstáculos que se oponen á la felicidad de los dos amantes y 
fennan el oudo de la fábula, que camina progreslTamente con un ínteres suave v sos- 
tenido. El carácter de Juana, la constancia de su cariño, la verdad y noblesa de sus 
seotimientos, y las gracias de su lenguaje, siempre urbanas y decorosas, encantan y 
entivan la atención. Lope, que se complacía siempre en poner en boca del bello sexo 
las aJéetos puros y sencillos que abrigaba su corasen, era el único poeta que podía haber 
inaclnado este carácter tan hermoso y amable. En todas las escenas sobresale de tal 
modo» que ofusca á los demás personages. Para realxar mas el mérito personal de Juana 
Bo solo pinta enamorado de eUa á don Diego, al marques y á don Fernando, sino tam- 
bién á Esteban. Los requiebros y la declaración de este están llenos de gracia. 

Acto primero, escena XIV. 

Labradora de «entklos. Lindo dftl cabello al pié ; 

ftepmtadora de eátrafiu, Honra ilustre de la Sagra, 

Oíos da brillante espejo. Por el delantal famosa, 

Qoe msindote retratas Y por el sayoelo hidalga, etc. 

Acto segundo, escena VL 

Bntn loa pnroe cristales, Ya riendo, ya llorando, 

Que de arenas do oro al Tajo Ya torciendo, ya contando 

Cubren pefiaa dscíguales, A Inés sns pasados coentos, 

Con rostro seteno y bqo Camisas y pensamientos 

La:vaba el aaaor pafialea. Vida á Joana estar larando, etc. 

Annqoe todas las escenas son muy interesantes, lo son particularmente la V del se- 
gmdo acto, en que se reconocen Jnana y don Diego; la X en que este insinúa sns leloe, 
y día le satisface con estremada delicadesa. 

I Zelos es eso ? Qoe vuestros merecimientos 

Pnea, don Diego, en Toestra vida Son tales, qoe por mi voto 

Los tengáis, qne son de necios : No tenéis de qne tenellos. 
TsDsd amor, y no mas; 

Yéanee con atención la XII del primer acto, la III del segundo y la I y siguientes 
hasta la VI del tercero, en las que resaltan infinito el donaire y Us gracias de la heroína. 
No son menos estimables las en qne manifiesta sus selos, y especialmente la XYI del 
legando acto. { Con qué graciosa ironía responde á don Diego en los versos que concluyen 1 

S le be dado pesadmnbre, Mensagero sois, amigo , 

Diga, dándome perdón: Non merecéis culpa, non. 

Todas están bien enlazadas y dialogadas: la XIII del tercer acto, en que aparece la 
barca, y pasa Joana el rio con el marques, prepara el desenhice y es su>namente inte- 
resante y teatral : 

Entren todos: buena Tiene, 

GooM) en Sarilla la enraman; Cantad por el rio Tosotros; 

Mas no de naranjos Terdea Que hacen linda consonancia 

Para paaar á Tríana, El Tiento por esos olmos, 

Tantas damas y galanes. Por esas pefias el agua. 
Yiemes de entre Pucna y Pbmh*. 



154 



POR LA PUENTE JUANA. 



El desenlace ^ idtfy datuMt: se pfhUí en él pcirfectAmttte h flMiéza de Juana y la 
noble generosidad del marques de Vfllená; V la verSiílc<lclon y eí estilo tienen las buenas 
prendas que todos reconocen y admiran en fas obras de este fecundo poeta. 



PERSONAS* 



DON DIEGO, galán. 
El marqiiis de VILLKNA. 
DON FERNANDO. 
BENITO, labrador. 
ESTEBAN, gracioso. 



I El RMltioli. 

JUANA. 
¡ DOÑA ANTONIA, dama. 

INÉS, criada. 
I GaiAi»os. 



La eicena $s en Toledo. 



ACTO PRIMERO, 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de Benito^ en Oíiáé, 
JUANA f BENITO. 

Ben, Templad, señora, el dolor, 
Que no estáis en tierra estraña. [taña 

Juana. ¡Ay huésped I que no hay mon- 
Como una ausencia da amori 
Donde el claro resplandor 
Del sol nunca ha hecho espejos 
La plata de sus reflejos^ 
O dond« la arena «braaa 
A 1» soledAd que p^sa 
Estar el alma tan lejos. 
(Triste de mí ! que el criado 
Que filé á buscar el íiusciite, 
Que os he dicho UernaiuenU, 
Que es dueño de mi cuidado. 
Cobarde, desesperado 
No ha vuelto ; y áunqtló ternes 
No puede venirme á ver 
En mas desdichas que estoy. 
Soy muger, y sola estoy, 
Que basta decir muger. 
De esta forzosa partida 
No me puedo arropen ti r ; 
Porque fué fOrsoso huif 
Para no perder la vida : 
Pero sola y afligíila, 
Lejos de mi patria amada^ 
¿Qué podré hacer, desdichada, 
Que nunca muger ninguna 
Venció su adversa fortuna 
De lo que quiso apartada? 



Seguia un noble caballero, 
Con quieo me pensé casar} 
Fuéme forioso d^ar 
La patria, que ahora eapérot 
Fieme de un esoodéM 
De mi casa, y no volvió 
El que amaba, y se partid : 
No sabe que estoy aquii 
Mirad qué será de mu 
Él huyendo, ausente vo. 
Como dio el emperadot 
Al rey francés libertad» 
Partirse en pai y amistad 
De Madrid con tanto aroclr^ 
Me ha dado, huésped, Wtmt 
Que no se fuese trftS él 
A Frauda, aunque pienso qne él 
Mejor oeo Carlos se irla« 
Donde esfwran cada día 
La portuguesa Isabel. 

Ben. Dicen uué i Sevilla viene» 
Adonde se ha de casar ; 
Si allá le vais á es¡perar 
Mucha paciencia os conviene: 
Mi casa, Leonafda, tiene, 
Gracias á Dios, donde estéis ; 
Hejor es que aquí espereísy 
Que pasando cada dia 
Gente de la Andahiela, 
Nuevas de don Juan tendfeis^ 
No os vais á perder asi. 
Porque jamas la hermosura 
Pudo caminar segura. 
Que lleva peligro en sí : 
Conmigo estaréis a^uí, 
Y con mi hija, que os afiia: 
Buena mesa y limpia cama 
No 08 falta, tened paciencia* 

Juana, 81 no higr tu searata aaaencia 



ACTD i^ memA iv. 



lis 



Qoe DO la wpm U flmi^ 
Temo eoD justa risod, 
Que en tan público lagar 
Me pueda la gente bailar) 
Qne ha salido de Lmd. 

Be». ¿Para qué, señora, son 
Los cá^nplos que han dejado 
luchos que se han disfrazado 
bi hábitos diferentes, 
Que en mayores aeeldentes, 
Tidas y honor han goiadoT 

Juíota. Tamos donde el tiempo h^e 
Mi flaqnesa y mi locara, 
Por Ter si modo ventora 
Con la madama del tragé : 
Qoe no hay mas crnel lloagtf 
Delmal^que abatirse en él/ 
hm eo mi saerte erae), 
Pienso qoe siendo Leooirdi 
So mnger, no me acobarda^ 
T soy la misma Isabela 

ESCENA IL 

Sala en casa de don Femmd^, 
en Toíédó, 

DOf^A ANTONIA T DON í)ÍEGO. 

Diego. Esto, mi Mi(»f«« éi fMgOi 
No tengo mas qae adféttlfOs« 

ilaf . Qae se ofreseA en qae lertthM 
Estimo, señor don Btego. 

Diego. Pero sin que os cause pena. 

Ani. ¿?ne& de qu^ tenerla puedo ? 

Diego. Hoy me dicen que á Toledo 
Llega el marques de YÜÍena ; 
Porque ya en SeUda quédfl 
Casado el emperador; 
Baeedme aqaesMl ftTor, 
De que yo servirle pueda; 
Qoe quiero servir acjlli 
iDcünado á esta ciudad» 
Después que la Mbertad» 
Patria y amistad perdí. 

Ant. Es Toledo 1« nMjor, 

Y d ser mi patria me engafla« 
Qoe bien sé yo que en España 
Hay otras de igual talor^ 

T de no poder vivir 
En la propia que dedastM, 
Mocho en venir aeertastes 
En donde os podrán swtir. 
Que saiie honrar caudados, 
Estímaf merecimientos, 
Conocer entendimientos, 

Y agradecer voluntades. 
El marques es señor ffilOi 



Y mi koMnaao don Femando 
Le sirve, un mof6, ^MetaAdo 
Conoxcais su talle y brío. 
Le cobraréis afleloil. 

Diego, i Es moso el marques taabMn Y 

Ant. Moxo, galán, y de qatta 
Se tiene satisfacción 
Para la paz y la guerra. 

Diego. El apellido me ha dado 
Inclinación y cuidado, 
Después que dejé mi tierra. 

Ant. i Sois Pacheco? 

Diego, Y devdo ssyoy 

Aunque nacido en León. 

Ant. Desdichas del tiempo soñ; 
De vuestra persona arguyo 
Toda virtud y valor. 

Diego. Siempre la fortaoa 68 d^. 

Ant. Desde quei os hMé eo la tegt 
Os cobré notable amor, 

Diego. Mil veces los pies o« beso« 

Ant, Vos mereccfis afloion* 

Diego. HAreisOMí deelr qao mm 
Mis buenas dichas esoeso 
De las malas que lie paMd9. 

Ant. ¿Qué rumor $á M8^ lnésT 

ESCENA III. 

Dichos i INÉS. 

Inés. { Ay mi Mftorül el m«n|Meo 
A visitarte ha llegado. 

Ant. Salid á ese eorredor, 
Porque cuando pase os #€i. 

Diego. Temor lleta do quo Ma 
Ausencia muerte do imot'^ 

ESCENA íVé 

DORA ANTONIA, el KarquísS; DON 
FERNANDO, ESTEBAN y CaiAPOS. 

Ant. be prteeltM» tan fanmanM 
Es esta grandeza igoaL 

Marq. La hermosura celestial 
Rindió Césares romanos t 
Llegaos, Fernando, akriisad 
A vuestra hermana. 

Fem. Mlor^ 

Con el vuestro no hay amor, 
Que es de mayor Calidad. 

Ant. ¿Viene vuestra señoría 
Con salud? 

Marq. Quien lltga á vefiB« 
Muy mal podrá responderos. 
Porque es la vuestra la núüé 

Ant. ¿No habláis, IsUtanP 



158 



POR LA PUENTE lUANA. 



Est. No tengo 

Prosa de aaseneia estodtada^ 

Y 08 hallo á vos bien tocada^ 
CoD que muy contento yeogo, 
Que á la muger aquel dia. 
Que DO hay disgusto ó desden 
Se Heve en tocarse bien 

La salve y el alegría. 
Cuando no está el frontispicio 
De una muger adornado. 
El moho bien asentado, 

Y cada cosa en su quicio ; 
Guando es Jaspe de culebra 
A las diex de la mañana, 

O anda el diablo en cantillana> 
O la semana se quiebra. 

Marg. No le ha quitado el humor 
La jornada de Sevilla. 

E8t. Quien vio del Bétis la orilU, 

Y á Carlos emperador. 
Casarse con Isabel, 
¿Qué contento no traerá? 

Marq. ¿No preguntáis cómo eatá 
Fernando? 

Ant, Yo sabré de él 
Mas despacio la Jomada ; 
La vuestra quiero saber, 
SI lo puedo merecer. 
Por auaente y desvelada. 

Marq, Ya sabes, hermosa Antonia, 
Como ftié preso el de Francia 
En Pavía, y remitido 
A Madrid, corte de Espa&a; 
El ejército imperial, 
Terror por estas batallas 
De los confines del mundo. 
Glorioso yace en Italia : 
Yo, que venir á Toledo, 
Adonde tengo mi casa, 
Deseaba, como quien 
Ha días que de ella ftüta. 
Después que en su santa iglesia 
Rendí las debidas gracias, 
Vine á verte, hermosa Antonia, 
A quien en ausencia larga 
Debes oirme, así vivas 
Estas amorosas ansias 
En palacio largos días. 
Tristes noches en la cama, 

Y en cuidados siempre trístei 
Imaginaciones varias, 

Poco gusto con amigos. 
Ninguno en fiestas ni galas. 
Desconfianzas de ausencias, 

Y temores de mudanza. 
Faltas del bien qae tenia. 



Que toda la ausencia es Ctltaa, 
Pensamientos de tu olvido, 

Y memorias de tus graciaa. 
Con esto pretendo, Antonia, 
Supuesto que no me pagas. 
Que conozcas que me debes. 
Que para mis penas basta; 
Porque á quien el bien desea, 
Goalquiera breve esperanza. 
Mientras duta, le da vida, 

Y mientras vive le engaña. 

Ant, En cuantas cosas como estas 
Dice vuestra señoría, 
Ninguna como este dia 
Mentiras tan bien dispuestas. 
Ansias, fetlgas, temores. 
Memorias y soledad^. 
Como son nuevas verdades, 
Quieren parecer amores. 
Mas yo los conoceré, 
En que le quiero pedir 
Una merced, por decir 
Que les di crédito y fe. 
Un caballero leonés 
Me pide que le reciba 
En su servicio. 

Marq. Así viva, 

Que puede ser él marques 

Y yo su criado, el dia 

Que sois vos quien lo ha mandado. 
Entre yo á ser su criado. 

ESCENA V. 

Dichos t DON DIEGO. 

Diego. Don Diego Pacheco está, 
Gran señor, á vuestros pies. 

Marq. Si es Pacheco, y es marques. 
Yo puedo servirle ya : 
Alzad del suelo ; no á mí. 
Pedid las manos á Antonia. 

Ant. ¡Jesús I esa ceremonia 
No ha de permitirse aquí : 
Volved al mar, que es don Diego. 

Diego. Déme vuestra señoría 
Las manos. 

Marq. Desde este dia. 
Que me recibáis os ruego, 
Don Diego, en vuestro servicio. 

Est. Cuál anda el pobre criadOt 
Vergonzoso y bazucado ; 
Querrán que pierda el juicio. 

Marq. Ahora bien, ya que es fonoso, 
MI camarero seréis. 

Diego. En mí un esclavo tendréis. 

Fem. Buen camarero. 



ACTO I, ESCENA TI 



157 



Brt. Fkmoto. 

Jhrq, Arnique es Toltenne á partir^ 
He Toy eon Toestra Ucencia. 

Ani. Vengada estoy de nd ausencia; 
Mm quiero Teros salir. 

ESCENA VI. 

DON DIEGO T ESTEBAN. 

£st. ¿Oye, señor camarero? 

Diego. iMandats algo? 

Sst. Dar Indicio 

De ofrecer á su servido 
Csanto soy, y cnanto espero. 
Tncsa merced ha venido 
A una casa de las grandes 
De Espa&a; no habrá mas Plandes 
Db como será servido. 

Diego. ¿Qnién duda, que será gente 
De grande ingenio y valor? 

Esi. Es mayordomo mayor 
Un hidalgo Impertinente. 
Gnrda so hacienda ai marques, 
T DO ae pierde la snya, 
NI dé, ni tome, ni arguya 
Can él, antes ni después. 
El hermano de esta dama. 
Que aqoi la salva le hito, 
Ehre de cahaUerlzo, 
Bkd hijo« y de buena fama. 
T annqne ella es la discreción, 
T al marques de amor abrasa, 
Me Juran que por su casa 
NoDca pasó Salomón. 
Caballo tiene el marques 
Que me ha dicho en puridad^ 
Que sahe mas, y es verdad ; 
Pero es gallardo y cortés. 
De lo que es el secretario, 
No sé qué pueda decir. 
De este le conviene hoir. 

Diego. Porque es discreto ordinario^ 
Que ea ordinario y discreto. 

Est. La gente mas enfadosa 
Del mondo, y mas peligrosa, 
Que de ano y otro concepto 
800 mártir^ todo el dia 
De so mismo entendimiento, 
Bn discrepar un momento 
De aqodla Ahitería. 
Buya de estos, que es crueldad 
Sn^r so conversación, 
Que matan con discreción, 
Como otros con necedad. 
Aunque para otros efectos 
Le haUe; y le tenga en pié. 



Guando mas segara esté 

Le dirá treinta sonetos. 

Sabe un poco de latió. 

Que de pesarlo me angustio, 

Con que dice que Salustio 

Fué sastre, y Julio rocin. 

Peca en peregrinidad, 

Propio ingenio de español, 

Sabiendo que se honra el sol 

De ser todo claridad. 

Murióse en esta Jornada 

El camarero á quien hoy 

Sucede, y palabra doy 

Que era en menear la espada 

La misma destreza el hombre. 

Los demás oficios son 

Buena gente, y de opinión. 

Que no es bien que aquí los nombre. 

Los pages, si á ios los saco. 

El mejor de veintidós 

Yo soy, y soy, vive Dios, 

Un grandísimo bellaco. 

Diego. Señor Esteban, yo quedo 
Contento y agradecido, 
De que me haya recibido 
EIdeVUlenaenToledo; 
Sabré con la información. 
Que solo he de ser amigo 
De don Fernando. 

Est. Testigo 

Soy de su buena intención : 
Antiguamente hubo un dios 
De la amistad. 

Dte^o. I Qué discretos 

Pages! 

Est Y este sus preceptos 
Redujo también á dos. 

Diego. ¿Cuáles son? porque de hoy mas 
Esos dos preceptos sigo. 

Est. Defender stempre al amigo, 

Y no ofenderie Jamas. 

Diego. Ahora bien, desde hoy os qoiero 
Por maestro, á ver U casa 
Voy. 

Est Por sus cimientos pasa, 
T^o, humilde prisionero 
De la casa de Villena, 
Del gran Pacheco y Giroo: 
De lo qne es conversación, 
No tengáis, don Diego, pena ; 
Que yo soy lindo fistol; 

Y os enseñaré en Toledo 
Gustos, que gocéis sin miedo, 
Claros como el mismo sol 
No doncellas ; que después, 
Dan burias, y piden veras. 



198 



Pm lA raENTB lüANA. 



Que en astucias y fiaioMni 
Engañarán á an francM. 
No casadas (de sus brazos 
Para siempre me despido), 
Donde á un puntapié el marido 
Hace la puerta pedaiog. 
Viudazas, viudazas, si. 
Que debajo del deeoro 
Mongil, hay diamantes y oro, 
Que no está el difunto alli. 
Verdad es, que aquesta Inm 
De doña Antonia me traa 
Sin seso, pero no cae 
Con el debido interés. 

Y aunque el marques mi señor 
Gusta de mis desatinos, 

El gastar por los caminos 

Ha m^neiter mas favor: 

Juega el tiorobre cuando hay juego, 

¿Qué hacienda no se aveotura? 

Diego. Aquí la tiene segura» 
Siendo amigo de don Diego. 

Est. Soy su esclavo, 

Diego. Pues conmigo 

Venga, y verá lo que pasa. 

Est. No habéis menester en casa 
Mas que á Esteban para amigo: 
Soy el alma del marques. 

Diego. Pues temo que se condene. 

Est. No hará, que Villena tiene 
Llena el alma de quien es* 

BSGENA Vil 

Decoración df calle, 

JUANA DE LABRADORA, T BENITO. 

Ben. Esta es, señora, la imperial Toledo, 
Que el Ti^o de cristal á sus pies viene, 

Y parece que en sombras se detiene. 
Juana, No sé como ese monte no se es- 
panta 

De si mismo, y mirar graiulesa ta<)ta 
En esa luna líquida que tiene 
Por grillos de sus pies. 

Ben, De Cuenca viene 

Tajo á prenderle con cadenas de oro; 
Nunca su nombre ilustre mudó el moro; 
Es su iglesia mayor imagen viva 
Del cielo^ que al gobierno sucesiva 
De Pedro reconoce solamente. 

Juana. Sus damas, caballeros, y |u gente 
Me han obligado el gusto de numera, 
Que en tan noble ciudad vivir quisiera. 
Aunque fuera sirviendo en este trage; 
Que ya no puede haber cosa que b^ 
Mi fortuna á lugar mas abatido: 



Temo que üO bMUbre bárbaro ofendié» 
Me bosque* y halle, y si escondida quado, 
Benito, en este trage, y en Toledo, 
Muy lúustado viene con mi intento, 
Teniendo con quietud, gusto y contento. 

Ben, El regidor que en nuestra aldea tiene 
Hacienda, me parece que oe conviene; 
Su hija doña Antonia es la mas bella 
Dama de este logar ; st estáis con ella, 
No os hará flalta discreción alguna: 
Con esto burlaréis vuestra fortuna, 

Y veréis un ingenio soberano. [mano . 
Juana. No hubiera para mí remedio ku - 

Como vivir donde decis agora, 

Y mas si es tan discreta esa señora: 
Vamos, sabré, señor, adonde vive: 

Que dichosa seré si me recibe. [pedido 
Ben. Eso es muy fácil, porque me ha 
Que le busque una mosa labradora : 
Mas no podréis, porque me acuerdo agora 
Que habia d9 lavar y amasar. 

Juana. I>igO, 

Que á lavar y amasar también me obligo. 
Si me agrada esa Antonia- 

Ben. Hay otro enrede; 

Que un mozo de los bravos de Toledo 
Es su hermano también; mas no os dé peqa, 
Que pienso que está ausente el de ViUena, 

Y es su caballerizo. 

Juana. Que esté amaote 

O presente, ¿qué importa? cuando intente 
Algún atrevimiento, ¿soy yo bobat 
¿No le sabré pegar con una escoba, 

Y si intenta jngarme alguna pieza, 
Rompelle con un plato la cabeza? 

Ben. ¿Y cómo has de llamarte? 
Juana. ¿Cómot Juana. 

Tú el arca, huésped, me traerás mañana, 

Y al regidor dirás que soy de Olías. 

Ben. Por el secreto que á mi pecho fias 
Te ofrezco eterno amor* 

Juana. Vamas, que creo 

Que voy abriendo puerta á mi deseo, 

Y cuando llego é ver en tal baíaaa 
Mi valor, mi persona y mi nobleza. 
Pienso que no le dejo cosa alguna» 
Que me pueda vengar da mi fortuna. 

BSGENA VIII. 

Sala en casa de don Femando, 
DOÑA ANTONIA t DON DIEGO. 

Ant. No entras eon malos aUeotoa 
De servir y de medrar* 

Diego. Señor que U^ á fiar 
Amorosos pensamientos. 



4610 i, «MWA OU 



119 



rao iodictos de «mort 

cer mercad y Cbvof. 

. Vo6 lo teoei» merecido; 

para mí no ha sido 

lespreclo y rigor. 

go. Señora, yo entré á servir 

príncipe, qne en grandeía 

ba tu ooúeu; 

igo mu que deoir : 

MDe fonoeo huir 

patria, hallé mi amparo 
B, que faé mi reparo, 
justo, Antonia iMlla, 
; luí de tal «Btrellt 
¡ata á sol tan elaro, 
que OD la vega os vi, 
Yido Uegné á haUaroa, 
SO el alma adoraros, 
» su centro aüí ; 
i mi patria sali, 
qaieo ya ae desti«rni 
ervir en la gaarra 
os ; pero ya mioy» 

asegurando voy 
«dichas de mi tíarna, 

aquel mismo dia» 
marques me reciW, 

meoto me habló 
imor que os tenia i 
M Mi como deeia 
isamiento, iha el mió 
lando el mucho brio 
le 08 amaWi y qucada i 
el amor, y el temor, 

1 esperanza al viento. 

ios, que en esto mientOf up. 

inca la tuve aMor, 
!ina le«go en rigor 
á matando en avseaeia : 
y IiaM! quépaciendt 
pedir i ios oieiifi, 
•n amor siempre hay lalo^, 
leiM no hay paciencia, 
las joyas que os di» 
y primaveras, 
trújese, y Un de verM 
linar ia oooocí, 
su caaasiAí 
iaedo Ja nMidaiua» 
sda la confiaiua 
co de mi valor, 
nefio mi temor, 
dio la esperanza. 
Don Diego, dasáU aquel día 
marques me quiso i4ao, 



Na Ja traté oon desden, 

Y su amor entretenia ; 
Pero como presumía 

De mi amor lo que es razón, 
Temblalm de mi opinión : 

Y así del mundo me guardo, 

Y á un príncipe tan gallardo 
No le he mostrado aflcioo. 
Si vos roe queréis, yo haré 
Que el marques no se disguste 
De que os quiera, y antes guste 
De que yo la mano os dé : 

Que de su grandeza sé 
Que ha de volver por mi honor { 
Siempre toé casto su amor* 
Pues son donde na se alcanxa 
Principios de le esperansa. 
Pensamientos de señor. 

Diego. Vos lo decis harto hi^O; 
Pero yo lo haría muy mal 
Si á dueño tan principa) 
Le fuera traidor también ; 

Y aunque no lo diga bien, 
Tengo, Antonia, por muy cierto 
Que tendrá el odio encubierto s 

Y señores con enojos. 
Mas despiden con los ojog 
Que con rigor descubiqrto. 
Hacer que el marques lo quiera 
No tengo por imposible. 

Si él se promete posible 
Lo que por su boca eapara ; 
Quereldo, pues persevera 
En amaros, que es rigor 
Casarle, si os tiaoe amor ; 
Que no estará bien casado, 
Blarido que fué criado 
Iionde hubo galán señor» 

ESCENA IX. 

DOI^lA ANTONIA, el RcoiDOft, JUANA 
T «SNITO. 

Reg. Pienso fue t^ J^a de agradar, 
Que yo lo estoy por estremo. 
La criada que ha traída 
Antonio nuestro caserp. 
Llegad, oo estéis temerosa. 
Conoced á vuestro dueño. 

Juana, Dadme, «eñora, las manos. 

Ant, ¡ Qué linda persona.' cierto 
Que te agrada con razón. 

Ben. £n toda la Sagra creo 
Que no hay moza de su talle, 
Brio, limpieza y aseo. 

Ant. ? C4imo 09 liamaisT 



160 



POR LA PU£NT£ lüANA. 



1^0, aefioret 



Juana, 

Ant, Vo8 pues. 

Juana. A servicio vuestro, 

Joana* 

Ben. Sí, señora, Juana, 
Qoe era mi padre su abuelo. 
Murió, y huérfana quedó ; 
A fe que viene de buenos. 
Crióla el cura su tío ; 
Está grande, y los mancebos 
Del lugar son con las mozas 
Gomo los tordos, que en viendo 
Colorear mal maduras 
Las guindas, andan en xeio, 
Hasta que las dan picadas, 
Si se descuidan los dueños. 
Por eso la traigo acá. 

Ánt. Hicisteis como discreto, 
Que Juana es gallarda moza, 
Dispuesta, y de lindo cuerpo : 
¿Y el sobrenombre? 

Juana. De Illescas. 

Ben. Si señora, que su abuelo 
Se llamó Pedro de Illescas, 

Y Joan de Illescas el viejo 
Fué tio de Alonso Aguado : 
¿Qué, señora, el parentesco 
De los Illescas no es 

La aleuña de mi abolengof 

Ant, ¿Qué hacienda sabes hacer* 

Juana, Las que por allá sabemos, 
Lavar, masar, y hacer red. 

Ant. Del buen talle me contento : 
Regalar quiero á Benito. (Vase.) 

Beg. Y yo también darle quiero 
Un vestido que se ponga 
Las fiestas. {Vase,) 

Ben, Los pies os beso. 

Juana, i Oye, tio? traiga el arca. 

Ben. Al otro mercado vuelvo. 

Juana. Si allá viniere mi primo. 
Diga que estás en Toledo. 

ESCENA X. 

JUANA. 

Sale la nave próspera y bizarra 
De Flandes con inquietas banderolas, 

Y sin temor de caminar á solas 
Las áncoras del puerto desamarra. 

Entra en el golfo, deja atrás la barra ; 
El mar se altera, y en dos horas solas 
Se deja el viento entre las pardas olas 
Como granizo helado ó verde parra. 

Mas siendo entonces su furor ensayos, 
Viendo qoe sale el 9o1 y hay mas bonanza 



En ánimo se troaeao sos deimajfot. 
Asi viendo del cielo la modania, 
Adoro los celages de sus rayos. 
Viendo el temor alivio la esj[)erania. 

ESCENA XL 

JUANA É INÉS. 

Ineg, ¿Sois vos la recien venida t 

Juana, i Y vos quien sirve esta casa? 

Inés. Soy quien se huelga de veros 
Tan compuesta y aliñada. 
Que la que se fué tenia 
El trage como la cara : 
Vos seáis muy bien venida. 

Juana. Vos seáis muy bien hallada. 

¡nes. Vos habéis tenido dicha 
Y elección muy acertada ; 
A casa venís, qoe creo 
Qoe of hallaréis bien pagada 
Del trabi^o y del servicio. 

Juana. ¿Es de eondicion moy brava 
La señora doña Antonia? 

Inés. Es un ángel, una santa, 
A nadie en toda so vida 
Dijo una mala palabra : 
Casa en fin donde no hay 
Señora mayor, que basta 
Para que puedan vivir 
Pacíficas las criadas. 

Juana. Cierto qoe lo tengo á dicha. 
Ya que salgo de mi casa. 

ESCENA XII. 

Dichas t DON FERNANDO. 

Fem, ¿Inés? 

Inés. j Señor? 

Fem. Esa ropa 

Viene de larga jomada. 

Inés. Gracias á Dios qoe ya teogo 
Quien me ayude á Jabonaría. 

Fem. ¿Quién? 

Inés. Juana, recien veolda. 

Fem. Por Dios, que es tan boena Juiína 
Que puede lavar al rey. 

Juana. ¿Qoiéo es este? 

Inés. Hijo de casa. 

Juana. ¿De casa, ó del regidor? 

Inés. ] Del regidor! ¡qoé ignorancia ! 

Juana. Como yo vengo de Olías 
No sé de Toledo nada. 
Señor, aquí, ya lo veis. 
Vengo á servir. 

Inés. Perdonadla, 

'Qoe no sabe mas ahora. 



161 



La ropa mandé sacarla, 
Qne qnten aüá lava angeo 
Tendrá por guantes la holanda. 

fem. Si las almas se yistieran 
Camisas^ bella aldeana, 
LtTar tos manos pudieran 
Las camisas de las almas. 

Juana. ¡Ay lo que ha dicho señor! 
Ola, Inés, ¿úsase en Francia 
Traer las almas camisas? 

Airf . Dícelo porqne le agradas ; 
Que wasi encarecimientos 
De Terte las manos blancas. 

Juana, Gomo yo vengo de Olías 
Xo sé de Toledo nada. 

Fem. A Ter, Joana, esas Joyas : 
Bravos corales y sartas. 

Jwma. Hágase allá, ya lo entiendo : 
¿Piensas qae soy Ignoranta? 

Fem, \ Que diese naturaleza, 
A tal hermosura y grada. 
Tan rústico entendimiento! 
Oye, espera, tente, para. 

Juana, Estése quedo, señor. 

Fem. i Qué arisca que es la villana I 

Juana, ¿Yo morisca? malos años ; 
Cristiana vieja, y muy rancia. 

Fem. Que no digo sino arisca. 

Juana. Pregunte en toda la Sagra 
Qué gente son las lUescas. 

Inet. No sé quién ha entrado en casa. 
{Sale Esteban.) 

Est, ¿Está don Fernando aquí? 

Fem, ¿Qué liay, Esteban? 

Est. Que te llama 

El marques mi señor. 

Fem. Voy. 

ESCENA XIII. 

Dicios, MINOS DON FERNANDO. 

EH, Mira que en el patio aguarda. 
¿Pues, loes, no hay mas hablar? 
Toda la lealtad se acaba 
En habiendo ausencia. 

Inés. Yo 

No hablo á quien no me habla. 

Est. Hablar y abrazar, Inés. 

Inés, ¿Qué me trae de la Jornada? 

Est. i Es poco traerme á mi ? 

Inés. Es de la Jomada nada. 

Juana, Por donde quiera que voy. 
Hallo amor : brava abundancia; 
No pienso que hay en el mundo 
Otra cosa mas usada : 
Loa retirados y graves 



¿ De qué se admiran y espantan? 
Si ignoran como nacieron. 
Es temeraria ignorancia; 
Así se conserva el mundo. 

Est. ¿Quién es aquesta villana 
De tan lindo talle y brío ? 

Inés. Salga fuera noramala, 

Y no sea bachiller. 

Que es recien venida á casa. 

Est. Labradora de sentidos, 
Despuntadora de entrañas, 
Ojos de brillante espejo. 
Que mirándote retratas ' 
Lindo del cabello ai pié, 
Honra ilustre de la Sagra, 
Por el delantal famosa, 

Y por el sayuelo hidalga ; 
¿Labras vidas ó heredades ? 
Que pienso que tus pestañas 
Son agnjas de tus ojos, 

Pues que con sus niñas labras : 
Vuelve esa cara, ¡ay qué linda ! 
Vive Dios, que tiene estampas 
De coger almas con queso, 
Como eres toda de natas. 

Inés. ¡Esto sufro I 

Juana. Diga, Inés, 

¿Es también hijo de casa 
h^ste señor l>arb¡pollo ? 

Est. ¿Esto le parece falta? 
¿Es mejor cuatro bigotes. 
En cuyas espesas ramas 
Haya soto de conejos? 
Porque yo no sé que valgan 
Mas que para ser escobas. 
Barrer, y regar la cara. 

Juana. Como yo vengo de Olías, 
No sé de Toledo nada. 

Inés. Señor viene... 

Juana. A la cocina* 

Inés. Sube esta escalera, luana. 

Est. Juana me ha muerto, señores, 
Reñí con ella sin armas ; 
¡ Qué latigazo me ha dado ! 

ESCENA XIV. 

JUANA t INÉS. 

Inés, i Ay traidor! ¿Asi me pagas 
Tanto amor, tanta amistad ? 
¿Juana, es esta buena entrada? 

Juana. No temas, Inés, que soy 
Un cuerpo que anda sin alma. 
Una cifra no entendida. 
Una escritura borrada. 
Una sombra que anda en pena, 

11 



162 



P0|^ IS PPEJÍTE JUANA. 



Que solo QD sol que está ausente 
Puede con su lumbre clara 
Descifirarie y darle vida, 
Gloria, gusto y esperanza. 

inet. No te entiendo. 

Juana. Ni es posible. 

Inés, Loca me pareces, JuBna, 

Jwma, Gomo yo vengo de Olíqs, 
No sé de Toledo nada. 



wwvwwvwwv. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de don Femando. 

DON DIEGO T EL lURQOW. 

Diego, Las fáb^ilas de Ovidio á pensar 
llego ^ 

En lo que vienes refiriendo ahora. 

Marq, Desde ese corredor miré^ don 
Diego, 
A Venus trasformada en labradora ; 
Parece el agua entre sus manos fuego. 
Baña al T^o cristal, y ella le dora ; 
Que si á sus manos candidas se atreve, 
Las doradas arenas vuelve nieve. 
Muchas veces, don Diego, entretenido. 
Mirando al Tajo que mi casa baña. 
He visto damas, músicos he oído. 
Que es en Toledo la mejor de España ; 
Pero en el instrumento referido 
La labradora, que sirena engaña, 
Con voz tan celestial cantó de suerte. 
Que estatua de sus manos me convierte. 

Z)t>^o.¿Muger dótales prendas y tal |)r¡o 
Lava de la manera que refieres, 
Con Instrumente tan helado y frió T 
Me obliga á que presuma que la quieres. 

Marq, El talle, el aire, el gusto, el modo, 
el brio 
Dan sangre y calidad á las mugeres : 
No hay en el gusto mas razón que el gusto, 
Que aquello es Justo con que yo me ajusto : 
Conviene la igualdad al casamiento, 
A los estados, no á los accidentes. 

Diego. Amor es uq primero movimiento, 
Que nace de igualar inconvenientes ; 
Bien pueden confirmar el casamiento 
Dos personas de estados diferentes. 
¿ Mas qué quieres hacer, que si te agrada. 
Mejor es pobre y fácil que endiosada ? 

üar^. ¿Estebtínílio, Esteijan ? 



ESCB!V4 II. 

Dichos t ESTEBAN. 

Est, Señor. 

Marq. Dame 

Un arcabuz ; salir al Tajo quiero. 

Est. ¿Quieres, señor, que alguna gente 
llame? {Vase Esteban.) 

Diego, El desengaño con la vista espero. 

Marq. Cuando viéndola cerca me des- 
ame, 
Mas contento tendré que considero. 

Diego. Las distancias desmienten á los 
ojos; 
No son de tu valor claros despojos. 
{Sale}^steban,) 

Est, Aquí está el arcabuz. 

Marq, Toma, don Diego, 

Ese arcabuz. 

Diego. Dos bandas de palomas 
Andan por esas peñas, aunque luego 
Del verde monte suben á esas lomas. 

Marq. Vamos á ver si en tal desasosiego 
Se templará la llama de mi ftiegQ. 

ESCENA lU. 

Deooracion de selva, 
JUANA, INÉS Y LOS i|Ufti6QS. 

Inés, Pon la ropa en ese suelo. 
Que aquí habemos de bailar. 

Juana, No me mandes alegrar, 
Que mas cuidado recelo. 

¡nes. Deja ahora tus tristezas. 
Que los músicos se irán. 

Juana. Otro dia volverán. 

Inés. \ Qué cansada estás si empiezas I 
No te entiendo \ una vez eres 
ítlntendida y cortesana, 
Y otras rústica villana. 

Juana. Soy de tornasol, ¿qué qi|lerQs? 

¡nes. Que mudes de tornasol. 

Juana. No ha de tener mi tristem 
¿lo ningún color firmeza, 
Hasta que torne mi sol. 

¡nes, ¿Qué sol, ni qué disparate ? 
Ponte aquesas castañuelas. 

ESCENA IV. 

Dichas, el Marques í DQN DIEGO v 
ESTEBAN. 

Est, Quita al halcón las pigüelas, 
Será del viento acicate, 
Quü líe palomas fregonas 



ACTP n, BSCENA Vi' 



i^H 



He Tlsto una banda 9llí- 
JTor^. ¿Quieren bailar? 
Dieyo, Sefior, bí. 

Juana. Mira que hay muchas personas ; 
Ola, Inés, dime quién es 
B de la banda y cadena. 
¡nes. Es el marques de YiUena. 
Juana, ¡Válgame Dios! ¿el marques T 
Toqaent y Taya de joya. 

Marq. Ya no lleva aqueste rio 
Riere pura y cristal frio^ 
Sino reliquias de Troya. 

Mkáea. Por el rio de mis ojos 
Nadmdo quiero pasar, 
T las olas de mis ojos 
Dicen q«e me han de anegar. 
Cuando el aatenoia porfia 
¿Qaién veneeri sa atpsrMiY 
Nadando va mi tristeza 
Por llegar i &a alegría. 
T nnnca puedo alcanzar 
Mis deseados despojos, 
T las olas de mis ojos 
Dicen qne me ha de anegar. 

Uarq. ¡Hay tal padar, y tal rio ! 
¡Tales olas, tal donaire ! 

Bst. Si esto nada por el aire 
Con tales brazos y brío, 
¿Qué nadará por la tierra t 

Uarq. Quedaos vosotros aquí. 

Juana. Ola, ^ viene ^1 marques? 

¡nei. Sf. 

Ett, Si él la tira, no la verra. 

Uarq. Por el alto correaor 
De donde veo este rio^ 
Vi, labradora^ ese brío 
Qoe en dama fuer^ mejor ¡ 
Cuanto me agradaste allá 
Lo confirmé aquí de suerte. 
Que sin seso xepgo á verte. 

Juana. Inés, burláhaose está. 

¡nes. Glafq ^ eso, 

Marq, Vete, Inés, 

Con mis criados un poco. 

Ine9. 8i haré, que he visto aquel loco : 
Juana, entreten al marques. 

Marq. ¿Juana en efecto os llamáis t 

Juana. Para lo que le cumpliere. 

Marq. Del nombre, Juana, se infiere 
La gracia con que matáis ^ 
Porque al revolver la luz 
De esos ojos, no hay despcjiti 
Qae no maten vuestros ojos. 

Juana. AténgooM al arcabui, 

Marq. ¿ Y de dónde soisY 

Juana. No sé 

Sí se lo diga. 



Marq. Decid, 

Juana. Al gigante de B^yid 
Quite vuesasté la G. 

Marq. ¿De Olías sois? 

Juana. Acertó : 

¡Han visto! ¿quién se lo dijo? 

Marq. Amor^ que en tus e|os fijo 
Luz de tu patria me dio ; 
Puede ser que la bellesa 
Supla un rudo entendimieoto. 
De que me agrade me afrento, ap. 

Que es en un noble bajeza. 

Juana. Quedo, quedo, que no es Umta 
La ignorancia. 

Marq, ¿De qué modo t 

Juana. Bien, seAor, lo alcanio todo, 

Y la corte á nadie espanta ; 
Yo no volviera por mi 
Como vuestra ofensa fuera 
Del entendimiento á fuera; 
Por mi entendimiento sí. 
El estertor aposento 

Le afrenta quien le desalma ; 

Y así es volver por el alma 
Defender mi entendimiento. 

Marq, ¿Cómo hablasteimdamente^ 

Y agora eon discreción ; 
Pues ya tus palabras son 
Enestilo*diferente? 

Juana. Soy de un lugar rudo parto; 
Pero para juegos breves 
Tengo... 

Marq. ¿Qué? 

Juana. Dos treinta y n«eves, 

Y el que yo quiero descarto. 
Jtíar^. No es mala la fiíliería i 

De suerte, que el juego entablas 
En dos lenguas, y en dos hablas. 

Juana. Como me sucede al dia, 
Que en cierto mal importuno. 
Aunque no es para villanas. 
Tengo el gusto con cuartanal, 
Huelgo dos, y callo uno, 

Marq. No sé si puedo i 
De tu estilo, y tu presenett» 
Que es segura tu inocencia. 

Juana. ¿ Pues en qué lo eeluiis de ver 9 

Marq. Ahora bien, espera aquí. 

Juana. Esto me faltaba agora. mp. 

Marq. Don Diego, esta labradora 
Me tiene fuera de mí t 
Habíala, y di que me vea. 
Que quiero mudarla trage : 
Tú, Inés, vete y ese page 
Viento de sus ] 
Esto sin réplica. 



164 

ine*. . A Dios. 

Marq. No le digas á tu ama 
Palabra. 

Jfies. i Qaé mala fama 
Tenemos I 

Marq. Habladlos dos. 



ESCENA V. 

DON DIEGO T JUANA. 

Diego. Discreta y bella serrana, 
£1 marques manda qoe os bable. 

Juana. ¿El marques á mi? ¿porqué? 
Idos con Dios, y dejadme. 

Diego. \ Cielos, qué es esto que veo! 

Juana. Ojos, sufrís que me engañe 
La imaginación : ¿qué es esto, 
Don Juan r 

Diego. ¿ Td en aqueste trage? 

Juana. Siguiéndote, señor mió. 

Diego. Habla pues, no te recates, 
No nos yean abrasar; 
Que demostraciones tales 
Arguyen conocimientos, 
Dicen amistades grandes. 

Juana. Con el nombre de Leonarda 
Peregriné ios umbrales 
Qoe hay desde León á Olías; ^ 
Allí paré, y á buscarte 
Eqyié á Leonardo, y Tiendo 
Que en diluvios de pesares 
Fué cuenro, salí yo misma. 

Diego. Bien dices, la oliva traes 
En esa amorosa boca : 
Dame, reina de las aves, 
La pas en el arco hermoso 
De tus divinos celages. 
Que en tus ojos amanece; 
Qoe yo, por lo que tú sabes 
Iba por servir á Carlos, 
Que en Italia, Francia y Flandes 
Tiene guerra de envidiosos. 
De sus blasones esmalte. 
Serví con nombre flngido 
A un príncipe, que en la sangre 
Y valor no reconoce 
Al macedonio Alc^jandre. 
Don Diego Pacheco soy. 
Aunque soy don Juan del Valle, 
Como tú, Leonarda, ahora. 
Doña Isabel de Nevares : 
Mas ¡ay de mí ! que no hay dicha 
Segura por todas partes, 
Qoe para comprar placeres. 
Es la moneda pesares. 
Quiere el marques mi señor. 



POR LA PUENTE JUANA. 



Que en sus amores te hable. 
Que su voluntad te diga. 
Que su tercero méllame; 
Señora de mi señor. 
Quiere que pueda llamarte; 
Que como el sol, aunque tenga 
Oscuras nubes delante. 
Por entre pardos resquicios. 
Con rayos dorados sale, 
Así el sol de tu noblexa 
Por entre toscos cel^^es 
Descubre los rayos bellos 
De tu generosa sangre : 
No sé qué habemos de hacer. 

Juana. Agravio, don Juan, me haces 
En no confiar de mi 
Lo que las mogeres valen 
En las adversas fortunas, 
Que son diamantes amantes : 
Las entrañas de los montes 
No crian tan duros jaspes : 
i Qué bronce como su pecho 
Corresponde incontrastable 
A los golpes de la luna? 
¿Qué ferocidad tan grande 
Como una muger que quiere ? 
Vete, y dile que no trate 
De vencer con intereses 
Ledas firmes, nobles Daltaes; 
Que pues le sirves, y puedes 
Entrar á verme y hablarme. 
No quiero que aquí nos vean, 
Aunque el dejarte me mate : 
A Dios, mi sola verdad. 

Diego. A Dios, de estas venas sangre; 
Ahna de este firme pecho. 
Vive en sos braios constante. 

ESCENA VI. 

JUANA T ESTEBAN. 

SsL ¿Fuese don Diego? 

Juana. Ya es Ido. 

£st. No le he contado al marques 
Que te habla conocido, 
Juana, temiendo después 
Tu «iesengaño y mi olvido. 
Entre los puros cristales. 
Que de arenas de oro al Ti^o 
Cubren peñas desiguales, 
Con rostro sereno y bajo 
Lavaba el amor pañales. 
Ya riendo, ya llorando. 
Ya torciendo, ya contando 
A Inés sus pasados cuentos, 
Camisas y pensamientos 



ACTO II, ESCENA XI. 



i luana estar laTando. 
u» belleía y traición 
uando el mar á Europa, 
canción y canción, 
laba la ropa 
i dichoso jabón. 
anos de blancas natas 
rar y ser ingratas 
quejaban á Inés, 
) qoe estaban los pies 
rio y sin sapatas. 
la en cercos y enredos 
lava, y te los besa ; 
lo se estaban quedos, 
1 ftiera arena traviesa 
) andoTlera en ios dedos! 
el rostro levantando, 
le, 7 taime acercando, 
srte que mi intención 
>n el corazón, 
la snspirando : 
íes, que mi muerte tratas, 
BS ojos homicidas ; 
De el alma arrebatas, 
ana, ¿porqué me olvidas? 
tna, ¿porqué me matas? 
no. Esteban, yo soy amiga 
is, 7 no es bien se diga 
i he sido desleal : 
loe le pagas mal 
e te quiere, y te obliga. 
i servir á tu dueño, 
e no hacerla traición 
lahra y fé te empefio ; 
ra de esta ocasión, 
imor me quita el sueño : 
a ropa, y á Dios. 

ESCENA VII. 

ESTEBAN, 

ina, Juana! mala tos 
quite : fuentes, ríos. 
Id mis desvarios, 
ulero quejarme en vos. 
Infiís de Eücona, 
neis nueva corona 
Qfel ; que en vuestro polo 
) amando un page Apolo, 
na Daíhe fregona. 

ESCENA VIIL 

Saia en casa de don Femando. 
RA ANTONIA v DON FERNANDO, 
f. ¿De esta manera lo dices? 



i65 

¿Tú eres hombre de valor? 

Pem. Prueba, Antonia, que es amor. 
Porque no te escandalices. 

Ant. Si ; pero un hombre. Femando, 
De tu obligación, es gusto 
Que ponga en sugeto el gusto 
Digno de sus ojos. 

Pem, Guando 

Viene amor por accidente 
No se le da á la elección 
Voto, como en la razón, 
Que es calidad diferente ; 
Y, Antonia, yo me resuelvo. 
En que me muero por Juana, 

Ani. Tienes alma tan tirana, 
Que las espaldas te vuelvo. ( Vase,) 

Pem, No digas tal, que es locura. 
Aunque ya á tan necia vienes. 
Que puedo pensar que tienes 
Envidia de su hermosura. 

ESCENA IX. 

DON FERNANDO v DON DIEGO. 

Diego, En vuestra busca. Femando, 
Vengo con grande contento. 

Pem, Pedidme albricias á mi, 
Pues que mi gusto es el vuestro. 

Dieffo. Era un hermoso diamante, 
Sortya de un casamiento 
Que podrá ser algún dia. 

Pem, Ensefiádmele. 

Diego. No i 

Que le he dejado á guardar ; 
Mas enseñarle prometo : 
¿Qué hacíais? 

Pem. Aqui estaba. 

Dando esperanzas al viento, 
Y riñendo con mi hermana. 

Diego, Son diferentes efectos. 

Pem. Quiero enseñaros la causa : 
¿Juana? 

ESCENA X. 

Dicnos V JUANA. 

Juana, Señor. 

Pem, Dadme luego 

Un jarro de agua ; las manos 
Manché de tinta escribiendo. 

Juana. Voy por ftaente, agua y toballa. 

ESCENA XI. 

DON DIEGO V DON FERNANDO. 
Fem. i Qué os dicen mis pensamientos? 



166 



POR LA PUENTE JUANA. 



¿RíSemA bien doña Antonia 7 

¿Haréis baria de mi y de ellos? n 

Diego, ¡ Burla 1 ¿porqué, si no he visto 
Mas airoso taile y cuerpo. 
Que el de aquesta labradora, 
Aunque perdone Toledo? 

Fem. Para que me deis disculpa 
Os la enseño, que no quiero 
Que la alabéis. 

Diego. Bien seguro 

Podéis estar de mis zelos. 

ESCENA XII. 

Dichos, JUANA con agua, toiíALLA 

t FÜEUTE. 

Juana, Bien puede vuesa nierced 
Lavarse, que viene fresco 
Tajo bafiado de plata. 
Desde el aljibe riendo. 

Diego. Mal podré tener faoéencia; np. 
Pues á cuantas partes llego 
Hallo quien quiere á Isabeí ; 
Si en León, airados cielos, 
Por dama airosa y gallarda, 
Por labradora sirviendo : 
¿k cuál hombre dio el amor 
Tanta manera de xelos? 

Fem, Echa nieve de esas manos 
Para que temple mi fuego. 

Juana. \ Nieve! ¿Soy yo Guadarrama, 
Soy nube, ó helado cierzo? 

Fem. ¿Parécete. que un deaden 
No tiene fuerza de hielo? 

Juana. Yo no entiendo aqueeas cosas. 

Fem. Yo sí, Juana, que nae muero 
Por esas niñas hermosas ; 
Echa mas agua. 

Juana. \ Estaos quedo. 
Pues que ya os habéis lavado ;. 
Tomad la tohalla luego, 
Que me aguarda á quien le pesa. 

Diego. Y de suerte^ que sospecho ap. 
Que estoy rogando á mis ojos 
No crean lo que están viendo. 

ESCENA XIII. 

Dichos t INBS. 

Ine*. Con que espaeioy Juana, estás, 
¿Déjasmeámí? 

Juana. ¿Qvétedt^? 

Inés. ; Cuánto hay que hacer hoy en casa ! 

Juana. ¿Piensas, fnes, que me huelgo 
DeeaUraqoi? 

Fem. Deja, Inés, 



Que la conozca don Diego, 
Que le he dicho sus donaires. 

Juana. ¿Las ignorancias que tengo 
Llama donaires, señor? 

Inés. Con ese entretenimiento 
Se hará muy bien la comida. 
Vendrá, señor, y tendremos 
Pesadumbre por tu gusto. 

ESCENA XIV. 

Dichos, «enos INÉS. 

Juana. Ya, señor don Diego, quedo 
Para que os burléis de mí ; 
Que ha dado á mi costa en esto 
Don Fernando, mi señor. 

Diego. Burlas, Juana, no lo creo : 
De veras habla Fernando, 
Y que tú respondes pienso 
Con las mismas á su amor. 

Juana. ¿Qué ea amor? 

Diego. Amor ch U\< go. 

Juana. Fuego de Dios «n amor,. 
¿ Eso quiere un hombre cuerdo,' 
Que tenga muger ninguna? 

Diego. ¿Luego tampoco, sospecho, 
Snbrás que es zelos? 

Juana. Yo no. 

Diego. Zelos son bastardo efecto 
De amor ; zelos es locura 
En que da un entendimiento, 
Zelos es desamor propio^ 
Zelos es vivir temiendo 
Que aquello que un hombre adora 
Quiere ó mira á otro sugeto 
Por ausencia ó por mudable 
Condición. 

Juana. ¿Zelos es edOf 
Pues, don Diego, en vuestra vida 
Los tengáis, que son de necios ; 
Tened amor, y no mas ; 
Que vuestros mereeimieiitos 
Son tales, que por mi voto 
No tenéis de que teneHoa. 

Diego. Con esas seguridades 
Nos engañan por momentos 
Las mugares. 

Juana. ¿ Qué mugares? 
¿ Porqué en eso hay mas y meaos? 

Fem. Cese, don Diego, por Dios, 
La plática, que sospecho 
Que os debéis enamorar. 

Diego. Que ya lo estoy os conflf so : 
¿Quiéreos mucho? 

Fem. ¿Qué es qjoarer ? 

Tiene de diamante el pecho. 



ACTO II, ESCENA XVll. 



1 67 



Tiene de mármol el almH, 
Hate el corazón de acero. 

Diego, Pues yo pensé que oí queíiá. 

Fem* Vamos, yo os Iré diciendo 
Los lances que me han pasado. 

Diego, Moriéndome voy de zeío?. np, 

ESCENA IV. 

JUANA. 

Coando el rageto qae se qutei^ y ama 
Vuestra tibieza, y tÍto sin cuidado, 
Es darle zelos la raion de estado, 
De amor que mas proYoca, incita y Ilamn. 

Canta con zelos en la verde rama 
lyel olmo el ruiseñor, qae tío en el prado 
A quien sigue su prenda enamorado, 
T mas cuando ella finge que desanui. 

Contenta estoy eon poca diligencia 
En Ter que despertaron mis desvelos 
Al dueño de mi amor por oompetene la : 

Muera á cuidados, mátenle reeelot, 
Porque cuando hay tíbiesa por ausencia. 
Q remedio mejor es darle zelos. 

ESCENA XVL 

JUANA T DOÑA ANTONU. 

Ant. Huélgome de hallarte aquí. 
Que á solas hablar deseo 
Contigo. 

Juana. Que tienes creo 
La satisfacción de mí. 
Que siempre te merecí. 

Ant, La satisfacción me obliga 
A que mi pasión te diga : 
Escáchame, Jaana. 

Juana. Escucho. 

Ant, El amor me obliga á mucho. 

Juana, Tu criada soy, y amiga. 

Ant. Quiero ún secreto pedirte. 

Juana, Aquí á tu servicio estoy. 

AtU. Tengo un mal, Juana, en que doy 
Diffcll de persuadirte. 
Que es nn infierno de fuego. 
¿Conoces este don Diego, 
Amigo de don Femando? 

Juana. Agora estaban hablando 
Los dos, y se fueron luego. 

Ant. Em de cuanto hay en mí 
Es dueño que adoro y quiero. 

Juana. ¡Ah zelos, qué mal agüero ap. 
Fué alabarme de que os di ! 

Ant. Ahora ñas de hacer por mi... 
¿Sabes su casa? 



Juana. ¿No es 

En la casa del marques ; 
( ¡ Ay ingrato dueño mió ! ) ap. 

Que es la que cae hacia el rio, 
Adonde me lleva Inés? 

Ant. Es casa tan conocida, 
Que no la puedes errar: 
Un papel le has de llevar, 
Juana, que le va la vida 
A mi esperanza perdida. 

Juana. ¿A quién, se&ora? 

Ant. A don bíegó. 

Juana, Pensé que ál marques. 

Ant. Y luego 

De mi parte le dirás... 

Juana. Basta, no me digas mas. 

Ant. Esto, mi Juana, te ruego. 

Juana. Eso, ínl ama, haré yo. 
Aunque de muy mala gana. n>. 

Ant. Pues entra, y daréte, Juana, 
El papel. (Vasc.) 

Juana. Que presto halló 
Castigo quien se burló : 
Paciencia para sufriros. 
Amor, ¡ay tristes suspiros 1 
Zelos, ¡no costéis tah cáfosf 
Que cuanto me agrada el ñaSifÉf 
Me entristece el recibiros* 

ESCENA XVII. 

Sala en casa del marqme, 
Mabqubs t DON DIEGO. 

Marq. Buena respuesta has traído . 

Diego. No he visto tal condición. 

Marq, Siempre esta resolucloh 
Gente rústica ha tenido. 

Diego. Con sus iguales se entienden, 
Que indignas de prendas tales 
De los hombres principales 
Bravamente se defienden : 
Tus razones la cansarofi. 
Tus promesas la ofendieron. 
Tus dádivas no rindieron, 
M tus dichas alcanzaron ; 
Finalmente he sospechado 
Que vencer esta muger, 
Mas difícil ha de ser 
Que romper un monte helado. 

Marq. Mira, don Diego, quien ama 
No se ha de cansar tan presto. 

Diego. Antes bien, un pecho llonesto 
Obliga cuando desama, 
i Marq. Si aquesta muger ttiQ aihára 
¡ Al instante que me viera, 



16$ 



POR LA PUENTE JUANA. 



Por mocho gne la quisiera, 
Por muger Til la dejara : 
Vuelve á hablarla, que rogando 

Y prometíendo ha de ser 
Conquistar una muger 

Que no haciendo, y despreciando ; 
Habíala de parte mia, 

Y no te canses de hablar; 
Que no se ha de conquistar 
Una muger en un dia. 

Diego, i Porqué de partes me asalta ap. 
La fortuna! ¿qué paciencia 
Ha de tener mi prudencia, 
O qué desdicha me falta? 
Sino es dejando esta tierra, 
¿Cómo he de poder vivir? 
Pienso que he de proseguir 
De Carlos Quinto la guerra , 
Pasarme á Italia es mejor. 
Pues tan mal nos va en España ; 
No podré si me acompaña 
En cualquiera parte amor. 
Pero cansado y ausente 
¿Quién me lo puede estorbar? 

ESCENA XVIIL 

DON DIEGO T JUANA. 

Juana, Dicha he tenido en hallar 
A mi enemigo presente. 
iQoé esté solo, y en tal puesto ! 
Mas borlóse amor conmigo: 
¡ Qué tarde se halla un amigo, 

Y on enemigo qué presto! 
Diego, ¿Qoién es? 

Juana. La que ya no es. 

Diego. ¡Qoé gracia! 

Juana. ¿Es mucha? 

Diego, Es tanta, 

Que por muger no me espanta. 
¿En fin, buscas ai marques? 

Juana. ¿Qué marques? 

Diego. El que está aquí, 

Y despreciábasle allá. 
Juana. Esto papel to dirá 

Si vengo á buscarte á tí. 

Diego. ¿Papel para mi? ¿de qolén? 

Juana. De tu dama. 

Diego. Tú lo eras 

Antes que á buscar vinieras 
A quien te obliga tan bien. 

Juana. Dejémonos de porfías; 
Toma el papel. 

Diego. ¿Tienes seso? 

Juana. Toma y responde. 

Diego. Confieso 



Las obligaciones mías : 
Pero en poniendo los pies 
A donde estás, se acabaron. 
Pues en efecto buscaron 
Livianamente al marques. 
Que puesto que te mudaste. 
Yo debía hacerlo así, 
Pues para venir aquí 
A doña Antonia burlaste. 
Yo aseguro que dirías 
Que traerlas el papel, 
Para negociar con él 
Lo que para tí querrías. 

Y aun le harías escribir 
Lo que ella no imaginaba, 
Porque si al marques amaba 
Pudiera tu amor decir, 

Que á un tiempo engañaba á tres, 

Y aun á cuatro, pues amando. 
Tú engañabas á Fernando, 

A mí, á Antonia, y al marques. 

Juana. ¿Ha dicho vuesamerced? 

Diego. Poco para tal traición. 

Juana. Pues oiga por caridad. 
Pues callé mientras habló. 

Diego. ¿Yo, qué tengo que escuchar? 

Juana. ¡Qué malas señales son 
El meter el pleito á voces 1 
Calle, pues callaba yo. 
Doña Antonia, mi señora, 
Me ha conUdo la afición ; 
Que vuesamerced la olvida 
l'or el marques, su señor ; 
Como la quiso en llegando 
A Toledo, y qoe los dos 
Se hablaron algonas veces 
En dulce conversación: 
Pero que después sirviendo, 
El respeto le guardó 
Que debe un buen escudero. 
Que non sabe mentir, non. 
Si es vuesamercé el marques. 
Pues por él le dejé yo, 
Este marques he buscado. 
Este fué á quien tuve amor, 

Y este es á quien ya no quiero: 

Y asi con gran devoción 
Le hago una reverencia, 
Dejo el papel, y me voy : 
Si le he dado pesadumbre, 
Diga, dándome perdón: 

« Mensagero sois, amigo, 
Non merecéis culpa, non. » 

Diego. Tente, escucha. 

Juana. ¿Qoe me tenga 

Déjeme ir, que por Dios 



ACTO II, ESCENA XX. 



169 



El poea d agua del Ti^o 
Para que lave sa error. 

Die^. Oje, IsabeL 

Jicama. ¿Qué Isabel? 

Diego, La que adoro. 

Jmantu Juana soy : 

Saélleme... 

Diego. Tente. 

Juana. El vestido 

Que mi desdicha me did. 

ESCENA XIX. 

Dichos t el Marques. 

Jforgr. 4Qaé es esto? 

Diego. Qae no hay remedio 

Qk te quiera esta muger; 
DemMiio debe de ser. 

Jmama. A no estar vos de por medio 
Ros matilMunos aqoi, 
Como cochinos, pardies. 

Marq. ¿Tú en mi casa? 

Jmomu Algona vez 

Este corredor subf , 
T DO he tenido advertencia 
Ite entrar acá, hasta que agora 
El mandallo mi señora 
lie dio ocasión y licencia. 
Tengo á Iniscar á Femando, 
Que le queremos cortar 
unas camisas, y al dar 
El primer paso, temblando 
Sale estotro escuderón, 
T dice que yo he de ser 
Taestra moger: ¿qoé mogert 
Las de mi patria no soo 
Mogeres para Girones, 
Ni YUlenas, ni Pachecos; 
Son de Illescas y Mazueoos, 
Toribios, Sanchos y Antones. 
Quédese, señor, con Dios, 
Que el escudero algún dia 
Me pagará la porfía 
Que hemos tenido los dos : 
Yo le cogeré en mi casa. 

Diego. ¿Pues yo que ofensa te he hecho? 
Bien sabes, Juana, mi pecho. 

Juana. Ya sé todo lo que pasa. 

Marq. Juana, yo estimo tu honor; 
Si don Diego te habló en mi. 
La colpa tuve, que fhi 
Quien le declaró mi amor. 
Entra, que quiero mostrarte 
Mi casa, y darte un regalo. 

JwMa, A fe que no ftiera malo ap. 



Dar lelos á Durandarte : 
Pero soy muger de bien, 

Y por esto me voy luego. 

Marq. Tente; detenía, don Diego. 

Diego. Tente, escucha. 

Juana . ¿ Yos también ? 

I^ues por vos me voy mejor. 

Diego. Oye una palabra, Juana. 

Juana. ¿Vos á mí? 

Marq. Fuerte villana. 

Ya es tema lo que ftié amor. 

ESCENA XX. 

Sala en cata de don Femando. 
DONA ANTONIA v ESTF^AN. 

Ant. ¿Tanto olvido en el marques? 
No debe de ser sin causa. 

Bst. Con esta joya me envía : 
Asi todos me olvidaran. 

Ant. Memoria quiero, y no Joyas. 

Est.üetM. manera se llaman ; 
El que regala se acuerda. 
El que olvida no regala. 

Ant. ¿No ver ni hablar es regalo? 

Est. Gomo á mi me regalaran, 
Mas que nunca me quisieran. 

Ant. Pedir al galán la dama 
Algo de su gusto, es cosa 
Que obliga á servirla y darla. 

Est. Si, que una dama á un galao 
Que truchas le presentaba 
Le pidió un trucho una ves, 
Diciendo que le cansaban 
Las truchas hembras : y el triste 
Anduvo cuatro semanas 
Buscando un trucho varón. 

Ant. ¿Y haUóle? 

Est. Dos tn^o en agua : 

Y dijo que los guardasen, 
Porque después en la casta 
El macho conocerla 
Yiendo la trucha preñada. 
¿Pero qué me quieres dar 

Y contaréte la causa 

Del descuido del marques t 

Ant. Una cadena mañana. 

Est. ¿Mañana? 

Ant. ¿Pues es muy tarde? 

Est. No, Antonia, mas pues aguardas 
A mañana, yo también 
Quiero aguardar á mañana. 

Ant. Lindo bellacon te has hecho. 
«¡Inés, Inés? 



Í70 



POR LA PüENtfi JUANA. 



ESCENA XiiL 



DOÑA ANTONIA, INÉS, i después 
JUANA. 

íñéá. ¿Qué me mandas? 
Ant. ¿Vino Jaana? 
Inés. Tá lia ntMo. 

Ant, ¿Qué hay de úúé sucesos J(l»naf 
Juana. Malas nnevas. 
Ant. ¿Gófftoasft 

JuanOé Hallé aqael hombre en la snla, 
Di el papel, tomd el pMpel, 

Y á las primeras palabras 
Cruzó la cata á las letras. 

Ant. ¿Cómo, á las letras la cara? 
Juana. Rasgándole en mil pedaidS, 

Y diciendo: si vuestra ama 
Poríia, lí^me á la guerra i 
Que favor y merced tanta 
Como me hace el mar<|ues 
Con traiciones no se pagan. 
Hoy me ha dado mil escudos 

Y un caballo, que envidiaran 
Los del sol, á no ser de oro, 
Que vale á peso de |)lata. 
Con esto me despedí ; 

Pero dicíéndole airada, 
Cuando los hombres tío quieren 
Notables achaques hallan. 

Ant. No te escucho más. 

Juana, Espera. 

Ant. lió quiero escucharte nada^ 
Que no escucha libenades 
Quien tiene sangre en el ahna« 

B8GENA XXII. 
JUANA i INÉS. 

Juana. ¿Qué dices de aquesto, Inés? 

Inés. ¿Qué quieres que diga, Juaníi? 

Juana. Dichoso es este don Diego ; 
Todas le quieren. 

Inés. Bien basta 

Por ejemplo doña Antonia. 

Juana, t Ay quién de ti se (íára í 

Inés. ¿Tienes tú, Juana, también 
Tu poco de amor? 

Juana. Estaba 

Segura, y diéronme zelos. 

Inés, i Qué mala pedrada! 

Juana. Mala. 

Yo tengo, Inés de mis ojos, 
Dos vestidos en el arca, 

Y quiero que los saquemos ; 
Porque me dicen que bajan 



Estas tardes á la vega 
Muclios galanes y damas. 
Allí quiero ver mis zelos, 

Y tú sabrás quién los causa -, 
Sabrás tú mi pensamiento, 

Y yo sabré quién me mata. 
Pero esto con gran secreto. 

Inés. En rason de secretaria 
Soy dinero de avariento. 
Soy noche, bosque y montaña. 
Soy pobre humilde que asist« 
Adonde señores hablan ; 
Soy libro que no se yende. 
Que es la cosa que mas calla; 

Y para decirlo en breve, 
Soy necesidad honrada. 

Juana. Pues tomaremos dos mantos 
Con ricas ropas y sayas. 
Que quiero ver un secreto. 
Si el que dices me acompaña. 

Inés. Está segura de mí. 

Juana. Quiero ver si un hombre habla 
Con una muser que temo. 

Inés. ¿Que temes? 

Juana. Sacarle el alniiá. 

ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de seivM. 

INÉS Y JUANA CON mantos. 

Inés. Esta es la féga de ToTéflo, Jtíaiiff, 
Que doña Juana fuera bien ílan^árte ; 
No acabo de mirarte, y de admirarte. 
Qué lindo talle, y qué persona tlenos. 

Juana. ¿ Cuando me muero yo, de biitb 
\ Ay Inés ! i eso hac«n galas y oro ! [\ íe^ie? 
No hay cosa qué les dé mayor decoró 
Que vestir ricamente á las mugeres ; 
Cuando estas graves y damazas vieren 
Atribuye á las galas la hermosura. 

Inés. Si ellas no tienen la primer ventun 
Que es el nacer hermosas, no lo cre^s 
Por mas diamantes que en su euello teas 
¿ Es posible que tfi villana fuiste? [disu 

Juana. Tú mlsffla agofa, Inés, te respor 
Pues yo te he parecido gran señora 
Con las galas, naciendo íabfadora. 

Inés Mi ama es esta, cúbrete. 

Juana. No aclertí 

Que es de mis selos íá ocasión áátíettú. 



ACTO m, ESCENA V. 



KSCfiNA ÍI. 

DiciiAs, DOflA ANTONiA t üNa C^iAdA. 

Ani. Aqaí qnlefó Mntatme, ((tidestá tarde 
8ace la vega bu tistoso alarde 
De la henDorara y galai de Toledo. 

Juima, Io€í, qoe hoí toñoÉtíktÉ tongo 
miedo. [suerte 

Inés, PúH 00 le tefigai; porque eetáe de 
Qoe yo me admiro enando llegó á y«rte. 

Cr. ¡Bellas damas 1 pareceti forttteraa. 

Ant. tAh^ eefiorae bermosasí 

Inés. íQaé te tlterag? 

Ant. ¿Quiéreonos dar de tanto Mi dn 
rayo? ^ fmayó. 

Juana. Vaesamereod lo pida al mea do 

Ant. ¿Sonde Toledo? 

Juanas ¿Para <|1id le impoHa ? 

Ant. ¡Qoé bravos filos! bravamente 
corta. {llanas. 

Juana, ^des advierta qoe somet sevi- 

Ant. Qalte dos letras, y serán villanas. 

Juana. ¡Si nos hdn conocido! 

Inés. CalM, necfn. 

Juana, Y eRd <}de tanto de tsior <r 
Enséñenos la cara ñor so vida i [pieria 
Porque viene muy larga y mal prendida. 

Ant. Esa culpa será de las criadas. 

Juana. ¿Crittdas tiene? 

Ant. Muchas, tan honradas, 

Que pueden ser sus amas. 

Juana. No lo erelr, 

T mire ese galán qne la paáea . 

ESCENA IlL 

Dichas r DON DffiGO. 

Diego. Al oampo saeo las tristezas mías. 
Por ver si las venciese en desafío* 

Juana, loesi este es aquel Ingrato mió. 

Inés. ¿Luego -don Dteg^faé quien te dio 
zeloa? 

Ant. \ Ah don Düeyo i Uegad. 

Diego. ¡.Inmensa dicha! 

¿Vos en la vega? 

Juana. ¿ Qué mayor desdicha ? 

Inés. ¿Pues tú de nal sefiott están zelosa ? 

Juana. Di en esta necedad. 

Ant. Menos dichosa 

Me praoietl la tarde: pdés os veo 
No tengo que pedir á mi deseo, 
Aunque correspondáis Ingratamente. 

Diego. ¿Cómo queréis que sin temor in- 
tente 
Serviros^ si el marques os quiere tanto? 



171 

Juana. ÉstOy, Inés, por descubrir el 

Y hacer un desatino. [nianto, 
Inés. Espera un pOco. 
Juana. No hay zelós cuerdos, si e| amor 

es loco. 

ESCENA IV. 

Dichos, el Mabqoes t ESTE0AN. 

Marq. ¿Es aquel don DIegA? 
Est. Él mi 

Y no está mal ocupado. 

Inés. Juanrt, el marques hH Uegado. 

Juana. ¿ Qué habernos de hacer, Inés? 

Inés. Que si has visto lo que quieres «^ 
Nos vamos á casa luego. 

Marq. ¿Quién hablará con don Diego? 

Est. No sé; pero dos mugeres 
Bizarras están alli. 

Ant Venid, don Diego» ttaita el fio* 
Por ingrato éi desafío, 
Ya que á la vega salí. 

Diego. ¿Qué mayor satiifáccion 
Os puedo dar, que el marqués? 

Ant. No hay satísfaeieion designes 
Que me habéis muerto á inüeioii, 
Ni es el reñir esoosadd* 

Diego. SI es desafio e^añol, 
¿Quién ha de partir el sol, 
Si llevo al sol enojado? 

ESCBIVA ¥. 

JUANA. INÉS, EL Marques t EstK.BAN. 

Marq. Dé vuesamerced túgát, 
Señora tapada, á ver 
Si tan bizarra muger 
Tiene mas con que matar, 
Que con tal donaire y brío. 

Juana. Esto es bueno para mí ; op. 

Llevándome el alma allí* 
Aquel enemigo mió. 

Est. Suplico á vüeáamercecí 
Se quite la sobrevaína, 

Y no dé heridas con vaina. 
Inés. AM, page, entretened 

Con mugeres enfaldadas 
Vuestra cansada persona. 

Est. ¿Y no puede ser fregona 
Alguna de las tapadas 1 

Marq. Merezca, ho por quferf éoy, 
Sino solo en cortesía 
Ver amanecer el día. 

Juan€u Con tanta desgracia estoy, 
Que no puedo responderos. 



172 



POR LA PUENTE JUANA. 



Marq. La quietad habéis perdido ; 
I>ecid, qufe'n os ha ofendido: 
Si en algo puedo valeros 
Os podéis valer de mí. 

Juana, Podéis liacerme merced 
De dejanne. {Hace que se va,) 

Marq. Detened 
El paso^ gne habéis de oir. 
Pues matáis. 

Juana, ¿Tan de repente? 
¿Paréxcoosbienr 

Marq, Y muy bien. 

Juana, ¿Qué cuanto los hombres ven 
Quieran bien tan fácilmente? 

Marq, Yo á nadie quiero. 

Juana, Mirad 

Qué condición es la vuestra. 
Si bien ponéis en la nuestra 
Antojos de liviandad, 
Pues hoy en sola una casa 
Queréis bien á dos mugeres. 

Marq, ¿Muger notable, quién eres? 
¿Doís mugeres? 

Juana, Esto pasa, 

Y tan desiguales son. 
Que son señora y criada. 

Marq. Por Dios que estáis engañada. 

Juana, Pero tenéis condición 
De señor; que harto y cansado 
De la perdiz, apetece 
La vaca : y así parece 
Que os da doña Antonia enfado, 

Y Juana os regala el gusto. 
Marq, Vive Dios, que he de saber 

Quién eres. 

Juana, Unamuger: 
Hacerme fuena no es Justo. 

Eti, Oye, señora tapada, 
Menos desdenes. 

Inés. Ataje 

La manopla, señor page, 
O habrá coz y bofetada* 

Bsi, Eres haca, que no creo 
Que eres muger; pero advierte, 
Que soy page de alta suerte, 

Y que en señoras me empleo: 
No tuve sama en mi vida, 

Ni he tomado punto á media. 

Inés. Bien la condición remedia. 
Que desde Adán procedida 
Tienen sama original. 

Sst, Vive Dios, que te he de ver. 

Inés, Mire que hay una muger. 
Que no le ha querido mal ¡ 

Y no quiero que me arañe. 

Est, ¿Qué importa si la aborrezco? 



Inés, Pues yo soy, y quien roeresoo, 

(Descúbrese Inés.) 
Perro, que tu amor me engañe. 

Est. \ Vive el cielo, que es loes! 
¿Hay tal cosa ? teme, para. 

Inef. No pienso dejarte cara. 

Marq. ¿Qué es eso, Esteban? ¿quién es? 

Est. Inés, señor, disfrazada. 

Marq. ¿Y tú quién eres, muger? 

Juana, Si Inés se ha dejado ver, 
¿De qué sirve estar tapada? 
Juana soy, cáteme aquí. 

Marq, ¿ Qué dices P ¡hay caso igual! 
Ay donaire celestial, 
¿A matar sales así ? 
¿Tú eres labradora? 

Juana, Pues, 

Anda acá, Inés, no nos riñan. 

Marq. ¿De esta manera se alifiao 
VUlanas? 

Juana, Anda acá, Inés. 

Marq. Espera, en mi coche irás. 

Juana. ¿ Qué coche, ni qué cochiuoP 
¿Queréis torcer el camino... 
Ya me entendéis lo demás, 
Y zamparme en vuestra casa? 

Inés, Vamos, Juana. 

Juana. Inés, camina. 

ESCENA VL 

El Marques t ESTEBAN. 

Marq. Labradora peregrina. 
Si tosco sayal me abrasa, 
¿Qué sirven armas de sedaP 
¿Has visto, Esteban, muger 
Mas bella? 

Est. No puede ser. 
Que ser mas hermosa pueda. 

Marq. ¿Hay tan notable Invención 
De enamorar y matar? 

Est. \ Qué no puedas conquistar 
Tan villana condición! 

Marq. Si enamorarme pretende 
De esta suerte, ¿qué he de hacer? 
Algo hay en esta muger. 
Que se mira, y no se entiende. 

ESCENA VII. 

Sala en casa de don Femando. 

DONA ANTONIA y DON DIEGO. 

Ant, Del haberme acompañado 
Estoy muy agradecida. 
De mi esperanza perdida 
Por el engaño pasado. 



ACTO III, ESCENA XI. 



175 



Diego. No hay amor deseogafiado 
Que quiera mas si no alcaosa 
A «ntretener la esperaoia, 
CoD que me oJbUga á creer 
Que DO hay distancia en muger 
M amor á la mudansa. 
Pues para no ser Ingrato . 
A la merced que me hacéis, 
Fedid licencia al marques, 
T Tereis que no dilato 
Q casarme, siendo ingrato 
Al fsTor que me otorgáis; 
Que si licencia alcanzáis, 
Al misiiio punto veréis, 
Que la poMsion tenéis 
Shi que esperanza tengáis. 

ESCENA VIIL 

DORA ANTONU t después JUANA. 

Axí. Perdida esperanza mia, 
Albricias, que ya os hallé. 

Juana, Cuando don Diego se ftié 
¿Quedas con tanta alegría? 
iQué habéis tratado los dos? 

Axt. ¡Ay Juana 1 mi casamiento. 

Jmama, Muy Justo ítaé tu contento; 
Yo se lo pediré á Dios. 

AíiL Yo te prometo casar 
Con un oficial honrado. 

huma, i En fin, queda concertado? 

Ani. No Iklta mas de tratar 
111 dicha con el marques : 
To le Toy habhu*, que es justo 
Que esto sea con su gusto ; 
Lo demás sabrás después. 

ESCENA VL 

JUANA. 

Aquí oe acabó mi vida, 
Aqui dio fin mi tragedia, 
A^ en sombra mi esperanza 
Con triste luto y sangrienta 
Dio fin al acto postrero : 
Ro hay que aguardar, pues ya queda 
Todo abrasado el teatro, 
Y la campaña desierta. 
Aquí ftié Troya, aquí mi suerte ordena, 
Que tenga vida yo para mas pena. 
¡Oh cuántas veces, amor. 
Te dije yo que tuvieras 
Mas respeto á la razón ! 
¿Mas tú, qué razón respetas? 
i Quién dijera que don Juan 
Pagar ingrato pudiera 



Tan grandes obligaciones, 

Tanto amor, tantas finezas? 

¡ Ah ! nunca yo te amara, ni te viera. 

Alma de mármol, corazón de piedra. 

6 Qué bebemos de hacer ? morir, 

Y no aguardar á que vean 

Mis ojos lo que ya saben ; 

Pues sea mi muerte ausencia : 

¿Volveremos á la patria? 

No, que hay venganzas en ella 

De quien trate con desprecio 

Por amar quien me desprecia. 

lAh cielos I ¿quién podrá tener paciencia? 

Que en infinito amor no hay resistencia. 

ESCENA X. 

JUANA t INÉS. 

Inei. ¿ De qué das voces, Juana? 

Juana, De desdichas. 

Inés, á Dios te queda ; 
Que puesto que villana 
Cubre tosco sayal ahna de seda. 
Yo voy por mis vestidos ; 
Por dicha los que ves fueron fingidos. 

ifies. ¿Adonde vas ? detente. 

Juana. Por la puente de Alcántara á esas 
Desesperadamente. [peñas 

inet. Tu tristeza conozco por las señas ; 
Mas que pareces eres. [mugeres, 

Juana. Hay hombres deshonor de las 
«Pues cuál no ftiera buena 
Si no nos encantjran el oido ? 

Inés, Dime, por Dios, tu pena. 

Juana, No quieras mas que de mi historia 
Gonfhsa Babilonia: [ha sido 

Don Diego se ha casado con Antonia. 

Inés. «Casado? 

Juana. Allá en el rio 

Debieron de tratarlo aquesta tarde : 
Voime. voime; no fio 
De mis ojos paciencia tan cobarde: 
¿Qué aguardo ? fuego, fuego, 
Antonia se ha casado con don Diego. 

{Vase.) 

Inés, Fuese desesperada. 

ESCENA XI. 

INÉS V DOSA ANTONIA. 

ÁnU ¿Qué es esto, dime, Inés? 

Inés, Agora creo 

Que la villana honrada 
Zelosa espía fué de su deseo. 

Ant. ¿Cómo zelosa? 

Inés, Juana 



174 

Está sin seso desde ayer mañana. 

Sin duda no es grosei'a 

Con el trage que trae de labradora ; 

Qae tener no pudiera 

Tales vestidos á no ser se&ora, 

De que iba ayer cargada» 

Y anduvo por la vega disfrazada. 
Zelos son de don Diego, 

Porque hoy en la vega le has hablado. 

AfU. Agora si que llego 
A creer el respeto mal guardado; 
Mil sospechas tenia. 
Tal vez me hablaba bien, y tal flpgia 
Que no la detuvieras. 

Inés, Agora sale, siganla, ¿qué esperas? 

Ant. i Qué haré? 

Inés. Que consideres... 

Ant. ¡Qué cobardes nacimpslas mugeres 1 
¿ Si se va con don Diego? 

¡nes, ¿Pues qué dudas? 

Ant, Amor es siempre ciego ; 

Solo para engañarme 
Trató de casamiento, solo ha sido 
Con palabras burlarme. 

ESCENA XII. 

Dichas i DON FERNAISDO, 

Fem. ¿Qué es esto, doña Antonia? 
Ant. Que se ha Ido 

La infame labradora, 

Y mis vestidos se ha llevado agora. 
Fern. ¿Juana con malas manos 

Teniéndolas tan bellas? 

¡nes. i Linda flema I 

Fem. Pensamientos villanos, 
Que diera yo para vencer su tema 
Mas joyas que ha llevado. 
Solo porque escuchase mí cuidado. 
Pienso que solamente 
Pudiera ser bastante esta bajeza 
Para que el fuego ardiente, 
Que ha encendido en mi pecho su belleía, 
Sus rigores templara 
Tan lindas manos oon tan linda cara. 

Ani. Mientras que das al viento 
Esclamaciones vanas y amorosas, 
Seguirla quiero. 

Fem. Intente, 

Que se ajtjsta á mis pepfis \tm forzosas ; 
Que pienso que la lleva 
Un falso amigo que no sale á prueba. 

Ant. Yo quiero acompañarte. 

¡nes. Sin duda que los dos pasan la puente. 

Ant. Daréá mi padre parte. 

Fern, De ninguna manera; brevemente 



POB Í.4 PUENTE JUAWA. 



Saquen el ^oche^ hermana. 
Ant. I Ay inn'ftto don Diego I 
Fem. ¡Aybefla Juana 

ESCENA Xill. 

Decoración de (^ampo á íq margen 
del río. 

Marques, DON DIEGO, ESTEBAN 

T LOS Músicos. 

Marq. Llegue la barca á la orilla. 

Diego. Ya va llegando la barca. 

Marq. A la Isla pasar quiero, 
Que el Tajo aprisiona en plata; 
¿Los músicos? 

¡Hego. Ya han venido ; 

Gran gente la puente pasa; 
Todos son de Andalucía; 
La barca toca á la playa. 

Marq. Entren todos t buena viene; 

(Vese una barca muy cfímjamesU 
y enramada.) 
Gomo en Sevilla la enraman: 
Mas no de naranjos verdes 
Para pasar á Triana, 
Tantas damas y galanes. 
Viernes de entre pasciia y pasc^fi. 
Quédate, Esteban, aquí, 
Porque si don Pedro baja^ 
Digas que pase á la isla, 
Y vepdrá por él la barca. 
Cantad por el rio vosotros, 
Que hace linda consonancia 
El viento por esos olmos, 
Por esas peñas el agua : 
Moved á espacio los remos :.., 
,: Aquella no es Juana? ¿Juana, 
Dónde vas? 

ESCENA XIV. 

Dichos t ^UAf^A* 

Juana. ¿Cielos, qué es esta? 
Dentro de una barca pasan 
Don Juan y el marques el rio. 

Marq. Acosta, acosta, no vayas 
Tan aprisa, dad la vuelta t 
¿Juana? ¿Juana? 

Juana. ¿Quién rae UamaF 

jlíar^. Vive Dios, que es ocasión, 
Don Diego* para llevarla 
Donde no la valgan bríos. 
Ni condiciones villanas. 
El marques soy, llega, llega. 

Diego. ¡ Ay Dios, si podré avisarla I a^ 
¿Con qué ocasión le diré 



ACTO lU, P$fiSNf xytt, 



n? 



Q peligro qae la a^wi»? 

Jwma, Esta es famosa oq»9)OI| 
Para qae tome venganza 
De doD Diego: ha, seor i^arq^e^^ 
¿Qaiere UeTarme? 
Marq, Entra, salta, 

Diego. Señores músicos, i^abeQ 
La letra qae ahora se caat^? 
Por la paeate, Juaiij|, 
Qoe no por el agua. 
Mus. Si, sabemos. 
l>Ugo. Sepao qqe ^ 

Al propósito estremada. \ap. 

Juana. May bien entiendo 4 dop Die^o, 
Mas soy moger y agraviada; 
Hoy me Tengo de sus ze|o8. 
Entro. 

Marq. Paes moved las palas, 
ÍTosotros id cantando 
Eso de la paente Juana. 

JfánM. Por la piuntB, huiu, 
Qae no por ¿\ «go». 

ESGISN4 ?Vr 

ESTEBAN, 

Partieron ; no hay blanco cispQ 
Qoe con las candidas ala^ 
Rompa el cristal como el barco. 
Cerco de frígida plat^^ 
Donde oo hay agua, no hay fiesta. 
¡Cómo rqelan, y se apartan 
Unas 0I4S 4e otras 0Í43 ) 
Fiestas aquellas se llaman: 
Con todo, me ha da(4o pena 
Qoe Juana con ellos vava : 
Casta ha partido, mas creo 
Qoe no volverá tan casta. 
DoD Fernando, y dofia Antonia, 
SoQ los que del coclie l)ujan. 
¿A dónde bneno, señores? 

ESCENA XVI. 

ESTEBAN, DON FERNANDO 
T DOÑA ANTONIA. 

Pem. ¡O Esteban! viene mi l^erninnn 
A Imscar por esta puente 
Donde las mugeres lavan. 
Aquella Juana fingida. 
Que con sus rudas palabras, 
Era ladrona famosa. 

Est. ¿Ladrona? mucho te engañas, 
Si por dicha no lo dices 



Porqué lo (pé 4$ la9 #liiMJf , 

Ánt. ¿SI me lleva mis vestidos. 
Será por ventura honratia ? 

Est. No sé; pero si ella hurt^f 
Sus ojos son llaves falsas ; 
Con el marques pasa el rio, 
Gomo otra Elena robada, 
Que como en marques hay ipaf 
En mar de marques se embarca : 
Aquel barco con Elena 
Tiene al toi-o semejanza, 
Sino lo es don Diego. 

Ánt. ^Wéu'i 

Est. El que á los dos acompaña. 

Ánt. ¿Pues va allí don DlegpY 

Est. Si) 

y porque Vuelve la barca 
Por don Pedro, y no há v^nid0| 
Dadme Ucencia que vaya 
A ver estos desposorios. 

Ánt. No se harán, si la villana 
No me vuelve mis vestidos. 

Est. Entrad si queréis hallaila. 

Ánt. ¿Quieres, Fernando? 

Fem. ¿Pues no? 

A costa que de una falsa 
Amistad, tengo una queja, 

Y pienso así averiguarla. 
Est. Entren, y verán I9 Isla 

Mejor del Tajo, y á Juana, 
Que pudiendo por la puente^ 
Quiso pasar por el agua. 

ESCENA XVU. 

Decoración de campo al o^rQ Mq 4H m* 
DON DIEGO Y fi|. MARQyfs, 

Marq. ¿No desembarca Juana t 
¿Gomo ha venido con tan gran tristeza? 

Diego. Volvió nieve la grana, 
Que esmalta de su rostro la belleza , 
Luego que tus amores 
Turbaron con el miedo sus colores. 

Marq. ¿Pues de qué tiene miedo? 

Diego. De hahers^ puesto en tal peligro. 

Marq. ¿Y ftierá 

Mas justo que en Toledo 
De la manera que la vi sirviera t 
¿No ha sido mas dichosa? 

Diego. Está de verse indigna temerosa. 

Marq. Mira, don Diego, el día 
Que un hombrea una muger ie dice amores, 
Cesó la cortesía 

Y el respeto debido á ios señores; 
Porque sujeto queda 



176 



POR LA PUENTE JUANA. 



A qae tratarle mal, ai quiere, paeda. 

Juana será estimada 

De ti, y de mi; y de todos mis criados 

Senrida y regalada: 

La primavera de estos verdes prados, 

De flores guarnecidos. 

Envidiarán la tel^ á sus vestidos. 

Sus Joyas serán tales. 

Que se conozca en ellas mi deseo : 

No ha de traer corales 

Mas que en su rostro. 

Diego. De tan alto empleo^ 

¿Qué menos su belleza 
Pudo esperar, se&or, de tu grandeza? 

Marq. Entreten esa gente 
Mientras que voy, don Diego, á persuadilla, 
Que ver cuan tristemente 
Sale del barco á la arenosa orilla, 
Vergonzosa y cobarde, 
Muestra que se arrepiente; mas ya es tarde. 

ESCENA XVIIL 

DON DIEGO. 

Desdichas, que habéis llegado 
A tal estremo conmigo, 
Que vengo hasta ser testigo 
De mi deshonra forzado, 
¿K cuál hombre en tal estado 
Habéis puesto como á mí ; 
Pues pudiendo hablar aquí. 
Por el honor que me toca. 
Me cierra el mismo la boca. 
Ingrata Isabel, por ti? 
Si agora al marques hablara, 

Y quién era le dijera^ 

Claro está que quien es fuera, 

Y su nobleza mostrara, 
Claro está que la dejara : 
Pero si yo la advertí 
Guando en el puente la vi, 

Y ella á mi pesar entró. 
Bien se ve que le estimó, 

Y que me aborrece á mi. 
Cuando, porque me entendieses. 
Desentendida tirana. 

Dije, por la puente, Juana, 
Para que el peligro vieses, 
¿ Era honor tuyo que fueses 
Por el agua á darme enojos? 
Fuertes ftieron tus antojos ; 
Que los hombres advertidos 
Pueden disculpar oídos, 
Mas no lo que ven los ojos. 
Perdiendo el juicio estoy, 



No de verme despreciado. 
Sino de llegar á estado 
Que deje de ser quien soy. 
¿Cómo mil quejas no doy 
De tanto agravio á los cielos? 
¡Qué buen pago á mis desvelos 
Hasta cerrarme los labios ! 
Mas bien es que sufra agravios 
Quien tuvo paciencia en zelos. 
Ya le tomará las manos. 
Ya le dirá amores tiernos... 
¡Qué de manera de inflemos! 
¡ Qué de agravios inhumanos! 
¿Cuándo inventaron tiranos 
Tormentos de mas rigores 
Que ver que tú la enamores, 

Y él te diga amores ya? 
Amores dije, ojalá 

Que fuera decirla amores. 
Pensamientos me han venido 
De echarme desesperado. 
Tajo, en ese espejo helado. 
De abrasado y de corrido: 
Defiende, agravio, el sentido. 
Que como amor es furor 
No sabe tener valor; 
Advierte que un hombre honrado 
Después de estar agraviado 
No es justo que tenga amor. 

ESCENA XIX. 

DON DIEGO, DON FERNANDO, 
DONA ANTONIA t ESTEBAN. 

Sst, Aquí está solo don Diego. 
Ant ¿Pues solo en esta ocasión? 
E$t, Que le habléis con discreción, 

Y no con enojo, os ruego ; 
Que estará cerca el marques. 

Fem. Don Diego, ¿qué soledad 
Es esU? 

Diego, Si la amistad 
Para tales tiempos es. 
Dejad á un hombre afligido. 
En lugar de acompañarme. 
Que estoy cerca de matarme 
De una muger ofendido. 

Fem. ¡Muger! ¿aquí no sois vos 
£1 dueño de quien decís? 

Diego. ¿Pues á vengaros venís 
De mis agravios los dos? 
Escondeos conmigo aquí, 
Que viene huyendo de un hombre. 
Que el respeto de su nombre 
Me obliga á tratarla así. 



ACTO III, ESCENA XX. 



177 



E*t. Bien será que no nos vea, 
T paeeto qae es el marques ; 
Qoe tiempo tendrá despoes 
Doña Antonia, si desea 
Vengar sos zelos. 

Ant, Aquí 

HaT árboles mas espesos. 

Diego. Presto veréis mis sucesos. 
iQoé agravios pasan por mi ! 

{Escándefue,) 

ESCENA XX. 

Dichos, el Harqoes t JUANA. 

Juema. No tiene el mundo poder; 
AdTierta vueseñoría 
Que es injusta su porfía. 

Marq. ¿Noeres mogerP 

Juana. Soy muger. 

Marq. ¿Eres labradora? 

Juana. No. 

Marq. ¿Pues quién...? 

Juana. No quiero decHIo. 

Jfor^. ¿Pues qué intentas? 

Juana. Encubríllo. 

Marq. ¿Hasta cuándo? 

Juana. ¡Qué sé yo! 

Marq. ¿Sabes dónde estás? 

Juana. Muy bien. 

Marq. ¿Quién te ha de valer? 

Juana. Mi honor. 

Marq. Es necedad. 

Juana. Es valor. 

11077. Soy quien soy. 

Juana. Y yo también. 

Marq. Amor me obliga. 

Juana. Y á mi. 

Marq. ¿De quién? 

Juana. De quien me burló. 

Marq. ¿Es hombre rústico? 

Juana. No. 

Marq. ¿Pues es caballero? 

Juana. Sí. 

Marq. ¿Hene calidad? 

Juana. Y mucha. 

Marq. ¿Es mi igual? 

Juana. No es vuestro igual. 

Marq. ¿Es principal? 

Juana. Principal. 

Marq. Declárate mas. 
Juana. Escucha. 

Sefior marques de Villena, 
faivictísima corona 
De Girones y Pachecos, 
Cuyas haiañas heroicas 
Escribe eo papel la fuma, 



Que no hay tiempo que las borra ; 
Que son diamantes las letras^ 

Y bronce eterno las hojas; 
Yo soy de León de España, 
Que Justamente se honra 
De aquellos primeros reyes, 
Que de la nobleza goda 
Quedaron para castigo 

De los bárbaros, que agora 

Solo sirven por reliquias 

De las pasadas historias: 

Neutrales están mis deudos; 

Que quiera á don Juan me estorban; 

Había llegado el mes, 

Que prados y campos borda, 

Aquellos ?lste de nle?e. 

Estos de flores y rosas; 

Bajaban los arroyuelos 

A guarnecer con las olas, 

De pas imanos de plata, 

Las márgenes arenosas: 

Yo con ocasión Injusta 

De enrermedades que toman ^ 

Mas la ocasión que el acero^ 

Tal ves voluntades mozas, 

A hablar á don Juan salla 

Para escusar mi deshonra. 

Que quiere amor que el deseo 

A la razón se anteponga. 

Supo don Sancho estos días, 

Y una mañana lluviosa, 
Que para que no saliera 
Parece que el alba llora. 
Llegó mas presto, ; ay de mí ! 
Que aun me matan sus congojas, 
Que zelos madrugan mucho. 
Porque duermen pocas horas; 
Salió de unos verdes ramos, 

Y asiéndome de la ropa, 

Que no del alma, á escucharle 
Mis plés turbados reporta: 
Oigo amorosas razones, 
Si puede ser que las oiga. 
Quien mirando á quien le habla 
Está pensando otra cosa: 
Pero cuando ya atrevido, 
Mas intenta que razona. 
Puse mi rostro en defensa 
Con palabras afrentosas. 
Que los hombres atrevidos 
Cuando á su gusto se arrojan, 
Para entrar á sus deseos 
Tienen por puertas la boca. 
En este tiempo don Juan 
Con espacio Ubre asoma. 
Que á quien anda de ganancia 
12 



n8 



POR L4 MIENTE lUAXA. 



No le despiertan e«Bigojaa; 
Luego que xnlr» el aueeio, 
Gomo es moD, se albofoU ; 
Pierden el color eotrambos; 
Yo entonces el alma toda : 
Asi toros de Jaraoia 
Alzan las frentes lelosas, 
Tierten por la poca espuma. 
Fuego por los ojos brotan ; 
Asi en el arena escarban, 
Brio enamorado cobran, 

Y los llama al desa/ío 
La palestra polvorosa. 
Como sacan las espadas 

Don Juan y don Sancho» y doblan 

Las capas, que al brai» envnelfen ; 

Mi presencia los provoca: 

Por estar favorecido. 

(Que pienso que en esto importa) 

Dio mas ventura á don Joan, 

Que olvidados tienen poea : 

Ibale mal á don SancbOj 

Yo, como algunas personas 

Que están viendo á los que juegan. 

Que del uno se aficionan. 

Deseaba que ganase 

Don Juan^ esperado ¡ay leoa! 

Mas desdichas de barato 

Que estos olmos tienen h<^as. 

Cayó don Sancho, y don Juan 

Luego la mano me toma, 

Y á un pueblo suyo me Ueva ; 
No hay secreto que sa esconda : 
Huye á la justicia un dia, 
Sigole yo triste y sola 
Luego con un escudero» 

Que en Olías me despoja 
De joyas y de consuelos, 

Y con engaños me roba : 
Mudo el trage, y en Toledo 
Sirvo humilde labradora^ 
Donde me veis y decis 
Que mi talle os aficiona; 
Decis que me hable don Diego, 
A quien doña Antonia adora ; 
Esta dama toledana, 

Que era entonces mi señora : 
Este don Diego es don Juan, 
Que de e»te nombre se adorna 
Por serriros, y < ncubrirse : 
Tanto el peligro le exhorta 
De lelos desatinados. 
Para vengarse á mi costa. 
Entré en la barca esta tarde; 
Conflanxa peligrosa, 
Pero Justa en la noblesa 



De vuestra penana hevéioa. 

Que no ha de degenerar 

De sus magnánimas obras, 

Sino ayudarme á cobrar, 

Como quien es honra y gloria 

De Villenas y Girones, 

Mi ser, mi vida y mi honra, 

Por titulo, por señor» 

Por grande, por hombre sobra, 

Pues soy muger» y muger 

Que os ha contado su historia. 

Marq. Cuando no ftierato muger 
De tan notoria nobleza. 
Por el talle y la belleza 
Mi favor debéis tener: 
Yo os he de favorecer. 
Que os debo, y es oosa llana, 
El volver por tan liviana 
Causa en tan noble opinión. 
Como tener afición 
A una rústica villana. 
Bien el alma me deda 
Pues se ha visto en el efecto, 
Que babia mayor concepto 
Donde la vuestra vivia : 
Tendréis este mismo día 
A don Juan... 0\a, criados» 
Gente. 

Juana, Estarán descuidados. 

Marq, Ola, Esteban. 

{Sale Esteban,) 

Est, Aquí estoy. 

Marq. Llama á don Diego. 
{Sale dan Diego.) 

Diego. Yo soy 

Dueño de tantos cuidados. 

Marq, ¿Estábades escondidos? 

Est, Si señor» porque obligaba 
La desdicha de don Juan. 

Diego, Confiado en la palabra 
Que has dado á doña Isabel 
Llego á tus pies. 

Marq, No te engañas. 

Diego, ¿Cómo me puedo engañar 
Cuando ya me desengañas 
Con tu divino valor? 

Marq. Esteban, testigos llama 
De la palabra, y la fe 
Que por mas l^erza Jurada 
Quiero que quede á Isabel. 

{Salen don Femando y doña AtUania, 

Fem. Aquí estamos yo y mi hermana» 
Que con otro pensamiento» 
Que nos dio bastante causa. 
Pasamos sin su licencia. 
. Ánt, Señor, cuanto amor engaña, 



ACTO III, ESCENA XX. 



179 



Tu misma disculpa ti«if , 
Que para mayoreí hasta. 

Marq. Pues si sabéis ya los dos 
Las iiistorias y desgracias. 
Que 08 habráD movido el pecho, 
De doD Juao y de esta dama, 
HasU acaharlas del todo 
Taodráo amparo en mi casa, 



Y coQ Telóte mil (lacados 
De déte «ulero pagarla 
La conflania que tuvo. 

Juana. Fué muy Justa coaflaoza 
En tan divino valor. 

Diego. Y aquí por la puente, Juana, 
Da fin en servicio vuestro; 
Dadnos perdón de las faltas. 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Aunque esta comedia no tiene por so argumento ni por su acción el mérito que otras 
de Lope, se advierte sin embargo en toda ella un interés progresivo^ y tan bien graduado, 
que se lee con apsto hasta el desenlace. La amabilidad de los personages, señaladamente 
el de Jacinta, el amor constante de Benito, el de Lisarda á don Carlos, el de este y de 
don Luis á Jacinta, forman un contraste que agrada y cautiva la atención. Hay situaciones 
buenas y escenas interesantes; y una variedad de tonos en la versificación^ que es á 
nuestro parecer el mayor mérito de la pieía. La escena del baile es muy pastoril, y los 
versos fáciles y alegres. 



O qué bien que baila Gil 
Con las mocas de Barajas, 



La chacona á las sonajas 
T el villano al tamboril! 



La alegoría con que se esplican Garlos y Mayo en la huerta de Benito, es un troio de 
buena versificación. 



Cárlot, iQué hay, compafiero, tenemos 

De lo dicho alguna traza? 

¿Goncertaráse la frnta? * 

¿ Irán i Madrid las cargas T 

Que hay otro marchante acá 

Qne dis qae yiene á comprarla. 
Jfayo. Hortelano era Yelardo 

Ds las hnertas de Barajas ; 

Qne los trabajos obligan 

▲ lo que el hombre no basta : 

Pasado el hebrero loco, 

Siembra para mayo traías ; 

Mas ninguna llera flores, 

El desafío de Benito está espresado con nobleza y energia : 



Aires de Madrid lo cansan. 
Todos soplan hacia acá, 
No hay sino bajar la cara 
Mientras soplan estos ciertos 
Qne Tienen de las montafias. 
Cárlot. Ta lo entiendo, compafiero, 
Y qne engaño la esperanza ; 
Porque quien la pone en huertas 
O le falU el sol, ó el agua. 
No sé qué habemos de hacer. 
Si tantos marchantes andan 
Para tan poca hortaliza, etc. 



Caballero de la corte. 
Que vestido de arrogancia, 
Tenis á quitarme el bien 



Qne solicitan mis ansias; 
Y puesta para un desnudo 
Mano á la cobarde espada, etc. 



La declaración que hace Jacinta á Lisarda de sus amores con don Carlos, desde que la 
libró de un toro en el arroyo Brañigal, produce los xelos de esta, y las escenas sucesivas. 
Los versos cortos de esta relación tienen suma gracia y facilidad. 



Sali de Barajas 
Un lunes tirano, 



Por la vecindad 

Del martes aciago, etc. 



Las reconvenciones y quejas de Lisarda á don Carlos tienen, ademas del Ínteres de la 
situación, una ironía satírica, fina y delicada. 



La novena me agradó, 
Que hasta el arroyo llegó ; 
Pero no pudo pasar. 
Ynéleanse en tales caminos 
Los coches por la intención, 
Y acuden á la oración 



Dos ninfas en dos pollinos. 

Alfombrita de color. 

Jáquimas rojas á listas 

Con borlas como legistas, 

Si hay algún asno y doctor, etc. 



También tiene mucho Ínteres la escena en que Jacinta encuentra á Lisarda y don Cáriot 
dándose los braios, y hay en ella muy buenos versos. 



Jaeínia, \0 bien haya un verde prado 
Á donde sirve de estrado 
Uaneu y seguridad ! 
lO bi«i haya «n apostnto 



En quien es tapicería 
La limpieza y la alegría ! 
Que es donde vive el contento. 



ACTO I, ESCENA II. 



181 



noatmente, el deseoUee « eonsfgaieote á la iltoacloD en que le halla don Cáríoe con 
Uiarda, á quien engafia, no con mucha decencia, para lograr á Jacinta. Es ignal al del 
maestro Tino de Molina en la comedia del Vergonzoso en palacio; annqoe do tiene tanta 
filta de decoro, ni tanta malignidad. 






JACINTA, 
TERESA, 
DOEENA 
USARDA, dama. 
ISAREL, criada 
DON CARLOS. 
M)N LUIS. 
IBNITO. 



PERSONAS. 

PASCUAL, 
labradoras. LAURENCIO. 

SILVIO, criado. 
MAYO, criado. 
ANTÓN. 
MENDO, viejo. 
GUZMAN. 
Un HoaTtuoio. 

La escena es en Madrid y Barajas. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de campo. 
JACINTA T TERESA. 

iac* En mi Tida tuTC amor. 

Ter. Para ser tan entendida, 
Macho admira tn rigor. 

/oc. Yo paso mejor mi vida. 

Ter, La sola no es la mejor. 

ioe. El que dio su voluntad 
Ya DO gosa libertad, 
Luego fiTir en prisión 
No parece discreción. 
Sino pora necedad. 

Ter. Tenemos acá en la tierra 
Cd gran bien y es el amor 
Qtt ot^»s bienes en sí encierra, 

kc. Mas antes todo el rigor, 
Tida la discordia y guerra, 
Td mas soberbio enemigo. 

1er. Antes su descanso, y pai. 

^oe. Yo le huyo. 

Ter. Yo le sigo. 

he. Yo pienso estar pertinaz. 

Ter. Y yo esperar tu castigo. 

ESCENA II. 

DiCBAS, PASCUAL T RENITO. 

Hen. Esto que digo me cuesta. 
?ue. Tú pasas vida inhumana. 



Ben. Y con un no por respuesta, 
Sin sol toda la semana. 
Hasta que llegue la fiesta ; 
Aunque ya el tiempo me vale. 
No porque el tomo sohir 
Dias y noches iguale ; 
Mas porque á ver vendimiar 
Tal ves á las viñas sale. 

Pase. Vendrá á matar labradores. 
Mas siendo alegre dolor 
El amor en sus rigores. 
En parte es hacer favor, 
Renito, el matar de amores. 
¿Pero no es Jacinta aquella? 

Ben. Teresa, su grande amiga, 
A la fe, viene con eüa; 
Pero déjame que diga 
Que es de sus rayos estrella. 

yac. ¿Qué hay, Renito? 

Ben. Dafbe esquiva. 

Pase. ¿Teresa?. 

Ter. i Pascual, hermano ? 

iac. ¿Qué se trataba? 

Ben. Así viva 

La lus de ese soberano 
Sol, que al sol de rayos priva. 
Que de un monstruo se trataba, 
De cuya pintura brava, 
Tiembla, Jacinta, la villa ; 
Que si hay de ellos maravilla 
Tú eres maravilla octava. 
Monstruos son tus bellos ojos. 
Contradiciéndose en ellos 
Las paees y los enojos. 
Tan bellos, que al ir á vellos 
Llevan el alma en despojos. 



lái 



AL t^AÍAA t>ÉL AllftótO. 



¿Qtié ttionstmos hay en el suelo 
Gomó Ver ios luces pufes, 
Dar fuego entre nieve y hielo, 
Con que parecer procuras 
Cié oP mas airado cielo, 
¿Cuándo ha de llegar el dia 
Que á algún dichoso himeneo 
Rindas tu helada porfía ; 
Que verte de otro deseo, 
Si es imposible ser mia? 

Jac. Benito, si cada cual 
Sigue bien su inclinación. 
No haces bien en sentir mal 
De mi esquiva condición; 
Por decreto celestial, 
Esto quieren las estrellas, 

Y yo lo que quieren ellas. 
Ren. Nunca su autor las crió 

Para forzarnos, que yo 

Bien puedo librarme de ellas. 

Jac, ¿Pues cuál es tu inclinación? 

Ben. Quererte. 

Jac. O fhería, ó padece. 

Ben. No puedo. 

Jac. Luego ellas son 

Quien fuerzan ai que aborrece, 
Como al que tiene aflcion. 

Ben. No dices bien, porque yó 
Amo, y el amar es bien, 

Y al bien nadie resistió : 
Pues siendo mal el desdén, 
Tú has de resistir, yo no. 

Jac. Forzándome á aborrecer 
El cielo á todos los hombres. 
Resistir á su poder 
Fuera locura. 

Ben. ¡Quén<MHbréS 

Fuerza tu mismo querer I 
Deja la vana aspereta. 
Con que mé tratas asi. 
Que ofende tanta bellesa 
Como el cielo puso en ti. 
Tan bárbara rustiqueza. 
Escoge en todo Barajas 
El mozo de mas ventajas, 
O algún criado del conde, 
Si mas á tu humor responde 
La seda, que no las pajas. 
Toma ejemplo en la azucena, 
Que de granos de oro llené 
Al aurora resplandece, 
Y que marchita álioehécé 
Llena de tristeza y pena. 
Mira los lirios al alba. 
Cuando al padre de Faetón 
Hacen los pájaros salva, 



Que no en balde A la oeation 
PUitaron desnuda y ealva. 
Si cuando verte no quieras 
Piensas que te han de querer. 
Yerras loca, necia esperas, 
Que en bellezas de muger 
PasAi las horas ligeras. 

Jac. Ya tu mucha libertad 
Con mi paciencia se mide. 
Que es dar, aunque haya amistad. 
Consejo á quien no le pide. 
Bachillera necedad. 
Para lo que yo profeso 
No es mi soledad esceso, 
Mezquina mi condición, 
Pues que ya la inclinación 
De mi aspereza confíese. 
Mas precio en el soto ó selva 
Seguir de Atalanta el paso 
Sin que al oro el rostro vuelva 
Hasta que el sol ai ooáso 
En oro, ó sangre se envuelva ; 

Y en aqueste manantial. 
Que riega con varias venas 
El prado, á un jardin igual, 
Ver retozar las arenas 

Con los golpes del cristal ; 
Mas precio coger las flores. 
De quien la naturaleza 

Y el cielo fueron pintores, 

Y que ciñan mi cabeza 
Las cintas de sus colores ; 
Mas precio ver susurrando 
Las abejas codiciosas. 

Su arquitectura formando, 

Y en estas selvas quejosas 
Los ruiseñores cantando. 
Que tus penas y cuidados. 
Amores ciegos y locos, 
Buenos solo imaginados. 
Donde hay dichosos tan pocos, 

Y tantos son desdichados. 

ESCENA Ilt. 

BENITO Y PASCUAL. 

Ben. A tanta resolución 

Y furia, yo no aconsejo, 

Que donde no hay obstinación 
Sirve el mas cuerdo consejo 
De espuela á la ejecución. 
Mucho en casarte acertaras. 
Que mal tu heUeza empleas. 
Sí en selvas y aguas reparas, 
Después que casada seas. 
Serán tan rfifáfi^ y claras. 



ACTO 1, figCEM V. 



lás 



No hay bieo que pueda llMnarae 
Bien, teltaodo eomptíiía, 
Qoe es ftiena comanicane 

PoMc. Deja esa vana porfía, 
Qoe es ignorancia cansarse. 
Despoes en otro lugar 
JHxiris á Jacinta hablar 
Y merecer sus favores, 
Que no andan bien ios amores 
Eo cestos de vendimiar, 
lira como tus criados 
Cogen racimos opimos^ 
De que Tan carros cargados 
Para colgar de racimos 
Tantos lagar» lavados ; 
Que si no fué con ventila 
La cosecha de este agosto, 

Agora en todo Barajas 

Con la abondaocia del mosto 

Rebosarán las tincas. 

£a pues. Tamos de aquí. 
Ben, Vamos, y plegué á los cielos, 

l^oes no te dueles de mí. 

Que quieras con tantos xeios 

Gomo yo tengo de tí : 

Que supuesto que te vea, 

Como dices^ no querer, 

No es posible que lo crea ; 

Que es condición de muger 

)ie|ar lo que mas desea* 

ESCENA IV. 

Sala en casa de dan Lttis, 
LISAROA É ISABEL. 

Itab. Esto responde el papel. 

¿ti. Muestra, que ya estoy turbada. 
I bab. ¿ Si ya estás desconfiada, 
Qué temes que Tenga en él? 
DeouiSy que ya son escesos 
Tanto cuidado y temor. 

lú. Desconfianzas de amor 
No mejoran los sucesos. (Lee :) 

« En mi enfermedad hice una promesa 
■á san Diego^ y así me parto á Alcalá : hol- 

• gárame que hubiera en ella que traeros ; 

• pero como su trato es estudiantes, no 
> pienso que serán á propósito para n^- 
« laros. Pasaré con el coche por Tuestra 
« puerta, para llevar mas presentes vdír- 
« tros ojos en esta ausencia. » 

liob. Donaire tiene el papel. 

Us. Y Uene tanto donaire, 
Que le ha de llevar el aire, 
Y al misme duaik» con éL 



Isab, Yo me acuatdo que algwi ala 
Fuera reliquia colgado 
Del cuello. 

Lis. No se ha pasado 
La misma necia porfía; 
Pero un disgusto de amor 
Al mas tierno pensamiento 
Obliga á desabrimiento, 

Y el enojarse á rigor. 
Yuelve á coger loe papeles. 
Que así rotos como están 
Mis selos estimarán 

Sus desengaños emeles. 

isab. Bien dicen, que es nifio Andor, 
Pues Ib mismo que tú has hecho 
Suelen hacer con despecho, 

Y con infante furor : 

Que aunque pidiéndole están, 
Con notable desconsuelo, 
Arrojan el pan al suelo. 
Si no les dan presto el pan. 
¿Qué haré de aquestos t^dazos? 

Lis, En esta manga los pon, 
Que si del alma lo son. 
Bien andarán con los brasoe. 
Espera, ¿qué dice aquí? 

Isab, Tú propia enciendes tu fuego. 

Lis. En esta parte, san Die^o, 
Buen agüero para mí. 
No miro mas, Isabel. 

Isab. Ni hay para qué mirar mas. 

Lis, ¿Es coche aquel? 

Isab. Buena estás. 

Lis. Tengo el pensamiento en él. 

Isab, Coche pienso que ha parado. 

Lis, Antes en mi pensamiento 
Anda mas que el mismo viento. 

ESCENA V. 

Dichas, DON CARLOS, gala» de 

GAviNo, T Mayo. 

Mayo, a Sin lioemia te has eatrado? 

Cdrl, ¿Cuándo la veBgo á pedir, 
Como la puedo tomar, 
Y no me Tengo á mudar. 
Aunque me vengo á partir? 

lis. 1 Jesús! 4^rloe tan galán 
A cosas de devoción? 
¿ A tan divina esUofon 
Cosas tan humanos van P 
¿ Plumas, solares, qué es esto? 
Don Carlos, no me agradáis. 
A diverso intento vais 
Con esas galas dispatsW : 
Sino que á imitar venis. 



184 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Temiendo mi descoosoelo, 
Al arco hermoso del cielo, 

Y tras las aguas salís : 
Que las disculpas mejores 
Es serenar de mis ojos, 
Las tempestades de enojos 
Yuelto en arco de colores. 
Pero mas que de un abril 
Yuestro campo, Carlos, es, 
Pues en el del cielo hay tres, 

Y vos Tenis con tres mil. 

Cárl. Si añadís las que me salen 
Al rostro, de que os quejéis, 
Bien decís, ni aun hallaréis 
Otro campo á quien se Igualen. 
Mas como naturalmente 
Todas las mugeres son 
Quejosas, su condición. 
Nunca dicen lo que siente. 
Aqui no hay de que tener 
Zelos, yo voy á cumplir 
Lo que llegando á morir, 
Después de Dios pudo hacer : 
Que fué rogar á su santo, 
Por cuyo medio cobré 
La salud. 

Us, ¿ Niego yo que fué 
Justo^ ni me halago tanto ? 
Mas pienso yo que san Diego 
Sayal pardo se vistió, 

Y no muy nuevo, que yo 
Bien sé que era pobre y lego ; 

Y como ir á visitar 

A un hombre en una prisión 
Con galas, no era razón, 
O algiin muerto acompañar 
Con plumas hasta el entierro, 
Paréceme que no vais 
A propósito. 

Cdrl. Vos dais, 
Llsarda, en un grande yerro, 
Pues no voy á visitar 
Preso ni muerto, pups vive 
En Dios, á donde recibe 
Parabién, que no pesar, 
Pues quien goza tanta gloria, 
Con colores se ha de ver. 

Lis. Ya sé que habéis de vencer. 

Cdri. Será la primer victoria, 
Pues no tengo cosa en mí 
De que vos no hayáis triunfado. 

Mayo. Y ella, que en fin, ha callado, 
¿Qué es lo que dice de mí? 
Si se visten los criados 
Lo que los amos desechan ; 
¿Cómo tan mal se aprovechan 



De esta verdad sus cuidados? 
De las sobras de los selos 
Que su ama gasta aquí, 
¿No hay un retal para mí? 

Isab, Comparaciones de cielos 
Presumía el lacayon^ 
Sus amores son indinos. 
Los de Carlos son merinos, 

Y los suyos burdos son ; 
Que sus requiebros, en fin, 
Están por gente de plaza, 
Impresos con almohaza 
En las ancas de un rocin. 

Mayo, Luego hay zelos de ramplón, 

Y requiebros de obra gruesa. 
Isab. Los amores que él profesa 

Comedias de vulgo son. 

De estas de grandes patrañas. 

Imposibles y ruido, 

A quien les ha sucedido. 

Lo que á los juegos de cañas» 

Que van á ver las libreas, 

Y no lo que han de jugar. 

Mayo. Pues di, ¿cómo me has de habí; 
Si no es que no lo deseas ? 

hab. Llsarda hablará discreto 
Con Carlos, yo necio á tí. 

Mayo. Una necedad me di. 

Isab. Que me guardes un secreto. 

Mayo. ¿Pues no le sabré guardar? 

Isab. ¿Tú, no eres criado? 

Mayo. Sí. 

Isab. Pues basta. 

Mayo. Ahora bien, á ti 

¿Cómo te tengo de hablar? 
Que si tú en necio me hablas, 
No te he de hablar en discreto. 

Lis. Frivolas son, te prometo, 
Cuantas disculpas entablas. 
Pagas mi amor con rigor. 

Cárl. Por esta cruz de Santiago, 
Llsarda, que te le pago 
En cambio de mas amor. 

Lis. Pues así sobre ella veas 
La encomienda de mas fama. 
Como mientes, que quien ama 
No da disgustos. 

Cárl. No creas 

Que te lo dé mi partida : 
Acabóse, no me voy ; 
Ya no me voy. 

Us. Necia estoy ; 

Mas confieso que en mi vida 
Cosa me ha dado temor 
Como es aquesta jomada. 

Cárl. Digo que ya está acabada. 



ACTO 1, ESCENA Vil. 



185 



Lis. No« Cários, no, mi seftor, 
Qoe solo coD que dig^. 
Solo coa Termo afligir. 
Que ya 00 00 qoereis partir, 
Ya quiero yo que oa pártala. • 
Amor eotre los amantea 
Ttone aqueata condición. 

CárL Vanoa loa temorea son 
bi jomadas semejantes. 
¿Qué, temáis me mararilla 
Desde Madrid á Alcalá? 
¿Qoé Toledo en medio eatá, 
Qoé Granada, ó qué Sevilla ? 

£ú. Luego sin zeios, quién ama, 
No teme peligros fieros. 

Cari, i Pues la venta de Viveros, 
Es d canal de Bahama? 
¿La Bermnda, ó las sirenas. 
Donde bay peligros tan grandes ? 
¿O son los iNincos de Fiandea, 
De Jarama las arenas? 
¿He de topar de aqui allá, 
Mas qae estudiantes y aldeas? 

lii. Parte, mi bien, como creas, 
Que quedo sin alma ya. 

Itab, \ Ay, ae&ora, tu hermano! 

OérL ¿Qué remedio? 

lit. Piénsale tú, porque esconderte, es 

Cooio maa sospechosa, peligrosa. [cosa, 

ESCENA VI. 

Dichos, t DON LUIS. 

ÜHf. ¿Búacanme á mi, Lisarda, por 
Ai|iKstoa caballeros ? [ventura 

Ut. No hay en casa 

Otra persona á quien buscar pudieran. 
Como el señor don Carlos es del hábito, 
EDTíale el consejo de las órdenes 
Acierta información de un caballero : 

Y dice, que al partir, y aun en el coche, 
le dijeron que tú jurar podrías, 

ht obnocer sus padres, y asi viene 
A inibrmarBe de tí, como me ha dicho. 
Mayo. ¿Eaae visto embeleco aeme- 
jante? ap. 

CárL Con esta información vine á 
buscaros, 
(^ ea cosa que me importa sumamente, 

Y áofireoerme también para aerviros, 
(N estoy aficionado á vuestro nombre. 

Uái. fiésooa las manca por merced tan 
grande. 
Que yo lo estoy del vuestro, desde un dia 
Qneeo la carrera os vi con aire tanto, 
Que pudieran en Córdoba envidialle : 



Y asi os suplico, que de aqui adelante 
Os sirváis de esta casa como propia. 

CárL Lo mismo os pido yo, que de la mia 
Habéis de ser de aqui adelante dueño. 

Mayo, ¿Qué te parece de esta polvareda 
Que levantó tu ama? 

Isab. Que se usan 

Mil amisUdes de esU misma trasa. 
Adonde el ofendido y agraviado 
Queda con laa ofensas obligado. 

Luis, i Qué caballero es este que codoico, 
A cuya información partís agora ? 

CárL Si di^ nombre conocido, y 
miento, up. 

Destruyo la invención ; mas acertado 
Será decir un hombre que no haya. 
Yo pienso que es muy vuestro conocido : 
Don Nofre de Canaria. 

Luis. Ni á mi oido 

Llegó jamas su nombre. 

CárL Si por dicha 

No le tenéis por limpio ¿ de qué sirve? 

¡MU. Por esa cms, y por la de esta espada, 
Que os engañó, don Carlos, quien os dijo 
Que conosco á don Nofre de Canaria. 

Cárl, Pues yo jurara, que con él un dia 
Os vi jugar en casa de un amigo. 

Imís. i Qué señas tiene ese hombre? 

CárL Es alto y flaco. 

De color macilento, y barbirubio, 
Un poco calvo ; pero gran soldado. 
Que por la guerra, el hábito le han dado. 

Luis, Vuelvo á decir que no le vi en mi 
vida. 

CárL Hoy ha de ser foriosa mi partida ; 
Dadme licencia, que volviendo, os juro 
De veniros á ver con mas espacio. 

LuU. Yo acudo algunas veces á palacio. 
Que tengo un pleitecillo en el consejo, 

Y nos podremos ver todos los dias. 
Cárl, Señora, ¿qué mandáis ? , 

Lis, Que os guarde ^1 cielo, 

Y que os traiga con bien. 

Cárl, ¿ Qué te parece? 

Mayo, Que fué toda la trasa necesaria 
i Dónde hallaste á don Nofre de Canaria, 
Tan alto, descuidado y vayoundino ? 

CárL Bien llevo que reír todo el cambio. 

ESCENA VII. 

Dichos, henos DON CARLOS v MAYO. 

Luis. Honrado caballero, por Dios vivo. 
Us. Un poco hablé con él, y me parece 
De buen entendimiento. 
Luis. De esta trasa 



I te 



AL MSAR DM. ÁRMTO. 



Qoisieni yo, Lisarda... 

Xt^. ¿Qué? 

Luis, Un cufiado. 

Lis. Sin dada que te trae desecekdo 
Este cuidado á ti. 

Luis. Pues por tu vida, 

Que si agora vivieran nuestros padres. 
No les diera ventaja en el deseo 
De tu remedio. 

Lis. Basta, yo lo creo. 

Mándente á ti jugar á la pelota, 

Y de noche á las pintas, y mudarte 
Del hábito galán que traes de dia. 

En el tabi de plata y medias blancas. 
Tomar sombrero con la falda vuelta, 
Asida del corchete de diamantes. 
Cadena, y otras galas semejantes; 

Y venir á dar golpes, y á acostarse 
Cuando ya quiere el alba levantarse, 

Y pedir de comer á las dos dadas, 
Rifiendo sobre el cuello á mis criadas, 
Que no acordarte. Luis, de mi remedio. 
Porque esas son las cosas que olvidadas 
Tienen el mar de tu rigor en medio. 

Luis» Dejemos quejas, ó Lisarda mia. 
Comunes entre hermanos^ cuanto injustas. 
Que tú verás si mi cuidado es solo, 
Esas galas que dices y esos pasos. 
Nunca ponéis en cuenta las mugares. 
Aquello de sentaros al espejo, 
Con tanta multitud de redomlUas, 
Que no hay pintor que tenga mas colores ; 
El tiempo que gastáis en hacer mudas. 
El dinero en vestidos y tocados, 
De enriquecidas tiendas invertados, 
Pues con vuestras cabezas á su viento. 
Levantan mercaderes hasta el cielo 
Casas, que tantas tienen por el suelo : 
Ya parecéis Sibilas, ya Cleopatras, 
Ya romanas, ya griegas, ya flamencas : 
Finalmente... 

Lis. No mas, nunca yo hablara. 

Digo, que no me cases en tu vida. 

Luis. SI tú me riñes, es razón que sepas 
Que doy satisfacción de mis costumbres : 
Mas yo te casaré, luego que acabe 
Una encomienda de un amigo mió. 

Lis. ¿Qué amigo, y qué encomienda? 

luis. El conde Fabio, 

De quien yo tai tan regalado en Ñapóles, 
Me escribe que es ya muerta la condesa; 
No dejó hijos, y llevar querría 
Una que tuvo aqui de unos amores, 
Que dci|ó á criar en cierto pueblo, 
A donde vive sin saber quién sea ; 
Yo tengo ya las seAas, y una cédula 



Para cobrar aquí dos mil ducados : 
Por ella quiero ir, y has de ir conmigo. 
Para que de tí venga acompañada ; 
Pero no han de saber quién es. 

Lis. ^ Pues din 

¿Has de traerla aqui? 

Luis. Mieotras que viao 

La orden en que llevarla me mandare, 

Y que la mudes el trage y el lengüina. 
Lis. ¿En qué lugar está? . 

Luis, En Barbas. 

Lis. Baem 

El trage solo podía aer mudarla, 
Que en lo demás, la lengua de la corte 
Tiene jurisdicción por cinco leguaa, 

Y Barajas está dos leguas solas. 
¿Qué dia quieres ir? 

Luis. Pase la entrada 

De nuestra serenísima princesa. 

Lis. ¿Tienes ventanas ya? pero no cr 
Que serás tan galán : allá tus damas 
Merecerán balcones para verla. 

Luis. Tú tienes los m^orea de la corl 

Lis: Doite mis brazos. 

Luis. A comer nos vamc 

Lis. Gran principio me has dado eu i 
ventanas. 

Luis. Yo te daré los postres en casan 

{Va» 

Ii>. ¿Isabel? 

isab. ¿Mi señora? 

Lis. Bien se ha hecb 

Isab, Amor es un Juanelo en artificios. 

Lis. Carlos se fué, yo pierdo mil juicio 
Pero pues su partida no me agrada. 
No ha de ser por mi bien esta jornada. 

ESCENA VIIL 

Decoración de campo. 

DOREN A, SILVIO, PASCUAL, BENITA 
ANTÓN T MÚSICOS labradores. 

Pase. Famoso baile se ordena; 
No hay lugar que tenga Igual 
Con Barbas. 

Dor. ¿Es Pascual? 

Ben. Acá están SUvio y Dorena. 

Pase, Si tú vienes á cantar, 
¿Quién ha de faltará oírte? 

Silv. Pues bien puedes prevenirte. 

Ben. De la música y la raar, 
Oigo decir que entristecen 
Mucho mas los que lo están. 

Pase. Los ojos te alegrarán 
Que solo bien te parecen. 

Ben. ¿ Sabes tú que lian de vaoir ? 



A<:fo 1, KKmk X. 



irr 



Pase. Al baile ounea (áltaniB. 
Ben. Hoy mis penas inteotaroD, 
Pascaal, morir ó títIf. 
Pase. ¿Cómo? 
Ben. Con su padre hablé, 

Y por moger la pedi. 

Pase. ¿Mas qué te dijo, que •<? 

Ben. Hasta agora no lo sé. 
Porque es tan pmdente el Tiejo, 
Que término me pidió. 

Pase. Él viene. 

Ben. HablaréJe yo. 

Pase. Habrán entrado en consejo 
El 7 sn hija por dicha. 

ESCENA IX. 

Dichos t LAURENCIO. 

« 
Ben. Laorencio, el cielo te guarde : 

¿Qoé hay de mi dicha esta tarde? 

Bieo dijera mi desdicha, 
latir. Benito, de tus méritos seguro, 

Y del valor de tus honrados padres, 
No dudes de que diera á su esperania, 
Con dulce posesión tal dulce efeto : 
Eres, para ser moio, hombre discreto ; 
No te felta dinero, ni limpieía. 

Que no es pequeño bien limpia riqueaa. 

Bien quisto, liberal y generoso, 

üigDo de ser en esta Tilla esposo 

De la muger mas bella que la habita ; 

Mu 8i Jacinta ingrata solicita 

Que mi memoria y suce^n se acabe, 

Y por ventura algún secreto sabe, 

Y solo de vivir sola se precia, [precia ? 
i Qaé puedo hacer, pues todo amor des- 
Ta está mi imperio en ruego convertido. 

Ben, Conoxco su rigor, lloro su olvido : 
Vas como nunca el pensamiento humano 
UtÁ firme, Laurencio, en un propósito, 
1í vemos que del cielo las mudanzas 
Modan también las cosas de la tierra, 
i'or si tu hija vanamente esquiva 
Hadare del propósito que tiene, 
Que en la muger no suele ser muy firme, 
Quiero de tu palabra prevenirme. 
No son los pensamientos ríos caudales 
Qoe siguen un camino eternamente, 

Y van entre dos márgenes corriendo 
Con ley precisa al mar, que podría 
Volver atrás, Laurencio, so porfía : 

Lo que hoy se aborreció mafiana se ama; 

Y quien hoye, tal vez persigue y Uama : 
Con la necesidad, lo injusto es justo, 
One no tiene color ni ley el gasto. 

Laur, Allí, BeoilOi uo poco te retira, 



Que ella viene biiarra al baile. 

Ben. Advierte, 

Que están mis esperanzas á la muerte. 

ESCENA X. 

Dichos, JACINTA v TERESA. 

Ter. Aquí están los bailadores. 
i, No hay lugar desocupado? 

Jac. Los ojos me han ocupado 
Otras distintas colores; 
Que Benito estaba allí, 

Y con mi padre trataba 

Esto que hoy no le escuchaba. 

Ter. ¿ Pues quieres hablarle ? 

Jac. Si. 

Cansados te habrá dejado 
Este necio los oidos. 
Que amantes aborrecidos 
Cansarán un monte helado. 
Son como enfermos, que cuentan 
A todos su enfermedad, 
Que es peso la voluntad 
De quien descansar intentan. 
¿Qué te habrá dicho de mí ? 

Laur. Hija, los estremos son 
Una incierta imperfección, 
Como la que miro en tí. 
No te quisiera, si digo 
Verdad, que debo estimar 
De ingenio tan singular, 

Y de su consejo amigo. 
Si muchas hijas tuviera 
Amara tu condición. 
Mas si en tí la sucesión 

De mi sangre aumento espera. 
Pierde la injusta porfía 
De tu vano entendimiento, 
Darás con tu casamiento 
Aumento á la sangre mia. 
Elije en toda Barajas 
El mas rico labrador, 
Que el negar tiempo al amor 
No son discretas ventajas. 
En la edad, dispuso el cielo. 
Hija, tiempo para amar ; 
Quien no le ha dado lugar, 
El alma tiene de hielo. 
Tú lo mirarás mejor. 
Tanto de tu ingenio fio. 
Así por ser gusto mió, 
Como por pagar á amor 
El censo que los mortales 
Le deben, y hasta las fieras. 
Porque como amor no quieras 
Serán á tu pecho iguales. 



188 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Jac, No es fiereza, padre mío, 
No dar al amor lugar. 

Laur. Es condición singular, 
Y aunque labrador, me rio 
De todos cuantos lo son. 
Que las singularidades^ 
Cuando no por vanidades 
Arguyen imperfección. 

Jac. Yo te oí mas de una Tez 
Decir, que no me podías 
Casar; pues si esto decías, 
Yo te establezco juez 
De la causa de los dos. 

Laur. Tuve una esperanza incierta. 
Que ya presumo que es muerta. 

Jac. Pues bien, perdónela Dios. 
Pero di me ¿qué secreto 
En aquesto puede haber? 

Laur. En no decirle á muger 
Quiero parecer discreto. 
De casamiento naciste, 
No eres parto de la tierra. 
Alma que ese cuerpo encierra 
De carne y sangre se viste. 
Jacinta, casados son 
Todos los mas animales, 
En las palmas orientales 
Dicen que hay hembra y varón, 
No dan dátiles opimos. 
Sino es que los dos se ven ; 
Pero como cerca estén, 
Nacen dorados racimos. 
Aquellas palomas van 
Casadas á hacer sus nidos, 
Los peces mas escondidos 
Casados también están. 
Mira la salvage cierva 
Seguir alegre su esposo. 
Mira el novillo zeloso 
Peinar con los pies la yerba. 
Todo ama, no es razón 
Que no quieras bien lo que eres; 
Pero mientras no quisieres 
No hay de tener perfección. 

ESCENA XI. 

Dichos, menos LAURENCIO. 

Ter. Enojado va contigo. 

Jac. Valiente sermón me ha hecho. 

Ter. ¿Y habrá sido de provecho? 
Que el pretensor es mi amigo. 

Jac, Mientras cosas tan discretas 
Me decía, yo pensé 
Si por dicha me dejé 
Bd casa las casta&etas, 



Aquí las traigo; ea, Gil« 
Toquen y de baile vaya. 

Ter. Hoy he perdid» una saya. 

St7. ¿Quéva? 

Jac. La del tamboril. 

UUkü. i O qué bien que baili Gil 
Con las mous de Barajas, 
La chacona i las soni^ 
T el villano al tamboril! 

¡ O oaé bien cierto y galán, 
Baila 811, tañendo Andrés ! 
O pone foego en los pies, 
O al aire volando van. 

No hay moso qne tan gentil 
Agora baile ea Barajas, 
La chacona á las sondas 
T el yillano al tamboril. 

¿Qoé moza desecharía 
Un moio de tal donaire, 
Qne da de coces al aire, 
T á volar le desafia? 

A lo menos mas sntü, 
Goando baila se hace rajas. 
La chacona á las sonajas, 
T el villano al tamboril. 

Ben, Pudiérate ver bailar 
La misma hermosa princesa. 

Jac. De haber bailado me pesa 
Si es que te pud^ agradar. 

Ben. Esto llamaras favor 
Cuando oías discreta fueras. 

Jac, Mejor, Benito, dijeras 
La que te tuviere amor ; 
Pero 8i gusto te di 
Yo me quiero despicar 
Con darte aqueste pesar. 

Ben. No lo será para mí : 
Ya es noria mi pensamiento, 
Mas tales vasos alcanza. 
Los vacíos de esperanza, 

Y los llenos de tormento. 
Pues en tal desconfiar, 

Y luego en tal padecer, 
¿Qué males puedo temer? 
¿Qué bienes puedo esperar? 

Jac. Teresa, escucha. 

Ter, Crueldad 

Usas con aqueste mozo. 

Jac. De esas crueldades me gozo. 
Yo nací sin voluntad. 

Ter. Guárdate del refhíncillo 
Del agua no beberé. 

Jac. Esta mañana pensé 
(Ahora bien, quiero dedUo) 
Ir á Madrid para ver 
La entrada de la princesa. 
¿ No irás conmigo, Teresa? 

Ter, Si, ¿pero cómo hade ser? 



ACTO 1, B8GENA XII. 



189 



Mas ya sé llDdo remedio. 
¿Benito? 

Be». ¿Hay algo en mi bien? 

Ter, Así los cielos te den 
Para tn desdicha nn medio, 
Que pongas on repostero 
Ed tu carro, y que nos lieves 
A Madrid. 

Ben, Como tú apruebes 
Lo que este dice... 

ioc. No quiero. 

Ben. Has, JacinU, tan felis 
Mi dicha, á mi amor responde, 
Qoe al mayordomo del conde 
Pediré un rico tepix ; 

Y á las muías las pondré 
Jáquimas de mil colores, 

Y de alfombras de labores 
Us estecas cubriré. 

Eq almohadas labradas 
De seda seateda irás. 
Desde allí me abrasarás, 
Si de abrasarme te agradas. 
Hai esto, Jacinto mia, 
Seré en tn fuego crisol, 
Ueraré á Madrid el sol, 
Por ei hiciere pardo el dia. 
Yo 8é que su i^miento 
Me lo sabrá agradecer. 
Porque nuUcara y llover 
¿Cómo puede dar contento? 
Iré, como sobre apuesta, 
Dídendo en mi carro nucTO : 
Ftaera, apártense, que llevo.. . 
b, voy á nndr. 

Jac. Teresa, 

En*do8 pollinos iremos. 
Que mas á placer veremos 
A la divina princesa. 
Sombreros con plumas bellas 
Kd tocas de argentería, 
Manteos con blxarría. 
Sartas, perlas como estrellas. 
Ea, vamos. 

Ter. \ Qué porfía ! 

Ben. Óyeme, Jacinto, aguarda. 

Jac. Alfombrito sobre aibarda, 
Famoea caballería. 

MátUé. \ O qné bien que baila Gil, 
Con las mozas de Barajas, 
La chacona i las sonsgas, 
T el Tíllano al tamboril ! 

ESCENA XII. 

DON GARLOS t MAYO. 
Cdr/. Milagro de Dios ha sido. 



Mayo, Todas las piernas me he roto. 

Cárl. No hay duda, él iba borracho. 

Mayo. Tal es el año de sorros: 
Rogamos á Dios por santos, 
A los viejos dedr oigo, 
Mas no por tantos, que ya 
Valga el vino á diei y ocho. 
Brañigal es nombre antiguo 
De este endemoniado arroyo : 
De hoy mas, le llamo braguero. 
En llegando, me le pongo. 

Cárl. ¡Jesús mil veces I ¿tenia 
Seso, Mayo, este demonio? 
I Hay tol cochero en el mundo ! 
¿ Dónde llevaba los ojos ? 
¿Volcar el coche en el agua ? 

Mayo. Bajó la cuesto furioso, 

Y tropesando en las piedras, 
Volvióse á un lado, y vaciónos. 

.Cárl. Vive Dios, que fué milagro 
Mi paciencia en tonto enojo. 
Que ei darle una cuchillada 
Fué saliendo mi propósito. 

iía^o. A lo menos, de san Diego, 
De quien eres ton devoto. 
Que caer sobre las piedras, 
Era peligro notorio: 
Yo en el agua parecía 
Tortuga echada en remojo, 
A lo menos bacallao. 
Pardo atún, ó bayo tollo; 
No en balde temió Lisarda. 

Cárl, Un corazón amoroso 
Es adivino del daño. 
Mayo, que padece ei otro. 

Mayo, i Para qué me llamas mayo? 

Cárl. ¿Pues qué nombre? 

Mayo, Abril lluvioso: 

Tal como yo estoy en agua 
Tomara en vino un biicocho. 

Cárl, Mira si ha sacado el coche. 

Mayo. Allí le ayudaban todos; 
Pero entienden poco de agua 

Y todos se ayudan poco. 
Cárl, Mojáronseme las «Uas. 

iía^o. Sembrado está el campo en tomo 
De alcorzas y peladillas, 

Y todos hacen su agosto. 
Cárl, ¡ Media legua de Madrid 

Tal desgracia! 

Muyo, Es fiero monstruo 

Este arroyito que miras, 

Y paso tan peligroso. 

Que cuentan de él mil desgracias, 
Traiciones, muertes y robos. 
Cárl. Alto, saquemos la ropa : 



190 



AL FASAll BEL ABIOYO. 



Esta vei DO enmplo éí ipoto, 
Que ya eon tantos aiaret 
Me da la Jornada asombro. 
Alcalá de Doche ha sido 
Siempre logar temeroso : 
A Madrid me Tuelvo, Mayo. 

{Siliot y grita.) 
¿Qné grita es estat 

ESCENA un. 

DlCBOS Y m HORTEUNO. 

Mayo. Esos rooios 

Que deben de haber sacado 
El coche del agua en hombros. 

Hort, Guarda el toro, aparta, aguarda. 

Cdrl, ¿Qué dioen de toro? 

Mayo. ¿Cómo? 

CdrL De on toro. 

Mayo. ¿Pues toro aquí? 

Hort. ¿Qué hiciera mas en el coso? 
Apártense, cabaUeroe, 
Que viene por esos .olmos 
Un toro, que han perseguido 
De Madrid algunos moios, 
En la vacada que tiene 
La villa en aquestos sotos^ 
Para las fiestas que agora 
Hace de cañas y toros 
A la princesa de España. 

CdrL ¿Toro agora tan furioso? 

Hort ¿Cómo tartoso? Por Dios, 
Que los hortelanos somos 
De aqueste arroyo en las huertas 
Bastantemente animosos, 
Y que ha dado por silbarles 
Con algunos de nosotros 
Muy lindas vueltas agora. 

Mayo, ¿Por silbar? ¿Por eso pooo? 
Cual era para comedias 
Ese toro valeroso, 
Que hay picaro que de un silbo 
Deja un compañero tonto. 

Hort, Aqui estaréis mas guardados, 
Porque es un torillo hosco, 
Cual suele un reden casado 
A pocas noches de novio, 
Herrado de las dos puntas. 
Arrugado, y negro el rostro, 
Corto de cuello y de pies, 
Ancho y hundido de lomo, 
Después de mil rejonasos 
Con que da bramidos roncos. 
Un reguilero de plumas 
Le ofende el hocico romo: 
Del Jardín del condestablt 



Estos hidalgos briosoa 
Salieron hoy á caballo, 
Gomo galeras en corso: 
Bien lo ha hecho; ous de seis 
Vuelven tres caballoa solos ; 

Y aun algunos gorgoeranos 
Se han guarnecido de lodo. 
Oh I hele allí. 

Mayo. Pesia tal. 

Levantado viene el polvo 
Con los plés hasta las nubes, 

Y á testeradas loe chopos. 

Cdrl, Espera, por Dios, que vienen 
Pasando agora el arroyo 
Dos labradoras. 

Mayo, Y á fe 

Que no son de malos rostroa. 
El parte á los dos pollinos: 
San Diego, san Blas apóstol. 

Cdrl. Con una ha dado en el suelo. 

Mayo. Y aun por eso dijo el otro, 
Que la que bien hila y tuerce 
Bien se le parece. 

Cdrl. ¿Cómo 

Dejaré que muera allí? 
Espérame, infame toro. {Saca la eipc 

ESCENA Xl\. 

Dichos, mbnos DON CARLOS. 

Mayo. A mí no hay que me eaperai 

Hort. Discreto sois. 

Mayo. No sois bobo. 

Hort, ¿Qué cachillada le ha dado? 
¿No le ayudáis vos? 

Mayo* No oso. 

Que tengo tan poco pulso. 
Que no sé partir un hongo. 

Hort. Las dos piernas le ha o6rtado. 

Mayo. Debían de ser de corcho. 

Hort. La muger en brasoa saca. 

Mayo. Pensé que sacaba el toro. 

Hort. ¿Quién es este caballero. 
Que pienso que le conozco? 

Mayo. Yo os lo escribiré mañana. 
Que andamos de prisa todos. 

ESCENA XV. 

Dichos t DON CARLOS con DOÑA JAGl 

EN U)S BRiZOS. 

Cdrl. Animo, bella aldeana. 
Hort. Desmayóla el alboroto. 
Mayo. Y no habrá menester agua, 
Que ha rato que está en remojo. 
Cdrl. Al eoche quiero llevaría. ' 



ACTO U, ESCSMÁ 1. 



191 



Ter, Haréis lu hedió ftinoso, 
Señor, en darla la Tlda. 

Mayo. 4 Eso lleras? 

CárL Galla, loeo, 

Que algo á mis ojos les debo. 

Mayo. ¿Cuándo? 

Cari. Al |MMar del arroyo. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoracüm de campo, 
BENITO, PASCUAL y ANTÓN. 

Pase. Que por tan breve joroaday 
Tan Ignorante haya sido. 

Ben. I Oh! lo que os habéis perdido 
Por no haber Tisto la eolrada 
De la dlTina Isabel, 
Princesa de España hermosa. 
Del eaarto Felipe esposa, 
Digna de engastarse en él. 
Soy hombre, al fin, de labrania ; 
Voto á mi sayo, Pasenal, 
Que estoy, aonqne hablando mal, 
Por hablar en so alabaosa ; 
Mas lo que entiendo, advertid 
Para mas grandesa saya. 

Ant. Cuéntanos por vida taya, 
Lo que ha pasado en Madrid. 

Ben, San Gerónimo del Prado, 
Que cansado del desierto, 
A ser palacio de reyes 
Sabio so merecimiento : 
Vestido de laminarias, 
Como de estrellas el cielo. 
Que por sos torres antignas 
Logar sos almenas dieron. 
Dio, Pascual y Antón, ia dDche, 
Antes de entrar en su centro 
Este planeta divino 
A sa grandesa aposento. 
El sol, viendo que en Madrid 
Entraba Isabel, corriendo 
CortlDas de varias nubes 
A so rostro y rayos bellos, 
Dejó todo el pardo dia, 
Pues entra Isabel, diciendo : 
No he menester salir yo, 
Porque dos soles daremos 
Tanta los, que por ventora 
Piense el concentrado tiempo. 



O que ella viene á ser sol, 
O qoe de ella envidia leogo. 
Bajó, en fin, acompaftida 
Este divino loeerd. 
Hasta las casas del dnqne. 
Como al occidente vemos 
La luna en serena noche. 
Del espléndido omaoiento 
De sus brilladoras luces 
Del norte á su lumbre opuesto ; 
Las hélices, las dos osas. 
El carro, y la blanca Venus. 
Alli la vilk aguardaba, 
Cerca de un arco del cielo. 
Porque alli se apareció, 

Y estuvo en dos horas hecho. 
De un pallo de blanca tela 
DIes y seis varas abrieron 
Una generosa calle 

Al sol, porque ftiese dentro. 
Los vestidos que llevaba 
El ilustre regimiento 
Eran conformes al dia. 
Que no hay mas encarecerlos ; 

Y ya sabéis que en Madrid 
Escede, como en el selo, 

A muchas grandes ciudades 
En riqueías y deseos. 
Formarob por dos hileras 
Las dos guardas, paralelos 
Al planeta que traía 
Luí á nuestro esperio suelo. 
í/>s biiarros españoles, 

Y los gallardos tudescos 
Llevaban sobre amarillo, 
Blanco y rojo terciopelo : 
Allí sus dos capitanes 

Y sus tenientes hicieron 
El lugar, orden y plasa 

Que se fué siempre siguiendo. 
Atabales y trompetas. 
Del mismo color cubiertos. 
Parece que quien venia. 
Iban delante diciendo. 
¿ Cómo sabré yo pintaros 
Tan grande acompañamiento, 
Ignorante labrador 
Que de solo el campo entiendo? 
No sé quién eran ios grandes : 
Solamente decir puedo, 
Que nadie en tan gran lugar, 
Puede llamarse pequeño. 
Verdad es que conocí, 
P&scual, al conde mi dueuu, 
Con vestido r^^idor, 
Entre muchos caballeros : 



192 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Aquel insigne Zapata, 
Cuyos blasones escelsos. 
Tomó de los pies del sol. 
Aunque son blancos y negros : 
El conde, en fin, de Bancas, 
Gomo señor conociendo. 
Me divirtió de los otros. 

Pase, De que le alabes me alegro. 
Que al fin es nuestro señor, 
£ bijo de padre tan bueno, 
Que su famosa memoria 
Vivirá siglos eternos. 

Ben, También conocí al Mendosa, 
Üustrisimo sugeto. 
Para versos de Virgilio, 
Para escelencias de Homero. 

ÁnL El duque del Infantado, 
Benito, á los estrangeros 
Está diciendo quién es. 

Ben. Pues con él amanecieron 
Los rayos de un alba clara . 
Por sus beróicos abuelos, 
Por sus generosos padres, 
Cuyas grandezas hicieron, 
Que en las de Alejandro y César, 
Callen el latino y griego. 
Hablando en el duque de Alba, 
Volví la cara á un mancebo. 
Que estaba alabando al duque 
De Rea y Soma, diciendo : 
« Aquí se cifró la gloria 
« De los Córdovas, que dieron 
« Honra á España, fama al mundo, 
•c Y al Rey Católico reinos. » 
Pero dejé de escucharle, 
Pascual y Antón, os prometo. 
Por ver un príncipe, en quien 
Puso las partes el cielo 
De mas grandeza y valor, 
Que en muchos siglos se vieron. 
Ya sabéis que yo no soy 
Pretendiente lisonjero ; 
Porque mas precio una flor 
De un huertecillo que tengo, 
Que cuantas riquezas cubren 
Los doseles de sus techos. 
No daré tan solo un paso. 
Por cuantos diamantes bellos 
Fueron pedazos dul sol, 
Que de sus rayos cayeron ; 
Pero dar Justa alabanza 
A grandes merecimientos. 
Mi natural condición 
Me obliga, sin otro premio. 
Que vi, pues, tan gran señor. 
Otra vei á decir vuelvo. 



El de Lenna y Denla, digo, 
Porque digo cuanto puedo : 
Ellas porque ofenderse puede, 
Que villano tan grosero, 
Ose el tomarle en la boca ; 
La sello con el silencio. 
V porque después de ver 
Reyes de armas y maceros; 
Uso de Castilla antiguo. 
Con reales instrumentos : 
Vi debajo de aquel palio 
La flor de lis de los cielos, 
Por quien dimus igual peso 
De estrellas, de sol, de perlas, 
Que con Isabel nos dieron. 
Pintaros de qué manera 
Iba aquel ángel haciendo 
Cielo el palio, es dar á un vidrio 
Todo el resplandor de Febo : 
Si os pintara su vestido 
Pudiera cualquier discreto 
Decirme : ;en eso ocupaste 
Los ojos tan breve tiempo? 
¿No era mejor ocuparle 
En ver el rostro, el cabello. 
Las manos, la compostura. 
El aire gentil del cuerpo? 
Pues á la fe, que paré 
Mas en su beUeza atento. 
Que en vestidos y diamantes, 

Y en el palafrén soberbio, 
De verse con tanta dicha ; 
Porque á tenerle, sospecho 
Que desvanecido y loco. 
Perdiera el entendimiento. 
Sus damas iban después 
Con galanes, que quisieron 
Ver hablar francés á amor, 

Y castellano al deseo. 
La calle Mayor pasaron. 
La princesa bendiciendo 
De ventanas y balcones. 
Cuantos verla fherecieron ; 
Porque pienso que llevó, 
Mas que perlas y cabellos, 
Almas y ojos aquel dia, 

En sus muchas gracias puestos. 

Pase. ¿No nos dices de la Puerta 
De Guadalajara? 

Ben. Hicieron 

En ella un arco de seda, 

Y los insignes plateros, 
Una calle toda de oro. 
Ostentación de sus pechos. 

Y advertid, que esta pintura 
Es solamente bosquejo ; 



ACTO II, ESCENA 111. 



195 



i gasta colores, 
agradecimiento. 

ESCENA II. 

LISARDA. DON LUIS t LAU- 

RENCIO C0!f UNA CARTA. 

kianto decis es verdad, 
la esta letra, 
lima me penetra 
mi soledad, 
ista ahora eocnbri, 
que se descabra, 
í, pero no que se encobra 
I que Tlve aquí, 
r que disimular, 
(¡uiere su hija. 

.Pues no queréis que me aflija 
Ite del lugar? 
fué á Ter la entrada 
ora princesa ; 
lama me pesa, 
(lipa escusada. 
ue dicen que un toro 
nozos perseguido, 
puesto que herido, 
ir capas con oro, 
Jacinta mal, 
rribarla al suelo, 
íl arroyuelo 
an de Bra&igal. 
lí! 

Si por amor, 
i, buen hombre, escondido, 
:ulpa habrá sido, 
arece de error, 
id que mi hermano 
de aquí sin ella, 
^uesto que será el perdella 
e, tened por llano, 
i tratado verdad : 
aréis labradores 
illa, labradores 
irán mi calidad, 
ascual, Antón, 
ibre yo de invenciones? 
?ues tú das satisfaciones, 
>, de tu opinión? 
de aquí partió 
Madrid, ^o ha vuelto ; 
ría estoy resuelto , 
3 ser su esposo yo. 
irroyo y toro 
ré lo que es, 
I dos afios, y aun tres, 
esdenes adoro. 



¿ Mas para qué la queréis f 

Luis. Buen hombre, cesad de hablar, 
Que no os habéis de casar 
Con Jacinta, ni podéis. 
Jacinta es hija de un hombre 
Noble, que por eUa envía. 

Ben. Aunque la b<^eza mia 
No tenga de noble el nombre. 
Bien la puedo merecer. 

lÁs, Dejad eso, labrador. 
Que ni entendéis su valor, 
Ni le podréis entender. 

Laur. Benito, cesa de hablar. 
Que estas son cosas tan alta», 
Que será descubrir faltas 
El pretenderla igualar. 
Señores, la relación ^ 

Vuestra, y las cartas son ciertas; 
Un coche Uegó á mis puertas. 
Años ha pasados son. 
Aquesta niña traia. 
Mi muger la recibió, 

Y el dueño me refirió 
Que por bautizar venia. 
Dejáronme buen dinero, 
Porque á Italia se ausentaba, 

Y supuesto que tardaba, 
Fué en efecto caballero. 
Siempre acudió por Madrid 
Con lo que fué menester. 
Mas en fln, por no saber 
Nombre que darle, advertid, 
Que porque al cuello traia 
Un san Jacinto de oro 

Y diamantes, el decoro 
Le guardé que le debía ; 

Y Jacinta la llamé. 

Luis. Pues esa misma Jacinta 
Que vuestra piedad me pinta, 

Y en esta carta se ve. 
Me, amigo, habéis de dar. 

Ben. ¿Qué, Jacinta es gran señora? 

Laur, ¿Cómo he de poder, si agora 
No ha venido á su lugar? 

Pase, Vaya Benito á buscalla. 

Ben, Presto pienso que os la diera, 
Si del corazón pudiera, 
Como la tengo, sacalla. ^ 

ESCENA III. 

Dichos, JACINTA v TERESA. 

Jac, ¿Gente de la corte á mí? 
Ter. Y un caballero y su hermana. 
Ant, Perdida que hoy tanto gana. 
Mirad que os buscan aquí. 

13 



194 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Laur. Hlja^ á quieo yo no podré 
Dar ese nombre^ paes Ueoes 
Otro padre> ¿cómo vienes 
De aquesta suerte? 

Jac. No sé, 

Que segUD ha sido el mal, 
Bien puedo decirlo así. 

Itti>. ¿Es estaP 

Laur, Señores^ si. 

¡Mis. Muestra á su noblexa igual 
Su hermosura y gentileza. 

Lis. Dad los brazos á los dos, 

Y guarde mil años Dios 
Tan estremada belleza, 
Señora doña Jacinta. 

Jac. Cual diablo de don, ¿qué es esto? 
A la fe, que n^ le han puesto 
Con alfiler, ó con cinta. 
¿Tan en buena hora fuimos 
Las dos á Madrid, Teresa ? 

¿ti». ¿De esto os pesa ? 

Jac, Mas me pesa 

Del peligro en que nos yimos. 

Laur, Hija, tos no lo sois mia, 
Mkad que vienen por vos, 
De dividirnos los dos 
Llegó de mi muerte el dia. 
Lágrimas son, estoy viejo. 
Bien me pagan la crianza 
Con mi muerte. 

Jac. ¿ Qué mudanza 

Es esta? 

Laur. Ser vos mi espejo, 

Y haberos quebrado aquí. 
Jac. ¿Otro padre tengo yo? 
Laur. Sí, hya, el que os engendró; 

Que yo solamente fui 
El que con vos ha pasado 
Los trabajos que sabéis : 
Allá en Italia tenéis 
Quien me dejó su cuidado ; 
Que estos caballeros vienen 
Por vos, á Madrid iréis 
Con ellos, donde tendréis 
Los vestidos que convienen 
A muger tan principal : 
Padres tenéis señoría, 
Que yo era vos, hija mia, 

Y vos envuelto en sayal. 
Tierno estoy, tengo razón. 
Dios os haga venturosa. 

ESCENA IV. 

Dichos, henos LAURENCIO. 
Lis. No lloréis, Jacinta hermosa, 



Aunque es justa obligación, 
Que aquí estaremos los dos 
El tiempo que vos gustéis, 

Y cuando vais, si queréis, 
Irá Laurencio con vos. 

Luis. No se ha de hacer cosa aquí 
Que vuestro gusto no sea. 
Jac. Así es Justo que lo crea, 

Y esto habéis de hacer por mí : 
Que es estar algunos dias 

En Barajas, por el llanto 
De mi padre, y hasta tanto 
Que dispongo cosas mías. 
Entrad porque descanséis, 

Y contareisme quién soy. 
Luis. Palabra, Jacinta, os doy 

De que iréis cuando querréis. 

Lis. Un coche tenéis aquí. 

Jac. No me le nombréis, señora, 
Que pienso que pasó agora 
El peligro en que me vi ; 
Aunque por cierto que debo 
A un caballero la vida. 

Ter. Calla, que vienes perdida. 

Jac. No puedo, amiga, aunque pnv 

ESCENA V. 
DON LUIS Y LISARDA. 



¿15. ¿No tiene buen parecer 
Nuestra beUa labradora? 


Luis. 


No ve el sol en cuanto dora 


Tan peregrina muger. 




ESCENA VI. 




PASCUAL V BENITO. 


Pase. 


¿Qué tenemos de amor? 


Ben. 


Pierdo el st 


Pase. 
Ben. 
Pase. 
Ben. 


¿ Pues qué hay de tu esperan 
Que ya es ni 
¿No queda alguna luz? 

Cerró la i 


Pase. Quien viviere espere bien. 
Ben. Ya el bien 


Pase. 
Ben. 
Pase. 
Ben. 


¿Qué puedes tú perder? 

Lo que he s 
¿Qué puedes tú ganar? 

Pena tan 


Pase. 
Ben. 


¿Nunca tuviste alguna glorii 
h 


Pase 


Alienta el corazón. 


Ben. 
Pase. 


Estoy p 
El sufrir es valor. 


Ben. No hay resi 
Pase. Los males tienen fin. 



ACTO 11, BSCENA Vil!. 



195 



Son inmortales. 
e. Con elloB has de amar. 

Soy roca firme. 
c. Pretende, paes. 

No hay méritos iguales, 
c. ¿ Pues qné piensas hacer? 

Pascual, morirme. 
c. ¿Pues qné cara el morir? 

* Todos los males. 

ESCENA VII. 

hCBAS, DON CARLOS t MAYO. 

/o. Este es aquel labrador, 
e no te has escusado 
nir mal disfraxado^ 
le luego, señor. 
7. Mayo, si Jacinta bella 
ijo el alma tras si, 

puedo estar en mí, 

ras que no Tueivo á vella ? 
a L^dro un mar, 
iéndole con sus brazos, 
sgar á los abrazos 
len le pudo obligar. 

1 olas altas, ya en bajas, 
machas veces fué, 

; porqué no pasaré 
Madrid á Barajas? 
guas son, todo es calle, 
mar, hay montes de hielo t 
yo. No; pero hay un arroyuelo, 
1 diablo puede pasalle. 
7. No le infames, que le debo 
' visto una mnger, 
; brazos pueden ser 
les del rojo Febo. 

fin, que de Lisarda 
is memoria tengo. 

/o. Yo, señor, con gusto vengo, 

lente me acobarda 

lir á este lugar 

ar cosas de amor 

$a de un labrador, 

; no puede faltar 

de siega y vendimia, 

to como del campo, 

oldan, ó melampo, 

1 carranza de alquimia : 
:o, que cuando ladra 

oe á un hombre en el suelo, 
resas como un anzuelo, 
asta el ánima taladra. 
:on esta invei^cion 
enes imaginada, 
y qae temer. 



Cdr¡. Todo es nada. 

Mayo, en habiendo afición. 
Dios os guarde. 

Ben, Su merced 

Venga mny enhorabuena. 

Cárl. Traigo... 

Ben. Hablad, no tengáis pena. 

Cárl. Habeisme de hacer merced. 

Ben. Vete en buen hora, Pascual. 

Pase. A Dios, si estorbo. 

Ben. Ya sabes, 

Que hablando personas graves. 
Testigos parecen mal. 

Pase. Bien sé yo que estorbarás 
Mandamiento cortesano, 

ESCENA VIII. 

Dichos, henos PASCUAL. 

Ben. Hablad, que aunque soy villano, 
Es en lo esterior no mas. 

Cari. Antes estoy informado 
De vuestra mucha nobleza. 
Que sangre donde hay limpieza 
Dora el mas humilde estado. 
¿No os llamáis Benito? 

Ben. Sí. 

Cdri. Pues de Madrid vengo huyendo : 
Anoche herí... 

Ben. Ya lo entiendo ; 

No hay mas que decirme á mi. 

CárL Soy Zapata, y soy pariente 
Del conde ; sé que tenéis 
Una huerta... 

Ben. Y vos podéis 

Defenderos fácilmente 
En la casa que allí tengo. 

Cárl. Pienso que me han de buscar. 

Ben. Será solo en el lugar. 

Cárl. Del conde informado vengo. 
Que sois hombre de valor, 
Y que ayudarme podéis. 

Ben. No se engaña, y lo veréis 
Presto, el conde mi señor. 

Cárl. ¿Si me visto de hortelano. 
Podré estar en esa huerta? 

Ben. Y seguro, que á su puerta 
No ha de llegar hombre humano. 

Cárl. ¿Tendréis vestidos, por dicha, 
Para mí y este criado? 

Ben. No soy pobre, y soy honrado, 
Con pensión de una desdicha. 

Cárl. ¿Cuál es la huerU? 

Ben. Esa es; 

En ella entrad, mientras voy. 

Cárl. Mayo de ventura soy. 



196 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Ben. ¿Quiéo es Mayor 

Mayo. Cierto mes. 

Ben. Pensé que era Yoestro nombre. 
, Mayo, fio, hermano. 

Cari. SI foera ingrato 

Jamas á tan noble trato... 

Ben. No prosigáis, que no hay hombre 
Que tenga vuestro apellido. 
Que no pueda ser dechado 
De nobleía. 

Cárl. Este cuidado 
Me quiere mas escondido. 
A la huerta voy, á Dios, 
Despacio hablaremos luego. 

Moyo. No se entabla mal el Juego, 
(ap. d ios dos.) 
Pues disfrazados los dos 
No hay que temer al lugar. 

Cari, üe noche salir podremos 
A donde á Jacinta hablemos. 

Mayo. Por ti se podrá cantar : 
Hortelano eres, Velardo, 
De las huertas de Valencia; 
Si ha de haber hambre, pacleoda : 
Embutir lechuga y c^irdo. 

ESCENA IX. 

BENITO T MENDO. 

Mendo. Pascual me ha dicho que estás 
Con una trlstexa estraña. 
Ben. Pascual, padre, no te engaña, 

Y en mi verás lo demás. 

Mendo. ¿Qué te importa el casamiento 
De Jacinta? 

Ben. En esa edad, 

No reina la voluntad, 
Mas puede el entendimiento. 
Pero, padre, en esta mia, 
¿Qué consuelo puede haber 
Para dejar de querer 
Lo que Jacinta querría ? 
Dicen que es hija... 

Mendo, ;. De quién? 

Ben. De un conde napolitano : 
Yo soy un pobre villano. 

Mendo. Tú eres mas noble también : 

Y llegada esta ocasión, 
Estoy, Benito, en efeto. 
Por romper para un secreto 
Las puertas del coraxon, 
Que no es mayor calidad 
La suya. 

Ben, Padre, no creas 
Por lo bien que me deseas, 
Engafiar mi voluntad : 



Que si piensas remediarme 

Y con mentiras valerme, 
Será por dicha encenderme, 
Con lo que piensas helarme. 

Mendo. Hijo, buen padre te dio 
Tu fortuna, y no estrangero, 
Sino español caballero. 
Que no soy tu padre yo. 
Deudo en esa casa tiene 
Las armas de su blasón, 
No perdieron opinión 
Por lo que á tocarlas viene. 
Esto basta para ti, 

Y no me preguntes mas. 
Ben. La vida me quitarás, 

O padre, en dejarme asi. 

Mendo. No soy tu padre, que yace 
En Madrid en la capilla 
Del conde. 

Ben. No es maravilla 
Que mientras de tu amor nace : 
Oye, padre, di me el nombre. 

Mendo. Déjame, que ya me pesa 
De haber hablado. ( Vate.) 

Ben. Aquí cesa 

MI ser, pues que soy mas hombre. 
Animo pues, pensamientos. 
Que si es aquesto verdad, 
Amor en mi calidad 
Hará menos fundamentos. 
Demás, que si al caballero 
Que hoy á mi huerta ha venido. 
Favor y consejo pido. 
Consejo y favor espero. 
Si en calidad no hay ventajas, 

Y mi loco amor porfla, 
O Jacinta será mía , 

O se ha de perder Baritas. 

ESCENA X. 

DON LUIS, LISARDA t ISABEL. 

Luis. Yo he dado en esta locura. 

Us. Desde Madrid lo temi. 

Luis. Lisarda, en mi vida vi 
Tan estremada hermosura. 

Us. Tú eres lindo Galaor, 
No ves muger que no quieras; 
Mas, dime, hermano, ¿es de veras 
Tener á Jacinta amor? 

Luis. SI es hija del conde Fabio, 

Y ya por fuerza heredera 
Será Justo que la quiera. 
Seré en pretendella sabio. 
Si la tengo de llevar 

A mi casa, estando allí, 



ACTO II, ESCENA XIY. 



i97 



Mjor que pan mi 
B floUcitar? 
hemuma, y dirás, 
Ula estoy perdido ; 
justa te pido 
ría no podrás. 
!tiro i esa huerta, 
a sola allá, 
imor roe dará 
6 principios puerta, 
ínes aficiones, 
I una ley amor 
•ara, que en rigor 
aiguan raiones. 
ú tengo en tí 
agre como pienso. 
D lo haré. 

Pondrás un censo 
, Lisarda, en mí. 

ESCENA XI. 

LISARDA t ISABEL. 

ira mis cuidados, es 
hermano estremado, 
te haber don Carlos tardado, 
pie con él estés : 
pasó de novena 
da de Alcalá, 
i en ella, Isabel, está, 
menos con mi pena, 
acinta. 

ESCENA XII. 

CHAS, JACINTA T TERESA. 

Ya estoy 
IOS de cortesana, 
¡go decir que Diana, 
▼idio inclinada soy, 
, y esProserpina; 
bien seréis agora 
la y labradora, 
US, seréis trina. 
[o me habléis de esa manera, 
lo eotieodo, por Dios ? 
mi campo tos, 
subo á vuestra esfera. 

teogo un poco que hablaros, 

1 huerta ha de ser. 

o 08 tengo de obedecer, 

á mi dueño amaros. 

ienso que mi hermano intenta 

vuestra cuñada. 

i es baria será estremada. 

la humildad me contenta. 



Ya deseo que os vistáis 
Para que soberbia estéis. 
Jac, Siempre humilde me hallaréis. 

Y mas si vos me mandáis. 

£t>. Voy á hacer que allá nos lleven 
Algo con que regalaros. 

Jac, ¿Qué mas que veros y hablaros 
Aunque con las fénix prueben r 

ESCENA XIII. 

JACINTA T TERESA. 

Jae. ¿Qué te dice el casamiento? 

Ter, Que no te estuviera mal 
Con hombre tan principal, 
Si aquel nuevo pensamiento 
No te tuviera tan loca. 

Jac. Teresa, en mi vida amé; 
Castlgo, y muy justo ftié; 
Que amor por agravio toca. 
¡ O qué bien me lo decías ! 
Mas dlme, ¿á quién no obligara 
Hazaña tan noble y rara 
En tantas desdichas mías ? 
¿ Pues sacarme desmayada 

Y dejar de irá Alcalá, 
Por llevarme donde ya 
Fui curada y regalada 

De sus hermanas hermosas, 
A quién no pudo obligar? 

Ter, Carlos es digno de amar, 
Por sus prendas generosas. 
Mas ya que has de ir á su casa 
De don Luis, ¿ no habrá remedio 
De verle P 

Jac, Siempre halla un medio 
Quien de dego amor se abrasa. 

ESCENA XIV. 

Dichas, t MAYO os buhonero. 

Mayo, ¿Hay quién compre lindas cosas, 
Joyas y curiosidades? 

Ter, Creciendo las calidades. 
Serán las galas forzosas. 
Compra de aquí niñerías. 

Jac. Buen hombre, llegaos acá. 

Mayo, Sola con Teresa está. 

Jac. ¿ Qué vendéis P 

Mayo. Locas porfías 

De un ciego amante abrasado. 

Jac, Mayo, ¿eres tú? 

Mayo. Y tan florido. 

Que una huerta me ha tenido 
En almendro trasformado. 
Yo vengo, como me ves, 



»98 



AL PASAR DEL ARROYO. 



A decirte qae está aqai 
Don Carlos. 

Jac, ¿Es cierto? 

Mayo. Sí. 

Jac. Amante bizarro es, 

Y paga al justo mt amor. 
Mayo. En la huerta de Benito, 

Me ha dado por sobre escrito 
Que está vuelto en labrador; 
Porque le ha dado á entender 
Que fugitivo ha venido 
De la corte, y se ha querido 
De su persona valer. 
Dice que es deudo del conde, 

Y en esto dice verdad; 
Benito, por amistad, 

En su enramada le esconde. 
Vele á ver con un gabán, 

Y un escardillo en la mano, 
Porque en forma de hortelano 
No le conozca Calvan. 

Jac, Iré sin duda esta tarde. 

ESCENA XV. 

Dichos, LISARDÁ é ISABEL. 

Us, ¿Y qué compra? 
Isab. No lo sé. 

Us. Lo que fuere pagaré, 
' No estéis, Jacinta, cobarde. 
¿ Qué traéis? 
Mayo. Tocas famosas, 

Y cintas de mil maneras : 

t Cielos, qué es esto 1 Por Dios ap. 

Que ó tengo el mosto en la testa, 

O que es aquesta Lisarda. 

Señora, aquí un poco espera, 

Que voy hasta la posada; 

Verás unas cajas llenas 

De varias curiosidades, 

El escarraman, Iff venta, 

Y hasta el pasar del arroyo. 

Jac. ¡ Ay Dios ! si de eso me acuerdas. 
Cuéntame por desmayada. 

Lis. Buen hombre, escucha á la oreja. 

Mayo. Mas quisiera que un alano 
Del rastro me la mordiera. 

lÁs. Blayo, ¿eres tú? 

Mayo. Yo soy Mayo ; 

Mas tantas mayas me cercan 
Que he de mayar como gato. 

Lis. ¿ Cómo estás de esa manera ? 

Mayo. Carlos supo que aquí estabas, 

Y con este hábito y cesta 
Me mandó venirte á hablar. 

Lis. ¿Ya está en Madrid ? 



Mayo. Allá queda 

Triste de no haberte hablado. 

Us. Porque aquestos no lo entiendan. 
Ven aquesta noche á hablarme, 
Aguarda rete á la puerta; 
Que de todo lo que pasa 
Le quiero dar larga cuenta : 
i Tráesme carta ? 

Mayo. En la posada 

La dejo, pero traeréla 
Esta noche; á Dios, señora. 

Isab. Mayo, escucha. 

Mayo. Cuando vuelva. {Vase.) 

Lis. Ya nos podemos partir; 
Prevenida está merienda, 
Y algún entretenimiento. ( Vame.) 

Jac. Teresa, cuando esta sepa 
Que quiero bien á don Carlos 
¿ Qué importa ? 

Ter. Solo que tenga 

Envidia de tu buen gusto. 

Lis. Isabel, brava fineza : 
Carlos á Mayo me envia. 

¡sab. Habrá sentido tu ausencia. 

Jac. i Ay Carlos 1 

Us. ¡Ay Carlos mió! 

Ya estoy besando tus letras. ( Yante.) 

ESCENA XVI. 

DON CARLOS de bortelamo. 

Amor que siempre barajas 
Los bienes y males ciego. 
Ya tienes casa de juego. 
Ya das naipes en Bangas : 
Jugadoras de ventajas 
Son tus manos, que estos dias 
Ganan las potencias mias, 
Pues en efecto te vales, 
Amor, de barajas tales 
Para tales fullerías. 
Amor, de quien te acompañas 
Para perder y ganar, 
Pues solo en el barajar 
Echo de ver que me engañas; 
No son honradas hazañas 
Ver de Lisarda la suerte, 
Y barajarla de suerte 
Que llegue la de Jacinta, 
Figura que con su pinta 
Pudiese darme la muerte. 
Porque tomas mis cuidados 
En Barajas tan á pechos, 
Pues jugar con naipes hechos. 
No es amor de hombres honrados, 
Si asi los tienen cortados 



ACTO II, ESCENA XVllI. 



199 



En Bancas de pesaras 
Ganarás cnanto repares, 
Poes ea días Juntos vj. 
Los encuentros para ti, 
Y para mí los azares. 
Barajas y alzo la mano, 
pQssta en Madrid la mitad ; 
Pero con to habilidad 
Ha sido remedio en vano. 
Poco en tos barajas gano, 
pQss joego temiendo ausencia 
En Barajas sin Ucencia, 
A donde vengo á probar 
La mano para ganar, 
T 8i perdiere paciencia. 

ESCENA XVII. 

DON CARLOS y DON LUIS. 

Luis. Buen hombre, que Dios te guarde, 

Y en Terde hortaliza aumente, 
i No sabes que todo oriente 
Viene á tu huerta esta tarde ? 
¿ No sabes como Jacinta 
Viene á cubrilla de flores, 
Qoe son sus pies las colores 
Con que abril los prados pinta? 
¿Conócesla? dime nueyas 

De su hermosura y valor. 

Cárl. Cuando barajas, amor, 
Todo lo tiras y llevas, 
c Este es don Luis ? ¿ Qué es aquesto ? 

Ittif . ¿ No respondes, labrador ? 

CárL Estoy cansado, señor, 
Que me va la vida en esto. 
Qoe venga Jacinta aquí 

Y la tengáis afición. 

Me ha causado admiración : 
Nooca en Barajas os vi ; 
Pero mejor os dirá 
Mi amo lo que queréis, 
Poes en las eras que veis 
Todo mi remedio está. 
Qoe á la fe que me conviene 
Tener todo aqueste dia 
Mas trabajo que solía. 

ÍMts. i Es este mozo que viene 
El amo de aquesta huerta ? 

Cdrl, Y de loe mozos mejores 
De Barajas. 

ESCENA XVin. 

Dichos y BENITO. 

Ben. Sabed, flores, 
Qoe 00 traigo una nueva cierta. 



La primavera ha llegado 

Anticipada en Jacinta, 

De la que esperáis distinta. 

Pues de huerta os vuelve en prado. 

Creced los verdes cogollos. 

Porque al pasar de sus plantas 

Esmalten colores tantas. 

Cdrl, I Qué buen año de repollos ! 
Pues ¿ qué digo? el peregll 
Picará como mostaza. 
Mayo tarda con la traza. 
Primero ha llegado abril. 

Luis. ¿Sois el dueño de esta huerta? 

Ben. Y muy vuestro servidor, 
Aunque el trage labrador 
Mal con el vuestro concierta. 
Por Jacinta os vi venir, 

Y aunque lo tuve á pesar, 
Como al señor del lugar 
Os quiero, y debo servir. 
Estoy ya medio casado 

Con ella, que si hay ventajas 
Del uno al otro en Barajas, 
Mi hacienda las ha ganado. 
Suplicóos humildemente 
Nuestra boda concertéis, 

Y á Jacinta la rogueis 

Que me trate blandamente : 
Que no habrá mes en el año 
Que os falte mi obligación. 
Desde la fruta al lechon 
Mejor que la seda y paño. 
Desde aqui sois mi padrino, 
Desde aquí sois mi señor. 

Luis. Hablad bajo, labrador. 
Que aun sois de nombrarla indigno : 
Es muy principal señora, 

Y espera mejor marido. 
Ben. Es engaño conocido. 

Que Jacinta es labradora, 

Y como tal se crió; 

Y en su bautismo mi padre, 

Si es mi padre, fhé el compadre 
Qoe de pila la sacó. 
Ella ha de ser mi muger : 
Mirad si aquesto es verdad ; 

Y sino, el libro mirad. 

Cdrl. ¡ Oh lo que este año ha de haber 
De pepinos y borrajas ! 

Luis. Buen hombre, cierto señor, 
Con secreto y con temor 
La trajo niña á Barajas. 
En fe de esto la veréis 
Vestida, hermosa y gallarda, 
Ir con mi hermana Lisarda, 
Si duda en esto ponéis. 



200 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Donde en Madrid vivirá^ 
Conforme á quien es casada. 

Ben, Ya entiendo, no ignoro nada, 
A buenas deshonras va. 
Ya sé que hay ciertas mugeres 
Que en viendo una moza hermosa, 
Con su maha cautelosa 
La prenden con alfileres. 
Un doña Tal de Guzman, 
De Toledo, ó de Mendoza, 
Haciendo á una humilde moza 
Bastarda del preste Juan, 

Dan en la corle con ella, 

Donde por la novedad 

No hay colmena, esto es verdad, 

Con mas abispas en ella. 

Luego la cubren diamantes 

Fiados á buen pagar, 

Que son después al cobrar 

Mas duros que fueron antes. 

Luego hay casa con balcones. 

Luego hay destierros y vueltas ; 

Pero en vueltas y revueltas 

Cogen muy lindos doblones. 

Asi será la muger 

Que vuestra hermana llamáis. 

Con que á Jacinta engañáis. 

Que era labradora ayer; 

Y vos que ayudáis al caso. 
Seréis el galán primero. 

Luis, No sé, villano y grosero, 
Como el alma no te paso, 
¡ Hay malicia semejante ! 
¡Vive Dios que estoy!... 

Ben. Teneos, 

Y en la huerta entreteneos. 
Pues sois de Jacinta amante. 
Que agora habláis con ventajas, 
Traer mi espada es razón, 

Y conoceréis quién son 
Los mancebos de Barajas. 

ESCENA XIX. 

Dichos, menos BENITO. 

Luis, Sin duda alguna está loco 
De amor de Jacinta bella. 
Mas ¿qué mucho, si por ella. 
Es ya mi seso tan poco ? 
Ola tú, que cabizbajo 
Limpias tu verde hortaliza, 
Oye. 

Ctú-i. £1 dimuño os atiza, 
Dejadme con mi trabajo, 
Que no me entiendo de amor. 



ESCENA XX. 

Dichos t MAYO. 

Mayo. Allí mi señor está. 

CdrL Mayo viene ; pero ya a 

Se ha llevado abril la flor. 
¿Qué hay, compañero, tenemos 
De lo dicho alguna traza ? 
¿Concertaráse la fruta ? 
¿ Irán á Madrid las cargas ? 
Que hay otro marchante acá 
Que diz que viene á comprarla. 

Mayo. Hortelano era Velardo 
De las huertas de Barajas ; 
Que los trabajos obligan 
A lo que el hombre no basta : 
Pasado el hebrero loco, 
Siembra para mayo trazas, 
Mas ninguna lleva flores, 
Aires de Madrid lo causan. 
Todos soplan hacia acá; 
No hay sino bajar la cara, 
Mientras soplan estos cierzos 

Que vienen á las montañas. 
CárL Ya lo entiendo, compañero, 

Y que engaño la esperanza. 

Porque quien la pone en suertes, 

O le falla el sol, ó el agua. 

No sé qué habemos de hacer, 

Si tantos marchantes andan 

Para tan poca hortaliza. 
Mayo. Volver á Madrid mañana. 

Donde hay huertas sin peligro, 

Y entre melones y habas 
Se venden nabos gallegos 

Y berengenas zocatas. 

No quiero huerta con noria, 
A donde las bestias sacan 
Agua, tapados los ojos. 

CdrL Ay, Mayo, al Amor retratan. 

Mayo. Ay, abril, que viene agosto, 

Y cuanto siembras abrasa. 

ESCENA XXI. 

Dichos, JACINTA, TERESA, LISAl 
t ISABEL. 



Lis. No seas, JacinU, esquiva. 
Allí mi hermano te aguarda. 

Jac. Por ti le hablaré, señora. 

Us. Entre tanto que le hablas 
Me quiero yo entretener 
Entre estos yerbas y plantas 
Hablando con su hortelano. 

Jac. Aquí me ha dicho Lísarda (d 



ACTO II, ESCENA XXIIl. 



301 



»rM que me hacéis. 
Si favorece qalen ama, 
ci8, porque oe adoro. 
íh 1 baen hombre, el que trab^a, 
1 una muger- 

embras, di me, qué caTas ? 
Escardando estoy, Mfiora, 
ar las yerbas malas 
isan daño á las buenas. 
La cabesa no levantas ? 
na lechuga de esas. 
¿Estáis acaso pre&adaP 

Cirios, ¿qué es aquesto? 
Señora, tu amor lo causa, 
layo me dijo, mi bien, 
>ra en Madrid quedabas. 
Por cogerte de repente 
que te engañara, 
habéis venido aquí ? 
Venimos por esta dama. 
I Dama aquella labradora? 
Ss de un conde hija bastarda, 
nigo de don Luis, 
pasaron á Italia, 
las viene por ella, 
de tenerla en su casa, 
ue llegue ocasión ; 
pienso que es llegada : 
desde que la vio 
lanera se abrasa, 
ándose con ella 
e escusar de enviarla. 
Estrena historia, por Dios. 
¿Y tú. Mayo, no me hablas? 
¡ Ah señor Mayo! ¿así olvida 
oigas .^ 

Son tantas, 
sabe un hombre á quién 
aquesta hermosa cara. 
4 Conoces á Mayo tú ? 
; Pues no ? 

Teresa, repara 
me echas á perder. 
Cuando llevo de Barajas 
ladrid muchas veces 
enderle á su casa. 
Fabló bien su señoría, 
ieñor don Luis, con la salva 
á vuestro valor, 
B fué mas temprana 
Btra voluntad, 
le pide la causa : 
amos á Madrid, 
f á vuestra casa : 
>o y lugar es vuestro. 



Luis. Con esa dulce esperania 
Vivirán mis pensamientos. 

Jac, fío digo que os doy pahibra. 
Sino que el tiempo dispone 
Cualquier cosa que se trata. 

ímís. Servicios, Jacinta, obligan ; 
Tarde ó luego premio alcanxan. 

ESCENA X\U. 

Dichos y BENITO con la bs»ada desnuda 

T ON 6ABAN REVUELTO AL BRAZO. 

Ben, Caballero de la corte. 
Que vestido de arrogancia 
Venís á quitarme el bien 
Que solicitan mis ansias; 

Y puesta para un desnudo 
Mano á la cobarde espada, 
Decis que me mataréis ; 
Haced la huerta campaña : 
Que no soy desigual vuestro. 
Aunque el sayal me disfraza, 
Que soy caballero noble, 

Y sangre de los Zapatas. 

Luú. i Hay desvergüenza, hay infamia 
Gomo la de este villano P 
Afuera. 

(Éntrame acuchillando.) 

Lis, A mi hermano matan, 
Carlos, ai remedio voy. 

Cárl, Señora, no tengo armas, 

Y ese villano es mi dueño. 

ESCENA XXIIL 

DON CARLOS, JACINTA, TERESA, 
ISABEL T MAYO. 

Cdrl. ¡Ah, Jacinta! 

Jac. I Ah, mi esperanza ! 

Cdrl. Mira cual estoy por tí. 

Jac, Ya sé, mi bien, lo que pasas. 

Cárl, ¿ En fln, á la corte vas ? 

Jac, Del tiempo han sido mudanzas. 

Cdrl En fln, señora te han hecho. 

Jac. Ya ves lo que me importaba 
Igualar tu calidad. 

Cárl, Con tu hermosura la igualas. 
¿Cuándo partís á Madrid ? 

Jac, Partí remónos mañana. 

Cdrl. Teresa, ¿ no has de ir allá ? 

Ter. i Pues podré quedar sin ama.^ 

Cdrl. En tí mi remedio (lo. 

Jac. £1 alboroto me ait^ñt 
Ao puedo aquí detenerme. 

Cdrl. Acuérdate que me matas, 

Y de que estuviste muerta 
En mis brazos desmayada. 



^02 



AL' PASAR DEL ARROYO. 



Jac. jDÓDde? 

CdrL 

Jac. 



Al pasar., 



No lo digas^ 



Qae me pasas las entrañas. 

ESCENA XXIV. 

HAYO É ISABEL. 

Mayo. ¿ Y ella, cuando va á Madrid ? 

Isab. Guando quisiere mi ama. 

Mayo, ¿ Acordaráse de Mayo? 

Isab. Como fuere la labranza. 

Mayo. Junto á Brañigal espero, 
Porque al pasar de sus aguas... 

Isab, No digas mas. 

Mayo. ¿Qué la aflige? 

Isab. Temo que algún toro salga. 

Mayo. ¿ Es muy medrosa ? 

¡sab. Infinito. 

Mayo. Pues oye, con esta espada 
Yo le desjarretaré 
Por la mitad de la panza. 

ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de don Luis. 
DON LUIS Y GUZMAN. 

Luis. Bellísima está Jacinta 
Con el cortesano trage. 

Guz. ¿ Pues no lo pierde en lenguaje? 

Luis. Es una cifra sucinta. 
Parece que el cielo pinta 
Todas las luces en ella. 
Si cortesana, tan bella^ 
Tan bella, si labradora, 
Que de una suerte enamora, 
Y estoy muriendo por ella. 

Guz. Con razón la quieres bien, 
Aunque estando ya en tu casa, 
No sé cómo sufre y pasa 
Tu amor, su injusto desden. 

Luis. Téngala yo donde estén 
Mis cuidados obligando 
Su desden, sirviendo, amando ; 
Que amando y sirviendo, creo 
Que vencerá mi deseo. 

Guz. ¿Cuándo.^ 

Luis. El amor sabe cuándo. 

Guz» No la he visto hablar en tí 
Con el gusto que quien ama. 

Luis. No pienso que me desama, 



Si no se muere por mí. 
Guz. Mi señora viene aquí. 

ESCENA II. 

Dichos t LISARDA. 

Lis. A pediros un favor 
Vengo con algún temor. 

Luis. ¿Pues qué se os puede ofrec 
Donde vos podáis temer 
Un agravio de mi amor? 

Lis. Mendo, hermano, on viejo hoi 
Padre de aquel atrevido 
Que en Barajas... 

Luis. Ya he sabido, 

Lisarda, que os han rogado : 
Ya le tengo perdonado; 
¿ Qué queréis P 

Us. Que deis licencia 

Que venga á vuestra presencia. 

Luis. ¿Está en Madrid P 

Lis. Aquí está 

Luis. Pues entre, que ya tendrá 
Pesar, como yo paciencia. 

ESCENA III. 

Dichos y BENITO. 

Ben. Para pedir perdón. 

Luis. Alzaos del 

Ben. Vengo, señor, tan triste y v< 
zoso, 
Que al valor vuestro del castigo apel 

Luis. Vos sois, Benito, un mozo val 

Ben. De ofenderos me dio tal di 
Al punto que dejé de ser zeloso, i 
Que á mi padre pedí que negociase. 
Que humildemente á vuestros pl< 

echase. 
Habló con mi señora, que advertida 
De mi arrepentimiento, os h% forzadc 

Luis. No me desagradaron en mi 
Los hombres del valor que habéis mo8 
Valiente mozo sois. 

Ben. No se me olvldi 

Algo de lo que tuve ejercitado. 

Luis. No me pesará de tener conm 
Un hombre como vos. 

Ben. Agora digo 

Que castigáis con eso mi locura : 
Pensé que era Jacinta labradora, 
Y como al labrador es cosa dura 
Si el hidalgo sus cosas enamora , 
Hice tan desigual descompostura : 
Mas cuando conocí que era señora, 
Caí de su valor á mi bi^esa, 



ACTO III, ESCENA IV. 



203 



Qae no hay distaneia de mayor grandesa. 

íjiis. AlU 08 cobré afición, y si mi casa 
Os puede ser en algo de provecho, 
Quedaos en ella. 

Ben, Tanta merced pasa 

Del corto espacio de mi humilde pecho. 

lis. Ya os quiero concertar. 

Ben. Mi amor sin tasa 

Merece la merced que me habéis hecho. 

Us. Benito ha de senriros de hortelano. 
Que os importa el jardín este verano. 

Luis. Si él quiere, desde aquí le doy 

Btffi. ¿Jardín tenéis? [partido. 

Luis, Entrad, y le veremos, 

Aunque por mi descuido está perdido. 

Ben, Thresto veréis qué alegre le ponemos. 

Isab, Valor de tu piedad, señora, ha sido 
Pacificar aquestos dos estremos. 

Us. Es, Isabel, el labrador honrado. 

hab, Y en talle y brio para ser mirado. 

ESCENA IV. 

LISARDA, ISABEL t JACINTA 

VESTIDA DE DAMA. 

Jac. Dijéronme que querías 
Hablarme á solas un rato. 

Us. Ya sabes tú lo que trato, 
Jacinta, por tantos días. 
Mi hermano te quiere bien, 

Y esto de Italia le enfada ; 
No estarás mal empleada 
En su persona también. 
Que me respondas quería 
Si ha de tener esperanza. 

Jac, El tener desconfianza, 
Ya sobra de cortesía; 

Y porque sepas de mí 
Lo que mi desden causó. 
Escucha, y sabrás que yo 
No tengo la culpa. 

Us, Di. 

Jac. Salí de Barajas 
Un lunes tirano, 
Por la vecindad 
Del martes aciago. 
De ver codiciosa 
La entrada y los arcos 
Que á la princesa 
De Espafia trazaron, 
De Madrid deseos, 
De su amor cuidados, 
Cifra del que tienen 
Todos sus vasallos. 
Teresa, mi amiga, 
Me iba acompañando, 



No en coches ilustres, 
Ni en villanos carros. 
Porque dos pollinos 
Eran, entoldados 
De alfombras, literas 
En que caminamos. 
Sombreros con plumas, 
Sayuelos bizarros, 
Sartas y corales. 
Cintas y rosarios : 
Basquinas de seda, 
Ricos pasamanos, 
Manteos con oro. 
Todo fué prestado. 
Casi legua y media 
Del amor tratamos, 
Riendo yo entonces 
Lo que estoy llorando : 
Que todas sus flechas 
No le aprovecharon. 
Para que rompiese 
Mi pecho de mármol. 
Ijibradores mozos 
A perder llegaron 
Por mi amor el seso ; 
Pero todo en vano. 
Noches de san Juan, 
Me colgaban ramos 
De juncia y verbenas. 
Trébol y mastranzos. 
No era amanecido. 
Cuando todo el mayo 
En el horno ardía 
De su amor burlando. 
Si lloraba alguna 
Por su amor ingrato, 
No era mas mi amiga, 
Riendo su engaño. 
Al pasar del arroyo. 
No sé como basto 
A nombrar, Lisarda, 
Quien causó mis daños. 
Linde de una viña, 
Estaba un hidalgo, 
Caballero, digo. 
Caballero honrado. 
Dióle para el pecho 
Su espada Santiago, 
Y para los ojos 
El alma sus rayos. 
Su coche aguardaban 
El y su criado. 
Vuelto en unas piedras, 
Que es terrible el paso. 
El arroyo arriba. 
Por lo mas cercado 



304 



AL PASAR DEL ARROYO. 



De vifias y hnertas, 

Y de álamos altos, 
Yenia un torillo, 
Bravo y enojado, 

SI con los yallentes, 
Con mugeres bravo. 
Cerró con nosotras ; 
Mas nuestros caballos 
Fueron como pollos 
En viendo al milano. 
Caí sobre el agua, 
Cubrióme un desmayo, 
Bajó el caballero, 

Y metiendo mano, 
Cortóle las piernas, 

Y sacóme en brazos : 
Púsome en su coche 
Con muchos regalos; 
Desperté en Madrid, 
En su casa entramos, 
Sacáronme en ella 
Sus hermanas, dando 
Aliento á mi vida, 

Y á mi mal reparo. 
En aquellos días 

Me obligó don Carlos, 
Que este nombre tiene 
El que adoro y amo. 
Por mí fué á Barajas, 
Por mí fué hortelano, 
Por mí se olvidó 
De antiguos cuidados; 
Que solo me adora 
Me jura llorando ; 
SI no se lo creo. 
Que me pase un rayo, 

Y mas como agora 
En sangre le igualo. 
Con que es imposible 
Dejar de casarnos. 
Esto que te fio, 

No sepa tu hermano, 
Que en el mismo dia 
Me iré con don Carlos. 

Us, i Puede haber otra mayor 
Desventura que la mía? 
I Ay, que no en balde temía 
Esta jornada mi amor 1 
Desde que á dun Carlos vi. 
Mis males adiviné, 

Y aquello que después fué. 
Entonces pasó por mi. 
Para adivinar mejor 

El alma de amor se vale. 
Que no hay sibila que iguale 
A un alma llena de amor. 



ap. 



i Qué haré? i qoé medio hallaré 
Donde no ha de hallarse medio ? 
Mas si el morir es remedio, 
Remedio en morir tendré. 

Jac, Bien pienso que habéis sentido 
El haberme declarado. 

lÁs, Notable pena me has dado. 

Jac. Lo menos habéis oído, 
Porque me dijo Teresa, 
Que estando yo desmayada... 

lis. Basta, no me digáis nada, ^ 
Que aun de lo dicho me pesa. 

ESCENA V. 

Dichas, DON CARLOS, DON LUIS, 
MAYO T GUZMAN. 

Cárl. SI antes supiera yo que vuestra 
Señor don Luis, tal huéspeda tenia, [casa. 
Antes para servirla me ofreciera. 
Lis. Este es el íbego que mi pecho 
abrasa. ap, 

CdrL Esta es la nieve que mi pecho 
enfria. ap. 

Jac. Este es el sol de mi dichosa es- 
fera, ap. 
Luis. Avisaros quisiera, 

Y soy tan encogido. 

Que hasta que os vi no pude. 

Cárl. Estoy corrido, 

Yuestra merced me tenga por su esclavo. 

Lis. Aquí la vida y la paciencia aca- 
bo, ap. 

Jac. Yo soy, señor, muy vuestra servi- 
dora. 

Lis. Como el no conocerle disimula, ap, 

Cárl. Mayor me pareclstes que la fama. 

Jae, Es porque estoy en esta casa agora. 

Luis. No pienso que don Garlos os adula. 

Lis, Que mal, ] ay cielos ! encubrís la 
llama. ap. 

Cárl. Es muy gallarda dama 
MI señora Lisarda : 
La señora Jacinta... 

Lis. Es muy gallarda; 

Y mas, cuando al pasar del arroyuelo, 
Yino el torillo y derribóla al suelo 

CárL ¿ Pues cómo, ha sucedido alguna 

cosa ? [coche. 

Lis. ¿Sábenlo hasta las muías de algún 

Y hacéiseos vos de nuevas ? 

Cárl. No lo entiendo. 

Lis. Y cuando desmayada aquella rosa 
Os prestaba su nieve, y esa noche, 
Al rayo de ese sol iba volviendo ; 

Y están dolé diciendo 



k 



ACTO 111, ESCENA VIL 



205 



Amores al oído, 

iCobró con las palabras el sentido r 

¿Era barro también? 
Cárl. Cuento bisarro. 

JLtf . Mas al pasar arroyos siempre bay 

Pensaba Teria agora confiado» [barros : 

Halldse la Inyencion, paes eogañóse, 

Qoe agora me iie?o á mi aposento. 
CárL Lisarda mia, 4 quién os ba enga- 
lÁM. Ab perrOy ¿yo soy tuya? [ñadof 
CárL Derribóse 

Oe mi edificio el fuerte fundamento. 
Lis, No le dará contento 

Esta Tea la señora. 

Mire cómo la babla quien la adora, 

Y ella le quiere bien ; ¿entiende^ entiende? 
CárL Ya lo entiendo, ya sé que la pre- 
lis. Vamos, Jacinta. [tende. 
CárL ¿ Tú este bien me quitas ? 
Us. Impórtame que Tengas. 

Jae. Vamos luego : 

A Dios, señor don Carlos. 

Um. ¿Es aqueste ? 

Jae. Él mismo. 

l¿t. Buena gana solicitas. 

Jac, jConócesle? 

Lis. 4 Pues no.» tu amor es ciego. 

Paciencia, xelos^ el amor os preste : 
¿Qué don Carlos es este? 

Jae. i Tal bombre no te agrada ? 

Us. El talle sí, con esa roja espada; 
Ihs serás desdichada, si le quieres, 
Que me dicen que burla mil mugares, 

ESCENA VI. 

DON CARLOS, DON LUIS, MAYO 
t ISABEL. 

Mayo, ¿Qué tenemos, Isabel? 
¡sai. Vaya el picaño lacayo. 
Mayo, ¿ Pues di, no era yo tu Mayo 

Y tú mi fresco vergel? 
Isab. Allá con la barajeña, 

Qoe en el estribo Uctó , 
Hable el picaro, que yo 
Soy cortés, y madrileña. 

Mayo, ¿Ballenata no dirá? 

¡sab. Con mucha honra, belitre. 

Mayo, Mala pipa de salitre 
Te vuelve. 

¡sab. Soy nieve ya. 

ESCENA VII. 

DON CARLOS v DON LUIS. 
Luis, 4 Qné os pareció de Jacinta ? 



Cárl. Que es prenda digna de vos. 

Luis. Adoro en ella, por Dios. 

CárL Es tan agena y distinta 
Del trage de labradora, 
En que me dicen que estaba 
Cuando no se imaginaba 
Tan bien nacida y señora : 
Que á los que nunca la vimos 
Parece que siempre fué 
Esto que agora se ve. 

üiis. Por ella á Baritas fuimos 
Lisarda y yo, y ese dia 
La vi con tantas ventajas. 
Que presumí que en Barajas 
Las selvas de Arcadia vela. 

Y en Jacinta labradora 

La diosa, qoe en blanco velo. 
Es luna hermosa en el cielo, 

Y en la tierra cazadora. 

Y pues ya con vos profeso, 
Don Carlos, tanta amistad, 

Y no ignoráis la verdad 
De este notable suceso, 
Sabed que quiero casarme, 

Y al conde Fabio escribir, 
Que se digne de venir. 

Si fuere su gusto, á honrarme ; 
Pues me d^o que tenia 
Pretensiones en la corte, 

CárL Siempre lleva errado el norte 
Quien tiene el amor por guia. 
Conozco la calidad 
De JacinU, ¿mas qué hacienda. 
Para hacella vuestra prenda, 
Tenéis con seguridad? 

Imís» La hacienda de su hermosura 
Me tiene mas obligado; 
Pero como natural 
Jacinta, y que fué su madre 
Mas principal que su padre. 
Aunque él es muy principal ; 
Porque, en efecto, murió 
En posesión de doncella, 

Y aun me dicen que con ella 
Fabio, al morirse, casó; 
Muerta la condesa ya. 
Forzosa heredera es. 

CárL Mayor el peligro está. 
Que si os casáis sin su gusto. 
Por ventura de enojado, 
Tomará de nuevo estado. 

Luis, Es ya viejo, y no es robusto. 
Demás, que me quiere bien, 

Y yo le pienso escribir. 

Cárl, Esto no es mas de advertir. 
Luis. Y hacerme merced también. 



206 



AL PASAR D£L ARROYO. 



ESCENA VIH. 

Dichos t BENITO. 

Ben. Tres ó cuatro caballeros 
Te aguardan en el jardin. 

Luis. No os vais^ porque tengo, en fin, 
Con que puedo entreteneros^ 

Y gusto de hablar con vos. 
CdW. Yo me estaré por aquí. 

ESCENA IX. 
DON CARLOS i BENITO. 

Ben, ¿Ya no acordáis de mí ? 

Cárl. Nunca me olvido^ por Dios, 
Porque sé la obligación 
En que pone á un hombre honrado 
Quien le ayuda en el cuidado 
De un peligro en ocasión. 

Ben. Para ser hombre de bien 

Y merecer este nombre, 
Cinco cosas en un hombre 
Han de concurrir también. 
Primero tratar verdad 

Y vestir honestamente, 
Sustentar su casa y gente 
En honra y autoridad. 
En ios públicos lugares 
Estar grave, cuerdo, honesto : 
Nunca en hombre descompuesto, 
Si es hombre ó bestia repares ; 
Porque la descompostura 

En el público lugar, 

A picaros se ha de dar. 

Que no á quien honra procura. 

La quinta, Carlos, también 

Es el ser agradecido, 

Que si es ingrato, ha perdido 

El nombre de hombre de bien. 

Pienso que no lo será 

Vuestra nobleza conmigo. 

CdW. Yo seré tan vuestro amigo 
Como el efeto dirá : 
Que quien su casa me dio 
Cuando fugitivo fui, 
Tendrá en la mia y en mí 
Lo que entonces mereció; 

Y que hayáis aquí venido, 

Y no á mi casa, me pesa. 

Ben. Esa mi amorosa empresa, 
Don Carlos, me trae perdido. 

Cárl. ¿Pues queréis bien todavía 
A tan principal señora ? 

Ben. El alma no es lahradora, 

Y amar lo que amé porfla : 



Que si de un barro á un cristal 
Pasasen algún licor. 
No muda especie en rigor. 
Sino el lugar desigual. 

Cdrl. Tenéis tal entendimiento 
Para en el campo criado. 
Que me habéis siempre admirado. 

Ben. Nace de mi nacimiento ; 

Y hablando con vos, es bien 
Que en lengua discreta sea : 
Cuando en el campo me vea 
Hablaré en necio también. 
¿No habéis visto que pretende 
El vulgo en las cosas altas 
Pone muchas veces faltas, 
Porque es lengua que no entiende ; 

Y que en hablándole en necio 
Celebra lo que entendió? 
Pues de aquesta suerte yo 

De entrambas lenguas me precio. 
Hablo discreto con vos, 

Y necio con mis iguales, 

Que aunque lenguas desiguales 
Me importa saber las dos. 
Finahnente, yo querría 
Que agora vos me ayudéis. 

Cdrl. ¿Pues qtBé es lo que pretendéis 
Con tan honrada porfía ? 

Ben. Casarme. 

Cdrl. ¿ Qué me decis 7 

¿ Con muger tan principal, 

Y competidor igual 
Al ilustre don Luis ? 

Ben. Si vos me ayudáis y dais 
Palabra con un secreto. 
Veréis posible el efeto 
De lo que dudando estáis. 

Cdrl. Yo os la doy por esta cruz, 
Como caballero honrado. 

Ben. Este hombre que me ha criado 
Comenzaba á darme luz 
De mi noble nacimiento ; 
Échelo entonces al aire, 
Pareciéudonie donaire 

Y cosa sin fundamento : 
Mas dándome estos papeles. 
Toda la verdad leí, 

Y vos podéis verla aquí 
Con mis desdichas crueles. 
Yo soy hijo natural 

De don Esteban Zapata, 
Caballero de Madrid, 
Sangre ilustre, noble y clara. 
El modo con que en secreto 
Me criaron en Barajas, 
No es para aqueste lugar ; 



A€TO III, ESCENA IX. 



207 



iré qne me espantan 
eregrinaciones 
primera Imrca, 
ie llama la cana 
de la vida hamana. 
to bien podré, 
Ire calificada, 
sé que es la mia 
ble de los Vargas, 
T una muger 
las fortunas me Iguala, 
odo de nacer 
-ústica crianza. 
Apenas puede, Benito, 
alma ocupada 
iispuesta, la lengua 
, ni las palabras 
le signifique 
ración, que no bastan 
üabras y lengua 
sigQiflcarla ; 
a lo que dices, 
Esteban Zapata 
)adre, y siendo así 
stos papeles tratan, 
is á ser mi hermano. 
Tu hermano? 

Es cosa tan clara 
8 rayos del sol : 
da, Benito, abrasa 
tío, que si tienes 
e, yo sé que el alma 
rá con las señas, 
izon con las ansias. 
>iempre me avisaba el mió, 
«3 lo que te ama 
punto que te vi. 
No hay duda, con señas tantas, 
lermano te confirmo, 
'o sé que en estas probanzas 
que fué mi padre, 
\ que tuyo llamas. 
Hermano, de aquestas nuevas, 
albricias faltan : 
o de los hombres 
:;aballo, que una espada, 
ura, una joya, 
regalo guardan : 
), hermano, ha de ser 
imlgo que os ama, 
[ue bien queréis, 
iiella historia larga 
8 y de Alejandro, 
a los niños la cantan ; 
Berá la nuestra : 
\naB estimada 



Que yo he tenido, es Jacinta, 

Y desde hoy con manos francas 
Te la doy ; pero advirtiendo, 
Que si con ella te casas. 

Yo he llegado hasta sus labios 
Cuando estuvo desmayada 
Al pasar aquel arroyo ; 
Pero esto no es de importancia 
Entre hermanos, pues lo somos. 

Ben. Yo te agradezco que hagas 
Conmigo tan grande esceso. 

Cárl. Haz cuenta que es darte el alma. 

Ben. Pues no, hermano, no la quiero; 
Que es historia muy cansada 
Ver que al pasar el arroyo 
Te llegue á la boca el agua. 
La muger que ha de ser propia 
Ha de estar en una caja, 
Como el gusano de seda. 
Hasta ser paloma blanca. 
Si fuiste abeja en su rosa, 
Que buen provecho te haga, 
Que lo que no fué posible 
Olvidar con la mudanza 
De su trage, ni acabaron 
Sus desdenes y desgracias. 
Con lo que me has dicho solo 
Hoy para siempre se acaba. 

Cdrl. Muy delgado, hermano, eres : 
A tales hombres despachan 
Por mugeres á Alconcon, 
Que de barro se las hagan, 
A Estremoz, ó á Talavera, 
Cuando han de ser vidriadas. 
No se casan con melindres 
Los que tan ciegos se casan. 
Que es como beber en bota. 
Que lo que viene, eso tragan. 

Ben. Pues, señor, yo he de beber, 
Si Dios el seso me guarda. 
En un cristal de Venecia. 

CdrL Muchos he visto que andan 
A buscar cristalerías 
En que beber honra y fama, 

Y pasado el primer año 

Los lleva un mozo á dar agua 
Con un cabestro á un pilón, 
Donde las dejan tan claras. 
Como suele el unicornio 
Con la virtud de sus armas ; 
Pero mira que te digo 
Que entrambos en esta casa 
Ños habemos de casar. 

Ben. ¿Entrambos? 

Cdri. Sí. 

Ben, Coaaestraña, 



sos 



AL PASAR DEL ARROTO. 



Liurda Tiene. 
Cari. PaeR Tete. 

ESCENA X. 

Dichos t LISARDA t ISABEL al pa¿ío. 

¡tab. Aquí está. 

Im, Espera y calla. 

Sen, Yo haré el ramillete laego. 
Mas de violetas moradas, 
Que agora no hay otra flor. {Vase,\ 

Cárl, Por ser flor de amor me agrada. ' 

LU, Quisiera, mal cabaliero, 

Y indigno de esta señal, 
No ser muger principal, 
Para en estilo grosero 
Reñir con vos muy de veras ; 
Que después de ser ingrato 
Quien usa grosero trato 
Merece injurias groseras. 
«Todavía estáis aquí. 

Con desvergüenza tan clara^ 
Enamorando en mi cara ? 

Cárl, ; Pues vos me tratáis así ? 

Lis, ¿Cómo tengo de tratar 
Un hombre que me ha engañado, 
Habiéndole yo adorado ? 

Cárl, Dadme, señora, lugar 
Para dar satisfacion, 
Que el mas airado juez 
Oye al preso alguna vez. 

Lis, ¿Es esta la devoción 

Y promesa de san Diego? 
Bien servido quedarla. 

CárL Oidme, Lisarda mia. 

Lis. ¿Que os oiga? 

CárL Escuchadme os ruego. 

Lis. ¿Qué tengo ya que escuchar? 
La novena me agradó 
Que hasta el arroyo llegó; 
Pero no pudo pasar. 
Vuélcanse en tales caminos 
Los coches por la intención, 

Y acuden á la oración 

Dos ninfas en dos pollinos. 
Alfombrita de color. 
Jáquimas roja:» á listas, 
Con borlas como legistas, 
Si hay algún asno y doctor. 
Sombreros, plumas, manteos, 

Y rebociño con oro, 

Y luego salir un toro 
A despartir el torneo. 
Cortarle la media cola, 
Sacar la talle del arroyo, 

Y ponería sobre un pollo 



De balliio y amapola. 
Darie coche y como eo jaula, 
Gorgear bachiUerías, 
Parecen caballerías 
Del mismo Amadis de Gauia. 
Mas esto que yo temí, 

Y que en efecto pasó. 
Pase, que no digo yo 

Que no es bien que pase asi. 
Pero que vuesa merced 
Venga á requebrarla acá. 
Eso no lo mandará 
Si no ha de hacer merced. 
Que basta que ya pasemos 
Porque á doña labradora, 
Quiera, y solicite agora. 
Sin que aposento le demos, 
Que ya ve que no es razoo. 

Cárl, ¿Burlas, Lisarda? ¿Eso es justo? 
¿Y que te parezca injusto 
Cumplir con mi obligación 7 
El librar un caballero 
De peligro una muger, 

Y una jornada temer 
Hecha con tan mal agüero, 

Y dar la vuelta á Madrid, 
¿Ha sido tan gran delito? 

¿Quién te ha dicho, quién te ha escrito 
Tal disparate? 

Lis. ¿Es el Cid 

Vuesa merced por ventara, 
Amadis, ó Esplandian, 
Los que^ obligados están 
A emprender toda aventara? 
¿Pasó Urganda por allí ? 
¿Qué le dijo la doncella 
De Dinamarca ? 

CárL Por ella 

No lo intenté, fué por mí. 
Que esto debo al ser quien soy. 

lÁs. Y el haberla regalado,* 
¿Cómo queda disculpado? 

CárL La misma disculpa doy; 
Pero si quieres quedar 
Satisfecha que te adoro. 
Da lugar con tu decoro 
Que pueda esta noche entrar 
En tu aposento, y ordena 
Como lo entienda tu hermano. 
Verás si te doy la mano. 

Lis, Buena industria, Isabel. op. 

i^ob' Buena, ap, 

Y justa satisfacion. 

lis. Pues yo digo que así sea, 
Como mi hermano lo vea. 

CárL Pues esa es mi pretensión. 



ACTO III, ESCENA Xlil. 



209 



Us. Coo eso te doy los brazos. 
Cárl, Y yo, señora, me Toy. 

ESCENA XI. 

Dichos y JACINTA. 

Jac, No Importa, no, qoe yo soy. 

Cárl, No hay en aquestos abrazos 
Cosa qoñ caase sospecha. 

¿t>. Si la hay ó no, discreción 
Tiene Jacinta. 

Jac. En razón 

De sospecha está desecha 
Con haberte declarado 
Mi secreto. 

Cárl. A Dios, señoras, 
Que pasan ya ciertas horas 
A qne me llama un cuidado. 

ür. (Md, Cirios. 

CárL ¿Qaé mandáis? 

U$, Entraos en el aposento 
Del Jardinero. 

CárL ¿A qné intento? 

IrM. A qne esperéis y no os vais. 

Cárl, Yo Toy á esperar allí. 

ESCENA Xll. 

Dichas t MAYO. 

Mayo, ¿Qaé le dice este concierto? 

Itab. Qoe yo lo mismo le advierto. 

Mayo, ¿Pues Toy á esperarla? 

Isnb, Sí. 

Mayo, Y en fin ¿nos determinamos 
A casamos T 

hab. No es razón. 

Mayo, Brava determinación^ 
^rte pleito comenzamos. 

ESCENA XIII. 

Dichas, henos MAYO. 

Jac. ¿No me dirás lo que ha sido 
Darte don Carlos los brazos? 

If>. Jacinta, aquellos abrazos 
No se hubieran admitido : 
Cuando no fuera por ti. 
Porque á don Carlos hablé, 

Y me dio palabra y fe 

Ue DO hablarte mas por mi ; 
Que le dije que mi hermano 
Ya te llamaba muger, 

Y que 00 era Justo hacer 
Por no amor loco y vano 
Burla á tao gran caballero. 

Jac. Pues DO sé yo qué razón 



Te puso en obligación 
De no respetar primero 
La Justo fideUdad 
A mi secreto debida. 

Lis. ¿No ves tú que es preferida 
La sangre á toda amistad? 

Jac. Ha sido cosa muy necia. 
Que ha de ser don Carlos mío, 
Si sé hacer un desvario. 

lis. Sois de condición muy recia, 
Como ha poco que dejasteis 
Lo que Barajas os dio. 

Jac. Antes de vos diré yo 
Que mi valor barajasteis; 
Pero ¿qué se me da á mí 
Si haré lo que yo quisiere? 

lis. Hará lo que le d^ere 
Mi hermano. 

Jac. ¿Su hermano? 

LU, Sí. 

Jac. ¿Pues qué le debo á su hermano? 

Lis. Lo que su padre mandó. 

Jac. ¿Qué padre? 

Us. El que Dios la dio. 

Jac, Mi padre es aqud villano. 

lÁs. A lo menos le parece 
En la fuerte condición. 

Jac, Este engaño, esto traición 
Justomento la merece 
El tener yo confianza 
De quien no tiene valor. 

Lis, El vuestro será mayor 
Por vuestra noble crianza ; 
Y componed vuestra lengua. 
Que estois ya muy atrevida. 

Jac- Siendo yo too bien nacida, 
¿Para qué me dais por mengua 
No ser noble mi crianza ? 
Pero me quiero volver 
Donde nadie pueda hacer 
Traiciones á mi esperanza. 
Usase allá mas verdad : 
t O bien haya un verde prado, 
A donde sirve de estrado 
Llaneza y seguridad! 
,* O bien haya un aposento. 
En quien es topicería 
La limpieza y la alegría, 
Que es donde vive el contento ! 
No sé quien me tri^o á mi. 
Aunque la vida me importe, 
A esto noria de la corte. 

£t>. ¿ Ya es noria la corte ? 

Jac, Sí. 

i)onde por calles y fuentes. 
Son arcaduces los coches, 

14 



210 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Qae los días y las noches 
Reciben, y yacían gentes. 
¿ Hacen aquí todo el afio 
Mas que andar alrededor 
Unos tras otros ? 

Us. Mejor 

Estébades con el paño, 
Donde bailaba Antón Gil, 
Con las mozas de Rarajas, 
La chacona á las sonajas 

Y el Tlllano al tamboril. 

I Válate Dios por discreta I 
Perdida estaba la corte, 
A no venir este norte 
Por la ordinaria estafeta. 
Jac. ¿Hay aquí mas que engañar, 

Y cada uno atender 
A lo que puede coger 

Para aumentarse y medrar? 
¿Hay aqui mas de vivir 
Apriesa, y sacar de noche 
Un gran difunto en un coche 
Sin acabar de morir, 
y apenas por la mañana 
Preguntar nadie por él ? ( Vase,) 

lÁs, O filósofa cruel, 

Y académica villana, 

fil mundo viene á enmendar. 
Cuando ya el mundo se acaba. 

ESCENA XIV. 

Dichas v DON LUIS. 

Luis. ¿ Qué es esto, hermana ? 

lis. Que estaba, 

De puro enojo y pesar, 
A no tenerte respeto, 
Por hacer un disparate. 

Luis, ¿ Qué hay, en fin ? 

Lis. Que no la trate 

De tu amor; tú eres discreto, 
Aborrece á quien te olvida. 

Luis, Mal conoces un desprecio. 

Lis. De decir verdad me precio. 

Luis. Alargue el cielo tu vidcn. 

ÍÁs. Esta muger quiere bien. 

Luis. ¿A quién ? 

Lis. No sé. 

Luis. Muerto soy. 

Us. A don Carlos. 

Luis, Cierto estoy. 

Us. i Porqué, Luis? 

Luis. Por un desden. 

«Y él, quiérela? 

Lis. Va de juego ; 

Don Carlos me quiere á mi. 



Luis. ¿ A ti, hermana ? 

Lis. A mi. 

Luis. SI á Ü 

Te quiere, por Dios te m^ 
Que te cases muy aprisa, 
Pues desconfiando así, 
Jacinta me querrá á nú. 

Lis. ¿ Aprisa ? 

Luis. Mi amor te avisa. 

Lis. «Será mucho de aqui á uo afio? 

Luis. ¿Burlas? 

Lis. ¿Y medio? 

Uíis. Tampo€o. 

Us. ¿Cuatro meses ? 

Luis. ¿Estoy loco? 

Us. ¿ Un mes ? 

Utis. ¿ Qué mayor engaño ? 

Us. ¿Una semana? 

Luis. Ni un dia. 

Lis. i Esta noche ? 

Luis. SU por Dios. 

Lis. Pues búscanos á los dos. 
Si tanto tu amor porfla. 
Que hallarás en mi aposento 
A Carlos honestamente. 

Luis. Dame esa mano. 

Lis. Detente, 

Que gente de fuera siento. 

ESCENA X\. 

Dichos, JACINTA, TERESA. PASCUA 
LAURENCIO T GUZMAN. 

Ter, Los instrumentos tocad 
Para alegrar á Jacinta. 

Lis. ¿ No conoces por la pinta 
La gente de tu ciudad? 

Jac. I Padre mío ! 

Laur. Ya no sé 

Que aquese nombre me cuadre. 

Jac. Vos habéis de ser mi padre. 

Laur. Con el alma lo seré. 

Jac. i Qué hay, Teresa, qué hay, Pasciu 

Ter. Estás, Jacinta, de modo 
Que parece perlas todo 
Cuanto era antiayer sayal. 

Pase. Dice la verdad, Teresa, 
En perlas estás trasformada, 
Y así te hacemos entrada 
Como al fin nuestra prinoesa. 
A la fe, de talle estas. 
Que has hecho la corto aldea, 
Porque aunque mas corte sea 
Eres tú cielo, que es mas. 
Un presento te traemos. 

Jac. Si es mi padre, bueoo ee. 



ACTO 111, ESCENA XX. 



211 



LaMT. Gomo esa nombre me det, 
Bien pagados votreremoi. 
Sírrete de una ternera, 
Y seis pares de capones, 
Tres cabritos, dos lechónos. 

¿Mtf. Eso parece que espera 
Alguna boda Laurencio. 

üiur. Diis lo saLe: mas cantad, 
T á mi Jacinta alegrad 
Mientras yo lloro en silencio. 

[Cantan y bailan un labrador y tma 
labradora.) 

Mtaict. Al pasar del arrojo 
D^l aUmlllOt 
Las memorias del alma 
Seme^Ao periido. 

Al pasar del arrojo 
De BrafiivaW, 
Me dijeroD amores 
Para ensafiarme. 

Pero ja coa perdema 
Gano JO tanto, 
Qoe al amor le perdono 
Tan dalce engafio. 

Al pa.var del arrojo 
De GaniUejas, 
Yióiiie el ealMllero, 
Antojos llera. 

Ui. ¡Qué cansada impertinencia! 
Taoto arroyo no cantéis, 
\ (oe Doa tempestad haréis 
Qoe se anegue la paciencia. 
Jac. ¿Pues qué te va en eso á tí? 
Us. Mira, y yo te lo diré. {Vase.) 

Jac. Contigo á saberlo iré. (Vase.) 

I ES€ENA XVL 

Diaros, HENOS LISARDA y JACINTA. 

Unt. Quedaos vosotros aquí, 
' Que pues es anochecido. 
No quiero que allá yol vals, 
Qoe lo que nos presentáis 
Pira todos se ha traido. 

ESCENA XVII. 

Dichos, menos DON LUIS. 

Umr. Mi amor obligado os queda, 
hn que esta noche pueda 
I)e8pado á Jacinta hablar. 
Pascual, ¿no está muy hermosa? 

Poic. Ay de quien perderla siente. 

Ter. No ve el sol por el oriente 
Til jasmin revuelto en rosa. 

Lnar. Traigo en la imaginación 
Qoe don Luis la quiere bien, 



Ter. Como casados estén, 
Dios les dé su bendición 

ESCENA XVIII. 

Dichos t BENITO en habito de caballeeo. 

Ben. A no ser Garlos mi hermuno. 
Tuviera alguna sospecha 
De haberme vestido asi. 
¡ Ay cielos I ¿qué gente es esta? 
Parecen de mi lugar. 

Pase. Si han de aderezar la cena, 
Yamng á dar el pies^'nte. 

Lftur, Antón, quedo con la» cestas. 

Pase. l)eseo halilará Benito, 
Que llevando mal lu ausencia 
De Jacinta^ vive en casa. 

Laur. i*ues vamos, para que tengan 
Nuestros pollinos recaiio 
Y el carro que trigo Esteban. 

ESCENA XIX. 

BENITO. 

Ya se han quitado de aquí; 
No ré para qué concierta 
Don Carlos aque.sta noche 
Esta amorosa quimera ; 
Pues estando como está 
La casa de gente llena, 
Cosa en que estriba el secreto, 
Temerariamente intenta. 
¿ Qué es aquesto, oscura noche? 
Mas gente ; amor, ¿ en qué piensas, 
Cuando por tales peligros 
Llevas voluntades ciegas? 

ESCENA XX. 

BENITO, DON CARLOS i MAYO 

REBOZADOS. 

Cdrl. De todo estás prevenido. 

Mayo, No haya miedo que me duerma, 
Que aquí me convierto en lince. 

Cdrl. Aquí hay gente. 

Mayo. Pues tú llega. 

Que yo no aprendí á esgrimir, 
Porque me dijo mi abuela. 
Que escusar las pesadumbres 
Era la cosa mas diestra. 

Cdrl. ¿Quién va? 

Ben. ¿Quién en esta caaa 

Se toma tanta licencia, 
Que lo pregunta embozado? 

Cárl. ¿Es Benito? 

Ben. ¿Es Garlos? 



212 



AL PASAR DEL ARROYO. 



Cárl. Maestra 

Agora el Talor, hermano, 
Qae de naestra sangre heredas: 
Este es aqnel aposento. 
Abierta hallarás la puerta ; 
Haz lo que te dije. 

Ben. Voy. 

Si errare, tu culpa sea. 

ESCENA XXI. 

DON CARLOS y MAYO. 

Mayo. ¿Quién era el hombre? 

Cárl, Mi hermano. 

Mayo, Temo que Guzman nos Tea, 
Que mira bien á Isabel. 

Cari, Pues ya no es tiempo que temas, 
Que la determinación 
Es quien da Tentura y faena 
En los peligrosos casos. 

ESCENA XXII. 

Dichos, DON LUIS t GUZMAN 

KHBOZáDOS. 

Luis, Haz que todos se prevengan, 
Porque sirvan de testigos. 

Gtfzm. Y de que ayudarnos puedan. 
Que quien entra como dices 
De esu suerte en casa agena. 
Mas fiado viene en plomo 
Que en acero. 

Luis, i Qué sospechas? 

Guzm, Que trae algún arcabuz. 

Cárl, En aquella puerta suena. 
Mayo, el aire de algún silbo. 

Mayo, Si fuera puerta trasera, 
Pudiera ser sospechoso: 
Entra. 

Cárl. Voy, que amor me enseña. 

ESCENA XXIU. 

Dichos, t ISABEL en lo alto. 

Isab, El que está en el corredor 
Pienso que es Mayo. 

Mayo, Quien queda 

Solo, y en tan gran peligro, 
¿A qué escapatoria apela? 
I Qué diese á un gato en los pies 
El cielo tai ligereza, 
Y que un hombre como yo 
Un costal de arena sea ! 

/foó. lAhhidalgc»! 

Mayo. ¿ Quién es quien llama ? 

¡sab. Oye, llegúese mas cerca. 



¿Es Mayo? 

Mayo. Y aun miradero. 

Isab, Mayo de mis ojos, entra. 

Mayo. ¿Es Isabel? 

hab, ¿No me ves? 

Mayo. ¿Y dices que entre? 

Isab. No 

Mayo, Sosiega aquesa perrilla, 
Qae gruñe como una suegra. 

Isab, Entra, necio. 

Mayo. Claro está, 

Porque si discreto fuera, 
Nunca yo entrara á casarme; 
Hoy seré perro entre puertas. 

ESCENA XXIV. 



Dichos, meros MAYO. 

Guzm. Ya están dentro del toril. 

Luis, A nosotros nos viniera 
Mejor el nombre ; da voces. 

Guim. i No quieres el hacha ? 

Luis. Muest 

Guzm. Ladrones, ladrones. 

Luis. Dame, 

Guzman, aquella rodela. 

Guzm. ¿No es mejor la partesana, 
Pues hay tanta parte enferma? 

ESCENA XXV. 

Dichos, TERESA, PASCUAL, LAUREN 

T LOS LABRADOEES. 

Laur. j Ladrones á tales horas? 
Pase. Mueran los ladrones, mueran. 
Ter. ¿Esto es dormir en la corte? 
Laur. Como estas cosas sustenta. 
Luis. Aquí, amigos y criados. 
Aquí todos á esta puerta. 
Guzm, Entra, que luego desmayan. 

ESCENA XXVI. 

Dichos t BENITO con LISARDA. 

Lis. Paso : ¿qué furia es aquesta? 
No es ladrón el que está aquí, 
Que es mi marido. 

Luis, Quien sea 

Por muchos años, y buenos ; 
Pero que miremos deja 
El aposento en que duerme 
Jacinta. 

Guzm. La puerta cierra. 

Luis, No hay que cerrar, que pondré 
Fuego á las puertas. 



ACTO lU, ESCENA XXVUI. 



213 



BS€ENA XXVU. 

Dichos t DON CARLOS con JACINTA. 

Jac. Espera, 

Que yo estoy con mi marido. 

Imü. ¿Martdo? 

Jac. Y pienso que quedan 

Mas adentro otros casados. 

Pase, Mirad lo que el tiempo ordena, 
Pues se ha vuelto palomar 
Casa de tanta nobleza. 

ESCENA XXVUL 

DiCBOS T DON LUIS echando afuira 
A MAYO t ISABEL. 

Ltiif. Vive Dios, que he de vengar 
De aquesta suerte mi afrenta. 

Mayo. Aquí de Dios, que me matan 
Por marido de la vera. 

Imu. Lisarda, dos hombres veo 
Con espadas y rodelas, 
Y entrambos arrebozados; 
Unoy de quien tú confiesas 
Que es tu marido, y que serlo 
Estando en mi casa, es fuerza ; 
Otro, al lado de Jacinta, 
Cosa en el concierto nueva. 
CabalieroB, esta sangre 
Nunca se manchó de aflrenta: 
Digan quién son. 

Us. Mi marido {Desembózale.) 

Es don Carlos, que no fuera 
Coo menos honra en tu casa 
La afrenta de que te quejas. 

Sen. Baste engañado, Lisarda : 

Benito soy. 

luis. \ Que se atreva 

Uo viDano á tal maldad 1 
Hai. Ya es tiempo, don Luis, que sepas 

Que soy caballero noble: 



Hyo soy de don Esteban, 

Y de don Carlos hermano. 

luir. Quien oye cosas como estas, 
Mejor es que pierda el seso. 

Lis. ¿No es don Carlos? Yo soy muerta. 

Luis. ¿Con quién probarás, traidor. 
Esa fingida nobleza? 

Ben. No soy traidor, que soy noble : 
Don Carlos será la prueba. 

Luis. ¿ Dónde está Carlos? 

Jac. Aquí. {Descúbrele.) 

Luis. ¿Pues cómo de esta manera 
Se pagan las amistades? 
Criados, mueran. 

Lis. No mueran. 

Que si yo no tuve dicha 
Que tanto amor agradezcas, 
Carlos, basta que tu hermano. 
Si ser tu hermano confiesas... 

Cárl. Eso os mostraré probado. 

Laur. Y aquí hay testigos que sepan 
Esa historia. 

Luis. En fin, Jacinta, 
Te pierdo. 

Jac. No te parezca 
Ingratitud, sino amor. 

Jjaís. Lo que los cielos conciertan, 
¿Porqué lo impiden los hombres? 
Jacinta, hoy quiero que veas 
Que fbé mi amor verdadero ; 

Y tú, Lisarda, que sepas. 
Que quien quiere hacer traición 
Siempre alcanza parte de ella. 
Los casamientos se hagan. 
Que yo, pues ha de ser fuerza, 
Quiero con mas discreción 
Casarme con la paciencia. 

Ben. Aquí la comedia acaba, 
Coya historia verdadera 
Pasó al pasar del arroyo ; 
Los que quisieren lo crean. 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



El titalo de enU comedia está bien desempeñado en el personage de Diana, que enamo- 
rada de Teodoro, su sfcretario, no quiere dejarle lograr la mano de Marcela, á quien ama, 
ni darle la Buya, por la desigualdad de su clase. Teodoro pinta este caráuler eo los si- 
guientes versos de la escena XIX del acto IL 



No sé, Tristan, pierdo el seso 
De Tex que me está adonado 
T que me aborrece luego: 
No quiere que sea sujo 
Ni de Marcela; y si d«jo 
De mirarla, luego busc» 



Para hablarme algún enredo. 
No d ides, naturalmente 
Es del liorteUno el perro ; 
Ni come, ni comer df>ja. 
Ni esti fuera ni está dentro. 



De la lucha interior que padece entre el amor y la Tanidad resulta la inconstancia que 
manifiesta en toda la comedia, la aspereza para con sus criados y la contrariedad de sus 
pensamientos. Los zelos que la aiirasan por Marcela la ponen furiosa, y liega basta el 
esiremn de dar una bofetada á Teodoro, y querer asesinar á Tristan para evitar que 
revele algún dia la ficción que él mismo ha imaginado, para facilitar la unión de los dos 
amantes. 

Es preciso confesar que este carácter de la heroína, aunque bastante teatral, no es 
agradable ni decoroso. I oca» pinturas de esta clase presentó en la escena el poeta que se 
complacía en adornar el bello sexo con ios colores mas puros y halagüeños. Mas bien 

E;rtenecia al pincel de Tirso de Molina, y aun tiene algunos rasgos de este poeta. Cuando 
lana finge que se ha caldo y pide á Teodoro la mano para levantarse, es la Biagdalena 
del VergofizofO en pn lacio. 

Tiene sin embargo varias escenas de mérito en donde sobresale la gracia, como las 
primeras de la comedia ; y otras llenas de ternura y sentimiento. 



Diana. Oye aquí aparte. 

Teodoro. Aquí estoy 

A tu servicio. 
Diana. Teodoro, 

Tú te vas y yo te aloro. 
Teodoro Por tus crueldades me voy. 
Diana. Soy quién sabes; ¿qué he de hacer? 
Teodoro, ¿Lloras? 
Deana. No, que me ha caido 

Alf^o en los ojos. 
Teodoro. ¿Si ha sido 

i^mor? 
Diana. Sí debe de ser; 

Pero mucho antes cayó, 

T agora salir qneria. 
Teodoro. Yo me voy. sefiora mia, 

Yo me voy, el alma no. 



¿ Qué me mandáis, porque yo 

Soy vuestro? 
Diana. ¡ Qué triste dia ! 

Teodoro, Yo me voy, sefiora mia. 

Yo me Toy, el alma no. 
Diana. ¿Lloras? 
Teodoro. No, que me ha caido 

Algo, como i ti, en los ojos. 
Diana. Deben de ser mis enojos. 
Teodoro Eso debe de haber sido. 
Diana. Mil nitierias te be dado, 

Qae en el banl hallarás; 

Perdona, no puedo mas: 

Si le abrieres ten cuidado 

De decir: como i despojos 

De victoria tan tirana. 

Aquestos puso Diaua 

Con ligrimas de sus ojos. 



Teodoro es también un personage interesante y teatral; pero inconstante y ambicioso. 
Amaba de veras á Marcela, y la abandona cuando concibe la esperanza de lograr la mano 
de la condesa, i^aga sin em'bargo su perfidia en los tormentos que le hace padecer la 
volubilidad de Diana, hasta mandarle- pedir albricias al marques, por haberle elegido para 
esposo. 



Teodoro. Si sefiora. 

Diana Poes elijo al marques: parta, 
Y pídele las albricias. 



Diana. Quiero yo qae á ti te agrade 
£1 dnefio que has de tener. 
¿Tieoe el marques mejor talle 
Que mi primo? 

Este rasgo es muy parecido á otro de la comedia de Morato el Desden con el Desden, 
Marcela interesa por la constancia de su cariño : sufre los desprecios de Teodoro, y le 



ACTO I, ESCENA IV. 



21S 



admite, cuando Mana le maltrata y desprecia. Véase con qué gracia responde á las dis- 
culpas de su amante, atribuyendo sus desvíos al deseo de probar su flrmesa. 



Ranean Teodoro, el disereto 
Mager ni Tidrio probó ; 
Mas no me des i eat^^nder 
One prueba quuitte hacer. 
Yo te conosco, Teodoro, 
Coos pensamientoe de ore 
Te bicieroo enlo loeeer. 
¿Gomo te Ta? ¿no te ( 
Gomo tú te lo imaginas? 



¿No te cnestan lo <iae TtleaT 
¿No hay dichas que las dlTinas 
Partes de tn dnefio igualen? 
¿Qué ha sucedido? ¿qné times? 
Turbado, Teodoro, Tienes: 
¿Mndóse aquel vendaTal? 
¿Yuelres i bascar tu igual, 
O te burlas y entretienei? 



Los demás caracteres no merecen atención; Federico y Ricardo son inútiles; el proyecto 
de asesinar á Teodoro es cruel, y está mal concebido, y la idea de Tristan para propor- 
cionar su casamiento no es muy noble ni está bien preparada. 



PERSONAS. 



DIANA, condesa de BelUor. 

TEODORO, su secretario. 

El coiiDB FEDERICO. 

LEONIDO, criado. 

MARCELA. 

DOROTEA. 

ANARDA. 

OCTAVIO. 



FARIO, criado. 

El conde LUDOVICO. 

FURIO, URANDO t ANTONELO, lacayos. 

TRISTAN. 

Kl marques RICARDO. 

CELIO, criado. 

CAMILO. 



ÍM escena es en Ñapóles, 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

TKODORO CON üKA CAPA cdarnecida^ de 
Nocwc, T TRISTAN, criado, huyendo. 

Teod. Huye, Tristan, por aqui. 
Trist. Notable desdicha ha sido. 
Teod. ¿Si nos habrá conocido? 
Tfisí. No sé: presumo que si. 

ESCENA II. 

DIANA. 

Ab ! gentil hombre, esperad, 
TcneoSyOid: ¿qué digo? 
¿Esto se ha de usar conmigo? 
Volved, mirad, escachad. 
¿Ota, no hay aqol un criado? 
«Ola, no hay un hombre aquí ? 
¿Pues no es hombre lo que vi, 
O sne&o que me ha burlado? 
¿Ola? ¿todos duermen ya? 



ESCENA Ili. 

DIANA T FARIO. 

Fah. ¿Llama vuestra señoría? 

Diana. Para la cólera mia. 
Gusto esa flema me da. 
Corred, necio, enhoramala, 
Pues merecéis este nombre, 

Y mirad quién es un hombre 
Que sallé de aquesta sala. 

Fab. ¿Desta sala? 

Diana. Caminad, 

Y responded con los pies. 
Fab. Voy tras él. 

Diana. Sabed quién es. 

Fab. ¡Hay tal traidon! {tal maldad! 

ESCENA IV. 

DIANA T OCTAVIO. 

OeU Aunque su tos escuchaba, 
A tal hora no creía 
Que era Yuestra señoría 
Quien tan apriesa llamaba. 

Diana. 1 Muy lindo Santelmo hacéis, 



216 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Biea temprano os acostáis, 
Qué despacio que os movéis! 
Andan hombres en mi casa 
A tal hora, y aun los siento 
Casi en mi propio aposento. 
Que no sé yo dónde pasa 
Tan grande insolencia. Octavio, 
¿ Y vos muy á lo escudero, 
Cuando yo me desespero. 
Así remediáis mi agravio? 

Oct. Aunque su voz escuchaba 
A tal hora, no creia 
Que era vuestra señoría 
Quien tan apriesa llamaba. 

Diana. Volveos, que no soy yo; 
Acostaos, que os hará mal. 

ESCENA V. 
Dichos t FABIO. 

Oct. ¿Señora? 

Fab. No he visto tai : 

Gomo un gavilán partió. 

Diana. ¿Vistes las señas? 

Fab. i Qué señas? 

Diana, ¿Una capa no llevaba 
Con oro? 

Fab. Cuando bajaba 
La escalera... 

Diana. Hermosas dueñas 
Sois los hombres de mi casa. 

Fab. A la lámpara tiró 
El sombrero y la mató, 
Con esto los pasos pasa, 

Y en lo oscuro del portal 
Saca la espada y camina. 

Diana. Vos sois muy linda gallina. 

Fab. ¿Qué quería? 

Diana. Pesia tal: 

Cerrar con él y matalle. 

Oct. Si era hombre de valor, 
¿Fuera bien echar tu honor 
Desde el portal á la calle ? 

Diana. ¿De valor aquí, porqué? 

Oct. Nadie en Ñapóles te quiere, 
Que mientras casarse espere, 
Por donde puede te ve. 
i No hay mil señores que están 
Para casarse contigo 
Ciegos de amor? pues bien digo. 
Si tú le viste galán, 

Y Pablo tirar binando 

A la lámpara el sombrero. 

Diana. Sin duda ñié caballero, 
Que amando y solicitando 
Vencerá con interés 



Mis criados: ¡qué oriadot 
Tengo, Octavio, tan honrados 1 
Pero yo sabré quién es. 
Plumas llevaba el sombrero, 

Y en la escalera ha de estar: 
Ve por él. 

Fab. a Si le he de hallar? 

Diana. Pues claro está, majadero. 
Que no habla de bajarse 
Por él, cuando huyendo ftié. 

Fab. Luz, señora, llevaré. 

ESCENA VI. 

DIANA T OCTAVIO. 

Diana. SI ello viene á averiguarse. 
No me ha de quedar criado 
En casa. 

Oct. Muy bien harás; 
Pues cuando segura estás, 
Te han puesto en ese cuidado. 
Pero aunque es bachillería, 

Y mas estando enojada, 
Hablarte en io que te enfada. 
Esta tu justa porfía 

De no te querer casar, 
Causa tantos desatinos, 
Solicitando caminos 
Que te obligasen á amar. 

Diana, ¿Sabéis vos alguna cosa? 

Ocl. Yo, señora, no sé mas 
De que en opinión estás 
De incasable, cuanto hermosa. 
El condado de Belflor 
Pone á muchos en cuidado. 

ESCENA VIL 

Dichos t PABIO. 

Fab* Con el sombrero he topado, 
Mas no puede ser peor. 

Diana. ¿Este? 

Oct. No le he visto yo 

Mas sucio. 

Fab. Pues este ñié. 

Diana. ¿Este hallaste? . 

Fab. ¿Pues yo habla 

De engañarte? 

Oct. Buenas son 

Las plumas. 

Fab. £l es ladroo. 

Oct. Sin duda á robar venia. 

Diana, Hareisme perder el seso. 

Fab. Este sombrero tiró. 

Diana. ¿Pues las plumas que vi yo, 

Y tantas, que aun era escaso, 



ACTO I, ESCENA X. 



2i7 



En esto se resolTieron ? 

Fab. Como en la lámpara dio, 
Sin dada 86 las quemó, 

Y como estopas ardieron. 
Icaro al sol no sabia, 

Qoe abrasándose las plamas 
Cayó en las blancas espamas 
Del mar : paes esto seria. 
El sol la lámpara faé, 
¡caro el sombrero, y luego 
Las plamas deshizo el fuego, 

Y en la escalera le hallé. 

Diana. No estoy para borlas, Fabio : 
Hay aquí mucho que hacer. 

Oct. Tiempo habrá para saber 
La verdad. 

Diana, ¿ Qué tiempo, Octavio ? 

Oct. Duerme ahora, que mañana 
Lo puedes averiguar. 

Diana, No me tengo de acostar, 
No por vida de Diana, 
Hasta saber lo que ha sido : 
Uama esas mugeres todas. ( Vase Fabio.) 

ESCENA VIIL 

DIANA T OCTAVIO. 

Oet. Muy bien la noche acomodas. 

Diana. Del sueño, Octavio, me olvido 
Con el cuidado de ver 
Un hombre dentro en mi casa. 

Oct. Saber después lo que pasa 
Foera discreción, y hacer 
Secreta averiguación. 

Diana, Sois, Octavio, muy discreto, 
Qoe dormir sobre un secreto 
Es notable discreción. 

ESCENA IX. 

DKaos, FABIO, DOROTEA, MARCELA 
T ANARDA. 

Fab. Las que importan he traído. 
Que las demás no sabrán 
Lo que deseáis, y están 
Rindiendo al sueño el sentido. 
Las de tu cámara solas 
Estaban por acostar. 

An. De noche se altera el mar 
Y se enftirecen las olas; 
i Quieres quedar sola ? 

Diana. Sí: 

Salios los dos allá. 

Fab. Bravo examen. 

Oct. Loca está. 

Feé. Y sospechosa de mí. 



ESCENA X. 



DIANA, DOROTEA, MARCELA 
T ANARDA. 

Duina. Llégate aquí, Dorotea. 

Dor, ¿Qué manda su señoría? 

Diana. Que me dijeses querría 
Quién esta calle pasea. 

Dor, Señora, el marques Ricardo, 
Y algunas veces el conde 
Páris. 

Diana. La verdad responde 
De lo que decirte aguardo, 
Si quieres tener remedio. 

Dor, i Qué te puedo yo negar ? 

Diana. ¿Con quién los has visto hablar? 

Dor. Si me pusieses enmedio 
De mil llamas no podré 
Decir que fuera de tí 
Hablar con nadie los vi 
Que en aquesta casa esté. 

Diana, i No te han dado algún papel? 
i Ningún page ha entrado aquí ? 

Dor. Jamas, 

Diana. Apártate allí. 

Marc, Brava inquisición. 

Án. Cruel. 

Diana. Oye, Anarda. 

An, i Qué me mandas? 

Diana, ¿Qué hombre es este que salió? 

An. j Hombre? 

Diana. Desta sala, y yo 

Sé los pasos en qué andas. 
¿ Quién le trajo á que me viese ? 
¿Con quién habla de vosotras? 

An. No creas tú que en nosotras 
Tal atrevimiento hubiese. 
¿ Hombre para verte á ti 
Habia de osar traer 
Criada tuya, ni haber 
Esa traición contra tí ? 
No, señora, no lo entiendes. 

Diana. Espera, apártate mas. 
Porque á sospechar me das 
Si engañarme no pretendes. 
¿ Que por alguna criada 
Este hombre ha entrado aquí ? 

An, El verte, señora, así, 

Y Justamente enojada, 
Dejada toda cautela. 

Me obliga á decir verdad, 
Aunque contra el amistad 
Que profeso con Marcela : 
Ella tiene á un hombre amor, 

Y él se lo tiene también; 



9fS 



EL raHRO DEL HORTELANO. 



Mas nuDca he Mbiáo qniéo. 

Diana, Negarlo, Anarda, es error : 
I Ya que confletBas lo mas. 
Para qué niegas lo menos? 
t Án. Para secretos ágenos 

Mucho tormento me das, 
Sabiendo que soy muger : 
Mas basta que hayas sabido 
Que por Marcela ha venido; 
Bien te pueden recoger. 
Que es sola conversación, 

Y ha poco que se comienza. 

Diana, ¡ Hay tal cruel desvergñenza ! 
Buena andará la opinión 
De una muger por casar : 
Por el siglo, Infame gente, 
Del conde mi señor... 

An. Tente, 

Y déjame disculpar ; 

Que no es de fuera de casa 
El hombre que habla con ella. 
Ni para venir á vella 
Por esos peligros pasa. 

Diana. ¿ En efecto, es mi criado ? 

Án, Si seQora. 

Diana. ¿ Quién ? 

An, Teodoro. 

Diana, ¿El secretario? 

An, Yo ignoro 

Lo demás, sé que han hablado. 

Diana, Retirate, Anarda, alH. 

An, Muestra aquí tu entendimiento. 

Diana. Con mas templanza me siento, 
Sabiendo que no es por mí. 
¿Marcela? 

Marc. ¿Señora? 

Diana. Escucha. 

Marc, ¿Qué mandas? Temblando liego. 

Diana. ¿Eres tú de quien fiaba 
Mi honor y mis pensamientos ? 

Marc, i Pues qué te han dicho de mí, 
Sabiendo tú que profeso 
La lealtad que mereces P 

Diana. ¿Tú lealtad? 

Marc. ¿ En qué te ofendo? 

Diana. ^ No es ofensa que en mi casa, 

Y dentro de mi aposento. 

Entre an hombre á hablar contigo ? 

Marc. Está Teodoro tan necio, 
Que donde quiera me dice 
Dos docenas de requiebros. 

Diana. Dos docenas, bueno á fe : 
Bendiga el buen año el cielo, 
Pues se venden por docenas. 

More. Quiero decir que en saliendo 
O entrando, luego á la boea 



Traslada sus pensamientos. 

Diana. ¿ Traslada ? { término estrano 
¿Y qué te dice? 

iíarc. No creo 

Que se me acuerde. 

Diana. Sí hará. 

Marc, Una vez dice, yo pierdo 
El alma por esos ojos; 
Otra, yo vivo por ellos : 
Esta noche no he dormido 
Desvelando mis deseos 
En tu hermosura ; otra vez 
Me pide solo un cabello 
Para atarlos, porque estén 
En su pensamiento quedos : 
¿ Mas para qué me preguntas 
Niñerías? 

Diana. Tú, á lo menos, 
Bien te huelgas. 

Marc. No me pesa. 

Porque de Teodoro entiendo 
Que estos amores dirige 
A fin tan Justo y honesto 
Como el casarse conmigo. 

Diana. Es el fin del casamiento 
Honesto blanco de amor. 
i Quieres que yo trate de esto ? 

Marc. i Qué mayor bien para mí ! 
Pues ya, señora, que veo 
Tanta blandura en tu enojo, 
Y tal nobleza en tu pecho, 
Te aseguro que le adoro. 
Porque es el mozo mas cuerdo. 
Mas prudente y entendido, 
Mas amoroso y discreto 
Que tiene aquesta ciudad. 

Diana. Ya sé yo su entendimiento 
Del oficio que me sirve. 

Marc. Es diferente el sugeto 
De una casta en que le pruebas, 
A dos títulos tus deudos, 
O el verle hablar mas de cerca 
En estilo dulce y tierno 
Razones enamoradas. 

Diana. Marcela, aunque me resuelvo 
A que os caséis cuando sea 
Para ejecutarlo tiempo, 
No puedo dejar de ser 
Quien soy, como ves que debo 
A mi generoso nombre; 
Porque no fuera bien hecho 
Daros lugar en mi casa. 
Sustentar mi enojo quiero. 
Pues que ya todos lo saben, 
Tú podrás con mas secreto 
Proseguir ese tu amor : 



ACTO 1, ESCBMÁ XIL 



SI9 



Que en la ocaflion yo me ofreíoa 

A avadaros á los dos. 

Que Teodoro es hombre cuerdo, 

Y se ha criado en mi casa. 

Y á tí, Marcela, te tengo 
La obligación que tú sabes, 

Y no poco parentesco. 

Marc, A tus pies tienes ta bochara. 

Diana. Vete. 

Mnrc, Mil veces ios beso. 

Diana. Dejadme sola. 

An. ¿Qué ha sido? 

More. Enojos en mí provecho. 

Dor, ¿ Sabe tus secretos ya P 

Marc. Sí sabe, y que son honestos. 

{Hdeenla tres reverencias y vanse.) 

ESCENA XI. 

DIANA. 

Mil veces he advertido en la belleza, 
Gracia y entendimiento de Teodoro, 
Qoe á no ser desigual i mi decoro, 
Estimara sn ingenio y gentileza. 

Es el amor común naturaleza : 
Mas yo tengo mi honor por mas tesoro, 
Qoe los respetos de quien soy adoro, 

Y ami ei pensarlo tengo por bi^eza. 

La envidia bien sé yo qoe ha de quedar- 
Qoe si la suelen dar bienes ágenos, [me. 
Bien tengo de qoe poeda lamentarme. 

Porque quisiera yo qoe por lo meooe, 
Teodoro fuera mas para igoalarme, 
O yo para igualarle fuera menos. 

ESCENA XII. 

TEODORO Y TRISTAN. 

Teod. No he podido sosegar. 

Trist. Y aun es con mocha razón. 
Que ha de ser to perdición, 
Si lo llega á averigoar. 
Dijete que la dejaras 
Acostar, y no quisiste. 

Teod. Nunca ei amar se resiste. 

Trist. Tiras, pero no reparas. 
. Teod. Los diestros lo hacen así. 

Trist. Bien sé yo que si lo fueras. 
El peligro conocieras. 

Teod. ¿Si me conoció? 

Trist. No, y sí j 

Que no conoció quien eras, 

Y sospecha le quedó. 

Teod. Coando FaUo me siguió 
Bajando las escaleras, 
Foé milagro no mataUe. 



Trist. ¡Qoélindamentitlré 
Mi sombrero ala hia! 

Teod. Foé 

Detenelle y deslumbralle; 
Porque si adelante pasa. 
No le dejara pasar. 

Trist. Dije á la luz al bajar : 
Di, que no romos de casa ; 
Y respondióme, mentís. 
Alzo, y tírele el sombrero : 
¿Quedé agraviado? 

Teod. Hoy espero 

Mi muerte. 

Trist. Siempre deets 
Esas cosas los amantes. 
Cuando menos pena os dan. 

Teod. ¿ Pues qué puedo hacer, Tristan, 
En peligro semejante ? 

Trist, Dejar de amar á Marcela, 
Pues la condesa es muger 
Que 8i lo llega á saber. 
No te ha de valer cautela 
Para no perder su casa. 

Teod. ¿Qué no hay mas, sino olvidar t 

Trist. Lecciones te quiero dar 
De cómo el amor se pasa. 

Teod. Ya comienzas desatinos. 

Trist. Con arte se vence todo, 
Oye por tu vida el modo, 
Por tan fáciles caminos. 
Primeramente has de hacer 
Resolución de olvidar. 
Sin pensar que has de tomar 
Eternamente á querer. 
Que si te queda esperanza 
De volver no habrá remedio 
De olvidar, que si está en medio 
La esperanza, no hay mudanza. 
¿ Porqué piensas que no olvida 
Luego un hombre á una moger? 
Porque pensando en volver 
Va entreteniendo la vida. 
Ha de haber resolución 
Dentro del entendimiento. 
Con que cesa ei movimiento 
De aquella Imaginación. 
¿No has visto faltar la cuerda 
De un reloj, y estarse quedas 
Sin movimiento las medas?' 
Pues de esa suerte se acuerda 
El que tiene las potencias» 
Cuando la esperanza falta. 

Teod. ¿ Y la memoria no ftilta 
Luego á hacer mil diligencias 
Despertando el sentimiento 
A qoe del bien no se prive? 



220 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Tiist, Es eDemigo que Tive 
Asido al enteodimfeato. 
Como dijo la canción 
De aquel español poeta, 
Mas por eso es linda treta 
Vencer la imaginación. 

Teod. i Cómo? 

Trist. Pensando defectos 

Y no gracias, que olvidando 
Defectos están pensando, 
Que no gracias, los discretos. 
No la imagines vestida 

Con tan linda proporción. 
De cintura, en el balcón, 
Toda es una arquitectura. 
Porque dijo un sabio un dia, 
Que á los sastres se debia 
La mitad de la hermosura. 
Como se ha de imaginar 
Una muger semejante, 
Es como un disciplinante 
Que le llevan á curar. 
Esto 8i, que no adornada 
Del costoso faldellin. 
Pensar defectos en fin 
Es medicina probada. 
Si de acordarte que vias 
Alguna vez una cosa 
Que te pareció asquerosa, 
No comes en treinta días, 
Acordándote, señor, 
De los defectos que tiene. 
Si á la memoria te viene. 
Se te quitará el amor. 

Teod. ¡ Qué grosero cirujano ! 
I Qué rústica curación ! 
Los remedios al fin son 
Como de tu tosca mano. 
Médico impírico eres. 
No has estudiado, Tristan, 

Y no imagino que están 
Desa suerte las mugeres. 
Sino todas cristalinas. 
Como un vidrio trasparentes. 

Trist, Vidrio si, muy bien lo sientes, 
Si á verlas quebrar caminas; 
Mas si no piensas pensar 
Defectos, pensarte puedo : 
Porque va perdido el miedo 
De que podrás olvidar : 
Pardies, yo quise una ves. 
Con esta cara que miras, 
A una alforja de mentiras, 
Años cinco veces diez. 

Y entre otros dos mil defectos, 
Qerta barriga tenia 



Que encerrar dentro podía. 
Sin otros mil parapetos. 
Cuantos legajos de pliegos 
Algún escritorio apoya : 
Pues como el caballo en Troya, 
Pudiera meter los griegos. 
¿ No has oido que tenia 
Cierto lugar un nogal, 
Que en el tronco un oficial 
Con muger é hijas cabla, 

Y aun no era la casa escasa ? 
Pues desa misma manera 

En esa panza cupiera 
Un tejedor y su casa. 

Y queriéndola olvidar. 
Que debió de convenirme. 
Dio la memoria en decirme, 
Que pensase en blanco asar. 
En azucena y jasmin, 

En marfil, en plata, en nieve, 

Y en la cortina que debe 
De llamarse el faldellín. 
Con que yo me deshada, 

Mas tomé mal cuerdo acuerdo, 

Y di en pensar como cuerdo, 
Lo que mal les parecía : 
Cestos de calabazones. 
Baúles viejos, maletas 

De cartas para estafetas, 
Almofrejes y jergones : 
Con que se trocó en desden 
El amor y la esperanza, 

Y olvidé la didia panza, 
Por siempre jamas amen : 

Que era tal que en los dobleces, 

Y no es mucho encarecer. 
Se pudieran esconder 
Cuatro manos de almireces. 

Teod. En las gracias de Marcela 
No hay defectos que pensar, 

Y no la pienso olvidar. 

Trist, Pues á tu desgracia apela, 

Y sigue tan loca empresa. 

Teod. Todo es gracias : ¿qué he de hacer T 
Trist. Pensarhis, hasta perder 
La gracia de la condesa. 

ESCENA XIII. 

Dichos t DIANA. 

Diana. ¿Teodoro? 
Teod. La misma es. 

Diana. Escucha. 

Teod. A tu hechura manda. 

Trist. Si en averiguarlo anda. 
De casa volamos tres. 



ACTO I, ESCENA XIY. 



221 



Diana. Hame diebo cierta amiga 
Qoe deseonfla de sí, 
Qae ei papel que traigo aqnf 
Le eseriba ; á liacerlo me obliga 
La amistad, aaiupie yo ignoro, 
Teodoro, cosas de amor, 

Y que le escribas mejor 
Vengo i decirte : Teodoro^ 
Tómale, y lee. 

Teod, Si aqaf, 

Seftora, has puesto la mano, 
Igualarle fuera en vano, 

Y fbera soberbia en mi. 
Sin Terle, pedirte quiero. 
Que i esa señora le enríes. 

Dkma, Lee, lee. 

Teod, Que deseoofles 

Me espanto : aprender espero 
Estilo que yo no sé, 
Que Jamas traté de amor. 

Diana. ¿Jamas, Jamas Y 

7eocí. Con temor 

De mis defectos no amé, 
Que fui muy desconfiado. 

Diana. Y se puede conocer 
De que no te dejas ver, 
Poes que te vas reboxado. 

Teod. ¿Yo, señora? ¿cuándo ó cómo? 

Diana, Oyéronme que salió 
Anocbe acaso, y te tío 
Rebosado el mayordomo. 

Teod. Andaríamos burlando 
Fabio y yo, como solemos ; 
Qac mil burlas nos hacemos. 

Diana. Lee, lee. 

Teod. Estoy pensando, 

Que teogo algún envidioso. 

Diana. Zelosa podría ser: 
Lee, lee. 

Teod. Quiero ver 
Ese ingenio milagroso. (Lee.) 

m Amar por ver amar, envidia ha sido, 
« Y primero que amar estar selosa, 
« Es Invención de amor maravillosa, 
« Y que por imposible se ha tenido. 

« De los lelos mi amor ha procedido 
« Por pesarme, que siendo mas hermosa 
« No fbese en ser amada tan dichosa, 
« Qoe hubiese lo que envidio merecido. 

« Estoy sin ocasión desconfiada, 
« Zeloea sin amor, aunque sintiendo, 
« Debo de amar, pues quiero ser amada. 

« Ni me dejo forzar, ni me defiendo, 
« Danne quiero á entender sin decir nada : 
m Entiéndame quien puede, yo me en- 
tiendo. » 



Diana. ¿Qué dices? 

Teod. Que si esto es 

A propósito del dueño, 
No he visto cosa mejor; 
Mas confieso que no entiendo 
Cómo puede ser que amor 
Venga á nacer de ios selos. 
Pues muere regularmente. 

Diana. Porque esta dama sospecho 
Que se agradaba de ver 
Ese galán sin deseo, 

Y viéndole ya empleado 
En otro amor, con los lelos, 
Vino á amar y á desear: 
¿Puede ser? 

7eocf. Yo lo concedo: 
Mas ya esos selos, señora, 
De algún principio nacieron. 

Y ese fué amor, que la causa 
No nace de los efectos. 

Sino los efectos della. 

Diana. No sé, Teodoro; esto siento 
Desa dama, pues me dijo 
Que nunca á tal caballero 
Tuvo mas que inclinación, 

Y en viéndole amor, salieron 
AI camino de su honor 

Mil salteadores deseos. 
Que le han desnudado el alma 
Del honesto pensamiento 
Con que pensaba vivir. 

Teod. Muy lindo papel has hecho: 
Yo no me atrevo i igualarle. 

Diana. Entra y prueba. 

Teod. No me atrevo. 

Diana. Has esto por vida mia. 

Teod. VueseñoHa con esto 
Quiere probar mi ignorancia. 

Diana. Aquí aguardo, vuelvo luego. 

Teod. Yo soy... 

Diana. Escucha, Tristan. 

ESCENA XIV. 

La Condesa t TRISTAN. 

Trist. A ver lo que mandas vuelvo. 
Con vergüenza destas calías, 
Que el secretario mi dueño 
Anda salido estos dias; 

Y hace mal un caballero. 
Sabiendo que su lacayo 
Le va sirviendo de espejo. 
De lucero y de cortina, 
En no traerie bien puesto: 
Escalera del señor, 

Si va á caballo, un discreto 



22t 



EL I>ERRO DEL HORTELANO. 



NoB llamó, pues á su cara 
Se sube por nuestros cuerpos 
No debe de poder mas. 

Diana. ¿Juega? 

Trist. Pluguiera á los cielos, 

Que á quien Juega nunca falta 
Desto, ó de aquello dineros : 
Antiguamente los reyes 
Algún oficio aprendieron, 
Por si en la guerra ó la mar 
Perdían su patria y reino 
Saber con que sustentarse; 
Dichosos los que pequeños 
Aprendieron á jugar; 
Pues en faltando es el Juego 
Un arte noble que gana 
Con poca pena el sustento. 
Verás un gronrie pintor 
Acrisolado el ingenio 
Hacer una imagen vi?a, 

Y decir el otro necio. 
Que no vale diez escudos ; 

Y que el que juega en diciendo 
Paro, con salir la suerte 

Le sale al ciento por ciento. 

Diana . ¿ En fin do juega ? 

Trigt. Es cuitado. 

Diana. A la cuenta será cierto 
Tener amores. 

TrisZ i Amores ? 

¡Oh qué donaire! es un hielo. 

Diana, ¿Pues un hombre de su talle, 
Galán, discreto y mancebo, 
No tiene algunos amores, 
De honesto entretenimiento? 

Trist. Yo trato en paja y cebada, 
No en papeles, ni en requiebros; 
De dia te sirve aquí. 
Que está ocupado sospecho. 

Diana. ¿Pues nunca sale de noche? 

Trist. No le acompaño, que tengo 
Una cadera quebrada. 

Duina. ¿De qué, Tristan? 

Trist. Bien te puedo 

Responder lo que responden 
Las mal casadas, en viendo 
Cardenales en su cara 
Del mojicón de los selos ; 
Rodé por las escaleras. 

Diana. ¿Rodaste? 

Trist. Por largo trecho, 

Con las costillas conté 
Los pasos. 

Dtana. Forzoso es eso. 
Si á la lámpara, Tristan, 
Le tirabas el sombrero. 



Trist. O de poto, vife Dios, ap. 

Que se sabe todo el cuento. 

Diana. ¿No respondes? 

Trist. Por pensar 

Cuando... pero ya me acuerdo ; 
Anoche nndalian en casa 
Unos murcieealos negros; 
Ei sombrero lus tiraba. 
Fuese á la luz uno deilos, 

Y acerté por dar en él 

En lo lámpara, y tan presto 

Por la escalera rodé, 

Que ios dos piéá se me fueron. 

Diana. Todo está muy bien pensado, 
Pero un libro de secretos 
Dice que es buena la sangre 
Para quitar ei cabello. 
De esos murciégMlos digo, 

Y haré yo sacarla luego, 
Si es cabello la oca^^ioD, 
Para quitarla con ellos. 

Trist. Vive Dios que hay chamnsquine, 

Y que por murciegalero. 

Me pone en una galera. (Vase.] 

Diana. \ Qué traigo de pensamientos! ap. 

ESCENA XV. 

DIANA T TEODORO. 

Teod. Ya lo que mandaste hice. 

Diana. ¿Escribiste? 

Teod. Ya lo he hecho. 

Aunque bien desconfiado. 

Diana. Muestra. 

7'eo<í. Lee. 

Diana. Dice esto : (Lee.) 

« Querer por ver querer, envidia fuera, 
« Si quien la vio sin ver amar, no amara, 
« Porque si antes de amor, no amar pensara 
« Después no amara, puesto que amar viera. 

n Amor que lo que agrada considera 
« En ageno poder, su amor declara, 
«Que como la color sale á la cara, 
« Sale á la lengua lo que el alma altera. 

« No digo^mas, porque lo mas ofendo 
« Desde lo menos, si es que desmerezco, 
« Porque del ser dichoso me defiendo. 

« Esto que entiendo solamente ofrcsco, 
N Que lo que no merezco, no lo entiendo, 
« Por no dar á entender lo que merezco. • 

Diana. Muy bien guardaste el decoro. 

Teod. ¿Burlaste? 

Diana, Pluguiera á Dios. 

Teod. ¿Qué dices? 

Diana. Que de los dos 

El tuyo vence, Teodoro. 



ACTO h ISGKNA XVI. 



rti 



Teod. PéMme, pues no ei peqne&o 
Principio de aborrecer 
Uo criado, el entender 
Que sabe mas que su doeito. 
I>e cierto rey se contó 
Qae le dijo á on gran privado: 
Uo papel me da coldado, 

Y si bien le he escrito yo, 
Quiero Ter otro de vos, 

Y el mejor escoger quiero : 
Como vio que el rey decia 
Qoe era su papel mejor, 
Fuese, y dijole al mayor 
Hijo de tres que tenia: 
Yámonos del reino luego. 
Que en gran peligro estoy yo: 
El mozo le preguntó 

La causa, turbado y ciego: 

Y respondióle : Ha sabido 

£1 rey que yo sé mas que él: 
Que es lo que en este papel 
Me puede haber sucedido. 

Diana. No, Teodoro, que aunque digo 
Que es el tuyo mas discreto, 
Es porque sigue el concepto 
De la materia que sigo; 

Y no para que presuma 
To pluma que si me agrada, 
Pierdo el estar confiada 

De los pontos de mi pluma. 
Fuera de que soy muger 
A cualquiera error sujeta, 

Y no sé si muy discreta. 
Como se echará de ver. 
Oetde lo menos aquí 
Dices que ofendes lo mas^ 

Y amando, engañado estás^ 
Porque en amor no es asi. 
Qoe no ofende on desigual 
Amando, pues solo entiendo^ 
Que le ofende aborreciendo. 

Teod, Esa es razón natural. 
Mas pintaron á Faetonte 

Y á Icaro despeñados. 
Uno en caballos dorados 
Precipitado en un monte, 

Y otro con alas de cera 
Derretido en el crisol 
Del sol. 

Diana. No lo hiciera el pol, 
SI como es sol muger ftiera. 
Si alguna cosa sirvieres 
Alta, sírvela, y confia, 
Que amor no es mas que porfía, 
No son piedras las mugeres. 
Yo me Uevo este papel, 



Que despacio me conviene 
Verle. 

Teod, Mil errores tiene. 

Diana, No hay error ninguno en éL 

Teod. Honras mi deseo, aquí 
Traigo el tuyo. 

DtVifM. Pues allá 

Le guarda^ aunque bien será 
Rasgarle. 

Teod. i Rasgarlo? 

Diana, Si, 

¿Qué importa que se pierda. 
Si se puede perder mas? 

ESCENA XVL 

TEODORO. 

Fuese. ¿Quién pensó jamas 
De muger tan noble y cuerda 
Esto? ¿arrojarse tan presto 
A dar su amor á entender? 
Pero también puede ser 
Que yo me engañase en esto. 
Mas no me ha diclio jamas. 
Ni á lo menos se me acuerda^ 
Pues ¿qué importa que se pierda, 
Si se puede perder mas? 
Perder mas, bien puede ser, 
Por la muger que decia, ^ 

Mas todo es bachillería, 

Y ella la misma muger. 
Aunque no, que la condesa 
Es tan discreta y tan varia. 
Que es la cosa mas contraria 
De la ambición que profesa. 
Sírvenla príncipes boy 

En Ñápeles, que no puedo 
Ser su esclavo, tengo miedo, 
Que en grande peligro estoy. 
Ella sabe que á Marcela 
Sirvo, pues aquí hn fundado 
El engaño, y me ha burlado; 
Pero en vano se recela 
Mi temor, porque jamas 
Burlando salen colores, 

Y al decir con mil temores 
Que se puede perder mas... 
¿Qué rosa al llorar la Aurora 
Hizo de las hojas ojos. 
Abriendo los labios rojos 
Con risa á ver como llora. 
Como ella los puso en mí, 
Bañada en púrpura y grana? 
¡O qué pálida manzana 

Se esmaltó de carmesí! 
Lo que veo y lo que escucho 



224 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Yo lo juzgo, ó estoy loco, 
Para de verdades poco, 

Y para de burlas mucho : 
Mas teueoB, pensamiento, 

Que os vais ya tras la grandeza; 
Aunque si digo belleza, 
Bien sabe Dios que no miento: 
Que es bellísima Diana, 

Y es discreta sin igual. 

ESCENA XVII. 
TEODORO T MARCELA. 

Marc. ¿Puedo hablarte? 

Teod. Ocasión tal 

Mil imposibles allana; 
Que por ti, Marcela mia, 
La muerte me es agradable. 

More. Como yo te vea y hable, 
Dos mil vidas perdería : 
Estuve esperando el día 
Como el piü arillo solo, 

Y cuando vi que en el polo. 
Que Apolo mas presto dora, 
Le dispertaba la aurora, 
Dije yo veré mi Apolo : 
Grandes cosas han pasado. 
Que no se quiso acostar 
La condesa, hasta dejar 
Satisfecho su cuidado : 
Amigas que han envidiado 
Mi dicha con deslealtad. 
Le han contado la verdad; 

Que entre quien sirve, aunque veas 
Que hay amistad, no lo creas. 
Porque es fingida amistad. 
Todo lo sabe en secreto, 
Que si es Diana la luna. 
Siempre quien ama importuna; 
Salió y vio nuestro secreto. 
Pero será, te prometo, 
Para mayor bien, Teodoro, 
Que del honesto decoro 
Con que tratas de casarte, 
Le di parte, y dije aparte 
Cuan tiernamente te adoro, 
Tus prendas le encarecí, 
Tu estilo, tu gentileza ; 

Y ella entonces su grandeza 
Mostró tan piadosa en mí, 
Que se alegra de que en ti 
Hubiese los ojos puesto, 

Y de casamos muy presto 
Palabra también me dio. 
Luego que de mí entendió 



Que era tu amor tan honesto. 
Yo pensé que se enojara 

Y la casa revolviera, 

Que á los dos nos despidiera 

Y á los demás castigara ; . 
Mas su sangre ilustre y clara, 

Y aquel ingenio, en efecto, 
Tan pi*udente y tan perfecto, 
Conoció lo que mereces. 

¡O bien haya, amen mil veces, 
Quien sirve á señor discreto! 

Teod, ¿Qué casarme prometió 
Contigo? 

Marc. i Pues pones duda 
Que á su ilustre sangre acuda? 

Teod. Mi ignorancia me engañó, ap. 
\ Qué necio pensaba yo 
Que hablaba en mí la condesa! 
De haber pensado me pesa 
Que pudo tenerme amor, 
Que nunca tan alto azor 
Se humilla á tan baja presa. 

Marc. ¿Qué murmuras entre tí? 

Teod. Marcela, conmigo habló ; 
Pero no se declaró 
En darme á entender que ftií 
El que embozado salí 
Anoche de su aposento. 

Marc. Fué discreto pensamiento. 
Por no obligarse al castigo 
De saber que hablé contigo. 
Sino lo es el casamiento; 
Que el castigo mas piadoso 
De dos que se quieren bien, 
Es casarlos. 

Teod. Dices bien, 

Y el remedio mas honroso. 
Marc. ¿Querrás tú P 

Teod. Seré dichoso. 

Marc. Confírmalo. 

Teod. CJon los brazos. 

Que son los rasgos y lazos 
De la pluma del amor, 
Pues no hay rúbrica mejor. 
Que la que firman los brazos. 

ESCENA XVIIL 

Dichos t DIANA. 

Diana. Esto se ha enmendado bien, 
Agora estoy muy contentó, 
Que siempre á quien reprehende 
Da grao gusto ver la enmienda. 
No os turbéis, ni os alteréis. 

Teod. Dije, seiíora, á Marcela 
Que anoche salí de aquí 



ACTO I, ESCENA XX. 



225 



Con tanto disgusto y pena 
De qae Yuestra señoría 
Imagínase en so ofensa 
Este pensHmiento honesto. 
Para casarme con ella, 
Qae me he pensado morir; 
Y dándome por respuesta 
Que mostrabas en casarnos 
Ta piedad y tu grandexa, 
Díle mis brazos, y advierte 
Que si mentirte quisiera, 
No me faltara un engaño : 
Pero no hay cosa que venia 
Como decir la verdad 
A una persona discreta. 

Diana, Teodoro, justo castigo 
La dealealtad mereciera. 
De haber perdido el respeto 
A mi casa ; y la nobleza 
Que usé anoche con los dos, 
No es justo que parte sea 
A que os atreváis asi; 
Que en llegando á desvergüenza 
El amor, no hay privilegio 
Que el castigo le defienda. 
Mientras no os casáis los dos,. 
Mejor estará Marceia 
Cerrada en un aposento. 
Que no quiero yo que os vean 
Juntos las demás criadas, 

Y que por ejemplo os tengan 
Para casárseme todas. 
Dorotea, ah! Dorotea. 

ESCENA XIX. 

D1CBO6 T DOROTEA. 

Dor. ¿Señora? 

Diana. Toma esta llave, 

Y en mi propia cuadra encierra 
A Marcela, que estos dias 
Podrá hacer iabor en ella. 

No diréis que esto es enojo. 
Dor. ¿Qué es esto, Marcela.' 
More, Fuerza 

De un poderoso tirano, 

Y una rigurosa estrella: 
Enciérrame por Teodoro. 

Dor. Cárcel aquí, no la temas, 

Y para puertas de zelos 
Tiene amor llave maestra. 

ESCENA XX. 

DIANA T TEODORO. 
Diana. ¿En fin, Teodoro» tú quieres 



Casarte? 

Teod, Yo no quisiera 
Hacer cosa sin tu gusto; 

Y créeme, que mi ofensa 

No es tanta como te han dicho, 
Que bien sabes que con lengua 
De escorpión pintan la envidia; 

Y que si Ovidio supiera 

Que era servir, en los campos, 
No en las montañas desiertas. 
Pintara su escura casa. 
Que aquí habita y aquí reina. 

Diana. ¿Luego no es verdad que quieres 
A Marcela? 

Teod, Bien pudiera 
Vivir sin Marcela yo. 

Diana. Pues me dicen que por ella 
Pierdes el seso. 

Teod. Es tan poco, 

Que no es mucho que le pierda: 
Mas crea vueseñoría, 
Que aunque Marcela merezca 
Lsas finezas, en mi 
No ha habido tales finezas. 

Diana, ¿Pues no le has dicho requiebros 
Tales, que engañar pudieran 
A muger de mas valor? 

Teod, Las palabras poco cuestan. 

Diana, ¿ Qué le has dicho por mi vida ? 
¿ Cómo, Teodoro, requiebran 
Los hombres á las mugeres? 

Teod. Como quien ama y quien ruega, 
Vistiendo de mil mentiras 
Una verdad, y esa apenas. 

Diana. Sí, ¿pero con las palabras? 

Teod, Estrañamente me aprieta 
Vueseñoría. Esos ojos. 
Le dije, esas niñas bellas, 
Son luz con que ven los mios, 
Y los corales y perlas 
De esa boca celestial... 

Diana. ¿Celestial? 

Teod, Cosas como estas 

Son la cartiUa, señora. 
De quien ama y quien desea. 

Diana. Mal gusto tienes, Teodoro, 
No te espantes de que pierdas 
Hoy el crédito conmigo. 
Porque sé yo que en Marcela 
Hay mas defectos que gracias, 
Como la miro mas cerca, 
Sin esto, porque no es limpia; 
No tengo pocas pendencias 
Con ella, pero no quiero 
Desenamorarte de ella. 
Que bien pudiera decirte 

15 



2S6 



EL P&ftR0 6BL HORTELANO. 



Cosa, pero aquí se quedan 
Sus gracias y sus desgracias^ 
Que yo quiero que la qtifiTas, 

Y que ns caséis en buena hora : 
Mas pues de amador te (irecias, 
Dame consejo, Teodoro, 

Así á Marcela poseas, 
Para aquella amiga mia. 
Que ha dias que no sosiega 
De amores un hombre hnmilde> 
Porque si en quererle piensa 
Ofende su autoridad, 

Y ai de quererle deja^ 
Pierde el juicio de zelos, 

Que el hombre que no sospecha 
Tanto amor, anda cobarde, 
Aunque es discreto coh ella. 

Teod. ¿Yo, señora, sé de amor? 
No sé por Dios como pueda 
Aconsejarte. 

Diana. ¿No quieres, 
Como dices, á Marcela? 
¿ No le has dicho esos requiebros ? 
Tuvieran lengua las piedras^ 
Que ellas dijeran. 

Teod. No hay cosa 

Que decir las piedras puedan. 

Diana, Ea, que ya te sonrojas, 

Y lo que niega la lengua, 
Confiesas con los colores. 

Teod. Si ella te lo ha dicho, es necia : 
Una manóla tomé; 

Y no me que^ié con ella, 
Que luego se la volví, 
No fié yo de qué se queja. 

Dinna. Si, p'To hay manos que son 
Como la paz de la ígíesia> 
Que siempre vuelven basadas. 

Teod. Es necísima Marcela; 
Es verdad que me atreví, 
Pero con mucha vergüenza, 
A que templHSc la loca 
Con nieve y con azucenas. 

Diana. ¿Con azucenas y nieve? 
Huelgo de saber que templa 
Ese emplasto el corazón : 
Ahora bien, ¿qué me aconsejas? 

Teod. Que si esta dama que dices 
Hombre tan bajo desea, 

Y de quererle resulta 

A un honor tanta i)Ajeza, 
Haga que con un engaño, 
Sin que la cunuzcti pueda 
Gozarle. 

Diana. Queda el peligro 
De presumir que lo eotienda: 



¿No será mejor matarle? 

Teod. De Marco Aurelio ée Cuenta 
Que dio .i su muger Faustlha 
Para quitarle la pena 
Sangre de un esgrimidor. 
Pero esas romanas pruebas 
Son buenas entre gentiles. 

Diana. Bien dices que no hay Lucrecias, 
Ni Torcatos, ni Virgilios 
En esta edad, y en aquella 
Hubo Faustinas, Teodoro, 
Mesalinas y Pepeas; 
Escríbeme alguh papel 
Que á este propósito sea 

Y queda con Dios: ;ay Dios! 
Caí : ¿qué mé itlirás? Lleg&, 
Dame la mano. 

Teod. E! respeto 

Me detuvo de ofrecerla. 

Diana. ¡Qué gl*aclo<a /^rngería! 
I Qué con la capa la ofrezcas ! 

Teod. Así cuando vaS á hllsá 
Te la da Octavio. 

Diana. Es áífuella 

Mano que yo no la pidó, 

Y debe de haber setenta 
Años que fué mano, y viene 
Amortajada por muerta: 
Aguardar quien ha caidd 

A que se vista de seda. 
Es como ponerse un jaco 
Quien ve al amigo en pendencia. 
Quien mientras baja le han muerto; 
Demás, que no es bien que tenga 
Nadie por maA eórtedid. 
Aunque melindres lo aprueban, 
Que una mano si es hunrada, 
Traiga la cara cubierta. 

Teod Quiero estimar la merced 
Que me haé hecho. 

Diana. Cuando seas 

Escudero la darás 
En el ferreruelo envuelta, 
Que agora erei secretariti ; 
Con que te he dicho que tengas 
Sí'creta aquesta calda. 
Si levantarte deseas. {Vase.) 

Teod. ¿ Puedo creer que es aquesto ver- 
dad? Puedo, 
SI miro que es muger Diana hermosa ; 
Pidió mi mano, y la eolor de rosa 
Al dár^^eia robó del rostro el miedo. 

Tembló. >o lo sentí, dadt)so quedo, 
¿Qué haré? Seguir mí suerte venturosa, 
Si bien pur serla empresa Ihu dudosa 
Niego al temor lo que ál valor ooneedo. 



ACTO H, EBCBNA II. 



227 



Mas dejar á Marcela es eafto injMtOi 
Que las muge res no es raion qué esperen 
De nuestra obligaeion tanto disgustó. 

Pero si ellas nos dejan cuando quieren 
Por cualquiera interés ó nuevo guftto, 
Mueran también como los honibres mueren. 



'XiWVW^/VAA/VIA.Vt 



ACTO SEGUNDO. 

ESCENA PRIMERA. 

TEODORO. 

Nuevo pensamiento mio^ 
Desvanecido en el viento, 
Que con ser mi pensamiento 
De veros volar me rto^ 
Parad, detened el brio^, 
Que 08 detengo y os provoco; 
l'orque sí el intento ^ toco. 
De los dos lo mismo escucho^ 
Aunque donde el prendió es mucho, 
£i atrevimiento es po::o ; 

Y si por disculpa dais 

Que es infinito el que espero, 
Averigüemos primero, 
Pensamiento, ¿en que os fundáis? 
¿Vos á quien servis amáis? 
Diréis que ocasión tenéis, 
Si á vuestros ojos creéis. 
Pues, pensamiento, decildes 
Que sobre pajas humildes 
Torre de diamante hacéis : 
Si no me sucede bien 
Quiero culparos á vos, 
Mas teniéndola los dos, 
No es justo que cuipn os den, 
Que podréis decir también 
Cuando del alma os levanto 

Y de la altura me espanto 
Donde ei amor os subió, 
Que ei estar tan bajo yo 
Os hace á tos subir tanto. 
Cuando algún hombre ofendido 
Al que le ofende defiende, 

Que dió la ocasión, se entiende, 
Del daño que os ha venido: 
Sed en buen hora atrevido^ 
Que aunque ios dos nos perdamos, 
Esta disculpa llevamos, 
Que vos os perdéis por mí, 

Y que yo tras vot me fÜí 
Sin saber adonde ▼amos. 



Id en buen hora, aunque os den 
Blil muertes por atrevido» 
Que no os llamara perdido 
El que se pierde tan bien t 
Como otros dan parabién 
De lo que hallan, estoy tal, 
Que de perdición igual 
Os le doy, porque es perderse 
Tan bien que puede tenerse 
Envidia del mismo mal. 

ESQBNA II. 

TEODOBO Y tRlStÁN. 

Trist. Si en tantas lamentadones 
Cabe un papel de Marcela^ 
Que contigo se consuela 
De tus pasadas pasiones, 
Bien te le daré sin porte, 
Porque quien no ha menester 
Nadie le procura ver 
A la usanza de la corte, 
Cuando está en alto lugar 
Un hombre, ¡y qué bien lo imitas! 
Que le vienen de visitas 
A molestar y enfadar; 
Pero si muda de estadio, 
Como es la fortuna incierln, 
Todos hujen de su puerta 
Como si fuese apestado. 
¿Parécete que lavemos 
En vinagre este papel? 

Teod. Contigo, necio, y cOn el 
Entrambas cosas tenemos ; 
Muestra, que vendré invado, 
Si en tus manos hn venidb. (iec.) 
« A Teodoro mi marido : *» 
¿Marido? ¡qué necio enfado! 
¡ Qué necia cosa ! 

Trist. Es muy necrn. 

Tend. Pregúntale A mi ventura 
Si subida á tanta altura 
Esas mariposas precia. 

Trist. Líele, por vida mía. 
Aunque ya estés tan divino. 
Que no se desprecia el vino 
De los mtisquitos que cria, 
Que sé yo cuando Marcela, 
Que llamas ya mariposa. 
Era águila caudalosa. 

Teod. El pensamiento que vuela 
A los mismos cerros de Oro 
Del sol tan baja la mira» 
Que aun de que la ve se aduiirr. 

Trist. Hablas con justo decero: 
¿Mas qué haremos del papel? 



228 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Teod, Esto. 

TrisU ¿RasgásteleP 

Teod. Sí. 

Trist, ¿Porqué, señor? 

Teod, Porque así 

Respondí mas presto á él. 

Trist. Ese es injusto rigor. 

Teod, Ya soy otro, no te espantes. 

Trist, Basta que sois los amantes 
Boticarios del amor. 
Que como ellos las recetas 
Vais ensartando papeles, 
Recipe zelos crueles. 
Agua de azules violetas. 
Recipe un desden estraño, 
Sirupi del borri^orum, 
Con que la sangre templorum 
Para asegurarse el daño. 
Recipe ausencia, tomad 
Un emplasto para el pecho, 
Que os hiciera mas provecho 
Estaros en la ciudad. 
Recipe de matrimonio^ 
Allí es menester Jarabes, 

Y otros diez dias snaves 
Purgalle con antimonio. 
Recipe signus celeste. 
Que capricornius dicetur^ 
Ese enrermo moríetur, 

Sino es que paciencia preste. 
Recipe de alguna tienda 
Joya^ ó vestido sacabis, 
Con tabletas confortabis 
La bolsa que tal emprenda. 
A esta traza finalmente 
Van todo el año ensartando ; 
Llega la paga, en pagando, 
O viva ó muera el doliente. 
Se rasga todo papel, 
Tú la cuenta has acabado^ 

Y el de Marcela has rasgado 
Sin saber lo que hay en él. 

Teod. Ya tú debes de venir 
Con el vino que otras veces. 

Trist, Pienso que te desvaneces 
Con lo que intentas subir. 

Teod, Tristan, cuantos han nacido 
Su ventura han de tener; 
No saberla conocer 
Es el no haberla tenido. 
O morir en la porfía, 
O ser conde de Belílor. 

Trist. César llamaron, señor^ 
A aquel duque que traia 
Escrito por gran blasón : 
César ó nada: y en fin 



Tuvo tan contrarío el fin. 
Que al fin de su pretensión. 
Escribid una pluma airada : 
César ó nada dijiste, 

Y todo César lo fuiste. 
Pues fuiste César y nada. 

Teod. Pues tomo, Tristan, la empresa, 

Y haga después la fortuna 

Lo que quisiere. {Vase Tristan.) 

ESCENA IIL 

TEODORO, MARCELA t DOROTEA. 

Dor, Si á alguna 

De tus desdichas le pesa. 
De todas las que servimos 
A la condesa, soy yo. 

Meare, En la prisión que me dio 
Tan justa amistad hicimos, 

Y yo me siento obligada 
De suerte, mi Dorotea, 

Que no habrá amiga que sea 
Mas de Marcela estimada ; 
A n arda piensa que yo 
No sé como quiere á Pablo, 
Pues della nació mi agravio, 
Que á la condesa contó 
Los amores de Teodoro. 

Dor, Teodoro está aquí. 

Marc. Mi bien. 

Teod, Marcela, el paso deten. 

Marc. ¿Cómo, mi bien, si te adoro. 
Cuando á mis ojos te ofreces? 

Teod. Mira lo que haces y dices, 
Que en palacio los tapices 
Han hablado algunas veces. 
¿De qué piensas que nació 
Hacer figuras en ellos? 
De avisar de que tras dellos 
Siempre algún vivo escuchó. 
Si un mudo viendo matar 
A un rey, su padre, dio voces, 
Figuras que no conoces 
Pintadas sabrán hablar. 

Marc, ¿ Has leído mi papel ? 

Teod, Sin leerle le he rasgado. 
Que estoy tan escarmentado, 
Que rasgué mi amor con él. 

Marc. ¿Son los pedazos aquestos? 

Teod, Sí, Marcela. 

Marc. i Y mi amor 

Has rasgado? 

Teod. ¿No es mejor 

Que vemos por puntos puestos 
En peligro tan estraños? 
Si tú de mi intento estás, 



ACTO II, ESCENA V. 



229 



0106 desto mu, 
usar tantos dafios. 
¿Qué dices? 

Qae estoy dispuesto 
le mas enojos 
desa. 

En los ojos 
ichas veces puesto 
desta verdad. 
Marcela, queda con Dios : 
ba de los dos 
, no la amistad. 
Tú dices eso, Teodoro, 
la? 

Yo lo digo, 
de quietud amigo^ 
irdar el decoro 
1 que me ha dado 
e tengo. 

Oye, advierte. 
Déjame. 

¿De aquesta suerte 
s? 

¡Qué necio enfodo! 

ESCENA IV. 

ROTEA, BfARCELA, DIANA 
T ANARDA. 

Esta ha sido la ocasión, 
eprendas mas. 
i disculpa que me das 
testo en mas confesión. 
»tá aquí, señora, 
í con Dorotea. 

. Pues no hay disgusto que sea 
mayor agora ; 
i fuera, Marcela. 
Vamos, Dorotea, de aquí, 
lien digo yo que de tí, 
ida ó se recela. 

ESCENA V. 

DIANA T ANARDA. 

Puedo hablarte? 

Ya bien puedes. 
» dos que de aquí se van 
i tu amor están, 
ssdeñarlos escedes 
cion de Anaxarte, 
lad de Lucrecia, 
i tanto desprecia... 
. Ya me canso de escucharte. 
;on quién te piensas casar? 
de el marques Ricardo, 



Por generoso y gallardo, 
Sino esceder, igualar 
Al mas poderoso y rico? 
¿Y la mas noble muger. 
También no lo puede ser 
De tu p^mo Federico? 
¿Porqué los has despedido 
Con tan estraño desprecio? 
Diana. Porque uno es loco, otro necio, 

Y tú en no haberme entendido 
Mas, Anarda, que los dos; 

No los quiero, porque quiero, 

Y quiero, porque no espero 
Remedio. 

An, i Válgame Dios! 
¿Tú quieres? 

Diana. ¿No soy mnger? 

An. Si, pero imagen de hielo. 
Donde el mismo sol del cielo 
Podrá tocar y no arder. 

Diana. Pues esos hielos, Annrüa, 
Dieron todos á los pies 
De un nombre humilde. 

An. ¿Quién es? 

Diana. La vergüenza me acobarda. 
Que de mi propio valor 
Tengo : no diré su nombre. 
Basta que sepas que es hombre 
Que puede infamar mi honor. 

An. Si Pasife quiso un toro, 
Semiramis un caballo, 

Y otras los monstruos que callo, 
Por no infamar su decoro, 
¿Qué ofensa te puede hacer 
Querer hombre, sea quién fuere? 

Diana. Quien quiere, puede si quiere, 
Como quiso, aborrecer. 
Esto es lo mejor, yo quiero 
No querer. 

An. ¿Podrás? 

Diana. Podré, 

Que si cuando quise amé, 
No amar en queriendo espero : 

(Toquen dentro.) 
¿Quién canta? 

An. Fabto con Clara. 

Diana. Ojalá que me diviertan. 

An. Música y amor conciertan. 
Bien en la canción reparff. 

[Cantan dentro.) 

¡ O qaien pudiera hacer ó quien hiciese. 
Que en no qneríendo amar aliorreciesel 
¡ O quien pudiera hacer, ó quien hiciera 
Que en uo queriendo amor aterreciera! 
An. ¿ Qué te dice la tención? 
¿No ves que te contradice? 



aso 



EL P^BHQ Wh QQRTÍL4N0. 



Diana, Bfen entiendo 1q ^^6 dioe. 
Mas yo sé mi condición j 

Y sé que estará en mi mano, 
Como amar á aborrecer. 

An, Quien tiene tanto poder, 
Pasa de límite humano. 

ESCENA VI. 

Dichas t TKODORO. 

Teod, Fabio me ha dicho, seAorn, 
Que le mandaste buscarme. 
Diaria, Horas ha que te deseo. 
Teod. Pues ya vengo á que me mandes, 

Y perdona si he faltado. 

Diana, Ya has visto estos dos iimafi^t^s : 
Esos dos mas pretendientes. 

Teod. Sí señora. 

Diana. Buonps t^Ues 

Tienen los dos. 

Teod. Y inuy huenos. 

Diana, No quiero determinarme 
Sin tu consejo : ¿con cuál 
Te parece que na^ case? 

reo4- ¿Pues qué cpiis^yp» sefíO^^» 
Puedo yo en las co^as darte, 
Que consisten en ^u gmto? 
Cualquiera que qi^ieras (jarn)^ 
Por dueño será mejor. 

Diana. Mal paga^ el esMi^artQ 
Por consejero, Teodoro, 
En caso tan importante. 

Teod. Señora, ¿en casa np hí^y viejos 
Que entienden de capo:} tales? 
Octavio, tu mayordonoQ, 
Con esperleiicia lo sabe, 
Fuera de su larga edad. 

Diana. Quiero yo que á ^í te agrade 
El dueño que has de tener : 
¿Tiene el marques mejor míe 
Que mi primo? 

Teod, Sí sefiora. 

Diana. Pue? elijo í»! niarfli^e? : Rart^í 

Y pídele las albricias. 

i^scpN^ yii. 

TEODORO. 

¿Hay desdicha fepQ^ante? 
¿P{iy resolución tan breve? 
¿Hay mudanza t^n nota))i^? 
¿Estos er^^ los intentos 
Que tuve? i Q sol ! abrasadme 
Las alas con que subí. 
Pues vuestro rayo de«hac« 
Las nías atrevida^ pli^o^as 



A la Iielleza de un áqgel. 

Cayó Diana en su error, 

\ Oh qué mal hice en fiarme 

De mía palabra amorosa ! 

¡ Ay, romo entre desiguales 

Mal se concierta el amor ! 

¿Pero es mucho que me engañen 

Aquellos ojos á mi, 

Si pudieran ser bastantes 

A hacer engaños á Clises? 

De nadie puedo quejarme, 

Sino de mí; pero en fln, 

cQué pierdo cuando me falte? 

Haré cuenta que he tenido 

Algún accidente grave, 

Y que mientras me duró 
Imaginé disparates. 

ESCENA VIII. 
TEODORO T TRISTAN. 

Trist. Turbado á bqscarte vengo, 
¿Es verdad lo que me han dicho? 

Teod. \ Ay, Tristan, ver^i^d será. 
Si son desengaños míos ! 

Trist. Ya, Teodorq, qn |i)8 dos sillas 
Los dos i>atanes he visto 
Que niolieron a pinna;' 
Pero que hubiese elegido, 
Hasta ahora no lo sé. 

Teod, Pues, Tristqq, agqfa vino 
Ese tornasol mudaliíe, 
Esa veleta, ese vidriq, 
Ese rio junto al maf, 
Que vueive atrás, aui|qqe ea rio. 
Esa Diana, esa luna. 
Esa muger^ ese hechizo, 
Ese monstruo de qiudan«as, 
Que solo perderme q^iso 
Por afrentar sus vjctprias, 

Y que dijese me dijo 

Cuál de los dos me agradaba, 
Porque sin consfjo n)ío 
No se pensaba casar : 
Quedé muerto, y tan perdido^ 
Que no responder locuras 
Fué de pi locura indicio : 
Dijome, en On, que el marqqes 
Le agradaba, y que yo míán^p 
Fuese á pedir las albricias. 

Trist. ¿Ella en sí tiene marjdp? 

Teod. El marques |{icardü. 

Trist, Pipqso 

Que á no verte sin juicio. 
Es porque dar aíliccioq 
No es justo 4 Ips afligidos, 



AGT^ U, £^CPA 1%. 



nt 



pf to diera vaya 
pensamiento altivo 
ser conde aspirabas* 
)i aspiré^ Tristan, y aspiro. 
^ culpa ti^pff de U>(|p. 
So lo niego, que yp )ie si^o 
;reer los ojos 
uger. 

Yo te digo, 
ay vasos de vcnpno 
tales sentidos, 
como los ojos 
ipger. 

De corrido 
Tristan, que apenas 
antar los mios. 
y el remedio 
ura en olvido 
>, y el amor. 

Qué Arrepentido y contritQ 
•Iver Á Marcela! 
^resto «eremos amibos. 

Dichos t MARCELA. 



la roela. 



¿Quiéd^? 

Yo soy : 
[vidas de mi ? 
í tan olvidada estoy, 
< imaginar en \\, 
roí misma voy, 
en mi misma fuera* 
laria y te viera, 
no imaginarte 
alma eu otra parte, 
Ividarte no quiera. 
le osaste nombrar? 
ipo eo esa boca 
e? 

Quise probar 
Ea, y es tan poca, 
ne ha dado Jugar. 
que }>e empicó 
do en un sugeto 
imor sostituyó. 
Nunca^ Teodoro, el discrelo 
vidrio probó, 
le des á entender 
ba quisiste hacer : 
lozco, Tepdoro, 
saoiienlos de pro 
on enloquecer. 
! va ? ¿ no te salen 
te lo Imaginase 



i No te cueaf an |0 que TiileB T 

¿No hay dichas que las divinas 

Partes de tM (luf Üo igualen P 

I Qué ha sucedido? ¿qué tienes? 

Turbado, Teodoro, vleuea : 

¿Mudóse aquel vendaval P 

¿ Vuelves á buscar tu igual, 

O te burlas y entretienen P 

Confieso que me h<»lgnria 

Que dieses á mi esperunzai 

Teodoro, un alegre dia. 
Ttod. Si le quieres con venganza, 

¿Qué mayor, Mircela m|a? 

Pero mira que el anior 

Es hijo de la nobleza, 

No muestres tanto rigor. 

Que es la venganza bajeza 

Indigna del vencedor; 

Venciste, yo vuelvo 4 ii> 

Marcela, que no salí 

Con aquel mi peniapalento ; 

l^erdona el atrevimiento, 

Si ha quedado ampr en tí : 

No porque no puede ser 

Proseguir las esperanzas 

Con que te puedo ofender ; 

Mas porque en estas mudanzas 

Memorias me hacen volver : 

Sean, pues, estas memorias 

Parte á despertar la tuya. 

Pues confieso tus victorias. 
Marc. No quiera Dips qu^ destruya 

Los principios d^ |U8 glorias, 

Sirve, bien haces, po(;^fla, 

No te rindas, que dir4 

Tu dueño que es cobar4((t» 

Sigue tu dicha, que ya 

Voy prosiguiendo 1« ipia. 

No es agravio an^ar 4 Fi^blp, 

Pues me dejaste, Teodoro, 

Sino el remedio mas sabio, 

Que aunque el dueño no mejoro. 

Hasta vengar el agravio; 

Y quédate á Dios, que y^ 

Me cansa el liablar contigo ; 

No venga Faliio, que está 

Medio casado conmigo. 
Teod. teida.. ífi^^^t W^ ^ v<>* 
Trist, Señora, señora, advierte. 

Que no es volver a quererte 

Dejar de haberte querido, 

Disculpa el buscarte ha sidp, 

Si ha sido culpa ofeiidert§. 

Óyeme, Marcela^ é mi. 
Marc, ¿Qué quiere^, TFÍ^^Q^ 
Trisr F»5'^ri« 



232 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



ESCENA X. 

Dichos, DIANA t ANARDA. 

An. Teodoro y Marcela aquí. 
Parece que el ver te altera 
Que estos se hablen así. 

Diana, Toma, Anarda, esta antepuerta, 
Y cubrámonos las dos ; 
Amor con zelos despierta. 

Marc. Déjame^ Tristan, por Dios. 
An, Tristan á los dos concierta, 
Que deben estar reñidos. 

Diana. El alcahuete lacayo 
Me ha quitado los sentidos. 

Trist. No pasó mas presto el rayo» 
Que por sus ojos y oidos 
Pasó la necia belleza 
De esta muger que le adora : 
Ya desprecia su riqueza, 
Que mas riqueza atesora 
Tu gallarda gentileza. 
Haz cuenta que fué cometa 
Aquel amor, ven acá, 
Teodoro. 

Diana. Brava estafeta 
Es el lacayo. 

Teorf. Si ya 

Marcela á Fabio sujeta, 
Dice que le tiene amor, 
¿Porqué me llamas, Tristan? 

Trist, Otro enojado. 

Teod, Mejor 

Los dos casarse podrán. 

Trist, ¿Tú también? ¡Bravo rigor! 
Ea, acaba, llega, pues. 
Dame esa mano, y después 
Que se hagan las amistades. 

Teod, Necio» ¿tú me persuades? 

Trist. Por mí quiere que le des 
La mano otra vez, señora. 

Teod. ¿ Cuándo he dicho yo á Marcela 
Que he tenido á nadie amor? 
Y ella me ha dicho... 

Trist. Es cautela 

Para vengar tu rigor. 

Marc, No es cautela, que es verdad. 

Trist. Calla, boba; ea, llegad. 
¡ Qué neciá)s estáis los dos ! 

Teod. Yo rogaba, mas por Dios, 
Que no he de hacer amistad. 

Marc, Pues á mí me pase un rayo. 

Trist. No jures. 

Marc. Aunque le muestre 

Enojo, ya me desmayo. 

Trist. Pues tente firme. 



Diana, \ Qué diestro 

Está el bellaco lacayo ! 

Marc, Déjame, Tristan, que tengo 
Que hacer. 

Teod, Déjala, Tristan. 

Trist, Por mí vaya. 

Teod. Tenia... 

Marc. Venga 

Mi amor. 

Trist. ¿Cómo no se van, 
Ya que á ninguno detenga? 

Marc. I Ay mi bien ! no puedo irme. 

Teod. NI yo, porque no es tan firme 
Ninguna roca en la mar. 

Marc. Los brazos te quiero dar. 

Teod, Si yo no era menester. 

Trist. Y yo á los tuyos asirme, 
¿Porqué me hiciste cansar? 

An. ¿Desto gustas? 

Diana. Vengo á ver 

Lo poco que hay que fiar 
De un hombre y una muger. 

Teod. ¿Ay qué me has dicho de afrentas! 

Trist, Yo he caído ya con veros 
Juntar las ahnas contentas. 
Que es desgracia de terceros. 
No sé concertar las ventas. 

Marc. Si le trocare, mi bien, 
Por Fabio ni por el mundo. 
Que tus agravios me den 
Muerte. 

Teod. Hoy de nuevo fundo, 
Marcela, mi amor también, 
Y si te olvidare digo. 
Que me dé el cielo en castigo 
El verte en brazos de Fabio. 

Marc. ¿Quieres deshacer mi agravio? 

Teod. ¿Qué no liaré por tí y contigo? 

Marc, Üi que todas las mugeres 
Son feas. 

Teod. Contigo es claro : 
Mira, ¿qué otra cosa quieres? 

Marc. En ciertos zelos reparo, 
Ya que tan mi amigo eres, 
Que no importa que esté aquí 
Tristan. 

Trist. Bien podéis por mí, 
Aunque de mi mismo sea. 

Marc. Di que la condesa es fea. 
Teod. Y un demonio para mí. 

Marc, ¿No es necia? 

Teod. Por lodo e.stren 

Mitre, ¿No es bachillera? 
Teod. Es cuitada. 

Diana. Quiero estorbarlos, que temo 
Que no reparen en nada, 



ACTO ÍI, ESCENA XIII. 



233 



B me hfelo me quemo. 
Ly señora! no hagas tal. 
Cuando queráis decir mal 
idesa y ta talle^ 
oíd. 

¿Escuchalle 
iSTergúenza igaalT 
Lo primero... 

Yo no aguardo 
indo^ que ítiera 

Voime, Teodoro. 
ise con reverencia Marcela.) 
La condesa... 

¿La condesa? 
¿Teodoro? 

Señora, advierte... 
El cielo á tronar comienza, 
) aguardar los rayos. 

{Vase Tristón,) 

ESCENA XI. 

JíA, TEODORO Y ANARDA. 

Anarda, un bufete llega, 
me Teodoro 
] de su letra^ 
indola yo. 

Todo el coraxon me tiembla, ap, 
9 que hablado habernos? 
Bravamente amor despierta, ap, 
elos á los ojos ; 
»te amase á Marcelo, 
» no tenga partes 
también me quiera, 
irlasen de mi. 
Ella murmura y se queja, 

yo, que en palacio 

á callar aprenda, 

jenen oidos, 

s tienen lenguas. 

Anarda con un bufeiillo pequeño 

üado de escribir,) 

te pequeño he traido, 

ibania... 

Llega, 
y toma la pluma. 
floy me mata ó me destíerra. 
Escribe. 

Di. 

No estás bien 
dilla en la tierra ; 
larda, una almohada. 
(o estoy bien. 

Pónsela, necia. 
^0 me agrada este favor ap. 



Sobre enojos y sospechas, 
Que quien honra las rodillas 
Cortar quiere la cabeza. 
Yo aguardo. 

Diana. Yo digo así. 

Teod. Mil cruces hacer quisiera. ap. 

{Siéntase ¡a condesa en una silla alta, 
ella dice^ y él va escribiendo,) 

« Cuando una muger principal se ha de- 
« clarado con un hombre humilde, es mu- 
« cho el término de volver hablarla otra, 
M mas quien no estima su fortuna quédese 
« para necio. » 

Teod, ¿No dices mas? 

Diana. ¿ Pues qué mas ? 

El papel, Teodoro, cierra. 

An, ¿Qué es esto que haces, señora.' 

Diana, Necedades de amor llenas. 

An. ¿ Pues á quién tienes amor? 

Diana. ¿Aun no lo conoces, bestia? 
Pues yo sé que le murmuran 
De mi casa hasta las piedras. 

Teod. Ya el papel está cerrado; 
Solo el sobrescrito resta. 

Diana. Pon, Teodoro, para tí, 

Y no lo entienda Marcela, 
Que quhá le entenderás 
Cuando despacio le leas. 

ESCENA XII. 

TEODORO, T DESPUÉS MARCELA. 

Teod. ¡ Hay confusión tan estraña ! 
I Qué aquesta muger me quiera 
Con paso como sangría, 

Y que tenga intercadencias 

El pulso de amor tan grandes ! 

Marc, ¿Qué te ha dicho la condesa, 
Mi bien?' que he estado temblando 
Detras de aquella antepuerta. 

Teod, Díjome que te quería 
Casar con Fabio, Marcela, 

Y este papel que escribí 

Es que despiicha á su tierra 
Por los dineros del dote. 

Marc. ¿Qué dices? 

Teod. Solo que sea 

Para bien, y pues te casas, 
Que de burlas ni de veras 
Tomes mi nombre en tu boca. 

Marc. Oye. 

Teod. Es tarde para quejas. 

ESCENA XIII. 

MARCELA. 
No, no puedo yo creer 



3^ 



EL PKI)RQ e^^ HQETEf.4N0. 



Qne aquesta la ocasión sea^ 
Favores de aquesta loca 
Le han hecho dar esta vuelta, 
Que el está como arcaduz, 
Que cuando le baja llena 
Del agua de su favor, 

Y cuando le su he meiígqa. 

¡ Ay de mi, Teodoro, ¡iigraip! 
Que luego que su grandeza 
Te toca al arma me olvidas, 
Cuando te quiere me dejas, 
r4uando te deja me quieres, 
¿Quien ha de tener paciencia? 

ESCENA XIV. 

MARCELA, EL Marques t FABIO. 

Ric. No puedo, Fablo, detenerme una 
Por tal merced le besaré las manos, [hofa, 

Fab. Dile, presto. Marcela, á mi señora, 
Que está el marques aquí. 

Mure. Zelos tjranps, op. 

Zelüs crueles, ¿qué (][uenls agora 
Tras tantos locos pensamientos vanos? 

Fab. ¿No vas? 

Jfarc. Ya voy. 

Fab, Pues dile que jia y^nj^p 

Nuestro nuevo señor, y su inarido. 

{Vase Marcela.) 

ESCENA XV. 

El Marques, FABlp y DIANA. 

Diana. ¿ Vueseñoria aquí ? 
Ric, Pues no era justo? 

Sí me envías con Fabio tal recado^ 

Y si después de aquel mortal disgusto 
Me elegís por maitdo y por criado; 
Dadme esos pies, que de manera el gusto 
De ver mi amor en tan dichoso estado 
Me vuelve loco^ que le tengo en poco. 

Si me contento ('X>n volverme loco. 
¿Cuándo pensé, señora, mereceros^ 
Ni llegar a mas bien que desearos? 

Diana, No acierto, aunque lo intento^ á 
responderos : 
¿Yo he enviado á llamaros ó es burlaros? 

Ric, Fabio, ¿qué es esto? 

Fab. ¿ Puedo yo (raeros 

Sin ocasión agora, n! llamaros 
Menos que de Teodoro prevenido? 

Diunn. Señor marques, Teodoro culpa ha 
Oyóme anteponer a Federicp, [sido : 

Vuestra persona, con ser primo hermano, 

Y caballero, generoso y rico, 

Y presumió que os d^ba ya la n^ano; 



A vuestia senpr|a |a 8i|p}ICQ 
Perdone aqq^slps necios. 

Ric. Fuera pn vano 

Dar á Fablo perdón, si i^p estuviera 
Adonde vuestra imagen le valiera, 
Désoos los pies por el favor, y espepq 
Que ha de vencer amp»' esta porfía. 

ESCENA XVI. 

DIANA Y FABIO. 

Diana. ¿Pareceos t)ien aquesto, qi^n- 

dero? 
Fab. ¿Porqué me culpa á mi vueseñoria? 
Diana. Llamad luego á Teodoro. ¡ Qué 11- 
Esie cansado pretensor venía, [gei o ap. 
Cuando me matan xelos del que adoro! 
Fab. Ya, señora, está aquj nuestro Teo- 
doro. (Kflw.) 

ESCENA XVII. 

DIANA Y TEODORO. 

Teod. Vacilondo entre mí mismo 
Una hora he estado leyendo 
Tu papel, y bien mirado. 
Señora, tu pensamiento, 
Hallo que mi cobardía 
Procede de tu respeto; 
Pero ya que soy culpado 
En tenerle como necio 
A tus muchas diligencias, 
Y así á decirme respelvo 
Que te quiero, y que es disculpa. 
Que con re.^peto te quiero; 
Temblando estoy, no tfi espantes. 

Diana, Teodoro, yo te lo creo, 
¿ Porqué no me has e querer. 
Si soy tu señora, y tengo 
Tu voluntad obligada, 
Pues te estimo y favorezco 
Mas que á los otros criados? 

Teod. Ese lenguaje no entiendo. 

Diana. No hay mas que entender, Teo- 



Nl pasar el pensamiento 
Un átomo de esta raya : 
Enfrena cualquier deseo, 
Que de una muger, Teodoro, 
Tan principal, y mas siendo 
Tus méritos tan humildes. 
Basta un favor muy pequeño 
Para que toda la vida 
Vivas honrado y contento. 

Teod. Cierto que vueseñoria 
(Perdóneme si me atrevo) 
Tiene en el Juicio 4 veces. 



[doro, 



ACTft U, KSfi^NA XIX. 



335 



SD el enten^|f^(e()to, 
los iqteryalQ^. 
ué puede ser bv^^o 
e dado esperanzas, 
tal estado ipe han puesto, 
I peso de mis dichas 
no salie, enfermo 
m^ eo una cama» 
u^ tratamos desto? 
do ve que me enfrio 
sa en un vivo fuego, 
io ve que me akaso 

de puro hielo; 
x^ coii lyiarcela, 
nela bien el cuento 
ro del qor(elqno : 
re al)rasada en z^lp$ 

case con Marcela; 
sndo que no la quiero, 
i quitarme el juicio, 
ictarme si duermo; 
ma p deje comer, 

yo no me sustento 
ranyas taq cansadas, 
o desde aquí vuelvo 
sr doode me quieren. 
2. Eso no, Teudoro, advierto 
ircela no ha de ser : 

qu^liquier sugeto 
t ojos, que en MarpeU 

remedio. 

¿No hay remedio? 
¡uiere yu^señorín, 
me quiere y la quiero, 
probar voluntades? 
» yo flp tpncf puesto 
ie DO tengo gusto 
to porei ageno? 
ro á Marcela, y ella 
ira, y es muy Honesto 
ñor. 

la. Picaro, Infame, 
de te maten luego. 
^ ¿Qué hace vuestra f^Mpria? 
la. Daros por sucio y grosero 
Dofe topes. 

Tentp. 

ESCENil ÍVHI* 

>s, FABIO T EL COHDE FEDERICO. 

. Bien dices, Fabio, pq entremos ; 

aejor es llegar: 

i mía, ¿qué es esto? 

w, ^Q ^8 uQda, tt\Q¡Qs qu^ p^Ran 

criados ^ dueños. 



Fed. ¿Quiere TU^tra señoría 
Alguna cosa ? 

Diana, No quiero 
Mas de hablaros en las mías. 

Fed. Quisiera venir á tiempo 
Que os hallase cqn mas gusto. 

Diana. Gusto, Federico, tengo, 
Que aquestas son niñerías; 
Entrad, y sabréis mi infento 
En lo que toca al marques. {Vase Diana.) 

Fed. Fabio, Fabio, yo sospecho fl;>. 

Que en estos disgustos hay 
Algunos ciertos secretos. 

Fab, No sé : por Dios ado^irado 
De ver, señor conde, quedo 
Tratar tan mal á Teodoro, 
Cosa que Jamas ha hecho 
La condesa, mi señora. ^ 

Fed, Bañóle de sangre el Uenio. 

ESCENA XIX. 

TEODORO T TRISTAN. 

Trist. Siempre tengo de venir 
Acabados los sucesos, 
Parezco espada cobarde. 

Teod, lAy Tristan! 

Trist, Señor, ¿qpé es et^tp? 

¿Sangre en el lienzo? 

Teod, Cqn sangre 

Quiere amor que de los zelos 
Entre la letra: 

Trist, Por Di03 

Que han sido felps n^uy necios. 

Teod. No te espantes, que está jpca 
De un amoroso de^eo; 

Y como el ejecutarle 

Tiene su honra por desprecio. 
Quiere de^baqer mi rostro. 
Porque es mi rostro el espejo 
A donde mira su honor, 

Y véngase en veile feo. 

Trist. Señor, que Ju^pa ó Lucía 
Cierren conmigo por ^eios, 

Y me rompan por las viñas 
El cuello que ellas uie dicrop : 
Que me repelen y arañen. 
Sobre averiguar por cierto 
Que le dice un p^o faUo. 
Yaya, es gente ue pandero, 
De media de cordellate 

Y de zapato frailesco; 
Pero que tan gran señora 
Se pierda tanto respeto 

A sí misma, es vil acción. 
Teod. No sé, TrisU^p, pjerdq ^1 seso 



3S6 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



De Ter qae me está adorando, 

Y qae me aborrece luego : 
No quiere que sea suyo 
Ni de Marcela^ y si dejo 
De mirarla, luego busca 
Para hablarme algún enredo. 
No dudes, naturalmente 

Es del hortelano el perro, 
Ni come, ni comer deja, 
Ni está fuera, ni está dentro. 

Trist. Contáronme que un doctof 
Catedrático y maestro. 
Tenia una ama y un mozo 
Que siempre andaban riñendo. 
Re&ian á la comida, 
A la cena, y hasta el sueño 
Le quitaban con sus voces. 
Que estudiar no habia remedio. 
Estando en lición un día, 
Fuéle forzoso corriendo 
Volver á casa, y entrando 
De Improviso en su aposento, 
Vio el ama y mozo acostados 
Con amorosos requiebros, 

Y dijo : gracias á Dios, 
Que una vez en paz os veo; 

Y esto imagino de entramlxm. 
Aunque siempre andáis riñendo. 

ESCENA XX. 

Dichos t DIANA. 

Diana. ¿Teodoro? 

Teod. ¿ Señora ? ¿ Es duende 

Esta muger? ap, 

Diana. Solo vengo 
A saber cómo te hallas. 

Teod. Ya no lo ves. 

Diana. ¿Estás bueno? 

Teod. Bueno estoy. 

Diana. Y no dirás 

A tu servicio. 

Teod. No puedo 

Estar mucho en tu servicio 
Siendo tal el tratamiento. 

Diana. \ Qué poco sabes ! 

Teod. Tan poco, 

Que te siento y no te entiendo. 
Pues no entiendo tus palabras, 

Y tus bofetones siento : 

Si no te quiero te enfadas, 

Y enojaste si te quiero: 
Escríbesme si te olvido, 

Y si me acuerdo te ofendo : 
Pretendes que yo te entienda, 

Y si te entiendo soy necio ; 



Mátame, ó dame la vida, 

Da un medio á tantos estremos. 

Diana. ¿Hicete sangre? 

Teod. ¿Pues no? 

Diana. ¿A dónde tienes el lienzo? 

Teod. Aquí. 

Dtona. Muestra. 

Teod. ¿Para qué? 

Diana. ¿Para qué? la sangre quiero: 
Habla á Octavio, á quien agora 
Mandé que te diese luego 
Dos mil escudos, Teodoro. 

Teod. ¿Para qué? 

Diana. Para hacer lienzos. 

ESCENA XXI. 

TEODORO Y TRISTAN. 

Teod. ¿Hay disparates iguales? 

Trist. ¿Qué encantamientos son estos? 

Teod. Dos mil escudos me ha dado. 

Trist. Bien puedes tomar al precio 
Otros tantos bofetones. 

Teod. Dice que son para lienzos, 
Y llevó el mío con sangre. 

Trist. Pagó la sangre, y te ha hecho 
Doncella por las narices. 

Teod. No anda mal agora el perro, 
Pues después que muerde halaga. 

Trist. Todos aquestos estremos 
Han de parar en el alma 
Del doctor. 

Teod. Quiéralo el cielo. 

ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de calle. 
FEDERICO, RICARDO t CELIO. 

Aic. ¿Esto vistes? 

Fed. Esto vi. 

Ric. Y qué, ¿le dió bofetones? 

Fed. El servir iiene ocasiones, 
Mas no lo son para mí. 
Que el poner una muger 
De aquellas prendas la mano 
Al rostro de un hombre, es llano. 
Que otra ocasión puede haber, 
Y bien veis que lo acredita 
El andar tan mejorado. 

Ric. Ella es muger, y él criado. 

Fed. Su perdición solicita. 



ACTO lU, ESCENA IV. 



237 



La altiyei y bixarria 
lame admiró, 
puede ser que yo 
' no Tiese aquel dfa. 
er caballos y pagea 
doro, y tantas galas, 
n si no nuevas alas? 
iados, oro y trages 

tuviera Teodoro 
ision tan notable. 

Antes que desto se hable 
HÁeBy y el decoro 
atra sangre se ofenda, 
10 sea verdad^ 
morir. 

Y es piedad 
ty aunque ella lo entienda. 

¿Podrá ser? 

Bien puede ser^ 
\j en Ñápeles quien vive 
, y en oro recibe 
! en sangre ha de volver; 
f mas que buscar un bravo, 
le despache luego. 

Por la brevedad os ruego. 
Hoy tendrá su justo pago 
mte atrevimiento. 

¿Son bravos estos? 

Sin duda. 

El cielo ofendido ayuda 
o justo pensamiento. 

ESCENA II. 

, FÜRIO. ANTONELO v URANO, 
os. T TRISTAN VESTIDO de küevo. 

/. Suelta, Antonelo. 

Lirano, 
que se nos defiende. 
. Denos aquí para vino, 

/. Si yo quisiere. 

Ha de querer, ó si no 
"án al alcahuete. 

t. Qué me han de dar, voto á Cristo, 
in de llevar desta suerte, 

(Mételo f d cuchilladas.) 
a vll^ voto á Dios. 

ESCENA III. 

DERICO, RICARDO y TRISTAN. 

Aqueste hombre es valiente, 
llámililie ese hidalgo. 

Oye usted. 
ti. Soy obediente. 



Ate. Aquí nos mueve. 

Trist, ¿Qué mandan? 

Ate. Solo vuestra valentía 
A que si acaso quisieseis 
Matar á un hombre, que yo 
Daré lo que justo fuere. 

Trist. Aquí me importa fingir; ap, 

A mi amo aquesta gente 
Quiere que mate. 

Fed. Si acaso 

El precio no es competente. 
Dé Ricardo este bolsillo. 

Trist. Pues con los muertos le cuente : 
¿Quién es este desdichado? 

Fe(/. Con Teodoro solamente 
Tenemos cierto rencor, 

Y queremos si ser puede 
Que usted le mate, el secreto 
Importa, y en esta tiene 
Para señal, que después 
Será lo que usted quisiere. 

Trist. Vayan con Dios, y descuiden, 

Y así á su Dios le encomienden. 

ESCENA IV. 

TRISTAN Y TEODORO. 

Trist, Señor, ¿á dónde has estado, 
Que ando rabiando por verte? 

Teod, Tristan, no sé de mí mismo, 
Porque vengo de tal suerte, 
Que por no morir, me voy 
Donde no me halle la muerte. 

Trist, Pues si de la muerte huyes, 
¿Porqué, dime, señor, quieres 
Que á ti la muerte te halle? 

Teod. Porque Diana lo quiere : 
¿Ves todo cnanto ayer dijo? 
Pues hoy, Tristan, me parece, 
Porque Marcela se goce 
De mi mal, juzgo que quiere, 
Que con Marcela me case. 

Trist. Pues dime, señor, qué quieres. 
Quéjate de tu fortuna 

Y no vengas con vaivenes, 

Si me ausento ó no me ausento, 
Si voy á buscar la muerte, 
Por no morir á sus ojos, 
Porque Marcela me quiere; 
Deja á Marcela, señor. 
Que con la condesa puedes 
Apretar de rempujón, 

Y venga lo que viniere. 

Teod, ¿Cómo si no soy su igual? 
Trist. ¿Cómo? muy bien, de esta suerte : 
Dis que el conde Ludovico 



238 



EL PERRO BEL HORTELANO. 



Envió uu hijo, habrá años veinte^ 

A Malta, y lo cautivaron, 

De tu mismo nomhre> y puedes 

En fe de que eres su hijo 

Casarte. 

Teod. Si lú pudieres 
Hacer que fue«e su hijo, 

Y que él mi padre fuese, 
Fácil sería el cusarme; 
Pero temo no nos cueste 

A los dos, ó que nos maten, 
O que á galeras nos echen. 

Trist. Déjale todo á mi cargo, 
Porque yo lo haré de 8uerte> 
Que seas conde, aunque yo 
Venga á ser tu confidente; 
Pero dejando esto á un lado, 
Sabe que matarte quieren. 

Teod, Matarme á mí, ¿quién, Trlstan? 

Trist. En este bolsillo vienen 
Testigos de asesinato; 
Ricardo y Federico , 

Teod. Tente, 

Porque sale la condesa. 

Trist, Ya te diré de qué suerte 
Fué el concierto : yo me voy. 

Teod, Dios te guarde. 

Tri^t. Con él quedes. 

ESCENA Vt 
TEODORO V DIANA. 

Diana, ¿ Estás ya mas mejorado, 
De tus tristezas, Teodoro? 

Teod, Si en mis tristezas adoro 
Sabré estimar mi cuidado. 
No quiero yo mejorar 
De la enfermedad que tengo, 
Pues solo á estar triste vengo 
Cuando imagino sanar. 
¡ Bien hayan males que son 
Tan dulces para sufrir ! 
Que se ve un hombre morir, 

Y estima su perdición. 
Solo me pesa, que ya 
Esté mi mal en estado. 
Que he de alejar mi cuidado, 
De donde su dueño está. 

Dia'*a. Ausentarte, ¿pues por \\\iél 

Teod, Quiérenme matar. 

Diana» Sí hnrán. 

Teod, Envidia á mi mal tendrán, 
Que bien al principio fué; 
Con está ocdsion te pido 
Licencia para irme á España. 

Diana. Será género de hizaiia 



De un hombre tili éhtehSldb, 
Q\je con eso quitarás 
La ocasión de tus enojos ; 

Y aunque des agua á mii ojo.s. 
Honra á mi casa darás; 

Que desde aquel bofetón^ 
Federico me ha tratado 
Como zeloso, y me ha dado 
Para dejarte ocasión. 
Vete á España, que yo haré 
Que te deti seis mil escudos. 

Teod. Haré tus contrarios múdbs 
Con mi ausencia : dame éi pie. 

Diana. Anda, Teodoro, nb tt\n^, 
Déjame, que soy muger. 

Teod, Lloras, (mas qtlé puedo hacer? 

Diana, En fln^ Teodoro^ ¿te vas? 

Teod. Si señora. 

Diana, Espera... vete... 

Oye. 

Teod. ¿Qué me mandas? 

Diana. Néda ; 

Vete. 

Teod. Voime. 

Diana. Estoy turbada : 

¿Hay tormento que Inquiete 
Como una pasión de amor? 
¿No eres ido? 

Teod. Ya, señora, 

Me voy. (Vase.) 

Diana. Buena quedo agora ; 
Maldígate Dios, honor : 
Temeraria invención fuiste; 
Tan opuesta al propio gusto^ 
¿Quién te inventó? mns fué juátu, 
Pues que tu freno resiste 
Tantas cosas tan mal hechas. 
{Saie Teodoro.) 

Teod. Vuelvo á saber si hoy podre 
Partirme. 

Diana. Ni yo lo sé 
Ni tú, Teodoro, sospechas 
Que me pesa de mirarte, 
Pues que te vuelves aquí. 

Teod. Señora, vuelvo por mí, 
Que no estoy en otrn parte, 

Y como nié he de llevar, 
Vengo para que me des 
A mí mismo. 

Diana. SI después 
Te has de volver á buscar, 
No me pidas que te dé ; 
Pero vete, que el amor 
Lucha con mi noide honor, 

Y vienes tú á ser traspié. 
Vete^ Teoderov de aqui^ 



ACtO 111^ ESCENA till. 



259 



las, aunque (yoedáfij 
é que si te quedas 
leves á mí. 
Quede vuestra se noria 

. Maldita ella sea, 
quita que yo sea 
el alma quería. 

(Vase Teodoro.) 

ESCEIVA VI. 

DIANA. 

quedo ya sin quien 
le aquestos ojos ; 
itan sus enojos, 
ira mal, llore bien, 
s os habéis puesto 
tai desigual, 
mirar tan mal, 
>y la culpa desto, 
oren, que también 
J mal llorar los ojos ; 
itan sus enojos, 
ira mal, llore bien, 
tendrán ya pensada 
pa para todo, 
pone en el lodo 
! pega nada; 
;n es que no den 
: cesad^mis ojos; 
tan sus enojos, 
ra mal, llore bien. 

ESCENA VII. 

DIANA Y MARCELA. 

SI puede la conQahzn 
os de servir e, 
neiitc pedirte 
istamente alcanza ; 
o te ha venido 
)n de mi remedio, 
lo tierra enmedlo, 
: si te he ofendido. 
¿l)e tu remedio, Marcela? 
ision? que aquí estoy. 
Dicen que se parte hoy 
ros que recela, 
i España, y con di 
isada enviarme, 
erme, es remediarme. 
¿Sabes tú que querrá él? 
¿Pues pfiiiérate yo á tí 
satisfuccion, 
en esta ocnlon? 



up. 



Diana, ¿Hasle Hablado t 

Marc. Y él á mí. 

Pidiéndome lo que digo. 

Diana. \ Qué á propósito me Tiene ap. 
Esta desdicha! 

Marc. Ya llene 

Tratado aquesto conmií^o 

Y el modo con que podemos 
Ir con mas comodidad. 

Diana, ¡Ay necio honor ! perdonad, ap. 
Que amor quiere hacer estri^moB; 
Pero no será razón ; 
Pues que podéis remediar 
Fácilmente este pesar. 

Alare. ¿No tomas resolución? 

Diana, No podré vivir sin tí, 
Marcela, y haces agravio 
A mí amor y aun al de Fablo, 
Que sé yo ador tren tí : 
Yo te casaré con él, 
Deja partir á Teodoro. 

Mavc, A Fablo abort-etco, adoro 
A Teodoro. 

Diana, iQuc cruel 
Ocasión de declararme ! 
Mas teneos, loco amor. 
Fabio te estará mejor. 

Afftrc. Señora. 

Diana. No hay replicarme. ( Ktííe. 

Marc. Vuelve vano pensamiento 
Atrás tus pasos airados, 
Que con zelos declarados 
Será suspiros mi aliento. 

ESCENA VIH. 

El conde LUDOVICO y CAMILO. 

Cam. Para tener sucesión, 
No te queda otro remedio. 

Lud. Hay muchos años en medio, 
Que mis enemigos son, 

Y aunque tiene esa disculpa 
El casar e en la vejez, 
Quiere el temor ser juez, 

Y ha (le averiguar la culpa ; ^ 

Y podría suceder. 

Que sucesión no alcanzase^ 

Y casado me quedase, 

Y en un viejo una muger 
Es en un olmo una hiedra. 
Que aunque con tan varios lazo 
La cubre de sus abrazos, 

Él se seca y ella medra, 

Y tratarme casamientos. 
Es traerme á la memoria, 
Camilo^ mi antigua historia, 



240 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Y renovar mis tormentos, 
Esperando cada dia 

Con engaños á Teodoro : 
Veinte años ha que le lloro. 

{Sale un page.) 
Page. Aquí á vuestra señoría 
Busca un griego mercader. 

ESCENA IX. 

Dichos, TRISTAN vestido de armenio, 

CON UN TURBANTE GRACIOSAIIENTE , T 
FURIO CON OTRO. 

Lud, Di que entre. 

Trist. Dame esas manos, 

Y los cielos soberanos 
Con su divino poder 

Os den el mayor consuelo 
Que esperáis. 

Lud, Seáis bien venido, 

¿Mas qué causa os ha traido 
Por este remoto suelo ? 

Trist. De Constantinopla vine 
A Chipre, y della á Venecia 
Con una nave cargada 
Con ricas telas de Persia. 
Acordéme de una historia, 
Que algunos pasos me cuesta, 

Y con deseo de ver 

A Ñapóles, ciudad bella. 
Mientras allá mis criados 
Van despachando las telas. 
Vine como veis aquí. 
Donde mis ojos coniíesan 
Su grandeza y hermosura. 

ÍMd, Tiene hermosura y grandeza 
Tíápoles. 

Trist. Así es verdad : 
Mi padre, señor, en Grecia 
Fué mercader, y en su trato 
El de mas ganancia era 
Comprar y vender esciavos; 

Y asi en la feria de Azteclias 
Compró un niño, el mas hermoso 
Que vio la naturaieza. 

Por testigo de poder 
Que le dio el cielo en la tierra. 
Vendíanle algunos turcos, 
Entre otra gente bien puesta, 
A unas galeras de Malta, 
Que las de un bajá turquescas 
Prendieron en Cefalonia. 

Lud. Camilo, el abna me altera. 

Trist. Aficionado al rapaz. 
Compróle, y llevóle á Armenia, 



Donde se crió conmigo 

Y una hermana. 

Lud. Amigo, espera, 

Espera, que me traspasas 
Las entrañas. 

Trist. ¡Qué bien entra! ap 

Lud. ¿Dijo cómo se llamaba? 

Trist. Teodoro. 

Lud. \ Ay cielos, qué fuerza 

Tiene la verdad de oírte ! 
Lágrimas mis canas riegan. 

Trist. Serpalitonia, mi hermana, 

Y este mozo, nunca fuera 
Tan bello, con la ocasión 
De la crianza que engendra 
El amor que todos saben, 
Se amaron desde la tierna 
Edad, y á diez y seis años 

De mi padre en cierta ausencia, 
Ejecutaron su amor, 

Y crecía de suerte en ella, 
Que se le echaba de ver, 
Con cuyo temor se ausenta 
Teodoro, y para partir, 

A Serpalitonia deja. 
Catiborrato, mi padre. 
No sintió tanto la ofensa. 
Como el dejarie Teodoro. 
Murió en efecto de pena, 

Y bautizamos su hijo. 

Que aquella parte de Armenia 
Tiene vuestra misma ley, 
Aunque es diferente iglesia : 
Llamamos al bello niño, 
Termaconio que queda, 
Un bello rapaz agora. 
En la ciudad de Tepecas. 
Andando en Ñapóles yo 
Mirando cosas diversas, 
Saqué un papel, en que tr^e 
Deste Teodoro las señas, 

Y preguntando por él, 

Me dijo una esclava griega 
Que en mi posada servia : 
«Cosa que ese mozo sea 
El del conde Ludovico? 
Dióme el alma una luz nueva, 

Y doy en que os he de hablar, 

Y por entrar en. la vuestra. 
Entré, según me dijeron. 
En casa de la condesa 

De Belflor, y al primer hombre 
Que pregunto... 

Lud. Ya me tiembla 

El alma. 

Trist. Veo á Teodoro. 



ACTO III, ESCENA XI. 



241 



(A Teodoro! 

£1 bieo qolBiera 
pero DO pndo, 
t poco, y era faena, 
ú estar ya barbado 
guna diferencia. 
I él, asile en fin, 
e, aunque con yergüenza, 
que no dijese 
en casa quién era, 
el baber sido esclavo 
! alguna sospecha. 
Si yo he sabido 
s hijo en esta tierra 
ítulo, ¿porqué tienes 
lYitud por bajeza? 
&n burla de mi, 
r ver si concuerda 
3ria con la que digo, 
Ferte, y que tengas, 
trdad que este es tu hijo, 
nieto alguna cuenta; 
Itas que mi hermana 
á Ñapóles venga, 
I tratar casarse, 
t le sobra nobleza, 
rque Termaconio 
stre abuelo tenga. 
Dame mil veces tos brazos, 
alma con sus potencias 
verdadera tu historia 
egocijo muestran : 
del alma mia, 
ntos años de ausencia 
para mi bien. 
, i qué me aconsejas? 
rerlo y conocerle ? 
¿ Eso dudas ? parte, vuela, 
e vida á sus brazos 
ños de tus penas. 
Amigo, si quieres ir 
o, será mas cierta 
a: si descansar, 
;uardando te queda, 
t por tanto bien 
i casa y hacienda, 
puedo detenerme. 
. Yo dejo, puesto que cerca, 
diamantes que traigo, 
iré cuando vuelvas, 
de aquí , Mercaponies. 
Andemis. 

; Estrena lengua ! 
Vente, Camilo, tras mí. 
Vamos, señor. 

Bien se empieza 



El engaaifo. 
Fur, Muy bonis. 

ESCENA X. 

TRISTAN T FÜRIO. 

Trift ¿Trasponen? 

Fur, El viejo vuela 

Sin aguardar coche ó gente. 

Trist. ¿Cosa que esto verdad sea, 
Y que este fuese Teodoro ? 

Fur. ¿ Mas si en mentira como esta 
Hubiese alguna verdad ? 

Trist, Estas almalafas lleva. 
Que me importa desnudarme, 
Porque ninguno me vea 
Délos que aquí me conocen. 

Fur, Desnuda presto. 

Trist. i Qué pueda 

Esto el amor de los hijos ! 

Fur. ¿ A dónde te aguardo ? 

Trist. Espera, 

Furio, en la haza del olmo. 

Fur. A Dios. [Vase Furio.) 

Trist, i Qué tesoro llega 

Al ingenio ? aquí debido 
Traigo la capa revuelta. 
Que como medio sotana 
Me la puse, porque hubiera 
Mas lugar en el peligro 
De deijar en una puerta 
Con el armenio turbante 
Las sopalandas gregüescas. 

ESCENA XL 

TRISTAN, RICARDO t FEDERICO. 

Fed, Digo que es este el matador 
valiente 
Que á Teodoro ha de dar muerte segura. 

Ric. Ah ! hidalgo, ¿ así se cumple entre 
la gente 
Que honor profesa y que opinión procura , 
Lo que se prometió tan fácilmente? 

Trist, Señor. 

Fed. ¿ Somos nosotros por ventura 
De los iguales vuestros ? 

Trist. Sin oírme 

No es justo que mi culpa se confirme. 
Yo estoy sirviendo al mísero Teodoro, 
Que ha de morir por esta mano airada, 
Pero puede ofender vuestro decoro 
Públicamente ensangrentar mi espada. 
Por única virtud, estén muy ciertos 
Que le pueden contar ya con los muertos, 
Y no se precipiten de esa suerte, 
16 



242 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Qoe yo sé cuando le he de dar la muerte^ 

Fed» Paréceme, marques^ que el hom- 
bre acierta ; 
Ya que le sirve, ha cementado el caso. 
No dudéis, matarále. 

Ric, Góéa éé derta, 

Por muerto le contad. 

Fed. Hablemos paso. 

Trist, En tanto que esta muerte se con- 
Vneseñorias no tendrán acaso [cierta^ 
Cincuenta escudos^ que comprar quería 
Un rocín que yolase el mismo dia. 

Ric, Aquí los tengo yo, tomad seguro 
De que en saliendo con aquesta empresa 
Lo menos es pagaros. 

Trist. Yo aventuro 

La vida^ que servir buenos profesa i 
Con esto á Dlos^ que no me vean procuro 
Hablar desde el balcón de la condesa 
Con vuestras sefioi-ías. 

Fed. Sois discreto. 

TrisL Ya lo verán al tiempo del efetoi 

Fed, firavo es el hombre. 

Ric. Astuto é Ingenioso. 

Fed, ¿ Qué bien le ha de matar? 

Ric. Notablemente. 

ESCENA ÍLII. 

RICARDO, FEDERICO t CBtlO. 

Cel. I Hay caso mas estf año y fabuloso í 

Fed, ¿Qué es esto, Celio? j dónde vas? 
detente. 

Cel, Un suceso notable y riguroso 
Para los dos : ¿ no veis aqueUa gente 
Que entra en casa del conde Ludovico ? 

Ric, iÉ9 iniieHof 

Celt Que me escuches te suplico. 

A darle van el parabién contentes 
De haber hallado un hyo que ha perdido. 

Fed. i PuM qué puede ofender nuestros 
intentos 
Que le haya esa ventura sucedido? 

Ce/. 4 No importa á ios secretor pensa- 
mientos 
Que con Diana habéis los dos tenido^ 
Que sea aquel Teodoro su criado 
Hijo del conde? 

Ric, kl alma me has turbado i 

¿Hijo del conde? ¿pues de qiié manera 
Lo ha venido á saber ? 

Cel, fes larga historia^ 

Y cuéntala tan varia, que no hubiera 
Para tomarla tiempo ni memoria. 

9ed. íK quién mayor desdicha ha 8ii« 
cedido? 



Ric. Trocóse en pena mi esperada gloria. 
Fed. Yo quiero ver lo que es. 
Ric. Yo, conde, os sigo. 

Cel. Presto veréis que la verdad os digo. 

EStfiNA XIII. 

TEODORO DE CAiiKtí T MARCELA. 

Marc. ¿ En fin, Teodoro, te vas f 
Teod, Tú eres causa de esta auseneta. 

Que en desigual competencia 

No resulta bien jamas. 
Marc. Disculpas tan falsas das 

Como tu engaño lo ha sido^ 

Porque haberme aborrecido 

Y haber amado á Diana^ 
Lleva tu esperanza vana 
Solo á procurar su olvidoi 

Teod. ¿ Yo á Diana ? 

More, Tarde nieias^ 

Teodoro^ el loco deseo 
Con que perdido te veo 
De atrevido y de cobarde i 
Cobarde en que ella se guarde 
El respeto que se debe^ 

Y atrevido pues se atreve 
Tu bajeza á su vaÍor« 

Que entre el honor y el amor 
Hay muchos montes de nieve. 
Vengada quedo de ti, 
Aunque quedo enamoradaí 
Porque olvidaré vengadaí 
Que el amor olvida así t 
Si te acordares de mí| 
Imagina que te olvido 
Porque me quieras^ que ha sido 
Siempre, porque suele haoer 
Que vuelva un hombre á qaerer 
Pensar que es aborrecldoi 

Teod. \ Qué de quimeras tan íoeaS 
Para casarte con Fabio ! 

Marc, Tú me casas, que el agravio 
De tu desden me provoca. 

ESCENA XlVt 

DicHOÉ t rAmo. 

Fab, Siendo las horas tan pocas 
Que aquí Teodoro ha de estar^ 
Bien haces, Marcela, en dar 
Ese descanso á tos ojos. 

Teod. No te den zelos enojos 
Que han de pasar tanto mar. 

Fab. i En fin, te vas ? 

Teod, ¿No lo res? 

Fah. MI señora viene á verte. 



ACTO ill^ ESCENA XVI. 



U% 



ESCENA XV. 

DIANA, DOROtEA t ANARDA. 

¿ Ya, Teodoro, dé esta suerte ? 
Mas quisiera en los pies, 
las, señora, espuelas. 
¿ Ola, está esa ropa á punto f 
do está apretado y Junto. 
£n ña, se va ? 

¿Y tú mécelas? 
Oye aqoi aparte. 

Aquí estoy [ap, los des.) 
icio. 

Teodoro, 
-tes, yo te adoro. 
Por tus crueldades ine Yoy. 

Soy quién sabes ; ¿ qué he de 
I Lloras ? [hacer? 

No, que me ha caldo 
08 ojos. 

i Si há sido 

Sí debe de ser, 
cho aotes cayó, 
salir quería. 
Yo me voy, señora mía, 
)y, el alma no : 
tengo de ir, 
al serviros falta, 
ermosura tan alta 
18 se ha de servir* 
mandáis ^ porque yo 
tro. 

¡ Qué triste día ! 
ío me voy, señora mia, 
»y, el alma no. 
¿ Lloras ? 

No, que me ha caído 
30 á tí, en los ojos. 
Deben de ser mis enojos. 
Eso debe de haber sido. 
Mil niñerías te he dado 
I haul hallarás : 
no puedo mas; 
eres» ten cuidado 
: como á despojos 
1 tan tirana, 
poso Diana 
mas de sus ojos, 
rdidos los dos están* 
Qué mal se encubre el amor ! 
ledarse fuera mejor : 

S rendas se dan. 
íaoa ha venido á seí* 
del HortetanOi 



An, Tarde le toma la mano. 
Dor. O coma, ó deje comer. 

ESCENA XVI. 

DltttdS Y EL CORDB LtJDOVICO. 

Lud. Bien puede el regocijo dar lisencia^ 
Diana Ilustre, á un hombre de mis aflotí 
Para entrar de esta suerte á visitaros* 

Diana, Señor eonde» ¿ qué es esto? 

Lud. 4 Paet vos 8oHI 

No sabéis lo qne sabe toda Nápolés, 
Que en un instante que llagó la hueva» 
Apenas me han dcijado por las callesi 
Ni he podido llegar á ver mi h^o ? 

Diana* ¿ Qué hijo , que no entiendo el 
regocijo P 

iMd, i Nunca voeseñoría de mi historia 
Ha tenido noticia, ó que ha veinte años 
Que enviaba un niño á Malta con so tío, 
Y que le cautivaron las galeras 
De Ali Bajá? 

Diana. Sospecho que me liaa dicho 
Este soeeao vuestro. 

Lud* Poet el eielo 

Me ha dado é eonooer el h^o mió 
Después da mil fortunas que ha pasado* 

Diana. Con justa causa, oonde, me ha- 
Tan buena nueva. [beis dado 

Lud, Voa> señora oiia. 

Me habéis de dar en cambio de la nneta 
Él h^o mió, que sirviéndoos vive 
Bien descuidado de que soy su padres 
I Ay si le viera su dlhinta madre 1 

Dianüi i Vuestro hijo me sirve ? ¿ es 
t''abÍo acaso ? 

Lud. No señora, no es Pablo, que es 

Diana. ¿ TeoddiD ? [Teodoro. 

Lud. Sí señora. 

téod. ¿ Cómo és ésto? 

Diana, ttáblá, Teodoro, i\ és tü padre el 

Lud. ¿ Luego es aqueste ? [eontle. 

Teodi Señor oonde, advierta 

Vueseñoría... 

Lud. No h&y que advertir, 

Hijo de mis entrañas, sino solo 
El morir en tus brazos. 

Diana, \ Caso estrafiot 

Án. Ay, señora, j Teodoro es caballero 
Tan principal y de tan alto estado? 

Teod, Señor, yo eatoy sin alma de tar^ 
¿Hijo soy vuestro ? [bado : 

Lud. Cuando lio tuviera 

Tanta segurídad, el verte fuera 
De todas la mayor, que parecido 
A cuando mozo fui. 



244 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Los piéñ te pido, 



Teod. 

Y te saplico... 
Lud. No me digas Dada^ 

Qae estoy faera de mí: ¡qué gallardía! 
¡ Dios te bendiga^ qué real presencia ! 
i Qué bien que te escribió naturaleza 
En la cara, Teodoro^ la nobleza I 
Vamos de aquí : Ten luego^ luego toma 
Posesión de mi casa y de mi hacienda^ 
Ven á yer esas puertas coronadas 
De las armas mas nobles de este reino. 
Teod. Yo estaba de partida para España, 

Y así me importa. 

Lud, i Cómo España ? 

Bueno : España son mis brazos. 

Diana. Yo os suplico, 

Señor conde^ dejéis aquí á Teodoro 
Hasta que se reporte, y en buen hábito 
Vaya á reconoceros como hijo : 
Que no quiero que salga de mi casa 
Con aqueste alboroto de la gente. 

Lud, Habláis como quien sois tan cuer- 
damente^ 
Dejarle quiero por un breve instante; 
Mas porque mas rumor no se levante. 
Me iré^ rogando á vuestra señoría 
Que sin mi bien no me anochezca el dia. 

Diana. Palabra os doy. 

Lud, A Dios, Teodoro mió. 

Teod, Mil veces beso vuestros pies. 

Lud. Camilo^ 

Venga la muerte agora. 

Cam. i Qué gallardo 

Mancebo que es Teodoro ! 

Lud. Pensar poco 

Quiero este bien, por no volverme loco. 

ESCENA XVII. 

Dichos, menos el Conde, t llegan toms 
LOS CRUDOS T TEODORO. 

Fab. Danos á todos las manos. 

An, Bien puedes por gran señor. 

Dor. Hacemos debes favor. 

Jíorc. Los> señores que son llanos 
Conquistan las voluntades^ 
Los brazos nos puede dar. 

Diana. Apartaos, dadme lugar. 
No le digáis necedades; 
Déme vuestra señoría 
Las manos, señor Teodoro. 

Teod, Agora esos pies adoro, 
Y sois mas señora mia. 

Diana. Salios todos alli^ 
Dijadme con él un poco. 

iíorc. ¿Qué dices, Fabio? 



Fab. Estoy loco. 

Dor. ¿ Qué te parece r 

An. Que ya 

Mi ama no querrá ser 
El Perro del Hortelano. 

Dor. ^Comerá ya? 

An. ¿Pues no es llano? 

Dor, Pues reviente de comer. 

ESCEIVA XVIIL 

DIANA T TEODORO. 

Úiana, ¿ No te vas á España ? 

Teod, ¿Yo? 

Diana. ¿ No dice vueseñoría 
Yo me voy, señora mia. 
Yo me voy, el alma no P 

Teod. ¿ Burlas de ver los favores 
De la fortuna r 

Diana. Haz estremos. 

Teod. Con igualdad nos tratemos 
Como suelen los señores. 
Pues todos los somos ya. 

Diana. Otro me pareces. 

Teod, Creo 

Que estás con menos deseo, 
Pena el ser tu igual te da, 
Quisiérasme to criado. 
Porque es costumbre de amor 
Querer que sea inferior 
Lo amado. 

Diana. Estás engañado, 
Porque agora serás mió, 

Y esta noche he de casarme 
Contigo. 

Teod. No hay mas que danne^ 
Fortuna, tente. 

Diana. Confio, 

Que no ha de haber en el mondo 
Tan venturosa muger. 
Vete á vestir. 

Teod. Iré á ver 

El mayorazgo que hoy fundo, 

Y este padre que me hallé, 
Shi saber cómo ó por dónde. 

Diana, Pues á Dios, mi señor conde. 
Teod. A Dios, condesa. 
Diana* Oye. 

Teod. I Qué ! 

Diana. ¿ Qué P ¿Pues cómo á sa seño 
Así responde un criado r 
Teod, Está ya el Juego trocado, 

Y soy yo el señor agora. 

Diana. Sepa que no me ha de dar 
Mas zeiitos con Marcela, 
Aunque este golpe le duela. 



ACTO 111, ESCENA XXII. 



Ut 



No no6 solemos bijar 
tres á querer 
Jas. 

Tenga cuenta 
ue dice. 

¿Es afrenta? 
.¿Pues quién soy yo? 

Mi muger. (Vase.) 
. No hay mas que desear, tente, 
ijo Teodoro^ tente, tente, [fortuna, 

ESCENA XIX. 

NA, FEDERICO T RICARDO. 

En tantos regocijos y alborotos 
I parte á los amigos? 

Tanta 
roeseikM-ías me pidieren. 
>eser tan gran señor vuestro criado 
dimos. 

:. Yo pensé, señores, 

liedis, con que licencia os pido 
eodoro conde y mi marido. 

ESCENA XX. 

:URDO, FEDERICO, t lpbgo 
TRISTAN. 

Qué os parece aquesto? 

Estoy sin seso. 

si le hubiera muerto este picaño ! 
Vetsle, aquí Tiene. 

Todo está en su panto ; 
a, que pueda un lacaifero 
alborotar toda Ñápeles, 
'ente, Tristan, ó como te apellidas. 
Bien se ha echado de ?er. 

Hecho estOTiera, 
r conde, de hoy acá este muerto, 
ties eso importa. 

Al tiempo que el concierto 
los trecientos solamente 

1 matar, como fué llano, 
loro^ criado^ mas no conde; 
conde, es cosa diferente 

¡nester que el galardón se aumente, 
I costa tendrá matar un conde, 
Jt> ó seis criados que están muertos^ 
hambre, y otros de esperanzas, 
eos de envidia. 

¿Cuánto quieres, 
B esta noche? 

Mil escudos. 
(o los prometo. 

Alguna señal quiero. 
¡fUeadma. 



Trist. Cuenten el dinero. 

Fed. Yo Yoy á prevenUlo. 
Trist YoámataUe: 

Oyen. 
Ric. ¿Qué quieres mas? 
Trist. Todo hombre calle. 

ESCENA XXI. 

TEODORO Y TRISTAN. 

Teod. Desde aquí te he visto hablar 
Con aquellos matadores. 

Trist, Los dos necios son mayores. 
Que tiene tan gran lugar: 
Esta cadena me ha dado, 
Mil escudos prometido 
Porque hoy te mate. 

Teod. ¿Qué ha sido 

Esto que tienes traxado. 
Que estoy temblando^ Tristan? 

Trist. Si me vieras hablar griego 
Me dieras^ Teodoro, luego 
Mas que estos locos me dan : 
Por vida mía que es cosa 
Fácil el gregorizar; 
¿Ello en fin es mas de hablar? 
Mas era cosa donosa. 
Los nombres que le decia: 
Aztedias, Ca ti bórralos, 
Serpalitonia, Jipato, 
Atecas, Filiamoclla, 
Que esto debe de ser griego ; 
Como ninguno lo entiende, 

Y en fin, por griego se vende. 
Teod, A mil pensamientos llego, 

Que me causan gran tristeza. 
Pues si se sabe este engaño. 
No hay que esperar menos daño 
Que cortarme la cabeza. 

Trist. ¿Agora sales con estoP 

Teod. Demonio debes de ser. 

Trist. Deja la suerte correr; 

Y espera el fin del suceso. 
Teod. La condesa viene aquí. 
Trist, Yo me escondo no me vea. 

ESCENA XXII. 

TEODORO, DIANA t TRISTAN al paüo. 

Dinna. ¿No eres Ido á ver tu padre, 
Teodoro? 

Teod. Una grave pena 
Me tiene, y finalmente 
Vuelvo á pedirte licencia 
Para proseguir mi intenta 
De Irá España. 



\ t46 



EL PERRO DEL HORTELANO. 



Diana. Si Marcela 

Te ha vuelto á tocar el arma^ 
Muy Justa disculpa es esa. 

Teod. ¿Yo Marcela? 

Diana, ¿ Pues qué tienes ? 

Teoé, No es eosa para ponerla 
Desde mi boca á tu oí(]q. 

Diana. Habla, Teodoro^ aunque sea 
Mil veces oontra mi bonor, 

Teod. Tristan, á quien hoy pudiera 
Hacer el engaño estatuas^ 
La industria versos, y Greta 
Rendir laberintos, viendo 
Mi amor^ mi interna tristeía. 
Sabiendo que Ludovico 
Perdió un hijo, esta quimera 
Ha levantado conmigo, 
Que soy hijo de la tierra 

Y no he conocido padre, 

Mas que mi ingenio, mis letras 

Y mi pluma; el conde cree 
Que lo soy, y aunque pudiera 
Ser tu marido y tener 
Tanta dicha y tai grandexa, 
Mi nobleza natural 

Que te engañe no me deja; 

Porque soy naturalmente 

Hombre que verdad profesa : 

Con esto para ir á España 

Vuelvo á pedirte licencia, 

Que no quiero yo engañar 

Tu amor, tu sangre y tus prendas. 

Diana. Discreto y necio has andado. 
Discreto en que tu nobleza 
Me has mostrado en declararte, 
Necio en pensar que lo sea. 
En dejarme de casar, 
Pues he hallado á tu bajeza 
El color que yo quería, 
Que el gusto no está en grandesai. 
Sino en ajustarse al alma 
Aquello que se desea. 
Yo me he de casar contigo, 

Y porque Trlstan no pueda 
Decir aqueste secreto. 

Hoy haré que cuando duerma 

En ese pozo de casa (detrás del paño) 

i^e sepulten. 

Trist. Guarda fuera. 

Diana. ¿Quien habla aquí? 

Trist. ¿Quien? Trlstan, 

Que justamente se queja 
De la ingratitud mayor 
Que de mugeres se cuenta, 
Pues siendo yo vuestro gozo, 
Aunque nun^a yo lo fuera, 



En el pozo me arrojáis. 

Diana. ¿Qué lo has oído? 

Trist. No crcíifi 

Que me pescarás el cuerpo. 

Diana. Vuelve. 

Trist. ¿Qué 7uelv9? 

Diana. Que vui 

Por el donaire te doy 
Palabra de que no tengas 
Mayor amiga en el mundo ; 
Pero has de teqer secreta 
Esta invención, pues es tuya. 

Trist. ^ me iinporta que |o sea, 
¿No quieres que calle? 

Teod. Escucha, 

¿Qué gent^, y qué grita es estaT 

PSCENA x%m. 

Dichos, el conde LUDOVICO, FED^I 
RICARDO, CAMILO. PABIO, ANA 
DOROTEA y MARCELA. 

Ric. Queremos acompañar 
A vuestro hijo, 

Fed. La bella 

Ñapóles ^t4 esperando 
Que salga junto á la puerta. 

Lud. Con licencia de Diana 
Una carroza te espera, 
Teodoro, y junta á cab^llq 
De Ñapóles la nobleza. 
Ven, hijo, á tu propia casa 
Tras tantos años de ausencia. 
Verás adonde naciste. 

Diana. Antes qqe salga y la vea, 
Quiero, conde, que sepáis 
Que soy su muger. 

Lud. Detenga 

La fortuna en tahto bien 
Con clavo de oro la rueda. 
Dos hijos saco de aquí. 
Si vine por uno. 

Fed. Llega, 

Ricardo, y da el parabién. 

Ric. Darles, señores, pudiera 
De la vida de Teodoro, 
Que zelos de la condesa 
Me hicieron que á este cobarde 
Diera, sin esta cadena, 
Por matarle mil escudos: 
Haced que luego le prendan. 
Que es encubierto ladrón. 

Teod. Eso no; que no profesa 
Ser ladrón quien á ^u amo 
Defiende. 

Ric. ¿No? ¿pues quién era 



ACTO III, ESCENA XXIII. 



247 



Uente ílogidof 

'. Mi eriado^ y porqae tenga 

» el defender mi ?ida 

as secretas deudas, 

encia de Diana 

I con Dorotea; 

ne ya su señoría 

m Fabio á Mareel^. 

Yp dQtO i if ar§e|9, 

Yyq 



A DerotM. 

Lud, Bien : queda 
P^ra m| con hUo y casa 
Y el dote de la oondesa. 

Diana. Con esto, senado noble, 
Que á nadie digáis os ruega 
El secreto de Teodoro, 
Dapdo con yuestra licencia 
Peí Perro del flortel^nq 



LAS FLORES DE DON JUAN, 

Y RICO Y POBRE TROCADOS. 



Sin duda Lope al escribir esta comedia no quiso únicamente interesar y dirertir al pú- 
blico, cuyo designio era el que se proponian generalmente nuestros dramáticos antiguos, 
sino darle al mismo tiempo una lección moral muy proYCchosa : quiso probar que la ocio- 
sidad, el juego y la relajación de costumbres arruinan infaliblemente al mayor potentado, 
y llegan á sumergirle en la miseria y en la desesperación ; y que el hombre roas pobre, 
si es Tirtuoso, honrado y bien quisto^ puede alcanzar una fortuna felix y permanente. 
Don Alonso y don Juan son los personajes que ei poeta pone en acción para desempeñar 
80 objeto : ambos contrastan perfectamente : ambos están bien elegidos y desenvueltos, 
y ambos tienen un mérito particular^ señaladamente el último, por la verdad con que 
están pintados. No es fácil encontrar en ninguna otra comedia un carácter mas amablft é 
interesante que el de don Juan : es discreto, galán y cortesano; constante en su cariño, 
silencioso^ fiel, espléndido : es un modelo perfectislmo de virtudes sociales. El poett 
parece que agotó su ingenio y los sentimientos nobles de su corazón para retratarle. 
Cuando se le ve pobre y abandonado de su hermano jugar á los naipes con Germán, y 
admitir los regalos de Colinda y Rósela: cuando sale vestido de blanco la mañana de 
san Joan ; cuando se dedica á hacer flores de seda para sustentarse ; cuando resuelTO 

Kasar á Flandes, y finalmente cuando viéndose ya dichoso y rico recibe á su hermano, 
) desempeña y le regala sin acordarse de los agravios que le ha hecho, siempre cautifs 
la atención de un modo irresistible. Si se examinan con atención todas las situaciones en 
que se halla este personage fo admirará el talento del poeta. Hay escenas muy bellaB; 
pero la que tiene un mérito muy particular, á nuestro parecer, es la quinta del tercer 
acto^ en que el mercader no quiere admitir el diamante que le da la condesa para aaegunr 
el pago de las telas que recibe. 



Conien. Goairdtd aqueste diamante, 
Qoe yo os enviaré el dinero. 

Laurino. Ni vuestro diamante qniero 
Ni otra prenda semejante; 
Qoe mas estimo servir 
A un hombre como don Joan, 



Qae eoanto vale Milán ; 
T si voWeis á pedir. 
La casa le he de fiar. 
Los liijos y la mnger; 
Que la virtad ha de ser 
RiqoeM en coalqoier logar. 



No pudo Lope buscar un pensamiento mas hermoso para ponderar el afecto que á^ 
todos merecían las virtudes de don Juan, que poner en boca de on comerciante un rasgcr 
tan desinteresado y poco común. 

Los diálogos con la condesa^ así en las escenas anteriores como en las siguientes, están 
llenos do gracia y cortesanía. 



Jiun, Machos galanes mancebos 

Han dado agora en hablar 

Este qoe llaman pausado. 
Condesa. Goatro Teces me han sangrado 

Solamente de escnchar. 

¿Paes que es yopstn pretensión? 
Juan. Qoererla hasta qne me mnera. 
Condesa. IHos os harte de qoerer, etc. 

Condesa. Vuestra cortesía y talle 
Me obligan á grande amor: 
Esta noche os quiero hablar. 

Juan. Habeisme de perdonar, 
Porqoe el divino valor 
De la sefiora qoe sigo 
No me da lugar i ofensa. 



Condesa, Mirad, don Joan, qoe esa empreiif 

Ta sé yo qne es la condesa, 

T todo en el viento para; 

Porque aguarda cada dia 

Cierto marques siciliano, 

A quien ha de dar la mano. 
Juan. Ta sé que la suerte mia 

No merece su valor: 

¿Mas qué importa que se case. 

Que me hiele, ó que me abrase. 

Para que la tenga amor? 
Condesa. ¿T si os qniero para daros 

Un recado de su parte? 
Juan. Eso si, y 4 cualquier parte 

Iré i serviros y hablaros. 



Condesa. 
Juan, 



Oid. 



¿Qné es lo qoe mandáis? 



ACTO 1, ESCENA II. 



249 



Juan. lAy, si lo d)j€rtl 
Condesa. ;Qai¿a? 

Juan. La condesa. 
Condesa, A Dios, don Juan. 



. No noB habtís de seguir. 
)r alli me quiero ir 
pe TOS por aquí vais. 

Sois en estremo galán 
sceiame mny bien. 

rectos que se hallan en esta pieza son propios de Lope; de su fecundidad ina« 
fáciles de oonregir, si se suprime lo que no es necesario para la inteligencia y 
I de la fábula. Es escesivo el número de los personnges, aunque no ofuscan ni 
!n la acción, y algunas escenas tienen demasiada esteusion. ¿ Pero cdmo podia 
la pluma el hombre á quien la naturaleza habla concedido una facilidad tan 
(a para el diálogo y la yerslflcacion? ¿Y quién no le disimulará estos y otros 
3n gracia de aquellas prendas, y otras mas estimables que adornan sus escritos? 





PERSONAS. 


SA DE LA FIOR. 

>NSTANZA. 

ES. 

.N. 

)NSO, su hermano. 

S. 

íncisco. 

DO. 

JES ALEJANDRO. 






OCTAVIO, j 
CAMILO, S criado 
LUCIO, 

CELIO, criado 
RUTILIO, 

DURANGO, escudero. 
LAURINO, 1 
ALBERTO, [ pescad 
PISANO, \ 


'• 






Un mercadcr. 


' damas. 

^ » 

', lacayo de don Juan. 






Un platero. 
Un espadero. 
Un moro. 
Músicos. 


La 


escena 


es en Valencia. 



3T0 PRIMERO. 



SSGENA PRIMERA. . 

la en casa de don Alonso. 

LONSO, OCTAVIO t CAMILO. 

tá acabado el vestido? 
is calzas faltan no mas. 
lié descuidado que estás ! 
1 espadero ha venido. 

ESCENA II. 

, UN ESPADERO T UN MOZO CON 
A ESPADA T DAGA DORADA. 

|uí está la guarnición, 
igais, maestro, en buen hora. 
Sata é tu contento agora ? 



Al. Está á mi satisfacción. 
¿No está en estremo dorada. 
Octavio? 

Oct, Bien moreda 
La hoja esta cortesía. 
Sácala. 

Esp. Linda. 

AL Estremada. 

Esp. Vive Dios, que es nn diamanta. 

AL Aun el diamante es común, 
Que espada de Sahagun 
No ha de tener semejante. 

CkL Esta bien se ve que es suya. 

Esp. Lo menos las letras son. 

AL Ella da satisfacción. 

Esp. Y mucho mas siendo tuya. 
Cortará un hombre. 

CkL Es famosa. 

Esp, Cortará en el mismo viento 
La bolsa de un avariento. 
Aunque no hay tau dura cosa. 



S50 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Al. Pues Qo lo diréis por mf^ 
Que DO gasto mal mi hacienda, 

Esp, Ante^ tracéis que se estien^p, 
Señor, vuestra fama asi ; 
Que aunque sois grao caballero, 

Y acabado de heredar, 

Mas grande os hace el gastar 
Liberalmente el dinero. 

Cam, El platero quiere yerte, 

4/* Como luce el dinerillo. 

ESCENA III. 

Dichos^ t un platero 

Piat Aquí traigo el cabestrillo. 

Al. Muy bien está de esta suerte. 

Plat. ¿Están los esmaltes bien? 

AL A mi gusto agora están. 
Porque de esta suerte Tan 
Descubriéndose también 
Los diamantes, y mejor 
Se casan las dos colores. 

(kan. Seis muestras trae mejores 
El calcetero, señor. 

Al, Al juego de la pelota 
Di que las lleve esta tarde; 
O que un instante se aguarde. 

Oct, \ Lo que brilla y alborota 
Una fiesta de san Juan! 

Al. ¿Salen bien los capitanes? 

Plat. Mañana hay bravos galanes, 
Porque de Joyas lo van. 

Al. \ Qué bien parece en Valencia 
Ir al mar sus compañías ! 

Plat. Alegres son estos dias. 

AL Importa su diligencia ; 
Porque los moros de Argel 
Sepan que se ha de guardar 
Con este cuidado el mar, 

Y que hay gigantes en él. 
Despacha, Octavio, á los dos. 
Lo que te pidieren da. 

Oct. Maestros^ entren acá. 

Esp. Mil años os guarde Dios. 

Plat. Veáis con aquestas galas 
Muchos dias de san Juan, 
Que en esos años serán 
De tus pensamientos alas. 

ESCENA IV. 

DON ALONSO, OCTAVIO, CAMILO, el 
CAPITÁN LEONARDO, DON LUIS t DON 
FRANCISCO. 

León. Aun no se habrá levantado, 
Si anoche salió á rondar. 



Al. Bien me su^Io levantar 
La noche que nq he jugado; 
Que esa es rond^ p^r^ a)í 
Que hasta el alba me deaveU. 

Luis. ¿ Vistes anoche á Rósela ? 

41. Anoehe á Roeela vi. 
lias cánsame, vjve Dios, 
En verla entre tantas viejas, 
De mi^ AgMefOf cornejas. 

FranCf ¿Muchas os parepen dos? 

AL Cuando Dios las rep^iitier^ 
Entre la tierra y el mar. 
Habla para cansar 
Otros mil mundos que hubiera. 

^ofi. Una república habla 
Que grandes perros criaba 
A quien los perros echaba. 

AL Pues muy bárbara serla; 
Aunque todas son consejas. 

Luis. Son caracteres parejos, 
A, y o, que d^o vi^os, 

Y habia de decir viejas. 

Pranc. Un hombre viejo es mpy griye 
Muy venerable ; y provoca 
A respeto, al fin le toca 
La confianza, la llave, 
La dignidad, el oficio, 

Y todo lo que es gobierno ; 
Mas una vi^9„. 

AL ! En qué infierno 

Os metéis de puro vicio ! 
Yo solo puedo quejarme, 
Que para llegar á ver 
A Rósela, he menester 
En mil viejas anegarme. 
Una me pide el vestido, 
Otra el regalo, otra quiere 
Dinero seco, otra muere 
Por contarme Ip que ha pido; 
Su hermosura, sus galanes^ 
Que don Gazmio la sirvió, 

Y que don diablo se entró 
Allá por unos desvanes. 
Cuentos tan impertinentes. 
Que sin sentido me deja. 

León, i Qué cosa es ver una viej^ 
Con mas historia que dientes ! 

Franc. Desdichado del que pasa 
Por mil viejas 4 30 gusto. 

AL Solo en nombrallas me asusto. 

Luis, No muy lejos de su casa 
Hay unas mozas famosas; 
Caza que yo descubrí. 

AL ¿Hay para todos? 

Luis. No, y si. 

i4/. ¿Son hermosas? 



ACTO I, ESCENA V. 



351 



May hennosas. 
iDtan? 

Ni por pensamiento, 
íden? 

No dan pesadumbre. 
}n muy bobas? 

NI por lumbre, 
íes qué intentan? 

Casamiento, 
arda la cara. 

A los bobos. 
Hazte acá^ necio. 

Brareza. 
tocándome esa pieza, 
lito y doy corcobos. 
. la noche habéis de ver 
Tiuda al fresco, 
color que un tudesco^ 
al parecer. 

De ese yocablo te yal^? 
rto amigo de sus f^mas, 
la dias que son clama^ 
i las inmortales. 
Jgo tiene est^ señora 
i inmortalidad, 
^mpite su edad 
Btoria de Zampra. 
nena alegría 
>, y el estirallos, 
rtos perigallos 
iad antigua cria. 
Qué tenemos en roipance 
allos? 

Las quiebras 
el rostro. 

Si celebras 
e yñ dando aicance 
entigia edad, 
üese escritura, 
i alta figura, 
noche cenad ; 
en donaire, y brio, 
1, y limpieza, 
falta en belleza, 
ruestras trazas me rio. 
as» ya pasadas 
^ las quiera yo, 
quien las llamó 
embalsamadas? 
Tuelo, paremos 
Aiere la caza. 
Dad en lo presente traza, 
iréceme que Juguemos, 
mí, a^í estoy. 

Capitán, 
? 



León. Sí Jugaré. 

Al. ¿Pintaremos? 

Luis. No. 

Al. ¿ Porqué? 

£tit>. Porque es tarde, y no darán 
Las pintas mala comida. 

Franc. La polla podéis jugar. 

Al. Como la suele pelar, 
A la polla nos convida. 

León. Ea, que polla ha de ser. 

Franc. ¿Dea cóp^o? 

Luis. A doblón. 

Franc Braveza. 

Al, Entrémonos á la pieza 
Donde solemos pomer. 
¿Ola? naipes. 

Cam. Aquí están. 

León. Quien burro hiciere, que pague. 

Luis. De Juego que e) gusto estrague. 
Dios os libre^ capitán. 

León. Yo bien tomara los ^áos^ 
Mas quiérome entretener. 

Oct, Estos, aquí han de comer. 

Cam. No hay platos aderezados. 

Oct. Haz que añadan dos, ó tres : 
Dos carne, y uno pescado. 

Cam. Voy, 

Oct. Di que tengan cuidado. 

Estrafla la vida es 
De un mozo rico y soltero; 
¡ Qué desfrenado que corre ! 

ESCENA Yf 

OCTAVIO, DON JUAN oon vBüíaQ w 
BAYETA, T GERMÁN. 

Juan. Si agora no me socorre. 
Irme de Valencia quiero. 

Germ. Mal pasarás sin tener 
Un yestido de galán, 
Para el dia de san Juan, 
Si es que ya se puede hacer. 

Juan. Déme mi hermano el dinero, 
Si es que me le quiere dar, 
Que es mas fácil conquistar 
En la China un reino entero. 
Que esta noche basta. 

Germ. Aquí 

Está el mayordonio. 

Juan, Aguarda. 

Germ. ¿Qué tienablas? ¿que te acobarda? 

Juan. La desdicha en que nací. 
¿Señor Octavio? 

Oct. ¿Don Juan? 

Juan. ¿ Qué hace mi hermano? 

Oct. Juega. 



1 



252 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Germ, ¡A qué lindo tiempo llega ! 
Juan. ¿Con quién? 
Oct. Con el capitán 

Leonardo, con don Luis 

Y don Francisco. 

Juan. ¿Son dados? 

Oct Juego es de mii ducados, 
Si en los tantos advertís : 
Aunque es polla la que juegan. 

Juan. ¿Esa escudo? 

Oct. Es á doblón. 

Juan, Muy entretenidos son. 

Oct. También pican, también ciegan. 

Juan. Qnisíera, señor Octavio, 
Que para vestir me deis, 
Que ando agora, ya me yeis, 

Y es de don Alonso agravio 
Que salga un hermano suyo 
Tal, en dia de san Juan, 
Que yo pobre, y él galán, 
Lo que han de decir arguyo 
De verle, y de verme á mí ; 
Que para tanta riqueza. 

Es notable la pobreza 
En que me trae. 

Oct. Es así : 

Pero él me tiene ordenado 
Que aun para medias no os dé 
Sin avisarle. 

Juan. ¿Porqué? 
¿Soy algún bastardo echado 
A la puerta de su casa ? 
¿Soy falto de entendimiento? 
¿Soy hombre sin fundamento? 
¿Deshonróle yoP 

Oct. Esto pasa. 

Juan. ¿ Qué bajezas hago yo ? 
¿En qué malas compañías 
Me ha visto andar estos dias? 

Oct. Esto, don Juan, me mandó. 

Juan. Pues es ya mucha crueldad : 
Tan buen padre y madre fueron 
Los que esta sangre me dieron 
Como á él la suya. 

Oct. Es verdad: 

l^ero aun hay causas mas grandes : 
Quisiera, y fuera mejor, 
Don Alonso, mi señor, 
Que os fuérades vos á Flandes, 
Donde al cabo de seis años 
£1 rey un hábito os diera. 

Juan. No me habléis de esa manera. 

Oct. Allá en los reinos estraños 
No están los segundos mal ; 
No en la patria, pues nacieron 
Después. 



Juan. Los primeros ¿fueron 
De sangre mas natural 
Para que sean los reyes, 

Y sus esclavos los otros? 

Oct. No lo juzguemos nosotros; 
Esto disponen las Ie>es. 
No quisiera vuestro hermano 
Veros ocioso rn Valencia 

Juan. ¿Oféndele mi presencia? 

¿Tanto le gasto? 

Oct. En mi mano 

Quisiera yo que estuviera : 
Ya sabéis vos mi deseo. 

Juan. ¿A Flandes? ¡lindo rodeo! 
Ya sé yo lo que el quisiera; 
Que me quitaran allá 
La vida de un mosquetazo, 
Por quitarle el embarazo 
Que conmigo tiene acá. 
¿A que un hábito pretenda 
Me envía? 

Oct. ¿Y es maravilla? 

Juan. ¿Pues hame dado ropilla 
Para que el hábito estienda? 
¿Es cruz de saludador 
Que en la calle he de ponella? 
Vaya él á pretendella. 
Que podrá honralla mejor; 
Que no es bien que hábito en mí 
Parezca cruz en rincón : 
Juega el tanto de á doblón, 

Y deja á su hermano asi. 
¿Fuera mucho de barato 
Vestirme para san Juan? 
¿Cuando él anda tan galán. 
Es conmigo tan ingrato? 
¿Para pascua no decía 

Que á mí y á un pobre criado, 
Que me sirve por honrado. 
Dos vestidos me darla, 

Y en san Juan roto me veis? 
Germ. Aquí lindo lugar tiene. 

Si para pascua no viene, 
A san Juan me aguardaréis. 
Pardiez, señor mayordomo, 
Que es terrible este señor. 
Puesto que hermano mayor, 

Y que yo no entiendo como 
A su hermano trata así. 

Oct. ¿Vos también, picaño, habíais? 

Germ. El nombre que me llamáis 
Me viene muy bien á mí : 
Pues que le tiene don Juan, 
Porque su hermano lo quiere. 

Oct, Don Juan, esto se refiere 
A que es orden que me dan : 



ACTO I, ESCENA Vil. 



25S 



aré por TOS en esto, 
lo manda, se hará. 



ESCENA VI. 

DON JUAN T GERMÁN. 

2 No yes con lo que se Ta ! 
. Descolorido te has puesto. 
Cuando te llamó picaño, 
1 espada sacar^ 
s carnes cortar, 
! te yistleras, paño. 
iSTergfienta como esta ! 
tado de hombre honrado, 
il punto haya llegado^ 
chado tal respuesta! 
iblaré por tos en esto, 
él lo manda, se hará. » 
. Este slnre en fin, y está 
ediencia dispuesto, 
í cosa es oir 
cudero cruel, 
«lado de Del 
n señor consumir : 
me tiene mandado: 
ledo de esto esceder; 
den, no puedo hacer 
le lo que está ordenado : •» 
frialdades así, 
las en un palo. 
No hubiera sido muy malo 
acordara de mí, 
) algunos, Germán. 
í. Desapasiona, señor, 
enio, ese Talor, 
DO niños están 
isdela fortuna; 
e el tiempo los crie. 
¿Habrá tiempo en que confie 
nal mudania alguna? 
. Conténtate con que el cielo 
lecho gallardo y sabio; 
■ezano es agravio: 
08, que me consuelo, 
Toy detras de tí, 
¡qué falle, y cara! 
ite moxo no heredara, 
uel tonto! 

I Ay de roí ! 
I. i Ay del turco, y ay de quien 
I fortuna en popa, 
gun escollo topa, 
barca Taiven ! 
f para olvidarte 

í también tín poco. [loco ? 

¿Tor ¿qué, ó con quién? ¿estás 



Germ, Dineros tengo que darte: 
Ves aquí de la ración 
Unos cuantos dinerillos. 

Juan. Pobreza y tristeza grillos 
De la edad dicen que son : 
] Quiero estar pobre, y no triste 1 
De dos males, el menor. 

Germ, Ea, siéntate, señor. 

Juan, Donaire, por Dios, tuviste : 
¿Pues con quién he de jugar? 

Germ, Conmigo. 

Juan, ¿Contigo? 

Germ, Sí. 

Juan, ¿Qué hará quien me viere aquí 
Jugar contigo? 

Germ. Callar; 

Como el sacar los aceros 
Con el que diere ocasión. 
Así el Jugar es razón 
Con quien trajere dineros. 

Juan, Entra por una baraja. 
Que no pocas hay allá. 

Germ. Aquí la baraja está, 

Y el jugador de ventile. 
Juan, ¿En el pecho ia traías? 
Germ, ¿Pues hay almilla, ni gana 

De mas provecho? mañana 
Te la pongo, no te rias. 
Juan, Arrastra el bufete aquí, 

Y en las dos sillas sentados. 
Juguemos nuestros cuidados, 
Por ver si los pierdo así. 

Germ. ¿ A qué habemos de Jugar? 
Juan, Al triunfo. 
Germ. Barajo y doy. 

(Siéntanse á jugar,) 

ESCENA VII. 

Dichos, RÓSELA t CELINDA 

CON MANTOS. 

Ros, ¿Pierdo acaso de quien soy 
Porque le vengo á buscar? 

Cel, Tápate bien, que hay aquí 
Quien te puede conocer. 

Ros, ¿Juegan? 

Cel, Sí. 

Ros, ¿Quién puede ser? 

Cel, ¿Es don Jua.i su hermano? 

Ros, Sí. 

Cel, Gentil flema. 

Ros. Lindo ensayo: 

£1 aprende en buena escuela. 

Cel, Por vida tuya. Rósela, 
Que juega con su lacayo. 

Ros. Tan divertidos están, 



354 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Celioda^ que no oos veo. 

Cel. ¡Qué en tan bajo punto estén 
Las cosas de este galán 
Por la crueldad de su hermano! 

Juan, Renuncio. 

Germ, No renuncié^ 

Que siempre espadas jugué> 

Y esta me queda en la mano^ 
Juan. Seis liazas hice# 
Germ. Vo tres. 
Ros, iQue un hombre tan principal 

Trate á su hermano tan mal ! 

Cel. Lástima por cierto es. 

Germ, Dame cartas. 

Ros. ¿Juegan plata? 

Cei, Ni aun cobre pienso que vi. 

Ros. Don Juan se entretiene asi ; 
Es pobre, y con pobres trata. 

Cel. ¿No tiene gallardo talle? 

Ros. Y estremado entendimiento. 

Cel. El verle tan pobre siento^ 

Ros. Yo no me atrevo á miralie. 

Cel. A este hombre quisiera yo, 

Y me vendiera por éié 

Ros. ¿Quieres que hablemos con él? 

Germ, La malilla. 

Cel, ¿Porqué no? 

Juan. Serviré con esta sota. 

Ros, Tómalo por mal agüero. 

Cel, Nunca, Rósela, si quiero 
Eso que ves me alborota» 

Germ. ¿Hay oros? 

Juan, A quien le sobreé 

Germ. Oros Juego. 

Juan. No he tenido 

Oro en mi vida» 

Germ. Y yo he sido 

Hasta en los de naipes pebre. 
¿Hay caballo por ahí? 

Juan, ¿Cuándo tilve Jró Cabáílof 

Cel, Turbada eétojr de ínlrallo. 

Ros. Pues yo le hablaré por ú. 
¿Quiéreme vuesa merced, 
Señor don Juan, dar barato? 

Germ. Damas. 

Juan. Pesie al tiempo ingrato. 

Ros. Si ganáis, haced merced 
A dos servidoras vuestras. 

Juan, Por Dios, señoras tapadas. 
Que me piden engañadas ; 
Sino, díganlo las muestras. 
¿Solas en Valencia son 
De mis cosas peregrinas? 

Germ, Pienso que son tus vecinas. 

Juan, Pues si es burla, no es rasoD. 

Cel. Antes somoa forasteras. 



Juan. Pues forasterafly ó d0| 
Barato les daré yo. 
Sea de burlas ó de veras. 
Tomen lo que entre loe dos 
Tenemos : bien hay tres reales ; 
Mas no sé Si están labales ; 
Pero les prometo á DÍos> 
Que es mas que darles mi hermano 
Tres mil eseudos* 

Cel. Creed 

Que me hacéis mayor meroed» 

Germ. ¿Tomáronlos? ap» 

Juan. Con la mano. ap. 

Germ. A fe que son cortesanas : ap' 
Pobre Germán, hoy no cenas. 
¡Tres reales! 

Juan, ¿Esto condenas ? 

Germ. ¡Qué busconas tan humanas! 

Cel. Don Jaan, vos nos habéis dado 
Barato. 

Juan. Cuanto tenia 
Os di, que la suerte mia 
No pinta mejor mi estado. 
Creed, que si mundos fueran 
Llenos de diamantes y oro^ 
Era pequeño tesoro 
Para que mis manos dieran. 

Cel. Estamos agradecldasi 
De suerte... 

Juan. Tendréis por loeo 
Quien esto da. 

Cel. Que son poco 

Mil mundos de almas y Tidas 
Para poderos pagar t 
De esta bolsilla os servid; 

Juan. Mucho me corro. 

Cel. Adverüd, 

Que esto se puede tomar. 
Después que un hombre le ha dado 
A una muger cuanto tiene : 
Con cien escudillos viene» 
Que es de lo que me ha pesado i 
Pero si otra vez no vemost 
No faltarán otros tantos. 

Juan, ¿Tomarélos? (ap. d Germán.) 

Germ. Toma euantoa 

Te dieren ; i lindos estremos 1 

Juan. Tomaré, señora mia, 
A cambio de voluntad 
Este dinero, y fiad 
Que vuelva el doble algún día; 
Que agora quiero poner 
Pleito de mis alimentos. 

Cel. Pagad vos mis pensamientos, 
Que es lo que yo he menester. 

Juan. Descubrid, por vida mía, 



AGTO 1> ESCENA X. 



255 



lo algnoa estrella. 

lo hayáis todo cod ella^ 
ien parte quería 
> agradecimientOi 
e quien me regala soy. 

estas sortijas os doy 
smo peusamieoto. 
Tomarélas? ¿di, Germana 

{ap, d Germán,) 
Vo, sino el alba t si puedes 
as. 

Mil mercedes 

Vos sois tan galan^ 
damas de buen gusto 
I de dar galas. 
Días están estas salas, 
alen os Vea, y es justo 
istros descubráis. 
o no, tened la mano ; 
y de vuestro hermano* 
á don Alonso buscáis, 
ne jugando está^ 
esquitaréis, 
os que no lo sois, podéis 

18. 

tarde es ya; 
leseastes ver, 
iga, don Juan, favor. 
Zelos? 

¿Cómo, sin amor? 

£$CÉNA Viit. 

Wñ JU.AN t ÜERMAN. 

kindiclon dei>€ de ser. 
^as dos se han entrado allá, 
otrense donde quisieren, 
k Quién serano 

Sean quien fueren, 
dineros ya, 
mas galán 

, de san Juan el día. 
¡Qué dichai 

No como mia. 
^Siendo mañana sanjuaní 
taran el vestido? 
omo eso puede el dinero i 
de blanco quiero. 
,De blanco? saldrás lucido, 
irá en ios cien escudos? 
on las sortijas, si habrá. 
^Cuál tu hermano quedará 
gotes? 

Mudos. 
?9iO advierte, que no etcuses 



El vestirme á mi también ; 
Porque solo no vas bien. 

Juan, Invoca, Germán, las musas. 

Germ, ¿Diceslo por estas damas? 
¿Pues no era mió el dinero? 

Juan, Vestirte de nuevo quiero. 

Germ, Eres Juan, gracia te llamas* 

ESCENA IX. 

Dichos, DON ALONSO, LEONARDO, 
DON LUIS i DON FRANCISCO. 

Ál. No sé, por Dios, quien son. 

León. ¿Para qué es eso? 

Perder, y levantaros, no es sin eausa, 
Y no sabiendo vos picaros poco. 

Luis, Puesá fe que lo estábades, y tanto. 
Que menos que las damas que vinieron. 
No fuera el mundo parte á levantaros. 

Franc. Vuestro hermano está aquí. 

Ái' i Linda figura! 

León, Mal hacéis en tratarle de esta 
suerte. fmi hermano? 

Al. Vayase á Flandes, ¿qué hace aquí 
Sirva, pretenda, como lo hacen otros* 
Venga con dos balazos, aunque traiga 
Ei cuerpo en dos muletas, y esté cierto» 
Que le traeré en carroza, y daré galas | 
Pero en Valencia haciendo picardias»«f 

Luis, No quiero que digáis que las ets- 
Oe don Juan no son buenas» [tiamhfes 

Al, ¿Buenas? 

Luis, Tanto, 

Que es tenido por hombre virtuoso. 

Al, Tal teng¿ la Sálttd, quien eso dice. 

Luis, Octavio me ha pedido que os 
suplique 
Viittals á vupstro hermanó, <|ile tnanátla 
Ei día dé sallf como segundo 
De vuestra casa. 

Al, Gracia Üéné Octavio. 

Imís, ¿Erró mucho en eahanne por ter- 
cero ? 

il/. No to he de haoer, á fé de caballero. 

ESCENA X« 

Dichos, mbnOS DON ALONSO. 

Franc, En hablándole en esto, se apa- 
siona, [persona^ 
León, Pienso que tiene envidia á su 
Luis. Bien la puede tener. 
Germ, tu hermano es Ido. 
Juan. Hablar quiero con estos caballeros. 
¿Quién de vuestras mercedes ha perdido? 
León, Todos hemoe ganado, y solamente 



i56 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Vuestro hermano ha perdido. 
Juan. No me pesa. 

Franc. Barato os quiero dar. 
Ijuis. Yo haré lo mismo. 

León. Y yo también, aunque he ganado 

poco. 
Juan, Parece que limosna os he pedido, 

Y tal estoy, que pienso que la pido. 

Yo he menester, que el capitán Leonardo 
Un caballo me preste, porque quiero 
Salir al Grao el alba de mi nombre. 

León. Yo os daré el blanco, y siempre 
que se ofrezca» 
Están él y otros dos, para serviros. 

Juan, Besóos las manos por merced tan 
grande: 
No me atrevo á pedírselo á mi hermano, 
Porque conmigo ha dado en ser tirano i 

Y atrévome á pedírosle, seguro 

De la merced que siempre me habéis hecho. 

León. Ya estáis de lo que os quiero satis- 
fecho. 

Luis. Don Alonso tendrá dos convidadas, 
A lo que pienso, y no querrá testigos : 
Yo convido á don Juan. 

Juan, Besóos las manos. 

Luis, Y á los demás también. 

Leone, Por mí yo acepto. 

Franc. Y yo, porque comamos juntos. 

Luis. Vamos. 

Germ. Dios me ha venido á ver, que en 
el tinelo 
Comiera mucho hueso, palo y pelo. 

ESCENA XI. 

Playa de Valencia. 
La condesa di la FLOR con capa con oro 

T SOMBRERO CON PLUMAS, DONA CONS- 
TANZA T DONA INÉS CON capotillos 
T sombréeos; t DURANGO. 

Cond. (dentro.) Parad el coche, parad. 
Que al muelle subir queremos. 

Const. Muy poco lugar tendremos, 
Que hay gente de la ciudad. 

Inés. No importa, lugar darán. (Salen.) 

Const. ¡Hay tol vista 1 

Cond. {Hay tal frescura! 

Inés. Añade al mar hermosura 
La ma&ana de san Juan. 

Dur. Tales mañanas como estas 
Andan moros por aquí. 

Cond. ¿Vísteislos vos? 

Dur. Yo los vi, 

Has de guerra, que de fiestas ; 
Qué por esto el Grao se guarda. 



Y andan por él estos dias 
Tan lucidas compañías 
Haciendo cuerpo de guardia. 
Llegan cerca de Valencia, 

Y dan vaya á los soldados. 
Const. Buenos barcos. 

Inés. Estremados. 

Todos tienen diferencia. 

Cond. Las aguas se están riendo. 

Dur. Mejor se riera el vino. 
Con un pernil de tocino. 

/ne^. ¿Siempre habéis de estar bebiendo? 

Dur. De aquesta salada balsa 
Puede tal cosa decirse ; 
Bien puede el agua reírse, 
Pero será risa falsa. 
Mas cuando se rie el vino. 
Ríese de corazón, 
Que sus alegrías son, 
Que en él se embarque un tocino. 
¿Qué armada en vino se anega? 
¿Qué flota en él se perdió? 

Cond. Aquí me sentara yo. 

Const. Ola, aquella alfombra llega. 

(Saie un page con una alfombra.] 

Inés. Bello sitio el de esta puente. 

Const. Remata dentro del mfir. 

Dur. Desde aquí podéis mirar 
Toda Berbería en frente. 

Cond, Anoche se viera bien. 
Que en Argel luces habría. 

Inés. ¿Sabéis vos la Berbería? 

Dur. Y aun la he pisado también. 

Inés. ¿Cómo? ¿descendéis de moros? 

Dur, Arre allá, soy montañés. 
Mas fui dos años ó tres. 
Por novillos ó por toros, 
A las galeras de España. 

¡nes. ¿Por delito? 

Dur. ¿Otra cafiita? 

Era el capitán Zuríta 
Mi paríente. 

Inés. Cosa estraña. 

Dur. Pues yo de veras lo tomo. 

Inés. Pues si Zurita consiente 
Que seáis vos su pariente, 
¿Qué mucho que seáis palomo? 

Dur. Argel, Tunes y Bugía, 
Hacia aquella parte están. 
Adelante Mostagán, 
Siguiendo de Oran la vía. 
Luego Melilla y Bormar, 
Fez queda dentro, y enfrente 
Aquel estrecho eminente 
Que llaman de Gibraltar. 

Inés. ¿Y la sierra de las monas. 



ACTO I^ ESCENA XIII. 



257 



"ca de ahí? 

saelen hablanne á mí 
nobles personas 
te, y he servido 
I y Portugal, 
no lo he dicho por mal. 
uy presto os habéis corrido, 
in cortesano, 
1 de san Juan. 
is si de burlas están, 
ndréles mano, 
oche de música Tiene, 
alegría dentro y y cantan con 
\ 

'ande grita y ruido, 
mar se han metido; 
e mejor suene. 

I. Salen de Yaleneia 
he de san Joan, 
coches de damas 
resco del mar. 

len responden las orillas. 
;i eco aprende á cantar, 
r Dios, que estoy por bailar, 
) el son cosquiUas. 
f. ¡Cómo retomban los remos. 
Iré, en el agua, 
el fresco Tiento 
a mañana! 

rto mejor retumMran 

ino sutil, 

de un buen pemil, 

) agua cantaran. 

K. Pespertad, sefiora mia, 

pertad; 

ipie Tiene el alba 

tenor san Jaan. 

sballeros van viniendo, 
algunos van. 
orrerán? 

No correrán. 
Igunos voy conociendo. 
K)n Francisco y don Luis 
pardo y morado. 
Quién es aquel de encarnado? 
capitán don Dionis. 
e de pajizo 

Está heredado. 
I galán de lo leonado 
satisfizo. 

ímpetas hay en el mar. 
ros son de Berbería. 
[}ué dices? 

Vusl noria 
egura estnr, 



Que no llegarán aquí. 
Ni á piesa estar osarán. 

Inés. No hay mañana de sao Juan 
Que estos no vengan asi. 

ESCENA XII. 

Dichos t Moros en dos fragatas tocando 
trompetas. 

Moro. ¡Ha cristianos de Valencia 1 
Los que estar holgando al Grao 
El mañanica de Juan ; 
Escuchalde el que te hablamos. 
Yo ser Celin de Marrocos, 
Y en Castilla haber estado 
Cautivo de un crisUanilio 
Que llamar hijo del galgo. 
Escapamus del prisión^ 
Gracias, Mahoma, melagro, 
Que valemos setecientos, 
E costamos mil ducados. 
Por todo el bou tratamento 
Os envió este regalo : 
Despara, démosles grita. 

Todos. Ha vellacos, ha veliacos, 
Ha gaiinias, pecarilios. 
Vivir torco muchos anios. 

ESCENA XIII. 

Dichos, menos los moros. 

Cond. Presto la espalda volvieron. 

Const. Tal pieza les dispararon. 

Inés, Retumbando queda el mar. 

Dur. Brava grita nos han dado. 
¡No estuviera aquí un marques 
De Santa Cruz, un gallardo 
Conde de Niebla^ un don Pedro 
De Toledo, un Oria, un Carlos I 

Conü. Vuelve, condesa, los ojos. 

Cond. ¿Quién es aquel de lo blanco? 

Const. Apostaré que es don Juan. 

Cond, ¿Quién? 

Const. De don Alonso hermano» 

Cond. ¿Aquel pobre caballero. 
Que envuelto en bayeta ha dado 
En ser tumba de su alma? 

Const. El mismo. 

Cond, ¡Notable caso! 

¿Quién le ha dado de vestir? 

Inés» Quizá lo pidió prestado. 

Cond. No hay vez que venir íe vea, 
Knvueltos los pobres brazos 
]Ln el pelado herreruelo, 
Que fué bayeta y es raso, 
Que entre la risa no tenga 

17 



2S8 



LAS» PLORES m MÑ JUAN. 



De él lástima, y de sn liennano 
Queja. 

CoMt. I Qaé gallardo Tfené, 
Él blanco, y blanco el caballo! 

Inés, Sí tuviera que vestirse. 
Yo sé bien que mas de cuatro 
Tuvieran envidia de él. 

Cond. Enviémosle un recado. 

Const. ¿Cómo? 

Cond, Agora lo veréis. 

Const. Por el muelle viene entrando. 

Inés. ¿Burla quieres hacer de él ? 

Cond. ¿Qaé importa? Escuchad, Du- 
Decid á don Juan de Fox, [rango : 

Que le ruego, ó le rogamos, 
Que por ese puente al mar 
Ponga espuelas al caballo. 

Dur, Pues ha de correr el otro : 
¿No veis que en Regando al cabo 
Ha de caer en el mar, 
Y podrá hacerse pedazos? 

Cond. Haced tos lo que yo os digo, 
No entendáis que nos burlamos. 

Dur, Yo voy. 

ESCENA XIY. 

Dichos, henos DURANGO. 

Cond, ton esta ocasión. 

Veréis como viene á hablarnos* 

Const. ¿ No es lástima que sea pobre 
Un hombre tan bien hablado, 

Y de tan linda persona? 

Cond Ef cielo no hace agravio. 
Que es suyo, y dalo i quien quiere ; 
Que no puede ser forzado : 
A un pobre hará gentilhombre^ 

Y á un feo discreto y sabio. 

(Suenan cascabeles y un golpe de mar.) 
¿Qué es aquello? 

Const. Que corrió. 

Luego en dándole el recado, 

Y como remata el puente 
En el mar, hombre y caballo 

Se han sumergido en sus ondas. 
Cond. El hecho ha sido gallardo; 
{Le^)dntanse.) 
Mas no quisiera, si muere. 
Habérselo yo mandado. 

Inés, Que morirá no lo dudes. 

Cond. Pues anegnréme en llanto, 
Como él en agua del mar. 

(Dentro.) ¡Gran lealtad! 

Otro. \ i Suceso estrano! 

Aquí ayuda. 

Otro. Vfvoestá. 



ESCENA Xt. 

Dichas t DURANGO. 

Dur, \ Cuan mejor qne de Alefafn^ 
Este caballo merece 
Sepulcro de Jaspe y mármol ! 
Cond. ¿Qué es eso, afmfgoT 
Dur, SoÉefs, 

Apenas di tu reeado, 

Guando poniéndole espoehis, 

Batió al cahñtíé los lados. 

Corrió al puente, y de él eayé 

Furioso en el mar, que alzando 

Blancas espumas al cielo, 

Tiró al sol vidrios quilitatfsi. 

Mas dentro de breve tiempo 

Él y don Juan asoiDarov 

Por el agua las cabesaS, 

Uno hablando, otro hatsnéOf, 

Con la boca y las narices 

Agua arrojaba el caballo, 

Don Juan voces animosas, 

A su cerviz abrasado. 

A la orilla con el han^re 

Salió el caballo nadando. 

Donde algunos pescadores. 

Que estaban atando m barco, 

Ayudados de otra gente, 

A sus chozas le han Hef a<lo, 

Que están de la orilla cere«, 

Y allí le están dasnndando. 
Cond. Hacedme placer, amigo, 

Que volváis é visitarlo, 

Y de mi parte le deis 
Este herreruelo aforrado. 
Para que se abrigue agora ; 
Que cuando á casa volvamos, 
Yo le enviaré que se vista. 

Dur. Dios te guarde, Toy tolattdo. 

ESCENA UV. 
Dichas, mimos DURANGO. 

Cond. ¿Ola^ cochero? 

Const. ¿No quieres 

Gozar del fresco? 

Cond. Hame dado 

El suceso pesadumbre. 

Const. ¿Pues qué quieres? 

Cond. Que nos van 

Const. Tienes razón de estar triste. 
Si muere don Juan... 

Cond. Pensando 

Que me burlara con él, 
I Me ha pesado de su daño. 



ACTO 1, ESCENA Xli. 



i5é 



toé nnporta qm muera an pobre? 

iras que es sacarlo 

torio del mundo? 

er la causa importa, y tanto, 

en la obligación 

r á su regalo : 

soy condesa 

, aunque mi estado 

alia, una dama 

[lilde... 

Dllo. 

Calla, 
nca de imposibles 
lechos gallardos. 

ESCENA X¥IL 

a de pescadores á la orilla 
del mar. 

í, MOJADA LA CABBtA T BüYITEtTO 
i CAPA CASCOHA ; GERMANy 

o, ALBERTO y PISANO. 

asco podéis dormir 

aquesta cama. 
• me tenéis que advertir, 
ensará que gana fama 
-erla admitir. 
8 bastante el susto, 
irman, déjame, que gusto 
me el agua así. 
Quiéresfe morir aquí ? 
icio, no me des disgusto. 
Disgusto te puede hacer 
ura tu salud ? 
) sé que no es menester. 
» quiere la juventud, 
r ni temer. 

mí, que se muera luego. 
»uede llegarse al fuego. 
>miénzateá desnudar, 
lí me podré enjugar, 
ue no seas loco, te ruego. 

ESCENA XVIII. 

DURANGO CON la capa m la 

> COIVVESA. 

itá aqbí el señor don Juan ? 

]ui está, ¿ qué le queréis ? 

*jo que galán. 

no me conoceréis, 

s ojos están. 

conozco que vos fuisteis 

»do me disteis. 

condesa de la Flor 

riste, señor. 



De la locura qué hicisteis; 
Que ella lo dijo, por dar 
Ocasión, á que con ella 
Aliegáredes á hablar, 

Y pésale que por elia 
Gorríésedes hasta el mar. 
Para que sepa, me envía» 
Gomo estáis, y con dolor 
Del daño que haber podría, 
Este herreruelo, señor, 
Que trajo su señoría : 
Abrigaos luego con él. 

Que está muy desconsolada* 

Juan, Hallaré la vida eo él. 
Que la triaca estremada 
Tiene ponzoña cruel 
Que de víboras se saca, 

Y así será mi triaca 

De la mano del veneno. 

Dur. ¿Y cómo estáis? 

Juan, De agua Ueoo, 

Aunque ya el frió se aplaca. 

Y aquesta capa, os prometo, 
Que muerto me diera vida, 
Como lo dice el efeto. 

Dur. Ella se vuelve afligida^ 

Y vos respondéis discreto : 
Esto la voy á decir. 

Juan. Decidle, que por Mrrbr 
Persona de su valor. 
No tuve á la mar temor^ 
Ni le tuviera al morir. 
Que como aquel á quien lueg» 
Roma mil estatuas fragua, 
Con mas valor, y mas ciego, 
He sido Muelo de agua. 
Como el de tierra y de fuego. 

Y que quedo muy contento 
De pensar que la he servido 
Con solo mi pensamiento, 
Luego que tocó mi oído 

Su gusto, y su mandamiento* 
Que aunque no somos los dos 
Iguales, como veis vos. 
Si también me lo mandara. 
Del micalete me echara. 
Como del puente, por Dios. 

Dur Vuy presto, que se ha de Mgar 
De la salud que tenéis. 

ESCENA XIX. 

Dichos, henos DURANGO. 

Alb. Ya el fuego os viene á Uamar. 
Laur, Bien será que os desnudéis. 
Que el agua os puede matar. 



260 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Juan. Entrad, amigos, que quiero 
Hablar un poco á Germán. 
Pis, Ya con la ropa os espero. 

ESCENA XX, 

DON JUAN T GERMÁN. 

Juan. Las desdichas de don Juan 
El se las dice primero : 
Desde el punto que salí 
Este suceso temí. 

Germ. Quisiera darte un consejo, 
Ni de cuerdo ni de viejo, 
Pero de quien te ama sí. 
Juan. Agora no puede ser. 
Germ. Que sirvas esta condesa. 
Juan. ¿Estás loco? 
Germ. ¿Noesmuger? 

Juan. Es tan imposible empresa. 
Como ver el hielo arder/ 
Y helar el fuego, Germán. 
Germ. ¿Y qué se pierde en servilla? 
Juan, Que por loco me tendrán. 
Germ. Acuérdate de esta orilla, 
En que te advierto, don Juan. 

Juan. Necio, es HipóliU hermosa 
De sus padres heredera, 
Título, y forzosa cosa, 
Que sea en suprema esfera. 
De mayor planeta, esposa. 
Pídenla muchos señores 
DeCastillay de Aragón. 

Germ. ¿Qué importa decirla amores, 
Si los pensamientos son, 
Cuanto mas altos, mejores ? 

Juan.i\ si tanto me enamoro, 
Que cuando sin ella quede, 
Mí muero, me abraso, y lloro? 
Ge/ tu. i Ser al contrario no puede ? 
Juan. ¿ Qué calidad, qué tesoro 
Tengo yo, para emprender 
La condesa de la Flor ? 

Germ. Ese talle, que es muger, 
Y suele un poco de amor 
Tales milagros hacer. 

Junn. Confieso que me has hurtado, 
Puesto que he disimulado, 
Ki pensamiento, Germán: 
Deüe aquí soy su galán. 

Germ. Desde aquí soy su criado. 
Suda el susto de morir 
Y (!aréte dos liciones 
De cómo la has de servir. 

Juan. En laberinto ine pones, 
Que es imposible salir. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Sala en casa de la condesa. 
U CoMDESA, 1 DOÑA CONSTANZA. 

Canst. De este parecer estoy. 

Cond, ¿Qué á don Alonso tratáis 
De esa manera? 

Const. ¿Pensáis 

Que de las mugeres soy 
Que por casarse, no miran 
La calidad del sugeto ? 

Cond. Amar, y tener respeto, 
De andar juntos se retiran. 

Const. Pues sepa vuseñoría. 
Que yo le pienso tener, 
Para no venir á ser 
Necia, y casada en un día. 
Don Alonso me agradó, 
Su deseo agradecí, 

Y todo lo aborrecí, 
Cuando él la causa me dio. 

Y no una, sino mil. 

Siendo el hombre mas perdido 
Que esta ciudad ha tenido, 

Y de condición mas vil. 
Toda su hacienda ha Jugado, 

Y dado á mugeres tales. 
Como dirán las señales 

Que en la salud le han dejado. 
Sus lugares ha vendido, 

Y come de aquel valor : 
Decidme, ¿es digno de amor, 
O de ser aborrecido ? 

¿ Será bien que pague yo 
De mi dote esas locuras? 

Cond. Yo os deseo mil venturas. 
Que tales desdichas, no. 
Eso, Constanza, ignoraba. 
Supuesto que algo sabia 
De la vida que traía, 
Y lo mucho que jugaba. 
Mas que estuviese en estado. 
Que hasta sus lugares vende, 
Eso no, porque me ofende 
Aun de haberlo imaginado. 
Que solamente por tí, 
A su persona inclinada, 
No le aborrecí, cansada 
De las crueldades que oí, 
Que con su hermano don Juan 
Usaba en toda ocasión. 



ACTO 11^ ESCENA II. 



261 



de otra condición. 
¿Y no añades, tu galán ? 
Don Juan, porque le envié 
los que supistes, 
nfermedad que vistes, 
»r mi causa fué 
satisfacción 
ir que yo le quiero, 
an pobre escudero, 
entender su afición. 
»toy corrida 
ae un galán tan rote 
Valencia alboroto^ 
e su amor servida. 
s tomo á donaire 
mpre tras el coche^ 
dia y de noche 
i mi calle el aire, 
parte ninguna 
DO esté don Jnan^ 
que él es galán, 
mmllde fortuna. 
B da compasión, 
lera vestir, 
e veo seguir 
ia |>retension. 
Yo os Juro, que si don Juan, 
á mi roe quisiera, 
pobre le admitiera, 
á su hermano galán. 
US defectos son 
con él tirano, 
BU loco hermano 
sma condición, 
[ue mas no puede, 
, esotro lo ha sido, 
le porque ha querido, 
Justo que lo quede, 
ble que no miras 
an con afición ? 
Das tormento al coraxon, 
echas de mentira, 
pues hoy has hecho 
uriosldad, 
ngo voluntad, 
ne pasa del pecho. 
I me parece bien, 
Dbre como está ; 
ocasión me da 
itrarle desden. 
er que es imposible 
ni suya ser, 
iendo su muger, 
medio posible; 
» mucho mayor, 
que el amor esceda. 



Para que correr no pueda. 
Tiene la rienda el amor. 

Const. Discurres prudentemente, 
Que donde el intento es vano. 
Llevar la honda en la mano 
Es prevención escelente. 
¿Él, háblate algunas veces? 
i Qué te dice ? 

Cond, Si es hablar 

Un siempre humilde mirar 
Con el talle que encareces, 
Mil veces habla don Juan, 
Pero con la lengua no. 

Const. Pues, que habla muy bien, sé yo. 

Cond. Y yo, que no le darán 
Desigualdad y pobresa 
Licencia mas que á mirar. 
Que siempre la dan á hablar 
La arrogancia y la riqueza. 

Y como hablar de discretos. 
Con efectos siempre ha sido, 

Y no le deja el vestido 

Que puede hablar con efetos, 
A los ojos le remite 
Cuanto la lengua 'dijera. 
Si hablar de mano pudiera. 

Corut. \ Que la fortuna les quite 
A los hombres de valor 
De esta manera las alas ! 

Cond. i Cuántos, tiempo, desigualas. 
Que hiciera iguales amor ! 
Vamonos, doña Constanza, 
En casa de Inés un poco, 
Verás á don Juan, que loco 
Sigue SQ vana esperanza. 
¿Ce, Durango, estás aquí? 

ESCENA II. 

Dichas y DURANGO. 

Dur. Si, mi señora, aqui estoy. 

Cond, Pongan el coche. 

Dur. Yo voy. 

Cond. i Está don Juan por ahí ? 

Dur. ¿ Pues cuando deja don Juan 
De estar mirando tus rejas? (Vase.) 

Const. Ten lástima de sus quejas. 

Cond. No puedo, que escribirán 
Al señor mi desposado. 

Const. ¿Cuándo dicen que vendrá.^ 

Cond. De camino queda ya. 

Const. ¿Hasle visto? 

Cond. Retratado. 

Const. ¿ Qué tales sus gracias son ? 

Cond. Yo no fio de retratos, 



26S 



LAS FLORES PE pO^ JIUAN. 



Porque son estelionatos, 
Que venden lo que no son. 

ESCENA III. 

Sala en casa de don Alonso, 

DON ALONSO, DON LUIS t LEONARDO. 

Luis. Si TOS gastáis desatinadamente. 
No es Justo que os quejéis de la fortuna. 
Al, i No queréis^ don Luis, que me la- 
mente 
De ver que no me ayude en cosa alguna ? 
León, Sois en el juego un bárbaro impa- 
ciente, 

Y eo vuestros gustos, no hay muger, no 

hay luna 
Que tantas menguas y crecientes tenga ; 
¿Qué bien queréis que por los dos os venga? 

Al. Otros suden ganar, y cuando menos 
Tienen la dicha y la desdicha á días. 

Luis. El juego ha sido infamia de mil 
buenos. 

Al. Poco ha dañado las costumbres mias. 

León. De sus Iras están los libros llenos. 
Tragedias que engendraron sus porfías; 
No hay cosa que deslustre tanto un hombre: 
Fuego, y no juego es ya su propio nombre. 

Luis, lugar tasadamente lo que puede, 
Un hombre que procura, estando ocioso, 
Un rato entretener, se le concede : 
Has DO su hacienda, vida, y su reposo, 
NI que perdido para siempre quede. 
Hecho afrenta del vulgo licencioso, 
Vendiendo hasta las cosas vinculadas, 
De sus honrados padres heredadas. 
Los lugares que vus habéis vendido. 
Con ios infames naipes y los dados, 
En la conquista de este reino, han sido 
Üe vuestros ascendientes conquistados 
Con sangre, que les dio tai apellido. 
Con lanzas, con espadas, con soldados ; 
No con las de papel, con bastos y oros, 
En que espendldo habéis tales tesoros. 
No diréis á lo menos, que yo he sido 
De los amigos que i perderse ayudan 
El que va caminando á ser perdido, 

Y que en faltando de amistades mudan; 
Siempre i lodo vendré; como he venido, 
Cuando todos os falten, y no acudan 

A las obligaciones que les dieron 
Los teneücios que de vos tuvieron. 
¿Mas cómo dejaré, si me he pi ociado 
Siempre de ser leal y verdadero, 
De deciros que vais tan engañado, 

Y é vuMtra perdición corréis ligero? 
Si algon remedio tiene lo pasado, 



Es que agora guardéis este dinero 

En que vuestros estados se han vendido. 

Al. Molesto amigo sois. 

Luis. No soy fingido. 

Al. ¿No veis que concertado el casa- 
miento 
De Constanza, que ya llamo mi esposa, 
He de mudar de vida y pensamiento, 

Y que podré, pues es rica y hermosa? 
¿Cuántos con desfrenado atrevimiento, 
Corrieron por la senda licenciosa 
De la gallarda mocedad, que es fuego, 

Y en llegando á casar pararon luego? 
No vuela por el aire la cometa. 
Con tantos resplandores encendida, 
Como la tierna edad corre inquieta, 
De la caliente sangre persuadida; 

Ni fenece mas frígida y quieta 
Exhalación ardiente, que la vida 
De un mozo libre y sus Idcuras todas, 
A ios umbrales santos de las bodas. 
Yo seré así, y el dote puesto en renta, 
Mis lugares irá desempeñando. 
Que en mozo es gala, y en casado afreott» 
El ir su hacienda y vida disipando : 
El hombre que ha pasado sin tormenta 
El mar de juventud, guárdese cuando 
Llegue al de la vejez, que las edades 
Trocando, en ella hará mil mocedades. 

León. Reformad vuestra casa de criadop* 

Al. No puedo descaecer hasta casarme 
Del honor que he tenido. 

Luis. i Qui engañadoe 

Viven todos los mozos ! 

Al. Es cansarme. 

Luis, Mas honra y casa han menest^ 
casados. 

Al. ¿ Venís á entretenerme ó matarme! 

Ocl. Un coche está á la puerta. 

Al, ¿Con qué gente? 

Od. Tres damas, don Francisco, y OD 

Al, Vamos ai Grao. [valiente- 

León. Tracemos esta tarde 

Hablar á orilla de la mar un poco. 

ESCENA IV. 

Dichos, DON JUAN t GERMÁN. 

Juan. ¿No quieres que el ser pobre me 
acol)arde? 

Germ. Ni te detengo aquí, ni te provoco. 

Juan. ¿ Qué es lo que quieres que en Va- 
lencia asuarde 
Del vano amor de la condesa loco, 

Y sin tener con que mi cuerpo cubra, 
Por mas que á todos mi pobreza enciü>ra ? 



ACTO 11, fiSCEJ^A iV. 



1 FlftDdes la iiQjpelida bala, 
ardiente en bélico ejercicio, 
alenda amor que se regala 
eda, el ámbar^ oro y yicio : 
haremos una gala 
iñ los colores el oficio ; 
lejarémos la condesa. 
}ae aciertas digo, y digo que me 
a. [mano, 

oy han de dar dineros á mi her- 
!e estos lugares que ha vendido, 
[uiero, y no perder en vano 
que jamas vuelve perdido; 
del poder de este tirano. 
i No miras ^ue está aqui ? 

¿ Si nos ha oido ? 
Sí hará, que el rico al pobre so- 
lente 

3 murmura de 61 ausente, 
liéoea? 

Yo soy. 

¿Qué quieres? 
Quiero hablarte, 
lé tienes tú que hablarme ? ¿im- 
tinencias? 
¡scQcha, y lo sabrás. 

Di presto. 

Aparte 
lablar. 

Y yo comprar paciencia : 
decir. 

Por no enfadarte, 
ices tú, con insolencia, 
i quiero irme. 

Buen amigo 
uan, el que hoy habló contigo. 
I eso ya determinado ? 
{ue saldré pasados cuatro dias. 
!s ve con Dios, que allá podrás 
dado 

B brios que en Valencia crias. 
Dinero he menester, Uoy te lo 
1 dado, 
inero yo, don Juan ? 

¿Pues qué querías 
I de aquí á Flandes sin dinero? 
que soy tu hermano y caballero ? 
ué hns menester ? 

Lo menos mil ducados. 
ay desvergüenza igual ? 

Nunca entre iguales 
do yo desvergonzados, 
ues no te bastan, di, quinientos 
lies? 

i\ los echas al naipe 6 á los dados 
nano, y en jornadas tales, 



263 

Que te infaman á jti, |^a Jomada 

Que te ha de honrar ¿ qué es mü ducados? 

nada. 
¿ Nacimos, don Alonso, por ventura, 
De un padre y una madre, á que Vi v^tas 
Con tal regalo y tal descompostura, 
Que de ninguna libertad te privas, 
Y yo con tal pobreza y desventurat 
Por mil necesidades esceaivas^ 
Que á tus esclavos venga yo á eDvl4iallof 
Que curan y regalan tus caballos ? 
¿ Quinientos reales das á un hombf% hon- 

De limosna eran buenos, no debidos 
A un hermano que quiere smt aoldadio ; 
i Porqué tú no le sueldas los vea^^os ? 

Al. fÍB tan aoc^'o el aer desvei^goniado 
Al ser pobre^ que pjeoaau a;tr«vidos 
Todos los que lo son, que se les deb# 
Lo que con esta haré que alguoo ilev^l 

Uon. La espada üq es raiofi, qm M 
vuestro hermano. 

Al, Vive Dios, que es un iMcaro. 

Juan, QIo digo 

Que mientes, que lo estoy por ser lirano 
Quien quiere usar esta crueldad couwlgo ; 
Mas guarda bien que no la iioí^^s joano. 
Que si la sacas, á mostrar me oblj^ 
Qmc el picaro eres tú, puíes eiU)f brasos 
Te harán vestido y carne mil padaaos. 

AL Dc^aduje, capitán, don Luis, de- 
jadine. 

Juan. Pues vive Dios, que si k dejau.... 

Luis. Creo 

Que debéis de estar loco. 

Ai. Perdonados» 

Que be de matarle. 

Juan. De hambre, yo lo croo. 

Al. Don Juan, dejo las armas, escH* 
chadme. [se^. 

Juan, Si decis que os morís, que aso de- 

Al. Si entráis mas en mi casa, dos la- 
Os han de hacer pedazos. (cayos 

Juan. i Dra vos ra>os I 

Al Si llegáis á esta puerta, vive el cielo... 

Juan. Cuando yo fuera Lázaro lloara. 
De perros y avariento .con recelo. 

i4/. Miradme, infame, bárbaro, á esta cara* 

Juan. Mirarla pensé yo por mi consuelo ; 
Mas no tan loca, desigual y avara : 
Vete con Dios, que espero que algún dia 
Dé premio el cielo á la paciencia niia. 

León. Dejadle >a. 

Al. En una horca espero 

Ver este libre mof o. 

Luis. Basta, vamos. 



264 LAS FLORES DE DON JUAN. 

ESCENA V. ESCENA VI. 



DON JUAN T GERMÁN. 

Germ, ¿ Estás contento ? 

Juan, Sí, que estarlo quiero. 

Germ, ¿Porqué, señor, pues como ves 

quedamos ? 
Juan. Porque salimos de un tirano fiero, 

Y de su cautiverio nos libramos. 

Germ, ¿ Y qué bal>emos de hacer de doce 
á una? 

Juan. Dar una biga, y cuatro á la for- 
tuna. 

Germ. Buen ánimo^ señor, que cierta 
dueña 
Te acogerá en su casa, que es honrada, 

Y algún amor sospecho que me enseña. 
Juan, Eso es por lo que toca á la posada. 
Germ. Pues para una comida tan pe- 

Como en aquesta casa te fué dada, [quena, 
Yo me pondré á peón de alguna obra, 
Que con tres reales para entrambos sobra. 
Allí trabajaré todos los dias, 

Y te traeré dinero. 

Juan. No hay hermano 

Gomo un amigo. 

Germ* Tente, ¿ qué porfias ? 

Juan. Si no roe das los pies, dame las 

Germ. Detente, pues. [manos. 

Juan. Espero que las mias 

Me podrán sustentar, verás que gano 
Gon que los dos comamos. 

Germ, ¿ De qué suerte ? 

Juan, Oye una habilidad. 

Germ. Prosigue. 

Juan. Advierte. 

Yo sé hacer flores con primor notable, 
Que lo aprendí de cierta hermana mia. 
Hasta imitar romero suludable, 
Que es el mayor primor y gallardía : 
La pálida retama, la admirable 
Angélica, el rosal de Alejandría, 
El clavel carmesí, la azul vioieta. 
La azucena y la candida mosqueta. 
Haré mil flores : ti'i podrás lievallas 
Por Valencia á vender, basta que el cíelo 
Disponga nuestras vidas. 

Germ, Remediallas 

Puede tu habilidad. 

Juan. No tiene el suelo 

Flores, que yo no sepa retratallas ; 
Soy de un jardín particular modelo : 
Ven, compraremos rebotín y seda. 

Germ, El Ingenio no hay cosa que no 
pueda. 



DON ALONSO, DON LUÍS v DON 
FRANCISCO. 

Luis. SI vos volvéis á Jugar, 

Y perdéis cuanto tenéis, 
Acabado de avisar 

Que no Juguéis ¿ qué queréis ? 
i Queréis por fueraa ganar ? 
No sabéis lo que difieren 
Los que esa ventura adquieren, 

Y que él juego y la poesía 
Se enfadan de la porfía, 
Porque vienen cuando quieren. 
El que versos quiere hacer, 

Y buena dicha en ganar. 
No piense que ha de poder 
Por picarse y porfiar, 

Ni ganar ni componer; 
Mejor, don Alonso, fuera 
Ir al Grao. 

Al. No pensé 

Que el juego, don Luis, creciera : 
Jugué, piquéme, llegué 
A que mil mundos perdiera. 
Por dar barato á Lisarda, 
Tomé el dado. 

Itit5. El capitán 

Hizo una suerte gallarda. 

Franc. Aquí las damas están, 

Y el coche y merienda aguarda. 
Al. ¿ Habéis vos Jamas comido. 

Que hayáis tan lindo dinero 
En cuatro manos perdido ? 
Que lleven las damas quiero. 
Ya que á mi casa han venido ; 
Pero que en llegando al mar, 
Las echen dentro. 

Franc. Esto es hecho, 

Las ninfas quiero tornar. 

Al. Volved. 

Franc. Que os canso sospecho. 

Al. Antes os tengo que hablar. 

Franc. ¿ En razón de qué ? 

Al. En razón 

De aquella resolución 
Del casamiento tratado. 

Franc. Mas que propio de un picado. 

Luis. Los mismos efectos son. 

Al. Vive Dios, que he de probar 
Si casándome, es posible 
Aborrecer el jugar. 

Franc. ¿ Qué medio mas convenible. 
Donde no basta el jurar? 
Tendréis luego otro cuidado 



ACTO II, ESCENA VIU. 



265 



iUa y los hijos, 
penme, y sean pesados. 
Antes con mil regocijos, 
I otros coidados, 
er una honrada cara, 
)s á una mesa? 
lí mi discurso para, 
locura cesa, 
asilo se ampara, 
contra mi edad 
leí casamiento: 
Francisco, hablad 
ODStanza. 

Siento 
igo en esto amistad, 

Toy. 

El cielo 
tan grande bien, 
ne yivo el suelo 
igare, y á quien. 

ESCENA VU. 

98, MEROS DON FRANaSCO* 

e ese juramento apelo, 

1 lengua no esceda : 
1 discreto decia, 

ly adonde se pueda 
a gallardía, 
i|uien perdiendo queda. 
ly quién no lo sienta? 

No, 
' disimular, 
ndencia nació. 

supo de jugar 
aforismo os dio. 
I ! la condición 
•mbres, no es igual, 
lo que es razón, 

de causa igual 

Ds no lo son ; 

la platería, 

render hallé. 

Y el juramento que habla 

e el suelo? 

Juré, 
neno vais, por vida mía. 

1 Luis, esto solo os ruego, 
ngais por constante 

a nieve en el fuego, 

into de amante, 

obre que pierde al juego. 



ESCENA VIU. 

Sala en casa de doña Inés. 

D05IA INÉS, DOÑA CONSTANZA y la 
Condesa. 

Inés, La visita os merecí» 
Por hurtarme el pensamiento, 
Aunque obligada me siento. 

ConsL No me lo debéis á mí, 
Que la condesa trazó 
El venir las dos á veros. 

Cond. Quise, Inés, entreteneros. 
Porque Celia me contó 
Que andáis con ciertas tristezas. 

Inés, Algo venis á saber. 
Curiosa debéis de ser 
De las agenas finezas. 

Cond. Malicia es esa. 

Const, ¿YqnétalP 

Cond, Si hablare en cosa de amor, 
Que merezca el disfavor 
De haber juzgado tan mal. 

Const. Advierta vusiñoría. 
Que si de amor no ha de ser, 
No queda en que entretener 
Tan largo y ocioso dia; 
O porque solas estemos, 
O por no admitir galanes. 

Cond, Si es por solos ademanes, 
Que es lo mas que en esto vemos. 
Yo serviré de galán. 

Inés, Si : ¿mas de cuál de las dos? 

Cond, De entrambas, porque por Dios, 
Que asi al propio me verán: 
Pues una sola, no sé 
Quien la quiera y sirva. 

Const. Yo 

Sé quien la adora. 

Cond, Yo no. 

Const. Licencia, y yo lo diré. 

Cond, No habéis de decir don Juan, 
Que ese no tiene vestido 
Para querer dos, que ha sido, 
Por pobre, de una galán. 

Inés, ¿ No es causa mucho donaire 
El ver cual se anda tras vos? 

Cond. Donaire, y aire, por Dios, 
Porque siempre le da el aire. 
¿ A quién no moverá á risa 
Verle en pascua con bayeta ? 

Inés. Sí ; pero buena es la treta 
De buen zapato y camisa : 
Lo demás es niño en faja. 

Const. Voces en la calle dan, 
Que flores vendiendo van. 



266 

Cond, OltL, por las flores bi^a. 

Dur. Ya, safiora, estoy aquí. 

Cond. Id presto. 

Dur. Como un cohete. 

fnes. G&ék cual su ramUleto 
Tiene en presento de mi. 
Por ver si con esto escuso 
El daros de merendar. 

Cond. Buen modo de regalar; 
Si no es galán, es al uso: 
La Tisita no et aaogría. 

(Sale Durango,) 

Dur, El hombre ha suhido ya. 
Llegad, y ot la comprará; 
Mas llamadla señoría. 

ESCENA IX. 

Dichos^ t GERMÁN con un tabaquillq 

DE FLORES DE SEOf . 

Germ, \ Ay cielos, dónde he subido i ap. 
Volverme á i»ajar quiaiera : 
No pensé que en esta casa 
Estoviese la condesa. 
Irme quiero, que lo dudo. 

Cond. ¿PoTífaé se Ta el hombro T 

Dur. Espera, 

Florero, ¿de qué te cobres? 

Germ. Amigo, tongo vergúensa. 

Cond. Ola, buen hombre, detento. 

Germ. ¿Qué quieres que me detenga? 

Cond. IHidoos flores, ¿qué os turbáis? 

Const. ¿De qué jardín son? 

Germ. \ No fuera ap. 

Un me ea aquesto ponto ! 

Const. Por vuestra vida, condesa, 
Que es lacayo de don Juan. 

Inés. Y las flores son de seda. 

Cond. ¿Si es invención para Ii.il>!ííifíie? 

Const. La vergüenza no lo muestra: 
Antes él le habrá dejado 
Y sirve á alguna florera. 

Cond. No me espanto, que tendría 
Con don Juan comida y cena 
Tan inciertas, que es disculpa. 

Cotist. Por necesidad le deja. 
¿Es monja, amigo Germán, 
Quién hace flores ton belias? 
Bendiga el cielo sus manos. 

Inés. No pueden las verdaderas 
Ser mas lindas. 

Cowi. Solo harán 

En el' olor direrencia: 
Dinos algo, ¿porque callas? 

Germ. Utia mentira y quimera 
Os quise deelr, señora, 



LAS F|.OR£$ PE pON JUAN. 



Si diera el tiempo licencia: 
En esto suspenso estuve. 
Mas desatando la lengua 
A la verdad, os suplico, 
Estois un instante atentas. 
Hoy el cruel don Alonso, 
Con fueros y voces fieras. 
Echó á don Juan de su casa : 
¡Gran prueba de su paciencia! 
Llevéie á una pobre choza 
De una mi comadre vieja. 
Que dice que me ha criado: 
Recibióle en fin en ella. 
Díjele que le darla 
De comer, cuando pudiera 
Pleitear sus alimentos, 
O salirse de Valencia. 
Quiso saber cómo, y dije 
Que en i as fábricait, ó cercas, 
De peón me alquilaría 
Para dar ladrillo, ó piedra. 
Respondió que no era Justo^ 
Mas que comprásemos seda 
Y rebotín, que éi sabia 
Imitar las flores bellas. 
Comprámosle, y como veis 
Ha comentado por estas 
Que llevo á vender agora : 
Entré aquí que no debiera. 
Porque no pensé que estaba 
Mi señora la condesa. 
Donde con esto azafato 
Me viera agora venderlas. 
Asi, Dios, bellas señoras. 
Tan alta dicha os conceda 
Que la hermosura y la dicha 
Se i^'unien en competencia, 
Que no digáis á don Juan, 
M de burlas, ni de veras, 
Que me habéis visto, ó sabéis 
De mi boca, ni la agena. 
Que él ha hecho aquestas flores, 
Que me cortará Ins piernas ; 
Que mientras mas pobre está. 
Mas estima su nobleza. 
Con esto, si sois servidas, 
Mandad que me den licencia. 
Que e.>toy temblando. 

Cond. Detente. 

¡Hay tal lástima! 

Const. ¡Quesea 

Tan bárbaro don Alunso! 

Cond. ¡Qué bien dices! oo le quieras. 
Ea, señoras, tomad ; 
Oiu, el azafate llega. 
Comprar tenemos las flores. 



ACTO U, ESCEHA XU* 



ÍW 



sompro aquestas violetag, 

tos escudos. 

>, por estas azucenas, 

s. 

Las demás 
¡ero que sean, 
urango, estas flores; 
*man, que pudieran 
ito^ si e] tiempo 
18 manos de ellas. 
11 veces beso las tuyas, 
hiciere mas, me les lleva 
ver si en tantas 
tranza siembra^ 
llera ser... 
{ué, se&ora? 

Que dijeras 
Q tan naturales, 
igañado una abeja. 
)co de contento voy; 
señorag bellas, 
s años de vida, 
escudos hay letras. 

ESCENA X. 

oms, MUIOS OfiRMAN. 

riste estás. 

Estoy de suerte 
lonso, que á ser 

¿ Qué hablas de hacer? 

ijera darte la muerte, 

ira de tí 

íes afición. 

látale, que no es razón 

dones por. mí. 

ESCENA XI. 

HAS Y DON FRANCISCO. 

Vntes de pedir licencia, 

1 me la ha de dar; 

n trata en casar 

3 niega audiencia. 

lor solo un sí, 

é me entendió. 

o tengo que dar un no, . 

recado á mí. 

i vos viene, mas de quien 

sí. 

No hay ninguno. 
3ien decís, que solo es uno 
s, y os quiere bien. 
9 pide de veros 
de marido. 



Canst, No poca UcencU hf fiidp¿ 
Con ella podéis volveros, 

Y decid que no soy yo, 
Cual piensa, universidad 
Que doy licencias. 

Franc, Mirad, 

Que es bien mirar mucho un no. 

Const. Mas hay que mirar un sí, 
Que es el que obliga y cautiva. 
Que nunca hay no que se escriba, 

Y el si mil veces le vi. 
Franc. Dlrélo de esa manera. 
Const, Hareisme mucha merced. 
Franc. Dios 03 guarde. (Vase^ 
Const Esto creed. 
Cond. i Quién mil abrazos te diera! 
Const, ¿Haste holgado? 

Cond. ¿No lo ves? 

Const. Pues basta. 

Dur, La mesa aguarda 

Con la merienda. 

Cond. Es gallarda 

En sus descuidos Inés. 

Inés. Las criadas hecho habrán 
Alguna mala crianza. 

Cofid. Después te diré, Constanza, 
Mas lástimas de don Juan. 

ESCENA XII. 

Decoración de calle. 
DON JUAN T GERMÁN. • 

Juan. A no tenerte obligaciones tantas. 
Te quitaba la vida. ¿ Estabas loco ? 
¿Oficio de mugeres delicadas, 
Dijlsie qiip yo hacia, á la condesa? [pesa, 

Germ. Bien sabe Dios, señor, lo que me 
Entré ignorante, que no soy astrólogo, 
Ni pude prevenir que visitaba 
A (lona Iiies nuestra condesa Hipólita. 

Juan. ¿Pues no bastaba, necio, serla casa 
De doí^a Inés? 

Germ, SI habia de guardarme 

De todas las señoras que conoces, 
¿A quién querías que las flores venda ? 

Juan. Malditas sean las flores, que aufei 
de burlas 
Me dan por fruto penas tan de veras : 
Que siembre flores yo de lienzo y seda, 

Y que me den cosecha de pesares, 

Y en cada grano de pesar niiilares. 
{Hay veruúenza como e^tal aquí parece 
Que escucho con la risa que se burlan, 

Y me salen ai rostro mas coloree. 

Que hay de ellas diferencias en las floxias: 
No te quiero culpar, culpo mis dich^ ; 



268 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Qae quien seda sembró coja desdichas. 
¡Qué haré, triste de mí! pero do importa ; 
El dinero que traes viene á tiempo, 
Que nos pondrá en camino : á Dios, Va- 
lencia : 
A Dios, honrados pensamientos mios, 
O sf queréis venir conmigo á Flandes, 
Venid, donde veréis fuegos tan grandes, 
Que si el mar no os consume, puedan eiios; 
Mas no podrán entrambos deshaceilos. 
Germ. ¿A Flaudes quieres ir? 
Juan. ¿Pues cómo quieres 

Qae delante de Hipólita parezca? 
Mal conoces burlando las mugares, 
NI hay hombre que mejor se la merezca. 

Germ, Mira que pienso que dichoso eres; 
Porqae me dijo : espero que florezca 
Alguna de estas flores. 

Juan. Disparate, 

Flores de seda y tierra de azafate : 
Vistámonos al punto de soldados, 
SI alcanzare á los dos el dinerillo, 
O por lo menos vamos emplumados. 
Medias bandas y plumas de amarillo, [dos? 
Germ. ¿ Quieres que lo probemos á los da- 
Juan. ¿Pues yo puedo ganar? tiemblo 
de oillo. [basta, 

Germ. Si temes la fortuna, es muger, 
Que quien no la temió, no la contrasta. 

ESCENA Xlll. 

Dichos, DON ALONSO t DON 
FRANCISCO. 

Franc. ¿Qué os tengo de decir, si esto 
08 responde? 

Al. En declinando de su estado alegre, 
Don Francisco, la suerte con un hombre, 
No para hasta acabarle y destruirle. 

Güerm. Tu hermano. 

Juan. ¿Pues que temes? esta plaza 

Es de predicadores, no es su puerta. 

Germ. Con todo eso, es bien que verla 
escuses. 
Porque según estáis es gran prudencia 
Huir las ocasiones. 

Juan. Porque quiero 

Comprar alguna cosa con que irme, 
Me voy, que por temor no le dejara. 

Germ. A quien enfada, se ha de huir la 
cara. 

ESCENA XIV. 

DON ALONSO v DON FRANCISCO. 

Franc. Tan gran resoluí'ion no vi en mi 
vida. 



Al. No tengo que esperar, perdido quedo, 
Y hasta perder el seso tengo miedo. 

Franc. Pues yo os prometo que la hablé 
tan libre. 
Aunque tuve respeto á la condeea, 
Como si menos calidad tuviera. 

Al. Pesar de mi fortuna, siempre adveru 
A todos mis Intentos, ya no tengo 
En qué esperar, ni qué perder, perdida 
La que fuera el remedio de mi vida, [sado? 
Tan gran mudanza, ¿quién la habrá caá- 
Sin duda que de mí la han informado; 
La perdición ha sido de mi hacienda, 
Ocasión de perder tan alta prenda ; 
Quien ama ayer. Francisco, y hoy desama, 
De lo que quiso tuvo infame fama. 

Franc. ¿Pensáis que os faltarían eneml- 

Al. ¿Yo enemigos? ¿Pues quién? [gos? 

Franc. Los mas anilgos. 

Al. ¿Los mas amigos? 

Franc. Sí, porque acabado 

El dinero, las fiestas, los convites. 
Los beneficios, y otras cosas tales. 
Se vuelven enemigos los amigos. 

Al. Y bastan mis desdichas por testigos: 
No las quiero aguardar, ni verlas quiero, 
Por no decir, ó hacer un disparate; 
Antes pienso ausentarme de Valencia, [cia. 

Franc. Agora es necesaria mas pmdeo- 

ESCENA XV. 

Dichos, y OCTAVIO. 

Oct. Aquí vienen ya, señor. 
La condesa de la Flor, 
Doña Inés, doña Constanza, 
En fin, toda tu esperanza: 
Llega, haránte algún favor. 
Del coche se han apeado. 
Que entrar en predicadores 
Quieren. 

Al. {Gracioso criado! 

Oct. Licencias se dan mayores 
A un casamiento tratado : 
Llega, que es buena tercera 
La condesa. 

Al. Calla, Octavio, 

Que en este punto, esa fiera 
Me ha hecho el mayor agravio 
Que un enemigo pudiera. 
Sin ella, quedo perdido; 
Que no quiere ha respondido 
Al cabo de tu concierto. 

Oct. ¿Cierto, señor? 

Al. No es tan cierto 

Haber sin dicha nacido. 



ACTO U, ESCENA XVII. 



269 



) sé qué respuesta darte, 
si, que en tantos cuidados, 
Jarla y dejarte ; 
pide mis criados, 
lyan á otra parte 
igan mas yentura; 
igo que les dar. 
^e, señor. 

Quien procura 
, sino pesar, 

oca cordura. (Fa^e.) 

n Francisco, ¿qué es aquesto? 
Que se perdió la esperanza 
dote se había puesto, 
o quiere doña Constanza ? 
, pues lo dijo tan presto. [Vase.) 
aenos habernos quedado ! 
la muger^ y el dado, 
ranza, ¿qué espera? 

ESCENA XVI. 

Sá, DOÑA CONSTANZA y DOÑA 
CON MANTOS^ T DURANGO. 

lolgárame que no fuera 

tiempo está nublado^ 
de ir á la mar, 
quieren rezar, 

de ser todo fiestas. 
^s demandas y respuestas 
mstanza, dañar, 
solución 
a desengaño. 
Pienso que fué discreción, 
asado engaño 

tiempos perdón. 
io sabe yuseñoría, 

sarao mañana"? 
luélgome, porylda mia; 
castellana 
enar querría. 
¿ no sabéis yos 
ii sarao? 

Por Dios, 
i morir de un sarao : 
e ellos, y del Grao, 
oíadizo y tos. 
s tres, que yengo 
nil desyenturas. 
Tenéis muger? 

BÍuger tengo. 

Zelos? 

No digáis locuras. 
)e que es hermosa os preyedgo, 
yi cierto dia. 



Y es mosa. 

Cond, Por yida mia. 
Que debéis andar zeloso. 

Dur. Aunque yiejo, soy airoso; 
La edad no me desconfla. 

Cond. ¿Tendréis mil años ? 

Dur, ¡Mil años 1 

¿Soy del tiempo de Noé? 

Cond. i Qué zelos tendréis! 

Const. Estraños. 

Dur. ¿Yo zelosP ¿de qué, ó porqué? 

Cond. 1^0 hay en mugeres engaños ? 

Dur. No lo niego, mas por eso. 
Que estoy sin zelos confieso, 
Que si no hay buena muger. 
Es imposible tener 
Seguro el honor y el seso. 

Cond. ¿Hay remedio para yer 
Si los hijos de un zeloso 
Son suyos ? 

Dur. D^ome ayer 
Un hombre un cuento donoso. 
Con que se puede saber. 

Conrf. ¿Cómo? 

Dur. Un cierto labrador. 

Cuya muger que paria. 
Nunca estaba sin amor. 
De sus hijuelos tenia. 
Que no eran suyos, temor : 

Y queriendo ayeriguar 
Si era cierta en el lugar 
De su muger la opinión, 
Halló una cierta inyencion. 

Cond. ¿Cómo? 

Dur. Mandóse castrar, 

Porque con esto pensaba. 
Que si su muger paria. 
Sabia si le engañaba. 

Const. Costosa inyencipn seria. 

Cond. Sí, mas seguro quedaba, 

Y yos lo podéis hacer. 
Dur. Yo tengo seguridad 

De la fe de mi muger. 

Cond. Si tenéis enfermedad, 
Aun puede ser menester. 

ESCENA XVU. 

Dichos t GERMÁN de soldadillo, gon 

UNA PLUHA A LA yALONA, T EN CUERPO. 

Germ. Aquí dijo que esperase. 
Porque á hacer concierto yamos, 
Para de aquí á Vinares, 
Con quien nos ileye á caballo, 
Que después, al mar le queda 
De nuestras desdichas cargo. 



270 



LAS FLORES DE DON lUAN. 



Que el mar en largos caminos, 
Es posta de desdichados. 

C<md, ¿ No es aquel Germán ? 

Const. Cl mismo. 

Cond. Germán, ¿ dónde tan bizarro? 

Germ. Esta vez, ya no me pesa, 
Bellas señoras, de hablaros, 
Que si bien no voy muy rico, 
Voy al fín como soldado. 

Cond, í Como soldado ! ¿ qué dices t 

Germ. Cansado don Juan mi amo, 
De tantas necesidades 

Y crueldades de su hermano, 
Viendo que sus alimentos 

Es imposible cobrarlos, 

Porque don Alonso, ya 

Despide hasta sus criados, 

Por mugeres y por juego, 

Por banquetes y por bravos, 

Que le han puesto en mas estremoé 

Que el de los dos, pues nos vamos. 

Ir á Flandes determina, 

Y de aquel oro, comprando, 
Que de limosna le distes 
Por las flores de sus manos. 
Estos pobres vestidillos. 
Vine á buscar dos caballos 
Que nos lleven hasta el puerto : 
Déle Dios á sus trabajos. 

Cond. \ Que don Juan se va esta tarde ! 

Const. La color se te ha mudado. 

Cond. Coiiflésote qne me pesa ; 
Déjame hablar al lacayo. 
Germán, gran resolución 
Ese tu dueño ha tomado. 
¿A Flandes? 

Germ, i Pues qué ha de hacer 1 
¿ No es mejor que de un balazo 
Dé fin á tantas desdichas, 

Y le entierre suelo estraño. 
Que verse en la patria pobre, 
Tan pobre, que haya llegado 
A hacer con sus manos flores, 
Sin ser primavera ó mayo ? 

Cond. Quien hace flores sin firoto, 
No se tenga por buen campo : 
No le digo qne se vaya, 
Ni que se esté; pero cuando 
Un hombre de bien i ntenta 
Seguir con ánimo honrado 
Un heroico pensamiento, 
Ha de morir sin dejarlo ; 
Que amor es como fa guerra. 
Que siendo mas los contrarios, 

Y imposible huir con honra, 
Basta morir peleando : 



Y añade estas dos palabras... 

Germ. Ya, señora, las aguardo 

Cond. « Nunca buena dicha aguarde, 
« El qne se va de cobarde. » 
Vamos, señoras, de aquí. 

Germ. Yo lo diré. 

Const, ¿Cómo vamos 1 

Cond. Llena de enojo y pasión. 

Const, Quieres bien, y andas burlanc 

Cond. ¿ Yo quiero bien f 

Const. ¿No lo ves.» 

Cond. ¿ A un pot^ ? 

Const. Sí, mas gaDardc 

Cond. No lo creas. 

Const. No hay señal 

De amor mayor que negarlo. 

ESCENA XVIIL 

GERMÁN V DON JUAN. 

Germ. ¿Eres tú, señor? 

Juan. Yo soy. 

Germ. ¡Oh, si llegaras 1 

Juan. Temblando 

Estuve de solo verla. 

Germ. Roto y desnudo has osado 
Verla y seguirla otras veces, 
¿ Y agora, galán bizarro. 
Lleno de plumas y airoso, 
Tiemblas de verla ? 

Juan. Pensando 

En que la pierdo, Germán, 
La lengua y pies se me helaron. 

Germ. Pues en tu vida pudieras 
Llegar con ánimo tanto. 

Juan. ¿ Cómo ? 

Germ. Así como la dije 

Que te vas desesperado. 
Quedó como flor del sol 
En ausencia de sus rayos : 
Díjome que te dijese, 
Que quien con ánimo honrado 
Seguía un gran pensamiento. 
Ha de morir sin dejarlo; 

Y que en amores y guerras, 
Que se parecen entrambos. 
No pudiendo huir con honra. 
Se ha de morir peleando : 

Y añadió tales palabras... 

Juan. Ya las estoy escuchando. 

Germ. « Nunca buena dicha aguard 
c( El que se va de cobarde. » 

Juan. ¿Qué sientes de eso? 

Germ. Que qu 

Que esperes, y quiere tanto, 
Que 86 lo viera en los ojos 



ACTO lll, ESCENA II. 



«71 



¡Sneesoflitra!^! 
idesa de la Flor? 
. Y auD de tos florM tratamos, 
jo, qae en el fruto 
ly estéril campo : 
s son estas, digo, 
perar dos mil años ; 
«Dsejo esperemos; 
aenos, no partamos 
ít si se declara. 
Hay en amor mi! engafios; 
como el Dante dice, 
Dingnno amado, 
amase perdonó; 
trarca, entre sus rarofs 
que no hay corazón 
doro bronce, 6 mármol, 
se ábhmde ó se mneta 

0, llorando, amando, 
le, Hipólita beUa, 

1 tuyo tocado : 
ires, muchos dias 
risfo el sol, abrasado 
elos de la noche, 
r de mis contrarios, 
i tus umbrales, 
el dorado carro 
9l, su pura luí, 
n indio idolatrando, 
fecto habrán hecho 
amores y agravios : 
I amor en ri^iieni^, 

suelen pintarlo ; 
[¡uedo á proseguir 
ito comenzado, 
[ue sepa del tuyo 

1 este amor te canso. 

1. Bien has dicho^ y bien ha» beob»; 
, plumillas de gaÚo, 

'landes hay como ver 

ñora en tus brazos? 

. Espero en Dios que algún di», 

1 amigOy veamos... 

i. Dilo, y en buen punto sea. 

, £1 rico y pobre trocados. 



VWV^AAiWWVW^. 



lCTO tercero. 



ESCENA PRIlIfEflA. 

Decoración de calle, 
^A CONSTANZA t la Condesa 

COM MANTOS. 

t. ¿Cómo habéis dejado el coche? 



Cond. Importóme el tr así. 

Const. Muy melancóUea os vi 
En el sarao de anoche. 

Cond, Triste no, mas pensativa. 

Const» ¡ Que un hombre como don Joan 
Fuese anoche el mas galán ! 

Com/.¿ Es lisonja? 

Const. Así yo viva. 

Que lució mas su pobreza 
Que la riqueza mayor. 

Cond. Yo estoy bien necia de amor 
Por su pobre gentileza. 

Const. De que no os puedo culpar, 
Hipólita, os aseguro. 

Cond, De que estoy corrida, os jaro, 
De lo que vengo á Intentar. 

Const, ¿Cómo? 

Cond. Querría saber. 

Para cierto pensamiento. 
Si iguala el entendimiento 
Ai esterior parecer; 
Que si me ha de despiear 
De don Juan alguna coaa, 
Constanza, estoy sospechosa, 
Que ha de ser oirle hablar. 

Const. A tu mucha diacreeioD, 
Podrá ser que no contente ; 
Mas cierto que entre la gente 
Tiene don Juan opinión. 
Habíale, que vesle aqoí. 

Cond. Tápate, poc Diofl, muy bitn. 

Const. Su Acates vieoei tarahleí», 
Y me ha de caber á mí. 

ESCENA II. 
Dichas, DON JUAN t GERMAl^T. 

Juan, Si andamos en el lagar 
Tanto tiempo de soMtdoa^ 
¿No hemos de ser moy notado» f 

Germ, Ya dasioa que mmrmurar : 
Ayer dijo un marqueson, 
De estos que hablan con < 
Al verte con tanta plmna : 
¿Dónde sale este pavoo? 

Juan. Desairada cosa es 
Un vestido de camino, 
Mas de un dia. 

Germ. Algmi vecino 

Le ha traído mas de un mee. 

Juan, A ese le diera yo 
Del volver la bien venida. 

Germ. ¡Brava dama! 

Juan. * Y bien vestida. 

Germ. En viéndote se tapó. 

Cond. i Ha, caballero? 



2*72 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Juan. ¿Esa mi? 

Cond. ¿Pnes quién es el caballero? 

Juan, Si ha de topar en dinero, 
Ninguno hallarais aquí. 

Cond, ¿ Con ese talle sois pobre ? 

Juan. Bachillera parecéis : 
Oíd la causa y sabréis. 

Cond, Deseo que el bien os sobre. 

Juan. Gracia con hacienda alguna, 
Siempre se oponen las dos. 
Porque alma y cuerpo da Dios, 

Y la hacienda la fortuna : 
La fortuna es desatino, 

Y Dios, ya sabéis quien es. 
Cond. ¿ Qué te parece ? 
Const. ¿No ves 

Qué entendimiento ? 

Cond. Es divino. 

Const, i Qué presto te contentó ! 

Cond. Llevaba yo buen deseo. 
¿Vais de camino ? 

Juan. Yo creo. 

Que ninguno mas que yo. 

Cond, ¿Pues á dónde camináis? 

Juan, Voy tras el sol. 

Cond. ¿Estáis loco? 

Juan. De no estarlo... 

Cond, No haréis poco^ 

Si al sol, señor, alcanzáis. 

Juan, Alcanzarle es imposible, 
Con mirarle me contento. 
Porque basta el pensamiento. 
Si es la empresa Inaccesible. 

Cond. i Quereisnos decir quién es ? 

Juan. No me dan tanta licencia. 

Cond. i Y tomaréisla en su ausencia, 
Para que este milanés 
Nos dé ciertos pasamanos ? 

Juan. Forasteras parecéis, 
Pues la historia no sabéis 
De dos perdidos hermanos. 
Mas os juro, que en mi vida 
Cosa nadie me pidió 
Que se la negase yo : 
Eo fin, haré que los pida 
Este mozo al mercader, 

Y si él me quiere fiar, 
Cosa, que en este lugar 

Mas que imposible ha de ser, 

Y mas que estoy de camino. 
Con la tienda os serviré. 
¿Ha, señor Laurencio? 

Const, Fué np. 

Pedírselos, desatino; 
Que se ha de ver en vergüenza. 

Cond i Porqué, al yo estoy aquí? 



ESCENA Ul. 

Dichos, t LAURENCIO. 

Laur. ¿ Mandáis algo ? 

Juan. Aunque de mi... 

Const, Mas que turbado comienza. 

Juan. No os habéis jamas servido. 
Os soy muy aficionado : 
Estas damas me han mandado. 
Puesto que su engaño ha sido, 
Que les dé unos pasamanos, 

Y unos cortes de Milán, 
Y, por vida de don Juan, 
Mostrad, Laurencio, esas manos, 
De pagaros del primer 
Dinero, que me han de dar 
Para partirme. 

Laur, Afrentar 

Queréis, lo mucho que os quiero : 
Si lo pidiera el virey, 
No lo llevara mejor. 

Cond. Todos le tienen amor. oy- 

Laur. ¿ Qué ha de ser esto ? 

Cond. Oiga, rey; 

Esos cortes de Milán, 
Que el señor don Juan añade. 
Que á esto me persuade, 
Verle tan cortés galán. 

Y de pasamanos ricos. 
Cuarenta varas. 

Laur. Yo voy. 

ESCENA IV. 

Dichos, menos LAURENaO. 

Juan. Crédito tengo, aunque soy 
Pobre. 

Cond. Sois rico de hechizos : 
Pasamanos os pedí, 

Y cortes me dais demás. 

Juan. Lo que me piden, jamas 
El darlo me agradecí, 
Sino lo que no me piden. 

Cond. De la suerte fué rigor. 
Que no seáis gran señor. 

Juan. Mis desventuras lo impiden: 
Buen camino y buena estrella. 
Mi fortuna me enseñaba. 

Cond, No es la fortuna tan brava, 
Cuando el valor la atrepella. 

Germ. Y ella, señora tapada. 
Diga qué figura es : 
¿ Es dueña de negros pies, 
O es doncella mesurada ? 
¿No podrá un pobre soldado 



A€TO ill, ESCENA Vil. 



215 



de sos gransones? 

i Pues qué quiere? 

Sus facciones 
das, por un lado. 
. ¿No era ayer vuesamerced 
si bien me acuerdo ? 
. Lacayo, mas no tan lerdo, 
is no me hagan merced ; 
n buenas, mejores, 
no con tanta seda. 
. Pues tenga la mano queda. 
. Por Dios que hay bravos olores, 
axoleta ha habido ; 
'a del natural, 
le olor artificial 

cuerpo y el Testido. 

ESCENA V. 

T LAURENCIO CON unos papeles 

ATADOS. 

. Aquí viene todo, y bueno, 
enido de Milán. 
f. Oid. 

Decid. 
f. A don Juan, 

i de vergüenza lleno, 
lis nada, que yo 
»jor que habéis pensa^^ : 
obarle me he burlado. 
s de piedras? 

¿Pues no? 
f. Guardad aqueste diamante, 
í os enviaré el dinero. 
*. Ni vuestro diamante quiero, 
1 prenda semejante, 
as estimo servir 
lombre, como don Juan, 
lanto vale Milán : 
)lveis á pedir 
a le he de fiar, 
jos y la muger : 
virtud ha de ser 
la en cualquier lugar, 
cosa de mas estima, 
¡r este caballero 
, ó con el acero, 
torneo, en la esgrima ? 
os actos militares, 
lo en la plaza se ven, 
cosa que no haga bien? 
is tiene singulares. 
B hecho en alaballe, 
I oficio de terceros. 



ESCENA VI. 

Dichos, menos LAURENCIO. 

Cond. Dos palabras : caballero. 
Vuestra cortesía y talle 
Me obligan á grande amor : 
Esta noche os quiero hablar. 

Juan. Habeisme de perdonar. 
Porque el divino valor 
De la señora que sigo. 
No me da lugar á ofensa. 
Cmd, \ Qué firme galán ! «p. 

Const. ¿Si piensa 

Quien eres? 

Cond. Lo mismo digo; 
Mas pienso que se turbara. 
Mirad, don Juan, que esa empresa 
Ya sé yo que es la condesa, 
Y todo en el viento para; 
Porque aguarda cada dia 
Cierto marques siciliano, 
A quien ha de dar la mano. 

Juan. Ya sé que la suerte mia 
No merece su valor : 
¿Mas qué importa que se case. 
Que me hiele, ó que me abrase, 
Para que la tenga amorf 

Cond. ¿Y si os quiero para daros 
Un recado de so parte? 

Juan. Eso sí, y á cualquier parte 
Iré á serviros y á hablaros. 

Cond. En casa de doña Inés, 
A las diez, por el Jardín. 
Juan. Ellas se van. 
Gtrm. ¿A qué fin 

Te quieren hablar después ? 
Cond. Oid. 

Juan. ¿ Qué es lo que mandáis? 

Cond. No nos habéis de seguir. 
Juan. Por allí me quiero ir, 
Pues que vos por aquí vais. 

Cond. Sois en estremo galán, 
Y pareceisme muy bien. 
Juan. ¡Ay si lo dijera!... 
Cond. ¿Quién? 

Juan, La condesa. 
Cond. A Dios, don Juan. 

ESCENA VII. 

El marques ALEJANDRO, LUCIO, 
CELIO V RUTILIO. 

Aiej. Aunque me dio contento Barcelona, 
Valencia me ha agradado sumamente. 
Luc. Bellísima ciudad; pero quisiera 

18 



%14 



LAS FL0M8 Bfe: DON JUAN. 



Que llegaras, etñór, con gaflardía, 
Que son muy principales los señores 
Y caballeros de esta tierra, y suelen 
En las cosai de honor ser Akyandros. 

Alej. De serlo yo en el nombre, me oon- 
i Cómo pude yenir de otra manera, [tentó. 
Habiendo de venir á la ligera? 
Demás, que la condesa no me ha escrito 
Mas ha de cuatro meses, y no quiero 
Venir tan fanfarrón, si se ha mudado. 
Que Yuelya mas corrido, que pagado. 

Rut. Bien hace en esto vuestra se&oria, 
Que mejor es llegar humildemente, 
Hasta saber de la condesa el pecho. 

Celio, ¿Quién es esta señora, te saplIoD, 
Que me digas, pues tanto la eocareoes? 

Alej. Vespasiano Gonsaga, que en Va* 
lencia 
Un tiempo fué virey, trajo á sus padrea 
Porque eran deudos suyos : nació Hipólita 
En aquesta ciudad, y muertos ellos 
De tres años estuvo en la Zaidia, 
Monasterio tan célebre en España : 
De allí salió después para casarse. 
Puesto que ha sido en esto tan proiya, 
Gomo heredera de tan gran estado ; 
Que nunca, aunque de muchos ftié servida. 
Se ha querido casar. 

Celio, Está guardada 

Para solo Alejandro, esta ventura. 

Alej\ Auo agora no sé si está segura. 
Recójase la ropa» y los criados, 
Para que lo mejor que sea posible 
Se pongan todos, porque luego quiero 
Pedir licencia para verla. 

Rut. En todo 

Tendremos el cuidado necesario, (trolla, 

Al^'. Si en estas vistas tengo buena es- 
¿ Quién casó con muger tan rica y baila P 

ESCENA Vm. 

Jardín en casa de doña Inés. 

DONA INÉS, DONA CONSTANZA v u 
Condesa. 

Cond. La merced que me habéis hecho, 
Me hace tan atrevida. 

Inés. En mi casa sois servida. 
Por dueño de ella y del pecho. 

Cond, Fingiros tenéis criadas, 
Que la noche da lugar 
Que me quieren ayudar 
Las estrellas disfrazadas. 

Const. ¿Cuándo no lo somos vuestras f 

Cond, Cumplimientos escusad. 



Ines0 Notable es la vohiotad 
Que á este caballero muestras. 

Cond. Gomo es pobre, doña Inés, 
Todas estas pruebas hago. 
Que pues de un pobre me pago 
No me he de quejar después. 
Pasar tiene por crisol, 
Pues que me han de mormurar. 

Const. ¿La noche te ha de casar t 

Cond. Sí, mas con el mismo sol. 



ESCENA II. 

Dichas, DURANGO» t 

JUAN T GERMÁN. 



DON 



Dur, Aquel caballero ha entrado. 

Cond. Pues retiraos vos allá. 

Juan. ¿Dónde aquella dama está? 

Const, ¿Quién va? 

JiMii. Un hombro y s« sriai 

Const. Allegaos á aquel jaxmin, 
Y hallaréis esa muger. 

Germ. ¿ Y yo, que tengo de hacer? 
¿No mas de ser matachín? 

Const. Estaréis entre las dos. 

Germ. Amargamente me irá. 

Cond. ¿Quién va? 

Juan. Quien no sabe yH, 

Si sois vols, ni quién sois vos. 

Cond. Por lo menos, soy muger 
Que os quiere bien. 

Juan. T yo un hombre, 

Que apenas tengo mas nombre 
De que soy hombre de bien. 
¿Cómo se ha de hablar aqni? 

Cond. Asentaos, que hay espado. 

Juan. ¿No hay cosa de cartapacio? 

Cond. En mi vida le aprendí : 
Eso, ni vocablos nuevos. 
Melindres, bachillerías. 
Son gracias viejas y frias. 

Juan. Muchos galanes mancebos 
Han dado agora en hablar, 
iLSto que llaman pausado. 

Cond. Cuatro veces me han sangrado, 
Solamente de escuchar. 

Juan. Cierto que es cosa sin precio 
Un discreto. 

Cond. ¿Solslo vos? 

Juan. No, por Dios, que entre los doS; 
Yo tengo de ser el necio, 
Porque no os puedo querer ; 
Mas si condesa no hubiera. 
Estad cierta que os quisiera 
Por tan galán proceder. 

Cond. Dios os pague la Intención. 



ACTO 1I1> E8G£(IA X. 



9Y« 



idesa 08 haUára» 
^iéradesP 

Yo temblara* 
¿Pues qué ts yaestra pretenaion? 
Quererla hasta que me mvera. 
Dios 08 harte de querer; 
verdad qee es muger 
8 hablara os quisiera. 
¡Ami! 

A TOS. 

No lo creáis: 
ica, es diTioa, 
3ote y cristalina; 
¡ue si la miráis, 
ais por ser hombre : 
ni humilde fortuna! 
Oí contar qtw á la luna, 
a empresa os asombre, 
un perro, y le hacia 
fieros: ¿si sois vos? 
No me quitaréis, por IM08> 
de mi porfía; 
bien Endimion 
rido de la luna» 
s humilde fortuna. 
¿No veis que fábulas aon? 
iü ánimo tened, 
nuger, y ser podria 
1 vuestra porfía. 
Haceisme mucha mereed. 
Ella gana, que por Dios, 
éa, y no muy discreta. 
Levantóme. 

Quedo. 

¿Es treta, 
ifadaré con vos? 
de hablar, ha de ser 
ite en la belleía 
lita. 

La pobresa 
desvanecer. 

Pobre, ó no, yo me contento 
rico de este bien. 
. Hablemos acá también^ 
B nos dan este asiento, 
iadas de esta dama 
n^rodesT 

Gomo él 
no. 

A lo cruel* 
K ¿y cómo se llama? 
lío, doña Tigre. 

Mal año, 
íi parada está, 
en que correrá 
sasador un año* 



¿Y ella, á ver? 

CohH, Doña Serpiente. 

Germ. ¡San Jorge! 

Const, Mi nombre digo. 

Germ* Si no se burlan conmigo 
Por verme tan inocente. 
Digo yo que su señora, 
Según la casa se entabla, 
Se llamará doña Diabla. 

Const. Ese nombre tiene agora. 

Germ. ¿Cómo les va de radon f 
¿Ahorran panT mas serpienteB, 
Comeránse hasta las gentes, 
En buena converBaeion. 
Yo estoy ya medio comido. 

Inés, ¿ Para qué se puso en medio T 

Germ. Por ver si hallaba remedio 
Para estar mejor vestido : 
Apriétenme, denme seda. 
Vístanme una vez con oro. 

Inés. Apriétele, amigo, un toro. 

Const. Tenga la persona queda, 

Y el medio como virtud. 

Gérm. i Son los estremos viciosos ? 

Const, No son sino virtuosos, 
Asi Dios le dé salud. 
Acerqúese de este lado» 

Inés. I Qué fealdad tan atrevida! 

Germ. No he estado en toda mi vida» 
Mejor que agora acostado* 

Const. Jure de no pegar nada. 

Inés. No granice, majadero. 

Germ. De un cabo me cerca Duero, 

Y de otro Peñatajada : 

Y tajadas, dice bien. 
Pues dos, y de carne son. 

ESCENA X. 

Dichos, t DURíINGO. 

Dur. Señora, en esta ocasión 
Perdóneme tu desden. 

Cond. ¿Cómo os entrasteis así? 

Dur. Porque dicen que ha venido 
Aquel marques tu marido. 

Cond. ¿Cómo, marido? 

Dur, Esto oí. (Levá$Uañte. ) 

Cond. Yo no tengo otro marido, 
Que el señor don Juan. 

Const. ¿Qué es esto P 

Cond. Ese marques siciliano, 
Que viene á su casamiento. 

Juan. jYo, señora, por qué causa 
He de ser marido vuestro ? 
En vuestra casa no entré 
Por gusto, ni amor que os tengo : 



276 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Daré voces que es engaño. 

Cond. Y que es muy grande, os confleso: 
Yo soy la condesa. 

Juan, i Quién ? 

Cond, La condesa, que no quiero 
Marqueses, condes, ni duques. 
Sino un pobre tan discreto. 
Tan prudente, tan galán, 

Y tan firme calMillero; 
Ya sois conde de la Flor, 

Y es este mi amor tan cierto^ 
Que hoy he hablado al arsobispo. 
De quien ya licencia tengo. 
Para que nos den las manos 

Esta noche. 

Juofi. ¿Cómo puedo, 
NI dando á la lengua el cargo, 
M á los ojos, por el suelo, 
Daros, heroica señora, 
Debido agradecimiento? 
Las lágrimas se me vienen 
A los ojos, y os prometo. 
Que en mí compráis un esclavo. 

Cond. Esto puede un hombre cuerdo; 
Que quien ama, sirve y calla 
Merece tan justo premio. 
¿Cómo no me conocisteis? 
Juan. De deslumhrado, de dego. 
Const, ¿Y ¿ mí conoceisme ya? 
Juan. Apenas, porque no os veo 
Delante de tanta luz. 

Cond. Doña Constanza, que os quiero 
Por lo que Hipólita os quiere. 

Inés. ¿Y yo también, no merezco 
Que me conozcáis á mí ? 
Juan. ¿Es doña Inés? 
Germ. Bueno quedo, ap. 

Que como á viles fregonas 
Las he tratado ; hoy perezco. 
Señoras, denme perdón. 
Que mi corto entendimiento 
No juzga de cosas grandes. 
Const. Buena, Germán, me habéis puesto. 
Inés. ¿ Y á mí, dejóme en borrón? 
Cond. Señoras, solo tratemos 
De que no nos halle el alba 
Tratando mi casamiento: 
Amor es hoy el juez, 
Con que ejecútese luego. 

Juan. ¿Es posible, gran señora. 
Que pudo mi pensamiento 
Asir ios rayos del sol? 

Cond. Vuestros méritos han hecho, 
Don Juan, que desprecie á cuantos 
Su riqueza me han propuesto: 
Esto solo me debéis. 



Juan. Y la misma vida os debo. 

Cond. Vamos todos á mJ casa, 
Porque quiero que cenemos 
Juntas por mas regocijos. 

Const. ¿Ola, el coche? 

Dur. Voy ligero. 

Juan. ¿Qué te parece? 

Germ. Que ha sido, 

Señor« tu padrino el cielo. 

Juan. ¿ No me llamas señoría ? 

Germ. Bien dices: ya estás electo; 
Pero bien es aguardar 
La bendición, y el sí quiero. 
Que éntrela S, y lal, 
Cabe un no si moda el tiempo. 

ESCENA XI. 

Decoración de calle. 
DON ALONSO t OCTAVIO, pobbes. 

Ál. Quien DO supo del mal, dice un poeU, 
Que no merece el bien, y yo podría 
Decir, que quien el mal no conncla. 
Tendrá el alma con él la mas inquieta. 

No hay vida humana á mas dolor sojsti 
Que la que del descanso que tenia 
Vino á tan baio estado, que no hay dii, 
Que miserable fin no le prometa. 

No puse mi esperanza en cosa alguna, 
En que tuviese firme confianza. 
Mas que en los cursos de la blanca luna. 

Cual el principio fué, tal fin me alcaozi: 
Que el mar, el juego, amor y la fortuna, 
No piensan que lo son^ sin la mudanza. 

Oct. ¿Para qué te lamentas de fortnoi; 
Teniendo culpa tú de tus escesoe? [dado, 

Ál. No hay cosa. Octavio, de mayor col- 
Al que baja de un alto á humilde estado, 
Como el ver que cualquiera se le atreva. 

Oct. Y añade que tener paciencia deba. 

Al. Ya sin criados, sin hacienda y honra. 
Que es vínculo la honra de la hacienda, 
Ya sin vestidos, ni tener de donde 
Pueda alcanzar un mísero sustente, 
¿Qué debo hacer? y por tu vida, OctaviOi 
Que no me digas ya mas culpas mías, 
Que no se han de afligir los afligidos. 

Oct. En tanto mal, en desventura tanti> 
Que ya tienes el agua á la garganta, 
¿Qué remedio mayor que tus amigos? 
Sean del mal, como del bien, testigos. 

Ál. ¿No has leído en Ovidio que eocl 
tiempo 
De la felicidad, acuden mochos, 
Y que en la adversidad le dejan solo? 
¿ Pues cómo pensaré que habrá remedio 



ACTO m, ESCENA XIIL 



Í77 



i mal, en fiíbas amistades? 
Praeba, seSor^ que sio probar do es 
osto. 

'o sé que no han de darme cosa al- 
son de prdspera fortuna, [guna; 
Pareces al hidalgo de quien cuentan 
lia un amigo, y en la furia 
mistad, se retiró á su casa, 
I habló por mas de un año entero, 
le quitaba, en Yiéndole, el sombrero, 
el otro, diligencias hiso, 
-o amigo, por saber la causa : 
uro le dijo que era cosa 
todo aquel lugar causaba escándalo, 
ese la causa porque habla 
la amistad de un hombre honrado, 
satisfacción pudiese darle : 
íes de preguntas y respuestas, 
discurso duraron de una tarde, 
así : « Sabed que por entonces 
ofhició un camino, y que fulano 
in rocín que estima y quiere mucho: 
e de pedírsele, mas Tiendo 
r quererle habla de negármele, 
ledí, mirad si tengo causa. >» 
replicó : « Pues sin pedirle, 
lo Imaginar que os le negara, 
ibels quitado el habla?» «¿Y no os 
parece 

pondló el hidalgo) que es muy justo, 
a de negármele? » De suerte, 
I probar el amistad del otro, 
lil quejas, y enojado estuvo, 
tas tienes tú de tus amigos, 
i habiendo probado sus verdades, 
jas de sus falsas amistades. 
tTengo de avergonzar mi rostro, Oc- 
tavio? 

Papeles se Inventaron para eso, 
r blancos que son, aunque mas pidan, 
>onen entonces colorados. 
¿Qué pediré? 

Poquito, cien ducados; 
i si pides mucho, das escusa, 
», pones ánimo de darlo ; 
lien volver no puede lo que pide, 
[K>drá alcanzar si no se mide. 

ESCENA XII. 

IOS, KL BÍARQUES DE GALA, LUCIO, 

CELIO Y RÜTILIO. 

. Pregunta, Lucio, si la calle es esta. 

Yo sé bien que es la calle. |Ha, ca- 
balleros! 

de los Marcoues esU calle? 



Ai, La misma. El forastero es de buen 

Oct. Estranjeros parecen. [talle. 

AL Por tu vida, 

Que preguntes quién son, y lo que buscan. 

Óci, ¿Quién es, hidalgo, aqueste caba- 
llero? 

Cel. El marques Alejandro se apellida : 
Es siciliano, y viene de spcreto 
A casarse á Valencia, é informado 
Que la condesa de la Flor vivia, 
O vive en esta calle, viene á vella. 

Oet. Esa es la casa, y ella la mas bella 
De cuantas damas hoy Valencia tiene. 

Cel. Por fama y por pincel perdido viene. 
Señor, esta es la casa. 

Oct. Este es el novio 

De la condesa Hipólita. 

Ai. Es gallardo : 

Gracias á Dios, que al necio de mi hermano 
Le quitará de loco pensamiento, 
La fábula en Valencia poj servilla. 

Aiej\ 1 casa de la octava maravilla ! 

ESCENA XIU. 
Dichos t DURANGO. 

Cei, ¿Quién está acá? 

Dur, ¡ Con qué priesa 

Nos vienen á visitar! 

Luc, Id, camarade, á ganar 
Albricias de la condesa: 
Decid que está aquí el marques. 
Que de Sicilia ha venido. 

Dur. i Qué marques es ? 

Luc. Su marido. 

Dur. ¿Su marido? 

Luc, Corred presto. 

Dur. ¿Estáis loco? 

Luc, Corred, pues. 

Dur. Don Juan de Fox, el galán, 
Es su esposo. 

Luc, ¿Qué don Juan? 

Alej, Escudero descompuesto, 
Decid que yo estoy aquí. 

Dur, Muy compuesto caballero, 
Respóndole que no quiero. 

Al. ¿Oyes lo que pasa allí? 

Oct. Tu hermano llamó su esposo 

Dur. Desenfadado señor, 
Pienso que durmiendo están 
Doña Hipólita y don Juan 
El primer sueño de amor, 
Que anoche se desposaron. 

Al. ¡Cosa que fuese verdad! 

Alej. Porfla en su necedad. 

Dur, i^tes ello^ porQaron. o; ; 



2n 



LAS FLOUa BS HAN JUAN. 



BSCENA XIV. 

Dichos t GERMÁN de gala. 

Germ. ¿Qué es aquesto? 

Dur. Veis ahí 

Donde viene el mayordomo. 

Ai, Ya mas de ?eras lo tomo : 
¿Es este el lacayo? 

Oct. Sí. 

Alej. Caballero^ ¿sois por dicha 
De esta casa? 

Germ. Sí seüor, 

Y por dicha la mayor, 

Qae ha sido escrita, ni dicha. 

Alej. ¿Podré hablar á la condesa? 

Germ. Pienso que no se Uan vestido, 
Ella y su nuevo marido. 

Alej. ¿Marido? 

Al. No hay alta empresa^ 

Octavio, dífiicaltosa 
Al esperar y al sufrir ; 
Quiero irme, por no oir 
Una historia tan dichosa,^ 

Y de tanta envrdia mía. 

Oct. Espera é ver si es don iiian. 

Al. Necio, ¿y de mí, qué dirán, 
Pobre á su puerta en tal dia? 
¡Ah cielos, qué gran castigo I 

ESCENA XV. 

D«CH0S, MEROS DON ALONSO y OCTAVKK 

Alej. Puesto que á respuesta igual ap* 
Me obligaba este suceso, 
Disimular es mejor. 
Id en buen hora, señor. 

Germ. A todos parece eftceao; 
Pero parecerlo ó no« 
Posesión está tomada, 
Gomo quien no dice nada, 

Y sacado en limpio yo: 
Que ayer con tanto retal, 
Parecían mis faldetas 
Borrador de estos poetas 
Que escriben al natural. 
Ola, ese capón subid 
Para el conde, mi señor. 

ESCENA XVI. 

Dichos, menos GERMÁN y DURANGO. 

Alej. Daré lugar al furor ; 
Entrad adentro y decid... 
Pero no, venid conmigo^ 
Que no sé de qué manera, 



A tan mudable y ligera 
Muger, se ha de dar castigo. 

¿Quién es aqueste don Juan? 

Luc. Presto, señor, lo sabremos. 

Alej. Amigos tengo ; hoy veremos 
Gomo palabras se dan. 

ESCENA XVII. 

Sala en casa de la condesa. 
La Condesa t PON JUAN u% cjlu. 

Juan. ¿Tan pieslo, vusiñoría 
Quiere enseñarme á vivir? 

Cwui. Aun me queda que decir. 

Juan. Puea no maa, por vida mía; 
Que corre sangre el amor 
Para hablar de eat manera. 

Cond. Antea ahora sois cera, 
Y imprime el sello OMijor. 

Juan. Yo pienso tan obediente 
Estar siempre á vuestros ojos. 
Que aotea de daros enojoa 
Quitarme la vida intente. 

Cond. ¿Ola? 

{Sale Dwrmg^*) 

Dur. ¿Señora? 

Cond. Traed 

SI cofrecillo que os di. 

Dur. Ya voy por él. {Vast.) 

Juan, ¿Coft«^ 

Cond. Si. 

Juan, ¿No basta tanta merced? 
¿Qué es lo que darme querela ? 

Cond. ¿ Puea teneU necesidad? 

Juan. Con vos, no. 

Cond. Decid verdad. 

Jwm. Voc k) que digo sabéis. 

Cond Hablad, conde, mi señor, 
En casa hay harto dinero. 

Juan. Vos probaréis lo que o& quiero, 
Como yo vuestro favor 
En lo que os diré. 

Cond. Dedd. 

Juan. Los lugares que ha empeñado 
Mi hermano, venjdídoódado... 

Cond. No digáis mas, advertid, 
Hoy todos se quitarán ; 
Traigan á vuestra presencia, 
De la tabla de Valencia, 
Cuanto allí tengo, don Juan. 

Juan. Hay otras joyas también, 
Que don Alonso empeñó. 

Cond. Pues quítenlas luego. 

Juan. yo, 

' Por tal merced, por tal bien. 
Besaré esos ptós. 



ACTO m, ESCENA XXL 



279 



TeneoB, 
ae habéis conocido, 
leiradme en el rottr» 00 pido. 
NuDca yerran mis daMoe> 
» yo, conde, errar 
n bien acerté : 
mas yo diré 
m quiero sellar. 

EaOBNü X.V1II. 



, T DÜRAMGO. 

3 cofiíeciHo está aquí, 
i Para qaé le traen» sefiora? 
Abriré, y Teréialeagera. 
^Flores tenéis dentro t 

Si. 

aquellas flores 
des hacer, 
n trajo á i ender. 
[areisme salir colores, 
iqui las he de guardar, 
I en un diamante^ 

sois arrogante 
go de enseñar. 
I para castigo 
i en lo que os vistes, 
ende lo que ftüstes 
milde conmigo. 

llevadle allá, 
tuen espqa me habéis miesto. 

ESCENA XIX. 

DBSA, DON JUAN T GERMÁN. 

Vo os quisiera ser molesto, 
a : sabed que está 
, por lo menos, 
:ia. 

¿Pues quién es? 
tEn Valencia está el marque? 
í con mas rayos y truenos 
mbe de verano. 
Quién es, que yo no lo sé? 
SI novio que tripulé. 
4quel marques sidiiano ? 
SI mismo; y mil envidiosos 
I, que va Juntando, 
leza de bando. 
>on enemigos forzosos, 
n bien no ha de (altar 
1 : yo quiero ir 
uedo impedir 
mienza á intentar : 
)8 y amigos tengo, 
i rico me ven. 



Que á darles y hacerte bien, 
Y que no á pedirles vengo ; 
Que al rico todos acucta. 
Como al pobre desamparan. 

Cond. Si en el Uiteres repetan. 
Yo haré que el intenta muden. 
Hacienda tenéis, gastad. 
Gastad, conde, mi seftar. 

Juan* Compráis can tanto iivar 
La vida y la libertad. 

ESCENA XX. 

La Commma. 

Casáronme mis c^os, mis oídos. 
Mi voluntad, mi propio entendimienta» 
Dando con la razón consentimiento 
Al consejo de todos mis sentidas ; 

No tan precipitados ni atrevidos. 
Que los cegase un loco pensamiento; 
Que antes en este mar del casamianto. 
Los ha embarcado el alma prevenidos. 

Amor, yo te agradezco las porfías. 
Con que tantos dulcísimos engaños 
Rindieron hoy las altiveces mías ; 

Y cuando de este bien resulten dafios. 
Por el placer de los primeros días. 
Te perdono el pesar de muchos años. 

ESCENA XXI. 

IhcorocUm d$ cailñ. 
DON ALONSO t OCTAVIO. 

Ai. Irme quiera del lugar} 
Un hora no aguardo en él. 

Oct, Respuesta ha sido cmaL 

Al, EX papel quiero rasgar j 
¿Qué tengo yo que esperar? 
Esto pedazos hiciera 
Al capitán, si pudiera, 

Y á los demás que escribí : 
¿Cien ducados? i Ay de mí! 
No hay amistad verdadera. 
Cuando Luciano pintó. 
Octavio, los siete templos 

De amigos, que á siete templos 
De la amistad consagró, 
¿Fueron fábulas, ó no? 

Oct, En Grecia, en aquella edad, 
Teníase la amistad . 
Por escelente blasón ¡ 
Pero en la nuestra, lo son 
La mentira, y falsedad. 

Al, ¿Qué haré, que por no tener 
Que vestir, de noche salgo, 

Y de su capa me valgo. 



S80 



LAS FLORES DE DON JUAN. 



Por DO poderme poner 
Con esta á dejarme ver, 
A la clara luz del dia? 
¡Yo, que partirla solía, 

Y aun darla á todos entera, 
Vengo ya de esta manera ! 
¡Mal haya la suerte mia ! 
¡Mal haya el juego villano, 

Tan hijo de la fortuna^ 
Que tiene su rueda y luna, 

Y su TOlante en la mano ! 
¡Mal haya el gusto tirano 
De tanta libre muger! 

¿ Qué tengo. Octavio^ de hacer, 
Para salir de Valencia ? 

Oeí. Escúchame, y ten paciencia. 
Que bien la habrás menester. 
Dicen que el conde tu hermano... 

Ál, ¿Conde mi hermano? 

Oct. Está atento. 

Ai, ¿Podré tener sufrimiento? 

Ocl. Prueba. 

Al. Intentarélo en Taño. 

Oct, Es tan gallardo y humano. 
Que después que se casó. 
Ningún hidalgo llegó 
A pedirle alguna cosa. 
Que con mano piadosa... 

AL No digas mas. 

Oct, ¿Cómo no? 

Al, ¿Pues, ignorante, yo habla, 
Aunque de hambre muriese, 
De pedirle que me diese 
Cosa alguna, á quien solía 
Negalle la hacienda mía ? 
¿Ni dalle tanta venganza. 
Esta vergüenza te alcanza? 
¿Tienes seso? 

Oct. Escucha un poco. 

Al. La hambre te ha vuelto loco. 

Oct. Y á ti la desconfianza. 
Llegan de noche á su puerta 
Muchos hidalgos honrados. 
Hacia lo oscuro embozados, 
Que estos djas está abierta : 
Con sus criados concierta 
Quiten la luz, y al pasar. 
Por lo menos suele dar 
A cada hidalgo un doblón, 

Y si le dan mas razón; 
A cuatro suele llegar. 
Llega, que la oscuridad 
Te ha de encubrir. 

Al. ¡Ay de mi! 

Oct. Habla una palabra allí, 

Y verás que su piedad, 



En esta necesidad 
Te socorre. 

Al. Estoy temblando. 

Mas si el cielo va trazando 
Que esta se vengue de mí. 
Llega. 

Oct. Gente viene allí. 

Al. Él es, con un hombre hablando. 

ESbENA XXII. 

Dichos, DON JUAN t GERMÁN con 

ESPADAS DESNUDAS Y BROQUELES. 

Juan, ¿Gente dices en la puerta? 

Germ, Y mirando á las ventanas. 

Juan. Si son galanes, por dicha. 
De Inés y doña Constanza, 
Que como son esta noche 
De Hipólita convidadas. 
Para ver si pueden verlas 
Querrán rondarme la casa. 
¿Quién va? 

AL ¿Qué es aquesto, Octavio? 

i Con dos desnudas espadas 
Nos reciben? 

Germ. Caballeros, 
¿Qué es lo que rondan y aguardan? 
Son del marques Alejandro : 
Desvíate allá, no traigan 
Alguna oculta pistola. 

Al, Si necesidad son armas, 
No poca nos ha traído 
A las puertas de esta casa. 
¿Dónde está el señor don Juan ? 

Juan. Don Juan de Fox, que se llama 
Conde de la Flor, soy yo. 

Al, ¿Pues de qué, señor, te guardas? 

Juan. De un cierto Alejandro nuevo 
Que me aseguran que anda 
Con cuidado de matarme. 

Al. Nunca los que avisan matan. 

Juan. ¿Quién sois vos? 

Al. Un caballero 

De noble y clara prosapia, 
Que ha venido á no tener 
Mas que aquesta pobre capa. 
Quiere irse á Flandes, y viendo 
Que la fortuna voltaria 
Os ha puesto en tal estado, 
Que unos ensalza, otros baja. 
Viene á pediros limosna 
Para hacer esta jornada. 

Juan. Esa, señor caballero, 
Daré yo de buena gana ; 
Pero si esta es invención, 
Y al henchiros de oro y plata 



ACTO III, ESCENA XXYI. 



28t 



MWy me henchlfl el pecho 
10 de alguna bala, 
la culpa Tuestra. 
e merced, y tanta, 
\í solamente entréis. 
I dónde? 

A la primer sala. 
D puedo donde haya luí, 
li me veis la cara, 
de darme limosna, 
vesaréis la espada. [hecho? 

¿Yo á TOS? ¿pues qué me habéis 
is lágrimas se me saltan. 
Tomad de mí, caballero, 
s, esta palabra, 
iquefuérades mi hermano, 
a cosa mas ingrata 
I ha hecho en el mundo, 
ñas me rasgara 
loos pobre ; que yo 
ido tanto en su casa, 
riendo un pobre, si es noble, 
asgan las entrañas. 
Cómo sufrirán las mias, 
o, tales palabras? 
Ion Alonso, yo, 
go á darte venganza : 
iquí á tus pies, don Juan. 
Señor mío de mi ahna, 
mis pies 1 yo á los vuestros, 
esta es vuestra casa, 
la callea estas horas! 
. No puede hablar. 

Esto basta 
r... 

¿Quiénes? 

Octavio. 
Octavio, no digas nada. 
Iiermano, conmigo. 
Li señor, los ojos hablan. 

ESCENA XXIII. 

GERMÁN. 

raml señpr? ¡lindo! 

mpo, cuántas mudafizas 

hiendo en los discursos 

tras vidas humanas ! 

1 Juan, su hermano albergue 

»idad tan clara, 

ación de Dios, 

lazafia, heroica y santa ; 

lel mayordomlllo 

ración nos quitaba, 

é ha de venir aquí ? 



ESCENA XXIV. 

GERMÁN T DURANGO. 

Dur, i Qué alboroto es este que anda? 

Germ, ¿Cómor 

Dur, Dicen que el virey 

Prendió con toda la guarda 
Al marques. 

Germ, i Al marques? 

Dur. Si, 

Porque dijeron que andaba 
Para matar á don Juan. 

Germ. La casa está alborotada ; 
La condesa mi señora 
Sale á la primera sala. 

Dur. Y sus amigos con ella. 

ESCENA XXV. 

Sala en casa de la condesa. 

U Condesa, DOÑA INÉS, t DOÑA 
CONSTANZA. 

Cansí, Con raxoo estás turbada. 
Si quieren prender al conde : 
¿ Aunque ai conde, por qué causa P 

Cond. Hasta hacer las aoiistades, 
Po<irá ser que preso vaya : 
¿Mas don Juan, qué culpa tiene? 

Inés. ¿ Y no es mejor que las hagan, 

Y los bandos se sosieguen? 

ESCENA XXVI. 

DON JUAN, DON ALONSO, bibm vestido^ 
T OCTAVIO. 

Juan. ¿Estará muy descuidada 
Vueseñoría? Pues sepa. 
Que si trajo convidadas, 
Yo le traigo un convidado. 

Cond. Quién vuestra prisión aguarda, 
¿Qué descuido tener puede ? 

Juan. ¿Mi prisión? 

Cond. El vircy trata 

De asegurar al marques, 

Y le prendió con su guarda. 
Juan. Eso nos está muy bien, 

Y mejor que honre esta casa 

Don Alonso mi señor. [traua ! 

Cond. ¡Vuestro hermano! ¡dicha es- 

Al. Déme, vuestra señoría. 
Los pies. 

Germ. Con mil alabardas 
Llega el virey. 

Juan. ¿El virey? 



2«2 



LAS FLORES M DON JUAN. 



ESCWA XXVU 



Dichos, el Viret^ el Marques, Alabar- 
[UEROS T Criados. 

Alaé. Plaza, caballeros, plaza. 

Cond, ¿Vuestra esceleocia, señor, 
En esta casa? 

Vir, A guardarla^ 

Como amigo^ y como deudo. 

Cond. Siendo de tos amparada, 
A nadie puede temer. 

Vir. Esta por Tisita Taiga, 
En que os doy el parabién j 

Y porque di la palabra 

De hacer Tuestras amistades^ 

Y el señor marques se Taya 
Muy en buen hora á Sicilia : 
i Don Juan de Fox ? 

Juan. ¿ Qué me manda 

Vuestra escelencia? 

Vir. Que luego 

Se d6Q Its manos. 

Alej. Bastaba 

Mandarlo Tuestra escelencia, 

Y ser gusto de estas damas. 

Juan. Ya, señor, que estás presento, 

Y haciéndonos merced tanta, 
Suplicooe que rae escuchéis. 



Vir. Decid. 

Juan. La fortuna et Taria & 

La historia de don Alonso 
A toda Valencia es dará; 
Yo bajé, cuando él subia, 

Y cuando yo subo, él baja : 
La condesa y yo le habeinos 
Desempeñado su casa, 

Sus lugares y sus joyas; 

Y hablado á doña Coostania 
Para que su esposa sea. 

Al. Palabras, conde, me (altan 
Aun para pagar con ellas. 

Vir. Noble y generosa hazaña. 

Juan. Si el señor marques se sirTe 
De llcTar muger á Italia, 
Mi señora doña Inés 
Esté en él bien empleada. 

Alej. De sus partes tengo nuevas, 

Y su persona me agrada. 

Vir. Pues dense las manos todos, 

Y quedarán confirmadas 
Las amistades con deudo. 

Juan. Aquí la comedia acaba 
De las flores de don Juan. 

Cond. Vusiñoria se engaña, 
Que el rico y pobre trocados. 
Dice su autor que se Uama. 



I SI NO VIERAN LAS MÜGERES ! 



ssta comedia se propone Lope dar uo ejemplo al bello sexo de los perjuicios que la 
ídad puede ocasionarle. Federico, amante correspondido de IsaJben, temiendo que 
)erador se enamore de ella si la ve, la manda esconderse. 

« os escondáis es mi gasto| De amor, qae á todas escede, 

» os Tea el emperador, £s no dar zelos, si paede, 

r^ue h sefial mayor La muger qoe tiene amor. 

i precepto despierta en an alma sn deseo vehemente de conocer á Othon. No medita, 
BTc el daño a que se espone, ni se acuerda de los zelos que ha manifestado su 
te : su curiosidad k> Yenn^e Wdo^ 

I, Flora, tengo de ver Florela, Cerca está. 

César, si bien será Isabela. O ver, ó no ser muger. 

^fraiads 

li empieza el nudo de la fiibula y el interés, que ya creelendo progresiyameate 
el desenlace. El encuentro de Isabela con el emperador^ las sospechas de Federico 
)erlo, la resolución de ocultarle sus amores, los zelos que le devoran al saber la 
1 de Othon , los que concibe Isabela creyendo que su amante está enamorado de 
la carta terrible que le escribe, manifiestan el talento del poeta, la fecundidad de 
laginacion, y que sabia formar un plan arreglado y bien desenyuelto cuando do 
aba con precipitación. 

caracteres son interesantes, nobles y apasionados. El del emperador está pintado 
Mía la galantería de la juventud y la grandeza y generosidad dignas de un graa 
rea : es valiente, discreto y propenso á la pasión propia de su edad ; pero sus 
es son honestos y decorosos, y no ofenden nunca el pundonor de Isabela, aun<uie 
iran en el corazón de Federico los zelos y el delirio que le arrebata. Los dos amantea 
perfectamente retratados; la nobleza de sus sentimientos, la constancia y pureza 
cariño, las penas aue padecen mutuamente conmueven el alma de los espectadores, 
rta que Isabela le dirige : Perro, el de la dama fea está llena de pasión y de verdad, 
irjo que arrebata á Federico, después de haberla leido, ea demasiado metafisloo, y 
•Dsiguiente menos natural é interesante que debiera. Es lástinia que Lope manchásai 
ste borrón una comedia tan bien imaginada. 

diálogos, la urbanidad del estilo, la facilidad y las gracias de la veraificadoQ aoa 
}e. La pintura que hace Trlstan de Isabela es graciosa y rica« 

lomo piernas que veoia? Celebré mncbo el fevor, 

cabello en una mano, T el verme, annque era postiza, 

i otra el peine, que en vano Con una muceta riza 

osaba ser celosía De peregrino de amor. 

I sol de sos bellos ojos; Entraba el sol por la rcya, 

isí como me abrazó Como envidioso, al soslayo, 

do el hombre me vistió Que bien diera el mayor rayo 

aquellos ricos despojos. Por tan hermosa guedeja, etc. 

« muchos versos pudieran citarse de igual mérito ; pero nuestros lectores no neoesitaa 
« copiemos aquí, cuando pueden verlos en la misma comedia. 



PERSONAS. 



LA, dama. 
íLX, criada. 
%ICO, cabaHero. 
AN, criado. 
jüE OCTAVIO. 



El emperador OTHON. 
FABIO, caballero. 
ALEJA^xmo, cabaUero. 
ROOULFO, caballero. 
VELARDO, villano. 



La escenOi es en Ndpoles, 



384 



¡ SI NO VIERAN LAS MUGERES 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de campo. 

ISABELA, CON SOMBEERO DE PLUMAS T UM 
ARCABUZ, T FLORELA. 

Fior, No te alejes de la quinta, 
De 6u plomo en confianza. 

Isab. Mejor que de espada y lanza, 
Asi la guerra se pinta. 
La caza se me ha escondido; 
Ya no hallo á que tirar. 

Flor. Ociosas para matar 
Son las armas que has traido. 

Isab. ¿Requiebros, Flora? 

Fior. No creo. 

Que fundados en razón. 
Son requiebros. 

Isab. ¿Pues qué son? 

Fior. Milagros de mi deseo. 
Con que ya no soy muger. 
Mudando en hombre mi nombre. 

¡sab. ¿En hombre^ Flora? 

Fior. Y muy hombre. 

Que el alma lo puede hacer. 

¡sab, Gomo me ves tan Tállente, 
Pienso que hablas de temor. 

Fior. Nunca le tuvo el amor 
Para ningún accidente; 

Y holgara me que te viera 
Federico en este trage. 

Isab. Envíale, Flora, un page. 

Flor. Buena diligencia fuera : 
Pero si no es que me engaña 
Lo airoso y galán del talle, 
Él baja del monte al valle, 

Y mi Tristan le acompaña. 

Isab. No te engaña el pensamiento, 
Que hay hombres de tal donaire, 
Que tienen alma en el aire 
De cualquiera movimiento. 
Aquí me quiero esconder. 
Que le quiero saltear. 

Flor. Invenciones de matar. 
Solo amor las sabe hacer. {Se esconden.) 

ESCENA II. 

FEDERICO T TRISTAN en cuerpo, t 
ISABELA T FLORELA escondidas. 

Fed, O el pensamiento adivina, 
O me dló su resplandor. 



Trist. Muchas veces piensí amor. 
Que mira lo que imagina. 

Fed. De dar en el agua el sol 
Se forma el arco del délo, 

Y asi en mis ojos recelo. 
Que dló su claro arrebol : 
Fundados en agua están 
Para poderse mover; 
Con que la pudieron ver, 

Y ella formarse, TrisUn. 

Trist. Yo pienso que fué en el mondo 
Primer filósofo amor. 

Fed. De darme su resplandor 
Este pensamiento fundo. 
No lejos de aquesta encina 
La TÍ, y á Flora también. 

{Saien Isabela y Florela.) 

Isab. Téngase todo hombre. 

Fed. ¿Aqniéot 

Isab. A amor. 

Fed. lOYénuadlTioal 

Si queréis al que camina 
Robar, y quitar despojos, 
¿ Para qué tantos enojos? 
Dejad ese fuego os ruego. 
No se corra el dulce fuego 
De vuestros hermosos ojos. 
Bajad las armas, que ya 
Para mi no harán efecto; 
Cese tan cruel decreto. 
No matéis quien muerto está. 
Al amor por armas da 
La antigüedad, arco y flechas, 
Porque para errar sospechas 
Y para acertar desdichas. 
Son sus flechas y sus dichas. 
De hierro y de plumas hechas. 
Tomad el arco, y dejad 
El fuego que en otra esfera 
Mas alta vive, siquiera 
Por honra de mi verdad : 
No muera mi voluntad 
De otro fuego, que el que vive 
En vuestros ojos, ni prive 
Al sol en ese arcabuz 
Un relámpago de luz. 
Que el aire de sombra escribe. 
Cuando sale el bandolero, 

Y se le pone delante, 
Pide humilde el caminante 
La vida, y deja el dinero : 
Lo mismo pediros quiero, 

Y el alma y potencia daros, 

Y que dejéis, suplicaros. 
La vida para serviros, 
Un sentido para oíros. 



ACTO I, ESCENA II. 



985 



tara miraros. 
Palas dormía 
va, quitada 
ida celada 
y argentería^ 
>r bisarría 
f á quien serero 
: madre, no quiero 
les y palmas, 
se matan almas^ 
1 armas de acero, 
uándo, Federico mió, 
ha negado 

)oy por robado 
bre albedrío : 
icion me desTio, 
dándoos la mia ; 
)ledad pedia, 
uiero, pues ya 
ida me da, 
atarme venia, 
lo agradecido 
a, señora, 
I de verme ahora 
fuerxa be venido : 
lor ha sido 
que á casa Tiene 
onte, y me tiene 
) de que os vea, 
a vecina aldea 
oche previene, 
que son los xelos 
I amor, que no hubiera 
ñas dulce fuera, 
an desvelos : 
isleron los cielos 
hombres un bien 
dn que también 
lor tal pensión; 
elos burlas son 
senda y desden. 
)eis de esconder 
que nadie os vea, 
amor que no sea 
s, si os viene á ver : 
remo poder, 
I tan inclinado, 
ensa mi cuidado, 
Páris, vos Elena, 
lar en la arena 
en llanto bañado, 
zelos les debe, 
•ela, el amor, 
r aviso al honor, 
spechas que mueve. 



Suenan truenos cuando Hueve, 
Y de las nubes los senos 
Se rompen de piedra llenos. 
Dando al labrador desmayos; 
Pues jamas cayeron rayos, 
Sin que lo dyesen truenos. 
Son los agravios, señora. 
Reloj de campana, dando 
Con públicos golpes^cuando 
Está pasada la hora : 
Los zelos al que la Ignora, 
Son la saeta, que va 
Adonde la letra está 
Tan quedo, que no se ve; 
Porque sepa antes que dé, 
El número á donde da. 
Mirad si temer esjusto. 
Viéndoos á vos tan perfecta. 
Que señale la saeta 
La letra de mi disgusto : 
Que os escondáis es mi gusto. 
No os vea el emperador, 
Porque la señal mayor 
De amor, que á todas escede. 
Es no dar zelos, si puede, 
La muger que tiene amor. 

Isab, Cuando por mi sola fuera. 
Os quiero yo obedecer. 

Fed» Y yo, señora, volver 
Donde ya el César me espera. 
No te entristezcas, ribera. 
De que el sol te falte ahora 
Que tus campos y aguas dora ; 
Cristal y flores, paciencia. 
Que breve será la ausencia 
De mi luz, y vuestra aurora. 

Trist, ; Y tú, Flora, no te escondes? 

Fior. ¿ Y yo para qué, Tristan ? 
¿Tú, zelos ? i de qué, galán ? 

Trist. i Con letrilla me respondes ? 
i No te puede ver alguno 
Mas galán, y mas señor? 
¿De zelos, teniendo amor, 
Hase escapado ninguno? 
Yo no sé historias que sean 
Ejemplo, ni digo mas 
De que mejor estarás, 
Flora, donde no te vean : 
Caen rayos, suenan truenos. 
Avisan zelos de agravios, 
Guárdanse los que son sabios. 
Dan en los que saben menos. 
Campos, perdonad, que Flora 
Se va á esconder; no es esceso. 
Que no dejaréis por eso 
De ver el sol y la aurora. 



3S6 



¡ SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



ESCENA III. 

ISABELA Y FLORELA. 

Flor, Suspensa estás. 

Isab, Hame dado 

Lo que nunca imaginé. 

Flor. ¿Es deseo? 

Isab, ^. 

Flor. ¿Deque? 

¡sab. De lo que has imaginado. 

Flor. De ver al emperador 
Me parece que será. 

Isab. ¿Quién, Flora, no lo tendrá 
De ver al mayor señor 
Del mundo que alaban tanto? 

Flor. Necio en avisarte anduvo 
Federico. 

¡sab. Culpa tuvo ; 
Pero de pensar me espanto. 
Que hiciese mi gusto empleo 
Contra su gusto. 

Flor, No es Justo, 

Cuando es tan honesto el gusto. 
Recatar tanto el deseo. 
No es nueva la condición 
Que nos viene por herencia; 
La primer desobediencia 
Nació de la privación. 
Malparió cierta romana, 
Con el deseo de ver 
Un monstruo^ y de se atrever 
A llegar á la ventana. 
¿Qué agravio recibe honor 
De galán y no marido, 
Por ver al esclarecido 
César, del mundo señor? 
Que decir, porque es mancebo, 
Que te puede codiciar, 
Es achaque de no dar 
Gusto. 

Isab. La razón apruebo; 
Que Federico no es justo. 
Que quiera quitarme el ver, 
Si en baja y noble muger 
Es naturaleza y gusto 
El ver á quien causa enojos t 
Todo al hombre se rindió 
Si no es los ojos, y yo 
No tengo esclavos los ojos. 
¿Cuál muger, aunque casada. 
De no mirar se obligó? 
Que aun ciega hacia deu'ro vio 
Con potencia imaginada. 
Yo, Flora, tengo de ver 
Al César, si bien será 



Disfrazada. 

Flor. Cerca está. 

Isab, O ver, ó no ser muger : 
Tiéneme aquí el padre mío. 
Porque él está desterrado, 
Mirando un monte, y un prado, 

Y entrando en la mar un rio ( 

Y un día, que viene aquí 
El águila con el pico, 
De oro y perlas, Federico 
Me manda esconder á mí. 
Mas quiere una muger ver, 
Que del mundo los despojos; 
Que es tapar al sol los ojos 
Cerrar los de una muger : 
Que como pasa, y traspasa 

Su luz por cualquier resquicio, 
O ha de perder el juicio» 
O ha de mirar lo que pasa. 

ESCENA IV. 

FABIO, RODULFO. ALEJANDRO, 

CABALLEROS DE CAZA, T EL EmPBSADOI. 

Emp, Cansado estoy. 

Fab. EsoldiA 

Caloroso por estremo» 

Alej Cuando es coo es«eso tantOi 
No sin donaire dUeron 
Los antiguos, que ladraban 
Aquellos celestes perros. 

Rod, ¿ Qué mucho, si les da el sol) 
Gran señor, de medio á medio, 

Y está para darles agua 
Hoy el acuario tan lejos? 

Emp. Señoras yerbas, haced 
Silla al que tiene el imperio 
De Alemania, y en Italia 

Y Roma, el sagrado reino. 

¿ Qué dosel como estos olmoa. 
Que con natural ingenio 
Visten hiedras, que coronan 
De racimos sin cabellos ? 
¿ Qué telas como estos lauros 
Donde parece que huyendo 
Dafne, mas agua que el sol. 
La viene siguiendo Febo? 
¿ Con qué gracia se despeña 
Ese músico arroyuelo, 
De esas pizarras al prado 
-Que en verdes juncos y heléchos 
Le dan cama en que se duerma 
Del ruido que echan menos 
Las aves, á cuyos tiples 
Era templado instiumento P 
¿ Dónde quedó Federico? 



ACTO I, ESCBHA V. 



í«l 



:.aego que ftalsMt sigaiendp 
3theon 8ÍD alma, 
as ramas de nn fresno 
orlos pies atado 
de sangre el suelo, 
itraodo por el monte 
tan el escudero 
celebras donaires, 
repites despejos ; 
rienen loe dos, 

ESCENA V. 

ios, FEDERICO t TRISTAN. 

Si me habrán echado menos? 
¿Eso dudáis? 

Federico, 
tas estado? ¿qné has hecho ? 
odicioso de seguir 
mas soberbio, 
ti feroz que en Arcadia 
Adonis el pecho 
dagas de marfil, 
anto de Vénns, 
señas del monte, 
erintos hechos 
que de las nobes 
)eiiscoS; dieron 
sol con la historia 
{antes soberbios, 
señor, bascando 
)rador teseo^ 
acase al camino, 
i de tus monteros^ 
ftRa repetidos, 
ú aire los ecos, 
fo se le puede negaf 
, cabaUeros, 
18 noble ejercicio 
ilustre aliento, 
iresas militares, 
guos y modernos 
irado en el mundo. 
1 famoso esftieno 
ino, que mata 
en ios campos secos, 
el desnudo brazo 
puntAs de acero, 
los animales : 
ndo yo contemplo 
do trabajo inútil, 
le me arrepiento 
(a que traigo, 
ancio con que Toel?o. 
1 las acciones humanas 
i nación debemos 



Hacer fáciles las penas : 
Así hallaron los secretos 
De la gran naturaleza 
Los filósofos, y dieron 
Fin á tan altas empresas 
Los romanos y los griegos. 
La inclinación hizo sabios 
Oradores y maestros 
De las leyes, y el laurel 
Poetas de ilustres Tersos : 
Corresponden las costumbres 
A la iDcllpaclon. 

Emp, Ya veo, 

Que fué de nuestras pasiones 
El primero fundamento. 
¿Pero cuál es la mayor 
Pasión de las que tenemoe 
Los hombres naturalmente? 

Fed. Dejando afectos diversos, 
Son la ira y el amor. 

Emp. ¿Y cuál es el mayor? 

Fed. Tengo 

La ira por mas pasión, 
De quien los sabios dijeron 
Que era una breve locura. 
Que ciega al entendimiento. 

Emp. Engañaste, porque amor 
Aspira en el alma á eterno; 
Que como ella es inmortal, 
También amor puede serlo : 

Y la ira, y tú lo dices. 

Ser breve, pues dura el tiempo 
Que dilata la venganza t 
Pero del amor sabemos 
Que puede durar después 
De ejecutado el deseo. 
Toda la vida en un hombre. 

Y es fácil aquí el ejemplo, 
Que podéis todos vosotros 
Tener encendido el pecho 
De amor ahora, y ninguno 
Tener ira ; luego es cierto. 
Que es mayor pasión amor» 

Fed. Que es la mas noble confieso ; 
Pero no que la mas ftierte. 

Emp, Vosotros, que estáis oyendo 
Al discreto Federico 
Un pensamiento tan necio, 
¿Qué decis de su opinión? 
Confesándome primero 
Sí amáis, porque no es posible ' 
Que donde hay tantos sugetos 
De hermosura y discreción. 
Estéis libres de este afecto. 
Di tú, Fabio, por mi vida... 

Fab, Yo, señor, con nadie tengo 



288 



¡ SI NO VII3ÍAN LAS MUGERES ! 



Ira ; amor sí. 

Emp. ¿Quieres bien? 

Fab. Cierta señora requiebro 
Con mas amor que esperansa. 
Aro el agua, siembro el Tiento. 

Emp. ¿Tú, Rodulfo? 

Rod. Por tu vida 

Diré verdad : yo no acierto 
A conquistar voiuntades : 
Tengo mi dama de asiento. 
Aseguro mi salud, 
Quiero mas, y gasto menos. 

Emp, ¿Tú, Alejandro P 

Alifj. Gran señor, 

Un imposible pretendo. 

Emp. No hay imposible, Alejandro, ^. 
Rogando, amando y sirviendo. 
Tristan, ya que estás aquí, 
Di tu razón, porque entiendo 
Vencer con todos ios votos. 

Trist. Indigno, César escelso, 
Me siento en tanta grandeza ; 
Mas como siempre te veo 
Inclinado á mi favor. 
Tendré á tu vida respeto. 
Yo quiero una casadilla, 
De cuyos ojuelos negros 
Saliera el sol mas hermoso 
Si se acostara con ellos. 
De las rosas de la cara 
Parece que amor ha hecho 
Azúcar rosado el alma 
De mis enfermos deseos. 
Breve boca y dientes blancos. 
Tales que un mico ligero, 
Pensando que eran piñones 
Saltó una vez á comerlos : 
Las manos eran, por Dios, 
Lindas, si pidieran menos; 
Lo que es el brio pudiera 
Ser el alma de otro cuerpo. 
Fuese el marido á una aldea; 
Sustituir quige el lienzo 
De sus sábanas, volvió. 
Era rigoroso invierno. 
Escondióme en un tejado 
Del marido, y no del cierzo, 
A donde estuve sin Juicio 
Hasta que el alba riendo 
Me tuvo por chimenea, 
Y con ser tan grande el hielo, 
ConQeso que no ha podido 
Vencer de mi amor el fuego. 
Emp. ¿ Porqué callas, Federico? 
Fed. Yo, señor, porque no puedo. 
Siendo ayudante de amor. 



Ayudar á tu argumento : 
En toda mi vida quise 
Ni dije á muger requiebro, 
Ni sujeté el albedrío. 
Ni rendí el entendimiento. 
Ni escribí papel de amores. 
Ni tuve de nadie zelos. 
Ni me vio rondar de noche, 
Ni oyó mis quejas el viento, 
M supe qué eran desdenes 
Ni favores, porque tengo 
De las tragedias de amor 
Innumerables ejemplos. 

Emp. ¿Pues qué has hecho, Federíeo, 
De toda tu vida el tiempo? 
¿Tú eres hombre? ¿tú eres noble? 
¿Tú valiente? ¿tú discreto? 
¿En qué Escitia, en qué Etiopia 
Naciste? ¿qpé monte fiero 
De Tesalia fué tu padre? 
¿Qué tigre te dio su pecho? 
¿Hombre vivió sUi amor 
En el mundo, donde vemos 
Llorar una ave de ausencia. 
Morirse un cisne de zelos. 
Bramar en el bosque un toro. 
Gemir en el monte un ciervo, 
Y un delfin entre las ondas 
Del mar, festejar paseos 
Al sugeto que le dio 
Naturaleza por dueño? 
¿Tú no sabes, Federico, 
Que desde el hombre primero 
Es amor rey de los hombree? 

Fed. Señor, en amor me empleo 
De la virtud y los libros. 

Emp, Es justo amor, no lo niego; 
¿ Pero hay cosa mas amable^ 
Ni de escelente sugeto. 
Como una hermosa muger 
Al humano entendimiento? 
¿Qué cosa es buena sin eUas? 
¿Qué es la caza, qué es el juego 
Para igualar á sus brazos? 
¿O por quién, dime, ha hechd 
La plata la luna, el sol 
El oro» el mar en su centro 
Las perlas, las piedras ricas, 
Los planetas, influyendo 
Para diversas colores 
Sus calidades y efectos? 
¿Para quién tanto artificio; 
Desde el gusano pequeño, 
Que labra en capullos blancos 
El túmulo de su entierro, 
De donde la seda sale. 



ACTO I, ESCENA VII. 



289 



ssUmos los cnerpoe» 
ieron aquel ser 
reconocemos ? 
rte, Federico, 
hoy (estame atento) 
MUir á quien ames, 
» alto sugeto ; 
mi cámara, Juro 
' esto será cierto, 
de entrar sin amor 
Dguno; que creo, 
-e que no sabe amar, 
srvir, y aun pienso, 
ede ser leal, 
i, ni discreto. 
De amor vicioso 
pensamientos, 
casto, que obligue 
un fln honesto, 
uis tú que es él solo? 
uis libros, pienso, 
ristóteles viste, 
I dijo por ellos^ 
» era Dios ó bestia ; 
ixtma entiendo, 
mpañan amigos 
» entendimiento, 
atad, que aspira 
'echos deseos ; 

sabio también 
iron los griegos, 
traba á su dama, 
litar ó templo, 
itendido? 

Muy bien ; 
aré sugeto, 
lar desde hoy. 
si ya le tengo 
le el mismo sol. 

{Dentro ruido.) 
ja, ataja : del cerro 
*Jende al verde 

á Melampo suelto^ 
i por los pies, 
Igualen al tiempo, 
rred, caballeros, todos, 

1 fuente os espero, 
yo también? 

Federico, 

STO. 

Ya obedezco 
amos, Tristan. 
I grande preñado Uevo 
le te decir, 
larémos eo secreto. 



ap. 



ESCENA VI. 

El Emperadob. 



Quien no sabe de amor vive entre fieras, 
Quien no ha querido bien fieras espante ; 
O si es Narciso, de si mismo amante. 
Retrátese en las aguas lisonjeras. 

Quien en las flores de su edad primeras 
Se niega á amor , no es hombre, que es 

diamante. 
Que no lo puede ser el ignorante, 
Ni vio sus burlas, ni temió sus veras. 

I O natural amor ! que bueno y malo. 
En bien y mal te alabo y te condeno, 

Y con la vida y con la muerte igualo : 
Eres en un sugeto malo y bueno, 

O bueno al que te quiere por regalo, 
O malo al que te tiene por veneno. 

ESCENA VII. 

El Emperador, ISABELA v FLORA vestidas 

DE LABRADORAS, T VELARDO DE VILLANO. 

Isab, Muy mal nos habéis guiado. 

Vel. No ha sido la culpa mia. 
Que esta gente no venia 
A merendaren el prado 
Para sentarse despacio : 
Ni estamos para mirar 
Al César salir ó entrar 
En las puertas de palacio. 
Todos van en sus rocines 
Por el monte discurriendo. 

Isab, Lejos se escucha el estruendo. 

Flor, De aqueste valle en los fines 
Repite el eco en las voces. 

Emp. ¡Qué graciosa labradora! 
i Sale mas fresca la aurora? 

Isab. Tú, pienso que no conoces 
Al emperador. 

Vel. Yo no. 

Isab. Mas no será menester. 
Que bien se echará de ver. 

Vel. Pintado le he visto yo, 

Y así vendrá por acá. 
Isab. ¿Cómo? 

Vel. Con un gran ropón 

De armiños blancos, tusón 
De oro, en que el cordero está 
Entre piedras y eslabones, 
Corona de tres, el mundo 
En la mano, el sin segundo 
Cetro de tantas naciones, 

Y la valerosa espada. 

Isab. ¿Y ha de venir á cazar 
19 



990 



¡ SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



De esta saerte? 

Flor. ¿ Y aquí andar 

Ck)n la púrpura Mgrada f 

VeL Andan tan graves y erguidos, 
Que por sus reales leyes, 
He pensado que los reyes^ 
Flora, se acuestan yestidos : 
Nosotros mudamos cara 
Con mala ó buena fortuna ; 
Los reyes no, siempre es unff. 

Emp. Mientras mas para y repara 
Mi vista en esta muger, 
Mas hermosa me parece. 

Flor, El César se desparece ; 
Bien nos podemos volver. 

¡sab, ¡Ay, Flora, qué gran desaire 
Ser al aire mi venida ! 

Emp. No he visto cosa en mi vida 
De tanta gracia y donaire. 

Uab. ¿Sin ver á los cortesanos 
Siquiera me he de volver? 

Emp, Labradora puede ser 
De corazones humanos. 

Isab, Allí he visto un caballero. 
¡Ola I ¿qué digo? señor, 
¿Dónde está el emperador? 

Emp, Aquí, señora, le espero; 
¿Mas qué es lo que queréis? 
Que yo soy un gran privado. 
Mucho tendréis negociado 
Con las gracias que teneia. 
Porque siempre la hermosura 
Lleva cartas de favor. 

Isab. Ya sé que el emperador 
La divina arquitectura 
Humilla á cualquier muger. 

Emp. No á cualquiera, que en efecto, 
Es quien es ; mas yo os prometo. 
Que si os acertase á ver, 
Y á oiros hablar asi. 
Que se perdiese por vos. 

isab. ¿Perderse? ¡Válgame Dios I 
«Pues no tiene el mundo allí? 
¿Hay mas que buscarse en él? 

Emp. Quien por un ángel se pierde. 
Es Justo que se os acuerde 
Que es fuerza volar tras él ; 
Luego buscarle en el suelo 
Vuestro pensamiento yerra, 
Que no se hallará en la tierra 
Quien se ha perdido en el cielo. 

¡sab. No entendemos por acá 
Tan angélicos requiebros, 
Que entre castaños y enebros 
Humildemente se va : 
Decidnos del talle y cara 



Del señor emperador. 

Emp. Miradle como á señor. 
En que el respeto repara; 

Y con eso le habréis visto : 
¿ Mas dónde vivís ? 

Isab. No 8é« 

Emp. ¿ Sabrélo yo ? 

Isab. ¿ Para qué? 

Emp. Porque soy el que conquisto 
Para el César estas aves. 

Isab. Muy buen oficio tenéis, 
Medraréis y privaréis. 
Que son bocados suaves ; 

Y asi á vos os lo haga Dios. 
Pues junto al César estáis, 

Que el bien que podéis le hágala. 

No sea todo para vos. 

No digáis de nadie mal. 

Que es bajeza, y no es razoo 

Trocar con mala intención 

Un espíritu real ; 

Que si de aquel alto cielo 

Alguna vez deslizáis. 

No dudéis, si bien habíala. 

Que hallaréis mas blando el suelo. 

Esto os digo, aunque con miedo; 

A ver al César venia, 

Mas que ya se acaba el dia, 

A Dios. 

Emp. Esperad. 

Isab. No puedo. (Fs« 

ESCENA VIH. 

El Emperador v VELARDO. 

Emp. Oyes tú, buen labrador. 

Vel. ¿Qué mandas? 

Emp, Saber deseo 

Quién es esta labradora. 

Vel. No me parecéis discreto 
Para cortesano. 

Emp. ¿Cómo? 

Vel. Aunque es disfrazado cuerpo, 
¿ No veis que el alma es de dama, 
Las galas y el limpio aseo ? 
¿Qué olor os dio de tomillo, 
Pues á los ámbares hecho. 
No conocisteis el suyo ? 

Emp, No os espantéis, soy un necio. 
¿Cómo se llama ? 

Vel. Isabela. 

Emp. ¿Y vos? 

Vel. Al servicio vuestro, 

Velardo. 

Emp. ¿Aun viven Veiardos? 

Vel, ¿ No habéis visto un árbol viejo, 



ACTO I, ESCENA X. 



291 



ico^ aooque arrugado, 
rerdes reDuevos? 
babeíA de pensar, 
lando los tiempos 
cedo á mi mismo, 
^os decis bien, y yo quiero 
testa sortija. 
>e oro? 

De oro, pues. 

Del pueblo 
r; mas hay doe cosas 
ro manifiesto 
lidiadas. 

¿Cuáles? 
riqueza y el ingenio. 
>s los cortesanos 
lerte? 

Así lo pienso, 
irque dicen por acá 
r se pasó á otro reino. 
Quién es Isabela? 

Es bija 
3 Octavio. 

Ya tengo 
ú duque Octavio, 
n de su destierro. 
> tiene el César razón 
3 tanto tiempo 

de la corte 
Lia. 

Ahora entiendo 
e dijo Isabela : 
malos sucesos 
t los culpados 
i tienen gobiernos, 
la esta señora? 
» señor, que está su viejo 
ly pobre. 

Es hermosa. 
» es el dote de estos tiempos. 
Dónde vive? 

A mano izquierda, 
s hayas y tejos 
can dos torres mochas, 
mas altas que ellos : 
su tristeza 
z; mas ya siento 
ente, á Dios, á Dios; 
ais amas huyendo 
he, y de que el duque 
tan lejos fueron. {Vase.) 

ESCENA IX. 

RAOOE, FEDERICO t los demás. 
D ha visto en esta selva ni en nin- 

1 otro horizonte, Igun^^ 



Tu mageatad cesárea tan valiente 
Parto de los peñascos de aquel monte : 
De juncos se vistió de esta laguna. 
Llevando del hocico y de la frente 
Colgados los lebreles irlandeses, 
Ardientes canes de estos rubios meses; 

Y á Melampo y Taurín por arracadas, 
Las orejas en púrpura bañadas. 

Allí entre el cieno y ovas 

De tantas cuevas y húmedas alcobas. 

Rindió la fuerte vida. 

Buscando el agua de su amor teñida. 

En cuya sed, por mas ardides fragua. 

Bebió mas de su sangre que del agua: 

Ven á verle si quieres. 

Emp. Ya no puedo. 

Que baja entre las sombras de su miedo 
La noche que nos cubre, 

Y la creciente luna se descubre 
En los fines del dia. 

No está lejos de aquí la casería 
Del duque Octavio, albergaréme en ella. 
Hasta que salga la amorosa estrella. 
Paraninfo del sol. 

Fed, ¿Del duque Octavio? 

¿Pues ya te olvidas del pasado agravio? 

Emp, ¿Es mucho que me olvide, 
Si con los años el rigor se mide? 

Fed, ¿Quién te ha dicho, señor, que aquí 
El duque? [vivia 

Emp. Un labrador, que conducía 
Sus bueyes de la arada, 
Atadas las coyundas á las frentes, 

Y en la rústica mano la aguijada. 

Fed. Resultarán dos mil inconvenientes 
De ver al duque ahora desterrado. 
Emp, No lo estará, sí queda perdonado. 
Fed, Está todo el servicio en esa aldea. 
Emp. Traerle. 
Fed. Será tarde. 

Emp. Aunque lo sea. 

Fed. Estaba puesto allá todo recado. 
Emp. Federico, acabad, no seáis pesado. 

(Koif.) 

ESCENA X. 

FEDERICO Y TRISTAN. 

Fed. ¡Estrena novedad! ¿Por dónde, 
cíelos, 
Ha dado mi desdicha en el agravio. 
Huyendo del peligro de los zelos? 
Si no es dichoso, no hay amante sabio, 
i Que supiese, á pesar de mis desvelos, 
La casa donde estaba el duque Octavio! 
Amor, qué ¿importan prevenciones dichas. 



292 



SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



Donde tienen imperio las desdichas? 

TrisL ¿De qué te afliges? 

Fed, Todo me desvela. 

Trist. ¿Pues hay mas que decirla que se 
A los ojos del César Isabela, [esconda 

Y que á tus justos zelos corresponda? 
Fed, ¿No has visto halcón que á las per- 
dices vuela, 

Y que las va cercando á la redonda, 

Y que la mas segura y escondida 
Pierde primero que el temor la vida? 
Así será Isabela, y sus criadas 
Guardadas de mis zelos y temores. [das, 

Trisl. Cuando alojar soldados cámara- 
Sienten para su mal los labradores, 
Esconden las gallinas, y guardadas. 
Apenas siente el gallo los albores 
De la primera luz, cuando en voz fuerte, 
Se vuelve cisne por cantar su muerte. 
Aquí será, señor, de otra manera, 
Si tu Isabela defender procuras, 
Porque no cantarás estando fuera, 

Y ellas con esconderse están seguras. 
Fed. ¿Quién fuera nube que esconder 

pudiera 
De Isabela, mi sol, las luces puras? 
Mas como no es posible al de los cielos, 
Menos podrán su resplandor mis zelos. 

ESCENA XI. 

Sala en casa del duque. 
El ddqoe octavio t VELARDO. 

Oct. La vuelta de Federico 
Que viene el César confirma. 

Vel, Digo que he visto, señor. 
Acercarse á nuestra quinta 
Gente del real servicio. 
Instrumentos de cocina 

Y aparatos de la noche, 
De que tan graves venian 
Las acémilas que llevan 
Los reposteros encima 
Con tas armas del imperio. 
Que dije: si estas caminan 
Tan soberbias, porque traen 
Cosas de tan baja estima, 
¿Qué mucho que lo parezcan 
Los que tan cerca se miran 
Del señor emperador? 

Oct, No sé por dónde mi dicha 
Le ha traido á nuestro monte. 
Ni como ya se le olvida 
Lo que tuvo por agravio ; 
Presumo que determina 
Perdonarme, y que ha buscado 



Con esta invención fingida 
Ocasión á su piedad : 
Que en fin cuando pretendían 
Ei imperio de Sajonia, 

Y él con armas atrevidas. 
Dejé la parte de Othon, 
Teniendo mayor justicia. 
Coronóse, al fin, venciendo, 

Y en viendo en su frente altiva 
Las hojas de oro y laurel. 

Del sagrado imperio insignias, 
Pudiendo verter mi sangre^ 
Con destierro me castiga. 
Ya va llegando la gente ; 
Entra, y á Isabela avisa, 
Que tengo al César por huésped. 
Para que esté prevenida 
Para besarle la mano. 

Vel, La gente, señor, me admira; 
Que sigue á un rey, aunque sea 
Para entretenerse un dia. 

Oct, Si ves el campo del cielo 

Y el sol, i porqué no imaginas 
Los ejércitos de estrellas 

Que de su luz participan? 
Lo mismo es un rey. 

Vel, Yo parto 

A decir que se aperciba 
Mi señora á ver el sol. 

ESCENA XII. 

El Düqdb, el Emperador t los dehas. 

Fed, Aquí está el duque. 

Ocl, Y se hamilla. 

Gran señor, á vuestros pies, 
A donde lágrimas sirvan 
De palabras, que mejor 
Con ellas se significan 
Los sentimientos del alma. 

Emp. Quien á vuestra ca^^a misma 
Viene, Octavio, claro está 
Que el perdón os anticipa. 
K\ blasón de nuestro imperio, 
Entre el acero y la oliva 
Dice que perdona humildes, 

Y que soberbios castiga : 

Yo os abrazo, que es la pluma 
Que las amistades firma, 
Sin acordarme de agravios. 

Oct, Vuestra magostad invicta. 
Soberano Othon, bien sabe. 
Que como alma arrepentida 
Me sepulté en estos montes 
En pena de mi desdicha, 
Pudiendo del de Sajonia, 



ACTO 1, ESCENA Xlll. 



293 



iras Mgúiñ, 

ndes mercedes. 

es menester referirlas, 

que tendréis 

'don las mias. 

blando, Tristan^ estoy. 

aes de quién? 

Deque le impida 
rer á Isabela. 

qué habrá después de vista? 
(u hermosura tan grande, 
sar se le inclina, 
>der en el mundo 
emo resista, 
derico? 

¿Señor? 

Oye. 
» que hacia 
amor, callando 
1 Tenida 

' yo la deseo, 
iTio la malicia, 
ló contra tí 
10 merecía 

Cuando os fuisteis 
ellas encinas, 
ira tal! un ángel, 

sol, una ninfa 
abradora, 

Tenia 
operador, 
y por oiría, 
e yo era. 
ra y gallardía 
Eiyo áml alma; 
cosa mas linda 
:ngo el laurel 
I, ni en mi Tida 
lulce deseo 
>8a conquista. 
¡o á su casa, 
e era la hija 
dile al descuido 
tñe su familia; 
Indola^ y tü 
B amor me obliga 
so, y que á solas 
te permita 
)s los dos. 

Señor, 
I Tenia 

me lo dijo. 

ran magestad obliga. 



Contra ei honesto recato 
Que de esta dama publica 
La fama, á mayor esceso. 

Emp. ¿Ahora sabes que incita 
Toda noTedad los ojos 
De las mugeres? 

Fed, Es digna 

Tu grandesa de mayores 
Milagros. 

Emp. Todo lo miran, 
Todo lo Ten las mugeres 
Que quieren Ter y ser Tistas ; 
Porque si cuando desean 
Ver y ser Tistas, les quitan 
Ser Tistas, y que las Tean, 
Harán mil cosas indignas; 
Romperán torres, saldrán 
Por rejas, pondrán mil Tidas 

Y mil honras en peligro. 

Fed, Bien lo dicen mis desdichas ; 
Echó la fortuna el sello, 

Y firmó cuanto temía. 

¡ Bien dicen los desdichados. 
Que las almas profetizan ! 
Ya no es menester, señor. 
Que al duque OctaTio le diga 
Lo que mandaste: ella Tiene. 

ESCENA XIII. 

Dichos, é ISABELA acompañada 

DE CRIADAS. 

Isab. Vuestra magestad permita 
Los pies á su humilde escIaTa. 

Álej. No soy yo, señora mia : 
Allí está el emperador. 

Flor. Ay, señora, por tu Tida, 
Que es el que hablaste en la fuente. 

Isab, El alma me lo decia, 

Y no lo quise creer. 
Dejad, señor, que se rinda 
Esta esclaTa á Tuestros pies. 

Emp, Que los brazos os reciban. 
Es mas justo. ¡O Federico, 
Qué hermosura tan dlTina ! 

Fed. Demonio la juzgo yo. 

Emp, ¿Qué intercesora podía 
Gomo TOS traer el duque? 

Isab. Laurel de mil mundos ciña 
Esa Tlctoriosa frente. 

Emp. Parece descortesía 
El recibiros en pié ; 
Entrad, y tomemos sillas. 
Da la mano, Federico, 
A Isabela. 

Fed. f Ah, fementida ! 



ap. 



ap. 



294 



SI NO VIERAN LAS MUGERES 



hab, ¿Pues qué culpa tengo yo? 

Fed. Pregúntalo á las encinas 
Donde fuiste á ver ai César : 
Eres muger. 

{Vuelve el rostro el emperador,) 

Emp, i Qué decias 
A Isabela? 

Fed. Que merece 
De tu imperial monarquía 
La mitad. 

Emp, Y aun toda es poco. 

Fed. I Qué traición! 

Isab. \ Qué necia euTldia! 

Flor. ¿Y tú no me das la mano? 

Trist, En cinco dagas buidas 
Quisiera volver ios dedos. 

Flor, i Qué locura 1 

Trist. I Qué desdicha ! 

Flor. ¿Qué quieres? tenemos ojos, 
Y los ojos... 

Trist. Dilo. 

Flor. Miran. 

Trist. Mal cuervo aposente el pico 
En la mitad de tus niñas. 

Flor. ¿Pues á quién ofende el ver? 

Trist. Ya sé que el diablo os pellizca 
En habiendo novedad. 

Flor. ¿Y vosotros? 

Trist. ¿Pues querías 

La libertad que tenemos 
Por ejecutoria antigua? 

Flor. Con eso no ven mager, 
Que luego no la codician 
Los hombres. 

Trist. Flora, entre yeguas 

Todo caballo relincha. 



w\A.^/v^A^wvvv^• 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Salón de palacio. 
FEDERICO T ALEJANDRO. 

Alej. Piadosa hazaña del invicto César 
Ha sido, Federico, en tanto agravio 
El haber perdonado al duque Octavio; 
No sé si diga que de amor ha sido, 
Pues no solo á la corte le ha traído, 
Pero de oficios de su casa honrado. 

Fed. Como nunca, Alejandro, me ha to- 
La envidia de la corte, [cado 

Siempre camino por distinto norte. 
Rien sé que la hermosura de Isabela, 



Puede en la edad de Othon, si le desvela, 
Ser causa del honor que al duqoe ha hecho ; 
Pero de sus virtudes satisfecho. 

Y de la buena fama de esta dama 

(Que en las mugeres es la mayor fama) 
Tendré por imposible su deseo; 
Fuera de que no creo, 
Que Othon la mire como habéis pensado. 

Alej. Su condición me ha dado 
Tan necio pensamiento, 

Y de haberle tenido me arrepiento; 
Que el tiempo que estuvimos en la aldea 
Me dio ocasión de amarla su henno6iin. 

Fed. \ Estraña desventara ! «p* 

No hay cosa que no sea 
Para tormento mió. 

Alej. Vila una tarde que bajaba al rio 
Con Flora, su parienta, ó so criada : 
Sentóse en la esmaltada 
Orilla entre las flores, 
Que de envidia esforzaban sos colorea, 

Y tomando una caña 
Que un labrador traia. 
Cada pez que sacaba parecía 

Una estrella de plata por el viento, 
Pendiente del sedal se resistía. 
Llegué con osadía, 

Y dije : si los peces almas fueran, 
A tan dichosas manos acudieran 
Sin resistirse tanto. 

Fed. Buen requiebro. 

Alej. Debeisos de burlar. 

Fed. Antes celebra 

Que vinieron las almas por despojos 
Al cristal del anzuelo de sus manos, 

Y al cebo de sus ojos. 

Alej. Allí nacieron pensamleotoe vmoa, 
Allí esperanzas locas 
De palabras corteses, aunque pocas. 
Que me dijo bañando en clavel puro, 
Cuando mezcla lo claro con lo oacuro 
El nevado jazmín de sus mejillas: 
Cubriéronse de sombra las orillas, 
Porque el sol de Isabela y el del cielo 
A un tiempo las dejaron, 
Quedando en la ribera tristes ecos, 
Las flores desmayadas, las suaves 
Aguas sin risa, y sin cantar las aves. 
Con este amor, con este casto celd. 
Que sus dulces palabras alentaron, 
Pienso pedirla á Octavio. 

Fed. Dichoso vos, que sabio 
Seguis queriendo bien de Othon el gasto; 
Yo sin amor, aunque le voy buscando. 
Finjo que muero aaiando. [moero; 

Alej. ¡ Ay Dios ! no flojo yo, qoe 



ACTO II, ESCENA III. 



S98 



ocasión, de tos espero 
isai favor para casarme, 
estirle, y entro confiado 
ced que siempre me habéis hecho, 
yo quedo á sertiros obligado, 
iiempre lo estuTe de ese noble 
:ho. {Vase,) 

ESCENA II. 

FEDERICO. 

lájaro amante en la enramada 
1 amor, que por el yerde suelo 
to al cazador, que con desvelo 
icnchando la ballesta armada : 
yerra, vuela, y la turbada 
pico trasformada en hielo, 
de ramo en ramo acorta el vuelo, 
ejarse de la prenda amada, 
suerte el amor canta en el nido, 
> que los zelos, que recela, 
lechas del temor de olvido, 
eme, sospecha, inquiere, cela; 
[ue ve que el cazador es ido, 
aliento en pensamiento vuela. 

ESCENA IIL 

FEDERICO T TRISTAN. 

tensarás que me he tardado 
[ mia. 

No sé; 
ne te esperé, 
ir desesperado. 
I la nueva casa fui 
)ra Isabela 
apuesta cautela, 
portada vi 
vage á Velardo, 
forma de escudero, 
iridar lo grosero, 
lir lo gallardo, 
le pregunté; 
azó y me llevó 
donde yo 
adorno admiré, 
paredes tela 
el suelo se dilata, 
baranda de plata 
» de Isabela, 

cristal de esta audiencia : 
i, sobrestantes, 
ran para amantes 
»rreipODdencla. 
I eon las Oores 
que barlar inedia | 



Las abejas; tanto escoden 
Las imitadas colores. 
Del duque Octavio un retrato 
Con el militar bastón, 
Que fué la ofensa de Othon, 
Por quien le llamaba ingrato; 
Pero ya se le figura 
Que nunca lo pudo ser : 
i Válgame Dios, qué poder 
Tuvo siempre la hermosura I 

Fed. Llamáronla tiranía 
Breve, con mucha razón. 

Trist, Eso las mugares son 
En su breve lozanía. 

Fed, ¡Gran poder! 

Trist. Corre parejas 

Con el mas alto poder : 
firava cosa ser muger. 
Si no llegaran á viejas ; 
Mas como al fin les alcanza 
Tan notable diferencia, 
Allí dan su residencia, 
Allí tomamos venganza, 
Allí llega el que gastó 
Su hacienda, y la cobra en risa; 
Allí el despreciado pisa 
La hermosura que adoró; 
Allí la rosa y jazmín 
Que el poeta encareció 
Seca se muestra, y quedó 
Solo al serafín el fin; 
Allí la que á la ventana 
Por grande favor salla, 
Haciendo el papel de tía, 
Va por la calle entrecana ; 
Allí la cara que intenta 
Hacer al sol igualdad, 
Parece rapado abad, 

Y mas si engorda á cincuenta. 
Pero son tan venturosas, 
Que cuando la edad declina 

O tienen hija, ó sobrina. 
Bien prendidas, bien airosas. 
Con que aquella tiranía 
Se hereda por sucesión. 

Fed, { Qué cansada reladon, 
A quien el alma tenia 
Colgada de tus razones! 

Trist, Es retórico rodeo. 
Porque con mayor deseo 
Me escuches. 

Fed. ¡ Qué de invenciones .' 

Trist. Digo que Flora salió, 

Y que me dio mil abrazos; 
Pero apartóle los brazos... 
i Quién dirás? 



296 



SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



Fed. i Paes 8élo yo ? 

Trist, Hazte simple; tu Isabela, 
Que salió oyendo mi voz, 
A abrazarme, mas veloz 
Que garza que el halcón vuela. 
¿Cómo piensas que venia? 
El cabello en una mano, 

Y en otra el peine, que en vano 
Pensaba ser celosía 

Del sol de sus bellos oJos; 

Y asi como me abrazó 
Todo el hombro me vistió 
De aquellos ricos despojos. 
Celebré mucho el favor, 

Y el verme, aunque era postiza, 
Con una muceta riza 

De peregrino de amor. 
Entraba el sol por la reja 
Como envidioso al soslayo. 
Que bien diera el mayor rayo 
Por tan hermosa guedeja. 
Así me llevó al estrado 
Preso en tan dulce prisión, 
Que el César con el tusón 
No va tan bien adornado. 
Sentóse, é hizo que Flora 
Me llegase una almohada : 
Repliqué, no importa nada; 

Y sentóme de señora. 

Lo primero en que me habló. 

Fué en tu crueldad, pues no quieres 

Verla. 

Fed. Propio en mugeres : 
No la vi, porque ella vio; 
Ella fué causa... 

Trist, Es verdad. 

Fed. Yo la viera, si no viera : 
Vio lo que escusar pudiera; 
Esa sí qu ' fué crueldad. 
El emperador la adora, 
Porque ella le quiso ver : 
Competir, no puede ser. 

Trist. Un remedio queda ahora. 

Fed. ¿Cuál ? 

Trist, El César te ha mandado 

Que busques á quien amar; 
Di que andándola á buscar, 
Con Isabela has topado ; 
Que como te quiere bien. 
Podrá ser que liberal 
Te la deje. 

Fed. Mayor mal 
Resultar puede también ; 
Pues seria hacer de modo. 
Si zeloso se enojase, 
Que de aquí me desterrase, 



Y será perderlo todo. 
Mejor es disimular 

Y dejar á la fortuna 

Mi esperanza, si en alguna 
Puedo mi remedio hallar. 
Pero en fin, ¿en qué paró 
La plática? 

Trist, En nn efecto 
De amor, que de lo secreto 
Del alma, al rostro salió. 

Fed, ¿Cómo? 

Trist. Por ser cosa fria 

Esto de las perlas ya. 
Aunque el mar del Sur está 
Cansado de las que cria, 
No digo que las lloró, 
Pero que lágrimas vi : 
Tú allá sabrás para tí. 
Si fueron perlas ó no. 

Fed. ¿Lágrimas? 

Trist, Pude cogerlas. 

Fed. Todo me siento ahrasar. 

Trist, Pues échate en aquel mar. 
Serás gusano de perlas. 

Fed, \ No me guardarás alguna ! 

Trist. En esta ropilla están. 

Fed, Pues desnúdate, Tristan ; 
No te ha de quedar ninguna. 

Trist. Quedo, señor, que en tu pecho 
Cayeron, porque él podia 
Guardarlas solo. 

Fed, ¿ Y no ardía 

El mió en fuego deshecho ? 
Pero están mas propiamente 
En su mismo nácar ahora. 
Si son perlas de la aurora, 

Y no de su luz ausente. 
I Ay de mí ! 

Trist, Quedo, señor. 
Que el César sale. 
Fed. Él me mata. 

ESCENA IV. 

Dichos, FABIO, ALEJANDRO t RODUl 

CON UN ESPEJO, T OTRO CON LA CAP 

ijk ESPADA, EL Emperador mirandosi 

Emp, Pienso que está bien así : 
Dadme la capa y la espada. 

Fed, ¿Traerán la carroza? 

Emp, No ; 

Aunque la pedí : dejadla. 

Rod, ¿Quieres que llegue el caballo? 

Emp, Ninguna cosa me agrada : 
Mal estoy conmigo miamo. 



ACTO 11, ESCENA lY. 



397 



y gusto todo caDsa. 

3Va8? 

Machas, señor. 
£n la corte nunca faltan, 
iizo la naturaleza 
sndre su semejanza 
¡mal, y en algunos 
primera causa, 
o es sola la tierra, 
pos muertos, ó el agua ; 
y nuevas en la corte, 
erdad y las cartas, 
iben ni las vieron, 
fton engendradas 
ito, en el viento mueren. 
i Qué hay de Italia P 

Que la Italia 
ú turco. 

Yo creo 
de darle por Albania 
lal rato, si puedo, 
ly de España? 

No hay de España 
eva, que no es poco. 
, dicen, que trata 
i Chipre. 

¿Aquí estás, 
)? ¿ya te guardas 
irme? 

No me atrevo, 
que buscar me mandas 

¿Pues eso es difícil? 
Si se busca, no se halla. 

Dices bien, porque el amor 
uando no le llaman; 
legítimo accidente, 
&clon es bastarda, 
hallado alguna ? 

Pienso 
visto una buena cara; 
do recateando 
ñas ó menos alma. 

Si la merece el sugeto, 
toda i qué aguardas ? 
no hay buenos amigos, 
mejanzü falta, 
sodldo con otro 
inda consonancia, 
i una deucia profesan, 
t escriben, dos que cantan, 
i juegan, dos que sirven, 
i venden, dos que tratan. 
•, ¿ cómo te puedo 
ti amor, sí no amas, 
hará burla de mi ? 



Fed. Ya, señor, pienso que basta 
Lo que quiero para entrar 
En tu cámara, que tanta 
Fuerza tiene tu opinión. 

Emp. i No has visto hacerse probanza 
En los actos de nobleza ? 
Pues yo quiero que se haga 
De que ama quien entra aquí. 
Porque como los que aman 
Son locos, los que están cuerdos 
Harán burla de sus ansias, 
De sus furias, de sus zelos, 
Temores, desconfianzas, 
Alegrías y tristezas; 
Que los que por otras causas 
El entendimiento pierden, 
Son locos, porque les falta 
El juicio; mas en amor. 
Es porque les falta el alma. 
Ya, en fin, amas, que los libros 
No estorban, que si estorbaran 
No amara Estela á Platón, 
Ni sus prendas estimara 
Con tal fe; con que no tienes 
Respuesta. 

Fed, Rindo las armas 
A tu opinión. 

Emp» Amor solo 

Todas las ciencias abraza. 

Fed. Amor ha hecho poetas 

Y pintores de gran fama. 
Amores filosofía; 

No hay ciencia que sin amarla 
Pueda llegar á saberse. 
Paréceme que retratas 
Las escuelas de Platón, 

Y yo te doy la palabra 
De amar con tanto furor 

Y tantos zelos, que salga 
Un discípulo famoso : 
Pero mira que me mandas 
Querer, y que si llegare 

A ser loco por tu causa. 
Me has de ayudar á volver 
En mí ; porque fuera vana 
La ciencia, sí los maestros 
Solo el amor enseiUüran, 

Y no el remedio de amor. 
Emp. Palabra te doy, jurada 

Por mi laurel de ayudarte. 
Si llega tu amor á tanta 
Fuerza, que haya peligro 
De perder con la esperanza, 
O la vida, ó el juicio. 

Fed. Pues esa palabra basta 
Para que mi ama sirva. 



SM 



SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



Emp. Un día, eon ayUarla 
De que yo la quiero ver, 
Me has de enseñar á ta dama, 
Pues yo te he dicho la mia ; 

Y ahora con mas conflania 
Quiero que á yer á Isabela 
Con este título Tayas, 

Que le he dado de condesa 
Del Prado, nombre que cuadra 
A quien tiene tantas flores, 
Que naturaleza varia 
Dio menos á los de Chipre, 
Cuando con pies de esmeraldas 
La primavera los pisa, 

Y la aurora los esmalta. 
Fed, Yo lo haré, señor, asi. 
Emp. ¿Qué hay, Tristan? 

Trist. Gran señor, nada, 

Si caigo de tu foTor, 

Y mucho, estando en tus gracias. 
Preguntóle un caminante 

A un labrador c qué llevaba 
En una carga ? y él dijo. 
Previniendo la desgracia : 
Nada, si cae el jumento ; 

Y era de vidrios la carga. 
Tan sutil es el favor 

De las magestades altas, 

Y la humana condición 
Está sujeta á mudanzas. 
Soy jumento de mi amo, 

Y importa que yo no caiga. 
Porque no se quiebre y rompa 
El vidrio de su privanza ! 
Enfln, los dos vamos juntos. 

Emp, ¡Qué donaire! 

Trist. Pues me alabas, 

No quieres darme otra cosa. 

Emp. ¿ No es gran premio la alabanu? 

Trist. Grande ; pero las lisonju 
Desvanecen, y no hartan. 
Yo soy quien te ha de alabar, 

Y como no me das nada, 
Desvanecerme te debo. 

EmP' Yo te prometo mañana 
Una gran cosa. 

Trist. Tus pies 

Beso. 

Emp. Tú, vete, ¿ qué aguardas ? 
Federico, donde digo. 

ESCENA V. 

FEDERICO T TRISTAN. 

Fed. Buenas Tan mis eaperansaa, 
Buenos van mis pensamientoe ; 



El César, Tristan, me manda 
Llevar favores á quien 
A puros zelos me mata. 
Título llevo á Isabela 
De condesa. 

Trist. i En qué te agravia 
Si después viene á ser tuya ? 

Fed. En una copa dorada 
No importa que beba un rey; 
Ni que se ciña una espada, 
O que se ponga un vestido. 
Primero que otro le traiga; 
Pero una dama, Tristan, 
Es materia de honra y fama : 

Y como dijo un discreto, 
La honra tiene dos caras, 
Antes que se casen una, 

Y otra después que se casan ; 

Y cualquiera de estas mira 
La presente y la pasada. 
He tenido por desdicha, 

Entre muchas que me aguardan. 
Que esté en frente de palacio 
La casa de aquesta ingrata. 
Pues apenas salgo de él. 
Cuando miro á sus ventanas. 
Que aunque es echar agua en fuego, 
Es el fuego de la fragua. 
Que cuanto le matan mas, 
Levanta mayores llamas. 

Trist. i Si llora por tí, qué quieres ? 

Fed. I Oh Tristan, que no mirara! 

Trist. Ya lo que sus ojos vieron, 
Con tantas lágrimas pagan. 

Fed. En efecto, voy á verla. 

Trist. Y no vas de mala gana. 

Fed. Subiendo voy, como quien 
Míseramente acompañan. 
Por los pasos de su muerte 
El cordel y la esperanza. 

ESCENA VI. 

Sala en casa del duque. 
El Düqüe, ISABELA v FLORELA. 

Duq. Ya que estás en la corte, do qoisle 
Que fueras blanco á pensamientos vanos 
De tanta juventud. 

Isab. Los eortesanos 

Signen la novedad. 

Duq. La vez primera 

Que en público saliste, 
Tantas envidias á las damas diste, 
Como deseos á galanes lóeos, 

Y donde miran moehes, no hablaii pee 



CTO II, ESCENA IX. 



S99 



presumo, sefior, á lo que aspiras, 
que eres el qae mas me miras, 
siera yo casarte, 
tema de los padres. 

Mas la vuestra, 
reces la esperiencia maestra : 
emplearte 

los grandes caballeros 
ir fayorece, 

dquiera de ellos te merece ; 
10 Rodulfo P 

No me agrada, 
abio? 

Tampoco. 

¿Y Alejandro P 
Menos, 
es todos son tan buenos, 
que yo. 

No impoíta nada 
linacion. 

No te replico, 
ombrar á Federico? 
ues tengo de espantarme P 
10 los demás? 

Mas me responde 
B ta cara sin bablarme, 
gaa pudiera. 

Mal esconde ap, 
I grande amor. 

¿Qué dices? 

Oigo 
uien quiere mas el César. 

Veo 
es razones tu deseo, 
ablaré; tu gusto sigo. 

ESCENA Vn. 

SÁBELA T FIjORELA. 

> sé como has hablado 

m Federico de esta suerte, 

lye de yerte. 

irbóse ei coraxon, y apresurado 

o sabia, 

piese yo lo que decia. 

toy, que ei César poderoso 

» tiene tan zeloso, 

> que me olvida, 
yo le viera I 

)uién pensara, señora, que po- 
ta quedar tan encendida [diera 
iddeOthon? 

Quién sabe, Flon, 
« breve placer tarde se llora. 



ESCENA Vin. 

Dichas v VELARDO. 

Vel, Tan mal me amaño al vestido. 
Que parece que ando armado ; 
De estreme á estremo he pasado. 
Allá holgado, aquí fruncido. 
Aquí ando de puntillas, 

Y para dar un recado 
Cuando están en el estrado, 
Rácenme hincar de rodillas. 
Quise como allá en el prado 
Con una cinta atacarme ; 
Quebróseme por bajarme 

Y no pude de turbado 
Componerme tan aprisa, 
Aunque ellas con no mirér 
Se pudieron escusar 

De verme con tanta risa. 
Yo por echar á correr 
Aumenté mas sus placeres : 
Demonios son las mugares. 
Que todo lo quieren ver. 
Ya se me habla olvidado 
Un recado que traía : 
Ya temo la cortesía 
Con meldo de lo pasado : 
Quedito la reverencia : 
Señora, á la puerta están*.. 

hab, ¿Quién? 

Vel. Federico y Tristan. 

Mira si les das licencia. 

Isab. ¿Qué dices? 

Vel, Que están aquí. 

Isab. ¿Federico? 

Vel. Él mismo pu^. 

Isab. Es imposible. 

Vel. No es. 

Isab. ¿Veístesle vos? 

Vel. Yo le vi. 

ESCENA II. 

Dichos, FEDERICO v TRISTAN. 

Fed. I Qué bien haceS de dudar, 
Isabela, que soy yo, 

Y que quien de aquí salió 
Pudiese volver á entrar ! 

No por mí te vengo á hablar. 
El emperador me envia. 
Que no fué voluntad mía ; 
Pues solo el emperador. 
Como absoluto señor, 
Mandarme verte podía. 
No juzgues á desvarios 



300 



i SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



Amorosos yerte asi^ 
CoD 808 ojos vengo aquí, 
Que no vengo con los mios : 
El me ha prestado estos brios, 
El te mira, que yo no ; 
Mírale en mí, pues te vio, 
Para que por mí te vea. 
Que no es posible que sea 
Yo quien te ve, siendo yo. 
Yo no soy quien te quería, 
Pues vengo á mi amor traidor 
A solicitar tu amor 
Por el César que me envía. 
El te quiere, y yo solía, 
Mas que no lo sabe advierte 
El alma, pues viene á verte, 
Que solo encubren mis ojos, . 
Porque con estos enojos 
No dejase de quererte. 
Otro soy, otro sin ver, 
Para no sentir que vengo 
A verte, pues que no tengo 
El ser que me dio tu ser : 
Por ver, como al ñn muger. 
En tal peligro me veo. 
Que por no verte rodeo 
Yo mismo dentro de mí 
Las leguas que hay desde tí 
A lo que verte deseo. 

Isab. ¿ Porqué con tanto rigor 
Me miras y no me ves. 
Si arrepentida después 
Sabes que lloré mi error ? 
I O qué falso fué tu amor. 
Si puedo darle este nombre, 

Y como es justo que asombre 
La diferencia en ios dos. 
Pues lo que enternece á Dios, 
No puede mover á un hombre ! 
¿ Ver y mirar no has sabido 
Como diferentes son? 
Porque el mirar es acción, 

Y el ver es solo sentido : 

¿ Pues de qué estás ofendido, 
Sí el ver no puedes culpar? 
Que es mal hecho castigar 
Los ojos de una muger, 
Cuando sale solo á ver 
Sin ánimo de mirar ; 
Pero si no quieres verme 
Porque yo vi tus enojos, 
Paguen llorando mis ojos 
Hasta cegarme y perderme .* 
Verme y no verme, es ponerme 
En ocasión de matarme : 
Tü no qoiereí perdonarme. 



Y yo pienso con morirme. 
Hacer que me llores firme. 
Cuando no puedas mirarme. 

Fed. Hay una fiera que tiene 
Rostro humano, y esta llora 
Como muger, y traidora 
Los que caminan detiene, 

Y al que enternecido viene, 
Le suele despedazar : 
Vase á una fuente á lavar, 

Y como su rostro mira 
Como el que mató, suspira, 

Y loca se arroja al mar. 
Así tü, que me mataste 
Como al espejo te viste, 

Y la traición conociste 

Que en tu semejanza hallaste. 
Viendo que es el que mataste 
El mismo de quien tenias 
El alma, que no sabias, 
Quisiste echarte en el mar 
De tus lágrin^s, y dar 
Triste príncirio á las mías. 
Ya es tarde ^ra no ver 
Lo que viste, ya por mí, 
Sucedió lo que temí. 
Ni puede dejar de ser : 
Sujetó Dios la muger 
Al hombre, mas causa enojos 
Ver, que para ver antojos. 
Parece ya que lo ha sido. 
Que la sacó de partido 
La libertad de los ojos. 
Vive tú, para que Othon 
Viva, que al imperio importa, 

Y en esta merced reporta 
Tus lágrimas, si lo son : 
Baste por satisfacion 

Mi desdicha y tu porfía ; 
Vive tú, que si este día 
A los dos nos dividió. 
No quiero deberte yo 
Tu muerte, sino la mia. 
Este título contiene 
Que eres condesa del Prado, 
Villa que el César te ha dado, 
Con otras muchas que tiene : 
Mira, Isabela, á que viene 
Federico puesta en calma 
La vida que me desalma ; 
Pero puédete afirmar 
Que no te ha dado lugar 
Como el que te di en el alma. 

¡tab. Si mas que letras tuvlfcra 
Este titulo ciudades. 
Para mis firmes verdades 



ACTO II, ESCENA X. 



301 



5 oo átomo foera ; 
368 considera 
amor te defiende, 
1 César la pretende), 
de Tender así^ 
cédula en mí 
casa que se vende. 
I César, señora. 

¿Quién? 
I emperador. 

?El mismo? 
U)n solo Alejandro viene, 
^tirarme es desvario. 
9 me holgaré de que veas 
1. 

Yo te suplico 
ios de mi amor, 
iseos los siglos, 
dad de mi fe, 
:al de mis suspiros, 
; disimular, 
•mbre tan entendido, 
ualqnlera sospecha 
ni amor Juicio; 
soldado y tan hombre, 
mi vida en peligro. 

ESCENA X. 

EL Emperador t ALEJANDRO; 

QUE SE VUELVE. 

puédate afuera, Alejandro. 

A no ha sido, 

de poco amor. 

I tan grande, que remito 

lo que callo, 
ifdad lo que digo. 

había de ser (Llégale la silla.] 
undos, y este un rico 
estrellas del cielo, 
tentaos, señora, conmigo, 
ú mismo sol. 

uando da el sol en un vidrio 
leí otro sol, 
ido vos sol vivo, 
» porque os retrato, 
ioy el sol mismo, 
il contrario está mejor, 
soy el que recibo 

1 de vuestra luí, 
lia en Federico, 

m, en Flora... y vos, 
)is? 

No me ha conocido : 
señor, á quien 
erced el anillo. 



Cuando andaba por el monte, 
Sino que me han vestido 
Estas bragas que se acuerdan 
Del tiempo del rey Perico, 

Y esta gorra que parece 
Suelo de pastel hechixo. 

Isab, Beso á vuestra magestad 
La mano, príncipe invicto, 
Por el titulo y las villas. 

Fed. Y al traerle no le quiso; 

{ap. á Trist.) 
i Qué te parece, Tristan? 

Trüt Que habrá aquí grande artificio. 
Mira, toma y después llora. 

Emp. Señora, es este un principio 
Que introduce solamente 
La voluntad de serviros. 
Estoy tal después que os vi. 
Que no pienso ni imagino 
Cosa que en amor no sea : 
De amor son hasta los libros 
Que leo, si bien soy yo 
El arte de amar de Ovidio; 
He hecho que mi aposento 
Esté todo guarnecido 
De fábulas, y he mandado 
Que no haya criado mió 
Sin amor, tanto que ya 
Hice amar á Federico, 
Que por mí ha buscado dama, 

Y esta mañana me dijo 
Señas de su buena cara. 
Lo que de su gusto fio. 
Aunque el amor ha de ser 
A gusto del dueño mismo; 

Y que la quiere en estremo, 
Aunque ha poco que la ha visto, 

Y que me la ha de enseñar. 

Isab. Pues yo siempre le he tenido 
Por galán. 

Emp. El me ha Jurado 
Que á nadie en su vida quiso 
Si no es en esta ocasión : 
¿No es esto así, Federico? 

Fed, Nunca, señor, quise tanto, 
Pero estoy medio reñido 
Con mi dama. 

Emp, Serán zelos. 

Fed. Tengo el mayor enemigo 
Que pudo hallar mi desdicha, 
Discreto, galán, altivo. 
Soldado en fin, con las prendas 
Que reconozco y envidio. 

Emp. No lo creas, que los zelos 
Hacen discretos y lindos 
A muchos que no lo son ; 



sos 



i SI NO VIERAN LAS IIU6ERES ! 



Porque es del temor oficio 
Hacer las cosas mayores, 

Y asi te habrá sucedido. 
Tú tienes prendas amables. 
Gentil talle, buen Juicio, 
Discreción, gracia, donaire : 
No hay fiesta ni regoc^o 
Que no te lleves los ojos 

De la corte ; y así digo, 
Que auQ yo con ser lo que soy 
No compitiera contigo. 
Solo á mí temer pudieras. 
Porque en la mano me pioto 
Ck>n el mundo, que si no, 
Del mundo abajo te rindo 
El talle, el entendimiento... 

Fed. Mil veces los pies te pido. 

Emp. Es un sugeto, Isabela, 
Federico, que yo estimo 
Como á mi propia persona : 
Una falta he conocido 
Sola en él, que es no querer; 
Con que todo cuanto he dicho 
Hecha á perder su tibieza. 

Jsab. En eso se. contradijo 
Vuestra magestad, pues dice 
Que ya tiene dama. 

Emp» Ha sido 

Este pensamiento en él 
Después que del monte vino. 

Trist. ¿Oyes aquello P 

Fed, Estoy loco, 

Pues lo que de burlas dijo 
Al César por cumplimiento, 
Con tantas veras lo ha dicho. 

Trist. Isabela disimula, 
Mas bien se ve que ha sentido 
Los zelos en la inquietud, 

Y en que ya los tiene escritos 
En las rosas de la cara. 

Fed» Tú verás que el desatino 
Me cuesta mas de un pesar. 

Trist. Cuando es el amor mas limpio, 
Mas se mancha con los zelos. 

Fed. Todo este necio peligro 
Nació de querer mirar. 

Trist. ¿Pues hubiera paraíso 
De los ojos si no viera 
Aqueste animal divino ? 
¿Hubiera criado el cielo 
Del mar español ai indio, 
Cosa mas bella y mas linda, 
Para las almas hechizo. 
Como una muger hermosa 
Desde quince á veinte y cinco, 
Si no deseara ver ? 



Fed. Llévame á mi por testigo 
De esa verdad, y verás 
Si lo que dices confirmo. 

Emp. Este diamante en razón 
De su fineza apetece 
Vuestra mano, si merece 
Tanto favor mi afición ; 
Pero ha de ser condición 
Que 08 le tengo de poner. 

Fed. Si ella se deja veneer 
De lo que el César la pide, 
Con dura venganza mide 
Sus zelos, pero es muger. 

Isab. En obedeceros gano 
Una merced y un favor; 
Dadme el diamante, señor, 

Y ponerle he en vuestra mano; 
A un príncipe soberano, 
Siendo el anillo prisión, 
Reconozco sujeción. 

Emp. No hay en amor magestad. 

Fed. ¿Quitas el guante? 

Emp. Mostrad 

El dedo del corazón. 

Trist. De eso, señor, no te espantes. 
Que hay muger que se quitara 
Un zapato, si se usara 
Traer en los pies diamantes. 

Emp. Agora sí que estos guantes 
Se llamarán de jazmines. 

Trist. Señor, no te desatines. 

Fed. Mal pensaron mis engaños, 
Que principios tan estrenos 
Tuviesen mejores fines. 

Emp, Dos señas haciendo estoy 
Con vos, Isabela, aquí. 
Que me deis el guante á mí 
Por el anillo que os doy. 

Isab. Dichosa en las ferias soy. 

Fed. Y yo soy tan desdichado, 
Que en las ferias me ha tocado 
Parte, aunque no del diamante, 
Pues lleva el César el guante, 

Y yo llevo lo picado. 

Emp. Con este favor, pues gano. 
Me levanto. {Levántase,) 

Fed. Y yo me asiento. fp 

En el mas grave tormento 
Que dio á preso juez tirano. 

Emp. Perdonad que vuestra mano 
Quede sin guante : mas rico 
Os le traerá Federico ; 
Pero no de mas valor. 

Fed. Asentóme el guante amor ; 
Era Dios, no le replico. 
Mano hermosa y desleal, 



ACTO 11, ESCENA XII. 



SOS 



tocriftal loseitlM, 
)udiera8 tus zelos^ 
con tanto maL 
¿Federieo? 

Egtoy mortal. 
Acodrdame este favor, 
lo le olvidaré, señor. 
Qué bien salió mi venganza 1 
i Cómo 66 fué mi esperaosa, 
quedado mi amor? 

ESCENA XL 

EL DUQOE OCTAVIO con FABIO, 
iODULFO T ALEJANDRO. 

Mi padre viene. 
'. No puedo 

sñor, con palabras 
erced, tanto honor; 
ruestros pies mis canas, 
ivor4e estedia 
go de mi casa, 
ion de sus puertas, 
de sus nobles armas, 
licho que habéis dado 
de mercedes tantas 
tierra á Isabel, 
ya puedo casarla, 
le mi pobre hacienda 
edaba esperanza, 

de tantas guerras ; 
e que solo falta 
leis también marido 
á mi vejez cansada 
ida y sucesión. 
Duque, no vengo sin causa; 
descanso deseo, 
ahora os acompañan 
Qi casa lo noble 
or de Alemania : 
ccion Isabela 

de todos le agrada, 
le aquí la confirmo. 

Brava ocasión : hoy te casas. 
io sé, Tristan ; mucho temo 
o, porque andan 
idas estos dias 
la y mi esperanza. 
¿No tomáis resolución? 
)eñor, Isabela calla 
>n, de su silencio 
§rprete^ si mandas ; 
lejandro y Rodulfo 
mor de su patria, 
ite, invicto César, 
i eo cualquiera estaba 



Bien empleada Isabela; 
Pero el tener en tu grada 
Tantas prendas Federico, 
Me obliga á pedir que hagu 
A los tres esta merced. 

Emp, Por mi no puede etcnsarla* 
¿Qué respondes, Isabela P 

Isab. Que mis méritos no alcaniao 
A los que tiene persona 
Que mereció tu privanza ; 

Y fuera de esto, señor, 
Federico tiene dama 

Que quiere, como tú sabes, 

Y ningún hombre se caía 
Enamorado de otra 

De olvidar en confianza. 
Que no se vuelva á so gusto. 

Emp. Octavio, aquí no hay forzarla t 
Tratemos esto despacio, 

Y venidme á ver mañana. 

ESCENA XII. 

FEDERICO, TRISTAN, ISABELA 
T FLORELA. 

Fed. No sé como pueda hablarte. 

Isab. Ni yo mirarte á la cara. 

Fed, Estas las lágrimas eran, 
Mas sí serán, si eran falsas : 
¿Ves como yo te decía, 
Que si liviana mirabas, 
Era fuerza que después 
Salieses también liviana ? 

Isab. ¿ En qué liviandad me has vitto? 

Fed. ¿ Darle la mano no basta 
A un hombre, aunque César sea 

Y emperador de Alemania, 
En mis ojos, y sin esto. 
Con resolución tan clara, 
Cuando ya tomaba puerto 
La nave de mi esperanza, 
Volverla con tal desprecio 
Al golfo donde no aguarda 
Mas remedio que la muerte P 

Isab. \ O Federico I ¿ qué hablas 
Con zelos del César ? vete 
I A llevar esas palabras 
A la dama que le enseñas. 
Que no es poca confianza 
De su gracia y hermosura. 

Fed. Tú te engañas, y él se engaña. 
Mientes tú, y el César miente. 
Porque ni yo tengo dama. 
Ni ha sido mas que engañarle, 
El decir que la buscaba; 
Pero ya que le d^ists, 



304 



SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



Tomando tan fría causa^ 
Que no era yo para tí, 
Bien 86 Ye qne le agradabas, 

Y por hacerle lisonja 

(Si con esperanzas vanas 
Te sneñas emperatriz. 
Mas que compuesta, bizarra) 
Me despreciaste, y así 
Prometo al cielo, que cuantas 
Veces oyere tu nombre, 
O pasare por tu casa ; 
O viere criado tuyo, 
O retrato, prenda ó carta, 
Tantas maldiga el amor 
Que te tuve; y si me trata 
El alma de tí en mi vida, 
Tengo de sacarme el alma. 
Jsab. Paso, Federico, paso, 

Y guárdese quien agravia 
A muger, aunque le adore, 
Porque ha de tomar venganza. 
No quiero al César, ni quiero 
Riquezas : solo estimaba 

Tu amor; fuísteme traidor. 
Aquí mi amor se remata; 
No porque le compre Othon 
Con diamantes, que son bajas 
Todas las piedras del mundo 
Para una muger honrada. 
Toma, Trístan, ese anillo. 

Tríst. i Para qué ? 

Isab. Para que vayas 

A venderlo para tí. 

Trist Señora... 

hab. No hables palabra : 

Tu, Flora, cierra desde hoy 
Celosías y ventanas; 
No entre el sol, por lo que tiene 
Con el César semejanza, 
Por emperador de estrellas. 

Flor. Señora, ¿porqué le tratas 
A Federico tan mal P 

Isab, Calla, necia. 

Flor. Escucha. 

Isah, Calla. 

Fed. O ingrata, que no te creo. 

Itab. Allá verás lo que pasa. 

Fed. Si me matares, no importa. 

Isab. \ Ojalá fuera beleño ! 

Fed. i Qué mas, que muero de rabia ? 

Isab. Quisiera ser basilisco. 

Fed. Yo quien primero miráfa. 

Isab. ¿ Matarme querías? 

Fed, Sí, 

Y sacar con esta daga 

Los ojos; porque no vieras. 



Isab. Yo sé cuando los llamabas 
Estrellas. 

Fed, Ya son Inflemos, 
Después que miran y engañan. 

Isab, Envíame mis papeles. 

Fed. Bueno fuera que guardaras 
Mentiras. 

Isab, Verdades eran. 

Fed, Como tus palabras falsas. 

Isab, \ Ah traidor ! 

Fed. i Ah ñera 1 

Isab. i Ah k 

Fed. ¡ Ah Injusta I 

Isab. i Ah tirano ! 

Fed. \ Ah iogn 

¡sab. Yo me vengaré de tí. 

Fed. Con los muertos no hay vengai 



w^AAfwwv^llW^A. 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Salón de palacio. 

El Empbbador, FEDERICO, TRISTA 
T ALEJANDRO. 

Fed. Todo está á punto, como tú m 
daste. 

Emp. ¿Parécete presente, Federico, 
Digno de un César? 

Fed. Tú le imaginaste 

Admirable, galán, curioso y rico. 

Emp, Si yo pudiera hacer al gu 
engaste, 
No de las piedras que al presente aplic 
Sino de las estrellas de los cielos, 
Rotos dejara sus azules velos. 

¡Oh mano de cristal! ¿qué nieve pQi 
En las cumbres del alto Pirineo 
Mas intacta se vio, pues fuera oscura 
Con los marfiles que en tus manos ve^ 
Un diamante que puse en tu bermosur: 
Siendo el vencido*yo, será trofeo 
De mi victoria, que en amor ha sido 
Siempre el mas vencedor el mas vencí 

Si todo el ámbar de la mar espuma, 
Si todo aquel metal, donde retrata 
Su rostro el sol, ó la luciente luna. 
Que da cabellos á la sierra en plata; 
Si aquella fénix de purpúrea pluma, 
Y todas cuantas lágrimas dilata 
Entre dorados nácares la aurora. 
Que llora risa cuando flores dora ; 

SI cuanta grana el tirio, y seda el p 



ACTO III, ESCENA III. 



505 



Ido joyas de diamantes y oro ; 
la perla, unioo lustrosa y tersa, 
Cleopatra ftaé mayor tesoro, 
la riqueía qne la adversa 
sepultó del indio al moro, 
renas de la mar trajera, 
Tirte precio humilde fuera. 
Quien esto escucha y esperanu 
ene, op» 

1 locura por estrafia. [viene, 

SeQor, dejar la empresa te con- 
nir lo imposible no es hasafia. 
Ver á Isabela siento. 

Antes proTieoe 
Miio, si asi te desengaña. 
^0 pienso hablarla dos palabras. 

Mira 
a mayor seBal de amor la ira. 

ESCENA II. 

. EwiiADOft T ALEJANDRO. 

Movióse entre filósofos de Grecia 
i controvertida, cual seria 
iza mayor qne ser podía, 
le el hombre humanamente precia ; 
)ro, aunque hay virtud que ie des- 
i, la salud, la monarquía ; [precia, 
B Platón, porque tenia 
duda por odiosa y necia : 
io los antiguos pareceres, 
ilustre, porque no te asombres, 
etito la razón prefieres, 
aurel de tus gloriosos nombres, 
osura y la fama en las- mugares 
yor riqueza de los hombres. 
Con poco gusto, señor, 
te obedece 
ar á Isabela. 

¿ Porqué, Ali^andro, no tiene 
que yo le advertí, 
cion diferente? 
, dime, la virtud 
udios ofende 
íes puede una dama 
oente quererse? 
)re la caza agrada, 
[impago breve 
ibali cerdoso 
plomo la muerte ; 
>re jugar las armas, 
)re el bridón valiente 
dar con la vara 
codonal copete. 
ISO de los hombres, 
jres, ó reyes. 



Fué siempre la compañía 
De las honestas mugeres, 

Y yo sé que Federico 

Ya lo conoce, y ya quiere. 

Alef. Bien dices, que quiere ya; 
Pues Octavio le pretende 
Para esposo de Isabela : 

Y admira el ver que no adviertes 
La tristeza con que vive. 

Emp. Mucho, Alejandro, te duele 
Ver que no te quiso Octavio. 

Alej, Antes, señor, que supiese 
Que tú amabas á Isabela, 
Pudiera Octavio ofenderme. 

Emp, Federico tiene dama, 

Y no es posible que piense, 
Queriendo á Isabela yo. 
En que Octavio le prefiere 
A los nobles que me sirven. 

Alej, ¿Dama, señor? si él tuviere 
Dama, fuera de Isabela, 
Yo quiero... 

Emp, Envidia te mueve, 
Pues enseñarme su dama 
Esta noche me promete, 

Y ya la tiene advertida. 

AleJ, Señor, engañarme puede 
La lealtad, que no la envidia. 
Que yo... 

Emp, Federico vuelve. 

ESCENA ni. 

Dichos, FEDERICO t TRISTAN. 

Fed. Bañando, señor invicto. 
En pura rosa la nieve, 
Donde amor tiembla de frió, 
Con ser elemento ardiente, 
Recibió tus ricas joyas 
Isabela, y con dos breves 
Razones me respondió; 
La primera, que agradece 
Tanta merced ; la segunda 
Que es tu esclava, en que resuelve 
Cuanto puedes desear. 

Emp. Tan buenas nuevas merecen 
Premio, mas quiero guardarle 

Y que esta noche me lleves 
A ver tu dama, que á ella 
Se le quiero dar, y hacerte 
Esta lisonja. 

Fed. Serán 
En una muchas mercedes. 

Emp, Ven á desnudarme, y vamos 
Donde tu buen gusto apruebe; 
20 



506 



SI NO VIERAN LAS HU6ERES 



Que dar parte á 1m amigos 
Hace mayores los bienes. 

ESCENA IV. 

FEDERICO T TRfSTAN. 

Fed. ¡Qué gran confasion, TristaD.' 

Trist. A donde yo estoy ¿qué temes ? 
Yo te sacaré de todo. 

Fed, Si ver á mi dama quiere, 
Mireá Isabela, si ya 
Tiene dama quien la pierde. 

Trist, Yo he prevenido á Fenisa, 

Y seguramente puede 
Entrar el emperador ; 
La sala un jardín parece, 
Bravo estrado^ suelu turco, 
Escritorios y bufetes, 
Pastillas de cuatro calles, 

Y por dueñas cuatro sierpes. 
Ftd, Triste voy, no me verás, 

Tristao, en tu vida alegre. 

ESCENA V. 

El duqok OCTAVIO i VELARDO. 

Duq. ¿Aquel no era Federico? 

Vel, Y su escudero Trlstan. 

Duq, Basta, Alejandro galán. 
Que por mas que significo 
Al César lo que deseo 
El remedio de Isabela^ 
No es posible que se duela 
De la edad en que me veo. 
A hablarle vengo. 

Vel, Es muy tarde, 

Y pienso que va secreto 
A cierta visita. 

Duq. Inquieto^ 

Suspenso, triste y cobarde 
Me tiene la dilación 
Del tratado casamiento ; 
Ya^ Velardo, me arrepiento^ 

Y no con poca razón, 

De haber venido á la corte. 

Vel. Bien estabas en tu aldea. 

Duq. Quien esta inquietud desea, 
Su vida en la corte acorte. 
Aires me han dado^ que Othon 
impide, y no favorece 
Lo que Isabela merece, 
O ha sido imaginación. 
Mas quisiera mi destierro 
Con quietud, que aquí salud. 

Vel, ¡Ah,^erior, que esta inquietud 
Mas es que de oro de hierro ! 
Biin estábamos allá. 



Duq. Cuando estas graadoas miro, 
Por ral soledad suspiro. 

Vel, Pues dejarlas. 

Duq. Tarde es ya. 

¡ Cuánto mejor arrojado, 
Velardo, en el verde suelo, 
Miraba el sereno cielo 
Libre de tanto cuidado ! 
Allí sin ver ceños graves 
Que la autoridad enseña, 
Via bajar de una peña 
El agua ai son de las aves : 
Ya vine; mas de importancia 
Que la queja, es la paciencia. 

Vel. ¿Qué puede á tanta prudeneii 
Decir mi ruda ignorancia?' 

Duq. El César, Velardo, crea 
Que á Isabela ha de casar, 
O vuélvame á desterrar, 
Que yo lo soy en mi aldea. 

ESCENA VI. 

Decoración de calle. 

El Emperador, FEDERICO, TRISTAK, 
FABIO Y RODULFO, de roche. 

Emp. Mu riéndome voy de risa. 

Fed. Y yo de pena, señor. 
De ver el poco favor 
Que has hecho á doña Fenisa. 
¿No has entrado y ya te vas? 

Tritt. Por Dios, que tiene raxoa, 
Que fué terrible visión. 

Emp, ¿De esto enamorado estás? 
¿Esto me trajiste á ver? 

Fed, Que es mi luz te ccrtJfíco. 

Emp. ¿Es posible, Federico, 
Que quieres bien tal muger? 

Rod. Harto desvié las velas 
Por encubrir su figura. 

Fed, ¿ IMensas, señor, por ventora, 
Que son todas Isabelas? 

Emp. ¡Jesús, qué cara! espantado 
Vengo de ver tal visión. 

Tr^st. Pues á fe que hay un barón, 
A quien la cuesta cuidado. 

Emp. Menester es que lo sea 
Para niuger semejante ; 
Porque mas vaion que amante, 
Cuando la goze, la vea. 
¿Fenisa es su nombre en fin? 
iNo debe de ser eterno, 
Si hay fenís en el inUerno. 

Fed. Para mí fué seraQn. 

Emp. ¿Quien te enseñó tal rauger? 

Fed Trisfan. 



ACTO Ul, ESCBflA VI. 



307 



i Qué cota Un suya ! 
)or yida tuya, 
suelvas á ver. 
etratarla presumia, 
mudo intención. 
Sien puedes con un carljon. 
¿Qué dijeras de la mia? 
Enséñamela también, 
la verdad. 

Si esto llamaste fealdad, 
i parecerte bien ^ 
itraréte un retrato* 

Moestra. 

En Terso ea. 
Oile, á Yer. 

Escucha, pues, 
ne cuando yeo 
lia menester cualquiera 
arte en su esfera, 
rcitar su empleo, 
isas soberanas 
que han menester. 
Pues bien, Tristan, ¿qué ha de ser? 

Papel, y tinta^ > mañanas. 

¿No Ubros, no ciencias? 

Si. 

poco de humildad; 
ocura y necedad 
i un hombre á si. 
iscucha el retrato 

que adoro, 
Vistan favorece 
laiiar otro, 
peregrinas calvas 
la aumentan, 
le en el pelo, 
as cejas, 
jueios asules 

serenos, 

da romadizo 

verlos. 

tris, que del rostro 

ipos parte, 

parece 

e sastre. 

n, pues^ sus mejillas 

i Tiro, 

Bron de España 

linos. 

laveies ni rosas 
B tiene, 
rece cachorro 
ro meses, 
tnar noguereado 
K»r orla. 



Que cuantos se le mlnn 
Piensan que es mosca. 

De apartados los dieirtei 
Piden divorcio. 
Que no quieren morderse 
Unos á otros. 

Solo tiene una grada 
La boca beila. 
Que pidiendo ó camieiido, 
Jamas se cierra. 

Nunca acierto lospuotos 
De su zapato^ 
Porque calsa ca toree 
Pidiendo cuatro. 

De ser bella le viene 
Ser tan beilosa. 
Que sin ser ermitaña, 
La cubre toda. 

El que sea entofl4i4a 
No es testimonio ; 
Porque cuando da voces 
La entienden todos. 
Nunca sale de casa 
Si no bay carroza, 
Porque tiene una pierna 
Mas larga que olra. 

Mas con todaA las fiiUae 
Que aquí refiero^ 
Algo tiene que callo; 
Pues que la quiero. 

Emp. Lindamente la has pintado ; 
La de Federico pinta, 
Y daréte para tinta. 
Trist. ¿Soy buen pintor? 
Emp, Estremado. 

Mañana te doy. 

Trist.' ¿Te doy? 

Siempre esta mañana es vana, 
No habrá día con mañana. 
Si !^iempre mañana es hoy. 
Tu grandeza soberana 
Pierde en hacer esperar. 
Que es madrugar á no dar, 
Piometer para mañana. * 

Si ama Dios á quien da el bten 
Alegremente^ señor, 
Imita á Dios, que es rigor 
Dar tarde, aunque el mundo den. 
Emp. Quítame aquesta cadena. 
Trift, Escuchaba un labrador 
Un papagayo haldador 
Que estaba con linda vena 
De una dama á la ventana^ 
Diciendo aqueste de : Loro, 
¿Cómo estás? y el perro moto, 
Con su media lengua indiana. 



308 



SI NO VIERAN LAS M UGERES ! 



Y dijo á la dama : quién 
Este á 8U tierra llevara 
Bravo dinero ganara. 
La dama, sabiendo bien 
La condición del buen loro, 
Dyo : Hareisme gran placer 
En llevarle, por no ver 
Tanto loro y tanto moro 
Que me quiebra la cabeza : 

Y como alargó la mano 
Para tomarle el villano, 
Con notable ligereza ; 
Convertido el pico en rayo, 
Tal lancetada le dio, 

Que muchos dias lloró 
El canto del papagayo. 

Emp, ¿Pues yo habla de burlarte? 
Toma; y pues la reja es esta 
De Isabela, llega y llama. 

Tritt, Podrá ser, señor, que duerma. 

Emp. Bien podrá ser, y también 
Podrá ser que esté despierta : 
Llega, Federico, tú. 

Fed» I En qué pasos, en qué penas ap. 
Traen á mi amor mis desdichas, 

Y mis desdichas mis quejas ! 
O reja, ¿no me respondes? 

ESCENA VIL 

Dichos t FLORELA a una rúa baja. 

Flor, ¿Es Federico? 

Fed. I Qué reja 

Tan piadosa! 

Fior, ¿ Pues qué quieres? 

Fed, Dirásle, Flora, á Isabela, , 
Que está aquí el César. 

Flor. Yo voy. 

Fed. Pensé que me respondiera ap. 
Que era imposible salir, 

Y respondió voy por ella. 

¡ Ah cielos ! quién esto mira 
Con tanto amor, si no es piedra, 
¿Qué piensa de sus agravios? 
Mas no es posible que piensa. 
Llegue vuestra magestad. 

ESCENA VIH. 

Dichos é ISABELA a la reja. 

Emp, Como las aves despiertan 
A los celages del alba, 
Cuando con pies de azucenas 
De los orientales montes 
B^a á las oscuras selvas ; 
Así yo del triste sueño 



De vuestra ausencia, Isabela, 
Despierto; y como ellas cantan, 

Y el verle salir celebran, 
Doy gracias á vuestros ojos. 
De cuya divina esfera 
Toman luz mis esperanzas 

Y mis cuidados se alientan. 

¡sab. Bien templado de requiebros 

Y comparaciones tiernas 
Viene vuestra magestad, 

A las horas mas suspensas 
Del silencio de la noche. 
Habrále dado materia 
Para tan altos concetos 
Alguna dama discreta 
De las que en la calle ahora 
De lo bien dicho se precian. 

Emp Antes si con vos, señora. 
Decir necedades fuera 
Posible, me la habla dado 
La muger mas necia y fea, 
Que pienso que hay en el mundo; 
Pues tengo por cosa cierta. 
Que de haberla hecho, está 
Corrida naturaleza. 

IscJí. ¿Fea y necia en tanto estremo, 

Y fuisteis, señor, á verla ? 
Emp. Es dama de Federico, 

Que no pensé que tuviera 
Tan mal gusto: vengo muerto 
De risa. 

Itab. No es cosa nueva 
Gozar de los mas galanes. 
Señor, las mugeres feas, 

Y los feos las hermosas. 

Emp, Dices bien, siempre se truecan. 
¿ Qué cosa es ver un marido 
Feo con una muger bella 
Que todos se la codician? 
Yo pienso que esta influencia 
Dio á entender la antigüedad, 
Cuando casó la belleza 
De Venus con la fealdad 
De Vulcano, en competencia 
Del sol, por quien sucedió 
El hacerle Marte afirenta 
Con tal risa de los dioses. 

Isab. \ Quién á Federico diera 
Vaya I llamadle, que quiero 
Correrle. 

Emp, Tendrá vergüenza. 
¿Ah Federico? 

Fed, ¿Señor? 

Emp, Hele contado á Isabela, 
Que vengo de ver tu dama . 

Fed, Diríasla, cosa es cierta, 



ACTO III, ESCENA X. 



S09 



i8tO. 

No me admiro^ 
de que quieras 
, porque suelen 
)8as y discretas : 
B^ no es posible 
tendlmiento pueda 
grande tormento, 
¡1 mayor se cuenta, 
para tu gusto, 
dre, tu Undosa, 
tu aseo, tu gracia, 
u pluma, tu lengua? 
Iré de mirarte 
delante. 

No entiendas 
¡n esto culpado, 
> es cosa tan nuera 
tratar de amor, 
ijue todas eran 
y merecían 
le naturaleía, 
LS para feos 
ín que tuvieran 
moeas acción, 
tiempo Tiniera 
maldad el mundo, 
Itára en su mengua. 
i puesto en rason, 
indo discreta mésela 
m y las lindas, 
idos y las feas, 
ea fealdad, 
lermosura sea. 
Dice bien. 

No dice bien, 
lera así, no hiciera 
M en Etiopía, 
o se diferencian 
ancos. 

Pues por eso 
pe la mezcla enmienda 
I, y á pocos lances 
\ en blanco se YuelTa. 
)e lástima os quiero dar 
ne mostréis al César 
Qenza. 

No la quiero : 
la para quien tenga 
a, que yo he buscado 
le nadie apetezca, 
i fuerza que ellas miren, 
osos las Yean, 
oiero y segura, 
lay fea que no tenga 
' que ser querida. 



Ni hermosa sin ser soberbia. 
Esta manda, aquella sirve ; 
Esta pide, aquella ruega; 
Una regala, otra agravia; 
Una quiero, otra desdeña. 
Dios me ayude con mi dama. 
Que el trato y correspondencia 
Hace hermoso lo mas feo. 

Isab. ¡Qué cosa, señor, tan necia ! 
Mande vuestra magestad. 
Que no solo de la reja 
Mas de la calle se vaya. 

Emp. Vete, y por Dios que me pesa 
De que vayas enojado ; 
Vete, pues conmigo quedan 
Pablo y Rodulfo. 

Fed. SeKores, 

Que me vaya manda el César, 
Obedezco. Ven, Tristan. 

Trist. ¿Qué tenemos? 

Fed. Cosas nuevas 

Muy propias de mi fortuna. 

Trist. Temo que en esta tormenta 
Se ha de anegar tu privanza. 

Fed. Si ya lo está, no lo temas. 

ESCENA IX. 

Dichos, henos FEDERICO t TRISTAN. 

Isab. I Qué propia cosa, que cierta 
Es, que no hay hombre tan sabio 

Y discreto, que no tenga 
Alguna falta notable ! 

Emp. Cuando los discretos yerran. 
No iguiüa á su necedad 
La del mas necio. 

¡tab. Ya suena 

Gente en casa y viene el día; 
No es Justo que se detenga 
Aquí vuestra magesUd. 

Emp. No hay en el imperio ftiersa 
Para dilatar la noche. 
El cielo 08 guarde. 

Isab. Quisiera 

Responder, para serviros, 

Y como es precisa deuda. 
No viene á ser cortesía. 

ESCENA X 

El Emperadob, RODULFO t FABIO. 

Emp. ¿Qué hay, caballeros? 

Rod. Q«« ^^^ 

Por los amantes el tiempo 
Con notable ligereza : 
¿No habrás senüdo las horas? 



SIO 



i Si NO TIERAN LAS MU6ERES ! 



Emp. La mas graeiosa pendencia 
Han tenido en la Teotana 
Federico é Isabela 
Por la fealdad de so dama, 
Que vi en mi vida. 

Rod, Es discreta. 

Emp, Túvole perdido. Vamos, 
Que no es justo que amaneica 
En tales pasos el sol 
A la magestad suprema. 

ESCENA XI. 

Salón (fe palacio. 
FEDERICO T TRI8TAN. 

Fed. Tristan, yo vengo muerto. 

Trist. No pennitas 

Tanta rienda al dolor. 

Fed. No es en mi mano. 

Trist. Al César soberano 
Contra tí solicitas. 

Fed. Cuando yo tengo de perder la vida 
¿Qué importa la privanxa, ó la caída? 
i No escuchaste, Trístan, las libertades 
De Isabela conmigo? 

Trist. Tú le diste 

La causa ; pues quisiste 
Hacer necias verdades 
Las mentiras y engaños de Fenisa, 

Y con tanta fealdad moverle á risa. 

Fed. Dos cosas intenté, de entrambas 
muero. 
Con mostrarle, Tristan, muger tan fea, 
Hacer que el César crea 
Que en otra parte quiero, 

Y que Isabela no se persuadiese. 
Que la pude querer, si lo supiese. 
¿Pero quién sospechara, quién dijera, 
Que de verla venia? ¿ qué disculpa 
Daré de tanta culpa r 

i O quién ¡ay Dios! pudiera 
Olvidar como quiso ! mas { ay cielos, 
Que es accidente amor, y olvido zelos! 

Trist. Descansa de la Doebe que lúa pa- 
sado, [vía, 

Fed. No puedo, que aon es noche toda- 
Que no amanece el dia, 
A quien es desdichado, 
Pues no ea posible que su lumbre vean 
Los ojos que no ven lo que desean. 

{Sale un peíge.) 

Fage. El villano de Isabela, 
Que se convirtió á escudero, 
Quiere hablarte. 

Fed. Yo no quiero. 



Por lo que el alma recela. 
Escucharle, ni aun saber 
Que se acuerde que nací. 

ESCENA Kll. 

Dichos t VELAaDO. 

Page. Pues ya ha entrado. 

Vei. ¿Para mi 

Licencias son meneatorP 
Sella su señoría 
Hacerme á mi mas Civor ; 
Pero en cesando el amor, 
Se acaba la cortesía :, 
Casa y criados enfadan 
En sucediendo el desden, 
Que cuando se quiere bien 
Hasta los perros agradan. 
Yo os vi abrazar un lebrel 
Del duque, y ahora á mi 
Aun no me habláis; jpoea aquí 
Os traigo cierto papel 
Que fuera de oro algan dia. 

Fed. Los que me did pedirá; 
Mo.strad. 

Vel. i Luego no me da 
Albricias su seftoría? 

Fed. ¿ Pues yo qué dichas aguardo? 
t Ay Tristan 1 llégate acá. 

Vei. Bien me dijeron allá : 
A la corte vais, Velardo ; 
Los cortesanos harán 
Rica la pobreza vuestra. 
Ya son relojes de muestra. 
Que señalan y no dan. 

Fed. (Lee.) « Perro... >» 

Trist. é Porro diaet 

Fed. 8í. 

Vei. Mira que pero dirá. 

Fed. Si con dos erres está 
¿Qué quieres? 

Trist. ¡Puot perro á ti ! 

Fed. (Lee.) <* Porro el do la dama fn, 
« Aunque esto fuera venganta, 
« Para mi loca osperania, 
« No quiere amor que lo sea. 
« Dos cosas dice do amor, 
« Que aquí pueden remediaimo. » 

Trist. ¿De qué to burlas? 

Fed. (Lee.) € MaCarins, 

« O darme al emperador; 
« Y así después de llorar, 
« El ver que sin honra raoero, 
« Ser suya esta noche quiero, 
<t Porque me quiero vengar. » 



ACTO 111, ESCENA Xlil. 



511 



ID Pablo, san Lúca«. (Cáese,) 
) era mi sospecha en vano ; 
¡iste, Tillano, 

Et ne DOS inducas. 
Itale. 

DeteD, Señor» 

Tenle, Tristan. 
e, saD Preste Juan. 
¡Iste pobre labrador, 
« tiene si viene 
que le dan ? 

lien me quitó mi gabán, 
infiernos pene : 
8 pues Talen tanto, 
I me vengo á ver, 
me han de poner 
un jueves santo, 
irro el de la dama fea ! 
bela, tú eres 
[ue yo quiera quieres 
Luya 00 sea? 
ves en mi, 
sura, tu valor, 
i hermoso mi amor, 
trasforma en ti ; 
ro celestial 
naturalesa, « 
^ tu belleaa 
exa ideal : 
qué tanta hermosura 
on tal rigor? 
osiega, escucha, señor, 
alma no está segura, 
mbre tan desdichado 
no ha menester, 
ler alma es ser 
o, no hay cuidado, 
le? ¿pues tan presto? 
mas información ? 
iñor, ten mas atención 
I que te ha puesto 

; Muger tan bella, 
» una doncella, 
amor tanto agravio? 
el duque Octavio 
al emperador ? 
ivo tanto amor 
, y que ayer 
I mi muger, 
al desatino? 
, cieb divino, 
imperio arrojaldo. 



Vel. Dele unos tragos de caldo, 
Asi Dios, Tristan, te guarde. 
Fed, Fuiste en matarme cobarde, 

Y en infamarte animosa ; 
Campos^ llorad por la rosa, 
Que se marchita de xelos: 
Llorad por la aurora, cielos. 
Que llena de sombra está : 
Fuentes, no corráis, que ya 
Se ha vuelto en llanto la risa, 
O para correr aprisa 

De mis desdichas tomad 
El ejemplo. | Qué lealtad I 
¡Qué amor! Isabela, ¡ay Dios! 
i Quién dijera que los dos 
Ñus halláramos así ; 
Yo sin alma, tú sin mí. 
Que lo fui tuyo también ? 

Vel. Cierto, sefior, que no es bien 
Quejarse con tal rigor, 
Que el señor emperador 
Se la volverá mañana. 

Fed, ¿Tanto amor, dulce tirana 
Isabela, despreciaste ? 
¿Qué mucho? viste, miraste. 
Que el ser yo tan desdichado, 
De ver tú, y de haber mirado 
Al César ha producido; 
¿ Pues tan presto tanto olvido 

Y con tan infames nombres ? 
Dichosos fueran los hombres 
Si no vieran las mugeres: 
Perdona si tú lo eres. 

Trist, Huye, corre, vete, vuela. 
Vel. Voy á decirlo á Isahela. 

ESCENA Xlll. 

FEDERICO, TRISTAN \ ki 
EüPEiUDoa. 

Emp. ¿Qué es esto? 

Fed. ¿ Quién lo pregunta ? 

Emp. ¿ Es Federico ? 

Fed. No sé. 

Mas lo que es y lo que fué 
En mi Bugeto se Junta : 
De una esperanza difunta 
Soy un necio pretendiente, 
Soy un ser, que no se siente, 
Pues siendo el alma inmortal, 
Una forma substancial 
La tengo por accidente. 
Suspenso el entendimiento 
Y memoria senaitiTa, 
Me ha dado la intelectiva 



512 



SI NO VIERAN LAS MUGERES ! 



Mas alto coBocimieato : 

Y conociendo que siento 
La ofensa, á vengarla Yoy, 
Pero como viendo estoy 

El Talor del que me ofende, 
Por no ser el que lo entiende, 
Dejo de ser lo que soy. 
Que no siento, es Terdadera 
Proposición, pues no siento 
Que no siento, y sentimiento 
De que no siento tuviera, 
Que si el no sentir sintiera, 
Viera yo que el no sentir. 
Era dejar de vivir; 

Y no viniera á tener 
Sentimiento de no ser, 
Que debe de ser morir. 
El alma con que viví, 

Y que este ser animaba, 

Se fué á vos» cuando pensaba. 
Que mal la tuviera en mi; 

Y que se pasaba asi 
Creyó la gentilidad 

De un cuerpo en otro; mirad 
Si se pasa á vos la mia 
Esta noche, que podría 
Ser su mentira verdad. 
De suerte que el alma mia. 
Aunque sin morir los dos, 
Hará pasándose á vos. 
Tan necia fllosofia. 
Quién es la que yo tenia 
Esta noche lo sabréis, 
Quién soy no me preguntéis. 
Porque lo que voy diciendo, 
Aun yo mismo no lo entiendo. 
Mirad si vos lo entendéis. 

Emp. Responderte, Federico, 
En seso y en tanto mal, 
Fuera ser al tuyo igual. 
El que á tu lástima aplico. 
Que perderla un hombre noble 
De las partes que hay en ti, 
Tan estimado de mí, 
Aumenta la pena al doble. 
Tristan, ¿ qué desdicha es esta ? 

Trist, Haber, gran señor, perdido 
Parte del alma el sentido, 
Que esto vale y esto cuesta ; 
Que como tú le mandaste 
Que quisiese tan aprisa, 
He pensado que Fenisa, 
De quien ayer te hurlaste. 
Le ha dado hechizos, señor; ^ 
Que es propio efecto de feas, * 
Pues las hermosas do creas 



Que quieren por fuerza amor; 
Si quien tiene entendimiento, 
Quiere que nadie le quiera 
Por aquello que no fuera 
Su propio merecimiento. 

Emp. Préndanla, mátenla. 

Trist. Advierte. 

Emp. No hay que advertir, morirá 
Fenisa, culpada está 
De Federico en la muerte; 
Que quien quita á un hombre el seso. 
Mas le quita que la vida. 

ESCENA XIV. 

Dichos, ISABELA, el duque OCTAVIO, 
VELARDO V TODOS. 

¡sab. Lastimada y ofendida 
De tan estraño suceso, 
No hallo remedio mejor 
Que darte de todo cuenta. 

Duq. Si no es venganza, es afrenta. 

Vel. Aquí está el César, señor. 

Duq. Ya vengo, principe invicto, 
Como dice, que me mandas, 
Isabela, y ella y yo 
Te damos debidas gracias, 
Después de tantas mercedes, 
De que gustes d» casarla 
Con Federico, que tanto 
Ilustra y honra mi casa. 

Isab, Y yo también por mi parte, 
Como mas interesada 
En este favor. 

Emp. Detente : 

¿Quién os dio nueva tan falsa? 
Ni he tenido pensamiento 
De casarte, ni se trata 
Mas que de tan gran desdicha. 

Isab. ¿Qué desdicha? 

Emp. Que ana ingrata 

Muger le ha quitado el seso, 
Y que he mandado matarla. 

IscA. No es ingrata quien ha sido 
De este suceso la causa. 

Emp, i Sabes tú quién es, que ya 
Con muerte infame la aguarda 
Mi castigo ? 

Isab* Pues bien puedes, 
Gran señor, ejecutaría. 
Yo soy, que con un papel 
Que le escribí por venganza 
De los zclos que roe diste, 
Fingí que esta noche estaba 
Determinada á ser tuya, 



ACTO III, ESCENA XIV. 



313 



intira inyentada 
>r y mi desdicha, 
lentira, IsalielaP aguarda, 
18^ qae el discono 
aliora me faltalM, 
á mi entendimiento, 
ocias al alma, 
tísimo Otlion, 
lieróico monarca, 
laoedon de Grecia, 
de Alemania ; 
amantes, oye, 
sta aiiora ignóralas, 
)rieron por zelos 
peto y privanza, 
la que á Isal)ela 
n tantos que paga 
y con tantas guerras 
3 fin dilatan 
asarnos tuviera 
nacida esperanza, 
te de aquel monte 
do, liacíenda y casa 
izar aquel dia, 
de mis desgracias : 
lo que sabes 
sada ignorancia, 
ne que quisiese, 
I disimulaba 
smiendo enojarte, 
ofender la fama 
lion de Isabela ; 
dome la traza, 
icha, ó Tristan, 
á Fenisa amaba, 
idonos los dos, 
por esta causa 
perder el seso 
cmas circunstancias, 
wligroede amor; 
ibra me dabas 
*me, como espero 
ras, pues empeñada 
á ser quien eres, 
1 á los reyes falta, 
ocasión, señor, 
y fortuna llaman, 
iea.«ioo perdida, 
aslon ganada, 
ne con darme 
, así te hagan 
, como de Europa, 
África y Asia, 
no llega el sol 
distancia, 
tiieioa de su sombra 



Vieron estampas humanas, 
Lleguen las águilas negras 
De tus imperiales armas; 

Y el sol de envidia las siga 
Que lleguen donde él no alcanza. 

Emp, Federico, aun no presumo 
(Tan difícilmente hallan 
El seso los que le pierden) 
Que le has cobrado, pues habias 
No digo en tu amor y el mió. 
Sino en decir que obligada 
Está mi palabra aquí, 
Pues es cierto que te engañas, 
Que cuando yo te la di. 
Era cuando te mandaba 
Que quisieses y buscases 
Sugeto en alguna dama : 
Tú dijiste que lo harías. 
Si te daba la palabra 
De ayudarte, y á Fenisa 
Me mostrastes : si te casas 
Ck>n Fenisa, cumpliréla. 
Porque yo no pude darU 
Para lo que yo queria, 

Y tú de secreto amabas. 
Ck>n esto se desempeña 

Mi palabra, pues fué dada 
Para querer, no queriendo. 

Fed, Con justa causa me llamas 
Loco, pues no conocía 
Que la palabra me dabas 
De ayudarme, si quisiese. 
Busqué dama fea y baja 
Por escusar á Isabela 
Zelos, y encubrir que estaba 
Enamorado de quien 
Tú lo estabas. Ya te sacan 
De la obligación, señor, 
Mi desdicha y mi ignorancia. 
Con esto dadme licencia 
Para que á Italia, ó á España, 
Me lleven mis desventuras 
A morir en tu desgracia. 

Emp. Alza del suelo. 

Fed, ¿ Pues darla 

Rehusas? 

Emp, Óyeme atento. 
No fuera grandeza tanta 
Darte á Isabela, si fuera 
Cumplir la palabra dada : 
Cuando de ella libre estoy, 

Y tú con desconfianza 

Y sin acción de pedirla. 
El dártela será hazaña. 
Dale la mano á Isabela. 

Fed, Vivas, invicto monarca, 



514 



SI NO VIERAN LAS MUGERES 



Mil siglos 

¡sab. A tus victorias 
Prevenga voces la fama. 

Trist Una palabra, señoree : 
El emperador me casa 
Con Flora, aunque no lo diee, 
Ni me ha dado la palabra. 
¿No es verdad, Flora? 

Flor. Así ee. 

Trist, Pues oigan, señoras damas, 
Que aunque esta comedia nuestra 
Su autor, como han visto, llama 



/ Si no vieran las mugeres ! 
Quiere que á verla j honrarla 
Vengan mochas, y que vean 
Cuanto por el mundo pasa, 
Muchas fiestas, muchas hodaa. 
Toros, y juegos de caña ; 
Muchos novios las solteras. 
Muchos hijos las casadas. 
Mucha salud, mucha vida, 
Muchas joyas, muchas galas, 
Y lo demás que quisieren, 
Que aquí la comedia acaba. 



LA BOBA PARA LOS OTROS, 

Y DISCRETA PARA SI- 



lecion de esta ooniedia principia en la escena segunda del primer acto, coando 
Tñ á buscar á Diana, le comunica la noticia de que es hija natural y heredera de 
I, duque de Urbino, por el testamento que ha otorgado ; y le m iniOesta las Intrigas 
icion de la corte, por las pretensiones y riyalidad de Teodora, advirtiéndola del 
que la amenaza entre tantos enemiaos. Diana para evitarle se flnge boba, los 
bra de este modo, y los mantiene en la seguridad hasta que se apodera del trono, 
tierra de sus estados, y se casa con su defensor Alejandro de Médicis. Este plan 
lérilo, y está muy bien seguido. 

írsonage de Diana está muy bien pintado, aunque en algunas ocasiones et ya 
n demasía, y en otras manifiesta un ingenio capaz de producir sospechas, no so- 
e en Teodora y sus apasionados, sino también en los que no tienrn ningún Ínteres 
í al de Diana. Teodora debe recelar mucho mas cuando la halla al amanecer en el 
y Ye huir un hombre. 

puridad en que permanece después, no es muy compatible con la ambición ; ni 
manifiestan Camilo y Marcelo, aspirando á la mano de Diana, está pintada con 
« fuerza, porque no produce electo alguno, ni los estimula á proporcionarle me- 
sabir al trono. 

ñas de estos defectos, nos parece ridicula é inútil la embajada de Fftbio, cuando 
1ro tiene reunidas ya las tropas necesarias para asegurar á Diana la corona de 

Qce sin embargo muy boen efecto en el teatro la representación de esta comedia, 
buenas esoeuas, diálogos interesantes, un lenguaje puro, y la yersiflcacion es fácil 
>niosa. 



PERSONAS. 



y dama. 
»RA, dama. 
i, criada. 
4, criada. 

NDRO, HERMANO OBL DUQUE WL FlO* 

JA, galán, 
galán. 



CAMILO. 
MARCELO. 
FABIO, gracioso. 
LISENO, criado. 
ALBANO T BISELO. 
AcompaAamieiito. 



La escena es en la ciudad de Urbino, 



^CTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Decoración de campo. 

I ANA EN TRACE RE LABRADORA. 

M iú de amores conmigo, 
ite Ubrador ? 



Dirás que yo no lo digo, 

Que el amor en cuanto amor, 

Nunca mereció castigo. 

No porque es mi rusüqoeaa 

Tanta, que ignore el grosero 

Estilo de mi rudeza, 

Que amor fué el hijo primero 

Que tuvo naturaleza. 

De este amor han procedido 

Cuantos son, cuantos han sido ; 

Pero no me persuado, 



316 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



A tenerle en bi^o estado 
A ningún hombre nacido. 
Aquí de estas peñas vivas 
Quisiera romper las hiedras, 
No porque trepan altivas, 
Mas porque abrazan sus piedras 
Amorosas y lascivas. 

Y aquí con violentos brazos 
Los enredos de estas parras, 
Los embustes de sus lazos, 
Que de pámpanos bizarras 
Dan á los olmos abrazos. 

Si de zelos ó de antojos 
Canta á la primera luz 
Algún ave sus enojos, 
Quisiera ser arcabuz, 

Y matarla con los ojos. 
¿Y tú, grosero villano. 
Vienes á decir amores 

A quien por el aire vano 
Un nido de ruiseñores 
Derribó con diestra mano? 
Tú, ni el de mas brío y talle. 
No me habléis, que si en el valle 
Donde mas lejos se esconde, 
Solo el eco me responde. 
Le suelo decir que calle. 
No 08 fiéis, que en esta aldea 
Me dio padre labrador, 
Que el alma, que se pasea 
Por mi pecho, y el valor 
Me dice que no lo crea. 
Logro tan altos Intentos, 
Que si pudieran con arte 
Subir trepando elementos. 
Pasaran de la otra parte 
Del cielo mis pensamientos. 
¿Es posible que yo fui 
Parto de un monte, y nací 
De un rudo y tosco villano? 
¿Un alma tan grande en vano 
Deposita el cielo en miP 
Son tales mis presunciones, 

Y discursos naturales. 
Que en todas las ocasiones 
Aborrezco mis iguales, 

Y aspiro á ilustres acciones. 
Ayer, aunque no os fiel 
Intérprete la osadía. 

Tuve un sueño, y oí que en él 
Un águila me ponia 
Sobre la frente un laurel. 
Con esto tan vana estoy 
Que pienso, por mas que voy 
Reprendiendo mi bajeza. 
Que se erré natnraleía. 



Y soy mas de lo que soy. 
Aves, corred con mas prisa, 
No bulliciosas piquéis 
La yerba que el alba pisa ; 
Fuentes, no me murmuréis. 
Tened un poco la risa : 
Si un altivo pensamiento 
En bBjo sugeto os calma, 
Parad con advertimiento. 
Que son Narcisos del alma 
Los locos de entendimiento. 
Porque si posible fuera 
Que el autor del cielo diera 
Al entendimiento cara, 
Loca de verla quedara. 
Si en vuestro cristal la viera. 

ESCENA II. 

DIANA T FABIO. 

FMo, Por las señas que me ha dado 
Un villano de esta aldea, 
Que la vio bajar al prado, 
No es posible que otra sea. 

Diana, ¿Qué buscáis con tal cuidado? 

Fabio. Busco una bella aldeana. 
Que se ha de llamar Diana, 
Aunque es de almas cazadora. 
Desde que sallé la Aurora 
A producir la mañana. 
¿Sois vos acaso? 

Diana. Yo soy. 

Fabio. ¿Cierto? 

Diana, Y muy cierto. 

Fabio. La mano 

Me dad. 

Diana. Los brazos os doy. 

Fabio, En vuestro semblante hamaDo 
Mirando mi dueño estoy. 

Diana, Sosegaos. 

Fabio. Estoy sin mí 

Desde el instante que os vi. 

Diana, ¿ Pues qué queréis ? 

Fabio. Que me oigáis. 

Sin que un acento perdáis 
De cuanto me oigáis aquí. 
Ilustrísima Diana, 
Hasta ahora de estas selvas 
Humilde honor, aunque grave. 
Como está el oro en la tierra ; 
Octavio, duque de Urbino, 
Señor, como sabes, de esta, 
Por falta de sucesión, 
Tn^o de su hermano César 
A su sobrina Teodora, 
Hermosa, como discreta, 



ACTO i, ESCENA II. 



517 



y ésa caía. 
T Dios atenta, 
mder loa principios 
18 las materias, 
pensó en Urbino, 
eodora bella 
1, claro estaba, 
iba tan cerca, 
i TiYia, 
estados era 
spejo al duque, 
ilrando en ella 
retendientes 
^arma y Plasencla, 
intna y Milán ; 
enores ftierxas, 
esperanzas, 
1 sirve en presencia, 
-os de Urbino, 
lilo, á quien ella 
3 entretenía, 
clon seereta 
or mas galán, 
conforme estrella, 
idios, Diana, 
lie tijera 

cortó el hilo 
1 años cincuenta, 
nnerte descubre, 
la, lo que trueca 
¡r estado ó casa, 
estra la esperiencia, 
esta ocasión, 
estamento deja 
ú duque Octavio, 
m aquesta aldea 
itural, 

a por heredera. 
t testamento, 
I alma queda, 
da, y Camilo 
nza mas cierta, 
¡ñor de Urbino, 
r quien le hereda; 
ra no le amaba, 
atadas muestras 

de que Julio 
I en su idea, 
ermosa Diana, 
tese altera, 
indos se divide, 
fía, que llegan 
^es las armas, 
recho la fuerza, 
ido de por medio 
lela nobleza. 



Vencen la furia á Teodora, 

Y la Juventud sosiegan. 
La legitima señora 
Buscar alegres decretan, 

Y dan el cargo á Camilo, 
Que ya se llama, ó lo sueña. 
Duque de Urbino contigo. 
Porque hasta esperar sentencia 
De algunas dificultades, 
Quiere Julio que pretenda 

Su Teodora, aunque entre tanto, 
Diana, á la corte vengas. 
Yo, que en servicio del duque, 
Con poca nobleza y renta 
Nací en humilde fortuna, 
Tanto que me ha sido fuerza 
Valerme del buen humor. 
Para los señores puerta; 
Aunque no falto, Diana, 
De alguna virtud y letras : 
Respetando aquella sangre. 
Que del duque muerto heredas 
Vine, no á pedirte albricias 
Del parabién de que seas 
Duquesa de Urbino, cuando 
Eco de estos montes eras ; 
Sino para que al peligro 
A que te llevan, adviertas 
Entre tantos enemigos, 
Sin que nadie te defienda ; 
Porque Camilo no es justo 
Que tu persona merezca. 
Donde príncipes tan grandes 
Estos estados desean. 
Teodora y Julio, ¿quién duda. 
Que al paso que te aborrezcan, 
Han de pretender un fin 
Con Injustas diligencias r 
Mira el peligro en que estás, 

Y así es menester que tengas 
En tantas dificultades 
Entendimiento y prudencia. 
Perdóname que te diga 
Que examinarte quisiera. 
Puesto que el buen natural 
Tales imposibles venza. 
Pero ya con los caballos. 

El estruendo de las selvas 
Me avisa, que los que vienen 
En tropa á buscarte llegan : 
No me quiero detener, 
Que no quiero que me vean, 
Por ver si puedo después 
Servirte allá sin sospecha. 
Dios te libre de traidores, 
Ty Justicia favorezca. 



su 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



To buena dicha asegare, 

Y tu inocencia defienda. 

ESCENA UI. 

DIANA, CAMILO, LISENO t acompa- 

^AMIENTO, T BISELO fl LLAMO. 

Ris. Esta, señores, es la que buscando 
Venís por este monte, hija de AUino, 
De est I aldea vecino, 
Que ahora está en los montes repastando. 

Diana, ¡ O ingenio, aquí me ayuda ! ap. 
Fingirme quiero simplemente ruda. 
Que es el mejor camino á un grande in- 
tento. 

Cam. Caballeros, mirando estoy atento 
En esta labradora 
Lo que pueden la muerte y la fortuna. 

Lis, ¡ Qué sin sospecha alguna ap. 

Del estado que espera está suspensa I 

Diana. Este es Camilo : atentamente 
piensa ap. 

Cómo ha de hablarme, y mí persona mira, 
Quiere llegar, y el trage le retira. 

Cam, ¿Qué sirve suspender á lo que 
vengo 
Cuando presente, gran señora, os tengo? 
Dadme los pies, duquesa generosa, 

Y tanta novedad no os cause espanto. 
Diana, No faltaba otra co^a. 

Sin que ellos vengan á burlarse tanto ; 
¿Qué duquesa decís, ó calabaza? 
Si andáis acaso por el monte á casa. 
No me tengáis por fiera. 
Cam, Pensé que en lo esterior fuera 
villana, ap, 

Y que la buena sangre la infundiera 
Un alma, por lo menos, cortesana. 

Lis. ¿Si acaso no es Diana? ap. 

Cam, ¿Es Diana, pastor? 

Ris, En esta aldea 

No hay otra que de aqueste nombre sea, 
Ni, como preguntáis, hija de Alzino. 

Cam, ¿Qué esta ha de ser de Urbino 
Duquesa ? 

Ris. ¿ No os agrada 7 

Cam. ¿Cómo me ha de agradar? 

Rii, ¿ Pues q uó os enfada ? 

Cam, El semblante risueño, y los efetos. 
Que no son tan discretos 
Como su nacimiento prometía. 

Ris. \ Qué mal la conocéis, porque po- 
día ap. 
Venderos mas retórica, si hablase, 
Que cuantos la profesan en Bolonia ! 

Cam. Señora, el duque es muerto. 



Diana, ¿ Pues qué se nie da áimf ftn 

Enterradle, señorei. (si et eierts 

Que yo no soy el c«ra. 

Cam, Mirad, que es vuestro padre. 

Diana. ¡Qué locura, 

Siendo Alzino mi padre ! 

Cam. Los temores 

Que tuve de su poco enteodimleiito 
No rae salieron vanos. 

Us. ¿QuéteespiDta, 

Si se ha criado en rustiqueza tanta? 

Cam. También fuera milagro, qoe as 
Criada en estos montes como fiera [font 
De esta ruda aspereza, 
Mas presto mudará naturaleía 
En dándola los aires cortesanos. 
Dad á todos las manos : 
Venid, señora, á Urbino, 

Y seréis su duquesa. 

Diana. Desafino* 

Cam. Señora, el duque os heredó eaio 
Gozad tan nlta suelte, [muerte, 

Y tan dichosa empresa. fduqusiat 
Diana. ¿Pues soy yo buena para w 
Cam. Sí, pues lo quiso el cielo. 
Diana. Pues voy por mis camisas, y lo 

sayuelo 
Verde, que tengo con azules vivos. 

Cam, i Estrenos disparates I 

Lis. Escesifos. 

Cam. Allá tendréis las galas que cooTle* 
nen 
A las que vuestro estado y nombre tieBcn. 
Vtnid, señora, al coche. 
Porque entréis esta noche, 
Sí es posible, en Urbino. [lUo*. 

Diana. Que no señor, yo tengo mi po* 

Ris. Mira, Diana, que eres ya duquess. 

Diana. Pues selo tú por mi, que á minN 
pesa. [suelo! ^. 

Cam. Vamos, señora. ¡ Estraño desooo- 

Lis. Buena duquesa llevas. 

Diana, Di, lUselo, 

SI al monte fueres, á mi padre Alziao, 
Que aquí me llego á UrbUio 
A ser duquesa, aunque de mala gana, 

Y que luego vendré por la mañana. 

ESCENA IV. 

Salón de palacio. 
TEODOBA Y JULIO. 

Teod. \ Que porfiase Camilo 
En traer esta aldeana I 

Julio, Es su condición villana, 
Teodora, de aquel estilo. 



ACTO I, ESCENA VI. 



31» 



. iulio, aunque el duque áe^ue 
m en su teetamento 
noevo pensamiento, 
rillana heredase; 
n tan dudosa, 
senado tan sabio 
ermite, en agratio 
Bredera forxosa t 
disponen las leyes 
!, pero sospecho, 
diferente el derecho 
ríncipes y reyes; 
ique es la jusdcla Igual, 
> que bayaesencion, 
» las personas son 
I miento real ; 
duque me aborrecía 
)s probar también, 
ue te quise bien 
s celos tenia : 
querer por sucesor 
I duque de Parma, 
andamentos arma 
u injusto rigor. 
. Cuando no hubiera razón 
fe probar al que muere, 
Aba loco, se inliere, 
sido Tiuleota acción : 
\ cómo nos Ya 
cía llanamente, 
le tendremos presenten 
I la causa nos da ; 
nque mas favorecida 
)ilo y del senado, 
le poder su cuidado 
r su injusta Tida. 
1 el dia de su muerte 
cesión te llama, 
ta constante fama, 
iccion, Teodora, advierte, 
n las pretensiones 
tua, Parma y Milán, 
yes darla podran 
ti justas acciones? 
tú has de ser duquesa 
no, ó yo he de perder 

Y yo tu muger, 
á la envidia pesa. 

ESCENA V. 

DiCBOS T FABIO. 

I. Ya, se&ora, viene aquí 
lesa mi seAora. 
. ¿Quién? 



Fa6to. Aquella labradora ; 

No te vuelvas contra mí. 

Teod, ¿Qué muger es? 

Fabio, Es muger 

Que en un monte se ha criado. 

Juiio. No te dé, por Dios, cuidado, 
Que no le ha de suceder 
Al duque por Invención, 
Muger de esta calidad. 

Fabio. Hasta probar la verdad 
Tú tienes la posesión; 
Mas por la gente vulgar, 
Y por Camilo, señora, 
Recíbela bien ahora. 
Que no te podrá quitar 
La posesión por lo menos. ( Vanse.) 

ESCENA VI. 

CAMILO, LISENO, DIANA 

T ACOMPAJ^AIIIEIITO. 

Cam. ¿No le agrada á vuestra altesa 
La ciudad? 

Diana. Es linda pieza, 
¿ Mas recibirme con truenos? 

Cam. Aquella es artillería ; 
Que os hacen la salva aquí. 

Diana, Con los relámpagos vi 
Estrellas al medio dia : 
En tocando las campanas 
En mi aldea el sacristán. 
Como los nublos se van, 
Vuelven á cantar las ranas. 

Cam, A propósito. 

Lis. En mi vida 

Vi cosa tan ignorante. 

Diana. Esta casa relumbrante, 
De tanto mármol vestida, 
¿Qué contiene? 

Cam. Es el palacio 

De vuestra alteza. 

Diana. El lugar 

Puede todo aposentar 
Su grande y vistoso espacio. 
Con ovejas y borricos. 

Cam. Veréis aposentos llenos 
De pintura, en que es lo menos, 
Telas y brocados ricos. 

Diana, ¿ Qué es aquello que está allí ? 

Cam. £1 reloj. 

Diana, ¡ Válgame Dios ! 

Cam. Allí señala las dos. 

Diana. Bueno : ¿á Teodora, y á mi? 

Cam, ¡Brava respuesta! 

Us. {Gallarda! 

Diana. ¿Y quién es, Camilo, aquel 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



320 

Que está en aquel chapitel? 

Cam. Esel ángel de la guarda. 

Diana. Bien ie habernos menester ; 
Pero es grande desvario 
Tenerle al calor y al frió, 
Si nos ha de defender. 

Cam» No la entiendo. 

Us. Yo tampoco. 

ESCENA VU. 

Dichos', t FABIO. 

Fabio. A recibiros, señora, 
Sale la ilustre Teodora. 

Cam. De verla me vuelvo loco. 

Lü, Én viendo su rustiqueza, 
Se venga de tí Teodora. 

ESCENA VIH. 

Dichos, TEODORA y JULIO. 

Teod, Mil veces venga en buen hora 
A su casa vuestra alteza. 

Diana, Señora, ya yo decía 
Que en mi borrico andador 
Pudiera venir mejor, 
Y venir á medio día ; 
Pero por esas veredas 
Con mucho polvo y ruido, 
Arrastrado me han traído 
En una casa con ruedas. 
Echad acá vuestra mano. 
Que vos la quiero besar. 
Teod. ¿Qué es esto, Camilo? 
Cam. Hablar 

Con el estilo aldeano; 
No os espantéis, que ninguno 
Nace enseñado. 

Teod. Es asi : 

¿Qué dices, Julio? 

Julio. Qac aquí 

Alma y cuerpo todo es uno, 
Y que no hay que tener pena 
Del tratado pensamiento, 
Pues su mismo entendimiento 
En el pleito la condena ; 
O á lo menos será eterno, 
Pues no es Justicia, Teodora, 
Que den á Urbino señora 
Inútil para el gobierno. 
Teod. Hoy mi esperanza nació. 
Diana. Muy linda está su raercé, 
Y dígame, ¿no tendré 
Uno como aqueste yo? (Señaia.) 

Teod. Ahora, señora mia. 
Vuestras damas os darán 
Galas y Joyas. 



Diana. No harán. 

Teod. I Quá notable bobería ! «? 

Ahora bien, venid, Diana, 
A tomar la posesión 

De vuestra casa. El mesón n 

Le diera de mejor gana. 

Julio. Y yo la caballeriza. 

Cam. Corrido estoy. 

Fabio. Yo turbado. 

Laura y Fenisa han llegado. 

ESCENA IX. 

Dichos, LAURA t FENISA. 

Teod. Laura, aquel cabello riza 
A su alteza, y tú después, 
Fenisa, cjon el decoro 
Que sabes, diamantes y oro 
Siembra del cuello á los pies. 

Laura. Las dos tendremos cuidado 
De vestir y de adornar 
A su alteza. 

Diana. Estoy de andar 
Con ios gansos por el prado 
Ducha á la crencha ó la trenza. 

Teod. Buena duquesa has traído, 
Camilo. 

Cam. Si estoy corrido, 
Bien lo dice mi vergüenza. 

Teod. Quedaos vosotras aquí : 
Ven, Julio, que ya la risa 
Aun por los ojos te avisa 
Del placer que llevo en mi. (Fon 

Cam. Ya vuestra alteza ha llegado 
A su casa, Justo es 
Que descanse, que después 
De las cosas de su estado 
Mas despacio trataremos. 

Diana. ¿ Luego no me he de volver 
A mi lugar ? 

Cam. No, hasta ver 
La sentencia que tenemos. 
Duina. ¿Ab, gentilhombre? 
Fabio. ¿EsáDQ 

Diana. Un poco tengo que hablaros. 
Vosotras, señoras damas. 
Id á prevenir mí cuarto. 
Que hablo ya como señora. 

Laura. Solo el aire de palacio, 
Que le ha dado á vuestra alteza. 
Hará mayores milagros. 

ESCENA X. 

DIANA T FABIO. 

Diana. ¿Quién eres, hombre, que 
Cometa, que en breves rayos 



ACTO 1, ESCENA X. 



321 



Barrera Ydoi 
u oriente á tu ocaso? 
) libros de mi historia 
I, que como en cuadros 
sntaste á ios ojos 
i de tantos años? 

eres, que dispertaste 
Eimientos tan aitos 
mida (ántasia, 
Í8C08 y peñascos? 
i te dijo que me dieses 
ivlso, que tanto 
valido, para hacer 
lora aquel engaño? 
[ no fuera por ti, 
todlmiento claro 
e dló el cielo, aumentara 
ridia de mis contrarios, 
a con él de suerte 

Tida y el estado 
fímera de un dia 
rigor de sus manos, 
arte que esta ignorancia 
de uaar entre tanto 
«guro estado y vida, 
«pues hablaré claro, 
claro, que se admiren 
leda un inculto campo 
úi tan raro ingenio; 
o hay Ingenio humano 
to pueda por sí solo : 
es, con ligeros pasos, 
ador de mi yida, 

del cielo santo, 
«ligro en que estoy 

ser mi secretario ; 
era de no tener 
Yor^ me declaro 
0^ porque te he visto 
emedio incünado. 
pregunto quién eres, 
i me dyiste, Fabio, 
dlcion de tu vida ; 
orque estoy pensando 
nde tanta piedad 
ugar tan hidalgo, 
ser norte que guie 
« de mis cuidados. 
o. Señora, el mar proceloso 
ie en pequeño barco 

1 á correr fortuna, 
so y destemplado 

9 Tientos de ambiciones, 
el cielo los arcos, 
er habéis piloto, 
qué claro que os hablo. 



De mas valor y esperíenoia, 
Para no correr naufragio. 
Si 08 queréis flar de mí, 
Viviréis, y si no, en vano. 
Con haceros inocente, 
Venceréis á tantos sabios. 

Diana. Fabio, cuando yo contigo 
MI entendimiento declaro, 
Bien sabes que me sujeto ; 
Pensemos ahora entrambos 
Qué consejo tomaremos. 

Fabio. Señora, aunque gobernaron 
Mugeres reinos é imperios, 
Fué con inmensos trabajos, 
Trágicos fines, y medios 
Sangrientos, que no dejaron 
Ejemplo de imitación : 
Si algún hombre no buscamos 
De valor, que con secreto 
Os pueda servir de amparo. 
Vos no podéis ser Gleopatra, 
Ni Semíramis. 

Diana, Reparo 
En que Camilo es indigno. 

Fabio. ¿Camilo? gentil caballo. 
Para lo que yo pretendo. 

Diana, ¿Pues qué pretendes? 

Fabio. Casaros 

Con hombre de tal poder, 
Que no iguale Alejandro. 

Diana, Pues hagamos un concierto : 
Que busques el hombre, Fabio, 
Y le traigas de secreto, 
Como tú de su valor, 
Que si del talle me agrado. 
Iremos los tres tratando 
Vencer estos enemigos ; 
Pero advierte que quedamos 
En que este marido sea, 
Pues ha de durarme tanto. 
Repartido entre los dos, 
De manera que escojamos, 
Tú el valor, yo la persona. 

Fabio. Tu ingenio y tu gusto alabo. 
No como algunas mugeres, 
Que apenas padre ó hermano 
Les nombraron casamiento, 
Cuando con el desenfado 
Que si fuese para un dia 
Lo que es para tantos años, 
Cierran con él, sin mirar 
Si es azul, ó colorado, 
De que nace que el oficio 
De marido, ó carga ó cargo. 
Le sustituyan tenientes. 

Diana. Parte, que me están mirando; 
21 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



322 

El cielo tus pasos guie. 

Fabio. Tú verás como te traigo 
Un liombre... 

Diana, ¿ Quién por tu Tida ? 
{Como que se entran , dicen lo que sigue,) 

Fabio. No lo sé, vete despacio, 
Que ahora le voy á hacer. 

Diana, Sea valiente. 

Fabio. Un Orlando. 

Diana. Sea ilustre. 

Fabio. Será un rey. 

Diana. Liberal. 

Fabio. Un Alejandro. 

Diana. Fanjoso. 

Fabio. César, ó Aquilas. 

Diana. Airoso, sabio. 

Fabio. Y gallardo. 

Diana. Mancebo. 

Fabio. Lo principal. 

Diana, Yo te aguardo. 

Fabio. Yo me parto 

A buscar este marido^ 
Como si fuera de barro. 

ESCENA XI. 

Decoración de campo. 
ALEJANDRO, ALBANO, y Criados como 

DE CAZA. 

Álej. Gran deleite la caía. 

Alb. En éi 66 prueba. 

Pues á ios montes del confin de Uriiino, 
Desde Florencia sin parar te lleva. 

Alej. Llamarle puedes dulce desatino ; 
¡ Qué hermosa fuente Ue esta oscura cueva 
Remite al valle el paso cristalino. 
El rubio lirio y la azucena cana, 
Parece que es el baño de Diana ! 

Campos, yo pienso que del cielo fuisteis 
Al hombre los ^ayores beneficios. 
Que fuera del sustento que le disteis^ 
Templáis la gravedad de loa oficios : 
¿Qué pensamientos no se alegran tristes 
Entre estos naturales edificios, 
Arquitectura que formó el diluvio, 
Mejor que los diseños de Yitruvio.^ 

AHÍ un peñasco empina la alta frente, 
Que parece que al cielo desafía : 
Ailí se humilla, y mas profundamente 
Su firme fundamento hallar porfía : 
¡ Qué puerta mas pomposa y eminente 
Coronan entre dórica armonía 
Mas reales trofeos, que á estos riscos 
Guirnaldas de tarayes y lentiscos ! 

En esta soledad parece el cielo 
Prado de flores candidas y bellas, 



Y en tante luz el esmaltado saelo. 
Con licencia del sol, prado de estrellas : 
¡Qué cosa es ver un músico airoyoelo, 
Sirviendo de instrumento á las querellas 
De un ruiseñor, que hablando mas suspira, 
Canta la solfa que en su arena mira ! 

Alb. Pienso que quiere ya vuestra esee- 
Ser ermiteño de ese monte. [leocia 

Alej, AlbMO, 

Tal vez el olvidarse de Florenela 
Hace después mayor el gasto. 

Alb. Es llano. 

Alej, Si Ñapóles admite competencia, 
Donde naturaleza abrió la mano. 
No dudes que es Florencia ; pero importa 
Para estimarla alguna ausencia corta. 

ESCENA XII. 

Dichos t FABIO. 

Fabio. Yo pienso que voy fuera de ca- 
mino. 
Que no es el de Florencia el que he tomado. 

Alb. Un hombre al parecer viene de Ur- 
bino. t»l P«^ 

Febio. Gente desciende de este monta 

Alb. Buen hombre, ¿qué buscáis? 

Fabio. Perdido el üdo, 

Por estos laberintos voy errado. 

Alej. Fabio, tu voz conozco. 

Fabio. ¡Señor nrio! 

Alej. En tu pasado amor los brazos fio. 

Fabio. Bien haya el yerro que ten blcD 
acierta. 

Alej. Desde que de Florenela te partiste, 
Ingrato me olvidaste. 

Fabio. Desconcierta 

Toda razón una fortuna triste; 
Resuci teste mi esperanza muerta, 
Cuando, señor, en salvo me pusiste 
De la justicia de tu heroico hermano, 
Que no pudo sin tí remedio humano. 

Vínome á Urbino siempre receloso 
Donde al duque serví, que muerto yace 
No ingrato á tu valor, mas temeroso. 
Que siempre el miedo de la culpa nace ; 
Bien sabes que un contrario poderoso, 
Nunca sin sangre agravios satisface, [vi*. 
Alej. Disculpa tienes, Fabio, que d agrá- 
Siempre le ha de tener presente el sabio. 
¿Dónde vas por aquí? 

Fabio. Voy atrevido 

A buscar un marido á cierta dama, 
Aunque buscarle en monte oo haya sido 
Feliz agüero de su inderU fama. 
Alej. ¿Es mugar prinelpal? 



ACTO 1, ESGBIfA XIV. 



323 



De esclarecido 
y sangre real. 

¿Cómo se llnma? 
Es cosa de grandísimo secreto. 
.Secreto? 

8f. 
Pues búscale discreto. 
Esta es muger, que serlo de un 
rmano 

del gran duque de Florencia. 
(o soy, llévame á mí. 

No hablaste en vano, 
burlando estás mi diligencia, 
;amos al camino Uano, 
nporta escucharme. 

Doy licencia 
as ó burlas. 

Pues advierte, 
lomfenza. 

Escucha tu dichosa suerte. 

ESCENA XIII. 

Salón de palacio. 

TEODORA T JULIO. 

Vo pude yo desear 

uroso suceso. 

La ventura te confieso, 

lerla gozar. 

^amHo no acierta á hablar 

y de turbado, 
que es casado, 

cll de persuadir; 
ha de regir, 
lio, su estado ; 
; ella ha de querer 
propuesto marido. 
Lo mismo me ha parecido 
lócente muger, 
lo viene á ser, 
• daño nos viene; 
nedio conviene. 
2n aquel simple sugeto, 

1 es causa, el efeto 
roducirse tiene ; 
nto entendimiento 
casaron mal, 

á quien le tiene igual? 
^o mismo, Teodora, siento, 
cha un pensamiento. 
Cómo? 

Tá la has de decir 
\ hombres; que oír 
! la den temor, 
ein persuadir, 
aa entendimiento, 



Si alguno puede tener 
Tan simple y necia muger. 
Que aborrezca el casamiento. 

Teod, Es discreto pensamiento; 
Mas si lo que es general. 
Por condición nntural, 

Y por flaqueza también, 
La fuerza á quererlos bien, 
¿Qué importa decirla mal? 

Julio, ¿Y qué Importa que lo intentes? 

Teod, Yo le haré, que puede ser 
Que aproveche, aunque el querer 
Tiene muchos accidentes. 

Jitlio. ¿Porqué lo contrario sientes? 

Teod. Porque es amor un furor, 
Que obliga á amar con rigor 
A los de sentido ágenos, 
Que un animal sabe menos, 

Y sabe tener amor. 

ESCENA XiV. 

Dichos, DIANA mot bizarba, LAURA, 
FENISA T acompaSamiejito. 

Diana, ¿No vengo buena? 

Teod, Esiremada. 

Diana, ¿No ves cuál traigo el cabello ? 
Laura me le ha puesto así, 
Devanado en unos hierros, 
Mas cuando oí que Fenisa 
Los ensartaba en el fuego, 
Desde el estrado salí 
Hasta el corredor huyendo. 
Mire qué de baratijas 
Me han puesto por todo el pecho. 

Julio. Por Dios que está vuestra alteza 
Como un ángel. 

Diana. Yo lo creo. 

A ver, vuélvalo á decir, 
Como dicen en el pueblo. 

Julio. Que está vuestra alteza hermosa. 

Diana. ¿Pues queréis que nos casemos? 

Teod. Señora, no habléis así. 
Tened á los hombres miedo. 

Diana. ¿Pues porqué? 

Teod. Porque son malos. 

Diana. Yo pensaba que eran buenos. 
¿Mi padre el duque, fué hombre? 

Teod, Sí señora. 

Diana. Pues yo pienso, 

Que pues le quiso mi madre, 
No era malo, sino bueno. 
r. Qué mugeres han parido 
Sin hombres? 

Teod. Ninguna. 

Diana. Luego 



324 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



Para algo deben de ser 
Eo el moDdo de provecho. 

Teod, Las mageres principales 
De ellos han de andar huyendo. 

Diana. ¿Y qué importa que ellas huyan, 
Si las han de alcanzar ellos? 

Fen. I Qué maliciosa villanal 

Laura, Sí, pero boba en estremo. 

Diana. ¿Ola, Fenisa? 

Fen. ¿Señora? 

Diana. Cuando os miráis al espejo, 
Cuando os vestís tantas galas, 
Cuando os rizáis los cabellos^ 
Cuando llamáis dando manos, 
Cuando descubrís manteos. 
Cuando enjaezáis los chapines, 
Que solo falta ponellos 
Peales de cascabeles, 
¿Es para salir corriendo, 
Porque no os topen los hombres ? 

Laura. Señora, no pretendemos 
Desagradarlos, que es todo 
Hatería de casamiento. 

Diana. Cuando noche de san Juan, 
Esperáis con tal silencio, 
Lo que dicen los que pasan, 
¿ Es por san Juan ó por ellos ? 

Fen, Por ellos, señora mia. 

Diana, Y cuando salís haciendo 
La pava con anchas naguas, 
Imitando en rueda y ruedo 
Disciplinante galán, 
¿Es todo aquel embeleco 
Por mugeres ó por hombres? 

Laura. Para venir de un desierto 
Campo, mucho sabes. 

Diana. Yo, 

Laura, á los hombres me atengo. 

Teod. Camilo la ha dicho amores. 

Julio. Eso, señora, sospecho. 

Teod, El viene. 

Julio. Será á burlarse. 

Que con otros caballeros 
De rebozo viene á verla. 

ESCENA XV. 

Dichos, CAMILO, LISENO, ALBANO, 
ALEJANDRO t FABIO. 

Alej. El que me conozcan temo, 
Aunque haber estado en Roma, 
Como sabes, tanto tiempo, 
Con el cardenal mi hermano, 
Asegura mi deseo. 

Fabio. Ponte la capa en el rostro. 
Demás de tener por cierto 



Que no te ha visto ninguno. 
Porque todos presumiendo 
Que Diana es muger simple. 
En sus acciones suspensos. 
Solo reparan en darla 
Mas aplauso que respeto. 

Alej. Sin que me digas quién es. 
Sus fingidos movimientos 
Me lo han dicho. 

Fabio. Dices bien. 

Que fácil es conocerlos; 
¿Qué te parece? 

AUf. Que inclina 

A amor y lástima. 

Fabio. Llego 

Con tu licencia á decirla 
Que te traigo. 

Alej. Advierte. 

Fabio. Advierto. 

Alej. Que no la digas quien soy, 
Que esto ha de ser á su tiempo. 

Fabio. ¿No tiene gentil persona? 

Alej. Pablo, de amigos, de ingenios. 
De mugeres y pinturas 
No se ha de juzgar tan presto. 
De amigos, porque son falsos; 
De ingenios, porque son nuevos; 
De pinturas, porque tienen 
Difícil conocimiento; 
De mugeres, porque muchas... 

Fabio. No lo digas, ya te entiendo. 

Alej. Son hermosura sin alma. 

Fabio. Pero en este gran sugeto 
Todo está junto : yo voy. 

Alej. Y yo aguardo, satisfecho 
De tu entendimiento, Fabio. 

Fabio. Ponte de buen aire : llego, 

Y repare vuestra alteza. 

Cam. Admirado estoy, Liseno, 
De que estuviese sin alma 
La belleza de aquel cuerpo. 

Lis, Son árboles que sin fruto 
Altos y florídos vemos. 

Diana. Un secretario ha venido, 'P- 
Hablarle por cifras quiero, 
Que ya por señas me dice 
Lo que sin ellas sospeche. 
Si tengo de estar acá 

Y tantos señores veo, 
Es imposible que pueda 
Hablarlos sin conocerlos. 
Aprendiendo voy los nombres, 
Camilo, Julio, Liseno, 
Teodora, Laura, Fenisa: 

¿Vos quién sois, que no me acuerdo 
Haberos visto otra vez ? 



ACTO II, ESCENA I. 



325 



Soy, señora, un escudero 
i alteza. 

iQaé nombre? 
De caoto de órgano tengo 
A : Fablo me llamo. 
¿Sois hombre? 

Padiera serlo 
me Toestra alteza, 
imitación del cielo 
ipes hacen hombres. 
Dice Teodora que de ellos 
-que son traidores. 
Pues yo de leal me precio. 
i Qué hay de aquello ? op. 

Ya lo truje, ap, 
¿Cuál de ellos es? 

El que atento 
mires, se quita, 
a capa cubierto, 
o en cuando el rebozo ; 

BD. 

Ya le veo. 
¿Es bueno? 

Después de hablado 
) que de él siento. 
Lo mismo de ti me dijo. 
Pues debe de ser discreto. 
Guando á buscarle partí 
os dos concierto, 
icogieses el talle, 
i>giese el ingenio. 
f de tu parte ? 

Así, asi. 
3 si lo compuesto 
[le le ha agradado. 

Así, así; 

¿Venganzas? bueno, 
aftre? 

No me ío ha dicho. 

¿Pues dónde encontraste, necio, 
ido sin nombre 

grande sugeto? 

El te lo dirá, que yo 
i entrambos profeso. 

Voime, y pasaré mas cerca. 

Es un gallardo mancebo. 
, ¿Teodora? 

¿Señora mia? 
. Mucho me enfada el concierto 
iO; allá en mi casa 
estaba yo comiendo, 
lloras, y así, 
>eina quiero, 

mi casa soüa. 

¡Qué notable desconsuelo! 

leTiMstni alteza. 



Diana. Ya, Teodora, me detengo 
Para mirar estos honíbres. 
Que ver mas cerca deseo : * 
¿Qué gracia ó qué falta tienen. 
Que obligue á tenerlos miedo? . 

{Vase mirando á Alejandro.) 

ESCENA XVI. 

ALEJANDRO T FAfilO. 

Fabio. Ya que se fueron, señor, 
Dime lo que sientes de esto, 
Porque en todos los principios 
Tienen las cosas remedio. 
Aquí no estás empeñado. 
Porque con discreto acuerdo 
Negué tu nombre, aunque fuera 
Despertar su pensamiento 
Decirla, este es Alejandro 
De Médlcis por lo menos. 
Del gran duque de Florencia 
Hermano, de Francia deudo, 

Y persona que en las armas... 
Alej, Detente, Fabio, y tratemos 

Gomo solicite yo 
A Diana con secreto. 
Para ser duque de Urbino, 
Que están á la mira puestos 
Mil príncipes confinantes. 

Fabio, Quien agradecido ha puesto 
Su persona en este punto. 
Dará para todo medio 
Que nos dé glorioso fin ; 
Tú de enamorarla tierno, 

Y yo haciendo el dulce oficio... 
Alej, ¿De qué? 

Fabio. De tercero yqestro: 

En el palacio de Urbino 
riabemos de poner presto 
De los Médicis las armas. 

Alej. Yo te daré... 

Fabio. No lo quiero, 

Porque quien á buenos sirve 
Eso le basta por premio. 

ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

DIANA CON SOMBRERO T CAPOTILLO, ALE- 
JANDRO EN TRA6E DE NOCHE, FABIO T 
LAURA. 

Diana, ¿Tan presto quieres irte? 
Alej, Fabio, señora, dice que amanece. 



126 . 

Fabio. Bien puedes despedirte^ 
Que el crepúsculo crece, 

Y la tumba del sol se desvanece. [noche 
Diana, Esta, Alejandro, es la primer 

Que en aqueste Jardín hablé contigo, 
Fabio solo testigo, 

Y Laura, de quien (lo este secreto. 

Hasta que tenga venturoso efecto, [coche 

Laura. ¿Entiendes, Fabio tú, del carro ó 
Donde van las estrellas? 

Fabio. Vendrá muy á propósito por ellas 
Sacar, Laura, la hora 
Después que el sumiller del sol, la aurora, 
Le curre la cortina, 
Esparciendo la niebla matutina. 

Laura, Habla cristiano, ó noramala vete. 

Fabio. ¿Esto no es cuito? 

Laura* No. 

Fabio, ¿Pues qué? 

lAxura. Cuítete. 

Alej. Diana hermosa, Fabio me ha con- 
Que to daba cuidado, [tado 

No mi persona >a, mi entendimiento ; 
¿ Parécete que digo lo que siento, 

Y siento lo que digo? 

¿Soy bueno para dueño, ó para amigo? 
Que' de cualquiera suerte en tu servicio 
La vida, el alma es corto sacrificio: 
Si estoy examinado, 
Dame, señora, el grado 
De galán ó marido. [pido, 

Diana, Con el mismo temor, lo mismo 
Que como la primera ves me viste, [siste, 
Que es fundamento, en que el amor con- 
cón tan simples afectos y señales, 

Y aquella aprensión tarde se olvida. 
La memoria ofendida. 

Puede ser que conserve acciones tales. 

Alej, Y una noche, Diana, 
Que hablando nos divide la ma&ana, 
¿No quieres que tu raro entendimiento 
Me dé conocimiento. 
De que tal esterior sirve de muro 
A la perla del alma en nácar puro? 
Tal es tu ingenio y tu real decoro. 
Como licor precioso en vaso de oro ; 

Y admírame que sea 

De tanta ciencia cátedra una aldea. 

Diana. Si yo, gallardo Médicis, te agrado, 
Tu ingenio, tu persone, á mi cuidado 
Es al circulo de oro semejante 
Que esmalta y ciñe brillador diamante. 

Laura. SI estáis ya concertados, 
lílirad que del jardin los acopados 
Arboles hacen sombras, 

Y se v^n de las flores jas alfombras, 



LA BOBA PAMA tOS OTROS, ETC. 



En cuyoe eoadroa enltoe 
Repite lus el alba. 

Fabio, Pintados pi^irillos hacen salva, 
Entre loe verdes árboles ocoltot. 
Con la dudosa lus del nuevo dia, 
¿Y no tenéis temor, que ser podría. 
Que os viesen tantos necios pretensoresf 

Alej. Mal sabes tú qué es eomenzar 
amores, 
Que hasta ganar el alma que desea 
No hay amante que tema ni que vea. 

Diana, Hablar siempre discreto 
Ya no será posible, que en efeto 
Donde hay amor hay selos, linces tales. 
Que penetran los orbes celestiales, 

Y los oscuros limboe de la tierra. 
Alej. Para escusar la guerra 

De la envidia curiosa. 

La industria solamente proveeboea. 

Puede hallar algún medio, 

De ella desvelo, y de los dos renaedio : 

¿Qué te parece que Alejandro intente? 

Laura. Huye presto, señor, que viene 
gente. 

Diana, ¿Tan presto gente aquí? 

Fabio. I GentÜ olvido! 

Laura. I Qué dego es el amor éntrete- 

Diana, Con el gusto no ?la [nido! 

Que nos miraba el dia. [velo, 

Alej, Y yo, no viendo eetrellas en to 
Pensé que se pasaron á tu elelo : 
A DioSi señora mia. 

ESGBNA II. 

TEODORA T FKNISA. 

Teod. ¿Hombres dices que Tltte? 

Fen. Pues no los ves huir, porque sin- 
tieron 
Que su amorosa plática fomplste. 

Teod. Sentí la llave, y que la poeHí 
Que sale al muro. [sbrieroo 

Fen, I Qaé ftiHoso escapa, 

Dejándonos el oro de la capa 
En los ojos el nno. 
Por testigo de que es amante alguno 
De tantos pretendientes i 

Teod. Fenisa, no será de los suienteii 
Aunque pueden servirla de secrete, 

Y que he tenido selos te prometo 
De que la mire Julio. 

Fen. No lo oreas. 

Que aunque es gallarda, san accionei fNS 
Las de so entendimiento. 
Porque fuera sin alma amor vleleiite. 



ACTO II, ESCBNA lY. 



. Esto no me aaegora, 
ingenio, la gracia y la hermosura, 
Quchas les negó naturaleía» 
is hizo y lindas la riqueza, 
\ notado en Julio tal mudaniay 
debe de ser sin esperanza 
duque de Urbino. 
Antes de la sentencia es desatino. 

ESCENA 111. 

Dichas t DIANA. 

. ¿Bellísima Diana, entre las flores 
mañana? afectos son de amores; 
imas, y el vestido 

m, que aquí la noche habéis tenido: 
r las espaldas 

entre las verdes esmeraldas 
s árboles y hojas: ¿que es aquesto? 
rea con vosl ¿cómo olvidáis tau 
os tengo advertido ? [presto 

3. Señora, como boba soy, me olvido 
inte de todo. 

. ¿No veis que de ese modo 
s la grandeza en que nacisteis? 
a. Que huyese de los hombres me 
lijisteis, 

•mo yo sé los mandamientos, 
mas obligación que vuestros cuentos, 
ras á tu prójimo, decían, 
i tí mismo, vi que no tenian 
is lecciones buenos fundamentos. 
. Amadme á mí para cumplir con 
a. No debéis de sobellos; [ellos, 
is que dice prójimo, y si fuera 
luger, que prójima dUera? 
como vais, Teodora, 
los mandamientos? 
'. Yo, señora, 

:uanto puedo, 
te engañe alguno. 

a. No hayáis miedo. 

. Engañan las diicretas y avisadas, 
lará de vos? 

a. Por muchas engañadas, 

)s los estados, 

e son mas los hombres engañados. 
Esto no sabe á mucha bebería, ap. 
a. ¿ Pero decidme vos, por vida mia, 
los queréis mal? que ee buena gente ; 
hay que nos defienda y nos sustente? 
isáe que nos paren nuestras madres, 
s cuidado y ansias de los padres, 
irnos remedio. 
La corte se vistió de medio á medio. 



527 

Diana. ¿Joyas, vestidoa, galas y pla- 
ceres, 
Debámoslas acaso i las mugeres? 

Y fuera de esto, aunque de mi te asombres, 
No ves que las tres partes de los hombres. 
Han muerto por nosotras: luego es justo 
Querer á quien nos quiere, y con tal gusto 
Nos sirte, nos regala, nos sustenta, 

Y con su amparo defender intenta. 
Con el amor la vida, y con las manos. 

Teod, Antes, Diana, son unos Uranos, 
Que no nos quieren roas que mientras dura 
La verde edad; la gracia y la hermosura; 
Matándonos á zelos, y es de modo, 
Que ellos lo quieren todo; 

Y no nos dejan ver el sol apenas. 
Diana. Pienso que quieres bien lo que 

condenas : 
Yen, Laura amiga, y mudaré vestido. 

Laura. Mucho te has declarado. 

Diana, No he podido 

Esta vez reprimir mi entendimiento, 
Que es luz, en fin, y sigue su elemento. 

(Kaiwf.) 

Teod. ¿Quién pensara, Fenisa, que su- 
Estas cosas Diana en cuatro dias? [piera 

Fen. Si tu buen natural se considera, 
¿No ha de vencer las rudas fantasías 
Aquella sangre ilustre ? 

ESCENA IV. 

Dichos t JULIO. 



Julio. Haced, pensamiento mió, 
Lugar, aunque estáis de asiento, 
A mi nuevo pensamiento. 
Pues tenéis libre albedrio. 
Perdonadme, si os desvio 
De la obligación de quien 
Lo mismo hiciera también : 
Que la razón natural. 
Quiere que aborrezca el mal, 
Y que solicite el bien. 
Los ojos puse en Diana 
Desde el punto que llegó. 
No porque me enamoró. 
Sí honesta hermosa villana, 
Mas porque iengo por llana 
Su justicia, y siendo así, 
Ganaré lo que perdi. 
Si á quien la tiene me inclino, 
Porque ser duque de UrbUio, 
Es lo que me importa á mi. 

Teod. ¿Julio? 

Julio. Señora, no en vano. 



ap. 



328 



LA BOBA PARA LOS OTROS^ ETC. 



Con mas hermosos colores, 
Se levantaban las flores, 
Desde tus pies á tu mano : 
Embajador del verano 
Suele ser el ruiseñor, 

Y ahora de flor en flor 
Vienes á ser Filomena; 
Rie el prado, el aire suena, 
Llora el agua, rie amor. 

I Ya, qué puede sucederme, 
Que no sea dicha este día? 

Teod. Segura estará la mia 
Con pagarme y con quererme: 
Aqni vine á entretenerme, 

Y halló á Diana, que ya 
En ser bachillera da. 

JtUio. Es lazo en que dan los necios, 
Para mayores desprecios. 

Teod. Algo reformada está. 

Julio. Es un mármol que ha vestido 
De rústica arquitectura 
Naturaleza, tan dura, 
Que Camilo arrepentido 
Está de haberla traído, 

Y tan confuso el senado, 

Que le ha puesto en mas cuidado 
El volverle á deshacer 
Que el pensar que ha de poner 
Tal señora en tal estado. 

Teod. Por ir á verla vestir 
Las galas de hoy, no me puedo 
Detener contigo. (Vase.) 

Julio, Quedo 

Sin tí, no hay mas que decir. 
Esto me importa fingir. 
Ya que con Diana intento 
Este nuevo pensamiento ; 
Que luego que tenga amor, 
Sobre su mucho valor. 
Lucirá su entendimiento. 

ESCENA V. 

JULIO T CAMILO. 

Cam. Huélgome de hallarte á solas, 
Que tengo que hablar contigo. 

Julio. Ya sabes mi inclinación 
A tu amistad y servicio. 

Cam, Sí en ella puso Teodora, 
Cuando los dos la servimos. 
Alguna discordia, Julio, 
Siendo deudos, siendo amigos. 
Ya DO causarán los zelos 
Los pasados desatinos. 
Que dd amor de Teodora 



Toma venganza el olvido. 
De hablar con Diana vengo, 

Y paréceme que he visto, 
No su Juicio concertado. 
Mas no alterado su juicio. 
Con su secretario estaba 
Escribiendo á los que han sido 
Pretendientes de Teodora, 
Que le han dado por escrito 

El parabién del esUdo : 
Aquí, Julio, te suplico 
Que me escuches mas atento. 

Julio. ¿Qué mas atento? 

Cam, Pues digo, 

Que si este estado ha de ser, 
O de un estreno ó vecino. 
Donde como dueño ageno, 
Corren los propios peligros, 
Es mejor que yo lo sea : 
Que por ser duque de Urbino, 
No reparo en lo interior 
De este rústico edificio; 
Porque no la quiero yo 
Para que me escriba libros. 
Ni para tomar consejo, 
Que de muger no le admito. 
Tú, pues quieres á Teodora, 
Que nunca quien ama quiso 
Mas ínteres que su gusto. 
Ayuda el intento mío, 
Pues que no puedes dejar, 
Por amanto y bien nacido. 
De quererla, á cuya causa 
A duque de Urbino aspiro ; 
Que si me das tu favor, 

Y la posesión conquisto, 
Todos mis estados quedan 
A elección de tu albíedrío. 

Julio. Mucho me pesa que pienses, 
O generoso CamUo, 
Siendo discreto, que pueda 
El gusto, y mas si es fingido, 
Vencer tan grande interés. 
Como ser duque de Urbino. 
Coando yo amaba á Teodora, 
Era fundado designio. 
De ser forzosa heredera, 
Pero viendo como has visto 
Que es Diana, ¿quién tan loco 
Tomara tan necio arbitrio. 
Como dejar la esperanza 
De la pretensión que sigo 
Con el mismo pensamiento? 
¿Quién se viera tan rendido 
A la mayor hermosura 
Que naturaleza hizo, 



ACTO U^ ESCENA Vil. 



S29 



i raro entendlmieDto, 

-po mas cristalino, 

pie siguen los hombres 

ganoso juicio) 

jara un grande estado 

I bien, que siempre ha sido 

lada Victoria, 

itado delirio; 

cometa del gusto, 

ele traer consigo 

arrepentimiento, 
Idas del apetito? 
las que son posibles, 

pedir los amigos, 

locura 7 no razón, 
d contra si mismo, 
lores de Teodora 
ron mas de principios, 
'ortuna el semblante, 
mor mudó de sitio. 
tiero boba á Diana, 
[uel simple sentido, 
ichillera á Teodora; 
n filósofo dijo, 
B mugeres casadas 

1 mayor castigo, 

> soberbias de ingenio 
laban sus maridos. 
I han de saber es solo 
r criar sus hijos *. 
» hermosa, y basta 
pa criar los mios. 
. No esperé de tu lealtad 
sta tan descompnesta, 
I sido la respuesta 
la sido la amistad, 
ué mejores ratones 
liera responder, 
rompe de una muger 
achas obligaciones r 

se lograrán, 
sabiéndolo Teodora, 

1 yo lo diré ahora, 
US Agravios me dan ' 
ijezas licencia) 
imitas las perderás, 

que te importa mas. 
». ¿Y qué ha de hacer mi paciencia, 
, en esta ocasión? 
. Remitir el desagravio 
bras y no al labio, 
liabras no lo son. 
'. Pues quitándote la vida 
Bolo pretender. 

. Quien la sabe defender, {riñen.) 
de quien es se olvida. 



ESCENA VI. 

Dichos t DIANA, TEODORA, FABIO 
T MARCELO. 

Teod. Ya se luce la cabesa. 
Que por gobierno tenéis. 

Diana. ¡Ola! ¿qué es esto que hacéis? 

Afore. ¿Ya no lo ve vuestra altexa? 
Julio y Camilo reñían. 

Diana, Marcelo, ¿es esto mal hecho? 

More, Cuando hay enojo y despecho, 
Al campo se desafian 
Los caballeros, no aquí. 

Diana, ¿ Qué haré, Teodora ? 

Teod. Prendellos. 

Diami. ¿Prendellos? ¿pues querrán ellos? 

Teod. Mandádselo vos. 

Diana, ¿Yo? 

Teod. Sí. 

Diana, Las espadas me desmayan. 
Escribidles á los dos, 
Marcelo, una carta vos. 
En que á la cárcel se vayan. 

Fabio. Buena traza. 

Marc, ¿Laraxon 

De la pendencia, qué fué? 

Cam, Fué la duquesa. 

More. ¿Porqué? 

Cam, Casarla fué la ocasión, 
Mas no también empleada. 
Aunque con mucha nobleza, 
Como merece su alteza. 

Diana. No, no, que ya estoy casada. 

Teod, ¿Casada? ¿con quién ? 

Diana. Con vos. 

Que pues que no he de querer 
Hombres, seréis mi muger. 

Teod. Poned en paz á los dos. 
Haced que se den las manos. 

Diana, ¿Luego quereislos casar? 

Teod, Y los dos pueden dejar 
Esos pensamientos vanos. 

Diana. Cásense Julio y Camilo, 
Pues ya lo estamos los dos; 
Dad fé, secretario, vos, 
¿Entendéis? por buen estilo 
De que quedamos casados. 
Sin duda que la cuestión (d Laura.) 

Nació de la pretensión, 
Laura, de aquestos estados. 

ESCENA Vil. 

Dichos t ALEJANDRO con botas 
T espuelas. 

Ai^'. Si deslumhrado por dicha 



530 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



Entré, señores^ aquí, 
Que tanto ha podido en mí 
La fuerza de unn desdicha, 
Suplicóos me perdonéis. 

Diana. ¿Que es esto, Fabio? 

Fabio. Scuora, 

Como tú lo entiendo ahora, 

Diana, Caballero, ¿qué queréis? 

Aiej, ¿Cuál es su alteza? 

Diana, Yo soy 

Su alteza, si me buscáis, 
Pues bien ¿qué es lo que mandáis. 
Que 03 entráis á donde estoy 
Con las espuela^ calzadas? 
¿Sois por ventura francos, 
Que las tieneu en los pies 
Para siempre vinculadas? 
Que como entre Ins naciones 
Son los mejores caballos,; 
De galos se han vuelto gallos, 

Y gallos con espolones. 

Alej, Tanto mi peligro ha sido, 
Que dejo el caballo muerto 
A esa puerta. 

Diana, Desacierto, 
Que mejor hubiera sido 
Haberle metido acá, 
\' que se muriera aquí. 

Teod, Caballero, oídme á mí, 
Que esta gran señora está 
De enfermedad que ha tenido 
Distraída, como veis : 
¿X qué venis? ¿qué queréis? 

Diana. Mentís, porque ya ha venido 
Mi salud, y estoy tan buena, 
Que cierta temeridad 
Es sola mi enfermedad, 
Hasta quitarme la pena. 
¡ Que se entrase, Fabio, aquí (d Fabio.) 
Alejandro de esta suerte! 

Fabio. Si él no sale bien de todo, 
Pasos y tiempo perdí. 

Alej. Hermosa Diana, 
Reí rato de aquella 
Que con las tres formas 
Por deidad celebran : 
Que luna en el cielo, 
Diana en la tierra. 
En el centro oscuro 
Proserpina reina ; 
Pues fuisteis, señora, 
Diana en las selvas, 
Luna en el estado 
Donde sois duquesa ; 

Y mientras estuvo 
Sayal eneubierta. 



Proserpina clara 
Reina de tinieblas. 
Octavio Farnesio 
A vos se presenta, 
Del príncipe hermano 
De Parma y Piasencia. 
Amor, que en las almas 
Tiene tanta fuerza. 
Mayormente cuando 
Verde primavera. 
Tiernos anos goza o 
Faltos de esperiencia, 
En la luz hermosa 
Bañando las flechas 
De unos ojos negros 
De una dama bella. 
Dio luto á los míos, 
Pues en esta ausencia, 
En el alma misma 
Le traigo por ella. 
No por lo presente 
Hago competencia, 
Pero si el amor 
Las flechas perdiera. 
Los ojos que digo 
Sirvieran por ellas. 
Pagóme dos anos 
Amorosas deudas; 
No éramos iguales 
En sangre y nobleza, 
Con que mi esperanza, 
Que casado fuera, 
Posesión dichosa. 
Fué desdicha cierta ; 
Solo merecía 
Por alguna reja 
Manos recatadas 

Y palabras tiernas. 
Como mariposa, 
Que nunca se quema, 
Solo daba tornos 

A la blanca vela. 
Trataron casalla 
Sus padres por fuerza, 

Y fué la forzoso 
Darles obediencia : 
Yo que la adoraba 

Y me vi perdella, 
No perdí la vida. 
Perdí la paciencia ; 

Y viéndome Porcia 
Con alma resuelta 
De matar su espoio. 
Mis locuras templa 
Con darme palabras 
Que salieron ciertos : 



ACTO If, ESC£NA Vil. 



53 1 



i mU sosplrof , 
mis quejas, 
K)das triBles 
apenas 
;res días, 
verme intenta, 
ura noche, 
iriosa y negra, 
) se hizo 
r secreta, 
erta pongo 
de cuerda, 
5 cuerdo, ioco 
lo por ellas, 
su esposo, 
a despierta, 
ima sale, 
ndo le deja : 
TÍ su bulto 
>]anca senda, 
de los cuadros 
;ion de arena, 
)iés hermosos 
es chinelas 
osos pasos 
ieron perla, 
iquí quien ame. 
sentí sienta, 
ntos deseos 
bien tan cerca, 
de cambray, 
das flamencas, 
el campo 
nágen bella ¡ 
la camisa 
igas abierta, 
)a los brazos 
iida cera: 
le Italia 
}echo suelta, 
pensos bultos, 
de azucenas, 
ido entonces 
>r despierta, 
quien le tiene 
)ien que se duerma, 
sdicion 
ima tienta, 
le abrasa, 
ente le hiela, 
los que aman 
:ado sientan, 
n allí no tienen 
la prenda: 
i la cama, 
en defensa 



De SQ honor y vida 
Espada y rodela : 
Presto halló el engaño, 

Y á nosotros llega. 
Porque las desdichas 
Siempre fueron ciertas. 
Conmigo se afirma ; 
La cólera ciega. 
Nunca por preceptos, 
Gobernó las letras : 

Y como el agravio 
Ni esgrime ni llega, 
Cuchilladas tira 
Con poca destreza : 
A pocas, turbado 

Por mi espada se entra, 
Del jardín los cuadros 
Con la sangre riega : 
Saco á Porcia en brazos. 
Sin herida muerta, 

Y en un monasterio 
Defendida queda. 
Apenas la aurora 
Sacó la cabeza 

A llorar desdictras 
En viendo la tierra, 
Cuando diez soldados 
Mi aposento cercan ; 
Préndeme mi hermano, 

Y él mismo sentencia. 
Porque propia sangre 
Mas ejemplo sea. 
Dando á la justicia 
Magestad severa. 

Ya llegaba el dia, 
Cuando una doncella, 
Hija del alcaide. 
Piadosa me entrega 
Joyas y cadena : 
Salgo en el caballo. 
Que si vivo queda, 
Como el de Alejandro 
Mármol se prometa. 
Hoy á vuestros pies 
Mis fortunas llegan, 
Mostrad que sois ángel 
Por librarme de ellas: 
Dadme vuestro amparo. 
Que mi historia es esta. 
Será vuestra gloria 
Remediar mi pena. 

Diana. Discreto debéis de ser. 
Mas no se os ha parecido, 
Engañador habéis sido. 
Guárdese toda muger. 
{Hi de puta, bellacon. 



332 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



Cómo pintó por la senda 
La camisa de su prenda ! 
¿Aun no trajera jubón ? 
¡ Qué linda vista tenéis! 
Pues de aquellas naguas frescas, 
Visteis las naguas flandescas, 
A fe que no me engañéis. 
¿De esos sois? no mas conmigo, 
A buen tiempo os declaréis, 
Pues al de Parma me dais 
Por capital enemigo. 
¿Andáis á engañar mugeres 
De nociie por los jardines ? 

Teod. No es justo que lo imagines, 
Si desdichas lo infieres. 

Fabio. Señora, á este caballero 
Favorece. 

Diana. ¿Vos habíais 
Por él? ¿tan seguro estáis 
De su culpa, majadero? 

Fabio, ¿ Qué has hecho? 

Álej, Aquesto fingí 

Por verla. 

Diana. ¡O Ulises astuto ! 
Vayase Porcia con Bruto, 
¿Qué es lo que me quiere á mí? 

Fabio. Señora, no es en tu agravio, 
Invención debe de ser. (a ella.) 

Diana. Vive Dios, que le he de hacer 
Dar mil estocadas, Fabio. 
Venid conmigo, Camilo, 

Y Julio. 

Julio. ¡ Qué airada estás! 
Diana, ¿Qué queréis? no puedo mas 
En viendo traidor estilo. 

ESCENA VIH. 

TEODORA, ALEJANDRO y FABIO. 
Fabio. Quisiera poder hablarte, 

Y quedóse aquí Teodora ; 
¿ Pero que dirás ahora. 
Con que puedas disculparte? 

Álej, Anda, Fabio, que es locura 
La de Diana y no amor, 

Y si este ha de ser su humor. 
Su estado, ni su hermosura 
No me prestarán paciencia. 
Entra á verla, y dila, Fabio, 
Que sentido de este agravio. 
Daré la vuelta á Florencia, 
Que yo no quiero muger 
Con lucidos intervalos. 

Fabio. ¡Con qué gentiles regalos 
La dispones á volver 
A su amistad ! mas yo voy 
Por ver de qué se ha Bentido. ( Vase,] 



Teod. Ahora que Pablo es Ido, 
Os quiero decir quién soy, 
Generoso caballero. 

Alej, Ya, señora, lo he sabido, 
Y ahora perdón os pido 
De no haber hecho primero 
Lo que era razón con vos. 

Teod. De mi también estad cierto, 
Que de aqueste desconcierto 
Estoy corrida por Dios ; 
Perdonad la boberia, 
Que la señora duquesa 
No sabe mas. 

ESCENA IX. 

Dichos, DIANA t FABIO al paao. 

Alej, No me pesa 

De ver su descortesía, 
Si ha pasado por su pueita 
Por la posta Salomón ; 
Pésame de la ocasión 
Neciamente descubierta 
A quien me ha tratado así. 

Teod. La relación que la hiclstes 
De vuestras fortunas tristes. 
Mas impresión hizo en mí : 
Mis joyas, casa y hacienda 
Tened por vuestras. Octavio. 

Diana. ¿Qué sientes de aquello, Fabio^ 

Fabio. Siento que el diablo lo entienda. 

Alej. A tantas obligaciones, 
¿Qué puedo yo responder? 

Teod. La herencia de esta muger 
Está ahora en opiniones ; 
Si sale el pleito por mí, 
Farnesio ilustre, creed, 
Como vos me hagáis merced, 
Si habéis^ de asistir aquí, 
De darme vuestro favor. 
De premiaros de tal modo. 
Que venga á ser vuestro todo. 

Diana. ¿Aquello es temor ó amor? 

Fabio. Temor de verse en estado, 
Que todo lo ha menester. 

Diana, Zelos me dan, soy muger. 
Peligro corre el cuidado. 

Alej, Dadme, señora, licencia 
Para poner en razón 
Mis cosas. 

Fabio, Por tu ocasión 
Quiere volver á Florencia. 

Diana, ¿A qué Florencia, Ignorante, 
Siendo del de Parma hermano? 

Fa6io. Todo aquello es cuento vaoo. 
Por estar gente delante. 



ACTO 11, ESCENA X. 



333 



Id con Dios, galUrdo OctaviD. 

Ddas de que seréis 

irte, y yeogaréis 

isticia el agravio, 

Dante traed {dásele,) 

A de una dama. 

Señora, tanta merced ! 

3 por prisión^ 

é antigua señal, 

grillo inmortal 

de corazón. 

Si se detiene, y porfía 
uien escucha yerra, 

que doy en tierra, 

la bebería. 

Voy tras él. 

Fabio, ¿ y Diana ? 

Calla, que está aquí, y te oye. 
{ Será bien hablarla ? 

Ko, 
lirada tigre hircana; 
ñor, por aquí, 
[ue no la Tiste. 

ESCENA X. 
TEODORA Y DIANA. 

Diana, ¿ dónde tan triste ? 
. Estoile desde hoy por ti. 
, amiga Teodora, 
reñida un consejo, 
tomas para tí. 
¿Cómo? 

Que por no ser buenos, 

huyese de los hombres, 
re te hallo con ellos, 
nana también, 
razones y ejemplos 
ladiste lo mismo, 
ndo tus pensamientos : 
e de ser engaño ; 
puedo quererlos, 
tomar tu lección, 
IOS dias que tengo 

con telarañas, 
ro el entendimiento. 

amor, por vida mia ? 
Amor, Diana, es deseo. 
. i No mas ? 

Lo demás, tener 
ranzas efecto. 
lor de dos almas 
nación. 
:. ¿Cómo? 

Un trueco, 
indo cuerpos propios, 



Pasan á cuerpos ágenos. 

Diana, i Válgame Dios ! 

Teod. ¿ Qué te admira ? 

Diana, Que se pasen á otros cuerpos, 
Que es la mayor invención 
Que pudo hallar el ingenio. 
Pero entre dos que se aman, 
¿Qué suele descomponerlos ? 

Teod, Zelos. 

Diana. ¿ Qué es zelos ? 

Teod. Sospechas 

De que hay diferente dueño. 

Diana, i\ si le hay? 

Teod. Es agravio; 

Que los zelos solos ellos, 
Son una sombra de nodie. 
Que del propio movimiento 
De la persona se causa ; 
Son una pintura en lejos, 
Que finge montañas altas, 
Los que son rasgos pequeños. 
i No has pasado alguna vez 
Por un espejo de presto, 
Que eres tú, y piensas que es otro ? 
Pues eso mismo son zelos. 

Diana. ¡ Que son zelos tantas cosas I 

Teod. Libreto Dios de tenerlos. (Vase.) 

Diana. Dulces empeños de amor, 
¿ Quién os mandó ser empeños 
De prendas no conocidas ; 
Fié de Fabio el secreto. 
De buscarme un <kfensor, 
Y cuando tenerle^ menso, 
ilallo que todo el*«ngaño, 
traiciones y atrevimientos. 
Determíneme á querer 
A tan noble caballero 
Como Alejandro, y corrida 
De mi engaño me arrepientQb 
¿ Quién, sino yo, pudo hallar 
La desdicha en el remedio? 
¿ Quién, sino yo, ser pudiera 
Dichosa para no serlo ? 
I Ay mi querida aldea! ¡ay campo ameno ! 
Quien me trujo á la corte muera de zelos. 
i Ay mis dulces soledades. 
Donde escuchaba requiebros 
De las aves en sus flores, 
De las aguas en sus hielos I 
No aquí lisonjas, no engaños. 
No traiciones, no desprecios, 
A donde teme la vida, 
Si no la espada, el veneno. 
Nunca yo supe en mi aldea 
De qué color era el miedo ; 
Ahora en mi sombra misma. 



354 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



Por cualquiera parte temo. 

Allá todos eran simples, 

Aqoi todos son discretos, 

Achaques de la mentira. 

Por ser mas los que son menos. 

¡ Ay mi querida aldea t lay campo ameno! 

Quien me trujo á la corte muera de zeloe. 

ESCENA XU 

DIANA, ALEJANDRO t FABIO. 

Fahio. Con poca satisfacción 
Hacen paces los amantes. 

Álej, En los pechos semejantes, 
Se agravia la estimación. 
Fabio me ha dicho, señora, 
(Ya que mi desconfianza, 
Viendo en vos tanta mudanza, 
Con el alma, que os adora^ 
Me obligaba justamente 
A solicitar mi ausencia) 
Que no me vuelva á Florencia. 

Diana. Fabio es hombre diligente, 

Y si estuviera colgado 

De una almena de ese muro, 
Mi honor vlTiera seguro, 

Y mi necio amor vengado. 

Fabio. Que lo merezco es muy cierto, 
Que así se debe pagar 
Quien te ha sacado del mar, 

Y puesto en seguro puerto. 
Pero si este movimiento 
Es condición de muger, 
Que dejan presto vencer 
Su cobarde entendimiento, 
De cualquier sospecha vana ; 
¿ Dime si en haber traído 

A Alejandro te he mentido? 
, Álej. Yo sos^ hermosa Diana, 
Médicis soy, que no soy 
Faroesio, como fingí. 
Ni á Porcia en mi vida vi. 
Ni huyendo de nadie voy. 
Ni maté ni me prendieron. 
Porque aquella relación 
Fué solamente invención 
De engañar los que la oyeron. 

Diana, Si pretendiste encubrirte 
De ser quien eres con arte, 
¿ Porqué no me diste parte, 
Para que pudiera oírte 
Con menos alteración ? 

Álej, Porque no te pude hablar. 

Diana. ¿ Y aquel modo de pintar, 
Era también invención. 
La bella Porcia en camisa? 



Álej\ Laura una noche, sefiora. 
Para que viese la aurora. 
Como en la primera risa. 
Quiso que te viese así ; 
Como te vi te pinté, 
Que en el Jardín me quedé, 

Y por la reja te vi. 

Diana. Apenas creerte puedo. 
Toda el alma me has turbado, 
Porque de haberte escuchado, 
No tengo se^ro el miedo. 
De quien con tal libertad 
Miente de buen aire y gusto, 
Que no le crean es Justo 
Cuando dijere verdad. 

Álej, El dia que llegué aquí, 
En cuya noche te hablé, 
Lo que contigo traté, 
A mi hermano le escribí, 
Pidiéndole que me diese 
Alguna gente y ílivor, 
Con que á su tiempo mejor 
Te sirviese y defendiese. 
Esta carta me responde. (Daia 

Diana, Muestra. 

Álej. Por ella veres, 

Que favor en él tendrás, 

Y que á quien es corresponde. 
No puede haber desengaño, 
Fabio, en el mundo mayor ; 
Aunque es muger de valor. 
Es sola, y teme su daño. 

Fabio, Y no es mucho, que la tienen 
Mil enemigos cercada. 

Alej. Fabio, mi amor y mi espada 
Solo á defenderla vienen. 

ESCENA XIU 

Dichos, JULIO, CAMILO t TEODORA 

AL FA^O. 

Teod. ¿Juntos los tres? 
Cam, ¿No lo ves? 

Una carta está leyendo, 

Y con grande gusto viendo 
Lo que dice. 

Teod, Cierto es. 
Julio. Que está sosegada advierte. 
Teod. ¡ Quién oyera desde aquí 
Lo que dicen ! 
Diana. Ya leí, 

Y hoy llego, Alejandro, á verte 
Con diferente semblante. 
Porque he sabido quien eres. 

Álej, Si de mi valor infieres 
Que puedo ser semejante 



ACTO III, £SCENA I. 



3S5 



íDcipes, de qoieti 

3ta sangre, Oiaoa, 

esperanza rana, 

sto á tai pies estén 

Qigos qae tienes. 

. Ta nombro te bará segundo 

istador del mondo, 

azañas previenes» 

n duque, eomo escribe, 

u favor. 

Yo creo 
e ma]rer deseo, 
las cuidado vive. 
Si pudiérades hacer, 
les diera sospecha, 
(ente, entre tanto 
aba de Plorenela, 
edára seguro. 

. Pues yo lo haré de manera 
defienda de todos, 
íngnno me entienda. 
¿ Eso cómo puede ser f 
. Pienso que en aquella puerta, 
migos del alma, 
carne y diablo acechan. 
Fabto nos ha descubierto. (Salen.) 
Pues ya nos has visto, llega. 
¿ Se&ora mia ? 

¿ Teodora ? 
I Qué carta y consulta es esta ? 
. Tengo tanta inclinación 
sas de la guerra, 
que en un libro tí 
as historias cuentan 
tres valerosas, 
serlo como ellas, 
ma carta al turco, 
:o como la vea 
goe la Casa Santa ; 
le ves es respuesta, 
tice que no quiere, 
pienso hacer gran leva 
! y llevarla á Cairo, 
ar ó por la tierra, 
soltaba á Octavio, 
lecío me aconseja 
leta con el turco. 
No ha dicho cosa como esta 
sos desatinos. 
. Ea, salgan diez banderas 
mf I ó seü mil hombres. 
Sehora, aunque tal empresa 
, y la hicieron reyes 
üa é Ingalaterra, 
ole tao poderosa. 
!. I Qoé dooota miileoda i 



Vamos, Fablo. 

Fabto, i Dónde vamos r 

Diana. Al Cairo. 

Fabio. ¿ Mejor no fuera 

Ir á comer, que es muy tarde? 

Diana. Comer lanzas y escopetas. 
Toca al arma, al arma toca. 

Julio. Vamos, Teodora, con ella -, 
No intente algún disparate. 

Fabio. ¿Qué dices? 

Alej. Que fué discreta 

La invención. 

Teod. De boba á loca 

Hay muy poca diferencia. 

Cam. Seguidle el humor. 

Julio. Al arma, 

Toca al arma. 

Todos, Guerra, guerra. 

ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

ALEJANDRO con bastón di general, 
T MARCELO. 

Álej. ¿Knlró la gente toda ? 

Marc. Entró toda la gente, 
Que ya por las posadas se acomoda. 

Alej, Formaráse un ejercito valiente 
De soldados bizarros. 
¿Vino el bagager 

Marc, Ya va entrando en carros. 

A/ef. i Que dicen de Urbino? 

Marc. Que ha sido poderoso desatino, 
Con protesto de guerra 
Contra el turco, soldados en su tierra. 

Alej. Deben de estar turbados. 

Marc. Sienten sin causa sustentar sol* 
Que Diana levanta, [dados, 

A titulo de ver la Casa Santa. 

Alej. Mandóme hacerlos, y como es mi 
En servirla reparo, [amparo, 

Puesto que me parece disparate, 
Que un imposible trate. 
Pues á la santa guerra 
Fueron un tiempo Francia é Ingalaterra, 

Y Alfonso, rey de Espaha, 
Cubriendo de naciones la campaña. 

Marc. También dicen que cubren el 
camino 
Soldados de Florencia contra Urbino, 

Y tanto ya su ejército se acerca. 

Que le h«n Tlato marobar daide la cent. 



336 

Alej, Hablaré á la duquesa mi señora ; 
¿ Pero quién Tiene aquí ? 
More, Viene Teodora. 

ESCENA II. 

Dichos t TEODORA. 

Teod, En fin, Octavio ha llegado. 
Generoso capitán, 
Si bien parecéis galán, 
Mejor parecéis soldado. 
Que tan lucido este dia 
Venís, á quien os espera, 
Gran capitán, que quisiera 
Mayor vuestra compañía. 
Dame, Marcelo, lugar, 
Que quiero hablar con Octavio. 

Marc, Es en mi lealtad agravio, 
Mas no le quiero formar, 
Que de haberme vos mandado 
Que os deje, como lo haré. 
Mas sospechas llevaré. 
Que de haberos escuchado. 

ESCENA III. 

ALEJANDRO y TEODORA. 

Teod. Si la genio que traéis, 
Gallardo Farnesio, á Urbino, 
Para tan gran desatino 
Emplear mejor queréis. 
Yo sé quien luego os hiciera 
De estos estados señor. 

Alej, Y yo pagara su amor, 
Teodora, si justo fuera; 
Pero habiendo conducido, 
Por gusto de la duquesa, 
(Aunque para loca empresa. 
Pues todo es tiempo perdido) 
La gente, de que me han hecho 
Capitán, fuera traición. 
No solo á mi obligación, 
Pero á su inocente pecho; 
Que si bien es desatino 
El ir á Jerusalen, 
Al fin, es Diana quien 
Me ampara, y tiene en Urbino. 

Teod, ¿Y si yo el pleito venciese? 

Alej, Entonces, señora mia, 
La gente vuestra seria, 
Porque sino no lo fuese. 

ESCENA IV. 

Dichos t DIANA. 
Diana, Basta, Teodora, que quien 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



A Octavio quisiere hallar. 
Donde estás le ha de buscar, 

Y á tí, Teodora, también, 
Buscando á Octavio, mas él 
Ya no debe de ser hombre, 
Porque atendiendo á ese nombre. 
Huyeras, Teodora, del. 

Tus honestas altiveces 
Mas saben decir que hacer; 
Poco debes de correr, 
Pues te alcanzan tantas veces. 

Teod. Cuando yo te persoadia 
No pasases adelante. 
Eras, Diana, ignorante, 
Que te engañasen temía : 
Ya que mas discreta eres, 
No hay precepto que te dar, 
De como se han de guardar 
De los hombres las mugeree. 

Y así, pues no han de engañarte, 
Bien puedes hablar con ellos. 
Que dejallos ó querelles. 

No cabe en términos de arte. 

Diana. Disculpar quieres tu error. 
Con darme licencia á mí. 

Teod, ¿Hablar con Octavio aquí, 
Puede ser contra mi honor? 
Muy maliciosa te has hecho. 
Después que en palacio estás. 

Diana. Como voy sabiendo mas, 
Voy conociendo tu pecho. 
Perdone vueseñoria, 

Y muy bien venido sea. 
Alej, El que serviros desea 

No tiene, señora mia. 
Mejor bien que desear : 
En vuestro lugar estuve. 

Diana. ¿Vistelsle? 

Alej, Allí roe detuve 

Con gusto de preguntar 
Cómo os criasteis, y vi 
Que del monte á verme vino 
Vuestro viejo padre Aliino, 
A quien vuestras cartas di, 

Y aquellos seis mil ducados : 
Lloró conmigo el buen vicijo, 

Y tomando su consejo 
Hice quinientos soldados 
De aquellas villas y aldeas 
Con pregonar vuestro nombre. 
Con que no quedaba un hombre. 

Teod. Bien venido, Octavio, seas. 
Que quiero ser mas cortés. 
Que Diana lo es c4>ntigo. 

Diana. Yo lo que me dices digo. 

Teod, Habladme, Octavio, después. 



ACTO III, ESCENA Vil. 



537 



BSCBNA V. 

ANDRÓ T DIANA. 

08 que está vuestra altexa 

16 repasa 

mió declara. 

oodícioo ó flaqueza 

3 muger, 

ro, y yo 

D, aunque no 

inocer. 

;a á hablarme Teodora, 

virte vengo, 

Acer? 

No la hablar, 
I mismo ejemplo 
imiloyo; 
i ios intentos 
¡ue me escriben : 
ui roe resuelvo, 
nraxones, 
ni remedio. 
:ha. 

¿Yo? ¿para qué? 
te de escuchar. 

No quiero. 
9ra me habló. 

No hablalla. 

qué? 

Porque >o me ofendo. 
L me detuvo? 

Huir. 

Ir? 

Y fuera bien hecho, 
mo pude? 

Con los pies. 
1 estás. 

Como tú necio, 
nto rigor? 

Tengo amor, 
nayor. 

Yo no lo creo. 
I que te pesa. 

No hará, 
o es valor? 

Tengo xelos. 
irir me dcijas ? 

¡Qué gracia! 

me enojo. 

Y yo me vengo. 
é quien soy. 

Ya lo has dicho 

quién? 

A quien aborrezco, 
eres moger. 

Esto soy. 



ESCENA VI. 

Dichos v FABIO. 

Fabio. Meteréme de por medio, 
Bravos del alma. 

Diana. No hay burlas, 

Fabio, conmigo, esto es hecho. 
Fabio. ¿Anda por aquí Teodora? 
Diana, De sus oproiilos me quejo. 
Fabio. Ea, que ya sale amor, 
Por donde entraron los zelos. 
¿Para qué os estáis mirando? 
¿Qué sirve si los deseos 
Están pidiendo los brazos, 
Poner los ojos al sísgo? 
;En verdad, que es tiempo ahora, 
Para que se gaste el tiempo 
En zelos y en desatinos, 
Estándose Urbino ardiendo ! 

Alej. Bien dice Fabio, señora, 
Prosigamos, ó dejemos 
Lo que habemos comenzado. 
Que la alteración del pueblo 
No permite dilaciones. 

Diana. ¿Qué zelos fueron discretos? 
Parte, Fabio, á lo que hoy 
Te dije, viniendo á tiempo, 
Que todos mis enemigos 
Queden por tí satisfechos, 
De que la gente que entró, 
No tiene mas fundamento 
Que mi simple condición. 

Fabio. \oy ; pero quedad primero 
Amigos. 

Diana. Yo le perdono 
Para que se parla luego 
A prevenir los soldados. 

Alej. Bien sabe, señora, el cielo 
La intención con que te sirvo. 

Fabio. Que veréis muy presto espero 
La venganza de Teodora, 
Y el flu de vuestro deseo. [Yante.) 



ESCENA VII. 

DIANA V JULIO. 

Julio. Hasta que Urbino, señora. 
Ha visto tanUs banderas. 
No ha pensado que es de veras 
La guerra que teme ahora, 
kstá toda la ciudad 
Alborotada de ver, 
Que no siendo menester, 
Y con tanU brevedad, 
Hagas número de gente 

22 



558 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



Tan grande, dando oeasion, 
Que murmuren con razón, 

Y estrañen el accidente. 
Corre fama, y es verdad, 

Que es contra el tur^o, que ha dado 
Risa al vulgo y al senado, 

Y escándalo á la ciudad. 
Yo, de quien puede fiarse 
Vuestra alteza, la prometo 
Fidelidad y secreto, 

Si permite á declararse 
Con quien la sirve y adora. . 

Diana. Julio, presto verá Urbíiio, 
Si es valor ú desatino, 
Como publica Teodora. 
¿Está ya el turco embarcado 
Para venir contra mi, 

Y que traiga gente aqui 
Tiene por burla el senado? 
Pero la culpa he tenido; 
Porque si > o me casara 

En Milán, Parma ó Ferrara, 
Entre el turco y mi marido 
Se pudiera averiguar; 

Y no andar con mis banderas, 
Si es de burlas, si es de veras, 
Alborotando el lugar. 

Julio, Señora, hablando verdades, 
Como á veces decis cosas 
híscretas y sentenciosas, 
No siemjire nos persuades 
Que nacen de tu Inocencia, 
Cosas que nos dan temor; 
Porque ignorancia y valor, 

Y desatino y prudencia. 
No caben en un sugeto. 

Diana, Si caben, cuando se eren 
Que aquello me dio una aldea 

Y esotro un padre discreto. 

ESCENA VllL 

Dichos, TEODORA t CAMILO. 

Teod. ¿A quién no pondrá temor 
Ver, Camilo, cada día 
Ir entrando tanta gente. 
Tantas armas y divisas. 
Tantas cajas y trompetas. 
Prevenir la artiUeria 
Del muro y guardar las puertas? 

Cam. Teodora, á quien imagina 
A Diana como simple, 
Echa este negocio á risa : 
Mas quien por otras acciones 
Presume que ser podría 



Consejo de algún discreto 
Que ocultamente codicia 
Hacerse señor de ürbino, 
Teme que todo es mentira. 
Teod. Allí están Julio y Diana. 
Cam. Brava amistad. 
Teod, Es fingida. 

Julio» Ya te he dicho lo que siento. 
Diana. ¿ Porqué tienen por malicia 
Que traiga Octavio esa gente ? 

Julio. A todos, señora, admira 
Que digas que es contra el turco. 
Di^na. i Quieres que verdad te diga ? 
Julio. Eso deseo. 
Diana. ¿Pues^ Julio, 

Tendrás secreto ? 

Julio, Se cifra 

En tu gusto, y basta. 

Diana. Temo 

Que Teodora mi enemiga 
Te quiere bien. 

Julio. Ya no quiere, 

Después que Octavio la mira. 
Diana. ¿Él á ella, ó ella á él? 
Julio, Todo en interés estriba 
De que la dé su favor. 

Diana. Casarme, Julio, quería, 
Y proponiéndole á Octavio 
Mi intento, como él se inclina 
A Teodora, me aconseja 
Que por marido te elija. 

Julio, i Quién sino Octavio pudiera, 
Siendo la nobleza misma, 
Favorecer mi esperanza ! 
¡Qué termino! iqué hidalguía! 
Bien me lo debe en amor. 

Diana. Allí, Julio, te retira, 
Que quiere Camilo hablarme. 

Cam. Con Teodora con feria, 
Ilustrísima sehora. 
Que la ocasión que te obliga 
A las banderas que has hecho, 
Por otros pasos camina : 
Si merezco tu favor. 
Pues aventuré la vida 
Por traerte de la aldea, 
¿Qué intentas, qué solicitas 
Con tantas armas? que ya. 
Como sabes, cada dia 
Mas nos pones en cuidado. 

Diana. Algo estoy mas entendida, 
Mas no tanto que me entiendan. 

Cam. Temo que son tus enigmas 
Como la esfinge de Tebas. 

Diana. No entiendo filosofías ; 
Bien sé que sola y muger. 



i 



áGTO 111, E80BNA X. 



539 



tesa, Di Artünisa» 
podré gobernar; 
me persuadía 
iese elecelon ée tí. 

T léñeme muy coooolda 

voluntad OcUfio ; 
tre biiarria 
raba con la geote. 
i paz Di eo la miliola 
I tal nombre Italia; 
, señora mía, 
í respondiste á Octatiof 
I. Que para que te rteiba 
con roas aplauso, 
do le diría 
irltos y mi ameré 

Teodora y Julio ooi mlraD, 
10, mi amorté» 
a. Deteote. 

:1o, 8i me estimas. 

Voy á engañar á los dos, 
Dtos años Yífas, 
nuestros l^jot veas 
e inmortal familia. 
. ¿ Qué te ha dicho la duquesa, 

Mil boberte 
de la Jornada 
i ser simple confirma ; 
de que tener sospecha. [digna ! 
. ¡Qué incapai muger! ¡qué in- 

ESCENA IX. 

Üiciios Y LAUHA. 

1. Un embajador del turco, 

de medio arriba, 
le abajo lagarto, 
lelab morisca, 
nayor gravedad, 
por las rodillas, 
Itarra anchicorta, 
-nlclon de ataugía, 
tiablarte. 

2. Dile que entré, 
), Laura, una silla. 

. ¿Laura? 

1. ¿ Señora? 

Oye aparte : 

1 esto que el turco envía? 
% Un embajador. 

¿Qué dices? 
z. Que me remito á la vista. 
. Para confirmar IHaua 
idad que imagioa 



Del ejército qoe frnni^ 

Se ha persuadido á si niisma 

Fingir un embajador. 
Cam. Ya viene; * 

Teod. Y yo estoy eorrlda. 

ESCENA %. 

Dichos, FABIO vistibo FRKCiOsABtNtíc a 

LO TOftCO, T AOOMPAÜAIIENTO. 



Fabio. Alá guarde á vuestra alteía. 

Diana. Yenga vuestra tnrquería 
Con salud. 

Fabio, Dame tus plantas* 

Diana, Están á los pies asidas. 

Fabio, Las manos. 

Diana, Si se las doy, 

¿Con qué quiere que me vista? 

Laura, Déle silla vuestra altesa. 

Diana. ¿Porqué no sé la traía 
De su tierra? 

Laura, Esto eonTlene : 
Siéntese vueseñorla. {Síéiliaée.) 

Julio. ¿Este 00 es Fabio, Teodora? 

Teod. En forma tan peregrina 
Yiene, por darla contento^ 
Que apenas le conocía. 

Julio, Ya no es dudd su Ignoraneln, 
Que solo esta acción confirma 
La simplicidad mayor 
Que ha sido vista ni eserllt. 

Fabio. Ya queda^ hermosa Diana, 
Sacando la infantería id ella») 

Alejandro, y en palacio 
De arcabuces y de picas 
Forma un escuadrón, que rige 
En un caballo que pisa 
Fuego por tierra, y á saltos 
Sobre los aires empina 
El cuerpo, tan arrogante, 
Que apenas cabe en las elticHas. 

Diana. Proseguid, embajador. 

Fabio. Pues me mandáis que prosiga, 
;i gran Hahometo sultán,* 
imperador do la China, 
De Tartaria y de Dalmaeia, 
De Arabia y Fuenterabía, 
Señor de todo el Oriente, 

Y desde Persla á Gállela, 
Con Mostafá, que soy yo, 
Salud, duquesa, te énvKi. 

Diana. De qua en tan largo Cimlfio 
No se os perdiese, me admira^ 
Esa salud que deci?, 

Y viniendo tan aprisa. 



340 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



Fabio, {Cuál están estos borrachos 

{A ella.) 
Escuchándome 1 

Diana, No digas 

Algo que me eche á perder, 

Fabio. ¡O si le vieras cual iba 
Alejandro ! todo sol, 

Y toda sombra le envidia. 
Diana. Proseguid, embajador. 
Fabio. Pasando por la cocina, 

Me dio un olor de torremos, 
Que el alma se me salla. 

Diana. ¿Comen los turcos tocino? 

Fabio. Y se beben una pipa 
Donde no los ve Mahoma. 

Diana. ¿Tocino.' 

Fabio. No sino guindas. 

Diana. Proseguid, embajador. 

FMo. Al salir de la mezquita 
Sultán, recibió una carta 
En presencia de Jarifa, 
Donde dices que es tu intento 
Conquistar á Palestina, 
Tierra Santa de tu ley. 
Para cuya acción le avisas 
Que haces gente en tus estados, 

Y que tus banderas cifras 
Con una C y una T, 

Que dicen contra Turquía ; 
Que derribe luego á Meca, 
A donde cuelga en cecina 
Un pernil de su profeta ; 

Y que jK>r parias te rinda 
Todos los años cien moras, 
Las cincuenta bien vestidas 
De grana y tela de Persia, 

Y las cincuenta en camisa ; 
Seis elefantes aiulcs, 

Y diei hacas amarillas. 
Aquellos cargados de ámbar, 

Y estas de baqueta y frisa ; 
O que sino, desde luego 
Rompes la pai, y publicas 
La guerra, y para señal 
Un guante de malla euvias. 

Dijome que te dijese {d ellS.) 

Alejandro, que vendría. 
En haciendo el escuadrón, 
A verte. 

Diana. Es mi propia vida : 
Proseguid, embajador. 

Fabio. Sultán, por las cosas dichas, 

Y viendo arrogancias tales, 
De los bigotes se tira, 

Y de la cólera adusto, 

De tal manera se hincha^ 



Que de unas calsas de grana, 
Se le quebraron las cintos. 
Finalmente, me mandó 
Que partirse el mismo dia, 

Y donde no hallase postot. 
Tomase muías aprisa. 

Para que en llegando á Itolia 

Ninguna cosa te diga. 

Yo cumplo con mi emboada, 

Y me vuelvo á Natolía, 
Donde está con tanto enojo. 
Que me dijo á la partida 
Que le llevase un barril 

De aceitunas de Sevilhi ; 

Y porque allá no las hay. 
Seis varas de longaniía. 
Con esto el cielo to guarde, 

Y advierte que me permitos 
Que pueda tener dispensa. 
Donde vendiendo salchichas. 
Perdices, vino y conejos 
Vuelva rico á Berbería, 

Que por la mitad que á otros 
Te daré cuanto me pidas. 

ESCENA XI. 

Dichos, hemos FABIO t el acohpaSa- 

HIENTO. 

Dtaita. ¿Marcelo? 

Marc. ¿Señora? 

Diana. Dime, 

¿Seria descortesía 
Matar á este embajador 
Por las que me tiene dichas ? 
riO regalarle unas tocas 
Para el camino? 

Marc. Seria 

Contra su salvoconducto. 

Diana. ¿Luto este moro traía? 

Teod. Yo quedo ya sin sospecha, 
Segura de mi justicia. 

Julio. Y yo, Teodora, templando 
Con la lástima la risa. 

Cam. Las cajas suenan, no temas. 
Porque quien se persuadía 
Que era turco su criado. 
No pecará de malicia. 
Vamos á ver como ordena 
Octavio la infantería. 

Ju/io. Él por lo menos bien sabe 
La militor disciplina. 

ESCENA \n. 

DIANA T TEODORA. 
Diana. ¿Teodora? 



ACTO ni, ESCENA XV. 



341 



jSefiora? 

Advierte; 
D dar DD pregoD 
rompetes al son? 
PregoD?¿cóino? 

De esta suerte : 
i desde este dia, 
\, ó casadas, 
¡alias atacadas, 
luy buena invención seria. 
Pues con esto se ahorrarán 
^8 y de manteos, 
an costa, y los deseos 
"odora, serán, 
le siempre se Ye, 
codicia obliga. 
Qué ingenio ! Dios te bendiga. 

ESCENA XIII. 

DIANA. 

i Teodora se toé, 
ro está ordenando 
ron que ha de entrar 
S para dar 
que está esperando, 
partirme luego 
K>r mi opinión, 
li libre raion, 
antiguo sosiego; 
ni entendimiento, 
) la prisión 
J trasformacion, 

> pensamiento. 

* boba, son ten fieras 
I una muger, 
bito puede hacer 
iga á ser de yeras. 
) desconsuela * 
una hora fingida, 
Dé toda la vida, 
erte se consuela? 
el mayor amigo, 
o se hace desprecio, 

> se cansa un necio, 

e tratar consigo ? ( Vate, ) 

ESCENA XIV. 

ALEJANDRO t FABIO. 

penas puedo creer, 
que me has contedo. 
Todo queda asegurado. 
One peregrina muger ! 



i Qué dirán coando la yean 
Con su entendimiento claro ? 

Fnbio Que ha sido el caso tan raro. 
Que habrá pocos que le crean. 
¿ Habráse alguno fingido 
Bobo de aquesto manera ? 

Alej. Cuando esto Jamas hubiera 
En el mundo sucedido, 
Habiendo tantos memorias, 
Que alguna ves te diré, 
¿ Cuál ejemplo de mas fe, 
Que en las divinas historias 
Un rey de tonto valor, 
A quien Saúl perseguía, 
Que como siempre vivía 
Fugitivo á su rigor ? 

Fabio. i Con qué discreción ha sido 
Boba basto tener defensa I 

Aiej. Vengárase de su ofensa. 
Si no la pone en olvido. 

Fabio. Confesábase una dama, 
De estos de bonico aseo; 
Preguntola el coníiesor. 
Como suelen lo primero, 
El estodo que tenia, 

Y ella con rostro modesto. 
Respondió, que era donceUa : 
Fuese el caso prosiguiendo, 

Y confesó en el discurso 
Ciertos casos poco honestos; 
Díjola el padre : ¿ al principio. 
Dijisteis, si bien me acuerdo, 
Que érades doncella, poes ? 

Y ella respondió de presto : 
Sí, padre, de una seAora. 

Alej. Y yo tu discurso entiendo; 
De manera, que Diana, 
Mientras sale con su Intento, 
Es boba para los otros. 

Fabio. Y mas que he sacado el cuento 
De mi propia biblioteca. 
Ella viene. 

ESCENA XV. 

Dichos t DIANA. 

Diana. Doy al cielo 
Gracias, valiente Alejandro, 
Que libre á tus ojos llego. 
' AleJ. Segura, hermosa Diana, 
De mi valor por lo menos. 
Que antes perderé mil vidas 
Que venga á poder ageno 
Estodo, que á no ser tuyo, 
Te sobran merecimientos, 



u% 



LA BQM PAM L09 QTHWI» ETC. 



Para mayores lamlM. 

Diana. Aanque pasé eon teereto 
Hasta llegar á tu tienda. 
He visto en liileras pueato, 
Ya no lucido escuadrón^ 
Mas todo un monte de acaro. 

Alej. Ya puei, ae&ora, que has visUi 
Las banderas, los pertreeboty 

Y todo el orden del eampo. 
En tu serricio dispuesto; 
Mientras se Juntan del todo. 
Te ruego con vivo afecto. 
Para que de tu Justicia 
Quede yo mas satisfecho» 

Y porque muchos también 
Tienen el mismo deseo, 
Que me digas el pi inclpio 

De tu noble nacimiento. [femoao 1 

Diana. E\ duquo Octavio , | o Médicls 
Muerto en la guerra tu menor hermano, 
Que tuvo el ley <le Francia viotorioao. 
Contra el valiente principe britaoo : 
Trujo á su casa el ángel mas hermoaot 
Que su deidad vistió de velo humano, 
En la condesa Hortensia SM sobrina, 
A petición de su oHifif PelAiia. 
Criábase en palacio la condesa^ 
De no pocos señares pielendlda, 
Pero difícil por el duque empresa, 
Negada á todos, y por él querida; 
Murió de pocoa ahos 1^ duquesa» 
De quien era guar4ada y defendida» 

Y declaróse el duque Ührea&eDte, 
Tal es de amor el bárloiro aocidente. 
Andando á casa cao Hortensia un dia. 
Con despecho de verse dMdehado, 

Y que ni por marido le qoerM^, 

Ni dar remedio á su mortal coldadoi 

En una selva tímida y sombría, 

Guf^lóae el fíelo de un teliis bordado, 

De oscuras nieblas, como un tiempo á Oido, 

Amor de sus desdenes ofendido. 

Comenxaron con esto las señales 

De oscura tempestad» que paiedo aumentan. 

Sonando de las ruedas celestiales 

Los quicios q^e la maquina ostentan; 

Ocultos los terrestres animales» 

Las aves» que en el a^re se alimentan. 

Revolando entre negros tofbeUioos^ 

Bajaban á los árboles vecinos. 

Pegaba á la celeste artillería 

La cuerda el seco humor» y de loa sepoa 

De las oscuras nubes escupía 

Relámpagos de lus, de miedo tr^eQoa; 

Piramidal el fuego reso)vla 

Las copas de los 4rMea m/WI^* 



Y las sagradM ioTlM, cuyo moro 
No está» por ser mas alto mas seguro. 
Hay una cueva solitaria y fiera, 
Bostexo oscuro de una parda roea. 
Que porque el eco se quedase á fuera, 
Forma de espinos dientes á su boca. 
De salobres carámbanos esfeNi, 
De riscos altos la melena toca 3 
Sudando charcos loe abiertos poros. 
De roncas ranas desabridos coros. 
Aquí principio dio naturalesa 
A mi vida, Alejandro» aquí forsada 
De la condeaa Hortensia la bailesa 
Fué prima y madre, y se sintió prefiada; 
El duque por cubrir, no la flaqueaa 
Sino la culpa, sin d^ar la espada» 
Como Eneas á Dido, fué mas necio, 
Pues no hay mayor espada que el desprecio 
Cuando nací miarlo» pfopta fortuna 
De una muger que nace desdichada. 
Pues tuve á un tiempo sepultura y cuna, 
Viviendo entre dos montes sepultada : 
Crióme sin tener notleia alfiina 
(En pobre labradora Uasfqnnada) 
De mi padre, y mi noble nacimiealq, 
Sin esperanzas que llevase al vienla. 
Bien que la sangra é «lifereolfi esüla. 
De cosas altas me sirvió da neffte, 
Y cuando vino, como vea» Camilo, 
Troqué el sayal en tela, el campo en esrtí : 
Tú ya de mi temor, sagrado aailo. 
Como esta vida á tu valor Importe» 
Aunque no añada á tus (iraQdesaa laitit, 
DeHende esta mugar por honhre llusUf . 

Alej. El trágico prlinalpio do tu hislaris, 
Tan peregrina» y de sucosos lloaa. 
Parece que lastima la ttaasorlt : 
Mas hoy en gloria volverá la pana; 
La Justicia prometo la vieteria. 
Contra la parte de la envidia agena. 
Hoy quedarás pacífica aeiora. [le adors; 

Diana. Y tú, Aktfandro, úe quien mis 
Hoy pues, gallardo Médicia, deaaoda 
La espada» con alafM aon^ansa. 
Contra esta genio» qne del peso m dods 
De mi Justicia pona la baknsa; 
Quo yo» si tu valnf mi ompraaa aynda, 
Prometo posesión á mi esperansa. 
Porque es pedir é un üécfieia consuelo, 
Tener en tanto mal médico al cielo. 

A lej, DlOM, aefiora, ^ qué suerte quieres 
Ponerte en posesión ? 

Diana. üqMdo apartf 

Este fingido eogaio. 

Aiej. PM^nneaparsa, 

t Que ya la gan|i áe itanBciq pnitf. 



ACTO Ul, ESCENA XVII. 



S4S 



\ el valor de lat mugeref. 
í. Tú César Florcntin, Toscano 
larte. 

. ¿ Y yo no seré nada ? 
t. No te agravio, 

I no soy la que pretendo, Fablo. 
]uiero, Alejandro, mi persona, 
loá soldados mi presencia, 
> liegan á darme la coronn, 
vienen marchando de Florencia. 
Ármate, pues, o itálica Belona, 
te á Urbiuo con igual prudencia, 
cuerda, que al tomar la espada, 
rá la opinión de engañada. 
I. Armas, Fabio, ola criados, 
un espaldar y peto. 

ESCENA XVI. 

MARCELO T Criados, t desnudan- 

DIANA LA ROPA T BASQUINA, QUEDE 
tON RICO DE FALDILLAS, T NAGUAS Ó 
l08. 

. Aquí tienes ya las armas. 

a. Dame esa gola, Marcelo. 

. Mejor estabas ahora 

irecer á Venus. 

lué quieres armarte ? 

>. Sal por tus ojos en cuei'po, 

el linage humano 

• siete veces muerto. 

3. Aprieta la gola bien. 

Yo ló veo y no lo creo : 

aprendiste, señora, 
astaños y enebros, 
sperezas de montes, 
ten hayas y tejos, 

* lucidas armas, 
lo acerados petos, 
)illas y correas, 
rabados troreos? 

a. No importa á quien altamente 
Jejandro, saberlo; 
sta que lo haya visto, 
ne valor é Ingenio. 

el rey le dice á un grande, 
ha criado mancebo 
:orte, lleno de ámbar, 
las de oro lleno : 
guerra, y se parte, 
*gando al campo, viendo 
Higo, parece 
I plomo ardiente un Héctor, 

lo causa? ¿quién le ensena? 
ístá, que su maestro 



Fué allí la sangre heredada. 
Alma segunda en los buenos. 
El brio nace en las almas, 
La ejecución en los pechos. 
Lo gallardo en el valor, 
Lo altivo en los pensamientos. 
Lo animoso en la esperansa, 
Lo alentado en el deseo. 
Lo bravo en el corazón, 
Lo valiente en el despecho, 
Lo cortés en la prudencia. 
Lo arrojado en el desprecio, 
Lo generoso en la sangre, 
Lo amoroso en el empleo, 
Lo temerario en la causa. 
Lo apacible en el despejo. 
Lo piadoso en el amor, 
Y lo terrible en los seloe. 

Fabio. ¿Qué dices de esto, Alejandro? 

Alej\ Que como habiéndose puesto 
La mano a una fuente un rato, 
Luego que la quitan, vemoi 
Correr tan ñirlosa el agua, 
Que para salir mas presto, 
Parece que la qqe viene 
Fuerza á la que va corriendo: 
Abí la bella DUna, 
Que estuvo en tanto silenoio. 
Desata con mayor furia 
Su divino entendimiento. 
De suerte, que al disponer 
Las razones el imperio. 
Entre la lengua y la voz 
Se atropellan los preceptos. 

Diana. Dadme un espejo. 

Alej. Bien diee. 

Mírese en él, aunque pienso, 
Que no le hallará mejor, 
Que Bcr de si misma espejo. 

Faéio. i Qué bien se elñó la espada * 
¿Qué dirán los que la vieron. 
Ayer simple, hoy valerosa f 

Alej. Que supo engañar fingiendo 
Una muger Incapaz, 
A muchos hombres discretos. 

Diana. ¿Estoy bien? 

Fabio. De oro y azul. 

Diana, Pues ven eonmlgo, que llevo. 
Para que me tiemble el mundo, 
Un Alejandro en el pecho. {Vanse.) 

ESCENA XVII. 

JÜUO I CAMILO. 
Cam Hoy ha de ser el dia 



LA BOBA PARA LOS OTROS, ETC. 



344 

Que l8 ciudad desengañada quede. 

Julio. Seguramente puede 
Vencer la pena que tener podfa, 
Viendo tan gran locura y desatino. 

Cam, Este se juzga ya duque de Ur- 
bino. ap. 

Julio, Este piensa que ya tiene el es- 
tado, ap. 

Cam, i Qué necio, qué empeñado ap. 
Presume Julio, que el laurel merece ! 

Julio, \ Qué soberbio Camilo desva- 
Sus locos pensamientos 1 [nece ap, 

Cam, Ignora de Diana los intentos ap. 
Julio; bien haya Octavio, 
Que me propuso duque libremente. 

Julio, Octavio ha sido noble, cuerdo y 
Ed persuadir el ánimo inocente [sabio, ap. 
De Diana, á quererme por su esposo. 

Cam. Pensando estoy , Octavio gene 
roso, ap. [presa? 

i Qué puedo darte en premio de esta em- 

Julio, i Qué le daré por darme á la du- 
quesa? ap. 

ESCENA %\iU. 

Dichos, TEODORA, LAURA t FENISA 

CON VAQUEROS, ESPADAS T SOMBREROS DE 
PLÜHAGES. 

Pen, Desde aquí puedes ver pasar la 
gente. [voco. 

Teod. Con el son de las armas me pro- 

Laura, ¡ Qué bizarra es la guerra, qué 
valiente 
Esfueno ponen cajas y trompetas ! 

Teod. Mis ansias, que basta aquí fueron 
Por Octavio, Fenisa, se declaran, [secretas 

Pen. Por justa causa en su despejo paran. 

Laura, \ Qué necia y qué engañada está 
Teodora ! ap. 

Piensa que la ha de dar Octavio ahora 
Por armas el estado. [quedado 

Teod. ¿ Dónde aquella ignorante se ha 
Que á ver no viene tan lucida gente? 
Mas, ¿qué puede alegrar á quien no siente? 

ESCENA XIX. 

Dichos, por el patio Soldados con arca- 
buces, CAJAS T banderas, ALEJANDRO 

DE GENERAL, DIANA A CABALLO V FABIO 
A SU LADO. 

Julio. Siendo Octavio el general, 
¿Quién es el gallardo mozo 
Que en aquel caballo viene P 



Cam. I Qué bizarro talle ! 

Julio. Airoso. 

{Toran mientras sube Diana al teatro.) 

Teod. Fenisa, confusa estoy. 
Que con admirable asombro. 
En aquel mancebo ilustre 
Pone la ciudad los ojos. 

Diana. Vasallos, yo soy Diana, 
Yo la señora me nombro 
De Urbino, yo la duquesa 
A cuyo derecho solo 
Este estado pertenece, 

Y la posesión que tomo; 
No simple para el gobierno. 
No incapaz para el decoro 
De la dignidad, si fuera 

El reino mas poderoso : 
Por el peligro en que estaba, 

Y que no me hiciese estorbo 
La pretensión de Teodora, 
Cubrí de simples despojos 
Mi sutil entendimiento, 
Hasta prevenir socorro. 
Como le veis en el campo, 
Sin ejército propio. 

Aquí, pues, oid vasallos. 
Las armas serán los votos 
De la justicia que tengo; 
Torres, puentes, puertas, fosos. 
Todo queda ya con guardas; 
El que moviere alboroto. 
Por la que le han de sacar 
Alma le darán de plomo. 
Julio, Teodora y Camilo 
Salgan de mi estado todo 
Para siempre, que las vidas, 
Por ser quien soy, les perdono. 
La burla que de mí hicieron 
Duplicada se la torno. 
Pues han de perder la patria. 
Corridos como envidiosos. 
A Fabio, que me ha servido, 
Doy á Laura. 

Fabio, Me conformo. 

Diana. Con seis mil... 

Fabio, ¿De renta? 

Diana, * 

Fabio. Laura, responde. 

Laura, Respondo, 

Que soy tuya. {Danse las m 

Diana. Este gallardo 
Caballero generoso. 
Es Alejandro de Médicls, 
No como pensáis vosotros 
Octavio Farnesio, y es 
Duque de Urbino, y mí esposo. 



ACTO m, ESCENA XIX. 



345 



• Viyan Diana^ y le goce 
Alejandro animoBO. 
El alma responde aquí. 
:. De este laurel que ne pongo 
mitad contigo. 
Será de diamantes y oro» 
Corrida estoy de mi engaño. 
La boba nos hlso bobos. 



Fahio. Aquí, senado^ se acaba 
La Boba para los otros 

Y (liscreta para sí. 

Y pues 8(in discretos todos, 
Peiiionaiido nuestras faltas, 
Quedaremos animosos, 
Para escribir el poeta. 
Para senriros nosotros. 



LAS bizarrías DE BELISA. 



Esta comedia, que al parecer es una de las últimas que compuso Lope en tu edad 
avanzada, si hemos de creer lo que dice eti los versos con que la concluye, 

Senado ilustre, el poeta. Con 4eieo de serviros 

Qae ya las musas dejaba, VoItíó otra vez i llamarUi... 

tiene, sino la fuerza de imaginación que otras suyas, el mérito de la invencioo, de 
la facilidad de diálogo y versidcacion, y las gracias del estilo, en cuyas prendas, tan 
difíciles de poseer, consiste en mucha parte la celebridad de este poeta. 

El caricter de Belisa e^tá bien dibujado^ es gracioso é interesante. Ha sido enemiga 
del amor, y ha aborrecido y despreciado a los hombres, hasta que repentinamente se 
enamora de don Juan de Cardona, que viéndole acometido en el campo por cuatro 
hombres defenderse bizarramente, se apea, toma la espada del cochero, y poniéndose á 
so lado, obliga á huir á sus enemigos. I':sta acción, inverosimil en una mugar, sea 
cualquiera el valor que se la suponga, la disculpa el poeta, cuando en boc^ de Celia, 
después de haber escuchado la relación de Belisa, dice : 

Es suceso tan estrafio, 
Que á no ser tuyo, no fuera 
Posible que le creyera. 

Por lo demás, este carácter, que es el principal de la comedia, es original, agradable, 
y luce mucho en las escenas mas interesantes de la pieza. Es también muy bueno, aunque 
no tan decoroso y noble como el anterior, el de Lucinda, que enamorada de don Juan. 
intenta, á fuerza de desdenes y desprecios, obligarle á casarse con ella, y viéndose al On 
olvidada, intenta separarle de Belisa, infundiendo en su corazón la desconfianza y los 
zeloi*. En don Juan está bien pintada la pasión que profesa á Lucinda, la sinceridad 5 
franqueza de sus sentimientos, cuando refiere á Belisa sus amores, el desengaño de so 
pasión, y su nuevo cariño á la que le ha salvado la vida. El conde Enrique es noble, 
generoso y amable; pero Octavio es casi inútil, y los demás personages poco ó nada inte- 
resantes. 

La acción está bien conducida hasta el fin, y el desenlace tiene bastante nove'atl. Hay 
escenas y diálogos escelentes. Véanse entre otros los de la IV, V, y XI escena del primer 
acto; los de la IV, X y siguientes del segundo; y últimamente algunas del tercero. 

Ya hemos dicho que la versificación es fácil y propia de Lope. Hay muchos troios 
hermosos : véaOse entre otros los siguientes : escena I! del primer acto : 

Celia. ¿Tú quieres bien? A la envidia decir bien, 

Belisa. ;Yo? A la virtud hablar nial : 

Celia. ;Tú? Veré á la ciencia premiada, 

Belisa. Sí. A la ignorancia abatida ; 

Ya cesaron mis rigores. Qvie es la verdad bien oída, 

Celia, Veré primero sembrado Y que la lisonja enfada, 

De estrellas del cielo el prado, Y el imposible mayor, 

Y el cielo de yerba y flores, Bar honra al que está sin ella ; 

Y, trocando el natural Que crea, Belisa bolla. 

Efecto, veré también Que puedes tener amor. 

En la escena Vil el romance en boca del conde : 

Ponte el sombrero, Belisa, Ponte al espejo y retrata 

Pluma blanca y randas negras, En su cristal su belleza, 

Aunque no ba menester plumas Para qne tengas envidia 

Quien en tales pies las Ueva. De que nadie te parezca, ele. 

El de Tello en la escena IX : 

Diga, señor Manzanares, £1 qae lava en el verano 

Sacamanchas de secretos. Lo que se pecó el invierno, 

A quien debe su limpieza Cuya espuma es de jabón. 

La información de los cuerpos, Cuyas orillas de lienzo, etc. 



ACTO I, MOKNA U. 
lenta, ri de Bettia «n la OMsma X del tercero : 



S4t 



hombre aragoMs, 


Si descubrirse los pedios, 


la ley del encaje. 


Si las almas depararse ; 


por la gracia de Dios, 


Diga, rey, si Tino aquí 


na por lo picante; 


Sa niofa, que Dios le guarde. 


«moa de hablar de veras. 


Aquella i quien solo faltan 


lan de tratar Terdades, 


. Las plaijoas para ser ángel ; etc 


PERDONAS. 


dama. 


TELLO, su criado. 


su criadn. 


OCTAVIO, galán. 


dama. 


JULIO. 


i, dama. 


Conde ENRIQUE. 


triada. 


FERNANDO, criado Oel conde 


LN DE CARDONA 





CTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Saia en cmü é$ Misa* 

CON VESTtlH) ENTERO DC LUTO GA- 
FL0BE8 NEGRAS EX f\. CABELLO^ 
£9 DE SEDA MEGEA T TALONA , T 

¿Así rasgas el f%9t\% 
. Cánsame el conde, Finen. 

¡ Qué Ingratitud l 

Que lo sea : 
Ja amor. 

Fuego en él, 
ISO que no es tan vario 
ludansas el viento. 
. Navega mi peiisamienie 
rumbo contrario : 
mi voluntad 

No sé si diga, 
imente castiga, 
tu libertad, 
sspreciar amantes* 
ssechar maridos, 
icer de los oídos 
18 de diaonanles. 
i, que habían de dar 
on al amor, 
igar tu rig«r. 
. Bien se Im sabld« vengar. 



Finea, ¡ O qué bien los has vengado 
Con querer ahora bien 
A quien, ni aun sabes á quien. 
Ni él tampoco tu cuidado! 
Tus desdenes con razón 
Ahora diciendo están, 
¿Qué se hizo el rey don Juan? 
¿ Los Infantes de Aragón 
Qué se hicieron? 

Belisa. No presuma?, 

Que de esta mudansa estoy 
Arrepentida, aun<}ue doy 
Agua al mar, al viento plumas ; 
Porque tengo la memoria 
De este necio amor tan llena» 
Que Juzgo poco la pena 
Para tan inmensa gloria. 
¿Llaman? 

Finea, Sí. 

B*!lisa. Pues quiero hablarte 
Con mas espacio después ; 
Mira quién es. 

Finea. Celia es, 

Que ha venido á visitarte. 

ESCENA II. 

j BELISA T CELIA. 



Celia. Prospere tu vida el cielo. 

Belisa. No sé, Celia, si querrá 
Tener ese gusio ya. 

Celia. Ya la novedad reoiJo : 
Dijéronme que te hablan 
i Visto con luto pi la oalle 



348 



LAS bizarrías DE BBLISA. 



Mayor, aunqae gala y talle 
La causa contradecían ; 

Y hallo que todo es verdad : 
Pero tanta bizarría 

No es tristeza. 

Belisa, Celia mía, 
Murió... 

Celia. ¿Quiéül 

Belisa, Mi libertad. 

Celia, Es imposible que en tí 
Haya faltado el desden. 

Belisa. ¿No es faltarme querer bien? 

Celia. ¿Tú quieres bien? 

Belisa. Yo. 

Celia. ¿Tú? 

Belisa, Sí : 

Ya resaron mis rigores. 

Celia, Veré primero sembrado 
De estrellas del cielo el prado, 

Y el cielo de yerba y flores, 

Y trocando el natural 
Efecto, veré también 

A la envidia decir bien, 

Y á la virtud hablar mal; 
Veré la ciencia premiada, 

Y á la ignorancia abatida, 
Que es la verdad bien oída, 

Y que la lisonja enfada, 

Y cu imposible mayor 

Dar honra al que está sin ella, 
Que crea, Belisa bella, 
Que puedes tener amor. 

Belisa. Una tarde (cuando el sol 
Dicen que en el mar se esconde, 

Y se le ponen delante 
Las cabezas de los montes, 
Cuando por aquella raya, 
Que con varios tornasoles 
Divide el cielo y la tierra, 

Y los dias y las noches. 
Nubes de púrpura y oro 
Van usurpando colores 

A las plumas de los aires 

Y á las ramas de los bosques) 
Iba sola con Finea, 

Amiga Celia, en mi coche 
Tan sol de mi libertad. 
Cuanto luego fui Faetonte, 
Que nunca verás tan altas 
Las soberbias presunciones, 
Que no las fulminen rayos 
Como á las soberbias torres. 
Era en la parte del Prado, 
Que igualmente corresponde 
A esa fuente Castellana, 
Por la claridad del nombre^ 



Que también hay ftaentes caltas. 
Que aunque oscuras, al fin corren 
Como versos y abanillos. 
Quiera el cielo que se logren. 
Iba Finea cantando 
En gracia de mis blasones 
Finezas del conde Enrique 
(Que ya conoces al conde, 
Y á sus papeles escritos, 
Para que cuando me toque, 
Como papel de alfileres. 
Tenga papeles de amores) 
Ya mis locas bizarrías , 
Desprecios y disfavores ; 
Como si hubiera nacido 
De las entrañas de un roble ; 
Cuando veo un caballero 
Con el semblante conrorme 
Al suceso que esperaba ; 
Volvió la cara, y paróse 
A escuchar quien le seguía : 
Pero con pocas razones 
Desnudando las espadas. 
Los ferreruelos descogen. 
El que digo, el pié delante 
Con el contrarío afirmóse, 
Gala y valor, que en mi vida 
Vi hombre tan gentilhombre : 
No era el otro menos diestro ; 
No te parezca desorden 
Que siendo muger te cuente 
Lo que es bien que ellas ignoren. 
Que aunque aguja y almohadilla 
Son nuestras mallas y estoques, 
Mugeres celebra el mundo 
Que han gobernado escuadrones : 
Semíramis y Cieopatra, 
Poetas é historiadores 
Celebran, y fué Tomlris 
Famosa por todo el orbe. 
¿ No has visto cuando dos juegan. 
Que sin conocerse escoge - 
Uno de los dos, quien mira. 
Sin que el provecho le importe, 
Y quiere que el otro pierda. 
Sin saber que esto se obre 
Por conformidad de estrellas. 
Que infunden inclinaciones? 
Pues de esa suerte mi alma 
Súbitamente se pone 
Al lado del que juzgaba 
Por mas galán y mas noble. 
Alzó el contrarío de tajo, 
A quien mi ahijado envióle 
Una punta, con que dió 
1 En tierra ; mas levantóse 



ACTO 1, ESCENA II. 



5i9 



orque despiMs rape 
1 on peto doble 
, labrado á prueba 
o, que muros rompe. 
[1 á eate punto, 
i varios golpes, 
ibres á mi galán, 
igna de españoles; 
m entre amigos 
lemigo perdone, 
es y\\ el que huye, 
e el que socorre. 
1 ó sin razón 
ni coche entonces, 
espada al cochero, 
nado á los frisones 
pié la pendencia, 
acó y bigotes, 
estuviera el necio 
Ea en los balcones^ 
Je de Cantillana 
ndo leones; 
ido al caballero, 
» de Rodamonte 
> ¡cosa estraña! 
smbres de la corte, 
olvieron humildes 
[legaron feroces, 
lo el galán 
m nuevas acciones, 

á hablarme, y no pudo, 
e lejos dan voces, 
isticia venia, 
ay Santelmo en el tope 
le la tempestad, 
9 una vara asome. 

mi coche entrad, 
I caballos corren, 
»to8 no son de aquellos 
en para cofres, 
taremos en salvo, 
galán, y sentóse 
a, y yo en la popa, 
npo fronte á fronte. 
16 nadie venla^ 
I cochero el galope, 
tente Castellana, 
;ansar, paróse, 
re que voy al Prado 
búcaro, tomóle 
o, y diónos agua ; 
ia alcorza, y dióme 
is en un requiebro, 
ano agradecióle, 
e persuadí 
ando favores. 



Me contase hi ocasión 
De la pendencia, que sobre 
Cosas de amor sospechaba. 
Que hay profetas corazones, 
Pues antes que la dijese, 
Zeios me daban temores. 
Que el que ha de matarla, sabe 
El garza entre mil halcones. 
En fin, diljo de esta suerte : 
Ahora á escucharme ponte. 
Para que como él á mí 
De mi desdicha te informe. 
Yo soy don Juan de Cardona, 
Hijo del sefior don Jorge 
De Cardona, aragonés, 

Y doña Juana de Aponte : 
Nací segundo en mi casa, 

Y asi mi padre envióme 

A Flandesy donde he servido 

Desde los años catorce 

Hasta la edad en que estoy : 

Volvieron informaciones 

De mis servicios, y cartas 

De aquel ángel, que coronen 

Los cielos, infanta de Austria, 

De divinos resplandores, 

Tia del rey, que Dios guarde. 

Pretendí luego en la corte 

A guisa de otros soldados, 

Pero entre otras pretensiones 

De un hábito, vi una tarde 

Con otro de chamelote 

Un serafín de marfil 

Con toda el alma de bronce : 

Quedé sin ella, seguíla, 

Servila, y agradecióme 

La voluntad, retirando 

Todo lo que no es amores : 

Gasté, empobrecí : mi padre 

Enojado descuidóse 

De mi socorro; y Lucinda. 

Que este es de esta dama el nombre. 

Desdeñosa á puros zelos 

Me mata viéndome pobre ; 

Que no hay finezas que obliguen. 

Ni lágrimas que enamoren. 

Cuando esto dijo, quisiera 

Sacar los ojos traidores. 

Que por otra hablan llorado; 

Mirad qué envidia tan torpe : 

Prosiguió, que la pendencia 

Fué por ser competidores 

£l y el galán, porque teme 

Que si la obligue la goze. 

Finalmente, para el caso 

En tantas lamentaciones, 



550 



LAS BIZARRÍAS DK BELISA. 



Qoe 8io saber por qué eaosa^ 

guise arrojarle del coche ; 
1 llorando, y yo sin alma. 
Llegamos casi á las ooee 
A mi posada, roguéle 
Que me viese, y respondióme. 
Que seria esclavo mío, 
Con mil tiernas somisioDes, 

Y despedido é ingrato, 
A ver su dama partióse* 
Quedé tan necia, que apenas 
Sé porqué, cómo, oi dónde 
Amo, envidio, y con los zelot 
Temo que loca me toroe, 
Porque pienso que es eastigo 
De aquellos tiranos diosas 
Venus y Amor de quien hice 
Burla, y los llamé embaidores* 
Troqué las gala» en luto. 

La libertad en prisiones. 
La bizarría en descuidos 

Y en humildad los rigores. 
NI voy al Prado, ni al rio, 

No hay cosa que no roe enoje, 
A la música soy áspid. 
Veneno á fuentes y flores, 
Soy, no soy, vivo* no vivo, 

Y entre tantas confusionest 

NI sé dónde he puesto el alma« 
Ni ella misma me conoce. 

Celia. Es suceso tan estrano, 
Que á no ser tuyo, no fuera 
Posible que le creyera : 
Pagas Justamente el daSo 
Que has hecho á tantos, ingrata : 
Locura debe de ser 
Querer quien otra mugar 
Deja, aborrece y maltrata; 
Pero de tu entendimiento 
La mayor locura ha sido, 
Belisa, no haber querido 
Divertir el pensamiento. 
¿Ya no vas, como soliasi 
Al Prado, ni al Soto? 

Belisa, N0( 

Que mas me entretengo yo, 
Celia, en las tristezas mias; 
Que en el lugar mas remoto 
Con mayor descanso estamos. 

Celia. Asi vivaS| que salgamos 
Estas mañanas al Soto. 

Belisa. Si va á decir la verdad 
(Que encubrirla no es razón, 
Ni á mi Justa obligación. 
Ni á tu segura amistad : ) 
Con la ocasión de este mes, 



De tantas damas paseo, 
Salgo al campo, á ver ¿i yeo 
Quien me ha de matar después : 
Mas ni en sotos oi en retiros 
Le he visto, ni el vuelve á verme. 

Celia, Como en otros bratos duerme, 
No despierta á tus suspiros; 
Pero salgamos mañana, 
Que en mi buena dicha espero 
Hallar ese caballero. 
Que tengo por cota Uaoa, 
Que si le vuelves á ver« 

Y mas despacio mirar, 

No solo no le has de amar, 
Pero le has de aborrecer, 
Que muchas cosas agradan 
Miradas súbitamente, 
Mas pasa aquel accidente, 

Y vistas despacio enfadan. 

Belisa, i Ay, Celia! yo quiero darte 
Crédito y seguir tu voto : 
Disfrazada voy al Soto. 

Celia, Y yo quiero aoompañarte« 

Belisa. No ha de salir el aurora 
Cuando estés aquí. 

Celia. Si liaré. 

Belisa. Dar á tos consejos fe 
Mis esperanzas mejora. 
Porque de la luna el velo. 
Mirado con atención. 
Descubre manchas, que son 
Indignas de tanto cielo. 

ESCENA III. 

DecoracioH de calle, 
DON JUAN Di? CARDONA, Y TELLO, 

CRIADO. 

Juan. Tello, el amor no guste de esoff 
Jos, 

Y mas del ioferion 

Tello. i Qoé mayor pmebs 

De que el amor es looo 
Sin los consejos de la videeip^oef 

Juan. ¿Y para el dego anH»*, es e^ 
nueva 
Tener la vida, y ano el alma en peeof 

Tello. Quieo tiene ylsta al que le fidU 
gula, 
Que si entrambos son ciegos^ veo perdidas: 
Cuando tu amor Lucinda agradecía, 
Estaban disculpados tus sentidos { 
Pero ahora que quiere bieo á Octavie, 
Es infamia de amor sufrir su agravio, 
Sino buscar remedio. 

Juan. ¿Qué reoiedloT 



AfitO 1, ESdBÑA y. 



351 



Poner otroi amorM de por tncdlo, 
se curan cuantos han querido, 
itro amor es el mas brere ohido. 
¿Con qué dinero, necio? 
3 los amores tienen precio, 
tienes, ama. 

¿Ha de faltar una mostrenca dama 
¡uiera por gusto f 

Majadero^ 
8 en la corte sin dinero, 
ihora que tan caro es todo? 
Pues yo no sé otro modo, 
médico en el mundo que tomando 
» á un amador aborrecido, 
icete otra muger. 

Si cuando 
iscar de tanto amor olvido, 
one delante la hermosura 
nda, ¿podré yo por ventura 
noretáotra cara? 

Bueoo, 
rga es veneno, 

ener salud la toma un hombre. 
. Telk), ya no hay mugcr que no me 
isombre. 

. Alejandro lloraba porque habia 
ido solo, que con uno solo 
e no podía 

ta tierra y mar dé polo á pelo 
er su pecho : 
ontrario has hecho, 
a una muger de Madrid quieres, 
lo treinta mundos de muge res 
s, pell rubias, gordas, flacas, 
adas de lengua, otras urracas, 
18, mentecatas, bachilleras, 
en las burlas y en las veras : 
mas; hay largas como trampa, 
•n pié de apéstol consoladas 
ilevi, que imprime poca estampa, 
que en ves pudieran de arracadas 
18 xapatillas; 

Aras mugeres de amarillas, 
en del sepulcro de las camas, 
que de clavel parecen ramns ; 
ñas, hay pioquintas, 
le se contentan con dos cintas, 
como tarascas de dineros, 
gullen mayoraxgos por sombferos ; 
¡adosas y otras socarronas, 
sveras, tales juguetonas ; 
ludables por andar mas frescas, 
firmes de amor como tudescas : 
siendo mugeres, sean morenas, 
ancas, ó no, todas son buenas. 
. i Qsé frtntiiti tta neda ! 



Tello. i Pues yo, señor, qué he dicho de 
La casta, y en camisa, [Lucrecia 

De Porcia y Artemisa ; 
Una avestrus de hierros encendidos, 
Y otra sepultura de maridos? 

Juan. I Ay puerta! ¡ áy dulces rejas! 
A Lucinda llevad mis tristes quejas. 

Teilo, Pues ya que llegas, llama. 

Juan. Aun llegar á llamar teme quien 
ama. 

ESCENA IV. 

Dichos t PABIA m la rúa. 

Fabia. ¿Quién llama? ¿quién está ahí? 

Juan» Dile, Fabia, á tu señora. 
Que estoy aquí. 

Fabia, No es ahora 

Tiempo de llamar así. 

Juan. ¿Por qué raxon? 

Fabia. Porque está 

Desnudándose. 

Juan. ¿tan presto? 

Fabia. No fuera término honesto 
Abriros la puerta ya: 
Id con Dios, don Juan, que habernos 
De madrugar, para ir 
Ai Soto. 

Juan, \ Qué vengO á oír 
Tal crueldad ! 

Telio, No hagas estremoi?. 

Mira que en la calle estás. 

Juan, Pabla, Pabla, espera. 

Fabia. Kspel-o, 

¿Qué queréis? 

Juan. Di que la quiero 

Una palabra no mas. 

Fabia. Bueno, en comenzando á hablar 
Tanto vendrás á empeñarte, 
Que venga el sol á rogarte 
Que la dejes acostar. 

Juan, Abre, Fabia. 

Fabia, ¡Qué locura! 

ESCENA V. 

Dichos t LUCINDA a la reja. 

Imc, 4 Con quJén hablas? 

Fabia. Con don Juan 

De Cardona. 

üic. ¿T qué dirán 

De tanta descompostura 
En la peor vecindad 
Que tiene calle en Madrid ? 

Juan. Lucinda hermosa, advertid 
Que es llnage de crueldad. 



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LAS bizarrías DE BELISA. 



Indigna de un caballero 
Gomo yo, tratarme ansí. 

Luc. Lo que Pabia os dijo aquí 
Daros por disculpa quiero, 
Porque habiendo de salir 
Del alba al primer albor, 
Mo será razón, señor, 
Que ni> me dejéis dormir : 
El afeite natural 
En el buen sueño reposa, 
Que no se levanta hermosa 
Muger que ha dormido mal : 
Id con Dios, y presumid 
Que os amo y tengo respeto. 

Juan, Que yo me fuera, os prometo^ 
Señora; pero advertid 
Que ver á Pabla turbada 
Tan necios lelos me ha dado. 
Que pienso