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Full text of "Una visita á las colonias de la Republica Argentina"

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UNA VISITA A LAS COLONIAS 



DE LA 



REPÜBLIGA ARGENTINA 



POR 



ALEJO PEIRET 



TOMO I 






BUENOS AIRES 
IMPRENTA "TRIBUNA NACIONAL" 



1889 






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UNA VISITA A LAS COLONIAS 



DE LA 



REPÜBLIGA ARGENTINA 



POR 



ALEJO PEIRET 



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BUENOS AIRES 
IMPRENTA "TRIBUNA NACIONAL" 



1889 






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d caéo c^te i'caxyaio* 

CÍte\o 2leu/tet. 



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Las páginas que van á leerse^ menos la in- 
troducción, han sido publicados en la Tribuna 
Nacional bajo la forma de correspondencias: 
pero, considerando que los artículos de diario 
son esencialmente efímeros, como lo indica la 
misma palabra, he creído conveniente recoger- 
las para formar una colección de todas ellas, 
g también he sido invitado á ello por algunos 
s^ aficionados, como ga lo hice en otra época 

^^ para dar cuenta de una excwsíon verificada 

^ (1881) en el territorio de Misiones. 

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Vi, 



INTRODUCCIÓN 

POR 

DON ANDRÉS LAMAS 



El pensamiento de la colonización del territorio argenti- 
no por medio de la inmigración extranjera ha sido erigido 
¿la categoriade precepto constitucional por los legislado- 
res de 1853, poniéndose inmediatamente en práctica por los 
hombres de Estado de la Confederación Argentina, pero 
el que quiere hacer la historia de la colonización debe re- 
montarse mas allá para encontrar el origen de la idea y 
el punto de arranque de ese trabajo grandioso: la idea 
primordial pertenece á Rivadavia, d ese grande hombre que 
tanto se había adelantado á sus contemporáneos y fué el 
iniciador de casi todos los progresos que se han verificado 
en el país. Por consiguiente su nombre debe ponerse en el 
frontispicio de este ensayo, no me atrevo á decir libro; pues 
es solamente la colección de unos apuntes de viaje tomados 
y escritos rapidisimamente durante una excursión no me- 
nos rápida al través de las colonias y puntos agrícolas mas 
importantes de la República Argentina. 

Es mas bien la introducción á un libro, que un libro me- 
tódico propiamente dicho, tal como la que lo exigiría un 
estudio completo. Este otro trabajo, me propongo llevarlo á 
cabo mas tarde, cuando haya conseguido juntar todos los da- 
tos que no pude recoger durante mi visita á las colonias. 
Entretanto creo haber dicho lo suficiente desde ahora para 
interesar al lector en la relación de los grandes progresos 
que se han verificado en esta parte del continente Sud- 
Americano, debido á la iniciativa indicada por estadistas 
inteligentes y previsores, aplicando en grande escala el 
precepto político-económico formulado por uno de los mas 
eminentes, en estos términos: «en America, gobernar es 
poblar». 

Al espresarse de esta manera, Alberdi no hizo más- 
vuelvo á repetirlo— que traducir, formular de una manera 
mas resaltante el pensamiento de Rivadavia. 

El lector será tan convencido como vode lo fundado de 
esta aserción, cuando se haya enterado de la exposición 



— VIII — 

histórica que el doctor don Andrés Lamas tuvo la bondad 
de suministrarme, extractándola de su gran estudio iné- 
dito sobre tRivadavia y su tiempo», y que doy i\ continua- 
ción, y por la cual le manifiesto aquí todo mi agradeci- 
miento. 



Don Bemardino Rivadavia, primero como secretario de 
Estado, y después como miemnro del triunvirato que sus- 
tituyó á la Junta Gubernativa de las Provincias Unidas 
del Rio de la Plata, en 23 de Setiembre de 18H, estableció 
las bases de un gobierno libre y regular, reconociendo y 

garantiendo los derechos individuales,— declarando la li- 
ertad de la imprenta— y aboliendo las restricciones del ré- 
gimen colonial ¿ que estaban sometidas las personas y el 
comercio extranjero. 

Todas las trabas fueron suprimidas declanmdose libre el 
derecho de los extranjeros para vender sus cargamentos, 
comprar los retornos y correr con las diligencias de desem- 
barco y embarco. 

Esta medida, á la vez que debia ensanchar el comercio 
extranjero, facilitándolo, concurría al propósito, que ya 
manifestaba, áe atraer la inmigración ex'trary'era, no sólo 
como simple aumento de hra:íOSj sino como elemento de 
trabajo y de cicili^acion. 

Por esto, al ocuparse de la materia, apartándose del 
ejemplo que le ofrecían los Estados Unidos del Norte y las 
colonias europeas en América, principió por prohibir la 
introducción ele esclavos por el decreto de 14 ae Mayo de 
1812. 

Hecho esto, cerrado el país á los brazos y al trabajo es- 
clavos, prococóf/ estimulo la inmigración de los hombres 
libres dictando lo siguiente: 

Decreto— Buenos Aires, Setiembre 4 de 1812.— cSiendo la 
población el principio de la industria y el fundamento de 
ía felicidad de los Estados, y conviniendo promoverla en 
estos países por todos los medios posibles, na acordado el 
gobierno expedir y publicar el siguiente decreto: 

cArtículo 1 o El gODÍerno ofrece su inmediata protección 
6 los individuos Se todas las naciones y á sus familias 
que quieran fijar su domicilio en el territorio del Estado, 
asegurándoles el pleno goce de todos los derechos del hom- 
bre en sociedad, con tal que no perturben la tranquilidad 
publica y respeten las leyes del país. 

«Art. 2© A los extranjeros que se dediquen al cultivo de 
los campos se les dará terreno suficiente y se les auxihará 
para sus primeros establecimientos rurales, y en el comer- 
cio de sus producciones gozartm de los mismos privilegios 
que los naturales del país. 

Art. 3© A los que se apliquen por si solos, ó en compa- 



— IX — 

nías, al beneñeio de minas de oro, plata y otros metales, se 
les repartirán gratuitamente las suertes tíaldias que puedan 
cultivar en los minerales que elijan; se les permitirá la in- 
troducción de los instrumentos necesarios para la explo- 
tación de minas, libres de todo derecho, conforme á lo 
prevenido en el decreto de 23 de Febrero del presente año 
y podrán extraer los productos de la industria del mismo 
modo que los naturales del paísi. 

Ese decreto, que consumaba la derogación de toda la le- 
gislación española sobre extranjeros, es la primera iniciar- 
tica tomada en la América del Sud para estimular la in- 
migración;— y ella sola bastaría para demostrar la maravi- 
llosa claridad con que veia don Éernardino Rivadavia las 
necesidades del porvenir de estos países. 



Durante su larga residencia diplomática en Europa, 
cuyos gobiernos, después de la restauración de Fernando 
Vil en el trono de España (incluso el de Inglaterra) eran 
adversos al reconocimiento de la independencia de las co- 
lonias españolas, nadie podía, ni aun soñar en promover 
la venida de emigrados; pero Rivadavia, que nada espe- 
raba de la acción oficial en aquella época, en favor del 
comercio y de la población de estos países, creía que la 
independencia era un hecho indestructible y próximo, y 
en la propaganda que hacia en los altos círculos de Fran- 
cia, con los que estaba muy vinculado, trató de predisponer- 
los a favorecer la emigración francesa al Rio de la Plata.» 



Como prueba de la aserción del Dr. Lamas, reproduzco 
á continuación un extracto de la carta que Destutt de Tra- 
cy escribió a Rivadavia con fecha 18 de Junio de 1826, 
para manifestarle «la viva satisfacción que habia experi- 
mentado al saber que se hallaba de nuevo al frente del 
Gobierno de todas las Provincias de la República del 
Plata.» 

«Vollaire en su tiempo que era el de Catalina II y de 
Federico II dijo con soorada razón y en muy bello verso: 
Ccst du Nora avjourd'hui que noús rient la lamiere. En 
la actualidad debemos decir con mayor razón todavía, 
aunque en sencilla prosa: de Occidente es de donde hoij 
nos tienen los buenos ejemplosio. 

«Cuando pienso en vos y en vuestro hermoso país, y 
pienso en ambos sin cesar, se inflama y exalta toda mi 
cabeza de viejo. Buenos Aires, situada en la embocadura de 
ríos inmensos que ríegan países enteramente nuevos, de 
los cuales es llave y punto principal bajo todo respecto, 
en frente de Europa, África y Asia, de las que puede y 
debe ser el vínculo común, Buenos Aires me parece llama- 



\ 



— X — 

(la á ser neccaarianieníe una de las primeras ciudades del 
mundo. 

«De ella seréis, señor, el Franklin filósofo y legislador 
y el Washington pacífico y digo pacifico porque espero 
que vuestra pequeña guerra con el Brasil no será tan 
&rdua que os empeñe en largos esfuerzos, ni tan lar^a 
que propague entre vuestros conciudadanos el espíritu 
militar necesario sin duda para vencerá estranjeros pode- 
rosos, pero que llega pronto á ser muy peligroso, cuando 
solo hay que entenderse entre hermanos » 

Y mas adelante, aludiendo á la emancipación completa 
del hemisferio americano «purgado de opresores europeos 

Sde esclavos africanos, que son los dos grandes flajelos 
e la humanidad, decia: 

«Tengo además un motivo particular, y me atreverá á 
decir personal, para desear ese grande acontecimiento. Es 
el ver que nada se opondría ija á ar/uella fcli^ // preciosa 
inmigración de nuestros franceses que vos /labcts organi- 
zado y que el señor Varaigne dirije baio vuestros auspi- 
cios con tanta prudencia, actividad y celo. Nuestros fran- 
ceses, señor, á pesar de todo lo aue los violenta, ya no 
son aquellos vagamundos desatinaaos que corrían el mun- 
do sin saber por quó, y contaban siempre con volver 
pronto á su país sin darse tampoco razón de este deseo. 

«Actualmente, sobre todo con tal que los elija una per- 
sona que en ello dé pruebas como el señor varaigne de 
toda la escrupulosidad y delicadeza que exije tal encargo, 
son hombres honestos, juiciosos, industriosos y que se 
van estrechando en su país por un sinnúmero de compe- 
tidores que no les deja la esperanza de adelantar, y pien- 
san con razón que trasladándose y estableciéndose*^ en un 
país todavía poco poblado en el que las artes útiles se han 
esparcido todavía muy poco, y donde los fomente y prote- 
ja un gobierno justo,* liberal e ilusírado, se labrarán infa- 
liblemente un porvenir feliz para si y para sus familias. 

«Hé ahí, señor, un vinculo bien dulce entre vuestra patria 
y la mía, las que me atrevo á decir serme ambas igual- 
inente queridas. 

«Tales son, señor, los sentimientos que me animan has- 
ta apasionarme y ellos rae sirven de disculpa al atrever- 
me a fastidiar con tan largo palabreo á un hombre cuyo 
tiempo es tan preíúoso como el vuestro, y cuyos momen- 
tos todos están dedicados al bien de la*^ humanidad en- 
tera.» 

Esta carta y otras que el Dr. Lamas ha publicado en La 
Prensa del 1 ó de Enero de este año, dirijidas á Rivadavia 
por el mismo Destutt de Tracy, el abad Gregoire, De Pradt, 
Humboldt, Lafayette, inspiran á ese señor las reflexiones 
siguientes: 

«Estas cartas, que no pueden dejar de ser leídas con 



— XI - 

intima y legitima satisfacción por todos los argentinos, de- 
muestran que el grande hombre ha sido más conocido, 
mejor comprendido y estimado en Europa que en su 
mismo pais. 

«Cuanto mas adelanto el estudio de esa personalidad, 
mas semejante mé parece á esas grandes alturas que go- 
zan las primicias de la luz, que desde ellas desciende y 
se generaliza lentamente; pero que en cambio están con- 
denadas al aislamiento por su propia elevación, y son las 
mas reciamente azotadas por las tempestades » 



En el mismo capitulo donde reproduce las cartas nota- 
bles de esos proceres europeos, el Dr. Lamas refiere « los 
Í)ropóiritos con que regresó de Europa Rivadavia y como 
os realizó fundando el gobierno republicano, — lo que ex- 
cluía definitivamente la forma monárquica— y organizando 
la administración científicamente mas adelantada. > 

A pesar de que no es este el tópico que hace el objeto 
de esta publicación, no puedo resistir el deseo de repro- 
ducir lo que dice á este respecto el distinguido autor: 

« Se organizaron los poderes públicos sobre las bases 
fundament*iles del sistema representativo republicano, con 
lo que quedaba excluida de derecho, como lo estaba de 
hecno, toda otra forma de gobierno. 

« El gobierno republicano reorganizó la administración 
pública en todos sus ramos, con arreglo á las doctrinas 
mas adelantadas. Se creó el crédito público, se pacifico 
la Provincia de Buenos Aires y se negoció un modas n- 
tendi con las otras provincias, que generalizando los bene- 
ficios de la paz, preparaba la unificación nacional; se 
hicieron efectivas todas las ^arantias individuales; y, resta- 
blecida la confianza que estimulaba la industria y aumen- 
taba las transacciones del comercio extrangero, ía entidad 
nacional cuya cabeza visible era Buenos Aires, quedó cons- 
tituida. 

« Este grande hecho debia producir, lógica, inevitable- 
mente, como produjo, el reconocimiento de la indepen- 
dencia por la Inglaterra. 

< Así, y desde el asiento del gobierno patrio, alcanzó Ri- 
vadavia el anhelado fin de todas sus negociaciones diplo- 
máticas. » 



Volvemos ahora á la colonización, á ese gran pensa- 
miento cuya realización se habia interrumpido. 

« En ese gobierno, para principiar á dar existencia prác- 
tica á su iniciativa de 1812, solicitó, en 28 de julio de 1821, 



— XII — 

del Cuerpo Legislativo y obtuvo, en 22 de agosto la si- 
guiente ley: 

« Articulo 1® —Queda autorizado el gobierno para nego- 
ciar el transporte de familias industriosas, que aumenten 
la población de la Provincia. 

« Articulo 2^ —Se abrirán los créditos necesarios al go- 
bierno á medida que instruya A la Sala de Representantes 
de los contratos que celebrare con dicho objeto. » 

Para aumentar los fondos que este servicio requería, la 
ley de l9de agosto de 1822 destinaba una parte del emprés- 
tito anterior, de tres millones de pesos, que autorizaba—* al 
establecimiento de pueblos en la nueva frontera y de tres 
ciudades sobre la costa entre esta Capital y el puebío de Pa- 
tagones. » 

De acuerdo con el espíritu de esa ley, el gobierno autori- 
zó en 24 de noviembre de 1823 la negociación en Europa, por 
medio de los agentesque se nombrarían en diversos países, 
para el envió de doscientas familias destinadas ó la ciudad 

3ue debia erigirse con el nombre del general Belgrano, y 
e mil ó mas familias industriales para las otras nuevas 
poblaciones que debían crearse en la Provincia. 

Con el fin de hacer mas eficaces los medios que se em- 
pleaban para principiar A obtener la deseada emigración 
europea, creó Rivadavia, por decreto de 13 de abril de 1824, 
una comisión encargada de hacer venir de Europa para los 
propietarios ó artistas del país los trabajadores o artesanos 
que solicitasen bajo contrato. 

Esta comisión, cuyas funciones se reglamentarían, seria 
auxiliada con una cantidad hasta de cien mil pesos en los 
casos en que ella lo estimase necesario para dar á sus ser- 
vicios mayor extensión é importancia. 



Habiendo entretanto Rivadavia vuelto ú Europa conca- 
rt'icter diplomático, dióse en t» de enero de 1825 á esa comi- 
sión un reglamento definitivo, concentrando las ideas de 
ese estadista en las siguientes disposiciones. 

« I^s operaciones de la comisión serán: 

« 1*=^ — Proporcionar empleo ó trabajo á los extranjeros 
que vinieren al país sin destino, ó que se hallen en él sin co- 
locación, debiendo acreditar su origen y causas de su es- 
tado. 

« 2** —Hacer venir de Europa labradores y artesanos de 
toda clase. 

< 3^ — Introducir agricultores por contratos de arrenda- 
miento con los propietarios y artistas del país bajo un plan 
general de contrato que será acordado por la comisión, y 
libre y espontáneamente convenido entre los trabajadores 
y los apatrones que los demanden. 



— XIII — 

« 4^— Hacer conocer ó las clases industriosas de Europa 
las ventajas que promete este país para los emigrados y 
ofrecerles los servicios de la comisión á su llegada á Buenos 
Aires. 

Los otros artículos disponían: 

« Que la comisión tuviera una casa cómoda para alojar 
í) los emigrados asi que desembarcasen, en la cual serian 
alimentados por el término de (¡uince dios (ahora el hotel 
de los inmigrantes no les a imite mas que cinco), que se 
le señalará á cada emigrado para que libremente pueda 
buscar ocupación. 

— c Si el emigrado no encontrase ocupación dentro de 
ese término, la comisión se lo proporcionará; y los gastos 
de alimentación que esto ocasione y pagará la comisión 
se agregarán al empeño de cada uno. 

— c Ocho dias después del arribo de los emigrados, con- 
ducidos por convenio suyo á este país, se abonará al ca- 
pitán ó consignatario del buque, por via de pasage y todo 
gasto, la suma que hubieren contratado, pero no pudiendo 
pasar en ningún caso de la de cien pesos. Se exceptúan 
ele esta limitación los emigrados que vengan contratados 
por agentes de la comisión. 

■—* Estos gastos serian reembolsados por los patrones con 
quienes los emigrados hubieren contratado sus servicios, 
seis meses después del contrato;— y los patrones serian 
reintegrados por un descuento que sufrirán los emigrados 
de los salarios que ^anen. Este descuento será moderado 
y en pequeñas fracciones, según y en los términos que los 
emigrados concierten con sus patrones. 

— « Los contratos que se celebrasen entre los emigrados y 
sus patrones serian autorizados por la comisión.— El tér- 
mino de ellos seria el que se pactase entre los patrones y 
los emigrados, debiendo reglarse en el ajuste del salario 
por una tarifa que la comisión haria formar por personas 
inteligentes é iinparciales. Aunque no se esprese, en el 
salario no estará incluido el mantenimiento de los emigra- 
dos, que los patrones proveerán independientemente á sa- 
tisfacción de la comisión. 

— « Si alíun emigrado enfermase por causas que sobre- 
vengan del contrato, el patrón quedará obligado á su asis- 
tencia, cargándole en cuenta los gastos que hiciere, pero 
el contrato (|uedará sin efecto por falta de salud, mal 
tratamiento ó trabajo excesivo á juicio de la comisión. 

— « La comisión quedaba especialmente encardada de 
ejercer el derecho ae protección en las causas civiles de 
los emigrados. 

— « Los emigrados quedaban bajo la protección y garan- 
tía de las leyes del país; podrían adquirir y poseeV bienes 
muebles é inmuebles de cualquier especie que fuere, con- 
traer toda clase de vínculos, con la sola limitación de que 



— XIV — 

estos goces por el tiempo de su empeño no perjudiquen 
los derechos de sus patrones. 

— c Los emigrados quedaban, durcfhte sus contratos, li- 
bres de todo servicio militar y civil; los que quisieran acep- 
tar alguno espontáneamente, lo declararán ante la comi- 
sión, en cuyo caso el patrón á quien sirvan será reembolsado 
por el emigrado de la suma de su empeño. 

— « Los emigrados, conforme á la costumbre del país, no 
serán perturbados en la práctica de sus creencias religiosas, 
y quedan eximidos de todo derecho ó contribución que 
no sea impuesta á la comunidad en general. 

— c Los emigrados que hubiesen llenado honestamente 
el tiempo de su empeño, quedarían bajo la protección de la 
comisión y serian preferíaos para las tierras del Estado, las 
cuales las recibirían en enñteusis bajo el canon establecido 
por las leyes. 

< Estos terrenos serian designados por la elección de los 
emigrados, y en proporción de las aptitudes de cada uno 
de ellos; pero ninguno podría tener menos que diez y seis 
cuadras cuadradas. 

« En este caso, la comisión podría hacer de sus fondos 
á cada enñteuta un adelanto ae trescientos pesos, de los 
cuales se reintegraría en plazos cómodos y con el interés 
de seis por ciento anual. 

< A los emigrados que de este modo se hicieren propie- 
tarios, se les concedería el derecho de posesión sobre el valor 
legal de las tierras, y el de propiedad sobre todas las mejo- 
ras que en ellas hiciesen; y ambos derechos serían nego- 
ciables y trasmisibles por ellos y por sus sucesores. 

< Esta reglamentación no en'torf>ecia la acción de los 
particulares para introducir los trabajadores que contratasen 
en Europa para su servicio; y esos mismos podian optar 
á las ventajas que acordaba el reglamento con tal que desde 
su arríbo á este puerto se sujetasen á la intervención que 
sobre todos los contratados ejercía la Comisión. » 



Estas disposiciones, que todavía hoy pueden consultarse 
con provecno para la buena dirección y aprovechamiento 
de tan importante servicio público, no dieron los resultados 
que de ellas debian esperarse, porque no lo permitieron 
la guerra con el Brasil que mantuvo bloqueados los puer- 
tos arjentinos desde aquel año de 1825 hasta setiembre de 
1828, y la actitud de las Provincias que desconocieron lu 
autoridad del Congreso y del Ejecutivo Nacional. 

Estas disidencias intenores, que coincidieron con la guer- 
ra exterior, terminada esta, produjeron la revolución mi- 
litar de 1** de diciembre de 1828, y, vencida esta revolución 
por la resistencia que encontró en la Provincia de Buenos 



— XV — 

Aires, quedó preponderante la influencia del general don 
Juan Manuel de Hosas. 

Electo este gobernador de la misma Provincia, declaró 
extinguida la comisión de emigración por decreto de 20 de 
agosto de 183o. 

Este decreto se fundaba en que « habia acreditado la 
experiencia que el medio adoptado por el de 13 de abril de 
1824 para aumentar la población de la Provincia con bra- 
zos útiles fomentando la mmigracion de Europa, lejos de 
producir ventajas al país, solo ha aumentado los gastos del 
erario público y distraido al gobierno de otras importantes 
atenciones, ú pesar del celo y eficacia con que los ciudadanos 
encargados de esta empresa han procurado llenar su 
deber. »• 

La experiencia no habia acreditado la ineficacia de los 
medios adoptados para fomentar la emigración europea, 
porque las circunstancias del país, que ya quedan recor- 
dadas, no habían permitido que se pusieran en práctica, 
que la experiencia se hiciera; y las palabras ée los funda- 
mentos del decreto gue desconocen la verdad de ese he- 
cho, solo fueron escritas para ocultar el verdadero propó- 
sito del gobierno, que era despojará todos los extrangeros, 
con la única excepción de los ingleses, garantidos por un 
tratado internacional que no podía derogar,— de los dere- 
chos, franquicias v garantías que les daba la legislación 
de Rivadavia. 

Y que este era el objeto, lo probó inmediatamente el 
hecho, restableciéndose en la practica la legislación colo- 
nial. 

Reclamaron los agentes franceses en 1837 contra la apli- 
cación de los principios de esa vetusta legislación, que la 
misma España habia derogado, solicitando que sus nacio- 
nales tuvieran las mismas franquicias y garantías de que 
gozaban los ingleses. 

Pero el gobierno de Rosas resistió esta justa pretensión, 
y su ministro D. Tomás Manuel de Anchorena— que era 
el mismo que habia refrendado el decreto que extinguía 
la comisión de emigración— hizo profesión publica y oficial 
de los principios que regían en esa materia, los procede- 
res de su gohierno, y que eran los mismos de la antigua 
legislación sobre avecindados ¡/ domiciliados 

Contestando la reclamación francesa, dijo el Ministro: 

— « El írobierno de Buenos Aires no puede admitir la in- 
« tervencion de los agentes extrangeros en favor de sus con- 
« ciudadanos, cuando estos últimos 1** Se han casado en el 
« país. 2® Cuando en él han ejercido oficios mecánicos. 
« 3® Cuando han adquirido bienes raices y establecimien- 
« los. 4® Cuando han residido en el país mas de Ires 
« años. El Estado de Buenos Aires es estado soberano ó 
« independiente, y un gobierno extrangero no tiene que 



— XVI - 

« rer en lo que dicho Estado decrete; y en caso que las 
« leyes que sancione no coneengan á los extrangeros, jiue- 
« den retirarse. La actual administración de Buenos Aires 
« no puede renunciar á los principios que sirven de norma 
« á íw conducta con respecto á los extrangcros, porque 
« para ella el sentimiento del honor del país es el que domi- 
« na ú todos los demús. » 

Con arreglo a esos principios que hacian norma de con- 
ducta, los franceses quedaoan obligados ni ser^ncio militar, 
que era, en muchos casos, el de soldados de linea; y con 
cualquier pretexto, podian permenecer encaroelodos o en- 
grillados, sin que se les hiciese comparecer ante sus jue- 
ces, como lo solicitaba su cónsul. 

En esta foraia se les imponía ú los franceses todas las 
cargas y las opresiones que pesaban sobre los naturales, 
sin concederles, ni nominalmente, los derechos de la nacio- 
nalización. 

La cuestión, asi establecida por el gobierno del general 
Rosas, produjo el primer bloqueo francés en 1838; y de ahi 
datan las inteligencias y las alianzas de hecho entre el go- 
bierno de la República* del Uruguay, en guerra con Rosas, 
y los eraipi'ados argentinos, con " los agentes franceses 
y los residentes extrangeros, que dieron ocasión á los 
pronunciamientos de la Provincia de Corrientes contra 
Rosas, A la cruzada del general Lavalle, á la invasión 
de la República del Uruguay en 1840 y á la alianza 
del Paraguay con Corrientes y el general Paz, al pro- 
nunciamiento de las provincias argentinas del Norte; y, 
vencidas por Rosas todas estas resistencias en territorio 
argentino, á la derrota del ejército del Uruguay á las órde- 
nes de su Presidente el general Rivera en el Arroyo Gran- 
de, en Diciembre de 1842, yá la subsiguiente invasión del 
territorio uruguayo por el ejército vencedor que puso sitio 
{\ la ciudad de Montevideo, el 16 de Febrero de 1843. 

Rosas estaba vencedor en todos los terrenos— en el de las 
armas como en el de la diplomacia. 

Contra él, solo quedaba de pié la ciudad de Montevideo, 
casi desarmada, y á la cual ei sitio terrestre y el bloqueo 
marítimo que le impuso Rosas, pnvaba de todas sus rentas. 

Toda resistencia parecía imposible. Pero algunos ciuda- 
danos uruguayos decididos, enérgicos, inteligentes, acep- 
taron la misión, que les delegó el vencido Presidente 
general Rivera, de salvar el honor de la ciudad y de los 
principios liberales, y, organizaron, realizando verdaderos 

Erodigios^ la defensa militar de la plaza, improvisando 
•incheras y un ejército que pusieron h las órdenes del ge- 
neral Paz. * 

A ese ejército se incorporaron sucesivamente los pros- 
criptos que militaron como legión argentina y los residentes 
extrangeros que formaron la legión francesa y la legión 



— XVII — 

italiana. Asi se convirtió Montevideo en la arca salvadora, 
en aquel naufragio de lodos los elementos liberales del Rio 
de la Plata. 

La resistencia armada que detuvo A los ejércitos vencedo- 
res de Rosas ante los improvisados muros de Montevideo, 
ocasionando las complicaciones que produjo el bloqueo ma- 
rítimo y el armamento délos extrangeros, y especialmente 
el de los franceses, dando tiempo (\ la acción de la diplo- 
macia uruguaya; todo eso determinó las intervenciones 
onglo-francesas queprolongaron la defensa y le permitieron 
llegar hasta adquirir el apoyo del Brasil v negociar la tri- 
ple alianza, cuyos ejércitos ¿Mas órdenes (íel linertador ar- 
f entino general ifrquiza pusieron término á la dictadura 
el general Rosas en la batalla de Monte Caseros, el 3 de 
Febrero de 1852. 

En el fondo de esta tan larga como accidentada lucha, y 
sobre todo, en el de la gloriosa defensa de Montevideo— la 
Nxieta Troya, como la llamó Alejandro Dumas— se debatia 
lo cuestión de principios que produjo el primer bloqueo. 

Rosas sostenía, en cuanto á las personas y á los derechos 
de los extrangeros, la vetusta legislacion*^ colonial, y en 
cuanto á la navegación de los nos las doctrinas del ikarc 
clausuní (1). 

Los defensores de Montevideo sostenían los principios de 
la legislación de Rivadavia y la libre navegación de los 
ríos. 

Que esa era para nosotros la verdadera cuestión que 
debatíamos en el Rio de la Plata, está probado por el libro 
adjunto. 



Este libro se titula Noticia sobre la República Oriental 
del Uruguay^ por D. Andrés Lamas, Ministro Plenipoten- 
ciario de la República del Uruguay en el Brasil— y es tra- 
ducido al francés. Paris, 1851. 

Allí dice el doctor Lamas que, con ^ran perjuicio de la 
Europa y de la América, se han considerado las complica- 
ciones que agitaban estas comarcas como una cuestión de 
pacotüleros perjudicados; que sin duda hay algo de peque- 
neces y de nimiedades como en todo lo que es humano; así 
escomo al pié déla encina cuya cabeza altanera se pierde 
en las nubes, suele encontrarse también la liana raquítica; 
cjue el insecto pone su nido en la misma rama donde el 
águila viene á descansar; pero que los hombres de estudio 
que se ocupan de la cuestión del Plata, no deben parar su 



(1) Quiere decir que no admitía que los pabellones extrangeros 
pasaran mas allá de Buenos Aires, único puerto de la República 
Argentina declarado accesible á los buques de ultramar. 



— XVIII — 

vista en la liana ni en el insecto, que deben elevar sus 
consideraciones á mayor altura paPd examinar con impar- 
cialidad la historia denlos sucesos del Plata, y que enton- 
ces «se convencerán de que no es un espíritu de turbulencia 
el que arrojó álasñlas de los soldados de Montevideo la 
polDlacion extrangera, sino una necesidad vital; 

Que esta población necesitaba la paz para aumentar su 
bienestar por medio del trabajo, y que se le ha traido la 
guerra; 

Que estaba vinculada con la fortuna colectiva ó individual 
de los naturales, y que todos esos elementos de prosperi- 
dad quedan arruinados de repente; 

Que todo se liga en el conjunto de los intereses que com- 
ponen una sociedad, que los intereses comerciales sobre todo 
lorman una cadena de la cual no puede romperse un ani- 
llo sin que se conmueva toda la economía comercial; 

Que en el año del 557 el navegante Ritffeo de Chaces remon- 
tó liasta la boca del Guazü en el Paraguay en los mismos 
buques con que cruzara el Atlántico, es decir, hasta el gra- 
do 16» 2» minutos de latitud, estando la boca del Plata por 
350; que por consiguiente los pabellones europeos podrían 
también ir hasta allí, si se les permitiese; 

Que el Paraguay, el Paraná y el Uruguay con sus anuen- 
tes abarcan una estension de mas de 140 mil leguas cua- 
dradas. 

«Ese territorio abarca los climas mas variados y los pro- 
ductos mas diversos, pues se encuentra en esa superficie 
inmensa los hielos del polo en las cumbres de las cordille- 
ras, V el sol del Ecuador, así como todos los grados de tem- 
peraluraque existen entre ambos puntos extremos. 

«Entregar ó no esa inmensidad de riqueza inexplotada 
hasta ahora á la industria humana, hacerla entrar ó no en 
el dominio de la civilización, poblar ó no esos magníñcos 
santuarios de la naturaleza por medio del trabajo, sembrar 
ó no de ciudades ó de pueblos esas entensas soledades, lle- 
var la vida á esas tierras inmensas y feraces: tal cslacer- 
(ladera y también la mayor cuestión qrc se ventila en el 
Rio de la Plata en el interés del mundo entero. 

«Más para vosotros, estadistas europeos, existe también 
una cuestión de economía política que os concierne mas 
directamente en esos asuntos del Plata: y es la de saber si 
esas tierras tan admirablemente canalizadas van á servir 
de refugio y dar con liberalidad un asilo provechoso y pro- 
videncial ala exuberancia de población qne arroja la per- 
turbación á vuestras ciudades, y que amenaza á los diver- 
sos Estados europeos con un cataclismo social. 

«A vosotros todos, hombres civilizados, que profesáis una 
creencia, que respetáis la religión de la conciencia y del 
honor, os dirigimos esta pregunta de humanidad, de creen- 
cia, de conciencia y de honor. 



— XIX — 

«¿Acaso es preciso que los territorios Inmensos que aca- 
bamos de recorrer en el mapa lleguen á ser la presa de la 
barbarie ó pertenezcan á la civilización que se los disputa? 

cNosotros, hombres de la América, hijos de la Europa, na- 
cidos bajo la cruz del Cristo que la Europa vino á plantar 
en estas regiones lejanas, hijos de la civilización que ella 
mtrodujo, os sometemos estas preguntas. 

«Para su solución, y solamente para eso, hemos solicitado 
vuestra cooperación y hémosla solicitado, cuando temamos 
el derecho de exigirla». 



Asi se expresaba el Dr. Lamas en 1851: con razón, pues, 
dice treinta y ocho años mas tarde: 

«Por eso combatiamos concientemente. 

«Sabíamos lo que queríamos y por qué y para qué lo que- 
ríamos. 

«Y esta prueba á priori está comprobada por el hecho 
posterior. 

«Caído Rosas, los ríos quedaron abiertos y los principios 
de Rivadavia recobraron su imperio. 

«Su legislación sobre emigración es la que hoy rige. 

«Y la evolución humana que nosotros, sus discípulos y con- 
tinuadores provocó oamos, está realizándose, 

«El hilo roto por Rosas en l838 se reanudó en 1852.» 



Efectivamente, la constitución promulgada en 1863, se ha 
hecho no solamente para los ciudadanos, sino para todos 
los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo ar- 
gentino, \ dice: 

Art. 20. Los extranjeros gozan en el territorio de la con- 
federación de todos los derechos civiles del ciudadano: pue- 
den ejercer su industria, comercio y profesión, poseer oie- 
nes raices, comprarlos y enagenarlos; navegar los ríos y 
costas: ejercer h brómente su culto; testar y casarse confor- 
me á las leyes. No están obligados á admitir la ciudadanía 
ni á pagar contribuciones forzosas ó extraordinarias. Obtie- 
nen nacionalización residiendo dos años continuos en la 
Confederación; pero la autoridad puede acortar este térmi- 
mo á favor del cjue lo solicite alegando y probando servi- 
cios á la República. 

Art. 25 El gobierno federal fomentará la inmigración eu- 
ropea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impues- 
to alguno la entrada en el territorio argentino de los ex- 
tranjeros qne traigan por objeto labrar la tierra, mejorar 
las industrias é introducir y enseñar las ciencias y las 
artes. 

Art. 26. La navegación de los nos interiores de la Confe- 



— XX - - 

deracion es libre para todas las banderas, con sujeción úni- 
camente {\ los reglamentos que dicte la autoridad nacional. 
Por lo visto, los autores de la constitución no hicieron mas 
que reproducir en forma legal el pensamiento de los ad- 
vérsanos de Rosas, el pensamiento de Rivadavia, merecien- 
do bien, no solamente de su patria, sino también de la hu- 
manidad entera, como lo escribia Destutt de Tracy, hace 
mas de medio siglo, al grande argentino. 

Buenos Aires, Marzo de 1889. 



UNA VISITA 

Á LAS 

COIOIÜIIS DE L.( mUtítk ARGENTIM 



I 

La ciudad de Colon y la Colonia de San José — Resefia 

histórica. 

Hal)iendo salido de Buenos Aires el 17 del 
corriente en el magnífico vapor Venus, llegué 
á esta ciudad, el dia siguiente, á las cuatro 
de la mañana, merced ó una creciente impre- 
vista del rio Uruguay, que nos evitó la mo- 
lestia de un trasbordo en el puerto de Paysan- 
dü; pues en esta estación, los vapores grandes 
no pueden pasar de allí. 

Hacía cinco años que no veía la ciudad de 
Colon: me pareció algo triste y solitaria: üiáe 
Ingentes, esas calles que lloran, de que habla 
la escritura sagrada, no indican precisamente 
la entrada de una colonia importante y flore- 
ciente, como lo es la colonia «San José», ó 
mejor dicho, la serie de colonias que forman 
la parte mas poblada del departamento de 
Colon. Sin embargo, eáta ciudad no puede 
tener mejor situación; es una barranca ele- 
vada, pintoresca, que domina el rio, y tal como 
no se encuentra otra igual en toda la costa 
argentina; puede compararse con la magnífica 
posición del Diamante en la costa del Paraná 



— 4 — 

y con la de la Paz. Por consiguiente, está 
destinada á un gran porvenir; pero le falta 
algo, pues la naturaleza deja siempre algo que 
hacer á la actividad humana, sin lo cual la 
existencia del hombre y de las sociedades sería 
indudablemente una tarea demasiado fácil, y 
la mayor parte de los ciudadanos se engolfa- 
rían en una ociosidad contemplativa para evi- 
tar el trabajo de pensar y obrar. 

Lo que falta, pues, á la ciudad de Colon, es 
un puerto accesible á los buques de Ultramar: 
estos suelen detenerse en el puerto de Pay- 
sandú, ó cuando mas á tres cuartos de legua 
al sud de Colon, en un parage denominado 
El Brete; allí esperan la carga que les viene 
de los saladeros de arriba, entre los cuales 
hay que nombrar el importantísimo del señor 
don Juan O'Connor, situado al norte de la co- 
lonia, en la costa del arroyo de Perucho Yer- 
na, es decir, á dos leguas escasas de la ciudad. 

Este es indudablemente un gran inconve- 
niente; pero hé oído muchas veces espresar 
por varios marinos y prácticos del rio, la 
opinión de que podia remediarse sin mucha 
diflcultad, acudiendo á la dinamita, á las dra- 
gas y otros procedimientos de la ciencia hi- 
dráulica, y no costaría mucho. Querer es 
poder. Llamo, pues, la atención de quien cor- 
responda sobre esta cuestión vital, cuya so- 
lución importa el porvenir de esta ciudad 
interesante y de las colonias que la rodean; 
pues si los buques de ultramar pudiesen venir 
directamente á cargar en este puerto, no so- 
lamente el comercio, sino la industria y la 
agricultura recibirían un gran impulso y se 
explotarían muchos productos que no pueden 
beneficiarse actualmente porque no tienen 
salida. 

La ciudad de Colon fué fundada posterior- 



— 5 — 

mente á la colonia; pues data de 1863, y la 
colonia de 1857, y se fundó para habilitar el 
puerto, porque antes, los productos de las co- 
lonias tenian que ser llevados ó la ciudad de 
la Concepción del Uruguay, á siete leguas de 
distancia, haciendo perder mucho tiempo á 
los productores, sin contar que aquel merca- 
do era insuficiente para absorberlos todos, 
mientras que la abertura del puerto debía 
ponerlos en comunicación con todas las ciu- 
dades del litoral uruguayo y del mismo Rio 
de la Plata. 

Desde que principié á hacer historia, no debo 
ceñirme á la cronología: estos datos podrán 
servir alguna vez pnra escribir la historia de 
la colonización en la República Argentina. 
Voy á decir por qué conjunto de circunstan- 
cias vinieron á formarse estas poblaciones en 
un desierto, pues, al fin y al cabo una estan- 
cia no pisa de ser un desierto; millares de 
animales vacunos ó lanares no constituyen 
sino rebaños custodiados por algunos pastores 
á caballo como los latifundia de la Roma de 
la decadencia. 



Después de la batalla de Caseros, si he sido 
bien informado, los caballeros franceses, el 
doctor Augusto Brougnes, médico, y el señor 
John Lelong, celebraron contratos de coloni- 
zación con el gobierno de la provincia de Cor- 
rientes, encabezado entonces por el doctor don 
Juan Pujol. Esto pasaba en el año de 1853. 

El doctor Brougnes, apoyado por el doctor 
Luis José de la Peña, ministro de relaciones 
exteriores de la Confederación, regresó á Eu- 
ropa y trató de dar inmediatamente cumpli- 
miento á su contrato, remitiendo familias que 



— 6 — 

fueron establecidas & inmediaciones de la ciu- 
dad de Corrientes, fundándose con ellas la 
colonia «San Juan»; pero este primer ensayo 
no dio buenos resultados, por causas que el 
mismo doctor Brougnes ha referido, y las fa- 
milias, salvo algunas pocas, tuvieron que 
abandonar su establecimiento para trasladarse 
ó la costa del Uruguay, donde todavía sub- 
sisten algunas en el paraje denominado de 
San Martin. Este fracaso tuvo indudablemente 
malas consecuencias, porque repercutió de un 
modo desagradable en las comarcas cuyas po- 
blaciones se disponían á emigrar, siendo una 
de ellas la Francia del sud-oeste. Las demás 
familias se desparramaron en la República 
Argentina. 

Otro fracaso colonial siguió, ó mejor dicho, 
antecedió al de la colonia «San Juan», y fué 
el de la colonia de la «Nueva Burdeos» fun- 
dada en el Chaco paraguayo por López, 1' y 
López 2', en el parage llamado actualmente 
Villa Hayes, después de haber sido «Villa 
Occidental». 

En esas conyunturas, el señor Lelong había 
firmado, como ya dije, un contrato de colo- 
nización con el gobierno correntino, preten- 
diendo colonizar una gran parte de aquel 
territorio, y principalmente el de las antiguas 
misiones jesuíticas; pero no se acordó de re- 
mitir las primeras familias hasta principios 
de 1857, y cuando el gobierno correntino con- 
sideraba el contrato como ya caducado. 

Esas primeras familias, en número de cien, 
llegaron, pues, al Rio de la Plata, precedidas 
por el señor don Carlos Beck-Bernard, uno 
de los jefes de una casa de emigración de 
Basilea, quien venía también á este país con 
intenciones colonizadoras. La casa Beck y 
Herzog había proporcionado ya gran parte de 



— 7 — 

las familias con las cuales el señor Castella- 
nos fundó la colonia «Esperanza»: madre de 
las colonias de Santa-Fé. 

Habiendo el señor Beck llegado al Paraná, 
capital de la Confederación, se le declaró que 
el gobierno de Corrientes consideraba el con- 
trato como caducado. Esta declaración ponia 
al señor Beck y á su casa en serios apuros; 
pues habia depositado una fianza en manos 
de la Confederación helvética; por consiguien- 
te, esta fianza Iba á quedar perdida, y como 
además él se proponía también fundar colo- 
nias, todos sus proyectos estaban seriamente 
comprometidos. Todo eso venía á redundar 
en perjuicio no solamente de la casa Beck y 
Herzog, sino del país entero. 

Debe añadirse, para darse cuenta de la si- 
tuación, que la colonia «Esperanza» no contaba 
mucho mas de un año de existencia, habiendo 
tenido que luchar contra dificultades graví- 
simas, y. no habiendo podido salvarse sino por 
la intervención del gobierno Nacional. 

Fué entonces cuando se le aconsejó al señor 
Beck que se presentase al general Urquiza, 
ofreciéndoje un nuevo contrato de coloniza- 
ción; pero el gobierno Nacional no podía ce- 
lebrarlo, habiendo hecho ya sacrificios para 
los colonos de Santa-Fé, y para otros, los de 
Corrientes y los del Paraguay que se habían 
desparramado en la provincia de Entre Rios. 
El general, obrando como simple particular, 
consintió en recibir á las familias l)ajo nue- 
vas bases, que fueron redactadas por el señor 
Beck, y el conductor de los inmigrantes, que 
hablan llegado ó iban á llegar al Rio de la 
Plata, recibió orden de llevarlos á los campos 
dichos del Ibicuy, en el departamento de Gua- 
leguay. 

Nada por supuesto se habia preparado para 



— 8 — 

recibirlos. Allí formaron un campamento per- 
maneciendo como tres semanas, mientras e} 
agrimensor reconocía el terreno; pero habién- 
dolo estudiado, no tardó en reconocer que era 
completamente impropio para la colonización 
agrícola; pues era anegadizo, expuestos á las 
crecientes estraordinarias del Paraná, y decla- 
ró terminantemente que no quería cargar con 
la responsabilidad de las inevitables desgra- 
cias futuras. 

En vista de esa declaración el general dijo 
al señor don Carlos Sourigues, que buscara 
un terreno mas apropiado en las costas del 
rio Uruguay donde poseía grandes estensio- 
nes de terreno. Los colonos tuvieron que 
reembarcarse y emprender una nueva pere- 
grinación. 

Adviértase que no existían entonces los bu- 
ques á vapor, y que la navegación en buques 
de vela era penosísima. En fin, lllegaron á 
principios de Julio al paraje denomi/iado en- 
tonces Calera de Espiro, ú dos leguas al norte 
de Paisandú: allí formaron un nuevo campa- 
mento, mientras se mensuraban los terrenos, 
las concesiones, como se dice en el lenguaje 
de los colonizadores, y adviértase de paso que 
es una espresion completamente impropia, 
pues los terrenos no se conceden, sino que se 
venden. 

He dicho que formaron un nuevo campa- 
mento, y efectivamente no puede darse otro 
nombre á la población que improvisaron en 
las costas del Uruguay. Unos ganaron el gal- 
pon donde se depositaba la cal; otros se in- 
trodujeron en el horno donde se elaboraba, 
otros improvisaron abrigos debajo de los ár- 
boles tupidísimos, felizmente con ramas y 
yerbas; otros formaron carpas con sábanas, 
amontonando baúles y cajones, unos sobre 



— 9 — 

otros; en fin, se arreglaron del mejor modo 
que pudieron en la selva de espinillos, ñandu- 
bays, quebrachillos y talas que cubrían en- 
tonces la barranca y la meseta donde se 
estiende actualmente la pintoresca ciudad de 
Colon, ostentando al navegante sus casas blan- 
queadas, que asemejan á una bandada de pa- 
lomas ó de aves acuáticas paradas al lado del 
azulado rio. • 

El encargado de la calera era un viejo vas- 
co, tartamudo, que vivia allí acompañado de 
otro viejo, pero indio, y que liabia adquirido 
cierta fama en las guerras civiles; creo que 
existe hasta la fecha, siendo actualmente es- 
tanciero. El tartamudo tuvo que abandonar 
el rancho de quincha en que vivia, á las mu- 
jeres embarazadas que iban á salir de cuidado; 
una perrila que alimentaba sus cachorros 
tuvo que dar de mamar á una criatura re- 
cien nacida, y que llegó á ser una bizarra 
suiza. 

Felizmente, el invierno era seco y la esta- 
ción saludable; no se desarrollaron las enfer- 
medades, y los inmigrantes se mantenían 
alegres. Sin embargo, algunos rezongaban y 
se quejaban amargamente, diciendo que ha- 
bían sido vendidos como perros. 



¿Dónde están, decían ellos, los naranjos pro- 
metidos? Un alemán, viejo, no quería desem- 
barcar, cuando toda su familia ya estaba en 
tierra, porque no divisaba árbol de esa clase 
en la costa. Quedóse solo durante mucho 
tiempo, contemplando con furor los árboles 
de la selva, tan diferentes déla vegetación que 
él esperaba encontrar, y paseando de un lado 
áolro como una fiera en su jaula. 



— 10 - 

Costó trabajo hacerle comprender que nada 
habían perdido con dejar de ir á Corrientes, 
que, por el contrario, aquí estarían mucho 
mejor, pues gozarían de clima mas suave, y 
de tierra tan buena sino mejor, que se adap- 
taba á otros cultivos tan lucrativos como los 
de aquella. 



La ociosidad es madre del aburrimiento; 
pero los colonos hablan traído escopetas y ca- 
rabinas; la caza era abundante en la selva y 
en el campo donde los avestruces y los vena- 
dos pastoreaban fraternalmente con las vacas 
y las yeguas. Los carpinchos y las nutrias 
pululaban en los arroyos; los patos en las la- 
gunas, las perdices en los pajonales; banda- 
das de palomas y de cotorras oscurecían el 
cielo, sin contar los tordos, los teruteros, los 
flamencos, las bandurrias y un sinnúmero de 
otras aves: de manera que los colonos, todos 
buenos tiradores, tenían como divertirse y 
añadir manjares suculentos á la ración de car- 
ne que se les distribuía. Hubo uno que se 
dedicó casi exclusivamente al esterminio de 
ios venados y de los carpinchos, y siguió ha- 
ciéndolo, aun cuando los otros habían empren- 
dido sus tareas agrícolas; llevaba exactamente 
la lista de sus víctimas, y á los dos ó tres 
años había alcanzado una cifra verdaderamen- 
te increíble. 

Otro, que era cazador de gamuzas en su 
tierra, pero ya en*rado en edad, solía decir que 
ninguna se le escapaba, desde que podía di- 
visarle las astas. 

No puede negarse que esos suizos eran dig- 
nos descendientes de Guillermo Tell, aun- 
que habiendo reemplazado la ballesta con 



-Il- 
la carabina : no había mejores tiradores en el 
mundo. 

Muclios, además de cazadores, habían sido 
soldados, habiendo servido en su patria, don- 
de todos lo son; en Italia, en Roma, en Ñapó- 
les, en Sicilia, durante las guerras civiles y 
las revoluciones de 1848. Habla uno ó quien 
todos sus compatriotas llamaban el capitán^ 
y efectivamente había traído su uniforme, con 
sus charreteras y su espada, usándolo mas tar- 
de en las grandes ocasiones, cuando se trata- 
ba de alguna función, es decir, cuando algún 
personaje político venía á visitar la colonia. 

El mandaba entonces la parada y estaba con- 
tentísimo. Así lo hizo cuando el Presidente 
Sarmiento vino en 1870 con el general Urqui- 
za. Ahora ha muerto el capitán Alejo Dela- 
loye, y bien merece que se le consagre ese 
recuerdo en este bosquejo histórico de una 
obra tan grande, tan preñada de consecuen- 
cias importantes, como lo es la colonización 
del territorio argentino. 

Pero, aunque cazadores todos y soldados 
casi todos, los colonos no habían venido á Amé- 
rica para cazar ni para pelear. 

Lo que importaba, lo que urgía, era colo- 
carlos á la mayor brevedad en las concesiones 
que se les destinaban. El agrimensor había 
emprendido los trabajos de mensura ayudado 
por los mismos colonos que iban con él dia- 
riamente arrastrando la cadena al través de 
las cañadas y de las cuchillas. 



¡Cuánto terreno baldío!— exclamaban en pre- 
sencia de las interminables praderas de En- 
tre-Ríos, cuyas ondulaciones aseméjanse á las 
olas de un mar solidificado: no podían com- 



- 12 — 

prender que tanta tierra hubiese quedado de- 
sierta é inculta hasta la fecha, ellos, que dis- 
ponían apenas de algunas varas cuadradas 
Ijucharts) en los peñascos de los Alpes; ellos 
que tenían que llevar la tierra en canastos 
para reemplazar la que se perdia arrastrada 
por los aludes; ellos, que pasaban seis meses 
en sus chalets^ porque las nieves les tapaban 
el camino y cubrían igualmente los valles y las 
montañas: creíanse trasportados á un pa- 
raíso, y la esperanza renacía en los cora- 
zones. 

En fin, las concesiones fueron delineadas y 
amojonadas, siendo de seiscientas varas por 
cada costado, es decir, de diez y seis cuadras 
cuadradas; entregóse una á cada familia com- 
puesta de cinco individuos adultos, la cual 
debía recibir también cuatro bueyes mansos, 
dos vacas lecheras con cria, dos Cfiballos, cien 
pesos bolivianos para comprar semillas é ins- 
trumentos arator ios,' la manutención durante 
un año, ó mejor dicho, hasta la primera cose- 
cha, pudiendo además cortar paja y madera en 
los terrenos inmediatos á la colonia. Vinie- 
ron carretas y bueyes de las estancias del fun- 
dador y de los vecinos á trasportar las fami- 
lias con sus muebles y bagajes sobre sus 
terrenos, y estas improvisaron sus habitacio- 
nes en medio del campo: por supuesto no 
eran muy confortables, pero suficientes para 
resguardarlas contra la intemperie; al mismo 
tiempo, se les entregaron los animales de la- 
bor, bueyes y caballos, cuya operación no 
dejó de presentar grandes dificultades, pues 
muchos de los colonos jamás habían maneja- 
do caballos y bueyes en su vida, siendo mon- 
tañeses acostumbrados d vivir en las partes 
mas elevadas de los Alpes, y se asustaban 
ante cualquier movimiento de aquellos. 



— 13 — 

En fin, todo aquello quedó terminado, y em- 
pezó el desmonte de la tierra; los animales 
de pastoreo habían sido recojldos entretanto; 
los ciervos, los venados y los avestruces em- 
prendieron la fuga y no tardaron en desapare- 
cer de los campos que durante tanto tiempo 
fueron su dominio no disputado; el campo se 
salpicó de distancia en distancia de manchas 
negras que resaltaban enérgicamente en el 
color verde de la pradera : era el arado el que 
iba abriendo el seno de la tierra virgen donde 
el labrador depositaba la semilla fecunda; el 
maíz, que es la planta preparatoria de todo 
cultivo, iba á posesionarse de aquel territorio 
desierto, abriendo el camino al trigo y á las 
otras plantas alimenticias; la colonia «San José», 
en que nadie pensaba cuatro meses antes, es- 
taba fundada. Así es como se habla impro- 
visado una población de cien familias suizas y 
saboyanas— mas de setecientas almas— arro- 
jando á la tierra el germen de una renovación 
social y preparando toda una revolución eco- 
nómica y política en el modo de ser de las co- 
marcas argentinas. La colonia «Esperanza» en 
la provincia de Santa-Fé, la colonia «San José» 
en la de Entre-Rios, venían á ser el comple- 
mento de la victoria de Caseros. • 



- 16 - 

atraer, no podían sino apartar de estas comar- 
cas siempre convulsionadas la superabundan- 
cia de la población europea; que las mismas 
empresas colonizadoras no podían formarse 
porque no tenian ventajas que ofrecer á sus 
accionistas; que los que habían intentado em- 
prender operaciones de esta clase se habían 
arruinado; que si se esperaba que viniese la 
inmigración espontánea, el país quedaría per- 

tiétuamente despoblado; que por consiguiente 
a colonización era asunto de Estado, que el 
Estado solo podía hacer los sacrificios necesa- 
rios, que en resumidas cuentas el Estado no 
pierde nada porque los colonos introducidos 
y costeados por él permanecen en el país y 
con el tiempo se convierten en productores 
y contribuyentes; que cada colono es un ca- 
pital formado, un hombre hecho que repre- 
senta una cantidad considerable de tiempo y 
de dinero; que los mismos despilfarres de la 
administración por el Estado no merecen to- 
marse en consideración ó son una considera- 
ción secundaria, cuando se atiende al alcance 
de la colonización. 

íQuién tenia razón? Los partidarios de la 
inmigración espontánea parecen haber triun- 
fado; la colonización oflcialno dio los resultados 
que se espei'aban; háse determinado una gran 
corriente de inmigración, pero debe recono- 
cerse que sin los ensayos artificiales, sin las 
{)rimeras colonias que fueron trabajos oficia- 
es, aquella no se hubiese producido, ó, al 
menos, hubiese tardado mucho tiempo mas 
en hacerlo, de donde puede deducirse que la 
colonización oficial era la indispensable con- 
dición previa de la colonización espontánea. 
Si el Gobierno de la Confederación y el gobier- 
no de Santa-Fé no hubiesen costeado el esta- 
blecimiento de la colonia «Esperanza», jamás 



— 17 — 

la colonización de Santa-Fé habria llegado á 
ser un hecho, ó, cuando menos, se habria ne- 
cesitado un siglo mas para producir la impo- 
nente realidad que estamos presenciando ac- 
tualmente. 

Luego la acción del Estado es buena, es útil, 
es necesaria, al menos para iniciar, para de- 
terminar el impulso decisivo. Los que no 
reconocen virtud alguna al Estado, se acuer- 
dan demasiado del pasado, tienen la mirada 
fijada sobre el Estado monárquico, el cual era 
un cáncer indudablemente; pero el Estado repu- 
blicano ¿está en el mismo caso, ó no puede 
modificarse en el sentido del bien y de la utili- 
dad social? 

El Estado es la fuerza colectiva, es decir, 
una resultante social que jamás podrá supri- 
mirse, porque el hombre, según dice Aristó- 
teles, es un animal sociable, y que el indivi- 
dualismo no puede erigirse en regla absoluta. 

Estas consideraciones de filosofía política 
mé han llevado muy lejos de la colonia «San 
José», es tiempo de volver á ella. 



El general Urquiza no quizo esperar los efec- 
tos de la inmigración espontánea: en 1859 man- 
dó aun agente especial para buscar doscientas 
familias mas. Estas principiaron á llegar á 
fines del año y continuaron durante los años 
de 1860 y 1861. El agente del general, siendo 
un eclesiástico, cometió el error de excluir 
la inmigración protestante, error que des- 
aprobó; es cierto, el general, pero muy tarde 
para remediarlo. Ese mismo agente intro- 
dujo un nuevo elemento á la colonia y fué la 
inmigración piamontesa, que es laboriosa y 



— 18 — 

económica, siendo por este motivo, laque mas 
ha prosperado. 

De esta manera quedaba ocupado todo el 
campo destinado á la colonización: aún mas, 
puede decirse que estaba estrecho: hubo nece- 
sidad de reducir la área de terreno que se 
concedía ú las familias: este fué un error que 
estorbó la prosperidad y el desarrollo de la 
colonia. 

No podia practicarse la agricultura en es- 
cala mayor, aplicando los inventos de la mecá- 
nica moderna. Agregúese que la colonia estaba 
rodeada de estancias, cuyos animales la inva- 
dían de dia y de noche, sobre todo de noche. 
Los colonos tenían que perder tiempo para 
cercar sus sembrados, no pudiendo darles 
toda la extensiotí deseada y pasar la noche 
velando para apartar ó esos incansables ene- 
migos de las cosechas. En fln tomóse la reso- 
lución de construir un gran cerco colectivo 
de alambre al rededor de la colonia: era esta 
una medida salvadora; pero restrictiva al mis- 
mo tiempo, puesto que parecía ser un impe- 
dimento perpetuo á su desenvolvimiento fu- 
turo. 

Todo eso importaba la lucha del pastoreo y 
de la agricultura: ser ó no ser, como dice 
Shakspeare. Un publicista moderno ha pre- 
tendido que esa lucha es simbolizada por el 
mito de Caín y Abel: según él, la palabra Cain 
representa al agricultor que se rodea de /)os- 
tes para defender su sembrado, mientras que 
Abel es el vacio, el desierto, el espacio abierto 
que el pastor necesita para sus rebaños nó- 
mades 

Rómpense las hostilidades entre los conten- 
dientes, pues son inevitables: Caín, es decir, 
la agricultura mata, vence á Abel, es decir, al 
pastoreo: consúmase la gran revolución eco- 



— 19 — 

nómica y social, ábrese una era nueva para 
la humanidad transformada; la prueba es que 
Caín, el matador de su hermano, funda la pri- 
mera ciudad, y por consiguiente la primera 
sociedad civil, porque quien dice ciudad dice 
legistascion, reglamento, gobierno; ctvitas^ 
para valemos déla palabra latina, /joZís, para 
valemos de la palabra griega. 

La mitología griega esté conforme con la 
mitología hebrea: dice también que Céres^ la 
diosa de la agricultura, dictó las primeras 
leyes. 

En fin, cualquiera que sea el sentido de esos 
mitos, el hecho es que la colonia sufria el ata- 
que de la estancia, y no faltaban hijos del país 
para desanimar á los colonos, asegurándoles 
que la agricultura no sirve en estos países y que 
de balde trabajaban como burros, que jamás 
cosecharían nada, que perdían su tiempo, y el 
general Urquiza su dinero, y que tarde ó tem- 
prano la langosta, la hormiga, el vicho moro, la 
seca, el polvillo y las demás plagas los obliga- 
rían á levantar campamento. Y mientras se 
ocupaban de desanimará los colonos, trataban 
de desacreditarlos ante la opinión y ante las 
autoridades, añadiendo el grande, el soberano 
argumento de que la colonia quitaba las agua- 
das á las estancias y que los perros de los 
colonos asustaban á las ovejas. 

Efectivamente, habla incompatibilidad entre 
la colonia y la estancia, entendámonos, entre 
la colonia y la estancia entendida y practicada 
al estilo antiguo, la estancia rudimentaria, 

f)rimitiva, que lo deja hacer todo á la natura- 
eza y que ignora casi del todo los elementos 
de la zootecnia; pero la agricultura puede, y 
aun mas, debe acordarse con la cria científica, 
para que la colonización prospere de un modo 
seguro, sin exponerse á contingencias que la 



— 20 — 

hagan fracasar. No hay agricultura posible, 
agricultura duradera sin el auxilio de la cria 
de animales, porque no hay tierra, por mas 
fértil que sea, que no se agote con el tiempo, 
y que eí único medio de devolverle los ele- 
mentos perdidos es el estiércol de los anima- 
les, ó, al menos, es el primero de todos. 

Mientras tanto, los estancieros decian á los 
colonos: «si queréis cosechar, cerrad» porque 
la colonia labia venido á ser un estorbo para 
ellos. Hablando una vez de esa cuestión con 
el señor Nicasio Oroño, ex-gobernador de San- 
ta-Fé, díjome: lo racional, lo equitativo sería 
que los estancieros cercasen sus anímales, y 
no los agricultores sus chacras, porque son 
los animales los que caminan y no los vege- 
tales; el trigo no camina, la papa no camina, 
el maíz no camina. 

El tiempo ha dado razón al ex-gobernador 
que tanto hizo para el fomento de la coloni- 
zación de Santa-Fé; los estancieros han tomado 
el partido de cercar sus campos, lo que im- 
porta un paso dado hacia la zootecnia, y los 
agricultores han podido descansar de noche, 
de -pues de haber trabajado durante todo el 
día. 



Ya dije que la fundación de Villa Colon data 
de 1863. Efectivamente fué entonces (12 de 
Abril j cuando el general Urquizo vino á po- 
ner la primera piedra, pero los verdaderos 
trabajos no principiaron sino al año siguiente 
con la erección de la capilla edificada en la 
plaza Washington. 

Con la fundación de la villa coincidió la 
guerra civil en el estado Oriental y la guerra 
de las tres potencias aliadas contra el Para- 



— 21 — 

guay, que fué la consecuencia de aquella. No 
hay mal que por bien no venga. Esas guerras 
dieron importancia á Villa Colon, que vino á 
ser el refugio de los emigrados orientales y 
una salida para los productos de la* colonia, 
que se llevaban hasta el Paraguay. 

La Villa Colon fué convertida en delegación 
política, y mas tarde (1869) erijida en capital- 
de departamento, cuyos límites son: al sud el 
arroyo de Urquiza y al norte el arr )yo Gran- 
de. El puerto de Colon adquirió una impor- 
tancia verdadera. 

Las guerras civiles que siguieron á la muerte 
violenta del general Urquiza (1870, 1871, y 73) 
vinieron á alejar ese progreso, pues determi- 
naron el bloqueo de las costas argentinas; 
pero lo que se perdía por un lado se recupe- 
raba por el otro. Antes de que hubieran 
concluido las hostilidades, los ejecutores tes- 
tamentarios del general Urquiza, comprendien- 
do la necesidad de dar ensanche á la colonia, 
mandaron dividir en concesiones mas de dos 
leguas cuadradas de campo, al oeste y al norte, 
y los estancieros situados al sud principiaron 
á l.acer lo mismo. La colonia, que había teni- 
do hasta entonces una existencia embrionaria, 
pudo desarrollarse en todo sentido. Actual- 
mente alcanza hasta el arroyo de Urquiza, al 
sud, y al norte ha salvado el límite del Peru- 
cho Verna, estendiéndose mas allá de los arro- 
yos de Caraballo y de Mármol hasta el Gua- 
leguaychii. La colonización está á la orden 
del dia, y la construcción del ferro-carril de 
Concordia ú la Concepción del Uruguay— 
cuando se lleve á cabo— vendrá á darle un im- 
pulso decisivo. 

La colonia «San José» ha sido la colmena 
de donde se han desprendido ya y seguirán 
desprendiéndose repetidos enjambres. Prime- 



— 22 — 

ramente, la colonia nueva, de la cual ya ha- 
blé; la colonia Primero de Mayo al norte en 
campos de la familia Urquiza, debiendo esten- 
derse mas todavia; la colonia Caseros fundada 
en 1824, ^ inmediaciones del palacio del gene- 
ral, por su señora esposa, contiene también 
muchas familias desprendidas de aquellas. 

Segundamente las colonias citadas al sud y 
al sud-este; la colonia Hugues, fundada por 
el señor don Luis Hugues en una estancia de 
su propiedad; la colonia San Juan, en la co- 
lonia que fué de Antonio Fernandez; las colo- 
nias Santa Rosa y San Anselmo en el campo 
de la familia López, la colonia Pereira ó del 
arroyo de Urquiza, en q1 campo de la familia 
Pereira, á cuyas inmediaciones está el gran 
molino de agua de los hermanos Maury: ter- 
ceramente, las colonias situadas al Nord-Oestt^ 
la colonia Hocker^ la colonia San Francisco, 
la colonia Carmen, la colonia Hambis y otras. 
Háceme asegurado que el señor don Juan An- 
drés Vázquez va á colonizar también una parte 
del campo que posee en esa dirección. En fin, 
los terrenos en frente, á Paysandú estén ó vén 
á colonizarse. Una empresa ha comprado un 
gran terreno para establecer una destilería y 
engordar animales. Otros adquirieron tam- 
bién para poner plantaciones de vid en escala 
mayor. 

Ya hablé de la viticultura; parece que tien- 
da á ser el cultivo predominante en estas co- 
lonias. Los colonos no están satisfechos con 
los resultados que da el trigo: cuando es abun- 
dante, el precio es insigniflcante; lo mismo 
pasa para el maíz y las papas. Por el contra- 
rio, una hectárea de vina, en buen estado, 
puede producir treinta bordalesas de vino, y 
aunque el vino sea inferior, siempre se ven- 
derá con ventaja, siendo preferible á los titu- 



— 23 — 

lados vinos sofisticados, adulterados, envene- 
nados que vuelan en alas de la libertad 
comercial. Pero hay que fijarse en la clase de 
las cepas, para hacer vinos aceptables, y á 
este respecto, el vino de estas colonias nos 
parece que deja algo que desear. 

Felizmente han venido ya buenos viticulto- 
res de la Francia meridional, ahuyentados por* 
la phylloxera— entre ellos hay que nombrar 
ó los señores Blanc, Monié y Durand— quehan 
emprendido el trabajo con ahinco y estún 
dispuestos á dejar resuelta la cuestión de la 
viticultura y de la vinificación. Digo mal: la 
primera parte de la cuestión está resuelta; 
falta resolver la segunda. 

Lo que ha faltado á esta colonia desde el 
principio fué una granja-modelo, un jardin 
de ensayos y de aclimatación; pero eso, solo 
el Estado podía hacerlo, y se propuso inútil- 
mente en varias circunstancias. 

Sin embargo, mas vale tarde que nunca; 
creo que el gobierno de la provincia no de- 
bería, aunque se ha trasladado al Paraná,— 
perder de vista la importancia de esta parte 
de su rico territorrio. La producción del vino, 
si se lleva á cabo en condiciones ventajosas, 
será indudablemente una fuente de prosperi- 
dad incalculable para la provincia. 

Importa, pues, ayudar y aconsejar á los vi- 
ticultores. 



Otro producto, pero este ya existe hace 
tiempo y es extraordinario, es el de las galli- 
nas. Es increíble la cantidad de huevos que 
salen de este punto. Una gallina produce mas 
que una vaca. Una persona inteligente me 
aseguraba que las gallinas producían por lo 
menos mil pesos semanales; otro, que hace 



-24- 

especialmente el comercio del ramo, me dijo 
que podía triplicarse esa cantidad. Ksta afir- 
mación puede ser algo exagerada, pero los 
resultados no debe negarse que sean extraor- 
dinarios: con este motivo recordemos que 
Fourier sostenía que la deuda de Inglaterra- 
es decir veinte mil millones de francos— podia 
pagarse con el producto de las gallinas fran- 
cesas. 

Las gallinas, los pollos, los huevos son la 
moneda corriente- de la colonia. Todos los va- 
pores que recorren el rio Uruguay, hacen 
allí sus provisiones de aquella mercancía, y 
se remiten también por buques especiales á 
Buenos Aires. 



En el centro de la colonia San José desde 
quince ó diez y seis años á esta parte se ha 
formado otra vida, no tan extensa como la 
otra, pero mas importante, hablando comer- 
cialmente. Consta de sesenta casas, sin con- 
tar la iglesia, que es una elegante capilla con 
cúpula y campanario de loza, llevando la fecha 
de 1884. 

En esa plaza hay casas fuertes de negocio, 
tiendas, almacenes, casas de artesanos, her- 
rerías, carpinterías, sastrerías, zapaterías, 
fondas, una botica y hasta una barbería. 

Allí concurren los colonos, sobre todo en 
los dias l^Bstivos, en centenares de carros para 
oir misa, hacer sus compras y oir las pubíica- 
riofies; un heraldo sube á una tribuna pegada 
al costado de la iglesia, y desde allí anuncia 
en voz alta las decisiones de la autoridad, las 
noticias locales, los precios corrientes, los 
animales perdidos ó encontrados, las ofertas 
de mercancías, etc., etc. Es el periódico coló- 



— 25 — 

nial, y no deja de ser un espectáculo pinto- 
resco el ver esa población venida de tan lejos 
con sus trages originales, sem i-europeos, se- 
mi-americanos, oyendo con atención las pa- 
labras que se le dirigen y que serán antes de 
finalizar el dia, repetidas en todas las casas 
de la colonia. 

La plaza, como aquí se la llama, h'^ce com- 
petencia á la ciudad de Colon; tiene la ventaja 
de estar en un punto céntrico, relativamente 
míen tras que Colon es un punto escéntrico, en- 
golfado en un codo, que forma un promonto- 
rio del rio Uruguay, de manera que esto ahorra 
á los marchantes dos leguas de camino; pero 
los intereses de ambas localicades podrían y 
deberán con el tiempo concillarse, sobre todo 
si se llevase á cabo la canalización del rio 
Uruguay, de la cual ya hablé, permitiendo á 
los buques de Ultramar llegar al puerto de 
Colon, y fomentando de un modo poderoso 
el comercio y la industria de esta última lo- 
calidad, porque al fin y al cabo los estableci- 
mientos industriales, que se hermanan con la 
agricultura, tendrán que situarse en la costa 
del rio, ese camino que marcha, como lo definía 
Pascal, porque el mismo ferro-carril cuyos 
trabajos están interrumpidos, no podrá luchar, 
relativamente á la baratura, con la vía dada 
gratuitamente por la naturaleza. 



— 26 — 



III 



La industria molinera— Biografia de un colono— La viti- 
cnltnra en Colon y en Concordia. 

Una de las escursiones que hice en las co- 
lonias del departamento de Colon, me llevó á 
un ííran molino de agua construido en las 
orillas del arroyo de Urquiza por los herma- 
nos Próspero y Ludovico Maury, al norte de 
un bosquecillo de talas, donde nació el gene- 
ral de ese nombre. Allí se ven todavía los 
restos de unos cimientos que la tradición 
asegura haber sido una capilla edificada por 
el padre del general, que era oriundo de Viz- 
caya y casado con una señora de Buenos 
Aires. 

Sobre el molino de los señores Maury se 
me ha prometido una noticia técnica detalla- 
da que publicaré mas tarde; me ceñiré, por 
ahora, á decir que se ha construido conforme 
á los últimos descubrimientos de esta parte 
de la ciencia mecánica, que, en el estado en 
que se encuentra actualmente, podria moler 
fácilmente ciento cincuenta fanegas diarias, 
y mas adelante los dueños del establecimien- 
to, con la maquinaria esperada, alcanzarán á 
doscientas fanegas diarias, ó sea diez fanegas 
por hora. El sistema adoptado es el sistema 
húngaro; tiene el molino trece pares de ci- 
lindros. El tajamar ó lago artificial escavado 
para detener las aguas del arroyo alcanza en 
partes hasta diez metros de profundidad; la 
caída de aguí es de cuatro metros cincuenta 
centímetros. 

Debe notarse que el primer terraplén del 



— 27 — 

dique fué arrebatado por una creciente, y en- 
tonces se volvió á hacer con piedra y hierro; 
ese trabajo duró tres meses solamente y fué 
llevado á cabo por ciento veinte hombres. 

El molino de los hermanos Maury está 
situado á inmediaciones del futuro ferro-car- 
ril de Concepción del Uruguay á Concordia. 
Digo futuro, porque á pesar de haberse de- 
cretado desde tanto tiempo, no se puede con- 
tar todavía con una próxima realización de 
aquella importante empresa. El que espera 
desespera. La compañía urgida por la opinión 
pública, había dado principio á los trabajos 
de terraplén; pero de repente ha venido una 
orden de suspensión y los obreros han desa- 
parecido. ¿Cuándo volverán? Los vecinos de 
las colonias, todos los habitantes del departa- 
mento de Colon esperan la solución con impa- 
ciencia, porque el ferro-carril dará indudable- 
mente un poderoso impulso á su prosperidad 
económica y hará brotar riquezas latentes de 
un suelo inexplotado. La colonización, la ex- 
plotación del territorio desierto, la agricultura, 
la industria, quedan imposibilitadas, mientras 
no tienen las facilidades de comunicación y la 
baratura de los fletes para sus productos. 
Hasta ahora la gran ventaja de los colonos 
de este departamento era la proximidad del 
punto de embarque, pudiendo fácilmente ha- 
cer el viaje de ida y de regreso el mismo dia, 
ó, por mejor decir, en algunas horas; pero, 
desde que la colonia empezó á ensancharse 
en todas direcciones, los cultivadores tuvie- 
ron forzosamente que alejarse de las costas 
del rio para desparramarse en el interior de 
la provmcia, y la comunicación se ha hecho 
mas larga y dificultosa. 

Si el ferro-carril no viene á prestarle su 
cooperación, la colonización de esta parte de 



— 28 — 

la república va á sufrir un entorpecimiento: 
si, por el contrario, se lleva ú cabo rápida- 
mente, ella irá adelante, porque se me ha re- 
ferido que varios estancieros están decididos 
á imitar el ejemplo de los propietarios de San- 
ta-Fé, fraccionando sus campos para cederlos 
á los inmigrantes cultivadores. 

La estancia al estilo antiguo está en deca- 
dencia; no dá las utilidades de otro tiempo; 
los campos han adquirirlo un valor extraor- 
dinario. No hay mas remedio: es preciso lle- 
gar á una transformación, verificar una evo- 
lución ec nómica y social, hacer verdadera 
zootecnia, en lugar de abandonarlo todo á las 
fuerzas espontáneas de la naturaleza; hay que 
combinar la agricultura con un pastoreo ra- 
cional y aplicar los métodos científicos en 
todos los ramos de la actividad humana. 

Pasaron los tiempos en que un estanciero 
podia decir: «prefiero un carnero á un colono» 
y se enriquecía durmiendo la siesta. 



En Colon existe otro molino, pero éste de 
vapor, cerrado actualmente á consecuencia de 
un i quiebra; sería de desear que se abriese 
á la mayor brevedad posible, porque es un 
elemento de vida que falta á esa localidad. 
La administración de justicia debería ser 
algo mas expeditiva, cuando se trata del 
interés general; no sé si soy víctima *de una 
preocupación, pero he pensado siempre que 
los magistrados fueron instituidos para el 
pueblo, y no el pueblo para los magistrados. 

El molino de Colon fué construido por los 
hermanos Dubuis, que vinieron á América 
con su padre y madre, en 1860; eran suizos 
valesanos y poseían un pequeño capital : el 



— 29 — 

padre entendía algo de relojería, uno de los 
hijos era muy aficionado il la mecánica. Pu- 
sieron un pequeño molino de vapor, en se- 
guida un molino de viento, que existe todavía 
en la pl iza central de la colonia «San José», y 
finalmente en 1870, un molino de vapor en la 
costa del rio Uruguay. Si mal no recuerdo, 
su primer motor fué una máquina que habia 
servido para el pozo artesiano de Barracas; 
pero eran muy económicos y muy industrio- 
sos, siendo á la vez carpinteros, herreros, 
mecánicos y aún albnñiles, de manera que 
tenian siempre muchas utilidades y pocos 
gastos: labraron rápidamente una fortuna; 
desgraciadamente uno de ellos fué atacado de 
tisis, y se retiró á Europa con otro hermano, 
el mecánico y los padres, muriendo poco 
tiempo después; en el Vales, su patria, hablan 
comprado un molino de agua. El otro herma- 
no dirije actualmente un molino de vapor en 
la colonia belga de Villaguay. 



Dejaré para mas tarde unos datos estadísti- 
cos y biográficos que se me han prometido 
sobre la colonia San José, y nos embarcare- 
mos aguas arriba. Allí viene el Saturno] es 
preciso aprovechar la oportunidad; el rio ha 
crecido mucho; si continúa así durante algu- 
nos dias, podremos llegar hasta Misiones, el 
paraíso todavía ignorado por la mayor parte 
de los viajeros y de los turistas, que no se atre- 
ven á penetrar en esa región misteriosa don- 
de los discípulos de Loyola habían establecido 
una especie de república cristiana^ como dice 
el padre Gdy, cura de la Uruguayana. 

Decimos, pues, adiós á la ciudad de Colon, 
y, costeando la barranca elevada, saludamos 



— 30 — 

de paso la casa de un colono laborioso é in- 
teligente, que ya no existe, y fuó uno de 
los fundadores, Francisco Crepy, natural de 
Saboya. 

Este hombre llegó á América con su espo- 
sa, su hijo, niño entonces, su cuñado y su 
cuñada, conchavados estos por dos años en 
cambio del pasaje que les habia adelantado, y 
si he sido bien informado, con ciento cincuen- 
ta francos en el bolsillo. Habia tomado parte 
en las revoluciones de Suiza, perteneciendo al 
partido de la Joven Sui^a, por consiguiente 
opuesto al partido del S underbund , que domi- 
naba en el Vales. 

Era herrero en Europí, pero en América se 
dedicó exclusivamente ú la agricultura; cul- 
tivador inteligente, consiguió buenas cosechas 
y fué uno de los primeros que emprendieron 
el cultivo de la vid, comprando al efecto un 
terreno en la costa del rio. 

Otro colono inteligente, el médico Bastían, 
habia ya ensayado el mismo cultivo en el 
centro déla colonia, pero sin buenos resulta- 
dos. El oidium le perseguía tenazmente. 

Crepy adoptó la variedad de vid norte-ame- 
ricana, llamada «Filadelfla», dice el señor Váz- 
quez de la Morena, que tiene un aroma y un 
sabor muy pronunciados, parecidos á los de la 
«frambuesa». Esta vid tenia un rendimiento 
extraordinario, y Crepy empezó á vender mu- 
cho vino, que los colonos saboreaban con pla- 
cer, á pesar de su gusto estraño. 

Al fin y al cabo es vino legítimo, vino de la 
uva, decían ellos; no es una droga como la 
que se nos vende en la pulpería. 

Habiéndole preguntado á Crepy por qué ha- 
bia adoptado esa clase de vid y dónde la habia 
tomado, respondiónos que la habia encontrado 
en la quinta del general Urquiza, en San José, 



— 31 — 

y que los pájaros np comían la uva do aque- 
lla, mientras que no le dejaban ni una de las 
otras plantas. 

He ahí una pequeña causa que produjo un 
efecto grande; pues es sabido que los pájaros 
desempeñan un papel importante en la agri- 
cultura, como los insectos; los mismos topos, 
según Darwin, serian útiles, en vez de perju- 
diciales, como se habia creido hasta la fecha. 

El señor Vázquez de la Morena, en su infor- 
me sobre la viticultura en Entre-Rios (Boletín 
del Departamento Nacional de Agricultura, 
1876), dice: Esta casta de vid bastante reparti- 
da por ignorancia, no ha contribuido en poco 
al estacionamiento de la viticultura en Entre- 
Rios. 

Ahora el señor Vázquez conoce el verdadero 
motivo de ese error, que deberla remediarse á 
la niayor brevedad, haciendo comprender á 
los viticultores de Colon que han entrado en 
mal camino, y que ya es tiempo de tomar otro. 
Felizmente han llegado á Colon, como ya dije, 
otros viticultores inteligentes de la Francia 
meridional, los cuales van á emprender nue- 
vos ensayos con otras clases de plantas. 

Mas adelante volveré sobre esta cuestión. 



Francisco Crepy tenia cierta facilidad para 
hablar y escribir; leía los periódicos, estaba 
suscrito al Courrier de la Plata, de manera que 
gozaba de gran prestigio entre los demás co- 
lonos, que generalmente no habían podido ó 
querido dedicar mucho tiempo al estudio. 
Como tenia varios tocayos en la colonia, ha- 
bíase dado en llamarlo Crepy el orador, para 
distinguirlo de los demás Crépy, uno de los 
cuales era Crépy el capuchino: este era un 



— 32 — 

zapatero que había sido portero de un conven- 
to de capuchinos. ' 

Crépy era, pues, el leader de los colonos, el 
órgano de la opinión colonial, el porta-voz, el 
intérprete, el autor de las solicitudes y de las 
peticiones, el asesor, el consejero de los que 
tenian alguna cuestión que ventilar con la 
administración ó dar un paso cerca de las 
autoridades, y Crépy desempeñaba su papel 
á las mil maravillas; pero eso mismo le oca- 
sionó varios disgustos y contrariedades, que 
naturalmente lo hicieron mas popular, por- 
que la persecución en todas partes ha engen- 
drado mártires, y los sufrimientos, sean ó 
no sean merecidos, engrandecen á los hom- 
bres. 

¡Cuántos individuos prestigiosos en la his- 
toria hubiesen pasado desapercibidos, si un 
poder opresor, en religión ó en política, no 
se hubiese esmerado en designarlos á la espec- 
tacion pública, poniéndolos arriba de todos 
en un excelso pedestal! 

La habitación de Crépy en la costa del Uru- 
guay es una de las mas pintorescas, desta- 
cándose en medio de los eucalyptus, de los 
naranjos y de los paraísos, que forman un 
macizo de verdura sombría, impenetrable á 
los rayos del sol de Diciembre. Los amantes 
de la bella naturaleza pueden allí solazarse y 
saborear, como dice Goethe, las voluptuosi- 
dades de la contemplación, con la perspectiva 
del gran rio Uruguay, que se desliza serpen- 
teando entre las islas, como un gran espejo 
de plata, surcado por las goletas y los va- 
pores. 



Una posición mas pintoresca aún es la de 
la calera del señor Colombo en la confluencia 



— 33 — 

del arroyo Perucho Verna. Allí también el arte 
ha venido á unirse con la naturaleza. Las 
plantaciones de árboles han hermoseado la 
cuchilla de pedregullo, y una habitación ele- 
gante aparece en un cuadro de vejetacion exu- 
berante dominado por el eucalyptus. 

El señor Colombo trae del Estado Oriental 
la piedra que elabora en su establecimiento; 
sin embargo, la costa argentina posee tam- 
bién la piedra caliza, como lo prueba la exis- 
tencia de la calera de Espiro, dé la calera de 
Barquin Y oirás que funcionaron en otro tiem- 
po, pero es de calidad inferior ó aquella. 

El señor Colombo ha plantado también un 
viñedo, y hace vino que es superior al de los 
colonos; para conservarlo ha construido una 
bóveda en la misma barranca al lado del rio, 
comprendiendo que un buen sótano es la con- 
dición indispensable de la vinificación. 

Aquí concluye la colonia San José. El arroyo 
de Perucho Venia, navegable- durante algunas 
cuadras, es su límite setentrional. Al norte 
del arroyo encontramos el gran saladero de 
don Juan O'Gonnor, caballero irlandés, educado 
en el Colegio Nacional del Uruguay, y que fué 
en otro tiempo propiedad del finado Apolinario 
Benitez. 

Mas arriba, pero en la costa oriental, está, el 
gran saladero de Guaviyú. 

Pasamos delante de la mesa de Artigas; ya 
estamos en Concordia. 

Desde el rio distingo muy bien el gran viñe- 
do de don Pascual Harriague, el saladerista 
del Salto, que parece haber resuelto el proble- 
ma de la viticultura y de la vinificación en 
esos parajes. 



— 34 — 

Al dia siguiente de mi llegada, unos amigos 
antiguos y otros improvisados me llevaron á 
una escursion instructiva ú los viñedos de 
Concordia. No recuerdo el nombre del escri- 
tor economista que dijo que la vid es la plan- 
ta colonizadora por excelencia. Cuando los 
ingleses en los siglos XVII y XVIII, trataron 
de colonizar sus posesiones de Norte-América, 
recomendaban en primer línea el cultivo de 
esa planta. ¿Seria porque el clima de sus is- 
las nebulosas no lea permite tener en su pro- 
pia tierra el arbust) plantado por nuestro 
bisabuelo Xoé^ como dice el cancionero Pedro 
Dupont? 

Bon f raneáis, quand je vois raon verre, 
plein de son vin, couleur de feu, 
je songe, en renierciant dieu, 
qu'ils n'cn ont point (bis) dans l'Angleterre. 

Los ingleses querían, i)ues, tener vino pro- 
pio, vino nacional, y tenían razón. En todas 
partes del mundo, dice un fisiologista, el hom- 
bre esperimentó la necesidad de excitarse, de 
estimularse; no sin razón, los griegos divini- 
zaron ú Baco. Los pueblos que no tienen el 
vino tienen la cerveza, el hidromel, el hachich, 
el opio, el té, el café, lá yerba-mate, la chicha, 
el coñac, la caña, todas las variedades de las 
bebidas alcohólicas, la algarroba, etc. etc. etc. 

«Por mas que seáis pobres, dice Raspail, 
procurad tener vino que sea vino-» El traba- 
jador que no bebe vino, degenera, se desmo- 
raliza, se embrutece, porque acude á las fu- 
nestas bebidas alcohólicas, y gasta rápidamente 
el capital de su vida. 

Son las narices coloradas (les rouges trognes) 
las que salvaron la Francia, cuando fué ataca- 
da por toda Europa, exclama Toussenel. Efec- 
tivamente, quién sabe si los franceses no son 



- 35- 
deudoresú sus vinos incomparables del papel 
brillante que desempeñaron en la historia de 
la civilización, y si el Borgoña, el Burdeos, 
el Champagne no son los padres del espíritu 
galo? 

Pero ha venido la filoxera en pos del oidium 
y de tantas otras temibles pl&gas; la tristeza, 
la melancolía se ha apoderado de las almas : 
¿será porque las viñas de Francia son viejas, 
será porque la tierra agotada ha perdido su 
savia y su fuerza de reacción contra los ani- 
males nocivos que antes las asediaban inútil- 
mente? 

El hecho es que los sabios se devanan inútil- 
mente los sesos— los snbios son unos burros, 
esclama el vulgo— y provincias enteras quedan 
arruinadas, l.os viticultores quieren pasar á 
Argelia, y ya se vienen á Sud-América. 

No hay mal que por l)ien no venga. Sin la 
invasión de la filoxera en Europa, es probable 
que la viticultura hubiese tardado todavia 
mucho tiempo en desarrollarse entre noso-' 
tros. Hace muchos años, hablando con un 
distinguido argentino de los ensayos agríco- 
las que debían hacerse entre nosotros, citaba 
el cultivo de la viña, y él me contestó que 
jamás podría hacerse buen vino en América. 

Hasta ahora, muchos individuos siguen ha- 
ciendo la misma afirinacíon. Pero no hay que 
hacerles caso. 

Siendo, pues, la vid una planta esencialmen- 
te colonizadora, no creo abandonar el asunto 
colonias, sobre el cual tengo el compromiso 
de escribir, dedicando algunos renglones espe- 
ciales á los viñedos de Concordia. 

¡Ojalá la viticultura pueda darnos lo que 
piden tantos publicistas argentinos: la colo- 
nización espontánea! • 



-86- 

Acompañado con los señores Mariano Jura- 
do, gerente de la sociedad anónima vinícola y 
de destilería, «La Industrial Entre-Riana», doc- 
tor don Antonio Balleto, defensor de pobres y 
menores; don Juan Cruz Paiz y su hijo, don 
Adriano Liburo y don Enrique Diez Arenas, 
inspector de rentas nacionales, recorrí rápida- 
mente los viñedos situados al norte de la 
ciudad. 

En primer lugar llegamos ú la casa de un 
español emprendedor, el señor don José Oriol. 
Ese señor dio principio á sus trabajos, hace 
tres años, en sociedad con el señor don Gregorio 
Soler, haljiéndose separado posteriormente. 

Tiene su establecimiento en un cerrito de 
arena y de pedregullo (piedra china), frente á 
la ciudad del Salto, pero arriba de la primera 
corredera que detiene la navegación del rio 
Uruguay. 

Tiene actualmente plantadas veinticinco cua- 
dras de cien varas de frente, de las cuales diez 
están en producción; propónese plantar treinta 
masen este año y llegar con el tiempo á se- 
tenta, reservando solamente una para sembrar 
alfalfa y el espacio necesario para la casa. 

En la casa hay un teléfono para correspon- 
der con Concordia y con el Salto. 

A propósito de teléfono, me olvidé de decir 
que los hermanos Maury tienen uno en su mo- 
lino, del arroyo de Urquiza, que corresponde 
con su otro moJino de Concepción del Uru- 
guay—lo que importa cuatro leguas de distan- 
cia :— todo eso pruel)a que el progreso está á la 
orden del dia en estos parajes, y que nada se 
omite para ponerlos á la altura del siglo, ata- 
cando, domando la naturaleza, suprimiendo el 
tiempo y las distancias. 

El señor Oriol tiene en su viñedo una planta 
que se cree procedente de Norte-América, ha- 



— 37 — 

hiendo de allí pasado á Francia; una planta 
española, dicha de Cariñena en Aragón, tres 
especies de Francia, el gomáis y el chasselas 
de Fontainebleu, y otras cuyos nombres no se 
pueden asegurar. 

Según el señor Oriol, una cuadra de cien va- 
ras, ú los cuatro ó cinco años, puede dar veinte 
bordalesas, es decir, de ochocientos á mil pe- 
sos nacionales. 

El señor Soler tiene plantadas veinticinco 
cuadras, de las cuales diez y ocho están en 
producción, en su establecimiento de «Bella 
Vista», y de treinta y dos cuadras en otro pa- 
raje. 

Las tierras son livianas, areniscas, acciden- 
tadas, buenas para la yid, dice el señor Oriol. 
La uva madura en los principios de Febrero; 
esta maduración precipitada habia hecho creer 
que no se podia hacer vino, pero el mal venia 
de que ponia bajo techo de zinc. Hay que ha- 
cer bodegas para tener una temperatura cons- 
tante. 

El señor Oriol ha tenido que luchar contra 
las críticas, incluyendo la de sus mismos ami- 
gos, pero ha seguido impertérrito en su idea 
y en su éxito cifra el porvenir de sus hijos; ya 
tiene pedidos de vinos para los años de 88 y 89. 



Después de haber estado largo rato con el 
señor Oriol y recorrido sus plantaciones, 
pues ú mas de" viñedos tiene plantados euca- 
íyptus, olivos y otros árboles, pasamos al es- 
tablecimiento llamado «Viña del Ayuy», cru- 
zando antes el del señor Soler, cuya casa está 
muy bien situada en un pintoresco cerrito 
de pedregullo y domina unas alamedas de eu- 
calyptus. El dueño de casa estaba ausente, y 
no nos detuvimos en ese punto. Pero las es- 



— 38 — 

plicaciones dadas por el señor Oriol, creo que 
le convienen igualmente. 

El establecimiento Ayuy pertenece á los se- 
ñores Paiz, Libarona y Cia. Consta de ciento 
veinte y seis cuadras de á cien varas. Tiene 
plantadas cuarenta y cinco cuadras y un al- 
macigo de doscientas mil plantas, pónense 
cuatro mil plantas por hectárea. 

Hay también muchos árboles, tales como 
naranjos, árboles frutales, robles, acacias, eu- 
calyptus, casuarinas. Todos esos trabajos 
datan de dos á tres años: anteriormente no 
habia nada absolutamente. 

Aquí hay para-rayo á mas del teléfono. El 
establecimiento esta al lado del ferro-carril 
del Este. 



Llegamos en fin al establecimiento de la 
socied.id anónima «La Industrial Entreriana.» 
Posee cienta cincuenta cuadras cuadradas 
compradas al señor Soler, á razón de cin- 
cuenta pesos la cuadra, y otras trescientas 
cincuenta y seis en Federación. Dio principio 
á sus trabajos de plantación en el mes de 
Mayo próximo pasado y puso ya cien mil 
plantas. 

Está construyendo una gran bodega don- 
de podrán depositarse millares de bordale- 
sas. 

La sociedad fué fundada el 12 de Setiembre 
de 1886, en la ciudad de Concordia. B jo la 
presidencia del señor D. Juan C. Paiz verificó- 
se entonces una conferencia en la cual toma- 
ron parte eso señor, el inspector de agricul- 
tura, señor Vázquez de la Morena, el Doctor 
Benito Cook, representando al general Racedo, 
gobernador de la provincia, el señor D. José 
B. Cortés, presidente de la municipalidad, y 



— 39 — 

el señor D. Mariano R. Jurado, secretario de 
la comisión iniciadora, estableciéndose en se- 
guida una sociedad anónima con un capital 
de 500.000 pesos nacionales en acciones al 
portador de á 100 pesos nacionales cada una, 
cuyos estatutos fueron sancionados el 20 y 21 
de Octubre. 

La sociedad tiene un consejo administrati- 
vo, un tesorero-secretario, un administrador 
general, un director técnico, debiendo este 
abarcar todos los conocimientos necesarios 
en viticultura, vinicultura y destilería. 

Fueron nombrados para formar d primer 
consejo administrativo, presidente, el señor 
Cupertino Otaño,— vice-presidente primero, 
Juan B . Randle — vice-presidente segundo, 
Juan C. Paiz— vocales, Francisco Megget, In- 
dalecio Menchaca— suplentes, Oliver Budge, 
doctor Benito Cook, Federico Zorraquin, Juan 
Marull y administrador general de la socie- 
dad, el señor D. Mariano Jurado. 

Tales fueron los principios de esa sociedad 
progresista, á la cual deseamos de todo co- 
razón el mayor acierto y el mas feliz éxito 
en la tarea que ha emprendido. 



Entre los iniciadores de la viticultura en el 
departamento de Concordia hay que nombrar 
también á los señores Juan Jáureguy, cuya 
plantación tiene mas de veinte años de exis- 
tencia. Anselmo Moulins, Ballena y San Ro- 
mán, Federico Zorraquin, J. A. Olguin, Ladis-- 
lao García, cuyas plantaciones son anteriores 
á 1883. El padre de todos osos viñedos es el 
viejo vasco-francés Jáuregui, (a) Lorda, cuya 
casa he visitado, acompañado con el doctor 
Morón y el señor Paiz. 

Jáuregui-Lorda, es á la fecha un anciano de 



— 40 — 

75 á 76 años, atacado de reumatismo en las 
piernas, no pudiendo moverse con la agilidad 
que caracteriza ú sus compatriotas, y por 
consiguiente renegando de vez en cuando con- 
tra la necesidad de vivir. 

El es quien entregó al señor Pascual Arria- 
gue los sarmientos con este señor consiguió 
resultados que no habia podido obtener con 
veinte y tantas otras plantas ensayadas. Se- 
gún el señor Vázquez de la Moren i, son de 
una casta especial, la uva tinta francesa que se 
cree sea el famoso Cabernet del Mador.. wTan 
buenos resultados, dice eseseñor, dio al señor 
Harriague esta última variedad y tan admira- 
blemente superaba en calidad para vino á otras 
veinte y tantas que habia ya ensado, que 
desde entonces se dedicó á multiplicarla pre- 
ferentemente, reemplazando con ellas muchas 
de las antiguas y estendiendo los plantíos 
hasta las 70 cuadras de que al principio se 
hizo mérito... Esta casta de vid es tan apro- 
piada á la localidad y de tan sobresalientes 
condiciones que ha vencido en verdadero cer- 
tamen práctico á mas de veinte, traídas di- 
rectamente de Europa con recomendación de 
superiores.» 



Sobre esta vid existe una tradición de fa- 
milia, referida por D. Mariano Jurado en su 
discurso: 

ccliácia fines del reinado de Luis XV en Fran- 
cia, un gran señor habia comprado á precio 
de oro para su viñedo unos sarmientos ex- 
tranjeros de gran mérito, y queriendo ser ex- 
clusivo en su posesión, habia puesto las mas 
duras penas á sus administradores y subal- 
ternoSf si osaban disponer de un solo gajo de 
aquellas plantas. 



— 41 — 

«La orden fué respetada durante algunos 
años; pero un dia malhadado, un mayordomo 
no pudo resistir á la tentación de protejer ú 
su amigo— el abuelo de Jáuregui,— proporcio- 
nándole furtivamente algunos despojos de la 
poda de las parras segadas, catarree sarmientos 
de de«5hecho que iban á quemarse por inútiles y 
que Jáuregui plantó y multiplicó con ardoro- 
so afán. Pero su propagación ú otras circuns- 
tancias que dieron ocasión al gran señor para 
descubrir el fraude que había hecho la dicha 
de Jáuregui y de muchos otros vecinos del 
lugar, costó al pobre mayordomo catarree años 
de cárcel, un año porcada sarmiento. 

«Tal es la procedencia de esas vides, que á 
no ser por la franqueza que tan cara costó al 
amigo del abuelo de Lorda, no se habria pro- 
pagado en su pueblo y dado fama á sus vi- 
nos, ni menos habrían llegado hasta nos- 
otros.» 

Pregunté al señor Jáuregui sobre el parti- 
cular, y me dijo que el abuelo de é* no habla 
cumplido la pena entera impuesta por el se- 
ñor, porque hablase verificado un movimien- 
to en contra de los que mandaban en aquel 
entonces. El vasco-francés, que no sabe el 
francés, aludía, sin saberlo, al gran movi- 
miento revolucionario de 1789, que repercutió 
en todas partes del mundo, y sin el cual in- 
dudablemente jamás Jáuregui hubiese impor- 
tado á Sud-América la planta que promete ser 
una fuente de prosperidad y riqueza para estas 
riberas uruguayas. 

Fata viam invenient: los destinos abren las 
puertas cerradas, llevándoselo todo por delante. 
Los reyes españoles, dominados por las ideas 
del sistema mercantil y del coloniage^ no per- 
mitían que se cultivase la vid en sus pose- 
siones americanas, porque era preciso asegu- 



— 42 — 

rar el monopolio del vino ú los productores 
de la metrópoli; pero el pueblo parisiense de- 
rriba la Bastilla— hecho militar insignificante 
—Napoleón invade á España para someterla 
á su sistema continental; las colonias espa- 
ñolas se independizan ipso fado, y un joven 
vasco, cansado de vegetar en los Pirineos, em- 
pujado por la sed de aventuras que caracte- 
rizó siempre á sus compatriotas, importa ú 
Entre-Rios, sin atribuirle por otra parte gran- 
de importancia, la planta benéfica que ha de 
renovar tal vez y sin tal vez, la faz de esta 

tierra 

La evolución social no puede detenerse. 



— 43 — 



IV 



De Ck>ncordia á Monte-Caseros y á San Martin de Tapeyú 
— La navegación del Alto Uruguay — Los colonos fran- 
ceses en Misiones. 

A las dos (Je la tarde del día 2 de Enero 
mas ó menos, sale el tren expreso de Concor- 
dia para Monte Caseros, pocos momentos des- 
pués de la lle¿5^ada del vapor que trae los pa- 
sajeros de Buenos Aires. Voy acompañado 
del señor Guillermo Grunwaldt, jefe del trá- 
fico del ferro-carril Argentino del Este, quien 
lleva su familia á la estación del Gualeguayci- 
to. Vamos recorriendo terrenos pintorescos 
que han adquirido mucho valor en estos últi- 
mos tiempos, debiendo dedicarse al cultivo 
de la vid y del maní. En Concordia, he visto al 
lado de la estación del ferro-carril, un molino 
para fabricar aceite que pertenece al Sr. Budge. 
El Sr. Demachy, industrial francés venido -A este 
país para poner un establecimiento de conser- 
vas de carne, va también á elaborar aceite, 
habiendo celebrado un contrato con los colo- 
nos de «Villa Libertad» para la siembra del 
ricino ó tártago. En mi carta anterior dije 
que este país prometía ser la región del vino; 
ahora puedo agregar que promete ser también 
la región del aceite, pues el terreno se pres- 
ta muy bien para el cultivo de las plantas 
oleoginosas. 

A las tres y tres cuartos llegamos á Fede- 
ración^ linda ciudad, aunque pequeña, situada 
en la ribera del Uruguay. Se me dice que las 
autoridades y los vecinos de Federación van ú 



— 44 — 

colonizar el ejido y los alrededores. Aviso ú 
los inmigrantes en busca de terrenos. 

Desde la estación se me muestra la casa del 
famoso coronel Guarumba, que desempeñó un 
papel activo en las luchas civiles de esta pro- 
vincia y á quien habia tenido el honor de 
visitar en 1873, en su campamento en las 
orillas del Mandisoby. ¡Cómo ha cambiado el 
país desde entonces! La paz y el ferro-carril 
lian producido todas las maravillas que estoy 
presenciando 

Dejamos Federación y entramos al territo- 
rio de la colonia «Villa Libertad», situada en- 
tre Mandisoby y el Mocoretá, límite de la pro- 
vincia de Entre-Rios. Esta colonia fué funda- 
da por el gobierno nacional en terrenos cedidos 
al efecto por la provincia de Entre-Rios; es, 
por consiguiente, lo que se llama una colo- 
nia oficial. Al principio tuvo que luchar contra 
grandes dificultades, pero ahora parece que 
las ha superado ú todas. Por ahora no nos 
detendremos y la visitaré detalladamente al 
regreso de mi escursion por el alto Uruguay. 
Consignaré solamente una observación que 
hace mi compañero de viaje. Los pobladores 
de Villa Libertad, ó Cliajan, como se dice tam- 
bién, son entreverados. Quiere decir que hay 
hijos del país y extranjeros. Para distin- 
guirlos, basta ver donde se encuentran árbo- 
les al lado de las habitaciones; los que los 
tienen son inmigrantes, los que no los tienen 
son in lígenas. Efectivamente esa aversión 
por 1 arboricultura fué durante mucho tiem- 
po y os todavía característica; conocí á un es- 
tanciero rico, quien decía que no plantaba 
árboles, porque tapaban la vista. Xo quería 
comprender que ese inconveniente insignifi- 
cante es compensado por ventajas considera- 
bles, siendo una de las primeras la de comba- 



— 45 — 

tir la seca, que tanto perjudica & los criaderos 
de animales. 

Cruzamos el Mocoretá y pasamos sin dete- 
nernos delante del saladero de este nombre: 
ya estamos en la provincia de Corrientes; 
pero no se nota diferencia alguna en el as- 
pecto físico del territorio: la Mesopotamiá ar- 
gentina, como la llamó Martin de Moussy, 
continúa siendo el terreno ondulado que ya 
conocemos, cortado de arroyos y de cañadas^ 
que se presta igualmente á la agricultura y 
ti la ganaderia. 

Por lo demás el país está poco menos que 
desierto. En la estación dicha del Naranjito^ 
encontramos un pequeño grupo de ranchos^ 
cuyos moradores, se me asegura, viven en 
campo ajeno, y se trata de desalojarlos. Sin 
embargo, convendría conservarlo como un 
núcleo de población que no tardaría en des- 
sarrollarse, pues la situación presenta venta- 
jas para el porvenir. El doctor Rawson, mi- 
nistro del interior en aquella lecha, ponderan- 
do los servicios que iba á prestir el ferro- 
carril del Este, decia que la via férrea tenia 
una virtud fisiológica, la de poblar inmedia- 
tamente el territorio que cruzaba y de trans- 
formarlo completamente. Admitida esta aser- 
ción que es indiscutible, la rancheria del Na- 
ranjito se transformarla rápidamente en una 
población importante. 

El sol ha desaparecido detrás del horizonte, 
cuando llegamos á Monte Caseros. No hay 
tiempo para visitar la ciudad; nos traslada- 
mos inmediatamente al puerto del Ceibo 
donde nos esperaba el vapor «Ibera» y em- 
prendemos la navegación ague^ arriba. 

Monte Caseros está situado en una curva 
que describe el rio Uruguay, y tiene á su 
frente el pueblo oriental da Santa Rosa, ca- 



— 46 — 

becera del ferro-carril de aquel Estado, y el 
Cuareim que lo divide, del imperio del Brasil; 
fuó fundada hace mas de treinta años, por el 
gol)ernador Pujol; las calles son anchas como 
houlevares; tienen todas cuarenta varas, cuya 
dimensión puQde parecer actualmente exage- 
rada, pero tendrá indudablemente sus venta- 
jas en el porvenir, pues las ciudades se cons- 
truyen para durar perpetuamente. 

S (fe e/íí'/'o— Navegamos durante toda la no- 
che; al amanecer fondeamos á quinientos me- 
tros de un edificio de ladrillo que aparece en 
la ribera argentina; este es un molino de aceite 
que pertenece al senador Baibiene;el Ibera trae 
carga para él; aprovechemos la oportunidad 
para visitarlo. Kl molino no funciona todavia, 
pues no se ha concluido de armarlo, pero 
parece organizado para trabajar en grande 
escala. Está situado en el centro de una es- 
tensa plantación de mgní, que debe prosperar 
admirablemente en e-te terreno arenoso. El 
lector sabrá que el maní es una planta que 
tiene la particularidad de enterrar sus frutos, 
cuando se han formado en la parte exterior, 
y que, cuando mas se le pueda arrimar tierra, 
tanto mas produce. El maní promete, pues, 
ser una fuente de riqueza para esta comarca, 
y tenia razm cuando decia anteriormente que 
esta tierra iba á ser la región del aceite. En 
cuanto al aceite de maní es casi tan bueno 
como el de olivo, y hasta puede afirmarse 
que mucha parte del que se expende actual- 
mente no tiene de olivo sino el nombre. 

Son las siete y media de la mañana cuando 
fondeamos en el puerto de la Uruguatjana^ 
ciudad brasilera la mas importante de esta 
costa. La Uruguayana es muy conocida en 1 • 
historia de estos paises: allí fué donde rindió 
las armas el ejército paraguayo que había 




— 47 — 

invadido al Brasil en 1865, á las órdenes del co- 
ronel Estigarribia. La plaza principal de la ciu- 
dad lleva el nombre de Plajea de la Rendición. 

Visitamos rópidamente la ciudad en carrua- 
je, llegando hasta la estación del í'erro-carril. 
Los brasileros llevan adelántelos trabajos del 
ferro-carril al norte y al sud; actualmente 
están construyendo un gran puente sobre el 
rio Ibicuy, y se trata también de poner otro 
sobre el rio Cuareim que divide al imperio 
de la República Oriental. 

Al sud de la ciudad aparece un gran edifi- 
cio que domina el rio: es un cuartel, pero no 
hay muelle en el puerto, como no los hay 
tampoco en los puertos de la costa argentina. 
Ese descuido por las obras pacificas, esa aten- 
ción preferente ix)r las obras bélicas, des- 
pierta sentimientos de tristeza é inspira re- 
flexiones melancólicas ú los amantes de la hu- 
manidad. 

En frente ú la Uruguayana está el pueblo 
argentino conocido antiguamente con el nom- 
bre de Restauración 'y actualmente con el de 
Paso de los Libres, porque por allí pasaron, 
según se me refirió los individuos abnega- 
dos que iban á libertar esa provincia de la 
opresión. 

Libres está como Uruguayana situada en 
una colina elevada; desde allí se divisan per- 
fectamente las anchas calles de la ciudad bra- 
silera que corren perpendicularmente al rio. 
Las de Libres son. arenosas; Iqs casas, cubier- 
tas con tejas españolas, están sombreadas 
por grandes naranjos que cubren . los sitios 
y ocupan manzanas enteras. El naranjo 
prospera admirablemente en esta comarca. 
El terreno conviene para el maní, el sorgho, 
el maiz, el tabaco, pero no para la caña de 
azúcar. 



.— 48 — 

Pregunto dónde vive el señor Verdier, agro- 
mono distinguido, uno de los primeros colo- 
nos que vinieron á la República Argentina 
después de la batalla de Caseros y del esta- 
blecimiento del régimen constitucional: se 
me responde que está ü media legua de la 
ciudad, en una colina elevada que se mues- 
tra en lontananza, coronada de árboles tupi- 
dos que deben ser naranjos. El señor Ver- 
dier tiene una gran quinta y una gran cha- 
cra, cuyos productos expende en la ciudad 
de la Uruguayana, así como los colonos de 
San Martin, establecidos al norte del pueblo 
de ese nombre el (antiguo Yapeyü). Esos 
inmigrantes franceses, de los Pirineos, for- 
maban parte, como le dije en una carta an- 
terior; de la coloni.i establecida á inmediacio- 
nes de Corrientes, por el doctor Augusto 
Brougnes. 

Visito al coronel Paiba, jefe político; es un 
alumno del colegio nacional del Uruguay; dí- 
ceine que los correntinos son poco afectos al 
trabajo agrícola, y que los inmigrantes pue- 
den venir á este país, seguros de encontrar 
ocupación y buenas utilidades. Lo mismo 
me dicen actualmente los vecinos de Monte 
Caseros, cuyo ejido es extensísimo, pues abar- 
ca diez leguas cuadradas de superficie: por 
consiguiente deberla dedicarse á la agricul- 
tura: en vez de convertirlo en potreros, que 
nada ó poca cosa producen. 

Lo que falta á Libres como ú todos estos 
pueblos, son las comunicaciones, salidas para 
los productos: por ejemplo, se me ha asegu- 
rado que el señor Verdier cosecha tantas na- 
ranjas que no sabe que hacer con ellms; ya 
es tiempo de que venga el ferro-carril ha des- 
pertar esta gente de su letargo secular. 

Oigo decir que Libres no tiene la impor- 



-49- 

tancia comercial que tuvo en otro tiempo. 
¿Por qué será? Se culpa de ello á las auto- 
ridades. Así hacen todos los pueblos de raza 
y de educación latina, que lo esperan todo de 
la iniciativa superior; pero olvidan que los 
pueblos libres son los que l&bran ellos mis- 
mos sus propios destinos, y que sin la pre- 
sión constante de la opinión pública siempre 
vigilante, los gobiernos mejor intencionados, 
suelen también caer en la inercia. Pero de- 
jémonos de reflexiones sociológicas que nos 
llevarían muy lejos. Vuelvo á mis apuntes. 
En Libres viven— se me ha dicho— los hijos 
de Bonpland, el famoso naturalista francés, 
compañero y colaborador de Humboldt; pero 
viven al estilo de los demás paisanos, sin de- 
dicarse en lo mas mínimo al estudio de las 
ciencias naturales. Es sabido que Bonpland, 
después de haber salido del Paraguay, donde 
Francia lo tuvo cautivo, durante doce años, 
vivió en estos parajes hasta el fin de su vida, 
habiendo muerto en 1858, casi nonagenario 
como su amigo Humboldt. Ponderal^a mu- 
cho la feracidad y salubridad del territorio, 
de las Misiones, y creo efectivamente que su 
clima, aunque algo caliente, debe ser uno de 
los mas saludables del mundo, sobre todo el 
de las costas del Uruguay. Allí los médicos 
no pueden vivir, es decir, que todos viven sin 
acudir á ellos, lo que es indudablemente el 
mejor medio de vivir durante largo tiempo. 
Reinan así mismo como en los demás países 
del Plata la variaciones repentinas de tempe- 
ratura, pero parecen que no dañan ú la salud; 
los dias son de calor abrasador; las noches 
de una frescura deliciosa, los roclos abun- 
dantísimos. Este clima es loco, me decia un 
señor de Santo Tomé; sin embargo, gozamos 
de buena salud. 



,-50- 

Agregúese que los aguas son generalmente 
ferruginosas, como el suelo, como las pie- 
dras entre las cuales se deslizan; por consi- 
guiente deben convenir á todos los tempera- 
mentos, sobre todo, á los anémicos, á lo:^ in- 
dividuos predis{)uestos ú la tisis, á todos los 
débiles. Se me ha asegurado que la viruela 
no se conoce ni tampoco la tisis. ¿Será cierto? 
Valdría 1 1 pena de averiguarlo. Sea lo que 
fuere, creo que lívs costas del alto Uruguay, 
desde Libres para arriba, formarían una ex- 
celente estación higiénica para los valetudi- 
narios de Buenos Aires, de Montevideo y de 
las demés ciudades de abajo, igual sino pre- 
ferible á la Asunción del Paraguay, donde mu- 
chas fiímilias suelen ir á pasar el invierno. 

Existe un argumento decisivo que milita en 
favor de mi afirmación: es que los jesuítas, 
conocedores consumados de todas estas cir- 
cunstancias, los jesuítas, que habí n abando- 
nado todas las prácticas debilitantes del asce- 
tismo, y que cuidaban tanto el cuerpo como 
el alma, — mens sana ¿n corpore sano—con el ob- 
jeto de ser combatientes valerosos de la fé, 
consideraban las costas del Uruguay como su 
mansión predilecta, y que allá, en Yapeyú, 
habían fijado su cuartel general. 

No debe omitirse este dato, hoy día, cuan- 
do la gran cuestión de la inmigración y de 
la colonización está á la orden del día, cuan- 
do se trata de devolver á esos lugares abm- 
donados, asolados por la guerra civil y la 
guerra extranjera, la población que tanta fal- 
ta n «s hace, reemplazando con trabajadores 
europeos lo limites de americanos que los 
discípulos de Loyola habían conseguido 
agrupar en esta comarca encantadora. Verá- 
se entonces, cuando las maravillas del traba* 
jo libre superan los resultados de la disci- 



— 51 — 

plína monástica y de la regimentacion comu- 
nista. 

Mientras estaba haciendo estas reflexiones 
y otras por el estilo, el Ibera «os habia lie- 
vade delante de una barranca cubierta de una 
vegetación exuberante; en medio de la cual 
se destacaban algunos ranchos perdidos, ro- 
deados de naranjos colosales, y habia empe- 
zado á silbar, ó, mejor dicho^ á ladrar, por- 
que .el lector debe saber que el Ibera tiene 
ladridos y mujldos en su melopea: esto es lo 
que lo distingue de los .demás vapores que 
suelen contentarse generalmente con los mu- 
jidos ó los silbidos. Pues bien, los ladridos 
del Ibera tienen algo de infernal; al oirlos du- 
rante la noche, creería uno asistir á las esce- 
nas fantásticas de un aquelarre, presidido por 
el mismo Diablo en la ospuridad de las selvas 
profundas, con acompañamiento de brujos y de 
brujas desgreñadas. 

Preguntóme entonces el comisario si queria 
bajarme. 

—¿Para quó? dije, si aquí no veo nada que 
llame la atención. 

Pero oyóse una voz que decia: este es el 
pueblo de San Martin. 

Naturalmente este nombre hizo variar mi 
resolución, y me lancé 4 la canoa con el co- 
misario y mi compañero de viaje, doctor san- 
tafecino con el cual habíamos bajado también 
en Libres y en Uruguayana. Trepamos pues 
la barranca de tierra colorada, que caracte- 
riza el suelo de todas las Misiones, y nos 
encaminamos rápidamente á la plaza de la 
antigua Reducción Jesuítica; es grande, espa- 
ciosa; un higueron gigante está en el cen- 
tro, hay otro en la esquina noroeste: vénse 
las ruinas de una capilla con un campanario, 
una casita vieja que debe ser un cuerpo de 



- 52 — 

guardia; en el umbral de la puerta hay un 
joven políceman, que no tendrá veinte años, 
cruzado de indio y de negro^ descalzo, con 
un traje indescriptible, llevando una gran 
pistola en la faja. Preguntóle donde está la 
casi de San Martin; no parece comprender 
la pregunta. Un negociante de la localidad, 
extranjero, nos dá una contestación negativa. 
Nadie sabe donde nació el gran capitán sud- 
americano; probablemente, la casa-cuna fué 
destruida como todas las detnás y formará 
parte de los escombros amontonados sobre 
los cuales han crecido las plantas parietarias 
y los árboles; la naturaleza indomable ha re- 
cuperado su dominio usurpado por los hom- 
bres et campos ubi Troja fuit. Y por otra par- 
te^ ¿qué importa la casa donde vio la luz el 
gran vencedor? ¿Quó ganaríamos con com- 
templar un edificio vetusto cargado de mus- 
go y de enredaderas? Mas vale contemplar 
el edificio político levantado por la mano 
fuerte del ínclito varón, la América libre, la 
América independiente^ la América republi- 
cana^ arrancada al yugo del coloniaje y abrien- 
do sus puertas cerradas hasta entonces á to- 
dos los hombres del mundo que quieran ha- 
bitarla para fundar sociedades florecientes. (1) 

«Regardez en avant, et non paz en arriére», 
ha dicho Lamartine; 'esa casa edificada por los 
jesuítas, simbolizaba el pasado; lo demás sim- 
boliza el porvenir. 

Ese porvenir está representado, á poca dis- 
tancia de allí por la colonia de San Martin, 
es decir, por las familias francesas de las cua- 
les ya hablé anteriormente. Esta no es una 
colonia propiamente dicha, sino una agrupa- 

(1) Hé sabido después que la casa existe todavia, sien- 
do una de las que se ven en la plaza central. 



— 53 -r 

cion libre de individuos que se estiblecieron 
allí y compraron terrenos, para dedicarse ú 
la agricultura y á la cria de animales. En- 
traré posteriormente en mayores detalles á 
este respecto. Por ahora me ceñiré á decir 
que los colonos de San Martin cultivan el 
maiz y las legumbres, porotos, melones, za- 
pallos, sandías, vendiendo^ como ya sabe- 
mos, la mayor parte de sus productos ú la 
Uruguayana. Cultivan también la viña y ha- 
cen vino para su consumo. Tienen grandes 
Elantaciones, naranjos, eucalyptus y otros or- 
óles que se divisan perfectamente desde la 
cubierta del vapor, al norte del pueblo. 

Allí están pues, los franceses de los Piri- 
neos, sucesores.de los indios y de los jesuí- 
tas! Tales son las vicisitudes de la historia, 
y las revoluciones de los imperios. Esas po- 
cas familias^ que no pasan de treinta, perdidas 
en un rincón de Misiones, y que fueron los 
pioniers de la colonización en la provincia 
de Corrientes, han mostrado por su ejemplo, 
lo quepodia haber hecho esta provincia, si sus 
gobernantes hubieran fomentado aquel ensa- 
yo, y si sus hijos se hubiesen dedicado á las 
tareas benéficas de la agricultura y de la in- 
dustria la vigésima parte de la energía que 
gastaron inúltimente en las agitaciones de la 
revolución y de la guerra civil. 

En íin, mas vale tarde que nunca: deseo ar- 
dientemente que la ultima década de este si- 
glo, vea llevados á cabo los trabajos que se 
habían iniciado hace mas de treinta años, 
y cuya realización fué postergada por la 
fatalidad de las circustancias. Debo decir 
que es también el deseo de gcan parte de los 
individuos ilustrados y progresistas con los 
cuales he tenido el honor de conversar, du- 
rante la escursion rápida que acabo de hacer. 



54 — 



Desde la Gnu hasta Garruchos — Las ciudades brasileras 
—La industria azucarera en Misiones. 

La noche no nos permitió visitar el pueblo 
de La Criu, otra misión jesuítica de la costa 
argentina. Allí es donde existe perfectamente 
conservado un cuadrante solar de los reve- 
rendos padres; trae la inscripción siguiente: 
á >iol¿s ortii usque ad occasum benedictum sit 
nonien doniini. Lo que debe traducirse para 
los que no han estudiado* latirt: bendito sea el 
nombre del Señor, desde la salida hasta la 
puesta del sol! 

Llegamos ó Itaquí^ ciudad de la costa brasi- 
lera, ú las 10 de la noche, y fondeamos. En 
la costa argentina poco lejos de la ribera está 
el pueblo moderno de Alcear. Al amanecer 
observo que falta el muelle en Itaquí como 
en la Uruguayana; pero no falta un cuartel 
grande; además hay cuatro buques de guerra 
fondeados en la orilla. Recorro rápidamente 
las calles y las plazas de la ciudad; voy á sen- 
tarme en la plaza principal, que es cercada 
con alambre y adornada con algunos paraí- 
sos. En el centxo hay una plazoleta octógo- 
na ocupada con grandes bancos de asperón. 
Al norte, la antigua iglesia edificada por los 
jesuítas, con piedra labrada y sin cimiento, 
ha quedado sin concluirse. El rey de Espa- 
ña Carlos III echó á los jesuítas de sus do- 
minios, en el énomento menos pensado; no 
les dio tiempo de llevar á cabo sus trabajos, 
a¡ menos i>or entonces. Por eso la iglesia 
de Itaquí no tiene mas que la torre del este; 



— 55 — 

falta la del oeste. Las campanas están en of 
exterior, colgadas de una horca. Una vaca 
parecía comtemplarla, y me daban ganas de 
creer en la metempsícosis. Un espiritista di- 
ría que era el espíritu de alguna señora 
aleccionada por los reverendos padres, que 
habió renacido bajo esa forma bestial, simbo- 
lizando la sociedad, que al fin y al cabo es la 
vaca lechera de los jesuítas. Honni soit qui 
mal y pense! 

En la misma plaza hay otra iglesia que tam- 
poco está concluida. 

. Las manzanas y los solares son cercados 
con piedras sin cimiento; las casas bien edi- 
ficadas cubiertas con tejas españolas. Los 
naranjos y los bananos aparecen en todas 
partes. 

Salimos de Itaquí á las 8, y costeando una 
isla muy poblada, llegamos á San Borja á las 
4 de la tarde. Digo mal cuando digo San 
Borja, porque el pueblo de este nombre está 
á medía legua tierra adentro; estamos en el 
puerto de San Borja. Aquí también los bra- 
sileros han levantado un gran cuartel sobre 
una colína que domina las costas del rio. 

El aspecto del rio al norte de San Borja se 
torna monótono; las riberas siempre cubier- 
tas de una vejetacion exuberante, dejan á 
menudo ver chozas donde pululan los niños, 
plantaciones de rtlaiz, y canoas al abrigo de 
los árboles. Adviértase que las islas mas 
importantes pertenecen al Brasil. Hay una 
muy extensa que se llama la Isla Cua- 
drada. 

En fin, á las 6 de la tarde alcanzamos la 
barranca altísima de Santo Tomé, que es el 
objetivo del Ibera. Un compañero de viaje, 
doctor santafesino, quien quiso como yo 
aprovechar la creciente del rio Uruguay, dice 



— 56 — 

que esto se parece á la barranca del Paraná 
(ciudad). 

Hay un vaporcito, el Garruchos^ que vá á 
seguir aguas arriba hasta el punto del mis- 
mo nombre. Fui, pues, adelante; en cuanto 
á mi compañero de viaje, tiene que regresar 
á Buenos Aires porque necesita estar, en 
cuanto se cierre el punto. Hicimos, pues^ una 
excursión rápida por las calles y la plaza de 
Santo Tomé y volvimos ú bordo. 

El Garruchos emprende la marcha á las 9 
y media de la noche, somos cuatro pasajeros, 
los otros tres van á la costa brasilera. 

5 de enero— Weíao^ navegado durante toda 
la noche, algo incomodados por el calor de la 
caldera y recostados en los bancos de la cá- 
mara. 

A la guerre comme á la guerree. Llegamos 
á Garruchos á las 8 de la mañana. 

En Garruchos no hay fonda, ni posada, ni 
algo que se parezca á un pueblo; felizmente 
el señor Fernando Méndez, director de «El 
Amigo del Pueblo» (de Concordia) me dio va- 
rias cartas de recomendación, entre las cua- 
les hay una para el señor Juan Madariaga, 
negociante en esta localidad; y el doctor ale- 
mán Walter, médico en Santo Tomé me dio 
una tarjeta para el director del ingenio. E4 
ingenio está algo retirado de la costa, con la 
cual se comunica por medio de un ferro- 
carril Decauville; me dirijo por consiguiente 
hacia la casa del negociante: es un español 
de Bilbao que me brinda la hospitalidad más 
generosa, y me dá todos los informes que le 
pido sobre estos parajes. 

Garruchos se compone de una docena de 
ranchos en la costa argentina, y de algunos 
otros en la costa brasilera. ¿Habrá allí unas 
quince familias? Garruchos pertenece á la 



— 57 - 

provincia de Corrientes, no forma parte como 
yo lo suponía del territorio federalizado. 
Aquí estamos á 22 leguas de Posadas. Pen- 
saba ir por tierra ó esa capital, pero las co- 
municaciones son diflcilísimas; seria preciso 
andar en carretas de bueyes. Prefiero enton- 
ces volver á Santo Tomé y tomar allí la dili- 
gencia que sale tres veces al mes, haciendo 
la travesía en un par de dias, ó mejor dicho, 
en dia y medio. 

Los cultivos que dan buenos resultados en 
Garruchos, son el tabaco, la caña dulce, la 
vid, el maiz, el ricino ó tártago, la mandio- 
ca, el poroto, el zapallo, el arroz, el tomate, 
el ají, toda clase de legumbres, y la cebada. 

La caña daria mas producto al norte, es de- 
cir, mas arriba de Santa Maria. 

En Concepción de lo Sierra se ha cosechado 
una cebolla que pesaba cinco libras, y cada 
una pesa término medio, una libra y me- 
dia. La mandioca es la planta predilecta del 
país, como de todo el territorio de Misiones; 
es verdadera carne de perro, para valerme de 
la espresion criolla. 

Los mejores terrenos son indudablemente 
los terrenos de bosque: el que quiere conse- 
guir buenas cosechas, tiene que desmontar- 
los;- esto no necesita esplicacion; los detritus 
formados por la calda de las hojas producen 
una fertilidad extraordinaria que no puede 
encontrarse envíos campos descubiertos que 
no tienen mas vejetacion que la herbácea. 
Dice el doctor Burmeister: «Es un axioma 
conocido desde mucho tiempo atrás que la 
introducción de un nuevo cultivo solamente 
se hace con ventaja, cuando se puede destruir 
una vejetacion natural para sustituirla por 
otra artificial, partiendo del punto de vista 
de la organización de las plantas, esto es, 



— 58 — 

siempre la peor y la que tiene que ceder, la 
mejor, Así se cultiva el café en el Brasil des- 
montando la selva virgen y poniendo las plan- 
tas tiernas de café en su lugar.» 

La agricultura de Misiones es idéntica á la 
del Brasil; por eso todos los cultivadores ha- 
cen rosados^ derriban, queman la selva: lo de- 
más es perder el tiempo, ó poco falta. 

El terreno de bosque produce hasta cien 
carretadas de caña por cuadra, y término 
medio, setenta y cinco ó cien arrobas cada 
una; mientras tanto, el campo descubierto no 
dó arriba de treinta y cinco á cuarenta. 

Una cuadra de maiz rinde cuatrocientas á 
quinientas ruanos^ siendo la m^ino de sesenta 
y cuatro mazorcas. 

Ya nombré el arroz; en Concepción hay ac- 
tualmente diez cuadras sembradas. Muchas 
otras personas me han ponderado el cultivo 
del arroz como una peculiaridad del terreno 
de Misiones. 

Las crecientes del Uruguay alcanzan pro- 
porciones extraordinarias, cubriendo entera- 
mente las barrancas elevadísimas y penetran- 
do en el interior de las tierras; pero las orillas 
de este rio no conocen la fiebre llamada chucho^ 
que se hace sentir en las costas del alto Pa- 
raná, al menos de vez en cuando. Tampoco 
hay mosquitos, pero esa afirmación me pare- 
ce algo problemática. 

El aspecto general del 'país és el siguiente: 
terreno colorado, ferruginoso, rocas de aspe- 
ron en abundancia; islas de bosques que sal- 
pican el campo quebrado, accidentado, ondu- 
lado, produciendo con su alternancia de mon- 
te y campos descubiertos el efecto mas pin- 
toresco. 

Como el dia era de un calor abrasador, es- 
peré las cuatro de la tarde para subir al ingé- 



— 59 — 

nio de azúcar que está edificado sobre la cu- 
chilla. Una compañía formada en Buenos Aires 
con el nombre de Runciman y Ca., sacaron del 
gobierno de Corrientes una concesión de diez 
leguas, bajo la condición de introducir un 
cierto capital para la fabricación de azúcar: 
cedieron tres leguas á una sociedad anónima 
que ha planteado aquella industria. 

Est3 no es una colonia como se dice y se 
cree: no hay familias europeas ó no hay sino 
una sola, sin embargo, se ocupan allí hasta 
quinientos trabajadores, habiéndose plantado 
cuatrocientas cuadras (de 150 varas) de caña. 

El año próximo pasado produjéronse 17.000 
arrobas de azúcar, tan buena, dice Madariaga, 
como la de Tucuman, y 170 pipas de aguar- 
diente. Este año va á duplicarse probable- 
mente la producción. 

La máquina es de la fuerza de 40 caballos; 
el trapiche actual puede elavorar200 carreta- 
das de caña cada 24 horas; pero puede au- 
mentarse la fabricación á medida que se au- 
menten las plantaciones. 

El ingenio trabaja desde Mayo hasta Se- 
tiembre. 

Tales son los detalles que me suministró el 
Sr». E Wenderburg, gerente del estableci- 
miento, hijo de alemán, nacido en el Brasil. 

La posición de Gar ruchos es ventajosa; con- 
vendría que se pusiese allí una población que 
no tardaría en adquirir gran importancia, 
pero desgraciadamente se han enagenado to- 
dos los terrenos fiscales; habría que valerse 
de la expropiación para fundar una colonia ó 
algo parecido. 

Mas al norte de Carruchos existen dos es- 
tablecimientos do la misma clase, en Santa 
María la Gí^ande y en Santa María la Chica, 
Como el vaporcito no pasara de Garruchos, 
por falta de pasagerbs, no pude visitarlos. 



- 60 — 

El ingenio de Garruchos posee una oficina 
telegráfica que va ú prolongarse hasta Con- 
cepción. Aproveché la oportunidad para anun- 
ciar mi llegada al Dr. Parera, ministro de 
Hacienda de la provincia de Corrientes, aña- 
diendo que podia dirigir la contestación á 
Santo Tomé donde estariti al dia siguiente, y 
efectivamente, el jefe político de ese punto 
vino por orden superior á ofrecerme sus ser- 
vicios. La telegrafía eléctrica es una inven- 
ción maravillosa; los antiguos hubiesen pues- 
to ó Morse en el número de los dioses del 
Olimpo. Pero la humanidad no está satisfe- 
cha todavía y espera con impaciencia la so- 
lución del problema de la navegación aeros- 
tática. Efectivamente es lo que falta á los 
exploradores. Entre tanto, yo propondría el 
empleo de globos cautivos para contemplar 
desde arriba, los parajes inaccesibles é in- 
transitables, tales como la laguna Ibera y 
los bosques impenetrables de Misiones y del 
Chaco. 

No teniendo á mi disposición globo dirigi- 
ble tuve que valermedel vaporcito Garruchos 
para regresar á Santo Tomé, pero esta vez 
era el único pasajero; por consiguiente pude 
á mis anchas contemplar la luna silenciosa, 
de que habla Virgilio, que derramaba su luz 
plateada sobre la superficie tranquila del rio 
y sobre las riberas boscosas sumidas en el 
sueño profundo de la naturaleza. La soledad 
reina en esos parajes; no hay movimiento; ni 
de dia ni de noche se encuentra una vela en 
ese rio desierto, y sin embargo, cuántos ele- 
mentos de vida, cuánta riqueza yace inexplo- 
tada en ambas orillas! 

6 de enero—YA patrón del Garruchos, es un 
baqueano del Ibera, brasilero de «la Urugua- 
yana; tiene su familia eñ un puesto de una 



— 61 — 

estancia inmediata en la costa brasilera; pre- 
guntóme si le permitirla que fuera á visi- 
tarla. 

—Con mucho gusto. Yo lo acompañaré. 

Un roció abundantísimo ha caldo durante 
la noche; caminamos un cuarto de legua en 
las picadas y en los pajonales antes de llegar 
ó la habitación déla familia. La estancia bra- 
silera no se distingue de la estancia argentina; 
es el mismo sistema primitivo: un corral 
para encerrar los animales y puestos despa- 
rramados de distancia en distancia. El due- 
ño de este campo se dedica especialmente á 
la cria de muías, que tienen gran valor en 
las provincias brasileras. 

La familia del baqueano nos obsequió con 
el inevitable mate\ nos ofreció también leche, 
pues tienen una porción de vacas lecheras 
que están todavía encerradas en el corral- 
son las seis de la mañana— pero no sé tomar 
leche. 

La familia es numerosísima: seis ó siete ni- 
ñas y varones, sin contar los que están au- 
sentes, que han^ venido á pasar una tempo- 
rada en este campo, pero ya están aburridos, 
y no tardarán en regresar ú la Uruguayana. 

Tienen una quinta, pero algo abandonada, 
compuesta de naranjos, de duraznos, de unas 
parras antiguas, de paraísos, de alguno que 
otro r ,sal y de madreselvas. 

Otra familia, pero esta es de cuadrúpedos, 
pasea al rededor de la casa y en la quinta; es 
una familia de cerdos. Recuerdo que según 
Vauban, el cerdo es un animal esencialmente 
colonizador. El famoso guerrero que fué 
también un economista amigo del pueblo, ha- 
bla hecho un cálculo, del cual resultaba que 
un casal de cerdos, á los diez años, debia pro- 
ducir seis millones de individuos: es un pro- 



- 62 — 

creo que parece fabuloso. Por consiguiente 
no puede haber especulación mas productiva 
que la de criar cerdos, y seria facilísima en 
el territorio de Misiones: los cerdos á mas de 
los productos naturales de los montes, consu- 
mirían las frutas que no pueden tener salida 
actualmente; tales como el maíz, la batata, la 
mandioca, los zapallos, etc. 

Entretanto, la grasa de cerdo y la manteca 
nos vienen del exterior. 

Nos despedimos de la familia brasilera, y, 
volviendo ó embarcarnos, orillamos la isla ar- 
gentina de San Mateo, que no hablamos po- 
dido ver la víspera, cuyas riberas se nos apa- 
recen pobladas, cultivadas, llenas de naranjos, 
de maizales y de cañaverales. 

A las nueve y cuarto estábamos en Santo 
Tonié. La posición de esta villa es una de las 
mas* pintorescas; las casas bien edificadas con 
buenos materiales se pierden en medio de 
una vejet icion lujuriante; los cercos de las 
manzanas son de naranjos; pero á cada rato 
se encuentran pedazos de piedras labradas 
por los jesuítas, que los vecinos han aprove- 
chado para construir sus paVedes. 

Santo Tomé tiene un club y una municipa- 
lidad compuesta de vecinos progresistas, que 
se esmeran tanto como pueden, en promover 
el adelanto de la población. 

En el hotel del club encuentro á uno de 
ellos, el señor Manuel Grané, oriental, á quien 
venía recomendado. Este señor me hizo re- 
correr las calles y me llevó á casa de un 
portugués, quien tiene una quinta donde se 
encuentran toda clase de árboles, la planta 
del thé, la del café, la chirimolla, que dá la 
famosa pasta conocida con el nombre de café 
de Arabia, sin contar los naranjos, los bana- 
nas, la viña. 



— 63 — 



«!«mí.%nt'!?'*f ponderan mucho el clima de 
banto Tomé, á pesar de las variaciones del 

enKed'aíer'* '^' ^^'"''^ "« '' — " '- 

V ^i'^i!"^'" ^/"^"^^ "^^. "•'^■^ ^ su casa para cenar 
y me hace tomar vmo de Santo Tomó" es vi- 
no producido con la misma uva que la do 
Colon, en línlre-Rios; quiere decir, qup de a 
que desear; sin emi)aríío, mi hospedan fe ase- 
gura que uno se hahitüa ú ello con el tiem- 
po y que deja de estrañar ese gusto especial 
Kl vino ha sido fabricado <lc un modo rudi- 
mentario y con falla completa de elementos 

lome, quien había ido con el señor don Au- 
gusto Sandri (del Vasco) á fundar la colonia 
«Milrcos Avellaneda.) en el Alto Paraná en la 
ex-mision de Corpus. La colonia no Igííó íí 
constituirse por falta de elementos: los (veló- 
nos se desparramaron; esto vino <'i dará Santo 
Tome, V conquistó i)or sí solo una buena po- 
sición, habiendo principiado con treinta pesos. 
ruimos á visitarlo. 

Los alrededores de Santo Tomé so prestan 
muy bien para la colonización, y creo ciue 
este punto debería indicarse á la inmigrac on 
.extranjera. Mas adelante diré cuáles son las 
íi^^ r"?^ í ^T condiciones, que la municipa- 
lidad de Santo Tomé ofrece á los pobladores 

Los brasileros también piensan en la colo- 
nización; la municipalidad de San Borja, en la 
ribera opuesta, vá á comprar al señor Al bu- 
quer<|ue rico hacendado, cuatro leguas nara 
destinarla á la colonización. ^ 



— 64 — 




VI 



Santo Tomé y sus alrededores —Excursión terrestre de 
Santo Tomé á Posadas— Recuerdos de los jesuítas 



Acompañado de los señores Manuel Grané, 
miembro de la municipalidad; Herrera, jefe 
político interino; doctor Martinez, médico es- 
pañol; Walter, médico alemán; Francisco Silva, 
Carmelo Garcia y otros vecinos, pude hacer 
una escursion interesante en los alrededores 
de Santo Tomé. El país, dicen estos señores, 
se presta para todos los cultivos; por ejemplo, 
la vid, el maní, el ricino ó tártago, el azafrán, 
la mandioca, toda clase de árboles, y princi- 
palmente el naranjo, y todos esos productos 
podrían exportarse. 

Afirman estos señores que la langosta, la 
temible langosta no hace sentir sus estragos 
en Santo Tomé, y que no pasa de Libres. 
Santo Tomé seria, pues, una tierra de ben- 
dición para los agricultores. 

En la enumeración hecha anteriormente he 
• omitido el garbanzo, la cebada, el maíz, la 
alfalfa, la papa, la batata, el agí, toda clase de 
legumbres, la moniata^ especie de* batata que 
^ adquiere proporciones extraordinarias y el ta- 

baco, que dá excelentes resultados. 

Adviértase que aquí no existe verdadera 
agricultura. El correntino se ciñe á arañar 
la tierra y solo desde dos años á esta parte 
se ha principiado á hacer algo á este res- 
pecto. 




— 65 — 

Pero las autoridades y los vecinos de Santo 
Tomé tienen las mejores intenciones para fo- 
mentar el adelanto del país. La corporación 
municipal me ha remitido los datos que tras- 
cribo ó continuación, que creo pueden intere- 
sar á los inmigrantes. 

Chacreas— El número de chacras de propie- 
dad municipal es de trescientas aproximada- 
mente.— El área de cada una de ellas es de 
quinientas varas por cada uno de sus lados, 
dejando para calles entre una y otra treinta 
varas.— El precio mínimum señalado por la 
ley es de cuatro pesos nacionales el área de 
cien varas, de lo que resulta un valor de 88 
36il00; ochenta y ocho pesos treinta y seis 
centavos por cada chacra.— Para poder obte- 
nerse los títulos definitivos de propiedad, ten- 
drá el adquirente la obligación de poblar y 
cultivar lo menos dos veces media suerte de 
chacra en el plazo de dos años, ó invertir un 
cgpital en ella que represente el valor del 
cultivo que .se ha manifestado. Hasta tanto 
el comprador pueda dar cumplimiento á esta 
disposición, la municipalidad le espide un tí- 
tulo provisorio para guarda y uso de sus de- 
rechos. 

Quintas^El número de estas disponibles 
es de cincuenta, inmediatas al pueblo.— El 
área designada de cada una de ellas es un 
cuadrado de 150 varas por cada frente.— El 
precio mínimum es de cincuenta pesos, y el 
máximum cien pesos por cada suerte de quinta. 
—El comprador tiene obligación de poblarla, 
cercarla y cultivarla en el plazo de un año. 

Solares^El número de solares de propiedad 
municipal es de doscientos mas ó menos.— 
Cada solar tiene veinticinco varas de frente 
por cincuenta de fondo.— El precio mínimum 
señalado por la ley es de un peso moneda 



— 66 - 

nacional la vara de frente, de lo que resulta 
un valor de veinticinco pesos por cada solar. 
—En caso de haber dos ó mas solicitantes por 
un mismo solar, la municipalidad lo pone en 
remate adjudicándolo al que mas diere. 

El comprador tiene obligación de poblarlo 
y de cercarlo en el término de seis meses. 
La municipalidad da solares en merced á to- 
das las personas que á su juicio y por su es- 
tado de pobreza no pueden solicitarlos en 
compra. 

Por lo visto, la municipalidad de Santo Tomé 
es esencialmente progresista. Lo mismo puede 
decirse de dos sociedades de socorros mutuos 
que existen en ese punto, una sociedad espa- 
ñola y una sociedad que empezó por ser ita- 
liana y que después se hizo cosmopolita. En 
vez de depositar sus ahorros en el B inco, 
suelen prestarlo á los artesanos y á los agri- 
cultores y con preferencia á los últimos. Así 
es como habilitaron á Eulogio Ambrosi, el ex- 
colono de quien hablé en mi carta anterior» 
prestándole trescientos pesos. Actualmente 
este hombre tiene cuatro mil pesos en el Banco 
Nacional y otros tantos en bienes raíces. 

Dije anteriormente que el cultivo del tabaco 
promete espléndidos resultados en Misiones. 
El señor Justino Grané me comunicó susespe 
rimentos á este respecto, añadiendo que toda 
la margen del Uruguay y el centro, tomando 
por límite las sierras de San José, le convie- 
nen perfectamente, y que varias personas 
competentes le han dicho que el artículo es 
y tiene condiciones de primera calidad para 
competir con el mejor de Rio Janeiro. ElSr. 
Grané se ha dedicado sobre todo al ramo del 
tabaco en cuerda y lo espende en Buenos Ai- 
res de un modo ventajoso. 

La morera también se produce con lozanía 



- 67 - 

ea la tierra de Misiones; pero falta saber si el 
clima con sus variaciones algo repentinas, 
convendría para la cria del gusano de seda. 

El señor agrimensor Aurelio López de Val- 
todano, uno de los fundadores de Belgrano, 
quien vive con su señora esposa en una pin- 
toresca quinta de Santo Tomé, me espresaba 
sus dudas sobre la materia. 

10 de Enero—Desde que estoy en Santo Tomé, 
gracias á la creciente del rio Uruguay y al 
magnífico vapor Ibera, ¿por qué no iria hasta 
Posadas, capital del territorio nacional de Mi- 
siones? Son treinta y cinco leguas la distan-, 
cia que me separa de ese punto visitado por 
mí, hace mas de seis años; vale la pena de ir 
hasta allí para ver los progresos verificados 
desde entonces, porque en este siglo y en 
este país las poblaciones se improvisan como 
por encanto. Es cierto que no tendré las como- 
didades del confortable vapor, pero el viaje 
no dura sino dos dias escasos, y, ¿qué son 
dos dias en comparación de la eternidad? 

Quiere decir que al amanecer el dia 10 de 
Enero estaba en la diligencia de Posadas con 
dos compañeros de viaje, el médico Walter y 
el señor Eugenio Ramírez, juez de paz de 
Posadas. 

La diligencia, arrastrada por siete caballos 
y un cuarteador corre con una velocidad verti- 
ginosa, bajando y subiendo por valles y que- 
bradas, atravesando arroyos y cañadas. Los 
caballos devoran literalmente el espacio. Cada 
dos leguas se mudan y llueven los latigazos. 
¿Qué diría, qué pensaría un miembro de la 
sociedad protectora de los animales, si viese 
como se tratan & esos cuadrúpedos en estas 
alturas? 

Pasamos como una tromba, como un torbe- 
llino: es la tempestad con cuatro, ó mejor dicho. 



— C8 - 

con veinte y cuatro patas. De repente, al cru- 
zar un arroyo, el caballo del cuarteador tro- 
pieza, rueda, y el muchacho se va al suelo. 
Infeliz! los caballos que siguen van á hacerlo 
pedazos. No. El mayoral, con un movimiento 
rápido y vigoroso consigue hacerles dar una 
media vuelta, y el joven queda salvado; este 
no parece preocuparse del peligro á que acaba 
de estar espuesto, y vuelve á subir, y vuelve 
íi galopar, como si nada hubiese sucedido. 

Adviértase que el campo de Misiones, ondu- 
lado, quebrado, accidentado hasta lo infinito, 
en nada se parece ó la pampa horizontal, mo- 
nótona de Buenos Aires ó de Santa Fé; por 
el contrario, hay que subir y bajar constan- 
temente; las colinas, las cuchillas se vuelven 
verdaderos cerros; mas adelante, son monta- 
ñas y cordilleras, desde cuya cumbre se des- 
cubre ó cada instante un panorama nuevo y 
variado. 

Así andamos hasta las dos y media de la tarde, 
llegando entonces á la posada llamada de ^a/i 
A[f'onso^ que es la octava posta desde Santo 
Tomé. Aquí vamos á pasar el resto de la tarde 
y hacer noche. 

Este establecimiento pertenece á un napo- 
litano quien vive en estos parajes desde antes 
de la guerra del Paraguay. Cuando invadie- 
ron los soldados de López, tuvo que apretarse 
el gorro', su socio no tuvo tiempo de hacer lo 
mismo y murió ámanos de los invasores. El 
se ocultó en los bosques, ocultó también dos- 
cientos cueros que el enemigo no supo des- 
cubrir. Cuando hubo pasado la tormenta, 
volvió á emprender el negocio: desde luego 
entregó los doscientos cueros á sus acre-^do- 
res, con lo cual estos agradecidos, le dieron 
todas las facilidades para trabajar. 

En seguida aprovechando una ley dictada 



— 69 - 

por el gobierno correntino, compró dos leguas 
de campo á diez años de plazo, y habiéndolo 
pagado, está actualmente en buena posición. 
Esto prueba que la honradez es el mejor me- 
dio para acertar en las especulaciones. Was- 
hington decia, que la política mas segura es la 
política de la buena fé. 

La posada de San Alonso es una casa de 
veinte metros de largo, cubierta con el techo 
de paja cortadera, gyneriuní argenteun, y ga- 
rantida por un fuerte, ó cerco de palo ó pi- 
que. Pero, ¡qué palos! son troncos de {lrl)oles 
enteros y de dimensiones colosales. Una ga- 
lería cubierta, verandah, corre al rededor de 
la casa, siendo igualmente un abrigo contra 
el sol y contra la lluvia. Hay alojamiento para 
once individuos. Junto á la casa de huéspedes 
existe una pulpería con techo de hierro gal- 
vanizado, y ramada para los ciballos. Mas allá 
están la casa de la familia, la cocina; en el 
centro del patio un pozo construido con pie- 
dras monumentales labradas por los jesuítas, 
y traídas de las ruinas de la misión los Após- 
toles. Una particularmente me llamó la aten- 
ción; está levantada al lado del pozo, tiene mas 
de cinco pies de altura; debe haber sido el 
sost'^n de algún cuadrante solar. Otra piedra 
labrada y del mismo origen forma el empedra- 
do de los corredores y del patio. Sic transit 
gloria mundi. Los jesuítas indudablemente ja- 
njás pensaron que sus obras irían á pasar á 
la posada de San Alfonso. 

11 de Enero— A\ amanecer, volvemos á em- 
prender la marcha, con un compañero mas, 
estanciero de aquellos parajes. Cruzamos el 
Aguapey Chico y el Aguapey Grande, que 
tienen actualmente muy poca agua, y llega- 
mos á un paraje que fué, nos dice el señor 
Ramírez, el campamento del general brasilero 



— 70 — 

Fortinho, habiéndose reunido en ese punto 
de ocho á diez mil hombres. El mismo Ra- 
mírez nos mostró un bosquecillo de árboles 
tupidos y altísimo, que forman una ve- 
getación inestricable. Esto, dijo, fué comple- 
tamente arrasado por los soldados brasileros, 
y vean ustedes como ha vuelto á retoñar. 
Esos árboles no tienen veinte años; prueban 
la feracidad de este suelo. Esos bosquecillos, 
desparramados de distancia en distancia, so- 
bre todo en las depresiones del terreno, ó se- 
ñalando como una cortina el curso de los arro- 
yos, producen un efecto muy pintoresco y de- 
leitan agradablemente la vista que vaga y se 
pierde sobre esas ondulaciones intermina- 
bles. 

A propósito de arroyos, hemos pasado uno 
cuyo nomi)re en guaraní es algo estravagante: 
el guaraní es como el latin; llaman brutal- 
mente las cosas con su nombre propio, sin 
perífrasis. Por ejemplo, Tebicuari; ¿quién se 
atrevería á traducir esto en castellano! Pues 
bien, el arroyo de que hablóse llama tebiron- 
sa, lo qux) quiere decir. ... trasero frío. Es un 
arroyo encajonado, bastante hondo actualmen- 
te, que corre en el fondo de un valle. Pero 
¿qué indican esas palabras? 

Véase la esplicacion que se me ha dado. 
Las lluvias hacen crecer muy rápidamente 
ese arroyo, por la situación encajonada que 
tiene. Luego el viajero, sorprendido por la 
tormenta, tiene que mojarse, que enfriarse, 
para cruzarlo. 

La novena posta está situada al pié del cer- 
ro de San Carlos, misión cuyas ruinas se ven 
en este punto culminante. Desde allí la vista 
abraza un panorama admirable, pues en el 
horizonte percibimos perfectamente el cerro 
de Santa Ana y la cordillera de Misiones, cuya 



— 71 — 

línea azulada se deslaca como un encaje vapo- 
roso en el cielo candente. La atmósfera es de 
una limpieza extraordinaria. 

Hemos pasado la línea divisoria de las aguas, 
es decir, de las que van al Uruguay y de las 
que van al Paraná. Ahora estamos en la ver- 
tiente del Paraná, y no tardaremos en distin- 
guir los bosques que indican la existencia del 
Paraguay. El campo argentino, siempre des- 
cubierto, se torna mas pedregroso, mas ro- 
coso; la tierra cada vez mas colorada, pisada 
por los caballos, forma unos torbellinos de 
polvo que vienen á pegarse á los vestidos; el 
cuarteador se pierde en medio de la polvare- 
da; pero siempre vamos adelante, sin pararnos 
en los sacudimientos y los barquinazos. Para 
ver mejor el paisaje, tomé el asiento del ma- 
yoral en el pescante. 

Estamos en el campo del señor Gallino, ex- 
gobernador de Corrientes. Estos terrenos tie- 
nen un defecto para la cria de animales: care- 
cen de sal; hay que hacer provisiones para su- 
ministrarles ese condimento indispensable. 
Díceseque aquí los animales engordan mucho; 
pero que las vacas se tornan estériles. Con 
este motivo, recuerdo haber leido que Fou- 
rier, el célebre reformador utopista, proponía 
combatir la ^superabundancia de población por 
el engorde sistemático. Pero un crítico le obje- 
taba que esto importaba un círculo vicioso, 
porque, según Malthus, la población crece mas 
rápidamente que las subsistencias; luego el 
remedio es inaplicable. 

Otros me han asegurado que no solamente 
las vacas, sino las mujeres también se vuel- 
ven estériles en Misiones, pero la afirmación 
me parece dudosa. • 

En ese caso el clima de Misiones habria re- 
suelto el pavoroso problema que tanto ator- 



- 72- 

menta á los publicistas contemporáneos: el 
equilibrio de la población y de la subsisten- 
cia. Valdría la pena de averiguarlo. Los jesuí- 
tas lamentaban también la escasa fecundidad 
de sus subditos indios, y hablan tomado me- 
didas reglamentarias para fomentar el procreo 
de sus poblaciones. Falta saber si ese de- 
fecto resultaba de condiciones climatológicas 
y fisiológicas, ó si era la consecuencia del ré- 
gimen adoptado por ellos, y que quita nece- 
sariamente al hombre el sentimiento de la 
iniciativa, con toda clase de expontaneidad. 

Llegamos á la oncena posta: es un bosque; se 
hace entrar ó los caballos en un rincón for- 
mado por los mismos árboles, cuya circuns- 
tancia evita al empresario la obligacijn de 
construir un corral. 

Aquí también hay unas ruinas perdidas en 
medio de la vegetación; era esta un oratorio de 
los jesuítas. Los padres poseían oratorios y ca- 
pillas en todas sus estancias; es sabido que 
{)ractica bañen escala mayor la cría de anima- 
es vacunos, lanares y yeguarizos. Cuando fue- 
ron expulsados, levantóse una estadística de 
la cual resultó que poseían mas de un millón. 

Los campos comprendidos entre Santo Tomé 
y Posadas sirven efectivamente para la ganade- 
ría, salvo el defecto indicado anteriormente; 
pero esto puede remediarse fácilmente. Hasta 
es un medio de amansar á los animales el ha- 
cerles distribuciones de sal; es muy curioso 
ver como siguen al individuo que se la trae. 

Por otra parte, creo que la colonización del 
territorio argentino, el de Misiones como el 
de otras partes, no podría llevarse á cabo sino 
combinando la agricultura con la ganadería, 
con la restricción de sustituir la pequeña es- 
tancia á la grande y de fraccionar los dominios 
extensísimos para mejorarla cria de animales 



— 73 — 

y de practicar la Yerdñáera sootecnia^ en vez de 
abandonarlo todo á las fuerzas expontáneasde 
la naturaleza. 

Mientras estaba haciendo estas reflexiones 
por milésima vez, encontramos un avestruz 
acompañado de su cria: era ó parecía ser el 
soberano de esas soledades. El postillón, el 
cuarteador y un perro que nos acompañaba le 
dieron la carga al ñanducito,el cual fuétraido 
preso á la diligencia. Este fué el último episo- 
dio de nuestro viaje: pocos momentos después 
llegábamos al cerro denominado 24 de Enervo 
que domina la ciudad de Posadas, edificada en 
una curva descrita por el Paraná en el paraje 
que se llamaba en otro tiempo la trinchera de 
San José ó de los paraguayos. 

Posadas es una ciudad moderna: es posterior 
á la guerra del Paraguay; no tiene quince años 
de existencia y está en una situación admira- 
ble, siendo destinada á ser la cabecera del ferro- 
carril del Este prolongado, y dividida por el 
rio Paraná de la villa Encarnación de Itapcia, 
que va á ser también la cabecera del ferro- 
carril paraguayo; debe contar seguramente con 
un porvenir brillante, tan pronto como la via 
férrea haya introducido el movimiento y la 
vida en esas comarcas aletargadas, en donde 
la actividad humana está paralizada por la 
falta de comunicaciones. 



- 74 — 



VII 



De Posadas á San Ignacio-Mini — Las Ck)lonias de Cande- 
laria 7 de Santa Ana— El ingenio del general Rnde- 
cindo Roca. 



La ciudad dp Posadas ha progresado mucho 
en cuanto á edificios. Los terrenos han to- 
mado un valor considerable; la municipalidad 
no los entrega sino en remate. La especula- 
ción ha entrado aquí como en todas partes. 
La esperanza del ferrocarril es la que produce 
esas maravillas; el ferrocarril es considerado 
como el redentor, como el Mesías en estas 
comarcas, 

12 de enero— Visiio al amanecer la quinta de 
un francés, llamado Constante Hamard, á 
quien habia conocido ya en 1881. Su finca se 
reduce á un sitio de cincuenta varas porcada 
frente; está ocupada casi toda entera por una 
viña que rinde, dice 61, de setecientos á ocho- 
cientos pesos nacionales; cultiva también el 
ananá, cuyo rendimiento es estraordinario. 
Sin embargo, ól desconfia del éxito de aquel 
cultivo en estos parajes y dice que son prefe- 
ribles las provincias al otro lado del Paraná.' 
Conviene consignar todas las opiniones. Ha- 
mard cultiva también la viña americana, dicha 
de Filadelfia, pero ingertándola en una cepa 
de otra clase, porque es muy robusta y pro- 
duce mucho. 

El señor Eladio Guesalaga, que tiene una 
porción de chacras en las costas del Paraná, 



— 75 — 

pondera mucho el cultivo déla mandioca. Esta 
también es la opinión de don Marcelino Bouix, 
un francés antiguo poblador de Misiones, que 
vive en la costa del Yabebiry, cerca de San 
Ignacio Miní. Este señor pretende que el clima 
es algo frió para la misma caña. Esta daria 
mejores resultados desde Corpus para arriba, 
porque allí no la alcanzarían las heladas. 

Bouix reñere que los brasileros practican la 
colonización de un modo acertado: desde luego 
plantan maíz y crian cerdos; en seguida siem- 
bran gramilla en los terrenos desmontados 
para hacer praderas, y así es como van ade- 
lante conquistando lasciva y el desierto. Me 
olvidaba decir que abren caminos. En cuanto 
al gobierno, no tiene mas gastos que los gas- 
tos de mensura. Dio terrenos á los soldados 
que hicieron la guerra del Paraguay y & otros 
individuos; éstos cuidaron los yerbales y me- 
joraron el cultivo. 

Adviértase que no se planta el árbol de la 
yerba-mate; fracasaron los ensayos que se hi- 
cieron á este respecto. Pretendían los jesuí- 
tas que para surtir efecto, la semilla debia ser 
dijerida por los pájaros. Por otra parte la 
yerba retoño, cuando se ha quemado el monte, 
y brota también en los terrenos donde no 
existia anteriormente. 

La explotación de la yerba y de los bosques, 
hé ahí, según él, lo que constituye la verda- 
dera riqueza de Misiones, pero debe entenderse 
de la parte superior del territorio nacional. 

13-14-15 de enero— El gobernador de Misio- 
nes, general Rudecindo Roca, me da un capitán 
de línea para acompañarme en una excursión 
que voy á hacer en el alto Paraná. Pero ¿ire- 
mos por tierra ó iremos por agua? Podríamos 
tomar el vapor Zwcero que viene directamente 
de Corrientes, aprovechando la creciente pe- 



— 76 — 

riódica del Paraná, y que vá á subir hasta el 
ingenio de San Juan, pero llegamos tarde; 
el vapor se ha marchado. Lo mismo nos su- 
cede con el vaporcito Fénix, cuyo patrón no 
tiene la paciencia de esperarnos; á consecuen- 
cia de estos contratiempos, emprendemos el 
viaje á caballo, acompañados de Marcelino 
Bouix, excelente baqueano de esas alturas. 

Los arroyos están crecidos por el efecto déla 
creciente del Paraná; el Ceyman es intransi- 
table; hay que despuntarlo. Por fin, después 
de tres horas de marcha; alcanzamos la ribera 
del Guarupá. Este está desbordado y tiene 
por lo menos doscientos metros de ancho. Se 
pasa en una canoa larga cavada en un tronco 
de timbó, haciendo nadar los caballos; esta 
operación es algo trabajosa. 

Estamos actualmente en el terreno de la 
colonia Candelaria, situada en el mismo pa- 
raje que la antigua misión de ese nombre, 
advirtiendo que las ruinas del edificio están 
en la ribera del Paraná, que se estrecha en 
ese punto hasta tener solamente setecientos 
metros de ancho^ mientras que la colonia está 
ó debe estar tierras adentro. 

Nos dirijimos á la ca.sa del señor don Carlos 
Cossetti, italiano, muy conocido, explorador 
de Misiones, á quien dejé últimamente en Bue- 
nos Aires. Cossetti ha recorrido las Misiones 
en todas direcciones; fué comisirio general 
de los Yerbales por la provincia de Corrientes, 
y desde que se fundó la colonia Candelaria, 
tomó allí un lote de terreno para dedicarse á 
la agricultura y á la industria. 

La casa de Cossetti está en un punto eleva- 
do de la cuchilla, desde el cual la vista al- 
canza grandes distancias, distinguiéndose per* 
fectnmente los bosques del Paraguay, la ciudad 



— 77 — 

de Posadas y las colinas cubiertas también de 
bosques que diseñan el curso del Guarupá. 

El terreno me parece muy seco. La señora 
Cossetti dice que la irrigación es difícil y 
costosísima; en cuanto á los cultivos de mas 
provecho, son los del arroz, del maíz, de la 
cuña dulce, del tabaco, de la mandioca, del 
poroto, del maní, de la sandía, del melón, del 
ají, de las legumbres, del banano que rinde 
(considerablemente; pero advirtiendo siempre 
que el rosadOj el terreno de bosque desmon- 
tado vale mucho mejor que el terreno descu- 
bierto. Hay una plaga, de la cual ya se me 
habló en Santo Tomé; es la de las hormigas 
coloradas, pero no son ellas las que constru- 
yen los tacurús, conos de tierra colorada y 
endurecida que se encuentran á cada mo- 
mento, y que representan el trabajo monu- 
mental de una otra especie. 

Cossetti tiene un pozo construido también 
con piedras labradas por los jesuítas, grandes 
paralelipípedos de asperón. En cuanto ó la 
habitación, es parecida á todas las demás de 
este país, es decir, baja, con galerías cubier- 
tas para resguardarse contra el sol abrasador 
y contra la lluvia. 

Según la señora Cossetti, debe haber ciento 
cincuenta familias masó menos en el territo- 
rio de la colonia, advirtiendo que casi todas 
son criollas. 

Desde la casa de Cossetti, nos trasladamos 
á la fonda y pulpería de un italiano llamado 
Antonio Saldí, y por apodo Vé/iejia, porque es 
oriundo de aquel país. 

La casa está en el centro del pueblo^ en un 
declive, cuya cumbre está dominada por la 
del comisario de la colonia. Las paredes de 
barro están adornadas con los retratos de Ga- 
ribaldi, de Colleoni y algunas vistas de la ciu- 



— 78 — 

dad reina de las lagunas. Venezia es casado 
con una paraguaya, y tiene tres niños que 
nos miran con curiosidad, dos niñas y un va- 
ron; fué marino en otro tiempo. 

Dice que los mejores terrenos de la colonia 
son los de la ribera del Guarupá y del Pa- 
raná. 

El comisarlo de la colonia está ausente, está 
en Buenos Aires. Parece que se trata de en- 
tregar esta colonia, lo mismo que la de Santa- 
Ana, que sigue al nor-este, á una empresa 
particular. El gobierno ha abandonado el sis- 
tema de lascoloniasoflciales, porque costaban 
mucho y daban pocos resultados. El Estado, 
dicen la mayor parte de los economistas, es 
mal administrador; por consiguiente, las em- 
presas de esta clase, como muchas otras, de- 
ben abandonarse á la iniciativa particular. 

Sin duda, observaremos nosotros, pero hay 
empresas tan costosas que el Estado solo puede 
acometerlas; agregúese que el Estado puede 
esperar indefinidamente y que tarde ó tem- 
prano por medio de las contribuciones y del 
aumento de valor dado á las tierras, recupera 
todo lo que ha gastado. Ya lo dije y vuelvo 
á repetirlo. 

Viniendo al caso particular de la coloniza- 
ción de Misiones, creo que no debia haberse 
emprendido antes de hacer efectiva la facili- 
dad de las comunicaciones, construyendo puen- 
tes en los arroyos y poniendo caminos tran- 
sitables. Sin esa condición previa, sin esa 
condición sine qua non^ es tiempo y dinero 
perdidos remitir inmigrantes europeos á Can- 
delaria y á Santa-Ana. 

En cuanto á las familias criollas que ya exis- 
tían en esos parajes y que recibieron lotes de 
tierras, es sabido que trabajan poco, que tra- 
bajan lo menos posible, y no son ellas las 



— 79 — 

que han de renovar la faz de aquel país, para 
hablar como la Escritura. 

Descansamos en casa de V€ne:i¿a hasta las 
cinco de la tarde y subimos entonces á la 
comisaria situada como ya dije, en un punto 
culminante de la colina, que domina todo el 
panorama: al sud y al este se vé la cordillera 
de Misiones, el valle que conduce á Concep- 
ción, en la costa del Uruguay, montañas ar- 
boladas, terreno ondulado; al norte las ribe- 
ras boscosas del Paraguay, al oeste el rio 
Paraná y Posadas. 

La comisaria es Un kiosco octógono con la 
verandah obligatoria. Al sud está la armazón 
de un gran galpón que ha quedado sin con- 
cluirse, y que servirá sin duda para la nueva 
empresa. 

En seguida pasamos á casa del señor Lobos, 
un mendocino que tiene allí una casa de ne- 
gocio y le pedí varios datos que prometió 
darme posteriormente. 

En fln, al anochecer llegamos á la estancia 
del señor B^lisario Enrique, al este de la co- 
lonia, donde hicimos noche. 

El encargado d3 la estancia dice que el ter- 
reno sirve para la cria de animales, pero que 
no conviene para la agricultura, salvo algu- 
nos que otros retazos; en realidad conviene 
solo para el maní y la mandioca, porque tiene 
poca tierra vegetal. Fuera del bosque, no hay 
verdadero cultivo posible. El terreno de Santa 
Ana está en las mismas condiciones. Hay 
muchas piedras, muchas rocas. 

Efectivamente, recorriendo el campo los 
dias siguientes, he podido convencerme de lo 
fundado del aserto. 

Falta saber si convendrían para la viticul- 
tura; esta es la opinión de algunos franceses 
que han ido á establecerse en Santa Ana y 



— 80 - 

Loreto; en efecto la viña parece dar buenos 
resultados, pero no presentará dificultades 
la vinificación por causa de los calores exce- 
sivos! 

Enero í6— Salimos para San Juan; es un 
arroyo que da ese nombre á un paraje de la 
costa del Paraná, cuyas aguas azuladas corren 
bajo una bóveda de árboles copudos impene- 
trable á los rayos del sol. Hay que caminar 
entre piedras y peñascos amontonados que 
forman una escalera parecida á una senda de 
las cabras y de las gamuzas. 

Llegamos al establecimiento del señor En- 
riq^ue Puck, quien lo puso en sociedad con el 
señor Francisco Fernandez, dándole el título 
de Primer Misionero. Está á un kilómetro y 
medio del puerto. Es un estenso cañaveral 
en medio de los bosques. Puck dice, como 
los demás, que el buen terreno debe buscarse 
en medio de las sierras y en los valles. Puck • 
fibrica aguardiente de caña, pero como su 
trapiche es de madera, pierde una gran can- 
tidad de materia prima. Por lo demás, elabora 
un licor excelente, que ha recibido el nombre 
de Rom de San Juan. 

Puck nos muestra unos muebles fabricados 
en el país con madera de tatané, grapiapiñxi^ 
y otras maderas. 

Esperamos en casa de Puck que pase el ca- 
lor hasta las cinco de la tarde, hora en que 
volvimos á montar á caballo, dirijiéndonos al 
ingenio del general Rudecindo Roca. Este 
está situado en la misma costa del Paraná, 
es decir, á trescientos cincuenta metros del 
rio, al pié de una colina elevada que lo ga- 
rante contra el viento sud. Los cañaverales 
rodean el establecimiento al oeste, al sud, y 
al este, siendo surcados por ferrocarriles De- 
cauville para acarrear la cosecha y para llevar 



— 81 — 

losf productos al puerto. La maquinaria ha 
sido suministrada por la casa Cail de París; 
la misma casa suministró el ingeniero que la 
dirije, el señor Félix Theulpin^ que ha traba- 
jado durante diez y ocho anos en la Martinica. 
El ingenio produce azúcar y alcohol. Las 
plantaciones van á extenderse hasta' doscientas 
hectáreas, con lo cual podrán producirse cin- 
cuenta mil arrobas de azúcar. Al efecto debe 
ampliarse y perfeccionarse, la maquinaria, que 
es todavia insuficiente. 

Siento mucho ser profano en la materia, 
cuya circunstancia no me permite entrar en 
mayores detalles, pero el ingeniero me ha 
prometido una descripción técnica del esta- 
blecimiento de San Juan para publicarla en 
otra oportunidad. 

Una noticia estraña, desagradable y agra- 
dable al mismo tiempo, viene á sorprender- 
nos en San Juan: el Fénix que debia trans- 
portarnos se ha ido á pique, es decir, que 
chocó contra un árbol, abriéndose un rumbo 
y llenándose de agua. Por lo visto, hemos 
salvado de un verdadero peligro, ó á lo menos 
del inconveniente de pasar una noche desagra- 
dable en la costa del rio. No hay mal que por 
bien no venga. 

17 de eA2e/*o— Habiendo visitado el estableci- 
miento, las habitaciones inmediatas y las plan- 
taciones, acompañados del señor Theulpin, 
emprendemos la marcha para Santa Ana, donde 
debemos juntarnos con nuestro compañero 
de viaje, Marcelino Bouix, de quien nos sepa- 
ramos ayer en la estancia de Belisario JEn- 
rique. 

En San Juan hemos encontrado á dos fran- 
ceses, los señores Destreze, padre é hijo, y el 
señor Dubois, ex-colono belga de Villaguay, 
(en Entre-Rios), que han venido á comprar 

6 



- 82 - 

azúcar, y que se han establecido en Loreto 
para dedicarse á la viticultura: son unos in- 
dividuos llenos de féy de entusiasmo en su 
empresa, pero dicen que han tenido que hacer 
un aprendizage: «no conocíamos la tierra, ni 
ella tampopo nos conocía». En cuanto á Dubois 
no echa de menos las tierras feraces del Entre 
Ríos porque afirma que el cultivo del trigo no 
puede dar grandes resultados y prefiere otro 
mas provechoso. 

Cruzando islotes de bosques y campos des- 
cubiertos, campestres, como aquí seles llama, 
atravesando arroyos y picadas, volvemos al 
camino real de Santa Ana, donde encontra- 
mos á nuestro compañero que caminaba tran- 
quilamente á algunas cuadras delante de no- 
sotros y llegamos juntos ala población de ese 
nombre. 

No hallo que haya experimentado variación 
desde 1881. Unas veinte ó treinta casas ó 
ranchos de poca importancia y de poco aspec- 
to, desparramados en un vallecito surcado por 
dos arroyos, hé ahí el núcleo de Santa Ana, 
es decir, del Santa Ana moderno, porque el 
antiguo, el de los jesuítas, las ruina?^ están 
perdidas en medio de un naranjal casi impe- 
netrable. 

Hablo con varios individuos de varias na- 
cionalidades, un napolitano, un brasilero, un 
español y un alemán, pidiéndoles datos á 
todos. 

De los que he recogido resulta que prospe- 
ran en Santa Ana: el maiz,la mandioca, toda 
clase de porotos, el arroz, la batata dulce, la 
caña de azúcar, el tabaco, la viña, la yerba 
mate— {que puede plantarse, me asegura un 
brasilero), el lino, el algodón, toda clase de 
legumbres, los-árboles, el durazno, el naran- 
jo, el membrillo, el manzano, la morera, el 



- 83- 

banano, el goyabo, que crece al estado silves- 
tre. El terreno conviene para engordar ani- 
males, mas bien que para criar. Podrii tam- 
bién cultivarse el añil, que es silvestre. Se 
me cita en fln el curupai que es bueno para 
curtir. 

En Santa Ana hay un francés que vino de 
África para dedicarse también ala viticultura, 
y que ya cosecha muchas uvas. Mas adelante 
en el camino de San Ignacio, vi un pequeño 
viñedo plantado por un italiano que perteneció 
ú la colonia de Santa Ana. 

Antes de dejar Santa Ana visitamos al señor 
Mujica, comisario de la colonia y le pedí da- 
tos estadísticos que prometió remitirme últi- 
mamente. El señ(» Mujica es un tucumano, á 
quien habia tenido el. gusto de conocer en 
1874. Hablamos de la nueva empresa coloni- 
zadora, pero pareqe que nada se ha resuelto 
todavía. El gobierno quiere que la empresa 
se haga cargo de todo lo que se haya gastado 
hasta ahora. Esta condición me parece inadmi- 
sible. Si el gobierno ha cometido errores ¿por 
qué arrojaría la responsabilidad sobre otros? 
La colonización es una empresa sumamente 
costosa, sumamente difícil, como lo prueba la 
experiencia de tantos ensayos, de tantos que- 
brantos. 

Dejamos Santa Ana y nos encaminamos ha- 
cia Loreto, haciendo de paso una visita á los 
Sres. Destreze y Dubois. No puede verse cosa 
mas pintoresca que los terrenos de Loreto. 
En cuanto á las ruinas, no nos tomamos el 
trabajo de visitarlas; ya estamos cansados de 
ruinas, que al fln y al cabo todas se parecen. 
Por otra parte, labora está adelantada, no hay 
tiempo que perder, si queremos alcanzar 
nuestro objetivo, es decir, la casa de Marceli- 
no Bouíx, al otro lado del Yabebiry. 



- 84 - 

El sol se pone, la luna sale, caminamos con 
la luna, pero la misma luna no tarda en desa- 
parecer también. Por quéno nos quedamos en 
algún rancho? Porque no hay que comer en 
esas alturas. Adelante, pues, y siempre ade- 
lante! 

Nuestra excursión nocturna se torna real- 
mente fantástica; vamos envueltos en las ti- 
nieblas mas opacas; á cada momento hay que 
prender fósforos para descubrir las sendas y 
vislumbrar las picadas; las ramas nos azotan 
!a cara y nos arrancan el sombrero; hay que 
bajarse y tomar el caballo de la brida para 
salvar una zanja; ora trepamos una colina 
pedregosa, ora nos engolfamos en un pantano 
ó desaparecemos en un pajénal 

Ni de dia, dice el baqueano, pasaríamos por 
estos parajes sin asustarnos. 

En fin, A las diez y media alcanzamos las ori- 
llas del Yabebery, arroyo caudaloso, que debe 
pasarse en canoa. Pero el botero vive en la 
orilla opuesta, y ¿dónde estará á estas horas? 
Indudablemente durmiendo. ¿Cómo lo desper- 
taremos? Llámasele á gritos. Alguno que 
otro perro responde con un ahullido lejano; 
por lo demás, silencio completo bajo la bó- 
veda estrellada. Felizmente, tengo un revól- 
ver de grueso calibre; disparo un tiro que re- 
tumba de un modo formidable, y de repercu- 
sión en repercusión va á despertar todos los 
ecos del valle y de la selva. El botero haoido, 
responde y viene á buscarnos con su larga 
canoi de timbó. Pero cuesta tiempo pasar 
hombres y caballos, desensillar y volver á en- 
sillar, sin contar que nos falta todavía media 
legua de marcha al través de una picada som- 
bría y pantanosa para llegar al término de la 
jornada. Resumiendo, eran mas de las doce 



— 85 — 

cuando alcanzamos la habitación de Marcelino 
Bouix. 

Don Marcelino, fabricante de yerba-mateen 
otro tiempo, ha emprendido la cria de muías 
y de vacas. Su casa es una casa hospitalaria, 
siempre llena de visitantes; tiene unacaidade 
agua para motor de su mojuolo, producida por 
la confluencia de dos arroyuelos, donde pue- 
den tomarse deliciosos 6a/7osr/e lluvia, 

'Pasamos dos días en casa de don Marcelino; 
volví á visitar las ruinas de San Ignacio Mini, 
encontrándolas idénticas á loque eran en 1881: 
con este motivo me permitiré espresar un de- 
seo: seria que esas ruinas se limpiasen, se 
despejasen de la vegetación que las cubre, 
que las oculta, q¿ie las oprime, para ponerlas 
de manifiesto. Podrían entonces, aunque no 
presentan nada de extraordinario, bajo el as- 
pecto artístico, ser un objeto de peregrinación 
para los viajeros 'y los turistas. 

Los terrenos de San Ignacio, los de Corpus, 
en fin, los terrenos al norte del Yabebyry (esta 
palabra significa agua de las rayas) son me- 
jores para la agricultura que los de Candela- 
ria y de Santa Ana, pero no podrán explotar- 
se con ventaja, mientras falten las vias de co- 
municación. 

El 20 de Enero, á la mañana, nos despedimos 
de nuestro amai)le y generoso hospedante, 
regresando á Posadas por el camino real de 
Santa Ana y sin pasar por Loreto. Pero, ¡qué 
camino real! 

Para transitar porallí, las carretas necesitan 
por lo menos tres yuntas de bueyes, y á ve- 
ces media docena. 

Caminos, caminos, pues, y puentes en todos 
los arroyos! Esta es la necesidad suprema de 
Misiones, y será también la conclusión de 
este. 



— 86 - 



VIH 



Regreso á Posadas y á Monte-Caseros— El ejido de Monte 
Caseros y la Villa Oriental de Santa Rosa 



Habiendo regresado á Posadas, tuve que cfe- 
perar hasta el 25 de Enero la diligencia que 
hace el servicio de ese punto ó Santo Tomé, 
pues hasta entonces no salia mas que tres 
veces al mes, pero desde este dia saldrá cua- 
tro veces, habiéndose puesto en combinación 
con la Compañía del ferro-carril de Monte 
Caseros y del vapor Ibevá (llera quiere decir 
en Guaraní agua brillante)^ para acortar el 
tiempo á 1 s pasageros y á la corresponden- 
cia. Anteriormente, como ya lo dije, el viaje 
duraba dos dias, pero desde ahora se hará en 
un dia. 

Salismos, pues, á las tres de h mañana y 
llegamos A las siete de la tarde, pudiendo ha- 
ber llegado antes, si los caballos hubieran es- 
tado listos en las postas, pero á consecuencia 
de una equivocación, hemos perdido por lo 
menos dos horas. 

Así mismo llegamos antes que el Garruchas 
que debe trasportarnos á bordo del Ibera por- 
que el Ibera ^ á consecuencia de la bajante del 
rio no pudo pasar mas allá de la corredera de 
Butuhy, á veinte leguas de Santo Tomé. Este 
contratiempo nos obliga á pasar la noche y el 
dia siguiente en aquel punto. 

Con este motivo, se me ha asegurado que el 
obstáculo presentado por la corredera de Bu- 
tuhy podría removerse fácilmente, valdría, 
pues, la pena de averiguarlo, y si la resolu- 



-87- 

cion resultase favorable, poner inmediatamente 
manos á la obra para remover ese estorbo 
que dificulta la navegación del alto Uruguay. 
Los vecinos de esta costa pretenden que el 
gobierno nacional no se ocupa de ellos; esta 
serla una buena oportunidad para probarles 
lo contrario. 

Hay otro obstáculo, pero este será algo 
mQs difícil de superar; es el paso de San 
Pedro, entre Monte Caseros y la Urugua- 
yana. 

El pueblo de Monte Caseros, que volvimos á 
ver el 28 de Enero, es una creación del Goberna- 
dor Dr. Juan Pujol; este punto llamábase anti- 
guamente el Paso de Higos. Está bien delineado; 
las calles tienen c^iarenta varas de anc o; por 
consiguiente no se ha mezquinado el terreno 
como en todas las ciudades de origen español, 
cuyo error ha producido tan fatales consecuen- 
cias bajo el doble punto de vista de las relacio- 
nes comerciales y déla higiene. 

La situación de Monte Caseros es hermosa, 
pintoresca, en una curva que describe el rio 
Uruguay, lleno de restingas ó cachoeiras en 
este punto; tiene en frente el pueblo oriental 
de Santa Rosa y la estación del ferro-carril del 
Salto al Cuareim, límite de la República Orien- 
tal y del Imperio del Brasil; por consiguiente 
está ó puede estar fácilmente en relación con- 
tinua con tres estados. ' 

Hice varias escursionesálos alrededores de 
Monte Caseros, acompañado del agrimensor 
Arrióla (Nicolás) profesor en el colegio nacio- 
nal de Corrientes; del señor Julián Grané, ha- 
cendado oriental, establecido en las orillas del 
Timboy: del señor Verdier, ex-juez de paz de 
la colonia «San Juan», en la provincia de Cor- 
rientes, por consiguiente uno de los primeros 
colonizadores que vinieron á América después 



- 88 — 

de la batalla de Caseros, y del señor Miguel 
Rodríguez, hermano de don Leopoldo Rodrí- 
guez, jefe político del departamento, quien ha- 
bía recibido orden del señor gobernador Vi- 
dal de prestarme toda su cooperación. 

Deseaba conocer las ventajas que este punto 
presenta para la inmigración y la colo- 
nización. 

El ejido de Monte Caseros, es decir, el ter- 
reno destinado á la agricultura, tiene nueve 
leguas cuadradas: difícilmente podrá encon- 
trarse ejido mas es tenso. El terreno es pare- 
cido al de la provincia de Entre Rios, ondula- 
do, de la misma formación, y parece que es 
así hasta el rio Corrientes, arriba del cual no 
presenta las mismas ventajas de feracidad. 

Este departamento está destinado á un por- 
venir brillante, pero habría que tomar medi- 
das para asegurarlo, cortando las alas á la es- 
peculación y á los sentimientos hostiles que 
preponderan todavía en muchas inteligencias 
locales,— á lo menos, así se me ha asegu- 
rado. 

Las chacras de Caseros tienen diez y ocho 
hectáreas, sesenta y cuatro áreas y ochenta y 
nueve centiáreas, ó sea once cuadras y un no- 
veno de cuadra . 

El precio de ellas es cincuenta pesos na- 
cionales, pagaderos en dos cuotas, en el plazo 
de un año, con condición de poblar, cercar y 
cultivar en el término de seis meses. 

En cuanto á las manzanas del pueblo, son 
de cien varas, divididas en seis solares, y se 
venden á un peso vara. 

La falta de buena administración ha impe- 
dido siempre el desarrollo y el progreso de 
esta población, llegándose hasta abusar de las 
leyes, lo que ha dado motivo para que el te- 
rreno destinado á la agricultura, se convierta 



— 89 — 

en suertes de estancia, con buenos potreros, 
habiendo algunos propietarios que poseen has- 
ta cincuenta chacras (50) y obstruyen hasta 
las vias públicas. 

Varios individuos me han afirmado lo mis- 
mo. Agregúese que la falta de energía de parte 
de tó autoridad municipal ha hecho siempre 
que los propietarios no dieran cumplimiento 
á las disposiciones que se han dictado hasta 
el presente, tanto por el poder ejecutivo como 
por la misma corporación. 

Hace poco tiempo que el gobierno de la 
provincia, en el deseo de crear un centro 
agrícola en este punto, mandó en comisión al 
agrimensor Arrióla para que deslindara el te- 
rreno donde debia establecerse la colonia; pero 
no pudo efectuar esta operación por no en- 
contrar una estension suficiente de terrenos 
baldíos para el destino indicado, por la cir- 
cunstancia de que en la municipalidad no 
existía antecedente alguno sobre las ventas 
practicadas de los terrenos, como de los que 
existen baldíos. 

Este vicio de administración ha impedido 
siempre que la municipalidad pueda conocer 
con seguridad los recursos que le proporcio- 
na la venta de tierras, é impide al mismo 
tiempo á los estraños solicitar los terrenos 
que pudieran utilizarse, siendo necesario mu- 
chas veces acudir ó los linderos para saber si 
los terrenos contiguos á sus propiedades son 
ó no baldíos. 

El ejido, vuelvo á repetirlo, es de nueve le- 
guas cuadradas (de seis mil varas), mas ó 
menos; pero es imposible saber lo que se ha 
enagenado y lo que es disponible. 

En prueba de este aserto, se asegura que 
es tan incompleto el archivo de la munici- 
palidad, que existen en él varias solicitudes 



— 90 — 

sin tramitación de ninguna especie, mientras 
que en poder de los interesados existe una co- 
pia fiel de esas mismas solicitudes como si se 
hubieran llenado todos los trámites que la 
ley ordena para la enagenacion de las cha- 
cras. 

Se presume que en vista de estas irregula- 
ridades, el gobierno tomará medidas muy se- 
rias ü este respecto; pero si las contempla- 
ciones que hasta el presente se observan con 
los pobladores que no han cumplido con las 
condiciones que impone la adquisición de cha- 
cras, siguen prevaleciendo, esto inutilizará 
todos los sacrificios que en este sentido se 
hicieron. 

S) necesita una municipalidad compuesta 
de individuos competentes, que sepan medir 
la importancia del cargo que desempeñan, 
porque de este modo secundarían los esfuer- 
zos del gobierno, que ha dado pruebas de su 
interés por el bien general de la provincia. 



El ferro-carril prolongado de Monte Caseros 
á Posadas, lo mismo que el que debe cruzar 
la provincia se volverán inútiles si no se 
puebla al mismo tiempo el territorio que de- 
berá atravesar. ¿Para qué sirve un ferro- 
carril en un desierto? En Norte América la 
locomotora trae simultáneamente á los traba- 
jadores que abren la via férrea, y los colonos, 
los pionters que van á desmontar la tierra 
virgen. De lo contrario^ los ferro-carriles, 
que cuestan muy caros y cuy s constructores 
exigen crecidas garantías al Estado no repor- 
tan utilidades, pues no tienen mercancías ni 
pasajeros que trasportar. Hay, pues, que au- 
mentar la población. 



— 91 — 

Actualmente la del pueblo de Monte Caseros 
es solamente de dos mil almas mas ó menos, 
y la del ejido de tres mil, lo que es poco in- 
dudablemente para una estension tan conside- 
rable. 

La población mas inmediata á Monte Case- 
ros en el interior, Curuzú-Cuatiá, que dista 
quince ó diez y seis leguas, cuyo trayecto se 
recorre por la diligencia. Todos esos terre- 
nos que va 6 cruzar el ferro-carril Central 
de Corrientes, son aparentes para la agricul- 
tura. La tasación. oficial de los campos varia 
de doce á quince ínil pesos la legua, para la 
contribución directa. 

La costa del Uruguay es aparente para la 
vinicultura por ser terreno pedregoso; la par- 
te central es aparente para el mismo cultivo 
y otros también. 

Es la continuación de la formación entre- 
riana,— ya lo dije— hasta el rio Miriñay, al este, 
y hasta el rio Corrientes al oeste. Al norte 
del Miriñay empieza la tierra colorada de Mi- 
siones. 

En estos terrenos podría sacarse un gran 
partido de la cebada, del trigo, del lino, del 
maíz, de li papa, de la batata, del maní, de la 
cebolla, del ajo, del ají, de todas las legum- 
bres. 

Otra particularidad que se nota aquí, es 
que el jazmin del cabo se desarrolla mucho, 
ó pesar de no ser esta una zona bastante 
adecuada para el cultivo de esta planta, pero 
esto se supone debido á la calidad del te- 
rreno. • 

El mercado de los productos vejetales de 
Monte Caseros, como de Libres y de San Mar- 
tin es la Uruguayana: aquella parte del Brasil 
es generalmente árida y pedregosa. 

Los montes son de ñandubay, de espinillo, 



— 92 — 

aromo; las partes cubiertas de bosques son 
las costas del arroyo Mocoretó, del Miriñay, 
del Timboy y del Uruguay. 

En la parte baja del terreno, el agua se en- 
cuentra á dos varas de profundidad; en las 
cuchillas^ esta es variable. 

Los colonos encontrarían leña y madera á 
poca distancia. 

La gordura de la hacienda vacuna y lanar 
empieza en agosto; un animal, que suele dar 
hasta catorce arrobas de carne, siendo de 
dos á tres años, vale actualmente de once 
ü doce pesos para abasto, y diez para sala- 
dero. 

En cuanto á la hacienda en general, aún 
no se ha mejorado la raza; los caballos son 
por lo general pequeños, pero resistentes. Los 
individuos que tienen actualmente caballos de 
raza son los señores Ilermenejildo Gómez y 
Samuel Saenz Valiente. 

La raza ovina se ha mejorado en la mayor 
parte de las estancias. 

En el sub-suelo de Monte Caseros abunda 
el cuarzo de varios colores. 

Existen siete cachoerias ó restingas desde 
la l)Oca del Ceibo (arroyo) hasta la boca del 
Timboy, distante cuatro leguas y media al 
sud de esta población, que imposibilitan la 
navegación. El ferro-carril llega por consi- 
guiente hasta la boca del Ceibo. 

En las grandes crecientes, los vapores de 
gran calado pueden navegar hasta la Urugua- 
yana. Esta circunstancia es laque favoreció, 
durante la guerra del Paraguay, la rendición 
de aquel pueblo ocupado por fuerzas para- 
guayas al mando del coronel Estigarribia, 
porque pudo establecerse el bloqueo por tie- 
rra y por agua, é impedir la comunicación 



— 93 — 

con el cuerpo de ejército que morchaba por 
la costa arí^entina. 

Cuando hay bajantes, los vapores que ha- 
cen la carrera desde el Ceibo hasta Santo To- 
mé, y que forman la flotilla del alto Uruguay, 
compuesta de los vapores Mensagero, Ibera, 
Federación, Neptuno, Estela, Mosquito y Ga- 
rruchos, no suelen pasar la restinga de San 
Pedro de noche, sino que lo efectúan de dia, 
por los peligros que presenta. 

A pesar ^e todo eso, la construcción del 
Ibera le permiten vencer esos obstáculos por 
la diversidad de compartimentos que posee 
el vapor. 



El dia 30 de enero visité la chacra del se- 
ñor Benito Avalos, quien tiene igualmente 
casa de negocio, como á dos leguas del pue- 
blo. En otra chacra de veinte y dos cuadras 
posee una gran quinta de naranjos, y pide mil 
pesos nacionales por ella. 

Allí encontré é un francés, marino bretón 
en otro tiempo, que ha abandonado la carre- 
ra azarosa para dedicarse á la agricultura; 
posee actualmente una chacra de cincuenta 
cuadras. Por lo que averigüé de las palabras 
de ese individuo y de otros á quien pude in- 
terrogar, comprendí que existe todavía en el 
corazón de cierta parte de la población corren- 
tina alguna animosidad contra el inmigrante 
extranjero, por haber, dicen ellos, quitado la 
subsistencia á los hijos del país. Indudable- 
mente, la existencia era mas fácil en el pe- 
riodo de la ganadería y del pastoreo primitivo; 
pero esto no podia durar perpetuamente: tar- 
de ó temprano debía hacer lugar al trabajo 
agrícola propiamente dicho. Es taes una evo- 



- 94- 

lucion fatal que no puede detenerse; así de- 
ben comprenderlo todos los correntinos, tanto 
los de las clases ignorantes como los de las 
clases ilustradas. 

El ex-marino, convertido en agricultor, 
agregaba que lo que falta á los cultivadores 
de Monte Caseros, es un mercado para los pro- 
ductos y una industria para beneficiarlos. 

En la costa del Ceibo vi ó otro agricultor, 
italiano, esto, llamado J. B. Richini; tiene una 
chacra de quinientas varas por cada frente, 
cultiva el maiz, el melón, la mandioca, la 
sandía, la cebolla y también la alfalfa, cuyos 
productos envia en gran parte á la UruguQ- 
yana. 

Con este motivo repetiré lo que se me ha 
asegurado, que el cultivo de la alfalfa daria 
excelentes resultados, remitiéndola ó la costa 
brasilera, donde hace falta para la manuten- 
ción de los caballos. 

Cultiva igualmente la papa y la bUata,'en 
fin, la viña, cuyas plantas y sarmientos se le 
han remitido desde Concordia. 

Hace dos años solamente que está estable- 
cido; tiene una gran casa de ladrillos de trein- 
ta y dos varas de largo, con techo de paja 
(gynerium), un pozo que le ha costado tres- 
cientos pesos, con catorce varas de hondo y 
mas dedos de ancho, una prensa par«í alfalfa, 
un gran corral de alambre y la chacra tam- 
bién alambrada. Háse casado con una co- 
rrentina y tiene cinco hijos. 

De esta mezcla de las razas y los pueblos 
resultará una generación laboriosa y empren- 
dedora que ha de renovar la faz de la tierra 
americana, levantando ciudades y aldeas en 
esos desiertos de praderas interminables, cu- 
ya monotonía y soledad despiertan sentimien- 



— 95 — 

• tos de invencible melancolía en el ánimo del 
viajero que las recorre. 

El ejemplo de Richini, de Fossat y de otros 
que podrid citar, prueban lo que será antes 
de mucho tiempo el ejido de Monte Caseros, 
cuando se haya generalizado la agricultura, 
que hasta ahora se hace notar solamente por 
algunas escepciones. 

Esas chacras y quintas desparramadas sobre 
las cuchillas dan al paisaje una apariencia 
completamente distinta, anunciando un por- 
venir de renovación y de regeneración. 

Antes de dejar Monte Caseros, quise visitar 
el pueblo oriental de Santa Rosa; pero aunque 
fuese un dia domingo, solo allí encontré tris- 
teza y soledad. El ferro-carril en vez de fo- 
mentar el progreso de ese punto, le ha qui- 
tado toda su importancia, porque pasajeros y 
mercancías, todo lo que se detenia anterior- 
mente allí, va directamente al Cuareim y á la 
Uryguayana. Allí lo que hace falta también 
es la colonización y la población del territo- 
rio desierto, el cual, se me ha asegurado, con- 
viene también para muchos cultivos. 

Por otra parte, no dej i de ser notable la 
disposición simétrica que se ha establecido 
entre los pueblos fundad s en ambas orillas 
del rio Uruguay desde Fray-Bentos hasta 
Santo Tomó. 

Háse dicho que los rios son las fronteras 
que separan á los pueblos ¿no sería mas excre- 
to decir que son medios naturales de comu- 
nicación que deben unirlos y, por medio del 
cambio de las ideas y de los productos, hacer 
alguna vez efectiva la solidaridad de los pue- 
blos divididos por preocupaciones hostiles y 
sin fundamento? 

Pero no nos lancemos en el campo de las 
consideraciones utópicas. 



- 96 — 



IX 

La Colonia «Villa Libertad» 

El 2 de Febrero dejé el pueblo de Monte Ca- 
seros á las 12 li2 del día, y llegué á las 3.15 á 
Chajarí, estación del ferrocarril eñ el centro 
de Villa Libertad. Villa Libertad es una colo- 
nia fundada por el gobierno nacional, en com- 
binación con el gobierno provincial de Entre 
Ríos, quien habia cedido el terreno al efecto, 
en campos que formaban anteriormente una 
estancia del estado. 

En tiempos del general Urquiza, la provin- 
cia poseia dos grandes estancias que el go- 
bierno administraba directamente, la de Las 
Conchas, en la costa del Paraná, donde Qstá 
actualmente la Villa Urquiza y la del Man- 
disoby ó Mocoretá, donde está actualmente la 
Villa Libertad. La última comprendía todo el 
terreno que se extiende entre el Mandisoby 
Chico, el Mocoretá, el rio Uruguay y una lí- 
nea divisoria á seis ó siete leguas al oeste de 
ese rio. 

En 1872, la cámara provincial resolvió dedi- 
car esos terrenos á la colonización; pero pos- 
teriormente el poder ejecutivo, alegando que 
las zonas inmediatas al Mocoretá y al rio Uru- 
guay no servían para la agricultura, separó 
en las costas de esas corrientes de agua una 
faja que reservó para estancias que fueron 
cedidas á jefes militares; la parte contigua al 
Mocoretá, al teniente coronel Gua rumba, y la 
parte contigua al rio Uruguay, al coronel 
Aquileo González. 



— 97 — 

Esta operación importaba quitar á la futura 
colonia dos elementos importantes, el agua y 
el bosque, es decir, dos elementos indispen- 
sables para el buen éxito d^ empresas de esa 
clase; ademas tenia el gran inconveniente de 
rodearla de estancias, obligando á los colonos 
á construir cercos costosos para poner sus se- 
menteras al abrigo de las incursiones de los 
animales, cuyo inconveniente tanto habia per- 
judicado y atrasado á los de San José, como 
dije en una carta anterior; pero estas consi- 
deraciones fueron apartadas, y la estancia 
vino también allí á entrar en lucha con la co- 
lonización. 

Sea lo que fuere, cuando en 1876 el Congre- 
so Nacional hubo dictado la ley de coloniza- 
ción, y se trató de ponerla en práctica, el 
Gobierno General pidió terrenos á los Gobier- 
nos de provincia pdra llevarla á efecto, porque 
entonces no disponía de los suficientes, que 
estaban todavía en poder de los indios, y el 
gobierno de Entre Rios contestó al pedido 
ofreciendo una parte de los campos del Man- 
disoby y los de la costa del Paraná, donde 
existe actualmente la colonia Alüear. 

La colonia Villa Libertad es por consiguien- 
te lo que se llama una colonia oficial, y data 
de 1876. Las cincuenta primeras familias lle- 
garon allí el 26 de Abril de ese año, conduci- 
das por el Sr. Salteri. Mas tarde vinieron á 
administrar la colonia los Sres. Pablo Stampa, 
Mambroni y Telémaco González. 

Posteriormente suprimióse la administra- 
ción nacional, y se entregó la colonia al go- 
bierno de la provincia, que está representado 
por un juez de paz y comisario. La acción 
del gobierno general no se hace sentir sino 
por las apariciones del inspector de«colonias. 



- 98- 

que viene á recaudar de vez en cuando las can- 
tidades adeudadas por los colonos. 

De lo que acabo de referir resulta que no 
es fácil tener datos estadísticos completamen- 
te exactos sobre esta colonia. Para conseguir- 
lo^, seria preciso costear un empleado espe- 
cial que se tomase el trabajo de recogerlos, 
visitando á las familias una por una en sus pro- 
pias casas y recorriendo las concesiones para 
examinarlas. Tratándose actualmente de hacer 
conocer la importancia de las colonias, con- 
vendría, pues, que los gobiernos provinciales 
encargasen á personas inteligentes y activas 
de levantar á la mayor brevedad el censo y la 
estadística de aquellos centros agrícolas. Solo 
de esta manera podrá la comisión de la expo- 
sion universal de París llenar el compromiso 
que ha contraído, de presentar una historia y 
una descripción exacta de cada una de ellas; 
una exploración rápida como laque estoy ha- 
ciendo en estos momentos, no me permitirla 
alcanzar ese resultado; necesito también la 
cooperación de los poderes locales: no basta 
la de los hombres de buena voluntad; es pre- 
ciso también, es indispensable, liacer algunos 
gastos 

Entre tanto, voy á comunicar los datos que 
tuvo la bondad de suministrarme el señor 
Salteri, secretario que fué de la administración 
de la colonia y establecido actualmente en 
el punto que fué antiguamente estancia de 
Santa Rosa. 



Según aquellos datos, la colonia se compon- 
dría de quinientas sesenta y una familias (561), 
que constan de mil seiscientos sesenta y nueve 
varones (1669), y de mil quinientas catorce mu- 



— 99 — 

jeres (1514), ó sea un total de tres mil ciento 
ochenta y tres individuos (3183). 

Existen cincuenta y dos edificios de mate- 
rial (52), y ochocientos setenta y ocho (878) de 
otra clase; diez y nueve (19) casas de negocio; 
tres (3) herrerías; cuatro (4) carpinterías; una 
platería; dos (2) zapaterías; cuatro (4) molinos; 
siete (7) hornos de ladrillos; tres (3) panade- 
riis; siete (7) carnicerías; tres (3) hoteles y 
fondas: dos (2) sastrerías. 

El número de concesiones que forman la co- 
lonia alcanza é cuatrocientos quince (415). Esta 
concesión tiene cuarenta y siete hectáreas, cin- 
cuenta y dos áreas (47,52), ó sea veintiocho 
cuadras, diez y seis centesimos (28,16), for- 
mando un cuadrado de seiscientos sesenta 
(660) por setecientos veinte (720) metros, tra- 
zado á medios rumbos. 

Las calles tienen treinta (30) metros de an- 
cho; los cruceros, es decir, las calles pricipa- 
les que cruzan perpendicularmentela colonia, 
tienen cincuenta. 

En el centro de la colonia se ha reservado 
un terreno para la planta urbana; allí las ca- 
lles tienen solamente Veinte metros. Háse cons- 
truido un hermoso edificio, destinado para las 
autoridades en el punto llamado Santa Rosa, 
á diez ó doce cuadras de la estación Chajarí. 
Esta tiene el inconveniente de estar en un bajo, 
y se dice que fué colocada allí para satisfacer 
intereses particulares. Al rededor de la esta- 
ción se han hecho plantaciones de eucalíptus 
y de paraísos, quintas que hermosean el pai- 
saje. 

Hay un terreno reservado para el ensanche 
de la colonia, que consta de cuatro leguas, 
mas ciento ochenta y nueve cuadras (4 mas 189) 
ó sea de once mil ciento veinte hectáreas 
(11120) cincuenta áreas(50), treinta (30) centiá- 



— 100 — 

reas. Es mas exacto decir que ese terreno 
está ya entregado á la colonización, pues for- 
ma al menos una parte, la colonia dic a del 
Sauce, situada al sud de la anterior, siendo 
ocupada por hijos del país, que hacian que- 
dado sin tierra, á consecuencia de 1 « rectifica- 
ción de la mensura de los campos ó de la 
venta de los campos de posesión. Allí existen 
como doscientas (200) familias. 

Debe advertirse que no recibieron anticipos 
de clase alguna, entregándoseles únicamente 
la tierra. 

Algunos individuos critican esta restricción 
y la consideran injusta. ¿Qué puede, dicen 
ellos, hacer el hijo del país con la tierra si no 
le suministran al mismo tiempo los medios 
de explotarla, bueyes de labranza, arados, her- 
ramientas, semillas, etc.? Tendrá que vender 
la tierra, ó dejarla incultivada, y no se habrá 
conseguido el resultado propuesto, es decir, 
convertirlo en agricultor. 

A mas del ensanche, hay que nombrar entre 
los terrenos colonizados ó por colonizar, un 
campo que perteneció anteriormente á don 
Gregorio Lezama, éntrelos dos Mandisobys, y 
que actualmente es de un ciudadano zuiso, el 
Sr. Miguel Rohrer, el cual lo está poblando con 
colonos alemanes salidos de Villa Libertad, y 
otros que quieren formar una agrupación 
propia; llámase, pues, colonia alemana. 



La del Sauce data de dos años. 

Lo-? terrenos que el gobierno de la provin- 
cia reservó para estancia, pertenecen actual- 
mente al coronel Guarumba y al ciudadano 
francés don Enrique Dozet 

En la planta urbana de Villa Libertad 'hay 



— 101 — 

varios edificios públicos: el del comisario y 
juez de paz, la casa de escuela, el cuartel, la 
cárcel, la casa de correos y telégrafos, el tem- 
plo, que es un rancho; pero se trata de edificar 
otro mas importante, á dos leguas mas ó me- 
nos al este, en la plaza de dicha colonia Nueva; 
los colonos, por iniciativa propia, están edifi- 
cando una que está presupuestada en treinta 
mil (30.000) pesos nacionales, y que tendrá 
treinta y un metros y medio de largo por diez 
de ancho, siendo de ladrillo y cal, con techo de 
hierro galvanizado. 

Los padres de familia de la misma colonia 
Nueva reclaman un preceptor, habiendo edi- 
ficado ya la casa de escuela, porque dicen 
que no pueden mandar sus hijos á la de la 
planta urbana, por causa de la gran distan- 
cia. 

La mayor parte de las familias son italia- 
nas, del lombardo- Véneto ó del Tirol italiano; 
hay doce familias alemanas, diez francesas y 
siete españolas. 

En virtud de la ley de colonización, las cien 
primeras familias debian recibir gratuitamen- 
el terreno; pero el Sr. Salteri asegura que es 
mayor el número de las que gozaron esa ven- 
taja. 

Recibieron ademas dos bueyes de labranza, 
una vaca lechera, un caballo, un arado, ins- 
trumentos de labranza y ferretería, semillas 
y la manuntencion que se componía de harina 
de maiz, de trigo, de galleta y de carne. 

Observaré de paso que el numero de dos 
bueyes me parece insuficiente. 

Dosgraciadamente para los colonos, la lan- 
gosta y la seca vinieron á afligirlos durante 
los tres primeros años, de manera que hubo 
necesidad de prolongar la distribución de ví- 
veres, cuya circunstancia los o'bligó á con- 



— 102 — 

traer mayores compromisos, que pesan toda- 
vía sobre ellos. 

Los principales cultivos de la colonia son 
el trigo, el maiz, la papa, la patata, la mo- 
niata, el tártago, el maní. Las dos últimas 
plantas se cultivan en escala mayor para la 
elaboración del aceite que se fabrica en Con- 
cordia. El cultivo del tártago ha sido promo- 
vido sobre todo por el señor Budge, admi- 
nistrador general del ferro-carril del Este, 
quien proporcionó la semilla. 

Dije anteriormente que esta región prome- 
tía ser la región del aceite, y me ratifico en mi 
aserto, después de haber visitado los terrenos 
de Villa Libertad, que son mas aparentes pa- 
ra el cultivo de las plantas oleaginosas que 
para el de los cereales. Esta es también la 
opinión dol señor Salteri; el elemento calcá- 
reo falta á estas tierras, y se sabe que desem- 
peña un gran papel en la producción del trigo. 

Por lo demás, y para saber á que atenerse, 
convendría practicar un análisis químico; la 
ciencia debe ilustrar á los agricultores, á fin 
de que no gasten su tiempo inútilmente en 
ensayos infructuosos. 

Este año el trigo ha dado malos resultados: 
la seca amenaza seriamente el maíz, que se 
había sembrado en grandes estensiones, lo 
mismo que el maní y el tártago. 

El año anterior salieron de la colonia direc- 
tamente para Europa, por el puerto de Con- 
cordia, 4000 fanegas de maiz. 

El tártago se vende á tres reales y medio la 
arroba. 

Concordia es naturalmente el mercado prin- 
cipal de la colonia, pues Federación ha per- 
dido mucho de su importancia desde algunos 
años áesta parte. Hay que nombrar igual- 
mente el pueblo oriental de Belén, que se ha 



— 103 — 

reedificado frente á la Colonia, al otro lado del 
rio, y que le compra también sus productos. 

Los colonos tienen generalmente sus conce- 
siones cercadas con postes de ñandubay y 
alambradas; esto origina un gasto extraordi- 
nario, pues se necesitan treinta quintales de 
alambre para cercar una y quinientos palos, 
todo lo que, con el trabajo viene á importarla 
suma de cuatrocientos cincuenta pesos, según 
me dijo un vecino de Chajarí. En cuanto á la 
chacra propiamente dicha, se avalúa en mil 
pesos nacionales. 

Se me ha asegurado que unas cuarenta ó 
cincuenta familias llegadas en estos últimos 
tiempos están sin concesiones; pero el señor 
Floriano Vázquez, que acaba de ser nombra- 
do juez de paz de la colonia, les ha prometido 
pedir al gobierno provincial para ellas, y es 
probable qué se establezcan en el ensan- 
che. 

Los colonos de la «Villa Libertad» crian tam- 
bién animales, pero no tienen tantas gallinas 
como los de Colon, porque les falta la salida 
para los productos. 

En fin, practican generalmente la arbori- 
cultura, aunque no tanto como sería de de- 
sear. 



He visitado un gran número de familias de 
las diversas nacionalidades que componen la 
colonia; he oido á contentos y á desconten- 
tos. Recuerdo entre otros á Evaristo Silves- 
tre y ó José Laborda, naturales del Véneto, 
Burnoflt, Kolb, Alberto Reuner, Juan Walter, 
alemanes; Paulo Coulin suizo francés; Dar- 
din, francés; Francisco Schafftenhoffer, ale- 
mán. 



— 104 — 

Los colonos alemanes se hacen notar por 
el aseo de sus casas. Burnofit es un individuo 
que hizo las campañas de 1866 y 1870 y 71; 
tiene medallas y decoraciones que atestiguan 
que hizo nueve años deservicio, sin incurrir 
en falla alguna. No debe nada á la adminis- 
tración de la colonii, recibió la tierra gratui- 
tamente y llegó con algún dinero. 

Tiene una linda quinta de duraznos: hace 
aguardiente de duraznos y orejones. En las 
paredes de su habitación rústica ostenta los 
retratos de varios oficiales del ejército ale- 
mán, siendo uno de ellos el de su propio her- 
mano, el del emperador Guillermo y gran nú- 
mero de dibujos de cajas de fósforos. 

Juan Walter llegado hace nueve años, reci- 
bió también una concesión gratuitamente sin 
anticipo alguno y tiene una hija rubia cuya 
cabellera trae naturalmente á la memoria el co- 
nocido tipo de la Grechen'de Boethe. Tuvo que 
luchar contra grandes dificultades, pero las 
superó todas, y actualmente está contento. 

Cultiva el lino que le ha rendido cuarenta 
por uno, y hace pan de maiz mezclado con tri- 
go. Tiene también las paredes adornadas con 
dibujos de cajas de fósforos y con figuras de 
modiis. El sentimiento estético es una necesi- 
dad cuya satisfacción se hace sentir en todas 
partes. 

Pablo Coulin, llegado hace diez años, sin re- 
cursos, compró dos concesiones con animales. 
Componíase su familia del padre, de la madre 
de cinco hijos y de una hija; pero uno se fué 
á la colonia Torquinst, en la provincia de Bue- 
nos Aires, otro á Concordia, otro á Santa Fé. 
Practica toda clase de cultivos y tiene un gran 
número de árboles frutales, plantas de viñas y 
árboles de ornato, tales como eucalíptus, aca- 
cias, paraísos, casuarinas, en medio de los cuay 



— 105 — 

les desaparecen sus habitaciones de adobes y 
de tierra. Las chacras están cercadas con cina- 
cina. 

La mujer es la que nos recibe. El marido 
está ausente; la mujer está mas contenta que 
el marido, quien, según dicen, quería ir á 
otra parte. Aquella dice que las gallinas le 
dan mucha utilidad; pero lo que falta es el 
agua; hay que cavar un pozo, y entretanto 
ir á buscarla á dos concesiones de distancia. 

En una mesa encuentro periódicos, «Le 
Jura», «Journal de Porentruy», que un amigo 
les remite desde Suiza. La curiosidad me in- 
cita á recorrerlos, pues hace tiempo que no 
leo periódicos franceses, y doy con un artí- 
culo titulado: «¿De quién será Europa?» El 
articulista saca la conclusión: ó de los ger- 
manos auxiliados por los Madgyares ó de los 
esclavos auxiliados por los latinos? Lo cierto 
es que se prepara un choque gigantesco, dice 
el mismo articulista. 

¿Qué cosa es la guerra, decia Napoleón, el 
gran guerrero? Un juego bárbaro en que todo 
el talento consiste en ser el mas fuerte en 
un momento dado en un punto determinado. 

¿Por qué los jugadores bárbaros de Europa, 
en vez de esterminarse recíprocamente, no 
vienen á poblar los desiertos de Sud-Amé- 
rica? 

Dardin no es un colono, hablando con pro- 
piedad; e3 un quintero de Concordia, que puso 
en «Villa Libertad» una gran chacra-quinta. 
Allí tiene toda clase de árboles frutales y de 
ornato, naranjos, membrillos, perales, man- 
zanos, higueras, granados, eucalíptus, casua- 
rinas, pinos, plátanos, y un Tiñedo que consta 
ya.de veinte mil plantas, mas un plantel de 
doce mil, de la misma especie que la que se 



— 106 — 

cultiva en Concordia, es decir, la viña dicha 
ya de horda. 

Dardin tiene dos concesiones: su hijo nos 
dice que los colonos no son bastante afectos 
ó la arboricultura. Los primeros que vinieron 
no entendían la agricultura. Sería necesario 
que hubiese en cada colonia que se fundara, 
un director agrónomo para dar el impulso á 
los trabajos. 

Pero esto seria tal vez exijir mucho; basta- 
rla que hubiese inspectores de agricultura 
que viniesen periódicamente á visitar las co- 
lonias, dando indicaciones, haciendo confe- 
rencias, en fin, derramando de todas maneras 
los conocimientos agronómicos. 

Schafftenhoffer es un alemán casado con 
una suiza, que vino en calidad de colono, ha- 
biendo pensado primitivamente en ir á Santa 
Fé. Actualmente tiene en la estación deCha- 
jarí el hotel Cosmopolita, anunciando que allí 
se habla todos los idiomas. Tiene también 
carnicería, chanchería y panadería, sin con- 
tar cuatro chacras. 

La cocina de Schafftenhoffer puede reco- 
mendarse á los viajeros; tiene además buenos 
carruajes y caballos briosos para recorrer 
con velocidad toda la estension de la colonia. 

El señor Doze, negociante y estanciero de 
Concordia, está construyendo un molino á 
vapor en la misma estación, el cual tendrá 
dos pares de piedras y una máquina de la 
fuerza de treinta y ocho caballos. 

A la estación de Chajarí concurre constan- 
temente un gran número de carretas que traen 
generalmente postes de ñandubay y llevan 
mercancías para San José de Feliciano y la 
provincia de Corrientes. Esta estación es la 
segunda de la la línea, en importancia, en 
cuanto al movimiento de carga y de pasaje- 



- 107 - 

ros. Cada miércoles sale una diligencia, para 
San José de Feliciano y la Paz. 

A poca distancia de allí, dos leguas cuando 
mas, y ya en la provincia de Corrientes, está 
el saladero del Mocoretó. 

Por lo visto, «Villa Libertad» es un punto 
de porvenir, mereciendo que en él se fije la 
atención de los poderes provinciales y nacio- 
nales. Ese ensayo de colonización oficial, á pe- 
sar de los defectos y de lo*s abusos que pue- 
den reprochársele, ha dado buenos resultados, 
y habiéndose superado las dificultades del 
primer establecimiento continuará dándolos 
en el porvenir. 



No quier ) cerrar este capítulo sin comuni- 
carle una triste noticia: es la de la muerte 
del anciano Jáureguy (a) horda. Hace tiempo 
que estaba enfermo, como ya lo dije, el intro- 
ductor de la viña en el departamento de Con- 
cordia, y él mismo se declaraba cansado de la 
existencia. Al regresar de Misiones encontré 
un carro fúnebre: era el que llevaba á Lorda 
al cementerio. 

El «Amigo del Pueblo» anunció la catástro- 
fe; creo que el nombre de ese trabajador be- 
nemérito puede figurar con honra en esta 
relación histórica de las colonias. 



— 108 — 



X 



Las colonias del Sauce y del Mandisoby — El ejido de Fe- 
deración y su proyectado ensanche — El ejido de 

Concordia. 

• 

En mi carta anterior, nombré la colonia 
alemana del Mandisoby; ahora voy á hablar 
detenidamente de aquel establecimiento agrí- 
cola que no deja de tener importancia. 

Esa colonia fué fundada en 1883 por el se- 
ñor Miguel Robre, ciudadano suizo del can- 
tón de San Gall, en un campo de su propiedad. 
El señor Robre vivió durante mucho tiempo 
en la provincia de Buenos Aires, habiendo sido 
empleado y socio de los señores don Grego- 
rio Lezama y Anacársis Lanús. Mas tarde 
trasladóse á esta provincia y compró un cam- 

[)o de tres leguas mas ó menos, situado entre 
os dos Mandisobys, al oeste del pueblo de 
í'ederacion. 

Hasta ahora ha poblado solamente treinta 
y dos concesiones ocupadadas por veintiuna 
familias, alemanas la mayor parte; hay tam- 
bién una francesa y tres americanas. 

Las concesiones son de veinte y dos cuadras 
de ciento cincuenta varas cada una; cada fa- 
milia puede comprar el número que quiere 
á razón de diez pesos la cuadra, teniendo seis 
años de plazo para pagar. 

Esa dimensión corresponde ó treinta y siete 
hectáreas, doce áreas, veintiocho centiúreas: 
son unos rectángulos que tienen mil cuarenta 
y cinco metros de largo por trescientos cin- 
cuenta de ancho. 



- 109 — 

El empresario piensa ensaochar la colonia 
formando una línea mas de concesiones, es 
'decir, diez y seis concesiones y algo más, y 
sucesivamente colonizar todo el campo. Ac- 
tualmente existen dos líneas separadas por 
dos grandes calles de sesenta metros de an- 
cho. 

Los colonos pueden sacar leña gratuita- 
mente del monte, mediante previo aviso dado 
al propietario, lo mismo como han cortado la 
madera que precisaban. 

La colonia tiene casa de escuela: es una casa 
de material hecha y dada por el dueño del 
campo; el maestro es pagado por los vecinos; 
pero sería preciso que el gobierno diese una 
subvención para aumentarle el sueldo, con- 
siderando que la escuela pued^^. servir también 
para las familias establecidas á inmediacio- 
nes de la colonia. El maestro podria trabajar 
una chacra al mismo tiempo. 

La casa del señor Rohrer, á la cual llega- 
mos muy temprano, pues habíamos salido de 
Chajarí á las cinco de la mañana, está edifl- • 
cada en un punto culminante, desde el cual 
se distingue perfectamente el pueblo de Fe- 
deración y los puestos de las estancias des- 
parramadas á grandes distancias en los cam- 
pos ondulados de Entre-Rios, la colonia del 
Sauce, etc. 

Está rodeada de eucalíptus; tiene un mira- 
dor, un jardín, una quinta de árboles frutales, 
un algibe, en fin, todas las comodidades del 
confort moderno. Las calles de la quinta y del 
jardín, los alrededores de la casa están ador- 
nados con esas curiosas petrificaciones de 
maderas que se encuentran tan á menudo en 
los arroyos de la costa del Uruguay, y que 
tienen á veces dimensiones colosales, troncos 



— liO — 

de sauce, de ñandubay, de palmera y de otros 
árboles. 

En un salón hay colgada en la pared una 
hermosa colecccion de armas, fusiles y rifles 
de la última perfección, entre los cuales me 
llamó la atención uno que recibe doce cartu- 
chos, que se reservan para disparar solo con 
el décimo tercero, que se añade durante la 
acción, no gastando los demás sino en caso 
de apuro. 

El señor Rohrer tiene también una precio- 
sa reliquia de familia, el sable de su abuelo, 
que fué jefe de caballería en el ejército de la 
Confederación helvética. 

En casa del señor Rohrer encontré á un sui- 
zo corren tino, es decir, un hijo de suizo na- 
cido en Corrientes, de un agrimensor que vino 
á las colonias de Santa Fé, hace unos treinta 
años, y que pasó después á aquella provincia. 
Ese joven habla igualmente castellano, francés 
y alemán, pues fué educado en Europa. 

Con este señor, que se llama Vybert, el 
dueño de casa y el señor Schafftenhoffer, mi 
automedon, políglota también, recorrimos la 
colonia, visitando sucesivamente á varias fa- 
milias. 

En esa colonia hay un individuo llamado 
Gerlach, que sabe fabricar termómetros y ba- 
rómetros, dos talabarteros, un herrero, un 
carpintero, un armero, dos chancheros-car- 
niceros, tres casas de negocio, un jardinero, 
llamado Engelman, que ha plantado ya cua- 
trocientos eucalíptus, y que se propone plan- 
tar muchos más. 

Carlos Imán, carpintero, tiene una pequeña 
tahona construida por él mismo con el ven- 
tilador correspondiente, una gran quinta de 
duraznos, damascos y otros árboles frutales, 
paraísos, etc. 



— 111 — 

Reisenweber es escultor y dibujante; artista 
en otro tiempo, actualmente, dice él mismo, 
maneja el arado. Tiene también una casa de 
negocio. Ha plantado tres mil cepas, tenien- 
do veinte cuadras cultivadas. Las plantas son 
de las clases de Concordia y Colon, pues Rei- 
senweber ha visitado aquella colonia para darse 
cuenta de los cultivos y de lo que puede ha- 
cerse en el país. 

Todas las plantos se crian con mucha loza- 
nía en el terreno de la colonia Mandisoby. 

No entraré en mas detalles porque seria 
incurrir en repeticiones; pero antes de con- 
cluir con lo que tengo que decir sobre aquella 
colonia, debo consignar un deseo que me 
espresaron algunos de sus habitantes, siendo 
la necesidad de componer ios pasos que con- 
ducen á Federación; los colonos proponen ha- 
cer el trabajo de mancomún con la munici- 
palidad de aquel pueblo; combinación que 
parece fácil de llevar á cabo. 

• 

A propósito de municipalidad, notó con 
sorpresa que esta institución no existe toda- 
vía en una agrupación tan importante, tan 
numerosa como lo es «Villa Libertad». Parece 
estraño que en pueblo que se llama Libertad 
no se encuentre la institución que es la con- 
dición indispensable de aquella. Cuando los 
ingleses colonizaron Norte América, estable- 
cieron desde luego el se(f goverment; el go- 
bierno propio, el gobierno del pueblo por el 
pueblo. Los mismos españoles introdujeron 
los cabildos en Sud-América. Acaso, á fines 
del siglo XIX, no nos atreveríamos á hacer 
lo que era moneda corriente en el siglo XVIf 
Sin la municipalidad no puede desarrollarse 
el espíritu de iniciativa en los pueblos nacien- 
tes, sin contar que hay un sinnúmero de tra- 



— 112 — 

bajos indispensables, de obras de interés co- 
lectivo que ella sola puede llevar á cabo. 



Ya hablé de la colonia criolla del Sauce; esta 
no merece, hablando con propiedad, el nom- 
bre de colonia, pues sus moradores no culti- 
van (colono viene de coler^e, que quiere decir 
cultivar) sino muy poco la tierra, no habien- 
do recibido los elementos para hacerlo; luego, 
quedan condenados á la ociosidad y al para- 
sitismo. Pero algunos objetan que, si se les 
entregan bueyes, ellos van á carnearlos ó á 
venderlos para comer, pues la mayor parte 
de esos titulados colonos son individuos vi- 
ciosos, de malos antecedentes, poco afectos 
al trabajo, y que se corrompen aun más, en 
vez de mejorarse por el contacto recíproco... 

Puede haber algo de fundado en esas acu- 
saciones, pero jamás debe desesperarse de la 
naturaleza humana, y es posible remediar 
todos esos defectos con una dirección enér- 
gica, como por medio de la educación, y en- 
tonces los ensayos hechos por el gobierno de 
Entre-Rios, de colonización criolla en el Sauce 
y en el Federal á veinte y dos leguas de Con- 
cordia, habrán dado buenos resultados. 

Sea lo que fuere, esta es una cuestión que 
merece estudiarse detenidamente. 



Para concluir la reseña de los ensayos 6 
proyectos de colonización que se hicieron en 
estos parajes, debo hablar del ejido de Fede- 
ración. 

El 7 de Febrero llegué á la ciudad, apro- 
vechando el tren exprés que habia llevado á 



— H3 — 

Monte Caseros al señor Clark, empresario del 
ferro-carril de Misiones y al ingeniero Va- 
liente. Conocía á un vecino de Federación, 
el señor Benito Contegrand, ex-colono de San 
José, actualmente negociante é industrial en 
aquella ciudad. Este señor me puso inmedia- 
tamente en relación con el señor Francisco 
Garcia, presidente de la municipalidad, y, sin 
perder un minuto, empezamos á recorrer las 
quintas y las chacras de los alrededores. 

Así es como tuvimos ocasión de visitar & 
un anciano francés, ya septuagenario, pero 
fuerte y enérgico todavía á pesar de sus años, 
el señor Duvivier. Este señor fué en otro 
tiempo habitante del territorio donde debia 
erigirse la ciudad de la Plata, y siente haber 
abandonado aquella residencia, porque perdió 
la oportunidad de hacer una fortuna sin mu- 
cho trabajo. En Federación tiene una gran 
chacra, alfalfares, quinta, animales vacunos, 
viñas. 

En seguida pasamos al viñedo de los seño- 
res Ravena y Gambino, situado en las orillas 
del rio Uruguay, en una posición hermosísi- 
ma; allí tienen esos señores mas de veinte 
mil plantas puestas en julio y agosto del año 
ppdo., y de las cuales algunas ya dieron 
fruta. 

El primero es un anciano que fué compa- 
ñero de armas de Garibaldí. 

Al dia siguiente, volvimos á emprender la 
escursion interrumpida por la noche, visitan- 
do la curtiembre, que con mucha inteligencia 
y acierto dirije el señor Jaime Costa, recor- 
riendo el llamado potrero y llegando á orillas 
de una gran laguna, que tiene mas de ciento 
seis cuadras de superficie, laguna que se ha 
solicitado en compra, sin duda para hacer al- 
gún criadero. La laguna linda con el ferro- 

8 



— 114 — 

carril, y se supone que comunica con el rio. 
Visitamos también la quinta del señor Pedro 
Vistú, empleado que fué del ferrocarril, y que 
tiene un viñedo de diferentes clases de cepas 
italianas casi todas; la chacra del señor Budgé 
administrador general del ferrocarril del Este, 
que tiene una gran plantación de tártago— ya 
he dicho que este señor fué el que introdujo 
ese cultivo en «Villa Libertad», la chacra de 
una familia paraguaya cuyo nombre no re- 
cuerdo y que tiene una estensa plantación de 
maní. 

En fin, llegamos y nos detuvimos en casa 
de un francés alsaciano, molinero de profesión 
y ahora agricultor, Fernando Lederli. Este 
individuo fué colono en Argelia, habiendo vi- 
vido en la provincia de Constantina, pero tu- 
vo que dejar aquel país por causa de las fiebres 
que lo perseguían . Habiéndole dirijido varias 
preguntas sobre aquel país, me contestó que 
allí se cultiva el trigo y la viña también, cuan- 
do puede regarse, porque el país está muy 
expuesto á la seca: prefiere el clima de la Re- 
pública Argentina. Lederli tiene un alambi- 
que para destilar el durazno y el maíz; ha 
plantado también seis mil cepas de vid, de la 
especie llamada americana. 

En el ejido son siete las familias alsacianas 
y todas vinieron de Argel. Paréceme que esta 
circunstancia debe llamar la atención de los 
colonizadores; aquí nos quejamos de la seca, 
pero es mas temible aún en las comarcas mas 
afamadas de África y esas no brindan al inmi- 
grante la salubridad que aquí gozamos. 

A pesar del calor sofocante y de la hora avan- 
zada, visitamos otras chacras mas, siendo una 
de las mas notables la de don Juan Bautista 
Sfuerzo, italiano, natural del Véneto. Este 
individuo vino hace cuatro años; ahora tiene 



— 115 — 

tres chacras de cuatrocientas varas de frente 
cada una, donde cultiva el maíz, el maní, el 
tártago, la batata, la papa y otras legumbres 
y un viñedo de mil quinientas plantas de la 
especie americana. 

Esta planta americana se ha propagado mu- 
cho, se ha propagado demasiado, pero podrá 
ingertarse. 

El dia siguiente, es decir, el 9 de febrero 
el señor García quiso absolutamente obse- 
quiarme con un almuerzo campestre en su 
chacra; el díanos favoreció, pues el cielo se ha- 
bla nublado. A pesar de la distancia, la reu- 
nión fué numerosa y selecta. Asistieron el se- 
ñor jefe político de Federación don Miguel 
González y Martínez; doctor Cadesuño, médico; 
doctor Teófilo Munz; el juez de paz, Pedro Ber- 
guñon; el telegrafista señor Pesado; señores 
Zenon Padilla, Virgilio Burban, Vicente Ru- 
bianes, Manuel Gales, Vicente Vizcaya, Bernar- 
do Rovira, Guillermo Grieben, Agustín Lator- 
re, Policarpo Alderete, Francisco Zuveran, 
Nicanor A. Duarte, Adolfo Conté, Miguel Gui- 
cigibene, Félix M. Araujo, Benito Contegran, 
las familias délos señores Alberti, Contegran, 
García, la señora doña Rita de Barrios, la se- 
ñorita Alderete, el señor Waldo Salas y va- 
rias otras personas, cuyos nombres no re- 
cuerdo. 

Hubo discursos y brindis entusiastas al pro- 
greso de Federación, de la provincia de Entre 
Ríos y de la República Argentina. 

Regresando á la ciudad, y á indicación del 
señor jefe político, estos señores quisieron 
absolutamente acompañarme hasta la estación 
del ferrocarril. He creído entonces y persisto 
en creer que esta manifestación tan simpática, 
tan conmovedora, se dirigía, no á la persona, 
sino al gran pensamiento del cual deseo y 
aquellos señores juntos conmigo desean la rea- 



— 116 — 

lizacion: el poblamiento del desierto, la colo- 
nización del territorio argentino. 

Los vecinos de Federación trabajan á todo 
trance para levantará su pueblo de la postra- 
ción en que habia caido, habiendo llegado á 
tal punto, que se deshacían las casas para ven* 
der los ladrillos. 

Con este motivo quieren colonizar, poblar 
todo su ejido, ensanchándolo hasta abarcar 
nueve leguas de superficie como el de Monte 
Caseros. 

Al efecto, la municipalidad vendió á la so- 
ciedad «Industrial Entreriana» 356 cuadras con 
la obligación por parte del comprador de cer- 
car y poblar dentro de los seis meses subsi- 
guientes á la fecha de la escrituración del ter- 
reno, debiendo al año tener plantaciones de 
viñas por lo menos en la cuarta parte del ter- 
reno. 

A los señores Grunwaldt y Thiers vendió 
sesenta cuadras (60) para destinarlas ala agri- 
cultura; al señor Jusliniano Correa cien (100) 
cuadras con el mismo objeto; al señor Juan 
Cruz Paz ciento treinta y nueve manzanas 
(139) para establecer una gran fábrica de la- 
drillos, en que ocupará sesenta obreros; al 
mismo otras treinta y dos cuadras para agri- 
cultura; á don Benito Cook, doscientas cin- 
cuenta cuadras, destinadas también á la agri- 
cultura, debiendo á los tres años haber culti- 
vado la mitad del terreno; á Justiniano Correa,* 
otro lote bajo las mismas condiciones. 

En fin, celebróse un contrato (sesión extra- 
ordinaria del 24 de febrero de 1887) para co- 
lonizar las cinco leguas del ensanche del ejido, 
con la razón social Carmelo Crespo y com- 
pañía. 

Según esas bases, la empresa subdividirá 
las cinco leguas en concesiones de veinte cua- 



— 117 — 

dras de cien varas de frente; pagará al conta- 
do tres leguas; colocará cincuenta familias 
dentro de los diez y ocho meses siguientes á 
la entrega de los terrenos, bajo multa de mil 
pesos; ciento treinta familias á los tres años, 
bajo multa de dos mil pesos; á los cuatro años 
doscientas familias bajo multa de tres mil pe- 
sos; á los cinco años doscientas sesenta fami- 
lias bajo multa de cuatro mil pesos; á los seis 
años trescientas treinta familias, como mmt- 
mum, bajo multa de cinco mil pesos por falta 
de cumplimiento. 

En este caso, se le darán dos años mas de 
plazo, pero aumentando la multa hasta diez 
mil pesos. 

La nueva colonia no pagará impuestos mu- 
nicipales durante diez años contados desde la 
entrega de los terrenos á la empresa y por 
igual término los colonos no serán obligados 
á cercar sus concesiones. 

La empresa se obligará á costear tres es- 
cuelas elementales, durante los diez años de 
exoneración de impuestos fiscales. 

La municipalidad tan pronto como haya 50 
familias, nombrará una comisión con el per- 
sonal bastante para guardar el orden en la 
colonia, cuyo empleado y personal será cos- 
teado por la empresa durante los diez años 
de exoneración de impuestos municipales. 

La empresa no podrá vender, arrendar ni 
ceder á título oneroso ni gratuito sino á los 
colonos que coloque, ninguna concesión de 
tierra ni parte de ella. 

La empresa se obligará á componer y man- 
tener fen buen estado por su cuenta y previa 
inspección municipal los caminos y pasos que 
de la colonia conduzcan á la villa y los demás 
que cruzen la colonia, durante los referidos 
diez años. 



— 118 - 

Tal es elcontrato cuyo cumplimiento es- 
peran con impaciencia los vecinos de Fede- 
ración, y parece que solp falta el cúmplase del 
gobierno superior. Es por consiguiente de de- 
searse que venga & la mayor brevedad posible. 

Por lo visto, la municipalidad de Federación 
se diferencia mucho de la de Monte-Caseros. 
Hagamos votos á fin de que todos los pode- 
res, políticos y municipales marchen en la 
mayor armonía para conseguir el desiderátum 
que se propusieron, y que el ejido de Federa- 
ción sea un modelo que pueda presentarse á 
los demás pueblos de la provincia de Entre- 
Rios, de la república toda entera. 



La ciudad de Concordia, tan comercial, tan 
importante, cuya aduana es la tercera de la 
república, no podría hacer otro tanto, aunque 
lo quisiera, porque no tiene ejido, ó lo tiene 
insuficiente. Está apretada entre el rio Uru- 
guay, el arroyo Yuquerí y los latifundia^ los 
grandes dominios que las circundan. Solo en 
la parte norte han podido establecerse algunas 
familias, napolitanas la mayor parte de ellas. 

Semejante estado de cosas no puede durar 
indefinidamente; por mas respeto que se pro- 
fese al derecho de propiedad, creo que el in- 
terés particular no puede prevalecer sobre 
el interés colectivo: quiere decir que deben 
tomarse medidas serias para ensanchar el ejido 
de Concordia, cuyos terrenos son tan aparen- 
tes sobre todo para la viticultura. 

El dia en que esto suceda seria saludado- 
no creo equivocarme en mi profecía-^ como 
un dia de bendición para todos los habitantes 
de Concordia. (?) 

(1) Desde que estas líneas fueron escritas, empeló á colcnizarse el 
departamento de Coneordia. 



— 119 — 



XI 



La Colonia « Gaaeros » y el palacio de San José 

El departamento del Uruguay, cuya capital 
fué también en otro tiempo la de la provin- 
cia, tiene una colonia importante; esta se lla- 
ma la colonia Caseros. Fué fundada en los 
años de 1874 y siguientes por la señora doña 
Dolores C. de Urquiza, viuda del general de ese 
nombre. Está situada entre el palacio de cam- 
po edificado por el finado general á inmedia- 
ciones del arroyo Gualeguaychú y el ejido de 
la ciudad del Uruguay. San José es el nombre 
del palacio; háse dado á la colonia el nombre 
de Caseros para conservar el recuerdo de la 
famosa batalla que puso fin á la dictadura de 
Rosas, abriendo el camino á la organización 
constitucional de la república. 

Se asegura que la idea de colonizar esos 
campos pertenece al mismo general, que ha- 
bla fundado ya la colonia conocida también 
con el nombre de San José en el departamento, 
formado mas tarde, de Colon; pero no tuvo 
tiempo de llevarla á*cabo. 

Debe añadirse que este era el único medio 
de dar valor á un edificio como el de San José, 
situado en un desierto, y que perdía su impor- 
tancia con la desaparición de su fundador. 

El pensamiento no podia ser mas acertado; 
desgraciadamente la elección de las primeras 
familias fundadoras dejó mucho que desear; 
el agente, encargado de encontrarlas, las buscó 
en las mismas calles de Buenos Aires, entre 



— 120 — 

la inmigración mas ó menos espontánea que 
allí afluia, sin preocuparse mucho de las apti- 
tudes y de la laboriosidad de los futuros co- 
lonos, de manera que, junto con un escaso 
número de agricultores, remitió, mediante co- 
misión, una cantidad de pintores, albañiles, 
cocheros, sastres, zapateros, pasamaneros, fu- 
mistas, etc„ en fin, una porción de desclasados 
de las ciudades europeas. 

Esta circunstancia fué una causa de entor- 
pecimiento para el desarrollo de la colonia; 
iniciada con elementos defectuosos ,tuvo que 
eliminarlos sucesivamente para alcanzar una 
composición normal y susceptible de pro- 
greso. 

Según el contrato de colonización, cada fa- 
milia ó asociación de colonos, debia recibir 
una concesión de veinticinco hectáreas ó sea 
catorce cuadras y cuarta mas ó menos de 
ciento cincuenta varas por cada lado; cuatro 
bueyes de labranza, dos vacas leclieras, pre- 
ñadas ó recien paridas, y un caballo ó una 
yegua mansa— La manutención durante un año 
—los útiles indispensables de labranza y se- 
millas, cuyo importe, sin embargo, no podia 
exceder en cantidad de la de sesenta pesos 
fuertes por familia. 

El precio fijado por cada concesión en el 
primer año era de trescientos cincuenta pesos 
fuertes (350) q^ue debian satisfacerse en el espa- 
cio de tres anos, salvo el caso de fuerza ma- 
yor, dando rédito de diez por ciento anual 
desde el principio del segundo año de insta- 
lación. 

Sobre ese precio se hacia una rebaja de cin- 
cuenta pesos fuertes (50) á las cincuenta pri- 
meras familias que no pidiesen adelantos, y 
una de diez y ocho por ciento á las que paga- 
sen el valor del terreno al contado. 



— 121 — 

Las familias ó sociedades de colonos podian 
tomar arrendada una concesión inmediata á 
la que recibían por dos pesos fuertes mensuales, 
debiendo venderlas al mismo precio de las pri- 
meras, una vez que hubiesen satisfecho el va- 
lor de ésta en el plazo fijado; en fin, podian 
adquirir una tercera concesión bajo la condi- 
ción de pagarla en el término y las condicio- 
nes fijadas, al precio que valiesen las conce- 
siones en la época de solicitarla, y después de 
haber satisfecho el importe de las dos pri- 
meras. 

Todos los adelantos hechos á los colonos 
sumados en cuenta corriente debian redituar 
el diez por ciento, desde el principio del se- 
gundo año de instalación. 

Los gastos de mensura y el cercado general 
de la colonia (un cerco que debia construirse 
para garantirla contra los animales de las es- 
tancias) eran de cuenta de la señora propie- 
taria. 

Durante cuatro años, los colonos estaban 
eximidos de toda clase de impuestos ó contri- 
buciones de estado. 

Debian plantaren las esquinas de las conce 
siones un eucalíptus, y en la calle real cuatro 
por su entrada, debiendo dichos árboles ser^ 
suministrados por la administración de la co-* 
lonia. 

Debian también durante el primer año reci- 
bir gratis la leña que precisasen, como asi 
mismo la paja necesaria para techar sus casas 
y comprar á precios módicos la madera nece- 
saria para sus habitaciones, corrales y cercos. 

La señora propietaria se obligaba á esta- 
blecer en el mismo palacio de San José, una 
escuela gratuita, y á procurar un sacerdote 

gara desempeñar el culto, así como médico y 
ótica, siendo entendido que tanto los servi- 



— 122 - . 

cios del sacerdote y médico, como el importe 
de las medicinas debian ser satisfechos por 
los colonos. 



Tales fueron las bases del contrato primi- 
tivo: algunas de esas condiciones no dejaban 
de ser onerosas; la práctica manifestó la 
necesidad de modificarlas, considerando so- 
bre todo los casos de fuerza mayor que se 
hablan presentado, tales como la aparición 
repetida de la langosta y las demoras ocur- 
ridas en el suministro de los anticipos que 
debian hacerse ó los colonos, cuyas demo- 
ras no les permitieron dedicarse al trabajo 
tan pronto como hablan llegado al .palacio 
de San José, donde vivian hasta el momento 
de entregárseles las concesiones. 

En fin, las cláusulas del contrato de colo- 
nización fueron modificadas mediante la in- 
tervención de la comisión de inmigración 
del Uruguay, y la prosperidad de la colonia 
quedó definitivamente asegurada con la de- 
saparición de las causas de desaliento. 

Según ese arreglo, celebrado en octubre de 
1875, la administración de li colonia debia 
^ebajar la mitad de los intereses devenga- 
dos hasta el 30 de junio del corriente año y 
el importe de los arrendamientos debidos 
hasta el 31 de diciembre de 1884. 

Las familias ó sociedades de colonos á 
quienes alcanzaba la concesión acordada por 
la señora propietaria, debian firmar vales 

Sor el in^porte que adeudaban, una vez 
echas las rebajas acordadas por cantidades 
iguales y con el aumento de cinco por cien- 
to anual pagadero en seis años. El venci- 
miento de cada vale debia ser en la época 



— 123 — 

de la cosecha, quedando afectada ésta al 
mismo pago. 

La administración debia proporcionar mas 
concesiones á aquellas familias ó sociedades 
que tuvieran elementos suficientes de trabajo, 
sea en arrendamiento con promesa de venta 
ó en venta, así que hubiesen pagado la pri- 
mera concesión. 

A los colonos que pagasen anticipadamente 
los vales, se les haria una rebaja del 10 por 
ciento. 

En el caso de pérdida total de la cosecha * 
por causa de fuerza mayor, la administra- 
ción debia prorogar por un año mas el vale 
pagadero en ese año. 

La administración hacia rebaja total de 
intereses y arrendamientos á diez y nueve 
familias, en atención á los perjuicios que ha- 
blan sufrido en los primeros años de esta- 
blecidos, con la destrucción de sementeras y 
• otras causas conocidas por la administración. 

Ese nuevo convenio fué aceptado por la 
casi totalidad de las familias. 



La colonia tiene actualmente doscientas 
sesenta y ocho familias propietarias y un 
número considerable de medianeros, de 
manera que su población se calcula en dos 
mil almas mas ó menos. La mayor parte 
son italianos venidos directamente á la colo- 
nia; otras, francesas, de Saboya la mayor 
parte, proceden de la colonia San' José; en 
fin, hay algunos de los otros departamentos 
de Francia; hay suizos, un irlandés; no hay 
alemanes. 

Esas familias ocupan una estension de 
quinientas sesenta y ocho concesiones de 25 



— 124 — 

hectáreas cada una, como ya dije. Quiere 
decir que son muchas las que ocupan mas 
de una concesión. Por ejemplo, Ambrosio 
Richard, francés, hijo de un colono de San 
Josó, tiene ocho; su hermano Luis tiene 
dos; su otro hermano Francisco tiene cinco. 
Pedro Bieggini, italiano, tiene cuatro; Fran- 
cisco Bouvet, francés, tiene cuatro; Pedro 
Dimier tiene seis con una gran quinta; 
Juan Aranzini tiene seis; Andrés Rigoli tiene 
cuatro, con otra quinta de dos cuadras don- 
de se encuentran toda clase de árboles fru- 
tales y árboles de ornato, tales como olmos, 
paraísos, eucalíptus; posee ademas un alambi- 
que para destilería. Urbano Redsand, francés, 
tiene cuatro: Juan Maria Garnier, colono que 
fué de San José, tiene cinco; Andrés Bel, 
hijo de un colono de San José, tiene seis; 
Luis Villanova, los hermanos Pasini, Pedro 
Scanione, Valentín Bollardini, Antonio Az- 
zerio tienen cuatro cada uno; Pedro Bollardini 
tiene ocho. 

Con semejantes estensiones puede hacerse 
agricultura en escala mayor y practicar varios 
ensayos: hasta ahora los colonos de Caseros 
han sembrado solamente trigo y maiz; habian 
prol)ado también el cultivo del lino, pero 
parece que lo han abandonado. 

Uno, francés, jardinero, Francisco Charles, 
habia empezado á cultivar la ramíe, esa 
planta textil con la cual los chinos hacen 
tan lindos tejidos, pero se ha desalentado, 
no porque la planta no dé buenos resultados, 
sino porque hasta ahora,— al menos así se 
dice,— no se ha encontrado un procedimiento 
mecánico para descortezarla, ó los inventores 
no quieren comunicarlo. Sin embargo, el 
cultivo de la ramíe se ha recomendado por 
agrónomos inteligentes á los colonos de 



— 125 — 

Argel, y en el Chaco se trata actualmente 
de introducirlo. 



La colonia tiene una forma irregular, que 
abarca mas de cinco leguas cuadradas de 
superficie: sus límites son al norte el arroyo 
del Molino que desemboca en el Uruguay y 
el arroyo Renoval; al oeste el palacio de San 
José; al sud los campos de Miguel Britos, 
nntes del general Galarza, y los de Saturnino 
Unzué conocidos con el nombre de potrero 
de San Lorenzo; al este el ejido del Uruguay. 
Es regada por el arroyo de Santa Ana y el 
Cardoso que desembocan, ó mejor dicho 
forman el arroyo del Molino, y varios arro- 
yuelos y cañadas. Es también cruzada por 
el ferrocarril del Uruguay al Paraná, advir- 
tiendo que la mayor parte de las concesiones 
están al norte. Hay una estación que lleva 
el nombre de Caseros. 

El terreno es ondulado como toda la Me- 
sopotamia argentina; la tierra arcilla-arenosa, 
generalmente negra, trae á la memoria el 
recuerdo de la tierra negra de la Rusia 
central, el Tchernoi:sem^ de la cual dice un 
autor: Esa clase notable de suelo cubre una 
superficie de terreno superior ó 60,000 millas 
geográficas cuadradas, y ofrece en todas 
partes los mismos caracteres de feracidad 
estremada. Una población de 20 millones de 
almas saca de allí su subsistencia, y esporta 
además anualmente mas de cincuenta millo- 
nes de celemines de trigo. 

Cuando Entre-Rios tenga puentes y cami- 
nos, todos los medios de comunicaciones 
necesarios para poner su zona interior con 
las costas de sus dos grandes rios, ¿quién 



— 126 — 

sabe si no podrá hacer otro tanto? Sus par- 
tes mas feraces son indudablemente el centro 
de la provincia y principalmente la cuenca 
del Gualeguay, las cuales hasta ahora no 
pudieron esplotarse por falta de esos medios 
mdispensables para el buen éxito de una 
empresa agrícola. 



Como lo dije anteriormente, el palacio de 
San José está situado en una posición excén- 
trica, al oeste de la colonia; por consiguiente 
no podia servir para el servicio público: de 
ahí la necesidad de formar un punto cen- 
tral á que pudiesen concurrir mas fácilmente 
los individuos desparramados en la gran 
superficie de la colonia. Determinóse, pues, 
la delineacion de una planta urbana com- 
puesta de cincuenta manzanas de ochenta y 
siete á noventa y siete metros de costado, 
con una plaza que tiene ciento cuarenta 
metros de oeste á este y cien de norte á sud, 
rodeada de un boulevard de cincuenta metros 
de ancho. 

En el centro va á edificarse una iglesia: al 
rededor estarán la policía, la municipalidad, 
el hospital, etc. Cada manzana esta subdi- 
vidida en seis solares. Allí también existe 
un gran edificio llamado el Galpón, que es 
al mismo tiempo casa de administración, de 
negocio y de depósito para máquinas y para 
los productos de la colonia, pudiendo contener 
mas de siete mil fanegas de trigo. Está situado 
en un punto relativamente elevado, desde el 
cual la vista abarca una gran estension y 
que aparece él mismo á distancias conside- 
rables. 

Las calles de la colonia tienen veinte metros 



. — 127 — 

de ancho, con excepción de dos paralelas que 
tienen cincuenta; la mas central que conduce 
desde el puerto dicho da San Cipriano á la 
entrada de la colonia, hasta el palacio de San 
Josó, tiene una longitud de diez y ocho mil 
quinientos metros. 

Los artesanos, carpinteros, herreros, car- 
pinteros de carreta y otros oficios necesarios 
van estableciéndose en la planta urbana, cons- 
truyendo casas elegantes y cavando pozos. 
En ese punto he visto uno que tiene veinte 
varas de profundidad. 

La falta de agua es un gran inconveniente 

Kara los habitantes de Caseros: tienen que 
acer pozos y tajamares. 
Hablando en tesis general, la seca que reina 
actualmente y que amenaza concluir con la 
cosecha del maiz, es la plaga, no solamente 
de esta provincia, sino de toda la República 
Argentina. De ello deberían preocuparse los 
estadistas y los economistas, los agrónomos, 
los hacendados, en fin, todos: combatir y 
vencer la seca, hé ahí el gran desiderátum; 
desde luego deberían hacerse grandes plan- 
taciones de árboles, porque está probado que 
los países arbolados son menos espuestos á 
la seca que los demás; los árboles atraen las 
nubes y fijan la humedad atmosférica: de allí 
los rocíos abundantísimos que caen en Misio- 
nes y que faltan en Entre-Rios. Las tierras 
aradas producen un efecto análogo. Recuerdo* 
haber leido en un escritor viajero que los 
indios de Norte América dicen que la diosa 
Lluvia quiere á los blancos, pero que á ellos 
los aborrece: han observado que llueve fre- 
cuentemente en los territorios donde los 
colonos se establecen, arando la tierra y plan- 
tando árboles, mientras que la seca sigue 
aquejando los países donde la producción se 



— 128 — . 

deja abandonada ó las fuerzas de la natura- 
leza, aunque alli se crien grandes rebaños de 
animales vacunos. El mismo autor observa 
(jue el pisoteo de los animales endurece la 
tierra y que ese endurecimiento la calienta 
y vaporiza las nubes que pasan, mientras 
que la tierra labrada las atrae y las hace caer 
en forma de lluvia. 

Esta explicación seria un argumento mas 
en favor de la agricultura y de la coloni- 
zación. 

Que la arboricultura da buenos resultados 
. en Entre-Rios, lo prueba sobradamente el 
ejemplo de todos los que quisieron formar 
quintas, y especialmente el de San José, donde 
pueden verse un gran número de plantas en 
completa lozanía, desde los árboles frutales 
de Europa hasta los de los países subtropi- 
cales, desde el olmo y el nogal hasta el banano 
y el guayabo. El olmo sobre todo y la encina 
deberían generalizarse en el país, pues crecen 
con mucha mas rapidez que en el antiguo 
continente y son árboles de mucha utilidad. 



Por lo visto, la colonia «Caseros» es un im- 
portante, establecimiento agrícola: al fundar 
esa colonia la señora doña Dolores C. de 
Urquiza ha prestado un gran servicio al país, 
y seria de desear que los grandes hacendados 
imitasen su ejemplo, fraccionando sus lati- 
fundía, dividiéndolos y subdividiéndolos para 
entregarlos á la colonización y á la agricul- 
tura, en vez de dejarlos en el estado de 
desiertos poblados por excepción, para valerme 
de la expresión de Alberdi. 

Y para verese triste espectáculo, no se 
necesita ir muy lejos; á una legua de esta 



- 129 — 

ciudad principia uno de esos desiertos, la 
estancia dicha del Potrero de San Lorenzo, 
que se estiende desde el arroyo de la China 
hasta el arroyo y la ciudad de Cualeguaychú, 
y que abarca setenta ú ochenta leguas cua- 
dradas de superficie, siendo tal vez la mejor 
situación de la República Argentina, y con- 
denada así mismo por sus dueños á la tristeza, 
é la soledad de la ganadería, cuando los 
inmigrantes tienen que engolfarse en las 
selvas del Chaco para encontrar un pedazo 
de terreno disponible. 



Pero dejémonos de reflexiones melancólicas, 
y pongamos fin á esta relación. Antes de 
hacerlo debo dar las gracias á los señores 
don José Ballestrin, Angelino Cossio, que con 
mucha amabilidad y benevolencia me sumi- 
nistraron datos sobre la colonia Caseros, 
prometiéndome otros mas completos para el 
porvenir, y también al señor Casanova, quién 
me hizo los honores del espléndido palacio 
de San José, y en fin al señor Gerardo de 
Langlaade, juez de paz y comisario que fué 
de aquella, habiendo sido nombrado al efecto 
por el entonces ministro, actualmente se- 
nador al congreso nacional, doctor don José 
Romualdo Baltoré, y que me acompañó en 
mi escursion. 



— 130 — 



xn 



La ex-colonia a Perfección» y el ejido de Goncepcion del 
Uruguay— La colonia « Rocamora »— El ejido de Vi- 
Uagnay y la colonia Belga. 

He cruzado de este á oeste el territorio de 
esta provincia. Mi itinerario ha sido el si- 
guiente: tomé pasaje en el ferro-carril Entre- 
riano en la ciudad del Uruguay y desembar- 
qué en la estación Rocamora; allí tomé la 
diligencia que conduce á Villaguay en el centro 
de la provincia y á la entrada de la famosa 
selva de Montiel; desde Villaguay vine á la 
ciudad del Tala, situada también en la via del 
ferro-carril, al oeste del rio Gualeguay. que 
divide la provincia en dos partes, mas ó me- 
nqs iguales, de norte á sud; en fin, en el Talia 
tomé otra vez pasaje en el ferro-carril que 
conduce á la ciudad capital, pasando por la 
de Nogoyá. El ferro-carril tiene una longitud 
de doscientos ochenta y siete kilómetros. 

Ya hablé de la colonia Caseros, situada en- 
tre la ciudad del Uruguay y el palacio de 
San José; pero no dije nada de otra colonia 
que se trató de fundar, en la misma época, 
en el ejido de aquella ciudad, con el nombre 
de Perfección, Ese título, algo ambicioso, no 
llegó é justificarse, y la colonia ya no existe. 

Sin embargo, como estoy haciendo la his- 
toria de la colonización, conviene dedicarle 
algunas palabras. 

El Banco Entreriano había sido el iniciador 
de la idea; al efecto celebró un contrato con 
un caballero español, el señor Vives de Lara, 
quien efectivamente remitió unas treintq fa- 



— 131 — 

milias, habiéndose comprometido á remitir 
cien. 

Desgraciadamente el señor Vives era so- 
cialista y pretendia aplicál^'^étmétodo del tra- 
bajo cooperativo para la ésplotacion de la 
colonia. Los municipales del Uruguay y otras 
personas combatieron la idea; el señor Vives 
fué eliminado, la remisión de las familias se 
suspendió. Esto dio lugar ó un pleito entre 
el señor Vives y el banco. Por otr c parte, las 
pocas familias que hablan venido, no parecía 
que poseyesen las dotes necesarias para la 
agricultura; en fin, la superficie de las chacras 
que S3 les concedií era demasiado reducida. 
Todas esas circunstancias reunidas hicieron 
que la colonia no tardara en disolverse, des- 
parramándose las familias en todas direccio- 
nes. Con todo, algo ha quedado de ese ensayo 
de colonización; el ejido del Uruguay presenta 
un gran número de chacras pobladas y cultiva- 
das que producen maíz, alfalfa y otras semen- 
teras. 

Actualmente acaba de fundarse una sociedad 
vitícola, cuyo capital social será de cien mil 
pesos oro, dividido en 200 acciones de 500 pe- 
sos cada una, bajo la razón social Héctor C. 
d'Hunval y Cia. 

El domicilio legal de la sociedad se fija en 
la ciudad de Buenos Aires. 

La duración de la sociedad se fija en diez 
años, pudiendo ser prorogada por decisión de 
la mayoría de los socios. 

Los terrenos del ejido son aparentes para 
la viticultura; por consiguiente debe espe- 
rarse que la empresa tenga buenos resulta- 
dos. 

No quiero dejar la ciudad del Uruguay sin 
decir una palabra de otras dos empresas in- 
dustriales que allí existen, una antigua, el 



— 132 — 

molino á vapor de los señores Maury, y la 
fábrica de alcoholes de los señores Reibell 
y Cia; esta es moderna y acaba de insta- 
larse. 

Desgraciadamente, parece que la última tie- 
ne que luchar contra ciertas disposiciones 
fiscales de la municipalidad, que le pone es- 
torbos, en vez de fomentarla, como deberla 
hacerse toda vez que se trata de una indus- 
tria nueva. Esta consideración es aplicable 
en todas partes, pero lo es aun mas en aque- 
lla ciudad del Uruguay, cuya importancia toda 
se cifraba en la posesión de la capital de la 
provincia, y que, habiendo perdido con aque- 
lla su principal fuente de riqueza, no puede 
recuperarla sino por el desenvolmiento de la 
agricultura y de la industria. Las municipa- 
lidades son una institución excelente, pero 
cuando propenden al desarrollo de los pueblos 
y no crean impedimentos á la actividad gene- 
ral. 



La colonización va á estenderse á lo largo 
del ferro-carril. Una ley de la provincia or- 
dena la formación de una colonia en cada es- 
tación. La estación Caseros tiene ya la suya, 
que existia de antemano; pero con este motivo, 
puede observarse que la colonia está casi toda 
al norte de la estación, de manera que el pro- 
pietario de los terrenos del sud, deberla tam- 
bién quedar obligado á colonizar la parte que 
le corresponde, en vez de aprovechar el tra- 
bajo de otro. ' 

Cruzando él arroyo Gualeguaychú entramos 
en los campos del señor don Blas Rivero, di- 
chos de Gená (noml)re de otro arroyo). Este 
señor dio principio ya á los trabajos de coló- 



— 133 — 

nizacion y población, concediendo grandes 
estensiones ae terreno ó los agricultores. 

Las colonias de las estaciones deben tener 
dos leguas cuadradas cada una. Efectivamen- 
te, son necesarias para dar animación y traba- 
jo al ferro-carril, que de lo contrario,, está 
espuesto á circular en el vacio, llevando muy 
pocos pasajeros y muy pocas mercancías. ¡Ma- 
nos á la obra, pues, y ocupemos ese desierto, • 
poblado por excepción, como dice Alberdi! 



Habiendo salido del Uruguay á las seis y 
media de la mañana llegamos á Rocamora á 
las nueve y diez minutos. 

Allí existe, ó mejor dicho, debía existir una 
colonia; hé ahí los datos que se me han su- 
ministrado á este rcí^peclo. Pero antes de ha- 
blar de la colonia proyectada, conviene decir 
algo de ese nombre de Rocamora: porque 
puede ser que mas de un lector de estos 
apuntes, no sepa quién era ese Rocamora y 
lo confunda inmerecidamente con alguno de 
esos estancieros vulgares que conquistan la 
celebridad, cediendo un pedazo de tierra para 
la estación del ferro-carril que viene á decu- 
plicar instantáneamente el valor de sus cam- 
pos. 

Pues bien, Rocamora era un jefe del ejér- 
cito español que fué mandado por el virey 
Zeballos,— si estoy bien informado,— en el año 
1782, mas ó menos, para fundar pueblos en la 
provincia de Entre-Rios. Esta no tenia hasta 
entonces mas población de importancia que 
la Bajada del Paraná, especie de sucursal de 
Santa Fé. 

En desempeño de su comisión, Rocamora 
fundó las futuras ciudades de Gualeguay, Gua- 
leguaychü y Concepción del Uruguay, cono- 



— 134 — 

cida también durante mucho tiempo con el 
nombre de Arroyo de la China^ porque esto 
situada á inmediaciones de ese arroyo. No sin 
razón, pues, los entrerianos quisieron honrar 
la memoria olvidada de ese noble varón, ins- 
cribiendo su nombre en las paredes de una 
calle del Uruguay y en una estación del fer- 
ro-carril, después de haberlo dado á una co- 
lonia embrionaria. 

HABLEMOS AHORA DE LA COLONIA 

El 25 de Abril de 1875, la cámara lejislativa 
de Entre-Rios votó una ley en cuya virtud el 
poder ejecutivo estaba facultado para entre- 
gar una suerte de chacra á toda familia na- 
cional ó extranjera que la solicitase, en las 
colonias Villa Libertad y Cala (actualmente 
Rocamora). 

Este nombre de Cala goza de una gran ce- 
lebridad en la historia entreriana, por haber 
sido durante mucho tiempo el campamento 
de las tropas del general Urquiza. Debe aña- 
dirse que éstas alternaban los ejercicios mi- 
litares con la agricultura. 

Reducíanse las condiciones de obtención, á 
la obligación de cultivar y de construir los 
edificios indispensables, en el plazo de dos 
años, posteriormente le concedieron cinco. 

Presentáronse varias solicitudes, pero todas 
quedaron sin efecto;— debe observarse que 
aquellas no pasaron de una docena, cuando 
el número de las chacras alcanzaba á cien. 

Considerando ese resultado negativo, el go- 
bierno encargó á un señor Eduardo Galles de 
la colonización y administración de la colonia 
Rocamora, cediéndole todos sus derechos, y 
debiendo la colonización llevarse á cabo en el 
plazo de cuatro años. 



— 135 — 

Esto pasaba en 1879 (20 de Setiembre). Ga- 
lles no poseia las condiciones de esperíencia 
ni las condiciones requeridas para una em- 
presa de esta clase, advirtiendo que no tenia 
capital alguno. 

Sin embargo, consiguió juntar en Buenos 
Aires veintidós familias, á las cuales estendió 
un título provisorio de propiedad, mediante 
la entrega de una cantidad de cuarenta pesos 
fuertes oro. Exigió ademas cuatro pesos oro 
por gastos de viaje, y partió para el Uruguay 
con sus reclutas después de haber consegui- 
do pasajes de inmigrantes; al menos, así se 
asegura. 

Habiendo llegado, pidió erl gobierno medios 
de trasporte que le fueron concedidos, y se 
dirigió á Rocamora, donde instaló provisio- 
nalmente las veinte familias. 

En seguida dio un recibo de las cantidades 
entregadas por los inmigrantes, pidiéndoles 
le remitiesen el título provisorio que habia 
entregado en Buenos Aires; so pretesto de 
consumar el acto ante el escribano. Hecho 
lo cual, salió para Buenos Aires y no volvió 
mas. 

Las infelices familias cayeron en el mas 
grande desamparo y la mayor parte se fueron 
á la colonia Caseros, otras al Rosario del 
Tala. 

En cuanto al señor Galles, murió asesinado 
en Buenos Aires por uno de los infelices á 
quienes despojara en 1883. 

Viendo que no se habia cumplido el con- 
trato celebrado con Galles, el gobierno lo res- 
cindió, y trató de enagenar la colonia toda 
entera; pero se lo impidieron consideraciones 
humanitarias, porque allí existían una por- 
ción de ocupantes, establecidos desde el año 
de 1853, casi todos argentinos y ocupaban esas 



— 136 - 

tierras con la autorización de su propietario 
primitivo, cuyas familias hubieran quedado 
reducidas á la miseria. A consecuencia de es- 
to, el gobierno tiró (14 de Febrero de 1884) 
un decreto que volvia á autorizar la conce- 
sión de chacras. 

Desgraciadamente, la confianza habia desa- 
parecido; escasas fueron las solicitudes que 
se presentaron, y entonces el gobierno resol- 
vió ceder la colonia al señor Górmelo F. Cres- 
po, quedando este obligado á respetar los 
derechos adquiridos por los poseedores. 

La situación de las cosas no ha mejorado; 
hablando con propiedad, Rocamora no es una 
colonia: no se hantomado medidas para atraer 
al inmigrante. 

Agregúese que los lotes de tierra se venden 
al contado y muy caros. 

Lo que allí domina es el elemento criollo, 
no muy idóneo para los trabajos agrícolas; es 
cierto que los habitantes cultivan, pero muy 
poco. 

Compónese Rocamora de cien lotes de tierra 
de veinte cuadras cuadradas, de 150 varas 
cada una; la cualidad del terreno es excelente 
para la agricultura, como lo es toda la cuen- 
ca del rio Gualeguay. 

Hay doscientos cincuenta habitantes mas ó 
menos. La estación del ferro-carril Central 
Entreriano que existe en ese punto sirve es- 
pecialmente para la explotación de las selvas 
mmediatas, cuya explotación está actualmen- 
te en manos de los Sres. Juan B. Tortoni y 
Agustín Artazzi, y no deja de tener su im- 
portancia. 

De la estación Rocamora parten las diligen- 
cias que van & Villaguay y á Gualeguaychú. 

Tales son los datos que me fueron suminis* 
trados por un ex-empleado del gobierno pro- 



— 137 — 

vincial, encargado en otro tiempo de practicar 
Una información sobre la colonia Rocamora. 
Después de haberlos expuesto, mé ceñiré ú 
espresar un deseo, y será de que el gobierno 
provincial tome medidas para llevar á cabo 
la colonización de esa parte importante de su 
territorio, cortando, si es posible, las alas á 
una especulación que daria resultados contra- 

[)roducentes; con este motivo diré que no veo 
a necesidad de un intermediario entre los 
inmigrantes y el poder público. ¿Por qué este 
no entregaría directamente el terreno á los 
colonos? 

Pero dejémonos de ' reflexiones y vamos 
adelante. 



El pueblo de Villaguay está situado á doce 
ó trece leguas de la estación Rocamora, en 
un triángulo comprendido eptre los arroyos 
Gualeguay y Villaguay, á inmediaciones de la 
selva de Montiel que cubre una gran parte 
de la provincia, estendiéndose de norte ásud. 

Dicha selva tuvo mala fama en otro tiempo; 
pero actualmente la civilización ha penetrado 
en ese rincón apartado de la provincia, sobre 
el cual se contaban leyendas que rayaban en 
lo fantástico. 

Villaguay es el punto mas central de la 
provincia: desgraciadamente está situado en 
un bajo, cuya circunstancia le hace perder 
una parte de sus ventajas topográficas; sus 
fundadores hubieran tenido mejor acierto, si 
lo hubiesen edificado en las colinas que lo cir- 
cundan por el norte y por el oeste. Sin duda 
la proximidad del agua, determinó á los pri- 
meros pobladores á establecerse en la costa 
del arroyo que ha dado su nombre á la loca- 
lidad. 



- 138 — 

El ejido de Villaguay forma una verdadera 
colonia creada desde seis ó siete años á esta 
parte por la municipalidad, que se puso al 
efecto en relación con la comisaria general 
de inmigración. Los colonos que allí predo- 
minan son los belgas, y pueden contarse entre 
los mejores que han venido á la República Ar- 
gentina. Hay también familias suizas y fran- 
cesas que vinieron de la colonia San José y de 
la Concepción del Uruguay; en fln, hay fami- 
lias italianas, españolas y otras venidas directa 
y espontáneamente. 

Las familias belgas son diez y ocho, for- 
mando un total de ciento veinte personas; 
unas hablan francés, otras flamenco, y natu- 
ralmente es difícil entenderlas, ó mejor dicho, 
es imposible. 

He admirado el aseo, el confort de sus ha- 
bitaciones, aún de aquellas que parecen las 
mas modestas. Detalle curioso: todas tienen 
su chimenea, en lugar del fogón que encegue- 
ce á las personas y ensucia las paredes. 

Entre los qolonos belgas que he visitado, 
debo nombrar á Julio Vanovert, que es al mis- 
mo tiempo negociante, agricultor é industrial, 
siendo uno de los sujetos mas inteligentes é 
ilustrados de la colonia; Luis Tendem (fla- 
menco), carpintero, fabricante de zuecos; este 
vino á América con trescientos francos sola- 
mente; por consiguiente, era uno de los mas 
pobres, porque todos traían algún dinero. El 
padre Mene 83 años, no habla francés, ni la 
mujer tampoco. Aquel estaba haciendo manteca 
cuando entramos. En la me^ habia un cate- 
cismo en idioma flamenco. 

Aquiles Parmentier está esperando á su pa- 
dre que debe venir de Europa; este tiene tres 
chacras y media. 

Modesto Dubuisson, fabricante de zuecos, 



— 139 — 

vino por causa de su hijo, porque no tenia 
])astan te dinero para hacerse una posición en 
Europa; posee cuatro chacras; su esposa está 
algo enferma. Las mujeres generalmente pa- 
decen la nostalgia^ siendo las mas difíciles de 
aclimatar. 

Federico Devette sabe hacer canastos, cunas, 
sillas con sarandí y sauce, en vez de mimbre. 
Este se hizo agricultor en América; cosechó 
150 fanegas de trigo, producidas por siete ú 
ocho de siembra. 

Dícemeque los belgas emigran en número 
considerable, dirigiéndose sobre todo á los 
Estados Unidos. En Bélgica la tierra cuesta 
muy cara, y se arrienda á razón de 360 fran- 
cos la hectárea. Hay que fijarse pues en esa co- 
marca, que suministrarla una emigración labo- 
riosa y sobresaliente. 

Federico Vandebrande estaba ausente de su 
casa: solo encontramos ¿dos mujeres, una jo- 
ven y una anciana, á las cuales fué imposible 
arrancar una sola palabra: no entendían jota 
de castellano ni de francés. Pero vimos allí 
instrumentos aratorios perfeccionados, una 
segadora, tablones de alfalfa, tabacales, ár- 
boles y grandes extensiones de terreno la- 
brado. 

Pedro Declercq tiene siete chacras y media, 
de las cuales cuatro y media trabajadas. Ara 
con caballos como muchos otros. Es flamenco, 
pero el padre de él, que tiene 86 años, solo ha- 
bla francés. Pregúntele si había sido militar, 
responde negativamente; pero recuerda la ba- 
talla de Waterloo, porque su familia vivia á 
pocas leguas del campo de batalla. El cañón, 
dice él, hacia temblar las ventanas. Ahora se 
ocupa en mecer á su nieto, y lo que mas le fas- 
tidia es que la familia no habla francés. De- 
clerq cosechó 285 fanegas, el año anterior (1887) 



— 140 — 

producto de seis de siembra ó de veinte 
cuadras. Este año ha sembrado 42 cuadras y 
solo cosechó 160 fanegas. Diez cuadras de lino 
le dieron 70 fanegas. La helada dañó allino co- 
mo al trigo. Declercq tiene también instrumen- 
tos aratorios perfeccionados para arar y lim- 
piar la tierra, arrancar la níaleza, etc. etc. 

En la colonia de Villaguay encontré á varios 
ex-colonos de San José, que se han lanzado al 
interior de la provincia porque la tierra les 
faltaba en aquella y querían mejorar su posi- 
ción, siendo hijos de familias numerosas, te- 
niendo ellos mismos una prole superabundan- 
te—lo que prueba que la tierra americana es 
fértil en todo sentido— tales como Eugenio 
Buet, Lugrin, Putallaz, Modesto Guillard, Va- 
lory, Rossier, Schaller, Voigue, etc. 

Entre ellos vi á varios italianos, oriundos la 
mayor parte de la Venecia, los hermanos Bel- 
trome, Pedro Comba, ex-soldado italiano, Tro- 
monteri, siendo estos tres hermanos que co- 
secharon doscientas cincuenta fanegas de tri- 
go; Beverdura, saboyano, que tiene una 
lechería importante, y Peupin que tiene nueve 
chacras. 

Los colonos de Villaguay se dedican tam- 
bién ó la viticultura y hacen vino. Cultivan 
igualmente el tabaco que dá muy buenos re- 
sultados. El tabaco de Villaguay obtuvo una 
medalla de oro en la exposición del Paraná. 

Todas las plantas se cultivan con éxito en 
Villaguay, menos la papa que es perseguida 
por el vicho moro. El trigo ha rendido hasta 
treinta y cuarenta por uno. La tierra es fácil 
de trabajar. El agua de los pozos es excelen- 
te; aunque debe buscarse á una profundidad 
de veinte á treinta varas, un pozo no cuesta 
arriba de doscientos cincuenta pesos, y con 
eso se puede abastecer á ciento cincuenta ani- 
males. 




— 141 — 

La municipalidad empezó á colonizar, hace 
seis años, la primeras familias belgas vinieron 
en Enero de 1882. Entregaba entonces dos cha- 
cras de 460 varas por cada costado, ó sea veinte 
y dos cuadras de cien varas mas ó menos; pero 
ha dejado de dar, porque ya no tiene, y ha pe- 
dido el ejido que le corresponde. 

Los colonos no tienen organización separa- 
da; están confundidos con los demás habitan- 
tes: lo que les falta, son escuelas; la distancia 
no permite á los niños ir alas de la ciudad. 

Los colonos belgas son católicos. 

Recorrí la colonia en compañía del señor 
Francisco Vergara, ciudadano oriental, pre- 
sidente de la Municipalidad, de los señores 
Castagnino, negociante italiano y Sentupe- 
ry, hijo de un amigo francés. Él primero me 
ha suministrado una porción de datos estadís- 
ticos. 

Los señores Crespi y Cuesta, español el pri- 
mero, italiano el segundo, me invitaron á visi- 
tar el importante molino á vaporque poseen al 
norte déla colonia. 

Ese molino, fundado en 1884, tiene la fuerza 
de 25 cíballos, con dos pares de cilindros, sis- 
tema húngaro, y un jueí?ode piedras, pudien- 
do moler ciento cincuenta fanegas cada vein- 
ticuatro horas. 

Aquellos señores tienen además, panadería, 
carpintería, casa de negocio y practican el 
cultivo en gran escala sobre 20 chacras de 16 
cuadras cuadradas. 

AI este de una elegante habitación llena de 
corifort y de luj ), échase de ver una gran quin- 
ta formada por tres mil árboles de toda esp^ 
cié, doce mil plantas de adorno y un viñedo 
de cinco ó seis mil plantas. Hay también 
diez cuadras de alfalfa que da muy buenos re- 
sultados. 



— 142 — 

Aquello es el plantel de una futura pobla- 
ción. 

El molino comunica con otra casa de negocio 
en la ciudad por medio de un teléfono, que 
tiene 10 kilómetros de longitud. 

*E1 señor Crespi, que ha sido presidente de 
la municipalidad, es el administrador del es- 
tablecimiento en la colonia, y en la ciudad lo 
es el señor Cuesta. 

Hay un servicio de aguas corrientes en todo 
el establecimiento, y aquellos señores pien- 
san poner alumbrado eléctrico dentro de dos 
meses. 

Todo eso prueba que las mejoras de la civi- 
lización y las aplicaciones de la ciencia moder- 
na han penetrado hasta las puertas de Mon- 
tiel. 



Resumiendo, las chacras ocupadas y cultiva- 
das abarcan una extensión de 2348 cuadras: las 
quintas una de 457 15il6. Las chacras son, co- 
mo ya dije, de 16 manzanas de 100 varas; las 
quintas son de 4 manzanas de 100 varas tam- 
bién. 

Los habitantes de la planta urbana son 1315, 
de los cuales 622 varones y 693 mujeres; los de 
la segunda sección son 645, los cuales 318 va- 
rones y 327 mujeres; los de de la tercera sec- 
ción son 915, de los cuales 499 varones y 416 
mujeres, total 2927 Individuos. 

Las nacionalidades se componen de 2307 aN 
gentinos,218 italianos, 118 belgas, 58 españoles, 
4 brasil^eros, 6 alemanes, 117 orientales, 48 
franceses, 33 suizos, 4 paraguayos, 2 ingleses 
y 2 norte americanos. 

Hay 109 casas de ladrillo, con techo de teja, 
272 de ladrillo con techo de paja; 32 con techo 



— 143 — 

de zinc, 391 de estantes; 255 pozos y 2 al- 
gibes. 

La enseñanza pública presenta una escuela 
de varones con tres maestros y 75 niños; una 
de niñas, con dos maestras y 80 niñas, ambas 
provinciales; dos escuelas mis^tas particula- 
res y una de varones también particular; la 
primera tiene 36 varones y 45 niñas, la segunda 
52 varones. 

El ganado existente en el egido comprende: 
2109 animales vacunos; 1253 yeguarizos; 2070 
lanares; 503 porcinos: total: 5935. 

Los útiles de labranza son: 3 trilladoras; 
11 segadoras; 245 arados; «5 aventadoras; 123 
carros. 

La arboricultura da un total de 83031 árbo- 
les; la agricultura colonial, con varios culti- 
vos da un total de 2805 cuadras. 

Estos datos maniflestan la importancia del 
pueblo de Villaguay y de los adel \ntos que 
ha verificado desde seis ó siete años á esta 
parte. 



- 144 — 



, \ 



• 4 .• 

XIII 

Una colonia alemana en Entre-Rios — Cionferencia en Vi- 
llagnay. — El ejido y la colonia del Rosario del Tala. 

Para completar lo que debe decirse sobre las 
colonias del departamento de Villaguay, habria 
que hablar de la proyectada colonia «Nueva 
Alemania», qué debe fundarse á ocho leguas 
al norte de esa ciudad, en el camino real de 
Villaguay ó Concordia; pero no la he visitado 
porque recien se está dando principio á los 
trabajos de población. 

El señor don Germán Tjarks, director pro- 
pietario del diario alemán, Deutsche La Plata 
Zeitung, que se publica en Buenos Aires, en- 
contrándose conmigo en el Uruguay, me ha- 
bía dado una carta de recomendación para el 
Sr. Tiodolin de Hinefeld, administrador de la 
colonia, y un plano de la misma. 

Encontré á ese señor en el hotel central de 
Villaguay, y me dijo que el terreno de Entre- 
Rios es preferible á todos los que ha visitado 
en la República Argentina; en el sud, el frío 
y la helada causan muchos perjuicios; así 
mismo, allí hay ruso-alemanes que ganaron 
mucho dinero, loscuales quieren venir á Entre 
Ríos, cuyo suelo les ofrece mayor variedad 
de cultivos. 

La proyectada colonia constará de dos leguas 
cuadradas de superficie; las concesiones son 
de veinticinco hectáreas, y ya se vendieron 
un gran numero á razón de quinientos pesos, 
asegurándose que las restantes no se venderán 
menos de setecientos. 



— 145 — 

La colonia está ubicada entre el arroyo Vi- 
Ilaguay y el ferrocarril proyectado de Villa- 
gu.iy á Concordia; quiere decir que la impor- 
tante ciudad de Concordia será su mercado 
principal, y su puerto la salida de sus pro- 
ductos. 

El precio de los terrenos puede parecer ele- 
vado, pero es de advertir que los ruso-alema- 
nes los pagan muy caro, puesto que en el 
departamento del Paraná han abonado hasta 
ochenta pesos la cuadra, lo que viene á poner 
la legua cuadrada á ciento veintiocho mil pe- 
sos. 

De los ruso-alemanes hablaré mas adelante. 



Antes de dejar Villaguay, me vi obligado á 
dar una conferencia. ¡Una conferencia en Mon- 
tiel! Parece una cosa extraordinaria; sin em- 
bargo, y aunque aquello fuese un pensamien- 
to improvisado, hubo una gran concurrencia 
de ambos sexos, atraídos, sin duda, por la cu- 
riosidad y por la novedad del espectáculo. 
Prueba esto que el deseo de ilustrarse está 
en todas partes, aun en las mas remotas del 
territorio argentino, y que el progreso, en 
todo sentido y en todos los ramos, está á la 
orden del dia. 

Mi tema fué la inmigración y la coloniza- 
ción, es decir, el porvjenir de la provincia, el 
porvenir de la República. 

Dije que habia sido esta la preocupación 
constante de los estadistas argentinos, de Ri- 
vadavia como de Alberdi. Rivadavia no pudo 
llevar á cabo su pensamiento porque se lo 
impidieron las revoluciones; y aquel quedó 
postergado hasta la constitución de 1853. 

Alberdi pronunció entonces la palabra que 

10 



— líe- 
se ha hecho axiomática entre nosotros: «en 
América gobernar es poblar.» 

A pesar de la guerra civil y de las agitacio- 
nes, la inmigración- ha venido y se han hecho 
ensayos de colonización. 

Hemos visto practicarse la colonización ofi- 
cial y la colonización espontánea. 

|Guál es la provincia que ofrece ma^ ven- 
tajas & la inmigración? Es indudablemen te-la 
provincia de Entre Rios, pero las circunstan- 
cias políticas y económicas, la falta de los 
medios de comunicación no le permitieron 
desarrollar sus elementos de riqueza. 

Agregúese que en otro tiempo existia la 
preocupación contra el extranjero, que era 
una especie de tradición heredada de la me- 
trópoli, un resto de atavismo colonial incons- 
ciente. 

Además, queríase vivir fácilmente: no ha- 
bía existencia mas fácil que la del estanciero, 
en medio de la abundancia* Se mataba una 
vaca para comer la lengua ó un pedazo de 
asado con cuero, y se tiraba el resto á lo& 
perros y á los caranchos. Se despilfarraba la 
riqueza general. 

Pero el régimen de los latifundia^ de los 
grandes dominios dedicados exclusivamente 
al pastoreo, es una causa de decadencia para 
los estados. Así sucedió en la Italia antigua. 

Aquí esa causa se hizo sentir desde el prin- 
cipio de la conquista. Los reyes españoles, ha- 
ciendo concesiones inmensas de tierras, dan- 
do mercedes considerables á sus favoritos, 
preparaban estorbos para el porvenir, porque 
de esta manera ahuyentaban la población. 

Pero íqué dice la Biblia? Es preciso multi- 
plicarse y llenar la tierra. 

La ley de Malthus, viene á confirmar lo que 
dice la Biblia. 



— 147 — 

La superabundancia de población ha origi- 
nado el pauperismo en Europa. 

De allí la necesidad de la emigración, que 
es la repetición del éxodo" anligno. 

Las poblaciones, amontonadas en el centro 
del continente asiático, se encaminaron al sud 
y al occidente, quedando detenidas allí por 
la barrera insuperable del océano. 

Pero entonces se verifica el descubrimiento 
de América, y la humanidad puede proseguir 
su carrera. 

La emigración es la condición del pro- 
greso social; las ideas nuevas tienen que 
buscar un teatro nuevo para implantarse y 
desarrollarse. Por eso, América ha dado y 
seguirá dando pasos mas adelante que Eu- 
ropa, la cual habia dado los suyos mas ade- 
lante que el Asia. El progreso, como la luz, 
va de Oriente á occidente. 

La emigración, y por consecuencia, el po- 
blamiento del globo, importa la realización 
de la solidaridad humana, la armonización 
de los intereses nacionales y Ja fundación del 
reino de la humanidad, del reino de Dios, 
es decir, el advenimiento de la justicia y de 
la fraternidad. 

En fin, la inmigración entraña la solución 
de una cuestión vital para \h República Ar- 
gentina y para los países platenses. 

La ganadería está sufriendo una crisis. ¿Por 
qué? La cria de animales requiere una trans- 
formación; no puede dejarse abandonada á 
las fuerzas espontáneas de la naturelaza. 
Aquella se conseguirá por la combinación de 
la ganadería con la agricultura. 

Luego hay que colonizar, entregar la tierra 
al pastoreo, hacer zootecnia cientiflca, si se 
me permite ese pleonasmo. 

Con esto ábrese un mercado inmenso á 



— 148 — 

estos países, una perspectiva infinita de ri- 
queza, porque las carnes, mejoradas de esa 
manera podrán exportarse á los mercados 
europeos. 

Esa transformación hará sentir sus ventajas 
en Entre-Rios mas que en otras partes. Entre- 
Rios tiene una variedad de cultivos que no 
tienen las demás provincias. 

La municipalidad de Villaguay lo ha com- 
prendido; se puso á la altura del progreso: 
hay que continuar, proseguir en ese camino, 
para merecer bien de la patria y de la hu- 
manidad. 

Para alcanzar ese desiderátum debe bus- 
carse y contar con la cooperación de las 
señoras, de las mujeres. Las mujeres desem- 
peñaron siempre un papel importante en 
las revoluciones sociales. Ejemplo: las mu- 
jeres que fundaron el cristianismo, Juana 
de Arco que salvó la Francia, las mujeres 
de Zaragoza que arrimaban la mecha á los 
cañones contra los soldados de Napoleón, 
las mujeres de Cochabamba que rechazaban 
á los invasores ibéricos, y tantas otras que 
no recuerdo. 

Washington no quiso despedir á las seño- 
ras que hablan venido á visitar su campa- 
mento, en momentos en que iba á darse una 
batalla, afirmando que con su presencia en- 
valentonarían el corazón de los comba- 
tientes. 

«Del mismo modo, con la cooperación de 
las señoras^ vosotros ganareis la batalla de- 
cisiva, que os dará la victoria del progreso 
sobre el retroceso, del porvenir sobre el pa- 
sado, de la luz sobre las tinieblas.» 

Tal es el compendio de las ideas que tuve 
el honor de desarrollar en la conferencia de 
Villaguay; pero para ser historiador exacto. 



— 149 — 

debo decir que tuve colaboradores artistas y 
literatos, el señor Francisco Podestá, procu- 
rador y periodista, la señorita Luisa Ferrari, 
Hermelinda Tertoni, las niñas Questa, en fin, 
los aficionados qug forman la banda de mú- 
sica de Villaguay y otros artistas que tocaban 
el piano, la flauta y el clarinete. 



De Villaguay me trasladé & Rosario del 
Tala, pasando el Rio Gualeguay y cruzando 
la selva de Montiel. Esta no puede compa- 
rarse con las selvas imponentes de Misiones 
y del Paraguay, en medio de las cuales estuve 
hace dos meses, pero no deja de tener su 
aspecto pintoresco. Los árboles que la com- 
ponen son generalmente el ñandubay, cuya 
madera es, como se s ibe, incorruptible; el 
algarrobo que presta tantos servicios para la 
ebanistería y la capinteria; el espinülo, cuyo 
aroma delicioso es tan conocido, y que, du- 
rante la primavera, parece convertir la selva 
en una sábana de oro; el tala que adquiere 
grandes dimensiones, el quebrachillo, el 
coronillo, etc., etc. La selva de Montiel es 
una gran fuente de riqueza para esta provin- 
cia. Está también surcada por un sin-n limero 
de arroyos que conservan la frescura y sirven 
de abrevadero á los animales de las estan- 
cias; montes y aguadas, dan por consiguiente 
un valor considerable á los terrenos de esta 
comarca, sobre todo, desde que se ha ase- 
gurado la tranquilidad y la seguridad de 
estos parajes, muy problemática en otros 
tiempos, según las relaciones mas ó menos 
legendarias que allí se refieren. 

Para dar una idea de ese valor, diré que 
un estanciero que compró una legua de cam- 



— 150 — 

po en cinco mil pesos, me aseguraba que no 
la cedería por cien mil, y que se le hablan 
ofrecido setenta mil. 

Hay mucha fé en el porvenir de este país 
y en su desarrollo por mfdio de los ferro- 
carriles. Llama la atención del viajero el divi- 
sar las lindas casas de material, verdaderos 
palacetes en medio de los bosques de Montiel 
ó en las colinas inmediatas. 



Rosario del Tala me ha parecido mejor 
edificado que Villaguay: tiene un gran nú- 
mero de ediflcos modernos, que datan solo 
de algunos años, es decir, desde la construc- 
ción del ferrocarril y del puente sobre el rio 
Gualeguay. Antes de construirse ese puente, 
el bañado de ese rio, sus desbordes que 
alcanzaban hasta dos leguas de estension, 
imposibilitaban en alguna manera el acceso 
& esa ciudad y hacian el camino intransitable. 

Rosario del Tala tiene también como Villa- 
guay un ejido colonizado. La mayor parte 
de los colonos vinieron de las colonias- del 
Estado Oriental (Rosario oriental y otros) 
porque el terreno les faltaba allí, ó se les 
hacia pagar muy caro. 

Acompañado de los señores Enrique Span- 
genber, senador de la provincia; Santiago 
Lesea, negociante; Bichieri, preceptor; Tatin, 
ingeniero francés, hice varias escursiones en 
el ejido y en las inmediacioups. 

Vimos á un inglés llamado Alejandro Mori- 
llon; este posee actualmente 180 cuadras de 
150 varas por costado; el año pasado tuvo un 
rinde de 20 fanegas por cuadra, habiendo 
cosechado quinientas; este año no piensa 
cosechar sino la mitad. Ocho cuadras de 
maiz le produjeron tres mil arrobas. 



— 151 — 

Hace cuatro años que ha llegado. Tiene una 
casa aseada, adornada con cuadros, grabados, 
un pozo de veinticinco varas de hondura, un 
arado de tres rejas que le costó 125 nacio- 
nales, una segadora; ha plantado muchos 
árboles, un monte de álamos y de paraísos. 
Dice que hay un metro de tierra vegetal, sien- 
do mejor que la del Rosario oriental. Su 
familia se compone de once hijos, seis varo- 
nes y circo niñas. Puede titularse un colono 
modelo. 

En seguida vimos á Ricardo Hangan, norte- 
americano, llegado también hace cuatro años 
del Rosario oriental. Este ha nacido en el 
Illinois, pasó en seguida al Orejón, después 
á California; embarcóse para Chile y llegó 
finalmente á Montevideo. Dejó los Estados 
Unidos á consecuencia de la guerra de suce- 
sión. 

Su anciano padre está con él, y dice que 
prefiere este país á los Estados Unidos. 

Son cuatro hermanos y los padres. 

Tienen dos trilladoras y una segadora ata- 
dora. Este año habían sembrado 21 cuadras 
de trigo; el rendimiento será de quince por 
uno, pero ordinariamente es de diez y ocho 
y veinte, y aun mas. Emplea arados de dos 
rejas,, con dos yuntas de bueyes. 

Juan Pedro Baridon es un italiano, ó mejor 
dicho, un valdense^ de aquellas poblaciones 
que se asilaron en las montañas del Piamonte 
durante las persecuciones relijiosas contra 
los albigenses, formando allí una especie de 
sociedad independiente y eminentemente vir- 
tuosa. Celebró el contrato de colonización del 
Rosario oriental; en seguida pasó á la colonia 
Alejandra^ que una sociedad inglesa fundó 
en el Chaco hacia el año de 1870; pero tuvo 
que dejarla por causa de sus principios reli- 



— 152 — 

jiüsos y humanitarios, que no le permiten 
atentar contra la vida de sus semejantes— y 
allí el caso se presentaba á cada rato porque 
la colonia era mvadida por los indios, á tal 
punto que el director fué muerto por ellos. 

El señor Dillon, comisario de consignación 
entonces, lo dirigió al Tala, y está muy satis- 
fecho de haber venido. Un pastor de su 
religión que vino á visitarlo en estos últimos 
tiempos, le aseguró que este era el mejor 
terreno (}ue viera en sus escursiones por los 
países del Plata; es mejor que el de Santa 
Fé, el cual no vale lo que el oriental, y su- 
perior á este también. Es aparente para el 
trigo, el maiz, el lino, la papa, la batata, el 
maní y también la vid. El país es muy salu- 
bre. El año anterior, habia cosechado 2ft5 
fanegas de trigo; este año no tendrá arriba 
de 90. 

Baridon ha llegado hace once años, sien- 
do el primero que hizo agricultura en gran 
escala. 

Los primeros colonos recibieron la chacra á 
razón de cien pesos, pagaderos en tres años, 
sin interés. • 

La municipalidad procedía así para atraer 
las familias. El pasaje debia ser abonado por 
el gobierno, pero parece que no ha sucedido 
así. 

Al sud de la colonia, un estanciero, el se- 
ñor Pagóla, hace también agricultura en 
grande escala: el año pasado sembró como 
400 cuadras. 

En el Tala hay un molino á vapor de la fuerza 
de catorce caballos, con dos pares de cilin- 
dros, pudiendo moler cincuenta fanegas por 
dia. Pertenece á los señores Ourezabala y 
Guffanti, vasco el primero, italiano el segundo. 
Data de tres años. 



— 153 - 

Una circunstancia que debe llamar la aten- 
ción, es que desde el Tala se remitió harina á 
la ciudad de la Plata. Los habitantes de esta 
ciudad aseguran que su harina es mejor que 
la de dos demás puntos y casi tan buena como 
la del Diamente. Es sabido que el trigo del 
Diamente fué clasificado en Europa como de 
los mejores de la tierra. 

El Tala tiene, pues, un gran porvenir ase- 
gurado, ahora sobre todo que posee los medios 
de comunicación que antes le faltaban, para 
desarrollar los gérmenes de riqueza que guar- 
daban ocultos en su territorio hasta entonces 
inaccesible. Aun algunos afirman que con el 
tiempo ha de llegar ó ser la capital de la pro- 
vincia; en virtud de ese principio que la capital 
debe residir en el centro del organismo, y 
no en una de las estremidades. Pero dejare- 
mos al porvenir la solución de esta cuestión 
delicada. 

Antes de dejar la ciudad del Tala, visité de- 
tenidamente y admiré la carretera construida 
sobre el bañado y el puente del Gualeguay, 
que importa una gran conquista sobre la na- 
turaleza. Recordaba haber pasido por ese 
mismo bañado, hace muchos años, á caballo, 
lo que era entonces una hazaña titánica; pero 
los ingenieros no han podido echar á los mos- 
quitos de su dominio, y estos se vengan cruel- 
mente sobre los viageros que lo cruzan, aunque 
sea al galope. 

Otra escursion me llevó á la estancia del 
señor don Enrique Spangenberg donde encon- 
tré un verdadero palacete con mirador y el 
mejor amenagement posible. Todos los mue- 
bles de la casa son hechos con algarrobo de 
la misma propiedad. 

El edificio de que hablo se alza en una elevada 
colina, desde el cual la vista abarca un paño- 



— 154 — 

rama magnífico de los campos ondulados de 
Entre-Rios, la ciudad del Tala y las selvas de 
Montiel parecidas á un mar de vejetacion 
sombría. 

El Sr. Spangemberg dio un ejemplo digno 
de imitación al establecer su morada á la en- 
trada de esa comarca ignorada y tal vez algo 
calumniada, pero cuya fama infundía ciertos 
temores á la distancia. 



— 155 — 



XIV 



La colonia ruso-alemana ccAlYear.» en el departamento 

del Diamante. 



Acabo de recorrer las colonias y ejidos de 
los departamentos del Paraná y del Diamante, 
y paso ó referir sucintamente lo que he vis- 
to en aquellas. Desde luego, hablaré de la 
colonia «Alvear», ubicada en el departamento 
del Diamante. 

Esta colonia es una colonia oficial, es decir, 
fundada por el gobierno nacional, en terrenos 
ofrecidos por el gobierno provincial; tiene diez 
años de existencia, y es poblada por titulados 
rusos, que en realidad son alemanes, pues no 
hablan otro idioma, y son escasos los de en- 
tre ellos que entienden el idioma de Puckiüe, 
aunque nacieron en Rusia. 

íDe dónde proceden estos colonos? De las 
orillas de la Volga y no del Volga, como dicen 
la mayor parte de los geógrafos— de los gobier- 
nos de Saratof y de Somar, según me refirió 
uno de ellos que aprendió el castellano. Con 
este motivo hay que hacer un poco de histo- 
ria. 

En el siglo pasado, la emperatriz Catalina 
segunda, aquella misma & quien los filósofos 
franceses, sus corresponsales, llamaban la 
Semiramis del Norte, la soberana que se car- 
teaba con el rey Vol taire y nombraba biblio- 
tecario á Diderot, después de haberle compra- 
do su propia biblioteca, Catalina, siguiendo, 
el ejemplo de Pedro el Grande, quien habia 
querido civilizar la Rusia á latigazos y á ha- 
chazos, trató de introducir agricultores euro- 



— 156 ~ 

ropeos en sus estados para enseñar ese arte 
á los cosacos, y para ocupar las fronteras 
orientales de su desierto imperio; al efecto, 
fundó varias colonias en el territorio que nom- 
bré anteriormente; pero no podia atraer á 
los inmigrantes sin ofrecerles algún aliciente. 

El mas poderoso fué la la exoneración del 
servicio militar para ellos y para su poste- 
ridad durante ciento veinte anos. Así sucedió 
efectivamente; vinieron muchos alemanes ú 
establecerse en Rusia, los cuales se multipli- 
caron rápidamente, á tal punto que, según 
me lo afirmaba el intérprete del juez de paz, 
sus descendientes son mas numerosos que 
los habitantes de la República Argentina. 

Esta afirmación no debe pecar de exajera- 
da; es sabido que desde los tiempos antiguos, 
la Germán ia produjo una gran superabundan- 
cia de población; por eso un escritor latino la 
llamaba magua ojficina gentium^ como quien 
diria gran fábriga de hombres, y esta supe- 
rabundancia tenia que buscar su salida en el 
exterior. 

Pero estonces no se conocía todavía Norte 
América, sin contar que esta estaba someti- 
da al régimen colonial; por consiguiente no 
habia podido determinarse la corriente de in- 
migración que ha presenciado nuestro siglo, 
mereciendo por su magnitud que se conípa- 
rase en el éxodo antiguo, con las invasiones 
de los bárbaros del norte á principios de la 
Edad Media; por cuyo motivo los alemanes 
tenian que emigrar al interior de Europa ó 
hacerse soldados como los suizos. En esta 
cualidad vinieron muchos á pelear contra las 
milicias de Washington, mandados por el so- 
berano de Hanover, quien losvendia como pu- 
ra carne de cañón, dejando completamente á 
un Iqdotodo sentimiento de humanidad. 



— 157 — 

En fin, sea lo que fuere, los alemanes for- 
maron grandes colonias en Rusia, conservan- 
do alli su autonomía, su religión, seria mejor 
decir su fanatismo religioso, su idioma, sus 
costumbres, sus usos, y hasta sus pepas; pues 
un suizo alemán ilustrado me aseguraba que 
eran las mismas que usaban para fumar sus 
antepasados. 

Sin embargo, los años corrían entretanto; 
qué son los años en la vida del hombre, qué 
son ¡os siglos en la vida de la humanidad? El 
plazo de los ciento veinte años llegó á vencer- 
se como se vencen todos los plazos, y enton- 
ces los descendientes de los colonos alemanes 
tuvieron que optar entre la alternativa del 
servicio militar y una nueva emigración. Mu- 
chos de ellos se decidieron por la segunda 
parte. 

El emperador del Brasil que estaba viajando 
á la fecha por Europa, supo de lo que se trataba, 
y procuró atraer al imperio intertropical esa 
corriente de población inesperada. Efectiva- 
mente los emigrantes alemanes llegaron al 
Brasil, como ya habían llegado otros desde los 
primeros tiempos de la independencia, pero el 
país no les convino, sin duda por el calor ú 
otras circunstancias, y, habiendo oido hablar de 
la§ ventajas que ofrecía la República Argenti- 
na, se dirigieron al Gobierno Nacional, quien 
les dio contestación afirmativa. 

De allí arrancan las colonias tituladas rusas, 
vuelvo á decirlo, y que deberían, cuando mas 
llamarse ruso-alemancLs^ que existen en Entre- 
Riosy en la provincia de Buenos Aires, en el 
departamento del Diamante y á inmediaciones 
de Olavarria. 

Los rusos-alemanes no colonizan como los 
demás inmigrantes; no se desparraman en to- 
da la estension del territorio subdivido, cada 



— 158 — 

familia en el centro desuchacra,de su dominio, 
forma una agrupación, ó mejor dicho varias 
agrupaciones, aldeas, centros de familias, al 
estilo délas aldeas europeas, dejando indiviso 
el terreno cultivable; quiero decir que no lo 
cercan con postes y alambres ni con zanjas, 
aunque cada gefede familia tiene su conce- 
sión delineada. Resulta que la colonia ruso- 
alemana no se distingue del campo inmediato, 
cuando la cosecha ha sido recogida, sino por 
alguna diferencia de vegetación, por ejemplo, 
el yuyo amarillo que crece espontáneamente 
en los rastrojos de los trigales. 

Los rusos-alemanes no plantan árboles, no 
hacen quintas ni jardines; nosiembran legum- 
bres; dicen que las hormigas y el vicho moro 
principalmente destruyen esa clase de semen- 
teras. Por otra parte, no podrían atenderles 
debidamente, estando, como están amontona- 
dos en un reducido espacio. Los solares de al- 
dea son solamente de treinta y siete varas y 
media por cada costado; una ancha calle cen- 
tral divide la aldea en dos partes mas ó menos 
¡guales. Alli viven las familias con sus gan- 
sos, sus gallinas, sus cerdos y sus animales 
vacunos y yeguarizos. Los gansos, los cef- 
dosylas gallinas pasean por las calles, pero 
losanimales vacunos son llevados al pastoreo, 
al amanecer, por un pastor colectivo, pagado 
por la comunidad; creo que recibe trecientos 
cincuentapesosanuales. Al anochecer, el re- 
baño vuelve á la aldea; los animales conocen 
perfectamente su casa propia y van directa- 
mente á la querencia. 

Los ruso-alemanes no aran con bueyes; aman- 
san y adiestran caballos que sirven alternati- 
vamente para el carro y la labranza, consi- 
guiendo de esta manera los mejores resultados. 
Indudablemente el caballo trabaja mas lijero 



— 159 — 

que el buey: es cierto que no lo comen cuando 
envejece, pero esto no pasa de una preocupa- 
ción. 

Los rusos-alemanes entienden muy bien de 
cuidar caballos; báseme asegurado que un ca- 
ballo adiestrado por ellos fué vendido en cua- 
trocientos nacionales á un vecino del Paraná; 
suelen preferentemente comprar potros para 
educarlos desde la infancia, lo que prueba que 
son buenos educacionistas, al menos para los 
animales, y dignos de entrar en la sociedad de 
protección presidida por Sarmiento. 

La colonia ruso-alemana del Diamante, ó co- 
lonia «Alvear», está comprendida entre el arro- 
yo del Salto y el riacho de la Ensenada. Com- 
pónese de seis aldeas, que son: Valle Maria ó 
Viscacheras^ Concepción ó Spatsekur^ San Jo- 
sé ó la Brasilera, San Francisco ó la Ararla^ 
Agricultoi^es ó Protestantes, y Santa Crujs ó 
Keller: esta última es también conocida coniel 
nombre de Salto, por encontrarse á inmedia- 
ciones del arroyo de este nombre. 

El nombre de Viscachera se esplica de esta 
manera: los colonos, no teniendo tiempo ó 
elementos para construir las primeras habi- 
taciones, idearon cavarlas en la misma tierra, 
como las viscachas, por lo cual los hijos del 
pais dieron aquel nombre á la población pri- 
mitiva. Esta aldea es la mas importante de 
todas por su población y por sus edificios, y 
fué la madre délas demás, la colmena que emi- 
tió los ejambres en otras direcciones; tiene 
una capilla que ha costado mas de diez mil pe- 
sos, edificada á espensas de los mismos co- 
lonos. 

Spatsekur y Keller son apellidos— creo— de 
algunos colonos principales. La aldea brasi- 
lera se llamaba asi porque fué poblada por las 
familias que hablan ensayado establecerse en 



- 160 — 

el Brasil. La de San Francisco se llama tam- 
bién Araña porque está situada en la costa de 
un arroyo de ese nombre; esta es la menos 
importante, »porque lin gran número de fami- 
lias, no teniendo bastante terreno, salieron de 
alli para establecerse fuera de la colonia, por 
ejemplo, ó doce ó trece leguas al norte de la 
ciudad del Paraná, al este de la colonia del Ce- 
rrito, donde compraron algo mas de una legua 
de campo y formaron otra aldea de unas cin- 
cuenta familias, mas ó menos. De esa colonia 
hablaré mas tarde. En fin, la colonia Agricul- 
tores se llama también Protestantes, porque 
los individuos que la componen pertenecen ó 
la religión reformada, siendo asi mismo de va- 
rias sectas. Sea dich:) de paso, esta aldea me 
ha parecido tener mejor aspecto que las otras, 
y se me ha asegurado ser la mas rica. 

Los niños abundan en las aldeas: aquello es 
uñ hormigueo de cabezas rubias de ambos se- 
xos, que juguetean delante de cada casa, y 
que miran con curiosidad la volanta que pasa, 
alterando la monotonía de la aldea. 

Hay tres capellanes en la colonia Alvear, y un 
pastor, costeados todos por los mismos colo- 
nos. Hay también cuatro escuelas con maes- 
tros alemanes, costeados por aquellos igual- 
mente y que enseñan esclusivamente en ale- 
mán, primeramente por la razón que no saben 
otro idioma, y segundamente, porque los pa- 
dres quieren que así sea. *E1 gobierno habia 
puesto una escuela en el centro de la colonia, 
pero el maestro tuvo que abandonarla por fal- 
ta de concurrentes. 

En la aldea del Salto visité una escuela 
donde estaban reunidos en ese momento unos 
cincuenta niños de ambos sexos. El maestro 
es un joven recien venido al país, contratado 
á 125 pesos anuales, y ademas debe hacer las 



— 161 - . 

veces de sacristán en la capilla que está cons- 
truyéndose actualmente. 

Valiéndome de un intérprete, le dije que 
con eso no haria fortuna, pero que si apren- 
día el castellano podia conseguir una subven- 
ción del estado. Contestóme que los colonos 
le hablan comprado una gramática y que iba 
á estudiarlo. 

El capellán de Viscacheras gana sesenta pe- 
sos mensuales, sin contar el casual y el alo- 
jamiento. Pasando por allí, entró á la capi- 
lla, que estaba desierta en ese momento. El 
capellán estaba leyendo su breviario tras del 
confesionario: acerquéme al altar, haciendo 
sonar mis botas en el pavimento, pues tenia 
gana de trabar conversación con él, pero no 
levantó la cabeza, continuando sumido en su 
meditación religiosa. Es un hombre calvo, 
que raya en los cincuenta años. 

El pastor protestante gana cuatrocientos 
pesos al año, mas seis fanegas de trigo, y 
otras tantas de maiz, y creo que también ha- 
rá de maestro. 



Cada aldea tiene su organización: hay un con- 
sejo electivo compuesto de tres individuos 
nombrados por los jefes de familia, un presi- 
dente llamado forster y dos vocales. 

El sábado se verifica una asamblea general de 
los padres de familia, asistiendo también las 
mujeres. Los jefes de familia tienen voz con- 
sultiva; el consejo es el solo que decide des- 
pués de haber oido los pareceres de todos. 
La asistencia délas mujeres, sin las cuales pa- 
rece que jamás los maridos toman una deter- 
minación, trae á la memoria la frase de Tácito, 
el historiador famoso de las costumbres de los 
germanos: «creen que las mujeres poseen un 

11 



— 162 — 

don de adivinación». No celebran por consi- 
guiente contrato alguno sin haber consultado 
á la esposa. 

El consejo decide cuales son las tierras que 
deben ararse, cuales deben dejarse en barbe- 
cho 6 para el pastoreo de los animales, las 
compras y arriendos de terrenos que deben 
hacerse, etc., etc. 

Hablo por referencia, no habiendo podido in- 
terrogar directamente á los colonos, que por 
otra parte son muy desconfiados. 

El prestigio del consejo, ó mejor dicho su au- 
toridad, raya en lo extraordinario. Voy ó citar 
un ejemplo. Una de las aldeas habia sido colo- 
cada en un paraje inadecuado, al parecer de 
aquel ¡habíase creído ponerla ó inmediaciones 
de un arroyo de agua permanente, y este se 
habia secado. Viéndolo cual, el consejo de- 
treminó levantar la aldea toda entera para si- 
tuarla en un paraje mas conveniente. Todos 
los jefes de familia menos cuatro acataron la 
resolución, y finalmente tres de los protes- 
tantes hicieron lo mismo. 

Hasta donde llevan el espíritu de sumisión 
y el rigorismo disciplinario, pruébalo también 
esta circunstancia que, cuando se estableció 
la colonia, los mismos colonos pidieron al po- 
der nacional que confiriese al consejo y á su 
gefe la facultad de imponer penas pecunia- 
rias y aun aflictivas, es decir, el derecho de cas- 
tigará los refractarios con veinticinco ó cin- 
cuenta azotes, cuya solicitud fué rechazada 
naturalmente por las autoridades superiores; 
pero conviene observar que á los ruso-alema- 
nes les parecía una cosa muy natural y muy 
sencilla. 

Los ruso-alemanes practican el método coo- 
perativo, pero no es obligatorio, según me di- 



— 163 — 

jó un capellán belga que dice misa en la colo- 
nia del Cerrito. Aran y siembran en común 
las tierras que deben cultivarse, y después 
sortean laestension de terreno que correspon- 
de á cada jefe de familia; resulta que un pro- 
pietario de diez y seis cuadras cuadradas, por 
ejemplo, puede tenerlas en otras tantas conce- 
siones diferentes, siendo dueño de la parte de 
cosecha que existe en cada una 

Ese espíritu de disciplina y de asociación da 
á los ruso-alemanes una fuerza de produc- 
ción extr.íordinaria, como lo prueban los 
resultados: por eso no tienen ya bastante 
terreno y salen á comprar y á arrendar en 
todas direcciones; en el Cerrito compraron 
mas de una legua en treinta y tres pesos la 
cuadra, en otras partes á cincuenta, y hasta en 
ochenta, cosa nunca vista en Entre-Rios. 

Tratándose de arriendo, pagan seis ps. por 
cuadra de trigo y seis arrobas de maiz por 
cuadra de maiz. Naturalmente, los campos 
de la costa del Paraná, que poco sirven para 
la cria de animales, han adquirido un valor 
extraordinario con la llegada de semejantes 
colonos. Debe añadirse que descuellan en el 
cultivo del trigo, y que los cereales remitidos 
por ellos tuvieron aceptación extraordinaria 
en Europa, siendo clasificados entre los mejo- 
res del mundo. 

Los ruso-alemanes van mandando emisarios 
ó toda la provincia: el terreno que tiene no les 
alcanza. Uno de ellos me aseguraba que mas 
de cien familias no poseen ni una vara cuadra- 
da; estas se conchavan por cien pesos anuales 
y tres setines de trigo, que reservan paradlas, 
es decir, por el producto de algo menos de 
una cuadra. 

Otras familias, en Europa, están esperando 
noticias para emigrar, pero la emigración ya 



— 164 — 

no están fácil comeantes, porque el gobierno 
ruso no dapasaportesá lasque lleven jóvenes 
en aptitud de prestar el servicio militar, oque 
se acercan á la edad de la quinta. 



Los ruso-alemanes tienen sus partidarios y 
sus adversarios. Los últimos prefieren el sis- 
tema dispersivo: cada colono en su chacra, 
con su quinta, su casa, sus árboles, su jar- 
din. Los primeros dicen que el sistema de 
agrupación es mas conforme ala sociabilidad 
humana, permitiendo las instituciones que se 
hacen imposibles con el otro sistema, por 
ejemplo, la ensmanza de los niños. Es im- 
posible, materialmente imposible, llevará ca- 
bo la educación de la juventud, cuando las 
familias están desparramadas á grandes dis- 
tancias unas de otras, y para prosperar una 
familia necesita grandes estensiones de terre- 
no, cincuenta ó cien hectáreas por lo menos. 

Además, la nostalgia se apodera fácilmente 
de los inmigrantes aislados, sobre todo de las 
mugeres mientras que la agrupación traspor- 
ta la patria con todos sus recuerdos y sus 
tradiciones al pais adoptivo; quedando deste- 
rrada la melancolía del hogar nativo. Por 
eso, cuando el gobierno francés trató seria- 
mente de colonizar la Argelia, procuró hacer 
aldeas departamentales, es decir, compuestas 
de individuos del mismo departamento. 

Pero, objetan los adversarios, esos indivi- 
duos no se asimilan; forman una entidad na- 
cional distinta, que permanece aislada, y esto 
no deja de tener sus mconvenientes. Pruébalo 
el mismo ejemplo de esos titulados rusos, que 
estuvieron viviendo en Rusia durante ciento 
veinte años, y de los cuales casi ninguno sa- 
be el idioma ruso. 



— 165 — 

Yo creo que ese inconveniente desaparece- 
rá en la República Argentina, debido ú la 
acción de las instituciones libres y al contac- 
to de los demás hombres que aquí concurren 
de todas partes ílel mundo. Rusia era y es 
el pais del esclusivismo, una potencia semi- 
asiática, semi europea. La República Argen- 
tina es la patria del cosmopolitismo, como lo 
declara p1 preámbulo de su cmstitucion, y con 
esto todo está dicho. 

Luego no hay que desconfiar del porvenir. 

Este pais sub-americnno es un gran labo- 
ratorio de razas. ¿Quién sabe si esos ruso- 
alemanes, aleccionados por la disciplina slava, 
no vinieron aquí para preparar el advenimien- 
to de una nueva forma social ^ que sepa com- 
binar los esfuerzos de la autonomía individual, 
que es inalterable, indestructible, como la per- 
sonalidad humana, con la cooperación armó- 
nica de todos los miembros de la colectivi- 
dad social? 

En esa síntesis que puede vislumbrarse 
en perspectiva, desaparecerían los defectos y 
solo quedarían las ventajas; pero aquí me 
detengo en los límites de la realidad y en las 
fronteras déla utopia. El porvenir, el cum- 

filimiento del porvenir, debe dejarse á la evo- 
ucion humanitaria. 

Según la última estadística (diciembre pró- 
ximo pasado) la colnía «Alvear» tenia 1527 va- 
rones y 1642 mujeres. 

Las existencias eran las .siguientes: 

Ganado porcino 4000; ganado vacuno 3150, ga- 
nado yeguarizo 2.700, ganado lanar 1050. Ha- 
bía 620 arados, 400 segadoras, 12 trilladoras á 
vapor, 650 carros de cuatro ruedas, 1200 ras- 
tras, 400 desgranadoras. 

Habíase sembrado: 5200 cuadras cuadradas 
de trigo, 2000 cuadras de maíz, 15 de sandias. 



- 166 - 

20 de papas y l)atatas, 2.10 de alfalfa y cebada. 

Habia650 casas. 

El número de las concesiones delineadas en 
1882 era 421, siendo la concesión de 28 cuadras 
cuadradas, de 150 varas. 

El númerft de las familias era entonces 452; 
pero, como ya lo dije, vinieron desde entonces 
mas de 100 familias. 

El gobierno nacional había enagonado las 
concesiones á razón de ciento doce pesos ca- 
da una. 

En la colonia hay un molino á vapor llama- 
do «Esperanza», perteneciente al señor Anto- 
nio Za!)ala, ciudadano español, uno de los ex- 
administradores de la colonia, de la fuerza de 
doce caballos, de cilindros, siendo tres de ace- 
ro y dos de porcelana, gue muele diariamente 
de cincuenta bolsas para arriba, ó sea cua- 
renta y cinco fane¿?as de diez y seis arrobas 
en quince horas (184) kilos. 

Hay también cinco molinos de agua, cons- 
truidos por los colonos, dos en la aldea de los 
protestantes, dos en las Viscacheras y uno en 
San Josv^, pero la falta de agua no les permite 
trabajar de continuo. 

La colonia fundada á principios de 1878, ha 
sido administrada sucesivamente por los se- 
ñores Samuel Navarro, Medina, Telémaco Gon- 
zález, (que fué también administrador de Villa 
Libertad), Antonio Zabala y Eliseo Montero. 

Los colonos han suscrito pagarés, que han 
satisfecho gmeral mente, y de los cuales el úl- 
timo está por vencerse. 

En la costa del rio Paraná háse delineado 
una planta urbana, compuesta de 412 manza- 
nas de 10,000 metros cuadrados, que ya están 
todas enajenadas á razón de ocho pesos vein- 
ticuatro centavos cada una, bajo condición de 
cercar y poblar,,y sesenta y dos sobrantes tam- 
bién enagenados. 



— 167 — 

Esta posición es muy pintoresca, dominan- 
do el majestuoso Paraná y ostenta ya lindos 
edificios. 

Las autoridades de la colonia son, un juez 
de paz, que lo es actualmente el señor don 
Felipe Bisualdo, y un comisario, mas losal- 
caldes. La colonia no tiene municipalidad. 
Para la planta urbana háse nombrado, hace 
un año, una comisión de fomento, pero según 
me han dicho, no tiene atribuciones, de ma- 
nera que queda reducida á la inacción; falta 
también un delineador para entregar las man- 
zanas solicitadas. 

Los datos estadísticos que anteceden, me 
fueron suministrados por los Sres. Felipe Ba- 
sualdo, juez de paz, quien me hospedó en su 
casa, Ramírez, jefe político del Diamante y 
Halliburton, secretario de la jefatura, quie- 
nes me trataron con toda galantería. 



— 168 — 



3CV 



El ejido del Diamante — Las colonias Municipal y « 3 de 
Febrero » en el departamento del Paraná 



Para completar los datos relativos á las co- 
lonias del departamento debo decir algo del 
ejido de la ciudad, que puede considerarse co- 
mo una verdadera colonia. 

Desde luego, los ruso-alemanes de Alvear, 
no teniendo bastante terreno en aquella, van 
6 arrendarlo en el ejido. En seguida, hay un 
gran número de inmigrantes, pertenecientes 
á varias nacionalidades; pero la mayor parte 
italianos, ó mejor dicho furlanos^ otros dicen 
fruíanos^ oriundos de las provincias que ha- 
blan italiano, pero que han quedado someti- 
dos al imperio de Austria, Trieste, el Tirol 
trentino, etc. 

Todo el ejido está poblado, cercado con 
alambre y cultivado. Las casas que se desta- 
can en la alfombra verde del campo, salpican- 
do los cerros y los valles, aparecen rodeadas 
de árboles y de quintas que dan al paisaje un 
aspecto mucho mas variado que el de la colo- 
nia Alvear, excesivamente monótono. Los al- 
rededores del Diamante son muy ondulados, 
muy accidentados; el terreno va elevándose 
constantemente hasta llegar á la costa del río, 
donde forma una barranca altísima, casi per- 
pendicular, desde la cual la vista abraza una 
estension inmensa. La posición del Diamante 
es una de las mas pintorescas de la costa del 
Paraná: al sol naciente se divisa perfectamen- 
te la ciudad de Goronda en la provincia de 



— 169 — 

Santa Fé, perdida en medio de la vejetacion 
de las islas Áel gran rio y de las llanuras in- 
mediatas. 

El puerto del Diamante, accesible á los bu- 
ques de ultramar, asegura un gran porvenir 
á esa localidad, y debe agregarse entre sus 
elementos de prosperidad, la feracidad de sus 
tierras y la reconocida superioridad de sus 
trigos, que se pagan siempre mejor que los 
de otros puntos: de manera que hubo tiempos 
en que se introducían trigos de Santa Fé al Dia- 
mante para hacer creer en el exterior que 
hablan sido cosechados allí. Esta superiori- 
dad se debe sin duda á la naturaleza calcárea 
del terreno. 

Lo que falta á esa ciudad, es un ramal que 
la empalme con el ferrocarril central entre- 
riano; pero este va á hacerse dentro de poco 
tiempo, asi como otro ramal para unirla con 
la ciudad de Victoria. 

Resumiendo he ahí los datos que me fueron 
suministrados por la gefatura política: 

Población del ejido 582 varones, 488 mujeres. 

Habitaciones 13 casas de azotea, 122 de paja, 
7 de zinc, total 142. 

Cuadras sembradas con trigo, 1340; maiz, 
545; cebada, 38; lino, 15; hortalizas, 38; alfalfa, 
122. 

Ganado de labor: 1089 bueyes, 431 vacas, 905 
caballos. 

Útiles: 280 arados, 99 segadoras, 5 trillado- 
ras á vapor. 

En el ejido del Diamante las chacras son de 
16 cuadras de 150 varas. 

El departamento del Paraná está ya coloni- 
zado en su mayor parte como el del Diamante, 
ó poco falta para ello. Estos terrenos son po- 
co aparentes para la cria de animales, sien- 
do inferiores á este respecto á los de la costa 



— 170 — 

del. Uruguay, mientras que convienen perfec- 
tamente para la agricultura, y principalmen- 
te para el cultivo del trigo. Por consiguiente, 
con el tiempo han de convertirse todos en 
campos de labranza, siendo por otra parte es- 
te el mejor medio de mejorar las razas de los 
animales vacunos y otros con las plantas fo- 
rrajeras y la estabulación. 

He recorrido, aunque rápidamente el ejido y 
los alrededores de la ciudad del Paraná, capital 
déla provincia. 

Las coloniasque tiene el departamento son 
las siguientes: la colonia Municipal, que es- 
tá situada en el ejido propiamente dicho; la 
colonia «3 de Febrero», fundada á continuación 
del municipio por los señores Brugo, y que 
también se conoce con este nombre. 

Estas dos colonias, en realidad, forman una 
sola. 

Mas allá existenina colonia fundada por el 
señor Joaquín Auli en un campo de su propie- 
dad, que pertenece actualmente al señor Viey- 
ra. En la estación del ferrocarril, está la co- 
lonia «Crespo-, en terreno del finado goberna- 
dor de este nombre. 

Pasando al norte, encontramos la Villa Ur- 
quiza, en la costa del Paraná y á inmediacio- 
nes del riacho de las Conchas que desem- 
boca en aquel, la colonia Nueva al este de la 
Villa Urquiza; mas al norte aun están la co- 
lonia del Cerr i to y la colonia Santa Maria. 

En fín\ aunas veinte leguas á mitad camino 
de la Paz, estala colonia «Hernandarias». Sin 
duda hago alguna omisión, pero la remediaré 
mas tarde, si el caso se ofrece; debo también 
mencionar colonias proyectadas ó principiadas, 
por ejemplo la del doctor Ramón Febre, ex- 
gobernador de la provincia, en la estancia que 
poseeá tres leguas de la capitil,en el proyecta- 



— 171 — 

do ramal del Diamante, y que tendrá mas de 
una legua de superflcie-ya llegaron á esa unos 
cincuenta y seis individuos procedentes de la 
Rumania, en las orillas del Danubio, lo que 
introduce en el pais un elemento nuevo de po- 
blación, y trajeron búfalos. El mismo doctor 
Febre funda otra colonia titulada «Las Aca- 
cias» entre Nogoyá y Victoria, á mitad del ca- 
mino entre ambos puntos. 

Los señores Vieyra y Antonio Fragueiro 
han iniciado también colonias: vuelvo ó repe- 
tir que mas tarde prodré presentar un cuadro 
mas completo con los datos que se me han 
prometido. Entretanto, voy á referir algo de 
lo que visto en mis excursiones. • 



En la colonia Municipal visité á Pedro Le- 
grand; es un suizo del cantón del Vales, llegado 
hace veintidós años, casado, padre de seis hijos, 
tiene un molino á vapor de cilindros, de la 
fuerza de diez ciballos, pudiendo elaborar de 
sesenta á ochenta quintales de harina. Decla- 
ra que prefiere la América á la Europa, y que 
la tierra de Entre Rios es mejor que la de 
Santa Fé. Agrega que aquí pueden hacerse 
tajamares en todas partes para tener agua, y 
que los colonos de Santa Fé, colocados á gran- 
des distancias de los puertos de embarque 
pierden mucho con los fletes, teniendo que 
empeñarse de anterAano con los negociantes. 
El año próximo pasado el rendimiento fué 
extraordinario: veinticinco á treinta por uno. 

La alfalfa da muy buenos resultados siendo 
la planta que mas produce; puede durar de 
seis á siete años, pero hay que cortarla con 
guadaña. 

Smtiago Enrique Solioz, es también suizo 
valesano, pero no vino directamente á este 



— 172 — 

punto como Legrand; estuvo primeramente 
(1872) en San Gerónimo, Colonia de Santa Fé, 
y desde allí pasó á la ciudad del Paraná, sien- 
do soltero, y se casó con una valesana. Tie- 
ne veinte cuadras, una casa de ladrillos con 
techo de teja de Marsella, un pozo que tiene 
catorce varas de hondura con bombas, una 
quinta de árboles frutales y paraísos al rede- 
dor de la habitación. Dice que para salvar 
los árboles hay que luchar contra las hormi- 
gas, y este es el motivo porque no hay mas 
en las colonias. La vid dá buenos resultados. 

La viuda Brasseur es de París; su esposo 
horticultor murió del cólera; habla principia- 
do una«quinta que debia tener ocho cuadras 
de superficie, introduciendo gran número de 
plantas europeas, encinos, fresnos, etc., cuyos 
árboles prosperan en esta tierra y deberían 
generalizarse. Es una desgracia que ese cul- 
tivador inteligente haya muerto prematura- 
mente antes de haber podido llevar á cabo los 
trabajos proyectados. 

Domingo Melchiore es un furlano que culti- 
va la alfalfa especialmente; tiene un pozo de 
mas de treinta varas de hondura. 

Juan Pralong, suizo francés, tiene un moli- 
no á vapor de la fuerza de diez y seis caba- 
llos, que existe desde diez años á esta parte. 

Hablando de molinos á vapor, debo mencio- 
nar el del señor Giovanelli, calero del Paraná, 
que se inauguró el 18 de marzo ppdo, en pre- 
sencia de una numerosa y selecta concurrencia. 

Este molino, construido según los últimos 
perfeccionamientos del arte de la molienda, 
da una harina superior que puede competir 
con las mas sobresalientes. El señor Giova- 
neWiy que ha invertido allí ochenta mil pesos, 
dice que le causaba impaciencia el ver que las 
harinas de Entre-Rios no pudiesen equiparar- 



— 173 — 

se con las de Santa-Fé, y que fué uno de los 
motivos que lo determinaron á construir su 
usina. 

En la colonia «Municipal» no hay solamente 
molinos^ hay también una fábrica de pólvora, 
aunque rudimentaria todavía; pertenece al se- 
ñor Honorato Pardin, italiano, que obtuvo un 
privile^^io por cinco años, y trabaja desde 
ocho meses; fabrica pólvora de caza y de 
mina. 



De la colonia «Municipal» pasamos á la co- 
lonia «3 de Febrero». El comisario Zeballos, 
quien me acompañaba, habiendo sida puesto 
ámi disposición por el gobierno de la provin- 
cia, habia mandado avisar al cura de esa loca- 
lidad que veníamos á visitarlo y que prepara- 
se el almuerzo, pues el momento psicológico 
y también gastronómico de comer habia llega- 
do para nosotros, como llegó en 1871 la hora 
del bombardeo para los parisienses. 

Cruzamos, pues, el arroyo de las Tunas— ó 
mejor dicho la cañada,— que divide ambas 
colonias, y llegamos á casa del cura, el señor 
Domingo Garafaso. pero el cura habia salido 
temprano y por consiguiente no habia almuer- 
zo preparado. 

Nos dirijimos, pues, á una pulpería inme- 
diata, regenteada por un italiano, que dá de 
comerá los albañiles que construyen la igle- 
sia de San Benito^ porque este es el nombre 
que va á darse al pueblo- proyectado en ese 
parage. 

La idea pertenece erl cura; él lo puso bajo 
la protección de San Benito, porque ese santo 
es el patrón de los hombres trabajadores: es 
sabido que él introdujo el trabajo manual en 
los conventos de monges que, anteriormente 



— 174 — 

pasaban todo el tiempo sumidos en la contem- 
plación religiosa, la enaltan fácilmente puede 
rayar en locura, en monomanía, en alucina- 
ción extática. 

A las tres de la tarde vimos al señor cura, 
quien nos esplicó la elección de ese patrón. 
Aquí, di joños, todos somos agricultores, y tra- 
bajamos la tierra como San Benito. 

Efectivamente, él estaba en mangas de cami- 
sa, con una vara en la mano, dirigiendo á los 
albañiles y á los peones. 

La iglesia, bien situada, pudiendo percibirse 
á grandes distancias, en una especie de valle 
formado por la cwc/¿í7/a inmediata, tendrá cua- 
renta metros de largo y veinte de ancho, cuan- 
do esté concluida; por ahora tiene diez metros 
de ancho y diez y nueve de largo, del estilo 
romano. 

La casa del cura tendrá veintinueve metros 
de largo y cinco de ancho. 

La escuela tendrá veinte metros de largo y 
siete de ancho. 

Delante de la iglesia habrá una plaza grande 
y un sitio reservado para enseñar la agricultu- 
ra á los niños. 

Habrá cinco casas de recreo para alquilar á 
los que quieran ir allí á pasar una temporada 
y para servir de refugio á los desvalidos. 

PondrAse un teléfono para comunicar con la 
ciudad del Paraná. 

Habiéndose proyectado un tramvay hasta 
los Corrales^ es decir, unos tres ó cuatro kiló- 
metros de la ciudad, el señor cura va á traba- 
jar para que se prolongue hasta el pueblo San 
Benito, que es el punto céntrico de las dos 
colonias, «Municipal» y «Tres de febrero», y 
de las estancias inmediatas, es decir, de nueve 
mil individuos mas ó menos. 

La planta urbana, tiene ya panadería, carni- 
cería y zapatería. 



— 175 — 

El cura va á pedir también una estafeta para 
que la correspondencia llegue sin demora ú 
manos de los colonos. 

De todo cuanto acabo de decir resulta que 
antes de mucho tiempo San Benito será un 
punto de romería interesante, y para la capital 
provincial una especie de Belgrano ó de San 
José de Flores. 

Por lo visto, el cura Garafaso es un sacerdo- 
te progresista, y yo le dije francamente que 
seria de desear que todos fuesen como él. 



Continuamos nuestra peregrinación, llegan- 
do á un punto culminante que domina la colo- 
nia hasta el Sauce y permite ver en lontanan- 
za las casas blanqueadas de las estancias, 
coloreadas y como abrasadas por el sol que iba 
en ocaso. El Sauce es el límite este de la 
colonia, á cuatro leguas de la ciudad. 

Luego emprendimos el regreso, visitando de 
paso varias familias. Antonio Escarojia es un 
italiano, piamontés; puede, díjome el comisa- 
rio, considerarse entre los ricos; llegó hace 
siete ú ocho años y traia algún dinero; posee 
ochenta cuadras cuadradas, unos setenta ani- 
males vacunos, á los cuales da de beber con el 
agua de su pozo, cavado en un punto elevadísi- 
mo y por consiguiente muy hondo, y cosecha 
al rededor de quinientas fanegas de trigo. 

José Genolet es un suizo del cantón de Vales, 
y fué uno de los primeros fundadores de la 
colonia «Esperanza» en Santa-Fé. Embarcóse 
en el puerto de Dunkerque para la tierra ignota. 
Dejó aquella colonia porque no tenia bastante 
terreno, como hicieron muchas otras familias 
por el mismo motivo. Dice que se les Iiabia 
prometido un terreno comunal, cuya prome- 
sa jamás se realizó. Agrega que los indios 



— 176 — 

molestaban á los colonos, arrebatando los ani- 
males y aun personas. 

Con este motivo me repite la historia que ya 
conocía— de un niño de la familia Favre, que 
fué cautivado por ellos. Crióse el niño, llegó 
á ser hombre y finalmente una especie de ca- 
cique de los mismos indios, que lo respetaban 
mucho por sus dotes físicas y morales, á tal 
punto que prefirió la vida salvage á la vida 
civilizada y se quedó definitivamente en las 
selvas del Chaco. Fué en vano que sus t)adres 
lo llamaran; vino á visitarlos, pero volvióse 
inmediatamente á la toldería, donde se valió 
de su influencia para hacer respetar á los co- 
lonos. 

Tal es el singular atractivo que la vida inde- 
pendiente ejerce sobre ciertas almas ! i Tenia, 
pues, razón Juan Jacobo Rousseau cuando 
ponderaba los encantos de la selva primitiva? 
¡ó pensaba el cacique Favre como Julio César: 
prefiero ser el primero en una aldea á ser el 
segundo en Roma? 

Resuelvan la cuestión los moralistas ó los 
sociologistas, para valerme de la espresion 
híbrida inventada por Augusto Comte. Este 
nombre me hace recordar que el famoso filó- 
sofo positivista tiene discípulos entusiastas 
en la ciudad del Paraná; su nombre, junto con 
los deLittré y de Spencer, ha sido dadoá una 
calle de un nuevo pueblo proyectado y va uni- 
do con el del General Racedo. Confieso que 
esto fué una sorpresa para mí, que tuve la 
paciencia en otra época de digerir los indi- 
gestos volúmenes de ese gran pensador y de 
traducirlos al idioma vulgar. 

Volviendo á Genolet, tiene cuatro concesio- 
nes, una trilladora que le costó tres mil sete- 
cientos pesos oro y una segadora. Dice que 
todo se produce aquí, aun la papa y la bata- 



— 177 — 

ta, pero este año la seca ha hecho mucho 
daño. 

Genolet hizo dos viages á Europa y trajo una 
porción de familias á América, advirtiendo que 
uno de los individuos traídos por él es el mas 
rico de las colonias de San ta-Fé y posee cinco 
leguas de campo. 

El hijo de Genolet es mecánico; no lo hizo 
doctor, como hacen tantos europeos enrique- 
cidos, que consideran deshonroso el trabajo 
industrial que los elevó á la fortuna. Genolet 
comprende que la mecánica es la gran palan- 
ca del mundo humano, pues, como lo dice un 
pensador inglés, Stuar Mili, si mal no recuer- 
do, la única cosa de que dispone el hombre, 
es el movimiento. Todos los hombres indis- 
tintamente deberían estudiar la mecánica, pues- 
to que todos necesitan practicarla. 

Para completar lo que hay que decir sobre 
1 \ colonia «3 de Febrero» ó Brugo, como per- 
siste en llamarla el público, remito á continua- 
ción los datos que me fuerpn suministrados 
por el mismo empresario. 

La base de esta colonia fueron ocho familias 
austríacas ó furlanas, que los empresarios to- 
maron del hotel de inmigrantes. Todas estas 
ocho familias fueron perfectamente instaladas 
en la colonia, proporcionándoseles casa donde 
vivir, arados de primera clase, bueyes, caba- 
llos, lecheras y manutención por un año. Una 
vez instaladas dichas familias, estas comuni- 
caron á Europa, por intermedio de la empre- 
sa, su arribo á este país, el buen trato que han 
recibido é instalación completa para empren- 
der los trabajos de las tierras; esto aparte de 
otros detalles que se omiten y que produjeron 
muy buen efectoentre las familias que desea- 
ban emigrar á este país. 

El resultado de estas comunicaciones fué in- 

12 



- 178 — 

mediato, puesto que álos pocos meses la em- 
presa fué invadida por cuarenta y cinco fami- 
lias, sin previo aviso, todas ellas emparentadas 
y amigasde las primeras familias fundadoras; 
y así sucesivamente fueran llegando familias 
hasta que la empresa tuvo que decir: basta. 

La colonia «Brugo» se ha fundado con los 
capitales propios de los señores Brugo, sin la 
ayuda de ningún gobierno ni de nadie. 

La colonia ha pagado desde el primer dia la 
contribución directa; jamás sus empresarios 
han pedido privilegio de clase alguna. 

Una circunstancia que prueba el buen espí- 
"ritu de los colonos y su decidida resolución de 
venir á este país, es que muchos de ellos lo 
hicieron teniendo que abandonar en manos de 
los comisionistas y agentes de inmigración 
todos sus bagajes en caución por la parte de 
pasages que no hablan podido pagar, llegando 
aquí con lo puesto, habiendo por consiguiente 
vístose los empresarios en la necesidad de cu- 
brir la desnudez de familias enteras. 

Todas estas familias han cumplido fielmente 
con sus compromisos con la empresa y ac- 
tualmente son propietarias absolutas de las 
tierras que ocupan, gozando de todas las como- 
didades, á la par de las familias agricultoras 
mas pudientes. 

Actualmente la colonia está poblada con 
ciento veinte y siete familias. 

Los terrenos ocupados por la colonia tienen 
una área de dos mil novecientas cuadras cua- 
dradas mas ó menos. 

El número de habitantes será de mil dos- 
cientos á mil cuatrocientos. 

Valores en la colonia: 

1,650 hueves $ m(n. 49,500 

754 caballos > 15,240 

381 lecheras » ll,43o 

548 cerdos cebados » 5,080 



— 179 — 

Gallinas y oirás aves » 12,500 

Arados de acero » 9,525 

Rastras > 4,572 

Segadoras, etc » 35,000 

Trilladoras i 9,000 

Poblaciones, cercados, etc > 58,000 

Valor de la tierra aproximada- 
mente > 350,000 



Suma » 559,847 

Producido: 

En trigo $ mm. 60,000 

Lino > 25,0Q0 

Maiz » 15,000 

Venta de huevos, aves, etc > 17,000 

Suma » 117,000 



La iglesia y demás edificios que están cons- 
truyéndose están presupuestados en la suma 
de treinta mil pesos, que costearán los colonos 
de la colonia Brugo y del ejido. 

La cosecha en este año ha producido la ter- 
cera parte en trigos, y se ha perdido totalmen- 
te la del maíz á causa de la seca; á pesar de 
esto ninguna de las familias sufrirá malestar 
porque no solamente han podido cubrirse pe- 
queñas deudas, sino que les ha quedado un 
pequeño sobrante y su crédito que es más 
que todo. 



Que las familias de la colonia «Brugo» se 
han portado bien, me fué asegurado igualmen- 
te por el comisjirio Zeballos, quien atiende á 
las dos colonias solamente con dos soldados, 
cuando necesitaría cuatro por lo menos. Pero 
esto prueba la buena índole de los habitantes 
suizos, italianos, austríacos, franceses, argen^ 
tinos que las componen. 



- 180 — 



XVI 



Las colonias del departamento del Paraná 

Voy á hablar ahora de las colonias que exis- 
ten al norte de la ciudad del Paraná, y son la 
«Villar Urquiza», colonia antigua y colonia nue- 
va, la colonia Rivadavia, la colonia del Gerrito 
y la colonia «Santa Maria», ó colonia ruso- 
alemana, situada al este de la anterior, en un 
terreno de estancia que • los ruso-alemanes 
compraron al señor Wodrich. 

La villa Urquiza, que comienza al lado del 
arroyo de las Conchas, á cuatro leguas de la 
ciudad del Paraná, es una délas nías antiguas 
de la República, pues data de los primeros años 
de la Confederación. Quien la inició fué un 
Teniente Coronel Clemente, español al servicio 
del país, habiendo poblado esa localidad con 
ex-militares; pero estos no estaban bien dis- 
puestos ácaml)¡ar la espada por el arado; ven- 
dieron ó abandonaron sus chacras, muy exi- 
guas por otra parte, (no pasaban de diez cua- 
dras cuadradas), y fueron reemplazados por 
otra clase de colonos, alemanes la mayor 
parte. Todavía existe allí uno de ellos, el viejo 
Rosembroek, natural de Hamburgo, anciano de 
79 años, negociante en otro tiempo, cuyo hijo 
es actualmente secretario de la delegación po- 
lítica de aquel punto. 

Durante los primeros años fué conocida con 
él nombre de «Las Conchas» por su situación 
al lado del arroyo; en 1858 diósele el nombre 
de «Villa Urquiza», y en 1860, siendo ministro 
de la provincia de Entre-Rios el doctor Luis 



— 181 — 

José de la Peña, tratóse de darle una nueva 
organización. 

A pesar de todo, la colonia ha prosperado 
poco, y hoy mismo se nota poco progreso. Su 
estension es solamente de una legua; evidente- * 
mente un espacio tan reducido no le permitía 
desarrollarse. 

El gobierno del doctor Febre— si mal no re- 
cuerdo—resolvió ensancharla y le dio treS le- 
guas mas que constituyen lo que se llama 
colonia nueva. 

Según los datos comunicados por la oficina 
de estadística provincial, á cargo del señor 
Ripoll, la población de la colonia vieja ó de la 
villa Urquiza,' propiamente dicha, es de qui- 
nientos veinte varones y cuatrocientas setenta 
mujeres: total, novecientos noventa habitan- 
tes. 

Habían sembrado 440 cuadras de trigo, 320 de 
maíz, 80 de lino, 15 de cebada, 4 de porotos, 20 
de maní, 7 de papas, 6 de batatas, 6 de arberjas, 
5 de zapallos, 5 de melones, 15 de sandías, me- 
dia cuadra de repollos. 

Poseen 8100 duraznos, 500 peros, 320 manza- 
nos, 1500 naranjos, 70 limones, 40 cidras, 15 
pinos, 700 higueras. 

Hay 18 casas de azotea, 12 de teja, 290 de pa- 
ja, 22 de otra clase, 25 graneros y galpones. 

Tienen 272 arados, 40desterronadoras, 1 tri- 
lladora, 23 segadoras, 75 desgranadoras, 10 
cortadoras, 100 carros, 36 carretillas de 
mano. 

Los animates de labor son 450 bueyes, 500 
caballos, 13 muías, 451 lecheras. 

El ganado de cria, 1204 animales vacunos, 
52, lanares, 300 yeguarizos, 104 porcinos, 4 ca- 
brios. 

La planta urbana está en una situación muy 
pintoresca en la costa del rio Paraná, osten- 



— 182 — 

tando alffunos lindos edificios; la plaza cen- 
tral ha sido adornada con árboles elegantes. 
Villa Urquiza es una delegación política que 
forma parte del departamento del Paraná. 

Para llegar alli por tierra es preciso daí* mu- 
chas vueltas, y pasar el riacho de las Conchas 
en una balsa. Por agua, el viaje seria mucho 
mas corto, porque podria hacerse en línea rec- 
ta, pBro no hay vapores en esta carrera: e] Lu- 
jan^ que iba del Rosario á la Paz, ha suspen- 
dido la suya por necesidad de compostura. 

Nótase que las chacras de Villa Urquiza son 
mas bien potreros que campo de cultivo . 

En la colonia nueva habia, según el último 
censo, 540 cuadras de trigo, 210 de maiz, 210 de 
lino, 70 de cebada, 2 de porotos, 14 de maní, 4 
de papas, 4 de batatas, 2dearberjas,7de alfalfa, 
3 de zapallos, 4de melones, 20 de sandias, 1 de 
coles, 1 de repollos, 5600 duraznos, 120 peros, 
80 manzanos, 45 naranjos, 12 limones, 5 cidras^ 
30 granados, 5 membrillos, 10 pinos, 500 hi- 
gueras. 

Los edificios eran: 5 casas de azotea, 3 de te- 
ja, 270 de paja, 2de otros materiales, 30 grane- 
ros y galpones. 

Los habitantes eran: 445 varones y 520 mu- 
jeres, suma 965. 

Los instrumentos de trabajo eran, 300 arados^ 
30 desterronadoras, 1 trilladora, 20 segadoras, 
7 desgranadoras, 5 aventadoras, 70 rastros, 
140 carros, 22 carretillas de mano. 

Los animales de trabajo: 209 bueyes, 332 ca- 
ballos, 14 muías, 847 lecheras. 

Los animales de cria: 1500 vacunos, 600 la- 
nares, 700 yegu irizos, 470 porcinos, 58 ca- 
bríos. 

Habia 400 aves domésticas mas ó menos y 50 
colmenas. 

El trigo 20 por uno, el maiz cien por uno. 



- 183 — 

El terreno conviene para el cultivo de la vid. 
El valor de la tierra es de cincuenta pesos por 
cuadra. 

Los habitantes de Villa Urquiza pertenecen 
á todas las nacionalidades. 



La colonia del Cerrito está situada, ó mejor 
dicho, principia á doce leguas de la ciudad 
del Paraná, en la estancia que tuvo ese nom- 
bre y que perteneció en otro tiempo al Banco 
Argentino y al señor Anacársis Lanús, quien 
tenia l;i intención de colonizar esos campos, 
si hubiese podido conservarlos. 

Fué fundada en 1882 (30 de Mayo) por una 
sociedad de seis individuos, entre los cuales 
figuraban eldoctorFebre y el coronel Antelo; 
es administrada actualmente por el señor 
Carlos Castagnino, ciudadano italiano, que 
reside en la ciudad del Paraná. 

De los datos que me ha suministrado este 
señor resulta que la colonia tiene actualmen- 
te 170 familias, de las cuales 15 son francesas, 
18 alemanas, 30 argentinas y todas las demás 
italianas. 

Las concesiones son cuatrocientas, siendo 
la superficie de 25 hectáreas, agrupadas de 4 
en 4, de manera que una familia pueda adqui- 
rir el grupo entero. 

Las primeras concesiones se vendieron en 
200 pesos oro, pagaderos en tres años, con el 
interés del diez por ciento, pero esta condi- 
ción no se ha llenado rigorosamente. Actual- 
mente se venden en 600 nacionales en Si mismo 
plazo y con el mismo interés. 

El terreno destinado ala colonia abarca una 
estension de diez leguas cuadradas de 1600 
cuadras la legua; tiene frente al rio Paraná una 
estension de tres leguas, con un hermoso y 



— 184 — 

cómodo puerto, dicho de la Curtiembre, por- 
que hubo allí una antiguamente, y donde se 
ha delineado una planta urbana, que se llamará 
«San Martin.» 

La cosecha de este año es inferior con mu- 
cho á lo que se habia esperado; sin embargo, 
no bajará de 18 á 20,000 fanegas de trigo, de 
200.000 arrobas de maizy de 12.000 arrobas de 
lino. 

Todas las familias tienen sus máquinas sega- 
doras, atadoras, porque la califormiana no les 
ha dado buenos resultados: llámase califor- 
. niana una máquina que corta solamente la par- 
te extrema de la planta, es decir, la espiga, y 
la hace caer en un cajón que acompaña la sega- 
dora. 

En la colonia existen 7 trilladoras á vapor. Las 
. primeras familias recibieron algunos antici- 
pos; pero hace notado que esta medida no sur- 
tió buen efecto, orijinando la desidia en vez de 
mayor laboriosidad, mientras que los que solo 
recibieron la tierra han tenido mejor éxito. 

Lo que hace falta á la colonia son las escue- 
las; hasta ahora no hay mas que una. 

Al sud-este de la colonia, el señor Nicolás 
Felter, alemán, está construyendo actualmen- 
te un molino á vapor. 

Uno de los primeros pobladores de la colo- 
nia, en cuya. casa pasé dos noches, es el ciuda- 
dano italiano Primo Aquilino, negociante, tam- 
bién al sud-este de la colonia, en una gran pla- 
nicie que semeja la pampa de Santa-Fé ó de 
Buenos Aires. 

Hace también agricultura; ha plantado mu- 
chos árboles que se perciben á una gran dis- 
tancia, rompiendo la monotonía del paisaje. 
Desempeña también las funciones de alcalde y 
reclama igualmente escuelas, cuya construc- 
ción trata de llevar á cabo. 



- 185 -. . 

En su casa tiene los retratos del presidente 
Juárez Celman, deGaribaldi^ del rey Humber- 
to y de la reina de Italia, de Mazzini, de Víc- 
tor Manuel, del príncipe de Ñapóles. 

Al otro lado de la calle, visité la familia de 
Antonio Nani, italiano; éste tiene siete conce- 
siones, dos segadoras. .Vino hace seis años; 
anteriormente, estaba en Villa Urquiza. Díce- 
me que solo siembra trigo; ni siquiera siembra 
maíz, porque afirma que agota la tierra y hace 
mermar la cosecha del trigo; ni papas, porque 
el bicho moro las destruye. El año pasado sem- 
bró tres concesiones y media, ó sea ochenta y 
siete hectáreas. 

Santiago Botero tiene también la misma es- 
tension de terreno y es italiano como el ante- 
rior; es uno de los colonos que consiguieron 
mejores resultados; tiene dos segadoras, de Ia$ 
cuales una es californiana. 

Desiré Lourdel es un francés (del Pas de Ca- 
lais,) jardinero, casado, pero sin hijos. Puso una 
quinta; cultiva la vid, los árboles frutales, los 
naranjos, ha plantado muchos eucalyptus, aca- 
cias de albaca, paraísos, cinacina, etc. 

Tiene dos concesiones, cosechó ciento cua- 
renta fanegafe de trigo, dejando una concesión 
para los animales. 

En el puerto de la curtiembre (a) pueblo San 
Martin, fui hospedado por losseñores Monzón, 
padreé hijo, que tienen allí casa de negocio y 
un gran depósito de trigo, que puede contener 
mas de diez mil fanegas. Varios buques esta- 
ban cargando en ese momento. 

Por aquel puerto se exportaron el año pasa- 
do: 4710 hectolitros carbón, 388 toneladas de 
leña, 119 de yeso, mas de 3000 cueros vacunos, 
cerca de tres mil cueros lanares, 58 bplsas 
cerda, como ocho mil postes, medios-postes y 
estacones. 



. — 186 — 

El trigo se manda al Rosario, á San Nicolás, 
Buenos Aires y al Paraguay. 

El rendimiento es ordinario, 2 de fanegas de 
16 arrobas por cuadra, pero este año solo fué 
de4 á 10. 

Las barrancas del rio Paraná son aparentes 
para el cultivo de la vid. El tabaco se produce 
muy bien; los paraguayos que lo cultivan lo 
declaran tan bueno com ) el del Paraguay, ad- 
virtiendo que es mas suave, menos agrio. 

Entre el rio y las primeras concesiones ocu- 
padas, que están en campo limpio, hay un es- 
pacio de dos leguas lleno de árboles, ñandubays, 
espinillos, algarrobos y otros árboles, cuya 
abundancia algo disminuida, era tal que los 
compradores del campo pagaron una gran parte 
del precio con el producto de los cortes. 

En los montes hay muchas abejas silves- 
tres y otras. 

Los solares de San Martin están ya vendi- 
dos y se necesita delinear otros. Hay oficina 
de correos, pero falta una oficina telegráfica; 
un muelle también será necesario. 

Los colonos del Cerrito crian muchas galli- 
nas y hacen capones, que se exportan por el 
puerto. Pocos son los que plantan árboles. 

El hijo del señor Monzón me sirvió de guia 
para recorrer la colonia hasta que el mal tiem- 
po nos obligó á refugiarnos en la casa de don 
Primo Aquilino. 

Al sud-este de la colonia del Cerrito existe 
otra mas pequeña, fundada por el señor don 
Florentino Urrutia, ciudadano americano, que 
contiene 42 concesiones regulares de 250,000 
metros cuadrados, y 38 irregulares; llámasela 
colonia Ricadavia. 



Al este existe la colonia ruso-alenana de San- 



— 187 — 

ta Maria, fundada en la estancia que fué del 
señor Wodrich. 

Los ruso-alemanes compraron 1860 cuadras 
á razón de treinta y tres (33) pesos la cuadra. 

Son como unas cincuenta familias, y no hay 
lugar para mas. El 1.' de Abril, dia domingo, 
habíanse reunido allí para oír misa en un ran- 
cho convertido en capilla. No pudiendo caber 
todos en el reducido recinto, estaban arrodi- 
llados en el patio del fuerte de la estancia, los 
hombres con sus largos trajes,, y sus botas 
granaderas, las mujeres con pañuelos alrede- 
dor de la cabeza. Los ruso-alemanes tienen 
una afición decidida por los colores brillantes, 
sobre todo por el colorado. 

Díjosemeque los ruso-alemanes, al trazar la 
colonia no hablan dejado espacio para las ca- 
lles, y solo una senda estrecha en que puede 
pfifear un carro. Convendría, pues, que el go- 
bierno tomara medidas para restablecer la 
circulación. 

El capellán de los ruso-alemaneses un belga, 
Adolfo Maréchal, que conociendo ya el fla- 
menco, pudo aprender bastante alemán para 
hacerse comprender por elles. Ese capellán 
habla venido para la colonia belga de Villa- 
guay. 

Pregúntele si era cierto que los ruso-alema- 
nes trabajan en común; contestóme que esa 
cooperación no era obligatoria^ y que cada 
jefe de f imilla es propietario de su parte dis- 
tinta; pero que suele tener pedazos de terreno 
en diferentes concesiones. 

Otros me dijeron que aran y siembran en co- 
mún, y que después sortean la parte de terre- 
no que corresponde á cada uno. 

Los rusos, ya lo dije, se sienten estrecha- 
dos en la colonia «Alvear»; salen á comprar y 
arrendar terrenos en todas direcciones, al 



— 188 — 

señor Wodrich, al señor Vieyra, gerente del 
Banco Nacional, al señor Crespo y á otros. Con 
el tiempo van á desparramarse en toda la pro- 
vincia. 

No debo omitir la colonia «Crespo» situada 
en la línea férrea ú seis leguas de la capital. 
Compónese de 38 familias con 86 varones y 70 
mujeres. Tiene pobladas 66 concesiones de 20 
cuadras; las familias son suizas, francesas, ale- 
manas, italianas. 

Los edificios son: 2 casas da azotea, 37 de 
material, 32 ranchos y galpones. 

Hablan sembrado 187 cuadras de trigo, 214 de 
maiz, 115 de lino, 26 de cebada, lo de alfalfa y 
plantado 551 plantas de vid y 1.300 árboles. 

Tienen 409 bueyes de labor y 248 caballos, 
2.000 aves de corral. 

Los instrumentos de trabajo son: 19 segado- 
ras, 82 arados, 42 rastras, 22 rollos, 41 carros. . 

Esta colonia fué fundada en 1884. 



La colonia «Auli», fundada en 1883 por el 
señor don Joaquín Auli, á cinco leguas al este 
de la capital, tieae 84 varones y 42 mujeres. 

La estension de la colonia abarca 120 conce- 
siones de 16 cuadras, cuyo valor es de 800 
pesos. 

Habíase sembrado 220 hectáreas de trigo, 
otras tantas de maíz y 40 de lino. 

Tiene 60 arados, 40 rastras, 12 segadoras, 27 
carros; 182 caballos, 200 bueyes, 100 lecheras, 
600ovejas,47 cerdos, 1.800 avesde corral. 

Valor total de la colonia, 65,000 pesos. 

El departamento del Paraná tiene también 
una colonia Ueimada Argentina, es decir, pobla- 
da de criollos, pero esta dio malos resultados 
como las otras de la misma clase. 



— 189 - 

La colonia «Hernandarias» está situada á 
orillas del arroyo del mismo nombre, á veinte 
leguas de la ciudad del Paraná y á distancia 
igual de la ciudad déla Paz, sobre la costa 
del rio. Fué fundada en 1876. Al efecto, el Sr. 
D. Benjamín del Castillo recibió unos cuarenta 
mil pesos en fondor públicos, debiendo edifi- 
car una iglesia, una casa para juzgado de paz 
y comisaria y una escuela. 

Asocióse el señor del Castillo con el señor 
Martin Schaffter, ciudadano suizo, y mas tar- 
de le cedió sus derechos. 

El mismo Schaffter teniendo que luchar con 
grandes dificultades, los cedió á su turno á los 
doctores Francisco Ferreiray Emilio Villarroel. 
La obligación era de poner doscientas fa- 
milias. 

La colonia tiene 358 concesiones de 16 cua- 
dras. Hay una planta urbana que abarca 20 
concesiones de 20 cuadras. Las calles son de 
treinta metros. Hay dos plazas. En la princi- 
pal, que se llama 9 de Julio, está la iglesia (sin 
capellán asta ahora). Hay también oficina de 
correos y telégrafos, 8 casas de comercio, una 
I)Otica, una herrería, una zapatería, dos carpin- 
terías, dos carnicerías, dos hornos de ladrillo, 
un horno de calvarios depósitos de carbón, 
leña, maderas y yeso. 

El censo levantado en 1886 dio los siguien- 
tes resultados: 180 familias, 345 varones, 292 
mujeres, 260 argentinos, 193 franceses, 62 sui- 
zos, 42 alemanes, 41 italianos, y el resto de va- 
rias naciones. 

Había 112 agricultores, 57 jornaleros, 3 car- 
pinteros, 8 comerciantes, 2 zapateros, un in- 
geniero, un médico, un relojero. 

I^ tíerracultívada era: 330cuadras,en maiz, 
sandias, zapallos, papas, alfalfa, legumbres, 
plantas y árboles. 



— 190 

Los animales de labor eran: 298 bueyes, 687 
vacas, 577 caballos. 

Los instrumentos de trabajo, 112 arados, 195 
palas^ 84 azadas, 67 picos, 29 rastras, 55 carros, 
18 zorras. 

Las concesiones valian primitivamente 300 
ó 350 pesos; actualmente sb venden á600pesos, 
con cmco años de plazo y el interés del nueve 
por ciento. Las cultivadas valen mil pesos. 

Aunque data de 1876, esta colonia noha princi- 
piado realmente á desarrollarse sino desde tres 
ó. cuatro añosa estaparte. 

El terreno es generalmente boscoso; por 
consiguiente hay que desmontarlo y destron- 
carlo para sembrar; pero esto mismo es una 
condición de feracidad, pues los terrenos cu- 
biertos de árboles suelen ser generalmente los 
mas feraces; y ademas In leña y el carbón son 
una fuente de productos para el colono. 

A esta riqueza natural hay que agregar el 
yeso, que existe en gran abundancia en las 
barrancas del Paraná, y que puede exportarse 
en grande escala. 

Los empresarios de la colonia han consegui- 
do que se haga un camino carretero para tre- 
par la barranca altísima en este punto y un 
muelle. 

Agregúese que con el tiempo Hernandarias 
será probablemente la cabeza de un departa- 
mento, y que su puerto es ac<5esibleá losgraji- 
des buques. Falta que se habilite para facilitar 
el despacho de los productos de la colonia. 

He recorrido la colonia. 

He recorrido la colonia Hernandarias, acom- 
pañado del Sr. Villarroel y del administrador 
Sr.Mondin; vi á varios colonos muy satisfe- 
chos á pesar de las dificultades que hablan teni- 
do que superar. 

Llamóme especialmente la atención una gran 



— 191 — 

chacra llamada La Granja, de cuatro concesio- . 
nes desmontadas y cultivadas, donde vi alfal- 
fa, dos mil plantas de vid, un gran número de 
árboles frutales traídos de Montevideo y per- 
fectamente aclimatados. La granja, que es obra 
de la empresa, manifiesta la buena calidad de 
esta tierra y la variedad de cultivos ó que 
puede prestarse. 

En la colonia Hernandarias vi á un médico 
suizo octogenario, el doctor Guiseler, de 83 años 
de edad y que goza de perfecta salud; hace mas 
de sesenta años que ejerce la medicina y pres- 
ta verdaderos servicios, casi siempre desin- 
teresados, á los habitantes de Hernandarias. 

Desde la barranca defjernandarias al amane- 
cer, se percibe la colonia «Helvecia» en la pro- 
vincia de Santa-Fé. 

El señor Schaffter ha ganado medallas en 
varias exposiciones; una gran medalla de plata, 
primer premio, por sulfato decaí para abono, 
en la exposición universal de 1886; una medalla 
de bronce, segundo premio, por azafrán, un 
premio por algodón crudo en la exposición de 
Berlín en 1886. Ha plantado un viñedo y hace 
vino. 

Esta reseña, demasiado rápida, prueba que 
la colonia Hernandarias puede fácilmente ser 
industrial y agrícola al mismo tiempo. 



— 192 — 



XVII 



*l 



La ciudad de Santa Fé— La colonia y Villa "Esperanza 



Hace mas de dos semanas que he cruzado el 
Paraná y me encuentro en la provincia de Santa 
Fé. Esta no es, ni con mucho, tan pintoresca 
como la de Entre-Ríos; la ribera llana, horizon- 
tal de esta, forma la antítesis mas completa con 
la barranca elévadísima y variada de aquella, 
que descubre á cada paso nuevos horizontes, 
nuevas perspectivas. Las dos capitales pre- 
sentan el mismo contraste; la de Entre-Rios 
se ve á una gran distancia, ostentando sus 
campanarios, sus torres, sus miradores que se 
divisan perfectamente desde Santa-Fé al sol 
poniente. La de Santa-Fé está como ocultada 
en las sinuosidades de los rios que la circun- 
dan, y de los cuales uno amenaza seriamente 
su existencia, con la erosión continua prac- 
ticada por sus aguas. Es tiempo de que se to- 
men serias medidas para combatirla. El gobier- 
no nacional, con fecha de 1883, habia dado prin- 
cipio á un malecón; pero si este no se conti- 
núa y no se lleva adelante, será otro tanto tra- 
bajo y dinero perdido, pues el rio le tomará la 
retaguardia y lo echará abajo. 

Y sería lástima! Porque la ciudad de Santa- 
Fé, desdedos ó tres añosa estaparte, está su- 
friendo una transformación completa. Para mí 
que la conocí hace muchos años, cuando era 
todavía una ciudad colonial^ pues la inmigra- 
ción extranjera ni el ferrocarril, ni el buque á 
vapor hablan todavía hecho sentir su acción en 
ella, ha sido una verdadera metamorfosis lo 



— 193 — 

que he presenciado. Los modernos edificios se 
han sustituido ú las vetustas casas de adobe 
perdidas en medio de los naranjos, bajo cuya 
sombra los habitantes dormían una siesta 
perpetua. El silbido denlos vapores y de las 
locomotoras, que se oye en todas direcciones, 
de dia y de noche, ha venido ú interrumpir 
para siempre el silencio que reinaba en los 
claustros déla ciudad casi monacal, que no te- 
nían mas voz que la voz melancólica y monó- 
tona de las campanas predicando la resigna- 
ción y la inacción á las muchedumbres arrodi- 
lladas en las bóbedas sombrías de los templos. 

El mundo moderno, en una palabra, ha sus- 
tituido á la edad medía: esto era inevitable. 

A la fecha no podría De Amicis repetir con 
razón lo que dijo, hace cuatro años: Santa Fé 
es la puerta vieja de un mundo nuevo, porque 
Santa Fé, vuelvo á decirlo, se ha transforma- 
do, se ha transfigurado, ó poco le falta, para 
ostentar de uno á otro estremo la vestidura de 
la ciudad del siglo XIX. • 

Por ejemplo, que se concluya el empedrado; 
pero se lleva adelante con actividad, y he nota- 
do que se trabaja bástalos domingos. ¡Quién 
lo hubiera creído! 

¿Quién hizo todos esos milagros? Indudable- 
mente el ferrocarril, esa palanca irresistible 
de progreso, mas poderosa que la varita má- 
gica de las hadas, mas capaz que aquella de 
improvisar aldeas y ciudades y de hacer sur- 
jir instantáneamente palacios encantados en 
medio de las selvas y de los desiertos. 

Pero el ferrocarril no hubiese venido tan 
pronto sin la inmigración y la colonización. 

Santa-Fé habia empezado á colonizarse antes 
de tener caminos ni puentes; los colonos esta- 
ban, pues, perdidos en la soledad, separados 
del mercado por la inmensidad de las distancias 

13 



— 194 — 

que tenían que isalvar para acarrear los pro- 
ductos. El poblamiento del desierto no podía 
llevarse adelante; quedaba por el contrario 
circunscrito á un radio limitado. 

De ahila necesidad del ferrocarril en todas 
direcciones. Santa-FÍpor un lado, el Rosario 
por el otro van ñ formar el punto de irradia- 
ción de un gran numero de vías férreas. Por 
ejemplo, ya tenemos el ferrocarril de Santa- 
Féá las colonias, que vá directamente ú Es- 
peranza, y se bifurca en Humboldt despi'en- 
diendo un ramal en dirección á Soledad, al nor- 
te de la provincia,— sonmásdecien kilómetros; 
vuelve á bifurcarse en Pilar, desprendiendo 
otro ramal que se dirige á Rafaela y después 
endereza al norte hasta San Cristóbal, donde 
la compañia inglesa de tierras tiene ya una gran 
estancia y va ú fundar una colonia,— son dos- 
cientos kilómetros; el otro ramal continúa en 
dirección al oeste, hasta Josefina, en la frontera 
de Córdoba, y penetra A dicha provincia de- 
biendo llegar á esa capital dentro de pocos 
meses. 

Volviendo á Santa-Fé, tenemos en el piquete 
el ramal que se desprende para Las Tunas, don- 
de empalma con otro ferro-carril que va desde 
ese punto hasta Rafaela, pasando por Pilar, 
mientras el primero, encaminándose al sud^ 
llega á Gesler, donde desprende un ramal para 
Corondo,y llega á Galvez donde se une con el 
ferro-carril de Súnchales á Buenos Aires. 

Todas estas líneas están en actividad, así 
como el ferro-carril de la capital á Colastíné» 
que es el puerto délos buques de ultramar, al 
sud-estedela gran laguna Guadalupe. 

En fin, hay que nombrar el ferro-carril que 
está construyéndose desde Santa-Fé á Recon- 
quista, y í|ue facilitará por consiguiente la colo- 
nización de esa parte de territorio. 



— 195 — 

Agreguemos, antes de dejar el norte, que .el 
ferro-carril debe prolongarse desde San Cristó- 
bal hasta Presidente Roca, en la costa del Ber- 
mejo por un lado, y por el otro hasta Santiago 
del Estero; y que el ferro-carril de Súnchales 
4ebe prolongarse hasta Tucuman. 

Pasemos al Rosario: allí tenemos el ferrocarril 
Central Argentino desde aquel puerto á Córdo- 
ba, el ferrocarril del mismo puerto á Candela- 
ria y á la Cruz Alta en la frontera de Córdoba, 
sobre el Carcarañá con un ramal que, despren- 
diéndose en Candelaria, pasa á San Urbano, 
Venado Tuerto y viene á unirse con el ferro- 
carril Transandino; un ferro-carril proyectado 
desde el Rosario hasta Josefina, y en fin otro 
ferrocarril proyectado desde Pergamino hasta 
la colonia Ortiz, donde se une con el anterior. 

Existe también la intención, según me dijo el 
inspector general deferro-cariles donjuán Lar- 
guia, de unir el ferro-carril de Soledad con el 
de Reconquista. 

Por lo visto, esto formará una red completa 
de ferro-carriles que abarcará todo el territorio 
llevando hasta los puntos mas remotos la activi- 
dad, la vida, la prosperidad. 



El viajero que llega á Santa-Fé puede, pues, 
emprender excursiones al norte,alsud,al oeste, 
según sus necesidades ó sus caprichos, recor- 
rer en un dia centenares de kilómetros y vol- 
ver inmediatamente al punto de partida. El 
ferro-carril ha suprimido las distancias, lo que 
importa una prolongación de existencia para 
el nombre; esta verdad se ha hecho trivial, y no 
quiero repetir todo lo que se ha dicho sobre el 
particular. 

Debido al ferro-carril puede hacerse en cómo- 
do wagón el viaje que en otra apocase ha he- 



— 193 — 

clio á caballo y en canruaje. Con este motivo, 
recuerdo que el doctor donjuán Francisco Se- 
guí, ministro ala fecha del general Pablo Ló- 
pez, tuvo la bondad de servirme de baqueano 
hasta mitad del camiao de la incipiente colo- 
nia «Esperanza». 

Esto pasaba en 1857: iba yo á estudiar la or- 
ganización de aquella colonia para saber á qué 
atenerme sobre otra que se queria fundar en 
Entre-Rios, y me encontré con que no tenia 
ninguna. 

En 1888, el gobernador Galvez se ha servido 
darme un mapa donde figuran todos los ferro- 
carriles y colonias de la provincia, y el minis- 
tro Cafferata, una orden de circulación en to- 
das aquellas. Por consiguiente, he podido ha- 
cer lo mas cómodamente las excursiones de 
que hablaba anteriormente. La primera fué 
para la antigua colonia Esperanza, ó mejor 
dicho, la capital del departamento de las colo- 
nias; pues Esperanza es actualmente una villa, 
una ciudad, donde existen establecimientos in- 
dustriales y comerciales tan fuertes, si no mas 
fuertes que en la misma capital de la pro- 
vincia. 

Luego puede decirse que ía Esperanza no 
ha salido fallida; por el contrario, ha sido reali- 
zada sobremanera; ese plantel que habia visto 
tan pobre; hace treinta años, actualmente es 
un centro de actividad, un emporio de riqueza. 

Esperanza tiene una plaza central de dos- 
cientas varas por cada frente y con alamedas 
laterales y diagonales de paraísos frondosos. 
Al sud de la plaza está la casa municipal que 
ostenta sus columnatas elegantes, y su fron- 
tis griego con alegorías: una ancla puesta de 
arriba abajo y un cable que la envuelve,á estilo 
del caduceo de Mercurio entredós gavillas de 
espigas que forman una guirnalda. Este es el 



— 197 — 

escudo: sostiénenlo un hombre y una mujer, 
el hombre medio anciano, pero vigoroso aún, y 
la mujer una persona de poderosos pechos, 
como dice el poeta Augusto Barbier desfcribien- 
do la libertad: 

C ost une forte femine aux pulssantes mamelles- 

Es una belleza, tal como las pintaba Rubens, 
una belleza flamenca ó suiza, avezada á las 
duras labores de la tierra y fortalecida por 
ellas. Indudablemente el artista quiso simbo- 
lizar de esta manera la personificación de la 
colonia Esperanza, madre fecunda de otras 
colonias que, desprendiéndose del regazo ma- 
terno, fueron á poblar la desierta planicie pi 
sadas hasta entonces inútilmente por la planta 
del indio. 

Las partes inferiores del hombre y de la mu- 
jer terminan en una especie de vegetación, 
como Dafne, cambiada en laurel. ¿Hay que 
buscar un sentido en esa metamorfosis, ó es 
solamente un capricho del artista? 

Sea lo que fuere, la inscripción que se lee en 
el frontis nopuedeser mas significativa, mas 
terminante, pues dice: subdivisión de la pro- 
piedad. 

Imposible esplicarse mas claramente. Los 
fundadores del edificio municipal han plan- 
teado el prt)blema magno de la sociedad mo- 
derna, cuya solución importa el bienestar 
material y moral de todos los hombres indis- 
tintamente. 

Subdivisión déla propiedad: esto quiere de- 
cir democratización de la propiedad aristo- 
crática, la propiedad puesta al alcance de todos 
los trabajadores, de todos los hombres de 
buena voluntad, de corazón puro y de gene- 
rosas intenciones; la condena del régimen de 



— 198 — 

absorción que había establecido el coloniaje, 
del régimen de larionquistaqueha producido 
el pauperismo en las sociedades europeas, y 
que lo produciría también en las sociedades 
americanas, si no se tomasen con tiempo me- 
didas para contrarestar su influencia letífera. 

Mejor que sus hermanas, ó antes que ellas, 
si se quiere, la provincia de Santa Fé, com- 
prendió el alcance déla constitución promul- 
gada en su cabildo en 1853, y trató de darle 
un comentario práctico. Un tercio de siglo 
ha trascurrido desde entonces, y ahí están los 
resultados! 

Los latifundia, los desiertos poblados por 
excepción, han desaparecido para hacer lugar 
á la subdivisión de la propiedad, y allí están 
millares de propietarios, soberanos cada uno 
desu pedazo de tierra, libres como el pampero 
que viene á azotar su frente, los cuales hubie- 
sen vegetado eternamente en el vasallaje de las 
sociedades europeas, porque hasta ahora los 
derechos del hombre y del ciudadano, procla- 
mados por tantas revoluciones, se reducen á 
puras abstracciones, y no han podido pene- 
trar todavía en la esfera de la realidad prác- 
tica. 

La casa municipal contiene también: el juz- 
gado de paz, la oficina de correos y telégrafos y 
una sucursal del Banco Nacional; estas oficinas 
están en el piso inferior. En los altos está el 
salón délas deliberaciones adornado con los 
retratos de los proceres históricos de la Repü- 
blica. Allí es donde se dio un banquete al pre- 
sidente Juárez Celman yásu comitiva duran- 
te su viage á las provincias de Entre-Rios, 
Santa Fé y Córdoba. Todavía se conservan res- 
tos de guirnaldas, de flores y banderas prepa- 
radas para la circunstancial. 



— 199 - 

Subiendo al techo de la casa municipal se di- 
visa un panorama bastante estenso, aunque la 
horizontalidad casi absoluta del terreno en que 
está situada la colonia Esperanza, no permite 
abarcar grandes estensiones y la vista se es- 
trella contra la monotonía del horizonte. Acá 
y acullá aparecen las chimeneas de los moli- 
nos de vapor y las casas ocultas en medio de 
una cortina de paraísos. El paraíso es el árbol 
que predomina en esta colonia y en las de- 
más, advirtiendo que la gran mayoría de los 
colonos son poco afectos á la arboricultura, 
lo que indudablemente es un gran defecto. 



Al este de la casa municipal está la iglesia^ 
que tiene dos campanarios y no ofrece nada 
notable. El cura es un sacerdote italiano, na- 
politano, anciano ya, que se llama Luis Cas- 
tronovoy desempeña este puesto desde hace 
años. Entré á la iglesia mientras predicaba y 
comprendí que su sermón versaba sobre las 
ventajas de la confesión auricular, afirmando 
que el mismo Voltaire en su diccionario fllo- 
sójico, la habla ponderado como una de las me- 
jores instituciones de la iglesia católica. 

Al oeste hay una casa que lleva el letrero 
«Casino Universal», otra casa que es fonda y 
posada con muchas habitaciones, propiedad de 
un colono, el señor Aufranc. Al este, hay un 
molino á vapor, propiedad del señor Sotomayor 
que trabaja dia y noche, pero el edificio mas no- 
table es el del finado señor Guillermo Lehman, 
muy conocido en esta provincia por sus traba- 
jos como colonizador, que está situado en el 
ángulo noroeste con mirador y quinta. 

Las calles tienen veinte varas de ancho. Un 
tramway sale de la estación al sud de la ciudad 



— 200 — 

y recorre la población hasta el molino de Pitté 
fuera de la planta urbana. 



Mientras estaba en «Esperanza» dióse un 
gran banquete de 250 cubiertos al señor Ama- 
do Aufranc, vecino de la colonia, suizo de na- 
cimiento, juez de paz, en agradecimiento de 
los servicios que prestara durante la epidemia 
de cólera. Faltaban entonces los médicos^ el 
señor Aufranc, aplicando- el método Raspail 
suplió esa falta, y puede asegurarse que salvó 
muchas víctimas, no solamente en la colonia 
Esperanza^ sino en las demás, donde envió ayu- 
dantes formqdos por él que le prestaron una 
cooperación poderosa. Es inútil agregar que la 
asistencia era completamente desinteresada: 
aún mas, remitía remedios y dineros á los que 
no lo tenian. 

El señor Aufranc era y es una verdadero fi- 
lántropo: merecía por consiguiente la manifes- 
tación de la cual fué objeto entusiasta. 

Presidian el banquete los presidentes délas 
cuatro sociedades: suiza, francesa, italiana y 
alemana. Llegada la hora de los brindis el Sr. 
Julio Emonet, presidente de la sociedad sui- 
za, abogado^ explicó el objeto de la fiesta en 
una alocución pronunciada en castellano. En 

f)remio délos servicios prestados por Aufranc, 
os vecinos de la colonia le daban una medalla 
de oro^ un cronómetro, su propio retrato dibu- 
jado por un artista de «Esperanza» y un ál- 
bum. 

El señor Aufranc tomó en seguida la palabra 
agradeciendo con emoción la manifestación 
que se le dirigía y protestando que no merecía 
tantos honores. 

Hablaron después los señores Cayetano Mas- 
chiocci, presidente de la sociedad italiana; Ta- 



— 201 — . 

bernig, presidente de la sociedad alemana; Car- 
los Vela^ el cura Luis Castronovo, Enrique 
Quellet, Demaria, corresponsal de periódicos 
argentinos, Enrique Stokler, y en fin su servi- 
dor, á pedido de los Sres. Carlos de Wart^ ne- 
gociante é industrial belga establecido hace 
años en Esperanza, y del señor Emonet. 

Aprovéchela oportunidad para permitirme 
hacerla apología de Raspail^ el sabio eminente 
á quien la química orgánica debe verdaderos 
descubrimientos, y que habia descubierto los 
microbios cincuenta años antes de que la cien- 
cia académica se hubiese dignado reconocer 
su existencia. Raspail era, pues, un precursor, 
y la posteridad le hará justicia, cualquiera que 
pueda ser el valor de su terapéutica. 

En cuanto á Aufranc, dije que habia mereci- 
do bien, no solamente de la colonia, sino déla 
patria y de la humanidad, porque todas las 
partes de la sociedad son solidarias,- y la co- 
lonización que se lleva á cabo en Sud-América 
tiene su repercusión directa ó indirecta sobre 
los destinos de la misma Europa.... 

Este tema se prestarla á muchas considera- 
ciones, pero no quiero abusar de la paciencia 
del lector desarrollándolas actualmente. 
, Entre tanto toda medalla tiene su revés: 
nyientras los vecinos de las colonias discier- 
nen premios á Aufranc, la autoridad, es de- 
cir, la facultad le prohibe que ejerza la medi- 
cina, aun gratuitamente. 

Los doctores en medicina no han variado 
desde los tiempos de Moliere: siguen prefi- 
riendo que uno se muera según las reglas an- 
tes que salvarse contra las reglas. 

Pero aquí me detengo para no incurrir en al- 
guna heregia científica^ cuyo reproche ya se me 
hadirigidoconmotivode mi apología deRaspail. 

Ya lo dije, pero ahora daré mas detalles. 



— 202 — 



XVIII 



¿Guales íaeron los primeros colonizadores? 

Habíame detenido en la colonia «Esperanza» 
que es actualmente cabeza de un departamen- 
to, el de las colonias. • 

Esta colonia no es, como se cree general- 
mente, la primera que se fundó en la Repú- 
blica Argentina, después de la plantificación 
del régimen constitucional, ni fué su fundador 
el señor Aaron Castellanos, el iniciador de la 
colonización. 

El verdadero iniciador fué el doctor Augus- 
to Brougncs, médico en el departamento de los 
altos Pirineos (Francia). Dice este señor en 
un folleto publicado por él con el título «La 
verdad sobre la colonia de San Juan» (pro- 
vincia de Corrientes): 

«Un viaje que hice en 1850 desde Europa al 
Rio de la Plata con la idea de estudiar las con- 
diciones que ofrecía á la inmigración agrícola 
el territorio de este país, me condujo á la em-v 
presa de la obra mas grandiosa y difícil: la ex- 
tinción del pauperismo agrícola europeo que 
cada dia se hace mas profundo •en aquel gran 
teatro social, y se presenta mas invasor bajo 
la acción incesante de la reducción de la pro- 
piedad y aumento de la población, que son los 
agentes poderosos del pauperismo, designa- 
dos con lógica y talento nace mas de sesenta 
años por el célebre viajero Arturo Young y el 
ilustre economista Malthus». 

Movido por esta idea, el Dr.Brougnes publi- 
có en 1851 y 1852 dos escritos titulados: Medio 



- 203 — 

de enriquecerse por el cultivo del suelo en la Re- 
blica del Uruguay y colonjsiacion agrícola en las 
provincias del Plata. 

Estas publicaciones, dice el aulor^ aparecie- 
ron en los momentos en que grandes aconteci- 
mientos y la agitación de la guerra absorvian 
los espíritus en las riberas del Plata. Sin em- 
bargo, no tardaron mucho en fijarla atención 
de los hombres de estado que la batalla de Ca- 
seros elevó alpoder. Comprendieron al instan- 
te estos hombres inteHgentes y patriotas que 
la obra de la colonización en las provincias del 
Plata por familias agrícolas europeas, bien or- 
ganizada y sobre todo exactamente ejecutada,, 
es y será siempre la poderosa palanca econó- 
mica de prosperidad y de grandeza en estas re- 
giones aunque digan lo contrario algunos es- 
píritus superficiales y prevenidos. 

«Mientras tanto, la idea de la colonización 
hacia progresos en las provincias del Plata y 
llegó á ser una preocupación del momento. 
En los primeros dias del mes de Mayo de 1852, 
el señor don Luis J. de la Peña, ministro del 
director provisorio de la confederación, gene- 
ral Urquiza, me propuso en Montevideo un 
vasto proyecto de colonización para la provin- 
cia de Buenos Aires y me pidió que le prepa- 
rase bases de un contrato para dirigirle al se- 
ñor don Vicente López, gobernador entonces 
de la Provincia de Buenos Aires. 

«Pocos dias después el señor Pujol, ministro 
del gobernador de Corrientes, general Viraso- 
ro, me hacia buscar en Montevideo y solicita- 
ba mi concurso para establecer colonias agrí- 
colas en aquella provincia.» 

A consecuencia de aquella propuesta, el Dr. 
Brougnes fué á visitar aquel territorio, y el 
resultado de su exploración fué la celebración 
de un contrato de colonización con el gobierno 



- 204 - 

del doctor Pujol, sucesor del general Virasoro. 
Ese contrato, el primero, dice Brougnes, de 
esta naturaleza que ha aparecido en las provin- 
cias del Plata, fué firmado el 29 de Enero de 1853^ 
y aprobado el 12 de Diciembre de 1854 por el go- 
bierno nacional r^^cien organizado. Firmas: 
Urquiza y Juan Maria Gutiérrez. 

El contrato tenia por objeto la colonización 
del territorio de Misiones. 

Posteriormente, el mismo gobierno de Cor- 
rientes celebró otro contrato de colonización 
con el señor John Lelong. 

Entretanto el Dr. Brougnes, confiando en el 
cumplimiento de las promesas estipuladas, 
se habia embarcado para Europa, donde l.izo 
una nueva publicación para apoyar la propa- 
ganda titulada; «Extinción del pauperismo 
agrícola por medio de la colonización en las 
provincias del Plata, seguida de una reseña 
geográfica, comercial é industrial». 

Según ese contrato, el gobierno correntino 
permitía al doctor Brougnes traer al territo- 
rio de aquellas mil familias aparentes para el 
efecto indicado, compuestas cada una de cinco 
personas, cuya conducción debia ser de cuen- 
ta del señor Brougnes, advirtiendo que, si el 
gobierno de Corrientes tuviera un vapor en 
algún punto de la República Argentina, de la 
propiedad de la provincia á la llegada de las 
familias al Rio de la Plata, lo haria poner á la 
disposición del señor Brougnes ó de su apode- 
rado para remolcar los buques de conducción 
hasta el destino de la explotación. 

Las familias' debian componerse de indivi- 
duos varones, capaces de trabajar, de diez años 
cumplidos por lo menos, siendo admisibles 
como supernumerarios los hijos de menor 
edad de los matrimonios. 

Las familias debian introducirse por grupos 






— 205 — 

de doscientas á la vez en el espacio de dos 
años, y el todo en el término de diez, de- 
biendo cada grupo formar una colonia, y es- 
tablecerse todas en el territorio dicho de Mi- 
siones, en los parajes escojidos por el señor 
Brougnes. 

El gobierno de Corrientes adjudicaba á cada 
familia agrícola veinte cuadras cuadradas, 
cuya suerte ó porción de terreno quedarla á 
los cinco años, de la propiedad absoluta de 
cada una de ellas en retribución de las ven- 
tajas que se prometía de su industria para el 
país. 

Cada colonia debia poblarse en dos secciones 
de cien familias cada una, enfrentadas, ocu- 
pando cien cuadras, distante una de otra tres 
cuadras de latitud, cuya área intermedia po- 
dría ser vendida por el gocierno de Corrien- 
tes á las que quisiesen edificarla, con el fin 
de aumentar la población colonial, quedando 
convenido que la mitad del producto dd las 
ventas pertenecerían al erario de la provincia 
y la otra mitad á una caja comunal que se 
formarla en la colonia con destino á sus ade- 
lantos públicos y declarándose del mismo ca- 
rácter la porción de los terrenos resultantes 
entre las porciones coloniales y las márgenes 
de los rios. 

El gobierno de Corrientes cedia también en 
beneficio comunal de cada colonia cuatro le- 
guas cuadradas de terreno á mas de las cir- 
cunsferencias de las porciones coloniales hacia 
el interior del territorio de la provincia, cuya 
porción no podría enagenarse por nadie. 

El gobierno debia facilitar para el estableci- 
miento de cada familia una casa ó rancho de 
madera compuesta de dos piezas cuadradas de 
cinco varas por cada lado, una de las cuales 
tendría una puerta y la otra una ventana, toda 



— 206 — 

ella del valor de cincuenta patacones, y debía 
proporcionar también seis barricas de harina, 
cada una de ocho arrobas, semillas de algo- 
don y de tabaco, para sembrar una cuadra de 
cada una, cuatro fanegas de trigo y cinco de 
maíz para el propio fin y plantas de caña dul- 
ce como para sembrar una cuadra; asimismo 
doce cabezas de ganado, á saber: dos bueyes 
para labrar, ocho vacas para criar y dos caba- 
llos para trabajo de labranza. 

Las especies mencionadas debian ser de- 
vueltag á los dos años de su entrega, previ- 
niendo que si las cosechas de los colonos fue- 
sen malas en ambos períodos, el reintegro no 
se veriflcaria sino á los tres, pero entonces la 
operación del grupo siguiente no tendría efec- 
to tampoco á los dos años sino á los tres, 
porque seconvenia en que los adelantos hechos 
ala primera colonia debian servir de elementos 
para el establecimiento de la segunda, los de 
est^ á la tercera y así sucesivamente hasta 
que el estado se reembolsara de la última su- 
ma desembolsada por una sola vez, la cual se 
pagarla en dinero á razón de doscientos pata- 
cones por cada familia. 

Los colonos debian desmontar los terrenos 
que se les adjudicaran, debiendo cada familia 
cultivar la mitad con sembrado de algodón, 
tabaco, caña dulce, trigo y maíz, quedando la 
otra mitad para utilizarla con la industria que* 
mejor les pareciere. 

Las colonias debian tener un juez de paz 
nombrado por el gobierno de entre los mis- 
mos colonos ó de los hijos del país, desem- 
peñando su oficio conforme á las leyes de la 
provincia. 

Los colonos tenían el derecho de nombrar 
una comisión colonial de diez individuos de 
la misma colonia cuya incumbencia sería el 



— 207 — 

servir de consejo al juez de paz en casos pre- 
cisos, votar la suma de fondos invertibles en 
algún objeto público colonial, y representar 
al gobierno la conveniencia ó necesidad de me- 
joras justas y posibles. 

Debian ejercitar su industria libremente, 
con sujeción, sin embargo, á las leyes del 
país. 

Durante el término de cinco años queda- 
ban esceptuados de todo impuesto personal^ 
mueble é inmueble, debiendo los derechos de 
importación ó de exportación ser los mismos 
en las colonias que en las demás localida- 
des. 

Quedaban los colonos esceptuados del ser- 
vicio militar, pudiendo solo organizarse en 
guardia cívica nacional para la propia defen- 
sa y la seguridad del óraen en la colonia; pero 
sin salir á mas de una legua de la circunferen- 
cia determinada por el plan colonial. 



Tales eran las estipulaciones de ese primer 
contrato de colonización, que tuvo muchos 
imitadores. 

«El entusiasmo por la colonización^ dice el 
Dr. Brougnes, se apoderó de los hombres de 
estado del Rio de la Plata en los años de 1853, 
1854 y 1855, y los llevó á emprender á la vez 
demasiadas operaciones de este género. Des- 
pués de nuestro contrato con el gobierno de 
Corrientes, vinieron los de M. Lelong, Caste- 
llanos, Van-Derest, Buschental, Bruland, Pou- 

cel yo habia rastreado la liebre y todo el 

mundo la corría después; mi contrato publi- 
cado por los diarios del Rio de la Plata excitó 
la veleidad de todos; una nube de proyectos 
de colonización cayó en las oficinas del gobier- 
no argentino; casi todos fueron aceptados y 



— 208 — 

ninguno fué observado. Sumas considerables 
fueron empleadas. Mejor hubiera sido atener- 
se á una sola operación aun en clase de ensa- 
yo, reducirla aun, pero asegurando el éxito y 
remediando los incidentes, sobre todo cum- 
pliendo religiosamente las obligaciones del 
contrato. 

«Este suceso hubiera resonado en Europa 
y dado prestigio é la operación. Entonces sí 
se hubiese visto acudir espontáneamente las 
familias agrícolas hacia los alrededores de este 
primer establecimiento. La palabra Misiones 
hubiese sido un segundo talismán californien- 
se; entonces sí se habría podido, abandonar á 
la emigración agrícola espontánea al porve- 
nir de la colonización en las provincias del 
Plata » 

¿Por qué y cómo fracasó este primer ensa- 
yo de colonización? No es este el momento de 
repetir la lamental)le historia referida por el 
Dr. Brougnes, cuya responsabilidad este señor 
hace recaer sobre el gobierno correntino de 
aquella época. Actualmente estamos en Santa 
Fé y no en Corrientes. Mi objeto, al citar este 
antecedente, fué solamente hacer arrancar la 
historia de la colonización de su verdadero 
punto de partida. 

Vuelvo ahora á la colonia Esperanza. 

El gobierno de Santa Fé celebró con el se- 
ñor A. Castellanos un contrato parecido al de 
Brougnes. Trasladóse ese señor á Europa para 
darle cumplimiento. Tras de muchos pasos 
largos y repetidos, y mediante anticipos con- 
siderables que consintió en hacer para pagar 
en gran parte el pasaje de los colonos, consi- 
guió juntar el número de doscientas familias 
(lue le prescribía su contrato para formar la 
primera colonia. 



— 209 — 

• 

. La mayoría de esas familias eran suizas. 
Eran, dice el señorearlos Beck Berna rd en su 
libro sobre la República Argentina (Lusanne, 
1865) en su mayor parte menesterosas, de las 
cuales las comunas, aprovechando una opor- 
tunidad escepcional, se apresuraban á librar- 
se por una cantidad inferior á la que debían 
pagar para enviarlas á Norte América. Habia 
también un número regular de saboyanos y 
algunas familias de Hese y del norte de Fran- 
cia. 

En el mes de Diciembre de 1855, el primer 
buque dé colonos dejaba el puerto de Dun- 
, kerque; las otras remesas se sucedieron rápi- 
damente en los primeros meses de 1856, y las 
doscientas familias llegaron & Santa Fé casi 
todas á un tiempo. 

Tengo á la vista varios ejemplares del con- 
trato celebrado entre el señor don Aaron Cas- 
tellanos y las familias de inmigrantes; está 
formulado en tres idiomas, castellano, francés 
y alemán. 

Una familia se compromete, se obliga, ha- 
ciéndose solidarios todos sus miembros á ir y 
trasportarse á la ribera del Paraná ÍRio de la 
Plata) el lugar de la colonización ínaicada por 
el gobierno de Santa Fé. 

Por su parte el señor Castellanos, agente 
autorizado por el gobierno de Santa Fé, se 
compromete y se obliga á adelantarle la can- 
tidad d*e mil doscientos francos que pagará 
á los señores Becí: Herzog, quienes están en- 
cargados de fletar el buque en que aquella 
hará el viaje. 

El adelanto hecho por el señor Castellanos 
forma el complemento de la suma que aquella 
destina á sus gastos de viaje hasta llegar al 
punto de la colonización. 

La familia se obliga á reembolsar aquella 

14 



— 210 — 

suma en tres plazos, es decir, en tres años, 
contados desde la Jlegada á la colonia, y á pa- 
gar también anualmente el interés de la suma 
al premio del 10 por ciento al año. 

La familia se obliga también á pagar por el 
pasaje desde el puerto del desembarque en 
la Confederación hasta la colonia la cantidad 
de treinta francos, en el caso de que el gobier- 
no no lo dé gratuitamente. 

El gobierno de Santa Fé adelanta con car- 
go de reembolso: siete vacas y un toro— dos 
bueyes y dos caballos de labor— seis barricas 
de harina de ocho arrobas— semillas de papas, 
de maní, tabaco, algodón, trigo; maíz en can- 
tidad suficiente para curtivar diez cuadras 
(16 1(2 hectáreas) durante el primer año— una 
casa compuesta de dos habitaciones de cinco 
metros mas ó menos cada una— debiendo todo 
aquello avaluarse en doscientos patacones (l 000 
francos) pagaderos en dos años, sin interés, y 
con un año mas de plazo, en caso de fallar las 
cosechas. 

La familia se obliga á partir con el señor 
Castellanos los productos de su cosecha en 
estado de exportación y de recibo, á razón de 
un tercio para dicho señor Castellanos y dos 
tercios para ella durante cinco años á contar 
desde el dia de su arribo á Santa-Fé, bien en- 
tendido que los productos de los animales que 
ella crie, serán de su propiedad esclusiva; ala 
espiración del término de cinco años, la fami- 
lia será propietaria absoluto de la casa, ani- 
míiles y terreno. 

En caso de dejar la colonia, la familia podrá 
ceder las ventajas concedidas por el presente 
contrato á otra familia, compuesta también de 
cinco personas, y en caso de hacerlo sin cum- 
plir esta cláusula,- será responsable de los re- 
clamos que podrán hacerse por el gobierno 
argentino ó por el señor Castellanos. 



— 211 — 

La familia debia proveerse de vestidos, de 
utensilios de cocina, de útiles é instrumentos 
de labranza. 

Cada familia debia cultivar la mitad^de las 
veinte cuadras, utilizando la otra mitad con 
lo que creyese mejor. 

«Ademas, dice el contrato que reproduzco 
literalmente, de las tierras concedidas á cada 
una de las doscientas familias que deban for- 
mar la expedición, es adjudicada á beneficio 
de todas,' y al contorno de la colonia, una su- 
perficie de cuatro leguas cuadradas ó seis mil 
cuatrocientas cuadras cuadrabas, cuya pro- 
piedad no podrá ser vendida por ningún precio 
y quedará para beneficio común de la dicha 
colonia. 

«Como después de estas doscientas prime- 
ras familias partirán todavía ochocientas mas, 
cada grupo de doscientas familias (ó mil indi- 
viduos), formando una colonia separada, debe- 
rá ser establecida á una distancia de cien 
cuadras la una de la otra y el terreno inter^ 
mediarlo será vendido mitad por cuenta del 
gobierno y mitad por cuenta de la colonia.» 
' Las demás disposiciones relativas á la admi- 
nistración interna de la colonia, justicia, co- 
misión colonial, libertad de industria, contri- 
buciones, servicio militar, etc., están calcadas 
sobre el contrato celebrado por el Dr. Brou- 
gnés con el gobierno de Corrientes. 



Tal es el contrato al cual debe su origen la 
colonia «Esperanza» y puede decirse toda la 
colonización de Santa Fé. |Cómo se llevó á 
cabo, por qué caducó definitivamente? Son co- 
sas que trataré de esponer mas adelante. 



RssBfia histórica de la colonia "Esperania" 

Para saber el efecto que produjo en Santa-Fé 
la llegada de los primeros inmigrantes, vamos 
á consultar ú un historiador de la colcyiizacion, 
actor él mismo, y de los mas Jieneméritos en 
esa obra granujosa. Habla el señor don Curios 
Beck Bernard: 

« La población de esa ciudad tranquila y dor- 
mida estaba poco acostumbrada á ver ó un es- 
trangero llegará su recinto; para ella el con- 
trato votado por sus represen.tantes y firmado 
por su gobernador, no pasaba de una utopia, 
de un homenaje ttibulado por la fama ¿algu- 
nos escritores y oradores que procuraban po- 
pularizar la idea de colonización, pero siendo 
en el fondo una idea que jamás llegaría & rea- 
lizarse. Grande fué, pues, la sorpresa cuando 
se vio entrar en el puerto unas goletas erizadas 
de cabezas, y cuando ratos después la playa se 
llenó de hombres, de mujeres y de niños, en 
blusas, con gorros valesanos, cuyos modales y 
andar algo pesados contrastaban con las cos- 
tumbres flexibles y corteses del país. La lle- 
gada de los primeros colonos ha quedado 
impresa en el recuerdo, como un suceso no- 
table. 

«Un hombre solo comprendió, desde la pri- 
mer mirada, el alcance inmenso que debia 
it'iior para el porvenir de su país la circuns- 
Uincia que para los demás excitaba únicamen- 
te la sorpresa y la curiosidad. Era este el 
gobernador don José Maria Cullen, patriota 
ilustrado y generoso. 



— 213 — 

Asumiendo por si solo la tarea de subsanar 
la incuria que hiciera descuidar hasta ese mo- 
mento todos los preparativos que según los 
mismos contratos, debian haberse hecho con 
anticipación para la instalación de los colo- 
nos, tocó todos los resortes para recibirlos 
del mejor modo posible; improvisó localida- 
des para abrigarlos, puso á su disposición 
todos los recursos de que podia disponer, y 
cuando faltaban los recursos del Estado, los 
suplia con su fortuna personal. 

«Tan pronto como el terren© en que se que- 
ría establecer la colonia fué elejido y mensura- 
do, transportáronse los colonos. Era esta una 
estensa pradera situada mas allá del rio Sa- 
lado y rodeada al norte y al sud por unía her- 
mosa selva. Eee sitio déla colonia «Esperan- 
za» está distante siete leguas mas ó menos al 
noroeste de Santa-Fé. 

« Según el contrato, los colonos debian en- 
contrar chozas construidas; pero consideran- 
do las circunstancias, no pudo el gobierno 
hacer otra cosa que- darles los materiales y 
una cantidad para la construcción. 

« El gobernador Cullen visitaba la colonia 
cada domingo y mas á menudo cuando sus 
ocupaciones se lo permitían, atendiendo á 
todo hasta los menores detalles, informándose 
personalmente de la posición y délas necesi- 
dades de cada familia, procurando en lo posi- 
ble los medios de satisfacerlas; en una palabra, 
lá colonia había llegado á ser su primera 
atención y su interés sobresaliente. 

«Desgraciadamente las numerosas relacio- 
nes de amistad que Cullen tenia en Buenos 
Aires lo hicieron sospechoso á Urquiza, quien 
temia muy infundadamente, que en las desa- 
venencias suscitadas entre la Confederación y 
Buenos Aires, el gobernador de Santa-Fé se 



— 214 — 

plegara á la provincia disidente. Cullen fué 
pues derribado por don Juan Pablo López, 
hermano del famoso general Estanislao Ló- 
pez, y jefe del partido campesino. Verificóse 
la revolución en ese mismo año de 1856, que 
había visto la llegada de los colonos, y á las 
pocas semanas de su instalación. 

« El nuevo gobernador no se manifestó hos- 
til á la colonia; pero distaba mucho de com- 
partir por ella el entusiasmo y el cariño de 
su antecesor. Las reparticiones de animales 
y de semillas que quedaban todavía por hacer- 
se dejaron mucho que desearen los pormeno- 
res de la ejecución; muchas familias jamás 
recibieron las vacas prometidas, y para evitar 
los embarazos y el peligro de disolución, que 
podian haber sobrevenido, si los colonos se 
hubiesen visto privados de su primer cosecha 
de trigo, vímosnos precisados (el autor habla 
de la sociedad Beck y Herzog, fundadora de la 
importante colonia «San Carlos») á repartirles 
nosotros mismos la semilla que no les diera 
el gobierno, 

« El objeto del señor Castellanos, al fundar 
la colonia, habia sido sin duda, hacer una obra 
útil á su país. Sin embargo, habia procura- 
do ante todo hacer una especulación, y no 
habia vislumbrado todas las dificultades de 
una empresa semejante; especialmente, no ha- 
bia atendido á las necesidades morales é inte- 
lectuales de una sociedad por formarse. Acos- 
tumbrado áver establecerse estancias, que se 
desarrollaban por sí mismas por la simple 
introducción, en un punto cualquiera de la 
pampa, de uno ó varios millares de animales, 
creía candidamente que pasaría lo mismo con 
los hombres, y que, para fundar una colonia, 
bastaba con irá buscar familias en Europa y 
transportarlas en medio del campo deSanla-Fé. 



— 215 — 

Pensaba que todo iría de por sí, que las cose- 
chas serian abundantes, y que la tercera parte 
que le correspondía, según el contrato, le su- 
ministraría una entrada magnífica. La admi- 
nistración que puso en la colonia no tenia mas 
objeto que atender á los intereses personales 
del empresario ; luego no hay que admirarse 
que no se propusiera grangearse el respeto y 
las simpatías de los colonos. 

<( No tardaron las ilusiones del señor Caste- 
llanos en disiparse delante de la realidad. 
Viendo que su fortuna, invertida en hacer 
adelantos á los cplonos, quedaba gravemente 
comprometida, apresuróse en entrar en arre- 
glos con el gobierno Nacional, residente ó la 
fech^en el Paraná, y encontrando en él las me- 
jores disposiciones á favor de todo cuanto pro- 
pendía á aumentar la inmigración, consiguió 
hacerse reembolsar sus erogaciones, sustitu- 
yendo al gobierno como acreedor para con los 
colonos. 

« Fué la consecuencia inmediata de este 
arreglóla supfesion de la administración del 
señor Castellanos y la rescisión de la obliga- 
ción para los colonos de entregar la tercera 
parte de sus cosechas. Quedaron subsistentes 
las deudas por anticipos de viaje, pero sin exi- 
jirse; y algunos años mas tarde el gobierno 
declfitfó abandonarlas formalmente. 

(El señor Castellanos recibió del gobierna 
nacional la cantidad de 110,000 pesos; es decir 
40,000 pesos por sus gastos y 70,000 á título de 
indemnización). 

« Las autoridades dé Santa-Fé entregaron la 
dirección de la colonia, abandonada por el se- 
ñor Castellanos, á un francés, el señor Adolfo 
Gabarret, de Bayona, individuo de inteligencia 
superior, muy conocedor de los hombres y de 
los negocios, que fué nombrado juez de paz y 



— 216 — 

administrador, y que, por su prudencia, su 
imparcialidad, su dedicación á la idea de la 
colonización, ha contribuido mucho para el 
mantenimiento y la conservación de ese esta- 
blecimiento, cuya ruina hubiera cortado de 
raiz toda nueva empresa de la misma clase. 

« Efectivamente, hay que confesarlo, al prin- 
cipio, los colonos de Esperanza tuvieron que 
luchar con grandes dificultades. Durante cua- 
tro años consecutivos, vieron sus chacras 
invadidas por la langosta; lo que quedaba de 
sus cosechas no bastaba siempre para su ma- 
nutención, y la miseria era grande en la mayor 
parte de las familias. Los que pudieron de- 
jar la colonia, para buscar trabajo en otra 
parte, lo hicieron; otros, en gran número, 
empezaron á hacer carbón en las selvas in- 
mediatas, imitando á la gente del país. Esta 
industria reaccionó de un modo desfavorable 
sobre la agricultura y contribuyó para aumen- 
tar la desmoralización de los colonos. Los 
carboneros venden muy bien su mercancía, 
cuya materia prima nada les cuesta y reciben 
de este modo una regular cantidad de dinero 
á la vez, y la mayor parte del tiempo gastan 
este dinero en los bodegones, antes de volver á 
encontrar el camino de su casa. 

« Sin embargo, á pesar de las crisis y de los 
des?ílientosde los primeros años, la colonia 
Esperanza está actualmente (1865) en completa 
prosperidad. Según una estadística oficial, 
publicada con fecha del 30 de noviembre de 
1864, cuenta 1560 habitantes. El número de 
las familias es de 3^ mas ó menos, siendo 

{)rotestante una tercera parte. El ganado de 
a colonia alcanzaba 6 8324 animales vacunos, 
1570 caballos y 686 carneros, lo que importa 
por término medio 23 animales vacunos y de 
4 á 5 yeguarizos. 



— 217 — 

« En el centro de la colonia está levantándo- 
se, en una hermosa plaza cuadrada plantada 
de árboles jóvenes, un edificio grande de la- 
drillos, cuya altura sobrepasa con mucho la 
de las demás casas; es esta la iglesia católica, 
que inaugurada hace dos años mas ó menos y 
que está inconclusa, pero que se completará 
mas tarde con un campanario y las partes 
laterales, dando al edificio la forma de una 
cruz. 

«Los protestantes no están tan adelantados. 
Sin embargo, en agosto del año ppdo., pudimos 
presenciar una ceremonia solemne, presidida 
por el pastor Goodfellow, de Buenos Aires y 
que tenia por objeto poner la primera piedra 
de uq edincio que contendrá una habitación 
conveniente para el pastor y un estenso salón 
de escuela, en que se celebrará el culto hasta 
que los colonos estén en aptitud de edificar un 
templo propiamente dicho. Según el plan que 
hemos visto, este edificio quedará ancho, có- 
modo y de muy buen gusto. 

« La colonia Esperanza ofrece ya un cuadro 
mas animado que la misma ciudad de Santa- 
Fé ; uno ve circular allí ginetes de todo sexo 
y de toda edad, así como los carros de aldeano, 
al estilo suizo, con caballos enganchados por 
el collar. 

« Desgraciadamente los bodegones toman 
una gran parte en esa actividad; sin embargo, 
ademas de esos despachos de bebidas critica- 
bles, se cuentan cmco ó seis almacenes de 
regular importancia, con molino á vapor, un 
molino de viento, varias tahonas, así como re- 
presentantes de todos los oficios. En momen- 
tos de marcharnos nosotros, estaba proyec- 
tándose el establecimiento de otro molino á 
vapor. 

« Es, para nosotros, la colonia Esperanza la 



— 218 — 

prueba mas evidente de las ventajas que ofre- 
ce el país para la colonización- Compuesta, en 
su gran mayoría de los elementos mas degra- 
dados y los menos laboriosos; entregada al 
apoyo de un gobierno cuyos recursos no igua- 
laban la buena voluntad, y que no pudo cum- 
plir sino una parte de las promesas del con- 
trato, constantemente espuesta ü los ataques 
de la langosta hasta 1859; teniendo con todo eso 
que hacer un aprendizaje de agricultura en un 
país nuevo del todo, parece que todas las cir- 
cunstancias se hubieran mancomunado para 
hacer su existencia imposible, y sin embargo, 
hoydia, á los ocho años escasos de su funda- 
ción, es decididamente una de las colonias mas 
florecientes de Sud-América. 

« Don José María Cullen, sin cuyo celo y pre- 
visión es probable que jamás la colonia Espe- 
ranza hubiese llegado á formarse, tuvo la 
satisfacción de contemplar con sus propios 
ojos el fruto de su dedicación . Habiendo deja- 
do Santa-Fé en 1856, á consecuencia de una 
revolución, como ya dijimos, no le gustaba 
regresar, mientras estuviese en el poder el 
partido que lo derrocara. Pero habiendo en 
1862 pasado ek gobierno á las manos de uno de 
sus hermanos, don Patricio Cullen, dejóse lle- 
var don José María por el deseo de volver & ver 
el suelo natal. Fué su primera visita para la 
colonia Esperanza. Los colonos, que habían 
sabido su llegada, le levantaron arcos de triun- 
fo y adornaron con flores y follaje el camino 
por el cual tenia que pasar. Hemos presencia- 
do esa acogida entusiasta, y hemos visto el 
hombre benemérito á quien se dirigía conmo- 
vido hasta las lágrimas por esas manifestacio- 
nes apasionadas y enternecedoras. 

«A inmediaciones de Esperanza, el señor 
Cullen veía á dos hermosas colonias, San Car- 



— 219 — 



los y San Gerónimo, que eran la consecuencia 
de aquella y podía contar otras en el país. » 



Hasta aquí el señor Beck. Hace casi un 
cuarto de siglo que esas líneas fueron escritas 
y las he reproducido integralmente para hacer 
ver al lector cuales eran las dificultades con- 
tra las cuales habia tenido que luchar la colo- 
nización en Santa-Fé, antes de alcanzar la her- 
mosa realidad que presenciamos actualmente 
y también para dar & conocer los verdaderos 
obreros beneméritos de la primera hora, los 
que merecen realmente vivir en la memoria de 
la posteridad agradecida. 

Ahora salvemos el intervalo del cuarto de 
siglo que ha trascurrido des4e esos tremen- 
dos momentos de prueba, y consultemos á 
los historiadores contemporáneos de la misma 
colonia. 

El señor doctor Jonás Larguia, inspector de 
colonias que fué director de la oficina de esta- 
dística, escribía en 1884: 

Los valores que forman la riqueza agrícola 
(de Esperanza) han sido avaluados el año pasa- 
do en la suma de dos mülones de pesos fuertes^ 
y es el centro mas importante en comercio ó 
industria en el territorio del Oeste. 

« Resulta de las ciffas expresadas, que cor- 
responde á cada habitante de Esperanza un 
capital medio de 606 pesos fuertes sin tomy 
en cuenta los valores de lascasasde negocio y 
establecimientos industriales que no han sido 
computados. 

« Nos hemos detenido con placer, agrega el 
señor Larguia, en referir algunos episodios 
históricos de la colonia Esperanza de los cua- 
les hemos sido testigos oculares, por que ella 
es el punto de partida de la colonización santa- 



— 220 — 

fecina; y para demostrar ademas á los que 
deploran la protección que los gobiernos han 
concedido á la inmigración estranjera, que el 
aumento asombroso de la población agrícola 
en esta provincia se ha obtenido con grandes ? 

sacrificios y perseverancia por parte de los 
gobiernos, durante los diez primeros años, y 
aun de muchos particulares, que han fundado 
colonias con pérdida de su tiempo y de su 
fortuna en muchos casos. » 

En el número de estos hay que nombrar en 
primera línea al señor don Carlos Beck-Ber- 
nard, fundador de la colonia «San Carlos», re- 
tirado actualmente á Europa, donde vive pobre 
y tristemente, arrastrando su penosa existen- 
cia de anciano y de enfermo. 

El señor P. Bouchart, también inspector de 
colonias, escribía posteriormente. 

La estension territorial de esta colonia cons- 
ta de cinco mil* cuatrocientas cuarenta cuadras 
superficiales ó sean doscientas setenta y dos 
concesiones de veinte cuadros cuadradas. 

La población es aproximadamente de seis- 
cientas sesenta y cinco familias, con un núme- 
ro de cuatro mil personas,de las que dos mil son 
argentinas, siendo copiprendidas en ellas los 
hijos de extranjeros nacidos en el país. 

Hay 1000 italianos, 250 franceses, 400 alema- 
nes, 250 suizos, 10 ingleses, 15 belgas, 30 es- 
pañoles, 45 individuos de varias otras nacio- 
nes. 
• Hay 3250 católicos y 750 protestantes. # 

Los sembrados alcanzan á 4200 cuadras, tri- 
go, lino, cebada, porotos, papas, alfalfa, y otras 
semillas. 

El terreno alambrado es de tres mil cuadras 
cuadradas. 

Hay 13,530 animales vacunos, yeguarizos^ 
porcinos, lanares. 



— 221 — 

Hay 2376 instrumentos de labor, 749 ve- 
hículos, 662 edificios, 180 casas de negocio y 
de industria, 5 molinos á vapor, 9 máquinas 
de trillará vapor, 40 depósitos de granos. 

Las plantaciones se representan por 2000 
pies dej)arras, 235 moreras y 500,000 árboles 
para lena y madera. 

Ya dije anteriormente que el paraíso es el 
árbol que predomina; esto se esplica porque 
tiene la gran ventaja de no ser atacado por la 
langostQ. 

El Sr. Bouchart hace la observación siguien- 
te: «No dejaré de llamar la atención sobre la 
cantidad de animales existentes en esta colo- 
nia, y á primera vista parece imposible que 
13,500 animales de distintas clases puedan es- 
tar en solo 1200 cuadras de pastoreo que nos 
quedan, pero hay que tener presente que tene- 
mos cien cuadras de alfalfa, treinta de cebada, 
que los cinco molinos producen diariamente 
tres mil quinientos quintales de afrecho, el 
cual es siempre vendido á los colonos para 
la mantención de sus animales, que la ma- 
yor parte están cuidados á pesebre.» 



El doctor Gabriel Carrasco, en su obra nota- 
ble «Descripción geográfica y estadística de la 
provincia de Santa-Fé», premiada en la ex- 
posición continental de Buenos Aires y por el 
gobierno nacional argentino, atribuye á la 
ciudad de Esperanza 4500 habitantes. 

Actualmente el mismo señor está preparan- 
do la publicación del censo general de la pro- 
vincia de Santa-Fó, donde encontraremos los 
datos mas modernos y mas fidedignos sobre 
el estado y composición de la «colonia». 



— 222 



La inspección de colonias ha sido suprimida 
y refundida en la oficina de estadística. 



Las citas queacabo de hacer manifiestan los 
adelantos extraordinarios de la colonia Espe- 
ranza. Sin embargo, la verdad me obliga á de- 
cir que este año no ha sido bueno para esa 
colonia ni para las colonias en general, y con 
este motivo me permitiré una crítica, agre- 
gando que al emitirla, no hago mas que repe- 
tir lo que he oído decir en todas partes: 

Los colonos de Santa-Fé se dedican casi es- 
clusivamente al cultivo del trigo; parece que 
no conocieran otro. 

El mismo maíz no lo cultivan sino en escala 
diminuta; hablan empezado á sembrar liao, 
pero parece que van abandonándolo. Resulta 
que si falta la cosecha del trigo, la crisis se 
declara en todas las colonias,- primeramen te eji 
las casas de negocio que fiaron á los colonos 
y que no pueden reembolsarse de sus antici- 
pos y después en los molinos que no tienen 
grano que moler. De ahí las quiebras. 

Pero el cultivo y la cosecha del trigo re- 
quieren cuando mas cinco meses al año, y 
iqué hacen los colonos durante el resto del 
anot 

Esta observación, tuve ocasión de hacerla en 
presencia de las colonias ruso-alemanas de 
Entre-Rios, y me veo en la obligación de repe- 
tirla en presencia de las colonias cosmopolitas 
de Santa-Fé, donde predomina mucho el ele- 
mento italiano. 

Silos colonos siguen cultivando exclusiva- 
mente el trigo, una crisis me parece inevita- 
ble en el porvenir: ya los agricultores argen- 
tinos producen de sobra para el consumo local; 



— 224 — 

luego hay que acudir á Ja exportación. Pero 
allí encontramos la competencia de los demás 
países productores^ los Estados-Unidos, el Ca- 
nadá, la Rusia meridional que produce mon- 
tañas de trigo. Ahora hay que añadir el In- 
dostan donde la mano de obra es casi gratui- 
ta, y donde los ingleses en^pezaron á cultivar- 
lo también en escala mayor, pudiendo dispo- 
ner de millones de operarios. 

Entretanto Francia pone un derecho de en- 
trada álos cereales extranjeros para protejer 
á sus agricultores; Italia hará lo mismo y el 
mercado europeo quedará restringido por lo 
menos, sino cerrado. 

No sé si me equivoco, pero me parece que 
esta situación merece llamar la atención de 
los economistas y de los estadistas argentinos. 
No basta llamar, no basta traer inmigrantes y 
más inmigrantes; es preciso considerar tam- 
bién los resultados de esta introducción ex- 
traordinaria de brazos exóticos, que podría ser 
contraproducente, si no se tomasen medidas 
de antemano para normalizar la producción 
nacional. 

Habría mucho que decir sobre el particular, 
pero no quiero que se me clasifique de pesi- 
mista. 



— 225 — 



XX 



Escnrsion al través de las colonias—De Esperanza á 

San Griotobal 



La sucesión cronológica me obligaría á hacer 
ahora la historia y la descripción de las colo- 
nias San Carlos y San Gerónimo que son las 
que siguieron inmediatamente á la colonia 
Esperanza, habiendo sido fundadas ambas en 
el año de 1858; pero antes de emprender ese 
trabajo, quiero dar una idea del modo de via- 
jar actualmente en esa interesante provincia, 
cuyo territorio entero estuvo durante tanto 
tiempo en poder de los indios; pues los salva- 
jes venian hasta las puertas de Santa-Fé, y aun 
se me ha asegurado que una vez se hablan 
apoderado de la ciudad; pero semejantes ú 
Anibal, no supieron aprovechar las utilidades 
de la victoria y se durmieron como él en las 
delicias de Capua. A pocas leguas al norte de 
Santa-Fé, en el paraje denominado Guadalupe, 
estaban las trincheras que formaban entonces 
la fortaleza de la civilización. 

Puede, pues, afirmarse que aquella provin- 
cia ha literalmente conquistado su territorio 
sobre los indios por medio de la coloniza- 
ción. 

El ferro-carril ha venido á completar la vic- 
toria sobre la barbarie. Vamos á ver, pues, 
cómo se viaja en ferro-carril. • 

El 12 de Abril, á las 11 y li2 de la mañana, 
salgo de Santa-Fé acompañado del señor Artu- 
ro Flajolet, agente consular de la república 
francesa; pasamos entre chacras y terrenos 



— 225 — 

cultivados, cruzamos después un bosque de 
espinillos y de ñandubays; entramos en el 
territorio de la colonia Esperanza; á la una de 
la tarde menos algunos minutos estamos en 
la estación. Hemos anunciado nuestra llegada 
por el telégrafo. Una porción de carruajes están 
esperando á los viajeros. El señor Carlos de 
Wart, negociante belga, que representa en 
Esperánzala importantecasa tLejeune y De- 
trois» de esta capital, nos lleva rápidamente 
para su domicilio, donde encontramos un al- 
muerzo excelente, figurando en primera línea 
entre los suculentos manjares, un guisado de 
conejo, lo que los franceses llaman un civet 

El señor de Wart hace catorce añosque está 
en Esperanza; fué molinero en otconiempo y 
también periodista; pero perdió dinero en que- * 
rer ocuparsede política general y local, y vol- 
vió á los asuntos positivos. 

Refiere el señor de Wart que ha presenciado 
el sitio, ó mejor dicho los dos sitios de Paris, 
^ en 1870 1871; estaba entonces empleado en los 
famosos molinos del señor Darblay, en Saint 
Maur, que abastecen la plaza de París. En- 
contróse varias veces en serios aprietos, sobre 
todo durante el reinado déla comuna, faltando 
poco para quedar comprendido entre los pros- 
criptos de aquella terrible lucha. 

El señor de Wart cree que los generales que 
defendían la capital de Francia no quisieron 
hacer la guerra seriamente, porque les sobra- 
ban elementos para llevar una ofensiva vigoro- 
sa al sitiador; los conserv idores^ los reaccio- 
nistas, losbonapartiátas querían á todo trance 
capitular para resucitar el imperio derribado 
ó una monarquía cualquiera. 

El Sr. Flajolet, mi compañero de viaje, pre- 
senció también el sitio de Paris: él sirvió en 
los.zuavos, hizo la guerra en África y en Meji- 

15 



— 226 - - 

co; confiesa que la guerra es una cosa horrible 
y que los soldados cometen barbaridades en 
país enemigo. Tiene un hermano que im- 
plantó en Santa-Fé la fabricación de aceite» 
pero sufrió la suerte común de todos los ini- 
ciadores: el momento no habia llegado aún 
para esa empresa. Ahora ya hace tiempo 
padece una enfermedad nerviosa que le hace 
sufrir horriblemente, á tal punto que tomó el 
partido de irse á Europa á consultar á los 
príncipes de la ciencia; confia que el Dr. Char- 
cót conseguirá curarlo, sanarlo por medio del 
hipnotismo. 

La casa de Wart está llena de máquinas de 
toda clase; da gusto pasear en medio de toda 
esa aríillenia pacifica que no hace derramar 
sangre y lágrimas como la otra, ni siquiera 
sudores» pues economiza la fuerza física y 
suprime el trabajo penoso. 

Oh! máquina, tü has sido el verdadero re- 
dentor de la humanidad esclavizada, porque 
llevaste á cabo lo que no hablan podido hacer 
todas las predicaciones, todos los evangelios! * 
Debido á tí, se ha cumplido la aspiración de 
Aristóteles, el teorizador sofista de la esclavi- 
tud, cuando decia: si los trípodes de Dodona 
pudiesen caminar por sí solos, si la lanzadera 
pudiera moverse por sí sola, entonces y 
solamente entonces no se necesitarían escla- 
vos; pero como aquello es imposible, la es- 
clavitud se impone como una necesidad social. 

íQué diria Aristóteles, si pudiera resucitar 
á la fecha, en presencia de las segadoras, de 
las trilladoras, de los molinos de vapor y de 
los arados de dos y tres rejas que caminan 

Sor sí solos, sin imponer mas trabajo alhom- 
re que el de conducir á los animales que 
los arrastran? 
A la tarde salimos á visitar la colonia; llega- 



— 227 — 

mos á casa del señor Aufranc, aquel suizo de 
quien hablé anteriormente, juez de paz de la 
colonia. Allí encontramos al cura Castronovo. 

El dia siguiente, 13 de Abril á las 7.40 minu- 
tos, me marcho solo en el tren que vá al Oes- 
te de Esperanza, ó mejor dicho, al Norte. Así 
cruzamos \a colonia Humboldt^ dejando la po- 
blación principal de aquella al Norte, y llega- 
mos al Pilar, colonia importante fundada en 
1875 por don Guillermo Lehman. Allí exisfe 
un gran molino á vapor dicho del Carmen, y 
numerosas habitaciones rodeadas de árboles y 
de quintas. 

Allí el ferrocarril se bifurca: un ramal va al 
Oeste, á la colonia Josefina, en la frontera de 
Córdoba, debiendo prolongarse hasta aquella 
capital dentro de poco tiempo; el otro ramal 
se dirije al Nor-Oeste, pasando por Aurelia y 
Rafaela, Esta última colonia es una de las 
mas importantes^ aunque data solamente de 
1881. Allí el tren se detiene y nos concede 
veinte minutos para almorzar en una fonda al 
lado de la estación; no hay tiempo de ir á la 
villa, que queda ó un cuarto de legua mas ó 
menos. Son las diez de la mañana. 

Vuelven silbar la locomotora; ahora vamos 
directamente al Norte: cruzamos la colonia 
Lehman, así nombrada por su propio funda- 
dor, dejando también la villa á un lado;— son 
las once cuando llegamos á la estación;— la co- 
lonia Ataliva— sonlasoncey tres cuartos cuan- 
do llegamos á la estación;— la colon ia*Umberto 
1'; son las doce y tres cuartos cuando llega- 
mos á la estación;— la colonia Constanza, es 
la una treinta y cinco minutos cuando llega- 
mos á la estación; allí aparece una pequeña 
capilla en medio de la pradera interminable 
y monótona;- la colonia Capivara, así nom- 
brada probablemente porque esos animales 






— 22S — 

abundan en esa localidad— son las dos y trein- 
ta y cinco minutos cuando llegamos á la es- 
tación,— y en fln, é lis tres y pico minutos 
alcanzamos San Cristóbal, que es el fin del 
ferrocarril p^r ahora. Estamos á 200 kilóme- 
tros de Santa-Fó. 

Allí no hay olonia todavía, pero una com- 
pañía inglesa, poseedora de quinientas ó seis- 
cientas leguas cuadradas en esos parajes pien- 
sa poner una dentro de poco tiempo. Entre 
tanto edifica una gran casa de campo, que ha 
costado— según se me ha asegurado, treinta mil 
libras esterlinas, introduciendo animales finos 
de toda clase. Está haciendo una estancia 
modelo. 

La casa queda á una legua escasa de la es- 
tación, en territorio que los indios recorrían 
todavía hace poco tiempo. 

A inmediaciones de la estación existe una 
casa de negocio, regenteada por un inglés, 
donde el viajero encuentra también comida y 
alojamiento, aunque todo aquello muy primi- 
tivo todavía. 

Allí cené en compañía de un viejo militar 
de las guerras de Entre-Rios, víctima de las 
revoluciones de aquella provincia. Habia yo 
hecho viaje con un oficial del ejército argen- 
tino, del once de línea, que está acampado en 
la frontera, á unas doce leguas de allí; él creia 
que yo era un ingeniero^ porque llevaba un 
anteojo de larga vista y hacia uso de él á ca- 
da momento. Pero él se quedó en la estación. 
Supe después que el encargado de esta era 
un francés de los alrededores de Metz. 

En San Cristóbal habia poco que ver, fuera 
de la estancia, porque ej aspecto del campo 
santafecino es terriblemente monótono. Feliz- 
mente habia llevado algunos folletos y un 
libro: para matar el tiempo me puse & leer 



— 229 — 

• 

lascarías cientijicas diñiiáas por el profesor 
Scalabrini, director del museo del Paraná, al 
General Racedo, cuyo folleto me habla sido 
regalado por el mismo autor en aquella ciu- 
dad, y el ¿r\forme oficial 6 diario de viaje dé To- 
ribio Ortiz cuando la espedicion del General 
Victorica al Chaco, advirtiendo que cuando 
estaba cansado de disertaciones científicas, 
abria esa curiosa novela griega, que se llama el 
Asno efe oro de Apuleyó, que llevaba también 
en mi bolsa de viaje, que Pablo Luis Courier 
consideraba como una obra maestra, arrojan- 
do la luz mas viva sobre la vida privada de 
los antiguos. 

Otra diversión era contemplar & una familia 
criolla que estaba cebando mate bajo un gal- 
pon improvisado de hierro galvanizado al lado 
de un enfermo acostado en una carreta; ese 
enfermo debia estar como en una estufa, por- 
que el sol, aunque de otoño, no dejaba de 
calentar considernmente la atmósfera. Sin ser 
médico, me permití aconsejar á los que lo cui- 
daban que lo llevaran á una casa cualquiera; 
contestáronme que él mismo no había queri- 
do ir, y se me añadió que se habla lastimado 
• de un acceso de ebriedad, pero así mismo esta 
circunstancia no me pareció una disculpa 
suficiente para dejarlo expuesto á la intem- 
perie. 

El 14 de Abril, á las diez y media, el tren 
emprendía la marcha de regreso. ¡Adiós San 
Cristóbal! 

A las tres y quince minutos de laHarde 
estamos otra vez en la estación de la colonia 
Rafaela. Allí me detengo y me marcho para 
la villa. Hay un hotel que merec^ recomen- 
darse, pues me ha parecido ofrecer todas las 
comodidades posibles en esas alturas, en me- 
dio de una población improvisada, porque la 



— 230 — 

villa propiamente dicha data solamente de cua- 
tro años, y ostenta ya un gran número de 
hermosos edificios. Colonia y villa tienen mas 
de dos mil habitantes. El hotel, situado en la 
plaza principal, pertenece á un suizo del can- 
tón de Berna, el señor Sphar. 

Aprovechando los momentos, recorro la villa 
y los alrededores, acompañado de un ciudada- 
no francés, el señor Hiedan, boticario en otro 
tiempo, químico y artista pintor, que ha ador- 
nado su habitación con escelentes cuadros 
dibujados ó pintados por él mismo. Tiene 
también medallones de yeso y de bronce, el de 
Gambetta, el del Coronel entonces, hoy Gene- 
ral Rieu, amigo del célebre tribuno. 

Después de haberme presentado á su fami- 
lia, llévame á visitar el molino á vapor de los 
señores Avanthey, padreé hijo, suizo el padre, 
americano el hijo; tiene lu fuerza de treinta y 
€Ínco caballos, pudiendo moler cada veinti- 
cuatro horas ciento veinte fanegas de quince 
arrobas; es del sistema suizo^ con siete pares 
de cilindros y uno del sistema húngaro; data 
de 1883; es alumbrado con luz eléctrica. En 
1887 se ha molido allí 38,800 bolsas de ocho 
arrobas. 

Pregunto cuál es el precio actual del trigo: 
el señor Avanthey hijo me responde seis pesos 
nacionales la fanega, advirtiendo que el vende- 
dor debe poner la bolsa, que cuesta por lo 
menos quince centavos; el trigo embolsado se 
conserva mejor. 

Visitamos también una fundición importan- 
te, en cuyos talleres encontramos numerosas 
máquinas, trilladoras, segadoras, atadoras y 
espigadoras— arados, rastras, cilindros, culti- 
vadores, extirpadores, etc. etc., en fin, todas las 
herramientas con las cuales la industria hu- 
mana acomete, avasalla, pulveriza la tierra; 



- 231 — 

hablamos con varias familias, y después pido 
al cochero que me lleve á la iglesia. 

El cochero debe ser protestante ó libre pen- 
sador, porque mi indicación no parece agra- 
darle mucho. En fin, visito la iglesia, que no 
deja de ser un edificio importante, pues ha 
costado mas de veinte mil pesos, habiendo 
sido costeado por unos quince ó diez y seis 
individuos que querían dar valor ó la pobla- 
ción, pero con la condición de ser reembolsa- 
dos por los demás vecinos. Al efecto, suscri- 
bieron pagarés^ contando con la buena fé de 
los correligionarios. Pues bien; ahora los cor- 
religionarios no cumplen sus promesas, y los 
acreedores tratan de ejecutará los suscritores. 

El señor Sphar es uno de los suscritores. 

En Rafaela hay una comisión de fomento y 
un juez de paz. 

La mayoría de los colonos son italianos 
como generalmente en todas las colonias nue- 
vas del Oeste, que se han formado desde ocho 
ó diez años á esta parte. 

El señor Sphar pondera la colonia Súncha- 
les, que está á unas diez leguas al Nord-Oeste, 
en el ferrocarril que debe prolongarse hasta 
Tucuman, y me ofrece acompañarme á ese 
punto, cuando regrese de Esperanza, donde 
debo ir mañana para asistir á un gran banque- 
te (al banquete dado al señor Aufranc). 

De ese banquete he hablado ya en otra cor- 
respondencia. 

Pero, en vez de regresará Rafaela, me volví 
para Santa-Fé, porque mis compañeros y ami- 
gos improvisados me aseguraban que todas las 
colonias se parecían, que todas ofrecian el mis- 
mo aspecto idéntico y monótono, y que por 
consiguiente no valia la pena de ir mas ade- 
lante. 

Déjeme convencer por entonces, pero esta re- 



— 232 — 

solución no debia ser irrevocable, con tanta 
mas razón cuanto que la red de ferrocarriles 
santafecina me ofrecia facilidades impondera- 
bles para emprender nuevas escursiones en 
otros sentidos. 
De esas escursiones hablaré mas adelante. 



— 233 — 



XXI 



Los alrededores de Santa Fé— Santo Tomó— 

Los Ferrocarriles 



En el tren que me traia de Esperanza á Santa- 
Fé he encontrado á un individuo que pretende 
haberme conocido, pero hace la friolera de vein- 
tinueve años; dice que vino joven á la colonia 
de San José (Entre-Rios) y que yo le di unft re- 
comendación para un industrial licorista de 
Concepción del Uruguay y ventrílocuo por aña- 
didura, que se divertía en asustar de noche á 
los pacíficos vecinos de esa entonces capital 
histórica de la provincia, con gritos oidos en 
lontananza, de fuego! incendio! socorro! ase- 
sinos ! etc. etc. 

El General Urquiza lo llamó una vez ú San 
José para divertirse. 

Ese individuo es un suizo valesano, llamado 
Atanasio Grenain; está actualmente estableci- 
do á inmediaciones de San Javier, en la colonia 
titulada GaZense; pero observa que aquella es 
mas bien una estancia que una colonia agríco- 
la propiamente dicha, y es generalmente lo 
que pasa en las colonias situadas al Norte de 
la provincia, á lo largo de la costa del Paraná ó 
desús afluentes. Efectivamente, la dificultad 
de las comunicaciones no les permite llevar sus 
productos á un mercado inmediato. 

Don Atanasio regresa á San Javier; en el puer- 
to de San ta-Fé está componiéndose el vapor de 
ese nombre que debe llevarlo. El San Javier* 
hace tres viajes al mes; el rio San Javier es 
jnuy tortuoso, muy sinuoso, de manera que el 



— 234 — 

viaje se vuelve muy largo. Pero antes de mu- 
cho tiempo, el ferrocarril á Reconquista pon- 
drá la capital en relación fácil y rápida con las 
poblaciones del Norte. 

En Santa-Fé, encuentro á otro viejo conocido, 
otro colono que fué de San José también, Al- 
fonso Genolet, habiendo dejado aquella colonia 
porque el terreno de que disponía era insufi- 
ciente para su numerosa familia. Este está 
establecido en la colonia dicha Francesa, tam- 
bién á inmediaciones de San Javier. Acaba de 
hacer un viaje á la colonia San José, á Colon, 
á la^costas del Uruguay, que él dejara hace un 
cuarto de siglo, y refiere que las echa siempre 
de menos, porque aquellos parajes le gustaban 
mas. 

¡Cuántas familias hicieron como él y se fue- 
ron por falta de terreno á la República Orien- 
tal, á Santa-Fé, á Buenos Aires, á todas partes! 
Los entrerianos no comprendían entonces la 
importancia de la colonización ni las ventajas 
desu situación privilejiada; dejaron que Santa- 
Fé tomase la delantera. Entre-Rioses wna ^oja 
de oro, me han dicho varios santafecinos, pero 
entonces no encontraba bebedores 

Recorro los alrededores de Santa-Fé; uno de 
los puntos que me ha llamado la atención es el 

E aso de Santo Tomé; en otra época habia una 
alsa; ahora hay un hermoso puente de made- 
ra. Santo Tomé era y es todavía el embarca- 
dero de los productos de las colonias, pero los 
ferrocarriles le han quitado una parte de su 
importancia, porque los llevan directamente á 
la ciudad ó al puerto de Colastiné, para cargar- 
los en los buques de ultramar. 

En Santo Tomé he visitado un molino á vapor 
que se está construyendo sobre el rio Salado. 
El propietario es el señor Luis Eyssartier, fran- 
cés, establecido en Esperanza; el socio indus- 



— 235 — 

» 

trial es el suizo G. Bialer-Haos, propietario del 
terreno, del depósito y de las habitaciones in- 
mediatas. Este señor posee doscientas varas 
de frente sobre el rio Salado, con doscientas 
cincuenta de fondo por un lado y cien por el 
otro. La situación es ventajosísima, ofreciendo 
grandes facilidades para el embarque de los 
productos del molino. 

El molino tendrá la fuerza de cuarenta caba- 
llos. Lo que hace falta á Santo Tomé, es un 
tramway que lo ponga en comunicación con 
la ciudad. 

He visitado también en Santo Tomé la fábrica 
de aceite de los señores Bouchardy Caldeiíau, 
ciudadanos franceses; la máquina es de la 
fuerza de doce caballos; el establecimiento 
data de dos años y medio; la materia prima 
que elabora son el maní, el lino y el nabo. Las 
tortas, es decir, los residuos de la simiente 
esprimida, se remiten á Europa, y por una 
anomalía estraña, las de Europa vienen acá, 
aunque las del país son mejores. 

Al lado del molino de aceite está un gran 
limpiador de trigo y de lino construido por el 
señor Fermin Laprade, ex-alumno de la escuela 
politécnica de Francia, ex-oflcial del ejército 
francés, que dejó la carrera militar para em- 
prender en este paí* varias operaciones de in- 
dustria y de colonización, pero no tuvo feliz 
éxito. Dicen allí que habla venido demasiado 
temprano, troptót; salió siendo víctima, como 
la mayor parte de los iniciadores, lo que no 
es precisamente un consuelo para los demás. 

Para no omitir algo de lo que existe en 
Santo Tomé, debo hablar de una iglesia mo- 
numental que está edificándose, pues tendrá 
cuarenta y seis metros de largo y diez y ocho 
metros de ancho; esta iglesia servirá no sola- 
mente para los vecinos de Santo Tomé, sino 



— 236 — 

también para los de lo colonia «San José» que 
está á sus inmediaciones. 

Seí^un se me ha referido, este gran edificio 
se debe exclusivamente á la iniciativa del 
oi)ispo de la diócesis, el señor Gelabert, quien 
vive hace tiempo completamente retirado del 
mundo, en ese parage, y tiene allí una her- 
mosa habitación. 

Héseme dicho que las aguas del Salado son 
buenas para los enfermos, de manera que 
podria establecerse allí una estación balnea- 
ria, y seria un motivo mas determinante para 
el establecimiento del tramway. 



Dejo Santo Tomé y me voy á la estación 
del ferrocarril, á visitar al señor Jomls Lar- 
guia. Este señor me dice que la provincia 
de Santa-Fé es la que ofrece mas ventajas á 
la colonización; no tiene que temer las gran- 
des secas, debido á la proximidad del rio Pa- 
raná, de Mar Chiquita, y aun de la laguna 
Ibera, cuya evaporación combate aquellas, 
mientras que en las demás provincias falta el 
agua. 

El opina que no debe venderse la tierra 
muy cara á los colonos, como sucede por 
ejemplo en Buenos Aires^ y también en Entre- 
Ríos. Según .él, un colono no puede pagar 
arriba de quinientos pesos (oro) las veinte 
cuadras cuadradas de ciento cmcuenta varas. 
Santa-Fé ha comprendido las ventajas de la 
subdivisión de la propiedad, y esto es lo que 
esplica su buen éxito. El Chaco también es 
colonizable, pero esta operacioa exigirá gran- 
des capitales para llevar á cabo los cultivos 
industriales, vias de comunicación, ferrocarri- 
les, etc. 

El señor Larguia me remite un horario de 



— 237 — 

los ferrocarriles, y me indica la facilidad de 
hacer nuevas escupsiones. El mismo se había 
propuesto para /acompañarme, pero no quise 
incomodarlo. 

Asimismo, hemos vuelto á encontrarnos en 
varias circunstancias, en la ciudad y en los 
ferrocarriles, y debo decir que siempre he 
aprendido algo con su interesante conversa- 
ción. Es un hombre de cincuenta años para 
arriba; hijo, según me refirió, de un maestro 
de escuela de Córdoba, y de ello se felicita 
porque la pobreza lo obligó á estudiar y á 
trabajar. Asi escomo aprendióla taquigrafía; 
tenia también disposiciones para las artes, el 
dibujo, la escultura. Estuvo en el Paraná, 
cuando el gobierno Nacional tenia allí su asien- 
to. Viendo sus aptitudes artísticas, los gober- 
nantes quisieron mandarlo á Europa á ñn de 
perfeccionarse en el arte de Miguel Ángel y 
de Canova; pero JuanMaria Gutiérrez se opu- 
so, aunque era artista él mismo. 

Vamos, dijo, á hacer un flaco servicio á este 
joven, porque las artes entre nosotros no dan 
resultados de provecho y caerá en la desgracia. 
Vamos aponer por condición que estudie tam- 
bién la ingeniería, porque esto le será mas útil. 

Los demás miembros del consejo le dieron 
razón á Gutiérrez, y el joven Larguia se mar- 
chó en 1858 para Europa donde pasó cinco años: 
debido á esa feliz inspiración del famoso litera- 
to, que iba á fundar mas tarde la facultad de 
ingeniería en Buenos Aires, el aprendiz de es- 
cultor se convirtió en ingeniero, y actualmen- 
te es inspector general de los ferrocarriles de 
la provincia, después de haber sido inspector 
de colonias, jefe de la estadística, etc. 

El señor Larguia inculca siempre la necesi- 
dad de ofrecer á los colonos las mayores facili- 
dades, la tierra barata, el crédito á su alcance 



— 238 — 

por medio de las instituciones correspondien- 
tes, plazos largos para exonerarse de los com- 
promisos contraidos y el trasporte fácil para 
dar salida á sus productos. 

Por eso es que la provincia de Santa-Fé tiene 
ya tantos ferrocarriles y los está prolongando 
en todas direcciones; con este motivo es el caso 
de aplicar una vez mas el tan conocido refrán: 
no hay mal que por bien no venga. 

La provincia de Santa-Fé debia mucho á la 
casa Murrieta de Londres y no tenia como pa- 
garle; iba á ser ejecutada, pero el encargado de 
la operación, un distinguido argentino, arre- 
gló la dificultad proponiendo á la deudora que 
ofreciese tierras al acreedor, 500 ó 600 leguas, 
no sé cuántas exactamente. La transacción 
fué aceptada. Los ingleses tuvieron tierras, y, 
para valorizarlas emprendieron la construcción 
de los ferrocarriles. De allí la red que cubre y 
súrcala provincia; de allí la subdivisión de la 
propiedad, de allí la colonización á.todo trance, 
que se apodera del territorio y va invadiendo 
ya el de las provincias fronterizas, Córdoba, el 
Chaco y Santiago del Estero. 

El señor Larguia pondera las ventajas de la 
trocha angosta, y dice que hará la importancia 
de Santa-Fé convirtiéndola en el punto de con- 
vergencia de los ferrocarriles transparanaen- 
ses. 

Ya he dicho que el puerto de Colastiné le 
pone en comunicación con los buques de ultra- 
mar; allí he contado unos quince á vapor y de 
vela, entre otros el Hércules^ vapor inglés, que 
había venido á cargar trigo y lino. Pero faltan 
abrigos y depósitos, ó no hay suficientes, no 
solamente en Colastiné, sino en las estaciones 
de los ferrocarriles. Una tormenta que esta- 
lló el 9 de Abril echó á perder una cantidad 
considerable de bolsas que estaban allí espues- 



- 239 — 

tas ó la intemperie ó apenas cubiertas con lona 
y encerados. ¡ Cuánta riqueza se pierde ó está 
espuesta á perderse por ese descuido ! 

El dia que visité el puerto de Colastiné era 
domingo y el dia de la fiesta de nuestra señora 
de Guadalupe, la vírj en que reside al Norte de 
la gran laguna que el ferrocarril orilla para ir 
al embarcadero. Esa laguna es muy abundan- 
te en peces, con los cuales se hace aceite. 

Me senté bajo un sauce para esperar el regre- 
so del tren, porque no me interesaban mucho 
las carreras criollas que se corrían en ese mo- 
mento en Colastiné, y pasé el tiempo contem- 
plando los edificios del Paraná que brillaban 
en lontananza sobre la barranca altísima de la 
ribera opuesta. El que mas resoltaba era el 
campanario de la iglesia San Miguel. Háseme 
referido que esta iglesia, cuya construcción 
tardó medio siglo, habia sido principiada por 
el general Pascual Echague, quien la puso allí 
para que pudiera divisarse desde la ciudad 
de Santa-Fé. El general era doctor en teología. 

La escursion al puerto de Colastiné no dura 
arriba de quince minutos; puede decirse que 
forma parte integrante de la misma ciudad, y 
como los tramways recorren incesantemente 
aquella desde la plaza del Cabildo hasta la es- 
tación, puede decirse también que las distan- 
cias se han suprimido entre ambos puntos. 



— 240 — 



XXII 



De Santa F6 á Josefina y ^ Providencia 

El 20 de Abril salgo de Santa-Fé para la colo- 
nia «Josefina», situada en la frontera de la pi'o- 
vincia de Córdoba, á 147 kilómetros de Saiita-Fé. 
Vuelvo á ver la colonia Esperanza, pero sin 
detenerme esta vez; dejando al Norte la colo- 
nia Humboldt y una parte del tren que va en 
esa dirección hacia la colonia Providencia, se- 
guimos hacia Pilar; allí dejamos otra parte del 
tren que se desprende para Rafaela y San Cris- 
tóbal, y vamos al Oeste, cruzando lap colonias 
Eustolia, Clucellas y Josefina, á cuya estación 
llegamos á las once y cuarenta minutos. La 
estación está á una legua de lapla^a. Almor- 
zamos en una casita de hierro galvanizado, y 
oimos la música de un boyero guitarrero medio 
ebrio, si no ebrio del todo, que vino á traer pos- 
tes de ñandubay desde la provincia de Córdo- 
ba. Recorro los alrededores : es una horizonta- 
lidad absoluta y por consiguiente una mono- 
tonía desesperante, como ya me lo hablan 
vaticinado mis compañeros de Esperanza. 

Plus ca changCy plus c'cst la mémc chosc 

Pilar es el último centro de población que 
ofrece alguna variedad, debido estoá sus plan- 
taciones que hermosean el paisage. Es Jose- 
fina la única variedad que rompe la monotonía, 
son los postes del telégrafo eléctrico, cuya im- 
placable línea recta cruza el campo y se hunde 
en el horizonte. Sin embargo, el desierto va 



— 241 -- 

poblándose por la acción del ferrocarril, y las 
casas con tejas de Marsella se destacan sobre 
la alfombra verde de la pradera. 

Ya he dicho que estamos en la frontera de 
Córdoba, pero la frontera aquí es una línea 
imaginaria; ni siquiera hay un arroyo para 
dividir las dos provincias. 

Un comprador de trigos ha almorzado con 
nosotros y de repente nos deja para ir á re- 
cibirse de unas carretadas de grano que le 
vienen de San Francisco^ una colonia que 
está al otro lado de la frontera. Díceme que 
tiene encargo de comprar veinte mil fanegas, 
y que la fanega vale seis pesos; no debe olvi- 
darse que aquí se trata de la fanega de quince 
arrobas, y que la conducción hasta Santa-Fé 
cuesta treinta centavos. 

Estos guarismos prueban evidentemente que 
sin el ferrocarril la colonización del campo 
argentino hubiera sido imposible. 

¡Cuánto costana el flete de una fanega por 
las pesadas carretas de bueyes! 

El ferrocarril á Josefina va prolongándose 
en dirección á Córdoba, debiendo llegar á esa 
capital dentro de dos meses. 

A la tarde regresamos á Esperanza donde 
vuelvo á juntarme con mis amigos improvi- 
sados de la excursión anterior, y repito los 
versos de Scribe: 

Ahí qu'il est doux de trouver en voyage 
Un bon souperet surtout un bon lit! 

Pero el descanso no puede ser largo para 
mí: al dia siguiente vuelvo á ponerme en 
marcha para Providencia; cruzamos la colonia 
Humboldt, nipatia. Progreso, y llegamos á la 
estación de Providencia á las once. La esta- 
ción está á unos mil quinientos metros de la 
plaza, ó mejor dicho de la villa; el ferrocarril 
se prolonga hasta Soledad, ocho leguas mas 

16 



— 242 — 

al Norte, corriendo paralelamente al de Re- 
conquista, pero esta parte no ha sido entre- 
gada aún al público. 

Tomamos una volanta para ir á la villa, que 
consta ya de un regular número de casas, y 
está situada en una altura. El terreno de es- 
tos parages presenta algunas ondulaciones: 
no es tan monótono como el que hemos visto 
hasta ahora; hay arroyos y bosques en lonta- 
nanza, advirtiendo que son verdaderos y no 
efectos del espejismo que se produce ó cada 
momento, mostrando en el horizonte lagos y 
selvas fantásticos. 

íQuién habrá dado el nombre de hipatia á 
la colonia que hemos atravesado antes de 
llegar á Pí^ovidenciaf Hipatia ya lo sabe el lec- 
tor, es la hermosa mujer que dictaba leccio- 
nes de filosofía en la ciudad de Alejandría du- 
rante el siglo quinto de nuestra era; como 
sus doctrinas desagradaran á unos monges 
fanáticos, estos amotinaron contra ella el 
populacho de la ciudad y la hicieron morir á 
pedradas en las calles, mientras iba dirijién- 
dose al museo, que fué la cuna de la ciencia 
moderna, según Draper. Ese nombre y el de 
Humboldtme llamaron especialmente la aten- 
ción. Humboldt es una de las personificacio- 
nes mas conspicuas de la ciencia en el siglo 
XIX, como aquella mujer admirable lo fué al 
clasurarse la era de la civilización antigua y 
al inaugurarse la edad media, que debía ser 
una época de sueño para la inteligencia hu- 
mana. 

Falta ahora poner el nombre de Bonpland á 
alguna colonia nueva, de aquel viejo amigo 
de Humboldt compañero de viajes y colabora- 
dor, que recorrió con él las regiones equino- 
ciales, y de quien el sabio alemán se acordó 
con enternecimiento hasta el último momen- 



— 243 — 

lo. Al revelar ó la Europa las bellezas y las 
riquezas del Nuevo-Mundo que la política del 
coloniaje tenia ocultas á las miradas del ex- 
trangero, Humboldt y Bonpland fueron los 
precursores de la colonización que está efec- 
tuándose actualmente, y que ha de ejercer 
acción tan decisiva sobre los destinos de la 
humadidad entera. 



La colonia Providencia data de cinco años, 
es decir del 27 de Febrero de 1883. Es propie- 
dad del señor Julio Calvo, de Buenos Aires. El 
primer poblador fué un español, don Narciso 
Collado, que corre hasta la fecha con la tarea 
de entregar el terreno á los colonos; él mismo 
desempeñó el puesto de juez de paz durante 
cuatro años, y tuvo mas de una vez que ha- 
bérselas con los indios que hacian sus corre- 
rlas en esos parages, manteniéndolo en alarma 
y causándole sobresaltos todas las noches. 

El terreno destinado á la colonización abar- 
ca una superficie de siete leguas cuadradas; 
perteneció anteriormente al Banco de Londres 
quien poseia hasta catorce leguas. 

Las concesiones son de veinticinco cuadras. 
Los primeros pobladores la pagaron sucesiva- 
mente á ciento sesenta, doscientos, doscientos 
cincuenta pesos. Desde hoy en adelante el 
precio será de quinientos pesos, pagaderos en 
tres años con el interés de ocho por ciento. 
Para decirlo de paso, esto me parece algo caro, 
y sobre todo el plazo muy corto. 

La planta urbana comprende ocho conce- 
siones, es decir, doscientas cuadras. Hay una 
plaza de cuatro cuadras dea cien varas. Las 
cuadras del ejido son dea cien varas por cien- 
to veinte. La manzana se divide en ocho sola- 
res de veinticinco por treinta varas, y el pre- 



— 244 — 

cío de solar varia desde treinta hasta quinien- 
tos pesos. 

Existen en la villa cuatro herrerías, cinco 
carpinterías, una zapatería, una carnicería, 
una botica, dos fondas, dos casas de negocio 
muy bien surtidas y diez boliches. 

Hay también una capilla que sirve para es- 
cuela; el cagellan que desempeña el puesto 
desde tres anos es un italiano llamado Antonio 
Vecchía, á quien encontré almorzando en la 
fonda y para quien traía unas líneas de re- 
comendación. El capellán hace las veces de 
preceptor. Hay dos escuelas para niñas y 
varones. 

Con él y el señor Collado recorrimos en vo- 
lanta la villa y los alrededores, visitando á va- 
ríos vecinos, entre otros, á un italiano de Mi- 
lano, llamado Juan Balarsíno, carpintero y 
herrero, muy trabajador, que tiene veintiún 
hijos. Individuos como este son los que hacen 
falta para poblar el desierto argentino. 

Pedro Chapero, italiano también, tiene ocho 
concesiones, una gran quinta, muchos árbo- 
les, sobre todo duraznos, y una estancia po- 
blada con dos mil vacas. Hace diez y ocho anos 
que vino á América; habitó sucesivamente en 
varias colonias, negociando y vendiendo sus 
concesiones hasta alcanzar en fin la buena 
posición que ocupa actualmente. Benito Molíen 
es un'francés (departamento delPasde Calais) 
que se embarcó en Dunkerque, hace treinta y 
y dos años, habiendo sido por consiguiente de 
los primeros inmigrantes; ha comprado veinte 
concesiones para hacer una granja grande, 
(Jerme), donde cultivaré trigo, lino, cebada y 
criará anímales. Este individuo fué siempre 
agricultor y solo una vez se dedicó al negocio. 

En cuanto á don Narciso Collado, tiene una 
gran quinta con toda clase de árboles ft'uta- 



— 245 — 

les y de ornato, duraznos, peros, manzanos, 
alborillos, damascos, ciruelos, guindos, cere- 
zos, nísperos, naranjos, granados, membrillos, 
nogales, eucalyptus, cipreses, casuarinas, pi- 
nos, laureles, paraísos, sauces, acacias, ete. 
Dice que la tierra sirve para toda clase de le- 
gumbres, flores, y para el trigo, el lino el 
maíz, todos los cultivos. 

Providencia está á noventa y seis kilómetros 
de Santa-Fé. 

En esta colonia como en todas las demás de 
Santa-Fé se practica el sistema de losmediane- 
ros: quiere decir que los inmigrantes que no 
tienen tierras ó el medio de adquirirlas inme- 
diatamente trabajan á medias con los colonos 
propietarios. 

Estos les abren un crédito en una casa de 
negocio, les adelantan animales de labranza, 
instrumentos de trabajo, semillas, les propor- 
cionan la segadora y pagan á medias la trilla- 
dora; en cuanto á la cosecha la parten á me- 
dias, como lo indica la palabra susodicha. 
Cuando los medieros han adquirido una canti- 
dad suficiente, van mas adelante y compran 
terreno en las mismas colonias. 

Los colonizadores, es decir, los propietarios 
de terreno que lo subdividen en concesiones, 
no se ciñen á venderlo á plazos; arriendan 
también á los inmigrantes. 



A la tarde regresamos para Santa-Fé. Vienen 
conmigo un carpintero de Esperanza que ha 
emprendido varias obras en Providencia, y un 
polaco que hizo la guerra de 1663 contra los 
rusos y la campaña de 1870 y 71 con los 
franceses contra los alemanes. Desde que per- 



— 246 — 

dieron su nacionalidad, esos polacos van des- 
parramados en toda la superficie del globo. 

En Esperanza vuelvo á encontrar al señor 
Joñas Larguía y regresamos á la capital en el 
mismo wagón. 



— 247 — 



XXIII 



La colonia San Garlos 

El 26 de Abril salgo de Santa-Fé para San 
Carlos; en la estación encuentro al señor Jo- 
ñas Larguía que se marcha también en un 
tren especial para desempeñar una comisión 
en Coronda, é invítame galantemente á hacer 
viaje con él; de esta manera el viaje se torna 
mas agradable, porque es una cosa fastidiosa 
no tener con quien cambiar ideas durante ho- 
ras enteras. 

Para ir á San Carlos se toma el ferro-carril 
de Esperanza hasta la estación dicha del Pique-- 
te; en este punto se desprende el ramal que 
va para el sud; el ferro-carril cruza las colo- 
nias «Frank» y «Las Tunas» y penetra en la 
colonia «San Carlos», la cual está dividida en 
tres secciones. San Carlos norte, San Carlos 
centro y San Carlos sud. Llegamos á las nue- 
ve á San Carlos centro y allí me detengo, des- 
pidiéndome de mi amable é ilustrado com- 
pañero de viaje. 

La colonia Frank fué fundada en el año de 1870 
por el señor don Mauricio Frank; su estension 
es de tres leguas superflciales,ó sean doscientas 
veinte y ocho concesiones de veinte cuadras 
cuadradas. Componíase á flnes de 1882 de 98 
familias en un número de 596 personas, divi- 
didas en 212 hombres, 142 mujeres y 242 niños; 
de estas familias 67 eran italianas, t4 france- 
sas, 3 alemanas, 2 suizas, y 1 española. (Memo- 
ria del inspector Bouchart.) 

La colonia «Las Tunas» fué fundada en 1868 



— 248 — 

en terreno de propiedad de los señores Enri- 
que Wallenweer y Gesler; su estension es de 
3480 cuadras cuadradas, ó sea 184 concesiones 
de 20 cuadras superficiales, compuesta á fines 
de 1882 de 88 familias repartidas en 529 perso- 
nas que son: 168 hombres, 109 mujeres y 252 
niños, habiendo veinte familias italinas, cua- 
renta y seis suizas, cinco francesas, siete ale- 
manas y una polaca. 

La colonia San Carlos fué fundada en 1858 
por los señores Carlos Beck y Herzog, por 
cuenta de una compañía de accionistas deBa- 
silea, en un terreno concedido por el gobierno 
provincial. 

Dice con este motivo el Sr. Beck en su libro 
ya citado sobre laRepüblica Argentina: 

«Era esta la primera vez que los preparati- 
vos se hacian antes de llegar los colonos, y 
cuando las familias empezaron éi establecerse, 
la administración se preocupó en dirijir cui- 
dadosamente sus trabajos, y no solamente de 
cumplir con escrupulosidad el contrato en 
las reparticiones de materiales, de animales, 
de elementos y de semillas, sino también, y 
sobre todo, de atender desde el principio á 
las necesidades morales del culto y de la en- 
señanza. Esas atenciones no han quedado malo- 
gradas, y todas las personas que visitan las 
colonias, admiran en San Carlos la superiori- 
dad del trabajo agrícola, así como el orden y 
la tranquilidad que forma contraste con el 
espíritu algo tumultuoso de los establecimien- 
tos inmediatos. 

«Las familias de San Carlos empezaron á 
llegar en Mayo de 1859. Las remesas no se 
hicieron casi simultáneamente como para 
Esperanza, sino por el contrario, se sucedie- 
ron paulatinamente y por pequeños grupos 
muy poco numeroaos. 



— 249 — 

«A 31 de Julio de 1864,1a población ascendía 
á637 personas, formando 119 familias cuya mi- 
tad son protestantes. El número de animales 
ascendía á 3,265 vacunos, 696 yeguarizos y 1800 
lanares; lo que importa por familia un térmi- 
no medio de 28 vacunos y 6 yeguarizos. 

«Durante los doce meses que finalizan el 31 
de Julio ppdo., habia habido 11 casamientos, 
28 nacimientos, y solamente dos fallecimien- 
tos de adultos y 5 de niños. En los años ante- 
riores, la proporción habia sido poco más ó 
menos idéntica. Esta colonia contiene los ele- 
mentos del comercio, de los oficios y de las 
industrias agrícolas en la misma proporción 
que las demás.» 



En 1872, el señor Guillermo Wilcken, ins- 
pector nacional de colonias, visitó San Carlos, 
En el informe que publicó el año siguiente, 
dice que la colonia tenia 360 familias con 1.992 
individuos, habiendo 305 argentinos, 1.024 ita- 
lianos, 501 suizos, 117 franceses, 18 alemanes, 
8 españoles, 2 orientales, 9 belgas, 1 polaco, un 
chileno, seis ingleses, y eran 1.492 católicos y 
500 protestantes. 

La colonia, distante 10 leguas de la capital, 
ocupaba cinco áreas de 8 leguas cuadradas de 
terreno. 

Podía establecerse como regla que el valor 
de una chacra de 20cuadras sin cultivo variara 
entre 400 á 500 pesos bolivianos, según posi- 
ción y distancia del centro de la colonia. 

Pero era casi imposible fijar un precio general 
á las concesiones cultivadas, que tenían planta- 
ciones y edificios, habiendo algunas cuyo valor 
es de seis y aún de ocho mil pesos bolivia- 
nos. 

«San Carlos, dice Guillermo Wilcken, fué 



— 250 — 

de creación artificial. Es decir, los colonos 
que la fundaron pertenecían á la misma clase de 
inmigrantes, que poblaron la «Esperanza» y 
que, como ellos, recibieron toda clase de ade- 
lantos. Mas su desarrollo y actual progreso 
debe atribuirse con razónala constante y acti- 
va vigilancia, y á una enseñanza inteligente 
de parte de la administración. 

«Establecido, pues, el sistema normal y dado 
el primer impulso, el desenvolvimiento vino na- 
turalmente; y casi sin esfuerzo fueron poblán- 
dose con regularidad y espontáneamente las 
demás tierras, siendo dueños de chacras en 
ellas muchos de los colonos primitivos.» 

El señor Wilcken divide la colonia en cinco 
secciones: las palabras que anteceden se refie- 
ren á la primera. 

iCuáleseran las condiciones del contrato en 
cuya virtud Beck y Herzog debian establecer 
200 familias? 

Art. 1.' La familia se compromete á llevar 
consigo los artículos abajo nombrados (pero 
en los casos en que estas no tuviesen con qué 
comprar estos objetos, la sociedad les adelan- 
ta como también los gastos de viaje, esta- 
blecimiento en la colonia, etc.) 1 carro, I arado, 

1 rastra, 50 pies de cadena, 1 arroba de cordel, 

2 arneses, 8 ó 10 azadones ó picos, 2 horquillas, 
2 guadañas con mango, hoces y varios otros 
instrumentos que se necesitan en una casa de 
campo, incluyendo ropa, armas de fuego y los 
utensilios de cocina. 

Art. 2.' La sociedad se compromete á entre- 
gar á la familia llegada ala colonia: 

1.' Un terreno de 20 cuadras cuadradas. 

2.* Los materiales necesarios para la cons- 
trucción de un rancho. 

3.' 4 bueyes mansos, 2 caballos, 4 vacas le- 
cheras con su cria y 2 cerdos. 



— 251 — 

4/ Los víveres necesar¡os(d¡stribuidos sema- 
nalmente) hasta el valor de 60 pesos ó 300 
francos por persona adulta, contando por mi- 
tad los muchachos de 12 años y las mucha- 
chas menores de 14 años- 
Todas las semillas necesarias para sembrar 
el terreno que fuese cultivado. 

Art. 3/ Los colonos se obligan á lo siguien- 
te, bajo apercibimiento de perder todos sus 
derechos: 

A cultivar su concesión con actividad y 
perseverancia, obedeciendo á las instrucciones 
de la administración en materia de cultivo y 
siembra. Durante el primer año deben culti- 
var ó lo menos de cuatro á cinco cuadras, en 
el segundo á lo menos ocho cuadras y en los 
tres años siguientes alómenos diez cuadras. 
A entregar fiel y exactamente á la adminis- 
tración, en estado de exportación, la tercera 
parte de su cosecha durante cinco años con- 
secutivos, contados desde la misma época: 
1.* la mitad del aumento de las 4 vacas y su 
cria, entregadas por la sociedad según el 
artículo segundo. 2.' á entregar dos de los 
terneros recibidos al mismo tiempo. A dividir 
con la administración durante los cinco años 
el producto de los cerdos. A someterse á las 
autoridades establecidas y observar con es- 
crupulosidad los reglamentos introducidos en 
la colonia. 

Art. 4/ En el caso de que la tercera parte de 
las cosechas entregadas á la administración 
(tasado al término medio de su valor inme- 
diatamente después de cada cosecha) no basta- 
ra al fin de los cinco años para cubrir los gas- 
tos que se hayan hecho suministrando á las 
familias los objetos designados en el artículo 
2.', mas el interés de 6 por ciento, la familia 
quedará responsable y tencfrá que pagar el 



— 252 — 

saldo á la mayor brevedad posible, abonando 
el interés ordinario del país. 

Art, 5/ Después de la espiración de cinco 
años y haber cumplido todas sus obligaciones, 
la familia quedará dueña absoluta de: 1/ su 
concesión de 20 cuadras— 2/ de todo aquello 
con que la haya dotado— 3/ de todos los ani- 
males menos los que deberá entregar & la ad- 
ministración. 

Art. 6/ Cada familia debe entregar gratis, 
en partes iguales, el terreno necesario para 
los caminos, cuya anchura se fijará por la 
administración. 

Art. 7/ A su llegada cada familia será 1 os- 
pedada por cuenta de la administración, pero 
debe proceder sin demora á establecerse en su 
concesión. Esta demora en ningún caso puede 
exceder de seis meses. 



Habiendo llegado las familias, se les cum- 
plió fielmente no solo lo prometido en los 
contratos, sino que hasta se usó de una 
exajerada liberalidad con los colonos. Los Sres. 
Beck y Herzog^ dice una memoria de la comi- 
sión central publicada en 1869, se arruinaron 
en esta empresa^ pero la colonia «San Carlos»» 
la mas rica, la mas próspera y la mas fiore- 
ciente hoy de todas las colonias agrícolas 
establecidas en la República Argentina, con- 
servará ligada á su existencia el nombre de su 
fundador D. Carlos Beck.» 

Habiéndose liquidado la empresa Beck y 
Herzog, una asociación de capitalistas de 
Basilea continuó la venta de terreno que el 
contrato asignaba á los primeros empresarios. 

Es esta asociación la que ha trazado y 
delineado las colonias de Las Tunas y de 
Humboldt. 



— 253 — 

Los colonos de San Carlos tuvieron que lu- 
char con los mismos inconvenientes que pu* 
sieron al borde del abismo á la colonia Es- 
peranza, pero llevando aquellos la ventaja de 
ser dirijidos y asistidos por una administra- 
ción poderosa y paternal que atendía á su 
bienestar y no los abandonaba en los momen- 
tos de prueba, vencieron vigorosamente los 
obstáculos, á pesar de haber contra ellos tam- 
bién un elemento poderoso, turbulento, que 
comprometía en algunos instantes la exis- 
tencia y el porvenir de la colonia. 

La Administración lo arrancó de raiz aleján- 
dolo sin hesitar en el sacrificio de los valores 
anticipados. Aplicados y amantes del trabajo, 
estudiando sin cesar el medio de mejorar sus 
chacras, y sin perder un diade tiempo en nin- 
gún género de diversiones, son los colonos, 
además de esto, hombres que forman de ru- 
dos ó ignorantes inmigrantes, muy buenos 
agricultores. 

Gomóla mayor parte de ellos poseen mas 
chacras que las que pueden cultivar personal- 
mente, las dan á cultivar á familias recien 
llegadas, que les inspiren confianza y que 
ofrezcan indicios de hábitos de trabajo y bue- 
nas costumbres. 

Por lo regularen estos puntos el labrador y 
el propietario de la tierra parten la cosecha 
de trigo y de maíz, tomando el primero dos 
terceras y el segundo una tercera parte del 
producto. 

Se construyen habitaciones, haciéndoles 
adelantos de animales; instrumentos de agri- 
cultura, semilla, etc. 

Abrenle crédito con el carnicero, el panade- 
ro, enseñando y vigilando los trabajos del 
colono neófito. 

Al cabo de dos ó tres años, por poco que lo 



— 254 — 

favorezca la suerte en su cosecha, el habilita- 
do se encuentra en posibilidad de establecerse 
independientemente, ya comprando la misma 
tierra que ocupa, ya procurándosela en otra 
parte. 

Este sistema, una vez adoptado, evita al nue- 
vo labrador, el fracasar en los escollos en que 
han naufragado muchos europeos, á pesar de 
trabajos asiduos, y por no haber querido 
prestar oido á los consejos de la esperiencia 
sobre el clima y las estaciones propias para 
la siembra y cosecha, el manejo de los ani- 
males, etc. 

Sanearlos ha formado así muchos y muy 
buenos colonos; bajo este punto de vista, con 
justicia puede discernírsele el título de escue- 
la normal de agricultura colonial. 

Tales son los datos suministrados por el 
señor Wilcken. 



Diez años mas tarde, otro inspector de colo- 
nias, el señor Bouchardt, daba los siguientes 
datos: 

Estension territorial: 17.800 cuadras superfi- 
ciales, ó sean 890 concesiones de 20 cuadras 
cuadradas. 

Población: 756 familias, con 3.785 personas, 
délas que 943 son hombres, 1.115 mujeres y 
1.727 niños hasta 15 años, habiendo 95 familias 
argentinas, 58 francesas, 480 italianas, 6 alema- 
nas, 95 suizas, 3 españolas, 5 inglesas, 4 belgas, 
2 polacas, 1 oriental, 1 paraguaya, 3 irlande- 
sas, 3 dinamarquesas. 

Religión: 623 familias católicas y 113 protes- 
tantes. 

Siembras: 13.720 cuadras, habiendo 9.040 
sembradas con trigo, 3.740 con lino, 120 con 



— 255 — 

cebada, 40 con porotos, 340 con alfalfa, y 440 
con varias semillas. 

Haciendas: 2.874 bueyes de labor, 2.526 caba- 
llos, 87 muías, 1.638 vacas lecheras, 5.715 va- 
cunos de pastoreo, 1.321 cerdos y 2.759 varios 
otros animales. 

Vehículos: 711. 

Edificios: 12 casas dedos pisos, 10 de azotea, 
157 con techo de teja, 38 de zinc, 385 de paja, 
741 ranchos. 

Casas de comercio y de industria: 69. 

Molinos d vapor: 7, el del señor Bauer, 15 ca- 
ballos, otro del mismo señor, 40 caballos; el 
del señor Maire; 15 caballos, el del señor Boero 
25 caballos, el del señor Lubary, 15 caballos, 
el de los señores Auger, 25 caballos; el del Sr. 
Morellion 8 caballlos. 

Trilladoras d vapor: 3; doce depósitos de. 
grano. 

Existen en esta colonia numerosas planta- 
ciones de árboles frutales de diferentes espe- 
cies, así como sauces y paraísos y mucha vina. 
Las plantaciones de moreras á que se dedica- 
ron con especialidad los colonos, fueron des- 
truidas por la langosta, pero existen todavía 
en abundancia. 

La colonia San Carlos, observa el Sr. Bou- 
chard, ha seguido á vanguardia como colonia 
agrícola y digna de mencionarse, y ello lo de- 
muestran las 2.020 cuadras cuadradas que 
figuran cultivadas de aumento á las que en el 
año 81 figuraban. 



Dije anteriormente que la colonia San Carlos 
está dividida en tres partes; quiere decir que 
tiene tres plazas ó tres plantas urbanas; esto 
se debe á la estension de la colonia, mucho 
mas larga que ancha, (dos leguas de ancho por 



— 256 — 

cuatro de largo) y también á las diferencias de 
nacionalidades. Al norte están los franceses, 
es decir, los que hablan ese idioma; la plaza 
está delineada, pero no edificada. En el centro 
están los italianos, y al sud están los alemanes, 
es decir; los que hablan ese idioma. 

Al norte está un molino importante el de la 
Carlota^ propiedad de Esteban Auger y Ca,, 
de la fuerza de cuarenta caballos, á cilindros, 
pudiendo moler diariamente ciento veinte á 
ciento treinta fanegas de quince arrobas. La 
maquinaria fué suministrada por el señor 
Duvergier é hijos, quien ha proporcionado 
hasta por el valor de 800 mil francos á las colo- 
nias de Santa-Fé. 

Ese molino fué fundado en 1872 por el señor 
Fermin Laprade, de quien hablé anteriormen- 
te. Ese mismo Laprade introdujo tres trilla- 
doras á vapor, que dieron, dice Wilcken, un 
resultado muy negativo, pues dos de mayor 
dimensión se descompusieron; y la mas peque- 
ña no trabajó á satisfacción sino después de 
prolongados ensayos. 

Los mismos colonos no querían comprender 
entonces la necesidad de limpiar sus trigos 
paro venderlos, y se atenían á las yeguadas 
para trillarlos. 

El señor Laprade se arruinó, y vive actual- 
mente retirado en el Rosario. 

En San Carlos centro hay un colegio de her- 
manas de caridad que se dedican ala enseñan- 
za, y una iglesia espaciosa que hace frente á 
una plaza plantada con paraísos. Hay también 
una porción de edificios notables, casas de 
negocios bien surtidas, molinos, casas de arte- 
sanos, licorerias, una sucursal del Banco Na- 
cional, una delegación política, una casa mu- 
nicipal que llama la atención por su arqui- 
tectura griega, fondas, etc. 



- 257 — 

Estoy alojado en casa de un italiano llama- 
do Perreti, que tiene en su manzana eucalyp- 
tus, cipreses, moreras, perales, laureles,rosas, 
duraznos, rosales, viñas, legumbres de todas 
clases. 

Los cercos de las cuadras son de árboles, 
paraísos y sauces llorones, pero las calles me 
parecen muy angostas. 

En San Carlos centro he visitado el molino 
de Boero Hnos., fundado en 1880-81, nombrado 
ya, y el de la viuda Lubary, que tiene veinte 
años de existencia, y que va 6 reformarse, 
poniéndose á cilindros. 

El señor Lubary hijo es diputado ó las cáma- 
ras provinciales; el padre era español, natu- 
ral de las islas Canarias; habia puesto estan- 
cia en los alrededores de San Carlos, y se le 
deben varias colonias. 

En ese mismo San Curios he visitado la 
quinta de Domingo Bernardi, italiano, piamon- 
tés, de los primeros colonos, pues vino en 1857; 
este tiene cinco concesiones y cuarta, habiendo 
cedido una parte para la estación del ferro- 
carril. En su quinta he visto plantas de viña, 
duraznos, perales, manzanas, nogales. Dice que 
si los colonos no plantaron mas árboles fué 
por causa de la langosta. ¿Pero no podia- des- 
truirse la langosta con un poco de buena vo- 
luntad y la mancomunidad de los esfuerzos? 

El señor Ricardo Harvey, gerente de la su- 
cursal del Banco Nacional, me dice que San 
Carlos es tal vez mas sólido y comercial franca- 
mente hablando, que Esperanza. 

En San Carlos sud he visitado otro molino á 
vapor, el de Bauery Sigel, nombrado ya, pero 
que es actualmente de la fuerza de sesenta 
caballos, habiendo sido el primer molino de 
cilindros y con luz eléctrica en la Repúbli- 
ca Argentina. 

17 



— 258 — 

Visité también la cerveceria del señor 
Neuemyer, fundada en 1885, y que puede ela- 
borar de 3á 5,000 hectolitros de cerveza por 
año. 

En San Carlos sud hay un templo protestante 
que sirve también para escuela y donde los 
niños aprenden simultáneamente el alemán y 
el castellano. 

Los terrenos de San Carlos, Humboldt y San- 
ta Maria son— así se me ha asegurado— los 
mejores de Santa Fé; hace veinticinco años 
que se siembran, y siempre con buenos resul- 
tados. 

Sin embargo, este año la cosecha fué infe- 
rior, debido principalmente á las heladas tar- 
días. 

Por lo visto, San Carlos ha desempeñado 
un papel prominente en la obra de la coloniza- 
ción santafecina y merecía que se hablase de 
ella con alguna es tensión. 



— 259 



XXIV 



El general Estanislao López — El doctor Alberdi — La 
ciudad del Rosario — Una expedición al caiaco 



El 27 de Abril, á la tarde, emprendemos mar- 
cha para el Rosario de Santa-Fé: cruzamos la 
colonia Gessler, fundada por un ciudadano 
suizo de ese nomlíre, en 1871, al sud de la co- 
lonia San Carlos, y llegamos al anochecerá la 
estación Galvez, centro de la colonia del mis- 
mo nombre; aquell \ es ya una villa importan- 
te, y fué inaugurada hace poco tiempo, por el 
mismo goberna<lor de la provincia; alli se to- 
ma el ferrocarril de Buenos Aires, dejando el 
de la provincia. Los viajeros tienen veinte 
minutos para comer* 

Cuando el tren vuelve ó ponerse en marcha, 
reina la oscuridad; esta por consiguiente no 
nos permite ver las importantes colonias «Iri- 
goyen», «Aldao» y «Jesús M^ia» que vamos 
cruzando, antes de llegar al Rosario, á las 
nueve de la noche. Grandes y brillantes faro- 
les de luz eléctrica nos anuncian que estamos 
en la estación de la segunda ciudad de la Re- 
pública: el último censo le atribuye mas de 
cincuenta mil almas, y la ciudad continúa 
desarrollóndose y poblando rápidamente. 

líaseme asegurado que Estanislao López, el 
famoso caudillo de las guerras civiles, tenia el 
presentimiento de la grandeza futura del Ro- 
sario y lo habia manifestado al echar los ci- 
mientos de una iglesia. Susamigosle hacian 
observar que el templo iba á ser demasiado 
espacioso para la población entonces existente. 



— 260 — 

El contestó entonces que debía pensarse en el 
porvenir, y que el Rosario tenia que ser algún 
dia un gran pueblo. 

Desde que el nombre de Estanislao López ha 
venido bajo mi pluma,-quiero referir la inscrip- 
ción tumularia, que trae •su recuerdo á la 
memoria, en la iglesia del convento de los 
franciscanos de S mta-Fé, donde habia sido 
sepultado. 

Desde luego dos líneas raspadas; eran estas 
las que formaban el lema de Rosas: 

¡Viva la Confederación Argentina! 
¡Mueran los salvajes unitirios! 

1846 

Octubre 22 

Al excelentísimo brigadier general de la 
nación don Estanislao López— Como goberna- 
dor y capitán general de la provincia de Santa- 
Fé, esclarecido guerrero de la libertad, héroe 
glorioso de la Confederación y vencedor en 
memorables batallas, le rindió servicios emi- 
nentes.— Con sus fieles amigos y compañeros, 
los generales Echague y Rosas, libertó la Re- 
pública de la anarquía, por el tratado de paz 
de 22 de noviembre de 1820, celebrado en la 
estancia de Venegas á la margen occidental 
del Arroyo del Medio. Comandó en jefe el 
ejército nacional confederado, salvó ó las pro- 
vincias de la impía traición de los salvages 
unitarios y sostuvo el pronunciamiento de 
ellas por. el sistema del gobierno federal. 

Ni su gloria militar, ni su elevada posición 
pudieron cambiar jamás su sencillez republi- 
cana. Nació el 22 de noviembre de 1786, murió 
el 15 de junio de 1838. 



- 261 - 

Descansa del empíreo en las aaiernsiones, 
En el seno de Dios, hombre querido! 
La libertad te debe tus blasones, 
Y los tiranos su postrer gemido. 
Rosas, el companero de tu gloria, 
Consagra esta inscripción á tu memoria. 

Dejo al lector el trabajo de hacer los comen- 
tarios. Pero, cosa estraña, la inscripción mien- 
te: no existe allí el cadáver de López, ni si- 
quiera el esqueleto; habiéndo-e hechoescava- 
clones, no sé con qué motivo, echóse de ver 
que todo habia desaparecido, y se supuso co- 
mido por las hormigas. 

Tal es la explicación que nos dio el monje 
franciscano que nos servia de cicerone^ y dijo- 
nos también que las dos líneas, que formaban 
el lema sangriento de la guerra civil en aque- 
llos tiempos aciagos, hablan sido borradas por 
los soldados de Mitre, cuando llegaron áSanta- 
Fé, después de la batalla de Pavón. 

Esa inscripción tumularia no es la única que 
trae á la memoria el recuerdo de López en Santa- 
Fé. Hay otra en el centro de la plaza del ca- 
bildo, y dice: 

Al brigadier general don Estanislao López, 
defensor de la autonomía de la provincia, el 
pueblo agradecido.— Justicia y gratitud.— 1786, 
22 de no\iembrel886— Santa-Fé. 

Ahora bien; no puede negarse que el presen- 
timiento de don Estanislao López se ha verifi- 
cado del todo: la iglesia del Rosario es actual- 
mente la iglesia de un gran pueblo; esa peque- 
ña estación de barqueros y pescadores, debido 
á la libre navegación de los rios, á la inmi- 
gración, á la colonización y á los ferrocarriles, 
se ha convertido en un emporio de riqueza 
donde llegan directamente los grandes vapores 
de ultramar, cargando y descargando con la 



— 262 — 

mayor facilidad; falta solamente remover algu- 
nos obstáculos que estorban la navegación del 
gran rio para que el Rosario sea un verdadero 
puerto de mar, tierras adentro, á ciento cin- 
cuenta leguas del Océano, mientras que por 
otra pirte es la puerta dorada de las provin- 
cias transparanaenses. 



En el Rosario he encontrado á algunos anti- 
guos amigos de Entre-Rios, los doctores Josó 
Vicente Diaz, Desiderio Ro¿as, Manuel Bere- 
tervide, alumnos que fueron del famoso cole- 
gio del Uruguay, cuando concurrían allí los 
estudiantes de todas las provincias argentinas^ 
yaúndeChiley de Bolivia. Uno de ellos me 
llevó averias carreras en el hipódromo de la 
Villa Alberdi; fuimos allí en tramway, porque 
todos los carruajes estaban ocupados. 

La Villa Alberdi está en un paraje pintores- 
co, al Norte de la ciudad y tiene ya lindos edi- 
ficios, grandes plazas plantadas de árboles de 
ornato de hojas persistentes, pero el tramway 
deja algoque desear allí como en otras partes. 

El autor de las BcLses déla Constitución me- 
recía indudablemente que se perpetuase su 
memoria, poniendo su nombre á un pueblo 
nuevo, aunque no fuese mas que por haber di- 
cho: «En América gobernar es poblar.» Alber- 
di pasó los dos tercios de su vida fuera de su 
patria, en Montevideo, en Chile, en Europa, 
donde murió; y debe probablemente al destier- 
ro una gran parte de su superioridad intelec- 
tual; la adversidad es la mejor maestra del 
hombre. 

En cuanto á los habitantes del Rosario, no 
anduvieron desacertados al elejir para esa po- 
blación suburbana el nombre del gran promo- 
tor del comercio directo. 



— 263 — 

Ese Rosario improvisado, pues, hablando con 
propiedad, ha nacido con la constitución de la 
República Argentina, en 1853. Uno de los edi- 
ficios que me llamaron mas la atención fué el 
de los graneros y muelles del señor Tomás Tho- 
más, en la barranca al Norte de la ciudad. Ese 
señor Tomás Thomás, es un norte-americano, 
un yankee, que vino como compañero de 
Whelright, el famoso empresario y constructor 
de ferrocarriles en Sud-América ; él fué quien 
colocólos primeros rieles del ferrocarril Cen- 
tral Argentino, ó del Rosario á Córdoba, ha- 
biendo tenido que empezar los trabajos casi 
sin instrumentos. 

Ese granero está construido al estilo de los 
de Norte-América, donde existen en abundan- 
cia, y es el único de esta clase que se encuentra 
hasta ahora en la América delSud; pero báse- 
me asegurado que se trata de construir otro 
en Barracas. 

Puede recibir por ahora cien toneladas de 
grano y ponerlas en la bodega del buque que 
está fondeado al lado mismo del edificio. 

Los trigos son ventilados y aireados, garan- 
tizándose que llegarán en buen estado á 
Europa. 

Por medio del mecanismo de los elevadores 
se hace diez veces mas trabnjo de lo que se 
haria por medio de peones; pues estos pueden 
introducir por medio de una canaleta dos ó 
tres mil bolsas, mientras que por medio de los 
elevadores pueden echarse hasta treinta mil 
bolsas. 

Los buques, vapores y otros que atracan allí, 
tienen un fondeadero de veinticinco pies de 
agua; el único inconveniente que sufren para 
la salida es el paso de Martin Garcia, pero ya 
se trata de removerlo. 

Otra ventaja que tiene el granero es la proxi- 



— 264 — 

midad de las líneas férreas que se bifurcan en 
frente del edificio, yendo una para Súnchales, 
otra para el Oeste Santafecino, otra para Bue- 
nos Aires. 

El señor Arturo Maderna, empleado en la 
administración del granero, tuvo la bondad de 
hacerme visitar todas las partes del edificio, 
desde los sótanos hasta el último piso; pues 
el edificio es muy elevado, y desde arriba se 
goza de un cuadro admirable^ viendo toda la 
ciudad del Rosario, los alrededores poblados 
y cultivados, el rio Parané, el puerto, las islas 
y las costas de Entre-Riosen lontananza. 



En el Rosario he visitado al Dr. Gabriel Car- 
rasco, encargado del censo de la provincia y 
conocido autor de la obra notable «Descripción 
geográfica y estadística de la provincia de Santa- 
Fé», de la cual me regaló un ejemplar (cuarta 
edición). Díjome que dentro de poco tiempo 
iban á publicarse los trabajos que hobia lleva- 
do á cabo y que me tendria al corriente de todo, 
á fin de que yo pudiese conseguir el objeto 
queme proponía, haciendo conocer en todos 
sus detalles la importancia de Santa-Fé y de 
sus colonias. 

He visitado también al señor William Per- 
kins, norte-americano, uno de los primeros 
exploradores del Chaco, bajo la administración 
del señor D. Nicasio Oroño. Ese señor publi- 
có entonces (1867) un interesante folleto titu- 
lado «Relación de la expedición & el Rey en el 
Chaco». 

Esa expedición tenia por objeto reconocer y 
mensurar los terrenos fiscales ubicados en la 
costa del Rio Paraná, entre el pueblo de San 
Javier y el arroyo del Rey; un siglo parece 
haber transcurrido desde entonces-^Con la ex- 



— 265 — 

pedícton iban algunos agricultores norte-ame- 
ricanos, recien llegados al país y encargados 
por unos amigos y parientes de California d6 
buscar un parage para establecerse definitiva- 
mente. Este pensamiento dio origen á la 
colonia California, al Norte de San Javier; la 
Memoria del señor Perkins trae datos intere- 
santes, délos cuales daré algunos. 

Hablando del parage denominado «Pájaro 
Blanco», d la altura de la Esquina, dice lo si- 
guiente: 

« El nombre de «Pájaro Blanco» tiene su orí- 
gen en que las cigüeñas, ave blanca, muy gran- 
de, de pico negro de catorce pulgadas de largo, 
han construido en uno de los árboles mas 
grandes del montecito situado en la parle Nor- 
oeste del Rincón, un enorme nido que se ha 
emblanquecido con los excrementos de las 
aves. Ademas, dicen los indios que nunca 
deja de haber dos cigüeñas en el nido, las que 
siendo tan blancas se ven de una distancia 
considerable. Efectivamente, á la ida noté las 
dos aves en el nido; y á la vuelta durante las 
veinte horas que estuvimos acampados casi 
bajo del árbol, allí estuvieron también todo ese 
tiempo. Los indios veneran mucho estas aves, 
y solo cuando se ven acosados por el hambre 
se resuelven á matarlas. Se aflijieron mucho 
un dia cuando uno de los americanos mató á 
una de ellas con su rifle. » 

El respeto de los indios por la cigüeña ha 
existido y se conserva aún entre algunos pue- 
blos europeos: en Alemania, en Holanda, los 
habitantes construyen nidos para esas aves al 
lado desús chimeneas; un cazador, pariente 
mió, que habia muerto á una, se atrajo las 
maldiciones de todas las mujeres de una aldea 
al través de la cual llevaba triunfalmente su 
presa. Efectivamente, la cigüeña presta gran- 



— 266 — 

des servicios al hombre destruyendo víboras. 

No solamente la cigüeña, sino los pájaros, en 
general, fueron los primeros educacionistas 
del hombre, como lo prueban las tradiciones 
de todos los pueblos. 

Hablando mas adelante de los indios de 
San Javier, indios reducidos, dice el señor 
Perkin : 

« La indiada de San Javier, en general respe- 
ta la religión; casi todos llevan en el pecho 
una cruz, de metal ó de madera, ó alguna 
imagen del santo de su devoción . Hablan con 
reverencia de las cosas sagradas, aunque las 
tienen mezcladas con las supersticiones de su 
raza. Los brujos entre ellos tienen todavía 
grande influencia. No permiten á indio algu- 
no curar á sus enfermos, sino que los entre- 
gan á los brujos ó brujas, cuyos remedios no 
consisten en otra cosa que formular los encan- 
tamientos, comprimiendo el cuerpo con las 
manos y untando el estómago y otras partes 
con saliva. Un remedio entre ellos muy eficaz 
para la mordedura de la víbora de la cruz con- 
siste en estas supercherías y la aplicación de 
la saliva en la parte herida. Esto basta, se- 
gún dicen, para curar al doliente; lo que prue- 
ba que la picadura de la tal víbora no es tan 
venenosa como se cree generalmente. 

« Las ceremonias fúnebres tienen todavía 
muchos resabios de las que acostumbran los 
pueblos bárbaros. Pero, por otra parte, se ha 
establecido entre ellos el respeto á las cere- 
monias del matrimonio y el bautismo. Los 
casados se jactan de haber sido unidos y vela- 
dos en la iglesia. 

«Estos resultados por la bella inclinación 
que los produce y que parece presajiar una 
era de completa regeneración para los hijos 
del desierto, son en verdad bien satisfactorios; 



— 267 — 

pero al propio tiempo surje de aquí otra con- 
sideración, que importa un cargo contra no- 
sotros mismos y esta es: cuan poco se ha he- 
cho hasta ahora para educar á los niños y 
enseñarles al menos á ser buenos ciudadanos 
y procurar destruir poco á poco los vicios y 
supersticiones de la raza». 

Mas adelante el señor Perkins refiere una 
de esas supersticiones: 

«Creen que estos animales (los tigres) par- 
ticipan en algo de la naturaleza del hombre. 
El valor que tienen las pieles de estos anima- 
les excita tanto la codicia del indio, que siem- 
pre que tiene ocasión de cazarlos lo hace, aun- 
que es con una especie de remordimiento que 
se atreve á dar la muerte á un tigre; hay, sin 
embargo, muchos indios que no lo harian por 
nada. 

«Hablé con un viejo que me refirió con to- 
da la seriedad del mundo el siguiente caso, 
que bien puede servir de modelo de las leyen- 
das indígenas: Dijo que hó muchos años, ca- 
zando en las islas, le salió en el camino un tigre 
y que tomando él su fusil le acertó un balazo 
en la cabeza. El animal, cuando se sintió heri- 
do, pronunció en acentos lastimeros estas pa- 
labras: No me mates, por Dios! y cayó al suelo, 
cambiándose la parte superior del cuerpo en 
forma de hombrel El indio huyó, y encontrando 
á sus compañeros les refirió el milagro. Todos 
volvieron al lugar pero ya el tigre muerto 
habla recobrado su forma natural. Determina- 
ron entonces cortarle la cabeza y colgarle en 
un árbol, y después le sacaron el cuero. Pe- 
ro al dia siguiente ambas cosas hablan desa- 
parecido. 

«El mismo Juan Gregorio (un baqueano) 
refiere que una vez al apuntar con su fusila 



— 268 — 

un tigre, se le nubló la vista y que no volvió 
ú ver sino cuando ya el animal se habia esca- 
pado. 

Ninguno de estos hombres, desde que ocur- 
rieron tales hechos, ha dado muerte ó un solo 
tigre. 

«La mayor parte de los indios creen que el 
tigre es hombre bajo la forma provisional de 
aquella fiera. 

Hombres aún de viveza é inteligencia del 
baqueano Villalba, tienen esta clase de supers- 
ticiones. 

Fué él quien me refirió, medio asustado, las 
hazañas que cometian los cadáver^es (como él 
dice) de los muertos en la batalla de Mala* 
brigo». 

Lo que dice el Sr. Perkins sobre eí modo de 
curarlas picaduras de víboras, me fué confir- 
mado en el Chaco: en Resistencia tuve ocasión 
de ver á una joven india que habia sido pica- 
da. El dueño del ingenio, señor Boggio, quiso 
curarla por los procedimientos científicos: hí- 
zole inyecciones de permanganato de potasa y 
le dio de beber gotas de amoniaco; pero las 
médicas indias se la quitaron de las manos y la 
llevaron & la toldería inmediata donde la tra- 
taron por medio de cantos, de hechizos y fre- 
gándole los muslos y las piernas.... La india 
sanó.... ídebido & los cantos ó á los cuidados 
del patrón, óá la inocuidad de la mordedura? 
That is the question. 

En cuanto á la cuestión de civilización de 
los indios que el mismo señor Perkins plan- 
teaba desde entonces, es preciso confesar que 
no ha adelantado mucho camino. 

Posteriormente, el señor Perkins fué nom- 
brado superitendente de las colonias del ferro- 
carril Central Argentino, es decir, de las co- 



— 269 — 

loniasquela compañía concesionaria estable- 
ció á lo largo del terro'Carril^ Roldan ó Berns- 
tadtj Cavcarañáj Cañada de Gomes ^ Tortugas, 
etc. 
De estas colonias hablaré mas adelante. 



— 270 — 



XXV 



Escnraiones á San Nicolás, á villa Casilda, á loares 

Celman 



El Rosario fué para mí lo que habla sido 
Santa Fé: el punto de partida para varias es- 
cursiones. 

La primera fué para San Nicolás de los Ar- 
royos, la ciudad famosa en los anales de la 
República; pero lo que me llamaba allí, no 
eran los recuerdos políticos, sino el deseo de 
visitar el importante establecimiento de con- 
servas de carne por el sistema frigorífico del 
señor Terrasson. Este descubrimiento, debido, 
si mal no recuerdo, ó la ciencia geológica, 
entraña un porvenir inmenso para estos países 
esencialmente productores de carne, porque 
el porvenir del país, ni menos esta es mi opi- 
nión, está en la combinación de la agricultura 
con la cria de animales, y no en la agricultura 
esclusivamente; observando, por otra par- 
te, que no hay agricultura duradera sin abo- 
nos, y que los mejores abonos son los que 
suministran los animales, incluso, el hombre. 

En fin, debe notarse que la exportación de 
granos, cereales, oleaginosos, textiles, etc.,. 
debe tener un límite insalvable; pues otros 
países los producen en tanta abundancia y aún 
mas baratos que nosotros, mientras que la 
producción de la carne tendrá un mercado ili- 
mitado en el mundo antiguo, donde millones 
de individuos pasan años sin conocerla. 

Luego el problema de la colonización, del 
poblamiento del país, consiste en la combina- 



— 271 — 

cion su(lodicha,y úsu solución deben aplicar- 
se las fuerzas intelectuales de nuestros esta- 
distas, en lugar de dejarlo abondonado todo ó 
casi todo á las fuerzas espontáneas de la na- 
turaleza, á la codicia de los especuladores de 
terreno y ala rutina ignorante de los inmi- 
grantes traídos generalmente de las regiones 
mas atrasadas de Europa, que agotan la tierra 
por una sucesión repetida délos mismos cul- 
tivos, sin atender jamás á devolverle los ele- 
mentos de feracidad que le quitaron, hacien- 
do una agricultura nómade, si así puede de- 
cirse, y levantando campamento para ir mas 
lejos, cuando concluyeron con la riqueza na- 
tural del suelo. 

Pero volvamos.! San Nicolás y al señor Ter- 
rasson. Este caballero es un francés, joven aún, 
aunque con canas, que habita en el país desde 
1867; fué barraquero antes de ser industrial. 
La usina que ha establecido en San Nicolás 
puede matar y beneficiar hasta mil ochocien- 
tos carneros por dia. La carne del animal se 
introduce en un primer cuarto donde sufre 
una temperatura de cuatro é cinco grados bajo 
cero para empezar el enfriamiento; en seguida 
se pone en otro cuarto donde reina un verda- 
dero frió siberiano, diez y ocho grados bajo 
cero, y finalmente se conserva en depósitos 
de cuatro á cinco grados, también bajo cero, 
embolsando cada animal en una tela. 

El frió se consigue por medio de la compre- 
sión del amoniaco. Es cosa muy curiosa ver 
la nieve formada al rededor de los caños con- 
ductores, y, como decia el poeta, el invierno 
improvisado en medio del verano, l'hiver au 
milieu de Veté. Pero hay que tomar precaucio- 
nes para penetrar en esos cuartos donde se 
esperimenta una tan repentina variación de 
temperatura, como si uno pasase súbitamen- 
te del Ecuador al polo Antartico. 



— 272 — 

El animal congelado se vuelve duro como la 
madera, pero conserva toda su frescura, como 
queda demostrado por la experiencia. En Mar- 
sella se han comido carneros traídos del Rio 
de la Plata, y los convidados al banquete han 
estado creyendo que habían sido comprados 
la víspera en el mercado de la ciudad. 

El problema está, pues, resuelto en cuanto 
á la carne de oveja. Falta saber si puede ha- 
cerse lo mismo con la de vao^. El señor Ter- 
rasson contestó afirmativamente á la pregunta 
que le dirigí á este respecto, pero el modo 
como se crian y sq engordan los animales va- 
cunos entre nosotros deja mucho que desear; 
la carne insulsa que producen, con raras es- 
cepciones, no tendría aceptación en los merca- 
dos europeos. Consecuencia: es preciso abso- 
lutamente abandonar la estancia al estilo 
antiguo para acudir á la estabulación, á la 
cria científica, á la zootecnia, al engorde por 
medio de praderas aatificiales y de plantas 
forrajeras; en fin, valerse de todos los proce- 
dimientos adoptados en los países mas adelan- 
tados, para hacer carne exportable. 

Acabóse la época para la estancia primitiva, 
rudimentaria, de grandes extensiones, donde 
los peones paraban rodeos y hacían recogí- 
das. El sistema de los alambrados ha sido, un 
paso dado para adelante; la fuerza de las cosas 
obligará á los criadores á subdividir sus cam- 
pos, á venderlos, á arrendarlos, á realizar, en 
fin, una combinación ventajosa para todo3,para 
ellos mismos y para la sociedad. 

Entre tanto, el estado, representante y ór- 
gano de la colectividad, debería fomentar el 
establecimiento de depósitos frigoríficos en el 
exterior, en el Brasil, en Chile, en Europa; este 
sería el medio de ayudará las empresas que 
podrían formarse eatre nosotros. El Sr. Ter- 



— 273 — 

rasson me hablaba en este sentido, observando 
que si él consigue resultados positivos^ esto 
resultaba de la excesiva economía con que ma- 
neja su establecimiento, y que le constaba que 
otros habian experimentado pérdidas de con- 
sideración. 

En San Nicolás se matan anualmente dos- 
cientos cincuenta mil carneros. En el mes que 
acaba de transcurrir han debido embarcarse 
setenta y cinco mil i^ov los buques Hildegarde^ 
Disberg, Borghese y Mesalh. 

El gobierno nacional, inspirado por el mi- 
nistro de ^hacienda, doctor Pacheco, da una 
prima de seis pesos por kilogramos de carne. 

El día en que visité el establecimiento, no 
era dia de faena, pero pude darme cuenta de 
la operación con las esplicaciones del señor 
Terrasson. Un dato interesante es que el gene- 
ral Boulanger, siendo ministro de la guerra, 
había proyectado surtir al ejército francés con 
la fábrica de San Nicolás; la idea le habia 
sido sugerida por el diputado Susini, quien 
ha vivido muchos años entre nosotros, como 
doctoren medicina, y quien fué electo por la 
Córcega, su país de nacimiento. 

El establecimiento de San Nicolás está en la 
situación mas ventajosa sobre la barranca al- 
tísima del Paraná, pudiendo el embarque ha- 
cerse con la mayor facilidad. 



El dia siguiente (1" de Mayo), habiendo re- 
gresado al Rosario, emprendo marcha para Vi- 
lia Casilda en el tren del ferro-carril del Oeste 
Santafecino. Villa Casilda es el pueblo central 
de la importante colonia Candelaria. 

Esta colonia fué fundada en 1870 por don 
Carlos Casado, negociantB español del Rosario 
en terreno de su propiedad, que constaba, di- 

18 



— 274 — 

ce el inspector Bouchard, de 15,600 cuadras 
cuadradas, siendo las concesiones de 25 cua- 
dras superficiales fuera de calles. 

A fines de 1882, la población se componía de 
247 familias, que representaban un número 
de 1,044 personas, entre hombres, mujeres y 
niños. 

Nacionalidades: familias argentinas 38, ita- 
lianas 158, francesas 24, alemanas 4, inglesas 1, 
chilenas 4, españolas 18. 

Todas las familias, menos 6, eran católicas. 

Habíanse sembrado 3464 3i4 cuadras con tri- 
go, lino, cebada, papas, alfalfa y otras semi- 
llas. 

El terreno, bajo cerco de alambre, era de 
1027 cuadras cuadradas. 

Habia 8104 animales de labor y otros, 638 úti- 
les de labranza, 120 vehículos, 340 edificios, 13 
casas de negocio, 4 herrerías, 5 carpinterías, 4 
fondas, 7 hornos de ladrillo, 2 panaderías, una 
botica y una fábrica de vinos y de licores, 2 
molinos y 16 trilladoras, 4 galpones ó depósi- 
tos de granos. 

Existían 2.500,000 frutales, entre peros, du- 
raznos, damascos, pies de parra y 4.000.000 de 
árboles para leña y madera. 

En 1888 la Villa Casilda con sus elegantes 
edificios rodeados de árboles de ornato, la pla- 
za igualmente arbolada, al lado de la cual se 
destaca una iglesia con alto campanario, sor- 
prende agradablemente al viajero cansado de 
contemplar la monotomia de la pampa, aunque 
está generalmente colonizada y cultivada; pero 
la horizontalidad casi absoluta del terreno no 
deja de ser fastidiosa. 

Villa Casilda está á cincuenta kilómetros del 
Rosario, mas ó menos, en el punto de intersec- 
ción del ferro-carril Oeste Santafecino con el 
ferro-carril concedido de Pergamino áCañada 



— 275 — 

de Gómez y colonia Ortiz al norte, y el punto 
de empalme de otro ferro-carril que pasando 
por Melincué, Venado Tuerto, debe prolongar- 
se al sud hasta juntarse con el ferro-carril 
Trasandino. Por consiguiente, es un pueblo de 
porvenir. 

Sobre la colonia Candelaria el señor Wil- 
ken nos suminístralos datos siguientes, en un 
informe de 1873. 

Al principio se vendieron las concesiones á 
300 pesos fuertes al contado, óá 400pesosá pa- 
gar en tres anualidades sin interés. 

Al presente (1873), las concesiones valen 500 
pesos fuertes, y en arriendo se dan á 50 pesos 
por año. 

Es fama bien sentada que las tierras de la 
Candelariason superiores, aún entre las me- 
jores del Rosario, y el análisis practicado no 
hace sino conceptuarla regla general. 

No hay bosques en los campos de la Can- 
delaria; carece por consiguiente de madera 
y leña. Los colonos tienen que proveerse de 
una y otra de losV. depósitos del Rosario. . . . 

Pero la admiiíifetracion tiene grandes alma- 
cigos de toda clase de árboles frutales. Los 
reparte gratis al colono instruyendo y exci- 
tándolo por ejemplo á hacer plantaciones y á 
cuidar de su cultivo. 

Propaganda tan activa y elocuente no puede 
dejar de ser eficaz y fecunda en sus resulta- 
dos. El gran mal en general de los terrenos 
abiertos, sin bosques ni arboledas es la escasez 
de lluvias. El clima cambiaría favorablemen- 
te, y se liaría masbegnlno; las lluvias caerán 
con mas regularidad á medida que los cam- 
pos se cubran de arboledas. 

La juiciosa elección de familias que reúnen 
en sí las condiciones de amor al trabajo, econó- 



— 276 — 

mia y sobriedad; la protección decidida que 
se les ha dispensado desde su llegada, com- 
binando las conveniencias ó intereses del colo- 
no con las de la empresa: cierta emulación 
excitada por premios, ofrecidos al que hace 
mejor trabajo en el cultivo de la tierra y el 
que edifique primero una casa mas conforta- 
ble, han contribuido poderosa y eficazmente á 
su desarrollo en el corto espacio de un año. 
El almacén de la empresa provee á los colo- 
nos á precios módicos de todo lo necesario; 
pero no vende bebidas, cuya introducción está 
prohibida en la colonia: siendo al parecer el 
deseo de impedir toda ocasión y aliciente & 
la embriaguez, el espíritu que ha presidido en 
la determinación de la empresa de reservarse 
lo exclusivo del negocio de la venta de mer- 
caderías y provisiones. 

Hasta aquí el señor Wilken. A pesar de tan- 
tas precauciones, la colonia Candelaria tuvo 
que luchar contra dificultades serias, y se me 
ha referido que el empresario se vio mas de 
una vez en apuros, pero consiguió superar- 
las. 



Xo quise detenerme en Villa Casilda, como 
había proyectado hacerlo, y cuando el tren 
volvió á emprender la marcha, volví también 
á embarcarme. Cruzamos sucesivamente las 
colonias «General Roca», «Negrito», «Iriondo» 
y «Arteaga» inmediatas al pueblo de San José 
de la Esquina, que dejamos á la izquierda, 
antes de llegar á la cblonia «Juárez Celman» 
ó «Cruz-Alta», que es por ahora el fin del ferro- 
carril, en la provincia de Córdoba. 

En esa altura desaparece hasta cierto punto 
la monotonía del paisage santafecino; hay ve- 



— 277 — 

ees en que el ferro-carril, en lugar de desli- 
zarse sobre una superficie horizontal, se hun- 
de en el interior de la tierra y corre por altos 
terraplenes infundiendo cierta desconfianza al 
viajero^ pues aquellos no parecen muy bien 
afirmados. Nos acercamos al valle del rio 
Carcarañá, que se divisa en lontonanza; pero 
el tiempo se ha declarado lluvioso, por mas 
que diga el paradógico doctor Wilde, la lluvia 
derrama sobre la naturaleza un tinte de tris- 
teza y de melancolía irresistible, sobre todo 
cuando esa naturaleza está ya bastante triste 
de por sí, como lo es la Pampa, sin vegetación, 
sin accidentes de terrenos, uniforme como el. 
mar. • . 

San José de la Esquina parece á la distancia 
un pueI)lo de regular aspecto, ostentando sus 
casas y su iglesia con techo de teja grandes 
galpones ó depósitos al lado de la estación. 

En cuanto á «Juárez Celman», es una villa 
que está improvisándose y que tiene ya un 
gran número de bonitos edificios de material, 
de teja, de hierro galvanizado, con una capi- 
lla en construcción, que producen un lindo 
efecto, destacándose sobre la verde pradera del 
campo. Pero repito que la lluvia, cada vez 
mas fuerte, viene á afear el paisaje. 

En una estación^ oyendo á dos viajeros que 
hablaban francés, trabé conversación con 
uno de ellos; este biene á sentarse al lado mió 
en el wagón. Llámase Velary Gilson, oriundo 
del departamento de Seine et Marne; está esta- 
blecido en la colonia Iriondo, la cual tiene 
trece años de existencia. Posee cuatrocientas 
cuadras cuadradas de terreno, de las cuales 
cultiva y siembra la mitad; díceme que tiene 
cincuenta yuntas de bueyes. El único medio 
de prosperar, sigue diciendo, es hac^r agri- 
cultura en grande escala; tiene amigos en las 



— 278 — 

colonias de Entre-Rios, pero allí se les ha 
mezquinado la tierra, por cuyo motivo las 
familias tienen forzosamente que vegetar. En 
esta colonia, los primeros pobladores recibie- 
ron gratuitamente veinte cuadras; los otros 
pagaron doscientos pesos oro, con phizo de 
cinco años sin intereses. 

Los indios asaltaron varias veces la colo- 
nia; en uno de esos asaltos mataron á un 
cojono francés en presencia de su esposa y se 
llevaron á ésta con los liijos. Entonces los 
colonos se cotizaron para rescatarlos, y ya 
hablan juntado una cierta cantidad, pero en 
esta circunstancia vino la batida á los indios 
(sin duda la expedición del general Roca al 
Rio Negro), y estos se llevaron en la retirada 
á la mujer, separada de los hijos. En fln, los 
soldados dieron con ella, liberténdola, y los 
colonos le entregaron el importe de la sus- 
cricion. Mas tarde tuvo la suerte de volver á 
encontrará sus hijos. 

Refirió que los indios se la trasmitían de 
uno á otro vendiéndola; que finalmente cayó 
en manos de un cacique que la hizo criada 
de sus mujeres. Tales eran los percances de 
los primeros colonos. 

Este mismo Gilson, tenia un socio que ha 
desaparecido, habiéndose ido á Carmen de 
Patagones; llamábase José Kuntz, oriundo de 
los alrededores de Lille (Francia); supone que 
ha sido asesinado, pues de él no tiene noticias. 
Si algún lector de estas líneas lo conoce pue- 
de dar noticias de su paradero á su afligido 
amigo. 

Al sud de las colonias «Iriondo» y «Arteaga» 
están ubicadas las colonias «Pellegrini», «San- 
ta Catalina», «Toscana», «Piamontesa». El ter- 
reno es bueno, dice mi compañero de viaje, 



— 279 — 

pero los colonos no conocen mas sementeras 
que el trigo, el maíz y el lino. 

Continuaba y arreciaba la lluvia, en vista de 
lo cual resolví regresar al Rosario para tomar 
el ferro-carril Central Argentino. 



— 280 — 



XXVI 



Las colonias del Ferrocarril del Rosario á Córdoba 

Mi ultima excursion,por esta vez,es la provin- 
cia de Santa-Fé^ fué para las colonias del ferro- 
carril Central Argentino, La historia de esas 
colonias se relaciona con la del ferro-carril 
del Rosario á Córdoba. 

Cuando, á consecuencia de la secesión de 
Buenos Aires, el gobierno de la confederación 
se instaló en la ciudad del Paraná, capital de 
la provincia de Entre-Rios^ declarada capital 
provisoria de la república, uno de los prime- 
ros pensamientos de aquel gobierno fué la 
apertura de las vias de comunicación. Para 
viajar entonces no se conocían mas que el 
caballo y las tropillas de caballos amadrina-- 
rfosqueson, diremos así, unas postas ambu- 
lantes; para llevar mercancías, no había mas 
que las muías y las carretas de bueyes, que 
andaban una legua por hora, y tenian que for- 
mar campamento cada noche para fortalecer- 
se contra los indios. Era el resultado que un 
viaje insignificante duraba semanas y meses, 
y una carta tardaba tanto para venir de los es- 
tremos de la república como para recorrer 
actualmente el mundo entero. 

Tal era, pues, la primera dificultad que ha- 
bla que vencer: la falta de comunicaciones 
que imposibilitaban la sociabilidad y la admi- 
nistración, tuda vida política y social. El go- 
bierno nacional, aunque escaso de recursos, 
acometió sin trepidar la dificultad y decretó 
la construcción de un ferrocarril desde el 



— 281 — 

Rosario hasta Córdoba; el Rosario, puerto has- 
ta entonces ignorado por los navegantes de 
ulti'amar,pues estosno podian pasar del /^wer^o, 
es decir^ de Buenos Aires, habia llegado á ser, 
debido á la libre navegación de los rios acor- 
da en 1853 con las potencias extrangeras, y á 
los derechos diferenciales, decretados en 1856, 
el principal puerto de la confederación. De esta 
manera habíase establecido el comercio direc- 
to, que era el objetivo délos estadistas argenti- 
nos. Pero ese comercio directo implicaba 
necesariamente la abertura de vias de comuni- 
cación, la construcción de puentes y caminos, 
y en fin de ferro-carriles para suprimir las 
distancias entre los pueblos desparramados en 
ese espacio inmenso que Alberdi definía un 
desierto poblado por excepción. 

El ferro-carril venia á ser el complemento, 
la condición sine qué non de la organización 
política y económica de la nación reconsti- 
tuida. 

Un ingeniero norte-americano fué, pues, en- 
cargado de hacer los estudios del ferro-carril 
del Ropario á Córdoba. Pero desgraciadamente 
no se hablan apagado los rencores políticos, 
el fuego de la guerra civil continuaba ardien- 
do bajo las cenizas; la lucha encubierta no 
tardó en convertirse en lucha abierta; los in- 
genieros hicieron lugar á los artilleros; el 
cañón volvió á anticiparse á la locomotora, y 
el ferro-carril quedó postergado indefinida- 
mente. 

La política tejía y destejía su inacabable tela 
de Penélope. Cuánto tiempo perdidol cuántas 
fuerzas gastadas inútilmente! 

Solo en 1863, después de la traslación del go- 
bierno nacional á Buenos Aires, se inaugura- 
ron los trabajos: una compañía inglesa se 
comprometió á construir el ferro-carril po- 



--28^ — 

níendo por condición que se le cediera una 
legua por cada lado de la vía férrea, ademas 
de la garantía consuetudinaria, lo que impor- 
taba una estension de ciento sesenta leguas 
cuadradas, un verdadero condado. Es verdad 
que debia colonizarlas, cuya condición no se ha 
llenado sino incompletamente. 

La concesión parecía tan exorbitante, que 
se creyó un momento— así se me ha asegura- 
do,— que el congreso iba á rechazarla, y que 
entonces el Rosario iba á perder otra vez su 
importancia efímera; pero los congresales no 
retrocedierojí ante la enotmidad del sacrifi- 
cio, y el ferro-carril se llevó á cabo así como 
lía colonización. 

Los trabajos del ferro-carril,— ya lo dije- 
datan de 1863; en cuanto á la colonización^ 
data de 1870. 

Vamos, pues, á recorrer ese ferro-carril. 



El 3 de mayo, A las siete de la mañana sa- 
limos del Rosario; cruzamos el ejido de la 
ciudad y entramos en la colonia Bernstadt 
(ciudad de Berna) que lleva también el nom- 
bre de Roldan. Esta es la primera colonia 
fundada por la compañía. 

En el año de 1869, dice Guillermo Wilcken, 
la compañía mandó á su agente don Guiller- 
mo Perkins á Europa para contratar los colo- 
nos que debia establecer en Roldan, á cuatro 
leguas del Rosario, punto donde principia el 
derecho de la empresa á las tierras cedidas 
por el gobierno según contrato. 

Pero habiendo el directorio de la empresa 
en Londres nombrado al señor Perkins supe- 
rintendente del departamento de tierras de la 
empresa, éste tuvo que recibir sus instruc- 
ciones y regresar inmediatamente para coló- 



— 283 — 

carse á la cabeza del departamento y esta- 
blecer los trabajos con que debía prepararse 
para recibir la primera remesa de colonos. 

Esta, compuesta de 25 familias, llegó al Ro- 
sario en marzo de 1870. 

La segunda remesa llegó en Junio del mismo 
año, y la tercera en Julio, habiéndose aumen- 
tado tan rápida como considerablemente la 
colonia con familias de la Banda Orient-al y 
algunas- de las otras colonias del país. 

Las otras familias vinieron posteriormente. 

El plan adoptado para la colonización, com- 
prendiendo ambos sistemas, el de inmigra- 
ción espontánea y el de inmigración artificial, 
es superior, añade Wiicken, á cualquiera de 
los que conocemos en el país. 

Este sistema se complementa con los siguien- 
tes principios que sirven de regla general: 

1* Colocación de los colonos en los puntos 
mas favorables para ellos, sin necesidad ni 
obligación de resguardar fronteras espuestas 
ú peligros y apartadas de un mercado de con- 
sumo para sus productos. 

2' Bajo arriendo de los terrenos con dere- 
chos de compra á precio fijo, largo plazo sin 
interés y á voluntad del colono. 

3* La inmediata posesión de una buena casa 
desde el dia de la llegada, á pagarse en dos 
á tres años. 

4' Provisión eficaz de los elementos nece- 
sarios para el cultivo, y existencia continua 
y juiciosa de los medios de subsistencia para 
trabajar con tanto desahogo como provecho. 

5' Racionamiento puntual, distribución me- 
tódica y regularizada, vigilancia activa sobre 
todos y cada uno de los colonos, hasta sobre 
su higiene. Rectitud en todas sus relaciones 
con los colonos y justicia en todos sus pro- 
cedimientos, y cuidado esquisito en inspirar 
confianza fraternal á los colonos. 



— 284 — 

Ahora bien: ¿cuáles eran las bases del con- 
trato? 

El terreno que se adjudicaba al colono con 
familia era de 20 á 40 cuadras de estension, 
sea vendido ó arrend ido. 

En el primer caso el precio establecido era 
de 20 pesos fuertes por cuadra ó pagarse 10 
por ciento al contado, 15 por ciento al fin del 
primer año, 25 por ciento al fin del segundo 
año; 25 por ciento al fin del tercer año, 25 
por ciento al fin del cuarto año, total cuatro- 
cientos pesos (400). 

En el segundo caso, es decir, de arrenda- 
miento, se paga 20 pesos fuertes al año por 
la concesión de 20 cuadras ó sea un peso por 
cada cuadra cuadrada, pagaderos después de 
la cosecho, teniendo el derecho, como ya se 
ha dicho, de comprar cuando se quiera y du- 
rante los tres primeros años, al mismo pre- 
cio de veinte pesos fuertes por cuadra. 

Si el colono lo necesita, la compañía le dará 
una casa, una yunta de bueyes, un arado, 
una rastra, las semillas, carne y harina: todo 
al precio de costo, cargándole un interés so- 
bre estos adelantos, de diez por ciento anual. 

La administración compra los productos al 
precio mas alto del mercado; pero el colono 
no tiene obligación alguna de darle la prefe- 
rencia; puede ó no venderlos, todo á su vo- 
luntad. 

Una vez en posesión de una concesión, el 
colono no puede perder el derecho á ella, sino 
por su propia voluntad. 

Las obligaciones del colono se reducen á 
trabajar su tierra, pagar, según se pueda, en 
uno, dos, tres ó cuatro años, lo que debe por 
los adelantos hechos, á cercar con zanja ó de 
otra manera su concesión. 

Las cuatro primeras colonias fundadas por 



— 285 — 

la compañía fueron Bernstadt ó Roldan, Car- 
corañó, Cañada de Gómez y Tortugas. 

Cada una se compone de ocho leguas cua- 
dradas á cada lado del ferrocarril, haciendo 
en cada una un pueblo delineado y una esta- 
ción en él. 

Bernstadt, estal)lecida en mayo de 1870 so- 
bre una delincación de 794 concesiones, tenia 
ya á los tres años entre vendidas, arrendadas 
y ocupadas, trescientos trece con otras tantas 
familias, además de setenta y dos familias in- 
dustriales establecidas en el pueblo alrededor 
de su estación, formando un total de dos mil 
almas, cuya nacionalidad era la siguiente: 
177 familias suizas, 43 francesas, 16 alemanas, 
21 inglesas, 11 italianas, 34 argentinas, 2 espa- 
ñolas, 2 vascas, 1 chilena. 

El pueblo ó villa Bernstadt ocupa cinco con- 
cesiones ó 120 cuadras subdivididas en man- 
zanas de 100 varas por costado y por calles 
de 20 varas de ancho. 

La administración introdujo en esa colonia 
una institución importante, y era el estable- 
cimiento de una quinta normal de grandes 
conveniencias. En ella debian hacerse las 
siembras y plantaciones de todo árbol y se- 
milla que se quisiera introducir en las colo- 
nias y el estudio práctico de su cultivo. Esa 
quinta tenia ochenta cuadras cuadradas. 

Debe notarse que los terrenos de Bernstadt 
no eran los mejores de la compañía. 

A dos cuadras al oeste de Bernstadt púsose 
la estación de San Gerónimo, ocupando pri- 
mitivamente diez concesiones ó doscientas 
cuadras. 

Posteriormente se ensanchó hasta tener 320 
concesiones ó sea 6,400 cuadras. 

A fines de 1882, esta colonia contaba, según 
el inspector Bouchard, de 76 familias con un 



— 286 — 

-número de 484, personas, habiendo 13 fami- 
lias ar¿- entinas, 18 suizas, 73 francesas, 6 ale- 
manas, 11 italianas, 3 inglesas, 2 españolas, 
de las cuales 55 eran católicas y 21 protes- 
tantes. 

Habia 1899 cuadras sembradas con varias 
semillas y 829 cuadras alambradas, y 21,481 
animales, 498 útiles de labranza, 90 vehículos, 
190 edificios, 17 casas de comercio y de indus- 
tria, tres trilladoras, 65,000 plantas de durazno, 
15,000 higueras, 700 guindos, 70,000 paraísos, 
6,000 sauces, 2,000 álamos y gran número de 
cina-cina. 

En cuanto á Roldan, en la misma fecha, 
solo tenia 180 familias repartidas en 1000 ha- 
bitantes, de las cuales habia 77 argentinas, 
42 suizas, 15 francesas, 7 inglesas, 18 it Uianas, 
3 alemanas, 2 dinamarquesas, 2 belgas, 1 irlan- 
desa, 5 chilenas y 9 españolas, siendo 159 las 
católicas y 21 las protestantes. 

Habia 562 cuadras cuadradas con varias se- 
millas, 200 alambradas, 37,534 animales, 462 
útiles de labranza, 86 vehículos, 135 edificios, 
36 casas de comercio y de industria, 3 moli- 
nos á vapor, 1 tahona, 2 trilladoras. 

Carcarañá fué cronolójicamente la segunda 
colonia fundada por la compañía; crúzale el 
rio de ese nombre. Su estension es de 4,500 
cuadras ó 225 concesiones de 20 cuadras. 

A fines de 1882 la población se componía de 
160 familias, con un número de 716 personas, 
de las cuales 20 eran argentinas, 50 italianas, 
41 francesas, 24 suizas, 2 norte-americanas, 9 
alemanas, 5 inglesas, 7 italianas, 8 españolas, 
y habiendo 132 católicas y 28 protestantes. 

Habia 3575 3[4 cuadras cuadradas y 776 y 
media alambradas, 10,448 animales; 947 útiles 
de labranza, 257 vehículos, 504 edificios, 53 
casas de comercio y de industria, un molino 



— 287 — 

de Qgua y dos á vapor, trece trilladoras á 
vapor, 15,000 árboles frutales de varias espe- 
cies, 200 pies de parras, 100 moreras 2500 ár- 
boles para leña y madera. 

El pueblo central mide una área de 200 cua- 
dras. 

Los terrenos de esta colonia son altos y 
ondulados, y los primeros colonos les acor- 
daban preferencia sobre Ibs de Roldan. 

Cañada de Gómez es la tercera colonia fun- 
dada por la compañía (1870) en una área su- 
perficial de 18,200 cuadras; á fines de 1882 
componíase su población de 133 familias con 
952 personas, habiendo 92 italianas, 7 argen- 
tinas, 9 suizas, 6 inglesas, 14 francesas, 4 ale- 
manas, una polaca, de las cuales 121 eran 
católicas y 12 protestantes. 

Habia 6064 cuadras sembradas con varias se- 
millas y 2279 alaml)radas, 19,291 animales, 704 
vehículos, 97 casas de comercio y de indus- 
tria, 2 molinos á vapor, 20 trilladoras á vapor 
y ocho grandes depósitos graneros, con gran 
variedad de árboles frutales y paraísos. 

Las chacras son de veinticinco cuadras; el 

f)unto es uno de los mas ventajosos en toda 
a estension de los terrenos de la compañía, 
formando dos lomas que descienden suave y 
gradualmente hasta determinar en el centro 
el cauce de un arroyo. 

Es en esta olonia, dice Wilcken, en donde 
está ubicado el hermoso establecimiento del 
señor don Pablo Krell, que ocupa una legua, 
mas ó menos, establecimiento montado en 
grande escala, dotado por consiguiente con 
todos los instrumentos y máquinas de agri- 
cultura mas modernos. La tierra se ara con 
un arado á vapor y con siete arados de doble 
reja. 
El señor Rodolfo Heiland, mayordomo del 



— 288 — 

señor Krell, puso también allí una hermosa 
chacra que ocupa 178 cuadras de terreno. 

Tortugas es la cuarta colonia fundada por 
la compañía, teniendo una parte en Santa Fé 
y otra en Córdoba. 

La mayor parte de las familias que la cons- 
tituyen son italianas; las otras son francesas 
y alemanas. 

Entre Cañada de Gómez y Tortugas existen 
dos otras colonias fundadas posteriormente, 
Avmstrong y Wtielright, que tienen también 
sus estaciones y sus pueblos importantes ya, 
sobre todo el de Armstrong, que se ha des- 
arrollado rápidamente; entre Carcarañú y Ca- 
ñada de Gómez existe la estación y la colonia 
Correa] de manera que toda la línea está colo- 
nizada hasta la frontera de Córdoba y aún 
mas allá, pues allí están las colonias San Ra- 
fael, Garibaldiy Olmos, Marcos Juárez^ puntos 
que no he visitado todavia, porque me detuve 
en Tortugas, donde llegamos á las once, ha- 
biendo almorzado en Cañada de Gómez. 

El pueblo de Tortugas está mal situado, en 
un paraje bajo, anegadizo, y que debe con- 
vertirse en un pantano, cada vez que llueve; 
podia haberse hecho mejor elección. 



No conociendo á nadie en Tortugas, pre- 
gunté por el juez de paz; pero este magistra- 
do estaba ausente, en el Rosario; apersonéme 
entonces al secretario, que lo es el mismo 
jefe de la estación, el señor Juan González, 
mostrándole la orden que tenia del ministro 
Cafferata para recorrer las colonias. Este se- 
ñor hizo poner un vehículo á mi disposición 
y me suministró varios datos. 

Las concesiones en Tortugas son de 25 cua- 
dras cuadradas; la compañía, como ya dije, 



- 289 — 

daba cinco años para pagarlas. Al norte de 
Tortugas hay una porción de colonias, en 
formación, que son Caracciolo, Amistad, Mon- 
tes de Oca, Los Troncos, Casas y lewel. Allí 
los lotes son generalmente de 20 cuadras. La 
cuadra se ha vendido primitivamente á diez 
pesos oro; actualmente se vende á 40 pesos 
nacionales y aún cuarenta pesos oro. 

Esas colonias pertenecen á los señores Lar- 
rechea, Bustinza, Echeorsa, Casas, individuos 
del Rosario. 

Los colonos no reciben anticipos, y deben 
pagar dentro de tres ó cuatro anos, agregán- 
dose el interés á las cuotas vencidas. 

Se arriendan también terrenos; al principio 
el arriendo fué de un peso oro por cuadra, 
actualmente es de dos y dos medio nacionales. 

Los colonos no pueden criar vacas, como 
hicieron anteriormente, porque el terreno es 
demasiado caro; tienen, por consiguiente, que 
dedicarse á la agricultura, arando grandes 
estensiones de terreno, pero observando siem- 
pre que no varian bastante los cultivos, lo 
que puede con el tiempo tener serios incon- 
venientes. 

Trabajan con bueyes y caballos. 

Mi cochero es un italiano, que ha sido mi- 
litar en su patria, pero no quiere á Garibaldi, 
porque dice que era masón y republicano, 
mientras que él sirvió á las órdenes de Cial- 
dini, é hizo la campaña de 1866; añade que 
los masones son mala gente, que tienen mis- 
terios, que no se revelan á todos los iniciados 
y que suelen matar & los de entre ellos que 
se atreven ü revelarlos. 

Vamos en dirección al norte hasta la admi- 
nistración de la colonia Caracciolo. El encar- 
gado de la colonia es un joven argentino, don 
Desiderio López, recien casado, juez de poz, 

19 



— 290 -- 

que tiene también una casa de negocio. Una 
porción de carros están parados delante de la 
casa; los dueños están adentro, hombres y 
mugeres. 

Díceme que esta colonia ha dado mas que 
las otras, este año, habiendo producido diez 
fanegas por cuadra (de quince arrobas) por 
haber evitado la helada y la piedra. 

Sin embargo, el tiempo se ha vuelto ame- 
nazador; una tormenta parece prepararse; em- 
prendemos la retirada, pasando al regreso á 
inmediaciones de la estancia del señor don 
Carlos Bouquet y de la cañada que forma el 
límite de ambas provincias, llegando á Tortu- 
gas á las cinco de la tarde, pocos momentos 
antes de la marcha del tren, que nos devuelve 
al Rosario á las nueve de la noche. 

Y con esto doy por ahora punto final á mis 
escursiones. 



— 291 — 



XXVII 



De Buenos Aires á la Asunción 

Voy á continuar la relación de mis esplora- 
ciones, acudiendo á mis apuntes de viage du- 
rante las escursiones anteriores á la que aca- 
bo de verificar. 

El 17 de Julio del año ppdo., me embarqué en 
el San Martin dirigiéndome al Chaco boreal. 
Era ese dia un verdadero dia de invierno; una 
niebla espesa cubria el Riachuelo, y el rio de 
la Plato, permitiendo apenas ver los edificios 
inmediatos y los buques anclados, por en me- 
dio de los cuales teníamos que pasar. 

Iba en el vapor San Martin^ buque espacio- 
so, muy cómodo, pero lleno de pasajeros, que 
se dirijian la mayor parte al Paraguay, huyen- 
do de la inclemencia del clima platense y de 
los rigores del invierno. ¡Felices los que pue- 
den hacer como las golondrinas, yendo de un 
país ú otro, cuando se les antoja, en busca de 
una primavera perpetua! 

Entre esos pasajeros iba el Sr. Sarmiento, 
acompañado de su nieto, el Sr. Bel in Sarmien- 
to. Habiendo trabado conversación con este 
último señor, díjome que su abuelo iba al 
Paraguay á rehacer y á concluir su libro sobre 
los Conjlitos de las vajeas en Sud-América. 

Habia otros personajes de fama, según lo 
supe sucesivamente, pero no tenia el honor 
de conocerlos, menos uno, negociante de Entre 
Ríos, á quien habia saludado algunas veces en 
las calles de Buenos Aires y cuyo hijo habia 
hecho sus estudios en el colegio del Uruguay. 



— 292 — 

Este señor, anciano ya y enfermo, iba á buscar 
la saluden el Paraguay, pero no la encontró; 
la enfermedad que lo minaba lentamente era 
de aquellas que no perdonan, y regresó á Bue- 
nos Aires para morir poco tiempo después. 

Entretanto leia novelas á bordo para pasar el 
tiempo. Lamartine ha escrito que las novelas 
son el opio de los occidentales, es decir, un me- 
dio de vencer el fastidio de la existencia con 
sueños fantásticos é ilusiones artificiales. 

Yo también habia traido libros para combatir 
áese mismo enemigo, pero eran de otra clase; 
por ejemplo, las obras selectas de Diderot, 
edición del centenario (1884) y las Mentiras 
convencionales de nuestra cioili^acion por Max 
Nordau,escritoraleman,libro que ha tenido mu- 
cha aceptación en Alemania, que ha sido tradu- 
cido al francés y deberla traducirse al castellano, 
si no lo ha sido ya. Diderot era el hombre mas 
completo que haya producido el siglo XVIII, 
superior indudablemente á todos sus contem- 
poráneos; aun mas, puede decirse que se habia 
adelantado á su época y fué el precursor, el 
iniciador de muchas ideas que debian desarro- 
llarse en el siglo siguiente. 

En cuanto á Nordau, es un escritor de los 
mas originales, y sus críticas conducen en 
línea recta á la solución de muchas cuestiones 
que tienen preocupada la sociedad contem- 
poránea. 

18 de Julio— Nuestro viagesehace sin inci- 
dentes notables. Acercándonos á San Nicolás 
alcanzamos un gran vapor de ultramar, la Ville 
de Bordeaux, conbandeva tricolor. El negocian- 
te entreriano medice que viene á buscar carne 
congelada en la fábrica frigorífica del Sr.Terra- 
sson. Ya hablé de esta industria. 

A las tresy media llegimosal Rosario. Te- 
nemos tiempo de sobra para recorrer la ciu- 



~ 293 - 

dad, pues el San Martin trae mucha carga para 
este puerto y vaá tomar otra para los puertos 
de arriba— Estos vapores de la carrera del 
Paraguay se preocupan mas de las mercancías 
que de los pasageros: para ellos las primeras 
constituyen lo principal y los segundos lo ac- 
cesorio. 

Resultado neto: el viagero tiene que proveer- 
se con mucha paciencia para pasar las horas 
de carga y descarga que se prolongan y se 
repiten indefinidamente en cada puerto de la 
carrera, haciendo que la travesía dure una se- 
mana entera. Durante el mismo tiempo podría 
cruzársela mitad del Océano Atlántico. Es cier- 
to que esto le permite visitar las ciudades de 
la costa, al menos cuando llega dedia. 

Habiendo, pues, llegado al Rosario, pregunta- 
mos: ¿á qué hora saldrá el vapor? 

—A la seis, se nos contesta, tal vez á las siete, 
tal veza las ocho. 

Ese tal vez debia prolongarse hasta las dos 
y media de la mañana. 

En fin, bajo á tierra, á pesar del barro, y re- 
corro las calles déla ciudad. Entro á un café 
para ver si encuentro algún conocido, y efecti- 
vamente doy con un francés, deMontevideo,que 
fué administrador del periódico La France^ al 
cual mandé en otro tiempo muchas corres- 
pondencias. Habiendo el periódico desapare- 
cido del escenario político-literario, el admi- 
nistrador se vino al Rosario, y está actualmente 
esperando á su familia. 

En el café, cuyo nombre no recuerdo ac- 
tualmente, veo un retrato simbólico de la 
República^ una mujer que tiene la pierna des- 
nuda, como la usaban las señoras en tiempos 
del directorio, como la usa madama Barras 
en la Hija de madama Angot. Lleva el gorro 
fríjio; tiene una mano apoyada en un árbol, y 



^ 294 - 

con la otra alza una bandera. Tras de ella hay 
una laguna, arriba de la cual vá volando unu 
bandada de patos, un cóndor parado en un 
árbol y una carreta. ¿Cuál será el artista que 
hizo esa obra maestra? 

El tiempo sigue nublado y casi lluvioso; la 
noche se acerca;regresoá bordo para comer. En 
la barranca encuentro á un conocido joyero 
italiano quien me presenta á otro joyero fran- 
cés. Este ha recorrido el mundo, con escep- 
cion del Japón: ha estado en Venezuela y abri- 
ga la mayor admiración por el ex-presidente, 
general Guzman Blanco; dice que este se 
apoya en las masas populares, las cuales le 
tributan un culto entusiasta. Guzman Blanco 
seria, pues, una especie de dictador, de C(^sar 
romano, de tirano griego, de Pisistrato, y una 
prueba mas de que la democracia ignorante, 
apasionada, incapaz de estudiar y practicar 
las instituciones libres, llega tarde ó temprano 
á la tiranía. El populadlo romano lloró sobre 
la muerte de Nerón y conservó el recuerdo de 
su memoria durante mucho tiempo. Por eso 
decia Napoleón que Tácito, el severo Iiistoria- 
dor, habia calumniado á Nerón. 

19 de Julio— Antes de las doce del dia esta- 
mos frente á la población del Diamante, pero no 
nos detenemos. 

Al pió de la barranca elevadísima aparecen 
varios edificios con hierro galvanizado y arri- 
ba unos eucaliptus destacan sobre el cielo gris 
su silueta sombría. 

El Diamante, conocido también con el nom- 
bre de Punta Gorda, trae á la memoria el re- 
cuerdo de muchos hechos históricos; por allí 
pasaron los ejércitos que vinieron á pelear en 
Caseros, en Cepeda y en Pavón. La historia de 
la constitución argentina está, pues, escrita 
en esa barranca, como está escrita también. 



— 295 — 

según los geólogos, la historia de las vicisitu- 
des de nuestro planeta; en otra época, hace 
centenares ó millaresde siglos,las olas del mar 
se estrellaban contra ese paraje y se balancea- 
ban sobre' la mesopotamia argentina. Necesi- 
táronse muchas tormentas geológicas para al- 
canzar la configuración actual del terreno; 
como se necesitaron muchas tormentas civi- 
les para conseguir, para llevar á cabo una 
constitución definitiva. 

Digo mal cuando digo definitiva, no hay na- 
da definitivo, ni en la geología, ni en la socio- 
logia; la evolución es perpetua en ambos ra- 
mos y seguirá siéndola, durante los siglos de 
los siglos. 

La barranca entreriana que principia en el 
Diamante sigue sin interrupción hasta La Paz, 
y más allá: es muy curiosa para los naturalis- 
tas y fué estudiada sucesivamente por D'Orbig- 
ny, Darwin, Bravard, Burmeister y otros. 

Actualmente en la ciudad del Paraná se ha 
fundado un museo donde el profesor Scalabri- 
ni va á juntar una interesante colección pa- 
leontológica. 

A las cuatro mas ó menos llegamos al puer- 
to de esa ciudad, que puede definirse la ciudad 
de la cal y de los valeros; pues no se ven mas 
que hornos y chimeneas en la barranca y en 
las quebradas; y el menor viento hace remoli- 
near torbellinos de polvo calizo en la atmósfe- 
ra, loquees fastidioso, incómodo y aun peli- 
groso para la salud. Pero el gobierno trata de 
poner remedio á ese mal, mudando el empe- 
drado de piedra calcárea para sustituirla con 
piedra arenisca y piedra china de la costa del 
Uruguay. 

La ciudad del Paraná ha sufrido, como es 
sabido, varias vicisitudes, habiendo sido capi- 
tal de la provincia, capital, de la Confederación, 



— 296 — 

descapitalisada después Y vuelto & ser erijida en 
capital durante el gobierno del Gral. Racedo. 
Desde entonces, va en ascensión continua; los 
terrenos han tomado mucho valor y se están 
construyendo hermosos edificios. Llama parti- 
cularmente laatencion la casa de gobierno, pre- 
supuestada en ochocientos mil pesos; la iglesia 
San Miguel, situada en una posición culminan- 
te; la catedral, la casa que fué del gobierno 
nacional actualmente escuela normal de am- 
bos sexos, mixta, al estilo norte-americano; 
el obispado en otro tiempo casa propia del ge- 
neral Urquiza; la corcel, el hospital, el obser- 
vatorio del doctor Perini en un cerro, que es 
el punto mas elevado de todos, y desde el cual 
la vista abarca un panorama inmenso y en- 
cantador, sobre todo si uno lo contempla al 
sol poniente. 

Cuando estén poblados y cultivados en su to- 
talidad los alrededores de la ciudad «podrá el 
paisaje sufrir la comparación con cualquier 
otro de ambos mundos, aunque le falta un 
elemento pintoresco, y es la perspectiva délas 
montañas en lontananza. 

Un tramway pone el puerto en comunicación 
con la ciudad, y como siguen las operaciones 
de carga y descarga, sobra el tiempo para re- 
correrla. 

Al norte de la ciudad, atrás de San Miguel 
hubo en otra época una preciosa quinta, la de 
un belga^ el barón Alfredo Marbais Du Graty. 
Este señor sirvió en el ejército argentino y 
llegó á ser coronel ; habia tomado car- 
ta de ciudadanía, y, si mal no recuerdo, fué 
también diputado. Después pasó al Paraguay, 
vendió su quinta al gobierno de aquel pais y 
finalmente regresó á Europa. Habia escrito 
dos libros, uno sobre la República, Argentina y 
otro sobre el Paraguay. 



— 297 — 

La quinta ha desaparecido, pero la casa sub- 
siste todavía, habiendo sido confiscada por el 
gobierno nacional, cuando la guerra de la tri- 
ple alianza contra la república paraguaya; se 
trata de convertirla actualmente en asilo de 
inmigrantes, que ofrece todas las ventajas 

Kara una institución de esa clase; hasta podría 
acerse allí una quinta modelo para dar lec- 
ciones de agricultura á los colonos y demás 
cultivadores. 

Volviendo á Du Graty, quiero referir una 
anécdota que se me ha contado. Después de 
una derrota, iba acompañando al galope al 
general Críspin Velazquez, el caudillo famoso 
de Montiel. Pero los persiguidores habían 
desaparecido, ya no se veía á ninguno de ellos; 
no había, pues, necesidad de galopar mas; 
Du Graty dijo por consiguíenteá don Críspin. 

— ¿Hasta cuándo corremos, general? 

— ¡C — ! exclamó Críspin, ¿acaso nos han 
puesto raya? y siguió corriendo la carrera. 

Ese Críspin Velazquez no quería saber nada 
de constitución, y protestaba cuando se le 
hablaba de una disposición nacional, que, si 
su compadre Urquiza mandaba en el Paraná, él 
mandaba en Villaguay. Tempi passati! 

Con esta reflexión dejaremos el Paraná. 

20 de Julio— k las 7 de la mañana alcanza- 
mos Santa Elena.'—esie es el nombre de un 
saladero y de una fábrica de carne conservada 
en la costa entreríana— y á las 71i2 la ciudad 
de la Pa:^. Esta es una ciudad moderna que 
cuenta seis mil almas mas ó menos, con una 
situación mas ventajosa aun que la del Paraná, 
sobre la barranca del rio, calles rectas y bue- 
nos edificios. 

En La Paz la temperatura se ha suavizado 
considerablemente; no se creería que estamos 
á mediados del invierno, pero también dista- 



— 298 — 

mos ciento sesenta leguas de Buenos Aires, y 
el viento norte se ha sustituido á las brisas 
heladas delsud. 

A las nueve de la noche estamos frente ú la 
Esquina, en laprovinciadeCorrientes. El joyero 
francés traba conversación con el señor Sar- 
miento; pero este último es muy sordo y se 
vale de una trompetilla, de manera que lacDU- 
versacion es algo difícil. El joyero dice que en 
Egipto se queman las momias, y Sarmiento 
refiere que estuvo en África en el año de 1846^ 
cuando gobernaba Argeliael mariscal Bugeaud. 
El joyero italiano le hace y nos hace ver una 
cabeza reducida de indio, una cabellera larguí- 
sima, de las riberas del Amazonas, del tamaño 
de un puño. Para reducirla á esta dimensión, 
los indios le quiebran todos los huesos por me- 
dio de piedras calentadas, y le conservan como 
un trofeo, recuerdo -de sus hazañas bélicas. 

El joyero ha pedido mil pesos por esa cabe- 
za y pretende que un amateur inglés le lia ofre- 
cido cuatrocientos. Confieso que no daría cin- 
cuenta centavos. 

En el comedor he notado que Sarmiento, á 
pesar de sus años tiene buen apetito; por con- 
siguiente puede vivir todavía muchos años; el 
estómago es el órgano principal del hombre; 
el hombre, decía el profesor Berard, es un tubo 
digestivo. 

Entre los demás pasageros distinguidos que 
vienen ó abordo, se ha designado al doctor 
Ellauri, presidente que fué de la República 
Oriental, y al doctor Obligado, quien ha re- 
corrido la Europa, el Oriente, los Estados- 
Unidos. 

Hay una mesa ocupada exclusivamente por 
ingleses, entre los cuales un capitán de la 
marina británica, quien va á cazar en el Chaco 
y está tomando apuntes. Mas tarde he visto 
que dibujaba también. 



— 299 — 

21 de Julio — Una neblina espesa que cul)re 
el rio obliga el vapor á detenerse. Unas gavio- 
tas vienen á revolotear al rededor del buque. 
Para pasar el tiempo se les tira migajas de pan, 
pedazos de papel y otros objetos, que lisaves 
marítimas vienen á buscar. 

La existencia de á bordo se vuelve cada vez 
mas monótona, reduciéndose á lo que dice 
Rabelais, hablando del príncipe Pontagruel, 
hijo de Gargantua: comer, beber, dormir— y 
para variar, dormir,comer, beber,— y después 
beber, dormir, comer, y así indefinidamente... 

Sin embargo, para ser exacto, debo decir 
que se hacia otra cosa; unos jugaban á los 
naipes ó al ajedrez, y otros, y principalmente 
las señoras, tocaban el piano. 

A la una da la tarde llegamos á Goya, es 
decir, delante del rio de ese nombre, porque 
la ciudad está á una legua tierra adentro. Un 
poco más allá declárase el mal tiempo; relám- 
pagos y lluvia. El baqueano pierde el rumbo; 
reina la oscuridad mas completa; hay que fon- 
dear hasta el dia siguiente. 

22 de Julio— Pl las 10 de la mañana estamos 
en el puerto de Bella Vista, en el país de los 
timbos, délas tacuaras, de los naranjos, de los 
laoachos floridos, en fin de las plantas de la 
zona sub-tropical. Bella Vista es una pequeña 
ciudad que merece realmente su nombre; está 
en una barranca arenosa y altísima. 

Es noche cerrada cuando llegamos acorrien- 
tes: de la ciudad no se puede ver sino los faro- 
les. Una diputación vieme ú bordo á saludar 
al señor Sarmiento. El doctor Guastavino le 
dirije la palabra; Sarmiento escucha con su 
trompetilla; el doctor hace el elogio de la Italia, 
de la Francia, que es el cerebro del mundo, y 
después, la concurrencia pide que hable Ca- 
bral. 



— 300 — 

Efectivamente el señor Cabral toma li pala- 
bra y alude á la sociedad protectora de los ani- 
males de la cual Sarmiento es, como se sabe, 
el presidente. En fin Sarmiento responde, pero 
habla muy bajo, como hacen todos los sordos 
por cuy > motivo es casi imposible compren- 
der lo que dice. La diputación se retira, y el 
buque queda fondeado hasta la una de la 
mañana. 

23 de Julio— A las siete de la mañana pasa- 
mos delante de la famosa fortaleza de «Hu- 
maitá», á las ocho y media delante del «Tim- 
bó», población nueva déla costa argentina, á 
las diez delante de la villa paraguaya del 
«Pilar»; alas cuatro de la tarde estibamos en 
Formosa, capital de la gobernación de ese 
nombre. 

Allí se nos recibe con grandes honores, es 
decir, á Sarmiento, aunque ya no se le espe- 
raba. Bajamos á tierra, recorremos los alre- 
dedores del puerto, visitamos la casa del general 
Fotheringham, que está ausente, y volvemosá 
bordo, donde el general gobernador, avisado 
de nuestra llegada, nos acompaña. 

En fin, el 24 de Julio, á las ocho de la maña- 
na fondeamos, en el puerto de la misteriosa 
Asunción. Por lo visto, el viaje habia durado 
una semana. 



—301 — 



XXVIII 



Una semana en el Paraguay 

El objetivo de mi viaje no era el Paraguay, 
sino el Chaco, pero un compatriota que reside 
hace años en la Asunción me había escrito en 
otro tiempo qne no dejase de subir hasta aque- 
lla capital, cuando llegase para mi el momento 
de visitar aquel país. Por otra parte, tenia 
ganas de comparar loque se había hecho en la 
república sub-tropical y mediterránea durante 
un intervalo de diez años, pues habíala visitado 
ya en 1877. 

El doctor Martin de Moussy,que recorrió una 
gran parte del continente sud-americano para 
escribir su libro. Descripción geográfica y esta- 
dística de la Coí(federacion Argentina, me había 
dicho que el Paraguay era uno de los países y 
de los pueblos mas orijinales que podian verse, 
siendo preciso ir allí para ver costumbres ori- 
ginales y algo distinto de loque se encontraba 
en los demás puntos del antiguo vireinato. 
Habíame remitido, para publicarlos, algunos 
apuntessobre la situación de aquel país bajo 
el reinado de López 1°. pero después volvió 
á pedírmelos y han quedado inéditos. 

Este era, pues, el primer motivo de mí cu- 
riosidad. Posteriormente había conocido á dos 
paraguayos emigrados á Entre-Rios en tiempo 
de la guerra: el primero era el padre Duarte, 
capellán del cuerpo de ejército que capituló 
en Uruguayana; el segundo un propietario lla- 
mado Miguel Haedo, quien me había aconse- 
jado visitar el Paraguay para fundar una colo- 
nia. 



— 302 — 

Efectivamente visité el Paraguay, es decir, 
los alred^»clores de la Asunción hasta Ibitimí y 
Peribebuy, pero la colonia no llegó á fundarse 
porque vn estas circunstancias el presidente 
Gil fué asesinado en medio de las calles de la 
ciudad, y este hecho, que se consideró como 
el preludio de nuevas revoluciones políticas, 
desanimó á los empresarios. 

Poco tiempo después Murió Miguel Haedo 
y sus bienes fueron vendidos en remate por 
una cantidad insignificante. Otros hicieron 
ensiyos de colonización, pero hasta ahora los 
resultados no fueron trascendentales. El Pa- 
raguay es un país de grandes recursos natu- 
rales, pero la distancia, la dificultad de las 
comunicaciones, y sobre todo la circunstancia 
de formar un país, autónomo, independiente, 
si es una ventaja bajo el punto de vista polí- 
tico, es un inconveniente bajo el aspecto eco- 
nómico, porque la República Argentina en el 
Chaco y en Misiones tiene ó puede tener produc- 
tos similares. Necesitaríase, por consiguien- 
te, que aquel país se anexase á la gran repú- 
blica platense— lo que la política no permitirá 
—ó que celebrase con ella un tratado de co- 
mercio para introducir los productos libres 
de derechos; pero como hasta ahora la aduana 
es casi la única fuente de recursos con que 
cuentan los gobiernos, esta última solución 
parece también muy problemática, ó al menos 
aplazada indefinidamente. 

Entretanto, la población del Paraguay, au- 
menta muy poco hasta el punto de infundir 
alarma á los gobernantes. Un compatriota me 
aseguró que no pasaba de 250 mil almas. En 
1877 díjoscme que habia trescientas y tantas 
mil; pero eran estos los guarismos oficiales 
jquién sabe cuál seria la verdad verdadera? 
En la misma época hablan doce mugeres por 



— 303 — 

un hombre. La guerra, la terrible guerra de 
1860-1870, había sido una guerra de estermi- 
nio. 

Francisco Solano López, lo llevó, lo arreó 
todo, hasta los niños; refirióme un baqueano 
que habia tenido que marchar á los doce 
años, no para pelear, sino para cuidar las ca- 
balladas, y que habia sido herido de un balazo 
en una pierna. 

Actualmente la mortandad ataca sobretodo 
ú los niños; parecería que la guerra ha dejado 
allí un virus maléfico, cuya influencia se hará 
sentir hasta las generaciones venideras. 

La inmigración se hace, pues, necesaria pa- 
ra llenar los vacíos producidos por la devas- 
tación bélica anteriormente el Para^^uay tenia 
—al menos asíseasegura— un millón de almas 
mas ó menos, pues elmultiplico se hacia rá- 
pidamente en ese país casi otaitiano. 

Actualmente son los italianos los que allí 
como en otras partes se llevan la palma y se 
aclimatan mas fácilmente, adaptándose á todas 
las circunstancias del clima y de la tierra; en 
todas partes, hasta en los bosques mas remo- 
tos, en el fondo de los yerbales ó en la orilla 
de los rios se oye resonar el /?ar/arc ^o8c*ar¿o, y 
se ostenta en los cafés, en los bodegones la 
camisa roja del héroe de ambos mundos, de 
Giuseppe Garibaldi. 

Los vascos, que fueron, puede decirse, los 
primeros jOíOAi^rs de estos paises, son escasos 
en el Paraguay. Una colonia inglesa que se 
habia intentado fundar entre Paraguay y Villa 
Rica, fracasó completamente, y no podia ser 
de otra manera, porque habíasela compuesto 
con artesanos de las ciudades, en vez de labra- 
dores. En fin, en estos últimos tiempos, hán- 
se establecido dos colonias, de las cuales una 
está ubicada al norte del lago Ipacaray, que 



— 304 — 

se estiende paralelamente al ferro-carril déla 
Asunción á Paraguay: no la he visitado, pero 
háseme dicho que la agricultura dá pocos re- 
sultados, sin duda por los motivos que expre- 
sé anteriormente. 

E! pueblo paraguayo está pagando muy 
caro la ventaja de haber sido educado por los 
jesuítas, despotizado por los Francia y los 
López, y en fin libertado violentamente por 
los soldados de la triple alianza. Heriberto 
Spencer diria que la marcha de la evolución 
social no puede ni debe precipitarse, pero en- 
tonces ¿en qué se ocuparían los politiciansf 

24 deyi¿¿¿o— Sarmiento es recibido con gran- 
des honores, música y discursos; todas esas 
demostraciones traen á la memoria el recuer- 
do de aquel alcalde que decia al rey de Fran- 
cia Enrique IV: «Magestad: no hemos dispara- 
do cañonazos á vuestra llegada por diez y ocho 
razones, la primera que no teníamos cañón— 
Pues bien, interrumpió el rey, puede Vd. de- 
jar las otras diez y siete y pasemos ade- 
lante. 

A poca distancia del puerto encuentro á mi 
compatriota, el señor Leoncio Boussiron, bo- 
ticario, que me lleva para su casa. Caminando 
por las calles arenosas de la Asunción damos 
con una porción de conocidos, franceses, ita- 
lianos é ingleses. Paréceme que la ciudad ha 
progresado desde diez años á esta parte; nótase 
animación en las calles; es verdad que es dia 
domingo. 

Vuelvo á ver los tipoys que blanquean y 
hormiguean en la plaza del mercado, y las 
mujeres que llevan en la cabeza, con prodijios 
de equilibrio, cántaros, botellas, haces de leña, 
platos, cualquier objeto insignificante, al mis- 
mo tiempo que fuman un cigarro y dan de 
mar á su criatura. No hay que agregar que 



— 305 — 

todas van descalzas. Mi compañero pretende 
que ese ejercicio físico contribuye á desarro- 
llar el pecho^ y redondeando la forma, les dá 
una elegancia característica. Sin embargo, los 
semblantes no parecen en general de belleza 
sobresaliente. Dícese que es preciso irá Villa 
Rica, en el centro del Paraguay, para encon- 
trar verdaderos tipos de hermosura, porque 
aquella comarca fué poblada con vizcaínos, 
los cuales cruzados con guaraníes han dado 
resultados estéticos muy notables. Los vascos 
— no. me acuerdo quien lo dijo— son unos Hér- 
cules en cuanto á fuerza física^ y unos Anti- 
nos en cuanto á hermosura. Pueden á este 
respecto competir con los griegos, la mas be- 
lla de las razas que hayan existido; pero sus 
dotes intelectu lies no estuvieron á la altura 
de sus dotes físicas, y escasísimo fué el con- 
tingente que dieron á la civilización general, 
aunque siempre trataron de conservar sus 
fueros con idómita fiereza. Lo mas extraordi- 
nario que produjeron fué su idioma, tan ex- 
cepcional; pero ese mismo idioma los mantu- 
vo apartados del movimiento humanitario. 
Fué para ellos lo que es todavía el guaraní 
para las poblaciones mediterráneas de Cor- 
rientes, de Misiones y del Paraguay: un estor- 
bo al progreso yá la difusión de las ideas mo- 
dernas. 

Pero dejémonos de consideraciones socioló- 
gicas para recorrer la ciudad de la Asunción y 
sus alrededores. 

La Asunción es una ciudad que ha conser- 
vado en muchas partes la fisonomía de las 
antiguas construcciones españolas; allí la 
arquitectura moderna forma un contraste que 
resalta al lado de los edificios del siglo XVI; 
las tejas españolas, encorvadas en forma de ca- 
naletas, tales como se ven todavía algunas en 

20 



— 306 - 

Buenos Aires, componen la generalidad de los 
techos; las casas tienen galerías cubiertas, 
siendo esta una excelente precaución para 
resguardarse contra las caricias demasiado 
ardientes de un sol casi tropical, y también 
contra las lluvias torrenciales, sin olvidar que 
son muy cómodas para tender la hamaca y 
dormir la siesta. Las paredes son espesísimas 
como murallas de fortaleza; las ventanas arma- 
das con rejas de maderas tan dura como el 
hierro, sobresalen á la calle como centinelas 
que esperan al enemigo; en una palabra, todo 
aquello recuerda la época de luchas y de ase- 
chanzas que llenaban la vida de los conquista- 
dores que peleaban unos contra otros, cuando 
no tenían que guerrear contra los indígenas. 

Las calles arenosas carecen de empedrado; 
pero hay tramways arrastrados por muías, 
que llevan al viagero desde el puerto hasta los 
estremosde la ciudad, hasta la estación del fe- 
rro-carril, hasta laCa/2c/ia, hasta la Recoleta^ á 
una legua de distancia. 

Y ¡qué pintoresco paseol Uno vá caminando 
bajo una bóveda de naranjos, de palmeras y 
otros árboles siempre verdes. ¿Quién diría que 
estamos á fines de junio? ya pasó el invierno, 
si invierno puede llamarse los tres meses de 
estación menos caliente, mayo, junio y julio, 
que llevan este nombre. 

Aprovechamos, pues, el buen tiempo para 
ir hasta la Recoleta. Vamos ó visitar una fá- 
brica de aceite de coco y de jabón armada por 
un francés emprendedor, que vivió mucho 
tiempo en Buenos Aires, el señor Mendiondo, 
á quien he telefoneado mi llegada. Esta es una 
industria nueva para el país introducida por 
ese espíritu emprendedor y activo. Es cierto 
que había conseguido del gobierno un prívile- 
por diez años; pero no bien han transcurrido 



— 307 — 

seis y ya se le suscita una competencia. Lue- 
go hay que ¡r á los tribunales, acudir á los 
reclamos diplomáticos. ¿Qué solución ha te- 
nido la cuestión? La ignoro. 

Entretanto la fábrica no trabaja, y lo siento 
mucho, porque ¿quién sabe cuándo volveré á 
estos parajes? 

25 de julio— yíi compañero me lleva á la casa 
de justicia; un juez está juzgando á un crimi- 
nal; porque Vd. debe saberlo, señor director, 
el Paraguay ya tiene el jury que no tiene to- 
davía la república argentina, á pesar de haberlo 
provisto la constitución hace treinta y cinco 
años— y los mismos eslranjeros participan de 
la institución. 

Y con este motivo diré que el Paraguay, tiene 
también el matrimonio civil, que se nos ha 
prometido tantas veces y que estamos espe- 
rando desde tanto tiempo. Desde entonces el 
Congreso ha sancionado la ley del matrimonio 
civil. 

Escuso las reflexiones que se agolpan á mi 
mente, pero no puedo menos de consignar una 
que hizo también el Municipio del Rosario, y 
es la siguiente: 

«Muchos estadistas tratan de atraer la emi- 
gración de los pueblos septentrionales, para 
contravalancear la de los meridionales; pero 
se olvidan de que aquella pertenece á los cul- 
tos disidenles, y no ha de venir mientras se 
conserve entre nosotros un resabio de intole- 
rancia católica, es decir, mientras la libertad 
de cultos, mientras la constitución no sea una 
re.Uidad». 

En el hotel encuentro á un naturalista fran- 
cés, el señor P. Germain; es un entomologis- 
ta apasionado, en correspondencia con Bur- 
meister. Conoció á Bravard en Mendoza, poco 
tiempo antes del tremendo terremoto que ha- 



— 308 - 

bia v.aticinado y que le costó la vida. Había 
proyectado una escursion científica cjn aquel 
sabio; pero el hombre propone y los terremotos 
disponen. Dícemeque ú Bravurd se le encontró 
muerto bajo una mesa. 

Desde entonces, Germain ha recorrido casi 
todo Sud-América; habia visto primeramente 
las riberas del Amazonas, donde lo mandara 
una academia científica, pero no pudo aguan- 
tar el clima. Lo que mas le gusta, es Bolivia, 
porque allí encuentra verdaderas riquezas en- 
tomológicas, con las cuales? hace preciosas 
colecciones que remite á Europa. Aunque ha 
cumplido el medio siglo, gusta de esa vida de 
aventuras y de peligros, que conviene, dice, ó 
su salud; es hombre alegre, de esprit y poeta 
por añadidura. ¡Qué agradable sorpresa pnra 
el viajero encontrar aun individuo semejante, 
un francés de las orillas del Sena ó del Róda- 
no ú tres mil leguas de la patria, bajo los na- 
ranjales del Paraguay! 

26 (/eya/ío— Hemos, proyectado una escursion 
por el ferro-carril á Paraguary,á diez y ocho 
leguas de la Asunción. Salimos con un agri- 
mensor francés, ex-oficial, que hizo la guerra 
en 1870, y que vá á mensurar campos acompa- 
ñado por su esposa, una paraguaya á la cual 
suele llevar en susescursionesy que anda con 
élá caballo. En el wagón encontramos d otro 
francés, el señor Augier, industrial establecido 
en Formosa, donde tiene una destilería, y que 
viene d buscar peones para hacer la cosecha de 
la caña. 

De estación en estación recorremos un pai- 
saje de los mas pintorescos pasando por Tri- 
nidad, donde está enterrado el presidente Garlos 
Antonio López; Luque, donde Francisco Solano 
López puso su capital después de la ocupación 
de los aliados; Areguft, donde existe un gran 



— 309 — 

horno de ladrillos del brasilero Travasso: Pa- 
liño-Cué, donde se vela casa de campo que fué 
de madama Lynch, y pertenece actualmente á 
unos ingleses; Tacuaral, que es un punto im- 
portante pura el tráfico, pues es el paso de la 
cordillera, y allí el tren se detiene largo rato 
para cargar y descargar mercancías. Pirayú, 
(|ue fué el cuartel general de los aliados man- 
dados por el conde D*Eu, antes de la batalla de- 
cisiva de Perihebuy, y en fin Paraguary, cuya 
estación estatal pié del cerro, visitado, dice la 
leyenda, por Sanio Tomás antes del descubri- 
miento de América, y cuya gruta es por ese 
motivo el objeto de una romería. 

El ferro-carril corre entre dos cordilleras, 
dejando al Norte la laguna Ipacaray y el cam- 
po de Cerro-Leon donde los López hacían ma- 
niobrar su ejército. 

En Paraguary el valle se abre y hace lugar 
á una gran planicie, en cuyo centro se divisa 
un cerro arjjolado y completamente aislado, 
como una pieza de ajedrez en medio del dame- 
ro; es el cerro famoso, dicho de los porteños. 
Allí fué donde Belgrano se paró cuando vino 
á libertar el Paraguay de la dominación espa- 
ñola, teniendo que retroceder después de ha- 
ber perdido una parte de su pequeño ejército 
en el ataque que llevó á los paraguayos esta- 
blecidos en Paraguary 

Desde Paraguary arrancan dos caminos, uno 
que va á Villa-Rica, al este, y otro que va á En- 
carnación de Itapuá, frente á Posadas, la capi- 
tal de las Misiones argentinas. Este es el que 
siguió Belgrano para invadir el Paraguay, el 
mismo que aconsejaban seguir los generales 
Urquiza y Flores en el consejo de guerra que 
se celebró en Buenos Aires cuando la guerra 
de la tripe alianza, evitando de esa manera el 
ataque directo á las posiciones fortificadas de 



— 310 — 

Humaitá y flanqueando al enemigo para con- 
cluirla guerra de un solo golpe con todas las 
fuerzas aliadas reunidas. 

Como no soy estratégico, fx pesar de haber 
estudiado todas las campañas ele Alejandro, de 
Aníbal, de César, de Federico y de Napoleón, 
no discuto el plan. 

Estamos alojados en casa de un francés que 
está edificando un hotel al pié del cerro, y de- 
be estar concluido ala fecha en que trascribo 
estos apuntes. Dícelo su tarjeta: Restaurant 
Popular de Juan Abadie, al lado de la esta- 
ción de Paraguary. En este establecimiento se 
encuentran piezas cómodamente arregladas y 
comida á cualquier hora del dia y de la noche. 
Se alquilan y cuidan caballos. Se reciben car- 
tas, encomiendas y comisiones. Se encarga de 
compra de toda clase de frutos del país y ha- 
cienda vacuna y cabalgar (sic) todo á un precio 
módico. 

Aconsejo, pues, & mis lectores touristas, de- 
seosos de visitar el pintoresco Paraguay, que 
no dejen de hacer una escursion á Paraguary, 
y les recomiendo la casa de mi compatriota, 
hijo alegre de los Pirineos, que se ha cansado 
con una paraguaya para fomentar la mejora 
de las razas, como han hecho muchos otros, 
muy contentos por otra parte de vivir en ese 
país, dotado al parecer de muchos atractivos. 

27 de Julio —Tovmenia y lluvia durante la 
noche: esta continúa á la mañana y nos obliga 
á postergar nuestro regreso á la Asunción- 
A la tarde hacemos una excursión á caballo en 
el camino de Yaguaron (montaña del Yagua- 
reté) visitando cañaverales y naranjales. La 
tierra es colorada, roja, ferrujinosa, como en 
misiones. 

El país está muy poblado; en todas partes 
encontramos chozas escondidas en medio de 



— 311 — 

una vegetación exuberante, y mujeres & pié, 
llevando fardos en la cabeza, con el inevitable 
cigarro en la boca. 

28 de Julio— E\ tiempo se ha compuesto. Re- 
gresamos á la Asunción. 

29 de /a/ío— Recorro la ciudad y hago varias 
visitas, disponiéndome para partir al dia 
siguiente. 

30 de /w/¿o— Embarcóme en un vapor que 
lleva un cargamento de yerba-mate, debiendo 
tomar otro de naranjas en Villeta. Esta es una 
operación que, llevada á cabo por mujeres, 
dura desde las dos de la tarde hasta las siete 
de la noche, y se efectúa del modo siguiente: 
Pónese una tabla para establecer una comuni- 
cación entre el buque y el galpón donde es- 
tán depositadas las naranjas; tráenlas las mu- 
jeres en pequeños canastos cargados en la ca- 
beza del modo que ya se sabe, y las entregan 
ó los marineros que las amontonan adentro y 
arriba del buque. 

Díríase un hormiguero en actividad. 

Casi todas llevan el cigarro en los labios, 
hablan guaraní, y se rien ú carcajadas, sobre 
todo al anochecer, pues la operación se inter- 
rumpe solamente para comer, y vuelve á co- 
menzar después con la claridad de la luna. 

En fin, la operación ha concluido y se alza 
el ancla, dejando lugar ó otro vapor que viene 
también á cargar naranjas. Cuántos millones 
deesas frutas doradas producirá el Paraguay! 
El naranjo es el árbol predilecto de esa tierra. 

A las dos de la mañana estamos en el 
puerto de Formosa. 



— 312 — 



XXIX 



Escnrsion en el Chaco— Los obrajeros 

Habia llegado & Formosa á las dos de la 
mañana del 31 de Julio. Voy á casa de un fon- 
dero italiano, y me dá una cama con mosqui- 
tero: los mosquiteros son una novedad para 
mí y me anuncian que estamos en el pais de 
los insectos. La música de los mosquitos no 
me permite conciliar el sueño, añadiendo que 
no tarda tampoco mucho en hacerse oir la músi- 
ca de la banda militar del batallón que ocupa 
Formosa. ¿Por qué quedarse en cama? La auro- 
ra con sus dedos de rosa ha abierto las puer- 
tas del Oriente, como dicen los poetas. Vamos 
pues, á recorrerla ciudad improvisada, la ca- 
pital del Chaco boreal, de la gobernación del 
mismo nombre. Las calles son anchas, el ter- 
reno está seco, porque hace tiempo que no 
llueve, y se puede caminaren todas direccio- 
nes. 

No bien he andado algunos pasos, cuando 
veo á un individuo que camina apresurada- 
mente: es el juez de paz de Formosa, don 
Santiago Cavenago, & quien habia conocido 
durante la escursion de algunos minutos que 
hicimos la semana pasada, y que viene á bus- 
carme para llevarme á casa de unos amigos 
suyos, los señores Ramella^negociantes y obra- 
jeros del Chaco desde muchos años atrás, al 
menos uno de ellos, el mas joven. Este se llama 
Juan^ es hijo de italiano, nacido, si mal no re- 
cuerdo, en el estado Oriental; siguió el ejército 
de los aliados contra el Paraguay desde la 



— 313 — 

edad de 16 años, y se quedó después de la guer- 
ra en esas alturas. 

Su hermano Pablo llega en seguida y me 
acompaña después de almorzar á casa del go- 
bernador general Fotheringham. Este señores 
de oríjen inglés, como lo indica su nombre, 
pero habla perfectamente el francés y el caste- 
llano, y su conversación prueba que es un hom- 
bre ilustrado, al corriente ae las ideas moder- 
nas: recuerdo que lo encontré una vez leyen- 
do la Sociología de Letourneau. Su carrera 
militar data de la guerra del Paraguay. 

El general Fotheringham tiene una linda 
casa que ha sido construida espresamente en 
previsión de los calores tórridos de esa co- 
marca, es decir, que una verandah espaciosa 
la circunda, y tiene también un mirador, desde 
el cual la vista abarca un estenso panorama, 
por un lado el Chaco monótono y por el otro 
el rio Paraguay cuyas sinuosidades separan 
ambos Estados. Al rededor de la casa hay un 
jardin elegante, que ostenta plantas curiosas; 
un árbol me llamó especialmente la atención, 
esel/)a¿o6orrac/io, que suele afectar las for- 
mas mas estravagantes. 

En una palabra, aquella habitación, bien 
amueblada, me pareció llena de coi\fort. 
. ¿Cómo puede pasarse el tiempo enFormosa, 
cuando no se tiene nada que hacer, es decir, 
cuando es dia domingo? En Formosa no hay 
mas diversión que la de correr carreras. Estas 
se corren delante de la casa del general, en la 
calle principal, que es ancha como un boule- 
ward, de cincuenta metros. 

De noche se va al club, porque Formosa 
tiene también un club, donde pueden leerse 
los periódicos de Buenos Aires, del Paraguay, 
y de otras partes, donde se juega al billar y á 
los naipes. 



— 314 — 

1\ de Agosto— Para no perder tiempo, hemos 
acordado visitar el obraje de los señores Rame- 
11a con el hermano mayor; está situado á cua- 
tro ó cinco leguas de la ciudad. Salimosá ca- 
ballo, á la madrugada. Nos paramos en la 
casa de un colono italiano; el marido está au- 
sente; hablamos con la señora, la dona, como 
dice ella misma; tiene cuatro hijos, de tierna 
edad. Es una familia de las primeras que vi- 
nieron á establecerse en este punto, en 1878. A 
mis preguntas contesta que la vida es fatigosa, 
sobre todo para ella, porque una dona no puede 
ausentarse de su casa, irá la ciudad para dis- 
traerse. Regla general: en todas las colonias 
son las mujeres las que mas padecen la nostal- 
gia. Por eso el sistema que consiste en des- 
parramar las familias á grandes distancias 
unas de otras, me parece prestar el flanco á la 
crítica, sobre todo tratándose de parajes tan 
solitarios, tan tristes como los desiertos del 
Chaco. 

Mas adelante llegamos al rancho de un fran- 
cés, llamido Fournier, del departamento del 
Charente interior, es decir, del país que pro- 
duce el famoso coñac y que ha sido arruinado 
por la filoxera. Este individuo perteneció an- 
teriormente á la estinguida colonia Aquino, que 
estaba situada á siete leguas abajo de Formosa, 
y está aquí en calidad de arrendatario. Díce- 
me que hay poca tierra vegetal, pero que asi- 
mismo el terreno es aparente para el maiz, la 
mandioca, la caña de azúcar y aun para el tri- 
go; no ' a probado el tabaco; añade que cual- 
quier colono trabajador pufide y debe pros- 
perar. 

Además de los trabajos agrícolas propiamen- 
te dichos, existen otros medios de ganar dine- 
ro, por ejemplo, hacer ladrillos, cortar pal- 
meras, criar vacas, fabricar queso, todo lo cual 
se vende en el acto. 



Fourniep dice que se necesitan mil pesos 
pora la instalación de una familia, y .que el 
terreno es muy Ijueno para criar animales: en 
veintidós meses no perdió un ternero. 

Hablamos de una disposición administrativa 
que perjudica el progreso de la colonia, y es la 
que exije que los compradores de terrenos 
abandonados por los primeros pobladores se 
hagan cargo de la deuda contraída por el colo- 
no prófugo, resultando que una chacríi que á 
veces no tiene sino el campo pelado, viene á 
costar un precio exorbitante, por cuyo motivo 
nadie se atreve á adquirirla. Esto deberla refor- 
marse. 

Vamos adelante: ya salimos del recinto de la 
colonia propiamente dicha: entramos en el 
Chaco, naturaleza virgen ó poco falta. ¿Qué as- 
pecto tiene? Un terreno de una horizontalidad 
casi absoluta, por consiguiente eminentemen- 
te monótono; islas de bosques de distancia en 
distancia, alternando con campos de pasto alto 
y duro, y palmeras desparramadas que pare- 
cen un ejercito de granaderos con sus penachos 
melancólicos. Esas palmeras me traen á la me- 
moria el recuerdo de los pinares de Gascuña 
entre Burdeos y Bayona. 

A veces se da con un arroyo; actualmente 
acabamos de cruzar el Formosa, que da su nom- 
bre á la población: es sinuoso como todos los 
arroyos del Chaco debido & la horizontalidad 
del terreno, que les permite describir curvas y 
meandros hasta lo infinito. Ahora está casi seco; 
pasémoslo en un puentede palmeras. 

No vemos ni olmos pájaros; esta es una sole- 
dad absoluta. 

La monotonía, vuelvo á repetirlo, es la ca- 
racterística del Chaco. Háseme asegurado que 
quien ha visto cuatro leguas lo ha visto todo. 

Felizmente para nosotros, dice mi compañe- 



— ale- 
ro de escursion, hace tiempo que no llueve; de 
lo contrario, todo esto s ría un barrial in- 
transitable, ó tendríamos quedar una porción 
de vueltas para llegar á nuestro objetivo. 

Mas, la civilización penetra allí como en to- 
das partes. Pasamos al ladodel establecimien- 
to de campo del señor Bibolini, proveedor de 
aquel territorio; su terreno está alambrado; 
divisamos una casa con tejas de palmera. Este 
árbol es el que suministra la mayor parle de 
los elementos de construcción en el Chaco. 

Aquello es la civilización incipiente y esto 
es la barbarie: una toldería abandonada de in- 
dios, que tuvieron allí su campamento: los in- 
dios padecen una monomanía singular, y es la 
siguiente: Cuando encuentran un rancho sin 
habitantes, prefieren deshacer el techo para 
construir sus toldos antes que abrigarse en él; 
parecería que le tienen miedo al edificio civili- 
zado, que es como una jaula, una cércel para 
ellos, y que esos hijos del desierto anteponen 
á todas las caricias del viento libre que recorre 
la inmensidad de las selvas y las llanuras sin 
fin. 

En Resistencia el dueño de un ingenio había 
edificado un galpón de material para sus peo- 
nes indios y sus familias; pues bien, ellos no 
quisieron habitarlo y se fueron mas allá á le- 
vantar sus toldos de paja brava y de plantas 
acuáticas. 

Otro rasgo característico del indio es la in- 
constancia, la falta de previsión: no se puede 
contar con ellos para un trabajo continuo; por 
ejemplo, dejan el obraje para irse á la laguna á 

Eescar, mientras hay surubíes. Otros, sinem- 
argoi pretenden que los indios son buenos 
trabajadores, y que pueden amoldarseáladisci- 
pllna de los talleres. 
Habíamos caminado despacioy nos hablamos 



-- 317 — 

parado en varias partes, de manera que eran 
mas de las doce cuando llegamos al obraje de 
losRamella, cuyo establecimiento se conoce 
con el nombre de San Agustin. 

Una casa de estanteo de veinte metros de 
frente por doce de ancho, con los corredores 
de tres metros y dos medias aguas de cuatro 
metros cada una, dos almacenes, cuatro habita- 
ciones, una cocina, un gallinero, un palomar, 
un corral de setenta metros por cincuenta 
hecho con postes de palm i negra, tal es la mo- 
rada de un obrajero. La casa revocada por 
dentro y por fuera tiene techo de palmas y piso 
de ladrillos. La ventana con rejas, y las puer- 
tas son de madera duri como para resistir 
cualquier ataque; advirtiendo que adentro exis- 
te un verdadero arsenal de fusiles remington 
y otros, tercerolas y espadas. 

Me olvidaba decir que el edificio está defen- 
dido por un fortín de palo á pique, por el lado 
norte, mientras que el lado sud tiene una de- 
fensa natural, el arl-oyo Formosa, muy hondo, 
muy encajonado en este punto y por consi- 
guiente intransitable, sobre todo cuando está 
crecido. 

Lo que acabo de describir es la habitación 
del obrajero; los peones, los trabaj ídores tie- 
nen sus viviendas al norte, al otro lado de la 
calle que divide aquella de una espesa isla de 
monte que ostenta allí su vejetacion enmara- 
ñada. A la sombra de esos árboles jigantes 
están cinco ó seis ranchos mucho menos con- 
fortables para los peones, otro que sirve para 
la carpintería y otro en fin para la cocina con su 
olla monumental. Los peones comen carne se- 
ca (charqui) y maiz. 

En el suelo aparecen una porción de piezas 
labradas, estendiéndosa á ambos lados del ca- 
mino; esto es lo que se llama /)/a/ic/iada. 



— 318 — 

Grandes son las dificultades para estraer las 
maderas desde el fondo del bosque; uno se 
pregunta cómo pudo hacerse. 

Hay que derribar árboles; pero la vejetacion 
vuelve á brotar inmediatamente, debido á la 
feracidad de la selva. Los bueyes penetran allí 
con una destreza especial, apartando las ra- 
mas con 1 .s astas y mostrando en ese trabajo 
una verdadera inteligencia. 

El rodado con que se llevan los árboles labr*i- 
dós se llama aha prima; la pieza va colgando 
de una cadena entre el eje y elsuelo. Necesi- 
tánse centenares de bueyes para hacer ese 
tráfico, de manera que en bueyes y carretas 
solamente el obrajero tiene invertido ya un 
gran capital. 

Para darme cuenta de lo que es ese trabajo 
mi hospedante me hace recorrer la isla de 
bosque inmediata y pasar por una porción de 
picadas: ábrese una picada, derribanse los ár- 
boles únicamente lo necesario para poder sa- 
car el que quiera extraerse, cuando está en 
el interior de la isla; pero nótase generalmen- 
te que los mas hermosos, los de mejor talla 
están en la orilla, sin duda porque el aire y el 
sol les permiten vegetar con mas fuerza, ad- 
quiriendo así mayores dimensiones. 

El calor sigue siendo extraordinario para la 
estación; pues no debe olvidarse que estamos 
todavia en al invierno; el sol que se pone es de 
un color sanguinolento, sin rayos, como una 
bola de hierro enrojecida que saldría de una 
fragua celestial, calentada por los cícoples; re- 
gresamos á nuestra fortaleza antes de que ven- 
ga la oscuridad, porque seria fácil equivocar 
el camino. en este desierto; pero la luna sale 
al otro lado del cielo para indicarnos la silueta 
de la habitación silenciosa perdida en medio 
de las selvas y nos sirve todavia de farol para 



— 319 — 

hacer después de la cena, otro paseo nocturno* 

2 de agoséo — Vamos á un establecimiento si- 
tuado ó dos leguas mas adelante llamado Pos- 
ta de San Agustín, es decir, ú siete leguas de 
Formosa. En el camino encontramos á un ca- 
pataz de carretas que bieneá buscarnos en una 
yegua renga, acompañado por tres perros, los 
cuales se entretienen en cazar apéreos. F.ste 
animalito, parecidoá un conejo, es la comida 
predilecta de los indios. Para cazarlos, se jun- 
tan en gran número y forman un círculo es- 
tenso al rededor del terreno donde suponen 
que está en abundancia la codiciada presa. 
Entonces encienden el campo, dejando sola- 
mente una estrecha salida; los apareas huyen- 
do de las llamas se precipitan hacia ese punto 
donde los cazadores mas diestros los matan á 
palos. 

El capataz nos hace visitar islas de bosque, 
abras y varaderos. Llámase varaderos un es- 
pacio circular que se limpia en el monte para 
llegar al árbol que se quiere derribar. 

Los árboles de mas provecho, de mayor va- 
lor venal, de ley, para hablar como los obrajeros 
son el urunday, óurunda-eu, como se dice en 
idioma guaraní, y el quebracho, siendo tam- 
bién los mas abundantes en todas partes, so- 
bre todo el último, es la madera mas retirada 
de la costa. 

Las de la costa son maderas que casi no tie- 
nen valor— así se me ha asegurado por hombres 
competentes; son el ibírapitá, el virará y el 
laurel, el lapacho y el ibirapitáson maderas de 
poco consumo. 

El urunday y el quebracho se usan para 
puentes^ muelles, tirantes, durmientes de fer- 
rocarril, buques. 

Para muebles, el toto/zé, alguno que otro pa- 
ra el consumo. 



— 320 — 

El laurel es fácil de trabajar para el carpin- 
tero. El gae6/*ac/io blanco sirve para masas de 
carruages, rayos; casi todo se ocupa en carrua- 
ges; es de poco consumo 

Hay muchísimas palmas, pero es árbol de 
poco valor; úsanse para cercos y techos, aquí 
solamente. Los indios cortan el árbol para re- 
coger el cogollo, lo mismo que los de Norte 
America, como lo refiere Montesquieu, y lo 
cortan ala altura del hombre para no tener el 
trabajo de agacharse. 

Un poblador de Formosa me aseguraba que 
distinguíala planta cortada por un hombre de 
la que habiasido cortada por una mujer. 

El Jacaranda se encuantra muy lejos dQ las 
costas, á diez ó quince leguas, pero en peque- 
ñas cantidades, no se sabe si tiene muco va- 
lor. 

Desde que principié á hablar de los obrajes 
y de los obrajeros quiero referir loque me di- 
jeron unos in lividuos inteligentes de ese gre- 
mio, interesados, si se quiere, en defender su 
causa, que acaban de perder, según he sabido 
dias pasados. 

Los obrajeros han llegado actualmente con 
sus trabajos deesplotacion á diez leguas de 
la costa, mas ó menos. Como se puede calcu- 
lar, el Chaco, en rededor de siete mil leguas 
cuadradas, resulta que se han esplotado sete- 
cientas: atendiendo á los medios de trasporte 
primitivos que se usan, puede el gobierno de- 
jarles continuarlos trabajos, sin temor de que 
concluyanlos montes, porque el peón deja mu- 
cha madera sin cortar, pues no le gusta pene- 
trar en la espesura de los bosques, siendo ope- 
ración de mucho trabajo hacer picadas largas 
y resultando que queda mucha madera en el 
centro de aquellos. 

Además, debe observarse que los árboles se- 



— 321 — 

culares,— siendo éstos los únicos que se apro- 
vechan—son solamente la décima parte délos 
existentes, y no puede beneficiarse un árbol, 
si no tiene setenta centímetros de diámetro, 
con albura y cascara, quedando reducido auna 
viga de veinticuatro centímetros por costado. 

La mitad de las nueve décimas otras partes 
son demasiado viejos, (//'atedo^, aventados, en- 
fermos ó muy torcidos, y la otra mitad de los 
mismos llegará sucesivamente á desarrollarse 
con el tiempo. 

Las picadas que hacen los obrajeros en los 
bosques son otros tantos respiraderos que 
permiten el desarrollo á los árboles existen- 
tes. 

Las C3stas délos arroyos están llenas de ár- 
boles desarraigados á consecuencia de la ve- 
jez. 

El ibirapitá parece que tiende á desaparecer, 
porque no se encuentran sino árboles gigan- 
tescos de esa clase, y esto indica que es muy 
ventajoso despejar los montes para que los ár- 
boles chicos puedan desarrollarse. 

El guayacán está en la costa; sirve para rol- 
danas; no tiene venta hasta la fecha. 

El timbó está en la costa; sirve para hacer 
canoas, es de poco valor; basta cavar un árbol 
para tener una piragua larguísima, pero an- 
gosta. 

El ñandubay se encuentra en pequeña canti- 
dad lo mismo que el espinülo; ni uno ni otro 
se trabajan. 

El curupay sirve para curtir lo mismo que el 
aserrín del quebracho. 

En las islas se encuentran el laurel, el sau- 
ce y á veces el ibirapitá. 

En fin, hay que nombrar entre los árboles del 
Chaco el palo de lan^a y el palo espina-^^o- 
roña. 

21 



— 322 — 

No debe creerse que los bosques del Chaco 
son formados como los de Europa por árboles 
de una misma especie; son macizos, entreve- 
rados de toda clase; en un islote pueden cal- 
cularse por lómenos veinticinco especies, de 
las cuales tres ó cuatro solamente son útiles 
para explotar. 

Seria un atraso para el país la suspensión 
del corte de madera. Todo lo que se corta se 
consume en el país; todo lo que sale del Chaco 
vaá Buenos Aires, cuya circunstancia facilita 
mucho el desarrollo délas ciudades. 

En vez de combatir ú los obrajeros seria pre- 
ciso darles una prima. 

Ellos son los pioners, los squatters del Chaco; 
hicieron grandes sacrificios; hasta costearon 
expediciones contra los indios; muchas veces 
han perdido sus intereses; no defraudan al fis- 
co, porque pagan derechos crecidos. 

La única disposición que podria dictarse, se- 
ria no admilar que se estraiga madera que no 
dé nueve pulgadas de costado, porque un árbol 
que da esta medida ha llegado al desarrollo re- 
querido por la ley. 

El árbol bastante desarrollado debe aprove- 
charse, porque si no entra en decadencia y con 
el tiempo se pierde. 

Los obrajeros no pueden sacar ya mucho 
porque no pueden internarse con los medios 
de trasporte quo poseen. La conducción es el 
mayor gasto de la operación, éinternarse mas 
no compensa los gastos. Solo con los ferrocar- 
riles se podrán explotar los montes del cen- 
tro. Por consiguiente, es infundado el temor 
espresado por los adversarios de los obra- 
jeros. 

Hay suficiente madera para las colonias que 
se proyectan fundar. 

En fin, el mejor terreno del Chaco, podria 



— 323 

decir el único que se puede cultivar con ven- 
taja, es el terreno de bosque; luego para sem- 
brar habrá que derribar la selva, que desmon- 
tar; por consiguiente, aunque talasen, aunque 
destrozasen los montes en la zona que alcan- 
zan los obrajeros, no harian mas que preparar 
el terreno para la agricultura y ahorrar un 
trabajo penosísimo y costosísimo á los futuros 
colonos. 

Tales eran los argumentos que hacian valer 
los obrajeros y que quise repetirá fuer de cro- 
nista; pero repito que no han triunfado. 



— 324 — 



Los indios, obrajeros y chacareros 

Anteriormente he hablado de la industria de 
losobrajeros, habiéndonos quedado en el pues- 
to de San Agustín. 

Allí vi gran número de piezas de madera la- 
bradas, lo que se llama planchada^ creo haber- 
lo dicho ya. Habia también carretas conducidas 
por indios, viejos y jóvenes, entre los cuales 
un jovencito al parecer muy inteligente, ú 
quien mi compañero de excursión h ibia dado, 
no se por qué, el nombre de Alpargata, A otro 
de los boyeros el mismo señor regaló un ci- 
garro, y el individuo quedó muy contento. Z^.s 
petits cadeawx entretiennennt l^amitié. 

Al lado del rancho de los obrajeros civiliza- 
dos habia una pequeña toldería de indios, pero 
la mayor parte délos hombres estaban ausen- 
tes en ese momento; sin duda, estarían ocupa- 
dos en mariscar, pues no tienen trabajo en el 
obraje paralizado. Mariscar es una espresion 
muycomprensiva que abarca todas las maneras 
de buscar la subsistencia en el Chaco; es de- 
cir, cazando, pescando ó recogiendo frutas, rai- 
ces, etc., en fin, todo lo que la naturaleza brin- 
da expontáneamente al hombre primitivo que 
no quiere tomarse el trabajo de labrar la 
tierra. 

Con este motivo diré que existen dos clases 
de indios en este territorio. Llómanse chacare- 
ros álosdearuera, á los que no se arriman á 
las poblaciones; estos consérvanse en el estado 
salvaje, usan trenza, cazan, pescan; tienen fie- 



— 325 — 

chas y macanas, y algún fusil que han podido 
conseguir sin pólvora. Poco numerosos, obli- 
gados á desparramarse para vivir en pequeños 
grupos de diez ó doce, y como no tarda en 
desaparecer pronto la caza y la pesca, tienen 
que mudar campamento á cada rato; este es 
el motivo porque se encuentran grandes can- 
tidades de chozas, lo que hace creer que son 
mucho mas numerosos de lo que son en reali- 
dad; encamínanse infaliblemente hacia una de- 
saparición completa. 

Los indios mansos son los de la costa; en su 
mayor parte son indios que se conchavan en 
los establecimientos de obraje y en los de cul- 
tivos de caña; allí están unos diez ó veinte dias 
y después se ausentan, diciendo que vana des- 
cansar; así me loaseguró un obrajero que ha 
vivido mas de diez y seis años en el Chaco, 
sufriendo toda clase de penalidades, por cuyo 
motivo agrega que ha conquistado el cielo, 
porque aqueles un infierno verdadero; otros 
menos resentidos se ciñen á decir que es un 
chasco) en fin, sigue diciendo aquel señor, no 
se puede contar con esa clase de indígenas pa- 
ra ningún trabajo, advirtiendo que esos veinte 
ó treinta dias que están en el establecimiento, 
dicen estar enfermos, de manera que la mitad 
del tiempo no trabajan. 

Esos indios— sigue hablando el obrajero,— no 
podrán ser útiles para un establecimiento, 
mientras no se les haga comprender que cuan- 
do toman una obligación, si no la cumplen, 
podrá la autoridad obligarlos á cumplirla. Esto 
quedarla allanado con un reglamento de peo- 
nes obligando también al dueño del estableci- 
miento á cumplir con ellos. Es falsa por con- 
siguiente la especie de que se maltrate á los 
indios, porque si se castiga á uno, todos se mar- 
chan y ¿quién puede atajarlos en los desier- 
tos? 



— 326 — 

Por lo contrario, cada patrón se esmera en 
atraerlos, y asimismo quedan los trabajos á 
menudo paralizados por la gran falta de peo- 
nes que se nota en los pueblos que recien se 
forman como este. 

El indio sirve para voltear árboles, para abrir 
picadas y para el acarreo. 

Se necesitaría un subcomisario en cada esta- 
blecimiento: cada vez que el dueño de aquel 
conchava algunos indios, se formularía un con- 
trato ante aquel funcionario, estipulando las 
condiciones y el tiempo durante el cual de- 
ban trabajar, bastando un par de soldados al 
cumplimiento. 

Para ahorrar gastos, podria obligarse al mis- 
mo dueño del establecimiento, á dar cuenta in- 
mediatamente de haber celebrado contrato á 
la autoridad mas vecina, á fin de que el mismo 
peón pueda reclamar ante aquella, debiéndola 
obligación ser recíproca 

De otra manera^ los peones indígenas no 
respetan los arreglos que se hacen con ellos, 
de donde resulta que los trabajos no puedan 
continuar, ni en los obrajes, ni en los estable- 
cimientos de caña. 

Los indios toman mujer, generalmente una 
sola; pero los caciques toman dos. 

La prostitución existe también entre ellos; 
hay Ja obligación de pagarla; de lo contrario, 
la india, donde encuentra al individuo que no 
ha cumplido con su promesa, lequita la ropa, 
sin que este se oponga, porque parece es ley 
entre ellos. Una vino en una circunstancia á 
ponerle queja al patrón, que me refiere estos 
datos, porque un peón habia estado abusando 
de ella, y no cumplía lo estipulado, y el patrón 
contestó que este asunto no era de su incum- 
bencia. 

Cazar y pelear— yo le dije, es la vida del indio; 



— 327 — 

los animales de caza son el ciervo, el aperea, 
el carpincho ó capivara; no son aficionados á 
comer pájaros. La tararira es un pez muy abun- 
dante en los arroyos del Chaco y lo buscan 
con preferencia. 

Gomen también semillas y raices;son las mu- 
jeres las que van á buscarlas. 

El indio no carga nada: la mujer es siempre 
la bestia de carga. 

Las mujeres suelen hacer fajas y ponchos, 
que son eternos y los tiñen con añil; practican 
también e\ tatuQjej es decir, que pintan la cara 
de las mujeres de un modo imborrable, gene- 
ralmente cuando estas se casan; no lo usan 
siendo solteras. 

Otros me dijeron que se hace el tatuage, 
cuando la mujer llega á la nubilidad. 

Las tribus inmediatas á Formosa son regen- 
teadas por los caciques Pichón y Qaraya, de- 
biendo advertirse que se respeta muy poco su 
autoridad, pero vienen encabezadas por ellos, 
cuando se trata de celebrar algún trato ó que 
necesitan un intérprete, un lenguarás. 

Para curar ú sus enfermos, usan el canto, 
hacen tajos en el cuerpo y les chupan la san- 
gre; no se valen de medicamento alguno, de 
yuyo, ni de otra cosa semejante. Creen que 
el doctor, el médico, que es una especie de 
hechicero, puede mandar á cualquier animal 
feroz á comer ú su enemigo ó á quien le dé 
la gana. 

En una circunstancia, el cacique Carayá 
vino A pedir permiso al mayor Fraga para 
matar el médico de la tribu, porque habia en- 
viado ú un tigre á comerse á su hermano, y 
también enviaba víboras contra su gente. 
Contestóle el mayor Fraga: manda todos los 
tigres y todas las víboras contra el batallón, 
y vamos á dar cuenta de ellos. 



— 328 - 

Al médico se le paga bien, pero una gran 
responsabilidad pesa sobre él y corre serios 
peligros, si no sana á los enfermos. 

El cacique Pichón mandó lancear á su doc- 
tor porque no habia salvado á su hija enferma 
de viruela. Es cierto que negó el hecho y 
dijo para disculparse: muchachos emborra- 
chando y matando^ y agregó que aquel ya era 
viejo y no servia para nada. O vieillesse en- 
nemie! decia Corneille. 

Para instituir al médico hay un procedi- 
miento bastante estraño: se le hace subir á 
un árbol; cuando está arriba, se sacúdela ra- 
ma con la mayor violencia; si se mantiene 
bien asido de ella, si no cae, queda recibido. 
¿Qué les parece ó nuestros facultativos el pro- 
cedimiento adoptado por los indios para ha- 
cer doctores? La medicina, decia Lamartine, 
es una intención de curar. La medicina, de- 
cíame dias pasados un ilustrado doctor fran- 
cés, solo sana las enfermedades que se sanan 
de por sí mismas. Los indios, ellos, opinan^ 
sin duda, que para conservar la salud es pre- 
ciso ser buen equilibrista; y por eso exigen 
á sus doctores la prueba susodicha. 

De los indios de la costa ninguno se dedica 
á trabajar la tierra; pero se dice que, en al- 
gunas espediciones al interior, se han encon- 
trado terrenos sembrados con maíz y zapa- 
llos; los de afuera son también aficionados á 
tener vacas y ovejas. 

Los mismos indios de afuera llaman á los 
de la costa obrajeros^ y los de la costa llaman 
á los de afuera chacareros. 

Antes de fundarse el pueblo de Formosa, 
los indios se hacían la guerra entre si, se cau- 
tivaban y vendían las criaturas cautivas, ge- 
neralmente en la provincia de Corrientes; pero 
hace tiempo que dejaron eso. 



— 329 — 

Entonces habia que comprar los bosques á 
los caciques: cada seis meses ó cada año, ve- 
nían aquellos á cobrar contribuciones ú los 
obrajeros, consistiendo estas en cuatro ó cinco 
esterlinas, algún caballo, ponchos, damajuanas 
de ginebra, tabaco, lienzo, maíz. 

Cuando se pronunciaba la alarma de ata- 
que de indios, toda la peonada se refujiaba 
en la ribera y allí se esperaba hasta ver que 
no habia motivo de alarma, recomenzando en- 
tonces los trabajos. 

Este estado de cosas duró hasta fines del 
gobierno de Avellaneda. 

Los indios son muy borrachos, con. escep- 
cion de las mujeres, y comilones; cuando tie- 
nen comen con esceso; la aloja, bebida fermen- 
tada hecha con la fruta del algarrobo, es su 
pasión; acompañan su elaboración con cantos 
y gritos. , 

A los indios mansos se les dó maíz, estoes, 
la manutención, agregando la caza, que es 
abundantísima en el Chaco. 

Los habitantes ya lo dije, son de nómades; 
nunca se toman el trabajo de hacer un rancho 
algo confortable. 

En cuanto á los indios salvajes, son, dice mi 
interlocutor, puros animales silvestres; no 
quieren estar en el pueblo; son haraganes; 
prefieren á todo la vida salvage. Son desti- 
nados á desaparecer. Muchos mueren de pi- 
caduras de víboras, y se matan á sí mismos 
por el modo de curarse, chupando la sangre, 
cuando están enfermos; en este caso dos in- 
dividuos cantan, uno al pié, otro á la cabeza 
del doliente, y cuanto mas cantan tanto mas 
creen que surte efecto. 

Por lo visto el famoso doctor Sangredo, el 
profesor Broussais y el Diafoirus de Moliere 
eran meros plagiarios de los médicos del 
Chaco. 



— 330 — 

El obrajero me ha parecido algo severo para 
los indios; otro individuo que los conoce tam- 
bién, el mayor Cavenago, juez de paz de For- 
mosa, que ha cruzado el Chaco desde Resis- 
tencia hasta Salta, que ha vivido mucho tiempo 
en la colonia Rivadavia, afirma que los indios 
son excelentes trabajadores, y que, cuando se 
marchan, no lo hacen sin motivo. 

Otros individuos, dueños de ingenios, en 
Formosa y en Resistencia, me repitieron la 
afirmación: hasta dicen que sin ellos no po- 
drían esplotar sus cañaverales y tendrían que 
abandonar sus ingenios por falta de peones. 
De ellos y de sus ingenios hablaré mas ade- 
lante. 

Los indios salvajes se baten bien. Refirióme 
el mayor Cavenago un combate que dieron 
contra el mayor Fraga: los indios se hablan 
parapetado tras de unos tacui^ús y desde allí 
se batian. Una fuerza de caballería, como de 
doscientos hombres, estaba á retaguardia es- 
perando que se pronunciase la derrota délos 
cristianos para acometerlos y perseguirlos. 
Estos no eran mas que treinta y no les que- 
daba mas que cinco tiros á cada uno. Feliz- 
mente fué muerto el cacique y los indios 
desanimados se pusieron entonces en reti- 
rada. 

Me he estendido sobre los indios mas de lo 
que pensal3a,pero he creído interesante entrar 
en esos pormenores porque la cuestión india 
merece también que se le dedique alguna 
atención, y se relaciona mas ó menos directa- 
mente con la importante materia que me puso 
la pluma en las manos,— la colonización. Ahora 
vuelvo á mi escursion interrumpida. 



En la toldería de San Agustín hay una por- 



— 331 — 

cion de mujeres y de niños agrupados alre- 
dedor de un fogón; una india anciana hace 
pororó, es decir, hace freír maíz. Aquello me 
recuerda á los gitanos de los Pirineos. 

Los indios, ó las indias, dice don Pablo Ra- 
mella, procrean mucho. Por lo demás pre- 
tende que no son temibles^ y se anima á re- 
correr todo el Chaco con veinticinco hombres 
solamente, bien armados y bien montados; 
porque dice que una fuerza muy numerosa 
es un estorbo, un impedimento para hacer 
marchas rápidas, imponiendo la obligación de 
llevar víveres y equipajes, de perder tiempo 
para buscar aguadas en un país donde ese 
elemento falta generalmente: mientras que un 
puñado de hombres bien decididos puede ser 
librado de todas esas contingencias y mante- 
nerse fácilmente;— y, mostrándome una her- 
mosa planta de caraguatá que ostenta su pe- 
Macho colorado entre un tupido malezal, 
díceme: 

—Con esta planta no mas, tendríamos agua 
de sobra. 

Y diciendo y haciendo; rompe el tallo de 
aquella y me hace ver un depósito del pre- 
cioso líquido en el receptáculo vegetal, el cual 
sorbe con delicia. 

Quiere decir que la planta caraguatá recoge 
y conserva el agua de lluvia poniéndola de 
reserva para el vagamundo habitante de aque- 
llas soledades. 

Es aquella una gran ventaja, pues las aguas 
del Chaco, las de los mismos pozos que pue- 
den cavarse, son generalmente salobres, lo 
que indudablemente es un inconveniente para 
la colonización: habrá, pues, que hacer pro- 
visiones de gua del cielo, cada vez que llueva, 
ó destilar la de los arroyos. 

Mi compañero y hospedante habla de cosas 



— 332 — 

que sabe; conoce el interior del Chaco, ha to- 
mado parte en la espedicion del general Vic- 
to rica en la columna del general, entonces 
coronel Fotheringham; pero dejóle la respon- 
sabilidad de su afirmación. 

Actualmente (es decir, Agosto 1887), la línea 
de frontera está ú doce leguas de Formosa; 
hace un mes los indios salvages hicieron una 
demostración contra los indios mansos, ó los 
cuales consideran como traidores, y Ramella 
reunió á sus peones para marchar contra 
ellos. 

La vida de los obrajeros, continúa diciendo 
ese señor, es llena de peripecias, y su trabajo 
algo análogo al de los yerbateros; estos van en 
busca de yerba mate en los bosques del Pa- 
raguay y de Misiones; del mismo modo, los 
obrajeros van en busca de los árboles despar- 
ramados en las selvas, que se encuentran casi 
siempre á grandes distancias unos de otros. 

Agregúese que los patrones tienen que lu- 
char también contra sus peones, que suelen 
ser generalmente la escoria de la sociedad, 
individuos prófugos de Corrientes ó del Para- 
guay, por motivos que no son siempre con- 
fesables; estos son los enemigos natos délos 
patrones, trabajan lo menos posible; varios 
de aquellos han sido asesinados; otros amena- 
zados; tienen que andar con el revólver en la 
cintura para resguardarse contra las contin- 
gencias imprevistas. Y ¡qué diremos de las 
privaciones físicas y morales, y de los calores 
tórridos, y de las lluvias torrenciales, y de 
los millones de insectos que acosan al hom- 
bre que se atreve ó penetrar en esos desiertos! 
Asegurase que huyen y desaparecen paulati- 
namente delante del trabajo humano, pero 
entretanto los iniciadores son los que padecen 
y pagan el aprendizaje del desierto. 



- - 333 — 

3 de a/7osío -Continuamos nuestras escur- 
siones; costeamos y cruzamos el arroyo For- 
mosa, muy bajo en ese momento, en un puente 
ae palmeras. Nótase con este motivo que to- 
dos los puentes y caminos son obra de los 
obrajeros. Llama la atención el color de las 
aguas de los arroyos del Chaco; parece agua 
de legia ó de zarzaparrilla, debido sin duda, 
ú la abundancia de esa planta en sus orillas, 
á la disolución de los yuyos y de los pedazos 
de árboles, de hojas y de cortezas que caen 
en su cauce. Sin embargo, cuando está en el 
vaso pierde ese color, lo que haría creer que 
proviene mas bien del fondo en que corre. 

Caminamos tres horas sin encontrar mas 
novedad que un gato montas, que sin duda 
iba cazando y huye precipitadamente cuando 
nos apercibe; repito que el Chaco es esencial- 
mente monótono. Cansados de esa repetición 
de las mismas cosas, volvemos á casa donde 
encontramos á un indio, acompañado por su 
hijo, que viene á buscar noticias; habia estado 
mariscando; doy le un peso paraguayo. Mi 
hospedante critica esa generosidad mal enten- 
dida, diciéndome que todos los demás indios 
van á venir y á pedir otro tanto, porque cuan- 
do se dá á uno es preciso dar á todos; pero 
ya es tarde para quitárselo; esto producirla 
mal efecto. 

El indio trae un arco y flecha-; el arco tie- 
ne la altura del hombre, mas de cinco pies; 
es de una madera negra, durísima, aunque 
flexible; la cuerda de alguna planta del bos- 
que; las flechas son de dos clases, ó mejor 
dicho, con puntas distintas, porque todas son 
de caña y con plumas directoras en la parte 
posterior. Para matar á los animales fuertes 
como el tigre, el ciervo, el león, el carpincho, 
usan una punta de hoja de cuchillo aguzada 



— 334 — 

como un hierro de lanza, y para los demás 
animales *') aves, una punta de madera dura. 

A la tarie, ó mejor dicho, de noche, alum- 
brados p ).' la claridad de la luna^ regresamos 
á Formos ., habiendo presenciado un eclipse en 
el camine». He sabido después que los indios 
de un ingenio, testigos del mismo fenóme- 
no, hablan empezado á dar gritos y á tirar 
palos con otros objetos al aire en dirección 
á la luna. ¿Cuál seria el objeto de esa de- 
mostración bélica? Es que creian que algún 
animal feroz iba á comerse el astro brillan- 
te de la noche, y procuraban asustarlo deesa 
manera, haciéndolo desistir de su intento. 

Como lo vé el lector, los indios del Chaco 
están todavía en el período del animismo y 
fetichismo, y necesitarían leer los libros de 
Flamarion. 

Mientras lo hagan, proseguiremos nuestras 
escursiones. 



— 335 — 



La villa de Formosa— Un miembro del Parlamento 

italianos en el Oíaco 



He dedicado el dia, 4 de agosto, á recorrer 
las calles de la población. Las manzanas tie- 
nen cien metros cuadrados de superficie y 
están divididas en cuatro solares. Las calles 
tienen veinticinco metros de ancho; las dos 
calles principales, cincuenta. La mayor parte 
de las casas son de adobe, algunas de ladrillos 
con techos de palmeras partidas por la mitad; 
esta madera, ya lo dije, si así puede llamarse, 
es abundantísima en el Chaco. 

Aparecen de distancia en distancia éntrelas 
casas, árboles silvestres que han sido conser- 
vados por los pobladores, restos de la antigua 
selva que cubria completamente ese paraje. 
El terreno que ocupa Formosa fué primitiva- 
mente un bosque tupido y un pantano, lo que 
prueba que el hombre puede transformar á su 
antojo la naturaleza salvaje. Actualmente, á 
consecuencia de la prolongada seca, es durí- 
simo. 

En las calles y en los sitiosse han plantado 

Ealmeras, eucalyptus, casuarinas, naranjos, 
ananos, etc. 

La casa de gobierno, aunque de pequeñas 
dimensiones, es una elegante construcción; 
hay también una casa de escuela notable^ un 
hospital, un cuartel espacioso y bien situado, 
á inmediaciones de la barranca. 

En esa misma barranca, á orillas del rio, se 
levanta, en medio de las casuarinas y de los 



— 336 — 

eucalyptud, una casa edificada por el coronel 
Bosch, gobernador que fué de ese territorio. 

El gobernadoractual, general Fotheringham, 
se queja de no tener los elementos suficien- 
tes para el fomento de la población; sin em- 
bargo, es opinión general que esta le debe 
mucho. 

Formosa es sobre todo una posición estra- 
tégica, que domina al rio Paraguay, muy hondo 
en este punto y bastante estrecho, pues se 
oye perfectamente la voz humana de una ri- 
bera á otra. Cuando la banda de música mi- 
litar toca en la plaza «Almirante Brown», al 
lado del puerto, se distingue la risa de las 
paraguayas que bailan en la barranca opuesta. 

El rio describe unacurví muy pronunciada 
en este punto, de manera que el territorio 
paraguayo forma una especie de península. 

Es sabido que Formosa ha sido fundada á 
consecuencia del abandono que tuvo que ha- 
cer el gobierno argentino de la Villa Occiden- 
tal, situada en el Chaco á siete leguas al norte 
de la Asunción, abandono decidido por el pre- 
sidente norte-americano Hayes, á cuyo arbi- 
traje la cuestión habia sido sometida. Aquella 
villa data de los tiempos de López (1856); lla- 
móse primitivamente la «Nueva Burdeos»; fué 
poblada entonces con unos colonos franceses^ 
oriundos del sud-oeste de Francia, contratados 
en aquel país por don Francisco Solano López, 
que habia ido á recorrer la Europa. La colo- 
nia no duró; quejáronse los colonos de que 
no se les habia cumplido la estipulación del 
contrato y del modo como se les trataba. 

El viejo López no gustaba de la inmigración 
extranjera; seguia por el contrario las tradi- 
ciones esclusivistas del doctor Francia; por 
eso habia puesto á los colonos en el Chaco, 
en vez de colocarlos á inmediaciones de la ca- 



— 337 — 

pital, donde hubiesen tenido un mercado se- 
guro y próximo para los productos, condición 
sine qua non de éxito para cualquier colonia. 

Sea lo que fuese, el cónsul de Francia Luciano 
de Brayer, hijo de un general del imperio que 
había servido en este país, intervino en la 
cuestión, y esta se resolvió, disolviendo la co- 
lonia y concediendo el gobierno paraguayo 
una indemnización á los colonos, que pasa- 
ron casi todos á la República Argentina, y 
principalmente á la ciudad del Paraná, en 
cuyos alrededores se establecieron. 

Los vecinos de Formosa que estuvieron en 
Villa Occidental, echan de menos aquel paraje; 
dicen que allí los terrenos son riiejores para 
la agricultura, pretendiendo que allí mismo 
podia haberse hecho una mejor elección, po- 
niendo la capital del Chaco Boreal mas al 
norte. 

Sin embargo, otros ponderan la situación de 
Formosa. 

Deténgome delante de un rancho á hablar 
con un individuo cuyo pelo rubio revela la 
procedencia estrangera; díceme que es belga, 
de Ambares, pero apenas sabe algunas pala- 
bras de francés; habla flamenco; hizo la cam- 
paña del Paraguay,— sin duda habia venido 
como enganchado— y fué herido en la batalla 
de Lomas Valentinas. Fué después ü estable- 
cerse en la Villa Occidental, y vino á Formosa 
cuando hubo que dejar aquella á los paragua- 
yos; actualmente vive casado con una para- 
guaya, con la cual ha tenido muchos hijos: 
produce el país. 

En la misma calle, un quintero italiano, lla- 
mado Puccini, me invita á visitar su propiedad, 
que está perfectamente arreglada. El no era 
militar, pero habia acompañado el ejército para 
hacer negocio como tantos otros, y concluida 

22 



— 338 — 

la guerra, se fué también á la Villa Occidental. 
Afirma que el terreno es mucho mejor que el 
del Paraguay y que lo produce todo; es cierto 
que es muy difícil de trabajar pol* causa de su 
dureza; pero desde que está labrado, lleva 
mejor la vegetación, con cuyo motivo me 
muestra en su huerta tomates, alberjas, repo- 
llos, porotos, ajíes, bananas, naranjas, etc., etc. 

El agua de los pozos es salobre, y es un in- 
conveniente. 

En resumidas cuentas, declárase satisfecho. 
Pondera también un terreno situado al sud 
del pueblo y conocido conel nombre de Potrero 
donde están establecidos una porción de colo- 
nos. 

Siguiendo mi peregrinación, llego delante 
de la capilla de Formosa. Esta es como una 
casa cualquiera, de tacuaras y techo de pal- 
mas, como las demás, y con corredores. Creo 
que fué primitivamente un alojamiento para 
los oficiales del batallón. 

El servicio religioso, lo desempeñan dos 
franciscanos, un italiano viejo y un correntino 
joven. Una palangana sirve de fuente para el 
agua bendita. En el altar principal hay una 
estatua de la virgen; en el altar lateral una 
estatua del arcángel San Miguel, armado con 
la espada; todo es de madera, con el pulpito y 
el confesionario. 

Posteriormente he asistido á una misa y á 
una procesión quesehizoal rededor de la ca- 
pilla en los corredores. El objeto déla proce- 
sión era pedir agua, porque iba prolongándo- 
se una seca abrumadora. 

Entre los colonos que formaban la mayoría 
de la concurrencia, italianos, tiroleses, aus- 
tríacos, el traje nacional ha desaparecido ya: 
las mujeres y los niños caminan generalmen- 
te descalzos como los paraguayos. 



— 339 — 

Después de misa, el joven franciscano reunió 
ó los niños de ambos sexos para hacerles una 
lección de doctrina cristiana, ¿Qué es Dios? 
decia. Un espíritu. ¿Dónde estáf ¿cómo está? 
¿Está como el gobernador? y Jesucristo ¿qué 
es? Es el hijo de Dios. 

En ese momento un asno se puso á rebuznar 
á inmediaciones de la iglesia, y los niños se 
echaron á reir. El mismo profesor no pudo 
reprimir una sonrisa. 

Anteriormente, los mismos colonos habían 
mandado decir misa para ahuyentar á los pá- 
jaros que les comen la sementera y la cose- 
cha, principalmente el maíz. Con este motivo 
dijo el franciscano joven, que debe ser algo es- 
céptico: por qué mas bien no compran un tarro 
de pólvora y una arroba de munición? 

La superstición de las poblaciones meridio- 
nales de Europa que nos mandan hasta ahora 
el mayor contingente de inmigración, se ase- 
meja al fatalismo de los musulmanes, que lo 
esperan todo de la divinidad y no comprenden 
que ella nos puso en la tierra para luchar cons- 
tantemente contra todas las fuerzas de la natu- 
raleza. Ayúdate, y Dios te ayudará, así dice la 
sabiduría popular. 

El número considerable de dias festivos en 
que se invoca el auxilio de los santos del cato- 
licismo, representan una pérdida inmensa para 
el trabajo útil y un quebranto incalculable 
para la producción de la riqueza social, sin con- 
tar que la ociosidad para esos individuos igno- 
rantes que no tienen como pasar el tiempo del 
descanso, no sabiendo ni leer ni escribir, debe 
ser forzosamente la madre de los vicios y prin- 
cipalmente de la borrachera. 

Al este de la capilla está el cuartel. El ca- 
pitán Schieroni me lo hace visitar y me hace 
el honor de presentarme á los oficiales. 



— 340 — 

Ese edificio tiene sesenta metros de largo 
por diez de ancho; el techo es de palmas y las 
paredes de adobe con corredores; allí pueden 
caber quinientos hombres. 

Está construyéndose un edificio para los 
oficiales, mayoría, cuerpo de guardia, comedor, 
calabozo, que debe costar mil quinientos pesos 
nacionales, las paredes son de ladrillo, tendrá 
sesenta metros de largo, siete metros de altu- 
ra, habiendo en todo ocho habitaciones. 

Otro edificio, de ladrillo y de palmas, sirve 

Rara enfermería^ depósito y almacén. En esta 
ay otro para alojar los cuerpos, de ladrillos 
también, y de teja española. 

Todos estos edificios son la obra de los mis- 
mos soldados del batallón, añadiendo ocho mil 
pesos con que contribuyó el gobierno nacional. 
Este se compone actualmente de dos cientos 
treinta y siete hombres. 

Delante del cuartel, al esfe, háse reservado 
una plaza que debe convertirse en jardin, es- 
tendiéndose este hasta el rio. Formosa, ya lo 
dije, está en un punto elevado; es el punto mas 
alto, dice un oficial, que haya podido encontrar- 
se en la costa argentina, siendo un punto es- 
tratéjico, pero poco sirve para colonia. 

Con este motivo añade que este ha sufrido 
una verdadera crisis y se ha salvado con el 
corte de las palmeras; que el batallón compra- 
ba en su mayor parte á los colonos. Estos se 
pusieron también á criar vacas. De la colonia 
y de los colonos volveré á hablar mas ade- 
lante. 

La barranca elevada no permitía el acceso á 
la ciudad: hubo necesidad de cavarla para 
abrir un camino y hacerlo accesible. Está tam-. 
bien hecho, si mal no recuerdo, por los sol- 
dados. 

La subprefectura marítima está sobre esa 



- 341 — 

misma barranca, al sud. Tiene un faro y una 
escalera de madera para bajar al rio, de veinte 
metros por lo menos de altura. 

Allí he visto un cañoncito de bronce que 
había sido fundido por los paraguayos con las 
campanas de las iglesias. Lleva la fecha de 
1869, y fué fabricado en el arsenal de Caacapé. 
En la repartición de los trofeos de la victoria, 
tocó á los argentinos. 

Los terrenos han tomado mucho valor en 
Formosa como en todas partes. 

Actualmente todos los mejores están ocupa- 
dos. 

Hay solares sin población que valen hasta 
cuatrocientos pesos. 

Todo eso prueba la marcha ascendente del 
país. 

Antes de ir mas adelante, debo notar que la 
mayor parte de la población de Formosa es 
paraguaya; entre argentinos y estranjeros no 
pasan de quinientos, al menos así se me ha 
asegurado. 

Resumiendo, Formosa ha debido sobre todo 
su subsistencia ó la presencia del batallón que 
está acampado allí; por eso me decia un nego- 
ciante: el gobierno deberla mandarnos otro 
batallón. Esta circunstancia hace pensar en los 
castra stativa de los romanos que fueron el pun- 
to de arranque de muchas ciudades de 1j Euro- 
pa occidental. 

Formosa, población fronteriza, no tiene como 
Resistencia la ventaja de un mercado al otro 
lado del rio; tiene por consiguiente que buscar 
otros recursos. Sus habitantes cifran mucha 
esperanza en el cultivo de la caña de azúcar y 
en las industrias correlativas, por ejemplo la 
destilería, la fabricación de alcoholes. Afirman 
que la caña de Formosa aventaja á la de Tucu- 
man y & la de Misiones, siendo con mucho su- 



— 342 — 

perior 6 la que se cosecha al sud del río Ber- 
mejo, que, en una palabra, es una de las mejo- 
res del mundo. 

Esta es también la opinión del doctor Marti- 
noti, distinguido médico italiano, diputado 
que fué en el parlamento de aquel país. 

Este señor habia, durante las vacaciones 
de aquel cuerpo, venido á visitar la Repú- 
blica Argentina; entusiasmóse por el Chaco, y 
particularmente por la caña de azúcar de esta 
región. A pesar de sus años— tiene mas de se- 
senta—decidióse á fundar un ingenio con la 
cooperación de algunos industriales y capita- 
listas, entre ellos el señor Cerrano, fabri- 
cante de cal en el Paraná, y los señores Oma- 
rini, y está trabajando dia y noche para que 
quede armado 6 la mayor brevedad posible. 
Con él está un ingeniero inglés traido á pro- 
pósito para instalar la maquinaria. £1 inge- 
nio estará dispuesto para elaborar cien tonela- 
das de caña por dia, y cuando haya pasado la 
estación de la caña, destilará maiz; en fin, el 
mismo motor servirá para un aserradero á 
vapor. 

El doctor Martinoti es considerado como un 
Mesías por el pueblo de Formosa, y á fé que lo 
merece; hombres inteligentes y emprendedo- 
res no se encuentran tana menudo en los de- 
siertos del ChacOj y son los que hacen falta 
para renovar la faz de esa tierra abandonada 
durante tanto tiempo á las incursiones del 
salvage. 

Pero ¡oh desgracia! poco tiempo después de 
haber dejado yo las riberas del Paraguay, tuve 
el sentimiento de saber que el sabio ilalíano 
habia perdido el brazo en un engranage, sal- 
vándose milagrosamente, y debido á su ener- 
gía, de las consecuencias de este accidente 
en un clima tórrido, habiendo el médico indi- 



-^Sis- 
eado á un cirujano tímido é ¡nesperto como 
debía amputársele el miembro inutilizado para 
evitar la gangrena, mientras vinieran médicos 
de la Asunción y de Buenos Aires para aten- 
derlo. Restablecido, y á fln de completar la 
cura, el doctor tuvo que venir 6 Buenos Aires 
y después pasó á Europa. 

¿Iba la fábrica á susfrir las consecuencias de 
ese contratiempo lamentable, y los habitantes 
de Formosa perder la esperanza que abriga- 
ban? 

Los mismos habitantes cifran también espe- 
ranza en el cultivo y esplotacion de la ramie^ 
«sa planta textil oriunda de la China, con la 
cual se hacen tan lindos tejidos y que puede 
aclimatarse en el Chaco. 



— 344 — 



XXXII 



La colonia Aqnino — NaTegacion nocturna 

El cinco de Agosto, ó la madrugada, parto 
aguas abajo para visitar la estinguida colonia 
«Aquino», con los señores Juan Ramella,y Ro- 
dolfo Rolls, empleado de la gobernación, que lo 
fué también en la administración de aquella 
colonia. La embarcación que nos lleva es tri- 
pulada por dos viejos marinos italianos y un 
niño paraguayo, hijo de francés. 

La travesía ha durado cuatro horas mas 6 
menos. Hemos parado en un lugar de la costa 
llamado Tres Marios^ donde el señor Ramella 
tiene un rancho y un embarcadero para sus 
maderas. 

Guiados por él, hemos recorrido la picada 
durante mas de cien metros y notado que la 
vegetación vuelve á brotar con lozanía en 
los parajes desmontados por el hecha del le- 
ñador. 

La colonia Aquino fué fundada el 21 de Junio 
de 1882 por los señores Ratino y Vescovo. Pos- 
teriormente el señor Saralegui compró su par- 
te á Ratino, llamándose desde entonces la so- 
ciedad «Vescovo y C». Ratino fué asesinado 
el 6 de Mayo de 1883 por unos peones para- 
guayos para robarle un dinero que acababa de 
recibir; arrestados en el Paraguay, los matado- 
res fueron condenados ó tres años de trabajos 
forzados. Continuó la empresa hasta 1885, en 
euya época se disolvió,' y la misma colonia 
duró hasta 1886. 

Habíanse juntado allí unas cuarenta fami- 



— 345 

lias, pero tuvieron que desparramarse, porque 
no tenían á quien vender sus productos. Lo 
que cultivaoan era sobre todo la caña de azú- 
car, y faltaba una máquina para elaborarla. 
Los socios no pudieron entenderse; tuvieron 
altercaciones violentas. Algunas familias déla 
extinguida colonia se fueron á Formosa. Ha- 
bíase gastado como sesenta y cinco mil pesos 
nacionales. 

La casa de administracion—un gran galpón 
de barro y paja brava— está, ó mejor dicho, es- 
taba situado á cincuenta metros de la barranca; 
pero las aguas del rio fueron comiendo la ri- 
bera, de manera que actualmente dista solo 
unos veinticinco metros, y la acción de aquellas 
continúa. 

Tiene corredores; existen también otros tres 
ranchos y una cocina. Un cerco de palmeras 
rodea la casa grande por todos lados, menos el 
lado del rio. 

A unas cien varas al norte existe otro galpón, 
dividido en siete departamentos, que servia 
para alojar las familias. 

En fin, al sud hay un corral de palmeras y 
de alambre. 

En la parte sud de la casa de administración, 
revocada anteriormente, leo una inscripción: 12 
de Junio de 1887. Unartista^ que no era un Ra- 
fael, había dibujado dos cabezas, de las cuales 
una lleva una pipa en la boca, «para matar el 
tiempo», dice la inscripción. 

El señor Rolls me mostró unas manchas co- 
loradas en un horcón, era la sangre de Ratino 
que lo había salpicado. Rolls estaba ausente 
cuando se cometió el asesinato, y agrega que 
Ratino murió por su imprudencia. 

El terreno de la colonia es arcillo-arenoso, 
bueno para toda clase de cultivos; el humus 
tiene de treinta á ochenta centímetros de es- 
pesor. 



— 346 — 

Hay aguas potables y corrientes subterrá- 
neas, habiéndose cavado unos cuarenta pozos 
que tenian de tres á siete metros de hondura. 

Surcan el territorio de la colonia dos riachos, 
el Coltapico, navegable en parte, y el Tohué, 
pero su agua es salobre. 

La vegetación de Aquino es idéntica ó la de 
todas las demás partes del Chaco; aquí hay 
grandes pajonales con islotes de bosques en 
lontananza. Los colonos hablan plantado como 
doscientas hectáreas de cañaverales, cuyos res- 
tos se ven todavía juntos con las ruinas de sus 
habitaciones. 

La colonia abarcaba trece kilómetros de fren- 
te sobre el rio, desde el riacho sin nombre 
que desemboca frente á la punta de la isla 
Aquino, que da su nombre á la localidad— has- 
ta la boca falsa de la Herradura, con tres le- 
guas de fondo de cinco kilómetros, es decir, 
doscientos kilómetros cuadrados mas ó me- 
nos. 

La disolución de aquella colonia fué una des- 
gracia indudablemente; el gobernador de For- 
mosa trató de salvarla, proponiendo al gobier- 
no. nacional que se hiciese cargo de ella, pero 
este, desanimado por el mal éxito de las colo- 
nias nacionales, desechó la propuesta. 

Recorremos el terreno pedibus cum jambis, 
pues estamos en un desierto absoluto, donde 
no existen hombres ni cabalgaduras. Uno de 
nosotros empieza á tirar fósforos encendidos 
al pajonal: el yuyo seco arde inmediatamente; 
las llamas chisporrotean, el humo espeso re- 
molinea con el aire, y en un momento grandes 
estensiones de terreno aparecen negreando. 

Acuden de todos lados los caranchos, los 
gavilanes, los cuervos y demás aves de presa. 
A qué vienen? 

A comer todos losanimalillos que las llamas 



— 347 — 

hacen salir de sus escondrijos; sin saberlo, hei- 

mos preparado un almuerzo ó esos rapaces. 

Pero esa quemazón tenia otro objeto, como 
lo supe después. El obrajero habia reunido 
allí una porción de vigas labradas; temiendo 
que un fuego imprevisto, como los que se pro- 
ducen muy á menudo en el Chaco, viniese á 
destruirlo, habíase anticipado á ese desastre 
con otro fuego preservativo, quitando así de 
antemano el alimento al incendio futuro. 

Esta maniobra me hace recordar laque des- 
cribe Fenimoree Cooper en su novela sobre la 
vida de los desiertos norte-americanos: los 
indios incendian el campo para envolver á 
sus enemigos; entonces estos encienden otro 
fuego para contrarrestar el que debia extermi- 
narlos, y quedan salvos en medio de un círculo 
de llamas y de humo. Tal es la estrategia de 
las praderas; la misma en todas partes donde 
la naturaleza ofrece circunstancias y fenóme- 
nos idénticos. 

Pasamos el resto del dia en el galpón de la 
ex-colonia; habíamos traído todas las provisio- 
nes de boca necesarias para combatir el ham- 
bre en ese desierto. En el momento de acer- 
carse el sol al horizonte, emprendimos el re- 
greso á Formosa; aguas arriba, luchando contra 
la corriente y sin viento, la subida debia ser 
mucho mas larga que la bajada. 

Con este motivo seguimos la costa. El señor 
Rolls habia traído un rifle de seis tiros, con el 
cual se hace fuego á los yacarés y á los carpin- 
chos de la ribera. 

El señor Ramella mata un carpincho, que 
según parece nunca habiu oido tiro en su vida, 
ó al menos no conocía lo que importaba, pues 
no se asustó de los dos primeros disparos que 
le erraron, y esperó el tercero que lo hirió 
mortalmente poniéndolo en nuestras manos. 



— 348 - 

Herimos también un yacaré, Ramella con el 
rifle y yo con mi revólver, y queda como pa- 
ralizado en la ribera. Acercámonos; los mari- 
neros quieren ultimarlo á remazos; pero en- 
tonces se alza amenazador y parece que va á 
saltar en la embarcación. 

—¡Cuidado! exclama Rolls; bien podria lasti- 
marnos ó colazos. 

El monstruo zambulle entonces y desapare- 
ce. Mientras tanto, oíanse bramidos de furor y 
de desesperación algunos metros mas abajo: 
era otro caimán, macho ó hembra, que espre- 
saba así sus simpatías po*r nuestra víctima, de 
la cual era sin duda el compañero ó la compa- 
ñera predilecta. 

Este fué el incidente mas notable de nuestro 
regreso. La oscuridad no tardó en envolver- 
nos; no habia viento; los remadores estaban 
cansados. Resolvimos detenernos en Villa 
Franca, población de la costa paraguaya. La 
luna alumbr ba el paisaje. Despertamosó una 
vieja que nos brinda una sucesión indefinida 
de mates. 

Estoy cansado de saborear el té de los jesuí- 
tas; dejo á mis compañeros: hago un paseo por 
la plaza y penetro en el corredor de un ediflcia 
larguísimo— debe tener cien varas por lo me- 
nos—cuyos departamentos están abandonados 
y vacíos. Creo que era la jefatura ó comandan- 
cia de Villa Franca; las autoridades se han 
trasladado frente á Formosa desde que la ca- 
pital del Chaco boreal se estableció allí. Pro- 
duce un singular efecto la luna atravesando 
con sus rayos esos grandes cuartos vacios y 
filtrando al través de los naranjos opacos que 
los circundan. 

Al extremo sud del corredor hay una cam- 
pana que se puede tocar con la mano; hógola 
sonar maquinalmenleconmi bastón, y su ta- 



— 349 — 

nido repercute en lontananza; pero reflexiono 
que ú esas altas horas de la noche esto va á 
producir una alarma en la vecindad y me re- 
tiro. 

Esa gran casa abandonada, esa soledad, esa 
campana que ya no tiene objeto, pues la pobla- 
ción ha sido esterminada ó se ha ido á otra 
parte, todo eso me inspiraba reflexiones melan- 
cólicas sobre el destino del pueblo paraguayo y 
recordaba la elegía admirable de Garlos Guido: 
«Llora, llora urutaú— ya no existe el Paraguay». 
—Comprendo que una monarquía haya procu- 
rado borrar ese país del mapa de los estados; 
pero los republicanos del Plata ¿qué interés 
tenian en exterminar á ese pueblo, cuyos 
únicos defectos eran haber sido educados por 
los jesuítas y despotizados por unos dictadores 
herederos de aquellos? 

. En fin, dejando las reflexiones políticas y 
otras, volveremos á embarcarnos. Desgracia- 
damente los marineros habían aprovechado 
nuestra ausencia para acariciar la damajuana, 
y los encontramos dormidos profundamente: 
despertados empezaron á remar, pero con tanta 
flojedad que no tardaron en dejar caer los re- 
mos; agregúese que el río estaba bajando con- 
siderablemente desde hacia días; tropezamos 
con un banco de arena, y allí quedamos mucho 
tiempo sin poder salir de la varadura. Feliz- 
mente la luna seguía alumbrándonos con su 
claridad discreta, tan querida por los amantes 
y los poetas, cuya circunstancíame recordoba 
los famosos versos de Lamartine describiendo 
el paseo que hiciera sobre el lago con su be- 
lla, antes de perderla para siempre, y me re- 
citaba á mi mismo esos versos para diver- 
tirme. 

Con todo, la poesía no pudo vencer la mo- 
notonía de la situación: mis compañeros se 



— 350 — 

habían arreglado del mejor modo posible para 
dormir, imitando el ejemplo de los remeros 
que ya no trabajaban; yo hice otro tanto: que- 
damos fondeados hasta las cinco de la mañana, 
y solo á las nueve volvimos á ver el puerto de 
Formosa. 

Allí estaban trabajando una porción de la- 
vanderas paraguayas, siempre con el cigarro 
en la boca. 

—¡Adiós, feas! le grita uno de mis compa- 
ñeros. 

Esta salutación irrespetuosa aunque algo 
merecida desencadenó una tormenta de excla- 
maciones, un fuego graneado de palabras, un 
verdadero engueuement; pero como todo aquello 
se decía en guaraní, no alcancé á compren- 
derlo, advirtiendo que el guaraní lo mismo 
que el latin, ignora completamente las reglas 
de la descencia. 

¡Qué abispero se habia revuelto! Pero creo 
que en todas par es las lavanderas así y tan 
directamente injuriadas, hubiesen hecho lo 
mismo. 

Antes de dejar definitivamente la colonia 
Aquino,y para completar su historia, debo de- 
cir que el gobierno nacional ha cedido él terre- 
no abandonado, aumentando la concesión, á 
una nueva compañía, la de los señores Ángel 
Menchaca y C, que ha empezado ya sus ope- 
raciones. 



— 351 — 



XXXIII 



La Cíolonia de Formosa 

Dije que el terreno de Formosa deja algo 
que desear para la agricultura; sin embargo, 
hay muy buenos parajes: entre ellos figura en 
primera línea el que se conoce con el nombre 
de Potrero^ el cual está situado al sud de la 
capital. Uno de los primeros pobladores que 
le ocuparon, en momentos de fundarse For- 
mosa en 1879, fué un italiano, llamado Pablo 
Becari, pero mas conocido en aquel territorio 
con el nombre de Garibaldi. Este señor hizo 
también la campaña del Paraguay y alcanzó 
el grado de teniente. El fué quien desmontó y 
empezó A poner caña en los bosques derriba- 
dos, pues allí es donde vegeta la caña con una 
fuerza extraordinaria. 

A la entrada del potrero está el ingenio de 
que hablé anteriormente, fundado por el Dr. 
Martinoti. 

Los terrenos del potrero tienen, sin embargo, 
un inconveniente, el de ser anegadizos en par- 
te, de manera que, cuando crece el rio deben 
ser de acceso algo difícil; ahora mismo, en 
el rigor de la seca prolongada hay que tomar 

{precauciones para no quedar empantanado en 
os pajonales, 

Para cultivar con provecho en el Chaco,— 
ya lo dije,— es preciso desmontar, derribar, 
destroncar, quemar la selva y sembrar en el 
terreno limpiado de esta manera. Durante los 
primeros anos el arado no es necesario, ni 
podría emplearse porque tropezaría con las 



— 352 — 

raíces de los árboles derribados y se rompería 
indudablemente. El arado, la azada es rempla- 
zada por un palo aguzado ó por una caña ta- 
cuara. 
Esta operación se llama sembrar á la criolla. 

A veces los árboles, secados por la llama, 
quedan de pié y se levantan altísimos en me- 
dio de los cañaverales y de los maizales; otras 
veces yacen derribados en el suelo por ser 
moles demasiado pesadas para que el agricul- 
tor haya podido sacarlas, advirtiendo por otra, 
parte que no son un estorbo, al menos por el 
momento. 

Produce, pues, un singular efecto el re- 
correr esos parajes donde el trabajo del hom- 
bre inicia la lucha con las fuerzas, al parecer 
indomables, de la naturaleza virgen y salvaje; 
los cañaverales que alternan con los pajona- 
les, las chozas de los pioners, perdidas en me- 
dio de los bosques; las gallinas y otras aves 
domésticas que cacarean, los perros que la- 
dran al acercarse el viajero, las vacas que 
braman, interrumpiendo el silencio de la sel- 
va; todo esto indica que ha llegado para el de- 
sierto el momento de ser conquistado y en que 
la civilización va á penetrar en ese territorio 
hasta entonces lleno de espanto y de misterios. 

Los habitantes del potrero tienen ya quin- 
tas hermosas, naranjales; algunos elaboran 
ellos mismos la caña con trapiches de madera. 
Recuerdo principalmente el de Chiacchi, in- 
migrante austríaco, es decir, de las provincias 
austríacas que hablan italiano ó eslavas, á las 
cuales pertenecen la mayor parte de los colo- 
nos de Formosa. 

Esta manera de beneflciar la caña deja sin 
duda mucho que desear, porque se pierde una 
gran parte y tal vez la mitad del jugo; por 
eso es que el cultivo de la caña trae apareja- 



— asa- 
da la necesidad de establecer inmediatamente 
una industria para explotar sus productos, y 
por consiguiente la posesión de capitales que 
no están al alcance de cualquier inmigrante. 
Agregúese que la caña no puede llevarse á 
grandes distancias; los gastos del trasporte 
absorverian las utilidades. 

Luego la conclusión es muy obvia; hay que 
introducir capitales en el Chaco, porque has- 
ta ahora la caña es el cultivo de mas prove- 
cho. 

El maiz dá pocas utilidades y es perseguido 
por las innumerables bandadadas de loros, de 
aves negras (Charrúa), que pueblan las sel- 
vas del Chaco. 

Mis compañeros de excursión en el potrero 
son el juez de paz Cayenagoy elseñor Moira- 
ghi, empleado de la gobernación y delinea- 
dor. El primero, cuñado del Coronel Fontana, 
es muy conocedor del Chaco en el cual ha 
hecho algunas expediciones: el otro es italia- 
no, como lo indica su nombre, habiendo lle- 
gado hace once años á América, antes de estar 
en Formosa estuvo en Villa Libertad (provin- 
cia de Entre-Rios)— Conoce perfectamente el 
pueblo y sus alrededores, habiendo tomado 
parte en la delincación hecha por el agrimen- 
sor Thompson. 

De los datos suministrados por estas per- 
sonas y de los que me dio la gobernación 
resulta que la colonia Formosa tiene una su- 

{)erflcie de ochenta mil hectáreas, ó sea de 32 
eguas kilométricas, siendo dividida en tres- 
cientos treinta y tres lotes de chacra, de cíen 
hectáreas cada una. El pueblo ó villa ocupa 
cuatro de esos lotes. 

Al rededor de la colonia existen cincuenta 
y siete lotes de ejido, que importan mil se- 
tecientas hectárers. 

23 



— 354 — 

Los mejores lotes están ocupados, aunque 
no cultivados todos; una buena parte de los 
demás quedan inutilizados por un estero y 
por consiguiente serán difíciles de poblar. 

Al sud de la villa, como á dos y medio ó tres 
kilómetros se es tiende la gran laguna Oca, 
cuya agua es potable. La parte dicha del po- 
trero contiene también varias lagunas peque- 
ñas, entre otras la llamada Martin García^ 
Las Conchas j Iponá. Al norte y al noroeste 
existen otras lagunas, siendo las principales 
la laguna Blanca y la Horqueta. En la parte 
occidental de la colonia está el estero grande 
ó estero bellaco^ cuyo terreno no es aparente 

{)ara la agricultura ni para la cria de anima- 
es. Hay además el estero Pucú y el LúaqwQ 
suministran agua al arroyo Pucú. 

Tres arroyos principales surcan la colonia y 
son: el Formosa que desagua en el rio Para- 
guay, el Pucú que desagua en la laguna Oca, 
el San Hilario que desemboca también en un 
brazo del Paraguay. Hay que nombrar en fin 
el Chajá que es afluente del Pucú y el Sala- 
berrtj que es anuente del San Hilario. 

La colonia de Formosa es una colonia na- 
cional oficial; fué fundada en mayo de 1879, 
con ochenta y tantas familias. 

La administración de la colonia dejó mucho 
que desear durante los dos primeros años, 
hasta que vino á reformarla el jefe de la ofici- 
na de tierras y colonias don Enrique Victo- 
rica. 



Con este motivo, este señor, en su Memo- 
ria del año 1881, dice lo siguiente, después de 
haber sentado que la vida de las colonias se 
funda en tres elementos principales, á sa- 
ber: 

Tierra, capital y trabajo. 



— 355 — 

Si al fundar las colonias nacionales exis- 
tentes se tuvier.in presente estos principios, 
no se han reglamentado ni se han practicado 
bajo un plan fijo y uniforme. 

Las colonias fundadas no fueron subdividi- 
das oportunamente, para hacer frente á las 
necesidades que creaba un nuevo centro, que 
venia á formarse al amparo de la ley. 

Los esfuerzos que la nación ha hecho, an- 
ticipando capital á los inmigrantes para con- 
vertirlos en colonos, son de bastante impor- 
tancia, pero no se distribuyeron en las épo- 
cas necesarias, ni en la proporción que la 
misma ley determina, para que el trabajo pu- 
diese aplicarse reproductivamente. 

Por otra parte, las administraciones de las 
colonias no han sido tan prolijas como se ne- 
cesitaba, ni tan escrupulosas en sus deberes 
que no hayan afectado los intereses de los co- 
lonos, y, como consecuencia inmediata, los 
intereses también de la nación. 

Hé aquí demostrado porque las colon las na- 
cionales se han desarrollado tan lentamente. 

Se trazaba el área que debia ocupar una co- 
lonia, y, antes de efectuarse la subdivisión, 
antes de contar con un edificio apropiado 
para recibir los primeros inmigrantes, y antes 
por consiguiente, de tener disponibles sobre 
el terreno los elementos necesarios, represen- 
tados por útiles y animales de labor, se man- 
daba al inmigrante á sufrir toda clase de pe- 
nalidades, toda clase de sinsabores, y á reba- 
jar la parte moral del hombre, que vé sufrir 
á sus hijos sin poderles dar un abrigo, contan- 
do con un exceso de trabajo, infructuoso á 
pesar de su buen deseo. 

El resultado de los hechos narrados ante- 
riormente, ha sido, que el colono, viciado ya 
en parte, faltase al respeto debido alas auto- 



— 356 — 

ridades nacionales; y al recibir una pequeña 
cantidad de los instrumentos de agricultura 
que le acuerda la ley, se han establecido en 
una parte del terreno de la colonia, sin saber 
si definitivamente habia de ser de su propie- 
dad; retrasándose de extender su cultivo en la 
escala que pudiera haberlo hecho, teniendo la 
firme seguridad de que el terreno que pisaba 
le era propio y le pertenecía. 

Después, en muchos casos, ha ocurrido que 
los mismos animales de labor que fueron en- 
tregados á los colonos se les retiraron para 
ser carneados por cuenta de provisión, por- 
que el proveedor no cumplía sus compro- 
misos. 

Esto ha ocasionado al colono un retraso 
considerable, pues la devolución se le hacia 
bastante tiempo después, sin abonarle los per- 
juicios que se le irrogaron y que indudable- 
mente debieron habérsele exigido al provee- 
dor para que los sacrificios del colono no 
fueran estériles ó ilusorios; y sobre todo, por- 
que se habia dispuesto del capital que le per- 
tenecía y le habia entregado el gobierno en 
calidad de reembolso. 

Otra de las causas que poderosamente han 
contribuido á la paralización del desarrollo de 
las colonias, tuvieron su origen en la acción 
no limitad 1 de las autoridades en ellas cons- 
tituidas. 

Sus atribuciones no se hallaban definidas, y 
cada uno procedía según su criterio; de ahí 
que la administración de la colonia se pres- 
tara á exacciones y ú medidas de todo género 
que no revestían el carácter de imparcialidad 
que debía presidir á sus actos, ocasionándo- 
se una mala dirección & la actividad de los co- 
lonos. 

Recientemente esta oficina ha podido cons- 



— 357 — 

tatar, por la visita de inspección que ha prac^ 
ticado, los hech s relatados. 

Como indudablemente ese era el cáncer de 
la colonización, se ha procurado lo mas rá- 
pidamente posible poner el remedio con ener- 
gía; y hoy á los colonos se les ha restituido 
su parte de capital, representada en alimentos, 
útiles y animales de labor, que I abia dejado de 
entregárseles ó se les habia retirado y no de- 
vuelto. 

Es decir, se han corregido los vicios para se- 
guir con mano fuerte el camino emprendido 
de reconstitución, y que este sea un hecho al 
amparo de la ley. 



Esto decía la Memoria hablando de las colo- 
nias nacionales en general, y hablando espe- 
cialmente de la colonia «Formosa», se espresa- 
ba como sigue: 

Fué fundada á fines de 1878 sobre la costa 
del rio Paraguay, entre los rios Pllcomayo y 
Bermejo. 

Posee un punto accesible cómodamente á 
toda embarcación de lasque remontan el rio 
Paraguay. 

Esto permite establecer un fácil comercio 
para la exportación de los productos; pero 
hasta ahora, debido sin duda, á la poca impor- 
tancia que representa la nueva población y á 
lo distante que se encuentra de los dos cen- 
tros comerciales, se han suscitado dificulta- 
des para hacer los suministros á los colonos, 
que por otra parte no fueron atendidos opor- 
tunamente, niadministradoscon la proligidad 
debida para obtener un éxito satisfactorio. 

No puede negarse que la situación de la co- 
lonia es inmejorable, pues aun cuando hay 
partes de terreno anegadizo, el resto es de una 



— 358 ~ 

fertilidad asombrosa para el cultivo especial 
de la caña de azúcar, tabaco, mandioca, ba- 
nana, etc., y se goza en todo aquel territo- 
rio de una tranquilidad verdaderamente pa- 
triarcal. 

Una prueba práctica de lo que queda dicho 
es un sinnúmero de solicitudes pidiendo lotes 
de terreno en aquel paraje, y los que con capi- 
tales propios se han establecido recientemente 
para implantar en grande escala la industria 
azucarera. 

Solo de una manera se explica por qué ha- 
llándose la colonia en tan buenas condiciones 
no ha progresado más rápidamente. 

Su precipitada fundación, sin contar con los 
elementos necesarios y la morosidad y poca 
energía de su administración. 

Van trascurridos tres años desde que se ins- 
taló y aún no se conoce su perímetro, ni los 
colonos se encuentran en posesión de los lotes 
á que tienen derecho según la ley. 

Si á falta de tal trascendencia se añade que 
los colonos han perdido la mayor parte de su 
tiempo careciendo de los animales de labor 
que necesitaban, se tienen justificados los mo- 
tivos que han producido su lento desarrollo. 

Cuenta la colonia— sigue diciendo la memo- 
ria—con sesenta y una (61) familias agricul- 
toras — definitivamente establecidas, aunque 
la población asciende á setenta y cinco (75) 
y forma un total de 420 habitantes, sin in- 
cluir en ese número los de la citad i villa For- 
mosa. 

No obtante, las contrariedades porque ha pa- 
sado, existen 78 casas de adobe, con techo de 
palma; 39,550 metros de cerco de palma; una 
superficie cultivada de 94 hectáreas, y 1782 hec- 
táreas, 75 áreas de tierra labrada ó roturada 
independiente del cultivo. 



— 359 — 

Hasta aquí la Memoria del jefe de la oficina 
de tierras y colonias. Encuentro otros datos 
en un informe comunicado por el inspector de 
bosques D. Miguel Gutiérrez á fines de 1886. 

Formosa, capital del territorio, está situada 
por 26* 11' de la latitud sud, y 60*25' 24" de lon- 
gitud oeste del meridiano de Paris. 

La temperatura máxima de esa zona es de 
34* centígrados, y la mínima de 1'5 centígra- 
dos, siendo la mediana de 21* centígrado. 

La presión barométrica máxima es de 773'81 
m. m., la mediana de 755,59, la mínima de 
738,46 m. m. 

La humedad relativa mediana es de 74,4 m. 
m., la mínima, de 30 m. m. 

La presión mediana del vapor de agua es de 
14,74 m. m. 

Los vientos dominantes son: el sud-oeste, el 
norte y el nor-este. 

Las lluvias son frecuentes durante todo el 
año, pero mas intensas desde Marzo á Mayo. 

El terreno que tiene depresiones considera- 
bles presenta una capa de tierra vegetal que 
alcanza en las riberas un espesor de 35 ó 40 
centímetros, y que va aumentando, según las 
informaciones mas seguras, en el interior del 
país. El sub-sueloes de arcilla mezclada con 
arena. Su vegetación exuberante, enriquece 
con sus descomposiciones químicas el suelo 
superior, y promete ampliamente al inmi- 
grante la compensación de su trabajo. 

Los campos tienen forrajeras muy buenas 
para engordar el ganado. Hay aguadas per- 
manentes, bosques que sirven para abrigarlo 
durante el verano contra los ardores del sol y 
durante el invierno contra los vientos y las 
lluvias. 

Hé aquí los datos estadísticos del informe. 

Población: 1477, habiendo 519 argentinos y 



— 360 — 

958 extranjeros, de los cuales 778 corresponden 
fií la villa y 699 á las colonias (Formosa, Aqui- 
no, Monteagudo). 

Tierras dedicadas á varios cultivos: 511 hec- 
táreas. 

Arboricultura, 9873 árboles. 

Ganado vacuno; 7201; ganado caballar, 286; 
muías, 13; ovejas, 25; cerdos, 147, cabras 52. 
Suma 7744. 

Industrias varias 22, capital 107,090 pesos na- 
cionales, individuos empleados 323. 

Casas de negocio 23, capital, 68,720 pesos 
nacionales, empleados 62, 

Casas de ladrillo 20: id de madera 303, de 
paja y tierra 88, total de casas 420. 

Cercos de ladrillo, 581 metros; id de alam- 
bre 48,025 metros, id de palma ó de madera, 
95,038 metros. 

Instrumentos de labranza, 1610. Molinos de 
mano 44, vehículos 177. 

El valor de todo aquello importaba 601,389 
pesos cincuenta centavos, sin contar el valor 
del terreno. La ley fijaba entonces el precio 
de 9000 nacionales por los terrenos cultivables 
la legua cuadrada y 7730 por los de calidad 
inferior. 

Estos datos pueden dar una idea de la im- 
portancia de Formosa, y desde entonces se han 
celebrado nuevos contratos de colonización, se 
han hecho varias concesiones; enfin, se ha de- 
cretado la abertura de ferro-carriles que son 
indispensables para llevar ú cabo la ocupa- 
ción y el poblamiento de aquel territorio. 

Pero no puedo salir de Formosa, sin decir al- 
go, de unos establecimientos importantes que 
visité durante mi permanencia enaquel punto. 



— 361 — 



XXXIV 



Excursión á Honteagndo 

El 15 de Agosto & la mañana salgo de Formo- 
sa para Monteagudo, acompañado por el juez 
de paz, Santiago Cavenago. Durante la noche 
pasada se han sentido algunos truenos y ha 
llovido algo, pero las esperanzas de agua pare- 
cen desvanecerse, por cuyo motivo emprende- 
mos marcha, y además llevamos ponchos para 
precavernos contra lo que los soldados de 
Francia llamaban 1 1 nieblina de vendóme. 
' Pasamos el arroyo de Formosa en un puente 
de palmas construido por los colonos; el cauce 
del arroyo es muy hondo y encajonado, las 
aguas están muy bajasen este momento á con- 
secuencia de la prolongada seca. 

Don Santiago me avisa que ha tomado el ca- 
mino mas largo con el objeto de hacerme ver 
las chacras de la colonia. Desgraciadamente el 
tiempo ha vuelto á ponerse amenazador, de ma- 
nera que tenemosqueandar muy ligero, aper- 
cibiendo de paso numerosas plantaciones de 
naranjos, jardines, huertas, maizales que ma- 
nifiestan la actividad de los agricultores y 
hermosean el paisaje, introduciendo alguna 
variedad en la fisonomía general del Chaco 
primitivo: este continua ostentando la misma 
monotonía: es una alternación de islas, de 
montes, y de praderas con numerosas palme- 
ras que se suceden y se repiten indefinida- 
mente. 

En fin, nos paramos en casa de un colono 
tirolés, donde no encontramos sino mujeres; 



— 362 — 

los hombres están ausentes. La lluvia se ha 
declarado; debemos esperar que pase el chu- 
basco. Ponemos nuestros caballos al abrigo 
bajo corredor. 

Las vacas están todavía en el corral, hecho 
de palmas: tienen buena presencia. 

Allí, es decir, en los alrededores, están esta- 
blecidas tres familias del Tirol, italianas, tren- 
tinas, que fueron establecidas antes de men- 
surarse la colonia, en el campo dicho de Mon- 
teagudo. Llámanse Delagnolo, Pedro Oclapo, 
José Loto. Los primeros vinieron con las 80 
primeras familias que fueron enviadas por el 
gobierno; por consiguiente, no están en la 
colonia propiamente dicha y tendrán que re- 
moverse para adentro. 

Habiendo pasado la lluvia, volvimos á mon- 
tar á caballo, llegando á las nueve á casa délos 
señores Hamonet y c, á orillas del rio Para- 
guay. El señor Hamonet es un orticultor, ne- 
gociante de semillas en Buenos Aires, que va 
á emprender el cultivo de la ramie en el Cha- 
co; pero hasta este momento (entiéndase que 
estamos en Agosto de 1887) no ha puesto plan- 
ta alguna. 

Los dueños de casa están ausentes; encon- 
tramos solamente á una señora francesa. La 
casa baja y larga con corredores, tiene techo 
de palmas; un lapacho florido la cubre en parte 
con sus ramas; está rodeada casi completa- 
mente de bananos. Mas adelante, y por vez pri- 
mera en el Chaco, encuentro un cafetal; las 
frutas de esa planta se parecen algo á las ce- 
rezas. Un gran muelle de madera dura pone en 
comunicación la casa con el rio. 

Los terrenos desmontados al sud ostentan 
un cañaveral que se extien4e hasta la bar- 
ranca. 

Díceseme que la mayor parte de estos tra- 



— 363 — 

bajos fueron hechos por un francés, el señor 
Bellamare, actualmente jefe político de For- 
mosa. 

Continuamos nuestra excursión y llega- 
mos al obrage del señor Danieri, situado 
también en la costa del rio, á poca distancia 
al norte. 

Danieri también está ausente de su casa; ha 
ido al Rosario; pero encontramos á su sobri- 
no, un joven siciliano. Danieri fué el primer 
ocupante de esos parajes, pero tiene quesalir 
de allí para ir mas al norte, obedeciendo una 
disposición superior. 

La casa de Danieri, bien construida, se pa- 
rece á todas las del Chaco y del Paraguay; 
tiene sus corredores, sus galerías cubiertas, 
precaución indispensable contra los rayos 
solares de este clima; pero tiene un adorno^ 
que no habia visto todavía: es un cañoncito 
de bronce que está al lado de la puerta y 
que servia en otro tiempo para infundir res- 
peto á los indios, dueños entonces de este ter- 
ritorio. 

Al lado de la casa existe un galpón grande 
lleno de provisiones de boca, de bolsas de 
maiz, de instrumentos aratorios, herramien- 
tas, carros, etc. 

Este es un verdadero taller, un astillero; 
constrúyense canoas, botes; dos aserradores 
trabajan á la sombra de los árboles, á pesar 
de ser hoy dia de fiesta. 

Pero la cosa mas curiosadel establecimien- 
to es un buque grande, un buque que está 
en tierra firme, á cincuenta ó sesenta metros 
de la costa, habiendo sido llevado allí por una 
corriente extraordinaria del rio. Entonces hí- 
zose con él una casa improvisada, cubrién- 
dolo con techo de paja brava y poniéndole 
una escalera. En la popa lleva esta inscrip- 
ción: Monteagudo— -Diciembre 1887. 



— 364 — 

Quien dio este nombre á la localidad fué D. 
Pantaleon Gómez, gobernador á la fecha del 
Chaco, habiendo venido aquí en el vaparcito 
Resguardo^ con el señor Fontana y otros em- 
pleados de la gobernación. 

Un muelle de madera permite adelantarse 
sobre el rio, teniendo esta particularidad: que 
se ha dejado en el centro un árbol inmenso, 
muy copudo, que lo cubre con sus ramas. 

En la huerta de la casa veo repollos^ toma- 
tes, lechugas, bananos, floripones. Se me hace 
ver también dos antas ó tapires encerrados 
en una casilla donde se les dó de comer maiz; 
es este un animal muy manso que se domes- 
tica fácilmente y lo sigue á uno como hacen 
los perros. 

En un estanque hay unos carpinchitos que 
juegan y se zambullen con los patos y los 
ganzos. No debo olvidar las gallinas que ca- 
carean, los pavos que hacen la rueda, los pa- 
vos reales que ostentan su plumage multico- 
lor, y los chajaes, que son con los teruteros 
los mejores centinelas de las casas aisladas. 

Mientras tanto, una bandada de pájaros ne- 
gros que cubre los árboles inmediatos, restos 
de la derribada selva— creo que se llaman 
charrúas— nos da unconcíertodelicioso con sus 
gorjeos variados y encantadores. 

¿Quién diría que estamos en el Chaco, en 
ese país misterioso que infundía espanto á 
los viajeros y en que nadie se atrevía á pene- 
trar? 

Danieri, el dueño de este establecimiento, es 
yerno de un francés, llegado á América en 
tiempos de Rosas, que se llama Pedro Julián 
Belerete, natural de Bidache, en los Bajos Piri- 
neos; este tiene á la fecha setenta y cuatro 
años y cuarenta y cuatro de América. Habien- 
do desembarcado en Montevideo durante elsitio 



- 365 — 

de aquella plaza por las fuerzas de Oribe, 
entró á la legión francesa y sirvió durante dos 
años y medio á las órdenes del coronel* Thie- 
baut. Hasta la fecha abriga una admiración 
por ese Thiebaut^ ex-oflcial de artillería del 
ejército francés, compañero deGaribaldi y de 
Bríe en la defensa de la Nueva Troya. En se- 
guida pasó á Buenos Aires y vino á Corrien- 
tes en el convoy que siguió á la escuadra an- 
glo-francesa cuando esta forzó á cañonazos el 
Paso del Obligado, defendido por las fuerzas 
de Rosas ú las órdenes de su cuñado el gene- 
ral Lucio Mansilla— Es sabido que Rozas se 
oponia á la libre navegación de los rios— Vi- 
vió en Corrientes hasta la época de la guerra 
del Paraguay; vino entonces al Chaco y fundó 
el obraje halnendo sido el primero que se es- 
tableció al norte de Formosa. Casóse con una 
correntina; tiene cinco hijos y dos hijas. La 
posición en que estáactualmente, hace quince 
años que la ocupa; anteriormente estaba más 
arriba, en el Monte Lindo, pero tuvo que re- 
troceder. 

Trabajó mucho para rechazar á los indios 
con su yerno y sus hijos; estos marchaban 
siempre á la vanguardia en las expediciones 
que se dirigían contra ellos. Pero dice que los 
peones de que tenían que echar mano eran á 
veces mas temibles que los mismos indios. 
Estos solían venir á sorprenderlos á la ma- 
drugada con sus flechas y á veces con fusiles. 
En una circunstancia su hijo mayor derribó á 
cuatro. 

Beterete me repite la argumentación de los 
demás obrajeros, añadiendo que los árboles 
vuelven á brotar, que de veinte vigas la mitad 
solamente son buenas, y que si se dejan los 
árboles más allá de cierta edad, empiezan á po- 
drirse interiormente; dice también que solo la 



— 366-* 

tierra de bosque sirve para la agricultura, te- 
niendo hista dos cuadras de humus, mientras 
que la tierra descubierta es una arcilla durí- 
sima y no pasa de una cuarta. 

En ese obraje tienen doscientos cuarenta 
bueyes y cuatrocientas vacas. 

Beterete, no pudiendo ya trabajar, es muy 
afecto ú leer periódicos; quiere estar al cor- 
rientede la política europea y sobre todo de lo 
que está pasando en Francia. No necesito decir 
que de todo aquello hemos hablado largamen- 
te. El general Boulanger lo tiene preocupado 
de un modo especial; hasta en el fondo del 
Chaco Boulanger llama la atención de los que 
están tan lejos de la patria y que tal vez no 
volverán á verla. 

Pasamos el resto del diaen casa de Danieri; 
el tiempo se habia compuesto, á la tarde recor- 
remos la costa del rio, y de una laguna cuyas 
orillas estaban llenas de yacarés: estos anima- 
les, inmóviles en la arena, semejan troncos de 
madera; pero, cuando uno se acerca, se zam- 
bullen lentamente y desaparecen. 

Regresamos á la villa de Formosa, tomando 
esta vez el camino mas recto. Encontramos un 
campamento de indios mansos que hablan ido 
á la villa á vender cueros de ciervo, de jabalí, 
cera, miel silvestre y otros objetos. Las muje- 
res juntan yerbas para hacer camas; los hom- 
bres, ebrios la mayor parte, duermen estendi- 
dos en el suelo. 

Mas adelante volvemos á pasar el arroyo de 
Formosa en otro puente, de palmas como el 
que vimos esta mañana, pero mas largo, debe 
tener cincuenta metros de longitud mas ó me- 
nos; ya estamos otra vez en el ejido de la villa 
y seguimos galopando; de repente nuestros 
caballos se asustan y hacen un movimiento 
anómalo: habían estado por pisar un yacaré 



— 367 — 

escondido entre los yuyos, en la oscuridad del 
crepúsculo. Bajo del caballo y descargo sobre 
el anfibio los cinco tiros de mi revólver. Un 
colono de las ínmediad iones se acerca y nos 
dice que va á quitarle la grasa para hacer un 
ungüento, porque eso cura los reumatismos. 

Pero ¿qué haria este yacaré lejos de la costa 
y cuáles eran sus intenciones? Su curiosidad, 
ó no sé cual otra pasión que lo impulsara, le 
costo la vida. 

Volvemos á Formosa en medio de la oscuri- 
dad y de las emanaciones aromáticas del Chaco, 
porque los árboles ya están en plena vegeta- 
ción y la brisa nocturna nosenvia sus eñuvios 
de todas partes. 

Este país goza de una primavera casi per- 
petua; el verano dura nueve meses por lo me- 
mos; por eso toda la gente anda con ropa liviana 
y duerme la siesta desde las doce hasta las 
tres de la tarde.. Este prolongado calor debe 
forzosamente cansar al hombre y predispo- 
nerlo ala indolencia. 

Con este motivo recuerdo que en sus famosas 
Misiones los jesuítas no hacían trabajar á sus 
subditos indios sino por la mañana, dejándoles 
la tarde para descansar. Háseme dicho tam- 
bién que en el Chaco los agricultores araban 
de noche, con la claridad de la luna: así apro- 
vechaban las noches claras, pero ¿qué hacer 
durante las noches oscuras? No podría inven- 
tarse un sol artificial? valerse por ejemplo de 
la luz eléctrica? 

Yo creo que el progreso de la ciencia y de 
la civilización traerá alguna vez este resulta- 
do, y no puede ser de otra manera, porque la 
necesidades madre de la invención. 

La zona tórrida es casi inaccesible al traba- 
jador blanco: de allí vino la necesidad de la 
esclavitud impuesta por los conquistadores. 



— 368 — 

por los dominadores, por los opresores á los 
pueblos avasallados. En balde la religión y la 
filosofía hablan proclamado la igualdad délos 
hombres ante Dios y anU la ley: la sociedad 
no sabia ni podia vivir sin esclavos, ó blancos 
ó negros, ó rojos. 

Pero la mecánica ha venido y ante ella la 
esclavitud ha retrocedido; los ilotas de vapor 
se han sustituido á los ilotas de sangre y hue- 
sos. Falta vencer la fatalidad del clima, y se- 
rá vencida también por la electricidad ó por 
cualquier otra fuerza nueva. 

Si aquella no costase tan caro, ya podría 
aplicarse para alumbrar el trabajo nocturno, 
como se hace en las ciudades; si los pueblos y 
los gobiernos gastasen para la industria y la 
agricultura los miles de millones que invier- 
ten en aparatos bélicos, el problema estaría ya 
resuelto, y tendríamos no solo en las ciuda- 
des, sino también en los campos un sol artifi- 
cial; las tinieblas serian suprimidas en el orden 
material como lo son, ó como lo serán alguna 
vez, en el orden moral. Entonces el trabajóse 
habría posesionado definitivamente del globo 
entero, y, para hablar como los sectarios de 
Zoroastro, la luz habría triunfado sobre la no- 
che; Ormúz habría vencido á Arhiman. 

Y vea el lector, como á propósito del Chaco, 
me he remontado sin pensar ú las mas ele- 
vadas consideraciones sociológicas. 

Es tiempo de detenerse para que no se me 
acuse de ser un soñador y un utopista. 



— 369 — 



XXXV 



La destilería en el Chaco 

Mi última excursión en el territorio de For- 
mosa fué para los establecimientos industria- 
les de los señores Augier y Poncet. 

Recordará tal vez el lector que en el ferror 
carril de la Asunción á Paraguay habia en- 
contrado á un viajero con el nombre de Augier, 
que iba á ese país en busca de peones para 
hacer su cosecha de caña, Pues bien, ese se- 
ñor me habia llevado desde entonces á visitar 
el ingenio que tiene establecido á tres leguas 
de la villa, en las costas del arroyo de «San 
Hilario». 

Habiendo este señor venido á la villa con su 
señora esposa, aproveché su regreso, para ve- 
rificar el paseo proyectado. 

El 17 de Agosto, salgo^ pues, á caballo con es- 
tos señores, acompañados por el comandante 
Antonio Rivas,— hijo del finado general Igna- 
cio Rivas, y hoy 'finado él mismo,— goberna- 
dor interino del territorio durante la ausen- 
cia del general Fotheringham, quien habia ido 
al Paraguay, y por el juez de paz Cavenago. 
Venia también con nosotros una niña adopti- 
va de los señores Augier, hija de colonos y 
huérfana. El comandante Rivas me habia 
prestado un caballo superior, diciéndome: «es- 
te es mi crédito,» para reemplazará otro de 
poca apariencia que se me habia facilitado. 

Essabido que en el Chaco no es fácil aclima- 
tar los caballos; estos se debilitan; padecen de 
un mal dicho de cadera que parece atacar la 
espina dorsal y los aniquila. 

24 



— 370 — 

Por eso se introduce muías con preferencia; 
este animal híbrido es mucho mas resistente 
y mucho menos exigente, menosdelicado para 
su alimentación, como que es hijo del asno, 
ese animal tan útil y tan calumniado, porque 
la naturaleza previsora lo dotó con una ver- 
dadera resignación fisolóflca, como para dar 
lecciones al hombre que lo escarnece después 
de haberlo esclavizado. 

Parece que, cuanto mas se remonta hacia el 
norte, mas difícil se hace la aclimatación délos 
caballos, á tal punto, que en la provincia bra- 
silera de Matto-Grosso hay que reemplazarlos 
por el buey; el buey sirve allí de montura; he 
visto la fotografla de nnfcusendeiro enhorque- 
tado en uno de esos animales, con un apero 
magnifico, parecido al que usan los ricos cam- 
pesinos de las regiones del Plata. 

Andar en buey debe ser algo fastidioso por- 
que es lo mismo que andar á pié, en cuanto á 
velocidad. Pregunto en ese caso porqué no se 
harían trabajos para introducir y aclimatar el 
camello en esos países meridionales donde el 
caballo no puede conservarse sino tan difícil- 
mente? El camello prestaría grandes servicios 
allí como los presta en África y en Asia, mere- 
ciendo el nombre que le dieron los árabes,de 
buque del desierto, 

Pero basta de digresiones, ó nunca llegare- 
mos. 



El comandante Rivas nos acompaña sola- 
mente hasta el arroyo Tucurú y se retira para 
Formosa donde lo llaman las atenciones del 
servicio. 

Allí existe todavía un edificio grande, que 
fué un ingenio del coronel Bosch, actual- 
mente abandonado; habia sido construido y ar- 



— 371 — 

mado por un ingeniero francés, llamado Lar- 
denois. 

Anteriormente habia estado colocado en la 
ribera del Paraguay, en el mismo punto don- 
de el doctor Martinoti ha puesto .el suyo. Fué 
un error económico ponerloáesa distanciado 
la costa, porque los gastos de trasporte absor- 
ben las utilidades de la industria, y el Tucurú 
no es navegable sino de vez en cuando. Ahora, 
por ejemplo, está muy bajo y se vadea con la 
mayor facilidad. Es cierto que se pone muy 
hondo tan pronto como empieza á llover, por- 
que su cauce es muy profundo y muy enca- 
jonado. 

Nuestra marcha continúa sin incidente al 
través de la monotonía del Chaco, que nos 
presenta constantemente sus alternativas de 
islotes, de bosques, de palmeras y de pastiza- 
les duros. La seca nos ha permitido abreviar 
camino y cortar campo como se dice en len- 
guaje criollo. 

Lo único notable que hemos visto es un en- 
cierro de indio. Háse cavado un hoyo al pié de 
un árbol; se ha hecho un tajo al árbol en for- 
ma de cruz y en fin se han puesto dos troncos 
de palmera que circundan el hoyo rellenado. 
Al cadáver del difunto se le rompen los hue- 
sos para sepultarlo y se le ponen las piernas 
para arriba. ¿Con qué idea? No puedo adivi- 
narlo. 

A las once y cuarto llegamos al estableci- 
miento del señor Augier. Está, como ya dije, 
situado en las riberas del arroyo de «San Hila- 
rio», que lo divide en dos partes perfectamente 
distintas. El arroyo es muy hondo y se pasa 
en dos puentes de palmas. 

El ingenio propiamente dicho, que es una 
destilería, está al norte; no está concluido to- 
davía; espérase un buque de Buenos Aires que 



— 372 — 

trae el material que falta (entiéndase siempre 
que hablo del año 1887). El edificio tiene techo 
de hierro galvanizado. 

La casa de habitación está al sud sobre una 
eminencia del terreno; tiene todas las comodi- 
dades; digomal tal vez, porque está constru- 
yéndose otra mas cómoda, mas espaciosa, que 
tendrá todo el confort posible en esas alturas, 
cuartos con chimeneas, no solamente para los 
dueños de casa, sino también para hospedará 
los viajeros, salón, comedor, etc. Inútil es 
decir que hay grandes corredores para pasear 
al rededor de la habitación, desafiando la in- 
temperie, el calor y la lluvia. 

Unos indios están actualmente ocupados en 
cavar hoyos para plantar naranjos y otros ár- 
boles frutales ó de ornato. Aquello promete 
ser una vivienda encantadora, si algo puede 
ser encantador en medio de las selvas del 
Chaco; pero todo es cuestión de tiempo y de 
paciencia. 

Hasta ahora aquel país no deja detener sus 
inconvenientes: uno de los mas fastidiosos son 
los insectos. Para precaverse contra ellos, el 
señor Augier ha tenido que construir un cuar- 
to especial bajo su corredor, que es una ver- 
dadera jaula, de tela metálica, y allí está su 
escritorio. 

Pero los insectos, dícese que desaparecen 
ante el hombre y que la población los ahuyen- 
ta; no debe estrañarse que hayan podido mul- 
tiplicarse y pulular en el desierto, mientras 
nadie los molestaba. 

El señor Augier tiene estensos cañavera- 
les á ambos lados del arroyo y trata de esten- 
derlos todavía para el consumo de la fábrica; 
ocupa á los indios mansos, pero no tiene bas- 
tantes, desde que va á buscar peones en la re- 



— 373 — 

pública vecina. Siéntese, pues, la falta de bra- 
zos, porque la cosecha de la caña no admite 
demora. 

Este año los cañaverales sufrieron una he- 
lada. La caña del Chaco, dicen los plantado- 
res, aventaja á la de Tucuman, exige menos 
cuidados desde que no necesita regadío; bas- 
ta el rocío para su crecimiento y desarrollo. 
En fin, el rio le facilita un medio barato de 
trasporte hasta los lugares de mayor con- 
sumo. 

El señor Augier dice, como todos los demás, 
que es preciso demontar, destroncar la selva, 
si uno quiere tener terreno aparente para los 
cañaverales. 

El señor Poncet, otro industrial, que tiene 
su establecimiento mas abajo, en la costa del 
mismo arroyo, debia decirme lo mismo al dia 
siguiente. 

Luego no hay que lamentar demasiado la 
destrucción de las selvas del Chaco; es esta, 
vuelvo á repetirlo, la condición sirte cua non de 
la agricultura y del poblamiento de aquel ter- 
ritorio; no puede evitarse allí, como no se evi- 
tó en la Galia y en la Germania que fueron 
grandesselvas antes de haber sido conquista- 
das y civilizadas: lo que podía hacerse si, es 
hacer grandes reservas de bosques en los pa- 
rajes mas convenientes para establecer allí el 
régimen florestal y asegurar la conservación 
de aquella riqueza natural para las generacio- 
nes venideras. 



El señor Augier está aquí desde 1882; en Es- 
paña ha estudiado el cultivo de la caña, don- 
de ha vivido mucho tiempo, y donde se casó 
con una valenciana. 



— 374 — 

A esta señora le gusta mucho la vida del 
Chaco: pasa años enteros sin ir ó la villa, lo 
que prueba que esta existencia ofrece sus 
atractivos. Es cierto que no tiene tiempo de 
aburrirse, estando siempre ocupad i en la ad- 
ministración de la casa y del numeroso per- 
sonal que trabaja en la plantación. En fin, para 
divertirse, tiene un sinnúmero de animalitos, 
cuya presencia alegra la casa, monos, gamas, 
gallinetas de agua, loros, cotorras, guacama- 
yos, pavos-reales, gallinas perros, gatos, ove- 
jas criollas, palomas, etc. 

Otra ocupación, provechosa y agradable al 
mismo tiempo, es la que leda un jardin, y es, 
dice el patrón, el recreo de la señora. Ese jar- 
din, formado entre el arroyo «San Hilario» y 
el arroyo «Salaberry», afluente del primero, 
ostenta una porción de árboles frutales, pal- 
meras, bananos, guayabos, viña, naranjos y 
legumbres de toda clase, alcauciles, fresas, 
en fin, todo cuanto ha producido esa tierra abo- 
nada por los detritus de las selvas y regada 
con el agua de los arroyos inmediatos que la 
circundan. 

En medio del jardin háse dejado un árbol 
grande y tupido de la selva primitiva, cuya 
sombra cubre la habitación rústica del jardi- 
nero, y se ha plantado un ombú, el árbol tan 
conocido y tan hospitalario de la Pampa. 

Este jardincito, obra del arte humano, for- 
ma un contraste notable con la magestad som- 
bría y el desorden imponente de la selva que 
se estiende á la otra ribera del arroyo y en 
medio de la cual se divisan algunas chozas de 
los trabajadores del ingenio. 

Para llegar allí es preciso cruzar el arroyo 
Salaberry en un puente de cien metros de 
largo, pasando sobre una porción de árboles 



— 375 — 

derribados que cayeron amontonados unos so- 
bre otros en el cauce de aquel. Ese nombre 
de Salaverry proviene de un obrajero vasco 
que vivió en esos parajes antesde fundarse la 
colonia. 



El señor Augier me ha suministrado los da- 
tos siguientes que conceptúo interesantes, 
para los que quieran establecerse en el Chaco. 

La caña de azúcar produce ochen la toneladas 
por hectárea, pudiendo esta producción alcan- 
zar hasta cien, dando catorce por ciento de 
alcohol rectificado. 

Uncañaveral puede durar hastaquince años. 

La tonelada de caña puesta en la fábrica vale 
cuatro pesos nacionales. 

El galón de alcohol (tres litros, ochenta cen- 
tesimos) vale de un peso veinte centavos á un 
peso treinta. 

Cien kilogramos de miela 40 grados Beaumó 
rinde treinta litros de alcohol á noventa y seis 
grados. 

Cien kilogramos de caña, rinde nueve y me- 
dio litros de alcohol rectificado á cien grados ó 
sean diez y nueve porciento del foco de la 
caña. 

El desmonte de una hectárea viene á impor- 
tar lo siguiente: voltear 1 )s árboles, treinta 
pesos nacionales, (30); cortarlos y quemarlos, 
ochenta (80). 

El cultivo se hace con la pala y el pico, á ra- 
zón de sesenta centavos el metro, lo que im- 
porta treinta y cinco pesos la hectárea. Pénen- 
se los surcos á dos metros de distancia. 

Los peones ganan de diez á catorce pesos na- 
cionales; se les da la manutención y el aloja- 
miento en galpones. 



- 376 — 

La alimentación consiste en maíz, porotos, 
arroz y carne salada. 

Los indios reciben de ocho ó diez pesos. 

El señor Augier confia que llegará á cultivar 
cien hectáreas. 

Los precios de los animales de labor son: el 
buey, treinta pesos; el caballo, veinte pesos; la 
vaca con cria, veinticinco pesos; la muía, trein- 
ta á treinta y cinco pesos. 

Puede en el Chaco criarse ganado vacuno, 
ovejas y cerdos; seria este un buen negocio. 

Para poblar el Chaco, como la Repúblioa Ar- 
gentina en general habrá que combinar la agri- 
cultura con la cria de animales. 



Al dia siguiente,— 18 de agosto— voy con el 
mayor Cavenago á visitar el establecimiento 
del señor Poncet. Esteno queda muy distante, 
si se pudiese ir en línea recta; pero hay que dar 
vueltas por causa del arroyo San Hilario, que 
describe un sin número de curvas y de sinuo- 
sidades como todos los arroyos del Chaco, á 
consecuencia de la horizontalidad del ter- 
reno. 

En el camino oímos el canto de las martine- 
tas «tinamü guazú», muy abundantes en estos 
parajes. Un cazador tendría como divertirse. 

El señor Poncet es un francés como el señor 
Augier; es casado con una parisiense. Esta se- 
ñora no estraña la vida del Chaco, porque tra- 
baja mucho y con la esperanza de buenos resul- 
tados. El señor Poncet ocupa á los indios como 
el señor Augier, y dice que son buenos trabaja- 
dores; cuestan mas baratos que los demás 
peones, pero hay que racionar las familias. 
Añade que tienen- un defecto, y es el de em- 
briagarse el sábado; para satisfacer esta pasión 



— 377 — 

irresistible suelen irse á la villa, por cuyo 
motivo él ha tomado el partido de darles cana 
á fin deque beban en casa, porque de esta ma- 
nera su embriaguez llénemenos inconvenien- 
tes y paulatinamente puede enmendarse: hay 
que hacer la parte del fuego. 

El señor Poncet dice que el desmonte de una 
hectárea cuesta de ciento veinte ó ciento treinta 
pesos, debiendo reservarse la madera en vez 
de quemarla; la utilidad dada por la caña es 
de ochocientos á mil nacionales, pues rinde 
veinticinco tercerolas de tafin, que se vende á 
cuarenta pesos. 

El espesor de la tierra vegetal— sigue dicien- 
do— es de cuarenta y cincuenta centímetros 
en la selva; fuera de allí, no pasa de dos ó tres 
centímetros. 

La tierra es aparente para el naranjo, el du- 
razno, el banano, la vid, las legumbres, los 
espárragos; pero no con viene para el manzano 
ni para el peral. El señor Poncet ha sembra- 
do alfalfa, .añadiendo que es el único en la co- 
lonia. Su establecimiento puede beneficiar el 
producto de treinta hectáreas. No conviene 
plantar la caña á mas de cuatro kilómetros 
del trapiche por causas de los gastos de tras- 
porte. El trapiche estaba en actividad el dia 
de nuestra visita. El trabajo de la destilación 
dura tres meses. Los peones ponen la caña 
en los cilindros del modo como se pone la paja 
de trigo en la trilladora. Los residuos se 
pierden, pero podrían utilizarse para abonos. 

Mme. Poncet lia dado tres nombres á las 
plantaciones: una la llama la cinta «lo ruban» 
otra la «Mignonette», y otra «Trianon»; son 
recuerdos de la vida parisiense. 

El señor Poncet vino á este punto á princi- 
pios de 1883, y es socio del señor Marechal, el 
el dueño del gran Hotel de la Paz en esa capi- 



— 378 — 

tal. Ha servido en el ejército francés,á las órde- 
nes de Boulanger, entonces (1870-71) coman- 
dan tede un batallón de cazadores, á pié. Con- 
serva una carta que ledirijió ese gefe ascendido 
á coronel y que concluye con esta frase; reci- 
biré noticias de Vd., siempre con placer». Dice 
que Boulanger acaricia al soldado, siendo 
valiente, familiar, elocuente. 

El ingenio de Poncet, linda con el arroyo 
San Hilario, como ya dije; el agua de este arro- 
yo puede beberse, cuando el arroyo está creci- 
do; de lo contrario es salobre, y entonces hay 
que buscar el agua á la laguna Oca á cuatro 
kilómetros de distancia. Esto es sin duda un 
gran inconveniente. 



Habiendo almorzado opíparamente en casa 
del señor Poncet, regresamos á la del señor 
Augier, y de noche volvemos ú Formosa, con 
una oscuridad casi ompleta, pero guiados por 
un baqueano mulato y sordo, que solo entiende 
el lenjuaje de los labios. Por eso no dijo una 
palabra en todo el viage. Imposible galopar 
porque nuestros caballos tropezarían á cada 
rato; debemos ir al trote, al paso; el camino 
se hace mas largo cuando uno nové los objetos. 
Felizmente una gran quemazón alumbra el 
horizonte al Oriente en el Paraguay y nos sir- 
ve de faro en esas tinieblas opacas. 

Para pasar el tiempo el señor Cavenago me 
refiérela espedicionque hizo al través del Cha- 
co en 1870 con el comandante Fontana, su cuña- 
do; gastaron setenta dias en llegar desde la 
costa del Paraná hasta Salta. Antes de esa fe- 
cha, los gefes militares ignoraban completa- 
mente lo que pasaba en el Chaco; no sallan 
mas allá de la línea délos fortines. Posterior- 



— 379 — 

mente el soronel Sola, gobernador de Salta, 
hizo una espedicion desde aquella ciudad á la 
costa del rio Paraguay, pero perdió la mitad 
de la gente que lo acompañaba. 

Llegamos en fin á Formosa á las diez de la 
noche. Pasé todavía dos dias en esa ciudad, 
esperando el vapor que debia venir de arriba 
y me embarqué el 21 á la una de la mañana, 
con el general Fotheringham que bajaba á 
Buenos Aires; yo me detuve en Corrientes 
para pasar en seguida á Resistencia. 



- 380 



ZXXVI 



La villa y colonia de Resistencia 

Para ir de Corrientes áResistencia se toma 
un vaporcito que hace esa carrera dos veces al 
dia, por la mañana y por la tarde; gástase una 
hora mas ó menos para llegar al puerto de 
Barranqueras. Este, como su nombre lo indi- 
ca, está situado en una barranca bastante ele- 
vada, donde se ha puesto la capitanía del puer- 
to y varios otros edificios con techo de palme- 
ra, ó de paja. 

En los momentos de mi llegada estaba allí la 
cañonera nacional «Constitución» que habia 
traído los muebles dej general Dónovan, nom- 
brado recientemente gobernador del Chaco. 
La presencia de este buque de guerra y la de 
algunas goletas daba bastante animación á la 
localidad. 

Otro cuadro, triste al mismo tiempo que pin- 
toresco, era el que presentaba un grupo nume- 
roso de mujeres y de niños indios cautivos, 
sentados al lado de la barranca, y que acaba- 
ban de ser remitidos desde las costa del Berme- 
jo. Las mujeres, sucias y feas generalmente, 
con el pelo desgreñado parecido á cerda, con 
las piernas y los muslos desnudos, usaban 
para vestidos pedazos de lienzo que habia sido 
blanco, mantas y hasta capotes de soldado; 
estaban sentadas en el suelo ó en troncos de 

{palmeras, al rededor de los fogones donde ca- 
en taban el agua; los niños casi desnudos, sino 
desnudos del todo, andaban de un lado á otro 
como suelen hacer todos los niños. Dos cen- 
tinelas guardaban á los cautivos. 



— 381 — 

Pregunté que iban á hacer con ellos. Se me 
respondió que iban á mandarlos «para abajo», 
sin duda para repartirlos entre las familias que 
pidiesen, separando á los niños de sus madres. 
!Vo pude menos de reflexionar que este proce- 
dimiento pugna con todos los principios y sen- 
timientos de la civilización, siendo aquella 
una nueva forma de la esclavitud. 

Sin emi)argo, hablando una vez con un jefe 
militar, díjome este que, para sujetará los in- 
dios, para resolver la cuestión, no habia mas 
medio que desorganizar las familias. Esto no 
es desatar, es cortar el nudo gordiano. 

Doy algunas vueltas alrededor deesa gente, 
para observar de cerca á esos hijos de la selva 
chaqueña, y me marcho para la villa de Resis- 
tencia que está á ocho kilómetros mas adentro. 
Mi vehículo es un coche arrastrado por tres 
muías y conducido por un cochero jorobado. 
Ya he dicho que en el .Chaco las muías ^on 
preferibles á los caballos porque se conservan 
mas fácilmente. 

Cruzamos un país llano, pantanoso; cortado 
por lagunas, salpicado de bosques. Este paraje 
se aniega, cuando vienen las crecientes del 
Paraná; individuos conocedores de Corrientes 
me dijeron después que no hablan acertado los 
que hablan elegido esa posición, para poner la 
capital del Chaco, pero ya no se puede reme- 
diar el error, porque esto importarla la muer- 
te áe la actual población. 

El Chaco sigue siempre siendo monótono; 
«plus 9a change», dice Alfonso Karr, «plus c'est 
la méme chose.» 

A mitad del camino, encontramos el ingenio 
de destilería del señor Boggio; pero no nos 
detenemos por ahora— mas adelante hablaré 
de este establecimiento industrial— y seguimos 
hasta Resistencia. Quiere mi cochero deposi- 



— 382 — 

tarme en el Hotel de Roma, que está á la en- 
trada sud-este de la plaza mayor, pero conozco 
á dos individuos en esta capital, el juez letra- 
do Alfredo Parodié, ex-alumno del colegio del 
Uruguay y el médico militar Gustavo Eyle, 
que vivió también en aquella ciudad. Doyle 
orden que me lleve á casa de uno de ellos, y 
las valientes muías parten otra vez al trote. 

De repente me siento llamar, y volviendo la 
cara reconozco á otro entreriano, el coronel 
Blanco, jefe que fué del batallón provincial en 
la capital de aquella provincia. No me permite 
ir mas lejos y manda llamar al mayor Eyle, 
quien manifiesta la mayor satisfacción de mi 
aparición imprevista en este paraje y me lleva 
para su casa, una casa angosta como la de Só- 
crates, donde vive solo con un hijo adoptivo. 
Su asisten te duerme en una carpa armada en 
el mismo sitio. Esta villa improvisada tiene 
todavía la apariencia de un campamento mili- 
tar, y aloja una guarnición numerosa, dos ba- 
tallones y un regimiento de caballería. 

Mi amigo Eyle no podia, pues, darme lahos- 
pitalidad, y fui á pedirla al Dr. Parodié, pero 
almorcé con el primero y empecé á abrumarlo 
de preguntas sobre el Chaco, en el cual ha vi- 
vido durante años con toda resignación y abne- 
gación. 



A la tarde, el coronel Blanco me llevó en un 
tílbury á la misma cas \ de Boggio, que no ha- 
bía teñido tiempo de visitar por la mañana. El 
señor Boggio es un italiano casado con una 
francesa; esta señora pretende que es una 
«victima del Chaco» y que el Chaco deberla mas 
bien llamarse «Chasco»; pero asimismo creo 
que le va bien en ese territorio y que no tiene 
ganas de abandonarlo todavía. 



— 383 — 

El establecimiento del señor Boggio data de 
1881; su dueño ha tenido la desgracia de perder 
la mano izquierda en un «engrenage» á conse- 
cuencia de un movimiento involuntario. 

El ingenio produce dos mil litros de aguar- 
diente por dia, lo que supone la elaboración 
de cuatrocientas mil arrobas de caña por esta- 
ción. 

La plantación, el cañaveral, abarca ochenta 
y cinco hectáreas, pero el dueño posee diez 
lotes de terreno, ó sea mil hectáreas. 

Con este motivo dice ese señor que la tierra 
es buena por intervalos, pero durísima y que 
exigemucha labor, añadiendo que una gran 
parte de los terrenos de la colonia no sirve 
para la agricultura. Esta observación parece- 
ría confirmar el aserto, que espresé anterior- 
mente, de que no se habia hecho buena elec- 
ción al poner la capital en ese punto. 

Hay un personal de ochenta y dos personas, 
hombres y mujeres, en momentos de la «zafra»; 
todos son indios, hasta el foguista, exceptuan- 
do á los hombres «técnicos.» 

Boggio dice que hay que observar la justicia 
para con los indios, siendo este el único medio 
de conseguir de ellos todo cuanto se quiere, y 
añade que la esplotacion del Chaco seria im- 
posible sin ellos. 

Para alojarlos, él les edificó un galpón gran- 
de de material; pero anteponen — ya lo dije — 
sus toldos, suscasuchas de paja brava, de «to- 
toras», que están situadas á ambos lados de una 
laguna, á poca distancia del ingenio. Hay dos 
tolderías, porque hay individuos de dos tri- 
bus. 

Visitamos la mas inmediata: oímos cantos: 
una joven india ha sido picada por una víbora, 
ya hablé también de este episodio,— El patrón 
le hizo inyecciones de permangunato de pota- 



— 384 — 

sa y le hizo sorber gotas de amoniaco, querien- 
do curarlapor los procedimientos científicos, 
pero las indias no lo entendieron asi y se la 
quitaron para aplicarle la medicina de las tri- 
bus. 

La doliente está pues tendida en el suelo; una 
mujer le sostiene la cabeza con las manos cu- 
briéndola con un pañuelo; mientras tanto «una 
médica» está arrodillada al lado de la pierna 
atacada, porque la hinchazón se ha estendido 
desde el tobillo á la parte superior, y hacien- 
do una especie de tubo con las manos, aplíca- 
la sobre el muslo y da gritos quejumbrosos que 
otras mujeres repiten encoró, y pasa alterna- 
tivamente y vuelve á pasar sus manos desde 
arriba abajo del muslo y de la pierna. 

Aquello es un verdadero exoscismo. Nuestra 
llegada interrumpió los cantos y las fricciones; 
pero poco tardaron en recomenzar. 

Entre tanto, hombres y niños estaban agru- 
pados alrededor. Unos indios viejos estaban 
recostados en esteras y mirando á las muje- 
res; algunos llevaban chambergos, producían 
un singular efecto esos gorros civilizados pues- 
tos sobre cabezas salvajes. 

Estos son indios tobas. 

Boggio piensa poner una escuela para educar 
á los niños; ahora acaba de recojer á dos huér- 
fanos traídos por la última «razzia». Ha adop- 
tado una india joven de quince á diez y seis 
años, que tiene la cara pintada y empieza á 
hablar francés; es de un genio alegre y se le 
dio el nombre de Carmen. 



El ingenio de Boggio tiene también un moli- 
no para elaborar harina. 

La caña que aquí se cultiva proviene de Tu- 
cuman: fué dadapor el general Julio A. Roca, 
y es orijinaria de Taití. 



— 385 — 

Visitárnosla quinta y la huerta; vemos na- 
ranjos, vides, duraznos, espárragos, cebollas, 
lechugas, ajos, porotos, repollos, alcahuciles, 
no recuerdo cuántas mas legumbres y mas ade- 
lante un alfalfar. El quintero se queja de la seca, 
pero sea lo que fuere, aquello prueba la varie- 
dad de cultivos que puede hacerse en el Chaco. 

Para no omitir dato alguno relativo alas 
ventajas de la localidad, debo decir que el agua 
de la laguna es potable, lo mismo que la de 
los pozos que allí se caban. 

Habiendo visto todo lo que hay que ver, re- 
gresamos á Resistencia. 



Recorro la villa á pié; es, como decia Rous- 
seau, el mejor modo de ver las cosas. Las 
manzanas de Resistencia tienen cien metros 
como las de Formosa; las calles, veinticinco, 
los solares tienen cincuenta metros por costa- 
do; resulta que las casas quedan muy distan- 
tes unas de otras, á lo menos en la plaza cen- 
tral. 

Agregúese que la especulación se 1 a apode- 
rado de los terrenos allí como en otras partes; 
hablase de individuos que tienen hasta doce 
solares, habiendo tomado uno para cada hijo 
de su familia. Es cierto que existe la condición 
de poblar, pero basta edificar una casi*a con 
una puerta y sin ventana para que la ley quede 
satisfecha. 

Sin embargo he visto un gran número de 
buenos edificios de ladrillo. 

La plaza central es espaciosa, abarcando cua- 
tro manzanas y siendo dividida por una calle 
central que forma el eje de la ciudad, de cin- 
cuentra metros de ancho: unas diagonales le 
cruzan oblicuamente y en los triángulos asi 
formados se ha sembrado alfalfa. 

25 



-- 386 — 

Frente á la plaza,al oeste, llama la atención la 
casa de escuela, que lleva elnombre del doctor 
Benjamín Zorrilla. 

Jardines, quintas y huertas hermosean la im- 
provisada villa, porque los adelantos de Resis- 
tencia arrancan sobre todo del año 1885, aun- 
que se habia fundado anteriormente, en 1878, 
en el terreno de la estinguida misión de los 
jesuítas de San Fernando. 

Re istencia tiene una guarnición mas nu- 
merosa que la de Formosa; pues la componen 
dos batallones y un rejimiento de caballería; 
esto es una gran ventaja para la población, 
porque cada batallón recibe, término medio, 
diez mil pesos nacionales mensuales y todo se 
consume en la misma localidad. Los jefes y 
los oficiales han tomado terrenos, edificado 
casas, desmontado y destroncado la selva, 
plantado árboles frutales y de adorno. 

Desgraciadamente el viajero tropieza allí con 
esteros que afean el paisaje, pero se asegura 
asimismo que el punto es muy salubre y que 
las familias de Corrientes van á veranear en 
Resistencia, porque se sufre menos del calor 
que en aquella ciudad. 

24 de agosto—Hago una escursion á caballo 
con el Dr. Parodié y el secretario del juzgado 
Rosauro Navarro, alumno también del colejio 
del Uruguay. 

Pasamos al lado de la casa del coronel Ava- 
los, al oeste de la villa; es una construcción 
elegante, rodeada de naranjos y de árboles sil- 
vestres que se conservaron áe la selva primiti- 
va. Está situada en una especie de cerrito, re- 
lativamente elevado, que domina una laguna 
inmediata. 

Esta posición es la que dio el nombre á la 
villa, pues recuerda un hecho histórico: allí 
fué donde el coronel Avalos opuso con sus 



— 387 — 

peones una resistencia tenaz é invencible á 
una muchedumbre de indios que lo hablan 
atacado y los rechazó: de allí viene el nombre 
de Resistencia ó la nueva villa. 

Cruzamos varias chacras de colonos y llega- 
mos á casa de un irlandés, llamado José Barnes 
ó Barnet. La familia de este individuo se 
compone de diez personas. Estaba en Austra- 
lia; salió de allí para Inglaterra, con la inten- 
ción de dirijirse al Tejas, pero el ministro ar- 
gentino lo decidió á venir á la argentina. 

Quería organizar una gran lechería, y lo hizo, 
pero no con las proporciones que concibiera 
por circunstancias, dice, independientes de su 
voluntad, no habiendo podido conseguir todo 
el terreno que necesitaba. Con todo, fabrica 
quesos escelen tes. Tiene hijas muy bien cria- 
das, una de ellas casada con un argentino; ha- 
blan el castellano lo mismo que los hijos; pero 
él no entiende el idioma, lo que no debe dejar 
de contrariarlo. Sin embargo he podido enta- 
blar una especie de diálogo con él por medio 
de algunaspalabras inglesas que conservo en 
la memoria, y entonces seha manifestado muy 
contento haciéndome ver planos, mapas, libros, 
descripciones de la Australia. 

Los hijos de Barnet han nacido todos en 
aquel país. Barnet tiene actualmente ciento 
cincuenta vacas. Su casa, oculta entre los ár- 
boles y los parrales, domina una laguna bas- 
tante honda donde se oye gritar las aves acuá- 
ticas; tiene quinta, jardín y huerta, árboles y 
flores, granados, naranjos, rosales: todo lo cual, 
indicando la mano del hombre, forma un con- 
traste notableal lado de la naturaleza salvaje é 
imponente que lo rodea. 
* Un hi¿o de Barnet monta á caballo para 
acompañarnos en nuestro paseo y servirnos 
áe baqueano; llevónos á ver una laguna que se 



— 388 - • 

llama la laguna negra^ debido al color de sus 
aguas. 

Mas adelante encontramos el Rio Negro^qxie 
tiene ese nombre por el mismo motivo, su co- 
lor me recuerda las del arroyo de Formosa. 
Dícese que goza de virtudes medicinales muy 
notables, sobre todo como depurativo; merece 
pues llamar la atención de los médicos y de los 
enfermos. 

El Rio Negro es sinuoso como todos los rios 
y arroyos del C acó, muy encajonado y aunque 
las aguas están muy bajas en este momento, 
no es vadeable. 

Divisamos unas casas de col )nos establecidas 
al lado setentrional, pero no pudimos acercar- 
nos. Esos colonos tienen que valerse de una 
canoa para cruzarlo é irá Resistencia: allí hace 
falta un puente,ó mejor dicho, varios puentes, 
para facilitarles los medios de ir al único mer- 
cado que tienen. Resistencia, que tiene la 
desventaja de estar á ocho Icilómetros de la 
costa. 

He visto que esos colonos se dedican casi 
esclusivamente al cultivo del maiz, el cual 
vale actualmente veinte y dos centavos la arro- 
ba. Por lo que es de la caña de azúcar, algu- 
nos me dijeron que no tiene valor porque hay 
un solo injenio para beneficiarla, el de Boggio, 
que está bastante distante, como ya sabemos y 
que no les ofrece precio bastante remunera- 
dor. 

Este es el inconveniente del cultivo de la 
caña: necesita la industria correspondiente, y 
por consiguiente capitales que no están al al- 
cance de todos los pobladores. Hemos hecho 
la misma observación en Formosa, en Misio- 
nes, en todas partes. 

Nuestro guia nos lleva á través de pajonales, 
de lagunas, de bosques, que se repiten indifi- 



— 389 

nidamentey no ofrecen variedad. Sin embargo 
damos con un verdadero monte de jazmines, 
dichos del Paraguay, y que deberían mas bien 
llamarse del Chaco; pues aquí son abundantí- 
simos, esparciendo en el aire una fragancia 
deliciosa. 

Muéstranos también un curioso fenómeno de 
vejetacion parásita; es una especie de higuera, 
ürbol que se injerta naturalmente en otro 
árbol y lo absorbe completamente hasta susti- 
tuirse á él. Tal es la lucha por la vida, uni- 
versal entre los vejetales como en los ani- 
males. (1) 

Por lo demás, en el Chaco la vejetacion es 
continua durante todo el año, sin embargo de 
distancia en distancia, sobre el fondo sombrío 
de la selva, se destacan puntosmas verdes que 
anuncia el renacimiento de la primavera. 



(1) El mundo dice Goethe, es un animal que perpetua- 
mente engulle y perpetuamente rumea. 



— 390 — 



ZXXVII 

Visita á nn colono de Resistencia — Los vecinos de Re- 
sistencia — Regreso á Corrientes 

El coronel Blanco ha organizado una esc ur- 
sion en coche, aprovechando el vehículo recien 
remitido del nuevo gobernador del Chaco, ge- 
neral Dónovan. Voy con él y el comandante 
Reynolds, secretario de la gobernación, á visi- 
tar otra vez la colonia. Salimos en dirección 
al oeste, llevando al principio la misma direc- 
ción que la víspera y nos detenemos como á 
tres leguas de la villa en casa del colono 
Mutter. 

Este es un colono austríaco, pero que habla 
italiano, como la mayor parte de los demás 
colonos. Tiene cincuenta y tantos años; llegó 
directamente á Resistencia en 1879, después de 
haber pasado solamente veinticuatro horas en 
Buenos Aires. 

Su habitación es una casa con tejas de palmas, 
corredor y varios cuartos, rodeados con un 
fuerte de jidilo á pique. El patio interior, muy 
aseado, hace frente á una alameda de naranjos, 
ylindaal estecon unahuertaque muestra to- 
das las legumbres de Europa. Hay dos palme- 
rasa la entrada déla calle de naranjos. Al nor- 
este está un corral grande para encerrar los 
animales durante la noche. 

Mas allá, al norte y al este, se estiende la sel- 
va impenetrable. 

Ezequiel Mutter es uno de los colonos mas 
trabajadores y mas honrados; tiene diez hijos 
de ambos sexos, lo que importa pues, una fa- 
milia de doce personas con la madre. 



— 391 — 

Esta señora recibe de Europa, su propia 
tierra, un remedio, un antídoto que sana las 
mordeduras délas vívoras; es hecho con la in- 
fusión de un yuyo que crece en las montañas 
del Tirol; hasta ahora cuenta treinta y dos ca- 
sos de curación con éxito. 

iCuál será esa planta de tanta virtud? Es un 
secreto. 

EzequielMutterse queja del lote que se le 
ha vendido, advirtiendo, con este motivo, que 
•él formaba parte de las cien primeras fami- 
lias pobladoras que tienen derecho á la conce- 
sión gratuita y que debe pagarla á doscientos 
pesos, dos pesos la hectárea. 

Las primeras familias recibieron dos bueyes 
avaluados en sesenta pesos, una vaca avaluada 
en veinte pesos, dos yeguas aval nadasen nue- 
ve pesos, un arado avaluado en quince pesos, 
cuatrocientas tejas de palma avaluadas en 
ochenta pesos, dos palas, algunas otras herra- 
mientas de labranza, la ración durante un año; 
todo lo cual importa una cantidad de dos mil 
pesos, lo que parece algo exajerado. 

En Resistencia, como en las demás colonias 
nacionales, cometiéronse abusos, cuya conse- 
cuencia fué el abandono del sistema de la colo- 
nización oficial desacreditada. 

Mutter dice que la única cosecha de provecho 
es el maiz, cuya arrobase vende ó veinte cen- 
tavos. 

La tiei ra es muy dura para la caña de azúcar. 
No puede criarse muchas avesde corral porque 
estas no permitirían tener huerta ni jardin. 
Esta necesita mucho abono y estiércol. El 
campo es muy aparente para criar animales y 
podria elaborarse queso muy bueno— Ya el ir- 
landés Pames ha dado la prueba. Hace dos me- 
ses que n > llueve, cuya circunstancia impide 
ararla tierra. En cuanto al rocío, es poco 



— 392 

abundante. El agua de pozo no sirve para lo- 
mar; mejor es recojerel agua de lluvia, la fa- 
milia bebe el agua del estero, pero pregunto 
yo: no es aquella corruptible? 

En resumidas cuentas: Mutter me ha pareci- 
do algo desmoralizado; su esposa lo dice asi; y 
trata de infundirle coraje; pero sin resultado 
hasta ahora; no quiere distraerse, no sale de la 
chacra, no va á la villa. 

Entretanto, nuestra visita le ha causado una 
gran satisfacción, y nos ha brindado con un- 
almuerzo opíparo, poniendo á nuestra disposi- 
ción todos los elementos que tenia, agregándo- 
se estosá los que hablamos traidoen el vehícu- 
lo, porque en el Chaco, como en el mar, no 
conviene embarcarse sin biscocho. 

Pero por ningún motivo consintió en sen- 
tarse al lado de nosotros: no se consideraba 
digno de ese honor, ni la señora tampoco. 

Almorzamos, pues, los tres solos, y mien- 
tras duró el almuerzo tuvimos los oidos aca- 
riciados con un concierto delicioso: una ban- 
dada de aves negras— charrúas— que cubría 
las ramas de los árboles inmediatos á la casa, 
no cesó de cantar para festejar nuestra pre- 
sencia y la del sol, padre de la naturaleza, que 
derramaba sus torrentes de luz sobre la selva 
y sobre la planicie. Demasiado luz sin duda, 
puesto que ahuyentábalas nubes tantas veces 
esperadas y tantas veces invocadas. 

Cuando nos despedimos, Mutter nos dijo 
estaba tan contento como si hubiera recibido 
en su casa al emperador. Evidentemente este 
es un verdadero Kaiscelick. 

Esos austríacos tienen el sentimiento de au- 
toridad muy arraigado en el corazón. Háseme 
referido que, habiendo el señor ministro de 
Austria-Hungría visitada las colonias del Cha- 
co para darse cuenta de la situación de sus 



— 393 — 

compatriotas, los de Resistencia quisieron 
acompañarle á pié hasta el punto de Barranque- 
ras para manifestarle su respeto y su agrade- 
cimiento; pero el ministro se negó ó imponer- 
les ese paseo prolongado, y los despidió á mi- 
tad del camino. 

Ese sentimiento es loable sin duda pero no 
debe exaj erarse; entretanto, es una prueba de 
ese atavismo qxxe ejerce tanta influencia sobre 
el de tino de los individuos y de los pueblos, 
dificultando de una manera innegable el esta- 
blecimiento de las instituciones libres entre 
los pueblos avezados durante siglos ala disci- 
plina monárquica y dominados por laspreocu- 
paciones aristocráticas. No solamente los pue- 
plos despotizados del mundo antiguno, sino 
también los pueblos emancipados del conti- 
nente sud-americano están demostrando esta 
verdad sociológica, é imponen á los gobernan- 
tes la necesidad imperiosa de la educación á 
todo trance para correjir ese defecto de idio- 
sincracia social. 

Llevamos, pues, gratísimas impresiones de 
nuestro paseo á la casa de Mutter. ¡Pobre 
Mutter! ¿quién sabe lo que habrá sido de él 
desde entonces, y si su esposa que solo cura 
las picaduras de vívoras, habrá conseguido sa- 
nar la picadura moral de aquel espatriado, la 
tremenda nostalgia? 

Regla general: los hombres que ya están en 
el ocaso de la vida no pueden aclimatarse tan 
fácilmente como los jóvenes; por eso yo critico 
ese sistema de colonización que consiste en 
desparramarlas familias á distancias enormes 
unas de otras, en vez de concentrarlas por 
agrupaciones. 

El hombre, dice Aristóteles, es un animal 
sociable: luego el primer propósito del esta- 
dista debe propenderá desarrollar, no contrar- 



— 394 — 

restar esa sociabilidad que es su facultad sobre- 
saliente, condición sine qua non de desarrollo 
para las virtualidades latentes en cada indi- 
viduo. 



No solamente llevamos buenas impresiones 
del Chaco; llevamos también plantas de jaz- 
mín; el coronel Blanco, que es un hombre muy 
galante, quiso arrancar él mismo algunas 
para ofrecerlas á la joven esposa del doctor 
Parodié que estaba haciendo xm parterre en el 
patio de su casa: esa planta preciosa— ya lo 
dije— es silvestre y se encuentra abundantísi- 
ma en los montes del Chaco. 

La señora de Parodié, agradecida con el ob- 
sequio, la plantó con sus progias manos. 

Alli me dejaron mis companeros de escur- 
sion muy satisfecho de los momentos que ha- 
bía pasado con ellos. Ya dije quién era el coro- 
nel Blanco: en cuanto al comandante Reynol- 
ds, es un jefe ilustrado, que conoce el francés 
y el inglés, y ha recorrido ambos continen- 
tes, habiendo formado parte de la comisión 
del general Viejo Bueno ó Europa y ó Norte 
América. ¡Qué agradable sorpresa para mí en- 
contrar en el Chaco á un individuo que podía 
hablarme de visu, no solamente de París y de 
la Francia, mi patria, sino de Venecia, de Roma, 
de Ñapóles, de Madrid, de Toledo, de los Esta- 
dos-Unidos, de Méjico, de Colombia, del Perú, 
de Chile, de la cordillera de los Andes! 

Lo quemas me interesó de su conversación 
es lo queme dijo sobre los Estados-Unidos; 

Eara saber á qué atenerse sobre aquella repú- 
lica, hay que visitarla, ¡tan contradictorios 
son los juicios que sobre ella se emiten! ¡Cuán- 
tas ventajas, pero también cuántos defectos 
ofrece ese pais! ¿No es ante todo el pais del 
utilitarismo y del mercantilismo á todo trance? 



— 395 — 

Pero ¿acaso todo los países no padecen ac- 
tualmente la misma enfermedad? ¿No son to- 
dos los pueblos adoradores del becerro de oro? 
iNo son los Judíos^ los reyes de la época? ¿No se 
nace en todas partes Ja pregunta que se hace 
en los Estados-Unidos: «¿cuánto vale este 
hombre?» 



Habiendo quedado solo, hago otra escursion 
á pié, visitando quintas y huertas hasta la no- 
che; una me llamó la atención, y es la del 
coronel Sosa, gobernador interino del territo- 
rio. 

De noche voy á visitar al mayor Eyle y á 
despedirme de él porque he proyectado salir al 
dia siguiente, no teniendo ya novedades que 
visitar, pues todo aquello se parece y es idénti- 
co en todas partes. Pero no he visto palmeras 
en mis escursiones; mis compañeros me han 
dicho que se encuentran mas al sud. 

¿Podria irse por tierra^ á las Toscas y otras 
colonias del Sud? No, se me responde que hay 
pantanos intransitables: los caballos no aguan- 
tan la travesía; i:ay que ir por agua, embar- 
carse. 

Antes de irá Resistencia, el mayor Eyle es- 
taba en puerto Expedición^ sobre el rio Berme- 
jo, á veinte leguas del rio Paraguay, yendo 
por tierra, á cuarenta yendo por agua, debido á 
las sinuosidades del rio. Mientras estaba él 
allí, transcurrieron ocho meses sin que vinie- 
se un solo vapor; el agua muy baja no lo per- 
mitía. El vapor Teuco estaba descompuesto; 
gastó veinte días para llegar del Timbó á Presi- 
dencia Boca. Habia que traer los víveres del 
Timbó en carretas. 

El agua del Bermejo es potable, aunque de- 
sagradable al paladar. El campo es de canutillo. 



- - 396 — 

una especie de gramínea; lo demás es pajonal, 
el muy conocido gynerium argenteum, 

Eyle, que ha vivido la vida áeXJortin, me pin- 
ta la existencia de esas estaciones militares es- 
calonadas de distancia en distancia que forman 
la frontera contra los indios. Hay diez hombres 
para cada fortin. Suele ser un oficial quien los 
manda; pero á veces es también un sargento. 
Hay una correspondencia diaria entre los forti- 
nes. Tienen perros de presa para cazar. Los 
víveres son harina de trigo, de maíz, arroz, 
yerba-mate, carne, sal, con los vicios^ tabaco 
y papel de fumar. 

Cada fortin tiene un observatorio de madera, 
un mangrullo. 

La vida que se lleva allí es naturalmente de 
ociosidad. A veces, hay dos ó tres mujeres, á 
veces ninguna. 

Los caballos de servicio dejan que desear, y 
no los hay siempre. Ya se sabe que en el 
Chaco es dificilísimo conservarlos caballos. 

Uno de los inconvenientes de la vida de los 
fortines es la familiaridad forzosa del oficial 
con los subalternos. 

La mucha familiaridad produce el menos- 
precio; la disciplina tiene que relajarse nece- 
sariamente. 

Gustavo Eyle se consolaba y se consuela 
todavía con los libros y revistas que recibe de 
Europa. Tenia en su mesa las Mentiras conven- 
cionales de Mr. Nordau, el famoso escritor ale- 
mán contemporáneo, y otra obra del mismo 
autor, cuyo nombre no recuerdo; habia tam- 
bién revistas científicas, obras de medicina y 
cirujía; todas en alemán. 

Gustavo Eyle hizo estudiar la medicina á su 
hija única costeándole los gastos de enseñan- 
za en Europa; por eso está en el Chaco, llevando 
á los sesenta y tantos años una vida de penali- 



— 397 — 

dades y privaciones; el Coronel Blanco lo hizo 
venir ó Resistencia; puede decirse que es un 
padre modelo. 



La colonia Resistencia, dice un informe ofi- 
cial del comisario Ventura Garzí (1881), cuyo 
punto central se halla situado á 27* 27' 15*' de 
latitud sud y á 50* próximamente de latitud 
oeste del meridiano de Greenwich; linda al 
oeste con el rio Paraná en su brazo denomina- 
do Barranquero, por el norte con el arroyo 
Tragadero, por el oeste y sud con territorios 
pertenecientes al Chaco Central; está atrave- 
sada próximamente de este á oeste por el rio 
Negro, el cual á poca distancia de su emboca- 
dura presenta el puerto San Fernando, situa- 
do casi en el centro de la colonia. 

Esta ofrece, naturalmente, grandes ventajas 
bajo el punto de vista mercantil, y en efecto, 
sus dos puertos situados uno en el centro y 
otro en su límite este, facilitan en sumo gra- 
do la importación y la esportacion de los pro- 
ductos. 

La población actual de la colonia se compone 
de 147 familias, que contienen 708 individuos 
y 24 familias de vecinos, conteniendo 182 indi- 
viduos de todas edades y sexos, que forman un 
total de 875 liabitantes. 

El mismo informe daba un total de 1183 
hectáreas, cultivadas de maiz casi todas, y las 
otras de b:itata dulce, papas, porotos, man- 
dioca, maní, alfalfa, y calculaba su producto 
en 19.338 pesos. 

Habia entonces 31 casas de material, 245 de 
adobe y madera, 92 ranchos de quincha que 
representaban, incluyendo los cercos, zanjas 
y accesorios, un total de 36.841 pesos. 

Los animales de labor y renta eran: 579 bue- 



i 



j 



- 398 — 

yes,582 vacas, 487 terneros, 54 caballos, 133 ye- 
guas, 21 mulas^ 22 burros, 139 chanchos, 3970 
gallinas, 62 patos, representando todo un valor 
aproximado de 43,080 pesos. 

La existencia de los útiles de labor y máqui- 
nas era: 157 arados, 154 rastras, 294 azadas, 465 
hachas, 77 carros, 51 molinos para mano, 14 
desgranadoras, 10 botes y canoas,represen tan- 
do un valor de 10.647 pesos. 

Total general de valores 163.827 pesos. 

La mayor parte de los colonos eran italianos, 
es decir, que hablaban ese idioma. 

26 de Agosto — Estoy otra vez en Corrientes; 
encuentro á un francés que habita en estos 
parages, hace veinte años; hablamos de la colo- 
nización; díceme que los inmigrantes euro- 
peos degeneran rápidamente en América; el 
colono pierde las fuerzas físicas; para recu- 
perarlas empieza á beber caña, y no hace sino 
enervarse mas todavia, 

Después de algunos ensayos, deja la agri- 
cultura para'dedicarsealjoas^oreo,á la cria de 
animales. Esta observación, ya la habia hecho 
en Entre-Rios, pero no es sino la aplicación 
del consejo que Catón daba á los romanos, 
cuando les decía, pascua, pascua, civesl 

Convierte las chacras en praderas. Induda- 
blemente esto da mayor utilidad con menos 
trabajo. 

Obsérvese ademas, que según muchos indi- 
viduos conocedores del terreno, la cria de ani- 
males es la mejor operación que puede hacerse 
en el Chaco, añadiendo la fabricación de quesos 
y de manteca. 

En cuanto al cultivo de la caña yá la indus- 
tria azucarera, si tienen sus partidarios tienen 
también sus adversarios. El porvenir resolverá 
la cuestión. 



— 399 — 



XXXVIII 



La ciudad de Corrientes— El ingenio de Santa Ana — In- 
convenientes de la navegación fluvial 

Había regresado á Corrientes para embar- 
carme en el Rivadavia^ que había subido, días 
pasados, en dirección á la Asunción, sin i)oder 
alcanzar ese puerto á consecuencia de la bajante 
estraordinaria del rio. Pero por el mismo mo- 
tivo, ese vapor, de demasiado calado para esa 
navegación, tardó algunos días en presentarse, 
de manera que tuve algunos días para recorrer 
la ciudad y sus alrededores. 

Una de mis visitas fué para el colegio nacio- 
nal. Está situado en una bella posición, desde 
la cual se goza una vista preciosa sobre el rio 
Paraná, ó inmediato ala casa de gobierno, an- 
tiguo edificio que perteneció á los jesuítas en 
el siglo pasado. 

Paraísos y eucalyptus hermosean el patío; 
las clases me han parecido de una escelente 
instalación; he visto, con gran satisfacción, los 
mapas geográficos y los cuadros históricos que 
adornan las paredes, el gabinete de física, el 
de historia natural, el laboratorio de química, 
la biblioteca, etc. Eí director es el señor Fitz- 
Simon, educacionista distinguido, hijo de otro 
educacionista afamado y que por consiguiente 
pudo añadirá su propia esperiencia la espe- 
rí encía paterna. Dijome que tenia la intención 
do establecer una escuela de artes y oficios en 
el colegio, por lo cual lo felicité mucho^ dicién- 
dole que, sí consigue esto, habrá prestado el 
mayor servicio á aquella provincia. 



— 400 - 

Efectivamente, se ha dicho muchas veces, 
pero no debemos cansarnos de repetirlo, la 
educación que se dá á nuestra juventud es 
deficiente: no hace hombres completos; el joven 
que sale del colegio es incapaz de ganarse la 
vida por mas conocimientos que tenga; fáltale 
la preparación necesaria para emprender las 
luchas de la existencia; el único porvenir que 
se le presenta es la carrera de los empleos, 
cuando no tiene capital propio para hacerse 
negociante ó industrial. Luego pierde su inde- 
pendencia, es condenado al parasitismo buro- 
crático, á Iñ funcionocracia. Un hombre que 
posee un oficio, que sabe trabajar con las ma- 
nos, se pertenece á sí mismo y es dueño del 
mundo entero. Hay, pues, que combinar el 
aprendizaje de uñarte manual con la enseñan- 
za, dedicándole diariamente una parte de las 
horas que el alumno va á pasar en el colegio, 
de manera que habiendo concluido los estudios, 
pueda el joven bastarse á sí mismo en vez de 
continuar siendo un gravamen para su familia 
ó de acudir á los pechos de la vaca lechera, el 
Estado. 

El Estado, dice Bastiat, es la gran ficción por 
medio de la cual todos quieren vivir áespensas 
de todos. 

La reforma déla educación en el sentido que 
indico es por consiguiente la previa condición 
indispensable de todas las reformas políticas 
y económicas: mientras no se lleve á cabo, la 
sociedad padecerá un mal estar irremediable. 
Vuelvo á felicitar al señor Fitz-Simon por su 
loable propósito. 

27 de Agosto— Hoy he entrado en la iglesia 
«San Francisco», inmediata al convento de los 
monjes del mismo nombre. Los franciscanos 
fueron y son todavía los misioneros del Chaco. 
Allí, en los tiempos ya remotos, á principios 



— 401 — 

del siglo trece, San Francisco fué el reformador 
del monaquismo decadente; pretendió volver 
á la pureza, á la pobreza del cristianismo pri- 
mitivp; no permitía la propiedad bajo ningún 
motivo, ni siquiera que el monje fuese dueño 
de su vestido, de su bastón. Pero si no permi- 
tía á los individuos enriquecerse, no podia 
impedir que la orden adquiriese bienes y pro- 
piedades; y entonces la institución del mona- 
(¡uismo volvió á caer en los defectos que se le 
reprochaban. 

En las paredes de la iglesia, leo la inscripción 
siguiente: 

. Pulvis et cinis 

. Pretereaque raihil (sic) 

Hic facet (sic) présbites dominus 

Emmanuel Maroto 

Hispano provincie 

Castelle obiit 

Februorura anno 

MDCCCLXV 

El autor de la inscripción no era muy buen 
latinista, pero probablemente, los errores gar- 
rafales, que aquella contiene, deben atribuirse 
al artista grabador que no supo deletrear el 
orijinal queselediera para trascribirlo en el 
mármol; hé aquí sin duda loque quiso decir: 
Polvo y ceniza — y nada mas— aquí yace el pres- 
bítero señor Manuel Maroto, de la provincia 
española, de Castilla; murió en Febrero del 
año de mil ochocientos sesenta y cinco. 

Mas adelante hay una inscripción mas cor- 
recta: 

Cursum cansumavi 

Fidem catholicam servavi 

Dominus Nicolaus A. Villanova 

Presbiter hispa ñus 

Obiit die 2 august ann 1863 

R. I. P. 

«He consumado, (recorrido) el curso (de la 

26 



— 402 — 

vida); he conservado la fé católica, el señor 
Nicolás de Villanueva, presbítero español, mu- 
rió eldia 2 de Agosto del año de 1863. Descan- 
se en paz!» 

Ese deseo postrero que se inscribe en todas 
las tumbas, son resabios de las creencias pri- 
mitivas que suponían que el alma del finado 
descansaba, dormiaen el sepulcro; pugna pues, 
con la creencia en la resurrección y el porve- 
nir futuro del alma destinada al paraíso ó al in- 
fierno. 

Pero no quiero hacer teología. 

Dije anteriormente que los franciscanos eran 
los misioneros del Chaco. Refirióme un jefe 
militar, que antes de nacionalizarse aquel terri- 
torio, el gobierno de Corrientes mantenía una 
misión frente á aquella ciudad y pasaba racio- 
nes á los indios. Entonces éstos iban á misa y 
practicaban las ceremonias religiosas. Habién- 
dose nacionalizado el territorio, el gobierno 
provincial dejó de suministrar las raciones. 
Esto fué lo bastante para que los indios se 
negasen á concurrir omisa, y no solo eso, sino 
que se rebelaron contra los frailes; éstos tuvie- 
ron que íugar y se embarcaron haciendo seña- 
les á Corrientes, pidiendo socorras. Por lo 
visto, la conversión délos indios habia sido de 
las mas superficiales; no habia alcanzado al 
corazón; habíase detenido en el estómago. La 
cabra siempre tira al monte. 

Saliendo de la iglesia «San Francisco», he 
visto pasar á una porción de indios qu • iban 
en dirección al mercado; las mujeres llevan la 
carga como de costumbre; los hombres no lle- 
van nada mos que su poncho. He ido tras 
ellos. El mercado de Corrientes es algo pare- 
cido al de la Asunción; aquí como allí las mu- 
jeres venden maíz, mandioca, cañas deazúcar, 
velas, mazacotes, leche: aquí como allí están 
sentadas en el suelo y hablan guaraní. 



— 403 — 

28 de Agosto^El ministro Ramón Parera me 
ha invitado á hacer un paseo al rededor de la 
ciudad. Visitamos el lugar llamado la Batería; 
es la esplanada que está al este de la ciudad, 
en la elevada ribera del rio, y donde existe un 
cuartel. Allí fué donde se hablan establecido 
los paraguayos, cuando invadieron la provin- 
cia en 1865, y fueron atacados por las tropas 
mandadas de Buenos Aires, teniendo que reem- 
barcarse. 

Visitamos también el antiguo cementerio al 
sud de la ciudad, que se parece á todos los ce- 
menterios con su necrópolis silenciosa, casas y 
sepulcros blanqueados^ como dice el Evangelio. 
¿Por qué no se suprimen de una vez esos enter- 
ratorios, esos carneros de podredumbre, esos 
focos de infección que deben envenenar la tierra 
y el aire, ocupando al mismo tiempo el espacio 
que hace falta á los pueblos, y, so pretesto de 
conservar el recuerdo de los muertos, ostentan 
la vanidad de los vivos? Pero esto seria pedir 
demasiado, dejemos ú la humanidad sus preo- 
cupaciones y sus ilusiones. ¿Qué seria el 
mundo sin la poesía? No basta para consolar- 
nos la ciencia analítica, severa, fria, inexo- 
rable- 

Visitamos la columna conmemorativa del 
combate que los conquistadores sostuvieron 
contra los indios en los primeros tiempos de su 
establecimiento; esa columna reemplazó lacruz 
milagrosa levantada por los cristianos en ese 
paraje y que los salvajes trataron inútilmente 
de quemar, cuya circunstancia los desmora- 
lizó, haciéndolos desistir de su intento. La 
columna está partida por el rayo; en cuanto á 
la cruz, hecha con una madera imputrescible, 
fué llevada y depositada en uní iglesia de don- 
de se la saca para la procesión con que se 
solemniza el aniversario de aquel suceso. 



-- 404 — 

Visitamos la estación del ferrocarril que está 
construyéndose y que va á ligar la capital cor- 
rentina con los departamentos del centro y del 
este. 

Visitárnosla casa de gobierno que se edifica 
y está por concluirse, en el ángulo sud de la 
plaza principal, y ocupa la mitad de la manzana 
al este. Estü fachada ostenta dos soles en dos 
frontis laterales separados por una galería cu- 
bierta y una columnata: tiene un gran patio en 
el interior con un algibe, y me ha parecido reu- 
nir todas las comodidades necesarias para un 
edificio de esta clase. Es obra de un anfuitecto 
italiano llamado Motta. 

El antiguo cabildo, que está il norte de la 
misma plaza, presenta la vetusta y pesada ar- 
quitectura de los conquistadores; dos colum- 
natas con arcadas superpuestas mas una torre- 
cilla que domina el edificio y servia de mirador. 
Diríase que el mismo modelo fué impuesto por 
decreto superior á todas esas construcciones, 
como si se quisiera estampar en los ojos y en 
las almíis la imójen de la unidad relijiosa, mo- 
ral y política, personificada en el monarca, re- 
presentante de Dios en la tierra. 

Por lo demás, la ciudad de Corrientes, como 
lá de lá Asunción, aunque no tanto como aque- 
lla, ha conservado el sello de la época colonial: 
las^ casas tienen paredes espesísimas, ventanas 
con rejas que sobresalen á la calle, techos de 
tejas espaiiolas, corredores, grandes patios in- 
terioren; en fin, todas las precauciones que se 
tomaban entonces y que no dejaban indudable- 
mente de ser ventajosas. Los edificios moder- 
nos los suprimieron, y tal vez sin razón. Yo, 
por mi parte, quisiera que todas las calles in- 
distintamente tuviesen arcos y paseos cubier- 
tos para los que van á pié, para garantirlos 
contra el sol y contra la lluvia. 



- 405 — 

29'SO de yl/7os¿a— Días de espera y de fastidio. 
El Rivadavia está varado: ¡cuándo llegará? 
Imposible saber. ¿Puedo continuar mis ex- 
cursiones? Quisiera visitar el ingenio de Lcls 
Palmas^ en el Chaco, á la altura de Curupaity, 
pero no hay medio de trasporte rápido. Feliz- 
mente existe otro ingenio en .esta misma pro- 
vincia, que no está muy distante, en Santa Ana. 
Habia proyectado una escursion para hoy, pero 
los carruajes fueron á San Luis, á diez leguas 
de la ciudad; allí se celebraba la fiesta de 
ese santo. Hay que esperar el regreso de los 
vehículos. 

En fin, regresan los carruajes, pero en el 
intervalo ha muerto una señora, y los carrua- 
jes vuelven á estar ocupados; y entretanto el 
rio continúa bajando. 

31 de Agosto— En fin, hoy he salido para 
Santa Ana acompañado por el doctor Somozn, 
ex-profesor en el colegio nacional, fundador 
de aquel ingenio. Cruzímos un territorio 
lleno de quintas y de casas de campo y entre- 
cortado poi* grandes lagunas. Llamóme la 
atención una quinta muy estensa, de naranjos, 
que pertenece ó un francés llamado Francisco 
Comte, y data de treinta años atrás; parece que 
le produce una renta pingüe, millares de pesos; 
es el fruto de un trabajo continuo y de una 
constancia impertérrita. 

Esos alrededores de Corrientes, donde las fa- 
milias van á veranear, son muy pintorescos, 
debido á esa alternación de bosquecillos, de 
lagunas y de campos verdes en medio de los 
cuales se levantan palacetes elegantes blan- 
queados con sus tejas rojas de Marsella y sus 
miradoras. 

El ferrocarril va á cruzar estos parajes antes 
de mucho tiempo; en el camino encontramos á 
centenares de obreros que trabajan con la 
mayor actividad. 



— 406 - 

El pueblo de Santa Ana está oculto en medio 
de los naranjales, pues las casas son bajas y los 
árboles las dominan, las cubren completamente 
con sus ramas cargadas de frutos. 

En fin, después de tres horas de marcha lle- 
gamos al ingenio, que está á media legua del 
pueblo y á una legua mas ó menos del rio Pa- 
raná. 

Ése ingenio pertenece actualmente á una so- 
ciedad de accionistas. Puede producir ciento 
veinte mil arrobas de azúcar anuales. 

Hasta ahora (el año de 18872 falta la materia 
prima, pero dentro de un ano habrá bastan- 
te. Cómprase la caña á los cultivadores de 
las inmediaciones á razón de seis centavos la 
arroba. 

Una hectárea puede producir de cuatro mil 
quinientasá cinco mil arrobas. 

La caña de este punto es superior á la deTu- 
cuman; es menos acida que aquella. 

Esla posición tiene ventajas locales, la del 
flete sobre todo; el trasporte por agua es mas 
barato que el trasporte por el ferrocarril. La 
leña no cuesta tanto como allí; pues cuesta 
solamente dos pesos la tonelada, mientras que 
allí cuesta tres. 

En .cuanto á las heladas, no son de temer; al 
menos hasta ahora nose hicieron sentir. 

El señor Somoza afirma que la caña necesita 
regadío; no basta el roció, necesítase taml)ien 
la imbibición por las r ices, por cuyo motivo el 
Chaco está en condiciones de inferioridad. 

Reproduzco estos argumentos á fuer de cro- 
nista y sin discutirlos; pero conviene que todo 
se sepa. 

El ingenio no trabaja actualmente sino du- 
rante ciento veinte dias al año; pero podria ha- 
cerse otra cosa, ácidos, mandioca, etc., etc., con 
la misma fuerza que queda inactiva durante el 
resto del año. 



— 407 — 

El ingeniero prindipal es un francés, Lagaffe, 
de Burdeos; fué enviado por la casa Cail, por 
cuya cuenta armó ya otros ingenios en Tucu- 
man y en Misiones (el del genaral Rudecindo 
Roca). Afirma que la industria azucarera no 
dijo todavía su última palabra. 

Hay también dos empleados alemanes y un 
italiano. 

En este mismo pueblo existen un is doce fa- 
milias, restos de la colonia fundada por el doc- 
tor Brougnes en el añ) de 1854, y de lo cual 
hablé anteriormente. Otras se fueron óYape- 
yú, en la costa del Uruguay, las demás se des- 
parramaron. 

Regresamos á Corrientes, llegando de noche, 
habiendo proyectado una excursión por toda 
la provincia de Corrientes para explorarla y 
estudiarla. 

Posteriormente el doctor Somoza ha sido 
encargado por el gobierno local de hacer un 
estudio para la exposición de París. 

1^ de Setiembre— En ñn, el Rivadavia salió 
de la varadura; llegó á Corrientes á las dos de 
la tarde, pero está lleno de pasajeros que vie- 
nen de la Asunción. Imposible tener un cama- 
rote. Habrá que dormir en el salón, en una 
cama improvisada, y este no debia ser el único 
inconveniente de la travesía. El rio seguía 
bajando; tuvimos por consiguiente una porción 
de varaduras, sin contar la necesidad de fon- 
dear cada noche. Estuvimos un dia entero 
frente á Goya; el baqueano estaba reñido con 
el capitán; éste no conocia el rio Paraná, siendo 
este su primer viaje en estas aguas. . . . 

Resultado final: el viaje duró una semana en- 
tera: ya es tiempo de que se hagan ferrocarriles 
ó que se construyan vapores á propósito para 
el servicio de pasajeros, dejando los pasajeros 
de ser subordinados á las mercancías y de per- 
der dias enteros en cada puerto de la carrera. 



— 408 — 



Otra vez en el Rosario — El conyento y el pueblo de 
San Lorenzo — La colonia Jesús Haria — Del Rosario á. 

Santa F6 



Hace algunos dias que estoy otra vez en 
campaña, recorriendo campos y colonias; mí 
primera etapa me llevó al Rosario, que ya co- 
nocemos y del cual no le hablaré por consi- 
guiente, cáñéndome ó decir que el Rosario con- 
tinúa progresando á pasos agigantados para 
convertirse en una ciudad de primer orden, 
atrayendo el comercio directo de ultramar. 
No le falta mas, me decia un rosarino, que la 
compostura del paso de Martih Garcia y enton- 
ces ios grandes buques podrán venir en cual- 
quier estación á fondear al pié de sus barran- 
cas altísimas, cargando y descargando con mas 
facilidad que en los puertos de Buenos Aires 
ó de la Ensenada; el Rosario seria un verdadero 
puerto de mar y todas las provincias transpa- 
ranaenses quedarían litoralijsadas. Manos á la 
obra, pues! Estamos en el siglo de las impro- 
visaciones; no debe decir el t¿o Ricardo^ dejarse 
para el dia siguiente loque puede hacerse en 
el mismo dia; hay que concluir de una vez, 
con la indolencia, en otro tiempo característica, 
de las comarcas sud-americanas, con el dolce 
far niente^ y llevar á cabo la transformación de 
nuestro planeta. 

Al dia siguiente de mi llegada al Rosario, he 
tomado el tren del Norte para ir ó San Lorenzo, 
ese teatro de la primera hazaña de San Martin: 
quería ver ese sitio histórico, como desearía 



— 409 — 

ver el campo de batalla de Lexíngton en Norte 
América, como desearía ver el campo de bata- 
lla de Valmy en Francia, el campo de batalla de 
Maratón en Grecia, en fin, todos los campos de 
batalla donde triunfaron la libertad de los hom- 
bres y la independencia de los pueblos. Paré- 
ceme que en el aire que allí se respira, en el 
viento que corre, en las emanaciones que se 
despiden de la tierra, debe sentirse algo del 
sentimiento que agitó el pecho de los comba- 
tientes y de la idea que calentó sus cabezas en 
los momentos decisivos de la lucha heroica; 
en una palabra, paréceme que allí palpita el 
corazón de la humanidad, de la cual somos to- 
dos miembros, en el seno de la cual vivimos y 
para la cual todos trabajamos, todos combati- 
mos de un modo mas ó menos corriente, pues 
la ley ineludible de la solidaridad se impone ú 
todos los hombres. 

Quiere decir todo eso que mi primera visita 
fué para el convento de los monges francisca- 
nos, donde se levanta el pino centenario que 
conserva el recuerdo de San Martin y del com- 
bate del 3 de Febrero de 1813. Eseórbolnoes 
tan alto como me lo habia figurado, pero debe 
ser contemporáneo del rey Carlos III, el me- 
jor de los reyes borbones que haya tenido la 
España, y que fué el fundador de ese convento. 
El árbol ha quedado encerrado en la quinta de 
los franciscanos^; es de laclase de lospinosma- 
rítimos, que tanto abundan en la Francia del 
sub-oeste, desde Bayona hasta Burdeos. 

En cuanto al convento es muy grande, muy 
espacioso; el general Mansilla pudo acuartelar 
allí como cuatro mil liombres. 

He visitado los claustros acompañado por un 
joven fraile de nacionalidad italiana. Esos 
claustros anchos y larguísimos deben ser muy 
frescos durante el verano, pero, observa mi 



- 410 — 

guia, que son algo fríos durante el invierno. 
En los patios existen grandes naranjos actual- 
mente cargados de flores, y que esparcen por 
el aire una fragancia deliciosa. 

Subiendo á la azotea, la vista abarca un es- 
tenso panorama: el rio Paraná al Este, la ciu- 
dad del Rosario, á cinco leguas al Sud, en la 
niebla del horizonte, y la planicie cultivada al 
Oeste mas allá de la villa de San Lorenzo. No 
tengo á la mano el último censo levantado por 
el doctor Gabriel Carrasco; los señores Mulhall 
ensn Handbook ofthe Biver Píate, le dan dos 
mil doscientos habitantes (edición de 1885), pero 
la población debe haber aumentado desde en- 
tonces. 

Los frailes son españoles é italianos; actual- 
mente muchos están ( cupadosen misión. ¿En 
qué pasan el tiempo los que están aquí? Ha- 
ciendo ejercicios espirituales, rezando. 

Esos conventos, los de hombres sobre todo, 
parecen una anomalía en este siglo de la acti- 
vidad industrial; no se comprende que hombres 
se separen de la sociedad para dedicarse á la 
vida contemplativa, y, si es para formar misio- 
neros, faltarla averiguar, si esas misiones lle- 
vadas á los salvajes surten realmente el efecto 
apetecido. Pero no quiero lanzarme en consi- 
deraciones extemporáneas. 

Mi paseo fué interrumpido por un campana- 
zo que llamaba á los frailes al comedor: me 
despedí de mi joven guía y salí del claustro, 
del siglo trece de la Edad Media, para volver á 
ver el siglo diez y nueve, Ful ton y Staphenson, 
después de San Francisco de Asis y de Santo 
Domingo, los héroes de la humanidad traba- 
jadora, después de los santos de la humanidad 
mística, recordando que de de esa misma época 
perdida en las nieblas de la historia los Valden- 
ses habían hecho oír la palabra de la sociedad 



— 411 — 

moderna y proclamado que trabajar es orar: 
luego la acción es la mejor oración mientras 
que la ociosidad es la madre de t )dos los vicios 
y la contemplación exagerada conduce á la alu- 
cinación. 

El mundo moderno se ha convertido á la 
doctrina de los Valdenses; y los conventos han 
perdido su razón de ser, que la tuvieron, no 
puede negarse, en los tiempos calamitosos de 
la Edad Media; deberían, pues, seguir la evolu- 
ción para amoldarse á las necesidades de la 
sociedad contemporánea, convirtiéndose en es- 
cuelas de agricultura y en colegios de artes y 
oficios, haciendo la combinación del trabajo 
manual con la cultura intelectual, como lo exi- 
gía el mismo San Benito, el famoso reformador 
de 1.1 vida y de la regla monástica en los bue- 
nos tiempos del cristianismo triunfante. 



En fin, dejemos los monasterios y vamonos 
á las colonias. Voy dirigiéndome á la colonia 
Jesús Marta, pasando por el puerto de San Lo- 
renzo, que está á tres ó cuatro mil metros de 
la villa. Allí hay varios depósitos, uno princi- 
palmente muy espacioso, que se llama depósito 
Escocés, que ocupa una gran estension de ter- 
reno sobre la barranca. El patio está lleno de 
máquinas agrícolas, de locomóviles, de carre- 
tas. Aquello es una especie de familisterio, de 
falansterio; una porción de familias tienen sus 
aposentos, sus departamentos separados, aun- 
que pegados unosá otros, gozando, por consi- 
guiente, de su auton )mia, después de trabajar 
bajo una dirección común. 

La colonia «Jesús Maria» no tiene nada que 
la distinga especialmente de las demás colo- 
nias. La horizontalidad casi absoluta del ter- 
reno le da un aspecto monótono, que solo se 



— 412 — 

altera con las construcciones y las plantacio- 
nes. Las casas blanqueadas á veces resaltan 
naturalmente mejor que las casas sin revoque 
sóbrela alfombra verde de los trigales, que se 
distingue rigurosamente de la del campo pro- 
piamente dicho; los sauces y los paraísos están 
en plena vejetacion; los duraznos ostentan sus 
ñores coloradas, los naranjos y los perales sus 
flores blancas; los linares estienden mas allü 
su sábana de color celeste. 

La primavera ha recuperado su imperio; todo 
iría á las mil maravillas, pero viene un viento 
norte insoportable; el viento norte es el mayor 
enemigo de los hombres y de los animales: 
ejerce la influencia mas enervante; descompone 
lo físico y lo moral de nuestra miserable per- 
fc^onalidad, despierta todos los dolores, latentes 
en nuestro organismo, nos hace irritables, iras- 
cibles, coléricos, furiosos. Asegúrase que los 
crímenes son mas numerosos cuando reina el 
viento norte, á consecuencia de las riñas y de 
las peleas, y que Francia, el dictador famoso 
del Paraguay, dictaba sus sentencias de muerte 
bajo la irritación que le producía. 

El viento norte que sopla tan á menudo car- 
garía, pues, con una gran parte déla responsa- 
]>ilidad de los hechos, sucesos, agitaciones, 
revoluciones, guerras civiles y convulsiones 
de la América del Sud. El clima es el que hace 
al hombre, dicen los discípulos de Montes- 
quieu, de Hezder, de Buckle y tutti quaníL Las 
instituciones no serian mas que un producto 
de la tierra como las plantas y los frutos; la 
historia social no seria masque una parte, un 
capítulo, de la historia natural. 

Cuesta admitir semejantes conclusiones: 
protesto, aunque me duele mucho la cabeza en 
este momento y siento el malestar en todo el 
cuerpo. Oh! viento norte, protesto contra tu 



— 413 — 

aliento envenenado, y te desprecio, por mas 
que me obligues á tomar refrescos, ó por eso. 
mismo. 

Pero los caballos de mi carruaje no pueden 
adherirse á mi protesta y me niegan su coope- 
ración: están cansados, no solamente á conse- 
cuencia del viento norte, sino también por falta 
de alimentación suficiente: detiénese el cochero 
ú la puerta de una pulpería para darles un 
momento de descanso. Agregúese que el po- 
bre mozo habia salido sin almorzar. Una esta- 
ción se hacia aJ)solutamente necesaria. 

Entramos, pues, en la pulpería, que es, como 
se sabe, una casa de negocio donde hay un poco 
de todo y sobre todo bebidas alcohólicas: allí 
estaban algunos colonos italianos y un hijo del 
país, con traje de oficial, que tomaba ajenjo. 

Precisamente, habia llevado para leer en el 
paseo un libro sobre los gravísimos inconve- 
nientes del tabaco y del alcohol, escrito por el 
doctor Jolly, déla academia de medicina. 

El tabaco y el alcohol son mas nocivos aun 
que el viento norte; la lectura de aquel libro 
causa estremecimientos; no podia haberse in- 
ventado mayoresenemigosparala humanidad, 
y se dice que estamos progresando; pero ¿qué 
mayores causas de decadencia que el tabico, el 
alcohol y el ajenjo? La estadística del doctor 
Jolly es espantosa. Deberla formarse una liga 
de los hombres de bien en la República Argen- 
tina y en todas partes para proscribir ó, al me- 
nos, reducir A la menor expresión posible, 
esa plaga que va carcomiendo la sociedad mo- 
derna. 

En lugar de fomentar el cultivo de esa planta 
venenosa, que se llama tabaco, y de la cual se 
extrae la tremenda nicolina, debería arrancar- 
se y quemarse, y quemarse también las desti- 
lerías quo elaboran el aguardiente, el agua de 



— 414 — 

vida.que debería mas bien llomarse agua de 
muerte^ que la industria extrae de todas las 
frutas azucaradas para embrutecer á los hom- 
bres y conducirlos mas rápidamente al sepul- 
cro. 

¿Cuántas inteligencias, cuántas vidas se han 
perdido, y se pierden y se perderán por el uso 
de esos narcóticos y de esos titulados exci- 
tantes? 

El ex-oficial me pareció confirmar completa- 
mente las afirmaciones del doctor Jolly, como 
la hablan confirmado ya otros lautos indivi- 
duos á quienes hé conocido en Europa y en 
América, sin contar á ese pobre Alfredo de 
Musset, que fué uno de los primeros poetas del 
siglo antes de haber perdido su imagmacion y 
su genio por el ajenjo. 



El pueblo central de «Jesús Maria» no tiene 
tanta importancia como el de las demás colo- 
nias; redúcese á una capilla, una escuela y al- 
gunos otros edificios. 

Llegamos á una posada; el dueño es italiano; 
en las paredes están los retratos de León XIII, 
de Victor Manuel y prospectos de máquinas, 
trilladoras, espigadoras y otras. 

La casa, un jardín y una huerta con legum- 
bres de toda clase. 

Acábase de hacer un sacrificio; hoy han car- 
neado un cerdo gordo, pero no hay que perder 
tiempo para salarlo, porque el viento norte no 
permite demora. Recuerdo que en Europa, 
muchos campesinos no comen otra clase de 
carne; un cerdo les alcanza generalmente para 
todo el año; con el tocino y el jamón preparan 
sopa de verdura, tortillas, polenta y garbujsa. 
Solo una ó dos veces al año conocen la carne 
fresca, cuando cae la fiesta del santo de la aldea 



— 415 — 

ó el regocijo del carnaval, recuerdo de las sa- 
turnales antiguas. 

Y entretanto, en América hay tanta carne que 
no se sabe qué hacer con ella. ¿Quién resol- 
verá el problema de ponerla al alcance de las 
clases menesterosas de Europa? 

Esta era la pregunta que volví ó dirigirme 
ú mí mismo, por centésima vez, al encaminar- 
me á la estación Aldao, que es el punto de em- 
barque de la colonia «Jesús María», á treinta y 
tres kilómetros del Rosario, en el ferrocarril 
queconduceá Sunchalesyá Santa-Fé. 

Regresaba al Rosario para tomar el tren de 
esta capital, pasando por Serodino, que es un 
centro importante, Carrizales, Diaz, Irigoyen, 
Galvez,otro centro de mayor importancia aún, 
donde se hace el empalme de la vía férrea Ges- 
1er que empalma con Coronda, San Garlos, 
Frank, Las Tunas, etc.; todas esas estaciones 
se pueblan rápidamente y son otros tantos fo- 
cos de atracción para la industria, y el comer- 
cio, llenándose de hal)itaciones, de edificios, de 
depósitos y cubriéndose de árboles que inter- 
rumpe la monotonía del paisaje. 

El ferrocarril es el gran conquistador de los 
desiertos, el agente de población y de coloniza- 
ción por excelencia. La locomotora haauyen- 
tado para siempre á los indios que paseaban 
impunemente por estos campos, no hace un 
cuarto de siglo. 



— 4i6 — 



XL 



Los progresos de Santa Fé — Las colonias del Norte — 
lo qne eran en 1869 — Lo ^e son hoy 



Para dar á conocer los progresos que ha rea- 
lizado la provincia de Santa-Fé desde quince 
ó veinte años á esta parte, es preciso dirijirse 
al norte de la capital, comparando las relacio- 
nes de los vi ijerosque la recorrieron en aquel 
entonces, con loque podemos presenciar ac- 
tualmente. 

El señor Carlos Beck Bernard, el fundador 
do la importantísima colonia San Carlos, visitó 
aquellos parajes en el año de 1869; pues bien, 
veamos lo que dice en su interesante libro titu- 
lado la Repuhlique Argentine — Manuel de Vin- 
migrant et du cultioateur—Berne — 1872: 

Un servicio postal semanal mantiene las co- 
municaciones entre Santa-Fé y el cuart3l gene- 
ral de la frontera del norte, 11 uñado comandan- 
cia general ó Belgrano. El camino que se 
dirije en derechura al norte, pasa por la Estan- 
cia Grande y San Justo. La distmcia en línea 
recta es de Santa-Fé ó Estancia Grande (Emilia) 
12 leguas, ü San Justo 18 leguas y á Belgrano 
28 leguas. El vehículo que sirve de diligencia 
es un viejo ómnibus de madera, pintado de azul 
y de blanco, en el cual uno no queda muy mal 
sentado, y que es arrastrado por cinco ó seis 
caballos, según el camino está mas ó menos 
transitable. 

La primera posta está en el antiguo cantón 
de Narvaja, á ocho leguas mas ó menos de 'a 
ciudad. Hasta allí el camino es bastante malo. 



— 417 — 

En otro tiempo la comarca estaba arbolada, 
pero los carboneros han cortado todos los ár- 
boles, con escepcion de las ombúes y de las 
malezas que creen inservibles, dejando en tier- 
ra la parte inferior de los troncos y las raices; 
añádase que el terreno es muy bajo, de manera 
que después de llover, el agua permanece allí 
y forma un barro persistente. Al pasar por 
esosparejes, las carretas del país con sus dos 
ruedas forman carriles hondos que descompo- 
nen el camino para los coches ó carros europeos. 
Todo eso junto no llega ó formar un buen ca- 
mino; para conseguirlo, habria que suprimir 
las carretas ü obligarlas á seguir un camino 
por separado. 

En el cantón de Narvaja es donde principia 
el Chaco, y desde ese punto el camino se pone 
realmente bueno. El terreno está mas elevado, 
el suelo duro, y el coche va rodando siempre, 
tan fácilmente como en una calzada. El país 
es lindísimo y se torna mas hermoso á medida 
que uno va adelantando, hacia el norte. Las 
ondulaciones del terreno se hacen mas acentua- 
das y casi se convierten en colinas; al oeste 
corre el Salado, que se dibuja por una faja de 
monte muy sombría mas allá de la cual se 
vuelve á divisar el campo elevado que se pierde 
en el horizonte, como un mar de verdura. La 
pradera que uno atraviesa está salpicada de 
isletas de monte, y el conjunto es risueño y 
pintoresco. Cuanto mas se adelanta hacia el 
norte, tanto mas los árboles se hacen altos, 
siendo algarrobos, ñandubays^ quebrachos, etc. 
Existen en esos parajes varias estancias cuyos 
rebaños se ven desparramados en la pradera. 
Abundan las gamas, los avestruces, los patos, 
las perdices y á cada instante se venal lado del 
camino. 

A propósito de gamas y de perdices, debe 

27 



— 418 — 

notarse que á inmediaciones de las antiguas 
colonias, estos animales lejos de disminuir, 
como hubiera podido suponerse, han aumen- 
tado mucho. Esto se explica por las razones 
siguientes. En otro tiempo, las quemazones 
de campo destruían una gran cantidad de esos 
animales, sobre todo los chicuelos y las nida- 
das; actualmente que todo el campo está entre- 
gado á la agricultura, ya no se quema la yerba 
del campo. Además, los trigales atraen á las 
gamas y á los venados, que comen con gusto la 
planta cuando está tierna, resultando de ello ú 
veces un perjuicio apreciable para el agricul- 
tor, á orillas de las colonias. Paro las perdices 
los trigales son una morada predilecta; allí po- 
nen sus nidos, y les sobra tiempo para empo- 
llarlos antes de la cosecha. Distingüese entre 
las perdices una especie grande, llamada mar- 
tineta, que se ha multiplicado mucho y cuya 
carne es especialmente delicada. Tiene el ta- 
maño de una gallina. 

Encuéntrase la Estancia Grande en el terreno 
de la colonia Emilia, pero en Diciembre de 18G9, 
en momentos de nuestra visita, solo habia una 
casa aislada en medio del campo. Las prime- 
ras concesiones, habitadas y cultiv*idas de la 
colonia, estaban un cuarto de legua mas ade- 
lante de la orilla del Salado, y el edificio de la 
administración, una casa de madera bastante 
grande pero poco cómoda, estaba situada en los 
estremos del terreno, lo mas cerca posible del 
rio. Aun al principio, se le habia puesto á 
la orilla del rio, p?ro una creciente habia obli- 
gado á los fundadores á retroceder algo. Este 
es un paraje encantador como sitio en medio de 
la selva; se divisa el agua blanca del Salad )que 
va brillando entre los árboles negros; masade- 
lante la vista vuelve á estendersc sobre la pla- 
nicie elevada que se encuentra al otro lado del 



— 419 — 

rio. El primer administrador de la colonia, el 
señor Tripoti, habia proyectado fundarallí una 
ciudad; pero como la colonia está destinada á 
estenderse en dirección al este, donde la pra- 
dera abierta es mas aparentepara la agricultu- 
ra, y como además la situación cerca del rio no 
es muy salubre, resolvió la administración ac- 
tual trasladarla residencia á la Estancia Gran- 
de, donde queda mejor ubicida, y donde se 
encuentra en el mismo camino que conduce de 
Santa-Féá la frontera del norte. 



La colonia de San Justo está ubicada á seis ó 
siete leguas mas al norte. El señor Jonás Lar- 
guia, ingeniero civil, que es su director, la fun- 
dó antes de que la frontera militar se hubiese 
llevado mas allá de ese punto y en la finca que 
ocupa actualmente. Habia, pues, que atender 
á la defensa de la colonia contra un ataque po- 
sible de los indios; este es el motivo porque el 
señor Larguía adoptó un plano diferente de la 
sencill I división del terreno en áreas de 20 
cuadras, usada en los demás establecimientos 
de esta clase. 

En el centro de la colonia existe un pueblito 
de unos cuarenta ranchos, donde las familias 
de los colonos están agrupadas alrededor de la 
administración para auxiliarse mutuamente. 
El rancho principal de la administración tiene 
una escalera que conduce á una plataforma, 
desde la cual se puede dominar con la mirada 
todo el paísdclos alrededores. Este pueblito 
está rodeado por un foso cuya tierra ha sido 
amontonada, de manera á formar una especie 
de fuerte. A la entrada, por el lado norte, 
hállase un viejo cañón apoyado en algunas vi- 
gas, á estilo de cureña. 

Al rededor de este pueblito, la administra- 



— 420 — 

cion se ha reservado un espacio de 1500 varas 
de terreno para hacer sus propios cultivos en 
escala mayor. Solo mas allá de ese cuadrado 
principian las líneas de concesiones de 20 cua- 
dras destinadas álos colonos. 

Cada familia recibió al mismo tiempo un 
terreno para poblar, de 100 varas en el pueblo, 
y una concesión de 20 cuadras en la colonia. 
En Diciembre de 1869, la mayor parte de los 
colonos vivian todavía en la aldea, donde culti- 
vaban un jardincito cerca de sus casas, y duran- 
te el dia iban á trabajar en sus concesiones. 
Sin embargo, muchos hablan principiado á edi- 
ficar casas en su terreno, y algunas familias 
hablan trasladado ya su domicilio á ella. 

El territorio de San Justo comprende á mas 
del centro reservado, 500 concesiones de 20 cua- 
dras; estiéndese al oeste hasta el Salado, que 
solo dista una legua de la aldea. Al otro lado 
del rio percíbese la selva sombría y tupida, y 
mas allá la hermosa pradera llamada La Sole- 
dad, donde los jesuítas tenian en otro tiempo 
un establecimiento, y en donde podría ponerse 
hoy dia una colonia soberbia. Un puente cons- 
truido sobre el Salado, cuya operación sería 
facilísima, pondría en comunicación La Sole- 
dad y San Justo, distando solamente dos leguas 
uno de otro. 



Al este de San Justo y un poco hacia al sud, 
encuéntrase la colonia Helvecia^ que dista unas 
diez leguas; pero no hay comunicación posible 
entre ambas colonias, porque están separadas 
no solamente por el Salado amargo y el Sala- 
dillo dulce, sino también por muchos bañados 
y cañadas intransitables. 

A inmediaciones de San Justo, á orillas del 
Salado, encuéntranse las ruinas de un antiguo 



— 421 — 

fuerte español, llamado Esquina Grande. Los 
ladrillos de ese viejo edificio, así como los que 
se encuentran en los escombros de antiguas 
estancias de esta comarca, son de una calidad 
notable, y prueban que allí existe tierra supe- 
rior de alfarería; aun se afirma que hay tierra 
de porcelana. 

En los alrededores de San Justo las selvas 
son mas hermosas aun y mas grandes que en 
Emilia. En ambos parajes el terreno es estre- 
madamente fértil. La capa de tierra vegetal 
tiene una hondura de tres á cuatro pies, y la 
vejetacion es generalmente muy exuberante. 

El pasto natural es superior; los animales 
engordan mas pronto que en otras partes y se 
vuelven muy robustos. El trigo produce, tér- 
mino medio, tres ó cuatro fanegas por joos^; 
el rendimiento aventaja^ pues, al de las colo- 
nias mas distantes de la ciudad, lo que com- 
pensa y de sobra, la diferencia de los fletes . 
Por lo demás, la administración tomó sus me- 
didas para el acarreo en gran escala, por medio 
de carretas de bueyes, con precios moderadísi- 
mos, de manera que esta diferencia no pasa 
de la mitad ó délas tres cuartas partes de un 
peso boliviano por fanega. 

Añádase que la administración y los colonos 
abrigan la intención de cultivar á mas del tri- 
go, y talvez con preferencia, el tabaco, que da 
resultados admirables en esta tierra tan rica 
y tan fuerte. Puédese, por decirlo así, hacer 
anualmente tres cosechas de tabaco. Después 
de haber recojido todas las grandes hojas sazo- 
nadas, se corta la planta á nivel del suelo, vol- 
viendo ésta acrecer mas fuerte que la primera 
vez, y repitiéndose la aparición, se consigue 
un tercer brote. Sesenta plantas de tabaco 
dan término medio una arroba de hojas secas 
y preparadas para la venta, y cuando la cali- 



— 422 — 

dad es buena, el precio alcanza & diez bolivia- 
nos. 

El señor Larguía ha ideado un medio tan 
original como ingenioso para quitar los insec- 
tos á los tabacales. Encuén transe á menudo en 
el Chaco avestrucitos que acaban de nacer, y 
que se toman sin trabajo y se crian fácilmente, 
como animales domésticos. El señor Larguía 
posee unas veinte de esas aves; hócelos pasear 
despacio cada mañana entre las hileras délas 
plantas de tabaco; los avestruces cogen todos 
los insectos que encuentran, mas prolijamen- 
te de lo que podrian hacer los mismos hom- 
bres, exonerando á éstos de un trabajo que 
necesita mucho tiempo y mucha atención. 

El maíz, las papas, las batatas, el lino, el 
maní, los zapallos y las legumbres, prospe- 
ran en este suelo feraz. El sorjo, la caña de 
azúcar (¡) y la mandioca fueron plantados como 
ensayos y dieron buenos resultados. Un colo- 
no de San Justo tiene líi intención de dedicar e 
muy seriamente al cultivo de la vid. Escuso 
decir que el terreno y el sitio son muy apa- 
rentes para laarboricultura. 

En el mes de Diciembre de 1867 había en 
San Justo 38 familias y en Emilia 63. AvaluA- 
vase la cosecha de trigo de esta última colonia 
en 3,000 fanegas. Ambas fueron fundadas por 
don Mariano Cabal, ex-gobernador de la pro- 
vincia de Santa-Fé, en terrenos de su propie- 
dad. El territorio de Emilia comprende 1,000 
concesiones de 20 cuadras; hay, pues, espacio 
para mucha gente. 

Al principio, las concesiones se dieron gra- 
tis. Eran los colonos individuos pobrísimos, 
llegados á Santa-Fé sin ninguna clase de re- 
cursos; sin los útiles ó instrumentos mas 
indispensables. La administración tuvo que 
suministrarles todo, y naturalmente tuvo que 



— 423 — 

limitarse á lo mas necesario, contentándose 
con habilitarlos para el trabajo. Muchos colo- 
nos manifestaron gran laboriosidad, y la explo- 
tación de los montes proporcionó á muchos 
un medio sencillo y rápido de satisfacer sus 
compromisos. 

Hoy dia las concesiones se venden al precio 
de 200 ó 350 pesos bolivianos, según la ubica- 
ción, con tres años de plazo para abonar el 
precio. La administración sigue adelantando 
á los colonos que los necesitan, los objetos 
mas indispensables para su instalación. 

Todo el territorio comprendido entre el Sa- 
lado y el Saladillo es indudablemente la parte 
mas hermosa de la provincia de Santa-Fé. En- 
cuéntrase allí todo cuanto puede pedirse á la 
naturaleza : madera y leña en abundancia, un 
suelo extremadamente feraz, agua excelente. 
Solóse necesitarla un ferro-carril que uniese 
la ciudad de Santa-Fé con el cuartel general 
de Belgrano para convertir esta comarca en el 
departamento mas rico y m is próspero. Po- 
dría establecerse con muy poco costo un ca- 
mino de madera dura de quebracho ó de ñan- 
dubay que se sacarla de las selvas del norte, 
siendo esto suficiente para soportar pequeñas 
locomotoras con convoyes livianos, adaptados 
á las necesidades de la localidad; todos los 
estancieros que posean tierras en esos para- 
ges no perderían tiempo para fraccionarlas y 
venderlas á los colonos. 



El señor Beck Bernard, concluye la relación 
con unos datos estadísticos sacados de un pe- 
riódico de Santa-Fé, del mes de Agosto de 1871. 

La colonia Emilia poseía entonces 650 habi- 
tantes; había cosechado 2,300 fanegas de trigo, 
500 fanegas de maíz y 1,380 arrobas de tacaco. 



— 424 — 

La colonia de San Justo, tenia 52 concesiones 
ocupadas y su población ascendia á 250 perso- 
nas. Habia producido 400 fanegas de trigo, 
480 de maíz, 275 arrobas de maní, 460 arrobas 
de tabaco. Habíanse plantado 4()0 plantas de 
viña. 

En fin, todo anunciaba una prosperidad cre- 
ciente. Pero un conjunto de circunstancias 
desgraciadas no tardó en echarla ó perder; la 
colonia de San Justo, sobretodo, fué la que 
mas padeció: los indios la hostilizaron y la 
atacaron varias veces. Estaba á doce leguas 
mas allá de la frontera. El señor Cabal ha- 
bíala fundado para obligar al gobierno á ade- 
lantar la línea. 

Efectivamente, habia conseguido trescientas 
leguas, pero con la condición de colonizarlas 
y de poblarlas. La empresa era muy arries- 
gada. A esta dificultad vinieron á agregarse 
otras de otra naturaleza; en fin, todo conclu- 
yó con una quiebra. El señor Cabal tuvo que 
entregar sus tierras á la casa de Londres, á 
razón de cuatro mil pesos la legua, y solo 
quedaron algunos colonos. 

Así continuaron las cosas hasta que el doc- 
tor Iriondo compró los terrenos al banco y 
volvió á fundar las colonias. 

Desde entonces arranca realmente su mar- 
cha progresiva, y ésta hubiese sido mas rápi- 
da, si los albaceas de la testamentaría Iriondo 
no la hubiesen entorpecido por sus demoras 

E ara entregar los títulos de propiedad á los po- 
ladores. 

Actualmente la colonia cuenta mas de 400 
familias con 1,500 y tantos habitantes. Está 
construyéndose un gran'molinoá vapor frente 
á la estación, por el señor Palacios. 

Los cultivos que se practican son el trigo, el 
lino, el maíz y toda clase de legumbres. La 



— 425 — 

concesión suele rendir, término medio, cien 
fanegas, de quince arrobas, es decir, que no 
da tanto como en las colonias del oeste. 

Hay que cavar bastante hondo los pozos para 
conseguir agua, pero los colonos tienen norias 
y otros medios de proporcionársela. 

Al norte de la colonia hay muchas haciendas. 

La colonia tiene unjuezdepaz, un delegado 
político y una comisión de fomento, compues- 
ta de tres miembros, siendo ésta nombrada 
por el gobierno. 

A once leguas al norte de San Justo está la 
colonia San Martin, que tiene 457 habitantes, 
la mitad indios y la otra mitad hijos del país, 
siendo aquellos de la tribu délos Mocovíes. La 
colonia fundada en 1870, en un terreno fiscal, 
tiene dos leguas cuadradas de extensión. Hay 
una escuela para los indígenas; la vía férrea 
pasa á una legua y cuarto de la colonia, al 
oeste. 

Allí se hace poco cultivo. Sin embargo, los 
indios siembran algo, trabajan para los vecinos, 
cuidan animales, lo que prueba que son ca- 
paces de cultura y de civilización. Allí exis- 
ten cinco mil animales vacunos. Los esta- 
blecimientos de ganadería alcanzan hasta trein- 
ta leguas al norte de San Justo. 

Esa colonia tiene un juez de paz y un comi- 
sario. A cinco leguas de San Justo, también 
al norte, el señor Marcelino Escalada acaba de 
fundar otra colonia llamada Zas^e/2ía; que ten- 
drá cinco leguas cuadradas de estension; hay 
actualmente 25 ó 30 familias. Es cruzada por 
el ferro-carril á Reconquista, que tiene allí 
una estación. Las concesiones son de veinti- 
dós hectáreas. 

Entre Emilia y San Justo están las colonias 
Sol de Mayo, Príncipe y Umberto, cruzadas 
también por el ferro-carril, y al este de Emilia 



— 426 — 

está la colonia de Cayastacito. La mayor par- 
te de los colonos son piamonteses. 

Por lo visto, se ha realizado sobradamente 
el deseo expresado por el señor Beck en 1869, 
que pedia un ferro-carril solamente hasta Bel- 
grano, pues antes de mucho tiempo, la vía 
férrea llegará hasta Reconquista, y todo el 
norte de Santa-Fó será entregado á la colo- 
nización. 



— 427 — 



XLI 



El pnerto Bermejo — La colonia «general Vedia» 

Parece que el Chaco es actualmente el gran 
objetivo de la inmigración y de la coloniza- 
ción; ¿será porque los terrenos empiezan á 
escasear en otra parte, ó porque se cree encon- 
trar allí una fuente de prosperidad nueva en 
tierras hasta ahora inexplotadas? 

Había sido invitado por los señores Taurel, 
de Buenos Aires, á asistir ó la inauguración 
de. una colonia en las márgenes del rio de 
Oro, á inmediaciones del puerto Bermejo, en 
el Chaco Austral. La inauguración debia ve- 
rificarse el 24 de Setiembre con presencia del 
general Dónovan, gobernador del Chaco, y del 
general Vedia, padrino de la colonia. Con esta 
intención habia salido yo de Buenos Aires, 
pasando por la provincia de Santa-Fé. Ha- 
biendo llegado ú la capital de esta provincia, 
supe que la navegación ó vapor se nabia su- 
primido en el rio de San Javier, muy bajo por 
otra parte en ese momento; en cuanto al ferro- 
carril, dista mucho todavía de haber llegado á 
Reconquista. Lo largo de la distancia y la 
p^emu^a del tiempo me obligaban, pues, á to- 
mar el vapor de la carrera del Paraguay. 

Con este objeto pasé al Paraná; pero allí 
supe la muerte de Sarmiento, lo que me hizo 
suponer desde luego que la inauguración seria 
postergada. Efectivamente, habiéndome em- 
barcado á bordo del Bio Paraná, encontré al 
señor Eugenio Taurel quien confirmó mi sos- 
pecha, dicióndome que aquella se habia apla- 



— 428 — 

zado para el 12 de Octubre; pero así mismo 
resolví aprovechar la oportunidad para visi- 
tar con aquel compañero de viaje el sitio de la 
proyectada colonia. 

El dia 21 de Setiembre, á la madrugada, el 
vapor habia llegado al puerto Bermejo, cuyo 
lugar se conoce generalmente con el nombre 
del Timbó. ¿De dónde le viene ese nombre? 
Probablemente existiría allí algún árbol cor- 
pulento de esa clase que llamaría la atención 
á los primeros ocupantes de este territorio. 
El timbó es un árbol que adquiere dimensio- 
nes colosales y que sirve para construir em- 
barcaciones; á veces basta un solo tronco para 
formar una. 

En momentos de nuestra llegada, relámpa- 
gos surcaban el horizonte oscurecido por las 
nubes, siendo este un presagio seguro de mal 
tiempo, al menos para nosotros. Efectiva- 
mente, no bien habíamos bajado cuando la 
lluvia empezó á caer y muy copiosamente. 

|Cómo salir de allí? Qué hacer en estas co- 
yunturas? El coronel José María Uriburu 
que acaba de llegar á estos parages, proce- 
diendo del Bermejo superior, nos sacó de apu- 
ros teniendo la bondad de poner á nuestra 
disposición uno de esos coches llamados «am- 
bulancia» donde pueden caber cómodamente 
seis personas ó siete sin contar el cochero. 

I Pero en qué estado estarían los caminos 
para llegar á la colonia? y la distancia son 
cinco leguas. 

Agregúese que algunas familias habían ve- 
nido con nosotros y que estas debían trasla- 
darse también sin pérdida de tiempo con 
sus equipages: estas fueron con carretas de 
bueyes. 

Y la lluvia seguia cayendo; Júpiter pluvioso 
parecía haberse posesionado del Chaco para 



— 429 — 

festejar nuestra llegada; un romano hubiese 
rotrocedido, ó, al menos hubiese esperado, y 
nosotros también, si hubiésemos conocido el 
terreno en que íbamos á aventurarnos; pero 
la ignorancia es audaz, y nos lanzamos con 
catorce muías, cuatro postillones del regi- 
miento doce de caballería, un baqueano y un 
sargento, sin haber tenido tiempo de recorrer 
el improvisado pueblo del Puerto Bermejo, 
que data, solamente de tres años: quiere de- 
cir^ que es posterior á la expedición de 1884, 
de la cual fué el punto de partida. 

Sin embargo, antes de ir mas adelante, quie- 
ro decir que cuenta ya mas de seiscientos 
habitantes y algunos edificios de importancia, 
entre los cuales descuella el de doña Victoria 
Pereira, dueña de un obraje en estos parajes y 
explotadora de los bosques del Chaco mucho 
antes de que las fuerzas nacionales lo hubie- 
sen ocupado. 

La posición del Puerto Bermejo es ventajo- 
sísima, en una barranca elevada que domina 
sobre el rio Paraná y que tiene un buen fon- 
deadero: por consiguiente es un punto de por- 
venir. 

Pero allí,— y supongo que será lo mismo en 
las demás partes del Chaco, que no he visita- 
do todavía, la viabilidad deja mucho que de- 
sear; es preciso declararlo sin circonlocuciones: 
una buena viabilidad es una previa condición 
indispensable para la ocupación del país, para 
la colonización. Sin caminos y puentes las 
colonias no pueden prosperar, ó mejor dicho, 
no pueden existir, porque carecen de salida 
para sus productos y toda su laboriosidad 
queda de antemano paralizada. 

Pero los caminos y los puentes entran en 
las atribuciones del Estado, mas bien que de 
los individuos ó de las empresas particulares: 



— 430 — 

es la fuerza colectiva result-.intedela coopera- 
ción social la que debe llevarlos á cabo para 
satisfacer el interés de todos. Es así qomo los 
ingleses y los norte-americanos entienden, 
practican la colonización: abren caminos, cons- 
truyen puentes, hacen en fin todo cuanto el 
individuo aislado no podria llevará cabo, y de- 
jan lo demás á la actividad individual. 

No basta decretar ferro-carriles, porque los 
ferro-carriles no pueden alcanzar á todas par- 
tes; es preciso añadir un sistema completo de 
comunicaciones rurales para poner las pobla- 
ciones en contacto con aquellos. 

Desde que hablo de caminos, debo referir lo 
que me dijo el coronel Uriburu: que ha esta- 
blecido un camino carretero, á lo largo del rio 
Bermejo, que conduce hasta la colonia Riva- 
davia^n la provincia de Salta. 



Mientras no vengan los caminos, las calza- 
das y los puentes, los postillones y las muías, 
tienen que manifestar una destreza, una ajili- 
dad incomparables; las nuestras nos dieron 
mas de una prueJ)a decisiva; sin embargo, hu- 
bo una dificultad que no pudieron vencer, y 
nuestro vehículo quedó completamente em- 
pantanado en medio de un bañado; las muías 
se hundían en el barro una tras otra, vanos 
fueron los esfuerzos de los postillones para 
sacarlas del atolladero; en fin las desataron y 
pidieron bueyes,<iue felizmente los habia en 
las inmediaciones; pero dos yuntas de bueyes 
quedaron impotentes; en ese momento llega- 
ron las carretas que traian los equipajes de los 
colonos; púsose una yunta mas, y con gritos 
y vociferaciones salió la ambulancia á tierra 
firme, después demás de una hora de espera. 



— 431 — 

Esta no debia ser la última de nuestras im- 
presiones de viaje. Llegamos á la orilla del 
arroyo Cangüé, que es muy barrancoso. El 
carruaje no puede cruzarlo por este motivo: 
hay que bajarse para pasarlo en una canoa; 
pero la canoa está á la otra orilla; un hombre 
se desnuda y va ó buscarla. La ambulancia 
regresa al Timbó y nosotros esperamos medios 
de trasporte para llegar á la colonia. Este 
contratiempo provenia de la falta del telégra- 
fo: un telegrama comunicando nuestra próxi- 
ma venida no habia llegado ó manos del señor 
Rojas empresario de la colonia. Nuestro guia 
corre á todo galope á avisarlo; pero nadie nos 
esperaba; el señor Rojas estaba fuera de casa 
mensurando lotes de terreno para los colonos. 
Las horas pasan, el sol se acerca al horizonte; 
en fin, al oscurecer, vemos ó dos ginetes que 
se acercan precipitadamente, y que vienen á 
buscarnos, anunciándonos la llegada de otras 
carretas de bueyes, porque, como ya dije, las 
que vienen del Timbó no pueden cruzar el 
arroyo. 

Un puente es por consiguiente indispensable 
en ese punto, y ya lo hubo en otro tiempo: los 
empresarios de la colonia van á construirlo 
para reemplazar el que se deshizo por haber 
perdido las condiciones necesarias de solidez. 

Resultado final: solo de noche llegamos ú la 
administración de la colonia, que dista cinco 
leguas del Puerto Bermejo. 

Debe observarse que, cuando el terreno está 
seco, un ginete puede recorrer fácilmente esa 
distancia en una hora y media. 

Los trabajos de la fundación de esta colonia 
datan de tres ó cuatro meses solamente. 

Los edificios de la administración, galpones 
para recibir las familias, depósitos y otros 
ranchos están situados en la costa del rio de 



- 432 - 

Oro, navegable hasta este punto. Este rio tie- 
ne un gran número de sinuosidades como to- 
das las corrientes de agua del Chaco, siendo, 
me decia un navegante de aquellos parajes, 
una verdadera víbora) pero estos inconvenien- 
tes pueden salvarse con la navegación á vapor. 
Los empresarios de la colonia van á poner el 
pueblo central de ésta en un punto denomi- 
nado de las tres Horquetas^ que es accesible á 
los buques de trescientas toneladas, loque será 
una ventaja grande para los colonos. 

Al oriente de la casa de la administración, 
háse planteado una alameda de palmeras que 
tiene trescientos metros de longitud mas ó 
menos, y que formará con el tiempo una bo- 
nita perspectiva. 

Al sud, entre los edificios y el rio hay un es- 
tero cyie suministra una agua perfectamente 
potable, mientras que la de aquel tiene un 
gusto especial al que cuesta trabajo acos- 
tumbrarse. 

Al nort'^, hay un gran corral para encerrar 
los bueyes y animales de servicio, vacas leche- 
ras, caballos, etc. 

Al oeste de una isleta de árboles seculares al 
gié de los cuales se ha improvisado una peque- 
ña huerta que produce ya excelentes legum- 
bres, y cruzada por una picada que conduce á 
una toldería de indios mansos empleados en el 
establecimiento, de manera que allí, en un 
reducido espacio de algunos centenares de me- 
tros cuadrados se encuentran representantes, 
de dos continentes y de tres razas distintas, 
europeos, americanos, blancos, negros, rojos 
y mestizos; óyese hablar castellano, alemán, 
italiano, francés, guaraní, mataco, toba y no sé 
qué idioma mas, lo que prueba que este país 
tiene que ser un gran laboratorio de razas. 

Al dia siguiente de mi llegada he visitado 



— 433 — 

con igual interés los tres grupos de población: 
los americanos civilizados, peones correnti- 
nos generalmente, que saboreaban el mate co- 
mo en otras partes de la república, los euro- 
peos que preparaban supot-bouUle y los indios 
que hacian hervir el locro en sus fogones. Es 
escusado decir que lo que mas me llamaba la 
atención, eran los últimos, que constituían una 
novedad pintoresca para mí. 

La toldería de los indios es un largo edificio, 
si así puede llamarse, de unos cuarenta me- 
tros mas ó menos, sin separaciones y sin tabi- 
ques, cerrado al sud, abierto al norte. Las 
paredes y techo son de paja brava. Las camas 
son hechas con palos y varillas y una estera 
de totora por encima. La mayor parte tienen 
mosquiteros. Algunos, menos adelantados en 
confort, duermen en el suelo. Las mujeres 
cocinan, agachadas con los perros al lado de 
los fogones; algunas cosen óhilan. Notéespe- 
cialmente un cuadro: una india que revolvía 
el locro en la olla con una mano, mientras 
que con la otra acariciaba un perrito y una 
niña que estaba de pié entre la mujer y el 
animal. 

Mas adelante había un indio viejo enfermo 
envuelto en un poncho, tendido en una cama; 
en otra parte, en un toldo aislado, otro indio 
viejo, con las piernas cruzadas en el suelo, 
atendiendo á la cocion del locro, grave, en la 
actitud de una divinidad egipcia, ó de un fe- 
tiche. 

El señor Miguel Rojas pondera la laborio- 
sidad de los indios, que son perfectamente 
susceptibles de amoldarse al trabajo y á la 
civilización; pero hay que tratarlos con mira- 
mientos, pagarles bien con dinero efectivo, en 
vez de retribuirles su trabajo con mercancías, 
quitándoles la mayor parte de lo que habían 

28 



— 434 — 

ganado. Todos los hombres ttenen el senti- 
miento innato de la justicia que no puede cho- 
carse impunemente. 

Habiéndose compuesto el tiempo, después 
de la lluvia torrencial que habia caldo el dia 
anterior, aprovechamos la tarde para recorrer 
la colonia á caballo. Ya llegaron á esta mas de 
cien personas, habiendo algunas familias com- 
pletas, otras con el objeto de preparar el terre- 
no para aquellas. 

Demetrio Stori es un italiano; ha venido con 
familia: estaba anteriormente en el partido de 
Escobar y Pilar en l\ provincia de Buenos 
Aires; ya tiene cavado un pozo de seis metros 
de hondura, con agua muy potable, aunque 
está solamente á 200 metros del rio de Oro, 
terreno preparado para chacra y huerta: va ú 
ensayar todos los cultivos. Tiene un lote de 
cincuenta hectáreas. 

Tomás Robles y Santiago Fernandez, son es- 
pañoles de la provincia de León; antes de estar 
aquí estuvieron trabajando en el ingenio de 
azúcar de los señores Hardy, en las Palma?, á 
tres leguas al suddeesta coloni.i. 

Sebastian Polachini es un jefe de familia, 
italiano con seis hijos, de los cuales el último 
ha nacido en la colonia; será bautizado éste el 
dia de la inauguración, debiendo el general 
Vedia ser su padrino. 

Pablo Carnevale es un jefe de familia tam- 
bién, pero esta no vino todavía. 

Cayetano Bianchi, italiano, como los anterio- 
res, tiene seis hijos. 

José Ruflni ha venido precediendo á su fa- 
milia y va á construir su casa. 

Juan Mayeresun suizo del cantón de Argo- 
vis^que vive y trabaja solo, como un verdadero 
Robinson, pero espera á dos compañeros. 

Augusto Corassa, jefe de familia, con mujer 



-- 435 — 

é hijos, venido también de Buenos Aires, hos- 
peda ovarios individuos que van á llamar las 
suyas; ya prepararon una regular estension de 
terreno para chacra y huerta, sembrando le- 
gumbres, alfalfa, cebada, tártago, maiz, etc. 

Entre ellos, está uno, Pietro Nori, que fué 
cocinero del papa Pió IX. 

Pablo Darnese, italiano, es relojero, mecáni- 
co y hasta electricista; tiene destinado el pues- 
to de teniente alcalde de la colonia; es de 
Venecia y me hi hablado detenidamente de la 
historia de la famosa república aristocráticaj 
cuyo sistema político descansaba en la mas 
rigurosa inquisición. 

Juan Smith y Angelo Galeroni, italianos, 
están establecidos á orillas de un gran estero, 
entre bosques espesos que forman un potrero 
natural. 

Dos familias suizas, del cantón de Berna,— 
una tiene el nombre de Blatter— están á poca 
distancia de la administración, á inmediaciones 
del rio de Oro. Uno de sus miembros sabe ha- 
cer utensilios elegantes con madera dura del 
Chaco, tales como cajoncitos, cuchillos, cucha- 
ras, tenedores, ele, esculpiendo flores, la rosa 
de los Alpes y otras. 

Estas son las familias que ya se instalaron; 
pero otras están trabajando á toda prisa para 
construir sus ranchos y emprender las tareas 
agrícolas á la mayor brevedad posible. 

La colonia está situada en el Chaco Austral, 
entre los paralelos 26' 46' y 27' 4' de latitud 
sud, y entre los meridianos 58* 34' y 59* de 
longitud oeste de Greenwich, según el plano 
levantado por don Guillermo Araoz. Está li- 
mitada al sud por el rio de Oro, al este por el 
gran rio Paraguay, y al norte por el rio Ber- 
mejo. Todos esosrios son navegables. 

Pueden cultivarse ventajosamente la caña do 



— 436 — 

azúcar, el tabaco, el maíz, la mandioca, el tár- 
tago, la colza, el maní, el sorgho, la ramié, la 
remolacha, las legumbres de toda clase, los 
árboles frutales, tales como el naranjo, el limo- 
nero, el duraznero. 

La capa de tierra vegetal alcanza 50 á 100 cen- 
tímetros. El agua se encuentr i á 5 y 6 metros 
siendo buena, como ya dije. 

El campo está salpicado ^e islas de monte 
grande, que suministrarán en abundancia leña 
y madera para hacer casas y corrales. 

Las condiciones para adquirir lotes son las 
siguientes: cada familia recibe gratuitamente 
un lote de cincuenta hectáreas, debiendo cons- 
truir su casa y mantenerse á su propia costa 
y cultivar el lote concedido, ó parte de él por 
tres años consecutivos á lo menos. 

En caso de necesitar adelantos, la familia 
tendrá que abonar el lote, á razón de 8 á 19 
pesos nacionales la hectárea, según la ubica- 
ción y la calidad del terreno, pagadero en ocho 
anualidades, contadas desde la segunda cose- 
cha, con el interés del Banco Nacional. 

La familia recibe entonces cuatro bueyes de 
labranza, un arado, una vaca, un caballo, una 
pala, una azada, semillas, una hacha y la ma- 
nutención hasta la primera cosecha. * La ali- 
mentación se dará en especie, ó en moneda á 
razón de cinco pesos mensuales á los adultos, 
y la mitad á los niños demás de cuatro añosi 

Esta última clase de adelantos, deberá reem- 
bolsarsa en el plazo de cinco años con el aumen- 
to que la ley de colonización autoriza. 

Los documentos definitivos de propiedad se- 
rán entregados por los dueños del terreno al 
(íolono, tan pronto como haya satisfecho la 
deuda. 

Tales son las bases del contrato en cuya 
virtud los señores Rodolfo Taurel y Estanislao 



— 437 — 

Rojas, van á fundar la colonia que se conoceni 
con el nombre de «General Vedla» y cuya inau- 
guración solemne debe hacerse el 12 de Octu- 
bre, es decir el aniversario del descubrimiento 
de América por Cristóbal Colon; será una fun- 
ción curiosa celebrada en las soledades de ese 
Chaco misterioso, que hasta hace pocos años 
estaba en poder de los indios, ó conocido sola- 
mente por los obrajeros. 



— 438 — 



XLII 



El obraje de CShristierson — La colonia de las Palmas — 
Un paseo por el Chaco — El riacho de Oro — La forta- 
leza do Hnmaitá. 



Voy á dar cuenta de algunas excursiones 
que acabo de hacer en el C acó austral, á 
los alrededores dé la colonia* «General Ve- 
dia». 

La primera fué para visitar el estableci- 
miento Je obraje y estancia del señor don 
Carlos Christierson, individuo de nacionali- 
dad sueco, que trabaja en esta parte del Cha- 
co desde una docena de años y cuya conce- 
sión está acercándose á su término. 

El campo de ese señor está situado á la 
margen del riacho del Oro, y sus habitaciones 
están sobre el mismo riacho, á una legua más 
ó menos de la administración de la colonia. 
Para ir allí tomamos una canoa manejada 
por dos remeros, y nos dejamos llevar por 
la corriente, no muy rápida, porque el rio 
describe un sin número de sinuosidades que 
alargan considerablemente la distancia y le 
dan el aspecto de una gran víbora que se des- 
liza perezosamente al través de las selvas 
solitarias. Son tan pintorescas las riberas 
cargadas de uní vegetación exuberante con 
sus cortinas de enredaderas que cuelgan de 
los árboles inclinados sobre la tranquila cor- 
riente hasta el suelo, donde vuelven á arrai- 
garse, que uno creerla que el rio no quiere 
alejarse de esos lugares encantados, mul- 
tiplicando las vueltas hasta lo infinito. 



- 439 — 

Sin embargo hay que confesarlo: esas belle- 
zas naturales no dejan de tener su monotonía, 
y la monotonía concluye por cansar la ad- 
miración. Y este es lo repito, el gran incon- 
veniente del Chaco, que durante centenares y 
millares de leguas, continúa presentando el 
mismo espectáculo; falta que venga la mano 
del hombre para abrir nuevas perspectivas 
al través de aquella naturaleza salvaje. 

Causa por consiguiente un verdadero senti- 
miento de alegría el aspecto de una habita- 
ción humana en medio de estos desiertos: tal 
es el efecto que nos produce la vista del esta- 
blecimiento del señor Christierson: no espe- 
raba el viajero encontrar semejante cosa en 
las profundidades del Chaco. Las casas cons- 
truidas con madera y techos de palmeras no 
dejan de tener su elegancia y su conj'ort] es- 
tán sombreadas por eucalyptus, naranjos y 
rodeadas por un cerco de alambre; jazmines 
del Paraguay, ó mejor dicho del Chaco, her- 
mosean el parterre) mas adelante hay una 
huerta llena de legumbres, un cañaveral; el 
duraznero y la viña ostentan su follaje al lado 
de un alfalfar, todo lo cual prueba que la tierra 
del Chaco se presta para una gran variedad de 
cultivos. 

La apariencia física de los animales vacunos 
prueba que también conviene perfectamente 
para la ganadería. En* resumidas cuentas, el 
Chaco no podrá poblarse^ colonizarse sino por 
la combinación de la eria de animales con la 
agricultura: si los colonos tuviesen que ceñir- 
se á la agricultura exclusivamente, no podrían 
subsistir por la longitud de las distancias y la 
falta de mercados inmediatos. 

El señor Miguel Rojas había traído una má- 
quina fotográfica; sacó dos vistas del estableci- 
miento de las cuales llevo un ejemplar junto 



— 440 — 

con otras trazadas en la colonia, que repre- 
sentan la naturaleza agreste del Chaco y sus 
habitantes primitivos. Conviene conservar 
esos recuerdos de una época que va á jpasar 
dentro de poco tiempo; antes de diez anos- el 
Chaco será completamente transformado por 
la mano del hombre, por la agricultura y por 
la industria. 

Todos los muebles de la casa del Sr. Chris- 
tierson son hechos con madera del Chaco, 
lo mismo que las puertas, las ventanas, etc. 

Para volver á la colonia, hemos dejado la via 
fluvial y tomado la via terrestre, es decir, una 
picadañl través de la selva, teniendo que 
caminar á pié durante cerca de dos horas entre 
árboles gigantescos y una vegetación en- 
marañada que apenas deja ver el cielo entre 
sus intersticios, de manera que uno experi- 
menta una verdadera satisfacción, cuando 
vuelve á ver el aire libre y se encuentra en pre- 
sencia de un horizonte relativamente dilatado 
con su alternación de praderas y bosques. 



Mi segunda excursión fué para el estableci- 
miento agrícola-industrial de los señores Hardy 
y C, dicho délas Palmas, á tres leguas largas 
al sud del rio de Oro. El viage se hace á caba- 
llo, cruzando arroyos de los cuales el más im- 
portante es el Quia, orillando lagunas, panta- 
nos, esteros, praderas é isletas de bosques. El 
arroyo Quia puede vadearse, aunque mojándor 
se un poco las piernas; en cuanto al riacho dé 
Oro, hay que pasarlo en canoa. Un indio, que 
nos sirve de baqueano se desnuda y hace pasar 
los caballos. Este indio llamado Chiquüin, ]ó- 
ven aún, es eminentemente silencioso, auuque 
comprende y habla el castellano; no contesta 
sino por monosílabos ó movientos de cabeza 



— 441 — 

imperceptibles á las preguntas que se le diri- 
gen. Háse notado que este es el rasgo carac- 
terístico del hombre rojo^ al revés del hombre 
negro^ que es esencialmente locuaz yconversa- 
dor.Pareceria que el primero tiene un presenti- 
miento de que su papel social, si lo tuvo, nun- 
ca está por llegar á su término, y que un des- 
tino fatal, irrevocable, lo condena á la desapari- 
ción, ó cuando menos á la absorción en el seno 
de una raza superior: de allí su aspecto medi- 
tabundo y melancólico. Por el mismo motivo, 
los indios de Méjico y del Perú no resistieron 
sino débilmente la invasión que les hacian los 
españoles á quienes consideraban como seres 
sobrehumanos encargados de una misión 
divina. 

Pero estos, en vez de corresponder, ese senti- 
miento de veneración con la mansedumbre 
correlativa, no encontraron en su educación 
cristiana otro medio de tratarlos que la es- 
clavitud y el exterminio, concluyendo brutal- 
mente con una evolución social que dejaba 
de ser interesante. Ay de los vencidos! La 
fuerza prima el derecho. Bismarck y Breno 
se hacen eco al través de los siglos. El hom- 
bre, dice un pensador contemporáneo, es un 
animal de pelea. Luego la filantropía, la fra- 
ternidad universal no pasan de un sueño, el 
sueño de un hombre despierto. 

Después de dos h iras de marcha llegamos á 
una toldería, la habitación de los indios que 
trabajan en el ingenio délos señores Hir y C 
á poca distancia del mismo ingenio. Desgra- 
ciadamente llegamos tarde: hace algunos días 
que concluyó la elaboración de la caña de 
azúcar. El patrón del establecimiento está 
ausente también. 

Presenciamos la partida de un gran núme- 
mero de wagones cargados de azúcar y arras- 



— 442 — 

trados por bueyes en un ferro-carril De- 
cauville en dirección al puerto de Barranque- 
ras á dos leguas de distancia, pero no debe 
confundirse esle Barranqueras con el puerto 
del mismo nombre que sirve de embarcadero 
á la villa de Resistencia. 

El edificio del ingenio es de hierro galvani- 
zado; además de la fábrica de azúcar tiene 
un aserradero á vapor. Edifícase actualmente 
una casa de ladrillos. 

Hay un juzgado de paz, una escuela, una 
casa de negocio, una fonda, un jardín con 
huerta, árboles frutales, vid, tártago y otras 
plantas. La plantación de caña abarca mas de 
doscientas cuadras cuadradas. 

Existen en la colonia de las Palmas, en tres 
puntos distintos, San Fernando, Cancha Larga 
y Maypú, como cuarenta y cinco familias, ha- 
biendo ocho francesas, cinco inglesas y las 
demás castellanas. La población con los indi- 
viduos empleados en el establecimiento, pasa 
de cuatrocientas almas. Los colonos van á 
cultivar el sorgho además de la caña de azú- 
car. 

La fundación de este establecimiento data de 
seis años atrás; pero el ingenio tiene solamen- 
te tres de existencia. 

Va á edificarse una iglesia y una casa de es- 
cuela. Estos datos son incompletos: no pude 
saber exactamente cuál es la producción del 
ingenio, que trabajó solamente durante tres 
meses en la estación de este año; pero las plan- 
taciones van á estenderse. 

Uno de los inconvenientes de la industria 
azucarera, es evidentemente el corto tiempo 
durante el cual el ingenio puede funcionar, 
considerando el capital considerable que exige 
su plantación; por este motivo hay que com- 
binarla forzosamente con alguna otra industria 



— 443 — 

que permitautilizar el motor inactivo, tal como 
la explotación de maderas, la faI)ricacion de 
alcoholes, de aceites, etc. 



Mi tercera excursión fué para recorrer el 
(íampo de los señores Taurel y Rojas; este 
campo es indudablemente uno de los mejores 
del Chaco austral, sobre todo para la cria del 
ganado vacuno que encontrará allí pastos abun- 
dantes y sabrosos, porotillo, alverjilla, etc. 

Quien nos sirvió de baqueano en nuestra ex- 
cursión fué un viejo habitante del Chaco, el 
capataz Elia, que tiene veintidós años deper- 
manencia en este territorio, es decir, que vino 
á principios de la guerra del Paraguay; refiere 
cómo habia que manejarse entonces con los 
indios,dueños del país para grangearse la sim- 
patías de aquellos habitantes de las selvas y 
tener el derecho de trabajar en el monte ha- 
ciéndoles regalos, á veces una damajuana de 
caña ó de ginebra, á veces una muía, á veces 
una vaca. 

Hacemos alto para almorzar á orillas de una 
isleta, al pié de un timbó colosal, y nunca 
comimos con mejor apetito. El paseo, el ejer- 
cicio físico, al aire puro del Chaco, no puede 
haber mejor aperital. Pasamos y volvemos á 
pasar el arroyo Cangúé, grande y chico, cami- 
namos durante ocho horas en medio de pasti- 
zales y de pajonales sin encontrar una alma 
—padezco uoa equivocación, encontramos un 
aguará— en fin, volvemos á entrar en el recin- 
to de la colonia; allí á la orilla del Cingue 
•está un colono francés edificando su choza 
para pasar la noche con su familia: la choza 
es de paja brava: dos niños y la mujer tra- 
bajan con el padre de familia, mientras que 
la vieja madre prepara la comida en el fogón 



— 444 — 

al pié de un arbusto, con una criatura acos- 
tada en el suelo al lado de ella: la edad que 
se va y la edad que viene, el principio y el 
ocaso de la existencia, hé ahí la molécula so- 
cial, el pasado y el porvenir. 

Ese francés viene de la Lorena, de la frontera 
regada tantas veces con sangre hnmana y 
amenazada con un próximo derramamiento: 
ha sido soldado. Sirvió entre los franco-tira- 
dores de la pasada guerra; pretende que aque- 
llos eran los ihejores combatientes, losdefen- 
s ires eficaces del territorio invadido y que 
fué un error del gobierno el no haberles de- 
jado su organización autónoma, en vez de 
rejimentarlosbajo una dirección común: pu- 
diera haberse impedido el pasage de los Vos- 
ges. El enemigo les temia tanto, que no les 
hacia cuartel y los fusilaba irrevocablemente 
cuando caian prisioneros, no considerándolos 
como soldados regulares, sino como saltea- 
dores. 

Son estrañas las leyes de la guerra: para te- 
ner el derecho de defender su patria es preciso 
llevar el uniforme hecho por los sastres del 
Estado: el patriotismo está prohibido al indivi- 
duo que se arme espontáneamente, y hace fue- 
go á los profanadores del suelo sagrado. ¡Oh 
justicia humana, quién podrá contar todas tus 
aberraciones? 

Nuestro franco-tirador convertido en solda- 
do regular fué hecho prisionero de guerra y lle- 
vado á Magdeburgo. En estos últimos tiempos 
leyólos folletos que los agentes de propagan- 
da hacen repartir en Europa,y se decidió á emi- 
grar. La Francia, la Europa entera acosada por- 
la guerra, por la paz armada, por la militariza- 
ción á todo trance, por las contribuciones exor- 
bitantes, por un vicioso régimen económico- 
político-social, por el agotamiento yempobre- 



— 445 — 

cimiento del suelo, en fin, por mil causas de 
decadencia, desde que no se resuelve ú aplicar 
la justicia en las relaciones humanas, no tiene 
mas remedio para salir de apuros: la emigra- 
ción, la expatriación de sus hijos deshereda- 
dos. La Europa se acerca á una crisis supre- 
ma, á un cataclismo espantoso; parece ataca- 
da de locura, demonoiñania furiosa, y no es 
estraño que sus hijos huyan de ese infierno 
del cual tantos errores acumulados y tantas 
preocupaciones egoístas, han desterrado la mas 
remota esperanza. 

América debe prepararse para recojer los 
despojos opimos de aquella, y sobre todo para 
no incurrir en los mismos errores, porque 
sino, ¿para qué le servirían las leccioneg de la 
historia? 



Habiendo visto lo que hay que ver por ahora 
en la colonia «General Vedia» y en sus alrede- 
dores, regresamos al Puerto Bermejo por el 
riacho de Oro, en el vapor Carlos Campia, que 
lleva el nombre de su mismo patrón y que vino 
á buscarnos en el punto de las Tres Horque- 
tas. Elseñor Estanislao Rojas que había ido al 
Timbóla víspera, nos esperaba en ese punto, 
acompañado por el subprefecto marítimo y el 
juez de paz de aquel pueblo: así pudimos cono- 
cer todas las sinuosidades de ese rio, que es 
una víbora, como ya dije, empleándola expre- 
sión del patrón Carlos Campia. Supe también 
porqué lleva el nombre de riacho de Oro: es 
debido á que los obrajeros sacaron mucha ma- 
dera de las orillas y por consiguiente ganaron 
gran cantidad de ese precioso metal, que es el 
principal móvil de la actividad humana. 

Carlos Campia vive en estos parajes desde el 
año de 1869; fué uno de los primeros poblado- 



— 446 — 

res del Timbó; refiere que en aquel entonces 
había que pagar tributo ó los indios: estos co- 
braban doscientos pesos oro por la concesión, 
sin contar los regalos. 

Después de tres horas de navegación, entra- 
mos en el rio Paraguay, desembarcamos para 
visitar el pueblo famoso de Humaitá donde se 
conservan las ruinas de la iglesa, y regresamos 
al fin al Timbó á las nueve de la noche: de ma- 
nera que en menos de una semana habíamos 
empleado todos los medios de locomoción., me- 
nos la navegación aérea, el carruaje, la canoa, 
el caballo, el vapor y el vehículo que debia usar 
exclusivamente nuestro antepasado Adán en 
el paraíso terrenal, y que es el mas seguro y el 
mas l\igiénico de todos. 



— 447 — 



índice 



PÁQIKAS 

I — La ciudad de Colon y la Colonia de San José — Re«efia 

histórica 3' 

II — Continuación de la resefia histórica— El desenvolri- 

miento de la colonisacion 14 

III — La industria molinera — Biografía do un colono — La 

viticultura en Colon y en Concordia 26 

lY — De Concordia á Monte-Caseros y k San Martin de Ya- 
peyú — La navegación del Alto Uruguay — Los colonos 
franceses en Misiones 43 

V — Desde la Crus hasta Oarruchoa — Las ciudades brasile- 

ras—La industria azucarera en Misiones 54 

VI — Santo Tomé y sus alrededores— Excursión terrestre*de 

Santo Tomé á Posadas — Recuerdos de Irs Jesuítas 6i 

VII— De Posadas á San Ignacio-Mini — Las Colonias de Can- 
delaria y de Santa Ana — El ingenio del general Ru- 

decindo Roca 74 

VIII — Regreso a Posadas y á Monte-Caseros— El ejido de 

Monte-Caseros y la villa oriental de Santa Rosa 86 

IX-La Colonia «Villa Libertod> 96 

X— Las colonias del Sauce y del Mandisoby — El ejido de Fe- 
deración y su proyectado ensanche — El ejido de Con- 
cordia 108 

XI — La Colonia «Caseros- y el palacio de San José 119 

XII— La excolonia «Perfección* y el ejido de Concepción del 
Uruguay — La Colonia «Rocamora* — El ejido de Villa- 

guay y la Colonia Belga 130 

XIII— Una colonia alemana en Entre-Rios— Conferencia en 

Villaguay —El ejido y la colonia del Rosario del Tala. 144 

XIV — La colonia ruso-alemana «Alvear* en el departamen- 

to del Diamante 155 

XV — El ejido del Diamante — Las colonias Municipal y «3 

de Febrero* en el departamento del Paraná 168 

XVI — Las colonias del departamento del Paraná 180 

XVII — La ciudad de San a Fé— La colonia y Villa «Espe- 
rania» 192 

XVIII— ¿Cuáles fueron los primeros? colonisadores? 202 

XIX — Resefia histórica de la colonia «Esperanza 212 

XX — Escursion al través de las colonias — De Esperanza á 

San Cristóbal 224 

XXI — Los alrededores de Santa Fé— Santo Tomé — Los Fe- 

rrocarri les 233 

XXII — De Santa Fé á Josefina y á Providencia 240 

XXIII— La colonia San Carlos 247 

XXIV— El general Estanislao López— El doctor Alberdi — 

La ciudad del Rosario Una expedición al Chaco 259 



— 448 — 

PÁGINAS 

XXV — Escursiones á San Nicolás, á villa Gaailda, á Juárez 
Gelman 270 

XXVI — Las Colonias del Ferrocarril del Rosario k Córdoba. 280 

XXVII— Be Buenos Aires á la Asunción 291 

XXVIII— Una semana en el Paraguay 301 

XXIX — Escursion en el Chaco — Los obrajeros 312 

XXX — L"8 indics. obrajeros y chacareros 324 

XXXI — La villa de Formosa- Un miembro del Parlamento 
italiano en el Chaco 335 

XXXII — La colonia Aquino — Navegación nocturna 344 

XXXIII — La colonia de Formosa. 351 

XXXIV — Excursión á Monteagudo 361 

XXXV— La destileriaen el Chaco 369 

XXXVI— La villa y colonia de Kesistencia 380 

XXXVII — Visita á un colono de Resistencia — Los ve inosdo 

Resisten ia— Rearreso á Corrientes 390 

XXXVIII — La ciudad de Corrientes — El ingenio de Santa 

Ana — Inconvenientes de la navegación fluvial 399 

XXXIX — Otra ves en el Rosario — El convento y el pueblo 

de San Lorenzo — La colonia Jesús María — Bel Rosario 

ii Santa Pé 408 

XL — Los progrosC'S de Santa Fé— Las colonias del Norte — 

Lo que eran en 18H9— Lo que son hoy 416 

XLI— El puerto Bermejo— La colonia «General Vedia> 427 

XLII— El obraje de Christierson — La colonia de las Palmas 

— Un paseo por el Chaco — El riacho de Oro- La forta- 

lexa de Humaitá 438 



ERRORES 



Páem* 


U«£jl 


DICE 


LÉASE 


6 


13-14 


una de ellas 


ellas de 


9 


14-15 


estanciero 


centenario 


22 


5 


1824 


1874 


24 


18 


vida 


villa 


40 


16 


ensado 


ensayado 


SO 


35 


lo limites 


los millares 


73 


12 


Enero 


línea 


73 


22 


Itapcia 


Itapuó 


76 


27 


Cossetti 


Bossettí 


85 


ultima 


este 


este capítulo. 


105 


19 


esclavos 


eslavos 


127 


3 


Puerto 


Puesto 


168 


13 


fruíanos 


friulanos 


276 


29 


negrito 


Arequito 


276 


31 


izquierda 


derecha 


295 


27 


valeros 


caleros 


307 


9 


juez 


jury 


314 


11 


fatigosa 


fastidiosa 


400 


ultima 


allí 


allá 


441 


32 


Hir 


Hardy 



f 



I 

■ 
■ 

1 

4 



IMA VISITA 1 LAS COLONIAS 



DE LA 



REPÚBLICA ARGENTINA 



POR 



ALEJO PEYRET 



TOMO II 




BUENOS AIRBS 

IMPRENTA «TRiaUNA NACIONAL*, 4t0— 2S DE MAYO— 4«t. 

1889 



UNA VISITA 

Á LAS 



COLONIAS DE LA REPtBLIU ARGENTINA 



ZUII 

otra vez en Resistencia — Otra vez en Corrientes — 
Industria y agricoltnra correntinas 

Del puerto Bermejo ó del Timbó, habia ba- 
jado á Corrientes. De Corrientes pasé á Resis- 
tencia, de la cual he hablado ya. En el trascur- 
so de un año. Resistencia ha adelantado consi- 
derablemente, hánse levantado un gran número 
de edificios y siguen levantándose; los hornos 
de ladrillo no pueden dar abasto á los consumi- 
dores. El general Dónovan, gobernador del ter- 
ritorio, ha iniciado la construcción de una igle- 
sia que tendrá cuarenta y siete metros de largo 
y vemtidos metros de ancho; ha plantado tam- 
bién árboles al rededor de la plaza que, con el 
tiempo han de hermosear el aspecto de la ciu- 
dad. En fin, en todas partes se siente un soplo 
de actividad que va á transformar el desierto: 
fervet opus. 

Estando en Resistencia, he presenciado la 
partida de una fuerza al mando del coman- 



— 4 — 

dante Racedo, que iba á fundar una nueva 

§ oblación en el centro del Chaco, en el punto 
enominado Napalpi, á cuarenta y cinco le- 
Suas de aquella capital: el cuadro no dejaba 
e ser pintoresco; abrian la majrcha las carretas 
aue llevaban los bagajes, los niños y una parte 
de las mujeres. Otras mujeres iban á caballo, 
llevando también niños enancados, y con el 
cigarro en la boca. En cuanto á los soldados, 
tenian muías que no me parecían muy man- 
sas; pero se me ha asegurado que la marcha 
bastaba para domarlas; entre tanto causaban 
bastante trabajo á sus ginetes. Mientras la 
columna se ponia en marcha, la banda de mú- 
sica de un batallón tocaba por orden del co- 
mandante Garcia: en fin, todo aquello no de- 
jaba de tener su solemnidad imponente, suji- 
riendo reñexiones serias al espíritu meditabun- 
do, que fija sus miradas en el porvenir. Ese 
campamento militar que iba á establecerse en 
las selvas del Chaco me hacia pensar una vez 
mas en los castra stattva que los romanos 
pusieron en las selvas de la Galia y de la Ger- 
mania, y que fueron el punto de arranque de 
ciudades importantísimas. 

En Resistencia presencié la partida de una 
expedición de otra clase, destinada también á 
dominar el desierto del Chaco, v era la de unos 
constructores de telégrafo que iban á establecer 
una comunicación eléctrica entre el litoral y la 
Provincia de Salta, costeando el rio Berméio. 
El encargado de la operación es un polaco lla- 
mado Chopinski, á quien conocí en Corrientes, 
y gue practica esta clase de trabajos desde 
quince años. Los individuos que lo acompañan 



— 5 — 

van armados con toda clase de rifles para ca- 
zar y para defenderse contra los indios. 

Posteriormente he sabido que el mal tiempo 
habia hecho suspender los trabajos. 

Ese mal tiempo, la lluvia que se habia decla- 
rado el mismo dia de mi llegada al Timbó, me 
obligó á abandonar varias escursiones proyec- 
tadas á los alrededores de Resistencia, y princi- 
palmente á las orillas del Tragadero y del Gtcay- 
curii donde la Colonizadora Popular está esta- 
bleciendo una nueva colonia. En Santa Fé 
habia asistido al embarque de numerosos jefes 
de familia que iban á visitar esos parages, y 
volví á encontrarlos en Corrientes. 

Esa Colonizadora ha proyectado la funda- 
ción de veinte colonias y se propone cultivar 
sobre todo, la ramié^ esa planta textil aue ve- 
geta admirablemente en el Chaco, sienao por 
consiguiente el objeto de muchas esperanzas, 
sobre todo cuando se tengan máquinas para la 
desfibracion, cuya operación resultaria carísi- 
ma, si hubiese que llevarla á cabo con las ma- 
nos como hacen los chinos y los demás pueblos 
orientales. 



Habiendo regresado á Corrientes, visité va- 
rios establecimientos industriales, por ejemplo, 
el aserradero á vapor de los señores Desimoni, 
Costa y Valtier, siendo este el organizador y 
director de la empresa. La casa tiene también 
una máquina que nace aserrín para la curtiem- 
bre, empleando sobre todo el quebracho; cons- 
truye y compone buques de n ierro y de ma- 
dera, en fin, lo hace todo menos la fundición; 



lÁ VISITA Á LAS COLONIAS 



DE LA 



REPÚBLICA AR&ENTINA 



POR 



ALEJO PEYRET 



TOMO II 




BUENOS AIRBS 

IMPRENTA «TMIBUNA NACIONAL», 4«0— 28 DC MAYO— 4«t. 

1889 



— 8 — 

Javier Arrevillaga, agrimensor; Guillermo Ro- 
jas, escribano de Gobierno, y Telésforo Rojas, 
fotógrafo, en dirección á Santa Catalina. 

El establecimiento del señor San Martin está 
ubicado á unas dos leguas al sud de la ciudad de 
Corrientes, á unas qumce ó viente cuadras de la 
boca del Riachuelo, muy conocido por el com- 
bate naval que tuvo lugar entre brasileros y 
paraguayos en el año de 1865. El Riachuelo es 
navegable en una gran extensión, lo que im- 
porta una ventaja para el establecimiento y se 
mterna hasta diez y ocho ó veinte leguas en 
el centro de la provincia. Otra corriente de 
agua, pero menos importante, el arroyo Pira- 
yuy (agua del pez-rana) linda con el campo al 
Este. 

El señor de San Martin tiene plantadas ya 
unas veinticinco hectáreas, y se propone es- 
tender la plantación á las ciento once cuadras 
de ciento cincuenta varas que posee, teniendo 
ya mas de doscientas mil plantas en alma- 
cigo. 

Las plantas provienen de Burdeos, siendo de 
cinco clases, Pinot, Malbec, Carmenet, Cóterou- 
ge, Pied de perdrix y hay también una de 
Alicante y varias otras de Italia. 

Hace tres años que dio principio á los tra- 
bajos. El sistema que se practica es el siste- 
ma Guyot. Las plantas están á un metro unas 
de otras, habiendo un intervalo de dos metros 
entre las líneas. Pónense dos alambres para 
sostenerlas, uno á un metro cuarenta centíme- 
tros, el otro á ochenta centímetros. 

El señor de San Martin opina que la hectá- 
rea puede producir cuarenta y cinco á cincuen- 



- 9 — 

ta bordalesas de vino; no teme el mal efecto 
del calor sobre la fermentación. Ha hecho ve- 
nir un viticultor francés de Burdeos para aten- 
der el establecimiento. 

Ha edificado una gran casa con un sótano 
de seiscientos metros cúbicos de capacidad; 
todo el ladrillo se ha fabricado en el mismo 
lugar. 

El terreno es arcillo-arenoso, con humus y 
nodillos calcáreos. El naranjo se desarrolla 
allí de un modo prodigioso, y es también el 
mejor cultivo que puede emprenderse en todos 
esos parajes; asegúrase que un naranjo puede 
dar hasta cuatro pesos de utilidad. 

La vegetación natural ostenta el urunday, el 
timbó que adquiere proporciones colosales, el 
lapacho cuyas flores le dan un aspecto tan pin- 
toresco, elcurupy, el ffuyabo, el higueron, el 
canelón, la sangre de arago, la espina de coro- 
na, y alguno que otro quebracho. En la costa 
del riacho hay muchas chilcas. 

El terreno se presta para el pastoreo; hicié- 
ronse también ensayos de cultivo de trigo, pero 
por mas que se diga, no creo que sea planta 
aparente para esa región y debe dejarse á los 
países de menos calor. Convendría mas bien 
cultivar las plantas oleaginosas. 

Al otro lado del rio Paraná, en el Chaco, los 
colonos han tenido que abandonar el cultivo 
del trigo: debe por consiguiente aprovecharse la 
experiencia agena. 

La objeción que se hace contra el cultivo del 
trigo en esas alturas, otros la hacen también 
contra el cultivo de la vid, pero deseamos de 
todas veras que se equivoquen y que el señor 



— 10 — 

Pastor de San Martin consiga un triunfo com- 
pleto sobre todas las incredulidades y sobre 
todas las previsiones siniestras: el vino de 
Corrientes, el vino de las costas del Riachue- 
lo, vendrá entonces á añadirse á la nomencla- 
tura de las producciones enológicas de ambos 
mundos. 

Antes de cerrar este párrafo, debo decir que 
el señor de San Martin, nos hizo probar uno de 
sus vinos de seis meses gue me pareció excelen- 
te: no puede haber mejor argumento. 



— 11 — 



xuv 



La ciadad de Bella Vista— La colonizadora de Corrientes 

— La tierra de los naranjos 

La ciudad de Bella Vista merece realmente 
el nombre que le dieron sus fundadores; es una 
de las mejores posiciones de la costa del Pa- 
raná, siendo preferible tal vez ala de Corrien- 
tes. 

Desde la barranca en que está situada, la 
vista abarca una gran estension del rio ma- 
gestuoso y del lejano Chaco, pudiendo percibir- 
se, cuando la atmósfera está despejada, las 
chimeneas de los ingenios de Villa Ocampoy 
de Tacuarendí, á treinta y mas kilómetros de 
distancia. Esta ciudad, que no tuvo gran im- 
portancia hasta estos últimos tiempos, fué fun- 
dada en 1826 por el general Ferré, uno de 
los gobernadores mas conocidos de la provin- 
cia. 

Tiene hermosos edificios, todos modernos, 
una iglesia, cuya torre altísima se ve á una 
gran distancia, al sud-oeste de la plaza principal 
y al nor-este una casa grande que ocupa la 
cuarta parte de una manzana de ciento cin- 
cuenta varas, y que contiene la municipalidad, 
la gefatura política, el juzgado de paz: este edi- 
ficio fué inaugurado el 8 de Setiembre ppdo. 
El mercado, de forma bastante original, es 
también una construcción moderna. En fin. 
Bella Vista posee una biblioteca popular bas- 



— 12 — 

tante concurrida y un club social donde pueden 
leerse diarios de la provincia, de Buenos Aires 
y de Europa. 

Una cosa muy curiosa que se encuentra en 
medio de la ciudad, es una gran, laguna de 
agua permanente y límpida que no ofrece in- 
conveniente alguno para la salubridad públi- 
ca, como hubiera poaido creerse, pues, cuando 
vino el cólera á estas comarcas, no se mani- 
festó un solo caso en sus alrededores. Resulta 
que, en vez de secarla, cuyo proyecto se habia 
concebido anteriormente, la municipalidad se 
ha decidido á conservarla, convirtiéndola en 
un ornamento público. 

Esta laguna no es la sola de la ciudad; 
hay otra casi tan estensa, pero esta suele se- 
carse. 

Las lagunas, así como las casas inmediatas 
se destacan perfectamente en un cuadro de 
vegetación sombría formada por los naranjos 
colosales que las rodean. Este país, ya lo he 
dicho, es sobre todo, el país de los naranjos. 
Hay quintas que contienen millares de esos ár- 
boles preciosos, que plantados en líneas rectas, 
ofrecen las perspectivas mas pintorescas so- 
bre las colinas y sobre el rio que se divisa 
en lontananza; y,' cuando están cargados con 
sus dorados frutos, esto debe ser un nuevo 
jardin de las Hespérides. 

Dejando toda poesía á un lado, unos opinan 
que el naranjo es el mejor producto de esta 
tierra y que el agricultor no puede hacer me- 
jor especulación que plantar naranjos. 

Acompañado por el gefe político, señor Jo- 
sé Nuñez, para quien el doctor Vidal, gober- 



— 13 — 

nador de Corrientes, me habia dado una carta 
de recomendación y por el señor Salvador Lu- 
que, sub-prefecto marítimo, he recorrido la 
ciudad y los alrededores. 

Me interesaba conocerlos, pues el departa- 
mento de Bella Vista es uno de los centros de 
operación de la Colonizadora de Corrientes, 
cuyo presidente es el doctor don Mariano Lo- 
za, de Gova. 

Esta sociedad vá á establecer dos colonias 
en este departamento, una que se llamará 
Pregreso, á dos leguas y media al sud de la 
ciuaad, y otra que se llamará 3 de Abril (ani- 
versario de la fundación de Corrientes en 1588) 
A igual distancia mas ó menos al Norte. 

La sociedad establecida y reconocida en el 
carácter de persona jurídica por el gobierno 
de Corrientes, con fecha del 9 de Agosto del 
año ppdo., es una compañía anónima con el 
capital de un millón de pesos nacionales, que 
tiene por objeto: 

1** Adquirir terrenos apropiados para agri- 
cultura, ya sea por compra ó concesión del 
gobierno de la provincia, llenando, en este úl- 
timo caso, las prescripciones de la ley de la 
materia. 

2^ Establecer colonias agrícolas en los ter- 
renos adquiridos en cualquier punto de la 
provincia, y especialmente en los recorridos 
por la línea férrea, que partiendo de Goya, 
empalme con la de Caseros á Corrientes, en 
la forma y modo como se reglamente. 

La compañía durará veinte años, con la fa- 
cultad de prorogarse de acuerdo con las pres- 
cripciones del código de comercio, y tendrá su 
domicilio legal en Goya. 



— 14 — 

El capital social fijado, queda dividido en 
diez mil acciones, al portaaor, de 100 pesos 
nacionales cada una, que, se emitirán en cua- 
tro series de á 2,500 acciones. 

Los resultados líquidos de las utilidades de 
la sociedad, se repartirán anualmente: 1® Cin- 
co por ciento entre los miembros del Directo- 
rio en proporción de la asistencia de cada uno. 
2® Cinco por ciento entre los tenedores de la 
primera serie, durante el tiempo de la socie- 
dad. 3* Cinco por ciento para fondo de reserva. 
4® Ochenta y cinco por ciento será distribui- 
do á los accionistas como dividendo. 

Véase ahora las principales cláusulas del 
contrato de colonización. 

El colono compra á la Colonizadora una con- 
cesión de veinte y cinco hectáreas para desti- 
narla puramente á la labranza, en una can- 
tidad que se pagará en cinco anualidades. 

La Colonizadora suministrará al colono: a) 
materiales para casa hasta el valor de cien 
pesos nacionales; b) postes y alambres para 
el cercado de la concesión; c) hasta dos yuntas 
de hueves, un caballo y una vaca con cria; d) 
hasta dos arados, dos palas y semillas; e) artí- 
culos de manutención hasta valor de seis pesos 
nacionales al mes para cada persona de tra- 
bajo y la mitad á los niños de cuatro á diez 
años, por artículos que se suministrarán y sus 
respectivos precios se fijarán en una tarifa' que 
se le entregará semestralmente. 

Por el valor de los suministros hechos por 
la sociedad, se llevará una cuenta corriente, 
que se liquidará con un interés del 10 % 
anual, al finalizar el año, á contar desde la fe- 



— 15- 

cha del contrato, y el saldo que resultase lo 
pagará en cuatro anualidades, firmando paga- 
rés. 

Si el colono no satisfaciera á su vencimiento 
alguno de sus pagarés, la sociedad podrá res- 
cindir el contrato, volviendo á su poaer la con- 
cesión con las mejoras aueen ella se hubiesen 
realizado y sin que esté onligada á pagar indem- 
nización alguna por dichas mejoras ni á devol- 
ver el valor de las cuotas pagadas, á no ser 
en los casos de fuerza mayor justificada, en 
los que se le podrá renovar dicho pagaré por un 
año más con el interés del 10 ^. 

La compañía vende las concesiones á veinte 
pesos (20) moneda nacional, la hectárea al con- 
tado y á 28 pesos moneda nacional á cinco años 
de plazo. 

Los terrenos destinados á la agricultura es- 
tán divididos por calles de 30 metros, en seccio- 
nes de 36 lotes de 100 hectáreas cada uno, 
separados por calles de diez metros de ancho; 
cada lote está subdividido en concesiones de 
25 hectáreas. 

En cada colonia habrá un pueblo central. 
Esos pueblos se componen de 256 manzanas de 
una hectárea cada una, separadas por calles 
de 21 metros de ancho; son cruzadas por dos 
avenidas de 50 metros de latitud y las calles 
de circunvalación tienen un ancho de 53 me- 
tros. 

Tales son las disposiciones generales. 

La colonia Progreso que está plantificándose 
actualmente, tiene ciento cincuenta concesio- 
nes de veinticinco hectáreas, de las cuales una 
la entrega al colono y se reserva otra al lado 



— 16 — 

de aquella con preferencia para el ocupante con 
un precio mas elevado. 

La empresa hará un pozo para cuatro conce- 
siones. 

La madera y la leña se traen del Chaco; la 
empresa suministra ambas cosas. 

La planta urbana contendrá cien hectáreas y 
lindará con el rio Paraná. 

Entre la proyectada colonia y la ciudad de 
Bella Vista, sobre la costa del arenoso rio, 
existe una importante destilería fundada por 
don Pedro Morelli y C*. quienes se han compro- 
metido á comprar todos los productos de aquella. 

Esta destilería, conocida con el nombre de 
«Sarita Angela», está á. distancia de unos qui- 
nientos metros del pueblo; fué construida en el 
año de 1887; todos los edificios son de material 
cocido en cal; la máquina según los sistemas 
mas modernos para elaborar alcohol de 40 á 
41 grados Cartier y caña de 3 grados de maiz, 
batata, mandioca y caña de azúcar. El con- 
sumo diario es de treinta toneladas caña, seis- 
cientas arrobas maiz, mil doscientas arrobas 
batatas y produce tres mil doscientos litros de 
alcohol. 

Para la elaboración de las materias harino- 
sas se emplea el sistema Malta. 

La fuerza motriz de las máquinas es de ciento 
sesenta caballos, desarrollada por tres grandes 
calderas; para combustible se puede emplear 
carbón de piedra, leña, marlo de maiz y el baga- 
so de la caña de azúcar. 

El establecimiento tiene plantaciones propias 
de caña de azúcar, pero compra también á todo 
el vecindario las materias primas, lo que ha 



— 17 — 

dado un desarrollo notable ala agricultura de 
la comarca. Puede decirse con este motivo, 
<|ue el departamento de Bella Vista es esen- 
cialmente agrícola y produce de todo, menos 
el trigo. Los cultivos mas ventajosos, son: el 
maní, la batata, el tabaco, la mandioca, el 
maiz y el sorgho. 

Cuando visité la colonia Progreso, habia so- 
lamente tres familias alemanas establecidas, 
pero desde entonces han venido unas quince 
mas. 

El terreno déla colonia 5 de Abril, cjue vi- 
sité el mismo dia, al norte de Bella Vista, es 
reputado mejor que aquel, pero hasta ahora no 
llene colonos. 

Esa colonización va á dar mucha importan- 
cia á la ciudad de Bella Vista, cuya situación 
privilegiada, le reserva un porvenir brillante 
sobre todo si llegase á ser la cabecera de un 
ferrocarril, como ya es un puerto de mucha 
actividad, y una plaza mercantil igual á la 
misma capital déla provincia. 

Para completar, lo que puedo decir por ahora 
sobre los trabajos de^-la Colonizadora, hay que 
agregar que al sud de la proyectada colonia 
Progreso y al norte de Lavalle, que es una 
especie de colonia indígena fundada por el go- 
bierno, ha comprado un campo de tres leguas 
con un frente al rio de once mil varas, y pien- 
sa colonizarlo con familias francesas. 

Lavalle consta de trescientas veinte chacras, 
de cuatrocientas cincuenta varas por cada cos- 
tado. Para fundarla, el gobierno expropió el 
terreno, hace unos quince años: está compren- 
dido entre el Paraná v el rio de Santa Lucia: 

2 



-- 18 — 

los cultivadores son, como ya dije, casi todos 
hijos del país, y tienen grandes quintas de na- 
ranjos. Es como el ejido del pueblo de Santa 
Lucía. 

Al norte de ese mismo Lavalle, á media legua 
de distancia, en el paraje denominado Punta 
del Rubio^ hay un establecimiento de destilería, 
que se surte Se loscañaveralesy sorghales de 
los señores Tristan Diaz y Benigno Martinez, 
que han sembrado este año cien hectáreas de 
sorgho y tienen ciento veinte de caña. 

Esos guarismos manifiestan la importancia 
de la agricultura y de la industria en estos 
parajes. 



Antes de dejar la ribera correntina para pasar 
á la ribera opuesta del Chaco, visité una porción 
de quintas de naranjos, y especialmente una 
que no puede menos de llamar la atención á 
todos los viajeros, á quien la indica una casa 
blanqueada dominada por un mirador altísimo 
en la barranca altísima también, al norte déla 
ciudad: pertenece á un italiano, genovés, Luis 
Gallero, que vive en estos parages desde treinta 
años; mucho tuvo que sufrir con la invasión de 
los paraguayos, pero no se desanimó por eso y 
continuó trabajando; actualmente tiene mas de 
cinco mil plantas de naranjo hermosísimas y 
de producto, y como un árbol produce de tres 
á Cuatro pesos anuales, échase de ver que esto 
constituye una entrada regular para el propie- 
tario, que sin mucho cuidado, porque puede 
decirse que aquí la naturaleza lo hace todo; la 
arboricultura, propiamente dicha no ha pene- 



— 19 — 

Irado todavía en estas comarcas. Tomen dato 
los inmigrantes! Es cierto que una quinta de 
naranjos no se improvisa, pero ¿cuál es la for- 
tuna que se consigue honradatnente sin trabajo, 
sin constancia, sin paciencia? 



» 



— 20 — 



XLV 



La Tilla 7 colonia Ocampo en el CShaco 

• 

Para pasar de Bella Vista á Villa Ocampo 
habia un vaporcito que ha suspendido actual- 
mente su servicio por necesitar compostura; 
tendría, pues, que ir en buque de vela ó con 
remo, pero el señor Salvador Luque ha tenido 
la bondad de hacer poner á mi disposición el 
Con^eOy vaporcito de propiedad la del señor Del- 
fino que trafica con el Chaco, y él mismo me 
acompaña con su familia: por consiguiente, 
recorremos en menos de una hora la distancia 
que separa ambos puntos, con tanta mas faci- 
lidad cuanto que vamos aguas abajo y que el rio 
está creciendo. 

A las nueve de la mañana estamos en el puer- 
to de Villa Ocampo. El aspecto de la localidad 
no deja de ser pintoresco, aunque, ó porque 
todavía muy primitivo. 

Dos buques de ultramar anclados en el puer- 
to, el Pitágoras y el Helga; un pontón; dos 
goletas, atados con cables á la costa que el rio 
va carcomiendo con una celeridad asombrosa, 
un gran número de vigas y durmientes de que- 
bracho desparramados en el suelo; una locomo- 
tora que pasea de un lado á otro y que se llama 
«Cafferata», unas carpas medio despedazadas 
de unos vendedores de naranjas; unas cabras 
que brincan por sobre los rieles del ferro- 
carril; una casa de tablas con tejas de Marse- 



— 21 — 

lia que representa la receptoría nacional, con 
verandah, construida á dos metros arriba del 
terreno, y á la cual se sube por consiguiente 
poruña escalera, porque el terreno es anegadi- 
zo; una especie de almacén, ó depósito cons- 
truido por el mismo sistema, también con esca- 
lera, y mas allá entre los árboles conservados 
de la selva primitiva, un hotel de tablas, como 
los demás edificios, con todas las comodidades 
culinarias y otras posibles en esas alturas; en 
fin, algunos ranchos medio escondidos entre 
la vegetación rica inestimable del Chaco. Entre 
esas construcciones 5wi generis corre el ferro- 
carril que conduce á Villa Ocampo, á treinta 
kilómetros de la ribera. 

Un arroyo importante, cjue desagua en el 
puerto, lleva el nombre significativo de íiapiuy, 
lo que quiere decir, agua de los mosquitos, y 
parece que merece su nombre. 

El ferro-carril está provisto de un teléfono, 
pero está actualmente descompuesto; no pode- 
mos, pues, anunciar nuestra llegada al admi- 
nistrador de Villa Ocampo, y tendré que esperar 
la llegada del tren que suele venir todos los 
dias á la tarde. 

¿Qné hacer, entretanto? Leo unos cantos de 
la Odisea, cuyo libro he llevado para combatir el 
aburrimiento de la soledad que se impone ine- 
vitablemente á todo viajero, cuando no tiene 
con quien cambiar ideas ó algo parecido. La 
Odisea es un libro delicioso, muy bueno para 
conseguir ese resultado y vale mas que todas 
las novelas de la escuela moderna. Hay aue 
confesarlo, los griegos son admirables; son los 
primeros entre los artistas. Pero no hemos 
venido al Chaco para hacer literatura. 



— 22 - 

Casi tan rápido como los dioses de Homero 
que recorrían el mundo en algunos pasos, el 
tren ha llegado y vuelve á ponerse en marcha 
á las cinco de la tarde. Voy con el administra- 
dor de Villa Ocampo,el señor Lacroix, hijo de 
francés, nacido en Salta. Para llegar á ese 
punto tenemos que pasar por veinte y siete puen- 
tes, de los cuales el mas largo es el del Paraná-. 
Miní; este es un brazo del gran rio que vie- 
ne de la altura de Corrientes y desemboca en 
Goya. 

En la ribera occidental del riacho hay una 
agrupación de casas que se llama el pueblo de 
San Vicente. Unos opinan que es allí donde 
debia haberse puesto la Villa, por ser el punto 
mas elevado y mas accesible. 

Sea lo que fuera, esos trabajos dan una idea 
de la importancia de la obra que se ha llevado 
á cabo al través de las selvas y de los panta- 
nos del Chaco; porque toda aquella parte de 
terreno constituye una zona esencialmente ane- 
gadiza, sujeta á las inundaciones periódicas 
del gran rio. 



La noche, como dice Homero, iba oscure- 
ciendo las sendas, cuando llegamos á Villa 
Ocampo, pero la luz crepuscular era todavia 
suficiente para dar una idea del conjunto de la 
población. 

Esta tiene el inconveniente de haber sido 
colocada en un bajio: cuando llueve — pude con- 
vencerme de ello en los dias siguientes — la cir- 
culación se hace bastante difícil para los que 
tienen que ir á pié; Prescindiendo de este 



— 23 — 

defecto, la villa Ocampo ostenta grandes y bue- 
nos edificios, entre los cuales descuellan,' natu- 
ralmente, la casa de la administración, situada 
al este de la plaza principal, la destilería, el in- 
genio de azúcar, una elegante capilla que ha 
costado veinte mil pesos, la casa del Banco 
Nacional, el almacén y tienda y un gran núme- 
ro de casas particulares. 

Hay una gran plaza central de cuatro man- 
zanas de superficie, que parece algo solitaria, 
actualmente, pero que, con el tiempo, será un 
adorno para la villa. 

En la quinta de la administración he podido 
notar que la tierra conviene para toda clase de 
árboles y de legumbres: el jardinero se quejaba 
solamente de las hormigas, habiendo tenido 
(|ue destruir ya, mas de sesenta nidos. 

Los colonos de Villa Ocampo cultivan sobre 
todo la caña de azúcar, de la cual hablaré mas 
adelante, y el sorgho. 



Al dia siguiente de mí llegada, (12 de octu- 
bre) el señor Lacroix me lleva al aserradero, 
que está situado á siete kilómetros mas ade- 
lante; por consiguiente á treinta y siete kiló- 
metros del puerto. 

Una parte solamente de las sierras está fun- 
cionanao actualmente; hay sierras perpendi- 
culares del antiguo sistema, sierras circulares 
y sierras sin fin. El quebracho es la madera 
(jue predomina, y se hace durmientes para los 
ferro-carriles. Los alza-primas están llegan- 
do constantemente del monte, travendo sus 
pesadas cargas arrastradas por dos ó tres 



— 24 — 

yuntas de bueyes. La empresa tiene sete- 
cientos, cuyo número no deja de representar 
ya un capital regular. Las ruedas de los alza- 
primas tienen tres metros, cuarenta centíme- 
tros de altura, altura necesaria para el trán- 
sito de los terrenos intransitables del Chaco 
V pasan impunemente por todas partes. El 
fcoyero va sentado en el yugo de la primera 
yunta y desde allí aguijonea á los bueyes con 
una picana gigantesca de caña tacuara ador- 
nada ó veces con plumas de avestruz. 

El establecimiento del aserradero se llama 
Villa Adela, y, efectivamente, tiene bastante 

K oblación para merecer ese nombre, pues allí 
ay americanos, europeos é indios. 

La Villa tiene una escuela, regenteada por 
una joven italiana, que gana veinte pesos 
mensuales, y da cuatro horas de clase dia- 
rias. 

El señor Lacroix dice que, aunque muy 
abundantes los montes de quebracho, no son 
inagotables; que se renuevan con una lenti- 
tud excesiva y que, por consiguiente la explo- 
tación de maderas ha de concluir alguna vez 
y aue entonces un gran porvenir está reser- 
vado á la industria azucarera en el Chaco. 

El mismo Tucuman no podrá luchar contra 
el Chaco, porque allí hay que regar los caña- 
verales, la leña es mucho mas cara y los fle- 
tes mas considerables. Sin embargo, otros 
opinan que el Chaco, al menos esta parte, 
no es la verdadera zona de la caña de azúcar. 

Volviendo á la Villa Ocampo propiamente 
dicha, voy á consignar los datos que se me han 
comunicado. El ingenio Manolo^ como sella- 



— 25 — 

ma, ha costodo ochocientos mil pesos; tiene 
un motor de la fuerza de setecientos cincuenta 
caballos; puede producir doscientas mil arro- 
bas de azúcar (en tres meses) y moler quince 
mil toneladas de sorgho. 

Es alumbrado con luz eléctrica, tiene un 
teléfono que termina en una línea de treinta 
kilómetros. Hánse aplicado allí todos los ade- 
lantos mas modernos de la industria azuca- 
rera. Posee la máquina dicha desfíbvadora 
(norte-americana), siendo esta la única em- 
pleada hasta ahora en la república, y que dá 
un resultado de un veinte por ciento mas so- 
bre el sistema de simple trapiche. 

El ingenio lleva en el frontis la inscripción 
siguiente: «Ingenio Manolo» (es el nombre de 
un hijo del señor Ocampo) — Propietarios fun- 
dadores: Manuel Ocampo Samanes y Marcos 
Amar — Ingeniero director: E. Riffard — Empre- 
sario: J. A. Grosso — 1884». 

La destileria, que es un edificio completa- 
mente distinto del ingenio, lleva el nombre de 
«Adelaida», puede producir doscientos cin- 
cuenta mil galones por año. 

El aserradero puede hacer doscientos cin- 
cuenta mil durmientes de quebracho. 

El encargado de la destileria es un francés 
llamado Gat^ton Piat, el maestro de azúcar es, 
otro francés, llamado Luis Cipiet; el encar- 
gado del aserradero es un alemán llamado 
Dabons. 

La administración tiene un médico, con bo- 
tica, á quien paga cien pesos mensuales, para 
curar á los heridos y otras víctimas de acci- 
dentes tan frecuentes pn la vida del obrajero. 



26 



La capilla carece actualmente de sacerdote: 
el que estaba antes, el abate Trongé, se fué 
para Bella Vista, pero viene de vez en cuan- 
do el capellán de San Antonio de Obligadu, 
don Constanzi Ermeti, franciscano. 

El señor Ocampo habia sacado una conce- 
sión de treinta y dos leguas, pero ha cedido 
una parte del terreno á los constructores del 
ingenio «Tacuarendí» del cual hablaré mas 
adelante, al señor Riffard, dueño del campo 
y del establecimiento «Gabriela» y á otros. 



La colonia tiene individuos de varias nacio- 
nalidades; nombraré á algunos, Guillermo Mal- 
verti, italiano, poseedor de quinientas hectá- 
reas, de las cuales ha puesto ciento cincuenta 
en cañaveral y cultiva también el sorgho y el 
maíz. 

Pedro Silanes, español, socio industrial de 
Landon, argentino, cuya sociedad posee sete- 
cientas hectáreas, y ha comprado doscientas 
mas por su cuenta. Mismos cultivos que el 
anterior. 

Siagrist-Baader, suizo, poseedor de 800 hec- 
táreas, tiene fábrica de ladrillos y va á armar 
una destilería á principios del año entrante: 
tiene también trescientos animales vacunos. 

Henselman, suizo, poseedor de 150 hectáreas 
y de 150 animales. 

Grisau, francés, poseedor de 100 hectáreas. 

Lapitz, francés, poseedor de 450 hectáreas 
y de una fábrica de ladrillos. 

Casaux y C*., francés, poseedor de 175 hec- 
táreas v de una casa de comercio. 



— 27 — 

Curuchet, francés, poseedor de 100 hectáreas 
y corre con la chacra de la administración. 

Arambil y C*., francés, poseedor de 387 hec- 
táreas. 

Faugas y C*., francés, poseedor de 100 hec- 
táreas. 

Lorda y C*., francés, poseedor de 133 hec- 
táreas y de una casa de negocio. 

Mendiburu y C*., francés, poseedor de 100 
hectáreas y de un horno de ladrillos. 

Storks, sueco, ingeniero, poseedor de 400 
hectáreas. 

Fernando Poisson, francés, poseedor de 100 
hectáreas. 

Pedro Steinau, francés, poseedor de 100 hec- 
táreas. 

Pedro Jacob, belga, poseedor de 100 hectá- 
reas. 

Minvielle, francés, poseedor de 100 hectá- 
reas. 

Félix Giovanalli, italiano, poseedor de 100 
hectáreas v de una destileria. 

Carlos Brun, alemán, poseedor de 50 hectá- 
reas y una curtiembre en el punto San M- 
cente, que produce doscientos cueros men- 
suales. 

La administración cultiva directamente una 
chacra de 500 hectáreas. 

Como ya dije, el cultivo principal es el de 
la caña, y seguidamente el sorgno que va á 
generalizarse, permitiendo dar mas actividad 
á las maquinarias que hasta ahora quedaban 
paradas en espera de la cosecha de aquella. 

El sorgho dá dos cosechas por año. 

El precio, término medio, ae la caña, es 
cuatro (4) pesos la tonelada. 



-- 28 — 

Háseme asegurado que el sorgho dará me- 
jores resultados que la caña. Ksta sufrió mu- 
cho por la seca el año anterior. 

La industria tiene también sus represen- 
tantes. 

Moderand y C*., herrería y carpintería; Har- 
riot, carpintería; Artaza, herrería y carpinte- 
ría; Bernardo Lahorgue, panadería; Claudio 
Sanccedo, panadería; Ledesma, albañil. Los 
(*uatro primeros son franceses, el quinto es- 
pañol, el último argentino. 

Escuso decir que la administración tiene 
también herrería, carpintaría, taller de mecá- 
nica, en fin, todo lo necesario para el servicio 
de sus industrias. 

En fin, para no omitir dato económico al- 
guno, debo decir que tiene un papel moneda 
que circula en la colonia y hasta Bella Vista. 
El ingenio Tacuarendí y el ingenio Riffard, 
tienen también un papel que abunda en esos 
parajes y que se ha creado por falta de mo- 
neda nacional. 

Las autoridades provinciales son represen- 
tadas por un subdelegado político, que lo es 
actualmente don José García y un juez de paz, 
don José Gallegos. 

El agente del Banco Nacional es el señor 
don Carlos Schultz. El médico es un español, 
llamado Arana, que fué herido en las guerras 
civiles de su patria. 

Hay dos escuelas, una para cada sexo. En 
tin. Hay una cancha de pelota, que es una insti- 
tución indispensable en todas las agrupaciones 
vascas. 

Con este motivo fué una sorpresa para mí 



- 29 - 

encontrar tantos vascos franceses, la mayor 
parte, en las profundidades del Chaco; estos 
vinieron aquí con el señor Julio Andrieux, ex- 
oficial de la marina francesa ; la primera com- 
pañía, que pisó al desieVto territorio, se for- 
maba de los elementos mas heterogéneos y 
menos aptos para los trabajos que iban á em- 
prenderse ; pues habia sacerdotes, maestros de 
escuela, alcaldes, (ex-maires), literatos, mili- 
tares, etc., tuvieron todos aue hacer el apren- 
dizaje de la agricultura. Habí áseles dado el 
nombre de compañía Marche ou créve! (camina 
ó revienta!) y, según me han referido esos 
pioners de la primera hora, no hay duda de 
(íue justificó su apellido; pero, finalmente, 
llegó á superar todas las dificultades. ¡Cuánto 
trabajo, cuánto capital se ha invertido en esa 
creación que se llama Villa Ocampo! Hasta 
ahora hay colonos que adeudan ingentes can- 
tidades á la administración, y ésta sin duda 
hizo gastos inútiles. Allí, como en todas partes, 
se ha pagado tributo á la inexperiencia, pero 
en un país nuevo y desconocido como el Chaco, 
la inexperiencia ha debido costar mas caro 
que en los países trillados de antemano. En 
hn, y sea lo que fuera, los conquistadores pa- 
cíficos del Chaco merecen, han merecido bien 
de la patria y de la humanidad. 



— 30 



XLVI 

El establedinieiito de los seftores Rifíard, Brosset y Ga. 

El ingenio de Tacoarendi 

De la colonia «Ocampo» se han desprendido 
algunos establecimientos que tienen, diremos 
así, su autonomía propia: los dos mas impor- 
tantes son la destilería de los señores Edmundo 
Riffard, Brosset y compañía, y el ingenio Ta- 
cuarendí. Voy ó decir algo de estos dos esta- 
blecimientos. 

La primera está situada á una legua al norte 
de la villa Ocampo, en un terreno de propie- 
dad de aquel señor; recien establecida, se pro- 
pone destilar la caña de azúcar, el sorgho y 
mas tarde el maíz. Su generador tiene la fuer- 
za de cien caballos, poniendo en movimiento 
cuatro máquinas á vapor, de las cuales una 
es de treinta caballos. Puede producir tres 
mil litros de alcohol cada veinticuatro horas. 

La propiedad del señor RiflFard abarca dos 
mil setecientas treinta y cinco hectáreas, te- 
niendo ya plantadas ciento cincuenta con caña 
y otras ciento cincuenta con sorgho. 

Un ferrocarril de un metro de trocha, liga la 
destilería con el ferrocarril de Villa Ocampo; 
tiene también un teléfono. 

A mas de la destilería el establecimiento 
cuenta con un aserradero á vapor, un taller 
de construcción mecánica cjue nace carros y 
obras de carpintería, herrería y fábrica de la- 
drillos, pudiendo producir treinta md men- 
suales. 



— 31 — 

Hay también una fonda, una panadería, una 
carnicería v varias habitaciones, para los la- 
drilleros. La población formada por los ope- 
rarios mecánicos, herreros, carpinteros, da un 
total de ciento diez á ciento veinte individuos. 

Ocho arados están funcionando regular- 
mente para el desmonte de las tierras; estas 
son negras, excelentes, fáciles de trabajar, y 
bastante altas. El pasto es muy bueno para 
los animales vacunos, lanares y caprinos. 

Los dueños del establecimiento aseguran 
gue el clima es saludable, ignorándose las 
nebres palúdicas y otras. 

El señor Riffard, que armó el ingenio de 
Villa Ocampo, es el autor de conferencias da- 
das en Buenos Aires y en París sobre las ven- 
tajas del Chaco agrícola é industrial, y sobre 
el desarrollo de la agricultura y de la indus- 
tria en la República Argentina* 

El señor Riffard está lleno de confianza en 
el porvenir del Chaco, sobre todo cuando se 
hayan construido los canales y ferrocarriles 
necesarios para desarrollar todas sus riquezas. 

« Las vías fluviales, dice ese señor, dan al 
Chaco una ventaja incomparable sobre los otros 
medios de transporte y permiten exportar sus 
productos con una notable reducción de flete. 

« El transporte de una tonelada de carga 
desde la colonia Ocampo hasta Buenos Aires, 
incluyendo los gastos de carga, trasbordo, re- 
molque, etc., etc., puede estimarse de 5 á 7 
f)esos moneda nacional. Es inútil hacer notar 
a economia de este transporte. 

« En general, los terrenos del Chaco, aleján- 
dose de las costas del rio Paraná-Miní se le- 



— 32 — 

vantan progresivamente de 6 a 12 metros, de 
tal manera que el límite de las inundaciones 
en la época (íe grandes crecientes, está perfec- 
tamente determinado y previsto. » 

Hablando de la composición geológica del 
suelo, dice que los terrenos recorridos por él 
pertenecen al período terciario eoceno, pues 
se encuentran calcáreas gruesas, arcilla plás- 
tica, arenas y yeso. 

Ha podido notar la naturaleza de los terre- 
nos por las excavaciones que se han hecho, 
en varios puntos, de numerosos pozos y con 
seguridad puede consignar las siguientes ca- 
pas geológicas, regulares y horizontales: 

Tierra vegetal negra O iñ. 30 á O m. 70. 

Arcilla pegajosa. . . 2. 

Arcilla Arenosa ... 5. 

A esta profundidad media de 7 m. 50 el agua 
sale en abundancia y cada colono, como cada 
casa, tiene un pozo que ofrece una agua lim- 
pia, sana, aereada y saludable. 

Apartándose de las costas del Paraná-Miní 
á 20 kilómetros entre los rios Nathaldi-Piagué 
y Mathi, Satagué, los pozos han dado una 
agua menos buena, conteniendo 1 kil. 610 de 
yeso (sulfato de cal) contenido en 2 kil. 120 
ele residuo sólido por metro cúbico de, agua. 

La cuestión de obtener agua pura y abun- 
dante ha sido científica y prácticamente re- 
suelta por medio de los pozos llamados semi- 
surgentes. Cuatro de esos pozos han sido 
ejecutados en la colonia, por indicaciones del 
señor Marthy, el hábil mecánico de Buenos 
Aires, y en ellos se ha encontrado una agua 
notablemente pura y abundante. 



"- 33 — 

La perforación de uno de estos pozos ha 
llegado hasta 32 metros de profundiaad y los 
tres restantes de 24 hasta 28 metros, teniendo 
las capas retiradas con la sonda y examinadas 
y recojidas con religiosa exactitud, la siguiente 
composición y espesor; 

Tierra vegetal , m 0.40 

Arcilla pegajosa con 7.44% de arena . 2. 

Arcilla arenosa 72 % idem 5. 

Arena amarilla fina 11.60 

« € gruesa 1.20 

Tosca graneada mezclada 0.30 

Arena nlanquizca y madera carboni- 
zada ' 1.70 

Arena gris , . . 2.30 

Tierra negra pegajosa... espesor desconocido, 
pues de esa capa empieza el agua á salir con 
abundancia y fuerza. 

Tres de esos pozos han dado con la sonda 
y á una profundidad de 20 metros, madera 
carbonizada. El señor Riffard tiene la con- 
vicción de que á una profundidad de 80 á 130 
metros debe encontrarse el carbón de piedra, 
al menos el lignita. 

Asegura ciue existe una capa de agua ina- 
g;otable, alimentada continuamente por las 
infiltraciones del Paraná y purificada á su paso 
por espesos bancos de arena subterránea de- 
positada en época de aluvión. 

La tierra de estas diversas capas es aplica- 
ble: la parte arcillosa se emplea en la fabri- 
cación de excelente ladrillo de construcción, y 
la arena conviene como mezcla para materiales 

para la fabricación de vidrios; por último, 
os bancos calcáreos que se han nallado ha- 

3 



r< 



— 34 — 

cen suponer la existencia de una capa cuva 
esplotacion seria fácil y ventajosa para la edi- 
ficación y el uso en los ingenios. 

La capa de tierra vegetal se presenta bajo 
un aspecto negruzco y hace recordar al autor 
las mejores tierras que ha visto en la Rusia 
meridi¿nal. 

Las arenas que contiene en la proporción de 
72 á 80 OJO, facilitan la porosidad y la aerea- 
cion tan útiles para la vida de la planta y 
aseguran la inmersión de las aguas exce- 
sivas. 

No se encuentran cascotes, lo cual permite 
estenderse libremente á las raices y arar fácil- 
mente la tierra. 

Tampoco es imprescindible desmontar bos- 
ques para suprimir las arboledas que obstru- 
yen el labradío, puesto que los terrenos son en 
muy grande parte limpios: esto es una eco- 
nomia. 

Algunas veces se encuentran en las prime- 
ras capas arcillosas unas conglomeraciones 
fosfáteas y calcáreas de poco volumen. 

La parte orgánica propiamente dicha, es 
considerable en esta tierra donde se ha acu- 
mulado desde siglos atrás; y mas obtenién- 
dose por la labranza sepultar la vegetación 
que cubre el suelo, la descomposición con- 
curre poderosamente á dar á los vegetales 
los elementos de ázoe y carbono que éstos 
exigen. 

El abono químico artificial será innecesa- 
rio durante muchos años; cuando mas, ha- 
bría que variarse de plantación. 



— 35 — 

El señor Riffard, considerando que existen 
los tres reactivos absolutamente necesarios, 
el suelo, el calor y la humedad, opina que 
varios cultivos pueden emprenderse sin ne- 
cesidad de irrigación, tales como la cebada, 
los porotos de toda clase, la mandioca, bata- 
tas y papas, el maíz, el tabaco, las plantas 
y legumbres alimenticias, las plantas oleagi- 
nosas, el maní, el tártago, los árboles, el eu- 
calyptus, el acacia de albata y finalmente la 
caña de azúcar y el sorgho á los cuales se dedi- 
ca especialmente. 

El porvenir del Chaco tiene su base princi- 
pal en la unión de la agricultura y de la 
industria. 

Recomienda también la remolacha. El señor 
Riffard empezó su carrera industrial azucare- 
ra en este ramo, siguiéndola en Francia, en 
Rusia, en Alemania, para después de 1879 
estudiar la caña en las Antillas. 

El conferenciante se estiende seguidamente 
en consideraciones sobre las colonias del 
Chaco y especialmente sobre la colonia Ocam- 

So. Esta fué fundada en 1878 por el señor 
lanuel Ocampo Samanes, cónsul general del 
Perú en Buenos Aires, gastando alli ingentes 
capitales y luchando con toda clase de difi- 
cultades hasta el año de 1883. En esa época, 
la compañia de Fives-Lille encargó al señor 
Riffara la misión de construir, armar y diri- 
jir el primer ingenio azucaret^o del Chaco, 
cuyo material habia entregado al Sr. Ocampo. 
Resulta de su exposición, que las planta- 
ciones totales de la colonia, á fines de 1883, 
alcanzaban á mil cuatrocientas treinta hectá- 
reas (1430). 



— 36 — 

Otros empresarios, animados por el ejem- 
plo del señor Ocampo, formaron una sociedad 
franco-argentina en 1884, para explotar tam- 
bién la caña de azúcar, construyendo con este 
fin el ingenio llamado Tacuarendi, bajo la 
dirección del señor Baséres. 

En fin, el conferenciante recomienda la 
República Argentina y principalmente el Cha- 
co á los inmigrantes franceses, á esa clase 
inteligente, laboriosa, ilustrada que está lan- 
guideciendo, vejetando, esperando en vez de 
lanzarse al exterior, como hacen los demás 
pueblos de Europa para ejercer su actividad 
en todos los ramos de la industria y del 
comercio. 



Ahora pasaremos á Tacuarendi. Este nom- 
bre quiere decir caña dulce, en guaraní; al 
menos, asi se me ha asegurado. 

El ingenio Tacuarendi está situado á tres 
leguas mas ó menos al nor-este de la villa 
Ocampo, en un parage elevado, que domina 
perfectamente los alrededores y desde el cual 
se divisan las casas de Bella Vista; la posi- 
ción me ha parecido mejor que la de Villa 
Ocampo, que tiene el gran defecto, ya lo dije, 
de estar en un bajío. 

La casa de la administración es un lindo y 
pintoresco edificio de ladrillos que se destaca 
sobre el fondo azul del cielo y tiene la apa- 
riencia de un castillo con sus pabellones ele- 
vados. Está á inmediaciones de un bosqueci- 
Uo de árboles silvestres que se han conser- 
vado y que era en otro tiempo la residencia 



— 37 — 

de un cacique y de su tribu. Ahora este es 
el punto de arranque de una gran quinta y 
huerta donde se practican toda clase de cul- 
tivos para el consumo y adorno de la casa. 
La tierra algo arenosa se presta admirable- 
mente, allí como en Villa Ocampo, como en 
las Toscas, que veremos mas adelante, como 
en la colonia florencia, y corresponde venta- 
josamente á los trabajos del hombre; por 
consiguiente es inútil incurrir en repeticio- 
nes que engendrarían una inevitable mono- 
tonía. 

Sobre la plantación Tacuarendi se me han 
suministrado los datos siguientes: 

Razón social: Calzada Guillone y C*. tiene 
su escritorio calle Cangallo 162, en Buenos 
Aires. 

El director es un catalán llamado D. Balta- 
sar Guañabens, quien ha navegado largo tiem- 
po y practicado la industria azucarera en la 
isla de Cuba, la verdadera tierra de la caña 
de azúcar como él dice. Es un perfecto ca- 
ballero, que me recibió y trató muy bien, lo 
digo aquí para no olvidarlo, lo mismo que el 
señor Lacroix de la Villa Ocampo. 

El establecimiento de Tacuarendi que forma 

f)arte de la colonia Ocampo, linda al norte con 
a colonia indígena de San Antonio de Obliga- 
do] su superficie es de norte á sud 5000 metros: 
de este á oeste 7000 metros ó sea 3500 hec- 
táreas. 

Tiene plantadas encaña de azúcar 600 hec- 
tareas y 100 en sorgho. 

Posee maquinarias propias para la elabora- 
ción de azúcar y del alcohoL representando 



— 38 — 

un valor de 200.000 pesos fuertes. Estas má- 
(|uinas provienen de la fábrica francesa de Fi- 
ves Lille y pueden elaborar en un año 100.000 
arrobas de azúcar y 4000 hectolitros de alcohol 
á 35^ 

Los edificios representan un valor de cien 
mil pesos. 

Los útiles de labranza y de explotación, re- 
presentan un valor de 50.Ó00 pesos, compren- 
diendo 500 bueyes y 200 caballos y muías, 
8000 metros de ferrocarril Decauville y 80 wa- 
gones. 

En cuanto al valor de la propiedad cada hec- 
tárea plantada de caña de azúcar se avalúa en 
200 pesos, sea por las 600, ciento veinte mil; 
cada hectárea no cultivada en 20 pesos, sea por 
las 2800, 56.000 y los sembrados de sorgho en 
60, ó 6000, en* total valor de la propiedad 
182.000 pesos. 

Cada nectarea plantada de caña de azúcar 
puede producir en buen año 40 toneladas mé- 
tricas de caña, que se compra puesta al pié 
del trapiche en cuatro pesos por tonelada; 
por consiguiente, una hectárea produce 160 
pesos. 

Los gastos de cultivo, cosecha y trasporte 
suben, siéndola plantación próxima al ingenio 
á 80 pesos por hectárea, y eso trabajando con 
correntinos que se pagan á razón de 12 pesos 
mensuales con comida, y diez y ocho pesos sin 
la comida. 

El establecimiento Tacuarendí ha tenido que 
luchar también con grandes dificultades, ha- 
biéndolas superado ventajosamente y parece 
actualmente en via de completa prosperidad. 



— 39 — 



XLVII 

La colonia indígena de San Antonio de Obligado — 
La colonia "Las Toscas" 

He dicho que el establecimiento de Tacua- 
rendí linda al norte con la colonia indígena de 
San Antonio de Obligado: esta, localidad goza 
de una celebridad siniestra en la comarca, de- 
bido á la sublevación de los indios que habian 
sido militarizados y que huyeron á los bosques 
del Chaco, después de haber muerto al mayor 
Piedra. 

Era sin duda un error haber enseñado el ma- 
nejo de las armas á esos hijos de la selva, en 
vez de emplear sus brazos en algún trabajo mas 
útil y mas provechoso. Que los indios podían 
hacerlo, lo han demostrado mas de una vez, 
y en ese mismo San Antonio donde han cons- 
truido puentes y calzadas, cultivado quintas, 
trabajado en los cañaverales y en los inge- 
nios, etc. 

Convertirlos en soldados dejándolos reji- 
mentados en su mismo país, era peligroso: en 
ese caso hubiese sido necesario llevarlos á 
otras partes, sacarlos del centro de sus relacio- 
nes. Por otra parte, báseme asegurado que no 
se había dicho la verdad sobre ese suceso luc- 
tuoso. 

Dejando aun lado ese recuerdo fúnebre, de- 
bo decir que la posición de San Antonio es 
muy pintoresca en una loma que domina los 



— 40 — 

alrededores á una gran distancia. Ese pueblo 
ostenta buenos edificios que forman un singu- 
lar contraste con las tolderías de los indios del 
cacique Chara, que se ha conservado fiel, y 
que viven allí al aire libre con sus perros, en 
un estado poco menos que primitivo. Esos in- 
dios trabajan y también van á cazar, trayendo 
grandes cantidades de cueros de ciervo, de 
zorros, de aguarás, de osos hormigueros, y 
de otros animales. He notado que sus perros 
son muy chicos, unos pretenden que son per- 
ros degenerados y sin valor, lo mismo como 
sus amos, porque generalmente los indios del 
Chaco distan lílucho de tener el coraje de los 
de la Pampa. 

Agregan esos mismos observadores que, en 
vez ae perseguirlos y de hostilizarlos, lo mejor 
seria darles de comer para atraerlos paulati- 
namente al trabajo yá la civilización: el resul- 
tado seria que los indios vendrían á prestar 
sus brazos á los ingenios del Chaco, como ha- 
cen desde tiempo atrás, á los ingenios de Tu- 
cuman y otras provincias del Norte, donde 
suelen conchavarse hasta la época en que 
canta el cuyuyú que anuncia la madurez de 
las frutas del algarrobo, su alimento predi- 
lecto. 

Otros, por el contrario, afirman que es pre- 
ciso esterminarlos, porque son indomables, 
refractarios á la civilización y llenos de odio 
contra el hombre blanco quien les ha quitado 
el dominio de sus tierras, el teatro de sus cace- 
rías. 

Otros, en fin, dicen, que para conquistar, po- 
blar, explotar el Chaco, es menester importar 



— 41 — 

los trabajadores chinos, los coolies; pero los 
coolies, los trabajadores de la raza amarilla, 
vendrían á hacer una tremenda competencia & 
los trabajadores de la raza blanca, y su impor- 
tancia suscitarla un nuevo problema social. 
No quiero por ahora entrar en esa clase de 
consideraciones que me llevarían muy lejos, 
y que preocupan á muchos pensadoreá,*vislum- 
brandóse en el porvenir un conflicto inevitable 
entre ambas razas. 



En el pueblo de San Antonio llama la aten- 
ción la capilla servida por el fraile francisca- 
no Ermete Constanzi: este sacerdote es el mis- 
moque viene de vez en cuando á decir misa en 
Villa Ocampo, y es el que habla reducido á 
los indios. 

Hace muchos años que está en el Chaco, ha- 
biendo vivido sucesivamente en San Javier y en 
la colonia «Alejandra». Meses atrás fué mor- 
dido por una vívpra, yarará, la mas peligrosa, 
la mas venenosa de todas, según se dice, y 
estuvo á punto de morir á consecuencia de 
una hemorragia abundantísima; pero tal vez 
fué eso lo que lo salvó. 

El padre Ermete es también maestro de es- 
cuela y tiene una quinta muy bien arreglada, 
llena de árboles frutales y de legumbres. 

He notado igualmente en San Antonio, otra 
quinta que pertenece á un francés, vecino en 
otro tiempo de Buenos Aires, donde tenia pa- 
nadería en la plaza del Once de Setiembre, 
el señor Lacoste: dejó el bullicio de la gran 
capital del Sud para vivir en la soledad si- 



— 42 — 

lenciosa del Chaco con su interesante fami- 
lia. 

En San Antonio de Obligado, el viajero en- 
cuentra, pues, los dos estreñios sociales; los 
hijos de la selva chaqueña y los hijos de la 
culta Europa. 

La colonia indígena de San Antonio, fué 
fundada el 22 de Junio de 1884, como consta 
de una acta que se levantó con esté motivo 
y que puede leerse en el «Boletin de Agricul- 
tura» ae ese año, siendo compuesta de tribus 
de los caciques José Niño, Francisco Antonio, 
Bartola y Juan Chara, tomando posesión de 
las tierras que les habia concedido en propie- 
dad el Excmo. Gobierno Nacional entre las 
colonias Ocampo y Las Toscas, y que tiene 
por límites al sud la colonia Ocampo, al este 
el rio Paraná, al norte la colonia Las Toscas, 
y al oeste, campos fiscales, quedando encar- 
gado de esta reducción el R. P. fray Ermete 
Constanzi. 

El cor(»nel Obligado fué el que presidió la 
fundación de la colonia. Púsose la imagen de 
San Antonio de Pódua y el padre Constanzi 
dijo la misa en presencia de cincuenta indios 
varones, doscientas cincuenta mujeres y ni- 
ños. 

Asistió también el juez de paz de Las Toscas, 
señor Valenzon. Pronunciáronse discursos por 
el coronel Obligado y el padre Constanzi, y 
hubo seguidamente un almuerzo en el inge- 
nio Tacuarendí, administrado á la fecha por 
los señores Duncan Wagner y Jorge David. 



— 43 — 

En la colonia Las Toscas predomina el ele- 
mento europeo. Esta colonia fué formada en 
1880 (23 de Agosto) por los señores Gaspardo 
Kauffman (suizo^ y Antonio Tomassone (ita- 
liano) y C* que venían de la colonia estableci- 
da en Mal Abrigo, por el doctor Romang, fun- 
dador ya de la colonia Helvecia. 

Debe su nombre ó un arroyo, á veces navega- 
ble hasta la misma colonia, que la divide de 
este á oeste, y que forma entre las dos partes 
de la población un valle bastante pintoresco, 
cubierto de los grandes árboles de la comarca. 

Las familias que la componen son italianas, 
suizas, francesas y argentinas, según el censo 
levantado por el doctor Gabriel Carrasco. El 
número de nabitantes es mil doscientos (1200) 
en su mayoría son italianos. 

Hay una planta urbana que tiene dos mil 
metros de largo sobre mil metros de ancho, 
dividida en ciento cincuenta solares de cien 
metros por cada costado. El número de edifi- 
cios construidos hasta ahora, siendo todos de 
material, pasa de ciento cincuenta. 

El centro del pueblo está situado á 28® 19' 
19'* de latitud sud y próximamente 59® 18' 11" 
de longitud oeste de Greenwich. 

Hállase un poco al nor-oeste de la ciudad de 
Bella Vista, á treinta kilómetros de distancia, á 
vuelo de pájaro. 

Su superficie es de 38405 hectáreas. 

Los límites son: al sud, la colonia San Anto- 
nio; al norte, la concesión Videla; al este, los 
bañados del Paraná-Miní; al oeste, unos terre- 
nos rematados y el rio Amores. 

El terreno está quince metros mas alto que 
del rio Paraná. 



- 44 — - 

La colonia tiene el puerto Alberto sobre el 
rio Palometa Cuá, situado á seis kilómetros de 
la población y el puerto de las Tres Bocas so- 
bre el rio Paraná-Miní, afluente del rio Pa- 
raná. 

Ya dije que el arroyo de Las Toscas divide 
el pueblo: debo agregar que sus aguas son 
siempre dulces y cristalinas. 

A 10 kilómetros al norte, se encuentra el 
arroyo «Eugenio», alimentado por las aguasde 
los inmensos bañados que se estienden al Oes- 
te de toda la costa de esta parte del Chaco. 

El arroyo ó rio «Las Toscas desagua en la 
laguna Puigpó, la cual desagua en el Paraná- 
Mmí. 

La tierra vegetal varia de cuarenta centíme- 
tros á un metro, que es el máximum. El sub- 
suelo de arcilla es impermeable: por esta ra- 
zón, dice el señor Valenzon, ex-juez de paz y 
grimer comisario nacional de las colonias 
acampo y Las Toscas, el terreno conserva una 
humedad' constante, cuya circunstancia forma 
con el calor tropical una Vegetación exuberante. 

La caña de azúcar, el sorgho, el maíz, la 
ramié, todas las gramíneas se desarrollan, dice 
el mismo señor, con un lujo de vegetación 
asombrosa. 

Las chacras son divididas en concesiones de 
25 hectáreas, pero pocos son los colonos que 
solo tienen una; la mayor parte poseen dos, 
tres y hasta cuatro. * * 

Desde la fundación de la colonia, ningún 
establecimiento industrial habia venido á dar 
el impulso á la actividad de los colonos, quie- 
nes vivian en un estado de apatia peligrosa 



— 45 — 

para la prosperidad de ella, á pesar de presen- 
ciar los resultados satisfactorios conseguidos 
en la colonia Ocamp. El Sr. Eugenio Valen- 
zon, ayudado por amigos poderosos, levantó 
una destilería que elabora anualmente de cin- 
co á seis mil toneladas de sorgho y tres mil 
toneladas dé* caña de azúcar, comprándose 
todo aquello á los colonos que se encuen- 
tran hoy día en condiciones excepcionales 
para recuperar fácilmente las pérdidas de los 
años anteriores. El mismo Sr. Valenzon fué 
el primero que plantó ramié en el Chaco, y si- 
gue impertérrito en su pensamiento de conti- 
nuar y propagar el cultivo de esa preciosa 
planta textil. 

Habíase dado el impulso: el Sr. Valenzon 
tiene hoy dia imitadores: los señores Tomasso- 
ne y C* están edificando otra destilería y un 
aserradero á vapor. 

Como situación topográfica, la colonia Las 
Toscas tiene una hermosa posición; el terreno 
es accidentado y desde la elevada loma en que 
está edificado el pueblo, se descubre un esten- 
so y variado paisage. 

Para contemplarlo mejor, hay que subirá un 
observatorio de madera (mangrullo) que se ha 
conservado en el punto mas culminante, y gue 
servia en otro tiempo para vigilar á los indios. 

Ráseme asegurado que el país es sumamente 
sano, que allí no se conocen las enfermeda- 
des, y, aunque la colonia tiene ocho años de 
fundación, no existe allí médico ni boticario. 

Los animales vacunos prosperan en esa co- 
marca; los que se importan de la provincia de 
Corrientes no tardan en transformarse de una 
manera notable. 



— 46 - 

El ferrocarril proyectado debe pasar por la 
calle real del pueblo, que tiene cincuenta me- 
tros de ancho. 

La colonia tiene un juez de paz, una junta 
de fomento, que se encuentra reducida en este 
momento (octubre) á un solo individuo, una 
escuela mixta, una oficina de corraos, de la cual 
no se paga el alquiler hace años, y con este 
motivo debo decir que el servicio deja mucho 
que desear. 

Traslado á quien corresponda. Una buena 
administración de correos es indispensable en 
todas partes, pero sobre todo, en las colonias 
nacientes (}ue necesitan mantener comunica- 
ciones activas con el exterior. 

En la colonia Las Toscas he encontrado á un 
poeta francés, el señor Juan Luis Erard, que 
vino .hace mas de veinte años, á establecerse 
en la colonia «Eloisa», en la provincia de San- 
ta Fé. Fracasó la colonia por falta de fondos, 
como han fracasado no pocas otras, y también 
por la hostilidad de los indios y la falta de pro- 
tección del gobierno; los pobladores engaña- 
dos se desparramaron; éste vino á parar final- 
mente á Las Toscas, donde si^ue haciendo 
versos y cultivando la tierra al mismo tiempo, 
recordando, sin duda, que las geórgicas son la 
obra maestra del gran poeta latino, y al mis- 
mo tiempo un tratado modelo de agricultura. 

Para consignar todos los recuerdos que lle- 
vo de Las Toscas, debo decir que uno de los 
fundadores, el Sr. Kauffmann pereció asesi- 
nado por un indio á quien tenia conchavado. 
Ese Ivauffmann habia espedicionado muchas 
veces contra los salvajes del Chaco con el ñor- 



— 47 - - 

te americano Moore que regresó después á su 
tierra con el francés Henriet, con el mayor 
Oroño y otros», internándose á grandes distan- 
cias en las selvas y en los bañados del ignora- 
do territorio. 

Su compañero Tomassone, mas feliz, murió 
de muerte natural. 

Esos trabajadores de la primer hora ; esos 
pioniers del desierto merecerían que se les de- 
dicase una biografía, porque sus hazañas os- 
curas son tan dignas de escapar al olvido 
como las hazañas brillantes de los héroes bata- 
lladores y matadores de hombres en batalla 
campal. 

AI menos esta es mi humilde opinión. 



— 48 — 



XLVIII 



La colonia Florencia 



Voy á hablar ahora de la colonia Floren- 
cia, esta es la última de las colonias de la pro- 
vincia de Santa-Fé al norte. Como se sabe, el 
gobierno nacional cedió á aquella provincia el 
territorio comprendido entre el arroyo del Rey 
y el paralelo 28^ de latitud, resultando que las 
colonias Avellaneda, Las Garzas, Ocampo, Las 
Toscas y Florencia, cayeran bajo la jurisdic- 
ción provincial. 

La colonia Florencia principia al norte del 
arroyo Rabón, afluente caudaloso del Paraná y 
va mas allá del arroyo Tapenaga, otro afluente 
igualmente caudaloso, y navegable á veces hasta 
la administración de la* colonia. 

Fuéfundada por un inglés, Mr. Langworthy, 
en 1884, habiendo obtenido del gobierno na- 
cional una concesión de treinta y dos leguas 
bajo la condición de establecer un número 
determinado de familias é invertir cierto ca- 
pital. 

Sus límites son : al norte, la concesión Pablo 
Groussac en el Chaco austral ; al sud, el arroyo 
Rabón ; ahoeste, unos terrenos vendidos en re- 
mate, siendo uno de ellos el de la futura colonia 
Serafina ; al este, el Paraná-Miní. 

Habiendo la empresa colonizadora construi- 
do un ferrocarril ae unos cuarenta kilómetros 



— 49 — 

mas ó menos que liga las selvas del interior 
con el rio Paraná, se le ha concedido para in- 
demnizarla sobre 11200 metros de longitud, 
dos kilómetros y medio por cada lado de la lí- 
nea del ferrocaril desde el Paraná, mas adelan- 
te, pudiendo vender ó arrendar dicho terreno 
proporcionalmente al capital invertido. 

h\ puerto queda á veinte kilómetros y me- 
dio de la casa de administración. Ya dije que 
el arroyo Tapenaga que pasa al norte de ésta 
es navegable á veces; debo agregar que lo es 
durante cuatro meses. 

La administración posee un vaporcito que 
tiene la colonia en comunicación con Vella 
Vista. El trasporte por él ferrocarril cuesta 
cuatro centavos por arroba al menudeo y un 
precio convencional si las cantidades son con- 
siderables. 

Las familias de la colonia son en su mayoría 
suizas y francesas. 

Los cultivos que practican son el maiz, la 
papa, la batata, la mandioca, el maní y las le- 
gumbres de toda clase. 

La ramié daria muy buenos resultados, co- 
mo lo prueban las plantas que existen en la 
quinta de la administración y de las cuales Mr. 
Langworthy samando hacer varios vestidos. 

Hay, una planta urbana, delineada y en 
gran parte edificada á inmediaciones de la ad- 
ministración, al nor-este de la colonia, lin- 
dando con el arroyo Tapenaga; tiene hasta 
ahora (octubre) sesenta y dos casas edifica- 
das en material y habrá veintiocho mas dentro 
de poco tiempo, "pues los concesionarios de so- 
lares tienen la ooligacionde construirlas. 



— SO- 
LOS solares tienen cincuenta metros por 
veinticinco y las casas deben ser de material 
y no se permiten techos de paja. Al principio 
se concedian cincuenta metros por cada frente 
por treinta pesos; ahora el precio es mas ele- 
vado pero convencional. 

La administración está en una casa cons- 
truida con toda comodidad y confort, con patio 
interior y galerías cubiertas para hacerla per- 
manencia agradable en cualquier estación, pero 
sobre todo durante el verano y tiene una gran 
quinta con un buen jardinero donde se en- 
cuentran todas las plantas de Europa y legum- 
bres, árboles de ornato, palmas, araucarias, 
acacias, paraisos, jazmines, bananos, árboles 
de goma, etc. etc. No debo olvidarla planta de 
vid. En fin, encuéntranse todos los elementos 
para vivir bien, tan bien como se puede vivir 
en esas alturas. El anglo-sajon, — creo que es 
Miguel Chevalier quien lo dijo,— tiene el ta- 
lento de saber arreglarse cómodamente en 
todas partes en vez de resignarse á las priva- 
ciones, como hacen algunos pueblos meridio- 
nales. 

El administrador de Ja colonia es un dis- 
tinguido y alegre caballero, el señor Carlos 
Wesbter, (jue estuvo en otro tiempo en la co- 
lonia «Alejandra (Pájaro Blanco), muy cono- 
cedor del Chaco; á él se deben todos los traba- 
jos que presenciamos aquí: no es muy parti- 
dario del cultivo de la caña de azúcar en estos 
parajes, y dice que el país conviene mucho 
mejor paralas plantas oleaginosas, tales como 
el lino, el maní, el tártago y otras; pondera 



i 



— 51 — 

también el tabaco que aquí se cosecha, afir- 
mando que es mejor que el de Corrientes. 

La colonia tiene un hospital y un médico 
costeado por una sociedad particular de los em- 
pleados de la administración, siendo la suscri- 
cion obligatoria, con una mensualidad de ciento 
veinte pesos; puede cobrar honorarios á las 
demás personas. Llámase Brausony es doc- 
tor de la universidad de Londres. 

Hay un subdelegado político y un juez de 
az. Existe una oficina de correosy telégrafos, 
íl ferrocarril Pelaez debe pasar por acá y ten- 
drá una estación en la Villa. 

Loque distingüela colonia Florencia es so- 
bre todo su aserradero á vapor, siendo, se me 
ha asegurado, el mas considerable y el mas 
importante del Chaco; el motor es de la fuerza 
de 150 caballos. 

Hay también una gran curtiembre con una 
máquina para extraer el tanino, y probable- 
mente antes de mucho tiempo se armará una 
destilería. Pero por ahora (octubre) los tra- 
bajos están paralizados, porque se espera la 
decisión de un sindicato de capitalistas fran- 
ceses que se propone comprar la colonia con 
sus establecimientos y sus montes, de los 
cuales hay uno grande y completamente inex- 
plotado. 



Al dia siguiente de mi llegada (16 de Octu- 
bre) hice dos excursiones, acompañado por 
el secretario de la administración, el señor 
Rafael Mazzantini, joven italiano de nacimien- 
to, aunque nacido en Francia, pero que habla 



- 52 - 

perfectamente el castellano, el inglés y el fran- 
cés; es un literato y corresponsal ae varios 
periódicos italianos. Creo también que es pa- 
riente del famoso torero del mismo nombre. 
Me ha citado y recitado trozos enteros de au- 
tores franceses, italianos é ingleses. ¡Cuál ha 
sido mi sorpresa al encontrar á semejante 
sujeto en las selvas del Chaco, por el grado 28"* 
y al oir recitar los versos de Alfredo de Mus- 
set en las orillas del Tapenaga I ¡Cómohacaido 
este sujeto en estos parajes! Parece que habia 
venido de Buenos Aires á la colonia «Las Tos- 
cas»; allí lo encontró el señor Webster y lo 
llevó para su casa. 

Vicisitudes de la existencia I 

La primera excursión, hecha por la mañana, 
fué para el puente del ferro-carril sobre el 
Paraná-Miní; es una construcción notable ba- 
jo el punto de vista de la ingeniería; con este 
motivo diré que la obra del ferro-carril esta 
presupuestada en cien mil pesos. Desgraciada- 
mente una nube de mosquitos vino á asal- 
tarnos en ese terreno cenagoso y no nos per- 
mitió gozar durante largo tiempo del cuadro 
de esa naturaleza salvaje domaaa ya en parte 
por la mano del hombre, y regresamos acom- 
pañados siempre, ó mejor dicho perseguidos 
por los implacables mosquitos. 

La segunda excursión, hecha por la tarde, 
fué para el monte grande, un bosque inmenso 
que está á diez y seis kilómetros al oeste de la 
villa. 

íbamos en un carruaje de cuatro ruedas 
llamado Relámpago^ arrastrado por buenos 



— sa- 
cábanos; pero, caminando por un terreno 
pantanoso y erizado de obstáculos, de acciden- 
tes de toda clase, el vehículo no podía justifi- 
car su nombre; hubiera sido menos molesto 
hacer el viaje á caballo. 

El campo me pareció bueno para la hacien- 
da vacuna, ostentando en muchas partes poro- 
tillo y alberjilla. 

Lo que mas me llamó la atención, fué una 
habitación de obrajero en medio del bosque, 
no muy distante de una toldería de indios: 
esas caras bronceadas, urañas, que aparecían 
entre la vegetación enmarañada ae las selvas, 
representando el mínimum de civilización y de 
sociabilidad, hacian pensar en los habitantes 
primitivos de nuestro planeta y en nuestros 
antepasados casisimescos, á estar á las teorías 
délos discípulos de Darwin ydeLamarck. Pero, 
por mas que se diga, para mi hasta ahora, el 
transformismo no pasa de una hipótesis inde- 
mostrada y se parece mucho á una novela 
científica. ¿Cómo el menos puede engendrar el 
más? That ts the question. 

Siguiendo nuestra excursión, llegamos á un 
fortin abandonado, donde encontramos un ca- 
ñón de tercerola roto. El fortin son dos ó tres 
ranchos de barro, rodeados por un cerco de 
palo á pique; no se necesitaba mas para impo- 
ner respeto á los salvajes invasores. 

Con este motivo, debo decir que el mismo 
dia, en momento de ponernos en marcha, el 
subdelegado político, nos mostró un telegrama 
anunciándole que los indios se habían hecho 
sentir, robando caballos y que el cacique Chara 
que iba cruzando por allí se los había quita-^ 



-- 54 - 

do. He sabido después que el rumor público 
habia exaj erado la importancia de ese hecho 
insignificante. 

El fortín á que habíamos llegado fué ocu- 
pado antiguamente por quince hombres; des- 
de entonces se ha llevado mas adelante. 

El teniente que lo mandaba, fué muerto por 
los indios sublevados de San Antonio. 

El monte grande cierra el horizonte en una 
gran extensión, formando una línea sombría, 
impenetrable, enmarañada; allí no ha entrado 
aún el hacha del leñador; los árboles colosa- 
les esperan impasibles, pero no tardará la lo- 
comotora en presentarse á sus pies, rugiendo, 
envolviéndolos en torbellinos de humo, y en- 
tonces la selva misteriosa habrá perdido su 
prestigio: el último de los Mohicanos, habrá 
desaparecido. 

Por ahora aquí reina la soledad mas abso- 
luta con el silencio mas profundo; solo de 
vez en cuando la voz de la perdiz martineta 
viene á echar su nota melancólica en el cuadro 
imponente de esta naturaleza primitiva. 

El Chaco, vuelvo á repetirlo, carece de varie- 
dad; causa por su monotonía, su alternación 
incesantemente repetida de abras y de bos- 
ques; sin embargo, uno se detiene "pura con- 
templarlo, como lo hace para comtemplar el 
mar ó la llanura indefinida que se confunde 
con el cielo. 

Y luego, se piensa en el porvenir y se es- 
perimenta el sentimiento de no poder resus- 
citar para ver la transformación que habrá 
sufrido dentro de medio siglo. 

En cuanto á nosotros, nos cansamos de la 



— 55 — 

contemplación, con tanta mas razón, cuanto 
(¡ue los mosquitos, los tábanos y los jejenes 
no nos dejaban un momento de descanso, y 
no tardamos en emprender la retirada, acom- 
pañados por esta molesta y zumbante escolta. 
Asegúrase que toda esa sabandija desaparece 
con la población y que por consiguiente no 
es un inconveniente para la ocupación del 
Chaco. 



Ahora, del norte pasaremos al sud. Al sud 
de la colonia Ocampo está situada la colonia 
Las Garzas. Por causa del mal tiempo no 
pude visitarla en toda su extensión. Acom- 
pañado por el señor Brosset, un joven caba- 
llero francés que ha venido á establecerse en 
el Chaco, formando sociedad con el señor 
Riffard, he visto solamente la parte setentrio- 
nal de aquella. 

Al efecto, cruzamos el arroyo Amores, bajo 
en ese momento, pero que debia creer una 
semana después volviéndose invadeable, y 
llegamos al primer grupo de población que 
está á tres leguas mas ó menos de la villa 
Ocampo. 

Adviértase aue la colonia Las Garzas no 
tiene planta urbana ni centro como las demás 
colonias: sus pobladores están desparrama- 
dos en grandes estensiones entre villa Ocam- 
po y Avellaneda, y se dedican mas bien á la 
ganaderia que á la labranza. La posición que 
ocupan no les permite sembrar grandes es- 
tensiones de terreno poraue no teniendo co- 
municación directa con el rio, carecen de sali- 



— 56 — 

da para sus productos, por cuyo motivo tie- 
nen que llevarlos á Villa Ocampo ó á Recon- 
quista, y el flete viene por consiguiente acos- 
tar muy caro. Parece que crian aves, hacen 
queso y manteca. Es necesario que venga el 
ferro-carril para sacarlos de la incomunica- 
ción, permitiéndoles aprovechar las ventajas 
que les brinda la naturaleza, porque el terre- 
no de Las Garzas es bueno, ondulado, eleva- 
vado, reuniendo todas las condiciones que exi- 
je la colonización. 

La colonización de Las Garzas no se hizo por 
empresa particular ni por acción oficial como 
las colonias dichas nacionales: el gobierno 
cedió directamente el terreno á los poblado- 
res que lo solicitaban; este es el mejor sis- 
tema indudablemente, porque corta de raiz los 
abusos que se cometen en aquellas. Efectiva- 
mente el gobierno nacional tuvo que abando- 
nar el sistema de colonización oficial, porque 
los empleados explotaban á los colonos y per- 
judicaban al estado; pero las empresas parti- 
culares tampoco llenan el objeto que aquel se 
propone; «poblar el país», y también explotan 
á los colonos, sin llenar las condiciones de 
la ley, haciéndoles pagar muy cara la tierra y 
los adelantos que necesitan, salvo algunas 
excepciones. La conclusión se impone, pues, 
de que el Estado debería entregar directa- 
mente el terreno á los colonos sin interme- 
diarios de ninguna clase, ó sin mas interme- 
diarios que sus agrimensores. 



Habíame propuesto ir por tierra de Villa 



— 57 — 

Ocampo á Reconquista, pero el mal tiempo 
no me permitió seguir ese itinerario; tuve 
(jue volver á Bella Vista para tomar el vapor 
de La Platense, desembarcando en Goya y 
pasando seguidamente al Chaco. Esta circuns- 
tancia me permitió visitar aquella ciudad, la 
mas importante de la provincia después de la 
capital, aunque muy mal colocada topográfica- 
mente, y sus alrededores donde se hacen tam- 
bién ensavos de colonización. 



— 58 - 



XLIX 

La colonización en Goya— La villa y colonia Reconquista 

Hablando de los ensayos de colonización que 
se habian hecho ó estaban por hacerse en los 
alrededores de Goya y de Bella Vista, no he 
nombrado la colonia fundada á inmediaciones 
de la primera ciudad por el señor don Jacinto 
Rolon. 

Esta tiene ya cuatro años de existencia, y 
se compone de seiscientos individuos, mas ó 
menos, siendo casi todos italianos de la co- 
marca de Venecia. Actualmente se espera á 
otras familias que deben venir de Europa. Las 
chacras tienen solamente diez hectáreas de su- 
perficie, lo que no me parece suficiente para 
una familia. Existen en la colonia setenta y nue- 
ve casas, de las cuales cuarenta y siete son 
de material; tiene comisaría, escuela, fábrica 
de ladrillos. 

En momentos en que la visité, la colonia 
acababa de sufrir los efectos de un tremendo 
ciclón que se hizo sentir el 19 de Octubre en 
Goya, derribando una porción de casas y ar- 
rancando los árboles. Posteriormente pude 
ver efectos idénticos en los alrededores de Re- 
conquista. 

Para llegar á esa colonia, tuve que cruzar 
un terreno completamente anegado durante 
centenares de metros y que hacian el cami- 
no recto intransitable, obligándonos á entrar 



— 59 - 

á cada momento en las chacras de los veci- 
nos. 

La población de Goya tiene el gran incon- 
veniente de haber sido puesta por sus funda- 
dores en un bagío, de manera que, cuando 
llueve mucho ó que el Paraná desborda, no 
tarda en convertirse en una nueva Venecia, 
pero le faltan las góndolas de la reina del 
Adriático. 

Atribuyese la fundación de esa ciudad á una 
señora que se llamaba Gregoria, cuyo diminu- 
tivo familiar es Goya, como se sabe, y que 
vivia á fines del siglo pasado, en esos para- 
jes. Pero el acto oficial, si así puede decirse, 
de la fundación, data del año 1807, como lo 
indica una inscripción puesta en la columna 
(|ue adorna la plaza principal de la ciudad. 
Ésa columna, ó mejor dicho, ese obelisco está 
en la plaza Libertad, medio oculto entre los 
grandes árboles verdes que lo rodean. 

Otro inconveniente de la misma ciudad, es 
que no está en el brazo principal del Paraná^ 
sino á una gran distancia, cuya circunstancia 
impone la necesidad de un trasbordo y de una 
peregrinación molestísima á los pasajeros; pues 
á veces se complica con una espera de horas, 
como nos sucedió cuando nos embarcamos ü 
bordo del «Olimpo» anunciado para las doce 
de la noche y que llegó á las ocho de la ma- 
ñana. Y la espera se hace en un vaporcito 
estrechísimo, donde no hay lugar para sen- 
tarse. Los viajeros necesitan mucha resigna- 
ción. 

Resumiendo: los españoles descubridores y 
conquistadores de América, parece que se 



— 60 — 

esmeraban en buscar para sus fundaciones 
los lugares mas remotos, mas inaccesibles. 
El consejo de Indias pensaba, sin duda, como 
Aristóteles, que las ciudades debían ponerse 
lejos de las costas del mar y de los rios na- 
vegables para evitar el contacto con los extran- 
jeros. 

Con todos esos inconvenientes y á pesar de 
ello, la ciudad de Goya tiene una gran impor- 
tancia, sobre todo cbmercialmente hablando, 
y posee tal vez mas elementos de riqueza que 
la misma capital de la provincia, tampoco le 
faltan hombres ilustrados y progresistas, que 
desean el adelanto de la localidad y el triunfo 
de la justicia en la tierra. 



Un vaporcito hace dos veces por semana el 
servicio entre Goya y Reconquista; el trayec- 
to dura tres ó cuatro horas: á mi me tocó efec- 
tuarlo en seis y media, por la circunstancia de 
haber ido acompañado por sesenta caballos 
y dos chatas. Les affaires sont les affaires. 
El dueño del vapor no debe perder la opor- 
tunidad que se le ofrece, de ganar dinero; por 
consiguiente, lleva el mayor número de pasa- 
geros que puede, sean elíos bípedos ó cuadrú- 
pedos. 

Sea lo gue fuere, el embarque de los caba- 
llos nos hizo perder una hora: agregúese que 
el dueño de aquellos habia anunciado cuaren- 
ta y cinco y trajo sesenta, de manera que esos 
pobres animales iban apilados, amontonados 
unos sobre otros en una confusión espantosa. 
El cuadro hubiese sido de los mas pintorescos. 



— 61 — 

sino hubiese sido al mismo tiempo tan lasti- 
moso. No se necesita ser miembro de la socie- 
dad protectora de los animales para protestar 
contra semejante explotación de la bestia por 
el hombre, combinada esta vez por la explo- 
tación de los pasageros por los dueños de va- 
pores. 

En fin, llegamos al puerto de Reconquista. 
El rio sigue creciendo (25 de Octubre). Los 
ranchos que componen la población del puerto 
me parecen amenazados. 

Pero no hemos llegado á un á la ciudad: 
esta queda á dos leguas y media de distancia, 
y, como el camino es pésimo, necesitaremos dos 
horas mas para llegar. 

Entre el puerto y la villa se ha construido 
una calzada, que era indispensable para cru- 
zar el terreno pantanoso, anegadizo que divi- 
de ambas localidades; actualmente la calzada 
está muy averiada por las lluvias, y á cada 
momento encontramos una porción de carros 
y de carretas muy empantanados que nos es- 
torban el paso. 

Posteriormente, la creciente del rio ha cu- 
bierto completamente la calzada, y no sé en 
que estado quedará después que se retiren las 
aguas. 

Reconquista está situada en el terreno ele- 
vado que domina el terreno que alcanzan las 
inundaciones, el garage habia sido elegido por 
los jesuítas; todavía se ven allí cinco naranjos 
seculares que han sido plantados por ellos, 
y de los cuales uno está completamente seco. 
Como los jesuitas fueron espulsados de los 
dominios españoles en el año de 1763, puede 



— 62 — 

juzgarse la edad que tienen aquellos vegeta- 
les, que existirían ya muchos años antes de 
la expulsión. 
Significa el nombre de Reconquista, que el 

Eaís fué reconquistado sobre los indios que 
abian vuelto á ocuparlo durante los distur- 
bios originados por las guerras de la indepen- 
dencia- y por las guerras civiles. 

La fundación de Reconquista data de 1872, 
como consta del siguiente decreto: 

En conformidad a la ley del 27 de Junio de 
1866, el gobierno de la provincia decreta: 

Art. 1® Destínase una superficie de cuatro 
leguas cuadradas en el lugar denominado el 
Rey y sobre la margen derecha del arroyo de 
este nombre, á la fundación de un pueblo y 
colonia agrícola que se denominará Reconquis- 
ta, en conmemoración de la que se ha hecho 
por las fuerzas nacionales de frontera de una 
de las primitivas poblaciones de la provin- 
cia. 

Art. 2p La área expresada se dividirá en so- 
lares para edificios en el pueblo, y lo demás 
del terreno en suertes de qu ntas y de chacras 
conforme al plano mandado levantar por el co- 
ronel don Manuel Obligado, que ha remitido á 
este gobierno y que se mandará al archivo del 
departamento topográfico. 

Art. 3® Toda familia de naturales ó extran- 
jeros, quequieran establecerse en este punto, 
tendrán opción á una suerte de chacra en la 
colonia y un solar en el pueblo con la condición 
de edificar este y de lacrar aquella dentro de 
los seis meses contados desde el dia en que se 
le entregue posesión del terreno. 



— 63 — 

Art. 4° Encargúese al coronel don Manuel 
Obligado para que dé posesión de las suertes 

3ue se solicitaren, debiendo otorgarse el título 
e propiedad acreditándose con un certificado 
del mismo haberse llenado las condiciones de 
población requeridas. 

Art. 5° No se donará sino una suerte á cada 
familia, á no ser que ella tuviera un núme- 
ro mayor de cinco personas, v no podrán ena- 
jenarse sino después de haber estado cinco 
años pobladas sin que en ningún tiempo pue- 
dan adquirirse por una sola persona mas de 
cuatro concesiones. 

Art. 6® Comuniqúese, etc. — Iriondo — Pedro 
Funes — Jas^ M. Pérez, oficial mavor. 



En Reconquista se ha repetido el error que 
se habia repetido en tantas otras partes; no se 
ha puesto la población en el punto mas culmi- 
nante, en el paraje elegido anteriormente por 
los jesuítas. 

La plaza central está en un bagío, resul- 
tando que, cuando llueve, se convierte en un 
pantano intransitable. Esa plaza abarca una su- 
perficie de cuatro manzanas de cien metros 
cuadrados y las calles de veinte metros de an- 
cho. Está plantada de paraísos como la mayor 
Sarte de las calles. Al este están la iglesia,* la 
elegacion política, el cuartel. No faltan los 
buenos edificios, siendo la mayor parte de ma- 
terial con importantes casas de negocio. En 
la plaza he notado las de los señores Piazza y 
Gilard, italiano el primero, belga el segundo. 
El señor Gilard se muestra muv satisfecho 



— 64 — 

del país; díceme, lo que ya se sabia, que se 
trata de fomentar la inmigración belga á la Re- 
pública Argentina. 

He encontrado á un carpintero francés, lla- 
mado Abadie, que vino á este territorio á explo- 
tar las maderas del Chaco; susalud, algo que- 
brantada en Buenos Aires, se ha restablecido 
completamente bajo esta latitud. 

Con él V con el señor Teodoro Alemán, hijo 
del perioaista suizo Juan Alemán que publica 
el Argentinische-Wochenblatl en Buenos Aires 
he recorrido la colonia Reconquista. Este se- 
ñor tiene una fonda en sociedad con el señor 
Nicolás Habecker, uno de los colonizadores del 
Chaco, y me permito recomendarlia á los via- 
jeros, aunque no tiene todavia- todas las co- 
modidas apetecibles, pero en esas alturas no 
se puede exigir demasiado. 

Conocí también un médico suizo, el doctor 
Eckerlin, que ha hecho sus estudios en Zurich 
y en Viena; anteriormente estuvo en Villa 
Ocampo y en Las Toscas; hizo varias expedicio- 
nes en el interior del Chaco: se ha apasionado 
por este país. 

El me llevó también á pasear en su volanta 
con dos excelentes caballos. 

El señor Ramayon, uno de los fundadores de 
Reconquista, me suministró datos interesantes 
sobre los antecedentes de esta localidad y de 
Avellaneda que está al otro lado del arroyo del 

Rey. 
En Goya, el comandante Pizarro me habia 

Eroporcionado también; este señor tiene una 
uena casa en la plaza de Reconquista. 



65 - 

En Reconquista como en los demás pueblos 
del Chaco, existe un núcleo bastante impor- 
tante de población indígena: los indios someti- 
dos viven en sus ranchos y toldos, al oeste de 
la villa. 

Hablé con uno muy viejo que habia militado 
desde los tiempos de Rosas, habiendo pelea- 
do contra Rivera en el Estado Oriental y con 
Urquiza en Caseros, en Cepeda y en Pavón. 

En este momento, (25 de octubre) la viruela 
reinaba en la villa y nacia víctimas sobre todo 
entre los indios. 

Estos, cuando la enfermedad les ataca, van á 
bañarse para curarse mas pronto, y efectiva- 
mente, quedan curados para siempre de esta y 
de todas Jas demás enfermedades. 

Es sabido que la viruela es el terror de los 
indios: al individuo atacado, lo abandonan en 
el toldo dejándole de comer y de beber. 

No hay medio, suponen, de luchar contra el 
espíritu malo, contra el Gualichú. La viruela 
trabaja, pues, para acelerar la desaparición de 
los habitantes primitivos del Chaco. 



He visitado algunas chacras de Reconquista, 
siendo una de ellas la del señor Gassman; este 
individuo es un alemán, que ejerce en la villa 
la profesión de herrero, y hace agricultura al 
mismo tiempo; pero está por dejar su chacra, 
porque hasta ahora no puede conseguir su títu- 
lo de propiedad. Esto resulta de un error de 
mensura en la delincación de la colonia. Hó- 
ceme asegurado que otros están en el mismo 
caso y seria de desear que el gobierno reme- 



— 66 — 

« 

díase de una vez estos defectos que entorpecen 
el desarrollo de la colonia é infunden la des- 
confianza entre sus pobladores. 

Visité también al señor Germán Soechting, 
alemán, naturalizado argentino, que fué juez ae 
paz y comisario de la colonia. En otro tiempo 
estuvo también en la colonia del «Pájaro Blan- 
co»; conocida con el nombre de colonia «Ale- 
jandra». Este señor es un caballero ilustrado 
que habla varios idiomas: fué empleado en el 
reino de Hanover, antes de la anexión de ese 
país á la Prusia á consecuencia de la batalla 
de Sadowa en 1866, y de la destrucción de 
la antigua confederación Germánica, attachéde 
la legación en Viena: no quiso someterse al nue- 
vo régimen de cosas establecido por aquella vic- 
toria y emigró á la República Argentina, ac- 
tualmente es mitad colono y mitad estancie- 
ro. Vicisitudes de la existencia: si el reino de 
Hanover hubiera conservado su autonomía, en 
vez de desaparecer absorbido en la unidad ale- 
mana, el señor Soechting, que lleva una vida 
oscura en las soledades del Chaco, seria tal vez 
diputado ó ministro en alguna corte germáni- 
ca. Y muchos otros inmigrantes desconocidos 
están en el mismo caso, a consecuencia de 
circunstancias análogas. 

Así es como las revoluciones del mundo anti- 
guo contribuyen poderosamente para poblar y 
civilizar los desiertos del nuevo. 

Visité seguidamente al señor Henriet: este 
señor es un ciudadano francés, que vino á 
América hace unos veinte años; primeramen- 
te estuvo en la colonia de San José (Entre- 
Rios); allí conoció á un señor francés José 



- 67 — 

Hébert, francés también, quien habia proyec- 
tado en sociedad con los señores Warnes, la 
fundación en el Chaco de una colonia que de- 
bía llamarse «Heloisa». El nombre no podia 
s<er mas simpático; pero esto no basta para 
llevar adelante una empresa colonizadora. La 
nueva colonia tenia el inconveniente de estar 
ubicada fuera de la frontera, expuesta, por 
consiguiente á los ataques de los indios; pero 
este no era su mayor defecto; hubiese supera- 
do esa dificultad poraue los colonos, aunque 
poco numerosos, eran nombres decididos, arro- 
jados; pero faltaba también otro elemento pri- 
mordial, el dinero que es el nervio de la co- 
lonización como es el nervio de la guerra; ca- 
reciendo de recursos, los colonos tuvieron que 
dispersarse. El señor Henriet se quedó con 
algunos compañeros, y siguió luchando con- 
tra la naturaleza y contra los indios; pero todo 
fué en vano; finalmente tuvo que abandonar 
el campo de batalla, que se convirtió de colo- 
nia en terreno de pastoreo, cuya transforma- 
ción se ha verificada también en otras partes, 
lo que no indica precisamente un progreso. 
Perdiendo, pues, el fruto de sus trabajos, Hen- 
riet se vino á Reconquista. Entre tanto, habia 
expedicionado varias veces contra los indios 
con el famoso Guillermo Moore, el norte-ame- 
ricano, Gaspardo Kauffman, el futuro funda- 
dor de la colonia «Las Toscas», el mayor Oro- 
ño y otros, y siempre con buenos resulta- 
dos. 

En Reconauista puso un molino de moler 
trigo é introdujo máquinas; pero el cultivo del 
trigo no daba utilidades; los colonos tuvieron 



— 68 — 

que abandonarlo; el clima del Chaco no le 
convenia; el molino quedó inutilizado. Henriet 
puso entonces un aserradero á vapor y practica 
esta industria hasta la fecha. Su casa se distin- 
gue por una hermosa quinta de árboles frutales 
y de ornato, y también un tajamar que surte 
un canal. 

Al otro lado de la calle está la casa de habi- 
tación y de negocio de otro francés, el señor 
Rousal, rodeada igualmente de una vegetación 
exuberante: paraisos, moreras, eucaliptus, etc., 
etc., todos los árboles se desarrollan allí de 
un modo admirable. 

Las familias de la colonia Reconquista son 
generalmente italianas, furlanas, ó mejor dicho 
friulanas, como las de la colonia Avellaneda 
que está al norte del arroyo del Rey, y de la 
cual hablaré mas tarde. Háse notado que aun- 
que trabajadores, son poco progresistas como 
que vienen de un país donde impera todavía 
la rutina: no emplean las máquinas como los 
habitantes de las colonias del sud. Viven en 
habitaciones muy primitivas y caminan des- 
calzos, hombres y mujeres, aun cuando van á 
misa, lo que produce un efecto asaz desagra- 
dable sobre el espíritu del viajero. Agregúese 
en fin que son muy fanáticos ó muy supers- 
ticiosos, y que no dejan pasar un día feriado 
sin festejarlo, aun cuando la interrupción 
de sus trabajos agrícolas les irroga serios 
perjuicios. 



- 69 - 



Las colonias Avellaneda, Vittorio Emmannele, Plasxa 

La colonia Avellaneda, está situada á poca 
distancia de la villa de Reconquista, siendo 
dividida de aquella por el caudaloso arroyo del 
Rey. Kste arroyo, que es navegable hasta el 

Euénte que pone en comunicación ambos pue- 
los, y li veces mas allá, formaba antigua- 
mente* el límite de la provincia de Santa-Fé. 
Para llegar al puente, nay que cruzar un ba- 
ñado sobre el cual se ha conslruido una cal- 
zada. 

Sobre esa colonia he recogido los datos si- 
guientes, debidos en parte á los señores Rama- 
yon, vecinos de Reconquista, Nemesio Ramos, 
Juez de paz en Avellaneda, Orlandini, agrimen- 
sor nacional y otros. 

Llamóse primitivamente Ausonia, habiendo 
sido poblada i)or el señor Tripoti, (|ue fué su 
primer directoren el añodel8G9. Kn el año 
siguiente este señor fué sustituido por el so- 
ñor Bontuan, y como á los cua'ro meses del 
mismo año, por el señor A'alri, ciudadano 
italiano, bastante conocido en Buenos Aires 
donde redactó diarios y periódicos. 

La colonia tuvo í|ue\sufrir varias invasiones 
por parle de los indios; la mas fuerte fué la 
que se verificó el 10 de octubre de 1871 ha- 
biendo sido muertos varios colonos. Los po- 
bladores se retiraron entonces al puerto de 



— 70 — 

Reconquista: edificaron ranchos y desde allí 
iban de vez en cuando á la colonia ; en di- 
ciembre del mismo año, después de haber 
esperado inútilmente el auxilio de las fuerzas 
nacionales y no pudiendo ya resistir los ata- 

aues repetidos de los salvajes, se retiraron 
efinitivamente: el director A'nlri, no los habia 
abandonado un solo momento. 

En abril de 1872, vino el coronel don Ma- 
nuel Obligado ó repoblar San Gerónimo del 
Rey, cambiándose el nombre, como ya dije 
anteriormente, por el de Reconquista. 

El 24 de junio del mismo año, atacaron los 
indios á Reconquista, muriendo en el ataque 
algunos jefes, oficiales, soldados y particulares, 
pero fueron aquellos rechazados por las fuer- 
zas del coronel Obligado. 

A fines de este mismo año, sometiéronse las 
tribus de los caciques Mariano López, Lan- 
chi, Ventura Cisterna y A\ilentin Tiotí, con 
varios capitanejos y como setecientos indios de 
chusma. 

En febrero de 1873 volvió el señor Vatri ú 
repoblar la colonia Ausonia, cambiándole el 
nombre por el de Vanguardia. 

En el año de 1874, hízose cargo de la ad- 
ministración, el señor don Julio Andrieu; este 
señor creyó conveniente trasladar las máqui- 
nas del obraje establecido por el señor Vatri 
con la administración al puerto de Reconquista: 
el resultado fué la despoblación de la colonia en 
el año de 1875. 

A fines de este mismo año, la colonia fué 
declarada nacional v se cambió otra vez el 
nombre por el de Presidente Avellaneda : fué 



— 71 — 

el coronel, hoy general Obligado, quien estable- 
ció las primeras familias, nabiendo sido remi- 
tidas éstas por la comisión de inmigración. 

Sin embargo, la mensura no se hizo defini- 
tivamente sino en los años siguientes, habién- 
dose completado solamente en 1882. 

Los lotes de terreno son de ciento cuarenta 
y cuatro hectáreas, divididos cada uno en cua- 
tro secciones; las calles que los dividen tienefi 
veinte y cinco metros de ancho. 

El número de familias es actualmente de 
doscientas cuarenta y seis, siendo la mayor 
parte austriacas, hay treinta italianas y diez 
ó doce eslavas; hablase generalmente el idioma 
italiano. 

Los cultivos principales son el lino, el maní, 
el maíz, la papa, el poroto, la batata, chica y 
grande, la hortaliza y legumbres de toda clase, 
los árboles frutales, naranjos, durazneros, pe- 
rales, higueras. 

Hiciéronse también ensayos de vino; probé 
uno regular en casa del señor Nemesio Ra- 
mos, ex-alumno de la escuela agronómica de 
Mendoza. 

Cultívase también la ramié en casa del mé- 
dico Lozon, del cual hablaré mas adelante. 

Hay una planta urbana, que no se halla ai 
centro, sino casi al sud-este de la colonia, y 
también casi en frente del pueblo de Recon- 
(juista, de manera que ambas poblaciones se 
ven recíprocamente. 

En la villa, las manzanas son de cien hec- 
táreas y los solares de cincuenta por cincuenta 
metros. 

Existen ya un número regular de buenos 



— 72 — 

edificio?; la iglesia es un rancho con un altar 
donado por el presidente Avellaneda; pero no 
tiene capellán. En otro tiempo, solia el cura 
de Reconquista venir á decir misa, pero los 
colonos no quisieron costearle los gastos del 
almuerzo que tenia naturalmente que hacer 
después de la ceremonia. Sin embargo, los 
colonos son muy religiosos, y aun supersti- 
ciosos yendo á la iglesia desde grandes dis- 
tancias, ó caballo y aun á mé, descalzos como 
ya dije anteriormente. Tal vez sea también 
el mejor modo de caminar y mas cómodamente. 
Háceme asegurado que en ciertas partes del 
Brasil, cuando se quiere castigar á los niños, 
se les amenaza con ponerles los zapatos. 

La colonia Avellaneda tiene un comisario y 
un juez de paz, pero no tiene municipalidad, 
de donde resulta que el estado de las calles 
deja algo que desear, sobre todo con las llu- 
vias torrenciales aue suelen desplomarse so- 
bre el Chaco; ni nay quien atienda á los in- 
tereses colectivos. 

Estuve en casa de varias familias, & pesar 
del mal estado de las calles convertidas mu- 
chas en verdaderas lagunas y en bañados in- 
transitables. 

Ghupel es un colono, de origen austríaco, 
cuya familia se compone de once individuos, 
tiene una gran plantación de naranjos, paraí- 
sos, moreras y otros árboles; sírvese de cilin- 
dros de madera para trillar el lino; esta gente 
no conoce todavía las máquinas. 

Posee tres chacras; debe hasta ahora á la 
administración. Dicen las mujeres, porque en 
momentos de mi visita los hombres están au- 



— Tá- 
senles por ser dia de domingo y de todos los 
Santos ó de ánima, que la administración les 
hizo perder mucho tiempo en el principio de 
la colonia; no se les dio los hueves sinomuv 
tarde; por consiguiente, no podian arar, y 
después por el motivo, mas ó menos justifi- 
cado, de que los indios amagahan con una 
invasión, recogiéronse aquellos animales. Las 
mujeres son una vieja y dos jóvenes; parecen 
asustadas; creen, sin duda, que soy alguna 
autoridad; generalmente los campesinos euro- 
peos no ven con placer la autoridad que tan 
mal los trata, pero en fin, se deciden á con- 
testar á mis preguntas. Las jóvenes, de la 
cual una amamanta á un niño, hablan mas 
ó menos el castellano; pero la anciana no 
entiende jota, y por otra parte padacela nos- 
talgia, exclamando: Benedetta la Europa! 

Efectivamente, esas familias trasplantadas 
á un desierto, separadas unas de otras por 
distancias inmensas, sin puntos de reunión, 
sin comunicaciones con el exterior, tienen que 
aburrirse, al menos las mujeres que deben vi- 
vir en casQ, 

Sin embargo, los hombres están contentos 
generalmente; mi compañero de viaje que sue- 
le tratarlos á menudo en Reconquista, me 
dice que los campesinos en Austria están en 
una situación poco envidiable; desde luego, 
no tienen bienes propios; el dueño de la tier- 
ra que cultivan, cuenta hasta la fruta de los 
árboles para asegurarse si faltan algunas; si 
se les ocurre ir al bodegón para distraerse y 
buscar algún consuelo en la bebida, el señor 
pregunta de donde pueden sacar el dinero y cree 



— 74 — 

que lo roban. Consecuencia: huyen de noche, 
se esconden en los bosques y tratan de ganar 
los puertQs donde puedan embarcarse para 
América; aqui se mdependizan material y 
moralmente; escriben á sus amigos y parien- 
tes que es preciso alzar las cabezas agacha- 
das y el sentimiento de libertad va cundiendo 
entre las masas rurales: asi es como el nuevo 
mundo reacciona sobre el antiguo. Los irlan- 
deses, emigrados ó Ñor te- América, han fomen- 
tado el espíritu de independencia entre sus 
compatriotas que no pudieron desprenderse 
del suelo natal; les han enviado elementos 
para resistir la opresión, 'preparando las ine- 
vitables reinvindicaciones del porvenir. Los 
emigrados á la América del sud, producirán 
con el tiempo, efectos análogos sobre los pue- 
blos de la Europa meridional, trayendo algu- 
na vez el triunfo de las instituciones libres en 
el mundo. 

Domingo Cuori es un italiano de la provin- 
cia de Udina; hace ocho años que está aquí y 
diez añbsque está en América. Estuvo anterior- 
mente en la extinguida colonia Potasa\ esta 
colonia era una empresa que se hebia formado 

Sara producir potasa en los montes del señor 
octor de la Fuente, al oeste de Recon- 
quista . 

Representa á dos familias reunidas, cuyo 
conjunto forma un total de diez y seis perso- 
nas; tienen una porción de niños y de ello se 
vanaglorian; cumplen pues con el precepto de 
la Biblia: «Creced y multiplicaos.» Quéjase 
esta familia como la visitaaa anteriormente, 
de haber recibido los hueves muv tarde, solo 



— 75 — 

diez y ocho meses después de su llegada; per- 
dieron pues conpletamente el primer año. Aho- 
ra tienen siete concesiones de treinta y seis 
hectáreas. 

El doctor Julio Lozon, francés, era médico 
militar de las fuerzas nacionales que el coro- 
nel Obligado mandaba en Reconquista; ha to- 
mado parte por consiguiente en muchas ex- 
pediciones e incursiones en el interior del 
Chaco; ha sido también juez de .paz de Avella- 
neda; dejó la carrera militar y medical para 
dedicarse á la agricultura, habiendo tomado 
un terreno de 1800 hectáreas de superficie, 
hace unos cuatro años. 

Su casa habitación está situada en una loma 
bastante elevada, á tres leguas del rio Paraná, 
habiendo sido construida con gusto y confort; 
es de material con techo de palmas y tiene 
galerias cubiertas al este y al oeste, y un alto 
mirador desde el cual se puede observar la 
comarca en una gran estension. Lo que se vé 
de allí es una estensa quinta, rodeada de eu- 
caliptus, llena de naranjos, de paraisos, de 
comarinas, de árboles frutales, de legumbres 
de toda clase, de plantas de ornato, de jazmines 
del Cabo, de flores, de rosales, con una alame- 
da de viña por eje. Divísase también un alfal- 
far y una plantación de ramié. 

Kl doctor Lozon atribuye gran importancia 
á este cultivo del cual espera excelentes resul- 
tados; ha estudiado todo lo que se ha publi- 
cado á este respecto y se propone ir á la ex- 
posición de Paris para examinar las máquinas 
desfibradoras sin las cuales la explotación de 
aquella planta se volverla demasiado costosa. 



— 76 — 

Hízome leer una conferencia dada en Paris 

Eor el señor Napoleón Ney sobre los ensayos 
echos en Argel, de lo cual resultaría que*^ la 
ramié produciría una utilidad líquida de dos 
mil francos por hectárea. Vale, pues, la pena 
de hacer esperimentos. 

A siete ú ochocientos metros al este de la 
casa, se estiende un gran bañado surcado por 
un arroyo que parece bastante caudaloso, des- 
de el cual se levanta un concierto formidable 
de ranas, de sapos y de aves acuáticas. Esto 
j)arece anunciar la lluvia para dentro de poco 
tiempo. 

El señor Lozon tiene animales vacunos, 
ovejas, cabras, cerdos, gallinas, pavos, patos, 
gansos, en fin, todo lo que pueda haber en 
un establecimiento de campo, improvisado en 
el Chaco. 

Todo aquello es necesario para hacer lleva- 
dera la existencia, que seria muy monótona 
en esos parajes remotos; por eso espera con 
impaciencia la llegada del anunciado ferro- 
carril que según el trazado, debe pasar cerca 
de su casa. Sin las vias de comunicación no 
podrá llevarse á cabo la explotación del Cha- 
co; los pobladores quedarán allí como segre- 
gados del mundo, advirtiendo que la mejor 
parte de aquel territorio es una zona de seis 
á siete leguas de ancho, que se estiende á lo 
largo del rio Paraná. 

El lugar que ocupa actualmente el doctor 
Lozon, fué en dtro tiempo la morada de un 
cacique con su tiibu. 

La colonia Avellaneda tiene ocho leguas cua- 
dradas de superficie y linda al norte con la 



-^ 77 — 

• 

colonia Las Garzas que tiene diez y seis; esta 
es mas bien pastoril que agrícola. 

Su posición topográfica, según el agrimen- 
sor Nemesio Ramos, es latitud Sud: 29^ 8*45'* 
longitud: 1% 21% lO'S 3**' Oeste de Buenos 
Aires. 

La temperatura que allí reina llega hasta 
38% máximum, y baja hasta 3^, sobre cero. 
Este es el resultado de las observaciones he- 
(íhas desde 1880 hasta la fecha. 

El Sr. Domingo Orlandini, agrimensor tam- 
bién, hizo observaciones meteorológicas que 
deben encontrarse en la oficina nacional de 
tierras y colonias de Buenos Aires. 

La colonia Las Garzas data de 1883-84. Se 
estiende entre la colonia Avellaneda y la co- 
lonia Ocampo. 



Al oeste de Reconquista estuvo la colonia 
Potasa que existe solamente en el recuer- 
do de los habitantes de la comarca; al nor- 
oeste, entre el arroyo del Rey y el arroyo de 
Malabrigo, está la colonia Vitlorio Emmánue- 
le, fundada por el señor Brunetti, ciudadano 
italiano residente en Buenos Aires y á conti- 
nuación, mas allá del arroyo Malabrigo la co- 
lonia Piazza fundada por otro señor italiano 
de ese nombre. 

La primera tiene, ó mejor dicho, debia tener 
ocho leguas de superficie, pero el empresario 
se enfermó en momentos en que iba á dar 
cumplimiento á las condiciones de la ley de 
colonización, de manera que perdió la segunda 
parte de su concesión, aunque habia puesto 



— 78 --- 

ya el número exigido de familias; pero desde 
entonces algunas se fueron. La primera parte 
es la colonia Vittorio Emmanueie propiamen- 
te dicha; en la segunda parte que no tiene nom- 
bre y que pertenece actualmente al Sr. Adolfo 
Freiré de Santa Fé, existen veintidós familias, 
las otras se fueron por temor á los indios y 

Eorque creian que iban á perder todo su tra- 
ajo, porque se decia que Brunetti no era ya 
dueño del campo. Esas familias son italianas, 
furlanas y suizas. El encargado de la colonia 
Vittorio Emmanuele es el señor Doicilorio 
Nartelli, cuyo establecimiento está á cinco le- 
guas de Reconquista; anteriormente habia sido 
encargado de la colonia Potasa, fundada en 
una concesión hecha por el Dr. de la Fuente 
á don Vicente Cayetani. 

En la colonia de Brunetti pasó hace algún 
tiempo, el hecho siguiente: un colono sorpren- 
dido por los indios, — los sublevados de San 
Antonio, — no tuvo sino tiempo de entrar en su 
rancho y de cerrar la puerta; los indios hicie- 
ron fuego sin herirlo y aprovecharon la noche 
para quitarle sus animales encerrados en el 
corral. 

Al dia siguiente reuniéronse los colonos: 
se pusieron en persecución de aquellos y en- 
contráronlos en momentos en que estaban 
asando una ternera que no les dejaron el 
tiempo de comer y volvieron á tomar los ani- 
males. 

Acompañado por el señor Piazza empresario 
de la colonia del mismo nombre, el juez de 
az Torterola y el señor Abadie, llegamos á 
a orilla del Malabrigo, desbordado en este 



K 



— 79 — 

momento á consecuencia de las continuas llu- 
vias que inundan el territorio del Chaco; allí 
estaba antes el fortin que defendia la fronte- 
ra y todavia se ven algunos rastros de habi- 
taciones. 

El señor Piazza ha construido un puente de 
madera sobre el arroyo, poco antes de llegar 
al puente hay que cruzar un estenso trecho de 
agua que alcanza al encuentro de los caballos. 
Al otro lado del arroyo el señor Piazza nos 
hace ver un árbol á cuyo pié, se encontra- 
ron los cadáveres de un colono y su hija ase- 
sinados ¿por quién? Se ha creído por los in- 
dios, pero otros suponen que fué por unos 
desertores que cometieron otro crimen en la 
colonia Malabrigo ^colonia Romang) asesinan- 
do una familia. El necho es que desde entonces 
(primer dia de cuaresma) los colonos no se 
atreven á salir sino con muchas precaucio- 
nes. 

Adviértase que la colonia Piazza está á cin- 
cuenta y tantos kilómetros de Reconquista y 
que no "la defiende ningún cantón contra las 
incursiones de los merodeadores del desierto. 
Las fuerzas encargadas de protejer á los colo- 
nos residen en Reconquista, es decir, muy lejos 
para llegar á tiempo. El señor Piazza me dijo 
qae había tenido ganas de hacer un arreglo 
con los indios, proponiéndoles víveres para que 
se comprometiesen á no molestar á los colo- 
nos. Las fuerzas nacionales están en el terri- 
torio nacional y no atienden á esa parte de 
la frontera. Tal es la situación que induda- 
blemente necesita remediarse en el interés de 
la colonización y del país. La seguridad de 



— 80 — 

• 

los inmigrantes es una condición sine qua 
non de éxito para las empresas de esa clase, 
y sin la cual quedarán desvirtuados todos los 
trabajos de los agentes de propaganda en Eu- 
ropa. 

Consta de los informes dados por las comi- 
siones militares que recorrieron esos parages, 
que hay varias tolderías á no muy larga dis- 
tancia, pudiendo avaluarse en ciento veinte 
fuegos las que se encontraron en tres puntos 
distintos. En la última expedición que hicie- 
ron esas comisiones, que eran dos, arrebata- 
ron treinta mujeres y niños, pero no pudieron 
alcanzar á los indios, porque sus caballos se 
habian cansado como de costumbre. 

Para precaver á sus colonos contra contin- 
gencias desagradables, el Sr. Pizza ha agru- 
pado las familias en vez de desparramarlas en 
toda la estension de sus concesiones, teniendo 
la colonia cien kilómetros cuadrados de su- 
perficie; esta concentración importa una ven- 
taja verdadera, pero por otro lado no deja de 
tener sus inconvenientes, puesto que obliga á 
los colonos á recorrer diariamente grandes 
distancias para trasportarse al teatro del tra- 
bajo, no pudiendo acampar allí, como hacen 
los ruso-alemanes en Entre-Rios, por falta de 
seguridad. 

La colonia Piazza, es, pues, la última etapa, 
la centinela avanzada de la civilización en estas 
comarcas. Tiene solamente tres años de exis- 
tencia. 

La casa de administración, donde vive tam- 
bién el juez de paz, que lo es de ambas colo- 
nias (Vittorio Emmanuele y Piazza) tiene un 



— 81 — 

arsenal; ha prestado también remingtons á los 
colonos. 

Cada familia, es decir, cada grupo de tres per- 
sonas aptas para el trabajo recibe gratuita- 
mente cmcuenta hectáreas, y se le hace todos 
los adelantos necesarios, reembolsables, sin in- 
terés cuando puedan. 

Hánse establecido hasta la fecha cuarenta fa- 
milias en vez de las treinta y dos exigidas por 
la ley. La mayoría son italianas, hay cuatro 
eslavas y algunas españolas. Cultivan el lino, 
el maíz, el maní, los porotos, las legumbres. 
El lino seria un producto lucrativo, si pudie- 
se exportarse. La colonia Piazza espera que el 
ferrocarril venga á visitarla alguna vez de- 
biendo poner una estación en los alrededo- 
res. 

El ciclón del 19 de Octubre hizo sentir sus 
efectos en el Chaco, y también en la colonia 
Piazza, volando el techo de la casa del colono 
Defilipi, que á mas de agricultor, es cazador y 
artista, sabiendo hacer sillas y otros muebles 
interesantes, adornados con cueros y cuernos 
de animales silvestres, tales como jabalí, cier- 
vo, aguarás, guazú, birá, cuatí, etc. 

La colonia tiene una escuela, siendo la maes- 
tra una tirolesa casada con un español llama- 
do Diaz. 

El señor Piazza nos trató opíparamente en su 
casa, pero el mal tiempo, la lluvia que habia 
caido á torrentes y que amenazaba convertir el 
arroyo Malabrigoen un pequeño mar interior, 
haciéndolo intransitable, nos obligó á apresu- 
rar nuestro regreso á Reconquista. 

Todas las cataratas del cielo parecian haber- 

6 



- 82 — 

se desatado sobre el Chaco mientras el trueno 
iba retumbando y repercutiendo de un modo 
espantoso sobre esas selvas seculares: el Cha- 
co era un inmenso charco\ perdóneseme este 
juego de palabras. Este era un síntoma pre- 
cursor de la creciente que iba á causar tantos 
estragos, porque no se la esperaba tan pronto. 
Forzosamente habia que decir adiós al Cha- 
co, retirándose vencido por los elementos como 
Napoleón en Rusia. Antes de hacerlo, debo 
espresar mi agradecimiento á todos los que me 
ofrecieron facilidades para mis escursiones, ta- 
les como los señores Eckertin, médico; Teodo- 
ro Alemán, Solano Peña, comisario; Nemesio 
Ramos, juez de paz; Lozon, médico; Gilard, 
negociante; Henriet, Abadía, Piazza, y otros 
á quienes puedo olvidar, pero que me hicie- 
ron creer durante algunos dias que estaba en 
mi propia casa, improvisándome relaciones 
agradables, de las cuales uno se despide con 
sentimiento, cuando ha llegado la hora de la 
partida. 



— 83 — 



u 



Excursión en el rio San Javier — Las colonias Gayastá, 
Helvecia, Francesa, San Javier, California, Cálense, Ale- 
jandra (Pájaro Blanco) Malabrigo (Romang) — La crecien- 
te del rio Paraná — Regreso á Santa Fé. 

La cpeciente extraordinaria del rio Paraná 
me obligó á abandonar el itinerario que habia 
proyectado para ir por tierra de Reconquista 
á Santa-Fé. 

Fué necesario volver á Goya para embarcar- 
me otra vez aguas abajo hasta la ciudad del 
Paraná y tomaren Santa-Fé el vapor que hace 
la carrera de San Javier, una vez por semana. 
Este vapor bastante cómodo se llama el Castor. 
Emplea dos dias para llegar á su objetivo que 
es el pueblo de San Javier, á la altura de la ciu- 
dad de La Paz. La distancia en línea recta no 
son mas que cuarenta leguas, pero por agua, 
debido á las sinuosidades del rio, son cien mas 
ó menos. 

Los pueblos que se encuentran en el tránsito 
son: San José del Rincón, al Este de la lagu-' 
na Guadalupe, Santa Rosa, que fué en otro 
tiempo una reducción de indios Calchines, Ca- 
yastá, colonia fundada bajo la administración 
del señor Oroño, por el conde Tesiéres de Bois 
Bertrand, ciudadano francés; Helvecia, colonia 
fundada por el doctor médico suizo Romang, y 
en fin, San Javier que fué primeramente .una 
reducción de indios y posteriormente una co- 
lonia. 

Otros puntos notables del camino son el sala- 
dero San José, que fué fundado por Mariano 



— 84 — 

Cabal, la casa de Patricio Cullen, actualmente 
del señor Saralegui, y otra casa llamada Elisa, 
(íuvo propietario no recuerdo en este momento. 

hemos salido de Santa-Fé el 18 de Noviem- 
bre á las cinco de la mañana; el rio es ancho 
como un mar interior; no se vé mas que agua 
por todas partes; por el lado santafecino la 
vista no alcanza el fin déla inundación; por el 
lado de Entre-Rios se encuentra la barranca 
altísima que la limita, pero la distancia es tan 
grande, que á veces aquella misma barranca se 
confunde con el agua y el cielo. 

La navegación no puede ser mas pintoresca; 
pasamos entre un archipiélago de islitas de 
rtrboles, encima de los pajonales que han desa- 
parecido, tropezando á cada momento con ca- 
malotesque estorban literalmente la marcha 
del buque, sin seguir el rio San Javier propia- 
mente dicho, pues el cauce de ese rio se na con- 
fundido con el inmenso caudal de agua traído 
por la creciente, y solo se conoce por la cortina 
de árboles que diseñan su corriente sinuosa. 

A las tres y media de la tarde llegamos á 
Santa Rosa. El terreno de esa localidad es are- 
noso. Lo que se siembra allí es el maní y el 
maíz. 

Actualmente Santa Rosa está completamen- 
te rodeada de agua y no puede comunicarse por 
tierra con Santa-Fé. Un negociante de la villa 
afirma que los que han perdido animales, no 
deben culpar sino á sí mismos, porque se les 
habia avisado del peligro que les amenazaba, 
pero no quisieron creerlo. 



- 85 



Unos inmigrantes vienen á bordo, franceses 
de Sabova unos, italianos los otros. Dicen 
aquellos que & bordo del Provence que los ha 
traído, eran dos mil quinientos pasajeros y por 
consiguiente venían amontonadlos unos soore 
otros. Paréceme que la compañía abusa del 
derecho de hacinar la carne humana en sus 
buques. 

Llegamos á Cayastá á media noche por lo 
que no hemos visto nada; pero al regreso un 
pasajero me ha mostrado la casa habitación 
del fundador de la colonia, que está situada en 
la costa del rio, medio oculta entre los grandes 
árboles que la rodean. El hijo de ese coloniza- 
dor pereció asesinado por unos individuos que 
habían venido á pedirle la hospitalidad y que 
lo robaron después de haber dado muerte á 
las personas que lo acompañaban; solo se 
salvó una chica que pudo referir el trájico 
suceso. 

Cayastá, á mas de la colonia propiamente 
dicha, tiene su población urbana que no carece 
de importancia y ostenta buenos edificios. 

A las cinco de la mañana del dia siguiente 
(19 de Noviembre) llegamos á Helvecia. Esta 
tiene mas importancia que Cayastá. Lo que 
mas se cultiva en este paraje es el maní; háse 
abandonado el cultivo del trigo, por cuyo mo- 
tivo la maquinaria de un gran molino que se 
habia construido y cuyo edificio se conserva, 
ha sido transportada á la colonia del Pilar. Para 
la elaboración del aceite de maní existe una 

fjran fábrica que está en la misma costa y se 
lama la «Fama», siendo una sucursal ó una 
nueva edición de la del mismo nombre que 



— 86 — 

está en Buenos Aires, calle Piedad; pertenece 
al señor Boucau. Posee una máquina de la 
fuerza de cincuenta caballos; puede actualmen- 
te elaborar doscientas á doscientas quince arro- 
bas diarias de maní, pero advirtiendo que no se 
han armado aún todas las prensas. El terreno 
de Helvecia es muy aparente para la producción 
del maní; esta pfanta se cultiva también en 
toda la costa del rio San Javier, de manera que 
la usina de Helvecia puede contar con la abun- 
dancia de la materia prima. 

Helvecia tiene un club social con unos sesen- 
ta socios, con billares, salón de lectura, etc. 

A las ocho y media llegamos al saladero Ca- 
bal. Este saladero se parece á todos los esta- 
blecimientos de la misma clase: son unos edi- 
ficios de hierro galvanizado, una ranchería para 
los peones, una casa para el dueño, con una 
quinta y un aparato para levantar a^ua por 
medio del viento. El terreno es cubierto de 
bosques. La costa esta llena de animales 
muertos traídos de arriba por la corriente, que 
despiden un olor nauseabundo. Muy á menu- 
do encontramos cadáveres de los mismos que 
vienen bogando. 

A las diez y cuarto llegamos á la casa ya 
nombrada, (}ue fué de don Patricio Cullen, cuyo 
fin fué trágico, habiendo muerto en una inten- 
tona revolucionaria, en 1881; tiene un mirador 
y una plantación de grandes paraísos. Siguen 
los animales muertos en la costa. 

A las once y tres cuartos llegamos á Elisa; 
es una casa blanqueada, con tejas de Marsella, 
(jue se destaca en un promontorio, sobre un 
marco de eucalyptus y de otros árboles, mos- 



— 87- 

trándose en el fondo una gran quinta de na 
ranjos. 

El tiempo nos favorece; no hay una nube 
en el cielo; el agua reluce en lontananza bajo 
los rayos del sol ó refleja el azul celeste. 

Vamos acercándonos cada vez mas á la costa, 
porque la profundidad del agua lo permite, 
pero así mismo no hay que descuidarse y se 
consulta la sonda muy á menuSo. 

A la una y diez minutos de la tarde, divi- 
samos varias casas en la orilla con plantacio- 
nes de árboles, maizales, ombúes, cercos, cor- 
rales, en fin, todo lo que indica la presencia 
del hombre; estamos en frente de la colonia 
llamada Francesa, y luego delante del mismo 
San Javier. Gracias á la inundación, hemos 
ahorrado cuatro horas de camino porque he- 
mos podido venir en línea recta, cortar campo 
como dicen los paisanos. Ni siauiera hemos 
necesitado llegar al fondeadero ordinario. Pero 
siguen siempre los animales muertos: hay que 
taparse las narices para desembarcar, aunque 
uno va acostumbrándose á vivir en la infec- 
ción. 

En la costa encuentro á un individuo que 
habla francés, es el señor Laugier, preceptor 
de San Javier; él me indica para posada la 
casa del señor Daniel Long, un ex-colono pia- 
montés, que se ha casado con una muger 
friburguesa y cuya familia toda habla francés. 

En esa posada doy con un colono francés 
saboyano, llamado Remigio Blanche, de la co- 
lonia' Californiana ó Galense; propón^ole hacer 
una excursión por las chacras ael ejido, en el 
mismo carruage que me ha traido del puerto. 



— 88 -- 

pero los caballos no tienen fuerza, no aguan- 
tan, y nos obligan á desistir de nuestro pro- 
yecto. 

Así mismo he visitado varias chacras sem- 
bradas de lino: llegamos á la casa de un entre- 
riano, que vive en estos parajes desde 1876, 
el mayor Hermenegildo Albarillos, ex-juezde 
paz del pueblo y uno de los fundadores prin- 
cipales de esla villa, habiendo contribuido mu- 
cho para su desarrollo y adelanto. 

Según me ha referido después este señor,, 
hasta 1879, esto no era sino una reducción 
de indios, regenteada por unos frailes fran- 
ciscanos. Aquellos tenian su toldería donde 
está actualmente la plaza. Los franciscanos 
hacian oposición al poblamiento por espíritu 
de intolerancia religiosa y varios otros motivos 
poco plausibles. 

Es cierto que se habia instituido una comi- 
sión para repartir terrenos, y la componian 
el coronel Nelson, fray Ernesto Gonstanzi (el 
mismo que está actualmente en San Antonio 
de Obligado) y el señor Antonio Alzugaray; 
pero el presidente se habia ido para otro des- 
tino, Y la comisión quedaba inactiva. 

Habiendo sido nombrado para integrar la 
comisión, el señor Albarillos llamó familias 
de colonos y les hizo los anticipos necesarios: 
bueyes ó instrumentos de labranza. Según el 
arreglo celebrado con aquellos, los colonos- 
debian tener las dos terceras partes de la co- 
secha, entregando la otra parte al dueño del ter- 
reno que se les daba para cultivar. 

El ejido de San Javier tiene dos leguas cua- 
dradas: antes iba hasta el Saladillo. Las cua- 



— 89 — 

dras de la planta urbana son de cien varas 
por cada frente y las calles tienen veinte. 

La iglesia fué construida por fray Antonio 
Rossa, italiano, que fué á construir después la 
de Reconquista, y era entonces el prefecto de 
las misiones. 

En el paraje donde el señor Albarillos ha 

fmesto su casa estaba el fortin que defendia 
a reducción, y lo ocupaba el coronel Obliga- 
do antes de ir á Reconquista; el fortin se ha- 
bia construido bajo la presidencia de Sar- 
miento. 

Los indígenas que viven actualmente en San 
Javier, son alrededor de ochocientos; son ge- 
neralmente perezosos; se ocupan en casar y 
en pescar; al efecto se sirven de la /íja, espe- 
cie de dardo arrojadizo que manejan con una 
destreza estraordinaria. Sin embargo, algunos 
trabajan y se conchavan para cultivar la tierra. 

Este paraje habia sido poblado también por 
los jesuitas y se ven todavía algunos naran- 
jos plantados por ellos. 

El mayor Albarillos expedicionó contra los 
indios: en marzo de 1880 prendió al cacique 
Andrés López, y por su intermedio redujo des- 
pués á José Domingo Crespo que era el azote 
de las colonias desde Reconquista para abajo 
y también á Valentín López. 

La mayor parte de los colonos de San Ja- 
vier son italianos, furlanos; cultivan el lino, 
el maní, el maíz; no siembran trigo, porque 
no les hacia cuenta esta sementera, por lo 
caro de los fletes, aunque la tierra es apa- 
rente para ese cultivo. 

El pueblo tiene buenos edificios sin contar 



— 90 - 

la iglesia; es el asiento de una jefatura polí- 
tica, cuya jurisdicción abarca hasta el grado 
28® de latitud; el propietario es actualmente 
el señor Vital Ocampo, y el secretario el se- 
ñor Robles, entreriano, ex-alumno del colegio 
del Uruguay. 

Para completar la historia de la coloniza- 
ción de San Javier, debe recordarse aue el 
gobierno nacional habia intentado establecer 
allí una colonia de ruso-alemanes, y vinieron 
efectivamente unas veintiséis ó veintiocho fa- 
milias, pero todas se fueron menos dos, ha- 
biéndose gastado inútilmente cuarenta mil pe- 
sos mas ó menos. Hasta ahora existen unos 
ranchos que pertenecian á la administración 
de la colonia, y de los cuales nadie se acuerda. 

San Javier sufre un inconveniente serio: es 
la falta de comunicaciones fáciles; cuando el 
rio está bajo, suspéndese la navegación; por 
tierra, cuarenta leguas lo separan de la capi- 
tal, y si hay creciente como ahora, el camino 
terrestre se vuelve intransitable. 

Para la correspondencia con los puertos de 
abajo, San Javier tiene que valerse de la via 
de la ciudad entreriana La Paz, que dista nueve 
leguas. Una diligencia la pone en comunicación 
con aquel puerto, pues hay que caminar nueve 
leguas antes de llegar al gran rio y tomar allí 
una embarcación. Merecería el empresario 
de esta diligencia que el gobierno nacional 
ó provincial lo auxiliase con una subvención. 

Pero esto seria insuficiente para satisfacer 
las necesidades de la población de San Javier 
y de las demás; por cuyo motivo ellas recla- 
man también su ferrocarril. 



i 



— 91 — 

El 20 de Noviembre por la mañana, parto 

Jara visitar la colonia francesa al sud de San 
avier. 

Esta colonia lleva el nombre de Francesa 
, sin embargo, no hay franceses; la mayoría de 
os colonos son italianos, furlanos; es cierto 
que hay algunos individuos que hablan fran- 
cés, pero son suizos ó belgas. 

Fué fundada esta colonia bajo la adminis- 
tración del señor Oroño, por don Alejandro 
Convert, ciudadano francés, saboyano, de la co- 
lonia Esperanza, habiéndosele concedido una 
estension de cuatro leguas bajo la condición 
de establecer cincuenta familias: no llenó las 
condiciones; puso como unas veinte familias, 

3ue se costearon á sí mismas, habiendo venido 
e las demás colonias. El empresario pereció 
ahogado, y el gobierno volvió á tomar el terre- 
no. La colonia debia tener un campo comunal 
de dos leguas: habíase reservado igualmente 
un espacio para la planta urbana. 

Actualmente existen en esta colonia unas 
treinta familias de propietarios; hay también 
medianeros ó medieros, como dicen aquí. 

En la colonia Francesa he visitado á varios 
colonos, siendo uno de ellos Alfonso Genolet, 
ciudadano suizo del cantón de Vales aue estuvo 
durante algunos años en la colonia ae San Jo- 
sé (Entre Rios). 

Aquí tiene cuatro concesiones* de veinte cua- 
dras cuadradas y cuatro mil animales vacu- 
nos que están en la colonia Alejandra (Pájaro 
Blanco). 

Su familia es numerosa, once hijos, seis hom- 
bres y cinco mujeres; los hijos cuidan los 



— 92 — 

animales en aquella colonia, mientras él culti- 
va las concesiones con su yerno. Puede decirse 
que está rico, pero siempre hecha de menos el 
Éntre-Rios donde gozaba una existencia mas 
agradable. 

Carlos Bistmanf es un belga, herrero, que 
está aquí desde 1870 y tiene tres concesiones, 
muchos ^boles; sobre todo naranjos. Todos 
los árboles dan buenos resultados. 

En cuanto á los cultivos, son el lino, el maní 
y el maiz. El lino se vende á siete pesos la fane- 
ga de Quince arrobas; el maní vale 46 centavos 
la arrona. 



A la tarde vuelvo á salir en dirección á la co- 
lonia California; esta se nombra así porque fué 
fundadada primitivamente bajo la administra- 
ción del señor Oroño, por norte americanos 
que se han ido después; mas allá existe la co- 
lonia dicha Galense porque fué poblada i)or ga- 
lenses, de los cuales algunos hanian venido del 
Chubut. 

De paso visito la concesión de Juan Blan- 
che, colono francés, que está cortando su lino 
con dos máquinas, una Buckeye y una Wood; 
este Blanche es el empresario de la diligencia á 
La Paz. 

Su hermano Remigio Blanche ocupa la pri- 
mera concesron de California; su casa está á 
cuatro cuadras del rio San Javier, pero actual- 
mente está á dos pasos de la inundación; fué 
construida con elegancia y comodidades. Per- 
teneció antiguamente á Guillermo Moore, muy 
conocido en el país por las expediciones que 



— 93 — 

dirigió contra los indios, délos cuales se habia 
hecho el terror. 

Mas al norte vive Pablo Brugnon, suizo del 
cantón de Vaud, que tiene veinte años de Amé- 
rica: estuvo anteriormente en la colonia Hel- 
vecia y vino hasta este punto hace cinco años 
para dedicarse á la ganadería, teniendo actual- 
mente dos mil vacas; pero no por eso descuida 
la agricultura. 

El terreno de California habia sido dividido 
en diez partes iguales, cuatro cuadras de fren- 
te y mas de cuatro leguas de fondo desde el 
rio San Javier hasta el rio Saladillo; esta divi- 
sión ofrecia sus inconvenientes, pero los posee- 
dores se entienden para pastorear en común sus 
animales. 

La casa de Brugnon está muy bien arregla- 
da; es un cottage, un verdadero palacete con 
varios aposentos, comedor, dormitorio, salón, 
cocina, despensa y demás piezas. Las paredes 
son pintadas y adornadas con cuadros. El due- 
ño de casa es aficionado á la lectura, recibe 
periódicos y revistas de Europa; su señora 
cuida un jardin y una quinta llena de precio- 
sos árboles frutales y de plantas de viña. 

Hacen vino y aguardiente de durazno. 

El tiempo me faltaba para ir mas adelante; 
regresé pues á San Javier sin haber visitado la 
colonia Alejandra (Pájaro Blanco) y Romang 
(Malabrigo), que no son colonias agrícolas, 
hablando con propiedad. Según los informes 
(jue he tomado, la primera seria una agrupa- 
ción de estancieros y la segunda una agrupa- 
ción de obrajeros. 



- 94 



Ul 



De Santa Fé á Córdoba — Las colonias San Francisco — 
Itnrraspe, Freiré, Lnxardo, Monte del Toro — Halberti- 
na— Una mala noticia —Llegada á Córdoba •— Reflexio- 
nes. 

De Santo Fé pasé á la provincia de Córdoba, 
recorriendo la nueva via férrea que se ha inau- 
gurado, hace poco tiempo, y que une directa- 
mente ambas capitales. 

El tren sale tres veces por semana, á las siete 
de la mañana, y llega á las ocho de la noche 
más ó menos. 

Hasta Josefina y aun mas allá, se camina en- 
tre colonias, ó poco falta; Josefina es la última 
de la provincia de Santa Fé; vienen á conti- 
nuación las de la provincia de Córdoba, sien- 
do la de San Francisco la primera que llama la 
atención. 

Desde luego, allí es donde se almuerza alas 
once y media de la mañana; en la estación exis- 
ten todavialos galpones y las mesas donde se 
verificó un banquete de quinientos cubiertos 
para inaugurar la línea, el 15 de Octubre ppdo., 
habiendo asistido los gobernadores de ambas 
provincias y el Ministro de Relaciones Exte- 
riores. 

A inmediaciones de la estación está edificán- 
dose un gran molino á vapor, propiedad del 
señor Dr. Bernardo Iturraspe, propietario tam- 
bién déla colonia. Esta colonia está situada en 
el departamento de San Justo; data solamente 
de 1886. 



- 95 — 

A fines de 1887, constaba su población de 
unas cincuenta familias, procedentes de diver- 
sas colonias de Santa Fé. 

Casi todos los colonos existentes, dice el in- 
forme oficial publicado por la oficina de esta- 
dística de Córdoba, (Director D. Enrique López 
Valtodano) son propietarios de ochenta á seis- 
cientas cuadras y poseen un pequeño capital 
de 500 á 5000 pesos en útiles de labranza, ha- 
bitando buenas casas de material con techo de 
zinc. 

Como la colonia San Francisco está limítrofe 
á Santa Fé, ha formado su población y la au- 
menta con la emigración de las colonias de esta 
Erovincia, gente joven y laboriosa, acostum- 
rada ya á nuestras prácticas de faenas rurales 
y que buscan en los campos fértiles de San Jus- 
to una compensación mas provechosa á sus 
trabajos. 

San Francisco promete ser pronto un centro 
agrícola importante. 

Por ahora, sus pobladores se concretan al 
cultivo de trigo y maiz, sembrando otros pro- 
ductos en pequeña escala para el consumo de la 
población. 

«En plantaciones frutales, hay duraznos, da- 
mascos, ciruelos y peros; y sin fruto, sauces y 
paraisos. Además, en el monte de 340 cuadras 
que encierra el campo, se encuentra algarrobo, 
quebracho, ñandubay, garabato y chañar. 

Cada colono, al construir su casa, se ha tra- 
bajado también un buen corral, alambrado á 
cinco y si(?te hilos con postes de ñandubay. 

Además de los útiles, cuentan algunos con 
carros y carruajes de cuatro ruedas, animales 



— 96 — 

vacunos, yeguarizos, porcinos y aves domésti- 
cas. 

La fisonomía general del campo es ligera- 
mente accidentada; buenos pastos, fuerte en 
las partes altas y tierno en las bajas; el agua 
se encuentra á 11 y 13 varas de profundidad; 
es dulce y excelente en ciertos puntos y en 
otros salobre. 

Los vientos reinantes son norte y este. El 
área designada para pueblo ocupa una super- 
ficie de 25 cuadras y cuenta ya (1887) con cua- 
tro casas, tres de material crudo, una cocido 
y dos hornos de ladrillo. Las cuatro están ocu- 
padas por comerciantes, que abarcan á la vez 
diversos ramos: tienda, almacén, herrería, car- 
pintería y dos panaderías. 

En el centro está ya delineada y alambrada 
una gran plaza». 

Tales son los datos que suministraba el año 
pasado el inspector de colonias déla provin- 
cia señor don Ángel L. Medina. Actualmente, 
este funcionario está preparando los elementos 
que acaba de recoger para otro informe que 
manifestará los adelantos de la colonización en 
aquella provincia. 

En el mismo departamento de San Justo 
existen las colonias «Iturraspe», «Freiré», 
«Luxardo», Monte del Toro», y «Malbertina». 

La primera es la mas importante y próspera 
del departamento. 

Está situada al noroeste de San Justo, á dis- 
tancia de 16 leguas de la población. Es su pro- 
pietario el señor Juan Bernardo Iturraspe y 
su área total ocho leguas. Linda por el norte 
con la colonia Freiré, por el sud con la de San 
Francisco, por el este con Santa Fé. 



— 97 — 

El terreno es aquí también algo accidentado, 
abundante en pastos, agua dulce generalmente 
en los bajos, á 10 y 12 varas de profundidad, y 
salobre en los altos á 14 y 16 varas. 

La población alcanza (1887) á 39 familias, 
casi todas italianas, procedentes de Santa-Fé, 
habiendo venido con su pequeño capital de 200 
á 5000 pesos en útiles de labranza, poseyendo 
muchos buenos carros y carruajes de cuatro 
ruedas, animales de diversas especies; algunos 
son propietarios, otros medieros. 

Las concesiones tienen cada una veinte cua- 
dras, habiendo colonos que poseen desde cuatro 
hasta treinta y dos concesiones. 

En el centro de la colonia se ha delineado 
el pueblo, con una superficie de 25 cuadras, 
ocupando la plaza una área de 16.000 varas, 
que están alambradas. 

La colonia «Freyre» tiene una superficie de 
cerca de ocho leguas; su propietario es tam- 
bién el señor Iturraspe. Háse formado igual- 
mente con familias procedentes de Santa-Fé. 
Está situada á 18 leguas al norte de la villa de 
San Justo. 

Los campos son fértiles, de muy buena clase 
en unos puntos y en otros regulares. Las aguas 
se encuentran á 13 y 15 varas, con las mismas 
variaciones de ser dulce en los bajos y salobre 
eh los altos. 

En el área de la colonia se encuentra un buen 
monte de aigarrobo, chañar y garabato de 200 
cuadras. 

La colonia «Luxardo», propiedad de los se- 
ñores Luxardo hermanos, dista 13 leguas al 
este de San Justo v su área consta de cuatro 



— 98 — 

leguas. Háse formado también con familias 
de Santa-Fó. 

Los campos son en general de buena clase, 
encontránaose las aguas á 12 varas. Encier- 
ra esta colonia un monte de 150 cuadras de 
algarrobo, quebracho, ñandubay, garabato y 
chañar. 

La colonia «Monte del Toro» es propiedad de 
los señores Alvaro Gómez y JosóÉertelli. Está 
á nueve leguas de la villa de San Justo y tiene 
dos leguas cuadradas de superficie. 

Las condiciones del terreno son buenas para 
la agricultura; las aguas se encuentran á nueve 
y trece varas de profundidad y hay pastos 
abundantes y un monte de ochenta cuadras de 
las maderas nombradas anteriormente. 

La colonia Malbertina, colindando con la 
Luxardo y San Francisco, ocupa una superficie 
de cuatro leguas de buen campo, donde el agua 
se encuentra á seis y doce varas. El terreno es 
accidentado, notándose que en los altos los 

gastos son fuertes y el agua salobre y en los 
ajos los pastos son tiernos y el agua esquí sita. 
Por esta razón, los colonos tienen todas sus 
casas aproximadas á los bajos. 

Esos campos fueron adquiridos por una so- 
ciedad de veinte colonos de Santa-Fé. Todos 
son propietarios de 100 á 800 cuadras, habi- 
tando buenas casas de material. 

La colonia Malbertina, dice el señor Medina, 
se inicia en un buen camino y se coloca en 
condiciones de prosperar mucho y pronto. Aña- 
de que el señor don Tomás Lubary es uno de 
los fundadores de esta colonia y de los mas 
entusiastas propagandistas de la colonización. 



— 99 — 

Saliendo del campo y de la zona de los terre- 
nos cultivados, que es monótona, no presen- 
tando mas variedad que los postes y los alam- 
bres del telégrafo, entramos en la zona de la 
selva, que no deja de ser ella también monó- 
tona por la uniformidad de la vegetación: los 
árboles, algarrobos y Quebrachos tienen poca 
elevación; carecen de elegancia; son torcidos y 
como atormentados por los vientos. Sin em- 
bargo, de vez en cuando, un paisaje nuevo 
viene á alegrar la vista fastidiada: es algún 
cotta^e improvisado para la estación, una casa 
de hierro galvanizado ó de zinc, que aparece 
en medio de los bosques, un rebaño de cabras 
aue brinca en los matorrales, un campamento 
de trabajadores con sus carpas esparcidas á 
ambos lados del ferro-carril. 

En fin, una línea de azul se diseña en el ho- 
rizonte al cabo de la perspectiva formada por 
la vía férrea; es la sierra de Córdoba, que se 
destaca sobre el cielo vaporoso y candente; pero 
cuan lejos estamos todavía! Las montañas 
son como la felicidad: uno cree tocarlas á cada 
momento y jamás las alcanza, ó no las alcanza 
sino rendido de cansancio y casi exánime. 

Pasamos el rio Primero en un puente her- 
moso: este es un indicio mas de que nos vamos 
acercando; pero Córdoba no aparece; es ver- 
dad que está oculta en un bajo: llevamos doce 
horas de marcha; la oscuridad no tarda en in- 
vadirnos y solo de noche cerrada alcanzamos 
la estación. Córdoba, la ciudad misteriosa, la 
Roma argentina, continuará siendo invisible 
hasta mañana. Lo único que puedo vislum- 
brar de paso es la estatua de un hombre á 



- 100 — 

caballo, aue debe ser la del héroe cordobés, 
el general Paz, y se ha levantado á poca dis- 
tancia del rio Primero. Mañana vendré á 
visitarla. 

En Córdoba aprendo una mala noticia, ó 
mejor dicho, se me confirma, porque ya la ha- 
bia oido en la estación de San Francisco; la 
muerte imprevista, casi repentina, de don An- 
tonino Cambacéres. ¿Quién podia prever se- 
mejante catástrofe? Lo siento profundamente 
como amigo del hombre, del hijo de francés 
tan simpático á toda la población francesa de 
Buenos Aires, liberal, entusiasta y progresista. 
Lo siento tanto mas, cuanto que esa él á quien 
debo la satisfacción de haber podido llevar á 
cabo estas excursiones que estoy haciendo des- 
de mas de un año tan rápidamente, demasiado 
rápidamente, al través de la República Argen- 
tina, para visitar sus colonias, sus centros agrí- 
colas é industriales con el objeto de presentar 
una reseña histórica y descriptiva á la exposi- 
ción de 1889, pues ha muerto antes de que 
haya podido expresarle mi agradecimiento y 
antes de haber concluido yo mis viagesymis 
estudios. Lesmorts von vite. ¿Qué somos los 
pobres humanos? unas chispas fugaces del foco 
de la vida universal, que se alzan desde las 
tinieblas de lo desconocido, brillan algunos 
instantes y se apagan en el misterio de la tum- 
ba ¡Oh muerte, eres tú una conclusión 

irremediable, suprema, ó solamente una trans- 
formación? Si nada se pierde en el mundo 
físico, como lo demuestra la ciencia positiva, 
¿por qué se perdería algo del mundo moral, del 
cual aquel no es mas que el pedestal, el subs- 



— 101 — 

tratum? ¿Cómo? ¿Se conservaría inconmovi- 
ble, indestructible, el pedestal, y la estatua se 
derribaría al suelo cada vez que acaba de le- 
vantarse? ¿No es esto una contradicción inad- 
misible? 

Por lo visto, mi prinier dia de viaje se cer- 
raba con una impresión melancólica; pero el 
cansancio de una jornada molestísima, (trece 
horas de ferro-carril con una atmósfera sofo- 
cante y torbellinos de polvo) junto con el bu- 
llicio de la capital cordobesa, borraron las 
imágenes fúnebres. Fuíme con un compañe- 
ro de viaje de Buenos Aires, que iba á resta- 
blecer su salud en la sierra de Córdoba, á sen- 
tarme en un banco de la plaza de'San Martin, 
á los pies del venerando cabildo. Tocaba la 
banda de música en el kiosko que está al cen- 
tro de la plaza; sus notas alegres saltaban en 
la oscuridad de los árboles como chispas de 
armonia visible; mientras tanto, centenares de 
individuos de ambos sexos, elegantes caballe- 
ros y preciosas niñas daban vueltas y mas 
vueltas al rededor del paseo cuadrangular. Y 
esto duró hasta las once de la noche, y aun mas 
tarde. Seguidamente, la confitería que está 
al ángulo noroeste, se llenó de un sin número 
de los mismos individuos, absorbiendo una 
cantidad incalculable de refrescos. El dueño 
de casa debe ganar mucho dinero; no puede 
dar abasto á los marchantes. 

En fin, la gente comenzó á irse insensible- 
mente; la campana del cabildo tocó las doce de 
la noche; los tranaways dejaron de circular, mi 
compañero de viaje fué á acostarse, y yo conti- 
nuó mi paseo solitario bajo los árboles de la 



— 102 — 

plaza de San Martin, recordando los tiempos 
que pasaron llevándose á los amigos para siem- 
pre y pensando en los tiempos futuros que han 
de presenciar tantas transformaciones seme- 
jantes á las que estoy viendo actualmente: la 
Córdoba de los vireves, la Córdoba de los frai- 
les, metamorfoseada, mode?mizada por los ferro- 
carriles, los tramways y la luz eléctrica que 
echarán, ahuyentarán, arrinconarán hasta la 
lejana tierra las preocupaciones vetustas del 
pasado y las negras milicias de la Edad Media. 
Y, si no lo veo yo, si me voy como Cambacé- 
res antes de haberlo visto, confío que lo verán 
mis descendientes. 



— 103 — 



un 

La colonia Garoya — La lucha con la seca — El dique de 

de San Roque 

Al dia siguiente de mi llegada á Córdoba (29 
de Noviembre) tomo el primer tramwáy que 
pasa y recorro la ciudad. Subo á los cerros 
que la dominan por la parte sud- ¿Por qué los 
españoles pusieron esa población en un bajo? 
Sin duda para tener el agua á la mano, acer- 
cándose al rio Primero. Con este motivo, debe 
decirse que la escasez del agua es el gran de- 
fecto de la provincia de Córdoba; defecto aue 
el gobierno trata de remediar con grandes 
trabajos de los cuales hablaré mas adelante. 

Desde la altura á que he llegado, diviso cam- 
panarios en todas partes: Córdoba era y es 
todavia la ciudad de las iglesias, la Roma argen- 
tina. Para pintar el genio respectivo de los des- 
cubridores y conquistadores de América, háse 
dicho que el primer edificio que ponian los 
españoles en un país nuevo era una iglesia, que 
los franceses construian una fortaleza y que 
los ingleses establecían una factoría. 

Háse formado una empresa para echar aba- 
jo los cerros del sud, nivelando el terreno para 
edificar una ciudad nueva que contará quinien- 
tas ó seiscientas manzanas; ya hay centenares 
de operarios en actividad. 

Entre tanto, y gracias al tramway, pueden 



— 104 — 

considerarse como partes integrantes de la ciu- 
dad antigua el pueblo que se llama «Colonia 
de San Vicente» y el pueblo «General Paz»; el 
primero está al este, distinguiéndose por sus 
edificios rodeados de sauces llorones y de ála- 
mos; el segundo está en la ribera izquierda y 
ostenta hermosas construcciones. 

En esta misma orilla izquierda está el paseo 
Juárez Celman. 

La calle mas hermosa de Córdoba es la lla- 
mada «de los Representantes», siendo planta- 
da de árboles y rormando el corso en los dias 
festivos. A la extremidad setentrional es- 
tá la estatua del general Paz; á la extremidad 
meridional debe ponerse la de VelezSarsSeld. 
Pero la cosa mas curiosa, mas original, es sin 
duda, la plaza del lago que lleva el nombre de 
Sobremonte, habiendo sido formado con agua 
traida de la sierra. 

Repito que la falta de agua es el gran defecto 
del país; la lluvia es rarísima, y, aunque la 
tierra es fértil, la agricultura se vuelve impo- 
sible cuando no hay regadio. 

Por ejemplo, la colonia «Caroya» tiene que 
luchar contra esta dificultad suprema. 

Esta colonia está situada á i300 metros al 
sud-este de la estación «Jesús Maria», aunas 
diez leguas de Córdoba, en el ferrocarril Central 
Norte. 

Ocupa una superficie de 7025 hectáreas, di- 
vidida en 281 concesiones de 25 hectáreas, de 
las cuales — dice el informe del inspector Me- 
dina, — hay solo una cuarta parte desmontada 
y cultivada, permaneciendo el resto del terreno 
sin ser labrado hasta ahora por la escasez de 
agua. 



— 105 — 

Cuenta, 6 mejor dicho, contaba en 1887 con 
una población de 229 familias, formando un 
total de 1269 habitantes, gente joven, robusta 
y laboriosa, italianos en su mayor parte. 

Estos colonos, sigue diciendo el mforme, ha- 
bitan casi todos en buenas casas de material 
cocido, con techos de teja ó de paja, cada uno 
con su chacra cercada de alambre á cercos 
vivos. 

Entre las casas construidas en la calle prin- 
cipal, hay diez buenos edificios, de fabricación 
sólida V elegante, con puertas vidrieras, piso 
de madera ó baldosas, siete de las cuales es- 
tán ocupadas por comerciantes en diversos 
ramos. Además de estas, el comercio está i*e- 
presentado en la colonia por otros dos alma- 
cenes, cuatro zapaterias, cuatro talleres de 
carpintería, tres ae herrería, nueve panaderías, 
tres puestos de carne, doce fábricas de ladri- 
llos que hacen su despacho para Jesús María 
y Córdoba. 

Casi todos estos colonos cuentan con los 
útiles de labranza necesarios: arados de una 
y dos rejas, carritos de cuatro ruedas para el 
transporte de los productos, vacas, ovejas, ca- 
ballos y aves domésticas. 



Según el mismo informe, aunque en limi- 
tada escala, en la colonia Caroya se han cul- 
tivado con éxito productos diversos, maíz, tri^o, 
porotos, papas, legumbres, y sobre todo la vid, 
que se proauce bien y que comienza á ser obje- 
to de cultivo especial. 

Cuéntase (1887) 35.000 plantas de vid produc- 



— 106 — 

tivas y 50.000 cepas. A las plantaciones de bar- 
becho se les dará este año un gran impulso, 
en vista de los excelentes resultados que die- 
ron los últimos ensayos de fabricación de vino 
que acaban de hacerse. En la última cosecha 
se han fabricado 115 bordalesas de vino tinto 
y blanco, que ha sido despachado en la misma 
colonia á 20 y 25 centavos la cuarta. A no ser 
los perjuicios causados por la piedra, la cose- 
cha hubiera dado mejores resultados. De la 
uva mala se han obtenido 200 fardos de buen 
aguardiente. 

El desan^ollo de esta importante industria de- 
pende, como la prosperidad de la colonia toda, 
de la cuestión vital de agua. La vid, que se 
produce bien en terrenos secos, la necesita, 
sin embargo, en su primera época, indispen- 
sablemente. 

Las legumbres son objeto también, no solo 
de gran consumo en la colonia, sino de un 
activo comercio en toda la línea del Central 
Norte. 

Su cultivo se resiente asi mismo de la falta 
de agita. Para conservar las hortalizas, los 
colonos las riegan á mano, extrayendo el agua 
de depósitos en que guardan la que les corres- 
ponden en los rarísimos turnos que se les pue- 
de conceder. 

Se han practicado ensayos con la morera y 
se han obtenido resultados satisfactorios. El 
señor Negri tiene mas de cinco mil plantas de 
este precioso vegetal y hay varios colonos que 
poseen así mismo cierto número. 

Es excusado hacer consideraciones sobre los 
beneficios que redundaría á la colonia el culti- 



— 107 ^ 

vo de los gusanos de seda. Esta importantí- 
sima industria no solo haría la prosperidad de 
sus explotadores, sino también benefíciaria á 
los consumidores con la modicidad de los pre- 
cios, á que podrían expenderse las telas de 
seda. 

Pero esta indtcstria, como todas las demás 
que germinan en la colonia Caroya, están conde- 
nadas á vejetar perpétiuimente, mientras no se 
Cíente con el agtea necesaria. 



El informe vuelve á inculcar sobre la impor- 
tantísima cuestión del riego, proponiéndose 
facilitar la solución de este proolema de vida 
ó muerte para la colonia. 

El terreno que ocupa la colonia Caroya es 
regado por los rios Carnero y Caroya. Él pri- 
mero que es el mas caudaloso y que riega 
mayor superficie, baña también la propiedad 

E articular que perteneció á los señores Piedras, 
oy del señor Ángulo y Garcia. 

Ya desde tiempo inmemorial venia dispu- 
tándose con tesón la propiedad exclusiva de 
las aguas del rio Carnero, por los señores Pie- 
dras y los administradores del terreno nacio- 
nal del colegio de Monserrat, en que hoy está 
situada la colonia, y en 1832 se resolvió la 
cuestión por autoridad competente, adjudican- 
do por mitad el uso del agua entre los dos liti- 
gantes. 

Habiéndose fundado la colonia, á pesar de 
esta resolución, no se obtuvo nunca la distribu- 
ción igual del agua, pues á penas llegaba una 
pequeña parte del rio Carnero, siendo aprove- 



— 108 - 

chadas sus aguas por ribereños cuyos derechos 
no han sido justificados. 

Amas, las \eríienies del Salitre y A guadua ^ 
que aumentaban el caudal del Carnero, han 
sido desviadas por trabajos que se suponen he- 
chos de propósito, usurpándose con esto un 
caudal de inextimable valor para la colonia. 

El Gobierno Nacional ha concedido la quinta 
parte del agua que le pertenece de rio Carnero 
á la villa de Jesús Mana y ha permitido que se 
coloquen tubos para conducir toda el agua que 
necesite la estación del Central Norte para ali- 
mentar las máquinas. 

Así, pues, el escasísimo caudal de agua que 
arrastra el rio Carnero á la colonia, disminui- 
do hasta el grado que buenamente quieran dejar 
los ribereños y mermado todavía por las conce- 
siones mencionadas, no basta frecuentemente 
ni para el consumo doméstico de los colonos, 
cuanto menos para el riego. 

Desde hace mucho tiempo el agua se distri- 
buye por turnos de seis horas á los colonos; 
turnos que se suceden cada dos meses. Para 
asegurar siquiera lo que se necesita para el uso 
doméstico, se cavan pozos y allí se la represa, 
sucediendo frecuentemente que los colonos se 
ven obligados á beber agua en muy malas con- 
diciones higiénicas. 

La sitimcton de los colonos es por esta razón, 
no solo precaria, sino desesperante. En terrenos 
fértiles, pero que por la sequedad del tempera- 
mento requieren indispensablemente el agua, 
sus esfuerzos vienen á ser estériles, pues á penas 
obtienen lo indispensable para vivir. 

Ligados, sin embargo, áia colonia por las con- 



— 109 — 

cesiones que poseen y por las familias que tie- 
nen allí establecidas y que no es fácil trasladar 
de un punto á otro, véseles en ciertas épocas 
del año emigrar á otros puntos en busca de tra- 
bajo que les permita asegurar la subsistencia de 
las familias. 

Mediante estos sacrificios, es como ha podido 
mantenerse hasta ahora el núcleo de población 
que existe en la colonia Caroya, digna por los 
esfuerzos que lleva hechos, de la protección 
decidida del gobierno, que no dudo, dice el ins- 
pector, se la dispensará en cuanto llegue á su 
conocimiento su estado actual. 

El agua es, pues, la condición de vida de la 
colonia, necesidad imperiosa que se necesita 
atender cuanto antes. 

Cualquiera que sea la medida que adopte el 
gobierno, debe ser tomada cuanto antes, si se 
quiere evitar la despoblación y trocar en pros- 
peridad la actual difícil situación de la colonia 
Caroya. 

A consecuencia de este informe, el gobierno 
provincial mandó un ingeniero, el señor Gor- 
dillo, que no pudo sino confirmar las asevera- 
ciones del primero, afirmando como evidente- 
mente demostrado, que el agua era enteramente 
insuficiente y no era posible cultivo de ningún 
género, sino aumentándola en la mayor canti- 
dad que fuese posible. 

Era, decia, materialmente imposible ^ue los 
colonos se dedicasen á otra clase de cultivo que 
el de la vid, por la falta de agua, cuya falta ha 
sido tal q%íe aveces no la teni'in ni fiara beber, 

Proponia, pues, el señor Gordillo, unas me- 
didas para remediar tan grave mal, pero obser- 



— lio — 

vando que el problema estaría resuelto sola- 
mente en parte, porque, dada la extensión de la 
colonia, no creía que hubiese agua bastante 
para regarla toda. 

De todo lo cual resulta que la colonia no ha- 
bia sido bien ubicada: efectivamente, según los 
informes que he recibido, los colonos están lu- 
chando hasta ahora contra la misma dificultad. 

Para completar lo que se refiere á la historia 
de la colonia Caroya, debo decir que es una 
creación del Gobierno Nacional, habiendo sido 
fundada en 1878; lleva por consiguiente diez 
años de existencia, sino diez años de prospe- 
ridad. 

Según el informe del comisario Achával, 
correspondiente al año de 1880, habia costado 

Sor racionamiento ordinario y extraordinario 
e víveres, útiles, animales y semilla, la canti- 
dad de setenta y un mil doscientos tres pesos 
ochenta y tres centavos (71,203.83) á cuya can- 
tidad era preciso agregar el precio de los ter- 
renos, que por hectáreas 5,902.05 á razón de 
10 pesos la hectárea, importaba la suma de 
pesos 50,917.51, ascendiendo la deuda total á 
ciento veinte y dos mil ciento treinta y un pesos 
treinta v cuatro centavos. 

El mismo informe calculaba el valor del ca- 
pital colonial en ciento ochenta mil pesos 
(180,000) por lo menos, deduciendo que el cré- 
dito del gonierno estaba superabundantemente 
cubierto por los valores poseídos por los co- 
lonos. 

Sin embargo, hasta la fecha, y sin duda, por 
las circunstancias indicadas anteriormente, los 
colonos no han satisfecho sus compromisos 



— 111 — 

con la administración nacional: seria pues ne- 
cesario tomar una medida decisiva para poner 
fin á una situación intolerable. 

En 1857, el gobierno nacional del Paraná 
perdonó sus deudas á los colonos de «Esperan- 
za» salvando ese plantel fundamental, cuyo 
fracaso hubiera dado resultados desastrosos 
para la colonización: ¿por qué no se hace algo 
análogo con los colonos de Caroya, imposibi- 
litados, según acabamos de ver, no solo para 
pagar sus deudas sino para conseguir normal- 
mente su subsistencia, por la falta de ese ele- 
mento primordial, el agua? 



No puedo concluir esta relación sin decir lo 
que hace el gobierno de Córdoba para combatir 
el azote de la seca. 

A siete leguas al este de la capital provin- 
cial, está construyéndose actualmente un dique 
colosal para atajar las aguas del rio Primero, 
convirtiendo su cauce en un lago artificial, con 
un depósito que alcanzará á doscientos cua- 
renta millones de metros cúbicos. 

El 13 de diciembre ppdo., el doctor Cotte- 
not, profesor en la facultad de ciencias, me llevó 
á visitar ese trabajo de romanos. Dije que 
está á siete leguas de la ciudad, pero como no 
se puede ir directamente por los obstáculos del 
terreno, y hay muchas vueltas que dar, la dis- 
tancia se calcula en mas de diez leguas. El 
camino, pintoresco, escabroso, es el mismo, en 
gran parte, donde los enfermos y los valetudi- 
narios van á restablecer su salua quebrantada 
con el aire purísimo de la sierra. Quiero decir 



— 112 — 

que, para llegar allí se sube constantemente, 
aun cuando la ilusión de los sentidos hace creer 
que se va bajando. En partes ha habido que 
cortar, horadar la montaña, para abrir paso á 
los vehículos. En fin, se llega á un extenso 
valle donde los rios de Gosquin y de San Roque 
conñuyen para formar el rio Primero. Deja 
entonces el viajero el camino que conduce á la 
estación de Gosquin, y, siguiendo la corriente 
del rio, llega al dique que cierra el desfiladero 
formado por las montañas abruptas, casi per- 
pendiculares, que van acercándose una á otra. 

El dique tiene 160 metros de largo; su altura 
desde la base, es de 37 metros. El espesor, en 
los cimientos, es de 50 metros, y en el naci- 
miento del dique, de 29 metros y 50 centíme- 
tros. 

El volumen de las obras alcanzará á 45,000 
metros cúbicos y los materiales son de granito 
y de cal hidráulica de la fábrica del doctor don 
Juan Bialet-Massé. 

La base del dique está á 184 metros arriba 
del observatorio de Córdoba, el cual está á unos 
30 metros arriba de la ciudad. 

Los trabajos de instalación, excavación y 
otros preparativos principiaron y se llevaron á 
cabo durante el primer semestre de 1886, cor- 
riendo entonces por cuenta del gobierno provin- 
cial; hubo una interrupción que duró desde 
fines de Julio hasta el 24 de Octubre, formándo- 
se entonces la empresa Funes y Bialet, que se 
comprometió á llevar á cabo la obra en el pla- 
zo de diez y ocho meses; pero entendíase en- 
tonces que el dique tendría solo una altura de 
treinta y dos metros, y como posteriormente se 



— 113 — 

acordara elevarlo á cinco metros mas, se alargó 
el plazo á seis meses. Los trabajos de la nue- 
va empresa principiaron en Mayo de 1887 y 
deben quedar concluidos á fines del corriente 
año de 1888. 

El ingeniero director de la obra y autor del 
proyecto es el señor don Carlos Cassaflfousth, 
mgeniero ' formado en Europa, y el encargado 
director de la ejecución el señor don Anselmo 
Laso, ex-alumno de la facultad de ingeniería de 
Buenos Aires y del colegio del Uruguay. 

La obra está presupuestada en tres millones 
de pesos oro. 

La idea primordial pertenece al doctor Juárez 
Celman, actual Presidente de la República y ha 
encontrado muchos opositores como todas las 
ideas progresistas: los opositores pretendian y 
aun pretenden, que importa un peligro para 
la ciudad de Córaoba, que la obra no ofrece las 
condiciones de solidez requeridas, etc., etc. El 
señor Cassaffousth ha combatido victoriosa- 
mente todas las objeciones y ha ido adelante. 
Lo que se siente únicamente, es no haber dado 
mayores proporciones al dique para reunir un 
mayor caudal de aguas y por consiguiente re- 
gar mayor extensión de terreno. 

El riego, vuelvo á repetirlo, es condición in- 
dispensable, stne qtia non, de la agricultura en 
la provincia de Córdoba, aue no es favoreci- 
da por las lluvias como las ael litoral, y donde 
la seca es endémica. 

El gobierno lo ha comprendido y trata de 
llevar á cabo lo aue podría llamarse una poli" 
tica hidráulica, aerramando el agua á manos 
llenas y haciendo llegar a todas partes donde 

8 



— 114 — 

pueda llevarla la industria humana, domado- 
ra, reformadora de una naturaleza rebelde y 
si lo consigue, habrá prestado servicios incal- 
culables á la población, pues habrá dado á la 
tierra, excelente por otra parte, el único ele- 
mento que le falta para producir mieses abun- 
dantes. 

Otra obra hidráulica que se combina con la 
de San Roque es la del Mal Paso, mas adelante, 
ó mas cercada Córdoba. Hácense también tra- 
bajos de irrigación en Rio Cuarto. 

El dique de San Roaue debe ser inaugurado 

Eróximamente por el presidente de la Repú- 
lica: será indudablemente una solemnidad 
interesante, aunque no fuese mas que por lo 
pintoresco de la localidad. Ya actualmente es 
un cuadro curiosísimo el que presenta el as- 

Secto de ese taller engolfado en esa garganta 
e rocas salvajes; esas carpas y esas barracas 
de madera ó de hierro galvanizado desparra- 
madas sobre el declive de la montaña, esos 
máquinas de vapor que lanzan sus penachos de 
humo sobre las moles de granitos, esas casitas 
colgadas en las rocas como nidos de águila, 
esas muías que suben y bajan con sus pesadas 
cargas, esas cabras que brincan entre las ma- 
lezas, todo ese hormiguero de hombres y de 
mujeres que se mueven en todas direcciones 
hasta que la campana de la administración les 
llama á la comida y al descanso, mientras si- 
guen retumbando las explosiones de los bar- 
renos, como si la montaña se hubiese con- 
vertido en un volcan, y todo aquello dominado 
por el firmamento azulado de la bóveda celeste, 
con la perspectiva lejana de^ la cordillera que 



— 115 — 

cierra el horizonte y del rio que va serpentean- 
do perezosamente entre los sauces llorones, 
mientras ven^a el momento de hacerlo traba- 
jar en beneficio de la humanidad. 

¡E pur si muove! El progreso se abre paso 
en todas partes, aun en la tierra de las preocu- 

E aciones fóticas, donde la sociedad aletargada, 
ipnotizaofa por el misticismo, perdió tanto tiem- 
po en oraciones y procesiones. 



— 116 — 



uv 



Las colonial de Córdoba en 1887 

Voy á completar la reseña de las colonias de 
la provincia de Córdoba, valiéndome de los 
datos que me fueron suministrados por el ilus- 
tre jefe de la oficina de estadística don Enrique 
López Valtodano, porque me faltó el tiempo 
para visitarlas todas. 

En los informes de este señor, figura en pri- 
mer línea la colonia «Tortugas» fundada en 
1870, en los límites de Córdoba y de Santa Fé, 
sobre la margen del arroyo las Tortugas por 
la compañia de tierras del ferrocarril Central 
Argentino. 

De esa colonia ya hablé anteriormente, ha- 
biéndola visitado en mis excursiones anterio- 
res. Ahora puedo agregar lo siguiente: 

No distan mucho los tiempos, dice el inspec- 
tor Medina, en que el colono se veia obligado 
á labrar la tierrai^ llevando al brazo el arma con 
que debia defender su vida del salvaje habitan- 
te de la Pampa. 

Mas de una vez, las sementeras han sido ar- 
rasadas, saqueados los graneros y arrebatado 
hasta el último animal de labranza. 

A consecuencia de esto, la colonia se des- 
pobló y ha pasado por épocas de gran deca- 
dencia. 

Debido, sin embargo, al esfuerzo de unos 



— 117 — 

pocos, que animados de fé ciega en el por- 
venir de la colonia no quisieron abandonar- 
la, conservóse allí un pequeño núcleo de colo- 
nos, que hoy se ha ensanchado considerable- 
mente. 

Hoy (1887) consta esta colonia de 47 familias, 
en su mayor parte italianas, que siembran 
trigo y maíz en grandes extensiones. Los sem- 
brados de trigo abarcaban entonces el área de 
2218 cuadras y 143 la de maíz, habiéndoles 
producido la cosecha de trigo 24.000 fanegas 
y cerca de 9000 la de maíz. 

Entre los colonos notables hay que nom- 
brar el señor don Armando Tixier, poseedor 
de 2050 cuadras. Este señor tuvo hasta mil 
animales vacunos, pero habiendo perdido 700 
por la nieve, se determinó á colonizar todo su 
campo. 

Los señores Siguentales hermanos, tienen 
1850 cuadras, alambradas con cinco hilos, ha- 
biendo sembrado mas de 300 cuadras de al- 
falfa. 

Los señores Maino hermanos, han fabricado 
vino y vinagre de durazno y cultivado la mo- 
rera, empleando la seda en la confección de 
piezas de vestir de la misma familia. Han cul- 
tivado también la vid, introduciendo plantas 
de Italia. 

Los colonos tienen trilladoras y todos los ins- 
trumentos agrícolas necesarios. 

La colonia Tortugas está situada en el depar- 
tamento cUnion». 

En este mismo departamento encuéntranse 
las colonias siguientes: 

tSanta Cecilia»; este establecimiento, de pro- 



— 118 — 

piedad del señor don Pedro Tiscornia, está si- 
tuado á 7 leguas de la estación Bell-Ville, en 
dirección noreste; fué fundado el 15 de Agosto 
de 1877, contando el área del campo en que se 
halla la colonia, de 4100 cuadras cuadradas. 
Posteriormente esta propiedad ha sido vendida 
á los señores Reyna y Guiñazú. 

La organización definitiva de la colonia, data 
del 15 de Febrero de 1887. 

Habia entonces 16 familias, la mayor parte 
italianas. 

La fisonomía del terreno es ligeramente ac- 
cidentada; con campos de pastoreo de muy 
buena clase, abundantes en porotillo, grami- 
11a y diversas variedades de pastos tiernos y 
fuertes. 

El agua se encuentra allí á una profundidad 
que varia entre tres y cinco varas; agua dulce, 
excelente al paladar. 

La fertilidad del suelo es tal, que se adapta 
á todas las producciones de la zona templada, 
principalmente la alfalfa, el maíz, el trigo, las 
papas, cebollas y batatas. 

Hay un molino á vapor, siendo su motor in- 
glés de fuerza de ocho caballos, sistema Ram- 
sons Y Sons, locomóvil, adecuado también para 
trillaaora. 

Todo el campo se encuentra alambrado á cin- 
co hilos y subdivido en potreros de 300 á 800 
cuadras. 

La colonia €Adela^ fué fundada en 1884 por 
elseñor Abelardo Bayona; dista legua y media 
al sud de la estación Fraile Muerto. El área to- 
tal es de tres leguas. El propietario habíase pro- 
puesto dedicar dos á la agricultura y una á la 
ganadería. 



— 119 — 

La cuadra de trigo ha producido 15 fanegas, 
la de maíz de 15 á 20. 

Hánse plantado muchos árboles frutales: du- 
raznos, manzanos, peros, guindos, ciruelos, 
frambuesos, higueras, granados, nogales, etc., 
y árboles sin fruto: cina-cina, álamo, paraiso, 
acácio y sauce. 

Entre los útiles de labranza hay una trilla- 
dora inglesa, fuerza de 10 caballos y varias 
segadoras atadoras americanas. 

Se explota el monte extrayendo madera y 
leña para el Rosario. 

Bajo la denominación de colonia «Italiana^ 
se comprende un área de cerca de 1400 cua- 
dras á inmediaciones de la importante pobla- 
ción de Bell-Ville, encontrándose domiciliadas 
allí unas 31 familias, muchas de las cuales tie- 
nen la propiedad del suelo y las restantes lo 
cultivan en calidad de medieros. 

Esta colonia, organizada con recursos pro- 
pios, sin protecciones especiales, se ha desarro- 
llado rápidamente y alcanzado un grado de pros- 
peridad que atrae nuevas familias. 

Se cultiva con éxito alfalfa, maíz, porotos, 
papas, batatas, árboles frutales y de adorno. 

Como término medio, se obtiene de seis á 
ocho toneladas de alfalfa por cuadra, y sesenta 
á setenta arrobas de semilla. Se dan tres cortes 
buenos á la alfalfa. 

La colonia «Montes Grandes^, de propiedad 
del señor Grisólogo Rodriguez, está situada á 
seis leguas al norte de la estación Leones, del 
Ferrocarril Central Argentino, contando su su- 
perficie cerca de cien millones de metros cua- 
drados, habiéndose fundado el 20 de Enero de 
1887. 



— 120 — 

La colonia «Mórcos Sastre», situada al nor- 
te de la línea del ferrocarril entre las estacio- 
nes Leones y Bell Ville, siendo sus propieta- 
rios los señores E. Ortiz y C*. Fundóse á fines 
de 1885. 

Las concesiones de 25 hectáreas se vendie- 
ron á 400 nacionales, al contado ó á tres 
plazos de un año cada uno, con el 10%anual. 

Cuatro concesiones forman un lote; las ca- 
lles tienen 20 metros de ancho. La colonia 
mide el área de seis leguas. 

Lo que caracteriza como una especialidad ú 
la colonia, es que casi todos sus pobladores 
han llevado á ella, además del contingente de 
su actividad, el de un pequeño capital de cuatro 
á seis mil pesos en útiles y elementos de la- 
bor. 

El pueblo de la colonia tiene una área de 130 
cuadras. 

iLos Angeles». Esta colonia es de propie- 
dad del señor don Ángel Benvenuto; está si- 
tuada al norte de la estación «Espiniílos»; fun- 
dóse en 1883, siendo su área de nueve leguas 
con nueve familias italianas, una austríaca, 
una alemana y otra francesa. 

La colonia «Los Espiniílos» fundóse en 1884 
á una legua de la estación del mismo nombre 
con una área de cinco leguas. Los colonos tie- 
nen que luchar con la falta de agua potable, 
pues en casi todo el campo es salobre, y esto á 
20 y 22 varas de profundidad. Solo hay dos 
pozos de agua dulce. 

La colonia «Garibaldi», á una legua al sud 
de la estación General Roca, está en terrenos 
de don Diógenes Urquiza, siendo el área de dos 



— 121 — 

leguas. Fundóse con diez y seis familias, ita- 
lianas la mayor parte. Las concesiones sonde 
25 cuadras una, habiendo colonos que tienen 
desde 50 hasta 800. 

La colonia «Juárez Celman» está en los lími- 
tes de Santa Fé y Córdoba, sobre el ferrocarril 
del Oeste Santafecino. De esta he hablado an- 
teriormente; recordaré que fué fundada por D. 
Alfonso de Arteaga, en una extensión de mas 
de 50.000 hectáreas. Vendióse el terreno en 
tres mil doscientos pesos nacionales el lote 
de 100 cuadras (160 hectáreas), y 800 pesos 
las veinte cuadras; una cuarta parte al contado 
y el resto con uno, dos y tres años de plazo; 
con el 10 % de interés. 

Entre Leones y Tortugas hay una gran zona 
colonizada, en campos de la compañía de 
tierras del Central Argentino. Los colonos, 
generalmente italianos, cultivan el maíz y el 
trigo. 

Es especialmente notable la estación y villa 
Marcos Juárez. 

Estas son las colonias situadas en el depar- 
tamento de Union, pero debo advertir que el 
informe del inspector Medina que nos ha su- 
ministrado estos datos, corresponde al año de 
1887, y que desde entonces el movimiento colo- 
nizador ha tomado un gran desarrollo; se han 
establecido nuevas colonias y nuevas explota- 
ciones agrícolas. 

Ahora pasaremos al departamento del Rio 
Cuarto. 



- 122 — 

Allí encontramos la importante colonia tSam- 
pacho^. 

Fué fundada ésta en el año 1875 por el go- 
bierno de la Provincia, en una circunscripción 
del departamento de Rio Cuarto, denommada 
Punta del Agua, Cayanquen, verificándose la 
traslación de ella en 1876 á los campos llama- 
dos de Sampacho — á través de los cuales corre 
el arroyo de este mismo nombre — situados so- 
bre la línea del ferrocarril Andino y en los 
que radica una estación de este, distante 47 ki- 
lómetros de la ciudad de Rio Cuarto. 

Esta colonia pasó á ser jurisdicción nacio- 
nal en Julio de 1878. 

De un informe remitido á la oficina de tierras 
y colonias por el comisario Amadeo Miranda, 
á principios de 1881, resultaba que ella cons- 
taoa entonces de 233 familias, con un personal 
de 1175 individuos, habiendo 153 familias ita- 
lianas, 73 argentinas, 2 francesas, 2 españolas 
1 inglesa y una oriental. 

El territorio de la colonia constaba de siete le- 
guas; pero habia en cuestión una superficie de 
una legua. 

En el terreno bajo de plano se registraban 
359 chacras ó concesiones, de las que habia en- 
tregadas 233 y disponibles 126; también en éste 
se comprendia el que estaba determinado para 
pueblo y pastos comunes. 

El año ae 1880 habia sido muy desfavorable 
para la agricultura, por causa de la seca en los 
primeros meses, de los vientos durante el in- 
vierno, de la langosta, de una tormenta de pie- 
dra y de unos hielos. 

El terreno, dice el informe, se presta prodi 



— 123 — 

giosamente para toda clase de sementera de 
verano, que produce el territorio de la provin- 
cia de Córdona; pero esto contando con tiempo 
propicio, porque de otro modo, solo el maíz, 
zapallo y melón, resisten mas á toda eventua- 
lidad, siendo todos los productos de este ter- 
reno de primera calidad. Para sementera de 
invierno, el clima no se presta á mas frutos, 
que el tri^o y la cebada, por motivo de los 
fuertes hielos y vientos notablemente crudos. 

Las verduras de todas clases se producen no- 
tablemente con muy poco cuidaao, y también 
de inmejorable calidad. 

En cuanto á plantas en general, solo pueden 
tener buen éxito las de clima templado; sin 
embargo, la falta de agua á su tiempo y los 
fuertes y permanentes vientos las demoran y 
arruinan, siendo insensibles á toda intemperie 
—el acacio y el sauce son los aue progresan 
rápidamente sin ningún resultado. 

En cuanto á temperatura, todas las estacio- 
nes del año son demasiado odiosas en esta lo- 
calidad y sigue diciendo el informe: el verano 
por los fuertes calores y abundantes insectos, 
y el invierno por su insoportable crudeza, y en 
todo tiempo por los fuertes y eternos vientos.... 
El clima es completamente variado, se trans- 
forma momentáneamente, tanto en su tempe- 
ratura cuanto en los vientos. 

Sin embargo, la colonia habia progresado. 
Una de las ventajas que presentaba era la fu- 
sión de los extranjeros con los argentinos, re- 
sultando el adelanto de todos en las costum- 
bres y en los hábitos. 

Contestando á unas suposiciones que llama 



— 124 — 

«infundadas^, dice el comisario: «me parece 
imposible suponer que, salvo casos muy for- 
tuitos, que las colonias protegidas debidamen- 
te, puedan dar malos resultados; mas si se ins- 
tala una colonia y después de un año ó mas, se 
les hace entrega de pocos y malos elementos, si 
se colocan directores que no sean competen- 
tes, independientes, honrados, laboriosos y 
pacientes, si á estos que son los únicos respon- 
sables se les nombran empleados para dar tra- 
bajo y no para ayudar á trabajar, si se dictan 
resoluciones de súbito que trastornen el régimen 
ordinario, y paralicen el progreso, y por fin, si 
se dejan las cosas al acaso, no se pueden exi- 
gir notables efectos. Sin embargo, la colonia 
nacional «Sampacho^ que ha pasado por la 
fuerte corriente de tantas peripecias desfavora- 
bles, se encuentra en 29 meses instalada total- 
mente y llena de vida, de tal modo, que nadie 
puede arrepentirse de su fundación. 

Hasta aquí el informe de 1880. Pasemos al de 
1887. Esta colonia, dice el inspector Medina, 
cuyo perímetro no se halla aún determinado 
con exactitud, se halla poblada por 288 fami- 
lias, de diversas nacionalidades, predominando 
la italiana. 

En los lotes urbanos ó pueblos se encuentran 
59 edificios, habiendo vanas construcciones de 
bantante comodidad, once casas de comercio, 
tres talleres de herrería, una carpintería, una 
carrocería, cuatro zapaterías, dos panaderías, 
una hojalatería, una peluquería y cuatro mer- 
cados de carne. 

Hay también en la colonia dos molinos de 
agua. Se atribuye á la fuerza y frecuencia de los 



— 125 — 

vientos la buena salud de que se goza en la co 
lonia, cuyas aguas potables son muy delgadas y 
sabrosas, extrayéndose de pozos de" 18 metros 
de profundidad en adelante. Estas aguas proce- 
den únicamente de filtraciones. 

El terreno en general es guadaloso, pero su 
tierra es de primera calidad para la producción 
en años de lluvias regulares. Se producen con 
bastante lucro todos los frutos agrícolas de pri- 
mavera, verano ó invierno que se cultivan en el 
resto de la provincia, pero con especialidad los 
colonos se concretan á la siembra del maiz y 
trigo, por no tener exportación los demás pro- 
ductos, que por tal motivo solo se siembran 
para el consumo. 

En cuanto á las plantaciones frutales se ven 
el durazno, el guindo, el ciruelo y la viña; y sin 
frutos el acacio, el álamo y la cina-cína. 

Hay dos máquinas trilladoras. 

La educación común se halla debidamente 
atendida, existiendo cuatro escuelas. 

La administración se halla á cargo del señor 
don Amadeo Miranda, caballero querido y res- 
petado por todos los colonos, á quienes en to- 
das circunstancias ha favorecido, proporcio- 
nándoles lo necesario para sus labores y nece- 
sidades de su propio peculio. 

Durante tres años ha servido este puestosin 
goce de sueldo, con laboriosidad y nonradez, 
habiendo sido rentado por el excelentísimo go- 
bierno nacional, recien desde el 1® de enero del 
corriente año (1887). 

En resumen, esta colonia se halla en gene- 
ral dotada de elementos suficientes para su 
bienestar presente y futuro progreso.... 



— 126 — 

Hay aún una cantidad de lotes rurales y ur- 
banos sin colocar. 



La colonia «Chacabuco» se halla poblada 
(1887) por veinte á veinticinco familias, de na- 
cionalidad francesa, suiza, alemana, italiana y 
argentina, predominando la francesa. 

En los lotes urbanos ó pueblo y quintas 
existen 138 edificios; 16 casas de comercio y 
varios talleres. 

El terreno es de primera calidad, buena para 
las plantaciones frutales y para el pastoreo. El 
clima variable, pero sano. El agua en algu- 
nas partes un poco salobre, pero potable. 

La colonia «Sarmiento» está situada á 38 ki- 
lómetros al sud de la estación Washington, 
línea del ferrocarril, siendo el mayor número 
de sus pobladores argentinos. 

Hay algunos colonos italianos. 

El administrador es el señor don Camilo Ro- 
dríguez, quien por su parte hace cuanto puede 
por el progreso de la colonia, proporcionando 
de su peculio fondos para la compra de semi- 
llas y naciendo dar tranajo álos colonos, para 
llenar sus primeras necesidades. 

La colonia «Maipú» está en embrión: todavía 
no se habian entregado los lotes. 



Una nomenclatura posterior al informe del 
inspector Medina, arroja un total de treinta y 
tres colonias, es decir, once mas que las que 
acabamos de enumerar, y son: 

La colonia «Arrufo» fundada por don Lucia- 



— 127 

no Leiva en el departamento de San Justo, en 
una extensión Je 5411 hectáreas. 

La colonia «Córdoba» en el departamento La 
Union, é una legua de la estación Leones, su- 

Eerficie 10,822 hectáreas: fundadores Eduardo 
.ascano y Osvaldo Velez. 

La colonia «Elisa», de propiedad de los seño- 
res Camilo Aldao y Manuel C. Diaz. Superfi- 
cie 26,921 hectáreas. 

La colonia «Las Estacas», propiedad de don 
Antonio Garzón, á dos leguas de la estación 
Vicuña Mackenna, á una jornada de Buenos 
Aires. Superficies leguas cuadradas. 

La colonia «Milessi» fundada en 1886 por 
los hermanos Milessi. Superficie mas de 20,000 
hectáreas. 

La colonia «Nueva Jerusalem» recien po- 
blada. 

La colonia «Olmos» fundada en 1887 por don 
Pedro L. Funes, en 32,129 hectáreas de super- 
ficie. 

La colonia «San Pedro» fundado por los her- 
manos Milessi. Superficie 16,233 hectáreas. 
Habitantes 240 italianos. 

La colonia «Tixier» en el departamento de 
Union. Superficie 4,149 hectáreas. Elabora el 
queso y la manteca engrande escala. 

La colonia «Velez Sarsfield» fundada por el 
gobierno jjrovincial en 4,210 hectáreas. 

La colonia « Villa Maria» en el departamento 
de Rio Tercero, á una legua de la villa, donde 
algunas familias cultivan la alfalfa y crian 
animales. 

Hay que nombrar también las colonias «Ge- 
neral Paz» «Olmedo», «Quebracho Herrado», 



— 128 — 

«Luis A. Sauce», «Del Trabajo», «Presidente 
Juárez», sóbrelas cuales no tenemos aún da- 
tos estadísticos. 

Resumiendo: la extensión del terreno entre- 
gado á la colonización alcanzaba (1887) al total 
de 443,751 hectáreas, habiendo 902 casas y 
construcciones varias; 5560 habitantes, 2868 
instrumentos y máquinas de agricultura y 
43,887 animales. 

El número total de hectáreas de tierra cul- 
tivada, alcanza á 22,163; el de las plantas de 
vid á 64,835; el de los árboles frutales á 
100,826. 

La cosecha de cereales habia alcanzado la 
cifra de 278,421 hectolitros; las de los demás 

Sroductos la cifra de 438,660 kilogramos; la 
el vino la cifra de 17,825 litros; la dé aguar- 
diente la de 4001itros. 

El valor total déla producción forma la suma 
de 824,052 nacionales. 

Hay que observar, dice el señor López Val- 
todano, que la colonización de Córdoba solodata 
de ayer; recien está en su aurora, pero esta 
aurora se anuncia como una de las mas bri- 
llantes. 

Cuando pasé por Córdoba, el inspector del 
ramo estaba recorriendo las colonias, juntan- 
do datos para un nuevo informe, pero éste, 
según me dijo el señor jefe de la oficina de 
estadística no podrá publicarse antes del mes 
de Abril. 



— 129 — 



I 



Una excoraion á Tacoman — Recuerdos históricos y con- 
sideraciones sociológicas — Un gobernador discipnlo de 
Amadeo Jacqnes — Visita á un establecimiento agricolo- 
pastoril. 

Habiendo llegado á la ciudad mas importan- 
te del interior, á Córdoba, no quería volver al 
litoral sin haber hecho una excursión á Tucu- 
man, cuyo nombre desde tanto tiempo atrás 
resonaba en mis oidos como el del jardín de la 
república. Recordaba una carta escrita, hace 
mucho años, é un amigo por el desventurado 
Amadeo Jacques, que ponderaba esa provincia 
como el paraiso terrenal antes de que Eva, 
nuestra antepasada común, hubiese comido la 
manzana fatal que causó todas las desgracias 
de la humanidad. 

En otra época, esa excursión hubiese necesi- 
tado muchos dias; pero el ferrocarril ha abre - 
viado las distancias, permitiendo recorrer en 
menos de veinticuatro horas los quinientos 
cincuenta kilómetros que separan ambas ca- 
pitales. 

Salgo, pues, el 1® dé Diciembre á las diez 
de la mañana. Aunque en ferrocarril, el via- 
je no deja de ser molesto por la polvareda 
que levantan los wagones. El país es horrible- 
mente seco; es cierto que ya estamos en el ve- 
rano; la vegetación achaparrada de los árboles 
es muy diferente por consiguiente á la del 

9 



f< 



— 130 — 

Chaco; la perspectiva de la sierra en lontanan- 
za solo viene á alegrar la vista. 

Y qué diré de los extensos salitrales que vie- 
nen después de esos árboles raauíticos? Aquello 
parece un espécimen de la Arabia desierta ó del 
gran Sahara; aquí toda vida desaparece, ni un 
ájaro, ni un insecto revela la presencia de 
os seres animados. ¿Cómo podrían vivir en esa 
travesía en donde no se encuentra ni agua? 
por cuyo motivo los trenes tienen gue llevarla 
en wagones construidos á propósito para el 
servicio de las locomotoras. Los viajeros de 
otra época, que iban á caballo ó en carretas, 
la llevaban en chifles, ;Qué peregrinación de- 
bia ser! La seca, decíame el doctor Salvador 
María del Carril, es la gran plaga de nuestra 
república. Yendo a Córdoba, á Tucuman, á San 
Luis, á Mendoza, á San Juan, he podido con- 
vencerme de que ese distinguido estadista tenia 
razón al espresarse de esa manera, y no digo 
nada de Catamarca y de La Rioja, donde la 
falta del precioso líquido es mas grande toda- 
via. 

Con todo y á pesar de todo, esos mismos sa- 
litrales, parece aue representan una fuente de 
riqueza; se me na asegurado que se trata de 
explotarlos, habiéndose formado una empresa 
que va á trabajar especialmente en Quilino. 

A las siete de la noche llegamos á la estación 
del Recreo, habiendo pasado sucesivamente por 
las de General Paz, Jesús María, Caroya, Sar- 
miento, Avellaneda, Dean Funes, Quilino, San 
José, Totoralejos. Todas esas estaciones se 
parecen unas á otras. En todas, vienen una 
porción de mujeres á vender á los viajeros 



— lai — 

frutas, legumbres, empanadas, con esa tonada 
peculiar de los arribeños, que deben haber he- 
redado de los habitantes primitivos del conti- 
nente sud-americano. En todas se ven los re- 
tratos del general Roca y del presidente Juárez 
Celman; en todas se lee un aviso-réclame, anun- 
ciando que «La Nación es el diario de mayor 
circulación en la República». En todas ó en 
casi todas se despacha bebida aue es necesa- 
ria absolutamente para aplacar la sed, sobres- 
citada por la temperatura y por los kilogramos 
de polvo que se tragan en el wagón, por mas 
que uno trate de cerrar las ventanas. 

La estación del Recreo es la estación de la 
comida. La noche ha venido cuando volvemos 
al wagón; á las 10, mas ó menos, estamos en 
Frias; allí se desprende el tren que va á San- 
tiago del Estero; pasamos sin verlas por las 
estaciones de Iriondo, Lavalle, San Pedro, La- 
madrid, Monteagudo, v al amanecer y de dia, 
por las de Simoca, Bella Vista, Rio Lúles, San 
Felipe; á las siete estamos en la de Tucu- 
man. 

En Lules nos hemos encontrado con un tren 
de pasajeros, todos de segunda clase -y son 
otros tantos peregrinos que se dirigen á Cata- 
marca á hacer sus devociones á la Virgen del 
Valle. Esta Virgen, me dice un compañero de 
viaje, es muy rica; tiene fincas, tiene estancias, 
tiene un tesoro; pues no hay peregrino tan po- 
bre que no le traiga su óbolo. Representa á 
dicha Virgen una pequeña estatua que el sacer- 
dote pone sobre la cabeza de los concurrentes, 
con mas ó menos fuerza, sin duda para comu- 
nicarles la virtud sobrenatural que posee é in- 
suflarles el espíritu divino. 




— 132 — 

2 de Diciembre — Al amanecer, puedo contem- 
plar la sierra de Tucuman en lontananza; es 
una línea azul que se destaca en el cielo; un 
viajero me asegura que está distante veinte 
leguas por lo menos. Desgraciadamente, los 
picos mas elevados están nublados; no puedo 
ver la cabeza canosa del Aconquija. 

La ciudad de Tucuman se parece á todas las 
ciudades sud-americanas, desde que están cons- 
truidas en damero: resulta de esa uniformidad 
que quien ha visto una puede decir que las ha 
visto todas. En cuanto á la arquitectura de los 
edificios monumentales, tales como las iglesias 
v los cabildos, es también idéntica desde Méjico 
hasta Chile y Buenos Aires. 

Las calles angostas, como en todas las ciuda- 
des de origen español, tienen un pavimento de 
guijarros, piedra arrollada, proveniente de los 
torrentes y rios: esto me recuerda al empe- 
drado de los Pirineos, que tanto molestaba á 
los viajeros parisienses. 

La plaza principal está arbolada con naran- 
jos; éstos no me han parecido tan lozanos 
como los de Misiones y del Paraguay. En el 
centro se levanta la estatua de Belgrano, de 
bronce, á pié, pero muy chico en relación á la 
extensión de la plaza; á la distancia se reduce 
á una dimensión microscópica. Fué erigida, 
dice la inscripción, bajo la presidencia del ge- 
neral Roca; dice también aquella: «Belgrano, 
nacido en 1770, muerto en 1820. Tucuman, 
1812, Salta 1813». No habla de las derrotas, 
Vilcapujioy Ayouma. Ni tal vez era necesario, 
desde que el resultado final fué lavictoria y la 
independencia del continente sud-americano. 



— 133 - 

Belgrano, aunque general mediocre, tuvo el 
mérito de ganar la primera batalla decisiva, y 
ese triunfo tuvo grandes consecuencias ejercien- 
do una influencia poderosísima sobre el por- 
venir de la patria. 

Con este motivo, hüseme referido eme, cuan- 
do llegó en retirada á Tucuman, desde el Alto 
Perú, no quería detenerse; pero algunos patrió- 
tas lo comprometieron á hacerse firme, sumi- 
nistrándole dinero, caballos, en fin, elementos 
bélicos; decidióse á dar batalla. La caballería 
indígena con los lazos, las bolas y los/7i«ard«- 
montes, acometió á los españoles, produciendo 
un gran efecto moral. En la guerra, solía de- 
cir Napoleón, la fuerza moral es á la fuerza 
física, como tres á uno. 

La victoria de Tucuman dio mucha impor- 
tancia á esta ciudad; por eso fué que le tocó en- 
cabezar la revolución definitiva. Cuando se 
trató de proclamar la independencia, los patrio- 
tas se reunieron en su recinto, en vez de ir á 
Córdoba, donde imperaban los recuerdos y las 
tradiciones de la monárquica España y han se- 
guido imperando durante mucho tiempo. 

Una modesta columna, erigida en el parage 
llamado «Cindadela», á inmediaciones del cam- 
po de batalla, consagra el recuerdo de aquella 
jornada memorable. Llevóme á visitarla el jo- 
ven Mendilaharzu, hijo de Tucuman y sobrino 
del inspector de rentas nacionales don Dionisio 
Latorre, ex-alumno del colegio del Uruguay, á 
(luien había encontrado la víspera en ebtVen 
(te Córdoba. El campo de batalla está ocupado 
por quintas, plantaciones de álamos y otros 
árboles. Belgrano, si resucitase, no lo recono- 



- 134 - 

ciera sin duda; pero lo que encontraría sí, es 
un gran trofeo moral y social, un pueblo des- 
tinado á desempeñar un papel grande en la 
historia de la humanidad, presentando una faz 
nueva en las evoluciones del porvenir, porque 
podrá aprovechar la- experiencia acumulada de 
los pueblos que le precedieron en el escenario 
del globo. 

El mismo joven Mendilaharzu me hizo visi- 
tar el edificio donde se declaró la independen- 
cia: es actualmente la casa de correos, telégra- 
fos é ingeniería. Un empleado llamado Araoz, 
hizo abrir la puerta del salón; éste ha sufrido 
transformaciones desde entonces: ha sido achi- 
cado por un tabique; unas puertas y ventanas 
han sido tapiadas; ábrese una de aquellas so- 
bre el patio ó sitio interior, lleno de yuyos á la 
fecha; allí existe todavia un naranjo viejo, con 
la corteza arrugada y medio seco, aue debe 
haber presenciado las deliberaciones ae los fa- 
mosos congresales. 

Pequeño ha quedado, pues, el salón, pero 
siempre permanece grande por el pensamiento 
que na contenido: la chispa que de allí salió 
comunicó la conmoción eléctrica á un conti- 
nente aletargado. Este salón debería restituirse 
en el estado primitivo y conservarse como un 
monumento histórico, á fin de que las gene- 
raciones venideras vayan allí á aprender lo 
que podría faltarles alguna vez: la virtud cí- 
vica, tan necesaria, según Montesquieu, para el 
buen funcionamiento de las repútlicas. 

Hoy es dia domingo y hace un calor abra- 
sador: las nubes siguen amontonándose sobre 
las montañas; la atmósfera se vuelve muy pe- 



— 135 — 

sada; parece que se prepara una tormenta. 
Efectivamente, á la noche cae una lluvia tor- 
rencial acompañada de truenos. Tengo ocasión 
de notar una vez mas que desde mi salida de 
Buenos Aires, á principios de Setiembre, la llu- 
via me persigue en todas partes. Un pueblo su- 
persticioso como las tribus de África, me con- 
sideraría como un «hacedor de lluvia»; pero 
se me ha hecho observar que fui al Chaco 
durante la estación lluviosa, y que he venido 
á Tucuman durante la misma* estación lluvio- 
sa; para contemplar holgadamente los esplen- 
dores del jardín de la república es precisp 
visitarlo durante el invierno, que allí es una 
primavera. 

Hay que resignarse, pues, y sufrir la lluvia: 
la lluvia celebrada y ponderada por el Dr. Wil- 
de, á la par de las paradojas de Diderot. 

Sin embargo, es un suplicio haber venido 
tan lejos para auedarse encerrado entre las 
paredes de un notel, de un cuartel, de un 
claustro; no sé que nombre darle á ese caserón, 
construido contra las reglas, de la higiene, 
donde estoy alojado. ¿Cómo haré para pasar 
el tiempo? 

El señor gobernador Quinteros es el que 
me saca de apuros, diciéndome que me lle- 
vará al dia siguiente á un paraje donde no 
llueve. 

3 de diciembre — La casualidad, esa compa- 
ñera del viajero, me habia servido haciéndome 
encontrar en el ferrocarril á don Der'midio La- 
torre, á quien he encontrado ya mas de diez 
veces en mis excursiones. Este amigo me dio 
una tarjeta para el gobernador de Tucuman, 




— 136 — 

encargándome al mismo tiempo le entregase 
un tomo ricamente encuadernaao de las Poesías 
de Andrade, así fué como entré en relación con 
este distinguido personaje, que es indudable- 
mente un nombre de talento y de ilustración, 
un verdadero made-nan, como dicen los norte- 
americanos, un hombre aue se ha formado á 
sí mismo. Porque á la eaad de doce años su 
señora madre lo sacó del colegio de Amadeo 
Jacques que no queria dejarlo salir; pero no 
hubo mas remedio. Felizmente, el niño habia 
aprendido lo bastante para continuar solo el 
aprendizaje de la ciencia de la vida, por cuyo 
motivo ha podido desempeñar varios empleos 
importantes en los diversos ramos de la admi- 
nistración pública antes de llegar al puesto 
3ue ocupa actualmente, habiendo sido perio- 
ista, diputado al congreso nacional, director 
de banco, administrador de ferrocarril, etc. El 
pobre Jacques, extraviado en Tucuman, des- 
pués de haner sido profesor de filosofía en los 
primeros colegios de Francia y director de la 
importantísima revista La liberté de penser, ha 
formado una porción de alumnos distinguidos, 
y, cosa notable, que aboga á favor del eminen- 
te educacionista, todos profesan á su memoria 
un verdadero culto. Prueba esto que el hom- 
bre, en cualquier parte donde lo arroje el des- 
tino adverso, puede hacerse útil á sus seme- 
jantes y merecer el agradecimiento de la poste- 
ridad. 

A las nueve de la mañana, partimos, pues, 
para la estación Alurralde, á sesenta y un kiló- 
metros al norte de Tucuman. No bien había- 
mos andado tres leguas cuando pude conven- 



— 137 — 

cerme de que tenia razón el señor Quinteros: 
hemos dejado la lluvia tras de nosotros. Las 
nubes vienen á estrellarse contra la sierra que 
domina Tucuman, y de allí no pasan; mas allá 
empieza una zona seca. 

La vegetación de esta provincia trae el recuer- 
do de la de Misiones y ael Paraguay: naranjos 
y mas naranjos. 

Hay un árbol muy común y muy útil, el ce- 
hil que sirve para curtiembre, y otro aue asu- 
me dimensiones colosales, el pacará\ náseme 
asegurado que una compañia entera de gine- 
tes podia caber bajo las ramas de una de esos 
gigantes de la vegetación subtropical. En Tu- 
cuman existe todavía uno á cuya sombra se co- 
bijó Belgrano. 

El ferrocarril va subiendo entre montañas; 
ahora se engolfa en un túnel; el tren marcha 
con alguna lentitud; la locomotora deja algo 
que desear: de repente se para; algo anóma- 
lo ha sucedido: vamos á las averiguaciones; 
la caldera ha reventado, deja salir el agua; 
imposible ir mas adelante. Hay que pedir una 
locomotora á Tucuman, pero ¿cuántas horas 
ya á tardar para venir? Desde luego hav que 
ir hasta la estación mas cercana para telegra- 
fiar. Entonces ,el conductor del tren nos propo- 
ne llevarnos en una zorra con una muía hasta 
la estación de Vipos, donde podremos espe- 
rar mas cómodamente y almorzar al mismo 
tiempo. 

Este es, me dijo el señor Quinteros, un modo 
de locomoción que Vd. no habia previsto. No 
importa, lo aceptamos con gusto, no solamen- 
te hasta Vipos, donde almorzamos, sino hasta 



— 138 — 

la misma estación Alurralde, haciendo así un 
paseo de los mas pintorescos durante cinco ó 
seis leguas consecutivas, subiendo y bajando 
con una celeridad vertiginosa, como en las mon- 
tañas rusas. El terreno es tan quebrado, tan 
accidentado, que la muía dejó de ser necesaria; 
el impulso natural nos lanzaba á distancias 
increinles; dos hombres empujaban la zorra 
cuando se precisaba, otro la dirigia; así fuimos 
corriendo ó mejor dicho volando; ora engol- 
fándonos en la tierra escavada, ora pasando 
por el aire arriba délos abismos y de los pre- 
cipicios, á una altura que da miedo, y todo sin 
tropiezo. 

Lo único que habia de temer, era chocar con 
el tren que venia de arriba; en cuanto lo aper- 
cibimos á gran distancia, sacamos la zorra de 
la via férrea y esperamos que hubiese pasado, 
recomenzando nuestra carrera fantástica. 

En Alurralde, el señor Quinteros ha funda- 
do un importante establecimiento de ganadería 
y de agricultura. El sitio es de los mas venta- 
josos. La casa-habitacion está edificada en el 
centro de un extenso valle formado por dos cor- 
dilleras de montañas, y regado por un rio que 
se llama allí rio Grande, pero que se llama rio 
Salí á inmediaciones de Tucuman y rio Dulce 
en Santiago del Estero, antes de perderse en la 
laguna de los Porongos. 

Parte de las montañas, sobre todo las del 
este, son arboladas, mostrando alternación de 
bosques y de praderas; otras, principalmente, 
las del oeste son áridas, uniéndose con las de 
Catamarca y son las ramificaciones de la cor- 
dillera de los Andes. 



— 139 - 

La casa es construida con elegancia y con- 
fort, con galerías cubiertas para garantirse con- 
tra los rayos del sol y la lluvia, al lado del 
camino real que conduce de Tucuman á Salta, 
á mil y tantos metros de la estación; tiene una 
acequia al oriente para regar la quinta, el jar- 
din, los alfalfares, las plantaciones de vid, etc., 
etc., etc. Pues se han sembrado hasta la fecha 
cien á ciento doce cuadras, advirtiendo que la 
cuadra de Tucuman tiene 166 varas por costa- 
do. Pero hay la intención de convertir los al- 
falfares en viñedos, si esta planta da buenos 
resultados. Ya se han puesto mas de cincuenta 
mil plantas, provenientes de Mendoza y siendo 
todas susceptibles de regadio. 

Cultívase también el maíz y la papa, cuyo 
cultivo va á hacerse en grande escala, como el 
del tabaco y del olivo. El cultivo de tabaco se 
ha ido perdiendo en la provincia, aunque es 
reputado uno de los mejores, y será una fuen- 
te de riqueza para el país. Hay parajes que son 
muy aparentes para el cultivo del arroz, pu- 
diendo regarse muy fácilmente. He recorrido á 
caballo con el señor Monblanc, español, valen- 
ciano, experto en ese cultivo, una extensión de 
terreno que le pareció reunir todas las condi- 
ciones necesarias al efecto. 

Allí encontró también á un viticultor griego, 
que nos mostró un libro impreso en Atenas 
con los tipos antiguos y que trata de la filoxe- 
ra; hay un jardinero austríaco, un mecánico 
francés, Uamano Victor Gaillard, de Lyon; hay 

{)eones del país; hay indios del Chaco con sus 
ámilias; en fin, es un núcleo de población cos- 
mopolita. 



% 




— 140 — 

El establecimiento es regenteado por el se- 
ñor don Manuel Paz, doctor en leyes, sobrino 
del doctor Paz, (jue fué ministro del interior 
bajo la presidencia del general Roca; ese se- 
ñor no gozaba de buena salud en la ciudad, 
f)or cuyo motivo, y apasionado además por 
os traÍ3ajos rurales, se fué á vivir en el 
campo. 

Efectivamente, en Tucuman reina el paludis- 
mo y es una de las preocupaciones del gobier- 
no el indagar los medios de combatirlo, de ha- 
cerlo desaparecer. 

Desde luego, ¿por guó no se harían grandes 
plantaciones de eucaliptus? En España, en Ar- 
gelia se han saneado parajes que eran inhabita- 
bles por la fiebre, poniendo bosques de aquel 
árbol australiano. 

Eljardinde la república es una medalla que 
tiene su reverso, como todas las medallas. 

Los señores Quinteros y Paz van á hacer una 
gran quinta de árboles frutales de toda clase; 
en fin, se proponen introducir todos los culti- 
vos posibles para renovar la faz agronómica y 
económica de Tucuman, porque, según parece, 
lodo se había descuidado y sacrificadfo para 
hacer lugar á la caña de azúcar, llegándolas 
cosas á tal punto, que hasta las verduras habia 
que traerlas de afuera. 

Opino, y así lo manifesté al señor Quinteros, 
que para conseguir ese resultado, una granja 
modelo seria necesaria; respondióme el go- 
bernador que ya se habia hecno el ensayo, pero 
que se habia malogrado. No importa, es menes- 
ter insistir é ir adelante. 

Resumiendo: el establecimiento agrícoía-pas- 



— 141 — 



toril de los señores Quinteros y Paz me ha 
parecido un plantel de porvenir, digno de lla- 
mar la atención de los viajeros y de los eco- 
nomistas; es un campo de ensayos que in- 
dudablemente prestará servicios á aquella pro- 
vincia. 




— 142 — 



II 



La industria azucarera — El coltiyo del tabaco, la vid, 
del arroz — El mensaje del gobernador — El doctor 
Bmland — El ferrocarril directo á Tacnman. 

En casa del señor gobernador Quinteros he 
encontrado á un compatriota que tiene á po- 
cas leguas de la ciudad un ingenio de azúcar, 
considerable: está situado al pié de la sierra, 
en las riberas del rio de Lules; invitóme para 
ir á visitarlo, pero sigue la lluvia, la molestí- 
sima lluvia. En fin, y á pesar de todo, nos 
decidimos á partir á las cuatro de la tarde 
en un coche arrastrado por cuatro caballos 
y conducido por dos postillones. Mi compa- 
triota me habia avisado que el camino denia 
ser horrible; lleno de pantanos y de charcos. 
Efectivamente, habia todo aquello, pero en el 
Chaco y en Corrientes habia visto algo peor 
todavia, de manera que no tuve motivos de 
admirarme. 

Sobre este ingenio encuentro los datos si- 
guientes en la interesante «Memoria histórica 
y descriptiva de la provincia de Tucuman, 
compuesta para la exposición continental de 
Buenos Aires (1882) por los señores Pablo 
Groussac, Alfredo Bousquet, Inocencio Libe- 
rani, doctor Juan M. Terén y doctor Javier 
F. Frias» por encargo del gobierno provincial; 
obra notable é interesante que fué premiada. 
El capítulo que versa sobre la industria azu- 
carera pertenece al señor Bousquet, ciudadano 



— 143 — 

francés, actualmente empleado en el Banco 
Provincial. 

«Este ingenio, menos importante que los 
otros bajo el punto de vista de la producción, 
merece una mención especial por ser el único 
ejemplo en la provincia de un establecimiento 
de esta clase, creado todo á la vez, circuns- 
tancia á la que se debe esa armonía en el 
conjunto tanto de los edificios como de la 
maquinaria que lo caracteriza, y que falta en 
la mayor parte de los demás ingenios que no 
son sino transformaciones mas ó menos com- 
pletas de antiguos ingenios, realizadas paula- 
tinamente. 

«Está ubicado á poco mas ó menos á doce 
kilómetros de la ciudad y á cuatro kilómetros 
de la estación «Lules» del ferrocarril C. N., 
en la margen izquierda del rio de Lules, cerca 
de la villa del mismo nombre y á pocas cua- 
dras de la capilla antigua de los jesuítas, 
punto donde tuvieron éstos el único cañaveral 
existente en Tucuman, en el siglo pasado. 
Su situación cerca de la falda de la serranía, 
en cuyo fondo se destaca su chimenea en for- 
ma de tronco de cono de 35 metros de altura, 
y su hermoso acueducto compuesto de una 
sucesión de arcos con una longitud de 580 
metros, le dá un aspecto en extremo pinto- 
resco. 

«Fué fundado, ó mejor dicho improvisado 
en 1880, — puesto que nada existia en el ter- 
reno de su fundación, fuera de 10 hectáreas 
de caña — plantada por dos franceses, los se- 
ñores don Clodomiro Hilleret y don Juan B. 
Dermit, el último de los cuales vendió reciente- 



— 144 — 

mente su porte á su socio en 130,000 pesos. 

«La fábrica se c(»mpone de tres edificios 
distintos: la fábrica propiamente dicha en el 
centro, y á uno y otro lado dos almacenes ó 
depósitos aislados para azúcar y aguardiente, 
que en su conjunto ocupan una superficie de 
1,750 metros cuadrados. 

«La maquinaria, que con los aparatos exis- 
tentes y los gue deben colocarse para la co- 
secha de junio próximo (escrito en 1882), Que- 
dará completa para una producción anual de 
75,000 arrobas de azúcar y 2,000 hectolitros 
de aguardiente, comprende: 

«Un trapiche de nerro para moler 120,000 
kilogramos de caña cada 24 ñoras, movido hasta 
ahora por una rueda hidráulica de 7 m. 50 
de diámetro y dos metros de ancho, y en 
adelante por una máquina á vapor, horizontal, 
de 30 caballos, destinada á funcionar en caso 
de escasez de agua, y sus accesorios, conduc- 
tores automáticos de caña y de bagazo, etc. 

«Tres generadores á vapor, de 100 metros 
cuadrados de superficie calentadora cada 
uno. 

«Cuatro defecadoras á vapor. 

«Seis filtros para negro animal, con todos 
sus accesorios, horno, lavador de negro, etc. 

«Un aparato de evaporación en el vacio de 
triple efecto, servido por una bomba de aire 
movida por una máquina de vapor horizontal. 

«Un tacho al vacío con su correspondiente 
bomba de aire y máquina de vapor. 

«Cinco turbinas centrífugas movidas por una 
máquina de vapor. 

«Y demás accesorios, estanques, depósitos 
de hierro, etc. 



— 145 — 

tEl ingenio posee además un aparato para 
la destilación y rectificación, sistema de Sa- 
valle, cuya producción es de 24 hectolitros de 
aguardiente de 30^ Cartier cada 24 horas, pro- 
visto de su máquina de vapor, bombas, tone- 
les de fermentación, etc.» 

Hasta aquí el señor Bousquet. Desde en- 
tonces el señor Hilleret dio mayor desarrollo 
á la fábrica: actualmente tiene seiscientos 
metros de superficie de calefacción, doce mo- 
tores cuya fuerza varía entre cuatro y treinta 
caballos y dos molinos, pudiendo moler 400,000 
kilogramos en veinticuatro horas; ocho defe- 
cadoras, doce filtros para negro animal, dos 
aparatos triples para la evaporación del jugo, 
dos aparatos de cuero en el vacio, trece cen- 
trífugas. En cuanto á la destilería, puede 
producir de 40 á 45 hectolitros de caña. 

La producción de este año alcanzó á 160,000 
arrobas de azúcar, pero puede llegar á dos- 
cientas mil. 

En 1882 el establecimiento poseia solamente 
41 hectáreas de cañaverales propias; actual- 
mente posee doscientas y compra á los plan- 
tadores de las inmediaciones, que tienen mas 
de 600 hectáreas. 

Una hectárea produce término medio de 40 
á 45,000 kilogramos. 

La tonelada vale 5 pesos 50 centavos, es de- 
cir, que una hectárea rinde de 220 á 250 pe- 
sos, debiendo la caña ser traida por el plan- 
tador al ingenio. 

El plantador viene á tener la mitad de la 
utilidad, ó sea dos pesos y medio por tone- 
lada. 

10 



— 146 — 

El rendimiento en azúcar es seis por ciento 
del peso total de las cañas, ó sea 2,700 kilo- 
gramos por hectérea. 

Cada tonelada de caña rinde de quince á 
diez y seis litros de aguardiente de treinta 
grados. 

El número de individuos empleados en el 
establecimiento alcanza á trescientos treinta 
peones, sin contar el personal de la adminis- 
tración y los operarios extrangeros, mecánicos 
y caldereros. 

La maquinaria ha sido suministrada por la 
casa Fives Lille. 

El valor del terreno para producir la caña 
se computa en ciento cmcuenta pesos la hec- 
tárea, pudiendo ser irrigado. 

A los peones se les paga doce pesos men- 
suales y la manutención. La mayor parte 
vienen de Catamarca ó de Santiago del Estero. 
Hay dueños de ingenio que ocupan á los in- 
dios traídos del Chaco por la fuerza ó que se 
presentan voluntariamente. 

Hay carretas, muías y bueyes para el acar- 
reo de la caña. 

Tal es el ingenio de Lules, al cual se pare- 
cen mas ó menos todos los demás. 

Los industriales de Tucuman afirman que 
la caña de esa provincia aventaja con mucho 
á la der Chaco; pretendiendo que es una planta 
que no puede prosperar sin regadío, por cuyo 
motivo no creen en el porvenir de aquella in- 
dustria en aquel territorio. La caña de Tu- 
cuman es mucho mas hermosa, mucho mas 
alta que la del Chaco; un hombre á caballo 
desaparece en medio de un cañaveral. 



— 147 — 

6 de diciembre — El tiempo nebuloso no nos 
permite hacer una excursión proyectada á la 
sierra; ésta se nos aparece, ó, mejor dicho, 
desaparece detrás de la neblina que le cubre 
como una cortina inmensa, dejando resaltar 
de vez en cuando algunas manchas oscuras. 

Hay que pasear por el jardin, por el parterre, 
por la quintaf ésta, llena de árboles frutales 
y de ornato, perfectamente arreglada y rega- 
da. El señor Hilleret cultiva también la viña. 
La casa-habitacion es una morada encanta- 
dora, produciendo el mas lindo efecto en 
medio de aquella vegetación exuberante. Pero, 
¿por qué está tan distante de Buenos Aires? 
Iríamos de vez en cuando á hacerle una vi- 
sita, con tanta mas razón, cuanto que no 
puede haber hospitalidad mas agradable. El 
señor Hilleret tiene todas las comodidades: 
una buena cocina, una biblioteca, un billar, 
una casa de baños, una conejera, etc. 

En fin, aunque sigue lloviznando, montamos 
á caballo y recorremos* el cañaveral, donde 
están trabajando una porción de peones vigi- 
lados por capataces á caballo; llegamos hasta 
el rio de Lules, rio correntoso y caprichoso que 
parece hacer la desesperación de los ribereños 
que le oponen diques y mas diques, porque 
muda su cauce a cada rato y carcome sus 
orillas. Seguidamente, del cañaveral pasamos 
á una curtiembre, que también pertenece al 
señor Hilleret. 

La curtiduría es una industria importante 
en Tucuman, cuyas esencias florestales le su- 
ministran abundan tísima acopio de cascara, 
el cebil sobre todo. 



— 148 — 

Quisiera visitar el ingenio de los tres her- 
manos Nougués, que no está muy distante 
del camino de Tucuman: pero el mal tiempo 
no lo permite y regresamos directamente á 
la ciudad. Agregúese que todos los ingenios 
se parecen unos á otros, y además, no es el buen 
momento para visitarlos, dado que los traba- 
jos están paralizados desde el mes de setiem- 
bre. 

Habría que venir durante el invierno para 
ver toda aquella maquinaria en completa acti- 
vidad. 

Según la Memoria citada anteriormente, la 
provincia de Tucuman poseia en 1882 treinta 
y cinco ingenios importantes; entre éstos so- 
bresalian entonces el ingenio «Esperanza» de 
los señores Wenceslao Posse é hijo, la «Ha- 
cienda Concepción» perteneciente al señor don 
Crisóstomo Méndez, y la «Hacienda Trinidad» 
propiedad de los señores Méndez y Halle. 
Pero el que mas llamaba la atención por la 
homogeneidad de las diversas partes de su 
maqumaria, salida toda de un mismo taller 
de construcción — el de los señores Cail y C*., 
de París — y por la simetría en sus edificios 
y en la colocación de sus aparatos, era el de 
ios señores Wenceslao Posse é hijo. 

Este está situado á 12 kilómetros al este 
de la ciudad, en el departamento de la capi- 
tal. «La Hacienda Concepción» está situada 
como á cuarenta cuadras de la ciudad, en la 
banda oriental del rio Sali. La hacienda «La 
Trinidad» está ubicada al sud de la provincia, 
cerca de Medina ( departamento oe Chicli- 
gasta ). 



j 



— 149 - 

En fin, para dar una idea mas completa de 
la importancia que habia adquirido la indus- 
tria azucarera en esa provincia, el autor de 
la Memoria insertaba un cuadro que indicaba 
el número de motores á vapor é hidráulicos 
que poseía cada ingenio y de su fuerza, en 
caballos á vapor. 

De ese cuadro resultaba aue existian 87 
motores á vapor, con fuerza ae 1181 caballos 
y 20 motores hidráulicos con fuerza de 268 
caballos y como se admite que, para sumi- 
nistrar en 24 horas el trabajo de un caballo- 
vapor se necesitan 55 caballos vivos, y que 
Sor otra parte un caballo vivo tiene la fuerza 
e siete hombres robustos, se deduce que las 
máquinas empleadas en esta industria repre- 
sentan el trabajo que en el mismo tiempo 
podrían verificar 55,786 hombres adultos. Si 
á esto se agregase el número de peones, que 
asciende á 10 ú 11,000, de las muías y bue- 
yes empleados en el trasporte de la Chña y 
de los productos de su elaboración en las 
proporciones que dejamos indicadas para los 
establecimientos anteriormente descriptos, se 
llegaria como resultado á una suma total de 
fuerza verdaderamente asombrosa. 

Desde entonces se ha aumentado el número 
de los ingenios y la importancia de la maqui- 
naria. 

A continuación el autor entraba en porme- 
nores sobre los enormes beneficios que pro- 
Sorciona esta industria, tomando el caso mas 
esfavorable: es decir, el de una fábrica que 
compra toda la caña necesaria para la alimen- 
tación de sus máquinas. 



— 150 — 

Según los cálculos de ese señor, un inge- 
nio capaz de moler en cien dias 200 cuadras 
de caña produciría á lo menos 120,000 arro- 
bas de azúcar, que vendida á tres pesos y me- 
dio bolivianos arroba, importan 420,000 pesos 
bolivianos, y poco mas ó menos de 3,000 bar- 
riles de aguardiente. Total producido en el 
primer año 450,000 pesos, y los desembolsos 
entre compra, flete y colocación de maquina- 
ria, terreno, edificio, valor de caña comprada, 
interés y amortización del capital invertido, 
solo alcanza á 438,000 pesos. 

Supóngase la baja que se quiera en el pre- 
cio del azúcar y del aguardiente y se verá que 
el capital invertido y sus intereses al 9 por 
ciento anual, no pueden dejar de ser amorti- 
zados por completo, á mas tardar, después de 
la segunda cosecha. Y si tales son las utili- 
dades que se obtienen comprando toda la ca- 
ña á elaborar á un precio sumamente desfa- 
vorable para el simple cultivador ¿cuántas 
utilidades no realizarán los dueños de fábri- 
cas, gue poseen al mismo tiempo la caña ne- 
cesaria para alimentar sus maquinarías? 

Sin embargo, seguia diciendo el autor, fal- 
taban todavia los capitales y el crédito pora 
que la industria alcanzase todo su desarrollo, 
resultando que las maquinarias eran insufi- 
cientes para elaborar toda la caña cultivada. 

Esto por una parte y por otra, faltaban tam- 
bién los brazos, con cuyo motivo pedia á los 
poderes públicos fomentasen sin demora la 
mtroduccion en la provincia de un gran nú- 
mero de inmigrantes, siendo de las partes 
mas cálidas de Europa, y reduciendo las nu- 



— 151 — 

merosas tribus que estaban vagando en el 
Chaco, las cuales, según ensayos practicados 
en la provincia de Salta, se prestan fácilmente 
á esta clase de trabajos. 

Desde entonces, los capitales han -afluido; 
los bancos han adelantado fondos á los in- 
dustriales, y tal vez demasiado; pero los in- 
migrantes han venido escasamente. Hay que 
tener el valor de confesarlo: el paludismo es 
el obstáculo que los rechaza; el chucho asusta 
y seguirá asustando, no solamente á los eu- 
ropeos, sino á los mismos argentinos, gue no 
se atreven á ir á Tucuman en determinadas 
estaciones. 

Luego hay que vencer á ese formidable ene- 
migo, y esto entra en el programa del actual 
gobierno; si lo consigue, nabrá prestado á la 
provincia un servicio de alcance incalculable. 

En cuanto á la prosperidad de la industria 
azucarera y á las inmensas utilidades que pro- 
duce, tampoco deben exagerarse: hay espíri- 
tus escépticos, cuando no pesimistas, que ase- 
guran que lo que la salva es el alto precio 
del oro, cuya circunstancia prueba una vez 
mas que no hay mal que por bien no venga 
y que si éste bajase á la par no podría aquella 
sostener la competencia extranjera: la caña 
seria vencida por la remolacha. 

¿Es infundada la afirmación ó solamente 
exagerada? El porvenir lo dirá. Sea lo que 
fuere, el gobierno de Tucuman me parece bien 
inspirado, cuando procura fomentar toda clase 
de cultivos, en vez de ceñirse solamente á la 
de la planta sacarina. 

En apoyo de lo que dije anteriormente, quiero 



— 162 — 

reproducir algunas frases del último mensaje 
del gobernador Quinteros: 

«En ninguna provincia, como en esta, las 
cuestiones de higiene son cuestiones econó- 
micas. 

«La tierra vale por lo que produce bajo la 
acción del trabajo, que tiene en nuestro país 
por principal agente al inmigrante europeo. 
Saliiorificar maestro suelo, suprimir el palu- 
dismo que aleja al inmigrante, es valorizarla 
tierra y desarrollar la riqueza 

«El drenaje y saneamiento de las lagunas 
y terrenos pantanosos ofrece múltiples ven- 
tajas; salubrifica la atmósfera, hace el suelo 
apto para el cultivo, y lleva, finalmente, un 
nuevo contingente el agua de los ríos, para 
aplicarlo en beneficio de las industrias. 

«Resaltan sobre todo estas ventajas en la 
parte norte de la provincia y en toda la ex- 
tensa cuenca del Salí, donae la estancación 
de las aguas en sus propias márgenes y en 
las de sus afluentes, produce el paludismo 
reinante en esa zona, privando al no que ma- 
yores beneficios presta á la agricultura, de un 
caudal de agua de no escasa consideración. 

«Son obras de inmensa utilidad que deben 
emprenderse sin demora, porque entran en el 
numero de los gastos, no solo reproductivos^ 
sino indispensables para la vida de un pueblo. i^ 

Y mas adelante dice: «Entre las industrias 
aue tienen por base el cultivo de la tierra, la 
de la caña de azúcar continúa siendo hasta 
ahora la única de importancia en la provin- 
cia, no solamente por la perfección en los 
sistemas de elaboración, smo por el valor 
mismo de sus productos. 



— 153 — 

«Este hecho, forzoso es confesarlo, no hace 
honor á Tucuman, que á pesar de la pequeña 
extensión de su territorio, posee casi todos 
los climas, presentando en sus diferentes zo- 
nas la composición geológica mas variada, y 
por consiguiente, una aptitud especial para 
casi todas las producciones de la tierra.» 

El gobernador pondera á continuación el 
cultivo del tabaco y el de la vid, anunciando 
que se han introducido á la provincia 250,000 
sarmientos; el de la alfalfa y el del arrroz co- 
mo el mas importante de todos. 

Llegando á la cuestión de inmigración y en- 
carando las dificultades que presenta, dice: 
«Nos falta desde luego la tierra extensa y ba- 
rata que exije la colonización en grande es- 
cala; pero aun quedan dos medios á ensa- 
yarse, con resultados ventajosos. 

«O se hace propietario al colono vendién- 
dole alternativamente la tierra en condiciones 
fáciles, por el aue la posea en cierta exten- 
sión, lo gue reaunda en beneficio del mismo 
propietario y del colono, ó lo asocian en las 
faenas agrícolas, proporcionándole tierra y ca- 
pital, en cambio de su trabajo, los propieta- 
rios de pequeñas estensiones, (jue la ^alta de 
brazos mantiene, sin embargo, improductivas 
ó incultas. 

«Esta última fórmula, que quizá desdeñaría 
en otra parte el inmigrante europeo, tiene 
aquí en su favor lo valioso de nuestros pro- 
ductos, que garanten una utilidad halagadora 
al industrial laborioso. 

«Las consideraciones-anteriores, si excluyen 
por completo toda idea de colonización oficial^ 



Á 



— 154 — 



sirven á la vez para revelarnos la necesidad 
de promover la colonización particular con 
medidas eficaces á ese objeto.» 



Desde que hablamos de inmigrantes, debo 
decir que hay en Tucuman muchos franceses; 
los italianos son mas numerosos allí como 
en todas partes; hay también españoles. 

Entre los franceses mas conocidos descue- 
lla el señor Bruland, que está allí desde 1845. 
Es natural de Alsacia, habiendo nacido en 
1817; estudió medicina en Tolosa; llegó á 
Montevideo en 1842, prestó sus servicios á la 
legión francesa, siendo compañero de Martin 
de Monssy y pasó á Buenos Aires siendo re- 
cibido médico de esta facultad en 1844, y el 
año siguiente, fué á establecerse en Tucuman; 
es agente consular de la república francesa y 
fué condecorado á principios del año pasado. 

En Tucuman encontré á otro francés, el 
señor Federico Portalis, con una porción de 
ingenieros 'que habían ido allí á estudiar el 
trazado de una nueva línea férrea, es decir, la 
prolongación del ferrocarril de San Cristóbal 
nasta aquella capital, pasando por Santiago 
del Estero; cuando se haya llevado á cabo ese 
importante trabajo podremos ir directamente 
á Tucuman, sin pasar por Córdoba, visitando 
mas fácilmente el jardm de la república, el 
país donde florecen los naranjos y donde el 
mvierno es una primavera. 



— 155 — 



ni 



Excursión á C!hÍTÍlcoy — Antecedentes históricos — Impor» 
* tancia económiva de ese partido 

Voy ahora á dar cuenta de mis últimas ex- 
cursiones, que fueron éstas, en la provincia de 
Buenos Aires. Esta provincia, puede decirse 
que fué la última que entró en el movimien- 
to colonizador, y sin embargo, fué ella la pri- 
mera que lo inició, hace mas de sesenta años. 

La iniciativa de la colonización en el Rio 
de la Plata no pertenece, hablando con pro- 
piedad, á los constituyentes de 1853, sino á 
Rivadavia, porque Rivadavia debe ser conside- 
rado como el inspirador de la política del go- 
bierno que imperaba en Buenos Aires, en el 
año de 1822 y siguientes. (1) 

Véase, pues, el dato que me suministra un 

Sublicista que también rué colonizador, cuan- 
o le tocó ocupar un inaportante puesto pú- 
blico: la gobernación de Santa-Fé: 

«Una ley de la legislatura de Buenos Aires 
de fecha 22 de Agosto de 1821, facultaba al go- 
bierno de esta provincia para negociar el tras- 
porte de familias industriosas que aumentasen 
su población. En 1823 se autorizó al ministro 
de gobierno para negociar en Europa el tras- 
porte de mil ó mas familias mx>rales é indus- 
triosas, para las nuevas poblaciones que debian 



(1) Considérations historíques et politiques sur les Ré- 
pUDJiques do la Plata, porM. Alfred de Érossard. 



— 156 — 

formarse en la frontera. Una gran parte del 
empréstito autorizado en aquella época fué 
destinado á ese objeto, cuyo resultado no pudo 
obtenerse en la extensión que las nobles as- 
piraciones que servían de móvil á esa serie de 
medidas consignadas en leyes y decretos ^jue 
traspiran el patriotismo y el deseo del bien 
anhelaban; porque como siempre, en nuestro 
país, el genio del mal vino á cruzar las mejores 
intenciones retardando su definitiva organi- 
zación. 

«Es preciso reconocer, sin embargo, que la 
esteriliaad de estos generosos esfuerzos, y el 
mal resultado del primer ensayo de coloniza- 
ción que se hizo en aquella época, tuvieron por 
causa el mal sistema en la enagenacion y ais- 
tribucion de la tierra baldía.» 

Así hablaba el señor don Nicasio Oroño, en 
su folleto titulado: La verdadera organización 
del país, y agregaba en una nota: 

«La colonia de Santa Catalina y su empresa- 
rio el señor Robertson cjuedaron arruinados; y 
faltos de recursos y perjudicados por nuestros 
disturbios políticos, se dispersaron en su ma- 
yor parte entre las jurisdicciones de Quilmes, 
Cañuelas, San Vicente y Ranchos. Sin embar- 
go, dispersos y pobres, estos colonos fueron 
los primeros que nos enseñaron la manera de 
amansar las vacas, extraerles la leche y ven- 
derla limpia y medida; la fabricación de esqui- 
sita manteca, y el queso de excelente calidad. 
Con ellos se han formado las primeras chacras- 
modelo, que tenemos en el país, y sobre todo, 
á esos desgraciados colonos debemos princi- 

Ealmente los criaderos de ganado lanar que 
oy figuran tanto en nuestra riqueza.» 



— 157 — 

, Después de un publicista americano, oígase 
á un publicista europeo: 

« Donde Rivadavía se mostró animado 

de un espíritu verdaderamente liberal, fué en 
la colonización de Patagonia y en la intro- 
ducción de los trabajadores extrangeros. 

«Por un decreto de 22 de Setiembre de 1822, 
el gobierno dirijió un llamamiento á todos 
cuantos Quisiesen establecerse en Patagonia y 
por otro del 21 de Diciembre siguiente, aseguró 
á cada colono, á su elección, una concesión de 
chacra de media legua cuadrada, ó de estancia 
de una legua cuadrada. 

«Habiéndole manifestado muchos hacenda- 
dos, gue seria fácil contratar en el exterior 
trabajadores para sus establecimientos, bajo 
la condición de que éstos quedasen exonera- 
dos del servicio militar mientras durase su 
compromiso, el gobierno dictó en 7 de Diciem- 
bre un decreto en ese sentido. 

«En fin, el decreto de 24 de Abril de 1824 
instituyó una comisión encargada de fomentar 
la emigración extrangera. El reglamento del 
19 de Enero de 1825 determinó la composición 
y las atribuciones de esa comisión, que se for- 
mó con ciudadanos y extrangeros domiciliados 
y propietarios de bienes raices, estipulando las 
prmcipales ventajas ofrecidas á los inmigran- 
tes: libertad de culto, exoneración de cualquier 
servicio militar ó civil durante cinco años y 
de todas las contribuciones que no se impusie- 
sen á la totalidad de la población, facultad de 
adquirir, de poseer y de trasmitir toda clase de 
bienes, muebles é inmuebles, concesiones de 
tierra por enfiteusis, al vencerse su compro- 
miso. 



— 158 — 

«Es de notarse que ese reglamento en 29 
artículos fué dictado expontáneamente antes 
de que ningún tratado vinculase la República 
Argentina con el exterior. 

«Es de notarse taníbien, que la ley precitada 
del 2 de Octubre de 1825 sobre la libertad de 
cultos fué originada por el deseo de atraer ó 
los colonos extrangeros, sin violentar su con- 
ciencia y asegurándose de su moralidad por 
la fé. 

«Con este motivo dijo el ministro don José 
Manuel Garcia, en un discurso á la sala de 
representantes: «Puéblese nuestro país con 
inmigrantes de todas las partes del mundo; 
debe el gobierno extender su solicitud hasta 
ellos, suministrándoles todos los medios de 
observar su religión, y apartando todo pretesto 
de abandonarla; porque ae otro modo nuestro 
país se llenaría de individuos que no presen- 
tarían garantías de su moralidad ni tampoco 
de una religión que no profesasen. ¿Qué resul- 
taría de ello? Llegarían á ser ateos; y ¿qué 
males no traería consigo semejante estado de 
cosas? (1) 



Prueban estas citas que la iniciativa de la 
colonización entre nosotros, pertenece verdade- 
ramente á Rivadavia y á sus amigos. Desgra- 
ciadamente ese pensamiento regenerador no 
pudo llevarse á cabo en aquel entonces; los 



(1) Esta correspondencia fué escrita antes que la intro- 
ducción, en la cual se refiere mas detalladamente la acción 
de Rivadavia. 



• - 159 - 

disturbios políticos de la patria, la guerra civil 
y la guerra extranjera, postergaron su realiza- 
ción durante mas de treinta años; pero los dis- 
cípulos del grande hombre no olvidaron un 
momento las lecciones del maestro, y tan pron- 
to como vieron llegado el momento favorable, 
reanudaron la tradición gloriosa, consignán- 
dola en el pacto fundamental y haciéndola ba- 
jar á la esfera de las realidades tangibles. 

Pero debe observarse así mismo, que no se 
han aplicado del todo las ideas de Rivadavia 
en materia de colonización y de legislación 
agraria, y por mi parte conceptúo que este es 
un error que hará sentir sus consecuencias en 
un porvenir tal vez no muy remoto. Digo mal: 
las consecuencias se hacen sentir ahora mismo; 
la enagenacion impremeditada de la tierra pú- 
blica en grandes extensiones, la formación de 
esosdommios inmensos, que los romanos lla- 
maban los latifundia, ha venido ó constituir 
un estorbo á la población del país, condenan- 
do las mejores partes del territorio, las mas 
accesibles, á la esterilidad y á la soledad, re- 
sultando de esta imprevisión que, cuando el 
gobierno nacional quiere fundar una colonia, 
tiene que rescatar é precio de oro un terreno 
que nada le hubiera costado; que, por el con- 
trario, le hubiera producido pingües rentas, si 
se hubiese aplicado la idea de Rivadavia. Es 
preciso confesarlo: los estadistas sucesores del 
graifde hombre, no habían pensado en el por- 
venir ó habían pensado como el egoísta mo- 
narca francés que legaba la revolución á su 
heredero. 

Donde se hace notar más esa falta de previ- 



- — 160 — 

sion, es sobre todo en la provincia de Buenos 
Aires, porque es allí especialmente donde gran- 
des extensiones de campo han sido acaparadas 
por unos pocos individuos, como para justifi- 
car la definición dada por Alberdi, de que la 
República Argentina es tun desierto poblado 
por excepción», ahuyentando la inmigración 
que se presenta y obligándola á internarse en 
las selvas del Chaco, lejos de todo mercado, de 
toda salida para sus productos. 

En fin, parece que ha llegado el momento 
de la reacción, traída por la fuerza de las co- 
sas, por la evolución económico-social mas 
bien que por el sentimiento espontáneo de los 
detentadores de latifundia, cuya formación 
habia querido impedir Rivadavia. La ganade- 
ría está en decadencia: luego, llegaremos á la 
agricultura, pero ¿seremos una democracia 
agrícola ó una oligarquía territorial? La cues- 
tión mereceria ventilarse alguna vez. 



Tales eran las reflexiones que se agolpaban 
á mi cerebro, cuando me dirijía en Enero ppdo. 
á Chivilcoy. 

Chivilcoy puede hasta cierto punto conside- 
rarse como una colonia: merece figurar en esta 
reseña délas colonias de la repúolica. 

Sobre ese partido, decia el inspector de colo- 
nias, Guillermo Wilcken en su informe (1873): 

«Apenas han transcurrido veinte años desde 
la época en que este partido era fronterizo, ex- 
puesto á todos los inconvenientes de la vecindad 
de las poblaciones salvajes, sin contar con mas 
que un diminuto número de pobladores, sin 



— 161 — 

importancia, ni aun para el establecimiento de 
una tenencia de juzgado de paz, «desde enton- 
ces Ghivilcoy puede llamarse ajusto título, un 
partido colonizado, pues habiéndose subdividi- 
do la tierra en pequeños lotes de chacra, es á 
esta sencilla medida que debe su increible 
desarrollo hasta convertirse en el partido mas 
productor de trigo de toda la provmcia. 

Allí vemos reaparecer la palabra fecunda, de 
incalculable alcance que ya nemos encontrado 
en el frontispicio de la casa municipal de Es- 
peranza: svbdimsion de la tierra! Es decir, 
fin de los latifundia. 

¿Quién fué el fundador de Ghivilcoy? Háse 
atribuido este honor á Sarmiento. Este mismo 
personaje, cuando se hizo cargo de la presi- 
dencia de la república, pronunció un discurso 
en la localidaa, anunciando cien Chivilcoys 
mas que prometia fundar durante su período 
gubernativo; pero el verdadero fundador no 
fué el autor de Aí^girópolis, sino don Manuel 
Villarino. 

Un vecino de Ghivilcoy me ha dado un folle- 
to truncado, ' pues le faltan la mitad de las pá- 
ginas, en el cual encuentro la siguiente nota, 
que me parece digna de reproducirse, del año 
libertador: 

El ministro de gobierno. 

¡Viva la confederación argentinal 

Buenos Aires, Julio 7 de 1852. — Al juez de 
paz de Ghivilcoy, don Manuel Villarino— En 
vista de la nota "de Vd. de 11 del pasado, con 
que adjunta algunos datos estadísticos, y pide 
entre otras cosas, se le conceda una legua ó 
mas de terreno para la creación de un centro 

11 



—•162 - - 

de población en el punto medio de ese partido, 
el gobierno ha dispuesto se le conteste que ha 
visto con complacencia el celo inteligente que 
pone, por el progreso y bienestar de los hani- 
tantes de su jurisdicción; que inmediatamente 
se ocupará de dictar las medidas necesarias 

Í)ara ocurrir á las necesidades que expone en 
a citada nota; queá este fin indique las perso- 
nas que pudieran componer la comisión á que 
se renere, la cual, después de nombrada v seña- 
ladas sus atribuciones, propondrá al gol)ierno 
sus ideas para la creación de fondos con los 
fines señalados; que indague cuáles pueden ser 
los propietarios de tierras que se hallen dis- 
puestos é ceder el área suficiente para el pueblo 
y ejido que se propone; si es que esos propie- 
tarios no encuentran de conveniencia propia el 
distribuir la superficie de sus campos, en cha- 
cras, quintas, y solares para enagelarlos á los 
que quisieran poblar, adquiriendo éstos á pre- 
cios cómodos el título respectivo de propia 
dad. Lo que comunico á Vd. á los fines con- 
siguientes. 

Dios guarde á Vd. muchos años. — Juan 
María Outierrez. 

Las agitaciones del país que sobrevinieron 
otra vez, postergando la organización definitiva 
de la república, postergaron también la fun- 
dación de Chivilcoy. Pero no por eso desmayó 
el iniciador de la generosa idea. 

El 5 de Setiembre de 1853 vuelve á la carga 
el juezdepazVillarino y se dirige al ministro 
de gobierno, que lo era entonces el Dr. D. Lo- 
renzo Torres: «Este partido, (Chivilcoy), que 
tiene una población crecidísima con respecto 



— 163 — 

á los demás y como ochenta legtcas cuadradas 
de superficie, poseídas por veintiocho individuos, 
necesita urgentemente un centro de población 
para de allí difundir la civilización por sus res- 
pectivos misioneros, el párroco, el maestro de 
escuela, el médico, la autoridad civil y munici- 
pal, que de todos, con excepción del juez de 
paz, se carece hasta hoy. 

«Pues bien, señor ministro, con siete ü ocho 
mil habitantes que no poseen un palmo de tiei^^a 
en propiedad, en el carácter de labradores, co- 
merciantes y peonadas, y distribuyéndoles algu- 
nos solares en propiedaa, cuánto favorecería á 
la creación de un centro de población en el 
partido; cosa indispensablemente previa para 
el establecimiento de una escuela, una capilla 
y oficina policial. 

«Para esto, pues, cjue interesa tanto al pro- 
greso moral y material de esta parte de la cam- 
paña, es que solicito y ruego á v . S. interponga 
su influencia para que se concedan una ó dos 
leguas cuadradas de terrenos de propiedad pú- 
blica, que están en enfiteusis para^ proceaer 
inmediatamente á la construcción de los objetos 
que se indican.» 

Las cosas de palacio van despacio: recien el 
17 de Julio de 1854 informa el departamento 
topográfico aprobando la traza propuesta para 
el nuevo pueblo de Chivilcoy «por cuanto ella 
está proyectada de acuerdo con las disposicio- 
nes vigentes sobre la materia.» 

Y en el mismo año (11 de Octubre) se nom- 
bra al Sr. Villarino para hacer dicha traza, 
cuyo acto se verifica el 22, de conformidad con 
las instrucciones dadas por el departamento 



— 164 — 

topográfico á los comisiones de solares de los 
pueblos de campaña el 20 de Noviembre de 1828 
y por el gobiernos ei\ los años anteriores. 

Desgraciadamente, parece que no se habia 
elejidoel mejor paraje para esa fundación; pues 
así lo manifiesta una nota del Sr. D. Satur- 
nino Salas, presidente del departamento topo- 
gráfico. 

En fin, en 1855, (20 de Julio), el gobierno de 
D. Valentín Alsina aprueba los trabajos ejecu- 
tados para la traza del nuevo pueblo y el juez 
de paz, Villarino se pennite pedir autorización 
al departamento topográfico para delinear dos 
órdenes de quintas á continuación délas ante- 
riores. 

Dos años mas tarde, es decir en Agosto y 
Octubre de 1857, aparecen nuevas disposiciones 
legislativas, por las cuales tqueda autorizado el 

Eoder ejecutivo para enagenar las tierras pú- 
licas del partido de Chivilcoy, cien y tantas 
leguas, debiendo formarse pórcionesde cua- 
renta cuadras por costado.» 

Veinte guadras de sur á norte, dice la lev, y 
diez cuadras de este á oeste formarán un lote 
de tierras, el cual podrá subdivirse en medios 
lotes y cuartos de lotes, de modo que se alter- 
nen en toda dirección los lotes, los medios y los 
cuartos de lotes. 

En cada manzana se reservará un lote en 
beneficio de la municipalidad para las escuelas 
de niños del lugar, y el resto será puesto á ven- 
ta en subasta pública. 

Las personas establecidas en las tierras públi- 
cas de Chivilcoy, ó que hubiesen sembrado en 
ellas siendo los últimos ocupantes, al tiempo de 



— 165 — 

la promulgación de esta ley, tendrán el derecho 
de conservar la posesión gue tuviesen, ajustan- 
do sus límites á las divisiones ó subdivisiones 
de los lotes, pudiendo tomar en* compra lotes 
enteros, ó mitades, ó cuartos de lote, pagando 
un tercio de su valoren el acto de adjudicarles 
las tierras por el precio designado, y el resto ú 
seis meses y un año por mitad, no pudiendo 
dichos ocupantes tomar mas de un lote en los 
términos asignados por esta ley; y no pagando 
el valor total del segundo y último plazo, per- 
derán al vencimiento de éste la mitad de la 
parte entregada reputándose como arriendo de 
las tierras por el plazo vencido. 

Los demás lotes debian venderse en pública 
subasta á dinero de contado. 

En los años de 1858 y 1860, se dictaron 
nuevos decretos en favor de los pobladores de 
Chivilcoy. 



Así es como se formó ese pueblo que se de- 
sarrolló rápidamente, adquiriendo en pocos 
años una importancia considerable* y que vino 
a aumentarse con el establecimiento del ferro- 
carril del Oeste. 

En el año de 1871, Chivilcoy remitió por ese 
ferro-carril á la estación del 11 de Setiembre, 
44,160 fanegas de trigo, 4873 toneladas (de 80 
arrobas) de maíz desgranado, 15,145 toneladas 
de maiz en espiga, 5416 arrobas de papas — ven 
los cuatro primeros meses de 1872 solamente 
102,892 fanegas de trigo. No hablo de los de- 
más productos, frutos del país, cueros, lanas, 
cerda, sebo, etc., etc. que sumaban cantidades 
considerables. 



já 



— 166 — 

Obsérvese que Ghivilcoy fué solamente una 
etapa de la población y de la civilización, que no 
tardó en quedar á retaguardia; pues nuevos 
partidos agrícolas se formaron mas adelante, 
tales como el Bragado, Nueve de Julio; y ac- 
tualmente la prolongación del ferro-carril íinsta 
Trenque-Lauquen va á permitir el estableci- 
miento de varios centros agrícolas, conforme 
A la ley provincial de Octubre de 1887. 



— 167 — 



IV 



Excnrsion al Nueve de Julio — Importancia agrícola de 
este partido — Recuerdos de la colonia Nueva Burdeos 
— La cabafta del Dr. Frias en Mercedes. 

En el Nueve de Julio he visitado un gran 
establecimiento agrícola: el del Sr. Fausson. 

Este señor ha pasado una buena parte de su 
vida en la agricultura, haciéndola siempre en 
grande escala, sembrando hasta setecientas 
cuadras de trigo. Afirma que generalmente la 
cosecha es segura, y que de nueve años uno 
solo mas ó menos resulta desfavorable. Este 
año la cosecha promete ser abundantísima, 
pero la continuas lluvias han debido echar á 
perder una parte considerable. Hacia mucho 
tiempo, que no se había visto un verano tan 
lluvioso; recuerdo asi mismo haber presen- 
ciado uno igual en la provincia de Entre Rios; 
los agricultores perdieron también su cosecha, 
con tanta mas razón cuanto aue entonces no 
se conocian todavia las trilladoras y se usa- 
ban las yeguas, sorprendiéndose á cada rato 
el trigo tendido en la era. 

Con este motivo, quiero consignar una re- 
flexión que se me ocurre: los individuos que 
se han ocupado de metereología, han obser- 
vado que las estaciones suelen repetirse con 
las mismas circunstancias, al cabo de un nú- 
mero determinado de años, de manera que 
constituyen un periodo verdadero, un ciclo. 
Raspail, si mal no recuerdo, pretendía haber 



# 



- 168 — 

observado que el ciclo era de diez y ocho 
años. Si esto fuera cierto, podría preveerse, 
anunciarse el tiempo futuro y tomar sus me- 
didas en consecuencia. Habría, pues, que con- 
tinuar, generalizar las observaciones é fin de 
descubrir tarde ó temprano la ley que ríge 
los fenómenos metereológicos, porque indu- 
dablemente debe haber una: con este cono- 
cimiento, los agricultores ya no estarían es- 
puestos á perder el fruto de su trabajo. Na- 
turalmente costará mucho tiempo adquirir una 
certidumbre matemática sobre el particular; 
será cosa de mas de una generación y de mas 
de una localidad, pero ¿qué son los anos, qué 
son los siglos para la humanidad? 

El señor Fausson suele dividir su terreno 
en secciones de veinticinco cuadras, en cada 
una de las cuales cava un pozo que debe su- 
ministrar el agua necesaria para la máquina 
de trillar. Cuando llega el momento de la co- 
secha, allí establece el campamento de los 
peones. Naturalmente, el trigo se corta con 
segadoras; pero el señor Fausson no se vale de 
carros para traerlo á la parva; tiene un gran 
número de cueros con los cuales forma una 
especie de trineos que unos ginetes arrastran 
á la cincha con una velocidad extraordina- 
ria. El señor Fausson afirma que este proce- 
dimiento es más rápido y mas económico que 
el de los carros; porque el que siembra en 
gran escala necesita un número de carros con- 
siderable,los cuales representan un capital inuti- 
lizado durante el resto del año. El procedimiento 
no es nuevo; es el antiguo, el criollo; pero con- 
fieso que nó deja de ser interesante y que me 



— 169 -. 

llamó particularmente la atención el modo co- 
mo los ginetes arrastraban las gavillas sugeta- 
das en el cuero por medio de una cadena y 
como otros ginetes las alzaban arriba de la 
parva en un abrir y cerrar de ojos, siempre 
por medio de la cincha. 

El señor Fausson tiene diez segadoras de 
varios sistemas y cuatro trilladoras, una de 
las cuales puede rendir hasta trescientas fa- 
negas diarias. 

Pregúntele lo que pensaba del arado á va- 
por: contestóme que, según los datos quehabia 
tomado, no convenia, porque el combustible 
venia á costar muv caro: luego es mejor va- 
lers^de bueyes y de caballos. Sin embargo, 
otros opinan que la labranza á vapor daria 
buenos resultados en este país de grandes pla- 
nicies. 

Ha inventado un sembrador que se adapta á 
un arado de tres rejas para derramar el maíz 
y el trigo y pondera mucho este procedimien- 
to. Tiene cuatro leguas de campo: la regla 
adoptada por él para los cultivos es sembrar 
una vez maiz y dos veces trigo en el mismo 
terreno; en seguida lo deja y pone las ovejas 
para abonarlo. 

Reconoce que la agricultura exige muchos 
gastos, sobre todo para levantar la cosecha; 
ahora, por ejemplo, tiene conchavado un gran 
número de peones, y la lluvia lo obliga á in- 
terrumpir el trabajo á cada momento. 

Necesita también mantener un carpintero 
y un herrero durante todo el año, para la 
compostura de la máquina y otras herramien- 
tas. 



i 



— 170 — 

Suele sembrarse una fanega por cuadra; el 
rendimiento es de veinte, detremta por uno. 

El señor, Fausson tiene su establecimiento á 
tres leguas y media mas ó menos al norte del 
«Nueve de Julio» en un paraje que los indios 
visitan á menudo hace once ó doce años. 

Su morada es un edificio elegante y cómodo, 
rodeado de árboles, acacias dealbatas, euca- 
liptusy otros árboles de ornato, que lleva el 
nombre de «Nueva Aurora» y data de 1882. Un 
monte de álamos y de sauces llorones muy tu- 
pido, la garante contra los vientos del sud- 
oeste. Estas dos clases de árboles se han gene- 
ralizado mucho en toda la provincia, cuyo 
terreno me parece que les conviene especial- 
mente; helos encontrado en todas partes; con 
ellos se pueden formar rápidamente montes ar- 
tificiales en una región que esté completamen- 
te desprovista de bosques naturales. Sirven 
también para cercar las chacras y abonar la 
tierra con sus hojas, devolviéndole la feracidad 
agotada. 

Los chacareros hacen una plantación de sau- 
ces, la dejan subsistir durante algunos años y 
seguidamente desmontan el terreno para vof- 
Ver á sembrar. 

Entre tanto, un árbol que parece va per- 
diendo el prestigio de que gozaba, hace tan- 
to tiempo, es el eucaliptus. La municipalidad 
del «Nueve de Julio» ha volteado los magnífi- 
cos que adornaban su plaza; cuando pregunté 
por qué, se me contestó que porque tapaban la 
vista. 

Supongo que debe haber alguna otra razón: 
por ejemplo, que sus raices son muy absor- 



— 171 — 

ventes, que dañan á las demás plantas, que 
no permiten otro cultivo en sus alrededores, 
que por otra parte es un árbol que no da som- 
bra, etc., etc. Pero, á pesar de todos esos defec- 
tos, el eucaliptus tiene el gran mérito de ser un 
árbol purificador, como los franceses lo han 
experimentado en Argel; por consiguiente, tie- 
ne su papel señalado en un país donde hay 
tantas cañadas, tantas aguas estancadas que 
pueden producir el paludismo y otras enter- 
medades. 

El establecimiento del señor Fausson no es 
el único de tanta importancia en el «9 de Julio». 
Se me ha nombrado también á los señores Ol- 
mos y Robbio, el primero de los cuales tiene 
ochocientas cuadras bajo cultivo y el segundo, 
quinientas. Debe agregarse que ese partido 
es mucho mas agrícola de lo que se sospechaba 
hasta el último censo. 

Según dice ese censo — refiere El Municipio, 
periódico de la localidad — ese partido tiene 
20,172 cuadras cuadradas cultivadas, las que 
se. descomponen del modo siguiente: 12,727 
cuadras de maiz, 4,730 de trigo, 1,497 de alfal- 
fa, 42 de cebada, 60 de lino, 95 de hortaliza, 74 
de papas, li2 cuadra de viñedo, 742 de árbo- 
les forestales, y 206 y 3[4 árboles frutales. 

Viene á quedar, pues, con relación á impor- 
tancia agrícola, en el quinto lugar entre todos 
los partidos de la provincia, ocupando Chivil- 
coy el primero con 47,660 cuadras, Olavarria 
el secundo con 28,639 cuadras, San Pedro y 
Baradero el tercero con 25,371 y 24, 794 respec- 
tivamente, y el Bragado y Chacabuco el cuarto 
con 22,633 cuadras y 22,473 cuadras cada uno 




— 172 — 

de ellos. Todos los demás paríidos de la pro- 
vincia tienen menos tierra cultivada que el «9 
de Julio». 

En cuanto al cultivo de la alfalfa viene en 
tercer lugar después de Mercedes que tiene 
2,419 cuadras y Bahia Blanca que tiene 1842. 

En maiz tenemos áChivilcoy con24,242cua- 
dras, á San Pedro con 24,113, á Baradero con 
20,931. á Bragado con 13,358 y á 9 de Julio con 
12,822 cuadras. 

El Municipio avaluaba la cosecha del año 
en el partido, en un millón trescientos veinti- 
nueve mil trescientos veinte pesos nacionales 
(1.329,320), y la riqueza j)ecuaria, en dos mi- 
llones trescientos treinta y seis mil ochocientos 
treinta y. siete pesos nacionales (2.336,837). 

Para darse cuenta del pro'greso verificado, 
hay que comparar dos épocas. En 1881 el nú- 
mero de cuadras cultivadas alcanzaba solamen- 
te á 6667. 

Un aumento análogo se ha realizado también 
en la ganadería. 

El mismo periódico anuncia que van á ins- 
talarse cuatro centros agrícolas, lo que impor- 
taría mas de 26 mil hectáreas más entregadas 
á la agricultura, y que además la ley exige la 
colonización délas cinco estaciones de ferro- 
carril que existen en el partido, de todo lo cual 
deduce que «el porvenir de aquel es risueño y 
va en camino d!e convertirse en uno de los pri- 
meros partidos de la provincia» . 

Estos progresos son rápidos indudablemente, 
pero lo serian mas todavía, si los agricultores 
pudiesen disponer de mas numerosos medios 
de trasporte: héoido expresar quejas sobre la 



— 173 — 

falta de wagones para acarrearlos frutos déla 
tierra; la administración no contaba con tanta 
abundancia; pero se esperan nuevos coches y 
los cereales no estarán expuestos á perderse ó 
condenados á una espera muy prolongada. VA 
tiempo es dinero, sobre todo para los agricul- 
tores que tienen que sufragar gastos crecidísi- 
mos y necesitan recuperar ala mayor brevedad 
los fondos desembolsados en salarios ó en otros 
anticipos. 

Y así mismo, todavia escasean los brazos; 
decíame un agricultor de Chivilcoy que no se 
encontraban ni con dinero, agregando que la 
agricultura no hace cuenta á quien . tiene que 
valerse de brazos ágenos. 



Habia salido de Buenos Aires con la inten- 
ción de ir hasta Pehuajó, creyendo que estaba 
á inmediaciones de Nueve de* Julio, pero allí 
supe que distaba todavia veintidós leguas, cu- 
yo camino debia recorrerse en diligencia. De- 
sistí entonces de mi proyecto, á pesar de mi 
deseo de visitar el centro agrícola titulado 
«Nueva Plata», que se ha instalado hace poco 
tiempo. 

Menos aún pedia ir hasta Trenquelauquen, 
que dista mas de cuarenta leguas y que es el 
objetivo del ferro-carril del oeste. Por otra par- 
te, es preciso dejar pasar algún tiempo antes 
de visitar aquellos centros en formación, y es- 
perar que hayan salido del período embriona- 
rio. 

Regresé, pues á Chivilcoy; allí encontré á una 
señora que también se ha" ocupado de coloni- 



— 174 — 

zar en otra época; quiere decir que la familia 
de ella habia venido á América para formar 
parte de una colonia, la colonia «Nueva Bur- 
deos» establecida en el Chaco paraguayo por 
el presidente don Carlos Antonio López, y com- 
puesta de inmigrantes traidos por don Fran- 
cisco Solano López después de un viaje que 
hiciera á Europa. 

Esa colonia tuvo mal fin; los colonos, aisla- 
dos en el Chaco, tratados militarmente levan- 
taron quejas amargas y repetidas. El cónsul 
general de Francia en el Paraguay, que lo era 
entonces el señor Luciano de Brayer, tuvo que 
intervenir; la colonia se disolvió; dióse una in- 
demnización á los colonos, y éstos se despar- 
ramaron la mayor parte erí la República Ar- 
gentina; el gobierno de la Confederación 
estableció algunos á inmediaciones del Paraná. 
En esa colonia habia un poco de todo, hasta 
profesores de música; he conocido á uno en el 
Estado Oriental que se habia hecho ovejero. 

Volviendo á la señora de que se trata, muy 
joven entonces, quedóse con su familia en el 
Paraguay, y llegó casarse con un compatriota. 
Desgraciadamente para ella y para su familia, 
sobrevino la guerra de la triple alianza. Sola- 
no López, viendo sus tropas derrotadas y su 
país invadido, se puso furioso: vislumbraba 
conspiradores y traidores en todas partes, 
hasta en su propia familia, como es sabido; 
fusiló á hermanos y cuñados, fusiló también 
al padre y al marido de la joven francesa. Y, 
cuando su capital fué ocupada por el enemigo, 
mandó arriar todas las familias para no dejar 
masque las paredes al invasor, engolfándose 



— 175 — 

con ellas en las selvas del Paraguay. [Cuántas 

Sersonas murieron de hambre, de cansancio, 
e enfermedad en esa peregrinación fúnebre! 
Las sendas y las picadas quedaron sembradas 
•de esqueletos: los que sobrevivieron parecian 
otros tantos esqueletos ambulantes. 

Aquello debió ser una escena del infierno del 
Dante; una visión anticipada del valle de Jo- 
safat. 

La señora ha referido esa lamentable histo- 
ria, cuyo recuerdo vive y vivirá largo tiempo 
en la memoria de los corazones paraguayos 
que han dejado subsistentes, sin querer com- 
ponerlas, las ruinas de Humaitá, como una pro- 
testa contra las atrocidades de aquella guerra 
exterminadora.... 

Pero habia venido á América para colo- 
nizar y estaba escrito que no podia evitar el 
cumplimiento de su destino: de la «Nueva Bur- 
deos pasó á Chivilcoy, que es una verdadera co- 
lonia cosmopolita; había ido como profesora y 
no tardó en hacerse fermiérey alternando la 
cria délas gallina% con la lectura de Renán y 
de Littré. 

Tales son las vicisitudes de la existencia 
americana. 



En Mercedes, acompañado por el señor San- 
tiago Mautalen, he visitado la magnífica caba- 
na del doctor Frías; se me ha asegurado que 
no tiene igual en la República Argentina, ni 



— 176 — 

tal vez en Sud- América. Establecimientos de 
esta clase honran á su fundador, al mismo 
tiempo que presta grandes servicios al país, 
mejorándolas razas de animales y haciéndola 
enseñanza práctica de la zootecnia. 



— 177 — 



Excursión á Lobos y al Saladillo— Semejanzas lingüisticas 
— Fusión y síntesis de las razas. 

Mi segunda excursión fué para los pueblos 
de Lobos y del Saladillo: en esos puntos no he 
encontrado algo extraordinario, sino las la- 
gunas en medio de las cuales corre el ferrocar- 
ril, V que, al menos así se me ha asegurado, 
no dejan de causarle perjuicios. Como no soy 
ingeniero no me atreveré á arriesgarla menor 
crítica. 

La provincia de Buenos Aires presenta un 
aspecto monótono como todos los países de 
grandes planicies; ha sido necesario que la 
mano del hombre viniese á modificar esa uni- 
formidad fastidiosa con sus plantaciones y sus 
construcciones. Los bosques artificiales creados 
por él forman un descanso agradable para la 
vista que vaga por esas dilatadas llanuras has- 
ta hundirse en un horizonte indefinido, sin relie- 
ve, sin accidente, parecido al que presenta el 
océano. En ese desierto de verdura, cada es- 
tancia, cada población, cada aldea viene á ser 
un oasis verdadero. 

Lobos es uno de aquellos; parece que nació 
con el siglo, ó poco faltaba, pudiendo aplicár- 
sele los versos que Victor Hugo se habia dedi- 
cado á sí mismo: así lo comprueba una ins- 
cripción que se lee en el pórtico de la iglesió, 
y es la siguiente: 

12 



Á 



f 



— 178 - 

Aquí yacen los restos 7no7^fales 
de la señora doña Pascuala 
Rivas de Salgado — Q, E.P.D. 

Murió en el año 1861 d la edad de 80 años, 
siendo con su finado esposo don José Salgado 
fundadores de este pueblo en 1802. 

Su familia le dedica esta memoria. 

Los alrededores de Lobos son muy cultiva- 
dos, muy poblados, muy arbolados: se me ha 
afirmado que el elemento italiano es el que 

f)redomina entre los pobladores, allí como en 
os demás pueblos de la provincia. 

En Lobos se ha hecho un canal para dar una 
salida ó las aguas aue se estancaban é inunda- 
ban todos los alrededores. Actualmente, pare- 
ce que se trata de cavar otro que pondría la 
laguna de aquel punto en comunicación con el 
rio y la ciudad de La Plata. Esa laguna tiene 
un caudal considerable de agua; cuando el 
viento viene á agitarla, sus olas embravecidas 
pueden dar la idea del mar. 

La plaza de Lobos tiene un bonito aspecto de 
jardin inglés, áepar^terre, pero confieso que no 
me gusta mucho la iglesia de estilo gótico re- 
juvenecido con que se ha querido adornarla: ese 
estilo rococó produce un efecto contrario del 
todo. El arte gótico tuvo su razón de ser, allá, 
en los tiempos de la Edad Media, cuando lo 
inspiraba la fé ardiente de las masas; pero hoy 
dia, en nuestra época escéptica y prosaica, se- 
mejantes construcciones constituyen un ver- 
dadero anacronismo. 

En los alrededores de Lobos, como en Mer- 



— 179 — 

cedes, hay muchos irlandeses, algunos de los 
cuales hicieron grandes fortunas, habiendo 
venido al país, hace muchos años: parece que 
por lo general se dedican esclusivamenle á la 
cria de ovejas y poco se ocupan de agricul- 
tura. 

A inmediaciones de la gran laguna de Lo- 
bos, se ve la importante estancia que fué del 
doctor Salvador Maria del Carr 1, presidente 
de la corte suprema federal, ex -vicepresidente 
de la confederación argentina, ministro de Ri- 
vadavia, uno de los autores de la constitución 
que rije actualmente la República. Después de 
haber sido unitario acérrimo, leyó á Tocquevi- 
lie, en el destierro, con Rivadavia, y se con- 
virtió á las ideas federalistas, es decir, que 
trató de realizar la síntesis, la combinación de 
ambos sistemas políticos, considerándola como 
la única capaz ele dar la tranquilidad al país y 
de asegurar sus progresos. 

Entre estos progresos, ponia en primera lí- 
nea la inmigración y la colonización por leyes 
protectoras.de esos fines, por medios directos é 
mdirectos. 

Con este objeto, siendo encargado del poder 
ejecutivo, puso en certamen el mejor medio de 
repartir las tierras públicas para estar al al- 
cance de los trabajadores. De esa época arran- 
ca el gran movimiento inmigratorio que debe 
renovar la faz de esta tierra. 

Entre los partidarios entusiastas de la coloni- 
zación en aquel entonces, debe nombrarse tam- 
bién al doctor Luis José de la Peña v al doctor 
Juan Maria Gutiérrez; pero las circunstancias, 
las agitaciones de la vida política, no les permi- 



— 180 — 

lieron llevar á cabo todo su programa á este 
respecto. En fin, si los hombres perecen, la idea 
es imperecedera y se trasmite de mano en ma- 
no, como esa lámpara que los corredores velo- 
ces hacian volar de unos á otros en las proce- 
siones alegóricas de la Grecia antigua. 

El partido del Saladillo es afamado por el 
trigo que produce. 

Hice viaje al Saladillo con un vasco-francés 
establecido en Entre-Rios, hace muchos años, 
y que vino á América á principios del sitio de 
Montevideo, en 1842. Haciéndose roto las hos- 
tilidades, cuando Oribe puso sitio á Montevideo, 
él tomó las armas como los demás estranjeros 
á quienes el ex-presidente amenazaba tratar 
como á «inmundos, asauerosos, salvajes unita- 
rios», y formó parte de la legión francesa man- 
dada por Thiéoaut, mientras Garibaldi man- 
daba la italiana. Algún tiempo después, des- 
prendiéronse los vascos para formar una legión 
especial, al mando del doctor Juan Bautista 
Brie. Los vascos militarizados no se ciñieron 
á la defensa de Montevideo, sino que salieron 
á hacer expediciones con Rivera á la Colonia, 
á Paysandú, á varias partes. Entre tanto, el 
sitio "se prolongaba indefinidamente: mi com- 
pañero de viaje se cansó de esa lucha que ame- 
nazaba eternizarse, v se fué á Entre-Rios como 
muchos otros inmigrantes que se veian obli- 
gados á emigrar del Estado Oriental. Con esos 
inmigrantes empezó á poblarse Entre-Rios, so- 
bre todo Gualeguaychú, que se desarrolló rá- 
pidamente, á pesar de no estar muy bien si- 
tuado. 

Mi compañero se fué á Concepción del Uru- 



— 181 — 

guay, que se llamaba también Arroyo de la 
China. Este último pueblo se distinguía por el 
monumental colegio que el general Urquiza 
habia levantado en 1849, dedicíindolo á la ju- 
ventud entreriana. Las circunstancias políti- 
cas hicieron que el colegio entreriano se con- 
virtiera en colegio argentino, concurriendo allí 
centenares de jóvenes, que venian de todas 
las provincias, y también del exterior. Ese co- 
legio dio importancia á la ciudad; mi compa- 
ñero, que era un artesano, llegó á ser negocian- 
te, propietario, estanciero, etc., formó una fami- 
lia numerosa, dio educación á sus hijos; en fin, 
dejará tras sí una generación numerosa que ha 
de aumentar la población de Entre-Rios. Estos 
son los resultados de las guerras civiles: es 
probable, es casi seguro que, sin el sitio de 
Montevideo por las fuerzas de Oribe, jamás 
ese individuo hubiese pensado en trasladarse 
á la Mesopotamia argentina, y muchos otros 
se hubiesen quedado como él en el Estado 
Oriental, lo que prueba una vez mas que no 
hay mal que por bien no venga, y que las 
agitaciones políticas, las guerras extranjeras 
y las guerras civiles, son otros tantos medios 
que sirven para derramar la población en la 
superficie de la tierra. 

Con este motivo, debe observarse que los 
vascos fueron de los primeros que se lanzaron 
en la corriente emigratoria, hace mas de medio 
siglo. El coronel Brie con sus dos hermanos, 
habia fundado una casa de emigración, que 
envió á América mas de seis mil pasageros en 
veinticuatro buques distintos, buques de ve- 
la por supuesto, porque entonces no se habia 
generalizado todavia la navegación á vapor. 



— 182 — 

Pero los hermanos Brie se arruinaron en la 
empresa, cosa que sucede generalmente á la 
mayor parte de los iniciadores: la causa primor- 
dial de su ruina fué el sitio de Montevideo, la 
larga guerra civil que ensangrentó el Estado 
Oriental y ambas riberas del Plata. Los empre- 
sarios de emigración tenian que fiar el pasa- 
je á sus emigrantes, comprometiéndose tocios á 
abonar el importe por medio de su trabajo en 
América, ó haciéndolo abonar por sus deu- 
dos y parientes establecidos ya en el país. Co- 
mo el trabajo no faltara entonces en los diver- 
sos ramos de la actividad humana, el compro- 
miso era fácil de satisfacer; debido á esa cor- 
riente de inmigración, Montevideo se habia 
trasformado en pocos años y propendía á ser 
el estado mas floreciente de la América del Sud. 
Desgraciadamente, los'caudillos lo dispusieron 
de otro modo. Los. pasajeros de Brie herma- 
nos que hablan venido para trabajar, huyendo, 
muchos de ellos, de la conscripción militar en 
Europa, tuvieron que empuñar las armas en 
América, y recibir raciones del gobierno de 
Montevideo, y los que no se militarizaron, se 
deparramaron en toda la extensión del país. 
Los mismos empresarios se hicieron guerreros, 
muriendo uno de ellos y siendo gravemente 
herido el otro en el sitio dePavsandú. Conclu- 
yó en fin la guerra, pero adonde hablan ido 
íi parar los deudores? 

Agregúese que los empresarios tenian socios 
que nabian abusado de su credulidad y de su 
buena fé. Hubo que acudir á la justicia; pero 
los pleitos son interminables en América, como 
en Europa. El objeto primordial de la constitu- 



— 183 - 

cion del estado, su objeto fundamental, dice 
Heriberto Spencer, es la administración de jus- 
ticia, y sin embargo, tales son las defectuosi- 
dades de esa administración, tales los perjui- 
cios que causa á los litigantes, que la mayor 
parte de éstos prefieren abandonar sus dere- 
chos antes que emprender cualquier tramita- 
ción jurídica. Como cito de memoria, no ase- 
guro la conformidad literal del texto. Quiere 
decir que la administración déla justicia podria 
llamarse igualmente administración de la in- 
justicia. Uno de los hermanss Brie lo consi- 
deró así y reformó violentamente el fallo de los 
tribunales, dando muerte á la parte contraria 
en plena calle de Montevideo, y constituyéndo- 
se prisionero en el acto. Pronuncióse en su 
favor la opinión pública: todos fueron á visi- 
tarlo en la cárcel; la víctima no tuvo quien 
la acompañase á su última morada. El mata- 
dor pedia que lo juzgasen, y sobre todo que 
se revisase el proceso; pero jamás pudo con se- 

fjuirlo; finalmente, cansado de esperar, y como 
e dejaran la puerta abierta, tomó el partido 
de terminnr su cautiverio voluntario; pero con 
todo eso no recuperaba sus intereses perdidos, 
y los deudores de mala fé, aunque enriquecidos 
muchos de ellos, continuaron negándole la sa- 
tisfacción de sus compromisos. 

Esos iniciadores de la inmigración vasca que- 
daron sacrificados hasta el fin; el primero habia 
muerto en el asalto y toma de Paysanú; el se- 
gún, el coronel, pereció en la campaña, cuyo 
término fué la ejecución de Quinteros; el tej- 
cero se suicidó. 
Debido á ellos, muchos europeos, que hubie- 



-- 184 — 

sen vegetado en los valles de los Pirineas, 
consiguieron una posición holgada, conquista- 
ron bienestar y fortuna; ellos perdieron la su- 
ya y coronaron su existencia con un fin trá- 
gico. ¿Por qué no se quedaban quietos y feli- 
ces en la morada señorial de sus antepasados, 
disfrutando la tranquilidad del hogar paterno y 
continuando la existencia patriarcal del Eche- 
coyauna, rodeados de sus hijos y contando sus 
rebaños, cuando regresan al anochecer de la 
naontaña, acompañados por la música de los 
cencerros, el ahullido de los perros y el tañido 
melancólico de las campanas rústicas que se 
oyen en lontananza? 

Porque el vasco es aventurero, audaz tanto ó 
masque ningún hijo de Papeto, y por ningún 
motivo puede resistir su deseo de recorrer el 
mundo. Los vascos habian descubierto la Amé- 
rica antes que Cristóbal Colon, cuando iban en 
persecución de las ballenas que abundaban 
entonces en el golfo de Gascuña, cuya circuns- 
tancia hizo decir á Michelet que el verdade- 
ro descubridor del nuevo continente era la ba- 
llena. 

Agregúese que los vascos, agrupados en el 
estrecho recinto de sus montañas, no tienen 
espacio suficiente para su actividad, siendo 
por otra parte víctimas de la defectuosa or- 
ganización económica de las sociedades euro- 
peas. 

Agregúese en fin, las discusiones civiles, so- 
bre todo en la parte española, y se compren- 
derá, por qué fueron los primeros pobladores 
de la América meridional, como lo manifiestan 
tan evidentemente los nombres y apellidos que 



— 185 — 

suenan á cada paso .en este continente, revelan- 
do la presencia del idioma euskaro. 

Un profesor de la facultad de ciencias de 
Burdeos, el señor Baudrimont, ha encontrado 
curiosas analogías lingüísticas. 

Pnr ejemplo: 

Andes. Andiae, altos. Era, dice, imposible, 
dar un nombre mas característico a esa cordi- 
llera de montañas, que cruza ambas Américas 
en todo su longitud. 

Urugtmy, de ura ugaya, agua permanente ali- 
mentada por manantiales, — Uru quiere decir 
llanura ó lugar bajo, en quichua. Combinando 
ambos idiomas, vasco y quichua, tendríamos 
llanura inundada po7^ aguas llovedizas. 

Paraguay. Para quiere decir lluvia en qui- 
chua, y Paraguay querría decir agua perma- 
nente alimentada por las lluvias. 

El Orinoco recorre una comarca llena de 
ciervos: oren en vasco. 

Ubay, u bai, agua buena. Rio ancho del 
Perú, cjue sale de un lago formado por el rio 
Parapiti. 

Pilla chiquin, montaña de Colombia, — la pa- 
labra pilla, quiere decir conjunto, en vasco. 

Picacho, montaña de Colombia. Este nom- 
bre es vasco y quiere decir montaña ó pico de 
piedra. 

. Coyamburo, montaña de los Andes bajo el 
Ecuador, una de las cumbres mas altas. Las 
tres partes del nombre son vacas; la última, 
buró, quiere decir cabeza. 

Ariños. Ariña, rápido. Rio del Brasil. Po- 
dría, dice Baudrimont, aumentar ese pequeño 
vocabulario, pero basta lo que antecede para 



— 186 — 

demostrar que es eminentemente probable que 
en tiempos remotísimos los vascos habitaron 
en la América meridional. 

Doy esta afirmación por lo que puede valer, 
sin pretender en manera alguna resolver la 
cuestión del origen de los vacos. 

En fin, que hayan estado ó no estado en 
América durante los tiempos prehistóricos, es 
un punto controvertible y de escasa importancia 
para nosotros; la realidad es que han venido con 
y después de Colon, y que siguen viniendo 
con tal abundancia, que Eliseo Reclus, el fa- 
moso geógrafo pudo escribir, con algunos vi- 
sos de verdad, que llegará el momento en que 
el pueblo vasco todo entero se habrá traslada- 
do á las orillas del Plata y por consecuencia 
su idioma habrá desaparecido, pues los hijos 
de los inmigrantes dejan muy pronto de ha- 
blar el idioma de sus padres. 

El idioma solo subsistirá en los apellidos, 
que no tendrá su significado sino para los lin- 
güistas. 

Tales son las consecuencias de la emigra- 
ción continua, del perpetuo éxodo de los pue- 
blos, que parecen, como la luz, encaminarse 
de oriente á occidente, hasta que hayan ocu- 
pado toda la superficie de la tierra, volviendo 
entonces ó su punto de partida para realizar 
la expresión simbólica de los egipcios anti- 
guos: el mundo es una serpiente que se muer- 
de la cola. 

Sea lo que fuere, en ese laboratorio de razas 
que se llama la América delSud, los vascos, 
si desaparecen alguna vez del todo, absorbi- 
dos en ese gran compuesto étnico que el por- 



— 187 - 

venir prepara, los vascos descientes del Can- 
taber indomittts de que habla el poeta latino, 
habrán desempeñado un papel importante, sien- 
do los sucesores inmediatos de los gauchos y 
los precursores de una civilización superior. 



— 188 — 



VI 



Excursión al Pergamino — El arado á vapor 

Mi tercera excursión fué para el partido del 
Pergamino. Héseme asegurado que es uno de 
los que tienen mas terreno bajo cultivo: pero 
lo que me llevaba en esa dirección no era el 
deseo de ver chacras de maiz ó de trigo, por- 
que al fin y al cabo todas se parecen unas á 
otras, sino el deseo de visitar el establecimien- 
to agrícola-pastoril del señor don Guillermo 
Mooney, quien posee un arado á vapor en los 
alrededores de aquel pueblo. Cuando digo los 
alrededores, es tal vez un eufemismo, poraue 
la distancia son siete leguas largas, de las 
cuales una parte cruza una cañada que se hace 
respetar. Por consiguiente, para llegar á casa 
del señor Mooney seria mejor detenerse en al- 
guna estación del ferrocarril anterior á aquel 
pueblo. En fin, poco importan las distancias 
en el siglo actual y con los medios de locomoción 
deque disponemos, sobre todo cuando se trata 
de darse cuenta de un descubrimiento tan im- 
portante como la aplicación del vapor á la agri- 
cultura, con el cual soñaba desde mucho tiem- 
po atrás. 

Hace mas de cuarenta años que habia pre- 
senciado un ensayo de esta clase. 

Esto pasaba en Paris, á las pocas semanas 
después de la revolución del 24 de Febrero. 
Como sabe el lector, aquella revolución que se 



— 189 - 

había iniciado en nombre de la reforma elec- 
toral, es decir, siendo meramente política, se 
habia convertido en una revolución social, 
planteando la cuestión de la organización del 
trabajo. Una crisis se habia determiníSdo en 
la industria y en el comercio: era preciso dar 
ocupación á las masas de trabajaaores deso- 
cupados. Todas las inteligencias se pusieron al 
estudio para regenerar y transformar la socie- 
dad. Unos amigos mios formaron un comité 
de agricultura y de colonización y yo fui tam- 
bién miembro**de aauel. Presentóse Vi ese comi- 
té un doctor en meaicina, oriundo de la Fran- 
cia meridional, afirmándonos que tenia la so- 
lución del problema que preocupaba á tantos 
cerebros: él habia inventado el arado á vapor, 
es decir, la producción ilimitada de la riqueza 
agrícola, y por consecuencia, la abundancia al 
alcance de todos, la abolición déla miseria, la 
constitución de la personalidad humana en la 
plenitud de sus facultades, el hombro soberano 
absoluto de la creación. 

Invitábanos á presenciar el ensayo en Passy, 
á inmediaciones de Paris. 

Verificóse el experimento en i)resencia de 
una porción selecta de agrónomos, de publicis- 
tas, de literatos, cuyos nombres no recuerdo, 
con escepcion de Teófilo Gautier, muy fácil de 
reconocer por su larga cabellera romántica, re- 
cuerdo de los tiempos heroicos de Homani y 
de Antony. 

VA arado á vapor no era, propiamente hablan- 
do, un arado, sino un sistema de azadas, ó de 
picos, que se alzaban y bajaban alternativamen- 
te, y, por un movimiento de va y viene dejaban 



— loó- 
la tierra perfectamente desmontada y pulveriza- 
da, haciendo simultáneamente el aoole oficio 
del arado y de la rastra. 

Teófilo Gautier, dando cuenta de la inven- 
ción en el folletindeia Presse, dijo que la re- 
Eública iba á tener sus ilotas de vapor, pala- 
raque importaba la emancipación completa 
del esclavo, del siervo, del proletario, del tra- 
bajador agachado hacia la tierra, y alzando la 
cabeza para contemplar los cielos como se lo 
manda el poeta latino. 

Desgraciadamente, el momento no era muy 
oportuno para dedicarse al estudio de los pro- 
blemas mecánicos: la revolución continuaba 
hirviendo en las calles de la gran capital con- 
vulsionada; la impaciencia habia ganado los 
espíritus; el pueblo, quien habia prometido tres 
meses de miseria á la república, parecia pen- 
sar que el plazo estaba por cumplirse sin que 
se hubiese hecho algo para aliviar su posición. 
El gobierno provisional habia cometido la im- 
prudencia de amontonar en los titulados talle- 
res nacionales á mas de cien mil individuos 
que se desmoralizaban por efecto de la ocio- 
sidad: los agentes de los partidos vencidos y 
los aspirantes al poder encontraban allí una 
materia fácil de manejar para la satisfacción 
de sus aspiraciones. A rio revuelto, ganancia 
de pescadores; la guerra civil era la consecuen- 
cia fatal de la situación; no tardó, pues, en es- 
tallar. El presidente del comité de agricultura 
y de colonización fuéá parar al castillo de Vin- 
cennes, esa nueva Bastilla, y nadie se acordó 
ya del arado á vapor. 
Volví á encontrar varias veces al inventor. 



- 191 — 

• 

doctor Barrat; pero el comité no consiguió re- 
constituirse, y finalmente, nos dispersamos del 
todo: yo me vine á la América del Sud, siem- 

f>re con la idea de la colonización. Habiendo 
racasado la libertad en Europa, parecíame aue 
estas regiones platenses estaban encai'gaaas 
del porvenir del mundo. Habíase levantado el 
sitio de Montevideo; Rosas, el único estorbo, 
habia sido eliminado; luego, el terreno quedaba 
despejado para todo§ los experimentos políticos 
y sociales. 

Allí por consiguiente tenia que desempeñar 
su papel el arado á vapor, en provecho ae las 
asociaciones de colonos. 

Pero el pensamiento fué combatido; objetá- 
base que aquí tenemos bueyes y caballos de 
sobra para los trabajos agrícolas; que siempre 
saldrían mas baratos con los animales que con 
la máquina; que, por otra parte, el país care- 
cía de hombres inteligentes y expertos para 
manejarlas, que se descompondrían á cada 
momento y que faltarían los indi