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Full text of "Tesoro del teatro español, desde su origen (año de 1356) hasta nuestros dias"

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COLECCIÓN 



DE LOS MEJORES 



AUTORES ESPAÑOLES, 



TOMO X. 



TESORO 
DEL TEATRO ESPAÑOL. 



TOMO I. 



parís. — EN LA IMPBESTA DE CASIMIR , 

r«'l9 de Ifi Viellle-Monnale, <2. 




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""^^ TESORO 

PEL 

TEATRO ESPAÑOL 

DESDE SU ORÍGEIV (AJVO DE 135G) 

HASTA NUESTROS DÍAS; 

ARBEGLADO Y DIVIDIDO EX CUATRO PARTES , 

POR 

(JeJot) Ciiaenuo ve \i/So<x. 



TOMO PRIMERO. 



ORÍGENES DEL TEATRO ESPAÑOL, 

POR D. L. F. DE MORATIN. 



PIEZAS DRA.AIATICAS 

ANTERIORES Á LOPE DB VEGA. 



En nuestro sistema literario no admitimos nada 
absolDto, y por eso tenemos mas fe en el sentimiento que 
en las reglas dogmáticas, y quiza arbitrarias, en que 
los críticos quieren que se busque siempre la belleza. 

Ai teatro, sobre todos los demás gi-neros de poesía, 
es aplicable nuestra opinión. D. A. Dcb*>. 




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parís, 

EN LA librería EUROPEA DE BAÜDRY, 

CALLE Dü COQ- SAINT -HONORÉ, 9, 



r.FRCV DEL LODVRE. 



1838 




o-í^aoio 



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orígenes 



TEATRO ESPAÑOL, 

SEGUIDOS PE UNA COLECCIÓN ESCOGIDA 

DE 

PIEZAS DRAMÁTICAS 

ANTERIORES Á LOPE DE VEGA, 



DON L. F. DE MORATIN, 

CON UN APÉNDICE 

Á'Ot' (JcJor) ¿y. oe Ocí^oa. 



En naestro sistema iilerarlo do admitimos nada 
absoluto, y por eso tenemos mas fe en el tentinilenlo que 
en las reglas riogmalicas, y quizá arbitrarias, en que 
los crilicos quieren que se busque siempre la belleza. 

Al leatro . sobre loíios los deniaí géneros de poesía , 
es aplienble nuestra opinión. D. A. Dcuati. 




parís, 

EN LA LIBRERÍA EUROPEA DE BAUDRV, 

CALLE Dü COQ-SAINT-HONORÉ, 9, 

CKncA DEL lOCVRE, 



1838 



PAUIS — EN LA IMPnF.MA DE CASIMIIt , 

Calle de la Viclllc-Moiinnii; , VJ. 



PROLOGO DEL EDITOR. 



Pocas personas , poi- poco que se hayan dedicado al cultivo de las bellas 
letras , así dentro como fuera de España , ignoran esta verdad trivial y 
tantas veces repetida : — Que el teatro español es acaso el mas rico que 
posee ninguna nación. — Pero ese teatro español tan universalmente de- 
cantado, ¿es por ventura siquiera generalmente conocido? O por mejor 
decir, esa admiración tradicional á los antiguos ingenios dramáticos espa- 
ñoles, ¿ es hija del conocimiento y estudio de sus obras, ó debemos 
considerarla como una de aquellas ideas vulgares , moneda corriente en 
todos los tiempos y en todos los paises , que , á fuerza de oirías repetidas 
y de verlas estampadas, se admiten sin discusión y se perpetúan como 
verdades inconcusas? Aun cuando no tuviéramos otras razones para estar 
persuadidos de esto último , una que no admite réplica nos bastaria para 
creerlo, y esta razón se reduce á que el teatro español es muy poco cono- 
culo. Esto es un hecho que no necesita demostraciones. 

Para la inmensa mayoría de los estranjeros y para gran parte de los 
españoles , Lope de Vega y Calderón reasumen en sí casi todo el esplendor 
que rodea á ese inmenso cúmulo de riquezas literarias que constituyen lo 
que se llama el antiguo teatro español. Sucede con las obras de estos 
poetas poco mas ó menos lo que con el Don Quijote, libro que , á los ojos 
de los estranjeros en general , representa toda la literatura española, idea 
falsa de toda falsedad , error crasísimo y verdaderamente lastimoso en 
boca del eminente escritor que, el primero , le difundió en Francia, de 
donde pasó tal vez á las demás naciones. 

El objeto de la presente colección es dar un fundamento sólido al alto 
aprecio de que goza el teatro español , y para ello , mal hubiera podido el 
Editor recurrir á un medio mas obvio y convincente que el de reunir en 
breve espacio las mas preciosas joyas de la literatura dramática española, 
formando un verdadero tesoro del teatro español desde su origen hasta 
nuestros dias. Espuesta ya esta idea general de su obra , réstale manifestar 
los medios de que ha creído deber valerse para llevarla á cabo con el po- 
sible acierto. 

Basta echar una ojeada sobre la historia del tcatio español para que por 



sí mismo, digámoslo asi, se desarrolle el plan que debe seguirse para la 
íormacion de la obra que ahora damos á luz. Aquella historia se divide en 
cuairo épocas principales : estas cuatro épocas deben necesariamente divi- 
dir en ciiairo parles la colección que nos proponemos publicar. 

Estas cuatro partes son : 

1^ Tesoro del teatro español desde su origen hasta Lope de Vega. 

2*. Tesoro del teatro de Lope de Vega. 

3*. Tesoro del teatro de Calderón. 

4'. Tesoro del teatro español desde Calderón hasta nuestros dias. 

Estas cuatro partes comprenden los períodos de tiempo siguientes : 

1*. Desde mediados del siglo XIV hasta fines del XVL 

Qa 1 

Z^' [Desde fines del siglo XVI hasta fines del XVIL 

4*. Desde fines del siglo XVII hasta nuestros dias. 

Esta división , trazada por la naturaleza misma de la obra que vamos á 
formar, es indispensable para evitar la confusión que resultaría de la falta 
de método en una colección que comprende las principales obras dramá- 
ticas publicadas en España en el dilatado espacio de cerca de cinco siglos. 

Forma este primer tomo , que comprende la 1^ parte , la mas importante 
y difícil sin duda de este trabajo, la escelenle obra del célebre Moratin 
f)ublicada por la real Academia de la Historia , con el título de Orígenes 
del teatro español. En este escrito, fiuto de largos años de estudios y ar- 
duas investigaciones, hallará reunido el lector todo lo que hasta ahora se 
sabe real y positivamente acerca de la historia del teatro español desde su 
crujen hasta Lope de Vega. — En un apéndice al fin del tomo hemos inser- 
tado algunas piezas dramáticas correspondientes á aquella época , que por 
motivos que sería prolijo enumerar, se abstuvo Moratin de incluir en su 
preciosa colección. 



PROLOGO 



LA COLECCIÓN DE LAS OBRAS COMPLETAS DE MORATIN, 

PUBLICADA EN 1830 



POR LA ACADEMIA DE LA HI9TOBL4. 



El año de 1825 se hizo en Paris una edición de las obras dramáticas 
y líricas del célebre poeta D. Leandro Fernandez de Moralin, que im- 
presas antes en varios lugares, tiempos y tamaños, andaban sueltas, 
y no siempre fielmente impresas, en manos de los estudiosos. Esta edi- 
ción, reconocida como legítima por el autor,, y publicada poco antes 
de su fallecimiento, proporcionaba á los estrangeros la facilidad de 
gozar de su lectura , al mismo tiempo que los españoles, privados de 
esta ventaja por la ley que prohibe la introducción de obras castella- 
nas impresas fuera del reino , carecian de la utilidad que para su mayor 
ilustración ofrecía la reunión de producciones tan apreciables. 

Esta poderosa consideración fomentó en la real Academia de la His- 
toria, primero el deseo, y después el designio de publicar una colec- 
ción de las obras de Moratin. Comprendió igualmente la Academia que 
una edición completa y esmerada de ellas era el monumento mas digno 
que podia consagrarse á la fama postuma de su autor; y que con ella, 
al paso que se miraba por la utilidad del público español, se daba tam- 
bién á las demás naciones una prueba de que nuestra patria no se ol- 
vida de honrar la memoria de los hijos que la ilustran y ennoblecen. 

Animada la Academia de tan justos sentimientos, acudió á esponer- 
los á los pies del trono ; y el rey nuestro señor, en cuyo real ánimo 
hallan siempre benigna acogida los proyectos dirigidos á la prosperi- 
dad y lustre de la nación, se dignó aprobar y aun elogiar sus deseos, 
autorizándola competentemente para llevar á cabo lo que proponía. 

Para desempeñar la empresa de un modo correspondiente á su ob- 
jeto, á la honrosa aprobación del soberano, á la ilustración de nues- 
tros tiempos y al buen nombre de la Academia , trató esta desde 
luego de reunir todas las obras de Moratin de que tenia noticia , tanto 
en verso como en prosa , tanto impresas como manuscritas. De todas 
ha formado una colección , en cuya parte lírica ha incluido no solo va- 
rias composiciones conocidas anteriormente del público , y que los 
aficionados á Moratin echaban menos en la edición de 1825 , sino tam- 
bién otras inéditas que se conservan entre los papeles de los curiosos y 
I. 1 



que no desmerecen de las restantes. Entre ellas las hay de mérito muy 
sobresaliente, que prueban con cuánta modestia opinaba Moratin de 
sí mismo , cuando manifestaba que su vena estaba destinada esclu- 
sivamcnte al género dramático. 

Pero entre las composiciones inéditas de Moratin que lia adquirido 
la Academia, la de mayor bulto é importancia es la de los Orígenes ó 
historia del teatro español desde sus principios hasta la época del fa- 
moso Lope de Vega , obra que después de largas indagaciones escribió 
Moratin en sus últimos años , y en que con selecta erudición recogió 
copiosas noticias acerca de un arte que fué el blanco y ocupación de 
sus estudios durante todo el discurso de su vida. La Academia ha re- 
cibido de manos augustas y generosas el original autentico de esta obra, 
que constituye el principal ornamento de la presente edición , y que 
como parte de nuestra historia literaria pertenece mas de cerca al ins- 
tituto de la Academia, y está naturalmente enlazada con el asunto or- 
dinario de sus tareas. 

Moratin dejando á otros el empeño menos ingrato y dificil de exami- 
nar y describir períodos mas conocidos de nuestra dramática, como lo 
es el que empieza al acabar el reinado de Felipe II, pretendió subir 
hasta su origen primitivo, lo buscó en los documentos mas antiguos de 
nuestra legislación y literatura , indicó los trámites por donde pasó de 
lo sagrado á lo profano , de los templos y de los clérigos á los teatros 
y á los histriones, y llegando al tiempo de la imprenta presenta mues- 
tras de la rusticidad y desaliño de las composiciones coetáneas, da no- 
ticias recónditas, ignoradas del común de los literatos, inserta el catá- 
logo cronológico de los dramas y sus autores, los califica con juiciosa 
crítica, y finalmente forma una curiosa colección de piezas teatrales de 
fines del siglo XV y casi todo el XVI, en que reuniendo las que nos 
quedan en libros rarísimos y apenas conocidos, ha salvado para la 
posteridad los monumentos de esta parte de nuestra historia literaria, 
próximos ya á perderse para siempre y sepultarse en las tinieblas y el 
olvido. 

Xo obstante lo apreciable de este trabajo, la Academia entiende que 
Moratin no acabó de agotar enteramente su argumento, y que á pesar 
de sus doctas investigaciones todavía dejó mucho que hacer á la dili- 
gencia y laboriosidad de los que le sucedan en su empresa. Como 
quiera , las dificultades vencidas en la materia de nuestras antigüedades 
dramáticas, la originalidad de las noticias, la maestría y sagacidad con 
que se examinan , y el lenguaje hermoso , castizo , amenísimo con que 
se esplican , recomiendan muy señaladamente el libro de los Orígenes, 
y le asignan un lugar distinguido en nuestras bibliotecas. 



NOTICIA DE LA VIDA 

Y ESCRITOS 

DE D. LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 



Don Leandro Fernandez de Moeatin , descendiente de una ramilia noble de As- 
lurias, nació en Madrid á 10 de marzo de 1700. A su padre don Nicolás debió casi toda 
su educación no solo moral sino también literaria, y en verdad ningún maestro pudo 
guiarle mejor por la senda del Parnaso. Habíale dado la naturaleza escelentes dispo- 
siciones , y tan grande inclinación á la poesia , que á los seis ó siete años empezó á hacer 
versos ; y cultivado su entendimiento con esmero , se halló á los diez y ocho apto para 
aspirar al premio y obtener el accessit que le coticedió la real Academia Española en 
el concurso de 1779 por su romance heroico de la Toma de Granada. No fué pequeña 
la sorpresa del padre cuando lo supo, pues como para que mejor asegurase su manteni- 
miento hubiese aplicado el hijo al oflcio de joyero, apartándole de la carrera de las le- 
tras, el joven hizo su composición á hurtadillas de aquel , y la presentó con fingido nom- 
bre. Al año siguiente tuvo el dolor de perderle, y para cumplir con la sagrada 
obligación de mantener á su madre , viuda , infeliz , continuó trabajando en el ejercicio 
de hacer joyas, en el cual ganaba diez y ocho reales diarios. Pocos años después falleció 
también esta, y entonces pasó á vivir con un tio suyo, que asimismo trabajaba en la 
joyería del rey : mas ni antes ni después abandonó sus ocupaciones literarias, fomenta- 
das con el trato y amistad de don Juan Antonio Melón y de los PP. Estala y Navar- 
rete, ambos escolapios, tcdos ellos humanistas distinguidos. Asi que en el concurso 
de 1782 volvió á obtener el accessit de la real Academia Española por la sátira contra 
los vicios introducidos en la poesía castellana, que presentó con el titulo de Lección 
poética bajo el nombre de don Meliton Fernandez. Duro era á la verdad el estado de 
Moratin , precisado á oscurecer sus luces é instrucción con un arte mecánico que ape- 
nas le proporcionaba mezquino sustento, por cuya razón trató de solicitar un destino 
que le dejase tiempo suficiente para el comercio de las musas; y como ya se tenia no- 
ticia de su mérito , consiguió por medio de D. Gaspar Melchor de Jovellanos que le 
llevase en clase de secretario á Francia el conde de Cabarrús, adonde este pasó comisio- 
nado por el gobierno en 1787. No tardó en adquirir la confianza de su jefe : con él fué 
á París y volvió á España : en aquella capital conoció y trató al famoso poeta cómico 
italiano Goldoni : durante su viaje siguió correspondencia con los mas célebres literatos 
que residían en esta corte, Jovellanos, Llaguno, Cean, Forner, Signorelli, Conti. Ya 
había por entonces empezado sus ensayos en la poesia dramática, en la cual había de ser 
en adelante, si no el verdadero restaurador (1) de nuestro teatro, el mas sobresaliente 



(4) Es muy estraño que la Academia de la Historia no se atreva á dar sin rebozo á Moratin 
este honroso titulo, cuando para ella, con arreglo á las ideas acerca del arte dramática que ma- 
nifiesta en este y en todos sus escritos, Moratin es el primer poeta español verdaderamente 

acreedor á él. Y en efecto, si no se le concede á 3Ioralin, ¿para quién le reserva? 

( E DE O. ) 



4 NOTICIA DE LA VIDA 

de cuantos poetas cómicos han unido ol ingenio con el arte. Dos veces entregó al teatro, 
y retiró de él por causas que no son de este lugar, la comedia de El Viejo y ¡a Niña , 
en la que se propuso demostrar los inconvenientes de matrimonios entre personas de 
edad muy desigual. Mas aun no era conocido del público sino por las otras composicio- 
nes ya citadas , y por la Derrota de los pedantes, folleto en prosa , que publicó en 1789 
sin nombre de autor, para ridiculizará ¡os malos poetas de aquel tiempo, siguiendo 
un i)lan bastante conforme al del Viaje al Parnaso del inmortal Cervantes, cuando sa- 
bedor de que el conde de Floridablanca oia con gusto los romances de Marcolini, mú- 
sico de la capilla real, le dirigió otro burlesco pidiéndole alguna merced : y como por 
entonces bubiese compuesto su oda ii la pro<lama( ion de Carlos IV, obtuvo en recom- 
pensa una prcstamera de trecientos ducados en el arzobispado de Burgos , á cuyo titulo 
se ordenó de tonsura en aquel mismo año. Tan escasa renta no podia servir de remedio 
á la mala fortuna de Moratin : pero cambió de repente su situación; porque habiéndole 
dado íi conocer don Francisco IJernabcu y don Luis Godoy á don Manuel , hermano del 
último, este le alcanzó un beneficio en Montoro de tres mil ducados, y una pensión de 
seiscientos sobre la mitra de Oviedo. Mostrándose ya al público en el verdadero puesto 
que le señalaba Apolo, dio al teatro y á la imprenta en 1790 El Viejo y la Niña, y 
en 92 la Comedia nueva , obra no menos ingeniosa que original, y fuerte censura de los 
grandes defectos que afeaban nuestra escena. Kl buen éxito de ambas piezas le hubiera 
sin duda estimulado á no interrumpir en aquel tiempo su carrera dramática, si el deseo 
de observar los teatros estranjeros no le hubiv^sc determinado á pedir licencia para 
viajar. Obtenida , salió de España , y estuvo en Francia , en Inglaterra , en Flandes, en 
Alemania, en la Suiza, y en Italia, cuyas principales ciudades recorrió, fijando su resi- 
dencia en Bolonia. Escribió la relación de su viaje, que conserva manuscrita don Manuel 
Silvela (1), y no puede negarse que le fué muy útil cuanto observó en las diversas re- 
giones por donde anduvo. Vio y detestó las crueldades y horribles máximas de los revo- 
lucionarios de Francia : juzgó con imparcialidad de los ingleses, sin alabarlo ni vitupe- 
rarlo todo con pasión : admiró los preciosos monumentos y las riquezas naturales de 
Italia. Regresó á España á fines de 96 , y después de una larga y penosa navegación 
desembarcó en Algeciras. Apenas salló en tierra, le restauró de sus fatigas anteriores, 
mas que ninguna otra cosa, la noticia de haber sido nombrado en í de octubre secre- 
tario de la interpretación de lenguas por diligencia de don Juan Antonio Melón, Vino 
pues en febrero del año siguiente á Aranjuez y á Madrid á desempeñar su destino, des- 
pués de haber visitado á Cádiz, Sevilla , Córdoba y otros pueblos. Alternó las ocupa- 
ciones de la secretaría con sus tareas literarias : asistía también con frecuencia á la 
tertulia que en casa de don Juan Tineo tenían diversas personas aficionadas á los eslu- 
dios amenos, y á la que llamaba Moratin por zumba sociedad de los Acalófilos , y pa- 
saba asimismo algunas temporadas en Pastrana , donde habia comprado una casa. 
En 1798 imprimió su traducción del Hamlet de Shakspeare con notas, en que le juzga 
conforme á los severos principios de crítica clásica que profesaba. Ciertamente aquella 
traducción exacta pero débil no podia asignarle lugar tan distinguido en la república de 
las letras , como el eminente talento dramático que descubrió en las piezas originales, 
y la belleza de estilo, facilidad y desembarazo en la ejecución de otras compusiciones 
métricas de diversos géneros, que hizo también en diferentes tiempos, parte délas cua- 
les se han impreso, parte dejó inéditas. Bien persuadido se hallaba el gobierno del celo 
con que miraba la corrección del teatro, pues le nombró individuo de una junta erigida 



(1) Don Manuel Silvela falleció en Paris en el año de 4850. En cuanto al manuscrilo de que 
aquí se hace mención, ¡¡inoramos cual sea su paradero, pues á pesar del vivo interés que cier- 
tamente ofrcceria su lectura, ni se ha publicado todavía , ni hay anuncios de que piensen en 
publicarle por ahora los que tienen la dicha de poseerle. 

(E. DE O.) 



DE MORATIN. O 

para reformarle, y después único director de los mismos. Moratin á poco tiempo renun- 
ció lo primero y no admitió lo segundo ; y sin duda obró con acierto , como quiera que 
su índole y su ingenio eran mas á propósito para corregir las ridiculeces de los hom- 
bres en la escena , que para dar providencias que la mejorasen. Lo que principalmente 
contribuyó á su gloria fué la continuación de sus obras dramáticas. En 1823 se repre- 
sentó en el coliseo de la Cruz , notablemente corregida , aumentada y reducida á forma 
mas regular, la comedia de El Barón, compuesta á modo de zarzuela en 1787, la cual 
figura con admirable propiedad los embustes y trápalas de los petardistas metidos 4 
grandes señores. La compañía de los Caños del Peral, ofendida de la preferencia que 
para su representación se habia dado á la de la Cruz, buscó en los enemigos del poeta 
medio de desquitarse ; y sabiendo estos que sobre el mismo argumento se habia com- 
puesto otra comedia con el título de La Lugareña orgullosa, se apresuraron por una 
parte á representarla para oponerla á la de Moratin , y por otra á pagar gente que sil- 
base la de este insigne poeta. Solo sirvieron estas arterías , como era de esperar , para 
asegurar el triunfo del verdadero mérito. La Lugareña orgullosa, pieza que carecía 
de él enteramente , cayó al instante en olvido, y El Barón sobrevivió á los esfuerzos coa 
que habían pretendido desacreditarla. AI año siguiente se representó también en la 
Cruz La Mogigala, escrita muchos años antes, cuyo nombre índica que el autor acome- 
tió en ella á la hipócrita gazmoñería. No se notó el empeño de deslucirla , y al con- 
trarío fué recibida con aplauso , sin que se publicasen acerca de ella mas que algunas 
críticas urbanas y moderadas. En 1806 se representó El Si de las Niñas , cuyo fln mo- 
ral es el de mostrar la influencia de la educación en la elección de estado, y los riesgos 
que se siguen de no dirigir aquella con suma prudencia. Lejos de haber entonces parti- 
dos y aun criticas , obtuvo tan estraordinario aplauso que duraron sus primeras repre- 
sentaciones veintiséis días consecutivos , y acaso hubieran durado mas si por causa 
de la cuaresma no se hubieran interrumpido, y en aquel mismo año se hicieron de la 
pieza cuatro ediciones que se despacharon al instante. Pero los que miraban con envi- 
dia su gloria apelaron para derribarle á otro arbitrio tan bajo como odioso, que si bien 
no logró su efecto por el influjo de Godoy, bastó para que Moratin, de genio tímido y 
aun receloso, abandonase el teatro , inutilizando las apuntaciones que habia hecho re- 
lativas á otras cuatro ó cinco comedias, cuyos planes tenia trazados. Procuró pues ha- 
cer vida retirada sin mas trato que el de sus amigos, y sin mas cuidados que los de su 
secretaria, y el cultivo de un jardincito que habia comprado casi al mismo tiempo que 
una casa en la calle de Fuencarral donde vivía, y mientras tanto iba recogiendo mate- 
riales para componer su obra sobre los Orígenes del teatro español. Nada faltaba 
entonces para colmar los deseos de un hombre sobrio, frugal, sin ambición ni pretensio- 
nes , ni mas inclinación que al ocio de las musas ; pero la suerte le preparaba muy gran- 
des sinsabores y amarguras en medio de continuas agitaciones por la parte de donde 
menos pudiera prever ni aun imaginar. 

Vino el año de 1808, fecundo en acontecimientos de indeleble memoria, preparados 
en el anterior por la entrada de los franceses en la Península y ocupación de sus princi- 
pales fortalezas, y por la causa del Escorial. Cayó el valido de la cumbre de la fortuna : 
subió al trono el príncipe Fernando : fué dolosamente cautivado en Bayona : alzóse 
España para vengar el ultraje hecho á su soberano : venció al enemigo en Bailen, y 
ante los muros de Zaragoza y de Valencia : huyeron los franceses de Madrid al Ebro. 
En medio de aquellos sucesos creyéndose Moratin espuesto por el favor que habia 
debido á Godoy, y sin arbitrio para reflexionar, luego que los franceses evacuaron la 
corte, salió de ella también con su íntimo amigo don José Antonio Conde, y ocultándose 
primero en su casa do Pastrana, se dirigió luego á Vitoria. Efecto de este paso fatal fué 
la conducta que guardó durante la guerra. Volvió pues con los franceses á Madrid á 
fines de aquel año, y se retiró con ellos á Valencia en 1812, desde donde por último se 
refugió en Peñiscola. Pero en honor de Moratin es necesario decir que en su pecho, 
ageno de falsedad y de infidelidad, no tuvo entrada ningún género de traición contra su 



() NOTICIA DK LA VIDA 

patria : slguld maqulnalmente el camino por donde le arrastraba la suerte, y no solo no 
tomó parte activa contra los que defendían los derechos de Fernando VII, ni admitió 
del gobierno intruso otro cargo que el de bibliotecario mayor, el cual ni habia pretendido 
niera capaz de comprometerle , sino que favoreció en cuanto estuvo de su parle ;'i los 
vasallos leales que por su mala ventura caian en poder de los que seguían á Bonaparte. 
En una de estas ocasiones habiendo intercedido por algunos patriotas con don Manuel 
SilvL'la, que era alcalde de corte y vocal de la junta criminal de Madrid, y que des- 
empeñaba con humanidad su encargo, la conformidad de sentimientos entre ambos 
produjo una amistad que fué creciendo de día en día sin haberse desmentido jamas. No 
era posible que en medio de tantas calamidades prosiguiese este, continuamente angus- 
tiado y oprimido, componiendo para el teatro; y asi no obstante las repeti<las instan- 
cias que para ello le hicieron, solo se pudo conseguir que se representase 6 imprimiese 
la Escuela de los Maridos, concluida ya en 1808, y traducción de la que con el mismo 
título habia escrito el célebre 3Ioliere. Ilabía decaído notablemente su renta, y mas aun 
su salud y su espíritu en tan deshecha borrasca, por lo que cansado ya de sufrir inco- 
modidades y trabajos , pensó retirarse á un rincón donde vivir tranquilo lo que le que- 
dara de vida. Llevado de este pensamiento, en lugar de seguir á los franceses, luego 
que se rindió Peníscoia á nuestras armas, huyó de ella y fué á Valencia, ocupada ya por 
las tropas españolas, y se presentó , como hombre á quien no remordía la conciencia de 
ningún delito, al general en jefe. Mas este no viendo en Moratin sino uno que perte- 
necía al partido francés, le trató con rigor, y mandó después de otras providencias 
embarcarle en un falucho que le condujo á Barcelona. Allí le dieron favorable acogida 
el barón de Eróles y el marques de Casacagigal , y asimismo don Francisco Javier de 
Castaños y el marques de Campo Sagrado , capitanes generales que fueron sucesiva- 
mente del principado. Entre tanto la guerra, seguida con encarnizamiento por espacio de 
seis años, en los cuales la nación entera habia hecho heroicos sacriücios para rescatar á 
su monarca, se acercaba á su término. Ya pisaban las tropas españolas el territorio 
francés, ahuyentados del nuestro casi todos los ejércitos enemigos, y por el norte los de 
las potencias coligadas ganando repetidas victorias amenazaban muy de cerca arruinar 
el imperio de Bonaparte. Vino este por fln al suelo : y restituido el rey nuestro señor y 
Luis XVIII á los tronos de sus mayores , se celebró la paz de Paris , descansando Europa 
de las porfiadas contiendas y grandes calamidades de los años anteriores. La tranquilidad 
que de nuevo empezaba A disfrutarse dio ocasión h Moratin para que, agradecido á los 
favores del actor Felipe Blanco, hiciese para su beneficio á fines de 181 í. otra traducción 
de Moliere, á saber : El Médico á palos, tomada de la que intituló aquel ilustre poeta : 
Le Médecin malgré luí. A pesar de todo era su situación tan deplorable que estaba es- 
puesto á perecer de hambre ; pero el rey nuestro señor empezó desde luego á d ispensarle su 
generosa protección. Mandó que se le admitiese al juicio de purificación que solicitaba; 
declaró que Moratin no estaba comprendido en el articulo i" del decreto de 30 de mayo, 
y por repetidas órdenes mandó también que se le pusiese en posesión de los bienes que 
se le hablan secuestrado. No fueron estas las únicas señales de benevolencia que le dis- 
pensó S. M. Los años adelante trató de darle un destino honorífico con buena asigna- 
ción ; pero Moratin, cuyo ánimo habían exasperado los trabajos padecidos, figurándose 
que por todas partes le acometía gente frenética para asesinarle , lo rehusó abiertamente, 
sin que fuesen poderosas á convencerle cuantas razones se le hicieron presentes para 
aquietarle. Los miedos de que siempre andaba agitado le sacaron en tsn de Barcelona, 
donde vivía protegido, estimado y honrado, y donde tenia entrada franca en los teatros, 
que era toda su diversión. Volvió sin embargo en 1820 después de haber pasado algún 
tiempo en Paris con don Juan Antonio de xMelon, y en Bolonia con don Antonio de 
Robles y Moñino. Parecíale sin duda necesario habitar bajo un mismo techo con alguno 
de sus amigos , pues en Barcelona residió también en compañía de don Manuel García 
de la Prada, y cuando la peste los arrojó de allí, separado de este último en Bayona , 
fijó su estancia en Burdeos con don Manuel Sihcla. Desde entonces no pensó ya en 



DE MORATIN. 7 

hacer de ouevo obra alguua, ocupándose solo en concluir y perfeccionar la de los Ori- 
yenes del teatro español, que dejó manuscrita á Silvela, y que compró á este S. M., 
deseoso de que bajo sus auspicios viese cuanto antes la luz pública. En 1824 habia 
vendido su autor las demás á don Vicente González Arnao, y este hizo el año siguiente 
en Paris una edición que comprende la mayor parte de ellas, única reconocida por 
Moratin. En 1827 se trasladó con Silvela á Paris; y allí permaneció con bastante que- 
branto en su salud, ya alterada desde fines de 1825, hasta que sobreviniéndole vómi- 
tos, hipo y fiebre, murió en 21 de junio de 1828, conservando todo su conocimiento 
hasta cinco horas antes de espirar. Dejó por heredera de todos sus bienes á una nieta 
de Silvela, y antes habia cedido á la inclusa de esta corte la casa y huerto de Pastrana, 
y una inscripción de dos mil ochocientos francos, mediante una renta vitalicia , á don 
Julián Aquilino Pérez, y cantidades de dinero muy considerables á varios parientes. 
Tenia Moratin prendas recomendables, y era uno délos escritores quemas honran el 
Parnaso español; pero estando su muerte tan reciente , no queremos anticipar el juicio 
de la posteridad, y solo diremos que jamas olvidarán su nombre cuantos amen la bella 
literatura. Fué igual en ingenio, y superior en buen gusto á su padre don Nicolás, 
cuya memoria cuidó de perpetuar como buen hijo en el prólogo y vida que con las poe- 
sías del mismo publicó en 1821 en Barcelona. 



PROLOGO. 



Hasta ahora no se ha escrito una historia del teatro espaflol : la molesta 
fatiga de buscar los documentos relativos á él desde su origen hasta fines del 
siglo XVI ha debido retraer á muchos, que por su talento y su buen gusto 
hubieran sabido desempeñar esta empresa difícil- 

La maravillosa abundancia de autores dramáticos en el siglo XVII , y el 
crecido número de sus obras , añaden á la necesidad de conocerlos la de clasi- 
ficarlos, compararlos y juzgarlos con la rectitud que pide la buena crítica. 

Cultivada en el siglo anterior y en lo que va del presente la poesía teatral , 
siguiendo unos el ejemplo délos que les habían precedido, y ateniéndose otros 
á los principios que conoció la antigüedad y ha restablecido el gusto moderno, 
se hace indispensable un estudio particular para distinguir el mérito respectivo 
de obras que pertenecen á escuelas tan opuestas entre sí. TSi es conveniente 
para este examen aprovecharse de lo que juzgaron los coetáneos acerca de ellas : 
porque en el choque de las opiniones que sostenían , muchas veces dirigió su 
pluma la parcialidad, y muy pocas la inteligencia. 

Por otra parte el inílujo que han tenido siempre en las producc'ones litera- 
rias el sistema del gobierno, el gusto de la corte, el método de estudios, la 
política y las costumbres, obligará á quien se proponga escribir la historia de 
nuestro teatro á buscar el origen verdadero de sus progresos ó su decadencia ; 
y esta indagación está sujeta á las restricciones que imponen el respeto debido 
á la autoridad, y las demás circunstancias del tiempo en que se escribe. 

Cuanto escribieron nuestros mejores bibliógrafos acerca de la dramática es- 
pañola no pasa de algunas indicaciones sueltas', traídas por incidencia , dimi- 
nutas , mal ordenadas , y no capaces de satisfacer la curiosidad de los que 
desean una historia de nuestro teatro. Los segundos copiaron á los primeros , 
y los últimos nada han añadido de particular , repitiéndose por consiguiente 
las equivocaciones , la falta de plan y de verdad histórica y crítica que se ad- 
vierte en tales escritos. Llegó el tiempo de las apologías , y apoyados los de- 
fensores de nuestro crédito literario sobre tan débiles fundamentos, compusie- 
ron libros enteros llenos de sofismas y errores, hablaron largamente del teatro , 
clasificaron obras que jamas habían visto , y manifestaron cuanto carecían 
(por la clase de estudios que habían tenido, por el estado que profesaban, y 
por el lugar en que escribían) de los ausilios y de la inteligencia que hubieran 
sido menester para que el desempeño hubiese correspondido á su celo laudable. 

¿Qué pudieron hacer los estranjeros cuando quisieron decir algo de nuestra 
poesía escénica, sino repetir las pocas noticias que hallaron esparcidas en 
algunos libros, ó cortar la dificultad diciendo que la literatura española es una 
pobre mina, que no paga el trabajo del beneficio? Asi han creído algunos de 
ellos disimular con un desatino el orgullo de su ignorancia. 



ÍO PRÓLOGO. 

Falta pues á la cultura de nuestra nación una historia crítica de su teatro , 
empresa tan superior á mis débiles fuerzas, que nunca tuve el atrevimiento de 
intentarla. No obstante habiéndome aplicado desde mi juventud á reunir y 
ordenar cuantas noticias pude adq irir acerca de esto así en España como fuera 
de ella , me persuadí de que podria ya formar con lo que tenia escrito una obra 
(que hoy presento al público) en que ¡lustrase los orígenes del teatro español. 

IVo intento recomendar mi trabajo, ponderando la constante diligencia que 
supone la adquisición de materiales que forman este libro, la lectura que me 
ha sido necesaria para ilustrarle, la meditación que ha precedido á mis dictá- 
menes, y el empeño nunca desmentido de hallar la verdad, rectiGcar las equi- 
vocaciones de los que me habian precedido, juzgar por mí propio, y presentar 
á los inteligentes un resumen critico en que manifiesto cual fué el origen de 
nuestra escena , cuales sus progresos, y cuales las causas que influyeron en las 
alteraciones que padeció, hasta que Lope de Vega las autorizó con su ejemplo. 
Este es en compendio el plan del Discurso histórico que precede á todo lo 
demás. 

En las notas que le acompañan creo haber dado las pruebas de cuanto en él 
se afirma con autoridades irrecusables, mediante las cuales se aclaran muchos 
puntos pertenecientes á nuestra antigua literatura mal entendidos hasta ahora, 
ó del todo ignorados. 

Sigue á esto un catálogo histórico y crítico de piezas antiguas, el primero 
que se ha publicado de este género. En él se da razón de mas de ciento y sesenta 
composiciones dramáticas, todas, anteriores al tiempo en que Lope de Vega 
comenzó á escribir. Hablo del mérito de las que he tenido á la vista , hago 
mención dp sus bellezas y sus defectos , cito á la letra los pasages mas sobresa- 
lientes de muchas de ellas , y no me olvido de copiar aquellos que merecen se- 
vera censura. Sé muy bien como se desacredita una obra escelente , citando solo 
sus faltas , y como se recomienda otra de poquísima estimación , entresacando de 
ella los j)asagos en que el autor, sin mérito suyo, acertó por casualidad; pero 
he querido apartarme de uno y uiro estremo. No he querido hacer ni una apo- 
logía, ni una acriminación de nuestro teatro, sino una historia crítica de sus 
orígenes, presentándole tal como fué durante la época á que me he querido 
ceñir. Acompaña al examen de las obras la noticia de muchos de sus autores. 
Los estranjeros mas que nosotros necesitan esto para salvar las equivocacio- 
nes que frecuentemente han padecido en sus atropellados diccionarios biográ- 
ficos. En el orden que he dado á las piezas se observará toda la exactitud de 
que es susceptible , habiéndole sujetado á la autoridad de escritores los mas 
inmediatos que hablaron de ellas, á las fechas conocidas de sus primeras edi- 
ciones , y á las épocas en que pudieron ser escritas y representadas , según lo 
que resulta de la vida de sus autores, y las indicaciones que he sacado de la 
lectura de las mismas piezas. La mayor parte de las fechas que les he puesto 
es de una absoluta certeza : lo restante , de una probabilidad la mas verosímil. 
En este catálogo solo se incluyen las piezas dramáticas que se representaron o 
pudieron representarse en los teatros de la nación privados ó públicos : no se 
habla de las obras que con el título de comedias, tragedias, tragicomedias, 
fueron tan abundantes en el siglo XVI , que componen crecidos volúmenes , y 
nunca se hicieron para representarse , ni es posible hacerlo. A escepcion de 
la Celestina, origen primero de esta clase de composiciones , á quien la prosa 



PRÓLOGO. 11 

y diálogo castellano debieron conocidos adelantamientos , se ha omitido hablar 
de las otras , porque no siendo obras de teatro, piden una clasificación distinta, 
y no conviene mezclarlas con las que se hicieron para representarse en él. De 
estas hablo esclusivamente , de las otras no. He mezclado las obras de los poe- 
tas dramáticos que vivian y componían en un mismo tiempo , para evitar el 
retroceso de los años y la confusión que necesariamente hubiera producido. 

A continuación del catálogo sigue una colección de piezas de teatro, ele- 
gidas según me pareció conveniente para presentar lo mas digno de aprecio 
que nos queda de nuestros antiguos dramáticos así en prosa como en verso , 
y en todos los géneros que se cultivaron entonces. Las únicas alteraciones 
que he practicado en ella han sido poner título á algunas piezas que no le te- 
nían, indicar el lugary las mudanzas déla escena, dividir en actos dos come- 
dias para hacer mas perceptible la regularidad de su fábula, suprimir algunas 
líneas del diálogo, ó por ser enteramente ocioso lo que en ellas se dice, ó por- 
que la oscuridad del sentido anuncia desde luego que el impresor estropeó 
por descuido, ó no llegó á entender el original que copiaba. Esto es lo que me 
ha parecido no solo lícito , sino necesario ; pero á esto solo he reducido las 
alteraciones y las enmiendas. El testo que presento es todo de los autores ; no 
hay ni una sílaba añadida a lo que ellos escribieron. Fácil me hubiera sido 
hacer una colección mas crecida , incluyendo en ella otras piezas de mérito , 
pero he creído que para desempeñar el fin que me propuse , la que he formado 
será suficiente. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



El origen de los teatros modernos debe considerarse posterior á la 
formación de las lenguas que hoy existen en Europa; si se les quiere 
atribuir mayor antigüedad, seria confundirlos con el teatro latino. 
Este acabó cuando las naciones sujetas antes al imperio de Roma y des- 
pués á los bárbaros, corrompida la lengua latina, formaron dialectos 
diferentes, variándolos según la influencia física de los climas que ha- 
bitaban , y según la que pudieron ejercer en el régimen y propiedad , 
en la acepción y pronunciación de los vocablos , ó en la introducción 
de otros nuevos las gentes advenedizas que se mezclaron y confundie- 
ron con ellas. 

Los visogodos (1), que por espacio de tres siglos dominaron nuestra 



(1) Al empezar el siglo V ocuparon los 
visogodos una parle de España , y en los 
sucesivos (vencidas otras naciones bárba- 
ras) la dominaron toda. Cuando entraron 
en ella hablaban con mas ó menos propie- 
dad la lengua latina , puesto que habia ya 
mas de medio siglo que atravesando el 
Danubio se hablan establecido en varias 
provincias del imperio, primero en calidad 
de refugiados, después como aliados, y por 
último como enemigos y conquistadores. 
La mayor parte de la nobleza gótica habia 
recibido su educación entre los romanos. 
Así es que cuando llegaron á internarse en 
España, su lengua y sus costumbres eran 
las mismas que tenian los pueblos ven- 
cidos. 

Los autores españoles que florecieron 
durante la monarquía gótica pertenecen 
esclusivamente á la baja latinidad. Justi- 
niano. Lipidio, Justo, Nebridio , Aprigio, 
Luciano , Severo , Eutropio , Leandro , 
Juan Biclarense, Fulgencio, Máximo, Isi- 
doro, Balgasano, Sisebuto, Artuago, Paulo 
Emeritense, Braulio , los dos Eugenios, 
Fructuoso , Ildefonso , Orencio , Tajón , 
Juliano , Valerio ; todos escribieron en 
latin. 



Como los doctos y el vulgo tenian un 
mismo idioma con la sola diferencia de 
que los unos le cultivaban en sus escritos 
con la pureza que les era dable, en tanto 
que la multitud le iba corrompiendo cada 
vez mas, no es de admirar que no se 
conserve ni un solo documento de la len- 
gua gótica. Ha sido estudio particular de 
algunos eruditos reunir los vocablos que 
nos quedan de ella, y no hay mas que 
añadir á sus investigaciones. 

Pudieran acumularse citas sin número 
en apoyo de cuanto se acaba de decir. 
D. Tomas Sánchez redujo á estas pocas 
líneas una aserción tan autorizada y tan 
evidente : « Cuando entraron en España 
« los godos y demás naciones del Norte , 
« era vulgar y casi universal en todo 
« nuestro continente la lengua latina in- 
« troducida por los romanos. Pero como 
«los godos que le dominaron después no 
« aspiraron á introducir la suya, seconfor- 
« marón con la de los romanos vencidos , 
« introduciendo en la latina muchos voca- 
« blos de la gótica, dejando indeclinables 
« los nombres porque lo eran en su idio- 
« ma. Este fué el principio de la corrup- 
« cion de la lengua latina en España, y el 



14 



DISCURSO HISTÓRICO. 



península, no nos dejaron otras reliquias de su lenguaje primitivo 
que algunas palabras , y en tan corto número , que no componen la 
milésima parte del nuestro, debiendo añadirse á ellas el uso de los 
artículos, lo indeclinable de los nombres, y alguna otra alteración 
gramatical. Ni en códices, ni en monedas, ni en mármoles se halla 
ningún vestigio gótico : casi todo se habló y todo se escribió en latin. 

Este idioma , conservado en las obras estimables de los sabios que 
florecieron en aquella edad, fué corrompiéndose con mucha rapidez en 
boca del pueblo , y no es ñicil averiguar cómo le hablaba al empezar 
el siglo VIL Baste decir que si se representaron piezas dramáticas en 
España durante la dinastía de los visogodos (1), debieron escribirse en 
el lenguaje que usaba la multitud; mezcla informe del latin que ya se 
perdía , y del romance que se iba formando. 

Conquistada España por los árabes en el siglo VIH, y empezada en 
el mismo su recuperación, el idioma vulgar fué apartándose cada vez 



« origen del romance que ahora usamos. » 
Solo el deseo de opinar al revés de 
cuanto han dicho los demás pudo deter- 
minar al traductor del lílair á decir que 
« la lengua castellana es de origen godo : 
« admitió con el tiempo vocablos latinos.» 
Debe leerse precisamente lo contrario. 
« La lengua castellana es de origen latino: 
«admitió con el tiempo vocablos godos. » 
(1) Las naciones bárbaras del Norte que 
invadieron á Europa, disfrutaron en Es- 
paña, como en todas las demás provincias 
del imperio romano, de los espectáculos 
del anfiteatro, del circo y de la escena que 
hallaron establecidos ; y ademas de los 
teatros de madera que se construian en 
ocasiones particulares , existían usuales 
todavía los que habia de piedra en las 
principales ciudades de nuestra península : 
tales eran los de Sagunlo, Acinipo, Car- 
teya , Emérita Augusta , y otros que yacen 
hoy desconocidos en sus ruinas. 

Desde el sfglo IV en que el concilio ili- 
beritano hizo mención de los aurigas, pan- 
tomimos y cómicos, hasta el VII en que 
todavía existían, se advierte la continua- 
ción de los espectáculos que los godos adop- 
taron y sostuvieron. San Isidoro en sus 
Orígenes, lib. 18, cap. 41 y 59, exhorta álos 
cristianos á que se abstengan de las fiestas 
del circo, del anfiteatro y de la escena: 
lugares que según lo espresa aquel santo 
doctor infectaba todavía la superstición 



gentílica , y ofrecían á los ojos pompas y 
vanidades mundanas, crueldades feroces, 
imágenes de lascivia y torpezas abomina- 
bles. Por los años de 620 Sisebuto « depuso 
«á Ensebio, obispo de Barcelona, é hizo 
« poner otro en su lugar, como se entiende 
« por las mismas cartas suyas. La causa 
« que se alegaba fué que en el teatro los 
« farsantes representaron algunas cosas to- 
« madas de la vana superstición de los dio- 
ce ses que ofendían las orejas cristianas. 
«Esta pareció por entonces culpa bastante 
« por haberlo el obispo permitido. » Asi 
refiere Mariana esta anécdota en su Histo- 
ria general de España , lib. 6. 

Resulta de aqui que noventa años antes 
de la irrupción de los árabes duraban en 
España los espectáculos del teatro, y puede 
inferirse con toda verosimilitud que conti- 
nuaron hasta que Rodrigo perdió en Jerez 
la corona y la vida. Esclava la nación en 
poder de los agarenos, solo una pequeña 
parte de ella conservó su libertad al abrigo 
de montañas inaccesibles : desde allí fué 
dilatando progresivamente sus conquistas, 
y durante algunos siglos no conoció mas 
ocupaciones que la de pelear, ni mas artes 
que las necesarias á la guerra. Si en alguna 
de las naciones de Europa cesaron del todo 
las diversiones de la escena, ninguna tuvo 
como la nuestra tanto motivo de abando- 
narlas. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



15 



mas de su origen primero , y enriqueciéndose con palabras, frases y 
modismos arábigos. Las conquistas fueron dilatándole por los paises 
que los cristianos iban ocupando , y la prosa castellana fué adquiriendo 
sucesivamente corrección , propiedad y copia de palabras hasta que se 
halló capaz de vulgarizar en ella las leyes y la historia. 

La poesía (1) , siguiendo los progresos de la lengua , imitó por 
aproximación la medida de los versos latinos, suplió la falta de canti- 
dad con el uso de los consonantes , y acompañada algunas veces de la 
música y otras sin ella, sirvió para celebrar las alegrías privadas y pú- 
blicas , ó para recomendar á la posteridad las virtudes cristianas de 
los santos , ó las acciones heroicas de los príncipes y capitanes. 

Ademas de estas composiciones sagradas y profanas había otras mas 
cortas , cantadas al son de instrumentos por los ijoglares y yogíaresas (2), 



(1) El primer poema castellano de los 
que hoy se conservan es el del Cid, escrito 
por desconocido autor á mitad del siglo XII, 
como lo manifiesta su misma rusticidad. 
En él todo es deforme : el lenguaje, el estilo, 
la versificación y la consonancia. La úni- 
ca regularidad que se advierte ( y no es 
plausible en un poema) es la de haber se- 
guido en su narración el orden de los su- 
cesos según los refiere la historia. 

El clérigo Joan Lorenzo , natural de 
Astorga, escribió por los años de 1250 un 
poema de la vida de Alejandro siguiendo 
en general la narración de Quinto Curcio, 
añadiendo á veces circunstancias y hechos 
fabulosos que halló en otros autores. El 
lenguaje de Joan Lorenzo es ya mucho 
mascullo que el del poema del Cid, la ver- 
sificación mas sonora, la consonancia mas 
exacta. 

Por el mismo tiempo floreció el presbí- 
tero Gonzalo de Berceo , que compuso en- 
tre otras obras poéticas la vida de santo 
Domingo de Silos, la de san Millan, la de 
santa Oria y el martirio de san Lorenzo. En 
ellas, ciñéndose con poca invención al 
asunto histórico que se habia propuesto 
desempeñar, manifestó ilustrado talento, 
sencillez, fácil abundancia, y tan puro y 
religioso candor (no desnudo de gracia en 
el estilo ni de armonía en los versos), que 
puede contarse entre los que ilustraron el 
primitivo Parnaso castellano como el mas 
digno cantor de la devoción y la virtud : 
sus versos anuncian la inocencia de sus 
costumbres. ¿Quién hay que los lea sin 



prendarse del poeta que los compuso? 

Alfonso X , llamado con sobrada razón 
el Sabio, entre varios monumentos que nos 
dejó de su literatura escribió algunas com- 
posiciones poéticas en castellano y en 
gallego, y las que dedicó á celebrar los mi- 
lagros de la Virgen se conservan con la mú- 
sica que les puso él mismo. Asi se cantaron 
durante algunos años en la catedral de 
Sevilla. 

Séame licito con este motivo esponer mi 
opinión acerca del Libro de las Querellas, 
y el de El Tesoro. No creo que estas com- 
posiciones sean de Alfonso X. Cualquiera 
que tenga conocimiento de los progresos de 
la lengua y poesía castellana les dará dos 
siglos menos de antigüedad. Si las coleja 
con las demás obras en verso de aquel rey 
bailará mas fundada esta aserción, y si 
reQexiona que se hallaron entre los ma- 
nuscritos del marques de Villena, sospe- 
chará quién pudo ser el verdadero autor, 
y á cual época pertenecen. 

Hecha ya mención de los primeros au- 
tores de nuestra poesía vulgar, no es de mi 
propósito continuar la serie de todos ellos. 
Velazquez habló de esto, y después de él 
don Tomas Sánchez añadió cuantas noticias 
pudo adquirir su diligencia. 

(2) Juglar, del latin j ocular is , músico 
de instrumento y voz, pantomimo y repre- 
sentante. La primera indicación que he 
podido hallar acerca de los juglares en Es- 
paña , se encuentra en la crónica general, 
en donde hablándose del casamiento de las 
hijas del Cid con los condes de Carrion 



IG DISCURSO HISTÓRICO. 

gentes que hacían profesión de la música , del baile y la pantomima gra- 
ciosa ó ridicula , con lo cual ganaban la vida entreteniendo al pueblo. 
También acudian á las casas particulares y á los palacios, donde ejer- 
cían sus habilidades á presencia de los reyes y de su corte. No hay que 
buscar el principio de esta costumbre, que se pierde en la oscuridad 
de los siglos. La combinación de los sonidos agradables, el canto, la 
risa, la danza, la imitación de la figura , gesto , voz y acciones caracte- 
rísticas de nuestros semejantes son tan geniales en el hombre , que en 
todas las edades y en todos los países habitados se encuentran mas ó 
menos perfeccionados por el arte. 

lian sido inúiiics hasta ahora las investigaciones de los eruditos, que 
se lisonjearon de hallar entre las poesías de los árabes ó de los pro- 
venzales el origen de los teatros modernos de Europa, y por consi- 
guiente del nuestro. 

Los árabes, asi los que se estendian por el Oriente, África, Italia y 
las islas del Mediterráneo, como los que hicieron á Córdoba capital de 
su imperio en España, cultivaron con éxito feliz las ciencias naturales, 
la medicina, las matemáticas y la historia. En la poesía nada hicieron , 
fuera de los géneros narrativo, descriptivo, amoroso, encomiático y 
satírico; desempeñando sus argumentos en poemas cortos , llenos por 
lo común de metáforas, traslaciones y enigmas, de acrósticos, labe- 
rintos, antítesis, paronomasias y equívocos. Los diálogos sin acción 
que se hallan entre sus composiciones poéticas no pertenecen al gé- 
nero dramático (1). 



(que debió ser hacia el año de 1098), se re- 
fiere que los juglares inlervinieron en las 
fiestas celebradas en Valencia con aquel 
motivo. 

Lo mismo se verificó después cuando el 
Cid casó otra vez á sus hijas con D. Rami- 
ro, infante de Navarra, y D. Sancho, in- 
fante de Aragón , según refiere también la 
citada crónica. 

En un privilegio dado en Burgos por Al- 
fonso VII en el año de 1136 firma entre 
otros un juglar con estas palabras : Pallea 
juglar confirmat. 

En los siglos posteriores se hace fre- 
cuente mención de los juglares, y á este 
fin pueden verse las Leyes de Partida, 
las Obras de Berceo y Joan Lorenzo, el 
manuscrito de cuentas de Sancho IV, la 
Historia de los reyes de Aragón porMon- 
taner, El conde Lucanor, las Obras del 
Arcipreste de Ilita , la Historia del mo- 
nasterio de Sahagun, el Ceremonial del 



rey D. Pedro de Aragón, y las noticias 
que el P. Liciniano Saez sacó del archivo 
de Contos de Navarra. 

La cita mas reciente que ha llegado á 
mi noticia relativa á juglares, es la que 
copió D. Tomas Sánchez del Cancionero 
de Baena, en donde se incluye una cantiga 
del poeta Villasandino hecha « por ála- 
te bauza é loores de la redundante ciudad 
« de Sevilla, é presentóla en cavildo 6 fizóla 
« cantar con juglares delante de los oficia- 
« les, é ellos mandáronle dar en aguinaldo 
«cient doblas de oro por esta cantiga.» 
Refiérese esto á los principios del siglo XV, 
durante el cual, aunque las habilidades de 
los juglares permanecieron, la denomina- 
ción se fué olvidando y llegó á faltar ente- 
ramente en el uso común del idioma des- 
pués de haber durado en él por espacio de 
mas de cuatro siglos. 

(1) Nasarre dijo en el prólogo á las co- 
medias de Cervantes : « Los árabes y mo- 



DISCURSO HISTÓRICO. 



47 



Los provenzales, con un idioma mucho mas pobre sin comparación 
que el de los árabes , no instruidos como ellos en el conocimiento de 
las ciencias , pero dotados de una imaginación fecunda (no estraviada 
fuera de los términos justos , no viciada con ornatos pueriles), y mo- 
vida igualmente por los poderosos estímulos del heroismo y del amor, 
cultivaron un género de poesía que les fué peculiar, y perfeccionán- 
dose después con el estudio de la antigüedad y el uso de la buena crí- 
tica , llegó á ser común á todas las naciones modernas (1). Las ciudades 
de Tolosa, Aviñon, Aix, Bessieres, Barcelona y Tortosa fueron cé- 
lebres por el estudio déla gaya sciencia (2), en que se ocuparon sugetos 



« ros fueron en las representaciones con 
«hechos, gestos y palabras muy escelen- 
« tes , ayudados del genio poético y ele- 
« gante lenguaje de su nación, como se 
« hará ver cuando se publiquen las reli- 
«quiasde su literatura, que por felicidad 
« grande se han hallado poco ha en la fa- 
« mosa librería del Escorial , y aun sin 
« ellas se puede probar con nuestras histo- 
« rias. » Lo cierto es que en nuestras histo- 
rias nada se halla que autorice tal opinión. 
En el Escorial no existe ninguna composi- 
ción de teatro escrita por los tirabes. Casiri, 
que publicó la Biblioteca arábiga escuria- 
lense, ni vio ninguna ni adquirió siquiera 
la noticia de que entre los árabes se culti- 
vase este género de poesía. Jam vero 
árabes europceorum more nec tragosdias 
nec comoBdias agunt; an vero scripse- 
rint , altuní apud scriptores silentium. 
El erudito D. José Antonio Conde, á quien 
merecí la mas cordial amistad y confianza, 
me aseguró repetidas veces que entre los 
muchos manuscritos que había leído y es- 
tractado para la formación de su Historia 
de los árabes en España, no habia en- 
contrado el menor indicio de que en aquella 
nación se hubiese conocido nunca la poesía 
teatral. 

(1) No es dudable que la poesía italiana 
trae su origen de la provenzal ó lemosina. 
En cuanto á la nuestra podemos asegurar 
que tuvo el mismo principio luego que 
abandonó la imitación latina. De esta opi- 
nión fué el marques de Santillana, el cual 
dijo: «Extendiéronse, creo, de aquellas 
« tierras y comarcas de los lemosinos estas 
« artes á los gállicos, é á esta postrimera é 
« occidental parte que es la nuestra España, 



« donde asaz prudente é fermosamente se 

« han usado Los catalanes , valencianos 

« y aun algunos del reino de Aragón fueron 
« é son grandes oficiales de esta arte, ... Ovo 
« entre ellos de señalados hombres, así en 
« las invenciones como en el metrificar. » 

D. Luis Velazquez dijo : « Los poetas 
« provenzales de España de que tenemos 
« noticia suben hasta el siglo XL En él 
« vivia D. Pedro I de Aragón, si acaso es á 
« él y no á D. Pedro II á quien deben atri- 
« huirse los versos provenzales de que ha- 
« bla Guillermo Castel. En el siglo XII los 
« hizo D. Alfonso I de Aragón , » y continua 
nombrando algunos célebres poetas catala- 
nes y valencianos que cultivaron la poesía 
en lenguaje lemosino hasta el siglo XVI. 
A estas noticias deben añadirse las que re- 
cogió D. Tomas Sánchez relativas al mismo 
propósito. 

Los trovadores de Castilla escribieron en 
su propia lengua imitando á los provenza- 
les y adoptando la medida y colocación de 
sus versos. Los aragoneses compusieron 
algo en lemosino, y la mayor parte en cas- 
tellano, que era su idioma natural . Los por- 
tugueses en el suyo siguieron también la 
misma escuela, es decir que el gusto, la 
versificación y el lenguaje provenzal fueron 
generales en Cataluña y en Valencia ; pero 
los aragoneses, portugueses y castellanos 
cultivaron esclusivamente la suya introdu- 
ciendo en ella las formas poéticas que to- 
maron de los provenzales. 

(2) Desde el siglo XII empezaron á flo- 
recer en la parte meridional de Francia 
muchos trovadores cultivando la poesía 
que se llamó provenzal. Dueños los rondes 
de Barcelona de grandes estados á la otra 



18 



DISCURSO HISTÓRICO. 



muy ilustres para celebrar amores y victorias, y amenizar las diver- 
siones cortesanas con los frutos del ingenio, de la sensibilidad y la 
armonía. Estos poetas, que se llamaron trovadores, llegaron á for- 



parte de los Pirineos, fácilmente pasó á 
Cataluña el gusto de vcrsiíicar, siendo una 
misma la lengua vulgar en una y otra 
parte , la cual en lo sucesivo se eslcndió á 
Valencia conquistada par el rey D. Jaime I . 

En el libro (pie escribió el maniues de 
Villeiia de la Gaya scicncia, liablando de 
los progresos que hizo en la corona de Ara- 
gón, dice: « El rey D.Juan de Aragón pri- 
« mero de este nombre , íijo del rey D. Pe- 
« dro II, fizo solemne embajada al rey de 
« Francia pidiéndole mandase al colegio de 
« trovadores que viniese á plantar en su 
« reino el estudio de la gaya sciencia , é ob- 
«tóvolo, é fundaron estudio della en la 
« cibdad de Barcelona dos mantenedores 
«que vinieron de Tolosa |)ara esto, orde- 
« nándolo de esta manera : Que oviese en 
« el estudio ó consistorio de esta sciencia 
« en Barcelona cuatro mantenedores : el 
« uno caballero , el otro maestro en teolo- 
«gía, el otro en leyes, el otro honrado 
« cibdadano; é cuando alguno de estos fa- 
« lleciese, fuese otro de su condición ele- 
« gido por el colegio de los trovadores é 
« confirmado por el rey. 

«En tiempo del rey D. Martin su her- 
« mano fueron mas privilegiados é acres- 
« Gentadas las rentas del consistorio para 
« las despensas facederas , asi en la repara- 
« cion de los libros del arte é vergas de 
« plata de los vergueros que van delante de 
« los mantenedores ó sellos del consistorio, 
« como en las joyas que se dan cada mes é 
" para celebrar las fiestas generales, é ficié- 
« ronse en este tiempo muy señaladas obras 
" que fueron dignas de corona. 

« Después de muerto el rey D. Martin 
« por los debates que fueron en el reino 
« de Aragón sobre la sucesión , ovieron de 
'( partir algunos de los mantenedores é los 
« principales del consistorio para Tolosa, y 
(( cesó lo del colegio de Barcelona. 

« Las materias que se proponían en Bar- 
« celona estando allí D. Enrique (habla de 
« si mismo), algunas veces loores de sánela 
« María, otras de amores é de buenas cos- 
<f lumbres. É llegado el dia prefigido ron- 



(' gregábanse los mantenedores é trovado- 
<( res en el palacio donde yo estaba , y de 
(( allí partíamos ordenadamente con los 
« vergueros delante , é los libros del arte 
« que traían y el registro ante los mantene- 
« dores; é llegados al dicho ca|)itol, que ya 
« estaba aparejado é emparamentado de 
« paños de pared al derredor é fecho un 
« asiento de frente con gradas en donde 
« estaba D. Enrique en medio é los mante- 
« nedores de cada parte , é á nuestros pies 
« los escribanos del consistorio , é los ver- 
« güeros mas abajo, c el suelo cubierto de 
« tapicería é fechos dos circuitos de asientos 
« donde estaban los trovadores, é en medio 
« un bastimento cuadrado tan alto como un 
« altar cubierto de paños de oro, é encima 
« puestos los litros del arte é la joya , é á la 
(( man derecha estaba la silla alia para el 
« rey, que las mas veces era presente , 6 
« otra mucha gente que se ende allegaba : 
<( é fecho silencio levantábase el maestro en 
(< teología que era uno de los mantenedo- 
«res, é facía una presuposición con su 
« tema y sus alegaciones y loores de la 
« gaya sciencia é de aquella materia de 
« que se había de tratar en aquel con- 
«sistorio, é tornábase á sentar. É luego 
(( uno de los vergueros decia que los trova- 
« dores allí congregados espandiesen y pu- 
« blícasen las obras que tenían hechas de 
«la materia á ellos asioada; ó luego le- 
« yantábase cada uno é leia la obra que 
« tenia fecha, en voz inteligible, é traíanlas 
«escritas en papeles damasquinos de dí- 
te versas colores con letras de oro é de 
« plata, é iluminaduras fermosas lo mejor 
« que cada uno podía; é desque todas eran 
« publicadas, cada uno las presentaba al 
«escribano del consistori.. 

« Teníanse después dos consistorios, uno 
«secreto y otro público. En el secreto fa- 
« cían todos juramento de juzgar derecha- 
« mente sin parcialidad alguna según las 
«reglas del arte, cual era mejor de las 
« obras allí esaminadas é leídas puntuada- 
« mente por el escribano. Cada uno de 
« ellos apuntaba los vicios en ella cometí- 



DISCURSO HISTÓUICO. 10 

mar colegios y academias : algunos recitaban y cantaban sus propios 
versos , otros fiaban este encargo á los músicos ; pero nada se halla 
entre las obras que se conservan de ellos que pueda llamarse teatral. 
Las trovas, ditados, villanescas, tensiones, serventesiosyotras piezas 
que se escribieron entonces , no son de la clase de poemas activos que 
pide la escena. Es pues inútil buscar en la poesía de los árabes ni de 
los provenzales los orígenes del teatro moderno. 

Italia fué la primera nación de Europa que después de la dominación 
de los bárbaros (cuyas últimas dinastías desaparecieron á vista de las 
armas vencedoras de Carlomagno ) empezó á cultivar las letras y re- 
novar las perdidas artes. Muchas circunstancias políticas contribuye- 
ron á su opulencia y su ilustración durante los siglos XI, XlIyXIÍI. 
Venecia frecuentaba todos los puertos del Mediterráneo, trayendo por 
Alejandría los frutos de Asia; y desde Istria, Dalmacia y las islas que 
ocupó en el Archipiélago, amenazaba con sus ejércitos y sus naves á la 
capital del imperio de Oriente. Pisa, Florencia, Padua, Gremona, Luca, 
Siena, Genova y otras ciudades apellidaron libertad , y la sostuvieron 
con varia fortuna, haciéndose florecientes por el comercio con el au- 
silio de la política y las armas. Bolonia empezó á ser docta ; Milán , re- 
naciendo de sus ruinas, adquiría el nombre de espléndida; Amalfi se 
enriquecía con el tráfico y la industria , y Roma , después de algunos si- 
glos en que fué común la ignorancia, gobernada ya por sabios pontí- 
fices, anadia á las donaciones de Pepino y de la condesa Matilde los 
tesoros que con ocasión de las novedades introducidas en la disciplina 
eclesiástica empezaban á llevarle los negocios de todo el orbe católico. 
Las cruzadas , llevando al Oriente numerosos ejércitos , contribuían á la 



« dos , é señalábanse en las. márgenes de 
« fuera. E todas asi requeridas , á la que 
«era bailada sin vicio, ó á la que tenia 
« menos , era juzgada la joya por los votos 
« del consistorio. 

« En el público congregábanse los man- 
« tenedores é trovadores en el palacio, 6 
« D. Enrique partia dende con ellos como 
« está dicho para el capítulo de los frailes 
« predicadores ; é colocados é fecho silencio, 
« yo les facia una presuposición loando las 
«obras que ellos habian fecho, é decla- 
« rando en especial cual de ellas merescia 
« la joya, é aquella la traia ya el escribano 
« del consistorio en pergamino bien ilumi- 
« nada é encima puesta la corona de oro y 
« firmábalo D. Enrique al pié, é luego los 
«mantenedores, é sellábala el escribano 
« con el sello pendiente del consistorio é 



« traia la joya ante D. Enrique, é llamado 
« el que tizo aquella obra , entregábale la 
«joya é la obra coronada por memoria, la 
« cual era asentada en el registro del con- 
« sistorio, dando autoridad é licencia para 
« que se pudiera cantar é en público decir. 
«É acabado esto tornávamos de allí á 
«palacio en ordenanza, é iba entre dos 
« mantenedores el que ganó la joya , é lle- 
« vábale un mozo delante la joya con mi- 
« nistriles y trompetas, é llegados á palacio 
« hacíales dar confites y vino; é luego par- 
« tian dende los mantenedores é trovadores 
«con los ministriles é joya acompañando 
« al que la ganó fasta su posada, é mostrá- 
« base aquel aventage que Dios y natura 
« ficieron entre los claros ingenios é los 
« obscuros. » Orígenes de la leiKjua es- 
pañola , por Mayans. 



20 



DISCURSO HISTÓRICO. 



prosperidad de la Italia , que suministraba en sus ciudades y sus puer- 
tos las armas, las provisiones y los transportes necesarios á una espe- 
dicion malograda y repetida tantas veces. Los mercados y las ferias que 
se celebraban frecuentemente, propagaron la abundancia y el lujo, y 
con él las fiestas y las diversiones públicas. Solemnizábanse con mag- 
nificencia los desposorios de sus principes (1), sus paces y coronacio- 
nes, en las que se llamaron Corti bandiie; y todas estas causas dando 
estímulos al carácter nacional, produjeron una multitud de juglares, 
bufones, truhanes, mimos, bailarines, músicos y cantores , que acu- 
dian adonde los llamaba la ocasión del interés y del aplauso. 
Entonces empezaron á renovarse ( si del todo se habian perdido ) (2) 



(1) El docto Muralori en sus diserta- 
ciones sobre las antigüedades de Italia nos 
da una idea de la pompa espléndida de 
tales ÜLStas. En cuanto á los espectáculos 
teatrales que empezaron á usarse en aque- 
lla nación, merecen consultarse, entre mu- 
chas obras que tratan de esto, la Historia 
literaria de Italia de Tiraboschi y la de 
los teatros de Signorelli. 

(2) A las comedias y tragedias griegas ó 
latinas que se representaban por toda la 
cstension del imperio romano, sucedieron 
los mimos y pantomimos, que durante los 
últimos emperadores gentiles llegaron á 
ocupar casi esclusivamente los teatros de 
Roma y de las provincias sujetas á su do- 
minación. 

La paz dada á la Iglesia por Constantino 
en el siglo IV no hizo cesar los acostum- 
brados espectáculos; apenas pudo contener 
la sangrienta ferocidad del anfiteatro y 
reprimir en la escena la torpe disolución 
de sus mimos y acciones mudas. Constan- 
tino prohibió los gladiadores, obedeciéndose 
tan mal su decreto que al cabo de muchos 
años Arcadio y Honorio volvieron de nuevo 
k prohibirlos. El papa Gelasio I se lamen- 
taba á fines del V siglo de la celebración 
de las fiestas lupercales , que su celo y su 
autoridad no podian estinguir. Tanto tar- 
dan las naciones en abandonar sus costum- 
bres y olvidar lo que las deleita. 

Duraron pues los teatros con mas ó me- 
nos esplendor no solo en el Oriente (hasta 
que en el siglo XV acabó aquel imperio) 
sino también entre las demás naciones de 
Europa. En España, como ya se ha dicho, 
cesaron con la irrupción de los moros en 



el siglo VIII. Véanse algunas pruebas de la 
continuación de las fiestas teatrales, su- 
puesta siempre la diferente forma que de- 
bieron ir adquiriendo con el transcurso de 
los años y la mudanza de las costumbres. 

Siglo IV, concilio cartaginense III, año 
de 397 : Ut scenicis atque histrionibus 
caterisque hujusmodi personis vel apo- 
staticis conversis vel reversis ad Domi- 
numgratia vel reconciliatio non negetur. 

El poeta Ausonio, que murió íi fines del 
mismo siglo , escribiendo á su amigo Auxio 
Paulo, le dice en su epístola 10 : 

Dactylicos ciegos choriarabum carmen epo- 
Soeci el colhurni musicam [dos 

Carpcntis impone luis : nam tota supellex 
Valum piorum charlea esl. 

Y en la epístola ti : 

Auamcn ut cilius venias leviusque vehare 
Hisloriam, mimos, carmina linque domi. 

Siglo V, concilio africano, año de il7 : 
Petendum ab impcratore ut prohibeat 
spectacula theatrorum in diebus domi- 
nicis et aliis sanctorum festis 

Siglo VI. Teodorico mandó hacer en el 
teatro de Pompeyo en Roma las repara- 
ciones que fueron necesarias , como se lee 
en la epistola 51 de Casiodoro, lib. 4, en 
que escribiendo á Simaco le dice el rey : 
Et ideo theatri fabricam magna se mole 
solventem , consilio vestro credimus esse 
roborandam. En el mismo lugar hace 
mención de la existencia de los mimos y 
pantomimos, y de la perfección á que ha- 
blan llegado en sus dias aquellas artes. 

Atalarico, su inmediato sucesor, eseri- 



DISCURSO HISTÓRICO. 2i 

las ficciones dramáticas , imitando á la naturaleza en farsas groseras con 
figuras ridiculas, disfraces y acciones que remedaban lascosiumbresde 



hiendo al senado romano dice ( lib. 9, epís- 
tola 21 de la colección de Casiodoro) : ]\am 
si opes twstras scenicis pro populi oblec- 
tatione largimiir et ea studiosissimé con- 
sequuniur, qui adeo necessarii non ha- 
bentur, quanto magis illis sine dilatione 
prwbetidw sunt , per quos et honesti mo- 
res proveniunt, etpalatio nostro facunda 
nutriuntur ingenia ? 

En el concilio constanlinopolitano, año 
de 536, contra los hereges acéfalos, se dice 
hablando de Pedro, uno de ellos : Quantam 
servavit voluptuosissimam affectionem 
circa Stephanam scenicam , quam ad- 
ducendo persuasione et blanditiis mo- 
nasterio iniqué immittit et omni tempore 
privatim et continuo ipsi assidet. 

Las anécdotas de la misma Teodora , 
elevada por Justiniano al tálamo y solio 
imperial, son tan conocidas en la historia 
que seria ocioso repetirlas. 

Siglo VII, concilio romano, año de 680 : 
Statuimus etiam atque decernimus ut 
episcopi , vel quicumque ecclesiasíici 
religiosam vitam professi sunt , armis 
non utantur, nec citharasdos habeant , 
vel qucecumque sgmphonia, nec quoscum- 
que jocos vel ludos ante se permittant. 

Concilio constantinopoütano III , año de 
680 : Omninb prohibet hcec sancta et uni- 
versalis synodus eos, qui dicuntur mimi, 
et eorum spect acula, deinde venationum 
queque spectationes atque in scena sal- 

tationes fieri Nec quid liceat eorum 

qui in sacerdotali ordine enumerantur 
vel m.onachorum in equorum curriculis 
suhsistere , vel scenicos ludos sustinere. 

Siglo VIII, en los capitulares de Carlo- 
magno (por los años de 790) : Ut episcopi 
et abbates et abbatissce cuplas canum 
non habeant, nec (aleones, nec accipi- 
tres, necjoculatores. 

Por el mismo tiempo el monge Alcuino 
exhortaba en una de sus cartas á Angil- 
berto , yerno de Carlomagno , á que se 
abstuviese de asistir á los espectáculos del 
teatro. Mabillon, Anales benedictinos, lib. 
26, núm. 13. 

Siglo IX, concilio turonense, año de 813 : 
Histrionum quoque et obscenorum inso- 



lentias jo eorum et ipsi animo cceterisque 
sacerdotibus effugienda prcedicare de- 
bent. 

Concilio aquisgranensc , año de 816 : 
Qiiod non oporteat sacerdotes aut ele- 
ricos quibuscumque spectaculis in scenis 
aut in nuptiis interesse. 

Concilio parisiense , año de 829 : Hcec 
quippe a sanctis viris penitus suntpro- 
pellenda, quibus magis convenit higere, 
quam ad scurrilitates et stultiloquia et 
histrionumobscenas jocationes et costeras 
vanitates, quce animum christianum á 
rigore suob rectitudinis emollire solent , 
in cachinnos ora dissolvere. 

Siglo X. En la oración del rey Edgar de 
Inglaterra, año de 967, se dice hablando 
de los vicios del clero : Dicam quod boni 
lugent, malirident, dicam dolens, et si 
tamen dici potest quomodo diffluatit in 
comessationibus, in ebrietatibus, in cu- 
bilibus et impudicitiis , ut jam domus 
clericorum putentur prostibula meretri- 
cuní, concíliabulum histrionum. 

En este siglo Roswita, religiosa bene- 
dictina de Grandesheim, compuso en latió 
bárbaro seis dramas intitulados Gallica- 
nus, Dulcitius, Callimachus , Ábraha- 
mus heremita, Paphnutius, y Fides, spes 
et charitas. Los argumentos de tales pie- 
zas y la calidad de la autora hacen creer 
que las compuso para representarse en el 
templo según costumbre de aquella edad , 
y á vista de un escogido auditorio. 

Siglo XII. Un monge de Canterbury, 
llamado Guillermo Stephanides ó Filz 
Stephen, que escribió durante el reinado 
de Enrique II una obra intitulada De- 
scriptio nobilissimcB civitatis Londonice, 
dice en ella : « Londres en vez de las far- 
« sas ordinarias propias del teatro tiene 
« dramas de un asunto mas santo, repre- 
« sentaciones de los milagros que los san- 
« tos confesores obraron , ó de los sufri- 
« mientos en que la gloriosa constancia de 
« los mártires se manifiesta. » Biografía 
dramática. Londres, 1782. 

A este siglo se refiere en la opinión de 
muchos eruditos un drama latino escrito en 
Alemania intitulado Ludus paschalis de 



c)0 



blSCLUSÜ IIISTURICO. 



aquella edad. Los eclesiásticos (1) , después de haber intentado muchas 
veces la abolición de tales espectáculos, cuya desenvoltura era en es- 
trenio perjudicial, conocieron la insuficiencia de las leyes contra la 
fuerza de la opinión ; y continuando la costumbre establecida en las 
iglesias catedrales alj^unos siglos antes , de celebrar con músicas ale- 
gres , canciones , bailes y máscaras las fiestas mas solemnes de la reli- 
gión , determinaron añadirles nuevos atractivos, y dar al pueblo con 
mas honestidad en el santuario los mismos placeres que disfrutaba en los 
paseos y plazas públicas. 

Lejos de mitigar por este medio el escándalo , le hicieron mas grande. 
Unieron á la pompa católica las libertades del teatro , y los mismos 
que predicaban en el pulpito y sacrificaban en el altar, diverlian des- 
pués á los fieles con bufonadas y chocarrerías , depuestas las vestiduras 
sacerdotales, disfrazándose de rufianes , rameras , matachines y botar- 
gas. Entre los pasos á que daban lugar estas figuras, se mezclaban otros 
alusivos á los misterios de la religión , a la santidad de sus dogmas , á la 
constancia de sus mártires, á las acciones, vida y pasión de nuestro 
Redentor : unión por cierto irreverente y absurda. 

Duró este abuso hasta que Inocencio III prohibió severamente al em- 
pezar el siglo XIII que interviniesen los clérigos como actores en tales 
farsas; pero si en Italia, y particularmente en Roma, logró moderarse 
esta costumbre, ni el mal se estinguió enteramente allí, ni dejó de 
continuar por algunos siglos en las demás naciones de Europa (2) , 
adonde se había propagado con mucha rapidez. 



adventu et interüu Antichristi. Son in- 
terlocutores el Papa, el Emperador, los 
Soberanos de Francia , de la Grecia y de 
Babilonia, el Anticristo, la Heregía, la 
nipocresia , la Sinagoga y el Gentilismo. 

Siglo Xlll , concilio laleranense , año de 
121. "> : Clerici mimis joculatoribus et his- 
(rionibuí non inteudant. 

Concilio ravenalcnse , año de 1286 : Ne 
clerici joculatorcs vel histriones á laicis 
transmissos recipiant. 

Pertenecen á este siglo las primeras no- 
ticias que se conservan de la existencia de 
piezas dramáticas en España , orígenes de 
nuestro moderno teatro. .Nadie duda que 
de esta ("'poca en adelante continuaron estos 
espectáculos en todas las naciones de Eu- 
ropa, y solo Grecia llegó á perderlos á fines 
del siglo XV, como ya se ha dicho. 

(1) Signorelli, en su Historia de los tea- 
tros, lib. 3, dice: // clero cui importara 
'•he i pnpoli non venissero distratti dalla 



divozione , alia prima proscrisse siffatti 
spettacoli , indi cangiando condotta e 
seyíiendo lo stile delle precedenti etá 
{quando ad onta di divieti si videro in- 
trodotti nelle chiese ) ne ripiglio egli 
stesso V usanza, esercitando V arte istrio- 
nica e mascherandosi e cantando favole 
profane nel santuario. 

(2) Para comprobar esta aserción basta- 
rán algunas ligeras indicaciones. El que 
aspire á mayor noticia la encontrará en las 
muchas obras cstranjeras histórico-criticas 
que tratan de esto. 

En 1423, dia de Pascua de Resurrec- 
ción , se hizo una representación en Padua 
en la gran plaza que se llama Praio delta 
Valle. 

En 12Gi se estableció en Roma la com- 
pañía llamada del Confalonc, con el objeto 
principal de representar los misterios de la 
pasión de Jesucristo, como en efecto lo 
verificó por espacio de muchos años. En c\ 



DISCURSO HISTÓRICO. 



25 



De los cuatro reinos cristianos en que se dividía la mayor parte de 
España en e! citado siglo, eran los mas poderosos el de Aragón, que 
gobernaba D. Jaime llamado el Conquistador, príncipe de esclarecida 



de li45 representaba en el Coliseo. En el 
de 1584 se imprimieron sus ordenanzas en 
Roma. 

En 12G1 se estableció la compañía de 
Battuti en Treviso , y uno de sus regla- 
mentos dice que los canónigos de aquella 
iglesia debian dar in anno quolibet dicíce 
scholce dúos elencos sufficientes pro Ma- 
ría et Angelo, et bene instructos ad ca~ 
nendum in festo fiendo more sólito in die 
Annunciationis . . . Cantores habeant sol- 
dos Xpro quolibet... in die Annunciatio- 
nis B. M. V. curn fiet reprcesentatio. 

En 1298 el clero de Friuli dio una repre- 
sentación de la pasión de Jesucristo en el 
dia de Pentecostés. En el reino de Ñapó- 
les se hicieron representaciones de este gé- 
nero, y la que desde tiempo inmemorial se 
hacia en Lanciano (provincia del Abruzo) 
en la noche del viernes santo que concluía 
con una devota procesión , duró hasta el 
año de 1740, en que fué prohibida por el 
gobierno. 

En 1304 se hacia en Toscana una fiesta 
teatral en que se imitaba el infierno con los 
diablos y los condenados que daban aulli- 
dos espantosos. 

En el mismo año el cabildo y clero de 
Friuli representó la creación de Adán y 
Eva , la Anunciación , y el parto de nues- 
tra Señora. 

Durante aquel siglo se representaron 
por toda Italia la conversión de la Magda- 
lena y la de san Pablo. 

En el siguiente se representó en Roma 
el drama sagrado de san Lorenzo y Paulo, 
y en la Semana Santa del año de 1452 se 
representaron los misterios de la Pasión en 
la iglesia de santa Clara de Ñapóles con 
magnificas decoraciones y á presencia de 
Alfonso I. 

En Flandes y Alemania se usaron igual- 
mente estas fiestas sagradas. Federico , 
landgrave deTuringia, asistió en la ciudad 
de Eisenach en el año de 1322 á una re- 
presentación, cuyo argumento era las vír- 
genes del Evangelio. 

En la Biografía dramática citada ya se 



dice hablando del teatro inglés : « El año 
« de 1378 los estudiantes de la escuela de 
« San Pablo presentaron una petición á R¡- 
« cardo II suplicándole que prohibiese al 
« pueblo ignorante representar la historia 
« del antiguo Testamento con gran per- 
« juicio de la citada clerecía, que tenia hcr 
« chos grandes gastos para representarla en 
« la Pascua de Navidad. 

« Cerca de doce años después, esto es, 
« en el de 1390, los curas de las parroquias 
« de Londres se dice haber representado 
« farsas en Skinners-WeII el 18, 19 y 20 
« de julio, y en el de 1409, el décimo afto 
« de Enrique IV, representaron en Cler- 
« kenwell (pozo de los Clérigos), que lomó 
« su nombre de la costumbre de represen- 
« tar farsas allí los curas de las parroquias, 
« una farsa que se repitió por ocho dias 
<( consecutivos , en la cual se trataba de la 
« creación del mundo, y acudió á verla la 
« mayor parte de la nobleza y caballeros 
(( del reino. 

« Consta que en 1578 representaron los 
« coristas de San Pablo piezas dramáticas, 
« y cerca de doce años después de esto , se 
« dice haber representado misterios los 
« curas de las parroquias de Londres en 
« Slíinners-Well. » 

Por los años de 1380 se hacían ya en 
Francia representaciones de moralidades 
y misterios. 

En 1402 los Hermanos de la Pasión, 
obtenida licencia de Carlos VI, establecie- 
ron su teatro en Paris, y representaron 
durante aquel siglo farsas de la Pasión y 
misterios del antiguo Testamento. En la 
que se atribuye al obispo de Angers inter- 
venían el Padre eterno, Jesucristo, Lu- 
cifer, Satanás , la Magdalena y algunos de 
sus amantes. Lucifer daba una paliza á 
Satanás por no haber sabido tentar á Cristo 
como era menester. La hija de la cananea 
con los diablos en el cuerpo se desahogaba 
diciendo mil torpezas y desaliños. El alma 
de Judas no pudiendo salir por la boca que 
habia besado al divino Maestro , se esca- 
paba por otra parle , llevándose de camino 



2Í DISCLKSO HISTÓRICO. 

memoria, y el de Castilla, en que reinaba Fernando III, que mereció 
el nombre de Santo. Los moros que quisieron permanecer en las pro- 
vincias que uno y otro habian conquistado , profesaban las ciencias 
físicas y matemáticas, las buenas letras, la agricultura y las artes in- 
dustriales : los judíos que vivieron bajo la dominación de aquellos 
soberanos, sobresalían en el estudio de la medicina, y ejercitaban el 
comercio , que aumenta las riquezas y las comodidades de las naciones. 
Los vencidos contribuyeron á suavizar las costumbres de los vencedo- 
res. La corte de Alfonso X de Castilla apadrinó y aprovechó en favor 
de las ciencias los conocimientos de los sectarios del Talmud y del 
Alcorán : en ella y en la de su padre el rey San Fernando, y en la de 
su hijo y sucesor D. Sancho , resonaron ya los versos de los trovadores 
y los cantos de los juglares, y se difundió la inclinación á los estudios 
útiles y agradables. No estuvo ya ceñido el saber á los monasterios , 
adonde lo habia retraído en tiempos feroces el estrépito de las armas : 
se acercó al trono de los príncipes; y estos y los rícoshombres , y los 
caballeros que componían la corte, empezaron á gustar de los adornos 
del entendimiento y de los placeres de la civilización sin descrédito del 
valor. 

No es posible fijar la época en que pasó de Italia á España el uso de 
las representaciones sagradas ; pero si se considera que al principio 
del siglo XIII eran ya intolerables los abusos que se habian introdu- 
cido en ellas , puede suponerse con mucha probabilidad que ya en el 
siglo XI se empezarían á conocer en nuestra península. 

Cultivada la lengua patria con felices adelantamientos , hecha ya la 
poesía estudio de los eclesiásticos , de los caballeros y de los reyes , 
sonando ya en los templos, en los palacios y en los concursos popula- 
res las armonías de la música , y uniéndose á ella muchas veces las 
habilidades de la pantomima y la saltación, poco era menester para 
que llegaran á formarse espectáculos dramáticos, que son el resultado 
de todos estos primores juntos. 

Las fiestas eclesiásticas fueron en efecto las que dieron ocasión á 
nuestros primeros ensayos en el arte escénica : los individuos de los 
cabildos fueron nuestros primeros actores , el ejemplo de Roma auto- 



las entrañas del mal apóstol. Satanás vo- I Misterio de la Pasión. La Resurrección 
laba al pináculo con Jesucristo á cuestas. ¡ de Cristo. Misterio del caballero que dio 
Esto se representaba en la capital de Fran- I su muQcr al diablo. Las Actas de los 
cia á mediados del siglo XV, y esto duró 1 Apóstoles. La Asunción de nuestra Se- 
hasta pasado el XVI. j ñora. Combate de la carne y del espíritu. 

Pertenecen á esta última época, ademas j Misterio de la Encarnación de nuestra 
de las vidas y milagros de los santos redu- | Setiora. El Diluvio universal. Moralidad 
cidas á acción dramática , las moralidades 1 del hijo de perdición que ahorcó á su 
y misterios intitulados Encarnación y I padre. Tragedia del nacimiento y crea- 
Macimiento de nuestro Señor Jesucristo. I cion del mundo, etc., etc. 



DISCURSO HISTÓRICO. 25 

rizaba este uso, y el objeto religioso que le motivó disipaba toda 
sospecha de profanación escandalosa. En aquellas farsas se represen- 
taban varias acciones tomadas del antiguo y nuevo Testamento , y no 
pocas también de los evangelios apócrifos. La festividad establecida 
por Urbano IV en honor de la sacrosanta Eucaristía se estendió á toda 
la cristiandad reinando en Castilla Alfonso X, y esto dio motivo á otras 
composiciones teatrales, en que empezaron á introducirse figuras fan- 
tásticas, mezclándose con repugnante unión la alegoría y la historia. 

La escasez de documentos no permite dar una idea mas individual 
de aquel teatro; pero resumiendo cuanto puede colegirse de los datos 
que existen relativos á este propósito, parece seguro que el arte dra- 
mática empezó en España durante el siglo XI , que se aplicó esclusiva- 
menle á solemnizar las festividades de la Iglesia y los misterios de la 
religión; que las piezas se escribían en castellano y en verso; que se 
representaban en las catedrales , adornadas con la música de sus co- 
ros ; y que los actores eran clérigos , como también los poetas que las 
componían. 

Alfonso X, conformándose en parte con lo que Inocencio III había 
dispuesto, indicó (1) á los eclesiásticos la clase de piezas en que podían 
representar lícitamente ; y estas , ya históricas , ya alegóricas , morales 
ó dogmáticas, continuaron por espacio de algunos siglos, hasta que 
desterradas del santuario pasaron á los teatros públicos. El mismo Al- 
fonso X (2) declaró infames á los que ejecutaban por dinero las habi- 



(1) « Los clérigos non deben jugar 

« dados nin envolverse con tafures nin 
« atenerse con ellos, nin deben entrar en 
« tabernas á beber, fueras ende si lo ficie- 
« ren por premia andando camino , nin 
« deben ser facedores de juegos de escar- 
« nios porque los vengan á ver gentes 
« como se facen. É si otros ornes los íicie- 
« ren, non deben los clérigos hí venir 
« porque facen hí muchas villanías é des- 
ee aposturas. Nin deben otrosí estas cosas 
« facer en las eglesias : antes decimos que 
<f los deben echar de ellas deshonrada- 
« mente á los que lo ficieren : ca la eglesia 
« de Dios es fecha para orar é non para 
« facer escarnios en ella , ca así lo dijo 
« nuestro Señor Jesucristo en el Evange- 
« lio : que la su casa era llamada casa de 
« oración , é non debe ser fecha cueva de 
« ladrones. Pero representación hay que 
« pueden los clérigos facer, asi como de la 
« nacencia de nuestro Señor Jesucristo eu 
« que muestra como el ángel vino á los 



« pastores, é como les dijo como era Je- 
« sucristo nacido. E otrosí de su aparición 
« como los tres reyes magos le vinieron á 
« adorar. É de su resurrección que muestra 
« que fué crucificado é resucitó al tercero 
« dia : tales cosas como estas que mueven 
« al orne á facer bien é á haber devoción 
« en la fe , puédenlas facer, é demás, por- 
« que los omes hayan remembranza que 
« según aquellas fueron las otras fechas de 
«verdad. Mas esto deben facer apuesta- 
« mente é con muy grand devoción é en 
« las cibdades grandes donde oviere arzo- 
« bispos ó obispos, é con su mandado de 
« ellos ó de los otros que tovieren sus ve- 
te ees , é non lo deben facer ea las aldeas. » 
i« Partida, tit. VI, ley 34. 

(2) « Otrosí los que son juglares é los 
« remedadores é los facedores de los za- 
« harrones que públicamente andan por 
« el pueblo ó cantan ó facen juegos por pre- 
« cío, esto es porque se envilecen ante otros 
« por aquel precio que les dan. Mas los que 



26 DISI-LRSO HISTÓRICO. 

lidades pantomímicas, las de bailar, cantar y tañer; y esta pudo ser 
entre otras la causa principal de que tardase tan largo tiempo en pasar 
el arte escénica á manos de representantes de oficio, puesto que siendo 
entonces una diversión puramente sagrada y religiosa, no era posible 
fiar su desempeño á los que se hallaban declarados infames por la ley. 

Sancho IV tenia á su servicio (1) esta clase de gentes, juglares, bu- 
fones y fiicedores de esi<irnio , que cotí cantares y romances, diciendo 
agudezas, saltando y tocando instrumentos, entretenían privadamente á 
la fomilia real. 

El breve reinado de aquel monarca, lleno de turbulencias, como el 
de su hijo Fernando IV, y la menor edad de Alfonso XI, en que se vio 
Castilla agitada de parcialidades y discordias, fueron épocas no favora- 
bles para el progreso de las artes, hijas de la abundancia y la paz ; pero 
no se interrumpieron del todo los estudios filosóficos , la erudición y 
las buenas letras. 

El ilustre D.Juan Manuel (2), nieto de Fernando III, fué un distin- 



« tañeren estrumenlos ó cantasen por fa- 
« cer solaz á sí mesmos, ó por facer ptacer 
« á sus amigos ó dar solaz á los reyes ó á 
« los otros señores, non serian por ende en- 
te famados. » VII" Partida, tit. VI, ley i. 
« Ilustres personas son llamadas en la- 
<( tin las personas honradas é de gran 
K guisa é que son puestos en dignidades 
>( asi como los reyes é los que descienden 
« de ellos, é los condes, é otrosí los que des- 
te cienden dellos, é los otros ornes honra- 
« dos semejantes destos. É estos átales, 
« como quier que según las leyes pueden 
(( recebir las barraganas, tales mugeres ya 
« que non deben recebir así como la sierva 
« ó fija de sierva. Nin otrosí , la que fuese 
« aforrada nin su tija, nin juglaresa ninsus 
«fijas, nin tabernera , nin regatera, nin 
« alcahueta nin sus fijas, nin otra persona 
« de aquellas que son llamadas viles por 
<( razón de sí mismas , ó por razón de 
'< aquellos do descendieren ; ca non seria 
« guisada cosa que la sangre de los nobles 
«fuese embargada nin apuntada atan 
« viles mugeres. É si alguno de los sobre- 
« dichos ficicrc contra esto, si ovicse de tal 
<( muger fijo según las leyes, non seria 11a- 
« mado fijo n;iUiral , ante seria llamado 
'( spurio. que quier tanto decir como for- 
« necino. É demás tal lijo como este non 
" debe partir en lf»s bienes del padre, nin 
' es el padre lenudo de criarle si non qui- 



«siere. » IV Partida, tit. XIV, ley 3. 

(1) En los libros de cuentas de este rey 
pertenecientes al año de 1293 se hace men- 
ción de los vestidos y raciones que se da- 
ban en palacio á quince tamboreros ú ornes 
de los alambores , á cuatro tromperos, á 
dos saltadores y á los joglares 6 músicos 
del tamboret , del ayabeba , del añafil , de 
la rota , y al maestro de los órganos. Dá- 
base ración á uno que tocaba el tamboril , 
llamado Juanot. Los saltadores parece que 
eran moros, uno de ellos se llamaba Fate. 
Ilabia mugeres músicas de voz y de ins- 
trumentos, y en una de las Partidas se 
apunta lo que costó un asno para las ju- 
glaresas. Existe este curioso manuscrito 
en la Real Biblioteca de Madrid. 

(2) Floreció en los reinados de San- 
cho IV, Fernando IV y Alfonso XI. La 
historia refiere sus acciones militares y 
políticas; la literatura conserva noticias 
de las doctas obras que compuso, si bien 
hasta ahora solo se ha publicado por me- 
dio de la prensa la del Conde Lucanor. 
Escribió ademas la Crónica de España : 
el Libro de los Sabios : Libro del Caba- 
llero y del Escudero : Libro del Infante : 
Libro de Caballeros : Libro de la Caza : 
Libro de los Engehos : Libro de los Can- 
tares : Libro de los Ejemplos : Libro de 
los Consejos. Estas obras existieron en el 
monasterio de PI*. dominicos de san Pablo 



DISCURSO HISTÓRICO. 



27 



guido profesor en todas ellas, al paso que sus victorias le acreditaron 
de escelente caudillo. En sus obras doctrinales y poéticas dejó un tes- 
timonio de su estensa literatura y su buen gusto , y en las novelas ó 
cuentos de que se compone El Conde Lticanor, la primera colección de 
este género que se vio en España , anterior sin duda al Decameron del 
Bocacio , aunque en el mérito no le compita. 

Juan Ruiz (1), Arcipreste de Hita, floreció igualmente en el reinado 



de la villa de Peñafiel : allí estaban hace 
dos siglos y medio. ¿ Quién sabe en dónde 
pararán ahora, ó si habrán perecido como 
otras muchas que la ignorancia y el total 
abandono de los buenos esludios ha dejado 
perecer ? 

El docto alemán Bouterwek se inclinó á 
creer que ciertos versos que se hallan en 
el Cancionero general fuesen compuestos 
por e! que escribió el Conde Lucanor ; 
pero no son de él , sino de algunos de sus 
descendientes, que según la cultura del 
lenguaje y la corrección de los versos. 
debió florecer muy poco antes de la publi- 
cación del Cancionero. Una sola reflexión 
bastará para comprobarlo. En el romance 
que cita Bouterwck se hace mención de 
los frailes del Paular. El infante D. Juan 
Manuel murió en el año 13i7, y el con- 
vento del Paular se fundó en el de iíiO. 

(1) Son muy escasas las noticias que nos 
han quedado de este autor. Se cree que 
fué natural de Alcalá de Henares, y que 
murió de edad avanzada antes del año de 
1351. 

« De los poemas misceláneos ( dijo Don 
«Juan Antonio Pellicer) de que se com- 
« pone este códice del Arcipreste de Hita, 
« el mas principal es la fábula en que se 
« finge que por consejo de la diosa Venus, 
« y con la tercería de la vieja Trota-con- 
« ventos, consigue D. Melón de la Huerta 
« casarse con una viuda llamada doña En- 
« drina. Pero este poema no es parto ori- 
« ginal del Arcipreste , sin embargo de su 
« fecundo ingenio. Hallóle inventado por 
« un poeta de la baja latinidad , y de él le 
« adoptó. Hay en efecto un poema jocoso 
« atribuido á Ovidio intitulado de Vetula. 
« Habla de él Fabricio ( Bihl. latina, 
« tomo I,pág.'¿71), y dice que se atribuye 
« á Ovidio sin ningún fundamento, y que 
'( acaso es obra de Pánfdo Mauriliano , 



« monge que floreció en la media edad. 
« Hace mención de dos ediciones que se 
« hicieron de él , una en el año de 1470 
« y otra en el de 1471,» (no conoció otra 
de Í5tl que he visto *en la curiosa librería 
de mi amigo D. Manuel Silvela) «pero 
« omite la única que se ha tenido pre- 
« senté para esta advertencia publicada 
« en Paris, año de 1550, con este título : 
« Pamphilus de Amore cum commento fa- 
« miliari, en í" : consta de treinta y cua- 
« tro hojas con testo y comentario. El au- 
« tor de este es Antonio Proto, que antes 
« que Fabricio y otros conoció que no era 
« obra de Ovidio , porque es fácil de cono- 
« cer, pues solo es semejante á las de aquel 
« poeta en la materia amatoria Je que 
« trata , ó por mejor decir, antes que to- 
ce dos lo descubrió nuestro Arcipreste, que 
« habló de Ovidio y Panfilo como dos 
« poetas distintos, si ya no es que entonces 
« no se hubiesen aun confundido. Está 
« escrito en hexámetros y pentámetros, es 
« dramático : introdúcense en él cuatro 
« personas que son Venus , Panfilo , una 
« vieja, y una doncella llamada Calatea; 
« divídese en cinco actos... De este breve 
« estrado resulta que sobre esta tela tejió 
« el Arcipreste de Hita su poema exótico 
« de las bodas de D. Melón de la Huerta 
« con la hija de D. Endrino y doña Rana. 
« En él se observan trasladados los pensa- 
« míenlos y comparaciones del poema la- 
« tino. Pero esta traducción es tan libre y 
« parafrástica , y el intérprete supo con la 
<t agudeza de su ingenio y amenidad de su 
« imaginación añadir tantas cosas ya de 
« suyo , ya tomadas de Ovidio , que hizo 
« una como obra nueva , pero en quien 
« siempre se trasluce la trama agena, etc.» 
Véase la colección de poesías castellanas 
anteriores al siglo XV, porD. Tomas Sán- 
chez, tomo IV. 



2» DISCüllSO HISTÓRICO. 

de Alfonso XI, y aunque no escribió ninguna pieza dramática, imitó 
aquel género en sus composiciones , mezclando en ellas chistes , cuen- 
tos , descripciones y diálogos cómicos que le fueron geniales. Este y los 
demás trovadores de su tiempo usaban ya diferentes combinaciones y 
medidas de versos (1) con que habia ido enriqueciéndose nuestra poe- 
sía, al paso que la música llegó también á adquirir el uso de muchos 



(1) Prescindiendo de la irregular ver- 
sificación del poema del Cid , en que se 
hallan versos de doce, catorce, quince, diez 
y seis y diez y ocho silabas, y considerando 
las composiciones posteriores escritas ya 
con mayor cultura y exactitud por los tro- 
vadores del XIII" y XIV° siglo, vemos en 
ellas diferentes medidas de versos coloca- 
dos con mayor artificio. 

De cuatro sílabas. 

Madre de Dios gloriosa, 
Virgen sania María, 
Fija é leal esposa 
Del tu fijoMesia; 
Tú, Si'ñora, 
Dame afíora 
La tu gracia leda hora 
* Que le sirva todavía. 

De seis silabas. 

Encima del puerto 
Coidé ser muerto 
De nieve é de frió, 
E dése rosio , 
E de grand elada. 

É á la decida 
Di una corrida : 
Fallé una serrana 
Fermosa, lozana, 
E l)icn colorada. 

Dije yo á ella : 
, Homillomc, bella. 
Dis tú que bien corres. 
Aquí non te engorres, 
Anda lu jornada. 

De siete silabas. 

Si no es lo que yo quiero, 
Quiera yo lo que es. 
Si pesar he primero, 
Placer habró después. 

Tened esto por cierto : 
Ca es verdad probada 
Que honra y vicio grande 
No han una morada. 



De ocho sílabas. 

Muy fuerte fué la contienda : 
Dios ayuda á los cristianos, 
El arraz volvió la rienda, 
E fuió con sus paganos. 

Si por el vicio ó folgura 
La buena fama perdemos , 
La vida muy poco dura ; 
Denostados linearemos. 

De nueve y diez silabas. 

Por que trovar é coiisa en que yaz 
Enlendimienlo por en quen ó faz, 
A o deber é de razón assaz : 
Por que entcnda é sabia dicer, 
A que enlend é de decir lie praz; 
Ca ben trovar assi s' á de facer. 

En el comienzo debe omc monstrar 
A su mugcr como debe pasar. 

De once silabas. 

Non aventures mucho tu riqueza 
Por conseio de orne que ha pobreza. 
Por falso dicho de orne mentiroso 
Non pierdas al amigo provechoso. 
Non castigues al mozo maltrayéndole; 
Mas dilc como vayas aplacién<lole. 
Quiero seguir ¡i tí, flor de las flores. 
Siempre desir, cantar de tus loores. 

De doce silabas. 

Maguer que algunos te hayan errado, 
Por eso non dejes facer aguisado. 

A esta mi danza trax de presente 
Estas dos doncellas que vedes, fermosas : 
Ellas vinieron de muy mala mente 
A oir mis canciones, que son dolorosas. 

De catorce sílabas. 

Era esta manceba de Dios enamorada; 
Por otras vanidades non daba ella nada ; 
Ninna era de dias, de seso acabada; 
Mas querrie ser ciega que vcerse casada. 

Con paz é seguranza es buena la pobreza , 
Al rico temeroso es pobre la riqueza; 
Sicnqtre tiene recelo ,ó con miedo tristeza ; 
La pobredat alegre es segura nobleza. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



29 



instrumentos (1) tomados de los árabes, de los italianos y franceses. 

Entre tanto la corte de los reyes de Aragón disfrutaba con mas secura 
tranquilidad de las composiciones de sus poetas y de las gracias de sus 
juglares. En la coronación de Alfonso IV (2) , año de 1328, se repre- 
sentaron, cantaron y bailaron por el infante D. Pedro, conde de Ri- 
bagorza, hermano del rey, y por los ricoshombres , acompañados de 
algunos juglares, varias composiciones poéticas escritas por el mismo 
infante. De esta noticia se deduce que la profesión de los juglares no 
solo se hallaba ya muy estimada , sino que habia adquirido mayo- 
res aumentos, puesto que no solo tañian, cantaban y bailaban, sino 
que también declamaban razonamientos y diálogos. 

Por los años de 1360, reinando en Castilla el rey D. Pedro, se empeza- 
ron á ver (ademas de los dramas destinados al uso de las iglesias) al- 
gunas otras composiciones teatrales ; y existe una que se ha creido de 
aquel tiempo (3) , en que su autor supo reunir el baile , la música 
instrumental, la declamación y el canto. El argumento de esta pieza 
inclina á sospechar que fuese precisamente una de las muchas que se 
ejecutaban en el templo , y en este caso seria la mas antigua que se 
conserva de aquella clase. 

D. Pedro González de Mendoza , que apartándose de la obediencia 
del rey D. Pedro siguió el partido de D. Enrique, del cual fué des- 
pués mayordomo mayor, escribió (4) piezas dramáticas imitando las 



(1) En varias obras antiguas , y parli- 
cularraente en las poesías del Arcipreste 
de Hita, se hace mención de los instrumen- 
tos que se usaban antes de la mitad del si- 
glo XIV, cuyos nombres no será ocioso co- 
piar aqui. Arpa, Alambor, Ajabeba, 
Albogue, AlbogoQ, Adedura, Añafll, Al- 
bardana, Adufe, Atabal, Bihuela, Bihuela 
de péndola , Bihuela de arco , Baldosa, 
Caño entero, Chirimía, Caramillo, Citóla, 
Dulcema, Guitarra, Guitarra morisca, Gui- 
tarra latina , Giga, Galipe francés, Laúd, 
Mandurria, Medio caño. Ministril, Odre- 
cilio francés, Orabin , Órgano , Pandero, 
Panderete , Rabé , Rabé morisco , Rota, 
Salterio, Sinfonía, Sonajas, Tamborete, 
Trompa, Zampona. En las obras manuscri- 
tas de Alfonso X existentes en la biblioteca 
del Escorial se hallan pintados algunos de 
los instrumentos de que va hecha men- 
ción. 

(2) E comforen tots aseguts , en Ro- 
maset jutglar canta altes veus un ser- 
ventesch davant lo senyor rey novell, 



quel senyor infant en Pere hach feit á 
honor del dit senyor rey , é la sentencia 
del dit serventesch era aytal quel senyor 
infant li dix en aquell que significaba 
la corona , e el pom é la verga é segons 
la significanza lo senyor rey que debía 
fer. E apres com lo dit Romaset hach dit 
lo dit serventesch en comi dix una canzó 
novella que hanch feyta lo dit senyor in- 
fant en Pere , é perzó com en comi canta 
milis que nulhom de Catalunya , dónala 
á ell que la cantas , é com la hach can- 
tada é llevas en Novellet juzglar, é dix en 
parlant setcents versos rimats quel dit 
senyor infant en Pere habia novellament 
feyts. Montaner , Crónica de los reyes de 
Aragón. 

(3) Véase el número 1 del catálogo. 

(4) « Pedro González de Mendoza mi 
« abuelo.... usó una manera de decir can- 
« tares así como cénicos, plautinosy teren- 
« cíanos también en estramboles como en 
« serranas. » Marques de Santillana en su 
Proemio al condestable. 



30 



DISCURSO HISTÓRICO. 



del teatro latino , y adornándolas con estribillos y canciones pastori- 
les. Atendida la calidad del autor, puede creerse que compondría tales 
dramas en obsequio del rey para privado entretenimiento del palacio. 
Ya por este tiempo, y en los reinados siguientes de Juan el I y En- 
rique III, ademas de la constante lectura de ios trovadores provenzales, 
que era común en España, adquirieron estimación entre nosotros (1) 
los célebres italianos Guido Cavalcanti, Dante Alighieri, Ciño de Pis- 
toya, y el príncipe de sus poetas liricos Francisco Petrarca. Hallaron 
sus obras en Castilla un aprecio particular, y comparándolas con las de 
los trovadores antiguos , vieron en estas mas elevación de ingenio , mas 
oportuna erudición, mas cultura en la frase poética, y una versifica- 
ción mas variada y mas capaz de prestarse á las combinaciones de la 
armonía. El gusto poético de los árabes y el conocimiento de sus cos- 
tumbres ( que dieron origen á muchas nuestras ) mantuvieron y per- 
feccionaron los romances históricos ó amorosos (2) , los cuales , sujetos 



(1) Guido Cavalcanli murió en el año de 
1300, Dante en el de 1321, Cinc de Pisloya 
en el de 1336, y Petrarca en el de 1374. 

(2) El origen de nuestros romances se 
pierde en la oscuridad del tiempo : solo 
sabemos que los castellanos lomaron de los 
árabes esta composición métrica. Conde en 
el prólogo de su estimable Historia de los 
árabes en España dijo : « Como la erudi- 
« cion y la poesia eran una parte principal 
«de la educación caballeresca de nuestros 
«árabes, y sirven tanto para notar su inge- 
« nio y sus costumbres, no he querido pri- 
« var á mi historia de este ornato de gusto 
« arábigo , pues no hay entre ellos historia 
« alguna de mérito "que no esté adornada 
« de versos con mas ó menos profusión. 
« Por eso he insertado los que me han pa- 
« recido mas caracleristicos, y que por lo 
« regular tienen relación con los sucesos 
« históricos. Aun en esta parte he querido 
« imitarlos en la traducción, haciéndola en 
« nuestros versos de romance, que es gé- 
« ñero mas usado en la métrica arábiga de 
«donde procede sin duda. Y los he hecho 
« imprimir como ellos los escriben, porque 
« cada dos versos de nuestros romances 
a equivalen á uno arábigo que ellos dividen 
« en dos parles. » Véase por ejemplo uno 
muy corlo de los que Conde incluyó en la 
citada historia : es composición de uno de 
los poetas favorecidos de Almanzor , que 
le enviaba en el invierno un resto de rosas. 



Cuando yo de mi janJin — te envió las ro- 
sas bellas, 

Lo estraña la genle y dice — con admiración 
de verlas : 

Feliz se apresura el año, — flor temprana el 
pratlo lleva ; 

es que el tiempo de Almanzor — es per- 
petua primavera. 

Fernando III dio repartimientos en Se- 
villa á dos trovadores que le acompañaron 
en la conquista de aquella ciudad, llama- 
dos el uno Nicolás de los romances, y el 
otro Domingo Abad de los romances. 

Los romances mas antiguos que hoy co- 
nocemos pertenecen al reinado de Juan 
el II : los anteriores todos se han perdido. 
Tal vez pudieran hallarse algunos entre las 
poesías manuscritas de D Juan Manuel , 
si por fortuna llegasen á parecer algún 
dia. 

Este género se fué perfeccionando como 
las demás combinaciones líricas, y en él se 
espresaron afectos delicados ó heroicos, se- 
gún los varios argumentos á que supieron 
aplicarle. Góngora y los que le imitaron 
mejor desempeñaron con mucho acierto 
esta parte de nuestra poesía nacional. 

En el siglo anterior D. Vicente García de 
la Huerta y D. Nicolás Fernandez de Mo- 
ralin renovaron la composición de roman- 
ces históricos ; y en los amorosos manifestó 
Melendezsu delicada sensibilidad y su buen 
gusto. 



DISCURSO HISTÓRICO. 31 

del principio al fin á un solo consonante , se libertaron después de esta 
enfadosa monotonía , y produjeron el asonante , cadencia peculiar de los 
españoles. No puede asegurarse si la poesía teatral, que entonces per- 
manecía esclusivamente en manos de los eclesiásticos, adquirió mayor 
perfección á vista de los adelantamientos que se verificaron en el {género 
lírico, puesto que no nos queda pieza ninguna representable de aquel 
tiempo para juzgar su mérito, ni compararla con otras anteriores. 

Al reinado de Enrique III siguió la menor edad de Juan el II, du- 
rante la cual su tio y tutor el infame D. Fernando acreditó su consumada 
prudencia en el gobierno, igualmente que su valor y sus conocimientos 
militares. Sostuvo el trono de Caslilla quebrantando el poder de los 
moros granadinos, y reprimiendo en el palacio las maquinaciones de la 
ambición y de la envidia. Sus prendas le hicieron digno de la corona 
de Aragón , que en competencia de otros principes le adjudicó el voto 
unánime de nueve electores ( entre ellos el insigne orador cristiano 
san Vicente Ferrer ) , y en el año 1414 se coronó en Zaragoza con 
pompa magnífica. Acudió á esta solemnidad no solo la nobleza de 
aquellos reinos sino también la mayor parte de los grandes de Castilla. 
Fueron muy singulares las fiestas que se hicieron en tal ocasión; y el 
célebre D. Enrique de Aragón, marques de Villena , compuso (1) una 
comedia alegórica, que se representó delante del rey, de la reina y de 
aquella corte brillante. 

Desde entonces la etiqueta del palacio , los usos cortesanos , los tra- 
geSjlas diversiones, la lengua, la literatura y la poesía castellana aca- 
baron de naturalizarse en la capital de Aragón , y por consiguiente 
decayeron de su antiguo esplendor el gusto y cultura del idioma lemosino, 
en que los catalanes y valencianos habían adquirido tan merecida ce- 
lebridad. 

El reinado de Juan el II, que duró cerca de medio siglo, fué muy 
favorable al progreso de las buenas letras, cultivadas en prosa y verso 
por autores muy instruidos, dotados de un juicio recto y de una fecunda 
imaginación. Entre los muchos de aquel tiempo se distinguió nuestro 
Enío cordobés Juan de Mena, que no hallando suficiente el idioma 
patrio para la elevación de sus conceptos, supo enriquecerle y añadirle 
sonoridad y robustez , atreviéndose á adoptar nuevos modos y palabras 

(1) Véase el núm. 2 del catálogo. Cer- « la verdad,- la razón, la fortuna, la miseri- 
vantes no tuvo razón en decir que él habia I «cordia, clamor, la paz, el tiempo, el sueño, 
sido el primero « que representase las ima- « el consuelo, el remedio , el mundo y la 
« ginaciones y los pensamientos escondidos ' « carne, » antes que le ocurriese á Cer- 



« del alma, sacando figuras morales al tea- 
«tro. » Desde que el nuestro empezó á 
existir, incurrieron algunos autores dra- 
máticos en este desacierto. Ya se habia 
visto en él « la muerte, la justicia, la fama, 



vantes hacer hablar en sus comedias á « la 
« enfermedad, el hambre, la curiosidad, Ja 
« guerra, la necesidad, la desesperación, el 
« temor, la ocasión y los zelos. » 



32 DISCURSO HISTÓRICO. 

latinas, que han perinanecido en nuestra dicción poética, y cuyo uso 
siempre será laudable, si saben evitarse los cstremos inmediatos de la 
oscuridad y la afectación. 

Fueron émulos de su gloria el ya citado marques de Villena y D. Iñigo 
López de Mendoza , marques de Santillana , sin otros muchos que seria 
ocioso referir. El rey hacia versos, los hacia su gran privado D. Al- 
varo de Luna, condestable de Castilla; los mas ilustres personages de 
aquella edad eran trovadores (1). En medio de las turbulencias polí- 
ticas que agitaron el reinado de aquel monarca , los torneos , los pasos 
honrosos , las justas , banquetes , danzas , músicas y juguetes cómicos 
alegraban la corte, distraian de sus miserias al pueblo, que admiraba 
atónito las galas , la riqueza , el buen gusto , la bizarría y el valor de los 
que tan mal le gobernaban. 1). Alvaro de Luna, buen caballero en el 
campo y en la tela , temido de sus émulos por su estremo poderío, la 
constancia de su fortuna y la energía de su carácter, grato á las damas 
por su gallarda presencia, su donaire natural, su cortesanía y su dis- 
creción , en tanto que reunía en sí toda la autoridad que abandonaba su 
rey indolente , sabia entretenerle y apartarle de sus obligaciones con 
espectáculos ingeniosos y magníficos , dignos ya de la cultura de aquellos 
tiempos. 

En el año de 1436 se vieron en Soria el rey D. Juan y su hermana la 
reina de Aragón: hubo grandes fiestas (2) , y los juglares y reme- 
dadores entretuvieron á la corte con música, bailes y acciones có- 
micas. 

En el de 1440 D. Pedro de Velasco , conde de Haro, el marques de 



(1) En el Cancionero ¡/enera? /compi- 
lado por Hernando del Castillo , impreso 
en Valencia en el año de 1511, se halla una 
lista de ciento treinta y seis autores, cuyas 
obras se incluyen en el citado Cancionero. 
Muchos de ellos pertenecen al reinado de 
D. Juan clll, y los últimos al de los reyes 
Católicos , y aunque no es de este lugar 
mencionarlos todos . dará una idea del ar- 
dor con que se cultivó la poesía en aquellos 
tiempos la enumeración de los siguientes 
poetas pertenecientes á la m.as alta nobleza 
de España : 

Duque de Medinasidonia. Duque de Al- 
ba. Duque de Alburquerque. Marques de 
Santillana. Marques de Astorga. Marques 
de Villena. Marques de Villafranca. Conde 
de Oliva. Conde de Benavente. Conde de 
Haro. Conde de Rivadeo. Conde de Co- 
ruña. Conde de Castro. Conde de Feria. 
Conde de üreña. Conde de Paredes. Conde 



de Ribagorza. Vizconde de Altamira. Al- 
mirante de Castilla. Adelantado de Mur- 
cia. Mariscal Sayavedra. Fernán Pérez de 
Guzman. Gómez Manrique. Lope de Es- 
túñiga. D. Enrique Henriquez. D. Diego 
López de Haro. D. Iñigo de Velasco. 
D. Luis de Vivero. D. Antonio de Velasco. 
D. Alonso de Silva. D. Rodrigo Manrique. 
D. Juan de Meneses. D. Alvaro de Razan. 
D. Alonso de Cardona. D. Carlos de Gue- 
vara. D. Pedro de Acuña, etc. Si hoy se 
tratase de publicar una colección de poe- 
sías de los que han cultivado este arle en 
los cien años últimos, no seria posible en- 
riquecerla con nombres tan ilustres. 

(2) « El rey hizo gran fiesta á la reina 
« en tanto que en Soria estuvo : se hicieron 
« grandes fiestas donde salieron los caba- 
« Meros ricamente habiilados, y después de 
« aquellas se hicieron danzas y momos. » 
Crónica de D. Juan el II. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



35 



Santillana (1), y D. Alonso de Cartagena , obispo de Burgos , fueron á 
Logroño á "recibir y acompañar á la infanta doña Blanca, esposa del 
principe D. Enrique , y á su madre la reina de Navarra. El conde de 
Haro, entre varias diversiones que dispuso en Briviosca para obse- 
quiar á aquellas señoras , tuvo fiestas de toros, juegos de cañas , dan- 
zas y representaciones teatrales (2). 

Enrique IV heredó con el reino ¡a incapacidad de gobernarle. En- 
tendía muy bien el latin, gustaba mucho de leer, de tocar el laúd y can- 
tar; tenia á su servicio escelentes músicos de instrumento y de voz que 
asistian á su capilla privada, en donde pasaba mucho tiempo oyendo 
las horas canónicas. Lo restante de su vida se entretenía en el monte: 
fué gran cazador , y mientras perseguía las fieras en los bosques del 
Pardo y de Balsain, los grandes se apoderaban de su autoridad y de 
sus tesoros, allanaban sus alcázares, se le alzaban con las fortalezas, 
alborotaban las ciudades y mantenían en todo el reino la anarquía mas 
espantosa. Si algunas fiestas permitió á la corte el genio melancólico 
del rey en los primeros años de su administración, fueron solo algunas 
danzasen palacio, y algunas justas y ejercicios de caballería, como los 
que dio en el camino del Pardo D. Beltran de la Cueva. Las habilidades 
mímicas, que en tiempo de D. Juan el lí habían sido estimadas, en el 
de su hijo decayeron considerablemente , y hasta el nombre de juglar 
se fué olvidando en el lenguaje común. 

La conducta libre de la reina, los escándalos del palacio, la impo- 
tencia física y moral del rey dieron ocasión al atrevimiento de muchos 
prelados , grandes y caballeros para declararle desposeído de la corona, 
eligiendo en su lugar al infante D. Alfonso , cuya temprana muerte dejó 
á su hermana doña Isabel la esperanza y el deseo de reinar. Entre los que 
solicitaron su mano eligió á D. Fernando , príncipe de Aragón , con el 
cual se casó sin noticia del rey D. Enrique en el año de 14G9. Viniendo 
I). Fernando á Castilla ocultamente para celebrar su desposorio , le hos- 
pedó en su casa el conde de Ureña , haciendo representar en su obse- 



(1) Entre las muchas ol)ras poéticas de 
este célebre literato se conserva una titu- 
lada Comedieta de Ponza. Cualquiera 
presumirá por oslo titulo que fuese una 
pieza teatral, pero ni es comedia ni diálogo 
representable ; es un poema escrito en co- 
plas de arte mayor en que el poeta propone, 
invoca, describe, reflexiona, refiere y lleva 
al cabo su difusa narración, mezclando en 
ella varios razonamientos de las dos reinas 
de Aragón, la de Navarra y la infanta doña 
Catalina. Bocacio las consuela, y la Fortuna 
les promete la próxima libertad de ios reyes 



de Aragón y Navarra , presos por los geno- 
veses en la batalla naval de Ponza el dia 
25 de agosto de U35. Si so pregunta por 
qué llamó comedia á este poema, podrá 
decirse que tuvo las mismas razones que el 
Dante para dar igual denominación al 
suyo. 

(2) « Y en los tres dias siguientes hubo 
« danzas de los caballeros y gentiles bom- 
« bres en palacio y momos y toros y jue- 
« gos de cañas. » Crónica de D. Juan 
el II. 



04 



DISCURSO HISTÓRICO. 



quio una comedia , de la cual se ignoran todavía c\ autor y el titulo (1). 

Los males políticos siguieron aumentándose durante los últimos 
años de Enrique IV , y una de las consecuencias que produjeron fué la 
ignorancia que se estendió á todas las clases del estado. Entre el corto 
número de escritores que florecieron en aquella edad funesta á las 
letras, se distinguió Rodrigo de Cota , autor de un í)i(ilogo entre el 
Amor y un viejo (2), pieza representable , escrita con gracia y elegancia ; 
también compuso un diálogo pastoril entre Mingo Bevulgo ij Gil Arrí- 
balo , en que pintó con una alegoría bien sostenida los desórdenes y 
calamidades de su tiempo. 

Los eclesiásticos vivían en la mas crasa ignorancia y en la corrupción 
de costumbres mas escandalosa , como se infiere por los decretos del 
concilio que mandó' celebrar en Aranda en el año de li73 D. Alfonso 
Carrillo, arzobispo de Toledo. Allí se trató de mejorar la disciplina y 
los estudios del clero español, y entre otras cosas se prohibió (3) á los 
clérigos de las catedrales y demás iglesias que celebrasen ni permitiesen 
en las fiestas de Navidad , de san Esteban , san Juan , santos Inocentes 
y misas nuevas las diversiones escénicas en que intervenían máscaras, 
figuras monstruosas , coplas indecentes, bufonadas y otros desórdenes 
indignos de la magestad del templo , que hasta entonces se habían 
acostumbrado, permitiendo no obstante que continuasen las represen- 
taciones sagradas y honestas , que fuesen á propósito para escitar la 
devoción de los fieles. 

El reinado délos reyes Católicos dio principio á una época mas feliz 



(1) Véase el número 3 del catálogo. 

(2) Véase el núin. i del catálogo. 

(3) Áb ecclesia ubi redemptor noster 
Jesús , ín cujus nomine omne genuflecti- . 
tur, jugiter pro nobis immolatur, turpi- 
tudo quceque mérito est abolenda. Quia 
vero quwdam tam in metropoJitanis : 
quf'nn in cathedralibus ct aliis ccclesiis > 
nostrcB provincias consuetudo inolevit et 
videlicet in festis Nativitatis Domini nos- 
tri Jesu Christi, et sanctorum Stephani, 
Joannis et Innocentium aliisque certis 
diebus festivis, etiam in solemnitaíibus 
missarum novarum {dum divina agun- 
tur) ¡udi theatrales, lance, monstra, 
spectacula, necnon quám plurima inho- 
nesta et diversa figmenta in erclesiis 
introducuntur, tumultuationcs quoque et 
turpia carmina et derisorii sermones 
dicuntur, adeo quod divinum officium 
impediunt et populum reddunt indevo- 
tum : nos hanr corntplelam sacro appro- 



bante concilio , revocantes, hujusmodi 
larvas, ludos , monstra, spectacula, 
figmenta, tumultuationcs fieri , carmina 
quoque turpia et sermones illicitos dici, 
tam in metropolitanis quám cathedra- 
libus cceterisque nostrce provincia eccle- 
siis dum divina celebrantur prwsentium 
serie omnino prohibemus : statuentes tii- 
hilominus , ut clerici , qui prcmissa lu- 
dibria, et inhonesta figmenta ofjicris 
divinis immiscuerint aut immisceri per- 
tniserint , si in prwfatis metropolitanis 
seu cathedralibus ecclesiis benefician 
ejctiterint , ex ipso per mensem portioni- 
bus suis mulctentur ; si vero in paro- 
chialibus fueiint beneficiati triginta et 
si beneficiati iion fucrint quindecim, re- 
galium pwnam incurrant fobricis eccle- 
siarum et tertio synodali aqualiter ap- 
plicandam. Per hoc tamen honestas 
rcpríEsentationcs , et devota quce popu- 
lum ad dcvotionem movent, tam in pro-- 



DISCURSO HISTÓRICO. 55 

para la monarquía. La autoridad real, única, vigilante y justa aseguró 
la paz interior del estado, ya reprimiendo las violencias de tantos 
ilustres tiranos que le tenían sacrificado á su ambición y á sus ven- 
ganzas , ya reduciendo á moderados límites la libertad del pueblo , que 
solo es feliz en la obediencia de las leyes. En yano el rey de Portugal 
quiso apoyar con las armas los dudosos derechos de la infanta doña 
Juana su sobrina: la suerte de la guerra , que da y quita los imperios, 
aseguró el cetro á Isabel y Fernando. 

El celo de la religión hizo á estos príncipes emprender la conquista 
del reino de Granada: difícil empeño, que necesitó diez años de fatigas 
y de combates , hasta que vencida la obstinada resistencia de sus enemi- 
gos, acabaron dichosamente en las torres del Alhambra la recupera- 
ción que Pelayo empezó en Cobadonga. Grande y poderosa la nación 
bajo su gobierno , dilatados sus dominios , y abierto el paso por el 
mar á las desconocidas regiones de occidente, empezó á disfrutar los 
beneficios que traen consigo el estudio de las letras y de las artes , la 
agricultura, la industria, la navegación y el comercio. 

En este tiempo dándose á conocer Juan de la Encina (1) con sus 
composiciones dramáticas, mereció la asistencia y el aplauso de la 
corte, que admiró en aquellas fábulas (aunque demasiadamente sen- 
cillas) buen lenguaje, gracia natural y versificación sonora. Estas pri- 
vadas diversiones, y otras hechas á su imitación pasaron al pueblo, 
que desde entonces empezó á ver cómicos de oficio dedicados á repre- 
sentar pequeños dramas de tres ó cuatro personages , desempeñando 
algunos muchachos los papeles de muger. 

Fué contemporáneo de Juan de la Encina el célebre Fernando do 
Rojas, continuador de la novela dramática (2) intitulada Celestina (3), 



fatis diebus quám in aliis, non inlendi- 
mus prohihere. 

(1) Véase desde el número 5 hasta el 17 
del catálogo. 

(2) En el apéndice al fin de esta obra 
insertaremos dos de los veintiún actos de 
esta curiosísima composición y una ligera 
noticia del argumento de cada uno de los 
otros, para que el lector pueda formarse 
una idea del estilo y del carácter general 
del drama que Moratin califica de novela 
dramática y que en todas partes se conoce 
con el titulo de tragicomedia de Calislo y 
Melibea, que le dieron sus autores y que , 
con razón ó sin eila , le ha conservado la 
posteridad. 

(E. DE O.) 

(3) La primera edición de la Celestina 



se hizo en Salamanca en el año de 1500. 
Algún tiempo antes corria manuscrita en- 
tre los curiosos toda la parle que comijone 
el primer acto, que unos atribuyen á Juan 
de Mena, y otros á Rodrigo de Co!a. El 
bachiller en leyes Fernando de Rojas, na- 
tural de la Puebla de Montalban , añadió 
veinte actos al que halló escrito, en lo cual 
ocupó quince dias de vacaciones, que á 
decir verdad no pudieron ser mejor em- 
pleados. 

Si él mismo ignoraba quién había com- 
puesto lo que halló inédito , difícil será, si 
no imposible, averiguarlo .¡hora ; baste 
decir que ni se reconoce en el primer acto 
el estilo de Ju;in de Mena , ni se puede 
comparar con el de Cota, puesto que solo 
se conservan de estos autores composicio- 



50 



DISCURSO HISTÓRICO. 



en la cual añadió veinte actos al primero que hallo escrito ya por autor 
no conocido. Juan de la Encina en sus composiciones representablos 
sirvió de ejemplo á los que le siguieron y aventnjaron después , culti- 
vando la dramática en \erso; y Rojas, aunque no hizo su obra para 
el teatro , dejó en ella tan cscelente diálooo en prosa , que habiéndole 
imitado muchos , fueron muy pocos los que llegaron á igualarle. Con 
estos felices ensayos en el género escénico acabó el siglo XV^ 

La invención de la imprenta, destinada cá fijar y propagar verdades 
útiles á los hombres , difundía ya por todas partes sus artífices á prin- 
cipios del siglo XVI. Italia , siempre maestra del saber , cultivaba las 
letras con éxito feliz , buscando los ejemplares de perfección en las 
obras clásicas de la antigüedad, imprimiéndolas, traduciéndolas é imi- 
tándolas. La historia, la elocuencia , la poesía, la erudición y todas las 
artes del diseño empezaron á florecer en grado eminente. Venecia , 
Milán, Ferrara, Florencia, Roma y Ñapóles eran ias capitales mas 
cultas de Europa en aquella sazón. La plausible ocupación de los Me- 
diéis , y el pontificado de León X, renovaron en Italia la edad de Ferí- 
eles y de Augusto. 



nes en verso. El que examine con el debido 
estudio el primer acto y los veinte añadi- 
dos, no hallará diferencia notable entre 
ellos , y si nos faltase la noticia que dio 
acerca de esto Fernando de Rojas , leería- 
mos aquel libro como producción de una 
sola pluma. Espongo mi opinión apartán- 
dome de la del autor del Diálof/o de las 
lenguas, y de los que le han copiado des- 
pués. Creo en fin que el primer autor no 
pudo ser muy anterior al segundo , y que 
el ignorarse quién haya compuesto una 
obra anónima nunca ha sido razón bastante 
para suponerla muy antigua. 

Como la tragedia griega se compuso de 
los relieves de Homero , la comedia espa- 
üola debió sus primeras formas á la Celes- 
tina. Esta novela dramática, escrita en es- 
celente prosa castellana, con una líibula 
regular, variada por medio de situaciones 
verosímiles é interesantes, animada con la 
espresion de caracteres y afectos, la fiel 
pintura de costumbres nacionales, y un 
diálogo abundante de donaires cómicos, fué 
objeto del estudio de cuantos en el siglo 
XVI compusieron para cl teatro. Tiene 
defectos que un hombre inteligente haría 
desaparecer sin añadir por su parle una 
silaba al testo; y entonces conservando 
todas sus bellezas, pudiéramos considerarla 



como una de las obras mas clásicas que ha 
producido la literatura española. 

Las ediciones de la Celestina de que he 
podido adquirir noticia, y de las cuale s la 
mayor parle he tenido presente, son las 
que siguen. 

Año de 1500 Salamanca.— 1501 por Es- 
tanislao Polono , Sevilla. — 1502 Sevilla. 
—151 i por Tanotti da Cartrone, Milán.— 
1515 Venecia.— 1523 Sevilla.— 1525 Vene- 
cía.— 1529 por Juan Viñao, Valencia. — 
153i por Estefano Sabio , Venecia. — 1535 
Venecia. — 1538 por Juan de Avala, Toledo. 
— 1539 Sevilla. — 1553 por Gabriel Giolito, 
Venecia.— 1558 por los herederos de Juan 
de Sunta , Salamanca.— 1571 por Juan de 
Cnnova, Cuenca. — 1563 por Francisco de 
Cormellas , Alcalá. — 1569 por Francisco 
de Robles, Alcalá.— 1569 por Martin Ma- 
res, Salamanca. — 1570 por Matias Gast, 
Salamanca. — 1591 por Fernando Ramírez. 
Alcalá.— 1595 oficina plantiniana, Ambe- 
res. — 1509 oficina plantiniana, .Ambcres. 
— lOOt oficina plantiniana, Amberes. — 
1601 por Andrés Sánchez, Madrid.— 1619 
por Juan de la Cuesta, Madrid.— 1633 con 
traducción francesa por Carlos Labaycn, 
Pamplona.— 163 í- Rúan.— 16 i i con tra- 
ducción francesa por Carlos Osmonl. — 
Por U. León de Amanta, Madrid, 1S22. 



DISCUUSO HISTÓRICO. 



57 



A este tiempo nuestros ejércitos acaudillados por el que mereció el 
nombre de Gran Capitán aseguraban la posesión de Ñapóles, y nuestra 
influencia sobre todos los estados de aquella nación. En vano el poder 
de Francia quiso oponerse á la fortuna de nuestras armas : unas vic- 
torias eran presagio de otras mayores : la derrota del Careliano y la 
rendición de Caeta anunciaban para después la prisión de un rey, y el 
saqueo espantoso de Roma. 

La comunicación con los italianos propagó , mejoró y amenizó nues- 
tros estudios ; y como el agreste Lacio se habia ilustrado muchos siglos 
antes con Jas artes y literatura de la Grecia vencida, así España supo 
aprovecharse en igual ocasión de las que halló tan florecientes en los 
paises que sujetaba á su gobierno. 

Tuvo gran parte en esta revolución el talento creador de Cisneros, 
ayudado de la instrucción que habia adquirido en sus viajes y de la 
estraordinaria fortaleza de su carácter, prenda necesaria para ilustrar 
y gobernar á los hombres. A principios del siglo XVI se erigia bajo 
sus auspicios la célebre universidad complutense (1) , y en ella y en las 
demás del reino empegaron ú distinguirse muchos profesores en todas 
facultades, que sobre el conocimiento de las lenguas sabias y de una 
selecía erudición, enseñaron ciencias no conocidas en España hasta 
aquella época, ó mejoraron el método y la doctrina de las que antes 
se enseñaban mal. A los esfuerzos de aquel gran ministro debieron sus 
adelantamientos las letras sagradas , la jurisprudencia , la medicina , las 
humanidades, la historia, las lenguas doctas, la gramática, y la crí- 
tica , aunque no todos estos estudios pudieron prosperar igualmente , 
porque no en todos se adquirían iguales recompensas. 

Francisco de Villalobos (2), erudito médico y buen prosista, dio á 
conocer el Anfitrión de Plauto con la traducción que publicó de aque- 
lla comedia en el año de 1515. 

Bartolomé de Torres Naharro (3), que vivia en Italia por entonces, 
compuso ocho comedias en que manifestó mucho conocimiento de su 
lengua, facilidad en la versificación, y talento dramático. Apartándose 
de la manera tímida de componer que Juan de la Encina habia seguido, 
dio á sus comedias mayor ínteres y estension ; las dividió en cinco jor- 



(1) La universidad de Alcalá, asi lla- 
mada del antiguo nombre de esta ciudad, 
Comphito. (E. DE O.) 

(2) Véase el número 20 del catálogo. 

(3) Véase desde el número 21 hasta el 
29 del catálogo. Tuve entre mis libros la 
rarísima edición de Roma de 1517 en folio, 
letra gótica , de la cual ninguno de nues- 
tros bibliógrafos tuvo nolicia. Era dádiva 



de D. Gaspar de Jovellanos, que habia 
ilustrado con notas marginales de su mano 
algunos pasages del testo : circunstancias 
que añadidas á la singularidad del libro , 
le hacian para mí mucho mas precioso. 
Las revueltas de los tiempos me privaron 
de esta rara y apreciable alhaja, sin que 
después me haya sido posible averiguar 
su paradero. 



38 



DISCUIISO IIISTUUICO. 



nadas , aumentó el número de los personages , y pintó en ellos carac- 
teres y afectos convenientes á la fábula, adelantó el artificio de la 
composición, y sujetó alí;unas de sus piezas alas unidades de acción, 
lugar y tiempo. Rcprescniadas ó impresas en Italia pasaron á España, 
en donde sucesivamente impresas y prohibidas, y vueltas á impri- 
mir ( según el influjo de las circunstancias) , sirvieron de estudio á los 
que entonces se aplicaron á cultivar la poesía cómica. 

Vasco Diaz Tanco [i] escribió tres tragedias (Kis primeras queso 
hicieron en España ) lomando sus argumentos de la historia sagrada , 
las cuales no han llegado á nosotros. 

Las graciosas comedias (2) que Cristóbal de Castillejo empezó á 
componer poco después, fueron recibidas con mucho aplauso. Puede 
considerarse este poeta como el último y acaso el mejor de la antigua 
lírica española, y en el género cómico el mas digno sucesor de Torres 
Naharro. Fecunda imaginación, conocimiento de costumbres, recto 
juicio, agudeza satírica, espresion clara, versificación suave, tales 
prendas hicieron estimables sus fábulas cómicas, al mismo tiempo que 
las personas honestas las desaprobaron por su falta de moralidad y 
desenvoltura de sus personages y situaciones. 

En el año de 1527 se celebró en Valladolid con la representación de 
algunos autos el bautismo de Felipe II. Estos cortos dramas, repre- 
sentados en las calles y sitios públicos , los desempeñaban los cómicos, 
que ya en aquel tiempo componían su caudal indistintamente de piezas 
sagradas y profanas , aplicándolas según la ocasión lo requería. 

Fernán Pérez de Oliva (3) tradujo en prosa el Anfür'wn de Planto, 
la Elecira de Sófocles , y la Hécuba de Eurípides. Su talento era mas á 
propósito para la gravedad de la tragedia que para los chistes y ligereza 
cómica; y así es que aunque la versión que hizo de Plauto es inferior 
á la de Villalobos , en las dos tragedias elevó la prosa castellana á tanto 
decoro y robustez, que pudiera haber servido de ejemplar á los que 
hubiesen querido poner en la escena argumentos heroicos ; pero no tuvo 
imitadores. Estas piezas nunca se representaron, y cuando llegaron á 
imprimirse , el mal gusto era ya general y dominante en nuestro teatro. 

Estos fueron los autores mas distinguidos que cultivaron en España 
la poesía escénica antes del año de 1540; pero no es posible pasar de 
esta época sin hablar de las causas que empezaron á motivar su corrup- 
ción. Las principales fueron falta de estímulos y recompensa en favor 
de los que aplicaban su talento á este difícil género ; decidida afición á 
todo lo maravilloso , efecto inmediato de la común lectura de los libros 
caballerescos; espíritu de mal entendida devoción que profanó los sa- 



(1) Véanse los números 30, 31 y 32 de! 
catálogo. 

(2) Véase el número 3.') fiel ratáingn. 



(3) Véanse los números i3, ü y 15 del 
catálogo. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



59 



grados misterios de la fe , haciéndolos asunto de las representaciones 
histriónicas ; abusos de la autoridad censoria. 

Las universidades de España (1) , aunque rectificaron y ameniza- 
ron sus estudios, no alteraron su organización antigua; y en aque- 
llas escuelas generales en que la juventud debió hallar enseñanza 
elemental de todas las ciencias, solo se enseñaron la teología, los 
cánones, la jurisprudencia y la medicina. De estas facultades las tres 
primeras obtuvieron la preferencia : para ellas se establecieron cole- 
gios magníficos , para ellas se guardaron las mas altas dignidades del 
estado : la última , poco estimada de los que se dedicaban á las otras , 
existia en razón de la importancia que le ha dado en todos tiempos el 
miedo de morir ; pero el profesor mas eminente en elia no podía aspi- 
rar jamas ni al premio , ni al honor que obtenían un teólogo, un ca- 
nonista ó un jurisconsulto. Las demás ciencias se consideraban como 
ausiliares ó secundarias, y por consiguiente ni el estudio de las len- 
guas, ni la erudición histórica, ni la filosofía moral, ni la oratoria, ni 
la poética, ni la amena literatura obtenían otra recompensa que la de 
fiícilitar á sus profesores una cátedra en que poder enseñarlas ; y si 
estas que servían mas inmediatamente á las facultades privilegiadas 



(t) D. Gaspar de Jovellanos en un in- 
forme dirigido al rey , durante su ministe- 
rio, le decia : « Hubo un tiempo en que 
«España, saliendo de los siglos oscuros, 
« se dio con ansia á las letras : convencida 
« al principio de que todos los conocimien- 
« tos humanos estaban depositados en las 
« obras de los antiguos, trató de conocer- 
« las ; conocidas , trató de publicarlas é 
«ilustrarlas; y publicadas, se dejó arras- 
« trar con preferencia de aquellas en que 
« mas brillaba el ingenio y lisonjeaban mas 
« el gusto y la imaginación. ]\o se procuró 
« buscar en estas la verdad , sino la ele- 
« gancia ; y mientras descuidaba los cono- 
« cimientos útiles , se fué con ansia tras de 
« las chispas del ingenio que brillaban en 
« ellas.... Vino después otra época en que 
« los riesgos de la religión arrebataron toda 
« su atención hacia su estudio. Vino el 
« tiempo de las heregias y las sectas, tanto 
« mas ominosas á los estudios , cuanto cn- 
« trándose á discurrir sobre los derechos 
«de los principes y los pueblos, parecían 
« atacar la autoridad pública , y presentar 
« la horrible imagen de la anarquía y del 
« desorden. Desde entonces las ciencias 
« eclesiásticas merecieron todo su cuidado, 



« y de cuantos progresos hicieron en ellas 
« pueden ser ejemplo el Concilio Triden- 
« tino , y las insignes obras que nos deja- 
«ron. En esta época nacieron nuestras 
« universidades formadas para el mismo 
« objeto y sobre el mismo gusto. Ellas fue- 
ce ron desde el principio unos cuerpos ecle- 
«siásticos; como tales se fundaron con 
« autoridad pontificia. Tuvieron la prefe- 
« rencia en las asignaciones de sus cáte- 
« dras la teología y el derecho canónico. 
« La filosofía se cultivó solamente como un 
« preliminar para entrar á estas ciencias, 
« y aun la jurisprudencia y la medicina 
«hubieran sido descuidadas, si el amor 
« del hombre á la vida y á los bienes pu- 
« diera olvidar el aprecio de sus defenso- 
« res. No hablaré aquí de los vicios de esta 
« enseñanza , que de una parle eran deri- 
« vados del estudio general de la literatura 
« de Europa , y de otra inherentes á la 
« constitución misma de estos cuerpos. En 
« la renovación de los estudios el mundo 
« literario fué peripatético; y el método es- 
« coláslico , su hijo mal nacido , fijó en 
« todo él la enseñanza. Mas ó menos tardo 
« fueron las naciones sacudiendo este yugo... 
« la nuestra le siente todavía. » 



40 



DISCURSO HISTÓRICO. 



niereciai) tan escasos premios, ¿cuál seria el que se destinase á las 
ciencias naturales y exactas? ¿y cuáles podian ser los progresos del 
teatro? ¿ni quién habia de aplicarse á un estudio tan difícil, tan apar- 
tado de las sendas de la fortuna , si desatendido de las clases mas ele- 
vadas, y menospreciado de los que se llamaban doctos, era solo el 
vulgo el que debía premiar y aplaudir sus aciertos? 

En otra edad liabian merecido las rudas producciones de nuestra 
dramática mas favorable acogimionlo : los mas esclarecidos personajes 
la protegieron y la cultivaron , siendo igualmente estimada en los pala- 
cios y en los templos; pero aquella época habia pasado ya. Fernando el 
Católico , cuyo desabrido carácter liabian hecho mas melancólico la vejez 
y las dolencias, nunca unió las prendas de literato ni estudioso alas que 
tuvo de buen caballero , de político y prudente rey. Germana de Fox , 
estranjeraá nuestra lengua y nuestras costumbres, no era la protectora 
quemas convenia para fomentar el teatro. Felipe I y toda su corte, veni- 
dos de Flandes para introducir en el palacio desconocidas etiquetas y ce- 
remonias, hecho esto, no hicieron mas; ni la temprana muerte de aquel 
soberano permitió otra cosa. Carlos Y viajando (1) y guerreando 
mientras reinó , flamenco , y rodeado de flamencos que se disputaron 
con escandalosa codicia las dignidades y los tesoros de la nación , ni 
contribuyó al esplendor de nuestro teatro , ni supo conocerle : su corte 
ambulante y guerrera imitaba las inclinaciones del monarca. Los tu- 
multos y discordia civil que alteraron las provincias en los primeros 
años de su gobierno fueron incidentes poco favorables á los progre- 
sos de la escena española. 

Los libros de caballerías , que empezaron á conocerse en Europa 
hacia el siglo XI, se estendieron por toda ella, y entretuvieron el ocio 
de los que gustaban de leer : apasionados de todo lo grande y estraor- 
dinario, suplieron con ellos el abandono de la historia. En España 
imitando lo que se habia escrito fuera de ella , se compuso el libro de 
Amadis de Caula acaso hacia la mitad del siglo XIV, y después de él 
otros del mismo género aunque menos ingeniosos no por eso menos 
desatinados. Su crecido volumen , el coste escesivo de las copias ma- 
nuscritas (2), y por consiguiente la escasez desusejemplaresmantuvicron 



(1) Sus empresas políticas y militares le 
tuvieron casi siempre ausento de España, 
en (¡onde no habia corle ni resitlencia es- 
table para el soberano ni para los íírandes 
caballeros y caudillosquc le acompañaban. 
Dos veces csluvo en Alrica, dos en Ingla- 
terra, cuatro en Francia, siete en Italia, 
nueve en Alemania y diez en Flandes. 

(2) En una de las eruditas notas con que 
ilustró el P. Liciniano Saez su tratado de 



las monedas del reinado de Enrique III, 
se hallan noticias interesantes acerca de la 
escasez de libros, y su escesivo coste antes 
de la invención de la prensa. ISo será ino- 
portuno resumir aquí liarte de ellas. 

Alfonso X, en la Partida IJa, ley 11 del 
titulo XXXI, previno lo siguiente : « Esla- 
« cionarios ha menester que haya en lodo 
<< estudio general para ser compiido que 
« tenga en sus estaciones buenos libros (^ 



DISCURSO HISTÓRICO. 41 

escondida esta perjudicial erudición en las bibliotecas privadas de los 
reyes y de los grandes señores, y no pasaron ámanos del pueblo , ni 
pudo hacerse general su lectura hasta que la imprenta economizando 
el tiempo y el coste , halló el secreto de multiplicar prodigiosamente los 
escritos en copias idénticas. La primera obra de esta clase que se im- 
primió en España fué la citada historia de Amadis , como la mas célebre 
de todas ellas entre nosotros, y antes de acabarse el siglo XV era ya la 
común lectura del pueblo. 

En el siguiente se dieron muchos á imitar aquel género de ficción y 
aquel estilo ; y como apartándose de la verdad de la naturaleza , en- 
cuentra la fantasía espacios inmensos en que perderse, fué tal la abun- 
dancia de libros caballerescos publicados en aquella centuria (l),que 



« legibles é verdaderos de texto é de glosa : 
«que los loguen á los escolares para facer 
« por ellos libros de nuevo , ó para enmen- 
« dar los que toviesen escritos, etc., etc.» 

El Arcediano de Alcor, que vivia en el 
año de 1401, dice que habia tanta falta de 
libros en Castilla que se arrendaban por 
años, y valían á las fábricas de las iglesias 
catedrales que los tenian muchos marave- 
dís.... Se arrendaba el u.so de ellos cada 
año públicamente á dinero, á quien mas 
dabaá la iglesia. 

El abate Pluche, en suobradel£'5pec<á- 
culo de la naturaleza , dice : « En un her- 
« moso ejemplar manuscrito de los cánones 
« de Graciano que se guarda con mucho 
« cuidado en la biblioteca de los PP. ce- 
« Icstinos de Paris , nos advierte el co- 
« piante ( al mismo tiempo que nos dice su 
«nombre y patria) que tardó veintiún 
« meses en acabar la copia. Con que en 
« esta suposición seria menester para sacar 
« cuatro mil ejemplares de esta colección 
« emplear cuatro mil copiantes cerca de 
« dos años, ó un copiante continuado por 
« espacio de casi ocho mil años , cosa que 
« puede hacerse hoy en menos de cuatro 
« meses. » 

La librería mas copiosa de que pudo 
hallar noticia el P. Liciniano, es la que 
tenian los condes de Bcnavente en la for- 
taleza de aquella villa á mediados del si- 
glo XV. Todo el catálogo de ella contiene 
unos ciento veinte volúmenes, debiendo 
advertirse que muchos de ellos son dupli- 
cados, puesto que solo de Tito Li\io habia 
ocho copias mas ó menos completas. 



Mas numerosa debió ser la librería del 
marques de Villena, pues con los tomos 
que sacaron de ella se llenaron dos carros. 

Por el dinero que hoy cuestan dos mil 
volúmenes, apenas podrían entonces ad- 
quirirse cincuenta. La lectura estaba re- 
servada á los muy ricos ; el pueblo no 
leía. 

(1) Para dar una idea del entusiasmo con 
que se recibieron en España las ücciones 
de la andante caballería, cuánto debieron 
influir en la opinión y en las costumbres , 
y qué gusto fantástico debieron escitar en 
la multitud que se entregó á tan perjudi- 
cial lectura , bastará presentar una lista de 
las que se publicaron desde los últimos 
años del siglo XV hasta flnes del XVI, su- 
poniéndose que en la que he formado no 
se incluyen todas , ni era posible , sino 
aquellas únicamente de cuya existencia he 
hallado noticia. Debe advertirse que mu- 
chas de estas obras se reimprimieron , se- 
gún la aceptación que habían adquirido. 

Cárcel de Amor , por Diego Hernández 
de San Pedro, en IJúrgos año de i49tí. 

El Baladro del sabio Merlin con sus 
profecías, en Burgos li98. 

Ulerliti y Demanda del santo Grial, 
Sevilla 1500. 

Historia de los nobles caballeros Oli- 
veros de Castilla y Artús de Alyarve, 
Sevilla Í507. 

El sesto libro de Amadis de Gaula, en 
que se cuentan los grandes hechos de 
Florisando, príncipe de Cantuaria, su so- 
brino, fijo del rey Florestan , por Paez 
de Uivera, Salamanca 1510. 



42 



DISCURSO HISTÓRICO. 



ellos solos compondrían hoy una numerosa biblioteca , si la pluma del 
mas escelente de nuestros novelistas no hubiera acelerado su ester- 



Tirante el Blanco de Rocasalada, ca- 
ballero de la Jarrcliera , que por su alta 
caballería alcanzó á ser principe y ce- 
sar de Grecia. Valladolid 151Í. 

Uisloria amorosa de Flores y Blanca- 
flor , ljt2. 

Crónica del caballero Cifar , Sevilla 
1512. 

Libro del esforzado caballero conde 
Pantinoples, que fué emperador de Cons- 
tantinopla, Alcalá de llenares 1515. 

Uisloria del valeroso caballero Polis- 
man l'lorisio , que por otro nombre se 
llamó el caballero del Desierto, el cual 
por su gran esfuerzo y mucho saber al- 
canzó á ser rey de Bohemia, por Fer- 
nando Bcriial , Valencia 1517. 

Libro del esforzado caballero Alderi- 
que, traducido en lengua española, Va- 
lencia 1519. 

Libro del muy esforzado caballero Cla- 
ribalte, nuevamente venido á esta lengua 
castellana , por Gonzalo Fernandez de 
Oviedo, Valencia 1519. 

Los cuatro libros del caballero Amadis 
de Gaula, por García Ordoñez de Mon- 
talvo, impresos por Antonio de Salamanca 
1519. 

Crónica del emperador Clarismundo , 
por Juan de Barros, Coimbra 1520. 

Historia de D. Olivante de LMura, por 
Antonio de Torciucinada. 

El séptimo libro de Aviadis, en el cual 
se trata de los grandes fechos en armas 
de Lisuarte de Grecia, fijo de Espían^ 
dian, y de Perion de Gaula, Sevilla 1525. 

Libro del noble y esforzado caballero 
Reinaldos de Montalbun , y de las gran- 
des proezas y estraños hechos en armas 
que él y Roldan y todos los doce pares 
paladinos hicieron, Sevilla 1525. 

Historia de la linda Magalona , hija 
del rey de Ñápales, y de Pierres, hijo del 
conde de Provenza, Toledo l.>26. 

Historia de Gresil y Mirabella, con la 
disputa de Torrellas y Branzayda, por 
Juan de Floros, Toledo 1526. 

Libro del famoso caballero Palmerin 
de Oliva, que por el mundo grandes he- 



chos en armas hizo, sin saber cuyo hijo 
fuese. Venccia 152G. 

Historia del caballero D. Polindo, To- 
ledo 1520. 

Libro de caballería celestial del pié de 
la rosa fragante, por Gerónimo de San 
Pedro. 

Libro primero del esforzado caballero 
D. Ciarían de L.andanis , hijo del noble 
rey Lautedon de Suecia, por Gerónimo 
López, Sevilla 152T. 

La cuarta parte de D. Ciarían, en la 
cual se tratan los grandes hechos de Li- 
daman de G&nail, hijo de Rivamon de 
Ganail y de la princesa Daribea, To- 
ledo 1528. 

Libro del esforzado caballero D. Tris- 
tan de Leonis, y de sus grandes hechos 
en armas, Sevilla 1528. 

Historia de Lanzarote del Lago. 

Historia del emperador Carlomagno 
y de los doce pares de Francia, por Nico- 
lás de Piamonle, Sevilla 1528. 

Los tres libros del caballero Prima- 
/eon, Toledo 1528. 

Libro del caballero Florindo, 1528. 

Crónica llamada el triunfo de los nueve 
preciados de la fama, en la cual se 
contienen las vidas de cada uno , y los 
escelentes hechos en armas y grandes 
proezas que cada uno hizo en su vida, 
con la vida del muy famoso caballero 
Beltran de Guesclin , condestable que 
fué de Francia y duque de Molina, nue- 
vamente traducida de lenguaje francés 
en nuestro vulgar castellano , por el ho- 
norable varón Antonio Rodríguez Portu- 
gal, ¡irincipal rey de armas del rey nuestro 
señor, Lisboa 1530. 

Crónica del muy valiente caballero 
Platir, hijo del emperador Primaleon, 
Valladolid 1533. 

Historia de Enrique, hijo de doña 
Oliva, rey de Jerusalen y emperador de 
Constantinopla, Sevilla 1533. 

Historia de los caballeros Tablaníe de 
Ricamonte y Jofre, hijo del conde Dona- 
rotí , por Ñuño de Garay. 

Libro primero y segundo de Morganle 



DISCURSO UISTÚRICO. 



45 



minio , dejándonos solo la memoria de que existieron. Ellos depravaron 
el gusto de la multitud, presentándole ficciones brillantes y maravillo- 



y Roldan y Reinaldos, Valencia 1535. 

Crónica del muy valiente Amadis de 
Grecia, llamado el caballero de la Ar- 
diente Espada, Sevilla 15 i2. 

Crónica del principe D. Florando de 
Inglaterra , Lisboa 15i5. 

Los cuatro libros del valeroso caba- 
llero D. Cirongilio de Tracia, hijo del 
noble rey Elesfron de Macedonia , según 
los escribió Novarco en griego y Promii- 
sis en latín, por Beruardo de Vargas, Se- 
villa 15i5. 

Historia de los altos hechos de Silvis 
de la Selva , hijo de Amadis de Grecia. 

Libro de los honestos amores de Pere- 
grino y de Ginebra, por Hernando Diaz, 
Salamanca ISi-S. 

Los cuatro libros del muy noble y vale- 
roso caballero Félix Magno , hijo del rey 
Palangres de la Gran Bretatia y de la 
reina Clarinea, Sevilla 15i3. 

Historia de los amores del caballero 
Paris y de la infanta Viena. 

Historia del caballero Florimon. 

Espejo de caballerías , en el cual se 
trata de los fechos de D. Roldan y de 
Reinaldos, Sevilla 1550. 

Segunda parte del esforzado caballero 
ü. Ciarían de Landanis y de su hijo Flo- 
ramante de Colonia , por Gerónimo Ló- 
pez, Sevilla 1550. 

Crónica de Palmcrin de Inglaterra, 
primera y segunda parte. 

Historia del famoso principe Stera- 
mundi de Grecia. 

Historia de la reina Sevilla, Burgos 
1551. 

La primera parte de la cuarta de la 
Crónica del escelentísimo príncipe Don 
Florisel de Niquea, que fué escrita en 
griego por Gcdersis , y sacada en latin 
por Filastres Campaneo , por Feliciano 
de Silva, Salamanca 1551. 

Libro segundo de la cuarta parte del 
escelente príncipe D. Florisel de Niquea , 
en que se trata principalmente de los 
amores del príncipe D. liogcl y de la 
muy hermosa Archisidea, por Feliciano 
íle Silva, Salamanca 1551. 



Caballerías de Clarindo de Grecia, por 
Tristan Gómez de Castro. 

Historia de los amores de Clareo y 
Florisea con los trabajos de Isea, por 
Alonso Nuñez de Reinoso, Venecia 1552. 

Historia del principe Félix Marte de 
Hircania , traducida de lengua toscana 
por Melchor Ortega, Valladolid 155G. 

Libro undécimo de Amadis , en el cual 
se trata principalmente de los hechos de 
Rogel de Greciay de Agesilao de Coicos. 

Trapisonda. Historia de D. Reinaldos 
de Montalban , emperador de Trapi- 
sonda, primera, segunda y tercera parte, 
por Luis Domínguez, Toledo 1558. 

Leandro el Bel, según le compuso el 
sabio rey Artidoro en lengua griega, To- 
ledo 1563. 

Libro del invencible caballero Lepo~ 
lemo , hijo del emperador de Alemania, 
y de los hechos que hizo, llamándose el 
caballero de la Cruz , Toledo 15G2. 

Libro segundo del emperador PaJmerin 
de Oliva, en que se cuentan los hechos 
de Primaleon y Polendos sus hijos, Me- 
dina del Campo 1563, 

Tercera y cuarta parte de Palmerinde 
Inglaterra , por Diego Fernandez de Lis- 
boa. 

Historia del invicto y magnánimo ca- 
ballero D. Cristalian de España, prín- 
cipe de Trapisonda , y del infante Luces- 
canio su hermano, hijos del emperador 
Lindelel , enmendada por doña Beatriz 
Bernal, Alcalá de Henares 1566. 

La Crónica de los muy valientes ca- 
balleros I). Florisel de Niquea y el fuerte 
Anaxartes , hijos del escelente principe 
Amadis de Grecia, enmendada del estilo, 
antiguo según la escribió Zirfea, reina de 
Argines , por el noble caballero Feliciano 
de Silva, Lisboa 1565. 

Historia del valiente caballero Flo- 
ranibel de Lucea, hijo del rey Florineo 
de Escocia. 

Historia del príricipe Erasto , hijo del 
emperador Diocleciano , por Pedro de la 
Vega , Amberes 1573. 

Libro primero del valeroso c invencible 



4i 



DISCURSO HISTÓRICO. 



sas , Otro orden físico y moral diferente de todo lo que existe , otro 
universo y otros hombres. Hacinaron prodi{;ios para exaltar la fantasía, 
enredaron las fábulas con artificiosa complicación de incidentes para 
sostener en movimiento la curiosidad , y pintaron afectos heroicos ó 
tiernos para interesar el corazón. J)amas hermosísimas , príncipes , 
reyes y emperadores : ausencias, zelos, placeres de amor, torneos, 
divisas, conquistas, empresas temerarias, fatigas sobrehumanas, 
torres de bronce, palacios de cristal, lagos hirvientcs, desiertos hór- 
ridos, islas nadantes, carros aéreos, hechiceros, fadas , genios, 
monstruos, enanos, gigantes, dragones, hipogrifos; todo esto fué 
materia de aquellos libros que llamaron historias. ¿Cómo el pueblo 
acostumbrado á ellas sabria contentarse en el teatro con una ficción 
\erosimil , imitada de la vida doméstica , animada con la espresion 
de los caracteres y afectos comunes , complicada por medios naturales , 
desenlazada con imprevista y fácil solución , y toda ella ingeniosamente 
dis¡)uesta para enseñar al auditorio verdades útiles , inspirándole horror 
al vicio y amor á la virtud? Ni el arte se hallaba tan adelantado que 
pudieran esperarse muchas obras dramáticas con estos requisitos, ni 
el concurso que habia de oirías ( acostumbrado en los libros caballe- 
rescos a invenciones mas seductoras) era ya capaz de percibir y estimar 
el mérito de una pieza teatral bien escrita. Así fué que apenas se em- 
pezó á cultivar la poesía escénica, los mismos que la adelantaron con- 
tribuyeron á corromperla, mezclando en sus composiciones personages 
é incidentes exagerados, fantásticos , imposibles ; y este error propa- 
gado de unos en otros , y alentado por el aplauso que recibía , inutilizó 
en adelante las prendas del ingenio y atropello los buenos principios 
de la ficción dramática, cuyo objeto es la imitación de lo que existe. 



principe D. Belianis de (¡recia, sacado 
de la lengua griega, en la cual le escri- 
bió el sabio Friston, por un liijo del vir- 
tuoso varón Toribio Fernandez, Burgos 
1579. 

Selva de aventuras, por Gerónimo de 
Contreras, León de Francia l.")80. 

La bella Clolalda y cerco de París, por 
Bernardo de la Vega. 

El Espejo de principes y caballeros. 
Parle primera dividida en tres libros, 
en los cuales se cuentan las inmortales 
proezas del caballero del Febo y de su 
hermano Rosicler, hijos del gran Treba- 
cio , emperador de Constantinopla , con 
las altas caballerías y amores de la her- 
mosísima y valerosa princesa Clari- 
diana, y de otros grandes principes y 



caballeros , por Diego Ordoíiez de Cala- 
horra, Pedro de la Sierra, Marcos Mar- 
tínez y Feliciano de Silva, Zaragoza 1580. 

Libro primero de los famosos hechos 
del principe Celidon de Iberia, por Gon- 
zalo Gómez de Luque, Alcalá de Henares 
1584. 

Las Sergas de Esplandian, quinto li- 
bro de Atnadis de Gaula , por García Or- 
doíiez deMonlalvo, Zaragoza 1587. 

Libro de caballerías , por Simón de Síl- 
veira. 

Historia de Luzman y Arbolea, por 
Gerónimo de Conlreras. 

Floranda de Castilla, lauro de caballe- 
ros , por Gerónimo de Huerta, Alcalá de 
Henares 1588. 



DISCURSO HISTÓRICO. 4o 

de lo que ha existido , de lo que puede existir entre los hombres. 

A las friaravillas del {jénero romancesco se añadieron las que son 
inherentes á la religión ; y como sus misterios iban desterrándose de 
los espectáculos que el pueblo acostumbraba á ver en las iglesias, fá- 
cilmente pasaron á los tablados públicos, y abrieron nueva senda á los 
poetas para escitar la admiración con dramas sagrados, en que la 
creencia común hacia verosimiles los prodigios, y el total abandono 
del arte aseguraba los aplausos. De aquí resultó la multitud de comedias 
de santos y de autos sacramentales ó natalicios (1), que por tanto 
tiempo alimentaron la equivoca devoción del vulgo, haciendo cada 
vez mas difícil la reforma de nuestro teatro. 

La poesía lírica no sujeta á la censura de la plebe , libre en sus ar- 
gumentos, hija de la fantasía, intérprete délos propios afectos, émula 
de los mas calificados originales, llegó en la pluma de Garcilasoyde 
los que le siguieron á un alto punto de belleza , que desde el dulce la- 
mentar de Sal icio y Nemoroso hasta las sanias ceremonias pías de Lu- 
percio , la profecía del Tajo de Luis de León , y la victoria de Lepanto 
celebrada por Hernando de Herrera , produjo admirables obras ; pero 
tanto distan entre si los géneros poéticos, que lo que en uno es per- 
fección , es desacierto en otro. El uso de la pompa épica y de los raptos 
y armonía lírica mal aplicados á las ficciones del teatro contribuyeron 
á descaminar el gusto. La destemplada imaginación de los que pusieron 
en la escena argumentos y personages ni históricos ni posibles mezcló 
todos los estilos , y adoptó locuciones tan distantes de la verdad , que 
la tragedia y la comedia á fuerza de peregrinos adornos perdieron 
aquella decorosa sencillez que debe caracterizarlas. 

Las nuevas doctrinas que separaron de la comunión católica una gran 
parte de Europa , y el recelo de que su introducción produjese iguales 
males y escándalos en España dieron ocasión á precauciones estraordi- 
narias, que quizá no se hubieran tomado sin esta causa, imponiendo 
restricciones á los ingenios y á la libertad de imprimir, y conteniendo 
en estrechos límites las artes de la imaginación , á quienes tal estado 
no era ciertamente favorable. La autoridad sacrificó lo útil á lo nece- 
sario, y contuvo los vuelos de la ilustración en obsequio de la paz y 
tranquilidad del reino. Pero no fué de tal modo que se sofocasen ente- 
ramente los esfuerzos y lozanía de los talentos españoles ; y hoy en dia 



(t) « ¿Pues qué si venimos á las come- 
« dias divinas? ¿Qué de milagros falsos 
« fingen en ellas, qué de cosas apócrifas y 
« mal entendidas? atribuyendo á un santo 
« los milagros de otro, y aun en las hu- 
« manas se atreven A hacer milagros sin 
« mas respeto ni consideración que pare- 
« cerles que allí estará bien el tal milagro y 



« apariencia , como ellos llaman , para que 
« gente ignorante se admire y venga á la 
« comedia : que todo cslo es en perjuicio 
« de la verdad y en menoscabo de las his- 
« lorias , y aun en oprobio de los ingenios 
« españoles. » Cervantes , D. Quijote , 
paríe !>', cap. 48. 



46 DISCURSO UISTÓRICO. 

admiramos las producciones de los que siguiendo la sublime inspi- 
ración de las musas, ilustraron en aquella época nuestras letras, y 
dejaron modelos que la edad presente procura, y no siempre consigue 
imilar. 

En el año de 1548 se celebró en Valladolid , ausente el emperador 
Carlos V, el casamiento de la infanta doña Maria su hija con el archi- 
duque Maximiliano. Para festejar á la corte se representó en palacio 
una comedia adornada con suntuoso aparato y decoraciones á imita- 
ción de las que se hacían entonces en Roma. Ningún ingenio español 
mereció emplear su pluma en obsequio de aquellos príncipes : la co- 
media se representó en italiano , como la habia escrito muchos años 
antes su autor Ludovico Ariosto (1). 

La prosa familiar aplicada al teatro no habia tenido hasta aquella 
época escritores que la cultivasen , y este mérito le reservó la naturaleza 
precisamente en favor del que parecia menos dispuesto á conseguirle. 
Un sevillano , hombre del pueblo , sin maestros , sin estudios , aplicado 
á ganar la vida en un ejercicio mecánico, hizo en la escena española 
una innovación plausible, y abrió á los autores dramáticos un nuevo 
camino que no acertaron á seguir. Tal fué Lope de Rueda (2), que 
antes de la mitad del siglo XVI apareció en los teatros de su patria 
como ingenioso autor y gracioso representante. 

La Celesiina y las demás novelas en prosa que se hicieron á su imi- 
tación tenian dos defectos que en la escena son intolerables : erudición 
afectada y pedantesca, y largos discursos de inoportunas doctrinas, 
prescindiendo de la escesiva duración de aquellas fábulas, que no se 
hicieron para ser representadas, sino meramente ¡eidas. Rueda, estu- 
diándolas con prudente discernimiento, conoció sus defectos , imitó sus 
primores, y acomodándose á la impaciencia del público (que habia de 
oirle en una plaza, en un corral ó un almacén, de pie, apretado, y 
sujeto á continua distracción), escribió pequeños dramas de tres ó 
cuatro personas con una acción muy sencilla , caracteres naturales , 
lenguaje castizo , diálogo chistoso y popular. Compuso ademas algunas 
piezas de mayor estension con mas ínteres y artificio, mezclando en 
ellas episodios poco necesarios, que representaba separadamente 
cuando le convenia: pero en estas piezas, queriendo imitar el gusto 
que reinaba entonces en Italia , se apartó algunas veces de aquella ina- 
preciable sencillez que caracterizaba su talento dramático. Todavía fué 



(1) Sandoval en la Historia de Carlos V 
dice : « Y al cabo de tres ó cuatro días que 
« fueron casados , se reprcsenli) cii j)alacio 
<( una comedia de Ludovico Arioslo en la 
"furnia de teatro y cenas (escenas) que 
'< los romanos solian representar, que fué 



« cosa real y suntuosa. » Calvete refiere lo 
mismo en su Viaje del príncipe I). Fe- 
lipe. 

(2) Véanse en d catálogo los números 66 
hasta 73, desde 75 hasta 78, desde el 80 al 
82, y desde 89 al 93. 



DISCURSO HISTÓRICO. 47 

mas estimable en los ingeniosos coloquios pastoriles que escribió en 
verso y se imprimieron después de su muerte; pero esta ediciones 
absolutamente desconocida, y solo nos ha quedado uno entero y un 
fragmento de otro. Por estas obras mereció el nombre de padre del 
teatro español; y en ellas mismas, y en el testimonio unánime de los 
hombres doctos que se las vieron representar , se hallará la razón que 
tuvo su patria para colmarle de elogios , y recomendar á la posteridad 
su memoria. 

El valenciano Juan de Timoneda (1), contemporáneo suyo, su 
amigo y editor de sus obras , le imitó en algunas piezas cómicas 
que compuso en prosa , no desnudas de mérito por la facilidad de la 
dicción, la rapidez del diálogo, y la regularidad de la fábula. Las que 
hizo en verso no merecen el mismo elogio , pues ademas de que la ver- 
sificación de Timoneda es trabajosa y desaliñada, queriendo darles 
novedad, se valió para conseguirlo (aunque no en todas ellas ) de in- 
cidentes imposibles y personages maravillosos , que no existiendo en 
la naturaleza , no son á propósito para el teatro. Hasta en esto quiso 
imitar á Lope de Rueda ; que los descuidos de un hombre célebre pro- 
ducen por lo común resultados muy infelices. 

Alonso de la Vega (2) , representante y autor de compañía , escribió 
algunas comedias en prosa, que en su tiempo tuvieron mucha acepta- 
ción ; perola buena critica halla tantos defectos en las tres que han llegado 
á nosotros, ya por la composición de la fábula, ya por los caracteres 
y el estilo , que no justifican el aplauso que sus contemporáneos le 
dieron. 

A competencia de estos componian otros muchos , de los cuales se 
conservan algunas obras , ó la noticia de ellas. Las compañías cómi- 
cas (3) vagaban por todas las provincias entreteniendo al pueblo coa 



(1) Véanse los números 95 y 96, y desde 
el 106 hasta el 118 del catálogo. 

(2) Véanse en el catálogo los números 
100, 104 y 105. 

(3) A las reducidas compañías de far- 
santes que empezaron á conocerse en Cas- 
tilla á principios del siglo XVI sucedieron 
otras mas numerosas, en las cuales ya 
habia músicos y cantores, y mugeres que 
representasen. En la pragmática de Car- 
los V y doña Juana su madre, hecha en 
Toledo en el año de 153í, se dice : « Man- 
« damos que lo que cerca de los trages está 
(' prohibido y mandado por las leyes de 
« este titulo , se entienda asimismo con 
« los comediantes hombres y mugeres , 
« músicos y las demás personas que asistan 



« en las comedias para cantar y tañer, los 
« cuales incurran en las mismas penas que. 
« cerca de esto están impuestas. » 

Las diversiones teatrales pasaron de Cas- 
tilla á Portugal, y el rey D. Manuel asistió 
con su familia y su corle á las representa- 
ciones que daba en Lisboa el célebre far- 
sante y poeta portugués Gil Vicente, autor 
de muchas piezas cómicas portuguesas y 
castellanas. Ayudábale á componerlas y 
recitarlas su hija Paula Vicente, insigne 
actriz, que fué en su tiempo la admiración 
de Lisboa no menos por su ingenio felicí- 
simo y sus gracias y hermosura, que por 
su conducta honesta y virtuosa. Continua- 
ron los portugueses en todo aquel siglo 
cultivando el arte dramática , y entre ellos 



48 



DISCURSO HISTÓRICO. 



SUS comedias, tragedias, tragicomedias, églogas, coloquios, diálogos ^ 
pasos , representaciones , autos, farsas y entremeses; que todas estas de- 
nominaciones tenian las piezas dramáticas que se escribieron entonces. 

La propiedad (1) y decencia de los trages, la decoración y aparato 
escénico se hallaban todavía en un atraso miserable; porque como no 
habia en ninguna villa ni ciudad teatro permanente, y los actores se de- 
tenían muy poco en cada una de ellas (no permitiéndoles mayor dila- 
ción el escaso caudal de piezas que llevaban) , no era posible conducir 
por los caminos ni decoraciones, ni máquinas , ni utensilios de escena, 
ni la pobre ganancia que les resultaba de su ejercicio les permitía 
mayores dispendios. 

Duraban todavía los abusos que el concilio de Aranda había querido 
estinguir. Seguía celebrándose en el templo la fiesta ridicula de los Ino- 
centes, y los dramas sagrados cuyo uso habia tolerado aquel concilio 
distaban mucho de la honesta y religiosa compostura que habia exigido 
en ellos. Fué pues preciso que el concilio toledano celebrado en los 
años de 1565 y 66 tomase otra vez en consideración este punto, pro- 
hibiendo de nuevo el grotesco regocijo de los Inocentes (2) , previ- 



nierecen particular mención Francisco Saa 
de Miranda, autor dedos comedias, Os 
Estrangeiros , y Os Vilhalpandos ; An- 
tonio Ferreira, que escribiii la tragedia in- 
titulada Castro; y el gran Luis de Ca- 
moens, de quien se conservan dos comedias, 
una O Rey Scleuco, y otra Os Jmfitrioens. 
La enumeración de los demás poetas dra- 
máticos portugueses y el examen de su 
mérito ni pertenecen á nuestra historia 
literaria, ni al plan de esta obra. 

(1) « Todos los aparatos de un autor de 
« comedias se encerraban en un costal, y 
« se cifraban en cuatro pellicos blancos 
«guarnecidos de guadamecí dorado, y en 
« cuatro barbas y cabelleras y cuatro caya- 
« dos poco mas ó menos. Componían el 
« teatro cuatro bancos en cuadro y cuatro 
<( ó seis tabl.is encima , con que se levan- 

« taba del suelo cuatro palmos El adorno 

« del teatro era una manta vieja tirada con 
« dos cordeles de una parte á otra que ha- 
« cia lo que llaman vestuario, detrás de la 
« cual estaban los músicos cantando sin i 
« guitarra algún romance antiguo. » Cer- I 
vanles, en el prólogo de sus comedias. 

Agustín de Rojas hablando de la mis- 
ma época , dice en su Viaje entretenido 

Tañían una gnilarra, 
V esta nunca galia fiipra 



Sino adentro y en los bancos. 
Muy mal templada y sin cuerdas. 
Bailaba á la postre el bobo; 
Y sacaba tanta lengua 
Todo el vulgacho embobado 
De ver cosa como aquella. 

(2) Prokibet sancta synodus in poste- 
rum turpem iliuní abusmn quod dic In- 
nocentium intra ecclesiam tlieatrales 
quidam ludi edi publicé consuevere ma- 
gna cum ordinis ecclesiastici ignominia, 
necnon et divines majestatis offensa; 
quippe qui ctiristianonim oculos , quos 
oportet ad spiritualia provocari , ab his 
ad peccandi libidinem avertant... spec- 
tncula vero, ludi qtiicumque et cfioreo' 
quw alioqui prcemisso examine permit- 
iente ordinario non alias in aliquot so- 
lemnitatibus ac jjrocessionibus agenda 
sint. nuUo modo dutn divina officia vel 
celebrantur vel dicuntur, intra eccle- 
siam ipsam agi permittantur... Caveant 
tamen episcopi et eorum vicarii nedum 
solemnitatis divina! causa ludos aliquot 
et spcctacula edi publicé permitiere ve- 
lint, ea permittant quw vel in minimo 
christianam religionem offendere vel 
spectantium unimos in pravos mores 
quoquomodo inducere valeant . . .Decernit 
etenim sánela synodus notí olios ludos. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



41) 



niendo que no se interrumpiesen los oficios divinos con ningún género 
de diversión : que las representaciones no se hiciesen dentro de la 
iglesia, y que los obispos mandasen examinar previamente las piezas de 
asunto sagrado que se diesen al pueblo , repitiendo la prohibición á los 
clérigos de vestirse de máscara, ni representar en los citados espectá- 
culos. En las demás diócesis de España se repitieron sucesivamente 
iguales providencias, y todo fué menester para desterrar del santuario 
desórdenes tan escandalosos , y sujetar á sus ministros á no ser his- 
triones, ni envilecerá vista del público la dignidad de su carácter. 

Quedaron pues reducidas las antiguas acciones dram.áticas de las 
iglesias á unos breves diálogos mezclados con canciones y danzas ho- 
nestas, que desempeñábanlos sacristanes, mozos de coro, cantores 
y acólitos en la fiesta de Navidad , precediendo á su ejecución la cen- 
sura del vicario eclesiástico. Ya no intervenian patriarcas , profetas , 
apóstoles , confesores ni mártires , sino ángeles y pastores ; figuras mas 
acomodadas á la edad, al semblante, á la voz y estatura de los niños y 
jóvenes que habian de hacerlas. De aquí tuvieron origen las piezas can- 
tadas que hoy duran con el nombre de villancicos (1), los cuales mas 



non alia spectacula permittenda ab 
episcopo fore, quám quae ad pietatem 
spectantium ánimos moveré, et á pravis 
moríbus deterrere possint. 

Et ne quid fíat quod ordini ecclesias- 
tico sit indecens , prohibet sancta syno- 
dus quoscumque in sacris consíitutos aut 
benefícium ecclesiasíicum habentes , ne 
in quocumque loco et tempore larvis per- 
sonatiincedant aut cujusque in qitibus- 
cumque spectacuUs ac ludís personam 
agant, etc. 

Pueden verse ademas el concilio com- 
postelano celebrado en los años de 1565 y 
66, el toledano del año de 1582, el valen- 
tino de 1590 , y el tarraconense de 1591. 

(1) Yéase el núm. 102 del catálogo. El 
uso de los villancicos era ya común en el 
siglo XV. Esta composición constaba de 
una ó mas coplas de versos octosílabos con 
un estribillo que se repetía al fin de cada 
una de ellas. Algunas veces se aplicaban 
á asuntos de devoción, y en general á los 
amorosos. De esta clase son los que se 
hallan en el Cancionero : véanse por 
ejemplo los siguientes : 

¿Qué sentís, corazón mío? 
¿No decís 
Qué mal es el que sentís? 

¿Qué sentisles aquel día 



Cuando mí señora vistes, 
Que perdistes alegría 
Y descanso despedístes? 

¿Cómo á mi nunca volvístes? 
¿No decís 
Donde estáis que no venís? 

¿Qué es de vos, que en mi no os hallo? 
Corazón , ¿quién os agena? 
¿Qué fué de vos que aunque callo, 
Vuestro mal también me pena? 

¿Quién os aló tal cadena? 
¿No decís 
Qué mal es el que sentís? 

Llorad , ojos , noche y día ; 
No os canséis, 
Que algún tiempo gozareis. 

Llorad mí mal y tristura 
Con tal fe , tal confianza , 
Que sí os vence desventura 
No se pierda la esperanza. 
No os canséis , 
Que algún tiempo gozareis. 

No os canséis de tal pasión , 
Pues vosotros merecistes 
Que sufriese el corazón 
Lo que vosotros hicísles. 

Llorad y sufrid muy tristes; 
No ceséis. 
Que algún tiempo gozareis. 

Juan de la Encina , Naharro , Castillejo , 
Timoneda y otros acostumbraron á. con- 
cluir sus fábulas teatrales con un villan- 



50 DISCURSO HISTÓRICO. 

artificiosos entonces que ahora , se componían de representación , 
canto, danza, acción muda, trages, aparato y música instrumental. 

Los dramas sagrados, históricos, alegóricos ó morales, que por 
tantos años habían sido ejercicio peculiar de los sacerdotes, desapare- 
cieron enteramente. Nada se había impreso : los cabildos conservaban 
los manuscritos de estas obras como propiedad suya , y así les fué tan 
fácil destruirlas todas. El mismo celo religioso que las fomentó, acabó 
con ellas después : y aunque efectivamente ganó mucho en esto el decoro 
del templo y de sus ministros , la historia literaria se resiente de su 
pérdida. 

Esta prohibición dio nuevo impulso á los teatros públicos, en los 
cuales se vieron desde entonces con mayor frecuencia composiciones 
sagradas que atraían á la multitud : el número de los autores dramáti- 
cos se fué aumentando , como igualmente el de las compañías cómicas. 
La emulación de los actores, su imeres y el deseo de ser aplaudidos les 
hizo adelantar en su arte, y nada omitieron para añadir á sus espectá- 
culos el aparato y brillantez , de que tanta necesidad tenían. 

Un cómico natural de Toledo, Ihimado Naharro (1) , autor de com- 



cico. En las iglesias se cantaron también, 
sirviendo de adorno al diálogo que se re- 
citaba entre ángeles y pastores , celebrando 
el misterio de la Eucaristía , y mas comun- 
mente el nacimiento de nuestro Señor 
Jesucristo. 

Todavía dura este género de composi- 
ciones, aunque no siempre esentas de frial- 
dades, bajezas y chocarrerías poco conve- 
nientes á la mageslad del culto. Tal vez las 
han cantado los ciegos á las puertas de las 
tabernas al mismo tiempo que se entona- 
ban con solemnidad en la iglesia. Véanse 
algunas colecciones impresas de los villan- 
cicos y motetes que se han cantado de dos 
siglos á esta parte en las catedrales de Es- 
paña , y se hallará cuan importante es que 
la autoridad eclesiástica ejerza su vigilancia 
para la corrección de semejantes abusos (*). 

(*) Oigamos sobre esta materia el testimonio 
de un escritor del siglo pasado, de cuya reli- 
giosidad, patriotismo y zclo de las glorias de 
España no puede dudar nadie. El célebre I'ei- 
jóo en su discurso sobre la música de los tem- 
plos (lomoI,disc. 14) dice : «En España 

« está la poesía en un estado lastimoso Esto 

« en general de la poesía española moderna ; 
« pero la peor es la que se oye en las canlinc- 
« las sagradas. Tales son, que.fuera mejor can- 

« lar coplas de ciegos Toda la gracia de las 

«cantadas que hoy suenan en las iglesias, 



(1) Sucedió á Lope de Rueda Naharro, 

«consiste en equívocos bajos, metáforas Iri- 
« viales, retruécanos pueriles. Y lo peor es que 
« carecen enteramente de espíritu y moción, 
« que es lo principal ó lo único que se debiera 
« buscar. En esta parte han pecado aun los 
« buenos poetas — Creo que esto ha dependido 
« de que asi Solis como otros poetas de habili- 
« dad á estas letrillas que se hacen para las 
« festividades las han mirado como cosa de ju- 
« guete, siendo asi que ninguna otra composi- 

« cion pide atenderse con tanta seriedad 

« Este no es juego de niños (dice nuestro Ma- 
« bíUün hablando de la poesía) : mucho menos 
« será juego de niños la poesía sagrada. Con 
'( todo la que se canta en nuestras iglesias no 

(( es otra cosa Pero aun no he dicho lo peor 

« que hay en las cantadas á lo divino; y es que 
« ya que no todas, muchísimas están compues- 
« las al genio burlesco. Con gran discreción por 
« cierto, porque las cosas de Dios son cosas de 
« entremés. ¿Qué concepto darán del inefable 
« misterio de la Encarnación mil disparales 
« puestos en las bocas de Gil y Pascual? Dejólo 
« aquí , porque me impaciento de considerarlo. 
« Y á quien no le disonare tan indigno abuso 
" por sí mismo, no podré yo convencerle con 
« argumento alguno. » 

La Academia ha creído oportuno confirmar 
con esta prueba la aserción de Moralin, para 
que no parezcan demasiado duras las espre- 
síones de que este se vale para censurar tal 
abuso. Kota de la Academia de la flistoiia. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



51 



pañía, inventó los teatros por los años de 1570, que es decir introdujo 
en ellos dfecoraciones pintadas y movibles, según el argumento lo re- 
queria: mudó el sitio de la música, aumentó los trages, hizo varias al- 
teraciones en las figuras de la comedia, puso en movimiento las má- 
quinas , imitó las tempestades , y animó sus fábulas con el aparato es- 
trepitoso de combates y ejércitos. 

Ya se infiere de aquí que la dramática española iba apartándose de 
aquella sencillez que la habia hecho estimable en las mejores composi- 
ciones de los autores precedentes. Vanos fueron los esfuerzos del docto 
anónimo (1) que en el año de 1555 publicó en Amberes una buena tra- 
ducción de dos comedias de Planto. El benemérito humanista Pedro 
Simón Abril (2) dio á conocer á sus compatriotas en los años de 1570 
y 77 el Piulo de Aristófanes , la Medea de Eurípides y las comedias de 
Terencio en lengua vulgar: nada de esto sirvió de ejemplo á los que 
escribían para el teatro. Gerónimo Bermudez (3), en el mismo año 
de 1577, presentó en su tragedia de Nise lastimosa una acción interesante , 
patética , llena de situaciones verosímiles y afectuosas , espresadas 
con grave y decoroso estilo. Las tragedias en prosa de Fernán Pérez de 



natural de Toledo « Este levantó algún 

« tanto mas el adorno de las comedias , y 
« mudó el costal de vestidos en cofres y 
" baúles : sacó la música que antes can- 
« taba detras de la manta al teatro pú- 
<( blico : quitó las barbas de los farsantes , 
« que hasta entonces ninguno representaba 
" sin l)arba postiza, é hizo que todos re- 
" presentasen á cureña rasa , si no era los 
'< que habian de representar los viejos ú 
<< otras figuras que pidiesen mudanza de 
(' rostro. Inventó tramoyas, nubes, true- 
« nos y relámpagos, desafios y batallas. » 
(Cervantes en el prólogo de sus comedias. 
En el Viaje entretenido dice Agustín 
de Rojas .- 

Después como los ingenios 
Se adelgazaron, empiezan 
A dejar aqueste uso : 
Reduciendo los poetas 
La mal ordenada prosa 
En pastoriles endechas , 
Hacían farsas de pastores 
De seis jornadas compuestas 
Sin mas hato que un pellico, 
Un laúd, una vihuela, 
Una barba de zamarro. 
Sin mas oro ni mas seda. 
Y en efecto poco á poco 
Barbas y pellicos dejan , 



Y empiezan á introducir 
Amores en las comedias , 
En las cuales ya habia dama, 

Y un padre que á aquesta cela ; 
Habia galán desdeñado, 

Y otro que querido era; 
Un viejo que reprendía. 
Un bobo que los acecha, 
Un vecino que los casa 

Y otro que ordena las fiestas. 
Ya habia saco de padre , 
Habia barba y cabellera. 
Un vestido de muger, 
Porque entonces no lo eran 
Sino niños ; después de esto 
Se usaron otras, sin estas. 
De moros y de cristianos. 
Con ropas y tunicelas. 
Estas empezó Berrio, 
Luego los demás poetas 
Metieron figuras graves, 
Como son reyes y reinas. 
Fué el autor primero de esto 
El noble Juan de la Cueva , etc. 

(1) Véanse los números 86 y 87 del ca- 
tálogo. 

(2) Véanselos números 120, 121, 123 
hasta el 128 del catálogo. 

(3) Véase el número 129 y 130 del ca- 
tálogo. 



I'r2 DISCURSO HISTÓRICO. 

Oliva , publicadas ya por Ambrosio de Morales , se leian con estimación 
de los doctos , pero nin^juno cuidó de imitarlas. 

Oíros literatos escribieron en la misma época comedias y tragedias 
latinas con apreciable regularidad : obras de mera erudición, que no 
pudieron influir en los adelantamientos del teatro, ü. Luis Zapata tra- 
dujo y publicó el arte poética de Horacio : Juan Pérez de Castro la de 
Aristóteles. Alonso López, llamado el Pinciano, dio á luz poco des- 
pués una difusa y juiciosa poética , en que reunió con buen gusto y 
elección los preceptos de la dramática : todo fué inútil, la depravación 
de la escena española era ya inevitable. 

El sevillano Juan de Malara (1) fué uno de los que mas contribuye- 
ron á ella escribiendo dramas desarreglados en que aplaudió el público 
muchas veces la dicción fácil y sonora , con que supo hermosear los es- 
travios de su brillante imaginación. 

Juan de la Cueva (2), su compatriota, afluente versificador, que 
cultivando todos los géneros de la poesía para no ser perfecto en nin- 
guno , siguió las huellas de Malara , empezó desde el año de 1579 á dar 
al público sus comedias y tragedias : oidas primero con general con- 
tento en Sevilla , y repetidas después en todas las ciudades del reino , 
sirviendo de modelos ó de disculpa á los que con menos talento se pro- 
pusieron imitarle. 

Entonces se vieron ya confundidos los géneros cómico y trágico en 
los argumentos de la fábula, en los personages , en las pasiones y en el 
estilo. Se adoptaron todas las combinaciones líricas, épicas y elegiacas, 
olvidándose de la unidad y conveniencia imitativa que pide la espre- 
sion de los afectos y caracteres en el teatro. Empezó á desatenderse 
como cosa de poca estima la prosa dramática, que en ambos géneros 
habia llegado tan cerca de la perfección, merced al estudio de algunos 
beneméritos autores. Las comedias eran ya novelas en verso, compues- 
tas de patrañas inverosímiles é inconexas : las tragedias un enredo con- 
fuso , que se desataba á fuerza de atrocidades repugnantes y feroces , 
ó una serie de situaciones faltas de unidad y artificio , copiadas de la 
historia , sin que el autor pusiera otra cosa de su parte que el diálogo 
y los versos. 

Así halló el teatro Miguel de Cervantes (3) , el cual, bien lejos de 
contribuir á mejorarle , como pudiera haberlo hecho , solo atendió á 
buscar en él los socorros que necesitaba su habitual pobreza , escri- 
biendo como los demás, y olvidando lo que sabia para acomodarse al 
gusto del vulgo y merecer su aplauso. 



(t) Véanse los números Tí, 88 y lOt del 
catálogo. 

(2) Véanse en el catálogo desde el nú- 
mero 132 hasta el 139, desde el 142 hasta 



el li5, y ademas los números 147 y 150. 
(3) Véanse en el catálogo los números 
15.5, 1.57, 1.58, 1.59. 160, 164, 165, 166 y 
167. 



DISCURSO HISTÓRICO. 



53 



Esta escuela , si tal debe llamarse , siguieron después Cetina , 
A^irués (1) , Guevara , Lupercio de Argensola (2) , Artieda (3) , Sal- 
daña, Gozar, Fuentes, Ortiz, Berrio, Loyola, Mejia, Vega, Cisne- 
ros (4), Morales, y un número infinito de poetas de menor celebri- 
dad , que florecieron en Castilla , Andalucía y Valencia, 

Hecho ya el teatro necesidad del pueblo , y multiplicándose por todas 
partes las compañias cómicas , llegaron á establecerse en la corle, ocu- 
pando los dos corrales (5) de la Cruz y el Principe, construido el pri- 
mero en el año de 1579, y el segundo en el de 1582. 

En ellos empezaron á oirse con admiración los fáciles versos del jo- 
ven Lope de Vega, aquel hombre estraordinario á quien la naturaleza 
dotó de imaginación tan fecunda, de tan afluente vena poética , que en 
ninguna otra edad le ha producido semejante. Nada estimaba el público 
en los teatros si no era de Lope : los demás poetas vieron que el único 
medio de adquirir aplausos era imitarle , y por consiguiente abandona- 
ron el estudio de los buenos dramáticos de la antigüedad , las doctri- 
nas de los mejores críticos , y aquellos preceptos mas obvios que dicta 



(1) Véanse los números UO, lil, 146, 
148 y 149 del catálogo. 

(2) Véanse los números 161, 162 y 163 
del catálogo. 

(3) Véase el número 151 hasta el 154. 
(i) Véase el número 122 del catálogo. 
(.5) Las compañías cómicas se detenían 

en Madrid y en las demás poblaciones 
considerables, según el acogimiento que 
les hacían y el caudal de piezas que lleva- 
ban. Arrendaban para esto algunos patios 
ó corrales, y en ellos armaban sus tablados 
y disponían los asientos para el concurso. 
El nombre de patio y corral llegó á ser 
sinónimo de teatro. Aun dura en los mo- 
dernos la denominación que se dio en lo 
antiguo á las tablas, patio, gradas, cor- 
redorcillOy aposentos, barandilla, dego- 
lladero, cazuela y alojeros. La que hoy es 
luneta se llamó al principio bancos, y la 
parte alta que hoy es tertulia y palcos ter- 
ceros se llamó desvanes, porque en efecto 
lo eran. 

Luis Quiñones deBenavente dijo en una 
de sus loas : 

Lorenzo. Piedad, ingeniosos bancos. 
Cintor. Perdón, nobles aposentos. 
Linares. Favor, belicosas gradas. 
Bernardo. Quietud, desvanes tremendos. 
Pinelo. Atención, mis barandillas. 
Pinero. Carísimos mosqueteros , 



Granujas del auditorio, 
Defensa, ayuda, silencio. 

Lor. Damas en quien dignamente 
Cifró su hermosura el cielo, 

Inés. Asi el abril de los años 
Sea en vosotras eterno, 
Y que el tiempo que tenéis 
No se sepa en ningún tiempo, 

Margarita. Que piadosas y corteses 
Pongáis perpetuo silencio 

In. A las llaves y á los pitos, 
Silva de varios sucesos. 

En el año de 1568 se representaba en un 
corral de la Puerta del Sot, en otro de la 
calle del Principe, propio de Isabel Pa- 
checo , y en otro de la misma calle de un 
N. Barquillos. Después hubo comedias en 
otro de la calle del Lobo , de quien era 
dueño Cristóval de la Puente. Hubo tam- 
bién otro corral llamado de la Valdivieso, 
en que algunas veces se representó. En el 
año de 1579 y en el de 1582 establecieron 
las cofradías de la Pasión y Soledad dos 
corrales : el primero en la calle de la Cruz , 
y el segundo en la del Principe. Estos mis- 
mos son los que transformados ya en tea- 
tros conservan todavía el uso , el sitio y el 
nombre. Pellicer en su tratado sobre el 
Origen de la comedia y del histrionismo 
en España , tomo I , recogió varias noti- 
cias curiosas acerca de los teatros materia- 
les de Madrid. 



;)í 



DISCURSO HISTÓRICO. 

por sí solo el oiiiendiniitMito sin necesidad del ejemplo ni do la lectura. 
Al acabarse el siglo XVI (1), no cumplidos los cuarenta años de su 
edad, ya habia dado Lope á los teatros mas de cuatrocientas comedias , 
improvisadas , ya se entiende , como todas las que hizo después , como 
todas las demás obras que salieron de su pluma en prosa y en verso; 
pero si es admirable la fecundidad de su fantasía, que nunca supo su- 
jetar á los preceptos del arte, no es menos de maravillar que impro- 
visando siempre, muchas veces acertó. Los que prescindiendo de las 
infinitas bellezas que se hallan esparcidas en sus composiciones dramá- 
ticas, gusten solo de acriminar sus defectos, no les fallará materia 



(1) El crecido número de las composi- 
ciones dramáticas de Lope de Vega no es 
una tradición oscura : está apoyada en 
testimonios irrecusables. Véanse aquí reu- 
nidos algunos de ellos. 

En el año de 1603 corrían ya impresas 
trecientas treinta y seis comedias suyas, 
de las cuales puso una lista en su obra in- 
titulada El Peregrino, y alli mismo dijo 
que sin hacer mención de los autos y de 
algunas comedias que no se acordaba, lle- 
vaba ya compuestas cuatrocientas sesenta 
y dos. En el Arte nuevo de hacer come- 
dias, publicado en 1609, dijo que tenia es- 
critas cuatrocientas ochenta y tres. Fran- 
cisco Pacheco en el discurro que imprimió 
en el mismo año de 16ü9 sobre el reí ralo 
de Lope , afirmó que las comedias de aquel 
poeta llegaban á quinientas. Cervantes en 
el prólogo de las suyas, dadas á luz en 
1615, dijo que Lope llevaba escritas mas 
de ochocientas. Dedicando el mismo Lope 
á su hijo la comedia de El verdadero 
amante , en el año de 1620, le dice que 
habia compuesto ya novecientas. En el 
prólogo á la vigésima parle de ellas, im- 
preso en 1627, asegura tener ya escritas mil 
setenta. En la Éyloga á Claudio, escriin 
antes del año de 1632 , dice Lope hablando 
de sus comedias que hasta entonces habia 
hecho mil quinientas. 

Juan líodino en su epístola latina diri- 
gida á León Allacci en el año 16:$6 , 
muerto ya Lope, le atribuye mil quinien- 
tas. Fernando Cardoso en la oración fúne- 
bre de aquel poeta fija el número de sus 
comedias en mil quinientas. El P. Mtro. 
Avalos en su elogio de Lope dice que ha- 
bia escrito mil selecienlas. El licenciado 



Antonio de Leda en su poema intitulado 
El Fénix mantuano, alabando á Lope , le 
reconoce por autor ae mil ochocientas. 
El caballero Juan Bautista Marino dijo en 
el panegírico de Lope que habia com- 
puesto dos mil. D. Juan Antonio de la 
Peña en la dedicatoria de su égloga ele- 
giaca mtitulada Belardo dice que Lope 
escribió mil seiscientas comedias , y en el 
prólogo que precede á la misma obra dice 
que fueron sus comedias mil seiscientas, 
y los autos sacramentales mas de doscien- 
tos, que es decir, le atribuye mil ocho- 
cientas obras de teatro. El doctor Juan 
Pérez de Montalban, testigo de toda es- 
cepcion, en su libro intitulado Para todos, 
dice de Lope que en el año de 1632 llevaba 
impresos veinte tomos de comedias , y mil 
quinientas que se habían representado , 
sin contar los autos. El mismo en la Fama 
postuma de Lope dice que las comedias 
que se habían representado de aquel au- 
tor llegaban á mil ochocientas, y que pa- 
saban de cuatrocientos los autos sacra- 
mentales , en todo dos mil doscientas 
piezas dramáticas. D. Nicolás Antonio, en 
vista de tales aserciones dadas por íntimos 
amigos de Lope , publicadas en el mismo 
año que murió, no desmentidas por nin- 
guno de los muchos émulos que tuvo , y 
que el mismo D. INícolas Antonio pudo 
verificar por los informes de las que al- 
canzaron los últimos años de Lope de 
Vega , y mas que todo por las mismas 
obras que entonces debían existir, no dudó 
aseguraren su Biblioteca que aquel poeta 
habia com¡)uesto mil ochocientas come- 
dias v cuatrocientos autos sacraméntale.^. 



DISCURSO HISTÓRICO. S5 

abundaniisima para la censura ; pero si esta la esiienden hasta el punto 
de culpar á Lope como corruptor de la escena española (1), no halla- 
rán las pruebas que se necesitan para apoyar una acusación tan injusta. 

Lope no desterró el buen gusto del teatro que ya estaba enteramente 
perdido cuando él empezó á escribir. Si algún cargo puede hacérsele, 
será solo el de no haber intentado corregirle; y en efecto mucho podía 
esperarse de un talento como el suyo , de su esquisita sensibilidad , de 
su ardiente imaginación, de su natural afluencia , su oido armónico , 
su cultura y propiedad en el idioma , su erudición y lectura inmensa de 
autores antiguos y modernos , su conocimiento práctico de caracteres y 
costumbres nacionales. Si con estas prendas no aspiró á la gloria que ad- 
quirieron en Francia algunos años después Gorneille y Moliere, esta 
es la sola culpa de que se le puede acusar. 

El teatro español que, como ya se ha dicho, empezó en el templo , 
sujetaba á la ficción escénica los misterios de la religión. En el templo, 
y después en las plazas y corrales , se oyó la voz de Dios , la de Cristo , 
la de su divina Madre, la de los apóstoles y mártires : los ángeles, los 
diablos , los vicios y las virtudes eran figuras comunes en aquellos 



(1) El prólogo que puso D. Blas Na- 
sarre á las comedias de Cervantes con- 
tiene escelentes doctrinas acerca del arle 
dramática ; pero aquel literato se dejó 
llevar muchas veces de sus propias imagi- 
naciones , de un espíritu de patriotismo 
mal entendido, y de un empeño no discul- 
pable en desacreditar á Lope y Calderón , 
suponiéndolos corruptores de nuestro tea- 
tro , como si le hubieran hallado menos 
defectuoso, como si alguno de sus contem- 
poráneos hubiera escrito con mayor acier- 
to. Véanse aqui los errores que me han 
parecido mas notables en el citado pró- 
logo, relativos á nuestra historia literaria 
y á otras materias de buen gusto y discer- 
nimiento critico. 

« Los árabes y moros fueron escelenles 
« en las representaciones dramáticas. — 
« Los trovadores provenzales fueron los 
« primeros que escribieron comedias. — 
« En las obras poéticas de Alfonso el Sa- 
« bio , en las de Gonzalo de Berceo y ro- 
te manees antiguos se conservan testimo- 
« nios auténticos de nuestras composiciones 
« teatrales , con muchos siglos de ante- 
« rioridad á las piadosas farsas de los ila- 
« llanos y franceses. — Los peregrinos que 
« iban á Santiago cantaban y representa- 
'( ban al vivo los misterios de la religión 



<( y las historias sagradas , de cuya cos- 
« lumbre quedaron las relaciones de ciegos 
« y los aulos sacramentales. — Cervantes 
« compuso sus comedias con la misma 
« idea que el Quijote , haciéndolas de in- 
« tentó desarregladas y llenas de desatinos 
« á Gn de purgar del mal gusto y mala mo- 
« ral el teatro. — Cuando Lope empezó á 
« escribir, eran ya las comedias adultas y 
« perfectas, y él las volvió á las mantillas. 
« — Calderón fué el segundo corruptor 
« del teatro. — Moliere puso en la escena 
« algunas de las comedias de este autor, 
« que tuvieron y tienen mucho aplauso y 
« aprobación entre los franceses. — Gui- 
« lien de Castro, Rojas y Solis guardaron 
« la moderación que pide el estilo de las 
« comedias. — Tenemos mayor número de 
« comedias perfectas y según arte que los 
« franceses, italianos é ingleses juntos. — 
« Tenemos comedias ajustadísimas á la 
« razón y al arte, que en nada son infe- 
« riores á las de Moliere, Wicherley , 
« MafTei y Riccoboni. — D. Esteban Ma- 
« nuel de Villegas es comparable á los me- 
cí jores poetas griegos. » 

Si me preguntasen mi opinión acerca i!e 
los artículos precedentes, respondería sin 
peligro de ser desmentido : todo es falso. 



5() DISCURSO HISTÓRICO. 

dramas. Esto no lo inventó Lope, ya lo halló establecido en los teatros 
de su nación. Si enredó sus fábulas con inverosímil artificio , huyendo 
el orden natural en que se suceden unos á otros los acaecimientos de la 
vida, si mezcló en ellas altos y humildes persona{T¡es , acciones he- 
roicas y plebeyas, si pasó los términos del lup¡ar y el tiempo , si faltó 
á la historia y á los usos característicos de las naciones ; los poetas que 
le habían precedido le dieron ejemplo. Si puso en el teatro lo que solo 
cabe en las descripciones de la epopeya, lo que solo se permite á los 
movimientos líricos , si aduló la ijrnorancía vulgar pintando como po- 
sibles las apariciones , los pactos , los hechizos y todos los delirios que 
una vana credulidad autoriza; otros antes que él habían hecho lo mismo. 
Si se atrevió á mezclar entre sus figuras las deidades gentílicas , cuya 
existencia es tan absurda que destruye toda verosimilitud teatral ; nada 
hizo de nuevo , repitió solamente lo que halló practicado ya, lo que el 
pueblo había visto y aplaudido por espacio de muchos años. No cor- 
rompió el teatro : se allanó á escribir según el gusto que dominaba 
entonces : no trató de enseñar al vulgo , ni de rectificar sus ideas, sino 
de agradarle para vender con estimación lo que componía , y aspiró á 
conciliar por este medio (poco plausible) las lisonjas de su amor pro- 
pio con los aumentos de su fortuna. 

El examen de sus obras dramáticas y las que escribieron imitándole 
sus contemporáneos, las innovaciones que introdujo Calderón dando á 
la fábula mayor artificio, los defectos, las bellezas de nuestro teatro y 
su influencia en los demás de Europa durante todo el siglo XVII, su 
decadencia en el siguiente, los esfuerzos que se hicieron para su re- 
forma , el estado en que hoy se halla y los medios de mejorarle darán 
materia á quien con mayores luces y menos próximo al sepulcro se 
proponga continuar ilustrando esta parte de nuestra literatura , que 
tanto puede influir en los progresos del entendimiento , y en la corree^ 
cion y decoro de las costumbres privadas y públicas. 



CATALOGO 

HISTÓRICO Y CRÍTICO DE PIEZAS DRAMÁTICAS 

ANTERIORES Á LOPE DE YEGA. 



AÑO DE 4336. 

1. Anónimo. Danza general en que en- 
tran todos los estados de gentes. Esta 
obra existe en la biblioteca del Escorial 
manuscrita de letra antigua en un lomo 
en cuarto. Se creyó que el autor de ella 
fuese Rabí D. Santo, judío, que floreció en 
tiempo del rey D. Pedro de Castilla ; pero 
examinado el códice con mayor atención, 
se ha visto que no es composición del ci- 
tado Rabí. El que escribió la Danza gene- 
ral es absolutamente desconocido, y solo 
puede inferirse que vivió á mediados del 
siglo XIV. 

Su obra es una pieza dramática escrita 
en coplas de arte mayor. No es fácil deci- 
dir si los versos se cantaban ó se represen- 
taban ; pero no cabe duda en que á lo 
menos alternarian con ellos las mudanzas 
del baile ejecutadas al son de la música. 
La Muerte, que es uno de los personages, 
dice : 

Yo sü la Muerte cierta á todas criaturas 
Que son y serán en el mundo durante; 
Demando, é digo: Oh! heme, por qué curas 
De vida tan breve en punto pasante? 
Pues no liay tan fuerte nin recio gigante 
Que deste mi arcóse pueda amparar, 
Conviene que mueras, quando lo tirar 
Con esta mi frecha cruel traspasante. 

Sígnense á esta otras octavas , y luego 
se introduce á un predicador que intima á 
todos la necesidad de morir, aconsejando 
la práctica de las buenas obras á fin de 
disponerse para entrar en una danza que 
tiene prevenida la Muerte, y dice esta : 

\ la danza mortal venil los nacidos 
Que en el mundo sois de cualquier estado; 



El que non quisiere , á fuerza é amidos 
Facerle he venir muy tosté parado. 
Pues que ya el frayre vos ha predicado 
Que todos avades á facer penitencia; 
El que non quisiere poner diligencia, 
Non puede ya ser ya mas esperado. 

Llama ásu danza íf dos doncellas, y dice : 

A esta mi danza trax de presente 

Estas dos doncellas que vedes, fermosas; 
Ellas vinieron de muy mala mente 
A oir mis canciones , que son dolorosas. 
Mas non les valdrán llores ni rosas 
Nin las composturas que poner solían : 
De mi si pudiesen partirse querri.-^n; 
Mas non puede ser, que son mis esposas. 

Véanse el 1° y í° tomo de la colección 
de poesías castellanas anteriores al siglo 
XV, por D. Tomas Sánchez. 

U\4. 

2. D. Enrique de Aragón, marques de 
Villena. Comedia alegórica, representada 
al rey D. Fernando de Aragón. 

D. Enrique de Aragón, marques de Vi- 
llena, nieto de Enrique U, rey de Castilla, 
y biznieto del infante D. Pedro de Aragón, 
floreció en el reinado de D. Juan el II de 
Castilla. Fué hombre de mucho ingenio, 
muy estudioso é instruido tanto en letras 
humanas como en las ciencias físicas y ma- 
temáticas, que le adquirieron entre el vulgo 
la opinión de mágico. Murió en el año de 
1434. Dejó sus libros al rey, y con ellos se 
llenaron dos carretas. Fray Lope de Bar- 
rientos, comisionado por el rey para exa- 
minarlas, « fizo quemar mas de cien libros 
«(como refiere FernanGomez de Cibdareal) 
« que no los vio él mas que el rey de Mar- 
te roecos ni mas los entiende que el deán de 



58 



aVTÁLOGO 



« Cidarodrigo ; ca son muchos los que en 
« este tiempo se fan dolos, faciendo (\ otros 
(( insipientes é magos ; é peor es que se 
« facen beatos, faciendo á otros nigro- 
« mantés. » 

Escribió el marques varias poesías, can- 
ciones y diálogos que se representaron, un 
poema de los trabajos de Hércules , una 
traducción de la Eneida, otra de la Divi- 
na Comedia de Dante , y otra del tratado 
de Oratore de Cicerón. Compuso un libro 
de la Gaya sciencia, otro del Arte cisoria, 
y varios opúsculos. Vivió muy estimado asi 
en la corte de Castilla como en la de Ara- 
gón, y para esta escribió la comedia ale- 
górica que va mencionada. Hacian papel 
en ella la Justicia, la Verdad, la Paz y la 
Misericordia. Nasarre en el Prólogo á las 
comedias de Cervantes, y Velazquez en 
losOrigenesdela poesía castellana, hacen 
memoria de esta comedia , reliriéndose á 
Gonzalo Garcia de Santa María en la cró- 
nica que escribió del citado rey D. Fer- 
nando I de Aragón. 

4469. 

3. Anónimo. Comedia representada en 
casa del conde de Ureña para obsequiar 
al infante I). Fernando de Aragón con mo- 
tivo de su desposorio con la infanta Doña 
Isabel , hermana del rey Enrique IV de 
Castilla. Se ignora si esta comedia existe. 
Nasarre da noticia de ella, atribuyéndola 
á Juan de la Encina ; pero en el año de 
li69 en que se casaron los reyes Católicos, 
Juan de la Encina lloraba en la cuna. 

1470. 

4. Rodrigo de Cota. Diálogo. — Co- 
mienza una obra de Rodrigo de Cota á 
manera de diálogo entre el Amor y un 
viejo , que escarmentado de él , muy re- 
traído se figura en una huerta seca y des- 
truida , do la casa del Placer derribada 
se muestra, cerrada la puerta, en una 
pobrecilla choza metido, al cual súbita- 
mente paresce el Amor con sus ministros : 
y aquel humildemente procediendo , y el 
viejo en áspera manera replicando , van 
discurriendo por su fabla , fasta que el 
viejo del Amor fué vencido : y comenzó 
á hablar el viejo de la manera siguiente. 
Así se anuncia esta obra en el Cancionero 
general de Ilrniando del Castillo, im- 



preso en Valencia por Cristóval IIoITman, 
natural de Basilea, año de 1511. 

Este diálogo es una representación dra- 
mática con acción , nudo y desenlace : entre 
dos interlocutores no es posible exigir 
mayor movimiento teatral. Supone deco- 
ración escénica, máquina , trages y apa- 
rato : el estilo es conveniente, fácil y 
elegante : los versos tienen fluidez y ar- 
monía. 

Poca noticia nos ha quedado del autor : 
se sabe solamente que existieron en el si- 
glo XV dos parientes, vecinos de Toledo, 
con el nombre de Rodrigo de Cola , y que 
al mas antiguo de ellos llamaron el Tío. 

A este se le atribuyen las coplas de 
mingo Revulgo , y no con bastante segu- 
ridad el primer acto de la Celestina. Fran- 
cisco del Canto, que reimprimió en Medina 
del (]ampo en el año de l.")G!»el Diálogo 
del Amor y un viejo , le anunció de este 
modo : Diálogo hecho por el famoso au- 
tor Rodrigo de Cota, el Tio, natural de 
Toledo , el cual compuso la égloga de 
Mingo Revulgo , etc. Si esta indicación es 
segura, puede decirse que Rodrigo de Cota, 
el Tío, floreció durante los reinados de 
Juan el 11 y de Enrique IV. Las coplas de 
Revulgo son una sátira de los desórdenes 
ocurridos en tiempo de este último rey. 
Los que han creído que aludía á los de su 
antecesor, no han leido detenidamente las 
citadas coplas , en las cuales se pinta muy 
al vivo el carácter de D. Enrique , sus in- 
clinaciones, sus vicios, su retraimiento, su 
absoluto abandono y su escandalosa pasión 
á la portuguesa doña Guiomar de Castro , 
dama de la reina. 

U92. 

5. Juan de la Encina. — Égloga repre- 
sentada en la noche de la Navidad de 
nuestro Salvador, á donde se introducen 
dos pastores, uno llamado Juan, é otro 
Mateo : é aquel que Juan se llamaba en- 
tró primero en la sala á donde el duque 
é duquesa estaban , é en nombre de Juan 
del Encina llegó á presentar cient coplas 
de aquesta fiesta á la señora duquesa ; é 
el otro pastor llamado Mateo entró des- 
pués de esto , é en nombre de los detrac- 
tores é maldicientes comenzóse á razonar 
con él, ó Juan estando muy alegre é ufa- 
no, porque sus señorías le habían ya 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



59 



recebido por suyo , venció la malicia del 
otro. A donde prometió que venido el 
mayo sacaría la compilación de todas 
sus obras, porque se las usurpaban é 
corrompían , é porque no pensasen que 
toda su obra erapastoríl , según algunos 
decían , mas antes conosciesen que á mas 
se estendia su saber. Diálogo en verso sin 
artificio dramático. 

1492. 

6. Égloga representada en la misma 
noche de Navidad , á donde se introdu- 
cen los mesmos pastores de arriba : é es- 
tando estos en la sala á donde los mai- 
tines se decian . entraron otros dos pas- 
tores , que Lúeas é Marco se llamaban, é 
todos cuatro en nombre de los cuatro 
evangelistas de la Natividad de Cristo 
se comenzaron á razonar. Consiste en un 
diálogo en verso sin acción, y concluye 
con un villancico cantado. Se infiere por 
esta pieza que en alguna sala de casa del 
duque de Alba se disponía un nacimiento 
(como es todavía costumbre en España), 
se rezaban delante de él los maitines con 
asistencia de los duques y de su familia, y 
acabado este acto religioso seguían las di- 
versiones de representación y de música. 

i í9i. 

7. Representación á la muy bendita pa- 
sión y muerte de nuestro precioso Reden- 
tor, á donde se introducen dos ermitaños, 
el uno viejo y el otro mozo , razonándose 
como entrepadre c hijo camino del santo 
sepulcro , c estando ya delante del monu- 
mento , allegóse á razonar con ellos una 
muger llamada Verónica, á quien Cristo 
cuando le llevaban á crucificar dejó im- 
primida la figura de su rostro en un 
paño que ella le dio para se tdimpiar del 
sudor y sangre. Va eso mesmo introdu- 
cido un ángel, que vino á contemplar 
en el monumento é les trajo consuelo é 
esperanza de la santa resurrección. Diá- 
logo sencillísimo en verso , con buen len- 
guaje y estilo. Se infiere de su contenido 
que se representó en casa de los duques 
delante del monumento que se pondría el 
jueves santo en el oratorio. 

R. Representación á la santísima re- 



surrección de Cristo, á donde se intro- 
ducen Josef é la Madalena é los discí- 
pulos que iban al castillo de Emaus : é 
primero Josef comienza contemplando 
el sepulcro... é en fin vino un ángel á ellos 
por les acrescentar el alegría é fe de la 
resurrección. Concluye este diálogo en 
verso con un villancico. Es creíble que se 
representase también en el oratorio de los 
duques. 

1495. 

9. Égloga representada en la noche 
postrera de carnal {que dicen de antruejo 
ó carnestollendas) á donde se introducen 
cuatro pastores llamados Beneyto , é 
Bras , Pedruelo, é Llórente. É prim.ero 
Beneyto entró en la sala á donde el du- 
que é duquesa estaban é comienzo mucho 
á dolerse é acuitarse porque se sonaba 
que el duque su señor se había de partir 
á la guerra de Francia : é luego tras él 
entró el que llamaban Bras preguntán- 
dole la causa de su dolor , e después lla- 
maron á Pedruelo, el cual les dio nuevas 
de paz , é en fin vino Llórente que les 
ayudó á cantar. Esta égloga escrita en 
verso puede considerarse como ut; pequeño 
drama con nudo y solución , en el cual 
oportunamente introdujo el autor los elo- 
gios del duque de Alba. La espresion de 
caracteres y afectos son convenientes á los 
personages de la fábula. 

1495. 

10. Égloga representada la mesma 
noche de antruejo ó carnestollendas , á 
donde se introducen los mesmos pastores 
de arriba llamados Beneyto , é Bras , é 
Llórente, é Pedruelo. É primero Beneyto 
entró en la sala , á donde el duque é du- 
quesa estaban, é tendido en el suelo de 
gran reposo comenzó á cenar , é luego 
Bras que yahabia cenado entró diciendo : 
carnes fuera; mas importunado de Be- 
neyto tornó otra vez á cenar con él, é es- 
tando cenando é razonándose sobre la 
venida de cuaresma , entraron Llórente 
é Pedruelo, é todos cuatro juntamente 
comiendo y cantando con mucho placer 
dieron fin á su festejar. Diálogo en verso 
desnudo de acción , que se acaba con un 
villancico. 



60 



CATÁLOGO 



1495. 

1 1 . Égloga representada en recuesta de 
unos amores, á donde se introduce una 
pastorcüla llamada Pascuala , que yendo 
cantando con su ganado entró en la sala 
á donde el duque é duquesa estaban , é 
luego después de ella entró un pastor lla- 
mado Mingo, é comenzó á requerilla. L 
estando en su recuesta llegó un escudero 
que también fué preso de sus amores. 
Recuestando e altercando el tino con el 
otro se la sonsacó, é se tornó pastor por 
ella. En esta égloga escrita en verso se 
advierte un poco de artificio dramático : el 
lenguaje y estilo son acomodados á los ca- 
racteres que en ella se introducen. El de 
Mingo le representó Juan de la Encina , 
como se infiere por el contesto de la pieza 
siguiente. 

1496. 

12. Égloga representada por las mes- 
mas personas que en la de arriba van 
introducidas , que son un pastor llama- 
do Gil, é Pascuala é Mingo , é su esposa 
Menga , que de nuevo agora aquí se in- 
troducen. É primero Gil entró en la sala 
á donde el duque e duquesa estaban , c 
Mingo, queiba con él, quedóse á lapuerta 
espantado que no osó entrar , é después 
importunado de Gil entró , é en nombre 
de Juan de la Encina llegó á presentar 
al duque é duquesa sus señores la com- 
pilación de sus obras , é allí prometió no 
trovar mas, salvo lo que sus señorías le 
mandasen , e después llamaron á Pas- 
cuala é á Menga , é cantaron é bailaron 
con ellas. É otra vez tornándose á razo- 
nar allí, dejó Gil el hábito de pastor que 
había traído un año, é tornóse del pala- 
cío, é con él juntamente la su Pascuala, 
c en fin Mingo é su esposa Menga vién- 
dolos mudados del palacio crecióles en- 
vidia , é aunque recibieron pena de dejar 
los hábitos pastoriles , también ellos qui- 
sieron tornarse del palacio , y probar la 
vida del. Asi que todos cuatro juntos 
muy ataviados dieron fin á la represen- 
tación cantando el villancico del cabo. 
La composición de este diálogo en verso no 
tiene mérito particular; pero la espresion 
de los caracteres , el estilo , la versificación 
y el siguiente villancico merecen elogio. 



Al Amor obedezcamos 
Con muy presta voluntad; 
Pues ps de necesida<l , 
De fuerza virtud llagamos ; 
Al Amor no resistamos, 
Nadie cierre á su llamar, 
Que no lr> ha de aprovechar. 

Amor amansa al mas fucrle, 
É al mas llaco fortalece ; 
.\.\ que menos le obedece 
Mas le aqueja con su muerte; 
A su buena ó mala sucrle 
Ninguno debe apuntar, 
Que no le ha de aprovechar. 

Amar muda los estados, 
Las vidas y condiciones, 
Conforma los corazones 
De los bien enamorados : 
Resistir á sus cuidados 
Nadie debe procurar, 
Que no le ha de aprovechar. 

Aquel fuerte del Amor, 
Que se pinta niño y ciego, 
Hace al pastor palaciego, 
Y al palaciego pastor ; 
Contra su pena é dolor 
Ninguno debe lidiar, 
Que no le ha de aprovechar. 

El que es Amor verdadero 
Despierta al enamorado, 
Hace al medroso esforzado, 
É muy polido al grosero : 
Quien es de Amor prisionero 
No salga de su mandar, 
Que no le ha de aprovechar. 

El Amor con su poder 
Tiene tal jurisdicion, 
Que cativa el corazón 
Sin poderse defender : 
Nadie se debe ascender 
Si Amor viniere á llamar, 
Que no le ha de aprovechar. 

1496. 

13. Aucto del Repelón, en el cual se 
introducen dos pastores , Piernícurto é 
Johan Paramas , los cuales estando ven- 
diendo su mercadería en la plaza , lle- 
garon ciertos estudiantes que los repela- 
ron , faciéndoles otras burlas peores. Los 
aldeanos , partidos el uno del otro por 
escaparse de ellos, el Johan Paramas 
fuese á casa de iin caballero : en entran- 
do en la sala , fallándose fuera del peli- 
gro , comenzó á contar lo que le acaes- 
ció. Sobreviene Piernícurto en la rezaga, 
que le dice como todo el hato se ha per- 
dido , é entró un estudiante estando ellos 



DE 



lEZAS DRAMÁTICAS. 



fallando á refacer la chaza, al cual, como 
le vieron solo, echaron de la sala. So- 
hrevienen otros dos pastores, é levanta 
Johan Paramas un villancico. No se al- 
canza por qué Juan de la Encina llami) 
auto á esta pieza , y no égloga ó renresen- 
tacion, como hizo con las otras. La pre- 
sente es un diálogo en verso sin acción, en 
que hizo hablar á los interlocutores un len- 
guaje estremadamente grosero y rústico , 
como puede verse en los siguientes versos. 

Estudiante. Pues que ya te lo he jurado, 
Ven acá, dímelo tú. 

Johan. ¿Quieres saber lo que hú? 
Engañónos , mal pecado , 
Que slavanios nel mercado 
Ña aquella praza deiiantes; 
Un rebaño de sludiantes 
Nos hizón un mal recado. 
Aqueste , yo os dó la fe 
Que bonico lo paroren. 

Piernicuvto.iX á mí ño me repeloren? 

Joh. Asi , hizón te , ño sé qué. 

Pier. No, que yo bien me guardé. 

Joh. Bien que el rabo lo pagó. 
¿Cuidas que ño lo sé yo? 

Pier. Cocorrón que te daré. 

U96. 

14. Representación por Juan del En- 
cina ante el muy esclarecido é muy ilus- 
tre principe D. Juan nuestro soberano 
señor. Introdúcense dos pastores , Bras 
é Juanillo, é con ellos un escudero que á 
las voces de otro pastor, Pelayo llamado, 
sobrevinieron ; el cual de las doradas 
frechas del Amor mal herido se quejaba , 
al cual andando por dehesa vedada con 
sus frechas é arco de su gran poder ufa- 
nándose el sobredicho pastor había que- 
rido prender. No carece de mérito en esta 
pieza el soliloquio del Amor, en que des- 
cribe la estension de su poderío. Está es- 
crita en verso. 

Í497. 

15. Égloga trovada por Juan del En- 
cina , en la cual se introducen tres pas- 
tores , Fileno , Zambardo é Cardonio , 
donde se recuentra como este Fileno preso 
de amores de una muger llamada Zéfíra, 
de cuyos amores viéndose muy desfavo- 
recido, cuenta sus penas á Zambardo y 
Cardonio, el cual no fallando en ellos re- 
medio , por sus propias manos se mata. 



El autor de El Diálogo de las lenguas 
cita con elogio una comedia intitulada : 
Fileno y Zambardo ; pero no es de creer 
que aludiese á la presente composición , á 
la cual su autor llamó égloga, y no come- 
dia. Fileno, despuesde quejarse largamente 
de la ingratitud de su pastora , concluye 
quitándose la vida : sobrevienen dos ami- 
gos suyos , cargan con el cuerpo y se le 
llevan á enterrar : no hay mas fábula que 
esta. Escribió su obra Juan de la Encina 
en coplas de arte mayor, á diferencia de 
todas las otras. La pureza del lenguaje , el 
estilo y los versos tienen mérito. Véase 
este pasage en que declama Fileno contra 
los vicios de las mugeres : 

Desde el comienzo de su creación 
Torció la muger del vero camino : 
Que menospreciando el mando divino, 
A si y á nosotros causó perdición : 
De aquella en las otras pasó succesion. 
Soberbia, codicia é desobediencia, 

Y el vicio do halla mayor resistencia 
Aquel mas seguir su loca opinión. 

Discretas son todas á su parescer : 
Si yerran ó no sus obras lo digan : 
¿Dime si viste en cosa que sigan 
Mudanzas é antojos jamas fallescer? 
Si aborresciendo nos muestran querer, 
É si penando nos muestran folganza , 
Yo é los que en ellas han puesto esperanza 
Te pueden de aquesto bien cierto hacer. 

Eltiemponosufrequeen esto me estienda. 
El cual faltaria , mas no que decir : 
Sus arles cubiertas, su claro mentir. 
Huirse debia, mas no lleva enmienda; 

Y aunque de todas aquesto se entienda , 
Sola Zefira á todas escede. 

Cuya crueza no sé , ni se puede 

Pensar, ni ella misma creo la comprenda. 

¿En cuál corazón de muy cruda fiera 
Pudiera caber tan gran crueldad , 
Que siendo señora de mi libertad 
Por otra no suya trocarla quisiera? 
Oh! condición mudable ligera : 
Oh ! triste Fileno, en qué eres venido , 
Que ni aprovecha llamarte vencido, 
Ni para vencer remedio se espera. 

La sierpe y el tigre , el oso y león , 
A quien la natura produjo feroces, 
Por uso de tiempo conocen las voces 
De quien los gobierna y humildes le son; 
Mas esta, do nunca moró compasión. 
Aunque la sigo después que soy hombre, 
Y soy hecho ronco llamando su nombre. 
Ni me oye ni muestra sentir compasión. 



Oi> 



CATÁLOGO 



4498. 

IG. J^glorja frovada por Juan del En- 
cina representada la noche de Navidad, 
en la cual á cuatro pastores, Miyuellejo, 
Juan, Rodrigacho é Antón llamados, que 
sobre los infortunios de las grandes llu- 
vias é la muerte de un sacristán se razo- 
naban , un ángel aparesce, é el nasci- 
miento del Salvador les atiunciando , 
ellos con diversos dones á su visitación 
se aparejan. Es un diálopo en estilo rús- 
lico, que se acaba con la inoportuna apa- 
rición de un ángel. Cuéntales á los pasto- 
res el nacimiento del liijo de Dios, y ellos 
se encaminan á Belén para adorarle; pero 
como los tales pastores no son los del Evan- 
gelio, sino unos cabreros cristianos y es- 
pañoles que hablan de los aguaceros y ave- 
nidas del año de 1 í'.)H , resulta demasiado 
absurdo el anuncio del ángel y el desati- 
nado viaje que emprenden, 

Í515. 

17. D. Pedro Manuel de Urrea. Égloga 
de la tragicomedia de Calixto y Melibea, 
de prosa trovada en metro, por D. Pedro 
Manuel l'rrca , dedicada á su madre la 
condesa de Aranda. Está inserta esta pieza 
entre las varias poesías de que se compone 
el Cancionero del mismo autor impreso en 
Logroño á costa y expensas de Arnao 
Guillen Brocar, maestro de la emprenta 
en dicha ciudad : le acabó en nombre de 
la santísima Trinidat á siete dias del mes 
de julio de 1.513, en folio. 

El autor dice en el argumento : Esta 
égloga ha de ser hecha en dos veces. Pri- 
meramente entra Melibea y después Ca- 
lixto, y pasan allí las razones que aquí 
parescen , y al cabo despide Melibea á 
Calixto con enojo, y sálese él primero, y 
después luego se va Melibea. Y torna 
presto Calixto muy desesperado á buscar 
á Sempronio su criado, y los dos que- 
dan hablando hasta que Sempronio va á 
buscar á Celestina para dar remedio á 
su amo Calixto. Está trovado esto hasta 
que queda solo Calixto , y allí acaba , 
y por no quedar mal, vanse cantando el 
villnncico que va al cabo. Foresta adver- 
tencia preliminar se ve que Urrea no as- 
piró al mérito de la invención : puso en 
versos cortos la prosa que halló en el pri- 



mer acto de la Celestina , y advirtiendo 
que no le resultaba una fábula entera , 
añadió un villancico por no quedar mal. 

4r.l4. 

18. Juan de la Encina. Farsa de Plá- 
cida é Vitoriano. Esta obra , de la cual 
solo queda la noticia , se imprimióen Roma 
enclañode 1514. El citado autor de £/Diá- 
loyo de las lenguas habla de ella con elo- 
gio, prefiriéndola á todas las demás del 
mismo poeta. La inquisición la prohibió 
en el año de 1559. 

Juan de la Encina nació en Salamanca 
(ó en algún pueblo inmediato á ella) en 
el año de 11(58. Estudió en aquella univer- 
sidad , protegido del maestrescuela D. Gu- 
tierre de Toledo, hermano de D. García 
de Toledo, conde de Alba. Siguió después 
la corte, y á los veinticinco años de su 
edad se hallaba colocado en la casa y fami- 
lia de D. Fadrique de Toledo, primer du- 
que de Alba, y de su esposa doña Isabel 
Fimcntel. Publicó la colección de sus obras 
con el título de Cancionero , que dividió 
en cuatro parles, dedicándola á los reyes 
Católicos, al duque y duquesa de Alba, af 
principe D. Juan , y á D. García de Toledo, 
primogénito de los duques, el que murió 
eu la funesta jornada de los Gelves. En la 
cuarta parle de esta colección incluyó sus 
obras dramáticas. El duque y duquesa de 
Alba, D. Fadrique Enriquez, almirante de 
Castilla , D. Iñigo López de Mendoza , du- 
que del Infantado, el principe D. Juan , y 
los mas ilustres caballeros y damas de 
aquella corle asistieron á estos privados es- 
pectáculos, en que Juan de la Encina se 
distinguió como poeta y gracioso cómico. 
Ignórase con qué motivo ni en qué tiempo 
pasó á Roma : solo se sabe que permaneció 
algunos años en aquella capital , cultivando 
las letras y la música , en la cual llegó á 
ser eminente profesor. Ordenado de sacer- 
dote, en el año de 1519 hizo un viaje á 
Jerusalcn en compañía de D. Fadrique 
Enriquez de Ribera , marques de Tarifa : 
volvió á Roma en el mismo año, y en el 
de 1521 publicó en aquella ciudad un poema 
que intituló Tribagia , refiriendo en él 
menudamente su devola peregrinación, 
León X le dio la plaza de maestro de la 
capilla pontificia, y el mismo (ó alguno de 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



63 



sus inmediatos sucesores) premió sus méri- 
tos con el priorato de León. Restituido A 
España murió en Salamanca, cumplidos 
C5 años de su edad, en el de 153i, y fué 
sepultado en aquella iglesia mayor. 

La colección de sus obras ( mas ó menos 
completa) se imprimió en Salamanca en 
los años de li96 y 1509, y en Zaragoza en 
los de 1512 y 1516. 

19. Anónimo. Égloga. Personas : To- 
rino. — Guülardo. — Quirul. — Benita. — 
¡llana. En la novela histórica intitulada 
Cuestión de Amor , en la cual bajo nom- 
bres Gngidos introdujo su ingenioso autor 
á los mas distinguidos caballeros y damas 
de la ciudad de IVápoles , supone que la 
presente égloga fué representada delante 
de aquella reunión ilustre. Como en la ci- 
tada novela se habla de lo ocurrido en 
Kalia desde el año de 1508 hasta el de 1512, 
he creido poder fijar la composición de 
ella hacia el año de 151i , y lodo su con- 
testo anuncia haberse escrito y publicado 
en Ñapóles. La edición que he tenido pre- 
sente es la que hizo Martin IVucio en Am- 
beres , en el año de 1598. 

Sus prendas de lenguaje, estilo y versi- 
ficación hacen muy estimable la mencio- 
nada égloga, que puede considerarse como 
una de las mejores piezas representables 
de aquel tiempo. 

Í5Í5. 

20. Francisco de Villalobos. Comedia de 
Planto llamada Anfitrión. En esta tra- 
ducción se omite el prólogo del autor la- 
tino, se acorta el monólogo de Mercurio 
en el acto primero en cuanto es relativo á 
informar á los espectadores de lo que suce- 
derá en el progreso de la fiibula : también 
se suprime el monólogo de Júpiter en el 
acto tercero. La traducción está muy bien 
hecha , á escepcion de uno ú otro pasage 
mal entendido por el traductor. Los demás 
defectos que en ella se advierten deben 
atribuirse menos á él que á las malas edi- 
ciones que pudo tener á la vista. Todas las 
que se habian publicado hasta el tiempo en 
que Villalobos hizo esta versión, estaban 
llenas de faltas y errores , ya fuesen saca- 
das de los originales de la biblioteca de 
Florencia , ó de la Palatina . porque unos 



y otros (y en especial los primeros) eran 
en estremo defectuosos. Hasta el siglo XVII 
no se conoció el testo genuino de Planto , 
y por consiguiente merece mucha indul- 
gencia el que se atrevió á traducirle á prin- 
cipios del siglo anterior. 

Por los siguientes pasages puede for- 
marse idea del buen lenguaje y cultura de 
estilo de esta traducción : el que guste de 
cotejarla con el original hallará que en 
punto á la fidelidad no es menos estimable. 

ALCL MENA.- ANFITRIÓN.— SOSIA. 

Aleumena. Harto poca cosa es el placer que 
se pasa en esla vida y en todas sus edades para 
con las tristezas y molestias de ella : así se 
compra bien lo uno por lo otro en la edad de 
los liombres. Asi ha placido a los dioses que 
siempre tras el deleite se siga la compañia del 
dolor; que si algún bien se alcanza, sea mayor 
el daño y el mal que de allí redunda. Esto 
tengo yo agora por esperieiicia en mi casa, y 
por mí misma lo sé: que se medió un ralo de de- 
leite cuando pude alcanzar de ver á mi marido 
por espacio de una noche, y este se me partió 
luego antesqueamanecicse.Paresce quequedo 
sola sin alguna compañia en apartarse de aquí 
aquel á quien yo amo sobre todos. Mas pasión 
me queda de la ida de mi marido, que placer 
me dio su venida ; mas esto me hace biena- 
venturada, que á lo menos venció por batalla á 
los enemigos , y en volver él á su casa con mu- 
cha honra me da consolación. Sea de mi ab- 
senté con tal que alcanzada la gloriosa alabanza 
se retraya á su casa. Yo sufriré mucho el ab- 
sencia suya con fuerte y firme ánimo, pues 
que tal galardón se me da, que vuelva mi ma- 
rido vencedor de la batalla : esto habré yo por 
gran bien , porque la virtud es muy buen pre- 
mio de los trabajos. La virtud en verdad á to- 
das las cosas precede. La libertad, la salud, la 
vida, la hacienda, los padres, la patria y los 
hijos con la virtud se defienden y se guardan ; 
la virtud contiene en sí todas las cosas; todos 
los bienes están en quien está la virtud 

Anfitrión. Anfitrión muy alegre saluda á su 
deseada muger,á la cual sola estima por la me- 
jor de todas cuantas hay en Tebas, cuya bon- 
dad es famosa entre lodos los ciudadanos. ¿Has 
estado buena, has deseado mi venida? 

Sosia. Nunca vi cosa mas descada. Ninguno 
le saluda mas que á un perro. 

Anf. Y como le veo preñada , y como te veo 
embarnecida, alegróme. 

Ale. Ruégote por Dios que me digas ¿por 
qué me saludas para burlar de mí , y me hablas 
tan amorosamente como sí de poco acá no me 
hubieses visto, como si agora fuese la primera 
vez que llegas á tu casa viniendo de la guerra? 



04 



CATÁLOGO 



Asi me hablas, como si de nmcho tiempo acá 
1(0 me vieras. 

yínf. Anles te cerlifico que yo no te haya 
visto en alguna parle, si agora no, después 
que me partí á la guerra. 

y4lc. ¿Porqué lo niegas? 

ylnf. Porque deprendí á decir verdades. 

yjlc. No hace cosa justa el que dcsaprcinie lo 
que aprendió. ¿Probaisme quizá por ver lo 
que tengo en el corazón? Mas di me, ¿por qué 
os volvisteis tan presto? ¿llobo algún agüero 
que te hiciese tardar, ó detenerle alguna tem- 
pestad <ine no le fueses á tus huestes como poco 
ha me dijiste? 

Anf. ¿Poco ha? ¿Qué? ¿Tan poco? 

v4/c. Tiéntasme; poquito ha, muy poquito, 
agora. 

Anf. ¿Cómo puede ser esto que dices, po- 
quito ha, y agora? 

^llc. ¿Qué piensas que tengo de hacer sino 
burlar de ti , pues que burlas de mi ? Que dices 
que llegaste agora ile nuevo, y aun agora par- 
tiste de aquí. 

Anf. Esta muger desvariando está. 

El doctor Francisco de Villalobos, mé- 
dico de Fernando el Católico y de Carlos V, 
ademas de algunos comentarios latinos que 
escribió sobre la historia natural de IMinio, 
y otros tratados y epístolas eruditas, com- 
puso en castellano sus problemas, discur- 
sos y diálogos familiares sobre puntos de 
fisica, medicina , política y moral con puro 
lenguaje y estilo fácil , gracioso y correcto. 
La comedia de Anfitrión, ilustrada con 
anotaciones , se imprimió en Zaragoza en el 
año de 1515 , en Zamora en el de 15í3, y 
en Sevilla, juntamente con las demás obras 
castellanas del mismo autor, en el de 157i. 
Murió de edad muy avanzada, reinando 
ya Felipe II, pero se ignora el año de su 
muerte. 

21. Bartolomé de Torres Naharro. Co- 
media Serafina. Preceden á esta comedia 
(como á todas las demás del mismo autor) 
el introito y el argumento. El introito es 
generalmente una relacionen verso, escrita 
en lenguaje y estilo rústico acomodado al 
jtersonage grosero que la representa. En 
ella pide silencio y atención á los oyentes : 
reflere sus buenas cualidades, sus amores 
y sus zelos, y algunos lances que ha tenido 
con las mozas de su pueblo, en todo lo 
cual hay espresiones y pinturas poco de- 
centes. Acabado el introito sigue el argu- 
mento, en el cual se da razón de la fábula 



(|ue va á representarse. La Comedia Sera- 
fina (como todas las obras de Naharro) está 
escrita en verso y dividida en cinco jor- 
nadas. 

Floristan habla vivido mucho tiempo 
con Serafina bajo palabra de casamiento : 
disgustado de ella y cediendo á la voluntad 
de sus padres se casa con ürfea , muger 
honesta y virtuosa. Serafina lo sabe, le 
acusa de inconstante y pérfido , y él reco- 
nociendo su primera obligación resuelve 
matar á Orfea para quedar libre y poderse 
casar con Serafina. Consulta esta idea con 
un fraile ermitaño llamado Teodoro, el 
cual le responde que haga lo que guste, y 
que él se lava las manos como Pílalos. Or- 
fea , al saber de boca del mismo Florista» 
que le va á quitar la vida , llora sus cul- 
pas , perdona á su ofensor y pide á Dios 
misericordia. El fraile sin cuidar de otra 
cosa trata solo de confesarla para que 
muera cristianamente , y á este efecto se la 
lleva á su casa. Consultan de nuevo Floris- 
tan y el fraile , y este le sugiere el arbitrio 
de casar á Orfea con Policiano, hermano 
de Floristan , que acaba de llegar después 
de una larga ausencia , para lo cual no 
hallan inconveniente , asegurando Floris- 
tan que no ha consumado el matrimonio 
con Orfea. Llega pues Policiano, y feliz- 
mente se descubre que era amante de Or- 
fea, con lo cual todo se facilita y quedan 
ajustados á placer ambos casamientos. 

El carácter de Serafina está bien soste- 
nido. Orfea interesa en la tercera jornada, 
cuando se lamenta como una muger ino- 
cente, enamorada é infeliz. El carácter de 
Floristan es abominable, supersticioso, 
cruel, disoluto, inconsecuente, y ademas 
hablador insulso y empalagoso pedante. 
Resuelve matar á Orfea , porque dice que 
ella ó él deben morir precisamente : que si 
él se mata, como Serafina y Orfea le quieren 
tanto , se morirán de pesadumbre, y para 
evitar tres muertes determina asesinar á 
su inocente esposa. En medio de esta bar- 
barie se encomienda á Dios como pudiera 
el hombre mas penitente , diciendo : 

Mas, Señor, por lu pasión 
Redime mi alma triste. 
Tu que también redimiste 
Captiritalem Sion. 
Que si en juicio perfecto 
Con tu siervo entras de grado, 



DE PIEZAS DRA3ÍÁT1CAS. 



60 



No será justificado 
Ningún liombre en tu conspcclo. 
Do! mi pocaclo secrelo 
Múiidame, Rey Nazareno, etc. 

El fraile es un ente ridiculo, siempre 
hablando en lalln macarrónico , siem|)re 
echando sentencias , estropeando la Escri- 
tura , y corriendo de una á otra parte muy 
diligente sin hacer nada. Un leguillo que 
le acompaña habla también en latin, hace 
gestos á Dorosia , criada de Serafina , y le 
ofrece regalos. 

El latin que gtsta , todo es parecido á 
este : 

Maneo solus iii boscorum , 
Sicut mulussine albarda, 
Mortis mea non se tarda 
Propter meus peccatorum. 

La variedad de idiomas que hay en esta 
comedia produce la mas estravagante con- 
fusión que puede imaginarse. Serafina y 
Dorosia hablan en valenciano , el fraile y 
su lego les responden en latin , Orfea y 
Bruneta su criada se quejan en italiano , y 
Floristan las consuela en castellano. 

íolT. 

22. Comedia Trofea. Introito y argu- 
mento. La Fama celebra las glorias del 
rey D. Manuel de Portugal , y asegura que 
oscurecería el nombre dePtolomeo, pues 
ha ganado mas tierras que el geógrafo des- 
cribió. Sale Ptolomeo con licencia que dice 
haberle dado Pintón , y se queja de lo que 
ha dicho la Fama en mengua suya. Ella le 
hace una larga relación de las provincias y 
ciudades conquistadas en África y en Asia 
por D. Manuel , y le convida á que vea 
como se le postran los reyes vencidos. Cas- 
colucio y Juan Tomillo barren el salón 
donde está la silla del rey : uno de los dos 
se sienta en ella, é imita al cura de su lu- 
gar cuando anuncia las fiestas el domingo : 
se entretienen después en echarse maldi- 
ciones el uno al otro : un page los pone en 
paz y les manda apresurar el barrido : há- 
cenlo asi , y entre tanto cantan coplillas y 
cuentan cuentos. Salen veinte reyes orien- 
tales 'á prestar obediencia á D. Manuel , que 
los recibe sentado en su trono : y aunque 
ni él ni ellos hablan una palabra, el intér- 
prete suple por todos con un largo razona- 
miento en que va nombrando á los reyes 

I. 



que están presentes de Gelof , Caul, Nar- 
singa. Mandinga, Monicongo, etc. , y dice 
por último que todos desean bautizarse , y 
ser gobernados por leyes que esperan reci- 
bir del rey de Portugal , su dueño y natura! 
señor. Este se levanta luego que el intér- 
prete ha concluido , y se va sin responder. 
Vuelve después el rey íx ocupar e! trono, y 
recibe á Cascolucio, Gil Bragado, Juan 
Tomillo , y Mingo Oveja , que después de 
haber echado pajitas para saber quien ha 
de hablarle primero , le presentan una 
zorra, un gallo, un cordero y un águila, 
esplicándole la alusión política y moral de 
aquellos presentes. El rey, como lo tiene de 
costumbre, no les responde nada, y se va. 
.\polo entrega á la Fama unos versos que 
ha compuesto en elogio del rey, y le manda 
que dilate su nombre por toda la tierra, y 
alabe á la reina y al principe La Fama es- 
parce varios papeles (sin duda al auditorio). 
Mingo Oveja le pide uno para él , ella no 
quiere dársele y altercan sobre esto. Mingo 
se ofrece á publicar por el mundo las glo- 
rias del rey D. Manuel como la Fama le 
preste las alas para el viaje. Ella se lo con- 
cede; y luego que Mingo las tiene puestas, 
queriendo volar cae por el suelo y se rompe 
la cabeza : vuelve sus alas á la Fama lla- 
mándola hechicera y puta; y ella á fin do 
consolarle le da un villancico, que cantan 
después entre todos para concluir el drama . 
Esta comedia es un diálogo insípido , dila- 
tado con episodios impertinentes, inconse- 
cuencias y chocarrerías. 

23. Comedia Soldadesca. Introito y 
argumento. La escena es en Roma. Guz- 
man se queja de su mala fortuna : hállale 
un capitán conocido suyo, le dice que 
tiene encargo de reclutar quinientos peo- 
nes para el ejército del papa , y le ofrece 
el grado de sota capitán. Viene un tambor, 
queda ajustado también ; y el capitán le 
manda publicar la recluta. Mendoza, Pero 
Pardo y Juan González hacen varias pre- 
guntas al tambor sobre las condiciones del 
enganche. El capitán habla á sus nuevos 
soldados : les acuerda sus obligaciones, y 
les promete por su parte buena paga y 
buen trato. Manrique y Mendoza se re- 
puntan de palabras, el capitán los pone en 
paz. Un fraile apostatase presenta á senlav 



(JO 



CATÁLOGO 



plaza de soldado, y queda recibido bnjo el 
nombre de Liaíio. Juan González, Llano y 
Pero Pardo van á alojarse á casa de un la- 
brador llamado Gola : este habla en ita- 
liano; los soldados no le entienden , y re- 
sultan equivocaciones continuas entre 
unos y otros. Mándanle que les prejjare 
una buena comida, y entre tanto le requie- 
bran la criada : di se desespera, pide favor 
á Juan Francisco su paisano y aniiso, y 
tratan de dar una buena paliza á los espa- 
ñoles. Guzman y Mendoza murmuran del 
capitán : se proponen hurtarle una docena 
de pagas, comprar dos yeguas, desertar, 
llevarse dos mugeres para si, y otras para 
hacer torpe trauco de ellas. Cola se queja 
al capitán de que los soldados que han en- 
trado en su casa se han comido cuanto 
habia en ella, y le han hecho mil insultos : 
el capitán los apacigua á todos, y propone 
á Cola y á Juan Francisco que sienten 
plaza también : admiten el partido, y se 
concluye la comedia con un villancico, que 
cantan todos marchando en ordenanza. 

Esta pieza , meramente episódica , no 
tiene particular interés, ni se busque en 
ella objeto moral , idea de la cual el autor 
estuvo distante : quiso únicamente hacer 
una pintura exacta de las costumbres cor- 
rompidas de una soldadesca disoluta, y 
supo desempeñarlo con Tacilidad y ligereza 
cómica. 

21. Comedia Tinelaria. Introito y ar- 
gumento. La escena es en Roma en casa 
de un cardenal. La acción se reduce á que 
sus criados con lo que le hurtan comen y 
gastan y viven en la mayor disolución y 
abandono. Al acabar la primera jornada 
se van á almorzar : la tercera se gasta 
toda en comer : en la quinta cenan y se 
emborrachan. Desde el primero al último 
de los personages (que llegan á veinti- 
dós) todos son ladrones, glotones, borra- 
chos, maldicientes, blasfemos, provocati- 
vos y disolutos. El autor acudió al arbi- 
trio infeliz de introducir diferentes idiomas 
para animar el diálogo: uno habla en latin, 
otro en francés, otro en italiano, otro en 
valenciano , otro en portugués , y los de- 
mas en castellano. Esta greguería poli- 
glota, y el número csccsivo de personages 
que pone á un tiempo en la escena , pro- 



ducen una confusión intolerable. A pesar 
de tantas nulidades no deja de hallarse 
uno ú otro pasage escrito con inteligencia. 
Véase el siguiente diálogo entre el des- 
pensero del cardenal y la lavandera su 
amiga. 

Lucrecia. Buenos días te dé Dios. 
Barrabás. ¡Oh qué milagro tamaño! 

Y buenas noches á vos , 
Porque es la mitad del año. 

Lucr. ¿He lardado? 

Barr. Tanto que me has enojado 
Para hacer maravillas. 

Lucr. Por tu viiJa que lie esperado 
Que tocasen campanillas. 

Barr. ¡Qué placer! 
Dime, ¿quién debe atender, 
Si presumes como sueles , 
Los manteles al comer, 
O el comer á los manteles? 

Lucr. No sé nada : 
Como quierque fui criada 
Donde siempre fui servida 
Sé muy poco de colada, 

Y menos de aquesta vida. 
Barr. ¡Guay de mi! 

Diez años ha que le vi 
3Iorar en el Burgo viejo, 
\ siempre te conocí 
Lavandera de concejo. 

Lucr. ¿Cómo qué? 
Pues no ha mas que me casé. 
Mira si bien has mentido, 
Pues harto estuve á la fe 
Con el ruin de mi marido. 

Barr. Si querrás , 
Dime cuantos años has; 
No me niegues la verdad. 

Lucr. Veinte , por Dios, y no mas 
He hecho por Navidad. 

Barr. Ora pues 
No quiero ser descortés ; 
Pero asi me ayude Dios, 
Que creo que ha veintitrés 
Que dices que has veintidós. 

Lucr. Di, pues, ea , 
Que aquella que en ti se emplea 
Se puede contar por loca : 
Nunca yo fui vieja y fea, 
Sino en tu maldita boca. 
¡Ay perdida ! 
Que de nadie en esta vida 
Nunca fui tan mal tratada, 
Ni de hombre menos querida 
Ni menos acariciada. 

Y aun ayer, 

Por quererte á ti querer 
(Cosa que no me conviene) , 
He dejado un mercader 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



()7 



Que me diera cuanto tiene : 

Y aun.hiciera 

Que en llegando me vistiera, 

Y hoy me ruega de hora en hora , 

Y en su casa me tuviera 
Servida como señora. 
¡Desgraciado! 

Dime, ¿dónde has tú hallado 

Otra boha como yo , 

Que hobiera por tí negado 

La madre que me parió? 

Bien me miembra , 

Que quien en ruin tierra siembra 

Diz que coge mal y tarde. 

¡Maldita sea la hembra 

Que se fia de un cobarde! 

EaiT. Calla, esposa : 
Por una tan poca cosa 
No tomes esos enojos. 
Que no hay dama mas hermosa 
Si preguntan á mis ojos. 
.¿.Qué mas quieres? 
Vieja ó moza, cual tú eres, 
Quiero yo mas tu gcrvilia 
Que á todas cuantas mugeres 
Han salido de Castilla. 

25. Comedia Himenea. Introito y ar- 
gumento. Jornada primera. Himeneo , 
amante de Febea, ronda de noche las puer- 
tas de su dama acompañado de sus criados 
Eliso y Bóreas , á quienes manda guardar 
el puesto mientras va á disponer una mil- 
sica : quedándose solos manifiestan uno y 
otro su cobardía : llega el marques , her- 
mano de Febea, seguido de Turpedlo su 
page : los criados de Himeneo huyen : el 
marques, receloso de su hermana porque 
sabe la frecuencia con que Himeneo le da 
músicas y alboradas, quiere entrar á verla ; 
pero Turpedio le disuade con buenas ra- 
zones, y ambos se retiran. Jornada se- 
gunda. Vuelve Himeneo acompañado de 
sus criados y algunos músicos, que cantan 
al son de instrumentos algunos versos amo- 
rosos. Febea se asoma á la ventana y habla 
con Himeneo, á quien promete, obligada 
de sus instancias , que á la noche siguiente 
le permitiría la entrada en su cuarto. Hi- 
meneo se va lleno de lisonjeras esperan- 
zas : el marques y Turpedio ven á lo lejos 
á los que se retiran : el marques quisiera 
embestir con ellos, pero el page le dice 
que será mejor remitir su venganza á otra 
ocasión en que vengan mas bien armados. 
Aprueba el marques las reflexiones de su 
criado, y quedan en volver ú la noche 



próxima. Jornada tercera. Bóreas re- 
prende á Eliso su compañero porque no 
quiso recibir unos regalos que su amo 
Himeneo quería hacer á los dos. Sale Do- 
resta , criada de Febea , á la ventana : 
Bóreas la requiebra y le pide que á la 
noche cuando Himeneo vaya á ver á su 
señora le permita entrar con él : Doresta 
se lo concede, y ellos se van. Turpedio el 
page del marques habla á Doresta, y ella 
le desprecia : ambos se repuntan de pala- 
bras, se injurian y amenazan reciproca- 
mente. Jornada cuarta. Himeneo encarga 
á sus criados que guarden la puerta, y se 
entra en casa de Febea : quedan en la 
calle Bóreas y Eliso temblando de miedo : 
sobreviene el marques con su page, y ellos 
huyen inmediatamente dejándose Bóreas 
la capa en el suelo : por ella infiere el 
marques que Himeneo estará dentro con 
su hermana ; rompe las puertas y va á 
buscarle lleno de furor. Jornada quinta. 
Sale Febea huyendo de su hermano, que 
la persigue con la espada desnuda : ella le 
suplica que no mate á su amante , confiesa 
el amor que le ha tenido, y no se juzga cul- 
pada sino infeliz en haberle amado. El mar- 
ques imagina que solo con matarla satis- 
face la injuria que ha recibido: vaá ponerlo 
en ejecución cuando sale Himeneo, que 
con ruegos corteses va mitigando el enojo 
del marques, hasta que persuadido de sus 
razones y las de su hermana, los perdona 
y aprueba gustoso su casamiento. Fábula 
muy sencilla, bien conducida, animada 
con situaciones y afectos naturales y opor- 
tunos. La acción consiste en la solicitud 
de Himeneo á la mano de Febea ; el tiempo 
no escede de veinticuatro horas ; el lugar 
de la escena es invariable. Tiene defectos , 
pero se compensan sobradamente con el 
mérito particular que la recomienda y la 
distingue. 

26. Comedia Jacinta. Introito y ar- 
gumento. La escena es en un camino cerca 
de Roma. En la primera jornada sale Ja- 
cinto quejándose en un soliloquio del mal 
tratamiento que dan los señores á quien 
los sirve. En la segunda sale Precioso des- 
pechado al ver la falsedad de los que se 
venden por amigos. En la tercera Fenicio 
¡lora la vanidad del mundo, y el engaño 



68 



CATÁLOGO 



de los hombres que se olvidan del fin para 
que fueron nacidos , y va resuelto á me- 
terse fraile y hacer penitencia. Pagano , 
criado de una principa! señora ilimiada 
Divina , que vive en un castillo ó palacio 
poco distante del camino, y tiene de cos- 
tumbre detener á los pasageros para aga- 
sajarlos y saber de ellos novedades, les 
manda esperar y va á dar cuenta á su ama 
de la venida de los tres : quedan solos en 
la cuarta jornada discurriendo sobre la 
bondad de aquella señora, y con este mo- 
tivo alaban en general las buenas prendas 
de las mugeres. En la jornada quinta viene 
Divina : les hace preguntas sobre las cau- 
sas que les han movido á viajar, y por úl- 
timo prendada de la buena gracia de Ja- 
cinto le escoge por marido, y á los otros 
dos les ofrece hospedage y todo buen tra- 
tamiento. 

La falta de acción , la distribución simé- 
trica de las escenas, los largos soliloquios, 
la semejanza de situaciones, el poco in- 
terés, lo atropellado c inverosimil del des- 
enlace son los defectos principales de esta 
comedia. Su mérito consiste en el decoro 
de los caracteres, la solidez filosófica de 
las máximas en que abunda , la pureza del 
lenguaje, la elegancia de estilo, la Huidez 
de su versificación. Véanse los siguientes 
trozos que confirmarán esta aserción en el 
dictamen de los inteligentes. Jacinto dice 
en la primera jornada : 

¿Quieres saber mi fortuna? 
Y'o le la quiero decir : 
Que por morir ni vivir 
No me da cosa ninguna. 

Sabrás que desde la cuna , 
Sin un punto de reposo, 
No me acuerdo vez alguna 
Poderme llamar dichoso; 
De servir muy codicioso , 
No de vivir vagabundo , 
Mas ir al cabo del mundo 
Tras un señor virtuoso. 

Sabe Dios cuanto holgara 
De saber algún oficio. 
Porque en tan ruin ejercicio 
Tan buen tiempo no gastara : 
Pero ¿quién jamas pensara, 
Donde son laníos señores, 
Que un señor no se hallara 
Para buenos servidores ? 

Aquellos son los traidores 
Que decimos las verdades, 
V los que ensayan maldades 



Suceden en los favores. 
Todos eslán concertados 
De traer lodas sus vidas , 
Las bestias muy guarnecidas 

Y los siervos despojados. 
Tienen puestos sus cuidados 

En continuo atesorar, 
Sacando algunos ducados 
Que se gastan en cazar ; 

Y si quieren algo dar, 
No lo dan á pobrecicos, 

Sino á aquellos que son ricos, 
Que es echar agua en el mar. 

Fenicio en la jornada tercera habla así 
contra la codicia : 

Pues , oh ciega criatura , 
Que con este mundo vives. 
Que en cabo de él no recibes 
Sino solo sepultura ; 
¿No miras que es gran locura 
Si deja tu pensamiento 
Lo que para siempre dura 
Por lo que dura un momento ? 
Que esle mundo lodo es viento; 
Pues de pobres , ni de ricos, 
Ni de grandes , ni de chicos , 
Ninguno vive contento. 
Oh! loco el hombre y niuger 
Con cuanto puede afanarse, 
Que piensa de contentarse 
Por mas haberes haber! 
Que si bien por carecer 
Se duele la pobre gente. 
No veo que por tener 
Algún rico se contente : 
Porque en el siglo presente 
Muy mas grande ser conviene 
El temor que el rico tiene , 
Que el dolor que el pobre siente. 

Jacinto en la jornada cuarta dice ha- 
blando de las mugeres : 

Pues esto digo en favor 
De las que corren fortuna, 
Pero digamos de alguna 
Que tiene un poco de amor. 
Con cuanta pena y dolor, 
Por poco mal que sintáis , 
Anda y loma en derredor 
Demandándoos cí'imo cslais , 
Diciéndoos qué le mandáis , 
Consolándoos como suele , 
Preguntándoos dónde os duele , 
Porfiáudoos que comáis, 
líela va muy afligida 
A decir misas por vos, 
Y á rogar con i i no á Dio.* 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



(JO 



Que os mande salud y vida; 
Su comer y su bebida 
Sospiros, lágrimas son ; 
Llora , gime , plañe , y crida 
De lodo su corazón. 
No puede ningún varón 
Pagalle complidameule 
Las lágrimas solamente 
Que deja en cada rincón. 
Pues de esto bien informados , 
Que otro bien no hobiere en ellas , 
A todas y á cualquier dellas 
Somos lodos obligados : 
Cuanto mas que sus cuidados , 
Sus grandezas, sus hazañas 
Son servir á sus amados 
Con obras y lindas mañas; 

Y en los Uempos de sus sañas, 
Cuando os partis, ellas lloran; 
Cuando tornáis, os adoran 
Con el alma é las entrañas. 

¡Qué gloria de nuestra pena, 
Qué alivio de nuestro afán! 
Sin duda no hay cosa buena 
Donde mugeres no van. 
La gente sin capitán 
Es la casa siu muger, 

Y sin ella es el placer 
Como la mesa sin pan. 

27. Comedia Aquilana. Introito y ar- 
gumento. En esla comedia hay unD. Ber- 
mudo, rey de Leen, cuya hija Feliclna está 
enamorada de Aquilano, joven estrangero 
y muy querido del rey. Va á verla de no- 
che á su jardín , le dice amores, y ella di- 
simula cuanto puede su pasión con desde- 
nes honestos : suena ruido , él quiere 
ocultarse entre las ramas de un árbol, pero 
cae al suelo y queda lastimado del golpe. 
Este accidente y el desconsuelo de verse 
despreciado alteran su salud. Bermudo en- 
carga á sus médicos que le asistan , y uno 
(le ellos dispone que salgan varias damas y 
se presenten á Aquilano por si esto puede 
distraerle : salen las damas y con ellas la 
infanta Felicina : luego que Aquilano lave, 
se altera y se turba, lo que da k conocer al 
médico que sin duda está enamorado de 
ella : sabido esto por el rey determina ma- 
tar á Aquilano , y de orden suya le llevan 
á degollar á un patio de palacio : Felicina 
desesperada en su desventura sale aljardin 
con propósito de ahorcarse , pero los cria- 
dos se lo estorban. Descúbrese entre tanto 



que Aquilano es hijo del rey de Hungría, 
y Bermudo le casa con la infanta. 

En esta comedia se muda el lugar de la 
escena con mucha frecuencia : la acción en 
unos pasages desfallece (como sucede en la 
segunda jornada , que toda es inútil) , y en 
otros está atropellada y violenta. Dos jar- 
dineros, que pudiera haber omitido el au- 
tor , ocupan una gran parte del drama con 
necedades impertinentes : lo mismo hacen 
la criada de Felicina y el criado de Aqui- 
lano. El reconocimiento de este por prin- 
cipe de Hungría no está preparado, y hace 
inverosímil y forzada la solución. El estilo 
es muy desigual , y por lo común trivial 6 
indecoroso en lospcrsonagesmas elevados: 
faltó el autor al respeto que se debe á la 
historia , suponiendo un príncipe Aquilano 
de Hungría yerno de un rey D. Bermudo 
de León y heredero de su corona. Las li- 
bertades poéticas no permiten tanto. 

1520. 

28. Comedia Calamita. Introito y ar- 
gumento. Floribundo, hijo deEuticio, ena- 
morado de una joven llamada Calamita 
(supuesta hija de Trapaneo) , se vale de la 
mediación de Libina , criada de Calamita , 
para que su señora corresponda. No sin 
mucha dificultad se consigue vencer la es- 
quivez de la doncella ; pero al fin se logra 
que reciba la visita de Floribundo, y á 
presencia de los criados los dos amantes 
se dan las manos, y se abrazan en señal 
del futuro consorcio. Floribundo, gozoso de 
su mucha ventura , alaba en un soliloquio 
las prendas de su amada , y discurriendo 
sobre la dificultad de hacer una buena 
elección en el matrimonio, añade estos be- 
llos versos : 

Quien ha de tomar muger 
Por su vida, 
Tome la mas escondida 
Para su seguridad ; 
La que en virlud y bondad 
Fuere criada y nacida. 
La muy en mucho tenida 
Por hermosa, 
Esta diz que es peligrosa, 
La muy sabida mudable. 
La muy rica intolerable. 
Soberbia la generosa; 
La complída en cualquier cosa 
Y acabada 



70 



CATÁLOGO 



Menos que todas me agrada , 
l'orquc sepila mi pensar, 
Mala cosa es de guardar 
La de todos descada. 

Euticio, irritado de que su hijo trate de 
casarse con Calamita, da orden á un criado 
para que le aceche, y cuando le vea salir 
de casa de su querida le mate ; pero des- 
pués de esta resolución hallando á Trapa- 
neo, le ruega con instancia que le diga 
rrancaniente de quién es hija Calamita. 
Tiapanco le asegura que el padre de 
aquella joven fué un señor muy principr.l 
de la ciudad de Trápana, y que él recogió 
aquella niña y la crió como hija suya para 
evitar la cólera del padre, que habia ame- 
nazado á su esposa de malar la criatura que 
pariese si no era varón. Satisfecho Euticio 
con esto, hace venir á los dos amantes, los 
perdona y los casa. 

La acción es mucho mas animada en esta 
comedia que en las anteriores del mismo 
autor ; merced á los incidentes episódicos 
de que abunda. La escena es en una calle 
delante de la casa de Calamita : la dura- 
ción puede considerarse como de veinti- 
cuatro horas : el estilo y la versificación no 
carecen de mérito : los zelos de Torcazo, 
marido de Libina , el carácter de esta y 
suescesiva familiaridad con un escolar ves- 
tido de muger dan lugar á situaciones j 
discursos muy indecentes : la resolución de 
Euticio de matar á su hijo para estorbar el 
casamiento es atropellada y brutal : las cir- 
cunstancias que dan lugar al desenlace y al 
reconocimiento de Calamita, ni están pre- 
paradas ni son verosímiles. 

1520. 

29. Diálogo del Nacimiento . Introito y 
argumento. Dos peregrinos, que vienen el 
uno de Santiago y el otro de Jcrusalen, se 
encuentran en la noche de >'avidad cerca 
de Roma. Hablan largamente del naci- 
miento de Cristo, y ventilan cuestiones 
teológicas de las mas intrincadas y sutiles: 
Cünsadys de hablar, tratan de proseguir su 
viaje esperando alojarse en el hospital de 
los españoles, y ambos cantan un romance 
que empieza: 

Triste estaba el padi p .\dan 
Cinco mil años tiabia , 



Cuando supo que en Belíen 
Era parida María , 
Y en el iimlio donde estaba 
De contento no cabia ; 
Para ios unos andaba, 
Para los otros corría , etc. 

Acabado el romance , llegan Hernando 
y Garrapata , dos pastores zafios , que con- 
vidan á los peregrinos á la misa de! gallo, 
y se van todos cantando un villancico. El 
diálogo de los peregrinos no es mas que 
fatigoso, pesado y pedantesco : el que sigue 
de los pastores necio y rudo en demasía, 
y lleno de desvergüenzas y vaciedades. 

Bartolomé de Torres Naharro , natural 
de la Torre cerca de Badajoz, vivió en 
Roma después de haber sido rescatado de 
las prisiones de Argel : se sabe que era 
eclesiástico, y pertenecía á la familia de 
Fabricio Culona , general del papa. La pri- 
mera edición de sus obras líricas y dramá- 
ticas que inliluU) Propaladia , se publicó 
en Roma en el año de 1.517 con privilegio 
que le dio para ello León X , y se las de- 
dicó á D. Fernando Dávalos, marques de 
Pescara, yerno de Fabricio Colona. En la 
citada edición solo hay siete comedias, fal- 
tando la Calamita, que su autor publicó 
después. Divulgada la Propaladia cu 
Roma , se prohibió inmediatamente á causa 
de la amarga censura que hizo el poeta en 
algunas de sus obras de algunos vicios de 
aquella corte. La persecución suscitada 
contra él debió de ser tan grande que huyó 
á Mpoles , y alli permaneció bajo la pro- 
tección de los citados Colona y Dávalos. 
Se ignoran otras circunstancias de su vida, 
como también el año en que murió. 

Sus comedias han dado ocasión de dis- 
cordia á los literatos nacionales y estran- 
jeros, en cuyos dictámenes se nota dema- 
siado espíritu de parcialidad , incompatible 
con la buena crítica. Nasarrc dijo que las 
comedias de Naharro se representaron en 
Roma y en IVápoles con indecible aplauso, 
que enseñaron á los italianos á escribir 
comedias , y que se aprovecharon poco de 
su enseñanza. Lo cierto es que en la época 
en que Naharro escribió se hacían en Italia 
tan buenas y mejores y peores comedias 
que las suya?. Signorelli no solo niega esta 
enseñanza, sinoquesupone que tales obras 
no se imprimieron ni se representaron 
jamas en Italia. No es de admiiar que aquel 



DE l'IEZAS DRAMÁTICAS. 



71 



docto critico- no hubiese visto la edición de 
Roma de 1517; pero ¿cómo se olvidó de 
haber Jeido en cualquiera de las ediciones 
posteriores estas espresiones del autor diri- 
gidas al marques de Pescara? «Si algún 
« tiempo este mi büjo libro en los altos 
« reinosdela poderosa España perviniese, 
« supiese decir á los grandes de ella cuan 
« buen hermano y procurador tienen acá 
« en V. S. » ¿Cómo no hizo reparo en es- 
tas? « Ansimesmo hallarán en parle de la 
« obra algunos vocablos italianos (especial- 
« mente en las comedias), de los cuales 
« convino usar habiendo respeto al lugar y 
« á las personas á quienes se recitaron.» 
Esto, y la lectura de las mismas comedias 
(especialmente la Soldadesca, la Sera- 
fina, la Tinelaria y la Jacinta) ¿no era 
bastante á convencerle de que las comedias 
de Naharro se imprimieron efectivamente 
en Italia, que se representaron en Italia, 
y que los espectadores, 6 gran parle de 
ellos, fueron italianos? 

Después de la edición de Roma hay no- 
ticia de las que se hicieron en Sevilla en los 
años de 1520, 1533 y 1545, como también 
de la de Madrid en el de 1573, aunque 
muy estropeada con las omisiones y en- 
miendas que mandó hacer la inquisición. 
En esta dice el editor : « La Propaladia de 
« Torres Naharro , obra singular y estre- 
« mada en el donaire y gracia de la lengua, 
« aunque estaba prohibida en estos reinos 
« años habia, se leiaé imprimía de ordi- 
« nario en los estrangeros. » Esto supone 
la existencia de otras ediciones que no he 
tenido presentes. Véase la Biblioteca de 
D. Nicolás Antonio: el Prólogo á las co- 
medias de Cervantes, por Nasarre : Velaz- 
quez, Orígenes de la poesia castellana : 
Sigiiorelü, Historia critica de los teatros ; 
y Lampillas en el lomo IV de su Ensayo 
apologético. 

30. Vasco DiazTanco de Fregenal. Tro- 
gedia de Absalon. 

4S20. 

31 . Tragedia de Aman. 

ÍS20. 

32. Tragedia de Jonalas. 



Vasco Díaz Tanco , natural de Fregenal 
en Estremadura, dedicó á Felipe II siendo 
príncipe una historia de los turcos , sacada 
de lo que escribieron sobre esta materia 
Paulo Jovio y otros autores, y la intituló 
Palinodia. Publicó ademas otra obra in- 
titulada Los veinte triunfos: otra sobre 
los títulos de dignidades temporales y 
mayorazgos de España : otra con el tí- 
tulo de Jardin del alma cristiana , impre- 
sa en Valladolid año de 1552, y en esta 
dice que siendo joven escribió las tres tra- 
gedias mencionadas de Absalon, Aman y 
Jonatas. Nadie asegura haberlas visto : se 
ignora si se imprimieron ó se representa- 
ron ; pero no pudiendo dudar que el autor 
las compuso, he creído poder suponer su 
existencia con alguna probabilidad hacia el 
año de 1520, aunque no con una absoluta 
certeza. Puede creerse que Vasco Diaz 
murió por los años de 1560. D. Nicolás 
Antonio , Montiano , Velazquez y Signo- 
rellí trataron acerca de este autor en sus 
respectivas obras citadas ya otras veces. 

1321. 

33. Anónimo. Comedia llamada Hipó- 
lita, nuevamente compuesta en metro. 
Argumento. Hipólito, caballero, man- 
cebo de ilustre y antigua generación de la 
Celtiberia ( que al presente se llama Ara- 
gón) se enamoró en demasiada manera 
de una doncella llamada Florinda , huér- 
fana de padre, natural de la provincia 
antiguamente nombrada Bélica {que al 
presente llaman Andalucía); y poniendo 
Hipólito por intercesor á un page suyo 
llamado Solento , estorbaba cuanto podía 
porque Florinda no cumpliese la volun- 
tad de Hipólito : pero ella compelida de 
la gran fuerza de amor , que á la conti- 
nua le atormentaba , concedió en lo que 
Hipólito con tanto ahinco la importu- 
naba , y asi ovieron cumplido efecto sus 
enamorados deseos , intercediendo ansi- 
mesmo en el proceso Solisico , page de 
Florinda, y discreto mas que su tierna 
edad requería, y Jacinto, criado de Hi- 
pólito , malino de condición, repunó siem- 
pre, y C arpen to , criado ansimesmo de 
Hipólito {hombre arrufianado), por com- 
placer á Hipólito no solamente le pare- 
cían bien los amores , pero devoto que el 

negocio se pusiese á las manos : é asi to- 



7á 



CATALOGO 



das las coaas uvieron alegres fines , vis- 
tiendo Hiijólili) á todos sus criados de 
brocado ij sedas, por el placer que tenia 
en asi liuber llorinda ( doncella nacida 
de ilustre familia) concedido en sit volun- 
tad . sei/endo la mas discreta y hermosa , 
y dotada en todo género de virtud que 
ninguna doncella de su tiempo. Después 
fie este eslravagaiite anuncio sigue la co- 
media, dividida en cinco escenas. La acción 
es lánguida , y la enlorpccen imperlincntes 
discursos , sentencias pedantescas y rasgos 
do erudición histórica puestos en boca de 
los criados de Ilinólilo y en la de Florinda, 
que estimulada de indoniable apetito ha- 
bla de Popiiia, Mcílea, Penéiope , Sansón, 
Electra , Üavid, Clodio , Salomón . Laniec, 
Masinisa, y el rey 1). Rodrigo, todo para 
venir á parar en abrir aquella noche la 
puerta á su amante. Esta indecente farsa 
está escrita con muy mal lenguaje, y mu- 
chos defectos de consonancia y medida en 
los versos. 

ÍS-21. 

34. Comedia nuevamente compuesta , 
llamada Serafina. Argumento. Evandro, 
caballero, natural del reino antigua- 
mente Lusitania llamado . y al presente 
Portugal , se enamoró de una seFioi-a 
Serafina llamada, de esl remada manera 
hermosa y dotada de todo genero de vir- 
tud , natural del reino de Castilla , y era 
casada con un caballero Filipo llamado , 
el cual era de natura frió, y fué causa 
principal para se enamorar de Evandro; 
pero Artemia. madre de Filipo , en gran 
manera la guardaba, á cuya causa Pi- 
nardo , criado ypage de Evandro . fué en 
hábito de muger en casa de Serafina , y 
concertó con ella que hablase á Evandro. 
y asi tornó á casa muy próspero. Pero 
Popiiia . sirviente de casa de Evandro . 
y Davo, criado suyo, mucho y largamente 
informaron á Evandro de como Artemia 
era dueña de malas costumbres , de lo cual 
maravillado Evandro fué en casa de Se- 
rafina disfrazado, solamente acompaTia- 
do de Pinardo , donde se efectuó su propó- 
sito, y asi todo ovo próspero y agrada- 
ble fin. Esta comedia escrita en prosa se 
divide en seis escenas: en la cuarta y la 
sesla hay situaciones de la mayor obsceni- 
dad. Es de presumir que una composición 



de tal naturaleza no se haya representado 
nunca; pero el autor hubo de suponer que 
podría ponerse en el teatro, pues al con- 
cluir dice uno de los personages: «Quedad 
« y holgaos entre esa gente de palacio, é 
« regocijaos bien, que yo Pinardo acabo 
« de representar la comedia Seralina lla- 
« mada. » El estilo es en general afectado, 
oscuro, pedantesco y redundante. Popi- 
iia , criada de J^vandro, Cralino, Davo y 
Pinardo, criados del mismo, abundan en 
máximas y sentencias fdosóíicas que no 
hay quien los sufra. Sus autores predilec- 
tos son Aristóteles, san Gerónimo, san 
Bernardo, Platón, Salustio, san Gregorio, 
Cicerón, Salomón , san Agustín, Séneca y 
Pitágoras. 

El autor de estas comedias es descono- 
cido, y rarísima la única edición que de 
ellas se hizo en Valencia por Jorge Cos- 
tilla , año de 1521. 

Precede á las dos comcdiis citadas otra 
llamada Tebaida , dedicada por el autor 
al duque de Gandía. Xo se incluye en este 
catálogo , porque no es un drama represen- 
table, sino una novela dramática escrita 
en prosa y dividida en quince escenas, ni 
menos larga que la Celestina ni mas ho- 
nesta , pero muy inferior á aquel escclente 
original cu las prendas de lenguaje y estilo. 

Vá22. 

3.) Cristüval de Castillejo, Farsa de la 
Constanza. Precede á la obra un introito 
y argumento escrito en latín y en coplillas 
de pió quebrado : el dios Himeneo es el 
actor de este prólogo , cuya composición es 
en estremo fastidiosa. La farsa se divide 
en siete actos : los personages son Antón , 
Marina , Gil , Constanza , un cura y un 
fraile. Los dos primeros actos contienen 
dos escenas en eslrenio lúbricas y groscias 
entre dos distintos matrimonios , en que 
maridos y mugercs se echan recíproca- 
menie en cara sus defectos. No menos cho- 
cantes son los dos actos siguientes en que 
hiiblan un cura y un fraile, y este á ins- 
tancia del cura predica un sermón infamo, 
digno (le un rufián, con espresiones muy 
semejantes á las de la madre Celestina en 
la famosa tragicomedia de su nombre. En 
los actos restantes los dos maridos tratan 
de descasarse y trocar sus mngeres , y se 
da el espectáculo tan do mal oj,cmplo como 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



75 



inverosímil de que les personagcs del 
segundo y tercer acto aprueben y forma- 
licen el proyecto. Continuando la estra- 
vagancia , todo concluye con un Oremus 
en lalin bárbaro, y un villancico que se canta 
entre todos los personages. 

Se advierte en esta farsa poca acción, 
demasiada semejanza en algunas situacio- 
nes, episodios mal unidos á la fábula, pin- 
turas, espresiones y máximas sumamente 
licenciosas é inmorales. Al mismo tiempo 
se encuentra mucha gracia cómica, maes- 
tría en el uso del idioma , y en la versifica- 
ción facilidad y dulzura. Lástima es que 
tan buenas cualidades estén afeadas con 
tan grandes y reprensibles defectos. El ori- 
ginal de esta pieza que tuve presente existe 
manuscrito en la biblioteca del E«;corial. 

Cristüval de Castillejo nació en Ciudad- 
Rodrigo por los años de liOi. Antes de 
cumplir los quince de su edad enlf-ó á ser- 
vir de page al infante D. Fernando. Se 
halló en los viajes que hizo el rey Católico 
á Córdoba en el año de 1508, y á Estre- 
madura en el de 1516. Fué secretario del 
mencionado infante D. Fernando, electo 
rey de romanos en 1531 , y permaneció 
mas de treinta años en su corle : estuvo 
algún tiempo en Vcnecia, pero se ignoran 
la época y el objeto de su viaje. El año de 
1541 se hallaba preso en Viena , aunque 
no se sabe el motivo. Poco medrado y muy 
lleno de desengaños se retiró de aquella 
corte y volvió á España tan harto del mun- 
do, que tomó el hábito cisterciense en el 
monasterio de San Martin de Valdeigle- 
sias, en donde murió de edad muy avan- 
zada. Escribió con gracia, pureza y facili- 
dad en versos cortos, preferibles en su 
opinión á los endecasílabos que se intro- 
dujeron en su tiempo : enriqueció con 
chistes satíricos sus composiciones, en cuyo 
artificio poético si hay algo que repren- 
der, es la lozanía y escesiva abundancia 
que las caracteriza. El privilegio dado en 
el año de 1573 á Juan López de Velasco 
para imprimir las obras de Castillejo, que 
según dice el editor, « andaban derrama- 
« das y perdidas de mal escritas , y con 
« riesgo de prohibirse por algunos respe- 
« los , » prueba que ni hasta entonces se 
habían publicado , ni el autor ( si vivía ) 
cuidaba de hacerlo. En cuanto á sus come- 
dias, que se suponen fruto de su juventud, 



ni se sabe cuantas compuso, ni si alguna 
vez se representaron. 

Í523. 

36. Pedro Allamira. Auto de la apari- 
ción que nuestro Señor Jesucristo hizo 
á los dos discípulos que iban á Emaus , 
en metro de arte mayor, compuesto por 
Pedro Altamira , el mozo , natural de 
Hontiveros; impreso conlicencia en Bur- 
gos año de 1523. 

Un ángel hace el prólogo diciendo cuanto 
ha de verse en la representación : Lucas y 
CIcofi'is van camino de Emaus hablando de 
la muerte de Jesucristo, de su vida admi- 
rable , de su doctrina y sus milagros; pero 
dudan no obstante si será el Mesías pro- 
metido. Cristo se les aparece en forma de 
peregrino, y van en su compañía discur- 
riendo sobre el mismo propósito. Uno y 
otro admiran la sabiduría y elocuente per- 
suasión del peregrino, y llegando á Emaus 
le convidan á cenar. En el siguiente pa- 
sage que sirve de solución á la fábula po- 
drá verse una muestra del buen estilo y 
versificación en que está escrito. 

Lucas. Hasta en la forma de labe-íidicion, 
Señor, tú páreseos al santo Jcsú. 

Clevfás. Algún señalado varón eres tú 
Que tanto le imitas en conversación. 

Lnc. La gran soledad , la pena y pasión 
Que por él tenemos, en solo mirarte 
Paresce que amansa. Rabí , tú nos parte 
El pan con tus manos de consolación. 

Peregrino. Tomad. , 

Ijic. ¿Tú no miras qué bien pa- 

El pan en su corte que está rebanado? [rescia 

el. Verdad es por cierto, é ansí está quebrado 
Según que el nuestro Maestro partía. 

Luc. Él es. 

el. ¡Buen Jesús! 

Luc. ¡Mi bien! 

el. i Mi alegría ! 

Luc. ¡Maestro! 

el. i Buen padre ! 

¿uc. ¡ Mi dulce Señor ! 

el. ¡Mi Dios y mi gloria! 

Zuc. ¡Mi buen Redentor! 

el. ¡Mi firme remedio! 

Luc. ¡Esperanza mia! 

el. ¡Oh dulce consuelo de desconsolados! 

Luc. ¡Oh gozo gozoso de nos afligidos! 

el. ¡Oh firme remedio de nos ya perdidos! 

Luc. ¡Amparo suave de desamparados! 

el. Pedírnoste, Padre, por tierra postrado» 
La lu bendición. 



74 



CATÁLOGO 



( cihlo tos bendice y desaparece. ) 

Luc. Pues qué, ¿ya le vas? 

el. Señor, ¿ya nos dejas? 

Lur. ¿ (Jué es cslü , Clcofás ? 

el. ¡Qué gozos escelsosl 

JMC. ¡ Y cuan señalados ! 

el. ¿Porqué nos has, Padre, tan preslodejado? 

Luc. ¡Oh gloria! ¿ laii presto desapareciste? 

el. ¿Por qué los lus rayos tan presto cscon- 
Do queda tu cuerpo tan glorificado? [diste 

Luc. Agora le digo que verificado 
Eslá nuestro bien con niuclia firmeza. 

6'/. ¡Oh Padre! perdona la nuestra dureza, 
Que lanío dudamos ser resucitado. 

Luc. ¡Oh alto misterio! 

el. \ Oh dulce visión ! 

Luc. ¡ Oh ciegos nosotros de turbios sentidos ! 
¡Y no conocellc! 

el. ¡ Oh endurecidos , 

Que nunca creímos su resurrección! 

Luc. Debiéramosle sacar por razón : 
¿Qué hombre pudiera tener en el mundo 
Tal voz, tal i)resencia, tal rostro jocundo, 
Tan altas palabras de contemplación? 

el. ¡Oh santo Maestro Jesú que le vimos! 

Luc. Hermano Cleofás, verdad nos decían 
Las santas nuigeres que vislo le hablan; 
Maguer que nosotros las nunca creímos. 

el. ¿Mas cómo en oírle nos embebecimos 
Por el camino cuando nos hablaba, 

Y las Escrlpturas ansi declaraba, 

Que lodo aquel tiempo no le conocimos? 

Luc. Agora podemos decir que tenemos 
Cierto el remedio, la gloria y el bien. 

el. Razón es que vamos á Jcrusalcn 

Y á nuestros hermanos aquesto contemos. 

Í527. 

37. Anónimo. Auto del bautismo de 
san Juan Bautista. \o hay otra noticia 
de esta composición que la que dio San- 
doval en su Historia de Carlos V, libro Ití, 
refiriendo el aparato que se iiizo en Valla- 
düiid « para el bautismo de Felipe Jl ce- 
« lebrado en 5 de Junio del año de 1527. 
« Dice alli que desde la casa de D. Juan 
« de Mendoza donde posaba la emperatriz 
« basta el altar major de la iglesia de San 
« Pablo se hizo un pasadizo muy enrama- 
« do y con muchas llores y rosas, limones 
« y naranjas , y otras frutas. Ilabia en los 
« arcos triunfales y en cada uno de ellos 
« muchos retablos. En el primero hicieron 
« su auto, en el segundo, tercero y cuarto 
« olio auto. i:i quinto estaba á la puerta 
" que eslá dentro del palio de la iglesia : 
« este era mas alio que alguno de los oíros : 



« estaba en c'l un aliar , á manera de un 
(( aparador, de muchas gradas. £n estas es- 
'< taban ricas imágenes de bullo de |)lata 
« doradas, y algunas de oro, con otras pic- 
« zas de gran valor. Estaban puestos eu 
« dos candeleros dos cuernos grandes de 
« unicornio : estos y lodo lo que habia ora 
« del emperador. Aquí se representó el 
<( bautismo de san Juan Jíaulisla. » Se 
ignora el argumento de los oíros autos. . 

ÍS28. 

38. Esteban Martínez. Arito de como 
san Juan fué concebido , y ansimesmo el 
nacimiento de san Juan. Entran en él 
las personas siguientes. Primeramente 
un pastor, Zacarías, santa Isabel, un 
ángel llamado Gabriel, dos vecinos del 
pueblo, un muchacho, Josef , nuestra 
Señora, una parienta de Zacarías, una 
comadre, una muger , un bobo, un sa~ 
cerdote. Agora nuevamente hecho por 
Esteban Martínez , vecino de Castromo- 
cho. Burgos, en casa de Juan de Junta, 
año de 1528. Ao queda otra noticia del 
autor de esta obra , ni hay en ella mérito 
particular. 

lo28. 

39. Juan Pastor. Auto niccvo del santo 
nacimiento de Cristo nuestro Señor, com- 
puesto por Juan Pastor. Son interlocu- 
tores de la obra el emperador Octavíano, 
un secretario suyo , un pregonero , un 
viejo llamado Blas Tozuelo, un bobo , 
su hijo llamado Perico, san Josef, santa 
María , pastores , Miguel Recalcado , 
Antón Morcilla, Juan Relleno, un án- 
gel. Impreso en Sevilla año de 1528. Esta 
composición escrita con poco ingenio y ab- 
soluta ignorancia del arte, nada contiene 
que merezca elogio. 

íO. Farsa de Lucrecia. Tragedia de 
la castidad de Lucrecia , agora nuevor- 
mente compuesta en metro por Juan Pas- 
tor, natural de la villa de Morata, en la 
cual se introducen las personas siguien- 
tes. El rey Tarquino, su hijo Sexto Tar- 
(juino , un negro suyo , Colatino duque 
de Colada , Lucrecia su muger, un bobo 
criado suyo , Espurio , Lucrecio padre 
de Lucrecia , Junio Bruto y Publio 
Valerio parientes de Colatino. Impresa 
en i", sin lugar de impresión, letra gótica. 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



/O 



Está escrita en quintillas con pié quebra- 
do, mala versiQcacion , insufribles imper- 
tinencias del negro y del bobo. 
íl. Farsa Uamada Grimaltina. 

42. Farsa llamada Clariana. No hay 
otra noticia de estas dos piezas que la que 
da el mismo autor al fin de la farsa de Lu- 
crecia. 

1529. 

43. Fernán Pérez de Oliva. Comedia de 
^«/?írío«. Esla comedia, que intituló así 
Fernán Pérez de Oliva : Muestra de la 
lengua castellana en el Nacimiento de 
Hércules, ó comedia de Anfitrión, to- 
mando el argumento de la latina de Flau- 
ta , está escrita en buen lenguaje y estilo. 
Suprimió Pérez de Oliva entre los perso- 
nages de la comedia los de Tésala y Bro- 
mia , criadas de Akumena , y añadió el de 
Naucrates, amigo de Anfltrion. Como no 
se propuso hacer una traducción literal, 
no puede culpársele de haber omitido el 
prólogo que precede al drama en su origi- 
nal , el soliloquio de Mercurio en el acto 
primero, y los de Mercurio y Júpiter en el 
tercero , porque en realidad no son necesa- 
rios á la fábula. En las demás alteraciones 
que hizo fué poco feliz. 

Parece que huye voluntariamente de las 
gracias de Planto, y en lo que añade ma- 
nifiesta poco gusto dramático, ningún ta- 
lento cómico, y mucho deseo de filosofar y 
disertar fuera de sazón, dilatando ó debili- 
tando las situaciones de mayor interés. 
¿ Quien ha de aprobarle que convierta la 
escena sencilla y afectuosa del acto prime- 
ro entre Júpiter y Alcumeiia en una sesiou 
académica , en que se trata del oí igen de 
la guerra, los males que produce, la polí- 
tica de los principes en formar ejércitos 
con la gente mas perdida de la república, 
para que pereciendo en los combates gocen 
quietud los hombres virtuosos, con otras 
máximas de igual solidez, y todas inopor- 
tunas cuanto es imaginable? ¿Quién le ha 
de perdonar el cuento intempestivo, insí- 
pido y largo que puso en el segundo acto 
en boca de Sosia , del cual solo resulta ha- 
ber echado á perder una de las mejores si- 
tuaciones del original? ¿Quién le discul- 
pará la alteración de todo el acto quinto, 
la supresión del escelente monólogo de 
Bromia ron que principia, y la aparición 



do Júpiter, máquina absolutamente nece- 
saria para dar á la fábula el único desen- 
lace que le conviene? Esta la concluyó 
Planto con la sumisión religiosa de Anfi- 
trión debida á tanto numen, ^ en la de 
Oliva se le hacen decir blasfemias contra 
todos los dioses, y aun profecías alusivas 
á la venida de Jesucristo, cosa impertinen- 
tísima sobre toda ponderación. Son muchos 
los ejemplos que pudieran citarse de la 
culpable libertad con que el imitador es- 
pañol estropeó las bellezas del poeta latino; 
pero bastará uno solo tomado del acto IV 
en que se pinta la situación desesperada 
del esposo de Alcumena. 

Periimiser! [serunt? 

Quid ego, quem advocati jam atque amici de- 
Numquam edepol me inultas islic ludiücabit 

quisquís est. [facía esl eloquar. 

Nam ad regem recta me ducam , rasque ut 
Ego pol illum ulciscar hodie Tliessalum vene- 

ficum , 
Qui perversé perturbavil familia' menlem mea'. 
Sed ubi ille est? inlró edepol abiit credo ad 

uxorcm meam. [agam? 

Qui me Thebis altervívit miserior? quid iiunc 
Quem omnís mortales ignorant, et ludificant, 

ut lubet. [que homiucm aspexero ; 

Certum est introrumpam in a'dibus u'.ñ quem- 
Sive ancillam, sive servum , sive uxorem, sive 

adulterum, [ffdibus. 

Seu patrem, sive avum videbo, obtruncabo iu 
Ñeque me Júpiter, ñeque dii omnes id pro- 

hibebunt , si volent. [bus nunc jam. 

Quin sic faciam uti constitui : pergam in a'di- 

Véase loque el maestro Oliva sustituyó. 

« ¿ Qué es esto ? ¿ Heme tornado por ven- 
« tura loco que así me siento conturbado ? 
« Todas mis partes son alteradas : el alma 
« con espanto, el cuerpo con temblor, y con 
« ira el corazón. En la boca siento hiél, en 
« los dientes rabia, mostaza en las narices, 
« rumor en los oídos , y relámpagos en los 
« ojos. ímpetus me vienen de quebrar, de 
«saltar, de herir, de hacer mayores cosas 
« que mis fuerzas pueden. No pienso que 
« podrán mis miembros reposar sino can- 
«sados. Ya no podrá mi ira amansarse 
«sino harta. El fuego que en mi arde no 
« se puede apagar sino con sangre, etc. » 

Cuando Moliere puso en el teatro fran- 
cés esta comedia, se apartó muchas veces 
del testo original , y siempre para mejo- 
rarle. Oliva al contrario, cada vez que se 
separa de lo que Plauto escribió, desalina. 



76 



CATÁLOCO 



1550. 



i4. Tragedia. La Venganza de Aga- 
menón. Traducción muy libre de la E¡cc- 
tra de Sófocles. Siguió l'crez de Oliva la 
disposicidh de la fábula original y el orden 
de las escenas con poca alteración ; pero 
suprimió mucha parte del diálogo, sin duda 
para que resultase el progreso de la acción 
mas rápido, aunque por esto medio la des- 
nudó de muchas bellezas. Baste citar por 
ejemplo la relación de la supuesta muerte 
de Orestes, diminuta y pobre en la tra- 
ducción, y tan in'erior á la de Sófocles que 
no es disculpable la mutilación que hizo 
en ella el traductor español : conservó los 
toros, y con ellos la inverosimilitud que 
constantemente producen, suprimiendo sin 
embargo todos los esrelenles trozos líricos 
del original, que pueden considerarse como 
entreactos de la tragedia y la parte mas 
brillante y armoniosa de su composición; 
no acertó en sacar á la escena un ataúd con 
un cadáver embalsamado dentro, en lugar 
de la urna manejable y ligera en que su- 
pone Sófocles que podian contenerse las 
cenizas de Orestes : esta alteración hecha 
por Oliva ni es conveniente , ni teatral, ni 
conforrhe á la imitación de costumbres : en 
lo que añadió al testo original peca muchas 
veces contra el buen gusto, se aparta de 
aquella grave sencillez que piden la situa- 
ción y los personages, y les hace decir es- 
presiones dignas de la férula. « Principal- 
" mente (dice Electra) que yo os ruego me 
« digáis ¿qué lluvia pensáis quetengoyoen 
« mi cuerpo donde se consumiesen tantas 
(f lágrimas como vierten mis ojos ? ¿O qué 
« capacidad es la de mi pecho para detener 
«en él la muchedumbic de mis gemidos, 
« que salidos fuera no caben en los aires? 
« Habed, yo os ruego, de mí compasión : no 
«queráis atapar con vuestros consejos los 
« respiraderos de las hornazas de fuego que 
« dentro me atormentan. » Pregunta Elec- 
tra á Orestes quién es; y su hermano le 
responde : « Soy un hombre que navega en 
« su sepulcro por las ondas de la fortuna.» 
Estos y algún otro rasgo de estilo alambi- 
cado, metafórico y pedantesco no son de 
Sófocles : son añadiduras impertinentes de 
su traductor. 

Í530. 
•45. Tragedia. Ilécuha triste. En la 



traducción de esta pieza de Eurípides usó 
el maestro Oliva de igual libertad que en 
la antecedente. Suprimió el personagc de 
Taltibio (demasiado episódico en el origi- 
nal), puso en boca de una ¡¡arte del coro la 
relación de la muerte de Polixena, é igual- 
mente omitió la escena de Agamenón y 
liécuba, para lo cual no pudo hallar una 
razón plausible. Las mugeres troyanas 
abren un hoyo en la arena para sepultar á 
Polidoro, cosa que ni se halla en el testo 
(le Eurípides, ni es conforme á las costum- 
bres griegas : en el original se pro|jone Hé- 
cuba quemar en una misma hoguera los 
cuerpos de Poli.\ena y Polidoro y darles un 
mismo sepulcro. Al fin de la tragedia su- 
primió las predicciones de Polimnestor, y 
echó á perder el desenlace. Aquellos ter- 
ribles anuncios y el diálogo á que dan lu- 
gar, dan á la catástrofe toda la fuerza, mo- 
vimiento y perturbación trágica que en tales 
casos se necesita. Entre las añadiduras que 
se atrevió á hacer Pérez de Oliva, es bien 
ridicula la siguiente en el diálogo de Po- 
lixena y Hécuba : 

polixena. iQuú es esto, madre, que lloras 
con tan tristes gemidos? ¿Qué quieren eslos 
hombres armados? 

Ilécuba. Vienen , hija , por tí, ¡ O hija 
triste, á qué tálamo te han de llevar! 

Pol. ¿Cómo, di, madre, entre tantas des- 
venturas me quieren casar? 

Uéc. Si, hija Polixena, adonde nunca me 
veas. 

Pol. El esposo ¿quién es? ¿á dónde está? 

Héc. Está con los muertos. 

Pol. ¡Ay madre mia ! ¿con hombre muerto 
me quieren casar? 

Héc. Si , hija mia , con muerto muerta te 
han de casar. 

>'i esta es Hécuba como el poeta la 
pintó, ni esta es Polixena, cuyo carácter 
( digno de la hermana de Héctor ) es de 
lo mas escelente de la tragedia griega. 
Hécuba en la traducción entretiene su 
dolor hablando á su hija en estilo enigmá- 
tico; y Polixena parece una niña de co- 
legio con mucha gana de casarse, y tan 
símplecita que se atemoriza creyendo que 
la van á casar con un muerto. Entienda 
quien pueda las siguientes espresiones de 
Hécuba : <r ; O mugeres ! agora siento que 
(' los dolores de nuestros partos son dolores 
" que parimos, que nos quedan guardados 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



77 



« para cuando los graves casos de nuestros 
« hijos sabemos. » Mas adelante dice : 
«De los leones y dragos, y otras bestias 
« Aeras, se cuenta que amparan á aquellos 
« que sienten de ellos quererse favoresccr, 
« y este hombre (peor que drago y león) 
« mató á mi hijo, de quien él por su vo- 
« luntad se habia encargado. » Esta erudi- 
ción zoológica no es de Eurípides , ni de la 
situación , ni de la persona que habla : pa- 
rece un retazo de sermón gerundio. 

A estos defectos podrá añadir algunos 
otros la critica imparcial de quien examine 
estas dos tragedias cotejándolas con sus 
originales; pero al mismo tiempo resultará 
de su lectura un concepto muy favorable 
á Pérez de Oliva, el primero que dio á 
conocer entre nosotros el teatro griego. Su 
lenguaje es puro, su estilo en general grave, 
elegante y numeroso : nadie antes de él 
habia dado á la prosa dramática tanto de- 
coro y magestad, y después ninguno le 
imitó. 

Nació Fernán Pérez de Oliva en Córdoba 
por los años de 1494- : estudió en Salamanca 
y Alcalá de Henares, en Paris y en Roma, 
donde permaneció algún tiempo. Volvió á 
Paris, enseñó Olosofia en aquellas escuelas, 
y restituido á España en el año de 152i, 
obtuvo en Salamanca las cátedras de filo- 
sofa y teología, y el cargo de rector de 
aquella célebre universidad. Su estensa 
erudición en las lenguas sabias, sus pro- 
fundos conocimientos en las ciencias mo- 
rales y exactas, su aplicación á las buenas 
letras, juntamente con las prendas esti- 
mables de su carácter, después de haberle 
merecido el favor de los pontífices León X, 
Adriano VI y Clemente Vil, determinaron 
á Carlos V á elegirle por maestro del prín- 
cipe su hijo , empleo que no llegó á servir, 
habiendo muerto en el año de 1533 antes 
de cumplir los cuarenta de su edad. Sus 
obras castellanas en prosa y verso perma- 
necieron manuscritas, hasta que su sobrino 
Ambrosio de Morales las dio á la prensa 
en el año de 1585. Véase la Biblioteca de 
D. Nicolás Antonio, y el tomo VI del 
Parnaso español. 

VóóO. 

46. Anónimo. Farsa sobre el matri- 
monio para representarse en bodas , en 
la cual se introducen un pastor y su 



muger, y su hija Mencia desposada, un 
fraile y un maestro de quebraduras. Es 
obra muy apacible y provechosa. Im- 
presa en Medina del Campo con licencia 
en casa de Juan Godinez de Millis , año 
de 1530. Se ignora el mérito de esta obra 
citada porPellicer en su Tratado histórico 
sobre el origen y progresos de la comedia 
y del histrionismo en España , tomo I. 

47. Jaime de Huele. Comedia llamada 
Tesorina, hecha nuevamente por Jaime 
de Huete. Se incluyó esta obra en el índice 
de libros prohibidos por la inquisición en 
el año de 1559. No hay otra noticia do ella 
ni de su autor. 

1532. 

48. Ansias Izquierdo Zebrero. Lucero 
de nuestra salvación al despedimiento 
que hizo nuestro Señor Jesucristo de su 
bendita madre, pasos muy devotos y 
contemplativos estando en Setania. Por 
Ausias Izquierdo Zebrero : en Sevilla, 
por Fernando Maldonado, año de 1532, 
Figuras del auto. Hijo y madre, ángel 
con cartas de Adán, David, Moisen, 
Hieremias , Abrahan , Magdalena. El 
nombre de este autor hace sospechar que 
fuese catalán ó valenciano. Jimeno , en su 
estimable obra de los Escritores dd reino 
de Valencia, habla de un Ausias Izquierdo 
que publicó algunos opúsculos , y entro 
ellos una Representación ó auto sacra- 
mental de un milagro de la Virgen del 
Rosario, impreso en Valencia, año de 
1589. Sin embargo de la identidad del 
nombre y apellido, no es de creer que sea 
el mismo que dio á luz en 1532 el auto que 
se incluye en este catálogo, cuyo corto 
mérito quita el deseo de toda investigación 
acerca del autor que le compuso. 

Í332. 

49. Gil Vicente. Auto hecho por Gil 
Vicent! sobre los muy altos y muy dulces 
amores de Amadis de Gaula con la prin- 
cesa Oriana, hija del rey Lisuarte. 

50. Comedia liubena- 

51. El Templo de Apolo, tragicomedia. 

52. Romería de agraviados, comedia. 

53. La IS'ao de amores, comedia. 

ií. Al parto de la reina, tragicomedia. 



78 



CATALOGO 



5j. La Fragua de amor, tragicomcilia. 

56. La Floresta de engaños , comedia. 

La primera de eslas piezas se halla pro- 
hibida en el índice de la inquisición de 
1559 : lod.is las que van citadas están es- 
critas en castellano, á escepcion de otras 
que compuso el mismo autor en portugués. 
No he visto la edición que hizo de todas 
ellas su hijo Luis Vicente en el año de 
15.37. 

IS3Í. 

57. Anónimo. Comedia llamada Orfea, 
dirigida al muy ilustre y magnifico señor 
I). Pedro de Arellano, conde de Aguilar. 
Este caballero fué uno de los que acompa- 
ñaron á Carlos Y en la espedicion de Tú- 
nez. La comedia se prohibió por el santo 
oficio, y es una de las obras insertas en el 
Índice que se ha citado ya. 

4555. 

58. Francisco de las Navas. Comedia 
llamada Fidea, compuesta por Francisco 
de las Navas. No hay mas noticia de esta 
comedia sino la de haberla incluido la in- 
quisición en el mencionado índice. 

1537. 

59. Andrés Prado. Farsa llamada Cor- 
nelia, en la cual se introducen las per- 
sonas siguientes : itn pastor llamado 
Benito, y otro llamado Antón, y un ru- 
fián llamado Pandulfo , y una muger 
llamada Cornelia , y un escudero su ena- 
morado, donde hay cosas bien apacibles 
para oir : hedía por Andrés Prado, es- 
tudiante. Medina del Campo, por Juan 
Godinez de Millis , año de 1537. Nada se 
sabe de este autor : la farsa contiene algu- 
nas situaciones de bajo cómico, no mal 
sostenidas con las gracias del diálogo. 

<559. 

60. Anónimo. Tragicomedia alegórica 
del par ai so y del infierno, moral repre- 
sentación del diverso camino que hacen 
¡as almas partiendo de esta presente 
vida, figurada por los dos navios que 
aquí parescen : el uno del cielo, y el otro 
del infierno, cuya subtil invención y ma- 
teria en el argumento de la obra se puede 
ver. Son interlocutores un ángel, un 
diablo, un hidalgo, un logrero, un ino- 



cente llamado Juan, un fraile, una moza 
llamada Floriana, un zapatero, tina alca- 
hueta, un judío, un corregidor, un abo- 
gado, un ahorcado por ladrón, cuatro 
caballeros que murieron en la guerra 
contra moi-os , el barquero Carón. Fué 
impresa en Burgos en casa de Juan de 
.tunta, á veinte y cinco días del m,es de 
enero, año de 1539. Estos personages se 
van presentando sucesivamente para en- 
trar en la barca del paraíso, pero solo 
llegan á conseguirlo el bobo Juan y los 
cuatro caballeros : los demás, aunque al- 
tercan y lo resisten , van á parar á manos 
del diabío, que los embarca para el in- 
flerno : las situaciones son idénticas : no 
hay desenlace ni enredo. Con la introduc- 
ción de tan diferentes clases de gentes se 
pintan no sin gracia las costumbres de 
aquella edad. 

Esta obra es una imitación de la que 
escribió el portugués Gil Vicente por los 
años de 1519, y se representó delante de 
los reyes D. Manuel y doña Leonor, cuyo 
titulo es : Auto de moralidade composto 
per Gil Vicente , per contemplagaon da 
serenissima é muyto católica Jleynha 
Donha Lionor nossa senhora , é repre- 
sentada per seu mandado á o poderoso 
Principe c muy alto Rey D. Manoel 
primeiro de Portugal deste nome. Una y 
otra composición existían pocos años ha en 
la escogida librería del marques de Cam- 
po-Alange. 

1540. 

61. Anónimo. Coloquio de Fenisa. Ha- 
blan en él Valerio , Marsilio , Silvio , 
Bobo, Fenisa Fué impreso en Sevilla 
año de 1510. Esta obra escrita en verso 
con poca invención y ninguna elegancia 
no merece particular examen. 

1540. 

62. Anónimo. Coloquio. En las pre- 
sentes coplas se trata como una her- 
mosa doncella andando perdida por 
una montaña encontró un pastor, el 
cual vista su gentileza se enamoró de 
ella, y con sus pastoriles razones la re- 
quirió de amores, á cuya recuesta ella 
no quiso consentir, y después viene un 
salvage á ellos , y todos tres se concier- 
tan de ir á una ermita que alli cerca 



DE PIKZAS DRAMÁTICAS. 



79 



estaba á hacer oración á nuestra Se- 
ñora. Vistas y examinadas , y con li- 
cencia impresas en Valladolid año de 
1540. Ya se ve por lo que antecede que en 
esta obra no hay composición dramática : 
Ja pintura de los afectos y el estilo en que 
está escrita no carecen de mérito. 

63. Anónimo. Farsa llamada Custodia. 
Se halla prohibida en el citado índice de 
la inquisición. ISo hay otra noticia de ella 
ni del autor que la compuso. 

64. Anónimo. Farsa de los enamora- 
dos. Se halla su título entre las obras pro- 
hibidas por el santo oflclo en el índice 
mencionado. 

1S45. 

65. Anónimo. Farsa llamada Josefina. 
Prohibida igualmente en el mismo índice 
de la inquisición. 

iSU. 

66. Lope de Rueda. Paso en el cual se 
introducen tres personas : Luquitas , 
page ; Alameda, simple; Salcedo, amo. 
Luquitas y Alameda se han entretenido 
en comer buñuelos y pasteles : su amo 
Salcedo que los ha estado esperando mu- 
cho tiempo, les pide cuenta de aquella 
tardanza : Luquitas se disculpa echando 
mentiras, pero Alameda contradice con 
su simplicidad los artificios de su compa- 
ñero , y sin querer los inutiliza. El amo 
persuadido de que ellos comen y se divier- 
ten con lo que á él le sisan, los castiga á 
entrambos. En prosa. 

ibU. 

67. Comedia Eufemia. A esta comedia 
escrita en prosa y dividida en ocho escenas 
precede un corlo prólogo. Leonardo, ca- 
ballero joven, se despide de su hermana 
Eufemia deseoso de ver mundo y buscar 
fortuna : halla en Valencia áVaiiano, prín- 
cipe ilustre y poderoso, que le recibe por 
secretario y le da toda su confianza. Leo- 
nardo le refiere las calidades de su herma- 
na Eufemia, y Valiano enamorándose de 
oidas, determina hacerla venir á Valencia 
y casarse con ella : Paulo, criado antiguo 



de Valiano, envidioso de la privanza que 
disfruta Leonardo , parte en diligencia á 
donde Eufemia está; y siéndole imposible 
el verla por mas que lo procura, logra 
únicamente que una criada le dé algunos 
tabellos de un lunar que tiene su señora 
en un hombro : con esto vuelve á Valen- 
cia y dice á Valiano que ha merecido los 
favores de la hermana de Leonardo, pre- 
sentando como prueba de lo que asegura 
los cabellos del lunar ; el principe irritado 
contra Leonardo le da pocos dias para que 
se justifique, y al cabo de ellos si no lo 
hace se propone quitarle la vida : avisada 
Eufemia por su hermano de la acusación 
que se hace contra ella y del peligro en 
que él está, va á Valencia, confunde al 
impostor Paulo, á quien el principe man- 
da llevar al suplicio que estaba preparado 
para Leonardo; hace poner á este en li- 
bertad , le restablece en su gracia , y se 
casa con Eufemia. Esta fábula, mas inte- 
resante que verosímil, tiene unidad en la 
acción , no en el lugar ni en el tiempo. En 
los caracteres de Eufemia y Leonardo hay 
oportuna espresion de afectos , y locución 
pura y elegante : los de Vallejo, lacayo ba- 
ladrea. Polo su compañero, Grimaldos, pa- 
ge, Eulalia, negra, y Ana, gitana, abundan 
en chistes cómicos , y producen incidentes 
graciosos, aunque no necesarios á la inte- 
gridad de la composición. 

1345. 

68. Paso en el cual se introducen dos 
personas: Alameda, simple; Salcedo, amo. 
Alameda halla en el monte una máscara, 
se la enseña á su amo Salcedo, y este por 
burlarse le dice que aquella es la cara de 
Diego Sánchez, un santero á quien habían 
muerto y desollado pocos dias antes unos 
ladrones : añade que la justicia anda en 
busca de los delincuentes, que si tropieza 
con ella es perdido , y que lo mejor será 
que se vaya á la ermita de San Antón y se 
haga santero : Alameda le deja la máscara 
y se va á la ermita ; Salcedo, envuelto en 
una sábana con la má.scara puesta, le lla- 
ma en voz lamentable, y ie hace creer que 
es el alma de Diego Sánchez : le encarga 
que á media noche vaya á un arroyo 
donde está su cuerpo insepulto y le lleve 
al cementerio de San Gil. Alameda lleno 
de miedo echa á correr, y el fingido muerto 



80 



CATÁLOGO 



le sigue y le acosa por todas partes. Diá- 
logo en prosa con buen estilo, animado 
y gracioso. 

ío45. 

G9. Comedia Armelina. Pascual Crespo, 
herrero, tuvo en su juventud un liijo en 
una amiga suya , la cual se fué con un ca- 
pitán ú líungria llevándose al niño : este, 
muerta su madre y también el capitán 
( que le dejó heredero de sus bienes ) , fue- 
criado por un caballero de aquella tierra 
llamado Viana , el cual tenia una hija pe- 
queña llamada Fiorenliiia, á quien daba 
muy mal trato su madrastra; por lo cual 
un pariente suj o se la robó , y hallándose 
embarcado con ella á vista de Cenkña le 
asaltaron corsarios : la niña quedó cautiva; 
después 'a vendieron en Cartagena á un 
hermano de Pascual Crespo, y este por 
último la recibió en su casa dándole el 
nombre de Armelina. Crespo y su muger 
viéndola ya en edad, tratan de casarla 
( aunque ella lo repugna ) con el zapatero 
Diego de Córdoba. Llega en esto á aquella 
ciudad Viana acompañado de Justo su hijo 
adoptivo , y habiéndole asegurado un grie- 
go que allí encontrarla á su hija Floren- 
tina , no omite diligencia para conseguirlo. 
Consulta con Muley Bucar, moro grana- 
dino, grande hechicero, el cual hace un 
conjuro espantoso, invoca á Medea, y sale 
en efecto iledea de los infiernos para decirle 
que la niña que se busca está en aquella 
ciudad : entre tanto Justo enamorado de 
Armelina ronda su casa : ella apurada por 
Crespo y su muger, que tratan de reducir- 
la á que se case con el zapatero , se va des- 
esperada á las orillas del mar con reso- 
lución de tirarse al agua desde un alto 
peñasco : al ir á ejecutarlo sale el dios 
Neptuno y lo estorba : llévala á su casa, 
y alli delante de todos les hace saber que 
Justo es hijo del herrero Crespo , y Arme- 
lina es la Florentina hija de Viana que con 
tanto empeño se busca : conciértase la 
boda de Florentina y Justo : Neiiíuiio en 
calidad de |)adi ino se entra con ellos á ce- 
lebrarla. Por este estrado se ecluiá de ver 
lo complicado, romancesco é inverosímil 
de esta fábula, en la cual apenas puede 
alabarse otra cosa que el buen lenguaje y 
la viveza del diálogo. Puede citarse como 
la primera pieza de magia que se conoce 



en nuestro teatro : está escrita en prosa y 
se divide en seis escenas. 

ío46. 

70. Paso en el cual se introducen las 
personas siguientes : Lucio, doctor médi- 
co; Martin de ViUalba, simple ; Bárbara, 
su muger; Gerónimo , estudiante. Martin 
de Villalba es objeto de las burlas de su 
muger, que tiene en casa con nombre de 
primo al estudiante de quien está enamo- 
rada : se finge enferma, y el pobre Martin 
va y viene á casa del médico, le regala 
pollos para tenerle grato, y se bebe todas 
las purgas que aquel receta á su muger, 
porque esta le asegura que le aprovecharán 
infinito si él se las toma. Por último la 
muger se va de casa acompañada del estu- 
diante , diciendo á Martin que va á cum- 
plir unas novenas : le encarga que ayune 
á pan y agua en tanto que vuelve , y él 
promete cumplirlo, aviniéndose á que el 
médico siga curándole para que ella se 
restablezca enteramente. Argumento có- 
mico , buena prosa, perniciosa moral. 

71. Paso en el cual se introducen las 
personas siguientes : Caminante , licen-^ 
ciado Jáquima, bachiller Brazuelos. El 
caminante se halla sin dinero, y no te- 
niendo conocimientos en la ciudad , le 
ocurre buscar al licenciado Jáquima, para 
el cual trae una carta : este que vive en 
compañía del bachiller Brazuelos, recibe 
muy bien al caminante y le convida á co- 
mer : quedan solos el bachiller y el licen- 
ciado , y como este no tiene un cuarto para 
obsequiar al huésped , pide al otro que le 
preste lo necesario para salir de aquel em- 
peño, pero Brazuelos, que se halla en el 
mismo caso , nada puede darle. Sin em- 
bargo para salir del apuro con menos 
afrenta discurre que el licenciado se oculte 
entre la manta de la cama cuando el 
huésped venga, y que él le dirá que de 
orden del arzobispo ha tenido que salir de 
la ciudad á toda priesa con el encargo de 
publicar unas bulas : acordado esto, llama 
el caminante : el licenciado se esconde y 
tapa con la manta, y admirado el huésped 
de no hallarle en casa , le dice el bachiller 
que si está, pero que ha sido tanta la ver- 
güenza que ha tenido de hallar.sc sin di- 



DE MEZAS DRAMÁTICAS. 



Kl 



Jiero para darle de comer, que se ha me- 
tido debajo"de la manta, y diciendo esto 
tira de ella y se le descubre : salla el licen- 
ciado de la cama lleno de enojo contra el 
ba«liiller. resulta una quimera muy aca- 
lorada entre los dos, y el caminanle vien- 
do que alli no hay disposición de comida , 
se aburre , los deja riñendo y se va. Prosa 
ligera y fácil : la malicia del bachiller pro- 
duce buen efecto cómico. 

ÍS4T. 

72. Paso en que se introducen las per- 
sonas siguientes : Honci güera , ladrón; 
Panarizo, ladrón ; Mendrugo, simple. Pa- 
narizo y Honciguera esperan á Mendrugo 
que lleva una cazuela de comida á la cárcel 
en donde está presa su mugcr : le salen al 
paso , le meten en conversación , y entre 
otras cosas le hablan de la tierra de Jauja , 
abundantísima y feliz sobre todo lo descu- 
bierto : Mendrugo quiere saber las mara- 
\illas que le anuncian de ella : le hacen 
sentar en el suelo, y empiezan á referirle 
los rios de leche , los puentes de mante- 
quillas, los árboles cuyos troncos son de 
tocino, la miel, los pasteles, las aves y 
viandas esquisitas que se hallan prepara- 
das y de balde en aquel delicioso pais : 
Mendrugo los oye absorto , y ellos aprove- 
chándose de su aturdimiento arrebatan la 
cazuela y desaparecen. Ficción sencillí- 
sima, en prosa. 

4547. 

73. Paso en el cual se introducen las 
personas siguientes : Brczano , hidalgo; 
Cebadon, simple; Samadel, ladrón. Ure- 
zano da quince reales á su criado Cebadon 
para que se los lleve al casero : Samadel se 
hace encontradizo con el criado, y sabien- 
do la comisión que lleva , finge que es el 
casero mismo : recibe los quince reales , y 
le da por carta de pago una carta parti- 
cular que lleva consigo : vuelve Cebadon 
á ver á su amo , y por el contenido de la 
carta y las señas que da el mozo del fingido 
casero , conocen uno y otro el engaño que 
les ha hecho : van en busca del ladrón , le 
encuentran en la callo, riñen, y Cebadon 
y su amo corren tras él. En prosa, buen 
diálogo. 

I5Í8. 

7i. Juan de Malara. Comedia llamada 



Locusta. Se ignora el argumento de esta 
comedia. 

4548. 

75. Lope de Rueda. Paso en el cual se 
introducen las personas siguientes : Tor- 
rubio, simple viejo ; Águeda de Toruéga- 
no, sumuger; Mencigiiela, su hija; Aloja, 
vecino. Torrubio viene del campo con una 
carga de leña : Águeda su mugcr le pre- 
gunta si ha plantado el renuevo de olivo 
que él llevó : él dice .que si , y ella supone 
que dentro de seis ó siete años ya llevará 
cuatro ó cinco hanegas de aceitunas, y cor- 
tando de él otros renuevos podrá plantarse 
un olivar : ella cogerá las aceitunas, el 
marido las llevará en el asno á la plaza, y 
Mencigiiela las venderá : aquí empieza lo 
mas agitado de la acción, porque Águeda 
no quiere que la chica venda el celemín de 
aceitunas en menos de dos reales , y su 
marido dice que bastará venderlas á ca- 
torce ó quince dineros : Mencigiiela recibe 
órdenes contrarias de su padre y de su 
madj-e , y á cada uno de ellos promete ha- 
cer lo que le mandan : esta docilidad le 
perjudica mucho porque solo sirve de 
escitar la cólera de entrambos, que la 
castigan alternativamente : sale al ruido 
Aloja su vecino : pregunta la causa de 
aquella desazón, y viendo que todo ello 
es sobre fijar el precio á que han de ven- 
derse las aceitunas que deben nacer de allí 
á treinta años, procura ponerlos en paz y 
concluir aquella ridicula contienda. .Mo- 
tivo cómico muy gracioso sostenido con un 
buen diálogo en prosa. 

4549. 

76. Farsa del Sordo. Esta pieza escrita 
en verso, atribuida á Lope de Rueda , no 
tiene mérito particular. 

1550. 

77. Comedia Medora. Introito. La co- 
media está escrita en prosa y distribuida 
en seis escenas : la acción se supone en 
Valencia. Acario tuvo una hija y un hijo 
en eslremo parecidos el uno al otro : 
siendo muy chicos los dos, una gitana 
robó al niño , dejando uno suyo en su lu- 
gar que murió de allí á poco tiempo : crió 
Acario á su hija llamada Angélica, y lle- 
gando á edad juvenil se enamoró de ellu 

G 



82 



CATÁLOGO 



Casandio, mancebo acomodado de aquella 
ciudad : la gitana vuelve á Valencia trayendo 
consigo á Medoro vestido de niugcr : re- 
sultan frecuentes equivocaciones nacidas 
de la semejanza de Medoro y Angélica ¡ 
hasta que la gitana descubre la verdad , i 
refiere el hurto que hizo del niño, pide per- | 
don y fácilmente se le conceden, verifican- ] 
dose el casamiento de Casandro con An- 
gtMica.Esta fábula, en que Lope repitió lo 
que ya habia puesto en otra (y no cierta- 
mente para mejorarlo ) , se entorpece y 
confunde con episodios inútiles, y carece 
de verosimilitud. Los amores del viejo 
Acario con Estela, los disfraces que se 
pone, los palos que recibe, la salida de 
Barbarina su muger, que se va en camisa 
á media noche al cementerio á buscar 
tierra de siete muertos, y otras imperti- 
nencias de esta clase son incidentes de 
farsa grosera y trivial. Las baladronadas 
de Gargullo y el chasco que le da la gitana 
no carecen de gracia cómica : el diálogo en 
general es animado y fácil. 

4531. 

78. Coloquio de Camila. Introito. Si- 
gue el coloquio en prosa sin división de 
actos ni de escenas. La acción parece que 
se supone en las cercanias de Valencia : 
Socrato perdió un hijo pequeño que tenia , 
y poco después halló en su puerta una 
niña de pecho , á quien crió con nom- 
bre de Camila, hasta que llegando á edad 
de diez y siete años, trató de casarla con 
el barbero Maese Alonso, viudo y viejo : 
Camila, enamorada del pastor Quiral, re- 
pugna el matrimonio que se le propone, y 
viéndose hostigada de lis instancias de So- 
crato se huye de casa, se va al monte, y en 
él quiere quitarse la vida, pero la Fortuna 
se le aparece y le promete su protección : 
sospéchase que Quiral haya sacado de su 
casa á Camila, y él desesperado de haberla 
perdido, viendo que le piden cuenta de 
ella, dice que en efecto la ha robado y des- 
pués la ha muerto : en consecuencia de 
esta declaración tratan de ahorcarle : la 
Fortuna encargándose de desenredar esta 
maraña lleva consigo á Camila, y hace sa- 
ber á los interesados en ello que aquella 
niña criada por Socrato es Galatea, hija 
del barbero Maese Alonso : declara tam- 
bién como Socrato es Anastasio , natural 



de Rosellon , el cual mudando de residen- 
cia tuvo por conveniente mudar de nom- 
bre, y por último dice también que el pas- 
tor Quiral es el hijo de Socrato, á quien 
halló pendiente de las mantillas en un ár- 
bol un hostalero del Co!l de Balaguer : 
esto sabido sale Quiral de la cárcel y le 
casan con Camila. Tal es el embrollo que 
sirve de acción de esta pieza. La confusión 
que resulta de la discorde unión de tan 
opuestos caracteres y personages es estra- 
vagante en demasía : el lenguaje siempre 
es bueno : el estilo muy desigual , á veces 
propio del bajo cómico, y á veces cuando 
quiere ser cuito degenera en pedantesco, 
cadencioso, lleno de perífrasis y trasposU 
clones violentas. 

79. Juan de Rodrigo Alonso. Comedia 
hecha por Juan de Rodrigo Alonso {que 
por otro nombre es llamado de Pedrosa), 
vecino de la ciudad de Segovia , en la cual 
por interlocución de diversas personas 
en metro se declara la historia de santa 
Susana á la letra , cual en la prosecu- 
ción claramente paresccrá : hecha á loor 
de Dios nuestro Señor : año de 15.51. ^on 
interlocutores de la presente obra los de 
suso contenidos : santa Susana, sus don- 
cellas Orisia y Patricia, su padre EI- 
quias , su madre, Joaquin su marido, 
dos criados suyos , vo: popular, los dos 
inicos viejos, sus dos ministros, los subs- 
titutos Elifaz y Manases, Daniel, car- 
celero , pregonero. Esta comedia escrita 
en redondillas (en la cual no hizo mas cJ 
autor que poner en diálogo lo que refiere la 
historia) tiene sin embargo interés dramá- 
tico, situaciones y afectos, enredo , solu- 
ción y moralidad. El ejemplar que tuve 
presente existe en la Biblioteca Real de 
Paris. En la de Madrid hay otro. 

íool. 

80. Lope de Rueda. Coloquio. Se ignora 
si estaba escrito en prosa ó verso : los in- 
terlocutores son dos pastores , dos pastoras 
y el Amor. Lorenzo Gracian, en su tratado 
de la Agudeza ó Arte de ingenio , reco- 
mendó el artificio dramático de este colo- 
quio diciendo : « Comenzó el prodigioso 
(( Lope de Rueda , á quien llamó e! jurado 
"de Córdoba Juan Rufo inimitable varón 



DE PIEZAS «UAMAIICAS. 



8.-, 



« con verdad : tuvo pscelcnles invenciones : 
« sea bastante prueba aquella en que in- 
« trodüce cuatro amantes encontrados, dos 
« pastores y dos pastoras , apasionados 
« entre si con tal arte que ninguno corrcs- 
« pondia á quien le amaba : pidieron al 
« Amor en premio de haberle desatado de 
« un árbol , á que le habian amarrado la 
«Virtud y la Sabiduría, que les trueque 
« las voluntades y haga el Amor que ame 
« cada uno á quien le ama ; y cuando pa- 
« rece que se desempeña , entonces se en- 
« reda mas Ja traza , porque pregunta 
« Amor qué voluntades quiere que vio- 
« lente y mude , las de los hombres ó las 
« de las pastoras ; que se concierten entre 
« si : aquí entra la mas ingeniosa disputa, 
« dando razones ellos y ellas por parle de 
« cada sexo, que es una muy ingeniosa in- 
« vención. » 

81. Coloquio en verso. Nada se sabe 
acerca del argumento y personages de este 
coloquio , citado por Cervantes en la co- 
media de Los Baños de Argel, donde in- 
cluyó el fragmento que sigue. 

Si el recontento que trayo 
Venido tan de rondón , 
No me lo abraza el zurrón , 
¿Cuáles nesgas pondré al sayo, 
O qué ensanches al jubón? 

Y si al contarlo Estremeño , 
Con un donaire risueño 
Ayer me miró Constanza, 
¿Qué turba habrá ya ó mudanza 
Que no la pase por sueño? 
Esparcios, las mis corderas , 
Por las dehesas y prados , 
Mordey sabrosos bocados ; 

No temáis las venideras 
Noches de nubros airados, 
Antes os anday esentas 
Brincando de recontentas. 
No os aflija el ser mordidas 
De las lobas deshambridas , 
Tragantonas, mal contentas; 

Y al dar de los vellocinos 
Venid siempre no ronceras 
Rumiando por las laderas 
A jornaleros vecinos 

, O al corte de sus tijeras , 
Que el sin medida contento 
Cual no abarca el pensamiento 
Os librará de lesión , 
Si al dar el branco vellón 
Barruntáis el bien que siento. 



¿ Mas quién es este cuitado 
Que asoma acá entelerido , 
Cabizbajo , atordecido , 
Barba y cabello erizado, 
Desairado y mal erguido? 

82. Coloquio de Timhria. Introito. Este 
coloquio no tiene división de actos ni de 
escenas : está escrito en prosa : su fábula 
es en eslremo complicada y absurda , y el 
empeño de referirla causaría fastidio al 
lector, no instrucción ni deleite. 

i 533. 

83. Anónimo. Comedia de Peregrino y 
de Ginebra. Se halla entre las obras pro- 
hibidas del citado índice de inquisición. 
Probablemente el autor de esta comedia 
redujo en ella á acción dramática el argu- 
mento de una novela que se había publi- 
cado en el año de 155-8 con este titulo : Li- 
bro de los honestos amores de Peregrino 
y Ginebra , fecho por Hernando Diaz. 

4533. 

Sí. Francisco de Avendaño. Comedia 
nuevamente compuesta por Francisco de 
Avendaño , muy sentida y graciosa, en 
la cual se introducen las personas si- 
guientes : la Fortuna, un caballero que- 
joso de ella llamado Muerto , otro caba- 
llero herido de amor llamado Floriseo , 
una doncella llamada Blancaflor , dos 
pastores, el uno llamado Salaver y el otro 
Pedrucio , un page llamado Listino : di- 
rigida al muy noble y valentísimo señor 
D. Juan Pacheco , capitán general de la 
gente del ilustrísimo señor marques da 
Villena, ario de 1553 , sin lugar de impre- 
sión. 

En el introito que le precede se alaba el 
autor de ser esta la primera pieza de tea- 
tro escrita en tres jornadas. Virués , Cer- 
vantes y Artieda , que florecieron muchos 
años después , creyeron ser inventores de 
esta novedad. 

La obra citada está escrita en coplas de 
pié quebrado. 

1534. 

85. Luís de Miranda. Comedia Pró- 
diga. Dirigida al muy magnífico señor 
Juan de VUlalba , de la cibdad de Pla- 
sencia, compuesta y moralizada por Luis 
de Miranda, plac entino , en la cual se 



84 ' CATÁLOGO 

contiene {demás de su agradable y dulce I coge en su casa. .-Icio tercero. Un alguacil 



estilo ) muchas sentencias y avisos muy 
necesarios para mancebos que van por el 
mundo, mostrando los engaños y burlas 
que están encubiertos en fingidos ami- 
gos , malas mugeres y traidores sir- 
vientes. Impresa en Sevilla en casa de 
Martin de Montesdoca : acabóse á diez 
dias de diciembre año de 135i. En unas 
coplas que se hallan al fin de la obra dice 
el autor que después de haber servido al- 
gunos meses en la milicia se h.ihia hecho 
clérigo , y esto es lo único que se sabe 
acerca de él. La comedia está escrita en 
redondillas, y se divide en siete actos cor- 
tos. Acto primero. Publicase á son de 
tambor una recluta de gente para la 
guerra : Pródigo, deseoso de salir de la su- 
jeción dcméstica, resuelve seguir la milicia 
en calidad de caballero aventurero : pide h 
su padre Ladan la legitima que le corres- 
ponde : el padre lo repugna mucho , pero 
al fin cediendo á sus instancias le entrega 
dos mil ducados en oro y tres mil en una 
letra de cambio, le da muy. buenos con- 
sejos, le despide y le deja ir acompañado 
de Felisero , criado de toda su confianza : 
júntanse en el camino con Süvan y Ori- 
senlo , soldados viciosos y estafadores : lle- 
van á Pródigo á una venta cerca de Se- 
villa : él paga por todos , se aficiona de uní 
moza llamada Sirguera , y con ella y los 
demás prosigue su viaje. Acto segundo. 
Llegan á un pueblo donde hay feria : gasta 
Pródigo rail ducados en cadenas y medallas 
que regala á Silvan y Orisento : su criado 
Felisero quiere irle á la mano, pero él no 
hace caso y se va con la moza : Olivenza, 
rufián baladren y cobarde con quien ella 
vivia, la anda buscando : Alfenisa y Gri- 
mana, mugeres públicas, le dan noticia de 
que está en poder de Pródigo : conciertan 
Olivenza , Silvan y Orisento lo que ha de 
hacerse para quitar á Pródigo la gorra 
guarnecida y el rico joyel de oro que lleva 
al cuello : luego que viene, sale Olivenza 
con la espada desnuda pidiendo la moza á 
los soldados haciendo grandes amenazas : 
ellos embisten con él , Pródigo se mete en 
medio para apaciguarlos , y en la fingida 
quimera le atropellan , le tiran al suelo , le 
hieren en la cara . le quitan el joyel y la 
gorra, y todos desaparecen : la madre de 
las mozas viéndole tan mal parado le re- 



lleva preso á Pródigo como también á Gri- 
ma na y su madre para que en la cárcel 
declaren lo (|ue ha sucedido : Felisero va á 
verse con su amo, habla después con el 
alguacil y el carcelero , y á fuerza de gra- 
tificaciones consigue que suelten á Pródigo 
y á las dos mugeres : los dos mil ducados 
en oro se consumieron enteramente, y 
Pródigo encarga á su criado que vaya á 
cobrar la letra de cambio : estando en la 
prisión habia visto en unas ventanas de 
enfrente á una hermosa doncella de la cual 
quedó enamorado : luego que se ve libre y 
solo, se pasea delante de la casa : ve salir 
de ella á una criada llamada Florina, déla 
cual se informa acerca del nombre y cir- 
cunstancias de aquella dama : Florina le 
dice que seria muy conveniente que diese 
una alborada á su señora, y él promete 
hacerlo así en la mañana próxima : llega 
Felisero y le cuenta que los pages que ha- 
bia recibido se han escapado, y que los sol- 
dados sus amigos se le han llevado los ca- 
ballos, el sayo y la capa : le da el dinero 
de la letra ; y él lleno de esperanzas amo- 
rosas olvida sus pérdidas, y solo piensa en 
la música que ha de dar á su dama. Acto 
cuarto. Dada la mú-ica , proporciona Flo- 
rina que Pródigo pueda ver á su señora 
Alcanda escondido en la huerta, de lo cual 
resulta el siguiente diálogo : 

Pródigo. ¿ Hora dundo me pornia 
Para ver si ser pudiese 
Lo que hace ó respondiese 
Mi señora aqueste día ? 
Aquí me pongo en parada 
Por estar mojor alerta. 

Alcaiida. Florina , cierra esa puerta. 

Florina. Señora , ya está cerrada. 

Pv. \ Oh mi remedio y mi amada ! 
Tras sus pisadas me voy 
Por ver lo que por mi hoy 
Hace 6 dice su criada. 

Fl. ¿ Qué te parcsció , señora , 
Del cantar de esta mañana? 

yllc. Tan bien , que de buena gana 
Le escucharía hasta agora. 

Fl. ¿ Paréscele que do mora 
Tal virtud que habrá verdad? 
Pues sabe que en la ciudad 
Solo á ti , señora , adora. 
Esto téngolo entendido 
( Aunque no ponsé decillo) 
En que ayer me dio este anüki . 
Y una saya ha prometido. 



Ale. ¿Aquesto me has escondido? 
Muestra el anillo , veremos. 
Vos ni yo no le tendremos, 
Vuelva alia donde ha venido. 

Y otra vez de esta manera 
Con nuevas no me vengáis , 
Si malas pascuas hayáis, 
Doña sucia y hechicera. 
¡Mira si yo soy ramera 
De eslraños y forasteros, 
O si me faltan dineros 
Para que precie á un cualquiera! 

Fl. No pensé que la enojara : 
Perdóneme tu merced. 

Air. ¡Gentil pensar! Entended. 
¿Pensabais que me holgara? 

Fl. A lo menos que burlara 
De velle asi enamorado. 

Ale. ¿Y por qué, si tú le has dado 
A sus hablas buena cara? 
¡ Mal pecado ! Ya le habrás 
Dado cuenta de quien soy, 
De lo que hago y á do voy, 

Y de todo lo demás. 
Fl. Por cierto, nunca jamas 

A él ni á nadie tal di. | 

Ale. Hora quítate de ahi : 
No hablemos en esto mas. i 

Py. Ya yo me maravillaba ! 

De suerte tan favorable. i 

¡Oh mi ventura mudable! I 

¡ Y cuan engañado estaba ! 

Felisero aconseja á Pródigo que desista , 
de aquella solicitud ; pero Florina , á pesar ; 
de lodo lo ocurrido, anima su esperanza, y i 
le dice que no baria mal en valerse de la j 
mediación de una vieja alcahueta que vive ¡ 
allí cerca : Pródigo, después de regalar á j 
Florina, va á verse con Briana (que asi se 
llama la alcahueta), la cual en fuerza de 
las dádivas que recibe, se pone en camino 
para favorecer los amores de Pródigo. Acto 
quinto. Felisero, vista la perdición inevi- 
table de su amo, y no atre\ ¡endose á volver 
á casa de Ladan, se va con resolución de 
hacerse ermitaño : Alcanda hace echar á la 
Briana de su casa á palos y golpes que le 
dan sus criados : Lizan y Cerbero, ruflanes, 
amigos de la vieja, la encuentran en la 
calle y la llevan á su casa, en donde Pró- 
digo la estaba esperando : refiérele ti mal 
éxito de su mcnsage, y se lamenta de que 
los criados de Alcanda le han quitado lodo 
el dinero que tenia : Pródigo para conso- 
larla la socorro con doblada cantidad, y á 
mslancias de la Briana recibe en su servi- 
cio á Lizan y Cerbero : va con ellos á ron- 



MEZAS DRAMÁTICAS. 85 

dar la calle de Alcanda, y sigue este diá- 
logo: 

pr. Venid conmigo los dos : 
Lleguemos aquí , veamos ; 
A propio tiempo llegamos. 
Labrando está me parece, 
Dejadme ver qué se ofrece. 

Lizan. Al propósito topamos. 

Ale. ¿Dó vas, negro? ven acá. 
Ve y llama á aquel caballero 
Que paresce forastero ; 
Veremos qué nos dirá, 
Que por ventura vendrá 
De Flandes, do está mi padre : 
' Que todo el mal de mi madre 
Es por no saber do está, 

Negro. Allégate acá , señor. 
Que te llama mi señora. 

Fr. No vengamos en mal hora , 
Mas la muerte me es favor. 

Neg. Entra dentro al corredor, 
Que hora se pone á labrar. 

Ale. ¿Osado sois de aquí entrar, 
Deci , don perro traidor ? 
¿Pareceos bien enviarme 
Una rapaza indiscreta , 

Y una pública alcahueta, 
Que eran para disfamarme? 
¿Había yo de fiarme 
A humo muerto en cualquiera? 

Pr. Quien tal ha hecho que muera: 
No quiero mas disculparme. 

Ale. Diréis no haber conocido 
Por no ser de la ciudad ; 
Mas donde hay sagacidad , 
Todo en un hora es sabido. 
Otro aviso he yo tenido 
Algo mas disimulado, 
Que á la muchacha he mesado 

Y á la vieja he sacudido. 
Sabe Dios cuanto pesar 

1 Que me quedaba por vos. 

i Mira si debéis á Dios 

I Con tal esclava topar. 

I Pr. Imagen para adorar 

He yo, señora, topado, 
^íc. No, sino sierva, mi amado 

Dejemos hora el hablar, 

Y esta noche con la escala 
Vuelve, señor, muy secreto; 
Que sin falla te prometo 
De te esperar en la sala. 
Porque la puerta es tan mala 
Que rechina que es espanto. 
Hora ve, descansa en tanto, 
Dios nuestro Señor te vala. 

Pr. ¿Es posible que soy yo 
Quien tanto bien ha alcanzado? 
¡Oh yo bienaventurado 
Mas que cuanto Dios crió 1 



SG 



CATALOGO 



Quien lio se ilolerinitió 
No sabe lo que ha perdido, 
Que mas que l'orluiia ha sido 
El (|ue minea la temió. 

Vuelve Pródigo á casa de la Briana , le 
cuenta lodo lo que le acaba de suceder, j 
ella dice: 

Al diablo yo las doy 
Aquestas muy desdeñostis , 
(Juc estas son las mas mafiosas : 
Jesú , fuera de mi estoy. 
Entra agora allá, señor, 
Dirás estas maravillas 
A aquellas mozas bobillas 
Porque sepan qué es amor, 

Y sepan qué es dar dolor, 

Y después á manos llenas 
Coneediendo tras las penas 
El descanso y el favor. 
Hora yo estoy espantada 
De ver la sagacidad , 

La malicia y la maldad 

De esta edad desventurada. 

¡Que una muchacha encerrada 

Tuviese tales rodeos! 

Mira quien vio sus meneos, 

Y la vio tan enfadada. 
Maldito el que es menester 
Bienquerencias ni terceras, 
Que ellas tienen sus maneras 
Con que se dan á entender : 
Todas saben no querer, 
Mas no todas defensarse; 

Y todas saben negarse, 
Pero pocas fuertes ser. 
Rapazas que aun alimpiarse 
No saben ni son criadas, 
Las veréis ya requebradas 
A las ventanas pararse. 

De los que pasan burlarse 
Con sus risitas y señas; 

Y no son tan duras peñas 
Que no vengan á quebrarse. 

La Briana conrierta con Lizan y Cerbero 
que á la noche cuando vaya Pródigo á ver 
á Alcanda le hagan caer de la escala al su- 
bir ó bajar por ella , y aprovechando la 
acción le roben cuanto tiene para repartirlo 
entre los tres. Aclo testo. Pródigo, disfra- 
zado con un mal vestido que le ha dado la 
Briana (para quitarle el suyo), va á la cita 
acompañado de sus nuevos servidores : 
ponen la escala, y entra Pródigo por una 
ventana al cuarto de Alcanda : después de 
un diálogo en que Cerbero y Lizan tratan 



de la bellaquería que tienen resuelta , sale 
Pródigo, y al bajar por la escala le dejan 
caer al suelo, le quitan el bolsón del dinero 
disimuladamente, y le conducen á casa de 
Briana ; fingen que van á buscar á un ci- 
rujano y desaparecen para no volver : Pró- 
digo, quejándose de su caida y echando ds 
ver que aquellos picaros le han quitado el 
dinero , pide á la Briana que le disponga 
una cama; pero ella, que ya nada tiene 
que esperar, le echa de su casa y le deja en 
la calle, solo, á media noche , lloviendo, 
desfallecido, sin un cuarto, y lleno de do- 
lores en todo su cuerpo : ve á un caballero 
que va á entrar en su casa ; le pide limosna, 
y el caballero manda que le den un pan : 
de allí se encamina al hospital, y no le 
quieren recibir : vuelve á buscar al caba- 
llero, ruégale encarecidamente que le ad- 
mita por criado de su casa y queda recibido 
para guardar los puercos. Acto séptimo. 
Pródigo, reducido á la mayor miseria , se 
pone en camino para volver á casa de su 
padre : halla una ermita y en ella íi su 
criado Feliscro, que está haciendo vida so- 
litaria, el cual le confirma en su resolución 
y le acompaña hasta que llegan á casa de 
Ladan : Pródigo se echa á sus pies , le pide 
perdón , y el padre amoroso todo lo olvida 
al verle tan arrepentido : le hace poner ri- 
cas vestiduras y manda que se hagan fies- 
tas y alegrías en celebridadde haber reco- 
brado un hijo por quien había derramado 
tantas lágrimas. 

Está muy bien desempeñado el fin mo- 
ral de esta fábula , que es sin duda una de 
las mejores del antiguo teatro español , bien 
pintados los caracteres, bien escritas algu- 
nas de sus escenas : las situaciones se suce- 
den unas á otras , aunque no con particular 
artificio dramático, siempre con verosimi- 
litud y rapidez. La duración del suceso es 
indeterminada : el lugar de la escena va- 
ria continuamente, y no pudiera sin mu- 
cha violencia ponerse ahora en el teatro, 
pero en el tiempo en que esta pieza se 
compuso, la imaginación de los especta- 
dores todo lo suplía. Existe en la Biblio- 
teca Real de París. 

80. Anónimo. Comedia de Planto inti- 
tulada: Milite (jlonoso , traducida en len- 
gua castellana. .\niberes, 15.55. 



DE MEZAS DRAMÁTICAS. 



87 



87. Comedia de Plauto intitulada : Me- 
neemos , traducida en lengua castellana. 
Ambares, 1553. En estas dos traducciones 
merecen alabanza el lenguaje y el estilo. 
Véanse los dos siguientes trozos sacados de 
la primera. 

« ISo estás bien en los negocios, porque 
« en la mala muger y en el enemigo todo 
« cuanto se gasta es perdido ; pero con el 
« huésped y con el amigo ganancia es lo 
« que se gasta , y tengo por buena dicha 
« topar con huéspedes de mi condición á 
« quien reciba en mi casa : come y huelga 
« y bebe conmigo, y alégrate de mi compa- 
« íiia : libre te es mi casa y yo también soy 
« libre, quiero gozar de mí con libertad , 
« porque por la misericordia de los dioses 
« y por las riquezas que me concedieron , 
« pude muchas veces casarme con alguna 
« de muchas mugeres que se me ofrecieron 
« de muy buena casta y con mucho dote; 
« pero no quise meter en mi casa una gru- 
« ñidora con quien perdiese mi libertad.... 
« Como tengo muchos parientes, no me 
« hacen falta los hijos : agora vivo á mi 
« voluntad y dichosamente siguiendo lo 
« que se me antoja : cuando me muriere, 
« dejaré mis bienes á mis deudos que los 
« partan entre sí ; ellos comen conmigo , 
« curan de mí salud, vienen á ver qué ha- 
« go , si mando alguna cosa : antes que 
« amanezca ya están en mi cámara : pre- 
« gúntanme si he dormido bien aquella no- 
« che , téngolos en lugar de hijos : en- 
« víanme presentes y regalos : si hacen 
« sacriücios , dan de ellos mayor parte á 
« mi que á sí : sácanme de mi casa, llé- 
« vanme á las suyas á comer y cenar ; aquel 
« se tiene por mas desdichado que me en- 
« víó menos : ellos debaten entre sí con sus 
« presentes : yo callo y recíbolos : desean 
« mis bienes, pero entre tanto consérvan- 
« los y acreciéntanlos con los suyos. » 

Si en la traducción de estas comedias se 
advierte á las \eces error de inteligencia 
en algunos pasages, omisiones en otros, 
espresiones que pertenecen á varias per- 
sonas en boca de una sola, debe conside- 
rarse cuáles serian los ejemplares latinos 
que pudo tener presentes el traductor. Ya 
se ha dicho en otra ocasión cuan viciadas 
fueron las ediciones de Plauto durante el 



siglo XVI. Ignórase hasta ahora quién fué 
el traductor de estas dos piezas, y solo se 
infiere por la dedicatoria que hace de ellas 
al secretario Gonzalo Pérez , que se hallaba 
en Lila empleado en la Real Hacienda. 

Váod. 

88. Juan de ¡Vlalara. Tragedia de Ahsa- 
lon. No hay otra noticia de esta pieza que 
la que dio su mismo autor en la obra inti- 
tulada Filosofía vulgar, donde dice que 
había compuesto una tragedia de Absalon. 

1336. 

89. Lope de Rueda. Paso. Introdúcense 
en él Sigüenza, lacayo; Sebastiana, mun- 
dana ; Estepa , lacayo. Sebastiana cuenta á 
Sigüenza una riña que ha tenido con otra 
moza, amiga de Estepa, diciéndole entre 
otras cosas que habló muy mal de él llamán- 
dole ladrón desorejado: Sigüenza se en- 
fada sobremanera , refiere un caso de honra 
en que se vio precisado á deshacerse délas 
orejas para defenderse d« sus contrarios : 
amenaza á todo el mundo y promete ven- 
gar con estrago espantoso las ofensas que 
á su amiga y á él les han hecho : sale Es- 
tepa , insulta á Sigüenza y á Sebastiana , y 
exige que Sigüenza se desdiga de cuanto 
ha dicho : Sigüenza lo hace diciendo que 
estaba borracho y que mintió como un ta- 
caño : Estepa añade que se ponga de ro- 
dillas y se deje dar por mano de Sebastiana 
tres pasagonzalos en las narices : luego que 
esto se hace, Estepa le toma la espada y se 
va con la moza. Gracioso diálogo en prosa, 
buena imitación de caracteres y costum- 
bres. 

Í556. 

90. Paso. Introdúcense en él las per- 
sonas siguientes : Dalagon ; Pancorbo , 
simple; Periquillo, page ; Peiruton, gas- 
cón; Guillelmillo,page. Dalagon echa de 
menos una caja de turrones de Alicante que 
tenia sobre el escritorio : llama con sepa- 
ración á sus criados y les pregunta quién 
se los ha comido : ninguno le da razón y 
se acusan reciprocamente : el amo se en- 
fada y les va dando de palos uno á uno : 
después de esto se acuerda Guillelmillo el 
page de que su amo se los pidió y los 
guardó en el escritorio : Dalagon reconoce 
que es cierto lo que el page dice, y para 



CATALOGO 



conU-ntar á sus ci iatlos les promete rt-par- 
tlrentrc ellos tO(ioslos turrones: consultan 
los criados entre si , y delerminan ¡lorlaríe 
con el amo generosamente no tomando los 
turrones que les ofrece, y rcstiluyénfiolc 
con puntualidad los palos que les dio : asi 
lo hacen, y Dalagon esperimenta Lien á su 
despecho el desinterés de sus criados reci- 
biendo una gran paliza que le dan entre 
lodos. Tiene agudeza la solución de esta 
pequeña fábula : está escrita en prosa. 

ioiií}. 

9i. Comeilia de los Eníjaños. Eílá es- 
crita en prosa y di\id¡da en diez escenas. 
Virginio, ciudadano romano, tuvo un hijo y 
una hija gemelos : perdió al hijo en la con- 
fusión del saqueo de Roma en el año de 
1527, y se fué con su hija Lelia á vivir ¿ 
Módena : alli .se enamoró de ella un man- 
cebo llamado Lauro, pero después se afi- 
cionó de Clávela , hija de Gerardo : Lelia 
(á la cual haWa dejado su padre en un 
convento n)ientras él iba á Roma á recu- 
perar alguna parte de sus bienes) ofendida 
de la ingratitud de Lauro se sale del con- 
vento, y vestida de hombre entra á servir 
de iiage á su amante con el designio de 
introducir desconfianza entre él y Clávela: 
vuelve Virginio de Roma, halla que su 
bija no parece: llegan á este tiempo á Mó- 
dena un joven romano llamado Fabricio 
con su maestro y un criado: este Fabricio 
es precisamente el hijo que Virginio per- 
dió y lloraba por muerto, tan semejante á 
su hermana Lelia, que de esta circunstan- 
cia resultan frecuentes engaños , confusión 
y disturbios, hasta que llega á declararse 
quien es Fabricio, y quién el fingido page 
de Lauro, resultando los casamientos de 
Lauro con Lelia y de Fabricio con Clávela. 
Esta comedia, en que se hallan algunas fe- 
lices imitaciones de Plauto, es muy artifi- 
ciosa é interesante, aunque en sus inci- 
dentes no hay toda aquella verosimilitud 
que pide el teatro. Siguió Lope en la com- 
posición de esta fábula una de las novelas 
de Bandello , que se hablan impreso en 
Lucaen el año de l.wi, alterando los nom- 
bres de personuges y ciudades según le pa- 
reció conveniente : en lo demás imitó mu- | 
cho el original italiano. Está escrito con ! 
buen lenguaje , y entre las partes episódi- ' 



cas es muy gracioso el papel de la negra 
Guiomar, criada de Clávela. 

<556. 

92. Coloquio llamado Prenda de amor. 
Personas: Me nandro, pastor; Simón, pas- 
for; rí7e/iíO, ;)osf ora.. 4 llercan Menandro y 
Simón sobre cu;il de ellos ha sido mas favo- 
recido deCilenia, la cual ha dado á Simón 
uno de sus zarcillos, y á Menandro una 
sortija; viene Cilenia apacentando su ga- 
nado , y ambos le ruegan que declare á 
cuál de ellos ha entendido favorecer mas : 
ella rehusa declararse y se va , dejando en 
manos de Simón su retrato con esta letra : 

Mira y verás 
En mi cuanto tú querrás. 

y en las de Menandro un corazón pintado 
con un mole alrededor que dice: 

Ya no tengo mas que dar, 
Pues te doy el corazón. 

Cada uno de ellos imagina por la dádiva 
y la letra que le acompaña ser el mas ven- 
turoso, y con esta lisonjera presunción 
ambos quedan contentos y amigos. Está 
escrito en quintillas. 

i'áiiS. 

93. Paso. Inírodúcense en c'l las per- 
sonas siguientes : Madrigalejo, lacayo lor- 
dron; Molina, lacayo; un alguacil, un 
page. 3Iadrigalejo se entretiene con Mo- 
lina refiriéndole algunos trabajos que ha 
pasado con la justicia: viene en su busca 
un alguacil á instancias de un page á 
quien Madrigalejo había hurtado un libro 
de devociones: les hace varias preguntas 
y descubre un lio de ropa que ocultaba 
•Molina por encargo de Madrigalejo: los 
hace atar á entrambos y los lleva á la cár- 
cel promctiéndolesque saldrán muy pronto 
de alli para las galeras. Diálogo en prosa. 

Lope de Rueda, natural de Sevilla, fué 
batidor de oro : cediendo al impulso que 
le inclinaba al teatro, se hizo actor y au- 
tor, y formando una pequeña compañía 
corrió las provincias y principales ciudades 
de España. En Sevilla, Córdoba .Granada. 
Valencia , Toledo , Madrid , Segovia y 
Valladolid representó con estraordinario 
aplauso del público sus mismas obras. To- 
das las hizo imprimir después de su muerte 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



SU amigo Juan de Timoneda. Se ha per- 
dido la edición de sus Coloquios en verso, 
que en aquel tlemiio se eslimaron como lo 
mejor que salió de su pluma, y solo ha 
quedarlo el de lus Prendas de amor. Las 
cuatro Comedias , los do5 Coloquios , los 
diez Pasos (todo en prosa) y el Coloquio 
en verso , se publicaron en Valencia por el 
citado Timoneda en los años de 1567 y 
1570. Parte de estas obras se imprimieron 
en Sevilla y en Logroño. Floreció Lope de 
Rueda desde los años de lóíí en que em- 
pezó á darse á conocer, hasta el de 1.j60 , 
en que probablemente murió. En el de 
1558 representó en Madrid y en Segovia, 
y en aquel año le vieron sin duda en la 
corte Miguel de Cervantes y Antonio Pé- 
rez, haciendo ambos mención de haber 
sido testigos de su habilidad y de sus aplau- 
sos. Murió en Córdoba, y el cabildo de 
aquella catedral le hizo enterraren la nave 
principal de ella entre los dos coros : honor 
concedido á un cómico, y en aquel tiempo, 
que manifiesta cuánta fué la estimación 
que hicieron de él sus contemporáneos ; 
pero la posteridad mas injusta ha dejado 
perecer y olvidar el depósito de sus ce- 
nizas, que ocupaa ya descoaocido y común 
sepulcro. 

ÍSS8. 

9i. Anónimo. Farsa llamada Róstela, 
nuevamente compuesta ¡ en la que se in- 
troducen las personas siguientes : Palo- 
meo , padre de Floriseo , Rosiela, dama; 
Floriseo , galán ; Justina , criada ; Cam- 
bano, padre de Benito, bobo ; Pinamarte, 
criado de Palomeo ; Marigreja y Pablos 
Gil. Cuenca, 1558. 

Amores, diálogos pastoriles, gracias del 
bobo, niños robados en la cuna , reconoci- 
mientos y otros incidentes romancescos 
muy usados por los dramáticos de aquel 
tiempo. La versificaciones bastante buena. 

4559. 

95. Juan de Timoneda. Comedia de los 
Meneemos , puesta en gracioso estilo y 
elegantes sentencias. Valencia, 1559. Ti- 
moneda tradujo libremente en prosa esta 
comedia de Plaulo : su[iriniió con inteli- 
gencia dos pcrsonagis poco necesarios, va- 
rió el prólogo , quitó los soliloquios inú- 
tiles de Peniculo en el primer acto , y en el 



89 

tercero el de Meneemos, casado en e! 
cuarto, y el de Mésenlo en el quinto. Dio 
muy oportunamente mayor ostensión á al- 
gunas escenas , á otras mas naturalidad , 
mejoró el desenlace y conservó en toda la 
pieza la gracia y ligereza cómica del autor 
latino. Precede á la comedia un prólogo en 
que hablan el dios Cupido y tres pastores. 

96. Comedia llamada Cornelia : es muy 
sentida, graciosa y regocijada. Valencia, 
1559. tsta comedia , por el guíto de las 
que entonces se admiraban en Italia , tiene 
algunas situaciones imitadas de El IS'igro- 
mante de Arioslo. Está escrita en prosa 
con muy buen lenguaje , el diálogo es 
rápido y natural , abunda en chistes cómi- 
cos no siempre decentes , pero en las cos- 
tumbres libres de aquella edad hallaban 
apIau.so. La esposicion de esta pieza es 
muy defectuosa, y sin el prólogo separado 
que le precede nada se sabria de los ante- 
cedentes que motivan la fábula. Poseía un 
ejemplar impreso de estas dos comedias 
D. Ramón Cabrera, individuo de la Real 
Academia española. 

4560. 

97. Anónimo. Paso. Interlocutores : 
Monserrate, simple; Coladilla, page; Val- 
verde, doctor; Jumilla, muger; alguacil 
Porqueron. La escena es en Valencia. Co- 
ladilla, sabiendo que va á venir una muger 
de Rusafa á consultar á su amo el médico 
sobre una dolencia que padece su madre , 
persuade á 31onserrate su compañero á que 
se vista las ropas del doctor que aun está 
durmiendo y finja ser el mismo, á fin de 
recibir dos reales y un bollo que sabe que 
traerá la muger : viene esta, y Monserrate 
sentado, y Coladilia detras que le va dic- 
tando lo que ha de decir, le preguntan sobre 
la enfermedad de su madre , y .Alonserratc 
le prescribe los remedios , equivocando 
con disparates cuanto Coladilla le dice al 
oido. La muger da los dos reales y el bollo, 
y Monserrate la hace llevar una redoma 
de bebida blanca que estaba debajo de la 
cama de la médica, encargándola que se 
la haga beber á la enferma : se va la mu- 
ger, viene el doctor Valverde, y hallando 
á Monserrate vestido con sus ropas se en- 
fada y riñe : vuelve la muger acompañada 



ÍK) 



CATALOGO 



lie un alguacil lamentándose de que por 
haber dado á su madre un poco de lo que 
contenia la redoma acaba de espirar. La 
supuesta bebida era una disolución de so- 
liman con que se lavaba la médica : el al- 
guacil se lleva ú la cárcel á los criados del 
doctor y al doctor con ellos. Diálogo en 
prosa. 

íoCO. 

98. Paso de los Ladrones, en el cual se 
introducen las personas shjuientes : Ca- 
zarla, viejo ladrón; Buitraijo, ladrón 
nuevo ; Salinas , ladrón nuevo ; Joan de 
Buenalma , simple. Eslá escrito en proía : 
parece que se quiere figurar la escena en 
Valencia : Salinas y Buitrago se recomien- 
dan á Cazorla para que les instruya en el 
oficio de que son principiantes : Cazorla les 
da varios consejos sobre lo que deberán 
practicar si llegan á caer en manos de la 
justicia para salir menos mal de los inter- 
rogatorios, de los careos y del potro : les 
refiere varios ardides de que ha usado du- 
rante su larga carrera, y les da alguna 
noticia de la nomenclatura gcrmanesca 
usada entre los de su ejercicio : sale Joan 
de Buenalma con una cesta de huevos, 
traman conversación con él Buitrago y Sa- 
linas : este le desafia á saltar á pié juntillns, 
y como Joan de Buenalma le desprecia y 
dice que en conciencia no puede apostar 
con él por la conocida ventaja que le lleva, 
disponen que jalte con los pies y los brazos 
atados : él se aviene á ello , y al ir á dar el 
salto, ve que Salinas se escapa llevándose 
el dinero apostado : Buitrago, á quien dio 
á guardar el capote , se va en seguimiento 
del otro : Cazorla con la cesta de los hue- 
vos echa á correr detras de los dos , y Joan 
de Buenalma se queda alado de brazos ) 
pies, sin dinero, sin capote y sin cesta. El 
juego de teatro suple en esta pieza la falta 
de acción. 

ioGO. 

99. Paso : introdúcense en él las per- 
sonas siguientes : Gutiérrez de Saníiba- 
üez, lacayo mozo; Inesa López, fregona ; 
Rodrigo del Toro, simple; Salmerón, amo. 
Eslá escrito en prosa. Gutiérrez, á quien 
Rodrigo del Toro tiene encargado que lo 
busque una novia , concierta con Inesa ha- 
cerle una burla, y viéndole venir con un 
plato de confitura que lleva á unas monjas, 



Gutiérrez le dice (enseñándole á Inesa) 
que aquella es la novia que ba encontrado 
mas á propósito para él : Rodrigo conviene 
desde luego en casarse con ella , y á falta 
de colación para celebrar el contrato , Gu- 
tiérrez le jjropone que puede suplir el plato 
de confitura, dando después á su amo cual- 
quiera disculpa de haberle perdido; y esto 
didio, se lleva Gutiérrez el plato, Inesa 
enamora á Rodrigo, y él lleno de empacho, 
solo acierta á decir simplezas : estando en 
esto , viene Gutiérrez disfrazado de muger, 
reconviene á Rodrigo de que la deja por 
otra olvidando las obligaciones que le debe : 
Rodrigo se embrolla con las voces y alter- 
caciones de las dos : sale su amo, averigua 
el caso y trata de oir á entrambas, para 
decidir cual tiene razón : por último deter- 
mina que debe casarse con la disfrazada : 
Rodrigo fastidiado de una y otra no quiere 
ser marido de ninguna : toma el bastón de 
su amo, embiste con ellas y desenlaza á 
palos la fábula. 

Timoneda publicó los tres pasos prece- 
dentes en una colección que intituló Regis- 
tro de representantes. 

4560. 

100. Alonso de la Vega. Comedia lla- 
mada Tolomea. Argumento. En la ciu- 
dad de Alejandría, muy magníficos au- 
ditores , habia dos mercaderes, el uno 
llamado Cosme Alejandrino , y el otro 
Marco César : el Marco César tenia un 
hijo, y Cosme Alejandrino un hijo y una 
hija dicha Argentina : estos dos hijos 
fueron criados por una ama, la cual 
adrede los trastrocó, que dio á cada cual 
padre el que no era su hijo, y fueron lla- 
mados los dos por un nombre dichos To- 
lomeos : semejáronse tanto en estatura y 
gesto, que cualquiera que los veía tomaba 
el uno por el otro : allegándose á edad 
de casarse, el M>nrco César, pensando que 
era su hijo el que tenia, trató casamiento 
para que casase con Argentina, hija de 
Cosme Alejandrino, y por ser forzado de 
ir á Horencia diéronse los viejos tan so- 
lamente las manos : Tolomeo , hijo de 
.Marco César, que estaba en casa de 
Cosme Alejandrino , habíase ya juntado 
con Argentina y la tenia preñada : ella 
de pensar que de su liermano { no lo 
siendo) se habia empreñado, y que de 



DE PIEZAS brvAMÁnCAS. 



91 



uira parte el casamiento estaba efectuado 
con Tolomeo de Marco César, no sabia 
que medio se tomase. Al fin {si están 
vuestras mercedes atentos) verán como 
pare, y en cuantos infortunios se ve el 
pobre niño, y de qué arte y suerte se 
viene á descubrir cuyo hijo es cada uno , 
con lo dettias que la comedia pretende 
representar delante tan agradecidos se- 
ñores. Y queden con Dios. Esta comedia 
es por cstremo desatinada : son interlocu- 
tores en ella un nigromante , un endriago, 
el dios Febo, el dios Cupido, Orfeo, Medea 
y un diablo : la escena es en Alejandría y 
en los montes de Armenia : el tiempo ili- 
mitado : la acción inverosímil , indecente , 
confundida con episodios inconexos : el 
lenguaje y estilo nada tienen que disculpe 
sus fallas. Está escrita en prosa y distri- 
buida en ocbo escenas. 

íoGI. 

101. Juan de Malara. Comedia (se 
ignora el titulo ) en elogio de la villa de 
Utrera. 

Juan de Malara , maestro de humanida- 
des en Sevilla su patria , escribió entre va- 
rias obras que le dieron estimación la Filo- 
sofía vulgar, que contiene mil refranes 
glosados , un poema en octavas intitulado 
Hércules , otro en verso suelto dividido en 
doce libros que intituló Psique, y otro del 
martirio de santa Justa y RuCna en versos 
latinos y castellanos. El mismo da noticia 
en su obra de la Filosofía vulgar de haber 
compuesto una tragedia de Absalon, y 
una comedia intitulada Locusta , que se 
representó en las escuelas de Salamanca en 
el año de 15i8, de las cuales se ha hecho 
ya mención en este catálogo. En cuanto á 
la presente comedia , no hay otra indica- 
ción de ella que la que dio Rodrigo Caro 
en las Antigüedades de la villa de Utrera , 
diciendo que en el año de 1561 se repre- 
sentó en Utrera una comedia en verso del 
maestro Juan de Malara, que tal vez fué la 
primera que se escribió en verso en España 
(en lo cual se equivocó), y que principiaba 
así : 

Villa de utrera, noble y venturosa. 

No se sabe si esta y las demás piezas dra- 
máticas de Malara llegaron á imprimirse. 
Juan de la Cueva su compatriota le llama 



Menandro bélico, y dice que compuso mil 
tragedias, y mereció mucha alabanza por 
haber alterado el uso antiguo conformán- 
dose con el nuevo : espresiones que redu- 
cidas á su justo valor quieren decir que 
Malara compuso muchas piezas dramáticas 
poco arregladas á los principios del buen 
gusto y muy aplaudidas en su tiempo. No 
hay otra noticia de este autor : la época en 
que dio sus obras al teatro debió ser desde 
el año de 1548 hasta el de 1570 con poca 
diferencia. 

102. Pedro Suarez de Robles. Danza 
del santísimo nacimiento de 7}uestro Se- 
ñor Jesucristo , al modo pastoril, com- 
puesta por Pedro Suarez de Robles, clé- 
rigo de evangelio , natural de Ledesma. 
Son interlocutores un ángel y ocho pas- 
tores; el primero se llama Antón, el se- 
gundo Rebanado , el tercero Pascual , el 
cuarto Toral, el quinto Pellejon , el sesto 
Pelayo , el séptimo Rebollo , el octavo 
Tereso, san José y nuestra Señora, y 
el niño Jesús {este no habla) y otros 
cuatro ángeles que estarán con cuatro 
ciriales junto al nacimiento , y á su 
tiempo cantarán un villancico. Impreso 
en Madrid año de 1561. Nada se sabe de 
este autor. La composición citada es muy 
curiosa por cuanto en ella se ve la dispo- 
sición de estos dramas sagrados, cuyo uso 
duró tantos años en las iglesias de España. 
AI empezar la obra se esplica la situación 
y movimientos de los personages en esta 
forma : « Han de salir los pastores en dos 
« hileras repartidos; delante de ellos el que 
« tañe el psalterio ó tamborino : al son irán 
« danzando hasta en medio de la iglesia, y 
« allí harán algunos lazos, y tras de los pas- 
ee tores irán los ángeles con los ciriales, y si 
« hubiere aparejo ocho ángeles que llevan 
« el palio del Santísimo Sacramento , y 
« debajo irá nuestra Señora y san José , 
«y llegarán hasta las gradas del altar 
« mayor, y allí estará una cuna á modo de 
« pesebre , y alli pondrán al niño Jesús, y 
« de rodillas nuestra Señora y san José 
« puestas las manos como contemplando ; 
« los ángeles repartidos á un lado y á otro, 
« y mirando hacia el niño , y estando de 
« esta manera acabarán los pastores de 
« danzar : y luego saldrá un ángel al pul- 



92 



CATÁLOGO 



«piloy dirá losigifienle..,. y los pastores 
« oyendo la voz mostrarán espantarse mi- 
« rando para arriba á una y otra parte. » 
El orden con que está dispuesto el diálogo, 
la danza y música es este. Anuncia el án- 
gel el nacimiento de Jesucristo á los pas- 
tores y desaparece : los ángeles del naci- 
miento cantan un villancico en alabanza 
del h'jo de Dios : oyen los pastores aquella 
música y determinan ir á adorar al recien 
nacido , y se van danzando á donde está el 
pesebre : sigue después un villancico entre 
los ángeles y los pastores : llegan estos, y 
san José les da la bienvenida : cada uno de 
ellos dice un par de coplas , ofrece su pre- 
sente al niño , y danza : san José agradece 
sus dones : la Virgen ruega á su hijo que 
favorezca á aquellos pastores , y ella por su 
parte les promete ampararlos y ser abo- 
gada suya. Concluye la fiesta con otro 
villancico en que cantan y bailan los án- 
geles y los pastores, alternando las coplas 
con este estribillo : 

Acá en Belén nace nuestro Dios : 
Nace de María para bien de nos. 

103. Anónimo. Comedia llamada Feli- 
ciana. Juan deTimoneda, en su colección 
de novelas intitulada Patrañuelo , impresa 
en Vakncia año de lóü6 , al fin de la pa- 
traña Xlll dice : « De este cuento pasado 
« hay hecha comedia que se llama Feli- 
« ciana. » No se sabe otra cosa de esta 
pieza ni del autor que la compuso. 

Ía62. 

104. Alonso de la Vega. Tragedia lla- 
madaSerafina. Argumento. La pieza se di- 
vide en ocho escenas y está escrita en prosa. 
Serafina, hija de un cardenal y de una 
matrona romana, vive en Ñapóles en casa de 
Alberto , á quien su padre la envió siendo 
niña para que la educase : joven ya, her- 
mosa y rica, la solicitaron varios, y entre 
ellos dos princiiies de Italia que se hacen 
por sus amores una guerra cruel : Marco 
Atanasio , hijo de Alberto, está igualmenie 
enamorado de ella , pero solo recibe des- 
precios : sueña Serafina que habia de ser 
casada con el hombre mas bello del mundo : 
consulta sobre esto á un nigromante, y le 
dice este que el mas bello hombre del 



nmndo es el Amor : esto sabido no aspira 
á mas la doncella que á conocerle , verle y 
tratarle, y ofrecerse á su voluntad : solo 
ama al Amor, todos los hombres son para 
ella indiferentes : buscando al Amor se le 
aparece una ninfa, y en su compañía Páris 
y Narciso : la ninfa le dice que viene de 
parte del dios Cupido á presentarle aquellos 
dos jóvenes los mas hermosos que ha visto 
el mundo para que elija entre los dos el 
que mas le guste : Serafina insiste en que 
solo quiere al Amor, y las visiones desapa- 
recen : entre tanto Alberto echa de su casa 
á su hijo Atanasio porque se obstinaba en 
ser amante de su pupila : el hijo valiéndose 
de un criado roba á su padre el cofre del 
dinero para atender á sus urgencias : la 
justicia le coge con el hurto : el padre con- 
viene desde luego en que será menester 
ahorcarle, pero á ruegos de Serafina todo 
se compone : esta , agitada siempre de la 
manía de buscar y conocer al Amor, ve 
aparecerse repentinamente dos salvages 
que le enseñan en un escudo la pintura de 
Cupido : queda absorta á vista de tanta 
hermosura, y ¡os salvages le echan una ca- 
dena al cuello y se la llevan presa á la flo- 
resta solitaria por el atrevimiento de ha- 
berse querido igualar con un dios, de quien 
solo puede aspirar á ser esclava : Marco 
Atanasio se va por los montes quejándose 
de la ingratitud de su señora, é invoca á 
Cupido para que le favorezca : viene Cu- 
pido inmediatamente y le da su arco y una 
flecha para que en caso necesario se la dis- 
pare á Serafina • muda Atanasio su vestido 
en otro pastoril, sale al encuentro de su 
querida, le habla amorosamente, y ella 
sigue despreciándole : él entonces le dis- 
para la saeta, y cae Serafina sin sentido : 
viendo Atanasio que no se mueve ni res- 
ponde la cree muerta , saca un puñal y se 
quita la vida : Serafina vuelve en si, y 
enamorada ya de Atanasio le halla muerto, 
sácale el puñal que tiene clavado en el pe- 
cho y con él se mata. Todo lo que sigue á 
esto en la escena octava es un conjunto de 
impertinencias añadidas á la monstruosa y 
estravagante fábula que el autor se atrevió 
á llamar tragedia. 

Í563. 

10r>. Comedia de la Duquesa de la Rosa. 
Preceden á esta comedia el introito y el 



DK MEZAS DRAMÁTICAS. 



9,1 



argumento. El introito escrito en prosa 
por el gusfodc Lope tío Rueda os muy in- 
gonioso, y el estilo florido y eieganto. La 
comedia igualmente en prosa no tiono di- 
visión alguna de actos ni de escenas. Una 
infantado Dinamarca se aficionó en su ju- 
ventud á un infante do España llamado 
Dulcelirio , que estuvo algún tiempo en la 
corto del rey su padre : al despedirse Dul- 
celirio le dio la infanta un anillo para me- 
moria de su inclinación : casó después la 
infanta en Francia con el duque do la Rosa : 
empezó d enfermar de grave dolencia, y lo 
aconsejaron que fuese en peregrinación á 
Santiago de Galicia para implorar del santo 
apóstol e! restablecimiento de su salud : 
hizo en efecto su romería ; sus achaques 
desaparecieron , y á la vuelta pasando por 
Burgos la hospedó en su palacio ( sin darse 
á conocer) el infante Dulcelirio; pero al 
despedirse, dándole de beber, le echó en 
la copa el anillo que había recibido de ella 
en Dinamarca : la duquesa le reconoce , 
pero no dándose por entendida sigue su ca- 
mino y llega felizmente á la presencia de 
su esposo : un mayordomo del duque ena- 
morado de su ama se atreve á declararle 
su pasión : ella le reprende ásperamente 
diciéndole que si no desiste de aquella in- 
decente solicitud dará cuenta de ello á su 
marido. El mayordomo engañando á un 
hermano suyo hace que vaya á escon- 
derse detras de las cortinas de la cama 
de la duquesa, y entre tanto avisa al du- 
que de que la señora le es infiel, y le hace 
maleficio: van todos allá, salo de éntrelas 
cortinas el hermano del mayordomo, y 
este , antes que el otro pueda hablar pala- 
bra, le mala á puñaladas: queda presa la 
señora y condenada á muerte si en el tér- 
mino de tres meses no se presenta algún 
caballero que la defienda : ella escribe á 
Dulcelirio lo que le pasa : llega el mcnsa- 
gero á Burgos en cosa do un minuto : el in- 
fante le respondo que no puede encargars-e 
de su defensa; pero sin embargo so viste 
de fraile, va á Francia en otro minuto, 
halla modo de introducirse con la duquesa, 
y esta sin reconocerle so confiesa con él : 
satisfecho por lo que resulta de la confesión 
de la inocencia de su penitente , se pre- 
senta armado en el campo al tiempo que 
la sentencia va á ejecutarse : pelea con el 
mayordomo y le mata : el duque da gra- 



cias al cielo por tan señalado favor , pero 
de alli á pocos instantes le da calentura y se 
muere y le entierran : Dulcelirio declara á 
la duquesa que él ha sido el fraile que la 
ha confesado y el caballero que la ha de- 
fendido ; y esto dicho se casan los dos. Los 
que no gustan do fábulas sencillas y prefie- 
ren el género romancesco (lleno de situa- 
ciones tan inesperadas como imposibles), 
hallarán en esta comedia lo que apetecen : 
la Verdad, el Consuelo y el Remedio cantan 
á coros y dan conversación á la duquesa 
cuando está encerrada en la torre espe- 
rando la muerte : un portugués muy ena- 
morado, un Tomé Santos , bobo , y un ba- 
chiller Valentín (personages inútiles y 
pegadizos), son insoportables cada cual en 
su género. 

Alonso de la Vega murió en Valencia 
antes del año de 156G. Timonoda imprimió 
las tros piezas de que se ha hecho mención , 
y dice, hablando con el lector en un soneto 
que las precede : 

Tres farsas ó comedias nos compuso 
En prosa castellana tan sentidas 
Con que tu pensamiento recrease. 

Y aquí en nuestra Valencia Dios propuso 
Sus dias para él fuesen cumplidos , 
Y para el cielo fué do descansase. 

Í565. 

106. Juan de Timoneda. Entremés de 
un ciego, un mozo y unpohre. Está es- 
crito en coplas de pié quebrado. Un ciego 
acompañado de su lazarillo va pregonando 
coplas y oraciones : quéjase de que nadie 
le da limosna , ensaya la voz para las co- 
plas que se propone cantar, y sobreviene 
un pobre cuyas plegarias le incomodan 
mucho, conociendo que con ellas atraerá 
la gente y él se quedará sin que nadie le 
dé limosna : repúntanse de palabras el cie- 
go y el pobre , se insultan á cual mas puedo, 
y el dialogóse concluye á palos. Es la pieza 
mas antigua de teatro que se llama entre- 
mes, 

4565. 

107. Paso de dos clérigos cura y bene- 
ficiado , y dos mozos suyos simples. En 
coplas de pié quebrado. Se reduce á una 
altercación muy reñida entre e! benefi- 
ciado y el cura sobre que cada uno de ellos 
quiere para si el pié de altar , las ofrendas 



í)i 



CATÁLOGO 



y los responsos: se tratan de majaderos , de | 
ignorantes en el laliii , y llegan á punto de 
darse de palos, toiilaudo el uno y el otro 
con que sus mozos les darán ausilio ; pero 
el beneficiado, no fiándose demasiado en el 
valor del suyo, se acobarda, evita la pa- 
liza huyendo , y el cura se queda por dueño 
del campo. 

íoC3. 

108. Paso de dos ciegos y un mozo muy 
gracioso para la noche de Navidad. Es- 
crito en coplas de pié quebrado. Palillos, 
mozo travieso y apicarado, desearía apli- 
carse á algún oficio , para lo cual refiere al i 
auditorio sus buenas cualidades , y entre 
ellas cuenta haber robado ciertos dineros i 
aun ciego de quien habia sido lazarillo: 
Martin Alvarcz, ciego, sale por un lado pre- i 
gonando sus oraciones, y por otro Pedro 
Gómez, ciego también, sale anunciando las 
suyas: salúdanse entrambos, y creyendo 
qile están solos hablan con entera confian- 
za: Alvarez cuenta al otro que su lazarillo 
le robó seis ducados que tenia escondidos, 
y escapó con ellos : Gómez le aconseja que 
en adelante lleve el dinero encima de si, 
como él lo hace , y en prueba de ello le 
dice que lleva cosidos alrededor del bonete 
los ducados que va recogiendo , y asi está 
seguro de que nadie se los quite : esto di- 
cho. Palillos, que toilo lo ha estado oyendo, 
le arrebata el bonete de la cabeza y echa á 
correr : Gómez cree que es Martin Alvarez 
el que le ha hecho aquella burla, y le pide 
el bonete : el otro que ignora lo que ha 
sucedido no sabe qué decirle , ni halla ma- 
nera de justificarse : enfádanse los dos, y 
se sacuden una gran paliza. 

ío63. 

109. Paso de un soldado , y un moro, 
y un ermitaño. El soldado engaña al moro 
diciéndo!e que es despensero de unos frai- 
les, y con este prelesto le toma dos galli- 
nas que llevaba el moro para vender: 
llama al ermitaño, le dice en secreto que 
aquel hombre se quiere confesar , y el 
ermitaño dice al moro que se aguarde 
mientras vuelve , ofreciendo despacharle 
muy pronto : persuadido el moro con esto 
de que se trata de pagarle de allí á un rato, 
deja ir al soldado con las gallinas y se es- 
pera á que salga el ermitaño : vuelve este 



en efecto, y resulta entre los dos una alter- 
cación muy acalorada. Por último ni el 
moro se confiesa, ni el ermitaño le paga, 
y todo finaliza con una solemne tunda de 
garrotazos y mojicones. Está escrito en co- 
plas de pié quebrado. 

ío65. 

1 10. Paso de la Razón , ¡a Fama y el 
Tiempo. Ao hay nada de acción, todo es 
mero diálogo alusivo al nacimiento de 
nuestro Señor Jesucristo : está escrito en 
quintillas : el estilo y la versificación no 
carecen de mérito. 

111. Tragicomedia llamada Filomena. 
Preceden á la obra un ''ntróito y un ar- 
gumento en que se refiere la fábula de 
Progne y Filomena, y se pide atención al 
auditorio. La tragicomedia está dividida en 
siete escenas , y escrita en quintillas con 
algunos trozos de muy buen estilo y fáciles 
versos : se muda frecuentemente el lugar 
según la acción lo pide, que unas veces se 
supone en Atenas y otras en Tracia : se 
habla en este drama del puerto de üenia y 
del castillo de Alarcon : hay títulos de al- 
teza y empleo de mayordomo : se elogiad 
vino de Roda y de San Clemente, y Filo- 
mena dice ¡Jcsusl un bobo criado de Tereo 
que se mete en todo y todo se lo habla, es 
tan escesívamente necio y pesado que no 
se puede sufrir. 

1564. 

112. Farsa llamada Paltana. Precede 
á la farsa un introito. Está escrita en co- 
plas de pié quebrado : no tiene división 
ninguna de actos ni de escenas : Filomena, 
muger de Paliano, refiere haber soñado que 
salia fuego de sus entrañas , y que después 
venían dos salvages y le apagaban : este 
sueño, por la circunstancia de hallarse Fi- 
lomena en cinta , atemoriza á Paliano , que 
envía un criado á ia Seo para que busque 
á un nigromante y se le traiga, á fin de 
preguntarle lo que puede significar el sueño 
de su esposa : venido el nigromante se in- 
forma de todo, y le dice á Paliano que le 
nacerá un hijo que abrasará como el fuego, 
y que hasta que se cacen dos salvages en el 
monte, aquel fuego no tendrá fin : le acon- 
seja que se vaya de la ciudad , y lleve á su 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



93 



muger á la majada , y cuando haya parido 
haga conducir el niño al monte , y dejarle 
allí atándole primero un cordón para que 
sirva de señal. Todo se hace según el ni- 
gromante lo dispuso : hallan dos salvages 
al niño en lo mas áspero de la montaña, se 
proponen darle á criar , y á pocos versos 
después sale tan destetado , tan crecido y 
robusto, que ya está enamorado de su ma- 
dre, á quien ha visto casualmente por 
aquellos cerros : los salvages, que desean 
complacerle en todo, van con él ala casa 
decampo de Paliano : roban á Filomena y 
se la llevan á la montaña. Llega Paliano á 
su casa, y sabido el suceso, va á ver si puede 
hallar á su esposa ó á los salvages ó á Infan- 
tico (que asi se llama el joven), y los en- 
cuentra á todos juntos: quiere matarlos, 
ellos se defienden, y la muger (para des- 
vanecer los justos zelos de su marido) le 
dice con el mayor candor que no hace mas 
que ocho dias que la robaron. Paliano en 
medio de sus furores se acuerda repenti- 
namente de lo que el nigromante le pro- 
nosticó, y halla que aquel mancebo debe 
de ser su hijo, y aquellos salvages los que 
vio en sueños su muger : así se confirma 
todo en muy breves palabras : se abrazan 
y se concluye la fábula. Ya se ve por este 
estrado lo que ella será : baste añadir que 
en cuanto á los caracteres, afectos, situa- 
ciones, estilo y versos, nada hay tampoco 
que merezca alabanza. 

1364. 

113. Comedia llamada Aurelia. En el 
introito de esta comedia se dice : 

Y sabrán , cierto , que fué 
La intención 
Del autor y su opinión , 
En su comedia , señores , 
Esquivar pasos de amores , 
Y lomar nueva invención. 

La invención que tomó no fué cierta- 
mente de las mas felices. Salucio y Aurelia, 
hermanos , cuentan como su padre habia 
sido muy rico ; y bailándose sin hijos , tra- 
tó de guardar su dinero de modo que na- 
die pudiese hallarle : valióse para esto de 
un nigromante y por su consejo hizo una 
torre, metió en ella sus riquezas, cerróla 
muy bien , y colocada la fuerza del encanto 
en un anillo (dádiva del mágico) le partió 



por en medio : quedóse con la mitad de él 
y la otra la tiró al mar: hecho esto, la 
torre quedó invisible : tuvo después los 
dos hijos mencionados, á los cuales solo 
pudo dejar en herencia la mitad de aquel 
fatal anillo, y murió bien arrepentido de 
su disparate. Salucio se va á correr mundo, 
dejando el medio anillo á su hermana Au- 
relia, que le hace colgar sobre la puerta por 
si acaso llegase alguno que tenga la otra 
m'itad , puesto que apenas los dos pedazos 
se junten, el encanto quedará deshecho. 
No hay para que seguir la trama irregular 
y absurda de esta pieza; baste decir que 
después de muchas situaciones impertinen- 
tes , Salucio halla en su viaje á dos pere- 
grinos, de los cuales el uno, entre varias 
reliquias y dijes curiosos que le enseña, le 
hace ver un medio anillo que luego reco- 
noce ser el mismo que le ha de restituir las 
perdidas riquezas : cuenta al peregrino el 
estraño caso de la torre encantada : vanse 
juntos á casa de Salucio, hacen la prueba 
de unir los dos pedazos del anillo, y so- 
nando un espantoso estrépito se deshace la 
torre , quedan manifiestos los tesoros de 
su padre, y Aurelia se casa con el pere- 
grino. Esta comedia se divide en cinco jor- 
nadas, y está escrita en coplas de pié que- 
brado. 

4563. 

lli. Farsallamada Trapacera. Introi- 
to en el cual se dice hablando del drama 
que sigue después : 

El nombre de cl!a será 
Trapacera; 

Por ser en l'arle y manera 
Hecha á modo de farsalia. 
Como se usa en Ilaiia 
Y por toda su ribera. 

Flavio, mancebo, acompañado de su la- 
cayo Corbalo, vaá casa de Rufina, muger de 
Rodrigo, carretero ; la cual le ha prometido 
que le tendrá en su casa una linda doncella 
llamada Licea, hija de Fació, rico labrador, 
que se la envia diariamente para que la 
enseñe algunas labores. Recíbelos Rufina 
asomada á la ventana ; pregunta á Flavio 
si trae los dineros en que se habían concer- 
tado, y él dice que no : Rufina le despide 
diciéndole que no entrará ni verá ala don- 
cella hasta que los traiga : Flavio se des- 
nuda las ropas de gala que lleva puestas. 



9() 



CATÁLOGO 



se las da á Corbalo para que las empeñe y 
le traiga dinero , con lo cual Rufina se 
ablanda y le deja entrar : esta se va des- 
pués á casa de Fació , á quien echa en cara 
su mala coirespondencia , pues habiendo 
enseñado á hacer mil delicadas labores á 
su hija Licea, piensa pagarla con una es- 
trecha habitación que le da . y un ducado 
al mes en dinero por única gratificación : 
se apartan muy mal contentos el uno del 
otro, y el viejo para dar pesadumbre á Ru- 
fina trata de fingir que vende la casa en 
que ella vive : insta Rufina á Corbalo pi- 
diéndole el dinero que se le ha prometido, 
y él se escusa diciendo que aun no le ha 
podido adquirir. De orden de Fació van á 
medir y tasar la casa de Rufina : ella y los 
que están dentro se llenan de consterna- 
ción , porque hallándose alli oculto y des- 
pojado de sus vestidos el joven Flavio en 
compañía de Licea , va á suceder un escán- 
dalo si dan con ellos : para evitar este pe- 
ligro meten á Flavio dentro de una cuba ; 
pero hecho esto sobreviene Antolin, dueño 
de la cuba, acompañado de un alguacil, y 
resuello á llevársela, porque habiéndola 
vendido á Rodrigo, marido de Rufina, no 
se la paga habiéndose pasado el término 
que le dio. Rodrigo no quiere entregar la 
cuba : Antolin se empeña en llevársela, 
BuGna la reclama, diciendo que todo 
cuanto hay en la casa es dote sujo y la 
cuba también. Fació para ponerlos en paz 
dispone que se llévela cuba á su casa y alli 
esté depositada hasta que se averigüe á 
quién pertenece : llévausela en efecto, y á 
Flavio dentro de ella : Corbalo, valiéndose 
de Rodrigo y de otros dos camaradas 
suyos, urde un enredo al viejo Hilario, 
padre de Flavio, á fin de disculpar la au- 
sencia del hijo y sacarle algún dinero para j 
contentar á la codiciosa Rufina. El pasage ¡ 
siguiente dará una idea de las astucias que 
Corbalo usa con Uilario, como también j 
del estilo y diálogo de esta pieza. 

Hilario. ¿Corbalo, Flavio dó está, 
Di, IraicJor, 

Mcnliroso, trampeador, 
Por qué me traes engañado? 
Dime, ¿dónrlí! está encerrado, 
Falso flamnificador? 

Corbalo. Señor, ruégeos por mi amor, 
Si mandáis 
Que el enojo despidáis, 



Que si os mentí no era engaño, 
Sino deshacer el daño 
Y el gran peligro en que estáis. 
Hil. ¿Cómo? di. 
Covb. Si nic pscucliais 

Lo diré. 
Sepa pues vucsa mcrcé... 

Rodrigo. Salí acá , Flavio , ¿ dó estáis? 
Si el dinero no me dais 
Aquí la muerte os daré. 
lííl. ¿Y qué es aquello? 
Corb. Óigame. 

Que ha tomado 
Con su muger acostado 
Rodrigo á Flavio, y de vero, 
A promesa de dinero 
Le ha la vida otorgado. 
Hil. i Y Rodrigo ? 
Corb. Veislo armado 

De un lanzon. 
Hil. ¿Y los otros dos quién son? 
corb. Dos primos de su muger 
Que le han venido á valer 
Como vieron la cuestión. 
Hil. ¿Y Flavio? 
Corb. De un paredón 

Que salló , 

Muy ligeramente entró... 
Hil. ¿Dónde? dilo. 
Corb. En el palacio 

De casa del señor Fació. 
Hil. En fin, ¿qué, ya se salvó? 
Corb. A Rodrigo querría yo 
Que le demos 
Los dineros. 
Hil. ¿Cómo haremos? 

Corb. ¿ Cómo qué ? traer contados 
Los veinticinco ducados , 

Y por alli concluiremos. 

Hil. Muy mejor es que busquemos 
Donde esta 

Fació, que él le librará , 
Que es amo de ese besliaso. 

Corb. Qué , no señor, que es mal caso , 
Que también se agraviará. 

Hil. Pues di tú cómo será , 
Que no sé. 

t:orb. Y'^o , señor, se lo diré , 
Que por popar el dinero 
La vida puesta ai tablero 
No es justo, señor, que esté. 

Hil. Muy bien dices ; pero vé 

Y el lanzon 
Quitarás á ese cabrón, 

Y prométele üe dallos. 
Corb. ¿Cuándo? 

Hil. Luego, que á sacallos 

Yoy á casa, de un cajón. 

Dicho esto, Corbalo despide á Rodrigo y 
ásuscamaradas. Fació, al registrar la cuba 



DE PIEZAS DU\MATIC.4S. 



que tiene en depósito, halla dentro al joven ¡ 
Fiavio, y á" las sospechas que concibe se 
añade el aviso que le da Dominica, criada 
de Rufina , refiriéndole que ha visto en 
casa de su ama á Fiavio y Licea que se es- 
taban abrazando : desesperado Fació con 
esta noticia se queja muy sentidamente : 
Hilario procura mitigar su cólera, pero el 
orendido padre no halla consuelo.... 

Hasta aqui llega el ejemplar incompleto 
que poseia el erudito D. Pedro Caro, mar- 
ques de la Romana. Si se atiende al estado 
de la fábula , poco puede ser lo que falte. 
Parece verosímil que el desenlace consista 
en que Licea se case con Fiavio , los viejos 
queden amigos y perdonen las picardías 
de Corbalo y de Rufina, causa principal de 
tanto disgusto. Hay en esta pieza una ac- 
ción cómica bien conducida , sin episodios 
inútiles que la dilaten ó la compliquen, 
caracteres bien desempeñados, enredo ve- 
rosímil, progresivo interés, diálogo ani- 
mado y gracioso. Puede contarse entre las 
mejores fábulas dramáticas que se compu- 
sieron en aquel tiempo. Está escrita en 
coplas de pié quebrado, sin división de ac- 
tos ni de escenas. 

1o65. 

115. Farsa llamada Rosalina, muy 
apacible y graciosa , con introito. Está 
escrita en coplas de pié quebrado , sin divi- 
sión ninguna de actos ni de escenas. Anto- 
nio Pomar y Leandro Pisano, mercaderes, 
reflexionando sobre la vanidad de las cosas 
humanas, y desengañados del mundo, de- 
terminan retirarse á un convento : Lean- 
dro tiene una hija llamada Rosalina, y el 
considerar que ha de abandonarla si se 
mete fraile le hace vacilar en su propósito, 
bien que después advierte que mientras 
viva Lucano su suegro nada puede faltar á 
su hija : resuelven pues los dos amigos po- 
ner en ejecución su designio sin dar cuenta 
á nadie, y este diálogo se interrumpe mas 
de una vez con las simplezas de Joan , criado 
de Leandro , que entra y sale muy fuera 
de propósito , y entre él y Lorenzo, otro 
criado tonto, dicen después mil boberias 
que ocupan una larga escena : el viejo Lu- 
cano da cuenta á su nieta Rosalina de que 
Leandro falta de casa y no se sabe adonde 
ha ido ni cuándo volverá : los criados salen 
á cada instante con varios pretestos á in- 



97 

lerrumpir la conversación y decir frialda- 
des. No es menos inútil el diálogo de Ro- 
salina con su criada Marisanchez , y el que 
se sigue de un portugués muy enamorado 
y muy hidalgo que requiebra á Rosalina : 
Marisanchez le despide , él no hace caso y 
sigue ponderando su pasión amorosa y el 
fuego que le consume las entrañas , lo cual 
oido por Marisanchez coge un barreño 
lleno de agua y se le echa encima : Anto- 
nio y Leandro buscan en un desierto á un 
ermitaño venerable , á quien piden les dé 
el hábito de penitencia y les permita vivir 
en su compañía : el ermitaño aplaude su 
resolución , y les dice que cuando oigan so- 
nar la campanilla de la ermita, vayan allá 
y les tendrá prevenida la cena y los hábitos 
que piden : apenas quedan solos, cuando 
se les aparecen el Demonio, el Mundo y la 
Carne, procurando todos tres disuadirlos 
de abrazar aquel estado tan lleno de aspe- 
reza y aflicción , pero ellos se mantienen 
firmes, se encomiendan á Dios, hacen la 
señal de la cruz, desaparecen aquellas vi- 
siones, suena la campanilla, y se van en 
busca de los hábitos y la cena. Lucano re-^ 
fiere á su nieta que ha recibido una caria 
de Leandro en que le dice que ha ido á 
servir á Dios : Rosalina oye esta noticia con 
mucha resignación , y exhorta á su abuelo 
á que se consuele : vuelven los criados con 
5us acostumbradas tonterías, y luego que 
han dicho bastantes, le ocurre á Lucano 
la idea de hacerse fraile también y meter 
monja á Rosalina : ella recibe la proposi- 
ción de muy buena voluntad , y ambos se 
van á poner en ejecución sus santos deseos : 
quedan solos los criados y despiden al au- 
ditorio. 

116. Farsa llamada Floriana. Introito. 
Escrita en coplas de pié quebrado. No he 
podido formar juicio de esta pieza porque 
solo se conservaba una hoj.i de ella en el 
ejemplar que tuve presente. 

ÍS66. 

117. Auto de la Oveja perdida. Esla 
pieza de Juan de Tímoneda se imprimió en 
Valencia en el año de 1597 en un libro in- 
titulado : Cuaderno espiritual al Santí- 
simo Sacramento y ala Asunción. Auto 



ys 



CATÁLOGO 



de la Oveja perdida y otras cosas. Lo 
considero como reimpresión. 

4367. 

tl8. Coloquio pastoril. No le he visto. 
Le imprimió en Valencia Pedro Mey, año 
(le 1567. 

Juan de Timoneda , natural de Valencia, 
adquirió mucha celebridad no solo por las 
obras de honesto entretenimiento que pu- 
blicó á su costa , sino por las que ('\ mismo 
compuso, y le acreditaron de hombre de 
buen ingenio y de no vulgar erudición : 
vivió en Valencia junto á la Merced , y allí 
tenia su tienda de libros. Se ignoran las 
circunstancias de su vida , como también 
el año de su nacimiento y el de su muerte : 
la primera obra que publicó, intitulada 
Silva de varias canciones , se imprimió 
en Sevilla en el año de 1511 : llegó á edad 
muy avanzada , como lo comprueba un re- 
trato suyo que conservo , y aun mucho 
mas otro que vi en la Biblioteca Real de 
Paris , que sirve de adorno á la primera 
llana de su obra intitulada Memoria his- 
pánica. Alli le representó el artifice con 
barba larga y crecida , y coronada la frente 
con una guirnalda de hiedra. Cervantes alu- 
dió á la vejez de este benemérito literato , 
diciendo en la comedia de Los Baños de 
Argel : 

Anles que mas gente acuda 
El coloquio se comience, 
Que es del gran Lope de Rueda , 
Impreso por Timoneda 
Que en vejez al tiempo vence. 

La mayor parte de sus obras dramáticas 
(de las cuales , á escepcion de dos, no tuvo 
noticia Jimeno) la publicó el autor en Va- 
lencia , impresa por Joan Mey con este tí- 
tulo : Turiana en la cual se conlienen di- 
versas comedias y farsas muy elegantes y 
graciosas , con muchos entremeses y pa- 
sos apacibles, agora nuevamente saca- 
dos á luz por Joan Diamonte (anagrama 
de .Joan Timoneda), dirigida al muy ilus- 
tre señor D. Joan de Villarrasa , gober- 
nador y teniente de visorey y capitán 
general del reino de Valencia, mi señor. 
— Impresa en Valencia en casa de Joan 
Mey, con licencia del santo oficio. Con 
privilegio real por cuatro años. Debe ad- 
vertirse que aunque las piezas de que .se 



compone la Turiana tienen las diferentes 
fechas de 1503, 156Í y 1565, todas juntas 
forman una sola colección, como lo indica 
el titulo. 

Í570. 

119. Gaspar Vázquez. Comedia de la 
Constanza. Alcalá de Henares, año 
de 1570. 

El autor de esta pieza fué comediante. 
I). Tomas Tamayode Vargas hace mención 
de él en su Biblioteca manuscrita. 

1570. 

120. Pedro Simón de Abril. El Plufo, 
de A ristó funes. 

121. Medea, de Eurípides. 

Hace mención de cslas dos traducciones 
I). Nicolás Antonio en su Biblioteca. 

122. Alonso Cisneros. Comedia intitu- 
lada : Callar hasta la ocasión. 

Alonso Cisneros, autor de esta comedia 
(que no he tenido presente), fué natural de 
Toledo, comediante y autor de compañía, 
después de haber representado cuando jo- 
ven en la de Lope de Rueda. En los libros 
de la contaduría del hospital general de 
Madrid hablando de las limosnas que se 
dieron paia edificar el corral de la Cruz en 
el año de 1579, se halla estapartida: «Miér- 
« coles 19 de octubre dio Cisneros una co- 
te media de limosna para ayuda á la obra 
« del teatro que las obras pías. Pasión y 
« Soledad labran en la calle de la Cruz : é 
« valió el aprovechamiento de la entrada 
« de la puerta que pertenecía al dicho 
« Cisneros, doscientos treinta y tres rea- 
« les, y para las cofradías hubo aquel dia 
« de entramos tablados, corredor y venta- 
« ñas ciento setenta y cuatro reales.» Luis 
de Cabrera, en su Historia de Felipe II , 
libro VII, tratando del carácter violento é 
iracundo del príncipe D. Carlos, dice : 
« Habia mandado que le representase una 
« comedia Cisneros , escelente repre- 
« sentante; y por orden del cardenal Es- 
« pinosa impedido y desterrado, no osó 
« venir á palacio. Indignóse contra el car- 
« denal (á quien sumamente aborrecía por 
" su imperioso gobierno y gracia que tenia 
" con el rey); y viniendo á palacio le asió 
" del roquete, poniendo mano á un puñal, 



DE riEZAS DU.VMÁTICAS. 



90 



« y le dijo : Curilla , ¿ vos os atrevéis á mi , 
« no dejando 'venir á servirme Cisneros? 
« Por vida de mi padre , que os tengo de 
« matar. Del cardenal arrodillado y hu- 
« milde fué detenido y satisfecho. » 

Í577. 

123. Pedro Simón de Abril. Comedias 
de Terencio. Andria. 

124. El Eunuco. 

125. El Heautontimorilmenos. 
Í2G. Los Adelfos. 

127. La Hecira. 

128. El Formion. 

Pedro Simón de Abril , natural de Alca- 
raz, fué uno de los literatos mas sobresa- 
lientes de su siglo : enseñó lengua griega 
en la universidad de Zaragoza , y letras hu- 
manas en otras escuelas de Aragón : se 
ignora el año de su muerte, que debió ser 
después del de 1589. Puede verse el crecido 
número de sus obras en la Biblioteca de 
D. Nicolás Antonio, de las cuales algunas 
se han perdido manuscritas, y entre ellas 
la traducción del Pluto , puesto que la de 
íledea asegura Velazquez haberse publi- 
cado en Barcelona en el año de Í599. Me- 
rece mucho aprecio su traducción com- 
pleta de Terencio, que después de impresa 
en Zaragoza en el año que indica este ca- 
tálogo, se reimprimió por el autor en Al- 
calá de Henares en el año de 1 583 mas cor- 
regida que la primera , y arreglado el testo 
latino por el que Gabriel Faerno publicó 
en Florencia, valiéndose también de las 
observaciones que le comunicó su amigo 
Francisco Sánchez de las Brozas, catedrá- 
tico de retórica en la universidad de Al- 
calá. Esta versión de Terencio se reimpri- 
mió en Barcelona en 1599 y en Valencia 
en 1762 , recomendada como lo merece por 
el erudito Mayans , circunstancia que fué 
bastante para inspirar á D. Juan de Iriarte 
un epigrama insípido, en que quiso des- 
acreditar el mérito de la traducción y des- 
airar de camino al editor, con quien tenia 
resentimientps particulares. Obras de tal 
naturaleza no se deslucen con un equívoco 
chabacano disuelto en cuatro versos frios , 
y siempre se eslimará la traducción de 
Abril como una de las mejores entre las 
pocas que se han hecho en España de los 
clásicos latinos. Pondré una muestra (sin 



particular elección) sacada de la Hecira 
para que por ella se vea la fidelidad del 
traductor, su lenguaje y su estilo. Es la es- 
cena segunda del acto cuarto. 

SOSTRATA. - PANFILO. 

Soslrata. Bien sé yo, hijo mió , que tú tienes 
de mi sospecha que tu muger se ha ido de casa 
¡)or mi terriblez y malas costumbres, aunque 
lo disimulas cuerdamente. Pero asi los dioses 
me amen, y asi vea de ti aquel gozo que deseo, 
como nunca (que yo sepa) he merecido que 
ella me aborreciese con razón. Y aquel grande 
amor que yo hasta aquí creía que me tenias, 
agora por la esperiencia lo has mostrado, por- 
que tu padre me ha contado allá dentro como 
me has preferido á tu amor. Y yo agora estoy 
determinada de darle por ello el galardón , 
para que sepas, Panfilo, que tengo con qué 
premiarte ese maternal amor. Hijo mió, yo 
entiendo que esto es lo que á vosotros cumple 
y á mí honra : yo estoy determinada de irme 
de aqui con tu padre al alquería porque mi 
presencia no os haga estorbo, ni quede escusa 
ninguna para que no vuelva á casa tu Filo- 
mena. 

panfilo. ¿Qué determinación es esta, madre 
mia? ¿Por su necedad de ella te has de ir á 
morar de la ciudad al alquería? No harás tal , 
ni yo daré lugar que los que mal nos quieren 
digan que eso lo ha causado mi porfía y no tu 
comedimiento ; demás de esto yo no quiero que 
tú por mi respeto dejas tus amigas y tus pa- 
rientas y tus dias de regocijo. 

Sostr. Ninguna cosa de esas me da ya con- 
tento ninguno : mientras mis años lo sufrieron, 
ya yo me he gozado harto de eso ; ya agora 
lodos estos ejercicios me cansan : lo que yo 
agora mas procuro es que mis muchos años no 
den pena á nadie , ni que nadie desee ver el 
lin do mis dias. Yo veo que aquí sin razón soy 
aborrecida : tiempo es ya de dar lugar. De esta 
manera entiendo que quitaré á lodos las oca- 
siones, y yo me libraré de esta sospecha, y á 
ellos les daré contento. Dame por tu vida lugar 
de librarme de esta mala fama que comun- 
mente tienen las mugeres. 

Panf. Cuan dichoso soy con todo lo demás, 
si no fuera por esto, en tener tal madre como 
esta y tal muger como aquella. 

Sosti: Hijo mío, yo te ruego que no se te 
haga de mal sufrir este inconveniente , como 
quiera que él sea. Si en lodo lo demás ella es á 
tu gusto , y como yo creo que lo es , hijo mío ' 
hazme este placer y hazla volver á casa. 
panf. ¡ Ay desdichado de mi ! 
So.str. Y también de mí. Porque eso no me- 
nor pena me da A mi que á li , hijo mió, 



100 



CATALOGO 



1577. 

129. Gerónimo Berroudez. Tragedia de 
Nise lastimosa. EstA escrita en varios me- 
tros, verso suelto de once y siete silabas, 
sáGcos y adónicos, liras, sestinas y sonetos. 
Acto primero. Después de un monólogo 
del infante D. Pedro (que no tiene menos 
de ciento treinta y seis versos endecasíla- 
bos) sale el secretario, y quiere persuadirle 
á que se aparte de la linda Inés. El infante 
indignado de tal propuesta esclama con 
vehemente pasión : 

Hombres de entrañas fieras y dañadas, 
¿Qué me queréis? ¿Que sinrazón os hago 
En amar de e?la suerte á quien me paga 
Con otro tal amor? A quien el mundo , 
A quien todo este mino, á quien vosotros 
Que asi me perseguís, debéis servicio, 

Y gracias á los ciclos que quisieron 
De cosa tan divina enriqueceros. 
Hombres que procuráis mi mal y muerte. 
Poned los ojos donde yo los mios , 

Y el alma y corazón , y vercis luego 

La ceguera en que están. ¿Que monarquía 

De aquel acatamiento glorioso 

Colgada no estará? Y aquella cara 

Que tanto aborrecéis, ¿no es mas que humana? 

En cuerpo tan hermoso , al alma hermosa , 

Discreta, noble, honesta, casta y pura, 

¿Qué tacha podéis dar? 

Sigue el primer coro de coimbresas , y á 
este el segundo, en el cual se dice hablando 
del poder de amor : 

También el mar sagrado 
Se abrasa en este fuego : 
También allá Neptuno 
Por Menalipc anduvo 

Y por Medusa ardiendo 

Tambieo las voladoras 

\ las músicas aves , 

Y aquella sobre todas 
De Júpiter amiga. 

No pueden con sus alas 
Huir de Amor, que tiene 
Las suyas mas ligeras. 
¿Qué cosa hay en el mundo 
Que del amor se libre? 
Antes el mundo toilo 
Visible y que no vemos. 
No es otra cosa en suma, 
Si bien se considera. 
Que un espíritu inmenso. 
Una dulce armonía , 
Un fuerte y ciego nudo 
De amor con que las cosas 
Están trabadas todas 



Amor puro las cria , 

Amor puro las guarda 

Seríamos peores 
Los hombres que las fieras 
Sí amor no fuese cebo 
De nuestros corazones. 

Acto segundo. Pacheco y Coello acon- 
sejan al rey Alfonso que mate á Inés : 
queda solo el rey, se queja de los afanes 
del reinar, y pide favor á Dios en la tribu- 
lación que padece : el coro primero , ha- 
biendo observado las agitaciones del rey, 
dice : 

Triste pobreza nadie la desee , 
Ciega riqueza nadie la procure. 
La bienaventuranza de esta vida 
Es medianía. 
Príncipes , reyes y monarcas sumos , 
Sobre nosotros vuestros pies tenéis; 
Sobre vosotros la cruel Fortuna 
Tiene los suyos. 
Sopla en los altos montes mas el viento, 
Los mas crecidos árboles derriba, 
Rompe también las mas hinchadas velas 
La tramontana. 
Como sosiegan en el mar las ondas, 
Así- sosiegan estos pechos llenos; 
Nunca quietos, nunca satisfechos, 
Nunca seguros. 

Acto tercero. Inés con sus tres hijos (que 
no hablan) sale asombrada y reüere á su 
ama un sueño espantoso, en que vio que 
tres leones la despedazaban á vista de sus 
hijos : el ama procura consolarla y dis- 
traerla; pero el coro le anuncia que vie- 
nen á matarla : crecen la perturbación y el 
terror, y acaba así este bellísimo acto : 

Coro. Cerca viene 

La muerte que te busca. Ponte en salvo. 
Huye, cuitada, huye, que ya suenan 
Las duras herraduras : gente armada 
Corriendo viene aquí; viene á buscarte 
El rey determinado ;oh desdichada! 
A descargar su saña en tí. Tus hijos 
Esconde si hallas donde, no les queda 
De estos tus hados parte. 

Inés. ¡ Oh sin ventura ! 

;0h sola sin abrigo! Señor mío, 
¿ Dónde estás que no vienes? ¿Quién me busca? 

Coro. El rey. 

Inés. i Pues qué me quiere ? 

coro. ¡ Rey tirano , 

Y tales los que tal le aconsejaron ! 
Por ti pregimta, y á tus tiernos pechos 
Con duro hierro traspasar pretende. 

^liyia. Cumpliéronse tus sueños. 

Inés. Ama, huye. 



DE MEZAS DRAMÁTICAS. 



101 



Huye de esla ím grande que nos busca ; 
Yo solíi quedo, sola aunque ¡nocente. 
No quiero mas socorro : venga luego 
Por ni( la muerte, pues sin culpa muero. 
Vosotros, hijos mios, si ella fuese 
Tan cruda que de mi apartaros quiera , 
Por mi gozad acá de aqueste mundo 

Socórrame liora Dios y socorredme , 

Mugeres de Coimbia ¡O caballeros , 

Ilustre sucesión del claro Luso, 

Pues veis esta inocente en tal estrecho. 

Amigos, socorredla!.... 

Mis hijos . no lloréis , que tiempo os queda : 

Gózaos de esta madre en cuanto os viva ; 

Y vosotras, amigas, rodeadme, 

Cercadme en torno todas , y pudiendo , 

Libradme ahora, porque Dios os libre. 

Acto cuarto. Alvar González y Pacheco 
instan al rey para que apresure la muerte 
de Inés : esta se le presenta acompañada de 
sus hijos y de las mugeres de Coiriibra en 
la escena segunda, en la cual se admiran 
con razón los trozos siguientes : 

Venid también vosotras, á tal punto 
>"o me dejéis. Pedid misericordia. 
Pedid misericordia para aquesta 
Tan inocente cuanto desdichada : 
Llorad el desamparo de estos niños 
Tan tiernos y sin madre. Mis amores, 
El padre veis aquí de vuestro padre, 
La mano le besad , á su clemencia 
Os entregad, pedidle que la emplee 
En esta vuestra madre, cuya vida 
Os vienen á robar.... 
¿No me oyes , señor mió? ¿Asi te dejas 
Llevar de la pasión y del engaño? 
¡Oh! mis amigos, llamóme á vosotros. 
Hablad al rey por mi, favorecedme, 
Pedidle piedad : si en algún tiempo 
Entró en vuestras entrañas, ó si dulce 
Amor de hijos pudo enterneceros. 
Que si no me valéis pudiendo ahora, 

Vosotros me matáis 

¿Pecados contra ti? ¿Tan gran pecado 
Es bien querer á quien á mí me quiere? 
Si amor con muerte pagas, ¿con qué piensas, 
Señor, pagar el odio? Amé á tu hijo, 
No le maté, que amor amor merece. 
¿Y estos son rnis pecados? ¿estos quieres 
Con muerte castigar? ¡Cruel castigo! 

El rey se enternece y quiere que viva , 
pero Coello, González y Pacheco, quedando 
solos con él , le culpan de escesivamente 
débil. 

Rey. No veo culpa que merezca pena. 
cmzakz. ¿ Aun hoy la viste y no la ves ahora? 



Pey. Mas quiero perdonar que ser injusto. 

Oonz. No se consiente al rey pecar en nada. 

Bey. Soy hombre. 

Coiiz. Pero rey. 

Fcy. El rey perdnna. 

Insta de nuevo Alvar González, el rey 
vacila : y diciendo que no quiere intervenir 
en aquella muerte , los deja en libertad 
para que si lo creen necesario y justo qui- 
ten la vida á lúes. Coro primero , coro 
sc'gundo, que refiere haberse ejecutado 
aquella atrocidad lamentable. 

Yace en su sangre envuelta la cuitada 
A los pies tiernos de sus tristes hijos. 
Que á ellos acudió la sin ventura ; 
Mas ellos no pudieron guarecella, 
Porque los tiernecitos no tenían 
Fuerzas para quitar los duros hierros 
A manos tan crueles, que á sus ojos 
Tan delicadas carnes traspasaban, 
¡O manos crudas! 

Acto quinto. Después de un soliloquio 
del infante viene un mensagero que le re- 
fiere la muerte de Inés : el infante pro- 
rumpe en un largo discurso , en que á pesar 
de algunos estravios hay afectos oportunos 
y bien espresados , y asi concluye la tra- 
gedia. 

Su defecto principal esla falta de acción 
y enredo dramático : el acto quinto es inú- 
til : el personage del infante es de absoluta 
nulidad : el del rey mal desempeñado por 
indeciso y débil. Entrega á Inés en manos 
de sus asesinos al mismo tiempo que la re- 
conoce inocente : el interés que hace co- 
meter tanta crueldad á Coello, Pacheco y 
González no se manifiesta : la ausencia del 
infante ni se motiva ni se disculpa : la es- 
cena es en Lisboa y en Coimbra : la versi- 
ficación es floja y desaliñada no pocas ve- 
ces. El estilo, prescindiendo de uno ú otro 
descuido, no carece de elevación y afectos 
trágicos. Los coros, en que hay muy bue- 
nos trozos de poesía, son tan inverosímiles 
como en las tragedias griegas y latinas , y 
en las que los italianos hacian entonces. 

ÍS77. 

130. Tragedia de Ni se laureada. Está 
escrita en variedad de metros como la an- 
tecedente. Acto primero. Diálogo pesadí- 
simo entre el rey y el obispo : el rey se 
lamenta de la muerte de Inés , y el obispo 
en ciento noventa y cuatro versos endeca- 



102 



CATÁLOGO 



sílabos hace lo que puede por consolarle . 
conlándüie la creación del mundo y el pe- 
cado de Adán , y habiándole de Moisés y 
de Agamenón : el rey se lo agradece y lo 
llama padre en Cristo, |)ero tan triste se 
queda como se estaba. Sale el alcaide y lo 
entrega las llaves del castillo de Coimbra : 
preséntansele sus hijos : el rey se enternece 
al verlos, y dice : 

Rey. Hijos de mis cnlrañas, ¿cotioceisme? 
Amores, ¿dónde es ifia vuestra madre? 
¿Por qué se fué? ¿por qué os dejó tan solos? 

Ama. Su madre desde el cielo los bendice. 

Si toda la pieza se pareciese á esto, 
¡cuánto habría que admirar en ella! Un 
camarero , que se presenta sin necesidad , 
empieza á dar consejos al rey, y á decirlr 
sentencias para que se consuele de la pér- 
dida de Inés : el rey con mucha razón es- 
clama : 

¡Pesado aviso de fdosofia! 
Sin la causa quitar de las tristezas 
Querellas hacer dulces y suaves. 

El coro primero canta un soneto, aca- 
bado el cual asegura el rey que castigará 
cruelmente á los tres matadores de Inés, 
trocándolos por otros tantos foragidos de 
Castilla que tiene en su poder. El coro se- 
gundo canta una canción en que hay muy 
buenos versos. Acto segundo. El condes- 
table dice á solas un par de octavas : des- 
pués canta cl coro. 

¡O corazones 
Masque de tigres! 
¡O manos crudas 
Mas que de fieras I 
¿Cómo pudistes 
Tan inocente, 
Tan apurada 
Sangre verter? 
¡ Ay! que su grito, 
¡O Lusilania! 
¡Patria mial 
Trae los rayos 
Del vivo fuego, 
Que purifica 
Toda la tierra. 
Contaminada 
De la crueza 
Que cometiste. 

Sigue á estos buenos versos una enfa- 
dosa escena entre cl rey, el embajador de 
Castilla y el condestable, cl cual no lleva á 



bien que se entreguen los tres fugitivo* 
castellanos en cambio de los tres portu- 
gueses, sobre lo cual altercan cl y el rey. 
Los siguientes versos darán alguna idea del 
pedantismo, la garrulidad y redundancia 
del condestable. Habla de cuan escelente 
virtud es la justicia , y dice : 

Ella es la fuente mas que pegasea 
De todos los arreos y grandezas 
Que en los liumanos pechos se atesoran : 
Ella es el cuento, el peso y la medida 
En que consiste el ser de los vivientes : 
Ella es la madre pia del sentido, 
El nervio del sentido y del juicio, 
De la tran(|uilidad y del descanso 
De todos los ilustres pensamientos. 
Ella es aquel ambrosia regalado 

Y aquel suave néctar de los dioses. 
Aquel sagrado cuerno de Amaltea 
Que está vertiendo siempre los tesoros, 

Y enriqueciendo los dorados siglos 
De gracias y virtudes inefables. 

Asi prosigue disparatando hasta que lo- 
gra enfadar al rey como es natural : queda 
resuello que se haga sin dilación el cambio 
de los delincuentes : cl condestable acom- 
pañado del coro dice un soneto : sigue cl 
coro después cantando unas estrofas que 
no valen mucho. Acto tercero. El cama- 
rero á solas y después el coro anuncian en 
muy buenos versos la próxima coronación 
de Inés : sigue un diálogo simétrico entre 
el camarero y el rey : cada uno de ellos 
dice una sentencia de dos en dos versos, de 
tres en tres y de cuatro en cuatro. La es- 
cena siguiente no es menos ridicula : ha- 
blando el rey, y respondiendo el eco las 

últimas sílabas Ida Es Sombra 

Es. El coro intenta consolar al rey, que 
prorumpe en una larga lamentación, y así 
que acaba , toma la palabra el obispo y le 
echa una plática de cosa de ochenta ver- 
sos sobre las escelencias de la tierra. Viene 
.el condestable, y entre él y el rey siguo 
otro diálogo simétrico é impertinente : des- 
cúbrese el trono , y en él adornado de ves- 
tiduras reales el cadáver de Inés : el rey la 
corona , y el condestable le da las gracias 
por haber concedido á Portugal tan esté- 
lente reina : el coro primero canta una oda 
en sáficos y adónicos : sigue el coro segundo 
y canta otra en versos cortos menos bue- 
nos que la anterior. Acto cuarto. Apare- 
cen presos en la cárcel González, Pacheco 



X)E Pll'ZAS DRAMÁTICAS. 



i03 



y Coello : un guardia les escupe en la cara, 
el verdugo les da la enhorabuena de que 
hayan venido gordos y frescos : insultos do 
una y otra parte : viene el alcaide , alterca 
con ellos , y por último manda que les den 
tormentos crueles durante la noche, hasta 
que al dia siguiente se les remate. El ver- 
dugo enterado de la orden dice : 

Un rato al potro y otro rato al brete. 

Los coros primero y segundo cantan dos 
composiciones de ningún mérito. Acto 
quinto. Monólogo inútil de! alcaide : sale 
el rey acompañado de grandes y caballeros, 
guardias y pueblo : preséntanse los reos : el 
rey levanta un látigo que tiene en la mano 
y cruza la cara á Coello : empieza la ejecu- 
ción : el coro alterna en el diálogo con los 
personages del drama : saca el verdugo el 
corazón por las espaldas á Alvar González, 
y le muestra al rey y á toda la corte , di- 
ciendo : 

Si alguno está tocado de la rabia , 
Podrá queinalle y desiiacelle en polvos, 
Que así bebidos son de grande efecto. 

Después hace lo mismo con Pacheco y 
Coello sacándoselos por el pecho. Manda el 
alcaide que lleven á quemar los cuerpos, el 
rey lo aprueba, y concluida esta matanza 
atroz sigue un largo discurso del rey, tan 
lleno de amor de Dios, de arrepentimiento 
de sus culpas, de vehementes deseos de 
penitencia para merecer por ella el eterno 
descanso , que no hay mas que pedir : los 
coros primero y segundo reflexionan sobre 
la vanidad de las cosas humanas, y la ne- 
cesidad de que el hombre se convierta á 
Dios y abomine los vicios. 

No hay fábula en esta pieza, ni ínteres, 
ni enredo, ni desenlace, ni afectos, ni ca- 
racteres, ni situaciones : todo es languidez, 
desaliño , impertinencia , atrocidad feroz , 
olvido continuo de los preceptos que dicta 
el buen juicio en esta clase de compoicio- 
nes. Si se esceptuan algunos pedazos dignos 
de estimación que ya se han citado en su 
lugar, lodo lo restante es enestrerao defec- 
tuoso. 

Fr. Gerónimo Bermudez , natural de Ga- 
licia, religioso dominicano, catedrático de 
teologia en Salamanca, nació, según la 
opinión del colector de El Parnaso espa- 
ñol, pasado el año de 1530, y aun vivia en 



el de 1589. Fué muy erudito en las len- 
guas sabias y en el estudio de las buenas 
letras : compuso entre otras obras las dos 
tragedias mencionadas en este catálogo, y 
las dio á luz en Madrid año de 1577 con el 
nombre supuesto de Antonio de Silva : la 
primera de ellas no es original , sino tra- 
ducción libre de la que escribió antes del 
año de 1558 el portugués Antonio Ferreira, 
intitulada Castro. « La acción de la Nise 
« lastimosa (dice Signorelli en la Historia 
« de los teatros) se representa parte en 
« Lisboa y parle en Coimbra como la Cas- 
« tro del portugués, á la cual sigue servil- 
« mente de escena en escena la tragedia 
« castellana. Empieza, prosigue y concluye 
« de la misma manera, copiando las situa- 
« clones, los pensamientos y las palabras : 
« en suma Bermudez siguió á Ferreira 
« como la sombra al cuerpo, copiándolo y 
«traduciéndolo todo, hasta los defectos, 
«los adornos líricos, y los pensamientos 
« demasiado sutiles en boca del príncipe. » 
Montiano y Lampíllas hablaron de las dos 
tragedias de Bermudez con escesiva parcia- 
lidad. 

1378. 

131. Anónimo. Comedia intitulada Mc- 
tamorfosea, en tres jornadas, escrita en 
verío. Belisena, amante despreciada de 
Medoro , Eleno , amante despreciado de 
Belisena, Albina, amante despreciada de 
Eleno, Bovina, amante despreciada de Ali- 
sio : unos suplican y otros despiden , hasta 
que llegándose á cansar los desdeñados de 
su mala suerte resuelven poner su aflcion 
en los que antes los querían; pero como 
estos se habían cansado también de rogar, 
ya no los quieren, de modo que se renueva 
la misma dificultad que hubo al principio , 
aunque en sentido contrario , y la fábula 
se acaba sin desenlazarse. Todos los perso- 
nages hacen y dicen lo mismo : los seis in- 
terlocutores pudieran reducirse á dos, y 
las tres jornadas á tres escenas. El estilo 
es incorrecto y trivial. Se halla esta pieza 
en la biblioteca del convento de Santa Ca- 
talina de Barcelona. 

1579. 

132. Juan de la Cueva. Comedia de la 
muerte del rey D. Sancho y reto de Za- 
mora por D. Diego Ordoñez. Esta farsa 



lili 



CATÁLOGO 



fué representada la primera vez en Se- 
villa, año de 1579, siendo asistente de ella 
I). Francisco Zapata de Cisneros. Re- 
presentóla Alonso ¡iodrigacz , autor de 
comedias, en la huerta de Doña Elvira 
Esta ) liisdcMiias piezas dritiiátiius lic Juan 
«Je la Cue>a rslári ilividiilas en cuatro jor- 
nada», y su diálugu es una mezcla continua 
de estrofas líricas, "nderasílahos sueltos, 
redondillas, tercetos y octasas. La Tabula 
carece de arlilicio dramático : los sucesos 
»e representan en at ciou unos después de 
oíros como la historia los refiere. >'o se 
comprende cómo pudo verilicarse en nin- 
gún teatro la mudanza continua de lugar 
sin que el diálogo de los persouagcs se in- 
terrumpa. ¿Cómo se han de representar 
con verosimilitud los paseos del rey y Be- 
llido Dolfos , la fuga precipitada de este, la 
muerte de su caballo herido por el Cid que 
le sigue corriendo, la batalla de D. Diego 
Ordüñez y lo.; tres hijos de Arias Gonzalo 
combatiendo todos á caballo, el ejército 
castellano rodeando la valla, Zamora á la 
>ista , y sus muros coronados de pueblo, y 
hablando todos desde lugares tan distantes? 
El autor contó sin duda con que la imagi- 
nación de los espectadores suplirla todo lo 
que faltaba á la imitación teatral. El estilo 
de Juan de la Cueva es fácil y abundoso, 
descuidado muchas veces, otras humilde 
en demasía, otras magnifico y muy próximo 
al tono de la epopeya , pero casi nunca 
afectuoso ni dramático. Cuando el rey ad- 
mite en su favor á Bellido Dolfos y va con 
él reconociendo los muros de Zamora, uno 
de los que están de guardia grita desde 
las almenas , a\isando al rey que no se fie 
de aquel malvado. El poeta intercaló en 
este discurso algunos trozos de un antiguo 
romance , artificio ingenioso , que siempre 
produce muy buen efecto en la escena si se 
aplica con oportunidad como él lo hizo. 
Los versos tomados del romance son : 

Rey fion Sancho, rey don Sandio, 
No dirás que no le aviso 
Que del cerco de Zamora 
In traidor habla salido. 
Bellidos Dolfos se llama, 
Hijo de I>f)iros Bellido, 
Cuatro Irairionos ha hecho, 
Y con esta serán cinco. 



1579. 

133. Comedia del saco de Roma y ntuerlt 
de Borhon , y coronación de nuestro in- 
victo emperador Carlos V. Fué represen- 
tada esta farsa la primera vez en Sevilla 
por Alonso Rodríguez, famoso represen- 
tante , en la huerta de Doña Elvira, 
siendo asistente D. Francisco Zapata de 
Cisneros, conde de Barajas. Juan de la 
Cueva fué el primero entre nosotros que se 
atrevió á hacer una comedia del asalto y 
saqueo de una ciudad : la pintura que pre- 
senta en esta de la insaciable codicia , las 
violencias y el brutal desorden de un ejér- 
cito vencedor, es muy conforme al original 
que imita. El lugar de la escena se supone 
en las cercanius de Roma, en sus muros, 
en sus plazas y calles, eii las inmediaciones 
de Bolonia , denlro de ella , y en el presbi- 
terio de la iglesia de San Petronio. La ac- 
ción dura desde el mes de mayo del año de 
1.J27 hasta el de febrero de 1530 : las desi- 
gualdades de versificación y estilo corres- 
ponden á la desatinada estructura de la 
pieza. 

Í579. 

13i. Tragedia de los siete infantes de 
Lara. Esta tragedia representó la pri- 
mera vez en Sevilla en la huerta de Doña 
Elvira Alonso Rodríguez , siendo eisis- 
íente D. Francisco Zapata, etc. Montiano 
tuvo razón en decir que esta pieza no debió 
intitularse Los siete infantes de Lara , y 
en efecto antes que empiece la acción ya 
están muertos los tales infantes. Con cual- 
quiera titulo que se la ponga , la tragedia 
quedará siempre mala. La escena es en 
Córdoba , en Salas y en Barbadillo : dura la 
acción unos veinte años : toda se compone 
de situaciones sueltas siguiendo el orden 
histórico. La infanta Zaida, aficionada á 
hechicerías , acompañada de su criada 
Hafa diestra en estas artes, hace un con- 
juro para que Gonzalo Bustos no se vaya , 
invocando á los ministros de Averno á fin 
de que estorben su viaje; pero los minis- 
tros de Averno se están quietos : el conjuro 
no tiene efecto fcosa muy verosímil) y Bus- 
tos se va : queda Mudarra en el vientre de 
su madre al fin de la segunda jornada , y 
al acabarla tragedia mataá Ruy Vclazqucz 
'después de haber recibido el santo bau- 
tismo) y hace quemar viva á doña Lamhra 



DE MEZAS DRAMÁTICAS. 



105 



ilenlro de su casa. En cuanto al estilo debe 
advertirse- que entre la magniflcencia y 
pompa de algunos diálogos, hay espresiones 
que distan demasiado de la gravedad del 
coturno. Por ejemplo las siguientes cuando 
Gonzalo Bustos está comiendo con el rey 
Almanzor : 

Abnanzor. ¿Coméis asi por allá? 

Pttstos. Si señor, del mismo modo 
Se sirve y se come todo, 
No en el suelo como acá. 

Almanz. Bueno ha estado este guisado. 
I Hale dado gusto , Bustos? 

Busl. Es tal , que á todos los gustos 
Será por fuerza eslremado. 

Almanz- ¿Ha faltado alguna cosa? 

Busl. Señor, á lo que imagino, 
Tener sabor de tocino. 

Almanz. ¡Oh qué comida enfadosa! 
No sé por qué los cristianos 
Tan sucia comida usáis, 
Si no es porque gustáis 
De comer cieno y gusanos. 
No sin causa el dios Malioma , 
So pena de grande afán , 
Nos veda por .su alcoran 
Que ningún moro lo coma. 

1579. 

135. Comedia de la Libertad de España 
por Bernardo del Carpió. Esta farsa fué 
representada la primera vez en Sevilla 
por Pedro de Saldaría , famoso autor y 
escelente representante. Representóse en 
las Atarazanas, etc. Esta fábula empieza 
ab interitu Meleagri. En las primeras es- 
cenas se pintan los amores del conde de 
Saldaña y la infanta doña Jimena , y en las 
úllimas la gran victoria de Roncesvalles 
debida al prodigioso valor de su hijo Ber- 
nardo del Carpió : asi es que su duración 
viene á ser unos veinte años : la escena es 
en León, en Saldaña y en los Pirineos. A 
pesar de tanta materia como eligió el poeta 
para su obra , todavía hay en ella episo- 
dios y [lersonages inútiles : el número de 
estos llega á veintitrés, sin contar los dos 
ejércitos combatientes. Alfonso el Casto es 
feroz, pusilánime , caviloso , inconsecuente 
y nulo : Bernardo un baladren temerario 
que insulta al rey su tio y amenaza á todo 
el universo. Véanse algunos rasgos de su 
carácter, y de camino los descuidos de es- 
tilo y decoro en que incurrió el autor : 



¿Esto me encubrías, cielo? 
¡O cielo! ¿tal me encubriste? 
¿Qué fué la causa? ¿Temiste 
Verme destruir el suelo? 
Si haré, y el nunido y mundos: 
Si hay mil mundos, mil espero 
Asolar con brazo liero, 

Y mil horribles profundos. 
¡O rey fiero! ¡O rey tirano! 
Rey injusto, rey cruel. 
Rey soberbio, rey infiel, 
Rey sin ley, rey mal cristiano. 
¿En qué fundas tu locura? 
¿En las armas? Sus, al arma, 
Al arma; mas no te arma 

De armas el armadura , 

Id presto con diligencia 

Y decid que esta es sazón 
De conseguir el blasón 

De su ilustre descendencia. 

Que domen el arrogancia 

Del enemigo y su saña. 

Porque vean que es España 

España, y no España Francia. 

Si en el centro del mar por mas seguro , 

Carlos, á ti y tus doce lleva el miedo, 

O al reino horrible del Erebo oscuro. 

Temiendo lo que en todos hacer puedo; 

En su profundidad no os aseguro 

Que allá os irá buscando mi denuedo : 

Y si al cielo os subis, alia la muerte 
Os iré á dar con este brazo fuerte. 

La gran victoria que obtiene Bernardo, 
en que él solo combate y vence á los doce 
pares , haciendo en el ejército una espan- 
tosa carnicería , no es menos admirable que 
las hazañas de Amadis , de Morgante ó da 
D. Cirongilio , ni menos distante de la ve- 
rosimilitud dramática. El dios de la guerra, 
mara\ilIado de tanto valor, baja del 
Olimpo , corona á Bernardo , y le dice al 
acabar esta descabellada composición : 

Yo só el dios Marte, que tan alio hecho 
Quiero remunerar, tu esfuerzo y maña ; 

Y esta corona de laurel te endono , 

Y por segundo Marte le corono. 

ío79. 
136. Comedia del Degollado. Esta co- 
media representó la primera vez en Se- 
villa Pedro de Saldaña. Recitóse en la 
huerta de Doña Elvira, etc. La fábula de 
esta comedia está dispuesta con tan poca 
economía , que de cualro jornadas que 
tiene pudiera reducirse fácilmente á dos. 
La escena se finge en las cercanías de Velez 
de la Gomera, y en una ciudad de África 



iiin 



catAlogo 



que no se nombra : los amnres del principf 
inoro ton su esclava Celia cslán ¡¡inlados 
sin la menor iiiíeligcncia ilel arle , y lanío, 
que para espresar el poeta man eseesiva 
era su pasión, le convierte de repente en 
un peisonnge ridiculo de entrenn-s , y á la 
ilustre y caslisima Celia en una moza clio- 
carrcra y descocada. Le dice el ¡trincipe 
que le trate como á un criado suyo, que 
ella debe mandar y iM obedecerla ; Celia , 
haciendo el papel de señora , le llama íh- 
discrclo, bárbaro , majadero y badajo : le 
deslina á servir al mozo de la cocina, y á 
ser av udante del barrendero : le hace bailar 
y dar saltos , y luego manda que se vaya á 
acostar. A vueltas de estos desatinos hay 
sin embargo algunas situaciones no nial 
desempeñadas, entre las cuales merece cs- 
limacion la lillima escena de la jornada 
cuarta. 

1579. 

137. Tragedia de la Muerte de Axjax 
Telamón sobre las armas de Aquilcs. Re- 
presentó esta tragedia Pedro de Saldaña, 
haciendo él mismo la figura de Ayax ad- 
mirablemente. Itecilóse la primera vez en 
Sevilla en la Imerta de Doña Elvira, etc. 
La escena es en Troya en el monte Ida, y 
en el acampamento de los griegos : la ac- 
ción no empieza hasta lo último de la se- 
gunda jornada , resultando inútil todo 
cuanto precede , y por consifjuiente inútiles 
también los personages de Eneas, Anqui- 
ses, .Acates, Venus, Elena, Andrümaca y 
Canope. Imiló Cueva en las primeras esce- 
nas á Virgilio, poniendo en acción mucha 
parle de lo (jue se refiere en el segundo li- 
bro de la Eneida : imitó á- Ovidio en los 
discursos de .Vyax y Clises reduciéndolos 
mucho como convenia á la forma dramá- 
tica , pero hubiera debido no apartarse del 
poeta latino en la conclusión del razona- 
miento de Clises. 

aiit si iiiilii non dalis ,irrna, 

Iluic dale : el osleiidil sigiium falalc Minervíf . 

A esta situación verdaderamente teatral 
hace Ovidio seguir la adjudicación de las 
armas de Aquiles en favor del elocuente 
Ulises, y á cslola desesperada muerte de 
Ayax. Cueva, en vez ríe imitar aípiella ra- 
pidez, gasta Gira jornada en diálogos im- 
pertinentes de Agamenón y Menelao, que 
♦•slán discordes en su opinión. Ulises y 



Ayax vuelven á comparecer para ser juz- 
gados, y se re|)ite inútilmente una misma 
situación , se entorpece el progreso de la 
fábula y el interés se debilita : convienen 
lodos los reyes y caudillos en que Néstor 
decida, y se publica esta ridicula sentencia: 

Visto lodo lo alegado 
De Telamón el valiente 

Y de l'lises elocuente 
Sol)re lo que han ilernaiKlado, 
Fallamos que á L'lises den 
Las armas porque es razón , 

Y esto lirma Agamenón , 
Dionieilcs, Néstor también. 

Ayax se mala al oir esto : se aparece la 
Fama y dice que nadie toque el cuerpo de 
Ayax, porque Júpiter quiere que se con- 
vierta en una ílor. 

Y poripie el auditorio circunstante , 
Que oido ha la tragedia dolorosa, 

Se vaya A reposar, pido en descuento 
Que muestre con aplauso el ir contento. 

Montiano dijo hablando de esta pieza , 
que abunda de sentencias , y en toda la 
fábula es admirable la dicción. JNo á to- 
dos parecerá admirable, pero puede de- 
cirse que aunque el estilo serpit humi en 
muchas ocasiones, en general es una de 
las piezas mejor escritas de Juan de la 
Cueva. 

1579. 

138. Comedia del Tutor. Fué represen- 
tada ésta comedia la primera vez en Se- 
villa en la huerta de Doña Elvira por 
Pedro de Saldaña , ele. La escena es en 
Sevilla y en Salamanca : los personages 
van y vienen de una ¡iarte á otra á pesar 
de tan larga distancia con imposible faci- 
lidad : la acción dura unos siete ú ocho 
meses : Leotacio , que se enamora por 
un retrato, y solicita ser correspondido 
de Aurelia, es una figura inútil que 
solo sirve de duplicar la acción y con- 
fundirla : el episodio de la tercera jor- 
nada en que Licio vestido de diablo espanta 
á Leotacio y Astropo, no solo es inopor- 
tuno , sino contrario á los fines que Licio se 
ha propuesto. Con mas estudio y medita- 
ción hubiera ¡lodido el autor simplificar su 
fábula dándole mayor unidad, interés y 
verosimilitud, pero nada de esto hizo. Sin 
embargo hay en ella un fin moral , algunas 
situaciones cómicas y facilidad en el diálogo. 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



107 



Í579. 



139. Comedia de la Constancia de Arce- 
lina. Fué representada esta comedia con 
grandísimo estremo en la huerta de Doña 
Elvira por Pedro de Saldaña , ele. Nada 
omitió en esta comedia Juan de la Cueva 
para hacerla agradable á los ojos del vulgo : 
amores, zelos, venganzas, disfraces, ho- 
micidios, reo, alguaciles, verdugo, horca, 
magia, conjuros, espíritus, pastores, ma- 
gistrados, caballeros, montes, cabanas, 
buen lenguaje, sonoros versos. Si hoy se 
repitiese en el teatro, hoy la desaproba- 
rían los doctos y la aplaudiría la mullíUid. 
La escena es en Colíbre y en sus cercanías. 
Menalcío eslá enamorado á un tiempo de 
las dos hermanas Arcelina y Grísea: igual- 
mente enamoradas de él, echan suertes 
para saber cuál de las dos ha de quererle 
esclusivamente : Arcelina mata á su her- 
mana para quedar sola en el cariño de Me- 
nalcío : Fulcíno, amante de Arcelina, trata 
de matar á Menalcio para que Arcelina le 
quiera, y si no lo consigue matar á las 
dos hermanas. Suposiciones todas tan in- 
verosímiles y violentas , que cuanto resulta 
de ellas es repugnante confusión , no en- 
redo dramático. Son inútiles los persona- 
ges de Fulcíno, Gelcino, Orbante , Tesí- 
fone, Zoroastres, Aquíles, Egisto, Ifis, 
Dido, Pastukio, Olimpo, D. Porcelo y 
D. Cristino: quitados lodos estos, y cuanto 
hacen y dicen , todavía puede quedar la 
fábula en toda su integridad : la jornada se- 
gunda es ociosa y absurda á pesar de la 
escelente versificación en que está escrita. 
Véase una prueba de talento perdido en 
las siguientes octavas : 

Orlante. ¿Del dulce fuego del amor que a> 
Tii firme pecho eres conmovido, [pira 

Fiel Fulcino, á despreciar la ira 
Del reino liorrible del eterno olvido? 
¿Y quieres ser ( que su crueldad no admira 
Tu escelso corazón de amor regido) 
Los que habitan el triste rio Aqueronle 
Y los del encendido Flegetonte? 

¿Y quieres por mi apremio poderoso 
Que parar haga de Ixion la rueda, 
Que tenga Tlcio de suinal reposo, 
Que Sisifo en descanso verse pueda , 
Que deje el Can trifauce el espantoso 
Ladrido , y salir fuera les conceda 
A las terribles furias y á mi mando 
Vengan, el reino de Pluton dejando? 



Fulciiio. Cuando por mi amistad, amigo Or- 
Hicieresque pervierta el movimiento [bante, 
El sol , que no se mueva el cielo errante, 
Que del infierno pare el cruel tormento, 
Entenderé de tu amistad constante 
Que es poco, y esto ha dado atrevimiento 
A mi necesidad pedir tu amparo. 
Por entender que no has de serme avaro. 

Orb. Para que se confirme en esta parte 
Lo que entiendes de mi , Fulcino amigo , 

Y cuanto gusto mió es agradarte 

Y verte libre de cruel castigo, 

A aquella parte cumple desviarte, 
En tanto que con mago apremio ligo 
Al rey estigio del sulfúreo infierno, 

Y á los ministros del castigo eterno 

Agora es tiempo , ¡o tú Pluton potente! 

Que des lugar al fuerte encanto mió 
Sin que impida ningún inconveniente 
Lo que demando y lo que ver confio : 

Y es que envíes con priesa diligente 
Un alma de tu estigio señorío 

A ver la luz del mundo que aborrece, 

Y á declarar un caso que se ofrece 

Si así no lo hicieres, dura guerra 

A tu reino daré con nuevos males : 

Con luz heriré el centro que te encierra 

Mostrando tus cavernas infernales ; 

Tus tres jueces, que á aquel que en vida yerra 

Condenan á las penas eternales, 

Quitaré de su asiento y duro mrndo. 

Si no me das, Pluton, lo que demando. 

Tesifone. Pótenle Orbante , cuyo fuerte 
El reino de Pluton todo ha movido [encanto 
De tal suerte, que puesto en grave espanto, 
El uso del tormento ha suspendido : 
Mira qué pides, no te tardes tanto, 
Que solo á que tu mando sea cumplido 
Me envía el rey de la región oscura 
A ver la luz á los dañados dura. 

A estos rasgos épicos desatinadamente 
inoportunos suceden situaciones y afectos 
mas verosímiles , mas convenienles á la 
buena comedia : véase este corto escelente 
monólogo en que Arcelina fugitiva , oculta 
en la aspereza de los montes , maniflcsta la 
inquietud y los temores que la agitan : 

Injusto y severo amor, 
Que me traes á tal estremo, 
Que ausente la vida temo 
Porque vivo en tal dolor. 
¿Qué puedo hacer, ¡ay cuitada! 
Del cielo tan per-eguida, 

Y del mundo aborrecida, 

Y de Menalcio apartada? 
Huyendo la cruda muerte 

Que á mi hermana di, ¡ ay cruel ! 
Ausente vivo de aquel 



108 



CATÁLOGO 



Qiio (Mus('i tni accrha sucric. 
En estas malezas moro, 
Sola , enirc animales brutos , 
flomiendo silvestres fnitos, 
Bebiendo el a!;iia (|iie lloro. 
Paso el ilia siispirainlo, 
De ansias y recelos llena , 
Revuelta en mi eulpa y pena, 
La noche en vela llorando. 
Miro , ¡ ay sin ventura ! al cielo 
A quien enemiga soy, 
Cnéniole el mal en rpie estoy, 

Y no hallo en él consuelo 

Es tal el temor que tenso 

Y el amor que en mi alma está, 
(Jue acometo a ir allá, 

Y (|uericndo ir me detengo. 
Con sobresaltos resuelvo 
Esconderme en la espesura , 
Donde nada me asegura , 

Y á mi acerbo llanto vuelvo. 
Del silbo del ganadero. 

Del canto del ruiseñor, 
Del aire si hace rumor. 
Me sobresalto y me altero. 

Menalcio manifiesla una vileza que hor- 
roriza , instando á que muera Arcelina que 
acaba de declararse delincuenle para sal- 
varle la vida á él ; hay artificio en el desen- 
lace, y estoportuna la astucia del gober- 
nador, encaminada á que el padre «h; Ar- 
celina perdone ii quien quitó la vida á 
Crisea. 

Í379. 

UO. Criítóbal de Virués. Tragedia. La 
gran Semiramis. Prólogo en verso suelto 
en el cual se dice : 

Y solamente porque importa advierto 
Que esta tragedia con estilo nuevo 
Que ella introduce, viene en tres jornadas 
Que suceden en tiempos diferentes. 
En el sitio de Datra la primera. 
En Ninive famosa la segunda. 
La tercera y (¡nal en Babilonia , 
Formando en cada cual una tragedia 
Con que podrá toda la de boy tenerse 
Por tres tragedias, no sin arte escritas. 

Jornada primera. Xino tiene sitiada la 
ciudad de Baira: Semiramis sugiere A su 
esposo .Mem)n , general de Mno, un medio 
seguro de ganarla , y en efecto se logra : el 
rey agradece h su general la victoria, y él 
presenta á Seniiíainis, diciendo como se 
ca-só con ella en Ascaloii , como se la llevó 
después á Ninive, etc. : quedan solos Se- 
miramis y Mno : este le hace una declara- 



ción amorosa , y le propone que se casará 
con ella, dando á Aleiion su hija por mu- 
ger : Seruiramis resiste, llega Moiion, el 
rey le hace el mismo parí ido y le rehusa : 
irritado ISitio le amenaza y se lleva por 
fuerza á Semiramis : hace .Menon gran sen- 
timiento, determina ahorcarse, despídese 
de su es|)0;a ausente en una larga canción 
de estilo lírico, florido y redundante, y se 
ahorca en efecto : salen dos soldados, ie 
descuelgan y se le llevan á enterrar. Jor- 
nada segunda. De la primera á la segunda 
jornada pasan diez y seis afios. Manda >'inn 
llamar á los grandes del reino á instancias 
de Semiramis , y la corona en su presencia , 
dándole absoluto poder en todos sus esta- 
dos por termino de solos cinco dias , en los 
cuales nada podrá él mandar y nadie de- 
berá obedecerle : Semiramis da sus órde- 
nes secretas á Zelabo yáZopiro, del cual 
está enamorada , como se lo declara des- 
pués con harta impudencia : Zelabo, en cum- 
Ijlimienlo de lo que se le ha encargado, 
viene diciendo que ha sorprendido al rey 
y le deja encerrado en la torre : Zopiro 
anuncia después á Semiramis que ya ha 
llevado á su hijo Ninias al templo de Ves- 
ta, en donde queda con el trage de virgen 
vestal : á continuación de un soliloquio de 
Zopiro y un diálogo insípido entre este y 
Zelabo se junta el consejo : preséntase A él 
Semiramis con las vestiduras de JN'inias 
( por quien lodos la tienen, atendida la se- 
mejanza idéntica de hijo y madre ) , les da 
una carta escrita y firmada por ella mis- 
ma , y al irla á leer dicen entre todos esta 
ridicula octava : 

Janto. De la reina es la letra y firma y sello. 

Creon. Suyo es el sello y suya es firma y letra. 

Troilo. Bien conocida es leti a y firma y sello. 

OvLslenes. No hay que dudar en sello, firma 
ó letra. 

Scmiyamis. Pues conocéis la letra y firma y 
Dejad el sello y firma , oid la letra, [sello, 
Leed y oid la letra de esta carta, 
De esta importante cuanto triste caria. 

La caria dice en suma que Belo y Juno 
se aparecieron en un carro lirado de cisnes, 
entrando en la sala donde estaban Semira- 
mis y Niño, y asiendo á este de las manos 
y sentándole en un solio de cristal , le arre- 
bataron consigo, diciendo á Semiramis que 
era su voluntad que el trono de Asiría 
pasase á su hijo Ninias, y que ella se hi- 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



lOí) 



cicse vestal : concluye la carta mandando 
la reina que coronen á su hijo , y tirina en 
el templo deVesta, en donde finge que 
está ya retirada : los del consejo creen de 
buena fe cuanto la carta dice, y resuelven 
coronar al rey en el siguiente dia : queda 
sola Semíramis y hace traer encadenado á 
su esposo Mno, que no la reconoce, y 
creyendo que habla con su hijo sospecha 
que haya muerto á Semiramis ; esta le 
hace beber un vaso de veneno y se retira : 
llora el rey la suerte de su esposa que su- 
pone muerta por orden de Ninias, pero 
contándole los asistentes la verdad del caso 
espira lleno de desesperación y angustias. 
Jornada tercera. De la segunda á la ter- 
cera jornada pasan seis años : Semíramis 
declara á ios grandes como ha estado rei- 
nando tudo aquel tiempo en hábito varo- 
nil : nombra por rey á su hijo , se despoja 
de toda su autoridad, y quedándose á so- 
las con él le manifiesta , como ya parece 
que lo habia hecho otras veces, su pasión 
incestuosa : la resistencia del hijo no la 
contiene : insiste una y otra vez en su pro- 
pósito. Véase una muestra de la manera 
con que espresó el poeta la vehemente 
pasión de Semíramis : 

Mayor dolor que la muerte 
Me causará el alejarte , 
Que mi tormento mas fuerte 
Será no poder mirarte, 
Pues mi mayor gloria es verte. 
Muera , y sea en tu presencia 
( Que muerte será gustosa ) 

Y no viva yo en ausencia , 
Que es muerte mas rigorosa 

Y mas áspera sentencia. 
No puedo sin ti pasar, 
No puedo sin ti vivir : 
Por fuerza te he de buscar, 
Por fuerza te he de seguir, ' 
Por fuerza te he de alcanzar. 
No puedes huir de mí , 

Que he de correr mucho yo , 
Pues quiere que sea asi 
El cruel que me hirió, 
Dejándote sano á ti. 

Duda Nlnias en un soliloquio si matará 
á la reina en venganza de su padre y casti- 
go de su desenfreno y sus vicios : ella vuelve 
á instar y él á despreciarla : Zelabo en un 
monólogo insufrible de doscientos versos 
se queja de la corrupción de las cortes , la 
ingratitud que reina ea ellas, la adula- 



ción , la envidia : mas dijera si no le inter- 
rumpiese Diarco, que viene muy aíligido 
de haber visto el trágico fin de Semiramis 
muerta á manos de su hijo, y repite en 
dos canciones las palabras que oyó decir á 
la reina moribunda. Con este motivo con- 
versan muy despacio los dos refiriendo que 
era hija de una ramera; la crianza que las 
aves le dieron, y los principales hechos de 
su reinado ; su lujuria feroz, la muerte de 
sus amantes (y entre ellos Zopiro), sus 
victorias, la sedición apacii^uada en Babi- 
lonia, la fábrica de sus muros, los huertos 
pensiles y otras particularidades con que 
dilatan una larga escena, en la cual el poeta 
se olvidó enteramente del arte : Ninias 
cuenta á los grandes que Semiramis acaba 
de convertirse repentinamente en paloma, 
volando al cielo, en donde la recibieron 
Belo, Niño y Juno: los consejeros y mag- 
nates, acostumbrados á creer patrañas, 
reciben esta con la misma candidez que las 
anteriores : el rey, quedándose asólas con 
Zelabo y Diarco , les confiesa de buena fe 
que todo cuanto acaba de decir ha sido ua 
embrollo, y que él es en efecto el que ha 
quitado la vida á su madre : esto dicho les 
ruega que le acompañen para quemar el 
cuerpo. La Tragedia se presenta después al 
auditorio, y dice una octava que pudiera 
haberse omitido. 

Si la Semiramis es una tragedia , tiene 
tres acciones, sin unidad de lugar ni de 
tiempo , y sea una ó tres (como el autor lo 
indicó en el prólogo), la economía y distri- 
bución de la fábula de cada una de ellas es 
muy defectuosa. En unas partes los inci- 
dentes se atrepellan y confunden, y en 
otras se entorpece el movimiento de pro- 
gresión con dilaciones impertinentes : en 
la segunda jornada se verán ejemplos del 
primer defecto, y en la tercera del segun- 
do. La muerte de Menon produce una ca- 
tástrofe mezclada de horror y ridiculez : 
la de Niño es mas teatral , la de Semíramis 
del todo repugnante, ni es necesaria ni 
está preparada con arte : algunas si- 
tuaciones afectuosas están desempeñadas 
con oportuna espresion : el estilo es 
muy desigual , rara vez dramático, y 
cuando se eleva mas, degenera en I rico : 
contribuye no poco á la impropiedad del 
diálogo e! estar escrita esta obra ( como las 
restantes del mismo autor) en sonetos. 



no CATÁLOGO 

quintillas , redondillas , estrofas líricas . 
verso suelto . tercetos y octavas , mezcla 
monstruosa y esiravagante. 

4379. 

tu. Tragedia. La Cruel Casandra. 
Prólogo. Esta pieza está dividida en tres 
partes : hay en ella tres ó cuatro accinnes , 
siendo por consecuencia su jdan complica- 
do en estremo é incomprensil)le ; los carac- 
teres inoportunos, inverosímiles; las cos- 
tumbres depravadas en todos los persona- 
ges principales: si se esceptuan uno ó dos 
(que apenas tienen parte en la fábula ) , el 
príncipe, Fulsencio. Alberto, Fabio, Tan- 
credo. FiladellV). Casandra, y hasta un pa- 
gecillo llamado Matías, todos son malva- 
dos, y cuanto hacen y dicenes un conjunto 
de indecencias , atrevimientos y picardías : 
la catástrofe es brutal, y conm todo lo res- 
tante complicada y violenta : los muertos 
son ocho , y al desenlace aparecen cinco 
cadáveres en la escena : solo queda vivo el 
rey y unos criados. Ni en el estilo ni en la 
VTrsificacion hay cosa tolerable, todo es 
desaliño, puerilidades y bajezas : es ver- 
dad que todo sucede en un salón y en una 
mañana. 

Í580. 

1Í2. Juan de la Cueva Tragedia de la 
Muerte de Virginia y Apio Claudio. Re- 
presentóse esta tragedia en la huerta de 
Doña Elvira por el estélente c ingenioso 
representante Pedro de Saldaña , etc. La 
escena es en Roma y en Álgido ; la dura- 
ción de la fábula indeterminada y de pocos 
dias : la acción acaba en la tercera jor- 
nada, y se dilata inútilmente en la que si- 
gue, con detrimento de la unidad y del 
ínteres : la pintura de los afectos es gene- 
ralmente débil: Marco Claudio, confl- 
dente del decemviro, habla á veces con el 
decoro que corresponde al género trágico, 
y á veres incurre en bajezas imperdona- 
bles. Entre los personages ha> un escribano 
que ni por el nombre que se da á su oficio , 
ni por el estilo que usa en sus escritos, 
pertenece á la tragedia ni á las costumbres 
romanas. Véase como se esplica : 

Prcgunlado Apio Claudio, que présenle 
Eslá en la cárcel en prisiones puesto , 
Si ronoce á Virginio que eslá aiisrnle , 



Dice que si : y replicando en eslo 

Que tiempo liabrú, responde llanamente 

yuo no le fué tal liombrc manificslo, 

Sino desdo que .Marco su criado 

La esclava ante i-i por pleito lia demandado. 

Tornado á prc¡;initar si conocía 

A Virginia , declara que en su vida 

La vio, etc. 

Sentencian los jueces que Apio Claudio 
muera en la prisión, y después sea arro- 
jado su cuerpo al Tiber , y cometen la eje- 
cución de la sentencia no menos que á un 
edd. Esto supone demasiado olvido de la 
historia y de las costumbres de las nacio- 
nes. A pesar de estos y otros defectos puede 
asegurarse que esta tragedia es la menos 
mala de las cuatro que existen de Juan de 
!a Cueva. 

4580. 

M3 Comedia de El Principe tirano. 
Representóse esta comedia la primera 
vez en la huerta de Doña Elvira en Se- 
villa por Pedro de Saldaña, etc. Fábula 
llena de atrocidad y absurdos Las parcas 
hilan la vida de la princesa en un rincón del 
jardin , mientras el principe hace á Tra- 
sddoro que abra una sepultura profunda 
para enterrar en ella á su hermana luego 
que la mate. Viene la princesa , el príncipe 
le da de puñaladas, las parcas corlan el 
hilo de su vida . pero no se acuerdan de hi- 
lar ni cortar el de Trasildoro , que muere 
también á manos del principe y le entierra 
con su hermana, todo á vista del especta- 
dor : la furia Aleto, los tormentos que da 
el principe á su amo y á su ayo para que 
declaren lo que ignoran , la mina que hace 
Gracildo en pocas horas para salir por ella 
de la [irision , las sombras de la princesa y 
Trasildoro que persiguen al rey y al prin- 
cipe , los conjuros de Cratilo (mágico y 
grande del reino de Coicos), que las hace 
declarar á qué son venidas , todo es atro- 
pellado , inconsecuente, inverosímil, im- 
posible, horrendo , ageno del teatro : el rey 
mandaque saquen déla |)rision al príncipe, 
y puesto en un serón tirado de dos caba- 
llos le lleven arrastrando por las calles de 
la ciudad con el pregonero delante , y lle- 
gado al suplicio le corte el verdugo los pies, 
las manos y la cabeza , que le descuartice, 
y dejando clavada en un palo la cabeza en 
medio de la plaza, se coloquen los cuartos 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



111 



en los caminos públicos de donde nadie 
pueda quitórlos pena de la vida. Después 
de arreglado por el rey este ceremonial se 
escapa el principe de la cárcel : los grandes 
instan al rey en su favor, y este por no 
quedar sin sucesión todo lo olvida , le per- 
dona con imprevista clemencia, y le hace 
jurar como heredero legitimo del trono: 
agri somnia. 

ioSO. 

iil. Tragedia de El Príncipe tirano. 
Esta tragedia representó Pedro de Sal- 
daña la primera vez en Sevilla en la 
huerta de Doña Elvira, etc. Esta pieza es 
una segunda parte de la anterior : en ella 
se abandonó el autor á todo género de es- 
travíos : el carácter del principe es uno de 
aquellos que no existiendo en la natura- 
leza, no son admisibles en el teatro. «Los 
« retratos del vicio (dice Montiano ha- 
« blando de este personage fantástico) han 
« de ser adaptables á lo que se ve, á lo 
« que se oye , ó á lo que puede haberse 
« leido ; porque si trascienden de estos li- 
« niites conocidos y trillados, todo lo que 
« se arrima al esceso ó á la ponderación 
« hace perder la justa medida que requiere 
« la fábula en sí y en cualquiera de sus 
« partes para ser proporcionada á las res- 
« pectivas pasiones de lástima y terror, sin 
« cuyos requisitos corre aventurada la tra- 
« gedia , y espuesta á que se malogre su 
« fin, engendrando en lugar de aquellos 
« afectos incredulidad é indiferencia , que 
« son los contrarios (¡ue mas la destruyen.» 
La aparición del reino de Coicos es uno de 
los delirios mas absurdos en que pudo in- 
currir el autor, usurpando esta ficción á la 
poesía brica y aplicándola al teatro, en 
donde nada se sufre que sea imposible de 
suceder. Si en otras piezas de Juan de la 
Cueva suele hallarse entre muchos defec- 
tos alguna cosa digna de elogio , en la pre- 
sente todo está mal imaginado, mal combi- 
nado y mal escrito. Adviértase que en 
Coicos se usaban pages, contadores, 
maestresalas , secretarios y letrados : al 
rey se le daba el titulo de magestad; se 
celebraban cortes cuando convenia, y en 
palacio habia besamanos. ¿Por qué habia 
de respetar la historia el poeta que atrope- 
llo con todo lo demás"? 



4580. 

145. Comedia de El Viejo enamorado. 
Esta comedia representó Pedro de Sal- 
daña la primera vez en Sevilla en el cor- 
ral de D. Juan Es comedia digna de 

mucha memoria, considerada la mora- 
lidad de ella , etc. Las primeras escenas 
de esta comedia anuncian una fábula re- 
gular, pero antes de acabarse la primera 
jornada ya se echa de ver que el autor 
perdió el tino y acudió al acostumbrado re- 
gistro de sus nigromantes, furias, deidades 
y fantasmas alegóricas, encantos, vuelos, 
transformaciones , hundimientos y cuantos 
desatinos de este género pudo sugerirle su 
destemplada fantasía. Las desigualdades y 
estravíos del estdo corresponden perfecta- 
mente á la irregularidad de la pieza. 

1380. 

146. Cristóbal de Yirués. Tragedia de 
A tila furioso. Se divide en tres jornadas. 
La reina, muger de Atila, perdida de 
amores por Flaminia (dama del rey en 
trage varonil con nombre de Flaminio) : 
Gerardo, amante de la reina : otra reina 
prisionera, llamada Celia, de quien Atila 
se enamora : Flaminia, que trata de perder 
á la reina muger de Atila para casarse con 
él después : diálogos de amor y situaciones 
cómicas, ronda nocturna, balcón y es- 
condites. Atila, avisado por Flaminia, sor- 
prende á la reina en un mal paso, y á ella 
y á Gerardo los mata , casándose inmedia- 
tamente con Celia su prisionera: Flaminia 
zelosa da un veneno al rey que le vuelve 
loco, y en sus primeros furores mata á Ce- 
lia su nueva esposa : sale frenético á la es- 
cena , ahoga á Flaminia y él cae muerto. 
De estas situaciones y afectos se forma el 
complicado enredo de esta fábula, que ni 
es comedia , no obstante las muchas ridi- 
culeces que contiene , ni es tragedia , aun- 
que tn el curso de ella perecen unas cin- 
cuenta y seis personas , sin contar en este 
número la tripulación de una galera que- 
mada , de la cual no se dice cuántos indi- 
\iduos iban en ella. E! carácter de Atila 
es de aquello que no se ve jamas : al capi- 
tán y tripulación de una galera apresada 
por los suyos los manda meter en otra ga- 
lera y que le peguen fuego en medio del 
rio para que sirva de diversión al pueblo : 
á un gobernador de Ratisbona , que habia 



11^ 



CATÁLOGO 



sido visitador de Nurcmberga , le manda 
ahorcar de una almena : á tres hermanos 
que hiibi:ui hallado medio de sarar á su pa- 
dre de la cáiTfl , donde hacia seis años (|ue 
estaba por no poder pasar seis mil duca- 
dos que dehia á la real cámara , los manda 
descuartizar : á un embajador romano que 
le habi.i hablado con poco respeto le manda 
cortar las orejas y las narices, y á unas 
cuarenta y cinco muperes que se hablan 
derendido en un fuerte hasta que el ham- 
bre les obligó á rendirse , las manda atar 
de dos eti dos y ponerlas en lo alto de una 
torre para que se mueran allí de necesi- 
dad. Presentándole á Guillermo, rey de 
Esclavonia, vencido y prisionero, Alila, de- 
seoso de que muera como corresponde á su 
alta dignidad . manda que le echen á los 
leones : Guillermo le pide mi<ericor(3ia , 
pero inútilnicnte, y el alcaide le conduce 
á la leonera. \ e.stos rasgos de brutalidad 
y á los ridiculos é indecentes amores de la 
reina , de Flaminia , de Gerardo y de Alila, 
sigue la furia de este , que á Montiano pa- 
reció que esiá pintada con viveza y natura- 
lidad , siendo á mi entender lo mas necio 
de lodo. El que entienda el arte ¡lodrá de- 
cir si los siguientes versos declamados en 
el teatro, no son mas á propósito para es- 
citar la risa de los oyentes, que para ins- 
pirarles mara\illa y terror. 

Formados cscuailrones rcprcscnlcn 
Al ciieiiiigo la Ijalalla, y talen 
El campo lodo donde están las naves, 

Y la caballería en tropas trote 

Por el inmenso globo de la luna 

Mis entran is son fuego del infierno, 
El vino es el amor de nuestras bodas, 
La dulce copa ya no es copa , es capa , 
Es-capa-sc del alma y del infierno, 

Y del fuego , y de amor, y de la boda 

Armas son esas para mi ridiculas: 

¿ Viljoras me arrojáis, culebras y áspides? 
Con el alíenlo solo yo consumólas. 
Ministros fuertes de mi esfuerzo y ánimo, 
Capitanes, soldados, armas, máquinas, 
Militares, bravísimos ejcrcilos , 
Antrófagos, leslrigones y cíclopes, 
Mundos , infiernos , manos mías sólidas 
Mas (|ue diamantes , y mas fuertes y ásperas , 
Dadmr a<pií montes de pesantes pórfidos 
Con qup sepulte estos gigantes pértjdos. 
Viértase , corra la sangre , 
No quede persona viva : 
T'mIos mueran , nadie viva : 
Todo í>| mumlo se desangre. 



No dude el lector que en trecientos cin- 
cuenla versos que recita el furibundo Atila. 
hallará iguales ó mayores disparates que 
los que acaban de citarse. 

117. Juan de la Cueva. Comedia de La 
Libertad de Roma por Mucio Scévola. 
Esta farsa representó Alonso de Capilla, 
ingenioso represei}tante , en las Atara- 
zanas en Sevilla, etc. De cuatro jornadas 
que tiene esta comedia sobran las tres : 
por consiguiente la aparición del dios Qai- 
rino, las furias, el desafio de Espurio y 
Bruto, la operación de cortar á Sulpicio, 
coram populo, las orejas, una mano y las 
narices ; su muerte , la quema de su cuerpo 
(que se hace en el teatro), la conservación 
do sus cenizas en una urna de oro, los 
viajes del rey Tarquino y aun su existen- 
cia , todo es inijtil. Mucio Scévola, prota- 
gonista de la fábula, no aparece hasta la 
cuarta jornada , y en ella se precipita la 
acción y se concluye. El estilo unas veces 
toca en gigantesco y ampuloso, y otras en 
prosaico, desaliñado y ridiculo. 

Ii8. Cristóbal de Virués. Tragedia, La 
infeliz Marcela. Está dividida en tres par- 
tes, que así llamó el autor á las jornadas. 
Parte primera. Una tempestad hace varar 
en la costa de Galicia el navio en que iba 
Marcela, prometida esposa del principe 
Landino : saltan en tierra Marcela , el con- 
de Alarico, Tersilo su amigo é Ismeno : 
este por orden de Alarico va á Compostela 
á buscar un coche para llevar á la prin- 
cesa , la cual se queda dormida en unos 
peñascos. Entre tanto apartándose á un 
lado Alarico dice á Tersilo que está ena- 
morado de Marcela, y que espera que en 
aquella ocasión le ayude : Tersilo le re- 
prende su mal proceder, sacan las espadas 
y queda Tersilo herido de muerte : al ruido 
despierta Marcela, huye, y Alarico va de- 
tras de ella. Tersilo, en vez de quejarse de 
sus heridas, se pone á recitar una jácara 
moral de mas de cien versos llena de me- 
, láforas ingeniosas y reflexiones profundas: 
llega Ismeno su hermano que trae un carro 
para llevar á .Marcela , halla á Tersilo mo- 
I ribundo, y le conduce al carro, firome- 
I liéodole el herido que por el camino le 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



113 



contará todo el suceso : sale Alaricd persi- 
guiendo todavía á la princesa, con la cual 
hubiera logrado su dañada intención , si las 
voces de los salteadores de aquel monte no 
se lo estorbaran : suelta á Marcela y huye: 
los salteadores corren tras de él : Formio, 
capitán de todos ellos, llama á Felina (mu- 
ger perdida que vive con 61), le encarga 
que cuide de Marcela , y se va con los de- 
mas en busca del conde fugitivo : quedan 
solas Marcela y Felina , y esta al ver las 
galas de la princesa se alegra infinito , y 
dice : 

Felina. Muy á mi gufto ha venido 
La presa esta vez á fe : 
Con ella renovaré 
Este mi viejo vestido: 
¿Y de joyas y dinero 
Cómo va la bolsa , dama ? 
Conforme la gala llama, 
En gran cantidad le espero. 

Marcela. Solo lo que ves, amiüa , 
Es lo que pude sacar 
De una tormenta de! mar 
Con haría pena y fatiga. 

Fel. Esa es muy grande mentira , 
Y yo sé que de ella habré 
Mas de dos joyas á fe. 

Marc. Toda me busca y rae mira. 

Fel. Ahora bien , en mi presencia 
Se desnude en carnes luego, 
Que esotro buscar es juego. 
Ea, dama, diligencia. 
Quite la ropa , y no crea 
Que es donaire el desnudar, 
Que no rae he de contentar 
Hasta que en carnes la vea. 

Después de este diálogo , poco digno de 
Melpómene, sale muya propósito Oronte, 
señor de un castillo que está en aquellas 
montañas : Marcela le pide protección, y 
él llevándosela consigo, amenaza á Fe- 
lina y á los salteadores que viven con ella : 
los incidentes de esta primera parte son 
imitación del episodio de Isabela , que se 
halla eo el canto XIII del Orlando de 
Ariosto. Parte segunda. Landino, seguido 
de unos criados , se lamenta en tercetos 
elegantes de la tardanza de Marcela : los 
criados le determinan á que se vuelva á la 
ciudad , y al retirarse les advierten unos 
pastores el camino que han de llevar para 
no encontrarse con los salteadores que an- 
dan por aquellas asperezas : después de 
una escena inútil de los pastores, vienen 



los ladrones que traen atado al conde Ala- 
rico , y dicen : 

Formio. Por cieno muy buen galán : 
Dejar la dama y huir. 

Fracaso. Digo que puede servir 
La hija del Preste Juan. 

Brando. Si le ha de servir huyendo , 
Nadie en el mundo mejor. 

Zambo. Y podrá alcanzar su amor, 
Si le ha de alcanzar corriendo. 

Rumbo. ¡ Oh hideputa el hidalgo 
Y qué ligero es de pies! 

Trinco. Cierto, gran lástima es 
Que el señor no sea galgo. 

Acabadas estas necedades, Formio en- 
carga á los pastores que les lleven la co- 
mida por la boca de la cueva que cae al 
mar : promete á Felina que traerá preso á 
Oronte, y la deja en compañía de Alarico : 
este le cuenta que es conde y muy favore- 
cido del principe Landino, con el cual hizo 
un viaje á Inglaterra, en donde el príncipe 
i se casó con Marcela, hija del rey inglés : 
I que Landino hubo de volverse á España á 
I combatir con los moros, y que habiéndolos 
¡ vencido le envió á él para que trajese á la 
¡ princesa : que á su vuelta tuvieron una 
; gran tempestad , y en esto llega Formio 
trayendo presos á Oronte y Marcela. Des- 
I pues de una escena inútil , quedándose á 
! solas con ella (y escuchando Felina escon- 
dida) hace Formio á la princesa una decla- 
ración amorosa : ella le llama fiero mons- 
I truo y fiera dura , y él á ella loca altiva , 
i arrogante , bárbara, indiscreta é ingra- 
ta : Felina en un monólogo resuelve enve- 
nenar á Formio con una rosquilla ó maza- 
pan para entregarse después á Alarico , de 
quien está perdidamente enamorada : sale 
este , ella le pregunta si querrá pagarle el 
cariño que le tiene, él se lo promete y se 
dan la mano de amigos. Formio, que lo ha 
visto, todo se desespera, y en otro monó- 
logo (ni mas ni menos que el anterior de 
Felina) se propone darle veneno, con la 
diferencia de que no será en mazapán, 
sino en un frasco de agua fria : los pas- 
tores determinan ir á Compostela á dar 
aviso al príncipe de que Marcela está en 
poder de los salteadores. Parte tercera. 
Diálogos inútiles entre Formio y su gente: 
queda solo y dice que ya tiene prevenido 
el tósigo para Felina ; llega esta , le dice 
amores , saca la rosquilla emponzoñada y 

8 



lit 



CATÁLOGO 



le Insta á que se la coma : él por su parle 
le convida á beber del friisco, altercan 
sobre ello , y por último ni ella bebe ni él 
come, y lo dejan para mejor ocasión. Si- 
gue un soliloquio del pastor Montano : el 
principe Landino . acompañado de criados 
y pastores , determina asaltar lu cueva en 
que se recogen los bandidos. Otro solilo- 
quio de Formio, que trae el frasco de agua 
envenenada, y al irse le deja á un lado : 
halla á Marcela y le presenta la fatal ros- 
quilla que le diú Felina, exhortándola á que 
se la coma , y añade : 

Que es cordial medicina 
Para el triste corazón. 

Quedando sola Marcela , empieza á co- 
merse la rosquilla : ve el frasco, se echa 
unos cuantos tragos, y con este motivo 
trae á la memoria aquel tiempo dichoso en 
que 

Ina dama de cslc lado 

Y olra de estotro tenia , 

Cuando en mi estrado quería 

Beber, comiendo un iKicado. 

Que el menino , que la dueña , 

Que el mayordomo acudia 

A cuanto yo apetecía 

Haciendo sola una seña. 

Que con tanta reverencia 

Le traían á Marcela 

Con el agua de canela 

Las conservas de Valencia. 

Hechas estas consideraciones, apurada 
la rosquilla y bebida la pócima del frasco . 
le da un sueño profundo del cual no vuelve 
la desventurada princesa. Suena dentro 
gran rumor de pelea, y es el caso que el 
Itrincipe Landino con los que le acompa- 
ñaban ha vencido y muerto á cuantos 
habia en la cueva , esto es, Alarico, Fe- 
lina , üronte, Formio, Fracaso, Brando, 
Trinco, Zambo y Rumbo, y otros ladro- 
nes anónimos, añadiéndose á tantas muer- 
tes la de Marcela , cuyo cadáver se lleva el 
principe para darle honrada sepultura. 
Esta composición no es una tragedia , es 
una novela en diálogo escrita en versos 
buenos y malos , heroicos y ridiculos : per- 
sunages inútiles, episodios inconexos, ripio 
y distracciones continuas, y el agua de 
canela . y la rosquilla, y las conservas, 
la dueña, vi mcninu, el mayordomo, el 
Preste Juan . y el hidalgo , y el galgo , y 
1-4 liidepulii. 



UiH\. 



Ii9. Tragedia de Elisa Dido. Está di- 
vidida en cinco actos. Acto primero. Dido, 
acompañada de senadores y grandes de 
Cartago, da respuesta en el templo de Jú- 
piter á Abenamida , embajador de Yarbas, 
prometiéndole que se casará con el rey su 
amo. Ido el embajador se disputa á pre- 
sencia de la reina sobre si es acertada ó no 
su resolución : Fenicio y Falerio la aprue- 
ban, Carquedonio y Seleuco la contra- 
dicen : estos últimos, enamorados ambos 
de Dido, quieren estorbar su casamiento 
con Yarbas ; pero Seleuco, mas tímido que 
el otro, nada resuelve. Delbora, prisionera 
en Cartago, pregunta á Ismcria los suce- 
sos de Dido, y ella en ciento diez y siete 
versos le refiere la muerte de Siqueo por 
Pigmalion , el sueño de Dido en que se le 
apareció su esposo, le aconsejó que huyese 
con sus riquezas , etc. Carquedonio inter- 
rumpe la narración , y se queja con Isme- 
ria de lo mal que la reina paga el amor 
que le tiene : ruega á Ismeria que inter- 
ceda por él , y ella promete hacerlo : con- 
cluye el acto con el coro. Acto segundo. 
Seleuco determina declarar su amor á la 
reina : Ismeria (que está enamorada de él 
le pregunta la causa de sus melancolías , y 
él después de varios rodeos le dice haber 
sido fingido el cariño que hasta entonces 
le habia manifestado, que está prendado 
de la reina , y ruega á ismeria que le mate 
en castigo de su perfidia , pero ella no 
quiere matarle , y se va desesperada. Del- 
bora declara en un soliloquio que está ena- 
morada de Carquedonio, al cual parece 
que se lo ha dicho ya algunas veces, pero 
sin fruto, y trae después á la memoria 
como la hizo prisionera , le ofreció libertad 
y ella la rehusó , y como por último vino 
á Cartago. Después hablando con Ismeria 
vuelve á sacar la conversación de Dido, y 
la otra , sin hacerse mucho de rogar, le 
cuenta lo que Dido respondió á su esposo 
cuando le vio en sueños. Carquedonio las 
interrumpe , y quedándose á solas con Del- 
boia le insta ella á que declare el pesar 
que su semblante manifiesta , y él la des- 
engaña , diciéndole que no puede corres- 
ponderle, porque está enamorado de Dido. 
y con este motivo le refiere parte de la 
historia de aquella reina . empezándola 



DE PIEZAS DUAmAtICAS. 



115 



precisamente en el punto en que Ismeria 
la dejó. DeJbora le oye hasta que él mismo 
se cansa de hablar y se despide : acaba el 
acto con el coro , que pondera en cultos 
versos los peligros de amor. 

¡O miseros mortales 
Que seguis del amor el bando injusto, 
Por infinitos males 
Pasando, tras un breve y falso gusto! 
¿Dónde vais tras un ciego 
Sino á dar una misera caida? 
¿A qué dulce sosiego 
Quien vuela alado tristes os convida? 
¿Qué premio soberano 
Esperáis de un desnudo y de un tirano? 

Insufribles tormentos 
Los premios son que el fiero amor reparte: 
Mil varios descontentos 
Son los sosiegos de que os hace parte : 
Siguiéndole es muy cierto 
Ir do no hay quien levantarse pueda 
Sin quedar preso ó muerto ; 
Y al que menos mal que esto le suceda 
Será virtud divina. 
Que solo contra amor es medicina. 

El favor empleando 
De virtud fuerte, fuertemente armada. 
Huid del fiero bando, 
De esta furia infernal que disfrazada 
En blando niño afable , 
Tras sus falsos halagos y dulzuras, 
Con vida miserable , 
Con amargas y tristes desventuras. 
Duramente persigue 
Al desdichado que su bando sigue. 

Virtud divina emplee , 
Pidiendo al ciclo su favor de veras, 
Quien arrastrar se vee 
Tras las falsas divisas y banderas 
Del falso amor tirano, 
Si verse libre de su imperio quiere; 
Que no menos que mano 
De tal virtud importa y se requiere , 
Según es de gigante 
La fuerza del desnudo y tierno infante : 
Solo virtud divina 
Al fiero mal de amor es medicina. 

.ácío tercero. Abenamida vuelve del 
campo de Yarbas, y presenta en nombre 
de este á la reina una espada , una corona 
y un anillo : admite Dido agradecida estas 
dádivas, y quedando á solas con Ismeria , 
recuerda las memorias de Siqueo. Ismeria 
en un monólogo dice que la noche anterior 
la luna estaba sangrienta, que se apareció 
un cometa y tembló la tierra : ruega á los 
dioses que aparten de Carlago la desgra- 



cia que aquellos prodigios anuncian : viene 
Delbora , y sin aguardar Ismeria á que la 
otra se lo suplique, vuelve á tomar el hilo 
de la historia comenzada, y le reflere 
como la reina huyó de Tiro con sus rique- 
zas. Pirro corta la relación y les dice que 
Carquedonio y Seleuco, seguidos de varias 
tropas, han embestido los reales de Yar- 
bas , donde se ha trabado gran pelea , sin 
conocida ventaja de una ni otra parte : el 
coro da fin al acto. Acto cuarto. Escena 
inútil entre Mangordio y Clenardo. Isme- 
ria, de orden de la reina , manda abrir las 
puertas de la ciudad para que introduzcan 
á Yarbas, y le encaminen al templo : Del- 
bora é Ismeria alaban la prudencia de 
Dido, que admite á Yarbas por esposo, á 
fin de procurar la paz á su pueblo : Isme- 
ria concluye felizmente la interrumpida 
narración de los hechos de Dido : avisa el 
coro que se retiren , porque viene mucha 
gente hacia aquel sitio. Abenamida cuenta 
á Clenardo como después de un reñido 
combate han quedado muertos Seleuco y 
Carquedonio, recurso plausible del autor 
para deshacerse de personages tan inútiles : 
coro. Acto quinto. Ismeria y Delbora 
anuncian los preparativos de la reina para 
recibir á Yarbas : hacen gran sentimiento 
por la muerte de Carquedonio y Seleuco : 
avisan los coros que Yarbas ha entrado : 
ellas se retiran, los coros se quedan para 
abrir las puertas de la estancia de Dido, y 
en tanto dan gracias al cielo por la paz que 
envia á su nación , y anuncian prosperi- 
dades á Cartago y á su reina. Viene Yar- 
bas : se abren las puertas, y aparece Dido 
muerta con la espada de Yarbas, la corona 
que le envió arrojada á sus pies, y un 
papel en la mano. Léese el escrito en que 
dice haber jurado eterna fidelidad á Si- 
queo, y que por no faltar á ella se ha dado 
la muerte. Ismeria y Delbora lloran la des- 
gracia de su señora : Yarbas las consuela , 
dispone dar sepultuia al cuerpo , deja en li- 
bertad á Cartago , propone h sus moradores 
que adoren por diosa á su difunta reina , 
y se despide de ella para siempre. Coro 
final. 

Lampinas, arrebatado del furor apologé- 
tico , no dudó asegurar que esta era una 
tragedia perfecta : Montiano halló en ella 
muy poco que censurar. En mi opinión es 
la tragedia menos defectuosa de cuantas se 



11G 



CATÁLOGO 



habían esorilo hasta cnloiices en l'spaña : 
el aiilor supo sujetarla á las unidacJos de 
luRar, (le tiempo y de acción , que lanío se 
han recomendado después. Las dos ¡irinic- 
ras eslan observadas sin violencia , pero 
la última i)adecc muchas iscepcioncs, y 
tantas, que de cinco actos de qui' cousta 
la tragedia ( sin que la inle,'irid.id de la 
rábula se alterase ) pudieran reducirse á 
dos. ¿Qué tienen que ver con ella los 
amores episódicos , in.-ipidos . idénticos de 
los dos capitanes Seleuco y Carquedonio? 
¿üe qué sirve el ataque del campo de 
Yarbas sino, como ya se ha dicho, de 
hacer que desaparezcan aquellos dos per- 
sonajes que nunca debieron existir? ¿üc 
qué sirven Ismeria y Delliora sino de helar 
toda la pieza con sus amores, sus escla- 
maciones, sus quejas , y sobre todo con la 
inoportuna , enfadosa y larga relación de 
las aventuras de Dido, la cual entre los 
varios trozos de (pie se compone llega á 
cuatrocientos veinlisiete versos? Los de- 
roas personases con sus monólogos y sus 
sentencias contribuyen á enlor|)ecer el mo- 
vimiento dramático y prolongar el fasti- 
dio : Díl'o, figura principal, despacha 
todo su papel en ciento setenta versos 
poco mas ó menos, cuando las otras subal- 
ternas y enteramente inútiles se lo hablan 
todo y no saben dejarlo : Varbas solo sirve 
fíe leer la carta de Dido y de disponer el 
entierro. En el primer acto , en el tercero 
y el quinto hay situaciones inleresanies, 
acompañadas de la pompa y aparato escé- 
nico que son convenientes á la tragedia ; 
la catástrofe es de mucho efecto teatral : 
el estilo, aunque no siempre llega á la 
grandeza que necesita este género, es sin 
duda mucho mas decoroso y correcto que 
el de las otras piezas del mismo autor : en 
los coros hay buen lenguaje , facilidad y 
armonía. 

Cristóbal de Virués nació en la ciudad 
de Valencia poco antes del afio de 1550: 
fué hijo de un docto médico , á quien debió 
una esmerada educación literaria : siguió 
la carrera militar , se halló en la batalla de 
Lepanlo, obtuvo el grado de capitán, y 
sirvió después en el estado de Milán con 
gran reputación de valor y prudencia. Dice 
él mismo en el prólogo de sus tragedias 
( impresas mucho tiempo después de ha- 
berse escrito y rcprcíentado ) que él fué el 



primero que las redujo á tres actos de cua- 
tro que antes lenian. Cervantes empezó á 
hacer lo mismo en sus comedias, y Juan 
déla Cueva, contemporáneo de los dos, 
adoptó igualmente esta novedad , aunque 
no se conserva ninguna de las ¡¡iezas en 
que la practicó. Andrés Rey de Arlieda so- 
licitó este honor para si , y mucho antes que 
lodos le obtuvo Francisco de Avendaño, 
como |)uede verse en el número 8 i de este 
catálogo. Las tragedias de Virués no se im- 
primieron hasta el año de 1G09 juntamente 
con varias poesías del autor. Su muerte 
debió de verificarse poco después. 

\oSl. 

150. Juan de la Cueva. Comedia de El 
Infamador. Fué representada esta come- 
dia la primera vez en Sevilla por el es- 
celente y gracioso representante Alonso 
de asneros en la huerta de Doña Elvi- 
ra, etc. La escena es en liispalis (que 
otras veces se llama Sevilla) y en los mon- 
tes Címerios de Escilia : las costumbres y 
los perionages pertenecen á tiempos muy 
modernos, y tanto que se citan las novelas 
dramáticas de Celestina y Claudina, las 
espadas de Joanes, las obras del arcipreste 
de Talavera y las de Cristóbal de Castillejo. 
A pesar de esta suposición la pieza es toda 
mitológica, interviniendo en ella Xémesís, 
el Sueño, Slorfco, el rio Iklis, Diana y 
Venus : Leucino es una especie de D. Juan 
Tenorio, y EliocJora una santa virgen, á 
cuyo fa\or se hacen milagros, perseguida 
de Venus y protegida de Diana. Véase un 
trozo de buen estilo cómico en boca de la 
alcahueta Teodora , refiriendo el mal des- 
pacho que recibió de sus tercerías : 

Pensando el ca?o contar 
Se me renuevan mis penas, 

Y la sangr por las venas 
Siento fJc temor helar. 
Slas sioinlo de tí manijada. 
Aunque huye la memoria 
Renovar la triste historia, 
De mi te será contada. 
Sabrás, Leucino, qué fué. 
Voirne á casa de Eiiodora , 

Y siendo oportuna liora 

A lial)lar con ella entré. 

Hállela en un corredor 

De muchas dueñas cercada, 

Ricamnilc aderezada, 

I RcvucUa con su labor. 



DE PIEZ\S DRAMÁTFCAS. 



il7 



levantáronse en el punto 
Que yo entré, y ella alargando 
Su mano y la mia tomando, 
Me sentó consigo junto. 
Quedando sola con ella 
( Que era lo que deseaba ) , 
Queriendo hablar no osaba , 

Y osando paraba al vella. 
Al fin sacudí el temor 

Y apresté la lengua muda, 
Viendo que al osado ayuda 
Fortuna con su favor. 
Dijcla : Bella Eliodora, 
Mi bien y señora mia , 
Perdonalde esta osadía 

A vuestra sierva Teodora. 

Yo vengo á solo deciros 

Que deis lugar que Leucino 

( Pues cual sabéis es tan diño ) 

Ose ocuparse en serviros. 

Notoria es su gentileza, 

Discreción y cortesía , 

Su donaire y bizarría, 

Su hacienda y su franqueza. 

No tenéis en que dudar. 

Bien podéis corresponder, 

Que tan ilustre muger 

Tal varón debe gozar. 

Ella que estaba aguardando 

El fin de mi pretensión , 

En oyendo esta razón 

Dio un grito al cielo mirando. 

Y dijo : Dime, traidora, 

¿ Qué has visto en nn , qué has oido , 
O qué siente ese perdido 
Del nombre y ser de Eliodora? 
Si las cosas que contemplo 
No impidiesen mi ira fiera, 
A bocados te comiera , 
. Dando de quien soy ejemplo. 
En diciendo esto se fué, 

Y las dueñas acudieron, 

Y dp mí todas asieron. 
Que sola entre ellas quedé. 
Las unas me destocaban. 
Las otras me descubrían , 
Otras recio me herían 

Con mil golpes que me daban. 
Después de estar muy cansadas 
De tratarme como digo. 
Dijeron : Este castigo 
No nos deja bi^en vengadas. 
Los cabellos me cortaron 
Con crueza que da espanto, 

Y sin tocado ni manto 
En la calle me arrojaron. 

Esta misma vieja alcahueta , acompa- 
ñada de otra comadre suya, hace un conjuro 
en favor de Leucino, y entrambas hablan, 
no como coaviene á dos níugcrcillas mise- 



rables del pueblo, sino como pudieran cs- 
plicarse Medea, Circe ó Armida. 

Teodora. Pon la vista al oriente 
En tanto ([ue aderezo 
Estos lizos mojados en la onda 
De Flegelon ardiente, 
Y pongo el aderezo 

Para que el triste Averno me responda. 
Si de la estancia honda 
Donde tiene su asiento 
Del Erebo la reina poderosa , 
Espíritu saliere ú otra cosa, 
Ten cuenta , y mira al viento 
Si cuervo ó si paloma pareciere, 
O siniestra corneja se ofreciere. 

Terencina. Con prósperas señales 
De fatídico agüero 
Se nos demuestra el cielo generoso 
En ocasiones tales; 
Si en esto es verdadero 
El disponer del hado venturoso, 
Hoy será victorioso 
Leucino desdeñado : 
Que en este punto con ligero vuelo 
Dos palomas bajar vide del cielo 
Que Venus ha enviado, 

Y sobre un verde mirto se pusieron , 

Y cogiendo dos ramos de él , se fueron. 
Teod. Tiende entorno esos lizos 

Por donde yo derramo 

Estas cenizas del trinacrio monte, 

Y con fuertes hechizos 
A responderme llamo 

Los espíritus negros de Aqueronte. 

Antes que el horizonte 

Se cubra , ¡ o triste Huerco ! 

A quien con ronca voz fuerzo y apremio. 

Dale á mis obras el debido premio, 

Y ponme en este cerco 

Una señal que el fin que intento aclare 
Por donde yo lo que será declare. 

Ter. Por la virtud que tiene 
Esta esponjosa piedra. 
Desde el nevado Cáucaso traída. 
Que en este vaso viene ; 
Por esta blanda hiedra , 
Que en la cumbre del Hemo fué cogida , 
Que luego sea movida 
Tu voluntad al ruego , 
¡O Pluton ! ¡ o Prosérpina hermosa ! 
Y sin negarnos al intento cosa , 
Nos deis aviso luego 
Si la demanda mia y de Teodora 
Moverán hoy el pecho de Eliodora. 

Si á estos destrozos bien escritos entram- 
bos, aunque tan diferentes entre si , y el úl- 
timo tan impropio de la buena comedia, ss 
añadiesen otros enteramente prosaicos, sin 
corrección ni armonía . y afeados con des- 



118 



CATÁLOGO 



ruidos imperdonables , se lleguria 6 conocer 
la pretipilac'iotí y el abandono con que el 
autor compuso sus piezas dramáticas, en 
las cuales son casualidades los aciertos. 

Juan do la Cueva nació en Sevilla de fa- 
milia ilustre en el año de Í550 con poca 
diferencia. Dolado de ingeido y afluente 
vena compuso varias obras líricas, ípicas 
y dramáticas que le adquirieron general 
estimación : muchas hizo imprimir y algu- 
nas quedaron manuscritas, (|uc se conser- 
vaban pocos años hace en poder del conde 
del Águila. Publicóla primera parte de sus 
comedias en la misma ciudad en el año de 
l.')88, y sin duda se proponía dar á luz las 
demás que había compuesto , pero no pa- 
rece que llegó A verificarlo. Murió en su 
¡latría pasado el año de 1694 : puede verse 
en el tomo VIII de El Parnaso español la 
noticia que allí se da de este célebre poeta 
y de sus escritos. 

1581. 

151. Andrés Rey de Artieda. Los Aman- 
tes. Tragedia. 

152. Amadis <lc Gaula. Comedia. 

153. El Principe vicioso. Comedia. 
151. Los Encantos de Merlin. Comedia. 
Micer Andrés Hey de Artieda, infanzón 

de Aragón, nació en Valencia en el año 
de 15i9 : estudió en aquella universidad y 
en las de Lérida y Tolosa, y graduado de 
doctor enseñó astronomía en Barcelona. 
Dejó la carrera de las letras y siguió la de 
las armas, se halló en el socorro de Chi- 
pre , recibió tres heridas en la batalla naval 
de Lepanlo , y en otra ocasión pasó á nado 
el Elba con la espada en la boca á vista del 
ejército enemigo : obtuvo el grado de ca- 
pitán de infantera, y murió en su patria 
en el año de 1013: publicó sus obras sueltas 
en Zaragoza, año de 1605, con este título : 
Discursos, epístolas y epigramas de Ar- 
temidoro. De las dramáticas ( y entre ellas 
la tragedia de Los Amantes , impresa en 
Valencia año de 1581) solo ha quedado la 
noticia. Véanse las notas de Cerda á la 
Diana enamorada de Gil Polo , y los Es- 
critores del reino de Valencia por Jimeno. 

IS82. 

155. Miguel de Cervantes Saavcdra. Co- 
media. Los Tratos de Argel. En cinco 
jornadas, escrita en octavas, redondillas, 



quintillas, liras, tercetos, verso suelto y 
rima encadenada. Jornada primera. Zara, 
muger del renegado Izuf, está enamorada 
de Aurelio, cautivo español ; pero ni sus 
ruegos ni los de su amiga Fátima pueden 
reducir al esclavo . que llora la ausencia Je 
su querida Silvia. Saavedra se lamenta de 
los trabajos que pasa en la esclavitud : Pe- 
dro Al varez está contento en ella , es amigo 
de su ama y le va muy bien : los siguientes 
versos puestos en boca de Saavedra son de 
los mejores de esta comedia : 

Cuando llegué vencido en esta tierra 
Tan nombrada en el mundo , que en su seno 
Tanto pirata encubre, acoge y cierra, 
No i)U(le al llanto detener el freno , 
Que á pesar mío sin saber lo que era. 
Me vi el marchito rostro de agua lleno. 
Ofreciendo á mis ojos la ribera 

Y el monte donde el grande Carlos tuvo 
Levantada en el aire su bandera , 

Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo. 
Pues movido de envidia de su gloria, 
Airado entonces mas que nunca estuvo. 

Y estas cosas volviendo en mi memoria , 
Las lágrimas trujcron á los ojos , 
Forzadas de desgracia tan notoria ; 
Pero si el alto ciclo en darme enojos 
No esta con mi ventura conjurado, 

Y aquí no lleva muerte mis despojos; 
Cuando me vea en mas feliz estado, 
O si la suerte ó si el favor me ayuda 
A verme ante Filipo arrodillado , 

Mi temerosa lengua cuasi muda 
Pienso mover en la real presencia , 
De adulación y de mentir desnuda. 
Diciendo : Alto señor, cuya potencia 
Sujetas trac las bárbaras naciones 
Al desabrido yugo de obediencia.... 
Todos de allá , cual yo , puestas las manos , 
Las rodillas por tierra , sollozando , 
(Cercados de tormentos inhumanos , 
Poderoso señor, te están rogando 
Vuelvas los ojos de misericordia 
A los suyos que están siempre llorando ; 

Y pues te deja agora la discordia , 
Que tanto te ha oprimido y fatigado , 

Y á mas andar te sigue la concordia. 
Haz , buen rey, que por ti sea acabado 
Lo que con tanto audacia y valor tanto 
Fué por tu amado padre comenzado. 
Con solo ver que vas pondrás espanto 
A la bárbara gente , que adivino 

Ya desde aqui su pérdida y quebranto. 

Sobreviene otro cautivo, y en una rela- 
ción de cerca de doscientos versos les cuen- 
ta el martirio que acaban de dar los moros 
á un clérigo valenciano. Jornada segunda. 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



410 



Izuf encarga á Aurelio que se vea con una 
hermosa esclava española llamada Silvia, 
y que le persuada á que sea menos esquiva 
con él : Aurelio disimula y se encarga de 
hacerlo asi. Saca el pregonero á la plaza 
dos muchachos llamados Juan y Francisco 
juntamente con su padre y su madre : los 
pregona, los vende á dos mercaderes, y 
despidiéndose de sus padres se va cada uno 
de ellos con su amo. Jornada tercera. 
Procura Izuf vencer con halagos y prome- 
sas el desden de Silvia presentándosela á 
su muger Zara, y esta quedando á solas 
con ella le refiere como está enamorada de 
Aurelio, y le ruega que sea medianera en 
sus amores. Jornada cuarta. Pedro Al- 
varez , que al principio de la fábula estaba 
regalado y contento con su suerte, ha re- 
suelto escaparse y encaminarse á Oran : 
con esta determinación se despide de su 
camarada Saavedra. Ignorábase que Fáti- 
raa fuese hechicera, pero en efecto lo es , y 
hace un conjuro en favor de su amiga Zara 
para que Aurelio le corresponda : luego 
que ha dicho estos versos, que deben de 
ser muy eficaces para el caso. 

Rápida , ronca , run , ras , parisforme , 
Grandura , denclifaz , panlasilonle ; 

sale una Furia, y le dice que la indiferen- 
cia de Aurelio solo la podrán vencer la Ne- 
cesidad y la Ocasión. Fátima le manda que 
se las envié cuanto antes y tratará con ellas 
lo que debe hacerse. Se ven á solas Aure- 
lio y Silvia, y hallándose eila solicitada de 
Izuf y él de Zara , acuerdan lisonjear con 
alguna esperanza al moro y á la mora en 
tanto que escriben á España para solicitar 
su rescate. Pedro Alvarez, fatigado, roto y 
hambriento, va caminando á Oran : échase 
á dormir á la sombra de unas matas , y 
cuando despierta se halla con un león á su 
lado que le está haciendo compañía : leván- 
tase lleno de miedo , sigue andando , y el 
león se va detras de él como un perrito. 
Jornada quinta. Alvarez prosigue su via- 
je en compañía del león , y se halla feliz- 
mente muy cerca de Oran : la Necesidad y 
la Ocasión, invisiblesá Aurelio, le van per- 
suadiendo á que corresponda agradecido al 
amor de Zara, pero sin saber porqué le 
dejan solo, y no lo aciertan, porque enton- 
ces cobra él todo su esfuerzo y se propone 
no ceder jamas á las instancias de la mora. 



El muchacho Juan sale vestido de turco . 
muy contento de serlo y de que ya no se 
llama Juanito sino Sohman : su hermano 
Francisco se horroriza, y Aurelio lamenta 
la suerte de los nifios cristianos que viven eu 
poder de moros. Silvia y Aurelio se en- 
cuentran , se dan un abrazo , y Zara é Izuf 
los sorprenden : Zara acusa á la esclava , 
izuf al esclavo , y ellos se disculpan de 
mala manera. El rey de Argel en audiencia 
pública manda á Izuf que le entregue al 
cautivo y á la cautiva que tiene en su po- 
der : él lo repugna mucho, y el rey dispone 
que le lleven de allí y le harten de palos : 
traen á su presencia á un malagueño que 
se había escapado , y el rey dice : 

i Oh tú ! raja Caud , dalde seiscientos 
Palos en las espaldas , muy bien dados , 

Y luego le daréis otros quinienlos 
En la barriga y en los pies cansados. 

Y responde el malagueño : 

¿Tan sin ley ni razón tantos tormentos 
Tienes para el que huye aparejados? 

Y añade el rey : 

Chito. Chifuz.Breguede, al punto atalde, 
Abrilde, desoUalde y aun malalde. 

Decretadas estas palizas, se presentan 
Silvia y Aurelio : el rey les indica el res- 
cate que han de enviarle desde España , y 
les concede libertad bajo su palabra : dan 
aviso de que ha llegado un navio, y en él 
Fr. Juan Gil , religioso trinitario que viene 
á rescatar : los cautivos regocijados en es- 
tremo dan gracias á la Virgen por su infi- 
nita misericordia. 

Esta comedia es un drama episódico, en 
el cual si se quiere decir que hay una ac- 
ción, solo puede hallarse en los amores 
pareados y simétricos del renegado Izuf y 
su muger Zara que solicitan á Silvia y Au- 
relio, sirviendo de atropellado desenlace 
la paliza de Izuf. Lo restante todo es per- 
sonages y situaciones sueltas sin enlace ni 
composición dramática : los conjuros de 
Fátima , la Furia, la Ocasión y la Necesi- 
dad, y el león que sirve de escudero á Pe- 
dro Alvarez, son desatinos imperdonables : 
el estilo , que á veces tiene algún decoro y 
corrección, es en general desaliñado y 
prosaico. 



130 



catAlogo 



1582. 

15(j. Joaquín Homero de Zcpeda. Come- 
dia Selvaifc (en cuatro jornadas) , en la 
cual por muy delicado estilo y artificio 
se descubre lo que de las alcahuetas á las 
honestas doncellas se les sigue , en el pro- 
ceso de lo cual se hallarán muchos avisos 
y sentencias. Por Joaquín Romero de 
Zepeda. Sevilla, ióHi. En la primera y se- 
gunda jornada no bizo el autor otra tosa 
que eslractar en versos líiciles (y no desnu- 
dos de elegancia) los cuatro primeros actos 
de la Celestina. En la tercera jornada 
apartándose de aquel cscelenle original, 
atropello los incidentes , añadiendo no po- 
cas estravagancias. Lucrecia , acompañada 
de la vieja alcahueta Gabrina, abandona 
Id casa de sus padres y se va á la de Ana- 
creo, su amante : los padres de Lucrecia 
echándola menos van á casa de Gabrina con 
Id justicia , y de allí á la de Anacreo, pero 
este y Lucrecia han huido descolgándose 
por una ventana. Presos Gabrina y el 
criado Rosio los llevan á la plaza : alli 
aparece la horca á vista del auditorio, su- 
ben al reo y le cuelgan : A Gabrina la em- 
])luman, le ponen una coroza, y sentán- 
dola en la escalera del suplicio queda 
abandonada á merced de los muchachos, 
que á porfía le tiran brevas, berengenas y 
tomates, le remesan los pelos y le dan pu- 
ñadas : hecho esto dice el juez : 

Quiten luego á esa muger, 
Y entierren ai ahorcado. 

En la cuarta jornada sale por un monte 
Lucrecia con arco y saetas, y llora la mala 
ventura de sus amores : luego que se re- 
tira, sale por otro lado Anacreo lamen- 
tándose igualmente de la desdicha en que 
se ve. Salen después Albina y Arnaldo. pa- 
dres de Lucrecia, vestidos de peregrinos 
en busca de su hija: descansan un rato de 
la Taliga del camino, y al querer prose- 
guirle los sorprenden dos ladrones llama- 
dos Tarisio y Troco : el viejo Arnaldo 
quiere defenderse y mucre á sus manos : 
sobreviene al ruido Anacreo y mata á Ta- 
risio : su compañero Troco .'C va huyendo : 
sigue el reconocimiento de Anacreo y Al- 
bina, y cuando tratan de enterrar el cadáver 
de Arnaldo, vienen dos salvagcs entre los 
• ualcs se ve Anacreo en muclm peligro de 



I perderla vida ; pero Lucrecia, que se apa- 
rece muy oportunamente, dispara una fle- 

. cha y cae muerto uno de los salvagcs. Ana- 
creo en tanto consigue matar al segundo : 
la madre y el amante sin reconocer á Lu- 
crecia le agradecen el socorro que les ha 
dado : ella al Gn se descubre , y con el re- 
gocijo de los tres acaba la fábula. Compo- 
sición romancesca , mal ordenada y llena 
de inverosimilitud. Existe un ejemplar en 
la librería del convento de Santa Catalina 
de los dominicos de Barcelona. 

4583. 

157. Miguel de Cervantes Saavedra. 
Tragedia de Numancia. Véase la lista de 
los interlocutores de esta pieza. Escipion, 
Yugurta , Cayo Mario , embajador pri- 
mero , embajador segundo, soldado pri- 
mero , soldado segundo. Quinto Fabio, 
España, el rio Duero , Teógenes , su mu- 
ger, un hijo suyo, Corabino , numantino 
primero , numantino segundo , numan- 
tino tercero, numantino cuarto. Mar- 
quino, Morandro , Leoncio, sacerdote 
primero , sacerdote segundo , uno del 
pueblo , Milvio , un cuerpo muerto , Lira, 
muger primera , muger segunda , muger 
tercera, una madre, un hijo, un her- 
mano, la Guerra, la Enfermedad, el 
Hambre, Viriato , Servio, Emilio, la 
Fama. Está dividida la obra en cuatro jor- 
nadas, escrita en tercetos, octavas, redon- 
dillas y verso suelto. Jornada primera. 
Escipion reprende á sus soldados la vida 
regalada , lasciva y glotona que traen, ad- 
virtiendo con soirada razón y poquísimo 
decoro trágico , 

Que mal se aloja en Jas marciales tiendas 
Quien gusta de banquetes y meriendas. 

A estos vicios atribuye el no haberse ga- 
nado á Numancia después de diez y seis 
arios de guerra : manda que salgan del 
campo las meretrices, que se reformen las 
cocinas y se destierre lodo regalo y blan- 
dura. Dos embajadores numantlnos propo- 
nen á Escipion paz y amistad , pero él se 
niega á cuanto no sea entregarse á discre- 
ción : dispone que se cerí^uc á Numancia 
con grandes fosos , y en la escena siguiente 
ya esta concluida toda la obra. España , 
viendo rodeados á los numantinos con trin- 
cheras y fosos profundos, esceptuando solo 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS 

la orilla del Duero , habla con el rio invo- 
cándole en" los siguientes versos , que son 
de los mejores de toda la pieza : 



i 24 



Duero gentil que con torcidas vueltas 
Humedeces gran parte de mi seno, 
Ansí en tus aguas siempre veas envueltas 
Arenas de oro como el Tajo ameno , 

Y ansí las ninfas fugitivas sueltas , 

De que está el verde prado y bosque lleno, 
Vengan humildes á tus ondas claras, 

Y en prestarte favor no sean avaras ; 
Que prestes á mis ásperos lamentos 

Atento oído , ó que á escucharlos vengas , 

Y aunque dejes un rato tus contentos, 
Suplicóte que en nada te detengas. 

Si tú con tus continuos movimientos 
De estos fieros romanos no me vengas , 
Cerrado veo ya cualquier camino 
A la salud del pueblo numantino. 

El Duero ( acompañado de tres mucha- 
chos que son otros tantos riachuelos que 
desaguan en él) anuncia á España que la 
ruina de Numancia es infalible, pero que 
su gloria será inmortal , y en los siglos fu- 
turos Atila , Borbon y el duque de Alba la 
vengarán de Roma. Añade también que los 
reyes de España adquirirán el dictado de 
Católicos, y que en tiempo de un rey lla- 
mado Felipe II {sin segundo), el girón 
lusitano que se cortó de los vestidos de 
Castilla, ha de zurcirse de nuevo y unirse 
á su estado. Jornada segunda. En uña 
asamblea de numantinos se resuelve que 
Corabino salga á desafiar á cualquier ro- 
mano que se atreva á combatir con él , pac- 
tando primero que si Corabino vence , los 
romanos levantarán el sitio , y si él queda 
vencido, se entregará la ciudad : proposi- 
ción muy imprudente y poco numantina. 
Resuelven también que se hagan sacrificios 
á Júpiter, y que el mago Jlarquino por 
medio de sus hechizos y conjuros averigüe 
los hados de Kumancia. Leoncio reprende 
á Morandro viéndole muy enamorado de 
Lira en tiempo de tanta calamidad , y en 
efecto Leoncio tiene sobrada razón. Se em- 
pieza el solemne sacrificio con tristes agüe- 
ros : la llama arde mal, se ven águilas en 
el aire que persiguen á otras aves, las aco- 
san y las cercan : suena ruido subterrá- 
neo : cruza una centella por el templo , y 
al ir á degollar la víctima sale un demo- 
nio, se la lleva y trastorna de paso las arns 
y utensilios. Después de un diálogo inútil 



entre Leoncio y Morandro sale Marquino 
y hace sus conjuros sobre una sepultura, 
invocando á los ministros infernales , lla- 
mándolos canalla vil , y á Pluton cor- 
nudo : echa de si la sepultura un cuerpo 
muerto, al cual hace hablar el nigromante 
á fuerza de aspersiones y latigazos : el 
muerto anuncia la ruina que amenaza á la 
ciudad, y Marquino desesperado al oírle se 
arroja con él á la sepultura, quedando 
enterrados los dos. Jornada tercera. Co- 
rabino desde el muro de >'umancia pro- 
pone el desafio de que ya se ha hecho 
mención; pero Escipion no asiente á ello 
y le vuelve la espalda. Corabino, irritado 
de aquel desprecio, se desahoga en injurias 
contra los romanos llamándolos cobardes , 
pérfidos , tiranos , villanos, fementidos , 
ingratos , feroces , revoltosos , desleales , 
crueles, mal nacidos, codiciosos, infa- 
mes, pertinaces, adúlteros, canalla y 
liebres. Teógenes quiere asaltar los atrin- 
cheramientos , pero las mugeres con sus 
reflexiones y lágrimas se lo estorban : re- 
suélvese quemar en la plaza todo lo mas 
precioso que cada uno tenga , descuartizar 
los romanos que están prisioneros , é írselos 
comiendo. Morandro, siempre lleno de 
amor, requiebra á Lira , y ella le dice que 
se está muriendo de hambre y es imposible 
que viva una hora según lo desfallecida que 
se siente : él determina escalar aquella no- 
che las trincheras del enemigo para traerle 
algo que cenar, y su amigo Leoncio se 
ofrece á acompañarle. Dos numantinos re- 
fieren que en la hoguera de la plaza (cuyas 
llamas suben hasta la cuarta esfera) se 
están quemando todas las riquezas de la 
ciudad : dicen también que se ha mandado 
quitar la vida á las mugeres y á los niños : 
sale una muger con dos chiquillos que no 
cesan de pedirle pan , y ella se aflige sin 
poder hacerles entender que no le tiene ni 
sabe dónde hallarle. Jornada cuarta. Pe- 
netran en el acampamento de los romanos 
Morandro y Leoncio : este último queda 
muerto en la empresa, el otro vuelve á 
Numancia con un poco de bizcocho en una 
cestilla : se le presenta á Lira para que 
coma y cae muerto de resultas de las mu- 
chas heridas que ha recibido. Un niño, her- 
mano de Lira , sale cayéndose de hambre . 
dice que su padre y su madre acaban de 
morir, y él no teniendo ya fuerzas para 



122 



CATÁLOGO 



mascar ni tragar el pan, espira á los píes 
de su hermana. Se presentan el Hambre, 
la Enfennedail y la Guerra : esta escita ú 
Jas otras dos á que apresuren la total aso- 
lación (le iNumancia , incidente inútil como 
los personajes de él. Teógencs lleva á su 
inuger, dos hijos y una hija al templo de 
Diana y alli los mata : vaso después á la 
plaza y se tira á la hoguera : el humo que 
sale de Xurnancia y el silencio que se ob- 
serva en ella determinan á Escipion á en- 
viar esploradores, que vuelven refiriendo 
la mortandad y ruina espantosa que han 
visto. De toda la población solo queda un 
muchacho que aparece en lo alto de una 
torre : Escipion le promete vida y libertad, 
pero él desprecia sus ofrecimientos y se 
tira de la torre al suelo : viene la Fama por 
el aire y elogia la heroicidad de Numancia. 

La elección de argumento en esta pieza 
es poco feliz : la destrucción de una ciudad 
con la de todos sus habitantes presta mate- 
ria á la narración épica , pero no es para 
el teatro. En él no se deben presentar 
como objeto primario las empresas milita- 
res, sino las acciones y afectos heroicos : 
en toda fábula escénica se promueve el in- 
te» es concentrándole : si se divide se de- 
bilita : Cervantes creyó producir mayor 
efecto trágico poniendo á la vista muchas 
situaciones de calamidad y aflicción, y no 
advirtió que resultarla necesariamente una 
acción episódica, dispersa y menuda. Los 
personages fantásticos que introdujo lo 
acaban de echar á perder. 

Si es contraria esta opinión á la que for- 
maron de esta pieza los alemanes Bou- 
terwek y Schlegel , puede considerarse 
cuál habrá siuo mi sentimiento no pu- 
diendo suscribir á los elogios que de ella 
hicieron aquellos doctos críticos : resulta 
necesaria de la absoluta imposibilidad de 
conciliar sus principios con los míos acerca 
de la composición dramática. 

Í584. 

158. Comedia déla Batalla naval. >'ada 
se sabe de esta obra sino el título. Si el 
argumento que desempeñó el poeta fuese 
(tomo parece muy probable) la célebre 
victoria naval de Lepanto , es de inferir 
que nuestra literatura no habrá perdido 
nada en perderla : la escribió en tres jor- 
nadas. 



1584. 

159. Comedia de la gran Turquesca. 
Cervantes la citó : nadie la ha visto hasta 
ahora , y no es posible conjeturar lo que 
seria. 

iS84. 

160. Comedia de la Jerusalen. Habien- 
do escrito el mismo autor un drama trá- 
gico del sitio y ruina espantosa de Numan- 
cia, no seria mucho que hubiese caído en 
el error de poner en acción teatral la des- 
trucción de Jerusalen por Tito , ó que fuese 
argumento de esta comedia la conquista de 
aquella ciudad por los cruzados. A estas 
conjeturas da lugar la falta de noticias que 
tenemos acerca de esta composición dra- 
mática. 

1585. 

IGl. Lupercio Leonardo de Argensola. 
Tragedia de la Isabela. Se divide en tres 
jornadas : está escrita en octavas, verso 
suelto, quintillas, tercetos y estrofas líri- 
cas : la Fama hace el prólogo. Jornada 
primera. Alboacen, rey moro de Zaragoza, 
enamorado de Isabela, doncella cristiana , 
manda salir desterrados á todos los cris- 
tianos, creyendo por este medio humillar- 
la y atraerla á su voluntad. Muley, amante 
favorecido de la misma doncella ( que 
acaba de recibir el bautismo en el campo 
enemigo), se propone dilatar la ejecución 
del decreto, y facilitar entre tanto los me- 
dios convenientes para que el rey D.Pedro 
se apodere de Zaragoza. El viejo Aadalla 
en un monólogo da parte al auditorio de 
que él también está enamorado de Isabela, 
y luego que lo ha dicho se va. Sospechoso 
el rey de la conducta de Muley hace que le 
prendan. Jornada segunda. Lamberto y 
Engracia, padres de Isabela , Ana su her- 
mana y muchos cristianos vienen á pedirle 
que interceda por ellos con el rey. Véanse 
( prescindiendo de la poca delicadeza del 
padre de Isabela ) las prendas del lenguaje , 
estilo y armonía que embellecen esta si- 
tuación : 

Isabela. ¡ O padres á quien debo rcveren- 
¡ O santa perseguida compañía , [ cia ! 

Postrada sin razón en mi presencia , 
Espectáculo triste de este día ! 
¿ T)c qué manera puedo dar audiencia 
( Ni (]uicn seso tuviese la daría ) 
Viendo vuestros aspectos venerado.* 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



125 



A mis indignos pies así postrados ? 

Las rodUlas alzad del duro suelo , 
O revolved los ojos hechos ríos 
Al sumo plasmador de tierra y cielo, 

Y dirigid allá los votos pios , 

Y pues que mis entrañas no son hielo , 
Ni los hircanos tigres padres míos, 
Probad á conquistar otra dureza 

Con estos aparatos de tristeza. 

Que yo sin espectáculo presente , 
Cuando fuese mi muerte necesaria , 
Padeceré las penas obediente. 
¡ Obediente ! ¿qué dije? voluntaria ; 

Y por el bien común de nuestra gente 

Y daño de la pérfida contraria , 

Una muerte , mil muertes , y si puedo 
Muchas mas pasaré sin algún miedo. 

Lamberto. Pues oye. Bien sabemos cuan 
En amorosas llamas al rey tienes , [rendido 

Y cuan desesperado y ofendido 
Con tus castas repulsas y desdenes; 
Pero si tú con un amor fingido 
Sus locos pensamientos entretienes 

Y cebas la esperanza lisonjera , 
Al yugo volverá la cerviz fiera. 

Asi que con hacer lo que te digo , 
Queda la voluntad del rey por tuya ; 
Harás que no prosiga su castigo 
Ni de la dulce patria nos escluya. 
Puedes asi vencer al enemigo , 
O darnos ocasión que se atribuya 
A sola tu dureza nuestra pena , 

Y digan : Isabela nos condena. 

Al rey por cierto tiempo fingir puedes 
Precisa castidad tener votada, 

Y que cuando del voto libre quedes 
La prenda le darás tan deseada. 

En este medio tiende astutas redes , 
Suspiros, llantos, vistas regaladas. 
Palabras tiernas , cebo de estas cosas , 

Y lágrimas si puedes amorosas. 

Si ves la perdición de los cristianos 
No basta , que bastar sola debia , 
Ni la muerte cruel de tus hermanos , 
La de tu vieja madre , ni la mia : 
Por el que puso en cruz las santas manos 
( Hijo del Padre Eterno y de María ) 
Te conjuro, te ruego, pido y mando 
Que muestres á mis ruegos pecho blando. 

Engracia. ¿Porqué dilatas tanto la res- 
puesta ? 
¿Aguardas por ventura que te pida, 
Besándote los pies y descompuesta , 
Merced á voces de mi corta vida? 
-¿O gustas de mirar ante ti puesta 
Esta misera gente perseguida? 
Di , que solemnidad del pueblo quieres 
Que tanto la respuesta nos difieres. 

Mira que si salimos de los muros. 
Por el segundo César fabricados, 
( A mas que no saldremos muy seguros 



De ser todos ó muertos ó robados , 
Porque jamas los bárbaros perjuros 
Observan ley ni pactos concertados) 
La sagrada ciudad queda desierta 

Y nuestra religión en ella muerta. 
El templo de la Virgen quedaría , 

Sí no por los cimientos derribado , 
A lo menos con vicios cada día 
De los odiosos moros profanado , 

Y todo su tesoro se daría 

En manos del sacrilego malvado , 
Reliquias y devotos simulacros. 
Todos los ornamentos al fin sacros. 

Harán de las dalmáticas jaeces 
A los fieros caballos andaluces , 
Con las borlas pendientes , que mil veces 
Acompañaron clérigos y luces, 

Y para refirmar los pies soeces 
El oro servirá de nuestras cruces , 
Haciendo de él labradas estriberas 
Quizá con las historias verdaderas. 

¿Será posible pues que tú permitas 
Con daño de los tuyos infelices, 
Que solas permanezcan las mezquitas 

Y que sus ignominias autorices? 
Tú , tú de la ciudad sagrada quitas 
La religión cristiana y sus raices; 
Tu dura pertinacia nos deslíerra , 

Y no la del tirano de la tierra. [ basta , 
/s«6. Nomas, no mas, queridos padres. 

Si no queréis sin vida verme luego , 
Que donde la razón asi contrasta 
Poca necesidad hay de tal ruego. 
Yo pues con intención sincera y casta 
( Solo por procurar nuestro sosiego) 
Al fiero rey daré de amor señales 
Fingidas, sí fingirse pueden tales. 
Lamb. La bendición de Dios omnipotente 

Y la nuestra también recibe ahora : 
Tu nombre se dilate y acreciente 

En cuanto mira el cielo y el sol dora ; 

Y sí es ya de creer que alguna gente 
Debajo del ignoto polo mora , 

Allá tus alabanzas se dilaten 

Y con admiración lodos la traten. 

Engr. Estos maternos brazos lo primero 
Recibe por señal de lo que siento , 
Sírvante de collar, bien que grosero , 
Pero lleno de amor y de contento : 
Que en otro tiempo mas feliz espero, 
Con mayor aparato y ornamento , 
Mejorar estos dones , y tu cuello 
Ceñirle del metal de tu cabello. 

Un Viejo. Tus obras cantaremos escelen- 
Sí bien á la desierta Libia vamos , [ tes , 
O bajo de la zona ios ardientes 

Y no sufribles rayos padezcamos ; 

Y nuestra sucesión y descendientes 
Darán las mismas gracias que le damos : 
Los niños con su lengua ternczuela 
Repetirán el nombre de Isabela. 



424 



CATÁLOGO 



Después de esta afluencia épica , Adulce, 
moro valemiano, sale d contar íi los Arbo- 
les, en muy buenos versos, como habiendo 
venido á Zaragoza á pedir socorros para 
recuperar el trono que le han usurpado, 
se enamoró de la inranta Aja, hermana del 
rey , y que hace ya tres años que él se la- 
menta y ella no le escucha. 

Tres veces os lio vislo , venios plañías , 
De vuestras frescas linjas adornadas : 
Tres veces descompuestas , y otras lautas 
De flores y de frutos coronadas, 
Después que la soberbia sobre cuantas 
Han sido por lierniosas celebradas, 
Aja cruel ( origen de mi pena ) 
A mi dura cerviz puso cadena. 

El rey se entristece viéndose precisado á 
quitar la vida h Muley , pero su confidente 
Audaila procura tranquilizarle , y le anima 
á que apresure la ejecución. Isabela pide 
al rey que revoque el decreto de destierro 
contra los cristianos: el rey se disculpa di- 
ciéndolc que ha consultado sobre ello á un 
santo alfaqui, del cual hace esta bella 
pintura: 

Yo vi con apariencia manifiesta 
Que no fué la respuesta por él mismo , 
Mas por algún espíritu compuesta , 
Como si alguna furia del abismo 
,^ Al sabio las entrañas le royera , 
O como que le loma parasismo. 
Con los mismos efectos y tal era 
La presencia del viejo cuando vino 
A darme la respuesta verdadera. 
Andaba con furioso desatino 
Torciéndose las manos arrugadas, 
Los ojos vueltos de un color sanguino. 
Las barbas, antes largas y peinadas, 
Llevaba vedijosas y revueltas 
Como de fieras sierpes enroscadas. 
Las locas que con mil nudosas vueltas 
La cabeza prudente le ceñían, 
Por este y aquel liornbro lleva sueltas. 
Las berrendas palabras parecían 
Salir por una trompa resonante , 
Y que los yertos labios no movían. 
Si quieres que tu dios, ¡o rey ! levante 
La rigurosa diestra , dijo, mira 
El medio que será solo bastante. 

Isabela, oyendo decir al rey que la muerte 
de Muley está decretada , se ofrece á morir 
por su amante , lo cual solo sirve de irri- 
tar la cólera del rey, que la manda llevar á 
una prisión La infanta Aja .saUá decir en 
un soliloquio que cslú enamorada de Mu- 



ley, á quien el rey su hermano va á quitar 
la vida. Llega Adulce, y ella reconociendo 
cuan ingrata ha sido h su amor, le pide 
que liberte á Muley del peligro que le ame- 
naza, y Adulce promete complacerla. Jor- 
nada tercera. El viejo Audaila, desprecia- 
do de Isabela , acelera su muerte y la de 
Muley : la hoguera en que han de ser que- 
mados está ya dispuesta, ella le pide que 
le permita ver á sus padres y á su hermana : 
Audaila se lo concede , y se descubren tres 
cadáveres, que son los de Lamberto, En- 
gracia y Ana , sobre los cuales hace Isabela 
estreñios de dolor. Aja, desde un aposento 
de las torres del alcázar , descubre á lo le- 
jos el lugar del suplicio y el gentío que 
acude á ver morir á Muley é Isabela : to- 
davía espera que Adulce cumplirá su pa- 
labra, pero sobreviene un nuncio y le re- 
fiere la muerte de los amantes. Aja deses- 
perada premedita matar al rey. Azan y 
Zancala se cuentan el uno al otro la muerte 
de Audaila por haber sabido e! rey que es- 
taba enamorado de Isabela : Azan descu- 
bre la cabeza de Audaila destinada á ser 
pasto de los lebreles : Aja sale por un lado 
con un puñal y una luz en las manos, y 
por otra parte Selin, que le refiere como su 
señor Adulce acaba de matarse , no ha- 
biéndose atrevido á ser ingrato á los bene- 
ficios del rey , ni volver á la presencia de 
Aja sin haber cumplido lo que le prometió. 
Dicho esto presenta la cabeza de Adulce 
para que no dude la infanta de que su rela- 
ción es verdadera : ella en cambio le cuenta 
que acaba de malar á puñaladas á su her- 
mano el rey y que está resuelta á morir, 
para lo cual ruega á Selin que se encargue 
de ejecutarlo ; pero al ver que de ninguna 
manera quiere prestarse á ello , corre pre- 
cipitada y se lira desde lo alto de una torre 
á un profundo estanque. Aparécese glo- 
rioso el espíritu de Isabela : dice que ha" 
renacido como el fénix, y pide aplauso. 

Carece esta tíibula de unidad, sencillez , 
distribución y verosimilitud , y por conse- 
cuencia de ínteres. El rey , Audaila y Mu- 
ley enamorados de Isabela ; Aja é Isabela 
enamoradas de Muley ; Adulce enamorado 
de Aja, complican y embrollan la acción : 
ni el suplicio , ni la hoguera , ni tres cadá- 
veres y dos cabezas sangrientas en el teatro, 
ni el furor reciproco de morir y matar que 
reina en lodo el drama , sou medios sud- 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



125 



cíenles á producir la compasión trágica : 
solo pueden escitar el repugnante hastio 
del horror. Algunas escenas eslán muy 
bien escritas , pero en composiciones de 
esta natuialeza el lenguaje castizo, el estilo 
elegante , la versificación fluida y nume- 
rosa, aunque son partes muy necesarias, 
no son las únicas. 

1583. 

162. Tragedia La Alejandra. La escri- 
bió el autor en verso suelto , quintillas , ter- 
cetos, cuartetas y octavas. La Tragedia 
hace el prólogo. Los antecedentes de la ac- 
ción son estos. Acoreo , capitán de Tolo- 
meo, rey de Egipto, se rebeló contra su se- 
ñor, le mató y se apoderó del reino: pudo 
escapar felizmente del estrago el niño Oro- 
dante , hijo de Tolomeo, á quien crió Ré- 
mulo, y llegado á edad juvenil le introdujo 
en palacio y le hizo copero de Acoreo : este 
habiendo hecho morir ásu primera esposa, 
se casó con Alejandra , muger dolada de 
singular hermosura , de oscura familia y 
depravadas costumbres. Lupercio, íntimo 
privado de Acoreo y esclarecido capitán , 
adquirió gran poder en el reino : Alejan- 
dra estaba enamorada deéí , pero Lupercio 
despreciaba su amor por el de la princesa 
Sila, hija de Acoreo y de su primera esposa. 
Jornada j^rimera.Rémulo y Ostilo se pro- 
ponen hacer caer á Lupercio de la gracia 
en que está : Alejandra le solicita , él se 
resiste , ella le acosa, y solo la fuga puede 
salvarle de las instancias poco decentes de 
la reina. Ostilo y Rémulo declaran al joven 
Orodante su nacimiento ilustre con todas 
las circunstancias de la muerte de Tolomeo 
su padre , cuya camisa ensangrentada le 
presentan: Orodante jura venganza y dice: 

Por bandera real, por eslaudarle 
Llevar quiero contino esta camisa. 

Jornada segunda. Ostilo y Oroiiaate 
hablan de concierto á Acoreo : el primero 
le hace creer que Lupercio junta sus par- 
ciales para rebelarse y quitarle la co- 
rona : el segundo le dice que Alejandra le 
ha encargado que cuando sirva la copa le 
dé un veneno en ella : Rémulo conOrma á 
Acoreo cuanto los otros le han dicho. Lu- 
percio va á entrar al cuarto del rey y le 
detienen á la puerta, le hacen entregar la 
espada y le atan las manos con un cordel. 



Sale Acoreo , le habla sañudo y manda á 
los guardias que se le quiten de allí : luego 
que se recitan diez versos de ocho sílabas 
viene el nuncio refiriendo la muerte de 
Lupercio , con tales circunstancias que 
para verificarse hubieran sido menester 
muchas horas : allí traen la cabeza y los 
cuartos de Lupercio envueltos en un paño 
y la sangre en un cangilón Hace Acoreo 
que llamen á Alejandra, y luego que viene 
le dice que ha tenido sueños terribles, y 
que acabado sacrificar un toro á los dioses 
para tenerlos propicios : dicho esto , le hace 
que se lave las manos en la sangre que con- 
tiene el barreño : alzan el paño y reco- 
noce Alejandra la cabeza de Lupercio jun- 
tamente con el cuerpo hecho tajadas. Vase 
Acoreo y envia á Orilo su criado con un 
puñal , un cordel y una ponzoña para que 
Alejandra escoja lo que mas le convenga : 
toma el veneno y se lo bebe : Orilo avisa á 
Acoreo que viene inmediatamente para ver 
morir á la reina : ella le dice mil injurias , 
se parte la lengua con los dientes , se la 
escupe al rostro y muere. Suena rumor de 
guerra : Orilo cuenta al rey que Ostilo y 
Rémulo han amotinado al pueblo: Acoreo 
se dispone á la defensa : aparécesele el alma 
de Tolomeo y le anuncia próxima muerte. 
Jornada tercera. Sitiado Acoreo en el cas- 
tillo degüella con su espada á vista d'¿\ au- 
ditorio unos niños (no se sabe cuantos) 
hijos de los principales ciudadanos de Mén- 
fis, y tira las cabezas á los sitiadores. Dado 
el asalto se rinde el castillo: Orilo y Fabio 
matan á Acoreo y llevan la cabeza á Oro- 
dante, el cual los manda morir por trai- 
dores. La princesa Sila se asoma á una 
torre : Orodante le dice desde abajo que 
está enamorado de ella, y le ruega que le 
admita por esposo : Sila le dice que suba : 
él va en efecto lleno de dulces esperanzas, 
y cuando llega á abrazarla , cae muerto á 
puñaladas por ella: hecho estoy viendo la 
princesa que los parciales de Orodante van 
subiendo á la torre y que no le quedan me- 
dios para la fuga , se precipita de la torre 
abajo. La Tragedia vuelve á presentarse: 
recuerda á los espectadores la moralidad 
de la fábula y pide aplauso. 

Esta pieza es aun peor que la antece- 
dente , porque á la irregularidad de su 
plan y á la inverosimilitud de sus atroces 
caracteres y situaciones, se añade mayor 



126 



CATÁLOGO 



desaliño en el estilo y en los versos : tan 
mala es , que Lainpillas no se atrevió á 
disculparla en su Ensayo apologético , no 
obstante haber aplicado todo su ingenio 
sofistico á defender los desaciertos de la 
Isabela. Sedaño y Signorclli hablaron con 
imparcialidad de estas dos piezas en el 
Parnaso español y en la Historia de los 
teatros. 

163. Tragedia La Filis. No ha visto la 
luz pública todavía : si llegase á parecer 
seria de desear hallarla menos imperfecta 
que las otras dos, y mas digna de los elo- 
gios que á todas tres prodigó Cervantes. 

Lupcrcio Leonardo de Argensola nació 
en Barbastro de noble familia en el año de 
1565 : estudió juntamente con su hermano 
Bartolom'?, y en sus obras líricas manifestó 
su mucho talento , su erudición y delicado 
gusto. Fué secretario de la emperatriz 
Maria de Austria, gentilhombre de cá- 
mara del archiduque Alberto, y coronisla 
de Aragón. Pasó á Ñapóles con su familia 
y su hermano, sir\iendo al lado de D. Pe- 
dro Fernandez de Castro, conde deLemos, 
la secretaria de estado y guerra de aquel 
vireinato : aili murió en el año de 1613. 
Sus composiciones poéticas corren impre- 
sas con las de Bartolomé , y unas y otras 
son de lo mejor que han producido las 
musas españolas. Tenia veinte años cuando 
en el de 1585 se representaron en Zaragoza 
y en Madrid las tragedias de que se ha 
hecho mención , pero no se imprimieron 
entonces. Sedaño, en la citada colección de 
El Parnaso espaTiol , tomo VI, da mas 
larga noticia de la vida y circunstancias 
de este poeta , y á él se debe la publicación 
de la Isabela y la Alejandra , que hasta 
su tiempo estuvieron desconocidas. 

4586. 

16i. Miguel de Cervantes Saavedra. Co- 
media de la Amarante ó la de Mayo. 
Ks una de las veinte ó treinta comedias 
que compuso el autor antes del año 
de 1588. 

i 586. 

165. Comedia de El Bosque amoroso. 
Pertenece á la misma época, y solo nos ha 
•luedado la noticia de su titulo. 



Í587. 

166. Comedia de la única y bizarra 
Arsinda. Nada se sabe tampoco acerca de 
esta comedia. Cervantes hizo mención de 
ella como de las otras. 

Í587. 

167. Comedia La Confusa. De esta co- 
media dijo su autor que podia tener lugar 
por buena entre las mejores de capa y 
espada que hasta entonces se hablan re- 
presentado , y en otra parte dijo también , 
hablando de si : 

Soy por quien la Confusa , nada fea , 
Pareció en los tcalros admirable, 
Si eslo á su fama es justo que se crea. 

Tales elogios ( aunque en boca del mismo 
autor) hacen muy probable que si no era 
una composición cscelente, seria á lo rae- 
nos la mejor de todas las comedias que dio 
al teatro. Las que imprimió en el año de 
1015 no pertenecen al presente catálogo. 

Miguel de Cervantes Saavedra nació en 
Alcalá de Henares en el año de 155^7, y 
murió en Madrid en el de 1616 : estu- 
diante en la corle, soldado en Lepanlo, 
cautivo en las prisiones de Argel , soldado 
otra vez en Portugal y en las islas Azores ; 
papelista , recaudador, pretendiente de^~ 
atendido , escritor ingenioso , ameno y 
elegante, en una palabra , autor del Qui- 
jote; vivió en habitual pobreza, y lleno de 
años, de achaques, de obligaciones, de 
pundonor y de justos resentimientos, dejó 
muriendo á su patria ingratísima una 
acusación de que no han podido sincerarla 
los esfuerzos tardíos con que la posteridad 
ha querido honrar su memoria. En eí 
siglo anterior se ocuparon en reunir y pu- 
blicar las noticias de su vida algunos be- 
neméritos literatos, y entre ellos Majans, 
Ríos y Pellicer. Después de ellos D. Mar- 
tin Fernandez de Navarrete ha dado á luz 
con el ausilio de nuevos documentos la 
vida de aquel célebre novelista , obra de 
mucha erudición, que ha merecido justa- 
mente el aprecio de los aficionados al es- 
tudio de nuestri historia literaria, y de 
cuantos admiran el ingenio y los escritos 
del inmortal Cervantes. 



DE PIEZAS DRAMÁTICAS. 



i27 



Í587. 

168. Gabriel Laso de la Vega. Tragedia. 
La honra de Dido restaurada. Se in- 
fiere por el título que el autor, siguiendo 
el ejemplo de Virués, se atuvo á la histo- 
ria comunmente recibida de aquella reina, 
apartándose de la ficción de Virgilio. 

1387. 

169. Tragedia de la Destrucción de 
Constantinopla. No he visto esta pieza ni 
la anterior. Montiano dio noticias de en- 
trambas : se imprimieron en Alcalá de He- 
nares, año de 1587, en una colección inti- 
tulada : Romancero de Gabriel Laso de 
la Vega. 

Poca noticia se conserva de este autor : 



solo se sabe por lo que dice D. Nicolás An- 
tonio en su Biblioteca, que fué natural de 
Madrid, que ademas del libro citado ya . 
publicó un poema épico , intitulado Cortés 
valeroso ó la Mejicana, y que también 
escribió otras obras elocuentes é históricas, 
de las cuales la mayor parte quedó ma- 
nuscrita. 

« Entró luego el monstruo de naturaleza, 
« el gran Lope de Vega , y alzóse con la 
« monarquía cómica, avasalló y puso debajo 
« de su jurisdicción á todos los farsantes : 
« llenó el mundo de comedias propias , fc- 

« lices y bien razonadas y si algunos 

« (que hay muchos) han querido entrar á la 
« parte y gloria de sus trabajos , todos jun- 
« tos no llegan en lo que han escrito á l.i 
« mitad de lo que él solo. «—Cervantes. 



ORÍGENES 

DEL TEATRO ESPAÑOL. 

PARTE SEGUNDA. 



COLECCIÓN DE PIEZAS DRAMÁTICAS 

ANTERIORES Á LOPE DE VEGA. 



RODRIGO DE COTA. 



DIALOGO. 



Obra de Rodrigo Cota á manera de diálogo entre el Amor y un Viejo , que escarmen- 
tado de él, muy relraido se figura en una huerta seca y destruida, do la casa del placer 
derribada se muestra , cerrada la puerta en una pobrecilla choza metido, al que súbita- 
mente paresció el Amor con sus ministros , y aquel humildemente procediendo , y el 
Viejo en áspera manera replicando, van discurriendo por su fabla, fasta que el Viejo 
del Amor fué vencido. 



Viejo. Cerrada estaba mi puerto : 
¿A qué vienes , por dó entraste? 
Di, ladrón, ¿porqué saltaste 
Las paredes de mi huerta? 
La edad y la razón 
Ya de ti me han libertado : 
Deja el pobre corazón 
Retraído en su rincón 
Contemplar cual le has parado. 
La beldad de este jardín 
Ya no temo que la halles, 
Ni las ordenadas calles , 
Ni los muros de jazmín , 
Ni los arroyos corrientes 
De vivas aguas potables , 
Ni las albercas y fuentes , 
Ni las aves producientes 
Los cantos tan consolables. 
Ya la casa se deshizo 
De sotil labor estraña , 
Y tornóse esta cabana 
De cañuelas de carrizo. 
De los frutos hice truecos 
Por escaparme de tí , 
Por aquellos troncos secos , 
Carcomidos , todos huecos , 
Que parescen cerca mi. 
Sal del huerto, miserable , 
Ve á buscar dulce floresta. 
Que tú no puedes en esta 
Hacer vida deleitable. 
Ni tú ni tus servidores 
Podéis bien estar conmigo ; 
Que aunque estén llenos de flores , 
Yo sé bien cuantos dolores 
Ellos traen siempre consigo. 

Amor. En tu habla representas 
Que no me has bien conoscído. 

Viejo. Sí, que no tengo en olvido 
Como hieres y atormentas. 

Amor. Escucha, padre, señor, 



Que por mal trocaré bienes, 
Por ultrajes y desdenes 
Quiero darte grande honor : 
A tí , que estás mas dispuesto 
Para me contradecir ; 
Así tengo presupuesto. 
De sofrir tu duro gesto, 
Porque sufras mi servir. 

Viejo. Habla ya , di tus razones 
Di tus enconados quejos, 
Pero dímelos de lejos , 
El aire no me inficiones; 
Que según sé de tus nuevas , 
Si te llegas cerca mí , 
Tú farás tan dulces pruebas , 
Que el ultraje que hora llevas 
Ese lleve yo de tí. 

Amor. Comunmente todavía 
Han los viejos un vecino. 
Enconado, muy malino. 
Gobernado en sangre fría : 
Llámase melanconía 
Amarga conversación : 
Quien por tal estremo guia 
Ciertamente se desvia 
Lejos de mí condición. 
Mas después que te he sentido 
Que me quieres dar audiencia , 
De mi miedo muy vencido. 
Culpado, despavorido. 
Se partió de tu presencia. 
Este moraba contigo 
En el tiempo que me viste, 
Y por esto le encendiste 
En rigor tanto conmigo. 
Donde mora este maldito 
No jamas hay alegría , 
Ni honor, ni cortesía , 
Ni ningún buen apetito; 
Pero donde yo me llego 
Todo mal y pena quito, 



1.V2 



noDRiGO D1-: f:OTA. 



De los hielos saco fuego , 

Y á los viejos meto en juego , 

Y á los muertos resucito. 
Yo compongo las canciones , 
Yo la música suave , 

Yo demuestro al (¡ue no sabe 
Las Sutiles invenciones : 
Yo fago volar mis llamas 
Por lo bueno y por lo malo. 
Yo hago servir las «lamas, 
Yo las perfumadas camas , 
Golosinas y regalo. 
Visito los pobrecillos , 
Huello las casas reales , 
De los senos virginales 
Sé yo bien los rinconcillos : 
Mis pihuelas y mis lonjas 
A los religiosos alan : 
No lo tomes por lisonjas , 
Sino ve , mira las monjas, 
Verás cuan dulce me tratan. 
Yo hago las rugas viejas 
Dejar el rostro estirado , 

Y sé como el cuero atado 
.se tiene tras las orejas , 

Y el arte de los ungüentes 
Que para esto aprovecha : 
Sé dar cejas en las frentes , 
Contrahago nuevos diente.s 
Do natura los desecha. 

Yo las aguas y lejías 
Para los cabellos rojos , 
.\prieto los miembros flojos , 

Y do carne en las encías : 

Y la habla tremulenta , 
Turbada por senectud , 
Yo la hago tan esenta , 
Que su tono representa 
La forma de juventud. 
Kn el aire mis espuelas 
Fieren á todas las aves , 

Y en los muy hondos concaves 
Las repulías pequeñuclas. 
Toda bestia de la tierra 

y pescado de la mar 
So mi gran poder se encierra , 
Sin poderse de mi guerra 
Con sus fuerzas amparar. 
Pues que ves que mi poder 
Tan luengamente se csliende , 
Do ninguno se defiende 
No le pienses defender, 

Y á quien h buena ventura 
Tienen todos de seguir. 
Recibe , pues que procura 
No hacerle desmesura , 
Mas de muerto revivir. 

Vipjn Maestra lengua de engaños 



Pregonero de tus bienes, 
Dime agora, ¿porqué tienes 
So silencio tantos daños? 
Que aunque mas doblado seas 

Y mas pintes tu deleite , 
Estas cosas do te arreas 
Son deformes caras feas , 
Encubiertas del afeite. 

Y como te glorificas 

En tus deleitosas obras , 
¿Porqué callas las zozobras 
Do lo vivo mortificas? 
Di, maldito; ¿porque quieres 
Encobrir tal enemiga? 
Sábete que sé quien eres , 

Y si tú no lo dijeres 

Que está aquí quien te lo diga 
El libre haces cautivo , 
Al alegre mucho triste , 
Do ningún pesar consi.ste 
Pones modo pensativo : 
Tú ensuciaste muchas camas 
Con aguda llama fuerte , 
Tú mancillas muchas famas , 

Y tú haces con tus llamas 
Mil veces pedir la muerte. 
Tú hallas las tristes yerbas 

Y tú los tristes potages, 
Tú mestizas los linages, 
Tú limpieza no conservas , 
Tú doctrinas de malicia , 
Tú quebrantas leallad , 
Tú con tu carnal cobdicia 
Tú vas contra pudicicia 
Sin freno de honestidad. 
Tú nos metes en bollicio , 
Tú nos quilas el sosiego , 
Tú con tu sentido ciego 
Pones alas en el vicio. 
Tú destruyes la salud , 
Tú rematas el saber, 

Tú haces en senectud 
La hacienda y la virtud 

Y el autoridad caer. 

Amor. No me trates mas, señor, 
En contino vituperio, 
Que si oyeres mi misterio 
Convertirlo has en loor. 
Verdad es que inconveniente 
Alguno suelo causar, 
Porque de el amor la gente 
Entre frió y muy ardiente 
No saben medio tomar. 
Razón es muy conoscida 
Que las cosas mas amadas 
Con afán son alcanzadas 

Y trabajo en esta vida. 
La mas deleitosa obra 



DIALOGO. 



155 



Que en este mundo se cree ^ 
Es do mas trabajo sobra , 
Que lo que sin él se cobra 
Sin deleite se posee. 
Siempre uso de esta astucia 
Para ser mas conservado, 
Que con bien y mal mezclado 
Pongo en mí mayor acucia ; 

Y revuelto allí un poquito 
Con sabor de algún rigor 
El deseo mas incito , 
Que amortigua el apetito 
El dulzor sobre dulzor. 
Por ende si con dulzura 
Me quieres obedescer, 
Yo haré reconoscer 

En ti muy nueva frescura : 
Ponerte he en el corazón 
Este mi vivo alborozo , 
Serás en esta ocasión 
De la misma condición 
Que eras cuando lindo mozo. 
De verdura muy gentil 
Tu huerta renovaré , 
La casa fabricaré 
De obra rica y sotil. 
Sanaré las plantas secas 
Quemadas por los friores : 
En muy gran simpleza pecas , 
Viejo triste , si no truecas 
Tus espinas por mis flores. 

Viejo. Allégate un poco mas : 
Tienes tan lindas razones. 
Que sofrirte he que me encones 
Por la gloria que me das. 
Los tus dichos alcahuetes. 
Con verdad ó con engaño. 
En el alma me los metes 
Por lo dulce que prometes 
De esperar en todo el año. 

Amor. Abracémonos entramos 
Desnudos , sin otro medio, 
Sentirás en ti remedio 

Y en tu huerta frescos ramos. 

Viejo. Vente á mí, mi dulce Amor, 
Vente á mis brazos abiertos : 
Ves aquí tu servidor 
Hecho siervo de señor 
Sin tener tus dones ciertos. 

Amor. Hete aquí bien abrazado : 
Dime, ¿qué sientes agora? 

Viejo. Siento rabia matadora, 
Placer lleno de cuidado, 
Siento fuego muy crescido. 



Siento mal y no lo veo , 
Sin rotura estoy herido : 
No te quiero ver partido , 
Ni apartado te deseo. 

Amor. Agora verás, don Viejo, 
Conservar la fama casta : 
Aquí te veré do basta 
Tu saber y tu consejo. 
Porque con soberbia y riña 
Me diste conlradicion. 
Seguirás estrecha liña 
En amores de una niña 
De muy duro corazón. 
Amarás mas que Maclas, 
Hallarás esquividad , 
Sentirás las plagas raias, 
Fenesciendo viejos días 
En ciega cautividad. 
Viejo triste entre los viejos , 
Que de amores te atormentas, 
Mira como tus artejos 
Parescen sartas de cuentas, 

Y las uñas tan crescidas. 

Y los pies llenos de callos , 

Y tus carnes consumidas, 

Y tus piernas encogidas 
Cuales son para caballos. 
Amargo viejo, denuesto 
De la humana natura , 
¿Tú no miras tu figura 

Y vergüenza de tu gesto ? 
¿ Y no ves la ligereza 
Que tienes para escalar? 

¡ Qué donaire y gentileza ! 
¡ Y qué fuerza y qué destreza 
La luya para justar! 
¡ Quién te viese entremetido 
En cosas dulces de amores , 

Y venirte los dolores 

Y^ atravesarse el gemido ! 
Depravado y obstinado, 
Deseoso de pecar : 
Mira, malaventurado, 
Que te deja á ti el pecado , 
Tú no le quieres dejar. 

Viejo. Pues en tí tuve esperanza 
Tú perdona mi pecar : 
Gran linage de venganza 
Es las culpas perdonar. 
Si de el precio de el vencido 
De el que vence es el honor, 
Yo de ti tan combalido 
No seré flaco, caido. 
Ni tú fuerte, vencedor. 



JUAN DE LA ENCINA. 



ÉGLOGA. 



Representada en la noche postrera de carnal (que dicen de antruejo , ó carnestollendas) 
á donde se introducen cuatro pastores llamados Beneito é Bras, Pedruelo é Moriente : é 
primero Beneito entro en la sala, donde el duque é duquesa estaban , é comienzo mucho 
á dolerse c acuitarse, porque se sonaba que el duque su señor se habia de partir á la 
fíuerra de Francia , é luego tras él entró el que llamaban Bras, preguntándole la causa de 
su dolor, é después llamaron á Pedruelo, el cual les dio nuevas de paz, é en fin vino 
Liorienle , que les ayudó á cantar. 



Beneito. ; Oh triste de mi, cuitado. 
Lacerado ! 

Noramala acá nasci : 
¿Qué será, triste de mi, 
Desdichado? 
Ya no hay huzia, mal pecado. 

Bras. ;Ha! Beneito del Collado, 
¿Dónde vas? 

Ben. Miefé, miefé, miefé, Eras, 
De muerte voy debrocado. 

Bras. Debrocado ya y mortal. 

Ben. É aun bien tal. 

Bras. En mal hora é en mal punto : 
Dome á Dios que estás diTunto. 

Ben. ¡ Ay ! zagal. 
No sabes aun bien mi mal. 

Bras. Tu gesta bien da señal 
De muy malo. 

Ben. Ya mas seco estoy que un palo, 
Que es mi mal mas desigual. 

Bras. ¿É de qué se le achacó? 

Ben. No faltó : 
De cuido, grima y cordojo. 

Bras. Asmo que debe ser ojo. 

fíen. Miefé, no : 
Dése mal no peco yo. 

Bras. ¿Desde cuándo te tomó 
Tu accidente? 

fíen. Desde que primeramente 
I na nueva se sonó. 
L tal nueva descutir 
Es morir. 

Yo siempre Manteo é cramo : 
Que se suena que nuestramo 
Se quiere á las Franelas ir. 

fírns. Eso yo lo oi decir 
Por muy cierto, 
Anips mucho de mes muerto. 
K que f| marzo ha de partir. 

Ben. Dime, Rra>, ¿qué sentiremos 



Si lo vemos, 

Que se parte é que nos deja? 

Cuando un poco que se aleja 

Ya creemos 

Que del todo nos perdemos. 

Bras. Miefé, Beneito, rogucmos 
Por su vida , 

Que forzada es la partida , 
Por mas que nos quillotremos. 

Ben. ¡ Ah ! no praga á Dios contigo 
E aun conmigo, 
Si has de salir verdadero. 

Bras. ¿É tú dudas, compañero? 
Yo me obrigo 
Ser verdad lo que te digo. 

Ben. i Ay de mí ! tan sin abrigo 
Mi ganado , 

No quiere pacer bocado, 
Aunque lo lance en el trigo. 

Bras. ¡ Oh qué casta tan aguda 
La res muda 
Sentir el mal de su dueño ! 

Ben. Mi ganado en verme el ceño 
Se demuda 
Como persona sesuda. 

Bras. Beneito, no pongo duda. 
Que bien siento 
Que sentirás gran tormento 
En quillotranza tan cruda. 

Ben. Tan cruda dices, é cuanto 
Yo me espanto 
Como no soy muerto ya. 
En pensar que se nos va 
Ya no canto : 
Mi cantar es todo llanto. 

Bras. Juróte á sant Pedro santo 
Que lo creo : 
T.in deslumhrado le veo 
Que me pones gran quebranto. 

fíen. Quebranto malo nos vino 



ÉGLOGA. 



15o 



¡Ay ! mezquino. 

/iras. ¡ Oh cuan desalmado sos! 
Reguemos por él á Dios 
De conlino , 

Porque lleve buen camino : 
Que dome á Dios que magino. 
Si él va allá, 

Que muy gran Vitoria habrá, 
Que es muy diestro é de gran tino. 
_ Ben. Eso yo te lo aseguro , 
É aun te juro 
Donde fuere su pendón, 
Que no falte corazón 
Huerte é duro. 
Cual es fortaleza é muro. 

Bras. É aun con eso , no me curo 
Que se vaya 

Donde gran Vitoria traya 
Por su gran esfuerzo puro. 
É aun ahotas quel concierte 
De tal suerte 
La gente de su rebaño , 
Que en las Francias haga daño : 
Donde acierte 

No es menester otra muerte. 
Digo hey, 

Tiene gran cariño al rey, 
É el rey le quiere muy huerte. 
É por él se nos destierra 
A la guerra; 
Allá volará su fama. 

Ben. Acá quedará nuestrama 
En esta tierra. 
Donde todo el bien se encierra. 

Bras. Asmo que en toda la sierra 
Hasta agora 
IVunca se vio tal señora. 

Ben. Quien eso no cree yerra. 

Bras. Miefé yerra, é aun te digo 
Como amigo, 

Que de lo que mas me pesa , 
De nuestrama la duquesa, 
Que me obrigo 
Que sienta gran desabrigo. 

Ben. ; Ah ! no pese á sant Rodrigo, 
Que con eso 

Ya no tengo solo un hueso 
Que tengo salud conmigo. 
Todo , todo me desnudo 
Con gran duelo. 
Trasijado de cordojos , 
Hago laguna mis ojos 
Sin consuelo : 
Llanteando me desvelo, 
Allastrado por el suelo 
De pesar. 

No me puedo levantar 
A poder hacer un pelo. 



Bras. Calla, calla, dolorido. 
Pan perdido : 

Huzia en Dios que no se irá. 
Pediuolo nos lo dirá. 
Si es venido , 
Que hoy al mercado era ido. 

Ben. Por amor de Dios le pido 
Anda, Bras, 
Llámale , corre, verás 
Cual habrá nuevas oido. 

Bras. Que me prace , juro á mi. 
Guarda aqui. 
¡Ah! Pedruelo, ¿estás acá? 

Pedruelo. Acá estoy : asmo que ha. 

Bras. ¿Ques de tí? 
Fuístete, que no te vi. 

Pedr. Pues bien tarde me parli 
Del ganado. 

Bras. ¿Hoy ha sido buen mercado? 

Pedr. bueno, miefé, pues vendí. 

Bras. ¿Qué llevabas de vender? 
Ora ver. 

Pedr. Tres gallos é dos gallinas : 
Traje puerros é sardinas 
Por comer 
El domingo á mi prazer. 

Bras. Tal estaba 
Que no se me percordaba 
La cuaresma que ha de ser. 

Ben. Asi te vea logrado; 
Pues que vienes del mercado, 
Tú me da 
De las nuevas que hay allá. 

Pedr. Miefé, dicen que estará, 
Si á Dios praz. 
Ya Castilla é Francia en paz , 
Que ninguna guerra habrá. 

.Ben. ¿No habrá guerra? di, mozuelo, 
Di, Pedruelo. 

Pedr. No, que Dios anda en medio. 
É él quiere enviar remedio 
Desde el cielo. 
No tengas ningún rescelo, 
Toma, toma gran consuelo 
Que te prega. 

Ben. Yo te mando una borrega 
De las que andan al majuelo : 
Pues me das nueva tan buena , 
Por estrena 
Te la mando , si no mientes. 

Pedr. Dicenlo todas las gentes : 
Ya se suena , 
Toda la villa está llena. 

Ben. Hasme dado buena cena : 
Buenos ramos 

Habremos con nuestros amos 
Si Dios las paces ordena. 

Pedr. Yo lo doy por ordenado. 



136 



JL \.\ [H; LA L>CI>A. 



Dios loadu. 

Ben. Loado sea Jesú, 
Ruega , niégaselo tú 
Con cuidado. 

Que eres zagal sin pecado. 
Da cramor acelerado 
Con hemencia. 

Pedr. ¡Oh señor! por la crcmencia 
Danos tiempo paciguado. 

Bras. Todos, lodos nos juntemos 
Y cramemos 
Al Señor muy reciamente. 

Ben. Ves, allí viene Liorienlc. 

Pedr. Comencemos. 

Bras. No comiences , esperemos : 
Ven , Llorienle , cantaremos. 

Llorienle. Que me praz. 

Ben. Ruguemos á Dios por paz. 

Llor. Miefé, Beneito, roguemos. 

VILLANCICO. 

Roguemos á Dios por paz , 
Pues que de él solo se espera , 



Quél es la paz verdadera. 

El que vino desde el ciclo 
A ser la paz en la tierra . 
Él quiera ser dcsta guerra 
IN'uesira paz en este suelo. 
Él nos dé paz é consuelo , 
Pues que del solo se espera , 
Quél es la paz verdadera. 

JMucba paz nos quiera dar 
¥A que á los cielos da glorio , 
Él nos quiera dar Vitoria 
Si es forzado guerrear ; 
Mas si se puede escusar, 
Dénos paz muy placentera , 
Quél es la paz verdadera. 

Si guerras forzadas son , 
Él nos dé tanta ganancia, 
Que á la llor de lis de Francia 
La venza nuestro león ; 
Mas por justa petición 
Pidámosle paz entera , 
Quél es la paz verdadera. 



ÉGLOGA. 



Representada en recuesta de unos amores, adonde se introduce una pastorcita llamada 
Pascuala, que yendo cantando con su ganado entró en la sala adonde el duque é duquesa 
estaban , é luego después de ella entró un pastor llamado Mingo, é comenzó á requerilla, 
é estando en su recuesta, llegó un escudero que también fué preso de sus amores. Re- 
cuestando é altercando el uno con el otro , se la sonsacó é se tornó pastor por ella. 



Mingo. Pascuala, Dios te mantenga. 

Pascua/a.Norabuena vengas, Ming>. 
¿Hoy ques dia de domingo 
No estás con tu esposa Menga? 

Min. No hay quien allá me detenga. 
Quel cariño que te tengo 
Me pone un quejo tan luengo 
Que me acosa que me venga. 

Pas. ¡ Eh ! no praga á Dios contigo . 
É aun con tu esposa Menguilla : 
¿Cómo dejas tu esposilla 
Por venirte acá conmigo? 

Min. Soncas, soncas , ¿no te digo 
Que eres zagala tan bella 
Que te quiero mas que á ella? 
Dios lo sabe ques testigo. 

Pat. Miefé, Mingo, no te creo 
Que de mi estés namorado : 
Pues eres ya desposado. 
Tu querer no lo de«eo. 

Min. ¡ Ay Pascuala! que te veo 



Tan lozana y tan garrida. 
Que yo te juro á mi vida 
Que deslumhra si te oleo. 
É porque eres tan hermosa 
Te quiero : mira, verás. 
Quiéreme, quiéreme mas. 
Pues por tí dejo á mi esposa ; 
É toma, toma esta rosa 
Que para ti la cogí, 
Aunque no curas de mi. 
Ni por mi se le da cosa. 

Pas. ¡Oh qué chapados olores! 
Mingo, Dios te dé salud , 
É goces la juventud 
Mas que lodos los pastores. 

Min. É tú dasme mili dolores : 
Dame , dame una manija, 
O siquiera esa sortija 
Que traya por tus amores. 

Pas. Tirte, lirte allá, Minguill'j 
No te quillotres de vero; 



ÉGLOGA. 



157 



Hele viene un escudero, 
Vea que eres paslorcillo ; 
Sacude tu caramillo, 
É tu hondijo é tu cayado; 
Haz que aballas el ganado , 
Silva , hurria , da grilillo. 
Escudero. Pastora, sálvete Dios. 
Pas. Dios os dé, señor, buen dia. 
Esc. Guarde Dios tu galanía. 
Pas. Escudero, asi hagaá vos. 
Esc. Tienes mas gala que dos 
De las de mayor beldad. 

Pas. Esos que sois de cibdad 
Perchufais buerte de nos. 

Esc. Deso no tengas temor. 
Por mi vida, pastorcica, 
Que te hago presto rica 
Si quieres tener mi amor. 

Pas. Esas trónicas, señor, 
Allá para las de villa. 

f se. Vente conmigo, carilla. 
Deja, deja ese pastor. 
Déjale , que Dios te vala , 
No te pene su penar, 
Que no te sabe tratar 
Según requiere tu gala. 

Min. Estáte queda, Pascuala, 
No te engañe ese traidor 
Palaciego, burlador. 
Que ha burlado otra zagala. 

Esc. Hideputa , avillanado , 
Grosero, lanudo, brusco. 

Min. ¡ Ah! no praga Dios con vusco, 
Porque venis muy pendado. 

Esc. Cura allá de tu ganado. 
Calla, si quieres , matiego. 

Min. Porque sois muy palaciego 
Presumís de corcovado : 
¿Cuidáis que los aldeanos 
No sabemos quebrajarnos? 
No penséis de sobajarnos 
Esos que sois cibdadanos. 
Que también tenemos manos 
É lengua para dar motes. 
Como aquesos hidalgotes 
Que presumís de lozanos. 
Anda acá, Pascuala, vamos. 
No paremos , ques ya tarde. 

Esc. Por vida de quien... Aguarde- 
Porqué mas nos entendamos. 
Pas. Espera , Mingo , veamos. 
Esc. ¡Oh bendita tal zagala! 
Yo te doy mi fe, Pascuala, 
Que no nos desavengamos. 
Pénasme por solo verte 
É con tu vista me aquejas, 
Si tú te vas é me dejas 
Muy presto verps mi muerte : 



No me trates de tal suerte , 
Pues que yo te quiero tanto. 

Min. Juróle á sant Junco santo 
Que la quiero yo mas huerte. 

Esc. ¿Qué aprovecha tu querer, 
Que no tienes que le dar? 
Que la fe é el bien amar 
En las obras se ha de ver. 

M. Yo te juro á mi poder 
Que le dé yo mili cósicas , 
Que aunque no sean muy ricas 
Serán de bell parescer. 

Esc. Dime, pastor, por tu fe, 
¿Qués lo que tú le darás, 
ü con qué la servirás? 

Min. Con dos mili cosas que sé. 
Yo, mi fe, la serviré 
Con tañer, cantar, bailar. 
Con saltar, correr, luchar, 
É mili donas le daré. 
Daréle buenos anillos. 
Cercillos, sartas de prata , 
Buen zueco , buena zapata , 
É manguitos amarillos; 
Manto, saya, sobresaya 
É alfardas con sus orillas. 
Almendrillas é manillas. 
Para que por mi las traya. 
É frutas de mili maneras 
Le daré desas montañas. 
Nueces, bellotas, castañas, 
Manzanas, priscos é peras; 
Dos mili yerbas comederas, 
Cornezuelos, boliginas, 
Pies de burro , zapatinas , 
É gavanzas é acederas. 
É aun daréle p.ijarillas. 
Codornices é zorzales , 
Gergueritos é pardales , 
Pegas, tordos , tortolillas. 
¿Cómo no te maravillas? 

Esc. Calla , calla , que es grosero 
Todo cuanto tú le das : 
Yo le daré mas é mas. 
Porque mas que tú la quiero. 

Min. Micfé, señor escudero, 
Ella diga quién le agrada, 
É de aquel sea adamada. 
Aunque yo la amé primero. 
Esc. Pláceme que sea así , 
Pues que quieres que asi sea ; 
É luego, luego se vea 
Antes que vamos de aquí : 
É tú mesmo se lo di 
Porque después no te quejes; 
Mas cumple que me la dejes 

Si dice que quiere á mi. 
Min. Asi te mantenga Dios , 



138 



JUAN DE LA ENCINA. 



Pusrunlu , (|tic tú iius digas , 
K por la venlüd le sigas, 
A cuál quieres mas tic nos. 

I'as. Miefé , de vosotros dos , 
Escudero , mi señor, 
Si os queréis tornar pastor 
Mucho mas os quiero á vos. 

Esc. Soy contento é muy pagado 
De ser pastor ó vaquero : 
Pues me quieres é le quiero. 
Quiero cumplir tu mandado. 

Pus. Mi zurrón é mi cayado 
Jomad Iuef;o por estrena. 

Esc. Venga , venga enhorabuena , 
É vamos luego al ganado. 
É tú, Mingo, no le espantes, 
Descordoja tu cordoj^o. 
Aunque tengas gran enojo 
Ruégote que te levantes : 
IS'o te aquejes ni quebrantes, 
Pues que tan buen zagal eres. 
Seamos, si tú quisieres, 
Amigos mejor que de antes. 

Min. Mucho me pena esta llaga 
Cuando bien bien me percato ; 
Mas pues ya sois de este hato , 
Buena pro, señor, os haga. 
Ya muy poco espacio vaga : 
Quedad si queréis quedar. 



Que yo voy á repastar. 
Esc. Vamos todos, Dios le praga. 

VILLANCICO. 

Repastemos el ganado : 
llurriallá, 
Queda, queda, que se va. 

Ya no es tiempo de majada , 
Ni de estar en zancadillas : 
Salen las siete cabrillas. 
La media noche es pasada, 
Viénese la madrugada : 
Hurriallú, 
Queda, queda, que se va. 

Queda , queda acá el vezado , 
Helo va por aquel cerro : 
Arremete con el perro , 
É arrójale tu cayado. 
Que anda tan desmandado : 
Ilurrialiá, 
Queda , queda , que se va. 

Del ganado derreniego , 
É aun de quien guarda tal bato, 
Que siquiera solo un rato 
No quiere estar en sosiego. 
Aunque pese ora á sant Pego : 
Ilurrialiá , 
Queda, queda, que se va. 



ANÓNIMO. 



ÉGLOGA. 



PERSONAS. 



TORINO. 

GLILLARDO. 

QUIRAL. 



BENITA. 
ILLAKA. 



TORINO. 

¡ Oh grave dolor ! ¡ oh mal sin medida ! 
¡Oh ansia rabiosa, mortal de sufrirse! 
JNi puede callarse ni osa decirse 
El daño que acaba del todo mi vida. 
Mi pena no puede tenerse escondida, 
La causa no sufre poder publicarse. 
Ni para decirse ni para callarse , 
rsi entrada se halla ni tiene salida. 
Conténtate agora , amor engañoso , 
Pues todos tus fuegos con tanto furor 
Encienden y abrasan de un pobre pastor 
Sus tristes entrañas sin dalle reposo. 
Bien te podrás llamar vitorioso 
V^enciendo un vencido que quiso vencerse , 
De quien imposible le fué defenderse, 
Ni tú si la vieses serás poderoso. 
; Oh triste ganado que estás gin señor 
A solas paciendo! pues solo te dejo , 
Quejarte has de mi, también yo me quejo 
Del mal que sin culpa me hace el amor. 
No plangas perder tan triste pastor, 
De quien no esperabas ya buena pastura, 
Pues él ya no espera sino desventura ; 
Déjale á solas pasar su dolor. 
Agora reposo que solo me veo. 
Agora descanso enmedio mis males : 
¡ Oh lágrimas mias ! ¡ oh ansias moríales ! 
i Oh tristes sospiros con quien yo peleo ! 
La vida aborrezco, la muerte no veo, 
<Jue aun esa me niega su triste venir, 
V trueca el matarme con darme el vivir, 
Por no complacer mi triste deseo. 

GUILLARDO. TORINO. 

Gui. ¡Oh! doilas á huego que juras tama- 
Como este pastor descubre que siente: [ñas, 
Yo nunca vi en otro que estando doliente 
Dijese que se arden en él sus entrañas. 
Yo creo que tiene heridas estrañas : 
Qué, ¿querrán del todo con yerbas matallo 



Quiero buscar quien venga á curallo , 
Si puedo hallarle por estas cabanas. 
Quizá le ha mordido un perro dañado , 
O cualque animal ó lobo rabioso , 
Pues da tales vuelcos , ni tiene reposo , 
Y está de los ojos tan ciego y turbado. 
No ve do los deja zurrón ni cayado , 
Vertida la yesca , quebrado el rabel. 
¿O es el demoño que anda con él ? 
¿O cualque desastre que tiene el ganado? 
¡OhJ dolo á Dios y como no siente : 
Mayor es que sueño aqueste su mal. 
Allí me paresce que viene Quiral, 
Que le es gran amigo, y aun cabo pariente 
Quiero llamalle , zagal es valiente. 
Oyes, Quiral, allégate acá. 

QUIRAL. GLILLARDO. TORINO. 

Quir. Miefé, Guillardo, yo ya me iba allá, 
Que bien ha buen rato que lo tengo en miente. 

Gui. Pues yo te he llamado para hacerte 
Que vengas á ver tu amigo Torino, [ruego 
Que aqui le he hallado tan fuera de lino. 
Que dice que se arde en llamas de fuego. 

Qui. Quizá habrá perdido ó choto ó borre- 

Y está maldiciendo la res que le cria, [go, 
Gííi. No es ese el mal, Quiral, que él decia : 

Mayor es el daño de que él está ciego. 
¡ Oh ! sálvete Dios. 

Tor. Vengáis norabuena. 

Qtiir. ¿Qué sientes, Torino, que gimes 
tan huerte? 

Tor. Siento, pastores, el mal de la muerte, 

Y esta no llega por darme mas pena : 
Pasión me combate , razón me condena , 
Dolor me fatiga , tristeza me aqueja, 
Querría sanar, querer no me deja , 

Los males son mios , la causa es agena. 
Quir. ¿De qué desesperas ? ¿ Has algo seni - 
brado 
Que piensas pcrdello , ó quizá no nazca? 
¿O has miedo que falte lugar (tonde pazca 



i-W 



ANUMMO. 



En estos egidos tu poco ganado? 

Tor. No es ese, pastor, mi grave ruidado ; 
Mas verme ¡lenado de muerte lierido, 
De mano de quien me tiene aborrido , 

Y asi desespero de ser remediado. 

Gui. Ahotas que pienso que tu mal oteo , 

Y dudo que ereo que es mal de amorío : 
Dale al demoño tan gran desvario , 
Que mala la vida su solo deseo. 

Tor. Mayor es el daíio.Quiral, que poseo : 
Que en todos los males que sufro y consiento, 
Failescc esperanza y crece tormento, 

Y en todos los medios remedio no veo. 
íluillardo, Guillardo, mi mal es que adoro 
De amor á Benita , porque es mi señora : 
Mi vida la quiere , mi alma la adora , 

Y ella me trata peor que á un moro. 

Gui. ;0h: Dome á Dios, ¿y agora lo ignoro? 
Kso que dices querencia se llama 
Cuando algún zagal voz dice que ama : 
Ya yo lo saoia , mia fe . de coro. 
Pues hela aqui viene la que así te mata , 
Con otra zagala que se anda tras ella ; 
Levanta , Torino , y vamos á ella 
Por bajo estas matas , pues no se da cata ; 

Y pues que te quejas que ansina te trata , 
Abúrrela un tiro con este mi dardo. 

Tor. i Ay ! no plegué á Dios, amigo Gui- 
Que yo la merezca locar su zapata, [llardo, 

BEMT.\. ILLANA. TORINO. GUILLARDO. 
OLIRAL. 

Bcn. ¿Qué estáis ahí hablando á solas, 
pastores. 
Que así embebecidos estáis razonando? 

Tor. Mis males, señora, estamos contando. 
Que vos los hacéis ser siempre mayores. 

Ben. Torino, Torino , tú no te enamores 
En parte do nunca se sientan tus males; 
Que busques y sirvas tus pares iguales , 

Y allí verás tarde alcanzar favores. 

Tor. Mis ojos que han sido la puerta y es- 
Por do la hermosura hirió ron sus tiros, [cala 
Estos me, han hecho , señora , serviros : 
Lo que no merezco mi |)ena lo iguala. 
Si causa no tengo, razón no me vala. 
Pues que yo no quiero que mi mal merezca. 
Sino que queráis que yo le padezca. 
Que tal intención por cierto no es mala. 

Y pues que virtud en todo os es guia , 
Valer, merecer y mucha nobleza , 
No uséis conmigo de tanta crueza 
Porque rs imposible mudar mi [lorfia. 
Consejo no quiero , remedio (|uerria 

De vos, mi señora , de quien yo le espero, 
F,n veros doler de verme que muero , 

Y e.« vuestra la culiia, la pena es la mia. 



Ben. A mí no me placetu mal por mi vida. 
Así como dices según se te antoja : 
Tu pena y servicio en lodo me enoja. 
Pues df'jate de ello y tenerme has servida. 
A esto que digo razón me convida, 

Y mi honestidad (lue da inconvenientes; 
Que nunca vo mire el mal que tú sientes. 
Porque aunque mas sea mi estado lo olvida. 

Tor. Si tal fantasía me juzgan ser loca , 
Mas loco seria quien tal me juzgase. 
Que y, con mis ojos le viese y mirase 
Vería que es juslo mi vida ser poca; 
Que no puede menos, señora , mi boca 
Hacer que no diga del mal la ocasión , 

Y aunque ella quisiese trocar la razón , 
El fuego de dentro la causa provoca. 

Ben. Pues créeme, pastor, y haz lo que 

Y quédate á Dios con tu compañía, [digo, 
Tor. Miefé, Kenita , imposible seria, 

Que aunque aquí me dejas, allá voy contigo, 

Y tú aunque te vas, aquí estás conmigo, 
Que siempre en mis ojos tu figura está. 
Benita está aquí , Torino está allá : 

Si esto no crees la obra es testigo. 

TORINO. QLIRAL. GUILLARDO. 

Gui. Escucha, Quiral, yo nunca taM í : 
Benita se es ida, lllana con ella , 
Él se está aquí , diz que va con ella , 
La otra está allá , y diz que está aqui. 
Dios me defienda y me libre de tí. 
¿No eres Torino? Aquí te ha dejado. 

Tor. Mi cuerpo dejó, mí alma ha llevado, 
Que estando con ella uo parte de mí. 

Quir. Que no morirás : ¿qué estás ahí 
diciendo? 
Que amor aunque mate no acaba la vida . 

Y aunque su pena no tiene medida , 

A aquel que mas mata le deja viviendo. 

Tor. Yo eso que dices bieu claro lo en- 
licndo , 
Porque esa razón es muy verdadera 
Mas es que morir, contino que muera. 
Penando en la vida, mil muertes sufriendo. 

Quir. Mándeme lllana , pues que es tan 
hermosa , 
Que nunca la vea ni nunca la huya : 
Si quiere matarme, ¿mi vida uo es suya? 

Y si ella la mata será venturosa. 

¿ Pues no te parece que es bien poderosa 
Benita , que puede mandarte que mueras? 
Pues sirve, Torino, que nunca debieras 
En toda tu vida hacer otra cosa. 

VILI.A.NCICO. 

Nunca yo pensé que amor 



ÉGLOGA. 



141 



Con sus amores, 
De amor matase pastores. 
Tras galanes palaciegos 
Yo pensé que siempre andaba , 
Y no pensé que mataba 
Los pastores ni matiegos : 
Mas do van Iras sus borregos , 
Veo que con su dolor 
Les da dolores 



Con que los mata de amores. 

Con su nombre falso engaña 
Que parece que no es nada , 

Y de majada en majada, 

Y de cabana en cabana 
Va con su engañosa maña 
Prometiendo su favor, 

Y sus favores 

Matan después los pastores. 



BARTOLOMÉ 



DE TORRES NAHARRO, 



COMEDIA HIMENEA. 



HIMENEO. 
MARyíES. 
FEBEA. 
DORESTA. 



PERSONAS. 



BÓREAS. 

ELISO. 

TLRPEÜIO. 

Ca>tores. 



JORCADA I. 



HIMENEO. BORE.\S. ELISO. 

Him. (luanle Dios, señora mia . 
Vuestra graciosa presencia 
Mi sola felicidad ; 
Aunque es sobrada osadía 
Sin tomar vuestra licencia 
Daros yo mi libertad. 
Pero en mi primer miraros 
Tan ciego de amor me vi , 
Que cuando miré por mi 
Fué tarde para hablaros , 
Hasta agora 

Que de mí sois ya señora. 
Habeisme muerto de amores 

Y dejaisme aquí en la ¡daza 
Donde publique mis yerros; 
Como aquellos cazadores 
Que desque matan la caza 
La dejan para los perros. 
Donde quiera que me halle 
Diré siempre que es mal hecho , 
Pues yo vos guardo en mi pecho , 
Vos me dejéis en la calle. 

Bien me viene 

Que sin culpa muera y pene. 
Bor. ¿Aun agora comenzamos 

Y tantos duelos tenemos? 

TJim. ¿Qué hablas allá, villano? 
Bor. Digo , señor, que nos vamos, 
Que mañana tornaremos, 

Y quizá con mejor mano. 

Ilim. Mas vanie por la vihuela . 



Quizá diré una canción 
Tan envuelta en mi pasión , 
Que todo el mundo se duela , 
Sino aquella 
Que dolor no cabe en ella. 

Bor. Xo podrás, señor, tañer, 
Porque le falta la prima 

Y están las voces gastadas. 
ITím. No cures , hazla traer. 

Que el dolor que me lastima 
Las tiene bien concertadas. 

Bor. Aunque te sepa enojar 
Haremos bien de nos ir. 

Ilim. ¿Y es tiempo de ir á dormir? 

Bor. Y aun hora de levantar. 

Him. Calla , loco , 
Que en mis males sabes poco. 

Bor. Sepas que estás en error. 
Si tan grosero me hallas 
Como tú me certificas ; 
Pues de cierto sé , señor. 
Que con la pena que callas 
Es nada cuanto publicas. 

Y si mueres por tal dama 
Tienes muy justa querella , 
Pues otros mueren sin vella 
Que se ahogan en su fama , 
Con decir 

Que es la vida bien morir. 

El. Dile de eso y medraremos. 

Him. ¿Qué hablas allá entre dientes, 
Almahacen de negligencia? 

El. Que presto lo llevaremos 
Con los otros inocentes 
.\ la casa de Valencia. 

ffim. No medre quien te vistió. 



COMEDIA HIMENEA. 



ti5 



¿ Y á q^uién tienes de llevar? 
l'ú de mi debes hablar. 

El. Vos lo decis, que no yo. 

Him. ¡Oh borracho , 
Mal criado é sin empacho ! 

El. Mas, señor, pues que así es, 
Tu señoría provea 
Que ninguno aquí te halle ; 
Porque su hermano el marques 
De la señora Febea 
Visita mucho esta calle ; 
Trae muy buenos criados , 

Y tú los tienes mejores. 
Reniega de los amores, 
No vamos descalabrados. 

Him. Yo me quedo : 
Vayase quien les ha miedo. 

El. Si quieres , señor, probar 
Cuánto miedo les tenemos , 

Y saber cuánto nos tienen , 
Anda , vete á reposar ; 
Nosotros nos quedaremos 
A respondelles si vienen. 

Him. Pues catad que estéis velando, 
Porque vernán mas de dos. 

El. Vengan diez, cuerpo de Dios, 
Que no se irán alabando. 

Bor. Ya viniesen. 
Con tal que no nos huyesen. 

Him. Mientras no os enojaren 
No los corráis por agora. 
Que seria inconveniente ; 
Si no que si bravearen , 
Por amor de mi señora 
Los espantéis solamente. 

El. Ve con Dios , deja hacer. 
Que de todo les pornemos. 

Bor. Habla paso , y acordemos 
Lo que mas es menester. 

Him. Digo , Eliso , 
Haz que estés sobre el aviso. 

BÓREAS. ELISO. 

El. Muy modorro sois, amigo , 
Porque yo me sé guardar 
De los peligros mundanos. 

Bor. A la fe que estás conmigo. 
Hagamos por nos salvar 
Como dos buenos hermanos. 
Huigamos de esta congoja 
Y apartémonos del mal ; 
Que á la fe todo lo al 
Es andar de muía coja. 

El. Pues sabrás 
Que agora te quiero mas. 

Bor. Bien tengo que te decir 
De una cierta amiga mia , 
Que se deshace por mi ; 



Pero por no te mentir. 
Yo tengo en la fantasía 
Que no estamos bien aquí. 

El. Pues no temamos, par Dios , 
Aunque en tus cosas hablemos, 
Que si nada sentiremos 
Bien corremos todos dos, 

Bor. No sé nada. 
Mas si la calle es tomada... 

El. No temas , aunque eso sea , 
Que por las casas caídas 
Nos iremos con la luna , 

Y sin que nadie nos vea 
Salvaremos nuestras vidas, 

Y sin deshonra ninguna. 

Bor. Voto á Dios, que has dicho bien, 

Y que alabo tu razón. 
Pero mira aquel cantón 
Que paresce no sé quien. 

El. Ven seguro , 
Que era la sombra del muro. 
Bor. Mira bien á cada parle. 
El. Ya lo tengo bien mirado , 

Y es así como te digo. 

Bor. Pues de mí puedo jurarte 
Que no me había quedado 
Gota de sangre conmigo. 

El. Pierde agora esos temores 
Si no has perdido el correr, 

Y hazme tanto placer 

Que me cuentes tus amores ; 

Mientras vemos , 

Que partir no nos debemos. 

Bor. Pues que , hermano , tu deseo 
Mis cosas saber desea , 
La verdad de ellas es esta. 
Cuando nuestro amo Himeneo 
Se enamoró de Febea. 
Yo de su sierva Doresta. 

Y es tan hermosa doncella , 
Tanto gentil criatura , 
Que su ama en hermosura 
Puede bien vivir con ella; 
Mas es tal 

Que la juzgan sin igual. 

El. ¿Hasla hablado algún dia? 
¿Cómo sabes que te quiere? 
Guarda no pises abrojos. 

Bor. Sin hablalla juraría 
Que por verme pena y muere. 
Si no me mienten los ojos. 

Yo confio 

Que es su querer cual el raio. 

El. ¿Y no has leído aquel teslo . 
Que maldito debe ser 
Hombre que en hombre se fia? 
Pues si verdad es aquesto, 



\i4 



1!. I>K TORRES NAHARRO. 



Quien se fiase en miiger 
!Mny mas maldito seria. 
A la fe para gozailas 
Y no perderse tras ellas , 
Oillas y no crccllas , 
Saoudillas y dejallas. 
IN'o lo diffo 
Porque las soy enemigo. 

lior. Mucho tienes de grosero : 
IJien |)aresce , Eliso hermano , 
(Jiie aun no le conoscc amor ; 
Que pensarlas primero 
Que no está mas en su mano 
IJel >erdadero amador. 
Porque aquel que pena y muere. 
Si bien ama , y es así , 
No puede hacer de sí 
Sino lo que amor quisier?, 
Desque dio 

Su libertad á quien vio. 
Por ende no hables mas 
En juzgar vidas agenas , 
Pues das á muchos molestia ; 
Que si no quieres querrás, 

Y penarás si no penas , 

Y caerás de tu bestia. 
Pornás en amor tu fe 

Y alabarás sus fatigas , 
Por mucho que agora digas 
De esta agua no beberé : 
Que por damas 
Honramos vidas y famas. 

El. Bóreas, hermano mío, 
Recia cosa es la razón 
(Contra lenguas desarmadas , 

Y dicen que es desvario 
Dar coces al aguijón 

Y á la carreta pernadas. 
Acuerda si nos iremos. 

Que será bien que nos vamos , 

Y también que proveamos 
En buscar qué almorzaremos. 

lior. Nunca he gana 
De almorzar por la mañana. 

MARQUES. TIRPEDIO. 

Tur. ¿Quién va allá? ¿Jugáis do pies' 
Tornad un poco, galanes, 

Y llevaréis que contar. 
Mar. Turpedio. 
Tur. Señor. 

Mar. ¿Quién es? 

Tur. No sé cuantos rufianes 
Que andaban á capear. 

Mar. Mas si los has conosrido. 
Guarda no fuese Himeneo. 

Tur. Par Dios, señor, no lo creo, 
Porque no ovieran hui<lo. 



Mar. Antes, cierto, 
Huye de ser descubierto. 

Tur. Puede ser, mas aquí viene 
Cada noche y cada día 
Con músicas y alboradas. 

Mar. Si esa presunción él tiene , 
Voto á la virgen Mari;; , 
Yo le ataje las pisadas. 

l'ur. Déjale, señor, hacer. 
Que es usanza del palacio , 

Y es un modo de solacio 
Festejar y dar placer, 

Y un deporte 

Sin el cual no hay buena corte. 

Mar. Bien me place el festejar, 
Mas no en mi casa , par Dios , 
La verdad hora hablando , 
Porque tras de este cantar 
Yo sé bien que mas de dos 
Se quedan después llorando. 

Tur. Bien siento do van tus flechas. 
No temas aunque eso sea; 
Que la señora Febea 
No es de esas que tú sospechas. 
¡Qué doncella 
Para burlarse con ella! 

Mar. Tocaremos á la puerta 
Por ver qué hace siquiera ; 
No nos vamos sin hablalle. 

Tur. No estará , señor, despierta : 
Seria cosa grosera 
Dar voces hora en la calle. 

Mar. ¿Pues donde iremos agora? 

Tur. S'amos por la sillería, 
Que presto será de dia 
Y' abrirá aquella señora , 

Y aun haremos 

Que nos dará que almorcemos. 
Mar. No nos debemos partir. 
Que á esta hora suelen dar 
Las músicas y alboradas : 

Y si aquel ha de venir. 
No puede mucho lardar ; 
Oigamos sus badajadas. 

Tur. Si que no vienen campanas 
En las músicas que ordenan. 

Mar. Vernán badajos , que suenan 
Maitines por las mañanas. 

Tur. Sin mentir 
Por nos se puede decir. 
Porque ha diez horas , señor. 
Que andamos por la cibdad 
Sonando como badajos, 

Y cogemos poco honor, 
A decirte la verdad , 

De aquestos vanos trabajos. 
Bien es un poco por ende 
Pasear sobre la cena , 



COMEDIA HIMENEA. 



145 



Y es usanza justa y buena, 
Para mancebos se entiende : 
Lo demás 
Va muy fuera de compás. 

Mar. Pues yo te diré que sea. 
Vamonos iiora á dormir 
Lo que queda basta el dia : 
Quédese con Dios Febea, 
3Iañana podré venir 
A tentar su fantasía. 



JORXADA II. 



HIMENEO. BÓREAS. ELISO. Castores. 

Bor. No hay nadie. 
Him. Habla callando : 

Mira que tengo sospecha 
Que aun están por ahí. 

Bor. Yo los vi , señor, cantando 
Por esta calle derecha , 
Buen rato, lejos de aqui. 

Him. Pues, sus, buen hora es aquesta 
Si no duermen mis amores : 
Haz llegar esos cantores 
Y demos tras nuestra fiesta. 

El. Aqui vienen. 
• Him. Llámalos. ¿Qué se detienen? 

El. Caminad. ¿Qué estáis parados? 

Him. Callando, cuerpo de Dios, 
¿Qué voces son hora aquestas? 

El. Pues si los tengo llamados 
Una vez y mas de dos , 
¿Helos de traer acuestas? 

Him. No corrompas mis placeres. 
Por mi fe que nos oigamos : 
Aqui solo no riñamos , 
Y en casa cuanto quisieres. 

Cant. \°. ¿Qué haremos? 

Him. Señores , que comencemos. 

Cant. 1". Acaba con esos trastes. 

Cant. 2». Calla pues tú, majadero. 

Cant. 1". ¡Cómo sobras de cortés! 
¿Diremos lo que ordenastes? 

Him. Sí , bien. La canción primero, 
y el villancico después. 
Pero yo os ruego por tanto 
Que vaya la cosa tal. 
Que se descubra mi mal 
En vuestras voces y canto : 
Por ventura 
Se aliviará mi tristura. 



Cant. 1° y 2°. Tan ufano está el querer 
Con cuantos males padesce , 
Que el corazón ^e enloquesce 
De placer 
Con tan justo padescer. 

Cant. 1°. La pena con que fatigo 
Esme tan favorecida , 
Que de envidiosa la vida 
Ya no quiere estar conmigo. 
Ella se quiere perder : 
Vuestra merced lo meresce. 

Cant. 1° y 2°. Y el corazón se enlo- 
De placer [quesee 

Con tan justo padescer. 

Cant. 1° y 2°. Es mas preciosa ven- 
Vuestra pena [tura 

Que cualquiera gloria agena. 

Cant. 1". La pena que vos causáis , 
Los suspiros , el tormento , 
Con vuestro merescimiento 
Todo lo glorificáis. 

Cant. 1° y 2". Mas codiciosa dejais 
Vuestra pena , 
Que cualquiera gloria agena. 

Cant. 1°. Los que nunca os conos- 
Penarán por conosceros , [cieron 
Y los que gozan de veros 
Porque mas antes no os vieron. 

Cant. 1° y 2°. Que por mayor bien 
Vuestra pena , [tuvieron 

Que cualquiera gloria agena. 

Him. No mas, señores, agora, 
Dejemos para otro dia ; 
Poco y bueno es lo que place. 
También porque esta señora 
Se paró á la gelosia, 
Quiero saber lo que hace. 
Cant. 1°. Varaos. 
Cant. 2°. Vamos. 

Him. Id con Dios. 

HDIENEO. BÓREAS. ELISO. FEBEA. 

Bor. Ce, señor, buen tiempo tienes. 

Him. ¡ Oh mayor bien de los bienes! 
Es mi bien. 

Feb. ¿Mas quién sois vos? 

Him. Quien no fuese , 
Ni mas un hora viviese. 

Feb. No os entiendo , caballero. 
Si merced queréis hacerme, 
Mas claro habéis de hablarme. 

Him. Y aun con eso solo muero, 
Que no queréis entenderme 
Sino entender en matarme. 

Feb. Cómo os llamáis os demando. 

Him. Por las llamas que me dais, 
Del fuego que me causáis 

10 



i46 



B. DK TORRES NAHARRO. 



Lo podéis ir Irasliidando. 

Fcb. Genlilliomliro, 
Quiero saher vuestro nonibrc. 

lürn. Soy c\ (¡110 en veros me veo 
Devoto para adoraros , 
Contrito i>ara (lucroros. 
Soy aquel triste Himeneo , 
Que si no espero gozaros 
Ko quisiera eonoseeros , 
Poríjue en ser deseonoseida 
Me matáis con pena fuerte, 
Sabiendo que de mi muerte 
No podéis ser bien servida ; 
Pero sea , 
Pues |)or vos también se emplea. 

Fcb. Bien me podéis perdonar 
Que , cierto, no os conoscia. 

Ilim. Porque estoven vuestro olvido. 

Feb. En otro mejor lugar 
Os tengo yo todavía , 
Aunque pierdo en el partido. 

ílim. Yo gano tanto cuidado 
Que jamas pienso ¡¡erdello, 
Sino que con merescello 
Me paresec estar pagado ; 
Pues jiadezco 
Menos mal del que merezco. 

Feb. Gran compasión y dolor 
He de ver lanío ([uejiros. 
Aunque me place de oíros, 

Y por mi vida , señor, 
Querría poder sanaros 
Por tener en qué serviros. 

nim. Ojalá pluguiese á Dios 
Que queráis como podéis , 
Porque mis males sanéis, 
Que esperan á sola vos. 

Feb. Dios quisiese 
Que en mi tal gracia cupiese. 

íTim. Esa y todas juntamente 
Caben en vuestra bondad , 
Pues os hizo Dios tan bella ; 
Pero de esta solamente 
Tengo yo necesidad , 
Aurtque soy indigno de ella. 

Feb. Mas meresceis que pedís , 
Aunque lo que es no se; 
Mas de grado lo haré 
Si puedo como decís , 
Pero he miedo 
Que sin dañarme no puedo. 

Uim Pláceme, señora mía , 
Que me habéis bien entendido ; 
No os quiero mas detener; 
Vuestra misma fantasía 
Vos dirá que lo que pido 
Lo compra bien raí querer. 

Y las mercedes pesadas 



Que con fatiga se hacen. 
Son las que alegran y placen , 

Y las que son estimadas; 
De las cuales 

Todas las vuestras son tales. 

Feb. Pues sí puedo complaceros. 
Aclaradme en qué manera 
Porque tengáis cosa cierta. 

Ilhn. Que cuando viniere á veros 
En la noche venidera , 
Me mandéis abrir la puerta. 

Feb. Dios me guarde. 

JJ/m. ¿Qué, señora? 

¿Revocaisme ya el favor? 

F\'b. Sí, porque no me es honor 
Abrir la puerta íi tal hora. 

II i m. No son esas 
Vuestras pasadas promesas. 

Feí>.¿ Pues cómo queréis que os abra? 
Que en aquellos tiempos tales 
Los hombres sois descorteses. 

Ilim. Señora , no tal palabra : 
Sí queréis sanar mis males. 
No busquéis esos reveses. 
Ya sabéis que mis pasiones 
No me mandan enojaros, 

Y no debéis escusaros 
Con escusadas razones, 
De tal suerte 

Que me causáis nueva muerte. 

Feb. No puedo mas resistir 
A la guerra que me dais. 
Ni quiero que me la deis . 
Si concertáis de venir. 
Yo haré lo que mandáis 
Siendo vos el que debéis. 

Uim. Debo ser siervo y cautivo 
De vuestro merescimíento , 

Y así me parlo contento 
Con Id merced que recibo. 

Feb. Id con Dios. 

Him. Señora , él quede con vos. 

HIMENEO. BÓREAS. ELISO. 

Bor. Señor, pues has conseguido 
La merced que deseaste . 
Tan conforme á tu querar; 
Cúmplenoslo prometido. 
Pues sabes que nos mandaste 
Las albricias del placer. 

Him. Hermanos, de muy buen grado, 
Que es razón en lodo caso. 
Toma lú el sayo de raso , 

Y lú el jubón de brocado , 
Que otro día 

Yo os daré mejor valía. 
Bor. Dios ^aya de ti memoria 



COMEDIA HIMENEA. 



147 



Y acrcscfcnle tu vivir 
Con honra y fama sin par, 

Y te dé tanta victoria 
Que no tengas que pedir, 
Pues no te fiílta que dar. 

El. Yo no quiero tus brocados. 
Ni consiento , ni es lionesto 
Que quedes tú descompuesto 
Por componer tus criados. 
Ten cordura , 
Que tu largueza es locura. 

Bor. Bien dices. 

Him. No quiero yo. 

Sino daros esto y mas. 

El. No queremos un cabello. 

Him. ¿Porqué? 

El. Señor, porque no ; 

Sino aquello que nos das 
Te debes honrar con ello. 

Him. Pues callad, hermanos ralos. 
Sed los que sois por entero , 
Que yo os daré , si no muero , 
Mas que ropas y atavíos ; 
Que el amor 
Es de hermano y no señor. 

El. Por eso , señor, tomamos 
La voluntad por el hecho 
De tu mucha cortesía ; 
Mas si quieres que nos vamos, 
Sernos ha mayor provecho, 
Porque se hace de dia. 
Esta tarde tornaremos 
Yo y Bóreas paseando , 
Para ver disimulando 
Con qué esperanza vernemos. 

Him. Asi sea. 
Quede Dios con mi Febea. 

MARQUES. TÜRPEDIO. 

Tur. Ge, señor, oyes que digo , 
Veslos allá do han pasado , 
Que agora parten de aquí. 

Mar. Pese al diablo conmigo 
Porque nos hemos tardado , 
Que no se fueran asi. 

Tur. Déjalos , señor, andar, 
Tu señoría no pene. 
Porque la noche que viene 
No nos pueden escapar; 
Que haremos 
De modo que los tomemos. 

Mar. ¿Cómo se podrá hacer 
Que si yo la noche vengo 
Pueda ver toda la fiesta ? 
Porque aunque sepa perder 
La persona y cuanto tengo. 
Yo sabré qué cosa es esta. 



Y aun si le tomo con ella , 
Prometo á Dios verdadero, 

Y á fe de buen caballero , 
De matar á él y á ella; 
Que la vida 

Por la fama es bien perdida. 

Tur. Pues, señor, en conclusión 
A nos nos cumple venir 
Antes de ser prevenidos, 

Y detras de aquel cantón 
Estaremos á sentir 

Sin que seamos sentidos; 

Y de allí si estás alerta 
Le podrás bien ver entrar, 

Y asi podemos saltar 
Para tomalle la puerta ; 
Lo demás 

Se hará como querrás. 

Mar, Pues luego bueno seria, 
Sin que mas aquí tardemos , 
Que nos vamos á comer 

Y que durmamos el dia , 
Pues la noche velaremos 
Como será menester, 

Y aun venir acompañados 
Nos será cosa muy sana : 
Quizá vernemos por lana 
No tornemos trasquilados, 

Y por ende 

Vengamos como se entiende. 

Tur. Antes , señor, te prometo 
Que con ayuda de Dios, 
Tú y yo podemos bastar; 

Y también porque el secreto. 
Después que sale de dos , 

Es una cosa vulgar. 

Pues si no rescibes pena. 

Solos nos cumple venir 

Porque no des á sentir 

Si tu hermana es mala ó buena. 

Ten buen seso, 

Que su honra está en tu peso. 

Mar. Y aun por esto yo procuro 
Que aunque venga acompañado 
Me lo pague todavía. 

Twr. De aqueso yo te aseguro 
Que ningún enamorado 
Se pagó de compañía ; 

Y cuando bien la trajere 
Traerá sus dos criados. 
Que de sombras de tejados 
Huirán á cual mas pudiere. 

Mar. Ya se alcanza 
Hasta do llega su la:iza. 

Tur. Pues , señor, no nos curemo.s 
Ni de sus armas temamos , 
Pues que no son Aníbales. 
Vengamos como debemos. 



M8 



B. DE TORRES NAHARRO. 



Que nosotros dos bastamos 
Para cuatro lanzas tales. 

Mar. Bien me aconsejas por cierto, 
Yo me conGo de ti. 
Pero >Am()snos de aquí , 
No sientan nuestro coucierlo; 
Que en consejas 
Las paredes han orejas. 



JORXADA III. 



BORE.\S. ELISO. 

Bor. Pues , Eliso , hermano mió, 
No te quiero ser muy luengo , 
Ni sé si le enojarás; 
Mas con lo que en ti confio 
Y el gran amor que te tengo , 
Te diré lo que oirás : 
Por eso no te receles. 
Que los buenos servidores 
Han de ser á sus señores 
Muy leales y fíeles ; 
Mas no tanto 

Que se pongan del quebranto. 
Bien, te debes acordar 
Desde ayer á lo que creo. 
Nota bien lo que diré , 
Que no quisiste tomar 
Lo que te daba Himeneo , 
Ni yo por ti lo tomé. 
Ni me hagas entender 
Que aquella fué lealtad; 
Que es la mayor necedad 
Que nunca te vi hacer. 
Pues perdiste 

Lo que en diez años serviste. 
EL No tengas á maravilla 

Si no quise á dos por tres 

Lo que nuestro amo nos dio , 

Que cierto tengo mancilla 

l)e velle para quien es 

Mas pobre que tú ni yo. 

Si cuando rico se viere 

No se acordare de nos , 

Allá contará con Dios 

Cuando de este mundo fuere : 

Pues vivamos. 

Que no falta que vistamos. 
Bor. No das en todo el terrero , 

Ni por ahi te me escapas , 

Ni tienes razón ninguna ; 

Porque es un necio grosero 

Quien puede tener dos capas 

Y se contenta con una. 

Lo que somos obligados 



Es servir cuanto podemos , 

Y también que trabajemos 
En que seamos pagados ; 
De otra suerte 

Nuestra vida es nuestra muerte. 

El. Hermano, bien te he entendido. 
Por lo cual á tu mandado 
Me ternas continuamente, 

Y aunque tengo por perdido 
Todo el tiempo que he dejado 
De te ser muy obediente. 

Y pues ya tan claras son 
Mi mentira y tu verdad , 
Confieso mi necedad 

Y alabo tu discreción , 

Y de hoy mas 

Yo haré lo que verás. 

Bor. Mucho huelgo, hermano Eliso , 
Pues que reprueba: el mal 
Como de buenos se espera; 
Vivamos sobre el aviso. 
Que sin duda el hospital 
A la vejez nos espera 
Por lo cual te cumple, hermano, 
Que sin vergüenza ni miedo 
Cuando te dieren el dedo 
Que abarques toda la mano. 
Haz si puedes 
Que puedas hacer mercedes. 

El. Hermano, deja hacer. 
Que no quiero mas laceria 
De la que tengo pasada ; 

Y aun si recibes placer 
Dejemos esta materia 
Porque está bien disputada. 
Buen tiempo se nos ofrece , 

Y es cosa justa y honesta : 
Hablemos á tu Doresta 
Que á la ventana parece. 

Bor. Ya la veo , 

Y es cumplido mi deseo. 

El. Pues anda , vela á hablar : 
Yo quedaré de esta parte , 

Y escucharé desde aqui , 
Que me conviene notar 
Cfimo sabes requebrarte 
Para que aprenda de ti. 

Bor. No te burles aunque callo, 
Ni me tengas por grosero , 
Que en manos está el pandero 
De quien bien sabrá tocallo. 

El. Ve callando. 
Que ya nos está mirando. 

BÓREAS. ELISO. DORESTA 

Bor. Doresta , señora mia , 
Guardo Dios vuestra beldad 



COMJiDJA UlMENEA. 



M9 



Y vuestra gentil manera. 
Dor. Si no por la compañía, 

Yo os hablara , de verdad , 
De modo que no os pluguiera. 

Bor. ¿Porqué, señora Doresta? 

Dor. Porque no me motejéis, 
Que si otra vez lo hacéis 
JNo os placerá la respuesta. 
Que aunque fea 
No tengo envidia á Febea. 

Bor. Señora , no os deis fatiga 
Por yo decir una cosa 
Que dirá cualquier que os viere. 

Dor. Bóreas, ¿queréis que os diga? 
Cual me veis fea ó hermosa. 
Tal no falta que me quiere. 

Bor. Pluguiera , señora, á Dios 
En aquel punto que os vi. 
Que quisiera tanto á mí 
Como luego quise á vos. 

Dor. ¡Bueno es eso! 
A otro can con ese hueso. 

Bor. Ensajad vos de mandarme 
Cuanto yo podré hacer. 
Pues os deseo servir, 
Siquiera porque en probarme 
Conozcáis si mi querer 
Concierta con mi decir. 

Dor. Si mis ganas fuesen ciertas 
De quereros yo mandar. 
Quizá de vuestro hablar 
Saldrían menos ofertas. 

Bor. Si miráis , 
Señora, mal me tratáis. 

Dor. ¿ Cómo puedo mal trataros , 
Con palabras tan honestas 
Y" por tan corteses mañas? 

Bor. Como ya no oso hablaros, 
Que tenéis ciertas respuestas 
Que lastiman las entrañas. 

Dor. Por mi fe tengo mancilla 
De veros asi mortal. 
¿Moriréis de aquese mal? 

Bor. IS'o seria maravilla. 

Dor. Pues, galán. 
Ya las toman do las dan. 

Bor. Por mi fe que holgaría , 
Si como otros mis iguales 
Pudiese dar y tomar ; 
Rías veo, señora mia, 
Que recibo dos mil males, 

Y ninguno puedo dar. 

Dor. ¿Qué sabéis vos si los dais. 
Aunque no se da á entender? 
Como vos soléis hacer, 
Que sin dolor os quejáis. 

Bor. Plegué á Dios 
Que mi pena pene á vos. 



Dor. Vos andáis tras que publique 
Lo que está mejor secreto 
Para mi fama y la vuestra ; 
Pues sin que mas os suplique 
IVo queráis , pues sois discreto, 
Que haga tan loca muestra. 

Bor. Ao os quiero mas deservir, 
Pues algo pienso- entenderos, 

Y tendré que agradeceros 
Si me mandardes venir 
Hora cierta, 

Que no me neguéis la puerta. 

Dor. Tal cosa no me mandéis , 
Que modo ninguno veo 
De poder hacello así. 

Bor. Esta noche, si queréis, 
Cuando abriréis á Himeneo, 
3Ie podéis abrir á mí. 

Dor. Mejor vivan ella y él. 
Por eso perded cuidado. 
Que mi ama ha concertado 
Que ninguno entre con él. 

Bor. Pues haced 
Que me cumpláis la merced. 

El. Ha de ser para mañana. 
Vamonos, que eres prolijo. 

Bor. ¿Consentís, señora, vos? 

Dor. Señor, si , de buena gana , 
Pues que aquel señor lo dijo. 
Id con la gracia de Dios. 

Bor. Y en la vuestra quede yo 
Para mi consolación. 

Dor. Estad de buen corazón. 
Que Dios por todos murió. 

Bor. Pues , señora , 
Vos quedad mucho en buen hora. 

El. Bóreas, nunca creyera 
Que tanto bien alcanzabas 
En este penado oficio. 
Si por mis ojos no viera 
Cuando á Doresta hablabas 
Cuanto queda á tu servicio. 

Bor. Vamos, y no nos tardemos, 
Que nuestro amo está esperando. 

El. Bien podemos ir hablando , 
Que harto tiempo tenemos. 

TLRPEDIO. DORESTA 

Tur. Beso las manos , señora 
De mis secretos , por tanto. 
La muy hermosa Doresta. 

Dor. Señor, vengáis en buen hora. 
¿Para qué de chico santo 
Queréis hacer tanta fiesta ? 

Tur. Sois asi gran santo vos, 

Y en vos tal gracia hallaron , 
Que de cuantos os miraron 



VH) 



R. di: torres isaharro. 



Los mas us tienen pur üius , 

Y no (Iíí;o 

Lo qiR' sois para conmigo. 

Dar. ¡Oh , qué gracioso venis ! 
Nuestro Señor os bendiga. 
¿Sabéis mas que me decir? 

Tur. Si á mí, señora, decís, 
Sé que me sois enemiga 
Porque os deseo servir. 

Dor. ¿Mal lo hago todavía? 

Tur. So podéis peor haceilo. 

Dor. Pues de íioy mas, si pienso en 
Lo haré sin cortesía. [ello, 

Tur. ¿Qué haréis? 

Dor. Rogaros que me dejéis. 

Tur. Algún enamoradillo 
Sé que esperáis vos agora. 

Dor. Mas hombre que vos en lodo. 

Tur. Cierto, no me maravillo, 
Porque sois merecedora 
Del major que pisa lodo. 

Dor No seriades mochacho. 

Tur. Y aun hombre os paresccré. 

Dor. Dejadme por vuestra fe , 
Que no quiero vuestro empacho. 

Tur. Ni queráis, 
Ni de Dios salud hayáis. 

Dor. Pues yo vos prometo á Dios 
Que yo lo diga al marques, 

Y quizá por vuestro daño. 
Tur. Pues si tal sale de vos. 

Yo os daré tanto mal mes 
Que nunca os falte mal año. 

Dor. ¡ Veis qué rapaz sin mesura, 
Cómo tiene presunción! 

Tur. Pues voto al fuerte Sansón 
De daros mala ventura ; 
Que aquí está 
Quien (le vos me pagará. 

Dor. Pues no te tomes conmigo , 
Que no me espantan tus moles 
Por mucho que me amenaces ; 
Que si á lu amo lo digo 
Te hará dar mil azotes , 
Que es castigo de rapaces. 

Tur. Pues si alcanzarle pudiera , 
Por eso que agora dices. 
Te cortara las narices , 
Doña puerca , escopetera. 

Dor. Para vos. 

Tur. ¡Oh ! reniego , y no de Dios. 



JORIVADA IV. 



HIMENEO. BÓREAS. ELISO. 

Him. Pues agora , mis hermanos , 
Tú , Bóreas , y tú , Eliso , 
Lo hablado se os reflcre : 
Yo me pongo en vuestras manos. 
Ved que esleís sobre el aviso 
Mientras yo dentro estuviere. 

Bor. Señor, así lo haremos ; 
Eiilra tú con mano diestra. 
Que por tu fama y la nuestra , 
Si conviene, moriremos. 

Him. Yo lo creo. 

EL Tal es, señor, el deseo. 

Him. ¿Será tiempo de llamar? 

El. Es temprano cuanto quiera , 
Dejemos dormir la gente. 

Bor. Mas , señor, en tal lugar 
Quien tras tiempo tiempo espera. 
Tiempo vien que se arrepiente. 

Tlhn. Pues luego dad acá , vamos , 
Llegad conmigo y veremos. 

Bor. ¿Queréis, señor, que gastemos 
Lo que los dos concertamos? 
Que Febea 
Solo á tí, señor, desea. 

Him. Pues solo voy. 

El. Ve con Dios. 

BÓREAS. ELISO. 

Bor. Mas vaya con el diablo. 

El. No . que se va santiguando. 

Bor. Calla tú , cuerpo de nos; 
Cuanto yo concierto y hablo 
Tanto tú me vas gastando. 

El. No hago por cierto, hermano. 

Bor. Pues cuando llamar quería, 
¿Porqué de gran grosería 
Dijiste que era temprano? 
Que es locura 
Esperar mala ventura. 
Porque en aquestos conciertos 
Sí fuésemos afrentados 
Demorando aquí con él , 
Esperando somos muertos , 

Y huyendo, deshonrados. 

Y no sé qué fuera del. 
Mas solos de esta manera , 
Si quisiéramos huir. 
Podemos después decir 
Una mentira cualquiera. 
Mi consejo 
Seráguardar el pellejo. 

El. Dejemos esta cuestión. 



COMEDIA HIMENEA. 



151 



Y mira -que ya es entrado. 

Bor. ¿Pues qué tienes en la mente? 
El. Que me hables sin pasión, 

Y dejando lo pasado 
Hablemos en lo presente. 

Bor. Tengo tan poco sentido 

Y estoy tan fuera de mi , 
Que por no me ver aquí 
No quisiera ser nascido. 

El. Calla, hermano , 
Que te quejas muy temprano. 

Bor. ¡ Oh , que haga mal viaje 
Quien en tan fuerte jornada 

Y en tal congoja me mete ! 
Pues hombre de mi linage 
Nunca supo qué era espada, 
Ni broquel , ni coselete. 

Yo también soy mas que loco 
Por venir en tal lugar. 
Pues que no quiero matar. 
Ni que me maten tampoco. 

El. Cuerdo eres. 
Hagamos lo que quisieres. 

Bor. Que no esperemos batalla. 
Sino que luego nos vamos 
Por no ser muertos aquí. 

El. i Pues si sale y no nos halla? 

Bor. No fallará qué digamos. 
Si dejas hablará mi. 

El. Pues para todo hay remedio , 
Sin porqué no nos andemos, 
Cuando algo sentiremos 
Meteremos tierra en medio. 

Bor. ¡ Qué placer! 
¿Y quién no puede correr? 

El. ¿Cómo no? 

Bor. Porque no puedo , 

Que son las armas pesadas 

Y dejallas no osaré : 
También porque con e! miedo 
Tengo las piernas cortadas. 
Que moverme no podré. 

El. Pues deja, hermano Bóreas, 
Las armas con que te hallas, 
Porque quizá por salvallas 
Perderás cuero y correas , 

Y verás 

Cuan sin pena correrás. 

Bor. Pues si las armas perdiese , 
¿ Nuestro amo qué diría 
De cobarde y de judío? 
Que si escusa no tuviese 
Para dar, como cumplía, 
Me echaría en aquel rio. 

El. Pues sí no puedes con ellas. 
Dámelas para que buyas, 
Que las mías y las tuyas 
Yo daré mal cabo de ellas. 



Bor. Y la capa, 
¿Qué dirán si se me escapa? 

El. Para la capa ternas 
Dos mil escusas sobradas 
Para no poder salvalla, 
Que si tú quieres dirás 
Que jugando á cuchilladas 
Te fué forzado dcjalla. 
Porque los hombres de guerra , 
Para poderse valer , 
Primero de acometer 
Dejan la capa por tierra. 

Bor. Pues espera, 
Tendréla de esta manera. 

MARQUES. TURPEDIO. 

Tur. ¿Quién anda ahí? 

Mar. Mueran, mueran, 

¿Por dó van? 

Tur. Allá han traspuesto ; 

Mas la capa irá conmigo. 

Mar. Pese á tal , si no huyeran , 
Que por ventura de presto 
Llevaran un buen castigo. 

Tur. Mas, señor, ¿sabes que creo 
Que sabrás lo que deseas? 
Que esta capa es de Bóreas , 
Un criado de Himeneo. 

Mar. Di, ¿qué fué? 

Tur. Si, señor, en buena fe. 

Mar. ¿Cuántos eran? 

Tur. Solos dos : 

Y por la capa, señor. 
Son sus criados de aquel. 

Mar. Pues voto al cuerpo de Dios 
Que queda dentro el traidor. 

Tur. Sí tal es , doblen por él. 

Mar. Ven acá , que es de pensar 
De qué manera haremos. 

Tur. Señor, que luego llamemos, 
Pues que nos conviene entrar. 

Mar. Ciertamente: 
Se nos irá, si nos siente. 

Tur. ¿Pues quieres cosa mas cierta 
Por quitar este recelo 

Y acertar esta jornada? 
Da tú una coz á la puerta , 
Que des con ella en el suelo. 
Jugaremos de antuviada. 
Ningún temor se reciba 

Si entramos apercibidos , 
Que aun no seremos sentidos 
Cuando seremos arriba. 

Mar. Sus pues, vamos. 
Que ya sobrado lardamos. 
Dame esa capa tú á mí. 

Tur. Toma la rodela, aosadas. 



15:2 



11. DE TOKUES KAIIARRO. 



Mar. Dala acá, quf bien le enliciido. 
Tur. Pues si queréis asi, 

Y arrancadas las espadas 
Vamos diciendo y haciendo. 

Mar. Pues si viniere en tus manos 

Y le pudieres coger. 

Haz que no haya menester 
Médicos ni cirujanos. 
Tur, Lnira presto. 
Deja í\ mí hacer el resto. 



JORNADA V. 



.MARQUES. FEBEA. DORESTA. TIRPEDIO. 

Mar. ¡Oh! mala muger, traidora, 
¿Dónde vais? 

Tur. Paso, señor. 

Feb. ¡ Ay de mí , desventurada! 

Mar. ¿Pues qué os parece, señora? 
¿Para tan gran deshonor 
Habéis sido tan guardada? 
Confesaos con este page. 
Que conviene que muráis; 
Pues con la vida escusais 
Un tan antií^uo linage. 
Quiero daros , 
Que os doy la vida en mataros. 

Feb. Vos me sois señor y hermano 
( .Maldigo mi mala suerte 

Y el día en que fui nascida), 
Yo me pongo en vuestra mano, 

Y antes os pido la muerte 
Que no que me deis la vida. 
Quiero morir, pues que veo 
Que nasci tan sin ventura: 
Gozará la sepultura 

Lo que no pudo Himeneo. 

Mar. ¿Fué herido? 

Tur. No, que los pies le han valido. 

Feb. Señor, después de rogaros 
Que en la muerte que me dais 
No os mostréis todo cruel. 
Quiero también suplicaros 
Que pues á mi me matáis , 
Que dejéis vi^ir á él. 
Porque según lo atribuyo, 
Si sé que muere de esta arte. 
Dejaré mi mal aparte 
Por mejor llorar el suyo. 

Mar. Toca á vos 
Poner vuestra alma con Dios. 

Feb. No me queráis congojar 
Con pasión sobre pasión 
Kn mis razones finales; 
Dejadme, señor, llorar. 



Que descansa el corazón 
Cuando revesa sus males. 

Mar. Pues contadme en qué manera 
Pasa todo vuestro afán. 

Feb. Pláceme, porque sabrán 
Como muero, sin que muera, 
Por amores 
De lodo merecedores. 
Doresta. 

Dor. Ya voy , señora. 

Feb. Ven acá, serás testigo 
De mi bien y de mi mal. 

Tur. Señor, es una traidora. 

Dor. Tú , de bondad enemigo. 

Mar. Callad, hablemos en al. 

Feb. Hablemos como la suerte 
Me ha traído en este punto. 
Do yo y mi bien todo junto 
Moriremos de una muerte : 
Mas primero 

Quiero contar como muero. 
Yo muero por un amor, 
Que por su mucho querer 
Fué mi querido y amado. 
Gentil y noble señor. 
Tal que por su merescer 
Es mi mal bien empleado. 
No me queda otro pesar 
De la triste vida mía. 
Sino que cuando podia 
Nunca fui para gozar, 
Ni gocé 

Lo que tanto deseé. 
Muero con este deseo , 
Y el corazón me revienta 
Con el dolor amoroso; 
Mas si creyera á Himeneo, 
No muriera descontenta 
Ni le dejara quejoso. 
Bien haya quien me maldice. 
Pues lo que él mas me rogaba 
Y'o mas que él lo deseaba. 
No sé porqué no lo hice. 
¡ Guay de mi ! 
Que muero asi como así. 
No me quejo de que muero, 
Pues soy mortal como creo ; 
Mas de la muerte traidora. 
Que si viniera primero 
Que conociera á Himeneo, 
Viniera mucho en buen hora : 
Mas viniendo de esta suerte. 
Tan sin razón á mi ver, 
¿Cuál será el hombre ó muger 
Que no le duela mi muerte , 
Contemplando 

Porqué y dónde, cómo y cuándo? 
Yo nunca hice traición : 



COMEDIA HIMENEA. 



155 



Si maté, yo no sé á quién. 
Si robé, no lo he sabido; 
Mi querer fué con razón , 

Y si quise . hice bien 
En querer á mi marido. 
Cuanto mas que las doncellas. 
Mientra que tiempo tuvieren. 
Harán mal si no murieren 
Por los que mueren por ellas; 
Pues muriendo 
Dejan sus famas viviendo. 

Mar. Si temiereis el morir, 
Acordaos que en el nascer 
A todos se nos concede : 
Yo también oí decir 
Que es gran locura temer 
Lo que escusar no se puede. 

Y esta vida con dolor 
No sé porqué la queréis. 
Pues muriendo viviréis 
En otra vida mejor. 
Donde están 

Los que no sienten afán. 
En este mar de miseria 
El viejo y el desbarbado 
Todos afanan á una , 
Los pobres con la laceria , 
Los ricos con el cuidado, 
Los otros con la fortuna. 
No temáis esta jornada. 
Dejad este mundo ruin 
Por conseguir aquel fin 
Para que fuisteis criada; 
Mas empero 
Confesaos aqui primero. 

HIMENEO. BÓREAS. ELISO. MARQUES. 
FEBEA. DORESTA. TURPEDIO. 

Him. Caballero, no os mováis. 

Mar. ¿Cómo no? Mozo. 

Tur. Señor. 

Mar. Llega presto. 

Tur. Vesme aqui. 

H>m. No braveéis, si mandáis. 
Callad y haréis mejor. 
Si queréis creer á mí. [hombre? 

Mar. ¿Pues quién sois vos, gentil- 

Him. Soy aquel que mas desea 
La honra y bien de Febea , 

Y es Himeneo mi nombre, 

Y ha de ser, 

Pues que fué y es mi muger. 

Mar. Catad , pues sois caballero , 
No queráis forzosamente 
Tomaros lal presunción. 

Ilim. No quiera Dios , ni yo quiero 
Sino muy humanamente 



Lo que me da la razón : 

Y porque con la verdad 
Se conforme mi querella, 
Hagamos luego con ella 
Que diga su voluntad, 

Y con todo 

Hágase de aqueste modo. 
Que si Febea dijere 
Que me quiere por marido , 
Pues lo soy, testigo Dios , 
Que pues la razón lo quiere 
( No perdiendo en el partido ) 
Lo tengáis por bueno vos. 
Pues sabéis bien que en linage 

Y en cualquier cosa que sea , 
La condición de Febea 

Me tiene poco ventage , 

Y esto digo 

Porque vos sois buen testigo. 

Mar. Bien veo que sois iguales 
Para poderos casar, 

Y lo saben donde quiera ; 
Pero digo que los tales 
Lo debrian negociar 

Por otra mejor manera. 

Him. Ya sé yo poner tercero 
Donde fuera menester, 
Pero si tomo muger 
Para mi solo la quiero ; 
Pues así 

Quise engañarme por mi. 
Yo , señora , pues ordeno 
Que se quede lo pasado. 
Si bien mataros quisiera. 
Él hacia como bueno, 

Y le fuera mal contado 
Si de otro modo hiciera. 

Mar. No haya mas , pues que es ya 
Plegué al divino Mesías [fecho. 

Que le gocéis muchos días 

Y que os haga buen provecho ; 
Pues casasles 

Mejor de lo que pensastes. 

Him. Yo digo , pues que asi es, 
Que vos nos toméis las manos 
Por quitar estas zozobras ; 

Y si quisierdes después. 
Seamos buenos hermanos 

Y hagamos nos las obras. 
Mar. ¿Queréis vos? 

Feb. Soy muy contenta. 

Mar. Dad acá. 

El. Gracias á Dios. 

Bor. Sí, pues que hace por nos 
En sacarnos de esta afrenta. 

Mar. Pues veamos 
Qué será bien que hagamos. 

Him. Si vuestra merced mandare. 



Io4 



fí, DE TÜURES NAHARRO. 



Vamonos á mi posada , 
Sentirá mis ganas todas, 
Y según nlli ordenare 
Nombraremos la jornada 
Para el dia de las bodas. 

EL Pues antes (|uc u(iucso sea , 
Bóreas y yo, señores. 
Nos damos por servidores 
A la señora Febea. 

Fch. Por hermanos. 

Jior. Besamos sus pies y manos. 

EL También al señor marques 
Ofrecemos el deseo , 
Con perdón de lo pasado. 

Tur. Yo también , pues que así es, 
Me do al señor Himeneo 
Por servidor y criado. 

Feb. Mas porque nuestros afanes 
Nos causen cumplida fiesta, 
Casemos á mi Doresta 
Con uno de estos galanes. 

Mar. ¿Y con quien? 

JFe6. Con el mas hombre de bien. 

Him. Cada cual lo piensa ser. 

Feb. Por cierto todos lo son. 

Mar. Pues, señora, ¿qué remedio? 

Feb. Que la demos á escoger : 
Porque ella tiene afición 
A Bóreas ó á Turpcdio. 

Tur. Yo, señores, no la quiero. 

Dor. Malos años para vos. 

Tur. Pues voto al cuerpo de Dios... 

Mar. (]alla , rapaz majadero. 

Feb. No haya mas : 
Toma tú cual mas querrás. 

Ilitn. Yo tomo el cargo, señora. 
De casaros á Doresta 



Si se confia de mi : 
Dejémoslo por ahora. 
Vámosnos, que es cosa honesta 
No nos tome el sol aqui. 

Mar. Pues A Dios. 

Bim. No quiero nada . 

Mar. Sí señor. 

Him. Par Dios no vais. 

Mar. ¿Porqué no? 

Him. Porque vengáis 

A conocer mi posada , 
Holgaremos 
Que cantando nos iremos. 

Mar. Pláceme por vuestro amor, 
Si mi hermana vuestra esposa 
Nos hiciese compañía. 

Feb. Soy contenta. 

Him. Pues , señor, 

Cantemos alguna eos? 
Solamente por la vía. 

Mar. ¿Qué diremos? 

Him. De la gloria 

Queriente mi corazón 
Desque venció su pasión. 

Mar. Decid victoria , victoria : 
Vencedores, 
Cantad victoria en amores. 

Victoria, victoria. 
Los mis vencedores, 
Victoria en amores. 

Victoria, mis ojos. 
Cantad si llorastes. 
Pues os escapasles 
De tantos enojos : 
De ricos despojos 
Seréis gozadores. 
Victoria en amores. 



LOPE DE RUEDA. 

LA CARÁTULA. 

PASO. 



PERSONAS. 



ALAMEDA, simple. 



SALCEDO , su amo. 



Campo solitario. 



Al. ¿Acá está vuesa merced, señor mos- 
amo? 
Sale. Aquí estoy : ¿tú no lo ves? 
Al. Pardiez , señor, á no toparos, que no 
le pudiera encontrar aunque echara mas 
vueltas que un podenco cuando se viene á 
acostar. 

Sale. Por cierto. Alameda, que es ne- 
gocio ese que no se puede creer fácilmente. 
Al. A no creerme dijera que no está- 
bades en vuestro juicio, pues á fe que 
vengo á tratar con vuesa merced un nego- 
cio , que me va mucho en mi conciencia , si 
acaso me tiene cilicio. 
Sale. Silencio querrás decir. 
Al. Si , silencio será , pienso que... 
Sale. Pues di lo que quieres, que el lugar 
harto apartado es si ha de haber silencio ó 
cosa de secreto. 

Al. ¿ Hay quien nos pueda oir por aquí? 
Mírelo bien, porque es cosa de grande se- 
creuto, y en topetando que le topete, luego 
le conosciquerá vuesa merced como si se lo 
dijeran al oido. 
Sale. Que te creo sin falta. 
Al. ¿Pues no m'habia de creer siendo 
nielo de pastelero? 
Sale. ¿Qué hay? acabemos. 
Al. Hable quedo. 
Sale, ¿Qué aguardas? 
Al. Mas quedo. 
Sale. Di lo que has de decir. 
Al. ¿Hay quien nos escuche? 
Sale. ¿ No le habernos dicho que no ? 
Al. Sabed que me he hallado una cosa 
con que podré ser hombre, de Dios en 
ayuso. 

Sale. ¿Cosa de hallar, Alameda? Tu com- 
pañero quiero ser. 



Al. INo, no; solo me lo hallé, solo me lo 
quiero gozar, si la fortuna no me es ad- 
versa. , 

Sale. Amuestraqué te has hallado, ensé- 
ñanoslo. 

Al ¿Ha visto vuesa merced un cerní- / 
calo? 

Sale. Sí , muy bien. 

Al. Pues mayor es mi hallazgo con mas 
de veinticinco marevedís. 

Sale. ¿Es posible? amueslra á ver. 

Al. >'i sé si la venda, ni sé si.lampeñe. 

Sale. Amueslra. 

Al. A paso, á paso, mírela tantico. 

Sale. ¡Oh desventurado de mi! ¿que todo 
eso era tu hallazgo? 

Al. ¿Cómo? ¿no's bueno? Pues sepa 
vuesa merced que viniendo del monte por 
leña, me la'ncontré junto ai vallado del 
corralejo este diabro de hilosomia. ¿Y 
adonde nacen estas , si sabe vuesa merced? 

Sale. Hermano Alameda, no sé qué le 
diga , sino que fuera mejor que se le caye- 
ran las pestañas de los ojos antes que te 
acontesciera una desdicha tan grande. 

Al. ¿Desdicha es hallarse el hombre una 
pieza como esta? 

Sale. ¿Y cómo si es desdicha? >'o qui- 
siera estar en tu piel por todo el tesoro de 
Yenecia. ¿Tú conoces este pecador? 

Al. ¿Pecador es este? 

Sale. Dime, Alameda, ¿no tienes noticia 
del santero que desollaron los ladrones la 
cara por roballo, Diego Sánchez? 

Al. ¿Diego Sánchez? 

Sale. Si, Diego Sánchez; no me puedes 
negar que no sea este. 

Al. ¿Qu'est'es Diego Sánchez? ¡Oh des- 
dichada de la madre que me parió! ¿Pues 



Iíi6 



LOl'E DE RUEDA. 



cúmo no m'enoontrú Dios con unas aifriie- 
nas do ¡¡an , y no con una cara ríe un dt-so- 
llado? Ce, Diego Sánchez, Diego Sánchez: 
no, no pienso que responderá por mas vo- 
ces que le den. Y diga , señor, ¿([ué se hi- 
cieron de los larlrones? ¿halliu oídos? 

Sale. No los han hallado; pero sáhete, 
hermano Alameila, que anda la justicia 
muerta por saber quién son los delin- 
cuentes. 

Al. Y por dicha, señor, ¿soy yo agora el 
delincuente? 
Sale. Si , hermano. 
J/.¿Pues qué me har;\n si me cogen? 
Sale. El menor mal que le harán (cuando 
muy misericordiüsamenle se hayan contigo) 
será ahorcarte. 

Al. Ahorcarme , y después echarme han 
á galeras , y mas yo que soy algo ahogadizo 
de la garganta ; y asi por averiguado tengo, 
señor, que si me ahorcasen , se me quitaría 
la gana del comer. 

Sale. Lo que yo te doy por consejo, her- 
mano Alameda, es que luego te vayas á la 
ermita de Sanl Antón, y le hagas santero 
asi como lo era el otro cuitado, y de este 
arle la justicia no te hará mal ninguno. 

Al. Y dígame , señor, ¿cuánto me costará 
una tablilla y campanilla como aquella de 
aquel desdichado? 

Sale. No es menester hacella de nuevo, 
que la del pasado santero anda vendiendo 
el pregonero de la villa, y se la podrás com- 
prar : mas de una cosa tengo miedo. 

Al. Yo de mas de doscientas. ¿Y es la 
suya de qué? 

Sale. Que estando solo en la ermita, te 
podria asombrar alguna noche el espíritu 
de aquel cuitadillo; pero mas vale que te 
asombre á ti , que no que asond)res tú á 
otros colgado del pescuezo como podenco en 
barbacana. 

.1/. Y mas yo, qu'cn apretándome la 
nuez un poco no puedo resollar. 

Sale. Pues, hermano , anda presto, por- 
que si le tardas, |)odria ser que topases la 
justicia. 

Al. ¿Y qué se ha de hacer de aquesta fi- 
lomancia , ó qué es? 

Sale. Esta, déjala estar, no te topen con 
ella. 

Al. Pues yo me voy, rueguc á Dios que 
me haga buen santero : hora , sus, quedad 
noridjuena, señor Diego Sánchez. 

Sale. Agora menester será, pues le be he- 
cho encrejente á este animalazo que esta 
carátula es el rostro de Diego Sánchez, de 
hacelle una burla ."^obre ella, y es que vo 



me quiero ir á apañar con una sábana lo 
mejor y mas artificiosamente que pueda , y 
le saldré al encuentro, fingiendo que soy el 
espíritu de Diego Sánchez, y veréis qué 
burla tan concertada será esta. Sus, voiloá 
poner por obra. 

(KosyiK. Éntrase Saleedo, y sale Ala- 
meda, simple, vestido como de santero , 
con una lumbre en la mano y una cam- 
pa ni lia. ) 

Al. Para la lámpara del aceite , señores. 
Trabajosísima cosa es el hombre santero, 
que nunca se mantiene sino de mendrugos 
de pan : que no parezco sino gozque de co- 
nejero, que lo matan de hambre porque 
cace mejora sabor; y mas que los gozques 
que solia tener por amigos , como me ven 
con este trage me han desconoscido ; y como 
ven que de puerta en puerta ando pidiendo, 
y les recojo los mendrugos de pan que ellos 
solían tener por principal manlenimienlo, 
así se vienen á mi las bocas abiertas, como 
el cuquillo á las mariposas; y lo peor de 
todo es que no se menea un mosquito en la 
ermita , cuando luego pienso que es el álima 
del santero desollado, y no tengo otro re- 
medio sino, en sintiendo algo, capuzarme la 
cabeza debajo la ropa , que no parezco sino 
olla de arroz que la tapan porque no se le 
salga la sustancia della. Dios me despene 
por quien el es. Amen. 

Sale. Alameda. 

Al. ¡Ay! llamado me han. ¿Hay quien 
dé por Dios para la lámpara del aceite? 

Sale. Alameda. 

Al. Y'a son dos Alamedadas. Alameda y 
en mitad del monte, no es por mi bien. 
Dios sea conmigo. 

Sale. Alameda. 

Al. El Espíritu Santo consolador seacon- 
ínígo y contigo. Amen. Quizás será alguno 
que me quiera dar limosna. 

Sale. Alameda. 

Al. Asi, así, mucho Alameda, Alameda, 
y después quebrarme han el ojo con una 
blanca. 

Sale. Alonso de Alameda. 

Al. Alonso y todo : ya me saben el nombre 
de pila , no es por bien esto : quiero pre- 
guntar que quién es, con dolor de mi co- 
razón. ¿Quién sois? 

Sale. ¿No me conosces en la voz? 

Al. ¿Yo en la voz? ni aun querría; no 
os conozco si no os viese la cara. 

Sale. ¿Conocisle á Diego Sánchez? 

Al. El es, él es; mas podrá ser que no 
sea él, sino otro. Señor, conoscí siete ú 
ocho en esta vida. 



EL RUFIÁN COP.ARDE. 



157 



Sale. ¿Pues cómo no conosces á mi? 

Al. ¿Sois vos alguno dellos? 

Sale. Sí soy ; porque antes que me de- 
sollasen la cara... 

Al. El desollado es, el desollado es; Dios 
sea con mi ¡ilima. 

Sale. Porque me conozcas me quiero 
mostrar á tí. 

Al. ¿A mí? Yo os lo perdono: mas, señor 
Diego Sánchez , aguarde que pase por el 
camino otro que le conozca mejor que yo. 

Sale. A tí soy enviado. 

Al. ¿A mí, señor Diego Sánchez? Por 
amor de Dios, yo me doy por vencido, y 
me pesa de buen corazón , y de mala vo- 
luntad. 

Sale. ¿Qué dices? 

Al. Estoy turbado, señor. 

Sale. ¿Conócesme agora? 

Al. Ta, ta, ta, si señor; ta, ta, ta, ya 
le conozco. 

Sale. ¿Quién soy yo? 

Al. Si no m'engaño , sois el santero que 
le desollaron la cara por roballe. 

Sale. Sí soy. 

Jl. Pluguiera á Dios que nunca lo fué- 
rades. ¿Y no tenéis cara? 

Sale. Denantes solia tener cara , aunque 
agora la tengo pegadiza por mis pecados. 

Al. ¿Pues qué quiere agora, señor su 
merced Diego Sánchez? 

Sale. ¿Dónde están las notomias de los 
muertos ? 

Al. A las sepulturas me envia. ¿Y comen 
allá, señor Diego Sánchez? 

Sale. Sí : ¿porqué lo dices? 

Al. ¿Y qué comen? 

Sale. Lechugas cocidas , y raices de 
malvas. 

Al. Bellaco manjar es ese por cierto. 



¡ Qué de purgados debe de haber allá ! ¿Y 
porqué me queréis llevar con vos? 

Sale. Porque sin mi licencia os posistes 
mis ropas. 

Al. Tómelas, tómelas, y lléveselas, que 
no las quiero. 

Sale. Vos propio habéis de venir, y si 
diéredes el descargo que convenga, dejaros 
han que volváis. 

Al. ¿Y si no? 

Sale. Quedaros heis con las notomias en 
las cisternas viejas. Mas resta otra cosa. 

Al. ¿Qué es, señor? 

Sale. Habéis de saber que aquellos que 
me desollaron me echaron en un arroyo. 

Al. Fresco estaría allí su magnificencia. 

Sale. Y es menester que al punto de la 
media noche vais al arroyo, y saquéis mi 
cuerpo y le llevéis al cimenterio de Sanct 
Gil , que está al cabo de la villa , y allí junto 
digáis á grandes voces : Diego Sánchez. 

Al. Y diga, señor, ¿tengo d'ir luego? 

Sale. Luego , luego. 

Al Pues, señor Diego Sánchez, ¿no será 
mejor que vaya á casa por un borrico en 
que vaya caballero su cuerpo? 

Sale. Sí, aguija presto. 

Al. Luego torno. 

Sale. Anda, que aquí os aguardo. 

Al. Dígame , señor Diego Sánchez, 
¿cuánto hay de aquí al día del juicio? 

Sale. Dios lo sabe. 

Al. Pues hasta que lo sepáis vos podéis 
aguardar. 

Sale. Venid presto. 

Al. No comáis hasta que venga. 

Sale. ¿Ansí? aguarda, pues. 

Al. Válame sancta María, Dios sea con- 
migo, que me viene siguiendo. 



EL RUFIÁN COBARDE. 



PASO. 



PERSONAS. 



SIGUENZA, lacayo. 
SEBASTIANA , mundana. 



SIGUENZA. SEBASTIANA. 



ESTEPA , lacayo. 



Calle. 



Sig Pasa delante, señora Sebastiana, y 
cuéntame por estenso , sin poner ni quitar 
tilde, del arle que te pasó con esa piltraca 



disoluta, amiga dése antuviador de Estepa , 
que yo te la pondré de suerte que tengan 
que contar nascidos y por nascer de lo que 
en la venganza por tu servicio hiciere. 



lü<S 



I.OI'E ni: RUEDA. 



Sel). Que no , sino cuiíl hinchiria su r<in- 
laro primero á la rúenle, venimos á pala- 
bras y á las manos, y habiéndome rom|)iiio 
una toca... 

Sitj. ¡Ah, pesca la puta! ¿porqué no 
me lialb' prcsiMile? 

Seb. Me llamó (ie bordonera , piquera, y 
que su gerviila valia masque lodo mi linagc. 

Sig. ¡Ah |)utaíiiiua! como si yo no su- 
piese que su madre fué una segunda Celes- 
tina. 

Scb. Y amenazándola yo contigo , me 
dijo : vayase el lailron desorejado... 

Sig. Que, ¿la! oso decir? ¡ah Dios! ¿y 
como no se hunde la tierra? 

Seb. Que si no se huyera de la cárcel , 
como sehu>ó, le hicieran escribano real, 
y le pusieran en la mano una péndola de 
veinticinco palmos. 

Sig. Tomay , si sabe de metáforas la pol- 
Ironaza. 

Seb. Y otras veinte bellaquerías que por 
no darle enojo dejaré de decir, amigo Si- 
güenza. 

Sig. Ya , ya , no me digas mas. ¡Ladrón 
desorejado! ¿y de dónde le han nascido 
alas á esa lendrosiüa? Déjame con ella. 
Pero quien viere uíi hombre como yo to- 
marse con una gallina, ¿qué dirá, habiendo 
conquistado los campos cu Italia que todo 
el mundo sabe? 

Seb. La sucia, como te ve con ese beco- 
quín de orejas, y los lados rasos, atrévese 
á hablar, diciendo que te las cortaron por 
ladrón. 

.Sig. ¡ Ah picara ! ¿Por ladrón á mí? ¿IS'o 
sabe Dios y todo el mundo que nunca hom- 
bre ganó tanta honra quedando sin orejas 
como quedé yo? 

Seb. Yo te creo : pero dime , señor Si- 
güenza, ¿cómo te lisiaron de ellas? 

Sig. En el año de quinientos y cuarenta 
y seis , á nueve días andados del mos de 
abril ( la cual historia se hallará hoy en dia 
escrita en una tabla de cedro en la casa del 
ayuntamiento de la isla de Mallorca), ha- 
biendo yo desmentido á un coronel natural 
de Ibiza , y no osándome demandar la inju- 
ria por su persona, siete soldados suyos se 
f onvocaron á sacarme al campo , los nom- 
bres de los cuales eran ( Dios les perdone ) 
Campos, Pineda, Osorio, Campuzano, Trillo 
el cojo, Peroteie el zurdo, y Janole el des- 
parrado; los cinco maté, y los dos tomé á 
merced . 

Seb. i Válame Dios qué tan pran hazaña! 
Mas las orejas dime , señor, ¿cómo las per- 
diste ? 



.S'í'.7. A eso voy : que viéndome cercado 
de todos siete , por si acaso viniésemos á las 
manos no me hiciesen presa en ellas , yo 
mismo (usando de ardid de guerra ) me las 
arranqué de cuajo, y arrojándoselas á uno 
que conmigo peleaba, le quebranté once 
dientes del golpe , y quedó torcido el pes- 
cuezo, donde al catorceno dia murió, sin 
que médico ninguno le pudiese dar re- 
medio. 

Seb. ¡ Válame Dios qué golpe tan cruel ! 
qué fuera si le dieras con piedra ó con olra 
cosa semejante , cuamlo con tus orejas tal 
le paraste: ¿mas cómo dice aquella pulga 
que anduviste no sequé tiempo en las ga- 
leras por-ladron? 

Sig. ¿Ladrón? ¡Ah! pulilla, putilla , 
azotada tres veces por la feria de Medina del 
Campo, llevando la delantera su amigo, ó 
rufián por mejor decir. Estepa. ¡ Ah ! Este- 
pilla, Estepilla, ¿no vendrían á lusorejas 
semejantes palabras para volver por esa 
andrajosa y vengar este mi airado corazón? 
Seb. ¿Ello es ansí que fuiste en galera? 
Sig. Es la verdad que anduve en la ga- 
lera bastarda contra mi voluntad no sé qué 
años ; mas mirad qué va de ladrón á hom- 
bre vi\i(lor. 

Seb. ¿Qué llamáis vividor, señor S¡- 
güenza? 

Sig. ¿Noteparesce que es harta buena 
manera de vivir salirse el hombre á la plaza 
de mañana, y volverse antes de mediodía 
con la bolsa llena de reales sin ser mercader 
ni tener oficio? 
Seb. Harto bueno es aqueso. 
Sig Catay pues porqué afrentan á un 
hombre de honra , y le hacen semejantes 
injusticias , con usar mi oficio tan limpia- 
mente como todos cuantos hombres de mi 
arte lo pueden usar, y aun por ventura un 
poco mejor. 
Seb. ¿Cómo limpiamente? 
Sig. i IS'o te paresce que es harta limpieza 
y destreza de manos traer cuatro ó cinco 
bolsas y faltriqueras á casa sin comprar el 
cuero de que son hechas , y vaciar las tripas 
en mi poder? 
Seb. Oye, que Estepa viene. 
5ii7. Por tu vida ten , tenme esta espada. 
Seb. ¿Para qué? 

Sig. Tenia tú y calla , que estos son unos 
nuevos términos que tengo yo en reñir. 

Est. ¡Ah Sigüencilla ! ¿paréscete bien 
de blasonar de quien vale mas que lu lina- 
ge , ni poner lengua tras de ninguno ? 
Sig. Yo, señor Estepa, ¿qué blasoné? 
Est. Agradesce que estás sin espada. 



EUFEMIA. 



139 



Seb. Tójnala, Sigüenza. 

Sig. Quítamela (leíanle, diablo, que yo 
la lomaré cuando menesler sea. 

Est. Di, bellaco , ¿no le paresce que esa 
tu mugercilla no es bástanle para descalzar 
el chapin de la mia? 

Sig. Es|)ércse , señor , certificarme he 
de ello : ¿ es verdad lo que dice el señor Es- 
tepa, Seltasliana? 

Seb. ¿Pues no será, si en mi vida la he 
visto traer chapines ? 

Est. Dejémonos de gracias, doña bruta, 
andrajo de paramento ; y vos , don ladrón, 
toma vuestra espada. 

Sig. Que no es mia , señor , que un amigo 
me la dejó con condición que no riñese con 
ella. 

Est. Pues desdeciros , como á cobarde 
que sois, de lo que dijisteis delante de vues- 
tra amiga. 

Sig. ¿Deque, señor? 

Est. De que me habían azotado en Me- 
dina del Campo, siendo la mayor mentira 
del mundo. 

Sig. Desdecirme , no, no ; no me paresce 
cosa suficiente : ¿qué es de la espada? 

Seb. Hela. 

Sig. Quítala de ahí no la vea , que mejor 
será que me desdiga. 

Est. Acaba , ladrón azotado. 

Sig. ¿Ladrón azotado? Sus, perdóneme, 
que no me quiero desdecir. 

Est. ¿No? pues aguarda. 

Sig. Téngase, señor, que yo me desdiré ; 
pero ha de ser con toda mi honra , si á 
vuestra merced le placiere. 

Est. ¿De qué suerte? veamos. 

Sig. Desla : que es muy gran verdad lo 



que dije como un grandísimo tacaño, y que 
estaba borracho y fuera de mi seso : no hay 
mas que tratar. 

Est. Pues mas habéis de hacer. 

Sig. Haré cuanto vuesa merced mandare. 

Est. Que me deis la espada. 

Sig. ¿Cómo daré lo que no es mió, 
señor ? 

Est. Digo que me la habéis de dar. 

Sig. Dádsela , señora Sebastiana , por 
amor de Dios. 

Est. Espera , que por fin y remate habéis 
de recibir de la manode vuestra amiga tres 
pasagonzalos en esas narices bien pegados. 

Sig. íeñor, por amor de Dios, si puede 
ser, no sean pasagonzalos, sean pasaro- 
drigos. 

Est. Sus, arrodillaos , porque mas devo- 
tamente lüs recibáis. 

Sig. Ya estoy, señor, arrodillado; haga 
de mí lo que se le antojare. 

Est. Ea, dueña, ¿qué aguardáis? Dale 
recio. 

Sig. ¡Oh! pésete á quien me vistió esta 
mañana. 

Est. Tené tieso ese pescuezo. 

5/¡5í. Señora Sebastiana, miserere mei , 
pasito , no tan recio. 

Est. Bien está, dejadlo para quien es, 
venios conmigo. 

Sig. La moza se me lleva. ¡Ah, Si- 
güenza , Sigüenza ! igual fuera no desde- 
cirte, y reñir de bueno á bueno con este 
Estepilla , y no quedaras sin honra y despo- 
jado de moza, y harto de pasarodrigos. ¡Ay 
narices mias que aun me duelen! Sus, en 
seguimiento me voy de mi Sebastiana. 



EUFEMIA. 



COMEDIA. 



PERSONAS. 



LEONARDO , genlilhombrc. 
EUFEMIA , su hermana. 
VALL\NO , señor de baronías. 
CRISTINA, criada. 
JIMENA DE PENALOSA , vieja. 
MELCHOR ORTIZ, simple. 
PAULO , anciano criado. 



VALLEJO, lacavo. 
POLO , lacayo. ' 
EULALIA , negra. 
GREAIALDO , page. 
ANA, gitana. 

ACOMPAÑA.VIENTO. 



160 



LOPE DE RUEDA. 



ACTO PRIMERO. 



ESCEXxV PRIMERA. 

Sala en casa de Leonardo. 

LEONARDO. MELCHOR. 

T.pon. Larga , y en demasiada manera , 
me ha pareícido la pasada noche : no sé si 
fue' la ocasión el cuidado con que de ma- 
drugar me acosté; sin duda dehe ser ansí. 
Porque buen rato ha que Eufemia, mi que- 
rida hermana, con sus criadas siento hablar, 
que con el ndsmo pensamiento se fué á 
dormir, entendiendo de mi (jue no me pudo 
a|iartar de hacer esta jornada. Veréis que 
no sé si habrá tampoco hecho Melchor lo 
que anoche le dejé encomendado. Melchor, 
¡ah! Melchor. 

Mel. Apriesa, apriesa, que se entran 
los moros por la villa. Henchí en mal punto 
el ringlon , si (juereis que responda. 

León. Melchor. Válgale el diablo á este 
asno : ¿y dónde está que no me oye? 

Mel. Dizque no oigo : pardicz que si yo 
quisiese, antes que me llamase tengo oido. 
Mas que monta, que también trato yo de 
mis intereses como cualquiera hombre de 
honra. A ese Melchor échele un soportativo 
y verá cuan recio só con él. 
Lean. Superlativo quieres decir, badajo. 
Mel. Sí, seíior. ¿Pues porqué nos ba- 
rajamos ellotro dia Jimenea de Peñalosa 
é yo? 
León. No me acuerdo. 
Mel. ¿No se acuerda que nos medio 
apuñeteamos porque me dijo en mis barbas 
que era mejor alcurnia la de los Peíialosas 
que los Ortices? 
Lean. Paresce que me voy acordando ya. 
Mel. ¡Ah! gloria á Dios. Pues aquese 
Melchor agúatele con alguna cosita al prin- 
cipio porque no vaya á secas , y verá lo que 
pasa. 
León. Ah, señor Melchor Ortiz. 
Mel. Agora soy contento. ¿Qué manda 
vuesa merced ? 

I^on. ¡Oh , mal os haga Dios! qué, tan- 
tos términos habemos de tener iiara que 
salgáis? 

Mel. Que no lo hago en mi álima, sino 
porque sienta esta mala vieja que soy hon- 
rado en la boca de vuesa merced Que para 
mi contento con un oyes me sobra lanío 
romo la mar. 



León ¿Pues qué se le da á ella de lodo 
aqueso? 

Mel. Que dice ella que es mejor que mi 
madre, con no haber hombre ni nmger en 
todo mi pueblo que en abriendo la boca no 
diga mas bien de ella que las abejas del 
oso. 
León. Aqueso , de bien quista debe ser. 
jVeí. ¿Pues de qué? En verdad, señor, 
que no se fia hallado Iras dclla tan sola una 
macula. 

León. Mácula querrás decir. 
Mel. Muger que todo el mundo la alaba. 
¿No es harto, señor? 

León. Pues no sé qué se dice por ahí de 
sus tramas. 

Mel. No hay que decir. ¿Qué pueden 
decir? que era un poco ladrona , como Dios 
y todo el mundo sabe , y a'go deshonesta 
(le su cuerpo : lo demás no fuera ella... 
¿Cómo llaman aquestas de cuero que hin- 
chen de vino , señor? 
León. Bota. 

Mel. i No le sabe vuesa merced otro 
nombre? 
León. Borracha. 

Mel. Aqueso tenia también que en eso- 
tro asi podían íiar de ella oro sin cuento, 
como á una gata parida una vara de longa- 
nizas, ó de mí una olla de puchas , que 
lodo lo ponia en cobro, 

León. Eso es cuanto á la madre. ¿Y lu 
padre era oficial? 

Mel. Señor, miembro dizque era de jus- 
ticia en Conslanlina de la Sierra. 
León. ¿Qué fué? 

Mel. Miente vuesa merced los cargos de 
un pueblo. 
León. Corregidor. 
Mel. Mas bajo. 
León. Alguacil. 

Mel. No era para alguacil , que era 
tuerto. 

L.eon. Porqueron. 

Mel. No valia nada para correr, que le 
habían cortado un pié por justicia. 
León. Escribano. 

Mel. En lodo nuestro línage no hubo 
hombre que supiese leer. 
León. 1 Pues qué oflcio era el suyo? 
Mel. ¿Cómo los llaman á aquesos que 
de un hombre hacen cuatro? 
León. Bochines. 

Mel. Así, así, bochín, bochín, y per- 
rero mayor de Constantina de la Sierra. 

León. Por cierto que sois hijo de hon- 
rado padre. 
Mel. ¿. Pues cómo dice la señora Peña- 



EUFEMIA. 



161 



losa que puede ella vivir con mi zapato , 
siendo todos hijos de Adrián y Esteban? 

León. Calla un poco , que tu señora sale, 
y éntrate. 

ESCENA II. 

LEONARDO. EUFEMIA. 

Euf.iQué madrugada ha sido esta, Leo- 
nardo , mi querido hermano? 

León. Carísima Eufemia, querría, si 
Dios de ello fuere servido, comenzar hoy 
mi viaje y encaminarme á aquellas parles 
que servido fuere. 

Euf. Qué , ¿ todavía estás determinado 
de caminar sin saber á do? Cruel cosa es 
esta. Mi hermano eres, pero no te entiendo. 
¡ Ay sin ventura! que cuando á pensar me 
pongo tu determinación y firme propósito, 
la muerte de nuestros carísimos padres se 
me representa. ¡ Ay hermano ! acordarte 
debrias que al tiempo que tu padre é mío 
murió, cuanto á tí del quedé encomendada; 
por ser muger y menor que tú. No hagas 
tal, hermano Leonardo : ten piedad de 
aquesta hermana desconsolada , que á ti 
con justísimas plegarias se encomienda. 

León. Cara y amada Eufemia, no pro- 
cures estorbar con tus piadosas lágrimas lo 
que tantos días ha que tengo determinado, 
de lo cual sola la muerte seria parte para 
estorballo. Lo que suplicarte se me ofresce 
es que hagas aquello que las virtuosas y sa- 
bias doncellas, que del amparo paterno han 
sido desposeídas y apartadas, suelen hacer : 
no tengo mas que avisarte , sino que do 
quiera que me hallare, serás á menudo con 
mis letras visitada. Y por agora en tanto 
que yo me llego á oír misa, harás á ese 
mozo que entienda en lo que anoche le dejé 
mandado. 

Euf. Ve, hermano, en buen hora, y en 
tus oraciones pide á Dios que me preste 
aquel sufrimiento que para soportar tu au- 
sencia me será conveniente. 

León. Así lo haré : queda con Dios. 

ESCENA III. 

EUFEML\. MELCHOR. 

Euf. Ortiz. Melchor Ortiz. 

Mel. Señora. Tomado lo han á destajo 
esta mañana. 

Euf. Sal aquí , que eres de menester. 

Mel. Ya, ya, no me digáis mas, que ya 
voy atinando lo que me quiere. 



Euf. Pues si lo sabéis , haceldo y despa- 
cha , que vuestro señor es ido á oír misa , y 
será presto de vuelta. 

Mel. No sé por donde me lo comience. 

Euf. Con tal que se haga todo, comenzá 
por do querréis. 

Mel. Ota, sus, ya voy en el nombre de 
Dios. ¿ Mas sabe vuesa merced qué quer- 
ría yo? 

Euf. No , si no lo dices. 

Mel. Saber á lo que vó , ó á qué. 

Euf. ¿Qué te mandó tu señor anoche an- 
tes que se fuese á acostar? Oíslo, Jimena 
de Peñalosa. 

ESCENA IV. 

EUFEMIA. MELCHOR. JIMENA. 

Jim. Mi ánima, entrañas de quien bien 
os quiere. ¡ Ay ! si he podido dormir una 
hora en toda esta noche. 

Euf. ¿Y de qué, ama? 

Jim. Mosquitos , que en mi conciencia 
unas herroñadas pegan , que mal año para 
abejón. 

Mel. Debe dormir la señora abierta la 
boca. 

Jim. Si duermo ó no, ¿qué le va al gesto 
de renacuajo? 

Mel. ¿Cómo quiere la señora que no se 
peguen á ella los mosquitos, si de ocho días 
que tiene la semana se echa los nueve he- 
cha cuba? 

Jim. ¡Ay! señora, ¿paréscele á vuesa 
merced que se ha dejado decir ese cucha- 
ron de comer gachas en mitad de mi cara? 
¡ Ay ! plegué á Dios que en agraz te vayas. 

Mel. ¡En agraz! A lo menos no la po- 
drán comprender á la señora esas maldicio- 
nes, aunque me perdone. 

Jm. ¿Porqué, molde de bodoques? 

Mel. ¿Cómo se puede la señora chapa 
de palmito ir en agraz , si á la contina está 
hecha uva? 

Jim. Aosadas, don mostrenco, si no me 
lo pagáredes. 

Mel. Pase adelante la cara de muía que 
tiene torozón. 

Jim. ¡ Ay ! señora , déjeme vuesa merced 
llegar á ese pailón de cocer meloja. ¿Qué 
le paresce cual me para el aguja de ensar- 
tar matalates? ¡Paramento de bodegón I 
allega, allega, cantón de encrucijada, apa- 
rejo para cazar abejarucos. 

Euf Paso, paso, ¿qué es esto? No ha de 
haber mas crianza , siquiera por quien te- 
neis delante ? 

11 



162 



LOPE DE RUEDA. 



ESCEXA V. 



CRISTINA v Dichos. 



frist. ¡Ay! señora, ¿y no hay un palo 
para este Icrhonazo? Por mi salud si no |)a- 
rcsce qu»> anda acá fuera algún juego de 
cañas según el estruendo. 

Euf. En -vicrdad que parescen contino, 
estando juntos, galo y perro. 

Crist. liarla mejora buena fe, esc señor 
Orliz, de mirar por aquel cuartago, que 
tres «lias lia no se le cae la silla de encima. 

Mel. Mas me maravillo, hermana Cris- 
lina, de lo que dices. ¿Cómo demonio se le 
ha de caer, si está con la gurupcra y con 
entrambas ádos las cinchas engarrotadas? 

Euf. Librada sea yo del que arriedro 
vaya. ¿Parésccte que es bien estar el cuar- 
tago sin quitar la silla tres dias ha? Ved 
con qué alientos estará para hacer jornada. 

Ji»i. Los recados del señor. 

McL i.Qué recados? Si yo no le tuviera 
tan buena voluntad, ¿dejáralo estar ansi? 

Crist. i Y parésccte á ti que procede de 
buen querer dejalle con la silla tres dias? 

Mel. Pardiez , hermana Cristina , que la 
verdad que te diga , yo no le dejé dormir 
vestido, sino porque se alegrase con la silla 
y freno nuevo que tiene. Otro peor mal no 
tuviese , que esotro bien le pasaría. 

Euf. ¡Ay amarga! ¿y qué? 

Mel. Que desde que señor vino anleyer 
del alquería, maldito el grano de cebada 
que ha probado , de todos cuantos piensos 
le he puesto. 

Euf. ¡Jesús! Dios sea conmigo : ¿pues 
agora lo dices? Corre, Cristina, mira si es 
verdad lo que este dice. 

Mel. Verdad , señora , así como yo soy 
hijo de Gabriel Ortiz é Arias Carrasco, ver- 
dugo y perrero mayor de Constantina de la 
Sierra. 

Jim. Honrados dictados tenia el señor 
vuestro padre. 

Mel. ial me haga á mi Dios, amen. 

Euf. liarlo bien te deseas por cierto. 
Mel. Señora , no se engañe vuesa mer- 
ced , que en ahorcando mi padre á cual- 
quiera , no hablaba mas el juez en ello que 
si nunca hubiera tocado en él. 

Crist. \ Ay señora, qué desventura tan 
grande ! Mire vuesa merced como habla de 
comer el rocín con freno y lodo en la boca. 
Euf. ¿ Con freno ? 
Mel. Sí señora , el freno , el freno. 
Euf. ¿Pues con el freno le has dejado, 
traidor? 



Mel. ¿Pues he de ser yo adivinador, ó 
\cngo yo de casta para ser lan mal criado 
comoaqueso? 

Euf. ¿Pues qué mala crianza era desen- 
frenar un rocín? 

Mel. Si le enfrenó nostramo, ¿parés- 
cele quera limile de buena crianza , y diera 
buena cuenta de mi en deshacer lo que 
señor liabia hecho? 

Jim. La retorica como la quisiéredes , 
que respuesta no ha de faltar. 

Mel. ¿Retórica? ¿Sabe que la mamé en 
la leche? 

Euf. ¿Tan sabia era su madre del señor? 

Mel. Pardiez, señora, las noches por 
la mayor parteen levantándose de la mesa, 
no había pega ni tordo en gavia que tanto 
chirlase. 

Crist. Ay, señora , éntrese vuesa mer- 
ced ; remediarse ha lo que se pudiere , que 
ya mi señor dará vuelta y querrá luego 
partir. 

Euf. Bien has dicho, entremos. 

Jim. Pase delante el de los buenos reca- 
dos. 

Mel. Vais ella , la de las buenas veces . 



ACTO SEGUNDO. 



ESCEIVA PRIMERA. 

Calle. 

POLO. VALLEJO. 

Polo. A buen tiempo vengo, que ninguno 
de los que quedaron de venir han allegado ; 
pero ¿qué aprovecha, si yo por cumplir 
con la honra de este desesperado de Vallejo 
he madrugado antes de la hora que limita- 
mos? ¡Cata que es cosa hazañosa la desle 
hombre , que ningún dia hay en toda la se- 
mana que no pone los lacayos de casa , ó 
parte delios, en revuelta! Mira hora por 
qué diablos se envolvió con Grímaldicos el 
page del capiscol , siendo uno de los honra- 
dos mozos que hay en el pueblo. Hora yo 
tengo de ver cuánto tira su barra , y á 
cuánto alcanza su ánimo, pues presume de 
tan valiente. 

Valí. ¿Tal se ha de sufrir en el mundo? 
¿ Cómo puede pasar una cosa como esta , y 
mas estando á la puerta de la Seo , donde 
tanta gente de lustre se suele llegar? ¿Hay 
tal cosa , que un rapaz descaradíllo que ayer 
nasció se me quiera venir á las barbas , y 



EUFEMIA. 



d65 



que me dirán á mí los lacayos de mi amo 
que calle por ser el capiscol su señor amigo 
de quien á mi me da de comer? Así podria 
yo andar desnudo é ir de aquí á Jerusalen 
los pies descalzos y con un sapo en la boca 
atravesado en los dientes , que tal negocio 
dejase de castigar. Acá está mi compañero. 
¡ Ah! mi señor Polo, ¿acaso ha venido al- 
guno de aquellos hombrecillos? 

Polo. No he visto ninguno. 

Valí. Bien está, señor Polo: la merced 
que se me ha de hacer es que aunque vea 
copia de gente , dobléis vuestra capa y os 
asentéis encima, y tengáis cuenta en los 
términos que llevo en mis pendencias, y si 
viéredes algunos muertos á mis pies (que 
no podrá ser menos , placiendo á la Mages- 
tad divina ) , el ojo á la justicia en tanto que 
yo me doy escape. 

Polo. ¿Cómo? ¿Qué tanto pecó aquel po- 
bre mozo que os habéis querido poner en 
necesidad á vos y á vuestros amigos? 

Valí. ¿Mas quiere vuesa merced, señor 
Polo? Sino que llevando el rapaz la falda 
al capiscol su amo , al dar la'vuelta tocarme 
con la contera en la faja de la capa de la li- 
brea. ¿ A quién se le hubiera hecho seme- 
jante afrenta que no tuviera ya docena y 
media de hombres puestos á hacer carne 
momia? 

Polo. ¿Por tan poca ocasión? ¡válame 
Dios! 

Valí. ¿Poca ocasión os parece reírseme 
después en la cara , como quien hace es- 
carnio ? 

Polo. Pues de verdad que es Grimaldieos 
honrado mozo , y que me maravillo hacer 
tal cosa ; pero él vendrá y dará su descargo, 
y vos , señor , le perdonareis. 

Valí. ¿Taldecis, señor Polo? Mas me 
pesa que sois mi amigo , por dejaros decir 
semejante palabra. Si aqueste negocio yo 
agora perdonase, decime vos, ¿cuál queréis 
que esecute? 

Polo. Hablad paso , que veisle aquí do 
viene. 

ESCENA II. 

POLO. VALLEJO. GRIMALDO. 

Grim. Ea, gentileshombres , tiempo es 
agora que se eche este negocio á una banda . 

Polo. Aquí estaba rogando al señor 
Vallejo que no pasase adelante este nego- 
cio ; y halo tomado tan á pechos que no 
basta razón con él. 

Grim. Hágase vuesa merced á una parte, 
y veamos para cuánto es esa gallinilia. 



Polo. Hora , señores , óiganme una ra- 
zón , y es que yo me quiero poner de por 
medio: veamos si me harán tan señalada 
merced los dos que no riñan por agora. 

Valí. Asi me podrían poner delante to- 
das las piezas de artillería que están por de- 
fensa en todas las fronteras de Asia , África 
j Europa , con el serpentino de bronce que 
en Cartagena está desterrado por su de- 
masiada soberbia , y que volviesen agora á 
resucitar las lombardas de hierro colado 
con que aquel cristianísimo rey D, Fernando 
ganóá Baza, y finalmente aquel tan nom- 
brado galeón de Portugal con toda la ca- 
nalla que lo rige viniese, que todo lo que 
tengo dicho y mentado fuese bastante para 
mudarme de mi propósito. 

Polo. Por Dios, señor, que me habéis 
asombrado, y que no estaba aguardando 
sino cuando habiadesde mezclar las galeras 
del gran turco , con todas las demás que 
van de levante á poniente. 

Valí. ¿Qué, no las he mezclado? pues yo 
las doy por emburuUadas , vengan. 

Grim. Señor Polo , ¿para qué tanto al- 
macén? Hágase á una banda, y déjeme 
con ese ladrón. 

Valí. ¿Quién es ladrón , babosillo? 

Grim. Tú lo eres; ¿hablo yo con otro 
alguno? 

Valí. ¿Tal se ha de sufrir? ¿que se 
ponga este desbarbadillo conmigo á tú por 
tú? 

Grim. Yo , liebre , no he menester bar- 
bas para una gallina como tú ; antes con 
las tuyas delante del señor Polo pienso 
limpiar las suelas de estos mis estivales. 

Valí. ¡Las suelas, señor Polo! ¿Qué 
mas podia decir aquel valerosísimo español 
Diego García de Paredes ? 

Grim. ¿Conocisleletú, palabrero? 

Valí. ¿Yo, rapagón? El campo de once 
á once que se hizo en el Piamonte, ¿quién 
le acabó sino él y yo? 

Polo. ¿Vuesa merced? ¿Y es cierto eso 
del campo ? 

Valí. ¡Buena es esa pregunta! y aun 
unos pocos de hombres que allí sobraron 
I por estar cansado , ¿quién les acabó las vi- 
das sino aqueste brazo que veis? 

Polo. Pardiez que me paresce aquello 
una cosa señaladísima. 

Grim. Que miente , señor Polo. Un hom- 
bre como Diego García de Paredes, ¿se ha- 
bia de acompañar con un ladrón como tú? 

Valí. ¿Ladrón era yo entonces, palomi- 
nillo? 

Grim. Si entonces no, agora lo eres. 



I()i 



LOPE DE RUEDA. 



Valí. ¿Cómo lo sabes tú, ansarino 
nuevo ? 

Grim. ¿Cómo? ¿Qué fue aquello que te 
jiasó rn Bcnavente , que está la tierra mas 
llena dcllo que de simiente mala? 

VaH. Ya . ya sé qué es eso: á vuesa mer- 
ced que sabe de negocios de bonra , señor 
Polo , quiero contárselo , que á semejantes 
pulgas no acostumbro dar satisfccbo. Yo, 
señor, fui á Bcnavente á un caso de poca 
estofa , que no era mas sino malar cinco la- 
cayos del conde , porque quiero que lo sepa. 
Fué porque habian revelado una muger- 
cilla que estaba por mi en casa del padre 
en Medina del Campo. 

Polo. Toda aquella tierra sé muy bien. 

Valí. Después que ellos fueron enterra- 
dos , y yo por mi retraimiento me viese en 
alguna necesidad , acodicíeme de un manto 
de un clérigo y unos manteles de casa de 
un bodegonero donde yo solia comer, y co- 
gióme la justicia, y en justo y en creyen- 
te, ftc. Y esto es lo que aqueste rapaz está 
diciendo. Pero agora, ¿fáltame á raí de co- 
mer en casa de mi amo para que use yo de 
aquesos tratos? 

Grim. Suso , que estoy de priesa. 

Valí. Señor Polo, aflójeme vuesa merced 
un poco aquestas ligagambas. 

Polo. Aguarde un poco, señorGrimaldo. 

Valí. Agora apriéteme aquesta estringa 
del lado de la espada. 

Polo. ¿Está agora bien? 

Valí. Agora métame una nómina que ha- 
llará al lado del corazón. 

Polo. No bailo ninguna. 

Valí. ¿Qué ? ¿ no traigo una nómina? 

Polo. No por cierto. 

Valí. Lo mejor me he olvidado en casa 
debajo de la cabecera del almohada , y no 
puedo reñir sin ella. Espérame aqui, raton- 
cillo. 

Grim. Vuelve acá, cobarde. 

Valí. Hora, pues sois porfiado, sabed 
que os dejara un poco mas con vida si por 
ella fuera. Déjeme, señor Polo, haceráese 
hombrecillo las preguntas que soy obligado 
en descargo de mi conciencia. 

Polo. ¿ Qué le habéis de preguntar ? deci. 

Valí. Déjeme vuesa merced hacer lo que 
debo. ¿Qué tanto ha, golondrinillo, que 
no le has confesado ? 

Grim. ¿Qué parle eres tú para pedirme 
eso, cortabolsas? 

Valí. Señor Polo, vea vuesa merced si 
quiere aquese pobrete mozo que le digan 
algo á su padre , ó que misas manda que le 
digan por su alma. 



Polo.Xo, hermano Vallejo, bien eo- 
no7.co á su padre y madre , cuando algo su- 
cediese , y sé su posada. 

Valí. ¿ Y cómo se llama su padre? 

Polo. ¿ Qué os va en saber su nombre ? 

Valí. Para saber después quién me 
querrá pedir su muerte. 

Polo. Ea, acaba ya, que es vergüenza : 
¿no sabéis que se llama Luis de Grimaldo? 

Valí. ¿Luis de Grimaldo? 

Polo. Si, Luis de Grimaldo. 

Val!. ¿Qué me cuenta vuesa merced? 

Polo. No mas que aquesto. 

Valí. Pues , señor Polo , lomad aquesta 
espada , y por el lado de derecho aprelá 
cuanto pudiéredes, que después que sea 
ejecutada en mi esta sentencia, os diré el 
porqué. 

Polo. Yo, señor, líbreme Dios que tal 
haga , ni quite la vida á quien nunca me ha 
ofendido. 

Valí. Pues, señor, si vos por serme amigo 
rehusáis, vayan á llamar á un cierto hom- 
bre de Piedrahita, á quien yo he muerto 
por mis propias manos casi la tercera parle 
de su generación , y aquese como capital 
enemigo mió vengará en mi propio su saña. 

Polo. ¿ A qué efecto ? 

Valí. ¿ A qué efecto me preguntáis ? ¿No 
decis que es ese hijo de Luis de Grimaldo , 
alguacil mayor de Lorca? 

Polo. Y no de otro. 

Valí. ¡ Desventurado de mi ! ¿ Quién es 
el que me ha librado tantas veces de la 
horca, sino el padre de aquese caballero? 
Señor Grimaldo, tomad vuestra daga, y 
vos mismo abrid aqueste pecho, y sacadme 
el corazón , y abrilde por medio , y hallaréis 
en él escripto el nombre de vuestro padre 
Luis de Grimaldo. 

Grim. ¿Cómo? que no entiendo eso. 

Valí. Ño quisiera haberos muerto por 
los santos de Dios, por toda la soldada que 
me da mi amo. Vamos de aqui , que yo 
quiero gastar lo que de la vida me resta en 
servicio destc gentilhombre en recom- 
pensa de las palabras que sin le conoscer 
he dicho. 

Grim. Dejemos aqueso, que yo quedo, 
hermano Vallejo , para todo lo que os cum- 
pliere. 

Valí. Sus, vamos , que por el nuevo co- 
noscimiento nos entraremos por casa de 
Malara el tabernero , que aqui traigo cua- 
tro reales : no quede solo un dinero que 
todo no se gaste eo servicio de mi mas que 
señor Grimaldo. 

Grim. Muchas gracias, hermano: vues- 



EUFEMIA. 



i6o 



Iros reales guardaldos para lo que os con- 
venga , que el capiscol mi señor querrá dar 
la vuelta á casa , y yo estoy siempre para 
vuestra honra. 

Valí. Señor, como criado menor me 
puede mandar. Vaya con Dios. ¿Ha visto 
vuesa merced , señor Polo , el rapaz como 
es entonado? 

Polo. A fe que paresce mozo de honra. 
Pero vamos qu'es tarde. ¿Quién quedó en 
guarda de la muía? 

VaU. El lacayuelo quedó. ¡Ah Grimal- 
dico, Grimaldico, cómo te has escapado de 
la muerte por dárteme á conocer ! pero 
guartc no vuelvas á dar el menor tropezon- 
cillo del mundo, que toda la parentela de 
los Griraaldos no será parte para que á mis 
manos ese pobrete espritillo , que aun está 
con la leche en los labios, no me le rindas. 

ESCEXA III. 

Plaza pública. 
LEONARDO. MELCHOR. 

Me?. ¡Oh, gracias á Dios que me le de- 
paró ! ¿ Parécele que ha sido buena la burla ? 
¿Esta es la compañía que me prometió de 
hacer antes que saliésemos de nuestra tierra, 
y lo que mi señora le rogó? 

León. ¿Qué fué lo que me rogó , que no 
me acuerdo? 

Mel. i No le rogó que me hiciese buena 
compañía ? 

León. ¿Pues qué mala compañía has tú 
de raí rescebido en esta jornada? 

Mel. Fiase el hombre en él , pensando 
luego daremos la vuelta , y ha unas siete 
horas que anda un hombre como perro ras- 
trero , y á mal ni á bien no le he podido dar 
alcance. 

León. ¿No podíades dar la vuelta á la 
posada temprano , ya que no me hallabas ? 

Mel. Acabe ya. ¿Tenia yo blanca para 
dar al pregonero? 

ieo«. ¿Y para qué al pregonero, ace- 
milon ? 

Mel. Para que me pregonara como á 
bestia perdida , y así de lance en lance me 
adestrara donde á vuesa merced le habían 
aposentado. 

León. ¿Qué, tan poca habilidad es la 
luya que á la posada no atinas? 

Mel. ¿Pues si atinara, había de estar 
agora por desayunarme ? 

León. ¿Qué, no has comido? ¿es posible ? 

Mel. ¡Calle! ¿tengo el buche templado 



como halcón cuando le hacen estar en dieta 
de un día para otro? 

León. ¿Cómo diablos te perdistes esta 
mañana? 

Mel. Como vuesa merced iba ocupado 
hablando con aquel amigo , que no fué 
hombre , sino azar para mi , yo desvíeme 
un poco , pensando que hablaba de secreto 
y no mas, cuanto doy la vuelta á ver una 
tabla de pasteles que llevaba un mochacho 
en la cabeza; atraviesan á mí otros dos 
(que verdaderamente el uno páresela á vuesa 
merced en las espaldas) y los dos cuélanse 
dentro en la Seo á oir misa que decían, que 
duró hora y media : yo conlíno allí detras 
pensando que era vuesa merced , y cuando 
se volvió á decir el benelicamus dolime, 
que responden los ojros dourjráfilas , lle- 
gúeme ad'aquel que le páresela , y díjele : 
ea, señor, ¿habernos de irá casa? él , que 
vuelve la cabeza, y me ve, dijo : ¿conó- 
cesine tú, hermano? 

León. ¡Oh quién te viera! 

Mel. Yo que veo el preito mal parado, 
acudo á las puertas para volverle á buscar, 
y mis pecados que siempre andan hacién- 
dome gestos, hallólas todas cerradas. 

León. ¡ Cuál andarías! 

Mel. Yo diré qué tal. ¿Ha visto vuesa 
merced ratón caido en ratonera , que bus- 
cando por do soltarse anda dando topetadas 
de un cabo á otro para huir? 

León. Sí , he visto algunas veces. 

Mel. Pues ni mas ni menos andaba el 
sin ventura de Melchor Ortiz Carrasco , 
hasta que fortuna me deparó á una parte 
una puertecilla por do vi salir algunas gen- 
tes que se habían quedado rezagadas á oir 
aquella misa , qu'era la postrera. Pero va- 
mos, señor, si habemos d'ir. 

León. ¿Adonde? 

Mel. ¿Dizque adonde? á casa. 

León. ¿A casa? ¿y á qué á tal hora? 

Mel. Señor, para tomar por la boca un 
poco de orégano y sal. 

León. ¿Para qué sal y orégano? 

Mel. Para echar las tripas en adobo. 

León. ¿Cómo? 

Mel. Señor, ya ellas están vinagre de 
pura hambre, con el orégano y sal ternán 
con que sustentarse si le paresce á vuesa 
merced. 

León. Pues agora no puede ser : and'acá 
conmigo, que Valiano, que es señor de 
aqueste pueblo , con quien yo agora de 
nuevo he asentado, está en vísperas, y 
tóngolc de acompañar, y oirás las mas so- 
lemnes voces que oíste en toda tu vida. 



1(36 

Mel. Vamos , señor, en hora buena ; 
pero si oir voces se pudiese escusar, resce- 
Liria yo scíialadisima merced. 

León. ¡ Ah, don traidor! que agora pa- 
garéis lo que al cuarluguillo hecisles estar 
ayuno: ¡ah! ¿acordaisos? 

Mel. Pues pecador fui yo á Dios, hicié- 
rame pagar vuesa merced el pecado donde 
conieti el delito, y no donde asi me puedo 
caer á una cantonada desas que no hallaré 
quien me diga : ¿qué has menester? 

León. Ora , suso , toma toda esa calle 
adelante, y pregunta por el hostal del Lobo : 
cata aqui la llave, y come tú de lo que ha- 
llares en el aposento , y aguárdame en la 
posada hasta (jue yo vaya. 

Mel. Agora va razonablemente el par- 
tido de Melchor ; ¿ per» no sabríamos lo que 
sobró para mí? 

Lean. Camina, que yo aseguro que no 
quedarás quejoso. 

Mel. Yo voy : quiera Dios que ansí sea. 

ESCEi\A IV. 

LEONARDO. POLO. 

Polo. Guarde Dios al gentilhombre. 

León. Vengáis norabuena , mancebo. 

Polo. Dígame, ¿es vuesa merced un es- 
Iranjero que llegó los días pasados á este 
pueblo en compañía del mayordomo de 
aquesta tierra? 

León. Yo creo que soy aquese por quien 
preguntáis; ¿mas porqué lo decís? 

Polo. Porque anoche sobre mesa trataron 
de la habilidad suya, y asimismo como era 
vuesa merced muy gentil escribano y csce- 
lente contador : Analmente que seria mucha 
parte su buena habilidad para entender y 
tratar en el oficio de secretario de Valiano 
mi señor , porque como hasta agora sea 
mozo y por casar, no tiene copia cumplida 
de los oficiales que á su estado y renta con- 
viene. Holgara yo que vuesa merced que- 
dara en esta tierra y en servicio del señor 
de ella , por ser uno de los virtuosos caba- 
lleros que hay en estas partes. 

León. Ilolgaré por cierto de quedar, por- 
que aquese caballero y yo , que no se quién 
es, nos topamos una jornada de aquí, y 
sabiendo la voluntad mia que era de estar 
en servicio de un señor que fuese tal , él 
por la virtud suya me ha encaminado A esta 
tierra : asimismo como de mi cosecha no 
tengo habiiid.id ninguna , si no es aqueste 
escrebir y contar que cuando niño mis pa- 
dres ( que en gloria sean ) me enseñaron , 



LOl'K DE RUEDA. 



acordaría aquese gentilhombre de dar aviso 
á vuestro señor de mí , por ver si para su 
servicio fuese suficiente y hábil. 

Polo. Por cierto , señor, que se muestra 
en él bien que debe de ser persona en quien 
habrá mas (jue de él se dice , i)cro yo creo 
que andan por la villa en busca suya : vuesa 
merced vaya á palacio adonde le están 
aguardando, que no será razón dejar pasar 
tan buena coyuntura, sino hacer hincapié, 
que todos le seremos prestos para su ser- 
vicio. 

León. Muchas gracias , yo lo agradezco , 
voime. 

Polo. Vaya con Dios. 

León. Beso sus manos. 

ESCENA V. 

PAULO. POLO. 

Paulo, i Qué es lo que haces , Polo ? 

Polo. Ya puede ver, señor Paulino. 

Paulo, i Has habido noticia d'este gentil- 
hombre que voy buscando por la villa? 

Polo. Ah, agora se va de aquí derecho 
á palacio, por habelle dado aviso que van 
en busca suya. 

Paulo. ¿ Qué manera de hombre ó edad 
es á lo que muestra? 

Polo. Gentil mancebo y dispuesto es, se- 
ñor, y muy buena plática que tiene , y su 
edad será de veinticinco ó treinta años. 

Paulo. ¿Va bien tratado? 

Polo. Según su trage , de ilustre prosapia 
debe ser su descendencia. 

Paulo. ¿De qué nascion? 

Polo. Español me paresce. 

Paulo. Anda, vamos. 

Polo. Vaya vuesa merced , que yo por 
acá me quiero ir á dar vuelta por ver si 
podré alcanzar una visita de mi señora Eu- 
lalia, la negra. 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Calle. Noche oscura. 

VALIANO. LEONARDO. VALLEJO. 

I 

I Val. La causa , Leonardo , por qué á tal 

i hora conmigo te mandé que apercibido con 

tus armas salieses , no fué porque yo viniese 

á cosa hecha, sino solamente por comunicar 



EUFEMIA. 



167 



contigo aquel negocio que ayer me comen- 
zaste á apuntar, y por eso te he traído por 
calles tan escombradas de gentes : sola- 
mente á Vallejo el lacayo dije que tomase 
su espada y capa, mandándole quedar á 
esa cantonada para que con gran vigilancia 
y cuidado no seamos de nadie espiados, 
mandándole que haga la guardia. 

Valí. ¿A dolos? ¿dónde van? mueran los 
iraidores. 

Val. Paso, paso : ¿á quien has visto? 
¿qué te toma? 

Valí. ¡ Ah pecador de mí! Señor, ¿á qué 
efecto has salido á poner en peligro tu per- 
sona? Vete, señor, á acostar y el señor 
Leonardo, y déjame con ellos, que yo los 
enviare antes que amanezca á casar gavilu- 
chos á los robres de Mechualon. 

Val. ¡ Válate el demonio ! ¿ no aseguras 
ese corazón? ¿quién me había de enojar en 
mi tierra, bausán? 

Valí. ¡Oh! reniego de los aparejos con 
que cazan las tórtolas eu la Calabria, ¿y 
eso dices, señor? ¿no ves que es de noche, 
pecador soy á Dios, y á lo escuro todo es 
turbio? A fe de bueno que si no recono- 
ciera la voz del señor Leonardo , que no 
fuera mucho quedar la tierra sin heredero. 
Val. ¿A mi, traidor? 
Valí, yo sino dormí sin perro : es me- 
nester, señor, que de noche vaya avisada la 
persona, porque en mis manos está el de- 
terminarme , y en las de aquel que firmó el 
gran horizonte con los polos árticos y tan- 
tárticos volver la de dos filos á su lugar. 

Val. Todo me paresce bien si no te em- 
borrachases tan á menudo. 

y^all. Eres mi señor y tengo de sufrirte ; 
mas á decírmelo otro, no fuera mucho que 
estuviese con los setenta y dos. 

Val. Agora quédate ahí, y ten cuenta con 
que no nos espié nadie , que es mucho de 
secreto lo que hablamos. 

Valí. A hombre lo encomiendas, que 
aunque venga el de las patas de avestruz 
con todos sus secuaces dando tenazadas por 
esa calle , no bastará á mudarme el pié de- 
recho donde una vez le clavare. 

Val. Así conviene. Volvamos á nuestro 
propósito, Leonardo, y dime : aquesa her- 
mana luya , después de ser tan hermosa 
como dices , ¿es honesta y bien criada? 

León. Señor, tú te puedes mejor informar 
que yo decirlo; porque al fin como yo sea 
parte y tan principal, no deberían mis ra- 
zones ser admitidas como de otro cual- 
quiera. La falta , señor, que yo le fallo es 
ser mi hermana , que en lo demás podia ser 



rauger de cualquier señor áe título según 
su manera. 

Valí. Señor Leonardo. 
León. ¿Qué hay, hermano Vallejo? 
Val. Mira, Leonardo, qué quiere ese 
mozo. 

Valí. Señor, paresce que entendí que ha- 
blaban en negocio de mugeres; y si acaso es 
así , por los cuatro elementos de la profun- 
dísima tierra , no hay hoy dia hombre en 
toda la redondez del mundo que mas cor- 
rido esté que yo , ni con mas razón. 
FaZ. ¿Cómo, Vallejo? 
Valí. ¿Y había, señor, á quien se pu- 
diese encargar un negocio semejante como 
á mí? 

FaZ. ¿De qué manera? 
Valí. ¿Hay en toda la vida airada, ni en 
toda la máquina astrologal , á quien mas 
sujeción tengan las mozas que á Vallejo tu 
lacayo ? 

FaL Calla, villano. 

Valí. No te engañes , señor, que si conos- 
cieses lo que yo conozco en la tierra, aunque 
seas quien seas, pudiéraste llamar de veras 
bienaventurado, si fueras como yo dichoso 
en amores. 

Val. Tú, ¿qué puedes conoscer? 
Valí. ¡Malograda de Catalinilla la viz- 
caína! la que quité en Cáliz de poder de 
Barrientos el sotacómitre de la galera del 
Grifo , que no andaba en toda el armada 
moza de mejor talle que era ella. 
León. Hermano Vallejo, cállate un poco. 
Valí. No lo digo sino porque hablamos 
de ballestas. 

Val. ¿No callarás, di? 
Valí, i Ah, Dios te perdone, Leonor de 
Valderas ! aquella , digo á vuesa merced , 
que era muger para dar de comer á un ejér- 
cito. 

Val. ¿Qué Leonor era aquesta? 
Valí. La que yo saqué de Córcega, y la 
puse por fuerza en un mesón de Almería, y 
allí estúvose nombrando por mía, hasta que 
yo desjarreté por su respeto á Mingalarios, 
corregidor de Eslepa. 
Val. Válate el diablo. 
Valí. Y corté el brazo á Vicente Arenoso, 
riñendo con él de bueno á bueno en los per- 
cheles de Málaga el agua hasta los pechos. 
Val. Prosigue , Leonardo, que si ello es 
ansí como tú lo pintas , podrá ser que se 
hiciese por tí mas de lo que piensas. 

León. Señor, yo siempre rescibí y res- 
cibo de tu mano mercedes sin cuenta , pero 
en cuanto á esta hermana mía , tú sabrás 
que es mas de lo que tengo dicho. 



168 



LUl'li UE llUEDA. 



yall. I Válojifie nuestra Señora liel Pilar 
de Zaragoza! ¡Ah, ladrones, ladrones! 
Leonardo, apunto, apunto. 

León. ¿Qué es aqncso que has visto? 

Val. ¿, Quién son ? 

Valí. Tente, tente, señor, no eclies mano, 
que ya todos han huido. ¡Ah! rapagones, 
en gurullada me vais, agradesceldo... 

Val. ¿A quién? 

Valí. Yo me lo s6 : señor Leonardo , en 
dejando á nuestro amo en casa, quiero que 
vamos tú y yo á dar una escurribanda á 
casa de Bulbcja el tabernero. 

León. ¿Para qué? 

Valí. Para verme con aquellos forasteros 
que por aqui han pasado ; que , según soy 
informado, no ha media hora que llegaron 
de Marbella , y traen una rapaza como un 
serafín. 

Val. ¿Qué dice ese mozo, Leonardo? 

León. So lo entiendo, señor. 

Valí. ¡ Dizque no lo entiende ! sé que no 
hablo yo en algarabía. Veamos de cuando 
acá han tenido ellos atrevimiento de meter 
vaca en la dehesa sin registralla el dueño 
del armadijo. 

Val. llora yo quiero, Leonardo, si te 
paresce , dar parte desto á algunas personas 
principales de mi casa, porque no digan 
que en un negocio como este me determiné 
sin dalles parte. 

León. Señor, A tu voluntad sea todo. 

Valí. Vamos, señor, que aqui tengo cier- 
tas haciendas antes que amanezca. 

Val. ¿ Qué haciendas tienes tú , beodo? 

Valí. Señor, un negocio de hartos qui- 
lates de honra. 

Val. Veamos los quilates. 

Valí. Ya lo he dicho al señor Leonardo : 
cobrar unas blanquillas de ciertos jayanes 
(|ue son venidos aqui A mofar de la tierra : 
veamos de quién tomaron licencia , sin re- 
gistrar primero delante de aqueste estival. 

Val. Sus, baste ya , tira adelante. 

Valí. Nunca Dios lo quiera, que mas 
guardadas van tus espaldas con mi sombra 
y seguro, que si estuvieras metido en la 
Mota de Medina, y cargada sobre ti la for- 
nida puente levadiza con que la fuerza de 
noche se asegura. 

ESCEXA II. 

Sala en casa de Leonardo. 
ELFEM1.\. CRISTINA. 

Luf. Cristina hermana, ¿qué le paresce 
riel olvido tan Krandc como Leonardo mi 



querido hermano ha tenido en cscrebirme, 
que ya son pasados buenos días que letra 
del no he visto? ¡Oh ánimas del purgatorio 
bienaventuradas! poned en corazón á aquel 
hermano que con sus letras ó con su per- 
sona me torne alegre y gozosa. 

Crist. Calla, señora mia, no te fatigues, 
que no habrá podido mas, especialmente 
que quien sirve á otro pocas veces es de sí 
señor. Bien sé yo que á él no le fallará vo- 
luntad para hacello , sino que negocios por 
ventura mas arduos de aquel señor á quien 
sirve le estorbarán de hacer lo que él quer- 
ría. Asi, señora mia, no debes enojarte, 
que cuando no te pienses verás lo que de- 
seas. 

Euf. i Ay, amiga mia ! Dios por su piedad 
inmensa lo haga de manera que con letras 
suyas esta casa nuestra sea contenta y alegre. 

ESCEXA III. 

EUFEMIA. CRISTINA. ANA. 

Ana. Paz sea en esta casa, paz sea en 
esta casa. Dios te guarde , señora honrada. 
Dios te guarde. Una limosnica , cara de 
oro, cara de siempre novia : daca que Dios 
te hará prosperada , y te dé lo que deseas. 
Buena cara, buena cara. 

Crist. ¿ No podéis demandar desde allá 
fuera ? ¡ Ay, señora mia, y qué importuna 
gente ! que en lugar de apiadarse la persona 
dellas y de su pobreza , las tiene odio según 
sus importunidades y sus ahíncos. 

Ana. Calla, calla, garrida, garrida. Dame 
limosna por Dios , y diréle la buenaventura 
que tienes de haber tú y tu señora. 

Euf. ¿Yo? ¡ay cuitada! ¿Qué ventura 
podrá tener que sea próspera la que del 
vientre de su madre salió sin ella ? 

ilna. Calla, calla, señora honrada : pon 
un dinerico aquí , sabrás maravillas. 

Euf. i Qué tiene de saber la que conlino 
estuvo tan falta de consuelo, cuanto col- 
mada de zozobras, miserias y afanes? 

Crist. ¡ Ay señora! por vida suya que le 
dé alguna cosa , y oigamos los desatinos que 
aquestas por la mayor parte suelen decir. 

Ana. Escucha , escucha , pico de urraca, 
que mas sabemos cuando queremos que 
nadie piensa. 

Euf. Acabemos ; toma y dale aqueso , y 
vaya con Dios. 

Crist. A buena fe que antes que se vaya 
nos ha de catar el signo. 

Euf. Déjala , y vayase con Dios , que no 
estoy ag.ora <le esas gracias. 



EUFEMIA. 



d69 



Ana. Sosiega , sosiega , señora gentil, ni 
tomes fatiga antes de su tiempo , que harta 
te está aparejada. 

Euf. Yo lo creo : agora si habéis acer- 
tado. 

Crist. No se entristezca, señora , que todo 
es burla y mentiras cuanto estas echan por 
la boca. 

Ana. ¿Y la esportilla de los afeites que 
tienes escondida en el almariete de las al- 
cominiases burla? 

Crist. ¡ Ay señora ! que habla por la boca 
del que arriedro vaya. Ansí haya buen si- 
glo la madre que me parió, que dice la 
mayor verdad del mundo. 

Euf. ¿Hay tal cosa? ¿Qué, es posible 
aqueso ? 

Crist. Como estamos aquí : decí mas, 
hermana. 

Ana. No querría que te corrieses por 
estar tu señora delante. 

Crist. No haré por vida de mi ánima : 
¿qué puedes tú decir que sea cosa que per- 
judique á mi honra ? 

Ana. ¿Dasme licencia que lo diga? 

Crist. Digo que si, acabemos. 

Ana. El par de las tórtolas , que heciste 
creer á la señora que las habían comido los 
gatos, ¿dónde se comieron? 

Crist. Mira de qué se acuerda : aqueso 
fué antes que mi señor Leonardo se par- 
tiese desta tierra. 

Ana. Así es la verdad , pero tú y el mozo 
de caballos os las comistes en el descanso 
de la escalera : ¡ ah ! bien sabéis que digo 
en todo la verdad. 

Crist. Malograda, me coma la tierra, 
me coma la tierra , si con los ojos lo viera , 
dijera mayor verdad. 

Ana. Pues, señora, una persona tienes 
lejos de aquí que te quiere mucho, y aun- 
que agora está muy favorecido de su señor, 
no pasará mucho que esté en peligro de 
perder la vida por una traición que le tie- 
nen armada : mas calla, que aunque sea 
todo por tu causa. Dios, que es verdadero 
juez y no consiente que ninguna falsedad 
esté mucho tiempo oculta, descubrirá la 
verdad de todo ello, •. 

Euf. ¡Ay desventurada hembra! por 
causa mía dices que se verá esa persona en 
peligro. ¿Y quién podrá ser, cuitada, si no 
fuese mi querido hermano? 

Ana. Yo, señora , no sé mas ; pero pues 
en cosa de las que á tu criada se han dicho 
no ha habido mentira , yo me voy, quedad 
en buen hora , que si algo mas supiere , yo 
te vendré á avisar : quedad con Dios. 



Crist. ¿Y de mi no me dices nada si seré 
casada ó soltera ? 

Ana. Muger serás de nue^e maridos , y 
todos vivos. ¿Qué mas quieres saber? Dios 
te consuele , señora. 

Euf. ¿No me dices mas de mí negocio, y 
así me dejas dudosa de mi salud? 

Ana. No sé mas que decirte , solamente 
que tu trabajo no será tan durable que en 
el tiempo del mas fuerte peligro no lo re- 
vuelva prudencia y fortuna , que todos re- 
manezcáis tan contentos y alegres , cuanto 
la misericordia divina lo sabe obrar. 

ESCENA IV. 
EUFEMIA. CRISTINA. 

Crist. ¡Ay amarga de mí! Señora, ¿y 
no ve que me dijo que dizque seria yo mu- 
ger de nueve maridos , y que todos estarían 
vivos? i Ay malaventurada fui yo ! ¿ y cómo 
puede ser aqueso? 

Euf. Calla, déjame; que aunque todo 
cuanto estas dicen puede pasar por seña- 
lada burla, con lo que me ha dicho, mas 
triste quedo y mas afligida que la escura 
noche. Entrémonos. 



ACTO CUARTO. 



ESCENA PRIMERA. 

Gabinete del palacio de Valiano. 
VALIANO. PAULO. 

Val. Dime, Paulo, ¿y es posible esto 
que me cuentas, que tú has estado en la 
casa desta Eufemia, hermana deste alevoso 
y malvado de Leonardo, á quien yo en 
tanta alteza he puesto? 

Paulo. Digo , señor, que sí. 

Val. ¿Y tú propio has dormido con ella 
en su mismo lecho? 

Paulo. Que yo propio he dormido con 
ella en su mismo lecho. ¿Quemas quieres? 

Val. Agora, mí üdelisimo Paulo, resta 
de contarme del arle que con ella te pasó. 

Paulo. Señor, pasóme con ella aquello 
que pasa con las demás. No fué cierto me- 
nester dar muchas vueltas ; antes ella de 
verme pasar por su calle y mirar á una 
ventana, me envió una criadilla que tiene, 
llamada por mas señas Cristina. 

Val. ¿Y la criada qué le dijo? 



'O 



LüPL Ui: RUEDA. 



Paulo. Si habia menester algo de aquellu 
casa. Yo , como lo sabia antes de agora, así 
como \ü liabia diilio á vucsa nieneil que no 
eran inenesier inutbos casamenteros , co- 
lóme allá , especialmente que de otras vuel- 
tas la dama me conoscla y me liabia llevado 
mis reales : quédeme aquella noche por 
lniés|)ed , y asi otras tres adelante , y visto 
bien las señas de su persona, como yo. se- 
ñor, prometí, vine á darte cuenta de lo que 
liabia jiasado. 

Val. t Kn ün? 

Paulo. En fin, que ella me dio, para 
que me pusiese en el sombrero ó en la 
gorra, un pedazo de un cabello (¡ue le nasce 
del hombro izquierdo, en un lunar grande, 
y por ser señales que el señor su hermano 
Leonardo y tu muy privado no puede ne- 
ear, acordó de traello : veislo aquí, agora 
\o \\c cumplido con quien soy y con la fide- 
lidad que como vasallo te debo. Tú , señor, 
ordena que ningún traidor se ria de ti, ni 
menos que otro se atreva d'aconsejarte, 
siendo criado tuyo , semejante caso , espe- 
cialmente donde tan gran quilate pendía de 
tu honra. 

Val. No cures, Paulo, que bien enten- 
dido tenia yo dése traidor que en son de ha- 
cerme señalado servicio , quería dar des- 
honra á esta antigua casa; yo te prometo 
que no me pague esta traición menos que 
con la vida, y que asimismo tú seas galar- 
donado con grandes mercedes por tan seña- 
lados servicios. 

Paulo. Ansí conviene , señor, porque el 
Iraidor sea por quien esconoscido, y ol 
bueno y leal por su fidelidad remunerado. 

Val. Vamos, Paulo, que yo le prometo 
que su castigo sea escarmiento para los pre- 
sentes y por venir. 

Paulo. Ve , señor, que así es menester 
que en los traidores se ejecute la justicia. 

ESCENA II. 

Sala en casa de Leonardo. 
EUFEMIA. CRISTINA. 

Euf. ¡ Ay ! Cristina hermana : ven acá, 
aconséjame tú aquello que hacer <lebo, que 
de crueles angustias tengo aqueste corazón 
cercatiu. ¿.Qué te diró, sino que después 
que aquella gitana con nosotras estuvo, una 
hora sin mil sobresaltos no he vivido? por- 
que aunque como en burlas tomé sus pala- 
bras , asi veo á los ojos sus desconsolados 
pronósticos. 

frisl. ¿Cómo, señoramia? ¡ay ! por Dios 



no te vea yo triste, ni Imagines tal, que si 
en alguna cosa por yerro aciertan, en dos 
mil devanean; porque torio cuanto hablan 
no es á otro fin sino por sacar de aquí y de 
allí con sus palabras lo mas que |)ueden , y 
pues aqueste es su oficio, no intentes, se- 
ñora mía , lo que no cabe en juicio de dis- 
cretos dalles fe alguna. 

Euf. ¡ Ay Cristina! yo bien tengo enten- 
dido qu'es asi como tú dices, pero ¿qué 
quieres , si no puedo quitar de mí esta ima- 
ginación .' 

Crist. Calla , señora , encomiéndalo todo 
áDios, que es el remediador de todas las 
cosas. Mas por el siglo de mi madre, he 
aqui á Melchor Ortiz. 

ESCENA III. 

EUFEMIA. CRISTINA. MELCHOR. 

Crist. ¡Ah! Melchor hermano, tú seas 
muy bien venido. ¿Qué nuevas traes á mi 
señora? di , ¿qué tal queda señor? 

Mel. Señor bueno está , aunque no le 
han hecho aquello que diz que le han de 
hacer. 

Euf. ¿Qué le han de hacer? dimc presto. 

Mcl. i Válame Dios ! y no se acuite vuesa 
merced , que primero bien sé que le han de 
confesar, que ya lo ha dicho el uno de 
aquestos que andan encapuchados. 

Crist. ¿Que andan encapuchados ? frailes 
querrás decir. 

Mel. Sí, sí. 

Crist. ¿Qué es lo que le han dicho, Mel- 
chor? 

Mel. Que ordene su álima , y que no 
será nada placiendo á Dios , que en despe- 
gándole aqueste de aquesto , le sacarán de 
la cárcel. 

Euf. ] Ay ! Cristina , yo me muero. 

Crist. Callad, señora mía, no diga tal, 
que aqueste sin duda desvaría : ¿no le co- 
noce ya vuesa merced ? ¿Díjole algo señor? 
¿Dióte carta para mi señora? 

Mel. Dijome que rae morase acá, por- 
que no queria que le sirviese ninguno des- 
pués de finado. * 

Crist. ¿ Cómo finado ? ¿ qué dices ? 

Mel. Digo que no lo ha en voluntad que 
le finen , sino que se esté como se estaba 
con su gaznate y todo , pero él su camino 
ha de hacer. 

Crist. Asno , ¿hate dado alguna carta? 

Mcl. ¿Dijiste asno á un hombre que 
puede ya dar consejo según las viñas y al- 
mendrales que hay por ahí adelante ? 



EUFEMIA. 



171 



Crist. ¿Traes carta de tu señor ? acaba, 
ililo. 

Mel. ¿No te dicen ya que sí? ¿qué dia- 
bros le toma? 

Crist. ¿Pues adola? 

Mel. Mira , Cristina , lávame aquestos 
pies, y zahúmame esta cabeza , y dame de 
almorzar, y déjale de estar á lemas conmigo. 

Crist. ¿Que le lave yo? Lávele el mal 
fuego que le abrase ; daca la caria. 

Mel. Mírela , señora , en esa talega. 

Crist. No viene aquí nada. 

Mel. Pues si no viene, ¿qué quiere que 
le haga yo? ¿téngome de acordar dónde, 
está por fuerza ? 

Euf. Dácala , hijo , dime dónde la traes , 
por un solo Dios. 

Mel. Señora , déjeme volver allá á pre- 
guntar á mi señor, si lo bailare por morir, 
adonde la puso, y acabemos. 

Euf. ¡Ay cuitada! Mira que es aquello 
que blanquea en aquella caperuza. 

Mel. Déjalo , dimuño, que es un papel 
entintado que me dio mi amo el que solia 
ser, para señora. 

Euf. ¡ Ay ! pecadora fui á Dios : ¿ pues 
qu'es lo que te han estado pidiendo dos ho- 
ras ha ? 

Mel. ¿ Pues aqucso es carta? yo por papel 
lo tenia : lómela , que por su culpa no se ha 
caído por el camino, que después que la 
puso ahí el que si place á Dios han de finar 
la semana que viene , no me he acordado 
mas della que de la primera escudilla de 
gachas que me dio mi madre. 

Euf. Cristina, hija, lee tú esa caria , que 
no tendré yo ánimo ni aun para vella. 

Crist. (Lee.) Sea dada en la mano de la 
mas cruel y malvada hembra que hasta 
hoy se ha visto. 

Mel. Para tí debe de venir, Cristina, se- 
gún las señas dicen. 
Crist. Calla un poco. 
(Lee.) Carta de Leonardo para Eufe- 
mia. « Si de las justas querellas que de tu 
«injusta y abominable persona, Eufemia, 
« á Dios dar debo , de su mano divina el 
«justo premio sobre tí se ejecutase, no sé 
« si seria bastante tu deshonestísimo y in- 
« fernal cuerpo á soportar lo que por sus 
«nefandos é inauditos usos merece. ¿Cuál 
« ha sido la causa, maldita hermana, que 
«siendo tú hija de quien eres, y, descen- 
«diendo de padres tan ilustres, cuya bon- 
«dad te obligaba á regir en parte alguna, 
« en tanta disolución y deshonestidad hayas 
« venido , que no solo te des libremente á 
« los que tu nefando cuerpo codician , mas 



« aun tanta parle á tus enamorados das de 
« él , que públicamente y en tela de justicia 
« se muestran contra mí con cabellos del 
« lunar de tu persona? De mí cierta estarás 
« que moriré por alabar á quien no conos- 
« cia , pues ya la sentencia del señor, á 
« quien contigo quería engafiar, revocar no 
« se puede , que solos veinte días de tiempo 
« me han dado para que yo ordene mi 
« ánima y para si algún descargo pudiere 
« dar. Y porque para quejarme de tí seria 
« derramar razones al viento , vive á lu vo- 
« luntad , falsa y deshonesta muger, pues yo 
« de ello pagaré con la cabeza lo que tú con 
«tu disolución ofendiste. » 

Euf ¿Qué es esto? ¿Qué es lo que oigo? 
i Ay desventurada de mí! ¿qué deshonesti- 
dades tan grandes han sido las mías, ó 
quién es aquel que con verdad habrá po- 
dido, si no fuere con grandísima traición y 
engaño , no solamente dar señas de mi per- 
sona, pero ni aun verme, como tú sabes, 
por mil paredes? 

Crist. ¡ Ay señora mia ! que si fatiga al- 
guna mí señor tiene , yo he sido la causa , 
que no tú ; y si me perdonares, yo bien te 
diría lo que de aquesto alcanzo. 

Euf. Di lo que quisieres : no dudes del 
perdón, con que me des alguna claridad 
de lo que en esta atribulada carta. oigo. 

Crist. Sabe pues, señora mia, que aun- 
que yo te confiese mi yerro , no tengo tanta 
culpa, por pecar de ignorancia, como si por 
malicia lo hiciera. 

Euf. Di , acaba ya , que no es tiempo de 
estar gastando tanto en palabras : di lo que 
hay, no me tengas suspensa , que muero por 
entenderle. 

Crist. Sabe, señora mia, que en los días 
pasados un hombre como estranjero me pi- 
dió por ti, diciéndome si seria posible po- 
derle ver ó hablar : yo, como viese tu tan 
grande recogimiento, díjele que lo tuviese 
por imposible, y él fué tan importuno con- 
migo , que le dije las señas de toda lu per- 
sona , y no contento con esto , hizo conmigo 
que te quitase una parte del cabello que ea 
el lunar del hombro derecho tienes: yo, pen- 
sando que no hacia ofensa á lu honra , ni á 
nadie, tuve por bien, viéndole tan afligido, 
de hurtártelo estando durmiendo, y así se 
lo di. 

Euf No me digas mas , que algún grande 
mal debe de haber sucedido sobre ello. Va- 
mos de aquí , que yo me determino de po- 
nerme en lo que en toda mi vida pensé, y 
dentro del término destos veinte días ir allá 
lo mas encubiertamente que pueda. Veamos 



172 



LOl'E DE RUEDA. 



si podré en algo remediar la vida de este 
rarísimo hermano, que sin saher la verdad , 
tantas afrentas y lanías lástimas me escribe. 

Crist. Si tú aqueso haces y en el camino 
le apresuras , yo lo doy lodo, con el ausilio 
divino, por remediado. Vamos. 

Mel. ¿ Yo tengo de ir allá? 

Crisf. Si , hermano; ¿pues qui('n nos ha- 
bía de servir por el camino sino tú? 

Mel. Pardiez , aunque hombre hubiese 
de a|irender jiara hacer cartas de mareaje , 
no le hiciesen atravesar mas veces este ca- 
nñno, pero vaya. 



ACTO QUINTO. 



ESCENA PRIMERA. 

Calle. 
PAULO. 

¡Oh cuan bien van los negocios míos, y 
cuan bien he sabido valerme ! ¡ Oh qué 
astucias he tenido para desprivar á este 
advenedizo de Leonardo ! ¡ Oh cuan alegre 
me ha hf cho la fortuna , y cuan largo cré- 
«llto he cobrado con Vaiiano! Bien está : 
que pocos son los dias que le faltan de cum- 
I»lir de la dilación que le pusieron para que 
de si diese descargo alguno, si lo lenia. 
¿Qué hombre habrá en toda esta tierra de 
mas buena ventura que yo, en haciendo 
justicia de aqueste? Pues quizá tengo mal 
testigo en Vallejo, lacayo , pues por inte- 
rese de dos doblas que le prometí en el 
ramino cuando conmigo fué, dice que se 
matará con todos cuantos dijeren al contra- 
vio de lo que tengo dicho. Mas voime, que 
no sé quit-n viene , no quiero ser oido de 
nadie, por ser el caso de la suerte que es. 

ESCENA II. 

POLO. 

¡Oh! bendílo sea Dios, que me ha de- 
jado escabullir un rato de aqueste impor- 
tuno do Vaüano mi señor, que no parescc 
sino que todo el dia está pensando en otro , 
sino en cosas que fuera de propósito se en- 
caminan. AgDra yo estoy asombrado como 
Leonardo, á los ojos de todos lan honrado y 
cuerdo mozo , le quisiese así engañar con 
darle á entender que su hermana fuese lan 



buena , que para ser muger suya le faltase 
nada. Con su pan se lo coma , que gran 
priesa se dan ya para que pague con la 
gorja lo que pecó con la lengua. Dios me 
guarde de ser entremetido , acá me quiero 
andar siguiendo mi planeta, que si aquesta 
mi Eulalia se va conmigo, como me tiene 
prometido, yo soy uno de los bienaventu- 
rados hombres de todo mi linaje. Ya estoy 
á su puerta : aqui sobre la calle en este 
aposento seque duerme. ¿Qué señas haré 
F)araque saiga? ¡Oh! bien va, que aquella 
que canta es. 

ESCENA III. 

POLO. EULALIA. 

k'ul. {Canta.) Gila Gonzalo 

De la vila yariia : 
No .sé yo madres 
Si me Tabrirú. 
Gila Gonzalo 
Yama la torre : 
Abrime la voz, 
Fija Y'conore , 
Porque lo cabayo 
Mojaba falcone : 
No sé yo madres 
Si me l'abriré. 

Polo. ¡Ah! señora mia Eulalia. ¡Ah! 
señora. ¡Qué embebida está en la miísica! 

Eul. ¡Jesu! Ofréscomelá Dios turo po- 
reroso , criador na cielos é na tierras. 

Polo. ¡.\h! señora Eulalia, no te alteres, 
que el que te llama no le desea sino hacerle 
todo servicio. 

Eul. ¿Paréscete á vos queso da bon 
gemplos , á la ventana de una dueña honra- 
das, recogidas como yo, facer aqueya cor- 
tesía á tal horas? 

Polo. No me debe haber conoscido. ¡ Ah! 
señora Eulalia. 

Eul. Mal años para vos: ¿y paréscete 
bien á la fija de la hombre honrados facer 
cudolete á la pula agenas? 

Polo. ¡Oh pecador de mí! Asómate, se- 
ñora Eulalia , á esa ventana, y verásme , y 
sabrás de cierto quién soy. 

Eul. ¿Quién está ahí? ¡Jesu! ó la voz me 
la miente , ó 's aqueya que yama mi señor 
Poyos. 

Polo. j¡Oh! bendito aquel que le dejó 
entender; 

Eul. ¡ Ay ! señor mios, ¿á tales horas? 

Polo. Señora mia , por una pieza como 
vuesa merced aun no es temprano para ser- 
villa. 



EUFEMIA. 



175 



Eul. Pues á bona fe qu'está la persona de 
mala ganas. 

Polo. Que la guarde Dios , ¿y de qué? 

Eul. Siñor, preséntame lasiñora doíia'l- 
donza , un prima mia , una boletas de lejías 
para'nrubiarmc los cabeyos; y como yo s¡i 
tan delicara, despójame na cabeza como ñas 
ponjas , pienso que tenemos la mala ganas. 

Polo. ¡Válame Dios! ¿pues no hay re- 
medio para eso? 

Eul. Sí, sí, guáreme Dios, ya m'envia á 
visitar la siñora navadesa la monja Sánela 
Pabla , y me dice que me enviará una ma- 
lacina para que me le quiten como las 
manos. 

Polo. ¿Pues agora te pones á enrubiar? 

Eul. Sí, ¿porqué no? ¿no tengo yo ca- 
beyo como la otro? 

Polo. Sí , cabellos , y aun á mis ojos no 
hay brocado que se le compare. 

Eul. Pues , buenafe , que ha cinco noche 
que face oración á siñor Nicolás de Tramen- 
tinos. 

Polo. San Nicolás de Tolentino querrás 
decir : ¿y para qué haces la oración, señora? 

Eul. Quiere casar mi amos, y para que 
me depares Dios marido á mi contentos. 

Polo. Anda, señora, ¿y cómo agora 
haces aqueso? ¿No me has prometido de 
salirte conmigo? 

Eul. Y cómo, siñor, ¿no miras mas 
qu'esos? ¿paréscete á vos que daba yo bon 
gemplo y cuenta de mi linajes? ¿Qué te 
dirá cuantas señoras tengo yo por mi migas 
en esta tierra ? 

Polo. ¿Y la palabra , señora , que me has 
dado? 

Eul. Siñor, ona forza neva nerrechos se 
pierde : honra y barbechos no caben la sacos. 

Polo. ¿Pues qué honra pierdes tú, se- 
üora, en casarte conmigo? 

Eul. Ya yo lo veo , señor. Mas quiero vos 
sacarme y napues perdida na tierra. ¡ Que 
te conozco ! 

Polo Mi reina, ¿aqueso me dices? No te 
podría yo dejar que primero no dejase la 
vida. 

• f MÍ. ¡ Ah ! traidoraz , dolor de torsija que 
rebata tolo rombres : á otro hueso con aquese 
perro, que yo ya la tengo rozegados. 

Polo. En verdad, señora, que te engañas; 
pero dime, señora, ¿con quién te querían 
casar ? 

Eul. Yo quiere con un cagañcroz; dice 
mi amo que no, que mas quiere con unoz 
potecarioz; yo dice que no, dice mi amo : 
caya , fija, quien tenga'loficio tenga male- 
ficio. 



Polo. ¿Pues yo no soy oficial? 

Eul. ¿Quin oficios, siñor Poyoz? 

Polo. Adobar gorras, sacar manchas, 
hacer ruecas y husos, y echar soletas y bro- 
cales á calabazas : otros mil oficios, que 
aunque agora me ves servir de lacayo, yo le 
sustentaré á toda honra. No dejes tú de sa- 
car con que salgamos la primera jornada , 
que después yo te haré señora de un estrado 
y cama de campo y guadameciles : ¿qué 
quieres mas, mi señora? 

Eul. Agora sí me contenta; ¿mas sabe 
que querer yo , siñor Poyos ? 

Polo. No, hasta que me lo digas. 

Eul. Que me comprar una monas , un 
papagayos. 

Polo. ¿Para qué , señora? 

Eul. Los papagayos para qu'enseña á 
fablar en jaula , y lo mona para que la ten- 
gas yo á mi puerta como dueña d'estabro. 

Polo. De estrado querrás decir. 

Eul. Sí , sí , ya la digo yo. Nafablo , 
¿mas sabe que me falta rogar á mi siñora 
doña Beatriz que me presa un ventajo» 
para caminos? 

Polo. ¿Para qué es el ventalle , señora? 

Eul. Para ponéme lanlre la cara, por- 
que si me mira alguna conoscida no me la 
conoscas. 

Polo. Señora , yo lo haré ; mas voime , 
que toda la tierra está revuelta por ir á ver 
á aquel pobre de Leonardo, que hoy man- 
dan que se haga justicia de él. 

Eul, ;Ay malogrados! por cierto que 
me pesas como si no fueras mi fijo ; mas si 
marinas busca , tome Jo que baila. 

Polo. A Dios, mi señora, que ya el dia 
se viene á mas andar, y la gente madruga 
hoy mas que otros días por tomar lugar : 
porque el pobreto como era tan bien quisto 
de todos , aunque era estranjero , toda la 
gente irá para ayudalle con sus oraciones. 

Eul. ¡ Ay! amarga se vea la madre que 
le parió. 

Polo. Hasta mi amo Valiano le pesa es- 
trañamenle con su muerte ; mas aquel 
Paulo , contrario suyo , que es el que trajo 
las señas de su hermana, le acusa valiente- 
mente , y ese le ha traído al término en que 
agora está : á Dios. 

Eul. L'Espíritu Santos te guarda mi áni- 
ma, y te libra cntretutanto. 

Polo. ¡ Pese á tal con la galga ! ¡ Yo la 
pienso vender en el primer lugar , diciendo 
que es mi esclava, y ella péneseme en se- 
ñoríos! Espantóme cómo no me pidió dosel 
y todo en que poner las espaldas. ¿No tengo 
un real , que piensa la persona sacárselo de 



174 



LOPE DE nUEDA. 



las costillas , y demándame papagayo y 
mona ? 

Ful. Siíior Poyos, siñor Poyos. 

Polo. ¡. Qué hay , mi > ida ? 

liiil. Tráigame para mañana un poquito 
de mosaza , un píxiuilo de trcmcntinos de 
la que y aman de |)uta. 

Polo. De veta querrás decir: ¿y para 
qué quieres lodo eso, señora? 

Etil. Para hacer una muda para las ma- 
nos. 

Polo. ¿Qué? con esa color me contento 
yo , señora , no has menester ponerte nada. 

Eul. Asi la verdad, (|ue aunque tengo 
la cara morenicas , la cuerpo tienes como 
un terciopelo dobles. 

Polo. A ser mas blanca no valias nada : 
h Dios, que asi te quiero yo para hacer 
reales. 

Eul. Guíate la Ceictina , que guiaba la 
toro la enamorados. 

ESCEIVA IV. 

Plaza delante del palacio de Valiano. 
EUFEMIA. CRISTINA. 

Crist. Señora , aqui estamos bien , por- 
que en este lugar podrás aguardar que al 
tiempo que Valiano salga , le digas lo que 
le parcscerá. 

Euf. Aquel todopoderoso Señor que 
sabe y entiende todas las cosas, declare y 
saque á luz una tan grande traición; de 
suerte que la verdad sea manifiesta , y 
aquel carísimo hermano libre , pues de tan 
falsa acusación asi él como yo somos sin 
culpa. 

Crist. Esfuérzate , señora , que á tiempo 
somos que se descubrirá la verdad , de 
suerte que cada cual quede por quien es 
reputado. 

Euf. Oye , que pasos suenan , gente sale, 
y aquel de la mano derecha, según su ma- 
nera , debe de ser Valiano , señor de todas 
aquestas tierras. 

Crist. 1 Ay , señora mia ! y el que con él 
viene es el estranjero al que yo por su im- 
portunidad di las señas de su merced y de 
su cuerpo. 

Euf. Calla , que hablando salen. 

ESCENA V. 

VALIANO. PALLO. VALLEJO. 
Acompañamiento y Dicuas. 

Val. Dime , Paulo , ¿está ya todo puesto I 
á punto? I 



Paulo. Señor , sí , que yo he puesto en 
ello la diligencia que conviene, para que 
el traidor pague y tú quedes sin queja. 

Val. Bien has hecho : mas ¿ qué gente es 
aquesta? 

Paulo. Señor , no las conozco , estranje- 
ras parescen. 

Valí. Voto á tal , que la delantera parés- 
cemc moza de chapa : desde aqui la acoto 
p.ira que coma en el plato que come el hijo 
de mi padre. 

Euf. Señor ilustre, estranjera soy , en 
tu tierra me hallo , j usticia te pido. 

Val. De eso huelgo yo iuünitisimo, que 
esté en mi mano haceros algún favor, que 
aunque no fuese mas que por ser estran- 
jera , vuestro arte y buen aseo provoca á 
cualquiera á haceros todo servicio; asi que 
demandad lo que quisiéredes, que cuantg 
á la justicia que pedís, nada se os ne- 
gará. 

Euf. Justicia , señor , que malamente soy 
ofendida. 

Val. ¿ Ofendida , y en mí tierra ? Cosa 
es que no soportaré. 

Valí. Suso , señor , armémonos todos los 
de casa y dame á mí la mano ; verás cuan 
presto revuelvo los rincones de esta ciudad, 
y la hago sin querella. 

Val. Calla, Vallejo. Decidme, señora, 
¿quién es el que ha sido parte para eno- 
jaros? 

Euf. Señor , ese traidor que cabe ti 
tienes. 

Paulo, i Yo? ¿burláis de mí , señora , ó 
querréis pasar tiempo con las gentes? 

Euf. jVo me burlo, traidor, que de mu- 
chas veces que dormiste conmigo en mi 
cama, la postrer noche me hurtaste una 
joya muy rica , debajo la cabecera de mí 
cama. 

Paulo. ¿Qué es lo que decís, señora? 
Por otro quizás me habréis tomado , que yo 
no os conozco, ni sé quien sois. ¿Cómo me 
levantáis cosa que en toda mi vida tal pensé 
hacer? 

Euf. ¡ Ah don traidor ! ¿qué , no te bas- 
taba aprovecharte de mi persona como te 
has aprovechado , sino aun robarme mi ha- 
cienda? 

Val. Paulo , responde : ¿ es verdad lo 
que esta dueña dice? 

Paulo. Digo," señor, que es el mayor le- 
vantamiento del mundo: ni la conozco, ni 
la vi en mi vida. 

Euf. ¡Ay! señor, que lo niega aquese 
traidor por no pagarme mi joya. 

Paulo. No llaméis traidor á nadie, 



KUFEMIA. 



475 



que si traición hay , vos la traéis , pues 
afrentáis á quien en su vida os ha visto. 
Euf. \ Ay traidor ! ¿ qué , tú no has dor- 
mido conmigo? 

Paulo. Que digo que no os conozco, ni 
sé quien sois. 

Euf. ¡ Ay señor! tómenle juramento, 
que él dirá la verdad. 

Val. Pone la mano en vuestra espada , 
Paulo. 

Paulo. Que juro , señor, por todo lo que 
se puede jurar , que ni he dormido con ella, 
ni sé su casa , ni la conozco, ni sé lo que se 
habla. 

Euf. Pues, traidor, oigan tus oídos lo que 
tu infernal boca ha dicho ; pues con tus 
mismas palabras te has condenado. 

Paulo. ¿De qué manera? ¿Qué es lo 
aue decis? ¿Qué os debo? 

Euf. Di, desventurado, si tú no rae co- 
nosces , ¿cómo me has levantado tan grande 
falsedad y testimonio ? 

Paulo. ¿Yo testimonio? Loca está esta 
muger. 

Euf. ¿Yo loca? ¿Tú no has dicho que 
has dormido conmigo? 

Paulo. ¿Yo he dicho tal? Señor, si tal 
hay, por justo juicio sea yo condenado y 
muera mala muerte á manos del verdugo 
delante de vuestra presencia. 

Euf. Pues si tú, alevoso, no has dormido 
conmigo, ¿cómo hay tan grande escándalo 
en esta tierra por el testimonio que sin co- 
noscerme me has levantado? 

Paulo. Anda de ahí con tu testimonio, 
ó tus necedades. 

Euf. Dime, hombre sin ley, ¿no has tú 
dicho que has dormido can la hermana de 
Leonardo? 

Paulo. Sí, lo he dicho , y aun traído las 
señas de su persona. 

Euf. ¿Y esas señas, cómo las hubiste? 
¿ Si tú , traidor, me tienes delante , que soy 
la hermana de Leonardo , cómo no me co- 
nosces, pues tantas veces dices que has dor- 
mido conmigo ? 

Val. Aquí hay gran traición , según yo 
voy entendiendo. 

Crist. Hombre sin ley, ¿tú no me rogaste 
que te diese las señas de mí señora?aunque 
agora por venir disfrazada no me conozcas. 
¿ Y viendo tu fatiga tan grande , le corté un 
pedazo de un cabello del lunar que en el 
hombro derecho' tiene y te lo di , sin pensar 
que á nadie hacía ofensa ? 

Val. ¡Ah! don traidor, que no puedes 



negar la verdad , pues tú mismo por tu boca 
lo has confesado. 

Valí. Afuera hay cantos , mosca de Ar- 
jona. También me quería el señor coger en 
el garlito. 

Val. ¿ De qué manera? 

Valí. Rogóme en el camino cuando fui- 
mos con él que testificase yo como él había 
dormido con la hermana de Leonardo, por 
lo cual me había prometido para unas cal- 
zas, y hubiérame pesado, si en lugar de 
calzas me dieran un jubón de cíen ojetes. 

Val. Suso , tomen á este alevoso y pague 
por la pena del talion. ¡Qué bien sabia yo 
lo que en mi fiel Leonardo tenía ! Sáquenle 
de la prisión y sea luego restituido en su 
honra, y á este traidor córtenle luego la 
cabeza en el lugar que él para mi Leonardo 
tenía aparejado. 

Valí. Que se haga, señor mío, luego su 
mandamiento. 

Val. Y esta señora noble , pues tan bien 
supo salvar la vida de su hermano, quede 
en nuestras tierras y por señora del las y 
mía , que aun no pienso pagalle con todo 
aquesto la tribulación que su hermano en la 
cárcel y ella por le salvar habrán padescido. 

Valí. Señor, in corbona es : ya está el le- 
vantador de falsos testimonios, el desventu- 
rado de Paulo, en poder del alcalde con 
todos aquellos cumplimientos que vuesa 
merced me mandó. 

Val. Suso, córtense libreas á todos los 
criados de mi casa; y vos, señora mía. 
dadme la mano y entremos á yantar, que 
yo quiero que vos y vuestro hermano co- 
máis juntamente conmigo por tan sobrado 
regocijo, y después hacer lo que debo en 
cumplimiento de lo que á Leonardo había 
prometido. 

Euf. Como tú , señor, lo mandares , seré 
yola dichosa. 

ESCENA VI. 

VALLEJO. 

Abrazado va mi amo con la rapaza. 
Pero yo soy el mejor librado de este nego- 
cio , pues me escapé de arrebatar una cen- 
tena por testigo falso. Yo voy, que haré 
falta en casa, .\uditores , no hagáis sino co- 
mer, y dad la vuelta á la plaza, si queréis 
ver descabezar un traidor y libertar un 
leal , y galardonar á quien en deshacer tal 
trama ha sido solícita, y avisada y dili- 
gente. Et vale. 



176 



LOPE DE RUEDA. 



EL CONVIDADO. 

PASO. 



PERSONAS. 



LICENCIADO JAQl'IMA. 
BACHILLER UUAZLELOS. 



CAMINANTE. 



Zaguán de casa pobre. 



CAMINANTE. 



Uno de los grandísimos trabajos que 
€l hombre puede recibir en esta mise- 
rable vida , es el caminar, y el superlativo 
faitalle los dineros. Digolo esto porque se 
me ha ofrescido un cierto negocio en esta 
ciudad, y en el camino por las muchas 
aguas me han faltado los reales : no tengo 
otro remedio sino este , que soy informado 
que vive en este pueblo un licenciado de mi 
tierra : veré si con una carta que le traigo 
puedo ser favorescido. Esta debe de ser la 
posada ; llamar quiero : ¿quién est;i acii?. 

liach. ¿Quién llama? ¿quién está ahi? 

Catn. Si está, salga vuesa merced acá 
fuera. 

Bach. ¿Qué es lo que manda? 

Cam. ¿Sabráme dar vuesa merced razón 
de un señor licenciado? 

Bach. No señor. 

Cam. Pues déjeme decir : él es hombre 
bajo, cargado de espaldas, barbinegro, na- 
tural de Burbáguena. 

Bach. >ü le conozco, diga cómo se llama. 

Cam. Señor, allá se llamaba el licenciado 
Cabestro. 

Bach. Señor, en mi posada está uno que 
se hace nombrar el licenciado Jáquima. 

Cam Señor, ese debe de ser, porque de 
Cabestro á Jáquima harto parentesco me 
paresce que hay : llámele. 

Bach. Soy contento. ¡Ah! ¿señor liccn- 
ciasno Jáquima? 

Lie. ¿ Llama vuesa merced , señor ba- 
chiller Brazuelos? 

fíach. Sí señor, salga vuesa merced acá 
fuera. 

Lie. Suplicóle , señor, que me tenga por 
cscusado, que ando metido en la fragancia 
del estudio, y estoy en aquello que dice, 
sicut adversus temporc, et quia bonus 
tempus est , nonponiturillo. 

Bach. Salga, señor, que está aquí un se- 
ñor de su tierra. 



Lie. ¡ Oh válame Dios ! Señor bachiller, 
¿ha visto vuesa merced mi bonete? 

Bach. Ahí quedó super PUnio. 

Lie. Señor bachiller, ¿y mis pantuflos de 
camelote sin aguas halos visto ? 

Bach. Periquillo los llevó á echar una§ 
suelas y capilladas, porque estaban maltra- 
tadillos. 

Lie. Señor bachiller, ¿ mi manteo hale 
visto? 

Bach. Ahí le teníamos encima de la cama 
esta noche en lugar de manta. 

Lie. Ya lo he hallado. ¿Qué es lo que 
manda vuesa merced ? 

Bach. ¿Agora sale con todo eso á cabo de 
dos horas que le estoy llamando? Aqueste 
señor le busca, que dice que es de su tierra. 

Lie. ¿De mi tierra? Sí será, pues él lo 
dice. 

Cam. ¿ No me conosce vuesa merced, se- 
ñor licenciado ? 

Lie. No le conozco en verdad, si no es 
para serville. 

Cam. ¿ No conosce vuesa merced á uu 
Juanitico Gómez, hijo de Pero Gómez, que 
íbamos juntos á la escuela, y hecimos 
aquella farsa de los gigantillos? 

£íc. Ansí, ansí, ¿es vuesa merced hijo 
de un tripero ? 

Cam. Qué, no señor : ¿no se le acuerda, 
á vuesa merced que mi madre y la suya 
vendían rábanos y coles allá en el arrabal 
de Santiago? 

Lie. ¿Rábanos y coles? Rasos y colcho- 
nes quiso decir vuesa merced. 

Cam. Sea lo que mandare, mas á fe que 
no me conosce. 

Lie. Ya, ya caigo en la cuenta, ¿no es 
vuesa merced el mochacho que hizo la mó- 
cela, aquel bellaquillo,íiqi4el de las calci- 
llas coloradas? 

Cam. Si señor, yo soy ese. 

Lie. ¡Oh señor Joan Gómez! Señor ba- 
chiller, una silla, Periquillo, rapaz, una 
silla. 



EL CONVIDADO. 



177 



Cam. Qiic no es do menester, señor. 

Lie. ¡Oh señor Joan Gómez! abráceme. 
¿Y ilióle alguna cosa que me trújese mi 
madre? 

Cam. Si, señor. 

Lie. Tórneme á abrazar, señor Joan Gó- 
mez. ¿ Qué es lo que le dio ? ¿ Es cosa de im- 
portancia? 

Cam. ¿Y pues no? 

Lie. ¡Oh señor Joan Gómez! él sea muy 
bien venido ; amuestrc lo que es. 

Cam^. Es , señor, una carta que me rogó 
que le trújese. 

Lie. i Carta , señor ? ¿ Y dióle algunos di- 
neros la señora mi madre? 

Cam. No , señor. 

Lie. ¿Pues para qué quería yo carta sin 
dinero? Agora , señor Joan Gómez, hágame 
l^n señalada merced de venirse á comer 
con nosotros. 

Cam. Señor, beso las manos de vuesa 
merced : en la posada lo dejo aparejado. 

Lie. Hágame este placer. 

Cam. Señor, por no ser importuno yo 
haré su mandamiento , y de camino me 
traeré la carta que dejé encomendada al 
mesonero. 

Lie. Pues vaya. 

Cam. Beso sus manos. 

Sala de los estudiantes. 

Lie. ¿Qué le paresce, señor bachiller 
Brazuelos , deste nuestro convidado ? 

Baeh. Muy bien , señor. 

Lie. A mí no , señor, sino muy mal. 

Baeh. ¿Porqué, señor? 

Lie. Porque yo para convidalle ni tengo 
blanca, ni bocado de pan, ni cosa, ofréz- 
cola á Dios , que de comer sea ; y por tanto 
querría suplicar á vuesa merced , que vuesa 
merced me hiciese merced de me hacer 
merced ( pues estas mercedes se juntan con 
esotras mercedes que vuesa merced suele 
hacer ) me hiciese merced de prestarme 
dos reales. 

Baeh. ¿Dos reales, señor licenciado? 
¿Saca burla del tiempo? Sabe vuesa mer- 
ced que traigo este andrajo en la cabeza por 
estar mi bonete empeñado por seis dineros 
de vino en la taberna, ¿ y pídeme dos reales ? 

Lie. ¿Pues no me haría vuesa merced 
una merced de pensar una burla en que 
se fuese este convidado con todos los dia- 
blos? 

Baeh. ¿ Burla dice ? Déjeme á mí el cargo, 
que yo le haré una que vaya diciendo 
que vuesa merced es muy honrado, y muy 
cabido con todos. 

I. * 



Lie. Así : ¿de qué manera lo hará vuesa 
merced ? 

Baeh. Mire vuesa merced, él ha de venir 
agora á comer, vuesa merced se meterá de- 
bajo de esta manta, y en venir, luego pre- 
guntará : ¿qué es del señor licenciado? Yo 
le diré : el señor arzobispo le ha enviado á 
publicar ciertas buidas , que fué negocio de 
presto, que no se pudo hacer otra cosa. 

Lie. \ Oh cómo dice bien vuesa merced ! 
Pues mire que pienso que es él que llama. 
Cam. Ha de casa. 
Baeh. Si , él es , métase presto. 
Lie. Mire que me cobije bien, que no me 
vea. 
Cam. Ha de casa. 

Baeh. ¿Quién está ahí? ¿Quién llama? 
Cam. ¿ Está en casa el señor licenciado ? 
Baeh. ¿ A quién busca? 
Cam. Al señor licenciado Jáquima. 
Baeh. A comer pienso que verná vuesa 
merced. 
Cam. No vengo-por cierto, señor. 
Baeh. Picadillo debe de traer el molino. 
Cam. No traigo en verdad. 
Baeh. No lo niegue vuesa merced. ¿Qué, 
para decir que viene á comer es de me- 
nester tantas retóricas? 

Cam. Verdad es que venia á comer, que 
el señor licenciado me había convidado. 

Baeh. Pues certificóle que tiene vuesa 
merced muy mal recado de esta vez , por- 
que en casa no hay blanca, ni bocado de 
pan para convidalle. 

Cam. Pues no creo yo que el señor licen- 
ciado sacara burla de mí. 

Baeh. ¿ Qué , no me cree vuesa merced? 
Pues sepa que de puro corrido está puesto 
debajo de aquella manta. 

Cam. No lo creo si con mis ojos no lo 
viese. 

Baeh.iQüé no? Pues mire vuesa merced 
cuan contrito está arrodillado. 

Cam. ¡ Jesús ! ¡ Jesús ! Señor licenciado , 
¿ para mí era de menester tantos negocios? 
Lie. Juro á Dios que ha sido muy bella- 
quisimamentc hecho. 
Baeh. No ha estado sino muy bien. 
Lie. No ha estado sino de muy grandísimo 
bellaco, que si yo me escondí, vos me lo 
mandasteis. 
Baeh. No os escondiérades vos. 
Lie. No me lo mandaseis vos : y agra- 
desceldo al señor de mi tierra, don ba- 
chillerejo de no nada. 
Baeh. ¿De no nada? Aguarda. 
Cam. Id con todos los diablos, allá os 
averiguad vosotros mesmos. 

12 



178 



LOPE DE RUEDA. 



LAS ACEITUNAS. 

PASO. 



PKRSONAS. 



TORl'VIO, simple, viejo. 

ÁGUEDA DE TÜUl'ÉGANO, su inugcr. 



MENCIGÜELA.suhija. 
ALOJA, vecino. 



Calle de un lugar. 



TORUVIO. 



¡Vélame Dios, y qué tempestad ha hecho 
üesd'el resquebrajo del monte acá , que no 
paresoia sino qucl cielo se quería hundir y 
las nubes venir abajo! Pues deci agora qué 
ns terna aparejado de comer la señora de 
mi muger, asi mala rabia la mate. ¿Oisio? 
moctiacha , Mencigiiela. Si , todos duermen 
en Zamora. Águeda de Toruégano , ¿oíslo? 

Menc. 1 Jesús, padrel y habeisnos de 
quebrar las puertas. 

Tor. Mira qué pico, mira qué pico, ¿y 
adonde está vuestra madre, señora? 

Menc. Allá está en casa de la vecina, que 
le ha ido á ayudará cocer unas madejillas. 

Tor. Malas madejillas vengan por ella y 
por vos : andad , y llamalda. 

Ag. Ya, ya el de los misterios : ya viene 
de hacer una negra carguilla ifk leña, que 
no hay quien se averigüe con él. 

Tor. Si , carguilla de leña le paresce á la 
señora : juro al cielo de Dios, que éramos 
yo y vuestro ahijado á cargalla, y no po- 
díamos. 

Ag. Ya, noramala sea, marido; ¡y qué 
mojado que venis ! 

Tor. Vengo hecho una sopa d'agua. Mu- 
ger, por vida vuestra que me deis algo que 
cenar. 

-^9- ¿Yo qué diablos os tengo de dar si no 
tengo cosa ninguna? 

Menc. ¡Jesús, padre, y qué mojada que 
venia aquella leña! 

Tor. Sí , después dirá tu madre qu'es el 
alba. 

Ag. Corre, mochacha , adrézale un par 
de huevos para que cene tu padre , y hazle 
luego la cama : y os aseguro , marido, que 
nunca se os acordó de plantar aquel renuevo 
de arcilunas que rogué que plantáscdes. 

Tor. ¿. I»ues en qué me he detenido sino 
en plnntalle como me rogastes? 

Ag. Calla, marido, ¿y adonde lo plan- 
lasles ? 



Tor. Allí junto á la higuera brcval , 
adonde si se os acuerda os di un beso . 

Menc. Padre, bien puede entrar á cenar, 
que ya está adrezado todo. 

Ag. Marido , ¿no sabéis qué he pensado? 
Que aquel renuevo de aceitunas que plajfc- 
tasles hoy, que de aqui á seis ó siete años 
llevará cuatro ó cinco hanegas de aceitunas, 
y que poniendo plantas acá y plantas acullá , 
de aquí á veinte y cinco ó treinta años 
terneis un olivar hecho y drecho. 

Tor. Eso es la verdad , muger, que no 
puede dejar de ser lindo. 

^gí. Mira, marido, ¿sabéis qué he pen- 
sado? Que yo cogeré el aceituna, y vos la 
acarreareis con el asnillo, y Mencígüela la 
venderá en la plaza ; y mira , mochacha , 
que te mando que no las des menos el cele- 
mín de á dos reales castellanos. 

Tor. ¿Cómo á dos reales castellanos? 
¿No veis qu'es cargo de conscíencia, y nos 
llevará el amotacen cad'al día la pena? que 
basta pedir á catorce ó quince dineros por 
celemín. 

Ag. Callad , marido , qu'es el veduño de 
la casta de los de Córdoba. 

Tor. Pues aunque sea de la casta de los 
de Córdoba , basta pedir lo que tengo dicho. 

Ag. llora no me quebréis la cabeza; mira, 
mochacha , que te mando que no las des 
menos el celemín de á dos reales castellanos. 

Tor. ¿Cómoá dos reales castellanos? Ven 
acá , mochacha, ¿á cómo has de pedir? 

Menc. A como quisiéredes, padre. 

Tor. A catorce ó quince dineros. 

Menc. Así lo haré, padre. 

Ag. ¿Cómo así lo haré, padre? Ven acá, 
mochacha, ¿á cómo has de pedir? 

Menc. A como mandáredcs , madre. 

Ag. A dos reales castellanos. 

Tor. ¿Cómo á dos reales castellanos? 
Y'os prometo que si no hacéis lo que y'os 
mando , que os tengo de dar mas de dos- 
cientos correonazos. ¿A cómo has de pedir ? 

Menc. A como decís vos, padre. 



LOS ENGAÑOS. 



179 



Tor. A catorce ó quince dineros. 

Menc. Asi lo haré, padre. 

Ag. ¿Cómo así lo haré, padre? Toma, 
toma , hace lo que y'os mando. 

Tor. Dejad la mochacha. 

Menc. ¡Ay madre! ¡ay padre! queme 
mata. 

4í. ¿Qu'es esto, vecinos? ¿Porqué mal- 
tratáis ansí la mochacha ? 

Ag. ¡Ay señor! este mal hombre que me 
quiere dar las cosas á menos precio , y 
quiere echar á perder mi casa : unas acei- 
tunas que son como nueces. 

Tor. Yo juro á los huesos de mi linaje, 
que no son ni aun como piñones. 

Ag. Si son. 

Tor. No son. 

Al. Hora, señora vecina, hacéme ta- 
n^o placer que os entréis allá dentro , que 
yo lo averiguaré todo. 

Ag. Averigüe, ó póngase todo del que- 
branto. 

Al. Señor vecino, ¿qué son de las acei- 
tunas? Sacaldas acá fíiera , que yo las com- 
praré aunque sean veinte hanegas. 

Tor. Qué, no señor, que no es d'esa manera 
que vuesa merced se piensa, que no están las 
aceitunas aquí en casa, sino en la heredad. 

Al. Pues traeldas aquí , que y'os las com- 
praré todas al precio que justo fuere. 

Menc. A dos reales quiere mi madre que 
se vendan el celemín. 



Al. Cara cosa es esa. 

Tor. ¿No le paresce á vuesa merced? 

Menc. Y mi padre á quince dineros. 

Al. Tenga yo una muestra dellas. 

Tor. Válame Dios, señor, vuesa merced 
no me quiere entender. Hoy he yo plantado 
un renuevo de aceitunas, y dice mi muger 
que de aquí á seis ó siete años llevará cua- 
tro ó cinco hanegas de aceituna, y qu'ella 
la cogería, y que yo la acarrease, y la mo- 
chacha la vendiese , y que á fuerza de dre- 
cho había de pedir á dos reales por cada 
celemín ; yo que no , y ella que sí , y sobre 
esto ha sido la quistion. 

Al. ¡Oh qué graciosa quistion! Nunca 
tal se ha visto : las aceitunas no están plan- 
tadas, ¿y ha llevado la mochacha tarea 
sobre ellas? 

Menc. ¿Qué le paresce, señor? 

Tor. No llores, rapaza : la mochacha, 
señor, es como un oro. Hora andad, hija, 
y ponedme la mesa, que y'os prometo de 
hacer un sayuclo de las primeras aceitunas 
que se vendieren. 

Al. Hora, andad, vecino, entraos allá 
dentro, y tené paz con vuestra muger. 

Tor. A Dios , señor. 

Al. Hora por cierto , que cosas vemos en 
esta vida, que ponen espanto. Las aceitunas 
no están plantadas y ya las habernos visto 
reñidas. 



LOS ENGAÑOS. 

COMEDIA. 



PERSONAS. 



VERGINIO , padre de Lelia. 
GERARDO , padre de Clávela. 
LELIA , bajo el nombre de Fabio. 
CL.WELA , dama. 
FABRICIO , Iiijo de Verginio. 
LAURO, caballero. 
JULIETA , criada. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Calle. 

VERGINIO. GERARDO. 

Ger. ¿Paréscete, Verginio, ser tiempo 
de darse conchision en aquel concierto que 



GUIOMAR , negra. 
FRULA , mesonero. 
PAJARES, simple. 
CRIVELO , lacayo. 
QUINTANA, ayo de Fabricio. 
MARCELO , amo de Clávela. 
SALAMANCA , simple. 



ya otras veces tú y yo hemos comenzado á 
tener? 

Verg. Señor Gerardo, no tengas pensa- 
miento que esté yo con menos congoja que 
tú podrás tener por no haber dado fin en 
un negocio que para cada uno de los dos tan 
deseado tenemos ; mas no debes maravi- 
llarte, pues sabes que mi ausencia no hadado 
lugar á que con mas brevedad se efectuase. 



im 



LOPE DE RUEDA. 



Ger. Mira , señor Verglnio , que si como 
yo muchas veces he imaginado no te halla- 
res á tiempo ni con dineros para comprar 
atavíos á tu hija, ó para otras cosas que A 
este efecto conviene , (iiuielo , que de los 
que yo tuviere te prestaré de muy buena 
voluntad. 

Vcrg. Yo le lo agradezco, aunque por 
agora no faltan, señor. 

Ger. Creólo en verdad; pero dime de 
gracia, ¿sabes si tu hija Lelia está en el 
raonesterio? 

Verg. Guárdenos Dios . señor : ¿ pues 
adonde habia de estar , habiéndola yo de- 
jado por mi propia mano en compañía de 
otra prima mía . que en el mismo mones- 
lerio ha hecho profesión? Mas dime , sefior, 
¿á qué efecto me lo preguntas? 

Ger. No creas, señor, que lo pregunto 
sin causa. 

Verg. ¿Cómo? 

Ger. Yo, señor, te lo diré. Has de saber 
que mediante el tiempo de tu ausencia yo 
envié disimuladamente á saber de esas 
Señoras monjas si tu hija estaba en el mo- 
nesterio , lo cual be sabido por cosa muy 
cierta que no está allá dentro, sino que 
anda acá fuera. 

Verg. Pues ten entendido, señor Gerardo, 
que sieso han dicho las monjas , no es sino 
por hacer á mi hija que profesase; porque 
así las unas como ¡as otras he sabido yo que 
la han cobrado grandísima afición. 

Ger. Bien lo creo. 

ESCEXA II. 

P.UARES. MARCELO, Y Dicnos. 

Paj. ¿Cuál volver? juro al cielo de Dios 
allá no vuelva aunque me lo manden y so- 
priquen saludadores á pié y descalzos, y 
aunque vengan en cueros. 

Mar. Aguardad, don asno, que yo os 
haré decir de no , cuando os mandaren la 
cosa. 

Paj. ¡Asno! ¿Parésceos bien cuál ha- 
béis parado la caña con que la otra hacia la 
cama? Agora hará la cama con los dedos. 

Verg. ¿.Qné es aquesto, Pajares? ¿Cómo 
sales ansí? ¿Qué ropas son esas? 

Paj. Las basquinas déla señora Lelia. 

^ '"'"</• ¿Quién te las vistió? 

Paj. Yo me las vestí. 

Verg. ¿Para qué? 

Paj. Estáse lavando mi sayo. 

*'''■£/■ ¿Para qué se lava tu sayo ? 

Paj. Embárreme anoche. 



Verg. ¿Adonde? 

Paj. En el solerraño. 

Verg. ¿Cómo? 

Paj. Caí : hay mas son que caí. 

Mar. Cayó el asno, cayó. 

Paj. Yo caí , yo : que hombre soy para 
caer cincuenta veces muy mejor que vos. 

Verg. llora, no hay quien te entienda. 

Paj. Dizque no hay quien me entienda. 
Espere vue.sa merced , que yo le cogeré á las 
palabras. ¿Qué está á la entrada de la es- 
calera .junto junto al soterraño, al rincón? 

Verg. Ya , ya te entiendo. 

Paj. Pues ahí , mal punto , caí ; hablando 
con reverencia, y casi medio de boca. 

Verg. ¿Pues cómo decías que te habías 
embarrado ? 

Paj. Pues díjelo por afeitar el vocabro , 
que mejor dijera encerado ó alquilrac^ 
que no embarrado. 

Verg. Mas qué bueno estarías para re- 
tratar. 

Paj. Yo le diré á vuesa merced qué tal , 
que me decían que parescia calabaza en 
conserva, ó milanazo con liga. 

Verg. ¿Y agora porqué reñíades, de- 
cidme , Marcelo? 

Paj. Porque quería el señor amo con todo 
su seso que le fuese yo acompañando de 
calle en calle hecho marígalleta. 

Ger. No era razón. 

Paj. No en verdad, señor desposado. 

Verg. Pues , amo , ¿dónde queríades ir? 

Mar. Señor, quería llegarme á Santa 
Bárbara por aquella moza , y roguéle á este 
asno que pues estaba ansí , se rebozase y 
tomase un manto, porque me fuese acom- 
pañando y trajese no sé qué baratijas que 
Lelia tiene en el monesterio ; y porque se 
lo mandé nos ha querido hundir la casa á 
voces. 

Paj. ¿Yo hundir la casa á voces? Entc- 
rísima sé que está. No me hubiésedes vos 
mas aina hundido las costillas á garrotazos. 

Verg. Pues, Pajares, ¿qué mas bienque- 
rías que venir acompañando á una dama? 

Paj. Ande d'ahí. ¿También hace vuesa 
merced de las suyas como hijo de madre? 

Verg. ¿Yo, cómo? 

Paj. ¿Paréscele á vuesa merced que sí 
topa por ahí el hombre con alguno del 
Almendralejo, que irán buenas nuevas á 
mi padre? 

Verg. Por cierto, muy malas. 

Paj. ¿Qué nuevas? 

Verg. ¿Qué me sé yo de lo que tú te 
piensas ? 

Paj. Yo le diré que piensa el otro qu'escl 



hombre majano ó sayalero , y deeille ha que 
ando hecho santera ó dama de forja. 

Ger. Señor Verginio , yo me entro ; y en 
esotro negocio lo dicho dicho, y en lo que 
toca al dote , á lo concertado me remito. 

Verg. Señor , á la mano de Dios : ya ve 
que no se entiende en otra cosa. 

Ger. Muy bien , señor. 

ESCENA III. 

VERGINIO. MARCELO. PAJARES. 

Verg. Marcelo , ya vistes á Gerardo cómo 
estaba hablando conmigo sobre el casa- 
miento de mi hija Lelia; por eso abrevia en 
ir por ella porque se efectué, y daréis de 
mi parte á esas señoras mias mis besama- 
nos. 

Mar. Pláceme. ;0h desdichada de ti, 
Lelia! Por Dios, señor , mas estimara verla 
bajo tierra que no casada con ese diablo , 
que creo que tiene mas años que yo al do- 
ble, y agora se quiere casar con una mo- 
chacha que la podría tener por biznieta. 

Verg. Ya, ya lo veo; mas ¿y qué que- 
réis que haga, pecador de mí? ya veis en 
cuánto estremo van hoy día las cosas del 
mundo , y este negocio viéneme á mí muy 
á cuenta. 

Mar. i Cómo muy á cuenta? 

Verg. Yo os lo diré. Está concertado que 
yo le dé á mi hija Lelia por muger, dolán- 
domela en mil florines de su propia mo- 
neda, con tal condición que si mi hijo pa- 
resce dentro de cuatro años, le case con su 
hija Clávela, dotándola en la misma can- 
tidad. 

Mar. Bien está, señor; pero yo mas 
querría un rato de contentamiento que 
cuantos tesoros hay en el mundo ; pero yo 
me voy , que se hace tarde. 

Verg. Pues, amo, id y mirad que no 
vengáis sin ella. 

Mar. Pierda cuidado. 

Paj. Pues yo , amo , quedóme. 

Mar. Quédate con mal año que te dé 
Dios. 

Paj. Para vos ser bueno, amo, mal ha- 
bláis. 

Verg. Éntrate conmigo, tontazo. 

ESCENA IV. 

MARCELO. LELIA. 

Mar. ¿Habéis mirado el devaneo destos 
viejos podridos? que quería reirme,sino 



LOS ENGAÑOS, 181 

que me fáltala gana, que es lo mejor. No en 
balde dicen que muchas veces los viejos se 
tornan á la edad primera. ¿Mas qué digo? 
¿Qué es lo que veo? En verdad que si Le- 
lia no estuviera en el monesterio, jurara 
que era esta que aquí viene en hábito de 
hombre; ¿pero qué digo? que no es otra 
por mi fe. 

Lelia. ¡ Oh pecadora de mí , que aun 
hasta en esto me ha de ser la fortuna con- 
traria! ¿Por qué calle me esconderé, que 
ya me ha visto el amo de casa de mí padre? 

Mar. Lelia. 

Lelia. Amo. 

Mar. ¿Qu'es aquesto, Lelia? ¿Qué há- 
bito es este? ¿Por ventura es este el mones- 
terio donde así tu padre como todos pensa- 
mos tenerte recogida? Habíame, ¿deque 
enmudeces? 

Lelia. Señor amo, á quien con mas razón 
debria yo llamar padre , no os debéis de 
maravillar a! verme en el hábito que me 
veis , que sabida por vos la ocasión , bien 
cierta estoy de que no seré culpada de mi 
atrevimiento. 

Mar. No me digas tal , que temblándome 
están las carnes , si el viejo alcanzase á sa- 
ber esto, por estar como estamos en víspera 
de darle un marido muy honrado. ¿Por tu 
vida no medirás qué locura ha sido aquesta? 

Lelia. Señor , como fortuna , amor y mi 
mala suerte, todos tres se han conformado 
contra mí... 

Mar. ¿Cómo contra tí? 

Lelia. Bien tendréis en la memoria como 
cuando por nuestros pecados Roma fué sa- 
queada, allí mi padre, juntamente con un 
hermano mío, la mayor parte de su hacienda 
dejó perdida, y aunque la pérdida no fué 
pequeña, la de mi hermaníco es la que á 
mí padre mas sin placer le hace vivir. 

Mar. Por cierto no paresce sino que fué 
ayer, y á buena fe que son pasados buenos 
diez años, y que les podríamos bien echar 
once. 

Lelia. Que dejemos estar los años, que 
corren como viento, y aun con mas presteza. 

Mar. Prosigue. 

Lelia. Pues viniéndose mi padre á vivir 
aquí á Módena, yo por mi mal vi á Lauro, 
gentilhombre desta ciudad, el cual conver- 
sando en la casa de mi padre, de mí se 
enamoró, y quiso Dios y mi suerte que con 
la misma moneda le pagase , rescibiendo de 
mí todos aquello* honestos favores que á mi 
recogimiento son lícitos. 

Mar. Muy bien sé todo eso. 

Lelia. Y por depositarme mi padre en el 



182 LUI'E DE RUEDA. 

rnoiiesterio con intención de ausenlarse , 
pensando en Roma cobrar algo de su per- 
dida ropa, nunca Lauro de mí tuvo acuerdo, 
antes he visto que de Clávela , hija de Ge- 
rardo , doncella hermosa y rica , escesiva- 
mente se ha enamorado. 

Mar. Hora mira. Lclia , dejemos de 
traer á la memoria historias pasadas, sino 
anda acá á mi posada y cambiarás esas ro- 
pas, que hágole saber que tu padre ya es 
vuelto de Roma, y me envió por ti, y no 
sali á otra cosa de casa , sino á llevarte. 

Lelia. Déjame concluir. 

Mar. Di pues. 

Lelia. >o tuve otro remedio después que 
mi padre en .*^anta Bárbara me dejó, sino 
descubrir á Cándida , la monja tia mia , el 
grande afán que por la ausencia de Lauro 
yo pasaba, la cual determinó de enviarle á 
llamar y trabar pláticas con él, porque á 
negocios que él tenia con las monjas solía 
venir. 

Mar. Di, que bien te entiendo. 

Lelia. Acaesció pues un dia que de ha- 
bérsele muerto un page suyo venia el mas 
afligido hombre del mundo , y decia que si 
Dios otro tal le deparase que no se trocarla 
por otro de mayor estado , y en verdad os 
digo que sin otra consideración inferí sa- 
lirme de! moneslerio y serville de page en 
el hábito que me veis , en el cual he pro- 
curado agradalle con cuanto estremo he 
podido , y le sirvo todavía. 

Mar. ¡Hay tal cosa en el mundo! ¿Y 
agora qué piensas hacer? 

Lelia. Sola una cosa quiero de vos. 

Mar. ¿Y es? 

Lelia. Que entretengáis á mi padre por 
espacio de algunos dias , diciéndole que yo 
y mi prima y otras monjas hacemos ciertas 
devociones. 

Mar. ¿Pues qué piensas hacer en ese 
tiempo? 

Lelia. Yo lo diré. Clávela , querida de 
Lauro, tiene entendido que yo sea hombre 
y le he parescido bien : yo , viéndola tan 
aGcionada , hele dicho que si á Lauro no 
pretende olvidar y aborrecer, que no espere 
de mi tan sola una buena palabra. 

Mar. ¿Y crees tú que eso lo hará? 

Lelia. Todo lo podría rodear fortuna; 
mas por agora perdóname , que no sé quién 
viene allá, que á la tarde seré en vuestra 
posada y hablaremos mas largamente. 

Mar. Pues mira que no dejes d'ir : cata 
que te quedo aguardando. 

Lelia. Pierde cuidado , señor, que luego 
doy la vuelta : á Dios. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

Calle. 

GERARDO. 

¡ Oh ! vélame Dios y cuan averiguada 
cosa es el hombre que negocios de impor-^ 
tancia tiene , no poder reposar, especial- 
mente yo , que después que hablé á Ver- 
ginio sobre tomar por muger su hija Lelia, 
paresce que no traigo juicio de hombre , y 
este Verginio es tan espacioso, que según 
lo deseo , dudo ver el tiempo llegado. Agora 
yo me quiero llegar hacia su estancia á dalle 
otro tiento, como que voy á otra cosa, mas 
primero es menester advertir á mi hija Clá- 
vela que si acaso viniere á demandar de 
mi , que le digan que en casa de Millan 
Muñoz el tendero me hallará. Guiomar, 
¡ ah ! Guiomar. ¿No respondes? ¿estás 
sorda ? 

ESCENA II. 

GERARDO. G HOMAR. 

Guio. Ya vo, siñor. ¡ Jesú! ¡ Jesú! libra- 
mela Dios de la diabro. 

Ger. Dccí, ¿téngomede quebrar la ca- 
beza primero que respondáis? ¿Qué ha- 
ciades allá dentro, dueña? 

Guio. ¿Eso me losi , siñor, delante de las 
honras de mi cara? farta de la faciendas te- 
nemo que facer. 

Ger. ¿Qué haciendas son las vuestras, 
señora ? 

Guio. ¡ Ay, siñor Jesucristo! ¿qué facien- 
das me lo pides? Primero por la mañanas 
¿no barremo la casa? Enapué ¿no ponemo 
la oya? Enapué ¿no paramo la mesa? Ena- 
pué ¿no í regamo la cudeya y la pratos? 

Ger. Bien. 

Gnio. Enapué ¿no me manda siñora 
Clávela que colamo la flor de la cucucena? 

Ger. De azucena , diablo , que eso pienso 
que querrás decir. 

Guio. Sin, siñor, y de jamin y de mon- 
queta para adobar aquclc guante que le 
tiene comendaros. 

Ger. ¿Pues agora se le ha antojado eso? 

Guio. Anagoras, siñor, y dirime siñora 
Clávela : callan, fija Guiomá, aprender bon 
á colar las flores, que yo te prometos cuando 
san francas, que te casamo con un mequcra 
de aquesc que adoba la guante. 



LOS ENGAÑOS. 



i85 



Ger. ¿Qué es aqueso de casar? ¿Qué, ya 
no quieres ser monja? 

Guio. No, siñor; que ya tenemo un prima 
raia contrita na religiona, monja, priora, 
nabadesa, aya en mi tierra de Manicongo, 
muy honradas. Yo, siñor, queremos mun- 
tipricar á mundos. 

Ger. Sus , basta que sepamos tu inten- 
ción , que hablarse ha mas despacio sobre 
ese negocio, y entra allá dentro y llama á 
mi hija Clávela que se pare á la ventana, 
que le quiero hablar. 

Guio. Que me placer, siñor, sin que me 
la mandas. 

Ger. Anda ve. 

ESCENA III. 

GERARDO. GUIOMAR. CLÁVELA. 

Guio. Siñora, que leclr siñor... 

Clav. Así, ¿qué es lo que dice? 

Guio. Que vosamerced pare ventana, que 
queremo Tablar con eya. 

Clav. i Que me pare á la ventana? Corre, 
(juiomar, y dile que no puedo, que estoy 
acabando aquella gorguera de prisa , y que 
te diga á Lí qué es lo que quiere. 

Guio. Anda, siñora, daí'en diabro aque- 
san monadiya, turo dia trabajar, nome la 
padre, la fiyo, la santo, amen. 

Clav. Aquí á la puerta le hablaré. ¿Para 
qué me he de encaramar por las ventanas? 
¿Qué es lo que mandas, señor? 

Ger. No co?a ninguna , que si os envié á 
llamar no fué mas sino por no decillo á esa 
lengua de tordo. Por vida vuestra que si 
viniere Verginio , padre de Lelia , á deman- 
dar por mí , le digáis que en casa de Millan 
Muñoz el tendero me hallará : no lo echéis 
en olvido, que es cosa que importa. 

Clav. Pierda cuidado. 

Ger. Si á tu señora se le olvidare, acuér- 
daselo tú, Guiomar. 

Guio. Que me placer, siñor. ¿No dice 
en casa mal años te rar Dios entero? 

Ger. Esos sean para tí, perra. 

Clav. Déjela , señor, que yo me acordaré 
dello : vaya en buen hora. 

ESCENA IV. 

CLÁVELA. GLIOMAR. 

Clav. En buena fe , pues la calle está sola 
y no paresce nadie, quiero sentarme aqui á 
la puerta, pues poco me queda. Hija Guio- 
mar. 



Guio. Como tú la quieres, siüora mi 
álima la corazón. 

Clav. Entra allá por tu vida y Iráerae mi 
almohadilla, y entre tanto que estoy aca- 
bando no sé qué , saca tu rueca, porque me 
estés aquí acompañando. 

Guio. Facémolo como mandar, por 
ciertos. 

Clav. ¡Oh vida triste y trabajosa! Nin- 
guna cosa hay en ti que de seguridad pueda 
tener renombre. ¿Traes , di ? 

Guio. Toma, cátala ahí tu almonadíUa, 
siñora. 

Clav. Muestra acá , y llámame esa rapaza 
que me saque aqui un asiento. 

6rM¿o. Chuchuleta, machacha. Siñora, 
no responder, piensa que sa muerta. 

ESCENA V. 

CLÁVELA. GUIOMAR. JULIETA. 

Jul. ¡Ay amarga de mí! ¿y qué diablo 
me quiere allá fuera la cara de carbón de 
brezo ? 

Clav. ¡ Ah, señora Julieta ! ¡ ah, dueña ! 
¿No salis? 

Jul. Sí , señora , heme aquí : ¿qué man- 
da? 

Clav. ¿ Qué hacíades allá dentro , pi- 
cuda ? 

Jul. Sí, picuda : ¿qué habia de hacer? 

Clav. Sácame aquí un asiento, y dejaos 
de rezongar. 

Jul Si, por cierto, ¿y todo eso era ? ¿qué, 
no podia traello la cucaracha de sótanos? 
Sino muy al lado con su señora. 

Guio. Anda, ofrézcote an diabro : trae 
aqui un par de monadiyas en que sentar 
siñora. 

Jul. Pues agradeceldo á quien está de- 
lante que en buena fe que... quizá... 

Clav. Bien. ¿Qué es lo que quizá? Pues 
si JO arrebato un varapalo, por ventura os 
pondré quizá en paz. 

Jul. ¿Pues porqué consiente vuesa mer- 
ced que me deshonre delante della esa cara 
de espárrago por remojar? 

Guio. Mírame la salamandera. ¿Ha 
visto qué pantasía tiene, cara de sin gor- 
güenza ? 

Jul. ¿Oíste, mi duelo, para quién han de 
tener vergüenza? ¿Quién es ella, asi la ar- 
rastren? 

Clav. ¿Callaremos? Ea, tengamos la 
fiesta en paz si os pesa : calla tú , Guiomar. 

Guio. Jesú , Jesú. ¿ No mira vosa- 
niercé que praguntar quién sa yo? Mira, 



184 



LUI'E m: RUEDA. 



mira , fija , ya saber Dios y lora lo rmiiulo 
que sar yo la !><ibrina na reina Bcrbasino , 
cuñados de la marques de Cucurucú, por 
an mar y \>w an tierras. 

Jul. Si, si, no le ronquéis. 

dav. Calla , rapaza. ¿ Y reina era tu lia , 
Guiomar? 

Guio. ;Ay siñora ! ¿pensar vosamercé 
que san yo fija de alguno negra de par ahi? 
Ansí haya bono siglo álima de doña Bia- 
laga, siñora. 

Clav. Gentil nombre tenia para dalle 
buen siglo. 

Guío. Si, siñora, doña Bialaga yamar 
siñora mi madre , y siñor mi padre Elio- 
mor; cuenta que quiere lesir don Diegos. 

Jul. aiira como queréis esos bledos: 
¡qué gentiles nombres para un podenco! 

Guío. Por eso primer fijo que me na- 
cer en Portugal le yamar Diguito, como 
siñor su saragüelo. 

Clav. Su agüelo dirás. 

Guio. Si, siñora, su sabuelo. 

Clav. ¿Hijo tienes, Guiomar? 

Guio. ¡A\ siñora! no me la mientes, 
que me face lágrima yorar. Tingólo, siiiora, 
la India le San Juan de Punlorico , y agora 
por un mes lagoso me cribió un caita aquela 
ringlonsilo tan fresco como un flor de aqucse 
campo. ¡ Ay entraña la mia, fijo mió! 

Jul. Tan desatinada y tan borracha rae 
venga el bien. 

Guio. ¿Quin sa borracha, chuchuleta? 
¡ Ay mandaría , mondaria ! Plégata Dios 
que mala putería te corra y no veas carra- 
lasolendas. 

Clav. i Ay amarga ! ¡ Qué carnestolendas, 
y qué mal pronunciadas! 

Jul. Mal corrimiento venga por ti, amen. 

Gwio. Anda, putiñas medrosas : no es mi 
honras tómame contigos. 

Jul. ¡Miren qué fantasía! Pues calla, 
doña negra , que agora ha mandado su al- 
teza que á todos los negros y negras hagan 
pólvora. 

Guio. Cagajón para'l , mcrda toma pala 
vos y á mandamento (1). 

Clav. Y déjala , Guiomar, que es una 
loca : sino dime, ¿qué es lo que tu hijo te 
envió á decir? 

Guio. Aquella mochacbo, aquella raí 



fijo métemelo á prinsipio de carta diciendo : 
Lustrisínia madre mia Guiomar : la carta 
que yo te cribo no é para besamano, sino 
que sa bono , bendito sea Ríos , loado sea 
Kiós, amen. ¡ .\y ! Dios te la presie, fijo de 
la corazón y de lanlrañas. 

Clav. No llores , Guiomar, no llores. 

Gwío. No podemo facer otro , porque te- 
nerao lalrógamo turo, turo yeno de fatri- 
queras. 

Clav. Bien está por tu vida, Guiomar, 
que nos entremos de presto en el aposento; 
y tú , Julieta, pornás esa almohada do sa- 
bes, que he visto á Lauro asomar por el 
cabo de la calle. 

ESCENA VI. 

LAURO. LELIA. 

Lauro. ¿Qué te parescc, raí Fabío, cuan 
desgraciados habernos sido ? ¿ Has visto á 
qué tiempo tan oportuno veníamos, y cómo 
mi señora Clávela se escondió con tanta 
presteza ? 

Lelia. ¿Qué quieres que te diga, señor, 
sino que harto ciego es el que no ve por 
tela de cedazo? Averiguadaraente ella te 
aborrece por todo estremo. 

Lauro. ¡Ay que ya lo veo! pero dime, 
mi Fabío (y por aquella obligación te con- 
juro con que á servirme eres obligado), 
aquesas veces que á visitarla de mi parte 
has ido , ¿ qué semblante te muestra cuando 
en mi negocio en hablaros ocupáis? 

Lelia. ¿Qué quieres, señor, que te diga, 
sino que ninguna vez de tí le hablo que con 
alegre rostro me vuelva respuesta ? como sí 
tú , señor, le hubieses hecho las mayores in- 
jurias y los mayores agravios que á doncella 
de su suerte hacerse pudiesen. 

Lauro. ¿Pues qué remedio? 

Lelia. Que cambies el propósito y ames 
en otro lugar, pues tan mal te paga el amor 
que muestras tenelle, y el afición tan 
grande con que la sirves. 

Lauro. Cambiar el propósito no puedo. 

Lelia. Si no puedes , estáte ansi. 

Lauro. Ansi lo pienso hacer. 

Lelia. Poco ánimo tienes : paresce que 
nunca en tu vida quisiste bien , sino que 



(<) Estas iiulpcenlp.s espresiones y otra? ba- 
jjs y sopres quo .se león en las piezas de la pre- 
sente colfccioii , no sf sufririan lioy en nueslms 
teatros; pero aquí no pudieron omitirse, lia- 
biéndosede dar la verdadera y punlual idea de 



nuestra dramática en sus principios, y de ma- 
nifestar los pasos por donde liié subiendo desde 
su rudeza priiuiliva hasta el estado de cultura 
y Rala en que la puso el famoso Lope de Vega. 
' yola de la Acad. ) 



LOS ENGAÑOS. 



185 



Clávela fué la primera que tu corazón co- 
menzó á sojuzgar. 

Lauro. Ño, ni Dios tal quiera; antes 
creo que de haber yo sido ingrato á Lelia, 
hija deVerginio, romano (la cual á tí te 
parescc en estrerao), ha permitido Dios que 
yo sea pagado con la misma ingratitud. 

Lelia. Y dime, señor, ¿esa Lelia que di- 
ces es muerta? ¿Cómo dejaste de tener su 
amor ? 

iMuro. Muerta no : antes después que su 
padre la ausentó por hacer cierto camino ix 
Roma, nunca mas deila he sabido, de la 
cual Lelia yo rescibí en todo aquel tiempo 
todos los honestos favores que de una gene- 
rosa y honesta doncella se podían rescebir. 

Lelia. De esa manera , señor, mal le pa- 
gas : paresce que debrias procurar por ella 
y tornar en una amistad tan lícita. 

Lauro. No : en ninguna manera. 

Lelia. ¿Cómo no? 

Lowro. Aquese cómo tampoco lo alcanzo, 
Fabio, antes tengo creido que de haber in- 
ferido Clávela mi señora que yo estoy ac- 
cionado á Lelia, me desama, lo cual, si 
ello es ansí, quede rabia muera. Y por 
tanto te ruego , mi fiel criado , cuanto puedo 
(si mi salud deseas) que cuando allá vuel- 
vas le digas que ya no amo á Lelia como 
solía, antes huigo de acordarme della, ni 
aun de oírla mentar. ¿Entiendes, mi Fa- 
bio? ¡Vélame Dios ! ¿ Qué has habido? ¿qué 
desmayo ha sido este ? 

Lelia. Déjame, señor, que no es nada, 
sino que yo suelo ser apasionado del cora- 
zón , y tómanme á veces estos desmayos , 
y si me das licencia iréme á la posada, 
porque ya casi en los pies no me puedo 
sostener. 

Lauro. Pues, hijo, anda en buen hora, y 
mira sí es menester otro, ó que para reme- 
dio de tu mal algún medio se busque , que 
no faltará por diligencia. 

Lelia. No te cures , señor, que para los 
males desta suerte tarde el remedio se halla. 

Lauro. Hijo , vete á la posada y descansa. 

Lelia. El descanso larde espero. 

Lauro. ¿Qué dices? 

Lelia. Digo , señor, que el descansar es 
muy peor para esta mi dolencia. 

Lauro. Pues, hijo, ve, y aquello haz con 
que mejor te hallares y menos para tu sa- 
lud daño sea. 

Lelia. Voy, señor, lleno de desconfianza. 

Lauro. Anda, que presto seré contigo 
después de haber dado algunas vueltas por 
esta calle donde mi señora Clávela reside. 



ESCENA Vil. 

VERGIMO. PAJARES. 

Paj. Hora , juro al cielo de Dios , nos- 
tramo , si yo sé á qué tengo d'ir ni á qué 
efeto vuesa merced me envía. Sé qu'el otro 
ni la otra no son ahora tan niños que no 
sabrán venirse ; cuanlís mas que ya es hora 
de comer y la mesma hambre los ha de 
acarrear á casa , como á mochachos fuí- 
dores. 

Verg. Mira, Pajares, déjate desos preám- 
bulos y cúbrete bien esa capa , que gran 
tardanza es la que hacen, y venirlos has 
acompañando. 

Paj. Qué, ¿no está bien cubrida? 

Verg. No: acaba ya. 

Paj, Apártese vuesa merced de mi co- 
bridero, y perdone. 

Verg. ¿Paréscete que está bien cubierta? 

Paj. Eso vuesa merced lo dirá, que yo 
no lo veo ni descubro palmo de tierra. 

Verg. ¡ Oh, mal año te dé Dios, que no 
te has de saber cubrir una capa! Mira, 
cuando te la mandaren cubrir, ansí la has 
de poner. 

Paj. ¿Ansí? Ya, ya está bien cubrida; 
guarde, ¿qué dice? 

Verg. Agora sí, toma este sombrero. 

Paj. ¿Quién lo ha de tomar ? 

Verg. ¡ Dizque quien ! Tú lo has de to- 
mar. 

Paj. ¡A porpúsito! ¿Búrlase conmigo? 
Hame liado como á costal de arriero, y 
toma el sombrero. ¿Con qué mano lo había 
de tomar? Sé que no tiene maneras ni saca- 
buches mi capa como balandrán de arce- 
diano. 

Verg. Asno, ¿qué por aquí bajo no la 
sabes sacar? 

Paj. ¿ Por dónde ? 

Verg. Por aquí : duelos te dé Dios. 

Paj. Dice la verdad; mas pecador de mí 
y de vuesa merced', y perdone , que los 
parto por medio, ¿quiere que me ande yo 
de calle en calle halconeando , dando mano- 
tadas como pez que ha caido en el garlito, 
ó como mulo de anoria que dando vueltas 
no halla paradero cierto? 

Verg. Ganosa está la bestia de compara- 
ciones. 

Paj. Bastían de Pajares me llaman , se- 
ñor, para cuanto mandare. 

Verg. Pues lo que te mando no es sino 
que vayas al monesterio de Sancta Bárbara. 

Paj. ¿Y para qué á Santa Bárbula? 
¿Quiere qué diga la santa que voy disfre- 



|gg LOPE 1)L IlUEDA. 

zado . oscudiitiándole los rincones de casa '? 

Verg. Para que hagas venir presto .'i mi 
hija Loha y al amo Marcelo, viendo que es 
\a hora de comer. 

Paj. Y aun desonial punto estoy corrido, 
porque á las horas de comer me lanza de 
casa . como á ios mozos de los carniceros la 
cuaresma. 

Verg. ¿Pues tanto piensas tardar allá? 

Paj. ¿Pues no tengo de tardar yendo á 
pié como voy? 

Verg. De esa manera razón tiene vuesa 
merced : entre en casa y ensille un poyo de 
esos en que vaya caballero. 

Paj. ¿Un poyo? 

Verg. ¿Dónde vas? 

Paj. A ensillar un poyo como mandó. 

Verg. ¿Pues, animal, el poyo se ha de 
menear? 

Paj. Pues eso es lo que me cumple, por- 
que nunca salga de la posada. 

Verg. ¿Sabes lú , inocente , Si tCDgc yo 
alguna cabalgadura en casa? 

Paj. ¿Quién le demanda una cabalga- 
dura? Cabalgablanda me diese vuesa mer- 
ced , que cabalgadura ni grado ni gracias. 

Verg. ¿Qué es cabalgablanda ? 

Paj. Un rollo ó rosca de aquellos que 
han amasado hoy, porque vaya caballero 
mi cslrógamo; y á necesidad, un buen 
mendrugo de pan en las manos es bueno , 
por no ir homijre pensando en mal, ni mur- 
murar de nadie. 

Verg. ¿Cata, cata, que todo eso era la 
caballería y el retorizar? AI fin no podías 
parar sino en cosas de comer. 

Paj. ¿No ve vuesa merced que dice el 
cura de nuestro pueblo, pedid y daros 
han, y que lodos los buenos con pan son 
duelos? 

Verg. Vucs yo os prometo, don asno , 
que si apaño un garrote que yo os haga ir 
presto. 

Paj. No me prometa vuesa merced cosa 
ninguna , qu'eso de garrote no es cosa que 
me conviene por agora. 

Verg. Primero vernán los otros que este 
macho se vayadcaqui. Espera , tomaré lo 
que digo. 

^'«i- ¿ Qué os paresce ? Espérele el reloj 
de Guadalupe. Aguijad, amo Marcelo, 
pese á la pula de mi cara, que juro á mi 
pecador, mas cs|)erado habéis sido vos y 
esotra, que sereno tras nublado. 



ESCEIVA VIII. 

PAJARES. MARCELO. 

Mar. ¡Pues qué diablos! ¿Tantos ves 
que venimos? ¿no ves que vengo solo? 

Paj. ¿Solo viene? Cuanlis que por la 
otra cantaba el cuquillo : que por vos si- 
quiera no os trajera Dios acá. 

Mar. Mas que no te hallara. 

Paj. Señor amó , nostramo es ido por un 
garrote. 

Mar. ¿Para qué? 

Paj. Pienso que para engarrotarme. 

Mar. ¿ Porqué? 

Paj. Porque no os iba á llamar. Por vida 
vuestra que si trajere garrote y viéredes 
que me engarrotea , que os metáis en me- 
dio. 

Mar. Que me place. 

Paj. Ya lo trae : quiérole decir que ya no 
es de menester. Señor, he aquí el amo, 
deje el garrote. 

ESCEIVA IX. 

VERGIMO. PAJARES. MARCELO. 

Verg. ¿Es ya venido? Pues toma vos, 
porque vais presto cuando os mandare la 
coía. 

Mar. Paso, señor, paso. 

Paj. Amo, ¿y el concierto? 

Mar. liarlo le decia , paso , señor. 

Paj. Dios le perdone , y á vuesa merced. 
Eslánle diciendo ya no es de menester el 
garrote , y él no sino sacudir conao en cos- 
tal relleno. Bendito sea Dios. 

Verg. Pues, amo, ¿cómo venís sin 
aquella moza? 

Mar. Señor, entremos en la posada, que 
allá daré cuenta de todo como me ha acaes- 
cido con aquellas señoras , especialmente 
con la señora abadesa. 

Verg. Vamos. 



ACTO TERCERO. 



ESCEXA PRIMERA. 

Calle. 

F.\BRICIO. FRULA. 

Fabr. Señor huésped , ya os tengo dicho 
que si despertare aquel honrado hombre 



LOS ENGAÑOS. 



187 



íjue en mi compañía viene, y por mf os 
preguntare , que le digáis que soy ido á oir 
una misa, y á ver oirás particularidades 
desle vuestro pueblo. 

Fruía. ¿Y á quién queréis que lo diga, 
señor? ¿al que paresce abad, el que riñó 
anoche con el mozo sobre el asar de los ca- 
racoles ? 

Fabr. A ese mismo. 

Fruía. ¡Oh cómo es renegado, cuerpo 
non de Dios conmigo! Pues perdonadme, 
señor, vuestro padre pensé que era. 

Fabr. Antes le tengo en lugar de mas 
que padre. 

Fruía. ¿ Sois de aquí ? 

Fabr Romano soy. 

Fruía. ¿Habéis estado aquí en Módena 
otra vez sin esta? 

Fabr. Ea mi vida. 

Fruía. Pues calad , señor huésped , que 
os aviso que vais advertido de la gente de 
esta tierra , porque es la mas mala que hay 
en el mundo, en quien hallaréis tantos en- 
gaños que os asombrarán, y vos sois mozo, 
no seria mucho engañaros fácilmente. 

Fabr. Yo lo agradezco ; mas decime , se- 
ñor huésped, ¿cómo es vuestra gracia? 

Fruía. Señor, Fruía me llamo, á servicio 
y mandado de todos los buenos. 

Fabr. Señor Fruía , no me engañarán si 
yo puedo. Haced lo que os tengo rogado, y 
quedad con Dios. 

Fruía. Id en buen hora. 

ESCENA II. 

FABRICIO. JULIETA. 

Fabr. Por esta calle será bien atravesar. 
¡Oh qué bonita moza! A mí paresce que 
viene encaminada. 

Jul. ¿Qué es esto? ¿Andas de camino, 
Fabio? ¿Qué hábito es aquese? ¿Qué es de 
tu señor? 

Fabr. ¿Mi señor? ¡ Donosa está la pre- 
gunta! ¿Si nos vido anoche llegar de ca- 
mino, y piensa que es mi señor maese Pe- 
dro Quintana? Ño me maravillo que aun 
el huésped pensó que era mi padre. 

Jul. ¿No respondes? 

Fabr. Durmiendo queda en el mesón. 
¿Porqué lo dices? 

Jul. ¡Mesonero es el tiempo! ¿Cómo 
andas ansí medrado? Paresce que hale dado 
tu amo esa capa. 

Fabr. ¿Mi amo? Mi amo es mi buen di- 
nero. 

Jul. ¿Ya mandáis dineros, Fabio? 



Fabr. ¿Otro Fabio? Errado me ha el 
nombre. ¿Eres tú por ventura moza de Fruía 
mi huésped ? ¿ De dónde me conosces tú á 
mí? 

Jul. ¡ Ganosico vienes de burlas ! Anda 
ya, ya, mala landre me mate después de 
muerta. ¡ Para mí , que como dicen soy de 
Córdoba y nascí en el potro ! Mira que te ha 
menester mi señora , ven presto. 

Fabr. Bien me dijo á mí mi huésped, que 
era diabólica la gente de esta ciudad. Esa 
debe de ser moza de alguna cortesana, y 
como me ve eslranjcro querrá procurar de 
sacarme algunas blanquillas; mas quiero 
conceder con ella, aunque no traigo dos 
reales cabales. 

Jul. Acabemos. ¿Qué hablas entre dien- 
tes, Fabio? 

Fabr. Otro Fabio. Fabricio querrás decir. 

Jul. Fabricio ó Fabio : ansí veo que le 
llama tu amo y mi señora. 

Fabr. ¿Por qué calle iremos? 

Jul. Por la de oro : como si tú no supieses 
las calles mejor que yo. 

Fabr. Si, mas no me acuerdo ya. 

Jul. ¡Miraldo al desalinadico! Estuviste 
anoche, y no atinas; pues ven conmigo, que 
yo le adestraré. 

Fabr. ¿Es lejos? 

Jul. Es el mal dolor que Dios te dé, 
amen. ¿Haces del bobo? Sí, sí, tomaldo 
acuestas, deciros ha mil gracias. Mira , qué- 
date aquí en este cantón, que voy á ver 
qué hace mi señora, que luego salgo á lla- 
marte. 

ESCENA III. 

FABRICIO. 

Mira si lo dije yo , mira si va la señora á 
ver si eslá con alguno su ama : porque si 
tal hay, no faltará un achaque con que me 
despedir, y sino , ella volverá por hacerme 
caer con pié derecho ; pues mandóle yo que 
harta mala ventura podrá llevar de mí. 
Quiérome esconder, que gente viene : no 
quiero que digan que estoy á puerta seme- 
jante aguardando tanda, como quien va al 
molino á moler. 

ESCENA IV. 

VERGIMO. GERARDO. 

Verg. ¿Qué queréis , señor, que os diga ? 
¿A quién mas que á mi con mas justa razón 
debe pesar? Pero dejadme topar con ella... 

Ger. Y dígame , señor Verginio, ¿tenéis 



188 

por cosa cicrla ¡uidar >ucstra liija en t'l há- 
bito que decís ? ¿ Y de quién lo Labeis sa- 
bido? 

Verg. ¿De quién? Primeramcnle lo supe 
de Alarcelo, amo mió, que habiéndole yo 
enviado al monestei io , dijo que allá no es- 
taba , y tambico que fui yo en persona á 
sabcJlo. 

ESCENA V. 

VERGINIO. GERARDO. JULIETA. 

Jul. ¡Jesús! vista soy de mi señor; vol- 
veréme. No, que será peor. Sus, que ya la 
tengo pensada. 

Verg. Vuelve acá, rapaza : ¿pensabas que 
no te habia visto? Di, ¿dó dabas la vuelta, 
burona? 

Jul. Señor, envíame mi señora Clávela á 
llamar uno de estos cajeros , que le queria 
comprar no sé qué cuentas. 

Ger. ¡Jesú, Jesú, qué mentira tan pro- 
bada! Cajero dizque iba á llamar, señor 
Verginio : ¿ha visto atravesar por aqui al- 
gún cajero? 

Verg. ¿Qué, señor? Poco hace al caso, 
salga á lo que saliere. 

Jul. En ,*)uen hora, señor, tan claro se 
oyeron aquellas campanillas que ellos sue- 
len traer, que no dijeran sino vesme aqui. 

Ger. Calla, calla, rapaza. Ven acá, ¿qué 
hace mi hija Clávela? 

Jul. Rezando la dejé. 

Verg. ¡Tal sea mi vida! Cierto terna 
mejor juicio que no la mia. ¿Pero qué 
digo? Uela , hela , señor, no hay mas que 
decir : to])ado ha Sancho con su rocin. Llé- 
gate , llégate, hija Lclia, que conoscida 
eres. 

ESCENA VI. 

FABRICIO, YDicnos. 

Fabr. ¿Lelia? Abrenuncio : donosa gente 
es esta. 

Ger. Sea bien venida la señora; digo, el 
galán. Por Dios que os está bien ese hábito : 
si yo fuese que vos , nunca me le quitaría. 

Verg. ¿Qué es aqueso, hija Lclia? ¿Qué 
pasos son e>los en que andas .' ¿ Qué devaneo 
ha sido aqueste? ¿Qué ropa es esa? ¿Por- 
qué no me hablas ? Bien sé yo que sabes 
hablar. 

Fabr. ¿Decis á mí , hombre honrado? 

Verg. ¡ Donosa es la respuesta ! Di , ¿ bur- 
laste conmigo? 

Fabr. No tengo yo por costumbre bur- 



LOPE DE RUEDA. 



larnic con nadie , especialmente con quien 
no conozco. 

Ger. ¡ Santo Dios , qué poca vergüenza ! 
¿Que aun fingirá no conosccrte? Toma por 
ahi : tené gana de casaros con semejantes. 

Verg. Agora, hija Lelia, lo pasado sea 
pasado , y en lo porvenir haya enmienda. 

Jul. Cata que es el diablo el buey rabón. 
Lelia diz (¡ue se llama el otro. 

Ger. ¿Qué dices tú , Julieta? 

Jul. Digo que se engañan en buena fe , 
señores : mejor conozco yo este mocito que 
á mis propias manos. 

Verg. ¿Y tú, de dónde le conosces? 

Jul. De mil veces que le be visto con su 
amo. 

Ger. ¿Y cómo se llama? 

Jul. Fabio, y Lauro su señor. 

Verg. ¿Lauro? Dejadme topar con él, 
que yo le enseñaré si es bien hecho traer á 
mi hija en semejantes tratos. 

Fabr. Por Dios , no sé qué me diga : esta 
tierra debe de ser de bárbaros , el uno me 
loma por estranjero , el otro por niuger, el 
otro por page : no hay quien los entienda. 

Verg. No murmuréis, hija, sino andad 
acá conmigo á la posada , y dad al diablo 
andar en devaneos ni servir á nadie ; basta 
que sirváis aqui á vuestro marido. 

Fabr. Por Dios, si no tuviese respeto á las 
canas honradas, que yo os enseñase á ha- 
blar de otra manera. ¿ Qué cosa es marido? 
¿ Estáis en vuestro juicio ? 

Ger. Paso , paso, cuerpo de mi linaje , se- 
ñora , que no lo tenéis tan acabado, que si 
aquí no nos quieren, acullá nos ruegan, 
como dicen. 

Verg. Calle , señor Gerardo, que de al- 
guna cosa debe traer el seso perdido. ¿Qué 
le paresce que hagamos de ella? 

Ger. Señor, lo que á mí me paresce, que 
pues mi casa es tan cerca, la arrebatemos 
y la metamos en mi aposento , y yo haré á 
mi hija Clávela que se vea con ella : que 
quizá por ser mugcr como ella, la hará ve- 
nir á lo bueno y le dará cuenta de toda su 
mudanza. 

Jul. ¡Mugcr -es el diablo! No verá mi 
señora Clávela oíros mejores toros, que no 
sali á otra cosa de casa sino á llamalle. 

Ger. ¿Qué rezas, Julieta? 

Jul. Digo, señor, que á la mano de Dios, 
que es muy bien hecho , que también se 
holgará mi señora por ser muger como ella. 

Verg. Pues alto, señor Gerardo, echaldc 
mano valientemente como yo. 

Fabr. Estad quedos, hombres honrados, 
por Dios. 



LOS ENGAÑOS. 



489 



Ger. ¿Qué cosa es por Dios? tené bien , 
señor, que no se nos vaya. 

Jul. Déjale llevar, asno, que no te van á 
echar con leones, sino con la mas linda 
dama que en toda Módena se halla. 

Fabr. Paso, paso, señores ; que no pienso 
deberos nada. 

Ger. Calla, calla, que allá tienes de ir 
por fuerza ó por grado : ayuda aquí , Ju- 
lieta. 

Jul. Eso es de gracia , que á mas soy obli- 
gada por lo que toca siquiera á mi ama. 
¿Coceáis? Calla, que vos saldréis manso y 
el patrón quejoso, y mi ama contenta, que 
es lo mejor. 



ACTO CUARTO. 



ESCENA PRIMERA. 

Calle. 
VERGINIO. GERARDO. JULIETA. 

Verg. El mas contento y satisfecho hom- 
bre del mundo salgo de casa de Gerardo , 
solo por dejar á mi hija Lelia en compañía 
de la suya. 

Ger. ¿Adonde se puede sufrir un seme- 
jante T^aso y atrevimiento como este, sino 
en tierra de Guinea? Yo le castigaré al ri- 
baldo tacaño, según meresce. ¿Qué cumple 
mas? 

Verg. ¡Válame Dios! ¿Qué es aquello? 

Jul. ¡ Ay, señor Verginio ! por clamor 
de Dios, que se vaya presto de aquí. 

Verg. ¿Cómo, qué ha sucedido? 

Jul. Ya lo decia yo , pecadora de mí, que 
aquel mancebo era Fabio, criado de Lauro, 
y ellos que no , sino Lelia. 

Verg. ¿Qué dices? 

Jul. Digo que mi señor se está armando 
con determinación de matar á vuesa merced . 

Verg. No hará, hija. 

Ger. ¡ Así , que fiándome yo de un hom- 
bre de tanta honra, me haya engañado tan 
malamente ! ¡ Ah don traidor ! ¿ aquí estáis ? 

Jul. ¡Ay! señor, téngase. 

Ger. Déjame, rapaza. 

ESCENA II. 

CRIVELO, Y Dichos. 

Criv. Paso, paso, señor Gerardo, tené 
un poco de respeto, siquiera por quien 
está en medio. 



Verg. Mira , buen hombre , si algo pre- 
sumís que os debo , dejadme llegar á la po- 
sada , que presto daré la vuelta y os respon- 
deré como mandáredes. 

Ger. Anda, que aquí os aguardo. 

Criv. Que no es menester nada deso , 
señor Verginio. ¿ No sabríamos qué ha sido 
esto? 

Verg. Yo no lo entiendo. 

Ger. ¿Qué no lo entendéis? 

Criv. Señor Gerardo , por amor de mí , 
que me diga lo que hay ó sobre qué es la 
quistion, que si es cosa que tiene remedio, 
aquí está Crivelo que basta á remediarlo 
todo. 

Ger. i Qué remedio puede haber, pecador 
de mi , que fiándome yo de este señor, me 
engañase ? 

Criv. ¿De qué manera? 

Ger. De esta : que á fuerza de brazos me 
ha hecho poner un mancebo en mi casa que 
se llama Fabricio. 

Jul. Que no , sino Fabio , señor. 

Criv. Ya le conozco. 

Ger. Haciéndome creer que era su hija 
Lelia. 

Verg. Sí que lo es. 

Ger. ¿Aun por fias, mal hombre? 

Criv. Téngase, señor, y mire quién está 
delante. 

Ger. Yo fiándome del , creyendo ser ello 
asi , púsele en compañía de mi hija Clávela 
y le he hallado abrazado y besándose con 
ella. ¿Pareceos si ha deshonrado mi casa 
para cuantos días viviere? 

Verg. Restituidme mi hija, digo yo, y 
dejaos de esas franelas. 

Ger. Restituidme vos mi lionra : no pen- 
séis vencerme con palabras. 

Verg. Esperadme pues aquí. 

ESCENA III. 

GERARDO. JULIETA. CRIVELO. 

Criv. Vuelta , vuelta , señor Verginio. 
Señor Gerardo, él se va sin duda á armar, 
quitémonos de aquí. 

Ger. ¿Cuál quitar? juro á mí pecador, de 
aquí no me quite hasta verme persona con 
persona con él : veamos á cuánto llega su 
lanza. 

Criv. Mejor será que se quite de la calle , 
y no dé qué decir á los vecinos. 

Jul. Bien dice Crivelo , señor. 

Ger. Por ese respeto lo quiero hacer. 

Criv. Pues, señor, quédese con Dios y 
éntrese en su casa. 

Ger. Y vaya con él. 



190 



I.OI'E 1)K UUKDA. 



ESCENA IV. 

FRl'LA. SALAMANCA. 

Sal. ¡Pues qiiédiabros! ¿Tanto madru- 
goron, que no tuvieron acuerdo de almor- 
zar primero que se huesen , señor huésped ? 

Fruía. ¿Yo no le dije que no sé mas de 
cuanto el mozo salió primero por esa puerta, 
que el otro como abad fué en su busca? 

Sal. Y diganie, señor mesonero ó bodego- 
nero ó como es su gracia, por vida de'sa cara, 
cara honrada , ¿sin almorzar se saiioren? 

Fruía. Tu señor el mozo bebió con una 
tórtola. 

Sal. ¡Pues qué diabros! ¿No habia taza 
en casa , que bebió con una tórtola? 

Fruía. ¡Como! Un pájaro, animal. 

Sal. Y qué ¿animal no es pAjaro? 

Fruía. No, pues eres tú. 

Sal. Mercedes, señor huésped. 

Fnila. Si tú no quieres entenderte. Lo 
que yo digo es que comió la tórtola y be- 
bió tras de ella . y el abad , viendo que era 
ido , demandó sopas de la olla , y ansí se 
fué. 

5a/. ¿Qu'en sopado va? ¡Ah! ¿búrlase? 

Fruía. ¿Porqué me tengo de burlar? 

Sal. Yo juro al cielo de Dios, que no fué 
ese hecho sino de hombres lamineros: eso 
meresce el pobre de Salamanca, por irse á 
dormir en el pajar y ahorrar de cama. 

Fruía. ¡Cata: ¿Qué, Salamanca te lla- 
mas? 

Sal. Salamanca me llamo, y aun me pesa 
dello. 

Fruía. ¿Porqué? 

Sal. Porque en cosas de comer siempre 
quedo manco. 

Fruía. Hora bien, queda enhorabuena. 

Sal. Vaya con Dios, señor bodegonero. 
¡ Oh ! pobre dcli, Salamanca, ¿dónde irás 
agora solo y en tierra agena, y sin almor- 
zar ni quien te convide? por aquí será bien 
que atraviese y pida la plaza á do se venden 
cosas de comer. 

ESCE\A V. 

L.AURO. CRIVELO. 

llauro. Cuéntame , Crivelo , lo que á 
contar me empezaste, sin errar solo un 
punto. 

Criv. Que yo te lo diré , señor , sin dis- 
crepar ni tan solamente una puntada. 

Lauro. Pues di. 

Criv. lias de saber , señor , que como (ú 



mt! enviaste en casa de Clávela á ver á qué 
efecto ese rapaz se habia detenido tanto , 
hallé riñendo á Vcrginio y A Gerardo. 

Lauro. ¿Y sobre qué? 

Criv. Sobre que oí decir á Gerardo que 
habia hallado á Fabio abrazado con su hija 
Clávela. 

Lauro. ¡Oh traidor! ¿Qué, tal oisle? 

Criv. Dije que lo oí con estas propias 
orejas , y fué bien oído. 

Lauro. ¿Que fué bien oido? ¡Tacaño! 

Criv. No te empines , señor , contra mi , 
porque es verdad lo que le digo. 

Lauro Yo te creo. 

Criv. ¿Cuál yo te creo? Digo que lo haré 
bueno al diablo quesea, si es menester, 
encima de un brocal de un pozo, que cum- 
ple palabras. 

Lauro. Vamos: si yo no le diere su pago, 
no me llamen hombre hijodalgo. 

Criv. ¿Qué? yo basto, señor, á cortalle 
aquellos brazuelos. 

Lauro. Crivelo, vente conmigo, y en 
vellc , dale de tal suerte que le dejes ten- 
dido. 

Criv. Eso haz cuenta que está hecho. Yo 
me porné desta postura, sino dcsotra, y 
cápete en tierra. Vamos. 



ACTO QUINTO. 



ESCENA PRIMERA. 

Calle. 

LELIA. QUINTANA. SAL.A.MANCA. 

Lclia. ¿Qué tengo de hacer, pobreta de 
mí , sino tomar el mejor espediente ? Espe- 
cialmente que Lauro mi señor tiene enten- 
dido de Crivelo su lacayo que me han visto 
abrazada con Clávela. Yo no entiendo quién 
puede ser este que en mi forma y hábito 
haya tenido tal atrevimiento. 

Sal. Señor mase Quintana. ¿Qué digo? 
Ojo, he alliá Fabricio. 

Quint. Ya lo veo. 

Lelia. En manos de Marcelo mi amo voy 
derecho á ponerme. 

Quint. Llámale r y sin manteo viene. 

Sal. Habráselo jugado : ¡ ab ! señor. 
¡Válame Dios! ¿está sordo? 

Lelia. ¿Qué mozo es este que me ha 
llamado? 

Quint. ¿Qué mozo es este? ¡ .4h Fabri- 



LOS ENGAÑOS. 



191 



cío! vergüenza, vergüenza, ¿qu'es del 
manteo? 

Lelia. Hombre honrado , ¿ conosceisme 
vos á mí? 

Quint. Sí que te conozco. 

Sal. Si que os conoscemos. 

Lelia. ¿Tú sabes con quién hablas? 

Sal. Bien sé con quién hablo , con Fa- 
bricio hablo. 

Lelia. ¿Cuál Fabricio? 

Sal. Mi amo. 

Lelia. ¿Yo soy tu amo? 

Quint. Déjate de chacotear, Fabricio, y 
vamos á la posada. 

Sal. Vamos, qu'es hora de comer. 

Lelia. i Quién te quita la comida? 

Sal. Él me laquita, pues venir no quiere. 

Lelia. Yo no tengo para qué. 

Sal. Bien lo creo, pues tiene su tórtola 
en el buche. 

Lelia. Calla , diablo, con tu comida. 

Sal. Bien tenéis vos por qué callar , dó- 
mine Faldetas , pues antes de salir de la po- 
sada así os engullís las sopas como anadón 
nuevo los livianos ó caracoles. 

ESCENA II. 
LAURO. CRIVELO , v Dicnos. 

Lauro. Cátale , Crivelo : dale , muera. 

Lelia. ¡ Santa María , señora! Sed con- 
migo. 

Quint. Teneos, gentilhombre. 

Criv. Que no hay que tener. 

Sal. A esotro, noá mí. ¡Oh pecador de 
Salamanca! 

Lauro. En casa de Verginio se ha me- 
tido. 

ESCEIVA III. 

MARCELO. QUINTANA. LAURO. 
SALAMANCA. CRIVELO. 

Mar, ¿Qué descortesía es esta tan grande, 
señores , de querer entrar con las espadas 
tiradas en casa agena? 

Lauro. Dadnos ese rapazuelo de Fabio. 

Quint. ¿ Fabio? Fabricio se llama , seño- 
res. 

Mar. Ni es ese ni esotro, que vivís en- 
gañados; pero, señor Lauro, antes que te 
lo dé , primero te suplico que me oigas un 
negocio que pocos dias ha que acontesció 
en mi pueblo, maravilloso de oír. 

Sal. Señores , ¿ parésceles que vaya por 
sendas sillas al mesón? 

Mar. ¿Para qué, di? 



Sal. Porque según han tomado el co- 
mienzo, no es mucho que nos tomen aquí 
lascumpretas. 

Quint. Déjele , señor. 

Lauro. Que me place de lo oír ; pero ha 
de ser con una condición, que entreguéis 
luego ese rapaz en mi poder. 

Mar. Yo te lo pondré en tus manos pro- 
pias, á fe de quien soy. 

Sal. ¡Qué gentiles alientos para quien 
queriia estar en la posada, y tener los asa- 
dores atravesados por las tripas ! 

Lauro. Di presto. 

Mar. Has de saber , señor , que no ha 
muchos años que un caballero tomó amores 
con una doncella , la cual le pagaba con el 
mismo amor. Quiso su desdicha que este 
caballero se enamoró de otra señora, olvi- 
dando la primera : la primera viéndose des- 
preciada de su amante , no sabiendo qué se 
hacer , acordó de mudar el hábito femenino, 
y en el de hombre muchos dias le sirvió ; 
pues andando ala desconoscida , viéndose 
todavía aborrecer de este su señor , vino en 
tanto estremo que estuvo para desesperar , 
y está hoy en dia que plañe y lamenta en 
secreto, que es la mayor lástima del mundo. 

Lauro. Dichoso tal hombre, pues con tan 
firme amor es amado. ¿Y porqué no se da 
á conoscer de su señor? 

Mar. Porque teme del mal suceso. 

Lauro. ¿Cuál mal suceso? A fe de caba- 
llero que si por mí tal acaesciera... ¿Mas 
qué digo? No soy yo tan dichoso ni tan 
bienaventurado. 

Mar. Señor, si por ti tal acaesciera, ¿qué 
es lo que hicieras tú? ¿No olvidaras otro 
cualquier amor por muger tan constante 
siendo tan hermosa y noble como la otra ? 

Lauro. ¿Cuál olvidar? ¿Y con qué se 
podría pagar un tan conforme amor? 

Mar, Pues primero que en nuestra casa 
entres, ni á Fabio veas, quiero me jures á 
fe de caballero que es lo que tú hicieras 
sobre este negocio. 

Lauro. Por el juramento que me has to- 
mado te juro que no le podría pagar con 
otra cosa , sino con tomalia por muger. 

Mar. ¿Hiciéraslo ansí ? 

Lauro. Y no de otra manera. 

Mar. Pues entra , señor , que por tí 
propio ha sucedido lo contado. 

Lauro, ¿Por mí? ¿cómo? 

Mar. Porque Fabio ( á quien tú quieres 
matar pensando que es hombre) es tu que- 
rida primera Lelia , hija de Verginio , ro- 
mano , la cual se salió del monesterío por 
servirte en hábitos de hombre ; mira si le 



19á 



LOPE DK RUEDA. 



debes algo y lo eres en grandisima obli- 
gación. 

Lauro. No me digas mas, señor Marcelo, 
que yo te creo. 

Criv. Y aun por eso, señor, muchas ve- 
ces cuando se iba á acostar á la cámara de 
los lacayos , se apartaba acullá lejos en un 
rincón á desnudar : yo decíale : hermano 
Fabio, ¿porque no le vienes á desnudará 
la lumbre? y respondiameél diciendo : her- 
mano Crivelo, tengo sarna. 

Lauro. Sus, entremos allá dentro, que 
JO le quiero pagar con lo que tengo dicho. 

Sa¡. Señor mase Quintana , si aquel no 
es Fabricio, ¿qué esperamos? vamonos ad 
comedendum ad posatam. 

Quint. ¿Qué dices? ¿Qué algarabía es 
esa? 

Sal. ¿ Algarabía es esta ? Es gramátula, y 
aun de la mas fina de Alcalá de Humares. 

Quint. Escúchate. Dígame, señor, ¿cómo 
dijo denantes que se llamaba el padre desa 
Lelia? 

Mar. Yerginio, romano. 

Quint. ¿Yerginio, romano? 

Mar. Si , señor. 

Quint. ¿Tuvo otro hijo sin esta? 

ÁTar. Uno, el cual se perdió en el saco 
de Roma. 

Quint. Por hallado se puede tener el dia 
de hoy : que llegando á ver aquí á Módena 
so amparo y guarda mia , se nos ha despa- 
recido, y pensando ser este que se retrajo 
en vuestra posada, venimos en su segui- 
miento. 

Criv. ¿Y es ese el que llamáis Fabricio? 

Quint. Sí, señor. 

CriiM Ta , ta , que me maten si ese que 
vos decís no es el que han tomado por Lelia, 
y está encerrado en casa de Gerardo. 

Mar. Paes por amor de mí, mientras 
nosolros nos entramos á efectuar el matri- 
monio del señor Lauro con Lelia , se vaya 
aquí con Crivelo. 

Quint. ¿Dónde, señor? 

Mar. A casa de Gerardo, porque Yer- 
ginio es ido allá armado con Pajares su 
mozo á que le restituya á Lelia. 

Quint. ¡ Yálame Dios! Iré porque no 
suceda algún escándalo. 

Criv. Yamos, y daremos noticia de lo pa- 
sado. 

ESCENA IV. 

QUINTANA. SALAMANCA. 

Sal. ¿Y pues? ¿yo, mase Quintana ó 
cuartana , quedóme hecho campa león ? 



¿Piensa que me he de mantener del aire? 

Quint. ¡Oh! toma, caía ahi cuatro rea- 
les y dalos á Fruía el mesonero en señal 
que se los debemos, y dile que te dé el por- 
tillón de la ropa. 

Sal. ¿Y no mas? 

Quint. Y el pan que sobró del almuerzo. 
y vente aqui á la posada del señor Yergi- 
nio. 

Sal. Que me place, y al pan podéis 
agradescer la vuelta. 

ESCENA V. 

YERGINIO. PAJARES. 

Verg. Mira, Pajares. 

Paj. Miro, señor. 

Verg. IS'o te cures de mas sino hacer 
como yo hiciere; veamos si me darán á mi 
hija por fuerza ó por grado, ó mal que les 
pese. 

Paj. Y dígame, señor, ¿cuántos han de 
ser los alanceados, si place á la voluntad 
de Dios? 

Verg. Solo uno es el que me ha ofen- 
dido. 

Pag. ¿Uno no mas? ¿Y cómo se llama? 

Verg. ¿De todo le han de dar cuenta? 
Gerardo se llama. ¿Porqué lo dices? 

Paj. Porque querriame llegar á la igle- 
sia. 

Verg. ¿Para qué? 

Paj. Para hacelle decir una misa de sa- 
lud. 

Verg. Calla, badajo, que no sé quien 
viene. 

Paj. Crivelo es el uno, y el otro salu- 
dador me paresce. 

ESCENA VI. 

CRIVELO. QUINTANA, y Dichos. 

Criv. Guárdele Dios, señor Yerginio. 

Verg. Seas bien venido con la compa- 
ñía.' 

Quint. Beso sus manos. 

Paj. Señor Crivelo, ¿paréscele en qué 
andenes y riesgos me han traído mis peca- 
dos? 

Criv. ¿Cómo, Pajares? 

Paj. ¿Cómo me pregunta? ¿No ve qué 
enlanceado estoy ? 

Criv. i Pues qué hace al caso, di? 

Paj. i Quién me hizo á mi mata hombres? 
Que aun por mis pecados los días |)asados 
mató mi padre un hurón, y en mas de 



quince dias'no osaba salir de noche al cor- 
ral do le habia muerto. 

Quint. ¿Porqué? 

Paj. Porque no me asombrase su álima. 

Criv. Señor Verginio, bien puede vuesa 
merced enviar este mozo á casa á desar- 
marse. 

Paj. ¡ Ah! Dios te dé salud, amen. 

Vcrg. ¿Cuál enviar ? ¿ Venis vos hecho 
de concierto con Gerardo? Pues tené por 
entendido que no lo haré hasta en tanto 
que me dé mi hija, tan sana y tan buena 
como se la entregué. 

Criv. Señor Verginio, ¿cómo? ¿cómo 
os puede dar vuestra hija, no teniéndola? 

Verg. ¿Dizque no teniéndola? ¿Pues qué 
cuenta me da de la moza que yo le dejé en 
su poder? 

Criv. ¿Moza? Yo digo que es mozo. 

Quint. Señor, lo que yo tengo entendido 
de este negocio es que Lelia está en tu casa, 
con toda la honra del mundo, y desposada 
con un gentilhombre que se llama Lauro. 

Criv. Dice verdad, señor : con mi amo. 

Paj. ¿Y sin pedirme perdón, señor? 

Verg. ¿De qué te habia de pedir perdón? 

Paj. De que me hizo ayunar el lunes sin 
ser ayuno, ni cantallo el raartilojo de mi 
bravario. 

Verg. ¿Qué, mi hija es desposada con 
Lauro? Dichoso seria yo si tal fuese. 

Criv. Que lo puedes bien creer, señor. 

Verg. Y pues , el que tanto le semeja , 
que está en casa de Gerardo, ¿quién ha de 
ser? 

Quint. Tu hijo , señor. 

Vcrg. ¿Qué me contáis? 

Quint. La verdad sin falta. 

Verg. ¡Oh providencia divina! 

Criv. Señor, en casa de Gerardo me en- 
tro , por dalle aviso del regocijo tan sobra- 
do , y ganar las albricias. 

Verg. Corre, ve. 

Paj. Yo á desalancearme. 

ESCENA VII. 

VERGINIO. QUINTANA. 

Verg. ¿Señor, cómo es su gracia? 
Quint. Quintana , á su servicio. 
Verg. ¿De qué tierra? 
Quint. De Roma, ayo de su hijoFabri- 



LÜS ENGAÑOS. 193 

Verg. ¿ Fabricio ? ¿ Y quién le puso ese 
nombre ? 

Quint. Señor, tú has de saber que el dia 
de la revuelta que fué saqueada Roma, 
quiso su buena dicha ó ventura que vino en 
poder tu hijo de un capitán español dicho 
Fabricio, y por quererle tanto, me lo dio 
que le enseñase toda crianza, llamándole 
de su propio nombre, y al punto que fá- 
lleselo, lo dejó heredero de su hacienda. 

Verg. ¡Santo Dios! 

Quint. Yo, como por tu hijo y mi criado 
supiese que tenia padre que se llamaba 
Verginio , y por información de algunos 
estranjeros que en Módena residían , de- 
terminé de encaminarle á esta ciudad y 
traelle en tu presencia. 

Verg. Digo , señor , que yo estoy por ello 
á no faltaros en los dias de mi vida. 

ESCENA VIII. 

GERARDO. FABRICIO. CLÁVELA. CRIVELO, 
Y Dichos. 

Criv. Señor, he aquí do sale el señor Ge- 
rardo y tu hijo Fabricio, con su esposa 
Clávela mano por mano. 

Ger. ¿Qué le paresce, señor Verginio, 
las cosas que son encaminadas por Dios , 
cómo siempre vienen á parar en buen su- 
ceso? 

Verg. Asi es la verdad, señor Gerardo. 

Quint. Fabricio, abraza á tu padre. 

Fabr. Déme sus manos, señor. 

Verg. ¡ Jesús ! y cuan semejante es á 
Lelia : bendígate Dios , hijo mió , y á tu es- 
posa. 

Clav. Y á él dé largos dias de vida. 

Ger. Señor Verginio , pues no ha sido 
servido Dios que Lelia fuese mi muger, se- 
gún aqui Crivelo me ha contado, digo que 
yo me tengo por muy dichoso y contento 
que su hijo Fabricio sea mi yerno, y d'hoy 
mas por consuegros y hermanos nos abra- 
cemos. 

Verg. Que me place, y vamos derecho á 
mi aposento donde se celebrarán las bodas 
cumplidamente. 

Criv. Sus, señores : si les paresciere al- 
canzar de la fiesta y confitura que allá den- 
tro está aparejada, allegúense á la posada 
del señor Verginio , que , á fe de hombre de 
bien, según el preparatorio , no falten que- 
josos; y por tanto, perdonen. 



13 



19i 



LOI>E DE RUEDA. 



CORNUDO Y CONTENTO. 

PASO 



PERSONAS. 



LUCIO , doclor nu'flico. 

MARTIN DE VILLALBA , simple. 



BARBARA , su mupcr. 
GERÓNIMO, csludianle. 



Plaza de un lugar. 



LUCIO. 



¡Oh miserabüis doctor! ¿.Qué for- 
tuna es osla, que no haya rcceplado en 
todo el (lia de hoy recepta ninguna? i Pues 
mirad quién asoma para mitigar mi pena ! 
Este es un animal , que le ha hecho en- 
creyentc su muger que está enferma , y ella 
Lácelo por darse el buen tiempo con un es- 
tudiante ; y él es tan importuno, que no lo 
hace con dos ni tres visitas al dia. Pero 
venga, que en tanto que los pollos en el 
corral le turaren , nunca su muger estará 
sin fiebre. Sea bien allegado el bueno de 
Alonso de... 

Martin. No, no, señor licenciado, Mar- 
tin de Villalba me llamo, para toda su 
honra. 

Lucio. Salas atque vita. ¿Para qué era 
nada dcsto, hermano Martin de Villalba? 

Martin. Señor, perdone vuesa merced, 
que aun están todavía pequeñuelos , pero 
sane mi muger, que yo le prometo un 
ganso que tengo á engordar. 

Lucio. Déos Dios salud. 

Marlin. No, no, primero á mi muger, 
plegué á Dios, señor. 

Lucio. Mochacho , toma esos pollos, ciér- 
rame esa gelosía. 

Martin. No, no, señor, que no son pollos 
de gelosía, vuesa merced puede estar des- 
cuidado. ¿ Sabe cómo los ha de comer? 

Lucio. No por cierto. 

Martin. Mire, primeramente les ha de 
quitar la vida y plumailos, y echar la 
pluma, y los hígados, si los tuvieren da- 
ñados. 

Lucio. ¿Y después? 

Martin. Después ponellos á comer si tu- 
\ierc gana. 

Lucio. Bien me paresce todo eso. ¿Pues 
cómo se ha sentido esta noche vuestra mu- 
ger? 

Martin. Señor, algún tanto ha reposado, 



que como ha dormido en casa aquel su 
primo el estudiante, que tiene la mejor 
mano de ensalmador del mundo todo, no 
ha dicho en toda esta noche, aquí me 
duele. 

Lucio. Yo lo creo. 

Martin. Guárdenos Dios del diablo. 

Lucio. ¿ Y queda en casa? 

Martin. Pues si aqueso no huese , ya se- 
ria muerta. 

Lucio. ¿Tomó bien la purga? 

Martin. ¡A mi madre! Ni aun la quiso 
oler : pero buen remedio nos dimos porque 
le hiciese impresión la melécina. 

Lucio. ¿Cómo asi? 

Martin. Señor, aquel primo suyo, como 
es muy letrado, sabe lo qu'el diablo deja de 
saber. 

Lucio. ¿De qué manera? 

Martin. Dijome : mirad, Martin de Vi- 
llalba , vuestra muger está de mala gana , y 
es imposible que ella beba nada desto : vos 
decís que queréis bien á vuestra muger : 
dije yo , á mi madre , no estéis en eso, que 
juro á mí que la quiero como las coles al 
tocino. Dijo él enluences, pues tanto 
monta : bien os acordáis que cuando os ca- 
saron con ella , dijo el crego ser unidos en 
una misma carne. Dije yo, asi es verdad : 
dijo él , pues siendo verdad lo qu'el crego 
dijo, y siendo toda una misma carne, to- 
mando vos esa purga, tanto provecho le 
hará á vuestra muger como si ella la lo- 
mase. 

Lucio. ¿Qué hicistes? 

Martin. Pardiez , apenas hubo acabado 
la zaguera palabra cuando ya estaba el es- 
cudilla mas limpia y enjuta que la podía 
dejar el galo de Mari Jiménez , que creo 
que no hay cosa mas desbocada en toda esta 
tierra. 

Lucio. Bien le aprovecharía. 

Martin. Guárdenos Dios : yo fui el que 
no pude mas pegar los ojos , que ella á las 



CORNUDO Y CONTENTO. 



once del dia se despertó . y como á mí me 
habia quedado aquella madrugada tan en- 
redo el estrómago con aquello de la escu- 
dilla , hízole tanto provecho á ella, que se 
levantó con una hambre , que se comiera 
un novillo si se lo pusieran delante. 

Lucio. ¿En fin? 

Martin. En fin , señor, que como no me 
podia menear del dolor que en estos hija- 
res sentia , dijome su primo : andad mal 
punto que sois hombre sin corazón : de una 
negra purguilla estáis , que me paresceis un 
buho serenado : entuences el señor diciendo 
y haciendo , apañó una gallina por aquel 
pescuezo , que paresce que agora lo veo , j 
en un santiamén fué asada y cocida , y tras- 
pillada entre los dos. 

Lucio. Hiciérame yo al tercio , como 
quien juega á la primera de Alemana. 

Martin. ¡A mi madre! Bien lo quisiera 
yo , sino que me hicieron encreyente que 
le hada daño á mi muger lo que yo co- 
miere. 

Lucio. Hicistes muy bien , mirad quién 
ba de vivir seguro de aqui adelante : según 
me paresce , á vos basta que curemos. 

Martin. Sí señor, pero no me mande mas 
de aquello de la'scudilla, sino no será mu- 
cho á muchas escudilladas ahorrar de tri- 
pas , y quedarse el cuerpo como cangilón 
agujereado. 

Lucio. Agora pues, yo tengo ciertas vi- 
sitas, id en buen hora, y acudios por acá 
mañana , que con un buen regimiento que 
y 'os ordenaré, basta para que se acabe de 
curar. 

Martin. Dios lo haga , señor. 

Estud. Por el cuerpo de lodo el mundo, 
ícñora Bárbara, veis aquí á vuestro marido 
que viene de hacia casa del doctor Lucio, y 
treo que nos ha visto. ¿Qué remedio' 

Bárb. No tengáis pena, señor Gerónimo, 
que yo le enalbardaré como suelo, hacerle 
he encreyente que vamos á cumplir ciertos 
votos que convienen para mi salud. 

Estud. ¿Y creerlo ha? 

Bárb. ¿Cómo si lo creerá? Mal lo conos- 
ceis : si yo le digo que en lo mas fuerte del 
invierno se vaya á bañar en la mas helada 
acequia , diciendo que es cosa que importa 
mucho á mi salud, aunque sepa ahogarse , 
se arrojará con vestidos y todo. Háblele. 

Estud. Bien venga el señor Martin de 
Villalba, marido de la señora mi prima, y 
el mayor amigo que tengo. 

Martin. ¡Oh señor primo de mi muger! 
Norabuena vea yo aquesa cara de pascua 
de hornazos. ¿Dónde bueno? ¿O -quién es 



195 

la revestida, 'onio borrica de llevar no- 
vias ? 

Estud. Déjala, no la toques, una moza es 
que nos lava la ropa allá en el pupilage. 

Martin. ¿. Mas, á fe ? 

Estud. Sí Qn mi ánima, ¿habíate decir 
yo á tí uno por uno? 

Martin. Bien lo creo, no te enojes : ¿ y 
adonde la llevas? 

Estud. A casa de unas beatas, que le han 
de dar una oración para el mal de la ja- 
queca. 

Martin. ¿Búrlasme, di? 

Estud. No, por vida tuya , y de cuanto 
luce delante mis ojos. 

Martin. Ven buen hora, ¿has menester 
algo? 

Estud. Dios te dé salud, no agora. 

Martin. Como tú deseas. 

Bárb. ¡ Oh grande alimaña! que aun no 
me conosció. Aguija , traspongamos. 

Martin. Ola, ola, primo de mi muger. 

Estud. ¿Qué quieres? 

Martin. Aguarda, cuerpo- del diabro, 
que ó yo m'engaño, ó es aquella saya la de 
mi muger; sí, ella es : ¿dónde me la llevas? 

Bárb. i Ah don traidor! Mirad qué me- 
moria tiene de mí , que topa su muger en la 
calle, y no la conosce. 

Martin. Calla, no llores, que me quiebras 
el corazón, que yo te conosceré, muger. 
aunque no quieras, de aqui adelante; pero 
dime, ¿dónde vas? ¿volverás presto? 

Bárb. Sí volveré , que no voy sino á tener 
unas novenas á una santa con quien yo 
tengo grandísima devoción. 

Martin. ¿ Novenas? ¿Y qué sonfloyenas, 
muger? 

Bárb. ¿ No lo entendéis? Novenas se en- 
tiende que tengo de estar yo allá encerrada 
nueve dias. 

Martin. ¿Sin venir á casa, álima mía? 

Bárb. Pues, sin venir á casa. 

Martin. Sobresaltado me habías, primo 
de mi muger, burlonazo, maldita la sangre 
que me habías dejado engoíada- 

Bárb. Pues concédeme una cosa. 

Martin. ¿Y qué, muger de mi corazón ? 

Bárb. Que ayunéis vos todos estos dias 
que yo allá estuviere á pan y agua, porque 
mas aproveche la devoción. 

Martin. Si no es mas que aqueso, soy 
muy contento : v'en buen hora. 

Bárb. A Dios : mirad por esa casa. 

Martin. Señora muger, no te cumple 
hablar mas como enferma, que el doctor me 
ha dicho que á mí me ha de curar, que tú, 
bendito Dios, ya vas mejorando. 



19C 



LOPE Dli RUEDA. 



Eshul. Quedad en buen hora, hermano 
Martin de ViMalba. 

JUIartin. Ve con Dios: mira, primo de 
mi muger, no dejes de aconsejarla que si 
se halla bien con las novenas, que las haga 



decenas, aunque yo sepa ayunar un día mas 
por su salud. 

Estud. Yo lo trabajaré, queda con Dios. 

Martin. Y vaya con él. 



PAGAR Y NO PAGAR. 



PASO. 



PERSONAS. 



BREZANO, hidalgo. 
CEVADON , simple. 



SAMADEL, ladrón. 



Sala de casa particular. 



BREZANO. 



Hora ¿, no es cosa estraña que á un hi- 
dalgo como yo se le haya hecho semejante 
afrenta y agravio cual este "? y es que un 
casero de esta mi casa en que vivo , sobre 
cierto alquiler que le quedé á deber, me ha 
enviado á emplaiar doscientas veces. Yo 
quiero y tengo determinado de llamar á Ce- 
vadon mi criado, y dalle los dineros para 
que se los lleve. Ola, Ccvadon, sal acá. 

Cev. Señor, ¿llama vuesa merced? 

Brez. Sí señor, yo llamo. 

Cev. Luego oi que me llamaba. 

Brez. ¿En qué oyó que le llamaba? 

Cev. ¿Diz que en qué? En nombrarme 
por mi nombre. 

Brez. Hora, \en acá, ¿conosces? 

Cev. Sí señor, ya conuezco. 

Brez. ¿Qué conosces? 

Ce ti. Esotro el aqueste, el que dijo vuesa 
merced. 

iíre::. ¿Qué dije? 

Cev. Ya no se m'acuerda. 

Brez. Dejémonos de burlas : dime si conos- 
cesáaquel caserodesta mi casa en que vivo. 

Cev. Sí señor, muy bienio conuezco. 

Brez. ¿Dónde vive? 

Cev. Acullá en su casa. 

Brez. ¿ Dónde está su casa? 

Cev. Mire vuesa merced, eche por esta 
calle derecha, y torne por esotra á mano 
izquierda, y junto la casa, empar de la casa 
al otra casa mas arriba está un poyo á la 
puerta. 

Brez. No me entiendes, asno : note digo 
5ino si conosces al casero de mi casa. 



Cev. Que sí señor, muy rebien. 

Brez. ¿Dónde mora? 

Cev. Mire vuesa merced, vayase derecho 
á la iglesia, y éntrese por ella , y salga por 
la puerta de la iglesia, y dé una vuelta alre- 
dedor de la iglesia, y deje la iglesia, y tome 
una callejuela junto á la callejuela, empar de 
la callejuela, la otra callejuela mas arriba. 

Brez. Bien sé que sabes allá. 

Cev. Sí señor, demasiadamente sé. 

Brez. Sus, toma estos quince reales, y 
llévaselos, y diie que digo yo que lo ha 
hecho ruinmente en enviarme á emplazar 
tantas veces, y que digo yo que me haga 
merced de no hacello tan mal conmigo; y 
mira que al que se los has de dar ha de te- 
ner un parche en el ojo, y una pierna arras- 
trando, y primero que se los des te ha de 
dar una carta de pago. 

Cev. ¿Que primero que le dé yo los di- 
neros , le tengo de dar una carta de pago? 

Brez. Que no, asno, él á tí. 

Cev. Ya, ya, él á mí, yo lo haré muy 
requísimamente. 

Calle. 

Sam. Según soy informado, por aquí ha 
de venir un mozo con unos dineros que los 
ha de dar á un mercader : yo le tengo de 
hacer encre'yente que soy el mercadante y 
cogelle los dineros, que bien creo que serán 
buenos para alguna quinolilla : ta, ta , 
quiero disimular, que helo aquí do viene. 

Brez. Mira que lo sepas hacer, diablo. 

Cev. Que lo sabré hacer, ¡ váiame Dios ! 

Sam. Ola, hermano, ¿es hora que trai- 
gáis esos dineros? 



PAGAR Y NO PAGAR. 



197 



Cev. ¿Es vuestra merced el que los ha 
de recibir? 

Sam. Y aun el que los habia de tener en 
la bolsa. 

Cev. Pues, señor, díjome mi amo que le 
diese á vuesa merced, y tomase vuesa mer- 
ced quince reales. 

Sam. Si, quince han de ser, dad acá. 

Cev. Tome : aguarde vuesa merced. 

Sam. ¿Qué tengo de aguardar? 

Cev. ¿Diz qué? las insinias. 

Sam. ¿Qué insinias? 

Cev. Dijo mi amo que habia de tener 
vuesa merced un parche en el ojo, y traer 
una pierna arrastrando. 

Sam. Así , pues si no es mas deso, cata 
aqui el parche. 

Cev. Avese d'ay, ¿ diz qu'eso es parche? 

Sam. Digo que si es. 

Cev. Digo que no es. 

Sam. Digo que lo es, aunque os pese. 

Cev. No quiero pesar, señor, séalo al 
mandado de vuesa merced, parche es, vá- 
lame Dios ! son como traia vuesa merced 
abajo el sombrerillo, no habia visto el 
parche. 

Sam. Hora, sus, dad acá los dineros. 

Cev. Tome vuesa merced. 

Sam. Echa. 

Cev. Aguarde. 

Sam. ¿Qué tengo de aguardar? 

Cev. ¿ La pierna arrastrando qu'es della? 

Sam. ¿La pierna? Vesla aqui. 

Cev. Tome vuesa merced los dineros. 

Sam. Vengan. 

Cev. Aguarde. 

Sam. ¡Oh pecador de mí! ¿qué quieres 
que aguarde? 

Cev. ¿Qué tengo de aguardar? La carta 
de pago. 

Sam. Pues vesla aqui, toma, bobo , que 
en verdad veinte años ha que está escrita , 
y decidle á vuestro amo que digo yo que es 
un grandísimo bellaco. 

Cev. i Que le diga yo á mi amo que vuesa 
merced es un grandísimo bellaco? 

Sam. Que no , sino que yo se lo digo á 
él , y que lo ha hecho ruinmente. 

Cev. Ta, ta, eso de ruin le habia de decir 
yo á vuesa merced , que mi amo me dijo 
que se lo dijese, téngalo por recibido. 
Sam. Bien está, vete con Dios. 
Cev. Vaya vuesa merced : ofrézcole al 
diabro el parche que lleva, que miedo tengo 
que no me haya engañado. 
Brez. Ola, Cevadon , ¿traes recado? 
Cev. Sí señor, traigo todo recado, y la 
carta de pago , y todo negocio viene. 



Bres. ¿Mtráslele bien? ¿viste si tenia 
parche ? 

Cev. Sí señor , un parchazo tenia tan 
grande como mi bonete. 

Brez. ¿Vístelo tú? 

Cev. No señor, mas él dijo que le traia. 

Brez. ¿Pues así habias de fiar de su pa- 
labra? 

Cev. Sí señor , sé que no habia de infer- 
nar ellotro su alma á traque de un parche 
ni de quince reales. 

Brez. Ora, sus, que tú traerás algún 
buen recado; y dime, ¿traia la pierna 
arrastrando ? 

Cev. Sí señor , luego que le di los dine- 
ros arrastró ansina la pierna , mas luego 
que se fué , iba mas derecho que un pino. 

Brez. Baste, veamos la carta. 

Cev. Tome, señor. 

Brez. Señor hermano. 

Cev. ¿Dice ahí señor hermano? 

Brez. Sí, que dice señor hermano. 

Cev. Debe de ser hermano del que reci- 
bió los dineros. 

Brez. Ansí debe de ser. Las libras de 
azafrán... 

Cev. ¿ Ahí dice libras de azafrán ? 

Brez. Si , aquí así dice. 

Cev. ¿Las libras de azafrán? ¿Yo no he 
traido á vuesa merced azafrán? 

Brez. A mí no. 

Cev. ¿Pues cómo viene el ppel enza- 
franado ? 

Brez. ¿Tú no ves que te ha engañado, 
que por darte carta de pago te ha dado 
carta mensagera? 

Cev. ¿Carta, ó qué? 

Brez. Carta mensagera. 

Cev. Pardiez si eso es verdad, que lo ha 
hecho muy bellaquisimamente. 

Brez. ¿Qué remedio , señor? 

Cev. Yo diré á vuesa merced qué remedio. 
Que tomemos sendos palos-; y que vamos 
callibajo , vuesa merced primero , yo tras 
del, y si á dicha l'encontramos, cobrare- 
mos nuestros dineros; cuando no, servirme 
ha de criado estuences. 

Brez. ¿Qué es servirte de criado? 

Cev. ¿Qué, señor? Que y'os compezaré 
á bravear con él , como lo hizo de ruin 
hombre de llevarse los dineros sin parche 
ni pierna arrastrando , y en esto vuesa mer- 
ced descargará con la paliza. 

Brez. Pues , sus , vamos. 
Cev. Vamos. 

Sam. Bien dicen que lo bien ganado se 
pierde , y lo malo , él y su amo : esto dígolo 
porque aquellos dineros que tomé al simple 



196 



LOl'E l)E HIEDA. 



Miozu, lus medios se fueron on un resto, y 
los otros se quedaron en un bodegón : dicen 
(|ue van en busca mía , no tengo otro re- 
medio sino dil'erencíiir la lengua. 

Brez. Haz que le conozcas bien. 

Cev. Pierda cuidado vuesa merced, que 
) o le conosceré rebien. Véngase poco á poco 
Iras mi. 

Brez. Anda. 

Cev. Señor, señor. 

Brez. ¿Que? 

Cev. Caza tenemos, el del sómbrenlo es. 

Brez. Gala que sea él. 

Cev. Que sí , señor, este me lomó los di- 
neros. 

Brez. Sus, habíale. 

Cev. Hombre de bien. 

Sam. La gran bagase qui us parí. 



Cev. No habla cristianamenle , señor. 

firei. Sepamos pues en qué lengua ha- 
bla. 

Sam. Yuta drame á roquido dolos los 
durbcles. 

Brez. ¿Qué dijo? 

Cev. Que se los comió de pasteles. 

Sam. ¿ No he fel yo tan grasa llcgea? 

Brez. ¿ Qué es lo que dice '? 

Cev. Qu'él los pagará , aunque se pea. 

Sam. ¿Qué he de pagar? 

Cev. Los dineros queme quisiste burlar. 

Sam. Toma una higa para vos, don vi- 
llano. 

Cev. Pero tomad vos eslo, don ladrón 
tacaño. 

Brez. Eso si, dale. 

Cev. Aguarda , aguarda. 



PRENDAS DE AMOR. 

COLOQUIO. 

PERSONAS. 



.MEN.VNDRO, pastor. 
SIMÓN , pastor. 



^I.MO.V , AIENAiNDRO. 

Sim. Menandro, ya hemos llegado 
Do podemos deslindar , 

Y dejar averiguado 
Cuál es mas aventajado , 

Y tiene mas que esperar. 
Que si Cilena pastora 

A los dos favor nos dio , 
A mi mas rae aventajó , 
Pues aquella clara aurora 
Su zarcillo me entregó. 

Men. Si por combate ó razones 
La gran locura en que estás, 
Simón , defender querrás , 
Propon luego tus quistioncs, 
Porque á todo me hallarás : 
Dices que te dio un zarcillo 
De su oreja delicada, 

Y que á mi no me dio nada. 
Porque m'entregó un anillo 
De mano tan alindada. 

Sim. ¿Quién vido señal de amor 
Tan manifiesta y tan clara , 
Ni de tan alto valor? 
Pues me dio por mas favor 
Las insinias de su cara : 



CILENA , pastora. 



Por aquí quiero cazarte. 
Ven acá , Menandro hermano , 
Pues quieres aventajarte , 
¿ Cuál es mas preciosa parte 
Las orejas ó la mano? 

Men. Si va por via de honor 
De honra , los afrentados 
Por justicia y castigados 
Viven con gran deshonor 
Si fueren desorejados. 

Y por tanto yo diria 

Que en esta causa ó quistion , 
Simón, las orejas son 
De menor precio y valia , 
Que no nuestras manos son. 
¿ Quierps ver como la mano 
Es de mayor escelencia ? 
Ten cuenta , Simón hermano , 

Y verás la diferencia 
Porque no estés tan ufano. 
Si te vas á desposar , 

En señal üe casamiento 
Lo primero que has de dar 
¿ Qué ha de ser? 

Sim. A mi pensar 

Es la mano, á lo que siento. 

Men, ¿ Y después el sacerdote 



PRENDAS DE AMOR. 



lüO 



Cuando os veíais en la igreja , 
El anillo, acemilole, 
Pónetelo, di, majóte. 
En la mano ó en la oreja? 
No tienes que responder , 
Que ya queda averiguado , 
Por ser mas aventajado , 

Y esto se puede bien ver 
Por el anillo esmaltado. 

Sim. Sea, dices que es ansi : 
Tú, contento con tu anillo, 
Yo, con mi dulce zarcillo. 

Ulen. A la fe sábete aqui 
Que te he vencido , carillo. 

Sim. La gran soberbia que cobras , 
Menandro , en el proponer , 
Me da muy claro á entender 
Que por la envidia que sobras 
Te tengo aquí de vencer. 

Men, Mi fe tú estás añasgado, 
No le aprovechan razones, 

Y tus debres conclusiones 
Claramente han demostrado 
Ser fracas en dos ringlones. 

Sim. Tente que siento pisadas : 
Cilena debe de ser. 

Men. Suso, ella podrá hacer 
Que cesen nuestras puñadas , 

Y altercanza y contender. 

{Entra Cilena, pastora.) 

CU. Anday , mi branco ganado , 
Por la frondosa ribera , 
No vais tan alborotado. 
Seguid hacia la ladera 
Deste tan ameno prado : 
Gozad la fresca mañana 
Llena de cien mil olores , 
Paced las floridas flores 
De las selvas de Diana 
Por los collados y alcores. 

Men. ¡Oh Cilena! bien llegada : 
Dichosos tales collados 
Que de ti son visitados : 
De ti, pastora agraciada. 
Queremos ser acrarados. 
Bien le acuerdas que en el prado 
A Simón diste un zarcillo , 

Y á mí me diste un anillo 
En señal de aventajado, 
Causa de nuestro omccillo. 
Dice y afirma Simón 

Que todo el favor le diste . 

Y que á mí me aborreciste : 
Aquesta es nuestra quisli^, 

Y tú en ella nos posiste. 



CU. Quisiera lugar tener , 
Cierto , garridos pastores , 
Para que vuestros errores 
Dejaran de proceder 
Sobre tal causa de amores. 
Mas pues que soy allegada , 
Porque no os quejéis de mí , 
Tomad eso que va ahí , 

Y otra vez en la majada 
Sabréis presto el no, ó el sí. 
Por agora perdonad 

Que no puedo detenerme : 
Pastores , en paz quedad , 

Y en lo que os di contemplad 
Porque dejéis de quererme. 

5¿m. Di, Menandro, ¿qué te ha dado? 
Men. A mí diórae un corazón 
Con un letrero esmaltado. 

Sim. Y á mí su rostro pintado 
Al vivo en gran perfección : 
También lleva su letrero. 
Men. ¿Qué dice? 
Sim. Mira y verás 

En mi , cuanto tú querrás. 
Dichoso Simón cabrero , 
¿ Qué es lo que deseas mas ? 
En esto se ha conoscido 
Yo ser mas aventajado 
Amado y favorecido , 
Pues mi Cilena me ha dado 
Su rostro al vivo esculpido. 

Men. Simón, no estés tan ufano. 
No pienses con tu labor 
Llevarte todo el favor. 

Sim. i Qué dice tu letra , hermano? 
Que esta llena está de amor. 

Men. Yo no tengo mas que dar , 
Pues te doy el corazón; 
Mas con aqueso, garzón. 
No tienes de gloriar 
Ni mostrar mas presunción. 
¡ Oh señal nada imperfeto 
De la pastora Cilena! 
Sim. ¡Oh empresa de mi pena! 
Men. ¡Oh espejo de mi objeto! 
Sim. ¡Oh voz que en mi alma suena! 
¡ Oh rostro mas que hermoso! 
Men. i Oh pastor bien fortunado ! 
■Sim. ¡ Oh retrato delicado ! 
Metí. ¡Oh corazón amoroso. 
Qué de contento me' has dado! 
Dejemos nuestro altercar, 
Simón, que si vas contento. 
Yo voy mas que recontento. 

Sim. Yo sin mas que desear. 
De alma y de pensamiento. 



ALONSO DE LA VEGA- 



AMOR VENGADO, 



PASO. 



PERSONAS. 



CUPIDO. 
FALACIO , pastor. 



BRüNEO , pastor, 
DORESTA , pastora. 



Fal. Mira, Amor, no nos persigas ni apre- 
mies, tente afuera, que el que no es acos- 
tumbrado á ser captivo , adora la libertad : 
no pienses con tus blasones y poderes ab- 
solutos que publicas , enternescer nuestro 
silvestre y salvagino natural , que nosotros 
la soledad amamos, las peñas nos acompa- 
ñan , los jarales nos recrean , las yerbas nos 
refrescan , adonde con nuestras brutales 
fuerzas despedazamos los osos , los tigres y 
ba.siliscos amontamos. Reconosce, Amor, 
que los corazones que contra tales fieras 
pueden , contra tus fuerzas mas que bas- 
tantes serán. 

Cup. ¡Oh brutos zagales! ¡ Contra mi po- 
der tan atrevidamente habláis ! Tornad , 
tornad en vosotros, y conosced que soy 
hijo del sapientísimo S''ulcano, y á los pe- 
chos blancos de la diosa Venus mi madre 
criado : temido de los fuertes, general- 
mente de todos obedescido ; ¿ pues qué ha- 
céis, brutos zagales, que ante mí no os 
humilláis? Amando á la pastora Doresta, 
que por uno de vosotros se deshace , gozad , 
gozad de la primavera, del verano, y no 
aguardéis la invernal senectud; catad que 
como me sirviéredes , así seréis de mí ga- 
lardonados. 

Brun. ¿Cómo? ¿cómo? Tente á una 
banda, Palacio, no piense con los fieros que 
publica subjcctarnos , ni con yerba de su 
flecha nos herir. Saca, saca tu cachicuerno 
cuchillo, aquel con que las verdes hayas y 
altos robles de estas nuestras montañas des- 
troncar sueles ; y si fuerza contra fuerza po- 
ner quiere, A las manos lo lomemos, y ellas 
."¡olas lo determinen. 

Fal. Muera. 

Brun. Lleca, dale. 



Fal. No viva el que nos piensa subjectar 
bajo sus pies. 

Dor. Paz, paz, zagales, que contra el 
poderoso Amor no hay fuerzas ni mañas 
que basten... Escogido rey, en tal guerra 
sin tu ayuda no se puede haber victoria. 

Cup. Amadora y sierva mia, pues amas 
sin ser amada , y los corazones de estos dos 
zagales se endurescen contra tí , loma mi 
arco y mi enherbolada flecha, y al que mas 
amares atraviésale el corazón. 

Fal. Defiéndete, Bruneo. 

Brtm. No tires, zagala , que no hay qaien 
te ame. 

Fal. Y si tirares no nos yerres , que á 
nuestras manos morirás. 

Cup. Suelta , zagala. 

Fal. ¡ Ay, que me siento herido! 

Brun. ¿Tan presto desmayas? Poco áni- 
mo es el tuyo. ¿De quién? 

Fal. De amores de esta zagala. 

Brun. Ten , ten fuerte como yo. 

Cup. Aguarda porque no te alabes. 

Brun. ¡ .4y que me siento vencido de 
aquesta que adora mi vida ! 

Cup. ¿Sois amantes? 

Fal. y Brun. Y tus siervos. 

Fal. ¡ Oh zagala ! pues tu amor nos ha 
vencido , apiádate de nosotros. 

Dor. Como si nunca os viera. 

Fal. Tti eres mi señora. 

Dor. Vosotros mis enemigos. 

Brun. ¡ Oh gran diosa ! 

Dor. i Oh crueles ! 

Fal. Aguarda, aguarda. 

Dor. No*mc cumple. 

Brun. Por tí morimos. 

Dor. Yo vivo en veros morir. 

Fal. Yo peno. 



AMOR VENGADO. 



201 



Dor. Yo descanso. 
Brun. Yo tu esclavo. 
Dor. Yo señora. 
Fal. Yo sospiro. 
Dor. Yo canto. 
Brun. Yo te sigo. 
Dor. Yo huyo. 

Aquí se arrodillan los pastores delante 
de Cupido. 

Fal. y Brun. Amor, Amor, apiádate de 
nosotros. 

Cup. Levantaos, nuevos amantes; aun- 
que rebeldes habéis sido , es justo que de la 
([ue os amó y amáis , seáis galardonados. 



¡Oh hermosa zagala! ámalos, pues que te 
aman. 

Dor. ¿A cuál de ellos? 

Cup. Bien preguntas : esa causa no quiero 
determinarla sin consejo de amadores ; mas 
como rey absoluto mando que entre tanto 
que se determinare, andes en medio de los 
dos por selvas y boscajes, adonde con casto 
amor de ellos servida seas , y con su vista 
te contentes. Ea, caballeros, gentileshom- 
bres, lindas damas, en vuestro juicio lo 
dejo que juzguéis lo que aqui ha pasado : 
entrambos la aborrescian : entrambos fue- 
ron forzados. ( Cuál se puede llamar ama- 
dor , el que la zagala hirió con su flecha, ó 
el que yo heri de mi voluntad ? 



JUAN DE TIMONEDA. 



LOS CIEGOS Y EL MOZO, 



PASO. 



PERSONAS. 



MARTIN ALVAREZ , ciego. 
l'EKOÍiOMEZ, ciego. 



PALILLOS , mozo. 



PALILLOS. 

Muy cscelenles señores , 
Con humil acalamiento 
Las manos veces sin cuento 
Les beso muy sin temores. 
Acá por intercesores 
Só enviado, 

Y lo que mas me ha forzado 
A deciros la verdad 

Es tener necesidad , 

Ue ió cual Dios sea loado. 

Pero en ün tengo pensado 

Que al presente 

Donde está tan noble gente 

Un amo no fallará, 

Por ser menester habrá 

A este pobre sirviente : 

Que de oücios mas de veinte 

Sé hacer ; 

Y si el trage y parecer 
Demup.'itra que poco valgo, 
Consuélome que hijodalgo 
S(j, aunque pesca Lucifer, 
Por eso quien de comer 
Me dará 

Y por mozo me terna , 
Podrá alabarse y decir 
Que á él le suelen servir 
Hijosdalgo de vordá. 
.\si mi querer está 

De ponerme 

( Porque no haya de perderme ) 

llora sea á melcochero , 

O á mozo de cocinero. 

Para poder socorrerme , 

.Aunque sé un poco entenderme 

De harbolario 

Y también de apotccario: 



Y aunque el oQcio es muy viejo . 
Del arte de mandilejo 

Os daré todo el sumario. 
Para mozo de un vicario 
Me pornia 

Solo porque cada dia 
De las ofrendas comiese , 

Y al beber, cuando me viese. 
De mí no se quejaría ; 

Pues sí á la voluntad mía 
Amo hallase, 
Yo os doy fe que trabajase 
Aunque me hiciese mil sobras , 
De mis servicios y obras 
En balde no se quejase. 
Porque el tiempo no se pase 
En hablar , 

Empezaros he á contar 
Las condiciones que tengo. 
Allá do voy nunca vengo, 

Y es condición singular; 
La otra es no levantar 
De mañana , 

La cual tengo por muy sana: 
Sé romper lo que está sano, 
Sé al pan dar una mano 
Si de comer tengo gana. 
Si veo que está liviana 
La redoma , 

El pesar que allí me asoma 
Jamas tiene par ni cuento : 
Cuando estoy harto y contento. 
Por jamas harán que coma. 
Pues si alguno dice, toma. 
Con dinero , 
Luego me vuelvo ligero. 
Por abreviar de razones , 
En fin estas condiciones 
Son propias de caballero. 



LOS CIEGOS Y 1£L MOZO. 



2()3 



Si preguntáis de ganchero , 
Por mi fe 

Nunca en mi vida lo usé. 
Sino una vez seis ducados , 

Y estos me fueron forzados 
Hurtar de do los hurté. 
Sobre ellos contaros he, 
Con que holguéis, 

Un donaire , y tomaréis 

En oillo pasatiempo. 

Yo estaba , no ha mucho tiempo . 

Con un amo que reiréis, 

Y porque mejor notéis 
Era ciego : 

Que de su vida reniego, 
Cual el triste lo pasaba, 
Que de pan no me hartaba. 
Yo, como rapaz matiego, 
Acordé tramallc un juego 
Muy gracioso 

Y para mí provechoso , 

Y es que supe que escondía 
Los dineros que tenia, 

Por ser dellos codicioso ; 
Yo , como mozo astucioso , 
De hambre muerto. 
Acéchele el lugar cierto 
Do escondía este dinero , 

Y vi que en un agujero 
Lo escondía con concierto. 
Yo en haberlo descubierto 
La vereda , 

Con mi mano mansa y beda 
Apañé todo el caudal; 
Pero en fin todo fué á mal , 
Yo perdido y la moneda. 
Pues del hurtar no me queda 
Ningún bien. 
Quiero huir de tal desden. 
No sé en qué precio preciase 
Que al presente un amo hallase 
Ansí plegué á Dios. Amen. 

Mart.Alv. Devotos cristianos, ¿quién 
Manda rezar 
Una oración singular 
Nueva de nuestra Señora? 

Pal. Parece que he oído agora 
Ad algún ciego hablar. 
Veislo por do fué á asomar , 
Ciego es : 

Este es mi amo , pardiez , 
De quien agora os hablé. 
Huiré... ¿mas para qué? 
Esconderme quiero pues. 

Mart. Alv. Mandadme rezar, pues 
Noche santa, [que es 

La oración según se canta 
Del nacimiento de Cristo. 



¡Jesús! nuuca tal he visto. 
Cosa es esta que me espanta : 
Seca tengo la garganta 
De pregones 

Que voy dando por cantones , 
Y nada no me aprovecha : 
Es la gente tan estrecha 
Que no cuida de oraciones. 

P. Gómez. ¿Quién manda sus devo- 
Noble gente, [ciónos. 

Que rece devotamente 
Los salmos de penitencia, 
Por los cuales indulgencia 
Otorgó el papa Clemente? 

Mart. Alv. Ciego es este ciertamente 
Como yo, 

El que agora voces dio : 
Mi compadre es si no miento. 

P. Gómez. La oración del nacimiento 
De Cristo. 

Mart. Alv. Ce. 

P. Gómez. ¿Quién llamó? 

Mart. Alv. Pero Gómez. 

P. Gómez. ¿Quién es? 

Mart. Alv. ¿No 

Me conocéis? 

P. Gómez. Martin Alvarez , qué ha- 
Buenas noches le dé Dios. [ceis? 

Mart. Jk'. Compadre, asi hagaá vos. 
¿A dó bueno? 

P. Gómez. Ver podéis : 
Vo por ciudad, como veis. 
Pregonando 

Y la oración voceando 

De Cristo , pues en verdad 
Es hoy su natividad. 

Mart. Alv. En la mesma oración ando. 

P. Gómez. ¿Sin mozo vais? dende 
Me decí. [cuando 

Mart. Alv. Dos mil años ha que en 
Ya no está, que según fundo, [mí 
En el universo mundo 
Tan gran bellaco no vi. 
' Pal. Llegarme quiero hacia allí 
Cerca de ellos 

Y un poquito revolvellos , 
Pues contra mí se desmandan. 

P. Gómez. Compadre , tábanos an- 
¿ No sentís? [dan, 

Mart. Alv. Rabia con ellos, 
¡ Oh ! hideputa en los cabellos 
He tomado... 

Creo que no... ¡Oh! mal grado 
Que se me fué. 

P. Gómez. Mas... pardios. . 
¡Oh! reniego non de vos. 

Mart. Alv. Juro á diez que va enlo - 
Pues volviendo á lo pasado [dado. 



204 



JUAN DE TIMONEDA. 



Qiic primero 

Ilnblamos, deciros quiero 
Que mi mozo cuando huyó 
^^cis ducados me iiiirtó. 

/'. Gómez. Mas... ¿burláis? 

Mart. Alv. >'o, son de vero. 

Dejóme tan lastimero 
De verdad, 

Y en tanta necesidad , 
Com|)adre, podéis creer. 
Cual nunca me pensé ver. 

P. Gotne:. ¡Oh qué mozo y qué bon- 
Si Dios me dé sanidad [dad ! 

Y alegría. 

Que en verdad tal no sabia. 
¿Mas cuánto ha que yo os hablo 
(Jue deis los mozos al diablo? 
Vos tenéis vuestra porfia 
Que os roban de cada dia 
Por rr.zon 
Cuanto pueden sin pasión, 

Y el mozo , por hablar claro , 
Para nosotros es caro 

Tan solo por la ración. 
Asi que en mi opinión 
Hallo pues 

Que ir á solas mejor es 
Que no mal acompañado ; 

Y sino cuando es mirado. 
Ganancia y caudal perdés. 

Pal. ¡ Oh qué gracioso entremés ! 
El buen viejo 

¡Qué ejemplos da y aparejo! 
Mu> bien predica elegante. 

Mart. Alv. Compadre, de aquí ade- 
Tomaré vuestro consejo, [lante 

Pues se ve que sois añejo 
De saber. 

Mas vos también á mi ver 
Debéis , compadre y vecino. 
El dinero de contino 
En buen recado poner, 

Y no ansina lo tener 
Aviniento 

Sin temor de inconveniente : 
Si los ponéis h su bozo, 
Ved si los hurlará el mozo, 
No digo seis, pero veinte. 

Pal. ¡ Si , tomaldo al inocente , 
Que si hallara 
Los veinte que los dejara ! 

Mart. Alv. ¡Pues, pésele á la for- 
Do estaban , persona alguna [tuna ! 
Hallarlos nunca pensara : 
No pues porque los ganara 
Mal ganados, 
Sino creo que mis pecados 
Me han Iraido á pagadero. 



P. Gómez. ¿Dó estaban? 

Mart. Alv. En un aujero 

Dentro en mi casa guardados. 

P. Gómez. ¡Oildo ! cuan bien alzados 
(Cara atrás) 
Los tenia. 

Mari. Alv. No .sé que mas 
Podía hacer en guardallos. 

P. Gómez. Compadre , con vos lle- 
Era muy mejor y en paz. [vallos 

Pal. ¡Oh bidcpula, y quéhipocras. 
Si no miento. 
Que sois vos , según qoe siento ! 

P. Gómez. Aosadas que yo no he 
Los dineros, si hacer puedo [miedo 
Me hurten do los asiento. 

Mart. Alv. Pues esc tal regimiento 
Que usar 
Soléis , me debéis vos dar. 

P. Gómez. Pláceme. Siempre pro- 
Compadre , por ir seguro [curo , 
Los dineros no apartar 
De raí , sino los llevar 
Yo conmigo, 

Pues son nuestro bien y abrigo; 
Que allí do el dinero va. 
Mi corazón siempre está 
Coa él , por ser fiel amigo , 

Y aun mis dineros me obligo , 
Si queréis 

Apostar que no sabéis 
En qué parte van de mi 
Persona. 

Mart. Alv. Ea que si. 

P. Gómez. Compadre , no acertaréis. 

Mart. Alv. Apostay que los traéis. 
Sin mentir. 
En los zapatos. 

P. Gómez. Reír 
Me hacéis á boca llena. 

Pal. ¡Oh qué plática tan buena! 
Llegar quiero por oir. 

P. Gómez. En fin quiérooslo decir 
Donde están 

Y el Icscondrijo do van , 
Mas con todo no quisiese 
Que aquí alguno lo oyese 
Por no me ver en afán. 

Pal. Callar cumple, juria san 
Con primor. 

Mart. Alv. Espera y será mejor 
Reconoscer si habrá alguno 
Por aquí. No hay ninguno. 
Hablar podéis sin temor. 

P. Gómez. Pues sabed que alrededor 
Del bonete 

Los llevo como á ribete , 
Compadre, y emparejados. 



LOS MEISEMNOS. 



205 



Afarí.^Zv. ¿Y serán cuántos ducados? 

P. Gómez. Hasta cinco, ó seis ó 
Dad acá : ¡en gentil sonete [siete... 
Os entonáis! 

Mart.Alv. ¿Qué diablos medeman- 

P. Gómez. Mi bonete. [dais? 

Mart. Alv. ¿Cómo? ¿Cuándo 
Os faltó? 

P. Gómez. No estéis burlando : 
Echaldo acá. 

Mart. Alv. Mas ¿burláis? 

P. Gómez. Compadre, ¿de eso os 

Mart. Alv. ¡Qué hablar! [picáis? 
Mira si os soléis picar 
Vos en hacer cosa tala. 
Que esa palabra es muy mala. 



P. Gómez. ¡Oh qué buen disimular 
Que tenéis ! 

Mart. Alv. Id á rodar, 
Que no nada. 

P. Gómez. Compadre, á mí no me 
Que con dineros burlemos; [agrada 
Sino ved que perderemos 
La nuestra amistad pasada. 

Mart. Alv. Dígoos que esa badajada 
Que decís 
Es mal dicha , si sentís. 

P. Gómez. Ea, dejad aquesos fieros, 
Y volvedme los dineros , 
Que vos los tenéis. 

Mart. Alv. Mentís. 



LOS MENEMNOS. 

COMEDIA. 



INTROITO. 



PERSONAS. 



CUPIDO. 
GINEBRO , pastor. 



CORO. 



Oye , Cupido , señor. 
No te quejes de pastores, 
Que el remedio de amador 
Es decir mal del amor 
Y á la fin morir de amores. 

Cup. Atrevidos y enamorados pastores , 
¿de dónde os vino tanta osadía que recos- 
tados en vuestras cabanas y con gran des- 
cuido osásedes ultrajar mi divinidad? Y 
pues con mi potencia os he traído á este 
lugar, cada uno dé razón de sus quejas para 
que se haga justicia, 

Gin. Dios y señor Cupido , á mí ningún 
perjuicio me tienes hecho , antes vivo con 
contentamiento. 

Claud. Yo con gran descontentamiento. 

Clim. Yo con mucho mas. 

Cup. Sepamos la causa. 

Claud. Yo te la contaré , muy alto Cu- 
pido. Ha de saber tu magestad que vién- 
donos heridos de tu mano Gínebro, Clímaco 



GLIMACO , pastor. 
CLAUDINO , pastor. 



y yo de amores de la muy hermosa zagala 
Temísa , acordamos por quitarnos de ren- 
cillas y cordojos de presentarnos delante su 
agraciado conspecto para que dijese ella 
misma á cuál de nosotros escogía por su 
requebrado. 

Clim. Y porque, encumbrado Cupido, 
mejor lo comprendas, has de saber que 
primero cada cual de nos contó en su pre- 
sencia las gracias de que era dotado. 

Cup. Sepa yo qué gracias le propusistes. 

Claud. Yo le dije : amantísíma zagala, 
sábete que soy tan esforcejudo , que por mis 
fuerzas soy temido en toda Estremadura de 
los mas valientes zagales, por lo cual pre- 
tiendo que me has de escoger por tu ser- 
vidor. 

Clim. Yo le dije : oye , zagala de bel pa- 
resccr : tú sabrás que en toda la mesta no 
se hallará zagal tan franco y liberal como 
yo, y porque nasce esta virtud de ánimo 
generoso y grande , creo que me recibirás 
por tu zagal, dejando á cualquier desoíros. 



20íj 



JUAN DE TIMONEDA. 



Gin. Yo le dije : requebrada pastora, sa- 
brá tu hermosura que la cosa de que yo 
mas me |irerio es de ser prudente y sabio 
en tanta manera que primero que hable ni 
ponjja por ol»ra ninguna cosa, tengo gran 
cuenta con el íln deila , y porque á quien 
esto tiene no le puede ser dañosa la prós- 
¡lora ni adversa rortuiia , debes rescebirrnc 
por tu requebrado. 

(up. En lin, ¿á quién escogió? 

Clim. A üinebro, por nd mala suerte. 

Gin. A mi, porque así convenia. 

Claud. A ti, que nunca debiera. 

fup. Antes sabiamente escogió la zagala. 

Clim. ¿Porqué? 

Cup. Yo te lo diré. Para que la mugcr 
discreta quiera bien, has de saber que no 
son bastantes las fuerzas de Hércules, ni 
las liberalidades del magno Alejandro. 

Claud. ¿Sino qué, señor Cupido? 

Cup, Saber virtuoso, honesta conversa- 
ción, continua crianza, amor luengo, zelar 
la honra : todas estas cosas bien alcanzadas, 
solo el verdadero saber las alcanza. 

Clim. Ahi te aguardaba , Cupido. Si los 
amores son luengos, pasa peligro que se 
descubran ; y si son descubiertos , síguense 
grandes peligros. 

Claud. Dice la verdad. 

Clim. Di , para ello ¿qué remedio dará el 
sabio ? 

Claud. Por cierto ninguno, antes el es- 
forzado y liberal terna ganados amigos que 
le favorezcan en semejantes peligros. 

Cup. Bien paresce que sois pastores. 
Habéis de saber que al verdaderamente 
sabio ninguna cosa de e.sas le falta : él es 
esforzado en refrenar sus ojos, mandán- 
doles que no miren á quien bien aman, si 
|ior mirar se ha de seguir escándalo : es mas 
que liberal en no dar parle de sus secretos , 
cuando ve que no conviene : y habéis de 
saber que los amigos adquiridos por esfuerzo 
y liberalidad suelen faltar muchas veces á 
sus amigos en las necesidades, porque fal- 
tando el interese y esfuerzo con que fueron 
ganados, faltan ellos también. 

Clim. Tienes razón : vencido nos has, oh 
alto Cupido, y damos por buena la elección 
que hizo la sabia pastora Tcmisa. 

Claud. Lo que te suplicamos agora es 
que nos vuelvas á nuestras acostumbradas 
• abañas y pracenleros sombríos. 

Cup. Soy contento, mas primero quiero 
que narréis lo que os encomendó el autor 
al entrar de la puerta. 

Gin. Que somos contentos. 

CHiii. Sapientísimos auditores, nuestro | 



autor os desea paz y salud tan larga como 
la vida de Matusalén , y os hace saber como 
(luierc, por daros placer y regocijo, repre- 
sentar una comedia dePIauto, llamada de 
los Menemnos : pídeos por merced que es- 
téis ateiilos, que en bre>es palabras se os 
dirá el argumento. 

Claud. Quítate allá : déjamelo comenzar 
á mi. 

Clim. Comienza ya. 

Claud. Sabrán vuestras reverencias que 
en la ciudad de Sevilla hobo un rico mer- 
cader llamado Menemno, el cual tenia dos 
hijos nascidos de un parlo : eran tan seme- 
jantes en la forma y gesto que muchas veces 
la misma madre que los había parido to- 
maba al uno por el otro. 

Gin. Vino acaso que siendo estos dos 
hermanos de edad de quince años , cargó 
el padre una nave de muchas mercaderías 
para Levante, y llevando consigo uno de sus 
hijos llamado Menemno , se partió dejando 
el otro con su madre Claudia. 

Clim. Siendo embarcado, fuéie la fortuna 
tan contraria que tres días y tres noches 
corrió por la tempestuosa mar sin saber 
adonde iban , y á la fín vino á dar en una 
peña de la isla Conejera , adonde todos pe- 
recieron , escepto el hijo Menemno , el cual 
abrazado con una tabla vino á tomar tierra 
en el cabo de Cullera. 

Claud. El desdichado mancebo vínose á 
Valencia, adonde asentó por criado de Ca- 
sandro, mercader de mucho trato y viudo, 
el cual teniendo no mas de una hija, á cabo 
de tiempo la casó con él en pago de sus 
buenos servicios. 

íím. La desventurada madre, sabiendo en 
Sevilla las tristes nuevas y creyendo ser 
todo per&scido , puso nombre Menemno al 
hijo que le quedaba, por el amor que tenia 
al hijo y marido ya deíuntos. 

Clim. De manera, señores, que ambos á 
dos hermanos (porque mejor lo entendáis) 
se llamaban Menemnos. 

Gin. Muerta la madre, el Menemno se- 
villano certificado por un adevino que su 
hermano era vivo y que estaba en España , 
determinó de ir á buscallo con ua esclavo 
suyo , y á cabo de tiempo aportó en Valen- 
cia, adonde por sus medios se vernán á co- 
noscer, como aquí claramente verán los que 
atender quisieren. 

Claud. Nosotros no podemos atender. 

Cup. Ni quiero que alendáis, sino que 
nos vamos cantando. 

Clim. Vamos. 



LOS MENEMNOS. 



207 



CANCIÓN. 

yuien falsario y ciego me ilam;i , 
Uicn es el peclio que yo le abra. 
Quien ama sin ser amado 



Meresce ser desamado , 

Y CSC tal enamorado 

Con csle que descalabra , 

Bien es el pecho que yo le abra. 



LOS MENEMNOS. 



PERSONAS. 



CASANDRO , padre de Audacia. 
AUDACIA , mugcr de 
MENEMNO , casado. 
MENEMNO , mancebo. 
TRONCHON , esclavo. 



TALEGA, simple. 
DOROTEA, ramera. 
AVERROIS, medico. 
LAZARILLO , criado. 



Calle. 



ESCEIVA PRIMERA. 

3IENEMN0, CASADO. TALEGA. 

Men. c. ¡ Oh qué simple cosa es este diablo 
de Talega ! que le hice del ojo para que me 
siguiese, y no sé si me habrá entendido : mas 
simple soy yo que no él en darle parte de 
mis negocios ; mas helo aquí donde sale. 

Tal. ¡Pecador de mi, señor Menemno ! 
¿, y piensas que no te habia entrujado ? muy 
bien te entrujé, quesas son mis mieses y 
comer y tomar solaz á costa agena. 
Men. c. ¿En qué te detuviste? 
Tal. i Ojo en qué me detuve ! En esperar 
que el viejo de tu suegro se hiciese invisible, 
qu'estaba rezando en el patin y quiso Dios 
que s'encambró. 
Men. c. ¿. Qué algarabía es esa ? 
Tal. ¿ No lo entiendes? Digo que se entró 
en la cámara, y así no me vido. 
Men. c. Y á mi sí me ha visto 
Tal. Que no te vio. Pues dime, señor 
Menemno, ¿ en qué estaraos? ¿ Llevas hecha 
presa para dar á tu preñada ó enferma? 
Men. c ¿Qué enferma ó preñada dices? 
Tal. Enferma llamo yo á tu amiga Doro- 
tea, pues contino dice que pena por tus 
amores , y preñada de deseos , pues nunca 
hace sino pedir. Mira , Menemno, que esas 
presas se han de dar á semejantes mugeres 
cxim modis et formis, y á ten con ten. 

Men. c. Mas sabiamente has hablado de 
!o que te piensas; ¿pero qué haré, pecador 
de raí, si sus deseos y mi afición viven con- 
formes? 

Tal. Señor, afición ciega razón : plegué 
á Dios que á bien te salgan esos arremangos, 
á feria vayas que mas ganes. 



Men. c. Si no quisieres venir, quédate. 

Tal. No haré yo tal poquedad : vaya 
perro tras su dueño. Abreviemos, señor ; la 
presa que llevas es sustanciosa. 

Men. c. ¿Pues no? Una rica saya es de 
mi muger, la cual prometí de dar á mi Do- 
rotea. 

Tal. ¿Y ella á ti qué te dará? 

Men. c. Harto me da en querer rescebir 
lo que yo le doy, cuanto mas que ha prome- 
tido de aparejar una espléndida comida para 
mí y otros amigos , enviándole yo lo nece- 
sario. 

Tal. Pues que en casa de Dorotea ha de 
ser el tu autem y tragazón, no faltaré allí 
por la vida, que también soy tu amigo. 

Men. c. ¿Por dó iremos mas encubierto? 

Tal. Guárte, que las paredes han oidos, 
y no dé sobre mí lu relámpago. 

Men. c. ¿ De qué temes, cobardazo? 

Tal. ¿De qué? ¿No sabes tú que dicen 
facicntes, et consentientes , y no sé como 
mas? Lo que yo te aconsejo es que por no 
ser descubiertos no te cures de convidados, 
porque ya sabes que en los convites reina 
el vino, y á do el vino reina el secreto es 
descubierto, sino que pues gracias á Dios 
yo como por cuatro, y á necesidad por cinco, 
que nosotros á solas con Dorotea le pegue- 
mos; porque en fin es gran dolor muchas 
manos en un tajador. 

Men. c. Bien dices , no iremos sino los 
dos. 

Tal. Si así lo haces , Dorotea terna mas 
contento , tú menos sospecha y yo mas pro- 
vecho, y la saya no será descubierta. Por tu 
vida que me la tornes á mostrar, que tengo 
deseo de verla. 

j>/en.c. Mírala bien. 



908 



JUAN DE TIMONEDA. 



Tal. Miróla. ¡ Oh qué linda color llene! 

Meti.c. i Y quó olor! si lo sintieses. 

Tal. ¡Qué olor! Veamos : á tres cosas 
bucle. 

Men. c. ¿Cómo á tres? 

Tal. Déjamela tornar á oler. Veamos. 

Men. c. ¿A que huele? 

Tal. A hurlo lo primero, pues la hurtaste 
á tu rougcr. 

Men. c. ¿Lo segundo? 

Tal. A puta , pues se la ha de vestir Do- 
rotea. 

.Ve», c. ¿Y lo tercero? 

Tal. Lo tercero, huele á linda comida, 
pues por su respeto hemos de comer. 

3/en. c. Chacotero estáis, amigo. 

Tal. No esló por cierto. ¿ Pero la comida 
para cuándo será ? 

Men. c. Para cuando yo quisiere. 

Tal. :Mire , que se trabaje que sea hoy , 
porque quien pasa punto, pasa mucho. 

Men. c. Anda, que hoy se hará. 

Tal. ¡\lira, señor, que te soplico que en 
nuestra comida no habite carne cuadrán- 
gula. 

Men. c. ¿Qué es carne cuadrángula? 

Tal. Según el cura de mi lugar, cua- 
drángulo es aquello que tiene cuatro partes, 
cuatro esquinas, cuatro asientos, cuatro 
peañas, y por eso llamo yo, señor , carne 
cuadrángula el carnero , fó vaca , et totius 
animalibus de quatuor pedos. 

Men. c. Ya te entiendo, bachiller : yo te 
prometo que no falten pollos y palominos, 
et coetera. 

Tal. ¿Y et coetera también? ¿ Qué cosa 
es , señor? 

Men. c. Quiero decir, otras cosas mu- 
chas. 

Tal. Pues mira , señor , que entre esas 
no falte para los principios carne conforme 
á mi nombre. 

Men. c. ¿De qué manera conforme á lu 
nombre? 

Tal. ¿ Cómo me llaman á mí? 

Men. c. Talega. 

Tal. Pues la carne entalegada pido, 
cuerpo non de Dios , si me ha de entender. 

Men. c. ¿Qué es carne entalegada? 

Tal. Longanizas, morcillas, sobreasa- 
das. 

Men. c. Pues eso no faltará. 

Tal. Así , asi , habíame de esa manera , 
que pues yo encubro lus maldades , encú- 
breme el estómago de buenas viandas. 



ESCE\A II 



MENEMNO, CASADO. TALEGA. AUDACIA. 

Aud. ¡ Ahí señor Menemno. ¡ Ah ! S£ñor 
marido. 

Men. c. ¡Oh pesar de la fortuna! Mi 
muger me llama. ¿Qué haremos. Talega ? 

Tal. Qué me sé yo. 

j>/eíi. c. Ven acá : cúbrete esta capa, y 
toma esta saya, y disimuladamente aguár- 
dame en ese cantón. 

Tal. Ensimúlcme vuestra niercé. 

Men. c. Vuélvete. Anda que bien estás. 

Tal. Ya estoy vuelto. Señor , señor. 

Men. c. ¿Qué quieres? maldito seas tú. 

Tal. Que se me resbala , que se me cae 
la saya que has hurtado de tu muger para 
dar á Dorotea. 

Men. c. Calla , endiablado. 

Aud. ¡ Ah marido ! 

Men. c. ¡. 4h muger ! 

Aud. Jesús , y qué respuesta tan seca. 

Men. c. Cual la pregunta. 

Aud. ¿ No quieres que sea mi pregunta 
seca y desabrida , pues sin propósito sales 
tan de mañana de casa? 

Tal. En salvo está quien repica. 

Men. c. ¡ Oh muger loca y perversa ! ¿ Y 
siempre me has de dar enojos con tus zelos 
y locuras? ¿Cómo? ¿y qué entiendes tú 
de mis negocios para que digas que sin 
propósito salgo de casa? 

Aud. Malo está de ver de qué pié coj- 
queas. 

Men. c. Pues yo te prometo, que si de 
hoy mas haces lo que agora heciste, que nos 
han de oir los sordos. 

Aud. ¿Porqué nos han de oir los sor- 
dos? 

Tal. Ahi , ahí , que encaja bien un bo- 
fetón. 

Men. c. Cada vez que salgo de casa me 
ha de detener y llamar dos y tres veces, y 
demandarme adonde voy , y adonde vengo, 
qué tengo que hacer, ó qué negocios traigo. 
De manera que mas la tengo de tener por 
portera alquilada , que por muger propia. 

Aud. Tales sois vosotros, que no hay de 
quien fiar. 

Men. c. Mas tales sois vosotras, que no 
hay quien os pueda contentar. 

Aud. Por eso haces tú bien , que no pro- 
curas de contentar sino á una que yo co- 
nozco. 

Men. c. ¿Cómo se llama? 

Tal. Dorotea. 

Aud. Basta que tú sepas cómo se llama. 



LOS MENEMNOS. 



209 



Men. c. Ya sé do van esos tiros. 

Aud. Si lo sabes , algo digo. 

Men. c. Sí, dices hartas necedades;) 
habla paso, porque no demos enojo a! viejo 
de tu padre. 

Aud. No quiero , sino dar voces como 
loca. 

Men. c. Pues vocea cuanto quisieres , 
que por darte mas enojo , iré á cenar y á 
tomar mis placeres con la que dices que 
conosces. 

Tal. Así , así , anden voces. 

Aud. ¡ Oh mal siglo haya quien me casó 
contigo! 

Men. c. Mas quien te me dio á conoscer. 

ESCENA III. 

CASANDRO. AUDACIA. MENEMNO, casado. 
TALEGA. 

Cas. ¡Ah vergüenza! ¡Enhoramala, 
vergüenza! y no deis tan desmesura- 
das voces, ni hagáis testigos de vuestras 
poquedades á los vecinos. ¿Qué es estoque 
de contino yo he de ser tercero de vuestros 
enojos? 

Aud. ¡ Ay padre! á esta vida digole 
muerte. 

Cas. ¿Cómo? ¿Sobre qué ha sido? 

Men. c. Déjala mientra llora sin razón, y 
está con aquel corage , que yo te lo contaré 
brevemente. Has de saber , señor , que k su 
soberbia y menosprecio han sobrevenido 
zelos. 

Cas. ¡Zelos ! ¿y de qué? 

Meu. c. Dice que tengo manceba , y que 
robo la casa. 

Tal. Verum est. 

Aud. Mas cómo si asi no fuese... 

Cas. Oyete, serpentina, déjanos hablar. 

Men. c. Con los cuales zelos y sin razón 
me mata cada dia, y porque le oso respon- 
der me trata peor que si fuese Talega. 

Tal. i Y mala talegada te dé Dios ! ¿ y 
quién te manda nombrarme ? 

Aud. ¿Pues qué , no robas la casa ? ¿ Y 
el diamante quebrado que te di , qué es de 
él? 

Tal. ¿Pues qué si supieses de la saya? 

Men. c. En casa del platero está para 
soldalle. 

Tal. Mas en casa de ¡a puta para anl- 
quilalle. 

Aud. Plegué áDios que sea verdad lo que 
dices. 

Men. c. Yo digo verdad mejor que tú 
mer esees. 

Cas. ¿No has de callar , loca? 



Aud. Callaré, pues son dos contra mi. 

Tal. Y tres, aunque os pese. 

Aitd. Platicad á vuestro placer , que yo 
entrarme quiero por no oir palabras locas. 

Men. c. Tomad que rebite. 

Cas. Calla y súfrete, hijo Mencmno, que 
de los pacientes es el reino de Dios 

Tal. Asi es la verdad ; mas no de él , 
sino de ella. 

Cas. Pues que solos estamos , oye , hijo 
Menemno , que cuando uno está contento , 
dice mas loores de aquel contentamiento 
por la lengua que no tiene en el corazón ; y 
por el contrario , cuando está descontento , 
dice menos de lo que le queda en el pecho 
encerrado. Digolo esto, yerno mió, porque 
me han lastimado las lágrimas de mi hija y 
tus pesadas razones , de tal manera que ni 
sabré decir lo que siento, ni sentirlo que 
meresces. 

Men. c. Di lo que pudieres decir. 

Cas. Sola una cosa diré , y es que debe- 
rías acordarte de quien fuiste por tu desdi- 
cha , y de quien eres por mi causa , y como 
de perdido te hice ganado y de siervo libre, 
casándote con mi única y amada hija , con 
la cual llevaste linage, hermosura, virtud 
y mucho dinero. 

Men.c. Antes, señor, si lo juzgas, qui- 
tada esa pasión de padre, hallarás que me 
diste mucho hueso y poca carne : quiero 
decir que es tanta su altivez, locura y sober- 
bia , que oscurece y desdora todo ese li- 
nage , hermosura y hacienda , de tal ma- 
nera que me hace vivir el mas triste y 
desconsolado del mundo. 

Cas. Quien muía quiere sin tacha, hijo 
Menemno, estese sin ella. ¿ No sabes tú ya 
que todas las mugeres quieren hablar y que 
todos callen : quieren mandar y ninguna 
ser mandada : quieren libertad y que nin- 
guno sea libre, y quieren regir y ninguna 
ser regida ? 

Men. c. ¿ Pues qué es lo que quieren ? 

Cas. Una sola cosa. 

Men. c.¿Yes? 

Cas. Ser alabadas, y ver, y ser vistas. 

Men. c. Leído he (y por mis pecados lo 
tengo esperimentado ) que el mas fiero y 
peligroso enemigo del hombre es la muger 
mal acondicionada , y de aquí nasce una 
verdad , y es que el marido hace todo lo que 
quiere la tal muger , y ella no ha de hacer 
ninguna cosa de las que desea su marido. 

Cas. Sabiamente has hablado ; pero mira 
que no es de hombres cuerdos lastimar á 
sus mugeres con palabras, luego que han 
enojo con ellas. 

U 



JUAN DE TIMONEDA. 



210 

Men. c. Concediendo ser verdad lo qiio 
dices, te certifico, señor, que si aiiics 
alcanzara lo que agora alcanzo, y de l<i 
luuclio que siento sintiera entonces un poro, 
no trocara yo mi pobreza y libertad por (ii 
próspero casamiento. 

Cas. l»or haberle yo mandado á mi hija 
que se casase contigo, se casó, que no 
porque lo quisiese ella de grado , que de 
nobles fué demandada , sabiendo que viene 
de muy buena |>artc. 

Tal. Si , cuando viene de la igreja. 

Men.c. Aqui no tratamos de linages, 
que cuanto á eso también sabria defender 
mi partido, sino que si vieses de la manera 
que me trata, dirías que me sobra razón. 

fas. Oye , hijo Menemno, ningún hom- 
bre sufre tanto á su muger que no sea obli- 
gado de sufrille mas , con.siderando que al 
fin el hombre es hombre , y la muger mu- 
ger. Cierto , muy atrevida es la muger que 
se toma con su marido , pero muy mas loio 
es el marido que toma pendencias públicas 
con su muger. 

Men. c. Las injurias que me dice no las 
puedo , señor , sufrir. 

Cas. Mira, las injurias que hacen las mu- 
geres mejor se castigan con tenerlas en 
poco, que con vengarlas. 

Men.c. En fin ¿ no hay castigo para ellas ? 

Cas. Yo no digo que no le hay , pero se- 
pan todos los hombres del mundo que todas 
las cosas sufren castigo , sino la muger que 
quiere ruego. El hombre que quiere vi\ir 
en paz con su muger , tres reglas ha de 
guardar. 

Men. c. ¿Cuáles son? 

Cas. Amonestarla mucho, reprenderla 
poco , y no poner manos en ella. 

Tal. Y los pies si , li buenas coces. 

Men. c. ¿ Y de cuándo acá las puse yo en 
mi muger? 

Cas. Ni es menester , porque la causa 
porque ella te riñe y yo te amonesto, es 
poquedad tuya, y daño suyo y mió en tener 
amiga , como dicen que la tienes. 

Men. c. Ni hay tal , ni quien tal diga. 
Tal. Si hay tal , y quien tal diga , que 
só yo. 

Cas. Bien está : el liempo.es tan buen 
maestro, que ni por miedo ni por vergüenza 
no deja de descubrir las verdades. 
Tal. Ni yo tampoco. 

fas. Abaste lo dicho. ¿Y agora qué pien- 
sas de hacer ? 

Men. c. Quería ir á casa de Miccr 
Duarie . porque Talega es ido ya delante 
con el libro. 



Tal. Mas con la saya. 

Men. c. l'ara que acabemos de rematar 
aquellas cuentas. 

Cas. Ve con la bendición de Dios , que 
yo entre tanto me acabaré de vestir. 

ESCENA IV. 

MENEMNO , CASADO. TALEGA. DOROTEA. 

Tal. Gracias sean dadas á Dios que el 
viejo acabó de predicar. 
Men. c. Ven , Talega. 

Tal. Vamos , señor, y desensimúlame y 
toma la saya, porque no me hallen con el 
hurto en las manos. 
Men. c. Daca , acabemos ya. 

Tal. No me paresces agora propísiraa- 
mente sino al hijo prólogo, que lleva á 
empeñar ropa por mengua de dineros. 

Men. c. Déjate de esas gracias, y da en 
esa puerta y llama ú Dorotea, porque salga 
á rescebir este presente. 

Tal. ¿Quién está en casa? ¡Ola, aho! 
No responde nadie, señor. Si has perdido 
quizá por la mano. 

Men. c. No le entiendo. 

Tal. No sé si está dentro algún dominus 
fatotum, de esos que llevan ropas largas. 

Men. c. No se ha de presumir tal de rai 
querida Dorotea. 

Tal. Si de amor de ramera te fias, enga- 
ñado vas , porque no dura tanto como sol 
de hibierno y pluvia de verano , et est im- 
possibile que la que es acostumbrada de 
someterse á muchos por fuerza , ame á nin- 
guno de grado. 

Men. c. Déjate de eso. Torna á llamar. 

Tal. ¡ Ola, aho ! ¿ No hay nadie acá ? 

Dor. ¿Quién llama? 

Men. c. Yo, mi señora. 

Dor. ¡ Ay mi señor Menemno! ¡ay en- 
trañas miasl ¿y tú eres? Vengas en buen 
hora. 

Men. c. Y en esa misma estés tú, deleite 
mió. En mirándote se me quitan todos los 
enojos y aborrezco á mi muger. 

Dor. i Quién viene contigo , señor Me- 
nemno? 

Men. c. Talega , criado de tu merced. 

Tal. Y de su criada , que es bonita. 

Men. c. Crianza, señor. 

Tal. Estoy tan criado, que ha veinte años 
que no mamé. 

Dor. Gracioso está Talega. 

Men. c. De desgraciado está gracioso. 

Dor. Señor Menemno, ¿qué es eso que 
ti aes ? 



Tal. Abre el ojo. Olido ha de narices 
como podenco de muestra. 

Men. c. Rosa y vida mia , son tus vesti- 
dos , y los despojos de la loca de mi muger. 

Dor. i Esta es la saya que me prome- 
tiste? 

Men. c. Esta es, tómala, que si yo puedo, 
haré de manera que cuantas tiene mi mu- 
ger sean tuyas , pues yo soy tuyo. 

Dor. Mercedes, amor mió. 

Tal. Oreja , perra , y cuan bien que la 
ase. 

Men. c. Yo las rescibo de tí en quererlas 
tú rescebir de mi. 

Jai. Asi , asi con el diablo. Desa manera 
presto quedarán en blanco los bienes de 
nostramo. 

Men. c. ¿Qué ^ eso que dices de blanco 
y de presto ? 

Tal. Digo, señor, que se entienda de 
presto en la comida , y que no falte vino 
blanco. 

Men. c. Bien dices. Mira , señora , ya 
sabes lo que me prometiste si la saya venia 
en tu poder. 

Dor. Muy bien , señor, yo lo entiendo. 

Men. c. Pues aparéjanos muy bien de 
comer para mediodía. 

Dor. A mejor tiempo no podías hablar, 
porque está la olla bien forrada ya. 

Tal. ¿Es el aforro de pluma ó de lana? 

Dor. De todo hay : una gallina y carnero. 

Tal. Poco es eso para mis apetitos. 

Dor. i Qué tú has de comer acá? 

Men. c. Convidado le he porque veas 
cuan bien sabe comer. 

Tal. Como, señora Dorotea, á dos cajos, 
que de verme folgarás mochísimo. 

Dor. De veras que tomo placer que sea 
Talega mi convidado una y muchas veces. 

Tal. Un placer y mochísimos que Dios 
te dé. 

Dor. Por amor de tú , prometo de mulli- 
plicar dos pares de pollos mas. 

Tal. Multiplicadas que tengas las narices. 

Men. c. ¿Qué dices, asno? 

Tal. No, no, sino los dias de su vida. Los 
pollos me turbaron. Señora, mira que sean 
asados, por vida de esa cara de rosa. 

Dor. Yo lo haré mejor que tú te piensas. 

Tal. De esa manera la talega de Talega 
quedará rellena de esta vez. 

Dor. ¿Qué quiere decir eso? 

Tal. Yo soy talega de mí amo, y mi la- 
lega es mí vientre : si como bien , mí talega 
eslá buena, y la de mi amo ruin, porque 
no rae puedo mover después de harto. 

Dor. Buenas propiedades tienes. 



LOS MENEMNOS. 211 

Men. c. Señora, entre tanto que se ade- 
reza la comida , voy á casa de Micer Duarte 
á negociar un poco. 

Dor. Ven , señor, presto y no te detengas. 

Tal. Bien dice la señora. Hagamos pasos 
de fraile convidado ; que mejor es que nos- 
otros aguardemos la comida , que la co- 
mida á nosotros. 

Men. c. Escucha , Talega , que en esto 
va mucho. Allégate á la posada , y dirás á 
mí suegro que somos convidados por Micer 
Duarte, que no nos aguarden. ¿Sabrásio 
decir? 

Tal. Mirad si sabré. 

Men. c. Vuelve luego, que en su casa te 
aguardo. 

Tal. Muy bien , señor. 

ESCENA V. 

MENEMNO, MANCEBO. TRONCHON. 

Men. m. Hágote saber, Tronchen, que la 
mayor alegría que sienten los navegantes . 
es cuando de lejos sobre las marítimas on- 
das descubren la tierra. 

Tron. Y mayor sí la tierra que descubren 
fuese suya. Mas dime , señor, yo te soplico, 
¿á qué respeto ó causa, habiendo rodeado 
todas las islas del mar, venimos á desem- 
barcar á Valencia? 

Men. m. Necio, ¿ no sabes tú que voy bus- 
cando á mi hermano? 

Tron. No sé cuando acabarás de lle- 
varme de aquí para allá , y de Rodas á 
Poyatos. Seis años hace agora que andamos 
en busca de él. 
Men. m. ¿De qué te fatigas , asno? 
Tron. Fatigóme que si anduviéramos á 
buscar una aguja , en tanto tiempo la ho- 
biéramos hallado. Digolo porque pienso que 
buscamos á tu hermano entre los muertos. 
Men. m. Pluguiese á Dios que hallase 
quien de cierto me dijese que está ya entre 
los muertos ; pero entre tanto que esto no 
supiere , no dejaré de buscarlo entre los 
vivos. 

Tron. Sea como tú mandares , esclavo te 
soy, no puedo sino seguirte, pero no quer- 
ría que nos detuviésemos mucho en Valen- 
cia. 

Men. m. Ven acá, torpe, en una ciudad 
tan insigne y noble como esta ¿ no será bien 
que nos detengamos mas que no en otra 
para considerar muy particularmente el re- 
gimiento de su república, la suntuosidad 
de los edificios, la riqueza de los templos, 
los trages de los caballeros y damas, y eu 
fin otras mil cosas? 



2i2 



jüAjN de timoneda. 



Tron. Tal os cual la pintas, y aun mejor, 
si no la gastasen tres erres como la gastan. 

Men. m. ¿De qué modo la gastan tres 
erres? 

Tron. La primera os rameras, porqnc 
hay de ellas maynam quantHatcm. 

Men. m. ¿Y la segumla? 

Tron. La segunda renegadores, que re- 
niegan y juran de Dios haciéndolo mi! 
parles.- 

Men. m. ¿La tercera? 

Tron. La tercera regatones, porque hay 
tantos que no podéis poneros un bocado en 
la boca que no pase por tres ó cuatro ma- 
nos. Y porque veo que la moneda se nos \a 
apocando y la costa cresciendo, querría que 
saliésemos presto de e.std ciudad. 

Men. m. ¿Qué ? Dios hará merced. 

Tron. Y entre tanto échale á dormir. ¿No 
sabes tú que por el dinero baila el perro? 

Men. m. ¿De dónde diablos sacas tanta 
cosa como dices hoy , y otras veces eres tan 
necio? 

Tron. Son lunadas que me toman. 

Men. m. En verdad que lo creo, y hoy 
mas que nunca. 

Tron. Vohiendo á las rameras supra- 
dichas , has de saber que todas ellas tienen 
asalariados sus cabestreros. 

Men. m. No hay quien te entienda hoy. 

Tron. Los cabestreros son aquellos que 
por otro nombre son llamados alcahuetes. 

Men. tn. ¿Pues qué nasce de ahí? 

Tron. Sabrás que estos cabestreros tienen 
de costumbre de irse al Grau de Valencia, y 
si veen alguna nao recien venida, pregun- 
tan cómo se llama el patrón y pasageros dt- 
ella ^ y aun en los mesones los estranjeros 
de arte. 

Men. m. ¿.\ qué fin todo eso? 

Jron. Para que viéndolos por la ciudad, 
los llaman por sus propios nombres , por- 
que piensen que los conocen, y así los en- 
gañan. 

ESCEXA VI. 

DOROTEA. MENEMNO, mancebo. 
TRONCHON. 

Dor. ¿Ce, señor? 

Men. m. ¿Qué es aquello, di? 

Tron. No sé : detengámonos. 

Dor. i Ah mi alma! ¡ah mi corazón! 
¿Cómo no entras en esta casa que es mas 
luya que niia? 

3/;n. m. ¿ Con quién habla esta muger ? 

J)or. Con ti hablo , mi señor. 



Tron . i Cómo ? ¿ Quién es él ? 

l)nr. 31euemno : el omnis homo de mi 
casa. 

Tron. No hay aqui ningún olmis olmo de 
tu casa. 

üor. Amigo , ¿quién te pone á do no te 
mandan ? Yo con xMencmno hablo , á quien 
conozco , y no contigo , que nunca te vi. 

Men. m. Habla pues lo que quisieres. 

Dor. Lo que quiero es que entres luego 
á comer, pues la comida que mandaste apa- 
rejar está á punto ya. 

Men. m. ¿Qué comida ó qué bebida es 
esa? 

Dor. La que tengo aparejada para tí y 
para raí. 

Men. m. ¿Para mi? Ojalá dijeses verdad. 

Dor. Si , para tí. Sino , entra , y verlo has. 

Men. m. Señora, no burles de un hombre 
tan estranjero y no conoscido como yo. 

Tron. Abre el ojo, que cabestrero anda 
por aqui. 

Dor. Ea, señor Menemno, dejemos de 
eso y no sufras que ese burle de mi. Di , 
¿ qué es de Talega ? 

Tron. Mirad si está informada ya de la 
talega de la ropa que viene en la nave. 

Men. rn. ¿Por cuál talega ó saco pides? 

Dor. Por el mozo de Casandro tu suegro, 
el cual vino contigo cuando me diste la saya 
que hurtaste á tu muger. 

Men. m. Ni tengo muger, ni sé qué te 
dices, ni jamas estuve en esta ciudad hasta 
hoy que desembarqué de la nave. 

Dor. ¿ De qué nave ? 

Tron. De una que es de tablas y madera. 

Dor. Señor Menemno, por amor de mí 
que dejadas las burlas aparte, entres en 
casa, entre tanto que voy á mirar los pollos 
que se asan demasiado. 

Men. m. Oye , Tronchen , ¿no será pusi- 
lanimidad mia dejar de entrar allá ? 

Tron. No será sino sabieza dejar de en- 
trar allá. 

Men. m. Audaces fortuna juvat. ¿Qué 
rae puede hacer una muger? 

Tron. Según tú eres bueno, lo menos 
que puede es dejarte sin blanca. 

Men. m. Para eso buen remedio : loma 
la bolsa. 

Tron. Daca. Pero mira que dice el refrán 
que quien mucho se rasca, llaga se hace : 
por eso mira mucho el fin. 

Men. m. Anda , que es de cobardes mirar 
mucho los fines. Entrar quiero , y ve tú 
al mesón y después vernás por acá. 
Tron. A Dios le encomiendo. 
Men. m. ¡Ah señora mia! 



LOS MENEMNOS. 



215 



Dor. i Ah señor .' 

Men. m. Conozco haber errado en bur- 
larme de tí ; pero si lo hice fué por disi- 
mular con el esclavo que estaba conmigo. 

Dor. ¿Cómo? ¿De quién es el esclavo? 

Men. m. De mi suegro, que no ha dos 
días que lo compró. 

Dor. Avisado paresce. 

Men. m. Eslo cierto, y pues él no nos ve 
ni nos oye , entremos cuando mandares. 

Dor. ¿No quieres aguardar á Talega? 

Men. m. Ni lo quiero aguardar, ni quiero 
que entre acá, porque estoy enojado con él. 

Dor. Sea como tú mandares; empero, 
amormio, quiero queme hagas una merced. 

Men. m. No una sino ciento haré, por 
eso pide. 

Dor. Que después de comer lleves aquella 
saya que me diste á maestre Chillón el sas- 
tre , para que la desflgure y haga á mi vo- 
luntad. 

Men. m. Avisada eres en todo, porque 
haciéndolo así, ternas saya á tu medida, 
y no la conoscerá aquella maldita de mi 
muger. 

Dor. ¿Puedes llevarla cuando te fueres? 

Men. m. ¿Porqué no la tengo de llevar? 

Dor. Entra , amor mió , y cierra esa 
puerta. 

ESCEIVA VII. 

CASANDRO. AUDACIA. TALEGA. 

Cas. ¿Dó estás, hija? Sal acá. 

Aud. ¿Qué mandas, señor padre? 

Cas. Dias ha que deseaba decirte mi pa- 
rescer, y lo he dilatado hasta queme dieses 
una ocasión para ello de tantas como me 
has dado para sentillo. 

Aud. ¿No te paresce que tengo razón, 
señor padre, de estar quejosa? 

Cas. No, porque si cuando yo te casé con 
Menemno. no seguí el uso de este maldito 
tiempo que primero se habla de la hacienda 
y á la postre de la persona , fué la causa 
viendo las virtudes de mi criado y tu ma- 
rido , que pienso no haberle dado tanto 
cuanto meresce. 

Aud. Demasiado le diste. 

Cas. Es verdad si tú fueras de otra suerte, 

Aud. ¿De qué suerte? ¿Soy alguna fea? 

Cas. No, sino hermosa, y es lo peor que 
le di. 

Aud ¿Porqué? 

Cas. Porque se ofresce á grandísimos tra- 
bajos el que casa con muger hermosa. 

Aud. i A qué trabajos siendo ella buena? 



Cas. Oye . Lo primero se ofrece á sofrille 
su altivez y soberbia por ser hermosa como 
tú. Lo segundo, que por ser buena de su 
persona (cual tú te precias de serlo) le 
nasce , por no ser acompañada de humil- 
dad, una vanagloria insoportable de sufrir, 
y sin eso pretendéis todas las hermosas que 
cometen heregia vuestros maridos, si en- 
tienden en otro sino en daros placeres. 

Aud. Tales los tenga quien mal me quiere, 
cuales mi marido me los da á mí. 

Cas. Eres tú la causa de ello. 

^ImíZ. ¿Yo?¡ Ay desdichada de mí ! ¿Que 
él viva amancebado soy yo la causa? 

Cas. Sí , en serle tan desdeñosa como lo 
eres, según que yo por mis ojos lo he visto: 
que si te sigue le huyes, si te sirve no lo 
estimas, si le ama lo aborreces, si te halaga 
le maldices, si te olvida lo infamas , y si te 
hace fiestas dices que te engaña. 

Aud. En cuanto á eso no le debo nada. 

Cas. Sí le debes, y mucho, porque las 
costumbres del marido han de ser leyes 
para la muger, y tú haces lo contrario. 

Aud. Porque son malas sus costumbres, 
por eso las contradigo yo. 

Cas. En tu mano está hacer que sean 
buenas. 

Aud. ¿De qué manera? 

Cas. Con cinco yerbas que traigas con- 
tigo. 

Aud. ¿Dime qué yerbas son esas? 

Cas. La primera que seas callada : la se- 
gunda que seas pacífica : la tercera que seas 
sufrida : la cuarta que seas honesta, y la 
quinta que seas retraída. Estas cinco yer- 
bas, hija raía, son de tal propiedad, que las 
malas costumbres del marido convierten en 
buenas. 

Aud. Así podrían ser cincuenta, que á 
mi marido no le quitarán que no tenga una 
puta. Pero no quiero altercar mas contigo, 
que siendo mí padre abogas contra mí. 

Cas. Ni es menester sino que mudemos 
de palabras y tú de condición. Aquel que 
allí viene paresce que sea Talega. 

Tal. ¡Ah señor! 

Cas. ¿Qué hay de nuevo? 

Tal. Calzas, zapatos, sayos, camisas, en 
fin cuanto querrás comprarme. 

Cas. Acabad ya de decir á lo que venís. 

Tal. Pues no me turbe su mercé. El se- 
ñor Duarte manda... No, no, sino que so- 
plica á vuestra merced. 

Cas. ¿Qué me soplica, enalbardado? 

Tal. Que le ruega que perdone y que 
coma á su pracer con la señora , porque 
yo y... 



214 



JUAN DB TIMONEDA. 



Aud. Siempre el ruin delantero. 

Tai. Tiene razón. Que el señor Menemno 
y yo quiere que manduquemos con él. 

Cas. Bien cslá. Entremos, hija, y tú 
también. 

Tal. No yo. ¡ Pésete á mal grado ! Que 
me acusará contumacia la señora Doro. .. 
El señor Duarlc quise decir, si no voy á 
comer luego. 

Cas. ¿Qué es eso de la señora Doro? En- 
tra , entra, que luego te irás. 

ESCEIVA VIII. 

MENEMNO , MANCEBO. DOROTEA. TALEGA. 

Men. m. ¡Oh inmortales dioses! Muchas 
gracias os hago porque habéis permitido 
que una ramera , que acostumbra de robar 
á los mancebos , me haya dudo de su pro- 
pia voluntad á comer y este diamante y saya. 
Bien sé que me ha tomado por otro, mas 
con todo eso no me acusa la conciencia 
para tornárselo por agora , porque dicen 
que quien hurta ai ladrón , etc. Buscar 
quiero á mi esclavo para reir con él de la 
burla, y gozar con ét de estos patánicos 
despojos. 

Tal. Yo doy al diabro las preguntas , y á 
quien las inventó á las horas del comer. 
Sabia Casandro que soy convidado, y pre- 
guntábame mas cosas de su yerno que dias 
hay en longanizas , como si le habia yo de 
otorgar la verdad... Mas ¡oh! heloalli. La 
saya es vuelta en su poder. Mal va esto: 
tormenta debe de correr entre él y la pe- 
lleja Dorotea. ¡Cuál seria que la comida se 
embarazase! ¡Ah Menemno! 

Men. m. ¿Qué quieres, amigo? 

Tal. ¿Üó vala saya? 

Men. m. No va , que yo la llevo. 

Tal. ¿A dó por tu vida? 

Men. in. A casa de maestre Chillón el sas- 
tre para que la adobe. 

Tal. Después se hará eso, señor: vamos 
á comer primero. 

Men. m. ¿Qué diablo ha de ser esto con 
tantos convidadores como hay en esta ciu- 
dad .' 

Tal. Yo no te convido, señor, antes tú 
me has convidado á mi. 

Men m. ¿Adonde? 

Tal. En casa de Dorotea. 

Men. m. ¿Cómo te llamas? 

Tal. ¿A la hora del comer cómo te lla- 
mas? Buena burla es esa. 

Men. m. A fe que no burlo. 

Tal. Talega me llamo. 



Men. m. ¿Qué tú eres Talega? 

Tal. Al tiempo de vete allá, vete acá, 
no me desconoces como agora , si no te 
l)urlas. 

Men. m. Que ni me burlo, ni te conozco. 
Ve con Dios. 

Tal. Una vez que en toda mi vida he sido 
convidado, salirme tan al revcs por mal 
agüero lo tengo. Mas no quiero desconfiar 
sin primero hablar con Dorotea. ¿Quién 
está en su casa? 

Dor. ¿Quién llama? 

Tal. Talega soy, señora. ¿ Qué es de mi 
amo Menemno? ¿Es venido á comer? 

Dor. ¿Cómo si es venido? Ya vino y se 
fué. 

Tal. i Qué ya comió ? ¡ Mezquino de mí ! 

Dor. Ya comió. ¿ Cómo no veniste? 

Tal. No me burle , si-ñora , que me fino 
ríe hambre. 

Dor. Que no me burlo. 

Tal. Oiga, señora Dorotea. 

Dor. Ve con todos los diablos , que no 
quiero oírte. 

Tal. ¿Asi que desa manera se trata á 
Talega? ¡Oh Talega! ¡Talega! ¿quién te 
vido en el establo almohazando los caba- 
llos , harto de torreznos, y agora muerto de 
hambre por andar entre putas y rufianes? 
Mas para esta que yo haga de manera que 
le haga mal provecho á Dorotea la saya y á 
Menemno la comida, que yo lo diré á mi 
señora. 

ESCEIVA IX. 

.MENEMNO, CASADO. DOROTEA. AUDACIA. 
TALEGA. 

Men. c. No me acuerdo después que 
nací estar sin comer á tal hora , especial- 
mente siendo convidado; mas caúsalo tam- 
bién este diablo de Micer Duarte con ser 
lan prolijo en sus cuentas. ¿Pero qué es esto 
que Talega no vuelve de donde lo envié? 
Por ventura estará ya en casa de Dorotea. 
Quiero llegarme allá. La puerta veo cer- 
rada. ¡Ola, aho! Abrid aqui. 

Dor. ¿A quien han de abrir? 

Men. c. A tu cativo , señora mía. 

Dor. ¿Qué es esto, señor Menemno? 

Men. c. ¿Qué ha de ser? 

Dor. ¿Tan presto eres devuelta? ¿Diste 
)a la saya á Chillón el sastre y el diamante 
iil platero? 

Men. c. ¿Qué saya, qué diamánteme 
has dado? 

Dor. No te hagas de nuevas ni burles de 
mi , que la saya y el diamante que me diste, 
ic di. 



LOS MENEMNOS. 



245 



Men.c. ¿Para qué? 

Dor. Para que lo hicieses adobar todo. 

Men. c. ¿Adonde me lo diste? 

Dor. Aquí dentro con mis propias manos. 

Men. c. ¿Cuándo? 

üor. Cuando acabamos de comer tú y yo. 

Men. c. Engañada vives. 

Dor. Así es la verdad, pues que burlas 
de mí. 

Men. c. Digo que después que te di la 
saya no he puesto los pies en tu casa. 

Dor. Buen disimular es ese , Menemno. 

Metí. c. No hay aquí ningún disimular. 

Dor. ¿Y cómo? ¿de esa manera te pien- 
sas alzar con la saya y el diamante? Pues 
para esta , que ó no seré yo Dorotea, ó tú 
me lo trairás lodo perfumado. 

Men. c. No me espanto de fieros de puta. 
¿Qué, cerraisme las ventanas? Ábranse 
estas puertas. 

Aud. Asi, qué rufián te has tornado, ma- 
rido. ¿Pensabas que no le había de tomar 
en el lazo ? Nunca mi corazón me fué trai- 
dor. 

Men. c. ¡ Oh señora muger! ¿y qué bus- 
cas por acá? 

Aud. Agora me dice señora, y me pre- 
gunta qué busco. 

Men. c. ¿ Pues á quién , á Talega ? 

Tal. Yo no sé nada de la saya. 

Men. c. Por mi vida que me digas á qué 
vienes. 

Aud. Por la saya vengo. 

Men. c. ¿Por qué saya ó sayo? 

Aud. Por la que me has burlado , sin 
oirás cosas, para dar á tu puta. 

Tal. Él es de ella , que no ella de él. 

Men. c. ¿No callaréis vos, don bellaco? 

Tal. Tú haces las bellaquerías : no me 
cale hacer señas que calle. 

Men. c. Por el dios Júpiter te juro, mu- 
ger, que tales señas no he hecho ; mas si no 
mirase que viene contigo , yo le castigar ia. 

Aud. Déjale de eso : daca la saya. 

Men. c. ¿Ha habido en casa algún desa- 
guisado que así vienes despavorida ? 

Aud. Palabras. 

Men. c. ¿Has habido quistion con tu pa- 
dre? 

Tal. iCómo anda huyendo por no otorgar ! 

Men. c. ¿No basta que hable ella, sino 
tú, bellaco? 

Jai. No, que yo por la comida lo he. 

Men. c. ¿Estás enojada contra mí por 
ventara ? 

Aud. ¿Pues contra quién , don traidor ? 

Men. c. Dime la causa, que yo haré jus- 
ticia de mí. 



Tal. ¡Oh hideputa ! Jocanííftus gorgo- 
reáis : bien paresce que está la barriga 
llena. 

Men. c. Calla , perro , si no por vida de 
la señora .. 

Tal. No callaré, pues comiste sin mí. 

Men. c. Di adonde, ahorcado. 

Tal. Ponte en medio, señora. 

Aud. No me le toques. Di adonde. 

Tal. En casa de la pula Dorotea. 

Men. c. ¿Yo? aun me vea comido vivo 
si hoy he comido bocado ni puesto los pies 
en su casa. 

Aud. No lo niegues, que la verdad de 
todo me ha contado Talega. 

Men. c. i Qué le dijiste , puerco? 

Tal. No sé. Dictum vel non dictum, ya 
c.^tá dicho. Pregúntaselo á ella , que te sabrá 
Lien jabonar. 

Men. c. ¿Qué te dijo, señora mia? 

Aud. ¡Cómo haces del raposo! Dijome 
que me hurlaron de mi casa una saya. 

Men. c. tCómo? ¿A tan buen recaudo 
Ir. tenias? 

Aud. ¿Quién se podrá librar del ladrón 
(le casa? 

Men. c. ¿Quién es el ladrón de casa? 

Aud. Uno que se dice Menemno. 

Men. c. ¿Por ventura hay otro Menemno 
sino yo? 

Aud. Mira, dame la saya , y no me hagas 
decir desatinos y tornarme loca. 

Tal. Ninguna muger se puede tornar 
loca. 

Men. c. Ya tengo probado , señora mu- 
ger, lo mucho que me amas y te debo. Si 
>o he fingido tener amistad con Dorotea, 
ha sido para ver si barias aquel sentimiento 
que las que mucho aman á sus maridos 
suelen hacer. La saya se la dejé para sola- 
mente sacar la invención de ella, porque 
dijo que nunca tan gentil dama te ha visto, 
como cuando vas con aquella saya. Sosié- 
gate por amor de mí , que yo la cobraré. 

Aud. Creyera lo que dices si no creyese 
quien tú eres ; mas pues le conozco por mis 
recados muy conoscido , á otro can con ese 
hueso , y venga la saya y el diamante. 

Tal. Pues que Dorotea se contenta con 
las obras, conténtate tú con las palabras. 

Men. c. Hasta que yo os muela á palos 
no callaréis, don mazorral. Señora, ve con 
Dios, que no pararé hasta que seas servida. 

Aud. Vamos , Talega , que razón es que 
mi padre sea informado de vuestras trapa- 
za?. 

Tal. Yo, no señora. Audi aliampartem 
si vis recle judicare. 



2i6 



JUAW DE TIMOJfEDA. 



Awi. ¿Qué tengo de oír? 

Tal. Que bario le amonestó que no fuese 
Iras pulas , pues que le sobraba tenerte á tí. 

Aud. Calla, nial criado, y amia allá, 
que tú y él entonces seréis buenos cuando 
la rana lerna pelo. 

Tal. Crea, señor, que col natura dat 
nenio ticíjare putas. 

Aud. Entra, enhoramala con tus la- 
tines 

ESCENA X. 

ME.NEMNO, MAXCEBO.CASANDRO. AUDACU. 
T.\LEGA. 

Men. m. ¿ Qué es esto , que no puedo en- 
contrar con mi esclavo Tronchon ? Por 
cierto que lo hice como mal considerado en 
darle la bolsa de los dineros, que por ven- 
tura se habrá metido á jugar en algún 
bodegón; mas no será para tanto , según es 
avariento. Mas yo ¿en qué tengo de parar 
con esta saya callejera que parezco pre- 
gonero? ¿Pero quién son estos que vienen 
medio riñendo? Quiero escuchar que pen- 
dencias traen consigo. 

Aud. ¿Cómo se puede sufrir, señor pa- 
dre , que este yo casada con un tan mal 
hombre como este? 

Cas. Descásate pues. 

Aud. i Ojalá ! y costáseme un dedo de la 
mano. 

Tal. Eso non potest fieri, señor , porque 
col Deus conjunijit homo non sepalat. 

Cas. Calla , chismero, que no se dice por 
tanto. 

Tal. Sí, callad, estando muerto de 
hambre. 

Cas. ¿De qué te quejas de tu marido? 

Aud. Quejóme de que me hurta el oro, 
sayas y cuanto tengo para dar á rameras. 

Cas. Si él eso hace , lo hace muy mal ; y 
si no , tú lo haces peor en levantarle falso 
testimonio. 

Aud. Que no es sino verdadero. Helo do 
viene. ¡ Desvergonzado ! ¿ No tienes ver- 
güenza de paresccr delante de mi con ese 
vestido? 

Men. vu Muger honrada , ¿con quién 
piensas hablar? 

Aud. Con uno que meresce estar en la 
horca. 

Men. m. Porque sois hermosa, no seáis 
atrevida. 

Cas. Aparta, bija. Menemno , ven acá. 
Dime, ¿qué rencillas son estas que tienes 
con tu muger? 



Men. m. Padre honrado, ni te conozco , 
ni tengo muger, ni jamas fui casado. 

Axtd. ¿Negarás, bellaco, que eres mi 
marido? 

Men. m. Porque seque hablas con pasión, 
y porque veo que me tomas por olro, res- 
ponderé con paciencia, diciendo que ni soy 
tu marido, ni eres mi muger. 

Tal. Cásale , señora , conmigo , y vayase 
él con todos los diablos el traga pollos. 

Aud. Quilate de ahi , asno. Dime , ¿no 
es esa la saya que me hurtaste y prometiste 
devolver? 

Men. m. Habla cortesmente , que nunca 
fui ladrón, ni jamas me precié de hacer 
cosa fea. 

Tal. Eso sí, Menemno, negar á pié jun- 
tillas. 

Men. m. ¿De dónde me conosces y sabes 
mi nombre? 

Tal. ¿ Mas de dónde desconosces tú á 
Talega? 

Men. m. De nunca haberlo conoscido. 

Tal. ¿ JNo tomaste tú esta saya á tu mu- 
ger y la diste delante de mí á tu puta? 

Men. m. No seas mal criado, sino el 
diablo será. 

Aud. Señor padre, ¿esta no es mi saya , 
y este no es mi marido Menemno? 

Cas. Ella es tu .saya, y él es tu marido. 

Men. m. De todo eso no tengo sino el 
nombre. 

Cas. Ven acá, Menemno : veamos si 
negarás esto. ¿Tú no moras en aquella casa 
frontera ? 

Men. m. Plegué á Dios que si yo en 
tila jamas entré, que dentro en los infier- 
nos more. 

Cas. Sin duda que se ha tornado loco. 

Men. m. Pues estos dicen que soy loco , 
mejor será fingir locuras por echarlos de mí. 

Aud. Bien dices, señor padre; ¿no 
vees qué boca abre ? parece que me quiere 
comer. 

Men. m. El dios Apolo me manda que 
queme los ojos á esta muger con lámparas 
ardiendo. 

Tal. La paz de Dios descienda sobre tí y 
íobre nosotros , amen. 

Men. m. Sí . si , Apolo , yo haré lo que 
mandas, que á esta muger y á Talega les 
dé con esta mi espada mil cuchilladas. 

Tal. Señora , huigamos de aquí , que 
tengo miedo que ni tú tengas Talega ni yo 
señora. 

raí. Bien dice : id á casa los dos porque 
no haga en vosotros algún desatino; pero 
mira. Talega, que vayas en un salto á 



LOS MENEMNOS. 



217 



llamar al médico Averrols para ver si da:rá 
algún remedio á este loco. 

Tal. Si haré, señor. 

Men.m. Ya te entiendo, Apolo, que 
quieres que desmenuce los huesos de este 
viejo con su bordón. 

Cas. Caro le costará si tú á mi te allegas. 

Men.m. ¿Qué dices? ¿Que tome una 
azuela con la cual acepíllelas carnes de este 
mal viejo ? 

Cas. Mal te dé Dios : mejor me será huir 
de este, porque el loco y el buey se han de 
mirar de lejoS. 

Men. m. Muchas cosas me has mandado, 
Apolo, ¿ y agora de nuevo quieres que vaya 
con Ímpetu y mate á este viejo? 

Cas. ¡Oh cruel enfermedad! No estoy 
mas aqui. Quiero llamar al médico. 

Men. m. \ Cuan á cuenta me ha venido 
hacer del loco ! Mas ¿ cuál fuera que esta 
señora me rescibiera en su cama creyendo 
que era su marido , como la otra en la 
mesa , tomándome por su amigo? Yo lo 
hiciera cierto , según ella es hermosa , si 
no se aventurara mas que aventuré con la 
otra , porque á la ramera quitéle lo que 
ella hurtó , y yo le puedo tornar tres do- 
blado; mas á la casada, en este caso 
quitárale la honra , que quitada no se la 
pudiera tornar. En Gn quiero huir de pue- 
blo donde tantas cosas en tan poco tiempo 
me han acontecido : y si viniere el viejo , no 
le digan por cuál de estas dos calles me fui. 

ESCENA XI. 

MENEMNO, CASADo.CASANDRO. AVERROIS. 
LAZARILLO. 

Men.c. Dia triste y de aciago ha sido 
este para mí , pues todo lo que pensaba 
hacer muy secreto, me ha echado en público 
aquel bellaco de Talega; pero á fe que no 
se reirá de ello. También esotra bellaca al 
fin hízolo como ramera, que por mas que 
le rogué que me diese la saya con propósito 
de darle otra mejor, está en sus trece que 
ya me la dio. ¡ Desdichado de mi ! No sé 
qué me haga. ¿Qué es aquello? 

Aver. Camina, Lazarillo. 

Laz. Ya camino, domine. 

Aver.'Eso si , siempre que podrás hablar 
algún latín congrio ó no congrio, no lo 
dejes de hablar , que yo te haré gran per- 
sona. Di , quid e$t necessitas ? 

Laz. La necesaria, señor. 

Aver. No solamente respondiste como 
gramático , mas como escelente filósofo , 



porque aquella cosa es paramente necesa- 
ria , adonde echamos aquello que si no lo 
echásemos moriríamos . 

Laz. Verumest. 

Aver. Bona salus, señor Casandro. 

fas. Sea bien venido , señor doctor. Es- 
cuchado he la plática que has pasado con tu 
criado , y he holgado en oir sus agudezas. 

Aver. Es el mas agudo rapaz del mundo, 
y es hermano de Lazarillo de Tormes , el 
que tuvo trecientos y cincuenta amos. 

Cas. ¿Cuánto ha que está contigo? 

Aver. No ha mas de medio año , y sabe 
ya todos los nominativos, conjugaciones y 
cuarto libro de coro, y hablará todo un dia 
latín tan bien como yo, sin que le entiendan 
palabra. 

Cas. Bien lo creo : ¿mas cómo te has de- 
tenido tanto? 

Aver. He curado una pierna al dios Es- 
culapio, y he concertado un brazo á Baco, 
que los dos habiendo tastado ciertos vinos- 
en la isla de Candía , dieron consigo por una 
escalera abajo. 

Cas. De manera que también eres médico 
de los dioses como de los hombres. 

Laz. Ita, domine. 

Aver. ¡Oh qué tía domine tan regalado '. 
¿Qué te parece, señor Casandro? 

Cas. Muy bien, pero vengamos al caso. 
¡ias de saber que Menemno mi yerno está 
doliente, y pienso que es de alguna imagi- 
nación diabólica que habrá entrado en su 
entendimiento. 

Aver. Eso verná de algunos enojos resce- 
bidos con mugeres. 

Cas, A la letra es ese su mal, señor doctor. 

Aver. Has de saber, señor, que Hipó- 
crates, Galeno y Avicena et omnia schola 
medicorum ponen ciento y cincuenta reme- 
dios para ese mal. El primero es... 

Cas. Ce , silencio : he allí á Menemno. 

Aver. Juntémonos los dos. 

Cas. Sea ansí. Menemno, hijo, ¿qué es 
de la saya? 

Men. c. ¿Qué saya, señor? 

Cas. La que tenias agora. 

Men. c. ¡Oh dioses inmortales! ¿y qué 
será esto? 

Cas. ¿No oyes lo que dice? 

Aver. Ya veo que invoca los dioses. 

Cas. ¿Qué esperas? Haz tu oficio, maes- 
tro. 

iai. ¿Qué quiere decir maestro? Domine 
doctor, domine doctor acostumbran de 
llamarle. 

Cas. Calla , rapaz, no seas tan reagudo. 

Aver. Menemno , dame esa mano. No 



^ 



218 



JUAN DE TIMONEDA. 



pasees tanto, no pasees tanto, pecador de 
mí , que es malo eso para tu enfermedad. 

Men. c. ¿Qué enfermedad? Vete enho- 
ramala. 

Aver. ¿Veis cómo desvaría? Escucha y 
verás que le hago unas preguntas tan pro- 
fuiídislmas que bastan á tornar un hombre 
tic cuerdo loco , y otras para tornarle de loco 
cuerdo : ct operibus credite. 

Cas. Pues acabemos ya. 

.leer. Hijo .Menemno, sosiégate. Dime , 
¿.sientes alguna cosa? 

Men. c. ¿Soy por ventura insensible, que 
no tengo de sentir? 

Aver. Ya lo decia yo, que no podías es- 
lar sin sentir. Dime, ¿qué vino bebes, 
blanco ó tinto? 

Alen. c. Vete íi la horca tú y tus preguntas. 

Cas. Ya comienza á enloquecer. 

Aver. ¿Qué te tengo dicho, señor? 

Men. c. Mas pregúntame si como el pan 
colorado ó verde , ó aves con escama y peces 
con pluma. 

Cas. Maestro, ¿no vees qué locuras se le 
sueltan? ¿Porqué no le das remedio? 

Aver. Espera : preguntalle he otras cosas. 

Cas. Pregunta cuantas quisieres. 

-•írer. Menemno, dime, ¿suélensete al- 
gunas veces endurecer los ojos? 

Men. c. ¡Qué diablos! ¿Soy de género 
de langosta ?' 

Aver. Ya sé que blandos los has de tener. 
Burlábame contigo. Esté atento, señor, que 
agora vienen las preguntas para volverle en 
todo su seso. Dime, Menemno, ¿sientes 
algunas veces que te rugen las tripas? 

Men. c. Cuando estoy harto, no; mas 
agora si , que estoy hambriento, y con gana 
de comer. 

.Ifer. Di , ¿duermes los ojos cerrados? 

Men. c. Como tú .velando, abiertos. 

Cas. Agora cuerdamente respondió. 

Aver. Pues cátatelo ahí sano , señor. 

Cas. No está agora tan loco como cuando 
amenazaba á su muger con fuego. 

Aver. ¿Habíalo de estar? Duelos me dé 
Dios. 

Men. c. ¿A quién dices que amena- 
zaba yo? 

Cas. ¿ No te acuerdas cuando á mi y á tu 
muger nos querías matar? 

Men. c. ¿ Yu matar á quien tanto deseóla 
vida? 

Aver. Pecador de mí, señor. ¿Quieres 
eiharmeá percfer? Téngolc medio curado 
¿ y estás contendiendo con él ? Ven acá, Me- 
nemno, hablemos aparte tú y yo. Has de 
saber que nosotros somos los locos , que tú 



demasiado seso tienes. Tú , rapaz , no es 
iiun tiempo que sepas estos secretos de me- 
dicina. Apártate allá. 

Laz. Recuérdate digo yo de los quinqua- 
yinta cruciatos auri. 

Aver. ¡ Oh ! sí señor. Téngalos á punto 
que son mucho menester, porque tengo de 
hacer con ellos en mí casa un cierto coci- 
miento con cincuenta maneras de yerbas , 
|iaracada cruzado una , traídas de la ínsula 
Fortunada , y después de todas hacer un 
emplastro por cienos puntos de astrología, 
y después ponérselo en los pies para fortifi- 
car la cabeza. 

Cas. Abreviemos , que ya está á punto 
lodo. 

Aver. Bene dioeisti. Oye, Menemno. Tú 
has de saber que conozco muy bien que si 
lu entendimiento está algo alterado, es por 
algún enojo que has habido. 
Men. c. Dices la verdad. 
Aver. Hora pues por hacer placer á mi y 
acreditar mí medicina y no enojar á tu sue- 
gro , haz todo lo que yo le dijere. 
Men. c. Soy contentísimo. 
Aver. Sí lo haces , yo te prometo de partir 
contigo los cincuenta cruzados, porque tú 
ni has menester medicina, ni yo la entiendo 
mas que esa pared. 

Men. c. Pero haz de manera, maestro, 
que me lleven en todo caso á lu casa. 

Laz. Bien dices, porque allí haremos 
buena gira y beberemos autant. 

Aver. Decir yo, señor Casandro, que 
está Menemno del todo sano, no diria ver- 
il. id ; pero helo traído á punto de hacer que 
tiie sea en todo obedientisímo. 
Cas. Veamos. 
Aver. Menemno. 

Men. c. ¿ Qué mandas , señor doctor ? 
Aver. Alza el brazo derecho. ¿ No puedes 
mas? 
Men. c. No señor. 

Aver. Agora da una vuelta en derredor. 
;. No ves, señor? Por la doctrina del grande 
Hipócrates te juro que sí quiero , te lo con- 
vertiré en nabo. Échate de esa ventana 
abajo. 
Men. c. ¿Qué es de la ventana? 
Aver. Está quedo, loco, no te muevas. 
Aprende, rapaz, estos medicinales puntos. 
Agora, Menemno, dame esa espada. 
Cas. Agora vas bien : eso me contenta. 
Aver. Coge así los brazos. 
Men. c. Ya están'cogldos. ¿Qué es lo 
que haces? 

Aver. Súfrele , que por tu bien se hace 
que estés atado un poco con esto cordel. 



LOS MENEMNOS. 



219 



porque así ílice Avlcena que se debe hacer. 

Laz. In quarta et sexta ad finem. 

Aver. ¡ Oh cómo acolaste bien, rapaz ! Es 
menester, señor Casandro , que de esta 
manera atado lo lleven á mi casa , porque 
alh con aquel emplastro áureo te lo daré 
sano en tres días. 

Cas. Antes ha de ir así como está á la casa 
de los locos , porque aquella es su propia 
morada. Vaya, vaya presto. 

Men. c. ¡Oh ciudadanos! ¡Oh amigos 
mios! Socorredme, que me llevan contra 
mi voluntad acusado falsamente. 

ESCENA XII. 

MENEMNO, CASADo.CASANDRO. AVERROIS. 
LAZARILLO. TRONCHON , Y iiespces 

JIENEMNO , MANCEBO 

Tron. ¡Oh dioses inmortales! ¿qué es 
lo que con mis ojos veo? No sé por qué 
causa llevan aquellos á mi amo forzosa- 
mente. 

Cas. Averrois, ayúdame. ¿Enqué pien- 
sas? 

Tron. Menemno. 

Men. c. i Oh amigo ! No consientas que 
se me baga tamaña afrenta. 

Tron. ¿Porqué lleváis así á este gentil- 
hombre ? 

Cas. Porque es loco. 

Tron. ¿Quién dice tan gran maldad? 

Cas. Este médico. 

Tron. Asosegaos, que no es loco. 

Cas. Si no, ¿qué mal tiene? 

Tron. Está asombrado y endemoniado. 

Aver. ¿Endemoniado? Arriedro vaya Sa- 
tanás. 

Cas. Di, doctor, ¿cómo no le conociste 
el mal? 

Aver. Sé que yo, señor, nunca ful doctor 
en diablos, pero veamos este lo que sabe. 

Cas. ¿ Qué remedio darás tú ? 

Tron. Muy grande. Quiero hablarle al 
oido para ver si es de los demonios secretos. 
Mira , Menemno , si quieres librarle de 
estos tus enemigos , yo le daré una espada 
entre manos. 

Men. c. Ya la querría tener. 

Tron. De los demonios públicos es : á 
voces quiero hablarte. Yo te mando de parte 
de Dios que te vayas á los infiernos sin 
dañar ni atormentar á este hombre. 

Men. c. No saldré si primero no veo la 
cruz , ó señal della. 

Cas. ¡Oh pobre mancebo ! Bendito seas 
tú, Dios. ¡Oh cruel mancilla! 

Tron. ¿No hay por aquí una cruz? Mos- 



iradme esa espada, que tanto montará como 
cruz. 

Aver. Déjasela , Lazarillo. 

Tron. Besa, ladrón , y abrázate con ella, 

Men. c. ¿Asi que como loco me llevába- 
des? Aguardad un poquito, perros traidores. 

Aver. A huir, señor Casandro , que sol- 
tado se ha. 

Men. c. Id con la maldición , bellacos. 

Tron. ¿ Qué te paresce , señor, con qué 
astucia te he librado de esta gente? 

Men. c. Mas le debo que á cuantos hom- 
bres hay en el mundo : por eso mira lo que 
yo podré hacer por U. 

Tron. Que me hagas libre te pido, 

Men. c. ¿Por ventura eres tú mi esclavo 
¡)ara que te haga libre , ó conózcote yo ? 

Tron. No quiero entrar en si me conoces 
ó no , sino que me des por libre. 

Men. c. Digo que te doy por libre, y que 
te tengo en cuenta de hermano. 

Tron. Quiero ir agora al mesón , y traerle 
he la bolsa de los dineros y las piezas de 
plata que me encomendaste. 

Men. c. Anda , que aqui te espero. Cosas 
maravillosas me han acontecido hoy. Doro- 
lea me dio á entender que habia comido con 
ella, y que me dio la saya y el diamante. 
Mi suegro y este borracho de médico que 
estoy loco, y este agora que soy su amo y 
que me traerá los dineros y !". plata. Espe- 
rar quiero y ver en qué para esto. 

Men. m. Dios le guarde , gentilhombre. 

Men. c. Asi haga á ti. 

Men. m. ¿Habitas en esta tierra? 

Men. c. Si habito , hartos años ha. 

Men. m. ¿Por ventura sabriasme dar 
razón de un esclavo estranjero? 

Men. c. Si no das otras señas, es pregun- 
tar por Mahoma en Granada. 

Tron. ¡ Ah ! señor Menemno. 

Men. c. ym. ¿Qué quieres? 

Tron. Qué, ¿dos amos tengo yo? 

Men. c. y m. No sino uno. 

Tron. ¿Quién es ese uno? 

Men. c. y m. Yo soy. 

Tron. ¿Qué quiere decir yo soy? Espe- 
rad, ¿quién ha de rescebir esta plata? 

Men. c. y m. Yo. 

Tron. Válame Dios ¿y qué será esto? ¿ A 
cuál de los dos libré yo cuando lo llevaban 
atado como loco? 

Men. c. A mí. 

Tron. Pues tú eres mi amo , y habrás la 
plata, y él que perdone. 

Men. m. ¿Tornaste loco. Tronchen? ¿Y 
cómo no te acuerdas que veniste hoy coi*- 
migo de la nave ? 



220 



JUAN DB TIIIONEDA. 



Tron. Por cierto que tienes razón. Tú 
busca mozo , (|iic este es mi amo. 

Men. c. ¿l>(')vas, desconocido? ¿Yo no 
soy quien le lin hecho franco en este lugar? 

Jron. Por cierto, sí, tú eres mi amo y 
mi señor. 

Men. m. Ven acá, desmemoriado, ¿no 
le acuerdas (|uc cuando (¡uisc entrar en 
casa de la ramera te encomendé la bolsa 
con los dineros? 

Tron. Tú sin duda eres mi amo Me- 
nemno. 

Men. c. También yo me llamo Menemno. 
■ Men. m. ¿Tú Menemno? 

Men. c. Si, yo Menemno, y mi padre 
Menemno. 

Tron. ¿Cuál seria, que fuese este quien 
buscamos tanto ha? 

Men. m. ¿ Eres natural de esta tierra '? 

Men. c. Ko, sino de Sevilla. 

Men. m. ¿Acuerdaste algo de allá ? 

Men. r. Acuerdóme que siendo yo de 
quince años nos embarcamos mi padre y yo 
en una nave para las partes de Levante. 

I/en. m. Dime, y no rescibas pesadum- 
bre, ¿cuántos hijos tuvo tu padre? 

Men. c. INo mas de dos. 

Men. m. ¿Cuál era el mayor? 

Men. c. Ninguno. 

Men. m. ¿Cómo pudo ser eso? 

Men. c. Porque nacimos de un mismo 
|iarto. 

Men. m. ¿Llamásteisos entrambos Me- 
ncinnos? 

Men. c. No, que el otro se decia Claudio. 

Men. m. Pues yo soy ese Claudio. 

Men. c. ¿Tú? ¡Oh hermano mió! Clau- 
dio, seas muy bien venido. 

Men. m. Y tú muy bien bailado, her- 
mano Menemno. 

.Men. c. Dime, hermano, ¿quién te mu- 
dó el nombre de Claudio en Menemno? 

Men. m. Has de saber que como nos vi- 
nieron nuevas que mi padre y tú érades 
muertos, luego nuestra madre (que en 
gloria sea) por el amor que tenia á nuestro 
padre y á ti , me mudó el nombre de Clau- 
dio en Menemno. 

ESCEXA ULTIMA. 

.MENEMNO, CASADO. MENEMNO, mancebo. 
TRONCnON. ALDACIA. TALEGA. 

Aud. ¿Es verdad eso que me cuentas. 
Talega? 

Tal. ¡Toma si es verdad ! ¡ Vieras huir á 
Casandro tu padre y al faldudo de maestre 
A\errois mas ligeros que gamos! 



Aud. ¿ Y á Menemno k dó lo podría yo 
hallar agora para meterlo secretamente en 
casa? 

Tal. ¿Qué me sé yo? Dios se lo perdone 
á vuestra merced, y á mí también, porque 
al princiiiio se podia escusar todo e.sto. Al- 
iiricias, albricias, señora, albricias. 

Aud. ¿Qué has, inocente? ¿De qué te 
tengo de dar albricias? 

Tal. ¡ Oh señora ! que en lugar de nn Me- 
nemno tienes dos Menemnos, y en lugar 
de un marido dos maridos. Cátalos allí. 

Aud. La verdad dice. ¡ Qué es esto, Dios 
mío ! 

Men.m. No te aflijas, señora, que yo 
soy tu marido, y alégrate, que este gentil- 
hombre que vecs tan semejante á mi , es mi 
hermano, que ha mucho tiempo que anda 
en busca mia. 

Aud. ¿Tu hermano? Abrazarle quiero 
por cierto. 

Tron. Sin duda que la ramera le tomó 
por el señor tu hermano. 

Men. c. ¿Qué es eso de la ramera? 

Men. m. Has de saber que una ramera 
tomándome por tí me convidó á comer, y 
después me dio una saya y un diamante. 

Tal. En fin, señor, aue sobre vos vino 
el comedentes , y super nosc\ gementes et 
(lentes. 

Men. c. Has de saber, señor hermano, 
qu'esa comida yo la ordené para mí á Ta- 
lega, y di la saya. 

^ud. ¿Otorgáis, otorgáis, don ladrón? 

Men. c. Es la verdad que yo te la hurté 
para darla á Dorotea. 

Men. m. No recibas pena , señora, qu'él 
lo hará muy mejor de aquí adelante, y la 
saya y diamante está en mi poder con otras 
joyas muchas que traigo para servirte coo 
ellas. 

Aud. En verte, señor hermano, se me 
ha quitado todo el enojo que tenia. 

Men. c. Señor hermano, yo prometí de 
hacer libre á Tronchon. 

Men.m. Desde agora le doy por libre 
para siempre. 

Aud. Sus, señores, entremos dentro, 
[lorque alcance mi padre de este placer y 
alegría. 

Tal. ¡Oh! ¿qué haremos de comer? 

Men. c. Entremos cantando. 

CANCIÓN. 

Enliorabuena vengáis vos , 
Hermano mió, 
Pues á pesares hoy entre nos 
Dais desvio. 



APÉNDICE. 



RODiRIGO COTA y FERNANDO ROJAS. 

CELESTINA. 

TRAGICOMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA. 



ARGUMENTO DE LA OBRA. 

Calisto, de noble linage, de claro ingenio, de gentil disposición, de linda crianza , 
dotado de muchas gracias, de estado mediano , fué preso en el amor de Melibea, mugcr 
moza, muy generosa, de alta y serenísima sangre, sublimada en próspero estado, una 
sola heredera á su padre Pleberio , y su muy amada : por solicitud del pungido Calisto , 
vencido el casto propósito delia, interviniendo Celestina, mala y astuta muger, con dos 
sirvientes del vencido Calisto, engañados, y por esta tornados desleales, presa su fide- 
lidad con anzuelo de codicia y de deleite , vinieron los amantes, y los que los ministraron 
en amargo y desastrado fin. Para comienzo de lo cual, dispuso la adversa fortuna lugar 
oportuno, donde á la presencia de Calisto se presentó la deseada Melibea. 



PERSONAS. 



CALISTO , mancebo enamorado. 
MELIBEA, hija de Pleberio. 
PLEBERIO, padre de Melibea. 
ALISA, madre de Melibea. 
CELESTINA, aicahueU. 
PARMENO, 1 . j j /- ,• . 
SEMPROMO , I "'^^°^ ^^ *^^^'^'*'- 



ARGUMENTO DEL PRIMER ACTO. 

Entrando Calislo en una huerta en seguimiento 
de un falcon suyo, halló ahí á Melibea, de 
cuyo amor preso, comenzóla de hablar: de 
la cual muy rigurosamente despedido fué para 
su casa muy angustiado y habló con un criado 
suyo llamado Sempronio, el cual, después de 
muchas razones, le enderezó á una vieja lla- 
mada Celestina , en cuya casa tenia el mismo 
criado una enamorada llamada Elicia : la 
cual, viniendo Sempronio á casa de Celestina 
con el negocio de su amo, tenia otro consigo 
llamado Crilo , el cual escondieron. Entre 
tanto que Sempronio está negociando con 
Celestina, Calislo está razonando con otro su 
criado por nombre Parmeno : el cual razo- 
namiento dura hasta que llegan Sempro- 
nio y Celestina á casa de Calisto. Parmeno 
fué conocido de Celestina : la cual mucho le 
dice de los hechos y conocimiento de su 
madre ; induciéndole á amor y concordia de 
Sempronio. 



criados de Calisto. 



TRISTAN , 

SOSIA , 

CRITO. 

LUCRECIA, criada de Pleberio. 

ELICIA , 1 

AREUSA, } rameras. 

CERTLRIO , rufián. 



ARGUMENTO DEL ACTO SEGUNDO. 

Partida Celestina de Calisto para su casa , queda 
Calisto hablando con Sempronio, criado suyo: 
al cual , como quien en alguna esperanza 
puesto está , lodo aguijar le parece tardanza ; 
envía Ssmpronio á solicitar á Celestina para 
el concebido negocio, quedan entre tanto Ca- 
listo y Parmeno juntos razonando. 



ACTO TERCERO. 

SEMPRONIO. CELESTINA. ELICIA. 

Semp.Qué espacio lleva la barbuda, menos 
sosiego traian sus pies á la venida : á dine- 
ros pagados, brazos quebrados. Ce , señora 
Celestina, poco has aguijado. 

Cel. ¿ A qué vienes , hijo ? 

Semp. Este nuestro enfermo no sabe qué 
pedir, de sus manos no se confia, no se le 
cuece el pan : teme tu negligencia, maldice 
su avaricia y cortedad , porque te dio tan 
poco dinero. 



224 



RODRIGO COTA Y FERNANDO ROJAS. 



fcl. No es cosa mas propia de los que 
aman , que la im|)acieiiria , leda tardanza 
les es tormento , ninguna dilación les agra- 
da , en un momento querrían poner en 
efecto sus cogitacioiies, antes las querrían 
ver concluidas (pie empezadas; mayor- 
mente estos novicios amantes, que contra 
cualquier señuelo vuelan sin deliberación, 
sin pensar el daño (¡ue eljccbo de su deseo 
trae mezclado en su ejercicio y negociación 
para sus personas y sirvientes. 

Semp. ¿Qué dices de sirvientes? Parece 
por tu razón , que nos iwieda venir á noso- 
tros daño de este negocio , y quemarnos 
con las centellas que resultan deste luego 
de Calisto; aun al diablo daria yo sus amo- 
res : al primer desconcierto que vea en 
este negocio no como mas su pan; mas vale 
perder lo servido, que la vida por co- 
brarlo; el tiempo me dirá qué haga , que 
primero que caiga del todo , dará señal , 
como casa que se acuesta : si te parece, 
madre , guardemos nuestras personas del 
peligro : llágase lo que se hiciere, si la 
hobiere ogaño, sino á otro año, sino 
nunca : que no hay cosa tan dificll de sufrir 
en sus principios, que el tiempo no la 
ablande, y haga comportable; ninguna 
llaga tanto se sintió , que por luengo tiempo 
no aflojase su tormento , ni placer tan ale- 
gre fué, que no le amengüe su antigüedad : 
el mal y el bien , la prosperidad y adversi- 
dad , la gloria y pena , todo pierde con el 
tiempo la fuerza de su acelerado principio: 
pues los casos de admiración , y venidos 
con gran deseo , tan presto como pasados , 
olvidados : cada dia vemos novedades, y las 
oimos, y las pasamos, y dejamos atrás : di- 
minuyelas el tiempo, hácelas contingibles. 
Qué tanto te maravillarlas , si dijesen la 
tierra lemblrt , ó otra semejante cosa , que 
no lo olvidases luego. Asi como , helado 
ostá el rio, el ciego ve ya, muerto es tu 
padre, un rayo cayó, ganada es Granada, 
el rey entra hoy, el turco es vencido, 
eclipse hay mañana, la puente es llevada, 
aquel es ya obispo, á Pedro robaron, Inés 
se ahorcó. Qué me dirás , sino que á tres 
dias pasados, ó á la segunda vista, no hay 
quien dello se maraville. Todo es asi, todo 
pasa de:-la manera : todo se olvida, todo 
queda airas. Pues así será este amor de mi 
amo, cuanto mas fuere andando, tanto mas 
diminuyendo : que la costundjre luenga 
amansa los dolores, afloja y deshace los 
deleites, desmengua las maravillas : pro- 
curemos provecho mientra pendiere su con- 
tienda . y si á pié enjuto le iludiéremos re- 



mediar mejor, mejores, y sino poco á poco 
le soldaremos el reproche ó menosprecio 
de Melibea contra él : donde no , mas vale 
que pene el amo , que no que peligre el 
mo£o. 

CeL Bien has dicho, contigo estoy : agra- 
dado me has, no podemos errar ; pero to- 
davía , hijo , es necesario , que el buen pro- 
curador ponga de su casa algún trabajo, 
algunas fingidas razones , algunos sofísticos 
autos, ir y venir á juicio, aunque reciba 
malas palabras del juez, siquiera por los que 
lo vieren no digan que se gana holgando 
el salario, y asi ver ha cada uno á él con 
pleito, y A Celestina con sus amores. 

Semp. Haz á tu voluntad , que no será 
este el primer negocio que has tomado á 
cargo. 

Cel. ¿El primero , hijo? pocas vírgenes , á 
Dios gracias, has tti visto en esta ciudad , que 
hayan abierto tienda á vender, de quienes 
yo no haya sido corredora de su primer hi- 
lado. En naciendo la muchacha la hago es- 
cribir en mi registro : y esto para que yo 
sepa cuantas se me salen de la red. ¿Qué pen- 
sabas, Sempronio? ¿ habíame de mantener 
del viento? ¿heredé otra herencia? ¿tengo 
otra casa, ó viña? ¿conócesme otra hacienda 
mas de este oficio? ¿de qué como y bebo? 
¿de qué visto y calzo? en esta ciudad na- 
cida, en ella criada, manteniendo honra, 
como todo el mundo sabe. Conocida pues 
soy : quien no supiere mi nombre , y mi 
casa , tenle por estranjero. 

Semp. ¿Dime, madre, qué pasaste con 
mi compañero Parmeno , cuando subí con 
Calisto por el dinero? 

Cel. üíjele el sueño y la soltura, y 
como ganaría mas con nuestra compañía, 
que con lisonjas que dice á su amo, como 
viviría siempre pobre y baldonado , si no 
mudaba el consejo : que no se hiciese santo 
á tal perra vieja como yo : acordele quien 
era su madre , porque no menospreciase mi 
oficio : porque queriendo de mí decir mal. 
tropezase primero en ella. 

Semp. ¿Tantos días ha que le conoces, 
madre ? 

Cel. Aquí está Celestina, que le vido 
nacer, y le ayudó á criar : su madre y yo 
uña y carne : della aprendí todo lo mejor que 
sé de mi oficio : juntas comíamos, juntas 
dormíamos, juntas habíamos nuestros sola- 
ces , nuestros placeres , nuestros consejos 
y conciertos ; en casa y fuera , como dos 
hermanas ; nunca blanca gané en que no 
tuviese su mitad : pero no vivía yo enga- 
ñada , si mi fortuna quisiera que ella rae 



CELESTINA. 



225 



durara. |0 muerte, muerte , á cuántos pri- 
vas (le agradable compañia , á cuántos des- 
consuela tu enojosa visitación ! por uno que 
comes con tiempo, cortas mil en agraz : que 
siendo ella viva no fueran estos mis pasos 
desacompañados : buen siglo haya, que leal 
compañera me fué , que jamas me dejó ha- 
cer cosa en mi cabo , estando ella presente. 
Si yo traia el pan , ella la carne : si yo po- 
nía la mesa , ella los manteles : no loca, no 
fantástica, ni presuntuosa, como las de 
agora. En mi ánima , descubierta se iba 
hasta el cabo de la ciudad con su jarro en 
la mano : que en todo el camino no oia peor 
de señora Claudina ; y á osadas que otra 
conocía peor el vino , y cualquier merca- 
duría : cuando pensaba que no era lle- 
gada, era de vuelta. Allá la convidaban 
según el amor que todos le tenian, que ja- 
mas volvia sin ocho ó diez gustaduras, un 
azumbre en el jarro, y otro en el cuerpo : 
asi le fiaban dos ó tres arrobas en veces 
como sobre una taza de plata : su palabra 
era prenda de oro en cuantos bodegones 
habia : si íbamos por la calle, donde quiera 
que hubiésemos sed entrabamos en la pri- 
mer taberna , luego mandaba echar media 
azumbre , para mojar la boca : mas á mi 
cargo que no le quitaban la toca por ello, 
sino cuanto la rayaban en su taja, y andar 
adelante. Si tal fuese agora su hijo , á mi 
cargo , que tu amo quedase sin pluma , y 
nosotros sin queja : pero yo lo haré de mi 
hierro , si vivo , y lo contaré en el número 
de los mios. 

Semp. ¿Cómo has pensado hacerlo , que 
es un traidor? 

Cel. A ese tal dos alevosos : haréle haber 
á Areusa : será de los nuestros, darnos ha 
lugar á tender las redes sin embarazo , por 
aquellas doblas de Calisto. 

Semp. ¿Pues crees que podrás alcanzar 
algo de Melibea? ¿hay algún buen ramo? 

Cel. No hay cirujano que á la primera 
cura juzgue la herida : lo que al presente 
veo, te diré. Melibea es hermosa, Calisto 
loco y franco , y ni á él penará gastar, ni 
á mi ayudar : bulla moneda, y dure el 
pleito lo que durare : todo lo puede el di- 
nero , las peñas quebranta , los rios pasa en 
seco : no hay lugar tan alto, que un asno 
cargado de oro no lo suba. Su desatino y ar- 
dor basta para perder á sí , y ganar á noso- 
tros. Esto he sentido, esto he calado, esto 
sé del y della , esto es lo que nos ha de 
aprovechar. A casa voy de Pleberio , qué- 
dale á Dios , que aunque esté brava Meli- 
bea , no es esta (si á Dios ha placido) la pri- 



mera á quien yo he hecho perder el 
cacarear : cosquillosicas son todas, mas des- 
pués que una vez consienten la silla en el 
envés del lomo , nunca querrían holgar : 
por ellas queda el campo : muertas si, can- 
sadas no : si de noche caminan , nunca 
querrían que amaneciese : maldicen los ga- 
llos, porque anuncian el día, y el reloj, 
porque da tan á priesa : requieren las ca- 
brillas y el norte, haciéndose estrelleras : 
ya cuando ven salir el lucero del alba , 
quiérese ies salir el alma , su claridad les 
escurece el corazón. Camino es , hijo , que 
nunca me harté de andar : nunca me vi 
cansada : y aun así vieja como soy, sabe 
Dios mi buen deseo , cuanto mas estas que 
hierven sin fuego : cautivanse del primer 
abrazo , ruegan á quien rogó , penan por el 
penado, hácense siervas de quien eran se- 
ñoras , dejan el mando , y son mandadas , 
rompen paredes, abren ventanas, fingen 
enfermedades, á los chirríadores quicios de 
las puertas hacen con aceites usar su oficio 
sin ruido; no te sabré decir lo mucho que 
obra en ellas el dulzor que les queda de los 
primeros besos de quien aman : son enemi- 
gas del medio , contino están posadas en los 
estremos. 

Semp. No tt; entiendo esos términos, ma- 
dre. 

Cel. Digo, que la muger ama mucho 
aquel de quien es requerida , ó le tiene 
grande odio. Asi que si al querer despiden , 
no pueden tener las riendas al desamor : y 
con esto que sé cierto , voy mas consolada á 
casa de Melibea , que si en la mano la tu- 
viese : porque sé, que aunque al presente 
le rueguc, al fin me ha de rogar ; aunque al 
principio me amenace , al cabo me ha de 
halagar. Aquí llevo un poco de hilado en 
esta mi faltriquera , con otros aparejos que 
conmigo siempre traigo, para tener causa 
de entrar, donde mucho no soy conocida . 
la primera vez : asi como gorgneras, garbi- 
nes , franjas , rodetes, tenazuelas, alcohol . 
albayalde , solimán , agujas y alfileres : 
que tal hay, que tal quiere : porque donde 
me tomare voz, me halle apercebida para 
les echar cebo, ó requerir de la primera 
vista. 

Semp. Madre, mira bien lo que haces, 
porque cuando el principio se yerra, no 
puede seguirse buen fin : piensa en su padre 
que es noble y es esforzado, su madre ce- 
losa y brava , tú la misma sospecha. Meli- 
bea es única á ellos; faltándoles ella, ftiUa- 
les todo el bien. En pensallo tiemblo ; no 
vayas por lana , y vengas sin pluma. 



£2G 



RODRIGO COTA Y FEUNANDO ROJAS. 



Cel. ¿Sin jdutna , bijo? 

Semp. O emplumada . madre , que es 
peor. 

Cel. A la he en mala hora , A lí he yo me- 
nester para Cdiniiuíiero , aun si quisieses 
avisará Celestina en su oGcio; pues euando 
tú naciste ya cumia yo pan con corteza , para 
adalidad eres bueno, cargado de agüeros 
j recelo. 

Semp. No le maravilles, madre , de mi 
temor, pues es común condición humana . 
que lo que mucho se desea, jamas se piensa 
ver concluido : mayormente que en este 
caso temo tu ¡Kjna y niia, deseo provecho, 
querría que este negocio hubiese buen fin : 
no porque saliese mi amo de pena, mas 
por salir yo de laceria, y asi miro mas incon- 
venientes con mi poca esperiencia , que no 
tú como maestra vieja. 

El. Santiguarme quiero , Sempronio , 
quiero hacer una raya en el agua : que 
no\edad es esta venir hoy acá dos veces. 

fel. Calla, boba, d(''jale, que otro pensa- 
miento traemos en que mas nos va : ¿dime . 
está desocupada la casa? ¿fuese la mozi 
que esperaba al ministro? 

El. Y aun después vino otra, y se fué. 

C^l. ¿Sí? que no en balde. 

El. No en buena fe, ni Dios lo quiera , 
que aunque \ino tarde, mas vale á quiei; 
Dios ayuda, etc. 

Cel. Pues sube presto al sobrado alto do 
la síilana , y baja acá el bote del aceite ser- 
pentino que hallarás colgado del i)edazo de 
la soga que traje del campo la otra noche , 
cuando ILovia y hacia escuro, y abre el 
arca de los lienzos, y hacia la mano dere- 
cha hallarás un papel escrito con sangre de 
murciélago , debajo de aquella ala del dra- 
gón , al que sacamos ayer las uñas : mira no 
derrames el agua de mayo que me trajeron 
á conacionar. 

EL Madre , no está donde dices : jamas te 
acuerdas de cosa que guardes. 

Cel. No me castigues por Dios en mi 
vejez, ni me maltrates, Elicia : coinfinjas, 
porque está aqui Semprtmio, ni te ensober- 
bezcas : que mas quiere á mí por consejera , 
que á tí por amiga , aunque le ames mu- 
cho. Entra en la cámara de los ungüento'^, 
y en la pelleja del gato negro, donde te 
mandé meter los ojos de la loba , le hallarás : 
y baja la sangre del cabrón, y unas poquita-. 
de las barbas que tú le corlaste. 

El. Toma, madre, veslo aqui : yo me 
«ubo, y Sempronio arriba. 

Cel. Conjuróle , triste Fluton , .señor de la 
profundidad infernal, emperador de la corte 



dañada , capitán soberbio de los condenados 
ángeles , señor de los sulfúreos fuegos . que 
los hervientes éthneos montes manan : 
gobernador y veedor de los tormentos, y 
atormentador de las pecadoras ánimas : 
regidor de las tres furias, Tesifonc, Me- 
gera y Alelo : administrador de todas las 
cosas negras del reino de Estigie y Dite , 
con todas sus lagunas, y sombras inferna- 
les, y litigioso Chaos: mantenedor de las 
volantes Harpías, con toda la compañía de 
espantables y pavorosas hidras. Yo Ce- 
lestina, tu mas conocida clientula, te conjuro 
por la virtud y fuerza deslas bermejas le- 
tras : por la sangre de aquella nolurna ave, 
con que están escritas : por la gravedad de 
aquestos nombres y signos que en este pa- 
pel se contienen : por la áspera ponzoña de 
las víboras, de que este aceite fué hecho . 
con el cual unto este hilado , vengas sin tar- 
danza á obedecer mi voluntad : y en ello te 
envuelvas , y con ello estés sin un momento 
te partir, hasta que Melibea con aparejada 
oportunidad , que haya , lo compre : y con 
ella de tal manera quede enredada, que 
cuanto mas lo mirare , tanto mas su corazón 
se ablande á conceder mi petición , y se le 
abras, y lastimes del crudo y fuerte amor 
de Calisto : tanto que despedida toda hones- 
tidad , se descubra á mi , y me galardone 
mis pasos y mensage : y esto hecho, pide y 
demanda de mi á tu voluntad. Si no lo haces 
con presto movimiento, ternásme por capital 
enemiga : heriré con luz tus cárceles tristes, 
y acusaré cruelmente tus continuas menti- 
ras : apremiaré con mis ásperas palabras tu 
horrible nombre : y otra vez te conjuro; asi 
confiando en mi mucho poder, me parto 
para allá con mi hilado, donde creo te llevo 
envuelto. 



ACTO CUARTO. 

CELESTINA. LUCRECIA. ALISA. MELIBEA. 

Cel. Agora que voy sola , quiero mirar 
bien ío que Sempronio ha temido deste mi 
camino , porque aquellas cosas que no son 
bien pensadas , aunque algunas veces hayan 
buen fin , comunmente crian desvariados 
efelos : así que la mucha especulación 
nunca carece de buen fruto : que aunque 
yo he disimulado con él , podría ser, que si 
me sintiesen en estos pasos de parle de Me- 
libea, que no pagase con pena que menor 
fuese que la vida, (> muy amenguada 
quedase , cuando matar no me quisiesen , 



manteándürne , ó azotándome cruelmenle. 
Pues amargas cien monedas serian estas : 
¡ ay amarga de mí , en qué lazo me he me- 
tido, que por mostrarme solicita y esfor- 
zada, pongo mi persona al tablero! ¿qué 
liaré, cuitada» mezquina de mi, que ni el sa- 
lir afuera es provechoso, ni la perseveran- 
cia carece de peligro"? ¿Pues iré, ú tornár- 
mehe ? ¡ O dudosa y dura perplejidad ! 
no sé cual escoja por mas sano : en el osar 
manifiesto peligro : en la cobardía denos- 
tada pérdida. ¿Adonde irá el buey que no 
are? Cada camino descubre sus dañosos y 
hondos barrancos. Si con el hurto soy to- 
mada , nunca de muerta , ó encorozada 
falto, á bien librar : si no voy, ¿qué dirá 
Sempronio? ¿que todas estas eran mis fuer- 
zas, saber, y esfuerzo, ardid, y ofreci- 
miento, astucia, y solicitud? ¿Y su amo 
Calisto qué dirá? ¿qué hará, qué pensará, 
sino que hay mucho engaño en mis pisa- 
das : y que yo he descubierlo la celada , por 
haber mas provecho desta otra parte, como 
sofistica prevaricadora ? O si no se le ofrece 
pensamiento tan odioso, dará voces como 
loco : diráme en mi cara denuestos ra- 
biosos : proporná mil inconvenientes , que 
mi deliberación presta le puso , diciendo : 
tú, p... vieja, ¿porqué me acrecentaste mis 
pasiones con tus promesas? Alcahueta falsa, 
para todo el mundo tienes pies, para mi 
lengua : para todos obras, para mi pala- 
bras : para todos remedio , para mi pena : 
para todos esfuerzo, para mi te falla : para 
todos luz, para mi tiniebla. Pues, vieja 
traidora, ¿porqué te me ofreciste, que tu 
ofrecimiento me puso esperanza? la espe- 
ranza dilató mi muerte , sostuvo mi vivir, 
púsome titulo de hombre alegre : pues no 
habiendo efecto , ni tú carecerás de pena , 
ni yo de triste desesperación. Pues triste 
yo, mal acá, mal acullá : pena en ambas 
partes : cuando á los estremos falla el me- 
dio , arrimarse hombre al mas sano , es 
discreción. Mas quiero ofender á Pleberio , 
que enojar á Calisto : ir quiero, que mayor 
es la vergüenza de quedar por cobarde, que 
la pena, cumpliendo como osada lo que 
prometí : pues jamas al esfuerzo desayuda 
la fortuna. Ya veo su puerta , en mayores 
afrentas me he visto. Esfuerza, esfuerza, 
Celestina , no desmayes , que nunca faltan 
rogadores para mitigar las penas. Todos los 
agüeros se aderezan favorables , ó yo no sé 
nada deste arte : cuatro hombres que he 



CELESTINA, 227 

topado, á los tres llaman Juanes, y los dos 
son cornudos. La primera palabra que oí 
por la calle, fué de achaque de amores : 
nunca he tropezado como otras veces. Las 
piedras parece que se apartan , y me hacen 
lugar que pase : ni me estorban las haldas , 
ni siento cansancio en el andar : todas me 
saludan : ni perro me ha ladrado, ni ave 
negra he visto : tordo , ni cuervo, ni otras 
nocturnas (1) : y lo mejor de todo es, que 
veo á Lucrecia á la puerta de Melibea , 
prima de Elicia; no me será contraria. 

Luc. ¿Quién es esta vieja que viene 
baldeando? 

Cel. Paz sea en esta casa. 

Luc. Celestina, madre, seas bien venida : 
¿cuál dios te trajo por aquestos barrios no 
acostumbrados? 

Cel. Hija , mi amor, deseo de todas voso- 
tras , traerte encomiendas de Elicia , y aun 
ver á tus señoras , vieja y moza; que des- 
pués que me mudé al otro barrio , no han 
sido de mí visitadas. 

Liic. ¿A esto solo saliste de tu casa? 
maravillóme de tí , que no es esa tu cos- 
tumbre , ni sueles dar paso sin provecho. 

Cel. ¿Mas provecho quieres, boba, que 
cumplir hombre sus deseos? Y también 
como á las viejas nunca nos fallecen ne- 
cesidades : mayormente á mí que tengo de 
mantener hijas agenas ; ando á vender un 
poco de hilado. 

Luc. Algo es lo que yo digo : en mi seso 
estoy , que nunca metes aguja sin sacar 
reja; pero mi señora la vieja urdió una tela : 
tiene necesidad dello, tú de venderlo : entra, 
y espera aquí , que no os desaverneis (2). 

Alisa. ¿Con quién hablas, Lucrecia? 

Luc. Señora, con aquella vieja de la 
cuchillada que solia vivir aquí en las tene- 
rías á la cuesta del rio. 

Alisa. Agora la conozco menos : si tú me 
das á entender lo incógnito por lo menos 
conocido, es coger agua en cesto. 

Luc. Jesús, señora, mas conocida es esta 
vieja que la ruda : no sé cómo no tienes no- 
ticia de la que empicotaron por hechicera , 
que vendía las mozas á los abades , y desca- 
saba mil casados. 

Alisa. ¿ Qué oficio tiene ? quizá poraqui 
la conoceré mejor. 

Luc. Señora , perfuma tocas , hace soli- 
mán , y otros treinta oficios ; conoce mucho 
en yerbas , cqra niños : y aun la llaman 
vieja lapidaria. 



[i) Ni otras naturas. Fenecía. 



I (2) Desavenircis. 



ií28 

Alisa. Totli) eso dicho, no nic la lia ;i 
conocer : tlirno su nombre si le sabes. 

Iaic. ¿Si lo sé, señora ? no hay niño , ni 
viejo en loda la ciudad que no le sepa : 
¿habíale yo de ignorar? 

Alisa. ¿Pues porqué no lo dices? 
Lttc. He vergüenza. 

Alisa. Anda, boba : dilo, no me indigne; 
oon tu tardanza. 

/,«<". Celestina, hablando con reverencia, 
es su nombre. 

Alisa. Ui , hi , hi : mala landre te mate . 
5i de risa puedo estar , viendo el desamor 
que debes tener á esa vieja : que su nombre 
has vergüenza nombrar. Ya me voy recor- 
dando de ella: una buena pieza, no me digas 
mas : algo me verná á pedir, di que suba. 
Luc. Sube , lia. 

Cel. Señora buena , !a paz de Dios se. 
contigo, y con la noble bija. Mis pasiones 
y enfermedades han impedido mi visitar 
tu casa , como era razón : mas Dios conoce 
mis limpias entrañas, mi verdadero amor , 
que la distancia de las moradas no despega 
el amor de los corazones : así que lo que 
mucho desee , la necesidad me lo ha hecho 
cumplir : con mis fortunas adversas y 
otras me sobrevino mengua de dinero, no 
supe mejor remedio que vender un poco «c 
hilado, que para unas toquillas tenia alle- 
gado: supe de tu criada que tenias dello 
necesidad : aunque pobre , y no de la mer- 
ced de Dios , veslo aquí , si dello y de mi le 
quieres servir. 

Alisa. Vecina honrada, tu razón y ofre- 
cimiento me mueven á compasión , y tanto 
que quisiera mas hallarme en tiempo de 
poder cumplir tu falta, que menguar lu 
tela : lo dicho te agradezco ; si el hilado es 
tal , serle ha bien pagado. 

Cel. ¿ Tal, señora? tal sea mi vida , y m/ 
vejez, y la de quien parte quisiere de roi jura : 
delgado como el pelo de la cabeza , igual , 
recio como cuerdas de vihuela, blanco como 
el copo de la nieve , hilado todo por estos 
pulgares, aspado y aderezado, veslo aquí en 
madejilas : tres monedas me daban ayer 
por la onza , asi goce desla alma pecadora. 
Alisa. Hija Melibea, quédese esta muger 
honrada contigo , que ya me parece que 
es tarde para ir á visitar á mi hermana la 
muger de Crcmes , que desde ayer no I;; 
he visto, y también que viene su page ;i 
llamarme , que se le arreció de (I) un rato 
acá ol mal. 



RODRIGO COT.V Y FERNANDO RO,IAS. 



CpI. Por aquí anda el diablo, aparejando 
oportunidad , arreciando el mal íi la otra. 
Ka , buen amigo , tener recio , agora es mi 
tiempo : ea, no la dejes, llévamela de aquí : 
¿A quién «ligo? 
Alisa. ¿Oué dices, amiga? 
Cel. Señora , que maldito sea el diablo 
y mi pecado : jmrqne en tal tiempo hubo 
decrecer el mal de lu hermana, que no ha- 
brá para nuestro negocio oportunidad : y 
¿qué mal es el suyo? 

Alisa. Dolor de costado, y tal , que según 
dice el mozo que quedaba , temo no sea 
mortal : ruega á Dios , tú vecina , por amoi 
mió , en tus devociones por su salud. 

Cel . Yo te prometo , señora , en yendo de 
aquí me vaya por esos monasterios donde 
tengo frailes devotos míos , y les dé el 
mismo cargo que tú me das. Y demás desto, 
antes que me desayune , dé cuatro vueltas 
á mis cuentas. 

ylKsa. Pues, Melibea, contenta ala vecina 
en todo lo que razón fuere darle por lo 
hilado. Y tú, madre, perdóname , que otro 
dia se verná , en que mas nos veamos. 

Cel. Señora , el perdón sobraría , donde 
el yerro falta : de Dios seas perdonada, que 
buena compañía me queda : Dios la deje 
gozar su noble juventud, y florida mocedad : 
que es el tiempo en que mas placeres y 
mayores deleites se alcanzan : que á la 
mia fe la vejez no es sino un mesón de 
enfermedades , posada de pensamientos , 
amiga de rencillas , congoja continua, llaga 
incurable, mancilla de lo pasado, pena de 
lo presente , cuidado triste de lo por venir , 
vecina de la muerte , choza sin rama, que 
se llueve por cada parte , cayada de mim- 
bre , que con poca carga se doblega. 

Mel. ¿Porqué dices, madre, tanto mal 
de lo que todo el mundo con tanta eflcacia 
gozar ó ver desea ? 

Cel. Desean harto mal para sí, desean harto 
trabajo, desean llegar allá, porque llegando. 
viven , y el vivir es dulce y viviendo enve- 
jecen : asi que el niño desea ser mozo , y el 
mozo viejo, y el viejo mas : aunque con 
dolor, todo por vivir : porque como dicen , 
viva la gallina con su pepita. Pero ¿quién te 
podrá contar, señora , sus daños, sus incon- 
venientes, sus fatigas, sus cuidados, sus 
enfermedades, su frío, su calor, su des- 
contentamiento, SQ rencilla, su pesadum- 
bre : aquel arrugar de cara , aquel mudar 
de cabellos , y de su primera y fresca color. 



if Dos 



CELESTIííA. 



22Ü 



aquel poco oír, aquel debilitado ver, pues- 
tos los ojos i'i la sombra, aquel huiidimiento 
de boca, aquel caer de dientes, aquel 
carecer de fuerza , aquel flaco andar, aquel 
espacioso comer? pues ay ay, señora, si lo 
dicho viene acompañado de pobreza : allí 
verás callar todos losotros trabajos , cuando 
sobra la gana, y falta la provisión, que 
jamas sentí peor ahito que de hambre. 

Mel. lílen conozco que hablas de la feria, 
según te va en ella, asi que otra canción 
dirán los ricos. 

Cel. Señora hija, á cada cabo hay tres 
leguas de mal quebranto : á los ricos se les 
va la gloria y descanso por otros albañares 
de asechanzas, que no se parecen, ladri- 
llados por encima con lisonjas. Aquel es 
rico que está bien con Dios : mas segura 
cosa es ser menospreciado , que temido : 
mejor sueño duerme el pobre , que no el 
que tiene de guardar con solicitud, lo que 
con trabajo ganó, y con dolor ha de dejar : 
mi amigo no será simulado , y el del rico 
sí : yo soy querida por mi persona, el rico 
por su hacienda : nunca oye verdad , todos 
le han envidia, apenas hallarás un rico 
que no confiese que le seria mejor estar en 
mediano estado, ó en honesta pobreza. Las 
riquezas no hacen rico , mas ocupado ; no 
hacen señor , mas mayordomo : mas son los 
poseídos de las riquezas , que no los que 
las poseen : á muchos trajeron la muerte , 
á lodos quitan el placer : y á las buenas 
costumbres ninguna cosa es mas contraria: 
¿. nooiste decir : durmieron su sueño los 
varones de las riquezas , y ninguna cosa 
hallaron en sus manos? Cada rico tiene 
una docena de hijos y nietos, que no rezan 
otra oración , ni otra petición , sino rogar 
á Dios que le saque de medio dellos : no 
veen la hora que teñera él so la tierra, 
y lo suyo entre sus manos , y darle á poca 
costa su morada para siempre. 

Mel. Madre, gran pena ternas por la edad 
que perdiste. ¿Querrías volver ala primera? 

Cel. Loco es, señora, el caminante que 
enojado del trabajo de! día, quisiese volver 
de comienzo á la jornada, para tornar otra 
vez á aquel lugar : que todas aquellas co- 
sas , cuya posesión no es agradable , mas 
vale poseelias , que esperallas : porque mas 
cerca está el fin dellas, cuanto mas alejado 
del comienzo. No hay cosa mas dulce ni 
graciosa al muy cansado, que el mesón: 
asi que aunque la mocedad sea alegre, el 
verdadero viejo no la desea, porque el que 
de razón y seso carece , casi otra cosa no 
ama , sino lo que perdió. 



Mel. Siquiera por vivir mas , es bueno 
(¡esear lo que digo. 

Cel. Tan presto, señora, se va el cordero 
como el carnero : ninguno es tan viejo que 
no pueda vivir un año, ni tan mozo que 
boy no pudiese morir : así que en esto poca 
\entaja nos lleváis. 

niel. Espantada me tienes con lo que has 
hablado : indicio me dan tus razones que te 
baya visto otro tiempo. ¿Dinie, madre, eres 
lú Celestina , la que solía morar á las tene- 
iias cabe el rio? 

Cel. Hasta que Dios quiera. 

Mel. Vieja te has parado : bien dicen que 
los dias no se van en balde. Así goce de mí, 
liO te conociera sino por esa señaleja de la 
cara; figúraseme que eras hermosa, otra 
pareces, muy mudada estás. 

Luc. Hi, hi, hi, mudada está el dia- 
blo : hermosa era , con aquel Dios os salve 
que le atraviesa la media cara. 

Mel. ¿Qué hablas, loca? ¿qué es lo que 
dices? ¿de qué te ríes? 

Luc. De como no conocías á la madre. 

Cel. Señora, ten tú el tiempo que no ande, 
tendré yo mi forma que no se mude : no 
has leído, que dicen : vendrá el día que 
en el espejo no te conocerás; pero también 
\o encanecí temprano, y parezco de do- 
blada edad , que así goce desta alma peca- 
dora , y tú de ese cuerpo gracioso, que de 
cuatro hijas que parió mi madre, yo fui la 
menor : mira , como no soy tan vieja como 
rae juzgan. 

Mel. Celestina amiga , yo he holgado 
mucho en verte y conocerte : también has- 
me dado placer con tus razones ; toma tu 
dinero , y vete con Dios , que me parece 
que no debes haber comido. 

Cel. ¡ O angélica imagen, o perla preciosa, 
y cómo te lo dices! gozóme toma en verte 
hablar : y no sabes que por la divina boca 
fué dicho, contra aquel infernal tentador, 
que no de solo pan viviremos ; pues asi es, 
que no solo el comer mantiene : mayor- 
mente á raí, que me suelo estar uno y dos 
días , negociando encomiendas agenas ayu- 
na : que en otra cosa no entiendo, salvo 
hacer por los buenos, morir por ellos : esto 
tuve siempre , querer mas trabajar sir- 
viendo á otros , que holgar contentando á 
mi. Pues si tú me das licencia, diré la ne- 
cesidad y causa de mi venida, que es otra 
que la que hasta ahora has oído , y tal 
que todos perderíamos, en me tornar en 
balde sin que lo sepas. 

Mel. Di, madre, todas tus necesidades, que 
si yo las puede remediar, de buen grado lo 



250 



RODRIGO COTA Y FERNANDO ROJAS. 



haré, por el pasndo conocimiento y vecin- 
dad , que pone obligación i\ los buenos. 

Cel. ¿Mias, señora? antes agenas, como 
tengo dicho ; que las mias de mi puerta 
adentro me las paso, sin que las sienta la 
tierra, comiendo cuando puedo, bebiendo 
cuando lo tongo, que con mi jiobreza ja- 
mas me faltó , Dios gracias , una blanca para 
pan, y cuatro para vino, después que en- 
viudé : que antes no tenia yo cuidado de lo 
buscar: que sobrado estaba en un cuero en 
mi casa : uno lleno, y otro vacio: jamas 
me acosté sin comer una tostada en vino, y 
dos docenas de sorbos por amor de la ma- 
dre , tras cada sopa : agora , como todo 
cuelga de mí, en un jarrilio, mal pecado, me 
lo traen , que no caben dos azumbres : seis 
veces al dia tengo de salir por mi pecado 
con mis canas acuestas , á le henchir á la 
taberna : mas no muera yo de muerte, hasta 
que me vea con un cuero ó tinajica de mis 
puertas adentro : que en mi ánima no hay 
otra provisión, que como dicen : pan y vino 
anda camino, que no mozo garrido: asi que 
donde no hay varón todo bien fallece : con 
mal está el huso , cuando la barba no anda 
de suso. Ha venido esto, señora, por loque 
decía de las agenas necesidades, y no mias. 

Mel. Pide lo que querrás , sea para quien 
fuere. 

Cel. Doncella graciosa, y de alto linage, 
tu suave habla y alegre gesto , junto con el 
aparejo de liberalidad , que muestras con 
esta pobre vieja , me dan osadía á te lo 
decir. Yo dejo un enfermo á la muerte, que 
tan sola una palabra de tu noble boca sa- 
lida que lleve metida en mi seno , tiene por 
fe , que sanará según la mucha devoción 
que tiene en tu gentileza. 

Mel. Vieja honrada, no te entiendo, si 
mas no me declaras tu demanda : por 
una parle me alteras, y provocas á enojo, 
por otra me mueves á compasión; no te sa- 
bría volver respuesta conveniente, según 
lo poco que he sentido de tu habla. Que yo 
soy dichosa, si de mi palabra hay necesidad 
para salud de algún cristiano. Porque ha- 
ter beneficio, es semejar á Dios: y mas, que 
el que hace beneficio, le recibe , cuando es 
á persona que lo merece : y el que puede 
sanar el que padece, no lo haciendo, le 
mata : asi que no cese tu petición por em- 
jiacho , ni temor. 

Cel. El temor perdí, mirando, señora, tu 
beldad, que no puedo creer que en balde 
pintase Dios unos gestos mas perfectos que 
otros, mas dotados de gracias, mas her- 
mosas raciones, sino para hacerlos almacén 



de virtudes, de misericordia, de compa- 
sión, ministros de sus mercedes y dádi- 
vas , como á ti : pues como todos seamos 
humanos nacidos para morir, y sea cierto 
que no se puede decir nacido , el que 
para si solo nació : porque seria semejante 
á los brutos animales, en los cuales hay al- 
gunos piadosos, como se dice del unicor- 
nio, que se humilla á cualquiera doncella : 
el perro con todo su ímpetu y braveza , 
cuando viene á morder, si se le echan en 
el suelo, no hace mal : esto de piedad. ¿ Pues 
las aves? ninguna cosa el gallo come , que 
no participe y llame á las gallinas á comer 
dello : el pelicano rompe el pecho, por dar 
á sus hijos á comer de sus entrañas : las 
cigüeñas mantienen otro tanto tiempo á 
sus padres viejos en el nido , cuanto ellos 
les dieron cebo, siendo pollitos : pues tal 
conocimiento dio la natura á los animales 
y aves, ¿ porqué los hombres habemos de ser 
mas crueles? ¿Porqué no daremos parte de 
nuestras gracias y personas á los prójimos? 
mayormente cuando están envueltos en 
secretas enfermedades, y tales que donde 
está la medicina salió la causa de la enfer- 
medad. 

Mel. Por Dios, sin mas dilatar, me digas 
(|uién es esc doliente , que de mal tan per- 
plejo se siente , que su pasión y remedio 
salen de una misma fuente. 

Cel. Bien ternas, señora, noticia en esta 
ciudad de un caballero mancebo , gentil- 
hombre, de clara sangre, que llaman Ca- 
listo. 

Mel. Ya, ya, ya. Buena vieja, no me 
digas mas : no pases adelante : ¿ese es el 
doliente , por quien has hecho tantas pre- 
misas en tu demanda? ¿por quien has ve- 
nido á buscar la muerte para ti ? ¿ por quien 
has dado tan dañados pasos , desvergonza- 
da, barbuda? ¿Qué, qué siente ese perdido, 
que con tanta pasión vienes ? de locura 
será su mal : ¡qué te parece, si me hallaras 
sin sospecha dése loco , con qué palabras 
entrabas ! No se dice en vano , que el mas 
empecible miembro del mal hombre, ó 
rauger, es la lengua : quemada seas, al- 
cahueta falsa, hechicera, enemiga de la 
honestidad, causadora de .secretos yerros. 
Jesu, Jesu, quítamela, Lucrecia, de de- 
lante, que me fino : que no me ha dejado 
gota de sangre en el cuerpo : bien se lo 
merece esto y mas , quien á estas tales da 
oídos. Por cierto si no mirase á mi honesti- 
dad , y por no publicar su osadía dése 
atrevido, yo te hiciera, malvada, que tu ra- 
zón y vida acabaran en un tiempo. 



CELESTINA, 



251 



Cel. (ap.) En hora mala vine acá, si me 
falta mi conjuro. Ea pues, bien sé á quien 
digo : ce, hermano, que se va todo á per- 
der. 

Mel. ¿Aun hablas entre dientes delante 
de mí, para acrecentar mi enojo, y doblar 
tu pena? ¿Querrías condenar mi honestidad 
por dar vida á un loco, dejará mí triste, 
por alegrar á él , y llevar lú el provecho de 
mi perdición , el galardón de mi yerro , 
perder y destruir la casa y honra de mi pa- 
dre , por ganar la de una vieja maldita 
como tú? ¿Piensas que no tengo sentidas 
tus pisadas , y entendido tu dañado mensa- 
ge? pues yo te certiüco, que las albricias 
que de aquí saques, no sean sino estorbarte 
de mas ofender á Dios, dando fln á tus 
dias. Respóndeme, traidora, ¿cómo osaste 
tanto hacer? 

Cel. Tu temor, señora, tiene ocupada mi 
disculpa : mi inocencia me da osadía , tu 
presencia me turba en verla airada : y lo 
que mas siento y me pena, es recebir 
enojo sin razón alguna. Por Dios, señora, 
que me dejes concluir mi dicho , que ni 
él quedará culpado, ni yo condenada : y 
verás , como es todo mas servicio de Dios , 
que pasos deshonestos : mas para dar salud 
al enfermo , que para dañar la fama al mé- 
dico. Si pensara, señora , que tan de ligero 
hablas de conjeturar de lo pasado nocibles 
sospechas , no bastara tu licencia para me 
dar osadía á hablar cosa que á Calisto , ni á 
otro hombre tocase. 

Mel. Jesú, no oiga yo mentar mas ese 
loco , salta-paredes , fantasma de noche , 
luengo como cigüeña, figura de paramento 
mal pintado, sino aquí me caeré muerta. 
Este es el que e! otro dia me vido, y co- 
menzó á desvariar comigo en razones, 
haciendo mucho del galán. Dirásle, buena 
vieja, que si se pensó, que ya era todo 
suyo, y quedaba por él el campo, porque 
holgué mas de consentir sus necedades, que 
castigar su yerro , quise mas dejarle por 
loco, que publicar su atrevimiento : pues 
avísale , que se aparte deste propósito , y 
serleha sano , sino podrá ser, que no haya 
comprado tan cara habla en su vida. Pues 
sabe , que no es vencido , sino el que se 
cree serlo : yo quedé bien segura , y él 
ufano. De locos es estimar á todos los otros 
de su calidad : y tú tórnate con su misma 
razón , que de mí no habrás respuesta , ni 
la esperes : que por demás es ruego, á 
quien no puede haber misericordia : y da 
gracias á Dios , pues tan libre vas desta 
feria. Bien me habían dicho quien tú eras 



y avisado de tus propiedades, aunque ago- 
ra no te conocía. 

Cel. {ap.) Mas fuerte estaba Troya : y aun 
otras mas bravas he yo amansado ; ninguna 
tempestad mucho dura. 

niel. ¿Qué dices, enemiga? habla que te 
¡lueda oír. ¿Tienes disculpa alguna para 
satisfacer mi enojo , y escusar tu yerro y 
osadía ? 

Cel. Mientras viviere tu ira, mas dañarás 
mi descargo, que estás muy rigurosa : y no 
me maravillo, que la sangre nueva poco 
calor ha menester para hervir. 

Mel. i Poco calor? poco le puedes llamar, 
[)ues quedaste tú viva, y yo quejosa, sobre 
tu gran atrevimiento. ¿Qué palabra podías 
tú querer para ese tal hombre, que á mi 
bien me estuviese? Responde, pues dices 
que no has concluido, y quizá pagarás lo 
pasado. 

Cel. Una oración, señora, que le dijeron 
que sabías de santa Apolonia para el dolor 
de las muelas : asimismo , tu cordón que 
es fama que ha tocado las reliquias que hay 
en Roma y Jerusalen : aquel caballero 
que dije, pena y muere dellas : esta fué mi 
venida ; pero pues en mi dicha estaba tu 
airada respuesta , padézcase él su dolor, 
en pago de buscar tan desdichada men- 
sagera. Pues en tu mucha virtud me falló 
l'iedad , también me faltara agua , sí á la 
mar me enviara : pero ya sabes , que el 
deleite de la venganza dura un momento , 
y el de la misericordia para siempre. 

Mel. Si eso querías, ¿porqué luego no 
me lo espresaste? ¿porqué me lo dijiste por 
tales palabras? 

Cel. Señora, porque mi limpio motivo 
rae hizo creer que aunque en otras cua- 
Icsquier lo propusiera, no se había de sos- 
pechar mal : que si faltó el debido preám- 
bulo, fué porque la verdad no es necesario 
abundar de muchos colores : compasión de 
Sil dolor, confianza de tu magnificencia 
abogaron en mi boca al principio la espre- 
sion de la causa : y pues conoces, señora, 
que el dolor turba, la turbación desmanda 
y altera la lengua ( la cual había de estar 
siempre atada con el seso), por Dios que no 
me culpes. Y sí él otro yerro ha hecho , no 
redunde en mi daño : pues que no tengo 
otra culpa , sino ser mensagera del culpado, 
Bo quiebre la soga por lo mas delgado : 
no semejes á la araña, que no muestra su 
fuerza sino con los flacos anímales : no pa- 
guen justos por pecadores. Imita la divina 
justicia, que dijo : El ánima que pecare, 
aquella misma muera : á la humana , que 



252 



RODRIGO COTA Y FERNANDO ROJAS. 



jamas comlena al padre i>or el delito del 
liijo , ni al liijo por el del padre : ni es , se- 
ñora , razón, que su atrevimiento acarree 
mi perdición , aunque según su mereci- 
miento , no lendria en mucho , que fuese 
él el deliicucnte , y yo la condenada ; que 
no es otro mi olicio , sino servir á los se- 
mejantes , y desto vivo , y desto me arreo : 
nunca fué mi voluntad de enojar á unos , 
por agratlar á otros : aunque hayan dicho 
a tu merced en mi ausencia olra cosa : al 
íin , señora , á la lirnie verdad el viento del 
vulgo no la empece : una sola soy en este 
limpio trato : en toda la ciudad jjocos tengo 
descontentos , con todos cumplo : los que 
algo me mandan , como si tuviese veinte 
pies y otras tantas manos. 

Mel. No me maravillo, que un solo 
maestro de vicios dicen que basta para 
Corromper un gran pueblo. Por cierto tan- 
tos y tales loores me han dicho de tus fal- 
sas mañas, que no sé si crea que pidas 
oración. 

Cel. Nunca yo la rece , y si la rezare , no 
sea oida, si otra cusa de mí se saque, aun- 
que mil tormentos me diesen. 

Mel. Mi pasada alteración me impide á 
reír de tu disculpa : que bien sé, que ni ju- 
ramento, ni tormento le hará decir verdad, 
que no es en tu mano. 

Cel. Eres mi señora , tengo de callar, 
hele yo de servir, hasme tú de mandar, tu 
mala palabra será víspera de una saya. 

Mel. Bien la has merecido. 

Cel. Si no la he ganado con la lengua , no 
la he perdido con la intención. 

Mel. Tanto afirmas tu ignorancia, que 
me haces creer lo que puede ser. Quiero 
pues en tu dudosa disculpa tener la senten- 
cia en peso , y no disponer de tu demanda 
al sabor de ligera interpretación : no tengas 
en mucho , ni le maravilles de mi pasado 
sentimiento : porque concurrieron dos cosas 
en tu habla , que cualquiera dellas era bas- 
tante para me sacar de seso : nombrarme 
ese tu caballero, que conmigo se atrevió á 
hablar : y también pedirme palabra sin mas 
causa, que no se podía sospechar sino daño 
para mí honra : pero pues todo viene de 
bucíia parte , de lo pasado haya perdón , 
que en alguna manera es aliviado mí cora- 
zón , viendo que es obra pia y santa sanar 
liis apasionados y enfermos. 

(el. Y tal enfermo, señora , por Dios si 
bien lo conocieses, no lo juzgases por el que 



has dicho , y mostrado con tn Ira : en Dios, 
y en mi alma, no tiene hiél : gracias dos 
mil : en franqueza Alejandro : en esfuerzo 
Héctor : gesto de un rey, gracioso, alegre, 
jamas reina en él tristeza : de noble sangre , 
lomo sabes : gran justador : pues verlo or- 
inado , un san Jorge : fuerza y esfuerzo no 
tuvo Hércules tanta : la presencia y fa- 
cion (1), disposición, desenvoltura, otra 
lengua había menester para las contar : todo 
junto semeja ángel del cielo : por fe tengo , 
(jue no era tan hermoso aquel gentil Nar- 
ciso, que se enamoró de su propia figura, 
luando se vído en las aguas de la fuente. 
Agora , señora , tiénele derribado ana sola 
muela, que jamas cesa el quejar. 

Mel. ¿ Y qué tanto tiempo ha ? 

Cel. Podrá ser, señora de veinte y tres 
años, que aquí está Celestina que lo vido 
nacer, y lo tomó á los pies de su madre. 

Mel. Ni te pregunto eso, ni tengo nece- 
sidad de saber su edad, sino qué tanto 
tiempo ha que tiene el mal. 

Cel. Señora , ocho días , que parece que 
ha un año en su flaqueza : y el mayor re- 
medio que tiene, es tomar una vihuela, y 
tañe tantas canciones, y tan lastimeras, 
i|ue no creo, que fueron otras las qnu 
compuso aquel emperador y gran músico 
Adriano de la partida del ánima : por sufrir 
sin desmayo la ya vecina muerte : que aun- 
que yo sé poco de música, parece que hace 
aquella vihuela hablar : pues si acaso cania, 
de mejor gana se paran las aves á le oír 
que no á aquel Amphion , de quien se dice 
que movía los árboles y piedras con so 
canto. Siendo este nacido, no alabaran á 
Ürleo : mira, señora, si una pobre vieja 
como yo se hallara dichosa en da'r la 
vida á quien tales gracias tiene : ninguna 
Hiuger lo vee , que no alabe á Dios , que así 
lo pintó : pues si le habla acaso, no es mas 
señora de sí, de lo que él ordena : y pues 
tanta razón tengo, juzga, señora, por bueno 
mí propósito, mis pasos saludables, y vacíos 
de sospecha. 

Mel. ¡Cuánto rae pesa" con la falla de mi 
liaciencia! porque siendo él ignorante, y lú 
inocente, habéis padecido las alteraciones 
de mi airad.' lengua : pero la mucha razón 
me relieva de culpa, la cual tu habla sospe- 
chosa causó : en pago de tu buen sufri- 
miento, quiero cumplir tu demanda, y 
darte luego mí cordón : y porque para es- 
cribir la oración , no habrá tiempo sin (jue 



\h) otros, fayciotí ; oíros , facioncs. 



CELESTINA. 



253 



venga mi madre, si esto no bastare, ven 
mañana por ella muy secretamente. 

Luc. Ya , ya, perdida es mi ama, secre- 
tamente quiere que venga Celestina ; fraude 
hay, mas le querrá dar que lo dicho. 
Mel. ¿Qué dices, Lucrecia? 
Luc. Señora, que baste lo dicho, que es 
tarde. 

Mel. Pues, madre, no le des parle de lo 

que pasó á ese caballero, porque no me 

tenga por cruel, ó arrebatada, ó deshonesta. 

Luc. No miento yo , que á mal va este 

hecho. 

Cel. Mucho me maravillo, señora Meli- 
bea , de la duda que tienes de mi secreto : 
no mas, que todo lo sé sufrir y encubrir, 
que bien veo , que tu mucha sospecha echó 
como suele mis razones á la peor parte : 
yo voy con tu cordón tan alegre , que se me 
figura , que está diciéndole allá el corazón 
la merced que nos heciste : y que lo tengo 
de hallar aliviado. 

Mel. Mas haré por tu doliente, si menes- 
ter fuere, en pago de lo sufrido. 

Cel. (ap.) Mas será menester, y mas ha- 
rás : y aunque no se te agradezca. 
Mel. ¿Qué dices, madre, de agradecer? 
Cel. Digo, señora, que todos lo agrade- 
ceremos y serviremos : y todos quedamos 
obligados, que la paga mas cierta es, cuando 
mas la tienen de cumplir. 
Luc. Trastruécame (1) esas palabras. 
Cel. Hija Lucrecia, ce, irás á casa, y 
dartehe una lejía con que pares esos ca- 
bellos rubios mas que el oro; no lo digas á tu 
señora: y aun dartehe unos polvos para qui- 
tar ese olor de la boca , que te huele un 
poco : que en el reino no los sabe hacer 
otra sino yo : y no hay otra cosa que peor 
en las mugeres parezca. 

Luc. Oh ! Dios te dé buena vejez, que mas 
necesidad Tenia de todo eso , que de comer. 
Cel. ¿Pues porqué murmuras contra mí, 
loquilla? calla, que no sabes si me habrás 
menester en cosas de mas importancia : no 
provoques á ira á tu señora mas de lo que 
ella ha estado , déjame ir en paz. 
Mel. ¿Qué le dices, madre? 
Cel. Señora , acá nos entendemos. 
Mel. Dimelo , que me enojo cuando pre- 
sente se habla cosa de que no haya parte . 

Cel. Señora , que te acuerde la oración , 
para que la mandes escribir : y que aprenda 
de mi á tener mesura en el tiempo de tu 
ira, en lo cual yo usé lo que dicen; del 



airado es de apartar por poco tiempo, del 
enemigo por mucho : pues tú, señora, tenias 
ira con lo que sospechaste de mis palabras, 
no enemistad : porque aunque fueran las 
que tú pensabas, en si no eran malas : que 
cada dia hay hombres penados por muge- 
res, y mugeres por hombres : y esto obró 
la natura : y la natura ordénala Dios, y 
üíos no hizo cosa mala : y así quedaba mi 
demanda (como quiera que fuese) en sí 
loable, pues de tul tronco procede, y yo 
libre de pena. Mas razones destas te diría , 
sino porque la prolijidad es enojosa al que 
oye , y dañosa al que habla 

Mel. En todo has tenido buen tiento : así 
en el poco hablar en mi enojo , como en el 
mucho sufrir. 

Cel. Señora, sufrite con temor, porque te 
airaste con razón : porque con la ira mo- 
rando poder, no es sino rayo : y por esto 
pasé tu rigurosa habla , hasta que su alma- 
cén hubiese gastado. 

Mel. Encargóle ese caballero. 

Cel. Señora, mas merece : y si algo con mi 
ruego para él he alcanzado, con la tardanza 
lo he dañado : yo me parto para él , si licen- 
cia me das. 

Mel. Mientra mas aína la hubieras pe- 
dido, mas de gradóla hubieras recaudado : 
ve con Dios, que ni tu mensage me ha traído 
provecho, ni de tu ida me puede venir 
;laño. 



ACTO QUINTO. 

Despedida Celestina de Melibea , va por la calle- 
hablando consigo misma entre dientes: lle- 
gada á su casa liallú á Scnipronio que la 
aguardaba: ambos van hablando hasta llegar 
á casa de Calisto : vistos por Parmeno , cuén- 
talo áCalisto su amo, el cual le manda abrir 
la puerta. 



ACTO SESTO. 

intrada Celestina en casa de Calisto con grande 
afición y deseo , Calisto le preguntó de lo que 
le ha acontecido con Melibea : mientra ellos 
están hablando, Parmeno oyendo hablar á Ce- 
lestina de su parte, vuello contra Scnipronio, 
á cada razón le pone un mote ; reprehendién- 
dole Sempronio. En fin la vieja Celestina le 
descubre todo lo negociado , y un cordón de 



[i] Unos, trastócame : olios, Uastrocamc. 



234 



RODRIGO COTA Y FERNANDO ROJAS. 



Melibea, j despedida de Calisto, vase para 
>u casa, y con ella Parinono. 



ACTO SEPTI^IO. 

Celestina habla con I'armcno, induciéndole á 
concordia do Scnipronio. Tráclc Parmcno á 
memoria la promesa que le hiciera, de le ha- 
cer haber á Areusa, que el mucho amaba. 
Vanse á casa de Areusa : quédase ahí la no- 
che l'armeno, Celestina va para su casa, 
llama a la puerta; Elicia le viene á abrir, 
increpándole su tardanza. 



ACTO OCTAVO. 

La mañana ■•■ienc , despierta Parmcno , y despí- 
dese de Areusa : vase para casa de ¿alisto su 
señor , halló a la puerta á Sempronio, con- 
ciertan su amistad. Van juntos á la cámara de 
Calisto, hallanic hablaiidu consigo mismo: 
levantado, vaá la iglesia. 



ACTO XOVE\0. 

Sempronio y Parmeno van á la casa de Celes- 
lina entre si hablando. Llegados allá, hallan 
á Elicia y Aicusa. Pónenscácomer, y entre 
comer, riñe Elicia con Sempronio , levántase 
de la mesa, tórnanla á apaciguar: en este co- 
medio viene Lucrecia, criada de Melibea, á 
llamar á Celestina, que vaya a estar con Me- 
libea. 



ACTO DÉCIMO. 

Mientra andan Celestina y Lucrecia por el 
camino , está hablando Melibea consigo mis- 
ma. Llegada a la puerta, entra Lucrecia pri- 
mero, hace entrar á Celestina. Melibea, des- 
pués de muchas razones, descubre á Celes- 
tina arder en amores de Calisto. Vecn venir 
a Alisa , madre de Melibea : despideiise de en 
uno : pregunta .\lisa á Melibea su hija, de los 
negocios de Celestina , defendiéndole su mu- 
cha conversación. 



y Sempronio entre si hablando. Despídese 
Celestina de Calisto, va para su casa, llama 
á la puerta, Elicia la viene abrir: cenan, y 
vanscá dormir. 



ACTO OXCEXO. 

Despedida Celestina de Melibea, va por la calle 
sola hablando, vec á Sempronio y Parmeno 
que van a la Madalena por su señor. Sempro- 
nio habla con Calisto : sobreviene Celestina , 
van a casa de Calisto : declárale Celestina su 
mensage, y negocio recaudado con Melibea. 
Mientras está en eslas razones, están Parmeno 



ACTO DOCEIVO. 

Llegando la media noche, Calisto y Sempronio 
y Parmeno armados van á casa de Melibea : 
Lucrecia y Melibea están cabe la puerta 
aguardando á Calisto : viene Calisto , habíale 
primero Lucrecia : llama á Melibea: apártase 
Lucrecia : habíanse por entre las puertas Me- 
libea y Calisto: Parmeno y Sempronio en su 
cabo departen. Oyen gentes por la calle : 
apercibense para huir. Despídese Calisto de 
Melibea , dejando concertada la tornada para 
la noche siguiente. Pleberio al son del ruido 
que habia en la calle despierta : llama á su 
muger Alisa : pregunta á Melibea quién da 
paladas en su cámara; responde Melibea á su 
padre, fingiendo que tenia sed. Calisto, con 
sus criados, va para su casa hablando : échase 
á dormir. Parmcno y Sempronio van á casa 
de Celestina , demandan su parte de la ga- 
nancia : disimula Celestina : vienen á reñir : 
échanle mano á Celestina , mátnnla. Da voces 
Elicia: viene la justicia á prenderlos ambos. 



ACTO TRECEXO. 

Despertado Calisto de dormir, está hablando 
consigo mismo, donde á un poco está lla- 
mando á Tristan , y á otros criados suyos. 
Tórnase luego á dormir Calisto. Pónese Tris- 
tan á la puerta, viene Sosia llorando, pre- 
guntado de Tristan Sosia , cuéntale la muerte 
de Sempronio y Parmeno ; van á decir las 
nuevas á Calisto : el cual sabiendo la verdad , 
hace gran lamentación. 



ACTO CATORCEXO. 

Está Melibea muy afligida, hablando con Lu- 
crecia sobre la tardanza de Calisto , el cual 
le habia hecho voto de venir en aquella no- 
che á visitalla. 



ACTO DÉCIxMOQLIIVTO. 

Areusa dice palabras injuriosas á un rufián lla- 
mado Centurio , el cual se despide de ella por 
la venida de Elicia, la cual cuenta á Areusa 
las muertes que sobre los amores de Calisto y 
Melibea se hablan ordenado , y conciertan 
.\reusa y Elicia, que Centurio haya de ven- 
gar la muerte de los tres , en los dos enamo- 



CELESTINA. 



rados. En fin despídese Elida de Areusa , no 
consintiendo en lo que le ruega , por no per- 
der el buen tiempo que se daba , estando en 
su asuela casa. 



ACTO DECIMOSESTO. 

Pensando Pleberio y Alisa tener su hija Meli- 
bea el don de la virginidad conservado , lo 
cual , según ha parecido, está en contrario , 
están razonando sobre el casamiento de Meli- 
bea , y en tan grande cuantidad le dan pena 
las palabras que de sus padres oye , que en- 
via á Lucrecia para que sea causa de su si- 
lencio en aquel propósito. 



ACTO DECIMOSÉPTIMO. 

Elicia determina de despedir el pesar y lulo 
que por causa de los muertos trae , alabando 
el consejo de Areusa en este proposito : la 
cual va á casa de Areusa y con palabras fictas 
saca todo el secreto que está entre Calisto y 
Melibea. 



ACTO DECIMOCTAAO. 

Elicia determina hacer las amistades entre 
Areusa y Centurio por precepto de Areusa : 
vanse á casa de Centurio, donde ellas le rue- 
gan que haya de vengar las muertes en Ca- 
listo y Melibea , el cual lo prometió delante 
dellas. Y como sea natural á estos no hacer lo 
que prometen, escusase como en el proceso 
parece. 



ACTO DÉCIMONOIVO. 

Calisto yendo con Sosia y Tristan al huerto de 
Pleberio á visitar á Melibea que lo estaba es- 
perando, y con ella Lucrecia , cuenta Sosia 
lo que le aconteció con Areusa. Estando Ca- 
listo dentro del huerto con Melibea , vienen 
Tarso y otros por mandado de Centurio , á 
cumplir lo que habia prometido á Areusa y 
Elicia : á los cuales sale Sosia, y oyendo Ca- 
listo desde el huerto donde está con Melibea 
el ruido que traian , quiso salir fuera , la cual 
salida fué causa que sus dias feneciesen. 



ACTO VIGÉSIMO. 

Lucrecia llama á la puerta de la camarade Ple- 
berio. Pregúntale Pleberio lo que quiere: 
Lucrecia le da priesa que vaya á ver su hija 
Melibea. Levantado Pleberio, va á la cámara 
de Melibea, consuélala, preguntándole qué 
mal tiene. Finge Melibea dolor del corazón. 
Envia Melibea á su padre por algunos ins- 
trumentos músicos : sube ella, y Lucrecia en 
una torre : envia de sí á Lucrecia. Cierra 
tras si la puerta. Llégase su padre al pié de la 
torre, descúbrele Melibea todo el negocio que 
habia pasado : en fln déjase caer de la torre 
abajo. 



ACTO VIGESIMOPRIMO. 

Pleberio torna á su cámara, con grandísimo 
llanto, pregúntale Alisa su muger la causa 
de tan súbito mal , cuéntale la muerte de su 
hija Melibea, mostrándole el cuerpo della , 
todo hecho pedazos, y haciendo su llanto, 
concluye. 



GIL VICENTE. 



(lil ViciMití (i)orUig,ucs) fuéionleniporánoo <le Jtiaii del Kiicina, y sus ensayos dramá- 
ticos se re|noseiitaroii en Porlufíal á liiics del mismo sif,'l() XV. La compilación de sus obras 
(que se lia hecho nun rara) se imprimii) en Lisboa, 15()2. Ademas de las castellanas, con- 
lienen eslas obras ¿í piezas en portugués, algunas mezcladas de castellano. 



ESCENA PRIMERA 



COMEDIA DE RÜBENA. 



ARGUMENTO. 

En Uorra de Campos allá en Castilla, 
llaliia un ai)a(l (|iio allí se nioralia : 
TLMiia una hija (¡uo nuiclio preciaba , 
Itoniln, hermosa á ¡,'ran maravilla. 
Un clérigo mozo, qne era su criado, 
Enamoróse de aquella doncella : 
I-a conversación acabó con ella 
Lo <|ue no debiera liaber comenzado. 

Llamaban á ella por nombre Uubena; 
Hallóse preñada : el mozo aliuyó: 
Todos íci meses arreo encubrió, 
yue viva persona sabia su pena. 
Su padre era raerte, cruel ¡lor nación, 
Zeloso, muy bravo sin lem|)la ninguna : 
Lloraba Uubena su triste fortuna , 
Uompicndo las telas de su corazón. 

Estando una noche sin mas compañía 
Que sola tristeza sin partirse della, 
Saltan dolores de parto con ella , 
Su padre acostado, pero uo dormía. 
Sin esperanza de algún abrigo 
Viéndose asida de tanta tristura , 
Sufriendo si;s penas con mucha cordura 
Empieza diciendo entre si consigo : 

Ay de mí ! de mí robada 
Y no de otros robadores , 
Ay de mi! desventurada : 
Yo que no puedo, cuitada, 
Decir ay á mis dolores. 
Ay! que no oso quejar, 
Ay ! que no oso decir, 
Ay! que no oso querellar, 
Ni me puedo ya vengar 
Del consentir. 

¡ Oh , triste de mi , Rubena ! 
¿.V quién me descubriré? 
;. .\ quién contaré mi pena? 
¿(jimo pnrné en mano agena 
Mi vida , mi honra y fe? 



Oh , mocedad desdichada ; 
De falso amor engañada , 
Engañada sin sentido : 
¿Qué haré, desamparada? 
¿Qué haré, triste, |)reñada 
Sin marido? 

Escuro parto escogí 
En peligroso secreto , 
; Qué será triste de mi ! 
¡Oh Dios, porqué me salí 
De mi camino discreto! 
¡Quién tuviera, quién hallara 
Una i)reciosa vara , 
Que tuviera condición 
Que improviso me llevara 
A alguno que me sacara 
El corazón! 

Oh , tristes nubes escuras 
Que tan recias camináis, 
Sacadme destas tristuras 

Y llevadme á las honduras 
De la mar adonde vais. 
Duelan vos mis tristes hadas, 

Y llevadme apresuradas 
A aquel valle de tristura, 
Donde están las malhadadas, 
Donde están las sin ventura 
Sepultadas. 

Yo misma quiero el morir. 
¿ Porqué me apretáis , dolores? 
Mas duele el arrepenlir 
Dos mil veces que el [)arir. 
Angustias paso mayores 
En pensar cuanto preciada 
Desde niña fui criada, 

Y por cuan vil paso amaro 
A tal punto soy llegada , 
Tan desierta y alongada 
Del amparo 



COMEDIA DE RUBÉN A. 



257 



Siempre de mi padre amada , 
Siempre de todos querida , 
Siempre tan ataviada . 
Siempre señora llamada , 
Siempre adorada y servida. 
Siempre horra y muy esenta . 
Siempre en puerto sin tormenta , 
Mas mirada qué la luna, 
Siempre leda bien contenta; 
Mas ora me toma cuenta 
La fortuna. 

Si acaso me descubriere 
A Benita babiariohia : 
Pero si sola pariere 

Y pariendo me muriere , 
¡Oh , cuánto mejor seria ! 
¿Sin ventura, qué haré? 
Que me cercan los dolores. 
Oh Rubena ! i di porqué 
Creíste la falsa fe 

De los amores ! 

Ben. {su criada.) Señora, ¿con quiéii 
Vos veis alguna visión, [habláis? 

No sé de qué os quejáis. 

Rub. Del mal de mi corazón. 

Ben. Las quijadas 
Tenéis tan descarilladas 

Y la barriga rellena. 
Las espaldas empandadas , 
Que no sois vos, aosadas! 
¿Con quién trocastes, Rubena? 

Rub. Con nadie, no sé qué dices. 
Ben. Tenéis los ojos sumidos 

Y delgadas las nances. 

Rub. Tú no ves que son lombrices. 
Ben. Poco entiendo estos partidos : 
Si será , 

Y eso mismo os causará 
Tener ojeras y paño. 

Rub. ¡ Ay, qué gran dolor me da ! 
Ben. Será de la frialdad 
Que cogistes ora un año. 
Rub. i Ay dolores de pesar! 
Ben. Bien entiendo á mi señora , 

Y ella quiéreme cegar. 
Digo que no sé pensar 

Qué remedio os busque agora. 

Rub. Oh, Benita! 

Ben. Estábades tan bonita 
Nueve meses que habrá , 
Tan blanca y coloradita , 
No sé qué dolor maldita 
O qué cosa esta se¡á. 
Parece que os salta el bazo 
En derecho del ombligo 
Como si fuera embarazo. 

Rub. Corrimiento es desto brazo , 
Que nunca acaba comigo. 



Ben. Bien está I 
Andáis de acá para allá 
Descalza por las heladas : 
De corrimientos será. 

Rub. Llámame Genebra acá 
Que te haden buenas hadas , 
Que me venga bendecir 
Del quebranto mucho presto : 
Presto, que me he de morir. 

Ben. Paréceme esto parir. 
Digo que me pesa desto 
En gran manera. 

Rub. Pues aguija antes que muera. 

Ben. Si tenéis sufrimiento , 
Descansáredes siquiera. 

Rub. Ve por la bcndicidera. 

Ben. Primero os diré un cuento. 
Diz que se era un escudero, 
Tenia la niuger tinosa , 

Y subiendo en un otero 
Encontró con un vaquero 
Desollando una raposa. 
El escudero cuitado 
Andaba desarrapado , 
Las nalgas todas de fuera 

Y el haz desamparado , 
El cogote trasquilado 
Sin osar decir quien era , 
Como persona sentida 
Yendo ansí por las montañas. 

Rub. ¡ Oh quién no fuera nacida ! 
Vie'ndome salir la vida , 
Paraste á contar patrañas. 

Ben. Pues otra sé de un carnero. 

Rub. Anda , corre, que me muero ! 
¿No rae irás por el vivir? 

Ben. Dejadme cantar primero : 
Tiempo es el caballero , 
Que se me acorta el vestir. 
Mas mal hay de lo que suena , 
No se puede esto atapar : 
Bien vi yo en hora buena , 
Que las risas de Rubena 
Nesto habían de parar. 
Tanto burlar y reír 
Con tanto de ir y venir. 
El ojo al clérigo nuevo : 
Húbola de bendecir, 
Y ella lo quiere encubrir 
Estando ya al rabo el huevo. 

Rub. No te entiendo. 

Ben. Vó rezando. 

Rub. Oh, dulce Virgen gloriosa , 
A tí pido sospirando 
Que te pases destc bando 
De Rubena desdichosa. 
Tú, que tuviste encubierto 
Aquel divino secreto, 



238 



GIL VICENTE. 



Encubre mi Iriste suerte, 
Ni> mires mi desconcierlo , 



Que sin ti me espera cierto 
Mala muerte. 



EL VIUDO. 

COMEDIA. 



PERSONAS. 



El. Viudo. 
PAl LA , 
MELICIA , 
Un Clí-;rigo 



sus hijas. 



Viudo. Esta desastrada vida 
¿Qué perdiera yo en perdella 
Desque al mundo fué venida? 
Pues amara y dolorida 
Es toda mi parle dcila , 
Que pcrdi muger tan bella 
Como estrella , 

Y pues triste me dejó , 
Muriera mezquino yo 

Y no ella ! 

Pluguiera á Dios que cupiera 
La suerte suya por mia : 
Pues quedé, que no debiera ,- 
Robada mi compañera , 
Consumida mi alegría. 
Vida sin tai compaüia 
>'oche y dia 

Me da tan triste cuidado, 
Que jamas seré, cuitado, 
El que solia. 

Acordarme su nobleza. 
Su beldad , su perfección , 
Sus mañas, su gentileza , 
Su tan medida franqueza , 
Quebrántame el corazón, 
i Oh , qué humilde condición 
A la razón ! 

jCuán callada, cuan sufrida! 
Toda plantada y engerida 
En discreción. 

Alegre con mi alegría 
Con mi tristeza lloraba: 
Pronta á cuanto yo decia 
Queria lo que yo quería. 
Amaba lo que yo amaba : 
Toda su casa mandaba 

Y rasliguba 

Sin de nadie ser oida , 
-\i de |)crsona nacida 



Un compadre «el Viudo. 

D. ROSBEL, principe disfrazado. 

D. GILBERTO, su hermano. 



Profazaba. 

Amiga de mis amigos , 
Amparo de mis parientes. 
Humilde á mis castigos; 
Cruel á mis enemigos. 
Placentera á sus sirvientes , 
Tal que con fieras serpientes 
Inclementes 
Hiciera vida paciente : 
No fué muger mas prudente 
En las prudentes. 

Enemiga de zclosas. 
De las ca.stas compañera : 
Contraría á las maliciosas , 
Callada con porfiosas , 
Para virtud la primera : 
Muy honesta y placentera 
De manera 

Que nunca se desmedia : 
Sublimada en cortesia 
Verdadera. 

En el punto que partiste 
No debiera quedar yo. 
Porque la vida que es triste 
Mas muere quien la resiste , 
Que el muerto que la dejó. 
A aquel Dios que la llevó 
Pido yo 

Muerte luego por finida. 
Pues la gloria de mi vida 
Ya pasó. 

Clér. La gloria y consolación 
De aquel padre eternal 
Sea en vuestro corazón , 
Porque tenéis gran razón 
De llorar en vuestro mal. 

Viu<lo ¡ Oh , mi padre espiritual ! 
Cuan mortal 
Hallaréis á vuestro amigo. 



EL VIUDO. 



áo9 



Por amparo y por abrigo 
Lloro tal , 

Tal que nacer no debiera , 
Pues sabéis como perdí 
Muger tanto íi mi manera. 

Clér. Quien perdió tal compañera 
Que llore digo que sí. 

Viudo. ¡Oh cuan amiga de mí ! 

Clér. Bien lo vi. 

Viudo. ¡ Oh mi vida trabajada! 
¡ Ay de mi alma penada ! 
j A y de ti ! 

Clér. Tomad un consejo, hermano, 
Deste amigo singular : 
Pensad como lo humano 
Unos tarde , otros templano 
Nacimos para acabar, 

Y todo nuestro tardar 
A buen juzgar 

Por mas trabajo se cuenta , 
Pues no se escusa tormenta 
Nesle mar. 
Quitad el luto de vos 

Y esos paños negregosos , 
Que cierto sabemos nos 
Negar los hechos de Dios 
Todos los que están lutosos: 
Pues se muestran soberbiosos 
De quejosos 

Cargados de paños prietos, 
Repugnando los secretos 
Mas gloriosos. 

Los que mueren tan honrados. 
Como acá vuestra muger, 
Contritos y confesados, 
¿Qué hace luto menester? 
Lo que vos habéis de hacer 
Ha de ser 

A aquel dador de las vidas 
Dalle gracias infinidas 
Con placer. 

¡ Quedad con nuestro Señor ! 

Viudo. Padre, quedo consolado. 

Clér. Ll vero consolador, 
Cristo nuestro Redentor, 
Esfuerce vuestro cuidado. 

Viudo. ] Oh qué padre tan honrado ! 
Descansado 

Algún poquito me siento. 
Que parte del pensamiento 
Me ha quitado. 

Ora oídme , hijas mias. 
La muerte por desventura 
Me llevó mis alegrías , 
Porque no fuesen mis dias 
Sino llenos de tristura. 
Lo que mas desasegura 
Mi holgura , 



Es el daño que se os siga : 
Esto hace mi fatiga 
Mas escura. 

Porque esta vida engañosa 
En la tierna mocedad 
Es tan peligrosa cosa 
Que harto bien temerosa 
Miro mi seguridad. 
Acordad la honestidad 

Y bondad 

De vuestra madre defunta, 

Y en tanta virtud junta 
Contemplad. 

Comp. ¿Qué haces, compadre amigo? 
Viudo. Lo que manda la tristura 
Sin muger y sin abrigo. 

Comp. Bien trocara yo contigo. 
¡ Quién tuviera tu ventura! 
Yo tengo muger tan dura 
De natura, 

Que se da la vida en ella 
Mejor que en sierra de Estrella 
La verdura. 

Paula. ¡ Mirad vos qué cosa aquella ! 

Comp. Digo verdad por mi vida! 

Mel. Pues muy noble dueña es ella. 

Comp. Ansí me goce yo en vella 
No con vida tan cumplida. 
Alma que no tiene salida. 
Siempre metida 
En danza cuadre ó no cuadre , 
Gran envidia te he, compadre, 
Sin medida. 

A la fe, dígote, amigo, 
Que te vino buena estrena ! 
Eso haga Dios comigo. 

Viudo, i Oh , calla ! que yo soy testigo 
Que es gran mal perder la buena. 

Comp. ¿Mas cadena 
Quieres tú que el hombre tenga 
Que muger con vida luenga 
Aun rebuena? 

No estés, compadre, triste 
Por salirtc de prisión : 
Cuando tu muger perdiste 
Entonces remaneciste , 
Mas te falta el corazón. 

Viudo. Según va sin reflexión 
Tu razón , 
Has de estar fuera de tí , 

Y aumentas mas en mí 
La pasión. 

Paula. ¡Oh, qué mala condición! 
Comp. No es sino muy real , 

Y lo que hablo es en razón. 
Paula. Mas bien habla en tí Nerón , 

Y paréceme muy mal. 

Comp. Si yo tengo un animal , 



240 



GIL VICENTi;. 



; Pese á tal ! 

Y una sierpe por mugcr. 

Y por mas mi daño ser 
Ls inmortal. 

Tanto monta dar en ella 
Como (lar nesa pared : 
Cuanto mas riño con ella 
Tanto mas se poza ella , 
Por hacerme Dios merced. 
No tiene hambre ni sed 
Mas que una red , 
Siempre harta y aborrida : 
¡Si esta vida tal es vida 
Me sabed ! 

Cuando con ella casé 
Hallé, norabuena sea , 
En ella lo que os diré. 
Cuando bien bien la miré , 
Vilo un rostro de lamprea. 
Un Labia á fuer de aldea , 

Y de Guinea 

El aire de su meneo : 
Cuanto mas se pon de arreo 
Está mas fea. 

Paula. Oh calla, no digáis eso, 
Que es mucho gentil muger. 

Comp. No le vistes el avieso : 
Si |)onc el blanco tau grueso 
¿Qué diablo habéis de ver? 
Dejemos su parecer 
Ya caer 

Y vengamos á lo al. 
No estará sin decir mal 
O la hacer. 

Ella por dame esa paja 
Mete la calle en revuelta : 
Seso , ni sola migaja : 
Dueña que se volvió graja 

Y anda en el aire suelta , 
Siempre pronta y desenvuelta 
En dar vuelta 

Donde lo bueno á lo malo, 
Por mas que lleve de palo 
En la envuelta. 

Si algo esló de placer 
Dice que yerba he pisado : 
Si triste , quiéreme comer : 
Yo no me puedo valer 
Asi me trae .nsombrado. 
Si trayo á mi cuñado 
Convidado, 

Muéstrame un ceño tamaño 
Que me hace andar un año 
Uenegano. 

Miente que es cosa espantosa , 
A todos escirnios pega : 
Es porfiada y es temosa , 
.Soberbia, envidiosa, 



Siempre urde, siempre traQega , 

Su lengua siempre navega : 

Como pega 

Para todo mal ardida , 

Si en algo se halla cogida 

Luego niega. 

Paula. ¿Porqué deshonráis ansí 
Vuestra muger? 

Comp. Porque es plaga 

Que desque la recibí 
Bien pueden decir por mi 
El marido de la draga. 
No hay quien me deshaga 
Tan gran llaga , 
De toda paz enemiga : 
Por Dios , no sé qué me diga 
Ni qué me haga. 

Yo no la puedo trocar. 
Yo no la puedo vender, 
Yo no la puedo amansar, 
Yo no la puetlo dejar, 
Yo no la puedo esconder. 
Yo no le puedo hacer 
Entender 

Sino que es ella una rosa, 
Y que está muy desdichosa 

En mi poder. 
Y con todas sus traviesas 

Está tan llena de vida , 

Que con dos bombardas gruesas 

Ni con lanzadas espesas 

Será en vano combatida. 

Viudo. ¡ Oh, mi muger tan querida 

Fallecida , 

Toda paz sin nunca guerra , 

No debieras de la tierra 

Ser comida ! 

Agora me voy á rezar 

Sobre aquella tierra dura , 

Pues no lo puedo olvidar 

Hasta mi muerte acabar » 

Esie dolor sin ventura. 
Comp. No quiso mi desventura 

Tan escura 

Que estotra fuera tras della. 

Que yo le hiciera una bella 

Sepultura, 
Y le hiciera rezar 

Las horas de los dragones , 

Y le hiciera cantar 

Las misas so el altar 

Alumbradas con tizones. 

Ofertadas con melones 

líadeones 

Todos llenos de cenada. 

Por encienso una ahumada 

De granzones. 



EL VIUDO. 



241 



Meh Oh Paula , hermana mia , 
¿Quién había de pensar 
Cuando mi madre vivia, 
Que la vida que tenia 
Estaba para acabar? 

Paula. Nunca hay que conQar 
Ni descansar 
El que por reposo puna , 
Pues no se escusa fortuna 
AI navegar. 

Ora que mi madre estaba 
Mas alegre y descansada , 
Cuando mucho sana andaba 

Y mas recia se hallaba 

¡ Cuan presto fué salteada! 

Mel. i Yo triste desamparada ! 

Paula. Y yo , cuitada , 
A quien tanto bien quería , 
Que su ánima partía 
Yo nombrada. 

Mel. Gran secreto es el morir. 

Paula. Para mi bien declarado : 
Mas secreto es el vivir. 
Siendo cierto de partir 
Nunca estar aparejado. 
Cada cual es engañado 

Y confiado 

En que tiene luenga via. 

Mel. Ansi fué la madre mia , 
¡ Mal pecado ! 

[Entra D, Rosbel en disfraz de villano. ) 

Paula. ¿Qué buscas? 

Rosb. Vengóme acá. 

Paula. ¿A qué? 

Rosb. Vengo á quequiera. 

Paula. ¿Dedo eres? 

Rosb. Soy de acullá, 

Del Villar de la Cabrera. 
Llamóme Juan de las Brozas , 
De en cabito del Uugal 
Natural , 

Hermano de las dos mozas : 
Sé hacer 'priscos y chozas 

Y un corral. 

Paula. Ora pues vete enbuenhora. 

Rosb. Si yo soy Juan de las Brozas, 
Gaitero. 

Paula. Eso es menester agora , 
Como están ledas las mozas. 

Mel. Ve , cabrero ! 

Rosb. No tengo ora donde ir. 

Mel. ¿Tienes padre ó madre tú? 

Rosb. Eso haa 
Pláceme, lo vó decir : 
Ya mi padre se ha morir, 
Nel limbo está. 

Paula. ¿Y tu madre? 



Rosb. Acá quedó : 
Con un flaire está á soldada 
Muy valiente : 
Luego la vestió y le dio 
Una faja colorada 
De presente. 
Cuando retozan la fiesta 
Es mi madre tan aguda 

Y tan garrida , 

Que siempre ella urde la siesta , 
Por descansar de sesuda 
La fatiga. 

Paula. ¿Qué vida era la tuya? 

Rosb. Rascaba la bestia al fraile 
Acá y allá , 

Y dila al diablo por suya, 

Y aprendí hacer un baile 

Y estoime acá. 

Yo quisiera me casar. 
La novia, mi fe , no quiso : 
Pues ni yo 
Antes quiero acá morar. 

Viudo, i Qué haces acá , porquero? 

Rosb. No soy, no. 

Viudo. ¿Pues qué eres? 

Rosb. Llámeme Juan de las Brozas, 
A mas soy medio gaitero : 
Hago notas y placeres. 

Viudo. ¿De dó eres? di, amigo. 

Rosb. De mi tierra. 

Viudo. ¿Qué lugar 

Es el tuyo ? 

Rosb. No es mió, que es de un crigo. 

Y no tengo de negar 
Que es suyo. 

Viudo. Y agora ¿qué querías? 

Rosb. Acogime en un rabasco 
Nigromante 
Que me hizo ñiferías : 
¡ Quién le quebrara aquel casco 
Fuertemente ! 
Sacudióme un torniscón 

Y sacóme un rajanazo 
De la greña : 
Corralóme en un rincón , 

Y dióme con un palazo 
De la leña. 

Viudo. ¿Algo le harías tú? 

Rosb. Nada , nada , juri á san , 
Fuile haciendo : 
Solo hacia tu ru ru 
Viene el hideputa can 
Me firiendo. 

Viudo. ¿Quieres comigo vivir? 

Rosb. Si me dais buena soldada 
Por trabajar. 
Yo bien tengo de servir 
En ganado y en sembrada 

16 



242 



GIL VlCEiNTE. 



Y en cavar, 

Ir por lefia y al molino , 
Traer mato para el horno 

Y aun cocer, 
Vendimiar y coger lino , 
Hacer vino y poner torno 
Si es menester. 

Digo en cuanto á servicial 
No vendrá un diablo acá 
Que mas haga : 
En nada ^s haré un corral , 
Do el ganado no habrá 
Miedo de plaga. 

Hagamos luego avenencia. 

Viudo. Estáte comigo un año. 

Rosb. Bien será 
Lo dejoá vuestra conciencia , 
Como vierdes que me amaño 
Me paga. 

Viudo, i Ve por leña ! 

Rosb. Que me place , 

Y veréis cuan presto vengo , 
Cuan corriendo. 

Viudo. Trac muy valiente haze, 

Y llevad alijo luengo. 
Rosb. Bien lo entiendo. 
Viudo. Habérnoslo menester 

Como el pan que nos mantiene. 
Paula. Es bien mandado. 
Mel. Servicial parece ser. 
Viudo. ¡ Ahotas , cuan presto viene 

Y cuan cargado ! 
Tenedle ya aparejado 
El zurrón con unos ajos 

Y su pan , 

Y luego vaya el ganado : 
Pues han de ser los trabajos 
Con afán. 

¡ Oh que norabuena vengas ! 

Rosb. ¡ Qué mozo Juan de las Brozas! 
Ya yo vengo. 

Viudo. Antes que mas te detengas, 
Dalde el zurrón luego, mozas : 
1 Ye corriendo ! 

Lleva los puercos contigo 

Y mamenta las cabritas 
Mas recientes , 

Y mira lo que te digo , 
Las vacas y becerritas 
Paramentes. 

Y A la noche de camino 
Trae leña para el horno. 

Rosb. Que me place. 

Viudo. Muy buena dicha nos vino. 

Paula . Viénenos como hecho al torno. 

Mel. Bien lo hace. 

Viudo. Sabed que el buen servidor. 
Que lo pesen á oro fino 



Es merecido. 

Paula. Según que fuere el señor, 
Asi abrirá el camino 
A ser servido. 



( Sale D. Rosbel cantando. ) 

D. fíosb. Arrimárame á ti , rosa , 
No me diste solombra. 

Mel. ¡Oh cómo están placentero 
Este nuestro mozo Juan ! 

Viudo. ¿Y el rebaño? 

Rosb. Esperad, diré primero 
Que anduvetras un gavilán 
Tamaño. 

Ora , nuestramo , hablad vos. 

Viudo. ¿Queda todo en el corral 
El ganado? 

Rosb. Bueno está, bendito Dios, 
No se me perdió ni tal : 
¡ Él sea loado ! 

Viudo. Dalde luego de cenar. 

Rosb. Que no tengo gana yo 
De comida. 
Mi placer es trabajar, 
Afanar doquer que esto 
Es mi vida. 

Viudo. ¡Cena , cena ! dalde pan 
Y migas á gran hartura 
Con del ajo : 

Comerás , buen hijo Juan , 
Que el comer es la holgura 
Del trabajo. 

Voime á cas del sacristán 
A pagalle las campanas 
Que tañió : 
¡ Quédate , buen hijo Juan! 



jRos6. ¿Ambas á dos sois hermanas? 

Mel. ¿Porqué no? 

Rosb. Bien lo sé por mi ventura; 
Que si yo no lo supiera 
No penara : 

¡ Ambas vi por mi tristura , 
Antes no nacido fuera 
Que os mirara ! 

Paula. ¡Ay Jesu! ¡Jesu! ¡Jesu! 
Mases esto que pastor. 

Mel. ¡Cómo hay Dios! 
Y llamárnosle de tú. 
Decidnos por Dios , señor, 
¿Quién sois vos? 

/{os6. Soy quien arde en vi vas llamas, 
Pastor muy bien empleado 
En tal poder. 
Siendo de tan bellas damas 



EL VIUDO. 



Í245 



Ucrmanas en dar cuidado 
A mi querer. 

Don RÓsbel soy, generoso 
Hijo de duque y duquesa 
Muy preciado : 
Amor es tan poderoso , 
Que me trujo á la dehesa 
Con cayado. 

Mándame ser alquilado , 
Ansí lo tengo por gloria 

Y lo quiero. 

Sin ser de vos remediado , 
Ni querer nunca victoria 
Ni la espero. 

No quiero sino miraros , 
No quiero sino serviros 
Desla suerte , 

Y si os ofendo en amaros , 
Bien lo pagan los sospiros 
De mi muerte. 

Mel. Hermana , no sé qué diga. 

Paula. Nunca tal acaeció 
Por mi fe : 
¡Tal señor en tal fatiga! 

Rosb. No lo quiero ser yo , no : 
Me troqué 

Desde el dia que os miré : 
De tal suerte rae prendistes 
Improviso , 

Que mi muerte la hallé 
( Siendo pues vos me la distes ) 
Paraíso. 

Soy vueso trabajador 
Como son los alquilados : 
Mas no soy... 
i Dejadme morir pastor 
Llorando por los collados 
Dende hoy ! 
No sepan parte de mí : 
Don Rosbel no quiero ser 
Ni por sueño , 
Que esclavo soy desque os vi , 

Y por vos es mi placer 
Tener dueño. 

Paula. La merced que nos haréis , 
Siendo huérfanas , señor, 

Y sin madre , 

Que os vais y nos dejéis : 
No matéis al pecador 
De mi padre. 
Abatís de vueso estado , 
Siendo noble en señoría 
Por derecho, 

Y queréis ser deshonrado 
Por tan pequeña contía 
Sin provecho. 

Rosb. No me deja ir amor : 
De señopías tamañas 



Soy bien harto , 

Y es tan vivo mi dolor, 
Que me abrasa las entrañas 
Si me parto. 

Paula. Ora, ¿eso qué aprovecha 
Sino para daros pena 

Y á nos temor? 

Rosb. No tengáis de mí sospecha , 
Porque eso mas pena ordena 
A mi dolor. 



Viudo. ¿ Qué te haces , Juan , co- 

Jíos6. Harto esto repantigado [miste ? 
De comer. 

Viudo. ¿Paréceme que estás triste? 

Rosb. Bien contento, Dios loado. 
Con placer. 

Mirad , nuestramo , yo estaba 
Acá á mis amas hablando , 
Del deseo 

Y gana que me tomaba 
De mi tierra , que mirando 
No la veo. 

Suso , ¿qué tengo de hacer? 
Viudo. Tómate aquel azadón 

Y la azada. 

Rosb. Todo eso es mi placer, 
No faltando el galardón 

Y soldada. 

Viudo. Muy bien te será pagada : 
Ve , cava la viña luego 
Sin reproche 
Bien cavada y adobada , 

Y trac cepas para el fuego 
A la noche. 

Al aldea quiero ir 

Y veré nuestro montado 
Como está , 

Tarde tengo de venir. ' - 

Vosotras tened cuidado 

En lo de acá : 

Estas puertas bien cerradas, 

Y no estéis ociosas 
En estrado , 

Que las mozas ocupadas 
Escusan causas dañosas 
Al cuidado. 



Paula. ¿Qué consejo tomaremos? 
Nosotras si nos callamos , 
Consentimos : 
Estamos en dos estremos , 
Porque á él también faltamos. 
Si decimos. 

Mel. Pues nos que lo publiquemos 
A mi padre ó otro alguien 



244 



GIL VICENTE. 



Es niñería. 

Paula. Ningún favor no lo demos. 

Mel. A quien nos sirve tan bien, 
Será falsía. 



{Sale Rosbel cantando.) 

D. fíosb. Mal horido nic lia la niñ.i 
No me hacen jusliuia. 

¡ Ha , nuestramo ! 

Paula. Fuera es ido. 

Rosb. Estrella de mi alegría, 
¿Cómo estáis? 

Mi gloria, mi bien cumplido, 
(Jue la muerte j vida mia 
Vos la dais. 

Paula. Señor , ¿porqué os matáis 

Y nos dais vida cuidosa? 
Sin porqué. 

Pues en vano trabajáis. 

Rosb. i Oh , esmeralda preciosa ! 
IJicu lo sé. 

Pero este mi sudor 
Amata las vivas llamas 
Que amor quiso , 

Y el afán de mi labor 

Por \os tan hermosas damas 
Es paraíso. 

Y el ganado que apaciento, 
Couio ángeles del cielo 
Los adoro 

Por \uestro merecimiento, 
A! que no pido consuelo 
Sino lloro. 

Otra gloria no atiento 
Sino desesperar della , 

Y desespero : 

Con mis trabajos contento , 
Ue nadie tengo querella 
Aunque muero. 

Y sé muy cierto que no 
Con servicios os enamore 
Ya en mis días , 
Porque no soy diño yo 
\i de lejos que os adore , 
Idulas mías! 

Paula. ¿Y cuál de nos queréis vos? 

Ro.sb. Dos amores se ayuntaron 
Contra mí : 

Los males de dos en dos 
Mi cuerpo y alma cercaron , 
Cuando os vi. 

Tengo doblados dolores : 
Dos saetas en mí siento 
Que me hirieron : 
¡ Ay, que juntos dos amores 
En un solo pensamiento 
A'u se vieron ! 



( Sale el Viudo y dice Rosbel : ) 

• 
¿Nuestramo, venís cansado? 

Viudo. Mas antes mucho contento 
Del casal , 

Porque dejo concertado 
Para Paula un casamiento 
Muy real. 

Aun Melicia esta semana 
Le espero de dar marido 
De hazaña. 
¿ Lloras ? 

Rosb. Lloro una hermana 
Que poco ha se ha moYido 
Supitaña. 

Quiero llevar el ganado 
A unos valles sombríos 
\ tristoños, 

Donde se harte el cuitado 
De oír los gritos mios 
Muy medoños. 

Viudo. Limpia el establo primero , 

Y lleva el eslércol luego 
Al linar. 

Rosb. Que me place, que eso quiero: 
Acábeme ya mi fuego 
De matar. 

iViudo. Qué hablas? 

Rosb. ¿Qué he dehablar? 

Digo que voy soñoliento 

Y carcomido. 

Viudo. Yo me voy ora á rezar 
Que Dios haga á tu contento 
Aquel marido. 



Paula. ¡ Oh , cómo va lastimado 
El triste de don Rosbel ! 

Mel. Es de doler. 

Paula. De veras es namorado. 

Mel. Luego pareció en él 
Su buen querer. 

Paula. Pues no es de los fingidos , 
Dame tú la fe , hermana , 
Yo doy la mia , 
Que no tomemos maridos 
Hasta que él á su gana 
Haya alegría. 



Rosb. A todos das sepultura , 
Muerte , ¿ dime qué es dejí , 
Tú que amo? 
Y por mi gran desventura 
Tú te haces sorda á mí , 
Que te llamo. 

Y pues mi ánima se enoja 
Con las tristes ansias mías 



EL VIUDO. 



245 



Tan penada , 
Rasgada sea la fuja 
Do están escritos mis dias 
Y quemada. 

Oh, por Dios , lindas señoras, 
En este trance penado 
Tan mortal , 

No os mostréis consentidoras, 
Ni vea yo desdichado 
Tanto mal. 

Paula. No os matéis sin saber 
Que bien lejos nos estamos 
De casar. 

Mel. Nadie nos ha de mover 
Que á marido suframos 
Sin amar. 

Rosb. i Oh , preciosa mercé, 
Quién te pudo merecer 
En sus dias! 
Ya crece tanto mi fe , 
Que se muestra su querer 
En mil vias. 

Y pues que no puede ser 
Casar con ambas, lo sabéis , 
Echad suertes : 
Pues quiero satisfacer 
La mercé que me hacéis 
Sin mas muertes. 

Mel. ¿Burlaisos de nos, señor, 
O será sueño aquesto? 

Paula. Si , lo es. 

Rosb. Ya no mas seré pastor : 
Echad vuestras suertes presto , 
Vello heis. 

ATel. En Paula cayó la suerte. 
Yo te digo buena pro 
Sin codicia. 

Rosb. Heme aquí en otra muerte. 
Cual por Paula , peno yo 
Por Melicia. 

( Sale don Gilberto, que andaba buscando 
su hermano por el mundo.) 

Gilb. El Señor sea loado 

Y toda la corte del cielo , 
Pues mi hermano y mi consuelo 
Tengo hallada. 

Todo el mundo he buscado 

Por hallarte muerto ó vivo, 

O si eras libre ó cautivo, 

O desterrado. 
Rosb. ¿Mi padre y madre son vivos^ 
Gilb. Vivos, aunque muy dolientes. 

Diéronles mil accidentes 

Tus motivos : 

Están tristes pensativos , 

No sabiendo qué es de li , 

Y salen fuera de sí 



Con gemidos. 

Dijéronles hechiceras ; 
Puercos guarda don Rosbel , 

Y dos mozas contra él 
Son guerreras. 
Amalas tanto de veras 
Que otra cosa no adora : 
De noche y de dia llora 
Por las eras. 

Rosb. Contártehe mi venid» 
En dos palabras no mas , 
Porque luego sentirás 
Mi fatiga. 

Estas diosas de la vida , 
Reinas de la fuerza humana , 
Me prendieron de mi gana 
Ofrecida. 

No digo ser su vaquero , 
Pues merece su valor 
Ser un grande emperador 
Su porquero. 
Hermano, yo te requiero 
Por la mucha virtud dellas. 
Que nos casemos con ellas , 
Yo primero. 

Amparemos y honremos 
Huérfanas tan preciosas. 
Que en las cosas virtuosas 
Son estremos. 
Villas y tierras tenemos: 
Hagamos esta hazaña , 
Que quede ejemplo en España , 

Y no tardemos. 

Toma esta por muger: 
A mí me darás la vida , 

Y ternas muger nacida 
A tu placer. 

Quien casa por solo haber 
Casamiento es temporal. 

Gilb. Como á hermano especial 
Lo quiero hacer. 

Viudo. Señores, ¿qué modos estos? 
¿Qué hacéis en mi posada 
Dolorida y quebrantada 
Descompuestos? 
¡Qué usos tan deshonestos 
Para señores reales , 
Tratar á huérfanas tales 
Con denuestos! 

Vos las debéis amparar, 
Vos las debéis defender , 
De vuestro oficio valer 

Y ayudar : 

Y viéndolas maltratar 
Socorrer á su flaqueza : 
Esta es ley de nobleza 

Y de loar. 

Paula. No riñáis . padre , no I 



2iü 



GIL VICENTE. 



Mus debéis mucho holgar , 
Que Dios nos quiso amparar 

Y nos casó. 

Gilb. Señor, vuestro yerno só. 

Rosb. Y yo vuestro yerno é hijo : 
Dios y la ventura quiso. 
Ni menos yo. 

Viudo. Loado y glorificado 
Sea nuestro Dios poderoso , 
Que me hizo tan dichoso 

Y descansado : 

Caso bien aventurado 
Por mi consuelo acaecido , 
Sin tenello merecido 
Ni soñado. 

Voy á hacello saber 
A mis amados amigos . 
Porque sean los testigos 
Del placer: 



Y también es menester , 
Que busquen mil alegrías , 

Y bailen las canas mias 
Al tañer. 

( Vanse á vestir las mozas , mientras 
cantan unos cantores. ) 

Eslánse dos hermanas 
Doliéndose <lc si , 
Hermosas son entrambas 
Lo mas que nunca vi. 
Hüfa! hufa! 
A la fiesta, á la Tiesta, 
Que las bodas son aquí. 

Namorado fue dallas 
Don Rosbel Tenori : 
Tan sentidos amores 
Jamas contar oi. 
Hufal hufal 
A la fiesta , á la fiesta , 
Que las bodas son aquí. 



AUTO PASTORIL DEL NACIMIENTO, 

EL PRIMERO QUE EN P0RTUG.4L SE REPRESENTÓ, 

Estando presentes el rey don Manuel y la reina doña Beatriz , su madre , y la señora 
duquesa de Braganza , su hija , en la segunda noche del nacimiento del príncipe don 
Juan III. en Portugal. 

( 6 JONIO DE 1502. ) 



( Entra un vaquero . ) 

Vaq. Pardiez, siete arrepelones 
Me pegaron A la entrada, 
Mas yo di una puñada 
A uno de los rascones : 
Empero , si yo tal supiera 
No viniera , 

Y si viniera , no entrara : 

Y si entrara , yo mirara 
De manera 

Que ninguno no me diera. 

¡Mas andar, lo hecho es hecho! 
Pero lodo bien mirado, 
Ya que entré neste abrigado 
Todo me sale en provecho. 
Rehuélgomc en ver estas cosas 
Tan hermosas, 

Que está hombre bobo en vcllas . 
Vcolas yo ; pero ellas 
De lustrosas 
A nosotros son dañosas. 

¿ Si es aquí donde vó ? 



Dios mantenga si es aquí ; 

Que yo no sé parte de mi , 

Ni deslindo donde esto. 

Nunca vi cabana tal 

Tan especial, 

Tan notable de memoria : 

Esta debe ser la gloria 

Principal 

Del paraíso terrenal. 

Oque sea, ó que no sea, 
Quiero decir á qué vengo, 
No diga que me detengo 
Nuestro concejo y aldea : 
Envíame á saber acá 
¿. Si es verdad 
Que parió vuestra nobleza? 
Miefé sí! que vuestra alteza 
Tal está 
Que señal dello me da. 

Muy alegre y placentera , 
Muy ufana esclarecida . 
Muy prehecha y muy lucida 
Mas mucho que dantes era : 



AUTO PASTORIL DEL NACIMIENTO. 



247 



i Oh ! qué bien tan principal 

Universal ! 

Nunca tal placer se vio : 

Miefé, saltar quiero yo. 

He , zagal ! 

Digo, digo, ¿salté mal? 

¿Quién'quieres que no reviente 
De placer y gasajado? 
De todos tan deseado 
Este principe escelente , 

Y que rey tiene de ser. 
A mi ver 

Debíamos pegar gritos , 
Cuando los nuestros cabritos 
Dende ayer 

Ya no curan de pacer. 

Todo el ganado retoza , 
Toda laceria se quita : 
Con esta nueva bendita 
Todo el mundo se alboroza. 
¡Oh, qué alegría tamaña! 
La montaña 

Y los prados florecieron , 
Porque agora se cumplieron 
En esta misma cabana 
Todas las glorias de España. 

¡ Qué gran placer sentirá 
La gran corte castellana! 
Cuan alegre y cuan ufana 
Vuestra madre se estará , 

Y todo el reino á montón 
Con razón , 

Pues de tal rey procedió 
El mas noble que nació : 
Su pendón 
No tiene comparación. 

¡ Qué padre ! ¡ qué hijo y qué madre ! 
¡ Qué abuela y qué abuelos ! 
¡Bendito Dios de los cielos 
Que le dio tal padre y madre I 
¡ Qué tias, que yo me espanto! 
¡Viva el principe logrado! 
Que él es bien aparentado 
Juri á Sanjunco santo. 

Si me ora vagara espacio 

Y de prisa no viniera , 
Juri á nos que yo os diera 
Cuenta de su generacio. 
Será rey don Juan Tercero , 

Y heredero 

De la fama que dejaron 
En el tiempo que reinaron 
El segundo y el primero, 

Y los otros que pasaron. 
Quedáronme allí detrás 

Unos treinta compañeros , 
Porquerizos y vaqueros , 

Y aun creo que son mas. 



Y traen para el nacido 
Esclarecido 

Mil huevos y leche aosadas 

Y un ciento de quesadas : 
Mas han traído 

Frutas , miel lo que han podido. 

Quiérelos ir á llamar, 
Mas según yo vi las señas , 
Hanles de mesar las greñas 
Los rascones al entrar. 

{Entraron las figuras de pastores y ofre- 
cieron al principe dichos presentes , y 
por ser cosa nueva en Portugal , gustó 
tanto á la reina , que pidió al autor lo 
repitiese en la noche buena dirigido al 
nacimiento del Redentor, por lo que hizo 
el siguiente auto entre seis pastores. ) 

Gil. Aquí está fuerte majada, 
Quiero repastar aquí ; 
Mi ganado véíslo allí, 
Soncas , naquella abrigada. 
Aquí me estoy abrigado 
Del tempero de fortuna : 
Añublada está la luna, 
¡ Mal pecado ! 
Lloverá , soncas , priado. 

Quiero aquí poner mi hato 
Que cumpre estar añazcando, 
Y andarme aqui holgando 
Canticando de rato en rato. 
Hucia en Dios vendrá el verano 
Con sus flores y rosetas : 
Cantaré mil chanzonetas 
Muy ufano. 

Si allá llego vivo y sano. 
Riedro , riedro vaya el ceño , 
Aborrir quiero el pesar : 
Comenzaré de cantar, 
Mientras me debroca el sueño. 

( Canta. ) 

Menga Gil me quila el sueño 
Que no duermo. 

Bras. ¿Di , Gil Terrón , tú qué has , 
Que siempre andas apartado ? 

Gil. Miefé , cuido, mal pecado. 
Que no se te entiende mas. 
Tú, que andas siempre en bodas 
Corriendo toros y vacas, 
¿Qué ganas tú ó qué sacas 
Dellas todas? 
Asmo, asmo , que te enlodas. 

Solo quiero canticar 
Repastando mis cabritas : 
Por estas sierras benditas 



248 



GIL VICENTE. 



No me acuerdo del lugar. 
Cuando cara el ciclo oleo 
Y veo tan buena cosa, 
No me parece hermosa 
Ni de aseo 
Zagala de cuantas veo. 

Andando solo magino. 
Que la soldada que gano 
Se me pierde de la mano , 
Soncas, en cualquier camino. 
Ncsla soledad me enseño 
Que el ganado, con que ando. 
No sabré como ni cuando 
Según sueño 
Quizá será de otro dueño. 

Vete tú, Bras, al respingo; 
Que yo dcsclucio del terruño. 

Bras. El crego de Vico Ñuño 
Te ensoñó eso el domingo. 
Anda , anda acompañado , 
Canta y bueiga en las majadas . 
Que este mundo, Gil, aosadas 
i Mal pecado ! 
Se debroca muy priado. 

Gil. Aunque huyo la compañía , 
No quiero mal á pastor. 
Mas yo aprisco mejor 
Apartado en la montaña. 
De contino siempre oteo 
Ingrillando los oidos, 
Si darán , soncas , gemidos 
De deseo 
Los corderos que careo. 

Lucas, ¡llao! carillos! 

Gil. ¿A quién hablas? 

Lucas. A vosotros digo yo, 
¿Si alguno de vos me vio 
Perdidas unas dos cabras ? 

Gil. ¡Yo no! 

Bras. ¡Ni yo! 

Lucas. ; A Dios pliega ! 

Gil. ¿Cómo las perdiste? di. 

Lucas. Perdiéronse por ahi 
Por la vega , 
O ali;un me las soniega. 

Ncl hato de Bras Picado 
Andaba Marta bailando : 
Yo estúvela oteando 
Bocabierto, traesporlado, 
Y al son batiendo el pié 
Estuve dos huras valientes : 
El ganado en tan amientes 
Alabé 
No sé para donde fué. 

Gil. Aun por eso que sospecho 
Me aparto de sallijones, 
Que vanas conversaciones 
No traen ningún provecho. 



Siempre pienso en cosas buenas. 
Yo me hablo , yo me digo : 
Tengo paz siempre comigo. 
Sin las penas 
Que dan las cosas agenas. 

Lucas. No me quiero estar tras Iras, 
Ya perdido es lo perdidí) : 
¿Qué gano en tomar sentido? 
¿Qué dices , Gil , y tú , Bras? 

Gil. Tú muy perezoso estás , 
Busca , busca las cabritas : 
Tras que tienes muy poquitas 
No te das 
De perder cada vez mas. 

Enconmiéndalas á Dios ! 

Luc. ¿.Qué podrá eso prestar? 

Gil. Él te las irá buscar, 
Que siempre mira por nos. 

Luc. Si los lobos las comieron 
¿Hámelas Dios de traer? 
Harto terna que hacer : 

Y si murieron 

Mucho mas que yo perdieron. 
Quiero llamar los zagales, 
Tengamos todos majada. 
Bras. Sube naquella asomada 

Y dales gritos mortales. 

Luc. ílace escuro, ¡quién verá! 
Caeré nun barrancon. 

Gil. Toma, lleva este tizón. 

Luc. Dalo acá. 
Este bien me ayudará, 
i lia Silvestre , ha Vicente, 
Ha Pedruelo , ha Bastían , 
Ha Jarrete , ha Bras Juan , 
Ha Pasival , ha Clemente ! 

Silv. ¿Lucas, qué nos quieres? di. 

Luc. Que vengáis acá priado 
Tomaremos gasajado , 
Que Gil Terrón está aqui 
En abrigado, 
Alegre y bien asombrado. 

Silv. Ora terrible placer 
Tenéis vosotros acá. 

Bras. ¡ Si tenemos, soncas ha ! 
¿Pues qué habernos de hacer? 
Quien al cordojo se dio. 
Mas cordojo se le pega. 
^ Silv. Bailemos una borrega. 

Bras. Miefé no , 
Que tú bailas mas que yo. 

Gil. i Juri á nos que estás chapado ! 
¿ Qué es esto , Silvestre hermano ? 

Silv. ¿No ves que viene el verano? 
Y soy recien desposado. 

Gil. i Jesús, qué galán que vienes! 
¿Quién te trajo al matrimuño? 

Silv. Mi tio Valasco Ñuño. 



AUTO PASTORIL DEL NACIMIENTO. 



249 



Gil. Chapados parientes tienes. 
¿ Quién es la esposa que huljíste? 
Silv. Teresuela mi damada. 
Bras. Sé que es moza bien chapada 

Y aun es de buen natio. 
Mas honrada del lugar. 

Gil. Neso no hay que dudar , 
Porque el herrero es su tio 

Y el jurado es ahijado 
Del abuelo de su madre , 

Y de parte de su padre , 
Es prima de Bras Pelado. 
Saquituerto, Rodelludo , 
Papiharto y Bodonales 
Son sus'primos coronales 
De parte de Brisco Mudo. 
Es nieta de Gil Llórente, 
Sobrina del Crespelion ; 
Cascaollas Mamiion 

Pienso que es también pariente. 

Luc. Cierto es casta bien honrada 
Esta que habes rellatado. 

Bras. Pero mas del bien honrado 
¿No te dan con ella nada ? 

Silv. Danme una burra preñada , 
Un vasar, una espetera. 
Una cama de madera; 
La ropa no está ahilada. 
Danme la moza vestida 
De hatillos dominguejos , 
Con sus manguitos bermejos 

Y alfarda muy lucida. 
Danme una puerca parida , 
Mas anda muy triste y flaca. 

Bras. ¿ >'o te quieren dar la vaca? 

Süv. Ha tres años que es vendida. 

Luc. Sus, alto, tosté priado. 
Respinguemos la majada : 
Viénese la madrugada. 
Dejemos el desposado. 

Bras. Démonos á gasajado , 
Tomemos todos placer , 
Que ya no quiere llover. 

Gil. ¡ Ya no , Dios sea loado ! 

Luc. Tengamos algún remedio : 
¿Qué jugamos, Gil Terrón ? 

Gil. Juguemos ai abejón ; 
Mas tengo de estar en medio. 
( Juegan. ) 

Bras. Bien será de se acostar , 
Que ya me debroca el sueño : 
Santiguaos del dimuño. 

Silv. Yo no me sé santiguar. 

Bras. Decid lodos como yo : 
En el mes del padre, 
En el mes del fijo ; 
Eliotro mes se me olvidó. 



( Duermen y se oyen los ángeles can- 
tando. ) 

¡ Ha , pastor ! 

Que es nacido el Redentor. 

Gil Zagales, levantar de ahi ; 
Que grande nueva es venida , 
Que es la Yírgen parida : 
A los ángeles lo oi. 
¡ Oh , qué tónica acordada 
De tan fuertes caramillos! 

Bras. Cala que serian grillos. 

Gil. Juri á nos, 
Que eran ángeles de Dios. 

Luc. Henos aqui levantados; 
¿ Qué le habemos de hacer? 

Gil. Miefé, váraoslo á ver. 

Bras. ¿ Ver ansí despelluzados? 

Gil. Pardiez que es para notar. 
Pues el Rey de los señores 
Se sirve de los pastores : 
Nueva cosa 
Es esta y tan espantosa. 

Id vosotros al lugar 
Muy presto , carillos mios , 

Y no vamos tan vacíos, 
Traed algo que le dar : 
E! rabel de Juan Javato 

Y la gaita de Pablillos , 

Y todos los caramillos 
Que hay en el hato, 

Y para el nifio un silbato. 

{Cantan todos.) 

Aburremos la majada 

Y todos con devoción 
Vamos ver aquel garzón. 

Veremos aquel niñito 
De agora recicn nacido : 
Asmo que es el prometido 
Nuestro Mejia bendito. 
Cantemos á voz en grito 
Con hemencia y devoción 
Veremos aquel garzón. 

Gil. ¡Dios mantenga á vuestra gloria ! 
Ya veis que estamos acá 
Muy alegres , soncas, ha 
De vuestra noble victoria. 

Luc. ¡ Qué casa tan pobrecita 
Escogió para nacer! 

Bras. Ya comienza á padecer 
Dende su niñez chiquita. 

Silv. De paja es su camacita. 

Bras. Un establo su posada. 

Bras. Loada sea y adorada 

Y bendita 

La su clemencia infinita. 
Gil. Señora , con estos hielos 



250 



GIL VICENTE. 



El niño se está temblando ! 
De frió >eo llorando 
El criador de los ciclos 
Por falla de pañizuelos. 
Juri á san si lal pensara , 
O por dicha lal supiera , 
Un /.amarróte le Irujera 
De una vara 
Que aholas que él callara. 

¿Ora vosotros qué hacéis? 
Con muy chapada hemencia 

Y con mucha reverencia , 
Daldc deso que traéis. 

( Cantando y bailando ofrecen los pasto- 
res sus dones. ) 

CHANZOPÍETA. 

Norabuena quedes, Menga, 
A la fe que Dios manlcnga. 

Zagala sania bcnrlita, 
Graciosa y morenila , 
Nuestro ganado visita 
Que nengun mal no le venga- 
Norabuena quedes , Menga , 
A la fe que Dios mantenga. 

Gil. ¿ Qué decis de la doncella , 
No es harto prellocida? 

Silv. Nunca otra fué nacida 
Que fuese muger y estrella 
Sino ella. 

Gil. Pues no sabes que es aquella 
La zagala tan hermosa , 
Que Salomón dice esposa 
Guando canticaba de ella. 

Con su voz muy deseosa 
En su canticar decia : 
Levántate , amiga mia , 
Columba mea formosa : 
Amiga mia olorosa 
Tu voz suene en mis oidos , 
Que es muy dulce á mis sentidos 

Y tu cara muy graciosa. 
Gomo el lilio plantada 



Florecido entre espinos , 
Como los olores finos 
Muy suave eres hallada : 
Tú eres huerta cerrada 
En quien Dios venir desea : 
Tota pulchra amica mea , 
Flor de virginidad sagrada. 

Silv. ¡ Ha , Dios plaga con el roín ! 
Mudando vas la pelleja , 
Sabes de achaque de igreja. 

Gil. Agora lo deprendí. 

Silv. Con esto hablas llatin 
Tan á punto que es placer : 
Mas lo preciase saber 
Que me daren un florin. 

Luc. De niñito tan bonito 
Hablaban, soncas, letrados. 

Gil. Los profetas alambrados 
No tiraban á otro hito : 
Con muy ahincado espirto 

Y con gozoso placer 
Todos deseaban ver 
Su nacimiento bendito. 

Porque este es el cordero 
Qui tollit peccata mundo. 
El nuestro Adán segundo 

Y remedio del primero : 
Este es el hijo heredero 
De nuestro eterno Dios, 
El cual fué dado á nos 
Por Mejias verdadero. 

Este ansí descendió 
Quedando siempre en el padre, 

Y aunque vino á tomar madre , 
Del padre no se apartó. 

Bros. Gil Terrón , lletrudo estás. 
Muy hondo te encaramillas. 

Gil. Dios hace estas maravillas. 

liras, i Ya lo veo , soncas ha ! 
Quien te viere no dirá 
Que naciste en serranía. 

Tmc. Cantemos con alegría, 
Que en eso después se hablará. 



JUAN DE LA CUEVA. 



EL SACO DE ROMA. 

COMEDIA. 

ARGUMENTO DE LA OBRA. 

Borbon, de nación francés, capitán general de nuestro invicto emperador Carlos 
Quinto , movido de su libre determinación , movió el campo contra la ciudad de Roma 
para quererla saquear, y prosiguiendo en su horrible pensamiento, fué entrada la ciudad 
y puesta á saco, muriendo Borbon en el primer rencuentro, sin perdonar los luteranos ( de 
que era el mayor número del ejército) cosa profana ni divina, en que no pusiesen sus 
violentas manos. Acabando de hartar su furia , dejando casi destruida á Roma , endere- 
zaron su camino á Bolonia, á donde le fué, después de algunos dias, dada á nuestro César 
la corona imperial. 

Fué representada esta farsa la primera vez,en Sevilla por Alonso Rodríguez, famoso re- 
presentante , en la huerta de Doña Elvira , siendo asistente don Francisco Zapata de Cis- 
neros, conde de Barajas, año 1579. 



PERSONAS. 



General BORBON. 
D. FERNANDO GONZAGA. 
Capitán MORÓN. 
AVENDAÑO, soldado. 
ESCALONA, soldado. 
Guarda. 

Mensagero de Roma. 
CAMILA , matrona romana. 
CORNELIA, matrona romana. 



JULIA, matrona romana. 

FILIBERTO, general , muerto Borbon. 

FARIAS , soldado. 

Italiano. 

Alemán. 

Atambor. 

Capitán SARMIENTO. 

SALVIA.TI , el que corona al emperador. 

Emperador CARLOS QUINTO. 



JORNADA I. 

Borbon junta su consejo de guerra , sobre el sa- 
quear á Roma que ya tenia cercada. El capi- 
tán Morón contradice el saquealla, Avendaño 
y Escalona , dos soldados españoles , entran 
pidiendo el saco que Borbon les ha prome- 
tido : llega de Roma un mensagero deman- 
dando á Borbon en nombre de los romanos 
que alce el cerco , prometido gran suma de 
dinero para el ejército. Despide Borbon el 
mensagero romano negando su demanda , 
dando asiento de dar el dia siguiente el asalto. 

BORBON. D. FERNANDO GONZAGA. 

Capitán MORÓN. AVENDAÑO. ESCALONA. 

Guarda. Mensagero de Roma. 

Borbon. Contra el querer y potestad del 
La bélica , española y fiera gente [mundo 
Que sojuzgan la tiengn , y al profundo 



Causa terror su brío , y saña ardiente , 
Sin valer la razón en que me fundo , 
Ni ser á su braveza en nada urgente , 
Por solo su desiño han levantado 
Contra el pueblo de Marte el brazo airado. 

Testigos sois, o ilustres capitanes, 
Cuan diferente en este hecho he sido , 

Y con cuantos remedios los afanes 
De la cercada Roma he defendido ; 
Mas la gente española , y alemanes , 
Sin haberse á mi ruego persuadido , 
Ponen la escala al roraúleo muro, 

Y me piden que d'el asalto duro. 

No está en mi mano , ni su furia admite 
En este caso parecer contrario, 
Todo á la ira y armas se remite , 
Un solo acuerdo sigue el vulgo vario. 
La funeral Alectho no permite 
Descanso al crudo ejército adversario 



252 



JUAN DE LA CUEVA. 



De la opresada Roma, que ella incita 
El dañüque administra y solicita. 
Levántales los ánimos al hecho 
Junto con su feroz naturaleza 
Las recientes victorias, el estrecho 
En que ha puesto á Toscana su fiereza. 
Esto no deja sosegar su pecho , 
Esto aumenta mas fuego á su braveza. 

Y asi viendo yo esto, y donde estamos, 
Pido que deis el orden que sigamos. 

D. Fern. Gran general Borbon, á quien ha 
De nuestro invicto César dado el cargo [sido 
Meritisimamente, aquí se ha oido 
Tu razón , y tu cargo , y tu descargo. 

Y porque el parecer nos has pedido 
Doy el mió, que al punto sin embargo 
Asaltemos á Roma ; est'es mi acuerdo, 

Y lo remito al parecer mas cuerdo. 
Morón. Usando del debido acatamiento 

Si fuere aquí mi parecer acepto 
Digo , gran don Fernando , que ese intento 
Se reponga , y no tenga en esto efecto. 
Que administrar de Marte el violento 
Furor, no lo aconsejo , ni decreto , 
Contra el pueblo que Dios tien' elegido 
Para el vicario suyo instituido. 

Si esto es de algún valor seréis comigo 
En acetar mi parecer, piadoso, 
O por amor, ó miedo del castigo 
Reprimiréis el ánimo furioso. 
Mirad que á Dios hacéis vuestro enemigo , 
No os atreváis á 61 , que es poderoso 
y vengará su injuria de tal suerte 
Que el menor mal que os dé, será la muerto. 

í>. Fern. Gran capitán Morón, ¿dime qué 
Así mover tu corazón tan fiero? [pudo 

Cuando la gruesa lanza y fuerte escudo 
La causa pide , ¿te haces estrellero? 
Desto me da razón , porque yo dudo 
Como puede ser tal , qu'el duro acero 
Que siempre amaste , agora lo aborrezcas, 

Y la dureza antigua asi enternezcas. 
¿.\o ves los alemanes quebrantados 

Morir por entregarse desta tierra? 
¿Los fieros españoles alterados. 
Dar voces por el fin de aquesta guerra ? 
Si agora desto fuesen desviados 

Y del deseo que su pecho encierra, 
Yerias á los unos y á los otros 
Volver las fieras armas á nosotros. 

Pues si han de hacer cruda matanza 
En los que estamos de su mcsma parte 
Cuánto mejor será darles venganza 
De nuestros enemigos, y dest'arte, 
Knsangricnten los bárbaros su lanza 
En Roma . y los de España en crudo Marte, 
Pongan por tierra el muro de Quirino, 
llagan el pueblo igual con el camino. 



Morón. No vendré en tal acuerdo eterna- 
IN'i tal sentencia firmará mi mano, [mente, 
ü. Fern. ¿Porqué razón, o capitán va- 
liente? 
Morón. Porque es respecto aqueste de 

cristiano. 
D. Fern. ¿Soy del bando crisUaDO dife- 
rente? 
Morón. No digo tal, mas eres inhumano. 
Pues quieres qu'el lugar que le fué dado 
Por Cristo á Pedro sea de ti asolado. 

D. Fern. ¿Qué podemos hacer? pon tú en 

El ejército todo al arma puesto. [sosiego 

Morón. Amata tú hoy, Borbon, aqueste 

fuego. 
Borbon. El modo me da tú, que siga en 

Y será obedecido de mi luego. [esto. 
Morón. Modo pides, estando ya dispuesto 

El ejército fiero á la batalla , 

Que la espada se oye , y ve la malla. [ta 

D. Fern. ¿Es la gente española tan modes- 
Que asi se aplaque de seguir su intento? 
Estando resoluta , y toda puesta 
Al arma, qu'es su vida y su contento. 

Morón. ¿ A nuestro invicto César no mo- 
Taldesiño? [lesla 

Borbon. Qué importa si el violento 
Furor, se va esparciendo por las venas, 
Que están de ira y de corage llenas. 

Morón. Supliquemos á Dios qu'éldéel 
Asi como también dará el castigo, [remedio 

Borbon. O capitán Morón, ese es el medio 
Que hallo, en esta confusión que sigo : 
Él nos guie , él esté contino en medio 
Siendo defensa nuestra, y dulce abrigo. 
De suerte que el gran César nuestro sea 
Victorioso , y el fin que pide vea. 

Avend. Borbon, ¿qu'es tu pensamiento 
Que nos detienes aquí? 
No hay mas qu'el descanso en tí, 
Los regalos y el contento. 
Dejas morir los soldados 
De hambre , sin mas memoria 
De conseguir la victoria 
De los romanos cercados. 

¿Y vas os entreteniendo 
Con promesas non cumplidas 
Porque acabemos las vidas 
Como mugeres durmiendo? 
¿Para qué traemos armas 
Si no habemos de usar dellas, 

Y si en tí no hay mas que vellas 
Porqué con ellas te armas? 

Toca alarma , asalta el muro ; 
No nos difieras mas punto , 
Tu determinación junto 
Venga, y el asalto duro. 
i Y .si mas nos entretienes 



EL SACO DE ROMA. 



253 



llagóte, Borbon .saber 
Que no te podrás valer 
Con todo el poder que tienes. 

Borbon. Soldados flcros de España , 
Que sujetáis la arrogancia 
Del turco, y domáis á Francia 
La una y otra Alemana , 

Y desde el Danubio al Nilo 
Va , y á la desierta arena 
De Libia, y de alli resuena 
Vuestro nombre , y culto estilo, 

Qu'es la razón que tenéis 
Para culpar mi tardanza , 
Si está hincada mi lanza 
En el muro , que queréis , 

Y siguiendo vuestro gusto 
Hemos venido cercando 
Toda Italia demandando 
Lo que niega el cielo justo. 

Esc. General de Carlos Quinto, 
Mas sientes de lo que dices , 
Y-fii no es bien, no avises 
Si es que te falta el instinto. 
Si á toda Italia cercamos. 
Tú no nos dejaste usar 
De la fuerza militar 
Que los soldados usamos. 

A Bolonia , y á Ferrara , 
A Flaminia , y á Faénela , 
¿Quién nos hizo resistencia? 
¿A qué no se saqueara? 
El duque no , que ya estaba 
Temblando el asalto fiero, 
Mas tú como bandolero 
Haces lo que te agradaba. 

Tú nos has ido á la mano 
Apresanduro el viage, 
Prometiendo gran pillage 
De aqueste saco romano. 
Discurrimos tras tu mando. 
Llegamos do dirigimos , 

Y el fin para que venimos 

Vas con plazos alargando. • •, 

Borbon, deja ya razones. 
Toca alarma , asalta luego. 
Que ofende tanto sosiego 
Los bélicos corazones. 

Y entiende que se pretende 
Poner por tierra esta tierra, 

Y si á ti te enfria la guerra 
A nosotros nos enciende. 

Guarda. Ah romano, ¿qué buscáis? 
¿Qué queréis? ¿ó á qué venis? 

Mens. Soldado, pues lo pedis. 
Diré lo que preguntáis. 
Al gran general Borbon 
Le vengo á dar un recado 
De Roma á él enviado 



Vista nuestra perdición. 
Guarda. Aguardad aquí un momento, 

Y daré razón de vos. 

Mens. La lengua te mueva Dios 

Y á Borbon el pensamiento. 
Guarda. Concilio alto escelente , 

ün mensagero está aquí 
De Roma , y pide por mí 
Ante vos verse presente. 

borbon. Dalde la puerta, entre luego, 
Veamos qu'es lo que quiere. 

Avend. Borbon , si paz te pidiere , 
Cierra á el oido á su ruego. 

Borbon. Las armas le quitaréis 
Para entrar como es usanza. 

Avend. Dalde espada, escudo y lanza , 

Y entre armado , ¿qué teméis? 
Cuando franceses tuvieras 

Y no españoles contigo, 
Temieras al enemigo , 

Mas si te guardan ¿qué esperas? 
Segura está tu persona, 
No puede venirte daño , 
Qu'está contigo Avendaño 

Y te acompaña Escalona. 

Guarda. Licencia á entrar se os concede , 
Mas que las armas dejéis. 

Mens. ¿ Los españoles teméis? 
¿Miedo con vosotros puede? 
¿Asi los hombres desarmas? 
¿ No eres tú de aquel crisol 
De España? qu'el español 
No quiere al hombre sin armas. 

Generoso concilio, á quien el suelo 
Dignamente celebra, y tiene en tanto 
Que la gloriosa fama esparce al cielo 
El nombre vuestro en su divino canto. 
Ya veis patente nuestro acerbo duelo , 
No podéis ignorar nuestro quebranto , 
Con vuestros propios ojos estáis viendo 
El mal que hacéis, que Roma está sufriendo, 

Pidevos humilmente que apartando 
De vos tan fiero y pertinaz intento , 
El cerco levantéis , ya perdonando 
A quien n'os ofendió, ni en pensamiento. 
Que bien nuestra razón considerando 
El mas fiero dará consentimiento 
Al justo ruego, y templará la ira. 
Temiendo á Dios, que viendo tal se aira. 

Si alguna saña mueve el inhumano 
Deseo vuestro al cerco qu'está puesto; 
Si el pueblo qu'es de Dios, si el qu'es cris- 
tiano 
Va contra Dios, y lo que manda en esto ; 
Si á su vicario con violenta mano 
Asalta , el luterano viendo aquesto 
¿ Qué ha de hacer , sino seguir su furia , 

Y á nuestra Iglesia hacer injusta injuria? 



254 



JUAN DE LA CURVA. 



Esto pueda con vos , aunque haya sido 
Roma culpada, y dad lugar al ruego. 
Qu'en ley humana, y divina, os pido 
Que permitáis dejalla en su sosiego ; 

Y si para el ejército movido 
Falla dinero, yo lo daré luego, 
No sea de cristianos saqueada 
Roma , pues de cristianos es morada. 

Borbon. Varón romano, el cielo es buen 
Si la voluntad mia tal consiente , [testigo 
Mas que forzado en esto, el querer sigo 
De la soberbia y española gente. 
Con la cual, ni por ruego, ni castigo 
Se ha podido templar su furia ardiente , 

Y asi digo qu'en esto no soy parte 

Y no tengo respuesta otra que darte. 
Mens. Otra piedad traia confianza 

Que habia de hallar en tu presencia. 
Mas pues me falta, sigue tu pujanza 

Y contra Roma usa tu violencia. 

A Dios ofendes , y él dará venganza 
Al pueblo que amenaza tu potencia , 

Y con esto , o concilio valeroso , 

Voy á dar mi recaudo congojoso, [intento? 

Borbon. ¿Qué resta para el fln de nuestro 

D. Fern. Poner en obra lo que se desea. 

Moran. No vengo en tal , ni doy consen- 
timiento. 

Avend. Nosotros demandamos la pelea. 

Borbon. Esto se acabe, y quede dado 
Que luego que se muestre la febea [asiento, 
Luz, en el lugar do agora estamos 
Para dar el asalto nos veamos. 

El parecer qu'en esto habernos dado 
Se Arme luego, y todos lo firmemos, [dado. 

D. Fern. Yo firmo lo qu'está por mi acor- 

Moron. Yo no, que no vendré á tales es- 
tremos. 
Que no m'obliga á mí , aunqu'est'obligado 
Servirá César, lo que aqui hacemos, 
Qu'es ir contra la Iglesia, y su precepto. 

Borhon. Sin ti vendrá nuestro deseo en 
efecto. 

También aqui ninguno va á ofendella 
Porque somos católicos cristianos. 

Morón. Ese camino no es de defendella 
Del rigor de los fieros luteranos. 

Borbon. No es aquesto dejar de obedc- 
cella, 
Pues vamos á ofender á los romanos 
Yá servir nuestro rey , y en este hecho 
Darle lo que demanda su derecho. 

Cargad piezas, locad que fc recoja 
La desmandada y orgullosa gente. 
Reparen con reposo la congoja 
Del dia que huyendo v'á ocidcnte. 

Y luego que su luz muestre la roja 
Aurora , dcscubriéndos' el oriente , 



Haremos lo acordado; poned velas, 
Encended fuegos, vayan centinelas. 



JORXADA II. 



Manfla Borbon que asalten á Roma, prende una 
espía romana, Iraénsela, manda que la ahor- 
quen, Avcndaño le pide que la mande soltar, 
hácese asi , comienza á batir á Roma , y en 
el primer asalto muere Borbon subiendo al 
muro ; hállanlo Avcndaño y Escalona , llé- 
vanlo á su tienda , encuentran tres romanas , 
calivanlas , despojan y matan á un alemán ; 
locan á recoger, cesa el saco por aquel dia. 

General BORBON. D. FERNANDO GON- 

ZAGA. Guarda. Romano. AVENDAÑO. 

ESCALONA. CORNELIA. JULIA. 

CAMILA. Alemán. 

Borbon. Lleno de ira , y sobresalto hor- 
Ardiendo en fiera y rigurosa saña , [rible. 
Todo el discurso desta noche fria , 
Revuelto en bascas , y congoja estraña, 
Pasé con inquietud dura y terrible 
Deseando la luz del claro dia. 
Ya el alma revolvía 
A la triste ruina que promete 
España á l'alta Roma , 
Que agora opresa y doma 
Y la cerviz al yugo le somete 
Después que fué señora 
Del mundo, y tantas gentes domadora. 

Contemplo el alto Capitolio en tierra , 
Su opulencia en poder de los soldados, 
£1 incendio , las muertes, las injurias, 
Sus templos y edificios derribados , 
Las libertades de la libre guerra , 
Los sacrilegios , robos y lujurias , 
Las implacables furias 
De los soberbios bárbaros , dispuestos 
A la cruel ntatanza , 
Usando en su venganza 
Mil robos, mil estupros deshonestos , 
Triunfando de la gloria 
De quien triunfó de tantos con victoria. 

D. Fern. Gran general de España, esta 
es la hora 
Que asignaste, y el punto en que conviene 
Dar el asalto , antes qu'el aurora 
Rompa la oscuridad qu'el mundo tiene. 

Borbon. Ea, gente indomable vencedora 
De todo cuanto el mundo en si contiene , 
Dispongamos el campo, ea, asaltemos, 
Ea , el orden sigamos que tenemos. 

Vos, Don Fernando , por aquesta parte 
Con aquesta avanguardia de alcmano» 



EL SACO DE ROMA. 



255 



Romped el "muro , y con soberbio Marte 
Dad á Roma los últimos afanes. 
El orden raesmo seguirán , y el arte 
Los demás españoles capitanes. 
Vayan por esta banda arcabuceros , 
Por aquella , caballos y piqueros. 

La infantería italiana vaya 
Cercando en torno el Tiber, un ala hecha , 
Guarde el bagage y munición , no haya 
Desorden, que en la guerra esto aprovecha. 
Esté el contrario en su lugar á raya, 

Y si huyere, viendo que lo estrecha 
Nuestra gente , dará en la infantería, 
Si se escapare, dé en la piquería. 

Soldados valerosos , ya es venida 
La ocasión que tenéis tan deseada , 
La diligencia sea apercibida 
De vos , y la pereza desechada , 
La victoria tenéis tan conocida 
Qu'esta noche me ha sido revelada 
Del piadoso y favorable hado , 
Que placido en mi ayuda se ha mostrado. 

D. Fern. ¿De qué sirven mas arengas 
Dinos, general Borbon? 
Que tengo á gran sinrazón 
Que así suspensos nos tengas. 
Habían d'estar ya en tierra 
Los muros, y los soldados 
De los despojos cargados , 
Guando das leyes de guerra. 

El orden que nos has dado 
Todo el campo seguiremos, 
Mas solamente queremos 
Que hagamos lo acordado. 

Borbon. En ese mesmo deseo 
Estoy, mas para un momento. 
Que un gran alboroto siento 

Y e¡ campo alterado veo. 

Guarda. Gran Borbon, haciendo vela 
En este cuarto presente , 
En medio de nuestra gente 
Prendí aquesta centinela. 

Dice á voces qu'es romano, 

Y pues es nuestro enemigo 
Él mesmo pid' el castigo. 
No se lo niegue tu mano. 

Borbon. Romano, di, ¿á qué venistc 
De tu Roma , á mi real ? 
¿Qu'es tu desiño final 

Y la causa á que saliste? 
Si no me lo dices luego 
De modo que satisfagas , 
Yo te haré que lo hagas. 
Poniéndote en vivo fuego. 

No tienes razón que dar 
Si no decir quien t'envia, 
Si vienes en compañía , 
O si solo, á este lugar. 



Y asildo , porque si ordena 
Hacer lo que Mucio obró , 
Cuando la muerte le dio 
Al contador de Porsena. 

Rom. Señor, ¿ qué quieres que diga ? 
Yo soy espía , y salí 
De Roma , yo vine aquí 
A espiar quien nos fatiga , 

Y habiendo considerado 
Todo tu campo dispuesto , 
Volvía avisarlo presto, 

Y atájom' el crudo hado. 
Borbon. ¡Eso no me satisface! 

Con alguna maldad vienes. 

Rom. ¿Aquesto por maldad tienes? 
¿Esto en guerra no se hace? 
¿Cuando faltarán espías 
Del un bando al otro puestas? 

Borbon. No te pido estas repuestas, 
Sino solo ¿á qué venias? 

Rom. Ya t'hc respondido , y digo 
Que te venia á espiar, 

Y á si te pudiera dar 
Con esta mano el castigo. 
Quieres saber mas de mi , 
No tengo mas que decirte , 

Y asi puedes persuadirte 
Que á poder lo hiciera así. 

Borbon. Con tan estraña osadía 
Te has atrevido á hablarme. 

Rom. Mas pensaba adelantarme 
Sí fuera la suerte mía. 

Borbon. Sus, colgado de aquel muro 
Pague sus intentos vanos. 

Rom. No espantan á los romanos 
Muertes, ni castigo duro. 

Avend. Esa braveza de Roma , 
Ese despreciar la muerte , 
Ese hablar de esa suerte 
Tú verás como se doma. 
No permitas, gran Borbon, 
Tratarlo de aqueste modo. 
Que no es bien que un campo todo 
Dé muerte á un hombre en prisión. 

Deja ir libre ese romano. 
Diga su muerte vecina 
Que una sola golondrina 
No suele hacer verano , 
Otra gloria , otro renombre 
Tu gran valor nos promete , 
Digan que un nuestro acomete 
Un capón, y no un capón á un hombre. 

Borbon. Dalde libertad, y vaya 
De nuevas de nuestra ida. 

Rom. Roma aguarda apercibida , 
Que temor no la desmaya. 

Borbon. Dad principio al crudo estrago. 
Toca al arma presto presto , 



256 



JUAN Di: LA CUEVA. 



Guarde cada cual su puesto. 
Santiago, Santiago. 

Este muro levantado 
Por esta escala entran*. 

Y luego que en él esté 
El Tuerte tengo ganado. 
Poca defensa hay aqui , 
Arriba , arriba , Borbon , 
No te faite el corazón. 

¡ Muerto soy , triste de mi ! 

Arcnd. Anda, Escalona , llevemos 
A la tienda esc pillage. 
No aguardes cargar bagage. 
Porque luego nos tornemos. 

Esc. Echa por este camino , 
Atajaremos gran parte. 

Avend. Este al gran furor de Marte 
Dio el espíritu mezquino. 

Esc. Parcceme qu'es Borbon 
Aquel que alli vemos muerto. 

Avend. Él es ; no es otro por cierto, 
Que acabó con su intención. 
Por ser nuestro capitán 
Llevémoslo á nuestra tienda , 

Y que es muerto no se entienda. 
Esc. Cárgate ese ganapán. 

Echémoslo de aqui abajo , 
Dalo al diablo que pesa , 
Por cierto qu'es buena presa 
Para tan grande trabajo. 

Avend. No es razón que le dejemos , 
Que en muerte no es bien vengarnos. 

Esc. Ni aun de un muerto es bien cargar- 
Pues hay rio en que lo echemos. [nos 

Corn. ¡ Ay mísera caida, 
Ay dia postrimero 
Del valor alto de la sacra Roma , 
Ay gente enfurecida , 
Ay hambre de dinero , 
Que asi os consume el alma su carcoma ! 
Hoy se sujeta y doma 
La ciudad que ha rendido 
Cuanto mira el sol puro, 
Hoy sufre asalto duro, 
Y boy será cuando puede destruido. 
¡ Ay dulce patria amada 
De Dios, para su Iglesia diputada! 

Hijas de mis entrañas. 
Regalo y gloria mia, 
¿En tan estrecho paso qué haremos? 
Vamos á las montañas, 
Quizá hallaremos via 
Como del fiero incendio nos libremos. 
En las manos nos vemos 
De la enemiga gente , 
Las haciendas quitadas, 
Las casas abrasadas , 
Sujetas al furor de su ira ardiente , 



A riesgo que perdamos 

Con la hacienda el nombre que estimamos. 

Julia. Señora , la crueza 
Del bárbaro enemigo 
Que con airada y rigurosa mano 
Usando su fiereza 
Nos quila el patrio abrigo. 
Asolando el valor y ser romano, 
Cuando con su inhumano 
Furor, haya igualado 
El Capitolio al suelo. 
Su fuerza, ni mi duelo. 
Harán mover mi virginal cuidado , 
Ni con infamia oscura 
Podrán amancillar su hermosura. 

Cam. Cuando puesta en sus brazos 
Quisieren con violencia 
Sobrepujar mi femenil sugeto. 
Seré hecha pedazos 
Con firme resistencia , 
Primero que venir en tal decreto. 
Mas si en tan duro aprieto 
Fuere mas poderosa 
Su fuerza que la mia. 
El cuerpo se rendia, 
No el alma , qu'en aquesta trabajosa 
Lucha , estará constante , 
Teniendo siempre el casto honor delante. 

Corn. Ese solo recelo , 
Hijas , me congojaba. 
Mas ahora que veo vuestra firmeza 
No temo el triste duelo , 
Ni el fin que me llamaba , 
Con ver que no se pierde la nobleza. 

Julia. ¡Ay tristes! ¿qué fiereza 
De hombres, es aquesta? 

Cam. Cielo justo, tu ayuda 
En este paso acuda. 

Corn. Hijas, ánimo aquí, labora es esta. 
Ya enemigos vemos 
Donde del valor nuestro ejemplo demos. 

Avend. Anda, Escalona , apresura 
El paso , ¿vienes durmiendo? 
Voto á tal que no te entiendo , 
¿Tal vas en tal coyuntura? 
Ponte alas á los pies , 

Y á las manos dos escarpias , 
Anda, hagámonos harpías. 
Pues tan buena ocasión es. 

Esc. Por el dador de la vida 
Qu'es buen pillage el que veo. 

Avend. Bueno Escalona, no creo 
Que es mala nuestra venida. 
Arremete presto á asillas , 
No vengan otros soldados , 

Y á la parte acodiciados 
Hayamos de repartillas. 

Hermosas damas romanas , 



EL SACO DE ROMA. 



2o7 



Pues fortuna os ha traído 
A tal estado y partido , 
Pareciendo mas que humanas, 
Permitid ir con nosotros , 
Adonde seréis guardadas 
Servidas y regaladas, 
Antes que os asalten otros. 

Y tened seguro aquí 
Que lo que toca á guardaros 
Podéis, señoras, fiaros 
Deste soldado, y de mí. 
No usaremos del furor 

Y libertad d« la guerra. 

Que en nuestros pechos se encierra 
La piedad , y no el rigor. 

Corn. Soldados , yo he creído 
Que el cielo oyó nuestro llanto, 
Pues en tan fiero quebranto 
Nos ha á vosotros traído. 

Y habiendo de ir tres matronas 
En las cadenas esquivas, 
Libertad es ir captivas 
Sirviendo tales personas. 

Sola una cosa os demando 
Con lágrimas destos ojos. 
Que estas de que hacéis despojos 
Miréis , su honor conservando, 
Porque su rescate dellas 
Será tal cual lo veréis , 

Y sin esto subiréis 

Vuestro nombre á las estrellas. 
Esc. Señora , yo doy seguro , 
Por la ley de buen soldado , 
Que sea su honor guardado , 

Y á Dios lo prometo y juro. 

Corn. Eso alivia el mal que siento , 

Y ^s parte de consolarme 
Del yugo á que veo llevarme. 

Avend. No lo será mas contento. 

Aguarda , Escalona , tente , 
Ten la espada apercebida , 
Que por esta via seguida 
Oigo gran tropel de gente. 
Dos alemanes cargados 
Vienen , o fieros violentos , 
Con casullas, y ornamentos 
De los templos consagrados. 

Esc. Ponte en aqueste parage. 
Pese á tal con los ladrones. 
Dennos en pocas razones 
Los pellejos y el pillage. 
Estáte quedo , Avendaño , 
Déjalos , lleguen do estás ; 
Pondrémoslos que jamas 
En iglesias hagan daño. 

Al. Cárgate bien , compañero , 
No te detengas , ni tardes , 
Porque los despojos guardes 



Que llevas del saco fiero. 
Los españoles no vengan , 
Que si vienen, ten por cierto 
Que tú sin ropa, y yo muerto 
Quedamos, que así se vengan. 

Avend. A ellos, ea. Escalona, 
Mueran entrambos á dos. 

Esc. Este ya es mió , por Dios. 

Avend. Pues estotro no blasona ; 
Muertos están, ¿qué haremos? 

Esc. Qué , no detenernos punto , 

Y ese lio todo junto 

Con lo demás nos llevemos. 

Avend. ¿Qué haces, á qué aguardamos? 
¿No oyes á don Fernando 
Que su gente retirando 
Viene hacia donde estamos? 
Sigúeme por esta parte. 
Que si liega , es camarada , 

Y pedirá le sea dada 
Desta nuestra presa parte. 

Esc. EiTviarélo yo á la horca 
De donde lleve despojos, 
Questos al ver de los ojos 
Los llevará sí se ahorca. 

Avend. Estorbemos pesadumbre. 

Esc. Calla , que es ese un figón , 
Bergamasco , gran poltrón 
Que le baja su costumbre. 

Avend. Este camino tornemos 
Que es mas cerca, y mas seguido, 

Y el robo que hemos habido 
Entre los dos lo carguemos. 

Y , señoras , caminando 
Poco á poco por aquí 
Podremos llegar aüí , 

Do no llegue don Fernando. [irAgo 

D. Fern. Estraño ha sido el riguroso es- 
Que en Roma habemos hecho con victoria , 
Dándole el justo y merecido pago 
A su loca y altiva vanagloria. 
Lástima daba ver el rojo lago 
Que por las calles iba, cuya historia 
Roma celebrará en eterno llanto , 

Y á España ensalzará en divino canto. 
Alambor, toca á recoger la gente, 

Que va del día faltando la luz pura. 
Cese ya la crueldad , y saña ardiente , 

Y de Roma la estrema desventura. 
A Borbon demos , general valiente , 
Con tierno sentimiento sepultura ; 
Yo lo voy á buscar ; tú echa bando 

Que en orden vengan al real marchando. 



17 



2ri8 



.u;an dk la cueva. 



JORXADA III. 



Por la niiKMlc de Borbon fue eligido cajiilan 
smeni Fiiiberlo. Salen á un desafio singular 
Parias, iiii síjldado español, y na alemán lute- 
rano : liare traerlos á su presoneia, y sabida 
la ocasión de su desafio, manda (|ne al lute- 
rano arrojen en el rio alado á un peso, y da 
lilierlad con iniic-lias alaban/.as á Parias. Vié- 
nele un mensajero de Roma, cuéntale los 
grandes ilaños que en ella se hacen , piílién- 
dole que cesasen. Otórgaselo ; demándale las 
Ires romanas que cativaron Escalona y Aven- 
daño, prometiendo su rescate; entrégaselas, 
y manda que luego marche el campo para 
Bolonia. 

FILIBERTO. D. FERNAISDO GONZAGA. 

Ai.EMAN. PARIAS. Guarda. Messagero de 

Roma. Atambor. AVEÍíDAÑO. ESCALONA. 

CORNELIA. JLLLA. CAMILA. 

« 
FU. Del bélico furor y ardor de Marte 
Los miseros romanos quebrantados 
Andan vagando de una á otra parl«. 
Temblando de los bárbaros soldados, 
Que arbolando de César 'lestandarte, 
A cuya sombra todos arrimados. 
Con detestables daños han rendido 
El pueblo en todo el mundo mas temido. 

Agora resta, ejército potente 
De Carlos inviclisimo enviado 
A Es|)cria , á sosegar la ñera gente , 

Y á opresar al rebelde y obstinado, 
Que viendo la ruina y mal presente 
Dejemos las reliquias que han quedado 
En Roma, del incendio riguroso, 

Y el campo recojamos victorioso. 

J). Fern. Filiberto magnánimo, elegido 
Por el cesáreo campo , en el oficio 
Del general Borbon , que muerto ha sido , 
Sin ver de Roma el fin , y cruel suplicio ; 
Suplicóle me sea concedido 
De ti , qucl campo and'en su ejercicio, 
Qu'es robar, pues ya sabes, qu'el soldado 
Ha de ser de la guerra aprovechado. 

Porque la gente de la invicta España, 
Quen este asalto ha sido la que ha hecho 
Todo el efecto, usando de la maña 
De guerra , y del valor de su alto pecho, 
liará punto, y tendrá á injuria estraña 
Impedirle su intento, y con despecho 
Levantará un motin , que nos veamos 
En mas afrenta que jamas pensamos. 

Y por esta razón , o valeroso 
Filiberlo , permite aprovecharse 
Del saco , aquel ejército furioso 
Que su gloria es en esto recrearse. 



/•>'/. Gocen del triunfo y premio victorioso, 
Qii'cs el fin á que vienen á entregarse 
Al rigor de Vulcano , que mi intento 
IVo es impedirle á ellos su contento. 

Mas condolido ya de la crueza 
Que se usa con Roma , ya arruinada , 
lia movido mi ánimo á terneza , [ pada. 
Sintiendo el mal que ha hecho nuestra es- 

D. Fer». Dcj'aquesa congoja, esa tristeza. 
Que con razón ha sido castigada 
Su locura , y oigamos qué ruido 
Es este, que acá viene dirigido. 

Far. No hay para que mas razones , 
Ya estamos puestos en puesto, 
Dond' entenderás bien presto 
Lo que sirven tus blasones. 

Y el agravio que te hice 
Ha sido muy justamente , 

Y quien contradice miente, 

Y quien otra cosa dice. . 

Al. Si han de averiguar las manos 
Lo que dices que me has hech , 
¿No ves que son sin provecho 
Aquesos desgarros vanos? 
Aqueste guante me diste, 
Señalándome el lugar 
Donde te lo habia de dar, 

Y al mesmo efecto veniste. 
Aqui estamos, helo aqui. 

La ropa nos desnudemos , 
Porque los dos peleemos , 
Cual tii me pediste á mí. 

Far. No quiero verte desnudo 
Porqu'eres soldado viejo . 
Yo sí, que de tu pellejo 
Pienso de hacer escudo. 

No porqu'entiendo con él 
De peligro defenderme , 
Que no podrá guarecerme , 
Qu'es menos que de papel. 

Y es agravio conocido 
A la española nación , 
Contra flaca defensión 
Haber hazaña emprendido. 

Al. Aquese hablar ataja. 
No ves qu'esíás blasonando, 

Y eres , según voy notando , 
Gran hablador de ventaja. 
Ea, desmídale luego, 

O vestido como estás. 

Far. Pues lo quieres, tú veras 
Como sales deste juego. 

D. Fern. Campo singular entiendo 
Qu'es aquel, dame licencia , 
Trairélos á tu presencia , 
Quitaré el combate horrendo. 

Fil. Pues te agrada , don Fernando, 
Ir personalmente alli , 



EL SACO DE ROMA. 



259 



Vo , y traémelos ante mí . 
Que aquí los esto aguardando. 
Far. Acaba de desnudarte. 
Tanto dilatas venir, 
Es que temes el morir , 

Y quieres asi escaparte. 
Yo te otorgaré perdón 
Con hacerte dos mamonas , 
Porque de tales personas 
Basta tal satisfacion. 

Al. Español cobarde , entiendes 
Qu'en mi reina cobardía , 
Veamos si tu osadía 
Te d'aqui lo que pretendes. 

Far. Poltrón , vil , y areminado , 
Tú verás lo que hay en mi. 

D. Fern. Parad , soldados , aquí. 

Far. Déjenos , señor soldado. 

D. Fern. No puede ser, qu'me envia 
El general á llamaros, 

Y de fuerza he de llevaros. 
Far. Comigo no se entendía. 

D. Fern. Sí entiende , que yo os lo pido . 

Y si vos me conocéis 

Mi ruego á hacer vendréis. 

Far. Habiendo esto concluido. 

D. Fern. Español , tened por bien 
Ir comigo al general , 
Qu'es la persona real ; 
No uséis de aquese desden. 

Far. Si viera al emperador 
A quien solo soy sujeto. 
No tuviera mas respeto 
Que á vos os tendré , señor. 

Porque tal comedimiento 
Cual comigo habéis usado. 
Son prisiones que han atado 
Mi voluntad , de su intento. 

Y asi , vamos do mandáis. 
Mas será con condición 
Que oída- nuestra ocasión , 
A do estamos nos volváis. 

D, Fern. Luego qu'el caso se vea 
El general proveerá 
Lo que en ello se hará , 
O por paz , ó por pelea. 
Filiberto valeroso , 
Estos dos fuertes soldados 
Salieron desaflados 
A combate riguroso. 

Enviásteme por ellos. 
Yo te los traigo y presento ; 
Sabido su fundamento , 
En paz procura ponellos. 
Que soldados tan valientes 
No es justo perder así, 

Y si no hay agravio aquí , 
Reprima sus accidentes. 



FU. Para que yo dé sentencia 

Y pueda determinar 
Vuestro campo singular , 

Del cual no tengo espcriencia , 
Conviene que me informéis 
Cual ha sido la ocasión, 

Y oída la información 
Así la sentencia habréis. 

Far. En el asalto romano , 
Gran sucesor de Borbon, 
Metido en la confusión 
Del ejército inhumano, 
Andábamos los de España 
Con los de Italia revueltos. 
Hurtando , todos envueltos , 
Los de Francia y Alemana. 

Cada cual , cual mas podía , 
Del robo se aprovechaba , 

Y el que menos alcanzaba 
Llevaba mas que quería. 
Sucedió que andando en esto 
Una gran casa encontré , 

Y queriendo entrar hallé 
A uno á la puerta puesto. 

Dijo que me detuviese 
Porqu'entrar no era posible, 
O que castigo terrible 
Veria si me atreviese. 
Confieso que me volviera 
No por él , mas porque oí 
Gran estruendo , y vuelto en mí , 
Temí lo que se dijera. 

Con un ánimo inhumano 
Dispuesto al cruel recuentro , 
Pregunté : ¿quién está dentro? 
Que á mí me vaya á la mano. 
Respondió : no basta yo, 

Y diciendo esto arremete , 

Y por mi espada se mete. 
De la cual muerto cayó. 

Yo proseguí con mi intento, 

Y en la casa mas entrando. 
Mas estruendo iba notando , 
Mas voces , y mas lamento. 
Quisiera certificarme 

De tan estraño ruido , 
Tan doloroso alarido , 
Primero que aventurarme. 
Y estando dudando asi. 
Oí decir : luteranos , 
¿ En Dios ponéis vuestras manos , 
El cielo n'os hunde aquí? 
Yo que ib' á entrar á este punto. 
Este traidor que salía 

Y una monja que traía 
Asida , y con ella junto. 

Como me vio diferente 
En el hábito y postura , 



áCO 



JUAN DE LA CUEVA. 



Me dijo, en tal desventura : 
Español , séme clemente. 
Qu'este fiero luterano 

Y olios de su mal ejemplo 
Este convento y su templo 
Han metido á saco mano. 

Las monjas traen arrastrando , 
Robando los ornamentos. 
Quemando los sacramentos, 

Y contra Dios blasfemando. 
En oyendo la razón 

De la monja maltratada , 
Arremetí con mi espada , 
Ardiendo en ciega pasión. 
Y viendo aqueste traidor 
Mi determinado intento, 
La monja soltó al momento, 
Por resistir mi furor, 

Y andando los dos riñendo 
Puesta en salvo la cautiva , 
Acudió gente de arriba, 
\' de la calle viniendo. 

Estorbaron la contienda , 
Porque él temió los de fuera , 
Yo los que bajar oyera , 

Y asi tuvimos la rienda. 
Hame venido buscando , 

Y pídeme que le dé 
La captiva que se fué , 
Cuando nos vio peleando. 

Esta ha sido la ocasión, 
Gran general , y este diga 
Si es verdad , ó contradiga , 

Y da tu resolución. 

Fil. ¿Esto que aquí se ha propuesto 
Es verdad cual lo has oído? 
.1?. Verdad es, mas soy ofendido, 

Y á vengarme estoy dispuesto. 
Él me tiene de entregar 

La captiva, ó dar la vida, 
Que esta razón de tí oida 
Por fuerza m'ha de ayudar. 

Fil. Sí haré, si eres cristiano. 

Al. No lo soy, mas mi defensa 
Es, que esta guerra dispensa, 
Aunque yo sea luterano. 

Fil. ¿Lid singular entre dos 
Sin mando puede acetarse? 

J¡. Ahora puede dispensarse , 
Dando la licencia vos. 

Fil. La licencia que daré. 
Será que al líber romano 
Te arrojen, mal luterano, 
Enemigo de la fe. 

Alto , haced lo que digo , 
Sin diferir un momento 
De cumplir mi mandamiento. 

/Juarda.Dárselehael mesmo castigo. 



Fil. Y tú , valiente soldado , 
Ve libre con la victoria , 
Que justo es darle tal gloria 
A quien por Dios se ha mostrado. 

D. Fern. ¡ O qué divina sentencia, 
Digna de ser de ti dada , 

Y que sea celebrada 

Tu rectitud y prudencia í 

Y entiende que siendo oida 
Del invicto emperador. 
Que estimará tu valor 
Por hazaña tan subida. 

Guarda. Tu mandamiento fué hecho, 
Como mandado me fué, 

Y en el Tíber lo arrojé. 

D. Fern. Él ha sido un alto hecho. 
Fil. ¿Cómo ejecutaste , di? 
Guarda. Señor, atéle un cordel , 

Y una grande piedra en él, : 

Y al rio lo arrojé así. 

Un mensagero ha venido 
De Roma , [)ide licencia 
De venir á tu presencia : 
De ti sea respondido. 

Fd. Entre luego , y tú lo guia , 
Veamos qué es su demanda. 

Guarda. Que entréis Filiberto os manda. 

Mens. Mueve Dios la lengua mía. 

Haz de modo que se aparte 
De su rebelde intención , 

Y que oyendo mi pasión , 
De aplacar su ira se aparte. 
Pues nuestro grave dolor 
Nos tiene tales. Dios mió, 
Tiempla y mueve el crudo brío 
Del contrario vencedor. 

Si lugar diese la miseria mía. 
Senado escelso , y declarar dejase 
A la turbada lengua en este dia , 
Sin que en llanto, cual suele, la ahogase. 
No hay tanta saña en vos , que no seria 
Conmovida , ni scita que no usase 
De piedad , oyendo nuestro duelo 
Qu'cs el mayor que visto sea en el suelo ; 

Porque si dél hubiese de dar cuenta, 

Y vuestro corazón oír pudiese 

El mal nuestro, y de Dios la injusta afrenta, 
No es posible que á llanto no os moviese. 
¿De qué gente se oirá, que no se sienta 
Que la Iglesia de Dios en poder fuese 
De anatematizados luteranos. 
Poniendo en ella sus violentas manos? 
¿No os alterad espíritu? ¿es posible 
Que vuestra cristiandad sufre tal cosa , 
Tal inhumanidad, mal tan terrible. 
Ofensa tal á Cristo y á su esposa? 
¿ No os levantáis , y dais castigo horrible 
A la gente enemiga y odiosa 



EL SACO DE ROMA. 



261 



De la sede apostólica sagrada 

De Dios instituida, á Pedro dada ? 

No es posible qu'en religión cristiana 
Quede tan gran insulto sin castigo , 
Ni el bárbaro inhumano, que profana 
Los preceptos de Dios como enemigo. 
Ved por el suelo la valía romana. 
Principes, escúchame, estad comigo, 
Qu'en breve suma quiero daros cuenta 
Si pudiere , de nuestra injusta afrenta. 

Luego que entrados nuestros muros fueron 
Por bélica violencia derribados 
Al suelo, y dentro en la ciudad se vieron 
Los libres y sacrilegos soldados , 
Los unos á los templos acudieron , 
Sin ser de su crueza reservados. 
Los otros á las casas principales 
De grandes , ó á robar los cardenales. 

Esto hicieron ya después qu'el fiero 
Furor de los nefarios luteranos , 
Asaz harto de haber con duro acero 
Tan gran matanza hecho en los cristianos , 
Con hambre insaciable de dinero , 
Acudieron al robo que sus manos 
Dejaban, por seguir otros ejemplos, 
En corromper doncellas, quemar templos. 

Hanse hartado ya , ya no les queda 
Que poder hacer mas, de lo que han hecho. 
Ni hay cosa ya que aprovecharles pueda , 
Ni en cosa en que no tengan su derecho. 
Vuestra piedad , o príncipes, conceda 
A Roma quedar libre deste estrecho ; 
Miralda por el suelo ya arruinada 
Del furor y rigor de vuestra espada. 

Nunca se vio jamasen tal estremo . 
Con haber sido perseguida tanto , 

Y es tanto que acordarme dello tremo, 

Y me corta el vigor el crudo espanto. 
Que Alarico , en crueza rey supremo , 
Ni Atila le puso en igual llanto , 
Cual ahora se ve toda asolada 

Del furor y rigor de vuestra espada. 

Pídeos humilde , o príncipes, qu'el fiero 
Cerco le alcéis, pues no le ha ya quedado 
Ropa, joyas, haciendas, ni dinero. 
En qu'el campo no esté todo entregado ; 
Mejor veis esto vos , que yo os refiero, 

Y mejor sabéis vos lo que se ha usado 
Con la misera Roma que os demanda 
La piedad en hazaña tan infanda. 

FU. Gran romano , no sé cómo te diga 
El dolor que de Roma se ha sentido. 
Ni qué camino en este caso siga 
Que satisfaga , y sea yo creído , 
Porque no faltará quien contradiga 
Que de mi fué y ha sido consentido 
Hacer á la alta Roma tal ultraje , 
De las paces quebrando el homenage. 



Bien es á todo el mundo manlflesto 
Lo poco que yo debo en esta parte, 

Y asi no quiero disculparme en esto; 
Sino respuesta á tu embajada darte , 

Y digo que del cerco tan molesto 
Que con justicia dices agraviarte , 
Serás libre , y el campo levantado , 
Así cual pide Roma en tu recado. 

Mens. Pues, general valeroso , 
Cuya bondad da ocasión 
Que olvidemos la pasión 
J)e nuestro estado lloroso , 
De aqueste fiero combate 
Tres captivas han traído 
A tu real ; yo las pido, 
Dando el debido rescate. 

FU. En eso y en lo demás 
Se cumplirá lo que dices, 
Como tú dello me avises , 
Sin faltar desto jamas. 
Atambor , echad un bando 
Que cualquiera que tuviere 
Tres cativas , sea quien fuere , 
Las venga manifestando. 

At. Manda el señor general 
Por bando, á ser compelido 
A I que de Roma ha traído 
Tres romanas al real , 
Que para ser rescatadas 
De su miserable suerte > 
IManda so pena de muerte 
Sean luego ant'él llevadas. 

Avend. Habiendo tu bando oído , 
Venimos á obedecello. 
Como es justicia hacello, 

Y tú ser obedecido. 
Estas son las tres cativas 
Que del asalto romano 
Trujimos por nuestra mano 
A las prisiones esquivas. 

FU. ¿Son estas las que buscáis? 

Mens. Señor sí , aquestas son 
Cuya nobleza y blasón 
Es mas de lo que pensáis. 

Y así , soldados valientes , 
Sin que en esto haya debate, 
Ponelde nombre al rescate 
De las cativas preseiites. 

Esc. Siendo de tanto valor 
No tenemos que pedir , 
Mas querello remitir 
A vuestro acuerdo , señor. 

Y lo que hicierédes vos. 
Nosotros lo obedecemos , 

Y contentos quedaremos. 
De cualquier modo , los dos. 

Mens. El gran cardenal Colona, 
Alto genera! , rae envía 



2G2 



JUAN DE LA CUEVA. 



A esto , y él te pedia 
Lo que yo por su persona. 
Él dará resolución 
De lo que se debe dar, 
O quisieren demandar 
Por aquesta redención. 

FU. ¿Qué queréis , señor soldado , 
Que se os envie'n rescate? 

Avettd. Señor , deso no se trate , 
Que eso á vos queda encargado. 

FU. Llevaldas, pues tan hidalgo 
Avendaño se os ofrece , 

Y mas de la que merece 
Por fácil merezca algo. 

Corn. Sumo general de España, 
No sé con qué razón diga 
Lo que tu bondad me obliga , 
En tan heroica hazaña. 
Mas remitolo al sentido. 
Pues se me turba la lengua , 

Y súplase aquesta mengua 
Con ser el caso entendido. 

Nosotras cautivas fuimos 
Destos dos fuertes soldados. 
En quien hallamos cobrados 
Los regalos que perdimos. 
Porque en el buen tratamiento- 
No pudiera yo su madre, 
Ni su poderoso padre , 
Tratarlas con mas contento. 

Y en nuestras penas esquivas 

Y en nuestras ansias sobradas , 
Fuimos servidas, guardadas. 
Que nunca fuimos cativas. 

Y asi se enviará á los dos 
El rescate , o general , 
Tal , y si no fuere tal, 

A pedirlo iré por Dios. 

Mens. Dándonos, señor, licencia, 
Queremos ir nuestra via. 

FU. Vaya Diosen vuestra guia. 

Mens. Y él quede en vuestra presencia. 

FU. Vos de mi guardia id con ellos. 
Acompañad su viaje , 
No íc le impida el pasagc , 

Y alguien se atreva á ofendellos. 
Valeroso don Fernando , 

El campo recogeréis 
Luego, y con él os iréis 
Para Bolonia marchando. 
Porque nuestro emperador 
Me envian hoy avisar 
Que allá se va á coronar. 

D. Fern. Así lo haré , señor. 

Toca á recoger al punto , 

Y di á la gente de guerra 
Qu'el bando, y dejar la tierra. 
Se tiene de cumplir junto. 



Que so pena de la vida 
El que en Roma se tardare 
Un hora , si no marchare 
A Boloña en via seguida. 

Át. Manda el señor don Fernando, 
En nombre del general , 
Que todos los del real 
Le sigan luego marchando, 

Y que dejando sus modos 

Y tratos , dentro de un hora 
Oyendo mi voz agora, 
Venga á noticia de todos. 



JORNADA IV. 



Llegados á Bolonia don Fernando de Gonzaga 
y el capitán Sarmiento, se encuentran, tratan 
de algunas cosas, y de la ocasión que le mo- 
vió al emperador á querer coronarse en Bo- 
lonia. Sale el invicto emperador, recibe la 
corona imperial por la mano de Salviati. 

DON FERNANDO GONZAGA. Capitán 

SARMIENTO. SALVLATL Emperador 

CARLOS QLLMO. 

D. Fern. No sé cómo encaicceros. 
Señor capitán Sarmiento, 
El regocijo que siento 
De veros bueno, y de veros. 
Y aunque en mi larga jornada 
He venido quebrantado, 
Con solo haberos hallado. 
Es suave y regalada. 

C. Sarm. En esa mesma ocasión , 
Es tan bueno mi derecho 
Que me deja satisfecho 
Con no deciros razón. 
Que siendo tan conocida 
3Ii pura amistad de vos, 
No hay engaño entre los dos , 
Si las dos es una vida. 

Y dejando esto á una parte , 
Decidme cómo os ha ido 
En el saco , que he sabido 
Que alcanzastes buena parte. 
Esto supe en Barcelona 
De un correo que llegó 
De Roma, que se envió 
A la imperial persona. 

Con el cual me pasó un cuento 
Bien gracioso sobre mesa , 
Que contando vuestra empresa 
Perdió el hablar, y aun el tiento. 
Porque le senti el humor 



liL SACO DE ROMA. 



263 



Quo era amigo de brindar , 

Tanto como de hablar 

Con ser muy buen hablador. 

Hice que menudeasen 
Los pagos en su porfía. 
De un vino de Malvasia , 

Y que las tazas colmasen. 
Él enamorado dellas , 
Siguiendo tras sus amores 
Se puso de mas colores 

Que el arco de las doncellas. 
Vino el negocio á tal punto 
Que vierais vuestro correo 
No correr , ni dar meneo 
Que no fuese todo él junto. 
Yo por honor de su fama 
Hice que lo desnudasen , 

Y de brazo lo llevasen 
A reposar á la cama. 

Y luego que amaneció. 
Me dijo muy reposado : 
Cierto no ha mal caminado 
Quien de Roma ayer salió. 
Yo, visto que aun le duraba 
El humo de Malvasia, 
Nada no le respondía , 

Y de vos le preguntaba. 

Y á poder de rempujones. 
Me dio estas nuevas de vos. 
Que las estimé por Dios 
Cual razón , no cual razones. 

Y no me fiara del , 

Por estar tal, cual os digo, 
Mas afirmólo un su amigo 
Que posó junto con él. 

D. Fern. En el asalto romano , 
Es negocio tan cantado 
Que no se halló soldado 
Que no hinchese la mano. 
Por donde bien se entendía 
Que si á todos les sobraba , 
Que á mí que entr'ellos andaba. 
Tampoco me faltaría. 

Porque verais por las calles 
Ropas, tapices, vajillas. 
Sin estimarse, esparcillas, 

Y esparcidas, no tocalles. 
Verdad es , que los de España 
El robar ejercitaban , 
Contrario de lo que usaban 
Los bárbaros de Alemana. 

Estos, ni templo dejaron. 
Ni religión que no entrasen , 
Ni imagen que no quemasen , 
Ni monja que no forzaron. 
No procuraban dinero , 
Que del no hacían cuenta , 
Mas con una sed sangrienta , 



Satisfacían á Lutero. 

Pero la gente invencible 
De la nación española 
Fué la que no pudo sola 
Sufrir maldad tan terrible. 

Y asi siempre los seguían , 

Y los hacían mil pedazos , 

Y con sus valientes brazos , 
La cristiandad defendían. 

Los rebeldes luteranos 
En un riesgo tan estraño 
Recebian mayor daño 
De España que de romanos. 
Mas al fln ellos hicieron 
Cuanto pudo ser posible , 

Y aun cosas qu'es imposible 
Que hombres á tal se atrevieron. 

Y pudíérate contar 
Cosas que vi con mis ojos , 

Y en cosas hacer despojos , 
Que te hiciera llorar. 

Mas dejólas , porque huyo 
Su memoria que me atormenta , 
Solo porque me des cuenta 
De una cosa en que concluyo. 

), Cuál ha sido la razón 
Te ruego me des aviso, 
Porque aqui el gran César quiso 
Hacer su coronación ? 
Si á Roma tenia sujeta, 

Y es uso alli coronarse , 

¿ Qué le movió aquí apartarse? 

C. Sarm. No ha sido causa secreta. 

La causa mas principal 
Fué la ruina presente , 

Y en un dolor tan reciente 
El placer seria mortal. 
También se consideró 
Que aderezos faltarían 

En Roma, cual convenían , 
Sabido que tal quedó. 

Otras causas le han movido 
.41 emperador de España , 
Que son ir de aquí Alemana, 
A cosas que han sucedido, 
Principalmente aplacalla. 
Qu'entre algunos señalados , 
Ejercitan alterados 
Lanza, escudo, espada, y malla. 

A reducir á su fuero 
Algunas francas ciudades , 
Que intentando libertades, 
Huyen del cesáreo impero. 

Y hanse venido á ligar 
Los esguizaros con ellas , 
Para querer defendellas, 

Y aquesto va á sosegar. 
Va á elegir los electores 



204 



iVAJi DE LA CUETA. 



Del nlto rey de romanos, 

Y á Ungrla á esforzar los vanos 

Y repentinos Ictnorcs 

Que Baiboda , rey de Buda , 
Con favor de Solimán , 
Junta gente , y que á Austria van 
La primavera sin duda. 
Estas y otras cosas son 
Las causas para no ir 
A Roma, por acudir 
De aqui , á su petición. 
¿Y nosotros qué hacemos? 
¿>'o oyes gran vocería? 
De placer, sigue esta vía, 

Y en la ciudad nos entremos. 
Hora es ya , qu'este ruido 

Nos avisa que nos vamos , 
Porque si acá nos estamos 
Haremos lo no debido. 
Sigamos este camino 
Que mas cerca me parece. 
Por este que se me ofrece, 
Don Fernando , t'encamino. 

Salv. Escelso emperador, luz de la tierra, 
A quien el sumo Altitonante tiene 
Por pilar de su fe , pues en tí encierra 
Cuanto á tal ministerio á ver conviene. 
Por quien el fiero turco se destierra, 
Y el valiente francés teme, y no viene 
A inquietar el mundo, que tu mano 
Invencible , sujeta y tiene llano. 

Guardando el uso que se guarda en esto , 



Tu magestad católica , en presencia 
De Dios , me jure siempre estar dispuesto 
Con eterna observancia y obediencia 
En defender la Iglesia, del molesto 
Lutero, y los demás, que con violencia 
La ofendieren , siguiendo el crudo intento. 

Emp. Yo ratifico vuestro juramento. 

Salv. Reciba vuestra magestad , agora. 
Las insignias que pide la grandeza 
De emperador, y aquesta vencedora 
Mano , tenga este cetro de firmeza ; 
Esta espada , que sea domadora 
Del enemigo de la fe, y su alteza ; 
Este mundo de oro, qu'es el mundo 
De que os hace señor, sin ser segundo 

Esta corona á vos justa y debida , 
Sustente la cabeza gloriosa. 
Como cabeza de la fe, eligida 
Para ampararla de la cisma odiosa. 

Y el cielo os dé y otorgue tanta vida 
Cuanto durare en él la luz hermosa 
Del sol , y os dé Vitorias cscel^ntes 
De varias, fieras, y enemigas gentes. 

Y porque resta que la sacra mano 
Del vicario de Dios os unja , vamos. 
Emperador dignísimo romano , 
A quien el ceptro y obediencia damos , 

Y el Hacedor del cielo tan ufano 
Os haga , que de vos solo veamos 

El nombre eterno, de inmortal memoria,. 
Poniendo fin en esto á nuestra historia . 



EL INFAMADOR. 

COMEDIA. 

ARGUaiENTO DE LA OBRA. 



Leacino, galán y hombre rico, se aficiona de Eliodora, la cual jamas quiso oír su razón, 
aunque persuadida con continuos recaudos. Visto por Leucino que ninguna cosa aprove- 
chaba con ella , quiso por fuerza gozar de la domxlla Eliodora , la cual viéndose asida de 
un criado de Leucino, llamado Ortclio, le sato la daga y lo mató. Acudió la justicia, y 
Leucino declaró haberlo muerto Eliodora inlamando su virginal vida. Ella declara ser 
>erdad la muerte , y así fué llevada á la cárcel, y Leucino, y Farandon, un criado suyo, 
también fueron presos por la declaración della ; y por los testigos , que fueron Leucino 
y Farandon, fué condenada á muerte : aclaróse la verdad, y que ella lo había muerto, 
lior diferente causa de la que los testigos deponían , y fué libre, y Leucino y Farandon 
condenados á muerte, y ejecutados. 

Fué representada esta comedia la primera vez en Sevilla, por el escelentc y gracioso 
representante Alonso de Cisneros, en la huerta de Doña Elvira, año 1581 , siendo asis- 
tente don Francisco Zapata de Cisneros. 



EL INFAMADOR. 



265 



PERSONAS. 



LEUCINO , galán infamador. 
TERCILO , page. 
ORTELIO , criado. 
TEODORA , alcahueta. 
FARA>'DON , rufián. 
ELIODORA, dama. 
FELICINA, criada de Eiiodora. 
NÉMESIS , diosa de las venganzas. 
VENUS , diosa de amor. 
El dios del Sueño. 
MORFEO , ministro del sueño. 



PORCERO , alcahuete. 

TERECINDA , alcaliueta. 

Justicia. 

Escribano. 

CORINEO, padre de Leucino. 

IRC.^NO , padre de Eiiodora. 

PELORO , caballero. 

IPODAURO , salvage. 

DEMOLION , salvage. 

DIANA , diosa de la castidad. 

BÉTIS , rio. 



JORNADA 1. 



Leucino se sale vanagloriando de lo que puede 
y hace con su riqueza. Cuéntale Ortelio, un 
criado suyo, lo que pasóá Teodora, alcahueta, 
entrando á hablar Eiiodora. Viene Teodora , 
cuenta por estenso todo el caso que le pasó. 
Farandon, criado de Leucino, viene al llamado 
de su señor. Eiiodora y Felicina salen de su 
casa, encuéntralas Leucino, quiere hacerle 
fuerza á Eiiodora, la diosa Néraesis se lo 
impide, y avisa del daño que le amenaza, si 
no desiste de tal pretensión. 
• 

LEUCINO. TERCILO. ORTELIO. TEODORA. 

FARANDON. ELIODORA. FELICINA. 

NÉMESIS. 

Leuc. Con próspero viaje 

Y favorable viento 

Navega á quien espera la riqueza , 

Del mar no siente ultraje. 

Que á su furor violento 

El oro aplacar hace la fiereza. 

Huye del la tristeza. 

Todo le es favorable 

No le contrasta nada. 

Tiempla como le agrada 

A la fortuna fiera y variable , 

Cual yo que á mi deseo 

Con mi riqueza lo que quiero veo. 

No me pone en cuidado 
Ninguna cosa humana , 
Porque á medida del deseo me viene. 
De todos só estimado, 

Y de gloria mundana 

Por mi riqueza igual ninguno tiene 

Al que mas le conviene. 

Por descendencia ilustre , 

Si le falta el dinero, 

Casi no es caballero. 

Si lo tiene un villano, es de gran lustre, 

Poi-que con la riqueza 



Hoy se adquiere la gloria y la nobleza. 

Tere. Huélgome de hallarte tan contento, 
Y mas de oirte engrandecer tus bienes , 
Haciendo alarde dellos dando al viento 
Cuenta particular de los que tienes. 

Zetic. Publico lo que sienteel sentimiento. 

Tere. Bien está, mas que en eso te refrenes. 
Por parecer te doy, porque es torpeza 
De ánimo amar tanto la riqueza. 

Lene. Como te hizo el cielo incapaz della. 
Tienes oir su nombre por odioso ; 
Qu'el pobre no se harta de ofendella , 
De invidia della, y no de virtuoso. 
Publica que no quiere poseella , 
Que huye de su trato peligroso , 
Dando á entender qu'es justo desprecialla , 
Supliendo asi el defecto de alcanzalla. 

Tere. No sé yo quien desprecia la riqueza. 
Porque me rio cuando voy leyendo 
üe algunos que eligieron la pobreza. 
Sus bienes libremente repartiendo. 
Tenerla en tanto tengo yo á torpeza , 
Que parece que vas ennobleciendo 
Tu persona , y qu'el ser, y la memoria , 
Recibes de ella , y no de tu alta gloria, [ro. 

Leuc. Yo entendí que eras menos majade- 

Terc. Y aun yo crei otra cosa que no digo 
De tí, pues en mas tienes el dinero 
Que de tus padres el blasón antigo. 

XcMC. Necio, píntame agora un caballero 
Mas qu'el Cid, ó qu'el godo rey Rodrigo, 
Que sea pobre , y ponió en competencia 
Con un rico de oscura descendencia; 

Verás á cual se inclina la victoria. 
De las dos diferencias que publico , 

Y entenderás cual vive en la memoria 
El noble pobre , ó el villano rico. 

El uno muere , el otro vive en gloria ; 

El pobre enfada , el rico , certifico 

Qu'es acepto , aunque sea el propio enfado, 

Y el pobre es confundido y desechado. 
Y para prueba desto quiero darte 

Por «yemplo el discurso de mi vida. 



i>(;() 



JUAN DE LA CUEVA. 



Dejo la estimación que en toda parte 
A mi persona ha sido concedida , 
Los trofeos de amor quiero acordarle , 
Pues sabes que no hay dama que rendida 
No traiga á mi querer, por mi dinero, 

Y no |)()r ser ilustre caballero. 

Tere. ¿(>n6 razón bay que asi general- 
Ofendas por las malas, á las buenas? [mente 

Leuc. i Cuál muger á mi amor no fué 
obediente? 
¿Cuál no aplacó de mi deseo las penas? 

Tere. Muchas, y hay mas que te diria al 
presente 
Qu'estrcllas tiene el ciclo y Libia arenas. 

Leuc. Bárbaro, si las hay, nómbrame una. 
Porque yo no ni'acuerdo de ninguna. 

Jcrc. ¿Tan flaco de memoria estás agora? 
Que no te acuerdas cuantas no acetando 
Te demanda , con saña vengadora , 
Te dieron la respuesta amenazando. 
Dejando las demás, sola á Eliodora 
Te quiero señalar, á quien amando 
Tan encendidamente , procuraste , 

Y con tanta inquietud solicitaste. 

Leuc. Aun no está ese negocio concluido, 
Que á Ortelio esto aguardando aqui que 

venga 
Con Teodora , que á Eliodora han ido 
A pedirle que oirme por bien tenga. 

Tere. ¿Eso intentas, aun no la has co- 
Espántomeque tanto se detenga [nocido ? 
En ti una pertinacia tan molesta , 
Sabiendo claro que tan poco presta. 

Leuc. ¿Estás en ti? agora entiendo y creo 
Que has perdido el juicio; ¿di, villano. 
Qué muger hay que pida mi deseo. 
Que no le tenga luego de mi mano? 

Tere. Quiero reírme d'esc devaneo. 
Pues tienes conocido , y sabes llano , 
La constancia de aquel constante pecho , 
Que siempre te ha tratado con despecho. 

Y conociendo el yerro que sustentas , 

Y que no hay cosa humana que te guarda , 
lluego á Dios, que no llores lo que intentas. 

-tcMcQuéteugoque llorar; calla, cobarde, 
Que hoy te haré que veas claro , y sientas 
Quien soy. 

Tere. No hagas deslo mas alarde , 
Mas oye á Ortelio , que te trae el recado 
Que aguardas, darás medio á tu cuidado. 

Leuc. Ortelio viene, o venturosa empresa. 
Anda, mi Ortelio, ¿ya no ves que aguardo? 

Y la respuesta á tu demanda espresa. 
Que en el deseo de saberla ardo. 

Ort. Sosiégate. 

Leuc. Quien tiene el alma opresa 

Cual yo , tendrá por perezoso y tardo 
Al suelto Euro, al presto pensamiento , 



Si ellos le traen remedio á su tormento. 

Ort. Señor, lo que podré decirte en esto. 
Que fuimos do mandaste , yo y Teodora 
La vieja; yo en la calle quedé puesto, 

Y ella entró á negociar con Eliodora. 
No te sabré significar cuan presto 
Negoció, que no en medio cuarto de hora 
Volvió donde yo estaba de manera 

Que no podia conocer quien era. 

Traia el rostro así , cual si arrastrado 
Fuera por riscos, y ásperos abrojos , 
El cabello á raiz todo cortado. 
Lanzando sangre por la boca y ojos , 
Sin manto , saya , toca , ni tocado , 
Que dello hizo el vencedor despojos, 

Y desta suerte vino donde estaba , 
Que vencedora en triunfo la esperaba. 

Llamóme por níi nombre , y advertiendo 
En el sonido de la voz cansada , 
Fué á la pobre Teodora conociendo. 
Aunque en todo venia diferenciada. 
Pregúntele del caso; ella temiendo 
Que la viesen, y en verme avergonzada. 
Con su mano alzó un lado de mi capa , 

Y así con ella lo que pudo tapa. 
Díjome que torcíase una calleja. 

Que con la casa de Eliodora linda, 

Y la llevase á casa de una vieja , 
Que vive allí , que llaman Tcreeinda ; 
Uícelo así , y al punto que empareja 
Con la puerta, la vieja se reguinda 
Por un desván y baja mas ligera 

Que subir suele el fuego á su alta esfera. 

Teodora, sin que cosa me dijese 
De aquel caso , me dijo que al momento 
Con toda priesa á te buscar viniese , 
Qu'ella luego será en tu acatamiento. 
Déjela cual mandó , y como volviese 
Por la calle real , mi desatiento 
Fué tal , por darle nuevas de Teodora, 
Que sin pensarlo di con Eliodora. 

De su casa á la calle iba saliendo , 
Con sola su criada Felícina, 

Y dijo , asi como me vio, riendo : 
Bien negoció la nueva Celestina. 
No le osé replicar, y ella siguiendo 
Su via , sin hablarme mas camina , 

Y el camino del rio dirigieron, 

Y yo me vine , y ellas dos se fueron. 
Leuc. ¿Qué, no te dijo quien así la puso? 
Ort. Señor, no se aclaró comigo en cosa. 
Leuc. ¿Es posible? Alterado esto y confu- 

De horror tremiendo el alma congojosa, [so. 
Porque entender que sola se dispuso 
Fliddora á maldad tan rigurosa , 
Es yerro, el padre y ella lo trazaron, 

Y los demás que al hecho se allegaron. 
Y asi protesto y juro de vengarme. 



EL INFAMADOR. 



267 



Y de vengar la vieja en los que fueron , 
Que vida , hacienda y honra ha de costarine 
Satisfaciendo á quien por raí ofendieron. 

Tere. Sosiégale , señor. 

Leuc. i Osas hablarme ? 

Tere. Osaréte decir, que si hicieron 
A la maldita vieja tal afrenta , 
Que no es razón ponella tú á tu cuenta. 

Leuc. A mi cuenta la pongo, pues jo he si- 
La causa, y por mí debe ser vengada ; [do 

Y si Eliodora en ello ha consentido, 
Eliodora será la ejecutada. 

Ort. Señor Leucino, por merced te pido. 
Que no se alterque en este caso nada. 
Pues viene allí la vieja, ella dé cuenta 
Uel caso incierto, y de su cierta afrenta. 

Teod. Hijo Leucino , ya veo. 
En verte, salud y vida. 

Leuc. Madre, seas tan bien venida , 
Cuanto el bien que mas deseo ; 
Aquí estoy sin tí afligido , 
Revuelto en mil pesadumbres. 
Aguardando que me alumbres 
De todo lo sucedido. 

Teod. Pensarte el caso contar,' 
Se me renuevan mis penas, 

Y la sangre por las venas 
Siento de temor helar. 
Mas siendo de ti mandada , 
Aunque huye la memoria 
Renovar la triste historia , 
De mí te será contada. 

Sabrás , Leucino , que fué 
Hoy á la casa de Eliodora, 

Y siendo oportuna la hora, 
A hablar con ella entré. 
Hállela en un corredor. 

De muchas dueñas cercada. 
Ricamente aderezada. 
Revuelta con su labor. 

Levantáronse en el punto 
Que yo entré , y ella alargando 
Su mano, y la mia tomando , 
Me sentó consigo junto. 
Las dueñas se desviaron 
Por no ser impedimento, 

Y usar de comedimiento, 

Y así á solas nos dejaron. 
Quedando á solas con ella, 

Qu'era lo que deseaba. 
Queriendo hablar no osaba , 

Y osando, paraba en vella. 
Volvía, en tan duro aprieto. 
Tras mil consideraciones, 
Con prevenidas razones , 

Y tampoco eran de efeto. 
Al fin sacudí el temor 

Y apresté la lengua muda , 



Viendo que al osado ayuda 
Fortuna con su favor. 
Díjele : Bella Eliodora, 
Vida mia y señora mía . 
Perdonalde esta osadía 
A vuestra sierva Teodora. 

Yo vengo á solo deciros 
Que deis lugar que Leucino, 
Pues cual sabéis es tan diño. 
Ose ocuparse en serviros. 
Notoria es su gentileza. 
Discreción y cortesía , 
Su donaire y bizarría , 
Su hacienda y franqueza. 

No tenéis en que dudar. 
Bien podéis condescender. 
Que tan ilustre muger 
Tal varón debe gozar. 
Ella que estaba aguardando 
El fin de mi pretensión , 
En oyendo esta razón 
Dio un grito , al cielo mirando. 

Y dijo : ¿Dime , traidora, 
Qu'has visto en mi? ¿qué has oido? 
¿O qué siente ese perdido 
Del nombre y ser de Eliodora? 
Si las cosas que contemplo 
No impidieran mi ira fiera, 
A bocados te comiera , 
Dando de quien soy ejemplo. 

En diciendo esto se fué, 

Y las dueñas acudieron, 

Y de roí todas asieron , 
Que sola entr'eilas quedé. 
Las unas me destocaban , 
Los otras me descubrían. 
Otras recio me herian. 

Con mil golpes que me daban. 

Después d'estar muy cansadas 
De tratarme como digo , 
Dijeron : Este castigo 
No nos deja bien vengadas. 
Los cabellos me cortaron 
Con crueza que da espanto , 

Y sin tocado, ni manto. 
En la calle me arrojaron. 

Dejáronme desta suerte , 

Y aunque sin fuerzas, ni brío. 
Vengo ante ti, señor mío, 

A consolarme con verte. 
Aquí esto , y si alguna cosa 
Resta que hacer en esto. 
No entiendas que lo propuesto 
Me ha dejado temerosa. 

Leuc. Madre Teodora , no sé 
Con qué respuesta te acuda , 
Que tengo la lengua muda, 

Y el alma , cual no pensé. 



268 

Y asi pues ha sucedido, 

Y á lo hecho no hay remedio , 
Acomodemos el medio 

Que remedie lo perdido. 
Ve , Teredo , con la madre, 

Y treinta escudos doblados , 
Que me tienes , le sean dados , 
Sin que lo sienta mi padre. 

Y tú , madre , ve en buen hora , 
Que yo hago juramento. 

De vengarte á tu contento. 

Teod. Besa tus manos Teodora. 

Leuc. Tercilo , di á Farandon 
Que lo quedo aquí aguardando. 

Tere. Señor, yo haré tu mando. 

Lcue. Sin punto de dilación. 
Orteiio, ¿sabrás llevarme 
Adonde Eliodora fué? 

Ort. Por donde fué, bien sabré. 

Lene. Eso bastará á guiarme. 

Yo determino ir allá , 

Y puesto delante della , 
Proponelle mi querella, 

Y oir qué respuesta da. 
Si fuere en darme favor, 
Pediréle el premio luego," 

Y en no acetando mi ruego. 
De de usar todo rigor. 

Far. Con tan gran priesa í llamar m'en- 
via mi amo , 
¿. Qué me puede querer ? Dios sea comigo , 

Y me vuelva á los ojos de quien ama , 
Libre de riesgo, afán, prisión, castigo. ^ 

Leuc. Ah , Farandon. 

Far. ¿Quién llama? 

Leuc. Yo te llamo. 

Far. Señor, ya vengo. 

Leuc. Dirae presto, amigo, 

¿Vienes de armas bien aderezado ? 

Far. La de Joanes me fecit traigo al lado. 

Leuc. No has menester tú mas, que tu 
braveza 
Suple , y el corazón la falta de armas. 

Far. i De qué puede servirte mi fiereza , 
Si en los casos de riesgo no rae armas? 

Leuc. ¿Temes? 

Far. No temo yo , ni esta es flaqueza. 
Lo que temo es á ti que te desarmas , 
Que yo, los cueros tengo de serpiente. 

Leuc. Vamos, que bueno vas, no venga 

El. Antes que nos deje el dia , [gente. 
Felicina. ¿qué haremos? 

Fcl. Señora, que desechemos 
La triste melancolía, 

Y vamos por este prado , 
Cual solemos , á espaciarnos , 
Qu'esto podrá repararnos 
IK'I riguroso cuidado . 



JUAN DE L.4 CUEVA. 



EL Tu parecer rae contenta , 
Sigue ese estrecho camino 
Por donde Bétis divino 
De la vista no se ausenta. 

Fel. Aquí te puedes sentar, 
Que la vega deleitosa , 

Y la ribera espaciosa , 
Se dejan mejor gozar. 

¿ No te agrada este ruido 
Que Bélis hace hiriendo 
En las peñas , y saliendo 
Riega el prado y verde ejido? 
Mira como da la vuelta 

Y se nos desaparece , 

Y acullá se nos parece 

La frente en ovas revuelta. 

El. Deleitoso y agradable , 
Felicina , es todo esto , 

Y la quietud deste puesto , 
Apacible y saludable. 
Aquí mitiga el cuidado 
Su ansia y congoja dura. 
Gozando del aura pura , 

Y la suavidad del prado. 

Fel. De'muy buena voluntad 
Pasara yo aquí la vida. 

El. Kestauralla de perdida. 
Fuera esta suavidad. 

Fcl. ¿Qué rumor es el que suena? 

El. No sé , gente me parece ; 
El alma se me entristece. 

Fel. Yo estoy de valor agena. 

El. Ay, sin ventura de mí , 
¿No ves quién viene? ay, cuitada , 
Si viene á hacer vengada 
.\ la vieja en mi y en ti. 

Fel. No hablemos, calla agora, 
Podrá ser que no nos vea. 

El. El cielo así lo provea. 

Fel. Sí hará , esfuerza, Eliodora. 

Leuc. ¿Dime, Orteiio, qué camino 
Tomó Eliodora de aqui ? 

Ort. Aquel que se aparta allt. 

Leuc. Anda , que tras tí camino. 

Ort. Señor, dende aquí las veo. 

Leuc. ¿Tú las ves? yo no ; es verdad. 
Las espadas aprestad , 
Que ya estamos do deseo. 

Eliodora, el duro amor 
Cuyo poder me sujeta 
Que venga anle ti me aprieta 
A ofrecerme á tu rigor. 
No llames atrevimiento 
El venir á tu presencia , 
Pues amor me da licencia, 

Y rai fe consentimiento. 

El. Estoy de tu pretensión. 
Caballero, tan corrida , 



EL INFAMADOR. 



Que quisiera dar la vida 
Por respuesta á tu razón. 
Mas por no hacer notoria 
Tu demanda, y que se entienda 
Cosa que mi honor ofenda. 
Dejo de gozar tal gloria. 

Porque quiero asegurarte , * 
Que si amor te trae encendido , 
Que es tiempo ocioso y perdido, 
Si piensas en mí emplearte. 

Y asi te ruego , si sientes 

Qué es honor, ó qué es deshonra , 
Que mires lo que es mi honra. 
Lo que no, qué no lo intentes. 

Leuc. ¿Cuál dureza de diamante 
No se hubiera enternecido 
A mi ruego? ¿cuál ha sido 
En el mundo semejante ? 
¿ Solo tú quieres triunfar 
De mi contento y victoria? 
Sola tú quieres la gloria 
De ser amada, y no amar. 

Pues , Eliodora , yo estoy 
Determinado á morir, 
O darte muerte, ó cumplir 
El fin que pretendo hoy. 

El. Bien podrás sacarme el alma, 
Forzado de tu pasión , 
Mas cumplir tu pretensión 
No , ni honrarte con tal palma. 

Lene. Quiero ver quien me defiende 
Que no haga mi querer. 

Fel. Señor, no quieras hacer 
Lo que al cielo y Dios ofende : 
Pon delante la nobleza 
De los padres de Eliodora , 
Para refrenar agora 
El furor de esa fiereza. 

Leuc. No tengo que mirar nada , 
Suéltame, no me detengas. 

FeL Cuando en este pecho tengas " 
Esa espada atravesada. 

El. O dioses del cielo y tierra. 
Que miráis mi triste estado; 
Alguno de mí apiadado. 
Me dé ayuda en esta guerra. 

Leuc. ¿ Qué, no me quieres soltar? 

Fel. Sosiégate , señor mió. 

El. Ninfas deste bosque y rio, 
Salidme agora ayudar. 

Y tú, Bétis glorioso. 

Que mi peligro estás viendo , 
Envíame un dios corriendo , 
Con socorro presuroso. 

Leuc. ¿Tanto ha de poder tu fuerza, 
Felicina , que me impida 
Ser mi voluntad cumplida , 

Y que de mi intento tuerza ? 



Esto ha de ser desta suerte. 

El. Dioses, diosas, dadme ayuda. 

Leuc. Yo quiero ver quien te ayuda , 
O quien osa defenderte. 

Ném. Deja, Leucino, aquesa virgen bella, 

Y advierte atentamente lo que digo. 
Porque yo vengo á solo á defendella . 

Y darte , si la ofendes, cruel castigo, 
iewc. ¿Quién eres tú, que á la defensa 

Osas ponerte, y á hablar comigo? [dclla 
iVem. Quien soy, yo lodiré; vete, Eliodora, 
Con quien la escelsa Hispalis se honra. 

Y porque entiendas la deidad que tengo 

Y que soy de los dioses celestiales , 
Yo soy la diosa Nérnesis que vengo 
A dar castigo á semejantes males. 

Los bienes premio, y los males vengo, 

Y vengólos de suerte en los mortales. 
Que con aquesta mano poderosa 

Doy la vida , ó la muerte rigurosa. 

La cual te diera aquí , y con este intento , 
(Sin que me lo impidiera cosa alguna) 
Vine volando de mi etéreo asiento, 
Que está fijado encima de la luna, 

Y viendo que tu horrible pensamiento. 
Que te condenad muerte en cosa alguna , 
No ofendió la doncella, quiero darte 
Aviso, aunque era justo castigarte. 

Y por dar fin á mi razón, concluyo 
Que mudes parecer, y que á Eliodora 
No sigas, que tu intento con el suyo 
Diferencian cual noche y blanca aurora. 
Esto te cumple, y el remedio tuyo 

Es este que te doy, y desde agora 
Puedes aparejarte que escediendo 
Desto se te apareja fin horrendo, [pautado? 
Leuc. ¿Qué os parece del caso, haos es- 
Far. ¿Qué llamas espantar? por el pesebre 
Do el caballo del Cid estuvo atado, 
Que debes de entender qu'el hombrees libre. 
¿Quieres si en algo te dejó agraviado. 
Le corte un brazo, ó una pierna quiebre, 
O á bofetas le deshaga el rostro , 
De suerte que la deje hecha un mostró? 

Leuc. No pongai^s duda, yo lo entiendo y 
Qu'esta es forma fantástica que ha sido [creo , 
Por hechizos sacada del Leleo 
Al mundo, y no la diosa que ha fingido; 
Que Eliodora entendiendo mi deseo , 

Y que á forzarla estaba resumido , 
Conjuró aquel espíritu, que fuese 
Quien me ocupase mientras ella huyese. 

Y así quiero, pues ella usó de arte 
Para poder librarse de mis manos, 

Usar de industria yo , que no sean parte , 
Para libralla sus hechizos vanos. 
Veré si hay otra diosa que la aparte 
De mí , y para el efecto oidme, hermanos, 



-210 



JUAN DE LA CUEVA. 



Estad comigo, porque cumple al hecho 
Entendeniu', y que sea al momenlo hecho. 

Luego que dé su luz la blanca aurora , 
Una junta en mi casa hacer quiero 
De alcahuetas que juntas á Eliodora 
Hablen, y entre ellas enviaré á Porcero. 
Este , como sabéis , punto ni hora 
Falta de estar comigo, y por dinero 
VenderA su linage , y cada dia 
Me dice que hará á Eliodora mia. 

El padre de Eliodora, qu'es Ircano, 
Favorece á Porcero, y le da entrada 
En su casa, do tiene tanta mano 
Que por él es regida y gobernada. 
Este hará lo que deseo, llano , 
Como le sea alguna cosa dada , 

V asi quiero, pues él se me ha ofrecido, 
Valcrme de lo qu'él me ha prometido. 

Ort. Camino es ese de alcanzar tu intento, 
Que no es posible no hacer efeto , 
Llevando tan seguro fundamento , 

Y siguiendo un acuerdo tan discreto. 
Leuc. Vamos á reposar, y el descontento 

Que m'ha traido á su rigor sujeto 
Huya de mi , gozando de Eliodora . 
Aunque pese á la diosa vengadora. 



JORNADA II. 



La diosa Venus se querella de lo poco que 
puede Eliodora. Pide al dios del Siicíío que 
le adormezca á Felicina, criada de Eliodora. 
Trasfórmasc Venus en Felicina. Farandon, 
criado de Lcucino , por su mandado llama ;i 
Teodora y á Tcreciiida , y Porcero , criado de 
Eliotlora, tratan de irle á hablar. Farandon 
cuenla un suceso que le sucedió : conciertan 
la ida á casa de Eliodora. Teodora y Tere- 
rinda la hacen un conjuro del cual sacan 
pr6s,pcros agüeros para el Gn de su negocio. 

Diosa VENUS. Dios del SüeSo. MORFEO. 

FARANDON. TEODORA. PORCERO. 

LEUCINO. TERCILO. TERECINDA. 

Venus. ¿Tan grande atrevimiento ha de 
Que á mi deidad temida y acatada [sufrirse. 
La ofendan, sin que pueda resistirse? 

A y, triste Venus, ya menospreciada. 
Tenido en poco tu poder eterno, 
De los dioses, y aun hombres maltratada; 

Ay, triste Venus, pues en llanto tierno 
Se convierten los triunfos que has ganado 
Del mundo, el cielo, y del horrible infierno. 

¿.Soy Venus yo? ¿no soy la que forzado 
Trujr al gran Jove , y convertirse en toro , 
Y pasar con Europa el mar á nado? 



¿ No le hice volver en pluvia de oro 
Por Danae , en cisne por gozar de Leda, 

Y dejar por Ejina el alto coro? 

Pues si soy Venus yo, ¿ quién hay que pue- 
Resistir el querer y mando mío? [da 

Mas no lo soy, pues Némesis lo veda. 

No vedará , ni en mi deidad confio, 
Si no saliere en esto con mi intento , 

Y pagaré su ciego desvario , 

Que no sin causa trascendiendo el viento 
Vengo á buscar al Sueño perezoso, 
Aqui á Cimerio, desde mi alto asiento. 

Y pues mi ansia no me da reposo. 
Quiero llamallo, y dar prin'cipioá un hecho 
Que ha de hacer mi nombre mas glorioso. 

Ah! dios del Sueño, deja el blando lecho, 
Sal dond'estoy, de aquesa cueva oscura , 
Presto, que asi le cumple i mi derecho. 

Sueño. ¿Quién con tan grandes voces me 
apresura , 

Y me manda dejar mi blanda cama? 
Vayase , no me estorbe mi dulzura. 

Venus. La diosa Venus es la que te llama. 
Sal , de ti sacudiendo la pereza , 

Y la flojedad torpe que te ama. 

Sueño. Diosa de Cipre , ¿quién á la as- 
Deste monte Cimerio te ha traido [pereza 
Dejando al sacro Idalio tu grandeza? 

Venus. Oye atento, sabrás que yo he ve- 
A tu horrible caverna, á demandarte [nido 
Favor, en un negocio sucedido. 

Y porque detenerme en recitarte 
El caso , no conviene : solo quiero 
De lo que hacer debes avisarte. 

Tú has d'enviar un sueño , con ligero 
Vuelo , á la gran ciudad que Bétis riega , 
Qu'es Hispalis, de Marte y Febo impero. 

Aquí está una doncella que me niega 
El vasallage , y contra mí se indina 
De vana presunción, y altivez ciega. 

Tiene nombre Eliodora , y aunqu'es dina 
De toda gloria, cumple á mi servicio 
Que se someta á mi deidad divina. 

Y así quiero que usando tu ejercicio , 
Me aduerma á Felicina su criada , 
Que cumple para ver lo que codicio. 

Sueño. Gran diosa en Gnido y Pafo ce- 
lebrada , 
Hija de Jove, y madre de Cupido . 
Temida de los dioses, y adorada. 

Tu mando será presto obedecido , 

Y asi para cumplirse tu deseo 

El sueño enviaré luego que has pedido. 

No será Joeladon , aunque del creo 
Que hará lo que mandas, ni á Fantaso; 
Mas el que allá enviaré, será Morfeo. 

Este es tan diestro cual conviene al caso , 

Y asi quiero llamallo, porqu'el vuelo 



F.L INFAMADOR. 



271 



Levante , y deje ya el terreno paso. 

Ah ministros del Sueño , donde el cielo , 
Recordad á Morfeo , que dejando 
La blanda cama, pise el duro suelo. 

Presto, no aguardéis mas, qu'estó aguar- 
Ea, Morfeo, apriesa, apriesa, amigo, [dando. 
Apriesa, que la noche va pasando. 

Morfeo. ¿Qué es lo que quieres? Ya me 
Desviándomeasi de mi reposo, [ves contigo, 

Sueño. Oye, Morfeo, y advierte lo que 

Conviene que dejando el perezoso [digo. 
Sueño, á Hispalis vayas con presteza , 
Los vientos precediendo presuroso. 

Allí has de aq^iejarie con graveza 
A Felicina, moza de Eliodora, 
Con sueño profundísimo, y pereza. 

Has de tenerla así , sin que señora 
Sea de sí , sin que se mueva ó sienta , 
Hasta que á Venus le parezca hora. 

Morfeo. Dios de Cimerio, si eso te con- 
tenta , 
Ne me detengas, déjame ir corriendo. 
Que detenerme tanto me atormenta. 

Sueño. Así cumple, y alas descogiendo , 
Haz camino por esa sombra obscura. 

Morfeo. Así será , tu mandado obede- 
ciendo. 

Sueño. Venus, diosa de eterna hermosura. 
Ya que á cumplir tu mando va Morfeo , 
? Qué quieres mas desta caverna dura? 

Venus. Que á tu reposo vuelvas , que el 
deseo 
De ver el fin que intento, concluido, 
Me llama, y la ocasión que acercar veo. 

Sueño. Así cual lo deseas veas cumplido, 

Y queda , escelsa diosa , en paz agora , 
Que á restaurar el sueño voy perdido. 

Venus. Y'o quiero ir á casa de Eliodora, 

Y la forma tomar de Felicina , 

Y ayudar á Porcero y á Teodora ; 
Que teniendo Eliodora tan vecina 

La llama de mi fuego poderoso , 
El odio perderá , y será benina 
Con Leucino, y yo habré triunfo glorioso. 

Far. Bien medrarás, Farandon, 
En esta mercadería, 
Que aun bien no se muestra el día 

Y vas hecho postillón. 
Mal haya quien se sujeta , 
Pudiendo libre vivir , 
Por no venir á servir 

De alcahuete y estafeta. 

Mi amo quiere hoy hacer 
De alcahuetas una junta, 

Y desque la tenga junta 
Pedilles su parecer. 
Vengo á llamar á Teodora 
Que vive aquí , llamar quiero. 



Luego avisaré á Porcero, 

Y á Terecinda si hay hora. 
Durmiendo debe d'estar , 

¿No oye? ¿ Quién está acá? 

Teod. ¿Quién llama? ¿Quién está allá? 
Han visto que golpear. 

Far. Abre , madre , que yo soy ; 
¿ Teodora , no me conoces ? 
¿Tan presto me desconoces? 

Teod. Ya te conozco, ya voy. 

Far. ; Cuan sin cuidado dormía! 
Mal liaya quien la parió, 

Y estoy levantado yo, 
Antes que saliese el dia. 

Teod. De aquí me puedes hablar, 
Que abrirte no puedo agora. 
Que he menester mas de un hora 
Para vestirme , y bajar. 

Far. Buena estás á esa ventana , 
Madre , á lo que vengo aquí. 
Es á que vayas tras mí. 

Teod. Harélo de buena gana. 
¿Quieres otra cosa , amigo? 

Far. Dijome mas que te diga 
Que á Terecinda tu amiga 
Llames y lleves contigo. 

Teod. Hijo, di que su demanda. 
Al momento cumpliré, 

Y comigo llevaré 

A mi comadre, cual manda. 
Far. Madre , yo voy á aguardarte. 
Teod. Ve , hijo , que tras ti voy. 
Far. A los diablos te doy, 

Y aun á quien m'envia á llamarte. 
Esto queda negociado , 

Resta llamar á Porcero , 

Que vive allí; llegar quiero . 

Que ya estará levantado. 

Ah de casa, ¿aun duerme agora? 

Por. ¿Quién llama? ¿Quién está ahí? 

Far. Yo llamo, yo estoy aquí. 

Por. ¡ O qué venturosa hora ! 

¿Qué hay por acá, Farandon? 

Far. Mi amo te envía á rogar 
Que le vayas á hablar 
Luego, sin mas dilación. 

Por. Vamos, ¿ mas quieres que echemos 
ünparde rehilanderas. 
Con una tajada, y peras? 

Far. No , qu'en casa lo haremos. 

Venus. Quiero ver si puedo algo, 

Y que se entienda quien soy. 
Haciéndole saber hoy 

i A Eliodora, loque valgo. 
i Mudaréme en Felicina , 
i A quien el sueno detiene , 

Y pues al hecho conviene , 
Venus, ¿qué aguardas? camina. 



272 

Leuc. Camina, pensamiento, donde vivo. 
Xo te deviorlas, ni el camino tuerzas, 
Dile á Eliodora el mal que sufro esquivo, 

Y que tú solo en mi dolor fcsfucrzas; 
Que las vitales fuerzas 
Desfalleeen , y el cuerpo miserable. 
La parte corruptible 

Le deja , en el terrible 

Dolor que sufre , al mundo ya notable, 

Y qu'el alma desierta anda vagando, 
El alma donde vive procurando. 

Far.Por buena priesa que traído habernos, 
Fuera de casa es ido ya Leucino. 

Por. Bien cerca está, pues desde aquí le ve- 

Y aun á nosotros tuerce su camino, [mos , 
Z,eMC.AhFarandon,¿.qué haces? ¿quétene- 

Que ya me tienes de aguardar mohiuo. [mos? 
Far. Señor, ya vengo, y el señor Porcero. 
Leuc. Venga , que á él solo por remedio 

espero. 
Por. Beso , señor, tus manos generosas. 
Leuc. Porcero amigo, el cielo te acompañe 

Y repare mis ansias trabajosas , 

De suerte que quien digo no rae dañe. 

Far. Teodora y Terecinda presurosas 
Vendrán luego, y permiteme qu'engañe 
El sueño, con dormir solo un momento. 
Leuc. Anda, vete, oye tú mi pensamiento 
Ya sabes, o Porcero amigo mió. 
El deseo qu'enciende mi cuidado. 
La pena , el odio , el áspero desvío , 
Con que soy d'Eliodora desdeñado. 

Y pues lo sabes , sabe que confio 
Que ha de ser mi tormento remediado 
Mediante tu favor, siguiendo un orden 
Que reduzca á razón este desorden. 

Ya te conté , que habiéndole á Eliodora 
Dado un recaudo mió, las criadas. 
Viendo airarse de oirlo á su señora , 
Contra la vieja fueron indignadas. 
Acordándome desto , quiero agora 
Venidas las dos viejas, que llamadas 
Son , para que tú y ellas deis un medio 
Que conmueva a Eliodora á mi remedio. 

Por. Muchas veces pidiéndome consejo,' 
Sobre este caso, he dicho abiertamente 
Lo que te cumple, como astuto y viejo, 

Y como aquel que mas tus ansias siente , 

Y tú , sin advertir lo que aconsejo , 
Acudes al remedio diferente 

De tu salud , de suerte que ahora dudo, 
Que haga el ruego lo que mando pudo. 

Leuc. Porcero, no me hagas imposible 
Lo que consiste en solo tú querello , 
Que bien sabes que sé qu'esto es posible, 

Y mas qu'esto queriendo tú hacello , 
Remedia mi dolor, y mal terrible , 
Que yo te doy la fe, si alcanzo habello , 



JUAN DE LA CUEVA. 



Que de mí hayas tan honrosa paga , 
Qu'el galardón al hecho satisfaga. 

Por. No es cosa nueva usar, señor, comigo 
En mi necesidad de tu largueza 
Que las obras presento por testigo. 
Pues han enriquecido mi pobreza. 
Mas volviendo al negocio yo te digo 
Que me tiene perplejo su graveza ; 
Mas ten cierto de mí , que aunque perezca 
He de hacer que hoy tu mal fenezca. 

El tiempo es conveniente cual demanda 
La pretensión del caso que seguimos, 
Qu'el padre no está en Hispalis, que anda 
En su hacienda , qu'es lo que pedimos. 

Leuc. ¿Qu'el padre no está aquí? yo veo 
mí banda 
Prevalecer, y el premio conseguimos. 
Sus, ¿ amigo, qué aguardas? sigue un modo. 

Por. Vendrán las viejas que han de ser 
el todo. 

Leuc. ¿Eso aguardas no mas? Tercilo, 
Llámale á Farandon que venga luego, [parte, 
Que las torne á llamar; ve sin tardarte. 
Que estoy aquí , y estoy ardiendo en fuego. 

Tere. Bien puedes d'esa llama resfriarle. 
Si en su venida pones tu sosiego ; 
Veslo allí donde viene voceando. 
Con la espada en la mano amenazando. 

Far. Cualquiera que dijere qu'eslc agra- 
Puedc satisfacerse sin castigo, [vio 

Digo que miente, y salga luego al campo , 
Donde al contrario le haré que diga , 
O á bofetones le haré que lance 
La lengua, con el ánima revuelta. 

Leuc. Déjalo , oigamos qué ocasión lo in- 
dina. 

Far. Renegaré de cuanto el duelo escribe, 
De las leyes germanas y birlescas , 

Y de cuanto aprendí del padre Lorca, 
Sí hombre dejare en esta calle á vida. 
Sí no es que Dios lo libra por milagro, 
O á mí me traga el centro de la tierra. 

Leuc. Echando viene fieras amenazas. 
Sosiégate , veamos en qué para. 

Far. Otro goce el abrazo , y los regalos 
De doña Magandina mis amores. 
Si en la venganza del agravio hecho, 
>o hiciere hoy en hombres mas estrago, 
Que hizo sobre Troya el poder griego. 

Tere. Historiador se hace, ó yo me engaño, 
O viene con la carga delantera, 

Y antes que caiga, es bien que lo llamemos, 
Si saber quieres qué lo trae colérico. 

Leuc. Ah Farandon. 
Far. ¿Quién llama? 

Leuc. Yo te llamo. 

Far. O señor, que me coges de tal suerte, 
Que por mejor tuviera no encontrarte, 



EL INFAMADOR. 



"¿ÍO 



Porque segují la cólera me enciende , 
El no verme te fuera mas seguro. 

Leuc. Deja el enojo, y (lime que te enoja. 

Far. Haré lo que me mandas como debo, 
Que á ser otro, llevara otra respuesta. 
Sabrás , señor, que vino , como suele , 
A la posada , doña Magandina 
De Zuñiga , mi moza de respeto ; 
Trujóme unos arenques de Galicia , 
Con una media que mercó en el pósito , 

Y un pedazo de queso de Mallorca, 
Un plato de aceitunas , con pimienta. 
Con mucho alcaparrón y berengenas , 
Curtidas en vinagre con especias, 

Y un gran jarro de mosto de Cazalla , 
Que pasaba de mas de cinco hojas, 

Y de mas de un azumbre la medida. 
Tendió el canto del manto sobr'el poyo 
Por manteles , sirvió de servilleta 

El mandil del caballo , y desta suerte. 
Muy á nuestro sabor le dimos fondo , 

Y como hubiese en esto detenidose , 
Salió para volverse á su botica. 

Leuc. ¿Es boticaria doña Magandina? 
Far. No, mas llaman botica adonde gana. 
Leuc. Eso no sabia yo, pasa adelante. 
Far. AI fin, señor, poniéndose en la calle 
Para ir su camino , volvió á verme , 

Y ArgeliMa, la moza del vecino. 
Sin respeto ninguno , Techó encima 
Una caldera de agua del fregado , 
Llena de berzas verdes , brodio y mugre , 
Que la cubrió de arriba abajo toda 
Aquel nublado espeso de cocina. 

Yo que vi tal agravio , salí fuera 
Diciendo que era hecho de ruines^ 
Lo cual sustentaría con la espada. 
Aparóse Argelijla , y sonriéndose 
De vella cual estaba , dijo : Amigo , 
Tenga en esas razones mas templanza, 
O haránle que sea menos bravo. 
Alcé el rostro , que nunca yo lo alzara , 
Queriendo responder, y á este punto 
Trastornó sobre mí un noturno vaso 
Con un hedor pestífero , qu'el rostro 
Me cubrió , y me dejó de suerte , 
Que conocerme nadie no pudiera , 
M aun se llegara nadie á conocerme. 
Según era el olor que de mí echaba. 
Que he menester mudar hasta los cueros 
Si quiero despedillo , que la ropa 
A tiro de arcabuz no iTay aguardalla. 
Aquí acudieron mas de mil muchachos , 

Y empiézanme á dar grita, y con palmitos, 

Y suelas de zapatos , á tirarme , 
Unos por una parte , otros por olra , 
De suerte , que temiendo su violencia 
Me encerré en casa , en su poder dejando 

I. 



A doña Magandina mis amores , 
Que tomándola á cargo, la pusieron 
Peor que á mí, y .sobre aqueste agravio 
Vengo á dar muerte á toda aquesta calle. 

Y aun estoy por matar á los poetas 

Y á los historiadores , porque oyendo 
Tal hazaña, no quieran cscrebilla, 

Y della hagan la memoria cierna. 

Leuc. Si hubieras de matar losqueconoz- 
Tenias que hacer doscientos años, [co, 

Aunque mataras cada día un ciento. 
Mas dejando esto aparte, al punto parte, 

Y tráeme aquí las viejas que llamaste. 
Far. Ya vienen, mil diablos se las lleven, 

Y á quien con un amen no me ayudare. 
Teod. Salud tengas, señor mió, 

Tú, y la noble compañía. 

Convenciendo la porfía 

De Eliodora , y cruel desvío. 

Leuc. Madre, seas muy bien venida , 
A dar vida á quien te espera , 
Tú, y la honrada compañera. 

Ter. Honrada sea tu vida. 

Leuc. Dejemos comedimientos , 

Y al propósito vengamos, 
Que lo qu'en hablar tardamos 
Es atajar mis intentos. 

Y así quiero proponeros 
En dos razones ci caso , 
Qu'esto solo hace al caso , 
Sin cansarme , y deteneros. 

Ya sabéis cómo Eliodora , 
Ocasión de mi cuidado , 
En oyendo mi recado , 
Se volvió contra Teodora. 
Resta agora , que no obstante 
Su ira , busquemos medio 
Que de ablandar sea remedio 
Aquel pecho de diamante. 

Esta ha sido la ocasión , 
En vuestras raauos he puesto 
Mi honra, y por lo propucslo, 
Entenderéis mi intención. 
Conformaos en un acuerdo , 

Y este acuerdo sea de suerte 
Que acabe mi pena fuerte , 

Y admire al-hombre mas cuerdo 
Teod. Parecerá cobardía 

Decir lo que de esto entiendo , 
Como quien estuvo viendo 
Su constancia en mi osadía. 
Mas con todo esto no huyo 
De tornarme á ver con ella , 

Y aun hacer si alcanzo á vella 
Mover el intento suyo. 

Por. Yo, como quien tiene enlradn , 
Me profiero á dar la puerta , 
Cuando quisieres , abierta , 

18 



274 



JUAN DE LA CUEVA. 



Y á Eliodora apaciguada. 
Hau^ que oiga tu razón. 

Y si se altera de oirle , 
Podré también acudirte, 

Y aplacar su altiration. 

Teod. Como la entrada me des, 

Y á Eliodora que me aguarde . 
Yo quedaré por cobarde, 

Si hoy rendida no la ves. 

Ter. Espantada estoy de oirte , 
Comadre . ¿ dó tu buen seso? 
¿Qu'en cosas de tanto peso 
Al fin osas proferirte? 

Promete verte con ella, 
No rendiila tan de presto, 
Ques mucho lo que has propuesto , 
Conociendo el valor della. 

Teod. Terecinda, ¿estás burlando? 
¿Dó tu sutileza y maña , 
Tu esfuerzo , tu industria estraña , 
Que ha sido absoluto en mando? 

Ter. Teodora , con la esperiencia 
He va alcanzado á saber 
Ques vanidad prometer 
Las cosas en contingencia. 
Que Eliodora no es quienquiera 
Para prometella luego, 
Pues por interés, ni ruego, 
Convencella no se espera. 

Teod. ¿No es esa costumbre luya? 
¿Tú que habias de animarnos , 
Eres en desanimarnos? 
No sé ú qué me lo atribuya. 

Ter. Esto no es quitarte el ánimo, 
Ni enflaquecer de mi esfuerzo , 
Porqu'en los riesgos esfuerzo , 
Y al flaco hago magnánimo. 

No impido lo que acometes, 
Mas digo que sea de suerte , 
Que aunque recibas la muerte 
Salgas con lo que prometes. 

Teod. Bien sabes que si me aguarda, 
Aunque mas arisca esté, 
Que tan mansa la pondré, 
Que sufra silla y albarda. 

Ter. Que tú hagas ese eslremo 
Aguardándote Eliodora, 
No me espantará , Teodora , 
Mas si te ha de aguardar, temo. 

Y esta es la dificultad 
Que en este negocio hallo , 
Para poder acaballo 

Con mucha facilidad. 

Por. Yo he dicho, y torno á decir 
Que la puerta haré daros, 

Y á Eliodora haré escucharos. 
Ter. Eso solo hay que pedir. 

Que si la puerta nos da , 



Y nos oye , yo aseguro 
Quel pecho de mármol duro 
Mas que cera se pondrá. 

Por. Pongamos mano en la obra , 
Vámosle luego á hablar, 
Porque en dejando pasar 
La ocasión, tarde se cobra. 

Teod. Bien dices, vete con Dios, 

Y de aqui á un cuarto de hora 
Que tú estés con Eliodora , 
Iremos ambos á dos. 

Por. V aguardaros allá voy, 
Queda en paz , y tú , Leucino. 

Lene. Al cielo tengas benino , 
Porque acabe mi mal hoy. 

Teod. Terecinda, consultemos 
Este negocio , y veamos 
Las sefiales que hallamos 
O lo que en contra tenemos. 

Ter. Paréceme que conviene. 
Tercilo , éntrate tú allá; 
Tú , Leucino , ponte acá , 

Y aguarda á ver lo que viene. 
Deste modo se asegura 
Nuestro negocio; está quedo , 
Oyemos sin tener miedo , 
Que en esta e.'tá tu ventura. 

Teod. Pon la vi>sta al oriente , 
En cuanto que aderezo 
Estos lizos , mojados en la onda 

1 De Flegelon ardiente , 

; Y pongo el aderezo , 
Para que el triste Averno me responda. 

i Si de la estancia honda 

' Donde tiene su asiento 

i Del Ereb* la reina poderosa . 
Espíritu saliere , y otra cosa , 
Ten cuenta, y mira el viento. 
Si cuervo ó si paloma pareciere, 

1 O siniestra corneja se ofreciere. 

; Ter. Con prósperas señales 

I De fatídico agüero 

I Se nos demuestra el cielo generoso, 

j En ocasiones tales; 
Si en esto es verdadero 
El disponer del hado venturoso , 
Hoy será victorioso 
Leucino desdeñado : 
Que en este punto con ligero vuelo 
Dos palomas bajar vide del cielo , 
Que Venus ha enviado, 

Y sobre un verde mirto se pusieron , 

Y cogiendo dos ramas del se fueron. 
Teod. Tiende en torno esos lizos, 

Por donde yo derramo 

Estas cenizas del trinacrio monte , 

Y con fuertes hechizos , 
A responderme llamo 



Los espíritus negros de Aqueronte. 

Antes qu'el horizonte 

Se cubra , o triste Huerco, 

A quien con ronca voz fuerzo y apremio , 

Dale á mis obras e! debido premio , 

Y ponme en este cerco 
Una señal , que el fin que intento aclare 
Por donde yo lo que será declare. 

Ter. Por la virtud que tiene 
Esta esponjosa piedra , 
Desde el nevado Cáucaso traída , 
Que en este vaso viene ; 
Por esta blanca hiedra , 
Qu'en la cumbre del Heme fué cogida. 
Que luego sea movida 
Tu voluntad al ruego , 
O Pluton. o Proíerpina hermosa, 

Y sin negarnos deste caso cosa , 
Nos deis aviso luego 

Si la demanda mía, y de Teodora , 
Moverán hoy el pecho de Eliodora. 

Teod. No pases adelante , 
Terecinda , en tu apremio , 
Que siento estremecerse el hondo centro 
Que tu voz resonante 
Forzó que nos del premio 
Que pedimos al dios que vive dentro. 

Ter. ¡O congojoso encuentro! 
La muerte nos envía 

Por respuesta , ¿qu'es esto, infierno duro? 
¿Tan poco es lo que puede mi conjuro? 
¿Esta es la fuerza mía? 
Que hacer suele que ese reino tema , 

Y de ver enojarme de horror trema. 
Teod. Piefrena tu aspereza, 

Que con la dura muerte. 

También se nos demuestra una corona. 

Que el temor y crueza 

Deshace, y dulce suerte 

Promete , con que el miedo se abandona ; 

A Leucino corona 

Dando á su pena dura 

Descanso; ve, Leucino, y esas sienes 

Rodea con ella , que seguro tienes 

El premio , y tu ventura 

Te concede , que en triunfo de Vitoria 

Des muerte á tus trabajos hoy con gloria. 

Leuc. Pues amor corresponde 
A mí deuda , debida , 
Quiero con ella laurear mi frente , 
¿Mas oómo se me absconde? 
¿ Cómo la veo perdida , 
Ante mis ojos viéndola presente? 
¿Cómo agora está ausente? 
Sin duda se fué al cielo , 
O algún dios la llevó para ponerse. 
Quiero apartarme aquí ; ya deja verse , 
Para el bien de mi duelo. 



EL INFAMADOR. 27o 

Desta vez no es posible no cogella , 

Ya la tengo; ay de mi. ¿dó está? ¿qué es della? 

Ter. Leucino, no te quejes. 
Por ver que se te absconda 
Esa corona , vuelve acá, y advierte , 
Que no está en que la dejes. 
Que no te corresponda 
A tu deseo la piadosa suerte. 
Toma, y lleva esa muerte. 
Que declara que muere 
Hoy tu trabajo, y vamos ya. Teodora . 
Veremos la respuesta de Eliodora. 

Teod. AI caso se requiere 
Que vamos ya, y mas punto no tardemos. 
Pues señales tan prósperas tenemos. 



JORNADA III. 

Porcero va á casa de Eliodora, y Teodora y 
Terecinda, alcahuetas, entran á hablalle por 
ruego de Porcero, dale su recaudo, airase 
contra todos : Venus en la figura de Felicina 
le ruega por Leucino , y sin acabar nada los 
echa de casa. Descúbrese Venus quien era. 
Viene Leucino con Ortelio y Farandon, quie- 
ren hacer fuerza á Eliodora en su casa , mala 
Eliodora á Ortelio, viene la justicia, infama 
Leucino á Eliodora, delante de la justicia y 
de sus padre» de Leucino y Eliodora : atesti- 
gua Farandon , Uévanlos á la cárcel á Leu- 
cino, Farandon y Eliodora. 

PORCERO. ELIODORA. VENUS. TEODORA. 

TERECINDA. FELICINA. 3I0RFE0. 

LEUCINO. ORTELIO. FARANDON. 

Justicia. Escribako. CORINEO. IRCANO. 

Por. Camina ya, Porcero, pues te llama 
La próspera ventura , á eternizarte , 
En un hecho de honor, provecho y fama . 
Que promete á los astros levantarle. 
Hoy tu nombre en el mundo se derrama. 
Sí tienes á Eliodora de tu parte. 
Hoy en riqueza alcanzarás mas bienes 
Que Midas, Creso, Craso, ni Aquimenes. 

No es tiempo ya de diferir momento 
De verme en la presencia de Eliodora, 

Y hacerle mudar el casto intento 
Que tan rebelde estuvo con Teodora ; 
Hoy de Leucino acaba el cruel tormento, 

Y mi triste pobreza se mejora. 

Que Eliodora, á quien veo, aunque rehuya. 
Hará mí voluntad , contra la suya. 

El. ¿Qué me dices, Felicina , 
De los libros que leímos 
Anoche, pues ambas fuimos 
Mohínas de su doctrina ? 

Venus. Eso te quise decir, 



276 



JUAN I>E LA CUEVA. 



Y por no usar de osadia , 
Llena de melancolía 

Te dejé, y me fui á dormir. 

El. i Notaste cual nos |)onian 
A las miseras mugercs? 

Yénus. Con bien necios pareceres 
Los Momos nos ofendían. 

El. Quise, asi tengas sosiego, 
Hacellos ambos pedazos, 

Y bcchos muchos retazos, 
Arrojallos en el fuego. 

Por. Yo seguro que he de ser 
Reprehendido y culpado, 
Porque tres dias han pasado, 
Que no os he venido á ver. 

Y aunque conozco en la culpa 
Que no hay con que me disculpe , 
Como yo mesmo no culpe , 

Es bastante por disculpa. 

El. Porcero, de cualquier modo 
Que lo hagas , es hacernos 
Merced , mas venir á vernos , 
Es merced que escede á todo. 

Por. Esa ilustre voluntad 
Tengo tan creida así. 
Cual sabe el mundo de mí , 
Sin lisonja, y con verdad. 
¿Mas, dime, aquello dejando. 
Pues es negocio tan llano, 
Qu'es de mi señor Ircano? 

El. A comer le esto aguardando. 

Por. ¿Está fuera de Sevilla? 

El. Si , que á un negocio importante , 
Con Crasilo y con Durante , 
Tres dias ha que fué á Almensilla. 

Por. i En qué te has entretenido 
En su ausencia estos tres dias? 

El. En cien mil melancolías. 
Con dos libros que he Icido. 

Por. ¿Tan grande letora eres? 

El. Sí, mas estos me han cansado. 
Porque todo su cuidado 
Fué decir mal de mugeres. 

Por. Suplicóte que me nombres 
Los nombres de esos autores 
Que ofenden vuestros loores. 

El. Son dos celebrados hombres. 

Por. ¿Qué hay que celebrar en ellos 
Si ofenden vuestra bondad? 
Mas, dime, con brevedad , 
¿Quién son? para conocellos. 

El. El uno es el arcipreste 
Que dicen de Talavera. 

Por. Nunca tal preste naciera , 
Si no dio mas fruto qu'este. 

El. El otro es el secretario 
Cristóval del Castillejo, 
Hombre de sano consejo , 



Aunque á mugeres contrario. 

Por. Cuánto mejor le estuviera 
Al reverendo arcipreste. 
Que componer esta peste , 
Dolrinar á Talavera ; 

Y al secretario hacer 

Su oficio , pues del se precia , 
Que con libertad tan necia 
Las mugeres ofender. 
El. Cierto que tienes razón , 

Y en eso muestras quien eres, 
Que decir mal de mugeres 
Ni es saber, ni es discreción. 
A la puerta oigo llamar, 

Ve á responder, Felicina. 

Venus. A Venus , diosa divina , 
Muger la viene á mandar. 

Ya voy, señora, ¿quién llama? 

Teod. Felicina , di á Eliodora 
Que hablarle quiere Teodora 
Sa sierva, y quien mas le ama. 

Venus. Yo llevaré tu recado 

Y traeré luego respuesta. 
Venus , la ocasión sea presta , 
Ten el fuego aparejado 
Señora, la vieja viene. 

El. ¿Qué vieja? 

Venus. La que mesamos. 

El. ¿Que aun osa venir do estamos? 
¿Tan poca vergüenza tiene? 
¿Dijote qué es lo que quiere? 

Venus. Dice que le des licencia 
Para verse en tu presencia. 

El. No será mientra viviere. 

Por. Pues solo quiere hablarte , 
Permite, señora, vella; 
Que yo vengo en nombre del la 
Esto mesmo á suplicarte. 
Viene á pedirte perdón 
Si en algo te dio disgusto , 

Y pues lo que te pide es justo , 
Acepta su petición. 

El. ¿Que te parece, Porcero, 
Que es razón que hable yo 
A quien tal cosa intentó? 

Por. Sí, pues yo soy el tercero. 

Venus. Conmoveráte á piedad 
Verla cual viene temblando. 
Su inadvertencia llorando, 

Y acusando su maldad. 
Por. Dame lástima y dolor 

Oir lo que se lastima 

De tu enojo , y lo que intima 

Tu ardiente saña y furor. 

Y así después de otorgalle 
Licencia de entrar á verle , 

Le has de hablar de tal suerte , 
Que tu habla sea animalle. 



EL INFAMADOR. 



277 



El. Pues tan buen padrino tiene, 
Felicina , dale entrada. 

Venus. ¿ Ha de entrar acompañada 
Con otra vieja que viene? 

EL Dales á entrambas la puerta. 

Venus. Si, daré; y á tí tai fuego. 
Que des, perdiendo el sosiego, 
Al amor el alma abierta. 
Madres , bien podéis venir. 
Que licencia os da Eliodora. 

Teod. Dios te haga gran señora , 
Te logre, y deje vivir. 
¿Mas, dime, está ya aplacada 
Del enojo que tenia? 

Venus. Por vuestras vidas, y mía. 
Que no se acuerda de nada. 

Teod. Dame , señora , esas manos. 
Con piedad , para besallas , 

Y con lágrimas regalías , 
Contra tus enojos vanos. 

El. Madre , ese comedimiento 
Está en mi muy escusado , 
Que no merece mi estado 
Tan honroso cumplimiento. 

Teod. Si lo que en razón mereces , 
Si te hubiera aqui de dar, 
Juno te debe adorar, 
Pues su deidad le engrandeces. 

Y dejando esto á una parte , 
Por ser cosa tan sabida, 
Vengo á que seas hoy servida 
De escucharme , y no alterarte. 

El. Como sea tu razón 
Tal que no ofenda mi oido. 
Será tu deseo cumplido , 

Y acepta tu petición. 

Teod. Hija , mi deseo es servirte,' 
Mi ánimo darte gusto , 
Aborrecer tu desgusto, 

Y huir de deservirte. 

Y con este presupuesto 
Podrás, señora, entender 
Que yo no podré hacer 
Cosa que se aparte desto. 
Aunque el otro dia alterada. 
Aguardar no me quisiste , 
Agora que me admitiste. 
Sabrás qu'esta es mi embajada. 

Leucino te quiere y ama , 
El cual envia á pedirte 
Que le pf-rmilas servirte , 
Sin ofensa de tu fama. 
Bien conoces su nobleza. 
Su ilustre sangre y valor. 
La fuerza del casto amor 
Con que adora tu belleza. 

El. ¿Qué hablas, desvariada? 
Maldita vieja enemiga 



De mi gloria , ¿quién te instiga? 
Dime, ¿estás endemoniada? 
Vete , no pares aqui , 

Y tu boca no se abra , 

Que en respondiendo palabra , 
Tomaré venganza en ti. 

Teod. Tiempla , Eliodora , esa ira , 
\o te alteres con tal furia , 
Que hasta agora no te injuria 
?tli razón , que así te aira. 

El. Traidora , no hables mas , 
Deja luego mi presencia. 

Por. Modérate con paciencia , 

Y tu sinrazón verás. 

El. ¿Esto llamas sinrazón? 

Por. Sí , porque en lo que te dice , 
>'o hay porque te escandalice. 
Ni te prive de razón. 
Que si Leucino te pide 
Por su muger, ya le ha sido 
De tu padre concedido , 

Y así no se descomide. 

El. ¿También sigues tú su parte? 

Por. En esto la razón sigo. 

El. Pues yo á ti como á enemigo 
Debo en todo recusarte. 

Venus. No te alteres de esa suerte , 
7.1ira que el señor Porcero 
Es amigo verdadero , 
Si en su proceder se advierte. 

Ter. Así tenga yo la vida 
Cual el señor le aconseja. 

El. ¿Dígame en qué , buena vieja? 

Ter. Sí diré, si soy oída. 

El. Di, que yo re daré oido. 

Ter. Pues que tú me das licencia , 
Como quien tiene esperiencia. 
Te diré lo que he sentido. 

Que demandarte Leucino 
Por su muger, no te ofende 
Si en matrimonio pretende 
Gozar tu valor divino. 

Y asi debes conceder 

La demanda de Teodora ; 

Y á Porcero desde agora 
Por mas amigo tener. 

Venus. Deja esa ciega pasión , 
Deja esa riguridad, 
.\dmite en tu mocedad 
Compañía de varón. 
Vuelve el odio riguroso 
En placer y regocijos, 
Toma esposo, y habrás hijos 
De Venus don glorioso. 

El . Venus uo tiene en mi parle , 

Y asi quiero carecer 
De su fruto y su placer. 

Venus. Mira no sea en castigarte. 



278 



JUAN DE LA CUEVA. 



El. No puede en mi su castigo. 

Por. Señora , pueda razoo , 
Oue dejando la pasión , 
Vengas á lo que te digo. 

Venus. Siendo lo que te conviene 
Razón será que lo hagas, 

Y que en fe le satisfagas 

Al que no es razón que pene. 
Trujérale rail ejemplos 
De reinas, ninfas y diosas, 
Que amando son hoy gloriosas. 
Con estatuas, aras , templos. 
El. Enemigos de mi honor. 
Haced de mi larga ausencia, 
No estéis mas en mi presencia , 
Que me encendéis en furor. 

Y tú, falsa Felirina, 
Que tal consejo me das, 
No me hables ni veas mas , 

Y con los demás camina. 

Por. Sin efecto hemos venido. 
Mal lance echamos , Teodora ; 
Nada conmueve á Eliodora , 
Ella nos dejó, y se ha ido. 

Venus. No es parte el irse, advertí, 

Y conocodme quien soy. 
Que soy Venus, aunque estoy 
En trage mortal . y así. 

Id luego, y decí á Leucino 
Lo que pasa , y que por fuerza 
La saque, que esfuerzo, fuerza 
Le daré , y favor divino. 
No os detengáis, partid luego. 

Por. A cumplir vamo^lu mando. 

Venus. Id , que en caso tan infando 
Se me abrasa el alma en fuego. 

Quiero esta forma dejar 
A Felicina su dueño, 

Y enviar al dios del Sueño, 
Que no es tiempo de aguardar. 

El. La falsa de mi criada 
Que también me persuadía. 
Sin duda que ella venia 
Con los demás conjurada. 

Dar quiero aviso á las amas , 
Que si á casa se viniere. 
Cuando tal maldad hiciere. 
La arrojen en vivas llamas. 

Venus. Morfeo , parle volando , 
No te detengas aquí. 

Morfeo. Yo me voy, cumpliendo así. 
Venus , tu precioso mando. 

Venus. A mi me conviene ir luego 
.\ darle á Leucino aliento, 

Y que venga en un momento, 
En ira y coragc ciego. 

Que no cumple á mi deidail 
Que Eliodora se re.«ista 



De mi amorosa conquista 
Sin hacer mi voluntad. 

El. ¿Traidora, osaste volver 
Ante mi? Vuelve huyendo. 

Fel. Señora , yo no te entiendo , 
Si no te das á entender. 

El. ¿Que no me entiendes , traidora? 
Vete, no me des respuesta, 
Que mi voluntad es esta. 
Sigue á Porcero y Teodora. 

Fel. ¿ A quién me mandas seguir 
Si noá tí para servirte? 

El. Ya no sirve el comedirte , 
Que á mi no me has de servir. 

Fel. Señora, ; qu'es tu pasión? 
¿En qué te ofendí jamas? 
Si no es amarte mas 
Que á la vida y corazón. 

El. ¿Di , falsa , si tú me amabas , 
Cómo agora el ruego fiero 
De las viejas y Porcero , 
Seguiste , y me aconsejabas? 

Fel. De eso todo esto inocente, 
¿ No me hallaste en la cama? 

El. Después de urdida la trama 
Se quiere hacer que no siente. 

¿No estuviste agora aquí , 
Con las dos viejas Claudinas? 

Fel. Señora, ¿echas bernaldinas? 
¿Qué dices? ¿Estás en ti? 
Yo, desde que rae acosté 
Hasta agora, he estado envuelta 
En las sábanas, que suelta 
Del sueño jamas quedé. 

Leuc. Ortelio y Farandon, amigos míos. 
Armas y corazones aprestemos, 
Que ya acabó mi ruego á los desvíos 
D'Eliodora, mi ansia en sus estremos. 
Pague los insolentes desvarios 
Que siempre usó comigo, y no aguardemos 
A razones, mas haga el duro apremio 
Que por fuerza me dé el rogado premio. 

Esta es la casa, sus, ganad la puerta. 
No nos tardemos mas , que asi conviene. 
Que viva ha de ir comigo , ó quedar muerta 
Aunque en su guardia Némesis la tiene. 

El. Agora veo la horrible muerte cierta, 
i Ay sin ventura! que Leucino viene; 
Cierra esa puerta apriesa, amiga amada. 

Fel. No puedo , que la tienen ya ganada. 

Leuc. Tu dureza, EHodora rigorosa, 
.Me trae cual ves á la presencia tuya 
A pedirte que elijas una cosa : 
Morir aquí , ó que mí mal concluya. 

El. No será tu amenaza poderosa , 
Paia que por temor ¡ni honor destruya. 
Que no me espanta la espantosa niuerlc. 
La cual recibiré con pecho fuerte. 



EL INFAMADOR. 



279 



Leuc. Recibirás con muerte triste afrenta. 

El. Anda, que no hay afrenta que in'afren- 
Estando de tu vano intento esenta , [te 
Ni hay cosa que mi ánimo an)edrcnte. [ta. 

Ort. Desta suerte has de ir, pues te conten- 
Fe?. ¿Justicia, tai insulto se consiente? 

Leuc. Calla, traidora. 

Fel. Guarte tú, inhumano. 

Ort. Ay, que me ha muerto, ay, cielo 
soberano. 

Leuc. Con esta mano le daré venganza 
A mi criado, á quien, cruel, has muerto. 

El. Si llegares á mi, de lu esperanza 
Verás el Qn con ver tu pecho abierto. 

Fel. Justicia , no hay justicia , la tardanza 
En irla yo á llamar es desconcierto. 

Leuc. Mira que morirás si le defiendes. 

El. Tú morirás li á mi llegar pretendes. 

Just. Tened á la justicia, ¿quién ha sido? 
¿Quién ha privado de la vida este hombre? 

Leuc. Esta niuger, agena de sentido, 
Por haber de crueza tal rcKombre. [lido? 

Just. ¿Es verdad qu'este insulto has come- 

El. Si, yo le di la muerte, y no te asombre, 
Que si un punto á venirte detuvieras. 
Muertos á esos dos, cual ese , vieras. 

Esc. Bien claro dice qu'ella le dio muerte, 

Y la sangrienta daga lo declara. 

Jíísí. Sin apremio confiesa el hecho fuerte, 
Qu'en decir la verdad no ha sido avara. 

Cor. ¿Hijo.qu'es esto? ¿qué contraria 
Te ha sucedido? [suerte 

Leuc. Una hazaña rara 

En maldad, flu'esta pérfida le ha dado 
Sin ocasión la muerte á mi criado. 

Irc. ¿Súfrese tal maldad? ¡Tan dura afren- 
Tal suceso en mi casa ! O justo cielo , [ta , 
Dame venganza , ó haz que yo no sienta 
Tal infamia, dejando el mortal velo. 

Just. Ilustre Ircano, el caso que atormenta 
Tu ánimo , y provoca á triste duelo. 
No se remedia con hacer estremos. 
Pues estorban qu'el hecho averigüemos. 

Dime, Leucino, ¿qué ocasión tuviste 
De haber venido adonde estás agora , 
Si este muerto contigo lo trujiste , 

Y por qué causa lo mató Eliodora ? 
Ella confiesa, y pues presente fuiste 
Al suceso, declara, si en tí mora 
Verdad , todo el suceso desta historia , 
Porque yo la encomiende á la memoria. 

Leuc. Pluguiera á Dios se abriera aqui la 
tierra , 

Y á mi solo en su centro me tragara, 

Y en el sulfúreo reino que en si encierra, 
En cuerpo y alma como estoy lanzara. 
Antes que yo viniera á darte guerra , 
Tu maldad, o Eliodora , haciendo clara; 



Mas soy forzado , y por apremio digo , 
La verdad, recelando el cruel castigo. 

El caso es , que yo hallando un dia 
A Eliodora , en la hética ribera , 
Quedé en ver su belleza y lozanía. 
Cual nieve al sol , ó cual al fuego cera ; 
Habléle , y con honrosa cortesía , 
Me respondió , y preguntó quién era, 
Yo satisfice á su pregunta, y luego 
Los dos nos encendimos en un fuego. 

Levantóse, y poniéndose en camino 
Para volverse, díle yo la mano, 

Y ella me dio la suya, y hizo diño 

Del primer don que da el amor tirano. 
Llegando aquí, rae dijo : Ve , Leucino, 
Pegando al mió su rostro soberano , 

Y esta noche podrás volver á verme 
Si piensas en amor corresponderme. 

Hícelo así, y luego que la oscura 
Sombra ocupó con su tinicbla el suelo , 
inspirado de amor y mi ventura, 
Seguí la suerte que me daba el cielo. 
Hállela á una ventana que la pura 
Luna miraba, y luego sin recelo 
Me bajó á abrir, y yendo á solo velia , 
Gocé á mi gusto aquella noche della. 

Desta suerte han pasado ya dos años 
Qu'ella á mi casa , y yo á la suya yeíido, 
Hemos vivido, usando mil engaños. 
Nuestro fuego con ellos encubriendo. 
Tras desto añadió á un daño muchos daños 
Esta cruel , su natural siguiendo ; 

Y fué, qu'en este amor que me fingía, 
Por ese muerto sin descanso ardia. 

Viéndose el triste mozo combatido 
Desta inconstante , me llamó en secreto , 

Y el caso me aclaró , y de mí sabido 
De otras personas , la dejé en efelo. 
Ella de ira el ánimo encendido , 

La venganza eligiendo , por decreto , 
A llamarme envió , y que me rogaba 
Trújese á Ortelio, porque asi importaba. 

Yo triste , inadvertido de mi daño , 
Vine, y nunca viniera , porque al punto 
Que llegué, le dio á Ortelio un golpe estraño, 
Que en tierra lo arrojó, cual veis, difunto. 
Revolvió sobre mi; yo con engaño 
Le hurté el cuerpo , porque estaba junto, 

Y pasó el golpe , entonces della asiendo 
Entrastes, á las voces acudiendo. 

Cor. Calla , fiero , no pases adelante, 
Que lo dicho á rail muertes te condena, 

Y al infierno el gran Júpiter tonante 
Te arroje á padecer eterna pena. 

Just. ¿Esto es verdad? 
Far. Señor, verdad bastante . 

No dice cosa de verdad agena. 
Just. Eliodora, ¿qué dices tú sobr'esto? 



¿80 



JUAN DE LA CUEVA. 



El. Que todo fts Talscdad cuanto ha pro- 
puesto, [digo. 

Leuc. ¿ Falsedad ? verdad pnra es la que 

Jmsí.Y lú que entiendes desto, ¿sabes algo? 

Fel. Quo es maldad cuanto dice ese ene- 
migo. 

Leuc. La verdad digo á fe de hijodalgo; 
Farandon está ahi , qu'es buen testigo 
De todo lo que pasa , pues no valgo 
En este caso yo, él te lo diga 
Que ha sido el secretario en nuestra liga. 

Jiist. ¿Qué dices, Farandon? 

Far. Señor, qu'es cierto 

Cuanto Lcucino mi señor declara. 
Que yo me halle en todo, y fui al concierto 
La primer noche, y esta es verdad clara. 

Just. ¿Porqué, y de quién ha sido este 
hombre muerto? 

Far. De zelos que Eliodora en crueldad 
Tuvo del , y porque dio á Lenclno [rara 
Cuenta de su amoroso desatino. 

El. F.sa es traición, que no le di la muerte 
Sino por evitar la injusta fuerza 
Que me quiso hacer, y en esto advierte 
Qu'es verdad, y tu vara no se tuerza. 

Just. >'o torcerá, mas yo haré ponerte 
Donde tu voz que así á hablar se esfuerza. 
Habiendo hecho un crimen semejante. 
Cese ; y quita ese cuerpo de delante. 

Llevad esta á la cárcel , y sea puesta 
En estrecha prisión, do esté segura. 

Cor. Será de mi una razón propuesta , 
Si á hablar tu licencia me asegura. 

Just. Di, que nuncajamas me fué molesta. 

for.Digo que no sea puesta en prisión dura 
Eliodora, mas libre, y sea llevado 
-Mi hijo, y crudamente castigado. 

Irc. Ellaes digna de muerte.y no Lcucino. 

Y asi mi hija sea castigada 

Como rea, pues ella abrió el camino 
Para este mal . y asi sea ejecutada. 

Cor. Mi hijo solamente es el qu'es diño 
De muerte , pues por 61 es infamada , 
Quebrantando tu casa, cual ha dicho. 
Si se tiene memoria de su dicho. 

Irc. Si ella á él la entrada no le diera, 
No la infamara él , ni la gozara , 

Y pues ella la puerta le dio, muera, 

Y él quede libre, que es justicia ciara. 
Cor. Esa raesma razón á muerte Gcra 

Le condena. 

Irc. Esa ley mesma lo ampara, 

Qu'el hombre puede entrar donde quisiere, 
O do le dan la entrada si pudiere. 

.htst. Cese \ucstro alboroto, y sea cumpli- 
Lo que tongo mandado, partid luego [do 
Con ella , y á esc mozo lleva asido , 

Y á Leucino también por preso entrego 



Irc. Que castigues mi hija solo pido. 
_Cor. Que la suelles.y muera tnihijo ruego. 

Just. Lo qu'en ley debo ejecutar sobr'esto. 
Vamos, que todos lo veréis muy presto. 



JORNADA IV. 



Ircano , padre de Eliodora, determina malar la 
hija en la cárcel con un bocado; llévaselo 
Felicina, vuélvese en flores. Pronuncian la 
sentencia de muerte á Eliodora ; va el escri- 
bano á notificársela , halla á la puerta de la 
cárcel dos salvagcs , que le impiden la en- 
trada. Va la justicia , sale la diosa Diana, y 
delanle de Ircano, el padre de Eliodora, y de 
la justicia , Leucino^e retrató de lo que liabia 
dicho contra Eliodora. Fué condenado á echar 
en un fuego Farandon, y Lcucino en el rio : 
sale Bétis , pide á Diana que no mande que 
en sus ondas echasen tal mal hombre, manda 
que lo enlierren vivo, y con gran alegría 
llevan á su casa á la virgen Eliodora. 

IRCANO. FELICIMA. ELIODORA. JusTicu. 

PELORO. Escribano. IPODALRO. 

DEMOLION. DIANA. LEUCINO. 

FARANDON. BÉTIS. 

Irc. Rompa la voz de mi lloroso acento 
Las sidéreas regiones, oiga el mundo 
Mi mal, y la crueza que hoy intento. 

Y nadie entienda qu'en crueza fundo 
Dar á mi hija muerte, cual dar quiero, 
Ni que me inspira furia del profundo; 

Que yo no tengo el corazón de acero 
Ni nací de los riscos , ni montañas, 
Ni me crió dragón, ni tigre fiero. 

Hombre soy, de hombre tengo las entra- 
Tiernamente, cual hombre, me lastimo [ñas, 

Y lloro mis fatigas tan estrañas. 

Mas deste sentimiento me reprimo , 
Viéndome por mi hija en tal afrenta 
Que su muerte no siento, y mi honra estimo 

Y así aunque muera es causa que no sienta 
Con la terneza que debia su muerte. 
Viendo ser ella la que así me afrenta. 

Ejemplo es este que al varón mas fuerte 

Y de mayor constancia pondrá espanto 

Y le hará dudar la estraña suerte. 
Pudo el honor de Ipodamante tanto , 

Viendo su bija, de Archeloo, forzada. 
Que le dio muerte, sin oir su llanto. 

Orcamo enterró viva su hija amada , 
Porque le robó Apolo su pureza , 
Dándola asi á su honor sacrificada. 

¿Pues si destos se canta por grandeza , 
Dar á sus bijas muerte por su honra , 
Dársela yo á la mía no es crueza? 



EL INFAMADOR. 



281 



Que no me ofende menos, ni deshonra 
La maldad que mi hija ha cometido, 
Si la nobleza de quien soy me honra. 

AI fin yo esló en que muera resumido 
En la prisión , pues ha de morir cierto 
Por justicia, su término cumplido. 

Así será mi daño mas cubierto, 
Que no verla sacar de las prisiones 
A justiciar, el dia descubierto. 

Así confundiré las opiniones 
Qu'en esto hay, pues dándole un bocado 
Lo acaba todo, y solas mis pasiones 
Empezarán hasta que sea acabado. 

Fel. El son de tus tristes quejas 
Hizo en mí tal impresión 
Que abrasando el corazón , 
El cuerpo sin alma dejas. 

Y no solo tu dolor 

Me tiene de aquesta suerte, 
Mas ver que quieres dar muerte 
A Eliodora con rigor. 

Irc. Felicina , así conviene , 
Que muera por su malicia, 

Y no en poder de justicia , 
Pues al fin, de morir tiene. 
Yo le tengo aparejado , 
Aunque tal crueldad se note , 
Por arras , tálamo y dote , 

Un mortífero bocado. 
Tales confaciones lleva 

Y va hecho de tal modo , 
Que no está en comello todo. 
Para morir quien lo prueba. 
Tú lo tienes de llevar, 

Y mandóte qu'en secreto 
Lo pongas luego en efeto, 

Y me vengas á avisar. 

Fel. Señor, mándame otra cosa , 

Y hazme desta escusada. 

Irc. No hay que replicarme nada , 
Sino ir luego presurosa ; 
Esto es lo que cumple en esto, 

Y cumple á ella y á mí. 
Yo voy á traello aquí. 
Aguárdame en este puesto. 

Fel. ¡ Ay, triste de ti . Eliodora, 
Sin culpa ofrecida á muerte , 
Cuya miserable suerte 
Hispalis y el mundo llora ! 
¿Es posible que he de ser 
Ministro de tal crueldad, 

Y que mi fidelidad 

Tal hecho ha de cometer? 

Irc. Ya te he dicho , Felicina , 
Que cumplo que vayas presto ; 
Lo que has de llevar es esto , 
Que es la cierta medicina. 
El secreto y diligencia 



No tengo qu'encomendarte, 
Yo voy á casa á aguardarte, 
Tú, ejecuta con violencia. 

Fel. Desventurada de mí , 
¿Dónde voy? ¿Qué razón sigo? 
¿ Qué Megera va comigo , 
Qué Alecto me lleva así? 
No es posible que no sea 
Furor infernal el mío, 
Pues tan ciego desvarío 
El alma me señorea. 

Mi señor manda que dé 
A Eliodora este bocado. 
Que entiende que su mandada 
Puede mas que no mi fe. 
Engañado está eo razón , 
Contrario camino sigue. 
Porque no hay ley que me obligue 
A sacarme el corazón. 

Mas ¡ay, en qué duda esto , 
De contrarios combatida , 
Sin poder darle la vida. 
Ni dejar de morir yo! 
Forzosa ha de ser mi muerte. 
Porque si muere Eliodora, 
Felicina que la adora 
Seguirá á la mesma suerte. 

La cárcel es esta , ¡ ay cielo , 
Como la muerte me cerca , 

Y á Eliodora se le acerca 
La mesma miseria y duelo ! 
Ambas hemos de acabar, 
Que razón lo manda así, 

Y pues cumple, ¿qué hago aquí? 
A dársela quiero entrar. 

El. ¿De quién serán mis quejas 

Y mi mal entendido , 

En estado tan triste y peligroso, 
Cielo, si tú me dejas, 

Y no les das oido, 
Mostrándote á mi llanto riguroso ? 
Tú , que del afrentoso 

Insulto en que sin culpa soy culpada 

Sabes la verdad pura. 

Tú , en mi angustia y tristura, 

Aclara mi inocencia condenada , 

Ya que pague la vida , 

Que no sea mi pureza asi ofendida. 

Fel. ¿Qué haces, señora mía. 
En tu miserable suerte? 

El. Esto esperando la muerte , 
Por momentos cada dia. 

Fel. Ten, señora, confianza, 
Quel cielo á quien tú te quejas * 
Oido dará á tus quejas , 

Y á tu inocencia , venganza. 
El. En él pongo mi justicia , 

Pues él sabe la verdad , 



»!^ 



JLAN DE LA CUEVA. 



Él guarde mi honestidad , 

Y castigue esta malicia. 

Fcl. Si har/i ; y así lo entiendo 
De su bondad y demencia , 
Que has de salir por sentencia 
Libre deste insulto horrendo. 

Y en confianza de aquesto, 
Te traigo un regalo aqui. 

El. ¿Regalo? no es para mí , 
Qu'el mió pas() muy presto. 
La muerte podrás traerme, 
Qu'es el regalo que espero, 
Que olro regalo no quiero , 
Si otro puede apetecerme. 

Fel. Espera en Dios el remedio, 

Y comamos esto agora . 
3Ias con condición , señora , 
Que has de partillo por medio. 

El. Pártelo tú de tu mano. 

Fel. Si haré, y será igualmente, 
i O Animo de serpiente , 
Con un ángel soberano! 

Recibe desta tu sierva 
Esta conserva . en regalo. 

El. No ha estado el donaire malo , 
¿, Flores me das por conserva ? 

Fel. Señora, el yerro fué en mí. 
Que turbada en tus dolores. 
Dije conserva por flores. 

El. Bueno está , quédese ahí. 
Allá dentft» nos entremos. 
Porque gente oigo venir. 

Fel. Tras ti voy, bien puedes ir. 
Que no es bien que aqui aguardemos. 
¡Quien ha visto tal mudanza! 
Volverse en flor el veneno. 
Prodigio es, y es tan bueno, 
Que me da buena esperanza. 

Just. Doy la palabra, que quisiera eneslo 
Hacer, señor Peloro, vuestro mando. 
Cual siempre mi deseo está dispuesto , 
Lo qu'es serviros solo deseando. 
Mas en esta ocasión juro y protesto 
Que ni puedo, ni es justo, contemplando 
De Reycenio las culi)as y maldades, 
Infamias, y otras mil atrocidades. 

Peí. Cierto que yo, señor, venia informa- 
Sluy diferente de eso que os he oido , [do 
Porque áentender me dieron que aun pecado 
Para estar preso asi , no ha cometido. 

Just. No hay preso que confiese qu'es cul- 
Aunque sea en derecho convencido, [pado, 
Siempre se justifican de inocentes, 
Aunque cien mil testigos vean presentes. 

Y ¡)orque no entendáis qu'es pasión mia, 
O rancor que le tengo , estad atento , 
Oiréis qué se le prueba en solo un dia , 
Después que se cumplió mi mandamiento 



Una muger le pide, á quien servia 
Con promesas, que en firme casamiento 
Seria su marido , y del gozada , 
(]on otra se casó, y dejó burlada. 
Otra presenta del una querella, 
Diciendo que una hija infamó suya , 
Él se desdice, habiendo dicho della 
Cosas , que es justa ley que lo destruya. 
No hay casada , viuda , ni doncella , 
Ni hay deuda suya , contra quien no arguya 

Y ofenda con su lengua , y demás desto , 
Con su cuñada cometió un incesto. 

Esto hay de Reycenio, y mas que callo , 
Deste (jue al mundo con su lengua infama; 
¿Mirad vos, si es justicia perdonallo, 
O si será arrojallo en viva llama? 

Peí. No tengo que decir, sino dejallo, 

Y porque á toda priesa yú me llama 
Un negocio, haré de vos ausencia. 

jMSí.Sienq)rc para os servir esto en presen- 

¿Traeisme la sentencia ya ordenada , [cía. 
Para notificársela á Eliodora? 

Esc. Señor si , solo falta ser firmada 
De tí , lo cual podrás hacer agora. 

Just. Séame de palabra recitada. 

Esc. Dice desta manera, que á la hora 
Que lodo el pueblo sea congregado 
Para el fiero espetáculo ayuntado. 

De la cárcel la saquen con prisiones 
Sobre una muía, y lleve de delante 
Pregoneros , que digan en pregones 
Su crimen en voz alta y resonante. 
Vuelta de andar las calles, y estaciones 
Que la ley manda , sea al mesmo instante 
En la pública plaza degollada, 
Donde quedando muerta sea dejada. 

Just. Buena está, yolafirmodeesasueíle. 
Id á notificársela al momento 
A Eliodora , y apréstese á la muerte , 
Pues ella fué ocasión de su tormento. 

Esc. Con la razón que debo obedecerte 
Voy, señor, á cumplir tu mandamiento. 

Just. Cumple, que sea con presta dili- 
gencia. 

Esc. Será asi ejecutada tu sentencia. 

Just. Pague con muerte el crimen come- 

Y muera la que asi con tal torpeza [lido , 
El blasón de su padre ha ofendido, 

Sin tener advertencia á su nobleza. 

Esc. Aquí es la cárcel donde soy venido. 
Quiero notificarle con presteza 
La sentencia á Eliodora. .4h, carcelero , 
A brí , ah de la cárcel , ¿ no hay portero ? 

Ipod. ¿Quién sois, que demandáis 
aquesta puerta? 

Esc. Só escribano real de aquesta au- 
diencia. 

/po(i. Volveos, que no os puede ser abierta, 



EL INFAMADOR. 



3RS 



Y no habléis, ni hagáis mas resistencia. 
Esc. ¿.Qu'es esto ? ¿Estoy durmiendo? ^Es 

cosa cierta 
La que he visto delante mi presencia? 
Sin duda estoy soñando , no estoy cierto , 
Que claramente veo que estoy despierto. 

Quiero volver y dar razón desto 
Al juez que aguardándome ha quedado , 
Que yo no sé qué haga ó diga en esto , 
Que voy sin mí , de ver lo que ha pasado. 

Just. Huélgorae que venido hayas tan 
presto. 

Esc. Si vengo presto , traigo mal recado. 

Just. ¿. De qué suerte ? 

Esc. De suerte que temiendo 

Estoy aquí , de lo que vi tremiendo. 

Just. ¿Qué traes? ¿Qué te alborota, qué 
te altera? 
Sosiega el sobresalto, ¿di , qué ha sido 
La ocasión que te trae de tal manera , 
Sin color, sin aliento, sin sentido? 

Esc. Yendo á notificar la muerte fiera 
A Eliodora, el entrar me fué empedido 
Por dos salvages, que hallé á la entrada 
De la cárcel que dellos es guardada. 

Just. ¿Salvages , has soñado esa locura? 

Esc. ¿ Soñado ? ve allá , tu verás si es 
Porque des á mi sueño la soltura , [cierto. 
Si duermo, ó tú, señor, estás despierto. 

Just. Ella es melancolía si se apura , 
Vamos allá, reiré tu desconcierto. 

Esc. Igual me reiré yo ; esa es la puerta, 
Clama á priesa , seráte luego abierta. 

Just. Ah de la cárcel, ¿no hay quien dé 
respuesta ? 

Bem. Quien responda si hay, mas tú ¿qué 
Que tu jurisdicción aquí no presta, [quieres? 

Y asi te puedes ir, que no hay que esperes. 
Por Diana esta guarda fué aquí puesta. 
Para defensa, si ofender quieres 

A Eliodora su virgen , cuyo apremio 
Quitará, como á virgen de su gremio. 

Just. ¿Qué rumor oigo? ¿qué clamor 
Dame noticia desto , justo cielo, [resuena? 
Qu'el temor de sentido me enagena, 

Y la vista me ofusca un negro velo. 
Diana. Juez , que tienes puesta en tu ca- 

Mi virgen sin tener de mí recelo ; [dena 
¿