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Full text of "Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España"




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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOC1ETIES 



P 1230 

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3 862 



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This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on 1 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may 
renewed by bringing it to the library. 



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Y OLITIIÍES. 



¡ CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA 

POR 

B ^RN4L DÍAZ DEL CASTILLO. % 

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ORIA 



NUEVA-ESPADA, 



POR EL CAPITÁN BER5AL DÍAZ DEL CASTILLO, 



UN 



DE SUS CONQUISTADORES. 




MADRID.— 1862. 
Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12. 



"**-:■■•. 



PRÓLOGO. 



Cuatro palabras nada más sobre el autor de 
este libro, y sobre las calidades de su obra. 

En cuanto al autor, nació en Medina del 
Campo , sin que sepamos la fecha exacta de 
este suceso ni la menor particularidad de su 
niñez ; bien es verdad que nada tiene de ex- 
traño este silencio respecto á un individuo 
que , nacido sin duda de padres pobres , em- 
prendió la carrera militar en la humilde situa- 
ción de soldado. Pasó á América el año de 
4514 encompañia de Pedradas Dávila,á quien 
el Gobierno acababa de conceder la goberna- 
ción del Darien; desde allí, después de los su- 
cesos ocurridos en aquel pais, se trasladó á la 
isla de Cuba, que gobernaba á la sazón Diego 
Velazquez. La situación de aventurero en 
que se hallaba Bernal Díaz le obligó á tomar 
parte en cuantas empresas se ofrecían ; así es 
que al emprenderse la expedición del descubrí- 



miento de Yucatán se alistó bajo las banderas 
de Francisco Fernandez de Córdoba, y se em- 
barcó con él, haciéndose á la vela el dia 8 de 
Febrero de 1517 ; pasó luego á la Florida con 
Juan Ponce, y dio vuelta á Cuba con los pocos 
que se salvaron de aquella empresa desgra- 
ciada. Nuevamente se embarcó en la expedi- 
ción de Grijalva el 5 de Abril de 1518, y vuel- 
to á Cuba , salió por tercera vez con la expe- 
dición mandada por Hernán Cortes , embar- 
cándose en la nave de Pedro de Albarado. Hizo 
en aquella conquista cuanto era de esperar 
de un buen soldado ; y terminada que fué en 
todas sus partes , recibió , en recompensa de 
sus servicios , una encomienda en Goatemala, 
donde se estableció, siendo uno de los prime- 
ros pobladores de la ciudad de Santiago de los 
Caballeros, en la que ocupó el cargo de rrgi- 
dor. — El mérito y servicios militares de Ber- 
3 nal Díaz fueron muy distinguidos , como que 
Hernán Cortés le recomendó especialmente al 
Emperador en carta escrita en Méjico el año 
de 1540; la misma honra mereció después del 
virey D. Antonio de Mendoza; y por último, 
habiendo él mismo presentado unas proban- 
zas en el consejo de Indias, el Emperador se 
sirvió recomendarle por Real cédula expresa 
y expedida en su favor. 



Tomamos estas noticias acerca de Bernal 
Díaz, de la breve reseña biográfica que le de- 
dica el último editor de su obra en la Bibliote- 
ca de Autores Españoles que con tanto acierto 
y perseverancia sigue publicando el señor don 
Manuel Rivadeneira. 

Del mismo documento sacamos la siguien- 
te calificación, con la cual nos hallamos con- 
formes.— Respecto, dice, al estilo de Bernal 
Diaz, aunque poco culto y pulido, — respira la 
ruda franqueza de un soldado; Robertson ca- 
lificó su mérito con las siguientes palabras: 
«Contiene (dice, hablando de este libro) una 
narración confusa y llena de pormenores de 
todas las operaciones de Cortés, en el estilo 
rudo y vulgar propio de un hombre sin letras 
ni instrucción; pero, como refiere los hechos 
que presenció y en que tuvo tanta parte, su 
narración lleva todo el sello de la autenticidad, 
y respira tal naturalidad y gracia, cuenta por- 
menores tan interesantes y demuestra un 
amor propio y vanidad tan graciosos, aunque 
disimulables en un soldado que, según nos 
dice, asistió á ciento diez y nueve batallas, 
que su libro es uno de los más singulares que 
se pueden encontrar en lengua alguna.» Nada 
añadiremos nosotros al testimonio de un es- 
critor tan ilustre y juez tan competente en la 



materia, y únicamente nos tomaremos la li- 
bertad de indicar á nuestros lectores que la 
relación de la batalla de Tabasco, la de la pri- 
sión de Montezuma en la estancia de los es- 
pañoles, y otros trozos que seria fácil men- 
cionar, son los que caracterizan perfecta- 
mente á Bernal Díaz como escritor de histo- 
ria, y los que manifiestan su candor, natura- 
lidad y sencillez. 



CONQUISTA DE LA NUIVA-ISfAlU 



POR 



BERNAL BIAZ DEL CASTILLO. 



CAPITULO PRIMERO. 



EN OTE TIEMPO SALÍ DE C ASTIL LA, Y LO QUE ME 

ACAECIÓ. 



En el año de 1514 salí de Castilla en compa- 
ñía del gobernador Pedro Arias de Avila, que 
en aquella sazón le dieron la gobernación de 
Tierra-Firme; y viniendo por la mar con buen 
tiempo, y otras veces con contrario, llegamos 
al Nombre de Dios; y en aquel tiempo hubo 
pestilencia, de que se nos murieron muchos sol- 
dados, y demás desto, todos los más adoleci- 
mos, y se nos hacian unas malas llagas en las 
piernas; y también en aquel tiempo tuvo dife- 
rencias el mismo gobernador con un hidalgo 
que en aquella sazón estaba por capitán y ha- 
bía conquistado aquella provincia, que se decía 
Yasco-Nuñez de Balboa; hombre rico, con quien 
2 



10 BERHAL DÍAZ. 

Pedro Arias de Avila casó en aquel tiempo una 
su hija doncella con el mismo Balboa; y des- 
pués que la hubo desposado, según pareció, y 
sobre sospechas que tuvo que el yerno se le 
quería alzar con copia de soldados por la mar 
del Sur, por sentencia le mandó degollar. Y 
después vimos lo que dicho tengo y otras re- 
vueltas entre capitanes y soldados, y alcanza- 
mos á saber que era nuevamente ganada la isla 
de Cuba, y que estaba en ella por gobernador 
un hidalgo que se decia Diego Velazquez, na- 
tural de Cuéllar; acordamos ciertos hidalgos y 
soldados, personas de calidad de los que habia- 
mo 5 venido con el Pedro Arias de Avila, de 
demandalle licencia para nos ir á la isla de 
Cuba, y él nos la dio de buena voluntad, por- 
que no tenia necesidad de tantos soldados como 
los que trujo de Castilla, para hacer guerra, 
porque no habia qué conquistar; que todo esta- 
ba de paz, porque el Vasco Nuñez de Balboa, 
yerno del Pedro Arias de Avila, habia conquis- 
tado, y la tierra de suyo es muy corta y de 
poca gente. 

Y desque tuvimos la licencia, nos embarca- 
mos en buen navio y con buen tiempo; llega- 
mos á la isla de Cuba, y fuimos á besar las 
manos al gobernador della, y nos mostró mu- 
cho amor, y prometió que nos daria indios de 
los primeros que vacasen; y como se habían 
pasado ya tres años, ansí en lo que estuvimos 
en Tierra-Firme como en lo que estuvimos en 



CONgLlSTA ÍJÉ NÜEVÁ-ESPANA. 11 

la isla de Cuba aguardando á que nos deposita- 
se algunos indios , como nos habia prometido, y 
no habíamos hecho cosa ninguna que de contar 
sea, acordamos de nos juntar ciento y diez com- 
pañeros de los que habíamos venido de Tierra- 
Firme y de otros que en la isla de Cuba no te- 
nían indios, y concertamos con un hidalgo que 
se decia Francisco Hernández de Córdoba , que 
era hombre rico y tenia pueblos de indios en 
aquella isla, para que fuese nuestro capitán, y 
á nuestra ventura buscar y descubrir tierras 
nuevas, para en éflas emplear nuestras perso- 
nas; y compramos tres navios, los dos de buen 
porte, y el otro era un barco que hubimos 
del mismo gobernador Diego Velazquez , fiado, 
con condición que, primero que nos le diese, 
nos habíamos de obligar todos los soldados, que 
con aquellos tres navios habíamos de ir á unas 
isletas que están entre la isla de Cuba y Hondu- 
ras, que ahora se llaman las islas de los Guana- 
jes, y que habíamos de ir de guerra y cargar los 
navios de indios de aquellas islas para pagar con 
ellos el barco, para servirse dellos por esclavos. 
Y desque vimos los soldados que aquello que 
pedia el Diego Yelazquez no era justo, le respon- 
dimos que lo que decia no lo mandaba Dios ni el 
Rey, que hiciésemos á los libres esclavos. Y des- 
que vio nuestro intento, dijo que era bueno el pro- 
pósito que llevábamos en querer descubrir tier- 
ras nuevas, mejor que no el suyo; y entonces nos 
ayudó con cosas de bastimento para nuestro viaje» 



12 BERNAL DÍAZ. 

Y desque nos vimos con tres navios y matalo- 
taje de pan cazabe, que se hace de unas raices 
que llaman yucas, y compramos puercos, que 
nos costaban en aquel tiempo á tres pesos, por- 
que en aquella sazón no habia en la isla de Cu- 
ba vacas ni carneros, y con otros pobres mante- 
nimientos, y con rescate de unas cuentas que 
entre todos los soldados compramos, y busca- 
mos tres pilotos , que el más principal dellos y 
el que regia nuestra armada se llamaba Antón 
de Alaminos, natural de Palos, y el otro piloto 
se decia Camacho, de Triaifti, y el otro Juan 
Alvarez, el Manquiilo deHuelva; y asimismo 
recojimos los marineros que hubimos menester) 
y el mejor aparejo que pudimos de cables y ma- 
romas y anclas, y pipas de agua, y todas otras 
cosas convenientes para seguir nuestro viaje, y 
todo esto á nuestra costa y misión. Y después 
que nos hubimos juntado los soldados, que fue- 
ron ciento y diez, nos fuimos á un puerto que se 
dice en la lengua de Cuba, Ajaruco, y es en la 
banda del Norte, y estaba ocho leguas de una 
villa que entonces tenian poblada, que se decia 
San Cristóbal, que desde á dos años la pasaron 
á donde agora está poblada la dicha Habana. 

Y para que con buen fundamento fuese enca- 
minada nuestra armada, hubimos de llevar un 
Clérigo que estaba en la misma villa de San 
Cristóbal, oue se decia Alonso González, que 
Con buenas palabras y prometimientos que le 
hicimos se fué con nosotros ; y demás desto ele- 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPANA. Í3 

gimos por veedor, en nombre de su majestad, 
á un soldado que se decia Bernardino Iniguez, 
natural de Santo Domingo de la Calzada, para 
que si Dios fuese servido que topásemos tierras 
que tuviesen oro ó perlas ó plata, hubiese per- 
sona suficiente que guardase el real quinto. Y 
después de todo concertado y oido Misa, enco- 
mendándonos á Dios nuestro Señor y á la Vir- 
gen Santa María, su bendita Madre, nuestra Se- 
ñora, comenzamos nuestro viaje de la manera 
que adelante diré. 



CAPITULO II. 



DEL DESCUBRIMIENTO DE YUCATÁN Y DE UN RENCUENTRO 
DE GUERRA QUE TUVIMOS CON LOS NATURALES. 



En 8 dias del mes de Febrero del año de 1517 
años salimos de la Habana, y nos hicimos á la 
vela en el puerto de Jaruco, que ansí se llama 
entre los indios, y es la banda del Norte, y en 
doce dias doblamos la de San Antón, que por 
otro nombre en la isla de Cuba se llama la tierra 
de los Guanataveis, que son unos indios como 
salvajes. 

Y doblada aquella punta y puestos en alta 
mar, navegamos á nuestra ventura hacia donde 



14 BERNAL DÍAZ. 

se pone el sol, sin saber bajos ni corrientes , ni 
qué vientos suelen señorear en aquella altu- 
ra , con grandes riesgos de nuestras perso- 
ras; porque en aquel instante nos vino una tor- 
menta que duró dos dias con sus noches, y fué 
tal, que estuvimos para nos perder; y desque 
abonanzó, yendo por otra navegación, pasado 
veinte y un dias que salimos de la isla de Cuba, 
vimos tierra, de que ncs alegramos mucho , y 
dimos muchas gracias áDios por ello; la cual 
tierra jamas se habia descubierto, ni habia no- 
ticia della hasta entonces ; y desde los navios 
vimos un gran pueblo, que al parecer estaría de 
la costa obra de dos leguas t y viendo que era 
gran población y no habíamos visto en la isla 
de Cuba pueblo tan grande , le pusimos por 
nombre el Gran-Cairo. Y acordamos que con el 
un navio de menos porte se acercasen lo que más 
pudiesen á la costa, á ver qué tierra era, y á ver 
si habia fondo para que pudiésemos anclar junto 
á la costa; y una mañana, que fueron 4 de Mar- 
zo, vimos venir cinco canoas grandes llenas <ie 
indios naturales de aquella población, y venían 
á remo y vela. Son canoas hechas á manera de 
artesas, son grandes, de maderos gruesos y ca- 
vadas por dedentro y está hueco , y todas son 
de un madero macizo, y hay muchas dellas en 
que caben en pié cuarenta y cincuenta indios. 

Quiero volver á mi materia. Llegados los in- 
dios con las cinco canoas cerca de nuestros na- 
vios, con señas de paz que les hicimos ; llaman- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 15 

doles cotí las manos y capeándoles con las capas 
para que nos viniesen á hablar, porque no te- 
níamos en aquel tiempo lenguas que entendie- 
sen la de Yucatán y mejicana, sin temor ninguno 
vinieron y entraron en la nao capitana sobre 
treinta dellos, á los cuales dimos de comer ca- 
zabe y tocino, y á cada uno un sartalejo de cuen- 
tas verdes, y estuvieron mirando un buen rato 
los navios; y el más principal dellos, que era 
cacique, dijo por señas que se queria tornar á 
embarcar en sus canoas y volver á su pueblo, y 
que otro dia volverían y traerían más canoas en 
que saltásemos en tierra; y venían estos indios 
vestidos con unas jaquetas de algodón y cubier- 
tas sus vergüenzas con unas mantas angostas, 
que entre ellos llaman mastates, y tuvímoslos 
por hombres más de razón que á los indios de 
Cuba, porque andaban los de Cuba con sus ver- 
güenzas defuera, excepto las mujeres, que traían 
hasta que les llegaban á los muslos unas ropas 
de algodón que llaman naguas. 

Volvamos á nuestro cuento: que otro dia por 
la mañana volvió el mismo cacique á los navios, 
y trujo doce canoas grandes con muchos indios 
remeros, y dijo por señas al capitán, con mues- 
tras de paz, que fuésemos á su pueblo y que nos 
darían comida y lo que hubiésemos menester, y 
que en aquellas doce canoas podíamos saltar en 
tierra. Y cuando lo estaba diciendo en su len- 
gua., acuerdóme que decía: Con escotooh, con es- 
Gotoch', y quiere decir, andad acá á mis casas; y 



Í6 BERNAL DÍAZ. 

por esta causa pusimos desde entonces por nom* 
bre á aquella tierra Punta de Cotoche, y así está 
en las cartas de marear. Pues viendo nuestro ca- 
pitán y todos los demás soldados los muchos 
halagos que nos hacia el cacique para que fué- 
semos á su pueblo, tomó consejo con nosotros, 
y fué acordado que sacásemos nuestros bateles 
de los navios, y en el navio de los más peque- 
ños y en las doce canoas saliésemos á tierra to- 
dos juntos de una vez, porque vimos la costa 
llena de indios que habian venido de aquella 
población, y salimos todos en la primera bar- 
cada. Y cuando el cacique nos vido en tierra y 
que no íbamos á su pueblo; dijo otra vez al ca- 
pitán por señas que fuésemos á sus casas; y tan- 
tas muestras de paz hacia, que tomando el capi- 
tán nuestro parecer para si iríamos ó no, acor- 
dóse por todos los más soldados que con el 
mejor recaudo de armas que pudiésemos llevar y 
con buen concierto fuésemos. 

Llevamos quince ballestas y diez escopetas 
(que así se llamaban, escopetas y espingardas, 
en aquel tiempo), y comenzamos á caminar por 
un camino por donde el cacique iba por guia, 
con otros muchos indios que le acompañaban. 
E yendo de la manera que he dicho, cerca de 
unos montes breñosos comenzó á dar voces y 
apellidar el cacique para que saliesen á nos- 
otros escuadrones de gente de guerra, que te- 
nían en celada para nos matar; y á las voces 
que dio el cacique, los escuadrones vinieron con 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 17 

gran furia, y comenzaron á nos flechar de arte, 
que á la primera rociada de flechas nos hirieron 
quince soldados, y traian armas de algodón, y 
lanzas y rodelas, arcos y flechas, y hondas y 
mucha piedra, y sus penachos puestos, y luego 
tras las flechas vinieron á se juntar con nos- 
otros pié con pié, y con las lanzas á mantenien- 
te nos hacían mucho mal. Más luego les hici- 
mos huir, como conocieron el buen cortar de 
nuestras espadas, y de las ballestas y escopetas 
el daño que les hacian; por manera que queda- 
ron muertos quince dellos. 

Un poco más adelante donde nos dieron aque- 
lla refriega que dicho tengo, estaba una placeta 
y tres casas de C3l y canto, que eran adorato- 
rios, donde tenian muchos ídolos de barro, unos 
como caras de demonios y otros como de muje- 
res, altos de cuerpo , y otros de otras malas 
figuras; de manera que al parecer estaban ha- 
ciendo sodomías unos bultos de indios con otros; 
y dentro en lrs casas tenian unas arquillas he- 
chizas de madera, y en ^llas otros ídolos de jes- 
tos diabólicos, y unas patenillas de medio oro,, 
y unos pinjantes y tres diademas, y otras piece* 
zuelas á manera de pescados y otras á manera 
de ánades, de oro bajo. Y después que lo hubi- 
mos visto, así el oro como las casas de cal y 
canto, estábamos muy contentos porque había- 
mos descubierto tal tierra, porque en aquel 
tiempo no era descubierto el Perú , ni aún se 
descubrió dende allí á diez y seis años. En aquel 
3 



IB BERNAL DÍAZ. 

instante que estábamos batallando con los in- 
dios, como dicho tengo, el Clérigo González iba 
con nosotros, y con dos indios de Cuba se cargó 
de las arquillas y el oro y los ídolos, y lo llevó 
al navio; y en aquella escaramuza prendimos 
dos indios, que después se bautizaron y volvie- 
ron cristianos, y se llamó el uno Melchor y el 
otro Julián, y entrambos eran trastabados de 
los ojos. Y acabado aquel rebato acordamos de 
nos volver á embarcar, y seguir las costas ade- 
lante descubriendo hacia donde se pone el sol; y 
después de curados los heridos , comenzamos á 
dar velas. 



CAPITULO III. 



PEL DESCUBRIMIENTO DE CAMPECHE. 



Como acordamos de ir la costa adelante hacia 
el Poniente, descubriendo puntas y bajos y an- 
cones y arrecifes, creyendo que era isla, como 
nos lo certificaba el piloto Antón de Alaminos, 
íbamos con gran tiento, de dia navegando y de 
noche al reparo y parando; y en quince dias que 
fuimos desta manera, vimos desde los navios un 
pueblo, y al parecer algo grande, y habia cerca 
del gran ensenada y bahía; creímos que habia 



CONQUISTA DE NUÉV A-ESPAÑA. 19 

rio ó arroyo donde pudiésemos tomar agua, 
porque teníamos gran falta della; acabábase la 
de las pipas y vasijas que traíamos, que no ve- 
nían bien reparadas; que, como nuestra armada 
era de hombres pobres, no teníamos dinero 
cuanto convenia para comprar buenas pipas; 
faltó el agua, hubimos de saltar en tierra junto 
al pueblo, y fué un domingo de Lázaro, y á esta 
causa le pusimos este nombre, aunque supimos 
que por otro nombre propio de indios se dice 
Campeche; pues para salir todos de una barca- 
da, acordamos de ir en el navio más chico y en 
los tres bateles, bien apercebidos de nuestras 
armas, no nos acaeciese como en la Punta de 
Cotoche. Porque en aquellos ancones y bahías 
mengua mucho lámar, y por esta causa dejamos 
los navios anclados más de una legua de tierra, 
y fuimos á desembarcar cerca del pueblo, que 
estaba allí un buen paso de buena agua, donde 
los naturales de aquella población bebían y 
se servían del , porque en aquellas tierras, se- 
gún hemos visto , no hay rios ; y sacamos las 
pipas para las henchir de agua y volvernos á los 
navios. Ya que estaban llenas y nos queríamos 
embarcar, vinieron del pueblo obra de cincuenta 
indios con buenas mantas de algodón, y de paz, 
y á lo que parecía debían ser caciquos, y nos 
decían por señas que qué buscábamos, y les di- 
mos á entender que tomar agua é irnos luego á 
los navios, y señalaron con la mano que si ve- 
níamos de hacia donde sale el sol, y decían Cas-» 



20 BERNAt DÍAZ. 

Ulan, Castilan, y no mirábamos bien eD la pláti- 
ca de Castilan, Castilan. Y después destas pláti- 
cas que dicho tengo, dos dijeroD por señas que 
fuésemos con ellos á su pueblo, y estuvimos to- 
mando consejo si iriamos. 

Acordamos con buen concierto de ir muy so- 
bre aviso, y lleváronnos á unas casas muy gran- 
des, que eran adoratorios de sus ídolos y esta- 
ban muy bien labradas de cal y canto, y tenían 
figurados en unas paredes muchos bultos de 
serpientes y culebras y otras pinturas de ídolos, 
y al rededor de uno como altar, lleno de gotas 
de sangre muy fresca; y á otra parte de los ído- 
los tenian unas señales como á manera de cru- 
ces, pintados de otros bultos de indios; de todo 
lo cual nos admiramos, como cosa nunca vista ni 
oida. Según pareció, en aquella sazón habían 
sacrificado á sus ídolos ciertos indios para que 
les diesen vitoria contra nosotros, y andaban 
muchos indios é indias riéndose y al parecer 
muy de paz, como que nos venían á ver; y como 
se juntaban tantos, temimos no hubiese alguna 
zalagarda como la pasada de Gotoche; y estan- 
do desta manera vinieron otros muchos indios, 
que traían muy ruines mantas, cargados de car- 
rizos secos, y los pusieron en un llano, y tras 
estos vinieron dos escuadrones de indios fleche- 
ros con lanzas y rodelas, y hondas y piedras, 
y con sus armas de algodón, y puestos en 
concierto en cada escuadrón su capitán, los 
cuales se apartaron en poco trecho de nos- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 21 

otros; y luego en aquel instante salieron de 
otra casa, que era su adoratorío diez indios, que 
traian las ropas de mantas de algodón largas y 
blancas, y los cabellos muy grandes, llenos de 
sangre y muy revueltos los unos con los otros, 
que no se les pueden esparcir ni peinar si no se 
cortan; los cuales eran Sacerdotes de los Ídolos, 
que en la Nueva-España comunmente se llaman 
Papas; otra vez digo que en la Nueva-España 
se llaman Papas, y asilos nombraré de aquí ade- 
lante; y aquellos Papas nos trujeron zahume- 
rios, como á manera de resina, que entre ellos 
llaman copal, y con braseros de barro llenos de 
lumbre nos comenzaron á zahumar, y por señas 
nos dicen que nos vamos de sus tierras antes que 
á aquella leña que tienen llegada se ponga fue- 
go y se acabe de arder, sino que nos darán guer- 
ra y nos matarán. Y luego mandaron poner fue- 
go á los carrizos y comenzó de arder, y se fue- 
ron los Papas callando sin más nos hablar, y los 
que estaban apercibidos en los escuadrones em- 
pezaron á silbar y á tañer sus bocinas y ataba^ 
lejos. 

Y desque los vimos de aquel arte y muy bra- 
vosos, y de lo de la Punta de Cotoche aun no 
teníamos sanas las heridas, y se habían muerto 
dos soldados, que echamos al mar, vimos gran- 
des escuadrones de indias sobre nosotros, tuvi- 
mos temor, y acordamos con buen concierto de 
irnos á la costa; y así, comenzamos á caminar 
por la playa adelante hasta llegar enfrente de 



22 BERNAL DÍAZ. 

un peñol que está en la mar, y los bateles y el 
navio pequeño fueron por la costa tierra á tier- 
ra con las pipas de agua, y no nos osamos em- 
barcar junto al pueblo donde nos habíamos des- 
embarcado, por el gran número de indios que 
ya' se habian juntado, porque tuvimos por cierto 
que al embarcar nos darian guerra. Pues ya me- 
tida nuestra agua en los navios y embarcados en 
una bahía como portezuelo que allí estaba, co- 
menzamos á navegar seis dias con sus noches 
con buen tiempo, y yolvió un Norte, que es tra- 
vesía en aquella costa, el cual duró cuatro dias 
con sus noches, que estuvimos para dar al tra- 
vés: tan recio temporal hacia, que nos hizo an- 
clear la costa por no ir al través; que se nos 
quebráronlos cables, y iba garrando á tierra 
el navio. ¡Oh en qué trabajo nos vimos! Que si 
se quebrara el cable, íbamos á la costa perdi- 
dos, y quiso Dios que se ayudaron con otras 
maromas viejas y guindaletas. Pues ya reposado 
el tiempo, seguimos nuestra costa adelante, lle- 
gándonos á tierra cuanto podiamos para tornar 
á tomar agua, que (como he dicho) las pipas que 
traíamos Vinieron muy abiertas y asimismo no 
habia regla en ello; como íbamos costeando, 
creíamos que do quiera que saltásemos en tierra 
la tomariamos de jagüeyes y pozos que cava- 
riamos. 

Pues yendo nuestra derrota adelante vimos 
desde los navios un pueblo, y antes de obra de 
una legua del hacia una ensenada, que parecía 



CONQUISTA DE NUEVA-ÉSPANA. 23 

que habría rio ó arroyo: acordamos de seguir 
junto á él; y como en aquella costa (como otras 
veces he dicho) mengua mucho la mar y quedan 
en seco los naf ios, por temor dello surgimos 
más de una legua de tierra en el navio menor y 
en todos los bateles; fué acordado que saltáse- 
mos en aquella ensenada, sacando nuestras va- 
sijas con muy buen concierto,, y armas y balles- 
tas y escopetas. Salimos en tierra poco más de 
medio dia, y habría una legua desde el pueblo 
hasta donde desembarcamos, y estaban unos 
pozos y maizales, y caserías de cal y canto. Llá- 
mase este pueblo Potonchan, y henchimos nues- 
tras pipas de agua; más no las pudimos llevar 
ni meter en los bateles, con la mucha gente de 
guerra que cargó sobre nosotros; y quedarse 
ha aquí, y adelante diré las guerras que nos 
dieron. 



CAPITULO IV. 



CÓMO DESEMBARCAMOS EN UNA BAHÍA DONDE HABÍA 
MAIZALES, CERCA DEL PUERTO DE POTONCHAN., Y DE 
LAS^GUERRAS QUE NOS DIERON. 



Y estando en las estancias y maizales por mí 
ya dichas, tomando nuestra agua, vinieron por 
la costa muchos escuadrones de indios del pue- 
blo de Potonchan (que así se dice), con sus ar- 



24 BERNAL DÍAZ. 

mas de algodón que les daba á la rodilla, y con 
arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y espadas 
hechas á manera de montantes de á dos manos, 
y hondas y piedras, y con sus penachos délos 
que ellos suelen usar, y las caras pintadas de 
blanco y prieto enalmagrados; y venian callan- 
do, y se vienen derechos á nosotros, como que 
nos venian á ver de paz, y por señas nos dijeron 
que si veníamos de donde sale el sol, y las pa- 
labras formales según nos hubieron dicho los 
de Lázaro, Castilan, Castilan, y respondimos por 
señas que de donde sale el sol veníamos. Y en- 
tonces paramos en las mieses y en pensar qué 
podia ser aquella plática, porque los de San Lá- 
zaro nos dijeron lo mismo; más nunca entendi- 
mos al fin que lo decían. 

Seria cuando esto pasó y los indios se junta- 
ban, á la hora de las Ave-Marías, y fuéronse á 
unas caserías, y nosotros pusimos velas y escu- 
chas y buen recaudo, porque no nos pareció bien 
aquella junta de aquella manera. Pues estando 
velando todos juntos, oimos venir , con el gran 
ruido y estruendo que traian por el camino, 
muchos indios de otras sus estancias y del pue- 
blo, y todos de guerra, y desque aquello senti- 
mos, bien entendido teníamos que no se junta* 
ban para hacernos ningún bien, y entramos en 
acuerdo con el capitán qué es lo que haríamos; 
y unos soldados daban por consejo que nos fué- 
semos luego á embarcar; y como en tales casos 
suele acaecer, unos dicen uno y otros dicen otro, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 25 

hubo parecer que] si nos fuéramos á embarcar, 
que como eran muchos indios, darían en nos- 
otros y habria mucho riesgo de nuestras vidas; 
y otros éramos de acuerdo que diésemos en ellos 
esa noche; que, como dice el refrán, quien 
acomete, vence; y por otra parte veíamos que 
para cada uno de nosotros habia trescientos in- 
dios. 

Y estando en estos conciertos amaneció, y di- 
jimos unos soldados á otros que tuviésemos con- 
fianza en Dios, y corazones muy fuertes para 
pelear , y después de nos encomendar á Dios, 
cada uno hiciese lo que pudiese para salvar las 
vidas. Ya que era de dia claro vimos venir por 
la costa muchos más escuadrones guerreros con 
sus banderas tendidas, y penachos y atambores, 
y con arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y se 
juntaron con los primeros que habian venido la 
noche antes; y luego , hechos sus escuadrones, 
nos cercan por todas partes, y nos dan tal rocia- 
da de flechas y varas, y piedras con sus hondas, 
que hirieron sobre ochenta de nuestros solda- 
dos, y se juntaron con nosotros pié con pié, unos 
con lanzas, y otros flechando, y otros con espa- 
das de navajas de arte, que nos traian á mal 
andar, puesto que les dábamos buena priesa de 
estocadas y cuchilladas, y las escopetas y ba- 
llestas que no paraban, unas armando y otras 
tirando; y ya que se apartaban algo de nos- 
otros, desque sentían las grandes estocadas y 
cuchilladas que les dábamos, no era lejos, y esto 
4 



26 BERNAL DÍAZ. 

fué para m^jor flechar y tirar al terrero á su 
salvo; y cuando estábamos en esta batalla, y los 
indios se apellidaban, decian en su lengua, al 
Calachoni, al Calachoni, que quiere decir que 
matasen al capitán; y le dieron doce flechazos, y 
á mí me dieron tres, y uno de los que me dieron, 
bien peligroso, en el costado izquierdo, que me 
pasó á lo hueco, y á otros de nuestros soldados 
dieron grandes lanzadas, y á des llevaron vi- 
vos, que se decia el uno Alonso Bote y el otro 
era un portugués viejo. Pues viendo nuestro ca- 
pitán que no bastaba nuestro buen pelear, y que 
nos cercaban muchos escuadrones, y venían más 
de refresco del pueblo, y les traian de comer y 
beber y muchas flechas, y nosotros todos heri- 
dos, y otros soldados atravesados los gaznates, 
y nos habia muerto ya sobre cincuenta solda- 
dos; y viendo que no teníamos fuerzas, acorda- 
mos con corazones muy fuertes romper por me- 
dio de sus batallones, y acojernos á los bateles 
que teníamos en la costa, que fué buen socorro, 
y hechos todos nosotros un escuadrón, rompi- 
mos por ellos; pues oir la grita y silbos y voce- 
ría y priesa que nos daban de flecha y á manti- 
niente con sus lanzas, hiriendo siempre en nos- 
otros. 

Pues otro daño tuvimos, que, como nos aco- 
jimos de golpe á los bateles y éramos muchos, 
íbanse á fondo, y como mejor pudimos , asidos á 
los bordes, medio nadando entre dos aguas , lle- 
gamos al navio de menos porte, que estaba cerca, 



CONQLISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 27 

que ya venia á gran priesa á nos socorrer, y al 
embarcar hirieron muchos de nuestros soldados, 
en especial á los que iban asidos en las popas 
de los bateles, y les tiraban al terrero, y entra- 
ron en la mar con las lanchas y daban á manti- 
niente á nuestros soldados, y con mucho trabajo 
quiso Dios que escapamos con las vidas de po- 
der de aquella gente. Pues ya embarcados en 
los navios, hallamos que faltaban cincuenta y 
siete compañeros, con los dos que llevaron vi- 
vos, y con cinco qne echamos en la mar, que 
murieron de las heridas y de la gran sed que 
pasaron. Estuvimos peleando en aquellas bata- 
llas poco más de media hora. Llámase este pue- 
blo Potonchan, y en las cartas del marear le pu- 
sieron por nombre los pilotos y marineros Ba- 
hía de Mala Pelea. Y desque nos vimos salvos 
de aquellas refriegas, dimos muchas gracias á 
Dios; y cuando se curaban las heridas los sol- 
dados, se quejaban mucho del dolor dellas, que 
como estaban resfriadas con el agua salada, y 
estaban muy hinchadas y dañadas, algunos de 
nuestros soldados maldecían al piloto Antón 
Alaminos y á su descubrimiento y viaje, porque 
siempre porfiaba que no era tierra firme, sino 
isla; donde los dejaré ahora, y diré lo que más 
nos acaeció. 



BERNAL DÍAZ, 



CAPITULO V. 



COMO ACORDAMOS DENOS VOLVER A LA ISLA DE CUBA, 
Y DE LA GRAN SED Y TRABAJOS QUE TUVIMOS HASTA 
LLEGAR AL PUERTO DE LA HABANA. 



Desque nos vimos embarcados en los navios 
de la manera que dicho tengo, dimos muchas 
gracias á Dios, y después de curados los heridos 
(que no quedó hombre ninguno de cuantos allí 
nos hallamos que no tuviesen á dos y á tres y á 
cuatro heridas, y el capitán con doce flechazos; 
sólo un soldado quedó sin herir), acordamos 
de nos volver á la isla de Cuba; y como estaban 
también heridos todos los más de los marineros 
que saltaron en tierra con nosotros, que se ha- 
llaron en las peleas, no teniamos quien mar- 
chase las velas, y acordamos que dejásemos el 
un navio, el de menos porte, en la mar, puesto 
fuego, después de sacadas del las velas y anclas 
y cables, y repartir los marineros que estaban 
sin heridas en los dos navios de mayor porte; 
pues otro mayor daño teniamos, que fué la gran 
falta de agua; porque las pipas y vasijas que 
teniamos llenas en Champoton, con la grande 
guerra que nos dieron y priesa de nos acoger 
á los bateles no se pudieron llevar , que allí se 
quedaron, y no sacamos ninguna agua. Digo 
que tanta sed pasamos, que en las lenguas y bo- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 29 

cas teníamos grietas de la secura, pues otra 
cosa ninguna para refrigerio no habia 

¡Oh qué cosa tan trabajosa es ir á descubrir 
tierras nuevas, y de la manera que nosotros nos 
aventuramos! No se puede ponderar sino los 
que han pasado por aquestos excesivos trabajos 
en que nosotros nos vimos. Por manera que con 
todo esto íbamos navegando muy allegados á 
tierra, para hallarnos en paraje de algún rio ó 
bahía para tomar agua, y al cabo de tres dias 
vimos uno como ancón, que parecia rio ó estero, 
que creímos tener agua dulce, y saltaron en 
tierra quince marineros de los que habían que- 
dado en los navios, y tres soldados que estaban 
más sin peligro de los flechazos, y llevaron aza- 
dones y tres barriles para traer agua ; y el es- 
tero era salado , é hicieron pozos en la costa , y 
era tan amargosa y salada agua como la deles- 
tero ; por manera que , mala como era, trujeron 
las vasijas llenas, y no habia hombre que la 
pudiese beber del amargor y sal , y á dos sol- 
dados que la bebieron dañó los cuerpos y las 
bocas. Habia en aquel estero muchos y grandes 
lagartos , y desde entonces se puso por nombre 
el estero de los Lagartos , y así está en las cartas 
del marear. 

Dejemos esta plática , y diré que entre tanto 
que fueron los bateles por el agua , se levantó 
un viento nordeste tan deshecho , que íbamos 
garrando á tierra con los navios ; y como en 
aquella costa es travesía y reina siempre norte 



30 BERNAL DÍAZ. 

y nordeste , estuvimos en muy gran peligro por 
falta de cable ; y como lo vieron los marineros 
que habían ido á tierra por él agua, vinieron muy 
más que de paso con los bateles , y tuvieron 
tiempo de echar otras anclas y maromas , y es- 
tuvieron los navios seguros dos días y dos no- 
ches ; y luego alzamos anclas y dimos vela, si- 
guiendo nuestro viaje para nos volver á la isla 
de Cuba. Parece ser el piloto Alaminos se con- 
certó y aconsejó con los otros dos pilotos que 
desde aquel paraje donde estábamos atravesá- 
semos á la Florida, porque hallaban por sus 
cartas y grados y alturas que estaría de allí obra 
de setenta leguas , y que después, puestos en la 
Florida , dijeron que era mejor viaje é más cer- 
cana navegación para ir á la Habana que no la 
derrota por donde habíamos primero venido á 
descubrir; y así fué como el piloto dijo; porque, 
según yo entendí , había venido con Juan Ponce 
de León á descubrir la Florida, habia diez ó doce 
años ya pasados. 

Volvamos á nuestra materia: que atravesan- 
do aquel golfo, en cuatro dias que navegamos 
vimos la tierra de la misma Florida; y lo que en 
ella nos acaeció diré adelante. 



CONQUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. 3Í 

CAPÍTULO VI. 



CÓMO DESEMBARCARON EN LA BAHÍA DE LA FLORIDA 
VEINTE SOLDADOS, Y CON NOSOTROS EL PILOTO ALA- 
MINOS, PARA BUSCAR AGUA, Y DE LA GUERRA QUE 
ALLÍ NOS DIERON LOS NATURALES DE AQUELLA TIER- 
RA, Y LO QUE MÁS PASÓ HASTA VOLVER Á LA HA- 
BANA. 



Llegados á la Florida acordamos que saliesen 
en tierra veinte soldados de los que teníamos 
más sanos de tas heridas: yo fui con ellos y tam- 
bién el piloto Antón de Alaminos, y sacamos las 
vasijas que habia, y azadones, y nuestras ba- 
llestas y escopetas; y como el capitán estaba 
muy mal herido, y con la gran sed que pasaba 
muy debilitado, nos rogó que por amor de Dios 
que en todo caso le trujésemos agua dulce, que 
se secaba y moria de sed; porque el agua que 
habia era muy salada y no se podia beber, como 
otra vez ya dicho tengo. 

Llegados que fuimos á | tierra, cerca de un 
estero que entraba en la mar, el piloto reco- 
noció la costa y dijo que hábia diez ó doce años 
que habia estado en aquel paraje, cuando vino 
con Juan Ponce de León á descubrir aquellas 
tierras, y allí le habían dado guerra los indios 
de aquella tierra, y que les habían muerto 
muchos soldados, y que á esta causa estuvié- 



32 BERNAL DÍAZ. 

sernos muy sobre aviso apercebidos , porque 
vinieron en aquel tiempo que dicho tiene muy 
de repente los indios cuando le desbarataron; 
y luego pusimos por espías dos soldados en 
una playa que se hacia muy ancha, é hicimos 
pozos muy hondos donde nos pareció haber agua 
dulce, porque en aquella sazón era menguante 
la marea ; y quiso Dios que topásemos muy bue- 
na agua, y con el alegría, y por hartarlos della 
y lavar paños para curar las heridas, estuvimos 
espacio de una hora ; y ya que queríamos venir 
á embarcar con nuestra agua muy gozosos , vi- 
mos venir al un soldado de los que habíamos 
puesto en la playa dando muchas voces dicien- 
do : «Al arma, al arma ; que vienen muchos in- 
dios de.guerra por tierra y otros en canoas por 
el estero ;» y el soldado dando voces, é venia 
corriendo , y los indios llegaron casi á la par 
con el soldado contra nosotros , y traían arcos 
muy grandes y buenas flechas y lanzas , y unas 
á manera de espadas , y vestidos de cueros de 
venados , y eran de grandes cuerpos , y se vi- 
nieron derechos á nos flechar , é hirieron luego 
seis de nuestros compañeros , y á mí me dieron 
un flechazo en el brazo derecho de poca herida; 
y dímosles tanta priesa de estocadas y cuchilla- 
das y con las escopetas y ballestas, que nos de- 
jan á nosotros los que estábamos tomando agua 
de los pozos, y van á la mar y estero á ayudar 
á sus compañeros los que venían en las canoas 
donde estaba nuestro batel con los marineros, 



CONQUISTA DE NUEVA ESPAÑA. 33 

que también andaban peleando pié con pié con 
los indios de las canoas, y aun les tenían ya to- 
mado el batel y le llevaban por el estero arriba 
con sus canoas , y habían herido á cuatro mari- 
neros , y al piloto Alaminos le dieron una mala 
herida en la garganta \ y arremetimos á ellos, 
el agua más que á la cinta , y á estocadas les 
hicimos soltar el batel , y quedaron tendidos y 
muertos en la costa y en el agua veintidós de 
ellos, y tres prendimos, que estaban heridos 
poca cosa, que se murieron en los navios. 

Después desta refriega pasada, preguntamos 
al soldado que pusimos por vela qué se hizo su 
compañero Berrio (que así se llamaba); dijo que 
lo vio apartar con una hacha en las manos para 
cortar un palmito, y que fué hacia el estero por 
donde habían venido losindios de guerra, y que 
oyó voces de español, y que por aquellas voces 
vino de presto á dar mandado á la mar, y que 
entonces le debieran de matar; el cual soldado 
solamente él habia quedado sin ninguna herida 
en lo de Potonchan , y quiso su ventura que vino 
allí á fenecer ; y luego fuimos en busca de nues- 
tro soldado por el rastro que habían traído 
aquellos indios que nos dieron guerra, y halla- 
mos una palma que habia comenzado á cortar, y 
cerca della mucha huella en el suelo, más que 
en otras partes; por donde tuvimos por cierto 
que le llevaron vivo, porque no habia rastro de 
sangre, y anduvimos buscándole á una parte y 
á otra más de una hora, y dimos voces, y sin 
5 



34 BERNAL DÍAZ. 

más saber de él nos volvimos á embarcar en el 
batel y llevamos á los navios el agua dulce, con 
que se alegraron todos los soldados, como si 
entonces les diéramos las vidas; y un soldado se 
arrojó desde el navio en el batel con la gran sed 
que tenia, tomó una botija á pechos, y bebió 
tanta agua, que della se hinchó y murió. 

Pues y a embarcados con nuestra agua y metidos 
nuestros bateles en los navios, dimos vela para la 
Habana, y pasamos aquel dia y lanoche que hizo 
buen tiempo junto de unas isletas que llaman los 
Mártires, que son unos bajos que asilos llaman, 
los bajos de los Mártires. íbamos en cuatro brazas 
lo más hondo, y tocó la nao capitana entre unas 
como isletas é hizo mucha agua; que con dar 
todos los soldados que íbamos á la bomba no 
podíamos estancar, é íbamos con temor no nos 
anegásemos. Acuerdóme que traíamos alli con 
nosotros á unos marineros levantiscos, y les de- 
ciamos: «Hermanos, ayudad á sacar la bomba, 
pues veis que estamos muy mal heridos y can- 
sados de la noche y el dia, porque nos vamos á 
fondo;» y respondían los levantiscos: «Facételo 
vos, pues no ganamos sueldo, sino hambre y sed 
y trabajos y heridas, como vosotros;» por ma- 
nera que les hacíamos dar á la bomba aunque 
no querían, y malos heridos como íbamos, ma- 
reábamos las velas y dábamos á la bomba, has- 
ta que nuestro Señor Jesucristo nos llevó á 
Puerto de Carenas, donde ahora está pobla- 
da la villa de la Habana, que en otro tiempo 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 35 

Puerto de Carenas se solia llamar, y no Habana. 
Y cuando nos vimos en tierra dimos muchas 
gracias á Dios, y luego se tomó el agua de la 
capitana un buzano portugués que estaba en 
otro navio en aquel puerto, y escribimos á Die- 
go Velazquez, gobernador de aquella isla, muy 
en posta, haciéndole saber que habíamos descu- 
bierto tierras de grandes poblaciones y casas de 
cal y canto., y las gentes naturales dellas anda- 
ban vestidos de ropa de algodón y cubiertas sus 
vergüenzas, y tenían oro y labranzas de maiza- 
les; y desde la Habana se fué nuestro capitán 
Francisco Hernández por tierra á la villa de 
Santispíritus, que así se dice, donde tenia su en- 
comienda de indios; y como iba mal herido, mu- 
rió dendeallí á diez dias que habia llegado á su 
casa; y todos los demás soldados nos despareci- 
mos, y nos fuimos unos por una parte y otros 
por otra de la isla adelante; y en la Habana se 
murieron tres soldados de las heridas, y los 
navios fueron á Santiago de Cuba, donde estaba 
el gobernador, y desque hubieron desembarca- 
do los dos indios que hubimos en la Punta de 
Cotoche, que ya he dicho que se decían Mcl- 
chorillo y Julianillo, y en el arquilla con las 
diademas y ánades y pescadillos, y con los ído- 
los de oro, que aunque era bajo y poca cosa, 
sublimábando de arte, que en todas las islas de 
Santo Domingo y en Cuba y aun en Castilla 
llegó la fama dello, y decían que otras tierras 
en el mundo no se habían descubierto mejores. 



36 BERNAL DÍAZ. 

ni casas de cal y canto; y como yió los ídolos de 
barro y de tantas maneras de figuras, decían 
que eran del tiempo de los gentiles; otros de- 
cían que eran de los indios que desterró Tito y 
Vespasiano de Jerusalen, y que habían aporta- 
do con los navios rotos en que les echaron en 
aquella tierra; y como en aouel tiempo no era 
descubierto el Perú, teníase en mucha estima 
aquella tierra. 

Pues otra cosa preguntaba el Diego Velaz- 
quez á aquellos indios, que si habia minas de 
oro en su tierra; y á todos les respondían que sí, 
y les mostraban oro en polvo de lo que sacaban 
en la isla de Cuba, y decían que habia mucho 
en su tierra, y no le decían verdad, porque cla- 
ro está que en la Punta Je Cotoche ni en todo 
Yucatán no es donde hay minas de oro; y asi- 
mismo les mostraban los indios los montones 
que hacen de tierra , donde ponen y siembran 
las plantas de cuyas raices hacen el pan caza- 
be, y llámanse en la isla de Cuba yuca , y los 
indios decían que las habia en su tierra, y de- 
cían Tale, por la tierra, que así se llama la en 
que las plantaban; de manera que yuca con tale, 
quiere decir Yucatán. Decían los españoles que 
estaban hablando con el Diego Velazquez y con 
los indios : «Señor , estos indios dicen que su 
tierra se llama Yucatán ;o y asi se quedó con 
este nombre , que en propia lengua no se di- 
ce así. 

Por manera que todos soldados que fuimos á 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 37 

aguel viaje á descubrir gastamos los bienes que 
teníamos , y heridos y pobres volvimos á Cuba, 
y aun lo tuvimos á buena dicha haber vuelto, y 
no quedar muertos con los demás mis compañe- 
ros; y cada soldado tiró por su parte, y el capi- 
tán (como tengo dicho) luego murió , y estuvi- 
mos muchos dias en curarnos los heridos, y por 
nuestra cuenta hallamos que se murieron al pié 
de sesenta soldados , y esta ganancia trujimos 
de aquella entrada y descubrimiento. Y Diego 
Velazquez escribió á Castilla á los señores que 
aquel tiempo mandaban en las cosas de Indias, 
que él lo habia descubierto , y gastado en des- 
cubrillo mucha cantidad de pesos de oro , y así 
lo decia D. Juan Rodríguez de Fonseca, Obispo 
de Burgos y Arzobispo de Rosano , que así se 
nombraba , que era como presidente de Indias, 
y lo escribió á S. M. á Flandes , dando mucho 
favor y loor del Diego Velazquez , y no hizo 
mención de ninguno de nosotros los soldados 
que lo descubrimos á nuestra costa. Y quedarse 
ha aquí , y diré adelante los trabajos que me 
acaecieron á mí y á tres soldados. 



CAPITULO VII. 

Í)E LOS TRABAJOS QUE TUVE HASTA LLEGAR A UNA 
VILLA QUE SE DICE LA TRINIDAD. 

Ya he dicho que nos quedamos en la Habana 
ciertos soldados que no estábanos sanos de los 



38 BERNAL DÍAZ. 

flechazos, y para ir á la villa de la Trinidad, ya 
que estábamos mejores , acordamos de nos con- 
certar tres soldados con un vecino de la misma 
Habana , que se decia Pedro de Avila , que iba 
asimismo á aquel viaje en una canoa par la mar 
por la banda del Sur, y llevaba la canoa carga- 
da de camisetas de algodón , que iba á vender á 
la villa de la Trinidad. Ya he dicho otras veces 
que canoas son de hechura de artesas grandes, 
cavadas y huecas, y en aquellas tierras con ellas 
navegan costa á costa ; y el concierto que hici- 
mos con Pedro de Avila fué que daríamos diez 
pesos de oro porque fuésemos en su canoa. 

Pues yendo por la costa adelante, á veces re- 
mando y á ratos á la vela, ya que habíamos na- 
vegado once diasen parejede un pueblo de indios 
de paz que se dice Canarreon , que era térmi- 
no de la villa de la Trinidad , se levantó un tan 
recio viento de noche , que no nos pudimos sus-- 
tentar en la mar con la canoa, por bien que re- 
mábamos todos nosotros ; y el Pedro de Avila y 
unos indios de la Habana y unos remeros muy 
buenos que traiamos hubimos de dar al través 
entre unos ceborucos, que los hay muy grandes 
en aquella costa; por manera que se nos quebró 
la canoa y el Avila perdió su hacienda, y todos 
salimos descalabrados de los golpes de los cebo- 
rucos y desnudos de carnes ; porque para ayu- 
darnos que no se quebrase la canoa y poder 
mejor nadar, nos apercebimos de estar sin ropa 
ninguna, sino desnudos. Pues ya escapados con 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 39 

las vidas de entre aquellos ceborucos , para 
nuestra villa de la Trinidad no habia camino 
por la costa, sino malos países y ceborucos, que 
así se dicen, que son las piedras con unas pun- 
tas que salen dellas que pasan las plantas de 
los pies, y sin tener qué comer. Pues como las 
olas que reventaban de aquellos grandes cebo- 
rucos nos embestían, y con el gran viento que 
hacia llevábamos hechas grietas en las partes 
ocultas que corria sangre dellas, aunque nos ha- 
bíamos pyesto delante muchas hojas de árboles 
y otras yerbas que buscamos para nos tapar. 
Pues como por aquella costa no podíamos cami- 
nar por causa que se nos hincaban por las plan- 
tas de los pies aquellas puntas y piedras de los 
ceborucos, con mucho trabajo nos metimos en 
un monte, y con otras piedras que habia en el 
mente cortamos cortezas de árboles, que pusi- 
mos por suelas, atadas á los pies con unas que 
parecen cuerdas delgadas, que llaman bejucos, 
que nacen éntrelos árboles; que espadas no sa- 
camos ninguna, y atamos los pies y cortezas de 
los árboles con ello lo mejor que pudimos, y con 
gran trabajo salimos á una playa de arena. 

Y de ahí á dos dias que caminamos llegamos 
á un pueblo de indios que se decia Yaguarama, 
el cual era en aquella sazón del padre fray Bar- 
tolomé de las Casas, que era Clérigo Presbítero, 
y después le conocí fraile dominico, y llegó á ser 
Obispo de Echiapa; y los indios de aquel pueblo 
nos dieron de comer. Y otro dia fuimos hasta 



40 BSRNAL DÍAÍ5. 

otro pueblo que se decia Chipiona, que era de 
un Alonso de Avila éde un Sandoval (no digo 
del capitán Sandoval el de la Nueva-España), y 
desde allí ala Trinidad; y un amigo mió, que se 
decia Antonio de Medina, me remedió de vesti- 
dos, según que en la villa se usaban, y así hi- 
cieron á mis compañeros otros vecinos de aque- 
lla villa; y desde allí con mi pobreza y trabajos 
me fui á Santiago de Cuba, adonde estaba el go- 
bernador Diego Velazquez, el cual andaba dan- 
do mucha priesa en enviar otra armada; y cuan- 
do le fui á besar las manos, que éramos algo 
deudos, él se holgó conmigo, y de unas pláticas 
en otras me dijo que si estaba bueno de las he- 
ridas, para volver á Yucatán. E yo riyendo le 
respondí que quién le puso nombre Yucatán; 
que allí no le llaman así. E dijo: «Melchorejo,el 
que trujistes, lo dice» E yo dije: «Mejor nom- 
bre seria la tierra donde nos mataron la mitad 
de los soldados que fuimos, y todos los demás 
salimos heridos.» E dijo: «Bien sé que pasastes 
muchos trabajos, y asi es á los que suelen des- 
cubrir tierras nuevas y ganar honra, é su majes- 
tad os lo gratificará, é yo así se lo escribiré; é 
ahora, hijo, id otra vez en la armada que hago, 
que yo haré que os hagan mucha honra.» Y diré 
lo que pasó. 



CONQUISTA. DE NUEVA-ESPAÑA. 41 

CAPÍTULO VIII. 

CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, ENVIÓ 
OTRA ARMADA Á LA TIERRA QUE DESCUBRIMOS. 

En el año de 1518 años, viendo Diego Velaz- 
quez, gobernador de Cuba, la buena relación de 
las tierras que descubrimos, que se dice Yuca- 
tan, ordenó enviar una armada, y para ella se 
buscaron cuatro navios; los dos fueron los que 
hubimos comprado los soldados que fuimos en 
compañía del capitán Francisco Hernández -de 
Córdoba á descubrir á Yucatán (según más lar- 
gamente lo tengo escrito en el descubrimiento), 
y los otros dos navios compró el Diego Velaz- 
quez de eus dineros. Y en aquella sazón que or- 
denaba el armada, se hallaron presentes en San- 
tiago de Cuba, donde residía el Velazquez, Juan 
de Grijalva y Pedro de Albarado y Francisco 
de Montejo é Alonso de Avila , que habían ido 
con negocios al gobernador; porque todos ie- 
nian encomiendas de indios en las mismas islas; 
y como eran personas valerosas , concertóse con 
ellos que el Juan de Grijalva, que era deudo del 
Diego Velazquez, viniese por capitán general, é 
que Pedro de Albarado viniese por capitán de 
un navio , y Francisco de Montejo de otro, y el 
Alonso de Avila de otro; por manera que cada 
6 ; 



42 BERNAL DÍAZ. 

uno destos capitanes procuró de poner basti- 
mentos y matalotaje de pan cazabe y tocinos; y 
el Diego Velazquez puso ballestas y escopetas, y 
cierto rescate, y otras menudencias , y más los 
navios. 

Y como habia fama destas tierras que eran 
muy ricas y habia en ellas casas de cal y canto, 
y el indio Melchorejo decia por señas que habia 
oro, tenían mucha codicia los vecinos y soldados 
que no tenian indios en la isla, de ir á esta tier- 
ra; por manera que de presto nos juntamos du- 
eientos y cuarenta compañeros, y también pusi- 
mos cada soldado, de la hacienda que teníamos, 
para matalotaje y armas y cosas que congenian; 
y en este viaje volví y con estos capitanes otra 
test, y parece ser la instrucción que para ello 
dio el gobernador Diego Velazquez fué, según 
entendí , que rescatasen todo el oro y plata que 
pudiesen , y si viesen que convenia poblar que 
poblasen, ó si no, que se volviesen á Cuba. E 
vino por veedor de la armada uno que se decia 
Peñalosa, natural de Segovia , é trujimos un 
Clérigo que se decia Juan Diaz, y los tres pilotos 
que antes habíamos traído cuando el primero 
viaje, que ya he dicho sus nombres y de dónde 
eran, Antón de Alaminos, de Palos, y Camacho, 
de Triana , y Juan Alvarez, el Manquillo, de 
Huelva; y el Alaminos, venia por piloto mayor, 
y otro piloto que entonces vino no me acuerdo 
el nombre. Pues antes que más pase adelante 
porque nombraré algunas veces á estos hidalgos 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA . 43 

que he dicho que venían por capitanes, y pare- 
cerá cosa descomedida nombralles secamente, 
Pedro de Albarado , Francisco de Montejo, 
Alonso de Avila, y no dediles sus ditados é bla- 
sones, sepan que el Pedro de Albarado fué un 
hidalgo muy valeroso, que después que se hubo 
ganado la Nueva-España fué gobernador y 
adelantado de las provincias de Guatimala, 
Honduras y Chiapa, é comendador de Santiago. 
E asimismo el Francisco de Montejo, hidalgo de 
mucho valor, que fué gobernador y adelantado 
de Yucatán; hasta que S. M. les hizo aquestas 
mercedes y tuvieron señoríos no les nombraré 
sino sus nombres, y no adelantados. Volvamos á 
nuestra plática: que fueron los cuatro navios 
por la parte y banda del Norte á un puerto que 
se llama Matanzas, que era cerca de la Habana 
vieja, que en aquella sazón no estaba poblada 
donde ahora está, y en aquel puerto ó cerca del 
tenían todos los más vecinos de la Habana sus 
estancias de cazabe y puercos, y desde allí se 
proveyeron nuestros navios lo que faltaba, y 
nos juntamos así capitanes como soldados para 
dar vela y hacer nuestro viaje. Y antes que más 
pase adelante , aunque vaya fuera de orden, 
quiero decir por qué llamaban aquel puerto que 
he dicho de Matanzas, y eso traigo aquí á la 
memoria, porque ciertas personas me lo han 
preguntado la causa de ponelle aquel nombre, 
y es por esto que diré. 
Antes que aquella isla de Quba estuviese de 



44 BÉRÁAL DlÁZ. 

paz dio al través por la costa del Norte un iíá- 
vío que habia ido desde la isla de Santo 1 Domin- 
go á buscar indios,, que llamaban los lucáyos, á 
unas islas que están entre Cuba y la canal de Ba- 
hama, que se llaman las islas de los Lucayos, y 
con mal tiempo dio al través en aquella costa, 
cerca del rio y puerto que he dicho que se lla- 
ma Matanzas, y venian en el navio sobre treinta 
personas españoles y dos mujeres; y para pasa- 
llos aquel rio vinieron muchos indios de la Ha- 
bana y de otros pueblos, como que los venian á 
ver de paz, y les dijeron que les querían pasar 
en canoas y llevallos á sus pueblos para dalles 
de comer. E ya que iban con ellos, en medio del 
rio les trastornaron las canoas y los mataron; 
que no quedaron sino tres hombres y una mu- 
jer, que era hermosa, la cual llevó un cacique 
de los más principales que hicieron aquella trai- 
ción, y los tres españoles repartieron entre los 
demás caciques. Y á esta causa se puso á este 
puerto nombre de puerto de Matanzas; y conocí 
á la mujer que he dicho, que después de ganada 
la isla de Cuba se le quitó al cacique en cuyo 
poder estaba, y la vi casada en la villa de la 
Trinidad con un vecino della, que se decia Pe- 
dro Sánchez Farfan; y también conocí á los tres 
españoles, que se decia el uno Gonzalo Mejía, 
hombre anciano, natural de Jerez, y el otro se 
decia Juan de Santistéban, y era natural de Ma- 
drigal, y el otro se decia Cascorro, hombre de 
Ja mar, y era pescador, natural de Huelva, y le 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 45 

había ya casado el cacique con quien soliá es- 
tar, Con una su hija, é ya tenia horadadas las 
orejas y las narices como los indios. Mucho me 
he detenido en contar cuentos viejos; volvamos 
á nuestra relación. 

E ya que estábamos recojidos, así capitanes 
como soldados, y dadas las instrucciones que los 
pilotos habían de llevar y las señas de los faro- 
les, después de haber oido Misa con gran devo- 
ción, en 5 dias del mes de Abril de 1518 años di- 
mos vela, y en diez dias doblamos la punta de 
Guaniguanico, que los pilotos llaman de San 
Antón, y en otros ocho dias que navegamos vi- 
mos la isla de Cozumel, que entonces la descu- 
brimos, día de Santa Cruz, porque decayeron 
los navios con las corrientes más bajo que cuan- 
do venimos con Francisco Hernández de Córdo- 
ba, y bajamos la isla por la banda del sur; vi- 
mos un pueblo, y allí cerca buen surgidero y 
bien limpio de arrecifes, y saltamos en tierra 
con el capitán Juan de Grijalva buena copia de 
soldados, y los naturales de aquel pueblo se 
fueron huyendo desque vieron venir los navios 
á la vela, porque jamas habían visto tal, y los 
soldados que salimos á tierra no hallamos en el 
pueblo persona ninguna, y en unas mieses de 
maizales se hallaron dos viejos que no podian 
andar y los trujimos al capitán, y con Julianillo 
y Melchorejo, los que trajimos de la Punta de 
Cotoche, que entendían muy bien á los indios, y 
les habló; porque su tierra dellos y aquella isla 



46 BERNAL DÍAZ. 

de Cozurael no hay de travesía en la mar sino 
obra de cuatro leguas, y así hablan una misma 
lengua; y el capitán halagó aquellos viejos y les 
dio cuentezuelas verdes, y les envió á llamar al 
calachioni de aquel pueblo, que así se dicen los 
caciques de aquella tierra, y fueron y nunca 
volvieron; y estándoles aguardando , vino una 
india moza, de buen parecer, é comenzó á ha- 
blar la lengua de la isla de Jamaica, y dijo que 
todos los indios é indias de aquella isla y pueblo 
se habian ido á los montes, de miedo; y como 
muchos de nuestros soldados é yo entendimos 
muy bien aquella lengua, q ue es la de Cuba, nos 
admiramos, y la preguntamos que cómo estaba 
allí, y dijo quehabia dos años que dio al través 
con una canoa grande en que iban á pescar diez 
indios de Jamaica á unas isletas, y que las cor- 
rientes la echaron en aquella tierra, y mataron 
á su marido y á todos los demás indios jamaica- 
nos sus compañeros, y los sacrificaron á los ído- 
los; y desque la entendió el capitán, como vio 
que aquella india sería buena mensajera, envió- 
la á llamar los indios y caciques de aquel pue- 
blo, y dióla de plazo dos dias para que volviese; 
porque los indios Melchorejo y Julianillo, que 
llevamos de la Punta deCotoche, tuvimos temor 
que, apartados de nosotros, se huirian á su 
tierra, y por esta causa no los enviamos á llamar 
con ellos; y la india volvió otro día, y dijo que 
ningún indio ni india quería venir, por más pa- 
labras que les decía, 



CONOtlSTA Í>É NÚEVÁ-ESPATíA. 47 

A este pueblo pusimos por nombre Santa 
Cruz, porque cuatro ó cinco días antes de Santa 
Cruz le vimos; había en él buenos colmenares de 
miel y muchos boniatos y batatas y manadas de 
puercos de la tierra, que tienen sobre el espina- 
zo el ombligo; .había en él tres pueblezuelos, y 
este donde desembarcamos era mayor, y los 
otros dos eran más chicos, que estaba cada uno 
en una punta de la isla; terna de bojo como obra 
de dos leguas. Pues como el capitán Juan de 
Grijalva tío que era perder tiempo estar más 
allí aguardando, mandó que nos embarcásemos 
luego, y la india de Jamaica se fué con nos- 
otros, y seguimos nuestro viaje. 



CAPITULO IX. 

DE CÓMO VENIMOS Á DESEMBARCAR Á CHAMPOTOtf. 



Pues vuelto á embarcar, é yendo por las der- 
rotas pasadas (cuando lo de Francisco Hernán- 
dez de Córdoba), en ocho días llegamos en el 
paraje del pueblo de Champoton , que fué don- 
de nos desbarataron los indios de aquella pro- 
vincia, como ya dicho tengo en el capítulo que 
dello habla; y como en aquella ensenada men- 
gua mucho la mar, anclamos los navios una le- 
gua de tierra, y con todos los bateles desembar- 
camos la mitad de los soldados que allí íbamos, 



48 BERKAL DÍAZ. 

junto á las casas del pueblo, é losindios naturales 
del y otros sus comarcanos se juntaron todos, 
como la otra vez cuando nos mataron sobre cin- 
cuenta y seis soldados y todos los más nos hi- 
rieron., según dicho tengo en el capítulo que 
dello habla; y á esta causa estaban muy ufanos 
y orgullosos, y bien armados á su usanza/ que 
son: arcos, flechas, lanzas, rodelas, macanas y 
espadas de dos manos, y piedras con hondas, y 
armas de algodón, y trompetillas y atambores, 
y los más dellos pintadas las caras de negro, 
colorado y blanco; y puestos en concierto, espe- 
raron en la costa, para en llegando que llegá- 
semos dar en nosotros; y como teníamos expe- 
riencia de la otra vez, llevábamos en los bateles 
unos falconetes, é íbamos apercebidos de balles- 
tas y escopetas; y llegados á tierra, nos comen- 
zaron á flechar y con las lanzas dar á manti- 
niente ; y tal rociada nos dieron antes que lle- 
gásemos á tierra, que hirieron la mitad de nos- 
otros, y desque hubimos saltado de los bateles 
les hicimos perder la furia á buenas estocadas y 
cuchilladas; porque, aunque nos flechaban á 
terrero, todos llevábamos armas de algodón, y 
todavía se sostuvieron buen rato peleando con 
nosotros, hasta que vino otra barcada de nues- 
tros soldados, y les hicimos retraer á unas cié- 
nagas junto al pueblo. 

En esta guerra mataron á Juan de Quiteria y 
á otros dos soldados, y al capitán Juan de Gri- 
jalva le dieron tres flechazos y aun le quebraron 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 49 

con un cobaco dos dientes (que hay muchos en 
aquella costa), é hirieron sobre sesenta de los 
nuestros. Y desque vimos que todos los contra- 
rios se habían huido, nos fuimos ai pueblo, y se 
curaron los heridos y enterramos los muertos, y 
en todo el pueblo no hallamos persona ninguna, 
ni los que se habían retraído en las ciénagas, 
que ya se habían desgarrado; por manera que 
todos tenían alzadas sus haciendas. En aquellas 
escaramuzas prendimos tres indios, y el uno 
dellos parecía principal. Mandóles el capitán que 
fuesen á llamar al cacique de aquel pueblo, y 
les dio cuentas verdes y cascabeles para que los 
diesen, para que viniesen de paz; y asimismo á 
aquellos tres prisioneros se les hicieron muchos 
halagos y se les dieron cuentas porque fuesen 
sin miedo; y fueron y nunca volvieron, é creí- 
mos que el indio Julianillo é Melchorejo no les 
hubieran de decir lo que les fué mandado, sino 
al revés. 

Estuvimos en aquel pueblo cuatro días Acuer- 
dóme que cuando estábamos peleando en aque- 
lla escaramuza, que había allí unos prados algo 
pedregosos, é había langostas que cuando peleá- 
bamos saltaban y venían volando y nos daban 
en la cara, y como eran tantos flecheros y tira- 
ban tanta flecha como granizos, que parecían eran 
langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y 
la flecha que venia nos heria, y otras veces creía- 
mos que era flecha, y eran langostas que ve-» 
nian volando : fué harto estorbo, 
7 



50 BERNAL DÍAZ. 

CAPÍTULO X. 



CÓMO SEGUIMOS NUESTRO VIAJE Y ENTRAMOS EN 
BOCA DE TÉRMINOS, QUE ENTONCES LE PUSIMOS 
ESTE NOMBRE. 



Yendo por nuestra navegación adelante, lle- 
gamos á una boca, como de rio, muy grande y 
ancha, y no era rio como pensamos, sino muy 
buen puerto, é porque está entre unas tierras é 
otras, é parecía como estrecho : tan gran boca 
tenia, que decía el piloto Antón de Alaminos 
que era isla y partían términos con la tierra, y 
á esta causa le pusimos el nombre de Boca de 
Términos, y así está en las cartas de marear; y 
allí saltó el capitán Juan de Grijalva en tierra, 
con todos los más capitanes por mí nombrados, 
y muchos soldados estuvimos tres dias hondan- 
do la boca de aquella entrada, y mirando bien 
arriba y abajo del ancón donde creíamos que iba 
é venia á parar, y hallamos no ser isla, sino an- 
cón, y era muy buen puerto; y hallamos unos 
adoratorios de cal y canto y muchos ídolos de 
barro y palo, que eran dellos como figuras de 
sus dioses, y dellos de figuras de mujeres, y mu- 
chos como sierpes, y muchos cuernos de vena- 
dos, é creímos que por allí cerca habría alguna 
población, é con el buen puerto, que seria bueno 



CONQUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. 51 

para poblar ; lo cual no fué así, que estaba muy 
despoblado ; porque aquellos adoratorios eran 
de mercaderes y cazadores que de pasada entra- 
ban en aquel puerto con canoas y allí sacrifica- 
ban, y había mucha caza de venados y conejos: 
matamos diez venados con una lebrela, y mu- 
chos conejos. 

Y luego, desque todo fué visto y sondado, nos 
tornamos á embarcar, y se nos quedó allí la le- 
brela, y cuando volvimos con Cortesía tornamos 
á hallar, y estaba muy gorda y lucida. Llaman 
los marineros á esto Puerto de Términos. E 
vueltos á embarcar, navegamos costa á costa 
junto á tierra, hasta que llegamos al rio de Ta- 
basco, que por descubrile el Juan de Grijalva, 
se nombra agora el rio de Gríjalva. 



CAPITULO IX. 

CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE TABASCO, QUE LLAMAN DE 
GRÍJALVA, Y LO QUE ALLÁ NOS ACAECIÓ. 

Navegando costa á costa la via del poniente de 
dia, porque de noche no osábamos por temor de 
bajos é arrecifes, á cabo de tres dias vimos una 
boca de rio muy ancha, y llegamos muy á tierra 
con los navios y parecía buen puerto; y como fui- 
mos más cerca de la boca, vimos reventar los 
bajos antes de entrar en el rio, y allí sacamos 
los bateles, y con la sonda en la mano hallamos 



o2 BÉR3UL DÍAZ. 

que no podian entrar en el puerto los dos na- 
vios de mayor porte: fué acordado que ancla- 
sen fuera en la mar, y con los otros dos navios 
que demandaban menos agua, que con ellos é 
con los bateles fuésemos todos los soldados rio 
arriba, porque vimos muchos indios estar en 
canoas en las riberas, y tenían arcos y flechas y 
todas sus armas, según y de la manera de 
Champoton; por donde entendimos que había 
por allí algún pueblo grande, y también porque 
viniendo, como veníamos , navegando costa á 
costa, habíamos visto echadas nasas en la mar, 
con que pescaban, y aun á dos dellas seles tomó 
el pescado con un batel que traíamos á jorro de 
la capitana. Aqueste rio se llama de Tabasco 
porque el cacique de aquel pueblo se llamaba 
Tabasco; y como le descubrimos deste viaje, y 
elJuan de Grijalva fué el descubridor, se nom- 
bra rio de Grijalva, y así está en las cartas del 
marear. 

E ya que llegamos obra de media legua del 
pueblo, bien oímos el rumor de cortar de made- 
ra, de que hacían grandes mamparos é fuerzas, 
y aderezarse para nos dar guerra, porque habían 
sabido de lo que pasó en Potonchan y tenían la 
guerra por muy cierta. Y desque aquello senti- 
mos, desembarcamos de una punta de aquella 
tierra donde habia unos palmares, que era del 
pueblo media legua; y desque nos vieron allí, vi- 
nieron obra de cincuenta canoas con gente de 
guerra, y traían arcos y flechas y armas de algo- 



CONQUISTA DÉ NUEVA ESPAÑA. %3 

don, rodelas y lanzas y sus atambores y penachos 
y estaban entre los esteros otras muchas canoas 
llenas de guerreros, y estuvieron algo apartados, 
de nosotros que no osaron llegar como los prime- 
ros. Y desque los vimos de aquel arte, estábamos 
para tirarles con los tiros y con las escopetas y 
ballestas, y quiso nuestro Señor que acordamos 
de los llamar, é con Julianico y Melchorejo, los de 
la Punta de Cotoche, que sabían muy bien aque- 
lla lengua; y dijo á los principales que no hu- 
biesen miedo que les queríamos hablar cosas que 
desque las entendiesen , hubiesen por buena 
nuestra llegada allí é á sus casas, ó que les que- 
ríamos dar de lo que traíamos. E como enten- 
dieron la plática , vinieron obra de cuatro ca- 
noas , y en ellas hasta treinta indios, y luego se 
les mostraron sartalejos de cuentas verdes y es- 
pejuelos y diamantes azules , y desque los vie- 
ron parecía que estaban de mejor semblante, 
creyendo que eran chalchihuites , que ellos tie- 
nen en mucho. 

Entonces el capitán les dijo con las lenguas Ju- 
lianillo ó Melchorejo, que veníamos de lejas tier- 
ras y éramos vasallos de un grande Emperador 
que se dice D. Carlos, el cual tiene por vasallos 
á muchos grandes señores y calachioníes, y que 
ellos le deben tener por señor y les irá muy bien 
en ello, é queá trueco de aquellas cuentas nos 
den comida de gallinas. Y nos respondieron dos 
dellos , que el uno era principal y el otro papa, 
que son como Sacerdotes que tienen cargo de 



54 BERNAL DÍAZ. 

los ídolos , que ya he dicho otra vez que papas 
les llaman en la Nueva-España, y dijeron que 
harían el bastimento que decíamos é trocarían 
de sus cosas á las nuestras ; y en lo demás, que 
señor tienen , é que agora veníamos , é sin co- 
nocerlos , é ya les queríamos dar señor, é que 
mirásemos no les diésemos guerra como en Po- 
tonchan , porque tenían aparejados dosjiquipi- 
les de gentes de guerra de todas aquellas pro- 
vincias contra nosotros: cada jiquipil son de ocho 
mil hombres ; é dijeron que bien sabían que po- 
cos días habia que habíamos muerto y herido 
sobre más de ducientos hombres de Potonchan, 
é que ellos no son hombres de tan pocas fuerzas 
como los otros , é que por eso habían venido á 
hablar , por saber nuestra voluntad; é aquello 
que les decíamos , que se lo irían á decir á los 
caciques de muchos pueblos , que están juntos 
para tratar paces ó guerra. Y luego el capitán 
les abrazó en señal de paz , y les dio unos sar- 
talejos de cuentas, y les mandó que volviesen 
con la respuesta con brevedad , é que si no ve- 
nían , que por fuerza habíamos de ir á su pue- 
blo, y no para los enojar. Y aquellos mensaje- 
ros que enviamos hablaron con los caciques y 
papas, que también tienen voto entre ellos, y 
dijeron que eran buenas las paces y traer basti- 
mento t é que entre todos ellos y los pueblos 
comarcanos se buscara luego un presente de oro 
para nos dar y hacer amistades ; no les acaezca 
como á los de Potonchan, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 55 

Y lo que yo vi y entendí después acá, en aque- 
llas provincias se usaba enviar presentes cuando 
se trataba paces, y en aquella punta de los pal- 
mares , donde estábamos, vinieron sobre treinta 
indios é trujeron pescados asados y gallinas é 
fruta y pan de maiz , é unos braseros con ascuas 
y con zahumerios , y nos zahumaron á todos , y 
luego pusieron en el suelo unas esteras , que 
acá llaman petates, y encima una manta, y pre- 
sentaron ciertas joyas de oro , que fueron cier- 
tas ánades como las de Castilla , y otras joyas 
como lagartijas , y tres collares de cuentas va- 
ciadizas , y otras cosas de oro de poco valor que 
no valia doscientos pesos; y más trujeron unas 
mantas é camisetas de las que ellos usan , é di- 
jeron que recibiésemos aquello de buena volun- 
tad , é que no tienen más oro que nos dar ; que 
adelante , hacia donde se pone el sol , hay mu- 
cho; y decían Culba, Culba, Méjico, Méjico; y 
nosotros no sabíamos qué cosa era Culba , ni aun 
Méjico tampoco. Puesto que no valia mucho 
aquel presente que trujeron , tuvímoslo por 
bueno por saber cierto que tenian oro, y desque 
lo hubieron presentado , dijeron que nos fuése- 
mos luego adelante, y el capitán les dio las gra- 
cias por ello é cuentas verdes; y fué acordado de 
irnos luego á embarcar , porque estaban en mu- 
cho peligro los dos navios por temor del norte, 
que es travesía , y también por acercarnos hacia 
donde decían que habia oro. 



56 BERNAL DÍAZ. 

CAPÍTULO XII. 



COMO VIMOS EL PUEBLO DE AGUAYALUCO, QUE PUSIMOS 
POR NOMBRE LA-RAMBLA. 



Vueltos á embarcar , siguiendo la costa ade- 
lante , desde á dos dias vimos un pueblo junto á 
tierra, que se dice el Aguayaluco, y andaban 
muchos indios de aquel pueblo por la costa con 
unas rodelas hechas de conchas de tortugas, que 
relumbraban con el sol que daba en ellas, y al- 
gunos de nuestros soldados porfiaban que eran 
de oro bajo, y los indios que los traian iban hi- 
riendo grandes movimientos por el arenal y 
costa adelante, y pusimos á este pueblo por 
nombre La-Rambla , y así está en las cartas del 
marear. E yendo más adelante costeando, vimos 
una ensenada , donde se quedó el rio de Fenole, 
que á la vuelta que volvimos entramos en él, y 
le pusimos nombre rio de San Antonio, y así está 
en las cartas del mar. 

E yendo mas adelante navegando , vimos 
adonde quedaba el paraje del gran rio de Gua- 
cayualco, y quisiéramos entrar en el ensenada 
que está, por ver qué cosa era, sino por ser el 
tiempo contrario; é luego se parecieron las gran- 
des sierras nevadas, que en todo el año están 
cargadas de nieve, y también vimos otras sicr- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 57 

ras que están más junto al mar, que se llaman 
agora de San Martin, y pusíraoslas por nombre 
San Martin, porque el primero que las vio fué 
un soldado que se llamaba San Martin, vecino 
de la Habana. Y navegando nuestra costa ade- 
lante, el capitán Pedro de Albarado se adelantó 
con su navio, y entró en un rio que en Indias so 
llama Papalohuna, y entonces pusimos por nom- 
bre rio de Albarado, porque lo descubrió el mes- 
mo Albarado. Allí le dieron pescado unos indios 
pescadores, que eran naturales de un pueblo que 
se dice Tlacotalpa; estuvímosle aguardando en el 
paraje del rio donde entró con todos tres navios, 
hasta que salió del, y á causa de haber entrado 
en el rio sin licencia del general, se enojó ma- 
cho con él, y le mandó que otra vez no se ade- 
lantase del armada, porque no le aviniese algún 
contraste en parte donde no le pudiésemos 
ayudar. E luego navegamos con todos cuatro 
navios en conserva, hasta que llegamos en pa- 
raje de otro rio, que le pusimos por nombre rio 
de Banderas, porque estaban en él muchos in- 
dios con lanzas grandes, y en cada lanza una 
bandera hecha de manta blanca, revolándolas y 
llamándonos. Lo cual diré adelante cómo pasó. 



58 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO XIII. 



CÓMO L1EGAM0S Á UN RIO QUE PUSIMOS POR NOM- 
BRE RIO DE BANDERAS, É RESCATAMOS CATORCE MIL 
PESOS. 



Ya habrán oido decir en España y en toda la 
mas parte della y de la cristiandad, cómo Méji- 
co es tan gran ciudad, y poblada en el agua 
como Venecia; y habia en ella un gran señor 
que era Rey de muchas provincias y señoreaba 
todas aquellas tierras, que son mayores que 
cuatro veces nuestra Castilla; el cual señor se 
decia Montezuma, é como era tan poderoso, 
quería señorear y saber hasta lo que no podia 
ni le era posible, é tuvo noticia de la primera 
vez que venimos con Francisco Hernández de 
Córdoba, lo que nos acaesció en la batalla de 
Cotoche y en la de Champoton , y, agora deste 
viaje la batalla del mismo Champoton, y supo 
que éramos nosotros pocos soldados y los de 
aquel pueblo muchos, é al fin entendió que nues- 
tra demanda era buscar oro á trueque del res- 
cate que traíamos,, é todo se lo habían llevado 
pintado en unos paños que hacen de nequien, 
que es como de lino; y como supo que íbamos 
costa á costa hacia sus provincias, mandó á sus 
gobernadores que si por allí aportásemos que 



CONQUISTA DE HUEVA-E8PANA. 59 

procurasen de trocar oro á [nuestras cuentas, en 
especial á las verdes, que parecían á sus chal- 
chihuites; y también lo mandó para saber é in- 
quirir más por entero dé nuestras personas é 
qué era nuestro intento. Y lo más cierto era, se- 
gún entendimos, que dicen que sus antepasados 
les habían dicho que habían de venir gentes de 
hacia donde sale el sol, que los habían de se- 
ñorear. Agora sea por lo uno ó por lo otro, es- 
taban en posta á vela indios del grande Monte- 
zuma en aquel rio que dicho tengo, con lanzas 
largas y en cada lanza una bandera, enarbolán- 
dola y llamándonos que fuésemos allí donde es- 
taban. 

Y desque vimos de los navios cosas tan nue- 
vas, para saber qué podia ser fué acordado por 
el general, con todos los demás soldados y capi- 
tanes, que echamos dos bateles en el agua é que 
saltásemos en ellos todos los ballesteros y esco- 
peteros y veinte soldados, y Francisco Montejo 
fuese con nosotros, é que si viésemos que eran 
de guerra los que estaban con las banderas, que 
de presto se lo hiciésemos saber, ó otra cual- 
quier cosa que fuese. Y en aquella sazón quiso 
Dios que hacia bonanza en aquella costa, lo cual 
pocas veces suele acaecer; y como llegamos en 
tierra hallamos tres caciques, que el unodellos 
era gobernador de Montezuma é con muchos 
indios de propio, y tenían muchas gallinas de la 
tierra y pan de maiz de lo que ellos suelen co- 
mer, y frutas que eran pinas y zapotes, que en 



60 BEKHAL DÍAZ. 

otras partes llaman níamejes; y estaban debajo 
de una sombra de árboles, puestas esteras en el 
suelo, que ya he dicho otra vez que en estas 
partes se llaman petates, y allí nos mandaron 
asentar, y todo por señas, porque Julianillo, el 
de la Punta de Cotochc no entendía aquella 
lengua; y luego trujeron braseros de barro con 
ascuas, y nos zahumaron con uno como resina 
que huele á incienso. Y luego el capitán Monte- 
jo lo hizo saber al General, y como lo supo, 
acordó de surjii allí en aquel paraje con todos 
los navios, y saltó en tierra con todos los capi- 
tanes y soldados. 

Y desque aquellos caciques y gobernadores 
le vieron en tierra y conocieron que era el capi- 
tán general de todos , á su usanza le hicieron 
grande acatamiento y le zahumaron; y él les 
dio las gracias por ello y les hizo muchas cari- 
cias, y les mandó dar diamantes y cuentas ver- 
des, y por señas les dijo que trujesen oro á tro- 
car á nuestros rescates Lo cual luego el gober- 
nador mandó á sus indios, y que todos los pue- 
blos comarcanos trujesen de las joyas que te- 
nían á rescatar; y en seis dias que estuvimos 
allí trujeron más de quince mil pesos en joye- 
zuelas de oro bajo y de muchas hechuras; y 
aquesto debe serlo que dicen los cronistas Fran- 
cisco López de Gómora y Gonzalo Hernández de 
Oviedo en sus corónicas, que dicen que dieron 
los de Tabasco; y como se lo dijeron por rela- 
eiou, asi lo escriben como si fuese verdad ; por- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 61 

que vista cosa es que en la provincia del rio de 
Grijalva no hay oro, sino muy pocas joyas. 

Dejemos esto y pasemos adelante, y es que 
tomamos posesión en aquella tierra por su 
majestad, y en su nombre Real el gobernador de' 
Cuba Diego Velazquez. Y después desto hecho, 
habló el General á los indios que allí estaban, 
diciendo que se queria embarcar, y les dio ca- 
misas de Castilla. Y de allí tomamos un indio, 
que llevamos en los navios, el cual, después que 
entendió nuestra lengua, se volvió cristiano y 
se llamó Francisco, y después de ganado Méji- 
co, le vi casado en un pueblo que se llama Santa 
Fe. Pues como vio el General que no traia más 
oro á rescatar, é habia seis dias que estábamos 
allí y los navios corrían riesgo, por ser travesía 
norte, nos mandó embarcar. E corriendo la costa 
adelante, vimos una isleta que bañaba la mar y 
tenia la arena blanca, y estaria, al parecer, obra 
de tres leguas de tierra, y pusímosle por nom- 
bre isla Blanca, y asi está en las cartas del ma- 
rear. Y no muy lejos desta isleta Blanca vimos 
otra isla, mayor, al parecer, que las demás, y 
estaría de tierra obra de legua y media, y allí 
enfrente della habia buen surgidero, y mandó 
el general que surgiésemos. 

Echados los bateles en el agua, fué el capi- 
tán Juan de Grijalva con muchos de nosotros 
los soldados á ver la isleta, y hallamos dos ca- 
sas hechas de cal y canto y bien labradas, y ca- 
; da casa con unas gradas por donde subían á 



62 BERNA L DÍAZ. 

unos como altares, y en aquellos altares tenían 
unos ídolos de malas figuras, que eran sus dio- 
ses, y allí estaban sacrificados de aquella noche 
cinco indios, y estaban abiertos por los pechos y 
cortados los brazos y los muslos, y las paredes 
llenas de sangre. De todo lo cual nos admira- 
mos, y pusimos por nombre á esta isleta isla de 
Sacrificios. Y allí enfrente de aquella isla salta- 
mos todos en tierra, y en unos arenales grandes 
que allí hay, adonde hicimos ranchos y chozas 
con ramas y con las velas de los navios. Habían- 
se allegado en aquella costa muchos indios que 
traían á rescatar oro hecho piecezuelas, como 
en el rio de Banderas, y según después supi- 
mos, mandó el gran Montezuma que viniesen 
con ello, y los indios que lo traían, al parecer 
estaban temerosos, y era muy poco. Por manera 
que luego el capitán Juan de Grijalva mandó 
que los navios alzasen las anclas y pusiesen ve- 
las, y fuésemos adelante á surgir enfrente de 
otra isleta que estaba obra demedia legua de tier- 
ra, y esta isla es donde agora está el puerto. Y 
diré adelante lo que allí nos avino. 



CAPITULO XIV. 

CÓMO LLEGAMOS AL PUERTO DE SAN JUAN DE CÜLTJA. 

Desembarcados en unos arenales , hicimos 
chozas encima de los mastos y medaños de are- 



Conquista de hueva-espana. 68 

na, que los hay por allí grandes, por caüsade los 
mosquitos, que había muchos, y con bateles son- 
dearon el puerto y hallaron que con el abrigo de 
aquella isleta estarían seguros los navios del 
norte y habia buen fondo, y hecho esto, fuimos 
á la isleta con el General treinta soldados bien 
apercibidos en los bateles, y hallamos una casa 
de adoratorio donde estaba un ídolo muy gran- 
de y feo, el cual se llamaba Tezcatepuca, y es- 
taban allí cuatro indios con mantas prietas y 
muy largas con capillas, como traen los domini- 
cos ó canónigos, ó querían parecer á ellos, y 
aquellos eran Sacerdotes de aquel ídolo, y te- 
nían sacrificados de aquel dia dos muchachos, y 
abiertos por los pechos, y los corazones y san- 
gre ofrecidos á aquel maldito ídolo, y los Sacer- 
dotes, que ya he dicho que se dicen papas, nos 
venían á zahumar con lo que zahumaban aquel 
su ídolo, y en aquella sazón que llegamos le es- 
taban zahumando con uno que huele á incienso, 
y no consentimos que tal zahumerio nos diesen; 
antes tuvimos muy gran lástima y mancilla de 
aquellos dos muchachos é verlos recien muertos 
é ver tan grandísima crueldad. Y el general 
preguntó al indio Francisco; que traíamos del 
rio de Banderas, que parecía algo entendido, 
que por qué hacían aquello, y esto le decía me- 
dio por señas, porque entonces no teníamos len- 
gua ninguna, como ya otras veces he dicho Y 
respondió que los de Culúa lo mandaban sacri- 
ficar; y como era torpe de lengua, decía; Olúa, 



64 BERNAL DÍAZ. 

Olúa. Y como nuestro capitán estaba presente 
y se llamaba Juan, y asimismo era dia de San 
Juan, pusimos por nombre á aquella isleta San 
Juan de Ulúa, y este puerto es agora muy nom- 
brado, y están hechos en él grandes reparos 
para los navios, y allí vienen á desembarcar las 
mercaderías para Méjico é Nueva-España. Vol- 
vamos á nuestro cuento: que como estábamos 
en aquellos arenales, vinieron luego indios de 
pueblos allí comarcanos á trocar su oro en joye- 
zuelas á nuestros rescates; mas eran tan pocos 
y de tan poco valor, que no hacíamos cuenta de- 
11o; y estuvimos siete días de la manera que he 
dicho, y con los muchos mosquitos no nos po- 
díamos valer, y viendo que el tiempo se nos pa- 
saba, y teniendo ya por cierto que aquellas tier- 
ras no eran islas, sino tierra firme, y que ha- 
bía grandes pueblos, y el pan de cazabe muy 
mohoso é sucio de las fatulas, y amargaba, y 
los que allí veníamos no éramos bastantes para 
poblar, cuanto más que faltaban diez de nuestros 
soldados, que se habían muerto de las heridas y 
estaban otros cuatro dolientes; é viendo todo 
esto, fué acordado que lo enviásemos á hacer 
saber al gobernador Diego Velazquez para que 
nos enviase socorro; porque el Juan de Grijalva 
muy gran voluntad tenia de poblar con aquellos 
pocos soldados que con él estábamos, y siempre 
mostró un grande ánimo de un muy valeroso 
capitán, y no como lo escribe el coronista Gó- 
mora. Pues para hacer esta embajada acorda- 



CONQUISTA DE NÜÉVA-ESPANA. 65 

mos que fuese el capitán Pedro de Albarado en 
un navio que se decia San Sebastian, porque ha- 
cia agua, aunque no mucha, porque en la isla 
de Cuba se diese carena y pudiesen en él traer 
socorro é bastimento. Y también se concertó 
que llevase todo el oro que se habia rescatado y 
ropa de mantas, y los dolientes; y los capitanes 
escribieron al Diego Velazquez cada uno lo que 
le pareció, y luego se hizo á la vela é iba la 
vuelta de la isla de Cuba, adonde los dejaré 
agora, así al Pedro de Albarado como al Grijal- 
va, y diré cómo el Diego Velazquez habia en- 
viado en busca nuestra. 



CAPITULO XV. 



CÓMO DIEGO VELAZQUEZ , GOBERNADOR DE LA ISLA 
DE CUBA, ENVIÓ UN NAVIO PEQUEÑO EN NUESTRA 
BUSCA. 



Después que salimos con decapitan Juan de 
Grijalva de la isla de Cuba para hacer nuestro 
viaje, siempre. Diego Velazquez estaba triste y 
pensativo no nos hubiese acaecido algún desas- 
tre, y deseaba saber de nosotros, y á esta causa 
envió un navio pequeño en nuestra busca con 
siete soldados, y por capitán dellos á un Cristo- 
9 



6b BERNAL DÍAZ. 

bal de Olí, persona de valía, muy esforzado, y le 
mandó que siguiese la derrota de Fraucisco Her- 
nández de Córdoba hasta toparse con nosotros. 
Y según parece, el Cristóbal de Olí, yendo en 
nuestra busca, estando surto cerca de tierra, le 
dio un recio temporal, y por no anegarse sobre 
las amarras, el piloto que traian mandó cortar 
los cables, é perdió las anclas, é volvióse á San- 
tiago de Cuba, de donde habia salido, adonde 
estaba el Diego Velazquez, y cuando vio que no 
tenia nuevas de nosotros, si triste estaba antes 
que enviase al Cristóbal de Olí, muy más pensa- 
tivo estuvo después. Y en esta sazón llegó el 
capitán Pedro de Albarado con el oro y ropa y 
dolientes, y con entera relación de lo que había- 
mos descubierto. Y cuando el gobernador vio 
que estaba en joyas, parecía mucho más de lo 
que era, y estaban allí con el Diego Velazquez 
muchos vecinos de aquella isla, que venían á ne 
gocios. Y cuando los oficiales del Rey tomaron 
el Real quinto que venia á su majestad estaban 
espantados de cuan ricas tierras habíamos des- 
cubierto ; y como el Pedro de Albarado se lo sa- 
bia muy bien praticar, dice que no hacia el Diego 
Velazquez sino abrazallo, y en ocho dias tener 
gran regocijo y jugar cañas; y si mucha fama 
tenían de antes de ricas tierras, agora con este 
oro se sublimó en todas las islas y en Castilla, 
como adelante diré ; y dejaré al Diego Velaz- 
quez haciendo fiestas, y volveré á nuestros na- 
yíos, que estábamos en San Juan de Ulúa. 



COÍJOtJÍSTA de ItÜÉVA-ESPANA. 67 

CAPÍTULO XVI. 



DE LO QUE NOS SÜCEÍ)lÓ COSTEANDO LAS SIERRAS BE 
TUSTA Y DE TUSÍ>A. 



Después que de nosotros se partió el capitán 
Pedro de Albarado para ir á la isla de Cuba, 
acordó -nuestro general con los demás capitanes 
y pilotos que fuésemos costeando y descubrien- 
do todo lo que pudiésemos ; é yendo por nues- 
tra navegación, vimos la sierra de Tusta, y más 
adelante de ahí á otros dos dias vimos otras 
sierras muy altas, que agora se llaman las sier- 
ras de Tuspa ; por manera que unas sierras se 
dicen Tusta, porque están cabe un pueblo 
que se dice así, y las otras sierras se dicen Tus- 
pa, porque se nombra el pueblo junto adonde 
aquellas están Tuspa; é caminando más adelante 
vimos muchas poblaciones, y estarían la tierra 
adentro dos ó tres leguas, y esto es ya en la pro- 
vincia de Panuco ; é yendo por nuestra navega- 
ción, llegamos á un rio grande, que le pusimos 
por nombre rio de Canoas, é allí enfrente de 
la boca del surgimos ; y estando surtos todos 
tres navios, y estando algo descuidados, vi- 
nieron por el rio diez y seis canoas muy gran- 
des llenas de indios de guerra , con arcos y fle- 
chas y lanzas , y vanse derechos al navio más 



6S BERNAL DÍAZ. 

pequeño, del cual era capitán Alonso de Avila, 
y estaba más llegado á tierra , y dándole una 
rociada de flechas , que hirieron á dos soldados, 
echaron mano al navio como que lo querían llevar, 
y aun cortaron una amarra; y puesto que el ca- 
pitán y los soldados peleaban bien, y trastorna- 
ron tres canoas, nosotros con gran presteza les 
ayudamos con nuestros bateles y escopetas y 
ballestas y herimos más de la tercia parte de 
aquellas gentes ; por manera que volvieron con 
la mala ventura por donde habían venido ; y 
luego alzamos áncoras é dimos vela , é seguimos 
costa á costa hasta que llegamos á una punta 
muy grande ; y era tan mala de doblar, y las 
corrientes muchas , que no podíamos ir adelan- 
te; y el piloto Antón de Alaminos dijo al gene- 
ral que no era bien navegar más aquella der- 
rota , é para ello se dieron muchas causas , y 
luego se tomó consejo de lo que se habia de ha- 
cer, y fué acordado que diésemos la vuelta á la 
isla de Cuba , lo uno porque ya entraba el in- 
vierno é no habia bastimentos, é un navio hacia 
mucha agua, y los capitanes desconformes, por- 
que el Juan de Grijalva decia que quería po- 
blar, y el Francisco Montejo é Alonso de Avila 
decían que no se podía sustentar por causa de 
los muchos guerreros que en la tierra habia; 
é también todos nosotros los soldados estába- 
mos hartos é muy trabajados de andar por la 
mar» 
Así que dimos vuelta á todas velas, y las cor- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 69 

rientes que nos ayudaban , en pocos dias llega- 
mos en el paraje del gran rio de Guacacualco, 
é no pudimos estar por ser tiempo contrario, y 
muy abrazados con la tierra entramos en el rio 
deTonala,que se puso nombre entonces San 
Antón , é allí se dio carena al un navio que ha- 
cia mucha agua , puesto que tocó tres veces al 
estar en la barra , que es muy baja ; y estando 
aderezando nuestro navio vinieron muchos in- 
dios del puerto deTonala, que estaba una legua 
de allí, é trujeron pan de maiz y pescado é fru- 
ta, y con buena voluntad nos lo dieron; y el ca- 
pitán les hizo muchos halagos é les mandó dar 
cuentas verdes y diamantes, é les dijo por señas 
que trujesen oro á rescatar , é que les daríamos 
de nuestro rescate; é traian joyas de oro bajo, é 
se les daban cuentas por- ello. Y desque lo su- 
pieron los de Guacacualco é de otros pueblos 
comarcanos que restábamos t también vinieron 
ellos con sus piecezuelas , é llevaron cuentas 
verdes , que aquellos tenian en mucho. Pues 
demás de aqueste rescate , traian comunmente 
todos los indios de aquella ¡provincia unas ha- 
chas de cobre muy lucidas, como por gentileza 
é á manera de armas , con unos cabos de palo 
muy pintados , y nosotros creímos que eran de 
de oro bajo , ó comenzamos á rescatar dellas; 
digo que en tres dias se hubieron más de seis- 
cientas de ellas, y estábamos muy contentos con 
ellas , creyendo que eran de oro bajo , é los in- 
dios mucho más con las cuentas; más todo salió 



70 ÜERHAL DÍAZ. 

vano ; que las hachas eran de cobre é las cuen- 
tas un poco de nada. E un marinero habia res-* 
catado secretamente siete hachas y estaba muy 
alegre con ellas, y parece ser que otro marinero 
lo dijo al capitán, é mandóle que las diese; y por- 
que rogamos per él , se las dejó , creyendo que 
eran de oro. 

También me acuerdo que un soldado que se 
decia Bartolomé Pardo fué á una casa de ídolos, 
que ya he dicho que se decia cues, que es como 
quien dice casa de sus dioses , que estaba en un 
cerro alto , y en aquella casa halló muchos ído- 
los , é copal , que es como incienso , que es con 
que zahuman t y cuchillos de pedernal, con que 
sacrificaban ó retajaban, é unas arcas de made- 
ra , y en ellas muchas piezas de oro, que eran 
diademas é collares , é dos ídolos, y otros como 
cuentas ; y aquel oro tomó el soldado para sí, y 
los ídolos del sacrificio trujo al capitán. Y no 
faltó quien le vio é lo dijo al Grijalva , y se lo 
quería tomar; é rogárnosle que se lo dejase; y 
como era de buena condición , que sacado el 
quinto de S. M. , que lo demás fuese para el 
pobre soldado; y no valia ochenta pesos. 

También quiero decir cómo yo sembré unas 
pepitas de naranjas junto á otras casas de ídolos, 
y fué desta manera : que como habia muchos 
mosquitos en aquel rio , fuime á dormir á una 
casa alta de ídolos , é allí junto á aquella casa 
sembré siete ú ocho pepitas de naranjas que ha- 
bia traído de Cuba , é nacieron muy bien ; por- 



CONQUISTA DÉ NUEVA ESPAÑA. íi 

que páíece ser que los papas de aquellos ídolos 
les pusieron defensa para que no las comiesen 
hormigas , é les regaban é limpiaban desque 
vieron que eran plantas diferentes de las suyas. 
He traído aquí esto á la memoria para que se 
sepa que estos fueron los primeros naranjos 
que se plantaron en la Nueva-España , porque 
después de ganado Méjico é pacíficos los pue- 
blos sujetos de Guacacualco , túvose por la me- 
jor provincia , por causa de estar en la mejor 
conmodacion de toda la Nueva-España ., así por 
las minas , que las habia , como por el buen 
puerto, y la tierra de suyo rica de oro y de pas- 
tos para ganados ; á este efecto se pobló de los 
más principales conquistadores de Méjico , é yo 
fui uno , é fui por mis naranjos y traspúselos, é 
salieron muy buenos. 

Bien sé que- dirán que no hace al propósito de 
mi relación estos cuentos viejos , y dejallos ; é 
diré como quedaron todos los indios de aquellas 
provincias muy contentos , é luego nos embar- 
camos y vamos la vuelta de Cuba, y en cuaren- 
ta y cinco dias , unas veces con buen tiempo y 
otras veces con contrario , llegamos á Santiago 
de Cuba , donde estaba el gobernador Diego 
Velazquez , y él nos hizo buen recibimiento ; y 
desque vio el oro que traíamos , que seria cua- 
tro mil pesos , é con el que trujo primero el ca- 
pitán Pedro de Albarado seria por todo unos 
veinte mil pesos , unos decían más é otros de- 
cían menos , é los oficiales de S. M. sacaron el 



72 BERNAL DÍAZ. 

Real quinto ; é también trujeron las seiscientas 
hachas que parecían de oro , é cuando las tru- 
jeron para quintar estaban tan mohosas , en fin 
como cobre que era, y allí hubo bien que rtir y 
decir de la burla y del rescate. Y el Diego Ve- 
lazquez con todo esto estaba muy contento, 
puesto que parecía estar mal con el pariente 
Grijalva ; é no tenia razón , sino que el Alfonso 
de Avila era mal acondicionado , y decia que el 
Grijalva era para poco , é no faltó el capitán 
Montejo que le ayudó del mal. Y cuando esto 
pasó , ya habia otras pláticas para enviar otra 
armada, é á quién elej irían por capitán. 



CAPITULO XVII. 



COMO DIEG© VELA.ZQUEZ ENVIÓ A CASTILLA A SU PRO- 
CURADOR. 



Y aunque les parezca á los lectores que va 
fuera de nuestra relación esto que yo traigo aquí 
á la memoria antes que entre en lo del capitán 
Hernando Cortés, conviene que se diga por las 
causas que adelante se verán, é también porque 
en un tiempo acaecen dos ó tres cosas, y por 
fuerza hemos de hablar de una, la que más vie- 
ne al propósito. Y el caso es que, como ya he di- 



CONQUISTA* DE KUEVA-ESPANA. 73 

cho, cuando llegó él capitán Pedro de Albarado 
á Santiago de Cuba con el oro que hubimos de 
las tierras que descubrimos, y el Diego Velaz- 
quez temió que primero que él hiciese relación 
á su majestad, que algún caballero privado en 
corte tenia relación dello y le hurtaba la bendi- 
ción, á esta causa envió el Diego Velazquez á un 
su Capellán, que se decia Benito Martínez, hom- 
bre que entendia muy bien de negocios, á Cas- 
tilla con probanzas, é cartas para don Juan Ro- 
dríguez de Fonseca, Obispo de Burgos, é se nom- 
braba Arzobispo de Rosano, y para el licenciado 
Luis Zapata é para el secretario Lope Conchi- 
llos, que en aquella sazón entendian en las co- 
sas de las Indias, y Diego Velazquez era muy 
servidor del Obispo y de los demás oidores, y 
como tal les dio pueblos de indios en la isla de 
Cuba, que les sacaban oro délas minas, é á esta 
causa hacia mucho por el Diego Velazquez, es- 
pecialmente el Obispo de Burgos, é no dio nin- 
gún pueblo de indios á su majestad, porque en 
aquella sazón estaba enFlandes; y demás deles 
haber dado los indios que dicho tengo, nueva- 
mente envió á estos oidores muchas joyas de oro 
de lo que habíamos enviado coji el capitán Al- 
barado, que eran veinte mil pesos, según dicho 
tengo, é no se haria otra cosa en el Real Consejo 
de Indias sino lo que aquellos señores manda- 
ban ; é lo que enviaba á negociar el Diego Ve- 
lazquez era que le diesen licencia para rescatar 
é conquistar é poblar en todo lo que habia de?«* 
10 



74 BEKNAL DÍAZ» 

cubierto y en lo que más descubriese, y decia 
en sus relaciones é cartas que había gastado 
muchos millares de pesos de oro en el descubri- 
miento. 

Por manera que el Capellán Benito Martinez 
fué á Castilla y negoció todo lo que pidió, é aun 
más cumplidamente ; que trujo provisión para 
el Diego Velazquez para ser adelantado de la 
isla de Cuba. Pues ya negociado lo aquí por mí 
dicho, no dieron tan presto los despachos, que 
primero no saliese Cortés con otra armada . Que- 
darse ha aquí, asi los despachos del Diego Ve- 
lazquez como la armada de Cortés, é diré cómo 
estando escribiendo esta relación vi una corónica 
del coronista Francisco López deGómora, y ha- 
bla en lo de las conquistas de la Nueva-España 
é Méjico, é lo que sobre ello me parece declarar, 
adonde hubiere contradicion sobre lo que dice 
el Gómora, lo diré según y de la manera que 
pasó en las conquistas, y va muy diferente de 
lo que escribe, porque todo es contrario de la 
verdad. 

CAPÍTULO XVIII. 

DE ALGUNAS ADVERTENCIAS ACERCA DE LO QUE ESCRIBE 
FRANCISCO LÓPEZ DE GÓMORA, MAL INFORMADO, EN 
SU HISTORIA. 

Estando escribiendo esta relación, acaso vi 
tina historia de buen estilo, la cual se nombra de 
un Francisco López de Gómora, que habla de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 75 

las conquistas de Méjico y Nueva-España, y 
cuando leí su gran retórica, y como mi obra es 
tan grosera, dejé de escribir en ella, y aun tuve 
vergüenza que pareciese entre personas nota- 
bles ; y estando tan perplejo como digo, torné á 
leer y á mirar las razones y pláticas que el Gó- 
thora en sus libros escribió, é vi que desde el 
principio y medio hasta el cabo no llevaba bue- 
na relación, y va muy contrario de io que fué é 
pasó en la Nueva-España; y cuando entró á de- 
cir de las grandes ciudades, y tantos números 
que dice que habia de vecinos en ellas, que tan- 
to se le dio poner ocho como ocho mil. Pues de 
aquellas grandes matanzas que dice que hacía- 
mos, siendo nosotros obra de cuatrocientos sol- 
dados los que andábamos en la guerra, que har- 
to teníamos de defendernos que no nos matasen 
ó llevasen de vencida; que aunque estuvieran 
los indios atados, no hiciéramos tantas muertes 
y crueldades como dice que hicimos; que juro 
amen que cada dia estábamos rogando á Dios y 
Nuestra Señora no nos desbaratesen. Volviendo 
á nuestro cuento, Atalarico, muy bravísimo Rey, 
é Atila, muy soberbio guerrero, en los Campos 
catalanes no hicieron tantas jmuestras de hom- 
bres como dice que hacíamos. También dice que 
derrotamos y abrasamos muchas ciudades y 
templos, que son sus cues, donde tienen sus 
ídolos, y en aquello le parece á Gómora que 
aplace mucho á los oyentes que leen su histo- 
ria, y no quiso ver ni entender cuando lo escrn 



76 BERNAL DÍAZ. 

bia que los verdaderos conquistadores y curio- 
sos letores que saben lo que pasó, claramente le 
dirán que en su historia en todo lo que escribe 
se engañó, y si en las demás historias que escri- 
be de otras cosas va del arte del de la Nueva- 
España, también irá todo errado; y es lo bueno 
que ensalza á unos capitanes y abaja á otros; y 
los que no se hallaron en las conquistas dice que 
fueron capitanes, y que un Pedro Dircio fué por 
capitán cuando el desbarate que hubo en un 
pueblo que le pusieron nombre Almería; porque 
el que fué por capitán en aquella entrada fué un 
Juan de Escalante, que murió en el desbarate 
con otros siete soldados; é dice que un Juan Ve- 
lazquez de León fué á poblar á Guacacualco; mas 
la verdad es así: que un Gonzalo de Sandoval, 
natural de Avila, lo fué á poblar. También dice 
cómo Cortés mandó quemar un indio que se de- 
cía Quezal-Popoca, capitán de Montezuma, sobre 
la población que se quemó. El Gómora no acier- 
ta también lo que dice de la entrada que fuimos 
á un pueblo é fortaleza: Anga Panga escríbelo, 
mas no como pasó. Y de cuando en los arenales 
alzamos á Cortés por capitán general y justicia 
mayor, en todo le engañaron. Pues en la toma 
de un pueblo que se dice Chamula, en la pro- 
vincia de Chiapa, tampoco acierta en lo que 
escribe. Pues otra cosa peor dice, que Cortés 
mandó secretamente barrenar los once navios en 
que habiamos venido; antes fué público, porque 
claramente por consejo de todos los demás sol- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. "77 

dados mandó dar con ellos al través á ojos vis- 
tas, porque nos ayudase la gente de la mar que 
en ellos estaba, á velar y guerrear» Pues en lo 
de Juan de Grijalva, siendo buen capitán, le 
deshace é disminuye. Pues en lo de Francisco 
Fernandez de Córdoba, habiendo él descubierto 
lo de Yucatán, lo pasa por alto. Y en lo de Fran- 
cisco de Garay dice que vino él primero con 
cuatro navios de lo de Panuco antes que viniese 
con la armada postrera; en lo cual no acierta, 
como en lo demás. Pues en todo lo que escribe 
de cuándo vino el capitán Narvaez y de cómo le 
desbaratamos, escribe según é como las rela- 
ciones. Pues en .las batallas de Taxcala hasta 
que hicimos las paces, en todo escribe muy lejos 
de los que pasó. Pues las guerras de Méjico de 
cuando nos desbarataron y echaron de la ciudad, 
é nos mataron é sacrificaron sobre ochocientos y 
sesenta soldados ; digo otra vez sobre ochocien- 
tos y sesenta soldados , porque de mil trecien- 
tos que entramos al socorro de Pe Jro de Alba- 
rado , é íbamos en aquel socorro los de Narvaez 
é los de Cortés , que eran los mil y trecientos 
que he dicho , no escapamos sino cuatrocientos 
y cuarenta , é todos heridos, y dícelo'de manera 
como si no fuera nada. Pues desque tornamos á 
conquistar la gran ciudad de Méjico é la gana- 
mos, tampoco dice los soldados que nos mataron 
c hirieron en las conquistas, sino que todo lo 
hallábamos como quien va á bodas y regocijos. 
¿Para qué meto yo aquí tanto la pluma en con- 



78 BERNAL DÍAZ. 

tar cada cosa porsí, que es gastar papel y tinta? 
Porque si en todo lo que escribe va de aquesta 
arte, es gran lástima; y puesto que él lleve buen 
estilo, habia de ver que para que diese fe á lo de- 
mas que dice , que en esto se habia de esmerar. 
Dejemos esta plática, é volveré á mi materia; que 
después de bien mirado todo lo que he dicho que 
escribe Gómora , que por ser tan lejos de lo que 
pasó es en perjuicio de tantos , torno á proseguir 
en mi relación é historia; porque dicen sabios va 
roñes que la buena política y agraciado componer 
es decir verdad en lo que escribieren, y la mera 
verdad resiste á mi rudeza ; y mirando en esto 
que he dicho, acordé de seguir mi intento con el 
ornato y pláticas que adelante se verán , para, 
que salga á luz y se vean las conquistas de la 
Nueva-España claramente y como se han de 
ver, y su majestad sea servido conocer los gran- 
des é notables servicios que le hicimos los ver- 
daderos conquistadores , pues tan pocos solda- 
dos como venimos á estas tierras con el ven- 
turoso y buen capitán Hernando Cortés, nos 
pusimos á tan grandes peligros y le ganamos 
esta tierra, que es una buena parte de las del 
Nuevo-Mundo , puesto que su majestad , como 
cristiano Rey y señor nuestro , nos lo ha man- 
dado muchas veces gratificar; y dejaré de hablar 
acerca de esto, porque hay mucho que decir. 

Y quiero volver con la pluma en la mano, como 
el buen piloto lleva la sonda por la mar, descu- 
briendo los bajos cuando siente que los hay, así 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 79 

haré yo encaminar á la verdad de lo que pasó la 
historia del coronista Gómora , y no será todo 
en lo que escribe ; porque si parte por parte se 
hubiese de escribir , seria más la costa en cojer 
la rebusca que en las verdaderas vendimias. 
Digo que sobre esta mi relación pueden los co- 
ronistas sublimar é dar loas cuantas quisieren, 
así al capitán Cortés como á los fuertes conquis- 
tadores, pues tan grande y santa empresa salió 
de nuestras manos , pues ello mismo dá fe muy 
verdadera ; y no son cuentos de naciones extra- 
ñas , ni sueños ni porfías , que ayer pasó á ma- 
nera de decir , sino vean toda la Nueva-España 
qué cosa es , y lo que sobre ello escriben. 

Diremos lo que en aquellos tiempos nos ha- 
llamos ser verdad , como testigos de vista f é no 
estaremos hablando las contrariedades y falsas 
relaciones (como decimos) de los que escribieron 
de oidas , pues sabemos que la verdad es cosa 
sagrada , y quiero dejar de más hablar en esla 
materia;, y aunque habia bien que decir della é 
lo que sé , sospecho del coronista que le dieron 
falsas relaciones cuando hacia aquella historia; 
porque toda la honra y prez della la dio sólo al 
marques D. Hernando Cortés , é no hizo memo- 
ria de ninguno de nuestros valerosos capitanes y 
fuertes soldados ; y bien se parece en todo lo 
que el Gómora escribe en su historia serle muy 
aficionado t pues á su hijo , el marques que ago- 
.ra es , le eligió su corónica é obra , é la dejó de 
elegir á nuestro Rey y señor j y no solamente el 



80 BERNAL DÍAZ. 

Francisco López de Gómora escribió tantos bor- 
rones é cosas que no son verdaderas, de que ha 
hecho mucho daño á muchos escritores é coro- 
nistas que después del Gómora han escrito en 
las cosas de la Nueva-España , como es el doc- 
tor Illescas y Pablo Iovio , que se van por sus 
mismas palabras y escriben ni más ni menos 
que el Gómora. Por manera que lo que sobre 
esta materia escribieron es porque les ha hecho 
errar el Gómora. 



CAPÍTULO XIX. 



CÓMO VENIMOS OTRA VEZ CON OTRA ARMABA Á LAS 
TIERRAS NUEVAMENTE DESCUBIERTAS, Y POR CAPI- 
TÁN DE LA ARMADA HERNANDO CORTES, QUE DESPUÉS 
FUÉ MARQUES DEL VALLE, Y TUVO OTROS DILATADOS, 
Y DE LAS CONTRARIEDADES QUE HUBO PARA LE ES- 
TORBAR QUE NO FUESE CAPITÁN. 



En 15 dias del mes de Noviembre de 1518 años, 
vuelto el capitán Juan de Grijalva de descubrir 
las tierras nuevas (como dicho habernos), el go- 
bernador Diego Velazquez ordenaba de enviar 
otra armada muy mayor que las de antes, y para 
ello tenia ya diez navios en el puerto de Santia- 
go de Cuba ; los cuatro dellos eran en los que 
volvimos cuando lo de Juan de Grijalva , porque 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 81 

luego les hizo dar carena y adobar, y los otros 
seis recojieron de toda la isla, y los hizo pro- 
veer de bastimento , que era pan cazabe y toci- 
no , porque en aquella sazón no habia en la isla 
de Cuba ganado vacuno ni carneros , y este bas- 
timento no era para más de hasta llegar á la 
Habana , porque allí habíamos de hacer todo el 
matalotaje , como se hizo. 

Y dejemos de hablar en esto , y volvamos á 
decir las diferencias que se hubo en elegir capi» 
tan para aquel viaje. Habia muchos debates y 
contrariedades, porque ciertos caballeros decían 
que viniese un capitán muy de calidad , que se 
decia Vasco Porcallo, pariente cercano del conde 
de Feria , y temióse el Diego Velazquez que se 
alzada con la armada , porque era atrevido; 
oíros decian que viniese un Agustín Bermudez 
ó un Antonio Velazquez Borrego, ó un Bernardi- 
no Velazquez , parientes del gobernador Diego 
Velazquez; y todos los más soldados que allí nos 
hallamos decíamos que volviese el Juan de Gri- 
jalva, pues era buen capitán y no habia falta en 
su persona y en saber mandar. 

Andando las cosas y conciertos desta manera 
que aquí he dicho, dos grandes privados del Die- 
go Velazquez , que se decian Andrés de Duero, 
secretario del mismo gobernador, y un Amador 
de Larez, contador de su majestad , hicieron se- 
cretamente compañía con un buen hidalgo, que 
se decia Hernando Cortés , natural de Medellin, 
el cual fué hijo de Martin Cortés de Monroy y 
11 



82 SERNAL DÍAZ. 

de Catalina Pizarro Altamirano , é ambos hijos- 
dalgo , aunque pobres : é así era por la parte de 
su padre Cortés y Monroy, y la de su madre 
Pizarro é Altamirano : fué de los buenos linajes 
de Estremadura, é tenia indios de encomienda 
en aquella isla, é poco tiempo habia que se 
habia casado por amores con una señora que se 
decia doña Catalina Suarez Pacheco, y esta se- 
ñora era hija de Diego Suarez Pacheco, ya di- 
funto, natural de la ciudad de Avila, y de María 
de Mercaida, vizcaina y hermana de Juan Sua- 
rez Pacheco; y este, después que se ganó la 
Nueva-España, fué vecino y encomendado en 
Méjico; y sobre este casamiento de Cortés le su- 
cedieron muchas pesadumbres y prisiones, por- 
que Diego Velazquez favoreció las partes della, 
como más largo contarán otros; y así pasaré 
adelante y diré acerca do la compañía, y fué 
desta manera: que concertaron estos dos gran- 
des privados del Diego Velazquez que le hicie- 
sen dar á Hernando Cortés la capitanía general 
de toda la armada, y que partirían entre todos 
tres la ganancia del oro y plata y joyas de la 
parte que le cupiese á Cortés; porque secreta- 
mente el Diego Velazquez enviaba á rescatar, y 
no á poblar. Pues hecho este concierto, tienen ta- 
les modos el Duero y el contador con el Diego 
Velazquez, y le dicen tan buenas y melosas pala- 
bras, loando mucho á Cortés, que es persona en 
quien cabe aquel cargo, y para capitán muy es- 
forzado y que le seria muy fiel, pues era su 



CONQUISTA DÉ NUEVA ESPAÑA. 83 

ahijado, porque fué su padrino cuando Cortés 
se veló con doña Catalina Suarez Pacheco; por 
manera que le persuadieron á ello y luego se 
eligió por capitán general; y el Andrés de Due- 
ro, como era secretario del gobernador, no tar- 
dó en haeer las provisiones, como dice en el re- 
frán, de muy buena tinta, y como Cortés las 
quiso bastantes, y se las trujo firmadas. Ya pu- 
blicada su elección, á unas personas les placía y 
á otras les pesaba. Y un domingo, yendo á Misa 
el Diego Velazquez, como era gobernador, íban- 
le acompañando las más nobles personas y veci- 
nos que habia en aquella villa, y llevaba á Her- 
nando Cortés á su lado derecho por le honrar; é 
iba delante del Diego Velazquez un truhán que 
se decia Cervantes el Loco, haciendo gestos y 
chocarrerías: «A la gala de mi amo; Diego, Die- 
go, ¿qué capitán has elegido? Que es de Medellin 
de Extremadura, capitán de gran ventura. Mas 
temo, Diego, no se te alce con la armada; que le 
juzgo por muy gran varón en sus cosas.» Y de- 
cia otras locuras, que todas iban inclinadas á 
malicia. Y porque lo iba diciendo de aquella 
manera le dio de pescozazos el Andrés de Due- 
ro, que iba allí juuto con Cortés, y le dijo: 
«Calla, borracho, loco, no seas más bellaco; que 
bien entendido tenemos que esas malicias, so 
color de gracias no salen de ti;» y todavía el 
loco iba diciendo. «Viva, viva la gala de mi amo 
Diego y del su venturoso capitán Cortés. Ejuro 
á tal, mi amo Diego, que por no te ver llorar tu; 



84 BERNAL DÍAZ. 

nial recaudo que ahora has hecho yo me quiero 
ir con Cortés á aquellas ricas tierras.» Túvose 
por cierto que dieron los Velazquez parientes 
del gobernador ciertos pesos de oro á aquel 
chocarrero porque dijese aquellas malicias, so 
color de gracias. Y todo salió verdad como lo 
dijo. Dicen que los locos muchas veces aciertan 
en lo que hablan; y fué elegido Hernando Cor- 
tés, por la gracia de Dios, para ensalzar nues>« 
tra santa fe y servir á su majestad, como ade- 
lante se dirá. 



CAPITULO .XX. 



DÉ LAS COSAS QUE HIZO Y ENTENBIO EL CAPITÁN HER- 
NANDO CORTÉS DESPUÉS QUE FUÉ ELEJIDO POR CAPI- 
TÁN. COMO DICHO ES. 



Pues como ya fué elejido Hernando Cortés 
por general de la armada que dicho tengo., co- 
menzó á buscar todo género de armas, así esco- 
petas como pólvora y ballestas, é todos cuantos 
pertrechos de guerra pudo haber y buscar, to- 
das cuantas maneras de rescate, y también otras 
cosas pertenecientes para aquel viaje. E demás 
desto, se comenzó de pulir é abellidar en su per- 
sona mucho más que de antes, é se puso un 



COKQUISTA DE NTJEVA-ESPANA, 85 

penacho de plumas con su medalla de oro, que 
le parecía muy bien. Pues para hacer aquestos 
gastos que he dicho no tenia de qué, porque en 
aquella sazón estaba muy adeudado y pobre, 
puesto que tenia buenos indios de encomienda y 
le le daban buena renta de las minas de oro; 
más todo lo gastaba en su persona y en atavíos 
de su mujer, que era recien casado. 

Era apacible en su persona y bien quisto y de 
buena conversación, y habia sido dos veces al- 
calde en la villa de Santiago de Boroco, adonde 
era vecino, porque en aquestas tierras se tiene 
por mucha honra. Y como ciertos mercaderes 
amigos suyos, que se decían Jaime Tria ó Ge- 
rónimo Tria y un Pedro de Jerez, le vieron con 
capitanía y prosperado, le prestaron cuatro mil 
pesos de oro y le dieron otras mercaderías so- 
bre la renta de sus indios, y luego hizo hacer 
unas lazadas de oro, que puso en una ropa de 
terciopelo, y mandó hacer estandartes y bande- 
ras labradas de oro, con las armas Reales y una 
cruz de cada parte, juntamente con las armas 
de nuestro Rey y Señor, con un letrero en latin, 
que decía: «Hermanos, sigamos la señal de la 
Santa Cruz con fe verdadera, que con ella ven- 
ceremos;» y luego mandó dar pregones y tocar 
sus atambores y trompetas en nombre de su ma- 
jestad, y en su Real nombre por Diego Velaz- 
quez, para cualesquier personas que quisiesen 
ir en su compañía á las tierras nuevamente des- 
cubiertas á las conquistar y doblar, les darían 



86 BERiíAL DÍAZ. 

sus partes del oro, plata y joyas que se hubie- 
se, y encomiendas de indios después de pacifica- 
da, y que para ello tenia el Diego Velazqucz de 
su majestad. 

E puesto que se pregonó aquesto de la licen- 
cia del Rey nuestro Señor, aun no habia venido 
con ella de Castilla el Capellán Benito Martí- 
nez, que fué el que Diego Valazquez hubo des- 
pachado á Castilla para que le trújese, como 
dicho tengo en el capítuto que dello habla. Pues 
como se supo esta nueva en toda la isla de Cu- 
ba, y también Cortés escribió á todas las villas 
á sus amigos que se aparejasen para ir con él á 
aquel viaje, unos vendían sus haciendas para 
buscar armas y caballos, otros comenzaban á 
hacer cazabe y salar tocinos para matalotaje, y 
y se colchaban armas y se apercebian de lo que 
habían menester lo mejor que podían. De ma- 
nera que nos juntamos en Santiago de Cuba, 
donde salimos con el armada, más de trescien- 
tos soldados; y de la casa del mismo Diego Ve- 
lazquez vinieron los más principales que tenia 
en su servicio, que era un Diego de Ordás, su 
mayordomo mayor, y á este el mismo Velazquez 
lo envió para que mirase y entendiese no hu- 
biese alguna mala trama en la armada; que 
siempre se temió de Cortés, aunque lo disimula- 
ba; y vino un Francisco de Moría y un Escobar 
y un Heredia, y Juan Ruano y Pedro Escudero, 
y un Martin Ramos de Lares, vizcaíno, y otros 
muchos que eran amigos y paniaguados del Die- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 87 

go Velazquez. E yo me pongo á la postre, ya 
que estos soldados pongo aquí por memoria, y 
no á otros, porque en su tiempo y sazón los 
nombraré á todos los que se me acordare. 

Y como Cortés andaba muy solícito en aviar 
su armada, y en todo se daba mucha priesa, co- 
mo ya la malicia y envidia reinaba siempre en 
aquellos deudos del Diego Velazquez, estaban 
afrentados como no se fiaba el pariente dellos, 
y dio aquel cargo y capitanía á Cortés, sabiendo 
que le habia tenido por su grande enemigo po- 
cos dias habia sobre el casamiento de la mujer 
de Cortés, que se decia Catalina Suarez la Mar- 
caida (como dicho tengo); y á esta causa anda- 
ban mormurando del pariente Diego de Velaz- 
quez y aun de Cortés, y por todas las vías que 
podían la revolvían con el Diego Velazquez para 
que en todas maneras le revocasen el poder; de 
lo cual tenia dello aviso el Cortés, y á esta cau- 
sa no se quitaba de la compañía de estar con el 
gobernador y siempre mostrándose muy gran 
su servidor. El decia que le habia de hacer muy 
ilustre señor é rico en poco tiempo. Y demás 
tiesto, el Andrés de Duero avisaba siempre á 
Cortés que se diese priesa en embarcar, porque 
ya tenian trastrocado al Diego Velazquez con 
importunidad de aquellos sus parientes los Ve- 
lazquez. Y desque aquello vio Cortés, mandó á 
su mujer doña Catalina Suarez la Marcaida que 
todo lo que hubiese de llevar de bastimentos y 
otros regalos que suelen hacer para sus mari- 



88 BERNAL DÍAZ. 

dos, en especial para tal jornada, se llevase lue- 
go á embarcar á los navios 

E ya tenia mandado apregonar é apregona- 
do, é apercebidos á los maestres y pilotos y á 
todos los soldados, que para tal dia y noche no 
quedase ninguno en tierra. Y desque aquello 
tuvo mandado y los vio todos embarcados, se fué 

despedir del Diego Velazquez, acompañado 
de aquellos sus grandes amigos y compañeros, 
Andrés de Duero y el contador Amador de La- 
res, y todos los más nobles vecinos de aquella 
villa; y después de muchos ofrecimientos y 
abrazosde Cortés al gobernador y del goberna- 
dor á Cortés, se despidió del; y otro dia muy de 
mañana, después de haber oido Misa, nos fuimos 
á los navios, y el mismo Diego Velazquez le 
tornó á acompañar, y otros muchos hidalgos, 
hasta acercarnos á la vela, y con próspero tiem- 
po en pocos dias llegamos á la villa de la Tri- 
nidad; y tomado puerto y saltados en tierra, lo 
que allí le avino á Cortés adelante se dirá. Aquí 
en esta relación verán lo que á Cortés le acae- 
ció y las contrariedades que tuvo hasta elegir 
por capitán y todo lo demás ya por mí dicho; y 
sobre ello miren lo que dice Gómora en su his- 
toria, y hallarán ser muy contrario lo uno de lo 
otro, y cómo á Andrés de Duero, siendo secreta- 
rio que mandaba la isla de Cuba, le hace merca- 
der, y al Diego de Ordás, que vino ahora con 
Cortés, dijo que habia venido conGrijalva. De- 
jemos al Gómora y á su mala relación, y diga- 



CONQUISTA DE NUEVA-ÉSPANA. $9 

mos cómo desembarcamos con Cortés en la villa 
de la Trinidad. 

CAPÍTULO XXI, 

DE LO QUE CORTÉS HIZO DESQUE LLEGÓ Á LA VILLA DE 
LA. TRINIDAD, Y DE LOS CABALLEROS Y SOLDADOS QUE 
ALLÍ NOS JUNTAMOS PARA IR EN SU COMPAÑÍA, Y DE 
LO QUE MÁS LE AVINO. 

E así como desembarcamos en el puerto de la 
villa de la Trinidad, y salidos en tierra, y como 
los vecinos lo supieron, luego fueron á recibir á 
Cortés y á todos nosotros los que veníamos en su 
compañía, y á darnos el parabién venido á su 
villa, y llevaron á Cortés á aposentar entre los 
vecinos, porque había en aquella villa poblados 
muy buenos hidalgos; y luego mandó Cortés 
poner su estandarte delante de su posada y dar 
pregones, como se había hecho en la villa de 
Santiago, y mandó buscar todas las ballestas y 
escopetas que había, y comprar otras cosas ne- 
cesarias y aun bastimentos ; y de aquesta villa 
salieron hidalgos para ir con nosotros , y todos 
hermanos, que fué el capitán Pedro Albarado y 
Gonzalo de Albarado y Jorge de Albarado y 
Gonzalo y Gómez é Juan de Albarado el viejo, 
que era bastardo ; el capitán Pedro de Albarado 
es el por muy muchas veces nombrado ; é tam- 
bién salió de aquesta villa Alonso de Avila, 
natural da Avila , capitán que fué cuando ío dp 
12 



90 BERNAL DÍAZ. 

Grijalva , é salió Juan de Escalante é Pedro 
Sánchez Farfan, natural de Sevilla , y Gonzalo 
Mejia , que fué tesorero en lo de Méjico , é un 
Baena y Juanes de Fuenterrabia , y Cristóbal 
de Oií , que fué forzado , que fué maestre de 
campo en la toma de la ciudad de Méjico y en 
todas las guerras de la Nueva-España , é Ortiz 
el músico ,éun Gaspar Sánchez , sobrino del 
tesorero de Cuba, é un Diego de Pineda ó Pine- 
do, y un Alonso Rodríguez , que tenia unas mi- 
nas ricas de oro, y un Bartolomé García y otros 
hidalgos que no me acuerdo sus nombres, y to- 
das personas de mucha valía. 

Y desde la Trinidad escribió Cortés á la villa 
de Santispíritus, que estaba de allí diez y ocho 
leguas, haciendo saber á todos los vecinos cómo 
iba á aquel viaje á servir á su majestad , y con 
palabras sabrosas é ofrecimientos para atraer á 
sí muchas personas de calidad que estaban en 
aquella villa poblados , que se decían Alonso 
Hernández Puertocarrero , primo del conde de 
Medellin, y Gonzalo de Sandoval, alguacil ma- 
yor é gobernador que fué ocho meses, y capitán 
que después fué en la Nueva-España , y á Juan 
Yelazquez de León , pariente del gobernador 
Ve^zquez, y Rodrigo Rangel y Gonzalo López 
de Jimera y su hermano Juan López , y Juan 
Sedeño. Este Juan Sedeño era vecino de aquella 
villa ; y declarólo asi porque habia en nuestra 
armada otros dos Sedeños; y todos estos que he 
nombrado, personas muy generosas, vinieron á 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPANA. 91 

la villa de la Trinidad , donde Cortés estaba ; y 
como lo supo que venían, los salió á recibir con 
todos nosotros los soldados que estábamos en 
su compañía , yse dispararon muchos tiros de 
artilieria y les mostró mucho amor , y ellos le 
tenían grande acato. 

Digamos ahora cómo todas las personas que 
he nombrado, vecinos de la Trinidad, tenían en 
sus estancias , donde hacían el pan cazabe , y 
manadas de puercos cerca de aquella villa , y 
cada uno procuró de poner el más bastimento 
que podia. Pues estando desta manera recojien- 
do soldados y comprando caballos , que en 
aqnella sazón é tiempo no los habia , sino muy 
pocos y caros; y como aquel hidalgo por mí ya 
nombrado , que se decia Alfonso Hernández 
Puerto-carrero, no tenia caballo ni aun de qué 
comprallo, Cortés le compró una yegua rucia y 
dio por ella unas lazadas de oro que traia en la 
ropa de terciopelo que mandó hacer en Santia- 
go de Cuba (como dicho tengo); y en aquel ins- 
tante vino un navio de la Habana á aquel puerto 
de la Trinidad, que traia un Juan Sedeño, veci- 
no de la misma Habana, cargado de pan cazabe 
y tocinos que iba á vender á unas minas de oro 
cerca de Santiago de Cuba; y como saltó en tier- 
ra el Juan Sedeño, fué á besar las manos á Cor- 
tés, y después de muchas pláticas que tuvieron, 
le compró el navio y tocinos y cazabe fiado, y se 
fué el Juan de Sedeño con nosotros. Ya tenía- 
mos once navios, y todo se nos hacia próspera- 



9*2 BERNAL DÍAZ. 

mente, gracias á Dios por ello; y estando de la 
manera que he dicho, envió Diego Velazquez 
cartas y mandamientos para que deténganla ar- 
mada á Cortés; lo cual verán adelante lo que 



CAPITULO XXII. 



COMO EL GOBERNADOR DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ DOS 
CRIADOS SUYOS EN POSTA Á LA VILLA DE LA' TRINI- 
DAD CON PODERES Y MANDAMIENTOS PARA REVOCAR 
A CORTÉS EL PODER DE SER CAPITÁN Y TOMALLE LA 
ARMADA, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADELANTE. 



Quiero volver algo atrás de nuestra plática, 
para decir que como salimos de Santiago de 
Cuba con todos los navios de la manera que he 
dicho, dijeron á Diego Velazquez tales pala- 
bras contra Cortés, que le hicieron volver la 
hoja; porque le acusaban que ya iba alzadojjy 
que salió del puerto como á cencerros tapados, 
y que le habian oído decir que aunque pesase al 
Diego Velazquez habia de ser capitán, y que por 
este efecto habia embarcado todos sus soldados 
en los navios de noche, para si le quitasen la ca- 
pitanía por fuerza hacerse á la vela, y que le 
habian engañado al Velazquez su secretario An* 



CONQUISTA DE NUEV A-ESPANA . 93 

drés de Duero y el contador Amador de Lares, 
y que por tratos que habia entre ellos y entre 
Cortés, qué le habían hecho dar aquella capita- 
nía. E quien más metió la mano en ello para con- 
vocar al Diego Velazquez que le revocase luego 
el poder eran sus parientes Velazquez, y un 
viejo que se decia Juan Millan, que le llamaba 
el Astrólogo; otros decían que tenia ramos de 
locura é que era atronado, y este viejo decia 
muchas veces al Diego Velazquez: «Mira, se- 
ñor, que Cortés se vengará ahora de vos de 
cuando le tuvistes preso, y como es mañoso, os 
ha de echar á perder si no lo remediáis presto.» 
A estas palabras y otras muchas que le de- 
cían dio oidos á ellas, y con mucha brevedad 
envió dos mozos de espuelas, de quien se fiaba, 
con mandamientos y provisiones para el alcalde 
mayor de la Trinidad , que se decia Francisco 
Verdugo, el cual era cuñado del mismo gober- 
nador; en las cuales provisiones mandaba que 
en todo caso le detuviesen el armada á Cortés, 
porque ya no era capitán, y le habían revocado 
poder y dado á Vasco Porral lo. Y también 
traían cartas para Diego de Ordás y para Fran- 
cisco de Moría y para todos los amigos y pa- 
rientes del Diego Velazquez, para que en todo 
casóle quitasen la armada. Y como Cortés lo 
supo, habló secretamente al Ordás y á todos 
aquellos soldados y vecinos de la Trinidad que 
le pareció á Cortés que serian en favorecerlas 
provisiones del gobernador Diego Velazquez, 



94 BERNAL DÍAZ. 

y tales palabras y ofertas les dijo, que los tru- 
jo á su servicio; y aun el mismo Diego de Or- 
dás habló é invocó luego á Francisco Verdugo, 
que era alcalde mayor, que no hablasen en el 
negocio, sino que lo disimulasen; y púsole por 
delante que hasta allí no habia visto ninguna 
novedad en Cortés, antes se mostraba muy ser- 
vidor del gobernador; é ya que en algo se qui- 
siesen poner por el Velazquez para quitarle la 
armada en aquel tiempo, que Cortés tenia mu- 
chos hidalgos por amigos, y enemigos del Diego 
Velazquez porque no les habia dado buenos in- 
dios; y demás de los hidalgos sus amigos, tenia 
grande copia desoldados y estaba muy pujante, 
y que seria meter zizaña en la villa , é que por 
ventura los soldados le darían sacomano é le ro- 
barían é harian otro peor desconcierto; y así, se 
quedó sin hacer bullicio; "y el un mozo de es- 
puelas de los que traian las cartas y recaudos se 
fué con nosotros, el cual se decia Pedro Laso, y 
con el otro mensajero escribió Cortés muy man- 
sa y amorosamente t al Diego Velazquez que se 
maravillaba de su merced de haber tomado 
aquel acuerdo, y que su deseo es servir á Dios 
y áS. M., y á él en su Real nombre; y que le 
suplicaba que no oyese más á aquellos señores 
sus deudos los Velazquez, ni por un viejo loco, 
como era Juan Millan, se mudase. Y también 
escribió á todos sus amigos, en especial al Due- 
ro y al contador, sus compañeros: y después de 
haber escrito, mandó entender á todos los sol- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. , 95 

dados en aderezar armas, y á íos herreros que 
estaban en aquella villa, que siempre hiciesen 
casquillos, yálos ballesteros que desbastasen 
almacén para que tuviesen muchas saetas, y 
también atrujo y convocó á los herreros ojie se 
fuesen con nosotros, y así lo hicieron; y estuvi- 
mos en aquella villa doce dias, donde lo dejaré, 
y diré cómo nos embarcamos para ir á la Haba- 
na. También quiero que vean los que esto leye- 
ren la diferencia que hay de la relación de Fran- 
cisco Gómora cuando dice que envió á mandar 
Diego Velazquez á Ordás que convidase á co- 
mer á Cortés en un navio y lo llevase preso á 
Santiago. Y pone otras cosas en su corónica, 
que por no me alargar lo dejo de decir, y al pa- 
recer de los curiosos letores si lleva mejor ca- 
mino lo que se vio por vista de ojos ó lo que 
dice el Gómora que no lo vio. Volvamos á nues- 
tra materia. 



CAPITULO XXIII. 

CÓMO EL CAPITÁN HERNANDO CORTES SE EMBARCÓ CON 
TODOS LOS DEMÁS CABALLEROS Y SOLDADOS PARA IR 
POR LA BANDA DEL SUR AL PUERTO DE LA HABANA 
Y ENVIÓ OTRO NAVÍO POR LA BANDA DEL NORTE AL 
MISMO PUERTO, Y LO QUE MAS LE ACAECIÓ. 

Después que Cortés vio que en la villa de la 
Trinidad no teníamos en qué entender, aperci- 
bió á todos los caballeros y soldados que allí se 



96 BERKAL DÍAZ. 

habían juntado para ir en su compañía, que em- 
barcasen juntamente con él en los navios que 
estaban en el puerto de la banda del Sur, y los 
que por tierra quisiesen ir, fuesen hasta la Ha- 
bana con Pedro de Álbarado, para que fuese re- 
cojiendo más soldados, que estaban en unas es- 
tancias que era camino de la misma Habana; 
porque el Pedro de Álbarado era muy apacible, 
y tenia gracia en hacer gente de guerra. Yo fui 
en su compañía por tierra , y más de otros cin- 
cuenta soldados. Dejemos esto, y diré que tam- 
bién mandó Cortes á un hidalgo que se decía 
Juan de Escalante, muy su amigo, que se fuese 
en un navio por la banda del norte. Y también 
mandó que todos los caballos fuesen por tierra. 
Pues y a despachado todo lo que dicho tengo, 
Cortés se embarcó en la nao capitana con todos 
los navios para ir la derrota en la Habana. Pa- 
rece ser que los naos que llevaba en conserva 
no vieron á la capitana , donde iba Cortés , por- 
que era de noche , y fneron al puerto; y asimis- 
mo llegamos por tierra con Pedro de Álbarado 
á la villa de la Habana; y el navio en que venia 
Juan de Escalante por la banda del norte tam- 
bién habia llegado , y todos los caballos que 
iban por tierra ; y Cortés no vino , ni sabia dar 
razón del ni dónde quedaba , y pasáronse cinco 
dias , y no habia nuevas ningunas de su navio, 
y teníamos sospechas no se hubiese perdido 
en los Jardines , que es cerca de las islas de 
Pinos, donde hay muchos bajos, que son diez ó 



CONQUISTA DE NUEVA ESPAÑA. 97 

doce leguas de la Habana ; y fué acordaba por 
todos nosotros que fuesen tres navios de los de 
menos porte en busca de Cortés ; y sin aderezar 
los navios y en debates, vaya fulano, vaya Zu- 
tano , ó Pedro ó Sancho , se pasaron otros dos 
dias y Cortés no venia ; y habia entre nosotros 
bandos y medio chirinolas sobre quién seria 
capitán hasta saber de Cortés ; y quien más en 
ello metió la mano fué Diego de Ordás , como 
mayordomo mayor del Velazquez , á quien en- 
viaba para entender solamente en lo de la ar- 
mada, no se le alzase con ella. 

Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que como 
venia en el navio de mayor porte (como antes 
tengo dicho) , en el paraje de la isla de Pinos ó 
cerca de los Jardines hay muchos bajos, parece 
ser tocó y quedó algo en seco el navio , é no 
pudo navegar , y con el batel mandó descargar 
toda la carga que se pudo sacar , porque allí 
cerca habia tierra, donde lo descargaron; y des- 
que vieron que el navio estuvo en floto y podía 
nadar , le metieron en más hondo , y tornaron á 
cargarlo que habian descargado en tierra, y 
dio vela ; y fué su viaje hasta el puerto de la 
Habana ; y cuando llegó , todos los más de los 
caballeros y soldados que le aguardábamos nos 
alegramos con su venida , salvo algunos que 
pretendían ser capitanes; y cesaron las chirino- 
las. Y después que le aposentamos en la casa 
de Pedro Barba , que era tiniente de aquella 
villa por el Diego Velazquez , mandó sacar su$ 
13 



y» BERNAL DÍAZ. 

estandartes y ponellos delante de las casas 
donde posaba ; y mandó dar pregones según y 
de la manera de los pasados, y de allí de la Ha- 
bana vino un hidalgo que se decia Francisco de 
Montejo, y este es el por mí muchas veces nom- 
brado, que , después de ganado Méjico fué ade- 
lantado y gobernador de Yucatán y Honduras; 
y vino Diego de Soto el de Toro , que fué ma- 
yordomo de Cortés en lo de Méjico ; y vino un 
Ángulo, Garci Caro y Sebastian Rodríguez y un 
Pacheco, y un fulano Gutiérrez, y un Rojas (no 
digo Rojas el Rico) M y un mancebo que se de- 
cia Santa Clara , y dos hermanos que se decían 
los Martinez del Fregenal, yun Juan de Najara 
(no lo digo por el sordo , el del juego de la pe- 
lota de Méjico), y todas personas de calidad, sin 
otros soldados que no me acuerdo sus nombres. 
Y cuando Cortés los vio todos aquellos hidalgos 
y soldades juntos se holgó en grande manera, y 
luego envió un navio á la punta de Guanigua- 
nico, á en pueblo que allí estaba de indios, adon- 
de hacían cazabe y tenían muchos puercos, para 
que cargase el navio de tocinos, porque aquella 
estancia era del gobernador Diego Velazquez; y 
envió por capitán del navio al Diego de Ordás, 
como mayordomo mayor de las haciendas del 
Velazquez, y envióle por tenelle apartado de sí; 
porque Cortés supo que no se mostró mucho en 
su favor cuando hubo las contiendas sobre quién 
seria capitán cuando Cortés estaba en la isla de 
Pinos , que tocó su navio , y por no tener con- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 99 

traste en su persona le envió ; y le mandó que 
después que tuviese cargado el navio de basti- 
mentos t sé estuviese aguardando en el mismo 
puerto de Guaniguanico hasta que se juntase 
con otro navio que habia de ir por la banda del 
norte , y que irian ambos en conserva hasta lo 
de Cozumel , ó le avisaria con indios en canoas 
lo que habia de hacer. 

Volvamos á decir del Francisco de Montejo y 
de todos aquellos vecinos de la Habana, que 
metieron mucho matalotaje de cazabe y toci- 
nos, que otra cosa no habia; y luego Cortés 
mandó sacar toda la artillería de los navios, que 
eran diez tiros de bronce y ciertos falconetes, 
y dio cargo dellos á un artillero que se decía 
Mesa y á un levantisco que se decia Arbenga y 
á un Juan Catalán, para que los limpiasen y 
probasen y para que las pelotas y pólvora todo 
lo tuviesen muy apunto; é dióles vino y vinagre 
con que lo refinasen; y dióles por compañero á 
uno que se decia Bartolomé de Usagre. Asimis- 
mo mandó aderezar las ballestas y cuerdas, y 
nueces y almacén,, é que tirasen á terrero, é que 
mirasen á cuántos pasos llegaba la fuga de ca- 
da una dellas. Y como en aquella tierra de la 
Habana habia mucho algodón, hicimos armas 
muy bien colchadas, porque son buenas para 
entre indios, porque es mucha la vara y flecha 
y lanzadas que daban, pues piedra era como 
granizo; y allí en la Habana comenzó Cortés á 
poner casa y á tratarse como señor, y el primer 



100 BERNAL DÍAZ. 

maestresala que tuvo fué un Guzman, que lue- 
go se murió ó mataron indios; no digo por el 
mayordomo Cristóbal de Guzman, que fué de 
Cortés, que prendió Gutemuz cuando la guerra 
de Méjico. Y también tuvo Cortés por camarero 
á un Rodrigo Ranguel, y por mayordomo á un 
Juan de Cáceres, que fué, después de ganado 
Méjico, hombre rico. 

Y todo esto ordenado, nos mandó apercebir 
para embarcar, y que los caballos fuesen repar- 
tidos en todos los navios: hicieron pesebrera, y 
metieron mucho maiz y yerba seca. Quiero aquí 
poner por memoria todos los caballos y yeguas 
que pasaron. 

El capitán Cortés, un caballo castaño zaino, 
que luego se le murió en San Juan de Ulúa. 

Pedro de Albarado y Hernando López de 
Avila, una yegua castaña muy buena, de juego 
y de carrera, y de que llegamos á la Nueva- 
España el Pedro de Albarado le compró la mi- 
tad de la yegua, ó se la tomó por fuerza. 

Alonso Hernández Puertocarrero, una yegua 
rucia de buena carrera, que le compró Cortés 
por las lazadas de oro. 

Juan Velazquez de León, otra yegua rucia 
muy poderosa, que llamábamos la Rabona, 
muy revuelta y de buena carrera. 

Cristóbal de Olí, un caballo castaño oscuro, 
harto bueno. 
Francisco de Montejo y Alonso de Avila, un 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 101 

caballo alazán tostado : no fué para cosa de 
guerra. 

Francisco de Moría, un caballo castaño oscuro, 
gran corredor y revuelto. 

Juan de Escalante, un caballo castaño claro, 
tresalvo, no fué bueno. 

Diego de Ordás, una yegua rucia, machorra, 
pasadera aunque corría poco. 

Gonzalo Domínguez, un muy extremado guíe- 
te, un caballo castaño oscuro muy bueno y gran- 
de corredor. 

Pedro González de Trujillo, un buen caballo 
castaño, perfecto castaño, que corría muy bien. 

Morón, vecino del Vaimo, un caballo overo 
labrado de las manos, y era bien revuelto. 

Vaena, vecino de la Trinidad, un caballo overo 
algo sobre morcillo: no salió bueno. 

Lares, él muy buen ginete, un caballo muy 
bueno, de color castaño, algo claro y buen cor- 
redor. 

Ortiz el músico, y un Bartolomé García, que 
solia tener minas de oro, un muy buen caballo 
oscuro que decían el Arriero: este fué uno de 
los buenos caballos que pasamos en la armada. 

Juan Sedeño, vecino de la Habana, una ye- 
gua castaña, y esta yegua parió en el navio. 
Este Juon Sedeño pasó el más rico soldado que 
hubo en toda la armada, porque trujo un navio 
suyo, y la yegua y un negro, é cazabe é tocinos; 
porque en aquella sazón no se podía hallar ca- 
ballos ni negros sino era á peso de oro, y á esta 



102 BERNAL DÍAZ. 

causa no pasaron más caballos, porque no los 
había. Y dejallos hé aquí, y diré lo que allá nos 
avino, ya que estamos á punto para nos em- 
barcar. 

CAPITULO XXIV. 

COMO DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ Á US SU CRIADO QUE 
SE DECÍA GASPAR DE GARNICA, CON MANDAMIENTOS 
Y PROVISIONES PARA QUE EN TODO CASO . SE PREN- 
DIESE Á CORTÉS Y SE LE TOMASE EL ARMADA, Y LO 
QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 

Hay necesidad que algunas cosas desta rela- 
ción vuelvan muy atrás á se relatar, para que se 
entienda bien loque se escribe; y esto digo que 
parece ser que, como el Diego Velazquez vio y 
supo de cierto que Francisco Verdugo, su te- 
niente ó cuñado, que estaba en la villa de la 
Trinidad, no quiso apremiar á Cortés que dejase 
el armada, antes le favoreció, juntamente con 
Diego de Ordás, para que saliese, dice que es- 
taba tan enojado el Diego Velazquez, que hacia 
bramuras, y decía al secretario Andrés de Due- 
ro y al contador Amador de Lares que ellos le 
habían engañado por el trato que hicieron, y 
que Cortés iba alzado, y acordó de enviar á un 
criado con cartas y mandamientos para la Haba- 
na á su teniente, que se decia Pedro Barba, y 
escribió á todos sus parientes que estaban por 
vecinos en aquella villa, y al Diego de Ordás y 
á Juan Velazquez de León, que eran sus deudos 



CONQUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. 103 

é amigos, rogándoles muy afectuosamente que 
en bueno ni en malo no dejasen pasar aquella 
armada, y que luego prendiesen á Cortés, y se 
lo enviasen preso é á buen recaudo á Santiago 
de Cuba. Llegado que llegó Garnica (que así se 
decia el que envió con las cartas y mandamien- 
tos á la Habana), se supo lo que traia, y con 
este mismo mensajero tuvo aviso Cortés de lo 
que enviaba el Velazquez , y fué de esta mane- 
ra, que parece ser que un fraile de la Merced 
que se daba por servidor de Velazquez , que es- 
taba en su compañía del mismo gobernador, es- 
cribía ¿ otro fraile de su orden, que se decia 
fray Bartolomé de Olmedo, que iba con Cortés, 
y en aquella carta del fraile le avisaban á Cor- 
tés sus dos compañeros Andre's del Duero y el 
Contador de loque pasaba: volvamos á nuestro 
cuento. 

Pues como al Ordás lo habia enviado Cortés 
á lo de los bastimentos con el navio (como dicho 
tengo), no tenia Cortés contraditor sino á Juan 
Velazquez de León; luego que le habló lo trujo 
á su mandado, y especialmente que el Juan 
Velazquez no estaba bien con el pariente, por- 
que no le habia dado buenos indios. Pues á to- 
dos los más que habia escrito el Diego Velaz- 
quez, ninguno le acudía á su propósito; antes 
todos á una se mostraron por Cortés, y el te- 
niente Pedro Barba muy mejor; y demás des- 
to, aquellos hidalgos Albarados , y el Alonso 
Hernández Puertocarrero, y Francisco de Mon- 



104 BSRNAL DÍAZ. 

tejo, y Cristóbal de Olí, y Juan de Escalante, é 
Andrés de Monjaraz, y su hermano Gregorio de 
Monjaraz, y lodos nosotros pusiéramos la vida 
por el Cortés. Por manera que si en la villa de 
la Trinidad se disimularon los mandamientos, 
muy mejof se callaron en la Habana entonce? 1 ; 
y con el mismo Garnica escribió el teniente 
Pedro.. Barba al Diego Velazquez , que no osó 
prender á Cortés porque estaba muy pujante de 
soldados, é que hubo temor no metiese á saco- 
mano la villa y la robase, y embarcase todos 
los vecinos y se los llevase consigo. E que, á ío 
que ha entendido, que Cortés era su servidor, é 
que no se atrevió á hacer otra cosa. Y Cortés le 
escribió al Velazquez con palabras tan buenas 
y de ofrecimientos, que los sabia muy bien de- 
cir , é que otro dia se haria á la vela, y que le 
seria muy servidor. 



CAPITULO XXV. 



COMO CORTES SE HIZO A LA VELA CON TODA Sü COM- 
PAÑÍA DE CABALLEROS Y SOLDADOS PARA LA ISLA 
DE COZUMEL, Y LO QUE ALLÍ LE AVINO. 

No hicimos alarde hasta la villa de Cozumel, 
más de mandar Cortés que los caballos se em- 
barcasen; y mandó cortés á Pedro de Albarado 
que fuese por la banda del Norte en un buen 
navio que se decia San Sebastian, y mandó al 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 105 

piloto que llevaba el navio que le aguardase en 
la punta de San Antón, para que allí se juntase 
con todos los- navios para ir en conserva, .hasta 
Cozumel, y envió mensajero á Diego de Qrdás, 
que habia ido por el bastimento, que aguardase 
que hiciese lo mismo, porque estaba en la ban- 
da del Norte; y en 10 días del mes de Febrero, 
año de 1519, después de haber oido Misa . 3 nos 
hicimos á la vela con nueve navios por la banda 
del Sur con la copia de los caballeros y solda- 
dos que dicho tengo, y con los dos navios de la 
banda del Norte (como he dicho), que fueron 
once con el en que fué Pedro de Albarado con 
sesenta soldados, é yo fui en su compañía, y el 
piloto que llevábamos, que se decía Camacho, 
no tuvo cuenta de lo que le fué mandado por 
Cortés y siguió su derrota, y llegamos dos dias 
antes que Cortés á Cozumel, y surgimos en el 
puerto, ya por mí otras veces dicho cuando lo 
de Grijalva; y Cortés aún no habia llegado con 
su flota, por causa que un navio en que ¡venia 
por capitán Francisco de Moría, con tiempo se le 
saltó el gobernalle, y fué socorrido con otro go- 
bernalle de los navios que venían con Cortés, y 
vinieron todos en conserva. 

Volvamos á Pedro de Albarado, que asi co- 
mo llegamos al puerto saltamos en tierra.en el 
pueblo de Cozumel con todos los soldados, y no 
hallamos indios ningunos, que se habían ido 
huyendo; y mandó que luego fuésemos á otro 
pueblo que estaba de allí una legua, y también 
14 



106 BERNAL DÍAZ. 

se amontaron é huyeron los naturales, y no 
pudieron llevar su hacienda, y dejaron gallinas 
é otras cosas; y de las gallinas mandó Pedro de 
Albarado que tomasen hasta cuarenta dellas, y 
también en una casa de adoratorios de ídolos te- 
man unos paramentos de mantas viejas é unas 
arquillas donde estaban unas como diademas é 
ídolos, cuentas é pinjantillos de oro bajo, é tam- 
bién se les tomó dos indios é una india, y 
volvimos al pueblo donde desembarcamos. Es- 
tando en esto llegó Cortés con todos los na- 
vios, y después de aposentado, la primera cosa 
que se hizo fué mandar echar preso en grillos 
al piloto Camacho porque no aguardó en la mar, 
como lo fué mandado. Y desque vio al pueblo 
sin gente, y supo cómo Pedro de Albarado ha- 
bía ido al otro pueblo, é que les habia tomado 
gallinas é paramentos y otras cosillas de poco 
valor, de los ídolos y el oro medio cobre, mos- 
tró tener mucho enojo dello y de cómo no 
aguardó el piloto; y reprendióle gravemente al 
Pedro de Albarado , y le dijo que no se habían 
de apaciguar las tierras de aquella manera, to-1 
mando á los naturales su hacienda ; y luego 
mandó traer á los dos indios y la india que ha- 
bíamos tomado, y con Melchorejo,que llevába- 
mos de la Punta de Cotoche, que entendía bien 
aquella lengua, les habló , porque Julianillo su 
compañero se habia muerto, que fuesen á llamar 
los cacique* é indios de aquel pueblo, y que no 
hubiesen miedo, y les mandó volver el oro é 



'"-¿^•- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 107 

paramentos y todo lo demás, é por las gallinas, 
que ya se habían comido, les mandó dar cuen- 
tas é cascabeles, é más dio á cada indio una ca- 
misa de Castilla. Por manerafque fueron á lla- 
mar el señor de aquel pueblo, é otro día vino el 
cacique coa toda su gente , hijos y mujeres de 
todos los del pueblo, y andaban entre nosotros 
como si toda su vida nos hubieran tratado ; é 
mandó Cortés que no se les hiciese enojo nin- 
guno. 

Aquí en esta isla comenzó Cortés á mandar 
muy de hecho, y nuestro Señor le daba gracia 
que do quiera que ponia la mano se le hacia 
bien especial en pacificar los pueblos y natura- 
les de aquellas partes, como adelante verán. 



CAPITULO XXVI. 

CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER ALARDE DE TODO SU EJER- 
CITO, Y DE LO QUE MAS NOS AVINO. 



De allí á tres dias <yie estábamos en Cozume\ 
mandó Cortés hacer alarde para ver qué tantos 
soldados llevaba, é halló por su cuenta que 
éramos quinientos y ocho, sin maestres y pilo- 
tos é marineros , que serian ciento y nueve , y 
diez y seis caballos é yeguas, las yeguas todas 



108 BERNAL DÍAZ. 

eran de juego y de carrera, é once navios gran- 
des y pequeños, con uno que era como bergan- 
tín, que traia á cargo un Ginés Nortes, y eran 
treinta y dos ballesteros y trece escopeteros, 
que así se llamaban en aquel tiempo, é tiros de 
bronce é cuatro falconetes, é mucha pólvora é 
pelotas, y esto desta cuenta de los ballesteros 
no se me acuerda bien, no hace al caso de la re- 
lación; y hecho el alarde, mandó á Mesa el ar- 
tillero, que así se llamaba, é á un Bartolomé de 
Usagre, é Arbenga é á un catalán , que todos 
eran artilleros, que lo tuviesen muy limpio é 
aderezado, é los tiros y pelotas muy á punto, 
juntamente ccn la pól/ora. Puso por capitán de 
la artillería á un Francisco de Orozco, que ha- 
bía sido buen soldado en Italia; asimismo mandó 
á los ballesteros, maestros de aderezar balles- 
tas, que se decían Juan Benitez y Pedro de 
Guzman el Ballestero, que mirasen que todas 
las ballestas tuviesen á dos y á tres nueces é 
otras tantas cuerdas, y que siempre tuviesen 
cepillo é ingijuela, y tirasen á terrero, y que 
caballos estuviesen á punto. No sé yo en qué 
gaseo ahora tanta tinta en meter la mano en co- 
sas de apercibimiento de armas y de lo domas 
porque Cortés verdaderamente tenia grande vi- 
gilancia en todo. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 109 

CAPÍTULO XXVII. 



COMO CORTES SUPO DE DOS ESPAÑOLES QUE ESTABAN 
EN PODER DE INDIOS EN LA PUNTA DE COTOCHE, Y 
LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 



Como Cortés en todo ponía gran diligencia, 
me mandó llamar á mí é á un vizcaíno que se 
llamaba Martin Ramos , é nos preguntó que qné 
sentíamos de aquellas palabras que nos hubieron 
dicho los indios de Campeche cuando venimos 
con Francisco Hernández de Córdoba , que de- 
cían Castilan , Caétilan , según lo he dicho en el 
capítulo que dello habla; y nosotros se lo torna-'] 
mos á contar según y de la manera que lo ha- 
bíamos visto é oido, é dijo que ha pensado en 
ello muchas veces, é que por ventura estarían 
algunos españoles en aquellas tierras, édijo: 
«Paréceme que será bien preguntar á estos 
caciques de Cozumel si sabían alguna nueva 
dellos;» écon Melchorejo.el de la Punta de Co- 
toche, que entendía ya poca cosa la lengua de 
Castilla, é sabia muy bien la de Cozumel, se lo 
preguntó á todos los principales , é todos á una 
dijeron quehabian conocido ciertos españoles, é 
daban señas dellos, y que en la tierra adentro, 
andadura de dos soles, estaban, y los tenían por 
esclavos unos caciques , y que allí en Cozumel 



110 BÉftNAL DÍAZ. 

habia indios mercaderes que les hablaron pocos 
dias habia; de lo cual todos nos alegramos con 
aquellas nuevas. E díjoles Cortés que luego les 
fuesen á llamar con carta, que en su lengua lla- 
man amales, é dio á los caciques y á los indios 
que fueron con las cartas, camisas J y los hala- 
gó, y les dijo que cuando volviesen les darian 
más cuentas; y el cacique dijo á Cortés que 
enviase rescate para los araos con quien esta- 
ban, que los tenían por esclavos, porque los 
dejasen venir; y así se hizo , que se les dio 
á los mensajeros de todo- género de cuentas, 
y luego mandó apercebir dos navios, los de me- 
nos porte, que el uno era poco mayor que ber- 
gantín, y con veinte ballesteros y escopeteros, 
y por capitán dellos á Diego de Ordás; y mandó 
que estuviesen en la costa de la Punta de Coto- 
che, aguardando ocho dias con el navio mayor: 
y entre tanto que iban y venían con la respues- 
ta de las cartas, con el navio pequeño volviesen 
á dar la respuesta á Cortés de lo que hacían, 
porque estaba aquella tierra de la Punta de Co- 
toche obra de cuatro leguas, y se parece la una I 
tierra desde la otra ; y escrita la carta, decia.- 
en ella: 

«Señores y hermanos: Aquí en Cozumcl he 
»sabido que estáis en poder de un cacique dete- 
nidos, y os pido por merced que luego os ve^- 
»gaisaqui en Cozumel, que para ello envió un 
»navío con soldados, si los hubiéredes menester, 
»y rescate para dar á esos indios con quien es- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. llí 

wtais y lleva el navio de plazo ocho días para su 
waguardar. Venios con toda brevedad; de mí se- 
»reis bien mirados y aprovechados. Yo quedo 
»aquí en esta isla con quinientos soldados y on- 
»ce navios; en ellos voy mediante Dios, la via 
»de un pueblo que se dice Tabasco ó Poton- 
»chan, etc.» 

Luego se embarcaron en los navios con las 
cartas y los dos indios mercaderes de Cozumel 
que las llevaban, y en tres horas atravesaron el 
golfete, y echaron en tierra los mensajeros con 
las cartas y el rescate, y en dos dias las dieron 
á un español que se decia Jerónimo de Aguilar, 
que entonces supimos que así se llamaba, y de 
aquí adelante así le nombraré. Y desque las 
hubo leido, y recebido el rescate de las cuentas 
que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó 
á su amo el Cacique para que le diese licencia; 
la cual luego la dio para que se fuese adonde 
quisiese. Caminó el Aquilar adonde estaba su 
compañero, que se decia Gonzalo Guerrero, que 
le respondió: «Hermano Aqujlar, yo soy casado, 
tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capi- 
tán cuando hay guerras: ios vos con Dios; que 
yo tengo labrada la cara é horadadas las orejas; 
¿qué dirán de mí desque me vean esos españoles 
ir desta manera? E ya veis estos mis tres hijitos 
cuan bonitos son. Por vida vuestra que me deis 
desas cuentas verdes que traéis, para ellos, y 
diré que mis hermanos me las envian de mi tier- 
ra;» é asimismo la india mujer del Gonzalo ha- 



/ 



112 BERNALDIAZ. 

bló al Aguilar en su lengua muy enojada, y le 
dijo: «Mira con qué viene este esclavo _á llamar 
á mi marido: ios vos, y no curéis de más pláti- 
cas;» y el Aguilar tornó á hablar al Gonzalo 
que mirase que era cristiano, que por una india 
no se perdiese el ánima; y si por mujer é hijos 
lo habia, que la llevase consigo si no los queria 
dejar; y por más que le dijo é amonestó, no qui- 
so venir. Y parece ser aquel Gonzalo Guerrero 
era hombre de la mar, natural de Palos. Y des- 
que el Jerónimo de Aguilar vido que no queria 
venir, se vino luego con los dos indios mensaje- 
ros adonde habia estado el navio aguardándole, 
y desque liego no le halló; que ya se habia ido, 
porque ya se habían pasado los ocho dias, é aun 
uno más que llevó de plazo de Ordás para que 
aguardase; porque desque vio el Aguilar no ve- 
nia, se volvió á Cozumel, sin llevar recaudo á lo 
que habia venido; y desque el Aguilar vio que 
no estaba allí el navio, quedó muy triste, y se 
volvié á su amo al pueblo donde antes solia 
vivir» 

Y dejaré esto, é diré cuando Cortés vio venir 
al Ordás sin recaudo ni nueva délos españoles ni 
délos indios mensajeros, estaba tan enojado, que 
dijo con palabras soberbias el Ordás que habia 
creido que otro mejor recaudo trajera que no 
venirse así sin los españoles ni nueva dellos; 
porque ciertamente estaban en aquella tierra, i 
Pues en aquel instante aconteció que unos ma-: 
rineros que se decian ios Penates, naturales d< 



CONQUISTA BE ffÜfiVA-ESPANA. 113 

Gibraleon, habían hurtado á un soldado que se 
decía Berrio ciertos tocinos, y no se los querían 
dar, y quejóse el Berrio á Cortés ; y tomado ju- 
ramento á los marineros, se perjuraron, y en la 
pesquisa pareció el hurto; los cuales tocinos es- 
taban repartidos en los siete marineros, é á to- 
dos siete los mandó luego azotar ; que no apro- 
vecharon ruegos de ningún capitán. Donde lo 
dejaré, así esto de los marineros como esto del 
Ágílil&r, é nos iremos sin él nuestro viaje hasta 
su tiempo y sazón. Y diré cómo venían muchos 
indios en romería á aquella isla de Cozumel, los 
cuales eran naturales de los pueblos comarca- 
nos de la Punta de Cotoche y de otras partes de 
tierra de Yucatán ; porque, según pareció, ha- 
bía allí en Cozumel ídolos de muy disformes 
figuras, y estaban en un adoratorio. En aque- 
llos ídolos tenían por costumbre en aquella 
tierra por aquel tiempo de sacrificar, y una ma- 
ñana estaba lleno el patio donde estaban los ído- 
los, de muchos indios é indias quemando resina, 
que es como nuestro incienso ; y como era cósá 
nueva para nosotros, paramos á mirar en ello 
con atención, y luego se subió encima de un 
adoratorio un indio viejo con mantas largas» el 
cual era Sacerdote de aquellos ídolos (que 
ya he dicho otras veces que Papas los llaman 
en la Nueva-España) é comenzó á predica- 
Ues un rato, é Cortés y todos nosotros-mi» 
ramos en qué paraba aquel negro sermón ; ó 
Cortés preguntó á Melchorejo , que entendía 
15 



114 BERNAL DÍAZ. 

muy bien aquella lengua, que qué era aquello 
que decia aquel indio viejo; é supo que les pre- 
dicaba cosas malas; é luego mandó llamar al 
cacique é á todos los principales é al mesmo 
papa, écomo mejor se pudo dárselo á entender 
con aquella nuestra lengua, y les dijo que si 
habían de ser nuestros hermanos, que quitasen 
de aquella casa aquellos sus ídolos, que eran 
muy malos é les harían errar, y que no eran dio- 
ses, sino cosas malas, y que les llevarian al in- 
fierno sus almas; y se les dio á entender otras 
cosas santas é buenas , é que pusiesen una ima- 
gen de Nuestra Señora que les dio, é una cruz, 
y que siempre serian ayudados é tendrían bue- 
nas sementeras* é se salvarían sus ánimas, y se 
les dijo otras cosas acerca de nuestra santa fe, 
bien dichas. Y el papa con los caciques respon- 
dieron que sus antepasados adoraban en aque- 
llos dioses porque eran buenos, é que no se atre- 
vían ellos de hacer otra cosa, é que se los qui- 
tásemos nosotros, y que veríamos cuánto mal 
nos iba dello, porque nos iríamos á perder en 
la mar; é luego Cortés mandó que los despeda- 
zásemos y echásemos á rodar unas gradas abajo, 
é así se hizo; y luego mandó traer mucha cal, 
que habia harta en aquel pueblo, é indios alba- 
ñiles, y se hizo un altar muy limpio, donde pu- 
siésemos la imagen de Nuestra Señora; é mandó 
á dos de nuestros carpinteros de lo blanco, que 
se deGÍan Alonso Yañez é Alvaro López, que hi- 
ciesen una cruz de unos maderos nuevos que allí 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 115 

estaban; la cual se puso en uno como humillade- 
ro que estaba hecho cerca del altar, é dijo Misa 
el Padre que se decía Juan Diaz, y el papa é 
cacique y todos los indios estaban mirando con 
atención. Llaman en esta india de Cozumel á los 
caciques calachionis, como otra vez he dicho en 
lo de Potonchan. Y dejallos hé aquí, y pasaré 
adelante, é diré cómo nos embarcamos. 



CAPITULO XXVIIL 



COMO CORTES REPARTIÓ LOS NAVIOS Y SEÑALO CAPITA- 
NES PARA IR EN ELLOS , Y ASIMISMO SE DlÓ LA INS- 
TRUCCIÓN DE LO QUE HABÍAN DE HACER A LOS PILO- 
TOS, Y LAS SEÑALES DE LOS FAROLES DE NOCHE , Y 
OTRAS COSAS QUE NOS AVINO. 



Cortés, que llevaba la capitana; Pedro de Al- 
barado y sus hermanos , un buen navio que se 
decia San Sebastian; Alonso Hernández Puerto- 
carrero, otro; Francisco de Montejo , otro buen 
navio; Cristóbal de Olí , otro ; Diego de Ordás, 
otro; Juan Velazquez de León , otro ; Juan de 
Escalante, otro; Francisco de Moría, otro; otro 
de Escobar, el paje , y el más pequeño , como 
bergantín, Ginés Nortes , y en cada navio su 
piloto, y el piloto mayor Antón de Alaminos, 



116 BE R NAL DÍAZ, 

y las instrucciones por donde se habian de regir 
é lo que habian de hacer, y de noche las señales 
de los faroles; y Cortés se despidió de los caci- 
ques é papas , y les encomendó aquella imagen., 
de nuestra Señora, é á la cruz que la reveren- 
ciasen é tuviesen limpio y enramado , y verían 
cuánto provecho dello les venia; é dijéronle que 
así lo harian, é trajéronle cuatro gallinas y dos 
jarros de miel , y se abrazaron ; y embarcados 
que fuimos en ciertos dias del mes de Marzo 
de 1519 años, dimos velas é con muy buen tiern» 
po íbamos nuestra derrota; é aquel mismo dia á 
hora de las diez dan desde una nao grandes vo- 
ces, é capean é tiran un tiro para que todos los 
navios que veníamos en conserva lo oyesen ; y 
como Cortés lo oyó é vio, se puso luego en el 
bordo de la capitana, é vido ir arribando el na- 
vio en que venia Juan de Escalante, que se vol- 
via hacia Cozumel ; é dijo Cortés á otras naos 
que venian alli cerca: «¿Qué es aquello , qué es 
aquello?» Y un soldado que se decia Zaragoza 
le respondió que se anegaba el navio de Esca- 
lanse , que era adonde iba el cazabe. Y Cortés 
dijo: «Plegué á Dios no tengamos algún des- 
mán.» Y mandó al piloto Alaminos que hiciese 
señas á todos los navios que arribasen á Cozu- 
mel. Ese mismo dia volvimos al puerto donde 
salimos, y descargamos el cazabe, y hallamos la 
imagen de nuestra Señora y la cruz muy limpio 
é puesto incienso, y dello nos alegramos; é lue- 
go vino el Cacique y papas á hablar á Cortés, y 



? 



CONQWISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 117 

le preguntaron que á qué volvíamos ; é dijo que 
porque hacia agua un navio, que lo quería ado- 
bar, y que les rogaba que con todas sus canoas 
ayudasen á los bateles á sacar el pan cazabe, y 
así lo hicieron ; y estuvimos en adobar el navio 
cuatro dias. Y dejemos de más hablar en ello, é 
diré cómo lo supo el español que estaba en po- 
der de indios , que se decía Aguilar , y lo que 
más hicimos. 



CAPITULO XXIX, 



COMO EL ESPAÑOL QUE ESTABA EN PODER DE INDIOS, 
QUE SE LLAMABA JERÓNIMO DE AGUILAR, SUPO CÓMO 
HABÍAMOS ARRIBADO Á COZUMEL, Y SE VINO Á NOS- 
OTROS, Y LO QUE MÁS PASÓ. 



Cuando tuvo noticia cierta el español que es- 
taba en poder de los indios que habíamos vuelto 
á Cozumel con los navios, se alegró en grande 
manera y dio gracias á Dios, y mucha priesa en 
se venir él y los indios que llevaron las cartas y 
rescate á se embarcar en una canoa ; y como la 
pagó bien en cuentas verdes del rescate que le 
enviamos , luego la halló alquilada con seis in- 
dios remeros con ella; y dan tal priesa en re- 
mar, que en espacio de poco tiempo pasaron el 



118 BERNAL DÍAZ. 

golfete que hay de una tierra á la otra, que se- 
rian cuatro leguas t sin tener contraste de la 
mar; y llegados á la costa de Cozuniel , ya que 
estaban desembarcando , dijeron á Cortés unos 
soldados que iban á montería (porque habia en 
aquella isla puercos de la tierra) que habia ye- 
nido una canoa grande alli junto del pueblo , y 
que venia de la Punta de Cotoche ; é mandó 
Cortés á Andrés de Tapia y á otros dos solda- 
dos que fuesen á ver qué cosa nueva era venir 
alli junto á nosotros indios sin temor ninguno 
con canoas grandes , é luego fueron ; y desque 
los indios que venían en la canoa , que traia al- 
quilados el Aguilar, vieron los españoles, tuvie- 
ron temor y se querían tornar á embarcar é ha- 
cer á lo largo con la canoa ; é Aguilar les dijo 
en su lengua que no tuviesen miedo , que eran 
sus hermanos ; y el Andrés de Tapia , como los 
vio que eran indios (porque el Aguilar ni más 
ni menos era que indio) , luego envió á decir á 
Cortés con un español que siete indios de Cozu- 
mel eran los que alli llegaron en la canoa ; y 
después que hubieron saltado en tierra, el espa- 
ñol, mal mascado y peor pronunciado , dijo: 
«Dios y Santa Maria y Sevilla;» é luego le fué á 
abrazar el Tapia; é otro soldado de los que ha- 
bían ido con el Tapia á ver qué cosa era , fué á 
mucha prisa á demandar albricias á Cortés, 
como era español el que venia en la canoa , de 
que todos nos alegramos; y luego se vino el Ta- 
pia con el español donde estaba Cortés; é antes 



CONQUISTA DE NUEVA ESPAÑA. Ü9 

que llegasen donde Cortés estaba, ciertos espa- 
ñoles preguntaban al Tapia qué es del español 
aunque iba alli junto con él , porque le tenían 
por indio propio , porque de suyo era moreno é 
tresquilado á manera de indio esclavo , é traia 
un remo al hombro é una cotara vieja calzada y 
la otra en la cinta , é una manta vieja muy ruin 
e un braguero peor , con que cubría sus ver- 
güenzas , é traia atado en la manta un bulto 
que eran horas muy viejas. Pues desque Cortés* 
lo vio de aquella juanera, también picó como los 
demás soldados y preguntó ai Tapia que qué era 
del español. Y el español como lo entendió se 
puso en cuclillas, como hacen los indios, é dijo- 
«Yo soy.» Y luego le mandó dar de vestir cami- 
sa é jubón, é zaragüelles, é caperuza , é alpar- 
gates, que otros vestidos no habia, y le pregun- 
tó de su vida é cómo se llamaba y cuándo vino 
á aquella tierra. Y él dijo, aunque no bien pro- 
nunciado , que se decia Gerónimo de Aguilar y 
que era natural de Écija , y que tenia órdenes 
de Evangelio; que habia ocho años que se habia 
perdido él y otros quince hombres y dos muje- 
res que iban desde el Darien á la isla de Santo 
Domingo , cuando hubo unas diferencias y 
pleitos de un Enciso y Valdivia , é dijo que lle- 
vaban diez mil pesos, de oro y los procesos de 
unos contra los otros, y que el navio en que 
iban dio en los alacranes, que no pudo navegar 
y que en el batel del mismo navio se metie- 
ron el y sus compañeros é dos mujeres , ere- 



120 BERNAL DÍAZ, 

yendo tomar la isla de Cuba Ó á Jamaica, 
y que las corrientes eran muy grandes , que 
les echaron en aquella tierra , y que ios cala- 
chionis de aquella comarca los repartieron en- 
tre sí, y que habían sacrificado á los ídolos mu- 
chos de sus compañeros , y dellos se habian 
muerto de dolencia; é las mujeres , que poco 
tiempo pasado habia que de trabajo también se 
murieron, porque las hacían moler, y que á él 
que le tenían para sacrificar, é-una noche se hu- 
yó y se fué á aquel cacique, con quien estaba 
(ya no se me acuerda el nombre que allí le nom- 
bró), y que no habian quedado de todos sino él 
éun GoDzalo Guerrero , é dijo que le fué á lla- 
mar ó no quiso venir. Y desque Cortés le oyó 
dio muchas gracias á Dios por todo, y le dijo 
que, mediante Dios, que del seria bien mirado y 
gratificado. Y le preguntó por la tierra é pue- 
blos, y el Aguilar dijo que, como le ténian por 
esclavo, que no sabia sino traer leña é agua y 
cavar en los maíces; que no habia salido sino 
hasta cuatro leguas que le llevaron con una car- 
ga, y que no la pudo llevar é cayó malo dello, 
y que ha entendido que hay muchos pueblos. Y 
luego le preguntó por el Gonzalo Guerrero, é 
dijo que estaba casado y tenia tres hijos, y que 
tenia labrada la cara é horadadas las orejas y el 
bezo de abajo, y que era hombre de la mar, na- 
tural de Palos, y que los indios le tienen por 
esforzado; y que habia poco más de un año que 
cuando vinieron á la Punta de Cotoche una ca- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 121 

pitanía con tres navios (parece ser que fueron 
cuando venimos los de Francisco Hernández de 
Córdoba), que él fué inventor que nos diesen la 
guerra que nos dieron, y que vino él allí por ca- 
pitán, juntamente con un cacique de un gran 
pueblo, según ya he dicho en lo de Francisco 
Hernández de Córdoba. E cuando Cortés lo oyó 
dijo: oEn verdad que le querría haber á las ma- 
nos, porque jamás será bueno dejársele.» E diré 
cómo los caciques de Cozumél cuando vieron al 
Aguilar que hablaba su lengua, le daban muy 
bien de comer, y el Aguilar los aconsejaba que 
siempre tuviesen devoción y reverencia á la 
santa imagen de nuestra Señora y á la cruz, que 
conocieran que por ello les vendria mucho bien? 
é los caciques, por consejo de Aguilar, deman- 
daron una carta de favor á Cortés, para que si 
viniesen ji aquel puerto otros españoles, que 
fuesen bien tratados é no les hiciesen agravios; 
la cual carta luego se la dio; y después de des- 
pedidos con muchos halagos é ofrecimientos, nos 
hicimos á lávela para el rio de Grijalva, y des- 
ta manera que he dicho se hubo Aguilar, y no 
de otra, como lo escribe el coronista Gómora; é 
no me maravillo, pues lo que dice es por nue* 
vas. Y volvamos á nuestra relación. 



16 



122 BEfcNAL DÍAZ* 

CAPITULO XXX. 



CÓMO NOS TORNAMOS Á EMBARCAR Y NOS HICIMOS Á LA 
VELA PARA EL RIO DE GRIJALVA, Y LO QUE NOS 
AVINO EN EL VIAJE. 



En 4 dias del mes de Marzo de 1519 años, ha- 
biendo tan buen suceso en llevar tan buena len- 
gua y fiel, mandó Cortés que nos embarcásemos 
según y de la manera que habíamos venido antes 
que arribásemos á Cozumel, é con las mismas 
instrucciones y señas de los faroles para de no- 
che. Yendo navegando con buen tiempo, revuel- 
ve un tiempo, ya que queria anochecer, tan recio 
y contrario, que echó cada navio por su parte, 
con harto riesgo de dar en tierra; y quiso Dios 
que á media noche aflojó , y desque amaneció 
luego se volvieron á juntar todos los navios, ex- 
cepto uno en que iba Juan Velazquez de León; é 
íbamos nuestro viaje sin saber del hasta medio 
día, de lo cual llevábamos pena, creyendo fuese 
perdido en unos bajos, y desque se pasaba el dia 
é no parecía, dijo Cortés al piloto Alaminos que 
no era ir bien más adelante sin saber del, y el 
piloto hizo señas á todos los navios que estuvie- 
sen al reparo, aguardando si por ventura le echó 
el tiempo en alguna ensenada, donde no podia 
salir por ser el tiempo contrario; é como vio que 
jxo venia, dijo el piloto á Cortes: «Señor, tengo 



:•£:. 



CONQUISTA DE NUE VA -ESPAÑA . 123 

por cierto que se metió en uno como puerto ó 
bahía que queda atrás, y que el viento no le de- 
ja salir, porque el piloto que llevaba es el que 
vino con Francisco Hernández de Córdoba é vol- 
vió con Grijalva, que se decia Juan Alvarez el 
Manquillo, é sabe aquel puerto ; y luego fué 
acordado de volver á buscarle con toda la arma- 
da, y en aquella bahía donde habia dicho el pi- 
loto lo hallamos anclado, deque todos hubimos 
placer; y estuvimos allí un dia, y echamos dos 
bateles en elagua, é saltó en tierra el piloto é 
un capitán que se decia Francisco de Lugo; é 
habia por allí unas estancias donde habia mai- 
zales é hacian sal, y tenían cuatros cues, que 
son casas de ídolos, y en ellos muchas figuras, é 
todas las más de mujeres, y eran altas de cuerpo 
y se puso nombre á aquella tierra la Punta de las 
Mujeres. 

Acuerdóme que decia el Aguilar que cerca de 
aquellas estancias estaba el pueblo donde era 
esclavo, y que allí vino cargado, que le trujo su 
amo, é cayó malo de traer la carga; y que tam- 
bién estaba no muy lejos el pueblo donde estaba 
Gonzalo Guerrero, y que todos lenian oro, aun- 
que era poco, y que si quería, que él guiaría, y 
que fuésemos allá; é Cortés le dijo riendo que 
no venia para tan pocas cosas, sino para servir á 
Dios é al Rey E luego mandó Cortés á un capi- 
tán que se decía Escobar que fuese en el navio 
de que era capitán, que era muy velero y de- 
mandaba poea agua, hasta Boca de Términos, é 



124 BERNAL DÍAZ. 

mirase muy bien qué tierra era, é si era buen 
puerto para poblar, é si había mucha caza, como 
le habian informado; y esto que le mandó fué 
por consejo del piloto, porque cuando por allí 
pasásemos con todos los navios no nos detener 
en entrar en él; y que después de visto, que pu- 
siese una señal y quebrase árboles en la boca 
del puerto, ó escribiese una carta é la pusiese 
donde la viésemos de una parte y de otra del 
puerto para que conociésemos que había entra- 
do dentro, ó que aguardase en la mar á la arma- 
da barloventeando después que lo hubiese visto. 
Y luego el Escobar partió é fué á Puerto de 
Términos (que así se llama), é hizo todo lo que 
le fué mandado, é halló la lebrela que se hubo 
quedado cuando lo de Grijalva, y estaba gorda 
é lucía; é dijo el Escobar que cuando la lebrela 
vio el navio que estaba en el puerto, que estaba 
halagando con la cola é haciendo otras señas de 
halagos, y se vino luego á los soldados, y se me- 
tió con ellos en la nao; y esto hecho, se salió 
luego el Escobar del puerto á la mar, y estaba 
esperando el armada, é parece per, con viento 
Sur que le dio, no pudo esperar al reparo y me- 
tióse mucho en la mar. 

Vo. vamos á nuestra armada, que quedábamos 
en la Punta de las Mujeres, que otro dia de ma- 
. ñaña salimos con buen tiempo terral y llegamos 
en Boca de Términos, y no hallamos á Escobar. 
Mandó Cortés que sacasen el batel y con diez 
ballesteros le fuesen á buscar en la Boca de Tér- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 125 

minos ó á ver si había señal ó carta ; y luego se 
halló árboles cortados é una carta que en ella 
decia cómo era muy buen puerto y buena tierra 
y de mucha caza, é lo de la lebrela; é dijo el pi- 
loto Alaminos á Cortés que fuésemos nuestra 
derrota, porque con el viento Sur sedebia haber 
metido en la mar, y que no podría ir muy lejos, 
porque había de navegar á orza. Y puesto que 
Cortés sintió pena no le hubiese acaecido algún 
desmán , mandó meter velas , y luego le alcan- 
zamos t y dio el Escobar sus descargos á Cortés 
y la causa porque no pudo aguardar. Estando 
en esto llegamos en el paraje de Potonchan , y 
Cortés mandó al piloto que surgiésemos en 
aqaella ensenada ; y el piloto respondió que era 
mal puerto , porque habían de estar los navios 
surtos más de dos leguas lejos de tierra , que 
mengua mucho la mar; porque tenia pensamien- 
to Cortés de dalles una buena mano por el des- 
barate de lo de Francisco Hernández de Córdo- 
ba é Grijalva, y muchos de los soldados que nos 
habíamos hallado en aquellas batallas se lo su- 
plicamos que entrase dentro , é no quedasen sin 
buen castigo , aunque se detuviesen allí dos ó 
tres dias. El piloto Alaminos con otros pilotos 
porfiaron que si allí entrábamos que en ocho 
dias no podríamos salir , por el tiempo contra- 
rio , y que ahora llevábamos buen viento y que 
en dos dias llegaríamos á Tabasco ; é así , pasa- 
mos de largo, y en tres dias que navegamos lle- 
gamos al rio de Grijalva; é lo que allí nos aeae* 



Í26 BERNAL DÍAZ. 

ció y las guerras que nos dieron diré adelante. 



CAPITULO XXXI, 



CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE GRIJALVA , QUE EN LENGUA 
DE INDIOS LLAMAN TABASCO , Y DE LO QUE MAS CON 
ELLOS PASAMOS. 



En 12 dias del mes de Marzo de 1519 años lle- 
gamos con toda la armada al rio Grijalva , que 
se dice de Tabasco ; y como sabíamos ya de 
cuando lo de Grijalva que en aquel puerto é rio 
no podian entrar navios de mucho porte , sur- 
gieron en la mar los mayores , y con los peque- 
ños é los bateles fuimos todos los soldados á des- 
embarcar á la Punta de los Palmares ( como 
cuando con Grijalva), que estaba del pueblo de 
Tabasco otra media legua, y andaban por el rio, 
en la ribera, entre unos manglares todo lleno de 
indios guerreros ; de lo cual nos maravillamos 
los que habíamos venido con Grijalva; y demás 
desto, estaban juntos en el pueblo más de doce 
mil guerreros aparejados para darnos guerra, 
porque en aquella sazón aquel pueblo era de 
mucho trato y estaban sujetos á él otros gran- 
des pueblos , y todos los tenian apercebidos con 
todo género de armas según las usaban, Y la 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 127 

causa dello fué porque los de Potonchan é los de 
Lázaro y otros pueblos comarcanos los tuvieron 
por cobardes , y se lo dieron en rostro, por cau- 
sa que dieron á Grijalva las joyas de oro que 
antes he dicho en el capítulo que dello habla, y 
que de medrosos no nos osaron dar guerra, pues 
eran más pueblos y tenían más guerreros que no 
ellos ; y esto les decían por afrentarlos; y queen 
sus pueblos nos habían dado guerra y muerto 
cincuenta y seis hombres. Por manera que con 
aquellas palabras que les habían dicho se deter- 
minaron de tomar armas; y cuando Cortés los 
vio puestos de aquella manera dijo á Aguilar, 
la lengua, que entendía bien la de Tabasco, que 
dijese á unos indios que parecían principales, 
que pasaban en una gran canoa cerca de nos- 
otros , que para qué andaban tan alborotados, 
que no les veníamos á hacer ningún mal , sino á 
dediles que les queremos dar de lo que trae- 
mos , como á hermanos ; y que les rogaba que 
mirasen no comenzasen la guerra , porque les 
pesaría dello, y les dijo otras muchas cosas 
acerca de la paz ; é mientras más les decia el 
Aguilar, más bravos se mostraban, y decían que 
nos matarían á todos si entrábamos en su pue- 
blo, porque le tenían muy fortalecido todo á la 
redonda de árboles muy gruesos, de cercase 
albarradas. Aguilar les tornó á hablar y reque- 
rir con la paz , y que nos dejasen tomar agua é 
comprar de comer á trueco de nuestro rescate, 
é también decir á los calachionis cosas que sean 



128 



BERNAL DÍAZ. 



de su provecho y servicio de Dios nuestro Se- 
ñor, y todavía ellos á porfiar que no pasásemos 
de aquellos palmares adelante ; si no , que nos 
matarían. Y cuando aquello vio Cortés mandó 
apercebir los bateles é navios menores, é mandó 
poner en cada un batel tres tiros , y repartió en 
ellos los ballesteros y escopeteros ; y teníamos 
memoria cuando lo de Grijalva , que iba un ca- 
mino angosto desde los palmares al pueblo por 
unos arroyos é ciénegas. 

CoTtés mandó á tres soldados que aquella 
noche mirasen bien si iban á las casas, y que no 
se detuviesen mucho en traer la respuesta ; y 
los que fueron vieron que se iban ; é visto todo 
esto , y después de bien mirado , se nos pasó 
aquel dia dando orden en cómo y de qué mane- 
ra habíamos de ir en los bateles ; é otro dia por 
la mañana, después de haber oido Misa y todas 
.nuestras armas muy á punto , mandó Cortés á 
Alonso de Avila, que era capitán, que con cien 
soldados , y entre ellos diez ballesteros , fuese 
por el caminillo , el que he dicho que iba al pue- 
blo ; y que de que oyese los tiros , él por una 
parte é nosotros por otra diésemos en el pueblo; 
é Cortés y todos los más soldados é capitanes 
fuimos en los bateles y navios de menos porte 
por el rio arriba ; y cuando los indios guerreros 
que estaban en la costa y entre los manglares 
vieron que de hecho íbamos, vienen sobre nos- 
otros con tantas canoas al puerto adonde había- 
mos de desembarcar , para defendernos que no 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 129 

saltásemos en tierra ; que en toda la costa habia 
sino indios de guerra con todo género de armas 
que entre ellos se usan , tañendo trompetillas y 
caracoles e atabalejos ; é como Cortés así víó la 
cosa, mandó que nos detuviésemos un poco y 
que no soltásemos tiros ni escopetas ni balles- 
tas; é como todas las cosas quería llevar muy 
justificadamente , les hizo otro requerimiento 
delante de un eccribano del Rey , que allí con 
nosotros iba , que se decia Diego de Godoy , é 
por la lengua de Aguilar , para que nos dejasen 
saltar en tierra , é tomar agua y hablalles cosas 
de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que si 
guerra nos daban, que si por defendernos algunas 
muertes hubiese ó otros cualesquier daños, fuesen 
á su culpa y cárpro , é no á la nuestra ; y ellos to- 
davía haciendo muchos fieros y que no saltásemos 
en tierra; si no que nos matarían. Luego comenza- 
ron muy valientemente á nos flechar é hacer sus 
señas con sus atambores para que todossus escua- 
drones apechugasen con nosotros, é como esfor- 
zados hombres vinieron é nos cercaron con las ca- 
noas con tan grandes rociadas de flechas, qué 
nos hirieron é hicieron detener en el agua hasta 
la cinta y en otras par tes más arriba; y como 
habia allí en aquel desembarcadero mucha lama 
y ciénago,, no podíamos tan presto salir della; é 
cargaron sobre nosotros tantos indios, que con 
lanzas á manteniente y otros á flecharnos hacían 
que no tomásemos tierra tan presto como qui- 
siéramos, é también porque en aquella íama es- 
17 



130 BERNAL DÍAZ. 

taba Cortés peleando y se le quedó un alpargata 
en el cieno, que no lo pudo sacar, y descalzo el 
un pié salió á tierra. 

Estuvimos en aquella sazón en grande aprieto, 
hasta que, (como digo) salió á tierra, y todos 
nosotros; ó luego con gran osadía, nombrando al 
Sr. Santiago é arremetiendo á ellos, les hicimos 
retraer, y aunque no muy lejos, por causa de las 
grandes albarradas y cercas que tenían hechas 
de maderos gruesos , adonde se amparaban, 
hasta que se las deshicimos, é tuvimos lugar por 
unos portillos de entrar en el pueblo y pelear 
con ellos, y los llevamos por una calle adelante 
adonde tenian hechas otras albarradas y fuer- 
zas, é allí tornaron á reparar y hacer cara, y 
pelearon muy valientemente, con grande es- 
fuerzo y dando voces é silbos, diciendo: «Ala, 
lala, al calachoni, al ealachoni;» que en su len- 
gua quiere decir que matasen á nuestro capitán. 
Estando desta manera envueltos con ellos, vino 
Alonso de Avila con sus soldados, que habia ido 
por tierra desde los Palmares, como dicho ten- 
go, que pareció ser no acertó á venir más presto 
por causa de unas ciénegas y esteros que pasó; 
y su tardanza fué bien menester, según había- 
mos estado detenidos en los requerimientos y 
deshacer portillos en las albarradas para pelear; 
así que todos juntos los tornamos á echar de las 
fuerzas donde estaban y los llevamos retrayen- 
do; y ciertamente que como buenos guerreros 
iban tirando grandes rociadas de flechas y varas 



dO* QUISTA DÉ ÑUÉVA-ESPANA. Í31 

tostadas, y nunca volvieron de hecho las espal- 
das hasta un gran patio donde estaban unos 
aposentos y salas grandes, y tenían tres casas 
de ídolos, é ya habian llevado todo cuanto hato 
habia en aquel patio. 

Mandó Cortés que reparásemos y que no fué- 
semos más en su seguimiento del alcance, pues 
Iban huyendo; é allí toraó Cortés posesión de 
aquella tierra por su majestad, y él en su Real 
nombre. Y fué desta manera, que desenvainada 
su espada, dio tres cuchilladas, en señal de po- 
sesión, en un árbol grande, que se dice ceiba, 
que estaba en la plaza de aquel gran patio, é 
dijo que si habia alguna persona que se lo con- 
tradijese que él se lo defendería con su espada 
y una rodela que tenia embrazada; y todos los 
soldados que presentes nos hallamos cmnd < 
aquello pasó, dijimos que era bien tomar aquella 
Real posesión en nombre de su majestad, y que 
nosotros seriamos en ayudalle si alguna perso- 
na otra cosa dijere, é por ante un escribano del 
Rey se hizo aquel auto. Sobre esta posesionóla 
parte de Diego Velazquez tuvo que remormurar 
della. Acuerdóme que en aqnellas reñidas guer- 
ras que nos dieron de aquella vez hirieron á ca- 
torce soldados, é á mí me dieron un flechazo en 
el muslo, mas poca la herida, y quedaron ten- 
didos y muertos diez y ocho indios en el, agua y 
en tierra donde desembarcamos; é allí dormimos 
aquella noche con grandes velas y escuchas. Y 
dejallo he, por contar lo que más pasamos, 



1$2 BERNAL DÍAZ. 

OAPITULO XXXII. 



CÓMO MANDÓ CORTÉS Á TODOS LOS CAPITALES QUE 
FUESEN CON CADA CIEN SOLDADOS A VER LA TIERRA 
Á DENTRO, Y LO QUE SOBRE ELLO NOS ACAECIÓ. 



Otro dia de mañana mandó Cortés á Pedro de 
Albarado que saliese por capitán con cien sol- 
dos, y entre ellos quince ballesteros y escope- 
teros, y que fuese á ver la tierra adentro hasta 
andadura de dos leguas, y que llevase en su 
compañía á Melchorejo, la lengua de la Punta 
de Cotoche; y cuando le fueron á llamar al 
Melchorejo, no le hallaron, que se habia ya 
huido con los de aquel pueblo de Tabasco ; por- 
que, según parecia, el dia antes en las Puntas 
de los Palmares dejó colgados sus vestidos que 
tenia de Castilla, y se fué de noche en una ca- 
noa; y Cortés sintió enojo con su ida, porque no 
dijese á los indios sus naturales algunas cosas 
que no trujesen provecho. 

Dejémosle huido con la mala ventura, y vol- 
vamos á nuestro cuento: que asimismo mandó 
Cortés que fuese otro capitán que se decia Fran- 
cisco de Lugo por otra parte con otros cien sol- 
dados y doce ballesteros y escopeteros, y que 
no pasase de otras dos leguas, y que volviese 
en la noche á dormir al real; y yendo que iba el 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 133 

Francisco de Lugo con su compañía obra de upa 
legua de nuestro real, se encontró con grandes 
capitanes y escuadrones de indios, todos fleche- 
ros, y con lanzas y rodelas, y atainbores y pe- 
nachos, y se vienen derechos á la capitania de 
nuestros soldados, y les cercan por todas par- 
tes, y les comienzan á flechar de arte, que no se 
podían sustentar con tanta multitud de indios, 
y les tiraban muchas varas tostadas y piedras 
con hondas, que como granizo caian sobre ellos, 
y con espadas de navajas de dos manos; y por 
bien que peleaba el Francisco de Lugo y sus 
soldados, no los podia apartar de si; y cuando 
aquesto vio, con gran concierto se venia ya re- 
trayendo al real, é habia enviado adelante un 
indio de Cuba muy gran corredor é suelto, á 
dar mandado á Cortés para que le fuésemos á 
ayudar; é todavía el Francisco de Lugo, con 
gran concierto de sus ballesteros y escopeteros, 
unos armados é otros tirando, y algunas arre- 
metidas que hacían, se sostenían con todos los 
escuadrones que sobre él estaban. Dejémosle de 
la manera que he dicho, é con gran peligro, é 
volvamos al capitán Pedro de Albarado, que 
pareció ser habia andado más de una legua, y 
topó con un estero muy malo de pasar, é quiso 
Dios nuestro Señor encaminallo que volviese 
por otro camino hacia donde estaba el Francis- 
cisco de Lugo peleando, como dicho tengo; y 
como oyó las escopetas que tiraban y el gran 
ruido de atambores y trompetillas, y voces é 



134 BERNALDIAZ. 

silbos de los indios, bien entendió que estaban 
revueltos en guerra, y con mucha presteza écon 
gran concierto acudió á las voces é tiros, é ha- 
lló al capital Francisco de Lugo con su gent» 
haciendo rostro y peleando con los contrarios, 
é cinco indios muertos; y luego que se juntaron 
con el Lugo, dan tras los indios, que los hicie- 
ron apartar, y no de manera que los pudiesen 
poner en huida, que todavía los fueron siguien- 
do los indios á los nuestros hasta el real; é asi- 
mismo nos habian acometido y venido á dar 
guerra otras capitanías de guerreros adonde es- 
taba Cortés con los heridos; mas muy presto 
los hicimos retraer con los tiros que llevaban 
muchos delios, y á buenas cuchilladas y esto- 
cadas. 

Volvamos á decir algo atrás, que cuando Cor- 
tés oyó al indio de Cuba que venia á demandar 
socorro, y del arte que quedaba Francisco de 
Lugo, de presto les íbamos á ayudar, y nos- 
otros que íbamos y los dos capitanes por mí 
nombrados, que llegaban con sus gentes obra 
de media legua del real, y murieron dos solda- 
dos de la capitanía de Francisco de Lugo , y 
ocho heridos, y de los de Pedro de Albarado le 
hirieron tres, y cuando llegaron al real se cura- 
ron, y enterramos los muertos, é hubo buena 
vela y escuchas; y en aquellas escaramuzas ma- 
tamos quince indios y se prendieron tres, y el 
uno parecía algo principal; y el Aguilar, nues- 
tra lengua, les preguntaba que por qué eran 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA* 135 

locos é salían á dar guerra. Luego se envió un 
indio dellos con cuentas verdes para dar á los 
caciques porque viniesen de paz; é aquel men- 
sajero dijo que el indio Melchorejo , que traía- 
mos con nosotros de la Punta de Cotoche, se 
fué á ellos la noche antes, les aconsejó que nos 
diesen guerra de dia y de noche, que nos ven- 
cerían, porque éramos muy pocos; de manera 
que traíamos con nosotros muy mala ayuda y 
nuestro contrario. Y aquel indio que enviamos 
por mensajero fué , y nunca volvió con la res- 
puesta ; y de los otros dos indios que estaban 
presos supoAguilar, la lengua, por muy cierto, 
que para otro dia estaban juntos cuantos caci- 
ques habia en aquella provincia, con todas sus 
armas, según las 'suelen usar, aparejados para 
nos dar guerra, y que nos habían de venir otro 
dia á cercar en el real, y que el Melchorejo se 
lo aconsejó. Y dejallos hé aquí, é diré lo que 
sobre ello hicimos. 

CAPITULO XXXIII. 

CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE PARA OTRO DIA NOS APA- 
REJÁSEMOS TODOS PARA IR EN BUSCA DE LOS ESCUA- 
DRONES GUERREROS, Y MANDÓ SACAR LOS CABALLOS 
DE LOS NAVIOS, Y LO QUE MAS NOS AVINO EN LA 
BATALLA QUE CON ELLOS TUVIMOS. 

•Luego Cortés supo que muy ció 'r. rr.cn te nos 
venían á dar guerra, y mandó que con breve- 
dad sacasen todos los caballos de los navios en 



Í36 BÉRNAL WAZ. 

tierra, y que escopetas y ballesteros é todos los 
soldados estuviésemos muy á punto con nues- 
tras armas, é aunque estuviésemos heridos; y 
cuando hubieron sacado los caballos en tierra, 
estaban muy torpes y temerosos en el correr, 
como habia muchos dias que estaban en los na- 
vios, y otro dia estuvieron sueltos. Una cosa 
acaeció en aquella sazón á seis ó siete soldados, 
mancebos y bien dispuestos, que les dio mal en 
los ríñones , que no se pudieron tener poco ni 
mucho en sus pies si no los llevaban á cuestas: 
no supimos de qué; decían que de ser regalados 
en Cuba, y que con el peso y calor de las armas 
que les dio aquel mal. Luego Cortés los mandó 
llevar á los navios, no quedasen en tierra, y 
apercibió á los caballeros que habían de ir los 
mejores ginetes, y caballos que fuesen con pre- 
tales de cascabeles, y les mandó que no se pa- 
rasen á alancear hasta haberlos desbaratado, 
sino que las lanzas se les pasasen por los ros- 
tros; y señaló trece de á caballo, á Cristóbal de 
Olí, y Pedro de Albarado, é Alonso Hernández 
Puertocarrero, é Juan de Escalante, é Francisco, 
de Montejo; é á Alonso de Avila le dieron un 
caballo que era deOrtiz eí músico y de un Bar- 
tolomé García, que ninguno dellos era buen gi- 
nete; é Juan Velazquez de León, é Francisco 
de Moría, y Lares el buen ginete (nombróle así 
porque habia otro buen ginete y otro Lares), 
é Gonzalo Domínguez, extremados hombres de 
á caballo; Morón el del Bayarao y Pedro Clon- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 137 

zalez el de Trujillo; todos estos caballeros seña- 
ló Cortés, y él por capitán, é mandó á Mesa el 
artillero que tuviese á punto su artillería, é 
mandó á Diego de Ordás que fuese por capitán 
de todos nosotros, porque no era hombre de á 
caballo, é también fué por capitán de los ba- 
llesteros é artilleros. 

Y otro dia muy de mañana, que fué dia de 
Nuestra Señora de Marzo, después de haber 
oido Misa , puestos todos en ordenanza con 
nuestro alférez , que entonces era Antonio de 
Villarroel , marido que fué de una señora que se 
decia Isabel de Ojeda, que desde allí á tres años 
se mudó el nombre en Villareal y se llamó An- 
tonio Serrano de Cardona. Tornemos á nuestro 
propósito: que fuimos por unas habanas gran- 
des, donde habian dado guerra á Francisco de 
Lugo y á Pedro de Albarado , y llamábase 
aquella habana é pueblo Cintia, sujetaal mesmo 
Tabasco,una legua del aposento donde salimos; 
é nuestro Cortés se apartó un poco espacio ó 
trecho de nosotros por causa de unas ciénegas 
que no podían pasar los caballos; é yendo de la 
manera que he dicho con el Ordás, dimos con 
todo el poder de escuadrones de indios guerre- 
ros que nos venian ya á buscar á los aposentos, 
é fué donde los encontramos junto al mesmo 
pueblo de Cintia en un buen llano. Por manera 
que si aquellos guerreros tenian deseo de nos 
dar guerra y nos iban á buscar, nosotros los en- 
contramos con el mismo motivo, Y dejallo hé 
18 



138 BERNAL DÍAZ. 

aquí, é diré lo que pasó en la batalla, y bien se 
puede nombrar batalla, é bien terrible , como 
adelante verán. 



CAPITULO XXXIV. 



COMO NOS DIERON GUERRA TODOS LOS CACIQUES DE 
TABAiCO Y SUS PROVINCIAS, Y LO QUE SOBRE ELLO 
SUCEDIÓ. 



Ya he dicho de la manera é concierto que íba- 
mos, y cómo hallamos todas las capitanías y 
escuadrones de contrarios que nos iban á bus- 
car , é traían todos grandes penachos , é atam- 
bores ¿trompetillas, é las caras enalmagra- 
das é blancas é prietas , é con grandes arcos 
y flechas, é lanzas ¿rodelas, y espadas como 
montantes de á dos manos, é mucha honda é 
piedra, é varas tostadas, é cada uno sus armas 
colchadas de algodón; é así como llegaron á 
nosotros, como eran grandes escuadrones, que 
todas las habanas cubrian , se vienen como 
perros rabiosos é nos cercan por todas partes, é 
tiran tanta de flecha é vara y piedra, que de la 
primera arremetida hirieron más de setenta de 
los nuestros, é con las lanzas pié con pié nos 
hacian mucho daño, é un soldado murió luego 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 139 

de un flechazo que le dio por el oido , el cual se 
llamaba Saldaña; é no hacían sino flechar y he- 
rir en los nuestros; é nosotros con los tiros y 
escopetas, é ballestas é grandes estocadas no 
perdíamos punto de buen pelear; y como cono- 
cieron las estocadas y el mal que les hacíamos, 
poco á poco se apartaban de nosotros, más era 
para flechar más á su salvo, puesto que Mesa, 
nuestro artillero, con los tiros mataba muchos 
dellos, porque eran grandes escuadrones y no 
se apartaban lejos, y daba en ellos á su placer, 
y con todos los males y heridas que les hacía- 
mos , no los podíamos apartar. Yo dije al capi- 
tán Biego de Ordás : «Paréceme que debemos 
cerrar y apechugar con ellos; porque verdade- 
ramente sienten bien el cortar de las espadas, y 
por esta causa se desvian algo de nosotros por 
temor dellas, y por mejor tirarnos sus flechas y 
varas tostadas , y tanta piedra como granizo.» 
Respondió el Ordás que no era buen acuerdo, 
porque habia para cada uno de nosotros tres- 
cientos indios, y que no nos podíamos sostener 
con tanta multitud, é así estuvimos con ellos 
sosteniéndonos, 

Todavía acordamos de nos llegar cuanto pu- 
diésemos á ellos, como se lo habia dicho el Ordás, 
por dalles mal año de estocadas; y bien lo sintie- 
ron, y se pararon luego de lapartede una ciénaga; 
y en todo este tiempo Cortés con los de á caballo 
no venia, aunque deseábamos en gran mane- 
ra su ayuda, ytemiamosque por ventura no le 



Í 40 BERNAL DÍAZ. 

hubiese acaecido algún desastre. Acuerdóme que 
cuando soltábamos los tiros, que daban los in- 
dios grandes silbos é gritos, y echaban tierra y 
pajas en alto porque no viésemos el daño que 
les hadamos, é tañían entonces trompetas y 
trompetillas, silbos y voces, y decían Ala lata. 
Estando en esto, vimos asomar los de á caballo, 
é como aquellos grandes escuadrones estaban 
embebecidos dándones guerra, no miraron tan 
de pronto de los de á, caballo, como venían por 
las espaldas; y como el campo era llano é los 
caballeros buenos jinetes, é algunos de los ca- 
ballos muy revueltos y corredores, danles tan 
buena mano, é alanceando á su placer, como 
convenia en aquel tiempo; pues los que estába- 
mos peleando, como los vimos, dimos tanta 
priesa en ellos, loa de acaballo por una parte é 
nosotros por otra, que de presto volvieron las 
espaldas. Aqui creyeron los indiosque el caballo 
é caballero era todo un cuerpo, como j amas ha- 
bían visto caballos hasta entonces; iban aque- 
llas habanas é campos llenos dellos, y se acojie- 
ronáunos montes que allí había. Y después 
que los hubinos desbaratado , Cortés nos contó 
cómo no habia podido venir más presto por cau- 
sa de una ciénaga, y que estuvo peleando con 
otros escuadrones de guerreros antes que á nos- 
otros llegasen, y traia heridos cinco caballeros 
y ocho caballos. 

Y después de apeados debajo de unos árboles 
que allí estaban, dimos muchas gracias y loores 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 141 

á Dios y á Nuestra Señora su bendita Madre, 
alzando todos las manos al cielo, porque nos ha- 
bía dado aquella victoria tan cumplida; y como 
era dia de Nuestra Señora de Marzo, llamóse 
una villa que se pobló el tiempo andando, San- 
ta Maria de la Vitoria, así por ser dia de Nues- 
tra Señora como por la gran vitoria que tuvi- 
mos. Aquesta fué pues la primera guerra que 
tuvimos en compañía de Cortés en la Nueva- 
España. Y esto pasando, apretamos las heridas 
á los heridos con paños, que otra cesa no habia, 
y se curaron los caballos conquemalles las he- 
ridas (con unto de indio de los muertos, que 
habia por el campo, y eran más de ochocientos, 
é todos los más de estocadas, y otros de los ti- 
ros y escopetas y ballestas, é muchos estaban 
medio muertos y tendidos. Pues donde anduvie- 
ron los de á caballo habia buen recuerdo dellos 
muertos é otros quejándose de las heridas. Es- 
tuvimos en esta batalla sobre una hora, que no 
les pudimos hacer perder punto de buenos guer- 
reros, hasta que vinieron los de á caballo, como 
he dicho; y prendimos cinco indios, é los dos 
dellos capitanes; y como era tarde y hartos de 
pelear, é no habiamos comido, nos volvimos al 
real, y luego enterramos dos soldados que iban 
heridos por las gargantas é por el oido, y que- 
mamos las heridas á los demás é á los caballos 
con el unto del indio, y pusimos buenas velas y 
escuchas , y cenamos y reposamos. Aqui es 
donde dice Francisco López de Gómora que sa- 



142 BERHAL DÍAZ. 

lió Francisco de Moría en un caballo rucio pica- 
do antes que llegase Cortés con los de á caba- 
llo, y que eran los santos Apóstoles señor San- 
tiago ó señor San Pedro. 

Digo que todas nuestras obras y Vitorias son 
por mano de Nuestro Señor Jesucristo, y que 
en aquella batalla habia para cada uno de nos- 
otros tantos indios, que á puñados de tierra nos 
cegaran, salvo que la gran misericordia de Dios 
en todo nos ayudaba; y pudiera ser que los 
que dice el Gómora fueran los gloriosos Após- 
toles señor Santiago ó señor San Pedro, y yo, 
como pecador, no fuese digno de verles; lo que 
yo entonces vi y conocí fué á Francisco de Mor- 
ía en un caballo castaño, que venia juntamente 
con Cortés, que me parece que agora que lo es- 
toy escribiendo, se me representa por estos ojos 
pecadores toda la guerra según y de la manera 
que allí pasamos; y ya que yo, como indigno 
pecador, no merecedor de ver á cualquiera de 
aquellos gloriosos Apóstoles, allí en nuestra 
compañía habia sobre cuatrocientos soldados, 
y Cortés y otros muchos caballeros, y platicá- 
rase dello y tomárase por testimonio, y se hu- 
biera hecho una iglesia cuando se poblóla villa, 
y se nombrara la villa de Santiago de la Vi- 
toria , ú de San Pedro de la Vitoria , como 
se nombró Santa María de la Vitoria ; y si 
fuera así como lo dice el Gómora, harto ma- 
los cristianos fuéramos , enviándonos Nuestro 
Señor Dios sus Santos Apóstoles, no reconocer 



CONOUlfTA Í)E NÜfcVA-ÉSPANA. 143 

la gran merced que nos hacia, y reverenciar 
cada dia aquella iglesia ; y pluguiera á Dios 
que así fuera como el coronista dice, y hasta que 
leí su Corónica, nunca entre conquistadores que 
allí se hallaron tal se oyó, Y dejémoslo aquí, é 
diré lo que más pasamos. 



CAPITULO XXXV. 



CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á LLAMAR A TODOS LOS CACIQUE* 
PE AQUELLAS PROVINCIAS, Y LO QUE SOBRE ELLO SE 
HIZO. 



Ya he dicho cómo prendimos en aquella bata- 
lla cinco indios, é los dos dellos capitanes; con 
los cuales estuvo Aguilar, la lengua, á pláticas, 
é conoció en lo que le dijeron que serian hom- 
bres para enviar por mensajeros; é díjole al ca- 
pitán Cortés que les soltasen, y que fuesen á 
hablar á los caciques de aquel pueblo é otros 
cualesquier; y á aquellos dos indios mensajeros 
se les dio cuentas verdes é diamantes azules, y 
les dijo Aguilar muchas palabras bien sabrosas 
y de halagos, y que les queremos tener por her- 
manos y que no hubiesen miedo, y que lo pa- 
sado de aquella guerra que ellos tenían la 
culpa, y que llamasen á todos los caciques de 



144 BERNA L DÍAZ. 

todos los pueblos, que les queríamos hablar, y 
se les amonestó otras muchas cosas bieu mansa- 
mente para atraellos de paz; y fueron de buena 
voluntad, é hablaron con los principales é caci- 
ques, y les dijeron todo lo que les enviamos á 
hacer saber sobre la paz. E oida nuestra emba- 
jada, fué entre ellos acordado de enviar luego 
quince indios de los esclavos que entre ellos te- 
nían, y todos tiznadas las caras é las mantas y 
bragueros que traían muy ruines, y con ellos 
enviaron gallinas y pescado asado é pan de 
maiz; y llegados delante de Cortés, |los recibía 
de buena voluntad, é Aguilar, la lengua, les di- 
jo medio enojado que cómo venían de aquella 
manera puestas las caras; que más venian de 
guerra que para tratar paces, y que luego fuesen 
á los caciques y les dijesen que si querían paz, 
como se la ofrecimos, que viniesen señores á 
tratar della, como se usa, é no enviasen escla- 
vos. A aquellos mismos tiznados se les hizo 
ciertos halagos, y se envió con ellos cuentas 
azules en señal de paz y para ablandalles los 
pensamientos. 

Y luego orro dia vinieron treinta indios prin- 
cipales é con buenas mantas, y trujeron gallinas 
y pescado, é fruta y pan de maíz, y demandaron 
licencia á Cortés para quemar y enterrar los 
cuerpos de los muertos en las batallas pasadas, 
porque no oliesen mal ó los comiesen tigres ó 
leones; la cual licencia les dio luego, y ellos se 
dieron priesa en traer mucha gente para los en- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 145 

terrar y quemar los cuerpos, según su usanza; 
y según Cortés supo dellos, dijeron que les fal- 
taba sobre ochocientos hombres, sin los que es- 
taban heridos; é dijeron que no se podían tener 
con nosotros en palabras ni paces, porque otro 
dia habian de venir todos los principales y se- 
ñores de todos aquellos pueblos, ó concertarían 
las paces. Y como Cortés en todo era muy avi- 
sado, nos dijo riendo á los soldados que allí nos 
hallamos teniéndole compañía: «¿Sabéis, seño- 
res, que me parece que estos indios temerán 
mucho á los caballos, y deben de pensar que 
ellos solos hacen la guerra é asimismo las bom- 
bardas? He pensado una cosa para que mejor lo 
crean, que traigan la yegua de Juan Sedeño, 
que parió el otro dia en el navio, é atalla han 
aquí adonde yo estoy, é traigan el caballo de 
Ortiz el músico, que es muy rijoso, y tomará 
olor de la yegua; é cuando haya tomado olor 
della, llevarán la yegua y el caballo, cada uno 
de por sí, en parte que desque vengan los caci- 
ques que han dé venir, no los oigan relinchar ni 
los vean hasta que estén delante de mí y este- 
mos hablando;» é así se hizo, según y de la ma- 
nera que lo mandó; que trujeron la yegua y el 
caballo, é tomó olor della en el aposento de Cor- 
tés; y demás desto, mandó que cebasen un tiro, 
el mayor de los que teníamos, con una buena 
pelota y bien cargado de pólvora. 

Y estando en esto, que ya era medio dia, vi* 
nieron cuarenta indios, todos caciques, con btté» 
19 



146 BERNAL DÍAZ. 

na manera y mantas ricas á la usanza dellos, 
saludaron á Cortés y á todos nosotros, y traían 
de sus inciensos zahumándonos á cuantos allí 
estábamos, y demandaron perdón de lo pasado, 
y que de allí adelante serian buenos. Cortés les 
respondió c©nAguilar, nuestra lengua, algo con 
gravedad, como haciendo del enojado, que ya 
ellos habian visto cuántas veces les habian re- 
querido con la paz, y que ellos tenían la culpa, 
y que agora eran merecedores que á ellos é á 
cuantos quedan en todos sus pueblos matáse- 
mos; y porque somos vasallos de un gran Rey y 
señor que nos envió á estas partes, el cual se 
dice el emperador D. Carlos, que manda que á 
los que estuvieren en su Real servicio que les 
ayudemos é favorezcamos, y que si ellos fue- 
ren buenos, como dicen, que así lo haremos, é 
si no, que soltará de aquellos tepustles que los 
maten (al hierro llaman en su lengua tepustle), 
que aun por lo pasado que han hecho en darnos 
guerra están enojados algunos dellos. Entonces 
secretamente mandó poner fuego á la bombar- 
da que estaba cebada, y dio tan buen trueno y 
recio como era menester; iba la pelota zumban- 
do por los montes, que, como en aquel instante 
era mediodía é hacia calma, llevaba gran ruido, 
y los caciques se espantaron de la oir; y como 
no habian visto cosa como aquella; creyeron 
que era verdad lo que Cortés les dijo, y para 
asegurarles del miedo, les tornó á decir con 
Aguilar que ya no hubiesen miedo, que él man- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 147 

dó que no hiciese daño; y en aquel instante 
trüjeron el caballo que habia tomado olor de la 
yegua, y atándolo no muy lejos de donde esta- 
ba Cortés hablando con los caciques; y como á 
la yegua la habían tenido en el mismo aposento 
adonde Cortés y los indios estaban hablando, 
pateaba el caballo, y relinchaba y hacia bramu- 
ras, y siempre los ojos mirando á los indios y al 
aposento donde habia tomado olor de la yegua; 
é los caciques creyeron que por ellos hacia 
aquellas bramuras del relinchar y el patear, y 
estaban espantados. Y cuando Cortés los vio de 
aquel arte, sé levantó de la silla, y se fué para 
el caballo y le tomó del freno é dijo á Aguilar 
que hiciese creer á los indios que allí estaban 
que habia mandado al caballo que no les hicie- 
se mal ninguno; y luego dijo á los dos mozos de 
espuelas que lo llevasen de allí lejos, que no lo 
tornasen á ver los caciques, Y estando en esto, 
vinieron sobre treinta indios de carga, que entre 
ellos llaman tamenes, que traían la comida de 
gallinas y pescado asado y otras cosas de fru- 
tas, que parece ser se quedaron atrás ó no pu- 
dieron venir juntamente con los caciques. Allí 
hubo muchas pláticas Cortés con aquellos prin- 
cipales, y dijeron que otro dia vendrían todos, 
é traerían un presente é hablarían en otras co- 
sas; y así, se fueron muy contentos. Donde los 
dejaré agora hasta otro dia, 



,-j 



148 BERNA! DÍAíf. 

CAPÍTULO XXXVI. 



Como vinieron todos los caciques é «alachonis bel 
rio de grijalva y trajeron un presente, y lo 
que sobre ello pasó. 



Otro dia de mañana, que fué á los postreros 
del mes de Marzo de 1519 años, vinieron mu- 
chos caciques y principales de aquel pueblo y 
otros comarcanos, haciendo mucho acato á to- 
dos nosotros, é trajeron un presente de oro, que 
fueron cuatro diademas, y unas lagartijas, y 
dos como perrillos, y orejeras, é cinco añades, y 
dos figuras de caras de indios, y dos suelas de 
oro, como de sus cotorras, y otras cosillas de 
poco valor, que yo no me acuerdo qué tanto 
valia r y trajeron mantas de las que ellos traían 
é hacian, que son muy bastas; porque ya ha- 
brán oido decir los que tienen noticia de aquella 
provincia qne no las hay en aquella tierra sino 
de poco valor; y no fué nada este presente 
en comparación de veinte mujeres, y entre ellas 
una muy excelente mujer, que se dijo doña Ma- 
rina, que así se llamó después de vuelta cris- 
tiana. 

Y dejaré esta plática, y de hablar della y de 
las demás mujeres que trujeron , y diré que 
Cortés recibió aquel presente con alegría, y se 



C0ttQÜI8TA DÉ HUEVA-ESPAÑA. 149 

apartó con todos los caciques y con Aguilar el 
intérprete á hablar, y les dijo que por aquello 
que traían se lo tenia en gracia ; mas que una 
cosa les rogaba , que luego mandasen poblar 
aquel pueblo con toda su gente, mujeres é hijos; 
y que dentro de dos dias le quería ver poblado, 
y que en esto conocerá tener verdadera paz. Y 
luego los caciques mandaron llamar todos los 
vecinos, é con sus hijos é mujeres en dos dias se 
pobló. Y á lo otro que les mandó , que dejasen 
sus ídolos é sacrificios , respondieron que asi lo 
harían; y les declaramos con Aguilar, lo mejor 
que Cortés pudo t las cosas tocantes á nuestra 
santa fe , y cómo éramos cristianos é adorába- 
mos á un solo Dios verdadero , y se les mostró 
una imagen muy devota de nuestra Señora con 
su Hijo precioso en los brazos , y se les declaró 
que aquella santa imagen Reverenciábamos por- 
que asi se está en el cielo y es Madre de nues- 
tro Señor Dios. Y los caciques dijeron que les 
parece muy bien aquella gran Teclecíguata , y 
que se la diesen para tener en su pueblo , por- 
que á las grandes señoras en su lengua llaman 
tecleciguatas . Y dijo Cortés que sí daria , y les 
mandó hacer un buen altar bien labrado ; el 
cual luego le hicieron. 

Y otro dia de mañana mandó Cortés á dos de 
nuestros carpinteros de lo blanco, que se decían 
Alonso Yañez é Alvaro López (ya otra vez por 
mí memorados) , que luego labrasen una cru2 
bien alta ; y después de haber mandado todo 



150 BERNAl DÍAS. 

esto, dijo á los caciques qué fué la causa que 
nos dieron guerra tres veces, requiriéndoles con 
la paz. Y respondieron que ya habian deman- 
dado perdón dello y estaban perdonados , y que 
el cacique de Champoton , su hermano , se lo 
aconsejó, y porque no le tuviesen por cobarde, 
porque se lo reñían y deshonraban , porque no 
nos dio guerra cuando la otra vez vino otro ca- 
pitán con cuatro navios ; y según pareció , de- 
cíalo por Juan de Grijalva. Y también dijo que 
el indio que traíamos por lengua , que se nos 
huyó una noche , se lo aconsejó , que de dia y 
de noche nos diesen guerra , porque éramos 
muy pocos. Y luego Cortés les mandó que en 
todo caso se lo trajesen , é dijeron que como les 
vio que en la batalla no les fué bien , que se les 
fué huyendo, y que no sabían del aunque le han 
buscado, é supimos que le sacrificaron, pues tan 
caro les costó sus consejos. Y más les preguntó, 
que de qué parte traían oro y aquellas joye- 
zuelas. Respondieron que de hacia donde se po- 
ne el sol, y decían Culchúa y Méjico , y como no 
sabíamos qué cosa era Méjico ni Culchúa, dejá- 
bamoslo pasar por alto ; y alii traíamos otra 
lengua que se decía Francisco , que hubimos 
cuando lo de Grijalva, ya otra vez por mí nom- 
brado , mis no entendía poco ni mucho la de 
Tabasco, sino la de Culchúa , que es la mejica- 
na ; y medio por señas dijo á Cortés que Cul- 
chúa era. muy adelante, y nombraba Méjico, Mé- 
jico, y no le entendimos. Y en esto cesó la plática 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 151 

hasta otro dia , que se puso en el altar la santa 
imagen de nuestra Señora y la cruz , la cual 
todos adoramos; y dijo Misa el Padre fray Bar- 
tolomé de Olmedo, y estaban todos los caciques 
y principales delante, y púsose nombre á aquel 
pueblo Santa Maria de la Vitoria , é asi se 
llama ahora la villa de Tabasco ; y el mesmo 
fraile con nuestra lengua Aguilar predicó á las 
veinte indias que nos presentaron, muchas bue- 
nas cosas de nuestra santa fe, y que no creyesen 
en los ídolos que de antes creian, que eran ma- 
los y no eran dioses, ni más les sacrificasen, que 
los traian engañados, é adorasen á Nuestro Se- 
ñor Jesucristo ; é luego se bautizaron, y se puso 
por nombre doña Marina aquella india y señora 
que allí nos dieron, y verdaderamente era gran 
cacica é hija de grandes caciques y señora de 
vasallos, y bien se le parecía en su persona ; lo 
cual diré adelante cómo y de qué manera fué 
allí traida ; é de las otras mujeres no me acuerdo 
bien de todos sus nombres, é no hace al caso 
nombrar algunas, mas estas fueron las prime- 
ras cristianas que hubo en la Nueva-España. Y 
Cortés las repartió á cada capitán la suya, é á 
esta doña Marina, como era de buen parecer y 
entremetida é desenvuelta, dio á Alonso Her- 
nández Puertocarrero, que ya he dicho otra 
vez que era muy buen caballero, primo del conde 
de Medellin ; y desque fué á Castilla el Puerto- 
carrero, estuvo la doña Marina con Cortés, é 
$ella hubo un hijo, (jue se dijo don Martin Cor- 



152 BERMALDIAZ. 

tés, que el tiempo andando fué comendador de 
Santiago. 

En aquel pueblo estuvimos cinco dias, así 
porque se curaban las heridas como por los que 
estaban con dolor de ríñones, que allí se les qui- 
tó; y demás desto, porque Cortés siempre atraía 
con buenas palabras á los caciques, y les dijo 
cómo el Emperador nuestro señor, cuyos vasa- 
llos somos, tiene á su mandado muchos grandes 
señores, y que es bien que ellos le den la obe- 
diencia ; é que en lo que hubieren menester, así 
favor de nosotros como otra cualquiera cosa, 
que se lo hagan saber donde quiera que estu- 
viésemos, que él les vendrá á ayudar. Y todos 
los caciques le dieron muchas gracias por ello, 
y allí se otorgaron por vasallos de nuestro gran- 
de Emperador. Estos fueron los primeros vasa- 
llos que en la Nueva-España dieron la obedien- 
cia á su majestad. Y luego Cortés les mandó 
que para otro dia, que era domingo de Ramos, 
muy de mañana viniesen al altar que hicimos, 
con sus hijos y mujeres, para que adorasen la 
santa imagen de Nuestra Señora y la Cruz ; y 
asimismo les mandó que viniesen seis indios 
carpinteros, y que fuesen con nuestros carpin- 
teros, y que en el pueblo de Cintia, adonde Dios 
Nuestro Señor fué servido de darnos aquella 
victoria de la batalla pasada, por mi referida, 
que hiciesen una cruz en un árbol grande que 
allí estaba, que llaman ceiba, é hiciéronla en 
aquel árbol á efecto que durase mucho, que con 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 153 

la corteza, que suele reverdecer, está siempre la 
cruz señalada. 

Hecho esto mandó que aparejasen todas las,, 
canoas que tenían, para nos ayudar á embarear r 
porque aquel santo día nos queríamos hacera la 
vela, porque en aquella sazón vinieron dos pi- 
lotos á decir á Cortes que estaban en gran ries- 
go los navios por amor del Norte, que es trave- 
sía. Y otro dia muy de mañana vinieron todos 
los caciques y principales con todas sus muje- 
res é hijos, y estaban ya en el patio donde te- 
níamos la iglesia y cruz, y muchos ramos corta- 
dos para andar en procesión ; y desque los caci- 
ques vimos juntos, Cortés y todos los capitanes 
auna con gran devoción anduvimos una muy de- 
vota procesión, y el padre de la Merced y Juan 
Diaz el Clérigo revestidos, y se dijo Misa, y 
adoramos y besamos la Santa Cruz, y los caci- 
ques é indios mirándonos. Y hecha nuestra so- 
lemne fiesta según el tiempo, vinieron los prin- 
cipales é trajeron á Cortés diez gallinas y pes- 
cado asado é otras legumbres, énos despedimos 
dellos, y siempre Cortés encomendándoles la 
santa imagen de Nuestra Señora y las santa* 
Cruces, y que las tuviesen muy limpias, y bar- 
rida la casa é la iglesia y enramado, y que laa 
reverenciasen, é hallarían salud y buenas se% 
menteras; y después que era ya tarde nos em- 
barcamos, y á otro dia lunes por la mañana nos 
hicimos á la vela, y con buen viaje navegamos 
é fuimos la via de San Juan de ülúa, y siemprf 



154 BERNAL DÍAZ. 

muy juntos á tierra; é yendo navegando con 
buen tiempo , decíamos á Cortés los solda- 
dos que veníamos con Grijalva. como sabíamos 
aquella derrota: «Señor, allí queda la Rambla, 
que en lengua de indios se dice Aguayaluco.» Y 
luego llegamos al paraje de Tonala, que se dice 
San Antón, y se lo señalábamos; más adelante 
le mostramos el gran rio de Guazacualco, é vio 
las muy altas sierras nevadas, é luego las sier- 
ras de San Martin; y más adelante le mostra- 
mos la roca partida, que es unos grandes peñas- 
cos que entran en la mar, é tiene una señal ar- 
riba como á manera de silla; é más adelante le 
mostramos el rio de Albarado, que es adonde 
entró Pedro de Albarado cuando lo de Grijal- 
va; y luego vimos el rio de Banderas, que fué 
donde rescatamos los diez y seis mil pesos, y 
luege le mostramos la isla Blanca, y también le 
dijimos adonde quedaba la isla Verde; y junto á 
tierra vio la isla de Sacrificios, donde hallamos 
lo i altares cuando lo de Grijalva, y los indios 
sacrificados, y luego en buena hora llegamos á 
San Juan de ülúa jueves de la Cena después del 
medio dia. 

Acuerdóme que llegó un caballero que se de- 
cía Alonso Hernández Puertocarrero , é dijo á 
Cortés; «Paréceme , señor , que os han venido 
diciendo estos caballeros que han venido otras 
dos veces á esta tierra: 

Cata Francia, Montesinos 

Cata Paris la ciudad,, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 155 

Cata las aguas delJDuero, 

Do van á dar á la mar. 
Yo digo que miréis las tierras ricas, y sábeos 
bien gobernar.» Luego Cortés bien entendió á 
qué fin fueron aquellas palabras dichas , y res- 
pondió: «Dénos Dios ventura en armas como al 
paladín Roldan ; que en lo demás , teniendo á 
vuestra merced y á otros caballeros por seño- 
res , bien me sabré entender.» Y dejémoslo , y 
no pasemos de aquí: esto es lo que pasó ; y 
Cortés entró en el rio de Albarado , como dice 
Gómoia. 



CAPITULO XXXV11. 



COMO DONA MARINA ERA CACICA E HIJA DE GRANDE8 
SEÑORES, Y SEÑORA DE PUEBLOS Y VASALLOS , Y DE 
LA MANERA QUE FUE TRAÍDA Á TARASCO. 



Antes que más meta la mano en lo del gran 
Montezumj, y su gran Méjico y mejicanos, quie- 
ro decir lo de doña Marina, cómo desde su niñeé 
fué gran señora de pueblos y vasallos , y es 
desta manera: que su padre y su madre eran se- 
ñores y caciques de un pueblo que se dice Pai- 
nala, y tenia otros pueblos sujetos á él, obra de 
ocho leguas de la villa de Guacaluco , y murió 



156 BERNA t DÍAZ. 

el padre quedando muy niña, y la madre se eaaó 
con otro cacique mancebo y hubieron un hijo; y 
según pareció, querían bien al hijo que habían 
habido; acordaron entre el padre y la madre de 
dalle el cargo después de sus dias, y porque en 
ello no hubiese estorbo, dieron de noche la niña 
á unos indios de Xicalango, porque no fuese 
vista, y echaron fama que se había muerto, y 
en aquella sazón murió una hija de una india 
esclava suya, y publicaron que era la heredera, 
por manera que los de Xicalango la dieron á los 
de Tabasco, y los de Tabasco á Cortés, y conocí 
á su madre y á su hermano de madre, hijo de la 
vieja, que era ya hombre y mandaba juntamen- 
te con la madre á su pueblo, porque el marido 
postrero de la vieja ya era fallecido; y después 
de vueltos cristianos, se llamó la vieja Marta y 
el hijo Lázaro; y esto sélo muy bien, porque en 
el año 1523, después de ganado Méjico y otras 
provincias, y se habia alzado Cristóbal de Olí 
en las Higueras, fué Cortés allá y pasó por Gua- 
cacualco, fuimos con él á aquel viaje toda la 
mayor parte de los vecinos de aquella villa, co- 
mo diré en su tiempo y lugar; y como doña Ma- 
rina en todas las guerras de la Nueva-España, 
Tlascaia y Méjico fué tan excelente mujer y 
buena lengua, como adelante diré, á esta causa 
la traia siempre Cortés consigo, y en aquella 
sazón y viaje se casó con ella un hidalgo que se 
decia Juan Jaramillo , en un pueblo que se 
decía Orizava, delante de ciertos testigos, que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 157 

uno de ellos se decía Aranda, vecino que fué de 
Tabasco, y aquel contaba el casamiento, y no 
como lo dice el coronista Gómora; y la doña 
Marina tenia mucho ser y mandaba absoluta- 
mente entre los indios en toda la Nueva-España. 
Y estando Cortés en la villa de Guacacualco, 
envió á llamar á todos los caciques de aquella 
provincia para hacerles un parlamento acerca 
de la santa doctrina y sobre su buen trata- 
miento , y entonces vino la madre de doña Ma- 
rina y su hermano de madre Lázaro , con otros 
caciques. Dias habia que me habia dicho la doña 
Marina que era de aquella provincia y señora 
de vasallos, y bien lo sabia el capitán Cortés, y 
Aguilar, la lengua; por manera que vino la ma- 
dre y su hija y el hermano , y conocieron que 
claramente era su hija, porque se le parecía 
mucho. Tuvieron miedo della, que creyeron que 
los enviaba á llamar para matarlos, y lloraban; 
y como asi los vido llorar la doña Marina , los 
consoló , y dijo que no hubiesen miedo , que 
cuando la traspusieron con los de Xicalango 
que no supieron lo que se hacían, y se lo perdo- 
naba, y les dio muchas joyas de oro y de ropa 
y que se volviesen á su pueblo , y que Dios le 
habia hecho mucha merced en quitarla de ado- 
rar ídolos agora y ser cristiana, y tener un hijo 
de su amo y señor Cortés , y ser casada con un 
caballero como era su marido Juan Jaramillo; 
que aunque la hiciesen cacica de todas cuantas 
provincias habia en la Nueva-España, no lose- 



158 BERZAL DÍAZ. 

ria ; que en más tenia servir á su marido é á 
Cortés que cuanto en el mundo hay; y todo esto 
que digo se lo oi muy certificadamente, y se lo 
juró amen. Y esto me parece que quiere reme- 
diar á lo que acaeció con sus hermanos en Egip- 
to á Josef , que vinieron á su poder cuando lo 
del trigo. Esto es lo que pasó , y no la relación 
que dieron al Gómora, y también dice otras co- 
sas que dejo por alto. 

E volviendo á nuestra materia , doña Marina 
sabia la lengua de Guacacualco, que es la propia 
de Méjico , y sabia la de Tabasco, como Geróni- 
mo de Aguilar sabia la de Yucatán y Tabasco, 
que es toda una; entendíanse bien , y el Aguilar 
lo declaraba en castellano á Cortés ; fué gran 
principio para nuestra conquista ; y así se nos 
hacian las cosas , loado sea Dios , muy próspe- 
ramente. He querido declarar esto , porque sin 
doña Marina no podíamos entender la lengua de 
Nueva-España y Méjico. Donde lo dejaré é vol- 
veré á decir cómo nos desembarcamos en el 
puerto de San Juan de Ulúa. 



CAPITULO XXXVIII. 

CÓMO LLEGAMOS CON TODOS LOS NAVIOS Á SAN JUAN DÉ 
ULÚA, Y LO QUE ALLÍ PASAMOS. 

En Jueves Santo de la Cena del Señor de 1519 
años llegamos con toda la armada al puerto de 
San Juan de Ulúa; y como el piloto Alaminos lo 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 159 

sabia muy bien desde cuando venimos con Juan 
de Grijalva , luego mandó surgir en parte que 
los navios estuviesen seguros del Norte , y pu- 
sieron en lana© capitana sus estandartes reales 
y veletas , y desde obra de media hora que sur- 
gimos , vinieron dos canoas muy grandes (que 
en aquellas partes á las canoas grandes llaman 
piraguas), y en ellas vinieron muchos indios me- 
jicanos , y como vieron los estandartes y navio 
grande , conocieron que allí habian de ir á ha- 
blar al capitán, y fuéronse derechos al navio , y 
entran dentro y preguntanquiénerael Tlatoan, 
que en su lengua dicen el señor. Y doña Marina, 
bien lo entendió, porque sabia muy bien la 
lengua, se lo mostró. 

Y los indios hicieron mucho acato á Cortés á 
su usanza, y le dijeron que fuese bien venido, 
é que un criado del gran Montezuma, su señor, 
les enviaba á saber qué hombres éramos é qué 
buscábamos, é que si algo hubiésemos menester 
para nosotros y los navios, que se lo dijésemos, 
que traerían recaudo para ello. Y nuestro Cor- 
tés respondió con las dos lenguas, Aguilar y 
doña Marina, que se lo tenia en merced; y lue- 
go les mandó dar de comer y beber vino, y unas 
cuentas azules, y cuando hubieron bebido, les 
dijo que veníamos para vellos y contratar, y 
que no se les haria enojo ninguno, é que hu- 
biesen por buena nuestra llegada á aquella 
tierra, Y los mensajeros se volvieron muy con- 
tentos á su tierra; y otro dia, que fué Viernes 



160 BERNAL DÍAZ. 

Santo de la Cruz, desembarcamos, así caballos 
como artillería, en unos montones de arena, 
que no habia tierra llana, sino todos arenales, 
y asestaron los tiros como mejor le pareció al 
artillero, que sedecia Mesa, y hicimos un altar, 
adonde se dijo luego Misa , é hicieron chozas y 
enramadas para Cortés y para los capitanes , y 
entre tres soldados acarreábamos madera é hi- 
cimos nuestras chozas , y los caballos se pusie- 
ron adonde estuviesen seguros; y en esto se 
pasó aquel Viernes Santo. 

Y otro dia sábado, víspera de Pascua, vinie- 
ron muchos indios que envió un principal que 
era gobernador de Montezuma, que se decía Pi-r 
talpitoque, que después le llamamos Ovandillo, 
y trujeron hachas y adobaron las chozas del 
capitán Cortés y los ranchos que más cerca ha^ 
liaron, y les pusieron mantas grandes encima, 
por amor del sol, que era cuaresma é hacia muy 
gran calor, y trujeron gallinas y pan de maiz y 
ciruelas, que era tiempo dellas, y paréceme 
que entonces trujeron unas joyas de oro, y todo 
lo presentaron á Cortés, é dijeron que otro dia 
habia de venir un gobernador á traer más bas- 
timento. Cortés se lo agradeció mucho y les 
mandó dar ciertas cosas de rescate , con que 
fueron muy contentos. 

Y otro dia, pascua santa de Resurrección, vi- 
no el gobernador que habían dicho, que se de- 
cía Tendile, hombre de negocios, é trujo con él 
á Pitalpitoque, que también era persona entre 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 161 

ellos principal, y traia detrás de sí muchos indios 
con presentes y gallinas y otras legumbres, y á 
estos que los traían mandó Tendileque se apar- 
tasen un poco á un cabo, y con mucha humildad 
hizo tres reverencias á Cortés á su usanza, y 
después á todos los soldados que más cercanos 
nos hallamos. Y Cortés les dijo con nuestras 
lenguas que fuesen bien venidos, y los abrazó, 
y les mandó que esperasen y que luego les ha- 
blaría, y entre tanto mandó hacer un altar lo 
mejor que en aquel tiempo se pudo hacer, y di- 
jo misa cantada fray Bartolomé de Olmedo, y la 
beneficiaba el Padre Juan Diaz, y estuvieron á 
la misa los dos gobernadores y otros principa- 
les de los que traian en su compañía; y oido 
misa, comió Cortés y ciertos capitanes de los 
nuestros y los dos indios criados del gran Mon- 
tezuma. Y alzadas las mesas, se apartó Cortés 
con las dos nuestras lenguas doña Marina y Je- 
rónimo de Aguilar y con aquellos caciques, y 
les dijimos cómo éramos cristianos y vasallos 
del mayor señor que hay en el mundo, que se 
dice el Emperador don Cárfos, y qué tiene por 
vasallos y criados á muchos grandes señores, 
y que por su mandado veníamos á aquestas 
tierras , porqne há muchos años que tienen 
noticia dellas y del gran señor que les manda, 
y que lo quiere tener por amigo y decille mu- 
chas cosas en su Real nombre, y cuando las sepa 
é haya entendido' se holgará dello, y para con- 
tratar con él y sus indios y vasallos de buen* 
• 21 



162 BERNALDlAZ. 

amistad, y quería saber dónde manda que se 
vean y se hablen. Y el Tendile le respondió algo 
soberbio, y le dijo: «Aún agora has llegado y ya 
le quieres hablar; recibe agora este presente 
que te damos en su nombre, y después me dirás 
lo que te cumpliere;» y luego sacó de una peta- 
ca, que es como caja, muchas piezas de oro y de 
buenas labores y ricas, y más de diez cargas de 
ropa blanca de algodón y de pluma, cosas muy 
de ver, y otras joyas que ya no me acuerdo, 
como há, muchos años, y tras esto mucha comi- 
da, que eran gallinas de la tierra, fruta y pesca- 
do asado. Cortés las recibió riendo y con buena 
gracia, y les dio cuentas de diamantes torcidas y 
otras cosas de Castilla; y les rogó que mandasen 
en sus pueblos que viniesen á contratar con nos- 
otros, porque él traia muchas cuentas á trocar 
á oro, y le dijeron que así lo mandarían. 

Según después supimos, estos Tendile y Pital- 
pitoque eran gobernadores de unas provincias 
que se dicen Cotastlan¿ Tustepeque, Guazpake- 
peque, Tlatalteteclo, y de otros pueblos que 
nuevamente tenian sojuzgados; y luego Cortés 
mandó traer una silla de caderas con entalladu- 
ras muy pintadas y unas piedras margajitas que 
tienen dentro en sí muchas labores, y envueltas 
en unos algodones que tenian almizcle porque 
oliesen bien, y un sartal de diamantes torcido y 
una gorra de carmesí con una medalla de oro, y 
en ella figurado á San Jorge," que estaba á ca- 
ballo con una lanza y parecía que mataba á un 



CONQUISTA 1>E MJÉVA-ESPANA. 163 

dragón: y dijo á Tendile que luego enviase 
aquella silla en que se asiente el Sr. Montezuma 
para cuando le vaya á ver y hablar Cortés, y 
que aquella gorra que la ponga en la cabeza, y 
que aquellas piedras y todo lo demás le mandó 
dar el Rey nuestro señor, en señal de amistad, 
porque sabe que es gran señor, y que mande se- 
ñalar para qué dia y en qué parte quiere que le 
vaya á ver. Y el Tendile le recibió y dijo que su 
señor Montezuma es tan gran señor, que se hol- 
gara de conocer á nuestro gran Rey, y que le 
llevará presto aquel presente y traerá respues- 
ta. Y parece ser que el Tendile traia consigo 
grandes pintores, que los hay tales en Méjico, y 
mandó pintar al natural rostro, cuerpo y fac- 
ciones de Cortés y de todos los capitanes y sol- 
dados, y navios y velase caballos, y á doña Ma- 
rina é Aguilar, hasta dos lebreles, é tiros é pe- 
lotas, é todo el ejército que traíamos, é lo llevó 
á su señor. Y luego mandó Cortés á nuestros ar- 
tilleros que tuviesen muy bien cebadas las bom- 
bardas con buen golpe de pólvora para que hi- 
ciesen gran trueno cuando las soltasen, y mandó 
á Pedro de Albarado que él y todos los de á ca- 
ballo se aparejasen para que aquellos criados de 
Montezuma los viesen correr, y que llevasen 
pretales de cascabeles; y también Cortés cabal- 
gó y dijo: «Si en estos medaños de arena pudié- 
ramos correr, bueno fuera; mas ya verán que á 
pié atollamos en la arena; salgamos á la playa 
desque sea menguante, y correremos de dos en. 



164 BERNAL DÍAZ. 

dos;» é al Pedro de Albarado, que era su yegua 
alazana, de gran carrera y revuelta , le dio el 
cargo de todos los de á caballo. Todo lo cual se 
hizo delante de aquellos dos embajadores, y pa- 
ra que viesen salir los tiros dijo Cortés que les 
quería tornar á hablar con otros muchos prin- 
cipales, y ponen fuego á las bombardas, y en 
aquella sazón hacia calma; iban las piedras por 
los montes retumbando con gran ruido, y los 
gobernadores y todos los indios se espantaron 
de cosas tan nuevas para ellos , y lo mandaron 
pintar á sus pintores para que Montezuma lo 
viese. Y parece ser que un soldado tenia un 
casco medio dorado, y viole Tendile, que era 
más entremetido indio que el otro , y dijo que 
parecia á unos que ellos tienen que les habían 
dejado sus antepasados del linaje donde venían, 
el cual tenían puesta en la cabeza á sus dioses 
Huicholóbos, que es su ídolo de la guerra, y que 
su señor Montezuma se holgará de lo ver, y 
luego se lo dieron; y les dijo Cortés que por 
que quería saber si el oro de esta tierra es co- 
mo el que sacan de la nuestra de los ríos, que 
le envíen aquel casco lleno de granos para en- 
viarlo á nuestro gran Emperador. 

Y después de todo esto, el Tendile se despi- 
dió de Gortés y de todos nosotros, y después de 
muchos ofrecimientos que les hizo el mismo 
Cortés, le abrazó y se despidió del, y dijo el 
Tendile que él volvería con la respuesta con 
toda brevedad; é ido, alcanzamos á saber que, 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 165 

después de ser indios de grandes negocios, fué 
el más suelto peón que su amo Montezuma te- 
nia; el cual fué en posta y dio relación de todo 
á su señor, y le mostró el dibujo que llevaba 
pintado y el presente que le envió Cortés ; y 
cuando el gran Montezuma le vio quedó admi- 
rado, y recibió por otra parte mucho contento, 
y desque vio el casco. y el que tenia su Huichi- 
lóbos, tuvo por cierto que éramos del linaje 
de los que les habían dicho sus antepasados que 
vendrían á señorear aquesta tierra. Aquí es 
donde dice el coronista Gómora muchas cosas 
que no le dieron buena relación. Dejallos hé 
aquí, y diré lo que más nos acaesció. 



CAPITULO XXXIX. 



COMO FUE TENDILE A HABLAR A SU SEÑOR MONTEZUMA 
Y LLEVAR EL PRESENTE Y LO QUE HICIMOS EN NUES- 
TRO REAL. 



Desque se fué Tendile con el presente que el 
capitán Cortés le dio para su señor Montezuma, 
é habia quedado en nuestro real el otro gober- 
nador que se decia Pitalpitoque, quedó en unas 
chozas apartadas de nosotros , y allí trajeron 
indios para que hiciesen pan de su maiz , y ga- 



166 BÉRNAL DÍAZ. 

Hiñas, fruta y pescado, y de aquella proveían á 
Cortés y á los capitanes que comían con él (que 
á nosotros los soldados , si no lo mariscábamos 
é íbamos á pescar , no lo teníamos); y en aque- 
lla sazón vinieron muchos indios de los pue- 
blos por mí nombrados, donde eran gobernado- 
res aquellos criados del gran Montezuma , y 
traían algunos dellos oro y joyas de poco valor 
y gallinas á trocar por nuestros rescates , que 
eran cuentas verdes, diamantes y otras cosas, y 
con aquello nos sustentábamos, porque comun- 
mente todos los soldados traíamos rescate , co- 
mo teníamos aviso cuando lo de Grijalva que 
era bueno traer cuentas , y en esto pasaron seis 
ó siete dias ; y estando en esto vino el Tendile 
una mañana con más de cien indios cargados , y 
venia con ellos un gran cacique mejicano , y en 
el rostro , facciones y cuerpo se parecían al ca- 
pitán Cortés , y adrede lo envió el gran Monte- 
zuma ; porque , según dijeron , cuando á Cortés 
le llevó Tendile dibujada su misma figura , to- 
dos los principales que estaban con Montezuma 
dijeron que un principal que s*, decía Quintal- 
bor se le parecía á lo propio á Cortés , que así 
se llamaba aquel gran cacique que venia con 
Tendile ; y como parecía á Cortés, así le llamá- 
bamos en el real Cortés allá, Cortés aculiá. 

Volvamos á su venida y lo que hicieron en 
llegando donde nuestro capitán estaba, y fué 
que besó la tierra con la mano, y con braseros 
que traían de barro, y en ellos de su incienso le 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 167 

zahumaron, y á todos los demás soldados que 
allí cerca nos hallamos; y Cortés les mostró 
mucho amor y asentólos cabe sí; é aquel prin- 
cipal que venia con aquel presente traia cargo 
juntamente de hablar con el Tendile (ya he di- 
cho que se decia Quintalbor); y después de ha- 
berle dado el parabién venido á aquella tierra, 
y otras muchas pláticas que pasaron , mandó 
sacar el presente que traian encima de unas es- 
teras que llaman petates, y tendidas otras man- 
tas de algodón encima dellas, lo primero quedió 
fué una rueda de hechura de sol, tan grande co- 
mo de una carreta, con muchas labores, todo de 
oro muy fino, gran obra de mirar, que valia, á lo 
que después dijeron que le habían pesado, sobre 
veinte mil pesos de oro, y otra mayor rueda de 
plata, figurada la luna con muchos resplandores, 
y otras figuras en ella, y esta era de gran peso, 
que valia mucho, y trujo el casco lleno de oro en 
granos crespos como lo sacan de las minas , que 
valia tres mil pesos. Aquel oro del casco tuvimos 
en más, por saber cierto que habia buenas mi- 
nas, que si trujeran treinta mil pesos. Mas tra- 
jo veinte ánades de oro, de muy prima labor 
y muy natural, é unos como perros de los que 
entre ellos tienen, y muchas piezas de oro figu- 
radas de hechuras de tigres y leones y monos, y 
diez collares hechos de una hechura muy pri- 
ma, é otros pinjantes, é doce flechas y arco con 
su cuerda, y dos varas como de justicia, de lar- 
go de cinco palmos, y todo esto de oro muy fino 



168 BERNAL DÍAZ. 

y de obra vaciadiza; y luego mandó traer pena- 
chos de oro y de ricas plumas verdes y ©tras de 
plata, ¡y aventadores de lo mismo, pues ve- 
nados de oro sacados del vaciadizo ; é fueron 
tantas cosas, que, como há ya tantos años que 
pasó, no me acuerdo de todo; y luego mandó 
traer allí sobre treinta cargas dé ropa de algo- 
don tan prima y de muchos géneros de labores, 
y de pluma de muchos colores, que por ser tan- 
tos no quiero en ello más meter la pluma, por- 
que no lo sabré escribir. Y después de haber 
dado, dijo aquel gran cacique Quintalbor y el 
Tendile á Cortés que reciba aquello con la gran 
voluntad que su señor se lo envia, é que lo re- 
parta con los teules que consigo trae; y Cortés 
con alegría los recibió; y dijeron á Cortés aque- 
llos embajadores que le querian hablar lo que 
su señor Montezuma le envia á decir. Y lo pri- 
mero que le dijeron, que se ha holgado que 
hombres tan esforzados vengan á su tierra, co- 
mo le han dicho que somos, porque sabia lo de 
Tabasco; y que deseara mucho ver á nuestro 
gran Emperador, pues tan gran señor es, pues 
de tan lejas tierras como venimos tiene noticia 
del, é que le enviarla un presente de piedras ri- 
cas, é que entretanto que allí en aquel puerto 
estuviéremos, si en algo nos puede servir que 
lo hará de buena voluntad; é cuanto á las vis- 
tas, que no curasen dellas, que no habia para 
qué; poniendo muchos inconvenientes. 
Cortés les tornó á dar las gracias con buen 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 169 

semblante por ello, y con muchos halagos dio á 
cada gobernador dos camisas de Holanda y dia- 
mantes azules y otras cosillas, y les rogó que 
volviesen por su embajador á Méjico á decir á 
su señor elgranMontezuma que, pues habíamos 
pasado tantas mares y veníamos de tan lejas 
tierras solamente por le ver y hablar de su per- 
sona á la suya, que así se volviese que no lo 
receberia de buena manera nuestro gran rey y 
señor, y que adonde quiera que estuviese le 
quiere ir á ver y hacer lo que madare. Y los 
embajadores dijeron que irian y se lo dirían; 
que las vistas que dice, que entienden que son 
por demás. Y envió Cortés con aquellos mensa- 
jeros á Montezuma de la pobreza que traíamos 
que era una copa de vidrio de Florencia, labra-' 
da y dorada, con muchas arboledas y monterías 
que estaban en la copa, y tres camisas de Ho- 
landa y otras cosas, y les encomendó la res- 
puesta. Fuéronse estos dos gobernadores, y 
quedó en el real Pitalpitoque, que parece ser lo 
dieron cargo los demás criados de Montezuma 
para que trújese la comida de los pueblos máá 
cercanos. Dejallo hé aquí, y diré lo que en 
nuestro real pasó. 



22 



170 BERNAL MAZ. 

CAPITULO XL. 



COMO CORTES ENVIÓ A BUSCAR OTRO PUERTO Y ASIEN- 
TO PARA POBLAR Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO 



Despachados los mensajeros para Méjico, lue- 
go Cortés mandó ir dos navios á descubrir la 
costa adelante, y por capitán delios á Francisco 
de Montejo , y le mandó que siguiese el viaje 
que habíamos llevado con Juan de Grijalva, 
porque el mismo Montejo havia venido en nues- 
tra compañia y del Grijalva , y que procurase 
buscar puerto seguro y mirase por tierras en 
que pudiésemos estar , porque bien via que en 
aquellos arenales no nos podíamos valer de mos- 
quitos y estar tan lejos de poblaciones; y mandó 
al piloto Alaminos y Juan Alvarez el Manqui- 
lio , fuesen por pilotos , porque sabian aquella 
derrota , y que diez dias navegase costa á costa 
todo lo que pudiesen ; y fueron de la manera 
que les fué dicho é mandado, y llegaron al paraje 
del rio Grande, que es cerca de Panuco, adonde 
otra vez llegamos cuando lo del capitán Juan de 
Grijalva , y desde allí adelante no pudieron pa- 
sar, por las grandes corrientes. Y viendo aque- 
lla mala navegación , dio la vuelta á San Juan 
de Ulúa , sin más pasar adelante , ni otra rela- 
ción , excepto que doce leguas de allí habiaa 






CONQUISTA DE HUEVA-ESPANA. 171 

visto un pueblo como fortaleza , el cual pueblo 
se llamaba Quiahuistlan , y que cerca de aquel 
pueblo estaba un puerto que le parecía al piloto 
Alaminos que podrían estar seguros los navios 
del norte; púsosele un nombre feo, que es el tal 
de Bernal , que parecia á otro puerto que hay 
en España que tenia aquel propio nombre feo; 
y en estas idas y venidas se pasaron al Montejo 
diez ó doce dias. 

Y volveré á decir que el indio Pitalpitoque, 
que quedaba para¿traer la comida, aflojó de tal 
manera, que nunca más trujo cosa ninguna ; y 
teníamos entonces gran falta de mantenimien- 
tos, porque ya el cazabe amargaba de mohoso, 
podrido y sucio de fatulas , y si no íbamos á 
mariscar no comíamos , y los indios que so- 
lian traer oro y gallinas á rescatar , ya no 
Venían tantos como al principio , y estos que 
acudían , muy recatados y medrosos ; y es- 
tábamos aguardando á los indios mensajeros 
que fueron á Méjico por horas. Y estando desta 
manera, vuelve Tendile con muchos indios , y 
después de haber hecho el acato que suelen 
entre ellos de zahumar á Cortés y á todos nos- 
otros, dio diez cargas de mantas de pluma muy 
fina y ricas, y cuatro chalchuites , que son 
unas piedras verdes de muy gran valor, y teni- 
das en más estima entre ellos, más que nosotros 
las esmeraldas, y es color verde, y ciertas pie- 
zas de oro, que dijeron que valia el oro, sin los 
chalchuites, tres mil pesos; y entonces vinieron 



172 feERNAL DÍA Z. 

el Tendile y Pitalpitoque, porque el otro gran 
cacique, que se decía Quintalbor, no volvió 
más, porque habia adolecido en el camino; y 
aquellos dos gobernadores se apartaron con 
Cortés y doña Marina y Aguilar, y le dijeron 
que su señor Monlezuma recibió el presente y 
que se holgó con él, é que en cuanto á la vista, 
que no le hablen más sobre ello, y que aquellas 
ricas piedras de chalchuites que las envia para 
el gran Emperador, porque son tan ricas , que 
vale cada una dolías una gran carga de oro, y 
que en más estima las tenia , y que ya no cure 
de enviar más mensajeros á Méjico. Y Cortés les 
dio las gracias con ofrecimientos; y ciertamente 
que le pesó á Cortés que tan claramente le de- 
cían que no podríamos ver al Montezuma, y di- 
jo á ciertos soldados que allí nos hallamos: 
«Verdaderamente debe de ser gran señor y ri- 
co, ysi Dios quisiere, algún dia le hemos de ir á 
ver.» Y respondimos los soldados: «Ya querría- 
mos estar envueltos con él.» 

Dejemos por agora las vistas, y digamos que 
en aquella sazón era hora del Ave-María, y en 
el real teníamos una campana, y todos nos arro- 
dillamos delante de una cruz que teníamos pues- 
ta en un medaño de arena, el más alto, y delan- 
te de aquella cruz decíamos la oración de la 
Ave-María; y como Tendile y Pitalpitoque nos 
vieron así arrodillar, como eran indios muy en- 
tremetidos, preguntaron que [á qué fin nos hu- 
millábamos delante de aquel palo hecho de 



CONOÜISTA DE NUEVA-ESPANA. 173 

aquella manera. Y como Cortés lo oyó, y el 
fraile de la Merced estaba preséntenle dijo Cor- 
tés al fraile: «Bien es agora, Padre, que hay 
buena materia para ello, que les demos á en- 
tender con nuestras lenguas las cosas tocantes á 
nuestra santa fe;» y entonces se -les hizo un tan 
buen razonamiento para en tal tiempo, que unos 
buenos teólogos no lo dijeran mejor; y después 
de declarado cómo somos cristianos é todas las 
cosas tocantes á nuestra santa fe que se conve- 
nían decir, les dijeron que sus ídolos son malos 
y que no son buenos; que huyen de donde está 
aquella señal de la cruz, porque en otra de aque- 
lla hechura padeció muerte y pasión el Señor 
del cielo y de la tierra y de todo lo criado, que 
es el en que nosotros adoramos y creemos, que 
es nuestro Dios verdadero, que se dice Jesu- 
cristo, y que quiso sufrir y pasar aquella muer- 
te por salvar todo el género humano, y que re- 
sucitó al tercero dia y está en los cielos, y que 
habernos de ser juzgados del; y se les dijo otras 
muchas cosas muy perfectamente dichas, y las 
entendían bien, y respondían cómo ellos lo di- 
rían á su señor Montezuma; y también se les de- 
claró que una de las cosas porque nos envió á 
estas partes nuestro gran Emperador fué para 
quitar que no sacrificasen ningunos indios ni otra 
manera de sacrificios malos que hacen, ni se ro- 
basen unos á otros, ni adorasen aquellas mal- 
ditas figuras; y que les ruega que pongan en sil 
ciudad, en los adoratorios donde están los ido- 



174 BERNAL DÍAZ. 

los que ellos tienen por dioses, una cruz como 
aquella, y pongan una imájen de nueslra Seño- 
ra, que allí les dio, con su hijo precioso en los 
brazos, y verán cuánto bien les va y lo que 
nuestro Dios por ellos hace. 

Y porque pasaron otros muchos razonamien- 
tos, é yo no los sabré escribir tan por extenso, 
lo dejaré, y traeré á la memoria que como vi- 
nieron con Tendile muchos indios esta postrera 
vez á rescatar piezas de oro, y no de mucho va- 
lor, todos los soldados lo rescatábamos; y aquel 
oro que rescatábamos dábamos á los hombres 
que traiamos de la mar, que iban á pescar, á 
trueco de su pescado, para tener de comer; por- 
que de otra manera pasábamos mucha necesidad 
de hambre, y Cortés se holgaba dello y lo disi- 
mulaba, aunque lo veia, y se lo decían muchos 
criados y amigos de Diego Velazquez, que para 
qué nos dejaba rescatar. Y lo que sobre ello pa- 
só diré adelante. 



CAPITULO XLI. 

DE LO QUE 8E HIZO SOBRE EL RESCATAR DEL ORO, Y DE 
OTRAS COSAS QUE EN EL REAL PASARON. 

Como vieron los amigos de Diego Velazquez, 
gobernador de Cuba, que algunos soldados res- 
catábamos oro, dijéronselo á Cortés que para 
qué lo consentía, y que no lo envió Diego Ve- 



CONQUISTA DE NUE VA-ESP ANA . 175 

lazquez para que los soldados llevasen todo el 
más oro, y que era bien mandar pregonar que 
no rescatasen más de ahí adelante, sino fue- 
se el mismo Cortés, y lo que hubiesen ha- 
habid , que lo manifestasen para sacar el real 
quinto, é que se pusiese una persona que fuese 
conveniente para cargo de tesorero. Cortés á 
todo dijo que era bien lo que decían, y que la 
tal persona nombrasen ellos; y señalaron á un 
Gonzalo Mejía. Y después desto hecho, les dijo 
Cortés, no de buen semblante: «Mira, señores, 
que nuestros compañeros pasan gran trabajo de 
no tener con qué se sustentar, y por esta causa 
habíamos de disimular, porque todos comiesen; 
cuanto más que es una miseria cuanto rescatan, 
que, mediante Dios, mucho es lo que habernos de 
haber, porque todas las cosas tienen su haz y 
envés; ya está pregonado que no rescaten más 
oro, como habéis querido; veremos de qué co- 
meremos.» Aquí es donde dice el coronista Gó- 
mora que lo hacia Cortés porque no creyese 
Montezuma que nos daba nada por oro; y no le 
informaron bien, que desde lo de Grijalva en el 
rio de Banderas lo sabia muy claramente; y 
demás desto, cuando le enviamos á demandar el 
casco de oro en granos de las minas, y nos veian 
rescatar. Pues que, ¡gente mejicana para no en- 
tendello! 

Y dejemos esto pues dice que por información 
lo sabe; y digamos cómo una mañana no ama- 
neció indio ninguno de los que estaban en las 



176 BERNAL DÍAZ. 

chozas, que solían traer de comer, ni los que 
rescataban, y con ellos Pitalpitoque, que sin 
hablar palabra se fueron huyendo; y la causa 
fué, según después alcánzateos á saber, que se 
lo envió á mandar Montezuma, que no aguar- 
dasen más pláticas de Cortés ni de los que con él 
estábamos; porque parece ser cómo el Monte- 
zuma era muy devoto de sus ídolos, que se de- 
cían Tezcatepuca y Huichilobos; el uno decían 
que era dios de la guerra, y el Tezcatepuca el 
Dios del infierno, y les sacrificaba cada día 
muchachos para que le diesen respuesta de lo 
que habia de hacer de nosotros, porque ya el 
Montezuma tenia pensamiento que si no nos 
tornábamos á ir en los navios, de nos haber to- 
dos á las manos para que hiciésemos generación, 
y también para tener que sacrificar; según des- 
pués supimos, la respuesta que le dieron sus 
ídolos fué que no curase de oir á Cortés, ni las 
palabras que le enviaba á decir que tuviese cruz 
y la imájen de nuestra Señora, que no la truje- 
sen á su ciudad; y por esta causa se fueron sin 
hablar. Y como vimos tal novedad, creímos que 
siempre estaban de guerra, y estábamos muy 
másá punto apercibidos. 

Y un dia estando yo y otro soldado puestos 
por espías en unos arenales, vimos venir por la 
playa cinco indios, y por no hacer alboroto por 
poca cosa en el real, los dejamos allegar á nos- 
otros, y con alegres rostros nos hicieron reve- 
rencia á su usanza, y por señas nos dijeron que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 177 

los llevásemos al real; y yo dije á mi compañero 
que se quedase en el puesto, é yo iria con ellos, 
que en aquella sazón no me pesaban los pies co-^ 
mo agora, que soy viejo; y cuando llegaron 
adonde Corles estaba, le hicieron grande acato y 
le dijeron: «Lopelucio, lopelucio;» que quiere 
decir en la lengua totonaque, señor y gran se- 
ñor; y traían unos grandes agujeros en los bezos 
de abajo, y en ellos unas rodajas de piedras 
pintadillas de azul, y otros con unas hojas de 
oro delgadas, y en las orejas muy grandes agu- 
jeros, y en ellos puestas otras rodajas de oro y 
piedras, y muy diferente trage y habla que 
traían á lo de los mejicanos que solían allí 
estar en los ranchos con nosotros, que envió 
el gran Montezuma; y como doña Marina y 
Aguilar , las lenguas, oyeron aquello de lo- 
pelucio, no lo entendieron; dijo la doña Ma- 
rina en la lengua mejicana que si había allí 
entre ellos naeyauatos , que son intérpretes 
de la lengua mejicana ; y respondieron los dos 
de aquellos cinco que sí, que ellos la entendían 
y hablarían; y dijeron luego en la lengua me- 
jicana que somos bien venidos , é que su señor 
les enviaba á saber quién éramos, y que se hol- 
gara servir á hombres tan esforzados , porque 
parece ser ya sabían lo de Tabasco y lo de Po- 
tonchan; y más dijeron, que ya hobieran venido 
á vernos, si no fuera por temor de los de Culúa, 
que debían estar allí con nosotros ; y Culúa en-» 
tiéndese por mejicanos , que es como si dijese* 
23 



178 BERNAL DIA2. 

mos cordobeses ó villanos ; é que supieron que 
habia tres dias que se habian ido huyendo á sus 
tierras; y de plática en plática supo Cortés có- 
mo tenia Montezuma enemigos y contrarios, de 
lo cual se holgó ; y con dádivas y halagos que 
les hizo, despidió aquellos cinco mensajeros , y 
les dijo que dijesen á su señor que él los iria á 
ver muy presto. Aquellos indios llamábamos 
desde ahí adelante los lopelucios. 

Y dejallos he agora , y pasemos adelante y 
digamos que en aquellos arenales donde está- 
bamos habia siempre muchos mosquitos zan- 
cudos, como de los chicos que llaman xexenes, 
y son peores que los grandes , y no podíamos 
dormir dellos., y no habia bastimentos , y el ca- 
zabe se apocaba , y muy mohoso y sucio de las 
fatulas, y algunos soldados de los que solian 
tener indios en la isb de Cuba suspirando con- 
tinuamente, por volverse á sus casas , y en es- 
pecial los criados y amigos de Diego Velazquez. 
Y como Cortés asi vido la cosa y voluntades, 
mandó que nos fuésemos al pueblo que habia 
visto el Montejo y el piloto Alaminos que es- 
taba en fortaleza, que se dice Quiahuistlan, y 
que los navios estarían al abrigo del peñol por 
mí nombrado. Y como se ponia por la obra para 
nos ir, todos los amigos, deudos y criados del 
Diego Velazquez dijeron á Cortés que para qué 
quería hacer aquel viaje sin bastimentos, é que 
no tenia posibilidad para pasar más adelante, 
porque ya se habian muerto en el real de heri- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 17£ 

das de lo de Tabasco y de dolencias y hambre 
sobre treinta y cinco soldados , y que la tierra 
era grande y las poblaciones de mucha gente, 
é que nos darian guerra un dia que otro,|y que 
seria mejor que nos vol viésemos á Cuba á dar 
cuenta á Diego Velazquez del oro rescatado, 
pues era cantidad, y de los grandes presentes 
de Montezuma, que era el sol de oro y la luna 
de plata y el casco de oro menudo de minas, y 
de todas las joyas y ropa por mí referidas. Y 
Cortés les respondió que no era buen consejo 
volver sin ver; porque hasta entonces que no 
nos podíamos quejar de la fortuna, é que diése- 
mos gracias á Dios, que en todo nos ayudaba; 
y que en cuanto á los que se han muerto , que 
en las guerras y trabajos suele acontecer; y 
que seria bien saber lo que habia en la tierra, 
y que entre tanto del maiz que tenían los indios 
y pueblos cercanos comeríamos , ó mal nos an- 
darían las manos. Y con esta respuesta se so- 
segó algo la parcialidad del Diego Velazquez, 
unque no mucho; que ya habia corrillos de- 
llos y plática en el real sobre la vuelta de 
Cuba. Y dejallo hé aquí , y diré lo que más 
avino. 



180 BBRHALDIAZ. 

CAPÍTULO XLII, 



<JÓMO ALZAMOS Á HERNANDO CORTES POR CAPITÁN GE- 
NERAL Y JUSTICIA MAYOR HASTA QUE SU MAJESTAD 
EN ELLO MANDASE LO QUE FUESE SERVIDO , Y LO 
QUE EN ELLO SE HIZO. 



Ya he dicho que en el real andaban los pa^ 
rientes y amigos del Diego Velazquez pertur- 
bando que no pasásemos adelante , y que desde 
allí de San Juan de Ulúa nos volviésemos á la 
isla de Cuba. Parece ser que ya Cortés tenia 
pláticas con Alonso Hernández Puertocarrero y 
con Pedro de Albarado, y sus cuatro hermanos, 
Jorge, Gonzalo , Gómez y Juan, todos Albara- 
dos , y con Cristóbal de Olí , Alonso de Avila, 
Juan de Escalante , Francisco de Lugo, y con- 
migo é otros caballeros y capitanes , que le 
pidiésemos por capitán. El Francisco de Mon- 
tejo bien lo entendió ., y estábase á la mira ; y 
una noche á más de media noche vinieron á mi 
choza el Alonso Hernández Puertocarrero y el 
Juan Escalante y Francisco de Lugo ¿ que éra- 
mos algo deudos yo y el Lugo, y de una tierra, 
y me dijeron: «Ah señor Bernal Diez del Cas- 
tillo , salid acá con vuestras armas á rondar, 
acompañaremos á Cortés , que anda rondando;» 
y cuando estuve apartado de la choza me dije- 



CONQUISTA DÉ NUETA-ESPANA. 181 

ron: «Mirad , señor , tened secreto de un poco 
que agora os queremos decir , porque pesa mu- 
cho, y no lo entiendan Jos compañeros que es- 
tán en vuestro rancho, que son de la parte del 
Diego Velazquez;» y lo que platicaron , fué: 
«¿Pareceos , señor , bien que Hernando Cortés 
asi nos haya traído engañados á todos , y dio 
pregones en Cuba que venia á poblar , y ahora 
hemos sabido que no trae poder para ello, sino 
para rescatar , y quieren que nos volvamos á 
Santiago de Cuba con todo el oro que se ha ha- 
bido, y quedaremos to$os perdidos , y tomarse 
ha el oro el Diego Velazquez, como la otra vez? 
Mira, señor, que habéis venido ya tres veces 
con esta postrera, gastando vuestros haberes, y 
habéis quedado empeñado , aventurando tantas 
veces la vida con tantas heridas; hacérnoslo, 
señor, saber, porque no pase esto adelante ; y 
estamos muchos caballeros que sabemos que 
son amigos de vuestra merced, para que esta 
tierra se pueble en nombre de S. M.,y Hernan- 
do Cortés en su Real nombre, y en teniendo que 
tengamos posibilidad hacello saber en Castilla 
á nuestro Rey y señor. Y tenga, señor, cuidado 
de dar el voto para qne todos le elijamos por 
capitán de unánime voluntad, porque es servi- 
cio de Dios y de nuestro Rey y Señor.» 

Yo respondí que la ida de Cuba no era buen 
acuerdo, y que seria bien que la tierra se po- 
blase, é que elijiésemos á Cortés por general y 
justicia mayor hasta que su majestad otra cosa 



í 82 BERNAL DÍAZ, 

mandase. Y andando do soldado en soldado 
este concierto, alcanzáronlo á saber los deudos 
y amigos del Diego Velazquez, que eran mu- 
chos más que nosotros , y con palabras algo 
sobradas dijeron á Cortés que para qué andaba 
con mañas para quedarse en aquesta tierra 
sin ir á dar cuenta á quien le envió para ser ca- 
pitán; porque Diego Velazquez no se lo ternia 
á bien; y que luego nos fuésemos á embarcar, 
y que no curase de más rodeos y andar en se- 
creto con los soldados, pues no tenia bastimen- 
tos ni gente ni posibilidad parr que pudiese po- 
blar. Y Cortés respondiB c sin mostrar enojo , y 
dijo que le placía, que no iria contra las ins- 
trucciones y memorias que traia del señor Die- 
go Velazquez; y mandó luego pregonar que 
para otro dia todos nos embarcásemos , cada 
uno en el navio que habia venido; y los que ha- 
bíamos sido en el concierto le respondimos que 
no era bien traernos engañados: que en Cuba 
pregonó que venia á poblar é que viene á res- 
catar, y que le requeríamos de parte de Dios 
nuestro Señor y de su majestad que luego po- 
blase, y no hiciese otra cosa, porque era muy 
gran bien y servicio de Dios y de su majestad; 
y se le dijeron muchas cosas bien dichas sobre 
el caso, diciendo que los naturales no nos de- 
jarían desembarcar otra vez como ahora, y que 
en estar poblada aquesta tierra siempre acudi- 
rían de todas las islas soldados para nos ayudar, 
y que Velazquez nos habia echado á perder con 



CONQUISTA DÉ NÚEVA-ESPANA. Í83 

publicar que tenia provisiones de su majestad 
para poblar, siendo al contrario; é que nosotras 
queríamos poblar, é que se fuese quien quisiese 
á Cuba. Por manera que Cortés lo aceptó, y 
aunque se hacia mucho de rogar, y como dice 
el refrán: a Tú me lo ruegas é yo me lo quiero;') 
y fué con condición que le hiciésemos justicia 
mayor y capitán general; y lo peor de todo que 
le otorgamos, que le daríamos el quinto del oro 
de lo que se hubiese, después de sacado el real 
quinto, y luego le dimos poderes muy bastan- 
tísimos delante de un escribano del Rey, que se 
decia Diego de Godoy, para todo lo por mí aquí 
dicho. 

Y luego ordenamos de hacer y fundar é po- 
blar una villa, que se nombró la villa rica de la 
Veracruz, porque llegamos jueves de la Cena, 
y desembarcamos en viernes santo de la Cruz, 
é rica por aquel caballero que dije en el capitu- 
lo, que se llegó á Cortés y le dijo que mirase 
las tierras ricas: y que se supiese bien gober- 
nar, é quiso decir que se quedase por capitán 
general; el cual era el Alonso Hernández Puer- 
tocarrero. Y volvamos á nuestra relación: que 
fundada la villa, hicimos alcalde y regidores, y 
fueron los primeros alcaldes Alonso Hernández 
Puertocarrero, Francisco de Montejo, y á este 
Montejo, porque no estaba muy bien con Cor- 
tés, por metelle en los primeros y principal, le 
mandó nombr&r por alcalde; y los regidores de- 
jallos he de escribir, porque no hace al caso que 



184 fiERNAL DÍAZ* 

nombre algunos, y diré cómo sé puso tina picota 
en la plaza, y fuera de la villa una horca, y se- 
ñalamos por capitán para las entradas á Pedro 
de Albarado,y maestre de campo á Cristóbal de 
Olí, alguacil mayor á Juan de Escalante, y te- 
sorero Gonzalo Mejía, y contador á Alonso de 
Avila, y alférez á Hulano Corral, porque el Vi- 
llareal, que habia sido alférez, no'sé qué enojo 
habia hecho á Cortés sobre una india de Cuba, 
y se le quitó el cargo; y alguacil del Real á 
Ochoa, vizcaíno, y á un Alonso Romero. Dirán 
ahora cérao no no nombro en esta relación al 
capitán Gonzalo de Sandoval, siendo un capitán 
tan nombrado, que después de Cortés, fué la se- 
gunda persona, y de quien tanta noticia tuvo el 
Emperador nuestro señor. A esto digo que, co- 
mo era mancebo entonces, no se tuvo tanta cuen- 
ta con él y con otros valerosos capitanes; que le 
vimos florecer en tanta manera, que Cortés y 
todos los soldados le teníamos en tanta estima 
como al mismo Cortés, como adelante diré. 

Y quedarse ha aquí esta relación; y diré cóm o 
el coronista Gómora dice que por relación sabe 
lo que escribe; y esto que aquí digo, pasó así; y 
en todo lo más que escribe no le dieron buena 
cuenta de lo que dice. E otra cosa veo, que para 
que parezca ser verdad lo que en ello escribe, 
todo lo que en el caso pone es muy al revés, por 
más buena retórica que en el escribir ponga. Y 
dejallo he, y diré lo que la parcialidad del Die- 
go Velazquez hizo sobre que no fuese por capi- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 185 

tan elegido Cortés, y nos volviésemos á la isla 
de Cuba. 



CAPITULO XLIÍI. 



COMO LA PARCIALIDAD DE DIEGO VELA ZQUEZ PERTUR- 
BABA EL PODER QUE JADIAMOS DADO Á CORTES, Y 
LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 



Y desque la parcialidad de Diego Velazquez 
vieron que de hecho habíamos elegido á Cortés 
por capitán general y justicia mayor, y nom- 
brada la villa y alcaldes y regidores, y nombra- 
do capitán á Pedro de Albarado, y alguacil 
mayor y maestre de campo y todo lo por mí di- 
cho, estaban tan enojados y rabiosos, que co- 
menzaron á armar bandos é chirinolas, y aun 
palabras muy mal dichas contra Cortés y contra 
los que le elegimos, é que no era bien hecho sin 
ser sabidores dello todos los capilanes y solda- 
dos que allí venian, y que jio le dio tales pode- 
res el Diego Velazquez, sino para rescatar, y 
harto teníamos los del bando de Cortés, de mi- 
rar que no se desvergonzasen más y viniésemos 
á las armas; y entonces avisó Cortés secreta- 
mente á Juan de Escalante que le hiciésemos 
parecer las instrucciones que traía del Diego 
24 



186 BEKNAL&IAZ. 

Velazquez; por lo cual luego Cortés las sacó del 
seno y las dio á un escribano del Rey que las 
leyese, y decía en ellas. «Desque hubiéredes 
rescatado lo más que pudiéredes , os volve- 
réis;» y venían firmadas del Diego Velazquez, y 
refrendadas de su secretario Andrés de Duero. 
Pedimos á Cortés que las mandase encorporar 
juntamente con el poder que le dimos, y asimis- 
mo el pregón que se dio en la isla de Cuba; y 
esto fué á causa que S. M. supiese en España 
cómo todo lo que haeíamos era en su Real ser- 
vicio, y no nos levantasen alguna cosa contraria 
de la verdad; y fué harto buen acuerdo- según 
enCastilla nos trataba D. Juan Rodríguez de 
Fonseca, Obispo de Burgos y Arzobispo de Ro- 
sano, que así se llamaba; lo cual supimos por 
muy cierto que andaba por nos destruir, y todo 
por ser mal informado, como adelante diré. 

Hecho esto, volvieron otra vez los mismos 
amigos y criados del Diego Velazquez á decir 
que no estaba bien hecho haberle elegido sin 
ellos, é que no querían estar debajo de su man- 
dadol sino volverse luego á la isla de Cuba; y 
Cortés les respondió que él no deternia á ningu- 
no por fuerza, é cualquiera que le viniese á pe- 
dir licencia se la daria de buena voluntad, aun- 
que se quedase sólo; y con esto los asosegó á 
algunos de ellos, excepto al Juan de Velazquez, 
de León, que era pariente del Diego Velazquez, 
é á Diego de Ordás, y á Escobar, que llamába- 
mos el Paje porque había sido criado del Diego 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 187 

Velazquez, y á Pedro Escudero y á otros amigos 
del Diego Velazquez; y á tanto vino la cosa, que 
poco ni mucho le querían obedecer, y Cortés 
con nuestro favor determinó de prender al Juan 
Velazquez de León, y al Diego de Ordás, y á 
Escobar el Paje, é á Pedro Escudero, y á otros 
que ya no me acuerdo; y por lo demás mirába- 
mos no hubiese algún ruido, y estuvieron pre- 
sos con cadenas y velas que les mandaba poner 
ciertos dias. Y pasaré adelante, y diré cómo fué 
Pedro de Albarado á entrar en un pueblo cerca 
de allí. Aqui dice el coronista Gómora en su 
Historia muy al contrario de lo que pasó, y quien 
viere su Historia verá ser muy extremado en 
hablar, é si bien le informaran, él dijera lo que 
pasaba; más todo es mentiras. 



CAPITULO XLIV. 



COMO FUE ORDENADO DE ENVIAR A PEDRO DI ALBARA- 
DO LA TIERRA ADENTRO Á BUSCAR MAÍZ Y BASTIMEN- 
TOS, Y LO QUE MÁS PASÓ. 



Ya que habíamos hecho y ordenado lo por mí 
aqui dicho, acordamos que fuese Pedro de Al- 
barado la tierra adentro á unos pueblos que te- 
níamos noticia que estaban cerca, para que viese 



1SS BERNA L DÍA 8* 

qué tierra era y para traer maíz é algún bas- 
timento , porque en el real pasábamos mucha 
necesidad; y llevó cien soldados , y entre ellos 
quince ballesteros y seis escopeteros , y eran 
destos soldados más de la mitad de la parcia- 
lidad de Diego Velazquez , y quedamos con 
Cortés todos los de su bando , por temor no hu- 
biese más ruido ni chirinola y se levantasen 
contra él, hasta asegurar más la cosa ; y desta 
manera fué el Albarado á unos pueblos peque- 
ños, sujeto de otro pueblo que se decia Costas- 
tlan, que era de lengua de Culúa ; y este nom- 
bre de Culúa es en aquella tierra como si dije- 
sen los romanos hallados ; asi es toda la lengua 
de la parcialidad de Méjico y de Montezuma ; y 
á este fin en toda aquesta tierra cuando dijere 
Culúa son vasallos y sujetos á Méjico , y asi se 
ha de entender. Y llegado Pedro de Albarado á 
los pueblos, todos estaban despoblados de aquel 
mismo dia , y halló sacrificados en unos cues 
hombres y muchachos , y las paredes y altares 
de sus ídolos con sangre , y los corazones pre- 
sentados á los ídolos ; y también hallaron las 
piedras sobre que los sacrificaban, y los cuchi- 
llazos de pedernal con que los abrian por los 
pechos para les sacar los corazones. Dijo el 
Pedro de Albarado que habían hallado todos 
los más de aquellos cuerpos sin brazos y pier- 
nas. E que dijeron otros indios que los habían 
llevado para comer; de lo cual nuestros soldados 
se admiraron mucho de tan grandes crueldades. 



CONQUISTA DE NUEVA -ESPAÑA. 189 

Y dejemos de hablar de tanto sacrificio, pues 
dende allí adelante en cada pueblo no hallába- 
mos otra cosa. Y volvamos á Pedro de Albara- 
do, que aquellos pueblos los halló muy abaste- 
cidos de comida y despoblados de aquel dia de 
indios, que no pudo hallar sino dos indios que 
le trajeron maiz; y así , hubo de cargar cada 
soldado de gallinas y de otras legumbres ; y 
volvióse al real sin más daño les hacer, aun- 
que halló bien en que, porque así se lo mandó 
Cortés, que no fuese como lo de Cozumel; y 
en el real nos holgamos con aquel poco basti- 
mento que trujo, porque todos los males y tra- 
bajos se pasan con el comer. Aquí es donde di- 
ce el coronista Gómora que fué Corte's la tierra 
adentro con cuatrocientos soldados; no le in- 
formaron bien, que el primero que fué es el por 
mí aquí dicho, y no otro. Y tornemos á nuestra 
plática: que como Cortés en todo ponia gran 
diligencia, procuró de hacerse amigo con la 
parcialidad del Diego Velazquez, porque á unos 
con dádivas del oro que habíamos habido, que 
quebranta peñas, é otros prometimientos , los 
atrajo á sí y los sacó de las prisiones, excepto 
Juan Velazquez de León y al Diego de Ordás, 
que estaban en cadenas en los navios, y dende 
á pocos dias también los sacó de las prisiones, 
hizo tan buenos y verdaderos amigos dellos co- 
mo adelante verán, y toda con el oro, que lo 
amansa. Y á todas las cosas puestas en este es- 
f tado, acordamos de nos ir al pueblo que estaba 



i 90 BERNAL DÍAÍ2. 

en la fortaleza, ya otra vez j?or mí memorado, 
que se dice Quiahuistlan, y que los navios se 
fuesen al peñol y puerto que estaba enfrente de 
aquel pueblo obra de una legua del ; é yendo 
costa á costa, acuerdóme que se mató un gran 
pescado que le echó la mar en la costa en seco, 
y llegamos á un rio donde está poblada ahora 
la Veracruz, y venia algo hondo, y con unas ca- 
noas quebradas lo pasamos, yo á nado y él en 
balsas, y de aquella parte del rio estaban unos 
pueblos sujetos á otro gran pueblo que se decia 
Cempoal, donde eran naturales los cinco indios 
de los bezotes de oro que he dicho que vinieron 
por mensajeros á Cortés, que les llamamos lope- 
lucios en el real, y hallamos las casas de ídolos 
y sacrificadores, y sangre derramada y encien- 
sos con que zahumaban, y otras cosas de ídolos 
y de piedras con que sacrificaban, y plumas de 
papagayos y muchos libros de su papel cosidos á 
dobleces, como á manera de paños de Castilla, y 
no hallamos indios ningunos, porque se habían 
ya huido; que, como no habían visto hombres 
como nosotros ni caballos, tuvieron temor, y 
allí aquella noche no hubo qué cenar; camina- 
mos la tierra adentro hacia el poniente, y deja- 
mos la costa, y no sabíamos el camino, y topa- 
mos unos buenos prados que llaman habanas, 
y estaban paciendo unos venados, y corrió Pe- 
dro de Albarado con su yegua alazana tras un 
venado y le dio una lanzada, y herido, se metió 
por un monte , que no se pudo haber, Y están- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 191 

do en esto , vimos venir doce indios que eran 
Vecinos de aquellas estancias donde habíamos 
dormido , y venian de hablar á su cacique , y 
traían gallinas y pan de maiz , y dijeron á Cor- 
tés con nuestras lenguas que su señor enviaba 
aquellas gallinas que comiésemos , y nosrogaba 
que fuésemos á su pueblo , que estaba de allí, á 
lo que señalaron , andadura de un dia, porque es 
un sol; y Cortés les dio las gracias y los halagó, 
y caminamos adelante y dormimos en otro pue- 
blo pequeño, que también tenia hechos muchos 
sacrificios. Y porque estarán hartos de oir de 
tantos indios é indias que hallábamos sacrifica- 
dos en todos los pueblos y caminos que topába- 
mos, pasaré adelante sin tornar á decir de qué 
manera é qué cosas tenían ; y diré cómo nos die- 
ron en aquel pueblezuelo de cenar , y supimos 
que era por Senipoal el camino para ir al Quia- 
huistlan , que ya he dicho que estaba en una 
sierra , y pasaré adelante, y diré cómo entramos 
en Cempoal. 

CAPÍTULO XLV. 



COMO ENTRAMOS EN CEMPOAL, QUE EN AQUELLA SAZÓN 
ERA MUY BUENA POBLACIÓN , Y LO QUE ALLÍ PA- 
SAMOS. 



Y como dormimos en aquel pueblo donde nos 
aposentaron los doce indios que he dicho, y des- 



192 BERNAL DÍAZ. 

pues de bien informados del camino que había- 
mos de llevar para ir al pueblo que estaba en el 
peñol, muy de mañana se lo hicimos saber á los 
caciques de Cempoal cómo íbamos á su pueblo, 
y que lo tuviesen por bien ; y para ello envió 
Cortés los seis indios por mensajeros, y los otros 
seis quedaron para que nos guiasen.; y mandó 
Cortés poner en orden los tiros y escopetas y 
ballesteros, y siempre corredores del campo 
descubriendo, y los de á caballo y todos los de- 
mas muy apercebidos. 

Y desta manera caminamos hasta que llega- 
mos una legua del pueblo ; é ya que estábamos 
cerca del , salieron veinte indios principales á 
nos recibir de parte del Cacique, y trujeron unas 
pinas rojas de la tierra, muy olorosas, y las die- 
ron á Cortés y á los de á caballo con gran amor, 
y le dijeron que su tenor nos estaba esperando 
en los aposentos , y por ser hombre muy gordo 
y pesado no podia venir á nos recebir ; y Cortés 
les dio gracias t y se fueron adelante. E ya que 
íbamos entrando entre las casps , desque vimos 
tan gran pueblo , y no habíamos visto otro ma- 
yor, nos admiramos mucho dello; y como estaba 
tan vicioso y hecho un verjel , y tan poblado de 
hombres y mujeres las calles llenas que nos sa- 
lían á ver, dábamos muchos loores á Dios , que 
tales tierras habíamos descubierto ; y nuestros 
corredores del campo, que iban á caballo, pare- 
ce ser llegaron á la gran plaza y patios donde 
estaban los aposentos , y de pocos días , según 



CONQUISTA Í)E NÜEVA-ÉSPAÑA. 193 

pareció, teníanlos muy encalados y relucientes, 
que lo saben muy bien hacer, y pareció al uno 
de los de á caballo que era aquello blanco que 
relucía plata, y vuelve á rienda suelta á decir á 
Cortés cómo tenian las paredes de plata. Y doña 
Marina é Aguilar dijeron que seria yeso ó cal, 
y tuvimos bien que reir de su plata ó frenesí, 
que siempre después le decíamos que todo lo 
blanco le parecia plata. Dejemos de la burla, y 
digamos cómo llegamos á los aposentos, y el 
cacique gordo nos salió á recebir junto al patio, 
que porque era muy gordo así le nombraré , é 
hizo muy gran reverencia á Cortés y le zahumó, 
que así lo tenian de costumbre, y Cortés le 
abrazó , y allí nos aposentaron en unos aposen- 
tos harto buenos y grandes, que cabíamos to- 
dos, y nos dieron de comer y pusieron unos ces- 
tos de ciruelas, que habia muchas, porque era 
tiempo deilas, y pan de maiz; y como veníamos 
hambrientos, y no habíamos visto otro tanto 
bastimento como entonces, pusimos nombre á 
aquel pueblo Villaviciosa, y otros le nombraron 
Sevilla. Mandó Cortés que ningún soldado les 
hiciese enojo ni se apartase de aquella plaza, Y 
cuando el cacique gordo supo que habíamos co- 
mido, le envió á decir á Cortés que le quería ir 
á ver, é vino con buena copia de indios princi- 
pales, y todos traían grandes bocetos de oro é 
ricas mantas; y Cortés también los salió al en- 
cuentro del aposento, y con grandes caricias y 
halagos le tornó á abrazar; y luego mandó al 
25 



194 BERNAL DÍAZ. 

cacique gordo que trujesen un presente qué te- 
nia aparejado de cosas de joyas de oro y man- 
tas, aunque no fué mucho, sino de poco valor, y 
le dijo á Cortés: «Lopelucio, lopelucio , recibe 
esto de buena voluntad;» é que si más tuviera, 
que se io diera. Ya he dicho que en lengua to- 
tonaque dijeron señor y gran señor, cuando di- 
cen lopelucio, etc. Y Cortés le dijo con doña Ma- 
rina é Aguilar que él se lo pagaría en buenas 
obras, é que lo que hubiese menester, que se lo 
dijese,, que lo haria por ellos; porque somos va- 
sallos de un tan gran señor, que es el Empera- 
dor D. Carlos, que manda muchos reinos y se- 
ñoríos, y que nos envía para deshacer agravios 
y castigar é los malos, y mandar que no sacrifi- 
casen más ánimas; y se les dio á entender otras 
muchas cosas tocantes á nuestra santa fe. Y 
luego como aquello oyó el cacique gordo, dando 
suspiros, se quejó reciamente del gran Montezu- 
ma y de sus gobernadores, diciendo quede poco 
tiempo acá le habia sojuzgado, y que le habia 
llevado todas sus joyas de oro, y les tiene tan 
apremiados, que no osan hacer sino lo que les 
manda, porque es señor de grandes ciudades, 
tierras é vasallos y ejércitos de guerra. Y como 
Cortés entendió que de aquellas quejas que da- 
ban al presente no podían entender en ello, les 
dijo que él haria de manera que fuesen desagra- 
viados; y porque él iba á ver sus acales (que en 
lengua de indios así llaman á los navios), é ha- 
cer su estada é asiento en el pueblo de Quia- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 195 

huistlan, que desque allí esté de asiento se ve- 
rán más de espacio; y el cacique gordo le res- 
pondió muy concertadamente. Y otro dia de 
mañana salimos de Cempoal, y tenia aparejados 
sobre cuatrocientos indios de carga, que en 
aquellas partes llaman tamemes, que llevan dos 
arrobas de peso á cuestas y caminan con ellas 
cinco leguas; y desque vimos tanto indio para 
carga nos holgamos, porque de antes siempre 
traíamos á cuestas nuestras mochilas los que no 
traían indios de Cuba, porque no pasaron en la 
armada sino cinco ó seis, y no tantos como dice 
el Gómora. Y doña Marina é Aguilar nos dije- 
ron, que en aquestas tierras, que cuando están 
de paz sin demandar quien lleve la carga, los 
caciques son obligados de dar de aquellos tame- 
mes; y desde allí adelante., donde quiera que 
íbamos demandábamos indios para las cargas. 
Y despedido Cortés del cacique gordo, otro dia 
caminamos nuestro camino, y fuimos á dormir á 
un pueblezuelo cerca de Quiahuistlan, y estaba 
despoblado, y los de Cempoal trujeron de cenar. 
Aquí es donde dice el coronista. Gómora que es- 
tuvo Cortés muchos dias en Cempoal, é que se 
concertó la rebelión é liga contra Montezuma: 
no le informaron bien; porque, como he dicho, 
otro dia por la mañana salimos de allí, y donde 
se concertó la rebelión y por qué causa adelante 
lo diré. E quédese así, é digamos cómo entra- 
mos en Quiahuistlan. 



196 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO XLVI. 



COMO ENTRAMOS EN QUIAHUISTLAN, QUE ERA PUEBLO 
PUESTO EN FORTALEZA, Y NOS ACOJIERON DE PAZ. 



Otro dia, á hora de las diez, llegamos en el 
pueblo fuerte, que se decia Quiahuistlan, que 
está entre grandes peñascos y muy altas cues- 
tas, y si hubiera resistencia era mala de tomar. 
E yendo con buen concierto y ordenanza, cre- 
yendo que estuviese de guerra, iba el artillería 
delante, y todos subíamos en aquella fortaleza, 
de manera que si algo acontecía, hacer lo que 
éramos obligados. Entonces Alonso de Avila 
llevó cargo de capitán; é como era soberbio é 
de mala condición, porque un soldado que se 
decia Hernando Alonso de Villanueva no iba en 
buena ordenanza, le dio un bote de lanza en un 
brazo que le mancó, y después se llamó Her- 
nando Alonso de Villanueva el Manquillo. Di- 
rán que siempre salgo de orden al mejor tiempo 
por contar cosas viejas. Dejémoslo, y digamos 
que hasta en la mitad de aquel pueblo no halla- 
mos indio ninguno con quien hablar, de lo cual 
nos maravillamos, que se habían ido huyendo 
de miedo aquel propio dia; é cuando nos vieron 
subir á sus casas, y estando en lo más déla forta- 
leza en una plaza j unto á donde tenían los cues é 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 197 

casas grandes de sus ídolos, vimos estar quince 
indios con buenas mantas, y cada uno un brasero 
de brasas, y en ellos de sus inciensos, y vinieron 
donde Cortés estaba y le zahumaron, y á los 
soldados que cerca dellos estábamos , y con 
grandes reverencias le dicen que les perdonen 
porque nob han salido á recebir, y que fuése- 
mos bien venidos é que reposemos , é que de 
miedo se habían huido é ausentado hasta ver 
qué cosas éramos, porque tenían miedo de nos- 
otros y de los caballos, é que aquella noche les 
mandarían poblar todo el pueblo; y Cortes les 
mostró mucho amor , y les dijo muchas cosas 
tocantes á nuestra sania fe, como siempre lo 
teníamos de costumbre á do quiera que llegá- 
bamos, y que éramos vasallos de nuestro gran 
Emperador D. Carlos, y les dio unas cuentas 
verdes é otras cosillas de Castilla; y ellos truje- 
ron luego gallinas y pan de maíz. Y estando en 
estas pláticas, vinieron luego á decir á Cortés 
que venia el cacique gordo de Cerapoal en an- 
das, y las andas á cuestas de muchos indios 
principales; y desque llegó el cacique habló 
con Cortés, juntamente con el cacique y otros 
principales de aquel pueblo, dando tantas que- 
jas de Montezuma, y contaba de sus grandes 
poderes, y decíalo con lágrimas y suspiros , que 
Cortés y los que estábamos presentes tuvimos 
mancilla; y demás de contar por qué via é modo 
los había sujetado, que cada año les demanda- 
ban muchos de sus hijos y hijas para sacrificar 



198 BERNALDIAZ. 

y otros para servir en sus casas y sementeras, y 
otras muchas quejas, que fueron tantas, que ya 
no se me acuerda; y que los recaudadores de 
Montezuma les tomaban sus mujeres é hijas si 
eran hermosas, y las forzaban; y que otro tan- 
to hacían en aquellas tierras de la lengua de 
Totonaque, que eran más de treinta pueblos; y 
Cortés los consolaba con nuestras lenguas cuan- 
to podia, é que los favorecería en todo cuanto 
pudiese, y quitaría aquellos robos y agravios, y 
que para eso les envió á estas partes el Empe- 
rador nuestro señor, é que no tuviesen pena 
ninguna, que presto verían lo que sobre ello 
hacíamos; y con estas palabras recibieron algún 
contento, mas no se les aseguraba el corazón 
con el gran temor que tenían á los mejicanos. Y 
estando en ^stas pláticas vinieron unos indios 
del mismo pueblo á decir á todos los caciques 
que allí estaban hablando con Cortés, cómo 
venían cinco mejicanos que eran los recaudado- 
res de Montezuma., é como los vieron se les per- 
dió la color y temblaban de miedo, y dejan sólo 
á Cortés y los salen á recibir, y de presto les 
enraman una sala y les guisan de comer y les 
hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que 
entre ellos beben; y cuando entraron en el pue- 
blo los cinco indios vinieron por donde estába- 
mos, porque allí estaban las casas del cacique 
y nuestros aposentos; y pasaron con tanta con- 
tenencia y presunción, que sin hablar á Cortés 
ni á ninguno de nosotros se fueron é pasaron 



CONQUISTA DE NUE V A-ESPAN A . 199 

delante; y traían ricas mantas labradas, y los 
bragueros de la misma manera (que entonces 
bragueros se ponían), y el cabello lucio é alza- 
do, como atado en la cabeza, y cada uno unas 
rosas oliéndolas, y mosqueadores que les traían 
otros indios como criados, y cada uno un bor- 
dón con un garabato en la mano, y muy acom- 
pañados de principales de otros pueblos de la 
lengua totonaque; y hasta que los llevaron á 
aposentar y les dieron de comer muy altamente 
no les dejaron de acompañar. Y después que 
hubieron comido mandaron llamar al cacique 
gordo é á los demás principales, y les dijeron 
muchas amenazas y les riñeron que porqué nos 
habían hospedado en sus pueblos, y les dijeron 
que qué tenían ahora que hablar y ver con 
nosotros. E que su señor Montezuma no era 
servido de aquello, porque sin su licencia y 
mandado no nos habían de recojer en su pueblo 
ni dar joyas de oro Y sobre ello al cacique gor- 
do y á los demás principales les dijeron muchas 
amenazas, é que luego les diesen veinte indios 
é indias para aplacar á sus dioses por el mal 
oficio que habia hecho. Y estando en esto, vién- 
dole Cortés, preguntó á doña Marina é Jeróni- 
mo de Aguilar, nuestras lenguas, de qué esta- 
ban alborotados los caciques desque vinieron 
aquellos indios, é quién eran. E doña Marina, 
que muy bien lo entendió, se lo contó lo que 
pasaba; é luego Cortés mandó llamar al cacique 
gordo y á todos los mas principales, y les dijo 



200 BERNAL DÍAZ. 

que quién eran aquellos indios, qne les hacían 
tanta fiesta. Y dijeron que los recaudadores del 
gran Montezuma, é que vienen á ver por qué 
causa nos recibían en el pueblo sin licencia de 
su señor, y que les demandan ahora veinte in- 
dios é indias para sacrificar á sus dioses Hui- 
chilóbos porque les dé vitoria contra nosotros, 
porque han dicho que dice Montezuma que os 
quiere tomar para que seáis sus esclavos; y 
Cortés les consoló é que no hubiesen miedo, 
que él estaba allí con todos nosotros y que los 
castigada. Y pasemos adelante á otro capítulo, 
y diré muy por extenso lo que sobre ello se 
hizo. 



CAPITULO XLVII. 



COMO CORTES MANDO QUE PRENDIESEN AQUELLOS CINCO 
RECAUDADORES DE MONTEZUM \ , Y MANDÓ QUEDEN- 
DE ALLÍ ADELANTE NO OBEDECIESEN NI DIESEN TRI- 
BUTO, Y LA REBELIÓN QUE ENTONCES SE ORDENO CON- 
TRA MONTEZUMA. 



Como Cortés entendió lo que los caciques le 
decían, les dijo que ya les habia dicho otras ve- 
ces que el Rey nuestro señor le mandó que vi- 
rase á castigar los malhechores é que no con- 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPANA. 201 

sintiese sacrificios ni robos; y pues aquellos 
recaudadores venían con aquella demanda , les 
mandó que luego los aprisionasen é los tuviesen 
presos hasta que su señor .Montezuma supiese 
la causa cómo vienen á robar y llevar por es- 
clavos sus hijos y mujeres, é hacer otras fuer- 
zas. E cuando los caciques lo oyeron estaban es- 
pantados de tal osadía, mandar que los mensa- 
jeros del gran Montezuraa fuesen maltratados, 
y temían y no osaban hacello; y todavía Cortés 
les convocó para que luego los echasen en pri- 
siones, y así lo hicieron, y de tal manera, que 
en unas varas largas y con collares (según entre 
ellos se usa) los pusieron de arte que no se les 
podían ir; é uno dellos porque no se dejaba atar 
le dieron de palos; y demás desto, mandó Cor- 
tés á todos los caciques que no les diesen más 
tributo, ni obediencia á Montezuma, é que así 
lo publicasen en todos los pueblos aliados y 
amigos. E que si otros recaudadores hubiese en 
otros pueblos como aquellos, que se lo hiciesen 
saber, que él envinria por ellos. Y como aquella 
nueva se supo en toda aquella provincia, porque 
luego envió mensajeros el cacique gordo hacién- 
j doselo saber, y también lo publicaron los prin- 
cipales que habían traído en su compañía aque- 
llos recaudadores, que como los vieron presos, 
luego se descargaron y fueron cada uno á su 
pueblo á'dar mandado y á contar lo acaecido. E 
viendo cosas tan maravillosas é de tanto peso 
par^elios, dijeron que no osaron hacer aquello. 
26 



202 BEKNAL DÍAZ. 

hombres humanos, sino teules , que asi llaman 
á sus ídolos en que adoraban ; é á esta causa 
desde alli adelante nos llamaron teules , que es, 
como he dicho , ó dioses ó demonios ; y cuando 
dijere en esta relación teules en cosas que han 
de ser tocadas nuestras personas , sepan que se 
dice por nosotros. 
Volvamos á decir de los prisioneros , que 
\ los querían sacrificar por consejo de todos los 
caciques , porque no les fuese alguno dellos á 
dar mandado á Méjico; y como Cortés lo enten- 
dió, les mandó que no los matasen , que él los 
quería guardar , y puso de nuestros soldados 
que los velasen ; é á media noche mandó llamar 
Cortés á los mismos nuestros soldados que los 
guardaban, y les dijo: «Mirad que soltéis dos 
dellos, los más diligentes que os parecieren , de 
manera que no lo sientan los indios destos pue- 
blos;» que se los llevasen á su aposento ; y asi 
lo hicieron , y después que los tuvo delante les 
preguntó con nuestras lenguas que por qué es- 
taban presos y de qué tierra eran , como ha- 
ciendo que no los conocía ; y respondieron que 
los caciques de Cempoal y de aquel pueblo con 
su favor y el nuestro los prendieron ; y Cortés 
respondió que él no sabia nada y que le pesa 
dello; y les mandó dar de comer y les dijo pala- 
bras de muchos halagos, y que se fuesen luego 
á decir á su señor Montezuraa cómo éramos to- 
dos sus grandes amigos y servidores ; y porque 
no pasasen más mal les quitó las prisiones, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 203 

y que riñó con los caciques que los tenían 
presos, y que todo lo que hubieren menester 
para su servicio que lo hará dé muy buena vo- 
luntad, y que los tres indios sus compañeros 
que tienen en prisiones, que él los mandará 
soltar y guardar, y que vayan muy presto, no 
los tornen á prender y los maten; y los dos pri- 
sioneros respondieron que se lo tenían en mer- 
ced, y que habían miedo que I03 tornarian alas 
manos, porque por fuerza habían de pasar por 
sus tierras; y luego mandó Cortés á seis hom- 
bres de la mar que esa noche los llevasen en un 
batel obra de cuatro leguas de allí, hasta saca- 
II08 de á tierra segura fuera de los términos de 
Cempoal. Y como amaneció, y los caciques de 
aquel pueblo y el cacique gordo hallaron menos 
los dos prisioneros, querían muy de hecho sa- 
crificar los otros que quedaban , si Cortés no se 
los quitara de su poder, é hizo del enojado por- 
que se habían huido los otros dos; y mandó 
traer una cadena del navio y echólos en ella, y 
luego los mandó llevar á los navios, é dijo que 
él los quería guardar, pues tan mal cobro pu- 
sieron de los demás; y cuando los hubieron lle- 
vado les mandó quitar las cadenns, é con bue- 
nas palabras les dijo que presto les enviaría á 
Méjico. Dejémoslo así, que luego que esto fué 
hecho todos los caciques de Cempoal y de 
[aquel pueblo é de otros que se habían allí j un? 
tado de la lengua totonaque , dijeron á Cortés 
que qué harían, pues que Montezuraa sabría ig 



204 BERNAL DÍAZ. 

prisión de sus recaudadores, que ciertamente 
vendrían sobre ellos los poderes de Méjico del 
gran Montezuma , y que no podrian escapar de 
ser muertos y destruidos. 

Y dijo Cortés con semblante muy alegre, que 
él y sus hermanos que alli estábamos ios defen- 
deríamos, y mataríamos á quien enojar los qui- 
siese. Entonces prometieron todos aquellos pue- 
blos y caciques á una que serian con nosotros 
en todo lo que les quisiésemos mandar, y junta- 
rían todos sus poderes contra Montezuma y to- 
dos sus aliados. Y iqui dieron la obediencia á 
su majestad por ante un Diego de Godoy el es- 
cribano, y todo lo que pasó lo enviaron á decir 
á los más pueblos de aquella provincia ; é como 
ya no daban tributo ninguno, é los recojedores 
no parecían, no cabían de gozo en haber quita- 
do aquel dominio. Y dejemos esto , y diré cómo 
acordamos de nos bajar á lo llano á unos prados, 
donde comenzamos á hacer una fortaleza. Esto 
es lo que pasa , y no la relación que sobre ello 
dieron al coronista Gómora. 

CAPITULO XLVIIL 

CÓMO ACORDAMOS DE POBLAR LA VILLA RICA DE LA 
VERACRUZ , Y DE HACER UNA FORTALEZA EN UNOS 
PRADOS JUNTO Á UNAS SALINAS Y CERCA DEL PUERTO 
DEL NOMBRE-FEO, DONDE ESTABAN ANCLADOS NUES- 
TROS NAVIOS, Y LO QUE ALLÍ SE HIZO. 

Después que hubimos hecho liga y amistad 
con más de treinta pueblos de las sierras , que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 205 

se decían los totonaques, que entonces se rebe- 
laron al gran Montezuma y dieron la obedien- 
cia á su majestad, y se prefirieron á nos servir, 
con aquella ayuda tan presta acordamos de po- 
blar é de fundar la villa rica de la Veracruz en 
unos llanos media legua del pueblo, que estaba 
como fortaleza , que se dice Quiahuistlan , y 
traza de iglegia y plaza y atarazanas , y todas 
las cosas que convenian para parecer villa , é 
hicimos una fortaleza ¿ y desde entonces los 
cimientos; y en acaballa de tener alta para en- 
maderar; y hechas troneras y cubos y barbaca- 
nas, dimos tanta priesa, que desde Cortés co- 
menzó el primero á sacar tierra á cuestas y pie- 
dra é ahondar los cimientos, como todos los ca- 
pitanes y soldados, y á la continua entendimos 
eu ello y trabajamos por la acabar de presto, los 
unos en los cimientos y otros en hacer las tapias, 
y otros en acarrear agua y en las escaleras, en 
hacer ladrillos y tejas y buscar comida, y oíros 
en la madera, y los herreros en la clavazón, 
porque teníamos herreros; y desta manera tra- 
bajábamos en ello á la contina desde el mayor 
hasta el menor, y los indios que nos ayudaban, 
de manera que ya estaba hecha iglesia y casas, 
é casi que la fortaleza. Estando en esto, parece 
ser que el gran Montezuma tuvo noticia en Mé- 
jico cómo le habian preso sus recaudadores éque 
le habian quitado la obediencia, y cómo estaban 
rebelados los pueblos totonaques; mostró tener 
mucho enojo de Cortés y de todos nosotros, y 



206 BERNAL DÍAZ. 

tenia ya mandado á un su gran ejército de 
guerreros que viniesen á dar guerra á los pue- 
blos que se le rebelaron y que no quedase nin- 
guno dellos á vida ; é para contra nosotros apa- 
rejaba de venir con gran ejército y pujanza de 
capitanes; y en aquel instante van los dos in- 
dios prisioneros que Cortés mandó soltar , se- 
gún he dicho en el capítulo pasado , y cuando 
Montezuma entendió que Cortés les quitó de 
las prisiones y los envió á Méjico, y las pala- 
bras de ofrecimientos que les envió á decir, 
quiso Nuestro Señor Dios que amansó su ira é 
acordó de enviar á saber de nosotros qué volun- 
tad teníamos , y para ello envió dos mancebos 
sobrinos suyos, con cuatro viejos, grandes caci- 
ciques, que los traían á cargo, y con ellos envió 
un presente de oro y mantas, é á dar las gracias 
á Cortés porque les soltó á sus criados; y por 
otra parte se envió á quejar mucho, diciendo 
que con nuestro favor se habían atrevido aqne- 
llos pueblos de hacellé tan £ran traición é que 
no le diesen tributo é quitalle la obediencia ; é 
que ahora, teniendo respeto á que tiene por cier- 
to que somos los que sus antepasados les habían 
dicho que habían de venir á sus tierras, é que 
debemos de ser de sus linajes, é porque estába- 
mos en casa de los traidores, no les envió luego 
á destruir; mas que el tiempo andando no se 
alabaran de aquellas traiciones. Y Cortés reci- 
bió el oro y la ropa, que valia sobre dos mil pe- 
sos, y les abrazó, y dio por disculpa que él y to- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 207 

dos nosotros éramos muy amigos de su señor 
Montezuma, y como tal servidor le tiene guar- 
dados sus tres recaudadores ; y luego los man- 
dó traer de los navios,, y con buenas mantas y 
bien tratados se los entregó , y también Cortés 
se quejó mucho del Montezuma, y les dijo cómo 
su gobernador Pitalpitoque se fué una noche 
del real sin le hablar, y que no fué bien hecho, 
y que cree y tiene por cierto que no se lo man- 
daría el señor Montezuma que hiciese tal villa- 
nía, é que por aquella causa nos veníamos á 
aquellos pueblos donde estábamos, é que hemos 
recibido dellos honra ; é que le pide por mer- 
ced que les perdone el desacato que contra 
él han tenido ; v que en cuanto á lo que 
dice que no le acuden con el tributo, que no 
pueden servir á dos señores , que en aquellos 
dias que allí hemos estado nos han servido en 
nombre de nuestro Rey y señor, y porque el 
Cortés y todos sus hermanos iríamos presto á le 
ver y servir, y cuando allá estemos se dará or- 
den en todo lo que mandare. Y después de 
aquestas pláticas y otras muchas que pasaron, 
mandó dar á aquellos mancebos, que eran gran- 
des caciques, y á los cuatro viejos que los traían 
á cargo, que eran hombres principales, diaman- 
tes azules y cuentas verdes, y se les hizo hon- 
ra; y allí delante dellos, porque habia buenos 
prados, mandó Cortés que corriesen y escara- 
muzasen Pedro de Albarado, que tenia una muy 
buena yegua alazana que era^muy revuelta, y 



208 BERNA L DÍAZ. 

otros caballeros, de lo cual se holgaron de los 
haber visto correr; y despedidos y muy conten- 
tos de Cortés y de todos nosotros se fueron á su 
Méjico. En aquella sazón se le murió el caballo 
á Cortés, y compró ó le dieron otro que se decia 
el Arriero, que era castaño escuro, que fué de 
Ortiz el músico y un Bartolomé García el mine- 
ro y fué uno de los mejores caballos que venían 
en el armada. Dejemos de hablar en esto, y diré 
que como aquellos pueblos de la sierra, nues- 
tros amigos, y el pueblo de Ccmpoal solían es- 
tar de antes muy temerosos de los mejicanos, 
creyendo que el gran Montezuma los habia de 
enviar á destruir con sus grandes ejércitos de 
guerreros, y cuando vieron á aquellos parientes 
del gran Montezuma que venían con el presente 
por mí nombrado, y á darse por servidores de 
Cortés y de todos nosotros, estaban espantados, 
y decían unos caciques á otros que ciertamente 
éramos teules, pues que Montezuma nos habia 
miedo, pues enviaba oro en presente. Y si de 
antes teníamos mucha reputación de esforzados, 
de allí adelante nos tuvieron en mucho más. Y 
quedarse ha aquí, y diré lo que hizo el cacique 
y otros sus amigos. 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 209 

CAPITULO XLIX. 



COMO VINO EL CACIQUE GORDO Y OTROS PBlNCIPALEá 
Á QUEJARSE DELANTE DE CORTES COMO EN UN PUE- 
BLO FUERTE, QUE SE DECÍA. CINGAPACINGA, ESTABAN 
GUARNÍCIONBS DE MEJICANOS Y LES HACÍAN MUCHO 
DAÑO, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 



Después de despedidos los mensajeros mejica- 
nos, vino el cacique gordo, con otros muchos 
principales nuestros amigos, á decir á Cortés 
que luego vaya á un pueblo que se decia Cingápa- 
cinga, que estaña de Cempoal dos dias de anda- 
dura, que serian ocho ó nueve leguas, porque 
decianque estaban en él juntos muchos indios 
de guerra de los culúas, que se entiende por los 
mejicanos, y que les venían á destruir sus '*$* 
monteras y estancias, y les salteaban sus vasa- 
llos y les hacian otros malos tratamientos; y 
Cortés lo creyó, según se lo decia.n tan afecta- 
damente; y viendo aquellas quejas y con tantas 
importunaciones, y habiéndoles prometido que 
los ayudaria, y matada á los culúas ó á otros 
indios que los quisiesen enojar; é á esta causa 
no sabia qué decir, salvo echallos de allí, y es- 
tuvo pensando en ello, y dijo riendo á ciertos 
compañeros que estábamos acompañándole: 
(Sabéis, señores , que rae parece que en todas 
27 



210 BERKAL DÍAZ. 

estas tierras ya tenemos fama de esforzados, y 
por lo que han visto estas gentes por los recau- 
dadores de Montezuma, nos tienen por dioses ó 
por cosas como sus ídolos. He pensado que, pa- 
ra que crean que uno de nosotros basta para 
desbaratar aquellos indios guerreros que dicen 
que están en el pueblo de la fortaleza de sus 
enemigos, enviemos á Heredia el viejo;» que 
era vizcaíno, y tenia mala catadura en la ca- 
ra, y la barba grande, y la cara media acuchi- 
llada, é un ojo tuerto, é cojo de una pierna, es- 
copetero; el cual ie mandó ilamar, y le dijo: «Id 
con estos caciques hasta el rio, que estaba de 
allí un cuarto de legua; é cuando allá llegáre- 
des, haced que os paráis á beber é lavar las ma- 
nos', é tira un tiro con vuestra escopeta, que yo 
os enviaré á llamar; que esto hago porque crean 
que somos dioses, ó de aquel nombre y reputa- 
ción que nos tienen puesto; y como vos sois mal 
agestado, crean que sois ídolo.» 

Y el Heredia lo hizo según y de la manera 
que le fué mandado, porque era hombre que ha- 
bia sido soldado en Italia; y luego envió Cor- 
tés á llamar al cacique gordo é á todos los de- 
mas principales que estaban aguardando el 
ayuda y socorro, y les dijo: «Allá envió con 
vosotros este mi hermano, para quémate y eche 
todos los culúas de ese pueblo, y me traiga pre- 
sos á los que no se quisieren ir.» Y los caciques 
estaban elevados desque lo oyeron, y no sabían 
si lo creer ó no, é miraban á Cortés si hacia al- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 21 í 

gun mudamiento en el rostro, que creyeron que 
era verdad lo que les decía; y luego el viejo He- 
redia, que iba con ellos, cargó su escopeta, é 
iba tirando tiros al aire por los montes porque 
lo oyesen é viesen los indios, y los caciques 
enviaron á dar mandado á los otros pueblos 
cómo llevan á un teule para matar a los mejica- 
nos que estaban en Cingapacinga; y esto pongo 
aquí por cosa de risa, porque vean las mañas que 
tenia Cortés. Y cuando entendió que habia lle- 
gado el Heredia al rio que le habia dicho, mandó 
de presto que le fuesen á llamar, y vueltos los 
caciques y el viejo Heredia, les tornó á decir 
Cortés á los caciques que por la buena voluntad 
que les tenia que el propio Cortés en persona 
con algunos de sus hermanos quería ir á ha- 
celles aquel socorro y á ver aquellas tierras y 
fortalezas, y que luego le trujesen cien hombres 
tamemes para llevar los tepuzques, que son los 
tiros, y vinieron otro dia por la mañana ; y ha- 
bíamos de partir aquel mismo dia con cuatro- 
cientos soldados y catorce de á caballo y balles- 
teros y escopeteros, que estaban aperccbidos; y 
ciertos soldados que eran de la parcialidad de 
Diego Velazquez dijeron que no querían ir, y 
que se fuese Cortés con los que quisiese, que 
ellos á Cuba se querían volver; y lo que sobre 
ello se hizo diré adelante. 



212 BERNAL BIAZ. 

CAPÍTULO L. 



CÓMO CIERTOS SOLDADOS DE LA PARCIALIDAD DE DIEGO 
VELAZQUEZ, VIENDO QUE DE HECHO QUERÍAMOS PO- 
BLAR Y COMENZAMOS Á PACIFICAR PUEBLOS, DIJERON 
QUE NO QUERÍAN IR Á NINGUNA ENTRADA, SINO TOL- 
VERSE Á LA ISLA DE CUBA. 



Ya me habrán oido decir en el capítulo antes 
deste que Cortés habia de ir á un pueblo que se 
dice Cingapacinga, y habia de llevar consigo 
cuatrocientos soldados y catorce de á caballo y 
ballesteros y escopeteros, y tenian puestos ea 
la memoria para ir con nosotros á ciertos solda- 
dos de la parcialidad del Diego Velazquez; é 
yendo los cuadrilleros á apercebirlos que salie- 
sen luego con sus armas y caballos los que los 
tenian , respondieron soberbiamente que no 
quedan ir á ninguna entrada , sino volverse á 
sus estancias y haciendas que dejaron en Cuba; 
que bastaba lo que habian perdido por sacallos 
Cortés de sus casas, y que les habia prometido 
en Larenal que cualquiera persona que se qui- 
siese ir que les daria licencia y navio y matalo- 
taje; y á esta causa estaban siete soldados aper- 
cebidos para se volver á Cuba; y como Cortés lo 
supo, los envió á llamar, y preguntando por 
c¿ué hacían aquella cosa tan fea, respondieron 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 213 

algo alterados, y dijeron que se maravillaban 
querer poblar adonde habia tanta fama de milla- 
res de indios y grandes poblaciones, con tan po- 
cos soldados como éramos, y que ellos estaban 
dolientes y hartos de andar de una parte á otra, 
y que se querían ir á Cuba á sus casas y hacien- 
das; que les diese luego licencia, como se lo ha- 
bia prometido; y Cortés les respondió mansa- 
mente que era verdad que se la prometió, mas 
que no harian lo que debian en dejar la bandera 
de su capitán desamparada; y luego les mandó 
que sin detenimiento ninguno se fuesen á em- 
barcar, y les señaló navio, y les mandó dar ca- 
zabe y una botija de aceite y otras legumbres 
de bastimentos de lo que teníamos. 

Y uno de aquellos soldados, que se decía Hu- 
lano Morón, vecino de la villa que se decía Del- 
bayamo, tenia un buen caballo overo, labrado 
de las manos, y le vendió luego bien vendido á 
un Juan Ruano á trueco de otras haciendas que 
el Juan Ruano dejaba en Cuba; é ya que se que- 
rían hacer á la vela, fuimos todos los compañe- 
ros é alcaldes y regidores de nuestra Villa-Rica 
á requerir á Cortés que por via ninguna no die- 
se licencia á persona ninguna para salir á tier- 
ra, porque así convenia al servicio de Dios nues- 
tro Señor y de su majestad; y que la persona que 
tal licencia pidiese, por hombre que merecía 
pena de muerte, conforme á las leyes de la or- 
den militar, pues quieren dejar á su capitán y 
bandera desamparada en la guerra é peligro, 



214 BEftNALDlAZ. 

en especial habiendo tanta multitud de pueblos 
de indios guerreros como ellos han dicho: y 
Cortés hizo como que les quería dar la licencia , 
mas á la postre se la revocó, y se quedaron 
burlados y aun avergonzados, y el Morón su 
caballo vendido, y el Juan Ruano, que lo hubo, 
no se lo quiso volver, y todo fué maneado por 
Cortés, y fuimos nuestra entrada á Cingapa- 
cinga. 



CAPITULO LI. 



DE LO QUE NOS ACAECIÓ EN CINGAPACINGA, Y COMO A 
LA VUELTA QUE VOLVIMOS POR CEMPOAL LES DER- 
ROCAMOS SUS ÍDOLOS Y OTRAS COSAS QUE PASARON. 



Como ya los siete hombres que se querían 
volver á Cuba estaban pacíficos, luego partimos 
con los soldados de infantería ya por mí nom- 
brados, y fuimos á dormir al pueblo de Cera- 
poal, y tenían aparejado para salir con nosotros 
dos mil indios de guerra en cuatro capitanías; y 
el primero dia caminamos cinco leguas con 
buen concierto, y otro dia á poco mas de víspe- 
ras llegamos á las estancias que estaban junto 
al pueblo de Cingapacinga, é los naturales del 
tuvieron noticia cómo íbamos; é ya que comen- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 215 

zábamos á subir por la fortaleza y casas, que 
estaban entre grandes riscos y peñascos,, sa- 
lieron de paz á nosotros ocho indios prin- 
cipales y papas, y dicen á Cortés llorando 
que por qué los quiere matar y destruir no 
habiendo hecho por qué, pues teníamos fama 
que á todos hacíamos bien y desagraviábamos á 
los que estaban robados, y habíamos prendido á 
los recaudadores de Montezuma; y que aquellos 
indios de guerra de Cempoal que allí iban con 
nosotros estaban mal con ellos de enemistades 
viejas que habían tenido sobre tierras é térmi- 
nos, y que con nuestro favor les venian á matar 
y robar; y que es verdad que mejicanos solían 
estaren guarnición en aquel pueblo; y que pocos 
dias había se habían ido á sus tierras cuando su- 
pieron que habíamos preso á otros recaudado- 
res; y que le ruegan que no pasemos adelante 
la armada y les favorezcan; y como Cortés lo 
hubo muy bien entendido con nuestras lenguas 
doña Marina é Aguilar, luego con mucha bre- 
vedad mandó al capitán Pedro de Albarado y al 
maestre de campo, que era Cristóbal de Olí, y á 
todos nosotros los compañeros que con él íba- 
mos, que detuviésemos á los indios de Cempoal 
que no pasasen más adelante; y así lo hicimos, 
y por presto que fuimos á detenellos, ya estaban 
robando en las estancias, de lo cual hubo Cortés 
gran enojo, y mandó que viniesen luego los ca- 
pitanes que traían á cargo aquellos guerreros 
de Cempoal, y con palabras de muy enojado y 



216 BERNAL DÍA2. 

de grandes amenazas les dijo que luego Íes tril* 
jesen los indios é indias y mantas y gallinas que 
habian robado en las estancias,, y que no entre 
ninguno dellos en aquel pueblo; y que porque 
le habian mentido y venían á sacrificar y robar 
á sus vecinos con nuestro favor eran dignos de 
muerte, y que nuestro Rey y señor, cuyos vasa- 
llos somos, no nos envió á estas partes y tierras 
para que hiciesen aquellas maldades, y que 
abriesen bien los ojos no les aconteciese otra co- 
mo aquella, porque no habiade quedar hombre 
dellos á vida; luego los caciques y capitanes de 
Cempoal trujeron á Cortés todo lo que habian 
robado, así indios como indias y gallinas, y se 
les entregó á los dueños cuyo era, y con sem- 
blante muy furioso les tornó á mandar que 
se saliesen á dormir al campo , y así lo hi- 
cieron. 

Y desque los caciques y papas de aquel pue- 
blo y otros comarcanos vieron que tan justifi- 
cados éramos, y las palabras amorosas que les 
decia Cortés con nuestras lenguas, y también 
las cosas tocantes á nuestra santa fe, como lo 
teníamos de costumbre, y que dejasen el sacri- 
ficio y de se robar unos á otros, y las sucieda- 
des de sodomías, y que no adorasen sus maldi- 
tos ídolos, y se les dijo otras muchas cosas bue- 
nas, tomáronnos tan buena voluntad, que luego 
fueron allamara otros pueblos comarcanos, y to- 
dos dieron la obediencia á su majestad; y allí lue- 
go dieron muchas quejas de Montezuma, como las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 217 

pasadas que habían dado los de Cempoal enando 
estábamos en el pueblo de Quiahuistlan; y otro 
dia por la mañana Cortés mandó llamar á los 
capitanes y caciques de Cempoal, que estaban 
en el c impo aguardando para ver lo que les 
mandábamos, y aún muy temerosos de Cortés 
por lo que habian hecho en haberle mentido; y 
venidos delante, hizo amistades entre ellos y los 
de aquel pueblo, que nunca faltó por ninguno 
dellos; y luego partimos para Cempoal por otro 
camino, y pasamos por dos pueblos amigo3 de los 
de Cingapacinga , y estábamos descansando, 
porque hacia recio sol y veníamos muy cansados 
con las armas á cuestas; y un soldado que se de- 
cía Fulano de Mora, natural de Ciudad-Rodri- 
go, tomó dos gallinas de una casa de indioá 
de aquel pueblo, y Cortés , que lo acertó á ver, 
hubo tanto enojo de loque delante del hizo 
aquel soldado en los pueblos de paz en tomar 
las gallinas, que luego le mandó echarunasoga 
á la garganta, y le tenían ahorcando si Pedro 
de Aibarado, que se hailó junto á Cortés, no lo 
cortara la soga con la espada, y medio muerto 
quedó el pobre soldado. 

He querido traer esto aquí á la memoria para 
que vean los curiosos lectores cuan ejemplar- 
mente procedía Cortés, y lo que esto importa 
en esta ocasión. Después murió este soldado en 
una guerra en la provincia de Guatimala sobre 
un peñol. Volvamos á nuestra relación: que, 
como salimos de aquellos pueblos que dejamof 



2i8 BERNAL DÍAZ. 

de paz, yendo para Cempoal, estaba el cacique 
gordo, con otros principales, aguardándonos en 
unas chozas con comida; que, aunque son indios, 
vieron y entendieron que la justicia es santa y 
buena, y que ías palabras que Cortés les habia 
dicho, que veníamos á desagraviar y quitar ti- 
ranías, conformaban con lo que pasó en aquella 
entrada, y tuviéronnos en mucho más que de 
antes, y alli dormimos en aquellas chozas, y to- 
dos los caciques nos llevaron acompañando has- 
ta los aposentos de su pueblo; y verdaderamente 
quisieran que no saliéramos de su tierra , por- 
que se temían de Montezumano enviase su gen- 
te de guerra contra ellos; y dijeron á Cortés, 
pues éramos ya sus amigos, que nos quieren te- 
ner por hermanos, que será bien que tomásemos 
de sus hijas é parientas para hacer generación; 
y que para que más fijas sean las amistades 
trujeron ocho indias, todas hijas de caciques, y 
dieron á Cortés una de aquellas cacicas, y era 
sobrina del mismo cacique gordo, y otra dieron 
á Alonso Hernández Puertocarrero y era hija 
de otro gran cacique que -se decia Cuesco en su 
lengua; y traíanlas vestidas á todas ocho con ri- 
cas camisas de la tierra y bien ataviadas á su 
usanza , y cada una dellas un collar de oro al 
cuello, y en las orejas cercillos de oro, y venían 
acompañadas de otras indias para se servir de- 
llas ; y cuando el caciuue gordo las presentó, 
dijo á Cortés: «Tecle (que quiere decir en su len- 
gua señor) , estas siete mujeres son para los ca- 



COHOUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. 219 

pitanes que tienes, y esta, que es mi sobrina, es 
para tí , que es señora de pueblos y vasallos.» 
Cortes las recibió con alegre semblante y les 
dijo que se lo tenían en merced ; mas para to- 
mallas , como dice que seamos hermanos , que 
hay necesidad que no tengan aquellos ídolos en 
que creen y adoran, que los traen engañados, y 
que no les sacrifiquen ; y que como él no vea 
aquellas cosas malísimas en el suelo y que no 
sacrifiquen, que luego teman con nosotros muy 
más fija la hermandad ; y que aquellas mujeres 
que se volverán cristianas primero que las re- 
cibamos ; y que también habían de ser limpios 
de sodomías, porque tenían muchachos vestidos 
en hábito de mujeres que andaban á ganar en 
aquel maldito oficio; y cada dia sacrificaban de- 
lante de nosotros tres ó cuatro y cinco indios, y 
los corazones ofrecían á sus ídolos y la sangre 
pegaban por las paredes, y cortábanles las pier- 
nas y brazos y muslos , y los comían como vaca 
que se trae de las carnicerías en nuestra tierra, 
y aun tengo creído que lo vendían por menudo 
en los tiangues , que son mercados ; y que como 
estas maldades se quiten y que no lo usen , que 
no solamente les seremos amigos, más que les 
hará que sean señores de otras provincias; y 
todos los caciques , papas y principales respon- 
dieron que no les estaba bien de dejar sus ído- 
los y sacrificios , y que aquellos sus dioses les 
daban salud y buenas sementeras y todo lo que 
habian menester; y que en cuanto á lo de las 



220 BERNAL DÍAZ. 

sodomías , que pornán resistencia en ello para 
que no se use más ; y como Cortés y todos nos- 
otros vimos aquella respuesta tan desacatada y 
habíamos visto tantas crueldades y torpedades, 
ya por mí otra vez dichas, no las pudimos sufrir; 
y entonces nos habló Cortés sobre ello y nos 
trujo á la memoria unas santas y buenas doctri- 
nas, y que, ¿cómo podíamos hacer ninguna cosa 
buena si no volvíamos por la honra de Dios y 
en quitar los sacrificios que hacían á los ídolos? 
Y que estuviésemos muy apercebidos para pe- 
lear si nos lo viniesen á defender que no se los 
derrocásemos , y que , aunque nos costase las 
vidas , en aquel dia habia de venir ?1 suelo. Y 
puestos que estábamos todos muy á punto con 
nuestras armas, como lo teníamos de costumbre 
para pelear , les dijo Cortés á los caciques que 
los habian de derrocar ; y cuando aquello vie- 
ron luego mandó el cacique gordo á otros sus 
capitanes que se apercibiesen muchos guerreros 
en defensa de sus ídolos ; y cuando vio que que- 
ríamos subir en un alto cu , que es su adorato- 
rio, que estaba alto y habia muchas gradas, 
que ya no se me acuerda qué tantas habia, vi- 
mos al cacique gordo con otros principales muy 
alborotados y sañudos , y dijeron á Cortés que 
por qué les queríamos destruir. Y que si les 
haciamos deshonor á sus dioses ó se los qui- 
tamos , que todos ellos perecerian", y aun nos- 
otros con ellos ; y Cortés les respondió muy 
enojado que otra vez les ha dicho que no sa* 



CONQUISTA DE NUK7A-ESPANA. 221 

crifiquen á aquellas malas figuras, porque no 
les traigan más engañados, y que á esta causa 
los veníamos á quitar de allí, é que luego á la 
hora los quitasen ellos; si no, que luego los 
echarían á rodar por las gradas abajo ; y les dijo 
que no los temíamos por amigos, sino por ene- 
migos mortales, pues que les daba buen consejo 
y no le querían creer; y porque habían visto que 
habian venido sus capitanes puestos en armas de 
guerreros, que está enojado: con ellos y que se 
lo pagarán con quítalles las vidas; y como vie- 
ron á Cortés que les decía aquellas amenazas, y 
nuestra lengua doña Marina que se lo sabia muy 
bien dar á entender y aun los amenazaba con los 
poderes de Montezuma, que cada dia los aguar- 
daba, por temor desto dijeron que ellos que no 
eran dignos de llegar-á sus dioses, y que si nos- 
otros los queríamos derrocar, que no era con su 
consentimiento, que se los derrocásemos y hi- 
ciésemos lo que quisiésemos ; y no lo hubo bien 
dicho, cuando subimos sobre cincuenta soldados 
y los derrocamos, y venían rodandoaquellossus 
ídolos hechos pedazos, y eran de manera de dra- 
gones espantables, tan grandes como becerros, 
y otras figuras de manera de medio hombre y de 
perros grandes y de malas semejanzas ; y cuan- 
do así los vieron hechos pedazos, los caciques y 
papas que con ellos estaban lloraban y tapaban 
los ojos, y en su lengua totonaque les decían que 
les perdonasen y que no era más en su mano ni 
tenían culpa, sino estos teules que les derruecan, 



222 BERNAL MAS. 

é que por temor de los mejicanos no nos daban 
guerra ; y cuando aquello pasó, comenzaban las 
capitanías de los indios guerreros, que he di- 
cho que venían á nos dar guerra, á querer fle- 
char ; y cuando aquello vimos, echamos mano 
al cacique gordo y á seis papas y á otros 
principales , y les dijo Cortés que si hacían al- 
gún descomedimento de guerra que habían de 
morir todos ellos ; y luego el cacique gordo 
mandó á sus gentes que se fuesen delante de 
nosotros y que no hiciesen guerra; y como Cor- 
tés los vio sosegados , les hizo un parlamento, 
lo cual diré adelante, y asi se apaciguó todo ; y 
esta de Cingapacinga fué la primera entrada 
que hizo Cortés en la Nueva-España , y fué de 
harto provecho ; y no como dice el coronista 
Gómora, que matamos y prendimos y asolamos 
tantos millares de hombres en lo de Cingapa- 
cinga ; y miren los curiosos que esto leyeren 
cuánto va del uno al otro, por muy buen estilo 
que lo dice en su Corónica , pues en todo lo que 
escribe no pasa como dice. 



CAPITULO LII. 

CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER UN ALTAR Y SE PUSO UNA 
IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA Y UNA CRUZ , Y SE DIJO 
MISA Y SE BAUTIZARON LAS OCHO INDIAS. 

Como ya callaban los caciques y papas y todos 
los más principales, mandó Cortés que á los ido- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 223 

los que derrocamos , hechos pedazos , que los 
llevasen adonde no pareciesen más y los que- 
masen ; y luego salieron de un aposento ocho 
papas que tenían cargo de ellos, y toman sus 
ídolos y los llevan á la misma casa donde salie- 
ron é los quemaron. El hábito que traian aque- 
llos papas eran unas mantas prietas , á manera 
de sábana, y lobas largas hasta los pies, y unos 
como capillos que quedan parecer á los que 
traen los canónigos, y otros capillos traian más 
chicos como los que traen los dominicos t y los 
traian muy largos hasta la cinta, y aun algunos 
hasta los piés 3 Henos de sangre pegada y muy 
enredados, que no se podían esparcir, y las ore- 
jas hechas pedazos, sacrificadas dellas, y hedían 
como azufre, y tenían otro muy mal olor como 
de carne muerta; y según decían, é alcanzamos 
á saber, aquellos papas eran hijos de principa- 
les y no tenían mujeres, mas tenían el maldito 
oficio de sodomías, y ayunaban ciertos días ; y 
lo que yo les veía comer eran unos meollos ó 
pepitas de algodón cuando los desmontonan, 
salvo si ellos no comían otras cosas que yo no se 
las pudiese ver. Dejemos á los papas y volvamos 
á Cortés, que les hizo un buen razonamiento con 
nuestras lenguas doña Marina y Jerónimo de 
Aguilar, y les dijo que ahora los teníamos como 
hermanos, y que les favorecería en todo lo que 
pudiese contra Monúezuma y sus mejicanos, 
porque ya envió á mandar que no les diesen 
guerra ni les llevasen tributo ; y que pues en 



224 BERNA L DÍAZ. 

aquellos sus altos cues no habían de tener más 
ídolos, que él les quiere dejar una gran Señora, 
que es Madre de nuestro Señor Jesucristo, en 
quien creemos y adoramos, para que ellos tam- 
bién la tengan por Señora y abogada ; y sobre 
ello, y tras cosas de pláticas que pasaran, se les 
hizo un buen razonamiento, y tan bien propues- 
to para según el tiempo, que no había más que 
decir ; y se les declaró muchas cosas tocantes á 
nuestra santa fe, tan bien dichas como ahora los 
religiosos se lo dan á entender, de manera que 
lo oian de buena voluntad. Y luego les man- 
dó llamar todos los indios albañiles que ha- 
bía en aquel pueblo , y traer mucha cal, por- 
que habia mucha , y mandó que quitasen las 
costras de sangre que estaban en aquellos 
cues y que lo aderezasen muy bien, y luego 
otro dia se encaló y se hizo un altar con buenas 
mantas, y mandó traer muchas rosas de las na- 
turales que habia en la tierra , que eran bien 
olorosas, y muchos ramos/y lo mandó enramar 
y que lo tuviesen limpio y barrido á la contina; 
y para que tuviesen cargo dello , apercibió á 
cuatro papas que se trasquilasen el cabello, que 
lo traian largo , como otra vez he dicho , y que 
vistiesen mantas blancas y se quitasen las que 
traian, y que siempre anduviesen limpios y que 
sirviesen aquella santa imagen de Nuestra Seño- 
ra, en barrer y enramar ; y para que tuviesen 
más cargo dello puso á un nuestro soldado cojo 
ó viejo, que se decia Juan de Torres de Córdo- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 225 

ba, que estuviese alli por ermitaño, é que mira- 
se que se hiciese cada dia asi como lo mandaba 
á los papas Y mandó á nuestros carpinteros, 
otra vez por mí nombrados , que hiciesen una 
cruz y la pusiesen en un pilar que teníamos ya 
nuevamente hecho y muy bien encalado, y otro 
dia de mañana se dijo Misa en el altar , la cual 
dijo el Padre fray Bartolomé de Olmedo , y en- 
tonces se dio orden como con el incienso de la 
tierra se incensase á la santa imagen de Nuestra 
Señora y á la santa cruz, y también se les mos- 
tró hacer candelas de la cera de la tierra , y se 
les mandó que aquellas candelas siempre estu- 
viesen ardiendo en el altar , porque hasta en- 
tonces no se sabian aprovechar de la cera ; y á 
la Misa estuvieron los más principales caciques 
de aquel pueblo y de otros que se habían junta- 
do. Y asimismo trajeron las ocho indias para 
volver cristianas, que todavía estaban en poder 
de sus padres y tios, y se les dio á entender que 
no habían de sacrificar más ni adorar Ídolos, 
salvo que habían de creer en nuestro Señor Dios; 
y se les amonestó muchos cosas tocantes á nues- 
tra santa fe, y se bautizaron, y se llamó á la so- 
brina del cacique gordo doña Catalina, y era 
muy fea; aquella dieron á Cortés por la mano, 
y la recibió con buen semblante; á la hija de 
Cuesco, que era un gran cacique, se puso por 
nombre doña Francisca; esta era muy hermosa 
para ser in Üa, y la dio Cortés á Alonso Her- 
nández Puertocarrero; las otras seis j a no se me 
29 



226 RERNAL DÍAZ. 

acuerda el nombre de todas, mas sé que Cortés 
ías repartió entre soldados. Y después desto 
hecho, nos despedimos de todos los caciques y 
principales, y dende adelante siempre les tuvie- 
ron muy buena veluntad, especialmente cuando 
vieron que recibió Cortés sus hijas y las lleva- 
mos con nosotros, y con muy grandes ofreci- 
mientos que Cortés les hizo que les ayudaría, 
nos fuimos á nuestra Villa-Rica, y lo que allí se 
hizo lo diré adelante. Esto es lo que pasó en 
este pueblo de Cempoal, y no otra cosa que so- 
bre ello hayan escrito el Gómora ni los demás 
coronistas. 



CAPITULO Lili. 

CÓMO LLEGAMOS Á NUESTRA VILLA-RICA DE LA VE- 
RACRUZ, Y LO QUE ALLÍ PASÓ. 



Después que hubimos hecho aquella jornada 
y quedaron amigos los de Cingapacinga con los 
de Cempoal y otros pueblos comarcanos dieron 
la obediencia á su majestad, y se derrocaron los 
ídolos y se poso la imagen de Nuestra Señora y 
la Santa Cruz, y le puso por ermitaño el viejo 
soldado y todo lo por mí referido, fuimos á la 
villa y llevamos con nosotros, ciertos principa-- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 227 

les de Cempoal, y hallamos que aquel dia había 
venido de la isla de Cuba un navio, y por capi- 
tán del un Francisoo de Saucedo, que llamába- 
mos el Pulido; y pusímosle aquel nombre por- 
que en demasía se preciaba de galán y pulido, 
y decían que habia sido maestresala del almi- 
rante de Castilla, y era natural de Medina de 
Rioseco; y vino entonces Luis Marín, capitán 
que fué en lo de Méjico, persona que valió mu- 
cho, y vinieron diez soldados; y traia el Sauce- 
do un caballo y Luis Marín una yegua, y nuevas 
de Cuba, que le habian llegado al Diego Velaz- 
quez de Castilla las provisiones para poder res- 
catar y poblar; y los amigos del Diego Velaz- 
quez se regocijaron mucho, y más de que su- 
pieron que le trujeron provisión para ser ade- 
lantado de Cuba. Y estando en aquella villa sin 
tener en qué entender más de acabar de hacer 
la fortaleza, que todavía se entendía en ella, di- 
jimos á Cortés todos los más soldados que se 
quedaáe aquello que estaba hecho en ella para 
memoria, pues estaba ya para enmaderar, y que 
Tiabia ya más de tres meses que estábamos en 
aquella tierra, é que seria bueno ir á ver qué 
cosa era el gran Montezuma y buscar la vida y 
nuestra ventura, é que antes que nos metiése- 
mos en camino que enviásemos á besar los pies 
á su majestad y á dalle cuenta de todo lo acaeci- 
do desde que salimos de la isla de Cuba, y tam . 
bien se puso en plática que enviásemos á su ma- 
jestad el oro que se había habido, así rescatada 



228 BERNA L DÍAZ. 

como los presentes que nos envió Montezuma; y 
respondió Cortés que era muy bien acordado y 
que ya lo habia puesto él en plática con ciertos 
caballeros ; y porque en lo del oro por ventura 
habría algunos soldados que querrían sus par- 
tes, y si se partiese que seria poco lo que se po- 
dría enviar, por esta causa dio cargo á Diego de 
Ordás y á Francisco de Montejo , que eran per- 
sonas de negocios, que tuesen de soldado en 
soldado de los que se tuviese sospecha que de- 
mandarían las partes del oro , y les decían estas 
palabras ; «Señores, ya veis que queremos hacer 
un presente á su majestad del oro que aquí he- 
mos habido, y para ser el primero que enviamos 
destas tierras habia de ser mucho más; paréce- 
nos que todos le sirvamos con las partes queno3 
caben; los caballeros y soldados que aquí esta- 
mos escritos tenemos firmado cómo no quere- 
mos parte ninguna della , sino que servimos á 
su majestad con ello porque nos haga mercedes. 
El que quisiere su parte no se le negará; él que 
no la quisiere, haga lo que todos hemos hecho, 
fírmelo aquí ;» y desta manera todos lo firmaron 
á una. Y hecho esto , luego se nombraron para 
procuradores que fuesen á Castilla á Alonso 
Hernández Puertocarrero y Francisco de Mon- 
tejo t porque ya Cortés le habia dado sobre dos 
mil pesos por tenelle de su parte. Y se mandó 
apercebir el mejor navio de toda la flota , y con 
dos pilotos, que fué uno Antón de Alaminos, que 
sabia cómo habían de desembarcar por la canal 



CONQUISTA DE NUEVA-ESFANA. 229 

de Bahama , porque él fué el primero que nave- 
gó por aquella canal ; y también apercibimos 
quince marineros , y se les di^íodo recaudo de 
matalotaje. Y esto aperce$tóo, acordamos de 
escribir y hacer saber á su majestad todo lo 
acaecido , y Cortés escribió por sí , según él nos 
dijo , con recta relación ; nfas no vimos su carta; 
y el Cabildo escribió juntamente con diez solda- 
dos de los que fuimos en que se poblase la tier- 
ra, y le alzamos á Cortés por general; y con toda 
verdad que no faltó cosa ninguna en la carta , é 
iba yo firmado en ella ; y demás destas cartas y 
relaciones , todos los capitanes y soldados jun- 
tamente escribimos otra carta y relación ; y lo 
que se contenia en la carta que escribimos es lo 
siguiente. 

CAPÍTULO LIV. 9f^ 



DE LA RELACIÓN Y CARTA QUE ESCRIBIMOS A SU MAJES- 
TAD CON NUESTROS PROCURADORES ALONSO HERNÁN- 
DEZ PUERTOCARRERO Y FRANCISCO MONTEJO, LA CUAL 
CARTA ^A FIRMADA DE ALGUNOS CAPITANES Y SOL- 
DADOS» 

Después de poner en el principio aquel muy 
debido acato que somos obligados á tan gran 
majestad del Emperador nuestro señor, que fué 
así : «Siempre sacra , católica , cesárea . Real 



230 BERNAL DÍAZ. 

majestad;» y poner otras cosas que se convenían 
decir en la relación y cuenta de nuestra vida y 
viaje , cada capítulo por sí , fué esto que aquí 
diré en suma breve. Cómo salimos de la isla de 
Cuba con Hernando Cortés , los pregones que se 
dieroH , cómo veníamos á poblar , y que Diego 
Velazquez secretamente enviaba á rescatar, y no 
á poblar; cómo Cortés se queria volver con cier- 
to oro rescatado, conforme á las instruccio- 
nes que de Diego Velazquez traia , de las cuales 
hicimos presentación ; cómo hicimos á Cortés 
que poblase y le nombramos por capitán gene- 
ral y justicia mayor hasta que otra cosa su ma- 
jestad fuese servido mandar ; cómo le prometi- 
mos el quinto de lo que hubiese , después de 
sacado su Real quinto ; cómo llegamos á Cozu- 
mei y por qué ventura se hubo Jerónimo de 
Aguilar en la punta de Cotoche, y de la manera 
que decia que allí aportó él y un Gonzalo Guer- 
rero, que se quedó con los indios por estar ca- 
sado y tener hijos y estar ya hecho indio; cómo 
llegamos á Tabasco, y de las guerras que nos 
dieron y batallas que con ellos tuvimos; cómo 
los atrajimos de paz; cómo á do quiera que lle- 
gamos se les hacen buenos razonamientos para 
que dejasen sus ídolos, y se les declara las co- 
sas tocantes á nuestra santa fe; cómo dieron la 
obediencia á su Real Majestad y fueron los pri- 
meros vasallos que tiene en aquestas partes; 
cómo hicieron un presente de mujeres., y en él 
una cacica, para india de mucho ser, que sabe 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 231 

la lengua de Méjico, que es la que se usa en toda 
la tierra, y que con ella y el Aguilar tenemos 
verdaderas lenguas; cómo desembarcamos en 
San Juan de Ulúa, y de las pláticas de los em- 
bajadores del gran Montezuma, y quién era el 
gran Montezuma y lo que se decia de sus gran- 
dezas y del presente que trujeron, y cómo fui- 
mos á Cempoal, que es un pueblo grande, y des- 
de allí á otro pueblo que se dice Quiah'uistlan 
que estaba en fortaleza, y cómo se hizo la liga 
y confederación con nosotros, y quitaron la obe- 
diencia á Montezuma en aquel pueblo, demás 
de treinta pueblos que todos le dieron la obe- 
diencia y están en su Red patrimonio, y l a ida de 
Cmgapacinga; cómo hicimos la fortaleza y que 
agora estamos de camino para ir la tierra ¡dentro 
hasta vernos con el Montezuma; cómo aquella 
tierra es muy grande y de muchas ciudades y muy 
Fobladísima,y los naturales é grandes guerreros- 

comoentreelloshay muchas diversidades delen- 
guas y tienen guerra unos con otros; cómo son 
idolatras y se sacrifican y matan en sacrificios 
muchos hombres é niños y mujeres , y comen 
carne humana y usan otras torpedades ; cómo el 
primer descubridor fué un Francisco Hernández 
de Córdoba, y luego cómo vino Juan de Grijal- 
va, é que agora al presente le serv.'mos con el 
oro que hemos habido , que es el sol de oro y la 
luna de plata y un casco de oro en granos co- 
mo se coje en las minas, y muchas diversida- 
des y géneros de piezas de oro hechas de mu- 



232 BERNALDIAfc. 

chas maneras, mantas de algodón muy labradas 
de plumas y primas ; otras muchas» de oro, que 
fueron mosqueadores, rodelas y otras cosas que 
ya no se me acuerda, como há ya tantos años 
que pasó; también enviamos cuatro indios que 
quitamos en Cempoal, que tenian á engordar en 
unas jaulas de madera para después de gordos 
sacrificallos y comérselos. Y después de hecha 
esta relación é otras cosas, dimos cuenta y re- 
lación cómo quedábamos en estos sus reinos 
cuatrocientos y cincuenta soldados á muy gran 
peligro entre tanta multitud de pueblos y gen- 
tes belicosas y muy grandes guerreros, para 
servir á Dios y á su Real Corona; y le suplica- 
mos que en todo lo que se nos ofreciese nos ha- 
ga mercedes , y que no hiciese merced de la 
gobernación destas tierras ni de ningunos ofi- 
cios reales á persona ninguna, porque son ta- 
les, ricas y de grandes pueblos y ciudades, que 
convienen para un Infante ó gran señor; y te- 
nemos pensamiento que, como D. Juan Rodrí- 
guez de Fonseca, Obispo de Burgos y Arzobis- 
po de Rosano, es su presidente y minda á todas 
las Indias, que lo dará á algún su deudo ó ami- 
go, especialmente aun Diego Velazquez que 
es á por gobernador en la isla de Cuba; y la 
causa es por que se le dará la gobernación ó otro 
cualquier cargo, que siempre le sirve con pre- 
sentes de oro, y le ha dejado en la misma isla 
pueblos de indios que le sacan oro de las minas; 
de lo cual habia primeramente de dar los mejo- 



CONQUISTA DE NUB VA-ESPANA . 233 

res pueblos á su Real Corona, y no le dejó nin- 
gunos, que solamente por esto es digno de que 
no se le hagan mercedes; y que , como en todo 
somos sus muy leales servidores, y hasta fenecer 
nuestras vidas le hemos de servir, se lo hacemos 
saber para que tenga noticia de todo, y que esta- 
mos determinados que hasta que sea servido de 
nuestros procuradores que allá enviamos besen 
sus Reales pies y ver nuestras cartas, y nosotros 
veamos su Real firma, que entonces, los pechos 
por tierra, para obedecer sus Reales mandos- 
y que si el Obispo de Burgos por su mandado 
nos envía á cualquiera persona á gobernar ó á 
ser capitán, que primero que le obedezcamos 
se lo haremos saber á su Real persona á do 
quiera que estuviere y lo fuere servido de man- 
dar, que le obedeceremos como mando de nues- 
tro Rey y señor, como somos obligados; y de- 
mas destas relaciones, Je suplicamos que entre 
tanto que otra cosa sea servido mandar, que le 
hiciese merced de la gobernación á Hernando 
Cortes, y di^os tantos loores del y que es tan 
gran servidor suyo, hasta ponello en las nubes 
Y después de haber escrito todas estas relacio- 
nes con todo el mayor acato y humildad que 
pudimos y convenia, y cada capítulo por sí T 
declaramos cada cosa cómo y cuándo y 'de 
que arte pasaron, como carta para nuestro Rey 
y señor y no del arte que va aquí en esta rela- 
ción ; y la firmamos todos los capitanes y sol- 
dados que éramos de la parte de Cortés,* é fueron 
28 






234 BEKÍíAL DÍAZ. 

dos cartas duplicadas ; y nos rogó que se la 
mostrásemos; y como vio la relación tan verda- 
dera y los grandes loores que del dábamos, 
hubo mucho placer y dijo que nos lo tenia en 
merced, con grandes ofrecimientos que nos hizo; 
empero no quisiera que dijéramos en ella ni 
mentáramos del quinto del oro que le prome- 
timos, ni que declaráramos quién fueron los 
primeros descubridores ; porque , según enten- 
dimos, no hacia en su carta relación de Fran- 
cisco Hernández de Córdoba ni del Grijalva, 
sino á él sólo se atribuia el descubrimiento y la 
honra é honor de todo ; y dijo que agora al 
presente aquello estuviera mejor por escribir, y 
no dar relación dello á su majestad ; y no faltó 
quien le dijo que á nuestro Rey y señor no se le 
ha de dejar de decir todo lo que pasa. Pues ya 
escritas estas cartas y dadas á nuestros procu- 
radores, les encomendamos mucho que por vía 
ninguna entrasen en la Habana ni fuesen á una 
estancia que tenia allí el Francisco de Montejo, 
que se decía el Marien , que era puerto para 
navios, porque no alcanzase á saber el Diego 
Velazquez lo que pasaba ; y no lo hicieron asi. 
como adelante diré. Pues ya puesto todo a 
panto para se ir á embarcar, dijo misa el padre 
fray Bartolomé de Olmedo, de la Merced, y en- 
comerdándoles ai Espíritu Santo que les guiase, 
en 26 dias del mes de Julio de 1519 años partie- 
ron de San Juan de Ulúa, y con buen tiempo 
llegaron á la Habana ; y el Francisco de Mon- 



CONQUISTA DE NUEVA-ISPANA. 285 

tejo con grandes importunaciones eonvoco ó 
atrajo al piloto Alaminos guiase á su estancia, 
diciendo que iba á tomar bastimentos de puercos 
y cazabe , hasta que le hizo hacer lo que quiso. 
Fué á surgir á su estancia, porque el Puertocar- 
rero iba muy malo , y no hizo cuenta del ; y la 
noche que allí llegaron , desde la nao echaron 
un marinero en tierra con cartas é avisos para 
el Diego Velazquez ; y supimos que el Montejo 
le mandó que fuese con las cartas , y en posta 
fué el marinero por la isla de Cuba de pueblo 
en pueblo publicando todo lo aquí por mi dicho, 
hasta que el Diego Velazquez lo supo. Y lo qué 
sobre ello hizo , adelante lo diré. 



CAPITULO LV. 



CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, SUPO 
POR CARTAS MUY POR CFERTO QUE ENVIÁBAMOS 
PROCURADORES CON EMBAJADAS Y PRESENTES Á NUES- 
TRO REY , Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO, 



Como Diego Velazquez, gobernador de Cuba, 
supo las nuevas , así por las cartas que se en- 
viaron secretas y dijeron que fueron del Monte- 
jo , como lo que dijo el marinero que se halló 
presente en todo lo por mí dicho en el capítulo 



23 ) BBRNAL DIA2. 

pasado , que se habia echado á hado para le lle- 
varlas '-cartas; y cuando entendió del gran presen- 
te de oro que enviábamos á au majestad y supo 
quién eran los embajadores, temió y decía pala- 
bras muy lastimosas é maldiciones contra Cortés 
y su ¡secretario Duero y del contador Amador de 
Lares, y de presto mandó armar dos navios de 
poco porte, grandes veleros, con toda la artille- 
ría y soldados que pudo haber y con dos capi- 
tanes que fueron en ellos, que se decian Gabriel 
de Rojas , y el otro capitán se decia Hulano de 
G-uzraan, y les mandó que fuesen hasta la Haba- 
na , y que en todo caso le trujesen presa la nao 
en que iban nuestros procuradores y todo el 
oro que llevaban ; y de presto , así como lo 
mandó, llegaron en ciertos dias á la casal de 
Bahama, y preguntaban los de los navios á barcos 
que andaban por la mar de acarreto que si ha- 
bían visto ir una nao de mucho porte, y todos 
daban noticia della y que ya seria desembacada 
por la canal de Bahama, porque siempre tuvie- 
ron buen tiempo; y después de andar barloven- 
teando con aquellos dos navios entre la canal y la 
Habana, y no hallaron recado de lo que venían á 
buscar, se volvieron á Santiago de Cuba; y si 
triste estaba el Diego Velazquez antes que en- 
viase los navios, muy más se acongojó cuando 
los vio volver de aquel arte; y luego le aconse- 
jaron sus amigos que se enviase a quejar á Es- 
paña al Obispo de Burgos, que estaba por presi- 
dente de Indias, que hacia mucho por él; y tam- 



CONQUISTA DE NUIVA-ESPANA. 237 

bien envió á dar sus quejas á la isla de Santo 
Domingo á la audiencia Real que enellaresidia 
y á los Frailes gerónimos que estaban por go- 
bernadores en ella, que se decían fray Luis de 
Figueroa y fray Alonso de Santo Domingo y 
fray Bernar^íno de Manzanedo; los cuales reli- 
giosos solian estar y residir en el monasterio de 
la Mejorada, que es de dos leguas de Medina del 
Campo; y envían en posta un navio á la Respi- 
nola y danles muchas quejas de Cortés y de to- 
dos nosotros. Y como alcanzaron á saber en la 
Real audiencia nuestros grandes servicios, la res- 
puesta que le dieron los frailes fué que á Cortés 
y los que con él andábamos en las guerras no 
se nos podia poner culpa, pues sobre todas co- 
sas acudíamos á nuestro Rey y señor, y le en- 
viábamos tan gran presente, que otro como él 
no se habia visto de muchos tiempos pasados en 
nuestra España; y esto dijeron porque en aquel 
tiempo y sazón no habia Perú ni memoria del; y 
también le enviaron á decir que antes éramos 
dignos de que su majestad nos hiciese muchas 
mercedes. Entonces le enviaron al Diego Velaz- 
quez á Cuba á un licenciado que se decia Zua- 
zo, para que le tomase residencia, ó á lomónos 
habia po '.os meses que habia llegado á la isla de 
Cuba; y como aquella respuesta le trujeron al 
Diego Velazquez, se congojó mucho más; y co- 
mo de antes era rauy gordo, se paró flaco en 
aquellos dias; y luego con gran diligencia man- 
dó buscar todos los navios que pudo haber en la 



238 BERNAL DÍAZ. 

isla y apercibir soldados y capitanes, y procuró 
enviar una recia armada para prender á Cortés 
y á todos nosotros ; y tanta diligencia puso, que 
él mismo en persona andaba de villa en villa y 
en unas estancias y en otras, y escribía á todas 
las partes de la isla donde él no podia i" á rogar 
á sus amigos fuesen á aquella jornada; por ma- 
nera que en obra de once meses ó un año allegó 
diez y ocho velas grandes y pequeñas y sobre 
mil y trescientos soldados entre capitanes y 
marineros; porque, como le vian del arte que he 
dicho, andar tan apasionado y corrido, todos los 
más principales vecinos de Cuba, asi los parien- 
tes como los que tenian indios, se aparejaron para 
le servir, y también envió por capitán genera! de 
toda la armada á un hidalgo que se decia Pan- 
filo deNarvaez, hombre alto de cuerpo y mem- 
brudo , y hablaba algo entonado , como medio 
de bóveda, y era natural de Valladolid, casa- 
do en la isla de Cuba con una dueña que se lla- 
maba María de Yalenzuela, ya viuda, y tenia 
buenos pueblos de indios y era muy rico. Donde 
lo dejaré agora haciendo y aderezando su arma- 
da , y volveré á decir de nuestros procuradores 
y su buen viaje ; y porque en una sazón aconte- 
cían tres y cuatro cosas , no puedo seguir la re- 
lación y materia de lo que voy hablando por 
dejar de decir lo que más viene al propósito , y 
á esta causa no me culpen porque ealgo y rae 
aparto de la orden por decir lo que más adelan- 
te pasa. 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 239 

CAPITULO LVI. 



CÓMO NUESTROS PROCURADORES CON BUEN TIEMPO DES- 
EMBOCARON LA CANAL DE BAHAMA Y EN POCOS DÍAS 
LLEGARON Á CASTILLA, Y LO QUE EN LA CORTE LES 
SUCEDIÓ. 



Ya he dicho que partieron nuestros procura- 
dores del puerto de San Juan de Ulúa en 6 del 
mes de Julio de 1519 años, y con buen viaje lle- 
garon á la Habana , y luego desembocaron la 
canal, é dice que aquella fué la primera vez que 
por allí navegaron , y en poco tiempo llegaron 
á las islas de la Tercera , y desde allí á Sevilla, 
y fueron en posta á la corte , que estaba en Va- 
lladolid , y por presidente del Real consejo de 
Indias D. Juan Rodríguez de Fonseca , que era 
Obispo de Burgos, y se nombraba Arzobispo de 
Rosano y mandaba toda la corte, porque el Em- 
perador nuestro señor estaba en Flandes y era 
mancebo ; y como nuestros procuradores le fue- 
ron á besar las manos al presidente muy ufa- 
nos, creyendo que les hiciera mercedes, y dalle 
nuestras cartas y relaciones y á presentar todo 
el oro y joyas, le suplicaron que luego hiciese 
i mensajero ásu majestad y le enviasen aquel pre- 
sente y cartas , y que ellos mismo irian con ello 
á besar sus Reales pies ; y en vez de agasajar- 



240 BIRNAL DÍAZ. 

los, les mostró poco amor y los favoreció muy 
poco, y aun les dijo palabras secas y ásperas. 
Nuestros embajadores dijeron que mirase su se- 
ñoría los grandes servicios que Cortés y sus com- 
pañeros hacíamos á su majestad, y que le supli- 
caban otra vez que todas aquellas joyas de oro, 
cartas y relaciones las enviase luego á su ma- 
jestad para que sepa todo lo que pasa, y que 
ellos irían con él. Y les tornó á responder muy 
soberbiamente, y aun les mandó que no tuvie- 
sen ellos cargo dello, que él les escribiría lo que 
pasaba, y no lo que le decían, pues se habían 
levantado contra el Diego Velazquez ; y pasaron 
otras muchas palabras agrias ; y en esta sazón 
llegó á la corte el Benito Martin, Capellán de 
Diego Velazquez, otra vez por mí nombrado, 
dando muchas quejas de Cortés y de todos nos- 
otros, de que el Obispo se airó mucho más con- 
tra nosotros ; y porque el Alonso Hernández 
Puertocarrero, como era caballero primo del 
conde de Medellin, y porque el Montejo no osa- 
ba desagradar al presidente, decia al Obispo que 
le suplicaba muy ahincadamente que sin pasión 
fuesen oidos y que no dijese las palabras que 
decia, y que luego enviase aquellos recaudos asi 
como los traían á su majestad, y que éramos 
servidores de la Real Corona, y que eran dignos 
de mercedes, y no de ser por palabras afren- 
tados. Cuando aquello oyó el Obispo, le man- 
dó echar preso , y porque le informaron que 
habia sacado de Medellin tres años había 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 241 

una mujer que se decia María Rodríguez y 
la llevó á las Indias. Por manera que todos 
nuestros servicios y los presentes de oro es- 
taban del arte que aquí he dicho ; y acor- 
daron nuestros embajadores de callar hasta su 
tiempo é lugar. Y el Obispo escribió ásu majes- 
tad á Flandes á favor de su privado é amigo 
Diego Velazquez, y muy malas palabras contra 
Hernando Cortés y contra todos nosotros; mas 
no hizo relación de ninguna manera de las car- 
tas que le enviábamos, salvo que se habia alza- 
do Hernando Cortés al Diego Velazquez, y otras 
cosas que dijo. Volvamos á decir del Alonso Her- 
nández Puertocarrero y del Francisco de Mon- 
tejo, y aun de Martin Cortés, padre del mismo 
Cortés, y de un licenciado Nuñez, relator del 
Real consejo de su majestad y cercano pariente 
del Cortés, qué hacian por él: acordaron de en- 
viar mensajeros á Flandes con otras cartas co- 
mo las que dieron al Obispo de Burgos, porque 
iban duplicadas las que enviamos con los procu- 
radores, y escribieron á su majestad todo lo que 
pasaba é la memoria de las joyas de oro del 
presente, y dando quejas del Obispo y descu- 
briendo sus tratos que tenia con el Diego Ve- 
lazquez; y aun otros caballeros les favorecie- 
ron, que no estaban muy bien con el D. Juan 
Rodríguez de Fonseca; porque, según decian, 
era malquisto por muchas demasías y soberbias 
que mostraba con los grandes cargos que tenia; 
y como nuestros grandes servicios eran por Dios 
3t 






242 BERNAL DÍAZ, 

nuestro Señor y por su majestad, y siempre po- 
níamos nuestras fuerzas en ello, quiso Dios 
que su majestad lo alcanzo á saber muy cla- 
ramente; y como lo vio y entendió, fué tanto el 
contentamiento que mostró, y los duques, mar- 
queses y condes y otros caballeros que estaban 
en su Real corte, que en otra cosa no hablaban 
por algunos dias sino de Cortés y de todos nos- 
otros los que le ayudamos en las conquistas, y 
de las riquezas que destas partes le enviamos; y 
así por esto como por las cartas glosadas que 
sobre ello le escribió el Obispo de Burgos, des- 
que yió su majestad que todo era al contrario 
de la verdad, desde allí adelante le tuvo mala 
voluntad al Obispo, especialmente que no envió 
todas las piezas de oro, é se quedó con gran 
parte dellas. Todo lo cual alcanzó á saber el 
mismo Obispo , que se lo escribieron desde 
Flandes, de lo cual recibió muy grande enojo, 
y si de antes que fuesen nuestras cartas ante su 
majestad el Obispo decia muchos males de Cor- 
tés y de todos nosotros , de allí adelante á boca 
llena nos llamaba traidores; mas quiso Dios que 
perdió la furia y braveza , que desde ahí á dos 
años fué recusado y aún quedó corrido y afren- 
tado, y nosotros quedamos por muy leales ser- 
vidores, como adelante diré de que venga á co- 
yuntura; y escribió su majestad que presto ven- 
dría á Castilla y entendería en lo que nos con- 
viniese, é nos hada mercedes. Y porque adelan- 
té lo diré muy por extenso cómo y de qué ma- 



* r rU. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 243 

ncra pasó, se quedará aquí así, y nuestros .pro- 
curadores aguardando la venida de su majestad. 
Yantes que más pase adelante quiero decir, por 
lo que me han preguntado ciertos caballeros 
muy curiosos, y aún tienen razón de lo saber, 
que ¿cómo puedo yo escribir en esta relación lo 
que no vi, pues estaba en aquella sazón en las 
conquistas déla Nueva-España cuando los pro- 
curadores dieron las cartas, recaudos y presente 
de oro que llevaban para su majestad, y tuvie- 
ron aquellas contiendas con el Obispo de Bur- 
gos? A esto digo que nuestros procuradores nos 
escribían á los verdaderos conquistadores lo que 
pasaba, así lo del Obispo de Burgos como lo 
que su majestad fué servido mandar en nues- 
tro favor, letra por letra en capítulos , y de qué 
manera pasaba ; y Cortés nos envieba otras car- 
tas que recibía de nuestros procuradores, á las 
villas donde vivíamos en aquella sazón , para 
que viésemos cuan bien negociábamos con su 
majestad y qué grande contrario teníamos en 
el Obispo de Burgos, Y esto doy por descar- 
go de lo que me preguntaban aquellos caba- 
lleros que dicho tengo. Dejemos esto, y diga- 
mos en otro capítulo lo que en nuestro real 
pasó. 



244 BERNaL DÍAZ. 

CAPITULO LVII. 

CÓMO DESPUÉS QUE PARTIERON NUESTROS EMBAJADO- 
RES PARA SU MAJESTAD CON TODO EL ORO Y CAR- 
TAS Y RELACIONES DE LO QUE EN EL REAL SE HIZO, 
Y LA JUSTICIA QUE CORTES MANDÓ HACER. 



Desde á cuatro dias que partieron nuestros 
procuradores para ir ante el Emperador nues- 
tro señor, como dicho habernos, y los corazones 
de los hombres son de muchas calidades é pen- 
samientos , parece ser que unos amigos y cria- 
dos del Diego Velazquez, que se decían Pedro 
Escudero y un Juan Cermeño, y un Gonzalo de 
Umbría,, piloto, y Bernaldino de Coria , vecino 
que fué después de Chiapa, padre de un Hula- 
no Centeno, y un Clérigo que se decia Juan Diaz, 
y ciertos hombres de la mar que se decían Pe- 
nates, naturales de Gibraleon , estaban mal con 
Cortés, los unos porque no les dio licencia para 
se volver á Cuba, como se la habían prometido, 
y otros porque no les dio parte dei oro que en- 
viamos á Castilla; los Penates porque los azotó 
en Cozumel, como ya otra vez tengo dicho, 
cuando hurtaron los tocinos aun soldado que se 
decia Barrio; acordaron todos de tomar un na- 
vio de poco porte é irse con él á Cuba á dar 
mandato al Diego Velazquez, para avisalle co- 
mo en la Habana podían tomar en la estancia 



CONQUISTA. DE NUEVA-1SPANA. 245 

de Francisco Montejo á nuestros procuradores 
con el oro y recaudos; que según pareció, de 
otras personas principales que estaban en nues- 
tro real fueron aconsejados que fuesen á aquella 
estancia que he dicho, y aun escribieron para 
que el Diego Velazquez tuviese tiempo de ha- 
bellos á las manos. Por manera que las perso- 
nas que he dicho ya tenían metido mataloje, que 
era pan cazabe, aceite, pescado y agua, y otras 
pobrezas de lo que podian haber; é ya que se 
iban á embarcar, y era á más de media noche, 
el uno dellos, que era el Bernaldino de Coria, 
parece ser se arrepintió de se volver á Cuba, y 
lo fué á hacer saber á Cortés. E como lo supo, é 
de qué manera y cuántos é por qué causas se 
querían ir, y quiénes fueron en los consejos y 
tramas para ello, les mandó luego sacar las ve- 
las, aguja y timón del navio, y los mandó echar 
presos y les tomó sus confesiones, y confesaron 
la verdad, y condenaron á otros que estaban con 
nosotros, que se disimuló por el tiempo, que no 
permitía otra cosa; y por sentencia que dio, man- 
dó ahorcar al Pedro Escudero y á Juan Cerme- 
ño, y á cortar los pies al piloto Gonzalo de Um- 
bría, y azotar á los marineros Penates, á cada 
ducientos azotes, y al padre Juan Diaz si no 
faera de Misa también lo castigara, más metióle 
algo temor. Acuerdóme que cuando Cortés fir- 
mó aquella sentencia dijo con grandes suspiros 
y sentinientos: «¡Oh, quién no supiera escribir, 
para no firmar muertes de hombres!» 



246 RERNAL DÍAZ. 

Y parécemc que aqueste dicho es muy común 
entre los jueces que sentencian algunas perso- 
nas á muerte , que lo tomaron de iquel cruel 
Nerón en el tiempo que dio muestras de buen 
Emperador ; y asi como se hubo ejecutado la 
sentencia, se fué Cortés luego á mata-caballo á 
Cempoal, que es cinco leguas de la villa , y nos 
mandó que luego fuésemos tras él ducientos 
soldados y todos los de á caballo ; y acuerdóme 
que Pedro de Albarado, que habia tres dias que 
le habia enviado Cortés con otros ducientos 
soldados por los pueblos de la sierra porque tu- 
viesen que comer, porque en nuestra villa pasá- 
bamos mucha necesidad de bastimentos , y le 
mandó que se fuese á Cempoal para que alli 
diéramos orden de nuestro viaje á Méjico. Por 
manera que el Pedro de Albarado no se halló 
presente cuando se hizo la justicia que dicho 
tengo. Y cuando nos vimos juntos en Cempoal, 
la orden que se dio en todo diré adelante. 



CAPITULO LVIII. 

CÓMO ACORDAMOS DE IR Á MÉJICO , Y ANTES QUE 
PARTIÉSEMOS DAR CON TODOS LOS NAVÍOS AL TRA- 
VÉS , Y LO QUE MÁS PASÓ ; Y ESTO DE DAR CON 
LOS NAVÍOS AL TRAVÉS FUE POR CONSEJO É ACUER- 
DO DE TODOS NOSOTROS LOS QUE ERAMOS AMIGOS DE 
CORTÉS. 

Estando en Cempoal, como dicho tengo , pla- 
ticando con Cortés en las cosas de la guerra y 



CONQUISTA DE TÍUEVA-ESPANA. 247 

camino para adelante , de plática en plática le 
aconsejamos los que éramos sus amigos que no 
dejase navio en el puerto ninguno , sino que 
luego diese al través con todos , y no quedasen 
ocasiones, porque entre tanto que estábamos 
la tierra adentro no se alzasen otras personas 
como los pasados; y demás desto, que tenía- 
mos mucha ayuda de los maestres, pilotos y 
marineros, que serian al pié de cien personas, 
y que mejor nos ayudarían á pelear y guerrear 
que no estando en el puerto; y según vi y en- 
tendí, esta plática de dar con los navios al tra- 
vés que allí le propusimos, el mismo Cortés lo 
tenia ya concertado, sino que quiso que saliese 
de nosotros, porque si algo le demandasen que 
pagase los navios, que era por nuestro consejo, 
y todos fuésemos en los pagar. Y luego mandó 
á un Juan de Escalante, que era alguacil mayor 
y persona de mucho valor y gran amigo de Cor- 
tés, y enemigo de Diego Velazquez porque en 
la isla de Cuba no le dio buenos indios, que lue- 
go fuese á la villa, y que de todos los navios se 
sacasen todas las anclas, cables, velas y lo que 
dentro tenían de que se pudiesen aprovechar, y 
que diese con todos ellos al través, que no que- 
dasen más de los bateles; é que los pilotos é 
maestres viejos y marineros que no- eran buenos 
para ir a la guerra, que se quedasen en la villa, 
y con dos chinchorros que tuviesen cargo de 
pescar, que en aquel puerto siempre habia pes- 
cado, aunque no mucho; y el Juan de Escalante 



248 berkalMaz. 

lo hizo según y de la manera que le fué manda- 
do, y luego se vino á Cempoal con una capitanía 
de hombres de la mar, que fueron los que saca- 
ron de los navios, y salieron algunos dellosmuy 
buenos soldados. Pues hecho esto, mandó Cor- 
tés llamar á lodos los caciques de la serranía de 
los pueblos nuestros confederados t y rebela- 
dos al gran Montezuma, y les dijo cómo bu- 
bian de servir á los que quedaban en la Villa- 
Rica, é acabar de hacer la iglesia, fortaleza y 
casas; y allí delante dellos tomó Cortés por la 
mano al Juan de Escalante, y les dijo: «Este es 
mi hermano;» y que lo que les mandase que lo 
hiciesen; é que si hubiesen menester favor é 
ayuda contra algunos indios mejicanos, que á él 
ocurriesen, que él iria en persona á les ayudar. 
Y todos los caciques se ofrecieron de buena vo- 
luntad de hacer lo que les mandase; é acuerdó- 
me que luego le zahumaron al Juan de Esca- 
lante con sus inciensos, aunque no quiso. Ya he 
dicho era persona muy bastante para cualquier 
cargo y amigo de Cortés, y con aquella confian- 
za le puso en aquella villa y puerto por capitán, 
para si algo enviase Diego Velazqucz, que hu- 
biese resistencia. Dejallo he aquí, y diré lo que 
pasó. Aquí es donde dice el coronista Góroma 
que mandó Cortés barrenar los navios, y tam- 
bién dice el mismo que Cortés no osaba publi- 
car á los soldados que queria ir á Méjico en 
busca del gran Montezuma. Pues ¿de qué con- 
dición somos los españoles para no ir adelante, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 249 

y estarnos en partes que no tengamos provecho 
é guerras? También dice el mismo Gómora que 
Pedro de Ircio quedó por capitán en la Vera- 
cruz; no le informaron bien Digo que Juan de 
Escalante fué el que quedó por capitán y algua- 
cil mayor de la Nueva-Españ^que aun al Pe- 
dro de Ircio no le habían dado cargo ninguno, 
ni aun de cuadrillero, ni era para ello, ni es 
justo dar á nadie lo que no tuvo, ni quitarlo á 
quien lo tuvo. 



CAPITULO LIX. 



DE UN RAZONAMIENTO QUE CORTES NOS HIZO DESPUÉS 
DE HADER DADO CON LOS NAVIOS AL TRAVÉS, Y COMO 
APRESTAMOS NUESTRA IDA PARA MÉJICO. 



Después de haber dado con los navios al través 
á ojos vistas, y no como lo dice el coronista Gó- 
mora, una mañana, después de haber oido Misa» 
estando que estábamos todos los capitanes y sol- 
dados juntos hablando con Cortés en cosas de la 
guerra, dijo que nos pedia por merced que lo 
oyésemos, y propuso un razonamiento desta ma- 
nera: «Que ya habíamos entendido la jornada á 
que íbamos, y mediante nuestro Señor Jesucris- 
to habíamos de vencer todas las batallas y ren- 



250 BERNAL DÍAZ. 

cuentros, y que habíamos de estar tan prestos 
para ello como convenia; porque en cualquier 
parte que fuésemos desbaratados (lo cual Dios 
no permitiese) no podríanlos alzar cabeza, por 
ser muy pocos , y que no teníamos otro so- 
corro ni ayada sino el de Dios, porque ya no 
teníamos «avíos Qara ir á Cuba, salvo nues- 
tro buen pelear y corazones fuertes; y sobredio 
dijo otras muchas comparaciones de hechos he- 
roicos de los romanos.» Y todos á una le respon- 
dimos que haríamos lo que ordenase; que echa- 
da estaba la suerte de la buena ó mala ventura, 
como dijo Julio César sobre el Rubicon, pues 
eran todos nuestros servicios para servir á 
Dios y á su Majestad. Y después deste ra- 
zonamiento, que fué muy bueno, cierto., con 
otras palabras más melosas y elocuencia que 
yo aquí las digo, luego mandó llamar al ca- 
cique gordo, y le tornó á traer á la memo- 
ria que tuviese muy reverenciada y limpia la 
iglesia y cruz; é demás desto le dijo que él 
se quería partir luego para Méjico á mandar á 
Montezuma que no robe ni sacrifique, é qué ha 
menester ducientos indios tamemes para llevar 
el artillería, que ya he dicho otra vez que lle- 
van dos arrobas á cuestas é andan con ellas cin- 
co leguas ; y también les demandó cincuenta 
principales hombres de guerra que fuesen con 
nosotros, Estando desta manera para partir, vino 
de la Villa-Rica un soldado con una carta del 
Escalante, que ya le habia mandado otra vez 



CONQUISTA DE NUIVA-ISPANA. 25 í 

Cortés que fuese á la villa para que le enviase 
otros soldados, y lo que en la carta decia el Es- 
calante era que andaba un navio por la costa, y 
que le había hecho ahumadas y otras grandes 
señas, y habia puesto unas mantas blancas por 
banderas, y que cabalgó á caballo con una capa 
de grana colorada porque lo viesen los del na^ 
vio; y que le pareció á él que bien vieron las 
señas, banderas, caballo y capa, y no quisieron 
venir al puerto; y que luego envió españoles á 
ver en qué pareja iba, y le trujeron respuesta 
que tres leguas de allí estaba surto , cerca de 
una boca de un rio; y que se lo hace saber para 
ver lo que manda. Y como Oortés vio la carta, 
mandó luego á Pedro de Albarado que tuviese 
cargo de todo el ejército que estaba allí en Cem- 
poal, y juntamente con él á Gonzalo de Sando- 
val , que ya daba muestras de varón muy es- 
forzado, como siempre lo fué. Este fué el pri- 
mer cargo que tuvo el Sandoval; y aun sobre 
que le dio entonces aquel cargo que fué el 
primero, y se lo dejó de dar á Alonso de Avila, 
tuvieron ciertas cosquillas el Alonso de Avi- 
la y el Sandoval. Volvamos á nuestro cuento, y 
es, que luego Cortés cabalgó con cuatro de á ca- 
ballo que le acompañaron, y mandó que le si~ 
guiésemos cincuenta soldados de los más sueltos, 
porque Cortés nos nombró los que habíamos de 
ir con él; y aquella noche llegamos á la Villa- 
Rica. Y lo que allí pasamos diré adelante. 



252 BERNAL DÍAZ. 



CAPITULO LX. 

- 

CÓMO CORTÉS F¥E ADONDE ESTABA SURTO EL NAVIO, Y 
PRENDIMOS SEIS SOLDADOS Y MARINEROS QUE DEL NA- 
VIO HUYERON, Y LO QUE SOHRE ELLO PASÓ. 



Así como llegamos á Villa-Rica, cerno dicho 
tengo, vino Juan de Escalante á hablar á Cor- 
tés, y le dijo que seria bien ir luego aquella 
noche al navio , por ventura no alzase velas y 
se fuese, y que reposase el Cortés, que él iria 
con veinte soldados. Y Cortés dijo que no podia 
reposar; que cabra coja no tenga siesta, que él 
quería ir en persona con los soldados que consi- 
go traia; y antes que boeado comiésemos co~ 
menzamos á caminar la costa adelante, y topa- 
mos en el camino á cuatro españoles que venían 
á tomar posesión en aquella tierra por Francis- 
co de Garay, gobernador de Jamaica, los cuales 
enviaba un capitán que estaba poblando de po- 
cos dias habia en el rio de Panuco, que se lla- 
maba Alonso Alvarez de Pineda ó Pinedo; y los 
cuatro españoles que tomamos se decian Guillen 
de la Loa, este venia por escribano; y los testi- 
gos que traia para tomar la posesión se decian 
Andrés Nuñez, y era carpintero de ribera, y el 
otro se decia maestre Pedro el de la Arpa, y 
era valenciano, el otro no me acuerdo el nom- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 253 

bre. Y como Cortés hubo bien entendido cómo 
venían á tomar posesión en nombre de Fran- 
cisco de Garay, é supo que quedaba en Jamaica 
y enviaba capitanes , preguntóles Cortés que 
por qué título ó por qué via venían aquellos ca- 
pitanes. Respondieron los cuatro hombres que 
en el año de 1518, como habia fama en todas las 
islas de las tierras que descubrimos cuando lo 
de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de 
Grijalva, y llevamos á Cuba los veinte mil pe- 
sos de oro á Diego Velazquez, que entonces tu- 
vo relación el Garay del piloto Antón de Alami- 
nos y de otro piloto que habíamos traído con 
nosotros, que p odia pedir á su majestad desde 
el rio de San Pedro y San Pablo por la banda del 
norte todo lo que descubriese; y como el Garay 
tenia en la corte quien le favoreciese con el fa- 
vor que esperaba, enviaba un mayordomo suyo 
que se decía Torralva, á lo negociar, y trujo 
provisiones para que fuese adelantado y gober- 
nador desde el rio de San Pedro y San Pablo y 
todo lo que descubriese; y por aquellas provi- 
siones envió luego tres navios con hasta ducien- 
tos y setenta soldados con bastimentos y caba- 
llos, con el capitán por mí nombrado, que se de- 
cía Alonso Alvarez Pineda ó Pinedo, y que es- 
taba poblando en un rio que se dice Panuco, 
obra de setenta leguas de alli; y que ellos hicie- 
ron lo que su capitán les mandó j y que no tie- 
nen culpa. Y como lo hubo entendido Cortes, con 
palabras amorosas les halagó, y les dijo que si 



254 JERNAL DÍAZ. 

podríamos tomar aquel navio; y el Guillen de la 
Loa, que era el más principal de los cuatro 
hombres, dijo que capearian y harían lo que 
pudiesen; y por bien que les llamaron y capea- 
ron, ni por señas que les hicieron, no quisieron 
venir , porque , según dijeron aquellos hom- 
bres, su capitán les mandó que mirasen que los 
soldados de Cortés no topasen con ellos, porque 
tenian noticia que estábamos en aquella tierra; 
y cuando vimos que no venia él batel, bien en- 
tendimos que desde el navio nos habían visto 
venir por la costa adelante, y que si no era con 
maña no volverían con el batel á aquella tierra; 
é rogóles Cortés que se desnudasen aquellos 
cuatro hombres sus vestidos para que se los vis- 
tiesen otros cuatro hombres de los nuestros , y 
asi lo hicieron ; y luego nos volvimos por la 
costa adelante por donde habíamos venido, para 
que nos viesen volver desde el navio, para que 
creyesen los del navio que de hecho nos volvi- 
mos, y quedábamos los cuatro de nuestros sol- 
dados vestidos los vestidos de los otros cuatro, 
y estuvimos con Cortés en el monte escondidos 
hasta más de medía noche que hiciese escuro 
para volvernos enfrente del riachuelo , y muy 
escondidos , que no parecíamos otros , sino los 
cuatro soldados de los nuestros ; y como ama- 
neció comenzaron á capear los cuatro soldados, 
y luego vinieron en el batel seis marineros , y 
los dos saltaron en tierra con unas dos botijas 
de agua; y entonces aguardamos los que está- 



CONQUISTA DE NUEVA-ISPANA. 255 

bamos con Cortea escondidos que saltasen los 
demás marineros; y no quisieron saltar en tier- 
ra; y los cuatro de los nuestros que tenían ves- 
tidas las ropas de los otros de Garay hacían que 
estaban lavando las manos y escondiendo las 
caras, y decían los del batel: «Venios á embar- 
car; ¿qué hacéis? ¿por qué no venis?» Y entonces 
respondió uno de los nuestros: «Saltad en tierra 
y veréis aquí un poco.» Y como desconocieron 
la voz, se volvieron eon su batel, y por más que 
los llamaron , no quisieron responder ; y que- 
ríamos les tirar con las escopetas y ballestas, y 
Cortés dijo que no se hiciese tal , que se fuesen 
con Dios á dar mandado á su capitán; por mane- 
ra que se hubieron de aquel navio seis solda- 
dos, los cuatro hubimos primero, y dos marine- 
ros que saltaron en tierra ; y asi , volvimos á 
Villa-Rica, y todo esto sin comer cosa ninguna; 
y esto es lo que se hizo , y no lo que escribe el 
coronista Gómora, porque dice que vino Garay 
en aquel tiempo, y engañóse , que primero que 
viniese envió tres capitanes con navios ; los 
cuales diré adelante en qué tiempo vinieron é 
qué se hizo dellos , y también en el tiempo que 
vino Garay ; y pasemos adelante , é diremos 
cómo acordamos de ir á Méjico. 



256 BÉRNAL DI a¿ . 

CAPITULO LXL 



COMO ORDENAMOS DE IR A LA CIUDAD DE MÉJICO , Y 
POR CONSEJO DEL CACIQUE FUIMOS POR TLASCALA, Y 
DE LO QUE NOS ACAECIÓ ASI DE RENCUENTROS DE 
GUERRA COMO DE OTRAS COSAS. 



Después de bien considerada la partida para 
Méjico , tomamos consejo sobre el camino que 
habiamos de llevar, y fué acordado por los prin- 
cipales de Cempoal que el mejor y más conve- 
niente era por la provincia de Tlascala , porque 
eran sus amigos y mortales enemigos de me- 
jicanos, é ya tenian aparejados cuarenta prin- 
cipales, y todos hombres de guerra, que fueron 
con nosotros y nos ayudaron mucho en aquella 
jornada , y más nos dieron ducientos tamemes 
para llevar el artillería ; que para nosotros los 
pobres soldados no habiamos menester ningu- 
no, porque en aquel tiempo no teníamos qué 
llevar, porque nuestras armas , asi lanzas como 
escopetas y ballestas y rodelas, y todo otro gé- 
nero deltas , con ellas dormíamos y caminába- 
mos t y calzamos nuestros alpargates , que era 
nuestro calzado , y como he dicho siempre, muy 
apercebidos para pelear; y partimos de Cempoal 
demediado el mes de Agosto de 1519 años , y 
siempre con muy buena orden, y los corredores 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 257 

del campo y ciertos soldados muy sueltos delan- 
te; y la primera jornada fuimos á un pueblo que 
se dice Jalapa , y desde allí á Socochima, y es- 
taba muy fuerte y mala entrada , y en él habia 
muchas parras de uvas de la tierra ; y en estos 
pueblos se les dijo con doña Marina y Gerónimo 
de Aguilar , nuestras lenguas, todas las cosas 
tocantes á nuestra santa fe , y cómo éramos va-* 
salios del Emperador D. Carlos , é que nos en- 
vió para quitar que no haya más sacrificios de 
hombres ni se robasen unos á otros, y se les de- 
claró muchas cosas que se les convenia decir; y 
como eran amigos de Cempoal y no tributaban á 
Montezuma, hallábamos en ellos muy buena vo- 
luntad y nos daban de comer, y se puso en cada 
pueblo una cruz, y se les declaró lo qua signifi- 
caba é que la tuviesen en mucha reverencia ; y 
desde Socochima pasamos unas altas sierras y 
puerto , y llegamos á otro pueblo que se dice 
Texutla,y también hallamos en ellos buena 
voluntad, porque tampoco daban tributo como 
los demás ; y desde aquel pueblo acabamos de 
subir todas las sierras y entramos en el despo- 
blado , donde hacia muy gran frió y granizo 
aquella noche , donde tuvimos falta de comida, 
y venia un viento de la sierra nevada, qué esta- 
ba á un lado , que nos hacia temblar de frió; 
porque, como habíamos venido déla isla de 
Cuba y de la Villa-Rica, y toda aquella costa es 
muy calurosa , y entramos en tierra fría , y no 
teníamos con qué nos abrigar sino con nuestras 
33 



258 BERNAL DÍAZ. 

armas , sentíamos las heladas , como no éramos 
acostumbrados al frió ; y desde allí pasamos á 
otro puerto , donde hallamos unas caserías y 
grandes adoratorios de ídolos , que ya he dicho 
que se dicen cues , y tenían grandes rimeros de 
leña para el servicio de los ídolos que estaban 
en aquellos adoratorios; y tampoco tuvimos qué 
comer , y hacia recio frió; y desde allí entramos 
en tierra de un pueblo que se decia Cocotlan, y 
enviamos dos indios de Cempoal á decille al ca- 
cique cómo íbamos, que tuviesen por bien nues- 
tra llegada á sus casas; y era sujeto este pueblo 
á Méjico, y siempre caminábamos muy aperce- 
bidos y con gran concierto , porque víamos que 
ya era otra manera de tierra ; y cuando vimos 
blanquear muchas azuteas , y las casas del Ca- 
cique y los cues y adoratorios , que eran muy 
altos y encalados, parecían muy bien, como al- 
gunos pueblos de nuestra España , y pusímosle 
nombre Castilblanco, porque dijeron unos sol- 
dados portugueses que parecía á la villa de 
Casteloblanco de Portugal, y así se llama ahora; 
y como supieron en aquel pueblo por mí nom- 
brado , por los mensajeros que enviábamos, có- 
mo íbamos , salió el cacique á recebirnos con 
otros principales junto á sus casas; el cual caci- 
que se llamaba Olintecle, y nos llevaron á unos 
aposentos y nos dieron de comer poca cosa y de 
mala voluntad; y después que hubimos comido, 
Cortés les preguntó con nuestras lenguas de las 
sosas de suSr, Montezuma; y dijo de sus gran- 



CONQUIiTA DE NUEVA-ESPANA. 259 

des poderes de guerreros que tenia en todas las 
provincias sujetas , sin otros muchos ejércitos 
que tenia en las fronteras y provincias comarca- 
nas; y luego dijo de la gran fortaleza de Méji- 
co y cómo estaban fundadas las casas sobre agua, 
y que de una casa á otra no se podia pasar sino 
por puentes que tenían hechas y en canoas ; y 
las casas todas de azuteas, y en cada azute a si 
querían poner mamparos eran fortalezas ; y que 
para entrar dentro en la ciudad que habia tres 
calzadas, y en cada calzada cuatro ó cinco aber- 
turas por donde se pasaba el agua de una parte 
á otra; y en cada una de aquellas aberturas ha- 
bia una puente, y con alzar cualquiera dellas, 
que son hechas de madera, no pueden entrar en 
Méjico ; y luego dijo del mucho oro y plata y 
piedras chalchiuis y riquezas que tenia Monte- 
zuma, su señor, que nunca acababa de decir 
otras muchas cosas de cuan gran señor era, que 
Cortés y todos nosotros estábamos admirados de 
io oir ; y con todo cuanto contaban de su gran 
fortaleza y puentes, como somos de tal calidad 
los soldados españoles , quisiéramos ya estar 
probando ventura, y aunque nos parecía cosa 
imposible, según lo señalaba y decia el Olinte- 
cle. Y verdaderamente era Méjico muy más 
fuerte y tenia mayores pertrechos de albarra- 
das que todo lo que decia ; porque una cosa es 
haberlo visto de la manera y fuerzas que tenia, 
y no como lo escribo ; y dijo que era tan gran 
señor Montezuma, que todo lo que quería seño-* , 



260 BERNAL DÍAZ. 

reaba. y que no sabia si seria contento cuando 
supiese nuestra estada allí en aquel pueblo, por 
nos haber aposentado y dado de comer sin su li- 
cencia ; y Cortés le dijo con nuestras lenguas: 
aPues hágoos saber que nosotros venimos de le- 
jas tierras por mandado de nuestro Rey y señor, 
que es el Emperador don Carlos, de quien son 
vasallos muchos y grandes señores, y envía á 
mandar á ese vuestro gran Montezuma que no 
sacrifique ni mate ningunos indios, ni robe sus 
vasallos ni tome ningunas tierras, y para que dé 
la obediencia á nuestro Rey y señor ; y ahora 
lo digo asimismo á vos, Olintecle, y á todos los 
más caciques que aquí estáis, que dejéis vues- 
tros sacrificios y no comáis carnes de vuestros 
prójimos, ni hagáis sodomías ni las cosas feas 
que soléis hacer, porque así lo manda nuestro 
Señor Dios, que es el que adoramos y creemos, 
y nos da la vida y la muerte y nos ha de llevar á 
los cielos ;» y se les declaró otras muchas cosas 
tocantes á nuestra santa fe, y ellos á todo calla- 
ban. Y dijo Cortés á los soldados que allí nos 
hallamos: oParéceme, señores, que ya que no 
podemos hacer otra cosa, que se ponga una 
cruz.» Y respondió el Padre fray Bartolomé de 
Olmedo : aParéceme , señor, que en estos pue- 
blos no es tiempo para dejalles cruz en su poder, 
porque son algo desvergonzados y sin temor; y 
como son vasallos de Montezuma, no la quemen 
ó hagan alguna cosa mala ; y esto que se les dijo 
basta hasta que tengan más conocimiento de 



CONQUISTA DE NÜIVA-ÉSPAÑA . 261 

nuestra santa fe ;» y así se quedó sin poner la 
cruz. Dejemos esto y de las santas amonestacio- 
nes que les hacíamos, y digamos que como lle- 
vábamos un lebrel de muy gran cuerpo, que era 
de Francisco de Lugo, y ladraba mucho de 
noche , parece ser preguntaban aquellos ca- 
ciques del pueblo á los amigos que traía- 
mos de Cempoal que si era tigre ó león , ó 
cosa con que mataban los indios ; y respondie- 
ron : oTráenle para que cuando alguno los 
enoja los mate.» Y también les preguntaron 
que aquellas bombardas que traíamos, qué ha- 
cíamos con ellas; y respondieron que con unas 
piedras que metíamos dentro dellas matábamos 
á quien queríamos; y que los caballos corrían 
como venados, y alcanzábamos con ellos á quie- " 
les mandábamos. Y dijo el Olintecle y los de- 
más principales : «Luego desa manera teules 
deben de ser.» Ya he dicho otras veees que á 
los ídolos ó sus dioses ó cosas malas llamaban 
teules. Y respondieron nuestros amigos: «Pues 
¡cómo! ¿ahora lo veis? Mirad que no hagáis cosa 
con que los enojéis, que luego sabrán, que sa- 
ben lo que tenéis en el pensamiento, porque es- 
tos teules son los que prendieron á los recauda- 
dores del vuestro gran Montezuma, y mandaron 
que no les diesen más tributo en todas las sier- 
ras ni en nuestro pueblo de Cempoal ; y estos 
son los que nos derrocaron de nuestros templos 
nuestros teules, y pusieron los suyos, y han 
vencido los de Tabasco y CÍDgapacinga, Y de- 



262 BKRKAL DÍAZ . 

másdesto, ya habréis visto cómo el gran Monte- 
zuma, aunque tiene tantos poderes, los envia 
oro y mantas, y ahora han venido á este vnestro 
pueblo y veo que no les dais nada; andad presto 
y traedles algún presente.» Por manera que 
traíamos con nosotros buenos echacuervos, por- 
que luego trujeron cuatro pinjantes y tres colla- 
res y unas lagartijas, aunque era de oro todo 
muy bajo; y más trujeron cuatro indias , que 
eran buenas para moler pan, y una carga de 
mantas. Cortés las recibió con alegre vo- 
luntad y con grandes ofrecimientos. Acuerdó- 
me que tenían en una plaza, adonde estaban 
unos adoratorios t puestos tantos rimeros de 
calaveras de muertos, que se podian bien con- 
tar, según el concierto con que estaban puestas, 
que me parece que eran más de cien mil, y digo 
otra vez sobre cien mil ; y en otra parte de la 
plaza estaban otros tantos rimeros de zancarro- 
nes y huesos de muertos que no se podian con- 
tar, y tenían en unas vigas muchas cabezas col- 
gadas de una parte á otra, y estaban guardando 
aquellos huesos y calaveras tres papas que, se- 
gún entendimos, tenían cargo dellos ; de lo cual 
tuvimos que mirar más después que entramos 
más la tierra adentro , y en todos los pueblos 
estaban de aquella manera, é también en lo de 
Tlascala. Pasado todo esto que aquí he dicho, 
acordamos de ir nuestro camino por Tlascala, 
porque decían nuestros amigos estaban muy 
cerca, y que los términos estaban allí junto don- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA . 263 

de teniaíi puestos por señales unos mojones ; y 
sobre ello se preguntó al cacique Olintecle que 
cuál era mejor camino y más llano para ir á Mé- 
jico ; y dijo que por un pueblo muy grande que 
se decia Choulula ; y los de Cempoal dijeron á 
Cortés : «Señor, no vais por Choulula , que son 
muy traidores y tiene allí siempre Montezuma 
sus guarniciones de guerra;» y que fuésemos 
por Tlascala, que eran sus amigos, y enemigos 
de mejicanos ; y así, acordamos de tomar el con- 
sejo de los de Cempoal, que Dios lo encaminaba 
todo ; y Cortés demandó luego al Olintecle vein- 
te hombres principales guerreros que fuesen con 
nosotros, y luego nos los dieron ; y otro dia de 
mañana fuimos camino de Tlascala, y llegamos 
á un pueblezuelo que era de los de Xalacingo, y 
de allí enviamos por mensajeros dos indios de 
los principales de Cempoal, de los indios que 
solian decir muchos bienes y loas de los tlascal- 
tecas y que eran sus amigos, y les enviamos una 
carta, puesto que sabíamos que no lo entende- 
rían, y también un chapeo de los vedijudos co- 
lorados de Flandes, que entonces se usaban ; y 
lo que se hizo diremos adelante. 



264 rernal w.ia. 

CAPITULO LXIÍ. 



COMO SI DETERMINO QUE FUÉSEMOS POR TL ASCAL A , Y LES 
ENVIÁBAMOS MENSAJEROS PARA QUE TUVIESEN POR 
BIEN NUESTRA IDA POR SU TIERRA, Y COMO PRENDIE- 
RON Á LOS MENSAJEROS , Y LO QUE MÁS SE HIZO. 



Como salimos de Castilblaneo , y fuimos por 
nuestro camino, los corredores del campo siem- 
pre delante y muy apercebidos , en gran con- 
cierto los escopeteros y ballesteros, como con- 
venia , y los de á caballo mucbo mejor, y siem- 
pre nuestras armas vestidas 3 como lo teníamos 
de costumbre. Dejemos esto ; np sé para qué 
gasto mis palabras sobre ello , sino que estába- 
mos tan apercebidos , así de dia como de noche, 
que si diesen al arma diez veces, en aquel punto 
nos hallarán muy puestos , calzados nuestros 
alpargates , y las espadas y rodelas y lanzas 
puesto todo muy á mano ; y con aquesta orden 
llegamos á un pueblezuelo de Xalacingo, y allí 
nos dieron un collar de oro y unas mantas y dos 
indias, y desde pqn^l pueblo enviamos dos men- 
sajeros principales de los de Campoal á Tlasca- 
la con una carta ó con un chapeo vedejudo de 
Flandes , colorado , que se usaban entonces , y 
puesto que la carta bien entendimos que no la 
sabrían leer, sino que como viesen el papel dife- 



eONpUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 265 

renciado de lo suyo, éonocerian que era de men- 
sajería, y lo que les enviamos á decir con los 
mensajeros cómo íbamos á su -pueblo., y que lo 
taviesen por bien , que no les íbamos á hacer 
enojo, sino- tenellos por amigos; y ésto fué por- 
que en aquel pueblezuclo nos certificaron que 
toda Tlascala estaba puesta en armas contra 
nosotros , porque, según pareció, ya tenían no- 
ticia cómo íbamos y que llevábamos con nos- 
otros muchos amigos , así de Cempoal como los 
de Zocotlan y de otros pueblos por donde ha- 
bíamos pasado, y todos solían dar tributo á 
Montezuma , tuvieron por cierto que íbamos 
contra ellos, porque les tenían por enemigos ; y 
como otras veces 'Tos mejicanos con mañas y 
cautelas les entraban en la tierra y se la sa- 
queaban , así creyeron quedan hacer ora; por 
manera que luego como llegaron los dos nues- 
tros mensajeros con la carta y el chapeo , y co- 
menzaron á decir su embajada , los mandaron 
prender sin ser más oidos , y estuvimos aguar- 
dando respuesta aquel dia y otro; y como no ve- 
nían , después de haber hablado Cortés á los 
principales de aquel pueblo., y dicho las cosas 
que convenían decir acerca de nuestra santa 
fe, y cómo éramos vasallos de nuestro Rey 
y señor, que nos envió á estas partes para qui- 
tar que no sacrifiquen y no malen hombres ni 
coman carne humana , ni hagan las torpedades 
que suelen hacer ; y les dijo otras muchas cosas 
que en los más pueblos por donde pasábamos 
34 



266 1ERNAL DÍAZ. 

les solíamos decir , y después <ie muchos ofreci- 
mientos que les hizo que les ayudaría , les de- 
mandó veinte indios de guerra que fuesen con 
nosotros, y ellos nos los dieron de buena volun- 
tad , y con la buena ventura, encomendándonos 
á Dios , partimos otro día para Tlascala ; é yen- 
do por nuestro camino con el concierto que ya 
he dicho, vienen nuestros mensajcrosque tenian 
presos que parece ser , como andaban revueltos 
en la guerra los indios que los tenian á cargo y 
guarda, se descuidaron, y de hecho, como eran 
amigos, los soltaron de las prisiones; y vinieron 
tan medrosos de lo que habian visto é oido, que 
no lo acertaban á decir; porque, según dijeron, 
cuando estaban presos los amenazaban y de- 
cian: «Ahora hemos de matar á esos que llamáis 
teules y comer sus carnes, y veremos si son tan 
esforzados comQ publicáis, y también comere- 
mos vuestras carnes, pues venis con traiciones y 
con embustes de aquel traidor de Montezuma;» 
y por más que les decian los mensajeros, que 
éramos contra los mejicanos, que á todos los 
tlascaltecas los teníamos por hermanos , no 
aprovechaban nada sus razones; y cuando Cor- 
tés y todos nosotros entendimos aquellas sober- 
bias palabras, y cómo estaban de guerra, pues- 
to que nos dio bien que pensar en ello dijimos 
todos: «Pues que así es, adelante en buen hora;» 
encomendándonos á Dios y nuestra bandera 
tendida, que llevaba el alférez Corral; porque 
Ciertamente nos certificaron los indios del pue- 



CONQUISTA DE NUÉVA-E8PAÑA. 267 

blezuelo don le dormimos, que habían de salir 
al camino á nos defender la entrada en Tlasca- 
la; y asimismo nos lo dijeron los de Cempoal, 
como dicho tengo. Pues yendo desta manera 
que he dicho, siempre íbamos hablando cómo 
habían de entrar y salir los de á caballo á me- 
dia rienda y las lanzas algo terciadas, y de tres 
en tres porque se ayudasen; ó que cuando rom- 
piésemos por los escuadrones, que llevasen las 
lanzas por las caras y no parasen á dar lanza- 
das, porque no les echasen mano dellas, y que 
si acaesciese que les echasen mano, que con 
toda fuerza tuviesen y debajo del brazo se 
ayudasen, y poniendo espuelas con la furia del 
caballo, se la tornarían á sacar ó llevarían al 
in io arrastrando. Dirán ahora que para qué 
tanta diligencia sin ver contrarios guerreros que 
nos acometiesen. A esto respondo, y digo que 
decia Cortés: «Mira, señores compañeros, ya 
veis que somos pocos, hemos de estar siempre 
tan apercebidos y aparejados como si ahora vié- 
semos venir los contrarios á pelear, y no sola- 
mente vellos venir, sino hacer cuenta que esta- 
mos ya en la batalla con ellos; y que, como 
acaece muchas veces que echan mano de la lan- 
za, por eso hemos de estar avisados para el tal 
menester, asi dello como de otras cosas que con- 
vienen en lo militar; que ya bien he entendido 
que en el pelear no tenemos necesidad de avi- 
sos, porque he conocido que por bien que yo lo 
quiera decir., lo haréis muy más animosamente;» 



268 SerNal días. 

y desta manera caminamos obra de dos leguas, 
y hallamos una fuerza bien fuerte hecha de cal 
y canto y de otro betún tan recio, que con picos 
de hierro era forzoso deshacerla, y hecha de 
tal manera, que para defensa era harto recia 
tomar; y detuvímonos á mirar en ella, y pre- 
guntó Cortés á los indios de Zocotlan que á qué 
fin tenian aquella fuerza de aquella manera; y 
dijeron que, como entre su señor Montezuma y 
los de Tlascala tenian guerras á la continúa, 
que los tlascaltecas para defender mejor sus 
pueblos la habian hecho tan fuerte, porque ya 
aquella es su tierra; y reparamos un rato, y nos 
dio bien que pensar en ello y en la fortaleza. Y 
Cortés dijo: «Señores, sigamos nuestra bandera, 
que es la señal de la Santa Cruz, que con ella 
venceremos.» 

Y todos á una le respondimos que vamos mu- 
cho en buen hora, que Dios es fuerza verdade- 
ra ; y así , comenzamos á caminar con el con- 
cierto que he dicho , y no lejos vieron nuestros 
corredores del campo hasta obra de treinta in- 
dios que estaban por espías , y tenian espadas 
de dos manos, rodelas, lanzas y penachos, y las 
espadas son de pedernales , que cortan más que 
navajas , puestas de arte que no se pueden que- 
brar ni quitar las navajas , y son largas como 
montantes , y tenian sus divisas y penachos ; y 
como nuestros corredores del campo los vieron, 
volvieron á dar mandado. Y Cortés mandó á los 
mismos de á caballo (jue corriesen tras ellos y 



CONOtflÍTA DE HÜBVA-MPANA. 269 

que procurasen tomar algunos sin heridas; y 
luego envió otros cinco de á caballo, porque si 
hubiese alguna celada, para que se ayudasen; y 
con todo nuestro ejército dimos priesa y el paso 
largo , y con gran concierto , porque los amigos 
que teníamos nos dijeron que ciertamente traian 
gran copia de guerreros en celadas; y desque los 
treinta indios que estaban por espías vieron que 
los de á caballo iban hacia ellos y los llamaban 
con la mano, no quisisieron aguardar, hasta que 
los alcanzaron y quisieron tomar á algunos de- 
llos ; mas defendiéronse muy bien , que con los 
montantes y sus lanzas hirieron los caballos ; y 
cuando los nuestros vieron tan bravosamente 
pelear , y sus caballos heridos , procuraron de 
hacer lo que eran obligados , y mataron cinco 
dellos ; y estando en esto , viene muy de presto 
y con gran furia un escuadrón de tlascaltecas, 
que estaba en celada, de más de tres mil dellos, 
y comenzaron á flechar en todos los nuestros de 
á caballo, que ya estaban juntos todos , y dan 
una refriega ; y en este instante llegamos con 
nuestra artillería , escopetas y ballestas , y poco 
á poco comenzaron á volver las espaldas, puesto 
que se detuvieron buen rato peleando con buen 
concierto ; y en aquel rencuentro hirieron á cua- 
tro de los nuestros -, y paréceme que desde allí 
á pocos dias murió el uno de las heridas; y como 
era tarde, se fueron los tlascaltecas recogiendo, 
y no los seguimos ; y quedaron muertos hasta 
diez y siete dellos, sin muchos heridos ; y desde 



270 iérnal díaz. 

aquellas sierras pasamos adelante , y era llano y 
habia muchas casas de labranzas de maíz y ma- 
giales , que es de lo que hacen el vino ; y dormi- 
mos cabe un arroyo , y con el unto de un indio 
gordo que allí matamos ', que se abrió , se cura- 
ron los heridos ; que aceite no lo habia ; y tuvi- 
mos muy bien de cenar de unos perrillos que 
ellos crian , puesto que estaban todas las casas 
despobladas , y alzado el hato , y aunque los 
perrillos llevaban consigo , de noche se volvían 
á sus casas , y allí los apañábamos, que era 
harto buen mantenimiento ; y estuvimos toda la 
noche muy á punto con escuchas y buenas ron- 
das y corredores del campo, y los caballos ensi- 
llados y enfrenados , por temor no diesen sobre 
nosotros. Y quedarse ha aquí, y diré las guerras 
que nos dieron. 



CAPITULO LXIII. 



DE LAS GUERRAS Y BATALLAS MUY PELIGROSAS QUE 
TUVIMOS CON LOS TLASCALTECAS, Y DE LO QUE MAS 
PASÓ. 



Otro dia , después de habernos encomendado 
á Dios , partimos de allí, muy concertados todos 
nuestros escuadrones , y los de á caballo muy 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 271 

avisados de cómo habían de entrar rompiendo 
y salir ; y en todo caso procurar que no nos 
rompiesen ni nos apartasen unos de otros ; é 
yendo así como dicho tengo, viénense á encon- 
trar con nosotros dos escuadrones, que habría 
seis mil, con grandes gritas, atambores y trom- 
petas, y flechando y tirando varas, y haciendo 
como fuertes guerreros. Cortés mandó que es- 
tuviésemos quedos, y con tres prisioneros que 
les habíamos tomado el dia antes les enviamos á 
deeir y á requerir que nonos diesen guerra, que 
los queremos tener por hermanos; y dijo á uno 
de nuestros soldados, que se decia Diego de Go- 
doy, que era escribano de su Majestad, mirase 
lo que pasaba, y diese testimonio dello si se hu- 
biese menester, porque en algún tiempo no nos \ 
demandasen las muertes y daños que se recre- 
ciesen, pues les requeríamos con la paz; y como 
les hablaron los tres prisioneros que les enviá- 
bamos, mostráronse muy más recios, y nos da- 
ban tanta guerra, que no les podíamos sufrir. 
Entonces dijo Cortés: «Santiago y á ellos;» y de 
hecho arremetimos de manera, que les matamos 
y herimos muchas de sus gentes con los tiros, y 
entre ellos tres capitanes. Ibanse retrayendo 
hacia unos arcabuezos, donde estaban en celada 
sobre más de cuarenta mil guerreros con su ca- 
pitán general, que se decia Xicotenga, y con sus 
divisas de blanco y colorado, porque aquella di- 
visa y librea era de aquel Xicotenga; y como 
había allí unas quebradas, no nos podíamos apro- 



272 BERNAL DÍAZ. 

vechar de los caballos, y con mucho concierto 
los pasamos. Al pasar tuvimos muy gran peli- 
gro, porque se aprovechaban de su buen flechar, 
y con sus lanzas y montantes nos hacían mala 
obra, y aun las hondas y piedras como granizo 
eran harto malas ; y como nos vimos en lo llano 
con los caballos y artillería , nos lo pagaban, 
que matábamos muchos ; mas no osábamos des- 
hacer nuestro escuadrón , porque el soldado que 
en algo se desmandaba para seguir algunos in- 
dios de los montantes ó capitanes , luego era 
herido y corría gran peligro. Y andando en es- 
tas batallas , nos cercan por todas partes , que 
no nos podíamos valer poco ni mucho ; que no 
osábamos arremeter á ellos si no era todos jun- 
tos, porque no nos desconcertasen y rompiesen; 
y si arremetíamos como dicho tengo , hallába- 
mos sobre veinte escuadrones sobre nosotros, 
que nos resistían ; y estaban nuestras vidas en 
mucho peligro , porque eran tantos guerreros, 
que á puñados de tierra nos cegaran , sino que 
la gran misericordia de Dios nos socorría y nos 
guardaba. Y andando en estas priesas entre 
aquellos grandes guerreros y sus temerosos 
montantes , parece ser acordaron de se juntar 
muchos dellos y de mayores fuerzas para tomar 
á manos á algún caballo, y lo pusieron por obra, 
y arremetieron, y echan mano á una muy buena 
yegua y bien revuelta , de juego y de carrera, 
y el caballero que en ella iba muy buen ginete, 
que se decía Pedro de Morón j y como entró 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 273 

rompiendo con otros tres de á caballo entre los 
escuadrones de los contrarios , porque así les era 
mandado , porque se ayudasen unos á otros, 
échanle mano de la lanza, que no la pudo sacar, 
y otros le dan de cuchilladas con los montantes 
y le hirieron malamente , y entonces dieron una 
cuchillada á la yegua , que le cortaron el pes- 
cuezo redondo , y allí quedó muerta ; y si de 
presto no socorrieran los dos compañeros de á 
caballo al Pedro de Morón , también le acaba- 
ran de matar > pues quizá podíamos con todo 
nuestro escuadrón ayudalle. 

Digo otra vez que por temor que nos desba- 
ratasen ó acabasen de desbaratar , no podíamos 
ir ni á una parte ni á otra ; que harto teníamos 
que sustentar no nos llevasen de vencida , que 
estábamos muy en peligro ; y todavía acudía- 
mos á la presa de la yegua , y tuvimos lugar de 
salvar al Morón y quitársele de su poder , que 
ya le llevaban medio muerto ; y cortamos la 
cincha de la yegua , porque no se quedase alli 
la silla; y alli en aquel socorro hirieren diez de 
los nuestros ; y tengo en mí que matamos en- 
tonces cuatro capitanes , porque andábamos 
juntos pié con pié , y con las espadas les ha- 
cíamos mucho daño ; porque como aquello pasó 
se comenzaron á retirar y llevaron la yegua, la 
cual hicieron pedazos para mostrar en todos los 
pueblos de Tlascala ; y después supimos que 
habían ofrecido á sus ídolos las herraduras y 
el ehapeo de Flandes vedijudo, y las dos cartas 
35 



274 BERNAL DÍAZ. 

que les enviamos para que viniesen en paz. La 
yegua que mataron era de un Juan Sedeño ; y 
porque en aquella sazón estaba herido el Sede- 
ño de tres heridas del dia antes , por esta causa 
se la dio al Morón, que era muy buen ginete , y 
murió el Morón entonces de alli á dos dias de 
las heridas , porque no me acuerdo verle más. 
Volvamos á nuestra batalla : que como habia 
bien una hora que estábamos en las rencillas 
peleando, y los tiros les debrian de hacer mu- 
cho mal; porque, como eran muchos , andaban 
tan juntos, que por fuerza les habían de llevar 
copia dellos ; pues los de á caballo , escopetas, 
ballestas, espadas, rodelas y lanzas, todos á una 
peleábamos como valientes soldados 'por salvar 
nuestras vidas y hacer lo que éramos obliga- 
dos; porque ciertamente las temarnos en gran- 
de peligro, cual nunca estuvieron; y á lo que 
después supimos, en aquella batalla les mata- 
mos muchos indios, y entre ellos ocho capita- 
nes muy principales, hijos de los viejos caci- 
ques que estaban en el pueblo cabecera mayor; 
á esta causa se trujeron con muy buen concier- 
to, y á nosotros que no nos pesó dello; y no los 
seguimos porque no nos podíamos tener en los 
pies, de cansados; allí nos quedamos en aquel 
poblezuelo, que todos aquellos campos estaban 
muy poblados, y aún tenían hechas otras casas 
debajo de tierra como cuevas, en que vivían 
muchos indios; y llamábase donde pasó esta 
batalla Tehuacingo ó Tehuacacingo, y fué dada 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPANA. 275 

en 2 dias del mes de Setiembre de 1519 años; y 
desque nos vimos con victoria, dimos muchas 
gracias á Dios, que nos libró de tan grandes 
peligros; y desde allí nos retrujimos luego á 
unos cues que estaban buenos y altos como en 
fortaleza, y con el unto del indio que ya he di- 
cho otras veces se curaron nuestros soldados, 
que fueron quince., y murió uno de las heridas; 
y también se curaron cuatro ó cinco caballos 
que estaban heridos, y reposamos y cenamos 
muy bien aquella noche, porque teniamos mu- 
chas gallinas y perrillos que hubimos en aque- 
llas casas, con muy buen recaudo de escuchas y 
rondas y los corredores del campo, y descansa- 
mos hasta otro dia por la mañana. En aquesta 
batalla tomamos y prendimos quince indios y los 
dos principales; y una cosa tenian los tlascalte- 
eas en esta batalla y en todas las demás, que 
en hiriéndoles cualquiera indio, luego lo lleva- 
ban, y no podíamos ver los muertos. 



CAPITULO LXIV. 

CÓMO TUVIMOS NUESTRO REAL ASENTADO EN UNOS PUE- 
BLOS Y CASERÍAS QUE SE DICEN TEOACINGO Ó TEUA- 
CINGO, Y LO QUE ALLÍ HICIMOS. 

Como nos sentimos muy trabajados de las ba- 
tallas pasadas y estaban muchos soldados y ca- 
ballos heridos, y teaiamos necesidad de adobar 



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276 BERNAL DÍAZ. 

las ballestas y alistar almacén de saetas, estu- 
vimos un día sin hacer cosa que de contar sea; 
y otro día por la mañana dijo Cortés que seria 
bueno ir á correr el campo con los de á caballo 
que estaban buenos para ello, porque no pensa- 
sen los trascaltecas que dejábamos de guerrear 
por la batalla pasada, y porque viesen que siem- 
pre los habiamos de seguir; y el dia pasado, 
como he dicho, habiamos estado sin salirlos á 
buscar, é que era mejor irles nosotros á acome- 
ter que ellos á nosotros, porque no sintiesen 
nuestra flaqueza y porque aquel campo es muy 
llano y muy poblado. Por manera que con siete 
de á caballo y pocos ballesteros y escopeteros, y 
obra deducientos soldados y con nuestros ami- 
gos, salimos y dejamos en el real buen recaudo, 
según nuestra posibilidad, y por las casas y 
pueblos por donde íbamos prendimos hasta 
veinte indios é indias sin hacelles ningún mal; y 
los amigos, como son crueles, quemaron muchas 
casas y trujeron bien de comer gallinas y per- 
rillos; y luego nos volvimos al real, que era 
cerca., y acordó Cortés de soltar los prisione- 
ros, y se les dio primero de comer., y doña Ma- 
rina y Aguilar los halagaron y dieron cuentas, y 
les dijeron que no fuesen más locos; é que vinie- 
sen de paz, que nosotros les queremos ayudar y 
tener por hermanos: y entonces también soltamos 
los dos prisioneros primeros, que eran princi- 
pales, y se les dio otra carta para que fuesen á 
decir á los caciques mayores, que estaban en el 



CONQUISTA DE NUEV A-ESPAÑA. 277 

pueblo cabecera de todos los más pueblos de 
aquella provincia, que no les veniamos á hacer 
mal ni enojo, sino para pasar por su tierja é ir á 
Méjico á hablar á Montezuma; y los dos mensa- 
jeros fueron al real de Xicotenga, que estaba de 
allí obra de dos leguas, en unos pueblos y casas 
que me parece que se llamaban Tecuacinpacin- 
go;y como les dieron la carta y dijeron nuestra 
embajada, la respuesta que les dio su capitán Xi- 
cotenga el mozo fué que fuésemos á su pueblo, 
adonde está su padre: que allá harían las paces 
con hartarse de nuestras carnes y honrar sus 
dioses con nuestros corazones y sangre, é que 
para otro dia de mañana veríamos su respuesta; 
y cuando Cortés y todos nosotros oimos aque- 
llas tan soberbias palabras, como estábamos 
hostigados délas pasadas batallas é encuentros, 
verdaderamente no lo tuvimos por bueno, y á 
aquellos mensajeros halagó Cortés con blandas 
palabras, porque les pareció que habian perdido 
el miedo, y les mandó ^ar unos sartalejos de 
cuentas, y esto para tornalles á enviar por men- 
sajeros sobre la paz. Entonces se informó muy 
por extenso cómo y de qué manera estaba el ca- 
pitán Xicotenga, y qué poderes tenia consigo, 
y les dijeron que tenia muy más gente que la 
otra vez cuando nos dio guerra, porque traia 
cinco capitanes consigo, y que cada capitanía 
traia diez mil guerreros. Fué desta manera que 
lo contaba, que de la parcialidad de Xicotenga , 
que ya no habia del viejo padre del mismo ca- 



278 BERHALDÍAZ. 

pitan sino diez mil , y de la parte de otro 
gran cacique que se decia Masse-Escaci , otros 
diez mil , y de otro gran principal que se decia 
Chichimeca Tecle, otros tantos , y de otro gran 
cacique señor de Topeyanco, que se decia Te- 
capaneca, otros diez mil, é de otro cacique que 
se decia Guaxobcin, otros diez mil; por mane- 
ra que eran á la cuenta cincuenta mil, y que 
habían de sacar su bandera y seña, que era un 
ave blanca, tendidas las alas como que queria 
volar, que parece como avestruz, y cada capi- 
tán con su divisa y librea; porque cada cacique 
así las tenia diferenciadas. Digamos ahora 
cómo en nuestra Castilla tienen los duques y 
condes; y todo esto que aquí he dicho tuvímos- 
lo por muy cierto , porque ciertos indios de los 
que tuvimos presos, que soltamos aquel dia, lo 
decian muy claramente, aunque no eran creí- 
dos. Y cuando aquello vimos, como somos hom- 
bres y temíamos la muerte, muchos de nosotros 
y aún todos los más nos confesamos con el Pa- 
dre de la Merced y con el Clérigo Juan Diaz, 
que toda la noche estuvieron en oir de peniten- 
cia y encomendándonos á Dios que nos librase 
no fuésemos vencidos ; y desta manera pasamos 
hasta otro dia; y la batalla que nos dieron, aquí 
lo diré. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 279 

CAPITULO LXV. 



BE LA GRAN BATALLA QUE HUBIMOS CON EL PODER DE 
TLASCALTECAS, Y QUISO DIOS NUESTRO SEÑOR DAR- 
NOS VITORIA, Y LO QUE MAS PASÓ. 



Otro dia de mañana, que fueron 5 de Setiem- 
bre de 1519 años, pusimos los caballos en con- 
cierto, que no quedó ninguno de los heridos que 
allí no saliesen para hacer cuerpo é ayudasen 
lo que pudiesen , y apercibidos los ballesteros 
que con gran concierto gastasen el almacén, 
unos armando y otros soltando , y los esco- 
peteros por el consiguiente, y los de espada y 
rodela qne la estocada ó cuchillada que diése- 
mos, que pasasen las entrañas, porque no se 
osasen juntar tanto como la otra vez, y el arti- 
llería bien apercebida iba; y como ya tenían 
aviso los de á caballo que se ayudasen unos á 
otros, y las lanzas terciadas sin pararse á alan- 
cear sino por las caras y ojos, entrando y sa- 
liendo á media rienda., y que ningún soldado sas 
Hese del escuadrón, y con nuestra bandera ten- 
dida, y cuatro compañeros guardando al alférez 
Corral. Así salimos de nuestro real, y no ha- 
bíamos andado medio cuarto de legua, cuando 
vimos asomar los campos llenos de guerreros 
con grandes penachos y sus divisas, y mucho 



280 RERNAL MIZ, 

ruido de trompetillas y bocinas. Aquí habia bien 
que escribir y ponello en relación lo que en esla 
peligrosa y dudosa batalla pasamos; porque nos 
cercaron por todas partes tantos guerreros, que 
se podia comparar como si hubiese unos grandes 
prados de dos leguas de ancho y otras tantas de 
largo, y en medio dellos cuatrocientos hombres; 
asiera: todos los campos llenos dellos, y nos- 
otros obra de cuatrocientos, muchos heridos y 
dolientes; y supimos de cierto que esta vez ve- 
nían con pensamiento que no habían de dejar 
ninguno de nosotros á vida, que no habia de ser 
sacrificado á sus ídolos. Volvamos á nuestra ba- 
talla: pues como comenzaron á romper con nos- 
otros, ¡qué granizo de piedra de los honderos! 
Pues flechas, todo el suelo hecho parva de va- 
ras, todas de á dos gajos, que pasan cualquiera 
arma y las entrañas, adonde no hay defensa, y 
los de espada y rodela, y de otras mayores que 
espadas, como montantes y lanzas, ¡qué priesa 
nos daban y con qué braveza se juntaban con 
nosotros, y con qué grandísimos gritos y alari- 
dos! Puesto que nos ayudábamos con tan gran 
concierto con nuestra artillería y escopetas y 
ballestas, que les hacíamos harto daño, y á los 
que se nos llegaban con sus espadas y montan- 
tes les dábamos buenas estocadas, que les ha- 
cíamos apartar, y no se juntaban tanto como la 
otra vez pasada; y los de á caballo estaban tan 
diestros y hacíanlo tan varonilmente, que, des- 
pués de Dios, que es el que nos guardaba, ellos 



eONGUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 281 

fueron fortaleza. Yo vi entonces medio desbara- 
tado nuestro escuadrón, que no aprovechaban 
voces de Cortés ni de otros capitane3 para que 
tornásemos á cerrar; tanto número de indios car- 
gó entonces sobre nosotros, sino que á puras es- 
tocadas les hicimos que nos diesen lugar; conque h 
volvimos á ponernos en concierto. Una cosa nos 
daba la vida, y era que, como eran muchos y 
estaban amontonados, los tiros les hacían mu- 
cho mal; y demás desto, no se sabian capita- 
near, porque no podian allegar todos los capi- 
tanes con sus gentes; y á lo que supimos, desde 
la otra batalla pasada habían tenido pendencias 
y rencillas entre el capitán Xicotenga con otro 
capitán hijo de Chichimeclatecle, sobre que de- 
cia el un capitán al otro que no lo habia hecho 
bien en la batalla pasada, y el hijo de Chichime- 
clatecle respondió que muy mejor que él, y se 
lo haria conocer de su persona á la suya de Xi- 
cotenga; por manera que en esta batalla no qui- 
so ayudar con su gente el Chichimeclatecie al 
Xicotenga, antes supimos muy ciertamente que 
convocó á la capitanía de Guaxolcingo que no 
pelease. Y demás desto, desde la batalla pa- 
sada temían los caballos y tiros y espadas y 
ballestas y nuestro buen pelear, y sobre todo, la 
gran misericordia de Dios, que nos daba esfuer- 
zo para nos sustentar; y como el Xicotenga no 
era obedecido de dos capitanes, y nosotros les 
hacíamos muy gran daño, que les matábamos 
muchas gentes, las cuales encubrían, porque, 
36 



282 BERNAL DÍAZ. 

como eran muchos, en hiriéndolos á cualquiera 
de los suyos, luego le apañaban y le llevaban 
á cuestas; y así en esta batalla como en la pa- 
sada no podíamos ver ningún muerto; y como 
ya peleaban de mala gana, y sintieron que las 
capiíanias de los dos capitanes por mí nombra- 
dos no les acudían, comenzaron á aflojar; por- 
que, según pareció, en aquella batalla mata- 
mos un capitán muy principal, que de los otros 
no los cuento; y comenzaron á retraerse con 
buen concierto, y los de acaballo á media rien- 
da siguiéndolos poco trecho, porque no se po- 
dían ya tener de cansados, y cuando nos vimos 
libres de aquella tanta multitud de guerre- 
ros, dimos muchas gracias á Dios. Alli nos ma- 
taron un soldado é hirieron más de sesenta, y 
también hirieron á todos los caballos; á mi me 
dieron dos heridas, la una en la cabeza, de pe- 
drada, y otra en un muslo , de un flechazo; 
más no eran para dejar de pelear y velar y 
ayudar á nuestros soldados; y asimismo lo ha- 
cían todos los soldados que estaban heridos, 
que si no eran muy peligrosas las heridas, ha- 
bíamos de pelear y velar con ellos, porque de 
otra manera pocos quedaron que estuviesen sin 
heridas ; y luego nos fuimos á nuestro real 
muy contentos y dando muchas gracias á Dios, y 
enterramos los muertos en una de aquellas ca- 
sas que tenían hechas en los soterraños, por- 
que no viesen los indios que éramos mortales, 
sino que creyesen que éramos teules , como 



CONQUISTA DE NUEVA-E8PANA. 283 

ellos decían; y derrocamos mucha tierra encima 
de la casa porque no oliesen los cuerpos, y se 
curaron todos los heridos con el unto del 
indio que otras veces he dicho. ¡Oh que mal 
refrigerio teníamos, que aún aceito para cu- 
rar heridas ni saino habia! Otra falta tenía- 
mos, y grande, que era ropa para nos abri- 
gar; que venia un viento tan frió de la sierra 
nevada , que nos hacia tiritar (aunque mostrá- 
bamos buen ánimo siempre) , porque las lan- 
zas y escopetas y ballestas mal nos cobijaban. 
Aquella noche dormimos con más sosiego que 
la pasada, puesto que teníamos mucho recaudo 
de corredores y espías, velas y rondas. Y deja- 
11o hé aquí , é diré lo que otro dia hicimos en 
esta batalla, y prendimos tres indios princi- 
pales. 



CAPITULO LXVI. 



COMO OTRO DIA ENVIAMOS MENSAJEROS A LOS CACI- 
QUES DE TLASCALA , ROGÁNDOLES CON LA PAZ, Y 
LO QUE SOBRE ELLO HICIERON. 



Después de pasada la batalla por mí contada, 
que prendimos en ella los tres indios principa- 
les, enviólos luego nuestro capitán Cortés , y 



284 BERZAL DÍAfc. 

con los dos que estaban en nuestro real , que 
habían ido otras veces por mensajeros, les man- 
dó que dijesen á los caciques de Tlascala que 
les rogábamos que vengan luego de paz y que 
nos den pasada por su tierra para ir á Méjico, 
como otras veces les hemos enviado á decir, é 
que si ahora no vienen, que les mataremos to- 
das sus gentes; y porque los queremos mucho 
y tener por hermanos , no les quisiéramos eno- 
jar si ellos no hubiesen dado causa á ello , y 
se les -dijo muchos halagos para atraerlos á 
nuestra amistad ; y aquellos mensajeros fueron 
de buena gana luego á la cabecera de Tlascala, 
y dijeron su embajada á todos los caciques por 
mí ya nombrados; los cuales hallaron juntos 
con otros muchos viejos y papas, y estaban muy 
tristes, así del mal suceso de la guerra como 
¿le la muerte de los capitanes parientes ó hijos 
suyos que en las batallas murieron, y dice que 
no les quisieron escuchar de buena gana; y lo 
que sobre ello acordaron, fué que luego mandan 
ron llamar todos los adivinos y papas , y otros 
que echaban suertes , que llaman tacalnagua, 
que son como hechiceros, y dijeron que mirasen 
por sus adivinanzas y hechizos y suertes qué 
gente éramos, y si podríamos ser vencidos dán- 
donos guerra de dia y de noche á la contina, y 
también para saber ñ éramos teules , así como 
lo decian los de Cempoal, que ya he dicho otras 
veces que son cosas malas , como demonios ; é 
qué cosas comíamos , é que mirasen todo esto 



«ONQÜlSTA DÉ HUEVA-ESPAÑA. 285 

con mucha diligencia; y después que se junta- 
ron los adivinos y hechiceros y muchos papas, 
y hechas sus adivinanzas y echadas sus suertes 
y todo lo que solían hacer , parece ser dijeron 
que en las suertes hallaron que éramos hombres 
de hueso y de carne, y que comíamos gallinas y 
perros y pan y fruta cuando lo teníamos, y 
que no comíamos carnes de indios ni corazo- 
nes de los que matábamos; porque, según pare- 
ció,, los indios amigos que traíamos de Cem- 
poalles hicieron encreyente que éramos teu- 
les é que comíamos corazones de indios, é que 
las bombardas echaban rayos como caen del 
cielo, éque el lebrel, que era tigre ó león, y 
que los caballos eran para lancear á los indios 
cuando los queríamos matar; y les dijeron otras 
muchas niñerías. E volvamos á los papas: y lo 
peor de todo que les dijeron sus papas é adivi- 
nos fué que de día no podíamos ser vencidos, 
sino de noche, porque como anochecía se nos 
quitaban las fuerzas; y más les dijeron los he- 
chiceros, que éramos esforzados , y que todas 
estas virtudes teníamos de día hasta que se po- 
nía el sol, y desque anochecía no teníamos fuer- 
zas ningunas. Y cuando aquello oyeron los ca- 
ciques, y lo tuvieron por muy cierto , se lo en- 
viaron á decir á su capitán general Xicotenga, 
para que luego con brevedad venga una noche 
con grandes poderes á nos dar guerra. El cual, 
como lo supo, juntó obra de diez mil indios, los 
más esforzados que tenia, y vino á nuestro real, 



286 1K1UUI/DIA4. 

y por tres partes nos comenzó á dar una mano 
de flechas y tirar varas con sus tiraderas de un 
gajo y de dos, y los de espadas y macanas y 
montantes por otra parte; por manera que de 
repente tuvieron p^r cierto que llevarian algu- 
nos de nosotros para sacrificar; y mejor lo hizo 
nuestro Señor Dios, que por muy secretamente 
que ellos venian, nos hallaron muy apercebidos; 
porque, como sintieran su gran ruido que traían 
á mata-caballo, vinieron nuestros corredores del 
campo y las espías á dar el arma, y como estába- 
mos tan acostumbrados á dormir calzados y las 
armas vestidas y los caballos ensillados y enfre- 
nados, y todo género de armas muy á punto, les 
resistimos con las escopetas y ballestas y á esto- 
cadas; de presto vuelven las espaldas, y como era 
el campo llano y hacia luna, los dea caballo los 
siguieron un poco, donde por la mañana halla- 
mos tendidos muertos y heridos hasta veinte 
dellos; por manera que se vuelven con gran pér- 
dida y muy arrepentidos de la venida de noche. 
Y aun oí decir que, como no les sucedió bien lo 
que los papas y las suertes y hechiceros les 
dijeron, que sacrificaron á dos dellos. Aquella 
noche mataron un indio de nuestros amigos de 
Cempoal, é hirieron dos soldados y un caballo, 
y allí prendimos cuatro dellos; y como nos vi- 
mos libres de aquella arrebatada refriega, di- 
mos gracias á Dios, y enterramos el amigo de 
Cempoal, y curamos los heridos y al caballo, y 
dormimos lo que quedó de la noche con grande 



GOfí QUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 287 

recaudo en el real, así como lo teníamos de cos- 
tumbre; y después amaneció, y nos vimos todos 
heridos á dos y á tres heridas, y muy cansados, 
y otros dolientes y entrapajados, y Xicotenga 
que siempre nos seguía, y faltaban ya sobre 
cincuenta y cinco soldados, que se habían muer- 
to en las batallas y dolencias y fríos, y estaban 
dolientes otros doce, y asimismo nuestro capi- 
tán Cortés también tenia calenturas, y aun el 
padre fray Bartolomé de Olmedo, de la orden 
de la Merced, con el trabajo y peso de las ar- 
mas, que siempre traíamos á cuestas, y otras 
malas venturas de fríos y falta de sal, que 
no la comíamos ni la , hallábamos ; y demás 
desto , dábanos qué pensar qué fin habría- 
mos en aquestas guerras, é yaque allí se aca- 
basen, qué seria de nosotros, adonde había- 
mos de ir; porque entrar en Méjico temámoslo 
por- cosa de risa á causa de sus grandes fuer- 
zas y decíamos que cuando aquellos de Tlascala 
nos habían puesto en aquel punto, y nos hicie- 
ron creer nuestros amigos los de Cempoal que 
estaban de paz, que cuando nos viésemos en la 
guerra con los grandes poderes de Montezuma, 
que ¿qué podríamos hacer? Y demás desto, no 
sabíamos de los .que quedaron poblados en la 
Villa-Rica, ni ellos de nosotros; y como entre 
todos nosotros habia caballeros y soldados tan 
excelentes varones y tan esforzados y de buen 
consejo, que Cortés ninguna cosa decia ni ha- 
cia sin primero tomar sobre ello muy maduro 






t í i r 



2S8 BEhNAL DÍAZ . 

consejo y acuerdo con nosotros; puesto que el 
conmista Gómora diga; «Hizo Cortés esto, fué 
allá, vino de acullá;» dice otras cosas que no 
llevan camino; y aunque Cortés fuera de hierro, 
según lo cuenta el Gómora en su historia, no 
podia acudir á todas partes; bastaba que dijera 
que lo hacia como buen capitán, como siempre 
lo fué; y esto digo, porque después de las gran- 
des mercedes que Nuestro Señor nos hacia en 
todos nuestros hechos y en las Vitorias pasadas 
y en todo lo demás, parece ser que á los solda- 
dos nos daba gracia y consejo para aconsejar 
que Cortés hiciese todas las cosas muy bien he- 
chas. Dejemos de hablar en loas pasadas, pues 
no hacen mucho á nuestra historia, y digamos 
cómo todos á una esforzábamos á Cortés, y le 
dijimos que curase de su persona, que allí está- 
bamos, y que con el ayuda de Dios, que pues 
habíamos escapado de. tan peligrosas batallas, 
que para algún buen fin era nuestro Señor ser- 
vido de guardarnos; y que luego soltase los pri- 
sioneros y que los enviase á los caciques mayo- 
res otra vez por mí nombrados, que vengan 
de paz é se les perdonará todo lo hecho y la 
muerte de la yegua. Dejemos esto, y digamos 
cómo doña Marina, con ser mujer de la tierra, 
qué esfuerzo tan varonil tenia, que con oir cada 
dia que nos habían de matar y comer nuestras 
carnes, y habernos visto cercados en las batallas 
pasadas, y que ahora todos estábamos heridos y 
dolientes, jamas vimos flaqueza en ella, sino 






£5 



<* 



CONQUISTA DÉ NUE VA-ESPAN A . 239 

muy mayor esfuerzo que de mujer ; y á los men- 
sajeros que ahora enviábamos les habló la doña 
Marina y Jerónimo de Aguilar, que vengan lue- 
go de paz, y que si no vienen dentro de dos días, 
les iremos á matar y destruir sus tierras, é ire- 
mos á buscarles á su ciudad; y con estas resuel- 
tas palabras fueron á la cabecera donde estaba 
Xicotenga el viejo. Dejemos esto, y diré otra 
cosa que he visto, que el coronista Gómora no 
escribe en su Historia ni hace mención si nos ma- 
taban ó estábamos heridos, ni pasábamos tra- 
bajos ni adolecíamos, sino todo lo que escribe es 
como si lo halláramos hecho. ¡Oh cuan mal le 
informaron los que tal le aconsejaron que lo pu- 
siese así en su Historia! Y á todos los conquis- 
tadores nos ha dado qué pensar en lo que ha 
escrito, no siendo así ; y debia de pensar que 
cuando viésemos su Historia habíamos de decir 
la verdad. Olvidemos al coronista Gómora, y 
digamos cómo nuestros mensajeros fueron ala 
cabecera de Tlascala con nuestro mensaje ; y 
paréceme que llevaron una carta, que aunque 
sabíamos que no la hábianí de entender, sino 
porque se tenia por cosa de mandamiento, y con 
una saeta ; y hallaron á los dos caciques mayo- 
res que estaban hablando con otros principa- 
les, y lo que sobre ello respondieron adelante lo 
diré, 



%1 



290 RERNAL DÍAZ. 

CAPITULO LXVIL 



COMO TORNARON A ENVIAR MENSAJEROS A LOS CACI- 
QUES DE TRASCALA PARA QUE VENGAN DE PAZ, Y. LO 
QUE SOBRE ELLO HICIERON Y ACORDARON. 



Como llegaron á Tlascala los mensajeros que 
enviamos á tratar de las paces, y les hallaron 
que estaban en consulta los dos más principales 
caciquesque se decían Masse-Escaci yXicotenga 
el viejo padre del capitán general, que también se 
deciaXicotenga el mozo, otras muchas veces por 
mí nombrado, como les oyeron su embajaba, es- 
tuvieron suspensos un rato que no hablaron, y 
quiso Dios que inspiró en sus pensamientos que 
hiciesen paces con nosotros, y luego enviaron á 
llamar á todos los más caciques y capitanes que 
habia en sus poblaciones, y á los de una provin- 
cia que están junto con ellos, que se dice Gua- 
xocingo, que eran sus amigos y confederados, 
y todos juntos en aquel pueblo que estaban, que 
era cabecera, les hizo Masse-Escaci y el viejo 
Xicotenga, que eran bien entendidos, un razo- 
namiento casi que fué desta manera, según des- 
pués supimos, aunque no las palabras formalesí 
«Hermanos y amigos nuestros, ya habéis visto 
cuántas veces estos teules que están en el cam- 
po esperando guerras nos han enviado mensaje- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 29 1 

ros á demandar paz, y dicen que nos vienen á 
ayudar y tener en lugar de hermanos; y asi- 
mismo habéis visto cuántas veces han llevado 
presos muchos de nuestros vasallos, que no les 
hacen mal y luego los sueltan; bien veis cómo 
les hemos dado guerra tres veces con todos 
nuestros poderes, asi de dia como de noche, 
y no han sido vencidos, y ellos nos han muer- 
to en los combates que les hemos dado mu- 
chas de nuestras gentes é hijos y parientes y 
capitanes; ahora de nuevo vuelven á demandar 
paz, y los de Cempoal, que traen en su compa- 
ñía, dicen que son contrarios de Montezuma y 
sus mejicanos, y que les han mandado que no 
le den tributo los pueblos de las sierras Tofco- 
naque ni los de Cempoal ; pues bien se os acor- 
dará que los mejicanos nos dan guerra cada 
año, de más de cien años á esta parte, y bien 
veis que estamos en estas nuestras tierras co- 
mo acorralados , que no osamos salir á buscar 
sal, ni aún la comemos , ni aún algodón, que 
pocas mantas dello traemos; pues si salen ó han 
salido algunos de los nuestros á buscar, pocos 
vuelven con las vidas , que estos traidores de 
mejicanos y sus confederados nos los matan 
ó hacen esclavos ; ya nuestros tacalnaguas y 
adivinos y papas nos han dicho lo que sienten 
de sus personas destos teules, y que son esfor- 
zados. Lo que me parece es, que procuremos de 
tener amistad con ellos, y si no fueren hombres, 
sino teules, de una manera y de otra les hagamos 



292 BERNAL DÍAZ. 

buena compañía, y luego vayan cuatro nuestros 
principales y les lleven muy bien de comer, y 
mostrémosles amor y paz, porque nos ayuden y 
defiendan de nuestros enemigos, y traigámoslos 
aquí luego con nosotros, y démosles mujeres 
para que de su generación tengamos parientes, 
pues según dicen los embajadores que nos en- 
vían á tratar las paces, que traen mujeres en- 
tre ellos.» Y como oyeren este razonamiento, á 
todos los caciques les pareció bien, y dijeron 
que era cosa acertada, y que luego vayan á en- 
tender en las paces, y que se le envié á hacer 
saber á su capitán Xicotenga y á los demás capita- 
nes que consigo tiene, para que luego vengan 
sin dar más guerras, y les digan que ya tenemos- 
hechas paces; y enviaron luego mensajeros so- 
bre ello; y el capitán Xicotenga el mozo no los 
quiso escuchar á los cuatro principales, y mos- 
tró tener enojo, y los trató mal de palabra, y 
que no estaba por las paces; y dijo que yahabia 
muerto muchos teules y la yegua, y que él que- 
ria dar otra noche sobre nosotros y acabarnos 
de vencer y matar; la cual respuesta, desque la 
oyó su padre Xicotenga el viejo y Masse-Escaci 
y los demás caciques, se enojaron de manera, 
que luego enviaron á mandar á los capitanes y 
á todo su ejército que no fuesen con el Xicoten- 
ga á nos dar guerra, ni en tal caso le obedecie- 
sen en cosa que les mandase si no fuese 'para 
hacer paces, y tampoco lo quiso obedecer; y 
cuando vieron la desobediencia de su capitán, 



COHQUISTA DÉ NtíEVA-ESPANA. 293 

luego enviaron los cuatro principales, que otra 
Tez les habían mandado que viniesen á nuestro 
real y trujesen bastimento y para tratar las pa- 
ces en nombre de toda Tlascala y Guaxocingo; 
y los cuatro viejos por temor de Xicotenga el 
mozo no vinieron en aquella sazón; y porque en 
un instante acaecen dos y tres cosas, así en 
nuestro real como en este tratar de paces, y 
por fuerza tengo de tomar entre manos lo que 
más viene ai propósito, dejaré de hablar de los 
cuatro indios principales que enviaron á tratar 
las paces, que aún no venían por temor de Xico- 
tenga: en este tiempo fuimos con Cortés á un 
pueblo junto á nuestro real, y lo que pasó diré 
adelante. 



CAPITULO LXVII1. 



CÓMO ACORDAMOS DE IR Á tfN PUEBLO QUE ESTABA 
CERCA DE MUESTRO REAL, Y LO QUE SOBRE ELLO 8E 
HIZO. 



Y como habia dos dias que estábamos sin 
hacer cosa que de contar sea , fué acordado , y 
aun aconsejamos á Cortés , que un pueblo que 
estaba obra de una legua de nuestro real , que 
le habíamos enviado á llamar de paz y no 



294 BERHAL DÍAZ. 

venia, que fuésemos una noche y diésemos 
sobre él, no para hacelles mal, digo matalles ni 
herilles ni traelles presos, mas de traer comida 
y atemorizalles ó hablalles de paz , según vié- 
semos lo que ellos hacian ; y llámase este pue- 
blo Zumpacingo, y era cabecera de muchos pue- 
blos chicos, y era sujeto el pueblo donde estába- 
mos alli donde teniamos nuestro real, que se dice 
Tecodcungapacingo, que todo alrededor estaba 
muy poblado de casas é pueblos ; por manera 
que una noche al cuarto de la modorra madru- 
gamos para ir á aquel pueblo con seis de á ca- 
ballo de los mejores, y con los más sanos solda- 
dos y con diez ballesteros y ocho escopeteros, 
y Cortés por nuestro capitán , puesto que tenia 
calenturas ó tercianas; dejamos el mejor recau- 
do que pudimos en el real. Antes que amanecie- 
se con dos horas caminamos, y hacia un viento 
tan frió aquella mañana, que venia de la sierra 
nevada , que nos hacia temblar é tiritar , y 
bien lo sintieron los caballos que llevábamos, 
porque dos dellos se atorozonaron y estaban 
temblando ; de lo cual nos pesó en gran ma- 
nera , temiendo no muriesen , y Cortés mandó 
que se volviesen al real los caballeros dueños 
cuyos eran, á curar dellos ; y como estaba cerca 
el pueblo , llegamos á él antes que fuese de 
dia , y como nos sintieron los naturales del, 
fuéronse huyendo de sus casas , dando voces 
unos á otros que se guardasen de los teules, 
que les íbamos á matar; que no se aguardaban 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 295 

padres á hijos; y como los vimos, hicimos alto 
en un patio hasta que fuera de dia, que no se 
les hizo daño ninguno; y como unos papas que 
estaban en unos cues, los mayores del pueblo y 
otros viejos principales vieron que estábamos 
allí sin les hacer enojo ninguno» vienen á Cor- 
tés y le dicen que les perdonen porque no han 
ido á nuestro real de paz ni llevar de comer 
cuando los enviamos á llamar, y la causa ha 
sido que el capitán Xicotenga, que está de allí 
muy cerca, se lo ha enviado á decir que no lo 
den; y porque de aquel pueblo y otros muchos 
le bastecen su real, é que tiene consigo todos 
los hombres de guerra y de toda la tierra de 
Tlascala; y Cortés les dijo con nuestras len- 
guas, doña Marina y Aguilar, que siempre iban 
con nosotros á cualquiera entrada que íbamos, 
y aunque fuese de noche, que no hubiesen mie- 
do, y que luego fuesen á decir á sus caciques á 
la cabecera que vengan de paz, porque la guer- 
ra es mala para ellos; y envió á aquestos papas, 
porque de los otros mensajeros que habiamos 
enviado aun no teniamos respuesta ninguna so- 
bre que enviaban á tratar las paces los caciques 
de Tlascala con los cuatro principales, que aun 
no habian venido; é aquellos papas de aquel 
pueblo buscaron de presto más de cuarenta ga- 
llinas é gallos, y dos indias para moler tortillas, 
y las trujeron, y Cortés se lo agradeció, y man- 
dó luego le llevasen veinte indios de aquel pue- 
blo á nuestro real, y sin temor ninguno fue- 



296 BERNAL DÍAZ. 

ron con el bastimento, y se estuvieron en el 
real hasta la tarde, y se les dio contezuelas, con 
que volvieron muy contentos á sus casas á todas 
aquellas caserías. Nuestros vecinos decían que 
éramos buenos, que no les enojábamos, y aque- 
llos viejos y papas avisaron dello al capitán Xi- 
cotenga cómo habían dado la comida y las in- 
dias , y riñó mucho con ellos , y fueron luego á 
la cabecera á hacello saber á los caciques vie- 
jos ; y como supieron que no les hacíamos mal 
ninguno, y aunque pudiéramos matalles aque- 
lla noche muchos de sus gentes , y les enviába- 
mos á demandar paces , se holgaron y les man- 
daron que cada dia nos trujesen todo lo que 
hubiésemos menester , y tornaron otra vez á 
mandar á los cuatro principales , que otras ve- 
ces les encargaron las paces, que luego en aquel 
instante fuesen á nuestro real y llevasen toda 
la comida y aparato que les mandaban ; y así, 
nos volvimos luego á nuestro real con el basti- 
mento é indias y muy contentos ; é queáarse há 
aquí , y diré lo que pasó en el real entre tanto 
que habíamos ido á aquel pueblo. 

CAPITULO LXIX. 

CÓMO DESPUÉS QUE VOLVIMOS CON CORTES DE CIMPA- 
CINCO , HALLAMOS EN NUESTRO REAL CIERTAS PLÁ- 
TICAS, Y LO QUE CORTÉS RESPONDIÓ Á ELLAS. 

Vueltos de Cimpacingo , que así se dice , con 
bastimentos y muy contentos en dejallos de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 297 

paz , hallamos en el Real corrillo y pláticas so- 
bre los grandísimos peligros en que cada dia es- 
tábamos -en aquella guerra , y cuando llegamos 
avivaron más las pláticas; y los que más en ello 
hablaban é insistían, eran los que en la is- 
la de Cuba dejaban sus casas y repartimientos 
de indios , y juntáronse hasta siete delios , que 
aquí no quiero nombrar por su honor , y fueron 
al ranchoy aposento de Cortés, y uno delios, que 
habló por todos, que tenia buena expresiva, y 
aun tenia bien en la memoria lo que habia de 
proponer, dijo como á manera de aconsejarle á 
Cortés, que mirase cuál andábamos malamente 
heridos y flacos y corridos, y los grandes traba- 
jos que teníamos, así de noche con velas y con 
espías, y rondas y corredores del campo, como 
de dia é de noche peleando; y que por la cuenta 
que han echado, que desde que salimos de Cuba 
que faltaban ya sobre cincuenta y cinco compa- 
ñeros, y que no sabemos de los de la Villa-Rica 
que dejamos poblados; é que pues Dios nos ha- 
bia dado vitoria en las batallas y rencuentros 
que desde que venimos en aquella provincia ha- 
bíamos habido, y con su gran misericordia nos 
sustenia, que no le debíamos tentar tantas veces; 
é que no quiera ser peor que Pedro Carbonero, 
que nos habia metido en parte que no se espe- 
raba; si no, que un dia ó otro habíamos de ser 
sacrificados á los ídolos; lo cual plega Dios tal 
no permita; é que seria bueno volver á nuestra 
villa, y que en la fortaleza que hicimos,, y entre 
38 



£ 598 BERNAL DÍAZ. 

los pueblos de los totonaques, nuestros amigos, 
nos estaríamos hasta que hiciésemos un navio 
que fuese á dar mandado á Diego Velazquez y á 
otras partes é islas para que nos enviasen so- 
corro é ayudas, é que ahora fueran buenos los 
navios que dimos con todos al través, ó que se 
quedaran siquiera dos dellos para la necesidad 
si ocurriese, y que sin dalles parte dello ni de 
cosa ninguna, por consejo de quien no sabe con- 
siderar las cosas de fortuna, mandó dar con to- 
dos ai través; y que plegué á Dios que él y los 
que tal consejóle dieron no se arrepientan dello; 
y que ya no podíamos sufrir la carga, cuanto más 
muchas sobrecargas, y que andábamos peores 
que bestias; porque á las bestias que han hecho 
sus jornadas las quitan las albardas y les dan de 
comer y reposan, y que nosotros de dia y de no- 
che siempre andamos cargados de armas y cal- 
zados; y más le dijeron, que mirase en todas las 
historias, así de romanos como las de Alejandro 
ni de otros capitanes de los muy nombrados que 
en el mundo ha habido, no se atrevieron á dar 
con ios navios al través, y con tan poca gente 
meterse en tan grandes poblaciones y de mu- 
chos guerreros, como él ha hecho, y que parece 
que es autor de su muerte y de la de todos nos- 
otros. E que quiera conservar su vida y las nues- 
tras, y que luego nos volviésemos á la Villa-Ri- 
ca, pues estaba de paz la tierra; y que no se lo 
habían dicho hasta entonces porque no han vis- 
to tiempo para ello, por los muchos guerreros 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 299 

que teníamos cada dia por delante y en los la- 
dos; y pues ya no tornaban de nuevo, los cuales 
creian que volverían, y pues Xicotenga con su 
gran poder no nos ha venido á buscar aquellos 
tres dias pasados, que debe estar allegando gen- 
te, y que no debíamos aguardar otra como las 
pasadas; y le dijeron otras cosas sobre el caso. 
E viendo Cortés que se lo decían algo como so- 
berbios, puesto que iba á manera de consejo, le 
respondió muy mansamente, y dijo que bien co- 
nocido tenia muchas cosas de las que habían di- 
cho, é que á lo que ha visto y tiene creído, que 
en el universo no hubiese otros españoles más 
fuertes ni que con tanto ánimo hayan peleado ni 
pasado tan excesivos trabajos como nosotros; é 
que andar con las armas á cuestas ala continua, 
y velas, rondas y frios, que si así no lo hubiéra- 
mos hecho ya fuéramos perdidos, y que por sal- 
var nuestras vidas, que aquellos trabajos y otros 
mayores habíamos de tomar ; é dijo : »¿Para qué 
es, señores, contar en esto cosas de valentías, 
que verdaderamente nuestro Señor es servido 
ayudarnos? E que cuando se me acuerda vernos 
cercados de tantas capitanías de contrarios, y 
verles esgrimir sus montantes y andar tan junto 
de nosotros, ahora <ne pone grima , especial 
cuando nos mataron la yegua de una cuchillada, 
cuan perdidos y desbaratados estábamos, y en- 
tonces conocí vuestro muy grandísimo ánimo 
más que nunca ; y pues Dios nos libró de tan 
gran peligro, que esperanza tenia en él que así 



300 BERNAL DÍAZ. 

habia de ser de allí adelante, pues en todos es- 
tos peligros no me conoceriades tener pereza, 
que en ellos me hallaba con vuestras mercedes.» 
Y tuvo razón de lo decir, porque ciertamente en 
todas las batallas se hallaba de los primeros. 
«He querido, señores, traeros esto á la memoria, 
que pues nuestro Señor fué servido guardarnos, 
tengamos esperanza que así será de aquí ade- 
lante, pues desque entramos en la tierra, en to- 
dos los pueblos les predicamos la santa doctrina 
lo mejor que podemos, y les procuramos desha- 
cer sus ídolos. Y pues que ya viamos que el ca- 
pitán Xicotenga ni sus capitanías no parecían, y 
que de miedo no debían de osar volver, porque 
les debiéramos de hacer mala obra en las bata- 
llas pasadas, y que no podria juntar sus gentes, 
habiendo sido ya desbaratado tres veces, y que 
por esta causa tenia confianza en Dios y en su 
abogado señor San Pedro, que era fenecida la 
guerra de aquella provincia ; y ahora, como ha- 
béis visto, traen de comer los de Cimpacingo y 
quedan de paz, y estos nuestros vecinos que 
están por aquí poblados en sus casas ; y que en 
cuanto dar con los navios al través, fué muy 
bien aconsejado, y que si no llamó á alguno 
dellos al consejo, como á otros caballeros, fué 
por lo que sintió en el arenal, que no lo quisiera 
ahora traer á la memoria ; y que el acuerdo y 
consejo que ahora le dan y el que entonces le 
dieron es todo de una manera y todo uno, y que 
miren que hay otros muchos caballeros en el 



fONQWWTA DE HUEVA-ESPANA. 301 

real que serán muy contrarios de lo que ahora 
piden y aconsejan, y que encaminemos siempre 
todas las cosas á Dios, y seguillas en su santo 
servicio será mejor. Y á lo que, señores, decis, 
que jamas capitanes romanos de los muy nom- 
brados han acometido tan grandes hechos como 
nosotros, vuestras mercedes dicen verdad. E 
ahora en adelante, mediante Dios, dirán en las 
historias que desto harán memoria, mucho más 
que de los antepasados ; pues, como he dicho, 
todas nuestras cosas en servicio de Dios y 
nuestro gran Emperador don Carlos, y aun de- 
bajo de su recta justicia y cristiandad, serán 
ayudadas de la misericordia de Nuestro Señor, y 
nos sosterná que vamos de bien en mejor. Así 
que, señores, no es cosa bien acertada volver un 
paso atrás ; que si nos viesen volver estas gen- 
tes y los que dejamos atrás de paz, las piedras se 
levantarían contra nosotros ; y como ahora nos 
tienen por dioses y ídolos, que así nos llaman, 
nos juzgarían por muy cobardes y de pocas fuer- 
zas. Y á lo que decís de estar entre los amigos to- 
tonaques, nuestros aliados, si nos viesen que da- 
mos vuelta sin ir á Méjico se levantarían con- 
tra nosotros, y la causa dello seria que, como 
les quitamos que no diesen tributo á Montezu- 
ma, enviaría sus poderes mejicanos contra ellos 
para que los tornasen á tributar y sobre ello 
dalles guerra, y aun les mandaría que nos la den 
á nosotros ; y ellos , por no ser destruidos , por- 
que les temen en gran manera , lo pornian por 



302 bernal;diaz. 

la obra ; así que , donde pensábamos tener ami- 
gos, serian enemigos ; pues desque lo supiese el 
gran Montezumaque nos habíamos vuelto, ¿qué 
diria? ¿En qué ternia nuestras palabras ni lo 
que le enviamos á decir? Que todo era cosa de 
burla ó juego de niños. Así que, señores , mal 
allá y peor acullá , más vale que estemos aquí 
donde estamos , que es bien llano y todo bien 
poblado , y este nuestro real bien bastecido: 
unas veces gallinas , otras perros t gracias á 
Dios no falta de comer , si tuviésemos sal , que 
es la mayor falta que al presente tenemos , y 
ropa para guarecernos del frió. Y á lo que de- 
cís, señores , que se han muerto desdé que sali- 
mos de la isla de Cuba cincuenta y cinco solda- 
dos de heridas, hambres, frios, dolencias y tra- 
bajos , é que somos pocos, é todos heridos y 
dolientes, Dios nos dá esfuerzo por muchos; por- 
que vista cosa es que las guerras gastan hom- 
bres y caballos , y que unas veces comemos 
bien , y no venimos al presente para descansar, 
sino para pelear cuando se ofreciere ; por tanto 
os pido, señores, por merced , que pues sois ca- 
balleros y personas que antes habíades esforzar 
á quien viésedes mostrar flaqueza , que de aquí 
adelante se os quite del pensamiento la isla de 
Cuba y lo que allá dejais., y procuremos de hacer 
lo que siempre habéis hecho como buenos sol- 
dados ; que después de Dios , que es nuestro so- 
corro é ayuda , han de ser nuestros valerosos 
brazos » Y como Cortés hubo dado esta respues- 



eOKQUI8TÁ DÉ TJUEVA-ESPANA. 303 

ta , volvieron aquellos soldados á repetir en la 
plática , y dijeron que todo lo que decía estaba 
bien dicho ; mas que cuando salimos de la villa 
que dejábamos poblada, nuestro intento era , y 
ahora lo es , de ir á Méjico t pues hay tan gran 
fama de tan fuerte ciudad y tan multitud de 
guerreros , y que aquellos tlascaltecas decian 
que los de Cempoal eran pacíficos , y no habia 
fama dellos , como de los de Méjico ; y habernos 
estado tan á riesgo nuestras vidas , que si otro 
dia nos dieran otra batalla como alguna de las 
pasadas, ya no nos podíamos tener de cansados, 
ya que no nos diesen más guerras; que la ida de 
Méjico les parecía muy terrible cosa, y que mi- 
rase lo que decia y ordenaba. Y Cortés respon- 
dió , medio enojado , que valia más morir por 
buenos , como dicen los cantares, que vivir des- 
honrados ; y demás desto que Cortés les dijo, 
todos los más soldados que le fuimos en alzar 
capitán y dimos consejo sobre dar al través con 
los navios, dijimos en alta voz que no curase de 
corrillos ni de oir semejantes pláticas , sino que 
con el ayuda de Dios con buen concierto es- 
temos apercebidos para hacer lo que conven- 
ga , y así cesaron todas las pláticas ; verdad 
es que murmuraban de Cortés é le maldecían, 
y aun de nosotros , que le aconsejábamos , y de 
los de Cempoal, que por tal camino nos trujeron, 
y decian otras cosas no bien dichas; mas en tales 
tiempos se disimulaban. En fin, todos obedecie- 
ron muy bien. Y dejaré de hablar en esto, y diré 



304 BIRNAL DÍAZ. 

cómo los caciques viejos déla cabecerade Tlasca- 
la enviaron otra vez mensajeros de nuevo á su ca- 
pitán general Xicotenga, que en todecaso nonos 
de guerra , y que vaya de paz luego á nos ver y 
llevar de comer, porque asi está ordenado por 
todos los caciquesy principales de aquella tierra 
y de Guaxocingo; y también enviaron á mandar 
á los capitanes que tenia en su compañía que si 
no fuese para tratar paces, que en cosa ninguna 
le obedeciesen; y esto le tornaron á enviar á de- 
cir tres veces, porque sabían cierto que no les 
quería obedecer, y tenia determinado el Xico- 
tenga que una noche habia de dar otra vez en 
nuestro real, porque para ello tenia juntos vein- 
te mil hombres; y como era soberbio y muy por- 
fiado, asi ahora como las otras veces no quiso 
obedecer. Y lo que sobre ello hizo diré adelante. 



CAPITULO LXX, 



COMO EL CAPITÁN XICOTENGA TENIA APERCEBIDOS VEIN- 
TE MIL HOMBRES ESCOJIDOS, PARA DAR EN NUESTRO 
REAL, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 



Como Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, y 
todos los más caciques de la cabecera de Tlas- 
cala enviaron cuatro veces á decir á su capitán 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 305 

que no nos diese guerra, sino que nos fuese á 
hablar de paz, pues estaba cerca de nuestro 
real, y mandaron á los demás capitanes que con 
él estaban que no le siguiesen si no fuese para 
acompañarle si nos iba á ver de paz; como el 
Xicotenga era de mala condición, porfiado y so- 
berbio, acordó de nos enviar cuarenta indios con 
comida de gallinas, pan y fruta, y cuatro muje- 
res indias viejas y de ruin manera, y mucho co- 
pal y plum s de papagayos, y los indios que lo 
traían al parecer creímos que venían de paz; y 
llegados á nuestro real, zahumaron á Cortés, y 
sin hacer acato, como suelen entre ellos, dije- 
ron: «Esto os envia el capitán Xicotenga, que 
comáis si sois teules, como dicen los de Cem- 
poal; é si queréis sacrificios, toma esas cuatro 
mujeres que sacrifiquéis, y podéis comer de sus 
carnes y corazones; y porque no sabemos de qué 
manera lo hacéis, por eso no las hemos sacrifi- 
cado ahora delante de vosotros; y si sois hom- 
bres, comed de las gallinas, pan y fruta; y si 
sois teules mansos, aquí os traemos copal (que 
ya he dicho que es como incienso) y plumas de 
papagayos; haced vuestro sacrificio con ello.» 
Y Cortés respondió con nuestras lenguas que ya 
les habla enviado á decir que quieren paz y que 
no venia á dar guerra, y les venían á rogar y 
manifestar de parte de nuestro Señor Jesucris- 
to, que es él en quien creemos y adoramos, y el 
Emperador don Carlos (cuyos vasallos somos), 
que no maten ni sacrifiquen á ninguna persona^ 
39 



\ 306 rernal miz. 

como lo suelen hacer; y que todos nosotros so- 
mos hombres de hueso y de carne como ellos, y 
no teules, sino cristianos, y que no tenemos 
costumbre de matar á ningunos; que si matar 
quisiéramos, que todas las veces que nos dieron 
guerra de dia y de noche habia en ellos hartos 
en que pudiéramos hacer crueldades, y que por 
aquella comida que allí traen se lo agradece, y 
que no sean más locos de lo que han sido, y 
vengan de paz. 

Y parece ser aquellos indios que envió el Xi- 
cotenga con la comida, eran espias para mirar 
nuestras chozas y entradas y salidas, y todo lo 
que en nuestro real habia, y ranchos y caballos 
y artillería, y cuántos estábamos en cada choza; 
y estuvieron aquel dia y la noche, y se iban 
unos con mensajes á su Xicotenga y venian otros; 
y los amigos que traíamos de Cempoal miraron 
y cayeron en ello, que no era cosa acostumbra- 
da estar de dia ni de noche nuestros enemigos 
en el real sin propósito ninguno, y que cierto 
eran espías , y tomaron dellos más sospecha por- 
que cuando fuimos á lo del pueblezuelo Cimpa- 
cingo, dijeron dos viejos de aquel pueblo á los 
de Cempoal , que estaba apercibido Xicotenga 
con muchos guerreros- para dar en nuestro real 
de noche de manera que no fuesen sentidos , y 
los de Cempoal entonces tuviéronlo por burla y 
cosa de fieros , y por no sabello muy de cierto 
no se lo habian dicho á Cortés ; y súpolo luego 
«Joña Marina, y ella lo dijo á Cortés} y para sa- 



h 



áf- 



CONQUISTA DK NUEVA- ESPAÑA. 307 

ber la verdad mandó Cortés apartar dos de los 
tlascaltecas que parecían más hombres de bien, 
y confesaron que eran espías de Xicotenga , y 
todo á la fin que venían ; y Cortés les mandó 
soltar , y tomamos otros dos , y ni más ni menos 
confesaron que eran espías ; y tomáronse otros 
dos ni más ni menos , y más dijeron, que estaba 
su capitán Xicotenga aguardando la respuesta 
para dar aquella noche con todas sus capitanías 
en nosotros ; y como Cortés lo hubo entendido, 
lo hizo saber en todo el real para que estuvié- 
semos muy alerta, creyendo que había de venir, 
como lo tenían concertado ; y luego mandó pren- 
der hasta diez y siete indios de aquellos espías, 
y dellos se le cortaron las manos y á otros los 
dedos pulgares, y los enviamos á su capitán Xi- 
cotenga, y se les dijo que por el atrevimiento de 
venir de aquella manera se les ha hecho ahora 
aquel castigo, é digan que venga cuando quisiere, 
de día ó de noche ; que allí le aguardaríamos dos 
dias , y que si dentro de los dos dias no viniese, 
que lo iríamos á buscar á su real; y que ya hu- 
biéramos ido á les dar guerra y matalles, sino 
porque los queremos mucho, y que no sean más 
locos, y vengan de paz; y como fueron aquellos 
indios de las manos cortadas y dedos, en aquel 
instante dicen que ya Xicotenga quería salir de 
su real con todos sus poderes para dar sobre 
nosotros de noche, como lo tenían concertado; y 
como vio ir á sus espías de aquella manera, se 
maravilló y preguntó la causa dello, y le conta- 



308 BIRNAL DÍAZ. 

ron todo lo acaecido, y desde entonces perdió 
el brío y soberbia; y demás desto, ya se le ha- 
bía ido del real una capitanía con toda su gente, 
con quien habia tenido contienda y bandos en 
las batallas pasadas. Dejemos esto aquí, é pase- 
mos adelante. 



CAPITULO LXXI, 



COMO VINIERON A NUESTRO REAL LOS CUATRO PRINCI- 
PALES QUE HABÍAN ENVIADO Á TRATAR PACES, Y EL 
RAZONAMIENTO QUE HICIERON , Y LO QUE MAS PASÓ. 



Estando en nuestro real sin saber que habian 
de venir de paz, puesto que la deseábamos en 
gran manera, y estábamos entendiendo en ade- 
rezar armas y en hacer saetas, y cada uno en lo 
que habia menester para en cosas de la guerra; 
en este instante vino uno de nuestros corredores 
del campo á gran priesa, y dijo que por el cami- 
no principal de Tlascala vienen muchos indios é 
indias con cargas , y que sin torcer por el cami- 
no, vienen hacia nuestro real , é que el otro su 
compañero de á caballo , corredor del campo, 
está atalayando para ver á qué parte van ; y 
estando en esto llegó el otro su compañero de á 
caballo, y dijo que muy cerca de allí venían de- 



CONQUISTA DI NWEVÁ-ESPAÑA. 309 

rechos donde estábamos , y que de rato en rato 
hacían paradillas; y Cortés y todos nosotros nos 
alegramos con aquellas nuevas, porque creímos 
cierto ser de paz , como lo fué , y mandó Cortés 
que no se hiciese alboroto ni sentimiento, y que 
disimulados nos estuviésemos en nuestras cho- 
zas ; y luego , de todas aquellas gentes que ve- 
nían con las cargas se adelantaron cuatro prin- 
cipales que traían cargo de entender en las pa- 
ces , como les fué mandado por los caciques 
viejos ; y haciendo señas de paz , que era bajar 
la cabeza , se vinieron derechos á la choza y 
aposento de Cortés , y pusieron la mano en el 
suelo y besaron la tierra , y hicieron tres reve- 
rencias y quemaron sus copales , y dijeron que 
todos los caciques de Tlascala y vasallos y alia- 
dos , y amigos y confederados suyos , se vienen 
á meter debajo de la amistad y paces de Cortés 
y de todos sus hermanos los teules que consigo 
estaban , y que los perdone porque no han sali- 
do de paz y por la guerra que nos hau dado, 
porque creyeron y tuvieron por cierto que 
éramos amigos de Montezuma y sus mejicanos, 
los cuales son sus enemigos mortales de tiem- 
pos muy antiguos, porque vieron que venían 
con nosotros en nuestra compañía muchos de 
sus vasallos que le dan tributos ; y que con en- 
gaño y traiciones les querían entrar en su tierra, 
como lo tenían de costumbre, para llevar roba- 
dos sus hijos y mujeres, y que por esta causa no 
creían á los mensajeros que les enviábamos ; y 



310 BERNAL DÍAZ. 

demás desto dijeron que los primeros indios que 
nos salieron á dar guerra así como entramos 
en sus tierras , que no fué por su mandado y 
consejo, sino por los chontales estomíes, que son 
gentes como monteses y sin razón; y que como 
vieron que éramos tan pocos, que creyeron de 
tomarnos á manos y llevarnos presos á sus se- 
ñores y ganar gracias con ello, y que ahora vie- 
nen á demandar perdón de su atrevimiento, y 
que cada dia traerán más bastimento del que 
allí traian, y que lo recibamos con el amor que 
lo envían, y que de allí á dos dias vendrá el ca- 
pitán Xicotenga con otros caciques, y dará más 
relación de la buena voluntad que toda Tlascala 
tiene de nuestra buena amistad. Y luego que hu- 
bieron acabado su razonamiento bajaron sus ca- 
bezas y pusieron las manos en el suelo y besa- 
ron la tierra; y luego Cortés les habló con nues- 
tras lenguas con gravedad é hizo del enojado, é 
dijo que, puesto que habia causas para no los 
oir ni tener amistad con ellos, porque desde que 
entramos por su tierra les enviamos á demandar 
paces y les envió á decir que los quería favore- 
cer contra sus enemigos los de Méjico, é no lo 
quisieron creer y querían matar nuestros emba- 
jadores, y no contentos con aquello, nos dieron 
guerra tres veces, y de noche, y que tenían es- 
pías y asechanzas sobre nosotros, y en las guer- 
ras que nos daban les pudiéramos matar muchos 
de sus vasallos; y no quise, y que los que mu- 
rieron me pesa por ello, que ellos dieron causa 



CONQUISTA Í>E NUEVA-ESPANA. 311 

á ello, y que tenían determinado de ir adonde 
están los caciques viejos á dalles guerra; que 
pues ahora vienen de paz de parte de aque- 
lla provincia, que él los recibe en nombre de 
nuestro Rey y señor, y les agradece el bas- 
timento que traen; y les mandó que luego fue- 
sen á sus señores á les decir vengan ó envíen 
á tratar las paces con más certificación ; y 
sino vienen, que iríamos á su pueblo á les dar 
guerra; y les mandó dar cuentas azules para 
que diesen á los caciques en señal de paz; y se 
les amonestó que cuando viniesen á nuestro real 
fuese de dia, y no de noche, porque los mata- 
riamos; y luego se fueron aquellos cuatro prin- 
cipales mensajeros, y dejaron en unas casas de 
indios algo apartadas de nuestro real las indias 
que traían para hacer pan, y gallinas y todo 
servicio, y veinte indios que les traigan agua y 
leña, y desde allí adelante los traían muy bien 
de comer; y cuando aquello vimos, y nos pare- 
ció que eran verdaderas las paces, dimos mu- 
chas gracias á Dios por ello, y vinieron en tiem- 
po que ya estábamos tan flacos y trabajados y 
descontentos con las guerras, sin saber el fin 
que habría dellas, cual se puede colegir; y en 
los capítulos pasados dice el coronista Gómora 
que Cortés se subió en unas peñas, y que vio al 
pueblo de Cimpacingo; digo que estaba junto á 
nuestro real, que harto ciego era el soldado que 
lo quería ver y no lo veria muy claro. También 
dice que se le querían amotinar y rebelar los 



812 6ER1ÍAL t)lAZ. 

soldados, é dice otras cosas que yo no las quiero 
escribir, porque es gastar palabras, porque dice 
que lo sabe por información. Digo que capitán 
nunca fué tan obedecido en el mundo, según 
adelante lo verán; que tal por pensamiento no 
pasó á ningún soldado desde que entramos en 
tierra adentro, sino fué cuando lo de los arena- 
les, y las palabras que le decían en el capítulo 
pasado era por vía de aconsejarle y porque les 
parecía que eran bien dichas, y no por otra vía, 
porque siempre le siguieron muy bien y leal- 
mente; y no es mucho que en los ejércitos algu- 
nos buenos soldados aconsejen á su capitán, y 
más si se ven tan trabajados como nosotros an- 
dábamos; y quien viere su historia lo que dice 
creerá que es verdad, según lo refiere con tanta 
elocuencia, siendo muy contrario de lo que pasó. 
Ydejallo he aquí, y diré lo que más adelante 
nos avino con unos mensajeros que envió el gran 
Montezuma. 

CAPITULO LXXII. 

CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL EMBAJADORES DE 
MONTEZUMA, «RAN SEÑOR DE MÉJICO, Y DEL PRE- 
SENTE QUE TRAJERON. 

_ Como nuestro Señor Dios, por su gran mise- 
ricordia, fué servido darnos vitoria de aquellas 
batallas de Tlascala, voló nuestra fama por 
todas aquellas comarcas, y fué á oídos del gran 



C0NGUI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. 313 

Montezuma á la gran ciudad de Méjico, y si an- 
tes nos tenían por teules, que son como sus ído- 
los, de allí adelante nos tenían en muy mayor 
reputación y por fuertes guerreros, y puso es- 
panto en toda la tierra cómo, siendo nosotros 
tan pocos y los tiascaltecas de muy grandes po- 
deres, los vencimos, y ahora enviarnos á de- 
mandar paz. Por Manera que Montezuma, gran 
señor de Méjico, de muy bueno que era, ó temió 
nuestra ida á su ciudad, despachó cinco princi- 
pales hombres de mucha cuenta á Tlascala y á 
nuestro real para darnos el bien venido, y á de- 
cir que se habia holgado mucho de nuestra gran 
Vitoria que hubimos contra tantos escuadrones 
de guerreros, y envió un presente, obra de mil 
pesos de oro, en joyas muy ricas y de muchas 
maneras labradas, y veinte cargas de ropa fina 
de algodón, y envió á decir que quería ser va- 
sallo de nuestro gran Emperador, y que se hol- 
gaba porque estábamos ya cerca de su ciudad, 
por la buena voluntad que tenia á Cortés y á 
todos los teules sus hermanos que con él está- 
bamos, que así nos llamaba, y que viese cuánto 
quería de tributo cada año para nuestro gran 
Emperador, que lo dará en oro, plata y joyas y 
ropa, con tal que no fuésemos á Méjico; y esto 
que no lo hacia porque no fuésemos, que de 
muy buena voluntad uos acojiera, sino por ser 
la tierra estéril y fragosa, y que le pesaría de 
nuestro trabajo si nos lo viese pasar, é que por 
ventura que no lo podría remediar tan, bien co- 
40 



314 BERNAL DÍAZ. 

mo querría. Cortés le respondió y dijo que le 
tenia en merced la voluntad que mostraba y el 
presente que envió, y el ofrecimiento de dar á 
su majestad el tributo que decia; y luego rogó 
a los mensajeros que no se fuesen hasta ir á la 
cabecera de Tlascala, y que allí los despacha- 
ría, porque viese en lo que paraba aquello de la 
guerra; y no les quiso dar luego la respuesta 
porque estaba purgado del dia antes, y purgóse 
con unas manzanillas que hay en la isla de Cu- 
ba, y son muy buenas para quien sabe cómo se 
han de tomar. Dejaré esta materia, y diré lo 
que mas en nuestro real pasó. 



CAPITULO LXX1II. 



COMO VINO XICOTEN0A CAPITÁN GENERAL DE TLAS- 
CALA, Á ENTENDER EN LAS PACES, Y LO QUE DIJO, T 
LO QUE NOS AVINO. 



Estando platicando Cortés con los embajado- 
res de Montezuma, como dicho habernos, y que- 
ría reposar porque estaba malo de calenturas 
y purgado de otro dia antes, viénenle á decir 
que venia el capitán Xicotenga con muchos 
caciques y capitanes , y que traen cubiertas 
mantas blancas y coloradas; digo la mitad de 



eONQXJISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 315 

las mantas blancas y la otra mitad coloradas, 
que era su divisa y librea, y muy de paz, y traia 
consigo hasta cincuenta hombres principales 
que le acompañaban ; y llegado al aposento de 
Cortés, le hizo muy grande acato en sus reve- 
rencias, como entre ellos se usa, y mandó quemar 
mucho copal, y Cortés con gran amor le mandó 
sentar cabe sí; y dijo el Xicotenga que él venia 
de parte de su padre y de Masse-Escaci , y de 
todos los caciques y República de Tlascala, á ro- 
garle que los admitiese á nuestra amistad; y 
que venia á dar la obediencia á nuestro Rey y 
señor, y á demandar perdón por haber tomado 
ai mas y habernos dado guerra ; y que si lo hi- 
cieron, que fué por no saber quién éramos, 
porque tuvieron por cierto que veníamos de la 
parte de su enemigo Montezuma, que como mu- 
chas veces suelen tener astucias y mañas para 
entrar en sus tierras y roballes y saquealles, 
que así creyeron que lo quería hacer ahora; y 
que por esta causa procuraron de defender sus 
personas y patria, y fué forzado pelear; y que 
ellos eran muy pobres, que no alcanzan oro ni 
plata, ni piedras ricas, ni ropa de algodón, ni 
aúu sal para comer, porque Montezuma no les 
da lugar á ello para salir á buscallo ; y que si 
sus antepasados tenian algún oro ó piedras de 
valor, que ai Montezuma se le habían dado 
cuando algunas veces hacían paces ó treguas' 
porque no los destruyesen., y esto en los tiempos 
muy atrás pasados; y porque al presente no tie— 



316 BERHAL DÍAZ. 

nen qué dar, que los perdone, que su pobreza 
era causa dello, y no la buena voluntad; y dio 
muckas quejas de Montezuma y de sus aliados, 
que todos eran contra ellos y les daban guerra, 
puesto que se habían defendido muy bien; y que 
ahora quisiera hacer lo mismo contra nosotros, 
y no pudieron, aunque se habían juntado tres 
veces con todos sus guerreros, y que éramos in- 
vencibles; y que como conocieron esto de nues- 
tras personas, que quieren ser nuestros amigos y 
vasallos del gran señor Emperador D. Carlos, 
porque tienen por cierto que con nuestra com- 
pañía serian siempre guardadas y amparadas 
sus personas, mujeres é hijos, y no estarán siem- 
pre con sobresalto de los traidores mejicanos; y 
dijo otras muchas palabras de ofrecimientos con 
sus personas y ciudad. Era este Xicotenga alto 
de cuerpo y de grande espalda y bien hecho, y 
-la cara tenia larga y como hoyosa y robusta, y 
era de hasta treinta y cinco años, y en el pare- 
cer mostraba en su persona gravedad; y Cortés 
les dio las gracias muy cumplidas con halagos 
que le mostró, y dijo que él los recibía por tales 
vasallos de nuestro Rey y señor y amigos nues- 
tros; y luego dijo el Xicotenga que nos rogaba 
fuésemos á su ciudad , porque estaban todos los 
caciques viejos y papas aguardándonos con mu- 
cho recocijo; y Cortés le respondió que él iría 
presto, y que luego fuera, sino porque estaba 
entendiendo en negocios del gran Montezuma, 
y eomo despache aquellos mensajeros, que él 



#ONQ¥tóTA DÉ KUKVA-MPANA. 31 1 

será allá; y tornó Cortés á decir algo más áspe- 
ro y con gravedad de las guerras que nos habían 
dado de dia y de noche; é que pues ya no puede 
haber enmienda en ello, que se lo perdona, y 
que miren que las paces que ahora les damos 
que sean firmes y no haya mudamiento, porque 
si otra cosa hacen, que los matará y destruirá á 
su ciudad, y que no aguardasen otras palabras 
de paces, sino de guerra. 

Y como aquello oyó el Xicotenga y todos los 
principales que con él venían, respondieron á 
una que serian firmes y verdaderas, y que para 
ello quedaban todos en rehenes; y pasaron otras 
pláticas de Cortés á Xicotenga y de todos los 
más principales, y se les dieron unas cuentas 
verdes y azules para su padre y para él y los 
más caciques y les mandó que dijesen que iría 
presto á su ciudad. En todas estas pláticas y 
ofrecimientos que he dicho estaban presentes 
los embajadores mejicanos, de lo cual les pesó 
en gran manera de las paces, porque bien enten- 
dieron que por ellas no les había de venir bien 
ninguno. Y desque se hubo despedido el Xico- 
tenga, dijeron á Cortés los embajadores de Mon- 
tezuma, medio riendo, que si creia algo de aque- 
llos ofrecimientos é paces que habían hecho de 
parte de toda Tlascala, que todo era burla y que 
no los creyesen, que eran palabras muy de trai- 
dores y engañosas; que lo hacían para que des- 
que nos tuviesen en su ciudad en parte donde 
nos pudiesen tomar á su salvo darnos guerra y 



318 bernal'diaz. 

matarnos; y que tuviésemos en la memoria cuán- 
tas veces nos habían venido con todos sus pode- 
res á matar, y como no pudieron, y fueron de- 
llos muchos muertos y otros heridos, que se 
querian ahora vengar con demandas y paz fin- 
gida. Y Cortés respondió con semblante muy 
esforzado, y dijo que no se le daba nada porque 
tuviesen tal pensamiento como decian; é ya que 
todo fuese verdad, que él se holgaría del lo para 
castigalles con quitalles las vidas, y que eso se 
le da que den guerra de dia que de noche, ni 
que sea en el campo que en la ciudad; que en 
tanto tenia lo uno como lo otro; y para si es ver- 
dad , que por esta causa determina de ir allá. 

Y viendo aquellos embajadores su determina- 
ción, rogáronle que aguardásemos allí en nues- 
tro real seis dias, porque querian enviar dos de 
sus compañeros á su señor Montezuma, y que 
vendrían dentro de los seis dias con respuesta; 
y Cortés se lo prometió, lo uno porque, como 
he dicho, estaba con calenturas, y lo otro, como 
aquellos embajadores le dijeron aquellas pala- 
bras, puesto que hizo semblante no hacer caso 
dellas, miró que si por ventura serian verdad, 
hasta ver más certidumbre en las paces, porque 
eran tales, que habia que pensar en ellas; y como 
en aquella sazón vio que habia venido de paz, y 
en todo el camino por donde venimos de nuestra 
villa rica de la Veracruz eran los pueblos nues- 
tros amigos y confederados, escribió Cortés á 
Juan de Escalante, que ya he dicho que quedó 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 319 

en la villa para acabar de hacer la fortaleza y 
por capitán de obra de sesenta soldados viejos y 
dolientes que allí quedaron; en las cuales cartas 
les hizo saber las grandes mercedes que nues- 
tro Señor Jesucristo nos ha hecho en las bata- 
llos que hubimos en las vitórias y encuentros 
desde que entramos en la provincia de Tlascala, 
donde ahora han venido de paz, y que todos 
diesen gracias á Dios por ello; y que mirasen 
que siempre favoreciesen á los pueblos totona- 
ques, nuestros amigos, y que le enviase luego 
en posta dos botijas de vino que habían dejado 
soterradas en cierta parte señalada de su apo- 
sentoj y asimismo trujesen hostias de las que 
habiamos traido de la isla de Cuba, porque las 
que trujimos de aquella entrada ya se habian 
acabado. En las cuales cartas dice que hubieron 
mucho placer en la villa, y escribió el Escalan- 
te lo que allí habia sucedido, y todo vino muy 
presto; y en aquellos dias en nuestro real pu- 
simos una cruz muy suntuosa y alta, y mandó 
Cortés á los indios de Cimpacingo y á los de las 
casas que estaban junto de nuestro real que en- 
calasen un cu y estuviese bien aderezado. De- 
jemos de escribir desto, y volvamos á nuestros 
nuevos amigos los caciques de Tlascala, que 
como vieron que no íbamos á su pueblo, ellos 
venian á nuestro Real con gallinas y tunas, que 
era el tiempo dellas, y cada dia traían el basti- 
mento que tenían en su casa, y con buena vo- 
luntad nos lo daban, sin que quisiesen tomar 



320 BEKNAL DÍAZ. 

por ello cosa ninguna aunque se lo dábamos, y 
siempre rogando á Cortés que se fuese luego 
con ellos á su ciudad; y como estábamos aguar- 
dando á los mejicanos los seis dias, como les 
prometió, con palabras blaadas les detenia; y 
luego, cumplido el plazo que habían dicho, vi- 
nieron de Méjico seis principales, hombres de 
mucha estima, y trujeron un rico presente que 
envió el gran Montezuma, que fueron más de 
tres mil pesos de oro en ricas joyas de diversas 
maneras, y ducientas piezas de ropa de mantas 
muy ricas de pluma y de otras labores, y dije- 
ron á Cortés cuando lo presentaron, que su se- 
ñor Montezuma se huelga de nuestra buena an- 
danza, y que le ruega muy ahincadamente que 
ni en bueno ni malo no fuese con los de Tlasca- 
la á su pueblo ni se confiase dellos, que lo que- 
rian llevar allá para roballe oro y ropa, porque 
son muy pobres, que una manta buena de algo- 
don no alcanzan; é que por saber que el Monte- 
zuma nos tiene por amigos y nos envia aquel oro 
y joyas y mantas, lo procurarán de robar muy 
mejor; y Cortés recibió con alegría aquel pre- 
sente, y dijo que se lo tenia en merced y que 
él lo pagaria al señor Montezuma en buenas 
obras; y que si se sintiese que los tlascaltecas 
les pasase por el pensamiento lo que Montezu- 
ma les enviaba á avisar, que se lo pagaria con 
quitalles á todos las vidas, y que él sabe muy 
cierto que no harán villanía ningunn, y que 
todavía quiere ir á ver lo que hacen. Y estando 



- - 

CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 321 

en estas razones vienen otros muchos mensaje- 
ros de Tlascala á decir á Cortés cómo vienen 
cerca de allí todos los caciques viejos de la 
cabecera de toda la provincia á nuestros ran- 
chos y chozas á ver á Cortés y á todos nosotros 
para llevarnos á su ciudad ; y como Cortés lo 
supo, rogó á los embajadores mejicanos que 
aguardasen tres dias por los despachos para su 
señor, porque tenia al presente que hablar y 
despachar sobre la guerra pasada é paces que 
ahora tratan; y ellos dijeron que aguardarían. 
Y lo que los caciques viejos dijeron á Cortés se 
dirá adelante. 



CAPITULO LXXIV, 



COMO VINIERON A NUESTRO REAL LOS CACIQUES VIE- 
JOS DE TLASCALA Á ROGAR Á CORTES Y A TODOS 
NOSOTROS QUE LUEGO NOS FUÉSEMOS CON ELLOS Á 
SU CIUDAB, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. 



Como los caciques viejos de toda Tlascala vie- 
ron que no íbamos á su ciudad, acordaron de 
venir en andas, y otros en chamacas é á cues- 
tas, y otros á pié, los cuales eran los por mí ya 
nombrados, que se decían Masse-Escaci , Xico- 
tengael viejo é ciego, é Guaxolacima, Chichíme* 
41 



322 RERNAL DUZ. 

clatecle, Tecapaneca, de Topeyanco; los cuales 
llegaron á maestro real con otra gran compañía 
de principales, y con gran acato hicieron á Cor- 
tés y á todos nosotros tres reverencias, y que- 
maron copal y tocaron las manos en el suelo y 
besaron la tierra; y el Xicotenga el viejo co- 
menzó de hablar á Cortés desta manera, y dí- 
jole: «Malinche , Malinche , muchas veces te 
hemos enviado á rogar que nos perdones por- 
que salimos de guerra, é ya te enviamos á dar 
nuestro descargo , que fué por defendernos del 
malo de Montezuma y sus grandes poderes, 
porque creíamos que érades de su bando y con- 
federados; y si supiéramos lo que ahora sabe- 
mos, no digo yo saliros á recibir á los caminos 
con muchos bastimentos, sino tenéroslos barri-? 
dos, y aún fuéramos por vosotros á la mar don- 
de teniades vuestros acales (que son navios); y 
pues ya nos habéis perdonodo , lo que ahora os 
venimos á rogar yo y todos estos caciques es, 
que vais luego con nosotros á nuestra ciudad, 
y allí os daremos de lo que tuviéremos , é os 
serviremos con nuestras personas y hacienda; y 
mira, Malinche, no hagas otra cosa, sino luego 
nos vamos; y porque tememos que por ventura 
te habrán dicho esos mejicanos algunas cosas 
de falsedades y mentiras de las que suelen de- 
cir de nosotros, no los creas ni los oigas; que 
en todo son falsos, y tenemos entendido que 
por causa dellos no has querido ir á nuestra 
ciudad.» Y Cortés respondió con alegre sem- 



CONQUISTA de NUEVA-ESPAÑA. 323 

blante, y dijo que bien sabia, desde muchos 
años antes que á estas sus tierras -viniésemos, 
cómo eran buenos , y que deso se maravilló 
cuando nos salieron de guerra, y que los meji- 
canos que allí estaban aguardaban ¡respuestas 
para su señor Montezuma; é á lo que decian 
que fuésemos luego á su ciudad, y por el basti- 
mento que siempre traían é otros cumplimien- 
tos, que se lo agradecía mucho»y lo pagaría en 
buenas obras; é que ya se hubiera ido si tu de- 
ra quien nos llevase los tepuzques, que son las 
bombardas; y como oyeron aquella palabra sin- 
tieron tanto placer, que en los rostros se cono- 
cería, y dijeron: «Pues cómo, ¿por esto has esta- 
do y no lo has dicho?» Y en menos demedia ho- 
ra traen sobre quinientos indios de carga, y 
otro dia muy de mañana comenzamos á marchar 
camino de la cabezera de Tlascala con mucho 
concierto, así de la artillcria como de los caba- 
llos y escopetas y ballesteros, y todos los de- 
mas, según lo teníamos de costumbre; y habia 
rogado Cortés á los mensajeros de Montezuma 
que se fuesen con nosotros para ver en qué pa- 
raba lo deTlascala, y desde allí les despacha- 
ría, y que en su aposento estarían porque no re- 
cibiesen ningún deshonor; porque, según dije- 
ron, temíanse de los tlascaltecas. Antes que 
más pase adelante quiero decir cómo en todos 
los pueblos por donde pasamos, ó en otros don- 
de tenían noticia de nosotros, llamaban á Cortés 
Malinche; y así, le nombraré de aquí adelante 



324 BERNAL DÍAZ. 

Malinche en todas las pláticas que tuviéremos 
con cualesquier indios, asi desta provincia como 
de la ciudad de Méjico, y no le nombraré Cortés 
sino en parte que convenga; y la causa de ha- 
berle puesto aqueste nombre es que, como doña 
Marina, nuestra lengua, estaba siempre en su 
compañía, especialmente cuando venian em- 
bajadores ó pláticas de caciques, y ella lo de- 
claraba en lengua mejicana, por esta causa le 
llamaban á Cortés el capitán de marina, y para 
más breve le llamaron Malinche; y también 
se le quedó este nombre á un Juan Pérez de 
Arteaga, vecino de la Puebla, por causa que 
siempre andaba con doña Marina y con Jeróni- 
mo de Aguilar deprendiendo la lengua, y á esta 
causa le llamaban Juan Pérez Malinche , que 
renombre de Arteaga de obra de dos años á esta 
parte lo sabemos. He querido traer esto á la me- 
moria, aunque no habia para qué, porque se en- 
tienda el nombre de Cortés de aquí adelante, 
que se dice Malinche; y también quiero decir 
que, como entramos en tierra de Tlascala, has- 
ta que fuimos á su ciudad se pasaron veinte y 
cuatro dias, y entramos en ella á 23 de Setiem- 
bre de 1519 años; y vamos á otro capítulo, y diré 
lo que allí nos avino. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 325 

CAPITULO LXXV. 



COMO FUIMOS A LA CIUDAD DE TLA8CALA , Y LO QUE 
LOS CACIQUES VIEJOS HICIERON DE UN PRESENTE QUE 
NOS DIERON, Y CÓMO TRUJERON SUS HIJAS Y SOBRI- 
NAS, Y LO QUE MAS PASÓ. 



Como los caciques vieron que comenzaba á ir 
nuestro fardaje camino de su ciudad, luego se 
fueron adelante para mandar que todo estuviese 
aparejado para nos recebir y para tener los apo- 
sentos muy enramados; é ya que llegábamos á 
un cuarto de legua de la ciudad, sálennos á re- 
cebir los mismos caciques que se habían ade- 
lantado, y traen consigo sus hijas y sobrinas y 
muchos principales, cada parentela y bando y 
parcialidad por sí; porque en Tlascala había 
cuatro parcialidades, sin las de Tecapaneca, se- 
ñor de Tepoyanco, que eran cinco; y también 
vinieron de todos los lugares sus sugetós, y traían 
sus libreas diferenciadas, que aunque eran de 
nequen, eran muy primas y de buenas labo- 
res y pinturas, porque algodón no lo alcanza- 
ban; y luego vinieron los papas de toda la pro- 
vincia, <\ue habia muchos por los grandes ado- 
ratorios que tenían; que ya he dicho que entre 
ellos se llama cues, que son donde tienen sus 
ídolos y sacrifican; y traían aquellos papas bra- 



326 BERHAL DIÁZ. 

seros con brasas, y con sus inciensos zahuman- 
do á todos nosotros, y traian vestidos algunos 
dellos ropas muy largas á manera de sobrepelli- 
ces, y eran blancas y traian capillas en ellos, 
como que querian parecer á las que traen los 
canónigos, como ya lo tengo dicho, y los cabe- 
llos muy largos y enredados, que no se pueden 
desparcir si no se cortan, y llenos de sangre que 
les salían de las orejas, que en aquel dia se ha- 
bían sacrificado; y abajaban las cabezas como á 
manera de humildad cuando nos vieron , y 
traian las uñas de los dedos de las manos muy 
largas; é oimos decir que aquellos papas tenían 
por religiosos y de buena vida, y junto á Cor- 
tés se allegaron muchos principales acompa- 
ñándole; y como entramos en lo poblado no ca- 
bían por las calles y azuteas, de tantos indios é 
indias que nos salían á ver con rostros muy ale- 
gres, y trujeron obra de veinte pinas hechas de 
muchas rosas de la tierra, diferenciadas las co- 
lores y de buenos olores, y las dieron á Cortés 
y á los demás soldados que les parecían capita- 
nes, especial á los de á caballo; y como llega- 
mos á unos buenos patios adonde estaban los 
aposentos, tomaron luego por la mano á Cortés, 
Xicotenga el viejo y Masse-Escaci, y le meten 
en los aposentos, y allí tenían aparejado para 
cada uno de nosotros á su usanza unas cami- 
llas de esteras y mantas de nequen; y tam- 
bién se aposentaron los amigos que traíamos 
de Cempoal y de Cocotlan cerca de nosotros; 



CONQUISTA PE M3EYA-E3PANA. 327 

y mandó Cortés que los mensajeros del gran 
Montezuma se aposentasen junto con su aposen- 
to; y puesto que estábamos en tierra que víamos 
claramente que estaban de buenas voluntades y 
muy de paz, no nos descuidamos de estar muy 
apercebidos, según teníamos de costumbre; y 
parece ser que nuestro capitán, á quien cabia 
el cuarto de poner corredores del campo y es- 
pías y velas, dijo á Cortés: «Parece, señor, que 
están muy de paz, y no habernos menester tanta 
guarda ni estar tan recatados como solemos.» 
«Mirar, señores, bien veo lo que decis; mas por 
la buena costumbre hemos de estar apercebi- 
dos, que aunque sean muy buenos, no habernos 
de creer en su paz, sino como si nos quisiesen 
dar guerra y los viésemos venir á encontrar con 
nosotros; que muchos capitanes por se confiar y 
descuidar fueron desbaratados, especialmente 
nosotros, como somos tan pocos, y habiéndonos 
enviado á avisar el gran Montezuma, puesto 
que sea fingido, y no verdad, hemos de estar 
muy alerta.» Dejemos de hablar de tantos cum- 
plimientos é orden como teníamos en nuestras 
velas y guardas, y volvamos á decir cómo Xico- 
tenga el viejo y Masse-Escaci, que eran gran- 
des caciques, se enojaron mucho con Cortés, y 
le dijeron con nuestras lenguas: «Malinche, ó 
tú nos tienes por enemigos ó no muestras obras 
en lo que te vemos hacer, que no tienes confian- 
za de nuestras personas y en las paces que nes 
has dado y nosotros á tí; y esto te decimos por- 



328 BERftAL DÍAZ. 

que vemos que así os veíais y venís por los ca- 
minos apercebidos como cuando veníais á en- 
contrar con nuestros escuadrones; y esto, Ma- 
linche, creemos que lo haces por las traiciones 
y maldades que los mejicanos te han dicho en 
secreto para que estés mal con nosotros: mira 
no los creas; que ya aquí estás y te daremos 
todo lo que quisieres, hasta nuestras personas y 
hijos, y moriremos por vosotros; por eso deman- 
da en rehenes todo lo que quisieres y fuere tu 
voluntad.» Y Cortés y todos nosotros estábamos 
espantados de la gracia y amor con que lo de- 
cían; y Cortés les respondió con doña Marina 
que así lo tiene creído, é que no ha menester 
rehenes, sino ver sus muy buenas voluntades; y 
que en cuanto á venir apercebidos, que siempre 
lo teníamos de costumbre y que no lo tuviesen á 
mal; y por todos los ofrecimientos se lo tenia en 
merced y se lo pagaría el tiempo andando. Y 
pasadas estas pláticas, vienen otros principales 
con gran aparato de gallinas y pan de maiz y tu- 
nas, y otras cosas de legumbres que había en la 
tierra, y bastecen el real muy cumplidamente, 
que en veinte dias que allí estuvimos todo lo 
hubo sobrado; y entramos en esta ciudad á 23 
dias del mes de Setiembre de 1519 años; é que- 
daráse aquí, y diré lo que más pasó. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 329 

CAPITULO LXXVI. 



COMO SE DIJO MISA ESTANDO PRESENTES MUCHOS CACI- 
QUES, Y DE UN PRESENTE QUE TRAJERON LOS CACI- 
QUES VIEJOS. 



! 

Otro dia de mañana mandó Cortés que se pu- 
siese un altar para que se dijese Misa, porque 
ya teníamos vino é hostias; la cual Misa dijo el 
clérigo Juan Diaz, porque el padre de la Mer- 
ced estaba con calenturas y muy flaco, y estando 
presente Masse-Escaci el viejo y Xicotenga y 
otros caciques; y acabada la Misa, Cortés se en- 
tró en su aposento, y con él parte de los soldados 
que le solíamos acompañar, y también los dos 
caciques viejos y nuestras lenguas, y díjole el 
Xicotenga que le quedan traer un presente, y 
Cortés les mostraba mucho amor, y les dijo que 
cuando quisiesen; y luego tendieron unas este- 
ras, y una manta encima, y trujeron seis ó siete 
pecezuelos de oro y piedras de poco valor, y 
ciertas cargas de ropa de nequen, que toda era 
muy pobre que no valia veinte pesos; y cuando 
lo daban, dijeron aquellos caciques riendo: «Ma- 
linche, bien creemos que como es poco eso que 
te damos, no lo rccebirás con buena voluntad; 
ya te hemos enviado á decir que somos pobres, 
é que no tenemos oro ni ningunas riquezas., y la 
42 



330 BMMAL DÍAZ. 

causa dello es que esos traidores y malos de los 
mejicanos y Montezuma, que ahora es señor, 
nos lo han sacado todo cuando solíamos tener 
paces y treguas, que les demandábamos porque 
no nos diesen guerra; y no mires que es poco 
valor, sino recíbelo con buena voluntad, como 
cosa de amigos y servidores que te seremos;» y 
entonces también trujeron aparte mucho basti- 
mento. Cortés lo recibió con alegría, y les dijo 
que en más tenia aquello por ser de su mano y 
con la voluntad que se lo daban, que si le tru- 
jeran otros una casa llena de oro en granos, y 
que así lo recibe, y les mostró mucho amor; y 
parece ser tenian concertado entre todos los ca- 
ciques de darnos sus hijas y sobrinas, las mas 
hermosas que tenian, que fuesen doncellas por 
casar; y dijo el viejo Xicotenga: «Malinche, 
porque mas claramente conozcáis el bien que 
os queremos y deseamos en todo contentaros, 
nosotros os queremos dar nuestras hijas para que 
sean vuestras mujeres y hagáis generación, por- 
que queremos teneros por hermanos, pues sois 
tan buenos y esforzados. Yo tengo una hija muy 
hermosa, é no ha sido casada, é quiérola pa- 
ra vos; y asimismo Masse-Escaci y todos los 
más caciques dijeron que traerian sus hijas y 
que las recibiésemos por mujeres, y dijeron otros 
muchos ofrecimientos, y en todo el dia no se 
quitaban, así el Masse-Escaci como el Xicoten- 
ga, de cabe Cortés; y como era ciego, de vie- 
jo, el Xicotenga, con la mano atentaba á Cor- 



CONÜÜISTA DE NÜEVA-ESPANA. 331 

tés en la cabeza y en las barbas y rostro, y se la 
traía por todo el cuerpo; y Cortés les respondió 
á lo de las mujeres, que él y todos nosotros se 
lo teníamos en merced, y que en buenas obras 
se lo pagaríamos el tiempo andando; y estaba 
allí presente el padre de la Merced, y Cortés le 
dijo: oSeñor padre, paréceme que será ahora 
bien que demos un tiento á estos caciques para 
que dejen sus ídolos y no sacrifiquen, porqae ha- 
rán cualquier cosa que les mandaremos, por cau- 
sa del gran temor que tienen á los mejicanos;» 
y el fraile dijo: «Señor, bien es: pero dejémoslo 
hasta que traigan las hijas, y entonces habrá 
materia para ello, y dirá vuesamerced que no 
las quiere recibir hasta que prometan de no sa- 
crificar: si aprovechare, bien; si no haremos 
lo que somos obligados;» y así quedó para otro 
dia, y lo que se hizo se dirá adelante. 



CAPITULO LXXVII. 



CÓMO TRUJERON LAS HIJAS Á PRESENTAR Á CORTES Y 
TODOS NOSOTROS, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 



Otro día vinieron los mismos caciques viejos, 
y trujeron cinco indias hermosas, doncellas y 
mozas, y para ser indias eran de buen parecer y 



332 BERNAL DÍAZ. 

bien ataviadas, y traían para cada india otra 
moza para su servicio, y todas eran hijas de ca- 
ciques, y dijo Xicotenga á" Cortés: «Malinche, 
esta es mi hija, y no ha sido casada, que es don- 
cella; tomadla para vos;» la cual le dio por la 
mano, y las demás que las diese á los capitanes; 
y Cortés se lo agradeció, y con buen semblante 
que mostró dijo que él las recibia y tomaba por 
suyas, y que ahora al presente que las tuviesen 
en su poder sus padres; y preguntaron los mis- 
mos caciques que por qué causa no las tomába- 
mos ahora; y Cortés respondió: «Porque quiero 
hacer primero lo que manda Dios Nuestro Se- 
ñor, que es en el que creemos y adoramos, y á 
lo que me envió el Rey nuestro señor, que es 
que quiten sus ídolos, que no sacrifiquen ni ma- 
ten más hombres, ni hagan otras torpedades 
malas que suelen hacer, y crean en lo que nos- 
otros creemos, que es en un solo Dios verdade- 
ro;» y se les dijo otras muchas cosas tocantes á 
nuestra santa fe; y verdaderamente fueron muy 
bien declaradas, porque doña Marina y Aguilar, 
nuestras lenguas, estaban ya tan expertas en 
ello, que se les daba á entender muy bien; y se 
les mostró una imagen de Nuestra Señora con 
su Hijo precioso en los brazos, y se les dio áen- 
tender cómo aquella imagen es figura como la 
de Nuestra Señora, que se dice Santa María, que 
está en los altos cielos, y es la Madre de Nues- 
tro Señor, que es aquel niño Jesús que tie- 
ne en los brazos, y que le concibió por gra~ 



CONQUISTA DE HUEVA-E8PAÑA. 333 

cia del Espíritu Santo, quedando Virgen antes 
del parto y en el parto y después del parto; y 
aquesta gran Señora ruega por 'nosotros á su 
Hijo precioso, que es nuestro Dios y Señor ; y 
les dijo otras muchas cosas que se convenían 
decir sobre nuestra santa fe, y si quieren ser 
nuestros hermanos y tener amistad verdadera 
con nosotros; y para que con mejor voluntad 
tomásemos aquellas sus hijas, para tenellas, 
como dicen, por mujeres, que luego dejen sus 
malos ídolos, y crean y adoren en nuestro Señor 
Dios, que es el que nosotros creemos y adora- 
mos, y verán cuánto bien les irian ; porque, de- 
mas de tener salud y buenos temporales, sus 
cosas se les harán prósperamente, y cuando se 
mueran irán sus ánimas á los cielos á gozar de 
la gloria perdurable; y que si hacen los sacrifi- 
cios que suelen hacer á aquellos sus ídolos, que 
son diablos, les llevarán á los infiernos, donde 
para siempre jamas arderán en vivas llamas. Y 
porque en otros razonamientos se les habia di- 
cho otras cosas acerca de que dejasen los ídolos, 
en esta plática no se les dijo más, y lo que res- 
pondieron á todo es, que dijeron : «Malinche, 
ya te hemos entendido antes de ahora ; y bien 
creemos que ese vuestro Dios y esa gran Señora, 
que son muy buenos ; mas mira : ahora vinistes 
á estas nuestras tierras y casas ; el tiempo an- 
dando entenderemos muy más claramente vues- 
tras cosas, y veremos cómo son, y haremos lo 
que sea bueno. ¿Cómo quieres que dejemos núes- 



334 BEkNAL DÍAZ* 

tros teules, que desde muchos años nuestros 
antepasados tienen por dioses r les han ado- 
rado y sacrificado? E ya que nosotros, que so- 
mos viejos, por te complacer lo quisiésemos 
hacer , ¿ qué dirán todos nuestros papas y 
todos los vecinos mozos y niños desta pro- 
vincia , sino levantarse contra nosotros? Es- 
pecialmente que los papas han ya hablado 
con nuestros teules , y les respondieron que no 
los olvidásemos en sacrificios de hombres y en 
todo lo que de antes solíamos hacer; si no , que 
á toda esta provincia destruirían con hambres, 
pestilencias y guerra ;» así que, dijeron y dieron 
por respuesta que no curásemos más de les ha- 
blar en aquella cosa , porque no los habían de 
dejar de sacrificar aunque los matasen. Y desque 
vimos aquella respuesta , que la daban tan de 
veras y sin temor, dijo el padre de la Merced, 
que era entendido é teólogo : «Señor , no cure 
vuesamerced de más les importunar sobre esto, 
que no es justo que por fuerza les hagamos ser 
cristianos , y aun lo que hicimos en Cempoal en 
derrocalles sus ídolos , no quisiera yo que se hi- 
ciera hasta que tengan conocimiento de nuestra 
santa fe ; ¿qué aprovecha quitalles ahora sus 
ídolos de un cu y adoratorio , si los pasan luego 
á otros? Bien es que vayan sintiendo nuestras 
amonestaciones , que son santas y buenas , para 
que conozcan adelante los buenos consejas que 
les damos ;» y también le hablaron á Cortés 
tres caballeros, que fueron Pedro de Alba- 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 335 

rado y Juan Velazquez de León y Francis- 
co de Lugo, y dijeron á Cortés; «Muy bien 
dice el Padre , y vuesamerced con lo que ha 
hecho cumple , y no se toque más á estos caci- 
ques sobre el caso;» y así se hizo. Lo que les 
mandamos con ruegos fué , que luego desemba- 
razasen un cu que estaba allí cerca y era nueva- 
mente hecho , é quitasen unos ídolos , y lo en- 
calasen y limpiasen para poner en él una cruz 
y la imagen de Nuestra Señora; lo cual lue- 
go lo hicieron, y en el se dijo Misa y se bauti- 
zaron aquellas cacicas, y se puso nombre a la 
hija del Xicotenga doña Luisa, y Cortés la, tomó 
por la mano, y se la dio á Pedro de Albarado, 
y dijo á Xicotenga que aquel á quien la daba era 
su hermano y su capitán, y que lo hubiese por 
bien, porque seria del muy bien tratada, y el 
Xicotenga recibió contentamiento dello; y la 
hija ó sobrina de Mass3-Escaci se puso nombre 
doña Elvira, y era muy hermosa;" y paréceme 
que la dio á Juan Velazquez de León, y las 
demás se pusieron sus nombres de pila, y todas 
con dones, y Cortés las dio á Cristóbal de Olí y 
á Gonzalo de Sandoval y á Alonso de Avila; y 
después desto hecho se les declaro á qué fin se 
pusieron dos cruces, é que era porque tienen 
temor dellas sus ídolos, y que á do quiera que 
estábamos de asiento ó dormíamos se ponen en 
los caminos; é á todo esto estaban muy atentos. 
Antes que más pase adelante, quiero decir cómo 
de aquella cacica hija de Xicotenga, que se lia- 



336 BERNAL DÍAZ. 

mó doña Luisa, que se la dio á Pedro de Alba- 
rado, que asi como se la dieron, toda la mayor 
parte de Tlascala la acataba y le daban presen- 
tes y la tenían por su señora, y della hubo el 
Pedro de Albarado, siendo soltero, un hijo que 
se dijo don Pedro, é una hija que se dice doña 
Leonor, mujer que ahora es de don Francisco 
de la Cueva, buen caballero, primo del duque 
de Alburquerque, é ha habido en ella cuatro ó 
cinco hijos muy buenos caballeros , y aquesta 
señora doña Leonor es tan excelente señora, en 
fin como hija de tal padre, que fué comenda- 
dor de Santiago, adelantado y gobernador de 
Guatemala, y por la parte de Xicotenga gran 
señor de Tlascala, que era como Rey. Dejemos 
estas relaciones, y volvamos á Cortés, que se 
informó de aquestos caciques y les preguntó 
muy por entero de las cosas de Méjico, y lo que 
sobre ello dijeron es esto que diré. 



CAPITULO LXXVIII. 

CÓMO CORTÉS PREGUNTÓ Á MAESSE ESCACÍ É A XICO- 
TENGA POR LAS COSAS DE MÉJICO, Y LO QUE EN LA 
RELACIÓN DIJERON . 



Luego Cortés apartó aquellos caciques , y les 
preguntó muy por extenso las cosas de Méjico; 
Xicotenga, como era más avisado y gran señor, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 337 

tomó la mano á hablar, y de cuando en cuan- 
do lo ayudaba Masse-Escaci , que también era 
gran señor, y dijeron que tenia Montezuma tan 
grandes poderes de gente de guerra, que cuan- 
do queria tomar un gran pueblo ó hacer un asal- 
to en una provincia, que ponia en campo cien 
mil hombres, y que esto que lo tenia bien expe- 
rimentado por las guerras y enemistades pasa- 
das que con ellos tienen de más de cien años; y 
Cortés le dijo: «Pues con tanto guerrero como 
decis que venían sobre vosotros, ¿cómo nunca os 
acabaron de vencer?» Y respondieron que, pues- 
to que algunas veces les desbarataban y mata- 
ban, y llevaban muchos de sus vasallos para sa- 
crificar , que también de los contrarios queda- 
ban en el campo muchos muertos y otros presos, 
y que no venian tan encubiertos, que dello no 
tuviesen noticia, y cuando lo sabian, que se 
apercebian con todos sus poderes, y con ayuda 
de los de Guaxocingo se defendían é ofendían; é 
que como todas las provincias y pueblos que ha 
robado Montezuma y puesto debajo de su domi- 
nio estaban muy mal con los mejicanos, y traían 
dellos por fuerza á la guerra, no pelean de bue- 
na voluntad; antes de los mismos tenían avisos, 
y que á esta causa les defendían sus tierras lo 
mejor que podían , y que donde más mal les 
habia venido á la contina es de una ciudad muy 
grande que está de allí andadura de un dia, que 
se dice Cholula , que son grandes traidores , y 
que allí metía Montezuma secretamente sus ca- 
43 



338 RERNAL DUZ. 

pitanias; y como estaban cerca de noche, hacían 
salto y más dijo Masse-Escaci , que tenia Mon- 
tezuma en todas las provincias puestas guar- 
niciones de muchos guerreros , sin los muchos 
que sacaba de la ciudad , y que todas aquellas 
provincias le tributan oro y plata , y plumas , y 
piedras y ropa de mantas y algodón é indios é 
indias para sacrificar , y otros para servir ; y 
que es tan gran señor , que todo lo que quiere 
tiene, y que las casas en que vive tiene llenas 
de riquezas y piedras chalchihuites, que ha ro- 
bado y tomado por fuerza á quien no se lo da 
de grado , y que todas las riquezas de la tierra 
están en su poder ; y luego contaron el gran 
servicio de su casa, que era para nunca acabar 
si lo hubiese aqui de decir , pues de las muchas 
mujeres que tenia , y como casaba algunas de- 
llas, de todo daban relación; y luego dicen de la 
granfortaleza de su ciudad, de la manera que es 
la laguna, y la hondura del agua , y de las cal- 
zadas que hay por donde han de entrar en la 
ciudad , y las puentes de madera que tiene en 
cada calzada, y cómo entra y sale por el estre- 
cho de abertura que hay en cada puente, y cómo 
en alzando cualquiera dellas se pueden quedar 
aislados entre puente y puente sin entrar en su 
ciudad; y cómo está toda la mayor parte de la 
ciudad poblada dentro en la laguna , y no se 
puede pasar de casa en casa sino es por unas 
puentes levadizas que tienen hechas , ó en ca- 
noas, y todas las casas son de azuteas , y en las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 339 

azuteas tienen hechos como á maneras de man- 
paros , pueden pelear desde encima dellas , y 
la manera cómo se provee la ciudad de agua 
dulce desde una fuente que se dice Chapulte- 
peque , que está de la ciudad obra de media 
legua, y va el agua por unos edificios , y llega 
en parte que con canoas la llevan á vender por 
las calles ; y luego contaron de la manera de 
las armas, que eran varas de á dos gajos ¿ que 
tiraban con tiraderas que pasan cualesquier ar- 
mas , y muchos buenos flecheros , y otros con 
lanzas de pedernales que tienen una braza de 
cuchilla, hechas de arte que cortan más que na- 
vajas, y rodelas y armas de algodón , y muchos 
honderos con piedras rollizas é otras lanzas muy 
largas y espadas de á dos manos de navajas , y 
trajeron pintados en unos paños grandes de ne- 
quen las batallas que con ellos habian habido y 
la manera del pelear; y como nuestro capitán y 
todos nosotros estábamos ya informados de todo 
lo que decian aquellos caciques , estorbó la 
plática y metiólos en otra más honda , y fué 
que cómo ellos habian venido á poblar á aque- 
lla tierra , é de qué partes vinieron que tan 
diferentes y enemigos eran de los mejicanos, 
siendo tan de cerca unas tierras de otras; y dije- 
ron que les habian dicho sus antecesores que en 
los tiempos pasados que habia alli entre ellos 
poblados hombres y mujeres muy altos de cuer- 
po y de grandes huesos, que porque eran muy 
malos y de malas maneras , que los mataron 



340 B1RNAL DÍAZ . 

peleando coa ellos , y otros que quedaban se 
murieron ; é para que viésemos qué tamaños é 
altos cuerpos tenian, trujeron un hueso ó zan- 
carrón de uno dellos, y era muy grueso, el altor 
del tamaño como un hombre de razonable esta- 
tura: y aquel zancarrón era desde la rodilla has- 
ta la cadera: yo me medí con él, y tenia tan 
gran altor como yo, puesto que soy de razona- 
ble cuerpo; y trujeron otros pedazos de huesos 
como el primero, mas estaban ya comidos y des- 
hechos de la tierra; y todos nos espantamos de 
ver aquellos zancarrones, y tuvimos por cierto 
haber habido gigantes en esta tierra; y nuestro 
capitán Cortés nos dijo que seria bien enviar 
aquel gran hueso á Castilla para que lo viese su 
majestad, y asi lo enviamos con los primeros 
procuradores que fueron; también dijeron aque- 
llos mismos caciques, que sabían de aquellos 
sus antecesores que les habia dicho un su ídolo 
en quien ellos tenian mucha devoción, que ven- 
drían hombres de las partes de hacia donde sale 
el sol y de lejas tierras á les sojuzgar y seño- 
rear; que si somos nosotros , holgaran dello, 
que pues tan esforzados y buenos somos; y cuan- 
do trataron las paces se les acordó desto que 
les habia dicho su ídolo, que por aquella causa 
nos dan sus hijas para tener parientes que les 
defiendan de los mejicanos; y cuando acabaron 
su razonamiento, todos quedamos espantados, y 
decíamos si por ventura dicen verdad; y luego 
nuestro capitán Cortés les replicó,, y dijo que 



§ON0ÜISTA. DÉ ÑÜÉVA- ESPAÑA. 341 

ciertamente veníamos de hacia donde sale el sol, 
y que por esta causa nos envió el Rey nuestro 
señor á tenellos por hermanos, porque tienen 
noticia dellos, y que plegué á Dios nos dé gracia 
para que por nuestras manos é intercesión se 
salven; y dijimos todos: «Amen.» Hartos esta- 
rán ya los caballeros que esto leyeren de oir ra- 
zonamientos y pláticas de nosotros á los de 
Trascala, y ellos á nosotros; queria acabar, y 
por fuerza me he de detener en otras cosas que 
con ellos pasamos; y es que el volcan que está 
cabe Guaxocingo echaba en aquella sazón que 
estábamos en Tlascala mucho fuego, más que 
otras veces solia echar; de lo cual nuestro capi- 
tán Cortés y todos nosotros, como no habíamos 
visto tal, nos admiramos dello; y un capitán de 
los nuestros , que se decia Diego de Ordás, to- 
móle codicia de ir á ver qué cosa era, y deman- 
dó licencia á nuestro general para subir en él; 
la cual licencia le dio, y aun de hecho se lo 
mandó; y llevó consigo dos de nuestros solda- 
dos y ciertos indios principales de Guaxocingo, 
y los principales que consigo llevaba ponían te- 
mor con decille que cuando estuviese á medio 
camino de Popocatepeque, que así se llamaba 
aquel volcan, no podría sufrir el temblor déla 
tierra ni llamas y piedras y ceniza que del sale.é 
que ellos no se atreverían á subir más de hasta 
donde tienen unos cues de ídolos, que llaman 
los teules de Popocatepeque; y todavía el Diego 
de Ordás con sus dos compañeros fué su camino 



342 bernal díaz. 

hasta llegar arriba, y los indios que iban en su 
compañia se le quedaron en lo bajo; después el 
Ordás y los dos soldados vieron al subir que co- 
menzó el volcar de echar grandes llamaradas de 
fuego y piedras medio quemadas y livianas y 
mucha ceniza, y que temblaba toda aquella 
sierra y montaña adonde está el volcan, y estu- 
vieron quedos sin dar más paso adelante hasta 
de allí á una hora, que sintieron que habia pa- 
sado aquella llamarada y no echaba tanta ceni- 
za ni humo, y subieron hasta la boca, que muy 
redonda y ancha, y que habia en el anchor un 
cuarto de legua, y que desde allí se parecía la 
gran ciudad de Méjico y toda la laguna y todos 
los pueblos que están en ella poblados; y está 
este volcan de Méjico obra de doce ó trece le- 
guas; y después de bien visto muy gozoso el 
Ordás, y admirado de haber visto á Méjico y sus 
ciudades, volvió á Tlascala con sus compañeros, 
y los indios de Guaxocingo y los de Tlascala se 
lo tuvieron á mucho atrevimiento, y cuando lo 
contaban al capitán Cortés y á todos nosotros, 
como en aquella sazón no habíamos visto ni 
oido, como ahora , que sabemos lo que es, y han 
subido encima de la boca muchos españoles 
y aún Frailes franciscanos , nos admirábamos 
entonces dello; y cuando fué Diego de Ordás á 
Castilla lo demandó por armas á su majestad, 
é así las tiene ahora en su sobrino Ordás que 
vive en la Puebla; y después acá desque esta- 
mos en esta tierra no le habernos visto echar 



CONQUISTA DE NtfEVA-ESÍANA. 343 

tanto fuego ni con tanto ruido como al principio, 
y aún estuvo ciertos años que no echaba fuego, 
hasta el año de 1539 que echó muy grandes lla- 
mas y piedras y ceniza. Dejemos de contar del 
volcan, que ahora, que sabemos qué cosa es y 
habernos visto otros volcanes , como son los de 
Nicaragua y los de Guatemala, se podían ha- 
ber callado los de Guaxocingo sin poner en rela- 
ción, y diré cómo hallamos en este pueblo de 
Tlascala casas de madera hechas de redes, y 
llenas de indios é indias que tenían dentro en- 
carcelados é á cebo hasta que estuviesen gor- 
dos para comer y sacrificar ; las cuales cárce- 
les les quebramos y deshicimos para que se fue- 
sen los presos que en ellas estaban, y los tristes 
indios no osaban de ir á cabo ninguno, sino es- 
tarse allí con nosotros, y así escaparon las vida; 
y dende en adelante en todos los pueblos que 
entrábamos, lo primero que mandaba' nuestro 
capitán eraquebralles las tales cárceles y echar 
fuera los prisioneros, y comunmente en todas 
estas tierras las tenian; y como Cortés y todos 
nosotros vimos aquella gran crueldad, mostró 
tener mucho enojo de los caciques de Tlascala, 
y se lo riñó bien enojado, y prometieron desde 
allí adelante que no matarían ni comerían de 
aquella manera más indios. Dije yo que qué 
aprovechaban aquellos prometimientos, que en 
volviendo la cabeza hacían las mismas cruelda- 
des. Y dejémoslo así, y digamos cómo ordena- 
mos de ir á Méjico, u 



¿44 BERNA L DtAÉ. 

CAPÍTULO LXXIX. 



CÓMO ACORDÓ MUESTRO CAPITÁN HERNANDO CORTES 
CON TODOS NUESTROS CAPITANES Y SOLDADOS QUE 
FUÉSEMOS Á MÉJICO, T LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. 

Viendo nuestro capitán que había diez y siete 
dias que estábamos holgando en Tlascala, y 
oíamos decir de las grandes riquezas de Mon- 
tezuma y su próspera ciudad, acordó tomar con- 
sejo con todos nuestros capitanes y soldados de 
quien sentía que le tenían buena voluntad, para 
ir adelante, y fué acordado que eon brevedad 
fuese nuestra partida; y sobre este camino hubo 
en el real ¿uchas pláticas de desconformidad, 
porque decían unos soldados que era cosa muy 
temerosa irnos á meter en tan fuerte ciudad rien- 
do nosotros tan pocos, y decían de los gran- 
des poderes del Montezuma. Cortés respon- 
dió que ya no podíamos hacer otra cosa, porque 
siempre nuestra demanda y apellido fué ver al 
Montezuma, é que por demás eran ya otros 
consejos; y viendo que tan resueltamente lo de- 
cía, y sintieron los del contrario parecer que tan 
determinadamente se acordaba, y que muchos 
de los soldados ayudábamos á Cortés de buena 
voluntad con decir «adelante en buen hora,» no 
hubo más contradicion; y los que andaban en 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 845 

estas pláticas contrarias eran de los que tenían 
en Cuba haciendas; que yo y otros pobres solda- 
dos ofrecido tenemos siempre nuestras ánimas á 
Dios, que las crió, y los cuerpos á heridas y tra- 
bajos hasta morir en servicio de nuestro Señor y 
de su majestad. Pues viendo Xicotengay Masse- 
Escaci, señores de Tlascala, que de hecho que- 
ríanlos ir á Méjico, pesábales en el alma, y siem- 
pre optaban con Cortés avisándole que no curase 
de ir aquel camino, y que no se fiase poco ni mu- 
cho de Montezuma ni de ningún mejicano, y que 
no se creyese de sus grandes reverencias ni de 
sus palabras tan humildes y llenas de cortesías, 
ni aun de cuantos presentes le ha enviado ni de 
otros ningunos ofrecimientos, que todos eran de 
atraidorados; que en una hora se lo tornarían á 
tomar cuanto le habían dado, y que de noche y 
de día se guardase muy bien dellos, porque tie- 
nen bien entendido que cuando más descuidados 
estuviésemos nos darian guerra, y que cuando 
peleáramos con ellos, que los que pudiésemos 
matar que no quedasen con las vidas, al mance- 
bo porque no tome armas, al viejo porque no dé 
consejo, y le dieron otros muchos avisos; y 
nuestro capitán les dijo que se lo agradecía el 
buen consejo; y les mostró mucho amor con ofre- 
cimientos y dádivas que luego les dio al viejo 
Xicotenga y al Masse-Escaci y todos los mas 
caciques, y les dio mucha parte de la ropa fina 
de mantas que habia presentado Montezuma, y 
les dijo que seria bueno tratar paces entre ellos 
44 



346 BEUtfAL DÍAZ. 

y los mejicanos para que tuviesen amistad, y 
trajesen sal y algodón y otras mercadurías; y el 
Xicotenga respondió que eran por demás las pa- 
ces, y que su enemistad tienen siempre en los 
corazones arraigada, y que son tales los meji- 
canos, que so color de las paces les harán ma- 
yores traiciones, porque jamas mantienen ver- 
dad en cosa ninguna que prometen; é que no 
curase de hablar de ellas, sino que le tomaban 
á rogar que se guardase muy bien de no caer 
en manos de tan malas gentes; y estando pla- 
ticando sobre el camino que habíamos de llevar 
para Méjico, porque los embajadores de Monte- 
zuma que estaban con nosotros, que iban por 
guias, decían que el mejor camino y mas llano 
era por la ciudad de Cholula, por ser vasallos 
del gran Montezuma, donde recibiríamos servi- 
cios, y á todos nosotros nos pareció bien que 
fuésemos á aquella ciudad; y los caciques de 
Tlascala, como entendieron que queríamos ir por 
donde nos encaminaban los mejicanos, se en- 
tristecieron, y tornaron á decir que en todo 
caso fuésemos por Guaxocingo, que eran sus 
parientes y nuestros amigos, y no por Cholula, 
porque en Cholula siempre tiene Montezuma sus 
tratos dobles encubiertos; y por mas que nos 
dijeron y aconsejaron que no entrásemos en 
aquella ciudad, siempre nuestro capitán, con 
nuestro consejo muy bien platicado, acordó de 
ir por Cholula; lo uno, porque decían todos que 
era grande población y muy bien torreada, y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 547 

de altos y grandes cues, y en buen llano asenta- 
da, y verdaderamente de lejos parecia en aque- 
lla sazón á nuestra gran Valladolid de Castilla 
la Vieja; y lo otro, porque estaba en parte cer- 
cana de grandes poblaciones , y tener muchos 
bastimentos y tan á la mano á nuestros amigos 
los de Tlascala, y con intención de estarnos allí 
hasta ver deque manera podríamos ir á Méjico 
sin tener guerra, porque era de temer el gran 
poder de mejicanos; si Dios nuestro Señor pri- 
meramente no ponia su divina mano y mise- 
ricordia, con que siempre nos ayudaba y nos 
daba esfuerzo , no podíamos entrar de otra ma- 
nera. Y después de muchas pláticas y acuerdos, 
nuestro camino fué por Cholula; y luego Cortés 
mandó que fuesen mensajeros á les decir que 
cómo, estando tan cerca de nosotros, no nos en- 
viaban á visitar y hacer aquel acto que son 
obligados á mensajeros , como somos, de tan 
gran Rey y señor comoesel que nos envió á no- 
tificar su salvación ; y que los ruega que luego 
viniesen todos los caciques y papas de aquella 
ciudad á nos ver, y dar la obediencia á nuestro 
Rey y señor; si no, que los ternia por de malas 
intenciones. Y estando diciendo esto > y otras 
cosas que con venia envialles á decir sobre este 
caso , vinieron á hacer saber á Cortés cómo el 
gran Montezuma enviaba cuatro embajadores 
con presentes de oro, porque jamas , á lo que 
habíamos visto, envió mensaje sin presentes de 
oro , y lo tenia por afrenta enviar mensajeros si 



348 BERNAL DÍAZ. 

no enviaba con ellos dádivas ; y lo que dijeron 
aquellos mensajeros diré adelante. 



CAPITULO LXXX. 



CÓMO EL GRAN MONTEZUMA ENVIÓ CUATRO PRINCIPALES 
HOMBRES DE MUCHA CUENTA, CON UN PRESENTE DE 
ORO Y MANTAS, Y LO QUE BIJERON Á NUESTRO CA- 
PITÁN. 



Estando platicando Cortés con todos nosotros 
y con los cacique de Tlascala sobre nuestra par- 
tida y en las cosas ]de la guerra, viniéronle á 
decir que llegaron á aquel pueblo cuatro emba- 
jadores de Montezuma , todos principales, y 
traían presentes; y Cortés les mandó llamar, y 
cuando llegaron donde estaba, hiciéronle gran- 
de acato, y á todos los soldados que allí nos ha- 
llamos; y presentado su presente de ricas joyas 
de oro y de muchos géneros de hechuras, que 
valían bien diez mil pesos, y diez cargas de man- 
tas de buenas labores de pluma, Cortés los reci- 
bió con buen semblante; y luego dijeron aque- 
llos embajadores por parte de su señor Monte- 
zuma que se maravillaba mucho estar tantos 
dias entre aquellas gentes pobres y sin policía, 
ue aun para esclavos no son buenos, por ser 



1 



CONQUISTA ME MUK VA-ESPAÑA. 349 

tan malos y traidores y robadores, que cuando 
más descuidados estuviésemos, de dia y de no- 
che nos matarían por nos robar, y que nos ro- 
gaba que fuésemos luego á su ciudad y que 
nos daria de lo que tuviese, y aunque no tan 
cumplido como nosotros merecíamos y él de- 
seaba; y que puesto que todas las vituallas le 
entran en su ciudad de acarreo, que manda- 
ría proveernos lo mejor que él pudiese. Aques- 
to hacia Montezuma por sacarnos de Tias- 
cala , porque supo que habíamos hecho las 
amistades que dicho tengo en el capítulo que 
dello habla, y para ser perfectas habían dado 
sus hijas á Malinche ; porque bien tuvieron 
entendido que no les podía venir bien nin- 
guna de nuestras confederaciones , y a esta 
causa nos cebaba con oro y presentes para que 
fuésemos á sus tierras, á lo menos porque salié- 
semos de Tlascala. Volvamos á decir de los em- 
bajadores , que los conocieron bien los de 
Tlascala, y dijeron á nuestro capitán que todos 
eran señores de pueblos y vasallos, con quien 
Montezuma enviaba á tratar cosas de mucha im- 
portancia. Cortés les dio muchas gracias á los 
embajadores, con grandes caricias y señales de 
amor que les mostró, y les dio por respuesta 
que él iría muy presto á ver al señor Montezu- 
ma., y les rogó que estuviesen algunos dias allí 
con nosotros, que en aquella sazón acordó Cor- 
tés que fuesen dos de nuestros capitanes, perso- 
nas señaladas, á ver y hablar al gran Montezu- 



B50 BE&NAL DÍAZ. 

ma, é ver la gran ciudad de Méjico y sus grandes 
fuerzas y fortalezas, é iban ya camino Pedro de 
Albarado y Bernardino Vázquez de Tapia , y 
quedaron en rehenes cuatro de aquellos emba- 
jadores que habrán traído el presente, y otros 
embajadores del gran Montezuma de los que 
solían estar con nosotros fueron en su compa- 
ñía; y porque en aquel tiempo yo estabamal 
herido y con calenturas, y harto teniaque curar- 
me, no me acuerdo bien hasta dónde allegaron; 
mas de que supimos que Cortés habia enviado 
así á la ventura á aquellos caballeros, y se lo tu- 
vimos á mal consejo, y le retrujimos, y le dijimos 
que cómo enviaba á Méjico no más de para ver la 
ciudad y sus fuerzas; que no era buen acuerdo, 
y que luego los fuesen á llamar que no pasasen 
más adelante; y les escribió que se volviesen lue- 
go. Demás desto, el Bernardino Vázquez de Ta- 
pia ya habia adolecido en el camino de calen- 
turas, y como vieron las cartas, se volvieron; 
y los embajadores con quien iban dieron rela- 
ción dello á su Montezuma, y les preguntó que 
qué manera de rostros y proporción de cuerpos 
llevaban los dos teules que iban á Méjico, y si 
eran capitanes; y parece ser que les dijeron que 
el Pedro de Albarado era de muy linda gracia, 
así en el rostro como en su persona, y que pare- 
cía como al sol y que era capitán; y demás des- 
to, se lo llevaron figurado muy al natural su di- 
bujo y cara, y desde entonces le pusieron nom- 
bre el Tonacio, que quiere decir el sol, hijo del 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. $51 

sol, y así le llamaron de allí adelante, y el Ber- 
nardino Vázquez de Tapia dijeron que era hom- 
bre robusto y de muy buena disposición, que 
también era capitán; y al Montezuma le pesó 
porque se habían vuelto del camino. Y aquellos 
embajadores tuvieron razón de comparallos, así 
en los rostros como en el aspecto de las perso- 
nas y cuerpos, como lo significaron á su señor 
Montezuma; porque el Pedro de Albarado era 
de muy buen cuerpo y ligero, y facciones y pre- 
sencia, y así en el rostro como en el hablar, en 
todo era agraciado, que parecia que estaba rien- 
do; y el Bernardino Vázquez de Tapia era algo 
robusto, puesto que tenia buena presencia; y 
desque volvieron á nuestro real, nos holgamos 
con ellos, y les deciamos que no era cosa acer- 
tada lo que Cortés les mandaba. Y dejemos esta 
materia, pues no hace mucho á nuestra relación, 
y diré de los mensajeros que Cortés envió á 
Cholula, y la respuesta que enviaron, 



CAPITULO LXXXI. 

CÓMO ENVIARON LOS DE CHOLULA CUATRO INDIOS PE 
POCA VALÍA Á DESCULPARSE POR NO HAHER VENIDO 
Á TLASCALA, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. 

Ya he dicho en el capítulo pasado cómo enviój 
nuestro capitán mensajeros á Cholula para que 
nos viniesen á ver á Tlascala ; é los csciques de 



352 BERNAL DÍAZ. 

aquella ciudad, como entendieron lo que Cortés 
les mandaba , parecióles que seria bien enviar 
cuatro indios de poca valía á desculpar é á decir 
que por estar malos no venían , y no trujeron 
bastimento ni otra cosa, sino asi secamente die- 
ron aquella respuesta; y cuando vinieron aque- 
llos mensajeros estaban presentes los caciques 
de Tlascala , é dijeron á nuestro capitán que 
para hacer burla del y de todos nosotros envia- 
ban los de Cholula aquellos indios , que eran 
macegales é de poca calidad. Por manera que 
Cortés les tornó á enviar luego con otros cuatro 
indios de Cempoal á decir que viniesen dentro 
de tres dias hombres principales , pues estaban 
cuatro leguas de alli , é que si no venian , que 
los ternia por rebeldes; y que cuando vengan, 
que les quiere decir cosas que les convienen 
para salvación de sus ánimas , y buena política 
para su buen vivir , y tenellos por amigos y 
hermanos, como son los de Tlascala , sus ve- 
cinos; y que si otra cosa acordaren , y no quie- 
ren nuestra amistad , que nosotros no por eso 
los procuraríamos de descomplacer ni enojarles. 
Y como oyeron aquella amorosa embajada, res- 
pondieron que no habían de venir á Tlascala, 
porque son sus enemigos , porque saben que 
han dicho dellos y de su señor Montezuma mu- 
chos males , y que vamos á su ciudad y salga- 
mos de los términos de Tlascala ; y si no hicie- 
ren lo que deben , que los tengamos por tales 
como les enviamos á decir. Y viendo nuestro 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 353 

capitán que la excusa que decían era muy justa, 
acordamos de ir allá ; y como los caciques de 
Tlascala vieron que determinadamente era nues- 
tra ida por Cholula, dijeron á Cortés: «Pues que 
asi quieres creer á los mejicanos , y no á nos- 
otros, que somos tus amigos, ya te hemos dicho 
muchas veces que te guardes de los de Cholula 
y del poder de Méjico: y para que mejor te pue- 
das ayudar de nosotros , te tenemos aparejados 
diez mil hombres de guerra que vayan en vues- 
tra compañía,» y Cortes les dio muchas gracias 
por ello, é consultó con todos nosotros que no 
seria bueno que llevásemos tantos guerreros á 
tierra que habíamos de procurar amistades , c 
que seria bien que llevásemos dos mil , y estos 
les demandó, y que los demás que se quedasen 
en sus casas. E dejemos esta plática , y diré de 
nuestro camino. 



CAPITULO LXXXII. 

COMO FUIMOS Á LA CIUDAD DE CHOLULA, Y DEL GRAN 

RECEBIMIENTO QUE NOS HICIERON. 



Una mañana comenzamos á marchar pornues- 
tro camino para la ciudad de Cholula, é íbamos 
con el mayor concierto que podíamos; porque, 
45 



354 BERNAL DÍAZ. 

como otras veces he dicho, adonde esp erába- 
mos haber revueltas ó guerras nos apercebia- 
mos muy mejor, é aquel dia fuimos á dormir á 
un rio que pasa obra de una legua chica de Cho- 
lula, adonde está hecha ahora una puente depie- 
dra, é allí nos hicieron unas chozas é ranchos; y 
esa noche enviaron los caciques de Cholula 
mensajeros, hombres principales, á darnos el 
parabién venidos á sus tierras., y trujeron basti- 
mentos de gallinas y pan de su maiz, é dijeron 
que en la mañana vendrían todos los caciques y 
papas á nos recebir é á que les perdonasen por- 
que no habian salido luego; y Cortés les dijo con 
nuestras lenguas doña Marina y Aguilar que se 
lo agradecia, así por el bastimento que traian 
como por la buena voluntad que mostraban; é 
allí dormimos aquella noche con buenas velas y 
escuchas y corredores del campo. Y como ama- 
neció, comenzamos á caminar hacia la ciudad; é 
yendo por nuestro camino, ya cerca de la pobla- 
ción nos salieron á recebir los caciques y papas 
y otros muchos indios, é todos los más traian 
vestidas unas ropas de algodón de hechura de 
raarlotas, como las traian los indios capotecas; 
y esto digo á quien las ha visto y ha estado en 
aquella provincia, porque en aquella ciudad así 
se usan; é venían muy de paz y de buena volun- 
tad, y los papas traian braseros con incienso, 
con que zahumaron á nuestro capitán é á los 
soldados que cerca del nos hallamos. E parece 
ser aquellos papas y principales,, como vieron 



CONQUISTA DE MJEVA-ESPANA. 355 

los indios tlascaltecas que coa nosotros venían, 
dijéronselo á doña Marina que se lo dijese á 
Cortés, que no era bien que de aquella manera 
entrasen sus enemigos con armas en su ciudad; 
y como nuestro capitán lo entendió, mandó á los 
capitanes y soldados y el fardaje que reparáse- 
mos; y como nos vio juntos é que no caminaba 
ninguno, dijo: «Paréceme, señores, que antes 
que entremos en Cholula que demos un tiento con 
buenas palabras á estos caciques é papas, é vea- 
mos qué es su voluntad; porque vienen murmu- 
rando destos nuestros amigos de Tlascala, y tie- 
nen mucha razón en lo que dicen; é con buenas 
palabras les quiero dar á entender la causa por- 
que veniamos á su ciudad. Y porque ya, seño- 
res, habéis entendido lo que nos han dicho los 
tlascaltecas, que son bulliciosos, será bien que 
por bien den la obediencia á su majestad, y esto 
me parece que conviene;» y luego mandó á do- 
ña Marina que llamase álos caciques y papas, 
allí donde estaba á caballo, é todos nosotros 
juntos con Cortés; y luego vinieron tres principa- 
les y dos papas, y dijeron: «Malinche ? perdonad- 
nos porque no fuimos a Tlascala á le ver y llevar 
comida, y no por falta de voluntad, sino porque 
son nuestros enemigos Masse-Escaci y Xicotenga 
é toda Tlascala, é porque han dicho muchos ma- 
les de nosotros é del gran Montezuna, nuestro 
señor, que no basta lo que han dicho, sino que 
ahora tengan atrevimiento con vuestro favor de 
venir con armas á nuestra ciudad;» y que le piden, 



356 BERNAL DÍAZ. 

por merced que les mande volver á sus tierras ó 
á lo menos que se queden en el campo é que no 
entren de aquella manera en su ciudad, é que 
nosotros que vamos mucho en buen hora. E co- 
mo el capitán vio la razón que tenia, mandó 
luego á Pedro de Albarado é al maestre decam- 
po, que era Cristóbal de Olí, que rogasen á los 
tlascaltecas que allí en el campo hiciesen sus 
ranchos y chozas, é que no entrasen con nos- 
otros sino los que llevaban artillería y nues- 
tros amigos los de Cempoal, y les dijesen la 
causa porque se mandaba , porque todos aque- 
llos caciques y papas se temen dellos ; é que 
cuando hubiéremos de pasar de Cholula para 
Méjico que los enviada á llamar, ó que no 
lo hayan por enojo; y como los de Cholula vie- 
ron lo que Cortés mandó, parecía que estaban 
más sosegados, y les comenzó. Cortés á hacer 
un parlamento: diciendo que nuestro Rey y se- 
ñor, cuyos vasallos somos, tiene grandes pode- 
res y tiene debajo de su mando á muchos gran- 
des Príncipes y caciques, y que nos envió á estas 
tierras á les notificar y mandar que no adoren 
ídolos, ni sacrifiquen hombres ni coman de sus 
carnes, ni hagan sodomías ni otras torpedades; 
é que por ser el camino por allí para Méjico, 
adonde vamos á hablar al gran Montezuma, y 
por no haber otro más cercano., venimos por su 
ciudad, y también para tenellos por hermanos; 
é que pues otros grandes caciques han da.do la 
obediencia á su Majestad, que será bien que 



CONQUISTA DI N¥EVA-ESPA?ÍA. 357 

ellos la den, como los demás. E respondieron 
que aún no habernos entrado en su ticira é ya 
les mandamos dejar sus teules, que así llaman á 
sus ídolos , que no lo pueden hacer; y dar la 
obediencia á ese vuestro Rey que decís, les 
place; y así, la dieron de palabra y no ante es- 
cribano. Y esto hecho, luego comenzamos á 
marchar para la ciudad, y era tanta la gente 
que nos salia á ver, que las calles é azuteas es- 
taban llenas; é no me maravillo dello, porque 
no habian visto hombres como nosotros, ni ca- 
ballos, y nos llevaron á aposentar á unas gran- 
des salas, en que estuvimos todos é nuestros 
amigos los de Cerapoal y los tlascaltecas que 
llevaron el fardaje, y nos dieron de comer aquel 
dia é otro muy bien é abastadamente. E quedar- 
se há aquí, y diré lo que más pasamos. 



CAPITULO LXXX1II. 



COMO TENÍAN concertado en esta ciudad de cholula 

DE NOS MATAR POR MANDADO DE MONTEZUMA, Y LO 
QUE SOBRE ELLO PASÓ. 



Habiéndonos recibido tan solemnemente co- 
mo habernos dicho, é ciertamente de buena vo- 
luntad , sino que según después pareció, envió 



358 RERNAL DUZ. 

á mandar Montezuraa á susembajadores que con 
nosotros estaban, que tratasen con los de Cho- 
lula que con un escuadrón de veinte rail hom- 
bres que envió Montezuma, que estuviesen aper- 
cebidospara en entrando en aquella ciudad, que 
todos nos diesen guerra, y de noche y de dianos * 
acapillasen, é los que pudiesen llevar atados de 
nosotros á Méjico, que se los llevasen; é con 
grandes prometimientos que les mandó, y mu- 
chas joyas y ropa que entonces les envió, é un 
atambor de oro; é á los papas de aquella ciudad 
que habían de tomar veinte de nosotros para ha- 
cer sacrificios á sus ídolos; pues ya todo concer- 
tado, y los guerreros que luego Montezuma en- 
vió estaban en unos ranchos é arcabuezos obra de 
media legua de Cholula, y otros estaban ya den- 
tro en las casas, y todos puestos á punto con sus 
armas, hechos mamparos en las azuteas, y en 
las calles hoyos é albarradas para que no pu- 
diesen correr ios caballos, y aun tenian unas ca- 
sas llenas de taras largas y colleras de cueros, 
é cordeles con que nos habian de atar á llevar- 
nos á Méjico. Mejor lo hizo Nuestro Señor Dios, 
que todo se les volvió al revés; é dejémoslo aho- 
ra, é volvamos á decir que, asi como nos aposen- 
taron como dicho hemos, é nos dieron muy bien 
de comer los dias primeros, é puesto que los 
viamos que estaban muy de paz, no dejába- 
mos siempre de estar muy apercebidos , por la 
buena costumbre que en ello teníamos, é al ter- 
cero día ni nos daban de comer ni parecía caci- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 359 

que ni papa; c si algunos indios nos venían á 
ver , estaban apartados , que no llegaban á 
nosotros, 6 riéndose como cosa de burla; é como 
aquello vio nuestro capitán, dijo á doüa Marina 
é Aguilar, nuestras lenguas, que dijese á los 
embajadores del gran Montezuma, que allt es- 
taban, que mandasen á los caciques traer de co- 
mer; é lo que traían era agua y leña, y unos 
viejos que lo traían decian que no tenían maiz, 
é que en aquel dia vinieron otros embajadores 
del Montezuma, é se juntaron con los que esta- 
ban con nosotros, é dijeron muy desvergonza- 
damente é sin hacer acato, que su señor les en- 
viaba á decir que no fuésemos á su ciudad, por- 
que no tenia qué darnos d^ comer, é que luego 
se querían volver á Méjico con la respuesta; é 
como aquello vio Cortés, le pareció mal su plá- 
tica, é con palabras blandas dijo á los embaja- 
dores que se maravillaba de tan gran señor 
como es Montezuma, tener tantos acuerdos, é 
que les rogaba que no se fuesen, porque otro 
dia se querían partir para velle é hacer lo que 
mandase, y aún me parece que les dio unos sar- 
talejos de cuentas; y los embajadores dijeron 
que sí aguardarían; y hecho esto, nuestro capi- 
tán nos mandó juntar, y nos dijo: «Muy des- 
concertada veo esta gente, estemos muy alerta, 
que alguna maldad hay entre ellos;» é luego en- 
vió á llamar al crcique é principal, que ya no se 
me acuerda cómo se llamaba, ó que enviase al- 
gunos principales; é respondió que estaba raalo é 



360 1ERNAL DÍAZ. 

que no podia venir él ni ellos; y como aquello vio 
nuestro capitán, mandó que de un gran cu que 
estaba junto de nuestros aposentos le trujése- 
mos dos papas con buenas razones, porque ha- 
bia muchos en él; trujimos dos dellos sin hacer 
deshonor, y Cortés les mandó dar á cada uno 
un chalchihui, que son muy estimados entre 
ellos, como esmeraldas, c les dijo con palabras 
amorosas, que por qué causa el cacique y prin- 
cipales é todos los más papas están amedrenta- 
dos, que los ha enviado á llamar y no habían 
querido venir; parece ser que el uno de aque- 
llos papas era hombre muy principal entre 
ellos, y tenia cargo ó mando en todos los mas 
cues de aquella ciudad, que debia de ser á ma- 
nera de Obispo entre ellos, y le tenían gran 
acato; é dijo ^ue los que son papas que no te- 
nían temor de nosotros; que si el cacique y 
principales no han querido venir, que él iria á 
les llamar, y que como él les hable, que tiene 
creído que no harán otra cosa y que vendrán; é 
luego Cortés dijo que fuese en buen hora, y 
quedase su compañero allí aguardando hasta que 
viniesen; é fué aquel papa é llamó al cacique é 
principales, é luego vinieron juntamente con él 
al aposento de Cortés, y les preguntó con nues- 
tras lenguas doña Marina é Aguilar, que por 
qué habían miedo épor qué causa no nos daban 
de comer, y que si reciben pena de nuestra es- 
tada en la ciudad, que otro día por la mañana 
nos queríamos partir para Méjico á ver é hablar 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 361 

al señor Montezuma, é que le tengan apareja- 
dos tamemes para llevar el fardaje é tepuzques, 
que son las bombardas; é también, que luego 
traigan comida; y el cacique estaba tan corta- 
do, que no acertaba á hablar, y dijo que la co- 
mida que la buscarian; mas que su señor Monte- 
zuma les ha enviado á mandar que no la diesen, 
ni quería que pasásemos de alli adelante; y es- 
tando en estas pláticas vinieron tres indios de 
los de Gempoal, nuestros amigos, y secretamen- 
te dijeron á Cortes que habían hallado junto 
adonde estábamos aposentados hechos hoyos en 
las calles é cubiertos con madera é tierra, que 
no miraron mucho en ello no se podría ver, é 
que quitaron la tierra de encima de un hoyo, 
que estaba lleno de estacas muy agudas para 
matar los caballos que corriesen, é que las azu- 
teas que las tienen llenas de piedras é mampa- 
ros de adobes; y que ciertamente estaban de 
buen arte, porque también hallaron al barradas 
de maderos gruesos en otra calle; y en aquel 
instante vinieron ocho indios tlascaltecas de los 
que dejamos en el campo, que no entraron en 
Cholulo, y dijeron á Cortés: «Mira, Malinche, 
que esta ciudad está de mala manera, porque 
sabemos que esta noche han sacrificado á su ído- 
lo que es el de la guerra, siete personas, y los 
cinco dellos son niños, porque les dé victoria 
contra vosotros; é también hemos visto que sa- 
can todo el fardaje é mujeres é niños.» Y como 
aquello oyó Cortés, luego los despachó para que 
46 



362 BERNAL DÍAZ. 

fuesen á sus capitanes los tlascaltecas, que es- 
tuviesen muy aparejados si los enviásemos á 
llamar, y tornó á hablar al cacique y papas y 
principales de Cholula que no tuviesen miedo 
ni anduviesen alterados, y que mirasen la obe- 
diencia que dieron, que no la quebrantasen, que 
les castigaría por ello; que ya les ha dicho que 
nos queremos ir por la mañana, que ha menes- 
ter dos milhombres de guerra de aquella ciu- 
dad que vayan con nosotros, como nos han dado 
los de Tlascala, porque en los caminos los ha- 
brá menester ; é dijeronle que sí darian así 
los hombres de guerra como los del farda- 
je é demandaron licencias para irse luego á 
los apcrcebir, y muy contentos se fueron, por- 
que creyeron que con los guerreros que ha- 
bían de dar é con las capitanías de Montezuma 
que estaban en los arcabuezos y barrancas, que 
allí de muertos ó presos no podríamos escapar, 
por causa que no podrían correr ios caballos; y 
por ciertos mamparos y albarradas, que dieron 
luego por aviso á los que estaban en guarnición 
que hiciesen á manera de callejón que no pudié- 
semos pasar, y les avisaron que otro día había- 
mos de partir, é que estuviesen muy á punto 
todos, porque ellos darian dos mil hombres de 
guerra; é como fuésemos descuidados, que allí 
harían su presa los unos y los otros, é nos podían 
atar; é que esto que lo tuviesen por cierto, por- 
que ya habían hecho sacrificios á sus ídolos de 
guerra y les han prometido la vitoria. Y deje- 



COWQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 863 

mos de hablar en ello, que pensaban que seria 
cierto; é volvamos á nuestro capitán, que quiso 
saber muy por extenso todo el concierto y lo 
que pasaba; y dijo á doña Marina que llevase 
más chalchihuis á los dos papas que habia ha- 
blado primero, pues no tenia miedo, é con pala- 
bras amorosas les dijese que les quería tornar á 
hablar Malinche, é que los trújese consigo; y la 
doña Marina fué y les habló de tal manera, que 
lo sabia muy bien hacer,, y con dádivas vinieron 
luego con ella; y Cortés les dijo que dijesen la ver- 
dad de lo que supiesen, pues eran Sacerdotes de 
ídolos é principales, que no habían de mentir; é 
que lo que dijesen, que no seria descutterto 
por vía ninguna, pues que otro día nos había- 
mos de partir, é que les daria mucha ropa; é dije- 
ron que la verdad es , que su señor Montezuma 
supo que íbamosáaquella ciudad, é que cadadia 
estaba en muchos acuerdos, é que no determi- 
ba bien la cosa; é que unas veces les enviaba á 
mandar que si allí fuésemos que nos hiciesen 
mucha honra é nos encaminasen á su ciudad , é 
otras veces les enviaba á decir que ya no era 
su voluntad que fuésemos á Méjico: é que ahora 
nuevamente le han aconsejado su Tezcatepuca 
y su Huichilóbos, en quien ellos tienen gran de- 
voción, que allí en Cholu'a los matasen, ó lle- 
vasen atados á Méjico. E que habia enviado el 
dia antes veinte mil hombres de guerra, y la 
mitad están aquí dentro de esta ciudad é la otra 
mitad están cerca de aquí entre unas quebrar 



364 BIUNAL DÍAZ. 

das, é que ya tienen aviso que os habéis de ir 
mañana, y de las albarradas que se mandaron 
hacer y de los dos mil guerreros que os habe- 
rnos de dar, é cómo tenian ya hechos conciertos 
que habían de quedar veinte de nosotros para 
sacrificar á los ídolos de Cholula. Y sabido todo 
esto. Cortés les mandó dar mantas muy labra- 
das, y les rogó que no lo dijesen, porque si lo 
descubrian, que á la vuelta que volviésemos de 
Méjico los matarian; é que se querían ir muy 
de mañana, é que hiciesen venir todos los caci- 
ques para hablalles, como dicho les tiene; y 
luego aquella noche tomó consejo Cortés de lo 
que habíamos de hacer, porque tenia muy ex- 
tremados varones y de buenos consejos; y como 
en tales casos suele acaecer, unos decían que 
seria bien torcer el camino é irnos para Guaxo- 
cingo, otros decían que procurásemos haber paz 
por cualquiera vía que pudiésemos , y que nos 
volviésemos á Tlascala; otros dimos parecer que 
si aquellas traiciones dejábamos pasar sin cas- 
tigo, que en cualquiera parte nos tratarían otras 
peores y pues que estábamos allí en aquel gran 
pueblo é habia hartos bastimentos, les diésemos 
guerra, porque más la sentirían en sus casas que 
no en e! campo, y que luego apercibiésemos á 
á los tlascaitecas que se hallasen en ello. Yá 
todos pareció bien este postrer acuerdo, y fué 
desta manera: que ya que les había dicho Cor- 
tés que nos habíamos de partir para otro dia, 
que hiciésemos que liábamos nuestro hato, 



COIÍOÜISTA DE NUEVA-ESPANA. 365 

que era harto poco, y que unos grandes pa- 
tios que habia donde posábamos , estaban con 
altas cercas, que diésemos en los indios de guer- 
ra, pues aquello era sn merecido , y que con los 
embajadores de Montezuma disimulásemos, y 
les dijésemos que los malos de los cholultecas 
han querido hacer una traición, y echar la cul- 
pa della á su señor Montezuma, é á ellos mis- 
mos como sus embajadores; lo cual no creíamos 
que tal mandase hacer, y que les rogábamos 
que se estuviesen en el aposento de nueséro ca- 
pitán, é no tuviesen más plática con los de 
aquella ciudad, porque no nos den que pensar 
andan juntamente con ellos en las traiciones, y 
para que se vayan con nosotros é Méjico por 
guias; y respondieron que ellos ni su señor Mon- 
tezuma no saben cosa ninguna de lo que les di- 
cen; y aunque no quisieron, les pusimos guardas 
porque no se fuesen sin licencia y porque no su- 
piese Montezuma que nosotros sabíamos que él 
era quien lo habia mandado hacer ; é aquella 
noche estuvimos muy apercebidos y armados, y 
los caballos ensillados y enfrenados, con gran- 
des velas y rondas, que esto siempre lo teníamos 
de costumbre, porque tuvimos por cierto que 
todas las capitanías así de mejicanos como de 
cholultecas, aquella noche habían de dar sobre 
nosotros; y una india vieja, mujer de un caci- 
que, como sabia el concierto y trama que tenían 
ordenado, vino secretamente á doña Marina, 
nuestra lengua, y como la vio moza y de buen 



366 BERNAL DÍAZ. 

parecer y rica, le dijo y aconsejó que se fuese 
con ella á su casa si queria escapar la vida, 
porque ciertamente aquella noche ó otro día 
nos habían de matará todos, porque ya estaba 
así mandado y concertado por el gran Montezu- 
ma, para que éntrelos de aquella ciudad y los 
mejicanos se juntasen, y no quedase ninguno de 
nosotros á vida, ó nos llevasen atados á Méjico; 
y porque sabe esto, y por mancilla que tenia de 
la doña Marina, se lo venia á decir, y que toms- 
se todo su hato y se fuese con ella á su casa, y 
que allí la casaría con un su hijo, hermano de 
otro mozo que traia la vieja, que la acompaña- 
ba. E como lo entendió la doña Marina, y en to- 
do era muy avisada, le dijo: «¡Oh madre, qué 
mucho tengo que agradeceros eso que me decís! 
Yo me fuera ahora, sino que no tengo de quién 
fiarme para llevar mis mantas y joyas de oro, 
que es mucho. Por vuestra vida, madre, que 
aguardéis un poco vos y vuestro hijo, y esta 
noche nos iremos; que ahora ya veis que estos 
teules están velando, y sentirnos han;» y la vie- 
ja creyó lo que la decia, y quedóse con ella pla- 
ticando y le preguntó que de qué manera nos * 
habían de matar, é cómo é cuando se hizo el 
concierto; y la vieja se lo dijo ni más ni menos 
que lo habían dicho los dos papas; é respondió la 
doña Marina: «Pues ¿cómo siendo tan secreto 
ese negocio, lo alcanzastes vos á saber?» Dijo 
que su marido se lo habia dicho, que es capitán 
de una parcialidad de aquella ciudad , y como 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 367 

tal capitán está ahora con la gente de guerra 
que tiene á cargo, dando orden para que se jun- 
ten en las barrancas con los escuadrones del 
gran Montezuma, y que cree estarán juntos es- 
perando para cuando fuésemos, y que allí nos 
matarían ; y que esto del concierto que lo sabia 
tres dias habia, porque de Méjico enviaron á su 
marido un atambor dorado, é á otras tres capita- 
nías también les enrió ricas mantas y joyas de 
oro, porque nos llevasen á todos á su señor Mon- 
tezuma; y la doña Marina, como lo oyó, disimu- 
ló con la vieja, y dijo: «¡Oh cuánto me huelgo 
en saber que vuestro hijo con quien me queréis 
casar es persona principal! Mucho hemos estado 
hablando; no querría que nos sintiesen: por eso, 
madre, aguardad aquí, comenzaré á traer mi 
hacienda, porque no lo podré sacar todo junto; 
é vos é vuestro hijo, mi hermano, lo guardareis, 
y luego nos podremos ir;» y la vieja todo se lo 
creia, y sentóse de reposo la vieja , ella y su 
hijo ; y la doña Marina entra de presto donde 
estaba el capitán Cortés , y le dice todo lo que 
pasó con la india ; la cual luego la mandó 
traer ante él, y la tornó á preguntar sobre las 
traiciones y conciertos , y le dijo ni más ni me- 
nos que los papas, y le pusieron guardas porque 
no se fuese ; y cuando ameneció era cosa de 
ver la priesa que traían los caciques y papas 
con los indios de guerra, con muchas risadas 
y muy contentos , como si ya nos tuvieran me- 
tidos en el garlito é redes; é trujeronmás indios 



368 BERNAL DIa£. 

de guerra que les pedimos, que no cupieron en 
los patios, por muy grandes que son, que aún 
todavía se están sin deshacer por memoria de 
lo pasado; é por bien de mañana que vinieron 
los cholultecas con la gente de guerra, ya todos 
nosotros estábamos muy á punto para lo que se 
había de hacer, y los soldados de espada y rodela 
puestos á la puerta del gran patio para no dejar 
salir á ningún indio délos que estaban con ar- 
mas, y nuestrocapitan también est aba á caballo, 
acompañado de muchos soldados para su guar- 
da; y cuando vio que tan de mañana habian ve- 
nido los caciques y papas y gente de guerra, di- 
jo: «¡Qué voluntad tienen estos traidores de 
vernos entre las barrancas para se hartar de 
nuestras carnes! Mejor lo hará nuestro Señor;» 
preguntó por los dos papas que habian descu- 
bierto el secreto, y le dijeron que estaban á la 
puerta del patio con otros caciques que quedan 
entrar, y mandó Cortés á Aguilar, nuestra len- 
gua, que les dijesen que se fuesen á sus casas, é 
que ahora no tenían necesidad del los; y esto fué 
por causa que, pues nos hicieron buena obra, no 
recibiesen mal por ella, porque no los matasen, 
é como Cortés estaba á caballo, é doña Marina 
junto á él, comenzó á decir á los caciques é 
papas que, sin hacelles enojo ninguno, á qué 
causa nos querían matar la noche pasada. E 
que si les hemos hecho ó dicho cosa que nos 
tratasen aquellas traiciones, mas de amonesta- 
lles las cosas que á todos los mas pueblos por 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 369 

donde hemos venido les decimos, que no sean 
malos ni sacrifiquen hombres, ni adoren sus ído- 
los ni coman las carnes de sus prójimos; que no 
sean someticos é que tengan buena manera en 
su vivir, y decirles las cosas tocantes á nuestra 
santa fe, y esto sin apremialles en cosa ninguna; 
é áqué fin tienen ahora nuevamente aparejadas 
muchas varas largas y recias como colleras, y 
muchos cordeles en una casa junto al gran cu, 
é por qué han hecho de tres dias acá al barradas 
en las calles é hoyos é pertrechos en las azu- 
teas, é por qué han sacado de su ciudad sus 
hijos é mujeres y hacienda; é que bien se ha pa- 
recido su mala voluntad y las traiciones, que 
no las pudieron encubrir, que aun de comer no 
nos daban, que por burla traian agua y leña, 
y decían que no habia maíz; y que bien sabe 
que tienen cerca de allí en unas barrancas mu- 
chas capitanías de guerreros esperándonos, cre- 
yendo que habíamos de ir por aquel camino á 
Méjico, para hacer la traición que tienen acor- 
dada, con otra mucha gente de guerra que esta 
noche se ha juntado con ellos; que pues en pago 
de que los venian á tener por hermanos é ded- 
iles lo que Dios nuestro Señor y el Rey manda, 
nos querían matar é comer nuestras carnes, que 
ya tenían aparejadas las ollas con sal é ají é to- 
mates; que si esto querían hacer, que fuera me- 
jor nos dierran guerra como esforzados y bue- 
nos guerreros en los campos, como hicieron sus 
vecinos los tlascaltecas; é que sabe por muy 
47 



370 RERNAL DUZ. 

cierto lo que tenían concertado en aquella ciu- 
dad y aun prometido á su ídolo abogado de la 
guerra, y que le habían de sacrificar veinte de 
nosotros delante del ídolo, y tres noches antes 
ya pasadas que le sacrificaron siete indios por- 
que les diese vitoria, la cual les prometió; é 
como es malo y falso, no tiene ni tuvo poder 
contra nosotros; y que todas estas maldades y 
traiciones que han tratado y puesto por la obra, 
han de caer sobre ellos; y esta razón se lo decia 
doña Marina, y se lo daban muy bien á enten- 
der; y como lo oyeron los papas y caciques y 
capitanes, dijeron que asi es verdad lo que les 
dice, y que dello no tienen culpa, porque los 
embajadores de Montezuma lo ordenaron por 
mandado de su señor. Entonces les dijo Cortés 
que tales traiciones como aquellas, que mandan 
las leyes reales que no queden sin castigo, é que 
que por su delito que han de morir; é luego 
mandó soltar una escopeta, que era la señal que 
teníamos apercebida para aquel efecto, y se les 
dio una mano que se les acordara para siempre, 
porque matamos muchos dellos, y otros se que- 
maron vivos, que no les aprovechó las prome- 
sas de sus falsos ídolos; y no tardaron dos horas 
que no llegaron allí nuestros amigos los tlas- 
caltecas que dejamos en el campo, como ya he 
dicho otra vez, y peleaban muy fuertemente en 
las calles, donde los cholultecas tenían otras 
capitanías defendiéndolas porque no les entráse- 
mos, y de presto fueron desbaratadas, y iban 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 87 1 

por la ciudad robando y cautivando, que no los 
podiamos detener; y otro dia vinieron otras ca- 
pitanías de las poblaciones de Tiascala, y les 
hacían grandes daños, porque estaban muy mal 
con los de Cholula; y como aquello vimos, asi 
Cortés como los demás capitanes y soldados, por 
mancilla que hubimos dellos, detuvimos á los 
tlascaltecas quo no hiciesen mas mal; y Cortés 
mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de 
Olí que le trujesen todas las capitanías de 
Tiascala para les hablar, y no tardaron de venir, 
y les mandó que recojiesen toda su gente y se 
estuviesen en el campo, y así lo hicieron, que 
no quedó con nosotros sino los de Cempoal; y 
en aquel instante vinieron ciertos caciques y 
papas cholultecas que eran de otros barrios, 
que no se hallaron en las traiciones, según ellos 
decían (que, como es gran ciudad, era bando y 
parcialidad por sí), y rogaron á Cortés y á to- 
dos nosotros que perdonásemos el enojo de las 
traiciones que nos tenían ordenadas, pues los 
traidores habían pagado con las vidas; y luego 
vinieron les dos papas amigos nuestros que nos 
descubrieron el secreto, y la vieja mujer del ca- 
pitán que quería ser suegra de doña Marina (co- 
mo ya he dicho otra vez), y todos rogaron á 
Cortés fuesen perdonados. Y Cortés cuando se lo 
decían mostró tener grande enojo, y mandó lia-? 
mar á los embajadores de Montezuma que esta- 
ban detenidos en nuestra compañía, y dijo que, 
puesto que toda aquella ciudad merecía ser aso* 



372 BERNAL DÍAfc. 

láda y que pagaran con las vidas, que teniendo 
respeto á su señor Montezunia, cuyos vasallos 
son, los perdona, é que de allí adelante que sean 
buenos, é no les acontezca otra como la pasa- 
da, que morirán por ello. Y luego mandó llamar 
los caciques de Tlascala que estaban en el cam- 
po, é les dijo que volviesen los hombres y mu- 
jeres que habían cautivado, que bastaban los 
males que habian hecho. Y puesto que se les 
hacia de mal de volvello, é decían que de mu- 
chos más daños eran merecedores por las trai- 
ciones que siempre de aquella ciudad han re- 
cibido, por mandallo Cortés volvieron muchas 
personas; mas ellos quedaron desta vez ricos 
asMe oro é mantas, é algodón y sal é escla- 
vos. Y demás desto, Cortés los hizo amigos con 
los de Cholula, que á lo que después vi é enten- 
dí, jamas quebráronlas amistades; é más les 
mandó á todos los papas é caciques cholultecas 
que poblasen su ciudad é que hiciesen tian- 
gues é mercados, é que no hubiesen temor, que 
no se les haria enojo ninguno ; y respondieron 
que dentro en cinco dias harían poblar toda la 
ciudad, porque en aquella sazón todos los más 
vecinos estaban amontados , é dijeron que te- 
mían que Cortés les nombrase cacique, por- 
que el que solia mandar fué uno de los que 
murieron en el patio. E luego preguntó que 
á quién le venia el cacicazgo, é dijeron que á 
un su hermano ; al cual luego le señaló por go- 
bernador , hasta que otra cosa fuese mandada. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 373 

Y demás desto, desque vio la ciudad poblada y 
estaban seguros en sus mercados, mandó que 
se juntasen los papas y capitanes con los demás 
principales de aquella ciudad, y se les dio á 
entender muy claramente todas las cosas to- 
cantes á nuest ra santa fe, é que dejasen de ado- 
rar ídolos, y no sacrificasen ni comiesen carne 
huma na, ni se robasen unos á otros, ni usasen 
las torpedades que solian usar, y que mirasen 
que sus ídolos los traen engañados, y que son 
malos y no dicen verdad, é que tuviesen memo- 
ria que cinco dias habia de las mentiras que les 
prometieron que les darían vitoria cuando sacri- 
fic aron las siete personas, é cómo todo cuanto 
dicen á los papas é á ellos es todo malo, é que 
les rogaba que luego los derrocasen é hiciesen 
pedazos, y si ellos no querían , que nosotros los 
quitaríamos, é que hiciesen encalar uno como 
humilladero , donde pusimos una cruz. Lo de la 
cruz luego lo hicieron, y respondieron que qui- 
tarían los ídolos; y puesto que se lo mandó mu- 
chas veces que los quitasen, lo dilataban. Y en- 
tonces dijo el Padre de la Merced á Cortés que 
era por demás á los principios quitalles sus ído- 
los, hasta que vayan entendiendo más las co- 
sas, y ver en qué paraba nuestra entrada en 
Méjico, y el tiempo nos diria lo que habíamos 
de hacer, que al presente bastaba las amonesta- 
ciones que se les habia hecho , y ponelles la 
cruz. Dejaré de hablar desto, y diré cómo aque- 
lla ciudad está asentada en un 11 ano y en parte 



374 BERNAL DÍAZ. 

é sitio donde están muchas poblaciones cerca- 
nas, que es Tepeaca, Tlascala , Chalco , Teca- 
machalco, Guaxocingo é otros muchos pueblos, 
que por ser tantos , aquí no los nombro ; y es 
tierra de maíz é otras legumbres , é de mucho 
ají, y toda llena de maijales , que es de lo que 
hacen el vino, é hacen en ella muy buena loza 
de barro colorado é prieto é blanco, de diversas 
pinturas, é se bastece della Méjico y todas las 
provincias comarcanas , digamos ahora como en 
Castilla lo de Talavera é Palencia. Tenia aque- 
lla ciudad en aquel tiempo sobre cien torres 
muy altas , que eran cues é adoratorios donde 
estaban sus ídolos, especial el cu mayor era de 
más altor que el de Méjico, puesto que era muy 
suntuoso y alto el cu mejicano , y tenia otros 
cien patios par a el servicio de los cues ; y según 
entendimos, habia alli un ídolo muy grande , el 
nombre del no me acuerdo , más entre ellos te- 
nían gran devoción y venían de muchas partes 
á le sacrificar , en tener como á manera de 
novenas, y le presentaban de las haciendas que 
tenían. Acuerdóme que cuando en aquella ciu- 
dad entramos, que cuando vimos tan altas tor- 
res y blanquear, nos pareció al propio Vallado- 
lid. Dejemos de hablar desta ciudad y todo lo 
acaecido en ella, y digamos cómo los escuadro- 
nes que habia enviado el gran Montezuma , que 
estaban ya presos entre los arcabuezos que es- 
tán cabe Cholula, y tenían hechos mamparos y 
callejones para que no pudiesen correr los ca- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 375 

ballos, como lo tenían concertado, como ya otra 
vez he dicho; é como supieron lo acaecido , se 
vuelven más que de paso para Méjico , y dan 
relación á su Montezuma según y de la manera 
que todo pasó ; y por presto que fueron, ya te- 
níamos la nueva de dos principales que con nos- 
otros estaban, que fueron en posta; y supimos 
muy de cierto que cuando lo supo Montezuma 
que sintió gran dolor y enojo , é que luego sa- 
crificó ciertos indios á su ídolo Huichilóbos, que 
le tenían por dios de la guerra, porque les dijese 
en qué había de parar nuestra ida á Méjico, ó si 
nos dejaría entrar en su ciudad; y aún supimos 
que estuvo encerrado en sus devociones y sacri- 
ficios dos dias , juntamente con diez papas los 
más principales, y hubo respuesta de aquellos 
ídolos que tenían por dioses, y fué que le acon- 
sejaron que nos enviase mensajeros á disculpar 
de lo de Cholula, y que con muestras de paz nos 
deje entrar en Méjico , y que estando dentro, 
con quitarnos la comida é agua, ó alzar cual- 
quiera de las puentes, nos mataría, y que en un 
día, sinos daba guerra, no quedaría uno de 
nosotros á vida, y que allí podría hacer sus 
sacrificios, así al Huichilóbos, que les dio esta 
respuesta, como á Tezcatecupa , que tenían por 
dios del infierno, é se hartarían de nuestros 
muslos y piernas y brazos t y de las tripas y el 
cuerpo y todo lo demás hartarían las culebras y 
serpientes é tigres que tenían en unas casas 
de madera , como adelante diré en su tiem- 



376 BBRWAL DÍAZ. 

po y lugar. Dejemos de hablar de lo que 
Montezuma sintió de lo sobredicho, y digamos 
cómo esta cosa ó castigo de Cholula fué sabido 
en todas las provincias de la Nueva-España. Y 
si de antes teníamos fama de esforzados, y 
habian sabido de las guerras de Potonchan y 
Tabasco y de Cingapacinga y lo de Tlascala, 
y nos llamaban teules , que es nombre como 
sus dioses ó cosas malas , desde alli adelante 
nos tenian por adivinos, y decían que no se nos 
podria encubrir cosa ninguna mala que contra 
nosotros tratasen , que no lo supiésemos , y á 
esta causa nos mostraban buena voluntad. Y 
creo que estarán hartos los curiosos letores de 
oir esta relación de Cholula, é ya quisiera habe- 
lia acabado de escribir. Y no puedo dejar de traer 
aquí á la memoria las redes de maderos gruesos 
que en ella hallamos ; las cuales tenian llenas 
de indios y muchachos á cebo , para sacrificar y 
comer sus carnes; las cuales redes quebramos, y 
los indios que en ellas estaban presos les mandó 
Cortés que se fuesen adonde eran naturales , y 
con amenazas mandó á los capitanes y papas de 
aquella ciudad qué no tuviesen más indios de 
aquella manera ni comiesen carne humana , y 
asi lo prometieron. Mas, qué aprovechaban 
aquellos prometimientos , que no lo cumplían? 
Pasemos ya adelante, y digamos que aquestas 
fueron las grandes crueldades que escribe y 
nunca acaba de decir el señor obispo de Chiapa, 
don fray Bartolomé de las Casas; porque afirma 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 377 

y dice que sin causa ninguna , sino por nuestro 
pasatiempo y porque se nos antojó , se hizo 
aquel castigo. Y también quero decir que unos 
buenos religiosos franciscos , que fueron los 
primeros frailes que su majestad envió á esta 
Nueva-España después de ganado Méjico , se- 
gún adelante diré, fueron á Choluia para saber 
y pesquisar é inquirir cómo y de qué manera 
pasó aquel castigo, é por qué causa , é la pes- 
quisa que hicieron fué con los mismos papas é 
viejos de aquella ciudad; y después de bien sa- 
bido dellos mismos, hallaron ser ni más ni me- 
nos que en esta mi relación escribo ; y si no se 
hiciera aquel castigo, nuestras vidas estaban en 
harto peligro , según los escuadrones y capita- 
nías tenían de guerreros mejicanos y de los na- 
turales de Choluia , é albarradas é pertrechos; 
que si aili por nuestra desdicha nos mataran, 
esta Nueva-España no se ganara tan presto ni 
se atreviera á venir otra armada , é ya que 
viniera, fuera con gran trabajo , porque les de- 
fendieran los puertos , y se estuvieran siempre 
en sus idolatrías. Yo he oido.» decir á un fraile 
francisco de buena vida , que se decia fray To- 
ribio Montelmea ., que si se pudiera excusar 
aquel castigo , y ellos no dieran causa á que se 
hiciese , que mejor fuera; mas ya que se hizo, 
que fué bueno para que todos los indios de to- 
das las provincias de la Nueva-España viesen 
y conociesen que aquellos ídolos y los demás 
son malos y mentirosos , y que viendo que lo 
4$ 



378 BERNAL DÍAZ. 

que les habia prometido salió al revés, que per- 
diesen la devoción que antes tenían con ellos, y 
que desde alli en adelante no le sacrificaban ni 
venian en romeria de otras partes, como solían; 
y desde entonces no curaron más del , y le qui- 
taron del alto cu donde estaba, y lo escondieron 
ó quebraron, que no pareció más., y en su lugar 
habían puestro otro ídolo. Dejémoslo ya, y diré 
lo que más adelante hicimos. 



CAPITULO LXXXIV. 



DE CIERTAS PLATICAS E MENSAJEROS QUE ENVIAMOS AL 
GRAN MONTEZUMA. 



Como habían ya pasado catorce dias que es- 
tábamos en Cholula, y no teníamos en qué en- 
tender, y vimos que quedaba aquella ciudad 
muy poblada, é hacían mercados, é habíamos 
hecho amistades entre ellos y los de Tlascala, 
les teníamos puesto una cruz é amonestádoles las 
cosas tocantes á nuestra santa fe, y víamos que 
el gran Montezuma enviaba á nuestro real es- 
pías encubiertamente á saber é inquirir qué era 
nuestra voluntad, é si habíamos de pasar ade- 
lante para irá su ciudad, porque todo lo alcan- 
zaba á saber muy enteramente por dos embaja- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. S?9 

dores que estaban en nuestra compañía; acordó 
nuestro capitán de entrar en consejo con ciertos 
capitanes é algunos soldados que sabia que le 
tenian buena voluntad, y porque, demás de ser 
muy esforzados, eran de buen consejo; porque 
ninguna cosa hacia sin primero tomar sobre ello 
nuestro parecer. Y fué acordado que blanda y 
amorosamente enviásemos á decir al gran Mon- 
tezuma que para cumplir con lo que nuestro Rey 
y señor nos envió á estas partes, hemos pasado 
muchos mares é remotas tierras, solamente para 
le ver é decille cosas que le serian muy prove- 
chosas cuando las haya entendido; que viniendo 
que veníamos camino de su ciudad, porque sus 
embajadores nos encaminaron por Cholula, que 
dijeron que eran sus vasallos; é que dos dias, los 
primeros que en ella entramos , nos recibieron 
muy bien, é para otro día tenian ordenada una 
traición, con pensamiento de matarnos; y por- 
que somos hombres que tenemos tal calidad, 
que no se nos puede encubrir cosa de trato ni 
traición ni maldad que contra nosotros quieran 
hacer, que luego no la sepamos; é que por esta 
causa castigamos á algunos de los qne que- 
rían ponerlo por obra. E que porque supo que 
eran sus sujetos, teniendo respeto á su persona 
y á nuestra gran amistad t dejó de matar y aso- 
lar todos los que fueron en pensar en la trai- 
ción; y lo peor de todo esto es, que dijeron los 
papas é caciques que por consejo é mandado 
del y de sus embajadores lo querían hacer ; lo 



3S0 BERNAL BIAfc. 

cual nunca creímos que tan gran señor como él 
es tal mandase , especialmente habiéndose dado 
por nuestro amigo; y tenemos colegido de su 
persona que, ya que tan mal pensamiento sus 
ídolos le pusieron de darnos guerra , que seria 
en el campo; mas en tanto teníamos que pelease 
en campo como en poblado , que de dia que de 
noch?, porque los mataríamos á quien tal pen- 
sase hacer. Mas como lo tiene por grande ami- 
go y le desea ver y hablar , luego nos partimos 
para su ciudad á dalle cuenta muy por entero de 
lo que el Rey nuestro señor nos mandó. Y como 
el Montezuma oyó esta embajada , y entendió 
que por lo de Cholula no le poníamos culpa, 
oimos decir que tornó á entrar con sus papas en 
ayunos é sacrificios que hicieron á sus ídolos, 
para que se tornase á retificar que si nos deja- 
ría entrar en su ciudad ó no, y si se lo tornaba 
á mandar, como le había dicho otra vez. Y la 
respuesta que les tornó á dar fué como la pri- 
mera, y que de hecho nos deje entrar , y que 
dentro nos mataría á su voluntad. Y más 
le aconsejaron sus capitanes y papas , que si 
ponía estorbo en la entrada, que le haríamos 
guerra en los pueblos sus sujetos, teniendo, co- 
mo teníamos, por amigos á los tlascallecas y 
todos los totonaques de la sierra, é otros pue- 
blos que habían tomado nuestra amistad , y por 
excusar estos males, que mejor y más sano con- 
sejo es el que les ha dado su Huichilóbos. De- 
jemos de más decir de lo que Montezuma tenia 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. Sil 

acordado, é diré lo que sobre ello hizo, y cómo 
acordamos de ir camino de Méjico, y estando 
de partida llegaron mensajeros de Montezuma 
con un presente, y lo que envió á decir. * 



CAPITULO LXXXV. 





CÓMO EL GRAN MONTEZUMA ENVIÓ UN PRESENTÍ DE 
ORO, Y LO QUE ENVIÓ Á DECIR, Y CÓMO ACOR! AMOS 
IR CAMINO DE MÉJICO, Y LO QUE MAS ACAECIÓ. 



Cómo el gran Montezuma hubo tomado otra 
vez consejo con sus Huichilóbos é papas é capi- 
tanes, y todos le aconsejaron que nos dejase en- 
trar en su ciudad, é 4ue allí nos matarían á su 
salvo. Y después que oyó las palabras que le 
enviamos á deeir acerca de nuestra amistad , é 
también otras razones bravosas, cómo somos 
hombres que no se nos encubre traición que 
contra nosotros se trate, que no lo sepamos, y 
que en lo de la guerra, que eso se nos da que 
sea en el campo ó en poblado, que de noche ó 
de dia, ó de otra cualquier manera; é como ha- 
bía entendido las guerras de Tlascala, é habia 
sabido lo de Potonchan éTabasco éCingapacin- 
ga, é agora lo de Cholula, estaba asombrado y 
aun temeroso; y después de muchos acuerdos 



382 BSKNAL DÍAZ. 

que tuvo, envió seis principales con un presen- 
te de oro y joyas de mucha diversidad de he- 
churas, que valdria, á lo que juzgaban, sobre dos 
mil pesos, ¡y también envió ciertas cargas de man- 
tas muy ricas de primas labores; é cuando aque- 
llos principales llegaron ante Cortés con el pre- 
sente, besaron la tierra con la mano, y con gran 
acato, como entre ellos se usa, dijeron: «Malin- 
che, nuestro señor el gran Montezuma te envia 
este presente, y dice que lo recibas con el amor 
grande que te tiene é á todos vuestros herma- 
nos, é que le pesa del enojo que les dieron los de 
Cholula, é quisiera que los castigaras más en 
sus personas , que son malos y rnentirosos , é 
que las maldades que ellos querían hacer , le 
echaban á él la culpa é á sus embajadores ; é 
que tuviésemos por muy cierto que era nues- 
tro amigo , é que vamos á su ciudad cuando 
quisiéremos , que puesto que él nos quiere 
hacer mucha honra, como á personas tan esfor- 
zadas y mensajeros de tan alto Rey como decis 
que es, é porque no tiene que nos dar de comer, 
que á la ciudad se lleva todo el bastimento de 
acarreo, por estar en la laguna poblados , no lo 
podia hacer tan cumplidamente ; mas que él 
procurará de hacernos toda la más honra que 
pudiere, y que por los pueblos por donde ha- 
bíamos de pasar , que él ha mandado que nos 
den lo que hubiéremos menester;» é dijo otros 
muchos cumplimientos de palabra. Y como Cor- 
tés lo entendió por nuestras lenguas , recibió 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 383 

aquel presente con muestras de amor , é abrazó 
á los mensajeros y les mandó dar ciertos dia- 
mantes torcidos , é todos nuestros capitanes é 
soldados nos alegramos con tan buenas nuevas, 
é mandarnos que vamos á su ciudad , porque de 
dia en dia lo estábamos deseando todos los más 
soldados , especiai los que no dejábamos en 
la isla de Cuba bienes ningunos , é habíamos 
venido dos veces á descubrir primero que Cor- 
tés. Dejemos esto , y digamos cómo el capitán 
les dio buena respuesta y muy amorosa y mandó 
que se quedasen tres mensajeros de los que 
vinieron con el presente, para que fuesen con 
nosotros por guías, y los^otros tres volvieron con 
la respuesta á su señor, y les avisaron que ya 
íbamos camino. Y después que ^aquella nuestra 
partida entendieron los caciques mayores de 
Tlascala, que se decian XicoteDga el viejo é 
ciego, y Masse-Escaci, los cuales he nombrado 
otras veces, les pesó en el alma, é enviaron á 
decir á Cortés que ya le habian dicho muchas 
veces que mirase lo que hacia, é se guardase de 
entrar en tan grande ciudad, donde habia tantas 
fuerzas y tanta multitud de guerreros; porque 
un dia ó otro nos darían guerra, étemian que no 
podriamos salir con las vidas; é que por la buena 
voluntad que nos tienen, que ellos quieren en- 
viar diez mil hombres con capitanes esforzados, 
que vayan con nosotros con bastimento para el 
camino. Cortés les agradeció mucho su buena 
voluntad, y les dijo que no era justo entrar en 



gg'4 BERNAL DÍAS?. 

Méjico con tanta copia de guerrera, especial- 
mente siendo tan contrarios los unos de los 
otros; que solamente habia menester mil hom- 
bres para llevar los tepuzques é fardaje é para 
adobar algunos caminos. Ya he dicho otra 
vez que tepuzques en estas partes dicen por los 
tiros, que son de hierro, que llevábamos; y 
luego despacharon los mil indios muy aperce- 
bidos; é ya que estábamos muy á punto para 
caminar, vinieron á Cortés los caciques é todos 
los más principales guerreros de Cempoal que 
andaban en nuestra compañía, y nos sirvie- 
ron muy bien y lealmente, é dijeron que se 
quedan volver á Cempoal, y que no pasarían 
de Cholula adelante para ir á Méjico, porque 
cierto que tenían que si allá iban, que habian de 
morir ellos y nosotros , é que el gran Montezu- 
ma los mandaría matar , porqué eran personas 
muy principales de los de Cempoal , que fueron 
en qui talle la obediencia é en que no se le diese 
tributo, y en aprisionar sus recaudadores cuando 
hubo la rebelión ya por mí otra vez escrita en 
esta relación. Y como Cortés les vio que con 
tanta voluntad le demandaban aquella licencia, 
les respondió con doña Marina é Aguilar que 
no hubiesen temor ninguno de que recibirían 
mal ni daño , é que , pues iban en nuestra com- 
pañia, que, ¿quién habia de ser osado á los eno- 
jar á ellos ni á nosotros? E que les rogaba que 
mudasen su voluntad é que se quedasen con 
nosotros, y les prometió que les haría ricos; é 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 385 

por más que se lo rogó Cortés é doña Marina 
se lo decía muy afectuosamente , nunca quisie- 
ron quedar, sino que se querian volver ; é como 
aquello vio Cortés > dijo: «Nunca Dios quiera 
que nosotros llevemos por fuerza á esos indios 
que tan bien nos han servido;») y mandó traer 
muchas cargas#de mantas ricas, é se las repar- 
tió entre todos, é también envió al cacique gor- 
do, nuestro amigo, señor de Cempoal, dos cargas 
de mantas para él y para su sobrino Cuesco 
que asi se llamaba otro gran cacique, y escribió 
al tímente Juan de Escalante , que dejábamos 
por capitán, y era en aquella sazón alguacil 
mayor, todo lo que nos habia acaecido , y cómo 
ya íbamos camino de Méjico , é que mirase muy 
bien por todos los vecinos \ é se velase , que 
siempre estuviese de dia é de noche con gran 
cuidado; que acabase de hacer la fortaleza é 
que a los naturales de aquellos pueblos que los 
favoreciese contra mejicanos , y no les hiciese 
agravio, ni ningún soldado de los que con él es- 
taban; y escritas estas cartas , y partidos los de 
Cempoal , comenzamos de ir de nuestro camino 
muy apercebidos. 



49 



RERNAL DÍAZ. 



CAPITULO LXXXVlj 



CÓMO COMENZAMOS Á CAMINAR PARA IA CIUDAD DE MÉ- 
JICO, Y DE LO QUE EN EL CAMINO NOS AVINO, Y LO 
QUE MONTEZUMA ENVIÓ Á DECIR. 



Así como salimos de Cholula con gran con- 
cierto, como lo teníamos de costumbre, los cor- 
redores del campo á caballo descubriendo la 
tierra, y peones muy sueltos juntamente con 
ellos, para si algún paso malo ó embarazo hu- 
biese se ayudasen los unos á los otros, é nues- 
tros tiros muy á punto, é escopetas é balleste- 
ros, é los de á caballo de tres en tres para que 
se ayudasen, é todos los más soldados en gran 
concierto. No sé yo para qué lo traigo tanto á 
la memoria, sino que en las cosas de la guerra 
por fuerza hemos de hacer relación dello, para 
que se vea cuál andábamos la barba sobre el 
hombro. E así caminando, llegamos aquel dia á 
unos ranchos que están en una como sierrezue- 
la, que es población de Guaxocingo, que me pa- 
rece que se dicen los ranchos de Iscalpan, cua- 
tro leguas de Cholula; y allí vinieron luego los 
caciques y papas de los pueblos de Guaxocingo, 
que estaban cerca, é eran amigos é confedera- 
dos de los de Tlascala, y también vinieron otros 
pueblezuelos que están poblados á las haldas 



CONQUISTA DE «UEVA-ISPAJí A . 387 

del volcan, que confinan con ellos, y trajeron 
todos mucho bastimento y un presente de joyas 
de oro de poca valía, y dijeron á Cortés que re- 
cibiese aquello, y no mirase á lo poco que era, 
sino á la voluntad con que se lo daban; y le 
aconsejaron que no fuese á Méjico , que era una 
ciudad muy fuerte y de muchos guerreros , y 
que corríamos mucho peligro; é que ya que íba- 
mos , que subido aquel puerto , que habia dos 
caminos muy anchos , y que el uno iba á un 
pueblo que se dice Chalco , y el otro Talmalan- 
co , que era otro pueblo , y entrambos sujetos á 
Méjico , y que el un camino estaba muy barrido 
y limpio para que vamos por él , y que el otro 
camino lo tienen ciego, y cortados muchos ár- 
boles muy gruesos y grandes pinos porque no 
puedan ir caballos ni pudiésemos pasar adelan- 
te ; y que abajado un poco de la sierra , por el 
camino que tenían limpio , creyendo que había- 
mos de ir por él , que tenian cortado un pedazo 
de la sierra > y habia allí mamparos é albarra- 
das , é que han estado en el paso ciertos escua- 
drones de mejicanos para nos matar , é que nos 
aconsejaban que no fuésemos por el que estaba 
limpio, sino por donde estaban los árboles atra- 
vesados^ que ellos nos darán mucha gente que 
lo desembaracen. E pues que iban con nosotros^ 
los tlascaltecas, que todos quitarían los árboles,, 
é que aquel camino saliaá Talmalanco; é Cortés, 
recibió el presente con mucho amor, y les dijo 
que les agradecía el aviso que le daban, y con el 



053 BERNAL DÍAZ. 

ayuda de Dios que no dejará de seguir su camino, 
é que irá por donde le aconsejaban. E luego otro 
dia bien de mañana comenzamos á caminar é ya 
era cerca de medio dja cuando llegamos en lo alto 
de la sierra, donde hallamos los caminos ni más 
ni menos que los de Guaxocihgo dijeron; y 
allí reparamos un poco y aun nos dio que pen- 
sar en lo de los escuadrones mejicanos , y en la 
sierra cortada donde estaban las albarradas de 
que nos avisaron. Y Cortés mandó llamar á los 
embajadores del gran Montezuma, que iban en 
nuestra compañía, y les preguntó que cómo es- 
taban aquellos dos caminos de aquella manera, 
el uno muy limpio y barrido, y el otro lleno de 
árboles cortados nuevamente. Y respondieron 
que porque vamos por el limpio, que sale á una 
ciudad que se dice Chalco, donde nos harán 
buen recibimiento, que es de su señor Monte- 
zuma ; y que el otro camino, que le pusieron 
aquellos árboles y le cegaron porque no fuése- 
mos por él, que hay malos pasos é se rodea algo 
para ir á Méjico, que sale á otro pueblo que no 
es tan grande como Chalco ; entonces dijo Cortes 
que queria ir por el que estaba embarazado, é 
comenzamos á subir la sierra puestos en gran 
concierto, y nuestros amigos apartando los ár- 
boles muy grandes y gruesos, por donde pasa- 
mos con gran trabajo, y hasta hoy están algu- 
nos dellos fuero del camino ; y subiendo á lo más 
alto, comenzó á nevar y se cuajó de nieve la 
tierra, é caminamos la sierra abajo, y fuimos á 



CONQUISTA DE NUE VA-ESPAÑA. 389 

dormir á unas caserías que eran como á manera 
de aposentos ó mesones, donde posaban indios 
mercaderes, é tuvimos bien de cenar, é con gran 
frió pusimos nuestras velas y rondas é escuchas 
y aun corredores del campo ; é otro dia comen- 
zamos á caminar, é á hora de Misas mayores 
llegamos á un pueblo que ya he dicho que se 
dice Talmalanco, y nos recibieron bien, é de co- 
mer no faltó ; é como supieron de otros pue- 
blos de nuestra llegada, luego vinieron los de 
Chalco, é se juntaron con los de Talmalanco, é 
á Mecameca é Acingo, donde están las canoas, 
que es puerto dellos., é otros pueblczuelos que 
ya no se me acuerda el nombre dellos ; y todos 
juntos trujeron un presente de oro y dos cargas 
de mantas é ocho indias, que valdría el oro sobre 
ciento y cincuenta pesos , é dijeron : «Malinche, 
recibe estos presentes que te damos, y ténnos de 
aquí adelante por tus amigos;» y Cortés los re- 
cibió con grande amor , y se les ofreció que en 
todo lo que hubiesen menester los ayudaría ; y 
cuando los vio juntos , dijo al Padre de la Mer- 
ced que les amonestase las cosas tocantes á 
nuestra santa fe é dejasen sus ídolos; y se les 
dijo todo lo que solíamos decir en los más pue- 
blos por donde habíamos venido; é á todo res- 
pondieron que bien dicho estaba é que lo ve- 
rían adelante. También se les dio á entender 
el gran poder del Emperador nuestro señor, y 
que veníamos á deshacer agravios é robos é 
que para ello nos envió á estas partes; é como 



390 BERNAL DÍAZ. 

aquello oyeron todos aquellos pueblos que di- 
cho tengo, secretamente, que no lo sintieron los 
embajadores mejicanos., dieron tantas quejas de 
Montezuma y de sus recaudadores, que les ro- 
baban cuanto tenían, é las mujeres é hijas si 
eran hermosas las forzaban delante dellos y 
desús maridos, y se las tomaban, é que les 
hacían trabajar como si fueran esclavos, que 
les hacían llevar en canoas é por tierra ma- 
dera de pinos,, é piedra é leña é maíz, é otros 
muchos servicios de sembrar maizales , é les 
tomaban sus tierras para servicio de ídolos, 
é otras muchas quejas, que como haya mu- 
chos años que pasó , no me acuerdo; é Cortés 
les consoló con palabras amorosas, que se las 
sabia muy bien decir con doña Marina, é que 
ahora al presente no puede entender en hace- 
lles justicia, é que se sufriesen, que él les 
quitaría aquel dominio; é secretamente les man- 
do que fuesen dos principales con otros cuatro 
amigos de Tlascala á ver el camino barrido que 
nos hubieron dicho los de Guaxocingo que no 
fuésemos por él, para que viesen quéalbarradas 
é mamparos tenían, y si estaban allí algunos es- 
cuadrones de guerra; y los caciques respondie- 
ron: wMalinche, no hay necesidad de irlo á ver, 
porque todo está ahora muy llano é aderezado. 
E has de saber que habrá seis días que estaban 
á un mal paso, que tenían cortada la sierra por- 
que no pudiésedes pasar, con mucha gente de 
guerra del gran Montezuma; y hemos sabido 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 391 

que su Huichílóbos, que es dios que tienen de la 
guerra, les aconsejó que os dejase pasar., é cuan- 
do hayáis entrado en Méjico, que allí os mata- 
rán; por tanto, lo que nos parece es, que os es- 
téis aquí con nosotros, y os daremos de lo que 
tuviéramos; é no vais á Méjico, que sabemos 
Cierto que, según es fuerte y de muchos guerre- 
ros, no os dejarán con las vidas;» y Cortés les 
dijo con buen semblante que no tenían los meji- 
canos ni otras ningunas naciones poder para nos 
matar , salvo nuestro Señor Dios , en quien 
creemos. E que porque vean que al mismo Mon- 
tezuma y á todos los caciques y papas les va- 
mos á dar á entender lo que nuestro Dios man- 
da, que luego nos queríamos partir, é que le 
diesen veinte hombres principales que vayan en 
nuestra compañía, é que haria mucho por ellos, 
é les haria justicia cuando haya entrado en Mé- 
jico, para que Montezuma ni sus recaudadores 
no les hagan las demasías y fuerzas que han di- 
cho que les hacen; y con alegre rostro todos los 
de aquellos pueblos por mí ya nombrados dieron 
buenas respuestas y nostrujeron los veinte in- 
dios; é ya que estábamos para partir, vinieron 
mensajeros del gran Montezuma, y lo que dije- 
ron diadelante. 



392 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO LXXXVIL 



COMO EL GRAN MONTEZUMA NOS ENVIÓ OTROS EMBA- 
JADORES CON UN PRESENTE DE ORO Y MANTAS, Y LO 
QUE DIJERON Á CORTÉS, Y LO QUE LES RE8POND1Ó. 



Ya que estábamos de partida para ir nuestro 
camino á Méjico, vinieron ante Cortés cuatro 
principales mejicanos que envió Montezuma, y 
trujeron un presente de oro y mantas; y des- 
pués de hecho su acato, como lo tenian de cos- 
tumbre, dijeron: «Malinche, este presente te 
envia nuestro señor el gran Montezuma, y dice 
que le pesa mucho por el trabajo que habéis pa- 
sado en venir de tan lejanas tierras á le ver, y 
que ya te ha enviado á decir otra vez que te da- 
rá mucho oro y plata y chalchihuis en tributo 
para vuestro Emperador y para vos y los demás 
teules que traéis, y que no vengas á Méjico. 
Ahora nuevamente te pide por merced que no 
pases de aquí adelante, sino que te vuelvas por 
donde veniste; que él te promete de te enviar al 
puerto mucha cantidad de oro y plata y ricas 
piedras para ese vuestro Rey, y para tí te dará 
cuatro cargas de oro, y para cada uno de tus 
hermanos una carga; porque ir á Méjico, es ex- 
cusada tu entrada dentro, que todos sus vasa- 
llos están puestos en armas para no os dejar en- 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 393 

trar.» Y demás desto, que no tenia camino, sino 
muy angosto, ni bastimentos que comiésemos; y 
dijo otras muchas razones y inconvenientes 
para que no pasásemos de alli; é Cortés con mu- 
cho amor abrazó á los mensajeros, puesto que 
le pesó de la embajada, y recibió el presente, que 
ya no se me acuerda que tanto valia; é á lo que 
yo vi y entendí, jamas dejó de enviar Montezuma 
oro, poco ó mucho, cuando nos enviaba mensa- 
jeros como otra vez he dicho. Y volviendo á 
nuestra relación, Cortés les respondió que se 
maravillaba del señor Montezuma, habiéndose 
dado por nuestro amigo y siendo tan gran señor, 
tener tantas mudanzas, que unas veces dice uno 
y otras envia á mandar ai contrario. Y que en 
cuanto á lo que dice que dará el oro para nues^ 
tro señor el Emperador y para nosotros, que se 
lo tiene en merced, y por aquello que ahora le 
envia, que en buenas obras se lo pagará, el 
tiempo andando; y que si le parecerá bien que 
estando tan cerca de su ciudad, será bueno vol- 
vernos del camino sin hacer aquello que nuestro 
señor nos manda. Que sí el señor Montezuma 
hubiese enviado mensajeros y embajadores á 
algún gran señor, como él es, é ya que llegasen 
cerca de su casa aquellos mensajeros que envia- 
ba se volviesen sin le hablar y decille á lo que 
iban, cuando volviesen ante su presencia con 
aquel recaudo, ¿qué merced les haria, sino tene- 
llos por cobardes y de poca calidad? Que así 
haria el Emperador nuestro señor con nosotros; 
50 



394 BERNAL DÍAZ. 

y que de una manera ó otra que habíamos de 
entrar en su ciudad, y desde allí adelante que 
no le enviase más excusas sobre aquel caso, 
porque le ha de ver y hablar y dar razón de 
todo el recaudo á que hemos venido, y hade ser 
á su sola persona; y cuando lo haya entendido, 
si no le pareciere bien nuestra estada en su ciu- 
dad, que nos volveremos por donde venimos. 
E cuanto á loque dice, que no tiene comida sino 
muy poco, é que no nos podremos sustentar, 
que somos hombres que con poca cosa que co- 
memos nos pasamos , é que ya vamos á su 
ciudad, que haya por bien nuestra ida. Y luego 
en despachando los mensajeros, comenzamos á 
caminar para Méjico; y como nos habian dicho y 
avisado los de Guaxocingo y los de Chalco que 
Montezuma habia tenido pláticas con sus ídolos y 
papas que si nos dejada entrar en Méjico ó si 
nos daria guerra, y todos sus papas le respondie- 
ron que decia su Huichilóbos que nos dejase 
entrar, que allí nos podrá matar , según dicho 
tengo otras veces en el capítulo que dello ha- 
bla; y como somos hombres y tememos la muer- 
te, no dejábamos de pensar en ello ; y como 
aquella tierra es muy poblada, íbamos siempre 
caminando muy chicas jornadas, y encomendán- 
donos á Dios y á su bendita Madre Nuestra Se- 
ñora, y platicando cómo y de qué manera podía- 
mos entrar, y pusimos en nuestros corazones 
con buena esperanza, que pues Nuestro Señor 
Jesucristo fué servido guardarnos de los peli- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 395 

gros pasados, que también nos guardaría del po- 
der de Méjico ; y fuimos á dormir á un pueblo 
que se dice Istapalatengo, que es la mitad de las 
casas en el agua y la mitad en tierra firme, don- 
de está una sierrezuela, y agora está una venta 
cabe él, y allí tuvimos bien de cenar. Dejemos 
esto, y volvamos al gran Montezuma, que como 
llegaron sus mensajeros é oyó la respuesta que 
Cortés le envió, luego acordó de enviar á su 
sobrino, que se decia Cacamatzin , señor de 
Tezcuco , con muy gran fausto á dar el bien 
venido á Cortés y á todos nosotros; y como siem- 
pre teníamos de costumbre tener velas y cor- 
redores del campo, vino uno de nuestros cor- 
redores á avisar que venia por el camino muy 
gran copia de mejicanos de paz, y que al pare- 
cer venían de ricas mantas vestidos; y entonces 
cuando esto pasó era muy de mañana, y quería- 
mos caminar, y Cortés nos dijo que reparásemos 
en nuestras posadas hasta ver qué cosa era, y 
en aquel instante vinieron cuatro principales, y 
hacen á Cortés gran reverencia, y le dicen quo 
allí cerca viene Cacamatzin, gran señor de Tez- 
cuco, sobrino del gran Montezuma , y que nos 
pide por merced que aguardemos hasta que ven- 
ga; y no tardó mucho, porque luego llegó con 
el mayor fusto y grandeza que ningún señor 
délos mejicanos- habíamos visto traer, porque 
venia en andas muy ricas, labradas de plumas 
verdes, y mucha argentería y otras ricas pie- 
dras engastadas en eiertas arboledas de oro que 



396 BEKNAL DÍAZ. 

en ellas traía hechas de oro, y traían las andas á 
cuestas ocho principales, y todos decían que 
eran señores de pueblos; é ya que llegaron cer- 
ca del aposento donde estaba Cortés, le ayuda- 
ron á salir de las andas, y le barrieron el suelo, 
y le quitaban las pajas por donde habia de pa- 
sar; y desde que llegaron ante nuestro capitán, 
le hicieron grande acato, y el Cacamatzin le 
dijo: «Malinche, aqui venimos yo y estos seño- 
res á te servir, hacerte dar todo lo que hubieres 
menester para tí y tus compañeros, y meteros 
en vuestras casas, que es nuestra ciudad; porque 
asi nos Cs mandado por nuestro señor el gran 
Montezuma, y dice que esto lo deja, y no por 
falta de muy buena voluntad que os tiene.» 
Y cuando nuestro capitán y todos nosotros vimos 
tanto aparato y majestad como traían aquellos 
caciques, especialmente el*sobrino de Montezu- 
ma, lo tuvimos por muy gran cosa, y platicamos 
entre nosotros que cuando aquel cacique tr j ia 
tanto triunfo, ¿qué haria el gran Monteiuma? Y 
como el Cacamatzin hubo dicho su razonamien- 
to, Cortés le abrazó y le hizo muchas caricias á 
él y á todos los más principales, y le dio tres 
piedras que se llaman margajitas, que tienen 
dentro de si muchas pinturas de diversas colo- 
res, é á los demás principales se les dio diaman- 
tes azules, y les dijo que se lo tenia en merced, 
é ¿cuándo pagaría al señor Montezuma las mer- 
cedes que cada dia nos hace? Y acabada la plá- 
tica, luego nos partimos; 6 como habían venido 



CONQUISTA BE NÜEVA-1SPANA. 397 

aquellos caciques que dicho tengo, traían mu- 
cha gente consigo y de otros muchos pueblos 
que están en aquella comarca, que salían á ver- 
nos, todos los caminos estaban llenos dellos; y 
otro dia por la mañana llegamos á la calzada 
ancha, íbamos camino de Iztapalapa; y desde 
que vimos tantas ciudades y villas pobladas en 
el agua, y en tierra firme otras grandes pobla- 
ciones, y aquella calzada tan derecha por nivel 
cómo ibaá Méjico, nos quedamos admirados, y 
decíamos que parecía á las casas de encanta- 
mento que cuentan en el libro de Amadis, por 
las grandes torres y cues y edificios que tenían 
dentro en el agua, y todas de cal y canto; y aun 
algunos de nuestros soldados decían que si 
aquello que veian si era entre sueños. Y no es 
de maravillar que yo aquí lo escriba desta ma- 
nera, porque hay que ponderar mucho en ello, 
que no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca oídas 
ni vistas y aún soñadas, como vimos. Pues desque 
llegamos cerca de Iztapalapa, ver la grandeza 
de otros caciques que nos salieron á recibir, que 
fué el señor del pueblo, que se decia Coadlaua- 
ca, y el señor de Cuyoacan, que entrambos eran 
deudos muy cercanos de Montezuma ; y de 
cuando entramos en aquella villa de Iztapalapa 
de la manera de los palacios en que nos aposen- 
taron, de cuan grandes y bien labrados eran, 
de cantería muy prima, y la madera de cedros 
y de otros buenos árboles olorosos, con gran- 
des patios é cuartos, cosas muy de ver, y en- 



398 BERNAL DÍAZ. 

toldados con paramentos de algodón. Después 
de bien visto todo aquello, fuimos á la huerta 
y jardín, que fué cosa muy admirable vello y 
pasallo, que no me hartaba de mirallo y ver la 
diversidad de árboles y'los olores que cada uno 
tenia, y andenes llenos de rosas y flores, y mu- 
chos frutales y rosales de la tierra, y un estan- 
que de agua dulce; y otra cosa de ver, que po- 
drían entrar en el verjel grandes canoas desde 
la laguna por una abertura que tenia hecha, sin 
saltar en tierra, y todo muy encalado y lucido 
de muchas maneras de piedras, y- pinturas en 
ellas, que había harto que ponderar, y de las 
aves de muchas raleas y diversidades que en- 
traban en el estanque. Digo otra vez que lo es- 
tuve mirando, y no crei que en el mundo hu- 
biese otras tierras descubiertas como estas; 
porque en aquel tiempo no habia Perú ni me- 
moria del. Agora toda esta villa está por el 
suelo perdida, que no hay cosa en pié. Pase- 
mos adelante, y diré cómo trujeron un pre- 
sente de oro los caciques de aquella ciudad y 
los de Cuyoacan, que valia sobre dos mil pe- 
sos, y Cortés les dio muchas gracias por ello 
y les mostró grande amor, y se les dijo con 
nuestras lenguas las cosas tocantes á nues- 
tra santa f e , y se les declaró el gran poder 
de nuestro señor el Emperador; é porque hubo 
otras muchas pláticas, lo dejaré de decir, y diré 
que en aquella sazón era muy gran pueblo, y que 
estaba poblada la mitad de las casas en tierra j 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 399 

la otra mitad en el agua; agora en esta sazón 
está todo seco, y siembran donde solia ser lagu- 
na, y está de otra manera mudado, que si no lo 
hubiera de antes visto, no lo dijera, que no era 
posible que aquello que estaba lleno de agua 
esté agora sembrado de maizales y muy perdi- 
do. Dejémoslo aquí, y diré del solenísimo rece- 
bimiento que nos hizo Montezuma á Cortés y á 
todos nosotros en la entrada de la gran ciudad 
de Méjico. 



CAPITULO LXXXVIII. 



DEL GRAN E SOLENE RECEBIMIENTO QUE NOS HIZO EL 
GRAN MONTEZUMA A CORTES Y A TODOS 'NOSOTROS 
EN LA ENTRADA DE LA GRAN CIUDAD DE MÉJICO. 



Luego otro dia de mañana partimos de Izta- 
palapa muy acompañados de aquellos grandes 
caciques que atrás he dicho. íbamos por nuestra 
calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, 
y va tan derecha á la ciudad de Méjico, que me 
parece que no se tuerce poco ni mucho; é puesto 
que es bien ancha, toda iba llena de aquellas 
gentes, que no cabían, unos que entraban en Mé- 
jico y otros que salian, que nos venian á ver, que 
no nos podíamos rodear de tantos como vinieron p 



400 Bfe&ÑAt DÍAZ. 

porque estaban llenas las torres y cues y en las 
canoas y de todas partes de la laguna; y no era 
cosa de maravillar, porque jamas habían visto 
caballos ni hombres como nosotros. Y de que vi- 
mos cosas tan a'dmirables, no sabíamos qué nos 
decir, ó si era verdad lo que por delante parecía, 
que por una parte en tierra había grandes ciu- 
dades, y en la laguna otras machas, é víamoslo 
todo lleno de canoas, y en la calzada muchas 
puentes de trecho á trecho, y por delante esta- 
ba la gran ciudad de Méjico., y nosotros aun no 
llegábamos á cuatro cientos cincuenta soldados, 
y teníamos muy bien en la memoria las pláticas 
é avisos que nos dieron los de Guaxocingo é 
trascala y Talmanalco, y con otros muchos con- 
sejos que nos habían dado para que nos guar- 
dásemos de entrar en Méjico, que nos habían de 
matar cuando dentro nos tuviesen. Miren los 
curiosos lectores esto que escribo, si habia bien 
que ponderar en ello; ¿qué hombres ha habido 
en el universo que tal atrevimiento tuviesen? 
Pasemos adelante, y vamos por nuestra calzada. 
Ya que llegábamos donde se aparta otra cal- 
zadilla que iba á Coyouacan, que es otra ciudad 
adonde estaban unas como torres, que eran sus 
adoratorios, vinieron muchos principales y ca- 
ciques con muy ricas mantas sobre sí, con gala- 
nía y libreas diferenciadas las de los unos caci- 
ques á los otros, y las calzadas llenas dellos, y 
aquellos grandes caciques enviaba el gran Mon- 
tezuma delante á reeebirnos; y así como llega- 



§ONQUISTA DI NUEVA-ESPAÑA. 401 

ban delante de Cortés decían en sus lenguas 
que fuésemos bien venidos, y en señal de paz 
tocaban con la mano en el suelo y besaban la 
tierra con la mesma mano. Así que, estuvimos 
detenidos un buen rato, y desde allí se adelan- 
taron el Cacamacan, Sr. de Tezcuco, y el Sr. de 
Iztapalapa y el Sr. de Tacuba y el Sr. de Cuyoa- 
can á encontrarse con con el gran Montezuma, 
que venia cerca en ricas andas , acompañado de 
otros grandes señores y caciques que tenían va- 
sallos ; é ya que llegábamos cerca de Méjico, 
adonde estaban otras torrecillas, se apeó el gran 
Montezuma de las andas , y traíanle del brazo 
aquellos grandes caciques debajo de un palio 
muy riquísimo á maravilla, y la color de plumas 
verdes con grandes labores de oro , con mucha 
argentería y perlas y piedras chalcbihuis , que 
colgaban de unas como bordaduras , que hubo 
mucho que mirar en ello; y el gran Montezuma 
venia muy ricamente ataviado , según su usan- 
za, y traia calzados unos como cotaras , que asi 
se dice lo que se calzan , las suelas de oro 1 y 
muy preciada pedrería encima en ellas ; é los 
cuatro señores que le traían del brazo venían 
con rica manera de vestidos á usanza , que pa- 
rece ser se los tenían aparejados en el camino 
para entrar con su señor, que no traían los ves- 
tidos con que nos fueron á recebir: y venían, sin 
aquellos grandes señores , otros grandes caci- 
qu^s, que traían el palio sobre sus cabezas , y 
otros muchos señores que venían dolante del 
51 



402 RERNAL DÍAZ. 

gran Montezuma barriendo el suelo por donde 
habia de pisar, y le ponían mantas porque no 
pisase la tierra. Todos estos señores ni por pen- 
samiento le miraban á la cara, sino los ojos ba- 
jos ¿ con mucho acato , excepto aquellos cuatro 
deudos y sobrinos suyos que le llevaban del bra- 
zo. K como Cortés vio y entendió é le dijeron 
que venia el gran Montezuma , se apeó del ca- 
ballo, y desque llegó cerca de Montezuma , á 
una se hicieron grandes acatos ; el Montezuma 
le dio el bien venido , é nuestro Cortés le res- 
pondió con doña Marina que él fuese el muy 
bien estado. 

E paréceme que el Cortes con la lengua doña 
Marina, que iba junto á Cortés, le daba la mano 
derecha, y el Montezuma no la quiso e se la dio 
á Cortés; y entonces sacó Cortes un collar que 
traia muy á mano de unas piedras de vidrio, que 
ya he dicho que se dicen margajitas, que tienen 
dentro muchas colores é diversidad de labores 
y venia ensartado en unos cordones de oro con 
almizque porque diesen buen olor, y se le echó 
al cuello al gran Montezuma; y cuando se lo 
puso le iba á abrazar, y aquellos grandes seño- 
res que iban con el Montezuma detuvieron el 
brazo á Cortés que no ie abrazase , porque 
1® tenian por menospreció ; y luego Cortés 
con la lengua doña Marina le dijo que holga- 
ba agora su corazón en haber visto un tan 
gran Príncipe , y que le tenia en gran mer- 
ced la venida de su persona á le recebir y 



CONQUISTA DE NÜEVA-ISPANA. 403 

las mercedes que le hace á la contina. E enton- 
ces el Montezuma, le dijo otras palabras de buen 
comedimento, é mandó á dos de sus sobrinos de 
ios que le traían del brazo, que eran el señor de 
Tezcuco y el señor de Cuyoacan , que se fuesen 
ccn nosotros hasta aposentarnos; y el Montezu- 
ma con los otros de sus parientes, Cuedlauaca y 
el señor de Tacuba, que le acompañaban, se vol- 
vió á la ciudad, y también se volvieron con él 
todas aquellas grandes compañías de caciques y 
principales que le habian venido á acompañar; 
é cuando se volvían con su señor estábamoslos 
mirando cómo iban todos, los ojos puestos en tier- 
ra, sin miralle y muy arrimados á la pared , y con 
gran acato le acompañaban; y asi tuvimos lugar 
nosotros de entrar por las calles de Méjico sin te- 
ner tanto embarazo. ¿Quién podrá decir la mul- 
titud de hombres y mujeres y muchachos que 
estaban en las calles é azuteas y en canoas en 
aquellas acequias que nos salían á mirar? Era 
cosa de notar, que agora , que lo estoy escri- 
biendo, se me representa todo delante de mis 
ojos como si ayer fuera cuando esto pasó ; y 
considerada la cosa y gran merced que nuestro 
Señor Jesucristo nos hizo y fué servido de dar- 
nos gracia y esfuerzo para osar entrar en tal 
ciudad, é me haber guardado de muchos peli- 
gros de muerte , como adelante verán. Doyle 
muchas gracias por ello , que á tal tiempo me 
ha traído para podello escribir, é aunque no tan 
cumplidamente como convenia y se requiere; y 



404 BERNAL DÍAZ. 

dejemos palabras , pues las obras son buen tes- 
tigo de lo que digo . 

E volvamos á nuestra entrada en Méjico, 
que nos llevaron á aposentar á unas grandes 
casas, donde habia aposentos para todos nos- 
otros , que habían sido* de su padre el gran 
Montezuma, que se decia Axayaca , adonde en 
aquella sazón tenia el gran Montezuma sus 
grandes adoratorios é ídolos , é tenia una recá- 
mara muy secreta de piezas y joyas de oro, que 
era como tesoro de lo que habia heredado de su 
padre Axayaca , que no tocaba en ello ; y asi- 
mismo nos llevaron á aposentar á aquella casa 
por causa que como nos llamaban teules , é por 
tales nos tenían, que estuviésemos entre sus 
ídolos, como teules que alli tenia. Sea de una 
manera ú de otra, alli nos llevaron, donde tenia 
hechos grandes estrados y salas muy entoldadas 
de paramentos de la tierra para nuestro capi- 
tán, y para cada uno de nosotros otras camas de 
esteras y unos toldillos encima., que no se da 
más cama por muy gran señor que sea , porque 
no las usan; y todos aquellos palacios muy lu- 
cidos y encalados y barridos y enramados; y co- 
mo llegamos y entramos en un gran patio, lue- 
go tomó por la mano el gran Montezuma á nues- 
tro capitán, que allí lo estuvo esperando, y le 
metió en el aposento y sala donde habia de po- 
sar, que le tenia muy ricamente aderezada para 
según su usanza, y tenia aparejado un muy rico 
collar de oro, de hechura de camarones, obra muy 



CONQUISTA DE NVEVA-ESPAÑA. 4()& 

maravillosa; y el mismo Montezuma se lo echó 
al cuello á nuestro capitán Cortés, que tuvieron 
bien que admirar sus capitanes del gran favor 
que le dio; y cuando se lo hubo puesto, Cortés 
le dio las gracias con nuestras lenguas; é diio 
Montezuma: «Malinche, en vuestra casa estáis 
vos y vuestros hermanos, descansad;» y W 
se fue á sus palacios, que no estaban lejos y 
nosotros repartimos nuestros aposentos por ca- 
pitanías, é nuestra artillería asestada en parte 
conveniente; y muy bien platicada la orden que 
en todo habíamos de tener, y estar muy aperce- 
cebidos, asi los de á caballo como todos nuestros 
soldados; y nos tenían aparejada una muy sun- 
tuosa comida á su uso é costumbre, que lue-o 
comimos, Y fué esta nuestra venturosa é atrevi- 
da entrada en la gran ciudad de Tenustitlan 
Méjico, á ocho dias del mes de Noviembre, año 
de nuestro Salvador Jesucristo de 1519 años 
Gracias á nuestro Señor Jesucristo por todo E 
puesto que no vaya expresados otras cosas que 
había que decir, perdónenme, que no lo sé de- 
cir mejor por agora hasta su tiempo. E dejemos 
de mas pláticas, é volvamos á nuestra relación 
de lo que más nos avino; lo cual diré adelante. 



406 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO LXXXIX. 



CÓMO EL GRAN MONTEZUMA VINO Á NUESTROS APOSEN- 
TOS CON MUCHOS CACIQUES QUE LÉ ACOMPAÑABAN, 
É LA PLÁTICA QUE TUVO CON NUESTRO CAPITÁN. 



Como el gran Montezuma hubo comido, y su- 
po que nuestro capitán y todos nosotros asimis- 
mo había buen rato que habíamos hecho lo mis- 
mo, vino á nuestro aposento con gran copia de 
principales, é todos deudos suyos, écon gran 
pompa; é como á Cortés le dijeron que venia, 
le salió á la mitad de la sala á le recebir ■; y el 
Montezuma le tomó por la mano, é trajeron unos 
como aserraderos hechos á su usanza é muy 
ricos, y labrados de muchas maneras con oro; y 
el Montezuma dijo á nuestro capitán que se 
sentase, é se asentaron entrambos, cada uno en 
el suyo, y luego comenzóel Montezuma un muy 
buen parlamento, é dijo que en gran manera se 
holgaba de tener en su casa y reino unos caba- 
lleros tan esforzados, como era el capitán Cor- 
tés y todos nosotros, é que habia dos años que 
tuvo noticia de otro capitán que vino á lo de 
Champoton, é también el año pasado le trujeron 
nuevas de otro capitán que vino con cuatro na- 
vios, é que siempre lo deseó ver, é que ahora que 
nos tiene ya consigo para servirnos y darnos de 



CONQUISTARE WUEVA-ESPAW A . 40? 

todo lo que tuviese. Y que verdaderamente debe 
de ser cierto que somos los que sus antepasados 
muchos tiempos antes habían dicho, que vendrían 
hombres de hacia donde sale ei sol á señorear 
aquestas tierras, y que debemos de ser nos- 
otros, pues tan valientemente peleamos en lo 
de Potonchan y Tabasco y con tlascaltecas, 
porque todas las batallas se las trujeron pinta- 
das al natural. Cortés le respondió con nues- 
tras lenguas, que consigo siempre estaban, es- 
pecial la doña Marina, y le dijo que no sabe 
con qué pagar él ni todos nosotros las grandes 
mercedes recebidas de cada dia, é que cierta- 
mente veniamos de donde sale el sol, y somos 
vasallos y criados de un gran señor que se dice 
el Emperador D. Carlos, que tiene sujetos á sí 
muchos y grandes Príncipes, é que teniendo 
noticia del y de cuan gran señor es, nos envió á 
estas partes á le ver é á rogar que sean cristia- 
nos, como es nuestro Emperador é todos nos- 
otros, é que salvarán sus ánimas él y todos sus 
vasallos, é que adelante le declarará más cómo 
y de qué manera ha de ser, y cómo adoramos á 
un sólo Dios verdadero, y quién es, y otras mu- 
chas cosas buenas que oirá, como les habia di- 
cho á sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é 
Quintalvor cuando estábamos en los arenales. 
E acabado este parlamento, tenia apercebido el 
gran Montezuma muy ricas joyas de oro y de 
muchas hechuras, que dio á nuestro capitán, é 
asimismo á cada uno de nuestros capitanes dio 



408 BERHAL DÍAZ. 

cositas de oro y tres cargas de mantas de labores 
ricas de pluma, y entre todos los soldados tam- 
bién nos dio á cada uno á dos cargas de mantas, 
con alegría, y en todo parecia gran señor. Y 
cuando lo hubo repartido, preguntó á Cortés 
que si éramos todos hermanos y vasallos de 
nuestro gran Emperador, é dijo que sí, que 
éramos hermanos en el amor y amistad , é 
personas muy principales é criados de nues- 
tro gran Rey y señor. Y porque pasaron 
otras pláticas de buenos comedimientos en- 
tre Montezuma y Cortés, y por ser esta la pri- 
mera vez que nos venia á visitar, y por no le ser 
pesado , cesaron los razonamientos ; y habia 
mandado el Montezuma á sus mayordomos que 
á nuestro modo y usanza estuviésemos proveí- 
dos, que es maiz, é piedras é indias para hacer 
pan, é gallinas y fruta, y mucha yerba para los 
caballos; y el gran Montezuma se despidió con 
gran cortesía de nuestro capitán y de todos nos- 
otros, y salimos con él hasta la calle, y Cortés 
nos mandó que al presente que no fuésemos muy 
lejos de los aposentos, hasta entender mas lo 
que conviniese. E quedarse há aquí, é diré lo 
que adelante pasó. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPADA. 409 

CAPITULO XC. 



CÓMO LUEGO OTRO DÍA FUÉ NUESTRO CAPÍTAN Á VER 
AL GRAN MONTEZUMA, Y DE CIERTAS PLATICAS QUE 
TUVIERON. 



Otro dia acordó Cortés de ir á los palacios de 
Montezuma, é primero envió á saber qué hacia, 
y supiese cómo íbamos, y llevó consigo cua- 
tro capitanes , que fué Pedro de Albarado y 
Juan Velazquez de León y Diego de Ordás, é á 
Gonzalo de Sandoval, y también fuimos cin- 
co soldados, y como el Montezuma lo supo, sa- 
lió á nos recebir á la mitad de lá sala, 'muy 
acompañado de sus sobrimos, porque otros se- 
ñores no entraban ni comunicaban donde el Mon- 
tezuma estaba, si no era á negocios importan- 
tes; y con gran acato que hizo á Cortés, y Cor- 
tés á él, le tomaron por las manos, é adonde 
estaba su estrado le hizo sentar á la mano dere- 
cha; y asimismo nos mandó sentar á todos nos- 
otros en asientos que allí mandó traer; é Cortés 
le comenzó á hacer un razonamiento con nues- 
tras lenguas doña Marina é Aguilar; é dijo que 
ahora, que habia venido á ver y hablar á un tan 
gran señor como era , estaba descansado, y to- 
dos nosotros, pues ha cumplido el viaje é mando 
que nuestro gran Rey y señor le mandó; é lo 
52 



410 BERNAL DÍAZ. 

que más le viene á decir de parte de nuestro 
Señor Dios es, que ya su merced habrá entendi- 
do de sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é 
Quintalvor, cuando nos hizo las mercedes de en- 
viarnos la luna y el sol de oro en el arenal, có- 
mo les dijimos que éramos cristianos ¿adoramos 
á un sólo Dios verdadero, que se dice Jesucris- 
to, el cual padeció muerte y pasión por nos sal- 
var; y le dijimos, cuando nos preguntaron que 
por qué adorábamos aquella cruz, que la ado- 
rábamos por otra que era señal donde Nuestro 
Señor fué crucificado por nuestrasalvacion, é que 
aquesta muerte y pasión que permitió que así 
fuese por salvar por ella todo el linaje humano, 
que estaba perdido; y que aqueste nuestro Dios 
resucitó al tercero dia y está en los cielos, y es 
el que hizo el cielo y tierra y la mar, y crió to- 
das las cosas que hay en el mundo, y las aguas 
y rocios, y ninguna cosa se hace sin su santa 
voluntad; y que en él creemos y adoramos, y 
que aquellos que ellos tienen por dioses, que no 
lo son, sino diablos, que son cosas muy malas, y 
cuales tienen las figuras, que peores tienen los 
hechos; é que mirasen cuan malos son y de po- 
ca valía, que adonde tenemos puestas cruces 
como las que vieron sus embajadores, con temor 
dellas no osan parecer delante, y que el tiempo 
andando lo verían. E lo que agora le pide por 
mereced es, que esté atento á las palabras que 
agora le quiere decir. Y luego le dijo muy bien 
dado á entender déla creación del mundo, é co- 



CONQUISTA BE NUEVA-ISPANA. 411 

rao todos somos hermanos, hijos de un padre y de 
una madre, que se decían Adán y Eva; cómo tal 
hermano, nuestro gran Emporador, doliéndose 
de la perdición de las ánimas, que son muchas 
las que aquellos sus ídolos llevan al infierno, 
donde arden en vivas llamas, nos envió para que 
esto que ha oido lo remedie, y no adoren aque- 
llos ídolos ni les sacrifiquen más indios ni indias; 
y pues todos somos hermanos, no consientan so- 
domías ni robos; y más le dijo, que el tiempo 
andando enviaria nuestro Rey y señor unos 
hombres que entre nosotros viven muy santa- 
mente, mejoresque nosotros, para que se lo den 
á entender; porque al presente no veníamos á 
más de se lo notificar ; é así, se lo pide por mer- 
ced que lo haga y cumpla. E porque pareció que 
el Montezuma quería responder, cesó Cortés la 
plática. E díjonos Cortés á todos nosotros que 
con él fuimos : «Con esto cumplimos, por ser el 
primer toque ;» y el Montezuma respondió : 
«Señor Malinche , muy bien entendido tengo 
vuestras pláticas y razonamientos antes de ago- 
ra, que á mis criados sobre vuestro Dios les di- 
jisteis en el arenal, y eso de la cruz y todas las 
cosas que en los pueblos por donde habéis ve- 
nido habéis predicado, no os hemos respondido 
á cosa ninguna dellas porque desde ab-inicio 
acá adoramos nuestros dioses y los tenemos por 
buenos, é asi deben ser los vuestros, é no curéis 
más al presente de nos hablar dellos; y en esto 
de la creación del mundo, así lo tenemos nos- 



412 BlRííAL DIÁ2. 

otros creído muchos tiempos pasados; é á esta 
causa tenemos por cierto que sois los que nues- 
tros antecesores nos dijeron que venían de dón- 
de sale el sol, é á ese vuestro Rey yo le soy en 
cargo y le daré de lo que tuviere ; porque, como 
dicho tengo otra vez, bien há dos años tengo 
noticia de capitanes que vinieron con navios por 
donde vosotros vinisteis, y decían que eran cria- 
dos dése vuestro gran Rey. Querría saber si sois 
todos unos ;» é Cortés le dijo que sí , que todos 
éramos criados de nuestro Emperador , é que 
aquellos vinieron á ver el camino émares é puer- 
tos para lo saber muy bien, y venir nosotros como 
veníamos ; y decíalo el Montezuma por lo de 
Francisco Fernandez de Córdoba é Grijalva, 
cuando venimos á descubrir la primera vez; y dijo 
que desde entonces tuvo pensamientode ver algu- 
nos de aquellos hombres que venían, para tener 
en sus reinos é ciudades, para les honrar; épues 
que sus dioses le habian cumplido sus buenos 
deseos , é ya estábamos en sus casas, las cuales 
se pueden llamar nuestras , que holgásemos y 
tuviésemos descanso; que allí seríamos servidos, 
é que si algunas veces nos enviaba á decir que 
no entrásemos en su ciudad , que no era de su 
voluntad, sino porque sus vasallos tenían temor, 
que les decían que echábamos rayos é relámpa- 
gos , é con los caballos matábamos muchos in- 
dios , é que éramos teules bravos , é otras cosas 
de niñerías. E que agora, que ha visto nuestras 
personas, é que somos de hueso y de carne y de 



tíOÍÍQÜÍSTA. Dt NUÉVA-ESPANA. 413 

mucha razón, é sabe que somos muy esfor- 
zados, por estas causas nos tiene en más estima 
que le habían dicho, é que nos daría de lo que tu- 
viese. E Cortés é todos nosotros respondimos que 
se lo teníamos en grande merced tan sobrada vo- 
luntad; y luego el Montezuma dijo riendo, por- 
que en todo era muy regocijado en su hablar de 
gran señor : «Malinche , bien sé que te han di- 
cho esos de Tlascala , con quien tanta amistad 
habéis tomado, que yo que soy como dios ó 
tcule, que cuanto hay en mis casas es todo oro 
é plata y piedras ricas ; bien tengo conocido 
que como sois entendidos, que no lo creíades y 
lo teníades por burla; lo que ahora, señor Ma- 
linche, veis : mi cuerpo de hueso y de carne 
como los vuestros, mis casas y palacios de pie- 
dra y madera y cal ; de ser yo gran Rey, si soy, 
y tener riquezas de mis antecesores, si tengo; 
mas no las locuras y mentiras que de mí os han 
dicho ; así que también lo tenéis por burla, como 
yo tengo lo de vuestros truenos y relámpagos. 
E Cortés le respondió también riendo, y dijo que 
los contrarios enemigos siempre dicen cosas ma- 
las é sin verdad de los que quieren mal, é que 
bien ha conocido que en estas partes otro señor 
más magnífico no le espera ver, é que no sin 
causa es tan nombrado delante de nuestro Em- 
perador. E estando én estas pláticas mandó se- 
cretamente Montezuma á un gran cacique, so- 
brino suyo, de los que estaban en su compañía, 
que mandase á sus mayordomos que trujesen 



414 BERNAL DÍAZ. 

ciertas piezas de oro, que parece ser debieran 
estar apartadas para dar á Cortés diez cargas de 
ropa fina ; ío cuál repartió, el oro y mantas en- 
tre Cortés y los cuatro capitanes, é á nosotros 
los soldados nos dio á cada uno dos collares de 
oro, que valdria cada collar diez pesos, é dos 
cargas de mantas. Valia todo el oro que enton- 
ces dio sobre mil pesos, y esto daba con una 
alegría y semblante de grande é valeroso señor; 
y porque pasaba la hora más de medio dia, y 
por no le ser más importuno, le dijo Cortés : «El 
señor Montezuma siempre tiene por costumbre 
de echarnos un cargo sobre otro, en hacernos 
cada dia mercedes ; ya es hora que vuestra ma- 
jestad coma;» y el Montezuma dijo que antes 
por haberle ido á visitar le hicimos merced ; é 
así, nos despedímos con grandes cortesía del y 
nos fuimos á nuestros aposentos , é íbamos pla- 
ticando de la buena manera é crianza que en 
todo tenia, é que nosotros en todo le tuviése- 
mos mucho acato , é con las gorras de armas 
colchadas quitadas cuando delante del pasáse- 
mos; é así lo hacíamos. E dejémoslo aquí, é pa- 
semos adelante 

CAPITULO XCI. 

DE LA MANERA É PERSONA DEL GRAN MONTEZUMA , Y 
DE CUAN GRAN SEÑOR ERA. 

Seria el gran Montezuma de edad de hasta 
cuarenta años , y de buena estatura y bien pro- 



€0ÍtptJISTA 1>E MJEVA-ÉSPANA. 415 

porcionado, é cenceño é pocas carnes, y la color 
no muy moreno , sino propia color y matiz de 
indio , y traia los cabellos no muy largos , sino 
cuanto le cubrían las orejas, é pocas barbas, 
prietas y bien puestas é ralas, y el rostro algo 
largo é alegre é los ojos de buena manera , é 
mostraba en su persona en el mirar por un cabo 
amor , é cuando era menester gravedad. Era 
muy pulido y limpio , bañábase cada dia una 
vez á la tarde ; tenia muchas mujeres por ami- 
gas ; é hijas de señores , puesto que tenia dos 
grandes cacicas por sus legítimas mujeres, que 
cuando usaba con ellas era tan secretamente, 
que no lo alcanzaban á saber sino alguno de los 
que le servian; era muy limpio de sodomías; las 
mantas y ropas que se ponia cí»da un dia , no se 
las ponia sino desde á cuatro dias. Tenia sobre 
ducientos principales de su guarda en otras salas 
junto á la suya , y estos no para que hablasen 
todos con él, sino cual ó cual; y cuando le iban 
á hablar se habian de quitar las mantas ricas y 
ponerse otras de poca valía, mas habian de ser 
limpias, y habian de entrar descalzos y los ojos 
bajos puestos en tierra, y no miralle á la cara, 
y con tres reverencias que le hacían primero 
que á él llegasen, é le decían en ellas: «Señor, 
mi señor, gran señor;» y cuando le daban rela- 
ción alo que iban, con pocas palabras los des- 
pachaba; sin levantar el rostro al despedirse del, 
sino la cara é ojos bajos en tierra hacia donde 
estaba, é no vueltas las espaldas hasta que sa« 



416 BERNAL DÍAZ. 

lian de la sala. E otra cosa vi, que cuando otros 
grandes señores venían de lejas tierras á plei- 
tos ó negocios, cuando llegaban á los aposentos 
del gran Montezuma habianse de descalzar é 
venir con pobres mantas, y no habían de entrar 
derecho en los palacios, sino rodear un poco por 
el lado de la puerta de palacio; que entrar de 
rota batida teníanlo por descaro; en el comer le 
tenían sus cocineros sobre treinta maneras de 
guisados hechos á su modo y usanza; teníanlos 
en braseros de barro, chicos debajo, porque no 
se enfriasen. E de aquello que el gran Monte- 
zuma habia de comer guisaban mas de trescien- 
tos platos, sin más de mil para la gente de 
guarda; y cuando habia de comer, salíase el 
Montezuma algunas veces con sus principales y 
mayordomos, y le señalaban cual guisado era me- 
jor é de qué aves é cosas estaba guisado, y de lo 
que le decían, de aquello habia de comer, é cuan- 
do salia á lo ver eran pocas veces; y como por 
pasatiempo, oí decir que le solían guisar carnes 
de muchachos de poca edad; y como tenia tan- 
tantas diversidades de guisados y de tantas cosas, 
no le echábamos de ver si era de carne humana 
y de otras cosas, porque cotidianamente le gui- 
saban gallinas, gallos de papada, faisanes , per- 
dices de la tierra, codornices, patos mansos y 
bravos, venado, puerco de la tierra, pajaritos de 
caña y palomas y liebres y conejos, y muchas 
maneras de aves é cosas de las que se crian en 
estas tierras, que son tantas que no las acabaré 



CONQUISTA DK NUEVA-ESPAÑA. 417 

de nombrar tan presto; y asi, no miramos en 
ello. Lo que yo sé es, que desque nuestro capi- 
tán le reprendió el sacrificio y comer de carne 
humana; que desde entonces mandó que no le 
guisasen tal manjar. Dejemos de hablar en es- 
to, y volvamos á la manera que tenia en su 
servicio al tiempo de comer, y es desta manera: 
que si hacia frió teníanle hecha mucha lumbre 
de ascuas de una leña de cortezas de árboles que 
no hacian humo, el olor de las cortezas de que 
hacian aquellas ascuas muy oloroso; y porque 
no le diesen más calor de lo que él quería, po- 
nían delante una como tabla labrada con oro y 
otras figuras de ídolos, y él sentado en un asen- 
tadero bajo, riqo é blando, é la mesa también 
baja, hecha de la misma manera de los asenta- 
deros, é allí le ponían sus manteles de mantas 
blancas y unos pañizuelos algo largos de lo mis- 
mo, y cuatro mujeres muy hermosas y limpias 
le daban aguamanos en unos como á manera de 
aguamaniles hondos, que llaman sicales, y le 
ponían debajo para recojer el agua otros ama- 
nera de platos, y le daban sus tohallas , é otras 
dos mujeres le traían el pan de tortillas; é ya 
que comenzaba á comer, echándole delante una 
como puerta de madera muy pintada de oro, 
porque no le viesen comer; y estaban apartadas 
las cuatro mujeres, aparte, y allí se le ponían á 
sus lados cuatro grandes señores viejos y de 
edad, en pié, con quien el Montezuma de cuan- 
do en cuando platicaba é preguntaba cosas, y 
53 



418 RERNAL DUZ. 

por mucho favor daba á cada uno destos viejos 
un plato de lo que él comía ; é decían que aque- 
llos viejos eran sus deudos muy cercanos, é con- 
sejeros y jueces de pleitos, y el plato y manjar 
que les daba el Montezuma comían en pié y con 
mucho acato, y todo sin miralle á la cara. Ser- 
víase con barro de Cholula, uno colorado y otro 
prieto. Mientras que comía, ni por pensamiento 
habían de hacer alboroto ni hablar alto los de 
su guarda, que estaban en las salas cerca de la 
del Montezuma. Traíanle frutas de todas cuan- 
tas habia en la tierra, mas no comía sino muy 
poca, y de cuando en cuando traían unas como 
copas de oro fino, con cierta bebida hecha del 
mismo cacao, que decían era para tener acceso 
con mujeres ; y entonces no mirábamos en ello; 
mas lo que yo vi, que traían sobre cincuenta 
jarros grandes hechos de buen cacao con su es- 
puma, y de lo que bebia ; y las mujeres le ser- 
vían al beber con gran acato, y algunas veces al 
tiempo del comer estaban unos indios corcova- 
dos, muy feos, porque eran chicos de cuerpo y 
quebrados s por medio los cuerpos, que entre 
ellos eran chocarreros ; otros indios que debían 
de ser truhanes, que le decían gracias, é otros 
que le cantaban y bailaban, porque el Monte- 
zuma era muy aficionado á placeres y cantares, 
é á aquellos mandaba dar los relieves y jar- 
ros del cacao ; y las mismas cuatro mujeres 
alzaban los manteles y le tornaban á dar agua 
á manos , y con mucho acato que le hacían; 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 419 

é hablaba Montezucna á aquellos cuatro prin- 
cipales viejos en cosas que le convenian , 
y se despedían del con gran acato que le tenian, 
y él se quedaba reposando; y cuando el gran 
Montezuma habia comido, luego comian todos 
los de su guarda é otros muchos de sus servicia- 
les de casa, y me parece que sacaban sobre mil 
platos de aquellos manjares que dicho tengo; 
pues jarros de cacao con su espuma, como en- 
tre mejicanos se hace, mas de dos mil , y fruta 
infinita. Pues para sus mujeres y criadas, é pa- 
naderas é cacaguoteras era gran costa la que 
tenia. Dejemos de hablar de la costa y comida 
de su casa, y digamos de los mayordomos y te- 
soreros, é despensas é botillería, y de los que 
tenian cargo de las casas adonde tenian el maiz, 
digo que habia tanto que escribir, cada cosa por 
sí, que yo no sé por dónde comenzar , sino que 
estábamos admirados del gran concierto é 
abasto que en todo habia. Y más digo, que se 
me habia olvidado, que es bien de tornallo á re- 
citar, y es, que le servían al Montezuma estan- 
do á la mesa cuando comía , como dicho tengo, 
otras dos mujeres muy agraciadas; hacían tor- 
tillas amasadas con huevos y otras cosas sus- 
tanciosas, y eran las tortillas muy blancas, y 
traíansclasen unos platos cobijados con sus pa- 
ños limpios, y también le traían otra manera de 
pan que son como bollos largos , hechos y ama- 
sados con otra manera de cosas sustanciales, y 
pan pachol, que en esta tierra asi se dice, que 



420 BERNAL DIAB. 

és á manera de unas obleas. También le ponían 
en la mesa tres cañutos mu y pintados y dora- 
dos, y dentro Iraian liquidámbar revuelto con 
unas yerbas que se dice tabaco, y cuando acababa 
de comer, después que le habían cantado y bai- 
lado, y alzada la mesa, tomaba el humo de uno 
de aquellos cañutos, y muy poco, y con ello se 
dormia. Dejemos ya de decir del servicio de su 
mesa, y volvamos á nuestra relación. Acuerdó- 
me que era en aquel tiempo su mayordomo ma- 
yor un gran cacique que le pusimos por nombre 
Tapia, y tenia cuenta de todas las rentas que le 
traian al Montezuma, con sus libros hechos de 
su papel, que se dice amatl, y tenia destos li- 
bros una gran casa dellos. Dejemos de hablar 
de los libros y cuentas, pues va fuera de nuestra 
relación, y digamos cómo tenia Montezuma dos 
casas llenas de todo género de armas, y muchas 
de ellas ricas con oro y pedrería, como eran ro- 
delas grandes y chicas, y unas como macanas, 
y otras á manera de espadas de á dos manos, 
engastadas en ellas unas navajas de pedernal, 
que cortaban muy mejor aue nuestras espadas, 
é otras lanzas más largas que no las nuestras, 
con una braza de cuchillas, y engastadas en 
ellas muchas navajas, que aunque den con ellas 
en un broquel ó rodela no saltan, é cortan en fin 
como navajas, que se rapan con ellas las cabe- 
zas, y tenían muy buenos arcos y flechas, y va- 
ras de á dos gajos, y otras de á uno con sus ti- 
raderas, y muchas hondas y piedras rollizas 



CONQUISTA DE NWEVA-ISPAÑA. 421 

hechas á mano, y unos como payeses, que son 
de arte que los pueden arrollar arriba cuando no 
pelean porque no les estorbe, y al tiempo de 
pelear, cuando son menester, los dejan caer, é 
quedan cubiertos sus cuerpos de arriba abajo. 
También tenian muchas armas de algodón col- 
chadas y ricamente labradas por defuera, de 
plumas de muchas colores á manera de divisas 
é invenciones, y tenian otros como capacetes y 
cascos de madera y de hueso, también muy 
labrados de pluma por defuera, y tenian otras 
armas de otras hechuras , que por excusar 
prolijidad fias dejo de decir. Y sus oficiales, 
que siempre labraban y entendían en ello, y 
mayordomos que tenian cargo de las casas de 
armas. Dejemos esto, y vamos á la casa de aves, 
y por fuerza me he de detener en contar cada 
género de qué calidad eran. Digo que desde 
águilas reales y otras águilas más chicas, é 
otras muchas maneras de aves de grandes cuer- 
pos, hasta pajaritos muy chicos, pintados de di- 
versas colores. También donde hacen aquellos 
ricos plumajes que labran de plumas verdes, y 
las aves destas plumas es el cuerpo dellas ama- 
nera de las picazas que hay en nuestra España; 
llámanse en esta tierra quezales; y otros pája- 
ros que tienen la pluma de cinco colores, que es 
verde, colorado, blanco, amarillo y azul; estos 
no se cómo se llaman. Pues papagayos de otras 
diferenciadas colores tenia tantos, que no se me 
acuerda los nombres dellos. Dejemos patos de 



422 BSRNAL DÍAZ. 

buena pluma y otros mayores que les quedan 
parecer, y de todas estas aves pelábanles las 
plumas en tiempo? que para ello era convenible, 
y tornaban á pelechar; y todas las más aves que 
dicho tengo, criaban en aquella casa, y al tiem- 
po de encoclar tenian cargo de les echar sus 
huevos ciertos indios é indias que miraban por 
todas las aves, é de limpiarles sus nidos y dar- 
les de comer, y esto á cada género é ralea de 
aves lo que era su mantenimiento. Y en aque- 
lla casa habia un estanque grande de agua dul- 
ce, y tenia en él otra manera de aves muy altas 
de zancas y colorado todo el cuerpo y alas y co- 
la; no sé el nombre dellas, mas en la isla de Cu- 
ba las llamaban ipíris á otras como ellas. Y tam- 
bién en aquel estanque habia otras raleas 
de aves que siempre estaban en el agua. Deje- 
mos esto, y vamos á otra gran casa donde te- 
nian muchos ídolos, y deciañ que eran sus dioses 
bravos, y con ellos muchos géneros de animales, 
de tigres y leones de dos maneras; unos que son 
de hechura de lobos, que en esta tierra se lla- 
man adives, y zorros y otras alimañas chicas; 
y todas estas carniceras se las mantenían con 
carne, y las más dellas criaban en aquella casa, 
y les daban de comervenados, gallinas, perrillos 
y otras cosas que cazaban, y aun oí decir que 
cuerpos de indios de los que sacrificaban. Y es 
desta manera que ya me habrán oido decir: que 
cuando sacrificaban á algún triste indio, que le 
aserraban con unos navajones de pedernal por 



CONQUISTA DE NUEV A-ESPANA . 423 

los pechos, y bullendo le sacaban el corazón y 
sangre, y lo presentaban á sus ídolos, en cuyo 
nombre hacían aquel sacrificio; y luego les cor- 
taban los muslos y brazos y la cabeza, y aquello 
comian en fiestas y banquetes; y la cabeza col- 
gaban de unas vigas, y el cuerpo del indio sacri- 
ficado no llegaban á él para le comer, sino dá- 
banlo á aquellos bravos animales ; pues más 
tenían en aquella maldita casa muchas víboras 
y culebras emponzoñadas, que traen en las colas 
unos que suenan como cascabeles; estas son las 
peores víboras que hay de todas, y teníanlas en 
cunas, tinajas y en cántaros grandes, y en ellos 
mucha pluma, y allí tenían sus huevos y cria- 
ban sus viboreznos, y les daban á comer de los 
cuerpos de los indios que sacrificaban y otras 
carnes de perros, de los que ellos solian criar. 
Y aun tuvimos por cierto que cuando nos echa- 
ron de Méjico y nos mataron sobre ochocientos 
y cincuenta Se nuestros soldados é de los de 
Narvaez, que de los muertos mantuvieron 
muchos dias á aquellas fuertes alimañas y 
culebras, según diré en su tiempo y sazón: y 
aquestas culebras y bestias tenían ofrecidas á 
aquellos sus ídolos bravos para que estuviesen 
en su compañía. Digamos ahora las cosas infer- 
nales que hacían cuando bramaban los tigres y 
leones y aullaban los adives y zorros y silbaban 
las sierpes; era grima oirlo, y parecía infierno. 
Pasemos adelante, y digamos de los grandes ofi- 
ciales que tenia de cada género de oficio que 



424 BERNAL DÍAZ. 

entre ellos se usaba; y comencemos por los lapi- 
darios y plateros de oro y plata y todo vaciadi- 
zo, que en nuestra España los grandes plateros 
tienen que mirar en ello; y destos tenia tantos 
y tan primos en un pueblo que se dice Escapu- 
zalco, una legua de Méjico; pues labrar piedras 
finas y chalchihuis, que son como esmeraldas, 
otros muchos grandes maestros. Vamos adelan- 
te á los grandes oficiales de asentar de pluma y 
pintores y entalladores muy sublimados, que 
por lo que ahora hemos visto la obra que ha- 
cen, tememos consideración en lo que entonces 
labraban, que tres indios hay en la ciudad de 
Méjico, tan primos en su oficio de entalladores 
y pintores, que se dicen Marcos de Aquino y 
Juan de la Cruz y el Crespillo, que si fueran en 
tiempo de aquel antiguo é afamado Apeles, y de 
Miguel Ángel ó Berrugucte, que son de nues- 
tros tiempos, les pusieran en el número de- 
llos. Pasemos adelante, y vamos á las indias de 
tejederas y labranderas, que le hacian tanta 
multitud de ropa fina con muy grandes labo- 
res de plumas; y de donde más cotidianamen- 
te le traían, era de unos pueblos y provincia que 
está en la costa del Norte de cabe la Vera- 
Cruz, que la decian Costacan, muy cerca de San 
Juan de Ulúa, donde desembarcamos cuando ve- 
níamos con Cortés ;jensu casa del mismo Mon- 
tezuma todas las hijas de señores que tenia por 
amigas, siempre tejían cosas muy primas , é 
otras muchas hijas de mejicanos vecinos, que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 425 

estaban como á manera de recojimiento, que 
querían parecer monjas, también tejían, y todo 
de pluma. Estas monjas tenían sus casas cerca 
del gran cu del Huichilóbos, y por devoción suya 
y de otro ídolo de mujer, que decían que era su 
abogada para casamientos, las metían sus pa- 
dres en aquella religión hasta que se casaban, y 
de allí las sacaban para las casar. Pasemos ade- 
lante, y digamos de la gran cantidad de bailado- 
res que tenia el gran Montezuma, y danzadores 
é otros que traen un palo con los pies, y de 
otros que vuelan cuando bailan por alto, y de 
otros que parecen como matachines, y estos 
eran para dalle placer. Digo que tenia un bar- 
rio destos que no entendían en otra cosa. Pase- 
mos adelante, y digamos de los oficiales que te- 
nia de canteros é albañiles, carpinteros, que to- 
dos entendían en las obras de sus casas. Tam- 
bién digo que tenia tantos cuantos quería. No 
olvidémoslas huertas de flores y árboles oloro- 
sos, y de muchos géneros que dellos tenia, y el 
concierto y pasaderos dellas, y de sus albercas, 
estanques de agua dulce, cómo viene una agua 
por un cabo y vapor otro, é de los baños queden- 
tro tenia, y déla diversidad de pajaritos chicos 
que en los árboles criaban ; y qué de yerbas me- 
dicinales y de provecho q ue en el las tenia, era co- 
sa de ver; y para todo esto muchos hortelanos, y 
todo labrado de cantería, así baños como pasea- 
deros y otros retretes y apartamientos, como ce- 
naderos, y también adonde bailaban é canta- 
54 



426 :§ BERNAL DÍAZ. 

ban; é habia tanto que mirar en esto de las 
huertas como en todo lo demás, que no nos har- 
tábamos de ver su gran poder. E así por el con- 
siguiente tenia maestros de todos cuantos ofi- 
cios entre ellos se usaban, y de todos gran can- 
tidad. Y porque yo estoy harto de escribir sobre 
esta materia, y más lo estarán los letores , lo 
dejaré de decir, y diré cómo fué nuestro capitán 
Cortés con muchos de nuestros capitanes y 
soldados áver el Tatelulco, que es la gran 
plaza de Méjico, y subimos en el alto cu, donde 
estaban sus ídolos Tezcatepuca, y su Huichiló- 
bos; y esta fué la primera vez que nuestro capi- 
tán salió á ver la ciudad de Méjico, y lo que en 
ello pasó. 



CAPITULO XCII. 



JCÓBIO NUESTRO CAPITÁN SALIÓ Á VER LA CIUDAD DE 
MÉJICO Y EL TATELULCO, QUE ES LA PLAZA MAYOR, 
Y EL GRAN CU DE SU HUICHILÓBOS, Y LO QUE MAS 
PASÓ. 



Como había ya cuatro dias que estábamos en 
Méjico, y no salia el capitán ni ninguno dejnosotros 
de los aposentos, excepto á las casas y huertas, 
nos dijo Cortés que seria bien ir á la plaza Ma- 



CONQUISTA BE HUEVA-ISPANA . 427 

yorá ver el gran adoratorio de suHuichilóbos, y 
que quería envialle á decir al gran Montezuma 
que lo tuviese por bien ; y para ello envió 
por mensajero á Jerónimo de Aguilar y á do- 
ña Marina, é con ellos á un pajecillo de nues- 
tro capitán, que entendía ya algo de la lengua, 
que se decia Orteguilla; y el Montezuma , co- 
mo lo supo , envió á decir que fuésemos mu- 
cho en buen hora , y. por otra parte temió no 
lo fuésemos á hacer algún deshonor á sus 
dolos, y acordó de ir él en persona con muchos 
de sus principales, y en sus ricas andas salió de 
sus palacios hasta la mitad del camino, y cabe 
unos adoratorios se apeó de las andas, porque 
tenia por gran deshonor de sus ídolos ir hasta 
su casa é adoratorio de aquella manera, y no ir 
á pié, y llevábanle de brazo grandes principa- 
les, é iban delante del Montezuma señores de 
vasallos, y llevaban dos bastones como cetros 
alzados en alto, que era señal que iba allí el 
gran Montezuma: y cuando iba en las andas lle- 
vaba una varita, la media de oro y media de 
palo, levantada como vara de justicia; y asi se 
fué y subió en su gran cu, acompañado de mu- 
chos papas, y comenzó á zahumar y haeer otras 
ceremonias al Huichilóbos. Dejemos al Monte- 
zuma, que ya habia ido adelante, como dicho 
tengo, y volvamos á Cortés y á nuestros capita- 
nes y soldados, como siempre teníamos por cos- 
tumbre de noche y de dia estar armados, y asi 
no via estar el Montezuma, y cuando lo íbamos 



428 6IRNAL DÍAZ. 

á ver no lo teníamos por cosa nueva. Digo esto 
porque á caballo nuestro capitán, con todos los 
más que tenían caballos y la más parte de nues- 
tros soldados, muy apercebidos fuimos al Tatc- 
lulco, é iban muchos caciques que el Montezu- 
ma envió para que nos acompañasen: y cuando 
llegamos á la gran plaza, que se dice el Tate- 
lulco, como no habíamos visto tal cosa, queda- 
mos admiradosde la multitud de gente y merca- 
derías que en ella habia y del gran concierto y 
regimiento que en todo tenían; y los principales 
que iban con nosotros nos lo iban mostrando; 
cada género de mercaderías estaban por sí y te- 
nían situados y señalados sus asientos. Comen- 
cemos por los mercaderes de oro y plata y pie- 
dras ricas,*y plumas y mantas y cosas labradas, 
y otras mercaderías, esclavos y esclavas; digo 
que traían tantos á vender á aquella gran plaza 
como traen los portugueses los negros de Gui- 
nea, é traíanlos atados en unas varas largas, con 
collares á los pescuezos porque no se les huye- 
sen, y otros dejaban sueltos. 

Luego estaban otros mercaderes que vendían 
ropa más basta, é algodón, é otras cosas de hi- 
lo torcido, y cacaguateros que vendían cacao; y 
desta manera estaban cuantos géneros de mer- 
caderías hay en toda la Nueva-España, puesto 
que por su concierto, de la manera que hay en 
mi tierra, que es Medina del Campo, donde se 
facen las ferias, que en cada calle están sus mer- 
caderías por sí, así estaban en esta gran plaza; y 



COHQUISTA DB NUEVA-ESPAÑA. 42§ 

los que vendían mantas de nequen y sogas, y 
cotaraz, que son los zapatos que calzan, y hacen 
de nequen y de las raices del mismo árbol muy 
dulces cocida*-, y otras zarrabusterías que sacan 
del mismo árbol; todo estaba á una parte de la 
plaza en su lugar señalado; y cueros de tigres, 
de leones y de nutrias, y de adives y de venados 
y de otras alimañas, é tejones é gatos monteses, 
dellos adobados y otros sin adobar. Estaban en 
otra parte otros géneros de cosas é mercaderías. 
Pasemos adelante, y digamos de los que vendían 
frisóles y chia y otras legumbres é yerbas, á 
otra parte. Vamos á los que vendían gallinas, 
gallos de papada, conejos, liebres, venados y 
anadones, perrillos y otras cosas deste arte, 
á tu parte de la plaza. Digamos de las frute- 
ras, de las que vendían cosas cocidas, maza- 
morreras y malcocinado, también á su par- 
te; puesto todo género de loza hecha de mil 
maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chi- 
cos, que estaban por sí aparte ; y también los 
que vendían miel y melcochas y otras golosinas 
que hacian, como nuégados. Pues los que ven- 
dían madera, tablas, cunas viejas é tajos é ban- 
cos, todo por sí. Vamos á los que vendían leña, 
acote é otras cosas desta manera. ¿Qué quieren 
más que diga? Que hablando con acato, también 
vendían canoas llenas de hienda de hombres, 
que tenían en los esteros cerca de la plaza , y 
esto era para hacer ó para curtir cueros, que sin 
ella decían que no se hacian buenos. Bien tengo 



450 BBRWAL DÍAZ. 

entendido que algunos se reian desto ; pues 
digo que es asi ; y más digo , que tenían por 
costumbre que en todos los caminos que tenían 
hechos de cañas ó paja ó yerbas porque no los 
viesen los que pasasen por ellos, y allí se me- 
tían si tenían ganas de purgar los vientres, por- 
que no se les perdiese aquella suciedad. ¿Para 
qué gasto ya tantas palabras de lo que vendían 
en aquella plaza? Porque es para no acabar tan 
presto de contar por menudo todas las cosas, 
sino qué papel, que en esta tierra llaman a^natl, 
y unos cañutos de olores con liquidámbar , lle- 
nos de tabaco, y otros ungüentos amarillos , y 
cosa deste arte vendían por sí; é vendían mucha 
grana debajo de los portales que estaban en 
aquella gran plaza; é habia muchos herbolarios 
y mercaderías de otra manera: y tenían allí sus 
casas, donde juzgaban tres jueces y otros como 
alguaciles ejecutores que miraban las mercade- 
rías. Olvidádoseme habia la sal y los que ha- 
cían navajas de pedernal, y de cómo las saca- 
ban de la misma piedra. Pues pescaderas y otros 
que vendían uno panecillos que hacen de una 
como lama que cojen de aquella gran laguna, 
que se cuaja y hacen panes dello, que tienen un 
sabor á manera de queso ; y vendían hachas de 
latón y cobre y estaño, y jicaras, y unos jarros 
muy pintados , de madera hechos. Ya quería 
haber acabado de decir todas las cosas que alli 
se vendían, porque eran tantas y de tan diver- 
sas calidades, que para que lo acabáramos de 



CONOÜISTA DE NUEVA-ESPANA. 43Í 

ver é inquirir era necesario más espacio ; que, 
como la gran plaza estaba llena de tanta gente 
y toda cercada de portales, que en un dia no se 
podía ver todo; y fuimos al gran cu, á ya que 
íbamos cerca de sus grandes patios , é antes de 
salir de la misma plaza estaban otros muchos 
mercaderes, que según dijeron , era que tenian 
á vender oro en granos como lo sacan de las 
minas, metido el oro en unos cañutillos delga- 
dos de los de ansarones de la tierra , é asi blan- 
cos porque se pareciese el oro por defuera , y 
por el largor y goidor de los cañutillos tenian 
entre ellos su cuenta qué tantas mantas ó qué 
jiquipiles de cacao valia, ó qué esclavos , ó otra 
cualquier cosa á que lo trocaban; é asi, dejamos 
la gran plaza sin más la ver , y llegamos á los 
grandes patios y cercas donde estaba el gran 
cu, y tenia antes de llegar á él un gran circuito 
de patios, que me parece que eran mayores que 
la plaza que hay en Salamanca , y con dos cer- 
cas alrededor de cal y canto , y el mismo patio 
y sitio todo empedrado de piedras grandes de 
losas blancas y muy lisas, y adonde no habia de 
aquellas piedras, estaba encalado y bruñido „ y 
todo muy limpio , que no hallaran una paja ni 
polvo en todo él. Y cuando llegamos cerca del 
gran cu , antes que subiésemos ninguna grada 
del , envió el gran Montezuma desde arriba, 
donde estaba haciendo sacrificios , seis papas y 
dos principales para que acompañasen á nuestro 
capitán Cortés , y al subir de las gradas , que 



432 



BERNAL DÍAZ, 



eran ciento y catorce , le iban á tomar de los 
brazos para le ayudar á subir , creyendo que se 
cansaría, como ayudaban á subir á su señor 
Montezuma , y Cortés no quiso que llegasen á 
él; y como subimos á lo alto del gran cu , en 
una placeta que arriba se hacia , adonde tenían 
un espacio como andamios , y en ellos puestas 
unas grandes piedras adonde ponían los tristes 
indios para sacrificar, allí habia un gran bulto 
como de dragón é otras malas figuras, y mucha 
sangre derramada de aquel día. E asi como lle- 
gamos, salió el gran Montezuma de un adorato- 
rio donde estaban sus malditos ídolos , que era 
en lo alto del gran cu , y vinieron con él dos 
papas, y con mucho acato que hicieron á Cortés 
é á todos nosotros le dijo: «Cansado estaréis, 
señor Malinche , de subir á este nuestro gran 
templo.» Y Cortés le dijo con nuestras lenguas, 
que iban con nosotros, que él ni nosotros no nos 
cansábamos en cosa ninguna ; y luego le tomó 
por la mano y le dijo que mirase su gran ciudad 
y todas las más ciudades que habia dentro en el 
agua, é otros muchos pueblos en tierra alrede- 
dor de la misma laguna; y que si no habia visto 
bien su gran plaza, que desde alli la podría ver 
muy mejor; y asi lo estuvimos mirando , .porque 
aquel grande y maldito templo estaba tan alto, 
que todo lo señoreaba ; y de alli vimos las tres 
calzadas que entran en Méjico, que es la de Iz- 
tapalapa, que fué por la que entramos cuatro 
dias habia; y la de Tacuba fué por donde des- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 433 

pues de ahi á ocho meses salimos huyendo la 
noche de nuestro gran desbarate, cuando Cued- 
lauaca, nuevo señor, nos echó de la ciudad, como 
adelante diremos ; y la de Tepeaquiíla ; y vía- 
mos el agua dulce que venia de Chapultepeque, 
de que se proveía la ciudad ; y en aquellas tres 
calzadas las puentes que tenían hechas de tre- 
cho á trecho, por donde entraba y salla el agua 
de la laguna de una parte á otra ; é víamos en 
aquella gran laguna tanta multitud de canoas, 
unas que venían con bastimentos é otras que ve- 
nían con cargas é mercaderías; y víamos que 
cada casa de aquella gran ciudad y de todas las 
demás ciudades que estaban pobladas en el 
agua, de casa á casa no se pasaba sino por unas 
puentes levadizas que tenían hechas de madera 
ó en canoas ; y víamos en aquellas ciudades cues 
é adoratorios á manera de torres é fortalezas, y 
todas blanqueando, que era cosa de admiración, 
y las casas de azuteas, y en las calzadas otras 
torrecillas é adoratorios que eran como fortale- 
zas. Y después de bien mirado y considerado 
todo lo que habíamos visto, tornamos á ver la 
gran plaza y la multitud de gente que m ella 
había, unos comprando y otros vendiendo, que 
solamente el rumor y el zumbido de las voces y 
palabras que allí habia, sonaba más que de una 
legua ; y entre nosotros hubo soldados que ha- 
bían estado en muchas partes del mundo, y en 
Constantinopla y en toda Italia y Roma, y dije- 
ron que plaza tan bien compasada y con tanto 
55 



434 RERNAL DÍAZ. 

concierto, y tamaña y llena de tanta gente, 
no la habían visto. Dejemos esto , y volva- 
mos á nuestro capitán, que dijo á fray Bartolo- 
mé de Olmedo, ya otras veces por mí nombrado, 
que allí se halló : «Paréceme, señor padre, que 
será bien que demos un tiento á Montezuma 
sobre que nos deje hacer aquí nuestra iglesia; y 
el padre dijo que seria bien si aprovechase, mas 
que le parecia que no era cosa convenible ha- 
blar en tal tiempo, que no via al Montezuma de 
arte que en tal cosa concediese., y luego nues- 
tro Cortés dijo al Montezuma, con doña Marina, 
la lengua : «Muy gran señor es vuestra majes- 
tad, y de mucho más es merecedor; hemos hol- 
gado de ver vuestras ciudades. Lo que os pido 
por merced es , que pues estamos aquí en este 
vuestro templo, que nos mostréis vuestros dio- 
ses y teules.» Y Montezuma dijo que primero 
hablaría con sus grandes papas ; y luego que 
con ellos hubo hablado , dijo que entrásemos en 
una torrecilla é apartamento á manera de sala, 
donde estaban dos como altares con muy ricas 
tablazones encima del techo, é en cada altar es- 
taban dos bultos como de gigante , de muy altos 
cuerpos y muy gordos , y el primero que estaba 
á la mano derecha decían que era el de Huichi- 
lóbos , su dios de la guerra , y tenia la cara y 
rostro muy ancho, y los ojos disformes é espan- 
tables , y en todo el cuerpo tanta de la pedrería 
é oro y perlas é aljófar pegado con engrudo, 
que hacen en esta tierra de unas como de raí- 



CONQUISTA DE NUEVA-ISPAÑA . 4BS 

ees , que todo el cuerpo y cabeza estaba lleno 
dello, y ceñido al cuerpo unas á manera de 
grandes culebras hechas de oro y pedrería, y en 
una mano tenia un arco y en otra unas flechas. 
E otro ídolo pequeño que allí cabe él estaba, 
que decian era su paje , le tenia una lanza no 
larga y una rodela muy rica de oro ó pedrería, 
é tenia puestas al cuello de Huchilóbos unas 
caras de indios y otros como corazones de los 
mismos indios, y estos de oro y dellos de plata 
con mucha pedrería azules ; y estaban allí unos 
braseros con incienso , que es su copal , y con 
corazones de indios de aquel dia sacrificados , é 
se quemaban , y con el humo y copal le habían 
hecho aquel sacrificio ; y estaban todas las pa- 
redes de aquel adoratorio tan bañadas y ne- 
gras de costras de sangre , y asimismo el suelo, 
que todo hedia muy malamente. Luego vimos 
á la otra parte de la mano izquierda estar el otro 
gran bulto del altor del Huichilóbos, y tenia un. 
rostro como de oso y unos ojos que le relumbra- 
ban, hechos de sus espejos, que se dice Tezcat, 
y el cuerpo con ricas piedras pegadas según y 
de la manera del otro su Uuichilpbos ¡ porque^ 
según decian, entrambos eran hermanos, y este 
Tezcatepuca era el dios de los infiernos, y tenia 
cargo de las ánimas de los mejicanos, y tenia 
ceñidas al cuerpo unas figuras como diablillos 
chicos, y las colas dellos como sierpes, y tenia 
en las paredes tantas costras de sangre y el suelo 
todo bañado dello, que en los mataderos de Cas- 



4Ü6 gÉRÍÍAL DÍAZ. 

tilla no había tanto hedor ; y allí le tenían pre- 
sentado cinco corazones de aquel día sacrifica- 
dos ; y en lo más alto de todo el cu estaba otra 
concavidad muy ricamente labrada la madera 
della, y estaba otro bulto como de medio hom- 
bre y medio lagarto, todo lleno de piedras ricas, 
y la mitad del enmantado. Este decían que la 
mitad del estaba lleno de todas las semillas que 
habia en toda la tierra, y decian que era el dios 
de las sementeras y frutas ; no se me acuerda 
el nombre del, y todo estaba lleno de sangre, 
así paredes como altar, y era tanto el hedor, 
que no víamos la hora de salimos fuera, y allí te- 
nían un tambor muy grande en demasía, que 
cuando le tañían el sonido del era tan triste 
y de tal manera, como dicen instrumento de los 
infiernos, y más de dos leguas de allí se oia; y 
decían que los cueros de aquel atambor eran de 
sierpes muy grandes; é en aquella placeta te- 
nían tantas cosas muy diabólicas de ver, de bo- 
cinas y trompetillas y nayajones, y muchos co- 
razones de indios que habían quemado, con que 
zahumaban aquellos sus ídolos, y todo cuajado 
de sangre, y tenían tanto, que los doy á la mal- 
dición; y como todo hedia á carnicería, no vía- 
mos la hora de quitarnos de tan mal hedor y 
peor vista; y nuestro capitán dijo á Montezuma 
con nuestra lengua, como medio riendo: «Señor 
Montezuma, no sé yo cómo un tan gran señor é 
sabio varón como vuestra majestad es, no haya 
coligido en su pensamiento cómo no son estos 



CONQUISTA DI NWEVA-ESPAÑA. 437 

vuestros ídolos dioses, sino cosas malas, qué sé 
llama» diablos. Y para que vuestra majestad lo 
conozca y todos sus papas lo vean claro, haced- 
me una merced, que hayáis por bien que en lo 
alto desta torre pongamos una cruz, y en una 
parte destos adoratorios, donde están vuestros 
Huichilóbos y Tezcatepuca, haremos un aparta- 
do donde pongamos una imagen de Nuestra Se- 
ñora; la cual imagen ya el Montezuma la habia 
visto; y veréis el temor que dello tienen esos 
ídolos que os tienen engañados.» Y el Montezu- 
ma respondió medio enojado, y dos papas que 
con él estaban mostraron malas señales, y dijo: 
«Señor Malinche, si tal deshonor como has di- 
cho creyera que habías de decir, no te mostrara 
mis dioses; aquestos tenemos por muy buenos, y 
ellos dan salud y aguas y buenas sementeras' é 
temporales y Vitorias, y cuanto querérnosle tené- 
rnoslos de adorar y sacrificar. Lo que os ruego es, 
que no se digan otras palabras en sudeshonor;» 
y como aquello le oyó nuestro capitán, y tan al 
terado, no le replicó más en ello, y con cara ale- 
gre le dijo: «Hora es que Vuestra Majestad y 
nosotros nos vamos;» y el Montezuma respondió 
que era bien, é que porque él tenia que rezar é 
hacer ciertos sacrificios en recompensa del gra- 
tlatlacol, que quiere decir pecado que habia 
hecho en dejarnos subir en su gran cu é ser 
causa de que nos dejase ver sus dioses, é del 
deshonor que les hicimos en decir mal dellos, 
que antes que se fuese que lo habia de rezar é 



438 BSRNAL DÍAZ. 

adorar. Y Cortés le dijo: «Pues que así es, per- 
done, señor;» é luego nos bajamos las gradas 
abajo, y como eran ciento y catorce, é algunos 
de nuestros soldados estaban malos de bubas ó 
humores, les dolieron los muslos de bajar. Y 
dejaré de hablar de su adoratorio, y diré lo que 
me parece del circuito y manera que tenia; y si 
no lo dijere tan al natural como era, no se mara- 
villen, porque en aquel tiempo tenia otro pen- 
samiento de entender en lo que traíamos entre 
manos, que era en lo militar y lo que mi capitán 
Cortés me mandaba, y no en hacer relaciones. 
Volvamos á nuestra materia. Paréceme que el 
circuito del gran cu seria de seis muy grandes 
solares de los que dan en esta tierra, y desde abajo 
hasta arriba, adonde estaba una torrecilla, é allí 
estaban sus ídolos, va estrechando , y en medio 
del alto cu hasta lo más alto del van cinco con- 
cavidades á manera de barbacanas y descu- 
biertas sin mamparos; y porque hay muchos 
cues pintados en reposteros de conquistadores, 
é en uno que yo tengo, que cualquiera dellos 
al que los ha visto , podrá colegir la manera 
que tenian por defuera; mas lo que yo vi y en- 
tendí , é dello hubo fama en aquellos tiempos 
que fundaron aquel gran eu , en el cimiento del 
habian ofrecido de todos los vecinos de aquella 
gran ciudad oro é plata y aljófar é piedras 
ricas, é que le habian bañado con mucha sangre 
de indios que sacrificaron t que habian tomado 
en las guerras , y de toda manera de diversidad 



CONQUISTA DE NUEV A-E8PANA . 43§ 

de semillas que habia en toda la tierra , porque 
les diesen sus ídolos victorias é riquezas y mu- 
chos frutos. Dirán ahora algunos letores muy 
curiosos que cómo pudimos alcanzar á saber 
que en el cimiento de aquel gran cu echaron 
oro y plata é piedras de chaichihuis ricas , y 
semillas , y lo rociaban con sangre humana de 
indios que sacrificaban, habiendo sobre mil años 
que se fabricó y se hizo. A esto doy por res- 
puesta que desde que ganamos aquella fuerte y 
gran ciudad y se repartieron los solares , que 
luego propusimos que en aquel gran cu habia- 
mos de hacer la iglesia de nuestro patrón é guia- 
dor señor Santiago, é cupo mucha parte de solar 
del alto cu para el solar de la santa iglesia , y 
cuando abrian los cimientos para hacerlos más 
fijos, hallaron mucho oro v plata y chaichihuis, 
y perlas é aljófar y otras piedras. Y asimismo 
á un vecino de Méjico que le cupo otra parte 
del mismo solar , halló lo mismo; y los oficiales 
de la hacienda de su majestad demandábanlo por 
de su majestad, que le venia de derecho, y sobre 
ello hubo pleito, é no se me acuerda lo que pasó, 
mas de que se informaron de los caciques y prin- 
cipales de Méjico y de Guatemuz , que entonces 
era vivo , é dijeron que es verdad que todos 
los vecinos de Méjico de aquel tiempo echaron 
en los cimientos aquellas joyas é todo lo demás, 
é que asi lo tenían por memoria en sus libros y 
pinturas de cosas antiguas, é por esta causa se 
quedó para la obra de la santa iglesia de señor 



440 BERIÍAL DÍAZ. 

Santiago. Dejemos esto, y digamos de los gran- 
des y suntuosos patios que estaban delante del 
Huiehilóbos, adonde está ahora señor Santiago, 
que se dice el Taltelulco, porque así se solia 
llamar. Ya he dicho que tenian dos cercas de 
cal y canto antes de entrar dentro , é que era 
empedrado de piedras blancas como losas, y 
muy encalado y bruñido y limpio , y seria de 
tanto compás y tan aneho como la plaza de Sa- 
lamanca; y un poco apartado del gran cu esta- 
ba una torrecilla que también era casa de ído- 
los, ó puro infierno, porque tenia á la boca de 
la una puerta uua muy espantable boca de las 
que pintan, que dicen que es como Ja que está 
en los infiernos, con la boca abierta y grandes 
colmillos para tragar las ánimas. E asimismo 
estaban unos bultos de diablos y cuerpos de 
sierpes junto á la puerta , y tenian un poco 
apartado un sacrificadero , y todo ello muy en- 
sangrentado y negro de humo é costras de san- 
gre; y tenian muchas ollas grandes y cántaros 
é tinajas dentro en la casa llenas de agua,, que 
era allí donde cocinaban la carne de los tristes 
indios que sacrificaban, que comían los papas, 
porque también tenian cabe el sacrificadero 
muchos nayajones y unos tajos de madera como 
en los que cortan carne en las carnicerías. Y 
asimismo detrás de aquella maldita casa, bien 
apartado della, estaban unos grandes rimeros 
de leña, y no muy lejos una gran alberca de 
agua que se henchía y vaciaba, que le venia por 



CONQUISTA DE NUBTA-ESPANA. 443 

de reír es, que tenían en cada provincia sus ído- 
los, y los de la una provincia ó ciudad no apro- 
vechaban á los otros; é así, tenian infinitos ído- 
los y á todos sacrificaban. Y después que nues- 
tro capitán y todos nosotros nos cansamos de 
andar y ver tantas diversidades de ídolos y sus 
sacrificios, nos volvimos á nuestros aposentos, y 
siempre muy acompañados de principales y ca- 
ciques que Montezuma enviaba con nosotros. 
Y quedarse há aquí, y diré lo que más hicimos. 



CAPITULO XCIII. 



COMO HICIMOS NUESTRA IGLESIA Y ALTAR EN NUESTRO 
APOSENTO, T UNA CRUZ FUERA DEL APOSENTO, Y LO 
QUE MÁS PASAMOS, Y HALLAMOS LA SALA Y RECA- 
MARA DEL TESORO DEL PADRE DE MONTEZUMA , Y 
CÓMO SE ACORDÓ PRENDER AL MONTEZUMA. 



Como nuestro capitán Cortés y el padre de la 
Merced vieron que Montezuma no tenia volun- 
tad que en el cu de su Huichilóbos pusiésemos la 
cruz ni hiciésemos la iglesia ; y porque desde 
que entramos en la ciudad de Méjico, cuando se 
decia Misa hacíamos un altar sobre mesas y tor- 
nábamos á quitarlo , acordóse que demandáse- 
mos á los mayordomos del gran Montezuma al- 



444 BERNAL DÍAZ. 

bañiles para que en nuestro aposento hiciésemos 
una iglesia; y Jos mayordomos dijeron que se lo 
harían saber al Montezuma, y nuestro capitán 
envió á decírselo con doña Marina y Aguilar y 
Orteguilla, su paje, que entendía ya algo la len- 
gua, y luego dio licencia y mandó dar todo re- 
caudo , é en tres dias teníamos nuestra iglesia 
hecha, y la santa cruz puesta delante de los 
aposentos , é allí sé decia Misa cada dia , hasta 
que se acabó el vino ; que , como Cortés y otros 
capitanes y el fraile estuvieron malos cuando las 
guerras de Tlascala , dieron priesa al vino que 
teníamos para Misas , y desde que se acabó, 
cada dia estábamos en la iglesia rezando de ro- 
dillas delante del altar é imágenes , lo uno por 
lo que éramos obligados á cristianos y buena 
costumbre, y lo otro porque Montezuma y todos 
sus capitanes lo viesen y se inclinasen á ello , y 
porque viesen el adoratorio, y vernos de rodillas 
delante de la cruz, especial cuando tañíamos á 
la Ave-María. Pues estando que estábamos en 
aquellos aposentos, como somos de tal calidad, 
é todo lo trascendemos é queremos saber, cuan- 
do miramos á donde mejor y en más convenible 
parte habíamos de hacer el altar , dos de nues- 
tros soldados , que uno dellos era carpintero de 
lo blanco, que se decia Alonso Yañez, vio en una 
pared una como señalque habia sido puerta, que 
estaba cerrada y muy bien encalada é bruñida; 
y como habia fama é teníamos relación que en 
aquel aposento tenia Montezuma el tesoro de su 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA . 4Ü 

su caño encubierto de la que entraba en la ciu- 
dad desde Chapultepeque. Yo siempre la llama- 
ba á aquella casa el infierno. Pasemos adelante 
del patio y vamos á otro cu, donde era enterra- 
miento de grandes señores mejicanos, que tam- 
bién tenian otros Ídolos, y todo lleno de sangre 
é humo, y tenia otras puertas y figuras de in- 
fierno; y luego junto de aquel cu estaba otro lle- 
no de calaveras é zancarrones puestos con gran 
concierto, que se podían ver, más no se podían 
contar, porque eran muchos, y las calaveras por 
si, y los zancarrones en otros rimeros; é allí ha- 
bía otros ídolos, y en cada casa ó cu y adorato- 
rio que he dicho, estaban papas con sus vestir 
duras largas de mantas prietas y las capillas 
como de dominicos, que también tiraban un 
poco á las de los canónigos, y el cabello muy 
largo y hecho, que no se podia desparcir ni 
desenredar; y todos los más sacrificados las 
orejas, é en los mismos cabellos mucha sangre. 
Pasemos adelante, que habia otros cues aparta- 
dos un poco de donde estaban las calaveras, 
que tenian otros ídolos y sacrificios de otras 
malas pinturas ; é aquellos decían que eran 
abogados de los casamientos de los hombres. 
No quiero detenerme más en contar de ídolos, 
sino solamente diré que en torno de aquel gran 
patio habia muchas casas, é no altas, é eran 
adonde estaban y residían los papas é otros in- 
dios que tenian cargo de los ídolos; y también 
tenian otra muy mayor alberca ó estanque de 
ftti 



442 • BERNAL DÍAZ. 

agua y muy limpia á una parte del gran cu, y 
era dedicada para solamente el servicio de Hui- 
ehilóbos é Tezcatepuca, y entraba el agua en 
aquella alberca por caños encubiertos que ve- 
nían de Chalpultepeque; é allí cerca estaban 
otros grandes aposentos á manera de monaste- 
rio, adonde estaban recojidas muchas hijas de 
vecinos mejicanos, como monjas, hasta que se 
casaban; y allí estaban dos bultos de ídolos de 
mujeres, que eran abogadas de los casamientos 
de las mujeres, y á aquellas sacrificaban y ha- 
cían fiestas porque les diesen buenos maridos. 
Mucho me he detenido en contar deste gran cu 
del Tatelulco y sus patios, pues digo era el 
mayor templo de sus ídolos de todo Méjico, por- 
que habia tantos y muy suntuosos, que entre 
cuatro ó cinco barrios tenían un adoratorio y sus 
ídolos; y porque eran muchos c yo no sé la 
cuenta de todos, pasaré adelante, y diré que en 
Cholula el gran adoratorio que en él tenían era 
de mayor altor que no el d3 Méjico, porque te- 
nia ciento y veinte gradas, y según dicen, el 
ídolo de Cholula teníanle por bueno, é iban á él 
en romería de todas partes de la Nueva-España 
á ganar perdones, y á esta causa lo hicieron tan 
suntuoso cu, mas era de otra hechura que el me 
jicano, é asimismo los patios muy grandes é con 
dos cercas. También digo que el cu de la ciudad 
del Tezcuco era muy alto, de ciento y diez y 
siete gradas, y los patios anchos y buenos, y he- 
chos de otra manera que los demás. Y una cosa 



CONQUISTA DE NUEVA-KSPANA. 44f 

todo se nos hacia rejalgar en el cuerpo, é que 
ni de noche ni de dia no dormíamos ni reposába- 
mos, con aqueste pensamiento; é que si otra cosa 
algunos de nuestros soldados menos que esto 
que le deciamos sintiesen, que serian como bes- 
tias, que no tenian sentido, que se estaban al 
dulzor del oro, no viendo la muerte al ojo. Y 
como esto oyó Cortés, dijo: «No creáis, caballe- 
ros, que duermo ni estoy sin el mismo cuidado; 
que bien me lo habréis sentido; más ¿que poder 
tenemos nosotros para hacer tan grande atrevi- 
miento como prender á tan gran señor en sus 
mismos palacios, teniendo sus gentes de guarda 
y de guerra? ¿Qué manera ó arte se puede tener 
en querello poner por efeto, que no apellide sus 
guerreros y luego nos acometan?» Y replicaron 
nuestros capitanes, que fué Juan Velazquez de 
León y Diego de Ordás é Gonzalo de Sandoval 
y Pedro de Albarado, que con buenas palabras 
sacalle de su sala y traello á nuestros aposentos 
y decille que ha de estar preso; que si se alte- 
rare ó diere voces, que lo pagará su persona; 
y que si Cortés no lo quiere hacer luego, que 
les dé licencia, que ellos lo prenderán y lo 
pondrán por la obra; y que de dos grandes pe- 
ligros en que estamos, que el mejor y el más 
á propósito es prendelle , que no aguardar 
que nos diesen guerra; y que si la comenzaba, 
¿qué remedio podriamos tener? También le di- 
jeron ciertos soldados que nos parecía que los 
mayordomos de Montezuma que servían en 



448 BERNAL DÍAZ. 

darnos bastimentos se desvergonzaban y no lo 
traían cumplidamente, como los primeros dias; 
y también dos indios tlascaltecas, nuestros ami- 
gos, dijeron secretamente á Jerónimo do Agui- 
lar, nuestra lengua, que no les parecía bien la 
voluntad de los mejicanos de dos dias atrás. Por 
manera que estuvimos platicando en este acuer- 
do bien una hora, si le prendiéramos ó no, y 
qué manera temíamos; y á nuestro capitán bien 
se le encajó este postrer consejo, y dejábamos- 
lo para otro dia, que en todo caso lo habíamos 
prender, y aun toda la noche estuvimos con el 
padre de la Merced rogando á Dios que lo en- 
caminase para su santo servicio. Después destas 
pláticas, otro dia por la mañana vinieron dos 
indios de Tlascala muy secretamente con unas 
cartas de la Villa-Rica, y lo que se contenia en 
ello decia que Juan de Escalante , que quedó 
por alguacil mayor, era muerto, y seis solda- 
dos juntamente con él, en una batalla que lé 
dieron los mejicanos; y también le mataron el 
caballo y á nuestros indios totonaques, que lle- 
vó en su compañía, y que todos los pueblos de 
la sierra y Cempoal y su sujeto están alterados 
y no les quieren dar comida ni servir en la for- 
taleza, y que no saben qué se hacer; y que co- 
mo de antes los tenian por teules, que ahora, 
que han visto aquel desbarate, les hacen fieros, 
así los totonaques como los mejicanos, y que no 
les tienen en nada, ni saben qué remedio to- 
mar, Y cuando oímos aquellas nuevas, sabe Dios 



C0NQ1Í1STA DE HUfeVA-ESPANA. 445 

padre Axay acá, sospechóse que estaría en aque- 
lla sala , que estaba de pocos dias cerrada y en- 
calada ; y el Yañez le dijo á Juan Velazquez de 
León y Francisco de Lugo , que eran capitanes, 
y aun deudos mios; el Alonso Yañez se allegaba 
á su compañía , eomo criado de aquellos capita- 
nes, y se lo dijeron á Cortés,, y secretamente se 
abrió la puerta, y cuando fué abierta , Cortés 
con ciertos capitanes entraron primero dentro, 
y vieron tanto número de joyas de oro é plan- 
chas , y tejuelos muchos, y piedras de chalchi- 
huis y otras muy grandes riquezas ; quedaron 
elevados , y no supieron qué decir de tantas ri- 
quezas ; y luego lo supimos entre todos los de- 
mas capitanes y soldados , y lo entramos á ver 
muy secretamente ; y como yo lo vi , digo que 
me admiré , é como en aquel tiempo era man- 
cebo y no habia visto en mi vida riquezas co- 
mo aquellas , tuve por cierto que en el mundo 
no debiera haber otras tantas; é acordóse por 
todos nuestros capitanes é soldados que ni por 
pensamiento se tocase en cosa ninguna dellas, 
sino que la misma puerta se tornase luego á 
poner sus piedras y cerrasey encalase de la ma- 
nera que la hallamos, y que no se hablase en ello, 
porque no lo alcanzase á saber Montezuma, 
hasta ver otro tiempo. Dejemos esto desta ri- 
queza, y digamos que, como teniamostan esfor- 
zados capitanes y soldados, y de muchos buenos 
consejos y pareceres, y primeramente nuestro 
Señor Jesucristo ponia su divina mano en todas 



446 BlftNAL DÍAZ. 

nuestras cosas, y así lo teníamos por cierto, 
apartaron á Cortés cuatro de nuestros capitanes, 
y juntamente doce soldados de quien él se fiaba 
é comunicaba, é yo era uno dellos, y le dijimos 
que mirase la red y garlito donde estábamos, y 
la fortaleza de aquella ciudad, y mirase las 
puentes y calzadas, y las palabras y avisos que 
en todos los pueblos por donde hemos venido 
nos han dado, que habia aconsejado el Huichi- 
lóbos á Montezuma que nos dejase entrar en su 
ciudad, é que allí nos matarían, y que mirase 
que los corazones de los hombres son muy mu- 
dables, en especial en los indios, y que no tu- 
viese confianza de la buena voluntad y amor que 
Montezuma nos muestra, porque de una hora á 
otra la mudaría, y cuando se le antojase darnos 
guerra, que con quitarnos la comida ó el agua, 
ó alzar cualquiera puente, que no nos podría- 
mos valer; é que mire la gran multitud de in- 
dios que tiene de guerra en su guarda, é ¿qué 
podríamos nosotros hacer para ofendellos ó para 
defendernos? Porque todas las casas tienen en el 
agua; pues socorro de nuestros amigos los de 
Tlascala ¿por donde han de entrar? Y pues es 
cosa de ponderar todo esto que le decíamos, que 
luego sin más dilación prendiésemos al Monte- 
zuma si queríamos asegurar nuestras vidas, y 
que no se aguardase para otro día, y que mirase 
que con todo el oro que nos daba Montezuma, ni 
el que habíamos visto en el tesoro de su padre 
Axayaca, ni con cuanta comida comíamos, que 



CONQUISTA DE NUEVA- ESPAÑA. 449 

cuánto pesar tuvimos todos. Aqueste fué el pri- 
mer desbarate que tuvimos en la Nueva-Espa- 
ña; miren los curiosos letores la adversa fortu- 
na cómo vuelve rodando; ¡quien nos vio entrar 
en aquella ciudad con tan solemne recibimiento 
y triunfantes, y nos teníamos en posesión de 
ricos con lo que Montezuma nos daba cada dia, 
así al capitán como á nosotros; y haber visto la 
casa por mí nombrada llena de oro, y nos tenían 
por teules, que son ídolos, ú que todas las bata- 
llas vencíamos; é ahora habernos venido tan 
grande desmán, que no nos tuviesen en aquella 
reputación que de antes, sino por hombres que 
podíamos ser vencidos, y haber sentido cómo se 
desvergonzaban contra nosotros! En fin de más 
razones, fué acordado que aquel mismo dia de 
una manara y de otra se prendiese á Montezu- 
ma*ó mürir todos sobre ello. Y porque para que 
vean los letores de la manera que fué esta ba- 
talla üe Juan de Escalante, y cómo le mataron 
á él y á seis soldados, y el caballo y los amigos 
totonaques que llevaba consigo, lo quiero aquí 
declara^ntes de la prisión de Montezuma, por 
no de_jartro atrás, porque es menester dallo bien 
á entender. 



57 



450 BERNAL DÍAZ. 

CAPÍTULO XCIV. 



CÓMO FUÉ LA BATALLA QUE DIERON IOS CAPITANES 
MEJICANOS A JUAN DE ESCALANTE, Y CÓMO LE MA- 
TARON Á ÉL t EL CABALLO Y Á OTROS SEIS SOLDA- 
DOS, Y MUCHOS AMIGOS INDIOS TOTONAQUES QUE 
TAMBIÉN ALLÍ MURIERON. 



Y es desta manera: que ya me habrán oido 
decir en el capítulo que dello habla, que cuan- 
do estábamos en un pueblo que se dice Quia- 
huistlan, que se juntaron muchos pueblos sus 
confederados, que eran amigos de los de Cem— 
poal, y por consejo y convocación de nuestro 
capitán, que los atrajo á ello, quitó qu%no die- 
sen tributo á Montezuma, y se le rebelaron y 
fueron más de treinta pueblos; y esto fuf^cuan- 
do le prendimos sus recaudadores, según otras 
veces dicho tengo en el capítulo que dello ha- 
bla; y cuando partimos de Cempoai para venir 
á Méjico quedó en la Villa-Rica poiWapitan y 
alguacil mayor de la Nueva-España un Juan de 
Escalante, que era persona de mucho ser y 
amigo de Cortés, y le mandó que en todo lo que 
aquellos pueblos nuestros amigos hubiesen me- 
nester les favoreciese; y parece ser que, como el 
gran Montezuma tenia muchas guarniciones y 
capitanes de gente de guerra en todas las pro- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 451 

vincias, que siempre estaban junto á la raya 
dellos; porque una tenia en lo de Soconusco por 
guarda de Guatimala y Chiapa, y otra tenia en 
lo de Guazacualco, y otra capitania en lo de Me- 
choacan, y otra á la raya de Panuco, entre Tu- 
zapan y un pueblo que le pusimos por nombre 
Almería, que es en la costa del Norte; y como 
aquella guarnición que tenia cerca de Tuzapan 
pareció ser demandaron tributo de indios é in- 
dias y bastimentos para sus gentes á ciertos 
pueblos que estaban allí cerca y confinaban con 
ellos, que eran amigos de Cempoal y servian á 
Juan Escalante y á los vecinos que quedaron en 
la Villa-Rica y entendian en hacer la fortaleza; 
y como les demandaban los mejicanos eHributo 
y servicio, dijeron que no se le querian dar, 
porque Malinche les mandó que no lo» diesen, y 
que el gran Montezuma lo ha tenido por bien; y 
los capitanes mejicanos respondieron que si no 
lo daban, que los vendrían á destruir sus pue- 
blos y llevallos cautivos, y que su señor Monte- 
zuma se lo habia mandado de poco tiempo acá. 
Y como aquellas amenazas vieron nuestros ami- 
gos los totonaques, vinieron al capitán Juan de 
Escalante, ¿quejáronse reciamente que los me- 
jicanos les venían á robar y destruir sus tierras; 
y como el Escalante lo entendió, envió mensa- 
jeros á los mismos mejicanos para que no hicie- 
sen enojo ni robasen aquellos pneblos, pues su 
señor Montezuma lo habia á bien, que somos 
todos grandes amigos;' si no, que irá contra ellos 



452 RERHAL DUZ. 

y les dará guerra. A los mejicanos no se les dio 
nada por aquella respuesta ni fieros, y respon- 
dieron que el campo los hallaría; y el Juan de 
Escalante, que era hombre muy bastante y de 
sangre en el ojo, apercibió todos los pueblos 
nuestros amigos de la sierra que viniesen con 
sus armas, que eran arcos, flechas, lanzas, ro- 
delas, y asimismo apercibió los soldados más 
sueltos y sanos que tenia; porque ya he dicho 
otra vez que todos los más vecinos que queda- 
ban en la Villa-Rica estaban dolientes y eran 
hombres de la mar, y con dos tiros y un poco de 
pólvora, y tres ballestas y dos escopetas, y cua- 
renta soldados y sobre dos mil indios totona- 
ques, fué adonde estaban las guarniciones de los 
mejicanos, que andaban ya robando un pueblo 
de nuestros amigos los totonaques, y en el cam- 
po se encontraron al cuarto del alba; y como los 
mejicanos eran más doblados que nuestros ami- 
gos los totonaques, é como siempre estaban 
atemorizados dellos de las guerras pasadas, á la 
primera refriega de flechas y varas y piedras y 
gritas huyeron, y dejaron al Juan de Escalan- 
te peleando con los mejicanos, y de tal manera, 
que llegó con sus pobres soldados hasta un pue- 
blo que llaman Almería, y le puso fuego y le 
quemó las casas. Allí reposó un poco, porque 
estaba mal herido, y en aquellas refriegas y 
guerra le llevaron un soldado vivo que se de- 
cía Arguello, que era natural de León y tenia la 
cabeza muy grande y la barba prieta y crespa, 



eofiQtJistA. Í>É níféva-ispana. 453 

éfa muy robusto de gesto y mancebo de muchas 
fuerzas, y le hirieron muy malamente al Esca- 
lante y otros seis soldados, y mataron el caba- 
llo, y se volvió á la Villa-Rica, y dende á tres 
dias murió él y los soldados; y desta manera 
pasó lo que decimos de la Almería, y no como 
lo cuenta el coronista Gómora, que dice en su 
Historia que iba Pedro de Ircio á poblar á Pa- 
nuco con ciertos saldados; y para bien velar no 
teniamos recaudo, cuanto más enviar á poblar 
á Panuco; y dice que iba por capitán el Pedro 
de Ircio, que ni aun en aquel tiempo no era ca- 
pitán ni aun cuadrillero, ni se le daba cargo, y 
se quedó con nosotros en Méjico. También dice 
el mismo coronista otras muchas cosas sobre la 
prisión del Montezuma : habia de mirar que 
cuando lo escribia en su Historia que habia de 
haber vivos conquistadores de los de aquel tiem- 
po, que le dirian cuando lo leyesen? «Esto pasa 
desta suerte.» Y dejallo he aquí, y volvamos á 
nuestra materia, y diré cómo los capitanes me- 
jicanos, después de dalle la batalla que' dicho 
tengo al Juan de Escalante, se lo hicieron sa- 
ber al Montezuma, y aun le llevaron presenta- 
da la cabeza del Arguello, que parece se murió 
en el camino de las heridas, que vivo le lleva- 
ban; y supimos que el Montezuma cuando se lo 
mostraron, como era robusto y grande, y tenia 
grandes barbas y crespas, hubo pavor y temió 
de la ver, y mandó que no la ofreciesen á nin- 
gún cu de Méjico, sino en otros ídolos de otros 



454 BERXAL DÍAZ. 

pueblos; y preguntó al Montezuma que, siendo 
ellos inuehos millares de guerreros, que cómo 
no vencieron á tan pocos teules. Y respondieron 
que no aprovechaban nada sus varas y flechas 
ni buen pelear; que no les pudieron hacer re- 
traer, porque una gran tequeciguata de Castilla 
venia delante delios, y que aquellaseñora ponia 
á los mejicanos temor, y decía palabras á sus 
teules que los esforzaba; y el Montezuma en- 
tonces creyó que aquella gran señora que era 
Santa María y la que le habiamos dicho que era 
nuestra abogada, que de antes dimos al gran 
Montezuma con su precioso Hijo en los brazos. 
Y porque esto yo no lo vi, porque estaba en 
Méjico, sino lo que dijeron ciertos conquistado- 
res que se hallaron en ello; y pluguiese á Dios 
que asi fuese. Y ciertamente todos los soldados 
que pasamos con Cortés tenemos muy creído, é 
asi es verdad, que la misericordia divina y Nues- 
tra Señora la Virgen María siempre era con nos- 
otros; por lo cual le doy muchas gracias. Y de- 
jallo é aquí, y diré lo que pasó en la prisión del 
gran Montezuma. 

CAPÍTULO XCV. 

DE LA PRISIÓN PE MONTEZUMA, Y LO QUE SOBRE ELLO 
SE HIZO. 

E como teníamos acordado el dia antes de pren- 
der al Montezuma, toda la noche estuvimos en 



y CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 456 

oración con el Padre de la Merced rogando á 
Dios que fuese de tal modo que redundase para 
su santo servicio, y otro dia de mañana fué acor- 
dado de la manera que habia de ser. Llevó con- 
sigo Cortés cinco capitanes, que fueron, Pedro 
de Albarado y Gonzalo de Sandoval y Juan Ve- 
lazquez de León y Francisco de Lugo y Alonso 
de Avila y con nuestras lenguas doña Marina 
y Aguilar; y todos nosotros mandó que estu- 
viésemos muy apunto y los caballos ensillados 
y enfr«dados; y en lo de las armas no habia ne- 
cesidad de ponello j® aquí por memoria, porque 
siempre de dia y de nocly estábamos armados y 
calzados nuestros alpargaWs, que en aquella 
sazón era naSstro calzado; y cuando solíamos irá 
hablar al Montezuma siempre nos veia armados 
de aquella manera; y esto digo porque, puesto 
que Cortés con los cinco capitanes iban con to- 
llas sus armas para le prender, el Montezuma no 
lo tendria por cosa nueva ni se alterada dello. 
Ya puestos á punto todos, envióle nuestro capi- 
tán á hacelle saber cómo iba á su palacio, por- 
que así lo tenia por costumbre, y no se alterase 
viéndole ir de sobresalto; y el Montezuma bien 
entendió poco más ó menos que iba enojado por 
lo de Almería, y no lo tenia en una castaña y 
mandó que fuese mucho en buen hora; y como 
entró Cortés, después de haber hecho sus acatos 
acostumbrados, le dijo con nuestras lenguas: «Se- 
ñor Montezuma, muy maravillado estoy de vos, 
siendo tan valeroso Príncipe y haberos dado por 



456 BSRNAL DIAZ-. 

nuestTO amigo, mandar á nuestras capitanes que 
teniades en la costa cerca de Tuzapan que toma- 
sen armas contra mis españoles, y tener atrevi- 
miento de robar los pueblos que están en guar- 
dia y mamparo de nnestro Rey y señor, y de 
mandalles indios é indias para sacrificar y matar 
un español hermano mió y un caballo;» no le 
quiso decir del capitán ni de los seis soldados 
que murieron luego que llegaron á la ViHa-Ri- 
ca, porque el Montezuma no # alcanzó á síaber, 
ni tampoco lo supieron los indios capitanes que 
les dieron la guerra; y raás^e dijo Cort&s, que 
teniéndole por tanmfcmigo, m^adé á mis capi- 
tanes que en todo IPposible fuasífcos sirviesen y 
favoreciesen, y vuestra majestad, J%r el contra- 
rio, no lo ha hecho. Y asimismo en lo de Cholu- 
la tuvieron vuestros capitanes gran copia- de 
guerreros, ordenado por vuestro mandado, que 
nos matasen; helo disimulado lo de entonces por 
lo mucho que os quiero; y asimismo ahora vues- 
tros vasallos y capitanes se han desvergonzado, 
tienen pláticas secretas que nos queréis mandar 
matar; por estas causas no querria comenzar 
guerra ni destruir aquesta ciudad; conviene que 
para excusarlo todo, que luego callando y sin 
hacer ningún alboroto os vais con nosotros á 
nuestro aposento, que allí seréis servido y mi- 
rado muy bien como en vuestra propia casa; y 
que si alboroto ó voces daba, que luego se- 
réis muerto de aquestos mis capitanes, que no 
los traigo para otro efeto. Y cuando esto oyó 



C0NQW1STA »E NUEVA-I8*AÑA. 45? 

el Montezuma, estuvo muy espantado y sin sen- 
tido, y respondió qué nunca tal mandó, que to- 
masen armas có&tra nosotros, y que enviaría 
juego á llamar sus capitanes, y sabría la verdad, 
y los castigada; y luego en aquél instante quitó 
de su brazo y muñeca el sello y señal de Huí- 
chilóbos, que aquello era cuando mandaba al- 
guna cosa gravé é de peso para que se cumplie- 
se, é luego se cumplía; y en lo de ir preso y salir 
de sus palacios contra su voluntad, que no era 
persona la suya para que tal le mandasen, éque 
no era su voluntad salir; y Cortés le replicó muy 
buenas razones, y el Montezuma le respondía 
muy mejores y qué no habia de salir de sus ca- 
sas, por manera que estuvieron más de media 
hora en estas pláticas; y como Juan Velazquéz 
de León y los demás capitanes vieron que se de- 
tenia con él, y no veian la hora de habello saca- 
do de sus casas y tenelle preso, hablaron á Cor- 
tés algo alterados, y dijeron: «¿Qué hace vues- 
tra merced ya con tantas palabras? O le lleve- 
mos preso ó le daremos de estocadas ; por eso 
tornadle á decir que si da voces ó hace alboro- 
to, que le mataréis; porque más vale que desta 
Vez aseguremos nuestras vidas ó las perdamos. 
Y como el Juan Velazquéz lo decía con voz 
algo alta y espantosa, porque asi era su hablar, 
y el Montezuma vio á nuestros capitanes como 
enojados, preguntó á doña Marina que qué dé-* 
cian con aquellas palabras altas; y como la doña 
Marina era muy entendida , le dijo : «Señof 
53 



453 BEEÑAL DÍAZ. 

Montezuma , lo que yo os aconsejo es que vais 
luego con ellos á su aposento sin ruido ningu- 
no; que yo sé que os harán mucha honra como 
gran señor que sois; y de otra manera, aqui que- 
dareis muerto; y en su aposento se sabrá la 
verdad; y entonces el Montezuma dijo á Cortés: 
«Señor Malinches; y ya que eso queréis que sea, 
yo tengo un hijo y dos hijas legítimas , tomad- 
las en rehenes, y á mi no me hagáis esta afren- 
ta; ¿qué dirán mis principales si me viesen lle- 
var preso?» Tornó á decir Cortés que su perso- 
na habia de ir con ellos , y no habia ser otra 
cosa. Y en fin de muchas más razones que pa- 
saron, dijo que él iria de buena voluntad; y en- 
tonces nuestros capitanes le hicieron muchas ca- 
ricias, y le dijeron que le pedian por merced 
que no hubiese enojo , y que dijese á sus capi- 
tanes y á los de su guarda que iba de su volun- 
tad, porque habia tenido plática de su ídolo 
Huichüóbos y de los papas que le servían que 
convenia para su salud y guardar su vida estar 
con nosotros ; y luego le trujeron sus ricas an- 
das en que solia salir , con todos sus capita- 
nes que le acompañaron., y fué á nuestro apo- 
sento, donde le pusimos guardas y velas y to- 
dos cuantos servicios y placeres le podiamos 
hacer, asi Cortés como todos nosotros; tantos le 
hacíamos, y no se le echo prisiones ningunas; 
y luego le vinieron á ver todos los mayores 
principales mejicanos y sus sobrinos , é hablar 
con él y á saber la causa de su prisión y si man- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPÁNÁ. 459 

daba que nos diesen guerra ; y el Montezuma 
les respondía que él holgaba de estar algunos 
días alli con nosotros de buena voluntad , y no 
por fuerza; y cuando él algo quisiese, que se lo 
diria, y que no se alborotasen ellos ni la ciu- 
dad ni tomasen pesar dello , porque aquesto 
que ha pasado de estar alli , que su Huichilobos 
lo tiene por bien, y se lo han dicho ciertos pa- 
pas que lo saben , que hablaron con su ídolo 
sobre ello; y desta manera que he dicho fué la 
prisión del gran Montezuma; y alli donde esta- 
ba tenia su servicio y mujeres y baños en que se 
bañaba, y siempre á la contina estaban en su 
compañía veinte grandes señores y consejeros y 
capitanes, y se hizo á estar preso sin mostrar 
pasión en ello; y alli venían con pleitos embaja- 
dores de lejas tierras y le traían sus tributot , y 
despachaba negocios de importancia. Acuerdó- 
me que cuando venían ante él grandes caciques 
de otras tierras sobre términos y pueblos é 
otras cosas de aquel arte, que por muy gran se- 
ñor que fuese se quitaba las mantas ricas , y se 
ponia otras de nequen y de poca valía , y des- 
calzo había de venir ; y cuando llegaba á los 
aposentos no entraba derecho , sino por un 
lado dellos, y cuando parecían delante del gran 
Montezuma, los ojos bajos en la tierra ; y antes 
que á él llegasen le hacían tres reverencias 
yledecian: «Señor, mi señor, gran señor;» 
y entonces le traían pintado é dibujado el 
pleito ó negocio sobre que venían f en naoá 



460 BUlNÁL DÍAZ. 

paños ó mantas de nequen, y con unas varitas 
muy delgadas y pulidas le señalaban la causa 
del pleito; y estaban allí junto al Montezuma 
dos hombres -viejos , grandes caciques , y cuan- 
do bien habian entendido el pleito aquellos 
jueces, le decían al Montezuma la justicia que 
tenian , y con pocas palabras los despachaba 
y mandaba quién había de llevar las tierras ó 
pueblos; y sin más replicar en ello , se salían 
los pleiteantes sin volver las espaldas > y con 
las tres reverencias se salían hasta la sala , y 
cuando se veian fuera de su presencia del Mon- 
tezuma se ponían otras mantas ricas y se pasea- 
ban por Méjico. Y dejaré de decir al presente 
desta prisión, y digamos cómo los mensajeros 
que envió el Montezuma con su señal y sello á 
llamar sus capitanes que mataron nuestros sol- 
dados, los trujeron ante él presos , y lo que con 
ellos habló yo no lo sé; mas aue se los envió á 
Cortés para que hiciese justicia dellos;y tomada 
su confesión sin estar el Montezuma delante, con- 
fesaron ser verdad lo atrás ya por mi dicho, é que 
su señor se lo habia mandado que diesen guerra 
y cobrasen los tributos, y si algunos teules fue- 
sen en su defensa, que también les diesen guer- 
ra ó matasen. E vista esta confesión por Cortés, 
envióselo á decir al Montezuma cómo le conde- 
naban en aquella cosa , y él se disculpó cuanto 
pudo, y nuestro capitán lo envió i, decir que él 
asi lo creía ; que puesto que merecía castigo, 
conforme á lo que nuestro Rey manda , que la 



CONQUISTA DI NUITA-ESPANA. 461 

persona que manda matar á otros sin culpa ó 
con culpa que muera por ello; mas que le quie- 
re tanto y le desea todo bien, que ya que aque- 
lla culpa tuviese, que antes la pagaría el Cor- 
tés por su persona que vérsela pasar al Monte- 
zuma; y con todo esto que le envió á decir estaba 
temeroso: y sin más gastar razones , Cortés sen- 
tenció á aquellos capitanes á muerte é que fue- 
sen quemados delante de los palacios del Mon- 
tezuma, é asi se ejecutó luego la sentencia ; y 
porque no hubiese algún impedimento, entre 
tanto que se quemaban mandó echar unos 
grillos ai mismo Montezuma ; y cuando se los 
echaron él hacia bramuras, y si de antes estaba 
temeroso , entonces estuvo mucho más ; y des- 
pués de quemados, fué nuestro Cortés con cinco 
de nuestros capitanes á su aposento, y él mismo 
le quitó los grillos, y tales palabras le dijo, que 
no solamente lo tenia por hermano , sino en 
mucho más, é que como es señor y Rey de 
tantos pueblos y provincias, que si él podia , el 
tiempo andando le haria que fuese señor de más 
tierra de las que no habia podido conquistar ni 
le obedecian; y que si quiere ir á sus palacios, 
que le da licencia para ello ; y decíaselo Cortés 
con nuestras lenguas, y cuando se lo estaba di- 
ciendo Cortés, parecia se le saltaban las lágri- 
mas de los ojos al Montezuma ; y respondió con 
gran cortesia que se lo tenia en merced, porque 
bien entendió Montezuma que todo era pala- 
bras las de Cortés ; é que ahora al presente que 



462 BERNAL DÍAZ. 

con venia estar alli preso , porque por ventu- 
ra, como sus principales son muchos , y sus so- 
brinos é parientes le vienen cada dia á decir que 
será bien darDos guerra y sacallo de prisión, que 
cuando lo vean fuera que le atraerán á ello, é 
que no quería ver en su ciudad revueltas, é que 
si no hace su voluntad, por ventura querrán ai- 
zar á otro señor; y que él les quitaba de aque- 
llos pensamientos con dediles que su dios Hui- 
chilóbos se lo ha enviado á decir que este preso. 
E á lo que entendimos é lo más cierto. Cortés 
habia dicho á Aguilar, la lengua, que le dijese 
de secreto que aunque Malinche le manda salir 
de la prisión, que los capitanes nuestros é sol- 
dados no querríamos. Y como aquello le oyó, 
el Cortés le echó los brazos encima, y le abrazó 
y dijo: «No en balde, señor Montezuma, os quie- 
ro tanto como á mí mismo,» y luego el Monte- 
zuma demandó á Cortés un paje español que le 
servia, que sabia ya la lengua, que se decia Or- 
teguilla, y fué harto sospechoso así para el 
Montezuma como para nosotros , porque de 
aquel paje inquiría y sabia muchas cosas de las 
de Castilla el Montezuma, y nosotros de lo que 
decían sus capitanes; y verdaderamente le era 
tan buen servicial, que lo quería mucho el Mon- 
tezuma. Dejemos de hablar cómo ya estaba el 
Montezuma contento con los grandes halagos y 
servicios y conversaciones que con todos nos- 
otros tenia, porque siempre que ante él pasába- 
mos, y aunque fuese Cortés, le quitábamos los 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 463 

bonetes de armas ó cascos, que siempre estába- 
mos armados, y él nos hacia gran mesura y hon- 
ra á todos: y digamos los nombres de aquellos 
capitanes de Montezuma que se quemaron por 
justicia, que se decia el principal Quetzalpopo- 
ca y los otros se decían el uno Coatí y el otro 
Quiabuitle y el otro no me acuerdo el nombre, 
que poco va en saber sus nombres. Y digamos 
que como este castigo se supo en todas las pro- 
vincias de la Nueva-España, temieron, y los 
pueblos de la costa adonde mataron nuestros 
soldados volvieron á servir muy bien á los veci- 
nos que quedaban en la Villa-Rica. E han de 
considerar los curiosos que esto leyeren tan 
grandes hechos: que entonces hicimos dar con 
los navios al través; lo otro osar entrar en tan 
fuerte ciudad, teniendo^tantos avisos que allí nos 
habian de matar cuando dentro nos tuviesen; lo 
otro tener<tanta osadía de osar prender al gran 
Montezuma , que era Rey de aquella tierra, 
dentro en su gran ciudad y en sus mismos pala- 
cios, teniendo tan gran número de guerreros de 
su guarda; y lo otro osar quedar sus capitanes 
delante de sus palacios y echalle grillos entre- 
tanto que se hacia la justicia, que muchas veces 
ahora que soy viejo, me paro á considerar las 
cosas heroicas que en aquel tiempo pasamos, 
que me parece las veo presentes. Y digo que 
nuestros hechos que no los hacíamos nosotros, 
sino que venían todos encaminados por Dios; 
porque, ¿qué hombres ha habido en el mundo 



464 BERNAL DÍAZ. 

qué osasen entrar cuatrocientos y cincuenta sol- 
dados, y aun no llegábamos á ellos, en una 
fuerte ciudad como Méjico, que es mayor que 
Venecia, estando tan apartados de nuestra Cas- 
tilla sobre más de mil y quinientas leguas y 
prender á un tan gran señor y hacer justicia de 
sus capitanes delante del? Porque hay mucho 
que ponderar en ello, y no asi secamente como 
yo lo digo. Pasaré adelante, y diré cómo Cortés 
despachó luego otro capitán que estuviese en la 
Villa-Rica como estaba elJuan Escalante que 
mataron. 



CAPÍTULO XCVI. 



CÓMO NUESTRO CORTES ENVIÓ A LA. VILLA-RlCA POR 
TENIENTE T CAPITÁN A UN HIDALGO QUÉ SE DECÍA 
ALONSO DE GRADO, EN LUGA IV DEL ALGUACIL MAYOR 
JUAN DB ESCALANTE, T EL ALGUACILAZGO MAYOR SE 
LÉ J»IÓ Á GONZALO^DE SANDOVAL, Y DESDE ENTONCES 
FUÉ ALGUACIL MAYORJ Y LO Q¥E BESPUES PASÓ DIRÉ 
ADELANTE. 



Después de hecha justicia de Qietzalpopoca 
y sus capitanes, é sosegado el gran Montezuma, 
acordó de enviar nuestro capitán á la Villa-Ri- 
ca por teniente della á un soldado que se decía 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 4®5 

Alonso de Grado, porqua era hombre muy en- 
tendido y de buena plática y presencia, y músico 
é gran escribano. Este Alonso de Grado era uno 
de los que siempre fué contrario de nuestro ca- 
pitán Cortés porque no fuésemos á Méjico y nos 
volviésemos á la Villa-Rica, cuando hubo en lo 
de Tlascala ciertos corrillos, ya por mí dichos 
en el capítulo que dello habla; y el Alonso de 
Grado era el que lo raullia y hablaba; y si como 
era hombre de buenas gracias fuera hombre de 
guerra, bien le ayudara todo junto; esto digo 
porque cuando nuestro Cortés le dio el cargo, 
como conocía su condición, que no era hombre 
de afrenta, y Cortés era gracioso en lo que de- 
cía, le dijo: «Hé aquí, señor Alonso de Grado, 
vuestros deseos eumplidos, que iréis ahora á la 
Villa-Rica, como lo deseábades, y entenderéis 
en la fortaleza; y mirad no v:\is á ninguna en- 
trada, como hizo Juan de Escalante, y os ma- 
ten;» y cuando se lo estaba diciendo guiñaba el 
ojo porque lo viésemos los soldados que allí nos 
hallábamos y sintiésemos á qué fin lodecia; por- 
que sabia del que aunque se lo mandara con pe- 
na no fuera. Pues dadas las provisiones é ins- 
trucciones de lo que habia de hacer, el Alon- 
so de Grado le suplicó á Cortés que le hiciese 
merced de la vara de alguacil mayor, como la 
tenia el Juan de Escalante que mataron los in- 
dios, y le dijo que ya la había dado á Gonzalo de 
Sandoval, y que para él no le faltaría, el tiempo 
andando, otro oficio muy honroso, y que se fuese 
59 



466 BERIfAL DÍAZ. , 

con Dio§: y le encargó que mírase por los veci- 
nos é los honrase, y á los indios amigos no se 
les hiciese ningún agravio ni se les tomase cosa 
por fuerza, y que dos herreros que en aquella 
villa quedaban, y les habia enviado á decir y 
mandar que luego hiciesen dos cadenas gruesas 
del hierro y anclas que sacaron de los navios 
que dimos al través, que con brevedad las envia- 
se, y que diese priesa a la fortaleza que se aca- 
base de enmaderar y cubrir de teja. Y como el 
Alonso de Grado llegó á la villa, mostró mucha 
gravedad con los vecinos, y queríase hacer ser- 
vir dellos como gran señor, é á los pueblos que 
estaban de paz, que fueron más de treinta, los 
enviaba á demandar joyas de oro é indias her- 
mosas: y en la fortaleza no se le daba nada de 
entender en ella, y en lo que gastaba el tiempo 
era en bien comer y en jugar; y sobre todo esto, 
que fué peor que lo pasado, secretamente con- 
vocaba á sus amigos é á los que no lo eran para 
que si viniese á aquella tierra Diego Velazquez 
de Cuba ó cualquier su capitán, de dalle la tier- 
ra ó hacerse con él; todo lo cual muy en posta 
se lo hicieron saber por cartas á Cortés á Méji- 
co; y como lo supo, hubo enojo consigo mismo 
por haber enviado á Alonso de Grado conocién- 
dole sus malas entrañas é condición dañada; y 
como Cortés tenia siempre en el pensamiento 
que Diego Velazquez, gobernador de Cuba, por 
una parte ó por otra habia de alcanzar á saber 
cómo habíamos enviado á nuestros procuradores 



CONQUISTA DE N¥EVA-ESPAÑA. 46? 

á su majestad, é que no le acudiríamos á cosa 
ninguna, é que por ventura enviaría armada y 
capitanes contra nosotros, parecióle que seria 
bien poner hombre de quien fiar el puerto e la 
villa, y envió á Gonzalo de Sandoval, que era 
alguacil mayor por muerte de Juan de Escalan- 
te, y llevó en su compañía á Pedro de Ircio, 
aquel de quien cuenta el coronista Gómora que 
iba á poblar á Panuco: y entonces el Pedro de 
Ircio fué á la villa/ y tomó tanta amistad Gon- 
zalo de Sandoval con él, porque el Pedro de Ir- 
cio, como habia sido mozo de espuelas en la casa 
del conde de Ureña y de don Pedro Girón, siem- 
pre contaba lo que les habia acontecido ; y como 
el Gonzalo de Sandoval era de buena voluntad 
y no nada malicioso, y le contaba aquellos cuen- 
tos, tomó amistad con él, como dicho tengo, y 
siempre le hizo subir hasta ser capitán ; y si en 
este tiempo de ahora fuera, algunas palabras 
mal dichas que no eran de decir decia el Pedro 
de Ircio en lugar de gracias, que se las repren- 
día harto Gonzalo de Sandoval, que le castiga- 
ran por ellas en muchos tribunales. Dejemos de 
contar vidas agenas, y volvamos á Gonzalo de 
Sandoval, que llegó á la Villa-Rica, y luego 
envió preso á Méjico con indios que lo guarda- 
sen á Alonso de Grado, porque así se lo mandó 
Cortés ; y todos los vecinos querían mucho á 
Gonzalo de Sandoval, porque á los que halló 
que estaban enfermos los proveyó de comida lo 
mejor que podia y les mostró mucho amor., y á 



468 ftERNAL miz. 

los pueblos de paz tenia en mucha justicia y los 
favorecía en todo lo que se les ofrecía, y en la 
fortaleza comenzó á enmaderar y tejar, y hacia 
todas las cosas como conviene hacer todo lo que 
los buenos capitanes son obligados ; y fué harto 
provechoso á Cortés y á todos nosotros, como 
adelante verán en su tiempo é sazón. Dejemos á 
Sandoval en la Villa-Rica, y volvamos á Alonso 
de Grado, que llegó preso á Méjico, y quería ir 
á hablar á Cortés, y no le consintió que pare- 
ciese delante del, antes le mandó echar preso en 
un cepo de madera que entonces hicieron nue- 
vamente. Acuerdóme que olia la madera de aquel 
cepo como á sabor de ajos y cebollas, y estuvo 
preso dos dias. Y como el Alonso de Grado era 
muy platico y hombre de muchos medios, hizo 
grandes ofrecimientos á Cortés que le seria muy 
servidor, y luego le soltó ; y aun desde allí ade- 
lante vi que siempre privaba con Cortés, mas 
no para que le diese cargos de cosas de guerra, 
sino conforme á su condición ; y aun el tiempo 
andando le dio la contaduría que solig tener 
Alonso de Avila, porque en aquel tiempo envió 
al mismo Alonso de Avila á la isla de Santo Do- 
mingo por procurador, según adelante diré en su 
coyuntura. No quiero dejar de traer aquí á la 
memoria cómo cuando Cortés envió á Gonzalo 
de Sandoval á la Villa-Rica por teniente y capi- 
tán y alguacil mayor, le mandó que así como 
llegase le enviase dos herreros cen todos sus 
aderezos de fuelles y herramientas, y mucho 



Conquista de nueva-espana. 469 

hierro de lo de los navios que dimos al través, y 
las dos cadenas grandes de hierro, que estaban 
ya hechas, y que enviase velas y jarcias y pez 
y estopa y una aguja de marear, y todo otro 
cualquier aparejo para hacer dos bergantines 
para andar en la laguna de Méjico ; lo cual lue- 
go se lo envió el Sandoval muy cumplidamente, 
según y de la manera que lo mandó. 



CAPITULO XCVII. 



CÓMO ESTANIO EL GRAN MONTEZUMA PRESO, SIEMPRE 
CORTÉS Y TODOS NUESTROS SOLDADOS LE FESTEJÁ- 
BAMOS Y REGOCIJÁBAMOS, Y AUN SE LE DIO LICEN- 
CIA PARA IR Á SUS CUES. 



Como nuestro capitán en todo era muy dili- 
gente, y vio que el Montezuma estaba preso, y 
por temor no se congojase con estar encerrado 
y detenido, procuraba cada dia, después de ha- 
ber rezado, que entonces no teníamos vino para 
decir Misa, de irle á tener á palacio, é iban con él 
cuatro capitanes, especialmente Pedro de Alba- 
rado y Juan Velazquez de León y Diego de Or- 
dás, y preguntaban al Montezuma con mucha 
cortesía, y que mirase lo que mandaba, que todo 
se haria, y que no tuviese congoja de su prisión; 



4f0 BÉRNAL DÍAZ. 

y le respondía que antes se holgaba de estar 
preso, y esto que nuestros dioses nos daban po- 
der para ello, ó su Huichilóbos lo permitía; y de 
plática en plática le dieron á entender por me- 
dio del fraile más por extenso las cosas de nues- 
tra santa fe y el gran poder del Emperador nues- 
tro señor; y aun algunas veces jugaba el Monte- 
zuma con Cortés al totoloque, que es un juego 
que ellos así le llaman, con unos bodoquillos 
chicos muy lisos que tenían hechos de oro para 
aquel juego, y tiraban con aquellos bodequillos 
algo lejos á unos tejuelos que también eran 
de oro, é á cinco Reyes ganaban ó perdían 
ciertas piezas é joyas ricas que ponían. Acuer- 
dóme que tanteaba á Cortés Pedro de Albarado, 
é al gran Montezuma un sobrino suyo, gran se- 
ñor; y el Pedro de Albarado siempre tanteaba 
una raya de más de las que habia Cortés, y el 
Montezuma, como lo vio, deciacon gracia y risa 
que no quería que le tantease á Cortés el Tona- 
tío, que así llamaban al Pedro de Albarado; 
porque hacia mucho ixoxol en lo que tanteaba, 
que quiere decir en su lengua que mentía, que 
echaba siempre una raya de más ; y Cortés y 
todos nosotros los soldados que aquella sazón 
hacíamos guarda no podíamos estar de risa por 
lo que dijo el gran Montezuma. Dirán agora 
que por qué nos reimos de aquella palabra. E 
porque el Pedro de Albarado, puesto que era de 
gentil cuerpo y buena manera, era vicioso en el 
hablar demasiado, y como le conocimos su con- 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA . 47Í 

dicion, por esto nos reimos tanto. E volvamos al 
juego : y si ganaba Cortés, daba las joyas á 
aquellos sus sobrinos y privados del Montezuma 
gue le servían ; y si ganaba Montezuma, nos lo 
repartía á los soldados que le hacíamos guarda; 
y aun no contento por lo que nos daba del jue- 
go, no dejaba cada día de darnos presentes de 
oro y ropa, así á nosotros como al capitán de la 
guarda, que entonces era Juan Velazquez de 
León, y en todo se mostraba Juan Velazquez, 
grande amigo é servidor de Montezuma. Tam- 
bién me acuerdo que era de la vela un sol- 
dado muy alto de cuerpo y bien dispuesto y 
de muy grandes fuerzas, que se decia Fulano 
de Trujillo, y era hombre de la mar, y cuan- 
do le cabia el cuarto de la noche de la vela, 
era tan mal mirado , que hablando aquí con 
acato de los señores leyentes , hacia cosas des- 
honestas, que lo oyó el Montezuma; é como 
era un Rey destas tierras y tan valeroso , túvo- 
lo á mala crianza y desacato ,que en parte que 
él oyese se hiciese tal cosa , sin tener respeto á 
su persona; y preguntó á su paje Orteguilla que 
quién era aquel mal criado é sucio , é dijo que 
era hombre que solia andar en la mar é que no 
sabe de policía é buena crianza, y también le dio 
á entender de la calidad de cada uno de los sol- 
dados que allí estábamos , cuál era caballero y 
cuál no , y le decia á la contina muchas cosas 
que el Montezuma deseaba saber. Y volvamos 
á nuestro soldado Trujillo , que desque fué de 



472 BERIíAL MAZ. 

día Montezuma lo mandó llamar , y le dijo que 
por qué era de aquella condición , que sin tener 
miramiento á su persona , no tenia aquel acato 
debido ; que le rogaba que otra vez no lo hicie- 
se y mandóle dar una joya de oro que pesaba 
cinco pesos : y al Trujillo no se le dio nada por 
lo que dijo, y otra noche adrede tiró otro tra- 
que, creyendo que le daria otra cosa; y el Mon- 
tezuma lo hizo saber á Juan Velazqucz, capitán 
de la guarda , y mandó luego el capitán quitar 
á Trujillo que no velase más , y con palabras 
ásperas le respondieron. También acaeció que 
otro soldado que se decia Pedro López , gran 
ballestero , y era hombre que no se le entendia 
mucho, y era bien dispuesto y velaba al Monte- 
zuma , y sobre si era hora de tomar el cuarto 
uno tuvo palabras con un cuadrillero , y dijo: 
«Oh pesia tal con este perro , que por velalle á 
la continúa estoy muy malo del estómago, para 
me morir;» y el Montezuma oyó aquella pala- 
bra y pesóle en el alma> y cuando vino Cortés á 
tenelle palacio lo alcanzó á saber , y tomó tanto 
enojo de ello , que al Pedro López, con ser muy 
buen soldado , le mandó azotar dentro en nues- 
tros aposentos ; y desde allí adelante todos los 
soldados á quien cabia la vela , con mucho si- 
lencio y crianza estaban velando, puesto que no 
había menester mandarlo á mi ni á otros solda- 
dos de nosotros que le velábamos, sobre este 
buen comedimiento que con aqueste gran caci- 
que habíamos de tener ; y él bien conocía á to- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 473 

dos, y sabia nuestros nombres y. aun calidades; 
y era tan bueno , que á todos nos daba joyas, á 
otros mantas é indias hermosas. Y como en 
aquel tiempo era yo mancebo , y siempre que 
estaba en su guarda ó pasaba delante del con 
muy grande acato le quitaba mi bonete de ar- 
mas, y aun le habia dicho el paje Orteguilla que 
vine dos veces á descubrir esta Nueva -España pri- 
mero que Cortés, é yo le habia hablado al Ortegui- 
lla que le queria demandar á Montezuma que me 
hiciese merced de una india hermosa; y como lo 
supo el Montezuma , me mandó llamar y me 
dijo : «Bernal Diez del Castillo , hánme dicho 
que tenéis motolínea de oro y ropa; yo os man- 
daré dar hoy una buena moza ; tratadla muy 
bien , que es hija de hombre principal ; y tam- 
bién os darán oro y mantas.» Yo le respondí 
con mucho acato que le besaba las manos por 
tan gran merced y que Dios nuestro Señor le 
prosperase ; y parece ser preguntó al paje que 
qué habia respondido, y le declaró la respuesta; 
y díjole el Montezuma: «De noble condición me 
parece Bernal Diez ;» porque á todos nos sabia 
los nombres, como tengo dicho; é me mandó dar 
tres tejuelos de oro é dos cargas de mantas. 
Dejemos de hablar de esto, y digamos cómo por 
la mañana, cuando hacia sus oraciones y sacrifi- 
cios á los ídolos, almorzaba poca cosa, é no era 
carne, sino ají, y estaba ocupado una hora ea 
oir pleitos de muchas partes, de caciques que á 
él venían de lejas tierras. Ya he dicho otra vez 
60 



474 BERNAL DÍAZ. 

en el capítulo que de ello habla, de la manera 
que entraban a negociar y el acato que le te- 
nían, y cómo siempre estaban en su compañía 
en aquel tiempo para despachar negocios veinte 
hombres ancianos, que eran jueces; y porque 
está ya referido, no io torno á referir: y enton- 
ces alcanzamos á saber que las muchas mujeres 
que tenia por amigas, casaba delias con sus ca- 
pitanes ó personas principales muy privados, y 
aun delias dio á nuestros soldados, y la que me 
dio á mí era una señora deilas, y bien se pare- 
ció en ella, que se dijo doña Francisca; y así se 
pasaba la vida, unas veces riendo y otras veces 
pensando en su prisión. Quiero aquí decir, pues- 
to que no vaya á propósito de nuestra relación, 
porque me lo han preguntado algunas personas 
curiosas, que cómo, porque solamente el solda- 
do por mí nombrado llamó perro al Montezu- 
ma, aun no en su presencia, le mandó Cortés 
azotar, siendo tan pocos soldados como éramos, 
y que los indios tuviesen noticia delio. A esto 
digo que en aquel tiempo todos nosotros, y aun 
el mismo Cortés, cuando pasábamos delante del 
gran Montezuma le hacíamos reverencia con ios 
bonetes de armas, que siempre traimos quita- 
dos, y él era tan bueno y tan bien mirado, que 
á todos nos hacia mucha honra; que, demás 
de ser Rey desta Nueva-España, su persona y 
condición lo merecia. Y demás de todo esto, 
si bien se considera ia cosa en que estaban 
nuestras vidas, sino en solamente mandar á sus 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 475 

vasallos le sacasen de la prisión y darnos luego 
guerra, que en ver su presenc ia y real franque- 
za lo hicieran. Y cotno víamos que tenia á la 
contina consigo muchos señores que le acompa- 
ñaban, y venían de lejas tierras otros muchos 
más señores, y el gran palacio que le hacían y 
el gran número de gente que á la contina daba 
de comer y beber, ni más ni menos que cuando 
estaba sin prisión,; todo esto considerándolo 
Cortés, hubo mucho enojo de cuando lo supo 
que tal palabra le dijese , y como estaba airado 
dello, de repente le mandó castigar como dicho 
tengo; y fue bien empleado en él. Pasemos ade- 
lante y digamos que en aquel instante llega- 
ron de la Villa-Rica indios cargados con las 
cadenas de hierro gruesas que Cortés habia 
mandado hacer á los herreros. También truje- 
ron todas las cosas pertenecientes para los ber- 
gantines, como dicho tengo ; y así como fué 
traído se lo hizo saber al gran Montezuma. Y 
dejallo hé a quí, y diré lo que sobre ello pasó. 

CAPITULO XCVIII. 

CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER DOS BERGANTINES DE MU- 
CHO SOSTEN E VELEROS PARA ANDAR EN LA LAGUNA, 
Y CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO A CORTES QUE 
LE DIESE LICENCIA PARA IR Á HACER ORACIÓN Y 
SUS TEMPLOS, Y LO QUE CORTÉS LE DIJO, Y CÓMO LE 
DIO UCENCIA. 

Pues como hubo llegado el aderezo necesario 
para hacer los bergantines, luego Cortés se lo 



476 



BERNAL DÍA.Z. 



fué á decir y á hacer saber al Montezuma, que 
quería hacer dos navios chicos para se andar 
holgando en la laguna; que mandase á sus car- 
pinteros que fuesen á cortar la madera , y que 
irían con ellos nuestros maestros de hacer 
navios, que se decian Martin López y un Alonso 
Nuñez; y como la madera de roble está obra de 
cuatro leguas de allí, de presto fuétraida y dado 
el galivo della; y como habia muchos carpinte- 
ros de los indios, fueron de presto hechos y ca- 
lafeteados y breados, y puestas sus jarcias y 
velas á su tamaño y medida, y una tolda á cada 
uno; y salieron tan buenos y veleros como si 
estuvieran un mes en tomar los galivo9, porque 
el Martin López era muy extremado maestro, y 
este fué el que hizo los trece bergantines para 
ayudar á ganar á Méjico, como adelante diré, 
é fué un buen soldado para la guerra. Dejemos 
aparte esto, é diré cómo el Montezuma dijo á 
Cortés que quería salir é ir á sus templos á ha- 
cer sacrificios é cumplir sus devociones, así para 
lo que á sus dioses era obligado como para que 
lo conozcan sus capitanes é principales, especial 
ciertos sobrinos suyos que cada dia le vienen á 
decir le quieren soltar y darnos guerra, y que 
él les dá por respuesta que él se huelga de estar 
con nosotros; porque crean que es como se lo han 
dicho, porque asi se lo mandó su dios Huichiló- 
bos, como ya otra vez se lo ha hecho creer. Y 
cuanto á la licencia que le demandaba, Cortés 
le dijo que mirase que no hiciese cosa con 



CONQUISTA DE NUET A-ESPAÑA. 477 

que perdiese la vida, y que para ver si habia 
algún descomedimiento, ó mandaba á sus ca- 
pitanes ó papas que le soltasen ó nos diesen 
guerra , que para aquel efecto enviaba ca- 
pitanes é soldados para que luego le matasen 
á estocadas en sintiendo alguna novedad de 
su persona, y que vaya mucho en buen hora, 
y que no sacrificase ningunas personas , que 
era gran pecado contra nuestro Dios verdadero, 
que es el que le hemos predicado, y que alii es- 
taban nuestros altares é la imagen de nuestra 
Señora, ante quien podria hacer oración sin ir 
á su templo. Y el Montezuma dijo que no sacri- 
ficaría ánima ninguna , e fué en sus muy ricas 
andas acompañado de grandes caciques con gran 
pompa, como solia, y llevaba delante sus insig- 
nias que era como vara ó bastón , que era la se- 
ñal que iba alli su persona Real , como hacen á 
los visoreyes desta Nueva-España; é con él iban 
para guardalle cuatro de nuestros capitanes, 
que se decian Juan Velazquez de León y Pedro 
de Albaradoé Alonso de Avila y Francisco de 
Lugo, con ciento y cincuenta soldados , é tam- 
bién iban con nosotros el padre fray Bartolomé 
de Olmedo, de la orden de la Merced , para le 
retraer el sacrificio si le hiciese de hombres ; é 
yendo como íbamos al cu de Huichilóbos, ya que 
llegábamos cerca del maldito templo mandó que 
le sacasen de las andas, é fué arrimado á hom- 
bros de sus sobrinos y de otros caciques hasta 
que llegó al templo. Ya he dicho otras veces 



AIS SlflNAL DÍAZ. 

que por las calles por donde iba su persona to- 
dos los principales habian de llevar los ojos 
puestos en el suelo y no le miraban á la cara; y 
llegado á las gradas del adoratorio , estaban 
muchos papas aguardando para le ayudar á su- 
bir de los brazos , é ya le tenían sacrificados 
desde la noche anterior cuatro indios ; y por 
más que nuestro capitán le decia, y se lo retraía 
el padre fray Bartolomé de Olmedo , de la orden 
de la Merced , no aprovechaba cosa ninguna, 
sino que habia de matar hombres y muchachos 
para sacrificar ; y no podíamos en aquella sazón 
hacer otra cosa sino disimular con él porque es- 
taba muy revuelto Méjico y otras grandes ciu- 
dades con los sobrinos de Montezuma, como 
adelante diré; y cuando hubo hecho sus sacrifi- 
cios, porque no tardó mucho en hacellos, nos vol- 
vimos con él á nuestros aposentos; y estaba muy 
alegre, y á los soldados que con él fuimos luego 
nos hizo merced de joyas de oro. Dejémoslo aquí, 
y diré lo que más pasó. 

CAPITULO XCIX. 

CÓMO ECHAMOS LOS DOS BERGANTINES AL AGUA, Y 
CÓMO EL GRAN MOCTEZUMA DIJO QUE QUERÍA IR Á 
CAZA, Y FUÉ EN LOS BERGANTINES HASTA UN PEÑOL 
DONDE HABÍA MUCHOS VENADOS Y CAZA; QUE NO 
ENTRABA EN EL ALCÁZAR PERSONA NINGUNA, CON 
GRAVE PENA. 

Como los dos bergantines fueron acabados de 
hacer y echados al agua, y puestos y adereza- 



CONQUISTA *E MJEVA-ESfrANA. 479 

dos con sus jarcias y mástiles, con sus banderas 
reales é imperiales, y apercebidos hombres de la 
mar para ios marear, fueron en ellos al remo y 
vela, y eran muy buenos veleros. Y como Mon- 
tezuma lo supo, dijo á Cortés que quería ir á 
caza en la laguna á un peñol que estaba acota- 
do, que no osaban ^entrar en él á montear por 
muy principales que fuesen, so pena de muerte; 
y Cortés le dijo que fuese mucho en buen hora, 
y que mirase lo que de antes le habia dicho 
cuando fué á sus ídolos, que no era más su vida 
de revolver alguna cosa, y qua en aquellos ber- 
gantines iria, que era mejor navegación ir en 
ellos que en sus canoas y piraguas, por grandes 
que sean; y el Montezuma se holgó de ir en el 
bergantin más velero, y metió consigo muchos 
señores y principales , y el otro bergantin 
fué lleno de caciques y un hijo de Montezuma, y 
apercebió sus monteros que fuesen en canoas y 
piraguas. Cortés mandó á Juan Velazquez de 
León, que era capitán de la guarda , y á Pedro 
de Albarado y á Cristóbal de Olí fuesen con éi, 
y Alonso de Avila con ducientos soldados t que 
llevasen gran advertencia del cargo que. les 
daba, y mirasen por el gran Montezuma; y como 
todos estos capitanes que he nombrado eran de 
sangre en el ojo , metieron todos los soldados 
que he dicho, y cuatro tiros de bronce con toda 
la pólvora que habia , con nuestros artilleros, 
que se decian Mesa y Arvenga , y se hizo un 
toldo muy emparamentado, según el tiempo ; y 



480 BERNA L DÍAZ. 

allí entró Montezuma con sus principales; y co- 
mo en aquella sazón hizo el Tiento muy fresco, 
y los marineros se holgaban de contentar y 
agradar al Montezuma , mareaban las velas de 
arte que iban volando, y las canoas, en que iban 
sus monteros y principales quedaban atrás, por 
muchos remeros que llevaban. Holgábase el 
Montezuma y decia que eran gran maestría la de 
las velas y remos todo junto; y llegó al peñol, 
que no era muy lejos, y mató toda la caza que 
quiso de venados y liebres y conejos , y volvió 
muy contento á la ciudad. Y cuando llegábamos 
cerca de Méjico mandó Pedro de Albarado y 
Juan Velazquez de León y los demás capitanes 
que disparasen el artillería , de que se holgó 
mucho Montezuma , que , como le víamos tan 
franco y bueno , le teníamos en el acato que se 
tienen los Reyes destas partes, y él nos hacia lo 
mismo. Si hubiese de contar las cosas y condición 
que él tenia de gran señor, y el acato y servicio 
que todos los señores de la Nueva-España y de 
otras provincias le hacían, es para nunca acabar, 
porque cosa ninguna que mandaba que le tra- 
jesen , aunque fuese volando , que luego no le 
era traído; y esto dígolo porque un dia estába- 
mos tres de nuestros capitanes y ciertos solda- 
dos con el gran Montezuma , y acaso abatióse 
un gavilán en unas salas como corredores por 
una codorniz; que cerca de las casas y palacios 
donde estaba el Montezuma preso estaban unas 
palomas y codornices mansas, porque por gran- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 48i 

deza las tenia allí para criar el indio mayordo- 
mo que tenia cargo de barrer los aposentos;! y 
como el gavilán se abatió y llevó presa, viéronlo 
nuestros capitanes, y dijo uno dellos, qne se de- 
cía Francisco de Acevedo el Pulido, que fué 
maestresala del almirante de Castilla: «¡Oh qué 
lindo gavilán, y qué presa hizo, y tan buen 
vuelo tiene!» Y respondimos los demás soldados 
que era muy bueno, y que habiaen estas tierras 
muchas buenas aves de caza de volatería; y el 
Montezuma estuvo mirando en lo que hablába- 
mos, y preguntó á su paje Orteguilla sobre la 
plática, y le respondió que decíamos aquellos 
capitanes que el gavilán que entró á cazar era 
muy bueno, é que si tuviésemos otro como aquel 
que le mostrarían á venir á la mano, y que en 
el campo le echarían á cualquier ave, aunque 
fuese algo grande, y la mataría. Entonces dijo 
el Montezuma: «Pues yo mandaré agora que, 
tomen aquel mismo gavilán, y veremos si le 
amansan y cazan con él. Todos nosotros los que 
allí nos hallamos le quitamos las gorras de ar- 
mas por la merced ; y luego mandó llamar 
sus cazadores de volatería, y les dijo que le 
trujesen el mismo gavilán; y tai maña se die- 
ron en le tomar, que á horas del Ave-María 
vienen con el mismo gavilán, y le dieron á Fran-t 
cisco de Acevedo, y le mostró al señuelo; y por- 
que luego se nos ofrecieron cosas en que iba más 
que la caza, se dejará aquí de hablar en ello. 
Y helo dicho porque era tan grande Príncipe, 
61 



482 BERNAL DÍAZ. 

que no solamente le traían tributos de todas 
las más partes de la Nueva-España , y señorea- 
ba tantas tierras, y en todas bien obedecido, 
que aún estando preso, sus vasallos temblaban 
del , que hasta las aves que vuelan por el aire 
hacia tomar. Dejemos esto aparte, y digamos 
cómo la adversa fortuna vuelve de cuando en 
cuando su rueda. En aqueste tiempo tenia con- 
vocado entre los sobrinos y deudos del gran 
Montezuma á otros muchos caciques y á toda la 
tierra para darnos guerra y soltar al Montezu- 
ma, y alzarse algunos dellos por Reyes de Mé- 
jico; lo cual diré adelante. 



CAPITULO C. 

COMO LOS SOBRINOS DEL GRANDE MONTEZUMA ANDA- 
BAN CONVOCANDO É TRAYENDO Á SI LAS VOLUNTA- 
DES DE OTROS SEÑORES PARA VENIR Á MÉJICO Y SA- 
CAR DE LA PRISIÓN AL GRAN MONTEZUMA Y ECHAR- 
NOS DE LA CIUDAD. 



Como el Cacamatzin , señor de la ciudad dé 
Tezcuco, que después de Méjico era la mayor y 
más principal ciudad que hay en la Nueva- 
España , entendió que habia muchos dias qué 
estaba preso su tio Montezuma, é que en todo 



Í2ON0UISTA DE NIEVA-ESPAÑA. 483 

lo que nosotros podíamos nos íbamos señorean- 
do, y aún alcanzó á saber que habíamos abierto 
la casa donde estaba el gran tesoro de su abue- 
lo Axayaca , y que no habíamos tomado cosa 
ninguna deílo;é antes que lo tomásemos acordó 
de convocar á todos los señores de Tezcuco, sus 
vasallos, é al señor de Cuyoacan, que era su 
primo, y sobrino del Montezuma, é al señor de 
Tacuba é al señor de Iztapalapa, é á otro ca- 
cique muy grande, señor de Matalcingo , que 
era pariente muy cercano del Montezuma, y 
aún decian que le venia de derecho el reino y 
señorío de Méjico , y este cacique era muy va- 
liente por su persona entre los indios; pues an- 
dando concertando con ellos y con otros seño- 
res mejicanos que para tal dia viniesen con to- 
dos sus poderes y nos diesen guerra , parece ser 
que el cacique que he dicho que era valiente 
por su persona , que no le sé el nombre , dijo 
que si le daban á él eí señorío de Méjico ; pues 
le venia de derecho , que él con toda su paren- 
tela, y de una provincia que se dice Matalcin- 
go, serian los primeros que vendrían con sus 
armas á nos echar de Méjico , ó no quedaría 
ninguno de nosotros á vida. Y el Cacamatzin 
parece ser respondió que á él le venia el caci- 
cazgo y él había de ser Rey, pues era sobrino 
de Montezuma , y que si no quería venir, que 
sin él ni su gente haría la guerra. Por manera 
que ya tenia el Cacamatzin apercibidos los pue- 
blos y señores por mí ya nombrados, y tenia 



4S4 



RERNAL DLLZ. 



concertado que para tal dia viniesen sobre Mé- 
jico, é con los señores que dentro estaban de su 
parte les darían lugar á la entrada; é andando 
en estos tratos , lo supo muy bien Montezuma 
por la parte de su gran deudo , que no quiso 
conceder en lo que Cacamatzin queria ; y para 
mejor lo saber envió Montezuma á llamar todos 
sus caciques y principales de aquella ciudad, y 
le dijeron cómo el Cacamatzin los andaba con- 
vocando á todos con palabras é dádivas para 
que le ayudasen á darnos guerra y soltar al tio. 
Y como Montezuma era cuerdo y no queria ver 
su ciudad puesta en armas ni alborotos, se lo 
dijo á Cortés según y de la manera que pasaba, 
el cual alboroto sabia muy bien nuestro capitán 
y todos nosotros, mas no tan por entero como 
se lo dijo. El consejo que sobre ello tomó era, 
que nos diese de su gente mejicana é iríamos 
sobre Tezcuco, y que le prenderíamos ó destrui- 
ríamos aquella ciudad é sus comarcas E al Mon- 
tezuma no le cuadró este consejo ; por manera 
que Coi tés le envió á decir al Cacamatzin que se 
quitase de andar revolviendo guerra, que será 
causa de su perdición, é que le quiere tener por 
amigo, é que en todo lo que hubiere menes- 
ter de su persona lo hará por él, é otros mu- 
chos cumplimientos. E como el Cacamatzin era 
mancebo, y halló otros muchos de su parecer 
que le acudirían en la guerra, envió á decir á 
Cortés que ya habia entendido sus palabras de 
halagos, que no las queria más oir, sino cuando 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 485 

le viese venir , que entonces le hablaría lo que 
quisiese. Tornó otra vez Cortés á le enviar á de- 
cir que mirase que no hiciese deservicio á nues- 
tro Rey y señor, que lo pagaría su persona y le 
quitaría la vida por ello; y respondió que ni 
conocia á Rey ni quisiera haber conocido á Cor- 
tés, que con palabras blandas prendió á su tio. 
Como envió aquella respuesta, nuestro capitán 
rogó á Montezuma, pues era tan gran señor, y 
dentro en Tezcuco tenia grandes caciques y pa- 
rientes por capitanes, y no estaban bien con el 
Cacamatzin, por ser muy soberbio y malquisto; 
y pues allí en Méjico con el Montezuma estaba 
un hermano del mismo Cacamatzin , mancebo 
de buena disposición , que estaba huido del 
propio hermano porque no le matase, que 
después del Cacamatzin heredaba el reino de 
Tezcuco; que tuviese manera y concierto con to- 
dos los de Tezcuco que prendiesen al Caca- 
matzin, ó que secretamente le enviase á llamar, 
y que si viniese, que le echase mano y le tuvie- 
sen en su poder hasta que estuviese más sose- 
gado; y que pues que aquel su sobrino estaba 
en su casa huido por temor del hermano , y le 
sirve, que le alce luego por señor , y le quite el 
señorio al Cacamatzin , que está en su deservi- 
cio y anda revolviendo todas las ciudades y ca- 
ciques de la tierra por señorear su ciudad é 
reino. Y el Montezuma dijo que le enviaría lue- 
go á llamar; mas que sentia del que no querría 
venir, y que si no viniese , que se ternia con- 



486 BÉRNAL DÍAZ. 

cierto con sus capitanes y parientes que le pren- 
dan; y Cortés le dio muchas gracias por ello, y 
aun le dijo '. «Señor Montezuma , bien podéis 
creer que si os queréis ir á vuestros palacios, 
que en vuestra mano está; que desde que tengo 
entendido que me tenéis buena voluntad ó yo os 
quiero tanto , que no fuera yo de tal condición, 
que luego no os fuera acompañando para que os 
fuérades con toda vuestra caballeria á vuestros 
palacios; y si lo he dejado de hacer , es por es- 
tos mis capitanes que os fueron á prender , por- 
que no quieren que os suelte , y porque vuestra 
majestad dice aue quiere estar preso por excu- 
sar las revueltas que vuestros sobrinos traen 
por haber en su poder esta ciudad é quitaros el 
mando;» y el Montezuma dijo que se lo tenia en 
merced , y como iba entendiendo las palabras 
halagüeñas de Cortés é via que lo decia , no por 
soltalle, sino probar su voluntad: y también Or- 
teguilla, su paje, se lo habia dicho á Montezuma, 
que nuestros capitanes eran los que le aconseja- 
ron que le prendiese , é que no creyese á Cortés, 
que sin ellos no le soltaría. Dijo el Montezuma á 
Cortés que muy bien estaba preso hasta ver en 
qué paraban los tratos de sus sobrinos, y que 
luego quería enviar mensajeros á Cacamatzin 
rogándole que viniese ante él, que le quería ha- 
blar en amistades entre él y nosotros; y le en- 
vió á decir que de su prisión que no tenga él 
cuidado, que si se quisiese soltar, que muchos 
tiempos ha tenido para ello, y que Malinche le 



CONQUISTA DÉ ÜÜÉVA-ESfrANA. 487 

ha dicho dos veces que' se vaya á sus palacios, y 
que él no quiere, por cumplir el mandado dé sus 
dioses, que le han dicho que se esté preso, y 
que si no lo está, luego será muerto; y que esto 
que 1© sabe muchos dias há de los papas que 
están en servicio de los ídolos: y queá esta cau- 
sa será bien que tenga amistad con Malinche y 
sus hermanos. Y estas mismas palabras envió 
Montezuma á decir á los capitanes de Tezcuco, 
cómo enviaba á llamar á su sobrino para hacer 
las amistades, y que mirase no le trastornase 
su seso aquel mancebo para tomar armas contra 
nosotros. Y dejemos esta plática, que muy bien 
la entendió el Cacamatzin; y sus principales en- 
traron en consejo sobre lo que harian, y el Ca- 
camatzin comenzó á bravear y que nos habia de 
matar dentro de cuatro dias, é que al tio, que 
era una gallina, por no darnos guerra cuando 
se lo aconsejaba al abajar la sierra de Chalco, 
cuando tuvo allí buen aparejo con sus guarni- 
ciones, y que no metió él por su persona en su 
ciudad, como si tuviera conocido que íbamos 
para hacelle algún bien , y que cuanto oro 
le han traido de sus tributos nos daba ; y 
que le habíamos escalado y abierto la casa 
donde está el tesoro de su abuelo Axayaca, 
y que sobre todo esto le teniamos preso, é 
que ya le andábamos diciendo que quitasen 
los ídolos del gran Huichilóbos, é que queda- 
mos poner los nuestros ; é que porque esto no 
viniese más mal , y para castigar tales cosas é 



488 BERNAL DÍAZ. 

injurias, que les rogaba que le ayudasen , pues 
todo lo que ha dicho han visto por sus ojos , y 
cómo quemamos los mismos capitanes del Mon- 
tezuma, y que ya no se puede compadecer otra 
cosa sino que todos juntos á una nos diesen guer- 
ra; y alli les prometió el Cacamatzin que si que- 
daba con el señorio de Méjico que les habia de 
hacer grandes señores, y también les dio mu- 
chas joyas de oro y les dijo que ya tenia con- 
certado con sus primos, los señores de Cuyoacan 
y de Iztapalapa y de Tacuba y otros deudos, 
que le ayudarían, é que en Méjico tenia de su 
parte otras personas principales que le darian 
entrada é ayuda á cualquiera hora que quisie- 
se, y que unos por las calzadas, y todos los más 
en sus piraguas y canoas chicas por la laguna, 
podrían entrar , sin tener contrarios que se lo 
defendiesen, pues su tio estaba preso; y que no 
tuviesen miedo de nosotros, pues saben que po- 
cos dias habían pasado que en lo de Almería los 
mesmos capitanes de su tio habían muerto mu- 
chos teules y un caballo , lo cual bien vieron la 
cabeza de un teule é el cuerpo del caballo ; é 
que en una hora nos despacharían , é con nues- 
tros cuerpos harían buenas fiestas y hartazgas. 
Y como hubo hecho aquel razonamiento , dicen 
que se miraban unos capitanes á otros para que 
hablasen los que solían hablar primero en cosas 
de guerra , é que cuatro ó cinco de aquellos 
capitanes le dijeron que , ¿cómo habían de ir 
sin licencia de su gran señor Montezuraa y dar 



.CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 489 

guerra en su propia casa y ciudad? Y que se lo 
envíen primero á hacer saber , é que si es con- 
sentidor , que irán con él de muy buena Volun- 
tad, é que de otra manera, que no le quieren 
ser traidores. Y pareció ser que el Cacamatzin 
se enojó con los capitanes que le dieron aquella 
respuesta, y mandó echar presos tres dellos ; y 
como habia allí en el consejo y junta que te- 
nían otros sus deudos y ganosos de bullicios, 
dijeron que le ayudarían hasta morir, é acordó 
de enviar á decir á su tio el gran Montczuma 
que habia de tener empacho envialle á decir 
que venga á tener amistad con quien tanto mal 
y deshonra le ha hecho, teniéndole preso; é que 
no es posible sino que nosotros éramos hechice- 
ros y con hechizos le teníamos quitado su gran 
corazón y fuerza, ó que nuestros dioses y la 
gran mujer de Castilla que les dijimos que era 
nuestra abogada nos da aquel gran poder para 
hacer lo que hacíamos; é en esto que dijo á la, 
postre no lo erraba , que ciertamente la gran 
misericordia de Dios y su bendita Madre nues- 
tra Señora nos ayudaba. Y volvamos á nuestra 
plática,, q e en lo que se resumió, fué enviar á 
decir que él venia á pesar nuestro y de su tio á 
nos hablar y matar: y cuando el gran Monte- 
zuma oyó aquella respuesta tan desvergonzada, 
recibió mucho enojo, y luego en aquella hora 
envió á llamar seis de sus capitanes de mucha 
cuenta, y les dio su sello, y aun les dio ciertas 
joyas de oro, y les mandó que luego fuesen á 
• 62 



490 BKRNAL DÍAZ. 

Tezcuco y que mostrasen secretamente aquel 
su sello á ciertos capitanes y parientes que 
estaban muy mal con el Cacamatzin por ser 
muy soberbio, é que tuviesen tal orden y ma- 
nera, que á él y á los que eran en su consejo los 
prendiesen y que luego se los trujesen delante.- 
¥ como fueron aquellos capitanes, y en Tezcu- 
co entendieron lo que el Montezuma mandaba, 
y el Cacamatzin era malquisto, en sus propios 
palacios le prendieron, que estaba platicando 
con aquellos sus confederados en cosas de la 
guerra, y también trujeron otros cinco presos 
con él. E como aquella ciudad está poblada jun- 
to á la gran laguna, aderezan una gran piragua 
con sus toldos y les meten en ella, y con gran 
copia de remeros los traen á Méjico, y cuando 
hubo desembarcado le meten en sus ricas andas, 
como Rey que era, y con gran acato le llevan an- 
te Montezuma; y parece ser estuvo hablando con 
su tio, y desvergonzósele más de lo que antes 
estaba, y supo Montezuma de los conciertos en 
que andaba, que era alzarse por señor; lo cual 
alcanzó á saber más por entero de los demás 
prisioneros que le trujeron, y si enojado estaba 
de antes del sobrino, muy más lo estuvo enton- 
ces. Y luego se lo envió á nuestro capitán para 
que lo echase preso, y álos demás prisioneros 
mandó soltar; é luego Cortés fué á los palacios 
é al aposento de Montezuma y le dio las gracias 
por tan gran merced; y se dio orden que se al- 
zase por Rey de Tezcuco al mancebo que estaba 



eOHQÜISTA DB NU1YA-ESPAÑA. 491 

en su compañía del Montezuma, que también 
era su sobrino, hermano del Cacamatzin, que ya 
he dicho que por su temor estaba allí retraído 
al favor del tio porque no le matase, que era 
también heredero muy propincuo del reino de 
Tezcuco; y para lo hacer solenemente y con 
acuerdo de toda la ciudad, mandó Montezuma 
que viniesen ante él los más principales de toda 
aquella provincia, y después de muy bien plati- 
cada la cosa, le alzaron por Rey y señor de aque- 
lla gran ciudad, y se llamó D. Carlos. Ya todo 
esto hecho, como los caciques y reyezuelos 
sobrinos del gran Montezuma , que eran el 
señor de Cuyoacan y el señor de Iztapalapa y 
el de Tacuba, vieron é oyeron las prisiones del 
Cacamatzin, y supieron que el gran Montezu- 
ma habia sabido que ellos entraban en la con- 
juración para quitalle su reino y dárselo á Ca- 
camatzin, temieron, y no le venían á ver ni á 
hacer palacio como solían; é con acuerdo de 
Cortés , que le convocó é atrajo al Montezuma 
para que los mandase prender, en ocho dias 
todos estuvieron presos en la cadena gorda, que 
no poco se holgó nuestro capitán y • todos nos- 
otros. Miren los curiosos letores en lo que an- 
daban nuestras vidas, tratando de nos matar 
cada dia y comer nuestras carnes , si la gran 
misericordia de Dios, que siempre era con nos- 
otros , no nos socorría; é aquel buen Montezu- 
ma á todas nuestras cosas daba buen corte ; é 
miren qué gran señor era , que estando preso 



492 BERNAL DÍAZ. 

así era tan obedecido. Pues ya todo apaciguado é 
aquellos señores presos, siempre nuestro Cortés 
con otros capitanes e el Padre Fray Bartolomé 
de Olmedo, de la orden de la Merced, estaban 
teniéndole palacio, é en todo lo que podian le 
daban mucho placer, y burlaban no de manera 
de desacato, que digo que no se sentaban Cor- 
tés ni ningún capitán hasta que el Montezuma 
les mandaba dar sus asentaderos ricos y les 
mandaba asentar; y en esto era tan bien mira- 
do, que todos le queríamos con gran amor, por- 
que verdaderamente era gran señor en todas 
sus cosas que le víamos hacer. Y volviendo á 
nuestra plática, unas veces le daban á entender 
las cosas tocantes á nuestra santa fe, y se lo 
decia el fraile con el paje Orteguilla, que pare- 
ce que le entraban ya algunas buenas razones 
en el corazón, pues las escuchaba con atención 
mejor que al principio. También le daban á en- 
tender el gran poder del Emperador nuestro 
señor, y cómo le daban vasallaje muchos gran- 
des señoras que le obedecían, y de lejas tierras; 
y decíanle otras muchas cosas que él se holgaba 
de les oir , y otra3 veces jugaba Cortés con él 
al totoloque; y él, como no era nada escaso, nos 
daba cada día cual joyas de oro ó mantas. Y de- 
jaré de hablar de ello, y pasaré adelante. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 493 

CAPITULO CI. 



COMO EL GRAN MONTEZUMA CON MUCHOS CACIQUES Y 
PRINCIPALES DE LA. COMARCA DIERON LA OBEDIENCIA 
A SU MAJESTAD, Y DE OTRAS COSAS QUE SOBRE ELLO 
PASARON. 



Como el capitán Cortés vio que ya estaban 
presos aquellos reyecillos por mí nombrados , y 
todas las ciudades pacíficas , dijo á Montezuma 
que dos veces le había enviado á decir antes 
que entrásemos en Méjico que queria dar tribu- 
co á su majestad , y que pues ya había enten- 
dido el gran poder de nuestro Rey y señor , é 
que de muchas tierras le dan parias y tributos, 
y le son sujetos muy grandes Reyes, que será 
bien que él y todos sus vasallos le den la obe- 
diencia, porque ansi se tiene por costumbre, que 
primero se da la obediencia que den las parias 
é tributo. Y el Montezuma dijo que juntaría sus 
vasallos é hablaría sobre ello ; y en diez dias se 
juntaron todos los más caciques de aquelia co- 
marca, y no vino aquel cacique pariente muy 
cercano del Montezuma , que ya hemos dicho 
que decían que era muy esforzado, y en la pre- 
sencia y cuerpo y miembros se le parecía Bien 
era algo atronado, y en aquella sazón estaba en 
un pueblo suyo que se decia Tula ; y á este ca- 



494 BIRNAL DIA£. 

cique, según decían, le venia el reino de Méjico 
después del Montezuma ; y como le llamaron, 
envió á decir que no quería venir ni dar tributo; 
que aun con lo que tiene de sus provincias no se 
puede sustentar . De la cual respuesta hubo 
enojo Montezuma \ y luego envió ciertos ca- 
pitanes para que le prendiesen ; como era gran 
señor y muy emparentado , tuvo aviso dello y 
metióse en su provincia , donde no le pudo ha- 
ber por entonces. Y dejallo hé aquí , y diré que 
en la plática que tuvo el Montezuma con todos 
los caciques de toda la tierra que habia envia- 
do á llamar, que después que les habia hecho 
un parlamento sin estar Cortés ni ninguno 
de nosotros delante , salvo Orteguilla el paje, 
dicen que les dijo que mirasen que de muchos 
años pasados sabian por muy cierto , por lo que 
sus antepasados les han dicho , é asi lo tiene 
señalado en sus libros de cosas de memorias, 
que de donde sale el sol habían de venir gen- 
tes que habían de señorear estas tierras , y que 
se habia de acabar en aquella sazón el señorío 
y reino de los mejicanos ; y que él tiene enten- 
dido, por lo que sus dioses le han dicho , que 
somos nosotros ; é que se lo han preguntado á 
su Huichilébos los papas que lo declaren, y sobre 
ello les hacen sacrificios y no quieren respon- 
delles como suele; y lo que más les da á enten- 
der el Huichilóbos es t que lo que les ha dicho 
otras veces , aquello dé ahora por respuesta , é 
que no le pregunten más; asi, que bien da á en- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 495 

tender que demos la obediencia al Rey de Casti- 
lla, cuyos vasallos dicen estos teules que son; y 
porque al presente no va nada en ello; y el tiem- 
po andando veremos si tenemos otra mejor res- 
puesta de nuestros dioses, y como viéremos el 
tiempo, asi haremos. Lo que yo os mando y rue- 
go, que todos de buena voluntad al presente se la 
demos, y contribuyamos con alguna señal de 
vasallaje, que presto os diré lo que más nos con- 
venga; y porque ahora soy importunado deMa- 
linche á ello, ninguno lo rehuse; é mira que en 
diez y ocho años que há que soy vuestro señor, 
siempre me habéis sido muy leales, é yo os he 
enriquecido, é ensanchado vuestras tierras, é 
os he dado mandos é hacienda; é si ahora al pre- 
sente nuestros dioses permiten que yo esté aqui 
detenido, no lo estuviera, sino que ya os he di- 
cho muchas veces que mi gran Huichilóbos me 
lo ha candado. Y desque oyeron este razona- 
miento, todos dieron por respuesta que harían 
loque mandase, y con muchas lágrimas y suspi- 
ros, y el Montezuma muchas más y luego envió 
á decir con un principal que para otro dia darían 
la obediencia y vasallaje á su majestad. Después 
Montezuma tornó á hablar con sus caciques so- 
bre el caso estando Cortés delante, é nuestros 
capitanes y muchos soldados, y Pedro Fernan- 
dez, secretario de Cortés; é dieron la obediencia 
á su majestad, y con mucha tristeza que mos- 
traron; y el Montezuma no pudo sostener las 
lágrimas; é quedárnoslo tanto é de buenas en- 



49& BERNAL DÍAZ. 

trañas, que á nosotros de verle llorar se nos en- 
ternecieron los ojos, y soldado hubo que llora- 
ba tanto como Montezuma; tanto era el amor 
que le teníamos. Y dejallo hé aquí, y diré que 
siempre Cortés y el padre fray Bartolomé de Ol- 
medo, de ln Merced, que era bien entendido, 
estaban en los palacios de Montezuma por ale- 
gralle, atrayéndole á que dejase sus ídolos; y 
pasaré adelante. 



CAPITULO CU. 



COMO NUESTRO CORTES PROCURO DE SABER DE LAS MI- 
NAS DE ORO, Y ©E QUÉ CALIDAD ERAN, Y ASIMISMO 
EN QUÉ RÍOS ESTABAN, Y QUÉ PUERTOS PARA NAVIOS 
DESDE LO DE PANUCO HASTA LO DE TABASCO, ESPE- 
CIALMENTE EL RIO GRANDE DE GUACAZUALCO, Y LO 
QVE SOBRE ELLO RASÓ. 



Estando Cortés é otros capitanes con el gran 
Montezuma, teniéndole en Palacio, entre otras 
pláticas que le deciacon nuestras lenguas doña 
Marina é Jerónimo de Aguilar é Orteguilla, le 
preguntó que á qué parte eran las minas é en 
qué rios, é cómo y de qué manera cojian el oro 
que le traian en granos, porque queria enviar á 
vello dos de nuestros soldados grandes mineros. 



CONQUISTA PE NUEVA-ESPANA. 497 

Y el Montezuma dijo que de tres partes» y qua 
donde más oro solía traer que era de una pro- 
vincia que se dice Zacatula, que es á la banda 
del Sur, que está de aquella ciudad andadura de 
diez ó doce días, y quelocojiancon unas jicaras, 
en que lavan la tierra, é que alli quedan unos 
granos menudos después de lavado; é que aho- 
ra al presente se lo traen de otra provincia que 
se dice Gustepeque, cerca de donde desembar- 
camos, que es en la banda del Norte é que lo co- 
jen de dos rios; é que cerca de aquella provincia 
hay otras buenas minas, en parte que no son su- 
jetos, que se dicen los chinatecas y capotecas, y 
que no le obedecen; y que si quiere enviar sus 
soldados, que él daria principales que vayan con 
ellos; y Cortés le dio las gracias por ello, y lue- 
go despachó un piloto que se decía Gonzalo de 
Umbría, con otros dos soldados mineros, á lo de 
Zacatula. Aqueste Gonzalo de Umbría era al 
que Cortés mandó cortar los pies cuando ahor- 
có á Pedro Escuderos éá Juan Cermeño y azotó 
los Penates porque se alzaban en San Juan de 
Ulúa con el navio, según más largamente lo ten- 
go escrito en el capítulo que dello habla. Deje- 
mos de contar más en lo pasado, y digamos có- 
mo fueron con el Umbría, y se les dió^de plazo 
para ir é volver cuarenta dias. E por la banda 
del Norte despachó para ver las minas á un ca- 
pitán que se decia Pizarro, mancebo hasta de 
v einte y cinco años ; y á este Pizarro trataba 
Cortés cerno á pariente. En aquel tiempo no ha* 
63 



498 RERNAL DUZ. 

bia fama del Perú ni se nombraban Pizarros en 
esta tierra ; é con cuatro soldados mineros fué, 
y llevó de plazo otros cuarenta días para ir é 
volver, porque habia desde Méjico obra de 
ochenta leguas, é con cuatro principales meji- 
canos. Ya partidos para ver las minas, como di- 
cho tengo, volvamos á decir cómo le dio el gran 
Montezuma á nuestro capitán en un paño de ne- 
quen pintados y señalados muy al natural todos 
los rios é ancones que habia en la costa del 
Norte Panuco hasta Tabasco, que son obra de 
ciento cuarenta leguao, y en ellos venia señala- 
do el río de Guazacualco ; é como ya sabíamos 
todos los puertos y ancones que señalaban en el 
paño que le dio el Montezuma, de cuando venía- 
mos á descubrir con Grijaiva, excepto el rio de 
Guazacualco, que dijeron que era muy podero- 
so y hondo., acordó Cortés de enviar á ver qué 
era, y para hondar el puerto y la entrada. Y 
como uno dé nuestros capitanes, que se decia 
Diego de Ordás, otras veces por mí nombrad®, 
era hombre muy entendido y bien esforzado, 
dijo al capitán que él queria ir á ver aquel rio y 
qué tierras habia y qué manera de gente era, y 
que le diese hombres é indios principales que 
fuesen con él; y Cortés lo rehusaba, porque era 
hombre de bueno3 consejos y tenello en su 
compañía, y por no le descomplacer le dio licen- 
cia para que fuese; y el Montezuma le dijo al 
Ordas que en lo de Guazacualco no llegaba su 
señorío, é que eran muy esforzados, é que para- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 499 

se á ver lo que hacia, y que si algo le acontecie- 
se no le cargasen ni culpasen á él; y que antes 
de llegar á aquella provincia toparia con sus 
guarniciones de gente de guerra, que tenia en 
frontera, y que si los hubiese menester, que los 
llevase consigo; y dijo otros muchos cumpli- 
mientos. Y Cortés y el Diego de Ordás le dieron 
las gracias; é así, partió con dos de nuestros 
soldados y con otros principales que el Monte- 
zuma les dio. Aquí es donde dice el coronista 
Francisco López de Gómora que iba Juan Ve- 
lazquez con cien soldados á poblar á Guazacual- 
co, é que Pedro de Ircio habia ido á poblar á Pa- 
nuco; é porque ya estoy harto de mirar en lo 
que el coronista va fuera de lo que pasó, lo de- 
jaré de decir, y diré lo que cada uno de los ca- 
pitanes que nuestro Cortés envió hizo, é vinie- 
ron con muestras de oro. 



CAPITULO CIII. 



COMO VOLVIERON LOS CAPITANES QUE NUESTRO CAPI- 
TÁN ENVIÓ Á VER LAS MINAS É HONDAR EL P¥ERTO É 
RIO DE GUAZACUALCO. 



El primero que volvió á la ciudad de Méjico á 
dar razón de á lo que Cortés los envió, fué Gon- 
zalo de Umbría y sus compañeros, y trajeron 



500 



BERHAL DÍAZ. 



obra de trescientos pesos en granos, que sacaron 
delante de los indios de un pueblo que se diceCa- 
catula, que, según contaba el Umbría, los caciques 
de aquella provincia llevaron mucbos indios á 
los nos , y con unas como bateas chicas lavaban 
la tierra y cogían el oro , y era de dos rios ■ v 
dijeron que si fuesen buenos mineros y la lava- 
sen como en la isla de Santo Domingo ó como 
en la isla de Cuba , que serian ricas minas- y asi- 
mismo trujeron consigo los principales que en- 
vío aquella provincia, y trajeron un presente de 
oro hecho enjoyas , que valdria ducientos pe- 
sos, e a darse é ofrecerse por servidores de su 
majestad; y Cortés se holgó tanto con el oro 
como si fueran treinta mil pesos, en saber cierto 
que había buenas minas; é á los caciques que 
trajeron el presente les mostró mucho amor v 
les mandó dar cuentas verdes de Castilla, y con 
buenas palabras se volvieron á sus tierras muy 
contentos Y decia el Umbría que no muy lejos 
de Méjico había grandes poblaciones y otra pro- 
vincia que se decia Matalcingo ; y á lo que sen- 
timos y vimos, el Umbría y sus compañeros vi- 
nieron ricos con mucho oro y bien aprovechados; 
que a este efecto le envió Cortés , para hacer 
buen amigo del por lo pasado que dicho tengo 
que le mandó cortar los pies. Dejémosle , pues 
volvió con buen recaudo, y volvamos al capitán 
Diego de Ordás ¡ que fué á ver el rio de Guaza- 
cualco , que es sobre ciento y veinte leguas de 
Méjico, y dijo que pasó por muy grandes pue- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 501 

blos, que allí los nombró, é que todos le hacían 
hoffta ; é que en el camino de Guazacualco topó 
á las guarniciones de Montezuma que estaban 
en frontera , é que todas aquellas comarcas se 
quejaban dellos, así de robos que les hacían , y 
les tomaban sus mujeres y les demandaban otros 
tributos ; y el Ordas , con los principales meji- 
canos que llevaba , reprendió á ios capitanes de 
Montezuma que tenían cargo de aquellas gentes, 
y le amenazaron que si más robaban , que se lo 
haria saber á su señor Montezuma , y que en- 
viaría por ellos y los castigaría , como hizo á 
Quetzalpopoca y sus compañeros porque habían 
robado los pueblos de nuestros amigos ; y con 
estas palabras les metió temor ; é luego fué ca- 
mino de Guazacualco , y no llevó más de un 
principal mejicano ; y cuando el cacique de 
aquella provincia, que se decia Tochel , supo 
que iba , envió sus principales á le recebir, y 
le mostraron mucha voluntad , porque aquellos 
de aquella provincia y todos tenian relación y 
noticia de nuestras personas, de cuando venimos 
á descubrir con Juan de Grijal /a , según larga- 
mente lo he escrito en el capítulo pasado que 
dello habla ; y volvamos ahora á decir que, 
como los caciques de Guazacualco ententendie- 
ron á lo que iba , luego le dieron muchas gran- 
des canoas, y el mismo cacique Tochel, y con él 
otros muchos principales hondaron la boca del 
rio, é hallaron tres brazas largas, sin la de 
caída , en lo más bajo ; y entrados en el rio un 



502 BERNAL DÍAZ. 

poco arriba , podían nadar grandes navios , é 
mientras más arriba más hondo- Y junto á un 
pueblo que en aquella sazón estaba poblado de 
indios pueden estar carracas ; y como el Ordás 
lo hubo ahondado y se vino con los caciques 
al pueblo , le dieron ciertas joyas de oro y una 
india hermosa , y se ofrecieron por servido- 
res de su majestad , y se le quejaron de Mon- 
tezuma y de su guarnición de gente de guerra, 
y que habia poco tiempo que tuvieron una ba- 
talla con ellos, y que cerca de un pueblo de po- 
cas casas mataron los de aquella provincia á los 
mejicanos muchas de sus gentes, y por aquella 
causa llaman hoy en dia, donde aquella guerra 
pasó, Cuilonemiqui, que én su lengua quiere 
decir donde mataron los putos mejicanos; y el 
Ordás les dio muchas gracias por la honra que 
habia recebido, y les dio ciertas cuentas de Cas- 
tilla que llevaba para aquel efecto , y se volvió 
á Méjico, y fué alegremente recebido de Cortés 
y de todos nosotros; y decia que era buena tier- 
ra para ganados y granjerias , y el puerto á 
pique para las islas de Cuba y de Santo Domin- 
go y de Jamaica, excepto que era lejos de Mé- 
jico y habia grandes ciénagas. Y á esta causa 
nunca tuvimos confianza del puerto para el des- 
cargo y trato de Méjico. Dejemos al Ordás, y 
digamos del capitán Pizarro y sus compañeros, 
que fueron en lo de Tustepeque á buscar oro 
y ver las minas, que volvió el Pizarro con un 
soldado sólo á dar cuenta á Cortés, y trujeron 



CONQUISTA DE NUEVA- ESPAÑA. 503 

sobre mil pesos de granos de oro sacado de las 
minas, y dijeron que en la provincia de Tuste- 
peque y Malinaltepeque y otros pueblos comar- 
canos fué á los rios con mucha gente que le die- 
ron, y cojieron la tercia parte del oro que allí 
traían, y que fueron en las sierras más arriba á 
otra provincia que se dice los chinantecas, y co- 
mo llegaron á su tierra , que salieron muchos 
indios con armas , que son unas lanzas mayores 
que las nuestras , y arcos y flechas y pavesi- 
nas, y dijeron que ni un indio mejicano no les 
entrase en su tierra; si no, que los matarían, y 
que los teules que vayan mucho en buen hora; 
y así fueron , y se quedaron los mejicanos, 
que no pasaron adelante; y cuando los caci- 
ques de Chinanta entendieron á lo que iban, 
juntaron copia de sus gentes para lavar oro, y 
le llevaron á unos rios.. donde cojieron el demás 
oro que venia por su parte en granos crespillos, 
porque dijeron los mineros que aquello era de 
más duraderas minas, como de nacimiento; y 
también trujo el capitán Pizarro dos caciques 
de aquella tierra, que vinieron á ofrecerse por 
vasallos de su Majestad y tener nuestra amis- 
tad, y aun trujeron un presente de oro; y todos 
aquellos caciques á una decían mucho mal de 
los mejicanos, que eran tan aburridos de aque- 
llas provincias por los robos que les hacían, que 
no podían ver, ni aun mentar sus nombres. Cor- 
tés recibió bien al Pizarro y á los principales 
que traía, y tomó el presente que le dieron, y 



504 BERNAL DÍAZ. 

porque há muchos años ya pasados, no mi 
acuerdo qué tanto era; y se ofreció con buenas 
palabras que les ayudada y seria su amigo de 
los chinantecas, y les mandó que fuesen á su 
provincia; y porque no recibiesen algunas mo- 
lestias en el camino, mandó á dos principales 
mejicanos que los pusiesen en sus tierras, y 
que no se quitasen dellos hasta que estuviesen 
en salvo, y fueron muy contentos. Volvamos á 
nuestra plática: que preguntó Cortés por los 
demás soldados que habia llevado el Pizarro 
en su compañía, que se decían Barrientos y 
Heredia el viejo y Escalona el mozo y Cervan- 
tes el chocarrero; y dijo que porque les pare- 
ció muy bien aquella tierra y era rica de minas, 
y los pueblos por donde fuimos muy de paz, les 
mandó que hiciesen una gran estancia de ca- 
caguatales y maizales y pusiesen muchas aves 
de la tierra, y otras granjerias que habia de algo- 
don , y que desde alli fuesen catando todos los 
ríos y viesen qué minas habia. Y puesto que 
Cortés calló por entonces, no se lo tuvo á bien á 
su pariente haber salido de su mandado , y su- 
pimos que en secreto riñó mucho con él sobre 
ello, y le dijo que era de poca calidad querer 
entender en cosas de criar aves é cacaguatales; 
y luego envió otro soldado que se decia Alonso 
Luis á llamar los demás que habia dejado el Pi- 
zarro, y para que luego viniesen llevó un man- 
damiento; y lo que aquellos soldados hicieron 
diré adelante en su tiempo y lugar. 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPAÑA. 505 

CAPITULO CIV. 



CÓMO CORTÉS DIJO AL GRAN MONTEZUMA QUE MANDASE 
Á TODOS LOS CACIQUES QUE TRIBUTASEN A SU MA- 
JESTAD, PUES COMUNMENTE SABÍAN QUE TENÍAN ORO, 
Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. 



Pues como el capitán Diego de Ordás y los 
soldados por mí ya nombrados vinieron con 
muestras de oro y relación que toda la tierra era 
rica, Cortés, con consejo del Ordás y de otros 
capitanes y soldados, acordó de decir y deman- 
dar al Montezuma que todos los caciques y pue- 
blos de la tierra tributasen á su majestad, y que 
él mismo, como gran señor, también tributase é 
diese de sus tesoros ; y respondió que él envia- 
rla por todos los pueblos á demandar oro , mas 
que muchos dellos no lo alcanzaban , sino joyas 
de poca valía que habían habido de sus antepa- 
sados ; y de presto despachó principales á las 
partes donde había minas, y les mandó que die- 
se cada uno tantos tejuelos de oro fino del tama- 
ño y gordor de otros que le solían tributar , y 
llevaban para muestras dos tejuelos, y de otras 
partes no le traían sino joyezuelas de poca valía. 
También envió á la provincia donde era cacique 
y señor aquel su pariente muy cercano que no 
le quería obedecer, que estaba de Méjico obr* 
64 



506 BERNAL DÍAZ. 

de doce leguas; y la respuesta que trujeron los 
mensajeros fué, que decia que no quería dar oro 
ni obedecer al Montezuma, y que también él era 
señor de Méjico y le venia el señorio como al 
mismo Montezuma que le enviaba á pedir tri- 
buto. Y como esto oyó el Montezuma, tuvo tan- 
to enojo, que de presto envió su señal y sello y 
con buenos capitanes para que se lo trujesen 
preso; y venido á su presencia el pariente, le 
habló muy desacatadamente y sin ningún temor 
ó de muy esforzado, ó decian que tenia ramos 
de locura, porque era como atronado; todo lo 
cual alcanzó á saber Cortés, y envió á pedir por 
merced al Montezuma que se lo diese, que él lo 
queria guardar; porque, según le dijeron, le ha- 
bía mandado matar el Montezuma; y traído an- 
te Cortés, le habló muy amorosamente, y que 
no fuese loco contra su señor, y que lo queria 
soltar. Y Montezuma cuando lo supo dijo que no 
lo soltase, sino que lo echasen en la cadena gor- 
da, como á los oíros reyezuelos por mí ya nom- 
brados. Tornemos á decir que en obra de veinte 
dias vinieron todos los principales que Monte- 
zuma habia enviado á cobrar los tributos del oro, 
que dicho tcngb. Y así como vinieron, envió á 
llamar á Cortés y á nuestros capitanes y ciertos 
soldados que conocía que éramos de guarda, y di- 
jo estas palabras formales, ó otras como ellas: 
aHágoos saber, señor Malinche y señores capita- 
nes y soldados, que á vuestro gran rey yo le soy 
en cargo y le tengo buena voluntad, así por se- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPADA. 50"? 

ñor y tan gran señor, como por haber enviado 
de tan lejas tierras á saber de mí; y lo que más 
me pone en el pensamiento es, que él ha de ser 
el que nos ha de señorear, según nuestros ante- 
pasados nos han dicho, y aun nuestros dioses 
nos dan á entender por las respuestas que dellos 
tenemos; toma ese oro que se ha recojido, y por 
ser tan de priesa no se trae más; y lo que yo 
tengo aparejado para el Emperador es todo el 
tesoro que he habido de mi padre, que está en 
vuestro poder y aposento, que bien sé que lue- 
go que aquí venistes, abristes la casa y lo vistes 
é mirastes todo, y la tornastes á cerrar como 
antes estaba; y cuando se lo enviáredes, decidle 
en vuestros anales y cartas: «Esto os envia vues- 
tro buen vasallo Montezuma;» y también yo os 
daré unas piedras muy ricas, que le enviéis en 
mi nombre, que son chalchichuis, que no son 
para dar á otras personas, sino para ese vues-! 
tro gran Emperador, que vale cada una piedra 
dos cargas de oro. También le quiero enviar 
tres cerbatanas con sus esqueros y bodoqueras, 
que tienen tales obras de pedrería, que se hol- 
gará de vellas; y también yo quiero dar de lo 
que tuviere, aunque es poco, porque todo el más 
oro y joyas que tenia os he dado en veces. Y 
cuando aquello le oyó Cortés y todos nosotros, 
estuvimos espantados de la gran bondad y libe- 
ralidad del gran Montezuma, y con mucho acato 
le quitamos todos las gorras de armas, y le di- 
jimos que se lo teníamos en merced, y con pa-» 



568 BERNAL DÍAZ. 

labras de micho amor le prometió Cortés que 
escribiríamos á su majestad de la magnificencia 
y franqueza del oro que nos dio en su Real nom- 
bre. Y después que tuvimos otras pláticas de 
buenos comedimientos, luego en aquella hora 
envió Montezumasus mayordomos para entregar 
todo el tesoro de oro y riqueza que estaba en 
aquella sala encalada; y para vello yquitallo de 
sus bordaduras y donde estaba engastado tar- 
damos tres días, y aun para lo quitar y desha- 
cer vinieron los plateros de Montezuma, de un 
pueblo que se dice Escapuzalco. Y digo que era 
tanto, que después de deshecho eran tres mon- 
tones de oro; y pesado, hubo en ellos sobre seis- 
cientos mil pesos, como adelante diré, sin la 
plata é otras muchas riquezas. Y no cuento con 
ello las planchas y tejuelos de oro y el oro en 
grano de la? minas; y se comenzó á fundir con 
los plateros indios que dicho tengo, naturales 
de Escapuzalco, é se hicieron unas barras muy 
anchas dello, como medida de tres dedos de la 
mano de anchor de cada una barra. Pues ya 
fundido y hecho barras, traen otro presente por 
sí de lo que el gran Montezuma habia dicho 
que daria, que fué cosa de admiración ver tanto 
oro y las riquezas de otras joyas que trujo. 
Pues las piedras Ghalchihuis, que eran tan ricas 
algunas dellas, que valían entre los mismos ca- 
ciques mucha cantidad de oro; pues las tres cer- 
batanas con sus bodoqueras, los engastes que 
tenían de piedras y perlas, y las pinturas de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 509 

pluma é de pajaritos llenos de aljófar, é otras 
aves, todo era de gr?n valor. Dejamos de decir 
de penachos y plumas y otras muchas cosas ri- 
cas, que es para nunca acabar de traerlo aquí á 
la memoria ; digamos agora cómo se marcó 
todo el oro que dicho tengo con una marca 
de hierro que mandó hacer Cortés, y los ofi- 
ciales del Rey prohibidos por Cortés , y de 
acuerdo de todos nosotros, en nombre de su 
majestad, hasta que otra cosa mandase; y la 
marca fué las armas Reales como de un real y 
del tamaño de un tostón de á cuatro, y esto sin 
las joyas ricas que nos pareció que no eran para 
deshacer; pues para pesar todas estas barras de 
oro y plata y las joyas que quedaron por des- 
hacer no teniamos pesas de marcos ni balanza, y 
pareció á Cortés y á los mismos oficiales de la 
hacienda de su Majestad que seria bion hacer de 
hierro unas pesas de hasta una arroba, y otras 
de media arroba, y de dos libras, y de una libra, 
y de media libra y de cuatro onzas; y esto no 
para que viniese muy justo, sino media onza 
más ó menos en cada peso que pesaba y de 
cuanto pesó. Y dijeron los oficiales del Rey que 
habia en el oro, así en lo que estaba hecho arro- 
bas como en los granos de las minas y en los te- 
juelos y joyas, más de seiscientos mil pesos, sin 
la plata é otras muchas joyas que se dejaron de 
avaluar; y algunos soldados decian que habia 
más. Y como ya no habia que hacer en ello sino 
sacar el real quinto y dar á cada capitán y sol- 



516 BERNAL DÍAZ. 

dado nuestras partes, é á los que quedaban en 
el puerto de la Villa-Rica también las suyas, 
parece ser Cortés procuraba de no lo repartir 
tan presto, hasta que tuviese más oro é hubiese 
buenas pesas y razón y cuenta de á cómo salian; 
y todos los más soldados y capitanes dijimos que 
luego se repartiese, porque habiamos visto que 
cuando se deshacían las piezas del tesoro de 
Montezuma estaba en los montones que he di- 
cho mucho más oro, y que faltaba la tercia 
parte dello, que lo tomaban y escondian, asi 
por la parte de Cortés como de los capitanes y 
otros que no se sabia, y se iba menoscabando; é 
á poder de muchas pláticas se pesó lo que que- 
daba, y hallaron sobre seiscientos mil pesos, sin 
las joyas y tejuelos, y para otro dia habian de 
dar las partes. E diré cómo lo repartieron, é 
todo lo más se quedó con ello el capitán Cortés 
é otras personas, y lo que sobre ello se hizo diré 
adelante. 



CAPITULO CV. 

CÓMO SÉ REPARTIÓ EL ORO QUE HUBIMOS, ASÍ DE LO 
QUE DIO EL GRAN MONTEZUMA COMO DE LO QUE SE 
RECOJIÓ DE LOS PUEbLOS, Y DE LO QUE SOBRE ELLO 
ACAECIÓ Á UN SOLDADO. 

Lo primero se sacó el real quinto, y luego 
Cortés dijo que le sacasen á él otro quinto como 
á su majestad,, pues se lo prometimos en el are- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 511 

nal cuando le alzamos por capitán general y 
justicia mayor, como ya lo he dicho en el capí- 
tulo que dello habla. Luego tras esto dijo que 
habia hecho cierta costa en la isla de Cuba que 
gastó en el armada, que lo sacasen de montón; 
y demás desto, que se apartase del mismo mon- 
te la costa que habia hecho Diego Velazquez en 
los navios que dimos al través con ellos, pues 
todos fuimos en ellos; y tras esto, para los pro- 
* curadores que fueron á Castilla. Y demás desto,, 
para los que quedaron en la Villa-Rica, que 
eran setenta vecinos, y para el caballo que se le 
murió y para la yegua de Juan Sedeño, que ma- 
taron en lo de Tlascala de una cuchillada; pues 
para el padre de la Merced y el clérigo Juan 
Diaz y los capitanes y los que traían caballos, 
dobles partes, escopeteros y ballesteros por el 
consiguiente, é otras sacaliñas; de manera que 
quedaba muy poco de parte, y por ser tan poco 
muchos soldados hubo que no lo quisieron re- 
cetor; y con todo se quedaba Cortés, pues en 
aquel tiempo no podíamos hacer otra cosa sino 
callar, porque demandar justicia sobro ello era 
por demás; é oíros soldados hubo que tomaron 
sus partes á cien pesos, y daban voces por lo 
demás; y Cortés secretamente daba á unos y á 
otros por vía que les hacia merced por conten- 
tallos, y con buenas palabras que les decia su- 
frían. Pues vamos á las partes que daban á los 
de la Viíla-Rica , que se lo mandó llevar á 
Tlascala para que allí se lo guardase ; y como 



5 12 «tfiNAL MA2. 

ello fué mal repartido, en tal paró todo, como 
adelante diré en su tiempo. En aquella sazón 
muchos de nuestros capitanes mandaron hacer 
cadenas de oro muy grandes á los plateros del 
gran Montezuma, que ya he dicho que tenia un 
gran pueblo dellos, media legua de Méjico , que 
se dice Escapuzalco; y asimismo Cortea mandó 
hacer muchas joyas y gran servicio de yagilla, 
y algunos de nuestros soldados que habían hen- 
chido las manos ; por manera que ya andaban 
públicamente muchos tejuelos de oro marcado 
y por marcar, y joyas de muchas diversidades 
de hechuras, é el juego largo, con unos naipes 
que hacian de cuero de ataoabores, tan buenos 
é tan bien pintados como los de España ; los 
cuales naipes hacia un Pedro Valenciano, y 
desta manera estábamos. Dejemos de hablar 
en el oro y de lo mal que se repartió y peor se 
gozó, y diré lo que á un soldado que se decia 
Fulano de Cárdenas le acaeció. Parece ser que 
aquel soldado era piloto y hombre de la mar, 
natural de Trif.na y del condado; el pobre te- 
nia en su tierra mujer é hijos , y como á mu- 
chos nos acaece, debria de estar pobre, y vino 
á buscar la vida para volverse á su mujer é hi- 
jos; é como habia visto tanta riqueza en oro en 
planchas y en granos de las minas é tejuelos 
y barras fundidas , y al repartir dello vio que 
no le daban sino cien pesos , cayó malo de pen- 
samiento y tristeza ; y un su amigo , como le 
veía cada dia tan pensativo y malo t íbale á ver 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 513 

y decíale que de qué estaba de aquella manera 
y suspiraba tanto ; y respondió el piloto Cárde- 
nas: «¡Oh cuerpo de tal conmigo! ¿Yo no he de 
estar malo viendo que Cortés asi se lleva todo 
el oro , y como rey lleva quinto , y ha sacado 
para el caballo que se le murió y para los na- 
vios de Diego Velazquez y para otras muchas 
trancanillas, y que muera mi mujer é hijos de 
hambre, pudiéndolos socorrer cuando fueren 
los procuradores con nuestras cartas , y le en- 
viamos todo el oro y plata que habíamos habido 
en aquel tiempo?» Y respondióle aquel su ami- 
go: «Pues, ¿qué oro teniades vos para los en- 
viar?» Y el Cárdenas dijo: «Si Cortés me diera 
mi parte de lo que me cabia , con ello se sostu- 
viera mi mujer é hijos , y aun les sobraba ; mas 
mirad qué embustes tuvo , hacernos firmar que 
sirviésemos á su majestad con nuestras partes, 
y sacar el oro para su padre Martin Cortés so- 
hre seis mil pesos é lo que escondió ; y yo y 
otros pobres que estamos de noche y de dia ba- 
tallando, como habéis visto en las guerras pasa- 
das de Tabasco y Tlascala é lo de Cingapacinga 
é Cholula; y agora estar en tan grandes peligros 
como estamos , y cada dia la muerte al ojo si se 
levantasen en esta ciudad ; é que se alce con 
todo el oro é que lleve quinto como rey.» E 
dijo otras palabras sobre ello , y que tal quinto 
no le habíamos de dejar sacar , ni tener tantos 
reyes, sino solamente á su majestad. Y replicó 
sn compañero y dijo: «Pues ¿esos cuidadosos 
65 



514 RERNAL DUZ. 

matan, y agora veis que todo lo que traen los 
caciques y Montezuma se consume en él , uno 
en papo y otro en saco é otro so el sobaco, y 
allá va todo donde quiere Cortés y estos nues- 
tros capitanes , que hasta el bastimento todo lo 
llevan? Por eso dejaos desos pensamientos, y 
rogad á Dios que en esta ciudad no perdamos 
las vidas;» y así, cesaron sus pláticas, las cua- 
les alcanzó á saber Cortés, y como le decían que 
habia muchos soldados descontentos por las 
partes del oro y de lo que habian hurtado del 
montón, acordó de hacer á todos un parlamen- 
to con palabras muy melifluas, y dijo que todo 
lo que tenia era para nosotros; que él no queria 
quinto, sino la parte que le cabe de capitán ge- 
neral , y cualquiera que hubiese menester algo 
que se lo daria; y aquel oro que habíamos ha- 
bido que era un poco de aire; que mirásemos las 
grandes ciudades que hay é ricas minas, que 
todos seríamos señores dellas, y muy prósperos 
é ricos; y dijo otras razones muy bien dichas, 
que las sabia bien proponer. Y demás desto, 
á ciertos soldados secretamente daba joyas de 
oro, y á otros daba grandes promesas, y mandó 
que los bastimentos que traían los mayordomos 
de Montezuma que lo repartiesen entre todos 
los soldados como á su persona; y demás desto, 
llamó aparte al Cárdenas y con palabras le ha- 
lagó, y le prometió que con los primeros navios 
le enviaría á Castilla á su mujer é hijos, é le 
dio trecientos pesos, y así se quedó contento. Y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 515 

quedarse ha aquí, y diré cuando venga á coyun- 
tura lo que al Cárdenas acaeció cuando fué á 
Castilla, y cómo le fué muy contrario á Cortés 
en los negocios que tuvo ante su majestad. 



CAPITULO CVI. 



COMO HUBIERON PALABRAS JUAN VELAZQUEZ DE LEÓN 
Y EL TESORERO GREGORIO MEJÍA SOBRE EL ORO QUE 
FALTABA DE LOS MONTONES ANTES QUE SE FUNDIESE, 
T LO QUE CORTÉS HIZO SOBRE ELLO. 



Como el oro comunmente todos los hom- 
bres lo deseamos , y mientras unos más tienen 
más quieren, aconteció que, como faltaban mu- , 
chas piezas de oro conocidas de los montones, 
ya otra vez por mí dicho, y Juan Velazquez de 
León en aquel tiempo hacia labrar á los in- 
dios de Escapuzalco , que eran todos plateros 
del gran Montezuma, grandes cadenas de oro 
y otras piezas de vagülas para su servicio; y 
como Gonzalo Mejía, que era tesorero, le dijo 
secretamente que se las diese, pues no estaban 
quintadas y eran conocidamente de las que ha- 
bía dado el Montezuma; y el Juan Velazquez de 
León, que era muy privado de Cortés , dijo que 
no le quería dar ninguna cosa, y que no lo había 



516 BERNAL DÍAZ. 

tomado de lo que estaba allegado ni de otra 
parte ninguna, salvo que Cortés se las habiadado 
antes que se hiciesen barras; y el Gonzalo Mcjía 
respondió que bastaba lo que Cortés habia es- 
condido y tomado á los compañeros, y todavía 
como tesorero demandaba mucho oro, que se 
habia pagado el real quinto, y de palabras en 
palabras se desmandaron y vinieron á echar 
mano á las espadas, y si de presto no los metié- 
ramos en paz, entrambos ádos acabaran allí sus 
vidas , porque eran personas de mucho ser y 
valientes por las armas; y salieron heridos cada 
uno con dos heridas. Y como Cortés lo supo, los 
mandó echar presos cada uno en una cadena 
gruesa, y parece ser, según muchos soldados 
dijeron, que secretamente habló Cortés al Juan 
Velazquez de León, como era mucho su amigo, 
que estuviese preso dos dias en la misma cade- 
na, y que sacarian de la prisión al Gonzalo Me- 
jía, como á tesorero; y esto lo hacia Cortés por- 
que viésemos todos los capitanes y soldados que 
hacia justicia, que con ser el Juan Velazquez 
uña y carne del mismo capitán, le tenia preso. Y 
porque pasaron otras cosas acerea del Gonzalo 
Mejía, que dijo á Cortés sobre el mucho oro que 
faltaba, y que se le quejaban dello todos los 
soldados porque no se lo demandaba al mismo 
capitán Cortés, pues era tesorero é estaba á su 
cargo; porque es larga relación, lo dejaré de 
decir, y diré que, como el Juan Velazquez de 
León estaba preso en una sala cerca del Monte- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. SI 7 

zuma y su aposento, en una cadena gorda; y co- 
mo el Juan Velazquez era hombre de gran cuer- 
po y muy membrudo, y cuando se paseaba por 
la sala llevábala cadena arrastrando y hacia 
gran sonido, que lo oiael Montezuma, preguntó 
al paje Orteguilla que á quien tenia preso Cor- 
tés en las cadenas, y el paje le dijo que era á 
Juan Velazquez, el que solia tener guarda de su 
persona, porque ya en aquella sazón no lo era, 
sino Cristóbal de Olí; y preguntó que por qué 
causa, y el paje le dijo que por cierto oro que 
faltaba. Y aquel mismo dia fué Cortés á tener 
palacio al Montezuma, y después de las corte- 
sías acostumbradas y de las palabras que entre 
ellos pasaron, preguntó el Montezuma á Cortés 
que por qué tenia preso á Juan Velazquez, 
siendo buen capitán y muy esforzado; porque 
el Montezuma , como he dicho otras veces, 
biejí conocía á todos nosotros y aun nuestras 
calidades; y Cortés le dijo medio riendo que 
porque era tabanillo, que quiere decir loco , y 
que porgue no le dan mucho oro quiere ir por 
sus pueblos y ciudades á demandallo á los ca- 
ciques, y porque no mate á algunos, por esta 
causa lo tiene preso; y el Montezuma respon- 
dió que le pedia por merced que le soltase, y 
que él enviada á buscar más oro y le daria de 
lo suyo; y Cortés hacia como que se le hacia de 
mal el soltallo, y dijo que sí haria por compla- 
cer al Montezuma ; y paréceme que lo senten- 
ció en que fuese desterrado del real y fuese á 



518 BERNAL DÍAZ. 

un pueblo que se decia Cholula, con mensajero 
del Montezuma, á demandar oro , y primero los 
hizo amigos al Gonzalo Mejía y al Juan Veiaz- 
quez, é vi que dentro de seis dias volvió de 
cumplir su destierro, y desde allí adelante el 
Gonzalo Mejía y Cortés no se llevaron bien, y 
el Juan Velazquez vino con más oro. He traido 
esto aquí á la memoria, aunque vaya fuera 
de nuestra relación, porque vean que Cortés, 
so color de hacer justicia porque todos le te- 
miésemos, era con grandes mañas. Y dejaré- 
mosloaquí. 



CAPITULO CVII. 



COMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO A CORTES QUE LE 
QUERÍA DAR UNA HIJA DE LAS SUYAS PARA QUC SE 
CASASE CON ELLA , Y LO QUE CORTÉS LE RESPONDIÓ, 
Y TODAVÍA LA TOMÓ, Y LA servían Y HONRABAN 
COMO HIJA DE TAL SEÑOR. 



Como otras muchas veces he dicho , siempre 
Cortés y todos nosotros procurábamos de agra- 
dar y servir á Montezuma y tenerle palacio; 
y un dia le dijo el Montezuma: «Mira , Malin- 
che, que tanto os amo , que os quiero dar una 
hija mia muy hermosa para que os caséis con 



CONQUISTA DB NUEVA-ESPAÑA. 519 

ella y la tengáis por vuestra legítima mujer;» y 
Cortés le quitó la gorra por la merced , y dijo 
que era gran merced la que le hacia ; mas que 
era casado y tenia mujer , é que entre nosotros 
no podemos tener más de una mujer, y que él la 
tenia en aquel agrado que hija de tan gran se- 
ñor merece , y que primero quiere se vuelva 
cristiana, como son otras señoras hijas de seño- 
res; y Montezuma lo hubo por bien , y siempre 
mostraba el gran Montezuma su acostumbrada 
voluntad; é de un dia en otro no cesaba Monte- 
zuma sus sacrificios y de matar en ellos indios, 
y Cortés se lo retraia , y no aprovechaba cosa 
ninguna, hasta que tomó consejo con nuestros 
capitanes qué haríamos en aquel caso , por- 
que no se atrevía á poner remedio en ello por 
no revolver la ciudad é á los papas que esta- 
ban en el Huichilóbos ; y el consejo que sobre 
ello se dio por nuestros capitanes é solda- 
dos, que hiciese que quería ir á derrocar los 
ídolos del alto cu de Huichilóbos , y si viése- 
mos que se ponían en defendello ó que se albo- 
rotaban, que le demandase licencia para hacer 
un altar en una parte del gran cu, é poner un 
Crucifijo é una imagen de Nuestra Señora , y 
como esto se acordó , fué Cortés á los palacios 
adonde estaba preso Montezuma, y llevó consigo 
siete capitanes y soldados , é dijo al Montezu- 
ma: «Señor, ya muchas veces he dicho á vues- 
tra majestad que no sacrifiquéis más ánimas á 
estos vuestros dioses, que os traen engañados, 



520 BERMAL DÍAZ. 

y no lo queréis hacer ; hágoos , Señor saber 
que todos mis compañeros y estos capitanes que 
conmigo vienen, os vienen á pedir por merced 
que les deis licencia para los quitar de alli , y 
pondremos á nuestra Señora Santa María y una 
cruz ; y que si ahora no les dais licencia, que 
ellos irán á los quitar, y no querría que mata- 
sen algún papa.» Y cuando el Montezuma oyó 
aquellas palabras y vio ir á los capitanes algo 
alterados, dijo: «¡Oh Malinche, y cómo nos que- 
réis echar á perder toda esta ciudad! Porque 
estarán muy enojados nuestros dioses contra 
nosotros, y aun vuestras vidas no sé en qué pa- 
rarán. Loque os ruego, que ahora al presente 
os sufráis, que yo enviaré á llamar á todos los 
papas y veré su respuesta » Y como aquello oyó 
Cortés, hizo un ademan que quería hablar muy 
en secreto al Montezuma solo con el fraile de la 
Merced, é que no estuviesen presentes nuestros 
capitanes que llevaba en su compañía, á los cua- 
les*mandó que le dejasen solo, y los mandó sa- 
lir; y como se salieron de la sala, dijo al Mon- 
tezuma que porque no se hiciese alboroto, ni los 
papas lo tuviesen á mal derrocalle sus ídolos, 
que él trataría con los mismos nuestros capita- 
nes que no se hiciese ¿al cosa, con tal que en un 
apartamiento del gran cu hiciésemos un altar 
para poner la imagen de nuestra Señora é una 
cruz, é que el tiempo andando verían cuan bue- 
nos y provechosos son para sus ánimas y para 
dalles la salud y buenas sementeras y prosperi- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 521 

dades; y el Montezuma, puesto qué con suspiros 
y semblante muy triste, dijo que él lo trataría 
con los papas. Y en fin de muchas palabras que 
sobre ello hubo, se puso nuestro altar apartado 
de sus malditos ídolos, y la imagen de nuestra 
Señora y una cruz, y con mucha devoción, y 
dando gracias á Dios, dijeron Misa cantada el 
Padre de la Merced, y ayudaba á la Misa el 
Clérigo Juan Diaz y muchos de los nuestros 
soldados; y alU mandó poner nuestro capitán á 
un soldado viejo para que tuviese guarda en 
ello, y rogó al Montezuma que mandase á los 
papas que no tocasen en ello, salvo para barrer 
y quemar incienso y poner candelas de cera ar- 
diendo de noche y de dia, y enramallo y poner 
flores. Y dejallo hé aquí, y diré lo que sobre 
ello avino. 

CAPÍTULO CVIII. 



COMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO A NUESTRO CAPITÁN 
CORTÉS QUE SE SALIESE DE MÉJICO CON TODOS LOS 
SOLDADOS, PORQUE SE QUERÍAN LEVANTAR TODOS' 
LOS CACIQUES Y PAPAS Y DARNOS GUERRA HASTA 
MATARNOS, PORQUE ASÍ ESTABA ACORDADO Y DADO 
CONSEJO POR SUS ÍDOLOS, Y LO QUE CORTÉS SOBRE 
ELLO HIZO, 



Como siempre á la contina nunca nos falta- 
ban sobresaltos, y de tal calidad, que eran para 
acabar las vidas en ellos si Nuestro Señor Diog 
66 



522 BERNÁL DÍAZ. 

no lo remediara, y fué que , como habíamos 
puesto en el gran cu en el altar que hicimos la 
imagen de Nuestra Señora y la cruz, y se dijo el 
Santo Evangelio y Misa, parece ser que los Hui- 
chilóbos y el Tezcatepuca hablaron con los pa- 
pas, y les dijeron que se quedan ir de su pro- 
vincia, pues tan mal tratados eran delosteules, é 
que adonde están aquellas figuras y cruz que no 
quieren estar, é que ellos no estarian allí si no 
nos mataban, é que aquello les daban por res- 
puesta, é que no curasen de tener otra, é que se ' 
lo dijesen á Montezuma y á todos sus capitanes, 
que luego comenzasen la guerra y nos matasen; 
y les dijo el ídolo que mirasen que todo el 
oro que solían tener para honrallos lo habíamos 
deshecho y hecho ladrillos , é que mirasen que 
nos íbamos señoreando de la tierra, y que tenía- 
mos presos á cinco grandes caciques, y les dije- 
ron otras maldades para atraellos á darnos guer- 
ra; y para que Cortés y todos nosotros lo supié- 
semos , el gran Montezuma le envió á llamar 
para que le queria hablar en cosas que iba mu- 
cho en ellas; y vino el paje Orteguilla , y dijo 
que estaba muy alterado y triste Montezuma , é 
que aquella noche é parte del dia habían estado 
con él muchos papas y capitanes muy principa- 
les, y secretamente hablaban , que no lo pudo 
entender: y cuando Cortés lo oyó, fué de presto 
al palacio donde estaba el Montezuma , y llevó 
consigo á Cristóbal de Olí , que era capitán de 
la guardia, é á otros cuatro capitanes , é á doña 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 523 

Marina é á Jerónimo de Aguilar, y después que 
le hicieron mucho acato , dijo el Montezuma: 
«¡Oh, señor Malinche y señores capitanes, cuán- 
to me pesa de la respuesta y mandado que nues- 
tros teules han dado á nuestros papas é á mí é á 
todos mis capitanes! Y es que os demos guerra 
y os matemos é os hagamos ir por la mar ade- 
lante: lo que he colegido dello y me parece , es 
que antes que comiencen la guerra , que luego 
salgáis desta ciudad y no quede ninguno de 
vosotros aqui; y esto , señor Malinche , os digo 
que hagáis en todas maneras , que os conviene*, 
si no, mataros han, y mira que os va las vidas.» 
Y Cortés y nuestros capitanes sintieron pesar 
y aun se alteraron ; y no era de maravillar 
de cosa tan nueva y determinada , que era 
poner nuestras vidas en gran peligro sobre 
ello en aquel instante , pues tan determi- 
nadamente nos lo avisaban ; y Cortés le dijo 
que él se lo tenia en merced el aviso; que al 
presente de dos cosas le pesaban; no tener na- 
vios en que se ir, que mandó quebrar los que 
trujo; y la otra, que por fuerza habia de ir el 
Montezum a con nosotros para que le vea nues- 
tro gran Emperador; y que le pide por merced 
que tenga por bien que hasta que se hagan tres 
navios en el arenal que detenga á los papas y 
capitanes, porque para ellos es mejor partido; y 
que si comenzaren la guerra, que todos morirán 
en ella si la quisieren dar. E más dijo, que por- 
que vea Montezuma quiere luego hacer lo que 



524 BERNA L DÍAZ. 

le dice, que mande á sus capitanes que vayan 
con dos de nuestros soldados que son grandes 
maestros de hacer navios á cortar la madera cer- 
ca del arenal. El Montezuma estuvo muy más 
triste que de antes, como Cortés le dijo que ha- 
bía de ir con nosotros ante el Emperador, y dijo 
que le daria los carpinteros, y que luego des- 
pachase, y no hubiese más palabras, sino obras: 
y que entre tanto que él mandaría á los papas y 
á sus capitanes que no curasen de alborotar la 
ciudad, é que á sus ídoles Huichilóbos que man- 
daría aplacasen con sacrificios, é que no seria 
con muertes de hombres. Y con está tan albo- 
rotada plática se despidió Cortés del Montezu- 
ma, y estábamos todos con grande congoja, es- 
perando cuándo habían de comenzar la guerra. 
Luego Cortés mandó llamar á Martin López y 
Andrés Nuñez, y con ios indios carpinteros que 
le dio el gran Montezuma; y después de pla- 
ticado el porte de que se podrían labrar los tres 
navios, le mandó que luego pusiese por la obra 
de los hacer é poner á punto, pues que en la Vi- 
lla-Rica había todo aparejo de hierro y herreros, 
y jarcia y estopa, y calafates y brea; y así, fueron 
y cortaron la madera en la costa de la Villa-Ri- 
ca, y con toda la cuenta y galivo della, y con 
buena priesa comenzó á labrar sus navios. Lo 
que Cortés le dijo á Martin López sobre ello no 
lo sé ; y esto digo porque dice el coronista Gó- 
mora en su historia que le mandó que hicie- 
se muestras, como cosa de burla , que los labra- 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 525 

ba , porque lo supiese el gran Montezuma : re- 
mítame á lo que ellos dijeron , que gracias á 
Dios son vivos en este tiempo ; más muy secre- 
tamente me dijo el Martin López que de hecho 
y apriesa los labraba ; y así, los dejó en astille- 
ro tres navios. Dejémoslos labrándolos, y diga- 
mos cuáles andábamos todos en aquella gran 
ciudad tan pensativos , temiendo que de una 
hora á otra nos habian de dar guerra en nues- 
tras caborias de Tlascala ; é doña Marina así lo 
decia al capitán , y el Orteguilla , el paje del 
Montezuma , siempre estaba llorando , y todos 
nosotros muy á punto , y buenas guardas al 
Montezuma. Digo, de nosotros estar á punto no 
habia necesidad de decillo tantas veces , por- 
que de dia y de noche no se nos quitaban las ar- 
mas, gorjales y antiparas, y con ello dormíamos. 
Y dirán ahora dónde dormíamos , de qué eran 
nuestras camas , sino un poco de paja y una 
estera, y el que tenia un toldillo , ponelle deba- 
jo y calzados y armados , y todo género de ar- 
mas muy á punto , y los caballos enfrenados y 
ensillados todo el dia ; y todos tan prestos, que 
en tocando el arma como si estuviéremos pues- 
tos é aguardando para aquel punto ; pues de 
velar cada noche , no quedaba soldado que 
no velaba. Y otra cosa digo , y no por me jac- 
tanciar dello , que quedé yo tan acostumbrado 
de andar armado y dormir de la manera que he 
dicho, que después de conquistada la Nueva- 
España tenia por costumbre de me acostar ves- 



526 BERKAL DÍAZ. 

tido y sin cama, é que dormía mejor que en col- 
chones duermo; é ahora cuando voy á los pue- 
blos de mi encomienda no llevo cama, é si 
alguna vez la llevo no es por mi voluntad, sino 
por algunos caballeros que se hallan presentes, 
porque no vean que por falta de buena cama la 
dejo de llevar; mas en verdad que me echo ves- 
tido en ella. Y otra cosa digo, que no puedo 
dormir sino un rato de la noche, que me tengo 
de levantar á ver el cielo y estrellas, y me he de 
pasear un rato al sereno, y esto sin poner en la 
cabeza el bonete ni paño ni cosa ninguna, y gra- 
cias á Dios no me hace mal, por la costumbre 
que tenia; y esto he dicho porque sepan de qué 
arte andamos los verdaderos conquistadores, y 
cómo estábamos tan acostumbrados á las armas 
y velar. Y dejemos de hablar en ello, pues que 
salgo fuera de nuestra relacion r y digamos cómo 
nuestro Señor Jesucristo siempre nos hace mu- 
chas mercedes. Y es, que en la isla de Cuba 
Diego Velazquez dio mucha priesa en su arma- 
da, como adelante diré, y vino en aquel instan- 
te á la Nueva-España un capitán que se dccia 
Panfilo de Narvaez. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 527 

CAPITULO CIX. 



COMO DIEGO VELAZQÜEZ, GOBERNADOR DE CUBA, DIO 
MUY GRAN PRIESA EN ENVIAR SU ARMADA CONTRA 
NOSOTROS, Y EN ELLA POR CAPITÁN GENERAL Á PAN- 
FILO DE NARVAEZ, Y CÓMO VINO EN SU COMPAÑÍA EL 
LICENCIADO LUCAS VELAZQUEZ DE AILLON, OIDOR DE 
LA REAL AUDIENCIA DE SANTO DOMINGO, Y LO QUE 
SOBRE ELLO SE HIZO. 



Volvamos ahora á decir algo atrás de nuestra 
relación, para que bien se entienda lo que aho- 
ra diré . Ya he dicho en el capítulo que dello 
habla , que como Diego Velazquez, gobernador 
de Cuba , supo que habíamos enviado nuestros 
procuradores á su majestad con todo el oro que 
habíamos habido , é el sol y la luna y muchas 
diversidades de joyas , y oro en granos sacados 
de las minas , y otras muchas cosas de gran va- 
lor , que no le acudíamos con cosa ninguna ; y 
asimismo supo cómo D. Juan Rodríguez de 
Fonseca , Obispo de Burgos é Arzobispo de Ro- 
sano , que así se nombraba , é en aquella sazón 
era presidente de Indias y lo mandaba todo 
muy absolutamente , porque su majestad estaba 
en Flandes , y habia tratado muy mal el Obispo 
á nuestros procuradores ; y dicen que le envió 
el Obispo desde Castilla en aquella sazón mu- 



528 BBKNÁL DÍAZ. 

chos favores al Diego Velazquez, é avisó é man- 
dó para que ncs enviase á prender, y que él le 
daba desde Castilla todo favor para ello , el 
Diego Velazquez con aquel gran favor hizo una 
armada de diez y nueve navios, y con mil y cua- 
trocientos soldados , en que traian sobre veinte 
tiros y mucha pólvora y todo género de apare- 
jos, de piedras y pelotas, y dos artilleros, que el 
capitán de la artillería se decia Rodrigo Martin, 
y traia ochenta de á caballo y noventa balleste- 
ros y setenta escopeteros; y el mismo Diego Ve- 
lazquez por su persona, aunque era bien gordo y 
pesado , andaba en Cuba de villa en villa y de 
pueblo en pueblo proveyendo la armada y atra- 
yendo los vecinos que tenian indios, yá parien- 
tes y amigos, que viniesen con Panfilo de Narvaez 
para quele llevasen preso á Cortés y á todos nos- 
otros sus capitanes y soldados, ó á lo menos no 
quedásemos algunos con las vidas ; y andaba 
tan encendido de enojo y tan diligente, que vino 
hasta Guaniguanico , que es pasada la Habana 
más de sesenta leguas. Y andando desta ma- 
nera, antes que saliese su armada pareció ser 
alcanzarlo á saberla real audiencia de Santo 
Domingo y los Frailes Jerónimos que estaban 
por gobernadores ; el cual aviso y relación de- 
llos les envió desde Cuba el licenciado Zuazo, 
que habia venido á aquella isla á tomar residen- 
cia ai mismo Diego Velazquez. Pues como lo 
supieron en la real audiencia, y tenian memo- 
rias de nuestros muy buenos y nobles servicios 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 529 

que hacíamos á Dios y á su majestad , y había- 
mos enviado nuestros procuradores con grandes 
presentes á nuestro Rey y señor, y que el Diego 
Velazquez no tenia razón ni justicia para venir 
con armada á tomar venganza de nosotros, sino 
que por justicia lo mandase ; y que si venia con 
la armada era gran estorbo para nuestra con- 
quista, acordaron de enviar á un licenciado que 
se decia Lúeas Vázquez de Ayllon , que era 
oidor de la misma real audiencia, para que es- 
torbase la armada al Diego Velazquez y no la 
dejase pasar , y que sobre ello pusiese grandes 
penas; é vino á Cuba el mismo oidor, y hizo sus 
diligencias y protestaciones, como le era manda- 
do por la real audiencia, para que no saliese con 
su intención el Velazquez ; y por más penas y 
requirimientos que le hizo c puso, no aprove- 
chó cosa ninguna; porque , como el Diego Ve- 
lazquez eratanfavorecido del Obispo de Burgos, 
á habia gastado cuando tenia en hacer aquella 
gente de guerra contra nosotros , no tuvo todos 
aquellos requirimientos que hicieron en una cas- 
tañeta, antes se mostró más bravoso. Y desque 
aquello vio el oidor vínose con el mesmo Narvaez 
para poner paces y dar buenos conciertos entre 
Cortés y el Narvaez. Otros soldados dijeron que 
venia con intención de ayudarnos, y si no lo pu- 
diese hacer, tomar la tierra en sí por S. M., co- 
mo oidor; y desta manera vino hasta el puerto 
de San Juan de Ulúa. Y quedarse ha aquí, y pa • 
saré adelante y diré lo que sobre ello se hizo, 
07 



530 RERNAL DUZ. 

CAPITULO CX. 



CÓMO PANFILO DE NARVAEZ LLEGÓ AL PUERTO DE SAN 
JUAN DE UL1JA , QUE SE BICE LA VERACRUZ , CON 
TODA SU ARMADA, Y LO QUE LE SUCEDIÓ. 



Viniendo el Panfilo de Narvaez con toda su 
flota, que eran diez y nueve navios , por la mar, 
parece ser junto a las sierras de San Martin, que 
i asi se llaman , tuvo un viento de norte , y en 
^aquella costa es traviesa , y de noche se le per- 
dió un navio de poco porte , que dio al través; 
venían en él por capitán un hidalgo que se decia 
Cristóbal de Morante , natural de Medina del 
Campo, y se ahogó cierta gente , y con toda la 
más flota vino á San Juan de Ulúa ; y como se 
supo de aquella grande armada , que para ha- 
berse hecho en la isla de Cuba, grande se puede 
llamar, tuvieron noticia della los soldados que 
habia enviado Cortés á buscar las minas , y vié- 
nense á los navios del Narvaez los tres dellos, 
que se decian Cervantes el chocarrero, y Escala- 
ría , y otro que se decia Alonso Hernández 
Carretero ; y cuando se vieron dentro en los 
fnavíos y con el Narvaez , dice que alzaban las 
gmanos á Dios, que los libró del poder de Cor- 
tés y de salir de la gran ciudad de Méjico, don- 
de.cada dia esperaban la muerte; y como cami- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 531 

nan con el Narvaez y les mandaba dar de beber 
demasiado, estábanse diciendo los unos á los 
otros delante del mismo general; «Mira si es 
mejor estar aquí, bebiendo buen vino que no 
cautivo en poder de Cortés, que nos traia de 
noche y de dia tan avasallados, que no osába- 
mos hablar, y aguardando de un dia á otro la 
muerte al ojo;» y aúa decia el Cervantes, como 
era truhán, so color de gracias: «Oh Narvaez, 
Narvaez, que bienaventurado que eres é á qué 
tiempo has venido, que tiene ese traidor de Cor- 
tés allegados más de setecientos mil pesos de 
oro, y todos los soldados están muy mal con él 
porque les ha tomado mucha parte de lo que 
les cabia del oro de parte, é no quieren recebir 
lo que les da. Por manera que aquellos solda- 
dos que se nos huyeron eran ruines y soeces, y 
decian al Narvaez mucho más de lo que queria 
saber. Y también le dieron por aviso que ocho 
leguas de allí estaba poblada una villa que se 
dice la villa rica de la Veracruz, y estaba en 
ella un Gonzalo de Sandoval con sesenta solda- 
dos, todos viejos y dolientes, y que si enviase á 
ellos gente de guarda, luego se darían, y le de- 
cian otras muchas cosas. Dejemos todas estas 
pláticas, y digamos cómo luego lo alcanzó á sa- 
ber el gran Motezuma cómo estaban allí sur- 
tos los navios, y con muchos capitanes y sol- 
dados , y envió sus principales secretamente, 
que no lo supo Cortés, y les mandó dar comida 
y oro y plata, y que de los pueblos más cerca- 



532 BERNA L DÍAZ. 

nos les proveyesen de bastimento; y el Narvaez 
envió á decir al Montezuma muchas malas pa- 
labras y descomedimientos contra Cortés, y de 
todos nosotros que éramos unas gentes malas, 
ladrones, que veniamos huyendo de Castilla sin 
licencia de nuestro Rey y señor, y que como 
tuvo noticia el Rey nuestro señor que estába- 
mos en estas tierras, y de los males y robos que 
haciamos, y teniamos preso al Montezuma, para 
estorbar tantos daños, que le mandó al Narvaez 
que luego viniese con todas aquellas naos y sol- 
dados y caballeros para que le suelten de las 
prisiones, yqueá Cortés y á todos nosotros, 
como malos, nos prendiesen ó matasen, y en las 
mismas naos nos enviasen á Castilla, y que 
cuando allá llegásemos nos mandaría matar; y 
le envió á decir otros muchos desatinos; y eran 
los intérpretes para dárselos á entender á los 
indios los tres soldodos que se nos fueron, que 
ya sabían la lengua. Y demás destas pláticas, le 
envió el Narvaez ciertas cosas de Castilla. Y 
cuando Montezuma lo supo, tuvo gran contento 
con aquellas nuevas; porque, como le decían 
que tenían tantos navios é caballos é tiros y es- 
copetas y ballesteros, y eran mil y trescientos 
soldados, y dende arriba creyó que nos perde- 
ría. Y demás desto, como sus principales vieron 
á nuestros tres soldados (que traidores bellacos 
se pueden llamar) con el Narvaez y veian que 
decían mucho mal de Cortés, tuvo por cierto 
todo lo que el envió á decir; y toda la armada 



CONQUISTA DB NUEVA-ESPANA. 533 

se la llevaron pintada en dos paños al natural. 
Entonces el Montezuma le envió mucho más oro 
y mantas, y mandó que todos los pueblos de la 
comarca le llevasen bien de comer, é ya habia 
tres dias que lo sabia el Montezuma, y Cortés 
no sabia cosa ninguna. E un dia yéndole á ver 
nuestro capitán y á tenelle palacio, después de 
las cortesías que entre ellos se tenían, pareció 
al capitán Cortés que estaba el Montezuma muy 
alegre y de buen semblante, y le dijo qué tal 
se sentia, y el Montezuma respondió que mejor 
estaba; y también, como el Monteznma le vio ir 
á visitar en un dia dos veces, temió que Cortés 
sabia de los navios, y por ganar por la mano y 
que no le tuviese por sospechoso le dijo: «Señor 
Malinche, ahora en este punto me han llegado 
mensajeros de cómo en el punto donde desem- 
barcastes han venido diez y ocho navios y mu- 
cha gente y caballos, é todo nos lo traen pinta- 
do en unas mantas; y como me visitastes hoy 
dos veces, creí que me veniades á dar nuevas 
dello; así que no habréis menester hacer navio; 
y porque no me lo deciades, por una parte tenia 
enojo de vos de tenérmelo encubierto, y por otra 
me holgaba porque vienen vuestros hermanos, 
para que todos os vais á Castilla é no haya más 
palabras.» Y cuando Cortés oyó lo de los navios 
y vio la pintura del paño se holgó en gran ma- 
nera, y dijo: «Gracias á Dios, que al mejor 
tiempo provee.» Pues nosotros los soldados era 
tanto el £ozo, que no podiamos estar quedos., y 



534 BÉRNAL DÍAZ. 

de alegría escaramuzaron los caballos y tiramos 
tiros; é Cortés estuvo muy pensativo, porque 
bien entendió que aquella armada que la envia- 
ba el gobernador Velazquez contra él y contra 
todos nosotros. Y como supo que era, comunicó 
lo que sentía della con todos nosotros, capitanes 
y soldados, y con grandes dádivas y ofrecimien- 
tos que nos haria ricos á todos nos atraia para 
que tuviésemos con él, y no sabia quien venia 
por capitán; y estábamos muy alegres con las 
nuevas y con el más oro que nos habia dado 
Cortés por via de mercedes, como que lo daba 
de su hacienda, y no de lo que nos cabia de par- 
te, y viendo el gran socorro é ayuda que nues- 
tro Señor Jesucristo nos enviaba. E quedarse ha 
aquí, édiré lo que pasó en el real de Narvaez. 



CAPITULO CXI. 



COMO PANFILO NARVAEZ ENVIÓ CON CINCO PERSONAS 
DE SU ARMADA Á REQUERIR Á GONZALO DE 8ANDO- 
VAL, QUE ESTABA POR CAPITÁN EN LA VILLA-RICA, 
QUE SE DIESE LUEGO CON TODAS LOS VECINOS, Y LO 
QUE SOBRE ELLO PASÓ. 



Como aquellos tres malos de nuestros solda- 
dos por mí nombrados, que se le pasaron al Nar- 
vaez y le daban aviso de todas las cosas que 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 535 

Cortés y tcdos nosotros habíamos hecho desde 
que entramos en la Nueva-España, y le avisa- 
ron que el capitán Gonzalo de Sandoval estaba 
ocho ó nueve leguas de allí en una villa rica que 
estaba poblada, que se decia la villa rica de la 
Veracruz, é que tenia consigo sesenta vecinos., 
y todos los más viejos y dolientes, acordó de 
enviar á la villa á un clérigo que se decia Gue- 
vara, que tenia buena expresiva, é á otro hom- 
bre de mucha cuenta que se decia Amaya, pa- 
riente del Diego Velazquez, y á un escribano 
que se decia Vergara, y tres testigos., los nom- 
bres dellos no me acuerdo; los cuales envió que 
notificasen á Gonzalo de Sandoval que luego se 
diesen al Narvaez , y para ello dijeron que 
traian unos traslados de las provisiones, é di- 
cen que ya el Gonzalo de Sandoval sabia de los 
navios por nuevas de indios, y de la mucha gen- 
te que en ellos venia; y como era muy varón en 
sus cosas, siempre estaba muy apercebido él, y 
sus soldados armados; y sospechando que aque- 
lla armada era de Diego Velazquez, y que en- 
viaría á aquella villa de sus gentes para se 
apoderar della, y por estar más desembarazados 
de los soldados viejos y dolientes., los envió lue- 
go á un pueblo de indios que se dice Papalote, é 
quedó con los sanos; y el Sandoval siempre te- 
nia buenas velas en los caminos de Cempoal, 
que es por donde habian de venir á la villa; y 
estaba convocando el Sandoval y atrayendo á 
sus soldados que si viniese Diego Velazquez ó 



536 BERNAL DÍAZ. 

otra persona, que no le diesen la villa; y todos 
los soldados dicen que le respondieron conforme 
á su voluntad, y mandó hacer una horca en un 
cerro. Pues estando sus espías en los caminos, 
vienen de presto y le dan noticia que vienen 
cerca de la villa donde estaban, seis españoles é 
indios de Cuba; y el Sandoval aguardó en su 
casa, que no les salió á recebir, y habia manda- 
do que ningún soldado saliese de sus casas ni 
les hablasen. Y como el clérigo y los demás 
que traia en su compañía no topaba á ningún 
vecino español con quien hablar, sino eran in- 
dios que hacian la obra de la fortaleza; y como 
entraron en la villa, fuéronse á la iglesia á hacer 
oración, y luego se fueron á la casa de Sando- 
val, que les pareció que era la mayor de la vi- 
lla; é el clérigo, después del norabuena estéis, 
que así dizque dijo, y el Sandoval le respondió 
que ental hora buena viniese; dicen que el clé- 
rigo Guevara (que así se llamaba) comenzó un 
razonamiento, diciendo que el señor Diego Ve- 
lazquez, gobernador de Cuba habia gastado mu- 
chos dineros en la armada, é que Cortés é todos 
los demás que habia traido en su compañía le ha- 
bían sido traidores, y que les venia á notificar 
que luego fuesen á dar la obediencia al señor 
Panfilo deNarvaez, que venia por capitán ge- 
neral del Diego Velazquez. E como el Sandoval 
oyó aquellas palabras y descomedimientos que 
el padre Guevara dijo, se estaba carcomiendo 
de pesar de lo que oía, y le dijo: «Señor padre, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 537 

muy mal habláis en decir esas palabras de trai- 
dores; aquí somos mejores servidores de su ma- 
jestad que no Diego Velazquez ni ese vuestro 
capitán; y porque sois clérigo no os castigo 
conforme á vuestra mala crianza. Andad con 
Dios á Méjico, que allá está Coríés, que es ca- 
pitán general y justicia mayor de esta Nueva- 
España, y os responderá; aquí no tenéis más 
que hablar.» Entonces el clérigo muy bravoso 
dijo á su escribano que con él venia, que se de- 
cía Vergara, que luego sacase las provisiones 
que traia en el seno y las notificase al Sandoval 
y á los vecinos que con él estaban; y dijo San- 
doval al escribano que no leyese ningunos pa- 
peles, que no sabia si eran provisiones ó otras 
escrituras; y de plática en plática, ya el escri- 
bano comenzaba á sacar del seno las escrituras 
que traia, y el Sandoval le dijo: «Mirad, Ver- 
gara, ya os he dicho que no leáis ningunos pá- 
peles aquí, sino id á Méjico; yo os prometo que 
si tal leyéredes, que yo os haga dar cien azo- 
tes, porque ni sabemos si sois escribano del Rey 
ó no; amostrad el título dello, y si le traéis, 
leeldo; y tampoco sabemos si son originales 
de las provisiones ó traslados ó otros pape- 
les.» Y el clérigo, que era muy soberbio, dijo 
ir«uy enojado: «¿Qué hacéis con estos traidores? 
Sacad esas provisiones y notificádselas.» Y co- 
mo el Sandoval oyó aquella palabra , le dijo 
que mentia como ruin clérigo, y luego mandó 
á sus soldados que los llevasen presos á Méjico; 
68 



538 BERNAL DÍAZ. 

y no lo hubo bien dicho , cuando en jamaquillas 
de redes, como ánimas pecadoras los arrebata- 
ron muchos indios de los que trabajaban en la 
fortaleza, que los llevaron á cuestas, y en cua- 
tro dias dan con ellos cerca de Méjico, que de 
noche y de dia con indios de remuda camina- 
ban; é iban espantados de que veian tantas ciu- 
dades y pueblos grandes que les traian de co- 
mer, y unos los dejaban y otros los tomaban, y 
andar por su camino. Dicen que iban pensando 
si era encantamiento ó sueño; y el ■, Sandovai 
envió con ellos por alguacil, hasta que llegase 
á Méjico, á Pedro de Solís , el yerno que fué de 
Orduña, que ahora llaman Solís de Atrás-de- 
la-puerta. Y así como los envió presos , escri- 
bió muy en posta á Cortés quién era el capitán 
de la armada y todo lo acaecido; y como Cortés 
lo supo que venian presos y llegaban cerca de 
Méjico., envióles gran banquete, é cabalgaduras 
para los tres más principales, y mandó que 
luego los soltasen de la prisión , y les escribió 
que le pesó de que Gonzalo de Sandovai tai 
desacato tuviese t é que quisiera que les hiciera 
mucha honra; y como llegaron á Méjico los sa- 
lió á recibir., y los metió en la ciudad muy hon- 
radamente; y como el Clérigo y los demás sus 
compañeros vieron á Méjico ser tan grandísima 
ciudad, y la riqueza de oro que teníamos, é otras 
muchas ciudades en el agua de la laguna, é to- 
dos nuestros capitanes é soldados, y la gran 
franqueza de Cortés , estaban admirados ; y á 



eOÜQtJlSTA DÉ KÜEVA-ÍSPAÑA. 589 

cabo de dos dias que estuvieron con nosotros. 
Cortés íes habló de la tal manera con prometi- 
mientos y halagos, y aún les untó las manos de 
tejuelos y joyas de oro, y los tornó á enviar á 
su Narvaez con bastimento que les dio para el 
camino; que donde venían muy bravosos leo- 
nes, volvieron muy mansos y se le ofrecieron 
por servidores. Y así como llegaron á Cem- 
poal á dar relación á su capitán, comenzaron 
á convocar todo el real de Narvaez que se pasa- 
sen con nosotros. Y dejallo hé aquí, y diré có- 
mo Cortés escribió al Narvaez, y lo que sobre 
ello pasó. 



FIN DEL TOMO PRIMERO. 



ÍNDICE 



Páginas. 

Prólogo j> 

Capítulo I . 9 

- II. . . . 13 

- III 18 

- IV. ......... . 23 

- V ......... 28 

- VI ai 

- Vil 37 

- VIII. 41 

- IX. .... 47 

- X 50 

_ XI. . 51 

- XII 56 

- XIII 58 

- XIV. . 62 

-XV.. 65 

- XVI. 67 

- XVII. ......... 72 

- XVIII.. H 

- XIX.. ......... 80 

- XX 84 

- XXI. . . 89 

- XXII . 92 

- XXIII 95 

_ XXIV 102 

U XXV. ......... 104 



Páginas. 

Capítulo XXVI . 107 

— XXVII 109 

— XXVIII 115 

— XXIX 117 

— XXX. 122 

— XXXI 126 

— XXXII 132 

— XXXIII 135 

_ XXXIV . 138 

— XXXV 143 

— XXXVI 148 

— XXXVII 155 

— XXXVIII 158 

— XXXIX 165 

— XL 170 

— XLI . 174 

— XLII 180 

— XLIII 185 

— XLIV 187 

— XLV 191 

— XLVI 196 

— XLVII 200 

— XLVIII 204 

— XLIX 209 

— L 212 

— LI. . 214 

— LII. . . .... 222 

— Lili. . . 226 

.- LIV . . . . 229 

__ LV. . . ¿ 235 

— LVI. ...'....,.. 239 

— LVII 244 

— LVIII 246 

— LIX 249 

— LX 252 

— LXI 256 

— LXH 264 



Páginas. 

Capítulo LXIII 270 

— LXIV 275 

— LXV 279 

— LXVI 283 

— LXVII 290 

— LXVIII 293 

— LXIX 296 

— LXX 304 

— LXXI. ......... 308 

— LXXII.. 312 

— LXXIII 314 

— LXXIV 321 

— LXXV 325 

— LXXVI 329 

— LXXV1I 331 

— LXXVIII 336 

— LXXIX . 344 

— LXXX 348 

— LXXXI. ........ 351 

— LXXXII 353 

— LXXIII 357 

— LXXXIV 378 

— LXXXV 381 

— LXXXVí 386 

— LXXXVI1 392 

— LXXXVIII. ..:.... 399 

— LXXXIX 406 

— XC 409 

— XCI 414 

— XCII . 426 

— XCIII 443 

— XCIV 450 

— XCV. ......... 454 

— XCVI 464 

— XCVII. 469 

— XCVIII ¿ . 475 

— XCIX 478 



Páginas. 



Capítulo C , 
- CI t 



CIJ. , 
CIIL. 
CIV. . 

cy. ; 

cyi.. 

cyn. 

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482 
493 
496 
499 
505 
510 
515 
518 
521 
527 
530 
534 



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