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Full text of "Tratado único y singular del origin de los Indios del Perú, Méjico, Santa Fé y Chile"









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TRATADO TJNÍGO Y SINGULAR 



DEL 



OEIGEN DE LOS INDIOS 

DEL PERÚ, MÉJICO, SANTA FE 
Y CHILE 



POR EL 

DR. DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Oidor de la Real Audiencia de Lima 



PRIMER VOLUMEN 




MADRID 1891 




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ADVERTENCIA PRELIMINAR 



Como nos han de servir de mucho los li- 
bros de nuestro autor para las pocas noticias 
que vamos á dar de él, daremos principio por 
citar las obras suyas que conocemos, y de las 
que existe ejemplar en la Biblioteca Nacional 
de Madrid. 

Según nuestras investigaciones, la primera 
que dio á luz se intitula: De inmaculata Deiparce, 
Co7tceptione sivi de illius inmunitate á peccato 07'i- 
ginaliy Avthore Doctore D. DidacoAndrcea Rocha, 
hifpalensiy Quondam LÍ7nanmacademix vefpertince 
Legum Cathedrce moderatore^ deinde in regali 
cancellaria Quitensi Fífci patrono 61 Senatore, 
de mum electo Fifcali^ Regalis cancellarice Ar- 



VIII DIEGO ANDRÉS ROCHA 

gentínce; imni vero regalis caiicellarice- Limenfis 
criminurum questore, 61 índice, Ad illustrissi- 
mtim Dom, Doc, Dominuin Petrum de Villano- 
mezy Archipifcopum Limam^m, Limoe^ ex officina 
Joannis de Qiievedo, Anno 1670^ en 4.** con $ 
hojas de preliminares, 337 páginas y 10 hojas 
de índices. 

La segunda obra impresa lleva por título 
Carta á D, Baltasar de la Cueva^ conde de Cas- 
tellar, marqués de Malagón, virrey^ gouernador 
y capitán gejteral de los reinos del Perú, Tierra- 
firme y Chile. En que se tratan algunos discursos 
tocantes á la milicia christiana por el doctor don 
Diego Andrés Rocha. Lima 1675, en 4/ con 
t() hojas foliadas. Esta obra la cita su autor 
varias veces en el presente volumen. 

La tercera, última de las que conocemos, es 
el Tratado vnico y singular del origen de los in* 
dios occidentales del Perú, Méjico, Santa Fé y 
Chile, Por el doctor D. Diego Andrés Rocha, 
oidor de la Real Audiencia de Lima. Dedícalo 
á la protección del Sr. D. José del Corral Cal- 
vo de la Vanda, oidor de la misma Audiencia, 
año 1 681; con licencia, en Lima, en la imprenta 
de Manuel de los Olivos, por Joseph de Contre- 
ras,en 4.", 6 hojas de preliminares, 84 foliadas, 8 
más de Copia de {una) carta que el autor escrivió 
á <^u hijo el general D. Juan En7 iquez de Sangue- 



ORIGEN DE LOS INDIOS IX' 

süy residente en la villa de Cochahamha donde fué 
corregidor, Justicia mayor, sobre el cometa de 
lóSo^ y 4 de índice. 

Esta obra es la que se reimprime íntegra, y 
que ha de formar los volúmenes III y IV de esta 
colección de obras sobre América. 

Fué nuestro autor sevillano, según él mismo 
se llama en la portada de la obra De iumacula- 
ia Deiparce Conceótione,,. y de una familia noble 
de Cataluña, pues en la página io6, líneas 9 y 
10 de este tomo, dice: 

«Esto apellido Rocha es de lo más antiguo 
que hay en España, y le hay en Cataluña, de 
donde yo tengo origen. » 

En el folio 16, vuelto, línea 22 de la prime- 
ra edición de esta obra (página 83 de este vo- 
lumen) dice así: «Hubo Andes en las Galias, 
comprendiéndose la Galia Tarraconense y To- 
gada, y esa parte de Cataluña y Pirineos, según 
el mismo Nebricense, verbo Andes el primero, 
y de estos tomó nombre esta cordillera dilatada 
del Cuzco, cuando vinieron los primitivos espa- 
ñoles, y asi mi conterráneo Arias Mjntano^ quie- 
re que el monte Sphar, que algunos han en- 
tendido por España , sean estas dilatadísi- 
mas cordilleras de América llamadas los An- 
des.» 

Este texto nos da á entender que Arias 



X DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Montano y el doctor Rocha nacieron en la an- 
tigua Hispalis, pues sabido es que al sabio que 
con tanto acierto dirigió la impresión de la 
Biblia Regia le tienen unos por hijo de Sevilla, 
mientras otros prueban que nació en Frege- 
nal. 

Tocante al erudito doctor D. Diego Andrés 
Rocha, confesamos que no hemos podido adqui- 
rir más noticias que las que se deducen de sus 
obras. Por ellas no sabemos dónde nació ni 
dónde terminaron sus días^ ni en qué años^ 
pero se sabe á ciencia cierta que pasó casi toda 
su vida en la América del Sur, y en ella des- 
empeñó, en la segunda mitad del siglo XVII 
los importantes cargos de Catedrático de De- 
recho Romano en la Academia de Lima, Abo- 
gado Fiscal en la Real Chancillería de Quita 
Senador, Fiscal electo de la Real Chancillería 
Argentina, Fiscal de la Real Audiencia de lo 
criminal de Lima, Juez integérrimo de causas 
criminales, Alcalde del Crimen de las Reales 
Audiencias de los Reyes y de Lima, del Con- 
sejo del Rey en la ciudad de los Reyes, y por 
último, en 1681, oidor de la Real Audiencia de 
Lima en los reinos del Perú. 

A estos honrosos títulos se puede añadir que 
fué un varón virtuoso, amante de los estudios 
hasta el punto de citar en una página de su obra 



I 



ORIGEN DE LOS INDIOS XI 

Del origen de los Indios^ veintitrés autores, todos 
de diferentes épocas y naciones. 

También fué un bibliófilo incansable, pues 
en las tres obras que imprimió, y que quedan ci- 
tadas, aparece un número tan considerable de 
libros clásicos, que nos parece imposible el que 
los reuniese en Lima en aquellos tiempos. 

Quizá en su obra encuentre alguien á pesar 
de tantos testimonios en que apoya su sentir, 
alguna falta de veracidad, pero con anticipación 
puede objetársele que esos mismos defectos son 
muy disculpables, pues son nacidos de la falta 
de elementos científicos que por entonces se 
padecía ó del amor y lealtad que siente por la 
tierra en que nació y en la que, seguramente^ 
pasaría los primeros años de su vida. 

Aun cuando no sea más que por lo bien pa- 
rado que queda el nombre español, es merece- 
dora esta obra del honor de la reimpresión, 
pues en ella se prueba con autoridad de ciento 
cuarenta escritores, que los americanos traen su 
origen de los primitivos habitantes de España^ 
en primer lugar, y de los Israelitas y Tártaros en 
segundo, y para que se vea hasta qué extremo 
llega el patriotismo del buen doctor Rocha, 
afirma que todo lo bueno que los habitantes de 



XII DIEGO ANDRÉS ROCHA 

las diversas partes de América tenían al tiempo 
de la conquista, lo heredaron de los primitivos 
españoles que fueron sus padres, que si en va- 
rias partes de América son tan valientes, lo 
deben á que proceden de las antiguas razas ibé- 
ricas, sin haberse mezclado con las demás na- 
ciones procedentes de Israel y Tartaria. 

La mayoría de los nombres de sitios y luga, 
res que tenían en el Nuevo Mundo, antes de su 
descubrimiento, los tomaron de las antiguas po- 
blaciones de la España primitiva, y en cuanto 
á las costumbres de los indios, prueba con gran 
copia de datos que todas las buenas las habían 
conservado de los primeros pobladores que 
fueron de España, y llega hasta afirmar que no 
son la mayoría de los americanos otra cosa que 
españoles emigrados desde hace muchos si- 
glos á aquellas lejanas comarcas. 



* * 



Hoy que con motivo del centenario del 
gran descubridor del Nuevo Mundo, tanto in- 
terés inspiran las obras que arrojan alguna luz 
sobre la prehistoria americana, creemos que se 
acogerá con gusto la reimpresión de una obra 
que trata del origen de los primeros poblado- 
res de América. 



ORGIEN DE LOS INDIOS Xilt 

Aun cuando el interés de este libro es muy 
grande, no se ha reimpreso ninguna vez desde 
su aparición, y la causa no hay duda que ha 
sido la gran rareza de los ejemplares de él^ 
pues hasta en la Biblioieca oriental y occidental, 
de Pinelo, adicionada por Barcia, citan el título 
mal, lo que por lo menos indica que no le tu- 
vieron presente. 

Esta obra merecería mejor que ninguna 
otra ir ilustrada con extensas notas históricas y 
críticas, pero en vista de que sería necesario 
demorar algún tiempo la publicación de ella, 
hemos creído que vale más reimprimirla aun 
cuando sea sin notas, que esperar á que se pu- 
diesen hacer, y no llegase ese día nunca. 

De todos modos esta obra sale otra vez al 
público tal como la dio á luz en Lima el año 
de 1 68 1 su autor, pues solo se ha variado la or- 
tografía que, como dijimos en nuestro prospec- 
to, hemos creído conveniente sustituir por la de 
la Real Academia Española. 

La portada de la primera edición está re- 
producida con mucha exactitud, con la sola 



XIV 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



variación del escudo, que al reducirle á la mi- 
tad del tamaño del original, ha habido que 
cambiarle por otro más pequeño. 

Madrid 3c de Junio de 1891. 



I 




i 



TRATADO 

VNICO, Y SINGVLAR DEL 

ORIGEN DE LOS INDIOS Occi- 
dentales del Piru, México 
Santa Fe, y Chile. 

POR 

ÉL DOCTOR DON DIEGO 

Andrés Rocha^ Oydor de la Real 

Audiencia de Lima 




dedícalo 

A LA PROTECCIÓN DEL 
feñor Doctor D. Jofeph del Corral, 
Calvo de la Vanda, Oydor de la 
mifma Audiencia 



Año de 




t68i 



CON LICENCIA 

En Lima; En la Imprenta de Manuel de los Olivos, 

Por loseph de Contreías. 




APROBACIÓN DEL DOCTOR D. JOSÉ DEL CORRAL 

CALVO DE LA VANDA, OIDOR DE LA REAL 

AUDIENCIA DE LIMA 



EXCMO. SEÑOR 



De orden de V. E. he visto, y reconocido 
con especial atención, el discurso que ha for- 
mado el señor Dr. D. Diego Andrés Rocha, 
oidor de esta Real Audiencia, sobre asignar la 
verdad del Origen de los Indios de este anti* 
quísimo y opulento Reino del Perú, y aunque 
me picó la curiosidad tanto como la ve- 
neración y respeto que tengo á sus grandes le- 
tras y muy eruditas noticias, á quien debo la 
enseñanza de mis cortos estudios desde los 
primeros rudimentos, juzgando inaccesible el 
asunto, no míenos por la mucha antigüedad y 
trascurso de tantos siglos, q^e por la falta y 



2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

bárbara flojedad de ellas en sus habitadores, 
que nunca tuvieron forma ni estilo en la obser- 
vancia de sus orígenes y ascendencia, por cuya 
causa se ha tenido siempre por casi imposible 
la averiguación de quiénes fueron los primeros 
que se introdujeron en los principios de su po- 
blación; de suerte que siendo muchas y diver- 
sas las opiniones que en este punto ha habido, 
le han dejado más dudoso, y más oscura su in- 
vestigación, sin haber dado ninguno en el 
blanco de la verdad, por ser más fácil conven- 
cer lo supuesto y ageno de ella que el hallarla; 
«O utinan (dijo un gran político) tan facile esset 
vera dicere, quam falsa convincere.» Sin em- 
bargo de tanta confusión, parece haber vencido 
y allanado la aspereza de este monte de difi- 
cultades el trabajo grande de su autor, hacién- 
dole, al parecer, infalible, no dejando duda en 
la materia, añadiendo con este discurso sus 
grandes noticias y literatura singular, ilustres 
calificaciones á este nuevo mundo con la nobi- 
lísima descendencia de la invicta siempre na- 
ción española, de que hace convencimiento con 
demostración. 

Siendo muy de reparar que estando reser- 
vado, como soberana Regalía á la sabiduría 
eterna manifestar las cosas ocultas, y escondi- 
das desde la constitución del mundo, sin duda 



ORIGEN DE LOS INDIOS 3 

me debo persuadir, que á dicho señor ilustró 
algún rayo de la divina luz para descubrir la 
verdad de lo que estaba tan confuso y tan in- 
cierto casi desde la segunda edad del mundo, 
en cuyo conocimiento, siento que tan aseado 
papel, que dá tan profundas noticias, no solo no 
desdice de las buenas costumbres y misterios 
de nuestra Santa Fé, sino que es de mucha uti- 
lidad este parto de tan sublime ingenio, y fruto 
de sujeto á todas luces tan recomendable en 
todo género de letras, como lo han manifesta- 
do los doctos libros y eruditos escritos, así en 
las divinas como en las humanas, llenos de eru- 
dición sagrada y profana añadiendo su mucho 
estudio el juicio que ha concebido de las cali- 
dades y efectos de los Cometas por cuenta del 
que apareció y se vio en esta ciudad por fines 
del año pasado de 680, trabajo de mucha cu- 
riosidad y digno de que se dé á luz pública, 
para que llegue á noticia de todos, y así podrá 
V. E. siendo servido, como Virrey, Gobernador 
y Capitán General de estos Reinos y Arzobispo 
de esta nobilísima ciudad, dar la licencia que 
pide el Sr. D. Diego, y que sin dilación al- 
guna gocen de tan lucido trabajo. Lima 14 de 
Marzo de 681. 

Doctor D, José del Corral 
Calvo de la Vanda. 



APROBACIÓN DEL DOCTOR DON JUAN DE MORALES^ 

VALVERDE, CANÓNIGO PENITENCIARIO 

DE LA SANTA IGLESIA DE LIMA. 



He visto, por orden de V. E., las dos obras ^i) 
que tiene destinadas á la prensa el Doctor don 
Diego Andrés de Rocha, Oidor de esta Real 
Audiencia, y reconozco en ambas su grande y 
exquisita erudición, cristiandad y celo. Admira- 
ble es la perspicacia con que descubre las hue- 
llas de los que vinieron á poblar estos Reinos> 
pues aun desvanecida tantos siglos á la dilata- 
dísima Isla Atlántica (de que hacen mención 
raros de los antiguos escritores) divisa el señor 
D. Diego las pisadas de los que vinieron á esta 
América, nuevo Colón de esta cuarta parte del 
Orbe Terrestre, investigador feliz de los prime- 



(i) Las dos obras á que se refiere son las reimpresas en este 
volumen. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 5 

TOS Colonos, si de sus tierras lo fué él primero, 
siendo tan grande la gloria de el estudio, que 
averigua el origen de ellos. Estimable novedad 
hallar en antigüedades lo que no se había podi- 
do entender antes. 

«Nil ait, esse novum Salomón, sub solé; Co- 

(lumbus 
In veteri mundum reperit Orbe novum.» 

Dijo un poeta. Como también lo es, reducir 
á nuestro Rey y Señor por el derecho de rever- 
sión les vasallos, que lo son por conquista, y 
debían serlo por origen, dicha de ellos, conoci- 
da ahora por haber vuelto á su príncipe y prin- 
cipio. 

(íUnius cuiusque rei perfectio summa 
Est ad principium posse re diré suum.» 
Dijo el mismo Sileno. 

En la otra obra de la observación y juicio 
del Cometa, que aquí vimos en los fines del año 
pasado y principios del presente, veo la mucha 
cordura y cristiano juicio del autor. No se des- 
vía de el Tribunal en que S. M. (que Dios guar- 
de) le puso, juzgando con tanta rectitud en la 
Astrología como en la Jurisprudencia y en todas 
facultades, con tanta variedad de letras y sabi- 
duría, que obliga á no omitir el lugar de el 8. 
cap. de la Sabiduría: 

«Et si justitiam quis diligit: labores huius 



6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

magnas habent virtutes: sobrietatem ením, 61 vír- 
tutem, quibus iitilius nihil est in vita hominibus. 
Et si multitudiiiem scientae desiderat quis, scit. 
proeterita, 61 de futuris oestimat: scit versutias 
sermonum, 61 dissolutiones argumentorum: sig- 
na, 61 monstra scit antequam fiant, 61 eventus 
temporum, et seculorom.» 

Cuanto dice, consuena con la sana doctrina 
y enseñanza de buenas costumbres. Este es mí 
parecer^ salvo 61. Lima, 21 de Abril de 1681. 

Doctor D. Juan de Morales 

Valverde. 



Concédese licencia, por lo que toca al Go- 
bierno y á la Jurisdición ordinaria Eclesiástica, 
para que esta obra se dé á la prensa. Lima, 23 
de Abril de 1681. 

Vallejo. 



AL SEÑOR DOCTOR DON JOSÉ DEL CORRAL 

CALVO DE LA VANDA, OIDOR DE LA REAL 

AUDIENCIA DE LIMA. 



Antigua y loable costumbre ha sido, y reci- 
bida como de mano de unos autores á otros 
desde el principio de sacar libros y obras á la 
luz pública, el escojer un patrón y Mecenas con 
que afianzarlas y defenderlas, abonarlas y librar- 
las de las injurias de los detractores, siendo su 
patrocinio escudo en que se rechacen los gol* 
pes de los mal afectos al autor. Las propieda- 
des que ha de tener el patrón, no las omiten ni 
pasan en blanco los autores, viniendo los más 
en que ha de ser insigne en la virtud, nobleza 
y sabiduría, á que se ha de llegar también la 
autoridad para mayor defensa y aprobación do 
la obra que patrocina. Bien creo que tendrá el 



8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

aplauso común en la elección que he hecho de 
la ilustre persona de V. m. para la defensa de 
esta obrita del Origen de los Indios Occidenta- 
les, y que confesarán todos, que no solo para 
obra tan pequeña, sino para otras muy grandes, 
tiene V. m. las propiedades que he referido, 
porque sus costumbres son y han sido siempre, 
no solo de perfecto cristiano, sino de religioso, 
como se reconoció en sus primeros años en esta 
insigne Universidad de Lima, emporio de este 
Perú, prosiguiendo con el buen olor de ellas en 
la de Salamanca, madre y maestra de todas las 
de la Monarquía. 

Lo ilustre de su sangre lo ha manifestado 
V. m. en su (modo de) obrar, y es conocida la 
calidad de los Calvos Corral y Vanda, que la 
ha realzado V. m. y subido á mejor punto, en- 
troncando con estas familias las de dos ilustrí- 
simos casamientos que ha celebrado con lo más 
calificado de España y de esta América, de 
que ha tenido nobilísima sucesión. 

Querer ponderar la sabiduría de V. m., será 
querer reducir lo corto de una epístola dedica- 
toria, lo que parece no cabe en gran volumen, 
é intentar reducir el mar á corta esfera; mejor 
lo publicará aquel emporio de ciencias, la in- 
signe Universidad de Salamanca, que eligió á 
V. m. en sus cátedras, con el aplauso, que reso- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 9 

nó hasta estos últimos términos de la tierra. 
Yo, aunque no me atrevo á igualar á V. m. con 
Papiniano, pues ninguno de los jurisconsultos 
fué digno de igualarle, pero en alguna manera 
me parece cuadran á V. m. algunas de las ala- 
banzas que de él escriben Lampridio y Jacobo 
Cucajacio llamándole grande, máximo, consul- 
tísimo, diestrísimo, copioso en la erudición, va- 
rón de grande, sumo y excelente ingenio y agu- 
dísimo entendimiento, sin otras alabanzas que 
le han dado de esplendidísimo y de antorcha 
muy reluciente en los derechos; á que yo añado 
otro título que le da la ley 14 Cod. de Praed. mi- 
nor, donde le llama prudentísimo, y muchas de 
estas alabanzas en su proporción cuadran á 
V. m. y se le pueden aplicar sin rubor ni mie- 
do; según estamos experimentando en nuestro 
Senado y demás actos literarios, la autoridad 
de V. m. es muy grande, así por la que tiene en 
su persona, como en las muchas dignidades 
que ha ejercitado, habiendo sido nombrado 
por Oidor de la ciudad de la Plata, donde asis- 
tió V. m. muchos años por más antiguo, y de 
allí trasladado á la Fiscalía de esta Real Au- 
diencia de los Reyes, y con brevedad á la pla- 
za de Oidor de ella, con que quedan ajustados 
los motivos del patrocinio de esta mí obra, y 
espero que con tal patrón ha de ser muy bien 



I o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

vista y celebrada; dígnese V. m. de recibir este 
pequeño don, nacido de un muy gran afecto 
que siempre he tenido á V. m. Perdonará V. m. 
el no ir esta obra levantada de estilo, como era 
decente á tan grande y erudito varón, pero me 
disculpan los muchos embarazos de mi oficio, 
que apenas han dado lugar y ocio para compo- 
ner esta obrita, y también por seguir el conse- 
jo de San Gregorio el Magno, que enseña per- 
derse muchas veces el sentido de la verdad, 
por querer, estudiosamente, afeitar y componer 
el estilo de las palabras, á que alude una decre- 
tal de nuestro derecho, donde se dice «ubiver- 
borum propietas attenditur, sensus veritatis ami- 
ttitur. » 

Vale. Lima, 14 de Abril de 1681. 

Doctor D. Die^o Andrés 
Rocha. 



ASC£NSII PÉREZ DE LIZARDI RECTORIS, £T VICARII 

ECCLESi^ S. JACOBI URBIS DE ALMAGRO IN 

VALLE CHINCHEUSI GRATULATIO HEN- 

DECASYLLABA EXIMIO; AC INTEGER- 

RIMO LIMENSIS AREOPAGI SE- 

NATORI DOM. DOC. D. DI- 

DACO ANDREA 



45123 

ROCHA 



34512 
«CHARO, sed Domino; sed 61 Magistro: 
CHARO, sed, Themi quem doces, Lycurgo: 
CHARO ter mihi, milliesque ¿I ultra, 
Intermissa licet, situque torpens, 
Submisse, mea Musa, gratulare? 
Sed qui? Versiculis Catullianis 
Plenis hendecasyllabo lepore? 
Non: sed carminibus, quibus Catonem, 
Tullum, vel Curium loqui deceret, 
Puris, 6t minimé licentiosis. 
£t quid? Quod colamo libros feraci, 
Queis non audeat oblatrare Momus, 
Et quos net rabidut canis momordit, 



,2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Edat quotidie, cedro que dignos? 

Sed quid? Quod reducem colat Senatus 

Limani Nemesin sacrum Tribunal? 

Sed quid? quod Pater a Patronus idem 

Extet pauperibus pium levamen? 

Non: sed quod (veluti novus Columbus 

Antiquum magis, a vetus metallum, 

Argento preteosius nitore, 

Auro nobilius micantiore, 

El sub Solé novum, sed Occidente) 

Indorum eífodiat genus priorum 

Andreas silicis per impolitas, 

Nempe oblivia, cseca Barbarorum. 

Non ferro, ut fodiuntur hic metalla: 

Non vi, a robore, seu soleut fodinse: 

Sed mente, a cálamo laborioso, 

Insamni studio, atque subsecivo;^ 

Non ut, seque, mosque ditet indé: 

Sed Regni Indígenas, novumque mundum, 

Sudore hoc lompletet erudito. 

Hoc est. Hendecasyllabis modestis 

Quod gestis mea Musa gratular!.» 



JOSEPHI DE CONTRERAS TYPOGRAPHI 
IN AUTHOREM, 61 LIBRUM 

LUSUS 

DIDACUS ANDREAS ROCHA 

ANAGRAMMA 

ANCHORA VERI 

EPIGRAMMA 



Per médium pelagus Vi7^um secat sequoris 

(undas 
Haec levat ambiguam^ deprimit, illa vatem. 
Hunc, quamvis Typis, quamvis Palinurus ¿t 

(illum, 
In falsi Syrtes casca Charybdis agit. 
Tutus at Andreas in Veri puppe Magister, 
Anchara securom nomine reddit iter. 
Seu genus Indorum, veteris primordia gentis^ 
Usque adeo abstrusum paudat in Orbe novó. 
Seu, quem pertinuit mundus lento igne Come. 

(tam, 
Supra hominum captum disputet ore pió. 
Sed fortasis ais: multa hic elementa supersunt. 



14 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



Et rígidas leges hoc Anagramma fugit. 
Non negó, mi lector: sed dic, nisi multa redun- 

(det 

Littera, tu tantum nomen in ore feres? 



I 




DE GERÓNIMO DE CONTRERAS IMPRESOR 
CANCIÓN 



Si con tu docta pluma 
Mediste las Religiones 
Por ellas da pregones 
La aclamación debida 
A tanta nueva vida 
Como de todas ellas 
Sacaste sin segundo 
Para dar vida á aqueste nuevo Mundo 
Una América y otra 
Te debe su nobleza: 
Por tí á ser más empieza 
Ya noble el Occidente, 
Coronando la frente, 
Que antes humilde era, 
Pues con tu pluma sola 
Se descubre animar sangre Española. 



1 5 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Rendida ya te debe 

Reconocer su gente, 

Y grata, y reverente 

Una y otra cabeza 

Orlada de nobleza 

Reverenciar tus letras. 

Pues tendrán más estima, 

Publicadas de Méjico y de Lima. 

De aquí r.ubes al cielo 

Y del nuevo Cometa 

Efectos interpreta 

Tu discurso piadoso 

Tanto como estudioso; 

Dichoso tú mil veces 

Pues puede tu desvelo 

Medir la tierra y explicar al Cielo. 



í 





CAPITULO I 



EN QUE SE PONEN VARIAS OPINIONES ACERCA DEL 
ORIGEN DE LOS INDIOS 



I. Grande y porfiada disputa han tenido los 
historiadores é intérpretes de las letras di- 
vinas y humanas sobre descubrir el origen de 
estos indios occidentales, y hallar el modo y 
camino por donde vinieron á esta región An- 
tartica, ocupando este reino del Perú y el de 
Méjico. Todos concuerdan en que vinieron de 
una de las tres partes del mundo que eran co- 
nocidas de Asia, África ó Europa, discordando 
casi todos en cual sea de la que vinieron, y de 
la nación primera de que fueran propagados. 
Cada uno de ios intérpretes apoya su sentir con 
lugares de historias antiguas, y también con in- 
ducción de algunos lugares sagrados, y en este 



1 8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

negocio, como advierten el padre Acosta y el 
doctor D. Juan de Solorzano, es más fácil el 
argumentar contra las opiniones que definir ni 
acertar con la verdadera. 

2. Por uno de cuatro modos se puede 11':- 
gar al conocimiento de las cosas, según di- 
cen los filósofos, porque se investigan por cien- 
cia, ó por opinión, ó por fé divina, y por tradi- 
ción ó fé humana. Este origen de los Indios, y 
de qué partes vinieron.no parece se puede saber 
por ciencia, porque no hay demostración para 
conocer evidentemente su origen. Por opinión 
también parece no ser suficiente, porque lo que 
se reduce á ella es dudoso, y se funda en fun- 
damentos probables y no concluyentes, porque 
cada uno prueba con los suyos su intento. Por 
fé divina, no parece hay lugar en las Escrituras, 
que nos enseñe este origen de los indios, ni de 
qué hijo de Noé desciendan, ni de qué parte 
viniesen; y si hay lugar en las divinas letras, es- 
tará en los Profetas, y muy escondido, y será 
menester la gracia de Nuestro Señor Jesucristo 
que descubre todo lo que está oculto desde la 
constitución y origen del mundo, como se dice 
en el Evagenlio. 

Por tradición y fé humana no parece lo po- 
demos saber, porque hasta que Colón descu, 
brió las Indias, no hay evidencia de que las 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 9 

hubiese, antes las tuvieron por inhabitables, 
negando haber Antípodas. San Agustín, libro 
1 6, de Civit. Dei. Lactancio, lib. 7, de divia. 
instit. cap. 23. Nazianz, Epist. 17. ad postum. 
Aristo, 2. Methe, cap. 5. Plin, lib. 2 cap. 68. y 
después de descubiertas las Indias, si algunos 
habían de dar esta noticia y tradición, eran los 
mismos Indios, pero como carecían de letras y 
libros é historias, y se gobernaban solo con 
unas pinturas ó con cuerdas con nudos de di- 
versos colores, que llamaban Quipos^ no po- 
dían tener noticias muy antiguas. 

3. De lo dicho se infiere que este negocio 
está reducido á opiniones, y para que le conste 
al lector, las más principales que ha habido las 
pondré en compendio, y como por índice, de- 
jando para los capítulos siguientes la opinión, 
que tengo por verdadera, en que entiendo me 
ha ayudado nuestro Redentor, y alumbrádome 
por su misericordia. 

4. La primera opinión fué de muchos doc- 
tores que tuvieron por cierto que estas Indias 
Occidentales fueron ocupadas de los cartagi- 
neses, como se podrá ver en iVlejo Venegas, 
en el lib. 2, cap. 22, y en lo que refieren don 
Juan de Solorzano, Torquemada, Calancha y 
otros; y así tienen por constante que de ellos 
descienden estos Indios. Comprueba su sentir 



20 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Alejo Venegas, con un lugar de Aristóteles, en 
un tratado que está en sus obras, acerca de las 
maravillas que se hallan en la naturaleza, donde 
refiere el filósofo que unos navegantes de Carta- 
go (en tiempo que señoreó á España) navega- 
ron desde las columnas de Hércules, ó Cádiz, 
y que después de muchos días de navegación 
llegaron á una isla desierta de gente, aunque 
era abundante y dispuesta para mantenimien- 
tos y frutos de mucha madera y con caudalo- 
sos rios, y que se quedaron en ella y la pobla- 
ron y que el Senado de los cartagineses sintió 
mucho esta navegación y noticia, y vedó la 
embarcación á ella, decretando pena de muer- 
te contra los que habían pasado á poblar di- 
cha isla. Estas son palabras de Aristóteles, de 
que también hacen mención los autores cita- 
dos, de que infieren que navegación tan larga 
por el Occeano, y á tierras desiertas, no pudo 
ser otra que á las islas de Santo Domingo ó de 
Cuba, y que ésto? fueron los primeros que po- 
blaron esta América, y que de ellos descienden 
los indios. 

5 Tengo observado en comprobación de 
esta opinión de Alejo Venegas, dos lugares de 
Celio Rodiginoen sus Lecturas antiguas, el uno 
en el libro i cap. 22, y el otro en el lib. 17, 
cap. final, en que dá á entender haber sido co- 



I 



ORIGEN DE LOS INDIOS 21 

nocidas estas Indias por los antiguos, y que 
navegó á ellas en tiempo de los cartagineses 
un gran Argonauta llamado Hannon, y Plinio 
en el lib. 2 de su Natural historia, cap. 67, re- 
fiere los largos viajes que hizo este Hannon des- 
de Gibraltar hasta lo último de Arabia, pa- 
sando dos veces la Equinocial^ y también re- 
fiere Arriano, de nación griego, autor antiguo, 
en el libro 8 de su Comentario, indicó cómo 
el referido Hannon hizo otra navegación casi 
semejante á la que en nuestros tiempos hizo 
Colón, y de estas ultimas navegaciones, escribe 
el P. Maluenda en sus libros de Anti-Cristo, 
lib. 3, cap. 16 y Gomara en la Historia de las 
Indias, en lá primera parte. 

6. El P. Mariana, en el tomo I de la Histo- 
ria de España, lib. 2, cap. 2, en el ñn, dice lo 
siguiente: 

«Por el mismo tiempo, como algunos carta- 
gineses partiesen de España por mar, ó sea 
arrebatados contra su voluntad de algún recio 
temporal, ó sea con deseo de imitar á Hannon, 
tomando la derrota entre Poniente y Mediodía, 
y vencidas las bravas olas del gran marOcceano, 
con navegación de muchos días, descubrieron 
y llegaron á una isla muy ancha, abundante ds 
pastos, de mucha frescura, y arboledas, y muy 
rica, regada de ríos oue de montes muv emai- 



2 2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

nados se derivaban, tan anchos y bordables 
que se podían navegar. Por las cuales causas, 
y por estar yerma de moradores, muchos de 
aquella gente se quedaron allí; los demás con su 
flota dieron la vuelta, los cuales, llegados á 
Cartago, dieron aviso al Senado de todo. Aris- 
tóteles dice, que tratado el negocio en el Sena- 
do, acordaron encubrir estas nuevas, y para ese 
efecto, hacer morir á los que las trajeron, por- 
que no dejasen la ciudad yerma, y de común 
acuerdo se fuesen á poblar tierra tan buena. Que 
era mejor carecer de aquellas riquezas y abun- 
dancia, que enflaquecer las fuerzas de la ciudad 
con extenderse mucho. Esta isla se creen algu- 
nos fuese alguna de las Canarias; pero ni la 
grandeza, en particular de los ríos, ni la frescu- 
ra, concuerdan; y así, los más eruditos, están 
persuadidos, es la que hoy llamamos de Santo 
Domingo ó Española, ó alguna parte de la tie- 
rra firme que cae en aquella derrota.» 

Hasta aquí el P, Mariana, con que da clara- 
mente á entender que en tiempo del señorío de 
los cartagineses en España, que es de lo que va 
hablando, vinieron á estas Indias Occidentales 
los cartagineses con los moradores de ellas; y 
bien sé ve, por la descripción y riquezas y de- 
rrotero que trajeron, cómo habla de estas In- 
dias. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 23 

7. Añade el P. Torquemada en su Monar- 
quía Indiana, lib. i, cap. lo, que fué grande la 
turbación de los cartagineses sobre el descu- 
brimiento de esta isla, por lo cual salió deter- 
minado que se echase bando y pregón gene- 
ral que cualquiera que fuese osado de nave- 
gar aquella isla, que muriese por ello y que los 
que habían quedádose en ella, y pobládola, los 
matasen si los pudiesen haber á las manos, aña- 
diendo esta circunstancia al lugar de Aristóte- 
les, cuya es esta noticia, si bien no ignoro que 
algunos han intentado ó presumido que este 
libro no es de Aristóteles, sino de Teofrasto; tie 
nen tanto crédito en esta parte como los do 
Aristóteles, y el común de los intérpretes está 
por la fé de que este libro es verdaderamente 
de Aristóteles. 

8. Corrobora el maestro Venegas esta opi- 
nión de que los indios proceden de los cartagi- 
neses que salieron de Cádiz con su navegación 
há más de dos mil dos cientos años, y Tor- 
quemada, ubi supra, con que los cartagineses, 
en lugar de letras, usaban de pinturas y carac- 
teres, como lo prueba con autoridad de Virgi- 
lio, y lo trae también fray Gregorio García, en 
su libro del Origen de los Indios, lib. 2, cap. i, 
en el § 2 y 6, y el P. Torquemada, en el citado 
lugar, diciendo que las letras que entonces usa- 



24 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

ban los cartagineses, eran caracteres de cosas 
pintadas, como eran las pinturas en que leyó 
Eneas la destrucción de Troya en el templo de 
Cartago, como tenemos nosotros muchas histo- 
rias, pintadas en lienzos, paños y retablos, de 
que infiere Venegas, y con fuerza, que estos in- 
dios descienden de los cartagineses que vinie- 
ron de España, porque se halló en el descubri- 
miento nuevo de estas Indias, que usaban estos 
indios de este modo de caracteres con diversos 
colores en sus Quipos y diferentes pinturas, con 
que conservaban sus antigüedades. 

9. Adelántase esta opinión de que los in- 
dios occidentales descienden de cartagineses, 
con la costumbre que tenían de sacrificar hom- 
bres y niños á sus dioses, porque según refieren 
Eusebio de la Preparación Evangélica, lib. 4, 
cap. 7, y Genebrardo sobre el Psalmo, 105 y 
Justino en el lib. 18. Ravicio Textor, in Officina, 
lib. I, cap. 14, infiere fueron los cartagineses, 
sobre otras naciones, los más supersticiosos en 
sacrificar hombres y muchachos á sus dioses, y 
refieren cómo en un día sacrificaron á Saturno 
trescientos niños y mancebos para pedir la paz 
de sus dioses, y conservación y salud de su rei- 
no, y en esto se parecen mucho los indios á los 
cartagineses, porque en todo este Perú, y en es- 
pecial en Nueva España, tenían costumbre los 



I 



ORIGEM DE LOS INDIOS 25 

indios de sacrificar hombres á sus dioses, como 
se verá en los autores que escriben las historias 
de estos reinos, en especial en el P. Torquema- 
da, lib. I. cap. 9. Y no sin causa, á la primera 
tierra que se conoció en estas Indias, se le puso 
el nombre de Cartagena. 

10. La seguada opinión es de otros graves 
autores, que discurren que ios primeros pobla- 
dores de estas Indias fueron fenicios, como re- 
fiere el señor D. Juan de Solorzano en su Polí- 
tica, lib. I, cap. 5, folio 20, y adelanta esta opi- 
nión el P. Fr. Gregorio García, en el lib. 4 del 
Origen de los Indios, cap. 22. Fúndalo en las 
largas navegaciones que esta nación hizo por la 
mar, sobre lo cual explica dos lugares de Aris- 
tóteles y Herodoto en el lib. 4, y trae con clari- 
dad los dos viajes que los fenicios hicieron á 
España después de tres mil años de la Creación 
del mundo, cuando se abrasaron los montes Pi- 
rineos, de los cuales llevaron mucha riqueza de 
oro y plata, y muchos de ellos quedaron en Es 
paña, y navegarían desde Cádiz por el mar 
Atlántico á aquella isla y tierra firme, que diji- 
mos en el número 7 y 8. A que se añade con 
autoridad de Plinio en el lib. 5, cap. 12, que 
los fenicios fueron los inventores de navegar 
demarcando las estrellas, con que se engolfaban 
á largas navegaciones, y así, parece que los in- 



2 6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dios descienden de estos fenicios, y que de 
ellos se debe hacer el mismo juicio que de los 
cartagineses, que antes de los romanos domina- 
roa á España. 

1 1 . Tuvieron también los fenicios costumbre 
de sacrificar hombres y muchachos á sus dioses, 
como lo advierte Ravisio Textor en su Officina, 
lib. I, cap. 14, en la palabra Fhenices^ lo cual 
observaban también los indios, como dijimos 
en el número antecedente. 

Son los fenicios pueblos en Siria, y ocupan 
gran parte del Asia, como explica Antonio Ne- 
bricense en el Diccionario de pueblos y ciuda- 
des, en la palabra Phenices. 

Una duda, y grave, se ofrece contra esta se- 
gunda opinión, y es que los fenicios fueron in- 
ventores de las letras, como de autoridad de al- 
gunos autores, lo advierte el P. Fr. Gregorio 
García en el lib. 4 del Origen de los Indios, ca- 
pítulo 22, al ñn, y así parece no pueden descen- 
der de ellos estos indios, que ni usaban de le- 
tras ni de escritura. 

12. La tercera opinión es de muchos docto- 
res que dicen que estos indios descienden de 
los chinos y tártaros, como lo traen el Sr. Solor- 
zano, el P. Torquemada y el P. Calancha, que se 
inclinan á esta opinión, y de verdad, que consi- 
deradas las razones que por ella se pueden pon- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 2^ 

derar, y la conformidad y color de unos y otros 
indios, parece tener mucha probabilidad esta 
opinión. 

Lo primero, porque no hallo mucha distan- 
cia, por los mapas, desde la China al reino de 
Anian, de donde pudieron venir los chinos por 
tierra al de Quivira , que es continente con la 
Nueva España y Perú. 

Lo segundo, por el color, facciones y dispo- 
sición délos cuerpos. 

Lo tercero, porque los chinos adoran al Sol 
por Dios, y lo mismo hacen estos occiden- 
tales. 

Lo cuarto, porque los chinos tienen un Dios, 
por mayor que ]os otros, y lo mismo obserban 
los indios de Nueva España y Perú; estos, en- 
tre sus dioses, tenían uno por mejor y más 
grande y por criador de cielo y tierra, y le lla- 
maban Viracocha, Pachayachachic, y aquellos 
de Nueva España ó Méjico, otro Dios superior 
que nombraban Vitzilipuztli, como consta de 
lo que escribe el P. Fr. Gregorio García, lib. 4, 
cap. 22. 

Que los chinos poblaron esta América, lo 
prueba Galván, referido por el P. Lucena en 
la Vida de San Francisco Javier, lib. 10, capí- 
tulo 22. 

Parécense también en las ceremonias, como 



2 8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dice el citado Padre, y unos y otros indios, 
orientales y occidentales, usan de lavatorios en 
algunas fiestas, y que con esto juzgaban quedar 
sin pecados. 

Añade, que chinos, mejicanos y peruanos, 
contaban los meses por la Luna, y que todos, 
en algún tiempo, contaron sus historias por 
cordeles, nudos y r;imales, sustituyendo esto 
en lugar de letras, y juntamente prueba cómo 
los chinos y mexicanos y estos del Perú, se se- 
pultaban con sus criados y que entraban en sus 
guacas y sepulcros mantenimientos y riquezas 
y juzgaban que todo lo llevaban á la otra vida, 
donde les había de servir; y finalmente, prueba 
cómo los chinos tienen una ley peregrina, y es, 
que no hereden los hijos á los padres, sino los 
sobrinos, y en algunas naciones de estos indios 
occidentales, se observaba lo mismo, para lo 
cual se vale de la autoridad de Gomara, en la 
I.* parte, fol. 17 y fol. 41. 

Y todo lo dicho lo aplica el referido Padre 
también á los tártaros, probando que guardan 
los mismos ritos y ceremonias que los chinos- 
13. La cuarta opinión ha sido de grandes 
varones, que han (dicho) alucinados, que estos 
indios tienen su origen y descienden de la gente 
atlántica, y que esta fué la primera que pasó á 
estas Indias Occidentales y las poblaron y pro- 



I 



ORIGEN DE LOS INDIOS 29 

pagaron, como se podrá ver en los escritos de 
D. Juan de Solorzano, en el tomo I, cap. 4, y á 
esta opinión se arrimaron teniéndola por verda- 
dera, Gomara, parte primera de la Historia In- 
diana, fol. 1 20, y Zarate en el Proemio al lector 
de su Historia del Perú. lusto Lvppio in Phisio- 
log. Stoic. lib. 2, disert. 19 y lib. i De Cons' 
tantía, cap. 15 . 

Para la inteligencia de esta opinión, es me- 
nester suponer que en las mudanzas que ha te- 
nido la naturaleza y falta de algunas cosas que 
se han observado en ella desde el principio del 
mundo, una y muy principal ha sido el no ha- 
llarse la isía Atlántica, tan celebrada de los au- 
tores antiguos, de la cual tomó nombre el mar 
Atlántico, que es el Occeano, que corre desde 
Cádiz hasta Indias. 

Isla tan grande, que los que la admiten ob- 
servan que era mayor que toda el Asia y África, 
y el que menos le da son mil leguas de largo, 
y tienen por constante que, con un gran temblor 
se la tragó el mar con todos sus moradores, 
como se verá en lo siguiente: 

Platón, que se levantó por su doctrina y bue- 
nas costumbres morales, con el nombre de di- 
vino varón, sabio, que no se preciaba de men- 
tir, cuenta en su Timeo una historia que los 
egipcios referían en loor de los atenienses. 



30 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

alabándolos de que habían vencido muchos re- 
yes y numerosos ejércitos, que aportaron á sus 
tierras, saliendo desde su grande isla, llamada 
Atlántica, que comenzaba desde las Columnas 
de Hércules, y navegando por la mar á sus con- 
fmes, refiere el mismo Platón que desde esta 
isla Atlántica se navegaba á otras islas grandes, 
como decían los egipcios, las cuales estaban 
más adelante, y que estaban vecinas á la tierra 
continente, y que después de ella se seguía el 
verdadero mar, y de esta relación no se puede 
negar que las islas que refiere Platón, despi.és 
de la Atlántica, son las que hoy llaman de Bar- 
lovento, la Española, Cuba, Puerto Rico, Jamai- 
ca y otras. 

La tierra continente, que estaba después de 
ellas, es todo el Perú y Nueva España. 

El mar verdadero ^'quién duda ser el mar 
del Sur? el cual, en comparación del Occeano, 
del Mediterráneo, del Caspio, Bermejo, Escítico 
y otros mares, se entiende el verdadero mar, y 
los referidos como arroyos en su comparación; 
pues según el cómputo de Tornelio, Gomara y 
el P. Torquemada, bojea este mar del Sur por 
toda esta América, ai Norte y Sur, más de siete 
mil leguas. 

Muchos autores, y de gran autoridad, tienen 
por fabulosa esta historia de los egipcios, refc- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 31 

rida de Platón, como se podrá ver en el Padre 
Acosta, lib. I de la Historia Indiana, cap. 22; el 
Dr. D. Juan de Solorzano, en su Política, lib. i, 
cap. 5, fol. 20, y aun Proclo y Porfirio, discípu 
los del mismo Platón, quieren que esta historia 
de su maestro tenga más de alegoría que de 
verdad, como refiere Marsilio Ficino, (i) sobre 
elTimeo, cap. 4, aunque este autor, como vere- 
mos más abajo, tiene por muy cierta esta histo. 
ría de la isla Atlántica, referida por los egipcios, 
como también la tienen por verdadera Pame- 
lio, en las notas ai Apologético de Tertuliano, 
en el núm. 528, y lo mismo afirman Crantor, 
primer intérprete de Platón en el Comentario 
de Cricias, y Plotino sobre el Timeo y sobre 
Cricias y Juan Serrano también sobre el Co- 
mento de Cricias y concuerdan en ser ciertísima 
la historia de la isla Atlántica, y como tal, la 
refiere el P. Eusebio Nieremberg en su Filosofía, 
lib. I, cap. 22, donde, contando los estragos que 
ha hecho el mar, da por sentado el que refie- 
re Platón, de que se sorbió el Occeano la isla 
Atlántica, que era mayor que Europa y Libia, y 
aún más abajo, da á entender que el mar Medi- 



(i) La edición á que hace referencia se titula "Divini Plato- 
nis opea omnia Marsilio Ficino, interprete^ Lugduni, apud An- 
tonium Vicentium, MDLXX, en folio. 



32 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

terráneo, habiendo sido tierra seca, se anegó, 
sobrepujando el Occeano entre Cádiz y Gibral- 
tar, haciendo aquel estrecho; lo cual, sin duda, 
sucedió por haber tragado aquel mar una isla 
tan grande, que ocupando sitio dentro de sus 
ondas, había de buscar el agua otro lugar don- 
de asentarse, y se hizo un tan gran mar como 
el Mediterráneo. 

De la verdad de esta isla Atlántica, escribe 
Gomara en su Historia Indiana, fol. 119. 

Pende de la averiguación de esta isla la 
probabilidad de esta opinión, porque si hubo 
esta isla Atlántica y desde Cádiz corría más de 
mil leguas por el Occeano, ocupada de reinos y 
gentes, y llegaba cerca de las islas de Barloven- 
to, parece casi evidente, que estando estas tan 
cercanas á la tierra firme de estas Indias occi- 
dentales, que de esta gente se poblarían, y así 
es menester poner con más evidencia lo que es- 
cribe Platón, el cual, en un libro que titula Ti - 
meo ó de Natura, algo sumariamente, y luego, 
en otro diálogo que le sigue inmediatamente 
después del Timeo, y le llama Atlántico, trata 
de la historia que hemos referido de los egip- 
cios en loor de los atenienses, y recopila lo que 
hemos dicho de la isla Atlántica, diciendo cómo 
contenía diez reinos, que dividió Neptuno entre 
diez hijos suyos; y que al mayor, que se nombra 



ORIGEN 3a LOS INDIOS 33 

Atlas, ó sea Atlante, le dio el reino mayor y 
mejor de todos diez reinos. 

Cuenta otras muchas cosas de las costum- 
bres y riquezas de esta isla, especialmente de 
un templo, que estaba en la ciudad principal, 
cuyas paredes, techumbres y pavimento, esta- 
ban cubiertos de oro, plata y latón y otras mu- 
chas particularidades, que se pueden ver en el 
original y muchas cosas de aquellas las obser- 
vaban los indios en su gentilidad. 

Las palabras de Platón en el principio del 
Timeo, traducidas, son como siguen, y casi las 
mismas que escribió Crisias á Sócrates, Timeo 
y Hermócrates, atenienses. 

Habla con los atenienses, y les dice: 

«Tiénese por cierto que vuestra ciudad re- 
sistió en tiempos pasados á innumerables ene- 
migos que, saliendo del mar Atlántico, habían 
tomado y ocupado casi toda Europa y Asia, 
porque entonces aquel estrecho era navegable. » 
(Va hablando del mar Atlántico, que es el que 
está saliendo de Gibraltar, ateniendo á la boca 
de él y casi á su puerta una isla que comenzaba 
desde cerca de las Columnas de Hércules, que 
dicen haber sido mayor que Asia y África, y des- 
de esta isla había contratación y comercio con 
otras islas, y de ellas se comunicaba con la tierra 
firme y continente que estaba frontera de ellas, 

3 



34 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

vecina del verdadero mar, y aquel mar se pue- 
de con razón llamar verdadero mar, y aquella 
tierra se puede justamente llamar tierra firme 
y continente.» 

Hasta aquí Platón, si bien poco más abajo 
dice que hacía nueve mil años, cuando él escribe 
esta historia, que sucedió anegarse y hundirse 
aquella isla, y que aquel mar quedó con tantas 
cie'nagas y bajíos, que nunca más habían podido 
navegar ni pasar á las otras islas, ni á la tierra 
firme de que allí hace mención; y por esto que 
dice Platón de los nueve mil años, han juzgado 
autores graves que habló Platón alegóricamen- 
te y que es fabulosa esta historia; porque se res- 
ponde según Eudoxio y Zarate, referido arriba, 
hablaba conforme al cómputo y modo de con- 
tar de los egipcios, cuya era la narracción, por- 
que estos á los meses llamaban años, y así ha- 
bló de años lunares, y no solares, de modo que 
eran nueve mil meses que hacen setecientos y 
cincuenta años solares. 

Aunque Solino en su Polihit. cap. 3, también 
observa que los años de los egipcios eran de 
cuatro meses, como lo usaban también los es- 
pañoles, según Xenophonte De aequivocis tem- 
porum, donde también dice que se inventaron 
los caracteres de las letras cuarenta y dos mil 
años antes de Alejandro Magno, con que se vé 



ORIGEN DE LOS INDIOS 35 

que habla de años lunares, y lo trae el ÍP. Mo- 
ret, en la Historia de Navarra, lib. i, cap. 4, nú- 
meros 27 y 28, pero para mí es mayor la auto. 
ridad de Eudoxio, referido por Agustín de Za- 
rate, y también no dudo que variaron los egip- 
cios y que en diversos tiempos tuvieron diver- 
sos cómputos y que en la antigüedad los años 
fuesen de un mes, se vé en el Inchiridión de los 
tiempos, fol. 8, ibi. 

Que sea cierta esta historia que refiere Pla- 
tón, parece no se puede negar, según las cir- 
cunstancias tan indubitables que pone de esta 
isla, y cuando Platón fmge alguna cosa, él mis 
mo la llama fábula, como lo advierte Marsilio 
Ficino en el lugar citado; pero en este lugar del 
Timeo dice que la plática que quiere tratar es 
historia verdadera, y así, comienza diciendo: 
«Oye Sócrates, una historia maravillosa pero lle- 
na dv,e verdad» y en el diálogo Atlántico hablado 
ello como cosa verdadera, y en una y otra parte 
refiere testigos fidedignos, de quienes oyó esta 
historia, diciendo que la supo de sus mayores, 
y que Cricias lo supo, por tradición, de su abue- 
lo, nombrado asimismo Cricias, y éste tuvo la 
relación verdadera y escrita de Solón, el cual la 
recibió de los sacerdotes egipcios y de sus Alí- 
ñales, que eran entonces los fieles y diputados 
para la seguridad y fidelidad de las historias 



X6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

antiguas que guardaban en sus archivos, según 
enseñan Metástenes y Anniano en su catálogo y 
juicio de los tiempos, y así no se puede decir 
que Platón fingió esto, porque nunca el que 
miente ó finge se atreve á citar autores fidedig- 
nos y de crédito, como lo eran Cricias, Solón y 
los sacerdotes egipcios; y Marsilio Ficino cita á 
Marcelo, que escribiendo la Historia de Etiopía, 
hace mención de la isla Atlántida y su destruc- 
ción y grandeza, en que convienen también Dio- 
doro Sículo y el autor del libro de los Milagros 
de la Naturaleza, referidos por el P. Fr. Grego- 
rio García, lib. 4, cap. 8, § i, donde también 
refiere las autoridades de Aristóteles, que en 
algunas partes de sus obras dice que en aque- 
llos tiempos no se podía navegar el Occeano 
Atlántico, porque la isla que se hundió lo dejó 
con muchos bajíos. 

Haber sido cierta la historia de la isla Atlán- 
tica, demás de los autores citados, lo afirman: 
Plinio, lib. 2, cap. 90; Estrabón, en el lib. 2 de 
su Geografía; Diodoro Sículo, en el lib. 4, don- 
de á esta isla la llama Tritonia, á los cuales se 
añaden otros autores, no de menos autoridad, 
como son: Plutarco, en la vida de Seitorio; 
Anniano Marcelino, lib. 17; Tertuliano, en su 
Apologético, cr?. 4, y también en el libro de 
Pallío. cap. 2; Arnobio, en el lib. i, Contra los 



ORIGEN DE LOS INDtOS 37 

Gentilc, ?roco, filósofo, á quien cita Marsilío 
Ficino en el comento del Timeo; Ugon Blosio, 
en sus Quod liberes; Becano, en el original de 
Antuerpia, lib. 3; Turnebo, lib. 20, adversar, ca- 
pítulo 11; Luis Vives, en las notas sobre San 
Agustín, lib. 16, de Civit. Dei, cap. 9 y en el 
mismo lugar Leonardo Coquexo Pamelio, en los 
Escollos á Tertuliano, en la anotación 528; Tho- 
más Bosio, De signo Ecles, lib. 20, cap. 3; Fray 
Luis de León, Sobre Abdias en el capítulo úl- 
timo, fol. 670; Pedro Mexía, en su Silva, 4^ par- 
te, cap. 3; Maluenda, De Autich, lib. 3, cap. 16; 
Pineda, De reb. Salom, lib. 4, cap. 15, fol. 205; 
Basilio Ponce, en la quest. 8, expositiva, fol. 467; 
Maydo en sus Días Caniculares, tom. I, coloq. i , 
fol. 30, y coloq. 14, fol. 337; Fr. Juan de la 
Puente, lib. 3, cap. 21, § 3, desde la hoja 143. 
De modo que parece temeridad oponerse á 
tantos y tales autores, que dan por verdadera y 
cierta la isla Atlántida y lo que de ella escribió 
Platón. 

Dicen también haber sido cierta la isla 
Atlántica, Pomponio Mela, De Situ Orbis, capí- 
tulo 12; Acosta, en la Historia Moral de Indias, 
lib. I, cap. 12. 

De lo dicho se infiere que, siendo cierta la 
historia de la isla Atlántida y su continuación 
á las islas de Barlovento, y que comenzaba des- 



^S DIEGO ANDRÉS ROCHA. 

de el estrecho de Gibraltar, ó poco después de 
Cádiz, extendiéndose por ese gran golfo, así 
Norte, Sur, como al Este, Oeste, tenía espacio 
para poder ser mayor que Asia y África; y que 
cuando duraba fuera del agua la isla Atlántida, 
pudieron entonces pasar á estas partes occiden- 
tales muchos de los de España y de la misma 
isla, pues el mismo Platón y Cricias, refieren 
que tenían en ella grande abundancia de navios, 
y aun puertos hechos á mano, y el P. Fray Gre> 
gorio García, del Orden de Predicadores, en el 
lib. 4 del Origen de los Indios, cap. 8, § 2, con 
semejanza de muchos lugares que hay en estas 
Indias, pretende probar la similitud de esta na- 
ción con la gente Atlántica, porque en Méjico 
llaman el agua con la palabra Atla ó Atl y á uno 
de los dioses del agua llamaban Matla, y para 
mí hace mucha fuerza la similitud, identidad y 
cotejo de unos lugares con otros para probar 
las cosas antiguas, y se podrá ver un buen lugar 
del P. Moret en la Historia de Navarra, lib. i, 
cap, 4, § I, fol. 85, para ver lo mucho que 
prueba la similitud de los lugares, para conocer 
los orígenes de donde vinieron los primeros po- 
bladores, y Tito Libio lib. 5 De la Semejanza y 
similitud de los lugares, toma argumento para 
los orígenes y demás de los nombres que el Pa- 
dre Fr. Gregorio García identifica con la isla 



ORIGEN DE LOS INDIOS 39 

Atlas ó Atlántida; hallo yo otros muchos en estas 
Indias, porque en Mechoacan está el pueblo de 
Acatlan, y en la provincia de Méjico está Quan- 
titlan, Sepastlan, Cuetaxtlan, Guatitlan, Aiotu- 
textlan, Mequatlan, Mazatlan, Cautlan, Gueva- 
tlan, Coatlan, Meztitlan y otros muchos, de que 
se podrá ver á Juan Laert,De situ novi Orbis, li- 
bro 5, cap. 25 y cap. 13 y 14, y cap. 5 y lib. 7, 
cap. 6 y 7 y también en los mapas de Amé- 
rica. 

14. La quinta opinión es también de gran- 
des autores, que intentan dar origen á estos in- 
dios del linage de Ofir, nieto de Heber, é hijo 
de Lectan, esta opinión es de Arias Montanor 
tomo VII, cap. 9, y de Genebrardo en el lib. i 
de su Chronica, fol. 35. 

Ofir, según estos doctores, pobló las tierras 
marítimas y costas del mar Occeano al Oriente, 
y de aquí pasó su linage y nombre á las dos re- 
giones distintas, Nueva España y Perú, median- 
do una península, que es la tierra firme. 

Montano comprueba su sentir, con que lo 
mismo es Piru que Ophir, vuelto este nombre y 
traspuestas las letras; porque comenzando des- 
de Phi^ que en hebreo se pronuncia como P, y 
trasponiendo la R de suerte que hiera la O^ vie- 
ne á decir Piro^ y se ha corrompido la O en ¿7, 
y hoy se llama Piru. 



40 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Adelanta su sentir Arias Montano coa la 
fuerza del número dual, y que se nombraron es- 
tos dos reinos del Piru y Nueva España Piruaim 
ó PeruaÍ7n^ como si dijésemos, tierra ó región, 
que es dos veces Piru. Lo cual, aunque no en- 
tiendo el hebreo, lo pone con tanta erudición 
Montano, que se conoce de ella su gran profun- 
didad en aquella lengua, como en las demás en 
que fué singular. Y siendo lo mismo en este 
sentir Ophir que Piru, bien se sigue que el nom- 
bre Ophir de estas Indias fué impuesto por el 
que las descubrió y fundó, poniéndolas su mis- 
mo nombre, y que de él y de sus hijos descien- 
den estos indios. 

El P. Maluenda, en el lib. 3 De A nt¡ -Cristo , 
cap. 19, concordando con Arias Montano y Ge- 
nebrardo, dice que el nombre Ophir es lo 
mismo que Piru, y que se debe pronunciar y de- 
cir Phíru^ conforme á la costumbre y modo del 
idioma hebraico, porque en los hebreos antiguos 
no se halla que conociesen la P áspera, sino 
solo Raphe, ó Ph^ como lo enseña San Jerónimo 
Sobre Daniel, cap. 11, lo cual guardan hoy día 
los árabes. Si bien los hebreos modernos usan 
ya de la /^áspera, y añade el P. Maluenda que 
esta palabra Phiru tiene traspuestas las letras 
de Ophir ó Vphiry y que la lengua hebrea usa á 
cada paso de semejantes trasposiciones, y que 



ORIGEN DE LOS INDIOS 41 

io que antes se decía Ophir ó Phiru, se comen- 
zó á llamar Piru. 

Hasta aquí el P. Maluenda, que no favorece 
poco á esta opinión. 

Adelántase mucho esta opinión con lo que 
refiere el docto P. Fr. Gregorio García en su li- 
bro 4 del Origen de los Indios, cap. 6, § 3, cu- 
yas palabras pondré á la letra. 

«Hallamos en la Escritura Divina una gran- 
dísima conjetura para creer que el nombre Piru 
fué muy antiguo apellido, no solo del reino del 
Perú, sino también de la Nueva España, porque 
en^el Paralipomcnon, lib. 2, cap. 3, se dice que 
Salomón cubrió el templo con láminas de oro muy 
fino, el cual oro se dice en el hebreo aurum 
parvaim^ que quiere decir claramente oro de la 
tierra llamada dos veces Piru, porque aquella 
terminación aim es número dual en la graniáti. 
ca hebrea, lo cual llanamente cuadra y conviene 
á las dos regiones de este Piru y Méjico, y así 
donde la vulgata dice, en el libro del Paralipo- 
menom: «Porro autem aurum erat probatissi- 
mum,» traslada Sant Spaguino: «Aurum autem 
erat ex locu Parvaim.» Vatablo pone: «Aurum 
vero eratauru de Parvaim.» Arias Montano Ice- 
«Et aurum erat ex loco Parvaim.» Cayetano lee. 
«Et aurum, aurum Parvaim,» y dice que es nom- 
bre de lugar, et inferius\ por lo cual Vatablo, 



42 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Arias Montano y Genebrardo convienen en que ' 
Parvaim son el Perú y Nueva España. 

No ayuda poco la traslación de los setenta 
intérpretes: «Et auri, anti Pharvim», el maestro 
Maluenda advierte que en Parvaim more hebreo 
se puede pronunciar con Vau quiescente", que 
es nuestra íí vocal, y Jeen Paruim ó Peruim, di'" 
ciendo oro traido de uno y del otro Perú, y de 
estos fundamentos tan sólidos, se puede deducir 
la certeza de tantos autores como han escrito, 
que Salomón llevaba el oro de estos Plrúes y 
que aquí vinieron sus armadas, como lo tuvie' 
ron además de los dichos Guillermo Póstelo, 
Apud. Ortel. P. Sa. 3, Reg. Bocio, De Sign. Ec- 
cel. lib. 2, cap. 3. Marino, In arca Noé, Pomario 
en su Léxico, Poffevino, lib. 2, biblioteca., capí- 
tulo 5. 

15. La sexta opinión, dejadas otras, es de 
Henrico Martínez, gran cosmógrafo, en su Re- 
pertorio, quien afirma haber visto en una provin- 
cia de Europa, nombrada Curlant, sujeta á los 
reyes de Polonia, la cual está en altura de 56 
grados y en longitud de 45, la cual provincia 
dice estar poblada de gente de la misma traza, 
color, condición y brío de los indios de la Nue- 
va España, y que el idioma suyo y el que ha- 
blan es diferente del que usan las demás gen* 
tes de las otras provincias, sus convecinas, de 



ORIGEN DE LOS INDIOS 43 

que infiere ser los indios mejicanos y estos de 
Curlant unos mismos, y que de ellos trajeron 
origen los de este Perú, y refuerza su sentir con 
que en mucha altura de polo hay poca distan- 
cia desde las partes de Méjico á Asia y Europa 
y que no es tanta como demuestran las cartas 
de marear, y así infiere que en altura de seten- 
ta grados hay justamente no más de la mitad 
Leste Oeste de aquello que por las cartas se 
halla. 

Da la razón, porque todos los Meridianos 
concurren en los polos del mundo, y según la 
fábrica de las cartas, son los dichos Meridianos 
unas líneas paralelas que jamás concurren, 
aunque se extiendan casi en infinito. 

Hace memoria de este lugar de Henrico 
Martinez, el gran consejero D. Juan de Solorza- 
no,en el tomo i, cap. lo, núm. 24, y parece que 
Curlant cae en Libonia, cerca de la Scithia y 
Tartaria, de donde pudieron venir estos indios 
de A/[éjico. 

16. Antes que acabe y absuelva este cap. i, 
no puedo dejar de advertir haber sido sin fun- 
damento lo que algunos escritores han dicho 
de que no fueron conocidas estas Indias occi- 
dentales y este Nuevo Mundo por los antiguos, 
porque quedan convencidos de las autoridades 
que hemos referido, de Platón, de Aristóteles, 



44 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de Solón, de Cricias y de Plinio, demás de 
los lugares siguientes: 

El prinnero de San Clemente (á quien dejó 
nombrado por Pontífice San Pedro), el cual dice 
en la Epístola: aEl ücceano y los mundos que 
están allende del.» 

El segundo, de San Jerónimo, lib. i, Sobre 
el cap. 2, ad Ephesios, cuyas palabras en caste- 
llano son estas. Preguntamos también qué quie- 
re decir el Apóstol cuando dice: «En las cua- 
les cosas anduvisteis uu tiempo, según el siglo 
de este mundo» si quiso por ventura dar á en* 
tender que hay otro siglo que no pertenece á 
este mundo, sino á otros mundos que están 
después del Océano, como escribe Clemente 
en su Epístola.» 

Hasta aquí San Jerónimo. 

El tercer lugar, De Orígenes, lib. 2, Periar- 
cón, cap. 3, que explicando el lugar de San 
Clemente, dice: «El Occeano nadie lo puede pa- 
sar ni navegar á los mundos que están de la 
otra parte de él, los cuales se gobiernan con las 
mismas disposiciones de Dios, que es el señor 
de todo.» 

Hasta aquí Orígenes. 

El cuarto es de Tertuliano, contra Hermó- 
genes, cap. 25 y en el lib. de Pallio, cap. 2, 
donde dice que parece se ha de dar crédito á 



ORIGEN DE LOS INDIOS 4$ 

Sileno, que en presencia del rey Midas, por- 
fiaba haber otro orbe, según que es autor Thco- 
pompo. 

El quinto es de Luciano, In Hermotimo, don- 
de pregunta cuánto tiempo tardaría uno por el 
Occeano desde Cádiz á las Indias, y responde 
que no llegaría á ellas si se entretuviese vagan- 
do por las islas intermedias, deteniéndose en 
cada una. 

El sexto lugar de Plutarco en el Opúsculo 
que llamó^Symposiacon, donde dice: «Con difi- 
cultad se hallará nueva causa de enfermedad, 
si no afirmamos haber venido de otros mundos 
ó de los espacios intermedios entre este y otro 
Nuevo; nuevo aire, y agua no usada, y manjares 
no conocidos, porque la novedad en estas 
cosas, suele ser causa de enfermedad.» 
Hasta aquí Plucharco. 

El sétimo lugar es de Séneca el Trágico eu 
su Medea. Act. 2, in fme, de cuyos versos 
hace mención Gregorio López, en la ley 77, tí- 
tulo 18, partida 3.a, y reducida á versos caste- 
llanos, son los siguientes: 

Tras luengos año verán 

un siglo nuevo y dichoso 

que al Occeano anchuroso 

sus límites pasará. 

Descubrirán grandes tierras, 



46 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

verán otro nuevo mundo 
navegando el mar profundo 
que ahora el paso nos cierra. 
La Thyle, tan afamada 
como del mundo postrera, 
quedará en esta carrera 
por muy cercana contada. 
^Quién con estas noticias porfiara que no 
fué de los antiguos este nuevo orbe? Y más si 
lee á Celio Rodiginio en el libro 17 de sus 
Lecturas antiguas, cap. fin, que es el 35. 




CAPITULO II 



EN QUE EL AUTOR PROPONE SU SENTIR ACERCA 
DEL ORIGEN DE ESTOS INDIOS 



I. Largamente habré de tratar este punto y 
dividir este capítulo en muchos párrafos, por- 
que la materia lo pide, y pretendo darla á en- 
tender y evitar la confusión y oscuridad, que 
suele ser hija de lo limitado y breve, y aunque 
el Espíritu Santo dice que el sabio lo es en 
sus pláticas y escritos, también dice, por su 
apóstol Pablo, que hay negocios en que es ne- 
cesaria la oportunidad y el filósofo dice que 
queriendo ser breve, queda su doctrina oscura; 
con que habré de poner primero algunos pre- 
supuestos para fundar mi opinión, y sea el pri- 
mero: Que estas Indias occidentales, después 
del diluvio universal, se comenzaron á poblar 



48 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

por los descen^lientes de Jafet, hijo de Noé; de 
Jafet descendió Tubal, quien pobló á España, 
como dice el P. Moret en la Historia de Na- 
varra, lib. I, cap. 4, y sus descendieutes la ocu- 
paron y poblaron, y de ellos, como estaban ve- 
cinos á la isla Atlántida, vinieron poblando 
por ella y llegaron á tierra firme, que corre 
por la parte de Cartagena, y va bojeando todo 
este mar del Sur por sus costas hasta el cabo 
Mendozino y estrecho y reino de Anian y pro- 
vincia Quivira, confinante con el Asia, que todo 
este círculo de tierra, contando por el Norte y 
Sur, hacen más de 700 leguas, mediando tam- 
bién el estrecho de Magallanes. Que estos fue. 
sen los primeros, lo dicta la razón, y también 
la cercanía del continente de Cádiz con Carta- 
gena de estas Indias, pues de aquel á esta se 
continuaba la isla Atlántida por mil leguas y 
más, como con evidencia se probó en el ca- 
pítulo I, desde clnúm. 13. Estos primeros po- 
bladores descendientes de Tubal, con la con- 
tinuación y brevedad que entonces había de 
darse casi las manos, una y otra tierra, fueron 
poblando, como se da á entender, todas estas 
Indias por la parte de Cartagena, hacia el Nor- 
te, de donde ellos venían, y subirían, á mi en- 
tender, por todo eso del reino de Santa Fé, 
costas del Brasil por los Mainas y todo lo que 



ORIGEN DE LOS INDIOS 49 

corre de estos llanos hasta el Paraguay y Bue- 
nos Airres. 

2. Comencemos por las costumbres, ritos 
y propiedades de los españoles y descendere- 
mos á los americanos, viendo si conforman. 

Dará principio Celio Rodigino en el lib. i8 
de sus Lecturas antiguas, cap. 22, que reducido 
á castellano, es como se sigue: 

«Fué España — dice — abundantísima de me- 
tales; > y más abajo: «Usan espadas cortas los 
españoles, peleando á estocadas más que á cu- 
chilladas, y no hay gente más apta para la gue- 
rra;» y más abajo: «Fueron de costumbres fie- 
ras y depravadas, usando mantenimientos gro. 
seros, acostumbraban sentarse, comer y dormir 
en el suelo;» y más abajo: «que aquellos primi- 
tivos españoles fueron bárbaros idólatras;» y 
más abajo: «Usaban las mujeres antiguas espa- 
ñolas, de cintas ó collares de hierro en las 
frentes, de que pendían unos cuervecillos, tam- 
bién de hierro, que subían hacia la cabeza por 
toda la frente, y de ellos pendían también unos 
como velos que les servían de sombrero ó co- 
bertera para resistir el sol;» y más abajo: «Los 
cántabros, porque no llegasen sus hijos á ser- 
vidumbre, los mataban las madres;» y más aba- 
jo: «las mujeres trabajaban en los campos, y 
en pariendo, llevaban á lavar los hijos al río» y 

4 



so DIEGO ANDRÉS ROCHA 

poco más abajo: «Usaban de agüeros, especu- 
lando para los sucesos las entrañas de los di- 
funtos;» y luego: «Usaban de la permutación de 
unas cosas con otras sin tener uso de dinero 
para las compras.)» 

Hasta aquí, en lo más esencial, Celio. 

También dice Cepeda, lib. i, cap. ii, folio 
31, vuelto, que las vizcainas mataban á sus hi- 
jos, porque no llegasen á cautiverio. 

3. El mismo Celio Rodigino, autor de las 
Cosas antiguas, dice en el lib. 15, cap. 8^ que 
los antiguos españoles se criaron y deleitaron 
con tener los cabellos largos «Capillorum item 
longitudine oblectatos Hispanos; :> y Marcial 
dice que en conservar los cabellos de los espa- 
ñoles era contumaz. 

Hispanis ego contiLmax capillh 
Y aunque Marcial se avecindó en Roma, no 
olvidó el uso de España, de donde era natural, 
y así conservó los cabellos largos con rebeldía 
contra el deseo de los superiores y amigos y por 
esto dijo que era contumaz en retener la cabe- 
llera española. 

4. El P. Fr. Gregorio García, en aquella 
preciosa obra que imprimió del Origen de los 
Indios, en el lib. 4, cap. 18, § 2, dice de los 
primitivos españoles, descendientes do Tubal, 
con autoridad de los antiguos: 



I 



ORIGEN 3a LOS INDIOS 5I 

«Que fueron sus costumbres sin política ni 
crianza; sus ingenios, más de fieras que de hom- 
bres, dados á las religiones falsas y al culto de 
los dioses, aborrecedores del estudio de las 
ciencias. 

»E1 arreo que usaban era simple, corto y 
grosero. 

»E1 mantenimiento, más en cantidad que ex- 
quisito ni regalado, porque en aquel primer tiem- 
po era la gente española inocente y ruda, y no 
comían sino yerbas y frutas silvestres y carnes de 
bestias que mataban con arcos y lazos.» 

Hasta aquí el diligentísimo Fray Gregorio 
García. 

5. El licenciado Cepeda, en su Resumpta 
Historial de España, lib. i, cap. ii, hablando 
de los primitivos españoles, dice: 

«Filé siempre esta gente muy feroz y terri- 
ble, comían poco y eso en el suelo, traían cren- 
chas de cabellos, usaban sacrificios y esos algu- 
nas veces de hombres, en sus fiestas usaban de 
flautas; moneda no usaban, sino trocar unas co- 
sas con otras; las mujeres labraban la tierra, y 
en pariendo iban al río y se lavaban.» 

También dice que las vizcainas mataban 
los hijos porque no llegasen á cautiverio. 

6. El P. Fr. Alonso Venero, en su Enchiri- 
dion, de los tiempos desde la hoja 68 tra- 



52 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

duciendo á Justino, dice de los primitivos es- 
pañoles muchas cosas á nuestro propósito, 
como son que España es muy abundante de 
mantenimientos y metales, de lino, esparto y 
bermellón, que los españoles son muy apareja- 
dos á hambre, sed y todo trabajo, que es gente 
muy ligera, y que su ánimo nunca sosiega; eran 
más semejantes á fieras que á hombres y que 
las mujeres labran las tierras. 

7. Sobre estos cimientos de cuatro tan ce- 
lebrados autores, que hablaron en general de 
las costumbres antiguas de los primitivos espa- 
ñoles, hemos de fundar un edificio grande, y 
probar que estos indios occidentales trajeron 
su origen en el principio de los españoles; por- 
que si probáramos que concuerdan en sus cos- 
tumbres, muy bien se inferiría que de aquellas 
raíces vinieron estas plantas. 

Luego pondremos otros edificios menores, 
con que se haga esto m.ás evidente. 

8. La consonancia de esta América con Es- 
paña, en orden á la abundancia de mantenimien- 
tos y metales, bien nos lo enseña la experien- 
cia de los que habitamos en este reino, y el 
gran glosador de las Partidas, Gregorio López, 
en el prólogo de ellas, en la palabra Algarve^ 
dice que el cielo y terruño de la América es 
muy fértil y agradable, con que fué más fácil el 



ORrGEN DE LOS INDIOS 53 

tráfico de aquellos primitivos españoles que 
buscaron tierras que simbolizasen con las suyas 
^n la abundancia de mantenimientos y me- 
tales . 

9. La segunda proposición acerca de los es- 
pañoles, es que es gente muy apta para la gue- 
rra,^lo cual parece que no se puede ajustar á 
estos americanos, porque no están tenidos por 
tan valientes, sino por tímidos. A lo cual se ha 
de responder que de los indios americanos, las 
más naciones que se apartan de la tórrida zona, 
son valientísimos, como los de Chile^ Arauco, 
en el nuevo reino de los Fijaos, Paezes, los in- 
dios caribes de Santa Marta, en Panamá, los del 
Darien, en Nuera España, muchísimas naciones, 
en especial los Guachachiles y Chichimecos, 
los de Tairona y los de la Florida. 

Muchas naciones bravas del Marañón, como 
los Encabellados, y de las riberas del rio de 
Orellana. 

Hacia el Brasil, Paraguay, Tucuman, Santa 
Cruz de la Sierra; naciones muy bravas é in- 
dómitas, los Paltas, Paltiles, Chiriguanas y otras 
innumerables que caen al Norte y Septen- 
trión, de cuya braveza atestiguan muchos auto- 
res y el Sr. D. Juan de Solorzano, en el tomo I 
de lur. Ind., lib. 2, cap. 4, núm. 65, desde aque- 
llas palabras: 



54 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

a In multis provincís satisfortes, et bellicosí 
surt.» 

Y aunque reconozco que los que están á la 
parte meridional y más adustos de la tórrida, no 
son tan valientes, esto les viene por accidente, 
porque el clima de la parte meridional produce 
temor, respecto de que la parte fría se recon- 
centra en el corazón y las exteriores están ocu- 
padas del calor, como con gran fundamento y 
filosofía lo prueba Celio Rodigino en sus Lec- 
turas antiguas, lib. i8, cap. 20, en aquellas pa- 
labras: 

«Qui exustas a solé mundi partes incolum; 
ita caloris exuberantia in extimis terreri, ut inti- 
ma frigoris plurimum concipiant: proinde insig- 
niter ad timiditatem degenerare,» 

En suma: en las más naciones de estas partes 
concuerdan con las bravezas de los españoles, 
de quienes descienden, y en los que están á la 
parte meridional, ñnalmente reconociendo su 
origen, volverán al primitivo natural, sino es 
aquellos que se hayan mezclado con otras na- 
ciones tímidas, y como dijimos arriba, en el 
lib. I, todas estas Indias están pobladas de hom- 
bres guerreros y pacíficos. 

10. La tercera proposición de que los espa- 
ñoles son muy sufridores del hambre, sed y 
rabajo, y que son muy ligeros y vigilantes en la 



ORIGEN DE LOS INDIOS 55 

guerra, en que también concuerda Alejandro 
en sus Días geniales, lib. 4, cap. 13 y en el 6, 
cap. 22, y Justino ya citado, hallo en esto gran 
conformidad con los indios; gente, que s¡ tiene 
guerra, es vigilantísima, y se está dos días y dos 
noches sin remudar ni dormir, ^ solo mascando 
coca, como advierte el Capitán D. Bernardo 
de Vargas Machuca en su Milicia Indiana, en 
la hoja 124, á la vuelta, y en la hoja 4, vuelta, 
dice que siguen los indios un alcance sin des- 
cansar tres y cuatro días sin comer. En cuanto 
á la ligereza de los indios, dice el P. Acosta, 
lib. 6, cap. 17, que suelen andar un dia y no- 
che 50 leguas, y Simón Mayólo, t. i, coloq. 4, 
dice que 60. Cuan sufridores son los indios del 
hambre y sed, 'y cómo toleran el trabajo, se 
vea el citado D. Bernardo de Vargas, en la 
hoja 137, conque en todo concuerdan con los 
primitivos españoles. 

II. La cuarta proposición de que los espa- 
ñoles fueron de ñeras costumbres, nada domés- 
ticos y que usaban mantenimientos indignos y 
groseros, comiendo y durmiendo en el suelo? 
en todo esto se hallaron tan conformes los in- 
dios, que casi no es necesario el probarlo, por- 
que hasta hoy retienen estas propiedades, ser 
los indios de costumbres de fieras y de torpe y 
rudo entendimiento, sin cultura de racionales; en 



5 6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

esta forma los hallamos en la primer conquista, 
como advierte el P. Fr. Gregorio García en su 
Tratado del Origen de los Indios, lib. i, cap. 4, 
en el principio, desde aquellas palabras: «Los 
indios carecen de todo, porque son de rudo y 
torpe entendimiento» y el P. Acosta, De nat. 
Novi. Orbis, cap. 24, fol. 125, dice que eran 
hombres silvestres, esto es, de costumbres sal- 
vajes y fieras. Usaban también estos indios 
de mantenimientos groseros y asquerosos, co- 
miendo sabandijas, gusanos, moscas, lagartijas 
y otras cosas asquerosas de la tierra, como se 
podrá ver en Juan Botero, en sus Relaciones 
universales del mundo, en donde trata de tierra 
firme, del Darien y de estas provincias de Santa 
Fé y del Marañón, y véase en esta parte al cita- 
do D. Bernardo de Vargas, en su Milicia India- 
diana, fol. 137, á la vuelta, donde dice de estos 
americanos: «Las comidas que comen son bien 
dejativas, como raices extraordinarias y frutas 
silvestres, culebras, lagartijas, ratones, gusanos 
gruesos, micos, papagayos, caimanes y hormi- 
gas gruesas.» 

Los indios comen en el suelo, aunque sean 
caciques, como prueba el citado D. Bernardo 
de Vargas, fol. 137, en el lugar citado, donde 
dice: «Todos los indios en general, comen en el 
suelo, aunque sean caciques. Duermen asimismo 



ORIGEN DE LOS INDIOS 57 

en el suelo, pues aun los más políticos de Mé- 
jico, el mejor colchón era un poco de pajas, 
como dice Fr. Gregorio García en su tratado 
del Origen de los Indios, lib. 4, cap. 17. Los 
indios en Nueva España duermen en camas 
muy humildes, sin más colchón que una poca 
de paja, cuando mucho, con que por lo dicho 
asemejan con los primitivos españoles que hu- 
bo en España después del diluvio. 

12. La sexta proposición de que los primi- 
tivos españoles después del diluvio fueron bár- 
baros y grandes idólatras, ó como dice el his- 
toriador Cepeda en su Resumpta historial de 
España, lib. i, cap, i, fueron nimios en la ado- 
ración de los ídolos, según consta de sus pala- 
bras: «En la superstición vana de los ídolos en 
tiempos de la gentilidad, fueron nimios los es- 
pañoles» y aunque la escuela griega y romana, 
tuviesen á todas las naciones, que no tuvieron 
sus enseñanzas por bárbaras, y así compren- 
dieron los primitivos de España, se reconoce 
en ambas cosas, que concordaban con estas 
propiedades, los americanos, en los cuales^ 
por no haber llegado acá la política de Roma 
y Grecia, se conservó la barbaridad, como di- 
jimos en el número antecedente, y así dijo el 
capitán D. Bernardo de Vargas en su Milicia 
Indiana, hablando de todos los indios de los 



S8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

llanos y de la sierra, fol. 131: «Los unos y los 
otros es gente bárbara, como lo muestran en 
sus casas, trajes, comidas y vestidos.» En la 
idolatría también fueron nimios los america- 
nos, dígalo un testigo tan calificado coíno el 
docto Fr. Gregorio García en su Tratado del 
Origen de los Indios, lib. 3, cap, 2, § 6: «Yo 
creo que ni hubo ni hay nación tan inclinada á 
todo género de idolatría como estos indios en 
su gentilidad.» 

13. La séptima proposición de que el man- 
tenimiento de los primitivos españoles era 
simple, corto y grosero, se ajusta mucho á los 
indios, y ya dijimos cuan groseros son sus 
manjares. En cuanto á lo corto y simple, tra- 
tando de las propiedades de los indios, el ci- 
tado D. Bernardo de Vargas, en su Milicia In* 
diana, fol. 137, vueltas, dice que las comidas 
de los indios eran cortas y dejativas, y más 
abajo, en el fol. 140, que se sustentaban de 
chucherías, y el mejor regalo que daban á sus 
enfermos era un poco de masamorra de maíz, 
y cuando van á la guerra ó caminan, llevan 
sólo por sustento un poco de mote ó harina de 
maiz, de que se puede ver al citado P. Fr. Gre- 
gorio García en el lib. 3, cap. 2, § 5. 

14. La octava proposición de que los primi- 
tivos españoles sacrificaban hombres á los ido- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 59 

los, fué tan propio de los indios americanos, que 
están llenas las historias de los execrables sa* 
orificios que hacían de hombres y muchachos^ 
de que se podrá ver al P. Torquemada, en su 
Monarquía Indiana, lib. i, cap, 9, desde aque- 
llas palabras: «Sacrifican» y más latamente se 
podrá ver en los capítulos siguientes de esta 
nuestra historia, y en el capitán Vargas Machu- 
ca, fol. 135, vuelta, desde allí «Sacrifican por 
víctimas.» 

15. La novena observación de que los pri- 
mitivos españoles usaban en sus fiestas de flau- 
tas, se halló en estos indios americanos, y usan 
de ellas en sus fiestas, las cuales llaman ellos 
fututos, y en sus danzas y bailes, á que son muy 
dados, usan de dichas flautas, de que todos so- 
mos testigos, y el capitán D. Bernardo Vargas 
Machuca en el lib. i, en el principio, á la hoja 
4, dice que los indios «usaban de caracoles, fu- 
tutos, tamboretes y trompetillas. 

16. La décima proposición de que los pri- 
mitivos españoles traíanlos cabellos en crencha^ 
concordaban con ellos los indios americanos, 
que usaban de los cabellos largos, como diji- 
mos arriba, y también hacían crenchas de ellos, 
como lo dice el capitán D. Bernardo de Vargas 
en su Milicia Indiana, lib. i, fol. 3, á la vuelta, 
en aquellas palabras: «Unos traen el cabello 



6o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

largo y otros trenzados y el mismo autor, en el 
fol. 139, vuelta, dice, hablando de estos indios: 
«En unas partes usan los varones de cabellos 
largos y trenzados, y en otras suelto y en otras 
hecho coleta.» 

17. La undécima proposición de que las 
primitivas españolas, en pariendo, se iban á la- 
var al río, y lavaban la criatura, y como añade 
Celio Rodigino, lib. 18, cap. 22, desde aquellas 
palabras: «Mulieribus» que los varones, después 
del parto de las mujeres, se echaban y las pari- 
das les administraban, y otra cosa bien singular, 
que las mujeres españolas, si estaban trabajan- 
do en el campo y les venían los dolores del 
parto, se retiraban un rato, parían y volvían á 
proseguir en sus tareas y lo demás que dejamos 
dicho, con autoridad del licenciado Francisco 
de Cepeda, acerca de los partos de las primiti- 
vas españolas, todo esto se halló en las Indias 
americanas, que en pariendo se lavaban y tam- 
bién á la criatura, metiéndose en los ríos, lo cual 
es muy notorio, y lo hemos experimentado y lo 
trae el capitán D. Bernardo de Vargas en su 
Milicia Indiana, en el tratado que pone De las 
propiedades de los indios, donde, en el fol. 137, 
dice: 

«Tienen de costumbre las indias, en parien- 
do, lavarse luego en un río, y lavar luego á la 



ORIGEN DE LOS INDIOS 6 1 

criatura:» y es también muy notorio el que es- 
tas americanas suelen parir y proseguir con sus 
ministerios sin las delicadezas de otras paridas? 
que no se han criado en esa costumbre, y asf 
concuerdan en todo con las primeras españolas 
en tiempo de Tubal y Héspero. 

i8. La duodécima observación de que las 
primitivas españolas labraban los campos, en 
que concuerdan Celio Rodigino, el maestro fray 
Alonso Venero y el licenciado Francisco de 
Cepeda, como hemos visto arriba, esto mismo 
hacían y hacen hoy en muchas partes las indias 
americanas, rompiendo y arando la tierra con 
unos arados pequeños de palo, con unos trave- 
sanos, como sucede en el Callao y en muchas 
partes del Quito y Chile, y lo dejó advertido el 
citado D. Bernardo Machuca, fol. 134 vuelta^ 
diciendo de las americanas: «Ellas son las que 
trabajan en el campo.» 

19 La décima tercia proposición de que los 
primitivos españoles no tuvieron uso de mone- 
da y se valían de permutar ó trocar unas cosas 
por otras, esto mismo se halló en los indios en 
tiempo de la conquista, porque no usaban de 
moneda en sus contratos, aunque eran grandes 
mercaderes, y todo su comercio era dar unas 
cosas por otras, según lo dejó advertido el ca- 
pitán D. Bernardo de Vargas Machuca, en su 



02 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Milicia Indiana, fol. 135, en aquellas palabras: 
<íSon grandes mercaderes, trocando unas cosas 
por otras.» 

20, La décima cuarta, de que los primitivos 
españoles fueron aborrecedores de las cien- 
cias. 

En esto conformaron mucho los indios, por- 
que tuvieron gran desgano á las ciencias y á los 
libros y á las historias, que solo usaban de unos 
Quipos, que conservaban solo memorias recien- 
tes, y de este fundamento y conformidad, infi- 
rió el P. Fr. Gregorio García, en su Tratado del 
Origen de los Indios, lib, 4, cap. 18, § 3, que 
era fácil de creer que estos americanos tuvieron 
su origen de los españoles, y así, habiendo di- 
cho en el lugar citado: «Que los españoles pri- 
mitivos fueron aborrecedores del estudio de las 
ciencias», concluyó el dicho § 3: «Quien con 
atención hubiere leído las costumbres délos in- 
dios, y el modo de vivir que tuvieron antigua- 
mente, echará de ver cuánto parecen á las de los 
españoles, y cómo no será muy dificultoso de 
creer que los primeros pobladores de las Indias 
fueron de España;» y añado haber oído á hom- 
bres ancianos de España, que en muchas partes 
de ella, los hombres del campo, se entienden 
con tarjas y nudos para sus cuentas, cosechas y 
otras cosas, siendo estoel libro de su memoria, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 63 

que alude á los Quipos y nudos de estos indios. 
21. La décima quinta proposición délos cua- 
tro autores referidos, de que los primitivos es- 
pañoles usaron en sus vestidos de arreo tosco 
grosero, se comprueba con lo que muy bien 
nos dejó adv^^rtido el docto Esteban de Sa- 
lazar en los Discursos del Credo, en el cap. 3, de 
que el traje que usaron los primitivos españoles, 
fué de unas mantas toscas ó capas cerradas, á for- 
ma de capuces, y también los portugueses pri- 
mitivos usaron de sacos á manera de sayal, se- 
gún dice Juan Botero, lib. 3, cap. 5, y estos dos 
autores, para explicar las primitivas vestiduras 
españolas, usan de la palabra sagum] antes de 
ellos lo dijo Alejandro en sus Días geniales, li- 
bro 3, cap. 18, donde tratando de las vestiduras 
antiguas de diferentes naciones, llegando á las 
primitivas de los españoles, dice: «Hispani pri- 
min breve sagulum» esto es: «Los españoles en 
sus principios usaron por vestidura un saco sa- 
yal, ó albornoz» que eso significa la palabra la- 
tina sagum y su diminutivo sagulum j que es co- 
bertera más estrecha. 

Este género de vestidos y arreos del cuerpo 
tenían los indios, cuando los conquistamos. 

Los del Perú usaban la camiseta, que ellos 
llaman cusma, y las indias en Méjico llaman 
guaipil^ que todo es á manera de capuces, ó 



64 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

costales abiertos por las cabeceras y lados, y en 
los llanos de este Perú se conserva este traje de 
capuces á manera de sacos y albornoces, y solo 
se diferencian en que unos los traen más lar- 
gos hasta los pies, y otros hasta las rodi- 
llas. 

Finalmente, todos estos vestidos son muy 
semejantes á lo primitivo, después del diluvio, 
y á la lev de la Naturaleza, que no tenía aliños, 
ni afeites, y en todo semejante á los sacos, ca- 
puces, ó capas cerradas que usaron los primiti- 
vos españoles después de Tubal, y en las muje- 
res americanas era más sencillo el traje de los 
guaipiles, que no les estorbaba orinar en pié, 
como dice el citado D. Bernardo de Vargas, 
en su Milicia Indiana, en el Tratado de las pro- 
piedades de los indios, fol. 137, vuelta, en 
aquellas palabras: «Tienen de costumbre las in- 
dias orinar en pié» Yantes, en el fol. 132, ha- 
blando de los trajes de los indios, dice: «Visten 
unas camisetas ó patacusmas, como si dijése- 
mos, un costal vestido, teniendo por dónde sa- 
quen la cabeza y brazos. 

22. La décima sexta proposición de que los 
primitivos españoles usaban de cintos en la 
frente con sus punzones y sobrepuestas, de 
modo que les servía de adorno á la frente 
y sienes y de provecho para prender de 



ORIGEN DE LOS INDIOS 65 

ellos el velo, que les servía de sombra y som- 
brero, imitaron en la forma que permitía esta 
tierra las americanas este uso de sus primeras 
madres y en estas dilatadísimas provincias y de 
los Charcas, hasta hoy observan las indias las 
panchas y vinchas en la frente. 

Los indios, en su lengua, llaman u inchas las 
que en España vinchas, usando de u vocal en 
vez de la v consonante y pronuncian uinchas, 
conque se vé otra conformidad de las dos len- 
guas. 

Los indios usan otro género que llaman 
Llantos, que unos los hacen de fieltros, otros 
de algodón y muchas indias los traen como 
turbantes, que les hacen gala á la frente y 
sombra á la cabeza, y en estos cintos de 
frente ponen topos de plata, como las antiguas 
españolas ponían sus cuervccillos de hierro en 
las vinchas de la frente y antiguamente los 
Ingas y Coias ponían los cintos de oro en la 
frente, como los primitivos españoles los ponían 
de hierro; de estos cintos hablaré más abajo. Y 
en Castilla la Vieja uasn en los jubones las la- 
bradoras de patenas en punzones, que son los 
topos de las Indias. 

23. Y por que no quede cosa por tocar, 
también estas indias americanas mataban á los 
hijos como las antiguas españolas, porque no 

5 



6Ó DIEGO ANDRÉS ROCHA 

llegasen á servidumbre, según refiere el capitán 
Vargas Machuca, en su Milicia Indiana fol. 139, 
vuelta, donde hablando de las indias america- 
nas, dice: «Tienen por costumbre matar las hi- 
jas cuando nacen porque no haya multiplico, 
diciendo que de esta manera se acabarán y no 
servirán á los cristianos.» También estos indios 
americanos concordaron con los primitivos es- 
pañoles en escudriñar las asaduras y entrañas 
de los animales, queriendo adivinar por esta 
parte los sucesos futuros, como se podrá ver al 
P. Fr. Gregorio García, en su Tratado del Ori- 
gen de los Indios lib. 4, cap. 19, § 2 y Herrera 
Decad. 5, lib. 6, cap. 4, al fm. 

En lo que falta de que los primitivos espa- 
ñoles se sustentaban de frutas silvestres y yer- 
bas, se halló individualmente en estos indios, 
como dice el citado Vargas Machuca, fol. 137, 
vuelta, ibi: «Usan de yerbas y raíces y frutas sil- 
vestres» usaban de carnes de bestias que mata- 
ban con los arcos y flechas, de que trata larga- 
mente el P. Torquemada en muchos capítulos 
de sü Monarquía Mejicana, (sic). 

24. Añadiré á los cuatro autores referidos 
que trataron de las propiedades de los primiti- 
vos españoles, otro autor de igual autoridad, que 
es el P. Mariana, el cual en el lib. i de la His" 
toria de España, en el cap, 8, concuerda con 



ORIGEN DE LOS INDIOS 67 

lo que dicen los cuatro autores referidos, aña- 
diendo que los primitivos españoles habita- 
ban apartados unos de otros, derramados por 
campos, rios y aldeas, y en este modo de 
habitación se conservaban estos indios ameri- 
canos, cuando entró nuestra conquista y como 
antes de ella carecieron de la política de Euro- 
pa, África y Asia, conservaban estos indios ame- 
ricanos, que como acá no entró la política de 
Europa, África y Asia conservaron aquellas cos- 
tumbres que trajeron después de Tubal. 

Que viviesen estos indios divididos por 
montes, valles y rios, demás que hasta hoy du- 
ran los padrones de sus toscas casas, distantes 
unas de otras por estos llanos y lomas, lo ad- 
vierte el capitán D. Bernardo Machuca en su 
Milicia Indiana, lib. i, fol. 4, vuelta ibi. «Sus 
viviendas tiénenlas por altos divididas» y más 
abajo, fol. 134, «Sus viviendas, en general, son 
en lomas.» 

Otros tienen sus viviendas en llanos metidos 
en montañas, orillas é islas de ríos grandes, y 
en estos lugares explica cómo se juntan, avisán- 
dose ó con tambores ó con humos, y esto sin 
duda, lo heredaron de los españoles de Tubal, 
como también el uso de los tamborinos y flau. 
tas. 



I.° 



Z>e otras propiedades de estos americanos con los 
primitivos españoles en el uso de las armas y de 
la guerra. 



I. Las armas propias de los primitivos españo- 
les, fueron la lanza^ la espada, la rodela ó escu- 
do, la macana, el arco y flecha, y de todas estas 
armas, se halló el uso en estos americanos en 
sus guerras. 

Que la lanza sea la propia y peculiar arma 
de los españoles, lo prueba el muy docto y ve- 
nerado maestro de esta América, el P. Diego 
de Avendaño, en su Epitalamio, núm. 887, con 
autoridad de Lucio Floro, y lo trae también 
Alejandro Ab Alejandro, en el lib. 6 de sus Días 
geniales, cap. 22, en aquellas palabras: «Lancea 
hispanorum.» 

Fué también propia arma de los españoles 



ORIGEN DE LOS INDIOS 69 

la espada, como dice el mismo Alejandro en el 
lugar citado: «Hispani gludium admodum bre- 
vem;» y de los españoles aprendieron á traer 
gladios ó espadas cortas los romanos, según 
Lipsio, De Milicia Romana, lib. 3, diálog. 3, en 
aquellas palabras: «Romani vires et constantiam 
experti militiae Hispanicse ad sumpsere enses;» 
y arriba lo dijimos con Gelio Rodigino, que 
usaban los españoles de espadas cortas: «Gla- 
diis brcvitate habilibus.» 

Que el uso primitivo de los españoles fuese 
la rodela ó escudo, lo advierte el mismo Ale- 
jandro, ubi supra: «Scutum ex corsa, quo His- 
pani usisunt.» 

El arco y flecha fueron también armas de los 
españoles, como dijimos arriba, con autoridad 
de Fr. Gregorio García y de Cepeda, y se dirá, 
más abajo con Jacobo Thuano en sus Obras 
expurgadas. 

En todos estos géneros de armas, concorda- 
ron los indios americanos con los primitivos 
españoles, y usaban de ellos en su gentilidad, 
según dice el diligente capitán D. Bernardo de 
Vargas Machuca, que fué de los primeros con- 
quistadores y maestro de la milicia indiana, y 
en un libro que hizo de ella, en que insertó un 
Tratado de las propiedades y costumbres de 
los indios, dice en el fol. 138, vuelta: «Sus ar- 



70 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

mas son flecha, lanza, rodela y macana;» y el 
P. Torquemada, en su Monarquía Indiana, prue- 
ba en muchos capítulos esto mismo, y en el li- 
bro I, cap. 13, dice que los mejicanos usaban 
espadas de palo, y también usaban la maca- 
na, que es espada corta, que los latinos llaman 
machcera^ con que en las armas para la guerra 
concordaron en todo los indios con los primiti- 
vos españoles. 

2. Concordaban asimismo los americano^ 
con los primitivos españoles, en que estos infi- 
cionaban con ponzoña las saetas para herir y 
mataren la guerra, como advierte Jacobo Thua- 
no, en sus Obras expurgadas, tomo III, lib. 65 
fol. 234, Lit. C. desde aquellas palabras: «His- 
pani sagittas inñciunt» y esta costumbre de infi^ 
clonar las saetas la retuvieron estos indios has- 
ta la última conquista, imitando á sus primeros 
padres, descendientes de Tubal, como advierte 
el citado D. Bernardo de Vargas, en su Milicia 
Indiana, lib. i, fol. 3, vuelta: «Usan las flechas 
con punta de pedernal y púas de rayas, que son 
muy enconosas, y otras con puntas de palmas 
untadas con yerbas de veinticuatro horas,» esto 
es, matan en espacio de veinticuatro horas; y 
más abajo, fol. 138, vuelta: «Usan de yerba en 
las flechas;» y más abajo: «El que es herido de 
ella, por maravilla escapa, y háila de veinti« 



ORIGEN DE LOS INDIOS 71 

cuatro horas:» que es de la que habló el fo- 
lio 3. 

3. Fué también costumbre de los antiguos 
españoles^ entrar á la batalla y pelea con mitras 
en la frente, como advierte Celio Rodigino, li- 
bro 18, lección antic, cap. 22, en el fin, donde 
hablando de los antiguos españoles , dice: 
«Fronte mitris culta pugnam ineunt;» la mitra> 
según Nebricense, era cosa pintada ó enrosca- 
da, que se pone de la frente á la cabeza, y en 
este sentido parece la explica Ulpiano en la 
L. argentum, § muliebri,y en la L.vestis, § mu- 
liebria ff. de aur. y arg. leg. donde de la mitra 
se connumera entre los arreos de las vestiduras 
de las mujeres, más para cubrir la frente y ca- 
beza que para adorno. 

Tiene otros significados que no son á nues- 
tro propósito. 

Los indios, es cierto que usaron este géne- 
ro de cosas, en especial los guerreros, como 
salen los indios Chiriguanas y otros que traen 
los Llantos en la frente, enroscados y pintados 1 
como dije arriba, y en la guerra se ponen ma^ 
nos de leones y tigres en la frente, que suben 
como turbantes y mitras á la cabeza, para pare- 
cer más formidables, según lo dejó advertido el 
capitán Vargas Machuca en su Milicia Indiana, 
iib. I, fol. 4, donde¿dice: «Pónense los indios 



72 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

manos de leones y tigres en la cabeza, y los an- 
tiguos españoles celtíberos, se ponían pieles de 
obos por insignias en las guerras, y las llevaban 
por bandera en algunas batallas, como con au- 
toridad de Tito Livio y de Ambrosio de Mora- 
les, lo refiere Fr. Gregorio de Argaiz, en su 
Población Eclesiástica de España, en el año 
2174, fol. 319, y de estos aprendieron los indios 
á ponerse vestiduras de animales fieros. 

4. Tienen también estos americanos otra 
costumbre en la guerra, que es avisarse en largo 
trecho por humos, como advierte el citado Var- 
gas Machuca, lib. i, fol. 5, donde hablando de 
ellos, dice: «Cuando la distancia es larga, hacen 
humos, de tal manera, que un mensajero no po- 
día mejor dar á entender la causa,» de que se 
recogiesen, y en este mismo lugar, dice que esta 
costumbre de avisarse en las costas por humos, 
es propia y primitiva de los españoles, de los 
cuales, sin duda, la aprendieron los primeros 
americanos y la conservaron por tantos si- 
glos. 

5. Fué también costumbre de los primitivos 
españoles el entrar en las batallas con vestidu- 
ras de color rojo, y entretejida púrpura en 
ellas, signiñcando su sangriento coraje, de que 
es autor Celio Rodigino, en sus Lecturas anti 
guas, lib. 18, cap. 22: «Hispani linteis pretextis 



ORIGEN DE LOS INDIOS 73 

purpura tunicis in bella pergere consuerunt,» y 
Alejandro Ab Alejandro, en sus Días geniales, 
lib. 6, cap. 2 2, al fm, dice lo mismo: «Hispaní 
línteis pretextatis cum purpura proeliamtur,» y 
como veremos más abajo, también usaron los 
primitivos españoles pintarse el rostro y brazos 
con el bermellón; todo esto lo imitaban en la 
guerra estos americanos, que aunque no sabe, 
mes si en los vestidos ponían estas señales rojas, 
sabemos que en las carnes se pintaban con va- 
rios colores, significando su coraje, según el ci- 
tado D. Bernardo de Vargas, lib. i,fol. 4: «Salen, 
dice, á las guerras muy pintados rostro y cuerpo 
para parecer más feroces; píntanse con vija, que 
es una tinta que se hace con fruta,» luego ve- 
remos cómo igualmente los españoles primiti- 
vos, y los americanos usaron teñirse con el ber- 
mellón, que es como carmín, 

6. Acostumbraron también los primitivos es- 
pañoles el llevar á la guerra sus mujeres para 
que peleasen con ellos, como yo lo tengo ale- 
gado en mi Tratado que hice de milicia, y lo 
trae también el gran consejero D. Juan Bautista 
de la Rea, eu la Alegación fiscal, 112, núm, 3; 
la misma asistencia hacían en la guerra á sus 
maridos estas indias americanas, como lo traen 
Antonio de Herrera, lib. 9, Década 6, cap. 4, al 
fm, y Juan Botero en sus Relaciones universales 



74 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

del mundo, lib. 5, parte i.% § Río de Orellana 
y D. Bernardo de Vargas en su Milicia Indiana^ 
fol. 139, donde dice: «Pelean las indias en ca- 
noas ó en fuertes con cerbatanas, que como se 
tira un bodoque, tiran saetas, hechas de palma, 
delgadas, de un palmo.» 

Todo esto está explicado que viene de los 
primitivos españoles. 

De la ligereza de la guerra y de seguir los 
alcances, y sufrir el cansancio y hambre, así los 
españoles primitivos como estos americanos^ 
digimos arriba en el principio del capítulo. 

7. Julio Materna in Astronomicis^ dice que 
los españoles son de ánimo levantado y nunca 
rendido: «Hispani el ata jaetantise animositate 
proeposití;» y muchos de estos americanos, aun 
heridos de muerte, no dejaban el brío y amena- 
zaban venganzas como de aquellos chilenos, 
Lautaro y otros, lo dejó advertido D. Alonso de 
Ercila, y otros muchísimos ejemplos, de que 
están llenas las historias de las Indias. 

En suma, es gente, de quien dice él capitán 
D. Bernardo de VargasMachuca , en su Milicia 
Indiana, folio 4, vuelta: «Si reconocen la vitoria» 
no tiene el mundo guerreros que mejor la si- 
gan.» 



2/ 



Pónense muchos lugares^ rios^ montes y vocablos 
concordantes de la primitiva EsJ^aña y de esta 
América, 



I. En las cosas antiguas^ y para averiguar el 
origen de los primeros pobladores, hace gran 
prueba la similitud de los lugares, ríos y mon- 
tes y el lenguaje de los habitadores, para reco- 
nocer de dónde vinieron y trajeron su origen, 
porque si concuerdan en estas cosas, se hace 
evidencia del origen, como con gran juicio lo 
dejó advertido Tito Livio en su lib. 5, y el Pa- 
dre José Moret en su Historia de Navarra, li- 
bro I, cap. 4, § 2, nüm. 40, fundando que los 
vascones vinieron de Armenia, y que los prime- 
ros pobladores pusieron en aquellas tierras de 
Navarra los nombres á los pueblos, ríos y mon- 
tes, conformes á las tierras de Armenia, de don- 



76 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de vinieron, aunque se hallen algo corruptos 
con la antigüedad del tiempo. 

Veamos si en esta América hallamos confor- 
midad con la primitiva España, que será eficaz 
fundamento á nuestro intento. 

2. Yo he procurado averiguar si en al- 
gunas naciones de España se conserva aquella 
primitiva lengua de Tubal, porque aquella len- 
gua, en su raiz y dialecto ha de influir mucho 
en la lengua natural de los indios, y hallo que 
la primitiva lengua de Tubal la han conserva 
do hasta hoy los antiguos y nobles vascones, 
cántabros ó vizcainos, así lo dice el P. José, 
Moret en su Historia de Navarra, lib. i, cap. 5, 
§ T, el canónigo Juan Gutiérrez en el lib. 3 de 
sus Prácticas, en la cuest. 16, núm. 61, don- 
de prueba que la lengua vizcaina es la primera 
que se habló en España, y que en dicha nación 
se conserva. 

En el Teatro del Orbe de lansonio, que se 
intitula Nuevo Atlas, en la descripción de Espa- 
ña, se prueba, con autoridad de Scaligero, que 
los cántabros retienen la lengua matriz de Es. 
paña: «Cantabri primogeniam linguam a reli- 
quis omnino discrepantem retinent: vnde et ma- 
tricibus lingüe eam annumerat Scaliger.» Y que 
los primitivos españoles sean los vizcainos, lo 
dice D. Juan Antonio Zabela, autor italiano, en 



ORIGEN DE LOS INDIOS 7 7 

un manuscrito que llegó á mis manos, y lo mis- 
mo hallo que advierte el Enchiridión de los 
tiempos de Fr. Alonso Venero, en el fol. 91, en 
aquellas palabras: «El propio lenguaje de la na' 
ción española es el que hablan los vizcainos^ y 
ellos son los naturales castellanos,» y más abajo> 
en el fol. 92: «La lengua de los vizcainos es la 
natural de Castilla.» 

Lo mismo dice Rodrigo Méndez de Silva en 
la Hisioria {sic) de España, describiendo á Viz- 
caya, fol. 235. 

3 De la noticia antecedente saco una hila- 
ción irrefragable, y es que habiendo venido es- 
tos indios americanos de España, después de 
Tubal, lo cual há muy cerca de cuatro mil 
años, ninguna lengua se ha de hallar más con- 
forme en la raiz á esta. Quichua, de los indios, 
que la lengua primitiva de Tubal, y así, en mi 
entender, si concurren en esta América diver- 
sas naciones, vizcainos, extremeños, portugue- 
ses, castellanos nuevos y viejos, andaluces y 
otros, los vizcainos serán los que aprendan 
con más facilidad la lengua Quichua, porque 
las demás naciones de España mezclaron con 
la lengua materna la cartaginense, la griega, la 
latina y la arábiga, y los vizcainos conservaron 
la primitiva sin mezcla; y como estos indios 
vinieron de todos los lugares de España, hará 



78 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

cuatro mil años, cuando nuestra lengua no te- 
nía mezcla y era universal en toda España, por 
esto le hace alguna conformidad en las raíces 
y dialectos de la lengua vizcaina, que retiene 
la lengua primitiva, y entraran con más facili- 
dad á aprender la lengua Quichua, que otras 
naciones de España. 

Y este mi discurso, que le he tenido por muy 
eficaz, de que fueron españoles los primeros 
que entraron en este Nuevo Mundo, ha querido 
Dios se confirme con lo que he oído á testigos 
de toda fé, de que la nación vascongada, que 
retiene la primitiva lengua de España, apren- 
den con más facilidad que otras naciones la 
lengua general de los indios, y que en las raí- 
ces tienen ambas lenguas conformidad, por ser 
una y otra la natural de Tubal, y ha querido 
Dios que me haya hallado un testigo de pri- 
mera clase, que confirma este discurso, que es 
el P. Fr. Gregorio García, natural de Navarra 
del Orden de Predicadores, el cual, en el libro 
4 del Origen de los Indios, cap, 20, al fin, dice: 
«La lengua vizcaina, que es la más antigua de 
España, se parece mucho á la general del 
Perü.» 

Y aunque también en estos americanos 
hubo diferentes lenguas, la general la retuvie- 
ron desde el principio de su fundación, y fué 



ORIGEN DE LOS INDIOS 79 

la de Tübal, aunque con el tiempo corrom- 
pida. 

4 De lo que acabamos de decir, viene el 
hallarse en la lengua de los indios muchos vo- 
cablos semejantes al idioma castellano antiguo, 
como son: 

«Acá, allá, ama, anca, ancha, casa, cacha, calla, 
cana, casco, caspa, cocho, choro, coto, llama, 
mayo, maca, macho, manca, marca, marco, mo- 
co, muía, mulo, moro, guante, manta, para, pata, 
papa, peca, pina, pinta, pinto, puya, tanta, tintan 
tintín, tío, vira, uña, surco, pasto, Quito, Caxa- 
ca, Cacamarca, Pausa (que es un monte más 
abajo de Riobamba y Pausalco junto á Quito.») 

En la lengua vascongada ó de Tubal, gaché 
y gacha ^ significa la sal, y los indios la llaman 
cache. 

También al ósculo llaman mucho^ y los in- 
dios, por besar ó reverenciar, dicen muchar ó 
mochar. 

En vascuence vura es agua y en lengua de 
los indios, jurac es blanco, á imitación del 
agua. 

Garúa en vascuence, significa niebla y rocío 
y en los indios garúa es lluvia que la equiparan 
al cristal. 

Los indios llaman á la lana 7nillua,^ porque 
se hila, y en vascuence liñua 



8o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

En vascuence llaman al bazo ó cuba upia^ 
porque de él se bebe y los indios dicen tipiai 
al beber. 

En la provincia de Veragua llaman al hom- 
bre ho7ney según el citado Fr. Gregorio García, 
lib. 4, cap. 20, término antiguo de Castilla y 
hoy dura en Portugal. 

Calle, en la lengua de los indios, significa- 
pueblo, nombre español, que significa vecin- 
dad ó varia parte del pueblo. 

Los indios Quixos llaman pujanga á la tie- 
rra, como dice el citado Fr. Gregorio García 
en el dicho cap. 20, y pujanza es primitivo 
nombre español. 

Tiranij tira7iqi¿i, en los indios, es arrancar 
y mesar que alude á tiranía en español. 

Cuando el indio se admira dice ¡ah! y cuan- 
do se rie ah, ah, ah, y cuando agarra uno á otro 
aha, aha, aha, todo español; la voz Hua en 
lengua de indio, significa el llanto, y la voz 
gí¿ai^ que dá el recien nacido, tiene semejanza 
con la voz castellana guai^ aunque muy antigua 
y por eso mejor. 

5. En la conformidad de pueblos, ríos, 
montes, entre esta América y la primitiva Espa- 
ña, he hallado mucho, aunque en algunas letras 
corrompido, y uno de mis principales cuidados 
en esta obra ha sido averiguar cómo se llama 



ORIGEN DE LOS INDIOS 8 1 

esta América antes de que la descubriese Co- 
lón, y despue's de dilatada lectura hallé que se 
llamó Anaguac^ que suena tierra rodeada por 
todas partes de aguas, según el P. Torquemada 
en su Monarquía Indiana, lib. i, cap. 6, al fin, 
aunque el Inga Garcilaso, en su Historia lib. i, 
cap. 5, dice que esta tierra se llamaba Tabantín. 
Vamo^ con que se llamó Anaguac^ compuesto 
de dos dicciones ana y gua^ que son primiti- 
vas españolas, con que la antigua España, signi- 
ficaba los ríos como Guadalquivir, Guadiana, 
Guadalete, Guadalaviar, junto á Valencia, Gua- 
dalatin, en el reino de Murcia, Guadiela, que 
entra en el Tajo, según Cepeda, en su Re- 
sumpta de España, lib. i, cap. i. 

El río Guadiana antiguamente se llamó Ana 
seeún Nebric, verbo a?ta y el rey Sicano, de 
los primeros de España, le puso este nombre, 
según el citado Cepeda, lib. i, cap. 2, con que 
estas dicciones a7ta y gua juntas, con que los in 
dios explicaban las tierras por la abundancia de 
aguas y ríos que las rodeaban, bien se vé vinie- 
ron de la primitiva España. 

6. He observado que en ninguna tierra del 
mundo se hallan pueblos y ríos que comiencen 
con la partícula giia, sino solo en esta América 
y en la primitiva España, y tengo reconocidos 
los diccionarios griegos, latinos, castellanos y 

6 



o 2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

to.scanos y solo tienen estos nombres los de las 
Indias y España. 

Ya vimos en el número pasado los muchos 
ríos que comienzan con la partícula gua, á que 
se pueden añadir Guadalete, Cuadalamer, Gua- 
dalquivirejo, Guadajenil, Guadajos, Guadioro- 
y otras ciudades, pueblos y montes de España, 
como Guadalajara, Guadix, y Guipúzcoa, que 
algunos llaman Guaipúzcoa, Guadaira, Gua- 
dalcanal^ Guadarrama, Guadalupe. 

En esta América son muchos los nombres 
de pueblos y lugares que comienzan con la pa- 
\di\>x2i g¿¿a y guan^ como son Guaxaca, Guati> 
mala, Guamalies, Guanaco, Guano (en la pro 
vinciá de Quito), Guariaca (en la del Cuzco); 
Guacho y los Guachos, Guayaquil, Guaranda, 
Guamantanga, Guamparan, y Guancabelica, y 
otros muchos que no teniendo ni en el Asia ni en 
África origen de nombres de lugares que co- 
miencen con gua y guan^ bien se reconoce 
que habiéndolos solo en España, que de ella 
los trajeron los primitivos españoles que pobla- 
ron estas Indias. 

Y prosigamos con co^as más eficaces para 
probar esta conformidad que vamos fundando. 
En esta América, cuando se ganó por Francisco 
Pizarro, se hallaron estas dilatadísimas cordille- 
ras, del Cuzco para arriba, que !los indios lia- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 83 

maban Andes, nombre primitivo del mundo an- 
tiguo, porque hubo montañas llamadas Andes en 
Italia, en Mantua, como se verá en la Antonio 
Nebricense, en el Catálogo de lugares, verbo 
andes, hubo Andes en Bretaña, como lo expli- 
ca Jacobo Thuano, en las Obras expurgadas, 
lib. 90, en el principio, en aquellas palabras: «In 
Armorica, et ni Andibus.» 

Hubo Andes en las Galias, comprendiéndo- 
se la Galia Tarraconense y Togada, y esa parte 
de Cataluña y Pirineos, según el mismo Ne- 
bricense, verbo andes, el primero, y de estos 
tomó nombre esta cordillera dilatada del Cuz- 
co, cuando vinieron los primitivos españoles, y 
así mi conterráneo Arias Montano, quiere que 
el monte Sephar, que algunos han entendido por 
España, sean estas dilatadísimas cordilleras de 
América, nombradas los Andes, según refiere el 
P. Fr. José Moret, en su Historia de Navarra, 
lib. I, cap. 4, § I, en el fm. 

8. Hace también alguna prueba al ver que 
aquellos primeros pobladores de esta Amé- 
rica, descendientes de Tubal, pusieron algunos 
nombres suyos y de sus hermanos y tíos á esta 
tierra, porque en la Florida, hay un pueblo nom- 
brado Tobal, como dice Paulo Galucio, en su 
Teatro del Mundo, en los nombres de América, 
verbo Tobal^ que asemeja tanto á Tubal, y 



84 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

más cuando Sanjcrónimoy Josefo le llaman To- 
bel y á los españoles Tóbelos, según explica el 
P. Moret en su Historia de Navarra, lib. i, capí- 
tulo 4, al principio, cerca de Tobal está la isla 
de la Habana, y parece tomó nombre de Ja- 
van, hermano de Tubal, hijos ambos de Ja- 
' fet. Genes., cap. 10. Iiuatan ó Iiictan^ parece 
como lectan, sobrino de Tubal, como advierte 
el citado P. Moret en el cap. 4, § i, en el fm, 
diciendo: «En la América se ve la ciudad de 
lucatan, conservando la memoria de lectan, 
luctan, le llama Josefo,» ya se ve la semejanza 
de luctan y lucatán. 

Fué tambiéji Magog hermano de Tubal, se. 
gún el citado cap. 10, Genes., y en las costas de 
Nueva España la tierra de Amagog, como dice 
Juan Botero en sus Relaciones, i.^ parte, lib. 4, 
§ Florida^ y allí su traductor, Diego de Aguiar, 
diciendo: «Francisco Draque corrió la costa 
del Perú y Nueva España hasta la costa de 
Amagog» y esa tierra de Mage, junto áAreguipa, 
cuyos indios se llaman Mages, bien se ve des- 
cienden de este origen, y que los hijos de Tu- 
bal pusieron en estas partes estos nombres de 
sus padres, tíos y abuelos. 

9, He hecho otro juicio para esta conformi- 
dad que voy probando, y es haber leído en 
Marco Varrón, que vinieron antiquísimamente 



ORIGEN DE LOS INDIOS 85 

los iberos y persas á España con Baco, que tra- 
jo en su compañía á Pan y á Luso, éste pobló 
Portugal y de su nombre se llamó Lusítania; 
Pan tuvo el gobierno restante de España, y en- 
tonces se llamó Pania, otros le llamaron Spania 
y otros Pánica, de que escriben Plutarco y Flo- 
rián de Ocampo, y en especial D. Diego de 
Mendoza, en el discurso que hace de la última 
guerra de Granada, añadiendo, que de esta ciu- 
dad y de más poblaciones, se fundó en esta ve- 
nida de Baco, y aquella provincia de Granada 
la llamaron los gentiles Soloira^ y á sus lugares 
Illiberítanos ó Liberítanos y con más propiedad 
Illipuriianos^ según la noticia que se halló en 
las láminas de plomo, sacadas del Monte Santo 
de Valparaiso de Granada, la cual, en la anti- 
güedad se llamó Gar-Nata, compuesta de dos 
partículas gar, que quiere decir cueva, por una 
famosa y antigua que tuvo esta ciudad; y 7iataj 
lugar de Damasco, de donde vinieron los pri- 
meros pobladores de Granada. De cuya lectu- 
ra sacO; lo primero, que este pueblo de Nata, 
vecino á Panamá, trajo su origen de Nata de 
Andalucía la Alta, y así mismo, que esta provin ' 
cia, primera de tierra firme, que se llama Paría, 
trajo su origen de Pania, primitivo nombre de 
España, y fué fácil la corrupción de la n en la r; 
y estos indios de la costa de Guastecan y Panu- 



S6 DrEGO ANDRÉS ROCHA 

co en la Nueva España, y en los del golfo de 
Utaba y costa de la provincia de el Oro, que 
unos los llaman Panucos, otros Pancos y otros 
Panues, todos vinieron |de nuestra antigua Pa- 
nía y en la España citerior, en los Lacetanos, 
hubo la gran ciudad de Panca, que se llamó 
Panea y Panos, según lo advierte Fr. Gregorio 
de Argaiz en la Población de España, (sic) año 
3800, verbo Panea^ fol. 426, tomo I, y aun se 
podía discurrir que también Panamá trajo de allí 
su origen. 

Advierto también que la palabra Illiburi es 
nativa de estos americanos. 

10. Vamos con otros lugares que se halla- 
ron en estas Indias muy conformes á los de Es- 
paña. 

En esa dilatada provincia de los Andes está 
el pueblo de Coca, de quien toma nombre la 
yerba supersticiosa de estas Indias, llamada 
Coca, y de este nombre hubo algunos pueblos 
en España, y hoy dura uno en tierra de Medina 
del Campo, y otro hacia Salamanca y otro jun- 
to á Valladolid. 

El cronista Fr. Gregorio de Argaiz, en su 
Población de España, tomo I, fol. 51, verbo 
coca^ disputa acerca de si este pueblo de Coca 
es el que hoy se llama Cuenca y antiguamente 
Conca ó Coca. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 8/ 

11. Auca, en España, fué el nombre de la 
insigne ciudad de Burgos, según Nebricense, 
en el Diccionario de lugares, verbo auca^ si 
bien el Padre Moret, en la historia de Navarra, 
lib. I, cap. 6, § 2, intenta no haber sido Burgos, 
sino otra ciudad que dio nombre á los montes 
de Oca, y en esta América están los indios Au- 
cas en el reino de Chile, y Atahualpa, Inga se 
preciaba de ser indio Auca, como dice Garcila- 
so Inga, tomo II, lib. 8, cap. final. 

También los indios Araucos, de la misma 
región de Chile, se puede entender que descien- 
den de aquellos primitivos españoles que se 
llamaron arvacos ó arevacos^ que estaban junto 
to á Briviesca, de que habla el Padre Mariana 
en su Historia de España, tomo I, lib. i, ca- 
pítulo 3. 

Clarísima es también la alusión del pueblo 
de Ocoña en estas Indias con Ocaña de Es- 
paña. 

12. La gran ciudad de Cuenca en España, 
se llamó en el origen Cauca, como explica Ne- 
bricense, verbo cauca en el Diccionario de pue- 
blos y lugares, y en estas Indias, en la provin- 
cia de Popayan está el famoso y abundante río 
de Cauca, que toma el nombre de las tierras y 
provincias por donde pasa hasta entrar en el río 
grande de la Magdalena, y de este Cauca trata 



88 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Juan Laert en su Descripción de las Indias, li- 
bro lo, cap. 14, núm. 40. 

13. En España está el pueblo de Moya, 
que es cabeza de un marquesado, y aquí en las 
Indias hay otro pueblo de indios llamado Moya, 
y tambie'u hay otro parage nombrado Moyo- 
bamba. 

Así mismo en España está el pueblo de Ca- 
rayaca, insigne por aquella cruz tan milagrosa, 
y este pueblo en más antigüedad se llamó Caia- 
baca, como dice el citado Aguiar, en un Trata- 
do que hizo de las excelencias de la Cruz, y en 
Navarra, está un valle que llaman Altabaca, en 
los Pirineos, como dice el P. José Moret, en la 
Historia de Navarra, lib. i, cap. 2, § <^, núm. 52, 
y en esta América, en la provincia de Loxafe, 
halló en la última conquista, un pueblo de in- 
dios llamado Aiabaca, que concuerda con Caia- 
baca y con Carabuca y también en las provincias 
hacia Chuquiabo, está el lugar de Carabuco, 
donde también se halló una cruz muy misterio- 
sa, y bien se ve la concordancia de Carabaca y 
Carabuco que todo esto entró con los españo- 
les primitivos. 

14. Vamos adelante: jquién no se conven- 
cerá con ver que en esta América Meridional es- 
tá la provincia y pueblo de Caylloma, tan cele- 
brado de la gentilidad de los indios, de que 



ORIGEN DE LOS INDIOS 89 

muchos tomaron nombre, y en la primitiva Es- 
paña, en Andalucía, hubo el pueblo de Caylo- 
ma, como se puede ver en Antonio Nebricense 
en el Catálogo en castellano de pueblos y lu- 
gares, verbo cayloma, consideración tan eficaz 
que vencerá al más rebelde, para conocer que 
los primitivos españoles fueron los primeros 
que entraron en esta tierra después del diluvio 
y pusieron aquellos antiquísimos nombres da 
España en ellas? 

15. En la provincia de Guancalies de esta 
América, está el pueblo y río de Zinga nombre 
originado, sin duda, del célebre y famoso río 
de Cataluña, nombrado Zinga^ como se lee en 
las Nuevas tablas de lansonio, ó nuevo Atlas^ 
la descripción de Cataluña, donde la llama 
Ciiiga^ aunque Antonio Nebricense en el Catá- 
logo de lugares, verbo cíncaj le llama Cima, y 
de una y otra manera, bien se ve la alusión que 
hace al Cinga del Perú. 

16. Así mismo en España hubo la ciudad 
de Moro, en estas Indias, en la provincia do 
Sunta, se halló un pueblo de indios nombrado 
Moro\ en los Charcas hay otro pueblo de indios 
llamado Moro. 

Bien pudiera añadir el pueblo Salamanca^ 
que está junto á Areguipa, pueblo de indios, de 
quien me refirió un anciano que el propio nom- 



90 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

bre había sido Salamanga^ como Guamanga y 
otros; pero excluyo este nombre porque pudo 
ser que los españoles que vinieron con Francis- 
co Pizarro, á similitud de Salamanca de Espa- 
ña, pusiesen este nombre en dicho pueblo cer- 
cano á Areguipa, como lo hicieron en otros 
pueblos y ciudades de esta América, y sobre 
esto tuve una porfiada conferencia con un gran 
ministro de nuestra Audiencia, que instaba no 
poder proceder esto en el pueblo de Salaman- 
ca^ de que vamos hablando, por ser este pueblo 
de indios, en que no corrió fsic) lo que en otros; 
porque en los pueblos de indios, que quedaron 
con ellos, nunca se mudaron los nombres de 
su gentilidad, ni pudieron habitar en ellos espa- 
ñoles, y solo pusieron no mbres de ciudades de 
España en las cabezas de las provincias, como 
ea Trujillo, Guadalajara, Santa Fé y otros de 
estas Indias; pero si n embargo, no hago mucha 
instancia en este pueblo de Salamanca, porque 
solo busco pueb los y nombres muy antiguos de 
la antigua España, que conformen con los de 
estas Indias, en que no se pueda presumir que 
los que vinieron con Colón los pusiesen en ella. 
17. En la España citerior hubo antigua- 
mente los pueblos Lares, según Salustio lugurt, 
en esta América se halló la provincia de los 
Chiches y Lares. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 9 1 

También hubo en la primitiva España los 
pueblos Lucanos ó Lucanses y de estos tomó 
nombre nuestro poeta español Luoano, y en 
esta América está la provincia de los Lucanas 
é indios Lucanos. 

Hubo también pueblos Lucanos en Italia y 
la ciudad de Luca. En las riberas del mar At- 
lántico, á la parte de África y enfrente de Es- 
paña, hay muchos pueblos nombrados BabUy 
segÚQ Nebricense, en el Diccionario de lugares 
verbo baba^ y al estrecho de Gibraltar cae la 
ciudad de Baba, según Paulo Galucio, en los 
Lugares de África, verbo baba^ y en esta 
América, junto á Guayaquil, está el río y 
pueblo de Baba, con que se ve que trajo ori- 
gen de aquel estrecho vecino á Cádiz, donde 
está dicha ciudad de Baba^ y en esta América, 
se hallaron los indios Ganares, según Juan 
Laert. lib. lo, cap. 13, núm. 40, y también en el 
cap, 10, en el principio, y sin duda fueron re- 
dundancia de los canarios, continuados anti- 
guamente con España por la isla Atlántida. 

18. Hace muy al propósito para lo que voy 
fundando, el ver que en esta América, entre 
Oruro y la ciudad de la Plata, está el cerro ó 
cordillera que llaman Libichuca, y á mi enten- 
der fué nombre traído de la primitiva España, 
en que hubo muchos lugares que comenzaban 



92 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

con la palabra Ubico, á contemplación de Hér- 
cules Líbico, de los primeros reyes que tuvo 
España, después de Tubal, según Venero, en su 
Enchiridión de los tiempos, fol. 46, vuelta. 

Este Hércules Líbico fué padre de Híspalo 
y reinó mucho antes de la fundación de Ronia 
y cerca de dos mil años antes del nacimiento 
deNuestro Señor Jesucristo, como se verá en el 
citado Enchíridión, desde la hoja 48, y también 
en el Cómputo de años del referido Cepeda. 

Entre las ciudades primitivas que fundó esto 
■Hércules, fué una Libísoca, como se puede ver 
¡en el licenciado Requena de Aragón, en su li- 
bro De la venida de S. Pablo á España, parte i'' 
desde el cap. 2, hasta el 6, y de esta ciudad 
hace mención Flavío Dextro, en la palabra Li- 
bísoca, diciendo: «Ipsa autem Libísoca propo 
Alearas hodie Leruza nuncupatur» y poco 
antes: «Erat Libísoca non ignobílis Urbs.» Lí- 
bísuca ó Libísoca la llama el cronista Fr. Gre- 
gorio Argais en su Población Eclesiástica de 
España, tomo I en el año 2200, De la creación 
del mundo, fol. 322, al ñn, é importa poco es- 
cribirse con ó ó con tu 

^jQuién no ve la mucha conformidad que 
tiene Libichuca de esta América con Líbisuca 
ó Libísoca de la primitiva España, y la mudanza 
de una ó dos letras en tantos millares de años, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 93 

no es de atender, pues aún en España vemos 
esta corrupción de vocablos; y Madrid^ nobilísi- 
mo emporio y corte de nuestra España^ primero 
se llamó Mantua y luego se fué resolviendo en 
menos letras y se llama Madrid, y en mi enten- 
der, aquí en las Indias este pueblo de Manta 
trajo su origen de la Mantua de España, que 
fué sitio de los carpetanos, y la palabra manta 
es castellana? 

19. Esta isla tan celebrada, de Ctiba^ en esta 
América^ y esas costas de CuBagna y Cubatagua 
^quién pondrá duda que tomaron nombre de dos 
dicciones de la lengua castellana, cuba, que 
significa yaso grande en que se guardan los vi- 
nos y de la partícula gua^ que, como dijimos 
arriba, es primitiva española, con que se signifi- 
caba el río y el agua. 

De paso advierto que entre los descendien- 
tes de Annon, uno se llamó Acuba, según Es- 
dras, lib. 3, cap. 5, núm. 29. 

20. En la Nueva España y provincias de 
Méjico, hubo una ciudad que se llamó Vacho, 
según Paulo Galucio, en su Teatro del mundo, 
en los nombres de América, en la palabra va- 
chics^ nombre que tuvieron estos indios de la an- 
tigua España, cuando gobernó Vacho y vino á 
ella con Luso y Pan, según dijimos arriba, á 
quien añado el puerto y villa de Andalucía, lia- 



94 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

mada Tarifa, de la cual me persuado tomó 
nombre Tarija, una de las provincias de esta 
América, y el tiempo le bastardeó una letra, y 
á semejanza de esto, hago el mismo discurso en 
esa provincia de Tarama é isla de Bahama, que 
todo parece alude á la antigua Jarama de Es- 
paña. 

21. En la isla de Santo Domingo de esta 
América, que llaman la isla Española, está aquel 
gran lago que llaman Giragua^ según todos los 
historiadores de esta América, y también soy 
de sentir que á este gran lago le pusieron este 
nombre los primitivos españoles, por aquel 
gran río que riega á Pamplona, llamado AragJ^ 
y en lengua vascongada Aragoa^ según el Padre 
Moret en la Historia de Navarra, lib. i, cap. 4, 
núm. 48, y hay poca diferencia del lago Gira- 
gua ó Aragua ó Aragoa. 

También pudo el lago Giragua denominarse 
de la ciudad de Girona, en Cataluña, y también 
me persuado de que ese pueblo de conchucos ^ lla- 
ma.doAurm2atra,]osu. origen del pueblo de Arin- 
sa en Navarra, de quien habla el mismo Padre 
Moret, poco há citado, en el lib. 2, cap. 2, nú- 
mero 25, ó del pueblo Ai?iza, del principado de 
Sobrarbe, según Rodrigo Méndez de Silva, en 
su Población de España, cap. 42, fol. 139, vuel- 
ta. El Curaca actual del pueblo de Oropesa, en 



ORIGEN DE LOS INDIOS 95 

Quispicanche, y los caciques, sus padres, retie- 
nen el apellido de A^^iza como es notorio, y en 
esa provincia hacia Areguipa los indios Arin- 
saias. 

2 2. En el reino de Aragón, tuvieron los an- 
tiguos vascones el pueblo Guarte Araquil 6 co- 
mo lee el P. Moret, lib. i, cap. 2, § 13, Ruarte 
Araquil en aquellas palabras: «Y así está Huar- 
te Araquil entre el río que corre el valle y otro 
arroyo que en la villa entra en él,» y en este 
pueblo de la primitiva España, parece tomó 
nombre la ciudad átGuayaquilÚQ esta América, 
que también se puede escribir con Hy aluden 
mucho Gicaiaquíl y Guarte Araqtiit, 

23. En el reino de Toledo hubo en lo pri- 
mitivo una ciudad llamada Caracas, que hoy se 
llama Guadalaiara, según Nebricense, en el 
Diccionario de lugares, en castellano, verbo 
Guadalajara^ donde observa que esta ciudad se 
llamó antiguamente Caracas, y Fr. Gregorio de 
Argaiz, tomo I de la Población de España, ver- 
bo Guadalajara, fol. 201, el cual no pudo po- 
nerse por los españoles que vinieron con Co- 
lón, porque muchos siglos antes se llamó Ca- 
racas la ciudad de Guadalajara, y así se reco- 
noce que los prirpitivos de Tubal ó de Héspe- 
ro, trajeron este nombre á las Indias. 

En esta América, junto á Guamanga, está el 



9^ DIEGO ANDRÉS ROCHA 

pueblo de Acoria y me persuado que trajo su 
origen del antiguo pueblo de Coria en España, 
también hubo en Egipto otro nombre de ciu- 
dad que se llamó iVcoria, según Nebricense, en 
el Catálogo de lugares, verbo Acoria, hay tam- 
bién un pueblo de indios llamado Coria, en 
Indias. 

24. En la América Septentrional está la tie- 
rra y pueblo de Guajaca, celebrado por su ca- 
cao y chocolate, y en España Tarraconense, se 
halla la muy antigua ciudad de Jaca y el obis- 
pado de Jaca es sufragáneo de Zaragozay tam- 
bién las montañas de Jaca fueron y son muy ce- 
lebradas en España, conque Guajaca tiene mu- 
cha similitud con esta antigüedad, y la partícu- 
la Gua^ que se añade; ya hemos dicho arriba 
que es primitiva de España á que añado que 
en la jurisdición de Santa Fé de esta América, 
está el río y tierra que llaman Guayana, que,, 
sin duda, trajo su origen delrío Guadiana, anti- 
quísimo en España. 

Esa antiquísima provincia Pucarani, que en 
lo antiguo se llamó Quesea-Marca, según el Pa- 
dre Calancha, lib. 4, cap. 13, núm. 3, bien se 
vé lo que alude á la ciudad de Huesca> en Ara- 
gón. 

25. K\ principio de la fundación de Espa- 
ña, leemos en las historias antiguas, que el rey 



ORIGEN DE LOS INDIOS 97 

S'coro fundó la ciudad de Pallas en los Piri- 
neos, como lo trae Fray Gregorio de Argaiz en 
su Población de España, tomo I, nüm 174, fo- 
lio 167, en estas Indias están los A ch- Pallas en 
la provincia de Popayan, la Pallasca en Bom- 
bón, Pallaranca, hacia Guayaquil. 

También llamaban los indios, Palias á las 
Reinas. 

26. Ochandui, ó como leen otros, Ochandu- 
ri, fué lugar, y pueblo en la Rioja y también en 
Navarra, casi desde el tiempo de Tubal, dícelo 
el mismo Fr. Gregorio de iVrgaiz, tomo I, en el 
año de la Creación del mundo 1800. En este 
reino, hacia Manta, está el pueblo de Chan- 
duí. 

El mismo, autor en dicho año 1800, dice 
que también fué pueblo de la primitiva Uraba 
y aquí, en la América, hacia Méjico, está el 
golfo de Uraba y en la provincia del Oro otros 
pueblos del mismo nombre. 

El mismo Fr. Gregorio de Argaiz, tomo I, 
fol. 126, pone en la primitiva España el pueblo 
de Ubamba, diciendo: «La villa de Ubamba, 
que vulgarmente llamamos Bamba está de Va- 
lladolid tres leguas.» 

^Quién habrá que niegue, que de este origen 
vino Urubamba de las Indias, y más cuando 
este autor nos deja dicho en estos lugares, que 

7 



<;v^ DIEGO ANDRÉS ROCHA 

miichos de la primitiva España, comenzaban 
co 1 la partícula ¿7/-? 

27. Onda, fué lugar de la primitiva España^ 
fundóle el rey Sicoro, como lo advierte Rodrigo 
Méndez de Silva en su Población de España, 
part, 2, cap. 13 y en esta América, en el reino 
de Santa Fé, está el pueblo y puerto de Onda. 
Voga, río antiquísimo en Portugal, como ad- 
vierte Antonio Nebricense en su Diccionario de 
lugares en romance, verbo voga, y de aquí pre- 
sumo tomó nombre este río de tierra firme Ta- 
boga, y aun también el de Bogotá, de Santa Fé, 
y este pueblo de Buga en Popayan, y su crecido 
río, creo tuvo su origen del río Boga de Es- 
paña; también pudo el pueblo de Buga traer 
su origen del pueblo de Bugia, que aunque caía 
en África, fué posesión de españoles, según el 
mismo Nebricense, en el Diccionario general 
de lugares, verbo httgía en aquellas palabras: 
«Bugía vrbs Africse, ab Hispani obtenta.» 

28. ¿Quién pondrá duda, en que este pue- 
blo de indios, que está hacia Cochabamba de 
esta América, llamado Tupisa, trajese su origen 
de la antigua ciudad Tubisa, que fué junto á 
Tortosa, como reñere Fr. Gregorio de Argaíz 
en su Población eclesiástica de España, tomo I, 
en el año 2140, de la Creación del mundo, fo- 
lio 311. 



ORGIEN DE LOS INDIOS 99 

Los indios no usan de la /' ni de la /^ y 
la vuelven en/, y así dicen Prancisco y Perna- 
bé por Francisco y Bernabé, y así á Tybisa la 
nombraron Tupisa, y también es fácil, volvien- 
do la b quedar en/. También hubo en España el 
pueblo de Iturisa, Nebricense, verbo itui'isa. 

29. En esta América hay una isla nombrada 
Dagoa, según Paulo Galucio, en su Teatro del 
mundo, en las islas de América, verbo dagoa^ y 
me parece que es nombre de los antiguos cán- 
tabros, h.iisa fué ciudad de Aragón, unos quie- 
ren que sea Albarracín; otros, Vique^ según el 
citado Fr. Gregorio de Argaiz, tomo I, fol. 206, 
y en esta América, en Farinacocha^ el principal 
pueblo se llama Paitsa^ con que parece trajo su 
origen de ausa. 

También hubo en la primitiv^a España, en 
Aragón, el pueblo de Lausa^ según el citado 
Fr. Gregorio de Argaiz, tomo I, en el año 2626, 
fo^- 355^ Lauta y Pansa aluden mucho en- 
tre sí. 

30. En esta América se halló el pueblo y 
provincia de Caitta y en España, janto á Tor- 
tosa, estuvo la ciudad de] Cantavecha^ esto es, 
Canta la Vieja^ como lo prueba el cronista Fray 
Gregorio de Argaiz, en su Población de Espa- 
ña, en el año 3769, tomo I, fol. 419, conque de 
aquel origen vino á esta América el nombre da 



lOO DIEGO ANDRÉS ROCHA 

canta, y también pudo ser que lo tomasen de la 
Cajiiabría, 

31. En España hubo un pueblo llamado 
Oc7'0Sy que hoy retiene el nombre de Ocroy ó de 
San Miguel de Ocroy^ junto á la ciudad de Toro. 
En esta América se halló el pueblo de Oc7'0Sy 
que es doctrina de clérigos en este arzobispado. 
Vana es villa antiquísima de España Tarraco- 
nense, fundada en tiempo de Tubal, como ad- 
vierte el citado Fr. Gregorio de Argaiz en el 
tomo I, fol, 20, verbo lana^ y Rodrigo Méndez 
de Silva, en su Población de España, parte 3, 
cap. 53, fol. 216. Y en esta América está la es- 
tancia y pueblo de lana^ en el gobierno de Cas- 
tro Vireina, y lana Urco en Quito y en Cuzco, y 
de esta raiz se puede inferir se nombraron los 
indios lanaconas. 

Frías^ fué ciudad de la primitiva España, en 
el valle de Tobalina de los Cántabros como 
dice el citado Fr. Gregorio de Argaiz, cíi su Po- 
blación de España, tomo I, fol. 48, v^xhofrias. 
En esta América, en el corregimiento de Piura 
se halló el pueblo de Frías ^ que es de indios, 
y Doctrina de los religiosos de la Merced, de 
esta provincia de Lima. 

32. Fica es lugar antiguo de España, junto á 
Ciudad-Rodrigo, y hubo otros lugares en ella 
de este nombre, y en esta América, más arriba 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



lOI 



'de Arica, está el valle y pueblo de Pica. En Es- 
paña también hay un marquesado de Pica y de 
Mal-Pica. En esta América, en la provincia de 
Bombón, están dos pueblos llamados el uno 
Víco^ y el otro lasco, y tengo por cierto que el 
del pueblo de Vico trajo origen de los primeros 
españoles que después de Tubal vinieron á po- 
blar estas Indias, y que le pusieron á este pue- 
blo de B ambón el nombre de Vico^ á similitud 
pueblo de Vico en Cataluña, que fué de la pri- 
mera fundación de España, aunque con el 
tiempo se corrompió y le llamaron Vlque^ lla- 
mándose en su origen Vico caliente, como ad- 
vierte Paulo Galucio en su «Teatro del mundo» 
en los lugares de Europa, en la palabra, vi- 
que, 

2,2,' Calig fué villa de la primitiva España, 
en los confines de Cataluña, según Rodrigo 
Méndez de Silva, en la Población de España, 
parte 2.% cap. 46, fol. 114; y en est? América, 
en el gobierno de Popayan, está la ciudad de 
Cali, de la cual diré más abajo en el cap. 3. 

Hubo también, y hoy dura, en Vizcaya, \i 
vüla de Lcqueito^ que hoy llaman Lequeiiio, 
aunque Fr. Gregorio de Argaiz, ya citado, en 
el índice último, observa deberse llamar Le- 
queito y alude mucho Lequito de España con 
el Quito del Perú, aunque .algunos quieren que 



I02 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

este se denominase de un cacique así nombra- 
do, y juzgo que el cacique tomó el nombre á^l 
lugar, y están muy parecidos L¿ Quáto y El QiiiíO^ 

34. Urco y Orco, fueron lugares de la pri- 
mitiva España, según Fr. Gregorio de Argaiz, 
en su Población de España, tomo I, en el año 
i3oo de la Creación del [nundo, fol 263. 

Y en estas Indias, en la provincia del Quito, 
llaman Urco al cetro, y en ia lengua Quicha le 
llaman Orco. 

También dice en este lugar que hubo otro 
en la primitiva España que se nombraba Ur- 
canqui, que es palabra conocida del Inga. 

Hubo también en España la ciudad de VI- 
¿ica, en la Cantabria, según el citado Argaiz, 
tomo I, fol. 462, y de aquí parece vino la últi- 
ma dicción de Guanea- Vélica, en esta x\mérica. 

35. Eu. esta América está el pueblo de Tusa 
en los Pastos, que parece trajo origen de Der- 
tusa^ en Cataluña, que hoy se llama Tortosa, y 
antes se llamó Derlosi, y en el principio Der- 
tusa, según el cronista Fr. Gregorio de Argaiz,, 
ubi su pr a, en la palabra Tortosa, y más abajo, 
fol. 311. 

En la provincia de Popayan y jarisdición de 
los Pastos, Q^i^iw Ja canaca he y Jaquanqi¿er, nom- 
bres ambos que aluden á lugares de P^spaña, 
así al pueblo de jaca en los Vascones, de que 



ORIGEN DE LOS INDIOS 103 

trata Fray Gregorio de Argaiz^ tomo I, fol. 65, 
núm. 120, como á lalanquer, alias Alanqaer, 
que después se nombró lerobrica, según Ne- 
bricense y Rodrigo Méndez de Silva, en su Po- 
blación de España, parte 2.% cap. 34, ibi: «En 
las ruinas de lerobrica.)^ 

36. En el reino de Santa Fé, de América, 
está el valle de Ney7ia, y este nombre le hubo 
en la primitiva España desde el tiempo que 
dominaron en ella los griegos, como lo dice 
Rodrigo Méndez de Silva, en su Población ge- 
neral de España, parte 2.% cap. 117, explican- 
do la villa de Neyna^ y dice está en la comarca 
de Viana, 

El P. Fray Antonio Calancha, en su Crónica 
del Perú, lib. i, cap. 15, núm. 2, dice que no 
se ha podido averiguar de dónde se deriva el 
nombre de la ciudad del Cuzco, corte de los 
Ingas, y yo he presumido que trajo origen de 
la antigua ciudad de Osca^ de Aragón ó de An- 
dalucía, según Nebricense, en el Catálogo de 
lugares, verbo Osca^ el primero y el segundo, y 
así como Osea se llamó luego Güesca ó Hues- 
ca, mudando la o en u, y se añadió la g, así en 
el Cuzco, se añadió al principio la <; y los in- 
dios hablan con perfección y le llaman Cosco 
y debían decir Cosca. 

37. El pueblo de Caraz de esta América, 



I04 DliüGO ANDRÉS ROCHA 

en la provincia de Guailas, bien se ve ser par- 
te de Alcardz, de la Mancha, en España. 

En la primitiva España se llamó Urama la 
ciudad de Osma, según Paulo Galucio en su 
Teatro del Mundo, en los nombres de Europa, 
verbo Osma. 

Segura y lugar en el reino de Murcia, á quien 
llama Ptolomeo Secimria, según el Nebricense, 
verbo Se?iciiría, alude mucho á Sechura^ pueblo 
vecino á Payta^ y la g, tiene fácil tránsito á la c^ 
como en el reino de Navarra, donde está el 
pueblo de Bec/iera, que después se llamó Bi* 
güera, y según el P. Moret, en la Historia de 
Navarra, lib. i, cap. 6, § 5, núm. 49, y en latín 
decimos Michael y en castellano Miguel. 

38 Los indios conaicos de esta América, que 
proceden del pueblo de Conaica, en Guancabe- 
lica, concuerdan en todo con los primitivos es- 
pañoles, llamados canaicos, de que hace men- 
ción el citado Padre Moret, lib. I. cap. 6, pá- 
rrafo 2, núm. 20, al fin. 

Canta^ ciudad primitiva de España, de quien 
tomaron nombre los cántabros, el mismo Padre 
Moret, en el citado cap. 6, § final, al {\xiy y ya 
hemos dicho que en esta i\mérica se halló el 
pueblo y provincia de Canta. 

También los cántabros se llamaron Tusos y 
Tuisos, según el Nebricense, y en la provincia de 



ORIGEN DE LOS INDiOo 



105 



Quito están los lusos, del pueblo de Tusa, y los 
Fas tusos. 

En el Norte Antartico de e,>ta América está 
la ciudad y región de Luarc, y Luarca; fué ciu- 
dad de los asturianos, según el P. Moret en su 
Historia de Navarra, lib. i, cap. ó, § 4, desde el 
núm. 40. 

En la Cantabria hubo en la primitiva España 
los pueblos de Bey Sama y Segi-Sama, según el 
P. Moret, ubi supra, lib. i, cap. 6, § 4, desde el 
núm. 46, y en esta América, junto á Arica, está 
el pueblo de Sama, 

39. No solo he hallado conformidad en lo's 
pueblos,. montes y ríos entre los primitivos de 
España y los de esta América, sino también 
en los nombres y apellidos de las personas. 

Uno de los reyes de este Perú se llamó 
Paulo, que aunque este apellido es de la fami- 
lia Emilia, en Roma, se comunicó también á 
España, y pudo pasar este apellido en aquel 
célebre viaje^ que dijimos habia hecho Han- 
non. 

Que uno de los reyes de esta América se 
llamase Paulo, lo prueba Fr. Gregorio García, 
en su lib. 4, del Origen de los Indios, cap. 19; 
§ I, en el fm, diciendo: «No dejaré de advertir 
aquí como se llamó Paulo uno de los reyes del 
Perú> y entre los reyes ingas hubo uno que se 



Io6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

llamó Sinchí Rocha, hijo del primer inga Man- 
gocapac, según dice Juan Lacrt, en su Des- 
cripción de este Nuevo Orbe, lib. ii, cap. 12, 
donde acabando la cronología de Mangocapac, 
primer inga,, dice: 

«Huic succesit, Sinchi Rocha.» Este apellido 
Rocha es de lo más antiguo de España, y le hay 
en Cataluña, de donde yo tengo origen, halle 
también en Extremadura y Portugal, y fué de lo 
primitivo aquel castillo llamado Rocha Frida 
del pueblo de Orche, en el reino de Toledo, 
según, Paulo Galucio en su Teatro del mundo, 
eu los nombres de Europa, verbo orche ^ y aun- 
que algunos historiadores llaman á este, segun- 
do rey inga, Sinchi-Roca, lo mismo es Rocha 
que Roca, dícelo Juan Laert, ubi supra. ¡«Demás 
de ser lo mismo Rocha que Roca, y uno y otro 
es primitivo castellano, y la /^ no es letra, y yo 
tuve dos tíos, D. Jiían Roca y D. Martín Roca, y 
mi padre se llamó Rocha, siendo de un origen 
y ambos apellidos de Cataluña, en su raíz. 

Añado que también el nombre Mangocapac 
es primitivo de España; mango significa el cabo 
ó principio de alguna cosa, según Nebricense^ 
en su Diccionario castellano, verbo mango] ca- 
pac alude á capa. 

40. Otros nombres he hallado de la primiti- 
va España y de esta América que persuaden 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



107 



mucho la conformidad que vamos asentando. 

Entre los indios, la palabra Vira es de la 
primitiva lengua de los americanos, con que 
significaban la grosedad y la manteca, y tam- 
bién lo ^blanco, y por eso á la espuma dej 
mar llai.iaban Vira, porque reluce como plata y 
de esta similutud en la última conquista de 
nuestros españoles, viéndolos blancos los lla- 
maron Viracochas, juzgando eran espumas del 
mar, por donde vinieron, y esta palabra Vira es 
de lo muy primitivo de España, con que en esta 
se significaba lo blanco y argentado, y á las vi - 
rillas de plata que usaban las mujeres en cha- 
pines, chinelas y otras vinchas llamaban viras 
en plural y vira en singular, como explicando la 
palabra vira, lo advierte el P. José Moret en su 
Historia de Navarra, lib. i, cap. 5, núm. 35. El 
cual también advierte en el núm. 55 que esta 
Dalabra Zango y la palabra Zanca, son primiti- 
vas españolas, que significan la pierna, como es 
notorio, y en el indico idioma chanca, y yo 
añado otras palabras muy semejaates en la pri- 
mitiva España y en esta América, en la cual, la 
paiabra Mozoc significa cosa nueva y reciento 
y en España al muchacho llamamos mozo. 

También estos americanos llaman al viejo 
machu y á la cosa vieja Macuá ó Mauca. Lo 
cual remeda mucho al primitivo castellano, que 



;to8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

al hombre maduro y anciano llaman machucho, 
como los indios machu; también observo que la 
palabra zancos es de lo primitivo do España, y 
así decimos: «El ruin puesto en zancos,» y aquí 
en esta América, en la provincia de Guamanga, 
se halló un pueblo, y hasta hoy dura, llamado 
Zancos, que está situado en una altura. Cocha 
también en lo primitivo de España es lago, y ea 
las Indias laguna ó mar. 



I 



^i=>§<=>^ 



Pénense 7ntLchos usos y costumbres en que confor 
maf on los primitivos espaííoles y estos a^nej^i- 
canos. 



T. Muchas cosas he hallado en las historias de 
usos y costumbres que tuvieron nuestros anti- 
guos españoles, conformes en todo con las que 
hallamos en estos americanos. 

Pintábanse los primitivos españoles con el 
bermellón, que en latñi llaman minium y en. 
griego miltos, y de los españoles aprendieron 
este afeite del rostro los romanos y de España 
lo llevaban, según Plinio, lib. 33, cap. 7. 

El bermellón se saca de la misma mina que 
se saca el azogue, como es notorio, y en Espa- 
ña se daban las minas de azogue y hoy dura la 
del Almadén y otras. 

Los americanos usaban de este mismo usa 



no DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de pintarse el rostro con el bermellón, que 
ellos llaman Llinnpi y cabaron muchas minas de 
azogue en esta América, solo por usar del ber- 
mellón, como latamente lo prueba el Padre 
Fr. Gregorio García en el lib. 4 del Origen de 
los Indios, cap. i9,§ 2^ aunque este autor preten. 
de que este uso le aprendieron que los indios de 
los romanos, siendo más natural lo aprendiesen 
de los primitivos españoles, donde se daba el 
bermellón, y en ella era el uso y tráfico de este 
color, según Juan Botero en sus Relaciones del 
mundo, i.^ parte, lib. i, y qx\^o Andalucía ^-^ mé.^ 
cuando los primeros pobladores de estas Indias 
fueron españoles, y ha querido Dios que un au- 
tor tan grande como el licenciado Cepeda, en 
su Resumpta Historial de España, lib. i, cap. 4, 
nos haya dejado advertido que los primitivos 
españoles usaban pintarse el rostro con el ber- 
mellón, y que á su imitación hacían lo mismo 
los indios, dice, pues, fol. 16, vuelta, hablando 
de los primitivos españoles: «Usaban pintarse 
las caras con almagre ó bermellón todos los 
días, cosa que hacen los indios,» y así, lo traje- 
ron de aquel origen. 

2. Los antiguos españoles usaron de la be- 
bida que llamaban cesia y ceria, la cual hacían 
de trigo y cebada y otras raíces, según escribe 
Ravisio Textor en su Ofñcina, lib. 4, cap. 44, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



III 



diciendo: «Exfrugibus inquit Plinius, lib. 22, 
fiuní potus^ Zithum ^gypto, coelia et caeaea in 
Hispania;» y usaron mucho esta bebida los de 
Numancia, como dice el P. Moret en la Historia 
de Navarra, lib. i, cap. 5, § 4, núm. 49. 

De estos nombres, en mi entender, tomó 
nómbrela chicha, que usaban estos indios, la cua^ 
hacen de trigo do las Indias, que llaman maíz 
y de otras raíces, y me hace mucha armonía el 
ver la bebida primitiva de España, llamada ce- 
rea, que alude mucho á la zara ó zora de que 
estos americanos hacen la chicha, y también ten- 
go observado lo que dice Celio Rodigino, li- 
bro 18, cap. 22 de sus Lecturas antiguas, que 
los antiguos españoles eran ^Hydr ópatas, que 
quiere decir bebedores de agua y otrcs licores, 
aunque en su rigorosa significación la palabra 
griega Hydropates, significa, no solo el bebe- 
dor de agua, sino aquel que bebe más que come, 
y en esto les imitaron mucho estos americanos, 
que se sustentan más con la bebida de la chicha 
que con otros manjares. 

Aquí viene bien otro reparo muy singular 
para ver cuánto participaron estos americanos 
de los primitivos españoles, porque en la len- 
gua de los Indios Zarasua significa robador del 
maíz ó trigo de las Indias, y Zarasua es un ape- 
llido de Vizcaya, y es verosímil que los indios 



112 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

llamasen Zara al trigo de las Indias, infirién:Io- 
lo de la palabra Zaranda ó harnero. 

3. Es hilación de lo que acabamos de de- 
cir el uso que tuvieron estos americanos de ha- 
cer vino de avena, de que usaban en sus belli- 
das, como dice Antonio de Flerrera en su His- 
toria Indiana, lib. 9, década 6, cap. 4, costum- 
bre que también tuvieron en sus bebidas los 
primitivos espafioles, haciendo estos vino de 
avena, y así dice en el lugar citado: «Estos ame- 
ricanos hacían vino de avena, como se observa- 
ba antiguamente en España, y sin duda, de ella 
trajeron los primeros pobladores del Perú este 
uso, porque no he leído de otra nación que hi- 
ciese semejante género de vino, y fué de lo pri- 
mitivo de España. 

4. Usaron también estos indios de barcos 
hechos de cueros de lobos marinos, con que 
hacían navegaciones muy distantes á las islas, 
según lo dejó advertido Fr. Gregorio García^ 
lib. I, del Origen de los Indios, cap. 4, § i, di- 
ciendo: «Cuentan los indios de lea y los de 
Arica, que solían antiguamente navegar á unas 
Islas al Poniente muy lejos, en barcos de cueros 
de lobos marinos» y esta fué costumbre do 
nuestros primitivos españoles, que en el mar 
Atlántico hacían barcos de cueros de vacas,, 
como dice el licenciado Cepeda en la Resunip- 



Origen de los indios 



II 



ta, lib. I, cap. 4, diciendo: «Los montañeses se 
ocupaban en querer ocupar á Inglaterra, y las 
embarcaciones las hacían con cueros de vacas.» 
Y los primitivos vizcaínos hicieron largas na. 
vegaciones hasta Islandia en estas embarcacio- 
nes de pellejos, según Méndez de Silva, en su 
libro de la Población de España, en la descrip- 
ción de Vizcaya, fol. 235, vuelta. 

Muy cerca del tiempo de Tubal, se usó en 
el Occeano de estas embarcacioneshechas.de 
los cueros á que alude Ravisio Textor, en su 
Ofñcina lib. 4, cap. 70: «Antiquitus naves fia- 
bant excorio circumsutse in Occeano;» y lo mis- 
mo se usó en el Occeano Hiperbórico, y en la 
Noruega, que las conservaron por mucho tiempo, 
según dice Juan Botero y el que le tradujo, li- 
cenciado Diego de Aguiar en las Relaciones del 
mundo, i.^ parte, lib. 6, verbo Islas del Occeano 
Hiperbórico y en el lib. 4, § Península ^epteit- 
trio7ial\ y así de aquellos primitivos españoles 
de Tubal ó del rey Héspero, trajeron estos ame- 
ricanos el uso de las embarcaciones de cuero. 
5. También he tenido por muy eficaz conje- 
tura para fundar que estos americanos vinieron 
de los primitivos españoles, el considerar que 
en la primitiva España, hacían en los caminos, 
para distinción de ellos, unos arracifes y calza- 
das, de que hoy permanecen en España muchas 

8 



114 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

señales, y trata de esta antigüedad el licenciado 
Requena de Aragón en su libro de la Venida 
de San Pablo á España, i.* parte, cap. 4, dicien- 
do: «La gran obraMe las calzadas en España, 
por otro nombre arracifes, que el día de hoy 
se ven rastros de ellas.» 

Esto mismo observaron estos indios en su 
gentilidad, y del Cuzco, corte de los ingas, sa- 
lían cuatro calzadas, que servían de caminos 
reales á todo el Perú. 

La una llamaban Chinchasuio, por donde 
se iba á los llanos y serranía hasta el Quito. 

Otra Condesuio, que corría para las provin- 
cias del Cuzco y Arequipa. 

Otra Andesuio, camino real á las provincias 
de los Andes y pueblos de la otra banda de la 
cordillera. 

La última, Collasuio, que corría á las provin- 
cias de Chile, y todo esto lo aprendieron de los 
primitivos españoles, que dividían sus caminos 
reales y calzadas en forma semejante. 

6. Pasemos de estas calzadas y demos pa- 
sos adelante. 

Observaban estos americanos poner en los 
sepulcros de sus mayores, cuando eran ilustres, 
las insignias y armas de su linaje, según advier- 
te el docto Fr. Gregorio García, que fué mu- 
chos años cura doctrinero en este Perú, y de 



ORIGEN DE LOS INDIOS II5 

estos sepulcros se hallan muchos en el Callao 
y en Méjico, y como de otras cosas de los ritos 
<ie estos indios, nos dejó advertida esta en el 
libro último del Origen de los Indios, cap. 8, 
cosa que le causó á este autor admiración; y 
dice que esta costumbre de poner las insignias 
de sus mayores en los sepulcros, es propia de los 
antiguos españoles, y sin duda de ellos lo apren- 
dieron. 

7. No pasemos los cristianos muy aprisa 
de los sepulcros, que suele hallarse en ellos 
mucho de bienes espirituales, y también tempo- 
rales, y han sido maestros de desengaños á mu- 
chos soberbios, y libros muy retóricos, aunque 
mudos, para muchos descuidados, y también 
para advertidos. 

Vamos, pues, con estos sepulcros, y hallare- 
mos que los antiguos españoles se enterraban 
con muchas riquezas, según escribe Casiodoro 
en sus Epístolas, costumbre que también obser- 
varon los babilonios, según Herodoto. Los egip- 
cios y etiopes, como escribe Diodoro, y los 
griegos, según S. Juan Crisóstomo. También te- 
nían costumbre de enterrarse con sus reyes los 
primitivos españoles, como dice Plutarco en la 
Vida de Sertorio, desde aquellas palabras: «Po- 
rro cum moris esset Hispanici» y ambas cosas 
las observaban estos americanos, en cuyos entie- 



Il6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

rros se han hallado grandes riquezas, como ad- 
vierte el gran consejero D. Juan de Solorzano en 
su Política, lib. 6, cap. 5, desde el fol. 957, y 
cuando morían sus reyes é Ingas, era grande la 
multitud de su familia que se enterraba con 
ellos, según dicen todos los historiadores de 
este Perú; y cuando murió Guainacapa, dice el 
Padre Calancha, en su Crónica libro i. capí- 
tulo 16, núm. g, que enterraron con él 1000 
personas de su servicio, para que lo fuesen á 
servir á la otra vida, y que á porfía pleiteaban 
el morir, y enterrarse con él, de que también 
trata el gran consejero D. Juan de Solorzano, 
en su Política, lib. 6, cap. 5, fol. 955, desde 
allí: «Pero los mayores, v/^rs y lo que juzga- 
ban.» 

8. Entre los americanos, el hermano llama á 
la hermana Fa/ii^ y la hermana llama al herma- 
no 7>/r2 y el hermano al hermano Guanqiil y 
todo esto fué uso, estilo y costumbre de la pri- 
mitiva España del tiempo de Tuba), y como 
quedó aquel idioma y hoy se conserva en Viz- 
caya, conservan juntamente esta distinción de 
dar diferente nombre al hermano y á la herma- 
na y al hermano varón, respecto de otro va, 
ron, y así el hermano llama á la hermana Are- 
beüj y la hermana al hermano Nebea y un her- 
mano varón á otro hermano varón, llama Añasca 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



117 



que es notable conformidad con estos america- 
nos. 

9. Demos otro paso para apurar la verdad 
del caso; en aquellas dilatadísimas provincias 
que por Santa Cruz de la Sierra corren al Nor- 
te, donde residen los indios hetatinos, tapuíes, 
chiriguanas, guarayos y paitites, tienen todos 
por tradición que descienden de los españoles; 
escríbelo asíJuanBotero,ysutraductor, Diego de 
Aguiar, en las Relaciones del mundo, 1/ parte, 
lib. 5, en la palabra: «Santa Cruz de la Sierra», 
donde hablando de los indios referidos, dice: 
«No estiman á ningunas otras gentes sino á los 
españoles, de quienes estos indios dicen des- 
cienderi. De alguna causa les viene á estos in- 
dios esta inteligencia, porque la tuvieron de sus 
mayores, que quizás les enseñaban que después 
de muchos siglos les habían de venir á buscar 
de aquellas tierras de donde salieron los pri- 
meros que se avecindaron en esta América ó la 
tuvieron del demonio, con quien hablaban muy 
frecuentemente en sus ídolos, según se advier- 
te en el lugar citado. 

Y del origen de las naciones, á quien más 
se cree, es á los naturales de la tierra donde se 
busca su origen, como dice Marsilio Lesbio ro' 
ferido por Fr. Gregorio de Argaiz en su Pobla 
€ión eclesiástica de España, tomo I, fol. 277, en 



11^ DIEGO ANDRÉS ROCHA 

el año 1550 de la Creacióndel mundo: «Dcgen- 
tis antiquitate^dice Lesbio, et origine magis cre- 
ditur et ipsigenti, vicinis quam remotis, et ex- 
trañéis.» 

10. Otras costumbres tengo observadas de 
gran conformidad, porque los primitivos espa- 
ñoles solían abrigar en sus viviendas á los ani- 
males, y dormían entre ellos, como dice Gem- 
ma Prisio, en un Tratado que escribió de Crisi- 
bus\ aUeri in morehabebant, aratorios bobes et 
arietes in cubilibusnocte aggregare; credebant 
enim animalíum halituet etiam excrementis seris 
infectionem evacuar!. » Esta costumbre de dor- 
mir entre los animales caseros, fué tan propia 
de estos americanos, que hasta hoy la conser- 
van. 

11. Estos indios, en su gentilidad, observa- 
ron el uso de la miel en el Brasil y en ambas 
Américas, Meridional y Septentrional, como es 
notorio, y nuestros españoles la labraron ense- 
ñados de Gorgor, que fué de los primitivos re- 
yes de España, como dicen Cepeda y Venero. 
Este Gorgor, fué el que enseñó á labrar la miel 
á los españoles, como dice Ravisio Textor, en 
su Oífcina, lib. 4, cap. 102, donde poniendo los 
inventores de las cosas: «Gorgeris, mellis usum 
apud Hispanos» que de Gorgor aprendieron el 
uso y fábrica de la miel los españoles, y de 



ORIGEN DE LOS INDIOS II9 

ellos lo trajeron aprendido los primeros ameri- 
canos; y advierto de paso, que este pueblo que 
está entre Tarama y Guancabelica, llamado 
Gorgor, sin duda tuvo su origen á contempla- 
ción de aquel primitivo rey de España llamado 
Gorgor, como diré en el § 5, aunque otros le 
llaman Gorgor ó Gorgor o, 

12. Los españoles primitivos usaban de la 
poligamia, esto es, que tenían á un tiempo mu- 
chas mujeres en matrimonio, según su rito, y 
esto les duró hasta el tiempo del rey D. Rodri- 
go que solo les permitió que tuviesen dos, tres, 
y aun cuatro mujeres, como se podrá ver en la 
Historia del rey D. Rodrigo y pérdida de Espa- 
ña, escrita por Abulcarín Tarif y traducida por 
Miguel de Luna, 2.^ parte, cap. 2, y esta misma 
pluralidad de mujeres tuvieron estos americanos, 
y fué en la última conquista lo más dificultoso 
de vencer en ellos, y en muchas naciones no se 
ha podido conseguir el que se contenten con 
una sola mujer, como en Chile, Darien y otras 
naciones de los mainas, chiriguanas, paitites y 
otros caribes. 

13. Tengo también por verosímil de que los 
primitivos españoles de Tubal y de Héspero, 
fueron los primeros que entraron en esta Amé- 
rica, porque unos y otros no tuvieron historias 
escritas, ni letras, ni caracteres con que formar- 



I20 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

las, y como estos americanos en más de 3000 
años estuvieron ignorados de las otras tres par- 
tes del mundo^ no tuvieron maestros que los 
enseñaran los elementos ó caracteres de las le, 
tras ó fuesen inventadas por los fenicios, ó por 
los griegos, ó por los hebreos, ó por los cal- 
deos. 

Que estos indios no tuviesen uso de letras, 
lo enseña la experiencia, y también los muchos 
autores, que cita D. Juan de Solorzano, De In- 
diar. jur. tomo I, lib. i, cap. 9, núm. 31, desde 
aquellas palabras: «Apud iftos indos occidenta- 
les nullas litteras in ussu fuiffe» y Fr. Gregorio 
García, lib. 4 del Origen de los Indios, cap. ó 
§ I, diciendo: «Los indios carecieron de letras' 
y no fueron curiosos en hacer memoria de su 
verdadero origen.» 

De los españoles primitivos, ya dijimos arri- 
ba cómo aborrecieron las letras, artes y ciencias, 
y cómo vivían sin política en los campos, dividi- 
dos unos de otros, y en esta Era vinieron los 
primeros pobladores de este Perú, y hasta que 
fueron los españoles dominados de los roma- 
nos, no supieron de letras ni ciencias, como ad- 
vierte el licenciado Cepeda en su Resumpta 
historial de España, lib. i, cap. i, fol. 4, á la 
vuelta, desde allí: «Los ingenios do los españo- 
les.» 



ORIGEN DE LOS INDIOS 121 

Y el USO de las letras, que tuvieron con la 
entrada de los romanos en España, también le 
perdieron con la entrada de los godos, según 
el citado Fr. Gregorio García, lib. 3, cap. 5, al 
fm, diciendo: «De nuestra España, sabemos que 
se perdieron en ella las letras con la venida de 
los godos, en cuyo tiempo resucitaron con har- 
to trabajo,» y los griegos perdieron también en 
algún tiempo las letras, como escribe Platón en 
su Timeo. 

14. Es digno de reparo, en lo que acabamos 
de decir, de que los primitivos españoles reci- 
bieron el uso de las letras y artes de los roma- 
nos, que parece que antes tuvieron el uso de 
ellas con las dos entradas que hicieron en Espa- 
ña los fenicios, mucho antes que la dominasen 
los romanos, y entonces parece que comenza- 
ría el uso de las letras en España, porque á los 
fenicios atribuyen muchos la invención de las 
letras, todo lo cual se puede ver en Fr. Grego- 
rio García, lib. 4 del Origen de los Indios, ca- 
pítulo 22, hacia el fin; pero antes de la entrada 
de los fenicios en España, habían venido á esta 
América, los primitivos españoles de Tubal y 
de Héspero, cuando no había uso de letras, y 
aunque dominaron á España los cartagineses, é 
hizo Hannon desde España aquel viaje á estas 
Indias, lo más que pudo traer fué el uso de es- 



122 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

cribir por pinturas, como lo usaban los cartagi- 
neses, y esto también lo aprendieron los ameri- 
canos en aquellas partes de Méjico y en algunas 
de este Perú. 

15. Concordaron también estos americanos 
con los primitivos españoles de Tubal, en que 
unos y otros no conocieron el uso y cultivo del 
trigo; fpues según dice el licenciado Francis- 
co de Cepeda en su Resumpta historial de Es- 
paña, lib. I, cap. 2, fol. 9, vuelta, en aquellas 
palabras: aEn España pasaron más de mil años 
primero que se conociese el trigo, hasta que 
Abidis, vigésimo segundo rey de los antiguos de 
España, dispuso que le trajesen de Egipto,» y 
antes de este rey Abidis, vinieron los primiti- 
vos españoles á esta América, poco después de 
Tubal ó en tiempo del rey Héspero, que prece- 
dieron muchos años al rey Abidis, y entonces 
los primitivos españoles no trataban de frutos 
industriales, como dijimos arriba, y se conten- 
taban con lo que daba la tierra de frutos natu- 
rales y frutas silvestres, según dice Cepeda en 
el lugar poco há citado, y aun cuando conceda- 
mos que Hannon hizo viajes á esta América en 
tiempo de los cartagineses que dominaron á Es- 
paña después del rey Abidis, con que ya usa- 
ban de frutos industriales los españoles. 

Este viaje de Hannon fué único y solo y sin 



ORIGEN DE LOS INDIOS 12 3 

licencia de los cartagineses, que antes pusieron 
pena de muerte á los que lo volviesen á hacer, 
y que matasen, si pudiesen ser habidos, á los 
que se hubieran quedado en esta América. 

No es necesario probar que estos america- 
nos no tuvieron la cultura del trigo, porque la 
ignoraron totalmente hasta que novísimamente 
entraron los españoles, y tardó algún tiempo en 
traerse. 

16. Bien me persuado que en este viaje de 
riannon, que há dos mil años, vendrían á esta 
América muchos cartagineses, pues dominaban 
á España, y mezclados con los españoles ven- 
dría mucha gente africana del reino de Túnez, 
que fué la antigua Cartago, y muy vecina á Cá- 
diz, y me persuado á ello, porque los mando- 
nes y principales de esta América se llaman 
caciques, y este título fué propio y primitivo de 
la provincia cartaginense, donde á los principa- 
les caudillos llamaban cacices, como lo trae 
Juan Botero en sus Relaciones del mundo, pri- 
mera parte, lib. 3, § Reino de Túnez^ y § Pro- 
víncia cartaginense, y allí el licenciado D. Die- 
go de Aguiar, que le tradujo en castellano, y 
bien se ve lo que concuerdan caciques y cacices, 
y cuando los cartagineses dominaron en Espa- 
ña, también tendrían allí sus caciques, y pasa- 
rían con Hannon cartaginense á esta América. 



124 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

También pudieron mucho antea que Hannon 
venir por la isla Atlántida los cartagineses^ 
pues estaban enfrente de ella y muy vecinos á 
Cádiz, de donde comenzaba esta isla, y más 
cuando España, antes que se anegase dicha isla 
y se hiciese el mar Mediterráneo, era continua 
con África y Cartago, según dice Justo Lipsio, 
lib. I, De Constancia, cap. 16, y el P. Calancha 
en su Crónica, lib. i, cap. 7, nüm. 3, y enton- 
ces pasó á esta América el nombre de caci- 
ques. 

17. Antes que dejemos este viaje de Han- 
non, á estas Indias, deseo que esté advertido el 
lector que, como dijimos arriba, no es tanta la 
distancia que hay de ellas á las costas de África 
y España, como se dá á entender; pues s:egún 
el citado Juan Botero, no distan mil millas la 
costas del Brasil á las referidas, que hacen po- 
cas más de trescientas leguas, y ie fué fácil á 
tan gran argonauta como Hannon el ejecutar 
este viaje, pues muchos siglos después se han 
visto en el Occeano de Alemania y en Francia, 
bajeles pequeños con indios occidentales, que 
arrebatados de vientos boreales y recios, fue- 
ron llevados en sus canoas hasta Lubec, puerto 
en Alemania, y hasta Rotsmagen en Francia, 
como sucedió en tiempo del emperador Fede- 
rico Barvo, y mucho después, otro arribó por 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 25 

el año de 1509, como refiere el gran consejero 
D. Juan de Solorzano^ tomo I, lib. 4, cap. 5, al 
nám. 12, y en nuestros días hemos visto en bar- 
cas pequeñas navegar mayor trecho, desde Chi- 
le al puerto del Callao, que distan seiscientas 
leguas. 

18. Finalmente, prosiguiendo en descubrir 
los ritos y leyes de nuestros primeros españo- 
les para conformarlas con estos americanos,. 
hallo en las Lecturas modernas que unos y 
otros seguían las reglas de la sucesión en los 
bienes y herencias entre hijos, nietos y sobri- 
nos, según advierte el gran historiador Antonio 
de Herrera, en su Historia Indiana, década 6.% 
lib. 5, cap. 6. 

Y también ponderó que la gente de España, 
de su natural, es melancólica, según Juan Bo- 
tero en sus Relaciones del mundo, tít. i, par- 
te i.% y su traductor, Diego de Aguiar, § Espa- 
ña^ donde dice: «La gente de España participa 
acá de melancolía» y estos americanos son de 
complexión muy melancólica, y de este acha„ 
que mueren muchos y se consumen y aun se 
retiran á morir, según dice el capitán D. Ber- 
nardo de Vargas en su Milicia Indiana, fol. 138 
vuelta: 

«En general es gente melancólica y se 
dejan morir como tristes;» y más abajo: «Usan 



120 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

SUS músicas antiguas y son muy tristes, y cuan- 
do cantan lloran.» 

19. Dejo de ponderar la costumbre que 
siempre tuvieron estos indios de pagar á sus re- 
yes y mandones tributos, como consta de los 
historiadores de estas Indias, que tratan de los 
diversos tributos que pagaban á sus ingas y mo- 
tezumas, y esta costumbre la trajeron los pri • 
mitivos españoles, que después de la fundación 
de España, pagó la gente ordinaria tributo á 
sus reyes y gobernadores, de que se podrá ver 
Justo Lipsio, lib. 2, De magnit. Rom. cap. 2. 
Pero lo paso, porque también otras naciones, 
desde aquella antigüedad, pagaban tributos á 
sus reyes y gobernadores. 

20. También en mi estimación es de algún 
aprecio el considerar que estos americanos tu- 
vieron algunas noticias (aunque viciadas) de la 
Creación del mundo, y del Diluvio universal, y 
así, me persuado á que vinieron á este Nuevo 
Mundo, poco después de haber fundado á Espa- 
ña nuestro padre Tubal. 

Lo primero, cuenta Antonio de Herrera, en 
su Historia de las Indias, decad. 5, lib. 3, capí- 
tulo 6, que estos indios tuvieron tradición de sus 
mayores, que al principio del mundo hubo un 
Diluvio, que cubrió toda la tierra y que se ha- 
bían escapado en esta América algunos en las 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 27 

cuevas de los altos montes si bien otros indios 
referían que solo se habían escapado seis per- 
sonas en balsas, y que de estos, disminuidas las 
aguas, se volvió á propagar esta América. 

21. Otras tradiciones tenían estos indios, 
como testifica el citado Herrera, en el mismo 
lugar, de haber dado principio á esta tierra un 
gran capitán nombrado Zapana, quizás tomó el 
nombre de Spana, como al principio se llamó 
España, según dijimos arriba, éste decían ha- 
bía poblado y sujetado esta tierra en su princi- 
pio, y añadían que de la parte del Mediodía, 
vino un hombre blanco y de gran cuerpo, nom- 
brado Ticeviracocha, que inclinaba y mudaba 
los montes, crecía los valles y hacía brotar 
agua de las piedras, á quien los americanos lla- 
maban el criador de todo, y que enseñó á los in- 
dios en buenas costumbres, y á que se amasen 
y luego se fué hacia el Norte. 

Y tenían otra tradición, que pasados mu- 
chos tiempos vino otro varón, parecido al ante- 
cedente, que sanaba á los enfermos, daba vista 
á los ciegos, que rezaba de rodillas alzando las 
manos al cielo, y este último fué perseguido de 
los indios Cañas, y cayó fuego sobre ellos, y se 
fué por el mar haciendo barca de su manto. To- 
do lo refiere Herrera, y también Juan Botero en 
sus Relaciones del mundo part. i.^ lib. 4, § Me- 



128 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

choacan, nos dá esta noticia de cómo estos in- 
dios tuvieron noticia de la Creación del mundo 
y del Diluvio universal, también mucho de lo 
q ic dice el Génesis, que para mí es argumento 
eficaz, de que sus primeros padres fueron fami- 
lia de Tubal, de quien lo aprendieron, aunque 
con tan largos siglos lo viciaron, sin retener 
más que estas noticias tan obscuras, apartán- 
dose de la verdad. 

2 2. Tengo observado, y también otros han 
hecho el mismo reparo, de que los hijos de es- 
pañoles y de indias, que llamamos mestizos, 
quieren mucho á sus padres españoles, y si son 
hijos de hombres de otras naciones, como de 
italianos, franceses, flamencos, alemanes, no 
quieren tanto á los hombres de España, y es la 
razón, porque las indias tienen la raiz de Espa- 
ña, y así concurriendo ser de un origen padre y 
madre, es muy conforme la simpatía, lo cual 
no sucede cuando las semillas son de diferente 
tierra. 

Añado otra conformidad, y es que las vi- 
llanas de las aldeas de Castilla usan fajarse por 
el vientre hacia las ingles, como en las come- 
dias se fajan los villanos, y esto mismo usan 
las indias Chontales, que es otra conformidad 
bien rara entre la gente ordinaria de España y 
de esta América, y todo esto fué de la primitiva 



ORGIEN DE LOS INDIOS 



I2Q 



Plspaña, cuando la gente era llana y sencilla. 
23, Dejo también de ponderar otra confor- 
midad grande que tuvieron estos americanos 
con los primitivos españoles, porque estos, en el 
principio no estimaban el oro ni la plata, como 
lo prueba Fr. Gregorio de Argaiz, tomo I, de 
la Población eclesiástica de España, en el año 
de la Creación del mundo 3158, fol. 382, di- 
ciendo: «No estimaban el oro ni la plata, con- 
tentándose entonces con tener qué vestir y qcé 
comer.» 

Los indios son de esta calidad, porque no 
estiman la plata ni el oro, como se puede vet- 
en el gran consejero D. Juan de Solorzano, en 
el P. Torquemada y en el P. Calancha, que si- 
guen lo que en esta parte dejó advertido el 
P. Fr. Gregorio García en el lib. 3 del Origen 
de los Indios, cap. 8, donde trayendo la doctri- 
na del P. Acosta, de que los indios no descen- 
dían de las tribus, fundándose en que éstas 
eran amigas de dinero y riquezas y los indios 
no las apetecían, por estas palabras: «Dice lo 
tercero, que los judíos eran amigos de dineros 
y riquezas y á los indios no se les da cosa algu- 
na por ello»; funda el citado Fr. Gregorio Gar- 
cía, que aunque los indios no apreciaban las ri- 
quezas, sin embargo, no se convencía por la ra- 
zón que dá el padre Acosta, no descender de 



1^0 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

la.> tribus, y á nosotros nos basta que todos los 
auljres concuerden en que estos americanos 
no e.stimaban el oro y la plata, para probar que 
vinieiün de los primitivos españoles, que obser- 
vaban lo mismo. 

24. Dejo también de ponderar la gran con- 
formidad que tienen estos americanos con los 
primitivos españoles, porque éstos se dejaban 
hacer pedazos á tormentos antes que revelar el 
secreto que se les había encargado, como re- 
fiere Patricio en su libro, g, De Regno, cap. 7: 
«Hispani quos lape tarmentis emortuas profi- 
tutso verum creditaruna testatur Trogus,» y de 
aquel español Termestano, refiere Cornelio Tá- 
cito en el lib. 4, de sus Anales, que habiendo 
muerto en un camino de Castilla la Vieja, el 
pretor Lucio Pisón, no bastaron tormentos para 
descubrir los cómplices, hasta que murió en la 
cuestión. 

Los americanos, aunque les den un millón 
de tormentos, no descubrirán los secretes, 
como sucede en descubrir las riquezas y otras 
cosas que sus mayores les revelaron, como con 
expresas palabras lo advierte el capitán D, Ber- 
nardo de Vargas Machuca en su Milicia Indiana 
en el Tratado que hace de las propiedades de 
los indios, fol. 136, vuelta, desde aquellas pa- 
labras: 



ORIGEN DE LOS INDIOS 13I 

«Los cuales, si les dan un millón de tor- 
mentos, etc.» 

25. Los autores que han escrito que los es- 
pañoles no guardan el salvo-conducto, fé y pa- 
labra que dan á sus contrarios, como son la 
glosa en la palabra convenit de la L., dolum. 
Cod. de dolo y allí Baldo, columna 2, Juan An- 
drés en el Proemio de las Decretales, Boerio 
en la decis. 179, in fine, Menochío de Arbitrar, 
lib. 2, cap. 57, núm. 47. 

Estos autores fueron de este sentir, por lo 
que leyeron en las lecturas antiguas, cuando los 
españoles eran muy feroces y muy idólatras, por- 
que entonces, como faltaban á la fé debida á 
su Criador, no era mucho que no la tuviesen 
con las gentes, y como siendo ya idólatras, ol- 
vidados de la enseñanza de Noé y Tubal, pasa- 
ron á esta América, por esto se halló también 
que estos americanos no guardaban la fé y pa- 
labra dada, como lo dice el capitán D. Bernar- 
do de Vargas en su Milicia Indiana en el Tra- 
tado de las costumbres de los indios, fol. 132, 
vuelta, diciendo: «Son amigos de que los espa- 
ñoles les guarden la palabra, no sabiendo ellos 
guardarla. » 

Pero vá mucho de España Étnica á España 
Católica, de la cual escriben los autores de 
mejor nota, que no hay nación que mejor guar- 



132 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



de la palabra, como lo prueba nuestro oidor el 
muy docto y grave D. Pedro Fraso, en sus li- 
bros de Patrón. Reg. tomo II, capítulo 64, nú- 
mero 35. 




§4. 



Pruébase cómo áe España vinieron los primero ^ 
pobladores de esta América por estar más veci' 
na á ella. 



I. Querer poner á España por más veciaa 
á este Nuevo Mundo, que las otras tierras de 
Asia, África y Europa, parece se opone á la 
verdad y á los derroteros y mapas. Tienen es • 
tas Indias occidentales al Oriente á España y 
África, y el Asia la tienen al Occidente, y más 
vecina por algunas partes está el África á esta 
América, que lo está España, como todo consta 
-de lo que escribe Juan Laert, en su libro de 
Situ Nov. Orb., luego si por la vecindad he- 
mos de discurrir en los primeros pobladores de 
esta Ame'rica, más parece que los hemos de 
traer de África que de España. 

Añádese que están más cerca las tierras de 



134 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

los noruegos y de Groenlandia de este Nuevo 
Mundo, porque Oroncio y Vopelio, eminentísimos 
argonautas, siempre fueron de sentir, como re- 
fiere Juan Botero en sus Relaciones del mundo, 
I .^ parte, lib. 6, § Islas del Occcaiio Hípcrbórico^ 
que esta América era tierra continente con 
Groenlandia, y el citado Juan Botero dice que 
los más autores ponen golfo de cincuenta le- 
guas desde Groenlandia á las Indias, y á esto 
también se inclina Paulo Galucio en su Teatro 
del mundo, en las Islas de Europa, en la palabra 
Groenlandia y aun cuando sea de esta distancia 
de 50 leguas, ya se sabe que en aquellas partes 
de la Noruega se hiela el mar, y por allí pudie- 
j.on con facilidad pasar hombres y animales; 
luego por allí es lo más v^ecino y vendrían los 
primeros pobladores de aquellas partes de la 
Noruega con más facilidad que de España y 
África, por distar esta, según una opinión, qui- 
nientas leguas de golfo de mar hasta las costas 
del Brasil, según el P. Torquemada en su Mo- 
narquía Indiana, lib. i, cap. 6, y según Juan Bo- 
tero, lib. 5, part. i.^, en la palabra Brasil, dis- 
tan 1000 millas, que hacen 333 leguas. 

Sin embargo de la dificultad propuesta, se 
debe defender que lo más pronto y más apto 
para haber poblado estas Indias, fué España, y 
en esta aptitud, se puede decir que fué lo más 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 35 

cercano para venir los primeros pobladores de 
ellas, y aunque las costas de África, que están 
enfrente de España, por algunas partes están 
más vecinas á la América, tenía esto más Espa- 
ña, que comenzaba la isla Atlántida desde Cá- 
diz ó Columnas de Hércules y esta isla llegaba 
á la de Santo Domingo, isla Española, con que 
por aquí fué la primera entrada de españoles 
á estas Indias, poco después de Tubal, y aun- 
que por Groenlandia pueda haber tierra conti- 
nente ó golfo breve, que se hiela, para pasar á 
esta América, fué mucho más fácil el paso por 
la isla Atlántida para la introdución de los espa» 
ñoles, porque después de Groenlandia se había 
de penetrar la provincia Quivira, y el reino de 
Anian, y cuando vinieron por allí las diez tribus, 
como veremos más abajo, tardaron en llegar á 
Méjico 104 años, con que la aptitud y cerca- 
nía estuvo más en los españoles que tenían den- 
tro de su reino la entrada de la isla Atlántida, 
y á esta actitud miró Jacobo Thuano en sus 
Obras expurgadas, tomo I, lib. i, foL lo, lit. E., 
cuando concede que Dios concedió á los espa- 
ñoles estas Indias, porque tenían más pronta y 
fácil navegación á ellas, por ser los que estaban 
enlo último del Occidente; Z^^^íí^, dice: «Hispanos 
ad hoc cultem evexit, ut freti viribus suis com- 
modius navigationnes ad Barbaros susciperent; 



136 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

qiiippe ultims Hispvni ad Occidentum, magis 
vicini;« y así, hemos de hacer aprecio de esta 
circunstancia, para que, después del diluvio, vi- 
niesen españoles á poblar esta América. 

2. Grande ha sido la misericordia de Dios 
con la nación española, aun en tiempo que eran 
idólatras, porque miraba en ellos que habían de 
llegar á ser los más puros cristianos de su Igle" 
sia, y así, en varios tiempos, los ha hecho po- 
bladores de grandes provincias del mundo co- 
mo de Phrigia, Toscana, Irlanda, Galia Narbo- 
nense, Roma (antes de la fundación de Rómu- 
lo), Sicilia, como se podrá ver en la Población 
Eclesiástica de España, de Fr. Gregorio de Ar- 
eaiz, en el año de la Creación del mundo 2452, 
tomo I, fol. 344, donde dice: «Dios se valió de 
españoles, para poblar no solo á España, sino las 
provincias de Phrigia, la Toscana, la isla de Ir- 
landa, como lo hizo Brigo, la Francia Narbono- 
sa, como Atlante y otras, y lo mismo les conce- 
dió gaznando á Sicilia y dando reyes á Italia, 
como se vio en Atlante, Sicanio y Siceleo.» 

Que Roma estuviese poblada de españoles' 
antes de Rómulo, lo prueba el Dr. Villen de 
Viedma, cementador de Horacio, en el lib. i, 
odr 12, sobre aquellas palabras: «Nobile le- 
thum» y cita en comprobación de esta verdad 
á Halicarnaso, á Plutarco, á Antioco Siracu- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 13/ 

sano y á Juliano, diácono; así también, después 
del Diluvio, envió á este Nuevo Orbe los espa- 
ñoles, y después de muchos siglos se lo restitu- 
yó á España Dios, usando del derecho de rever- 
sión, y después del Diluvio, en la primera po ^ 
blación, se hallaron con la isla Atlántida con 
mayor y mejor aptitud para venir á esta Amé- 
rica. 

¡Oh, profundidad de la sabiduría y ciencia 
del Altísimo! que después de tantos siglos or- 
denó que estas islas fuesen restituidas por Colón 
á la Corona de España, á la cual, además de 
los derechos que la Sede Apostólica concedió á 
los reyes católicos y los de la conquista á su 
costa y gastos, le pertenecieron con justo título 
y buen derecho, pues tantos años antes fueron 
suyas y pobladas por los primeros reyes de Es' 
paña, según Fr. Gregorio García, en el lib. 4 
del Origen délos Indios, cap, 18, § 3, hacia el 
fin, é hizo nuestro Dios la principal restitución 
y reversión, cuando estaban juntas ambas Espa. 
ñas en ti gran rey D. Fernando, que por anto- 
nomasia se llama el Católico, aunque este ape- 
llido es antiquísimo en nuestros reyes, como di- 
ce Spondano en la prosecución délos Anuales, 
de Varonio, en el año 1492, núm. 2 y en el año 
1496, núm, 5, y también son los principales de- 
fensores de la iglesia, según Escobar, De Pu- 



13S DIEGO ANDRÉS ROCHA 

rit. sang. part. 2.^ § 5, 45, y también son los pro- 
tectores de los concilios generales, según el 
docto Carena, en la primera parte de sus resolu- 
ciones forenses, número 23. 

Permítaseme por vasallo el decir algo del 
gran rey Católico, D. Fernando, de quien, y de 
sus grandes virtudes y alabanzas hace un com- 
pendio el gran consejero D. Diego de Saavedra, 
en la última de sus Empresas políticas, ponién- 
dole por idea y original, para que todos los re- 
yes copien de aquel gran gobierno el acierto del 
suyo, á quien premió Dios, s^-gún discurro, con 
nuevos y dilatados mundos por el ardiente celo 
con que limpió las Españas, echando de ellas 
los indios, liuertándolas de los moros y enta- 
blando el tribunal del Santo Oficio contra la 
herética probedad y apostasía con que se con- 
servan nuestros reinos limpios en la fé, y por 
restituirle Dios las Indias, dio luz para que se 
hallase la aguja de marear, como dice el ci- 
tado Spondano, en el año de 1302, y otros 
milagros que con revelación manifestó el cielo 
en el nacimiento de este gran rey, refiere 
el mismo Spondano, en el año de ¡su naci- 
miento. 

Pongamos también por añadidura, que en este 
rey concurria la ilustre sangre de españoles y 
godos, y que también tuvo título de rey de Je- 



ORIGEN DE LOS INDIOS I39 

rusalén, para que, concurriendo todo junto, y el 
consorcio de aquella singular reina D.^ Isabel, de 
cuya virtud están llenas las historias, se faci. 
litase más la reversión de estas Indias; porque 
como veremos en los capítulos siguientes, las 
tribus pasaron por la Scitia y vinieron á Méjico, 
continuándose por el estrecho y reino de Anian 
con el Asia, siendo las tribus de Jerusalen, así 
por esta parte como por la de España, se facili- 
tó el derecho de reversión. 

Los godos eran de la Scitia, según Villadie- 
go^ en el libro Fuero Juzgo, en el principio, don- 
de pone la crónica de los reyes godos, y dice 
que son descendientes de Magog, hermano de 
nuestro fundador Tubal y Procopio, referido por 
el mismo Villadiego, en el lug2r citado, dice 
que la Scitia se llamó Chile «Eamden provin- 
ciam Scytia esse Chile reputabit» y las tribus, 
como he dicho, y se verá más abajo, vinieron 
por la Scitia, y se les juntarían muchos de ella 
y pasaron á este reino por el Asia, y reino de 
Anian, y yo he reparado cuando vino Colón á 
la conquista de este reino, entre las islas que 
se descubrieron fué una la isla Aniana, según 
Juan Botero y su traductor el licenciado Diego 
de Aguiar, en las relaciones del mundo, parte 
i.% lib. 6, § Isla Española, en el fin, donde po- 
ne la isla Aniana á la parte Tramontana á la 



140 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

isla Española que, sin duda, las tribus y gente 
de Asia, que había ya entrado en este Nuevo 
Mundo, le pusieron aquel nombre. 




§5.' 



En qiu se priteba cómo después del Diluvio llega- 
ron los vasallos del rey Osiris y de otros reyes 
de España^ y del rey Héspero^ y poblaron este 
Perú y las islas de Barloveiito. 



I El rey Osiris, señor de Egipto, que algu- 
nos le hacen nieto de Noé, y que vivió cerca 
de 300 años, según el cronista Fr. Gregorio 
de Argaiz, en su Población de España, t. i, en 
el año 2173 de la Creación del mundo, fol. 314, 
en el cual, llamado de los españoles contra 
Deabo ó Gerión, que fué sexto rey de España 
y tirano, vino de Egipto y mató á Gerión en 
batalla junto á Tarifa, y algunos dicen que pro- 
siguió este Osiris mucho tiempo gobernando á 
España, y el licenciado Cepeda en la Resump- 
ta general de España, libro i, cap. 2, fol. 10, 
da á entender que reinó treinta y cinco años 



142 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

en ella, si bien los más historiadores concuer- 
dan que dentro de poco tiempo restituyó el 
reino á los tres Geriones, hijos de Deabo. 

2. En tiempo de este Osiris parece que co- 
menzaron á venir á esta América por la isla 
Atlántida muchos vasallos españoles, porque 
después de muchos siglos se halló un epitafio en 
el sepulcro de Osiris, en el que se refiere que 
llegó su imperio á los últimos términos de am- 
bas Indias, oriental y occidental, y reducido á 
la lengua latina, lo refiere Diodoro Sículo, Lac- 
tancio Firmiano,lib. i, cap. ii, diciendo: «Sum 
Ossiris Rex, qui univercsum paragravi Orbem, 
usque ad Indorum desertos fines: adeos quo- 
que, qui Areto subiacent, ad Istri fontes.> Que 
reducido á nuestro español idioma, quiere de- 
cir: «Soy el rey Osiris que anduvo todo el 
orbe hasta los desiertos fines y términos de los 
indios, y también á aquellos que viven al Polo 
Ártico, sobre las fuentes del Danubio, en que 
sin dada están comprendidas ambas Indias del 
Polo Ártico y del /antartico, lo cual le fué fá- 
cil, habiendo reinado algún tiempo en España, 
y teniendo entonces traginable la isla Atlánti- 
da, que se continuaba hasta las islas de Barlo- 
vento. 

3. He deseado averiguar si en esta Améri- 
ca hay algún lugar ó paraje que tenga el norn- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 43 

bre de Osiris, porque en aquel primer tiempo 
se acostumbraba poner á los lugares los nom- 
bres de los reyes, como vemos en el rey Brigo; 
que fué cuarto rey de España, de cuyo nombre 
hubo muchos lugares, como Lacobriga, Miro- 
brica, Volubriga, Augustobriga, Flavio Briga, 
y otros, hasta 25, que pone Ptolomeo en sus 
tablas geográficas llamando unas veces Briga y 
otras Brica, como también Gerobrica, de que 
hace mención Rodrigo Méndez de Silva en su 
Población general de España, parte 2.^ capí- 
tulo 34, De la villa de Alanguer, en aquellas 
palabras: «En las ruinas de Gerobrica:», que 
sin duda compuso y tomó nombre de Gerión 
y de Brigo, y el mudarse la^ en <: es muy fácil, 
y en estas Indias está la tierra de Brica, desde 
|a costa del Sur hacia Acapulco, como se verá 
en el capitán D. Bernardo de Vargas Machuca, 
en su Milicia Indiana, en la descripción que 
hace de las Indias, folio 173, desde aquellas 
palabras: <De esta punta de Brica» y sin duda 
tomó este nombre, como otras de España, de 
aquel rey Brigo ó Brico. Semejante concordan- 
cia se halla en esta cordillera Libichuca, de 
esta América, de que hablé arriba, en el 3 
porque después de los Geriones reinó en Esp? 
ña Hércules Libico ó Libio, por otro nombuí 
Oro, hijo de Osiris, y de su nombre se puso en 



144 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

inucbas ciudades de España el de Libi, como á 
Libizoso, Libisisona, Libisoca, Libisuca,Libun- 
ca y Libora, segün Beroso, lib. 5, Aniano de Re- 
gí ous, Hispaniae, cap. 14, y así en aquel tiem- 
po pasó á esta América el nombre Libi^ y se 
puso en esa cordillera Libichuca ó Libichuco- 
A estos ejemplares de aquel tiempo, he de- 
seado hallar algún nombre que aluda á Osi- 
ris, cuya gente pasó á estas Indias en el tiem- 
po que reinó en España, pero no he dado 
con él; otros que tengan más curia lo halla- 
rán. 

4. También Hércules Libio, hijo de Osiris, 
se llamó Oro, y según otros Orón, como ad 
vierte Fr. Gregorio de Argaiz, en su Población 
Eclesiástica de España, en el año 2.200 de la 
Creación del mundo, y otros le llaman Oro 
Orón, juntando ambos nombres, como en el 
mismo año lo advierte la Historia general del 
mundo, de Rovellin, y de este nombre puede 
ser le tomase la ciudad de Oruro, de esta Amé- 
rica, sino es que se nombrase así por la anti- 
gua ciudad de Orubio, de la España Tarraco 
nense, según Antonio Nebricense, en el Catá- 
logo de nombtes de lugares, verbo Orubium^ o 
de la ciudad de Orturo, que estuvo en las ribe- 
ras del Ebro, según Fr. Gregorio de Argaiz, en 
la Población de España, en el año 2800 de la 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



145 



Creación del mundo, fol. 263, en aquella pala- 
bra Orturi, y aluden mucho Orcoro, Oruro, 
Orubio y Orturo. 

5. De la misma forma hallo que el rey 
Gorgor, de los primitivos de España, se puso 
el nombre al pueblo de Gorgor, que está junto 
á Guancabelica, como dije arriba, aunque el 
doctor Alonso de Villadiego, en el Fuero Juz- 
go, en el Catálogo de los Reyes de España, 
folio 26, le llama á este rey Gargor, y le han 
seguido muchos historiadores de España, pero 
se llamó Gorgor, como lo probé con lugar 
expreso de Ravino Textor, arriba citado, § 2. 
Todos estos ejemplos dan manifiesta señal de 
que muchos de los pueblos de estas Indias to- 
maron su nombre de los primitivos reyes de 
España. 

6. Tengo también por muy cierto, que en 
tiempo de Héspero, que fué el nono rey de Es- 
paña, después de Tubal, según el Cómputo de 
Fr. Alonso Venero, en su Enchiridión, fol. 49, 
vuelta, y reinó 1658 años antes de la Encarna- 
ción del Divino Verbo, y reinando este Héspe- 
ro, vinieron también muchos españoles y pobla- 
ron las islas de Barlovento, de Santo Domingo 
y de Cuba, que con razón se llaman las islas Es- 
pañolas, por^este origen, y creo que entonces 
duraba la isla Atlántida, y á este sentir se inclina 

10 



1 ¡J DIEGO ANDRÉS ROCHA 

ci diligente historiador Gonzalo Fernández do 
Oviedo, en la i.^ parte de la Historia de las 
Indias, lib. 2, cap. 3. 

Y Ambrosio Calepino., en su Tesoro de la 
lengua latina, dice que las islas Hespéridas se 
nombraron así de Héspero, rey de España, con 
que estando estas islas de Barlovento, Cuba y 
Española tan cercanas á la tierra continente de 
esta América, y habiendo venido á ella los pri- 
mitivos españoles del tiempo de Héspero, y ha- 
biéndolas denominado con su nomibre, fué más 
fácil pasar de ellas á esta América continente 
y comunicarse con otros que pasaron en tiem- 
po que reinaron en España Brigo, Gerión y 
Hércules Libio. 

7. Contra esta opinión hay graves autores 
que tienen por constante que las islas Hespéri- 
das no son las de Barlovento de esta América, 
y el primero es el doctísimo Abulense, por otro 
nombre el Tostado, el cual, en un tomo que 
hizo en castellano, Sobre Ensebio, De Tempori- 
bus, cap. 79 lib. 3, dice que Héspero, rey de Es- 
paña, pobló las islas Fortunadas y que las llamó 
Hespéridas, y que ellas son las que llamamos 
islas Canarias, con que por esta autoridad no 
pueden ser las Hespéridas las jislas P2spañolasy 
Cuba. 

El segundo autor es Alonso de Santa Cruz, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 147 

Tefeükio por Alejo Venegas, en sus obras de 
Historia Natural, cap. 21, que fué de sentir que 
las verdaderas Hespéridas son las islas de los 
Azores, luego no son las de Barlovento de 
nuestra Ame'rica. 

El tercer autor que tenemos por contrario, 
es el P. Mariana, en la i,a parte de la Historia 
de España, lib. i, cap. 22, que quiere que las 
Hespéridas , mandadas fundar por Héspero, 
sean las islas Gordades ó Gorgonas, que boy 
llaman de Cabo Verde. 

8. Aunque tenemos tres autores de tanta 
autoridad, opuestos á nuestro sentir, y opuestos 
á que estas islas de América se fundasen por 
Héspero, rey de España, y quieren que las Hes- 
péridas sean otras mucho más vecinas á Espa- 
ña, sin embargo, se reconoce cuan distantes 
están todos tres en señalar el verdadero sitio de 
las islas Hespéridas, y parece también con su 
venia que lo están en la verdadera inteligencia 
de este punto, y así se ha de tener por más pro- 
bable que las islas Española y Cuba son las 
Hespéridas que mandó fundar Héspero, rey de 
los primitivos de España, y cuya antigüedad, por 
lo menos, se le ha de dar á la fundación de es- 
tas Indias por los españoles, aunque el licen- 
ciado Francisco de Cepeda en su Resumpta 
historial de España, ponga en opinión que en 



14S DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tiempo de los caí tagíncses se llegó con la na- 
vegación á la isla Española, como se podrá ver 
en dicho autor, lib. i, cap. 4, ibi: «Navegaron 
tan adelante los de Cartago,» y aunque esto 
pudo ser cuando los cartagineses dominaron á 
España, mucho antes reinó en ella Héspero, y 
él hizo fundar esas islas de Barlovento, que 
son las verdaderas Hespéridas, lo cual se prue- 
ba eñcazmente con lo siguiente: 

9. Eo primero, con autoridad de Plinio, li- 
bro 6, cap. 31, donde, con autoridad de Esta- 
cio Sevoso, poae gran distancia desde las islas 
Gorgadas (que son las más distantes de España) 
á las Hespéridas y dice que distaban unas de 
otras la distancia de 40 días de navegación; sus 
palabras, reducidas á nuestro idioma castellano 
son: «Estacio Sevoso vino á demostrar la carre- 
ra y viaje desde las Gorgadas hasta las Hespé- 
ridas por navegación de 40 días.» 

Casi lo mismo dice Solino en el cap. 60 de 
su Polist. sus palabras traducidas, son: «Las is- 
las ^Hespéridas, como Sevoso afirma, se apar- 
tan de aquel cabo de las Gorgadas ó Gorgo- 
nas á los golfas muy adentro de la mar, por 
navegación de 40 días.» Poco más ó menos 
dice San Isidoro en el lib. 14 de sus Etim» ca- 
pítulo 6; «Están las Hespéridas situadas de 
aquella parte de las Gorgadas en los golfos 



ORIGEN DE LOS INDIOS 149 

muy adentro del mar.» Y aunque parece mu- 
cha distancia la de 40 días, desde las Gorga> 
das, y la isla Española y de Cuba, no hay 
otras islas por aquel rumbo de que se pueda 
entender, sino de las de Cuba y de la Españo- 
la, y esta tardanza se ha de entender porque 
entonces no había navios tan ligeros como 
hoy ni eran tan diestros los Argonautas y pilo- 
tos, y así hoy sería más breve esta navegación 
desde las Gorgadas á las verdaderas Hespéri- 
das de Cuba y Santo Domingo. 

19. Infiérese de lo dicho, que no pudiendo 
ser las Hespéridas las islas Canarias, ni las 
de los, Azores, ni las Gorgadas, que han de ser 
precisamente las de Cuba y Habana, que llama- 
mos de Barlovento; porque si Platón, Solino 
y San Isidoro dicen que con navegación de 
muchos días, saliendo de las Gorgadas, se da* 
ba con las Hespéridas, caminando al Occiden- 
te, no se pueden considerar otras por aquel 
rumbo, sino estas de Barlovento, ni hay otras 
en aquella navegación, á la parte de Oeste ó 
Poniente, y así Ortelio, en su Tesoro geográ- 
fico, es de sentir que las dos islas qiie señala 
Plutarco, In Sertorio, que algunos han querido 
sean las Canarias, en la verdad no lo son, sino 
las que Plinio llama Hespéridas, que dice que 
son dos, y que están en el mar Atlántico. De 



15° DIEGO ANDRÉS ROCHA 

estas dos islas Hespéridcs, habla Nonio Marce- 
lo en su libro de los números, diciendo según 
la traducción castellana: «Que era manifiesto 
que las dos islas cercanas entre sí, y apartadas 
de Cádiz diez estadios, producían y engendra- 
ban de su natural y sin beneficio alguno, ali- 
mentos y sustento para los mortales.» 

Las palabras latinas que se han traducido 
en castellano se podrán ver en Ortelto, en di- 
cho Tesoro Geográfico, el cual advierte que 
donde Marcelo pone lo estadios, se ha de en- 
tender lo.ooo estadios, según Plutarco en Ser- 
torio. 

21. En suma, viene á declarar su parecer y 
sentir Ortelio, diciendo que le parece muy pro- 
bable que las islas de Cuba y Española, que lla- 
mamos de Barlovento, son las verdaderas Hes- 
péridas, porque además de la distancia, sigue 

en esto Guillermo Póstelo, varón de rara doc- 
trina. 

Puédese ver también en este punto lo mu- 
cho y docto que trae el gran consejero D. Juan 
de Solorzano, tomo I, de Indiar, lur. lib. i, ca- 
pítulo 9, desde el núm. 59, y se pueden pon- 
derar unas palabras, en griego de San Dionisio 
Alexandrino, en su Geografía en el vers. 564. 
Nefous tes Hespéridas tothtcafi teroio geneto 
Aphnios náionfim aganon paídes Iberóon. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 15I 

Que reducidas á nuestro castellano, dicen: 
Las islas Hespéridas, donde nace el estan- 
que, 
las habitan los ricos hijos de los ilustres ibe- 
ros. 

Ya se sabe que los iberos son los españoles 
como dije arriba, con doctrina de San Jeróni- 
mo, de Josefo y del P. José Moret, y se puede 
ver en Plinio y Estrabón y otros muchos que 
sigue y cita OrteJio en su Tesoro, verbo hispani 
y verbo iberia. 

Llamó San Dionisio principio y origen del 
estanque á las islas Hespéridas, porque allí se 
puede decir que comienza el verdadero mar, 
como he dicho en el cap. i; donde después de 
la isla Atlántida, que llegaba á dichas islas de 
Barlovento, comienza el verdadero mar, el cual 
con propiedad se llama mar, porque según su 
naturaleza, tiene estancada el agua en un sitio, 
y así Homero en su Tliada quinta, para expli- 
car el mar, usa del nombre griego Linine^ que 
en su propiedad significa estanque, laguna de 
agua recogida y lago, y al mar le llama Homero 
con el mismo nombre, como explica Juan Sca- 
pula en su Lexicón Griego, verbo lifmiey y estas 
islas, dijo San Dionisio, las habitaban los hijos 
de españoles como se leyó en el griego de 
arriba. 



IS2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

12. De lo dicho se sigue, y de tantos nom- 
bres como he puesto, de España y de esta 
América, en casi todo conformes y juntamente 
del nombre de las islas Hespéridas de esta 
América, fundadas por un rey de España, ser 
cierto el que su primera fundación fué de es- 
pañcles, y en suma, ó fuese el origen de la po- 
blación de esta América por los hijos de Tubal 
pocos años después del Diluvio, ó por orden 
del rey Héspero y sus subditos, que reinó en 
España antes del nacimiento de Cristo Señor 
Nuestro, 1658 años antes de él, como reñeren 
Beroso, lib. 5 y Aniano de Regibus Hispanice, 
cap. 13 ó fuese la primera población por los 
cartagineses cuando dominaron á España, d que 
parece se inclina el docto Fr. Gregorio García, 
en su lib. 2 del Origen de los Indios, capítulo 
I, párrafo 3, diciendo: «Los cartagineses domi- 
naron á España hasta el tiempo de los romanos, 
y así les fué más acomodado el viaje para las 
Indias,» conque de cualquiera manera que sea, 
siempre fueron los españoles los primeros que 
poblaron esta América, aunque luego entraron 
por el Asía, muchos años después, las tribus y 
otras naciones, como se verá en los capítulos 
siguientes, y queda este, con el favor divino, 
perfecto y acabado lo cual sea para mayor glo- 
ria de Nuestro Señor. 



CAPÍTULO III 



CÓMO SE POBLARON TAMBIÉN ESTAS INDIAS 

OCCIDENTALES POR LAS DIEZ TRIBUS, VINIENDO 

POR LA PARTE DE MÉJICO. 



I. Mucha atención y no menor cuidado 
pide la materia que contiene este capítulo, y 
ante todas cosas se debe advertir que muchos 
y muy graves autores han escrito que estos in- 
dios occidentales tienen su origen de losjudios, 
sin darles otro principio; de este sentir es Ge- 
nebrardo en el lib. i de su Cronografía, en el 
fol. 159. 

Camilo Bórrelo de Praest. Reg. Cat., capí- 
tulo 43. 

Federico Lumnio, en su libro del Juicio 
final. 

Isidoro de Isolanis, milane's, en el lib. i, del 
Imperio de la Iglesia militante, en el tít. 6, cues- 
tión 2.^. 



154 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Miguel Cabello^ en su Miscelánea Austral, 
part. i/\ cap. 5. 

El canónigo Juan del Caño, sobre la expo- 
sición de aquellas palabras del Psalino: «In no- 
men terram exivit fonus corum.» 

Fray Gregorio García, en su obra del Ori- 
gen de los Indios, lib. 3, por todo él, y del mis- 
mo sentir fué aquel insigne obispo de Chiapa, 
Fr. Bartolomé de las Casas, según unos papeles y 
testamento que dejó, fundando en ellos ser 
cierto el que descendían de aquellas tribus que 
trasportó Salmanasar, rey de los asirios, según 
refiere Torquemada en la Monarquía Indiana, 
lib. I, cap. 9. 

Otros autores, aunque hacen á estos indios 
descendientes de los indios, pero no de las 
diez tribus, sino solo de la tribu de Isachar, y 
de este sentir fueron dos senadores de estas 
Indias, el doctísimo Pedro Bej araño y el doctí- 
simo D. Francisco Carrasco, referidos por el 
gran consejero D, Juan de Solorzano, en el to- 
mo I, lib. I, cap. 9, desde el núm. 75; el Padre 
Pr. Pedro Simón tuvo la misma opinión. 

Yo tengo por cierto que muchos de estos 
indios occidentales descienden de las diez tri- 
bus que desterró Salmanasar, y que entraron 
poblando esta América por las costas de Méji- 
co, por el reino de Anian; pero tenía ya esta 



ORIGEN DE LOS INDIOS ISJ 

América desde el tiempo de Tubal y de Hés- 
pero y de los cartagineses mucha gente que vi- 
nieron poblando la parte del Norte, saliendo 
todos de España, como se dijo arriba. 

2. El primer fundamento de esta opinión, 
de que las diez tribus pasaron á poblar esta 
América por la parte meridional, se deduce de 
un lugar de Fsdras, en su lib. 4, cap. 13, donde 
pone una visión muy singular de un hombre ó 
varón que vio salir del centro y corazón del mar, 
que congregaba así muchas gentes, y entre ellas 
una gran multitud de gente pacífica, y rogando 
este profeta al Ángel que le explicase la visión, 
llegando á aquella gente pacífica, le dijo lo si- 
guiente, que en nuestro castellano es como si- 
gue. Desde el vers. 39: «Y porque viste que 
aquel hombre ó varón agregaba así aquellas 
gentes pacíficas, sábete que estas gentes son 
aquellas diez tribus, que en tiempos del rey¡Os- 
seas llevó cautivas Salmanasar, rey de los asirios^ 
y pasándolos de la otra parte del rio (no expli- 
ca aquí qué río fuese) luego los trasladó y pasó 
á otra tierra, pero ellos determinaron dejar la 
multitud de gentiles y pasar á otras regiones 
donde no hubiese habitado gente humana, para 
poder guardar lo legal de su ley, lo cual no ha* 
bíaa hecho en su propia tierra, y huyendo se 
metieron por unas entradas estrechas del río 



156 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Eufrates, haciendo Dios coa ellos maravillas, 
deteniendo el curso de las aguas hasta que p;i- 
saron. 

Para esta región ó regiones adonde destina- 
ron ir, había un camino muy largo de año y me- 
dio de andadura, y ella y ellas se nombraban 
Arsareht. Entonces habitó esta gente de las 
diez tribus allí en esas regiones de Arsareht 
hasta los días últimos del mundo y ahora, cuan- 
do comenzare á venir de dichas regiones y á 
volver á sus tierras, volverá el Altísimo á poner 
y disponer las venas del río, (sin decir si es el 
Eufrates) esto es, sus corrientes y fontanas, para 
que pueda volver á pasar.» Hasta aquí Esdras. 
3. En esta profecía hay mucho que explicar, 
y las últimas palabras la hacen algo dudosa, 
porque aquellas partículas tune et nimc^ que ea 
nuestro castellano suenan entonces y a/wra, y 
para estar corriente había de decir: «Desde en- 
tonces habitó allí en Adsareht esta gente de las 
tribus hasta el fm del mundo.» Extune, había de 
decir: «También habiendo más de 2500 años 
que escribió esta profecía Esdras,» parece que 
está diminuto el decir cuando escribe : Ahora 
cuando comenzare á venir, volverá el Altísimo 
á suspender las aguas para que vuelvan á sus 
tierras» cuando no sabemos haya sucedido esto 
desde que Esdras escribió.; 



ORIGEN DE LOS INDIOS 157 

Pero fácil es la respuesta; lo primero, porque 
las profecías no guardan la propiedad de lo 
presente ó futuro, todo se entiende presente en 
ellas por serlo todo á Dios, de quien dimanan. 
Y así San Juan en su Apocalipsi, cap. i, dice 
que ya el Señor viene al Juicio y que el tiempo 
está cerca, ya que escribió más de 1600 años. 
Lo otro, porque no sabemos si el río que han 
de volver á pasar, ha de ser el mismo Eufrates^ 
pues no lo dice el texto. Lo otro, no sabemos 
si esta vuelta se ha de entender local y verda- 
dera ó misteriosa, entendiéndola porque han de 
volver á la iglesia católica. Lo otro, no hay nada 
asentado del origen del Eufrates, que aunque 
nace en los montes de Armenia, brotando allí, 
ha de tener otros orígenes por salir del Paraíso, 
y así, por otra parte, le pueden volver á pa- 
sar. 

Demás de que no todos los que salieron 
con las diez tribus, que serían más de 300.000, 
pasaron á estas Indias y á las provincias de Ar- 
zareht, y quedarían más de la mitad en la Asi- 
ría, en la Medía, en la Scitia y Tartaria, ó por 
viejos, impedidos, mujeres, niños y gente floja, 
y desganada, con que de estos se puede verifi- 
car y de sus descendientes que volverían á pa 
sar para volver muchos á sus regiones y á las 
dos tribus de }udá y Benjamín, que no fueron 



158 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

desterrados, y quedaron en Jerusalén y Sa- 
maría. 

4. Por ser la base más fundamental de 
nuestra opinión el lugar de Esdras, se ha de ad- 
vertir, que aunque muchos doctores tienen por 
cierto que el lib. 3 y 4 de Esdras, aunque estén 
incorporados en la Biblia, sin embargo, no son 
canónicos, con que se pretende debilitar el dis- 
curso que se hace de que las diez tribus no pa- 
saron á estas Indias; pero se ha d? advertir que 
tienen tanta autoridad, que excede á la de cual- 
quier doctor, por grande que sea, y así están 
entretejidos con los libros sagrados de la Bi- 
blia, y exceden á la autoridad de todos los 
doctojes, como lo advierte el P. Diego de 
Avendaño, en su Anfiteatro, en el discurso Isa- 
gógico, núm. 43, y yo lo he leído también en 
unos papeles manuscritos del docto P. Francis- 
co Aguayo, gran escriturista de estos reinos, 
que leyó la cátedra de escritura muchos años 
en este Colegio de San Pablo de Lima. 

Los doctores sagrados de la Iglesia se valen 
y citan las autoridades de Esdras, de sus libros 
3 y 4; San Agustín, en el lib. 18 de Civitate Del, 
cap. 36, se vale de muchas autoridades del li- 
bro 3 y 4 de Esdras; San Atanasio, lib. 3, Con- 
tra Arrian, se aprovecha del testimonio de Zo- 
robabel, de que habla Esdras en su lib. 3; SiX' 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 59 

to Senense, en el lib. i, sec. 3, de Apocr., dice 
que los doctores griegos, no solo los tienen 
por canónicos, sino que los anteponen á los 
libros de Esdras 172; San Ambrosio, en mu- 
chas partes, tiene este lib. 4 por de Esdras, y 
así lo dice en el Tratado de Bono Mortis, y 
dice que lo escribió por revelación divina, y 
añade este Santo doctor que San Pablo usó 
al fin de la primera Epístola de los Corintios 
de los diversos órdenes de claridad y gloria de 
los escogidos que han de resucitar, lo cual 
tomó de Esdras en su lib. 4, y de esta misma 
autoridad se vale el mismo docto San Ambro- 
sio para confirmar su doctrina de las moradas 
de las almas santas despue's de la separación de 
sus cuerpos; y en otra Epístola, que es la 21 á 
Honorancio, nos aconseja el santo doctor que 
se lea el lib. 4 de Esdras, para aprender cómo 
el ánima es de substancia celestial, contra algu- 
nos filósofos que enseñaron lo contrario. Final- 
mente, San Antonio, sobre el cap. 2 de San Lu- 
cas, se vale del cap. 7 del lib, 4 de Esdras en 
aquellas palabras: «Mi hijo, Jesús, será manifes- 
tado, etc.2> probando con ellas la venida del 
Mesías, y tiempo en que lo dejó profetizado 
Esdras. 

Demás de que nuestra madre la Iglesia se 
"Vslíg de muchos lugares de este lib. 4 de Es- 



I 6o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dras, como lo hace en la tercera feria de Peii 
tecostés, que comienza el introito de la misa 
con las palabras del cap. 2, del lib, 4, de £s- 
dras: «Accipite lucunditatem gloriae vestrse gra- 
tias agentes Deo, qui nos ad caelestia regna vo- 
cavit,»y también en las fiestas de los santos 
mártires, usa de otras palabras del mismo libro 
y capítulo, que son: «Modo coronántur, acci- 
piunt palmam.» 

Hallo también que San Cipriano, en su libro 
Contra Demetrio, se vale de otras palabras de 
este libro 4 de Esdras. diciendo que el mundo 
va envejeciendo y acercándose á su ñn. Y aun- 
que Sixto Senense, arriba citado, dice que en al- 
gunas cosas disuenan algunas cláusulas, de este 
libro 4, al recto sentir del común de los docto- 
res, esto será por quererse entender muy á la 
letra y judaicamente, y allí pone el mismo Sixto 
las cláusulas que disuenan, y ninguna de ellas 
toca á lo que dice de la transmigración de las 
diez tribus, y así la habremos de seguir con opi- 
nión de tantos santos y doctores. 

5. Ya que hemos hallado luz de haber ve- 
nido estas diez tribus á las regiones de Arsaret, 
dejaiémoslos descansaraquí, hasta que hagamos 
párrafo separado del viaje que trajeron desde 
Samaria, provincias por donde pasaron después 
de la fuga y tránsito que tuvieron á la América 



ORIGEN DE LOS INDIOS l6l 

Septentrional y á todas aquellas partes de Mé- 
jico, y vamos haciendo más fuerte el funda- 
mento de cómo los indios, después de poseída 
la tierra de promisión, antes de muchos años 
habían de ser trasladados y echados á estas 
partes y últimas del mundo. 

Sea la primer profecía la que les dej(5 Moi- 
sés en el libro del Deuteromonio, cap. 4, des- 
de el vers. 26, donde en sustancia les dijo: 
«Invoco el cielo y tierra por testigos de que 
en breve tiempo habéis de perder la tierra y 
posesión que Dios os ha de dar después del 
Jordán, y no habéis de vivir muchos siglos en 
ella, sino que habéis de ser desbaratados por 
Dios y derramados por todas las gentes del 
mundo y quedareis pocos en las naciones, 
(estas naciones, como veremos luego son las 
desdendientes de Tubal,) donde os ha de guiar 
y encaminar Dios; allí os haréis idólatras con 
todo género de idolatrír.» y luego en el vers. 
39, les profetizó: «Después que hayáis pasado 
todos estos males, después de muchos siglos 
en el tiempo fmal y novísimo del mundo^ vol- 
veréis á vuestro Dios, y os dará oido para oir 
su voz y ley, porque es misericordioso vuestro 
Dios y Señor y no os ha de dejar sin remedio, 
ni borrar eternamente de su memoria, ni olvi- 
dará el pacto que hizo con vuestros padres.» 

II 



1 2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Palabras bien claras para significar como á 
pocos siglos después de la quieta posesión que 
estas tribus tuvieron de la tierra prometida, los 
entregó Dios en cautiverio á Salmanasar y que 
los derramó por tantas gentes y provincias que 
llegaron á vivir en lo último de la tierra, donde 
había las naciones, descendientes de Tubal, 
con quienes después de algunos años vinieron 
á encontrar, mezclándose con ellos, sin poder 
conservar fé en su primitivo origen, haciéndose 
idólatras y olvidando casi todo lo legal y cere- 
monial de su ley, hasta que finalmente vino 
para ellos la plenitud de los tiempos; aunque 
al fin de ellos, y fueron reducidos á la Iglesia; 
y adviértase, que dijo que habían de ser derra- 
mados por todas las gentes y naciones del mun- 
do, pocos años después de su posesión de la 
tierra de promisión, con que no pudo verificar- 
se sino viniendo por Arsaret, como diré luego, 
poblando estas Indias occidentales. 

6. No sé como no se advierte en el capítulo 
28 del Deuteronomio, donde echó Moisés mal- 
dición sobre las tribus y judíos que degenerasen 
de su ley, que se han verificado en estos indios 
y les dice después de otras maldiciones, en el 
núm. 36: «A tí y á tu rey y á tus padres é hijos 
os entregará Dios á otras gentes que tú ignoras» 
y más abajo, en el núm. 41. «Enjendrareis hi- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 63 

jos é hijas y no gozareis de ellos^ porque otros 
los poseerán» y luego en el número 43: «Los 
alienígenas que vinieren á vuestras tierras, ten- 
drán dominio sobre vosotros, siendo ellos su- 
periores y vosotros inferiores» y luego en el 49 
«Traerá Dios una gente de muy lejos, de «fmi- 
bus terrse» de los fmes de la tierra á semejanza 
de Águilas voladoras con gran ímpetu y estré- 
pito, gente que no entendáis su lengua y po- 
seerán vuestras tierras y frutos,» y después de 
otras maldiciones, les dijo Moisés en el número 
64: «Desparramaráos Dios por todos los pue- 
blos de la tierra, desde lo sumo y alto de ella 
hasta los términos (esto es, los fmes de ella) 
sirviendo á ídolos que ni vosotros ni vuestros 
padres conocieron. 

»Y entre aquellas gentes á quienes os ha de 
entregar, no habéis de tener descaaso ni sose- 
garán vuestros pies y os llenará Dios de cora- 
zones trémulos y pávidos y ojos descaecidos, y 
hasta vuestras almas se irán consumiendo de 
tristeza, de noche y de dia estaréis temblan- 
do.» 

No es necesario glosar este lugar, que él 
mismo está indicando con qué gente habla, y 
que los vicios de las tribus los trajeron á estas 
Indias, mezclándose, después de algunos años, 
con idólatras, aunque ya ellos lo eran por las 



164 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

naciones que pasaron, y fué providencia grande 
de nuestro Señor que los redujeran á la Santa 
Iglesia nuestros católicos reyes, dando tantas 
órdenes y cédulas en su favor, y haciendo tan- 
tos sacrificios por ellos á nuestro Dios, porque 
se mitigase su justa venganza, que tenía dis- 
puesta contra esta gente, que van ya entrando 
con veras en el gremio de la Iglesia, y cesando 
las calamidades que les dejó profetizadas Moi- 
sés, siendo el segundo Moisés el rey católico, de 
esta gente, como advierte el docto Fr. P. Eu- 
sebio Nieremberg, en su Filosofía secreta, li- 
bro I, cap. 59, pues por su conquista han sa- 
lido del cautiverio del demonio, y puéstose en 
la seguridad de la Santa Iglesia Católica y Ro- 
mana. 

7 . En Isaías, hay muchas profecías de la ve- 
nida de las diez tribus á estas Indias occidenta- 
les. Quién no admira lo que dice este Evangé- 
lico profeta en el cap. 11, desde el núm. 11, 
que en substancia es lo siguiente: «Volverá el 
Señor á traer y juntar lo residuo del pueblo de 
Israel, que había quedado de la cautividad de 
ios asirios y los traerá ("de los lugares que allí 
señala) y también de las islas del mar.» Estas 
son Perú y Nueva España, que estáji hechas is- 
las con el verdadero mar, como advierten los 
hidrográficos. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 65 

Prosigue en el núm. 12, y dice: «Que levan- 
tará Dios su estandarte entre las naciones para 
atraer y agregar los prófugos y derramados de 
Israel, que estaban en las cuatro partes de la tie- 
rra. Con más claridad había profetizado esto el 
mismo profeta Isaías, en el cap. 5, donde ha- 
biendo dicho en el núm. 13 que permitió Dios 
que fuese llevado cautivo sü pueblo, luego 
desde el núm. 26, dice que levantó y puso 
Dios su estandarte, señal y bandera en las na- 
ciones, para una jornada muy apartada que eso 
significa allí la partícula /r¿?a/^/, y dará silbidos 
como verdadero pastor desde los fmes de la 
tierra á, su pueblo para traerlo con toda velo- 
cidad á su casa, el mismo profeta, en el capí- 
tulo 60, desde el vers. 8, vio unos hombres, ó 
naos volando como nubes, (que así nos pare- 
cen aquí cada día las nubes con figuras de 
naos) y unas palomas á las puertas de ellas (al- 
gunos lo entienden por Colón ó ColomboJ y 
que estas nubes ó naos iban á las islas, que ya 
estaban esperando, y que en ellas estaban espe- 
rando los hijos de Israel, para que les trajesen 
las naos de partes muy lejénas para que vinieran, 
con plata y oro, y el mismo Isaías, en el cap. 66, 
desde el núm. 18, dice que juntará Dios gente 
y pondrá en ella su señal y las enviará á la 
gentilidad del mar á África, y á Italia, y á Gre* 



l66 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

cia y á las islas muy remotas, que nunca oye^ 
ron la palabra suya, y traerán á sus hermanos 
á agregarse con los demás de Israel, recogién- 
dolos de todas las gentes del mundo. 

8. Mucha obra hay en estos cuatro lugares 
de Isaías^ y ellos por sí dicen mucho para veri- 
ficar que andaban por esta cuarta parte del 
mundo los prófugos de Israel. Levantar Dios 
su señal es elevar el estandarte de la Santa 
Cruz, que se explica con esta palabra «signum» 
en sentir de la Iglesia, que dice que aparecerá 
<sHoc signum Crucis cum Dominus adjudican- 
dum venerit», y en el Evangelio, «tune appare- 
bís signunn Filij hominis,» que es su cruz, y así 
entraron los primeros pobladores manifestando 
la cruz, y colocándola para su adoración, como 
consta de todas las historias de la fundación y 
conquista de estas Indias. 

Mayor explicación requiere el averiguar 
por qué puso nuestro Dios esta señal á las na- 
ciones para que vinieran á esta conquista y 
viaje tan dilatado, y después de haberlo medi- 
tado despacio, hallo que por las naciones se 
entiende los descendientes de Jafet, de cuyo 
hijo Tubal descienden los españoles, según 
dijimos arriba. 

Cuando en mis primeros años leí el pri- 
mer libro sobre el Apocalisis de San Juan, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 67 

llegando á aquellas palabras del cap. 5, donde 
hablando los santos con el divino cordero, les 
dice: «Redimístenos para Dios en tu preciosa 
sangre, redimiéndonos de todas las tribus, len- 
guas, pueblos y naciones» me pareció necesario 
averiguar la diferencia de estas cuatro cosas: 
pueblos, lenguas, tribus y naciones, y la divina 
misericordia me puso en la mente que lo había 
de hallar en la propagación del mundo, hecha 
después del Diluvio por los tres hijos de Noé, 
Sem, Cam y Jafet. 

Fuíme al Génesis, y en el cap. lo hallé to- 
do lo que buscaba, como veremos en lo si- 
guiente: 

Dice, pues, el cap. lo citado del Génesis, que 
las generaciones de los hijos deNoé, que fueron 
Sem, Cam y Jafet, fueron las siguientes que Sem, 
enjendró al primer hijo, que se llamó Elam, el 
segundo se llamó Assur, el tercero Arphaxat, el 
cuarto Lud y el quinto Aramb, y según Josefo y 
otros antiguos: de Elam, vinieron los elemi- 
tas, que son los primitivos persas; de Assur^ 
vienen los asirlos; de Arphaxar, los arphaxai- 
dos, que luego se nombraron caldeos; de Lud, 
descienden los lidios; de Aram, descienden los 
aramenios ó armenios, á quienes llaman siros 
los griegos. 

De Sem, desciende Heber, hijo de Sale y 



1 68 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

nieto de Arphaxad y de Heber descienden las 
tribus hebreas, Cam, tuvo cuatro hijos, Chus, 
Mefraim, Phut y Canaam; de Chus, descien- 
den los etiopes, nombrados chuscos; de Me- 
fraim, descienden los egipcios, por otro nom- 
bre mcfreos, porque la palabra mefsin, en he- 
breo, es lo mismo que Egipto. 

De Phut, descienden los de Libia, á quienes 
los antiguos historiadores griegos llaman Phu. 
tos. De Canaam vienen los cananeos. 

De Jafet, dice el citado lugar del Génesis, 
que quedaron siete hijos: Gomer, Magog, Ma- 
day, Javan, Tubal, Mosoch, y Thiras. 

De Gomer, vienen los gomeritas, á quienes 
lo5 griegos llaman galatas; de Magog, descien- 
den los Escitas como dijimos arriba, getas y ma- 
sagetas, y los griegos dicen que son los Escitas. 
De Maday descienden los medos; de Javan, di- 
cen los griegos que descienden los Iones; de 
Tubal, vienen los tubalios ó iberos, que después 
se llamaron españoles, como España prime- 
ro se llamó Tubalia; de Mosoch, vienen los 
mosquinos, ó moscovitas, que algunos quieren 
sean los capadocios; de Thiras desdienden los 
thirenses, á quienes los griegos llaman thra- 
cos. 

Todo esto se puede ver en los autores que 
escriben sobre el cap. 9, 10 y 11 del Génesis y 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 69 

I, Paralip. i, y en Josefo, lib. 2, antíquit. cap, 
I 2, y cap. 14 y otros antiguos. 

Esto así asentado, como cosa cierta y ver- 
dadera, hemos también de suponer, que de es- 
tos tres hijos de Noé y de sus descendencias, 
se pobló todo el mundo después del Diluvio, y 
á todas estas generaciones^precedidas de Sem, 
Cam y Jafet, las denotó y señaló Dios, según 
consta del citado cap. 10 del Génesis, con va 
rios nombres de pueblos, lenguas, tribus y na- 
ciones, y de este origen viene la diferencia de 
lo que voy dudando, y hé menester averiguar. 

A los hijos de Jafet y de Tubal, tocaron 
todas las islas de las gentes. (Que es otro ar- 
gumento grande para que todas estas Indias 
que son islas, tocasen á los hijos de Tubal), se- 
gún el cap. 10, núm. 2, del Génesis, ibi: «Abhii 
divisa sunt ínsula gentium» y añade el Texto 
Sagrado, que estos descendientes de Jafet y 
Tubal hicieron la división de sus regiones é is- 
las y familias de sus naciones: «Ab his divisa 
sunt Ínsula gentium secumdum familias suas in 
nationibus suis.» 

^ A esta descendencia de Jafet y Tubal la 
señala con nombre de naciones, y pasando lúe- 
go á la descendencia de Cam y Sem, no usa de 
esta palabra naciones, sino á los descendientes 
de Cam los señala con nombre de pueblos, en 



170 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

el niim. 18, ibi: «Et per hos diseminatti sunt 
populi Chananaeorum.» 

Y este nombre de pueblos es solo de los 
hijos de Cam, sin que se repita en ninguno de 
los otros dos hermanos Sem y Jafet. 

La palabra gentes la aplica el Texto Sagra- 
do á los hijos de Sem y de Cam, pero no á los 
de Jafet, como hemos dicho, y así dice en el 
núm. 31: ccHi sunt Fils Semsecundum cognatio- 
nes, etlinguos in gentibus suis,» la palabra len- 
guas la atribuye el Sagrado Texto á todos los 
descendientes de Sem, Cam y Jafet. 

Pero lo que hemos menester, es que la pala- 
bra naciones sea solo de la descendencia de 
Jafet, sin que se comunique á las otras, como 
está dicho. 

Esto, supuesto sale por evidente hilación, 
vque cuando decimos naciones en su propia y 
estricta significación, se entiende por la descen- 
dencia de Jafet y Tubal. 

Cuando se dice, pueblos simpliciter, se en- 
tiende por la descendencia de Cam. 

Cuando se dice gentes, en su rigorosa sig- 
nificación, se entiende por los descendientes 
de Sem y de Cam. 

Cuando se dice lenguas, se entiende por to- 
das tres descendencias, por ser común á todos 
en aquella división después del Diluvio. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 171 

Cuando se dice tribus, es especial de los^ 
hebreos, que descienden de Heber^ descendien- 
te de Sem, y así se ha de entender en un lugar 
de Daniel, cap. 3, núm. 4 y núm. 98. 

Que los españoles descienden de Tubal, hi- 
jo de Jafet, ya lo hemos repetido muchas ve- 
ces, y se podrá ver en Plinio, lib. i, cap. 12, y 
en Rodrigo Méndez de Silva, en su Población 
de España, cap. i, y en el P. Calancha, tomo I, 
cap, 6, núm. 7, y cap. 7, núm. 2. 

Porque son los iberos descendientes de Ta- 
bal, como con autoridad de Plinio y Estrabon^ 
lo prueba Ortelio en su Tesoro, en la palabra 
Híspania^ verbo Iberia, Maluenda, De Anti-Cris- 
to, lib. I, cap. 12. 

Con que la palabra Naciones les toca por 
descendientes de Tubal, y no sin causa ha 
hecho Dios á nuestros reyes españoles, reyes de 
Jerusalén, porque está dicho en el Evangelio de 
San Lucas, cap. 21, núm, 24. 

Que las gentes, esto es, los descendientes 
de Cam y Sem, ocuparan injustamente Jerusa- 
lén, hasta que se cumpla el tiempo de las na- 
ciones y que legítimamente las tengan los des- 
cendientes de Tubal, que son las naciones, y se 
cumplirá lo que profetizó Noé, cap. 9 del Gé- 
nesis, núm. 27: «Dilate Dios á Jafet y venga á 



172 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

ocupar los Tabernáculos de Sem y le sirvan los 
hijos de Cam.» 

Resta de todo lo dicho en este núm. 8 y sus 
párrafos, que las naciones en que puso Dios su 
estandarte, para esta dilatada jornada y con- 
quista de las Indias, son las naciones españolas, 
que por descendientes de Jafet y Tubal, tie- 
nen este especial nombre y las tenía Dios ele- 
gidas para que redujesen á los prófugos de Is- 
rael, mezclados ya por tantos siglos con otras 
iguales y propias naciones, descendientes de las 
mismas naciones y descendientes de Tubal y de 
Héspero y de los cartagineses, naturalizados en 
España que ha más de 3000 años que vinieron 
por la isla Atlántida, y los cartagineses más de 
2300, y todo lo unió Dios con las naciones, has^ 
ta lo que pertenecía á los Tabernáculos de Sem, 
de quien descienden estas tribus, y se confirmó 
la profecía de Moisés, arriba citada del cap. 4 
del Deuteronomio, núm. 27, de que corriendo 
estos hebreos por las gentes vendrían á quedar 
pocos en las naciones, como sucedió, porque 
los primeros que entraron por Méjico, llamados 
Tultecas, se vinieron á extinguir con la entrada 
de otras naciones, y quedaron pocos, como ve- 
remos en su lugar, y respecto de la gran multi- 
tud de naciones que había ya en las Indias, des- 
cendientes de Tubal, se puede decir que fueron 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 73 

pocos, y más, cuando estaba ya mezclada la 
sangre y olvidada su ley; con que se puede de- 
cir, que aunque fuesen muchos en el nombre 
eran pocos en la ley, sin retener ceremonia, fa- 
milia, ni su misma estirpe para conservarse en 
ella. 

Es de notar también, en los lugares citados 
de Isaías, que esta leva y junta que hizo Dios^ 
trayendo las naciones, ó lo que es lo mismo, los 
españoles, á islas y tierras tan lejas, como dice 
Isaías, fué para recoger los prófugos y fugitivos 
de Israel. 

^Quién no ve que estas son las diez tribus 
que en la transmigración de los asirios por Sal- 
manasar, huyeron á tierras ignoradas de distan- 
cia de caminos de año y medio? 

No se repara en esto para la evidencia de 
lo que vamos fundando. 

Repárese también en aquellos silbidos de su 
Dios que les dio desde los fnies de la tierra? 
como dice Isaías, pues quién habrá ya que dude 
que desde el fin de la tierra, que entonces era 
Cádiz, los envió á recoger el Señor; sino es que 
entendamos los fines de la tierra por estas In- 
dias occidentales, según otro lugar de Isaías, ca- 
pítulo 1 8, núm. 2, donde dice: «Id, Angeles ve- 
loces á buscar una gente arrancada y destroza- 
da, á un pueblo terrible y de dura cerviz.» Como 



174 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

lo fué siempre el judaico. «A un pueblo, des- 
pués del cual no hay otro,» y que desde aquí le 
daba silbidos nuestro Dios para su remedio. 

Pero por qué he de escribir más por extenso 
sobre este cap. i8 de Isaías, que denota la con- 
quista hecha por los españoles; excuso prose- 
guir en este asunto. 

9. Vamos levantando un poco más este edi- 
ficio y echándole fundamentos de la Sagrada 
Escritura, para probar que estos indios eran en 
gran parte descendientes de aquellas diez tri- 
bus, y pondero un lugar muy escondido para 
este asunto de Jeremías, en los Threnos, capí- 
tulo 5. 

Profetizó este gran profeta á las tribus de 
Judá y de Benjamín, por el año 1307 de la 
Creación del mundo, y antes del nacimiento de 
Jesucristo Señor nuestro, 655, profetizó á esas 
dos tribus, porqueyahabiadesterradoa Salmana* 
sar y las otras diez tribus y llorando su m.ala 
fortuna y sucesos que habían de tener, dice en 
el citado cap. 5: 

«Nuestra herencia se ha vuelto y pasado á 
los que son alienígenas y nuestras casas han pa_ 
rado en extraños, somos como huérfanos sin pa, 
dres, y nuestras madres como viudas sin mari- 
dos. 

«Nuestra misma agua la compramos con di- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 75 

nero y los árboles, leña y fruto que nos perte- 
necían, nos cuesta nuestro precio. 

»Hemos puesto yugo á nuestras cervices, 
sin hallar descanso á nuestro quebranto y can- 
sancio, caimos en las manos de Egipto y de los 
asirios. 

«Pecaron nuestros padres y han faltado, y 
nosotros cargamos sus iniquidades. 

»Hasta los esclavos dominan de nosotros, y 
no hallamos quien nos redima de su mano. 

»Nuestro cutis y pieles se han tostado y 
y puesto de color de horno de barro encendi- 
de á fuerza de trabajos y hambres.» 

Hasta aquí Jeremías, claro está que hablaba 
aquí respecto de las tribus y su transmigración, 
y aunque muchas cosas suenan en la letra de 
presente, ya se sabe, y lo hemos dicho, que la 
profecía no guarda la propiedad de los tiempos, 
porque Dios, que es autor de ella, lo tiene todo 
presente. 

Este lugar de Jeremías, aunque hoy no se 
verifique en estos indios, por las muchas cédu. 
las que nuestros Católicos reyes tienen despa- 
chadas para su buen tratamiento, donde eviden- 
temente han declarado en este tratamiento, su 
Real voluntad, á que concurren tan puntualmen- 
te sus vireyes, audiencias y gobernadores: pero 
■estos indios en su gentilidad, pasaron mucho de 
lo que contiene la profecía de Jeremías, y ea 



lyó DIEGO ANDRl^.S ROCHA 

parages muy remotos, donde no puede llegar la 
providencia de los superiores por tener las In- 
dias más de 4000 leguas de distancia, están pa- 
sando las calamidades que profetizó Jeremías, 
aunque en sabiéndolo los superiores, y pudien- 
do coger á los malhechores, los dejan bien es- 
carmentados, y de lo dicho se toma argumento 
de que los indios son en gran parte semilla de 
las tribus. 

I o. Pon dera también el muy docto Fr. Luis de 
León, sobre el cap. 8 de los Cantares, lo que en 
él dice el Espíritu Santo, que la hermana'mayor 
previene zarcillos de oro y reparos de plata á la 
menor, para que el día de su desposorio, que es el 
de la conversión de estas tribus, que se habían 
de agregar á la tribu de Judá, que significado 
por la Iglesia, es su hermana mayor, con otras 
ponderaciones que se podrán ver en dicho au" 
tor. 

II. Más señales y conjeturas hemos de sa- 
car de los libros sagrados que están señalando 
á estos indios por descendientes de las tribus 
y pondero un lugar muy oscuro, aunque traído 
por los intérpretes, en comprobación de nuestra 
sentencia; es de Isaías, en el cap. 18; donde 
dice: «Ay de la tierra, que es cimbalo (ó cim- 
balillo) de alas, la cual está más allá de los ríos 
de Etiopía de aquel que envía legados al mar; y 



ORIGEN DE LOS INDIOS 17 7 

en vasos de árboles, sobre las aguas. Id, Ange- 
les veloces á una gente que junta fué arrancada 
con violencia de sus tierras, á una gente destro- 
zada, á un pueblo terrible, á una gente que há 
mucho que está esperando, á una gente hollada; 
á quienes los ríos han robado sus tierras!» 

Más misterios tiene esta profecía que letras. 

Profetizó Isaías las calamidades de muchas 
tierras y reinos, desde el cap. lo hasta el 33, 
usando de la palabra vce y de la palabra omis, 
en muchos de ellos, y por lo incógnito de estas 
Indias, las explicó con la palabra de cy77ibalo de 
alas. 

Este lugar de Isaías le entienden casi todos 
los intérpretes por la predicación del Evangelio 
en estas Indias occidentales, en las orientales, 
Japón y China. 

De este mismo sentir sonLumn^o De extre- 
mo, Dei Judicio, lib. 2, cap. 6. Rebelo, de oblí. 
gatione justit., lib. 18, cuest. 23, sec. 3.^; P.Juan 
Lucena, en la Vida de San Francisco Javier, li- 
bro 5, cap. 21. Maluenda, en el lib. 3 de An- 
tic, cap. 12. 

Pero muchos más aplican este cap. 18 de 
Isaías á la predicación, descubrimiento y con- 
quista de estas Indias occidentales, hecha por 
los reyes de España, y de este sentir es el Padre 
José de Acosta, en la Historia de este Nuevo 

12 



jyS DIEGO ANDRÉS ROCHA. 

í^íando, lib. i, cap. 15. Delrío, tomo I,adag. 723, 
in fine, Montano, Bórrelo, Thomas Bozio, Basi- 
lio Poiice, Ludovico Legionense y otros referi- 
dos por el consejero D. Juan de Solorzano, to- 
mo I, lib. I, cap. 15, núm. 23. 

Vamos discurriendo por la profecía y apli- 
cándola al descubrimiento de estas Indias occi- 
dentales y reducción de las diez tribus. 

Dudo, lo primero, parque significó el profe- 
ta Estas Indias con la palabra cymbalu7n ala- 
rum y si estas palabras se han de entender en 
su simple, llana y natural significación ó si están 
puestas con misterio y metáfora. 

Si atendemos á la propiedad de la palabra 
latina cymbaluní^ y de la palabra griega cyndw- 
lon^ es un instrumento cabo, que hace mucho 
ruido pulsado con la mano en el cuero que tapa 
la cabeza, como se usaba en las fiestas de la 
diosa Cibeles, madre de los dioses en la genti- 
lidad, como con autoridad de Xenophonte y de 
Atheneo, lo prueba Juan Scápula en su Lexicón^ 
en la palabra cymbos^ y su derivado cymbolon^ y 
en estas Indias^ en especial en la provincia de 
Quito, arrastran los indios unos tambores largos, 
de tres á cuatro varas, forrados de cuero, con 
aletas, que pulsados con la mano, se oyen dos 
ó tres leguas y causan asombro, y los negros de 
Etiopía en estas Indias, usan de los mismos 



ORIGEN DE LOS INDIOS 179 

tambores, pero no tan grandes como los indios 
y Scápula, en el Ingar citado, llama tímpano al 
cymhalo y está encampanada toda la América 
con cerros. 

Isaías dijo que esta América era cimbalo y 
campana de alas, porque los indios usaban ea 
estos montes de tambores de palo, conque se 
avisaban de unas partes á otras, como si fuera 
con campanas y trompetas, y así lo dejó advertí' 
do el capitán D. Bernardo de Vargas Machuca 
en su Milicia Indiana, tratando de las propieda^ 
des, viviendas é instrumentos de los indios, y 
dice en la hoja 134, vuelta: «Sus viviendas ca 
general son en montes y lomas (propiedad de 
los tártaros) porque viviendo en los altos, se ea- 
tienden con unos tambores de palo, y m.ás aba- 
jo, en la hoja 139: «En la guerra usan de fotu- 
tos y atambores de palo, que en montañas sue. 
nan mucho trecho» y en el lib. i, hoja 4, á la 
vuelta, dice: «Cuando les conviene juntarse ó 
darse algún aviso, se entienden por tambores» 
con que con mucha propiedad se llama tierra 
de címbalos, y aunque Isaías usa de la palabra 
cymbalOy en singular, esto es familiar á]'^ profe- 
cía, en que frecuentemente se usa ■ tropos, 
metonimias y sinecdogues, tomando ..1 todo por 
la parte y al contrario, y los versados en la es- 
critura saben que en ella, se pone el singular por 



1 8o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

plural, diciendo que esta América era címbalo 
de alas, explicó sus largas cordilleras que la ci- 
ñen toda, las cuales son alas y faldas de los 
montes, en que ponían y tenían los cimbalos 
con que se avisaban y entendían, y llamó á esta 
América cimbalo de alas, porque este instru- 
mento suena haciendo gran temblor, como se 
dijo en el lugar citado de Scapula: «Est instru- 
mentum cavum, quod manu pulsatum crepitai» 
sino es, que llamase cimbalo, porque en toda 
esta América hay terremotos que suenan dando 
y haciendo grandes asonadas, crepitando y es« 
tremeciéndose toda, haciendo los efectos que el 
cymbalo y el ruido muy conforme á él, y los 
temblores, según opinión de muchos, son true- 
nos y ruido de la tierra, como dice Celio Rodi- 
gino, lib. 30, Lecturas antiguas, cap. 27, y en 
un instante se oyen en distancia de 200 leguas, 
por eso son campanas, cuyo sonido vuela, como 
si tuviera alas del viento, y así son cimbalo de 
alas; y añado que toda esta tierra es de cerros 
y cordilleras que la ciñen, y en ellos muchos 
volcanes- y concavidades que de ordinario esta- 
llan y suenan como campanas y cimbalos. 

También se avisaban estos indios en largas 
distancias con humos y candelas, como lo dice 
el citado D. Bernardo de Vargas Machuca, en . 
su Milicia Indiana, lib. i, cap. i, fol, 5, por estas 



ORIGEN DE LOS INDIOS l8l 

palabras: «Cuando la distancia es larga, que el 
eco de los tambores no alcanza, hacen humos, 
de tal manera y modo, que un mensajero no 
podía mejor dar á entender la causa,» de que 
infiero no haber campana ni címbalo de alas 
más lijero que el que tenía esta tierra en sus 
humos, para avisarse de partes muy lejanas, su- 
biendo las noticias por los aires, y siendo alas 
los mismos humos, advirtiendo también lo que 
dice en el lugar citado el dicho D. Bernardo de 
Vargas, de que en España es costumbre en las 
atalayas avisar con humos, lo cual sirve para 
comprobación de lo mucho que escribo en esta 
obra, de que estos americanos descienden en 
gran parte de los primitivos españole«?, de los 
cuales, como otras costumbres, aprendieron esta 
de avisarse en distancia con humos. 

También pudo llamar Isaías á esta América 
cimbalo ó campana de alas, porque estos ame- 
ricanos, en sus ciudades y pueblos, hacían sus 
casas á forma de campanas, con sus alares, 
según nos advierte el P. Torquemada en su Mo- 
narquía Indiana, lib. 3, cap. 2, al ñn de él, y yo 
he visto en los Pastos casas de esta forma, y así 
llamó Isaías á esta América Cimbalo ó Cam- 
pana. 

Pero se puede entender también la palabra 
cimbalo en metáfora y epíteto, porque este epí- 
teto: «Mundi cymbalum ó cymbalum mundí,» 



I 82 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

hcgún Erasmo ea la Chiliada cuarta, centuria 
I o, verbo cymbalum mundi se pone para deno- 
tar la opinión ó fama que tiene la persona ó la 
tierra de que se trata, como si dijéramos, que 
resuena por todo el mundo la fama de este su- 
jeto ó cosa de que se habla con admiración de 
los que lo oyen, lo cual se verifica de estas In- 
dias, cuyo nombre, por sus riquezas, oro, plata? 
perlas y piedras preciosas ha admirado al Orbe? 
y no sin causa le llamó címbalo alado ó de alas 
el profeta, porque volando por toda la tierra su 
fama y aún denota más que el cimbalo del mun- 
do el cimbalo de alas, porque explica la veloci. 
dad con que ha extendido su nombre á todas 
las naciones. 

Dice más Isaías, que la tierra de que habla 
está más alia de los ríos de Etiopía, con lo cual 
explica más claramente que habla de estas In- 
dias. 

Dos Etiopias con Homero señalan los anti- 
guos, una en Asia y otra en África, según expli- 
ca Antonio Nebricense, en su Diccionario de 
lugares, verbo Etiopía^ y aun si contamos la 
Nueva Guinea ó Etiopía, que hay en estas In- 
dias á la parte Austral, se pueden contar tres, y 
muchos han querido que por el color de estos 
indios sea esta tierra como parte de la Etiopía. 
Pero llegando á lo individual de la profecía 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 83 

la tierra de que habla^ la pone Isaías después de 
los ríos de Etiopía y es preciso que sean estas 
Indias occidentales, porque si habla del África, 
los ríos de Etiopía la terminan y no resta otra 
tierra por el Occeano que las islas y tierra ame- 
ricana. 

Está la América y tiene á su Oriente contra- 
puesta á la Europa y al África, de las cuales se 
divide con el dilatado Occeano Atlántico; pero 
está la América más cercana al África que á la 
Europa . 

Por el Occidente tiene la América, al Asía, 
asilo dice Juan Laert: «America obiertam ha- 
bet ad Orientem quidem Earopam, atque Afri- 
cam, a quibus dividitur pottentíssimo Occeano 
Atlántico, Áfricas tomen propior, quam Europae. 
Ad Occidentem habet Asiam.» 

Luego si habló Isaías de los ríos de la Etio- 
pía de África, lo entendió por los que terminan 
el África, porque la Etiopía es lo último de Áfri- 
ca, según los mapas, y así la tierra, que está 
después de estos ríos, navegando de ellos a^ 
Occidente, habrá de ser la América. 

Si habló de la Etiopía de Asia, sus ríos co" 
rren á la Tartaria, que por el estrecho, que sale 
del mar Escítico se da con la América septen- 
trional, como veremos más abajo, y así parece 
que mirado por ambas Etiopias, la tierra que 



1 84 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

está después de sus ríos, señala el trayecto y 
tierras de la América^ como con el P. Pineda 
dice D. Juan de Solorzano, tomo I, lib. i, capí- 
tulo 15, núm. 25. 

De lo que acabamos de decir se sigue que 
por cualquier parte que se considere, ó ya sea 
por el Occeano ó por la Escitia y Tartaria, la 
tierra que está después de los ríos de Etiopía, 
precisamente ha de ser la América, lo cual re- 
conoció D. Juan de Solorzano, en el tomo I, 
de lur. Ind. lib. i, cap. 15, núm. 25, diciendo: 
«Ultra flumina ^thiopiae, id est, ad huius Orbis 
nuper reperti Íncolas,» y Juan Filcsaco en sus 
Selectas, lib. i, cap. 12, y si discurrimos por la 
Etiopía de África, el monte Atlas, por quien lla- 
mamos mar Atlántico al Occeano, este monte 
está á lo último de esta Etiopía, según aquellos 
versos de Virgilio en el 4: 

«Occeani ñnem, solemque cadentem 
Ultimus ^thiopum locus, noi maximus Atlas.» 

Y por esa parte no se halla tierra continen- 
te, más que á nuestra América. 

Y cuando hablase Isaías de la Etiopía asiá- 
tica, su ríos van á dar con la Escitia, Tartaria y 
China, como se podrá ver en el citado D. Juan 
de Solorzano, en dicho lib. i, cap. i, desde el 
núm. 40 hasta el 72, y discurriéndose por este 
lado, después de los ríos de Etiopía, has de ha- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 85 

llar los reinos de Anian y Quivira, que ya son la 
América descubierta, y así, dicha profecía fué 
señalando después de los rios de Etiopía á toda 
esta América. 

Demás que Isaías usa de las palabras irans 
flumina Aetiopioe^ y la partícula irans significa lo 
mismo que de la otra parte de los ríos de Etio- 
pía, que vulgarmente decimos allende^ y gran 
parte de esta América está enfrente de Etiopía 
con un golfo de mar, que es en opinión de mu- 
chos, de menos de cuatrocientas leguas, como 
se podrá ver en Juan Botero, en sus Relaciones 
del mundo, lib. 5, part. i § Brasil^ y su traductor 
Licenciado Diego de Aguiar, donde, hablando 
de aquellas costas, del Brasil, dice no distan de 
África más de mil millas, que hacen trescientas 
treinta leguas, y el mismo autor, más abajo, en 
el lib. 6, § Islas del Brasil^ donde pone al Bra- 
sil enfrente de la P2tiopía con que toda esta 
América en gran parte está fronteriza á la Etiopía 
de África; y hablando el profeta desde aquel 
mundo antiguo, dijo que esta tierra estaba en^ 
frente de la Etiopía y de la otra parte de ' ella 
transflumina Eiiopíse, y así dice el dicho autor: 
«Todas las islas de este mar, que pasa entre el 
Brasil y la Etiopía, estaban deshabitadas.» 

Dice Isaías después: «Qui mitit legatos in 
mare,» y parece que es viciosa gramática, por- 



l86 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

que va hablando de la tierra, que está después 
de Etiopía y ambos nombres son de género fe- 
menino, y á este no corresponde el qui^ que es 
masculino^ y así se ha de suplir el posesivo chis^ 
para que ajuste el relativo qui, lo cual es muy 
propio de las profecías, como vemos en el Apo- 
calipsis de San Juan, que habiendo dicho a Apo- 
calipsis Jesu Christi, quae opportet fieri cito,» 
está defectuosa la gramática, y así suplen to- 
dos «corum quae opporfet fieri cito» Cuando 
las cosas, como dicen, concuerdan en género y 
número y caso, hacen evidencia, y una proban- 
za probada y, como dicen los juristas, es hallar 
la burra blanca de lo que se buscaba, com^ aquí 
en la profecía de San Juan y de Isaías, en am- 
bas concurre el relativo y se suple el posesivo. 
Dice, pues, que el dueño de aquella tierra 
envía legados al mar, y en vasos de raíces ó ár- 
boles, los envía á que vayan sobre las aguas- 
(jin vasis papyri» dice, y es de advertir que la 
palabra /^/>T^í 6 papyrufn^ y en griego papyros 
63 una planta que nace en lagos ó lagunas que 
unos llaman totora y otros jtmco\ hay de éstos 
más y menos gruesos, como se podrá ver en 
Teofrasto, lib. 4, Hist. cap. 9, y en Plinio, libro 
13, cap. I. Alejandro Afrodiseo, en ellib. i de 
los Problemas. Dioscórides, en su erudito lib. i 
cap. II, y véase Juan Scapula en su Lexicón, en 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 87 

la palabra /¿z//r¿7i', y había algunos tan gruesos, 
que su corteza servía de papel y libro, y los 
egipcios usaron de navichuelos hechos de estas 
plantas y juncos, como dice Lucano^ lib. 4: 
«Conferitur bibula Menphitis cymba papyro.» 
Y de estas embarcaciones usaban solamen- 
te los indios del Perú, llamándolas balsas, que 
hacían solo de totoras unidas con juncos, como 
usan hoy los pescadores, y también de palos de 
balsa para más largas embarcaciones, los cuales 
palos nacen también en lagos y lugares palus. 
tres, y las unen con juncos, y estos son sus vasos 
de navegar y también á semejanza de estas em- 
barcaciones usaban de canoas que hacían cón- 
cavas de palos más gruesos, que es á lo que más 
se extendió su modo de navios y cuando yo no 
viera en la profecía de Isaías miás que este gé. 
ñero de vasos papiráceos de que usa, tuviera por 
cierto que hablaba de esta tierra de las Indias , 
donde no había otros navios. 

Dice, pues, que en estos vasos enviaba lega- 
dos esta tierra, ó su dueño á la mar, y á las 
aguas, y es la razón porque este, como se ha 
dicho en muchas partes de esta obra, es el ver- 
dadero mar, y aunque iban á algunas islas, estas 
se reputan por mar, y como estas partes están 
divididas de las otras tres partes del mundo, 
solo iban los legados al mar, y más cuando toda 



lS8 DIEGO ANDRfcS ROCHA 

esta playa austral en las divinas letras se signi-» 
fica por el mar, según el mismo Isaías, cap. 66, 
vers. 19, ibi: ccMittam ad gentes inmare», y en 
el cap. 60, vers. 9, donde dice: «Me están aguar- 
dando las islas y las naves en el principio del 
mar, para traer de lejos los hijos de Israel,» en 
este cap. 60, dice: «Me expectant naves maris 
in principio.» 

Esto es en principio del verdadero mar en 
que comienzan las Indias. 

En la Escritura, por el mar se entiende la 
gentilidad, según la Epístola del señor San Ju- 
das Tadeo, donde llama á los gentiles frutos del 
fiero mar; pero en el lugar de Isaías no hemos 
de tomar esta senda, porque habla de los lega- 
dos que enviaban los reyes de las Indias al mar 
verdadero, y de los bajeles, que enviaban sobre 
las aguas, y yo juzgo que se ha de entender 
como ello suena, y por el mar, y así añado que 
iban en vasos ó bajeles por las aguas, y que te- 
nían sus modos de embajadas por el mar á otros 
caciques que habitaban islas ó el continente y 
costas muy distantes. 

Y los indios de lea y los de Arica, como re- 
fiere el P. Fr. Gregorio García en el lib. i del 
Origen de los Indios, cap. 4, § i, contaban, 
cuando se descubrió este Perú, que antes que 
vinieran los españoles, navegaban á unas islas 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 89 

muy remotas hacia el poniente, y también hace 
mención de otras navegaciones hechas en su 
gentilidad, y decir que enviaban legados al mar, 
como hemos dicho, fué, por denominarse esta 
tierra con el nombre del mar, y así en el capí- 
tulo ;^^, del Deuteronomio, núm. 23, dice que 
Nepthah', que es una de las diez tribus, que pa- 
saron á esta América, poseería el mar, y el Me- 
diodía, que esta región austral. 

Prosigue leyendo: 

Dice Isaías, que esta tierra envía legados al 
mar y á las aguas, y parece viciosa la repetición; 
pero según lo dicho, no lo es, porque por la 
mar como está dicho^ se entiende esta tierra, y 
por las aguas. 

Estos legados eran como exploradores, y 
vigías del mar, por la grande distancia de este 
reino y del de Méjico, y que yo me acuerdo ha- 
ber oido á un gran astrólogo que hubo en este 
reino, nombrado D. Francisco de Quirós, que 
decía que los llanos de estas Indias fueron mar? 
y que con el tiempo quedaron estos llanos en 
tierra, como ha sucedido en muchas partes del 
Orbe; por donde dijo el otro poeta latino: «Ví- 
di factas ex sequore térras,» y para prueba de su 
sentir, habla, que en los llanos y mayor parte 
de ellos, cabando la tierra, á media vara se 
dará con cascajo y piedras del mar, y así dice 



190 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

bien Isaías, que enviaba legados á la mar, y so- 
bre las aguas, y en mi entender, estos legados 
no eran embajadores con la pompa que hoy se 
envían, sino nuncios y correos, que también sig. 
niñea estos la palabra legaius, como se verá en 
Antonio Nebricense, en la palabra legaiusy y no 
ha habido tierra en el mundo que tanto haya 
usado de nuncios y correos, que llaman chas- 
quis, como ésta, y así los Incas y Motezumas 
usaban de estos nuncios y legados, que con pres. 
¿eza corrían tan dilatados reinos, teniendo no- 
ticia por estos nuncios y chasquis de todos ellos, 
así por tierra ccmo por mor en sus bajelillos 
como se podrá ver en el P. Acosta, en la Histo- 
ria Indiana, lib 6, cap. 17, cuyas palabras trae 
D. Juan de Solorzano en su Política, lib. 2, ca- 
pítulo 14, fol. 137. 

Y hace mención de estos nuncios y lega- 
dos de Nueva España, Simón Mayólo, t. I, 
colloq. 4, en el fol 127, y del uso de estos 
nuncios y correos en todas las Indias, Garcila- 
so, en la Plistoria de los Incas, lib. 6, cap. 7, 
y Américo Vespusio, en la Relación del nuevo 
Orbe, fol. 138, y así nos puso Isaías una seña 
grand e en estos legados por mar y por tierra 
para que conociéramos hablaba de ella. Eran 
tan veloces estos chasquis, legados ó nuncios 
de estas Indias, que refiere el P. Acosta, en el 



ORIGEN DE LOS INDIOS I9I 

lugar citado, que andaban 50 leguas entre día y 
noche, y era necesario, por ser tan dilatado 
este reino y el de Méjico, que por ambas cos- 
tas de Norte y Sur tiene más de 700 leguas, 
además que, como este Nuevo Mundo no tenía 
letras ni escritura, se valían de nuncios que lla- 
man chasquis. 

12. Prosigue el profeta Isaías, y con mas 
claridad nos profetiza estas Indias Occidenta- 
les, diciendo: «Id, Angeles, veloces, á buscar 
una gente qus toda junta fué arrancada de su 
origen, á un pueblo terrible, después del cual 
no hay otro; á una gente que há mucho que 
está esperando, gente hollada y abatida, cuya 
tierra tienen robada los rios.» Este lugar lo en- 
tienden casi todos los doctores, como he di- 
cho, del descubrimiento de estas Indias y po- 
blación de los españoles en ellas, como lo trae 
D. Juan de Solorzano en el tomo i de lur. de 
Ind. lib. I, cap. 15, desde el núm. 21, y aquí el 
profeta llama Angeles veloces lo que Moisés 
llamó Águilas veloces y voladoras, en el eap. 4 
del Deuteronomio, en el vers. 49, de que hici> 
mos mención arriba. Águila se pone por Aa- 
gel y lo mismo al contrario en las profecías, y 
así en el cap. 8 del A^pocalipsis, núm. 13, «La 
voz del Águila volante» leen otros «La voz de 
Ángel veloz y volante». Este nombre, Ángel, 



192 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

como he dicho, es nombie de oficio, que sig- 
nifica nuncio, mensajero, embajador; por lo 
cual, al decir la profecía: «Id, Angeles velo- 
ces», quiso significar la embajada del Evangelio 
que trajeron nuestros españoles á tierras tan 
remotas con que se habla de dilatar la Santa 
Iglesia por otro Nuevo Mundo, según el capí- 
tulo 54 de Isaías, desde aquellas palabras: «Di- 
lata locum tentores tui» y fueron ángeles los 
que vinieron á estas dilatadísimas provincias 
del Perú y Méjico, ó sea por los predicadores 
apostólicos, que entraron sembrando la pala- 
bra de Dios, que se explica muy bien en la Es- 
critura con la palabra Angeles, según la inter- 
pretación de aquellos tres Angeles del cap. 14 
del Apocalipsis, ó í:ea por los obispos que en- 
traron planteando la íé, los cuales, en el mis- 
mo Apocalipsis, en los capítulos i, 2 y 3, se 
llaman Angeles, título con que denota á los 
obispos de Asia en dichos capítulos, ó sea por 
los sacerdotes que vinieron á enseñar la doc- 
trina cristiana, los cuales llama Angeles Mala- 
chías, ó sea por los religiosos franciscanos, 
como quiere el P Salinas, por haber sido de 
los primeros que predicaron en estas Indias, y 
así en este Perú á esta religión llaman la pro- 
vincia de los Angeles, ó sea, como quiere 
Lumnio, en el lib, 2 del Juicio Final, cap. 6, 



ORGIEN DE LOS INDIOS 1 93 

por los Padres de la Compaiiía de Jesús, que 
es el Ángel del gran consejo, ó por las demás 
religiones, que por predicadores tienen el nom« 
bre de Angeles, como advierten los autores ci- 
tados, y así por este título se conoce en la 
Nueva España la ciudad de la Puebla de los 
Angeles, que se le pusieron los primeros po- 
bladores que vinieron con el gran Hernando 
Cortés. 

Pero aunque la denominación de Angeles, 
en su primera significación, se haya de enten- 
der por los obispos, sacerdotes y religiosos 
que vinieron á propagar la fé en las Indias, sin 
embargo se ha de tomar en mayor amplitud la 
significación de Angeles veloces en la profecía 
de Isaías, entendiéndola por todos los españo- 
les que, guiados de Dios, vinieron por sus em- 
bajadores y nuncios, que esto quiere decir An- 
geles, esto es, enviados de Dios, como se dice 
del señor San Juan Bautista: «Fuit homo mis, 
sus á Deo», y por eso se le da el nombre de 
Ángel, como lo explica nuestro Redentor: 
«Ecce ego mitto Angelum meum.» 

Llamó Isaías Angeles veloces á los espa- 
ñoles por la gran presteza con que vinieron á 
esta conquista en naos muy ligeras y veloces. 
Fueron Águilas veloces, que vinieron de muy 
lejos, como dejó profetizado Moisés en el ca- 

13 



194 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

pitillo 4 del Deuteronomio, núm. 49, y cste epí- 
teto de Águilas dan muchos á los españoles y á 
nuestros Católicos Reyes. Dejó la sim'litud de 
serlos reyes de España y los españoles sobre 
los demás reyes y naciones, como lo tengo 
probado en mi librito de Milicia, (i) con que les 
cuadra el epíteto de Águilas, que por exceder á 
todas !as aves, son las reinas de ellas, según 
dice Ravisio Textor en su Officina, lib. 7, ca- 
pítulo 42, en la palabra Águila, y á nuestro rey 
Católico le llama Águila grande, de alas muy 
grandes, Camilo Bórrelo. 

A la gente de hazañas grandes llamaron los 
griegos Águilas, y á Pyrro por haber hecho 
muchas, le dieron este nombre, según escribe 
en sus Lecturas antiguas Celio Rodigino, libro 
24, cap. 5: «Ab rerum gestarum excellentia 
Pyrrhum Aguilam cognominatum». Id, ets., 
Acto7t. ¿Qué nación en el mundo ha hecho más 
hazañas que los españoles y sus reyes? Véanse 
las historias y contémplense los lugares que dije 
arriba en el cap. 2, y lo que tengo dicho en mi 
libro de Milicia Indiana. 

En la Nueva España se apareció por muchos 
días un águila con el copete diáfano, que turbó 



(i) Se refiere i la "Carta á D. Baltasar de la Cueva, conde 
de Castellar... Lima \6^s^ que queda citada en la advertencia de 
este volumen. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 95 

mucho á Motezuma, emperador, y era indicio 
que águilas habían de venir á privarle del reino, 
de que se podrá ver al Padre Torquemada, y en 
Méjico llevó un águila á un indio labrador á un 
tribunal donde vio el fm de Motezuma, por los 
que venían de lejos á quitarle el reino, como 
dice Solorzano, t. i, lib. 2, cap. 2, núm. 53, y 
antes en el núm. 52, otro portento de que se 
manifestaron los españoles como ángeles. 

13. Prosigue Isaías diciendo: «Id Angeles» 
á una gente convulsa, la propiedad del nombre 
convulsuSy es del qiie es sacado, ó arrancado de 
alguna parte juntamente con otros, porque el 
verbo latino convello, es arrancar á unos con 
otros, y así sucedió á las diez tribus, que á todos 
juntos los arrancó Salmanasar de Judea y los 
pasó á los asirios, según consta de la Escritura 
Sagrada, y diremos más abajo. 

Dice más: que esta gente era destrozada, 
como lo fué, apartada de las demás tribus, y 
destrozada por la desgregación de sus tierras? 
destrozada también por los sacrificios que ha- 
cían de ellos en Méjico y en este Perú, destro- 
zada también por los grandes trabajos y ocupa- 
ciones en que los entretenían sus Ingas y Mote, 
zumas. 

Dice más: «Id á una gente ó pueblo terrible, 
este es el pueblo judaico de estas tribus, gente 



ig6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

terrible y de dura cerviz, que siempre resistie- 
ron las inspiraciones divinas, como hablando 
con ellos se lo dijo el Proto-Martir San^Esteban 
en los Hechos de los apóstoles, cap. 7, núm. 51: 
«Sois — les dice — de dura cerviz y de corazones 
y oidos nunca purificados, sino dobles, y estáis 
siempre resistiendo al Espíritu Santo.» 

Prosigue Isaías: «Id á una gente y puebla 
después del cual no hay otro.» No se ve que ha- 
bla de estas Indias. 

No necesita esto de prueba, y luego: «Id á 
una gente que espera.» 

Y luego, en el fin de dicho cap. 18, dice: «A 
un pueblo que espera» y añade á un pueblo que 
espera: «Populum expectantem, expectantem.» 

Cuando yo no viera otra cosa, juzgara que 
hablaba del pueblo judaico, porque la repetición 
y germinación del pueblo que espera y espera^, 
denota la costumbre y propiedad del pueblo ju- 
daico, que siempre están esperando, y así deci- 
mos vulgarmente: vos parecéis judíos en esperar^ 
y esta ida al pueblo, que duplicadamente espe- 
ra, dice que sucederá al fin del mundo: «In tém- 
pore illo,» que de ordinario en la profecía se 
pone por el tiempo final del mundo. 

Añade Isaías: «Id, Angeles á una gente ho^ 
liada, concille ata ^^-i dice el texto, ;y qué más ho- 
llada que estos indios abatidos y hollados? 



ORIGEiSL DE LOS INDIOS 1 97 

Finalmente, dice que vayan estos Angeles 
veloces á esta gente á qaien los ríos han roba- 
do su tierra. 

Vean los americanos si ha sucedido esto 
como lo dice ei profeta, porque la multitud de 
ríos de estos reinos, y las quebradas que han 
hecho, por donde corren á gran, distancia, tie- 
nen casi robada la mitad de la tierra, y mucha 
parte de ella va quedando en cascajal, lo cual 
no sucede en las otras partes del mundo, con 
que queda bastantemente explicada la profecía 
de Isaías en el cap. i8, y ajustada á este Nuevo 
Mundo, conquistado por españoles. 

Para comprobación de lo dicho, y para más 
pruebas de que por estos Angeles veloces, se en- 
tienden los españoles, se puede también inducir 
otro capítulo bien oculto del profeta x\bdías, que 
es el final, donde dice: «Las colonias de Jerusalén 
que están en el Bósphoro, poseerán las ciudades 
del Austro, y subirán los salvadores al monte á 
juzgar al monte de Esaú y se dará el reino al 
Señor. 

Palabras que el docto Fr. Luis de León, so- 
bre el capítulo final de Abdías, acomoda con 
gran ingenio á la conquista de estos reinos, he- 
cha por los españoles, á quien han seguido 
Arias Montano, Maluenda, Acosta, Fr. Gregorio 
García, y otros alegados por D. Juan de Solor- 



IQS DIEaO ANDRÉS ROCHA 

zanOjCn eltomo I, lib. i,cap. i5,núm. 29,10 cual 
se verifica más que Cun la letra hebrea, en lu- 
gar de Bosphoro pone Scpharad^ y la paráfrasis 
caldea va con el mismo sentido, y los caldeos y 
hebreos á España llaman Sepharad^ como dice 
el mismo D. Juan de Solorzano, poco há citado, 
núm. 33 y 34. 

Con que diciendo Abdías, que los salvado- 
res y mensajeros del Evangelio vendrán de 
Sepharadj y poseerán las ciudades del Austro, 
que son las de esta América, bien se vé, que 
habla de la venida de los españoles y conquista 
de estas paites, hecha por ellos, y que los sal- 
vadores son los Angeles de que habló Isaías en 
el cap. 18. 

14. Concluyo este párrafo, dejando muchos 
lugares de la divina Escritura, con el Psalmo 
149, donde dice que Dios traerá á los mansos á 
verdadera salud: «Exaltabit mansuetos in salu-' 
tem,» lugar que entiende el gran D.Juan de Pa- 
lafox, en un Tratado que hizo de las virtudes de 
los indios por ios americanos que los llama 
los mansos y pacíñcos , y aunque he dicho 
coiazones duros, también dije que Dios los 
había postrado y hollado y que ya con los tra- 
bajos estaban humildes, y así Isaííís, en el ca- 
pitulo 18 que he explicado, primero los Uanió 
pueblo terrible, y luego dice que eran gente 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 99 

humillada y conculcada, principalmente des- 
pués que olvidaron el judaismo y entroccaron 
con los que primero poblaron estas Indias. 
Compruébase el que dicho Salmo se entiende de 
estos indios mansos, con lo que añade que á 
sus reyes les pusieron en prisiones, grillos y 
esposas: «Ad allÍ2fando Resres eorum in com- 
pedibus, et nobiles eorum in manicis ferréis», 
como sucedió en la conquista de estos reinos, 
donde Motezuma y Atabalipa, reyes, fueron 
presos, y con lo que añade el mismo Salmo: 
«Ut faciant in eis judicium conscriptum», para 
que así se verificase el juicio que Dios tenía 
escrito y promulgado contra ellos, como suce- 
dió en aquella visión que tuvo en su gentilidad 
un indio labrador, que fué llevado al tribunal 
de Dios y allí vio dar sentencia contra Motezu- 
ma, gran rey de Méjico, en que se le quitaba 
el reino, como se puede ver en D. Juan de So- 
lorzano, tomo I, lib. 2, cap. 2, núm. 54, y tam- 
bién en la Isla Española, consultando Guaria- 
no su Real ídolo Ze7ni, poco antes de venir los 
españoles, le respondió que ya Dios le quitaba 
el reino y le daba á otros hombres, vestidos y 
con barbas, que vendrían de las partes en que 
está España. 



Pónense 7?iuchas conveniencias, semejanzas^ pro- 
piedades y ritos en que estos Í7tdios concuerdan 
cofi los judíos. 



I. Después de haber puesto los lugares que 
me han parecido más á propósito, sacados de 
la Sagrada Escritura, para probar que estos 
indios descienden en gran parte de las tribus, 
he dispuesto este párrafo, para que sirva de 
miscelánea y de grande y eñcaz indicio, para 
que judíos é indios sean de ün mismo origen y 
tengan entre sí mucha comunicación de sangre 
y parentesco. 

De la fábrica de esta opinión fué Príncipe y 
Arquitecto, el gran obispo de Chiapa D. Bar- 
tolomé de las Casas, y se halló en unos pape- 
les suyos, como refiere Torquemada en el li- 
bro 1, de la Historia Indiana, cap. 9, á quien 



ORIGEN DE LOS INDIOS 20I 

siguieron otros muchos que referí arriba. El 
primer fundamento puso en el lugar que he' 
mos ponderado de Esdras. El segundo en la 
gran multiplicación de esta gente americana, 
que como dicen, eran como arenas del mar, 
así Torquemada, citado, y por Oseas se dice en 
el cap. I que los hijos de Israel serían como 
las arenas del mar. El tercero, que en las pri- 
meras islas de Jamaica, Cuba y adyacentes, ha- 
blan un hebraico corro aipido. Pruébalo el 
obispo con varios nombres, porque Cuba se 
llamaba por los indios Cait'mtateacucth^ que es 
nombre hebraico y significa el poblador que 
le puso su nombre. 

ítem, la palabra cacique^ en lengua de los 
indios^ significa al más principal, y es raiz del 
nombre hebraico acantina que significa el prin- 
cipio y altura de alguna cosa. Lo^^^ indios se 
nombraban algunos laque Salmaná, de Salma- 
ná^ hebreo. 

Un río que está junto á la isla Española, se 
llama Hainan, derivado de Hain^ que en he- 
breo significa fuente. Los indios, al triste y 
lloroso llaman cínato^ que es palabra hebrea de 
la raiz cinail, que significa triste y lloroso. Los 
indios llaman carib al que come carne humaní, 
y se deduce del hebreo carithj que es consu- 
midor ó abrasador como fuego, y así lo hacen 



202 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

los indios caribes, que todo lo talan como 
fuego. Los indios, ¿I un instrumento de herir, 
llaman viachan ó ínachana, y se devluce del 
nombre hebreo macha, que quiere decir he- 
rida. 

Los indios llaman canoa á unos vasos con 
que andan y asisten en el agua, y se deduce 
de la palabra hebrea canon, que es estación en 
el agua. 

Los indios llaman axi al pimieuto, que en- 
ciende á los hombres y casi los hace bramar, y 
se deriva del nombre hebreo axa, que enciende 
y pone en furor al hombre. Estos son los nom- 
bres hebreos que halló el docto obispo doctor 
Fr. Bartolomé de las Casas. 

Hay otros nombres hebraicos que ponen 
los autores, como se puede ver en Fr. Grego- 
rio García, en su lib, 3, cap. 7, § 2, que con- 
cuerdan mucho con la lengua é idioma de es- 
tos indios. Pone lo primero este nombre Perú, 
y dice que es hebreo y que significa tierra fér- 
til, derivado del verbo Para, que quiere de- 
cir lo mismo que fructificar; pruébalo con la 
autoridad de dos muy peritos en la lengua 
hebrea; y de este origen, dice, tomó principio 
el llamarse esta América el Perú^ por su mucha 
fertilidad y abundancia, lo cual fué también 
sentir del Glosador de las Partidas, en su pro- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 203, 

logo, glosa octava, donde denomina estas In- 
dias por tierra fértil y fructificante, y de esta 
raiz vienen tantos nombres como hay en el 
Perú, como son: el gran Pará^ Paraguay^ Pa- 
ria^ Parinacocha, el río Paraná, y aquí conduce 
lo que dije más arriba, cap. i de las dos re- 
giones de Méjico y Perú, denotadas en las Sa- 
gradas Letras por los hebreos, con el nombre 
Paruaim ó Parvaim. Añade Fr. Gregorio Gar- 
cía que la palabra paray en lengua general de 
los americanos é Indias, significa la lluvia, que 
es la que fertiliza y hace fructificar, derivado 
del verbo hebreo Para. 

Tiene este autor por eficaz otro reparo, y es 
que este nombre An7ia fué muy usado entre las 
mujeres de los Ingas, y una se llamó Auna 
Guarqid y otra Anna Caoiia^ con que significa- 
ban lo gracioso de tales reinas, y en el hebreo 
este nombre anna cuadra bien el estado y dig- 
nidad de reina; porque anna quiere decir gra- 
ciosa. 

La palabra Abha, que unos la tienen por si- 
riaca y San Agustín por hebrea, en la Epíst. 4, 
ad Galat., significa padre, y así se lee abbapater 
y entre los indios significa lo mismo, según el 
citado Fr. Gregorio García. 

La palabra rac/iá es hebrea, según San Je- 
rónimo, tomo IX, sobre el cap. 5 de San Ma~ 



204 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

teo, y dice que sigaifica vacuum^ ea castellano 
vacío\ los indios, al vaso y valva de la mujer lla- 
man racha por la semejanza de vacío. 

Este nombre mamona^ que significa ídolo ó 
demonio, según la Glosa y Lira, en el citado 
cap. 5 de San Mateo, frecuente entre loshebreo^ 
para significar dicho ídolo ó demonio, y Pedro 
Mártir y dicho Fr. Gregorio García dicen que 
en estos indios había un ídolo en la isla Espa- 
ñola que llamaban Mamona. 

Refiere también Fr. Esteban de Salazar, en 
el Símbolo Apost., discurso i6, que en Méjico, 
en la provincia de Chiapa, tenían los indios al- 
guna noticia de la Santísima Trinidad, llaman 
do al Padre leona, al Hijo Vacah^ y al Espíritu 
Santo Esiruach, que parecen nombres hebreos, 
y Riiach, según este autor, es el Espíritu Santo 
en hebreo. 

Este nombre México.^ dice el citado Fr. Gre- 
gorio García, que se nombró primero Mcssico^ 
por su fundador, que se llamó Messi, palabra 
conocidamente hebrea, como también luctan ó 
lucatan, por lectan, hijo de Heber, de quien 
descienden los hebreos, y entiendo que si se 
pusiera cuidado por hombres peritos en la len- 
gua hebrea y de los indios, se hallaran muchas 
cosas muy concordantes, y se pudiera decir de 
estos indios: «Nam et loquela tua manifestum te 



ORIGEN DE LOS INDIOS 205 

facit.» Añádese que en este Perú hay un pueblo 
que se llama Salu y el padre ^é Za77ihri se lla- 
mó Salu^ según el cap. 25 de los Números. 

La similitud de los lugares prueba también 
mucho para conocer el origen de los primeros 
pobladores de alguna tierra, como dice el Pa- 
dre Moret en la Historia de Navarra lib. i, ca- 
pítulo 4, § I, desde el fol, 85, y lo mismo la si- 
militud de nombres y del idioma. 

En estas Indias está el pueblo de Cocas, 
hacia Castro Virreina, y en la tierra de Neptalí 
está la ciudad de Cocas ó Ucocas, como verás en 
el Teatro de Tierra Santa, de AdricomioDelpho,- 
jn Neptásim, núm. 98. 

En Babilonia, donde estuvieron las tribus,, 
está la ciudad de Bilca, según Nebricense, ver- 
bo Bílca^ y en estas Indias, hacia Guamanga^ 
el pueblo Bilca. 

En los términos de Halchat^ de Palestina, 
está el pueblo de Cali^ Josué, cap. 19, núm. 25, 
y en estas Indias, junto á Popaian,está el pueblo 
de Calij donde asisten las Cajas Reales. 

También Marca^ ciudad de Egipto, Antonio 
Nebricense en la palabra Marca, donde tantos 
años asistieron cautivas las tribus, y en estas In- 
dias, en la provincia de Guailas, está el pueblo 
de Marca, 

También hay pueblo de Macato en estas In- 



2o6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dias, eii la provincia de Guailas, y también los 
judíos tuvieron otro pueblo nombrado Mácate^ 
en la tierra Basau, Josué, cap. 12. 

También Chala era un pueblo de Egipto, el 
mismo Nebricense, verbo Chaal^ y en Boecia 
hubo otra ciudad nombrada Chalía, Antonio Ne- 
bricense, verbo Chalía^ y en estas Indias el pue- 
blo de Chala junto á Acari. 

La tierra y ciudad de Rama, celebrada en- 
tre los judíos, como se verá en Josué, en el Pa- 
ralipómenon, en Esdras, en Isaías, Jeremías y 
Oseas, y en estas Indias está el pueblo de jRa- 
vía ó Rauma, como verás en el Garoñlacio Real 
de D. Gaspar de Escalona, lib. i, cap. 14, nú- 
mero 37. 

En la provincia de Santa Marta de esta Amé- 
rica, está la provincia Betania ó Betonia^ como 
dice Juan Laert en el lib. 8 del Nuevo Mundo, 
cap. 14, núm. 20, alude á la Betania de los is- 
raelitas. 

Añade á Masada, que era un pago en Pales- 
tina, Antonio Nebricense en la palabra Masada 
y en estas Indias, en Nicaragua, cae la provin- 
cia Masaya, como dice Torquemada en el libro 
3 de su Historia Indiana, cap. 38, al fin. 

Mucha similitud tienen también algunos de 
los nombres de Reguíos y caciques de la pro- 
vincia de Méjico con los antiguos hebreos, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 207 

aunque con el tiempo se corrompieron, y el 
primero sea Thegueii, hijo de Ephrain, como 
consta del Libro délos Números, cap. 26, nú- 
mero 35, y de los primeros pobladores de Mé- 
jico fué uno Tenehy según Torquemada, lib. i, 
cap. 12. Fué también hijo de Heber, Hela^ se- 
gún el mismo, cap. ló, de los Números, ver- 
sículo 33, y el citado P. Tornaemada, en el 
mismo cap. 11, pone á Hela ó Helna por uno 
de los pobladores de Méjico; en el mismo lu- 
gar pone entre los mismos pobladores á Ul- 
mekal, y pvarece tiene gran alusión con el nom- 
bre Melchal ó Melcha, que fué de la familia de 
Manase^ como verás en el citado cap. 26 de 
los Números, vers, 33. Y aún yo juzgo que la 
provincia que en Méjico llaman Afechoacan, tie- 
ne mucha alusión con este Melcol^ y Acan, 
también fué aquella que prevaricó en el pue- 
blo de Dios, como se lee en Josué. 

Los indios mejicanos tuvieron éntrelos Tul- 
tecas á Achitomelf dícelo el P. Torquemada en 
el lib. 2 de su Historia Indiana, cap. 13, y bien 
se ve cuánto se asemeja con el nombre de los 
hebreos ArchitofeL 

También Oza es nombre hebreo, como dice 
Fr. Gregorio García en su lib. 3 del Origen de 
los Indios, cap. 7, párrafo 3, y Oza significa 
pulga ó piojo, en la lengua de estos america- 



208 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

nos. El nono rey inga se llamó Topayupanque^ 
según el más común uso de hablar de estos 
americanos, como lo observó el inteligente his- 
tcriador de estas Indias, Diego Fernández, á 
quien llaman el Palentino, en su Historia del 
Perú, part. 2.% fol. 126, en la palabra Topa lu- 
panqué^ diciendo: «Topa yupanque fué gran se- 
ñor y muy valiente. Extendióse y sujetó más- 
tierra que todos sus antepasados;» y más abajo: 
«conquistó toda la tierra hasta Chile y Quito,» 
y este nombre Topa fué peculiar de las tribus 
de Israel, de la familia y estirpe de Tohi^ según 
Esdras, en el lib. 3, cap. 5, núm. 29, ibi: «Topa 
Filij Tobi.» 

Bien sé que otros autores con el P. Calan- 
cha, en su Crónica, llaman á este nono inga 
Tupa^ pero el Topa es más común; demás, que 
como mudarse la o en u fué muy fácil, como 
observé arriba en el cap. i, según sucedió en 
los nombres Piro y Pirit^ y en Tubal, á quien 
como dije en dicho lugar llamó San Jerónimo 
Tobal y Tobel y á los españoles tóbelos. 

También en la palabra Cuba^ aunque probé 
arriba que era palabra española, fué también 
apellido de la familia de yÍj)ion^ la Escritura le 
llama Acuba en el lugar citado de Esdras: 
Aman Filii Acuba, 

2, Dije arriba cómo había Dios elegido á. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 209 

los españoles y á nuestro monarca como segnn. 
do Moisés para esta conquista de las Indias, y 
hallo en ella muchas señales de aquellas esta- 
ciones que hicieron los israelitas á la tierra de 
Promisión, de la cual se dice en el Éxodo, ca- 
pítulo 3, que era tierra ancha, dilatada y espa- 
ciosa y muy fértil de leche y miel, todo s^- veri- 
fica en estas Indias. 

Mandóles á los israelitas que saliesen en el 
mes de la cosecha de las nuevas mieses, y fru. 
tos, consta en el Éxodo, cap, 13, núm. 4, y que 
saliesen después de estar ya libres de yugo y es. 
clavitud, y de haber celebrado con regocijo su 
libertad, y con estas prevenciones salieron de 
Rameses^ como dice el cap. 33 de los Números 
vers. 3, y así salieron los españoles, después de 
libertada España de los moros, y alegrándose 
de los triunfos. 

Hicieron los israelitas cuarenta y dos man- 
siones en la conquista de la tierra prometida 
consta en el libro de los Números, cap. 33, y en 
lo que he leido tardaron cuarenta y dos años 
en la conquista del Perú y Nueva España. 

También prometió Dios al pueblo de Israel 
le daría un ángel que los patrocinase y guiase 
hasta ponerlos en la tierra prometida, consta en 
el Éxodo, cap. 23, núm. 20; en la conquista de 
las ludias vinieron muchos ángeles, y en el Cuz- 

14 



2IO DIEGO ANDRÉS ROCHA 

co, como consta en las Crónicas, se vio visible 
mciite en la pelea con los indios un capitán en 
caballo blanco y espada de fuego, que destro- 
zaba los indias y amparaba los españoles. 

En el cap. 12 del Deuteronomio, núm. 2, y 
en el citado 23 del Éxodo, núm. 24, mandó 
Dios al pueblo israelítico que destruyesen los 
idólatras rebeldes y les quebrasen sus ídolos y 
estatuas, y así se ejecutó por nuestros españoles 
en esta conquista. 

Dijo tambie'n Dios á Moisés, en el cap. 2 del 
Deuteronomio, núm. 25, que pondría espanto en 
los idólatras con la noticia de que los iban á 
conquistar, lo cual se veriñcó en la entrada de 
nuestros españoles en esta Ame'rica, donde se 
vio tan grande miedo en los indios, que no sa- 
bían dónde esconderse. 

Mandó Dios tambie'n á los israelitas que 
ofreciesen antes la paz en la tierra donde entra- 
sen, como se dice en el Éxodo, cap. 20, núm. 10, 
añadiendo que si los conquistadores viniesen 
luego á la paz, los tratasen bien, dejándolos solo 
por sujetos y tributarios, y donde no, que usasen 
del rigor de las armas, y así lo ejecutaron pun- 
tualmente nuestros españoles, como si lo hubie- 
ran oido de la boca del mismo Dios. 

Mandó también Dios que en conquistándose 
aquella tierra, se distribuyese entre los hijos de 



ORIGEN DE LOS INDIOS 211 

js rael, sus conquistadores, 3* [se les repartiese 
como se colige del Psalmo 134, en aquellas pa- 
labras: «Dióles las tierras de los idólatras en 
herencia á Israel su pueblo» y en el Deutereno 
mío, cap, 20, núm. ig: «Todos los pueblos que 
hallares en la tierra pronnetida te servirán de- 
bajo de tributo» y en el Psalmo 35, núm. 43: 
«Dióles Dioslas regiones de los gentiles y po- 
seyeron el patrimonio y trabajo de sus pue- 
blos. 

Esto mismo obró Dios en esta gentilidad de 
los americanos, y así se dieron encomiendas 
y repartimientos de tributos á los conquista- 
dores. 

Sucedió á los israelitas el que, pasado el 
mar Bermejo, la primera tierra y región que 
pasaron fué la del Sur, dícelo el cap. 15, núme- 
ro 22 del Éxodo: lo mismo aconteció á los es- 
pañoles que conquistaron esta América, pues 
pasado el mar del Norte la tierra que toparon 
fué la del Sur. 

En aquella conquista de la tierra de promi- 
sión no hubo pueblo que se entregase pacífi- 
camente, sino fué el de la nación Hebea como 
se lee en Josué, cap. 11, núm. 19, y los demás 
se conquistaron á fuerza de armas; así sucedió 
en Méjico, que no hubo provincia que de su 
voluntad se entregase y confederase con núes- 



212 DIEGO ANDRÍIS ROCHA 

tros españoles, sino fué la Tlascaltcca^ y lo 
mismo sucedió en este Perú, que todo se rin- 
dió al terror de las armas. 

También en aquella conquista de los hijos 
de Israel no se pudo conquistar toda la tierra 
prometida, y quedaron muchos por conquistar; 
consta en Josué, cap. 25, núm. 6^^-^ y del cap. 17. 
núm. 12; lo mismo ha sucedido en estas Indias, 
en que no se ha podido acabar de conquistar 
todo lo de Manila j Darien y Chile, Mandóles 
Dios también á los israelitas que en la conquis- 
ta do lo que fuesen poseyendo no permitiesen 
sacrificar hombres, niños ni mujeras; consta en 
el cap. 18 del Deuteronomio, núm. 19, á que 
eran dados los gentiles, como consta en el 
Psalmo 105, desde el núm. 35, y así lo obser. 
varón los españoles en estas Indias, sin permi- 
tir á los indios semejantes sacrificios, como lo 
dicen todos los historiadores. 

Además de lo dicho, mandó Dios á los is- 
raelitas, que no fuesen á aquella conquista déla 
tierra de promisión sino solo los voluntarios, sin 
apremiar á otros, según dice el cap. 20 del Deu- 
teronomio, núm. 8, lo cual también sucedió en 
la conquista de esta América, como lo hizo 
Cortés en Méjico, dando licencia á los que se 
quisiesen volver, y lo mismo hizo D. Francisco 
Pizarro, quedando solo con los trece compaña- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 213 

ros hasta que vinieron otros voluntarios, lo cual 
por ser tan notorio, no necesita de prueba. 

También se debe ponderar aquel caso de 
Rahab^ que pidió á los exploradores de Israel 
una señal para su seguridad y de su familia: 
cuando entrasen debelando á /erica, y ellos le 
dieron el cordón de grana, para que puesto en 
a ventana, le sirviese de inmunidad, como cons- 
ta en el libro de Josué. 

Asi sucedió con un indio cacique del Cuzco, 
que pidió una señal para librarse, cuando por 
su tien a entrase triunfante Pizarro, y ]e dieron 
la señal de la Santísima Cruz, y que la pusiese 
á la puerta de su casa, y habiéndola puesto, se 
libró él y toda su familia, según lo trae Garcila- 
30 Inga, tomo II de sus Comentarios. 

Añádese que en la conquista de la tierra de 
Promisión, según el cap. 12 de Josué, núm. i ^ 
vencieron y mataron los hijos de Israel veintiún 
reyes y reyezuelos; así también, en estas Indias, 
vencieron y mataron los españoles muchos re- 
yes y reyezuelos, que eran los caciques, porque 
no se dieron á la paz que se les ofrecía. 

También me ha parecido añadir, que así 
como los muros do Jericó se arruinaron con 
siete vueltas del Arca, Josué, cap. ó; así los 
muros de esta gentilidad americana, que eran 
-SUS ídolos, se arruinaron y cayeron por tierra 



214 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

como los muros de Jericó, cuando comenzó el 
uso de los siete Sacramentos en estas Indias? 
especialmente cuando se empezó á colocar el 
Santí:?imo Sacramento en ellas, que es la verda- 
dera áVca de los misterios de Dios, y se arruina- 
ron los ídolos, y enmudecieron, como sucedió 
con el ídolo parlero, que tenían en el valle de 
esta ciudad de Lima, según dice Garcilaso In- 
ga, tomo II, lib. I, cap, 34. 

^Dirás que todo lo que he traído en este nú- 
mero 2, no prueba que los indios americanos 
sean descendientes de los judíos, sino solo, que 
los salvadores que vinieron de España, siguie-^ 
ron en su conquista las estaciones de los israe- 
litas en latierra de promisión, y que sucedieron 
los mismos casos y efectos en una y otra con- 
quista? 

A que respondo lo primero que la similitud 
no ha de ser en todo, y basta que una y otra 
conquista concuerden en los casos y sucesos, 
que los efectos hayan sido unos mismos, y así 
como los de la tierra de promisión fueron 
para alivio de los israelitas, para su libertad, lo 
mismo sucedió aquí en las Indias para libertar 
á los americanos de la servidumbre del demo- 
nio, y como unos y otros eran de un origen, á 
aquellos los libertó de Egipto para darles la 
tierra de promisión y á estos del demonio para 



ORIGEN DE LOS INDIOS 215 

meterlos en la Iglesia y hacerlos aptos del reino 
de los Cielos, y así profetizó Isaías en el capí- 
tulo II, en las finales palabras, que abriría Dios 
caminos por el mar para recoger el residuo de 
su pueblo, que había quedado de los asirios, á 
semejanza de los tiempos antiguos cuando sacó 
á los israelitas de la tierra de Egipto. 

Estos indios occidentales/ y gran parte de 
ellos, fué el residuo que pasó á estas partes 
huyendo de los asirios, como dijimos en el nú- 
mero I del cap. 3, y ¿quién no se admira viendo 
concurrir los mismos prodigios en la conquista 
de estas Indias que en la de la salida de Egip- 
to, para reducir los que restaban derramados á 
ellas por el cautiverio que tuvieron, cuando 
Salmanasar los trasportó á la tierra de los asi- 
rios, como dice Isaías, verificándose su profecía 
en la conquista de los españoles, y concurrien- 
do en ella tantas circunstancias que no se pue- 
de dudar que sucedieron para denotar ser estos 
indios de aquella estirpe y origen? 

3. Pruébase también ser estos indios ame- 
ricanos semilla de los hijos de Israel, y des" 
cendientes de las diez tribus, por ser muy pa- 
recida esta gente á los hebreos en los gestos, 
cuerpos, narices y en pronunciar muchas le- 
tras con la garganta, como lo advierte Goma- 
rá en la parte primera de su Historia Indiana? 



2l6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

fol. 60, y Zarate, lib. i de la Historia del Perú, 
cap. 4, Fr. Gregorio García, lib, 4 del Origen 
de los Indios, cap. i, § 1, en el cuarto funda- 
mento, y me ha dicho un canónigo de Babilo- 
nia que está en esta ciudad de los Reyes, nom- 
brado D. Elias de San Juan, que estos indios, 
en los cuerpos, gestos, ojos, color, rostros y 
acciones son verdaderos tártaros, y que en 
esto no se puede poner duda, por los muchos 
que havistoytratado en Babiloniay en el Orien- 
te: con que se infiere que son descendientes de 
los hebreos, porque los tártaros, como vere- 
mos en su lugar, son semilla de las diez tribus, 
y de estos tienen origen. Las Historias del 
Perú, como refiere el citado Fr. Gregorio Gar- 
cía en el lib. 3, cap. 2, § 2, nos cuentan que en 
el descubrimiento del Perú por D. Francisco 
Pizarro y D. Diego de Almagro, observaron en 
algunas provincias que los habitantes eran de 
casta de judios, los gestos y narices de tales, y 
el habla totalmente judaica, pronunciando las 
letras guturalmente. 

Los que son de la provincia Quichua, cuya 
cabeza es el Cuzco, pronuncian muchas letras 
con la garganta, en lo cual convienen con los 
hebreos, que muchas de sus letras las hieren con 
la garganta, y de esto nació la voz común de 
casi todos, desde el principio del deseubri- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 21 7 

miento, y que hoy se continúa, en que todos 
Vulgarmente dicen en este reino que los indios 
descienden de las tribus perdidas, y siendo 
voz común se puede decir que es voz inspira- 
da Dios. 

4. Vamos á sus vestidos j trajes y hallaremos 
que concuerdan mucho con los de ios hebreos 
(si bien ya van usando del traje y vestidura de 
los españoles). Los americanos de estas Indias 
usan de una túnica ó camiseta, que es como 
sobrepelliz sin mangas y de una manta que les 
sirve de capa, usan también sandalias hechas 
de cabuya, y esto es más usado en Méjico. 
Traen también el cabello largo al modo de los 
Nazarenos. Todo este uso en túnica, manta y el 
cabello es de los hebreos, como se vé en las 
pinturas de esta nación, y los Santos Apóstoles 
en sus retratos tienen este modo de cabello, y 
vestiduras, de modo que visto un retablo suyo, 
diría cualquiera que es el traje de los indios. 

En el libro de los Jueces, cap. 14, núm. 12 
y núm. 13, hallamos este modo de vestidura, 
que Sansón llamó túnicas sindones, que son las 
camisetas y mantas. 

Fr. Agustín Dávila, en la Crónica Domini- 
cana, cap. 90, dice que en Tamazulapa, pueblo 
en Misteca de la Nueva España, se hallaron 
en la conquista unas vestiduras del que los in- 



2l8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dios tenían por Sumo Sacerdote, que eran muy 
semejantes á las del Sumo Sacerdote de los 
hebreos, y de la conformidad de los trajes de 
estos indios con los de hebreos y caldeos, se 
podrá ver lo que es cribe Fr. Esteban de Salazar 
en el discurso i.° del Credo, cap. 3. 

5. Convienen también estos indios con los 
hebreos en la gramatical de ambas lenguas, lo 
cual con mucha diligencia observó el citado 
Fr. Gregorio García en el libro 3 del Origen 
de los Indios, c^p. 7, § 3, y con autoridad de 
San Jerónimo, del Abuleuse y de Fonseca, 
asienta cómo la /vocal, pospuesta al nombre, 
significa en la lengua hebrea lo mismo que el 
pronombre meus mea meiim^ que en castellano 
suena, cosa mía. Hsicen demostración los doc- 
tores en las palabras hebreas saray y semei, 
que significan en hebreo señora ó princesa mía, 
nombre el primero que se dio á la mujer de 
Abraham y el semei, significa en hebreo mí 
nombre. De esta construcción gramatical hay 
muchos nombres y ejemplos en la lengua he- 
brea, y con el mismo tenor guardan este pre- 
cepto gramatical nuestros indios americanos, 
porque la / pospuesta al nombre es el pro- 
nombre 771ÍO, y así dicen: mainay^ esto es, madre 
mía, y panay por hermana 77iía^ y Yaiai ^^or pa- 
dre mío. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 219 

Prosigue este discurso el citado García, y 
pondré á la letra sus palabras, porque son 
muy significativas y casi evidentes para probar 
que estos indios en gran parte descienden de 
los hebreos. Dice pues: «El Tostado advierte 
que la lengua hebrea carece de casos, y esto 
mismo tiene la lengua general del Perú, y así, 
para conocer de qué caso es un nombre, se le 
pospone una partícula, como nota y señal del 
caso, como para conocer si el nombre Runa^ 
que en lengua indiana es el hombre, está en ge- 
nitivo, se le pospone la ÍQtrsLjf, porque se acaba 
en vocal, que si acabara en consonante, se ha- 
bía de poner la partícula /¿7, y para conocer si 
es de dativo se había de poner la partícula 
Jfac y si de acusativo poner esta cfa y para 
la que acaba en vocal fa, y por vía de movi- 
miento, esta, ma/t, y si de vocativo, xe, si de 
hablativo, //, si de efectivo, gtceit.-í} Lo cual 
hace grande prueba para que el origen de es- 
tos indios sea de los hebreos mayormente 
conocida la pronunciación gutural de unos y 
otros . 

6. Concuerdan también muchos de estos 
indios americanos en las propiedadades y cos- 
tumbres con los hebreos y en la condición y 
natural. Los hebreos son de natural tímido, y 
así solemos decir cuandp uno está medroso 



22 o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

«que tiene el judío en el cuerpo» y así les dijo 
Dios en el Deutorononiio «darte hé un cora- 
zón tímido» y en el mismo libro: «temerás de 
noche y de día.» 

En el Éxodo, cap. 14, viendo los hijos 
de Israel, que venía marchando tras ellos el 
ejército de Faraón, se dice que temieron los 
israelitas grandemente. También en el Éxodo, 
cap. 13, se dice que no los quiso llevar Moisés 
por las tierras délos filisteos, porque conoció 
su cobardía y pusilaminidad. 

No hay que gastar mucho tiempo en probar 
que estos indios americanos son muy tímidos, 
nosotros lo estamos aquí experimentando. De 
la voz de un español se asombran: hasta los 
esclavos los dominan, y es la gente más des- 
dichada que se conoce en el mundo, gente 
conculcada, como dijo Isaías, cap. 18, aunque 
hay otros de mucho valor, y son los que 
vienen de los antiguos y primitivos españo- 
les? 

7. Eran también los israelitas muy incré- 
dulos, pues habiendo visto tantos milagros 
como Dios hizo con ellos, con todo eso no lo 
daban crédito, de que se queja Dios, en los 
Números, cap. 14 y cap. 20, y en el Deutero- 
nomio cap. i y cap 9, diciendo Dios: «;Hasta 
cuándo me ha de provocar este pueblo? ¿Hasta 



ORIGEN DE LOS INDIOS 221 

cuándo no han de darme crédito?» ^Qiiién no 
reconoce esta incredulidad en estos america- 
nos? pues habiendo visto tantos prodigios, obra- 
dos por Dios en su conquista, han estado los 
más tan incrédulos sin cooperar á su salvación^ 
y volviendo al vómito de su gentilidad, fáciles y 
sin constancia, de modo que por no acabarlos 
no conoce de sus idolatrías la Santa Inquisi- 
ción, ni de otros pecados que tocan á aquel 
fuero. 

En los contratos están tan incrédulos, que 
juzgan que todos los engañan, y es menestei 
Dios y ayuda para perfeccionar cualquier obra, 
que pende de su voluntad, por su inconstan- 
cia. 

8. Concuerdan mucho los hebreos y los in- 
dios en la ingratitud. De la de los hebreos se 
queja Dios, en el cap. 14, 15 y 16 del Fxodo, y 
en el cap. 11 y 14 y 20 y 27, desde los Núme- 
ros, diciendo que los hebreos eran ingratísimos 
al bien que continuamente les hacía, y á los re- 
galos, beneficios y mercedes que con ellos usa- 
ba por mano de Moisés. 

Cuan ingratos son los indios á los favores y 
agasajos que los españoles les hacen, no hay 
quien lo ignore; criara un español á un indecito 
desde la cuna, regalándole, vistiéndole, curán- 
dole y dándole doctrina, y al tietnpo que había. 



22 2 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de cojer fruto de estos beneficios, el pago que 
le dá es huirse, ó buscar otro dueño, y pedir el 
servicio personal. 

Todos pueden ser testigo en esta parte aquí 
en las Indias, y así corre por refrán: «No eres 
tú indio, pues tú darás el pago del Perú.» 



FIN DEL PRIMER VOLUMEN (l) 



(i) En la primera edición que nos sirve de original, está el 
texto seguido; pero en atención á que resultaría este tomo muy 
voluminoso publicando en él todo el contenido de la obra, nos 
hemos decidido á dividirle en dos volúmenes. Al final del segun- 
do daremos tres índices: uno de materias, otro de autores, y el 
tercero alfabético, de las cosas notables contenidas en toda la 
obra. 



TRATADO ÚNICO Y SINGULAR 

DEL 

0EI6EN DE LOS INDIOS 

DEL PERÚ, MÉJICO, SANTA FE 
Y CHILE 

POR EL 

m. D. DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Oidor de la Real Audiencia de Lima 



SEGUNDO VOLUMEN 




MADRID 1891 




#r 




CONTINUA EL CAPÍTULO III 



9. Concuerdan asimismo los hebreos y los 
americanos en la inclinación á la idolatría. Los 
hebreos idolatraron en el desierto en aquella 
serpiente de metal, y observa el abálense en el 
cap. I del Éxodo, que los hebreos, en Egipto, 
adoraban ídolos, imitando á los egipcios, lo 
cual prueba, con el cap. 23 de Ezequiel; Tam- 
bién lo prueba con decir que, si no estuvieran 
acostumbrados á adorar ídolos en Egipto, no 
pidieran á Aaron que les hiciese dioses á quie- 
nes pudiesen adorar. 

Adoraban los hebreos á los ídolos en moa- 
tes y collados, como consta en Ezequiel, capí- 
tulo 6, y adoraban bestias por dioses y sacri*^ 



8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

ficaban á sus hijos é hijas á dioses falsos, usando 
de agüeros y sortilegios, como consta en el li- 
bro 4 de los Reyes, cap. 17, desde el núm. 8 
y desde el 17. Las innumerables idolatrías que 
tuvieron estos americanos se pueden ver en el 
concilio Límense, part. 2 cap. 99, y en el Ca- 
tecismo que se imprimió por mandado de di- 
cho concilio. Adoraban ríos, montes, fuentes, 
quebrados, estrellas, sol, luna y animales espan- 
tosos; sacrificaban hombres, hijos y mujeres; 
todo esto sucedía en los americanos porque eran 
familia de las diez tribus, y así, el Espíritu Santo, 
queriendo encarecerlos pecados de estas diez 
tribus, dice por Oseas, cap. 9: «Pecaron como 
la ciudad de Gabaá, Acordaráse Dios de sus ido- 
latrías y castigará sus maldades.» En sacrificarlos 
hijos y los niños, fueron muy conformes, de los 
judios, ya lo vemos en el cap. 17. del lib. 4 de 
los Reyes, y también lo nota Jeremías, cap. 19, 
desde el núm, 5 y los hebreos aprendieron de 
los cananeos y los zebuseos á sacrificar los hijos 
al demonio. 

Según el profeta, en el Psalmo 105, número 
35, y se nota en el cap. 14 de la Sabiduría. Los 
indios peruanos, en especial los de Méjico, sa- 
crificaban á los ídolos, los hijos de que están lle- 
nas las historias, en especial lo trae el P. Tor- 
quemada y el P. Acosta, lib. 5 de la Historia In- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 9 

diana, cap. 19; y en este Perú, cuando moría al- 
guno de los reyes ingas, derramaban en sacrificio 
mucha sangre de inocentes y sin culpa, y así lo 
mandó uno de los ingas antes de que muriese, 
que fué el inga Pachacutti, y que sacrificasen en 
muriendo, mil niños, como se ejecutaba, se- 
gún dice Betanzos en la Historia de los ingas, 
y así, en el citado cap. 5, de Oseas y en las úl- 
timas palabras, dice que estas tribus andarían 
vagando en las naciones, las cuales, como diji- 
mos arriba, eran los otros americanos que po- 
blaron hacia el Norte. 

10. Concuerdan también en el modo de los 
sepulcros y circunstancias que guardaban en 
sus sepulturas, porque los hebreos se enterra- 
ban en los montes. Aaron se enterró en el 
monte Hor, según se lee en el libro de los Nú- 
meros, cap. 20. En el monte Ephrain fué ente- 
rrado Josué; dícelo el cap. 24 de Josué, y en es- 
te mismo monte fué sepultado el sumo sacer- 
dote Eleazar, hijo de Aarón, Saúl y sus hijos 
tuvieron sepultura en la montaña de Tabes ; por 
mandato de David fueron sepultados los hijos 
de Jonatás, y del mismo Saulá la falda de un 
monte; todo consta en el cap. 3 del lib. i de 
los Reyes, y en el cap. 21 del lib. 2 y del i de 
Paralimenon, cap. 10. 

Los Macabeos fueron sepultados en un monte 



lO DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de la ciudad de Modín, según verás en el pri- 
mer libro de los Macabeos, cap. 13, La razón 
porque los hebreos se enterraban en los mon- 
tes la da el Abálense sobre el cap. 8 de San 
Mateo, cuestión 98. Los indios americanos te- 
nían la misma costumbre, como se ve de tantos 
entierros de la gentilidad, en cuevas de los ce- 
rros y montes y los de los llanos, donde no hay 
montañas, las hacían altas de tierra y arena para 
sus sepulcros, y aun hoy suelen sacarlos idólatras 
los cuerpos délos indios y los soterran en mon- 
tes altos. Unos y otros, así hebreos como ameri- 
canos, enterraban con sus cuerpos las riquezas el 
oro y plata, en que también están conformes, y 
para prueba de ello podrás ver el copioso lugar 
de D. Juan de Solorzanoen su «Política indiana», 
lib. 6, cap. 5, desde la hoja 955 hasta la si- 
guiente. Aquí conduce lo que con autoridad de 
Genebrardo, trae Fr. Gregorio García en su li- 
bro del «Origen de los indios», lib. 3, cap. i^ 
de que en esta América hallaron los primeros 
conquistadores unos sepulcros con letras he- 
breas, y aquí, cerca de esta ciudad, en un pue- 
blo que llaman Calango, se hallaron unos ca- 
racteres hebraicos del tiempo de la gentilidad 
en una losa ó peña, según me reñrió el Dr. don 
Agustín de Aller, canónigo de esta santa igle- 
sia catedral de Lima, el cual, siendo cura de 



ORIGEN Dfi LOS INDIOS II 

aquel pueblo de Calangos, hizo copiar dichos 
caracteres y los remitió á Alcalá, y tuvo res- 
puesta de ser caracteres antiguos hebreos, y en 
otras partes de estas Indias, hay en losas y pe- 
ñascos semejantes caracteres. 

II Costumbre fué también de los hebreos 
el llamar hermanos á los parientes de segundo 
y tercer grado, y así vemos que aunque Lot era 
sobrino de Abraham, le llama la Escritura her- 
mano, en el Génesis, cap. 13 y cap. 18. Esta 
misma costumbre tienen los indios del Perú^ 
porque hasta hoy llaman hermanos á los sobri- 
nos, y á los primos hermanos, lo cual es tan 
cierto que no necesita de prueba y lo trae el ci 
tado Fr. Gregorio García en su lib. 3, del Ori* 
gen de los Indios, cap. 3. 

12 En el modo de edificar hallo tam- 
bién concordancia entre los hebreos é indios, y 
de aquellos dice Josepho de Bello judaico, li- 
bro 6, cap. 6, que en las torres y muros de los 
hebreos estaban tan artificiosamente puestas y 
colocadas las piedras, y tan juntas unas con 
otras, que con ser las piedras de mármol, no se 
parecían las junturas. 

Esto mismo he visto yo en el Perú en una 

hacienda de 4os religiosos de San Agustín, 

nombrada Callo, en la provincia de Quito, y lo 

mismo se halla en el Cuzco, en las casas de los 



12 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Ingas y templo del Sol y en otros edificios muy 
antiguos de este Perú, donde las piedras están' 
colocadas unas sobre otras, con tal artificio, que 
parece que están unidas sin raya ni juntura, que 
es cosa de maravilla . 

13 Mucha armonía me hace ver la confor- 
midad que tenían los gentiles de esta América 
con los hebreos en la distribución de los man- 
dos y decurias. 

En el Éxodo, cap. 18, se refiere que Moisés, 
por consejo de su suegro letro, eligió varones 
esforzados de los hijos de Israel para que go- 
bernasen en este pueblo, y que unos fueron tri- 
bunos que tenían el cargo de mil personas, se- 
gún explica allí el Abulense, otros nombró por 
centuriones á cuyo orden estaban subordinadas 
cien personas, otros eligió por quincuagenarios 
que presidían á cincfuenta, eligió también deca- 
nos que gobernaban diez personas y estos man- 
dones, como explica el Tostado, iban subordi- 
nados por sus grados, los de menos gente á los 
que tenían más, y esto se continuó hasta los 
Macabeos, y Judas puso tribunos de mil hom- 
bres centuriones de ciento, y pentecontarchos 
que tenían 50 y decuriones que tuviesen diez y se 
pueden ver en esta materia los caps. 26, 27 y 
28 del I de Paralipomenon,todo lo cual verás en 
la república de los hebreos de Bertamo, cap. 9. 



ORIGEN DE LOS INDIOS I^ 

Ese mismo orden guardaron á la letra los 
reyes Ingas y sus vasallos, porque tenían decu- 
riones que tenían á su cargo diez y se llamaba» 
Chunea\ tem'an centuriones, á cuyo cargo esta- 
ban ciento, y se llamaban Pachac\ había otros 
mandones, que cuidaban de mil, llamábanse 
Guaranca^ y así concuerdan en género y caso.. 
14 Era también costumbre de los hebreos 
en sus pesares,romper las vestiduras, ó de rabia 
ó pena ó dolor. De David se lee que oyendo la 
desastrosa muerte de Saúl, rompió sus vestidu- 
ras y que hicieron lo mismo los que con él esta- 
ban. Caifas, príncipe de los Sacerdotes de Ju- 
dea, oyendo á nuestro Salvador que había de 
venir en nubes á juzgar el mundo, dice el Evan- 
gelio de San Mateo que rompió las vestiduras. 
Lo mismo hacen estos americanos en sus dolo- 
res ó penas, y lo mismo hizo el Inga Guainaca- 
pac, cuando le dieron noticia que su hijo Ata- 
hualpa, venía huyendo del campo contrario, se- 
gún se cuenta en la Monarquía de los Ingas, y 
también lo dice el citado Fr. Gregorio García 
en dicho cap. 3, § 3, el cual añade, que los 
americanos usaron del ósculo de paz, donde 
trae muchos ejemplos de esto entre los Ingas y 
otros sus vasallos lo mismo hacían los indios 
y así Judas con ósculo de paz entregó á su 
maestro. 



14 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Añade el citado autor otra conveniencia 
entre estas dos naciones, porque en la Sagrada 
Escritura se lee que David, habiendo vencido á 
Goliat, salieron las mujeres de Israel cantando 
y haciendo danzas, como lo podrás ver en el 
cap. i8 dellib. i délos Reyes y de la Historia 
de los Ingas, consta como uno de ellos, nom- 
brado Pachacutti, habiendo vencido á los indios 
Sorasy hizo un cantar de su victoria, y mandó 
que las mujeres le cantasen, y también cuando 
entró en el Cuzco victorioso y triunfante se le 
iba cantando el suceso de su jornada y vic- 
toria. 

Notorio es también que los hebreos echaban 
del templo á las mujeres estériles, y esto mismo 
guardaban los indios de Méjico y Nueva Espa- 
ña, (que es la tierra por donde entraron las diez 
tribus hasta entroncar con las naciones que ha- 
bía en este reino en la parte del Norte, según 
hemos dicho) y aunque era costumbre de echar á 
las mujeres estériles del templo en Méjico, esto 
era más frecuente en la provincia de los Zapo- 
tecos en dicho reino, como refiere el citado 
autor. 

15 Concuerdan también estos americanos 
con los hebreos en mucho de lo ceremonial y 
en los ritos; porque los indios mejicanos ofrecían 
los hijos recien nacidos al templo y en sus ma- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 15 

trimonios los bendecían los sacerdotes, que te- 
nían muchos; todo lo prueba Juan Laert, de Situ 
Nobi Orbis^ lib. 5, cap. 9. Tenían sacerdotes, de 
que tiene muchos lugares el P. Torquemada, y 
estos sacerdotes americanos usaban de mitras 
y tiaras^ como lo prueba D. Bernardo de Var- 
gas en su Milicia Indiana, después del lib. 4, 
en la descripción de las Indias, foL 140, á la 
vuelta; y los reyes eran sacerdotes, dice el pa- 
dre Torquemada, lib. 4, cap. 14. 

16 Quién no creerá, según estos ritos y cere- 
monias que estos americanos descienden de los 
judios, viéndoles observar sus ritos, también- 
como veremos más abajo, que muchos de estos 
americanos se circuncidaban, y así el P. Tor- 
quemada, que obstinadamente defendió que no 
descendían de los hebreos; luego, en el lib. 2, 
cap. 90, dice que en muchas cosas se equiparan 
y concuerdan con ellos, y son tantas, según voy 
probando, que parece obstinación el contra de- 
cirlo. 

17 Observaban tanto los primeros indios 
que entraron por la tierra de Méjico y América 
septentrional, el tener sacerdotes y guardar ri- 
tos y ceremonias, como los hebreos, que cuenta 
el P. Acosta, referido por Juan Laert, lib. 5, 
cap. 12, lo siguiente traducido á nuestro caste- 
llano: 



1 6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

«Redujo el demonio con alagos y caricias á 
los primeros mejicanos, sacándolos de su anti- 
gua tierra y asiento y trayéndolos por dilatados 
caminos y desiertos . Llevaban delante de sí un 
ídolo en un arca de juncos en hombros de cua- 
tro sacerdotes, á los cuales, el mismo ídolo les 
sugería y mostraba el camino que habían de lle- 
var y el orden de sus marchas y leyes y ritos 
que habían de observar en sus sacrificios, en lle- 
gando al descanso de cada jornada, colocaban 
el ídolo en medio de sus alojamientos y reales, 
sobre un altar portátil, ó ara, metido en una cho- 
za, que hacían para este efecto, y acabada de 
hacer, y colocado el ídolo, acudían á los demás 
ministerios hasta la siguiente marcha.» 

De que infiere el P. Acosta, que en este via- 
je quiso el demonio con esta gente imitar la sa- 
lida de los israelitas de Egipto para la tierra de 
Promisión, como dije arriba, y que fuesen como 
los israelitas con su arca en hombros de sa- 
cerdotes y guardasen leyes y ritos á su semejan- 
za, como veremos más abajo á su entrada en 
Méjico. 

1 8 Ese negocio del Origen de los Indios, 
en que tantos han discurrido, dejándolo sin 
perfección y en mayor duda, contentándose 
con argumentar, sin resolverlo, he de procu- 
rar ponerle con tales fundamentos para su ver- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 7 

dadera resolución, que no pueda una acémila 
cargarlos ni el ingenio de un águila satisfa- 
cerlos sin gran violencia, y continuando las 
concordancias de la nación hebrea é indiana 
en los ritos y ceremonias y preceptos , es de 
advertir, que así como al sumo sacerdote del 
pueblo de Israel le ungían esto mismo usaban 
los indios de Nueva España, donde había un 
sumo sacerdote y otros menores, y estos eran 
ungidos con cierto licor que los indios llamaban 
¿7//, vel Oley^ el cual mezclaban con sangre 
de niños que circuncidaban, y estos sacerdotes 
traían el cabello como Nazarenos; todo lo ha- 
llarás probado en el P. Fr. Gregorio García en 
el lib. 3 cap. 6 y añade que los indios también 
sacrificaban animales en el templo como tam- 
bién usaban los hebreos, y por no dilatar mu- 
bho este tratado recopilaré en compendio lo 
que dice este autor de la igualdad de las leyes 
y ceremonias en ambas naciones. 

Dice en el citado cap. 68, i.<^: «En el Gé- 
nesis mandó Dios que circuncidasen á los ni- 
ños de ocho días; y lo mismo mandó á Josué, 
que circuncidasen á los niños que habían naci- 
do en el desierto. Esta ley guardaban los in- 
dios como fué en lucatan en la isla de Acuza- 
mil, y también los indios Totones y los de Mé- 
jico.T) 

Volumen ii 2 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Prosigue en el § 2.^^: «En el Levítico 
mandó Dios á Moisés que hubiese siempre 
fuego en el altar, que ardiese de día y de no- 
che y que no faltase. Lo mismo hacían los in- 
dios mejicanos y Totonocos y lo mismo los in- 
dios del Perú en los templos del Sol. En el 
mismo Levítico mandó Dios á Moisés que la 
mujer recién parida no entrase en el templo 
hasta que estuviese purificada de la sangre 
menstrual. Los indios de la provincia de Nica- 
ragua, guardaban esta ley porque estando con 
la regla ó costumbre no podían entrar en el 
templo. ítem en el Levítico mandaba Dios á 
los hebreos que la mujer cuando estuviese con 
su costumbre estuviese apartada siete días y en 
este tiempo no durmiese con el marido ni toca- 
se á la cama, ni donde se sentaba. Los indios 
de la Isla Española tenían por pecado dormir 
con su mujer estando recién parida y criando; 
y los indios de Rio de Palmas y los de toda la 
costa hasta la Florida, no dormían con sus mu- 
jeres cuando estaban paridas, y los del Río de 
Palmas no comían lo que tocaban sus mujeres 
cuando estaban con su regla. Los indios del 
Darien hacían divorcio cuando la mujer estaba 
con su costumbre. También los indios de la 
provincia de Nicaragua guardaban esta ley al 
pié de la letra.» 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 9 

Prosigue en el dicho § i.* «ítem en elLe- 
vítico mandaba Dios que no durmiese el va- 
rón con su madre ni la hembra con su padre, 
ni hermano con hermana, ni el entenado con 
la madrastra, ni el padrastro con su entenada y 
el parentesco de i.° y 2.** grado de consangui- 
nidad era prohibido y tenía pena de muerte. 

»Los indios de la isla Española tenían por 
cierto que habían de morir si dormían con ma- 
dre, hija ó hermana. Los de la Nueva España 
ahorcaban al que dormía con su madre, y 
y si el padre se echaba con la hija, ahogaban á 
los dos con una soga y el hermano que llegaba 
á su hermana tenía pena de muerte. Si el pa- 
drastro llegaba á su entenada morían ambos 
por ello, y á los que dormían con las suegras 
ios ahorcaban. 

»También les era prohibido á los de Nueva 
España é isla Española dormir con cualquiera 
parienta dentro del primer grado de consangui- 
nidad y afmidad. En elNuevo Reino de Granada 
tenían los indios de Bogotá licencia para tener 
cuantas mujeres quisiesen, con tal que no fuesen 
parientes. ítem en el Levítíco moría el que co- 
metía el el pecado nefando; los indios de Nue- 
va España cumplían esta ley sin faltar un pun- 
to.» 

Prosigue en el § 3 el citado autor. «ítem 



20 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

en el Levítico mandaba Dios que el que dur- 
miese con una esclava que fuesen ambos azo- 
tados. Los indios de Nueva España tenían esta 
ley. En el mismo Levítico y Deuteronomio ha- 
bía ley que muriese la mujer comprendida en 
adulterio, y por tradición apedreaban á la adúl- 
tera en la puerta de la ciudad, y que lo guarda- 
sen así los hebreos es claro y manifiesto en Da- 
niel, á donde se dice cómo la inocente Susana, 
infamada de aquellos viejos verdes, fué llevada- 
como adúltera fuera de la ciudad para ser ape- 
dreada. Los indios del Perú tenían esta misma 
ley que instituyó Pachacuti Inga, y los indios 
mejicanos, los de Guatemala y de otras pro- 
vincias* de Nueva España castigaban con pena 
de muerte á los adúlteros, de los cuales, algu- 
nos, en algunas provincias, eran apedreados y 
en otras les ataban las manos y pies, y tendidos 
en tierra les daban con una piedra redonda de 
manera que del primer golpe les saltaban los 
sesos. ítem en el Levítico mandaba Dios que 
santificasen el año quincuagésimo, el cual era 
año de jubileo. Los indios de Nueva España 
tenían una fiesta solemnísima de cincuenta en 
cincuenta y dos años.» 

Prosigue en el párrafo 4.°: «En el Deutero- 
nomio mandó Dios á Moisés que no anduviese 
la mujer en hábito de varón, ni éste en hábito 



ORIGEN DE LOS INDIOS 21 

de mujer. En Nueva España tenían los in- 
dios la misma ley y ahorcaban á los que anda- 
ban vestidos de esta manera. En este mismo 
libro mandó Dios á Moisés que el hombre que 
después de casado, hallase alguna fealdad en 
su mujer, le diese libelo de repudio. Los in- 
dios de la nación mejicana dejaban y desampa- 
xaban sus mujeres y las repudiaban por ma- 
las, sucias ó estériles. Los de la provincia de 
Cumana repudiaban á sus mujeres por el adul- 
terio. Lo propio hacían los indios de Nicara- 
gua; en el mismo Deuteronomio había ley que 
si la viuda cuyo marido era muerto, no había 
tenido hijos de él se casase con ella el hermano 
de su marido ó el pariente más cercanol Los 
indios del Perú guardaban esta ley que la ins- 
tituyó Pachacuti Inga, mandando que la mujer 
viuda se casase con el pariente más cercano de 
su primer marido . ítem los indios de Nueva 
España, el hermano que quedaba vivo estaba 
obligado á tener las mujeres y casarse con 
ellas, y en Guatemala se casaba la viuda con su 
cuñado, y si no lo había, con el pariente más 
cercano del difunto. En los Números mandaba 
Dios que ninguna mujer á quien pertenecia la 
herencia paternal casase con otro que no fuese 
de su tribu. Esto se guardaba en el Perú, y el 
indio ó india de una familia que ellos llaman 



22 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

AyllUy no se podía casar con otro de otra fami- 
lia.» Y reconocidas tantas conveniencias de ri- 
tos entre estas dos naciones de hebreos é in- 
dios parece pertinacia el no darles esta descen- 
dencia de los hebreos. 

19 Tenían también los indios de Méjico su 
contrato de matrimonio, y en los muy nobles 
asistían sus sacerdotes, y también usaban del 
repudio, como se podrá ver en lo que escribe el 
muy docto obispo D. Alonso de la Peña Monte- 
negrO; en su libro Del Párroco, en el lib. 3, tra- 
tado 9, sección i.^, todo lo cual está denotando 
las ceremonias judaicas que guardaban los in- 
dios de Méjico, como descendientes de las 
diez tribus. También algunos rabinos de los 
hebreos dicen que á los judíos, por los cami- 
nos que hicieron por el desierto se les apare- 
ció un cordero que les mostraba el viaje, lo 
cual es fabuloso en lo literal, como explica el 
P. Lorino sobre el cap. 10 De la Sabiduría, en 
aquellas palabras: Nugaiitur Hebrcei^ y en aque- 
llas: et Deduxit. Las mismas fábulas judaicas te. 
nían los mejicanos pintadas en la segunda jor- 
nada que hicieron hasta llegar á Méjico dicien- 
do que fueron traídos por caminos largos y que 
se les apareció un gigante que les enseñaba el 
cami no, otros que un niño ó un pájaro, coma 
o dice el P. Torquemada en el lib. i.°, cap. 14 



ORIGEN DE LOS INDIOS 23 

en el lib. 2, cap. i.<^ Y los reyes de Méjico 
juntamente eran sacerdotes. Torquemada, li- 
bro 4.^ cap. 14, ibi: «Era sacerdote y Rey.» 

20. En mi entender es de grandísima pon- 
deración para probar que las diez tribus vinie- 
ron á la tierra de Méjico, y la comenzaron á 
poblar y que es la tierra de que habla Esdras en 
el libro 4, cap. 13, y donde vinieron á parar las 
diez tribus desterradas por Salmanasar, el con- 
siderar lo que de su origen cuentan las histo- 
rias de los indios, porque los primeros pobla- 
dores de Nueva España fueron los Tultecas, y 
de sus anales consta, como advierte el P. Tor- 

uemada en su « Monarquía », lib, i, capítulos 9 
y 10, que habían venido en doce escuadrones, 
según el dicho padre en el cap. 11, al fm, y en 
el cap. 14, dice: «Trajeron consigo muchas gen- 
tes, así de mujeres como de hombres, que fue- 
ron desterrados de su patria», y más abajo: 
«Anduvieron 104 años vagando por diversas 
partes de este nuevo mundo, hasta llegar á Zu- 
lanzingo, donde contaron una edad desde que 
salieron de su tierra y patria.» En el cap. 9 ha- 
bía dicho: ccque estos pobladores pasaron un 
brazo de mar ó río para venir por acá», y en el 
cap. 10 dice: «tienen pintado en el principio de 
la historia de su venida á esta tierra un brazo ó 
estrecho por donde se comunican las aguas del 



24 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

mar del Norte con las del Sur», y en el mismo 
cap. lo, dice: «Los primeros pobladores de es- 
tas tierras pasaron á ellas en balsas de madera ó 
zarzos de caña gruesos y tupidos» y en el cap. 14 
dice el citado padre que el año que llegaron es- 
tos primeros pobladores le notaron y llamaron 
con este nombre: C Tecpalt. Los Tultecas fue- 
ron los primeros pobladores de Méjico, aunque 
algunos dicen que hubo antes de ellos gigantes, 
como explica el P. Torquemada en el citado 
lib. I, cap. 14, en el principio; en el discurso del 
capítulo dice cómo vinieron del Poniente, y aña- 
de: a Fueronlos Tultecas gente crecida de cuerpo, 
andaban vestidos de unas túnicas largas yblan - 
cas», y después de ellos vinieron los Chichime- 
cas, Aculluas,Thlaxcaltecas, Tezcuzanos, Tenu- 
chas y Mejicanos, como dice el citado P. Tor- 
quemada en el cap. 13: «No contradice haber 
llegado algunos postreros (como fueron los me- 
jicanos), para que no hayan sido todos unos, 
y que aunque salieron en escuadrones se ade- 
lantaron unos y fueron siguiendo otros con inter- 
valo de tiempo y siendo así, no implica para 
que todos no sean de un linaje, así lo confieso»; 
y en el cap. 11, dice: «Una cosa se ha de tener 
por infalible, y es que todos concuerdan en que 
son advenedizos y que su origen es de hacia 
aquellas partes de Jalisco, que es al Poniente 



ORIGEN DE LOS INDIOS 2$ 

respecto de Méjico y que salieron de aquella 
gran cueva que ellos llaman chicomaztol.-í* 

¿Quién no ve, si está con atención á la historia 
de lo que se acaba de escribir, como están di- 
bujado^ y claramente significados las diez en 
el viaje de 104 años, de estas familias y escua- 
drones que subieron desterrados del Ponien- 
te por todas estas tierras de Méjico? El destie- 
rro de sus tierras consta en la Sagrada Escritura 
en el libro 4 de los Reyes, cap. 17, núm. 6, don- 
de dice que Salmanasar, rey de los asirios sacó 
las tribus de Samaría y las repartió por la tie- 
rra de los Medos; de allí, muchos de ellos hu- 
yeron y pasaron á una tierra muy distante, como 
diremos en el párrafo siguiente. No se ha ave- 
riguado por los antiguos dónde fuese esta fuga, 
aunque se supo que fueron á Arzaret. Además 
de que no leemos de otros hombres del mundo 
lo que sucedió á los mejicanos y Tultecas y de- 
más familias, que saliesen tantos desterrados de 
sus tierras en escuadrones, y fuesen á buscar 
otras tan apartadas, como dice la Historia Me- 
jicana referida. ¿No es también misterio el ir en 
doce escuadrones? En que se significa que tuvie- 
ron memoria de los doce hijos de Jacob y doce 
tribus que, aunque salieron desterradas solas 
diez tribus, estaban entroncados con muchos de 
la tribu de Judá y de la tribu de Benjamín, que 



26 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

estas dos tribus quedaron en Judea, y que imi- 
tarían el viaje y fuga de Egipto por el de- 
sierto en que hacían doce divisiones en su alo- 
jamiento, cada una para cada tribu. No se ad- 
vierte en que todos concordaban de que ha- 
bían salido del Poniente respecto de Méjico, 
y que vinieron por Jalisco. Con que salie- 
ron de Arzareht, que está al fm de la Tarta- 
ria, en Asia, la cual está al Poniente de Mé- 
jico, como dijimos arriba, con doctrina de 
Juan Laert. No hace grande fuerza el ver que 
los mejicanos aquel año que llegaron le lla- 
maron Ce Tecpalt^ indicación propia de ju- 
díos, que al año de alguna entrada ó salida de 
alguna tierra, ú otra acción señalada la notaban 
con algún nombre particular, como el mes N¡- 
san y otros de este porte, y una gran fracción 
la celebraban por años, como en la salida de 
Egipto, el Phase, el Parascene, y también las 
Encenias. Las mansiones que vinieron haciendo 
por ciento y cuatro años hasta llegar á Méjico^ 
no indica el haber sido judíos que caminaban 
haciendo mansiones, como lo hicieron en el de- 
sierto por cuarenta años, y los mejicanos que 
fueron del séptimo linaje y los últimos que lle- 
garon estuvieron, y tardaron en llegar á Méjico, 
trescientosy cincuenta años como he dicho arri- 
ba, y desde que salieron las diez tribus de Arza- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 2^ 

rect, tardaron tanto tiempo por el nuevo mun- 
po, reconociendo los sitios, yendo poblando 
por más de mil leguas especulando los lugares 
nuevos y previniendo lo necesario para su sus- 
tento y quedándose también muchos en los lu- 
gares ya fundados, de los cuales, con intervalo 
de mucho tiempo, fueron luego subiendo los 
s iete linajes que el último fué el de los meji- 
canos. El andar vestidos de unas túnicas largas 
y blancas los primeros indios que entraron en 
Méjico nombrados Tultecas, manifiesta haber 
sido gente de las tribus, porque los israelitas 
usaban de vestiduras largas y blancas, según 
lo que escribe Josefo de Bello Judaico, de que 
volveremos á tratar en el párrafo siguiente, nú- 
mero 12, además de que los tártaros usan de 
sacos y vestiduras largas sin pliegues ni arrugas 
y de unos como capuces blancos, como se po- 
drá ver en la república de los tártaros, cap. i, 
fragmento lo, fol. 201: ibi tártari túnicas etc., y 
los tártaros, como veremos en el párrafo si- 
guiente de este capítulo, son semilla y descen- 
dencia de las diez tribus, yasí se circuncidan co- 
mo judíos, como verás en la misma república y 
en el mismo lugar citado, con que losmejicanos, 
hijos de Tártaros, son descendientes de las tri- 
bus, y por este lado han acertado el docto don 
Juan de Solórzano y el P, Calancha y otros mu- 



28 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

chosque dicen que estos americanos descienden 
délos tártaros, pero no tuvieron razón en defen- 
der, que no descendían de las tribus perdidas, 
porque si descienden de los tártaros, es preciso 
desciendan de las tribus y así usaron los prime- 
ros pobladores de Méjico de vestiduras largas 
y blancas, porque este era traje antiguo de los 
judíos y de sus hijos los tártaros, como di- 
ré en el párrafo siguiente, núm. 12. 

Concuerdan también todos los indios de 
Méjico, en que salieron de una gran cueva 
sus mayores, para venir á poblar, á aquella 
tierra, y que la cueva se^llamaba Ce TecpalL En 
esto ha habido entre los americanos mucha va- 
riedad: porque unos dicen que nacieron en esta 
cueva, otros que los siete linajes nacieron de 
siete cuevas, otros, que los que vinieron unos en 
pos de otros nacieron de una cueva tan grande 
que equivalía á siete cuevas; pero esto lo ras- 
treó, y explicó muy bien el P. Torquemada, di- 
ciendo en el lib. 2, de su Monarquía cap. 2, 
que los mejicanos no juzgaron, como mal esta 
entendido que su origen era de una Cueva, ó de 
siete cuevas, sino que salieron de ella para bus- 
car nuevos mundos y tierras y así sucedió, 
por que como veremos en su lugar, entraron las 
diez tribus, buscando el Oriente por las puertas 
Caspias, que son unas cuevas de ocho leguas, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 29 

por donde está taladrado el monte Tauro, y sa» 
lían las cuevas al mar Caspio, como advierten 
los antiguos, y modernos, y lo trae el Teatro 
del Mundo de Paulo Galucio, en los lugares de 
Asia, en la palabra Caspias, ibi: Caspias puer 
tas en la provincia Media (aquí estuvieron des- 
terradas las diez tribus; y de aquí huyeron), 
aquí hay una puerta y mina angosta que sirve 
de camino de ocho leguas de largo rompida á 
mano, en un monte asperísimo por donde 
pasan los babilonios y persas al mar Caspio, y 
á otras partes por sus contrataciones, diciendo 
Plinio, Solino, y otros más modernos autores. A 
lo demás que hemos dicho, de que pasaron los 
primeros pobladores de Méjico, según sus his- 
torias por un estrecho de mar, ó de gran rio, 
así fué y lo veremos en su lugar, con que no se 
puede poner en duda, de que los mejicanos 
vienen de las diez tribus, y también de sus hijos 
los tártaros, y en el párrafo siguiente núm. 12 
continuaremos lo que falta de este viaje. 

21 Otras cosas tengo observadas en prueba 
áetener estos indios americanos mucha seme- 
janza con los hebreos. En estas partes del Pe- 
rú, en especial en la provincia de los Andajes, 
usan traer estos americanos en la cabeza para 
ceñir el cabello y hermosear la cabeza, dos ó 
tres trenzas largas, y con ellas la rodean hasta 



30 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

consumirlas sobre el pelo, y otros componen 
gSte mismo aliño de muchos cordones juntos, 
tejidos de diversos colores, y los ciñen por una 
parte con un botón, que los junta todos, y este 
botón cae sobre la frente y en medio de ella, 
porque los cordones nos les estorben á la vista , 
y lo suelto de los cordones cae al cerebro, di- 
latándose por la espalda. Los hebreos para os- 
tentarse observadores de la ley aconstumbraban 
traer dos libritos en que estaban escritos los 
preceptos del Decálogo, uno en el brazo y otro 
en la cabeza, como lo obserbaban los sagrados 
intérpretes sobre el cap. 23 de San Mateo: «Di- 
latant Phylacteria sua» y también sobre el capí- 
tulo 222 núm. 12 del Deuteronomio y en el ca- 
pítulo 15, núm. 39 de los Números y la palabra 
Phylacteria se deriva del verbo Phylasso^ que es 
guardar ó estar mirando, y Philacteria, según los 
más peritos en lengua griega, son unas vendas 
que se sobreponen al vestido ó cabeza para con - 
servar la memoria de la ley, como lo mandó á los 
hebreos que pusiesen ante los ojos la ley y los 
preceptos, de esto servía el librito que pom'an en 
la cabeza y pendiente de ella é los ojos, y lo 
que en los naturales de este Perú sirve de botón 
en los cordones, es el librito que servía á lo s 
hebreos en las trenzas y así se halló que las mi s- 
mas trenzas y cuerdas que traen los indios por 



ORIGEN DE LOS INDIOS 31 

gala ne la cabeza, les servían de Quipos^ que es 
lo mismo que en las demás naciones los libritos 
de memoria, y este discurso le hube del docto 
padre maestro fray José Martín, que fué provin- 
cial del Orden de Nuestra Señora de las Merce- 
des, muy versado en las letras sagradas y en la 
enseñanza de los indios, los cuales también en 
muchas cosas guardaban los preceptos del De- 
cálogo como los hebreos, lo cual verás en fray 
Gregorio García, lib. 3, cap. 6, párrafos 5 y 6 
22 El mismo padre me advirtió de otras, 
dos cosas: la primera, que en los pueblos anti- 
guos de la gentilidad de estos indios, hay un 
paraje público lev^antado en alto, en forma esfé- 
rica, cercado de piedras muy bien ajustadas y 
terraplenadas, este lugar llaman Cayan^ desde 
allí se publica lo que debían observar, y hoy se 
progonan desde allí las órdenes de la justicia, 
se intiman las rentas y otras obligaciones de los 
subditos, y allí se juntan los principales y cama- 
chicos á hacer sus prorratas y disposiciones y á 
oir en justicia lo que sobre esta materia se ven- 
tila; este mismo lugar y costumbre tenían los 
hebreos, como se puede ver en el Vocabulario 
Eclesiástico, explicando la palabra Gabbata, y 
dice que era un lugar alto enlosado, en Jerusa- 
len, aparejado para la audiencia de las causas, 
y lo mismo trae con diversos autores sobre la 



32 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

palabra ciiJiosirotos^ y hasta el tener solado con 
piedras cuadradas este lugar de los indios, no 
discrepa de la costumbre Mosaica. La segunda, 
fué, que así como los hebreos tenían precepto 
y costumbre de no entrar ante su Dios y Señor 
vacías las manos, según el Éxodo, cap. 23, nú- 
mero 15, y otros muchos lugares de la Escritu- 
ra, así lo observan estos americanos, que no van 
manos vacías, ni al templo ni al confesor, ni al 
juez, ni gobernador y aunque se les estorbe re- 
piten siempre el llevar algo al superior y en es- 
pecial cuando se entran á confesar al templo, 
que uno y otro año no pueden los confesores 
hacer que no lleven regalo (el cual ellos nunca 
reciben de estos indios) diciendo que como han 
de entrar en presencia de los ministros de Dios 
vacías las manos. 

23. Considero también aquel lugar del 
Evangelio de San Mateo, cap. 15, núm. 24, donde 
nuestro Salvador pidiéndole favor aquella Cana 
nea Gentil le respondió que su venida á este 
mundo había sido primeramente á restaurar las 
ovejas que habían perecido del pueblo de Is- 
rael, y el mismo Redentor nuestro por San Juan 
en su Evangelio cap. 10, núm. 16, dice que tiene 
otras ovejas que no son de aquella manada que 
asistían en Jerusalem y en Judea y que le conve- 
nía traerlas de las partes en que estaban espar- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 33 

cidas para que oyesen su voz y de todas se hi- 
ciese un rebaño y á todas las gobernase un pas- 
tor. Estas son las ovejas que en el novísimo 
tiempo ha traido Dios al abrigo y regazo de la 
Santa Iglesia, como dije arriba con el cap. 4 del 
Deuteronomio, desde el núm. 29, Estos ameri- 
canos son los que estaban esparcidos por toda 
la tierra, semilla de las tribus, á quienes escribió 
nuestro patrón Santiago en su Epístola Canó- 
nica en el principio diciendo: «Jacobus duode- 
cim tribus quoe sunt in dispersione» Esta es la 
gente que estaba apartada de quien dijo el 
Apóstol San Pablo en la Epístola 2, á los Tesa- 
lonicenses, cap. 2, núm, 4: «Nisi venerit disce- 
ssio primum» que no había de venir el dia del 
juicio hasta que viniese la discesión, la disper- 
sión y en nuestro idioma el apartamiento de esta 
gente, y así en gran parte les cuadra lo que es- 
cribe Santiago en la epístola citada y así suce- 
dió en la conquista de nuestros españoles, que 
contra innumerables indios que se resistían, los 
aterraba Santiago visiblemente para que fuesen 
restituidas estas ovejas al rebaño de la Iglesia 
Santa, como dice el docto P. Diego de Avenda- 
ño en su Anfiteatro de la misericordia, en el 
núm. 389, pag. 397. Tocábale al santo patrón 
esta defensa, así porque tenía escrito á las tribus 
esparcidas, como por ser de las tribus de Jeru- 
Volumen ii 3 



34 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

salen y también por por patrón de nuestras es- 
pañoles, que los reducían á la Fé. 

24. Tengo también observado para enten- 
der que estos americanos, principalmente los de 
Méjico, descienden de las diez tribus, los pro- 
digios que Dios obró con ellos y las señales del 
Cielo que tuvieron significándoles el fin de su 
Monarquía y que Dios les entregaba á otras 
gentes y naciones. En Méjico, cuando entró el 
gran capitán Cortés; se observaron diez prodi- 
gios bien singulares que les indicaba el fin de 
su Monarquía, que podrán verse en el P. Tor- 
quemada en el lib. 2 de su Monarquía Mejica- 
na en el cap. 90; y entre los prodigios uno era 
el oirse de noche la voz de una mujer que á 
grandes voces lloraba la destrucción de sus hi- 
jos Mejicanos; esto mismo sucedió con las diez 
tribus antes de su destierro, como consta del 
lib. 4 de Esdras, cap. 9 al fin, donde dice, se 
le apareció una mujer llorando la destrucción 
de las tribus y luego, explicando la visión en el 
capítulo 10, núm. 44, dice que esta murer era 
Sión^ madre de los Israelitas y de las tribus que 
salieron luego desterradas en el cap, 13. Así 
en los hebreos como en los americanos, á su aca- 
bamiento llora ^ión su madre; porque aunque 
ynos y otros habían degenerado á Idolatrías, 
como dice el cap. 4 del Deuteroncmio,núm. 3:1 



ORIGEN DÉ LOS INDIOS 35 

no por eso olvidaría Dios que eran descendien- 
tes de Abraham, Isaac y Jacob, como se dá á en- 
tender más abajo en el dicho cap. 4, núm. 31. 
De los prodigios que Dios hizo con los Isreali- 
tas, como con estos mejicanos, están llenas las 
historias y por aquí se reconocen ser de una 
estirpe y añado lo que dice el P. Fr. Gregorio 
García en el lib. 3 del Origen de los Indios ca- 
pítulo 3, §. 5, que en la jornada de los mejica- 
nos cuando vinieron de tan lejas tierras, el 
ídolo que los venía gobernando, hacía que del 
Cielo lloviese pan y que saliese agua de los 
pedernales y otras maravillas que Dios permi- 
tía, imitando el demonio con permiso de Dios, 
lo que había hecho en el desierto con el pue- 
blo Israelílico, todo lo cual prueba este autor 
con lo que escriben el P. Acosta y Fr. Agustin 
Dávila. 

25. Hace también alguna prueba para en- 
tender que los hebreos y americanos sean de 
un origen el ver que esta palabra Indio vuelta la 
n arriba dice ludio y es muy fácil esta trasmuta- 
ción, como en caso muy semejante lo dice Ja- 
cobo Cu jacio «en la 1. 121, §. Insulam sf. de 
verb. oblig», y D. José Retes en el título de 
alnterdit, lib. 15, § de portatus,» y de verdad 
que muchos de los nombres propios de los pri- 
meros pobladores de Méjico y de aquellos Tul- 



36 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tecas se parecen mucho en la aspereza de los 
consonantes á los hebreos y acaban siempre 
con mucha aspereza, como fueron aquellos 
primeros pobladores de Méjico «Echecatz, y 
Cohualt, Totepeuh, Pochot, Xiutzalt,)> demás 
de otros que dijimos arriba, conque me parece 
se puede decir «Loquela tud, manifestum te 
facit» De los nombres que hemos referido, se 
podrá ver al P. Torquemada, lib. i, cap. 14 y 
lib" 2, cap. 13, donde pone otros nombres pro. 
píos de los Mejicanos como son «Achitomel y 
Acamopihe.» Y de los indios collas^ que son 
los del callao^ concuerdan muchos de los que 
los han tratado, de que en los nombres, lengua, 
narices, trajes, vestidos y habla gutural, son muy 
conformes á los hebreos, y me dijo persona le- 
gal que había oido á muchos de ellos decir co- 
mo desccendían de los Isrealitas y que de sus 
mayores habían aprendido el uso de las hondas 
y apedrearse y ejecutar sentencias de muerte 
apedreando á los reos, que todo fué costumbre 
de los hebreos, como consta de muchos luga- 
res de la Escritura, y sobre esas montañas de 
Tarama al otro lado del rio Marañón hay gran 
multitud de indios que usan de los nombres de 
los hebreos y unos se llaman «David, Salomón, 
Isaac, Neptalí, Zabulón,» y las mujeres usan del 
nombre de «Raquel. Sara, Ana, Bersabé,» según 



ORIGEN DE LOS INDIOS 37 

dio noticia un caballero que estuvo en este reí. 
no, llamado D. Fernando de Contreras, que con 
gra.n celo de la conversión de estas almas pene- 
tró gran parte de la tierra que habitan esos in- 
dios y vino á esta ciudad á buscar obreros que 
entrasen á la conquista de tantas almas y tuvo 
tratado con el piadoso y docto P. M. Fr. Juan 
de los Ríos, de la orden de Predicadores, dig- 
nísimo provincial de estas provincias, que se pu- 
siese esto en ejecución, y me dijo el venerable 
padre que vio testimonios que le mostró Don 
Fernando, en que se hacía mención de los nom- 
bres referidos, así de hombres como de mujeres, 
y no se pudo ajustar esta conquista y pasó á Es- 
paña á solicitarla, y por secretos juicios de Dios, 
murió el dicho D. Fernando sin conseguirla. 

26 Engáñanse los que piensan que solo por 
descender mucha parte de estos americanos de 
las tribus, por este origen contraen infamia, 
como discurrió el P. Calancha en su Crónica, 
lib. I, cap. 6, porque aunque es verdad que es- 
tán justamente notados los judíos y excluidos 
de todas honras, esto se entiende de los que 
descienden de aquellos judíos que concurrieron 
y aprobaron la muerte de nuestro Redentor y 
Señor Jesucristo y dijeron que su sangre cayese 
sobre ellos y sus hijos, estos son los infames, 
pues crucificaron á su Dios y Salvador. Pero los 



38 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

que no concurrieron en esta infamia, como fue- 
ron estos americanos, y las diez tribus que más 
de mil años antes del Nacimiento de Nuestro 
Redentor habían venido á esta América por el 
destierro de Salmanasar, estos no contraen al- 
guna infamia, según la ley Quisquis, 5, §. i. 
Cod. ad Leg. Jui. Mayest, y allí las glosas y Doc- 
tores. Demás de que ni estos americanos, ni sus 
ascendientes las tribus concurrieron en este de- 
lito, y por razón de descender délas tribus y de 
Jacob, antes se tienen por nobles, como lo ad- 
vierte el docto Fr. Gregorio García, en su libro 
3 del Origen de los Indios, cap. 4, § i, en aque- 
las palabras: «De donde se infiere que el judío 
que probase no proceder de aquellos que con- 
sintieron en la muerte de Cristo nuestro Señor, 
probaría ser mejor que el más estimado y hon- 
rado hidalgo» y Cristo N. S. y S. S. Madre y los 
Apóstoles son de las tribus de Israel, á esta raíz 
aludió el gran consejero D. Juan de Solorzano 
en su Política, lib. 2, cap. 29, fol. 243, col. 2) 
desde aquellas palabras: En lo que. disputando 
si pueden tener hábitos y otras honras, y vuelva 
á repetir que el P. Calancha en el lugar citado, 
no quiere que desciendan de los hebreos y 
asienta que descienden de los tártaros, siendo 
así que los tártaros son semilla de las diez tribus 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



39 



como he dicho arriba y diré en el § siguiente. 
Conque se dá fin á este §. i, á mayor gloría y 
honra de Dios. 




§2. 



Que las diez tribus desterradas por ^almanasar 
vinieron á poblar esta América y del lugar por 
donde entraron. 



I. Llevamos asentado en los capítulos ante- 
cedentes con un lugar del profeta Esdras en su 
lib. 4, cap. 13, como fueron llevadas en cauti- 
verio las diez tribus en tiempo del rey Oseas, 
habiéndolos vencido Salmanasar, rey de los Asi- 
dos, el cual los llevó á la Siria y de allí los íué 
derramando por las provincias de los Medos, y 
dichas tribus ó gran multitud de ellos se unieron 
y pusieron en fuga y ayudándoles el Altísimo, 
pasaron por el río Eufrates buscando entradas 
angostas del mismo río y se resolvieron á ir á una 
región, donde no hubiese habitado el género 
humano, pusiéronlo en ejecución, y con camino 
de año y medio de distancia llegaron á hacer 
alto en Arzaret; de la verdad de esta historia y 



ORIGEN DE LOS INDIOS 4I 

autoridad del cuarto libro de Esdras, dijimos lo 
suficiente arriba. 

2 El lugar de Esdras me ha hecho dificultad 
porque al principio dice que llevó presas á las 
diez tribus y las pasó de la otra parte del río, 
sin explicar si es el Eufrates, y aunque muchos 
se persuaden á que habla de este río, porque po- 
co más abajo dice que las diez tribus en su fuga 
á Arzaret pasaron por unas angosturas del río Eu- 
frates, esto no prueba que cuando los transpor- 
tó Salmanasar á la Persia, echándolos de la otra 
parte del río, hubiese de ser el Eufrates, del 
cual no había hablado en lo antecedente, ma- 
yormente cuando al Eufrates le entran dos ríos 
de la parte del Occidente por cerca de Babilo- 
nia, como consta de las tablas de Abraham 
Hortelio en el mapa 49 del reino pérsico, y 
aunque los más intérpretes concuerdan en que 
el río Eufrates nace en los montes de Armenia, 
de que se vea á Calepino en la palabra Eufra- 
ies^ pero la verdad es, como advierte el docto 
y piadoso P. Benito Fernández, en el cap. 2 del 
Génesis, en la sesión 5. desde el núm. i, que 
este río brota en los montes de Armenia, y allí 
mismo brota el río Tigris, pero que sus naci- 
mientos son del Paraíso, como dice la Divina 
Escritura y tienen diferentes orígenes de montes 
y tierras más altas del Oriente, y á mi entender, 



42 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

primero brotan en el Occeano Escítico, que es 
de agua dulce, según Plinio y Abraham Horte- 
lio, en el mapa 47 do Tartaria, y luego estos 
dos ríos se encubren por la tierra y van á brotar 
á Armenia y corren separados hasta que se jun- 
tan después de la antigua Babilonia, junto á la 
ciudad de Rom, y hasta allí se dice Mesopota- 
mia, que es el intermedio entre Eufrates y Tigris 
quedando en forma de isla Babilonia y Rom y 
sus distritos y después de Rom se juntan ambos 
ríos y corren juntos por mucho trecho y entran 
en el mar Mesefidin, llamado antiguamente el 
Seno Pérsico^ y no se puede defender lo que dice 
Calepino que Eufrates entra en el mar Bermejo, 
porque, como se ha dicho, entra junto con el 
Tigris en el Seno Pérsico, aunque es verdad que 
el Seno Pérsico tiene comunicación, aunque lar- 
ga, con el mar Bermejo, llamado en la antigüe- 
dad el Seno Arábico, sino es que lo diga por- 
que las tres Arabias, la Feliz, la Pétrea y la De- 
sierta tengan por el Occidente al mar Bermejo 
ó Seno Arábico, por el Oriente al Seno Pérsico^ 
al Mediodía el Occeano y al Septentrión al Eu- 
frates, como lo dice el glosador de Camoens, 
Manuel Faria, en las Lusiadas, canto 4, esta- 
ción 6t¡, verso último. La Persia y la Media 
donde fueron deslerradas las diez tribus, se ter- 
mina por el Occidente con el Seno Pérsico y 



ORIGEN DE LOS INDIOS 45 

con el río Eufrates^ comenzando allí las provin- 
cias de los Medos, según el mismo Faria^ can- 
to 10, estación no, y de la gran confusión que 
hay en conocer los linderos y límites, así de ia 
Persia como de la Medía y Eufrates, podrás ver 
lo que escribe Jacobo Tuano en sus Obras Es- 
purgadas, tomo ni, lib, 67, foL 296 y fol. 299 
y ful. 304. 

Todo lo que se ha dicho en el núme- 
ro antecedente ha sido necesario para dar sa- 
tisfación á la duda que muchos han puesto con- 
tra el lugar de Esdras, porque dicen que si las 
diez tribus pasaron para su huida por el Eufra- 
tes, esto sería volver al Occidente, y á las tie- 
rras de donde habían salido, puesto que las 
provincias y ciudades de los Medos, donde 
fueron trasladados de la Siria, están al Orien- 
te, respecto al rio Eufrates, y para ir á Arza- 
ret, habían de ir buscando el Oriente, y los 
últimos términos de la Tartaria, que está al 
Oriente del Eufrates, como también lo está 
la Media, y así no habían de volver al Occi- 
dente. Esta dificultad ha movido á muchos 
para no dar crédito al viaje que dice Esdras 
que hicieron á Arzaret las tribus, y aunque 
bastaba para haber sido cierto el viaje y haber 
pasado el Eufrates el decirlo Esdras , pues 
tiene más autoridad, que otro cualquier doc 



44 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tor, como dijimos arriba, no hallo por difi- 
cultad de importancia el que para ir á Arzaret 
desde la Media, volviesen á pasar el Eufrates, 
porque este rio entra hecho un mar en el Seno 
Pérsico, y corre más de quinientes leguas desde 
los montes de Armenia hasta dicho seno con 
tantos aufractos y rodeos, que unas veces decli- 
na al Oriente, y á las otras tres partes del mun- 
do, como sucede en rios de muy larga carrera, 
como el Marañón, y otros casi de este porte; 
de más de que de la Media, donde fueron 
trasladadas las diez tribus, según el cap. i8, 
núm. n del lib. 4.0 de los Reyes consta 
de muchas provincias y ciudades, ultra y 
citra del Eufrates, como se verá en los ma- 
pas, y vienen á la principal madre del Eufra- 
tes muchos ramos que embarazan las mismas 
ciudades de los Medos, teniendo el nombre 
del rio principal donde vienen á parar. Fuera 
de que no pudieron con tanta facilidad subir á 
Arzaret, caminando hacia el Oriente, por tener 
mucha tierra que correr por allí de los mismos 
Medos, y habían de dar luego en la Persia y en 
otras regiones de aquel dominio con que serían 
estorbados, y así buscaron fuga más seg;ura vol- 
viendo á pasar el Eufrates para cojer la Arme- 
nia que está más occidental, y por allí meterse 
por las Cuevas Caspias al mar de Bachu, Ha- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 45 

mado antiguamente el mar Caspio, donde de 
allí vinieron al Turquestan, caminando y dando 
vuelta otra vez al Oriente, y luego caminaron 
por los desiertos de Apastachit y Qaracorano y 
otros, que vinieron á dar en Arzaret, que es 
origen del reino de Anian, de donde vinieron 
extendiéndose por la América Septentrional» 
como verás más abajo. La Armenia Mayor lapo- 
ne Antonio Nebricense situada entre los montes 
Tauro y Cáucaso, aunque Jacobo Tuano, citado 
arriba, en dicho lib. 67, fol. 304, dice que la 
Media y Armenia están confines en el medio 
del monte Tauro, ibi: «Armenia et Media in 
medio Tauri yacent,» conque sería más fácil 
volver por el Eufrates á buscar la Armenia, que 
subir hacia el Oriente á buscar la Tartaria Ma- 
yor hasta donde se va prosiguiendo la gran cor- 
dillera del monte Tauro, según el Comento de 
Manuel Faria, sobre Camoens, canto tercero, 
estación 73. El mar Caspio, por donde fueron 
huyendo las diez tribus, cae á la Armenia y co- 
je á la Escitia y los montes Hircanos, según el 
citado Antonio Nebricense en las palabras QaS' 
pii et Caspium, y del mar Caspio y vecindad á 
Armenia se vea á Tuano, ubi supra, fol. 634, li- 
tera E y en el lib. 41, en el fin, y en el lib. 67, 
fol. 309 y en el tomo IV, lib. 84, fol. 97. 

Que las diez tribus fuesen transportadas de 



46 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Samaría á Siria, como dice Esdías, no se puede 
negar, por el lugar del libro de los Reyes, que 
hemos citado, y demás de esta evidencia lo trae 
el Prontuario de las imagen^^s de los varones 
grandes del mundo en la estampa de Salmana- 
sar en aquellas palabras: «Iterum venit in Sama- 
riam Salmanasar, quam post tertium obsidionis 
annum cepit, ac decem Tribus in Assyria abdu- 
xit.» Assyria es región del Asia Mayor, que hoy 
se llama Siria, como dice Antonio Nebricense, 
verbo /issyria y con autoridad de Ammiano Mar- 
celino, lo prueba Ravisío Textor en la Cornu- 
copia, verbo BiUimina^ ibi: «Nobilis Assyria- 
num omnis appellatur Syria,» y está confronta- 
da con las regiones del monte Tauro, según el 
mismo Nebricense, verbo Assurani^ y en esta 
Siria fué NínivCj donde vinieron muchas de las 
diez tribus, porque era parte de Asiria, según el 
mismo Nebricense, en la palabra Ninus, De la 
Siria echaron á estas diez tribus á la tierra de 
los Medos, como se escribe en el citado Pron- 
tuario de las imágenes, en la estampa de Jere- 
mías, en aquellas palabras: «Jeremias in Juda 
tantum et Benjamin prophetavit, iam enin de- 
cem tribus Israel, Assyrüin medos transtulerant,» 
con que de la Media y de muchos que ha- 
bían quedado en Siria y en las ciudades de 
Nínivc y otras de aquellas regiones, habién- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 47 

dose avisado unas tribus á otras, cogiendo la 
más segura huida fueron á meterse por la Ar- 
menia y salir por las puertas y obras del monte 
Tauro al mar Caspio, porque allí están las mi- 
nas que taladran aquel monte con cuevas de 
ocho leguas de largo, como dijimos con auto- 
ridad de Paulo Galucio en los nombres de Asia 
en la palabra Caspias pttertas y conduce en la 
palabra Arece Sabeij y en este sentido se ha de 
entender un lugar de Antonio Nebricense, en el 
Vocabulario de los nombres y lugares, en la 
palabra castice portx , donde pone al monte 
Tauro junto al mar Caspio, y añade que allí se 
abre este monte Tauro, que es la mina de que 
hemos hablado, y luego en la palabra caspius^ 
dice que se llamó Caspio el monte Tauro por 
estar á la mano cerecha del mar Caspio y aun- 
que muchos de los autores que hemos citado, 
dicen que las puertas Caspias caen en la región 
de la Media, ya dijimos arriba que ésta y Persia 
están confrontadas con el monte Tauro y muy 
vecinas. 

3 Asentado que vinieron las diez tribus bus- 
cando las otras puertas Caspias para revolver al 
oriente por el mar Caspio y desiertos de Apas- 
tachit y Caracorano, según los derroteros de 
Abraham Hortelio, principalmente en el mapa 
47 de la Tartaria y en el mapa 3 de la Nueva 



48 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

descripción de Asia, hemos de dar también por 
cierto, como dice Esdras, que vinieron las diez 
tribus á hacer mansión en Arzaret. Dónde sea 
Arzaret han dudado los intérpretes, pero lo 
cierto es que cae en la Tartaria y en lo más 
oriental de ella, junto al promontorio Tabin\ 
todo lo hallarás en el mapa 47 poco antes cita- 
do, donde dice Hortelio: «Arsaret hic decem 
tribus seccesere, unde Gauthes, sive Guathai á 
summa Dei gloria afferenda dicti sunt,» y en 
este mismo mapa, en la región Turquestan^ dice: 
«Turquestan Regio, unde Cismontani decem 
trlbuum socii sunt accersiti á Persis.» Lo mis- 
mo da á entender Genebrardo, el cual, después 
de haber referido el viaje de las diez tribus, dá 
á entender en el lib. i de su Crónica, fol. 150, 
que Arzaret, á donde fueron á parar las diez 
tribus es la gran Tartaria, y que el sentido del 
lugar de Esdras es, que pasado el río Eufrates^ 
fueron á buscar los desiertos de Tartaria, y que 
de aquí fueron hacia la isla de Groenlandia y 
que de aquella parte se nombra la América: 
esto que dice Genebrardo de el viaje de las 
diez tribus á América, lo prueba el P. Maluen- 
da en el lib. 3 de Anticristo, en el cap, 18, fun- 
dando que Arzaret, adonde fueron á parar las 
diez tribus con su huida es aquel promontorio, 
ú cabo que está en la última Escitia ó Tartaria 



ORIGEN DE LOS INDIOS 49 

llamado Tabin, del cual está dividida la Amé- 
rica con solo un estrecho que llaman de Anian, 
como diremos más abajo. 

4. Con grande y fuerte artillería se procura 
combatir este viaje de las diez tribus á la tierra 
de Arzaret, y que es incierto el viaje y fuga que 
refiere Esdras, para lo cual se puede inducir unos 
lugares del gran doctor de la Iglesia, San Jeróni- 
mo, sobre el cap. 22 y 27 de Ezequiel, en aque- 
llas palabras: «Et factus est sermo Dómini ad 
me», y de la glosa ordinaria en el tomo 2, so- 
bre el libio I de Esdras, cap . 7 y otros luga- 
res del Abulense sobre el Deuteronomio, cap. 
28 y sobre el cap. 17 del libro 4 de los Reyes, y 
otro de Pedro Comestor sobre el cap. 26 del lib. 
4 de los Reyes, y del docto P. Fr. Francisco de 
Rivera, sobre Oseas, cap. i. Concuerdan estos 
padres en que las diez tribus duran en la servi- 
dumbre del rey de Persia, y que están sujetos 
en las ciudades de los Medos y repartidos por 
los montes. Pero, sin embargo, se ha de toner 
por cierto lo que refiere de ellos Esdras, que se 
prefiere á los doctores antiguos en materias de 
historia de su tiempo, según se ha dicho, de- 
más de que, en concurso de doctores, hay tan- 
tos en defensa de esta fuga de las diez tribus á 
Arzaret, que sería necesario llenar planas ente- 
ras en recitarlos; basten por ahora, los tres de 

VOLUMEN n 4 



50 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

que hemos hecho mención. Genebrando, Ma- 
luenda y Abraham Hortelio, á que se añade 
San Sulpicio, lib. 2 de Sacra historia, en que di- 
ce que las tribus fueron á tierra, de indios y de 
etiopes. 

Pero sin perjucio de la verdad se debe de- 
cir no estar contrarios los lugares de San 
Jerónimo, de la glosa y de los demás doctores, 
porque hablan refiriéndose á lo que dice la di- 
vina Escritura, de que éstas diez tribus estaban 
en sujeción de los Asirios y Medos, lo cual se 
debe entender distinguiendo los tiempos, demás 
de que las diez tribus desterradas constarían de 
cuatrocientos ó quinientos mil hombres, pues 
cuando salieron de Egipto, sólo los varón .js de 
tomar armas, eran casi seiscientos mil, según el 
Éxodo, cap. 12, núm. 37, y por muchos que se 
pusiesen en fuga, quedarían más de la mitad, ó 
poi tímidos, ó viejos, ó débiles, ó involuntarios 
y por otras muchas razones y así se salva la 
sentencia de los doctores que dicen que están 
detenidas en los Asirios y los Medos, pues hay 
para todo, y más cuando las diez tribus fueron 
echadas en ciento veintisiete provincias de 
los Medos, y se fueron extendiendo por ellas 
consta en el cap. i de Esther. 

5. Aquí es preciso tocar, como añadidura á 
lo que vamos diciendo de haber vivido estas 



ORIGEN DE LOS INDIOS 5 1 

diez tribus entre los Medos y Asirlos, y ha- 
ber venido luego á poblar esta América, el que 
cogieron los americanos muchas costumbres de 
los Asirios y Medos, que las conservan hasta 
hoy, porque nuestros indios acostumbran la- 
varse cada día en la mar ó fuentes ó ríos, co- 
ló advierte el P. Torquemada en su Monarquía 
indiana, lib. cap. 9 en aquellas palabras: «Hálla- 
se el lavarse todos cada día en la mar ó fuentes 
y ríos, costumbre asentada éntrelos Asirios, co- 
mo advierte Alejandro ab. Alejandro en el li- 
bro 4 de sus Días geniales, cap. 20 al fín: « Assi- 
riis lavare diebus singulis peculiare est.» De los 
Medos aprendieron las diez tribus y sus descen- 
dientes los indios á ser flojos, afeminados, de 
poco corazón, blandos y aparejados para el 
mal, según dice el mismo Alejandro en el libro 
4. cap. i3«medi melles afeminati ,enervatis,ani- 
mis, ad inertíam nequí tí amgne que parati » .Lo cual 
puntualmente se halla en nuestros americanos. 
6 Resta ahora averiguar como se propagaron 
desde Arzaret en esta América. Ya se ha dicho 
por la autoridad de Genebrardo y del P. Ma- 
laenda, que por el estrecho de Anian, que es- 
tá pegado á Arzaret, vinieron á estas Indias occi- 
dentales, lo cual se puede también comprobar 
viendo el mapa mundi de Pedro Plaucio y el de 
Enrico Alangren y con el de Abraham Horte- 



52 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

telio en el mapa 47, de Tartaria, y con otros 
globos terrestres de otros más modernos, y el 
mismo Hortelio en el lugar citado, pone á Zin- 
zu ó Zuanzo junto al estrecho de Aniam, y jun- 
to áArzaret; hablando Paulo Galucio en su Tea- 
tro del Mundo, de [Zuanzo, dice en la tabla 
de Asia, en la palabra Zuanzo^ lo siguiente: 
«Zuanzo en la provincia de Anian, junto á su 
estrecho.» Este estrecho de Anian divide la 
Asia de nuestras Indias del poniente, y de la 
provincia Quivira de la América. Es este tan 
estrecho que por parte no tiene cuatro leguas, 
y por allí se continúa la tierra firme desde 
Finisterrae de Portugal hasta el estrecho de 
Magallanes por la banda de Mediodía, y hasta 
la tierra del Labrador por la parte del Septen- 
trión. Tiene Zuanzo cuarenta y ocho grados y 
treinta minutos de latitud, y ciento y ochenta 
de longitud, ya hemos dicbo que Zuanzo está 
pegado á Arzaret y ambos á dicho estrecho, 
que unos llaman Aniam y otros Ainam, y el 
mismo Paulo Galucio en las Islas de Asia, en 
la palabra Golfo, dice: «Golfo Aniam, último 
término de la India Oriental, porque aquella se 
acaba en la Tartaria, y que el paso á estas In- 
dias ó sea por los Tribus ó por sus hijos los 
tártaros, ó por los indios orientales, concuerdan 
ios más autores, que fué por el estrecho de 



ORIGEN DE LOS INDIOS 53 

Aniam, de que se puede ver al P. José Moret, 
en la Historia de Navarra, cap. 4, párrafo i, 
en el fin, nüm. 32, ¡b¡.: «Pasaron á poblar la 
América por el estrecho de Anian, Henrico 
Alangren, testigo de vista, dice que las tierras 
septentrionales conjuntas á este Nuevo Mundo, 
las ocupan los tártaros, los cuales se terminan 
en Anian y con su estrecho. Y Juan Laert, arri- 
ba citado, dice que esta América tiene por el 
Occidente al Asia, y que se termina con un pe- 
queño estrecho que llaman Aniam, sus pala- 
bras, ya referidas, son: « Ad Occidentem habet 
Asiam , et terram Australem, sed quanto íreto 
sit América ab Asia divisa, nomdun satis 
exploratum, quamquam, communis opinio sit 
non nisi augusto freto, quod vulgo vocant 
Aniam. 

En aquel viaje que se hizo desde Acapulco, 
siendo virey de Méjico el marqués de Cañete, 
en busca del cabo Mendorico, que cae á la pro- 
vincia Quivira, se encontró con una boca del 
estrecho de Anian, en cuarenta y tres grados 
de latitud al septentrión por esta mar del Sur, 
como podrás ver en el P. Torquemada, en la 
Monarquía Indiana, lib. 5, cap 45, al medio, y 
en el cap. 55, al fin, y se observó ser el estre- 
cho de Anian, y hallándose á esta parte del 
Sur en 43 grados y estar por la parte de Zuan- 



54 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

zu y Arzaret el dicho estrecho en cuarenta y 
ocho grados, se reconoce no distar noventa le- 
guas Arzaret de dicho cabo Mendocíno, y Juan 
Laert, en la descripción de este Nuevo Mundo, 
en el lib. 6, cap. final, describiendo el nuevo 
Méjico que se comunica con aquella parte de la 
Nueva Galicia dice, tratando de los indios Pires, 
Apaches y Xilas, que ocupan gran parte de la 
tierra hacia el Occidente, hasta el estrecho de 
Aniam, y dice: «Hi vastum terrarum spatium ad 
Occidentem ocupant , et. , ad fretum Anian 
pertingere creduntur», y el mismo autor en 
el mismo libro 6, capítulo ii, explicándolas 
Californias dice, que es todo lo que corre de 
Nueva España y Nueva Galicia hasta el estre- 
cho de Anian. «California communiter dicitur 
qüidquid terrarum Nove Hispaniae atque Galle- 
ciae ad Occidemten obicitur, quae sane latissime 
patent, et ad extremos Americae Septemtriona- 
lis términos, et fretum Aniam, pertinent», y de 
aquí es que muchos ponen este estrecho hacia 
Cali/or?iia , siendo así que dista mucho de 
ellas: del pequeño estrecho que hay desde 
Asia á esta América se puede ver á Jacobo 
Tuano, en sus obras expurgadas, tom. 3, lib. 46 
fol. 226. y en el Mapa que pone Manuel de Pa- 
ria sobre Camoens. En el Canto décimo, Esta- 
ción 96, y pone el Reino de Anian y su estre- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 55 

cho y la provincia de Quivira, todo como con- 
tinente de la tierra de Méjico, de que diremos 
más abajo- 

Muy perplejos andan todos los autores y 
matemáticos en señalar el verdadere sitio del 
estrecho de Anián, y si éste es el que divide el 
Asia de esta América. El gran consejero Don 
Juan de Solorzano, no pone cosa asentada 
y ñja en esto, y hallo que se refiere á lo que di- 
cen otras, como verás en el lib. i, de lure In- 
diar; tomo I, cap. lo núm. 4, donde dice que 
el Asia se divide de la América con el corto 
estrecho de Anián: «Asia á regionibus Arcticis 
á nova Zembla módico freto secerritur, et ab 
América altero, nimirum Aniano dirimí credi- 
tur.» El mismo consejero en el citado cap. 10, 
núm. 25, con autoridad del P. Acosta, de Ge- 
nebrardo y otros, dice que no está conocida la 
latitud del cabo y Promontorio Mendocino, de 
que hemos ya tratado, y dice que aquella tierra 
vá á dar al estrecho del reino de Anian^ muy 
poco distante del Asia y de los tártaros y chi- 
nos, que por allí hay fácil camino para esta 
América. «Ultra Promontorium Mendocinum, 
ut ait Acosta, non est satis cognita terree am- 
plitudo, quom ingentem esse plurimi ferus et 
ibi fretnm Regni Anian, quod non multum á 
tartaris et Sinis distare cognoscitur, et inde 



S6 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

planam viam ¡n has Americanos ese potuisse,» 
y esta misma vecindad de estas naciones con 
dicho estrecho y del Asia con esta América, la 
vuelve á repetir en el núm. 34: «Tamdem ad 
Orientales eiusdem Asioe ñnes qui supra Chi- 
nan non nihil flectunt ad Aquilonem devene- 
run propre fretum Anian, quo ut diximus, parvo 
intervallo ipsa Asia ab América, seiungi perhi- 
betur,» y en estas obras nuevas que han salido 
con título de nuevo Atlas, en el tomo II, en la 
tabla de América, dice lo siguiente: Entre la 
Asia y América está el estrecho de Anián, por 
do se puede ir fácilmente á la América,» y en 
el mismo tomo, describiendo la Tartaria me- 
nor, que cae en Europa, y la Tartaria mayor del 
Asia, que se divide en cinco Tartarias, llegan- 
do á la última, dice: aLa última es Tartaria la 
vieja que se extiende hasta el mar Septentrio- 
nal y estrecho de Anian. Llámase vieja, por 
haber tenido allí su origen el nombre de los 
tártaros.» 

Que la Asia y el estrecho de Anian termi- 
nen por el Occidente á nuestra América, de- 
más de lo dicho se podrán ver las notas 
de Henrico Salmur sobre Guillen Pancirolo 
en su libro 2, de Novo Orbe, folio 15, ibi: 
«América hodie quarta totius Orbis, imo má- 
xime terrarum pars reputatur; quando in utru- 



ORIGEN DP: los INDIOS 57 

que polo incipiat, aut finiatur, etc secundum 
longitudinem ad ultimum usque Occidentís li- 
mitem pertiiigat, Ariamque, ¡ntercedeatibus tan- 
tum Aniani freti angustiis contíngit . r> En suma, 
ó sea el estrecho que está junto á Arzaret el 
estrecho de Anian ú otro, lo cierto es que por 
allí pasaron las diez tribus y sus descendientes; 
porque vinieron á la Tartaria Asiática vieja y á 
lo último del Asia, á la Región de Arzaret y de 
allí se fueron extendiendo por toda esta Amé- 
rica pasando un corto estrecho de mar, como 
consta de las pinturas Mejicanas de los Tulte- 
cas, de que hicimos mención arriba, y estos 
fueron los más inmediatos descendientes de las 
diez tribus, y gastaron más de cien años en ve- 
nir poblando hasta llegar á MéCico, como he- 
mos dicho, haciendo habitables todas aquellas 
dilatadísimas regiones desde Arzaret hasta Mé- 
jico, conque abierto el camino dieron lugar á 
que vinieran otros así de su linaje como de 
otras naciones; pues habiendo llegado los Chi- 
chimecos mucho después de ellos, se halla que 
la séptima nación que llegó á Méjico fué la de 
los Mejicanos y que estos vinieron de la parte 
de Astlan y Tucalluacan, habiendo pasado tres- 
cientos y dos años después de la venida de los 
Chichimecos^ como lo dice Juan Laert, de Sit. 
Nov. Orb. en el lib. 5, cap. 12. 



¡S DIEGO ANDRÉS ROCHA 

7. Háme parecido en cosa tan obscura, 
como es averiguar el paso de las diez tribus y 
de sus descendientes á esta A.nérica, el referir 
á la letra lo que dicen gravísimos doctores, y 
hallo que el docto Fr. Gregorio García en el 
lib. 3 del Origen de los Indios, cap. i, dice lo 
siguiente: a^Cómo pudiesen ir aquellas tribus á 
las Indias Occidentales, habiendo por medio 
tanta inmensidad de agua é infmidad de tierra? 
A lo cual me parece que pudieron ir á la gran 
Tartaria y que tomaron algunas costumbres y 
ritos que en este reino y provincia se guardan» 
y más abajo: «De la gran Tartaria pudieron ir 
por tierra hasta Mongul y de aquí pasar el Es- 
trecho de Anian, que es bien breve, é ir al reino 
de Anian que es ya tierra firme de Nueva Es- 
paña;» y más abajo: «Otros caminos semejantes 
al pasado les dá Genebrardo, el cual, después 
de haber referido el viaje de las diez tribus, 
siente que Arzaret es la gran Tartaria (á que 
alude Juan Botero, en sus Relaciones del Mun- 
do, donde escribe de la última parte de Tarta- 
ria) como si dijera Esdras que pasado el rio 
Eufrates, vinieron á los desiertos de Tartaria y 
de aquí á aquc^lla tierra hacia la isla de Groen- 
landia, porque de aqueRa parte se dice la Amé- 
rica descubierta y sin mar; pues de las otras 
partes está cerrada con la mar y hecha casi 



ORIGEN D£ LOS INDIOS 59 

isla,» y más abajo, «Esto que dice Genebrardo 
del viaje de las diez tribus á las Indias se con- 
firma con lo que dice el P. M. Maluenda, con- 
viene á saber, que Arzaret, adonde fueron apor- 
tadas las diez tribus, es aquel Promontorio, 
cabo ó cumbre que está en la última Escitia ó 
Tartaria, acostado sobre el mar, al cual Plinio 
y otros llaman Tabin, del cual está dividida la 
Ame'rica con solo un estrecho que llaman de 
Anian, y así pudieron ir las diez tribus, por fá- 
cil y breve trecho y entrarse de Arzaret ó Tar- 
taria en la América.» Prosigue en el § i; 
«También pudieron ir las diez tribus desde 
la tierra que dice Esdras á la China. De la Chi- 
na pudieron ir por mar á la tierra de Nueva Es- 
paña para donde no es muy larga la navegación 
viniendo por el estrecho ó canal que está entre 
la China y el reino de Anian y de Quivira, 
puestos en reinos, que ya son tierra firme de 
Nueva España.» 

8 Hallo que Paulo Galucio, en el Teatro 
del Mundo, en las islas de Europa, en la pala- 
bra Graenlande?z^ dice lo siguiente, «Graenlan- 
den ó Grutlandia, isla grande y larga, está cua- 
renta leguas de Laponia|y[pocas más de Finmar- 
quia, tierra de Escandinavia en Europa, y según 
algunos está cincuenta leguas de las Indias por 
la tierra del Labrador,» y el mismo autor en 



6o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dichas islas de Europa, en la palabra Islandia 
dice: «Islandia ó lelandia significa isla ó tierra 
helada, á quien los antiguos llamaron tyle, isla 
final de lo que los romanos supieron hacia el 
Norte;» y más «abajo: «Aparece en el reino de 
Noruegia,» y en el ñn: «Hay entre lelandia y 
Gruntlandia en lo alto de un monte un instrn' 
manto náutico fabricado por los piratas llama- 
dos Pinnipth y Potersth ( nombres que se pare- 
cen mucho á los primeros Tultecas, pobladores 
de Méjico) que sirve de aviso y señala á los 
marineros los peligros y bajíos que hay en 
aquellas partes de Grutlandia, donde hay aquel 
estrecho que dijimos entre Grutlandia y la tierra 
del Labrador. » 

Estos linderos y vecindad de Islandia y 
Groenlandia ó Noruega con estas Indias parece 
le agrada á Gomara, en su Historia Indiana á la 
hoja 7, en el § Mojones de las Indias y dice; 
«Los mojones y aledaños que más cerca y más 
señalados tienen las Indias por esta parte sep- 
tentrional, son Islandia y Grutlandia;» y más 
abajo: «Algunos piensan que Islandia es la Tyle, 
mas no es, y Tyle propiamente es una isleta 
que cae entre las Arcadas y el Fare. Está Islan- 
dia cuarenta leguas de Fare y sesenta de Tyle y 
más de ciento de las Oreadas. Grutlandia está á 
la parte septentrional de Islandia,» y más abajo: 



ORIGEN DE LOS INDIOS 6 1 

«Está Grutlandia cincuenta leguas de las Indias 
por la tierra que llan^an del Labrador y no se 
sabe si aquella tierra se continúa con Grutlan- 
dia ó si hay en medio estrecho.» 

Prosigue este derrotero Gomara, y en el pá- 
rrafo siguiente dice: «Lo más septentrional de 
las Indias está en par de Grutlandia y de Islan- 
dia, corre doscientas leguas de costa hasta Río 
Nevado, que cae á sesenta grados, hay otras 
doscientas leguas hasta la Bahía de Malvas, y 
toda esta costa es la que llaman tierra del La- 
brador. De Malvas al cabo de Marco hay sesen- 
ta leguas, de allí al cabo Delgado cincuenta, y 
de allí sigue la costa de cien leguas hasta un 
gran Río dicho de San Lorenzo y Vojá de San 
Lorenzo hasta la Punta de Bacallaos, harto más 
de doscientas leguas y desde aquella punta po- 
nen ochocientas y sesentn leguas á la Florida.» 
Este mismo cómputo y vojeo de Gomara sigue 
Fr. Juan de Torquemada en la Monarquía In- 
diana, lib. I, cap. 6. 

De la tierra del Labrador habla Jacobo Tua- 
no en las Obras corregidas, en el tomo V, li'bra 
132, desde la hoja 1. 138, y de la provincia Qui- 
vira como se continúa con la Florida, en el to- 
mo in, lib. 78, desde la hoja 624, y de la Flo- 
rida, en el tomo II, lib. 44, fol. 530, y de aquel 
estrecho que llaman Davisio, que viene á la tie- 



02 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

rra del Labrador, en el tomo V, lib. 109, hoja 
448, en estos lugares verás mucho para la con- 
tinuación de este Nuevo Mundo con el antiguo. 
Pero en mi entender el primer camino por don- 
de vinieron las diez tribus, fué desde Arzaret, 
pasando aquel estrecho que divide el Asia de 
esta America, y vinieron poblando hasta Mé- 
jico y demás partes de esta América Meri- 
dional y que hoy se halla al guna diferencia 
en los linderos no se debe hacer dificulto- 
so y más con las tablas nuevas que varían 
en los sitios, porque ha habido mucha mu- 
danza en cerca de dos mil quinientos años 
que pasaron las diez tribus, y hallamos el día de 
hoy muchas que fueron tierras hechas mares y 
al contrario, muchos lugares que antiguamente 
fueron mares hechos tierras, y se han hecho 
muchas islas que fueron de tierra continente 
como se puede ver en el Dr. Villen de Viedma 
comentador de Horacio, sobre el Arte Poética 
á la hoja 312, á la vuelta, y Manuel Paria, co 
mentador de Camoens: «En el canto 10, esta 
ción 124, en la letra E y hallarás que la forma 
del mundo no está hoy como la conocieron los 
antiguos, desque podrás ver á Plinio, desde el ca- 
pítulo 85 hasta el 90, y como Sicilia con Italia 
fué tierra continente y lo mismo afirma Pompo- 
nio Mela, lib. 2, cap. 27, como también lo fué 



ORIGEN DE LOS INDIOS 63 

Grecia y Negro Ponte, según Floriano, lib. i, ca- 
pítulo 35. y también fué continente España con 
África, como dije arriba y lo trae Eratostenes 
en Estrabón, lib. i, de Situ Orbís, y fueron con- 
tinentes Chipre y Suria, como la trae el P. Lori- 
no, sobre el cap. 28 de los Actos de los Após- 
toles, vers. 13, y véase á Séneca, natur, quaest., 
cap. 29 y alP. Ensebio Nieremberg en su Filo- 
sofía, lib. I, cap. 44. 

No se debe pasar en silencio lo que dice 
Gomara, poco antes citado, de que Islandia no 
es la Tyle, negocio en que los historiadores an- 
tiguos y modernos están muy varios, y en favor 
de Gomara se puede citar al glosador de las 
Partidas, Gregorio López, que en la ley 77 del 
tít. 18, partida 3, en la glosa 3, quien no hace á 
la isla Tyle tan septentrional como Islandia, y 
dice que lo que hoy llamamos la Rochela es la 
antigua Tyle ó Tule, porque ambos nombres le 
dan los historiadores y poetas latinos, y así, con 
autoridad de Séneca el trágico, dice que hay 
otro mundo después del Occeano y que no sería 
la última tierra la Tule y trae los versos y con- 
cluye: «Nec erit terri, última Tule,» y pudo cau- 
sarles esta confusión así á Gomara como al glo- 
sador de las Partidas, lo que en esta parte dejó 
escrito Plinio en el lib. 2 de su Natural historia, 
c^P- 75; y 6^^ el lib- 4; cap. 16, y parece que Es- 



64 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tacio en el lib. 3 de sus silvas pone á la Tule 
junto á España, diciendo: 

«Quamquam et. si gélidas iren mansurus 

(ad Arctos 

Vel supra Hesperiae vada caligantia Tules.» 
Pero en esto se debe estar más á lo que es- 
cribe Marco Adamo, canónigo Bremense en 
las Repúblicas de Siiit Danioe, donde tratando 
de Normandía, Noruega, Groenlandia é Islan- 
dia, con autoridad de Saxo Grammático dice 
que esta última es la Tule y pondera aquellos 
versos. 

«Eloquii cúrrente rota penetravit ad Indos 

Ingeniumqiie potens ultima Tule colit.» 
y así concluye que, como Islandia ,es lo más 
próximo de estas Indias, lo es también la Tule, 
por ser lo mismo y así entiende el lugar de 
Virg. á Augusto Cesar: 

«Tibi serviat ultimaTule», y el de Claudiano: 

«Nostro procul axe remotam 

Insólito belli tremefecit murmure Tulem . » 
y aunque algunos quieren que no pueda ser Is- 
landia la Tule, porque Islandia há poco qiie se 
descubrió y la Tule fué conocida en tiempo de 
Augusto, esto se niega por lo? autores, y pudo 
dejarse de navegar á Islandia por algún tiem- 
po por su frialdad, y luego con mejores bajeles 
y hacerla más tratable los tiempos, se pudo 



ORIGEN DE LOS INDIOS 65 

frecuentar y por allí venir á las provincias de 
Méjico alguna de aquellas siete naciones ó li- 
najes que la poblaron, como dijimos arriba, y 
así en los Mapas de Méjico está la Tule^ como 
se verá en Juan Laert, lib. s, de Situ Novi Or- 
bis. El mismo autor en el Mapa de la Florida^ 
lib. 4, pone la tierra y pueblos llamados T'/^/^í, 
que es sin duda el haber venido de Islandia ó 
Tule^ y también en Méjico llaman el Tule á 
cierta junta donde se juega, 

9. Otros han querido, con autoridad de 
Marracio en su Descripción del Océano, cap. 4, 
dar paso á los que vinieron á poblar esta Amé^^ 
rica desde la tierra de Atlan, donde está aquel 
monte que llaman en latin J/las, tomando el 
nombre de la misma tierra en que está, como 
lo dice San Fulgencio, según refiere el doc- 
to Villen de Viedma en la tradución y comen- 
to de Horacio, lib. i, canción 34, en aquellas 
palabras: «Atlante usque fmis.» Esta tierra 
Atlany%\¡L monte Atlas, según Virgilio, cae á 
los fines del Océano, en el último lugar de los 
Etiopes. 

«Occeani fmem, solem que Cadentem 
Ultimus yEthiopum locus, sibi maximus Atlas.» 

Estos Etiopes de la Nueva Guinea y los 
de las islas de los Ladrones y de las islas de 
Tapan y de Miaco pueden con brevedad ir á 
Volumen ii 5 



66 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

las costas de Quivira, continente con este nue- 
vo orbe, según el cómputo del P. Fr. Antonio 
Calancha en su libro de los Sucesos del Perú, 
lib. 5, cap. 7, donde dice: «Estas partes pobla- 
ron los Tártaros y se han extendido en todo lo 
que hay de tierra desde el Océano Oriental ó 
Mangico ó mar helado, que topa por este Nue- 
vo Mundo hasta la laguna Meotis que divide á 
Asia ó los Noruegos, Lupianas, Curlandos, na- 
ciones septentrionales, pegadas con este Nuevo 
Mundo», y este lugar, en lo que dice de los 
Tártaros, se entenderá de la Tartaria menor y 
Europea, junto á la Escitia, que es más vecina 
de las Noruegas, y advierte que los Curlandog 
son aquellos que digimos arriba que se parecían 
á los indios en el color. 

lo En otro libro manuscrito, leí lo siguiente' 
«Sabida cosa es que Groenlandia, tierra septen- 
trional, está conjunta con las Noruegas y con 
Tartaria mediando un solo estrecho llamado 
Davis ó Davisio, brazo helado de mar pequeño, 
y Groenlandia está convecina con Estolilandia 
que llaman cabo del Labrador, y esto es con un 
estrecho de mar ó dos, como afirman los ingle - 
ses, y cada uno de estos dos estrechos son de 
ocho ó diez leguas. Desde Estolilafndía hasta 
Méjico, Panamá, L&a y Chile, es tierra firme 
seguida y continuada, como consta de todos los 



ORIGEN DE LOS INDIOS 67 

mapas, geografías, descripciones y derroteros, 
así antiguos como modernos.» Jacobo Tuano, 
tomo ni, lib. 64, fol. 326, pone otra comunica- 
ción de esta América por un estrecho que hay 
entre Frislandia y las islas de Asia y son los ha- 
bitadores del color de estos indios . 

La gran confusión que en todos los autores 
ha habido, sobre buscar el paso á estas Indias 
de los que vinieron de las otras tres partes del 
mundo á poblarlas, me ha gastado mucho tiem- 
po de lectura y contemplación. Y cogiendo este 
negocio desde sus principios, hallo que muy in- 
signes escritores han sido siempre de parecer 
que esta América se comunica por algunas par- 
tes con las otras tres del mundo, ó por lo me- 
nos, que se divide de ellas con algunos estre- 
chos de mar cortos y fáciles de navegar, como 
se puede ver en el gran consejero D. Juan de 
Solorzano, tomo I, de Jur. Ind., lib. i, cap. lo, 
desde el núm. 2 y desde el núm. 5, que apoya 
este sentir con gran copia de autores, y aunque 
Francisco López de Gomara, part. i, fol. 7, po- 
ne en duda si aquella parte de Groenlandia se 
comunica con la tierra del Labrador, que es ya 
la América descubierta, sin embargo, otros au- 
tores más modernos, como son Henrico Alan- 
gren y Pedro Plaucio en sus mapas y globos te- 
rrestres, y también Hondio en su globo ierres* 



68 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tre, afirman estar muy vecinos por la parte del 
Norte de este Nuevo Orbe con el antiguo y que 
entre las islas de Groenlandia y la tierra del La- 
brador, está el estrecho de Davis, que tiene de 
ancho poco más de dos grados, que apenas ha- 
cen 40 leguas. 

Esta isla de Groenlandia, que pertenece á 
Europa, según Paulo Galucio en su Teatro del 
Mundo, en el Catálogo de los Lugares de Eu- 
ropa, verbo Groenlande (que es preciso se con- 
numere y atribuya á la Europa, porque está muy 
vecina á Laponia y á Finmarquia, tierra de Es- 
candinavia, que todas son de Europa) está muy 
cercana de la tierra del Labrador, según el ci- 
tado Paulo Galucio y todos los mapas, y fué 
muy posible que por allí pasasen las diez tri- 
bus por el estrecho Davisio, que apenas tenía 
de ancho cuarenta leguas, y pudieron pasarle 
en balsas; si bien no me inclino á este sentir, 
aunque por allí se hiele el mar en algún tiempo 
del año, porque no me persuado que tanta gen- 
te de las diez tribus volviesen á buscar la Euro- 
pa desde el Asia. 

Veamos respectivamente y contemplemos 
las tres partes del mundo antiguo y cercanía 
que cada una tenía con esta América. Comen- 
cemos por Europa, la cual por dos partes pudo 
tener tránsito á estas Indias Occidentales ó por 



ORIGEN DE LOS INDIOS 69 

lo Último de su Occidente, que es Cádiz, ó por 
el Norte, que es Groenlandia. Por Cádiz estuvo 
continuada la Europa casi con esta América 
cuando la isla Atlántida persistía sin haberla 
tragado el mar, como dije en el cap. i, y en- 
tonces aquella isla comenzaba desde Cádiz y 
corría hasta las islas de Barlovento, Cuba y Es- 
pañola, que están vecinas de la tierra continen- 
te de esta América y entonces no pudieron ve- 
nir por esta isla las diez tribus, porque su tras- 
migración fué mucho después de haberse tra- 
gado el mar la isla Atlántida y sucedió su fuga 
en el año 3195 de la Creación del mundo, antes 
del nacimiento de Nuestro Salvador 767, según 
el libro Prontuario de las Imágenes de los hom- 
bres insignes del mundo, de Guillermo Rovisio 
I* part. fol. 80, verbo Hosea^ y cuando persistía 
la isla Atlántida, fué pocos años después del Di- 
luvio Universal, cuando se comenzó á poblar Es- 
paña, y de ella vinieron muchos siglos antes los 
españoles á esta América, como he dicho en los 
capítulos antecedentes. Ni tampoco en tiempo de 
Salomón, que precedió á Hoscas (en cuyo tiem- 
po se trasportaron las tribus) pudieron venir los 
hebreos por la isla Atlántida, aunque precedió 
Salomón á Hoseas cerca de 300 años, por es- 
tar ya anegada muchos años antes la isla Atlán- 
tida. Demás de que Salomón por mar envía- 



70 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

ba SUS flotas y armadas á estas Indias, según la 
opinión de muchos que entienden á Ophir por 
este Perú, en el cual también están las islas de 
Salomón, el cual con su sabiduría hallaría mo- 
do para viaje tan largo, encaminándolos por el 
mar Bermejo y otros estrechos, y se puede dis- 
currir que los hebreos pasaron trescientos años 
antes que las otras tribus y se fueron quedando 
muchos en esta América, á los cuales vinieron 
después buscando las diez tribus, pero muchos 
siglos antes de ellos tenían los españoles pobla- 
das estas Indias. Resta de la Europa el haber 
otra vecindad con esta América que es por Gro- 
enlandia y ya dije que tenía por muy difícil el 
que las diez tribus viniesen por este camino. Ni 
por Islandia que es la Tile, aunque Alejo Ve. 
negass, lib. 2, cap. 21, diga que dista solo 14 le- 
guas de la isla del Labrador. 

Otra parte del mundo es África, y esta se 
divide de la América por golfo de mar y no 
tiene tierra continente por donde comunicarse 
y hacia el Polo Antartico dista esta América 
por la parte del Brasil hasta África y cabo de 
Buena Esperanza como quieren unos, cuatro- 
cientas cincuenta leguas de golfo, y como 
quiere Juan Botero, arriba citado, mil millas 
que, según dije arriba, hacen trescientas treinta 
y tres leguas, y tengo por cierto que no pudie- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 7 1 

ron venir las diez tribus á esta América por la 
África, así por la distancia que estaban en la 
Persia y Media desterrados, como porque no 
pudieran tener vajeles con que vencer el golfo 
de trescientas leguas, siendo tantas las tribus 
que se pusieron en huida. 

Resta la otra parte del mundo y primera 
respecto del Oriente, que es el Asia; por esta 
parte del mundo tengo por cierto que vinieron 
as diez tribus á esta América, porque Arzaret, 
donde vinieron a parar, es perteneciente al 
Asia mayor y hoy toca á la Tartaria Asiática y 
de Arzaret dista poco al reino de Quivira y e^ 
reino de Anian^ que ambos se computan por 
tierra continente de esta América, y según los 
mejores y más experimentados matemáticos 
son ya de la América descubierta y con gran 
facilidad pudieron venir á dichos reinos pa- 
sando el estrecho que los más llaman de 
Anian, el cual está entre el reino de Qtdvira y 
reino de Anian y por él se comunican las aguas 
del mar del Norte con las del Sur, y aunque 
hay disputa sobre el ancho de este estrecho, lo 
más cierto es lo que en esta parte averiguó 
Paulo Galucio en su Teatro del Mundo en los lu- 
gares del Asia, en la palabra Zimnzu, donde dico 
que el estrecho de Anian divide el Asia de la 
América con latitud de menos de cuatro legua 



72 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

en aquellas palabras: «Este estrecho de Anian 
divide el Asia de nuestras Indias del Poniente 
y de la provincia Quivira de la América,» y más 
abajo: «Es tan estrecho que por partes no tiene 
cuatro leguas,» y yo lo tengo por muy cierto, 
porque este estrecho viene á ser como antípoda 
del de Magallanes, en el cual hay partes tan an- 
gostas en latitud, que tienen poco más de una 
legua de ancho, conque por dicho estrecho de 
Anian están muy vecinas las tierras de Asia y 
América, y asi por aquí pasaron las tribus de - 
jando el asiento que tenían de Arzaret y Zuanzu 
y poblaron todas esas tierras de Méjico, y en m 
entender, siendo tanta la vacindad con Quivira, 
se puede computar la región de Arzaret con 
esta América, 

1 1 Sea enhorabuena que haya muchas entra- 
das y breves del mundo antiguo á este nuevo y 
que hayan descubierto tan fáciles entradas á esta 
América y tan cortos estrechos de mar, por don- 
de pudiesen pasar las diez tribus y sus descen- 
dientes los Tultecas, primeros pobladores de 
Méjico, los cuales, aunque tardaron ciento y 
cuatro años en llegar á ella, como se dijo arriba, 
y tuviesen tiempo desde Arzaret para volver á 
la Europa y á la Tartaria menor y pasar á Esto- 
tilandia y tierra del Labrador, no se necesita de 
este rodeo, cuando desde la Tartaria Mayor te- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 73 

üían paso á la provincia Quivira y reino de 
Anian sin irlo á buscar por la tierra del Labra- 
dor y el estrecho que tienen en sus pinturas los 
indios mejicanos, que pasaron sus primeros po- 
bladores, fué el de Anian que divide la Asia de 
la América, según hemos dicho; otros le llaman 
el estrecho Nasovio á la parte de Tartaria la 
mayor, junto al promontorio Tabin, al Oriente, 
donde está situada Arzaret, de este estrecho 
trata Jacobo Tuano, tomo V, lib. 109, fol. 448 
y fol. 449. Las diez tribus tuvieron paso para 
venirse á la América septentrional por uno de 
estos estrechos de mar, y aun los indios de luca- 
tán contaban que por tradición de sus mayores 
Sabían que los primeros pobladores habían ve- 
nido del Occidente huyendo de injurias que ha- 
bían padecido de las gentes, y que con auxilio 
de su Dios, habían pasado por el mar á secas; 
así lo refiere Juan Laert, lib. 5, cap. 16, nüm. 40. 
Todo pudo ser por los secretos juicios de Dios, 
que otras veces hizo con esta nación semejantes 
prodigios; pero lo más cierto es que vinieron 
por el estrecho de Anian ó Nasovio y que las 
tribus y sus descendientes, antes de las otras 
siete naciones de que hemos hecho mención, 
fueron los primeros que poblaron la América 
septentrional, y luego, abierto el camino y cultí- 
vado, fueron viniendo otras naciones de estas 



74 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

partes cercanas que hemos referido y por otros 
estrechos de mar, en que no pongo duda, con 
que queda ajustado lo que se dijo en el párrafo 
antecedente, desde el núm. 20, que aquellos 
primeros Tultecas pasaron en balsas un estrecho 
de mar para poblar á Méjico, y que estos fueron 
de las diez tribus y de su descendencia. 

12 Lo que no tenemos todavía ajustado es 
el que aquellos indios Tultecos, primeros po- 
bladores de Méjico, por las vestidudas, hayan 
de ser tenidos y conocidos por las diez tribus y 
sus descendientes. Desde el párrafo anteceden- 
e, núm. 20, vamos haciendo argumento y simi" 

itud de las diez tribus y de los Tultecas; allí 
dijimos que estos andaban vestidos de unas tú- 
nicas largas y blancas, y aunque allí de paso 

atamos, con autoridad de Plinio, que este gé- 
nero de vestidos era de los israelitas, se debe 
ampliar, con que la vestidura larga y talar fué 
propia de los antiguos hebreos; así se podrá ver 
en Intérpretes de la Sagrada Escritura, sobre el 
segundo de los Reyes, cap. 13, vers. 18, donde 
dice de Thamar, que vestía túnica talar, y en las 
pinturas antiguas de las tribus las vemos con tú- 
nicas largas hasta los pies, y que estas vestidu" 
ras fuesen blancas en los antiguos hebreos, lo 
tengo por cierto, y así vemos que Faraón vistió 
á José de túnica blanca, según el Génesis, capí- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 75 

ulo 41, vers. 42: «Vestivit que eum stola byssi- 
na,» y Herodes remitió á nuestro Redentor con 
vestidura blanca á Pilatos, según San Lucas, en 
el cap. 23, núm. 11, si bien en el tiempo de 
nuestro Salvador, quiere el P. Sherlogo, en los 
Cánticos, vol. 3, vestigat, 23 sección 3, núm. 33, 
que solos los ricos hebreos usaron de estas vestí, 
duras blancas: «De Christi aevo, quo seculo inter 
Iudaeos,candidam vestem. divitumfuisse dicunt.» 
Y nuestro patrón Santiago en su Epístola 2, en 
1 1 principio, parece que alude á este sentir di- 
ciendo: «Si introierit in conventum vestrum vir 
aureum annulum habens in veste candida,» don- 
de parece que habla de los judíos ricos, por lo 
que dice de los anillos de oro; pero Josefo, cita- 
do arriba, da á entender que los antiguos he- 
breos en común, usaban de túnicas blancas ge- 
neralmente, añadiendo: «Túnicas has fuisse ex 
duplici sindone.» 

-Demás que cuando salieron las diez tribus 
desterradas fué al mismo tiempo que comenzó 
á fundarse Roma, cabeza del mundo, como dice 
el P. Horacio Torselino en su Ristretto del 
istor. del mundo, lib. 2, en el principio, en la 
vida de Rómulo, y la salida fué cerca de mi^ 
años antes de la Encarnación de Nuestro Señor 
Jesucristo y en aquel tiempo tan antiguo, tengo 
por cierto que las vestiduras eran candidas, se 



76 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

gún el USO natural de la lana y el lino, y así lee- 
mos que los antiguos, en las juntas y teatros, usa- 
ban de vestiduras blancas, por que se goberna- 
ban con lo natural sin mezcla de tintura, como 
entiendo un lugar de Marcial, lib, 4, epig. 2. 
aCumplebs, et minor ordo, maximusque 
Sancto cum duce candidus sederet.» 
Y los israelitas usaron más de estas vesti- 
duras Cándidas, porque, como era el pueblo de 
Dios, el color candido es el que más le agra- 
da, como dice Alejandro ab Alejandro, en sus 
Días Geniales, lib. 4, cap. 17, en aquellas pala- 
bras: «Pura in veste, et candida: nam color 
albus Deo gratus in primis.» Y en aquellos tiem- 
pos los persas y Medos, donde fueron desterra- 
das las diez tribus, usaban de vestiduras blan- 
cas, porque Ciro, Rey de estas naciones, hacía 
vestir sus numerosísimos ejércitos de vestidu- 
ras blancas, como Artajerjes, su competidor, 
los vestía de color sangriento, según tengo ob- 
servado en el citado Alejandro, lib. i, cap. 20. 
«Artaxerxes contra Cyrum milites rubro sagulo 
ornavit. Cyrus albo.» De que infiero que las diez 
tribus usaban en aquel tiempo de vestiduras 
blancas, ó por ser la más natural ó antigua de 
su nación, ó porque cogieron este uso de los 
Persas y Medos, donde estuvieron algún tiempo 
antes de su fuga, conque los Tultecas, prime- 



I 



ORIGEN DE LOS INDIOS 77 

ros pobladores de la América Septentrional ó 
Mejicana, tuvieron ias mismas vestiduras, como 
consta de sus pinturas y de lo dicho en el nú- 
mero 20 del párrafo antecedente, y esta pala- 
bra «Tulteca» es muy verosímil que sea he- 
brea y que las mismas tribus se llamasen Tul- 
tecas ó sus hijos que fueron naciendo en tan- 
tos años de peregrinación hasta que llegaron á 
Méjico. 

El mismo Alejandro ab Alejandro, en el líb. 
5 de sus Días Geniales, cap. i8, tratando de 
los trajes de los indios, dice, que algunos andan 
desnudos, otros vestidos de pieles de animales, 
pero los más, solo usan de vestiduras de lino y 
pura lana, y algunos se pintan el rostro con co- 
lores, ibi: «Indi quoque dissimilis habitus cor- 
poris intra specie variarum; Namque alii nudi 
agunt, non nuUi ferarum pellibus amicti sunt, 
plerique lino, multi lana vestiuntur: alii faciem 
coloribus pingunt.» 

Concluyo este § 2, con decir que los indios 
Tultecas, primeros pobladores de Méjico, fue- 
ron las tribus, y así concuerdan con lo que 
tienen pintado en sus Historias, como es el que 
vinieron desterradas de sus tierras, que tarda- 
ron ciento cuatro años en llegar á Méjico, que 
pasaron por un estrecho de mar en balsas, á que 
ge allega la forma de las vestiduras y el color 



78 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de ellas. Añadiendo que, como consta de di- 
chas pinturas y tradición que había de los Tul- 
tecas, salieron de una tierra llamada Ziianzlco ó 
cómo quiere el P. Torquemada, Zzdanzico, se- 
gún dijimos en el § antecedente desde el nú- 
mero 20, y es cierto que salieron de Zuanzu 
que está pegado con la región y pueblo de Ar* 
zaret^ ya se vé la afmidad que tiene Ztianzu con 
Zuanzico, y tenemos dicho que Arzrrei y Zuan- 
zu están pegados al estrecho que llaman de 
Anian, como consta de las tablas de Abraham 
Hortelio y de Paulo Galucio en el Teatro del 
Mundo, en la tabla de los lugares de Asia, en la 
palabra Zuanzu. 




§3. 



En que se ponen muchos lugares del mundo anti- 
guo que se han hallado en este Nuevo Mundo ^ 
en especial del Asia, por donde vinieron las diez 
tribus. 



I En este punto de averiguar el origen de los 
indios, como ellos carecieron de historias anti- 
guas, en lo individual y extenso de las cosas, es 
preciso ir navegando por un muy dilatado y 
profundo Occeano. El origen de los Reinos, ó 
se llega á saber por los primeros fundndores, 
como dice nuestro docto S. Isidoro en el lib. 9 
de sus Etimologías, cap. 2, donde advierte 
que los Asirios hubieron este nombre de Asur, 
los de Lidia de Lydio, los hebreos de Heber, 
los Ismaelitas de Ismael, los Moabitas de^ 
Moab, los Amonitas de Amon, los Cana- 
neos de Canaan, los Sábeos de Saba, los Si- 



8o DIEGO ANDRÉS ROCHA 

(ionios de Sydon, los lebuseos de lebu, los 
Persas del rey Perso, los Caldeos de Cafeth, 
hijo de Nacor, hermano de Abraham, los Feni- 
cios de Fénix, hermano de Carmo, los Egip- 
cios de Egy, uno de los compañeros de Ja- 
son, los Troyanos de Troo, los Siconios de Si- 
ción, los Archivos de Argo, los Macedonios de 
Emación, los Epirotas de^Pirro, su rey, hijo de 
Aquiles, los Lacedemonios de Lacedemón, hijo 
de Júpiter. Por este lado no podemos ajustar 
el origen de estos indios, porque los nombres 
que les dan, ó sea de indios, ó de americanos 
ú afiritas, ó peruanos, son nombres que de nue- 
vo se les aplicaron, no son nombres nativos, 
sino daticios . 

2 Las tribus perdidas ó desterradas, como 
hemos dicho, y sus hijos y demás naciones 
vinieron de Asia y de la Tartaria mayor po- 
blando toda la América Septentrional y todas 
las partes de Méjico, desde el reino de Anian y 
provincia Quivira hasta entroncarse y unirse 
con las descendientes de Tubal, ocupando unos 
y otros ambas Américas, y los primeros que en- 
traron por las provincias de Méjico, fueron los 
Tultecas^ que fueron tronco y rama de las diez 
tribus y muchos de ellos vinieron desde Arzaret 
penetrando por dicho reino de Anian y pasan- 
do el estrecho del mismo nombre, según la 



ORIGEN DE LOS INDIOS 8l 

más corriente opinión, y digo que vinieron mu- 
chas de las tribus, porque tengo por cierto que 
muchos se quedarían en Arzaret y en el dis- 
curso de ciento cuatro años que tardaron en 
llegar á Méjico, como dijimos arriba, discu- 
rriendo por tan diferentes provincias, casi todos 
morirían, y los hijos que de estas tribus nacie- 
ron en el camino, fueron los primeros que entra- 
ron en Méjico habrá dos mil y quinientos añosí 
porque el destierro de las tribus, según va pro- 
bado, fué al mismo tiempo que se empezó á 
fundar Roma y anduvieron vagando mucho 
tiempo por el Asia y le han tenido para pro- 
pagar gran parte de esta América, y según 
llevamos asentado, todos los pobladores de 
aquellas partes de Méjico concuerdan en que 
sus autores vinieron del Occidente y así 
se ha de confesar que vinieron del Asia, 
que está al Occidente con Méjico y con la 
América Septentrional, como tenemos proba- 
do, y juntamente que los Tultecas salieron de 
Zuanzico, que es Zuanzo, pegado á Arzaret, en 
la Asia mayor, y por los nombres de lugares 
que pondremos ahora, que tenían los de la 
América Se ptentríonal,desde el cabo Mendo- 
zino hasta Méjico, se conocerá como vinieron 
del Asia y de la Tartaria, sin que se pueda po- 
ner en ello duda. 

VOLUMEN u 6 



82 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

3 Lo primero las tribus fueron desterradas 
á Persia y á la Media y ellas huyeron por estas 
regiones y fueron por la Tartaria hasta Arzaret 
y no sabemos lo que tardaron allí y en su viaje. 
En estas regiones están las provincias, ciuda- 
des y lugares siguientes: «Cadusbachan, Sab- 
lestan, Badaglan, Tarbacan, Calcastan^ Chare- 
san, Corcarquistan, Sidustan, Sostan, Eugan, 
Chiruan, Mesandaran, Bigistan, Burgian, Lures- 
tan Tim ochan, Argistan, Bestan, Samarchan, 
Safanian, Alerglan, Tasclan, Vazizastlan, Etai- 
can, Tagarnistan^ Sermangan, Bagdaglan, Che- 
regan, Coman, Deristan, Madandran, Cotan, 
Ciarcian, Escalcan,» que casi todos son nom- 
bres de Tartaria y de la parte de Persia que 
con el tiempo ganaron los Tártaros; todo cons- 
ta de los mapas modernos y de las histo- 
rias. 

4 Veamos ahora los nombres de los luga- 
res que tenían los indios de Méjico en todas 
sus regiones y por ellos veremos como vinieron 
de aquellas partes de Tartaria. Lo primero en 
esta América está Mechoacan y allí el pueblo 
de Acatlan, como se podrá ver en Juan Laert 
De Situ Novi Orbis. lib. 5, cap. 25; también 
está Alchichican en la provincia de Tepeaca^ 
dícelo el mismo autor en dicho lib. 5, cap. 17 
están los pueblos Amitatan y Gunzacapan, en 



ORIGEN DE LOS INDIOS 83 

la provincia de Guatemala; Laer, lib. 7, cap, 9, 
y en la misma provincia está Cuzcaran, como 
dice el citado autor en el mismo lib. 7, cap. 11. 
En el distrito de Méjico están los pueblos: «Co- 
tastaguacan, Coivacan, Teocaiuyacan, Guagua- 
can, Tlacopan, Atlaguayacan, Quauximalcan, 
Quatitlan, Tupan, Acolluacan, Hurcilapan, Cue- 
calan, Cagualpan, Yoalan, Zepustlan, Axoca- 
pan, Tulantlapacoian, Cuetaxitan, Zilan, Tu- 
luculan, Yancuitlan, Tlapan, Atescaguacan, Ma- 
za tlan, Xocuietlan, Macuatlan,» todos estos 
nombres, tocan,es á Méjico, pone Juan Laert, 
citado en el lib. 5, cap. 13 y añade otros en el 
cap. 14, como son: «Aiotutestlan, Nachapatan, 
Cuyocan, y Guatitlan.» Pone también en el li- 
bro s, cap. 5, otros lugares de Méjico como 
son «Ivateotlapan, Mestitlan. Acotlan, Chautlan, 
y Tuxaltitlan,» y en el lib. 6, cap. 10, pone en 
las Californias á Mazatlan y en el lib. 7, cap. 6 
y cap. 7, pone en la provincia de Soconusco 
los pueblos de Güevetlan, Guazucapan y Aca- 
lan. En el lib. 5, cap. 12, pone por lugares de 
Méjico á Istapalapan, á Cazitatlan, y en el libro 
3, cap. 25 pone en la Virginia, Creatan, y en el 
lib. 17, cap. 17, pone en esta América á Curia- 
pan, en la nueva Francia pone á Bean y Portan; 
en la tabla del lib. 2 y en tabla de la Nueva An- 
glia, pone á Ireland, de modo que se vé la sí- 



84 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

militad de los lugares de Méjico y del Asia y 
Tartaria, conque parece indubitable que la 
América Septentrional ó mejicana se vino po- 
blando de aquellas partes del Asia mayor. 

S Pongamos más claridad en la identidad 
de unos y otros lugares, rastreándolos por los 
mapas desde el Eufrates al reino de Anian y re- 
gión de Arzaret y continuándolos desde alU' 
hasta todo el círculo de la América Septentrio- 
nal y por las tablas de Abraham Hortelio y de 
Enrico Alangren, computadas, así en latitud co- 
mo en la longitud de toda el Asia, se hallan los 
pueblos y regiones siguientes de nuestro inten- 
to: Batan, Sidustan, Cusisstan,Gilan, Botan, Cer- 
ban, Escrilan, Sabrán, Chirman, Moquestan, Is- 
paxan, Eracayan, Deristan, Talcatan, Sistan, 
Quiruan, Multan, Baglan, Decan, Beligan, Co- 
rasan, Pandan, Tacalistan, Samarcan, Rifan, Si- 
tracan, Astracán, Casan, Indostan, Candandan, 
Tursan, Daristan, Aigran, Cainan, provincia de 
Anian, Chian, Resacan, Tacan, Paxan, Carean» 
Parasan, Calqu istan, Turquestan, Tastan, Etairan, 
Caracoran, Toloman, Periaman, Capclan, Sa- 
yan, Checuan, Rosacan, Cainan, Siman, la re- 
gión Belgian y los montes Coibacoran y Toque- 
sendan, todos acabados en an^ como los que 
pusimos antes, así de Tartaria como de Méjico 
y de esta América, se pueden añadir los si- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 8$ 

guientes, que muchos coníorman casi en todo. 
6 En Jamaica de estas Indias, está Oristan, 
y por única la pone Juan Laert, en el mapa 2, 
donde trata de Jamaica, y luego vuelve á tra- 
tar de Oristan, en el lib. i, cap. 15, núm. 30. En 
Soconusco están Guevatlan^Guazacapan, y Coa- 
ílan, así lo dice el mismo autor, lib. 7, cap. 6. 
En la provincia mejicana están Ocotlan, C asi- 
lan, Mestlan y Chiautlian, el mismo autor lib. 5» 
cap. 5. En Guaxaca está Guaxolotitlan, el mis- 
mo Laert, lib. s, cap. 20. En los confines de 
Jalisco están Chiametlan, Petatlan, Culvacan. 
En la Virginia, región de Méjico, están los lu- 
gares de Panhatan, de Cotan y de Secotan, dí- 
celo el mismo Laert, lib. 3, cap. 14 y en el mis- 
mo libro, antes del cap. i, y en la tabla de la 
Nueva Anglia en la parte de Virginia. Hay tam- 
bién en estas partes meridionales el pueblo de 
de CustaU; el mismo autor, lib. 7, cap. 11, nú- 
mero 20, y en el cap. 13. En los Quixos está la 
provincia de Cosan, de que se denominan los 
indios Cósanos. En los Pastos está Tulcan y Pa- 
yan, de modo que se reconoce que muchísimos 
pueblos, regiones y lugares que tenían estos 
americanos, desde la antigüedad, antes que fue- 
sen conquistados, conformaban en mucho, y en 
algunos en todo, con los pueblos del Asia. 



§4 



Pórteme otros muchos lugares del mundo antiguo, 
muy conformes á los que se hallaron en este 
nuevo mnndo, que se trajeron después del Dilu- 
vio por los primitivos Españoles, por los cartagi- 
neses, por los tribus y otras naciones que entra- 
ron con ellos. 



Lugares del mundo antiguo 



1 En Asia fué célebre 
el pueblo de Zama, se- 
gún Paulo Galucio, en 
el Teatro del Mundo, 
en los nombres de 
Asia, verbo Zama, I 
y II. 

2 En el Asia está el 
lugar de Punatá, según 
el mismo Paulo Galu- 
cio, verbo Punata. 

3 En Europa está la 



Lugares del mundo nuevo 

I En esta América se 
halló el pueblo de Za- 
ma, junto á Arica, y 
Carlozama en los Pas- 
tos de Quito. 



2 En esta América es 
célebre el pueblo y 
puerto de Pana, junto á 
Guayaquil. 

3 En esta América, 



ORIGEN D£ LOS INDIOS 87 

Lugares del mundo antiguo Lugares del mundo nuevo 



Noruega, tan celebra- 
da de todos los auto- 
res, de que tanto he- 
mos dicho en lo ante- 
cedente. 

4. En Asia está laTus- 
ta, según Neb. en la 
palabra Tussa. 

5. En Inglaterra está 
la ciudad de Támara, 
el mismo Nebricense, 
verbo Támara. 

6. Harma es tierra en 
la suente de Simeón, 
Josué, cap. 19, núme- 
ro. 2. 

7. Bola es pueblo en 
Italia, Antonio Nebri- 
cense, en el Catálogo 
de ciudades, verbo 
Bola. 

8. En el mar Jonio, en 
Corfú, esta la isla nom- 
brada Marathá, el mis- 
mo Nebricense, verbo 
Maratá. 

9. En el mundo anti- 
guo ya se sabe que es- 
tán las dos Asias, ma- 
yor y menor. 

ro. En el Asia mayor 



en la parte de Méjico, 
está la ciudad y provin- 
cia de [Noronuega, se- 
gún Paulo Galucio, ya 
citado, en la palabra 
Noronuega. 

4 En esta América, en 
la provincia de Quito, 
está elpueblode Tussa. 

5 En estas Indias está 
el pueblo y provincia 
de Tarama, que con el 
tiempo varió las letras. 

6 Harma es tierra en 
Popayan de esta Amé- 
rica. 

7 Bola es río y tierra 
enfrente de la Puma en 
esta América. 



8 En esta América en 
la Nueva España y Nue- 
va Galicia, está la re- 
gión Maratá, J. Laert, 
lib. 6, caps. 14 y 16. 

9 En esta América se 
halló un pueblo de in- 
dios, llamado Asia,jun- 
to á Cañete. 

10 En esta América, 



88 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



Lugares del mundo antiguo Lugares del mundo nuevo 



están los pueblos de 
Comalia y Camana, se- 
gún Galucio,ensii Tea- 
tro, v^erbo Gamona y 
verbo Comuna. 

11 Los Lycaones, na- 
ciones del Asia, Anto- 
nio Nebricense en su 
Catálogo de Lugares, 
verbo Lycaones. 

12 En el Asia mayor 
está la ciudad de Pola, 
Antonio Nebricense, 
ubi supra, verbo Pola. 

13 En la Phrigia del 
Asia está el pueblo de 
Acaris, el mismo Ne- 
bricense, verbo Acaris. 

14 En la Mauritania 
fué célebre la ciudad 
de Casma, el mismo 
Antonio Nebricense, 
verbo Casma. 

15 En Egipto fué cé- 
lebre el pueblo de 
Chaala, Nebricense, 
verbo Chaala. 

16 En Cilicia y Asia 
menor, están los Ama» 
ses, Nebricense, verbo 
Amasia. 



en la Nueva España, 
está la provincia Cu- 
mana, Juan Lacrt, libro 
18, intr., y en el cap. 4, 
y junto á Arequipa está 
Camana. 

11 En esta América, 
junto á Xamaica, están 
los pueblos Lucaones, 
el mismo Laert, lib . i, 
cap. 16. 

12 En esta América 
está la isla de Pola, 
como dice el mismo 
Laert, lib. i, cap. 16. 

13 En esta América, 
en esta parte del Perú, 
junto á la Nasca, está el 
pueblo de Acari. 

14 En esta América, 
hacia Truxillo y Saña, 
están los pueblos y re- 
giones de Casma la ba- 
ja y Casma la alta. 

15 Aquí en las Indias, 
junto Acari el pueblo 
de Chala. 

16 En esta Aniérica 
se hallaron los pueblos 
Ámaxes, hacia Tarama. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



89 



Lugares del mundo antiguo 

17 En la tierra de 
Basan está el pueblo 
Máchate, Josué, capítu- 
lo 12. 

18 En Alemania es- 
tán los pueblos de 
Caicos, Nebricense, 
verbo Caicos. 

19 En la Palestina, la 
ciudad fuerte de Uco- 
cás, según Adricomio 
Dhelpo, en el Teatro 
de la Tierra Santa, ver- 
bo Neptalim, núm. 98. 

20 En Fenicia la ciu- 
dad de Acá y Acas, se- 
gún Antonio Nebricen- 
se, verbo Acá. 

21 En Picardia el 
pueblo de Noyon, Ne- 
bricense, verbo Noyon. 

22 En Francia los 
pueblos Ambatos, Ne 
bricense, verbo Am- 
bati. 

23 En la Arabia Fe- 
liz, el pueblo de Am- 
bo, el mismo Nebri- 
cense, verbo Ambo. 

24 Attacana es ciudad 
de los bactrianos, Ne- 



L.ugares del mundo nuevo 

17 En esta América, 
en laprovinciade Guai- 
las, el pueblo Mácate. 

18 En las Indias, jun- 
to al canal de Bahama, 
están los Caicos. 

19 En esta América y 
parte del Perú, el pue- 
blo de Ococas, situado 
en los Guachos y Cho- 
corvos. 

20 En este Perú, en la 
provincia de Caxatam 
bo, el pueblo de Acas 

21 En esta América 
en Caxatambo, el pue 
blo de N oyon. 

22 En esta América 
en la provincia de Qui 
to, el pueblo de indios 
Ambatos. 

23 En esta América, 
en la provincia de Ta- 
ramá, está el pueblo de 
Ambo. 

24 En esta América, 
entre Arica y Chile, es- 



90 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



Lugares «'-el mundo antiguo Lagares del mundo nuevo 



brícense, verbo Atta- 
cana. 

25 En la Áurea Cher- 
sonesFO, la ciudad de 
Axos, Nebr., erbo Ar- 
cos. 

26 Pisa es ciudad de 
Italia y también la hay 
en el Asia, Nebr., ver 
bo Pisa, y también es 
apellido de unlinaje de 
España. 

27 Bilca fué ciudad 
deBabilonia,Nebricen- 
se, verbo Bilca. 

28 En Tracia la ciu- 
dad de Pastos, Nebri- 
cense, verbo Pastos. 

29 En el Asia hay una 
región y río llamado 
Caina Nebriense, verbo 
bo Caina. 

30 En el Asia mayor 
el pueblo de Caraca, 
Neb., verbo Caraca. 

31 En África los Ga- 
ramantas, Juan Botero, 
en sus Relaciones del 
Mundo, part. i, lib. 3, 
in fine, en aquellas pa- 



ta el sitio que llaman 
Atacama. 

25 En este Perú, en la 
provincia de Conchu- 
cos, se halla el pueblo 
de indios Axos. 

26 En esta América, 
en la jurisdicciún del 
Cuzco, hay un pueblo 
de indios nombrado 
Pisa, y en la provincia 
de Charcas, Tupisa. 

27 En estas Indias, el 
pueblo de Bilcas, de 
Bilcanota y Bilcabam- 
ba. 

28 En la provincia de 
Quito, la ciudad de 
Pasto y Pastos. 

29»* En esta América, 
en la provincia de Ta- 
rama, está el pueblo de 
Caina. 

30 En estas Indias, 
hacia Maracavo, se ha- 
lla el pueblo y provin- 
cia de Caracas. 

31 En estas Indias, 
en la provincia de Pa- 
payan, hubo la ciudad 
de Garamanta, Antonio 
de Herrera, Hist. India- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 9 1 

Lugares del mundo antiguo Lugares del mundo nuevo 



labras: «Getulus y Ca- 
ramantas.» 

32 En la Arabia Feliz 
hubo la ciudad de Ca- 
yana, y dura todavía, 
Nebr. en la palabra Ca- 
yana. 

33 En Iberia de Asia, 
fué célebre la ciudad 
de Castas, Nebr. verbo 
Castas. 

34 En la Mauritania 
Tinhintana, la ciudad 
de Cuse, Nebr., verbo 
Cuse. 

35 En la Mauritania 
los pueblos langacau- 
canoSjNebr., verbo lan. 
gacaucani. 

36 En la Sabinia el 
pueblo Curis, Nebricen- 
se, yerbo Curis. 

37 En la Sagrada Es- 
critura, en Josué, capí- 
tulo 19, núm.25, se ha- 
ce mención de la re- 
gión de Cali. 

38 En la isla de Coo, 
está el pueblo de luli, 
Nebr,, verbo lulis. 



na, lib. 10, dec. 5, ca- 
pítulo 13. 

32 En esta América, 
en la provincia de Con- 
chucos y en la isla de 
Cuba, los pueblos Cu- 
bana, Cayana y Cava- 
nilla. 

33 En esta América, 
en la provincia de Gua- 
rochiri, el pueblo de 
Castas. 

34 En esta América, 
en la provincia de Ca- 
xatambo, está el pueblo 
de Cuse. 

35 En esta América, 
en la provincia de Can- 
ta, están los pueblos in- 
dios de langa. 

36 En este Perú, en 
Tarama, el cerro de 
Curis y en Charcas el 
pueblo de Curi. 

37 En esta América 
Meridional, en la pro- 
vincia de Popayan está 
la ciudad de Cali. 

38 En la América me- 
ridional, en las provin- 
cias de arriba, el pue- 



92 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Lugares del mundo antiguo Lugares del mundo nuevo 



39 En la Arabia Feliz 
el pueblo de Late, Ne- 
bricense, verbo Late. 

40 En Creta, el pue- 
blo de Lampe y en Ar- 
cadia eldeLampia,Ne- 
bricense, en estos dos 
nombres. 

41 En Asia los pue- 
blos Holmos y Olmos, 
Nebr. verbo Holmos y 
Olmos. 

42 En la Lybia inte- 
rior, están los pueblos 
Macas, Nebricense, ver- 
bo Macae. 

43 En ía Mesopota- 
mia, el pueblo de Paco- 
ra ó Pacoria. 

44 Marca fué ciudad 
de Egipto, Nebr., verbo 
Marca. 

45 En la Mesopota- 
mia, el pueblo de Cho- 
ca, Nebricense, verb o 
Choca 

46 En el Asía menor 
el pueblo de Pacha ó 
Pachi. En Sardinia el 
pueblo de lócala. En 
Hibernia el pueblo de 



blo de luli. 

39 En esta América, 
junto á Lima, está el 
pueblo y valle de Late. 

40 En Indias, Lam- 
pian, en Canta y en las 
provincias de arriba, 
junto á Laicacoca ¡está 
Lampa. 

41 En esta América, 
en el corregimiento de 
P¡ura,el pueblo de Ol- 
mos y los indios Olmos. 

42 En las Indias, en 
la provincia de Quito, 
están los pueblos de 
Macas. 

43 En esta América, 
junto á Motupe, dura el 
pueblo de Pacora. 

44 En esta América, 
junto á Guailas, el pue- 
blo de Marca. 

45 En estas Indias hay 
el pueblo delchoca, en 
la provincia de Guai- 
las. 

46 En esta América, 
en la provincia de Am- 
paraes, se hallan los 
pueblos de Pacha,Iota- 
la y Quila, muy confor- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 93 

Lugares del mundo antiguo Lugares del mundo nuevo 



Quila, según Nebr., en 
estos nombres, 

47 En Licaonia el 
pueblo Patara, Nebri- 
cense, verbo Patara. 

48 En Córcega la ciu- 
dad de Pauca, Nebri- 
cense, verbo Pauca. 

49 En Tracia, de Si- 
cilia, el pueblo de Sica, 
Nebr., verbo Sica. 

50 En Frigia de Asia, 
el pueblo de Machalan, 
Nebr , verbo Machalan. 

5 1 Salem fué nombre 
primitivo de Jerusalén, 
Galucio en su Teatro, 
enlosnombres de Asia, 
verbo Jerusalén, ibi: Se 
llamó Salém. 

52 Una de las Cycla- 
das es Pactia, Nebri- 
cense, verbo Pactia. 

53 Virgilio nació en 
una aldea nombrada 
Andes, Ravisio Textor, 
en su Officina. lib. 4, 
cap. 26, ibi: Virgilius 
natus est. Mantua ia vi- 
cos que Andes vocatur. 

54 En Sarmacia fué 



mes á los de enfrente. 

47 Aquí en las Indias, 
en la provincia de Guai- 
las, está un mineral lla- 
mado Patara. 

48 En Conchucos el 
pueblo de Pauca y Pau- 
cartan de arriba, 

49 En este Perú, el 
pueblo de Sica en la 
provincia de Charcas. 

50 En este Perú, jun- 
to á Guayaquil, está el 
pueblo de Máchala. 

5 1 En la Virginia de 
América, la ciudad de 
Saden, según los ma- 
pas, y con el tiempo se 
ha corrompido la / en d. 

52 En la provincia de 
Papayan, está Patia. 

53 Los Andes de esta 
América, celebrados 
en el mundo é historia- 
dores, de que he tra- 
tado. 



54 Junto al Darien el 



94 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



Lugares del viundj 
antiguo 

célebre el pueblo de 
Acra Nebr., verbo Aira. 

55 En Sarmacia los 
pueblos Seracanos, Ne- 
baicense verbo Sera- 
cant y Seraceni. 

56 Zarama es ciudad 
de los Medos, Nebri- 
cense verbo Zamara. 

57 Betania es provin- 
cia de los judios, como 
es notorio, y consta de 
la Escritura. 

58 En Macedonia la 
ciudad de Euporia, Ne- 
bricense verbo Eupo- 
ria. 

59 En Europa, (Italia) 
está la ciudad de Ta- 
rasco, de que lata- 
mente hablan Paulo Ga- 
lucio, en su Teatro del 
mundo, y Antonio Ne- 
bricense verco Tarasco- 
dunitani. 



60 En Palestina los 
pueblos de Masaya y 



Lugares del mundo 
nuevo 

pueblo de Ada, Juan 
Laert, lib. 8, cap. 1, nú- 
mero 50. 

55 En esta América 
junto al Darien, está la 
provincia de los Sera- 
canos, Juan Laert, libro 
8, cap. 8, núm. 50. 

56 En esta América 
en la provincia de Qui- 
to, está Zaruma. 

57 En esta América 
junto á Santa Marta, la 
región Betania, Laert, 
lib. 8, cap. 18, núm. 20. 

58 En las Indias, en 
Tenerife, está Euporia, 
Juan Laert, lib. 8, capí- 
tulo 20, nüm. 30. 

59 En esta Europa, 
junto á Mechoacan, 
están los indios de Ta- 
rasco, según Torque- 
mada, en su Historia 
de Méjico, lib. 3, capí- 
tulo 29, y los pueblos 
tarascos, Juan Laert, li- 
bro 5, cap. 23, al me- 
dio. 

60 En la América,jun- 
to á Nicaragua, está 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



95 



Lugares del mundo 
antiguo 

Masada^ Plinío libro 5, 
cap. 19, Nebr. verbo 
Masada. 

61 En Asia estuvo el 
pueblo de Taranta, Ne- 
bricense verbo Taranta. 

62 En Asia está la 
ciudad de Baruco, Ne- 
bricense verbo Baruco. 



63 En el Asia, una 
isla nombrada Panamá, 
Paulo Galucio, en las 
islas de Asia, verbo 
Panamá. 

64 En Troya fué la 
ciudad de Calcas, se- 
gún Nebricense verbo 
Calcas. 

65 En el Asia, el pue- 
blo de Tecano, Nebri- 
cense verbo Tecano. 

66 En Boecia la ciu- 
dad de Tarna, Nebri 
cense verbo Tarna. 

67 Las naciones asiá- 
ticas de los antiguos 
Pancos, Sánelas del 
Peloponeso, y de los 
Samios, de que habla 



Lugares del mun do 
nuevo 

la provincicia Masaya 
Torquemada lib. 3, ca- 
pítulo 38, al fin. 

61 En este Perú, junto 
á Moquegua está el 
pueblo Tarata. 

62 En la América, 
junto á la Habana, está 
el pueblo Barucoa, Pa- 
dre Torquemada, libro 
4, cap. 2, ibi: en estos 

63 En esta América 
es muy conocida la ciu- 
dad de Panamá. 



64 En esta América 
es muy conocido el 
pueblo Calcas y Lares, 

65 En la provincia y 
reino de Méjico está 
el pueblo Tecalo . 

66 En este Perú, junto 
á Arica, está el pueblo 
nombrado Tacna. 

67 En esta América 
Meridional en la juris- 
dicción de Charcas, 
están los indios Panues 
los indios Sanees, y los 



96 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



Lugares del mundo antiguo 

Nebricense, verbo Sa- 
nios, SamiyeS; Sandce, 
Panos y Pancos. 

68 En Egipto el pue- 
blo de Chala, Nebri- 
cense, verbo Chaala. 

69 En Cilicia el pue- 
blo de Bombón y de 
Bombos, Plin., lib. 5, 
cap. 27, Nebr., verbo 
Bombos. 

70 En Arabia está el 
puerto de Molcha, Ne- 
bricense, verbo Molcha. 

71 Jerusalén se llamó 
también Solyma, según 
Paulo Galucio, ubi su- 
pra, verbo Jerusalén, 
ibi: Jerusalén tiene mu- 
chos nombres, como 
Solyma, Lusa Batbel; 
etcétera. 



Lugares del mundo nuevo 

indios Samies. y de to- 
dos tres habla Laert, 
de Situ Novi Orbis, li- 
bro 5, cap 25. 

68 En esta América, 
junto á la Nasca, está 
el pueblo de Chala. 

69 En esta América 
Meridional se halló el 
pueblo y región, nom- 
brada vulgarmente 
Bombón. 

70 En esta América, 
en el reino de Chile, 
está la isla de Mocha. 

71 En la América se 
halló Colyma, junto á 
Mechoacán, por la par- 
te Meridional, según 
Jansonio en el nuevo 
Atlas, tomo II, descrip- 
ción de la America Sep- 
tentrional ibi: Zacatula 
y Colyma, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 97 

I Arriba dijimos como la Gocia, de donde 
vim'eron nuestros godos, se llamó Chile, lo cual 
consta de la Corona gótica que hallaráse en el 
principio del Fuero Juzgo, compilado y glosado 
por Alfonso de Villadiego, en el principio de 
dicha Crónica, en aquellas palabras: «Proco- 
pius camdem provinciam, Chyle reputavit,» la 
cual Gocia fué parte de la Escandinavia según el 
mismo autor en las palabras siguientes: «Escan- 
dinavia Gothicé Dicta» llamada también Estoti- 
lan, que caeá la tierra del Labrador, según Paulo 
Galucio, en el Teatro del Mundo, en los lugares 
de América, en la palabra Cabo Estotílan^ y por 
allí, sin duda, vinieron nuestros godos y poblaron 
gran parte de la América septentrional, y en ella 
el pueblo Chili y el pueblo Chelen, como parece 
de los mapas, y se fueron extendiendo con las 
demás naciones que habían entrado por aquel 
lado hasta llegar á Chile y poblaron aquel reino 
de indios muy valientes que se conoce ser semi- 
lla de los Escitas, cuya rama son los godos, se- 
gún dicha Crónica. 

2 Casi otros tantos lugares como los expre- 
sados podía poner de nombres de pueblos de 
toda esta América en gran parte concordantes 
con los del mundo antiguo, pero porque no son 
tan claros como los referidos, dejo de expresar- 
los, y tengo para mí que habrá personas en esta 
Volumen ii 7 



98 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

América que tengan más noticias de pueblos y 
lugares de ella y hallen mayor consonancia con 
los de Europa, Asia y África; y aunque las pri- 
meras entradas á la América fueron de españo- 
les poco después de Tubal y de los mismos en 
tiempo de Héspero, que todo esto sucedió há 
más de tres mil y quinientos años, cuando no se 
había anegado la isla Atlántida, y de estos mis- 
mos españoles entroncados con los Cartagine- 
ses, entraron á las Indias cuando vino Hannon 
con ellos, habrá tiempo de dos mil años, pero 
sin duda que en estas tres transmigraciones en- 
trarían otras naciones que comerciaban en Es- 
paña, de que vino la diversidad de algunos 
nombres de lugares y de alguna división de len- 
guas. Lo mismo sucedió en la América Septen- 
trional, la cual, primeramente, fué poblada de 
los Tultecas, semilla de las diez tribus, á quienes 
vinieron siguiendo las otras seis naciones de 
que hemos hecho mención arriba, y fundaron la 
ciudad de Méjico, que es palabra hebrea, según 
tenemos probado, y que esta entrada de los 
Tultecas habrá más de dos mil doscientos años 
por el reino de Anian y abierto por allí el ca- 
mino entrarían muchos de otras naciones, y ten- 
go para mí, que vendrían por allí muchos de los 
sujetos al imperio romano, conforme á muchas 
señales que de ellos se hallaron en estas Indias, 



ORIGEN DE LOS INDIOS 99 

y los más que vinieron por esta parte fueron 
Tártaros, que descienden de las tribus de Israel, 
según Juan Botero, en sus Relaciones del Mun- 
do, § Ulti7na parte de Tartaria y y consta de la 
República de Tartaria, cap. 2, al fin, en aquellas 
palabras: «Alii denique Tártaros, residuos dici 
autumant, quasi hi ex Israelitarum faece reli- 
quiae sint,» y más abajo dice, como usaban cir- 
cuncidarse y lo mismo dice en el cap. i, frag- 
mento 10, y hasta la Tartaria dominó Roma y 
Tartaria es la Escitia, Botero en sus Relacio- 
nes, § Tartaria, 

2 Los Tártaros usaban de vestiduras largas 
pelendengues y capacillos blancos, según el 
libro de la República de Tartaria, cap. i, frag- 
mento 2, fol. 201: «Tartari túnicas habent Ion- 
gas absque rugís, et pilcos albos,» como el mijo 
tostado, ibidem fol. 189: «Nonnihil miiii tosti.» 
Las armas de los Tártaros son el arco, flecha y 
macana, ibidem, cap. 2, fol. 215: «Arma illis in 
usu sunt arcus, machaera.» Pelean con gritos y 
clamores, según dice poco más abajo: «Quan- 
din pugnare datur clamoribus editis idfaciunt» 
Habitan de ordinario en soledades y cuevas, y 
así lo dice en el cap. 2, al principio: «ítem Tar- 
tarí, per vastas Scytiae solitudines ad septentrio- 
nem porrectas habitant in Europa et Asia.» No 
tuvieron uso de escribir hasta que ganaron par- 



lOO 



DIEGO ANDRÉS ROCHA 



te de Pcrsia, ibidem, fol. 315: «Ante id tempus 
nullus ipsi genti fuit litterarum usus.» Todas es- 
tas propiedades tuvieron los primeros indios 
Tultecas que vinieron á Méjico, como dijimos 
arriba, con lugares del P. Torquemada, en el 
lib. I de su Monarquía Indiana, desde el cap. 9 
hasta el 14, los cuales son semilla de los Tár- 
taros, como estos de las tribus, como está dicho, 
y así hemos de tener por cierto que las diez 
tribus entraron por el Asia y poblaron la Amé- 
rica Septentrional, que es la de Méjico, y luego 
con el tiempo subieron á la América Meridio- 
nal, que es esta parte del Perú, con que queda 
explicado este capítulo tercero á mayor honra 
y gloria de Dics, cuyo es el poder y sabiduría. 





CAPITULO IV 



PÓNENSE LAS DUDAS CONTRA MI OPINÓN 
Y RESPÓNDESE Á ELLAS, 



I Opónense lo primero por dificultad, que 
no pudieron ser los primitivos españoles los que 
primero entraron después del diluvio en esta Amé- 
rica, la palestra que hubo en la Sede Apostó- 
lica ante el Santísimo Alejandro VII, de glo- 
riosa memoria, ante quien se ventiló el año de 
1659. Si los privilegios concedidos á los rei- 
nos de España acerca del modo y forma de 
recitar los oficios y misas de los santos parti- 
culares de cada provincia, concedidos desde el 
Santísimo Pío V y Santísimo Gregorio XIII, se 
habían de entender en ellos comprendidas es- 
tas Indias Occidentales, y hubo por la parte 
afirmativa y nega tiva sus fundamentos, como 



I02 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

parece en la prefacción de la misma bula de 
Alejandro, de 15 de Noviembre de 1659, Y ^^s- 
pués de las dudas se pone la decisión del Sumo 
Pontífice, comprendiendo á estas Indias en los 
privilegios de España y aprobando los funda- 
mentos alegados por estas Indias. 

Fundaban los de esta América su pretensión 
en que los indios eran en el origen españoles 
(esto es en nuestro favor) y que después del Di- 
luvio universal habían venido y entrado en esta 
América en tiempo del rey Héspero y fundado 
las islas Hespéridas, que son las de Barlovento, 
Cuba y Española. Las palabras de la prefacción 
de la Bula, son: «Nec videtur hae sitandum, quod 
Indi sint origine Hispani, ex Maluenda de Antí 
Chisto, lib. 3, cap. 18, in fme, et Ferdinando 
González de Oviedo, part. i, lib. 2, cap. 3, His- 
toriae Indiae: Icribit enim, primos íncolas Indi- 
carum Regionum pots universalem cataclismum 
fuisse Hispanos.» Aquí hemos hallado dos gran- 
des autores que consienten con nosotros en que 
después del Diluvio universal vinieron españo- 
les á fundar estas Indias, en especial el P. Ma- 
luenda, varón de rara doctrina, virtud y erudi- 
ción. Fundó juntamente la parte de esta Améri- 
ca, que siendo los indios en el origen españoles, 
por lo dicho, debían juntamente gozar de los 
privilegios concedidos á España, según «L. Ori- 



ORIGEN DE LOS INDIOS I03 

gine. Cod. de Municip. et Orígín. L. Assump- 
tio, ff. ad Municip.» Mayormente, cuando los 
indios por el derecho de reversión habían vuel- 
to y estaban poseídos por su rey Católico. 

De parte del fiscal se contradijo la preten- 
sión de las Indias en razón de que gozasen de 
los mismos privilegios que se habían cencedido 
á las provincias de España, fundándolo en que 
en ellos no se hacía mención de las Indias y que 
así no estaban comprendidas, demás de que 
eran lijeros los fundamentos del P. Maluenda y 
de Fernando de Oviedo, que introducían los 
españoles en esta América, poco después de 
pasado el Diluvio universal, y así dice de esta 
opinión: «Levibus admodum fundamentis falci- 
ri videtur,» con que parece que el dar á los in- 
dios el origen de España, no es tan seguro como 
yo lo asiento en el cap. 2. 

Respondo que yo también en los principios 
tuve por lijeros los fundamentos de los que ha- 
bían discurrido que los indios eran originarios 
de España, y también juzgué antiguamente lo 
mismo de la opinión que los hacía descendien- 
tes de los israelitas, porque entonces eran muy 
pocos los fundamentos de los doctores que lle- 
varon las opiniones de que en el origen eran 
los indios de España, y muchos de ellos le 
traían de las Tribus; pero hoy que pasan de dos- 



104 ORIGEN DE LOS INDIOS 

cientos fundamentos los que he propuesto en 
esta obra, haciéndolos totalmente conformes en 
costumbres de los españoles de Tubal y primi- 
tivos de España, en el idioma natural, en los 
lugares, y juntamente como en muchas cosas, 
muchos de ellos conforman con los hebreos, y 
habiendo también descubierto el paso y camino 
por donde unos y otros vinieron y las circuns- 
tancias de los tiempos en que esto sucedió, será 
ya pertinacia oponerse á verdades tan sólidas 
como quedan asentadas en este libro, que vie- 
ne á ser como principios elementales que no se 
podrán negar. 

Y esto parece que lo reconocieron los liti- 
gantes ante el Santísimo Alejandro, pues aun- 
que el fiscal alegó y acusó de lijeros los funda- 
mentos, con todo, dejó indeciso el si el origen 
de los indios era de España, haciéndole fuerza 
el que no había parte por donde pudiesen ha- 
ber pasado los animales fieros y silvestres, y así 
se dice en la alegación antes de la Bula: «At 
quidquid sit de praefatae opinionis veritate,» son 
palabras del fiscal: ccEsto quod potuerint Hispa- 
ni á Maritimis corum oris ad ínsulas Hsperides 
superato Occeano navigiis praeterveht, quod que 
primi incoluerunt quartam hanc orbis partem» 
(aquí lo confiesa el fiscal apostólico.) «Qui fieri 
potuit, ut animalia prae sertim silvestriá, illie in- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 10$ 

venta, transportata fuerint ex Hispania;» pero yo 
no digo que los primitivos españoles trajesen 
entonces los animales fieros á esta América, 
porque hay otras partes por donde pudiesen ve- 
nir, como diremos más abajo y se ha dicho arri- 
ba y así no obstan las dudas que se pretenden 
sacar de la Bula, porque no son de ella, sino de 
los alegatos, así el Sumo Pontífice concedió 
á las Indias (habiendo precedido la aprobación 
de la Sacra Congregación de Ritos y la súplica 
del Dr. D. Francisco de Valladolid, tesorero de 
esta Santa Iglesia de Lima, en nombre del cle- 
ro de ella) que se entendiesen con las Indias 
Occidentales, sus islas y tierra continente, lo 
mismo que estaba concedido á España, así por 
lo que queda alegado, como por otras razones 
que se alegaron por dicho doctor, y si á noticia 
del fiscal hubiera llegado nuestro libro, sin du- 
da no dijera que eran leves los fundamentos. 

Antes que dejemos este punto y dificultad 
de la bula de la Santidad de Clemente Sép- 
timo, deseo esté advertido el lector, de cómo 
en los alegatos que proceden en dicha bula, 
se hace mención de que esta América está con. 
junta con el Asia por la parte Septentrional, 
y en ellos se funda cómo fué más fácil venir 
por el Asia los primeros pobladores de esta 
América que no haber venido de España, don. 



Ío6 DIEGO ANDKÉ5 ROCHA 

de media tan gran golfo de mar. Las palabras 
de los alegatos son: «Et propterea vero sime- 
lius est per coutincntem nobis adhuc incogni- 
tam coniungentem Asiam cum hac quarta mun- 
di parte sub Polo Árctico, et hormines, et ani- 
malia illuc transmigrasse.» Doy por cierto que 
la Asia esté continente con esta América por el 
Polo Ártico, que es al Norte y Septentrión y que 
el estrecho de Anian, que cae á esta parte, con. 
tinue las dos regiones con tan poco trecho de 
agua, y así lo tengo asentado arriba en el capí- 
tulo 3, § 3, y por aquí he introducido en esta 
América las diez tribus, y por ser esta parte la 
Septentrional, todos los reinos de Méjico se 
llaman la América Septentrional. La palabra 
Arctos es griega, y significa también la cuarta 
parte del mundo, que es el Septentrión, según 
Juan Scápula, en su Léxico Griego, verbo Arc- 
tos. Pero niego haber sido más fácil el venir á 
estas Indias desde el Asia que desde España^ 
porque aunque hoy se halle tan gran golfo, 
habrá tres ó cuatro mil años cuando había la 
Isla Atlántida, era más fácil la entrada de espa- 
ñoles y cartagineses sin rodear el gran círculo 
de tierra que anduvieron por la parte de Mé- 
jico, con que queda satisfecha la primera 
duda. 

2 La segunda duda para que no puedan 



ORIGEN DE LOS INDIOS lO^ 

descender los indios de los primitivos españo- 
les ni de las tribus, es que unos y otros son 
blancos y no había de perderse este color y 
degenerar en un color sususco y pardo, de co- 
lor de tierra encendida ó de membrillo cacho, 
como el que tienen todos los americanos. Res- 
póndese lo primero que la variación de regio» 
nes, climas, aires y mantenimientos, ocasionó 
esta mudanza de colores, talles, gestos y rostros 
entre estos americanos, sin conservar aquel co- 
lor de los primeros españoles que vinieron á 
estas Indias, ni de las tribus que después de 
muchos años entraron en ellas, porque sus pri- 
meros piogenitores y ellos han gozado de dife- 
rente cielo del de Europa y Asia, diferente 
aire, diferente temple de tierra, diferentes 
aguas, diferentes manjares, que en el principia 
fueron de muy poca substancia, y fué mucho no 
muriesen de hambre hasta que fueron culti- 
vando frutos y otros modos de comidas, y esto 
causó variedad en las personas y en los colores 
según doctrina de Platón, en el Diálogo de Na- 
tura, donde dice: «Unos hombres son diferen- 
tes de otros por ventilarse con aires contrarios 
ó por beber diferentes aguas, ó por no usar de 
unos mismos mantenimientos, y esta diferencia 
no solo se halla en el rostro y cuerpo, sina 
también en el ingenio del alma»» Galeno, en el 



I08 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

lib. 2, De Temperam, atribuye los colores, aún 
de los cabellos al diverso temperamento y aquí 
hemos visto hombres muy blancos venidos de 
España, que retirados á la sierra y comiendo 
mote y las demás chucherías de que usan los 
indios, vuelven tostados que parecen indios. 

3 Añádese lo que dice en esta parte al Pa • 
dre Fr. Gregorio García, en el lib. 3, del Orí- 
gen de los Indios cap. 4, § 4, donde dice: «Fué 
ordenación divina que los hombres fuesen re- 
partidos por todas las tierras, diferentes entre 
sí en la disposición y temple, para que por su 
variedad los hombres adquiriesen vario y di- 
verso ingenio, vario color de rostro y diversa 
forma de cuerpo, como también son varios los 
animales y varias las cosas que la tierra produ- 
ce, varios los árboles, varias las plantas y las 
yerbas, varias las aves y los peces.» Todo 
esto se verifica más en las naciones propin- 
cuas á la línea Equinocial y más en lo más 
allegado á la Tórrida Zona que casi todos 
son morenos y tostados, como dice Paulo 
Galucio en su Teatro del Mundo, en los nom- 
bres de lugares de Asia, en la palabra «Notium 
promontorio,» donde dice: «Toda esta costa y 
promontorio es de negros, y por la mayor parte 
se halla este color en las gentes que son más 
propincuos á la Equinocial por todo el Orbe,» 



ORIGEN DE LOS INDIOS 109, 

no hay gente más propincua á la Equino cial y 
Tórrida Zona que esta América y así no es mu- 
cho que mudasen los primeros pobladores su 
color blanco en pardo y tostado. 

4 Pronosticó Jeremías la calamidad y des- 
dicha de las diez tribus en el capítulo final de 
los Trenos y eu el vers. lo dice que habían con- 
vertido sus pieles en color de horno encendido 
por los trabajos y hambres: «Pellis nostra quasi 
elibamus exasta est afacie tempestatum famis,»^ 
lugar que tengo explicado arriba en el cap. 3^ 
§ I, núm. 9, y así como estas tribus se tostaron 
por largos caminos y hambres que pasaron por 
la América Septentrional topando tantas veces 
con la Tórrida Zona, y viviendo en ella, lo 
mismo sucedió á la letra, y viendo á los pri- 
mitivos españoles que vinieron por la América 
Meridional, y mientras la cultivaron, pasarían 
muchas hambres, comiendo mantenimientos 
muy débiles y poblándose debajo de la Tórrida 
Zona, con que mudaron de color y de disposi- 
ción de cuerpos y aun de ingenios con los nue- 
vos climas, cielo, aire, agua y con regiones tan 
contrarias, donde han comido manjares dife- 
rentes, débiles y de poca sustancia y mal nutri- 
mento, cuales eran los que usaron los primeros 
que vinieron á poblar esta América, y si meten 
en una prisión á un hombre donde no se cuide 



lio DIEGO ANDRÉS ROCHA 

de SU alimento y lo cargan de trabajos y desdí- 
•chas á pocos años saldrá con color renegrido y 
perdido el natural, como sucede á los españo- 
les que se meten en Guaicos á habitar con los 
indios, que salen de su color, y en muchas par- 
tes de esta América retiradas de la Tórrida 
Zona, son blancos estos americanos. 

¿Dirá alguno que hoy vemos que los hom^ 
bres que nacen en esta tierra, aunque en gran 
parte esté situada en la Tórrida Zona sin embar- 
co siendo hijos de hombres de España nacen 
blancos, luego el clima no muda el color? Res- 
póndese que esta mudanza del color no sucede 
en breve tiempo sino por la complexsión y dis- 
posición que se vá adquiriendo en mucho y lar- 
go tiempo de quinientos y más años y que pa- 
dres, hijos y descendientes todos sean de aquel 
clima sin interpolación de padres y madres que 
vengan de otras regiones templadas en que na- 
cen blancos, como sucede á los españoles natu- 
rales del Perú, que llaman criollos, que raro 
habrá que no tenga en sus abolengos muchos 
nacidos en España, y este Perú há solo cien- 
to cincuenta años que se restauró por los es- 
pañoles, con que hay poco tiempo para la 
mudanza del color, que el nativo se pierde 
con más tiempo en la descendencia, demás de 
-que se dá diferente razón en los criollos, por- 



I 



ORIGEN DE LOS INDIOS IH 

que todos se crían con mucho regalo y abrigo 
y con muy buenos alimentos, lo cual no sucedió 
en los indios y primeros que vinieron á esta 
América que con trabajos y hambres y un poco 
de maiz y con yuyos y mal abrigo poblaron esta 
América y se tostaron y descolorieron, y como 
se ha dicho la mudanza del color no les vino á 
los indios solo de la diferencia del clima, sino 
del desabrigo malos alimentos y hambres y 
con el largo tiempo. 

5 Tercera duda contra nuestra opinión, es 
que los indios americanos no tienen barbas en 
el rostro ó son muy pocas las que crían y si 
fueran descendientes de españoles ó de las 
tribus, precisamente habían de tener barbas 
como ellos. Respóndese lo primero que el pelo 
y cabello, uno es congénito y connatural al 
hombre, que lo saca del vientre de su madre, 
como el pelo de la cabeza y pestañas, y este es 
común á todos los hombres, otro pelo ó cabe- 
llo no es connatural al hombre y sale con los 
años, como el de la barba y partes vergonzo- 
sas, según enseña Aristóteles en su libro de 
Historia de los Animales, cap. ii. El pelo de 
la barba, y crecer más en unos hombres que en 
otros y en los de una región más que en los de 
otra, pende de accidentes, temperamento y 
sustento que haga el sujeto más jugoso, y aun 



112 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

entre los mismos hombres do una misma re. 
gión^ ciudad y clima, pueden variar los acci- 
dentes de los signos y planetas en cada uno de 
los sujetos á tener más pelos en barba y pecho. 
Los americanos tienen el pelo natural de la 
cabeza como los españoles é israelitas, en que 
no hay duda. Dirás ¿pues por qué no tienen tan- 
tas barbas y son imberbes más que los españo- 
les y qué calidad ocasionó esto? 

Digo que lo ocasionó el habitar en región 
cálida y seca y por eso tienen pocos pelos ó 
les crecen poco; esta es doctrina de Galeno, 
lib. 2, De Temperam. cap. ii, que dice que 
el no crecer el pelo viene de ser la región cá- 
lida y seca; y ¿cuál, pregunto yo, lo es más que 
la Tórrida Zona, debajo de la cual está en gran 
parte situada esta América? y á mi entender? 
también los indios son de complexsión cálida y 
seca por más que porfían algunos autores mo- 
dernos que quieren hacerlos fríos y húmedos? 
porfiando en esto con la experiencia de lo que 
vemos en los indios, y fuera más tolerable el 
hacerlos fríos y secos, por dominar estas partes 
el signo de Capricornio, en cuyo Trópico caen, 
y este signo por ser terreo, es frío y seco y así, 
ó sea por el calor de la Tórrida Zona ó por su 
sequedad, ó la de Capricornio, y la de los mis- 
mos indios, viene de estas calidades el que 



ORIGEN DE LOS INDIOS II3 

tengan pocas barbas, porque según doctrina de 
Galeno, poco há citado, los que habitan en re* 
gión cálida crían poco pelo, como sucede en 
los Etiopes que, por habitar la mayor parte de 
ellos debajo de la Tórrida Zona, crían pocas 
barbas, y así como en el estío se secan las yer- 
bas y plantas respecto de que el mucho calor 
consume la humedad de la tierra que las vege- 
taba, lo mismo vino á suceder con estos ame- 
ricanos con el tiempo, así por el calor y seque- 
dad ab extrínseco de la Zona y el que tienen ab 
intrínseco de su complexión, que vino á consu- 
mir á aquellos foliginos ó humor de que se crían 
las barbas. 

De lo que se acaba de decir se deduce la ra- 
zón porqué las mujeres no crian barbas y aun- 
que algunos lo atribuyen á sus menstruos, tam- 
bién se debe atribuir á ser de complexión más 
cálida que los hombres y así el derecho les se- 
ñaló la pubertad y poderse casar dos años antes 
que el varón, y en estos americanos por su na- 
tural color y sequedad tienen más abiertos los 
poros, y por ellos evacúan con más facilidad el 
humor que había de brotar en barbas, demás de 
que sus primeros padres que vinieron á esta 
América se sustentaban de raíces y ellos más 
se sustentan con una bebida que llaman Chicha, 
que con otros mantenimientos de que pueda nu- 

VOLUMEN lí 8 



114 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

trirse lo supérfluo de las barbas, y con mucho 
tiempo se fué haciendo naturaleza en ellos y pa- 
sando de hijos á padres y también pudo ser que 
sus mayores usasen de algún licor ó unto que 
impidiese nacer el pelo y quedase la disposi- 
ción y hábito de los padres en los hijos. 

Si se replicare con que los hijos délos quevie- 
nen de Europa, después de haberse conquistado 
esta América, tienen barbas, y si lo causara la 
región ó clima y la Tórrida Zona, no las habían 
de tener óhabían de ser tan pocas, como las de los 
indios. Se responde haber diversa razón en unos 
y otros. Lo primero, porque la causa de la fal- 
ta de las barbas ó disminución de ellas no pro, 
viene solo del clima, sino de otras muchas cau- 
sas que hemos referido, las cuales faltan en los 
criollos hijos de los conquistadores, falta la diu- 
turnidad del tiempo en que sus padres se hubie- 
sen connaturalizado en estas regiones, pues mu- 
chos de los criollos, y los más de ellos, tienen 
padres recién venidos de España, reteniendo 
aquella virilidad y robustez que trajeron de ellaí 
lo segundo, usan de diferentes mantenimientos, 
y en abundancia, con que crían más vapor ex- 
crementicio y fulígines que brotan en mayor 
abundancia de pelos, lo cual es diverso en los 
indios, porque demás de su cálida ó seca com- 
plexión, y la adquirida con tantos siglos hecha 



ORIGEN DE LOS INDIOS II5 

ya naturaleza con la vecindad de la Tórrida 
Zona, se llegó á consumir ó disminuir en ellos 
la humedad ó humor lento que residía á raíz de 
los pelos en los poros con que crían muy pocas 
barbas, en especial los que están más cercanos 
á la Equinocial, porque los indios que se apar- 
tan de ella y están vecinos á los Trópicos de 
Cáncer ó Capricornio, tienen algo más de bar- 
bas, y advierte que así como por falta de calor 
natural, que los médicos llaman vincerte, no sa- 
len barbas, así por sobra de calor exterior tam- 
poco saben, con cuya distinción fácilmente se 
componen algunas dudas que en esta parte excitan 
los físicos, y añade que en los indios no es sola 
una la causa de tener pocas barbas, sino que 
concurren muchas razones para esta falta, como 
tengo significado, y es menester ocurrir á todas 
porque siendo descendientes estos americanos 
de Adán, la cualidad de más ó menos barbas, 
claro está se originó por varios accidentes, y es- 
tarás advertido de que no pueden descender es- 
tos indios de Cam ó de Canaam y de los negros 
sus hijos, porque estos tienen el cabello enro- 
llado y hecho pasas, y los indios el cabello lar- 
go y lacio. Añadoquepuedeserqueporlos pocos 
y lijeros mantenimientos que usaban estos in- 
dios tuviesen falta de calor natural y sobra de 
calor exterior por la región, y uno y otro causó 



lió DIEGO ANDRÉS ROCHA 

la disminución de barbas. Añado más, que si los 
indios, como quieren algunos, son húmedos y 
fríos, sin duda dirán que porque se constipan 
los poros no tienen barbas. 

6 Reconocieron los indios que antiquisima- 
mente, y en el origen, había habido en esta Amé- 
rica hombres blancos y con barbas, porque refie- 
re Pedro de Cieza, en la primera parte de su 
Cronología del Perú, cap. 87, que junto á la ciu- 
dad de Guamanga y río Vinaque, se hallan unos 
grandes edificios, tan gastados, que denotan una 
larguísima antigüedad y que es tradición de los 
indios que muchos siglos antes que reinasen los 
Ingas se habían fabricado por hombres blancos 
y barbudos que vinieron á poblar la tierra é hi- 
cieron en ella asiento, cosa muy digna de admi- 
rar, y sin duda estos que hicieron estas fábri- 
cas fueron españoles del tiempo de Tubal ó de 
Héspero, ó de los cartagineses cuando se ave- 
cindaron en España, los cuales, con el tiempo, 
temperamento y clima, fueron mudando de acci- 
dentes y se tostaron 6 hicieron de pocas barbas. 

7 Tercera duda se opone contra la segunda 
parte de mi sentencia, de que después de los 
españoles vinieron por la América Septentrio- 
nal y partes de Méjico las diez tribus y sus hi- 
jos los Tultecas, primeros pobladores de aque- 
lla región; porque si esto fuera así y se hubie- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 117 

ran encontrado con el tiempo unos y otros ame. 
ricanos, se hallara en ellos la lengua hebrea, la 
observancia de la Ley de Moisés, y también la 
circuncisión, y todo esto parece que falta y no 
se halló en ellos, con que se debilitan los dis- 
cursos y razones que hemos propuesto y parece 
que no hay semilla de las diez tribus en estas 
generaciones. Respóndese á todas estas tres di- 
ficultades con lo que tenemos dicho arriba, en 
el cap. 3, en el § i, por todo él, donde se prue- 
ba que los americanos retienen mucho de la 
lengua hebrea, de sus ritos, leyes y ceremonias, 
y que en muchas naciones se conservaba la cir- 
cuncisión, y aunque en muchas cosas se hallase 
corrompida la lengua hebrea, y por consiguien- 
te los ritos hebraicos, esto lo ha ocasionado el 
mucho y largo tiempo que há que pasaron las tri- 
bus y las muchas naciones que vinieron entrando 
después de ellas por la América Septentrional, y 
también el consorcio que llegaron á tener con 
los indios de esta América Meridional, sin con- 
servar maestros de la ley, yéndose consumiendo 
los primeros Tultecas, los cuales también, y sus 
padres las tribus, por las regiones que vinieron 
pasando desde la Media, fueron aprendiendo la 
idolatría, á que eran muy dados, dejando el 
primer propósito que sacaron de guardar su 
ley, cuando huyeron de los Medos. 



Il8 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

8. Lagente de las diez tribus, como he dicho, 
era muy inclinada á la idolatría, y pasando por 
donde había tantas naciones de gentiles é idóla- 
tras, con quienes precisamente habían de comer- 
ciar y tratar, siendo hospedados de ellos, es llano 
se les pegaríansus costumbres, como seles peg6 
en Egipto, y tenían tal inclinación á la idolatría* 
qne aun estando en su pueblo, entonces esco- 
gido de Dios, con muy pequeña y leve ocasión 
idolatraban, pues ¿qué harían pasando por tan- 
tas naciones idólatras y que con tanta licen- 
cia pecaban? y así es cierto fueron relajando la 
ley y tomando aquellas costumbres é imitando 
en gran parte aquel idioma, lo cual también ha 
sucedido en otras naciones que en menos tiem- 
po han perdido el idioma natural, como suce- 
dió con aquellos españoles que huyendo de la 
invasión de los moros se retiraron á las Batue- 
cas, que están en los Estados del duque de Al- 
ba, donde estuvieron escondidos ochocientos 
años, sin saber los últimos cómo fueron allí 
los primeros, reteniendo unas pequeñas vis- 
lumbres de la cristiandad, hasta que en nues- 
tros tiempos los descubrió el dicho duque, se- 
gún refiere D. Juan de Solorzano en su Política 
Indiana, lib. i, cap. s, y que perdieron la ley y 
la religión, estos batuecas, lo advierte el venera- 
ble P. Ensebio Nieremberg en su Filosofía Se- 



ORIGEN DE LOS INDIOS II9 

creta, lib. i, cap. 33, en el ñn, pues s¡ estos es- 
pañoles fugitivos en ochocientos años perdie- 
ran la ley y se hicieron bárbaros sin concurso 
de otras naciones, ¿qué mucho que las tribus, en 
tres mil años, ó cerca de ellos, que pasaron mez- 
clándose con tantas naciones perdieran ó rela- 
jasen su ley, su idioma y sus ritos? 

¿Quién duda que irían estas tribus, pasando 
por muchísimas regiones donde había tanta va- 
riedad de sectas y religiones gentílicas, con que 
se les había de pegar mucho de sus costumbres 
apartándose de las que guardaban en su tierra 
y es muy creíble que iban incorporando en sus, 
tropas algunos de los gentiles de las tierras 
por donde iban pasando, y habiendo ido por 
tantas naciones, forzosamente para entenderse 
las tribus con ellos habían de aprender sus len- 
guas y mezclar unos vocablos con otros, como 
lo vemos hoy en estas Indias mezclados mu- 
chos vocablos castellanos con los del Inga, y al 
contrario, y lo mismo sucedió en España con 
las entradas de diversas naciones, donde están 
incorporadas muchas palabras latinas y arábigas 
con la lengua natural de Castilla y León; demás 
de que la lengua hebrea está hoy muy corrom- 
pida por las diversas naciones que señorearon á 
los hebreos, como dice el Abulense, sobre el 
Génesis, en el cap. 11, cuest. 2, y así en estos 



I20 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

americanos se habla en esta forma y en muchos 
de ellos muy corrompida la lengua hebrea, re- 
teniendo muchas dicciones, como dije en el 
cap. 3, § I y 2, y los ritos, ceremonias y ley en 
la misma forma, como verás en dichos párrafos, 
y el obispo de Chiapa, abajo citado, dice que es 
hebreo corrompido el que usan los indios. 

9 En cuanto á la circuncisión, tengo dicho 
en muchas partes de esta obra, como en muchas 
naciones de estos americanos, en especial en la 
América Septentrional, se circuncidaban. Véan- 
se al obispo D. Fr. Bartolomé de las Casas y al 
F. Torquemada que le refiere en su Monarquía 
Mejicana, lib. i, cap. 9, por estas palabras 
«Hállase entre ellos la circuncisión y lavarse 
cada día en la mar, fuentes y ríos,» y aunque el 
citado P. Torquemada lleva que no descienden 
de las tribus, no puede negar lo de la circunci- 
sión, limitándolo solo á una nación de los me- 
jicanos, siendo así que el citado obispo de Chia- 
pa lo pone por más general en dichos mejica- 
nos y el P. Ramón, en la parte segunda de su 
República, lib. 2, cap. 9, y Gomara en la parte 
segunda de la Historia Indiana, fol. 9, y fray 
Gregorio García en el lib. 3 del Origen de los 
Indios, cap, 8, § i, afirman que en muchas pro- 
vincias de esta América se circuncidaban los in- 
dios, y el mismo Fr. Gregorio García, en el di' 



ORIGKM DE LOS INDIOS 121 

cho lib. 3, cap. 6, § i, dice que en Yucatán y en 
Acuzamil se circuncidaban los indios, y que lo 
mismo hacían los indios Totones y los mejica- 
nos. Juan Laert, De Sit. Nov. Orb., lib. 5, capí- 
tulo 21, al fin, pone otras muchas naciones de 
estos indios que se circuncidaban, y con ser el 
P. Acosta acérrimo defensor acerca de que los 
indios no descienden de las tribus, con todo 
eso, en el lib. 5 de la Historia Indiana, cap. 26, 
dice que los mejicanos retajaban el miembro 
viril de los niños y que en esto imitaban la cir- 
cuncisión de los judíos; y puede correr la doc^ 
trina de este muy docto Padre, acerca de que 
no descienden de las tribus si se habla de todos 
los indios, porque muchos de ellos, en especial 
los de esta América Meridional, descienden de 
españoles, y vinieron á ella más de mil quinien- 
tos años antes que las tribus entrasen por la 
América Septentrional de Méjico. Bien que des- 
pués de gran intervalo de tiempo se juntarían 
muchos de la América Septentrional con estos 
de la Meridional. 

1 1 Tengo también advertido que los Tárta- 
ros se circuncidaban, según lo que de ellos se 
escribe en la República de Tartaria, cap. i, 
frag. 10, en aquellas palabras: 4:Circumcisionem 
observant,» y también que son semilla de las 
tribus, como se dice en la misma República? 



122 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

cap. 2, en el fin, y así aquellos primeros Tulte- 
cas que poblaron las dilatadísimas provincias de 
Méjico y muchas de las otras naciones que les 
vinieron siguiendo, serían de aquella estirpe de 
Tártaros y de sus padres los judíos desterrados^ 
aunque también reconozco que, abierto el cami- 
no para la América Septentrional por los Tulte- 
cas y otros de su semilla, entraron también 
otras naciones del Asia y de la Escitia, y el co- 
mercio con estos y mezcla y también con los 
indios de esta América Meridional, mudaría en 
gran parte la lengua de las diez tribus, la ley y 
las ceremonias y más con distancia de tantos 
años y concurso de tantas y tan diversas leyes y 
ritos, de modo que fué cosa rara hallar en estos 
indios rastro de la circuncisión, lengua hebrea 
corrompida, leyes y ritos adulterados, como se 
hallaron, según está probado, y si no descen- 
dían de las tribus aquellas naciones que se cir- 
cuncidaban, ¿de dónde trajeron la circuncisión 
que servía entonces por bautismo de los ísraeli, 
tas contra el pecado original, según el Derecho 
Canónico, en el Decreto de Graciano en la dis- 
tinción cuarta De Consacratione, en el cap, «Ex 
quo,:» no se vé que esta circuncisión la aprendie* 
ron los americanos de las tribus? 

12 La cuarta duda se pone en que las tribus 
usaron de letras y escribían y leían, como es no* 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 23 

torio, y en estos americanos no hubo rastro de 
esto y no tenían letras de escribir, luego no des' 
cienden de las tribus, porque parece cierto que 
hubieran conser\^ado cosa tan importante. Res- 
póndese que, aunque es cierto que los judíos 
usaron de letras y escritura y que su ley era es- 
crita y que en esta forma la tenían en las tablas 
de la ley y que tenían historias en escrito, y 
aunque también sea cierto que estos americanos 
no tenían forma de letras y se entendían por 
quipos en esta América Meridional, y por pintu- 
ras en la Septentrional, como he dicho en la 
antecedente, pero el escribir y leer lo pudieron 
perder con largo tiempo los descendientes de 
las tribus, lo primero, porque estas anduvieron 
vagando y huyendo por tantas regiones, y no 
cuidarían de enseñar á leer y escribir á sus hi- 
jos. Andarían mucho tiempo hambrientos, rotos 
y mal sustentados, con que se irían embotándolos 
entendimientos, y haciéndose menos hábiles de 
aprender y más el tiempo que duró el cultivo do^ 
las dilatadísimas provincias de Méjico, donde 
casi todos se harían silvestres y solo cuidarían 
de resguardar la vida en cuevas y hoyos hechos 
en la tierra; lo segundo, ¿cuántos con menos cir- 
cunstancias, hijos de hombres muy políticos y 
versados en letras no pueden entrar en una por 
su rudeza? pues qué sería en aquellos afligidos^ 



124 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tristes y mal alimentados, en especial cuando 
llegaron a entroncar con otras naciones bárba- 
ras, y como dijimos en este capítulo en el nú- 
mero 8, los Batuecas solo en ochocientos años 
perdieron todas las artes, como dicen los auto- 
res allí citados y se hicieron casi brutos. 

13 Los griegos, según dice Platón, en su Tí- 
meo, y otros, por mucho tiempo carecieron de 
letras por ocasión del Diluvio de Deucalión, en 
el cual pereció toda la Grecia con sus partes, y 
de España sabemos que se perdieron en ella las 
letras con la venida de los godos, como dije 
arriba, cap. 2, y se restituyeron entonces con 
tiempo y mucho trabajo, según cuenta el P. fray 
Gregorio García en su lib. 3, cap. 5, y así no 
fué mucho que se perdieran en los hijos de las 
diez tribus por su larga peregrinación ó por tra^ 
bajos, guerras, pestes y hambres, como ordina- 
riamente todas las buenas artes han perecido 
por estas causas, como sucedió también á los 
Tártaros, descendientes de estas diez tribus, 
como he dicho, que también llegaron á perder 
el uso de las letras y hasta que ganaron parte de 
la Persia no supieron leer ni escribir, según la 
República de los Tártaros, en la hoja 315. 

14 El uso de las letras y el leer y escribir 
cuando comenzó en el mundo, es cuestión du- 
dosa en los historiadores tanto que, por no ha- 



ORIGEM DE LOS INDIOS 1 25 

llar el primer autor, dijo Plinio, en el lib. 7, 
capítulo último, que eran eternas, que fué decir 
que siempre las había habido en el mundo; 
muchos dijeron que nuestro primer padre Adán 
las inventó con su sabiduría, sobre lo cual se 
podrá ver á Aniano en el Comento sobre el li- 
bro I, de Beroso; Diodoro Sículo, en el lib. 3^ 
cap. 8, las atribuye á los Caldeos y que las tu- 
vieron cuarenta y tres mil años antes del impe- 
rio de Alejandro Magno, lo cual se dá á enten- 
der por años mensuales, no solares, según diji- 
mos arriba, y lo explica Xenofonte, In Equi- 
voc, y por este cómputo bien se vé que las le- 
tras comenzaron en el principio del mundo. El 
Abulense, sobre el cap. 32 del Douteronomio 
enseña que Adán usó de letras. Suidas quiere 
que Seth, hijo de Adán, haya sido el inventor de 
ellas, y Josefo, en el lib. i, de las Antigüeda- 
des, las atribuye á los hijos de Seth; pero Ge- 
nebrardo, en el lib. i, de su Crónica, pag. 6, y 
Pedro Comestor, sobre el cap. 30 del Génesis, 
dan la invención á otro hijo de Adán, que es á 
Enoch, y estos autores y otros, como Orígenes 
en la Homilia última del libro de los Números, 
y Beda en el tomo V, del Génesis, en los capí- 
tulos 2, 3 y 4. y Jose^^v en el lib. i, de las Anti- 
güedades, cap. 4, y Beroso, en el lib. i, dicen 
que nuestro padre Adán y los hijos de Seth de- 



126 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

jaron escrito en columnas, una de ladrillo y 
otra de piedra, así el Diluvio, como el fin del- 
mundo, y Noé dejó escrito lo que sucedió en el 
Diluvio, luego fué general en todos los hom- 
bres la escritura y las naciones donde no se 
"halló, es cierto la perdieron por acciden. 
tes. 

15 Usaron también algunas naciones en lu- 
gar de letras valerse de gerogliTicos y pinturas, 
como los Egipcios y Cartagineses, de que se 
verá á Pierio, lib. 47, y Tertuliano, en su Libro de 
Espectáculos, llama Caldeas á las antiguas le- 
tras, esto es, á las pinturas y geroglíficos de los 
Egipcios, y como interpreta Covarrubias en sus 
Emblemas, es la razón por haberlas aprendido 
-de los Caldeos y estos de los antiguos Hebreos, 
pero no por esto dejaron de tener estas nacio- 
nes sus letras y caracteres para su trato y co- 
municación, y si algo aprendieron los indios de 
Méjico de los primeros Tultecas, hijos de las 
tribus, fué el usar de pinturas en lugar de le- 
tras, como consta de lo que escribe el P. Tor- 
quemada en la Monarquía Indiana, lib. t, des- 
de el cap. 9, y así como los Egipcios y Cal- 
deos aprendieron este modo de los Hebreos, 
con más razón lo heredarían sus descendientes 
los Tultecas, y aunque perdieron el perfecto 
uso de las letras y caracteres por las razones 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 27 

que dije en el núm. ii y nüm. 12, tengo para 
mí que algunos de los que pasaron le reten- 
drían, y estos dejarían escritas las antiquísimas 
piedras y sepulcros que se hallaron en el 
descubrimiento de este Perú con letras he- 
breas, de que he hecho mención arriba, y Pedro 
de Cieza, en su Crónica del Perú, i part. 
fol. 87 refiere, que en su tiempo era opinión 
constante, que en unos antiquísimos edificios 
de Vinaque, en Guamanga, se halló una piedra 
con caracteres y letras. Demás que aunque fue- 
se casi infinita la gente que se halló en estas 
dos Américas, la mayor parte descendían de 
españoles y también de otras muchas naciones 
que entraron mucho después por las tierras Sep- 
tentrionales de Méjico, con que queda satisfecha 
la cuarta duda. 

16 La quinta duda es que no se compadece 
con el lugar de Esdras, lib. 4, cap. 13, donde 
fundamos el pasage de las diez tribus á esta 
América, lo que dice allí el profeta de que las 
dieztribus huyeron de la multitud de gentiles por 
guardar sus ceremonias y su ley, pues no se 
ajusta con este motivo haber hallado á estos 
americanos tan dados á la idolatría como se 
vio en su conquista. Respóndese que bien pu- 
dieron salir las tribus con el intento y propósito 
de guardar su ley cuando huyeron de los Me- 



128 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dos y después por el comercio que tuvieron 
con tantos gentiles idólatras y tantas provincias 
por donde pasaron, dejar de cumplir su propó- 
sito, principalmente cuando los judíos eran tan 
inclinados á la idolatría no solo cuando estuvie- 
ron en Egipto y en Babilonia, sino en su misma 
tierra, y en el desierto, que con muy poca cau- 
sa se daban á las idolatrías y el comercio de 
tantos gentiles por donde pasaron les iría res- 
friando el propósito conque salieron y avivando 
la inclinación que tenían á la idolatría, porque 
es terrible enemigo la ocasión, en el que es in- 
clinado á un vicio. Demás de que cuando llega- 
ron á Méjico, serían casi todos ya muertos, 
pues tardaron ciento cuatro años en su viaje, 
según hemos dicho, y en los descendientes no 
habría aquel celo conque salieron sus padres. 
Demás de que Esdras no dice otra cosa, sino 
que salieron con ánimo de guardar los precep- 
tos legales, y estos, como he dicho, los guarda- 
ban los americanos, aunque corrompidos; lo 
demás que se pone al lugar de Esdras acerca 
del pasaje del río Eufrates y vuelta de estas 
tribus, está muy bastantemente satisfecho arriba 
y me persuado que algunos guardaría su ley 
que se fué corrompiendo. 

17. La sexta duda es que en el lugar de Es- 
dras se dice que las diez tribus tomaron reso- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 29 

lución de irse á una tierra donde jamás hubiese 
habitado el ge'nero humano, luego no pudo ser 
á Méjico á donde vinieron las tribus ni sus hi- 
jos los Tultecas, porque consta de lo que escri- 
be el P. Torquemada en su Monarquía Indiana, 
lib. I, cap. 13, que antes que vinieran los Tulte- 
cas habitaron aquella tierra gigantes. Luego no 
se verifica la resolución que tuvieron las tribus 
de pasar á parte que nunca fuese habitada. Res- 
póndese que aun cuando sea cierto que la pro- 
vincia principal de Méjico la ocupasen los gigan- 
tes, esto no quita haber buscado las diez tribus 
región que á su parecer hubiese sido inhabita- 
da, y estándolo todas las tres partes del mundo 
siempre fué su intento buscar esta cuarta parte 
del mundo que es la América, que pudieron en- 
tender que era inhabitada. 

Lo segundo se responde que tardaron las 
tribus y sus hijos ciento cuatro años en llegar á 
Méjico, como está probado, y en este tiempo 
fueron poblando poco á poco las dilatadas re- 
giones que hay desde Arzaret, último término 
del Asia, hasta Méjico, pues por el cómputo 
que llevo hecho hay más de mil leguas, y la re- 
gión de Arzaret se dilata al reino de Anian que 
es ya la América descubierta, y mientras las 
diez tribus y sus hijos los Tultecas iban cultivan- 
do la tierra y abriendo los caminos, pudieron 
Volumen ii 9 



130 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

venir los gigantes, que los hay en Islandia, que 
es la Noruega, la cual se comunica con la pro 
víncia Quivira y reino de Anian, principio de la 
América, según tengo probado en los antece- 
dentes, y que haya en la Noruega ó Islandia 
gigantes, se podía ver en Marco Adamo, Ca- 
nónigo Bremense en su librito de Situ Danice, 
en las Repúblicas, y estos gigantes, abierto el 
camino de la América por las diez tribus, pu- 
dieron con sus muchas fuerzas y vigor adelan- 
tarse á lo principal de Méjico, dejando á las 
tribus cultivando las primeras regiones por tan- 
tos años como se detuvieron y cuando llega- 
ron sus hijos, los Tultecas pudieron hallar allí á 
los gigantes, con que su anticipación no quita 
que saliesen las tribus con el intento de buscar 
la tierra que entendieron ser inahabitable del 
género humano, como lo era antes de que lle- 
gasen dichos gigantes, demás de que, para que 
se verificase que iban á una tierra no habitada, 
bastaba que lo fuesen las regiones que estañan 
antes de Méjico, con distancia de más de mil 
leguas, ó que ellos presumieron que lo eran. 
Pudo ser también que la región Arzaret, 
donde dice Esdras que vinieron á parar las diez 
tribus, no se dilatase tanto trecho como el que 
hay hasta la provincia y región principal de Mé- 
jico, sino hasta el Reino de Anian y hasta gran 



ORIGEN DE LOS INDIOS 13I 

parte de la América Septentrional y que hasta 
allí fuese solo inhabitada entonces del género 
humano y que en lo de adelante ó en lo princi- 
pal de Méjico fuese habitada dicha América 
Septentrional de indios que hubiesen bajado 
hasta Méjico de esta América Meridional, don- 
de se hallan gigantes en la parte de la tie- 
rra del fuego y en el Estrecho de Magallanes, 
como también los hubo en la punta de Santa 
Elena, de que hoy se ven muchas señales, y yo 
he visto huesos, dientes y muelas de notable 
magnitud y tamaño, y estos gigantes pudieron 
penetrar hasta Méjico y hallarlos allí los Tztl" 
tecas, . 

18. La última advertencia qne se opone es 
que, los indios Tultecas, hijos de las tribus y 
primeros pobladores de la parte inhabitada de 
la América Seprentrional, perecieron y se aca- 
baron, en lo cual concuerdan muchas historias 
de la Nueva España, luego no se pudo dilatar 
esta generación por ambas Américas ni llegar 
á entroncar con los demás pobladores que mu- 
chos años antes habían venido de los descen- 
dientes de Tubal. Respóndese que el acabar- 
se los Tultecas no fué extinguirse totalmente, si- 
no sólo haberse acabado su imperio por las 
guerras que les fueron haciendo por espacio de 
quinientos años las otras naciones que fueron 



132 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

entrando después de ellos, con que desampara- 
ron la cabeza principal de Méjico, y unos tira- 
ron al Oriente y otros al Norte, según advierte 
el P. Torquemada en el lib. i de su Monarquía 
Indiana, cap. 14, desde aquellas palabras: a Fue- 
ron los Tultecas, etc.», y luego al fin: «Viendo 
los afligidos Tultecas sus calamidades, tuvieron 
por bien ir desamparando la tierra, unos hacia 
la parte del Norte y otros hacia la del Oriente» 
y luego, en el cap 15: «El mismo año que los 
Tultecas se destruyeron y dividieron unos de 
otros», y luego, en el cap. 21: «Por haber teni- 
do noticia de los pocos Tultecas que habían 
quedado, de como todos habían perecido é 
ídose á otras apartadas y lejanas tierras.» De- 
más de que las otras siete naciones que con in- 
tervalo de tiempo fueron poblando á Méjico, 
las más de ellas eran del mismo linaje de los 
Tultecas, como lo advierte el P. Torquemada 
en el cap. 12, desde aquellas palabras: «y si se 
responde», y así los más de ellos fueron des- 
cendientes de las diez tribus y vinieron á en* 
troncarse con los demás americanos, conque 
quedan satisfechas las dudas que se ponderan 
contra nuestra opinión. 

19 Una de las siete generaciones que vi- 
nieron poblando la América Septentrional y 
del linaje de los Tultecas, fué la de los Mejica- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 133 

nos, que fué la que más prevaleció en Méjico, 
y según consta de sus pinturas^ como dice el 
F. Torquemada en el lib. 2, cap. i, vinieron 
pasando algún pequeño estrecho de mar y sa- 
lieron de Astlan, y el demonio, á la salida, les 
habló en representación y por boca de un 
ídolo y les dijo que quería ser su Dios, y que 
él los había sacado de la tierra de Astlan, coa 
lo cual fueron haciendo largas mansiones por 
tan dilatados caminos, y añade el mismo Pa- 
dre Torquemada en el mismo lib. 2, cap. 3, 
que sacaron á estos Mejicanos de su pueblo, 
dos caudillos y que los trajeron por los de- 
siertos muchos años, y que cuando llegaron a 
poblar á Méjico se habían muerto ya los dos 
caudillos que los sacaron, imitando en esto el 
demonio á la salida de los israelitas de Egipto, 
que en el desierto, antes de llegar á la tierra 
de promisión, murieron los dos caudillos Moi- 
sés y Aaron. 

Donde haya sido Astlan, de donde el de- 
monio sacó á estos Mejicanos, no lo tratan los 
autores, y es muy difícil de averiguar por haber 
tantos años que salieron los Mejicanos, y re- 
volviendo los Anales y Catálogos de los luga- 
res y pueblos de Asia, Escitia y Tartaria y de 
los que están pasado el estrecho de Anian, 
desde Estotilan y la provincia Quivira, la cual 



134 DIEGO ANDRÉa ROCHA 

continúa esta América con el Asia por dicho 
estrecho, hallo que en dicha provincia Quivira 
está la regtón Astatlan, según Abrahan Horte- 
lio en el Mapa segundo de la Ame'rica, que es- 
tá en la parte Occidental de Méjico adonde va 
á parar el estrecho de Anian, lo cual se verá 
más claro en el mismo Hortelio, en el Mapa 
47, que trata de Tartaria, y la pone pasado el 
promontorio Tabín, junto á la región Arzaret, 
primer asiento de las diez tribus, que fueron 
penetrando por dicha provincia Quivira hasta 
donde se extiende aquella región, y algún 
lugar de ella se llamó Asilan, de donde pasa- 
ron á Astatlan. También Astracán es la corte 
y emporio de los Tártaros, como consta de las 
Repúblicas, en la que trata de Moscovia y Tar 
ría, en la hoja 37, ibi: a Astracán Urbs opulen* 
ta, magnumque Tartarorum Emporium» (ya he 
dicho que los Tártaros son semilla de las diez, 
tribus) y fué muy fácil la corrupción de Astra» 
can con Astlan ó Astatlan, y así tengo por muy 
probable que los Mejicanos, que eran del lina- 
je primitivo de los Tultecas, vinieron de Astra- 
cán y que eran Tártaros, y todos descendien- 
tes de las diez tribus. También hubo en el Asia 
la regióu de los Astlanes, que cae en Euboea, 
según el Catálogo de los lugares de Antonio Ne- 
brícense, verbo Atlanes. Euboea cae en el pe- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 135 

loponeso, que hoy liaman Morea. Bien se vé 
cuánta similitud tiene la palabra Atlan con As- 
ilan^ de donde sacó á los mejicanos el ídolo 
que les habló, como verás en Torquemada^ li- 
bro 2, cap. I, y así tengo por cierto que gran 
redundancia de los descendientes de las diez 
tribuS; fué entrando por la América Septentrio- 
nal, y que en gran parte los americanos des- 
cienden de ellos, lo cual no es en descrédito 
suyo, porque estos fueron del pueblo de Dios 
y no concurrieron á crucificar á Nuestro Señor 
Jesucristo, en que está la infamia, como dije en 
el cap. 3. 

20 Y porque no falte en este tratado la sa- 
tisfacción á la duda, que todos excitan, de có- 
mo pudieron venir á esta América tantas espe- 
cies de animales y aves como en ella se nallan, 
en especial leones, tigres, jabalíes y osos, y 
otras especies de aves que no se sabe haberlas 
en las otras tres partes del mundo, como son la 
Vicuña, Llama, Guanaco, Taruga y el Paco, de 
los cuales no hacen mención los autores que 
escriben de ellos, se puede responder con opi- 
nión del docto P. Acostá en su Historia In- 
diana, lib. I, cap. 20 y 21, que todos los anima* 
les de estas Indias vinieron de las otras tres 
partes del mundo, ó de alguna de ellas, por- 
que tiene por cierto que esta América por al- 



136 VILGO ANDRÉS ROCHA 

giina parte de las que no están descubiertas se 
continúa con alguna de las tres partes del mun- 
do antiguo, ó que hay algún estrecho tan cor- 
to que pudieron estos animales fieros y do- 
me'sticos pasar con facilidad y vadear dicho 
estrecho, como yo lo he visto en los tigres 
de agua que vadean gran trecho de agua y 
en el rio de Guayaquil, que por partes tiene 
más de una legua de ancho, traen también los 
caballos y toros asidos á las balsas y pasan na- 
dando, y las culebras le vadean por encima de 
las aguas. Pudieron también las aves, por cor- 
tos estrechos que dividen esta América de las 
otras tres partes del mundo, pasar de ellas vo- 
lando, demás de que, como largamente probé 
arriba, no tiene hoy el mundo la misma forma 
que tenía ahora tres y cuatro mil años, y el mar 
ha separado muchas tierras con estrechos y 
golfos, impidiendo que sean continentes, como 
ha sucedido con esta América, y tengo para mí 
que fué unida con la Asia, y entonces pasarían 
dichos animales y demás de lo que tengo dicho 
verás al P. Ensebio Nieremberg en su Filosefía, 
lib. I, cap. 44, donde verás la mudanza que han 
hecho los tiempos en diversas islas y desmem" 
bración de la tierra y ocupación del mar y 
nuesto discurso se corrobora con lo que escri- 
be San Agustín en el libro 16 de Civitate Dei, 



ORIGEN DE LOS ENDÍOS 137 

cap. 7 y con lo que callí advierte Luis Vives • 
21 Es cierto que los animales^ en especial 
los fieros, pasaron á esta América por parte 
Continente que hallaron, como dije en el capí- 
tulo 2 y 3, ó por estrechos cortos, porque don- 
de hay mucho golfo de agua y en las islas que 
distan mucho trecho del Continente no hay 
estos animales fieros, leones, tigres, ni osos ni 
lobos, como en Xamáica, Cuba, Habana, Santo 
Domingo y otras islas de esta América que dis- 
tan trecho de la tierra firme, á la cual también 
se puede decir que pudieron traer cachorrillos 
de estos animales fieros, criados doméstica- 
mente y aun también traerlos en jaulas, como 
se han llevado de esta América tigres grandes 
á Europa: pero lo más cierto es que vinieron 
por tierra, que entonces sería Continente ó que 
pasaron algún estrecho corto de mar nadando 
y las aves volando y los animales fieros tam 
bien pudieron pasar por páramos intratables 
para los hombres ó por serranías altas y espe- 
sas ó por golfos de mar helado, como se suele 
helar en Islandia ó Noruega y buscando lo 
más estrecho de dichos golfos que se comuni- 
quen con esta América pudieron con su forta- 
leza estos animales fieros penetrarlos y llegar 
á la provincia Quivira ó reino de Anian, ó por 
esta América Meridional pasar á lo continente 



138 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

del estrecho de Magallanes que se comunica 
con todas estas Indias Occidentales: los demás 
animales que hay en ellas ágenos de estas re- 
giones, no hay duda de que después de nues- 
tra conquista se fueron trayendo de Europa en 
las naos y aquí han procreado en abundan- 
cia. 

22 En cuanto á los animales peregrinos que 
hay en el Perú que parece no haber sido cono- 
cidos en las otras tres partes del mundo, como 
son las «Vicuñas, llanas, Tarugas, Carneros de 
la tierra y Pacos,» puesto que de ellos no tratan 
las historias naturales y autores de ellas, digo 
que puede ser que estas especies de animales 
las haya habido en el mundo antiguo y los 
autores no pudieron conocer todos los anima- 
les y puede tambie'n ser que les den otros nom- 
bres de los que tenían entre los indios y son 
muy dilatadas las tres partes del mundo para 
que conociesen los historiadores todos los ani- 
males de ellas y sus propiedades. Los que he^ 
mos visto los Carneros de esta tierra, bien re- 
conocemos cuánto se parecen al Camello y lo 
mismo el Paco y Llama. La Taruga conforma 
mucho con el Venado y Ciervo. La Vicuña tiene 
mucha similitud con la cabra, y aunque dife- 
rencia en estos animales en algunas cosas, esta 
diferencia les vino por la diferencia del terruño. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 39 

temperamento y constelación ó de otras causas 
ocultas en la naturaleza. 

23 También se puede decir que estos ani- 
males del Perú son de las especies de otros 
que hay en Asia, Europa y África, pero varia- 
ron en algo por la mixtura que habría de unos 
animales con otros y esta mezcla constituy6 
una como especie distinta, de modo que los 
partos de estas mezclas de animales parecen 
degenerar de la especie, así del macho como 
de la hembra que los engend-ó y parió, y así 
infieren algunos que la Vicuña y Guanaco son 
mestizos, hijos de cabras monteses y ciervos, 
infieren tambie'n que los Pacos ó Llamas son 
engendro de Camellos y Carneros sin que im- 
porte contra lo dicho el ver que estos animales 
Vicuñas y Llamas no tengan cuernos, porque 
esto puede suceder por accidentes, como de 
las cabras domésticas lo observa Plinio, lib. 8, 
cap. 50, y Eliano en el lib. 17 de los Animales, 
cap. 34, dice de las Cabras caspias que no crían 
cuernos Demás de que basta el que alguno de 
los padres de estos animales carezcan de cuer- 
nos para que no se comuniquen á los partos» 
En lo último de la Tartaria está la región nom- 
brada Balor donde los vecinos usan de los Ve- 
nados y Ciervos como de los Caballos, Galucio, 
en su Teatro, en los nombres de Asia, en la pa* 



140 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

labra Balor, y aquí en América andan ea los 
Carneros de la tierra. 

24 Concluyo en esta parte con decir que, 
así como por ministerio de ángeles fueron traí- 
dos todos los animales á la presencia de nues- 
tro padre Adán para que les pusiera á cada espe- 
cie su nombre, como enseña San Agustín en el 
libro 9, sobre el Génesis, cap 14, y el angélico 
doctor, en la i parte, en la cuestión 102 y en el 
art 2 ad 2,y lo que añade Pedro Gomestor so- 
bre el Génesis, cap. ^$, que también por minis- 
terio de los ángeles fueron traídos los animales 
al arca para librarlos del diluvio, y que, habien- 
do cesado, por el mismo ministerio de ánge- 
les fueron vueltos á las partes en que fueron 
criados, en que convienen también San Agustín 
en ellib. 16 de Civit Dei, cap. 7, y el Abulen- 
se sobre el cap. 6 del Génesis; lo mismo se de- 
be decir de los animales domésticos de este 
Perú y los demás fieros que fueron criados en 
<51 y que, pasado el diluvio fueron vueltos por 
ministerio de los ángeles á estas regiones don- 
de fueron criados y de donde fueron llevados 
al arca, pues hemos de entender que también 
antes del diluvio había en estas partes gente, 
por haber dicho Dios á Adán y á su descenden- 
cia que llenasen toda la tierra y no había de ha- 
ber hecho en vano esta parte del mundo que es 



ORIGEN DE LOS INDIOS I4I 

mayor que las otras tres juntas, aunque todos 
los hombres que antes del diluvio había en es- 
ta América, perecieron en el diluvio universal^ 
los animales que había en ella, macho y hem- 
bra de cada especie, con las que se habían de 
sacrificar, fueron llevados por ministerio d» 
ángeles al arca y pasado el diluvio, por el mis- 
mo ministerio fueron vueltos á esta América, 
con que queda resuelto este punto y acabada 
esta obra, lo cual sea para honra y gloria de 
nuestro Redentor y Señor Jesucristo, cuyo es el 
podery subiduría, de la Santísima Trinidad y 
de la Santísima Virgen María, madre y señora 
nuestra, y todo lo que he dicho en ella lo pon- 
go á la corrección de nuestra Sama Madre Igle- 
sia, protestando que si hubiere algo en mis 
obras que se desvíe de su recto y sano sentir, 
lo doy por protestado y corregido, y desde lue- 
go lo confieso por ignorancia, porque sé que 
sólo en su enseñanza y doctrina está el acierto y 
verdadera luz. 



FIN DEL ORIGEN DE LOS INDIOS 



COPIA DE CARTA 



QUE EL AUTOR ESCRIBIÓ Á SU HIJO EL GENERAL 

D. Juan Enriquez de Sangüesa, residen- 
te EN LA villa de CoCHABAMBA, DON- 
BJS. FUÉ CORREGIDOR, JUSTICIA MA- 
YOR, SOBRE EL COMETA DEL 
AÑO DE 1680. 



COPIA DE CARTA 



QUE EL AUTOR ESCRIBIÓ Á SU HIJO EL GENERAL 
D. JUAN ENRIQUEZ DE SANGÜESA (l) RESIDENTE 
EN LA VÍLLA DE COCHABAMBA, DONDE FUÉ CO- 
RREGIDOR, JUSTICIA MAYOR, SOVRE EL COMETA 
DEL AÑO DE 1680. 



Deseas, hijo, saber el juicio que han hecho 
en esta ciudad de los Reyes del cometa que 
apareció en ella por los principios de Enero 
de este año de 1681, y según tu relación se vio 
mucho antes por esas provincias. 

Propio y natural es á la naturaleza racional 
el desear saber, pero muy peligroso el dis- 
currir en cosas tan altas que se encumbran has- 
ta los astros del cielo. Probable, dicen los más 
católicos astrólogos, es el discurrir que estos 
cometas amenazan mal y daño al mundo y á 



(i) No se comprende cómo llamándose el padre Diego An- 
drés Rocha, se 1 lama el hijo juan Enriquez de Sangüesa. En 
el original no dice nada que aclare esta contraüicción. Quizá 
fuera hijo político ú adoptivo. 

VOLUMEN II I O 



146 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

los mortales, pero qué males sean los que ame- 
nazan y á qué regiones y pueblos, parece es pa- 
sar más allá de lo que puede comprender la ca- 
pacidad humana, y si hasta hoy no ha podido la 
Astrología alcanzar con perfección las fuerzas 
é influjos de los astros y estrellas fijas y erran- 
tes, que desde el principio del mundo las ha 
tenido á la vista, cuanta más falencia tendrán 
en lo individual de estos cometas que aparecen 
por poco tiempo. 

En lo que parece que todos consienten, es 
que nunca vienen sino como prenuncios y pró- 
dromos del enojo de Dios para mostrar se ha- 
lla ofendido de sus criaturas y con su benigni- 
dad muestra el azote para que se enmienden 
los que se reconocieren reos, y así como puso 
el arco Iris en señal del perdón del mundo pa- 
ra no volverlo á destruir por agua, pone esa 
señal de los cometas para indicar su ira contra 
los malos y para avisar á los justos se justifi- 
quen más huyendo de la presencia de su arco 
y saetas, y así lo discurrió el P. Juan Bautista 
Cysato, varón de rara erudición y doctrina, en 
aquel libro que hizo sobre el cometa del año 
de 1618: «Cometam in coelo accendit ut sese 
ira erga mortale genus accersum esse ostende- 
rel nemo ergo mortalium, nullum terrarum po- 
pulus á fulguranti coelitus cometa se securum 



ORIGEN DE LOS INDIOS 14? 

credat, qui Deo se rerum agnoscit.» Esta mis- 
ma doctrina de que nunca pone Dios estas se- 
ñales en el cielo, sinoparaindicación de castigo, 
la funda el gran consejero D. Juan de Solorza- 
no, tomo I de Jur. Indiar., lib. 2, cap. 2, desde 
elnúm, 42, con gran copia de autores, entre 
los cuales algunos discurren que es la gran 
piedad de Dios el poner estas señales y come- 
tas para avisar antecedentemente al mundo que 
han de tener castigo y qiie quiere la enmienda. 
Jacobo Tuano, en las Obras Expurgadas, ha- 
ciendo mención del cometa del año 1577, que 
precedió á la perdición del rey D. Sebastián, no 
sólo discurre que vienen los cometas por daño 
de los mortales, sino que, según el sentir de los 
más doctos y prudentes, vienen para acaba- 
miento de linajes, familias y reinos, como se 
puede ver en dichas obras, tom. II, lib. 65, fo- 
lio 234, en la letra E: «Sed non singülorum ho- 
minum mortes tantum quoe quotidie eveniunt, 
5ed potius regnorum, ac familiarum regiarum 
excidia, et conversiones cometas rerum pru- 
dentiores semper portendere exestimaverunt.» 
Justino, tenido por otro Ptolomeo, en su Espe- 
jo de Astrología, tom. 2, en el tratado que ha- 
ce de Cometis, dice que es barbaridad menos- 
preciar y no cautelarse con oraciones y depre- 
caciones á Dios para mitigar su justo castigo y 



148 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

venganza; dice: «Comctie igitur non frustqa ap- 
paret^ sed ideo conspiciuntur, ut denuncien tres 
magnas, ut ad moniti mitigare eas studeamus. 
Barbaries est quaedam huismodi signa temeré 
aspernari», y más abajo: «divinites ordinatae es- 
se hec signa, quoe nos admoneant, ut á Deo 
opem imploremus». y poco antes funda más lo 
que importa rogar á Dios para que se desenoje 
y no descargue el azote en nosotros. 

Pasen en su probabilidad estas doctrinas de 
tantos y tan grandes autores, porque los come- 
tas no guardan el orden natural de los demás 
astros, y aunque no son opuestos á la naturale- 
za, son en su apariencia preternaturales y están 
para nuncios y legados de Dios, y fueron cria- 
dos desde el principio del mundo y se ocultan 
con los rayos del sol, hasta que Dios los envía 
con su embajada á las regiones que es servido, 
como advirtió San Juan Damasceno, referida 
por Cornelio Gemma Frisio en su libro i de 
Prodigios, cap. 6, ibi: Joanem Damascenus vut 
natus esse cometas cum caeteris Steris nimium 
ipsis primordis mundi, sed la tere fortasis sun 
radiissolisjdeindeimpelli súbito ad ceramcuam 
piam regionem.» Notable caso es el que pone 
el libro 2 de los Macabeos, cap. 5, en el prin- 
cipio, donde por cuarenta días se vieron en los 
aires hombres armados, como lo ha sido este 



ORIGEN Dfi LOS INDIOS 149 

soldado que ha puesto el cielo estos días en la 
región etérea y dice la escritura en este lugar 
que rogaba el pueblo á Dios que aquellos pro- 
digios y monstruos que se aparecían en el cielo 
los volviese Dios en bien á su favor, ibi: «Qua 
propter omnes rogabant in bonum monstra con- 
vertid, y Antioco no conocía que estas señales 
y cometas eran indicio del enojo de Dios con- 
tra su pueblo, como dice en el núm. 17: «Alie- 
natus manto Antiochus non considerabat quod 
propter peccata habitantium civitatem modium 
Deus fnerat iratus», y así menospreció el lugar 
y templo de Dios, profanando los vasos sagra- 
dos, como se dice en dicho capítulo y concluye 
él núm. 17: Propter quod et accidit circa locum 
despectio.» Pero no le salió esta empresa muy 
á su salvo, como se advierte en los capítulos si- 
guientes de los Macabeos. 

Vulgarmente, y aun por muchos de los 
autores, está entendido que el cometa es una 
exalación cálida y seca, gruesa y glutinosa le- 
vantada por virtud y fuerza de los astros 
hasta lo más alto de la región del aire 
y allí por la del fuego encendida, movién- 
dose circularmente con el aire; y aunque 
no dudo que habrá habido cometas de este 
porte, hoy han descubierto los nuevos matemá- 
ticos más arriba campo á estos cometas, ob- 



ISO DIEGO ANDRÉS ROCHA 

servándoles sobre la luna, Venus y los demás 
planetas, de que hicieron demostración Kepler 
Plumareto, Cardano y el P. Cysato y otros 
muchos referidos por el P. Ensebio Nierem- 
berg en su Filosofía, lib. 6, caps. 8 y lo, y á 
esta práctica y evidencia dio complemento Ti- 
co Brahe, noble caballero de Dania, que, como 
tan singular en las matemáticas, tan rico para 
la fábrica de tantos instrumentos y longimiras 
y más con la disposición y sitio de Dania para 
descubrir los cielos, puso esto en discursos ma- 
temáticos de modo que no hay ya quien dis- 
crepe de sus mensuras. 

Plinio pone nueve especies de cometas que 
se habían visto en el mundo, el primero llamado 
Cometes, que es de largas crines ó cabellos al 
parecer, el segundo Pagonias, esto es, de gran- 
des barbas hacia abajo; el tercero Acontias, que 
es á la forma de dardo, flecha, asador ó lanza: 
el cuarto Xiphias, á semejanza de espada; el 
quinto Disceus, de forma de escudo, clipeo ó 
broquel; el sexto Pithetes, á la forma del sol, 
que llaman Rosa; el séptimo Ceratias, que es de 
forma de dos cuernos, como hace la luna nue- 
va; el octavo Lampadias, como una hacha en- 
cendida; el nono Hippiteus, que es á la forma 
del erizo déla mar. Añaden otros el cometa 
que sale como cuadrado yendo la cauda por 



ORIGEN DE LOS INDIOS 151 

ambas partes casi igual. Este cómputo es de la 
escuela de Grecia, que contaba en esta forma 
los cometas. Otros nombres les dá Justino 
arriba citado, y pone nueve, Veru, Tenaculum, 
Pertica, Miles, Dominus, Ascone^ Aurora, Ar- 
genteus, Rosa y Niger, pero estos no explican 
tanto como los pasados, aunque se vienen con 
mucha explicación á reducir á ellos. 

Preguntarásme que á qué especie de las re- 
feridas se asemeja ó iguala el presente cometa 
y si hay alguna copia de esos que há habido en 
el mundo para comparar con este que hemos 
visto y proseguirá tu deseo á que también me 
alargue á decirte el juicio que hago de este 
nuncio celeste que nos amenaza con su presen- 
cia; si puedes conseguir con mi natural uno y 
otro, habrás llenado tu deseo; pero no sé si ha- 
brás tocado con el camino de la verdad, porque 
como te dije al principio, estas son cosas ocul- 
tísimas y es menester luz de Dios para acertar. 
Direte con principios de grandes matemáticos 
lo que probablemente se puede discurrir, sin 
darles más crédito que el que tuviere la razón 
filosófica en que estriban y la calidad de la co- 
rrupción, sequedad, calor é incendio del aire 
que comunmente reciprocamos todos y en que 
dichos cometas ejercitan sus efectos y fuer- 
zas. 



152 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Lo primero debes estar advertidí) que la 
primera investigación de los cometas, es copiar 
los astrólogos sus colores, y conforme á ellos 
discurren á qué planetas se han de atribuir sus 
influjos; porque si el color es aplomado ó ne- 
gro, este le atribuyen á Saturno; si es argentado 
el color, atribúyenle á Júpiter; si es encendi- 
do y bermejo, juzgan que es hijo de Marte; si 
es de color de oro, es producción del sol; si es 
obscuro con espesura y tiene algunos visos de 
la luna, es parto de Venus: si tiene el color azul^ 
esto es cerúleo, ese le atribuyen á Mercurio; 
júntalo todo Justino, en el lugar citado. «As- 
trologi diversilatem colorum malunt esse divir- 
sum influxum, hoc est, adscribunt Plenatis colo- 
rem Cometarum: nam qui Saturni est inquiunt, 
Flumbei erit coloris» (y en el § siguiente nú- 
mero 9. «Niger, qui Saturno est simillimus, qui 
Joven argente! qui Martis, rubei, qui Solis aurei, 
qui Veneris obscuri propter spisitudinem, qui 
Mercurié cerulei,» y hablando en el § siguiente 
del de Venus, núm* 4, dice: «Miles Veneri sacer 
lunarem, radium dimittit,» con que por esta regla 
no se puede dudar, conforme al color que tuvo 
el presente cometa, de que se debe atribuir al 
planeta Venus, porque la espesura de la cabeza 
y cauda fué densísima hasta los últimos días 
que se iba resolviendo y desvaneciendo, ea 



ORIGEN DE LOS INDIOS 153 

que su cabeza y cauda tenía las partes ralas , 
y entonces pareció á muchos, y á mí también 
que el color era como el de la luna, siendo así 
que á principio de Enero, cuando le comenza- 
mos á observar estaba espesísimo y de color de 
ceniza muy tupida, y observé que á diez y siete 
ó diez y ocho de Enero que llegó á confrontar- 
se el cometa con el planeta Venus, mudó el 
curso que traía de Oriente á Poniente y volvió 
á correr hacia el signo de Aries, donde le vi á 
veinte ó veinte y uno y nunca más le observé, 
con que llegó á reconocer ser el planeta de su 
influjo. 

Tienen también por observación los astrólo- 
gos el apuntar el signo en que comenzó el come- 
ta á manifestarse al mundo y contarle los pasos 
y carreras que viene haciendo así por el Zodia- 
co y Eclíptica y variaciones que hace fuera de 
estos lugares, como el signo en que se apagó. 
Los dos primeros requisitos no he podido ajus- 
tar, ni de las provincias de arriba, se avisa cuán- 
do comenzó á verse, ni en qué signo, porque 
por alia no hay más astrologías que las de los 
metales y se trata poco de meteoros, ni tú me 
lo avisas, porque tampoco estás versado en esto, 
pero bien me persuado á que comenzaría por 
los principios de Diciembre y que contra el na- 
tural curso de los planetas, que con el suyo pro- 



154 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

pió suben de Poniente á Levante, vendría He. 
vado del curso violento del primer móvil, de' 
Oriente á Poniente, hasta que se encontró con 
Venus y volvió á subir hacia el Oriente, pasean" 
dose desde el Oriente por los signos, hasta que 
le observamos al Occidente. 

Lo tercero, observan los astrólogos, que los 
principales efectos que amenazan los cometas 
y sus operaciones, sucederán en aquellas partes 
á que el cometa arroja la cola y que con la pun- 
ta está señalando adonde tiran sus influjos; así 
lo dice Justino, en el lugar citado, en el § Spe- 
cies Cometarum, núm. 4, ibi: «Et ciuspeius sig- 
nificatum apparebit ex parte, versus quae exten- 
derit caudam,» y luego en el núm. 5: «Máxime 
versus partem in quam extenderit caudam.» Co- 
sa que dejó también advertida Jacobo Tuano, 
en el tomo I, lib. 21, fol. 624. Cuando en el 
año de 1558 apareció aquel cometa, prenuncio 
de la muerte de Carlos V, ibi: «Cometa apparuit 
cauda ad Hispaniam directa.» 

De lo dicho se sigue que este cometa es el 
que llama Justino Miles y los árabes cuadrado, 
cuando no en la longitud, en ]a mayor parte de 
su latitud, porque la cabeza y cuello ha de ser 
más delgado, y lo restante del cuerpo con una 
túnica de malla que le cubre hasta los pies, sig- 
nificando la ferocidad del guerrero, que todo 



ORIGEN DE LOS INDIOS 155 

esto me parecía á mí que veía en este cometa, y 
en mi idea le figuraba en pié y no solo me pa- 
recía un soldado vestido de malla, sino un ejér- 
cito de ellos con muchos pies: uno por muchos» 
como dijo Virgilio. «Armato milite complent,» 
y siguiendo, á nuestro entender, la malla desde 
los hombros y abajo era en partes tan ancha en 
lo de arriba como en lo de abajo; semejante á 
este fué aquel que se vio en el cielo cuando 
Xerjes entró sugetando y talando la Grecia con 
un millón de soldados; así lo dice Justino en el 
lugar citado, núm. 4: «Miles Veneri sacer, talem 
apparuisse ferum, cum Xerxes in Greciam traie- 
cit,» si bien CorneJio Gemma en el lib. i, De 
Prodigios, cap. 8, fol. 208 dice que el cometa 
que apareció en esta invasión de Xerjes fué en 
forma de cuerno; sus palabras son: «Anno quo 
Greciam Xerxes invasit dccies centenis millí- 
bus hominum (obvia quseqüe va-tans, adque di- 
ripiens) cometa fulsit cornu figura.» No hemo^ 
de entender que en dos autores tan grandes haya 
contradicción, y así se doben concordar con que 
todos los cometas que salen ó con talle de sol- 
dado, que llaman Miles, ó con instrumentos mi- 
litares ó de lanza, dardo, flecha, cuerno ó asta 
de toro, aptísimos todos para herir, todo viene 
á reducirse en una misma cosa, poniendo en 
unos más fortaleza que en otros, y así el cuerna 



IS6 DIEGO ANDRÉS ROCHV 

en las sagradas letras, es símbolo de gran fuer- 
za: «Cornua in manibus tuis, ibi abscondita est- 
fortitudo eius.» 

Dirásme que aún no está probado que el pre- 
sente cometa sea el que llaman los latinos Miles, 
ó por lo menos que tu no lo comprendes. No 
me espanto, porque como nunca te has paseado 
por ese ámbito de los cielos, que los griegos lla- 
man /'^r/j^/z^r/t? ó Vranoon^ es menester dártelo á 
beber muy líquido y desleído. Ya he dicho que 
los cometas de naturaleza de Venus, traen la 
cola espesa y obscura: «Qui Veneri?,:i> dijimos 
arriba, «Obscuro porpter spisitudinem,» tal fué 
el que hemos visto. Dije también con doctrina 
de Justino que el cometa que llaman los latinos 
Miles, es parto de Venus y que echa los rayos 
como de la Luna «Miles Veneri sacer lunarem 
radim disnittit,» casi todos observaron esto y 
que el color, cuando se iba poniendo ralo, pa- 
recía blanco y de color de la Luna. Pruébase 
más el que sea Miles este cometa, porque ha- 
blando de él Justino dice que tapa con las crines 
toda la cabeza y cauda. «Miles ex integro cauda- 
ve crinitus». Y así apareció el presente que, no 
sólo tenía crines en la cauda, sino que ellas ta- 
paban toda la circunferencia de la cabeza. ítem 
más, el cometa Miles anda y corre los signos y 
no se contenta con dos ó tres, ni es estaciona- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 57 

rio en alguno dícelo el mismo Justino: «Miles 
et si qui cum apparecerit, peragrt decadencim 
signa», y aunque no puedo afirmar que anduvo 
todo el Zodiaco, porque no sé cuándo comen* 
zó ni en qué signo, porque sólo escribe haber- 
se visto en las provincias de arriba, mucho an* 
tes que en esta ciudad de Guancabelica, escri- 
benhaberse visto dos ó tres meses antes; sin em- 
bargo, congeturo con gran fundamento que corrió 
todos los signos y vino retrogradando hasta 
el de Aries, hasta que se encontró con el planeta 
Venus, causadora del cometa Miles ^ y si la Lu- 
na en veintinueve días corre todos los signos, na 
es mucho que el cometa, en más tiempo, vinie- 
se retrogradando por ellos. 

Escríbeme el P. Gerónimo Tello de Mene- 
ses, varón de religión y doctrina, de la Compa- 
ñía de Jesús, desde Guancabelica, en carta de 
Enero de este año, que se vio en aquella villa 
el cometa en el principio, hacia el Oriente y con 
figura de una lanza ó dardo y que después, cer- 
ca de un mes, se vio en el Occidente con forma 
de ramales ó varas de que procedió el juzgar 
algunos que eran dos cometas: uno que se vio 
al Oriente, y otro al Occidente, en que se enga- 
ñaron, porque fué uno solo que vino peragrando 
por los signos desde Oriente á Poniente, y co- 
mo fué produción del planeta Venus, fué Phos- 



158 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

phoro en el Oriente cuando salía antes del Sol 
y Héspero en el Occidente cuando salía des- 
pués de él y le iba siguiendo, propiedad que 
cogió del planeta Venus que le produjo, pues 
sólo á este planeta dan los griegos el nombre 
de Phosphoros y Hésperos. 

Tengo otra carta del mismo lugar en que 
forman la cauda de este cometa á forma de 
saeta, y las saetas y astas ó dardos, son símbo- 
los de guerra, hambre y mortandad, como con 
elegancia lo funda el Sr. D. Juan de Solorzano 
en sus Emblemas, en el 89, niím. 10, y todo 
viene á significar que es el que llaman Miles ó 
ya tomado por el saco ó loriga y malla, ó por 
sus armas, que si tú hubieras estado aquí, junto á 
mí lo entendieras mejor, pero bástete el que yo 
te lo diga, que entiendo lo que digo. 

He procurado ajuslar este cometa á los que 
habido en los siglos pasados, y habiendo visto 
los muchos que traen Plinio,y Rolevin en la His- 
toria general del mundo, Cornelio Gemma en 
el libro i De Prodigios, cap. 8, y los muchos 
que yo referí en un tratado que escribí en latín 
en el año de 1664, que de muchos de ellos 
-he tenido estampa, ninguno concuerda tanto 
con el presente como el que hubo el año 1570, 
cuya imagen trae Cornelio Gemma en el libro 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 59 

2, cap. 2: Fuerte, armado ha sido este nuncio, 
quiera Dios no sea el Exterminador, que tiene 
para castigo del mundo, el Abadon ó Apocalion 
que llama San Juan en su Apocalipsis, quiera 
nuestro Dios que con deprecaciones y oraciones 
venzamos sus influencias, en especial en la cris- 
tiandad, que purguemos con llanto, limosnas, 
oración y penitencia el origen que ocasionan 
sus influjos. Quiera Dios no nos descuidemos y 
que antes que prenda el fuego nos prevenga- 
mos con lágrimas y buenas obras como nos lo 
aconsejó el expeito Cornelio Gemma en su li- 
bro r De Divinos Caracteres, cap. 8, fol. 132 
¡bi: «Sic se res habel, nam et ea, quse terribilia 
nobis divinitus ostenduntur, possünt effusis la- 
crimis non solum mitescere, sed etiam in ad- 
versarios verti, atque infinem jucundissimum 
terminan», como dijimos arriba en el lugar de 
los Macabeos. 

Muchos días estuve persuadido á que este 
cometa nuevo era el que llaman los latinos Per- 
tica^ que es el varal con que se sacude, y ver- 
daderamente que la figura fué de azote de va- 
ras; pero como tiene tantos significados, el en- 
tender que es el cometa Miles me ha inclinado 
más á esto, y todo se viene á salir allá, porque 
también son las pértigas instrumentos aptos pa- 
ra la guerra. Del cometa Pértiga dice lustino, 



l60 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

núm. 3, cii el lugar citado, que algunas veces 
echa sus rayos algo lucidos y crasos: «Pertica . 
qui alícuando lucídiores, crasieresque radios 
prosert», y no hay duda que el cometa presente 
tuvo la cauda y rayos de ella muy gruesos, es- 
pesos y tupidos, con mucha corpulencia y que 
también manifestó muchas veces lucimiento en 
lo albicante y candido de ellos. De paso que- 
darás advertido que si el cometa presente fué 
especie de Pértica, según el mismo Justino, coai 
probable filosofía se puede discurrir que deno- 
ta el haber sequedad, pocas aguas y carestía 
de semillas y panes, y así añade este autora 
«Pertica, qui cum apdaruerit significat siccita- 
tem, atque, aquarum pancitatem, et paucita" 
tem annonse.» Prosigue Justino con otros dis- 
cursos del cometa Pértica, discurriendo sobre 
las conjunciones que tuvo con los planetas. 
Cuando le observé en los últimos días, le hallé 
junto al planeta Venus, y el mismo autor dice: 
«At si fuerit iunctus cum Venere, significat si- 
ccitatem, et aquarum diminutionem maguan.» 
Esto servirá de añadidura por si alguno se in- 
clinare á que fué Pertica, y el discurso hecho 
en esto, como toca á la corrupción del aire y á 
la agricultura, es tolerable. Las Pértigas son 
palos gruesos y largos, como se explica en la 
ley; «Pali et Pertica ff. de Verb. Signif. Y 



ORIGEN DE LOS INDIOS l6l 

como dice Calvin en su Lex. lur. Verb. Per- 
tica. «Est baculus oblongus, sive isres,^ y así 
salió David á la guerra contra Goliath. 

Muchos de los que conmigo vieron este co- 
meta se persuadieron á que tenía forma de es- 
coba y á lo mismo se persuadieron hombres 
doctos en el cometa del año 1618, de lo cual 
reprobó el P. Cysato en el cap. 4, núm. i, en 
aquellas palabras: «Et radiis scoparum etc.,» y 
muchos podían discurrir que la escoba es sím- 
bolo de significar castigo y azote de Dios, para 
limpiar y purgar el mundo, enviando guerras y 
otras calamidades, como con autoridad de Ter 
tuliano y Osorio lo prueba el señor Solorzano 
en el Emblema 90, núm. 20, en aquellas pala- 
bras: «Aliquando á Deo tanquam scopas immi- 
tti ad purgandum mumdum.» Otros se persua- 
dieron, y no mal, á que tenía forma de azote, 
como lo usan los disciplinantes, y que era tan 
larga la disciplina que amenazaba á gran parte 
del mundo y en el ün del azote se manifestaban 
las rosetas. El azote es símbolo del enojo di- 
vino, como es notorio, «luxta illud: Ilagellum 
non appropinguabit Tabernáculo tuo, » 

Otra persona bien diestra en interpretar 
enigmas y geroglíficos, viendo este cometa di- 
jo que tenía forma de cola de zorra y que re- 
paraba en que de noche aparecía y que de or- 

VOLUMEN II II 



102 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

dinario le tapaba la cabeza una nube, de que 
infería que los piratas que habían entrado cu 
este mar eran muy astutos y que siempre anda- 
rían ocultándose y de noche harían sus mayo- 
res presas, hallando sin prevención los lugares, 
sin armas ni vigías los vecinos, sin apresto las 
armas. Bien se sabe que la zorra es símbolo 
del engaño y astucia y que muchas veces lo 
que no ha vencido la fuerza del león, lo consi- 
guió la piel de la zorra, como refiere Plutarco 
de Lisandro, aquel gran Capitán en su vida, 
desde aquellas palabras: «Si Leoninanellis non 
satis sit, vulpinam induere,» y Sansón usó de 
las zorras para talar y quemar los campos de 
los Filisteos y sus sembrados y mieses. Pero 
todo esto es discurso alegre sin fundamento 
filosófico. 

Veamos á ver si podemos satisfacer en algo 
tu deseo en saber qué significa en general y en. 
particular este cometa. Discurrir en lo futuro 
toca á Dios, sino es en las cosas que ya la na- 
turaleza nos hi enseñado que tienen causa cier- 
ta y determinada, como los eclipses y conjun- 
ciones y otras cosas de este porte. Dirás que 
también los cometas desde el principio del 
inundo, según lo que llevo dicho» indican des- 
dichas y castigo del mundo, y que así en esto 
tienen causa cierta y determinada. Cuando 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 63 

esta proposición fuese cierta^ quién podrá en- 
tender lo que amenazan lo más que se puede 
conjeturar es que traen daños, pero quien dis- 
currirá qué daños han de ser estos. 

Comienzo dudando en lo general si acaso 
significara guerras, pendencias, hambres, cares- 
tías, pestilencias, muertes de príncipes y gran- 
des señores. A esto con el torrente de todos 
los filósofos se inclina nuestro español Cortés 
en su Lunario perpetuo, en el tratado de los 
cometas, fd. 128. «Estos cometas, dice, segúa 
afirman todos los filósofos y la experiencia lo 
demuestra, siempre ó por la mayor parte, seña- 
lan infortunios, como son guerras, pendencias, 
hambres, carestías y pestilencias, con muerte 
de príncipes y grandes señores,» á miís desdi- 
chas se extiende Francisco lustino, en el trata- 
do citado, y dice que, en general, el efecto y 
fin de los cometas no solo es dar y disponer 
guerras, pestes, hambres, mudanzas de reinos 
y de leyes, sino también levantar vientos, terre- 
motos, secas y esterilidades, calores, bochor- 
nos y otros muchos males, Excuso el poner el 
lugar latino y el docto lo podrá ver desde el 
número 2, ibi: «Finis ergo Cometarum,» y fun- 
da con filosofía que por ser los cometas seña- 
les de gran calor y sequedad y que levantan á 
la región del aire muchas exhalaciones cálidas 



l64 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

y secas, levantando de la tierra lo pingüe y 
craso, y atenuando el húmedo radical de los 
hombres y encendiendo el calor natural, por 
eso suceden esos efectos, cuyas miserias con 
más dificultad suelen sufrir los príncipes y re- 
galados, mayormente en este que ha sido com- 
pacto en su cabeza de muchas estrellas peque- 
ñas y no solo exhalación, pero nuestro Dios 
hará salvo de estas miserias á nuestro Rey y 
Señor Carlos II, porque le tiene por escudo fir- 
me de su Iglesia y por espada fortísima contra 
los enemigos de la Fé Católica. Celio Rodigi- 
no en el lib. ii, de sus Lecturas antiguas, ca- 
pítulo 5, al fin, reduce á más brevedad los 
efectos de los cometas y los reduce á cuatro. 
Lo primero causan sequedad en el aire, lo se- 
gundo vientos, lo tercero falta de aguas, lo 
cuarto, invasiones de enemigos, ibi: «Aeris si- 
ccitatem indicare, indeque etiam ventum, nec- 
non aquarum imminutiones, quin et hostium 
assultus.» Pase todo esto en la probabilidad y 
razón filosófica en que se fundan los antiguos, 
que esa solo apruebo. 

Lo que te debe picar el que diga algo 
acerca de lo particular de este cometa ó A/i/cS 
ó Pertica que hemos visto estos días. Aquí me 
aguardará algún docto matemático de esta ciu* 
dad y otros que han experimentado mi censu 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 65 

ra, pero aunque llegue á su noticia este escrita 
no me causa cuidado, porque de cosas separa- 
radas no se infiere buena consecuencia. Lo que 
yo repruebo es que de los signos celestes, sus 
ascensiones, descensiones y aspectos de plane- 
tas, conjunciones y otras cosas nautrales no ha- 
ga juicio más que acerca de lo que naturalmen- 
te influyen y de lo que conduce á la medicina, 
agricultura y navegación; pero en lo demás 
no hay que temer estos signos, como dice la di- 
vina Escritura: «A signis coeli nolite metuere». 
otra cosa es en los cometas que no guardan el 
orden natural, sino que son prodigios para 
avisar á la tierra, y sin embargo no tengo por 
cierto lo que en particular se discurre en cada 
cometa, sino es que haya luz del cielo para 
acertar, como se dice en el libro de la Sabidu- 
ría, cap. 9; ibi: «Quae autem in coelo sunt quis 
investigavit? Nisi tu dederis sapientiam Deus.» 
Y cuando se parezca este presente á otros que 
ha habido, como aquí sucede con el del año de 
1570, no por eso sucederán los mismo efectos 
porque no sabemos si habrá los mismos peca- 
dos en este y en aquel tiempo, ni las virtudes 
en los reinos que se libraron, ni si la voluntad 
de Dios tiene prevenidos los mismos castigos 
Vamos discurriendo, porque el año de 1570 
se perdiese con tan gran invasión de turcos la 



lC6 DltGO ANDRÉS ROCHA 

grande isla de Chipre, como dice Fr. Alonso 
Venero en su Knchiridión, fol. 267, de que 
quieren fuese prenuncio aquel cometa tan pare- 
cido á éste, hemos de inferir que se habrá de 
perder otra isla en este año de 1681? Porque 
sucediese luego el año de 157 1 la batalla naval 
ganada por favor de la Virgen Santísima del 
Rosario, en tanto crédito de la cristiandad, ha- 
brá de suceder otra batalla de este po^te y otra 
liga de la Iglesia, de España y Venecia? Todo 
esto es posible y del favor de la Virgen Santísima 
podemos esperar mayores cosas. Porque diga 
Cornelio Gemma en su lib* 2, cap. 2, donde 
pone la estampa del cometa del año de 1570^ 
que después del y dos años siguientes, sucedie^' 
roa tales prodigios que ni se habían oído de 
los abuelos, bisabuelos ni mayores, pues se ex- 
perimentó una metamorfosis ó mudanza de to- 
do el estado público, la caida y muerte de tan- 
tos ministros, el acabamiento de tantos sóida- 
dos que resistían á su rey, la gran mortandad 
en Helandia, Zelandia y Frisia, con las porfia- 
das guerras, el grande estrago que hizo el ejér- 
cito Real en las plazas de Frisia y Geldria, los 
diluvios de agua, fuego y llover sangre en Fri- 
sia, las enfermedades incógnitas y abortos, los 
monstruos que nacieron y otros prodigios? Por 
eso hemos de decir que sucederán otras tales 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 67 

cosas? En la posibilidad mucho cabe, pero ig- 
noramos si enviará Dios los mismos trabajos 
con otro mensajero de aquel porte ni dónde 
irán. 

Porque diga el mismo Cornelio Gamma en 
el lib. I, cap. 8, fol. 193, que los grandes re- 
lámpagos y truenos donde no se esperaba ha- 
berlos, son indicio de grande horror, estrago y 
mortandad de los mortales, como lo experi- 
mentaron los franceses el año de 1515: «Fulgu- 
ra coelo sereno spectata sunt aliquoties magno 
horrore et clade mortalium, ut anno 1515, quo 
coedos Gallorum.» Y tengo observado aquel lu- 
gar del cap. 19 del Éxodo, ver. 16, donde dice 
que habiendo bajado Moisés del monte donde 
estuvo con Dios, se comenzaron á oir truenos 
no esperados del pueblo y comenzaron á tem- 
blar todos los ¡srraelitas que estaban alojados 
en el desiertos, ibi: «Coepernnt audire ac mica- 
re fulgura ettimuit populus qui erat in castris,« 
sobie las cuales palabras dice San Ambrosio: 
«Tonitrua et fulgura espectare ad Dei majesta- 
tem ostendenda, ac terrorum hominibus inji- 
ciendum, proesertiunque ac asterni supplicii 
comminaitonem,» esto es: que los truenos no 
esperados significan la indignación de la ma- 
jestad divina ofendida y vienen para aterrar á 
los hombres y ponerles miedo por el eterno 



1 68 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

castigo, son los truenos piezas de artillería y 
bombardas para destrozar los enemigos y de^ 
rribar los muros y echar de los lugares á los 
que menosprecian la ley, y así dice en el mis- 
mo lugar: «Tonitrua in libro Exodi significatio- 
nem habere terroris. Tormenta enim antea dis- 
ploduntur, nonnunquam ad hostes proternen- 
dus aut á murís procul ascendos.» 

Siendo esto así, porque en esta ciudad de 
los Reyes habrá seis meses que se oyeron por el 
cerro de San Cristóbal dos truenos tan horribles, 
y dos relámpagos tan fuertes, donde nunca ha 
habido truenos ni relámpagos, ni hay memoria 
de tal cosa, por eso hemos de decir que son 
anuncios de gran mortandad en estas partes? 
Esto posible será y sucederá si Dios quisiere; 
pero yo lo tengo por felicidad para este reino, 
porque estos truenos fueron á 3 de Julio del año 
mismo que comenzó este cometa y en este mes 
es nuestro gloriosísimo patrón de nuestra Espa- 
ña, Santiago el Mayor, y á este gran capitán nues- 
tro le llama el Santo Evangelio el hijo del true- 
no: (íFilíus tonitrui,» y así yo me quiero echar á 
discurrir que estos dos truenos han de ser dos 
victorias en que nos ha de ayudar; discurra cada 
cual lo que quisiere que todo se quedará en dis" 
curso. Adviértase que estos dos truenos vinieron 
por San Cristóbal y que los enemigos han veni- 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 69 

do de la isla de San Cristóbal, y después de ha- 
berlos visto en este mar del Sur han filosofado 
algunos que los dos truenos irregulares que vi- 
nieron de hacia el Norte, el primero por enci- 
ma de nuestro cerro de San Cristóbal, que fué 
el mas recio, y el segundo por la misma vanda 
más al Leste, y menos fuerte, parece vaticina- 
ban dos entradas de estos enemigos piratas por 
la playa del Norte, una más alta que la otra, y 
que la primera haría más ruina y estrago que la 
otra y que en la astucia con que andan no los 
encontrarían, y que ellos mismos se habían de 
consumir, y dijo un poeta: 

«En el Sur los piratas, (hay quien nos diga) 

morirán en su curso, hambre y fatiga 
Los residuos, que vienen á socorrellos 
á buscar vienen muertos y á morir ellos.» 
Pero todo esto es agudeza de ingenio y valga lo 
que valiere. 

Porque diga también Argolio en sus Efemé- 
rides, que de aquí á dos años, en el de 1683, 
ha de suceder la conjunción magna de los dos 
planetas superiores, Saturno y Júpiter, en el 
signo de León, qre toca al Trígono ígneo y dis- 
curra con los antiguos que tales conjunciones 
mudan el mundo, los dominios y leyes: «Cum 
celebratur coniuntio superiorum Saturni et lovi 
¡n trígono ígneo, antiquorum consensu mutatio- 



170 DIEGO ANDRÉS KOCHA 

nos magncX contingent, et geaerales constítutio- 
nes, ac de facili dominiorum mutationes,» son 
palabras de Argollo ea el principio del año 
683. (así en el original). 

^jPor eso he de dar yo crédito á estos? 
Absit. Y sí en otras conjunciones observaron 
los antiguos sucedieron estos efectos, esos se- 
i'ían independientes de dicha conjunción magna 
en Trígono ígneo, y acaso cayeron estos suce. 
sos en dichas conjunciones y solo podrá tener 
alguna probabilidad en lo posible. 

Y viniendo á lo más individual de que este 
presente cometa, ó sea el que llaman Miles ó el 
que llaman Pertica. Porque diga Justino, ub¡ 
supra, núm. 4, que el cometa Miles indica daño 
á reyes y grandes señores y á los nobles y que 
se levantarán hombres en el mundo que querrán 
mudar las cosas antiguas y las leyes y entablar 
otras nuevas y que su indicación principal será- 
hacia donde arrojare la cauda. «Habet signifit 
cate nocumentum Regum, atque nobilium et 
manatum, et quod insurgent homines in mundo - 
qui volent mutare leges, et res antiguas, et du- 
cere novas, et cius peius significatum apparebit 
ex parte versus quam extenderit caudam, et cri- 
nes,^) por eso lo hemos de dar por asentado^ 
Yo no sé qué razón ñlosófica pueda tener en 
esto lustino, si lo trae ab experi mentia de lo que 



ORIGEN DE LOS INDIOS lyi 

en otros siglos ha sucedido apareciendo el co- 
meta Miles; ya he dicho que esto sucedería en- 
tonces acaso y no por influencia del cometa, y 
estando á sus principios (en mi entender nosegu. 
ros, porque no hallo razón filosófica en que fun- 
darlos) tambie'n de ellos se inferiría que, pues 
este Cometa en el fin echaba la cauda á España?, 
porque estaba la cabeza al Oeste y la cauda al 
Este y España la tenemos al Oriente, respecta 
de nosotros, que allí había de arrojar sus influjos^ 
y algunas veces observé que la cauda declinaba 
al Norte y otras al Brasil, Paraguay y Buenos 
Aires, ^luego en estas partes será el influjo? yo 
lo niego, porque no me convence la razón. 

Si acaso el cometa es el Pertica, ya dije 
arriba los influjos que tiene, que se fundan en 
principios filosóficos, y aunque de él dice Jus«. 
tino que, si se juntó con Marte, significa mu- 
chas guerras, mucha mortandad por hierro y 
fuego: aSignificat bella quam plura, et mortali^ 
tates per gladium, et sanguinis effusionem, et 
combustianem ignis.» Esto último puede tam- 
bién tener su razón filosófica por el ardor que 
causa en los hombres el cometa. 

Después de hecho el juicio de este cometa- 
con las últimas cartas que han venido de Es- 
paña, vino impreso el juicio que sobre este co« 
meta hizo el Lie. Fulgencio Vergel, cátedra»- 



172 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

tico de matemáticas, y le hace de que el co 
meta fué causado por Saturno y que no subió' 
de la región suprema del aire, y dice comenzó 
en el signo de Virgo y se apagó en el de Libra 
y que era de forma de espada ancha y que 
amenazaba peste. Mucho es menester para opo- 
nerse á un catedrático de matemáticas, pero en 
los discursos no lo parece, sino es que un mis- 
mo cometa apareciese de una forma, color y 
tamaño, en esta América y de otra en Europa. 
Aquí apareció coaio azote, escoba, soldado 
vestido de malla de pies á cuello, como cola 
-de zorra muy abierta por la estremidad, á for- 
ma de ramales y varas. En Cartagena, por car- 
ta que tuvo el Capitán Alonso Ximenez de La- 
ta, de 7 de Enero, se dice que había un mes 
que se aparecía y que del cuello abajo apareció 
como una pieza de rúan tendida á lo largo. De 
San Lucar tiene carta D. Fernando de Herrera, 
escrita en 21 de Enero de este año por el Li- 
cenciado Francisco Mexia, presbístero, en que 
dice que la cabeza del cometa nace de estre- 
lla y corre de Poniente á Levante y que el co- 
lor es plateado y la forma de una palma del 
Domingo de Ramos, y así no sé cómo se ajus- 
ta lo que dice el maestro de matemáticas de 
que era á forma de espada ancha y de color de 
Saturno, que había de ser negro, según dice 



ORIGEN DE LOS INDIOS 1 73. 

arriba; solo le cuadra la forma de espada, por- 
que es cometa guerrero y el color fué cenicien- 
to y cuando iba poniéndose ralo era de 
color de luna, fué parto de Venus, según dije, 
y los que son dados á ella, le pueden temer por 
el azote que está prevenido contra ellos, y re- 
paro en la variación que ha habido en conocer 
la efigie de este cometa que ha hecho espectá- 
culo á todo el Orbe y con fijeza no se acierta 
su forma, ¿pues qué será de sus efectos? Tam- 
bién ponerle en la región del aire lo tengo por 
difícil, pues cada día se veía en todo el Orbe 
y así no fué aereo, sino celeste. 

Muchos prodigios se han visto este año y el 
pasado. Pero en la carta de Cartagena, que referí 
arriba, se dice, que el primer día de este año se 
vio una cruz en el Sol, en aquella ciudad, y una 
palma junto á ella. En otra carta de las provin- 
cias de arriba; se avisa que aparecieron dos ó 
tres Soles. Pero puede ser esto indicio de feli- 
cidad á la Iglesia, y Ensebio, en la vida de San 
Constantino, lib. i, cap. 22, dice que á este 
gran Emperador se le mostró en una batalla la 
señal de la cruz en el Sol, con un letrero con 
caracteres griegos, que decía: «En tayto nica,:? 
que en nuestro castellano suena: «En esta ven- 
cerás;» esto es, con esta señal de la cruz vence* 
ras; el verse muchos soles, puede ser también 



■Í74 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

virtud en la reflexión de las nubes y cosa natu- 
ral, de que se verá lo mucho que dicen en esto' 
los autores. El decir que el cometa acabó en el 
signo de Libra, es contra lo que vimos, porque 
acabó en el de Aries, y advierte, hijo, que el t(i- 
ner este cometa la cabeza tan cubierta y la cola 
-tan abierta con ramales y pies, y por el incen- 
dio que ha causado en el aire y en los hombres, 
se puede recelar que por muchas y de muchas 
partes, y algunas ocúltasenos puedan venir gue- 
rras y calamidades. 

En suma, sobre todo será lo que Dios qui- 
siere. «Deux supervononia» y lo que conviene, 
•hijo, es que nos apartemos del mal y del mal de 
los males, que es el pecado, y que hagamos bue- 
nas obras, en especial las de caridad, que son 
las que cubren la multitud de pecados, y rogar 
á Dios por nuestros prójimos, que si así lo ha. 
cemos, no tendremos que trepidar ni temer los 
ejércitos enemigos. Dios te haga abundar en su 
gracia y paz para que puesto en estas dos co- 
lumnas tengas escala para el Cielo, en donde 
-áeseo verte. 

Lima y Febrero 23 de 1681. 
Tu padre, 
Dr, D. Diego Andrés Rocha, 



FIN 



ADVERTENCIA FINAL 



Después de impreso el primer volumen de 
«sta obra he adquirido noticia de dos libros 
en latín originales del doctor D. Diego Andrés 
Rocha. 

El primero se halla en el Museo-Biblioteca 
de Ultramar de Madrid, y lleva el siguiente tí- 
tulo copiado en su misma ortografía: 

Epitheta laudes et emcomia divitiLe Eucharist^e 
ex lure canónico ct sane i' s patribiis alijs Authfrri- 
bus collecta. Per Doct. D. Didacvm Andream Ri. 
cha, Hifpalenfem, regalis Cancellaria Limenfif?, 
CriminumQueftoremetIudicem; acexcellenti-;.? 
Dom D. Balthasarem de la Cueva, comité ni <!cl 
Caftellar, Marchionem de Malagon; per.aai 



176 DIEGO ANDRÉS ROCHA 

Regni meritifñmun proregen: <íPercuffus/um ut 
fccmunet aruit cormeun qtda oblitus fum comedere 
panem meum.^y ex ps aira. loi. (íE/cam dcdit ti* 
mentibus fcTi ty^ psalm. 110 Limai ex officina 
losephi de Contreras. 

Es un volunrien en 8/ que contiene 12 
hojas de preliminares y signaturas A — R de 
cuatro hojas, excepto la última que sólo tiene 
tres. 

En la portada no dice el año en que se im- 
primió, pero según las aprobaciones y censuras 
que lleva, no queda la más pequeña duda de 
que se publicó en el de 1674. 

La otra obra de que se tiene conocimiento 
se halla citada en la Biblioteca Americana* Ca- 
tálogo breve de la colección de libros relativos á la 
América Latina de /, C. Medina^ Santiago de 
Chile: MDCCCLXXXVIlí, y hace la referencia 
de este modo: «Rocha (Doctor Diego Andrés) 
Epístola Gratiñcatoria et qvasi Antidoralis, pro 
responsione et satisfactione alterivs Epístola 
qua ipsum honoriñcauit illutrissimus Princeps 
D. Fr. Payus de Rivera. Mexicanus Archiepís- 
copus; Limae 1677. 



ORIGEN DE LOS INDIOS 177 

En la página 158 de este volumen, dice, ha- 
blando de los cometas, y los tmichos (prodigios) 
que yo referí en un tratado que escribí en latín el 
año 1664^ de lo que resulta que escribió el eru- 
dito sevillano doctor Rocha en 

1664 ^"^^ obra sobre cometas, de la cual no 
tenemos más noticia que la que el nos da, y los 
siguientes libros, impresas todos en Lima en el 
año de 

1670, su libro De imtnamlata Deiparce Con- 
ceptione. 

1674 Epitheta, Laudes Et Encomias Divina 
Eucharistiae: 

1675,1a carta sobre Milicia Christiana. 

1679 E^pístola Gratificatoria y 

1 68 1. El tratado del Origen de los Indios. 






Volumen n ^ 12 



ÍNDICE DE MATERIAS 



índice 



VOLUMEN PRIMERO 



PAGINAS 

Advertencia preliminar vii 

Aprobación del Dr. D, José del Corral 
Calvo de la Vanda, oidor de la Real 
Audiencia de Lima i 

Aprobación del Dr. D, Juan de Morales 
Valverde, canónigo penitenciario de 
la Santa Iglesia de Lima 4 

Al Sr. Dr. D. José del Corral Calvo de 
la Vanda, oidor de la Real Audien- 
cia de Lima 7 

Ascensii Pérez de Lizardi rectoris, et vi- 
carii eclesiae S. Jacobi Urbis de Alma- 
gro in valle Chincheusi gratulatio hen- 
decasyllaba eximio; ac integerrimo li- 



1 82 Índice 

PÁGINAS 

mensis areopagi scnatori Dom D. Di- 

daco Andreas 1 1 

Josephi de Contreras, typographi in au- 
thorem, et librum lusus didacus An- 
dreas Rocha anagramma anchora veri 
epigramma 13 

De Jerónimo de Contreras, impresor, 

canción 15 

Cap. i. — En que se ponen varias opinio- 
nes acerca del origen de los indios. . 17 

Cap. II — En que el autor propone su 
sentir acerca del origen de estos in- 
dios 48 

§ I.* — De otras propiedades de estos 
americanos con los primitivos espa- 
ñoles en el uso de las armas y de la 
guerra 68 

§ 2.* — Pónense muchos lugares, ríos, 
montes y vocablos concordantes de 
la primitiva España y de esta América. 75 

§ 3.^ — Pónense muchos usos y costum- 
bres en que conformaron los primiti- 
vos españoles y estos americanos. . . . 109 

§ 4.^ — Pruébase cómo de España vinie- 
ron los primeros pobladores de esta 
América, por estar más vecina á ella* 133, 

§ 5.' — En que se prueba cómo después 



ÍNDICE 183 

PÁGINAS 



del Diluvio llegaron los vasallos del 
rey Osiris, y de otros reyes de España 
y del rey Héspero y poblaron este 
Perú y las islas de Barlovento 141 

Cap. III.— Cómo se poblaron también 
estas Indias Occidentales por las diez 
tribus, viniendo por la parte de Mé- 
xico 152 

§ I.** — Pónénse muchas conveniencias, 
semejanzas, propiedades y ritos en 

que estos indios concuerdan con los 

» 

judíos 200 



VOLUMEN SEGUNDO 



PAGINAS 

Continúa el Capítulo III 7 

§ 2.° — Que las diez tribus desterradas 
por Salmanasar vinieron á poblar esta 
América y de el lugar por donde en- 
traron , 40 

§ 3.^ — En que se ponen muchos lugares 
del mundo antiguo que se han hallado 



1 84 ÍNDICK 

PÁGINAS 

en este Nuevo Muado, en especial del 
Asía, por donde vinieron las diez tri- 
bus 79 

§ 4.^ — Pónense otros muchos lugares 
del mundo antiguo muy conformes á 
los que se hallaron en este Nuevo 
Mundo, que se trajeron después del 
Diluvio por los primitivos españoles, 
por los cartagineses, por las tribus y 
otras naciones que entraron con ellos. 86 

Cap. IV. — Pónense los dudas contra mi 

opinión y respóndese á ellas loi 

Copia de carta que el autor escribió á 
su hijo el general D. Juan Enriquez de 
Sangüesa, residente en la villa de Co- 
chabamba, donde fué corregidor, jus- 
ticia mayor, sobre el cometa del año 
de 1680 143 

Advertencia final 175 

índices 179 



índice alfabético 

X)E LOS AUTORES CITADOS EN LOS DOS VOLÚMENES 
DE ESTA OBRA 



ÍNDICE ALFABÉTICO 

DE LOS AUTORES CITADOS EN LOS DOS VOLÚMENES 
DE ESTA OBRA 



VOL. PAGS. 

Abulacarín Tarif, 1 . 119 

Acosta (P. José de) I. 177 

Adamo CMarco) II. 64 

Afrodiseo (Alejandro) I. 186 

Aguayo (Francisco) L 15S 

Aguiar (Diego) I. 113 

Alangren (Enrico) II. 51 

Alejandro II. 77 

Aller (Agustín): II. 10 

Americo Vespucio I. 190 

Aniano I. 1 44 



1 88 



ÍNDICE 



VOL. PAGS* 



Aniano Marcelino 

Antioco Siracusano , 

Argaiz (Fr. Gregorio de) 

Aristóteles , 

Argollo 

Arriano 

Avendaño (P, Diego) . . . 



36 
136 

72 
20 
169 
21 
68 



B 



Becano I. 37 

Beda II. 125 

Bejarano (Pedro) I. 154 

Beroso II.. 125 

Bertamo II. 12 

Betanzos (Juan de) 11. 9 

Boerio I. 131 

Bórrelo (Camilo) I. 153 

Bozio (Thomas) L 178 

Botero (Juan) I. no 



Cabello (Miguel) I. 154 

Calancha (P. Fr. Antonio.) I. 103 

Calepino (Ambrosio) I. 14^ 



ÍNDICE 1 89 

VOL. PÁGS. 



Calvin II. 161 

Camoens II. 62 

Caño (Juan del) I. 165 

Cardano II. 150 

Carena I. 13S 

Carrasco (D. Francisco) I. 154 

Casiodoro I. 115 

Cepeda (Francisco de) I. 50 

Cieza (Pedro de) 11. 116 

Claudiano II. 69 

Comestor (Pedro) II, 125 

Contreras (D Fernando de) II. 37 

Contreras (Jerónimoj I. 15 

Contreras (Josephi) I. 13 

Coquexo Pamelio , I. 37 

Cortés (íerónimo( IL 163 

Covarrubias II. 126 

Cricias I. 36 

Cucajacio (Jacobo) I. 9 

Cysato (Juan Bautista) II. 146 



D 



Dávila (Fr. Agustín) II. 35 

Del Río. I. 178 



190 ÍNDICE 

VOL. PAGS. 

Diodoro Sículo I. 36 

Dioscorides I. 1 86 



E 



El Abulense II, 140 

Eliano II. 139 

El Tostado II. 12 

Erasmo I. 182 

Ercila y Zúñiga (D. Alonso de).. . . I. 74 

Escalona (D. Gaspar de) I. 206 

Escobar I. 137 

Estrabón I. 36 

Eudoxio I. 34 



F 



Faría (Manuel) II. 42 

Fernández (Benito) II. 41 

Fernández (Diego) I. 208 

Filesaco (Juan) I. 184 

Filoriano II. 63 

Fraso (D. Pedro) I. 132 



ÍNDICE 191 

G 

VOL. PÁGS. 

Galeno II. 112 

Galucío (Paulo) I. 83 

Galván I. 27 

García (P. Fr. Gregorio) , I. 25 

Garcílaso L 87 

Gemma (Cornelío) II. 148 

Genebrardo II. 125 

Graciano II. 122 

Gutiérrez (Juan) I. 76 

H 

Halicarnaso I. 136 

Herodoto I. 115 

Herrera (Antonio de) I. 112 

Homero. I. 151 

Hondio II. 67 

Hortelío ( Abraham) 11. 78 

Hurtado de Mendoza (D. Diego) . . I. 85 

I 

Isolanis (Isidoro) I. 153 



192 ÍNDICE 



VOL. PAGS. 

Josefo II. II 

Juan Andrés I, 131 

Juliano I. 137 

Justino (Francisco) II, 147 

K 

Kepler 11. 150 

L 

Lactancio Firmiano 1, 142 

Laert (Juan) I. 39 

Lampridio I. 9 

La Rea Quan Bautista de) I. 73 

Las Casas (Fr. Bartolomé de) I. 154 

Legionense (Ludovico). , I. 178 

León (Fr. Luis de) L 176 

Lipsio (Justo) I. 124 

López de Gomara (Francisco). ... II. 67 

López (Gregorio) I. 45 

Lorino IL 22 

Lucano I. 187 

Lucena (P.) I. 27 



ÍNDICF 193 

VOL. PAGS. 



Luciano I. 45 

Lucio Floro L 68 

Lumnio (Federico) I. 153 

Luna (Miguel de) L 119 



M 



Maluenda (P) L 40 

Marcial IL 76 

Mariana (P. Juan de) !• 21 

Marracio II. 6 s 

Marsilio Ficino I. 31 

Martín (P. Fr. losé) II, 31 

Martínez (Enrico) I. 41 

Materna (Julio) I. 74 

Mayólo (Simón) I. 55 

Méndez Silva (Rodrigo) I. 77 

Menochio I. 131 

Morales (Ambrosio) I. 72 

Mexía (Francisco) IL 172 

Mexía (Pedro) ... I. 37 

Moret(P.)... L 35 



N 



Nebricense (Antonio). . . ,, I. Sg 

Volumen ii 13 



194 ÍNDICE 

VOL. PAOS, 



Nieremberg (P. Ensebio). . , 1. 31 

O 

Ocampo (Florian de) I. 85 

Orígenes I. 44 

Orondo I. 134 

Osorio II. 161 



P 



Pallío L 36 

Pancirolo (Guillen) II. 56 

Papiniano I. 9 

Patricio I. 1 30 

Peña Montenegro (D. Alonso de la) II. 22 

Pérez de Lizardi (A.) I. 11 

Pierio II. 126 

Pineda (P.) I. 184 

Platón I. 29 

Plaucio (Pedro) II. 67 

Plinio I. 21 

Plumareto II.. 1 50 

Plutarco I. 45 

Pomponio Mela I. 37 

Ponce (Basilio) I. 178 

Proco I 37 



DICE 




195 


Q 








VOL. 


PÁGS. 



Quirós (Francisco) I. 189 

R 

Ramón (P-) 11. 120 

Ravisio Textor I. 26 

Requena de Aragón (Alonso) I. 93 

Retes (D. Josa) II. 35 

Ríos (P. Fr. Juan de los) II. 37 

Rivera (Francisco de) 11. 49 

Rodigino (Celio) I. 20 

Rovellín I. 144 

Rovisio (Guillermo) 11. 69 



S 



Saavedra (D. Diego de) I. 13S 

Salazar (Esteban de) I. 63 

Salinas (P.) I. 192 

Salmur (Henrico) II. 

Santa Cruz (Alonso de) I. 14^ 

San Agustín I. 14^ 

San Ambrosio 11. 167 

San Antonio 1. 15^ 



196 



ÍNDICE 



VQL 



PÁ(3S. 



San Atanasio 

San Cipriano 

San Clemente 

San Dionisio Alejandrino 

San Jerónimo 

San Isidoro 

San Juan Crisóstomo .... 

San Juan Damasceno II. 

Saxo Grammatico II. 

Scápula (Juan) 

Séneca 

Senense (Sixto) 

Serrano (Juan) 

Sevoso 

Sileno 

Simón (Fr. Pedro) 

Sherlogo II. 

Solón 

Solorzano (D. Juan) 

Spondano 

Suidas. II. 



158 
1 6a 

44 
150 

44 
148 

"5 

148 

64 

45 
i5'> 

31 
148 

5 

154 

75 

36 

18 

137 

125 



Tácito (Cornelio) I. 13a 

Tello de Menes es(D. Gerónimo) . II. 157 
Teofrasto I. 186 



ÍKDICE 197 

VOL. PÁGS. 



Tertuliano I. 44 

Thuano (Jacobo) I. 7^ 

Tico Brahe II. 150 

Tito Livío I. 3^ 

Torquemada (P. Fr. Juan de) I. 23 

Torselino (P. Horacio) II. 75 

Turnebo I. 37 

V 

Valladolid (D. Francisco de) II. 105 

Vargas Machuca (D. Bernardo) I. 56 

Varonio I. 137 

Varron (Marco) I. 84 

Venegas (Alejo) I. 20 

Venero (Fr. Alonso). . IL 166 

Villadiego (Alonso) I. 139 

Villen de Viedma I. 136 

Virgilio II. 64 

Vives (Luis) II. 137 

Vopelio I. 134 

X 

Xenophonte I. 34 

Z 

^bela (D. Juan Antonio) I. 76 



ÍNDICE 

POR ORDEN ALFABÉTICO DE LAS COSAS NOTABLES 
CONTENIDAS EN TODA LA OBRA 



índice 

POR ORDEN ALFABÉTICO DE LAS COSAS NOTABLES 
CONTENIDAS EN TODA LA OBRA 



VOL. PAOS. 

Americanos, como á descendientes 
de las diez tribus se ha de enten- 
der también escrita la Epístola de 
nuestro patrón Santiago, y otro 
lugar del apóstol San Pablo II. 35 

América, si está continuada con las 
otras tres partes del mundo y cuá- 
les tiene más vecinas . II. 60 

América, su cielo agradable, su te- 
rruño fértil,!, 52; por la parte que 



202 ÍNDICE 

VOL. PAGS. 



se llega al Mediodía produce hom- 
bres algo tímidos.. . I. 53 

América y americanos, mira en la 
palabra españoles 

Antigüedades, donde no hay histo- 
rias se averiguan por uno de cua- 
tro modos I. 18 

Antigüedades, se siguieron en el 
mundo por los anales do los 
Egipcios II. 36 

Anian, estrecho, donde cae, y si pa- 
saron por él las diez tribus á po- 
blar á Méjico n. 52 

Animales extraordinarios deludías. II, 135 

Angeles, qué significan en la profe- 
cía, I, 197, como en ellos se sig- 
nificaron los españoles que vinie- 
ron á ganar esta América I. 193 

Antípodas, negaron haberlos mu- 
chos doctores I. 19 

Años, unos son solares y otros luna- 
res, I, 34. Los Egipcios los conta- 
ban por cuatro meses y la anti» 
güedad al mes llamaba año I. 35 

Armas de los primeros españoles 
cuales fueron I. 69 



INDíCE 203 

VOL. PÁGS. 



Arrecifes y calzadas antiquísimas ea 
España, I, 113 y también en estas 
Indias I. 114 

Arzaret, donde huyeron las diez tri- 
bus, donde cae 11. 48, 

Asia, como dista menos de las tie- 
rras de Me'xico de lo que señalan 
los mapas y cartas de marear, . I. 43, 

Atlántida, isla, comenzaba desde Cá- 
diz y corría mil leguas, hasta las is 
las de Santo Domingo y Cuba, y 
como de esta gente se pobló esta 
América, I, 28 y de sus reinos y de 
cómo se la tragó el mar I. 29 



B 



Barbas, por qué no las crían los in- 
dios II. III 

Barcos de cueros, usaban los primi- 
tivos españoles y los indios I. na 

Bermellón, usaron de él pintándose 
' los rostros los primitivos españo- 
les y los americanos I. 109 



04 iNnicií 

C 



VOL, PAOS' 



Calzadas y arrecifes, antiquísimo uso 

de España y América I. 114 

Camino por donde vinieron las diez 

tribus á esta América II. 143 

Caminos generales de esta America 

fueron cuatro I. 114 

Cántabros y vizcaínos son los primi- 
tivos españoles y han conservado 
la lengua de Tubal I. 76 

Cartagineses dommando á España, 
hizo Hannon un gran viaje á esta 
América, y turbación que les cau- 
só, y cómo lo impidieron I. 21 

Cartagineses, no usaron de caracte- 
res de letras, sino de pinturas 
para sus historias, I, 24. Sacrifica- 
ban hombres y niños á sus ídolos. I. 24 

Caspias Puertas, están en el monte 
Tauro, por el cual monte se abren 
unas cuevas muy dilatadas, [>or 
donde se pasa el mar Caspio ... II. 47 

Címbalo en Isaías significa esta 

América I. 176 



ÍNDICE 205 

VOL. PÁGS. 



Chinos^ según opinión de algunos, 
fueron los primeres pobladores 
dé estas Indias I. 27 

Color blanco y color rojo, con que 
solían vestirse los soldados anti- 
guamente 11. 76 

Cuenca, en España, se llamó en su 

origen Cauca I. 87 



D 



Diablo gobernaba á los primeros 
pobladores de Méjico imitando á 
la salida de los judíos de Egipto. II. 3$ 



E 



Esdras, profeta, explicado sobre la 
venida de las diez tribus á Amé- 
rica, I, 157. Tiene más autoridad 
en las cosas antiguas que otro 
cualquier doctor, y la Iglesia se va- 
le de muchos lugares délos libros 
3 y 4, ibidem, explicóse en el li- 
bro 4, cap. 13,. desde el vers. 39. L 158 

España significada en la escritura 
por la palabra Sepharad 1. 19S 



206 ÍN'ÜICE 

VOL. PÁGS. 



España poblada por Tubal 1. 48 

Españoles, de la controversia que 
hubo en Roma sobre si fueron 
los primeros pobladores de In- 
dias 11. 10 1 

Españoles en esta conquista del 

Perú, fueron ángeles salvadores. . 1. 192 

Españoles, gente muy apta para la 
guerra, 1, 49; usaron de largos 
cabellos, 1, 50. De su natural 
condición sonmelancól eos y gra- 
ves .... 1, 125 

Españoles, primeros pobladores de 
las Indias Occidentales, 1, 48; sus 
costumbres antiguas, después del 
Diluvio, y lo que conformaron 
con ellos los americanos, 1, 49; el 
uso de sus armas en la guerra, y 
cómo el mismo uso tuvieron los 
americanos, 1, 69. De muchos 
lugares de la primitiva España, 
que se hallaron en la América, 1, 
82, sus usos conforman con los de 
los americanos h 108 

Españoles primitivos, sus cortas 
comidas, y cuan dados fueron á 



ÍNDICE 207 

YOL. PÁGS. 



la idolatría, 1, 57. Mujeres espa- 
ñolas, se lavaban en los ríos en 
pariendo, 1, 60; y ellas labraban 
los campos, 1, 61; son de ánimo 
levantado y nunca rendido, 1, 74. 
Usaron para las navegaciones de 
barcos de cuero, 1, 112. Enterrá- 
banse con sus riquezas en la pri- 
mitiva España, 1, 115; después de 
la fundación de España pasaron 
mil añossin tener letras, 1, 120. 
Los naturales sonmelancóticos,l, 
125. Los primitivos no estimaban 
la plata y oro, 1, 129. Guardan la 
palabra dada y salvo-conducto. I, 
131. No descubren los secretos. I, 13a 

Españoles, las muchas tierras del 
mundo que han pob^adoy domi- 
nado 1. 136 

Españoles y americanos se pinta- 
ban el rostro con bermellón. ... L 109 

Estrecho de Anian, víde supra, ver- 
bo Arzaret 

Etiopía, así de África como de 
Asia, y sus ríos, y cómo después 

de ellos está lá América L 183 



208 ÍNDICK 

VOL. PAGS. 

Eufrates, dónde nace y dónde aca- 
ba 11. 41 

F 

Fenicios, según la opinión de mu- 
chos fueron los primeros pobla- 
dores de estas Indias, 1, 25. Hi- 
cieron dos entradas en España y 
observaron las estrellas para la 
navegación; sacrificaban á sus 
dioses hombres y muchachos, 
1, 26. Fueron inventores de las 
letras 1. 26 



G 



Gentes, que significan en la escri- 
tura 1. 166 

Gigantes, los hubo en esta Ame- 
rica. II. 130 

Godos, su origen fué la Escitia. ... 1. 139 

Granada, ilustre ciudad de España 
cuando fué fundada y de sus pri- 
meros nombres 1. 85 



ÍNDICE . 209 

H 

VOL. PÁGS. 



Habana y su denominación I. 84 

Hannon, grande Argonauta de los 
cartagineses, y viaje que hizo á 
estas Indias 1. 21 

Hespéridas, islas, son las de Barlo- 
vento, pobladas desde Héspero, 
rey de España L 14^ 

Hombres que nacen en la parte 
meridional ó de Mediodía, son 
tímidos. . . . • I. 53 



I 



Indias Occidentales según opinión 
de muchos, fueron pobladas de 
cartagineses I, 21. Fueron cono- 
cidas. . . , I. 44 

Indios, algunos los han hecho des- 
cendientes de la tribu de Isaachar. I. 154 

Indios americanos, como descien- 
den de los primitivos españoles 
de Tubal, de la conformidad con 
ellos en sus costumbres, armas, 

Volumen ii 14 



210 ÍNDICE 

VOL. PÁGS. 



pueblos y modo de vivir I. 63 

indios, aunque gran parte de ellos 
descienden de judíos y de las 
diez tribus no por eso incurren 
en infamia, por cuanto sus prime- 
rospadres no concurrieron á cru- 
cificar á Cristo, Nuestro Señor.. . II. 38 

Indios cercanos á la parte meridio- 
nal, son tímidos, I, 53: los nom- 
bres propios de personas y lu- 
gares, igualan á indios y á judíos, 
I. 205; y la semejanza de unos y 
otros 1. 208; en la salida de Egip- 
to ala tierra de promisión, con- 
cuerdan en los trajes, idioma, 
gramática, gestos y accioi^ies, 
1 . 216. Concuerdan en la ingrati- 
tud, 1. 221 en la idolatrta 11. 7. En 
los sepulcros, 11 . 9, en los oficios. 
IL 12. Caminaban los indios á 
Méjico, como los judios, por el 
desierto, 11. 16. En la circunci- 
sión, 11. 17. Tambie'n tuvieron 
los indios su modo y forma de 
de matrimonios, y de repudio. II. 22 
Indios primeros que vinieron á 



NDiCE 211 

YOL. PÁGS. 



Méjico, que camino trajeron... II. 24 

Indios, de la contraversia que hubo 
en Roma sobre si descienden de 
españoles II. loi 

Indios, estuvieron vaticinados por 
Moisés y otros profetas, que ha- 
bían de ser desterrados á los úl- 
timos términos del mundo I. 160 

Indios occidentales, fueron varias 

veces vistos en Europa I. 124 

Indios occidentales, según opinión 
de muchos, descienden de los 
hebreos. I, 153. Lo cierto es que 
descienden muchos de ellos de 
las diez tribus que desterró Sal- 
manasar á Pcrsia, como consta 
por todo el cap. 3. con autoridad 
de Esdras I. 219 

Indios, por qué no crían barbas. . . II. 112 

Indios, por qué razón algunos sonde 
gran ánimo, I, 53, y de otras cos- 
tumbres, I, 55, sus comidas, man- 
tenimientos y modo de vivir, 1,56. 
Fueron grandes idólatras, 1, 5 7, de 
la forma de sus cabellos, 1, 59. Las 
indias en pariendo, se van á la- 



212 Índice 

VOL. PAGS. 



var al río, I, 6o. Las indias labra- 
ban el campo, I, 6i. Los indios 
tienen por tradición que descien- 
den de españoles I, 117 

Indios no tuvieron uso de letras ni 

de caracteres 1. 120 

Indios, por qué se llaman pacíficos. L 157 

Indios, por qué siendo descendien- 
tes de hombres blancos, tienen 
el color de membrillo cocho.. .11. 107 

Indios, se hallaron en esta América 
muchos con los nombres de ju- 
díos y judías II. 35 

Indios, tuvieron noticia de la crea- 
ción del mundo y del diluvio. . . I. 126 

Indios y conversión profetizada en 
la escritura, por ser descendien- 
tes de las diez tribus I. 161 

Indios, de la forma de embarca- 
ciones que usaron I. 112- 

Indios y judíos concuerdan en mu- 
chas cosas I. 201 

Indios y judíos cuanto conforman 
vuelta la n arriba II. 35 

Indios y judíos usaron ceñir el ca- 
bello con trenzas largas, 11, 30. 



ÍNDICE 213 

VOL. PÁGS. 



unos y otros tenían su parage pú- 
blico para despachar lo convenien- 
te al gobierno distributivo, 11, 31; 
unos y otros tuvieron costumbre 
de no entrar á ver á los superio- 
res con las manos vacías II. 32 

Indios y primitivos españoles se 

untaban el rostro con Bermellón. 1. 109 

Isla Atlántida, comenzaba desde Cá- 
diz y corría mil leguas hasta las 
islas de Barlovento y Florida. ... 1. 29 

Islas Hespéridas, son las de Cuba y 

Española 1. 146 

L 

Lenguas en la escritura, qué signifi- 
can 1. 166 

Lengua española y primitiva de Ta- 
bal se halló en las Indias I. 77 

Letras y caracteres se atribuyen á 
los fenicios, 1, 26, y carecieron 
de ellas por mucho tiempo los es- 
pañoles y americanos L 12a 

Lugares del mundo antiguo, cuan 
muchos se hallaron en este Nue- 



214 ÍNDICE 

V(^L. PAGS. 



vo Mundo, con los propios nom- 
bres 11. 76 

M 

Mar propio y verdadero es el del 

Sur 1. 151 

Méjico, de sus tierras á las de Asia 
hay menos distancia, de la que 
señalan las cartas de Marear. ... I. 42 

Méjico, y como usó Dios con los 
mejicanos á su acabamiento de 
los mismos prodigios que con los 
Isrealitas .... II . 34 

Meses, los contaban los chinos é in- 
dios por la Luna I. 27 

Mestizos hijos de hombres de Es- 
paña y de las Indias, quieren mu- 
cho á sus padres ...<»..,. 1 . 128 

Moisés profetizó á los judíos, que 
serían echados al fin de la tierra, 
que se harían idolatras, y al fin 
del mundo se reducirían I. 161 

Monte Atlas II. 64 

Mundo tiene hoy otra fi^rma de la 
que tenía ahora tres ó cuatro mil 
años y de muchas tierras que se 
han hecho mar y al contrario. . . II. 63: 



Índice 215 

N 

YOL. PAGS. 

Ninive, fué en Siria. II. 46 

Nuevo Mundo, esto es las Indias, 
fueron conocidas de los antiguos. I. 44 

O 

Ofir, fué este Perú 1. 39 

Origen de los primeros pobladores 
de una tierra, la tienen más cier- 
ta los naturales de ella. I. 117 



P 



Persia y Media, la ciñe el monte 
Tauro II. 45 

Perú y su denominación, y si es el 

antiguo Ofir I. 39 

Profecías de la escritura acerca de 
los Indios I. 161 

Pueblos, que significan en la Es- 
critura I. 167 



2l6 ÍNDICE 

R 



VOL. PÁGS' 



Reyes Católicos D. Fernando y 
doña Isabel, sus grandes virtudes, 
y cómo las premió Dios con las 
Indias I. 138 

Reyes de España elegidos por 
Moisés para la conquista y rendi- 
ción del Perú II. 209 

Reyes de España son los Católicos, 
por antiquísima concesión de la 
Santa Sede Apostólica. Son pro- 
tectores de los concilios gene- 
rales I, 137 

Reyes primitivos de España, Osi- 
ris, Gerión, Líbico yBrigo, pare- 
ce que en sus tiempos, y en el de 
Héspero, se comenzaron á po- 
blar las Indias I. 140 

Rio Eufrates y río Tigris, de su na- 
cimiento y en qué mares entran. 11. 43 



Semejanza en los lugares de uno y 
Otro clima, prueba mucho el 






ÍNDICE 217 

VOL. PÁGS. 



origen de los primeros poblado- 
res I. 38 

Siria, es lo mismo que Asirla II. 45 

T 

Temor, se halla en los hombres que 
nacen á la parte Meridional del 
mundo I. 53 

Tribus desterradas por Salmana- 
sar, I, 160, y de la diferencia con 
pueblos y naciones I. 174 

Tribus fueron sacadas de Sama- 
rla por Salmanasar, y remitidas á 
la Siria, y desde allí cómo fueron 
trasportadas á la Media, y del 
camino de su fuga hasta Arza- 
ret, II, 49, y cómo quedaron 
muchos en Media y Persia 11. 49 

Trigo, careció de él España des- 
pués de su fundación, por más de 
milanos I. 122 

Tule ó Tile donde está situada. ... II. 65 

Tultecas descendientes de las tri- 
bus usaron como ellos de vesti- 
duras blancas II. ¡64 

Tultecas primeros pobladores de 



2 I 8 ÍNDICE 

VQL. PÁGS. 



Méjico, y de la coníbrmidad de ^i 

los Tártaros, y unos y otros son 

semilla de las diez tribus, todos 

tienen su principio en la letra I 

Tan Tribus Tártaros Tultecas ... II. 4^ 



Vestiduras blancas propias de los 
judíos y de los indios II. 64 

Vestiduras de los primitivos espa- 
ñoles y de los indios, muy con- 
formes . I. 57 

Vino de avena, lo usaron los primi- 
tivos españoles y los Indios I. 112 

Vizcaínos y Cántabros son los pri- 
mitivos españoies de Tubal, y han 
conservado siempre la lengua pri- 
mitiva y por esto aprenden con 
más facilidad la de los indios. .. I. 76