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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOC1FT1ES 



F 1230 

•5533 
1862 

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in 2012 wíth funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



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i2 44 



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renewed by bringing it to the library. 


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DATE 
DUE 




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VERDADERA HISTORIA 



DE LOS SUCESOS 



DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPADA, 



POR EL CAPITÁN BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO, 



UNO DE SUS 




MADRfD7—1863. 
Imprenta de Tejado, calle do Silva, número 12, 



f 5 



* N 



s 






CONQUISTA DE LA NDIVA-ISPJtfl 

POR 

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. 



CAPITULO CXII. 



COMO CORTES, DESPUÉS DE BIEN INFORMADO DE QUIEN 
ERA CAPITÁN Y QUIEN Y CUANTOS VENÍAN EN LA 
ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS DE GUERRA QUE 
TRAÍA, Y DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS 
QUE Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ AL CAPITÁN 
É Á OTROS SUS AMIGOS, ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE 
DUERO, SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y TAM- 
BIÉN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA ORO Y ROPA 
AL NARVAEZ, Y LAS PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DE- 
CIR EL NARVAEZ AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO VENIA 
EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LUCAS VÁZ- 
QUEZ DE AILLON, OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE 
SANTO DOMINGO, É LA INSTRUCCIÓN QUE TRAÍAN. 



Como Cortés en todo tenia cuidado y adverten- 
cia, y cosa ninguna se le pasaba que no procura- 
ba poner remedio, y como muchas veces he di- 
cho antes de ahora, tenia tan acertados y bue- 
nos capitanes y soldados, que, demás de ser 
muy esforzados, dábamos buenos consejos, acor- 



6 RERNAL DÍAZ. 

dóse por todos que se escribiese en posta con 
indios que llevasen las cartas al Narvaez antes 
que llegase el clérigo Guevara, con muchas ca- 
ricias y ofrecimientos que todos á una le hicié- 
semos, y que haríamos todo lo que su merced 
mandase; y que le pedíamos por merced que no 
alborotase la tierra, ni los indios viesen entre 
nosotros disensiones; y esto deste ofrecimiento 
fué por causa que, como éramos los de Cortés 
pocos soldados en comparación de los que el 
Narvaez traía, porque nos tuviese buena volun- 
tad y para ver lo que sucedía; y nos ofrecimos 
por sus servidores , y también debajo destas 
buenas palabras no dejamos de buscar amigos 
entre los capitanes de Narvaez: porque el padre 
Guevara y el escribano Vergara dijeron á Cor- 
tés que Narvaez no venia bienquisto con sus ca- 
pitanes, y que les enviase algunos tejuelos y ca- 
denas de oro, porque dádivas quebrantan pe- 
ñas: y Cortés les escribió que habia holgado en 
gran manera él y todos nosotros sus compañeros 
con su llegada á aquel puerto; y pues son ami- 
gos de tiempos pasados, que le pide por merced 
que no dé causa á que el Montezuma, que está 
preso, se suelte y la ciudad se levante, porque 
será para perderse él y su gente, y todos nos- 
otros las vidas, por los grandes poderes que tie- 
ne: y esto, que lo dice porque el Montezuma 
está muy alterado y toda la ciudad revuelta 
con las palabras que de allá le ha enviado á de- 
cir; é que cree y tiene por cierto que de un tan 



CONQUISTA DÉ .StJÍV A-ESl>ANA . 7 

esforzado y sabio varón como él es no habían de 
salir de su boca cosas de tal arte dichas, ni en 
tal tiempo, sino que el Cervantes el chocarrero 
y los soldados que llevó consigo, como eran 
ruines lo dirían. Y demás de otras palabras que 
en la carta iban, se le ofreció con su persona y 
hacienda, y que en todo haría lo qne mandase 
Y también escribió Cortés al secretario Andrés 
de Duero y al oidor Lucas Vázquez de Aillon, y 
con las cartas envió ciertas joyas de oro para 
sus amigos; y después que hubo enviado esta 
carta secretamente, mandó dar al oidor cadenas 
y tejuelos y rogó al padre de la Merced que 
luego tras la ^arta fuese al real de Narvaez; 
y le dio otras cadenas de oro y tejuelos, y jo- 
yas muy estimadas que diese allá á sus ami- 
gos, y asi como llegó la primera carta que di- 
cho habernos que escribió Cortés con los in- 
dios antes que llegase el padre Guevara, que 
fué el que Narvaez nos envió, andábala mostran- 
do el Narvaez á sus capitanes, haciendo burla 
della y aun de nosotros; y un capitán de los que 
traía el Narvaez, que venia por veedor, que se 
decia Salvatierra, dicen que hacia bramuras des- 
que la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, 
que para qué leia la carta de un traidor como 
Cortés é los que con él estaban, éque luego fue- 
se contra nosotros, é que no quedase ninguno 
á vida; y juró que las orejas de Cortés que las 
habia de asar, y comer la una dellas; y decía 
otras liviandades. Por manera que no quiso res- 



8 BERNAL DÍAZ. 

ponder á la carta ni nos tenia en una castañeta. 
Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus 
compañeros á su Real, y hablan al Narvaez que 
Cortés era muy buen caballero é gran servidor 
del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y 
délas muchas ciudades que vieron por donde 
pasaron, é que entendieron que Cortés que le 
será servidor y haria cuanto le mandase; é que 
será bien que por paz y sin ruido haya entre los 
unos y los otros concierto , y que mire el señor 
Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva- 
España con la gente que trae, que alli vaya é 
que deje al Cortés en otras provincias; pues hay 
tierras hartas donde se pueden albergar. E co- 
mo esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de 
tal manera con el padre Guevara y con el Ama- 
ya, que no los quería después más ver ni escu- 
char; y desque los del real de Narvaez los vie- 
ron ir tan ricos al padre Guevara y al escribano 
Vergara é á los demás, y les decían secretamen- 
te á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é 
de todos nosotros, é que habían visto tanta mul- 
titud de oro que en el real andaba en el juego 
de los naipes, muchoa de los de Narvaez desea- 
ban estar ya en nuestro real; y en este instante 
llegó nuestro padre de la Merced, como dicho 
tengo, al real de Narvaez con los tejuelos que 
Cortés les dio y con cartas secretas, y fué á be- 
sar las manos al Narvaez, é á decille cómo Cor- 
tés hará todo lo que le mandare, é que tenga paz 
y amor; é como el Narvaez era cabezudo y ve- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 9 

nía muy pujante, no lo quiso oir; antes dijo de- 
lante del mismo padre que Cortés y todos nos- 
otros éramos unos traidores; é porque el frailé 
respondió que antes éramos muy leales servido- 
res del Rey, le trató mal de palabra; y muy se- 
cretamente repartió el fraile los tejuelos y ca- 
denas de oro á quien Cortés le mandó y convo- 
caba y atraía á sí los más principales del real dé 
Narvaez. Y dejallo hé aquí, y diré lo que al 
oidor Lúeas Velazquez de Aillón y al Narvaez 
les aconteció, y lo que sobre ello pasó. 



CAPITULO CXIII. 



CÓMO HUBIERON PALABRAS EL CAPITÁN PANFILO DE 
NARVAEZ Y EL OIDOR LUCAS VÁZQUEZ DE AILLON, Y 
EL NARVAEZ LE MANDÓ PRENDER Y LE ENVIÓ EN UÑ 
NAVIO PRESO Á CUBA Ó Á CASTILLA, Y LO QUE SOBRE 
ELLO AVINO. 



Parece ser que, como el oidor Lúeas Vázquez 
de Aillon venia á favorecer las cosas de Cortés 
de todos nosotros, porque asi se lo habia man- 
dado la real audiencia de Santo Domingo y los 
frailes gerónimos qae estaban por gobernadores^ 
como sabian los muchos y buenos y leales ser- 
vicios que hacíamos á Dios primeramente y á 



JO BERNAL BIAZ. 

nuestro Rey y señor, y del gran presente que 
enviamos á Castilla con nuestros procuradores; 
é demás de lo que la audiencia Real le mandó, 
como el oidor vio las cartas de Cortés , y con 
¡ellas tejuelos de oro, si de antes decia que aque- 
lla armada que enviaba era injusta, y contra 
toda justicia que contra tan buenos servidores 
del Rey como éramos era mal hecho venir , de 
allí adelante lo decia muy clara y abiertamente; 
y decia tanto bien de Cortés y de todos los que 
con él estábamos t que ya en el real de Narvaez 
no se hablaba de otra cosa. Y demás desto , co- 
mo veian y conocian en el Narvaez ser la pura 
miseria , y el oro y ropa que el Montezuma les 
enviaba todo se lo guardaba, y no daba cosa dello 
á ningún capitán ni soldado , antes decia , con 
voz, que hablaba muy entonado , medio de bó- 
veda , á su mayordomo : «Mirad que no falte 
ninguna manta , porque todas están puestas por 
memoria;» é como aquello conocian del , é oian 
lo que dicho tengo del Cortés y los que con él 
estábamos , de muy francos, todo su real estaba 
medio alborotado , y tuvo pensamiento el Nar- 
vaez que el oidor entendia en ello, é poner ziza 
ña. Y demás desto , cuando Montezuma les en- 
viaba bastimento , que repartia el despensero ó 
mayordomo de Narvaez , no tenia cuenta con el 
oidor ni con sus criados , como era razón, y so- 
bre ello hubo ciertas cosquillas y ruido en el 
real ; y también porque el consejo que daban al 
jNarvaez el Salvatierra , que dicho tengo que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 11 

venia por veedor , y Juan Bono , vizcaíno , y an 
Gamarra , y sobre todo, los grandes favores que 
tenia de Castilla de D. Juan Rodríguez de Fon- 
seca , Obispo de Burgos , tuvo tan gran atrevi- 
miento el Narvaez, que prendió al oidor del Rey, 
á él y á su escribano y ciertos criados, y lo hizo 
embarcar en un navio, y los envió presos á Cas- 
tilla ó á la isla de Cuba. Y aun sobre todo esto, 
porque un hidalgoque se decia Fulano de Oblan- 
co y era letrado , decia al Narvaez que Cortés 
era muy servidor del Rey , y todos nosotros los 
que estábamos en su compañía éramos dignos 
de muchas mercedes, y que parecía mal llamar- 
nos traidores , y que era mucho más mal pren- 
der á un oidor de su majestad ; y por esto que le 
dijo, le mandó echar preso ; y como el Gonzalo 
de Oblanco era muy noble , de enojo murió den- 
tro de cuatro dias. También mandó echar pre- 
sos á otros dos soldados de los que traía en su 
navio , que sabia que hablaban bien de Cortés, 
entre ellos fué un Sancho de Barahona , vecino 
que fué de Guatimala. Tornemos á decir del 
oidor que llevaban preso á Castilla , que con 
palabras buenas é con temores que puso al ca- 
pitán del navio y al maestre y al piloto que le 
llevaban á cargo t les dijo que , llegados á Cas- 
tilla, que en lugar de paga délo que hacen, su 
majestad les mandaría ahorcar; y como aquellas 
palabras oyeron , le dijeron que les pagase su 
trabajo y le llevarían á Santo Domingo ; y así, 
mudaron la derrota (jue Narvaez les habia man- 



12 BERNAL DÍAZ, 

dado que fuesen ; y llegado á la isla de Santo 
Domingo y desembarcado , como la audiencia 
Real que allí residia y los frailes Jerónimos que 
estaban por gobernadores oyeron al licenciado 
Lúeas Vázquez , y vieron tan grande desacato é 
atrevimiento , sintiéronlo mucho , y con tanto 
enojo , que luego lo escribieron á Castilla al 
Real Consejo de su msjestad; y como el Obispo 
de Burgos era presidente y lo mandaba todo, y 
tu majestad no habia venido deFlandes, no hubo 
lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en 
nuestro favor ; antes el don Juan Rodríguez de 
Fonseca diz que se holgó mucho , creyendo que 
el Narvaez nos habia ya prendido y desbarata- 
do; y cuando su majestad estaba en Flandes, y 
oyeron á nuestros procuradores , y lo que el 
Diego Velazquez y el Narvaez habían hecho en 
enviar la armada sin su Real licencia , y haber 
prendido á su oidor, les hizo harto daño en los 
pleitos y demandas que después le pusieron á 
Cortés y á todos nosotros , como adelante diré, 
por más que decían que tenían licencia del Obis- 
po de Burgos t que era presidente , para hacer 
el armada que contra nosotros enviaron. Pues 
como ciertos soldados , parientes y amigos del 
oidor Lúeas Vázquez , vieron que el Narvaez le 
habia preso , temieron no les acaeciese lo que 
hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque 
ya les traía sobre los ojos y estaba mal con ellos, 
acordaron de se ir desde los arenales huyendo á 
Ja villa donde estaba el capitán Sandoval coa 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 13 

los dolientes ; y cuando llegaron á le besar las 
manos , el Sandoval les hizo mucha honra , y 
supo dellos todo lo aquí por mí dicho , y cómo 
quería enviar el Narvaez á aquella villa solda- 
dos á prenderle. Y lo que más pasó diré ade- 
lante. 



CAPITULO CXIV. 



COMO NARVAIZ CON TODO SU EJERCITO SE VINO A UN 
PUEBLO QUE SE DICE CIMPOAL, É LO QUE EN EL CON- 
CIERTO SE HIZO, É LO QUE NOSOTROS HICIMOS ES- 
D¿NTO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS 
DE IR SOBRE NARVAEZ. 



Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la 
audiencia Real de Santo Domingo, luego se 
vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra 
á asentar su real en un pueblo que se dice Cem- 
poal, que en aquella sazón era muy poblado; é 
la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al 
cacique gordo (que asi le llamábamos) todas las 
mantas é ropa labrada é joyas de oro, é también 
le tomó las indias que nos habian dado los caci- 
ques de aquel pueblo, que se las dejamos en 
casa de sus padres é hermanos, porque eran hi- 
jas de señores, é para ir á la guerra muy deli • 



14 BBftftAL DÍAZ* 

cadas. Y el cacique gordo dijo muchas veces al 
Narvaez que no le tomase cosa ninguna de las 
que Cortés dejó en su poder, así el oro como 
mantas é indias, porque estaria muy enojado, y 
le vernia á matar de Méjico, así al Narvaez como 
al mismo cacique porque se las dejaba tomar E 
mas, se le quejó el mismo cacique de los robos 
que le hacían sus soldados en aquel pueblo, é le 
dijo que cuando estaba allí Malinche, que así 
llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les 
tomaban cosa ninguna, é que era muy bueno él 
é sus soldados los teules, porque teules nos lla- 
maban; é como aquellas palabras le oia el Nar- 
vaez, hacia burla del, é un Salvatierra que ve- 
nia por veedor, otras veces por mí nombrado, 
que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo 
á Narvaez é otros capitanes sus amigos: «¿No 
habéis visto qué miedo que tienen todos estos 
caciques desta nonada de Cortesillo?» Tengan 
atención los curiosos letores cuan bueno fuera 
no decir mal de lo bueno; porque juro amen que 
cuando dimos sobre el Narvaez, uno de los mas 
cobardes é para menos fué el Salvatierra, como 
adelante diré; é no porque no tenia buen cuerpo 
é membrudo, mas era mal engalibado, mas no 
de lengua, y decian que era natural de tierra de 
Burgos. Dejemos de hablar del Salvatierra, é 
diré cómo el Narvaez envió á requerir á nues- 
tro capitán é á todos nosotros con unas provisio- 
nes que decían que eran traslados de los origi- 
nales que traia para ser capitán por el Diego 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPANA. 15 

Velazquez; las cuales enviaba para que nos las 
notificase escribano, que se decia Alonso de 
Mata, el cual después, el tiempo andando, fué 
vecino de la Puebla, que era ballestero; é en- 
viaba con el Mata á otras tres personas de cali- 
dad. E dejallo he equí, así al Narvaez como á su 
escribano, é volveré á Cortés, que como cada dia 
tenia cartas é avisos, así de los del real de Nar- 
vaez como del capitán Gonzalo de Sandoval, que 
quedaba en la Villa-Rica, é le hizo saber que 
tenia consigo cinco soldados , personas muy 
principales é amigos del licenciado Lúeas Váz- 
quez de Aillon, que es el que envió preso Nar- 
vaez á Castilla ó á la isla de Cuba; é la causa 
que daban porque se vinieron del real de Nar- 
vaez fué,.que pues el Narvaez no tuvo respeto á 
un oidor del Rey, que menos se lo ternia á ellos, 
que eran sus deudos; de los cuales soldados 
supo el Sandoval muy por entero todo lo que 
pasaba en el real de Narvaez é la voluntad que 
tenia, porque decia que muy de hecho habia de 
venir en nuestra busca á Méjico para nos 
prender. 

Pasemos adelante , y diré que Cortés tomó 
luego consejo con nuestros capitanes é todos 
nosotros los que sabia que le habíamos de ser 
muy servidores, é solia llamar á consejo para en 
casos de calidad, como estos; é por todos fué 
acordado que brevemente, sin más aguardar 
cartas ni otras razones , fuésemos sobre el Nar- 
vaez, é que Pedro de Albarado quedase en Mé- 



16 BERNAL DÍAZ. 

jico en guarda del Montezuma con todos los 
soldados que no tuviesen buena disposición pa- 
ra irá aquella jornada; é también para que 
quedasen allí las personas sospechosas que 
sentíamos que serian amigos del Diego Velaz- 
quez é de Narvaez ; é en aquella sazón, é antes 
que el Narvaez viniese, habia enviado (Jortés á 
Tlascala por mucho maiz, porque habia mala 
sementera en tierra de Méjico por falta de 
aguas; porque teníamos muchos naborias é ami- 
gos del mismo Tlascala, habíamoslo menester 
para ellos; é trujeron el maiz que he dicho, ó 
muchas gallinas é otros bastimentos, los cuales 
enviamos al Pedro de Albarado, é aún le hici- 
mos unas defensas á manera de mamparos é 
fortaleza con arte ó falconete , é cuatro tiros 
gruesos é toda la pólvora que teníamos, é diez 
ballesteros é catorce escopeteros é siete caba- 
llos, puesto que sabíamos que los caballos no 
se podrían aprovechar dellos en el patio donde 
estaban los aposentos ; é quedaron por todos 
los soldados contados, de á caballo, y escopete- 
ros é ballesteros, ochenta y tres. Y como el 
gran Montezuma vio é entendió que queríamos 
ir sobre el Narvaez , é como Cortés le iba á ver 
cada dia é á tenelle palacio , jamas quiso decir 
ni dar á entender cómo el Montezuma ayudaba 
al Narvaez é le enviaba oro é mantas é basti- 
mentos. Y de una plática en otra, le preguntó 
el Montezuma á Cortés que dónde queria ir, é 
para qué habia hecho ahora de nuevo aque- 



* 

CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 17 

líos pertrechos é fortaleza, ó que cómo andába- 
mos todos alborotados ; é lo que Cortés le res- 
pondió é en qué se resumió la plática diré ade- 
lante. 



CAPITULO CXV. 

¡ 

CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTES QUÉ 
CÓMO QUERÍA IR SOBRE EL NARVAEZ , SIENDO LOS 
QUE TRAÍA DOBLADOS MAS QUE NOSOTROS, Y QUE LE 
PESARÍA MUCHO SI NOS VINIESE ALGÚN MAL. 



Como estaba platicando Cortés con el gran 
Montezuma, como lo tcnian de costumbre* dijo 
el Montezuma á Cortés: «Señor Malinchc, á 
todos vuestros capitanes é compañeros os veo 
andar desasosegados, é también he visto que no 
me visitáis sino de cuando en cuando; é Orté- 
guilla el paje me dice que queréis ir de guerra 
sobre esos vuestros hermanos que vienen en los 
navios, é que queréis dejar aquí en mi guarda 
al Tonatio; hacedme merced que me lo decla- 
rcis, para que si yo en algo os pudiere servir é 
ayudar, lo haré de muy buena voluntad. E tam- 
bién, señor Malinche, no querría que os viniese 
algún desmán, porque vos tenéis muy pocos 
tcules, y esos que vienen son cinco veces mas; 
3 



18 BERNAL DÍAZ. 

é ellos dicen que son cristianos como vosotros 
é vasallos de ese vuestro Emperador, ó tienen 
imágenes y ponen cruz, é les dicen Misa, é di- 
cen é publican que sois gentes que venistes hu- 
yendcrde Castilla de vuestro rey y señor, c que 
os vienen á prender ó á matar; en verdad que 
yo no os entiendo. Por tanto, mirad primero lo 
que hacéis.» Y Cortés le respondió con nuestras 
lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, 
con un semblante muy alegre, que si no le ha 
venido á dar relación dello, es como le quiere 
mucho y por no le dar pesar con nuestra parti- 
da, é que por esta causa lo ha dejado, porque 
asi tiene por cierto que el Montezuma le tiene 
voluntad. E que cuanto á lo que dice, que todos 
somos vasallos de nuestro gran Emperador, que 
es verdad, é de ser cristianos como nosotros, 
que sí son; é á lo que dicen que venimos huyen- 
do de nuestro Rey y señor, que no es así, sino 
que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle 
todo lo que en su Real nombre le ha dicho é pla- 
ticado, é á lo que dice que trae muchos solda- 
dos é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, 
é que nosotros somos pocos, é que nos vienen á 
matar é prender, Nuestro Señor Jesucristo, en 
quien creemos é adoramos ¿ é Nuestra Señora 
Santa María, su bendita Madre, nos dará fuer- 
zas, y más que no á ellos, pues que son malos é 
vienen de aquella manera. E que como nuestro 
Emperador tiene muchos reinos é señorios, hay 
en ellos mucha diversidad de gentes, unas muy 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 19 

esforzadas é otras mucho más, é que nosotros 
somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla 
la Vieja., é nos nombran por sobrenombre caste- 
llanos; é que el capitán que está ahora en Cem- 
poal y la gente que trae que es de otra provin- 
cia que llaman Vizcaya , é que tienen la ha- 
bla muy revesada , como á manera de decir co- 
mo los otomis tierra de Méjico; c que él verá 
cuál se los traeríamos presos; é que no tuvie- 
se pesar por nuestra ida, que presto volvería- 
mos con vitoria. E lo que ahora le pide por mer- 
ced, que mire que queda con él su hermano 
Tonatio, que así llamaban á Pedro de Alba- 
rado, con ochenta soldados; que después que 
salgamos de aquella ciudad no haya algún albo- 
roto, ni consienta á sus capitanes é papas hagan 
cosas que sean mal hechas, porque después que 
volvamos, si Dios quisiere, no tengan que pagar 
con las vidas los malos revolvedores; é que todo 
lo que hubiere menester de bastimentos, que se 
los diesen; é allí le abrazó Cortés dos veces al 
Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; 
é doña Marina, como era muy avisada, se lo de- 
cía de arte que ponia tristeza con nuestra par- 
tida. Allí le ofreció que baria todo lo que Cortés 
le encargaba, y aun prometió que enviaría en 
nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra, é 
Cortés le dio gracias por ello, porque bien en- 
tendió que no los habia de enviar; é le dijo que 
no habia menester su ayuda, sino era la de Dios 
nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la 



20 BERNAL DÍAZ. 

de sus compañeros que con él íbamos; é también 
le encargó que mirase que la imagen de nuestra 
Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy 
enramado, é limpia la iglesia, é quemasen 
candelas de cera, que tuviesen siempre encen- 
didas de noche y de dia, é que no consintiesen 
á los papas que hiciesen otra cosa; porque 
en aquesto conocería muy mejor su buena vo- 
luntad é amistad verdadera. E después de tor- 
nados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que 
le perdonase, que no podia estar más en plática 
con él, por entender en la partida; é luego ha- 
bló á Pedro de Albarado é á todos los soldados 
que con él quedaban, é les encargó que guar- 
dasen al Montezuma con mucho cuidado no se 
soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; 
y prometióles que, mediante Dios, que á todos 
les habia de hacer ricos; é allí quedó con ellos 
el Clérigo Juan Díaz, que no fué con nosotros, 
é otros soldados sospechosos, que aquí no de- 
claro por sus nombres; é allí nos abrazamos los 
unos á los otros, é sin llevar indias ni servicio, 
sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas 
por la ciudad de Cholula, y en el camino envió 
Cortés á Tlascala á rogar á nuestros amigos 
Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más 
caciques, que nos enviasen de presto cuatro mil 
hombres de guerra; y enviaron á decir que si fue- 
ran para pelear con indios como ellos, que sí 
hicieran, é aún muchos más de los que les deman- 
daban, é que para contra teules como nosotros, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAN A. 2 1 

é contra bombardas é caballos, que les perdonen, 
que [no los quieren dar ; é proveyeron de 
veinte cargas de gallinas; é luego Cortés escri- 
bió en posta áSandoval que se juntase con todos 
sus soldados muy prestamente con nosotros, que 
íbamos á unos pueblos obra de doce leguas de 
Cempoal, que se dicen Tampaniquita é Mitala- 
guita, que ahora son de la encomienda de Pedro 
Moreno Medrano , que vive en la Puebla; é que 
mirase muy bien el Sandoval que Narvaez no le 
prendiese, ni hubiese á las manos á él ni á nin- 
guno de sus soldados. Pues yendo que iba mos 
de la manera que he dicho, con mucho concier- 
to para pelear si topásemos gente de guerra de 
Narvaez ó al mismo Narvaez , y nuestros corre- 
dores del campo descubriendo , 6 siempre una 
jornada adelante dos de nuestros soldados 
grandes peones, personas de mucha confianza, y 
ectos no iban por camino derecho, sino por par- 
tes que no podian ir á caballo, para saber é 
inquirir de indios de la gente de Narvaez. 
Pues yendo nuestros corredores del campo 
descubriendo, vieron venir á un Alonso de Ma- 
ta., el que decían que era escribano, que venia 
á notificar los papeles ó traslados de las pro- 
visiones, según dije atrás en el capítulo que 
dello habla, é á los cuatro españoles que con 
él venían por testigos, y luego vinieron los 
dos nuestros soldados de á caballo á dar man- 
dado, y los otros dos corredores del campo se 
estuvieron en palabras con el Alonso de Mata 



22 BERNAL DÍAZ. 

é con los cuatro testigos; y en este instante 
nos dimos priesa en andar y alargamos el paso, 
y cuando llegaron acerca de nosotros hicieron 
gran reverencia á Cortés y á todos nosotros, 
y Cortés se apeó del caballo y supo á lo que 
venían. Y como el Alonso de Mata queria no- 
tificar los despachos que traia, Cortés le dijo 
que si era escribano del Rey, y dijo que sí; 
y mandóle que luego exhibiese el título, é que 
si le traia, que leyese los recados, é que haria 
lo que viese que era servicio de Dios é de su 
Majestad; y si no le traia, que no leyese aque- 
llos papeles; é que también había de ver los 
originales de su Majestad. Por manera que el 
Mata, medio cortado é medroso, porque no era 
escribano de su Majestad, y los que con él ve- 
nían no sabían qué le decir; y Cortés les mandó 
dar de comer, y porque comiesen reparamos 
allí ; y les dijo Cortés que íbamos á unos 
pueblos cerca del Real del señor Narvaez, que 
se decían Tampanequita, y que allí podía en- 
viar á notificar lo que su capitán mandase; y 
tenia Cortés tanto sufrimiento, que n mea dijo 
palabra mala del Narvaez , é apartadamente 
habló con ellos y les untó las manos con tejue- 
los de oro, y luego se volvieron á su Narvaez 
diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y 
como muchos de nuestros soldados por gentile- 
za en aquel instante llevábamos en las armas 
joyas de oro, y otros cadenas y collares al cue- 
llo, y aquellos que venían á notificar los pape- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 23 

les les vieron, dicen en Cempoal maravillarse 
de nosotros; y muchos había en el real de Nar- 
vaez, personas principales, que querían venir á 
tratar paces con Cortés y su capitán Narvaez, 
como á todos nos veían ir ricos. Por manera que 
llegamos á Panguaniquita, é otro día llegó el 
capitán Sandoval con los soldados que tenia,que 
serian hasta sesenta; porque los demás viejos y 
dolientes los dejó en unos pueblos de indios 
nuestros amigos, que se decían Papalote, para 
que allí les diesen de comer; y también vinieron 
con él los cinco soldados parientes y amigos del 
licenciado Lúeas Vázquez de Aillon, que se ha- 
bían venido huyendo del real de Narvaez, y ve- 
nían á besar las manos á Cortés; á los cuales 
con mucha alegría recibió muy bien; y allí es- 
tuvo contando el Sandoval á Cortés de lo que 
les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con 
el Vergara y con los demás, y cómo los mandó 
llevar presos á Méjico, según y de la manera 
que dicho tengo en el capítulo pasado. Y tam- 
bién dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos 
soldados como indios, puestas mantillas ó man- 
tas, y eran como indios propios, al real de Nar- 
vaez ; é como eran morenos , dijo Sandoval 
que no parecían sino propios indios, y cada 
uno llevó una carguilla de ciruelas á ven- 
der , que en aquella sazón era tiempo dellas, 
cuando estaba Narvaez en los arenales, antes 
que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fue- 
ron al rancho del bravo Salvatierra, é que les dio 



24 RERNAÍ, DÍAZ, 

por tas ciruelas un sartalejo de cuentas amari- 
llas. E cuando hubieron vendido las ciruelas, el 
Salvatierra les mandó que le fuesen por yerba, 
creyendo que eran indios, allí junto á un ria- 
chuelo que está cerca de los ranchos, para su 
caballo , é fueron é cogieron unas carguillas 
dello, y esto era á hora del Ave-María cuando 
volvieron con la yerba, y se estuvieron en el 
rancho en cuclillas como indios hasta que ano- 
checió, y tenian ojo y sentido en lo que decían 
ciertos soldados de Narvaez que vinieron á te- 
ner palacio é compañía al Salvatierra , y des- 
pués les deciael Salvatierra: «¡Oh, á qué tiem- 
po hemos venido, que tiene allegado este trai- 
dor de Cortés mas de setecientos mil pesos de 
oro, y todos seremos ricos; pues los capitanes y 
soldados que consigo trae, no será menos sino 
que tengan mucho oro!» Y decían por ahí otras 
palabras. Y desque fué bien escuro vienen los 
dos nuestros soldados que estaban hechos como 
indios, y callando salen del rancho, y van adon- 
de tenia el caballo,, y con el freno que estaba 
junto con la silla le enfrenan y ensillan, y ca- 
balgan en él. Y viniéndose para la villa de ca- 
mino, topan otro caballo manco cabe el riachue- 
lo, y también se lo trujeron. Y preguntó Cortés 
al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que 
los dejó en el pueblo de Papalote, donde que- 
daban los dolientes; porque por donde él venia 
con sus compañeros no podían pasar caballos, 
porque era tierra muy fragosa y de grandes 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 25 

sierras, y que vino por allí por no topar con 
gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que 
era el un caballo de Salvatierra se holgó en 
gran manera, é dijo : «Ahora braveará mas 
cuando lo halle menos.» Volvamos á decir del 
Salvatierra, que cuando 1 amaneció ¡é no halló á 
los dos indios que le trujeron á vender las ci- 
ruelas, ni halló su caballo ni la silla y el freno, 
dijeron después muchos soldados de los del mis- 
mo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; 
porque luego conoció que eran españoles de los 
de Cortés los que les llevaron los caballos; y 
desde allí adelante se velaban. Volvamos á 
nuestra materia: y luego Cortés con todo§ nues- 
tros capitanes y soldados estuvimos platicando 
cómo y de qué manera daríamos en el real de 
Narvaez; é lo que se concertó antes que fuése- 
mos sobre el Narvaez diré adelante. 



26 

■ 



BERNAL DÍAZ. 

¡CAPITULO CXVI. 



CÓMO ACORDÓ CORTÉS CON TODOS NUESTROS CAPITANES 
Y SOLDADOS QUE TORNÁSEMOS A ENVIAR AL REAL 
DE NARVAEZ AL FRAILE DE LA MERCED, QUE ERA 
MUY SAGAZ Y DE BUENOS MEDIOS, Y QUE SE HICIESE 
MUY SERVIDOR DEL NARVAEZ, É QUE SE MOSTRASE 
FAVORABLE A SU PARTE MAS QUE NO A LA DE CORTES, 
É QUE SECRETAMENTE CONVOCASE AL ARTILLERO 
QUE SE DECÍA RODRIGO MARTIN É Á OTRO ARTILLERO 
QUE SE DECÍA USAGRE, É QUE HABLASE CON ANDRÉS 
DE DUERO PARA QUE VINIESE Á VERSE CON CORTES; E 
QUE OTRA CARTA QUE ESCRIBIÉSEMOS AL NARVAEZ 
QUE MIRASE QUE SE LA DIESE EN SUS MANOS, E LO QUE 
EN TAL CASO CONVENÍA, É QUE TUVIESE MUCHA AD- 
VERTENCIA, Y PARA ESTO LLEVÓ MUCHA CANTIDAD 
DE TEJUELOS É CADENAS DE ORO PARA REPARTIR. 

Pues como ya estábamos en el pueblo todos 
juntos, acordamos que con el padre de la Mer- 
ced se escribiese otra carta al Narvaez, que de- 
cían en ella así, ó otras palabras formales como 
estas que diré, después ae puesto su acato con 
gran cortesía: que nos habíamos holgado de su 
venida, é creíamos que con su generosa persona 
liaríamos gran servicio á Dios Nuestro Señor y 
á su majestad, é que no nos ha querido respon- 
der cosa ninguna, antes nos llama de traidores, 
siendo muy leales servidores del Rey; é ha re- 
vuelto toda la tierra con las palabras que envió 
á decir á Montezuma; é que le envió Cortés a 



Conquista dé hueva-éspana. 27 

pedir por merced que escojiese la provincia en 
cualquiera parte que él quisiese quedar con la 
gente que tiene, ó fuese adelante, é que nos- 
otros iríamos á otras tierras é haríamos lo que 
á buenos servidores de su majestad somos obli- 
gados; é que le hemos pedido por merced que 
si trae provisiones de su majestad que envié los 
originales para ver y entender si vienen con la 
Real firma y ver lo que en ellas se contiene, 
para que luego que lo veamos, los pechos por 
tierra para obedecerla; é que no ha querido ha- 
cer lo uno ni lo otro, sino tratarnos mal de pa- 
labra y revolver la tierra; que le pedimos y re- 
querimos de parte de Dios y del Rey nuestro 
señor que dentro en tres dias envié á notificar 
los despachos que trae con escribano de su ma- 
jestad, é que cumpliremos como mandado del 
Rey nuestro señor todo lo que en las reales pro- 
visiones mandare; que para aquel efeto nos he- 
mos venido á aquel pueblo de Panguenezquita, 
por estar más cerca de su Real; é que si no trae 
las provisiones y se quisiere volver á Cuba, que 
se vuelva y no alborote más la tierra, con pro- 
testación que si otra cosa hace, que iremos con- 
tra él á le prender y enviallo preso á nuestro 
Rey y señor, pues sin su Real licencia nos viene 
á dar guerra é desasosegar todas las ciudades; 
é que todos los males é muertes y fuegos y 
menoscabos que sobre esto acaecieren , que 
sea á su eargo, y no al nuestro; y esto se es- 
cribe ahora por carta misiva , porque no osa 



28 BERNAL DÍAZ. 

ningún escribano de su majestad írselo á noti- 
ficar, por temor no le acaezca tan gran desacato 
como el que se tuvo con un oidor de su majes- 
tad, y que ¿dónde se vio tal 'atrevimiento dele 
enviar preso? Y que allende de lo que dicho 
tiene, por lo que es obligado á la honra y justi- 
cia de nuestro Rey, que le conviene castigar 
aquel gran desacato y delito , como capitán ge- 
neral y justicia mayor que es de aquesta Nueva- 
España, le cita y emplaza para ello, y se lo de- 
mandará usando de justicia , pues es crimen 
laesae majestatis lo que ha tentado, é que hace á 
Dios testigo de lo qu® ahora dice; y también le 
enviamos á decir que luego volviese al cacique 
gordo las mantas y ropa y joyas do oro que le 
habian tomado por fuerza, y ansimismo las hi- 
jas de señores que nos habian dado sus padres, 
y mandase á sus soldados que no robasen á los 
indios de aquel pueblo ni de otros. Y después 
de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de 
nuestros capitanes y algunos soldados , iba 
alli mi firma; y entonces se fué con el mismo 
Padre Fray Bartolomé de Olmedo un soldado 
que se decia Bartolomé de Usagre, porque era 
hermano del artillero Usagre, que tenia cargo 
del artillería de Narvaez ; y llegados nues- 
tro religioso y el Usagre á Cempoal, adonde 
estaba el Narvaez, diré lo que dice que pasó. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 29 

CAPÍTULO CXVI1. 



CÓMO EL PADRE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO . DE LA 
ORDEN DE NUESTRA SEÑOR A DE LA MERCED , FUE A 
CEMPOAL, ADONDE ESTABA EL NARVAEZ É TODOS 
SUS CAPITANES , Y LO QUE PASÓ CON ELLOS, Y LES 
DIO LA CARTA. 



Como el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, de 
la orden de la Merced , llegó al real de Naivaez, 
sin más gastar yo palabras en tornallo á recitar, 
hizo lo que Cortés le mandó, que fué convocar á 
ciertos caballeros de los deNarvaez y al artillero 
Rodrigo Mino, que así se llamaba, é al Usagre, 
que tenia también cargo de los tiros; y para me- 
jor le atraer, fué un su hermano del Usagre con 
tejuelos de oro, que dio de secreto al hermano; 
y asimismo el padre fray Bartolomé de Olmedo 
repartió todo el oro que Cortés le mandó, y 
habló al Andrés de Duero que luego se viniese 
á nuestro real con Cortés; y demás desto, ya 
el fraile habia ido á ver y hablar al Narvaez y 
hacérsele muy gran servidor; y andando en 
estos pasos, tuvieron gran sospecha de loen 
que andaba nuestro fraile, é aconsejaban al 
Narvaez que luego le prendiese, é asi lo querían 
hacer; y como lo supo Andrés de Duero, que 
era secretario del Diego Velazquez, y era de 



30 BE* NAL DÍAZ. 

Tudela de Duero, y se tenían por deudos, el 
Narvaez y él, porque el Narvaez también era 
de tierra de Valladolid ó del mismo Valladolid, 
y en toda la armada era muy estimado é pre- 
eminente, el Andrés de Duero fué al Narvaez 
y le dijo que le habian dicho que quería pren- 
der al padre Fray Bartolomé de Olmedo, men- 
sajero y embajador de Cortés; que mirase que 
ya que hubiese sospecha que el fraile hablaba 
algunas cosas en favor de Cortés, que no es 
bien prendelle, pues que claramente se ha visto 
cuanta honra é dádivas da Cortés á todos loe 
suyos del Narvaez que hallaban; é que fray 
Bartolomé de Olmedo ha hablado con él des- 
pués que allí ha venido, é lo que siente del es 
que desea que él y otros caballeros del real de 
Cortés le vengan á recibir, é que todos fuesen 
amigos ; y que mire cuánto bien dice Cortés á 
los mensajeros que envia ; que no le sale por la 
boca á él ni á cuantos están con él, sino el señor 
capitán Narvaez, é que seria poquedad prender 
aun religioso; que otro hombre que vino con 
él, que es hermano de Usagre el artillero, que 
le viene á ver; que convide á Fray Bartolomé 
de Olmedo á comer, y le saque del pecho la 
voluntad que todos los de Cortés tienen. Y 
con aquellas palabras , y otras sabrosas que le 
dijo , amansó al Narvaez. Y luego deuque 
esto pasó, se despidió Andrés de Duero del Nar- 
vaez, y secretamente habló al Padre lo que ha- 
bía pasado; y luego el Narvaez envió á llamar á 



CONQUISTA PE HUEVA-ESPAÑA. 31 

Fray Bartolomé de Olmedo, y como vino, le 
hizo mucho acato, y medio riendo (que era el 
Fraile muy cuerdo y sagaz) le suplicó que se 
apartase en secreto, y el Narvaez se fué con él 
paseando á un patio, y el Fraile le dijo: «Bien 
entendido tengo que vuestra merced me quería 
mandar prender; pues hágole saber. Señor , que 
no tiene mejor ni mayor servidor en su real que 
yo, y tengo por cierto que muchos caballeros 
y capitanes de los de Cortés le querrian ya ver 
en las manos de vuestra merced; y ansí, creo 
que vendremos todos; y para más le atraer á que 
se desconcierte, le han hecho escribir una car- 
ta de desvarios, firmada de los soldados , que 
me dieron que diese á vuestra merced, que no 
la he querido mostrar hasta agora, que vine á 
pláticas, que en un rio la quise echar por las 
necedades que en ella trae; y esto hacen todos 
sus capitanes y soldados de Cortés por verlo ya 
desconcertar.» Y el Narvaez dijo que se la die- 
se, y el Padre Fray Bartolomé de Olmedo le dijo 
que la dejó en su posada é que iria por ella; é 
ansí, se despidió para ir por la carta; y entre 
tanto vino al aposento de Narvaez el bravo- 
so Salvatierra; y de presto el Padre Fray Bar- 
tolomé de Olmedo llamó á Duero que fuese luego 
en casa del Narvaez para ver dalle la carta, 
que bien sabia ya el Duero della, y aun otros 
capitanes de Narvaez que se habian mostrado 
por Cortés; porque el fraile consigo la traia, 
sino porque tuviesen juntos muchos de los de 



32 BERNAL DÍAZ. 

aquel Real y le oyesen. E luego como vino el 
Padre Fray Bartolomé de Olmedo con la carta, 
se la dio al mismo Narvaez, y dijo: «No se ma- 
raville vuestra merced con ella, que ya Cortés 
andaba desvariando; y sé cierto que si vuestra 
merced le habla con amor, que luego se le dará 
él y todos los que consigo trae.» Dejémonos 
de razones de Fray Bartolomé, que las tenia 
muy buenas, y digamos que le dijeron á Nar- 
váez los soldados y capitanes que leyese la 
carta, y cuando la oyeron, dice que hacían bra- 
muras el Narvaez y el Salvatierra, y los demás 
se reian, como haciendo burla della; y entonces 
dijo el Andrés de Duero: a Ahora yo no sé cómo 
sea esto; yo no lo entiendo; porque este re- 
ligioso me ha dicho que Cortés y todos se le 
darán á vuestra merced, y ¡escribir ahora es- 
tos desvarios!» Y luego de buena tinta también 
le ayudó á la plática al Duero un Agustín Ber- 
mudez/que era capitán é alguacil mayor del 
real de Narvaez, é dijo: «Ciertamente, tam- 
bién he sabido del Padre Fray Bartolomé de Ol- 
medo muy en secreto que como enviase buenos 
terceros, que el mismo Cortés vérnia á verse 
con vuestra merced para que se diese con sus 
soldados; y será bien que envié á su Real, pues 
no está muy lejos, al señor veedor Salvatierra é 
al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos;» y 
esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatier- 
ra. Y respondió el Salvatierra que estaba mal 
dispuesto é que no iria á yer un traidor ; y el 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 33 

padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo. «Se- 
ñor veedor , bueno es tener templanza , pues 
está cierto que le teméis preso antes de muchos 
dias.w Pues concertada la partida del Andrés 
de Duero, parce ser muy en secreto trató el 
Narvaez con el mismo Duero y con tres capita- 
nes que tuviesen modo con el Cortés como se 
viesen en unas estancias é casas de indios' que 
estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, 
é que alli se darían conciertos donde habíamos 
de ir con Cortés á poblar y partir términos , y 
en las vistas le prenderia ; y para ello tenia ya 
hablado el narvaez á veinte soldados de sus 
amigos; lo cual luego supo fray Bartolomé del 
Narvaez c del Andrés de Duero , y avisaron á 
Cortés de todo. Dejemos al fraile en el real de 
Narvaez, que ya se habia hecho muy amigo y 
pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Ol- 
medo y el Salvatierra de Burgos , y comia con 
él cada dia. E digamos de Andrés de Duero, 
que quedaba apercibiéndose para ir á nuestro 
real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, 
nuestro soldado , porque el Narvaez no alcan- 
zase á saber del lo que pasaba ; y diré lo que en 
nuestro real hicimos. 



34 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO CXVIII. 



COMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOL- 
DADOS QUE ÉRAMOS , Y CÓMO TRAJERON DUCIENTAS 
Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS, CON UNOS HIEKROS 
DE COBRE CADA UNA , QUE CORTES HABÍA MANDADO 
HACER EN UNOS PUEBLOS QUE SE DICEN LOS CHICHI- 
NATECAS-, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO HABÍAMOS DE 
JUGAR DELLAS PARA DERROCAR La GENTE DE Á CA- 
BALLO QUE TENIA NARVAEZ , Y OTRAS COSAS QUE EN 
EL REAL PASARON. 



Volvamos á decir algo atrás de lo dicho , y lo 
que más pasó. Asi como Cortés tuvo noticia del 
armada que traia Narvaez, luego despachó un 
soldado que habia estado en Italia, bien diestro 
de todas armas, y mas de jugar una pica, y le 
envió á una provincia que se dice los chichina- 
tecas, junto adonde estaban nuestros soldados 
los que fueron á buscar minas; porque aquellos 
de aquella provincia eran muy enemigos de los 
mejicanos é pocos dias habia que tomaron nues- 
tra amistad, é usaban por armas muy grandes 
lanzas, mayores qué las nuestras de Castilla, 
con dos brazas de pedernal é navajas; y envió- 
les á rogar que luego le trajesen á do quiera 
que estuviesen trescientas dellas, é que les qui- 
tasen las navajas, éque pues tenían mucho co- 
bre, que les hiciesen á cada una dos hierros, y 
llevó el soldado la manera cómo habían de ser 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 35 

los hierros; y como llegó, de presto buscaron las 
lanzas é hicieron los hierros; porque en toda la 
provincia á aquella sazón habia cuatro ó cinco 
pueblos, sin muchas estancias, y las recojieron, 
é hicieron los hierros muy mas perfectamente 
que se los enviamos á mandar; y también man- 
dó á nuestro soldado, que se decia Tovilla, que 
les demandase dos mil hombres de guerra, é que 
para el dia de Pascua del Espíritu Santo viniese 
con ellos al pueblo de Panguenequita, que ansí 
se decia, ó que preguntase en qué parte estába- 
mos, é que todos dos mil hombres trajesen lan- 
zas; por manera que el soldado se los demandó, 
é los caciques dijeron que ellos venian con la 
gente de guerra; y el soldado se vino luego con 
obradeducientos indios, que trajeron las lanzas, 
y con los demás indios de guerra quedó para 
venir con ellos otro soldado de los nuestros, que 
se decia Barrientos; y este Barrientos estaba en 
la estancia y minas que descubrían , ya otra vez 
por mí nombradas, y alli se concertó que había 
de venir de la manera que está dicho á nuestro 
real; porque seria de andadura diez ó doce le^ 
guas de lo uno á lo otro. Pues venido el nuestro 
soldado Tovilla con las lanzas, eran muy extre- 
madas de buenas ; y asi , se daba orden y nos 
imponía el soldado é nos mostraba á jugar con 
ellas, y cómo nos habíamos de haber con los de 
á caballo, é ya teníamos hecho nuestro alarde y 
copia y memoria de todos los soldados y capita- 
nes de nuestro ejército, y hallamos ducientos y 



36 RERNAL DÍAZ. 

•eis, contados atambor é pífaro , sin el fraile , y 
con cinco de á caballo y dos artilleros y pocos 
ballesteros y menos escopeteros ; y á lo que tu- 
vimos ojo , para pelear con Narvaez , eran las 
picas, y fueron muy buenas, como adelante ve- 
rán; y dejemos de platicar más en el alarde y 
lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero , que 
envió Narvaéz á nuestro real , é trujo consigo á 
nuestro soldado Usagre y dos indios naborías de 
Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y 
Duero, según después alcanzamos á saber. 



CAPITULO CX1X. 



COMO VINO ANDRÉS DE DUERO A NUESTRO REAL Y EL 
SOLDADO USAGRE Y DOS INDIOS DE CUBA, NABORÍAS 
DEL DUERO , Y QUIEN ERA EL DUERO Y A LO QUE 
VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE 
CONCERTÓ. 



Y es desta manera , que tengo de volver muy 
atrás á recitar lo pasado. Ya he dicho en los 
capítulos más adelante destos que cuando está- 
bamos en Santiago de Cuba , que se concertó 
Cortés con Andrés de Duero y con un contador 
del Rey , que se decia Amador de Lares , que 
eran grandes amigos del Diego Velazquez , y el 
Puero era su secretario , que tratase con el 



CONQUISTA DE NUE VA-E8PAN A . Sf 

Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés ca- 
pitán genGrai para venir en aquella armada , y 
que partiria con ellos todo el oro y plata y jo- 
yas que le cupiese de su parte de Cortés ; y 
como el Andrés de Duero vio en aquel instante 
á Cortés, su compañero , tan rico y poderoso , y 
so color que venia á poner paces y á favorecer 
á Narvaez , y en lo que entendió era á deman- 
dar la parte de la compañía , porque ya el otro 
su compañero Amador de Lares era fallecido; 
y como Cortés era sagaz y manso, no solamente 
le prometió de dalle gran tesoro, sino que tam- 
bién le daria mando en toda la armada , ni 
más ni menos que su propia persona , y que, 
después de conquistada la Nueva-España , le 
daria otros tantos pueblos como á él , con tal 
que tuviese concierto con Agustín Bermudez, 
que era alguacil mayor del real de Narvaez , y 
con otros caballeros que aqui no nombro , que 
estaban convocados para que en todo caso fue- 
sen en desviar al Narveez para que no saliese 
con la vida é con honra y le desbaratase; y co- 
mo á Narvaez tuviese muerto ó preso , y des- 
hecha su armada , que ellos quedarían por se- 
ñores y partirían el oro y pueblos de la Nueva- 
España; y para más le atraer y convocar á lo 
que dicho tengo, le cargó de oro sus dos indios 
de Cuba; y según pareció, el Duero se lo prome- 
tió, y aun ya se lo habia prometido el Agustín 
Bermudez por firmas y cartas; y también envió 
Cortés al Bermudez y á un clérigo que se decía 



38 BERNÁL DÍAZ. 

Juan de León, y al clérigo Guevara, que fué el 
que primero envió Narvaez, y otros sus amigos, 
muchos tejuelos y joyas de oro, y les escribió lo 
que le pareció que le convenía, para que en todo 
le ayudasen; y estuvo el Andrés de Duero en 
nuestro real el dia que llegó hasta otro dia des- 
pués de comer, que era dia de pascua de Espíri- 
tu Santo, y comió con Cortés y estuvo hablando 
con él en secreto buen rato; y cuando hubieron 
comido se despidió el Duero de todos nosotros, 
así capitanes como soldados, y luego fué á ca- 
ballo otra vez adonde Cortés' estaba , y dijo: 
«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero 
ir;» y respondióle: «Que vaya con Dios, y mire, 
señor Andrés de Duero., que haya buen concier- 
to de lo que tenemos platicado; sino, en mi con- 
ciencia (que así juraba Cortés), que antes de 
tres dias con todos mis compañeros seré allá en 
vuestro real, y al primero que le eche lanza se- 
rá á vuestra merced si otra cosa siento al con- 
trario de lo que tenemos hablado.» Y el Duero 
se rió, y dijo: »No faltaré en cosa que sea contra- 
rio de servir á vuestra merced;» y luego se fué, 
y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que 
Cortés y todos los que estábamos con él sentia 
estar de buena voluutad para pasarnos con el 
mismo Narvaez. Dejemos de hablar deso del 
Duero, y diré cómo Cortés luego mandó llamar 
á un nuestro capitán que se dice Juan Velazquez 
de León, persona de mucha cuenta y amigo de 
Cortés, y era pariente muy cercano delgoberna- 



CONQUISTA DE (NUEVA-ESPAÑA. 39 

dor de Cuba Diego Velazquez; y á lo que siem- 
r pre tuvimos creído, también le tenia Cortés con- 
vocado y atraido á si con grandes dádivas y 
ofrecimientos que le daria mando en la Nueva- 
España y leharia su igual; porque el Juan Ve- 
lazquez siempre se mostró muy gran servidor y 
verdadero amigo, como adelante verán. Y cuan- 
do hubo venido delante de Cortés y hecho su 
acato, le dijo: «¿Qué manda vuestra merced?» Y 
Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso 
y con la risa en la boca, le dijo medio riendo: 
«A lo que, señor Juan Velazquez, le hice lla- 
mar es, que me dijo Andrés de Duero que dice 
Narvaez , y en todo su real hay fama , que 
si vuestra merced va allá, que luego yo soy des- 
hecho y desbaratado , porque creen que se ha 
de hacer con Narvaez ; y á esta causa he acor- 
dado que por mi vida , si bien me quiere , que 
. luego se vaya en su buena yegua rucia , y que 
lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy 
pesada cadena de oro), y otras cositas que yo 
le daré, que dé allá por mía quien yo le dijere; 
y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará 
al hombro, y. otra cadena que pesa más que ella 
llevará con dos vueltas , y allá verá qué le quie- 
re Narvaez ; y en viniendo que se venga, luego 
irán allá el Sr. Diego de Ordás , que le desean 
ver en su real , como mayordomo que era del 
. Diego Velazquez.» Y el Juan Velazquez respon- 
dió que él haría lo que su merced mandaba, más 
que su oro ni cadenas que no las llevaría con- 



40 fcÉRNAE DÍAZ. 

sigo, salvo lo que le diese para^ dar* £ quien 
mandase ; porque donde su persona estfiiViere, 
es para le siempre servir, más que cuanto oro ni 
piedras de diamantes puede haber. «Ansí lo 
tengo yo creído, dijo Cortés, y con esta confian- 
za , señor , le envió ; mas si no lleva todo su oro 
y joyas, como le mando, no quiero que Vaya 
allá.» Y el Juan Velazquez respondió: «Hágase 
lo que vuestra merced mandare;» y no quiso lle- 
var las joyas, y Cortés allí le habló secretamen- 
te, y luego se partió; y llevó en su compañía á 
un mozo de espuelas de Cortés para que le sir- 
viese, que se decia Juan del Rio. Y dejemos des- 
ta partida de Juan Velazquez, que dijeron que 
lo envió Cortés por descuidar á Nárvaez, y vol- 
vamos á decir lo que en nuestro real pasó: que 
dende á dos horas que se partió el Juan Velaz- 
quez, mando Cortés tocar el atambor á Canillas, 
que ansi se llamaba nuestro atambor, y á Benito 
de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tambo- 
rino, y mandó á Gonzalo de Sandoval/ que era 
capitán y alguacil mayor, que llamase á todos 
los soldados, y comenzásemos á marchar luego á 
paso largo camino de Cempoal; é yendo por 
nuestro camino se mataron dos puercos de la 
tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y 
dijimos muchos soldados que era señal de vitoria; 
y dormimos en un repecho cerca de un riachue- 
lo, y sendas piedras por almohadas, como lo te- 
níamos por costumbre, y nuestros corredores del 
campo adelante , y espías y rondas; y cubado 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 41 

amaneció, caminamos por nuestro camino dere- 
cho, y fuimos ahora de mediodía aun rio, adon- 
de está ahora poblada la villa rica de la Vera- 
cruz, donde desembarcan las barcas con merca- 
derías que vienen de Castilla; porque en aquel 
tiempo estaban pobladas junto al rio unas casas 
de indios y arboledas; y como en aquella tierra 
hace grandísimo sol, reposamos allí, como di- 
cho tengo, porque traíamos nuestras armas y 
picas. Y d jemos ahora de más caminar, y diga- 
mos lo que al Juan Velazquez de León le avino 
con Narvaez y con un su capitán que también 
se decía Diego Velazquez, sobrino del Velaz- 
quez, gobernador de Cuba. 



CAPITULO CXX. 



CÓMO LLEGÓ JUAN VELAZQUEZ DE LEÓN Y EL MOZO DE 
ESPUELAS QUE SE DECÍA JUAN DEL RIO AL REAL DÉ 
NARVAEZ, Y LO QUE EN EL PASÓ. 



Ya he dicho cómo envió Cortés al Juan Velaz- 
quez de León y al mozo de espuelas para que 
le acompañase á Cempoal, y á ver lo que Nar- 
vaez quería , que tanto deseo tenia de tenello 
en su compañía ; por manera que ansí como par- 
tieron de nuestro real se dio tanta prisa en el 




42 BERNAL DÍAZ. 

camino , y fué'amanecer á Cempoal , y se fué á 
apear el Juan Velazquez en casa del cacique 
gordo , porque el Juan del Rio no tenia caballo, 
y desde allí se /an á pié á la posada de Narvaez. 
Pues como los indios de Cempoal le conocieron, 
holgaron de le ver y hablar , y decian á voces á 
unos soldados de Narvaez que allí posaban en 
casa del cacique gordo , que aquel era Juan 
Velazquez de León, capitán de Malinche; y ansí 
como lo oyeron los soldados, fueron corriendo á 
demandar albricias á Narvaez cómo habia veni- 
do Juan Velazquez de León, y antes que el Juan 
Velazquez llegase á la posada del Narvaez, 
que ya le iba á le hablar , como de repente 
supo el Narvaez su venida , le salió á rece- 
bir á la calle , acompañado de ciertos solda- 
dos , donde se encontraron el Juan Velazquez y 
el Narvaez , y se hicieron muy grandes acatos, 
y el Narvaez abrazó al Juan Velazquez , y le 
mandó sentar en una silla t que luego trajeron 
sillas cerca de sí , y le dijo que por qué no se 
fué á apear á su posada ; y mandó á sus criados 
que le fuesen luego por el caballo y fardaje, si 
le llevaba, porque en su casa y caballeriza y po- 
sada cstaria ; y Juan Velazquez dijo que luego 
se queria volver, que no venia sino á besalie las 
manos, y á todos los caballeros de su real, y 
para ver si podia dar concierto que su merced y 
Cortés tuviesen paz y amistad. Entonces dicen 
que el Narvaez apartó al Juan Velazquez, y le 
comenzó á decir airado cómo que tales palabras 



CONQUISTA DK NUEVA-ESPAÑA. 43 

le habia de decir de tener amistad ni paz con un 
traidor que se alzó á su primo Diego Valazquez 
con la armada. Y el Juan Velazquez respondió 
que Cortés no era traidor, sino buen servidor de 
su majestad, y que ocurrir á nuestro Rey y se- 
ñor, como envió é ocurrió, no se le ha de atribuir 
á traición, y que le suplica que delante del no 
se diga tal palabra. Y entonces el Narvaez le 
comenzó á hacer grandes prometimientos que se 
quedase con él, y que concierte con los de Cor- 
tés que se le den y vengan luego á se meter en 
su obediencia, prometiéndole conjuramento que 
sería en todo su real el más preeminente capitán, 
y en el mando segunda persona; y el Juan Ve- 
lazquez respondió que mayor traición haria él 
en dejar al capitán que tiene jurado en la guer- 
ra y desamparallo, conociendo que todo lo que 
ha hecho en la Nueva-España es en servicio de 
Dios nuestro Señor y de su majestad ; que no 
dejará de acudir á Cortés, como acudía nuestro 
Rey y señor, y que le suplica que no hable más 
en ello. En aquella sazón habían venido á ver á 
Juan Velazquez todos los más principales capi- 
tanes del real de Narvaez, y le abrazaban con 
gran cortesía, porque el Juan Velazquez era 
muy de palacio y de buen cuerpo, membrudo, y 
de buena presencia y rostro y la barba muy bien 
puesta, y llevaba una cadena muy grande de oro 
echada al hombro, que le daba vueltas debajo 
el brazo, y parecíale muy bien, como bravoso y 
buen capitán. Dejemos deste buen parecer de 



44 BERNAL DÍAZ. 

Juan Velazquez y cómo le estaban mirando to- 
dos ios capitanes de Narvaez, y aun nuestro Pa- 
dre fray Bartolomé de Olmedo también le vino 
á ver y en secreto hablar, y ansimismo el An- 
drés de Duero y el alguacil mayor Bermudez, y 
parece ser que en aquel instante ciertos capita- 
nes de Narvaez, que se decían Gamarra y un 
Juan Yuste, y un Juan Bono de Quejo, vizcaíno, 
y Salvatierra el bravoso, aconsejaron al Narvaez 
que luego prendiese al Juan Velazquez, porque 
les pareció que hablaba muy sueltamente en fa- 
vor de Cortés ; é ya que había mandado el Nar- 
vaez secretamente á sus capitanes y alguaciles 
que le echasen preso, súpolo Agustin Bermudez 
y el Andrés de Duero, y el Padre fray Bartolo- 
mé de Olmedo y un Clérigo que se decía Juan 
de León, y otras personas que se habían dado 
por amigos de Cortés,, y dicen al Narvaez que 
se maravillan de su merced querer mandar pren- 
der al Juan Velazquez de Léon,que ¿qué puede 
hacer Cortés contra él, aunque tenga en su com- 
pañía otros cien Juan Velazquez? Y que mire la 
honra y acatos que hace Cortés á todos los que 
de su real han ido, que les sale á recebir y á 
todos les da oro y joyas, y vienen cargados 
como abejas á las colmenas, y de otras cosas de 
mantas y mosqueadores, y que á Andrés de Due- 
ro y al Clérigo Guevara, y á Amayay á Vergara 
el escribano, y á Alonso de Mata y otros que 
han id© á su real , bien los pudiera prender y no 
)o hizo ; antes, como dicho tienen, les hace mu- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 45 

cha honra , y que será mejor que le torne á ha- 
blar al Juan Velazquez con mucha cortesía, y le 
convide á comer para otro dia ; por manera que 
al Navaez le pareció bien el consejo , y luego le 
tornó á hablar con palabras muy amorosas para 
que fuese tercero en que Cortés se le diese con 
todos nosotros , y le convidó para otro dia á 
comer ; y el Juan Velazquez respondió que él 
haria lo que pudiese en aquel caso; más que te- 
nia á Cortés por muy porfiado y cabezudo en 
aquel negocio , y que seria mejor que partiesen 
las provincias , y que escogiese la tierra que 
más su merced quisiese ; y esto decia el Juan 
Velazquez por le amansar ; y entre aquellas 
pláticas llegóse al oido de Narvaez el padre fray 
Bartolomé de Olmedo, y le dijo, como su priva- 
do y consejero que ya le habia hecho : «Mande 
vuestra merced hacer alarde de toda su artille- 
ría y caballos y escopeteros y ballesteros y sol- 
dados , para que lo vea el Juan Velazquez de 
León y el mozo de espuelas Juan del Rio, para 
que Cortés tema vuestro poder é gente , y se 
venga á vuestra merced aunque le pese;» y esto 
lo dijo fray Bartolomé de Olmedo como por vía 
de su muy gran servidor y amigo, y por hacelle 
que trabajasen todos los de á caballo y soldados 
en su real. Por manera que por dicho de nues- 
tro fraile hizo hacer alarde delante el Juan Ve- 
lazquez de León y el Juan del Rio, estando pre- 
sente nuestro religioso ; y cuando fué acabado 
de hacer dijo el Juan Velazquez al Narvaez; 



46 BBKNAL DÍAZ. 

«Gran pu janea trae vuestra merced ; Dios se 1*» 
acreciente.» Entonces dijo el Narvaez: «Ahí verá 
vuestra merced que si quisiera haber ido contra 
Cortés le hubiera traido preso , y á cuantos es- 
tais con é!.» Entonces respondió el Juan Velaz- 
quez y dijo: «Téngale vuestra merced por tal, y 
á los soldados que con él estamos , que sabre- 
mos muy bien defender nuestras personas ,i» y 
ansí cesaron las pláticas; y otro dia llevóle con- 
vidado á comer al Juan Velazquez , como dicho 
tengo , y comia con el Narvaez un sobrino del 
Diego Velazquez , gobernador de Cuba, que 
también era su capitán ; y estando comiendo, 
tratóse plática de cómo Cortés no se daba al 
Narvaez , y de la carta y retjuirimientos que le 
enviamos, y de unas palabras en otras, desman- 
dóse el sobrino de Diego Velazquez , que tam- 
bién se decia Diego Velazquez como el tio , y 
dijo que Cortés y todos los que con él estába- 
mos éramos traidores , pues no se venian á so- 
meter ai Narvaez ; y el Juan Velazquez cuando 
lo oyó se levantó en pié de la silla en que esta- 
ba , y con mucho acato dijo : «Señor capitán 
Narvaez, ya he suplicado á vuestra merced que 
no se consienta que se digan palabras tales 
como estas que dicen de Cortés ni de ninguno 
de los que con él estamos , porque verdadera- 
mente son mal dichas , decir mal de nosotros, 
que tan lcalmente hemos servido á su majes- 
tad ;» y el Diego Velazquez respondió que eran 
bien dichas , y pues volvía por un traidor , que 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPANA. 47 

traidor debia de ser y otro tal como él , y que 
no era de los Velazquez buenos ; y el Juan Ve- 
lazquez , echando mano á su espada , dijo que 
mentia; que era mejor caballero que no él, y de 
los buenos Velazquez , mejores que no él ni su 
tio, y que se lo haria conocer si el señor capitán 
Narvaez les daba licencia ; y como habia allí 
muchos capitanes , ansí de los de Narvaez y al- 
gunos de los de Cortés t se metieron en medio, 
que de hecho le iba á dar el Juan Velazquez 
una estocada ; y aconsejaron al Narvaez que 
luego le mandase salir de su real ¡¡ ansí á él 
como al padre fray Bartolomé de Olmedo é á 
Juan del Rio ; porque á lo que sentian , no ha- 
dan provecho ninguno, y luego sin más dila- 
ción les mandaron que se fuesen ; y ellos , que 
no veian la hora de verse en nuestro real , lo 
pusieron por obra. E dicen que el Juan Velaz- 
quez yendo á caballo en su buena yegua y su 
cota puesta, que siempre andaba con ella y con 
su capacete y gran cadena de oro , se fué á des- 
pedir del Narvaez, y estaba allí con el Narvaez, 
el mancebo Diego Velazquez , el de la brega, y 
dijo al Narvaez : «¿Qué manda vuestra merced 
para nuestro Real?» Y respondió el Narvaez, 
muy enojado , que se fuese , é que valiera más 
que no hubiera venido; y dijo el mancebo Diego 
Velazquez palabras de amenaza é injuriosas á 
Juan Velazquez y le respondió á ellas el Juan 
Velazquez de León que es grande su atrevi- 
miento , y digno de castigo por aquellas pala- 



48 BEftNAL DÍAZ. 

bras que le dijo ; y echándose mano á la barba, 
le dijo : aPara estas , que yo vea antes de mu- 
chos dias si vuestro esfuerzo es tanto como 
vuestro hablar;» y como venían con el Juan Ve- 
lazquez seis ó siete de los del real de Narvaez, 
que ya estaban convocados por Cortés , que le 
iban á despedir , dicen que trabaron del como 
enojados, y le dijeron: «Vayase ya y no cure de 
más hablar;» y ai í se despidieron, y á buen an- 
dar de sus caballos se van para nuestro real, 
porque luego le avisaron á Juan Velazquez que 
el Narvaez los quería prender y apercebia mu- 
chos dea caballo que fuesen tras ellos; é vinien- 
do su camino , nos encontraron al rio que dicho 
tengo , que está ahora cabe la Veracruz ; y es- 
tando que estábamos en el rio por mí ya nom- 
brado , teniendo la siesta , porque en aquella 
tierra hace mucho calor y muy recia ; porque, 
como caminábamos con todas nuestras armas á 
cuestas y cada uno con una pica, estábamos 
cansados ; y en este instante vino uno de nues- 
tros corredores del campo á dar mandado á 
Cortés que vian venir buen rato de allí dos ó 
tres personas de á caballo, y luego presumimos 
que serian nuestros embajadores Juan Velaz- 
quez de León y fray Bartolomé de Olmedo y 
Juan del Rio; y como llegaron adonde estába- 
mos , ¡ qué regocijos y alegrías tuvimos todos! 
Y Cortés , ¡ cuántas caricias y buenos comedi- 
mientos hizo al Juan Velazquez y á fray Barto- 
lomé d<? Olmedo! Y tenia razón, porque le fue- 



CÓNOUÍSTA DE HUÉVA-ESPANA. 49 

ron muy servidores; y allí contó el Juan Velaz- 
quez paso por por paso todo lo atrás por mí 
dicho que les acaeció con Narvaez, y cómo en- 
vió secretamente á dar las cadenas y tejuelos 
de oro á las personas que Cortés mandó. Pues 
oír de nuestro fraile, como era muy regocijado, 
sabíalo muy bien representar, cómo se hizo muy 
servidor del Narvaez , y que por hacer burla 
del le aconsejó que hiciese el alarde y sacase 
su artillería , y con qué astucia y mañas le dio 
la carta ; pues cuando contaba lo que le acaeció 
con el Salvatierra y se le hizo muy pariente, 
siendo el fraile de Olmedo y el Salvadera ade- 
lante de Burgos , y de los fiaros que le decia el 
Salvatierra que habia de hacer y acontecer en 
prendiendo á Cortés y á todos nosotros, y aun se 
le quejó de lo*s soldados que le hurtaron su ca- 
ballo y el de otro capitán; y todos nosotros nos 
holgamos de lo oir, como si fuéramos á bodas y 
regocijo, y sabíamos que otro día habíamos do 
estar en batalla; y que habíamos de vencer ó 
morir en ella, siendo como hermanos, ducientos 
y sesenta y seis soldados, y los de Narvaez cinco 
veces más que nosotros. Volvamos á nuestra re- 
lación, y es que luego caminamos todos para 
Cempoal, y fuimos á dormir á un riachuelo, adon- 
de está ahora una estancia de vacas. Y dejallo 
he aquí, y diré lo que se hizo en el real de Nar- 
vaez después quí vinieron el Juan VeJazquez y 
el fraile y Juan del Rio, y luego volveré á con- 
tar lo que hicimos en nuestro real, porque en un 
7 • .: v 



50 BERNA L DÍAZ. 

instante acontecen dos ó tres cosas, y por fuer- 
za he de dejar las unas por contar lo que más 
viene á propósito desta relación. 



CAPITULO CXXI. 



DE LO QUE SE HIZO EN EL REAL DE NARVAEZ DESPUÉS 
QUE DE ALLÍ SALIERON NUE8TROS EMBAJADORES. 



Pareció ser que como se vinieron el Juan Ve* 
lazquez y el fraile é Juan del Rio, dijeron al 
Narvaez sus capitanes que en su real sentían 
que Cortés había enviado muchas joyas de oro, 
y que tenia de su parte amigos en el mismo real, 
y que seria bien estar muy apercebido y avisar 
á todos sus soldados que estuviesen con sus ar- 
mas y caballos prestos; y demás desto, el caci- 
que gordo, otras veces por mí nombrado, temia 
mucho á Cortés, porque había consentido que 
Narvaez tomase las mantas y oro é indias que le 
tomó; y siempre espiaba sobre nosotros en qué 
parte dormíamos, por qué camino veníamos, 
porque así se lo habia mandado por fuerza el 
Narvaez; y como supo que ya llegábamos cerca 
de Cempoal, le dijo al Narvaez el cacique gordo: 
«¿Qué hacéis, que estáis muy descuidado? ¿Pen- 
sáis que Malinche y los teules que trae consigo 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 51 

que son así como vosotros? Pues yo os digo que 
cuando no os catáredes será aquí y os matará;» 
y aunque hacían burla de aquellas palabras que 
el cacique gordo les dijo, no dejaron de se aper- 
cebir, y la primer cosa que hicieron fué prego- 
nar guerra contra nosotros á fuego y sangre y á 
toda ropa franca; lo cual supimos de un soldado 
que llamaban el Galleguillo, que se vino huyen- 
do aquella noche del real de Narvaez, ó le envió 
el Andrés de Duero, y dio aviso á Cortés de lo 
del pregón y de otras cosas que convino saber. 
Volvamos á Narvaez, que luego mandó sacar 
toda su artillería y los de á caballo, escopeteros 
y ballesteros y soldados á un campo, obra de 
un cuarto de legua de Cempoal, para allí nos 
aguardar y no dejar ninguno de nosotros que 
no fuese muerto ó preso; y como llovió mucho 
aquel dia, estaban ya los de Narvaez hartos 
de estar aguardándonos al agua; y como no 
estaban acostumbrados á aguas ni trabajos, y no 
nos tenían en nada sus capitanes, le aconsejaron 
que se volviesen á los aposentos, y que era 
afrenta estar allí, como estaban, aguardando á 
dos ó tres, y es que decían que éramos, y que 
asestase su artillería delante de sus aposentos, 
que era diez y ocho tiros gruesos, y que estuvie- 
sen toda la noche cuarenta dea caballo esperan- 
do en el camino pordó habíamos de venir á Cem- 
poal, y que tuviese al paso del rio, que era por 
donde habíamos de pasar, sus espías, que fue- 
sen buenos hombres de á caballo y peones lige- 



52 RÉRNAL DÜZ. 

ros para dar mandado, y que en los patios de 
los aposentos de Narvaez anduviesen toda la 
noche veinte de á caballo; y este concierto que 
!e dieron fué por hacelle volver á los aposentos; 
y más le decían sus capitanes; «Pues ¡cómo, 
Señor! ¿Portal tiene á Cortés, que se ha de 
atrever con unos gatos que tiene á venir á este 
real, por el dicho deste indio gordo? No lo crea 
vuestra merced, sino que echa aquellas algara- 
das y muestras de venir porque vuestra mer- 
ced venga á buen concierto con él;» por manera 
que así como dicho tengo se volvió Narvaez á 
su real, y después de vuelto, públicamente pro- 
metió que quien matase á Cortés ó á Gonzalo 
de Sandoval que le daria dos mil pesos; y luego 
puso espías al rio á un Gonzalo Carrasco, que 
vive ahora en la Puebla, y al otro que se decia 
Fulano Hurtado; el nombre y apellido y señal 
secreta que dio cuando batallasen contra nos- 
otros en su real habia de ser Santa María, San- 
ta María; y demás deste concierto que tenían 
hecho, mandó Narvaez que en su aposento dur- 
miesen muchos soldados, así escopeteros como 
ballesteros, y otros con partesanas, y otros tan- 
tos mandó que estuviesen en el aposento del 
veedor Salvatierra, y Gamarra, y del Juan Bo- 
no. Ya he dicho el concierto que tenia Narvaez 
en su real, y volveré á decir la orden que se dio 
en el nuestro. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 53 

CAPITULO CXXII. 



DEL CONCIERTO Y ORDEN QUE SE DIO EN NUESTRO REAL 
PARA IR CONTRA NARVAEZ, Y EL RAZONAMIENTO 
QUE CORTÉS NOS HIZO, Y LO QUE RESPONDIMOS. 



Llegados que fuimos al riachuelo que ya he 
dicho, que estará obra de una legua de Gempoal, 
y habia allí unos buenos prados, después de ha- 
ber enviado nuestros corredores del campo, per- 
sonas de confianza, nuestro capitán Cortés á 
caballo nos envió á llamar, así á capitanes como 
á todos los soldados, y de que nos vio juntos 
dijo que nos pedia por merced que callásemos; 
y luego comenzó un parlamento por tan lindo 
estilo y plática, tan bien dichas cierto otras pa- 
labras mas sabrosas y llenas de ofertas, que yo 
aquí no sabré escribir; en que nos trajo ala me- 
moria desde que salimos de la isla de Cuba, con 
todo lo acaecido por nosotros hasta aquella sa- 
zón, y nos dijo: «Bien saben vuestras mercedes 
que Diego Velazquez, gobernador de Cuba, me 
eligió por capitán general, no porque entre 
vuestras mercedes no habia muchos caballeros 
que eran merecedores dello; y saben que creís- 
teis que veníamos á poblar, y así se publicaba y 
pregonó; y según han visto, enviaba á rescatar; 
y saben lo que pasamos sobre que me quería 



54 BERNAL DÍAZ. 

volver á la isla de Cuba á dar cuenta á Diego 
Velazquez del cargo que me dio, conforme á su 
instrucción; pues vuestras mercedes me man- 
dastes y requeristes que poblásemos esta tier- 
ra en nombre de su majestad, como, gracias 
á nuestro Señor, la tenemos poblada, y fué 
cosa cuerda ; y demás desto , me hicistes 
vuestro capitán general y justicia mayor de- 
lia, hasta que su majestad otra cosa sea ser- 
vido mandar. Como ya he dicho , entre al- 
gunos de vuestras mercedes hubo algunas 
pláticas de tornar á Cuba, que no lo quiero 
más declarar, pues á manera de decir, ayer pa- 
só, y" fué muy santa y buena nuestra quedada, y 
hemos hecho á Dios y á su majestad gran ser- 
vicio, que esto claro está; ya saben lo que pro- 
metimos en nuestras cartas á su majestad, des- 
pués de le haber dado cuenta y relación de to- 
dos nuestros hechos, que punto no quedó, é que 
aquesta tierra es de la manera que hemos visto 
y conocido della, que es cuatro veces mayor 
que Castilla, y de grandes pueblos y muy rica 
de oro y ininas, y tiene cerca otras provincias; 
y cómo enviamos á suplicar á su majestad que 
no la diese en gobernación ni de otra cualquiera 
manera á persona ninguna; y porque creíamos 
y tCDÍamos por cierto que el Obispo de Burgos 
don Juan Rodríguez de Fonseca, que era en 
aquella sazón presidente de Indias y tenia mu- 
cho mando, que la demandaría á su majestad 
para el Diego Velazquez ó algún pariente ó ami- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 55 

go del Obispo, porque esta tierra es tal y tan 
buena para dar á un Infante ó gran señor, que 
teníamos determinado de no dalle á persona 
ninguna hasta que su majestad oyese á nues- 
tros procuradores, y nosotros viésemos su Real 
firma, é vista, que con lo que fuere servido man- 
dar los pechos por tierra; y con las cartas ya 
sabian que enviamos y servimos á su majestad 
con todo el oro y plata, joyas é todo cuanto te- 
níamos habido;» y más dijo: «Bien se les acor- 
dará, señores, cuántas veces hemos llegado á 
punto de muerte en las guerras y batallas que 
hemos habido. Pues no hay que traellas á la 
memoria, que acostumbrados estamos de traba- 
jos y aguas y vientos y algunas veces hambres, 
y siempre traer las armas á cuestas y dormir por 
los suelos, asi nevando como lloviendo, que si 
miramos en ello, los cueros tenemos ya curtidos 
de los trabajos. No quiero decir de más de cin- 
cuenta de nuestros compañeros que nos han 
muerto en las guerras, ni de todos vuestras 
mercedes como estáis entrapajados y mancos de 
heridas que aun están por sanar; pues que les 
quería traer á la memoria los trabajos que tra- 
jimos por la mar y las batallas de Tabasco, y los 
que se hallaron en lo de Almería y lo de Cin- 
gapacinga, y cuántas veces por las sierras y ca- 
minos nos procuraban quitar las vidas. Pues en 
las batallas de Tlascala en qué punto nos pu- 
sieron y cuáles nos traían; pues la de Cholula 
ya tenian puestas las ollas para comer nuestros 



50 BERNA L DÍAZ. 

cuerpos; pues á la subida de los puertos no se 
les habia olvidado los poderes que tenia Monte- 
zuma para no dejar ninguno de nosotros, y bien 
vieron los caminos todos llenos de pinos y árbo- 
les cortados; pues los peligros de la entrada y 
estada en la gran ciudad de Méjico, cuántas ve- 
ces teníamos la muerte al ojo, ¿quién los podrá 
ponderar? Pues vean los que han venido de 
vuestras mercedes dos veces primero que no yo, 
la una con Francisco Hernández de Córdoba y 
la otra con Juan de Grijalva, los trabajos, ham- 
bres y sedes, heridas y muertes de muchos sol- 
dados que en descubrir aquestas tierras pasas- 
tes, y todo loque en aquellos dos viajes habéis 
gastado de vuestras haciendas;» y dijo que no 
quería contar otras muchas cosas que tenia por 
decir por menudo, y no habría tiempo para aca- 
balio de platicar, porque era tarde y venia la no- 
che; y más dijo: «Digamos ahora, señores: Pan- 
filo de Narvaez viene contra nosotros con mu- 
cha rabia y deseo de nos haber á las manos, y 
no habían desembarcado, y nos llamaban de 
traidores y malos; y envió á decir al gran Mon- 
tezuma, no palabras de sabio capitán, sino de 
alborotador; y demás desto, tuvo atrevimiento 
de prender á un oidor de su majestad, que por 
sólo este delito es digno de ser castigado. Ya ha- 
brán oído cómo han pregonado en su real guer- 
ra contra nosotros á ropa franca, como si fuéra- 
mos moros.» Y luego, después de haber dicho 
esto Cortés, comenzó á sublimar nuestras per- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 57 

sonas y esfuerzos en las guerras y batallas pa- 
sadas,» y que entonces peleábamos por salvar 
nuestras vidas, y que ahora hemos de pelear 
con todo vigor por vida y honra, pues nos vie- 
nen á prender y echar de nuestras casas y robar 
nuestras haciendas; y demás desto. que no sa- 
bemos si trae provisiones de nuestro Rey y se- 
ñor, salvo favores del Obispo de Burgos, nues- 
tro contrario; y si por ventura caemos debajo 
de sus manos de Narvaez (lo cual Dios no per- 
mita), todos nuestros servicios, que hemos he- 
cho á Dios primeramente y á su majestad, tor- 
narán en deservicios, y harán procesos contra 
nosotros, y dirán que hemos muerto y robado y 
destruido la tierra, donde ellos son los robado- 
res y alborotadores y deservidores de nuestro 
Rey y señor; dirán que le han servido, y pues 
vemos por los ojos todo lo que he dicho, y como 
buenos caballeros somos obligados á volver por 
la honra de su majestad y por las nuestras, y por 
nuestras casas y haciendas; y con esta intención 
salí de Méjico, teniendo confianza en Dios y de 
nosotros; que todo lo ponia en las manos de 
Dios primeramente, y después en las nuestras; 
que veamos lo que nos parece.» Entonces res- 
pondimos, y también juntamente con nosotros 
Juan Velazquez de León y Francisco de Lugo 
'y otros capitanes, que tuviese por cierto que, 
mediante Dios, habíamos de vencer ó morir so- 
bre ello, y que mirase no le convenciesen con 
partidos, porque si alguna cosa hacia fea, le d%+- 
8 



58 BERNAL DÍAZ. 

riamos de estocadas. Entonces, como vio nues- 
tras voluntades, se holgó mucho, y dijo que con 
aquella confianza venia ; y allí hizo muchas 
ofertas y prometimientos que seríamos todos 
muy ricos y valerosos. Hecho esto, tornó á de- 
cir que nos pedia por merced que callásemos, y 
que en las guerras y batallas es menester más 
prudencia y saber para bien vencer los contra- 
rios, que no demasiada osadía; y que porque 
tenia conocido de nuestros grandes esfuerzos 
que por ganar honra cada uno de nosotros se 
quería adelantar de los primeros á encontrar 
con los enemigos, que fuésemos puestos en or- 
denanza y capitanías; y para que la primera 
cosa que hiciésemos fuese tomalles el artillería, 
que eran diez y ocho tiros que tenian asestados 
delante de sus apocentos de Narvaez, mandó 
que fuese por capitán suyo de Cortés uno que se 
decia Pizarro, que ya he dicho otras veces que 
en aquella sazón no habia fama de Perú ni Pi- 
zarros, que no era descubierto; y era el Pizarro 
suelto mancebo, y le señaló sesenta soldados 
mancebos, y entre ellos me nombraron á mí; y 
mandó que, después de tomada el artillería, 
acudiésemos todos á los aposentos de Narvaez, 
que estaba en un muy alto cu; y para prender 
á Narvaez señaló por capitán á Gonzalo de San- 
doval con otros sesenta compañeros; y como 
era alguacil mayor, le dio un mandamiento 
que decia así : «Gonzalo de Saldoval , al- 
guacil mayor desta Nueva-España por su ma- 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 59 

jestad, yo os mando que prendáis el cuerpo de 
Panfilo de Narvaez, é si se os defendiere, ma- 
tadle, que asi conviene al servicio de Dios y de 
su majestad, y le prendió á un oidor. Dado en 
este real;» y la firma, Hernando Cortés, y re- 
frendado de su secretario Pedro Hernández. Y 
después de dado el mandamiento, prometió que 
al primer soldado que le echase la mano le daria 
tres mil pesos, y al segundo dos mil, y al ter- 
cero mil; y dijo que aquello que prometía que 
era para guantes, que* bien víamos la riqueza 
que habia entre nuestras manos; y luego nombró 
á Juan Velazquez de León para que prendiese 
á Diego Velazquez, con quien habia tenido la 
brega, y le dio otros sesenta soldados, Narvaez 
estaba en su fortaleza é altos cues, y el mismo 
Cortés por sobresaliente con otros veinte solda- 
dos para acudir adonde más necesidad hubiese, 
y donde él tenia el pensamiento de asistir era 
para prender á Narvaez y á Salvatierra; pues ya 
dadas las copias á los capitanes, como dicho ten- 
go, dijo: «Bien sé que los de Narvaez son por 
cuatro veces más que nosotros; mas ellos no son 
acostumbrados á las armas, y como están la ma- 
yor parte dellos mal con su capitán, y muchos 
dolientes, les tomaremos de sobresalto; tengo 
pensamiento que Dios nos dará vitoria, que no 
porfiarán mucho en su defensa, porque más bie- 
nes les haremos nosotros que no su Narvaez; 
así, señores, pues nuestra vida y honra está, 
después de Dios, en vuestros esfuerzos é vigo- 



60 BERNAL DÍAZ. 

rosos brazos, no tengo más que os pedir por 
merced ni traer á la memoria sino q e en esto 
está el toque de nuestras honras y famas para 
siempre jamas; y más vale morir por buenos 
que vivir afrentados;» y porque en aquella sazón 
llovía y era tarde no dijo más. Una cosahepen- 
sado después acá, que jamas nos dijo tengo tal 
concierto en el real hecho, ni Fulano ni Zutano 
es en nuestro favor, ni cosa ninguna destas, sino 
que peleásemos como -varones; y esto de no de- 
cirnos que tenia amigos en el real de Narvaez 
fué de muy cuerdo capitán, que por aquel efeto 
no dejásemos de batallar como esforzados, y no 
tuviésemos esperanza en ellos, sino, después de 
Dios, en nuestros grandes ánimos. Dejemos des- 
to, y digamos cómo cada uno de los capitanes 
por mí nombrados estaban con los soldados se- 
ñalados, poniéndose esfuerzo unos á otros. Pues 
mi capitán Pizarro, con quien habíamos de to- 
mar la artillería, que era la cosa de más peli- 
gro, y habíamos de ser los primeros que había- 
mos de romper hasta los tiros, también decia con 
mucho esfuerzo cómo habíamos de entrar y ca- 
lar nuestras picas hasta tener la artillería en 
nuestro poder, y cuando se la hubiésemos to- 
mado, que con ella misma mandó á nuestros ar- 
tilleros, que se decían Mesa y el siciliano Arue- 
ga, que con las pelotas que estuviesen por des- 
cargar se diese guerra á los del aposento de 
Salvatierra. También quiero decir la gran ne- 
cesidad que teníamos de armas, que por un peto 



conouista de nueva-espana. 6t 

ó capacete ó casco ó babera de hierro diéramos 
aquella noche cuanto nos pidieran por ello y to- 
do cuanto ^habíamos ganado; y luego secretamen- 
te nos nombraron el apellido que habíamos de 
tener estando batallando, que era Espíritu Santo, 
Espíritu Santo; que esto se suele hacer secreto en 
las guerras porque se conozcan y apelliden por 
el nombre, que no lo sepan unos contrarios de 
otros; y los" de Narvaez tenian su apellido y voz 
Santa María, Santa María. Ya hecho todo esto, 
como yo era gran amigo y servidor del capitán 
Sandoval, me dijo aquella noche que me pedia 
por merced que cuando hubiésemos tomado el 
artillería, si quedaba con la vida, siempre me ha- 
blase con él y le siguiese; é yo le prometí, éasí lo 
hice, como adelante verán. Digamos ahora en qué 
se entendió un rato déla noche, sino en aderezar 
y pensar en lo que teníamos por delante, pues 
para cenar no teníamos cosa ninguna; y luego 
fueron nuestros corredores del campo, y se puso 
espías y velas á mí y á otros dos soldados , y no 
tardó mucho, cuando viene un corredor del 
campo á me preguntar que si he sentido algo, 
é yo dijeque no; y luego vino un cuadrillero, 
y dijo que el Galleguill o que habia venido del 
real de Narvaez no parecía , y que era espía 
echada del Narvaez; éque mandaba Cortés que 
luego marchásemos camino de Cempoal, é oí- 
mos tocar nuestro pífaro y atambor, y los capi- 
tanes apercibiendo sus soldados , y comenzamos 
á marchar; y al Galleguillo hallaron debajo de 



62 BERNA! DÍAZ. 

unas mantas durmiendo; que, como llovió y el 
pobre no era acostumbrado á estar al agua ni 
frios, metióse allí á dormir. Pues yendo nuestro 
paso tendido, sin tocar pífaro ni atambor , que 
luego mandó Cortés que no tocasen, y nuestros 
corredores del campo descubriendo la tierra, 
llegamos al rio , donde estaban las espías de 
Narvaez, que ya he dicho que se decian Gon- 
zalo Carrasco é Hurtado, y estaban descuida- 
dos, que tuvimos tiempo de prender al Carras- 
co, y el otro fué dando voces al real de Narvaez 
y diciendo: «Ai arma, al arma, que viene Cor- 
tés.» Acuerdóme que cuando pasábamos aquel 
rio, como llovia, venia un poco hondo, y las 
piedras resbalaban algo, y como llevábamos á 
cuestas las picas y armas, nos hacia mucho es- 
torbo; y también me acuerdo cuando se prendió 
á Carrasco decia á Cortés á grandes voces: 
«Mira, señor Cortés, no vayas allá; que juro á 
tal que está Narvaez es perándoos en el campo 
con todo su ejército;» y Cortés le dio en guar- 
da á su secretario Pedro Hernández; y como vi- 
mos que el Hurtado fué á dar mandado, no nos 
detuvimos cosa, sino que el Hurtado iba dando 
voces y mandando dar al arma, y el Narvaez 
llamando sus capitanes , y nosotros calando 
nuestras picas y cerrando con su artillería , todo 
fué uno, que no tuvieron tiempo sus artilleros 
deponer fuego sino á cuatro tiros, y las pelotas 
algunas dellas pasaron por alto, é una dellas 
mató á tres de nuestros compañeros. Pues en 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 63 

este instante llegaron todos nuestros capitanes, 
tocando al arma nuestro pifaro y atambor; y 
como habia muchos de los de Narvaez á caba- 
llo , detuviéronse un poco con ellos , porque 
luego derrocaron seis ó siete dellos. Pues nos- 
otros los que tomamos el artillería no osába- 
mos desampararla, porque el Narvaez desde 
- su aposento nos tiraba saetas y escopetas ; y en 
aquel instante llegó el capitán Sandoval y sube 
de presto las gradas arriba, y por mucha resis- 
tencia que le ponia el Narvaez y le tiraban 
saetas y escopetas y con partesanas y lanzas, 
todavía las subió él y sus soldados; y luego co- 
mo vimos los soldados que ganamos el artille- 
ría que no habia quien nos la defendiese, se la 
dimos á nuestros artilleros por mí nombrados, 
y fuimos muchos de nosotros y el capitán Pizar- 
ro á ayudar al Sandoval , que les hacian los de 
Narvaez venir seis ó siete gradas abajo retra- 
yéndose , y con nuestra llegada tornó á las su- 
bir, y estuvimos buen rato peleando con nuestras 
picas, que eran grandes ; y cuando no me cato 
oimos voces del Narvaez , que decia : «Santa 
María , váleme ; que muerto me han y quebrado 
un ojo;» y cuando aquello oimos, luego dimos 
voces : «Vitoria , vitoria por los del nombre del 
Espíritu Santo ; que muerto es Narvaez ; y con 
todo esto no les pudimos entrar en el cu donde 
estaban hasta que un Martin López , el de los 
bergantines , como era alto de cuerpo, puso fue- 
go á las pajas del alto cu , y vinieron todos los 



64 BEfcNAL DÍAZ. 

de Narvaez rodando las gradas abajo ; entonces 
prendimos á Narvaez , y el primero que le echó 
mano fué un Pero Sánchez Farfan , é yo se lo di 
al Sandoval y á otros capitanes del misino Nar- 
vaez que con él estaban todavía dando voces y 
apellidando : «Viva el Rey , viva el Rey , y en 
su Real nombre Cortés ; Vitoria , vitoria ; que 
muerto es Narvaez.» Dejemos este combate , é 
vamos á Cortés y á los demás capitanes que to- 
davía estaban batallando cada uno con los capi- 
tanes del Narvaez que aún no se habian dado, 
porque estaban en muy altos cues /y con los ti- 
ros que les tiraban nuestros artilleros y con 
nuestras voces , é muerte del Narvaez , como 
Cortés era muy avisado , mandó de presto pre- 
gonar que todos los de Narvaez se vengan luego 
á someter debajo de la bandera de su majestad, 
y de Cortés en su Real nombre , so pena de 
muerte ; y aun con todo esto no se daban los de 
Diego Velazquez el mozo ni los de Sal /atierra, 
porque estaban en muy altos cues y no les po- 
dían entrar ; hasta que Gonzalo de Sandoval fué 
con la mitad de nosotros los que con él entra- 
mos , y se prendieron así al Salvatierra como los 
que con él estaban , y al Diego Velazquez el 
mozo ; y luego Sandoval vino con todos nosotros 
los que fuimos en prender al Narvaez á ponelle 
más en cobro, puesto que le habíamos echado 
dos pares de grillos , y cuando Cortés y el Juan 
Velazquez y el Ordás tuvieron presos á Salva- 
tierra y al Diego Velazquez el mozo y áGaraar- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 65 

ra y á Juan Yuste y á Juan Bono , vizcaíno, y 
á otras personas principales , vino Cortés des- 
conocido, acompañado de nuestros capitanes, 
adonde teníamos á Narvaez, y con el calor que 
hacia grande, y como estaba cargado con las ar- 
mas é andaba de una parte á otra apellidando á 
nuestros soldados y haciendo dar pregones, ve- 
nia muy sudando y cansado, y tal, que no le al- 
canzaba un huelgo á otro, é dijo á Sandoval dos 
veces, que no lo acertaba á decir del trabajo 
que traia,.é dijo: «¿Qué es de Narvaez? Qué es 
de Narvaez?» E dijo Sandoval: «Aqui está, aquí 
está, é á muy buen recaudo;» y tornó Cortés á 
decir muy sin huelgo: «Mira hijo Sandoval, que 
no os quitéis del vos y vuestros compañeros, no 
se os suelte mientras yo voy á entender en otras 
cosas; é mirad estos capitanes que con él tenéis 
presos que en todo haya recausto:» y luego se 
fué, y mandó dar otros pregones que, so pena 
de <nuerte, que todos los de Narvaez luego en 
aquel punto se vengan á someter debajo de la 
bandera de su majestad, y en su Real nombre de 
Hernando Cortés, su capitán general y justicia 
mayor , é que ninguno trajese ningunas ar- 
mas, sino que todos las diesen y entregasen á 
nuestros alguaciles ; y todo esto era de noche, 
que no amanecía, y aun llovía de rato en rato, 
y entonces salia la luna, que cuando alli llega- 
mos hacia muy escuro y llovía , y también la 
escuridad ayudó ; que, como hacia tan escuro, 
habia muchos cocayos (asi los llaman en Cuba), 
9 



66 BÉRNAL DÍAZ. 

que relumbraban de noche , é los de Narvaez 
creyeron que eran muchas de las escopetas. De- 
jemos esto, y pasemos adelante : que , como el 
Narvaez estaba muy mal herido y quebrado el 
ojo, demandó licencia á Sandoval para que un 
cirujano que traia en su armada , que se decía 
maestre Juan, le curase el ojo á él y otros capi- 
tanes que estaban heridos, y se la dio , y están- 
dole curando llegó alli cerca Cortés disimulando, 
que no lo conociesen , á le ver curar ; dijéronle 
al Narvaez que estaba alli Cortés , y como se lo 
dijeron, dijo el Narvaez: «Señor capitán Cortés, 
tené en mucho esta Vitoria que de mí habéis 
habido y en tener presa mi persona;» y Cortés 
le respondió que daba muchas gracias á Dios, 
que se la dio, y por los esforzados caballeros y 
compañeros que tenia , que fueron parte para 
ello. E que una de las menores cosas que en la 
Nueva-España ha hecho es prendelle y desba- 
ratare; y que si le ha parecido bien tener atre- 
vimiento de prender á un oidor de su majestad. 
Y cuando hubo dicho esto se fué de aili , que 
no le habló más , y mandó á Sandoval que le 
pusiese buenas guardas , y que él no se quitase 
del con personas de recaudo ; ya le teníamos 
echado dos pares de grillos y le llevábamos á 
un aposento, y puestos soldados que le habíamos 
de guardar, y á mí me señaló Sandoval por uno 
dellos , y secretamente me mandó que no de- 
jase hablar con él á ninguno de los de Narvaez 
hasta que amaneciese , que Cortés le pusiese 



CONQUISTA DE ÍÍUEVA-KSPAÑA. •. 67 

más en cobro. Dejemos desto , y digamos cómo 
Narvaez habia enviado cuarenta de á caballo 
para que nos estuviesen aguardando en el pasó 
del rio cuando viniésemos á su real , como 
dicho tengo en el capítulo que dello habla , y 
supimos que andaban todavía en el campo; 
tuvimos temor no nos viniesen á acometer para 
nos quitar sus capitanes é al mismo Narvaez 
que teníamos presos, y estábamos muy aperce- 
bidos; y acordó Cortés de les enviar á pedir 
por merced que se viniesen al real , con gran- 
des ofrecimientos que á todos prometió ; y para 
los traer envió á Cristóbal de Olí , que era 
nuestro maestre de campo , é á Diego de Or- 
dás, y fueron en unos caballos que tomaron de 
los de Narvaez , que de todos los nuestros no 
trajimos ningunos, que atados quedaron en un 
montecillo junto á Cempoal ; que no trajimos 
sino picas, espadas y rodelas y puñales ; y fue- 
ron al campo con un soldado de los de Nar- 
vaez, que les mostró el rastro por donde habian 
ido ,yse toparon con ellos ; y en fin , tantas 
palabras de ofertas y ofrecimientos les dijeron 
por parte de Cortés , y antes que llegasen á 
nuestro real ya era de día claro; y sin decir cosa 
ninguna Cortés ni ninguno de nosotros á los ata- 
baleros queel¿Narvaez traia, comenzaron á tocar 
los atabales y á tañer sus pifaros y tambores , y 
decian: «Viva, viva la gala de los romanos, que 
siendo tan pocos han vencido á Narvaez y á 
sus soldados;» é un negro que se de ña Gui- 



68 RERNAL DU2. 

déla , que fué muy gracioso truhán ,. que traía 
el Narvaez , daba voces que decia : «Mirad 
que los romanos no han hecho tai hazaña;» y 
por más que les decíamos que callasen y no 
tañesen sus atabales , no querían , hasta que 
Cortés mandó que prendiesen al atabalero , que 
era medio loco , que se decia Tapia ; y en este 
instante vino Cristóbal de Olí y Diego de Ordás, 
y trajeron á los de á caballo que dicho tengo, y 
entre ellos venia Andrés de Duero y Agustín 
Bermudez y muchos amigos de nuestro capitán; 
y asi como venían , iban á besar las manos á 
Cortés , que estaba sentado en una silla de ca- 
deras , con una ropa larga de color como na- 
ranjada, con sus armas debajo , acompañado de 
nosotros. Pues ver la gracia con que les ha- 
blaba y abrazada , y las palabras de tantos 
cumplimientos que les decia, era cosa de ver 
qué alegre estaba; y tenia mucha razón de ver- 
se en aquel punto tan señor y pujante ; y asi 
como le besaban la mano se fueron cada uno á 
su posada. Digamos ahora de los muertos y he- 
ridos que hubo aquella noche. Murió el alférez 
de Narvaez , que se decia Fulano de Fuentes, 
que era un hidalgo de Sevilla ; murió otro ca- 
pitán de Narvaez que se decia Rojas, natural de 
Castilla la Vieja ; murieron otros dos de Nar- 
vaez; murió uno de los tres soldados que se le 
habían pasado, que habían sido de los nuestros, 
que llamábamos Alonso García el Carretero , y 
heridos de los de Narvaez hubo muchos ; y 



Conquista de nueva-españa. 69 

también murieron de los nuestros otros cuatro, 
y hubo más heridos , y el cacique gordo tam- 
bién salió herido; porque, como supo que venía- 
mos cerca de Cempoal , se acojió al aposento de 
Narvaez , y alli le hirieron , y luego Cortés le 
mandó curar muy bien y le puso en su casa , y 
que no se le hiciese enojo. Pues Cervantes el 
loco y Escalonilla , que son los que se pasaron 
al Narvaez que habian sido de los nuestros, 
tampoco libraron bien , que Escalona salió bien 
herido, y el Cervantes bien apaleado , c ya he 
dicho que murió el Carretero. Vamos á los del 
aposento de Salvatierra, el muy fiero, que dije- 
ron sus soldados que en toda su vida vieron 
hombre para menos ni tan cortado de muerte 
cuando nos oyó tocar al arma y cuando decía- 
mos: «Vitoria, Vitoria; que muerto es Narvaez.» 
Dicen que luego dijo que estaba muy malo del 
estómago, é que no fué para cosa ninguna. Esto 
lo he dicho por sus fieros y bravear; y de los de 
su compañía también hubo heridos. Digamos 
del aposento del Diego Velazquez y otros ca- 
pitanes que estaban con él , que también hubo 
heridos , y nuestro capitán Juan Velazquez de 
León prendió al Diego Velazquez , aquel con 
quien tuvo las bregas estando comiendo con el 
Narvaez , y le llevó á su aposento y le mandó 
curar y hacer mucha honra. Pues ya he dado 
cuenta de lodo lo acaecido en nuestra batalla, 
digamos agora lo que más se hizo. 



70 BERNAL DtAZ. 

CAPITULO CXXIU. 



COMO DESPUÉS DE DESBARATADO NARVAEZ SEGÚN Y DE 
LA MANERA QUE HE DICHO, VINIERON LOS INDIOS DE 
CHINANTA QUE CORTES HABÍA ENVIADO Á LLAMAR, 
Y DE OTRAS COSAS QUE PASARON. 



Ya he dicho en el capítulo que dello habla, 
que Cortés envió á decir á los pueblos de Chi- 
nanta, donde trajeron las lanzas é picas , que 
viniesen dos mil indios dellos con sus lanzas, 
que son mucho más largas que no las nues- 
tras, para nos ayudar , é vinieron aquel mismo 
dia y algo tarde, después de preso Narvaez , y 
venian por capitanes los caciques de los mismos 
pueblos é uno de nuestros soldados, que se de- 
cía Barrientos, que habia quedado en Chinanta 
para aquel efecto: y entraron en Cempoal con 
muy gran ordenanza, de dos en dos; y como 
traían las lanzas muy grandes y de buen cuerpo, 
y tienen en ellas una braza de cuchilla de pe- 
dernales, que cortan tanto como navajas, según 
ya otra vez he dicho, y traia cada indio una ro- 
dela como pavesina, y con sus banderas tendi- 
das, y con muchos plumajes y atarabores y trom- 
petillas, y entre cada lancero é lancero un fle- 
chero, y dando gritos y silbos decían, a Viva el 
Rey, viva el Rey, y Hernando Cortés en su real 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 71 

nombre;» y entraron bravosos, que era cosa de 
notar, y serian mil y quinientos, que parecian, 
de la manera y concierto que venian, que eran 
tres mil; y cuando los de Narvaez los vieron se 
admiraron, é dicen que dijeron unos á otros que 
si aquella gente les tomara en medio ó entraran 
con nosotros, qué tal que les pararan; y Cortés 
habló á los indios capitanes muy amorosamente, 
agradeciéndole su venida, y les dio cuentas de 
Castilla, y, les mandó que luego se volviesen á 
sus pueblos, y que por el camino no hiciesen da- 
ño á otros pueblos, y tornó á enviar con ellos al 
mismo'Barrientos. Y quedarse ha aqui, y diré 
lo que más Cortés hizo. 



CAPITULO CXXIV. 



COMO CORTES ENVIÓ AL PUERTO AL CAPITÁN FRANCISCO 
DE LUGO, Y EN SU COMPAKIA DOS SOLDADOS QUE HA- 
BÍAN SIDO MAESTRES DE HACER NAVIOS , PARA QUE 
LUEGO TRAJESE ALLÍ Á CEMPOAL TODOS LOS MAES- 
TRES Y PILOTOS DE LOS NAVIOS Y FLOTA DE NAR- 
VAEZ, Y QUE LES SACASEN LAS VELAS Y TIMONES É 
AGUJAS, PORQUE NO FUESEN Á DAR MANDADO A LA 
ISLA DE CUBA Á DIEGO VELAZQUEZ DE LO ACAECIDO, 
Y CÓMO PUSO ALMIRANTE DE LA MAR. 



Pues acabado de desbaratar al Panfilo de 
Narvaez, é presos él y sus capitanes, é á todos 
los demás tomado sus armas, mandó Cortés al 



72 6ÉRNAL DlAZ. 

capitán Francisco de Lugo que fuese al puerto 
donde estaba la flota de Narvaez, que eran diez 
y ocho navios, y mandase venir allíá Cempoal 
á todos los pilotos y maestres de los navios, y 
que les sacasen velas y timones é agujas, porque 
no fuesen á dar mandado á Cuba á Diego Velaz- 
quez; é que si no le quisiesen obedecer, que les 
echase presos; y llevó consigo el Francisco de 
Lugo dos de nuestros soldados, que habian sido 
hombres de la mar, para que le ayudasen; y 
también mandó Cortés que luego le enviasen á 
un Sancho de Barahona, que le tenía preso el 
Narvaez con otros soldados. Este Barahona fué 
vecino de Guatimala, hombre rico; y acuerdóme 
que cuando llegó ante Cortés, que venia muy 
doliente y flaco, y le mandó hacer honra. Volva- 
mos á los maestres y pilotos, que luego vinieron 
á besar las manos al capitán Cortés, á los cuales 
tomó juramento que no saldrían de su mandado, 
é que le obedecerían en todo lo que les manda- 
se; y luego les puso por almirante y capitán, de 
la mar á un Pedro Caballero, que habia sido 
maestre de un navio de los de Narvaez^ persona 
de quien Cortés se fió mucho, al cual dicen que 
le dio primero buenos tejuelos de oro; y á este 
mandó que no dejase ir de aquel puerto ningún 
navio á parte ninguna, y mandó á todos los 
maestres y pilotos y marineros que todos le 
obedeciesen, y que si de Cuba enviase Diego Ve- 
lazquez más navios (porque tuvo aviso Cortés 
que estaban dos navios para venir), que tuviese 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 73 

modo que á los capitanes que en él viniesen les 
echase presos, y les sacase el timón é velas y 
agujas, hasta que otra cosa en ello Cortés man- 
dase. Lo cual asi lo hizo Pedro Caballero, como 
adelante diré. Y dejemos ya los navios y el 
puerto seguro y digamos lo que se concertó en 
nuestro real é los de Narvaez, y es que luego se 
dio orden que fuesen á conquistar y poblar á 
Juan Velazquez de León á lo de Panuco, y para 
ello Cortés le señaló ciento y veinte soldados, 
los ciento habían de ser de los de Narvaez, y los 
veinte de los nuestros entremetidos, porque te- 
nían más experiencia en la gnerra: y también 
habia de llevar dos navios para que desde el rio 
de Panuco fuesen á descubrir la costa adelante; 
y también á Diego de Ordás'dió otra capitanía 
de otros ciento y veinte soldados para ir á po- 
blar á lo de Guacacualco, y los ciento habían 
de ser de los de Narvaez y los veinte de los 
nuestros, según y de la manera que á Juan Ve- 
lazquez de León; y habia de llevar otros dos na- 
vios para desde el rio de Guacacualco enviar á la 
isla de Jamaica por ganados de yeguas y becer- 
ros, puercos y ovejas, y gallinas de Castilla y ca- 
bras, para multiplicar la tierra, porque la pro- 
vincia de Guacacualco era buena para ello. Pues 
para ir aquellos capitanes con sus soldados y 
llevar todas sus armas, Cortés se las mandó dar 
y soltar todos los prisioneros capitanes de Nar- 
vaez, y el Salvatierra, que decia que estaba ma- 
lo del estómago. Pues para dalles todas las aj> 
10 



74 BERNAL DÍAZ. 

mas, algunos de nuestros soldados les teníamos 
ya tomado caballos y espadas y otras cosas, y 
mandó Cortes que luego se las volviésemos, y 
sobre no dárselas hubo ciertas pláticas enojosas, 
y fueron, que dijimos los soldados que las tenía- 
mos muy claramente, que no se las queríamos 
dar, pues que en el real de Narvaez pregonaron 
guerra contra nosotros á ropa franca, y con 
aquella intención venian á nos prender y tomar 
lo que teníamos, éque siendo nosotros tan gran- 
des servidores de su majestad, nos llamaban 
traidores., é que no se las queríamos dar ; y Cor- 
tés todavía porfiaba á que se las diésemos, é co- 
mo era capitán general, húbose de hacer lo que 
mandó, que yo Íes di un caballo que tenia ya es- 
condido, ensillado y enfrenado, y dos espadas y 
tres puñales y una adarga, y otros muchos de 
nuestros soldados dieron también otros caballos 
y armas; y como Alonso de Avila era capitán y 
persona que osaba decir á Cortés cosas que con- 
convenian, é juntamente con él el Padre fray 
Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte á Cor- 
tés, y le dijeron que parecia que queria remedar 
á Alejandro Macedonio, que después gue con 
sus soldados habia hecho alguna gran hazaña, 
que más procuraba de honrar y hacer mercedes 
á los que vencia que no á sus capitanes y solda- 
dos, que eran los que io vencian ; y esto, que lo 
decian porque lo han visto en aquellos dias que 
alli estábamos después de preso Narvaez, que 
todas las joyas de oro que le presentaban los 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 75 

indios de aquellas comarcas y bastimentos daba 
á los capitanes de Narvaez, é como si no nos co- 
nociera, ansinos obligaba ; y que no era bien he- 
cho, sino muy grande ingratitud, habiéndole 
puesto en el estado en que estaba. A esto respon- 
dió Cortés que todo cuanto tenia, ansi persona co- 
mo bienes, era para nosotros, é que al presente 
no podia más sino con dádivas y palabras y 
ofrecimientos honrar á los de Narvaez ; porque, 
como son muchos, y nosotros pocos, no se le- 
vantasen contra él y contra nosotros , y le ma- 
tasen. A esto respondió el Alonso de Avila , y 
le dijo ciertas palabras algo soberbias t de tal 
manera, que Cortés le dijo que quien no le qui- 
siese seguir, que las mujeres han parido y pa- 
ren en Castilla soldados ; y el Alonso de Avila 
dijo con palabras muy soberbias y sin acato 
que asi era verdad, que soldados y capitanes é 
gobernadores , é que aquello merecíamos que 
dijese. Y como en aquella sazón estaba la cosa 
de arte que Cortés no podia hacer otra cosa sino 
callar, y con dádivas y ofertas Je atrajo á sí; y 
como conoció del ser muy atrevido , y tuvo 
siempre Cortés temor que por ventura un dia ó 
otro no hiciese alguna cosa en su daño , disi- 
muló; y dende alli adelante siempre le enviaba 
á negocios de importancia, como fué á la isla de 
Santo Domingo » y después á España cuando 
enviamos la recámara y tesoro del gran Monte- 
zuma, que robó Juan Blorin, gran corsario fran- 
cés; lo cual diré en su tiempo y lugar. Y volva- 



76 



BEHNAL DÍAZ. 



mos ahora al Narvaez y á un negro que traía 
lleno de viruelas , que harto negro fué en la 
Nueva-España, que fué causa que se pegase é 
hinchase toda la tierra dellas , de lo cual hubo 
gran mortandad ; que , según decian los indios, 
jamas tal enfermedad tuvieron , y como no la 
conocían , lavábanse muchas veces , y á esta 
causa se murieron gran cantidad dellos. Por 
manera que negra la ventura de Narvaez, 
y más prieta la muerte de tanta gente sin ser 
cristianos. Dejemos ahora todo esto, y diga- 
mos cómo los vecinos de la Villa-Rica , que 
habian quedado poblados, que no fueron á Mé- 
jico, demandaron á Cortés las partes del oro que 
les cabia , y dijeron á Cortés que , puesto 
que alli les mandó quedar en aquel puerto y 
villa , que también servian alli á Dios y ai 
Rey como los que fuimos á Méjico , pues en- 
tendían en guardar la tierra y hacer la forta- 
leza , y algunos dellos se hallaron en lo de Al- 
mería, que aun no tenían sanas las heridas, y 
que todos los más se hallaron en la prisión de 
Narvaez, y que les diesen sus partes-^ y viendo 
Cortés que era muy justo loque decian, dijo que 
fuesen dos hombres principales vecinos de aque- 
lla villa con poder de todos, y que lo tenia 
apartado, y que se lo darían; y parécemeque les 
dijo que en Tlascala estaba guardado, que esto 
no me acuerdo bien; é así, luego despacharon de 
aquella villa dos vecinos por el oro y sus partes, 
y el principal se decia Juan de Alcántara el 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 77 

viejo. Y dejemos de platicar en ello, y después 
diremos lo que sucedió al Alcántara y al otro; 
y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de 
presto su rueda, que á grandes bonanzas y pla- 
ceres siguen las tristezas; y es que en este ins- 
tante vienen nuevas que Méjico estaba alzado, 
y que Pedro de Albaradoestá cercado en su for- 
taleza y aposento, y que le ponian fuego por to- 
das partes en la misma fortaleza, y que le han 
muerto siete soldados, y que estaban otros mu- 
chos heridos; y enviaba á demandar socorros 
con mucha instancia y priesa; y esta nueva 
trujeron dos tlascaltecas sin carta ninguna, y 
luego vino una carta con otros tlascaltecas que 
envió el Pedro de Albarado , en que decia lo 
mismo. Y cuando aquella tan mala nueva oimos, 
sabe Dios cuánto nos pesó, y á grandes jornadas 
comenzamos á caminar para Méjico , y quedó 
preso en la Villa-Rica el Narvaez y el Salva- 
tierra, y por teniente y capitán paréceme que 
quedó Rodrigo Rangre , que tuviese cargo de 
guardar al Narvaez y de recojer muchos de los 
de Narvaez que estaban enfermos. Y también 
en este instante, yaque queríamos partir, vinie- 
ron cuatro grandes principales que envió el 
gran Montezuma ante Cortés á quejarse del 
Pedro de Albarado , y lo que dijeron llorando 
con muchas lágrimas de sus ojos fué, que Pedro 
de Albarado salió de su aposento con todos los 
soldados que le dejó Cortés, y sin causa ningu- 
na dio en sus principales y caciques , que esta- 



78 BERNAL DÍAZ. 

ban bailando y haciendo fiesta á sus ídolos Hui- 
chilóbos y Tezcatepuca , con licencia que para 
ello les dio el Pedro de Albarado , é que mató é 
irió muchos dellos , y que por se defender le 
mataron seis de sus soldados. Por manera que 
daban muchas quejas del Pedro de Albarado ; y 
Cortés les respondió á los mensajeros algo des- 
abrido, é que él iria á Méjico y pornia remedio 
en todo; y asi , fueron con aquella respuesta á 
su gran Montezuma, y dicen la sintió por muy 
mala y hubo enojo della. Y asimismo luego des- 
pachó Cortés cartas para Pedro de Albarado, en 
que le envió á decir que mirase que el Monte- 
zuma no se soltase, é que Íbamos á grandes jor- 
nadas; y le hizo saber de la vitoria que había- 
mos habido contra Narvaez; lo cual ya sabia el 
gran Montezuma. Y dejallo hé aquí , y diré lo 
que más adelante pasó. 



CAPITULO CXXV. 



COMO FUIMOS GRANDES JORNADAS , ASI CORTE8 CON 
TODOS SUS CAPITANES COMO TODOS LOS DE NARVAEZ, 
EXCEPTO PANFILO DE NARVAEZ , Y SALVATIERRA, 
QUE QUEDABAN PRESOS. 



Como llegó la nueva referida cómo Pedro de 
Albarado estaba cercado y Méjico rebelado, 
cesaron las capitanías que habían de ir á po- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 7§ 

blar á Panuco yá Guacacualco,que habían dado 
á Juan Velazquez de León y á Diego de Ordás, 
que no fué enemigo dellos , que todos fuesen 
con nosotros ; y Cortés habló á los de Narvaez, 
que sintóó que no irían con nosotros de buena 
voluntad á hacer aquel socorro , y les rogó que 
dejasen atrás enemistades pasadas por lo de Nar- 
vaez, ofreciéndoles de hacerlos ricos y dalles 
cargos; y pues venían á buscar la vida,- y esta- 
ban en tierra donde podrían hacer servicio á Dios 
y á su majestad, y enriquecer, que ahora les ve- 
nia lance; y tantas palabras les dijo, que todos 
á una se le ofrecieron que irian con nosotros ; y 
si supieran las fuerzas de Méjico, cierto está 
que no fuera ninguno. Y luego caminamos ámuy 
grandes jornadas hasta llegar á Tlascala, donde 
supimos que hasta que Montezuma y sus capi- 
tanes habían sabido cómo habíamos desbarata- 
do á Narvaez, no dejaron de darle guerra á 
Pedro de Albarado, y le habían ya muerto 
siete soldados y le quemaron los aposentos; y 
cuando supieron nuestra vitoria cesaron de da- 
lle guerra; mas dijeron que estaban muy fati- 
gados por falta de agua y bastimento, lo cual 
nunca se lo habia mandado dar Montezuma; 
y esta nueva trujeron indios de Tlascala en 
aquella misma hora que hubimos llegado. Y 
luego Cortés mandó hacer alarde de la gente 
que llevaba, y halló sobre mil y trescientos sol- 
dados, así de los nuestros como de los de Nar- 
vaez, y sobre noventa y seis caballos y ochenta 



80 ■ BEflNAL DÍAZ. 

ballesteros y otros tantos escopeteros; con los 
cuales le pareció á Cortés que llevaba gente 
para poder entrar muy á su salvo en Méjico; y 
demás desto, en Tlascala nos dieron los caci- 
ques dos mil hombres, indios de guerra; y lue- 
go fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, 
que es una gran ciudad, y no se nos hizo honra 
ninguna en ella ni pareció ningún señor, sino 
todo muy remontado y de mal arte; y llegamos á 
Méjico dia de señor San Juan de Junio de 1520 
años, y no parecían por las calles caciques, ni ca- 
pitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas 
despobladas. Y como llegamos á los aposentos 
que solíamos posar, el gran Montezuma salió al 
patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el 
bien venido, y de la vitoria con Narvaez; y Cor- 
tés, como venia vitorioso, no le quiso oir, y el 
Montezuma se entró en su aposento muy triste 
y pensativo. Pues ya aposentados cada uno de 
nosotros donde soliamos estar antes que salié- 
semos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los 
de Narvaez en otros aposentos, é ya habíamos 
visto é hablado con el Pedro de Albarado y los 
soldados que con él quedaron, y ellos nos daban 
cuenta de las guerras que los mejicanos les da- 
ban y trabajo en que les tenían puesto, y nos- 
otros les dábamos relación de la vitoria contra 
Narvaez. Y dejare esto, y diré cómo Cortés pro- 
curó saber qué fué la causa de se levantar Mé- 
jico, porque bien entendido teníamos que á Mon- 
tezuma le pesó del lo, que si le pluguiera ó fue- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA, 81 

ra por su consejo, dijeron muchos soldados de 
los que se quedaron con Pedro de Albarado en 
aquellos trances, que si Montezuma fuera én 
ello, que á todos les mataran, y que el Monte- 
zuma los aplacaba que cesasen íá guerra; y lo 
que contaba el Pedro de Albarado á Cortés, so- 
bre el caso era, que por libertar lo mejicanos al 
Montezuma, é porque su Huichilóbos se loman- 
do porque pusimos en su casa la imagen de 
Nuestra Señora la Virgen Santa María y la Cruz. 
Y más dijo, que habían llegado muchos indios á 
quitar la santa imagen del altar donde la pusi- 
mos, y que no pudieron quitalla, y que los in- 
dios lo tuvieron á gran milagro, y que se lo di- 
jeron al Montezuma, é que les mandó que lá de- 
jasen en el mismo lugar y altar, y que no cura- 
sen de hacer otra cosa ; y así, la dejaron. Y más 
dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el 
Narvaez les habia enviado á decir al Montezu- 
ma, que le venia á soltar de las prisiones y á 
prendernos, y no salió verdad; y como' Cortés 
habia dicho al Montezuma que en teniendo na- 
vios nos habíamos de ir á embarcar y salir de 
toda la tierra, é que no nos íbamos, é que todo 
eran palabras, é que ahora habían visto venir mu- 
chos más teules, antes que todos los de Narvaez 
y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, 
que seria bien matar al Pedro de Albarado y á 
sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y des- 
pués no quedar á vida ninguno de los nuestros 
éde los de Narvaez, cuanto más que tuvieron 
11 



82 BERNAL DÍAZ. 

por cierto que nos venciera el Narvaez. Estas 
pláticas y descargo dio el Pedro de Albarado á 
^Cortés, y le tornó á decir Cortés que á qué 
causa les fué á dar guerra estando bailando 
y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que 
hacían á sus Huichilóbos y á Tezcatepuca ; y el 
Pedro de Albarado dijo que luego le habian de 
venir á dar guerra, según el concierto tenian 
entre ellos hecho, y todo lo demás que lo supo 
de un papa y de dos principales y de otros 
¿mejicanos ; y Cortés le dijo : «Pues hanme di- 
cho que os demandaron licencia para hacer el 
areito bailes ;» é dijo que así era verdad , é que 
fué por tomalles descuidados ; é que porque te- 
miesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto 
se adelantó á dar en ellos ; y como aquello Cor- 
tés le oyó , le dijo , muy enojado , que era muy 
mal hecho , y grande desatino y poca verdad ; é 
que pluguiera á Dios que el Montezuma se hu- 
biera soltado , é que tal cosa no la oyera á sus 
ídolos ; y así le dejó , que no le habló más en 
ello* También dijo el mismo Pedro de Albarado 
que cuando andaba con ellos en aquella guerra, 
que mandó poner á un tiro que estaba cebado 
fuego , con una pelota y muchos perdigones , é 
que como venían muchos escuadrones dé indios 
á le quemar los aposentos , que salió á pelear 
con ellos , á que mandó poner fuego al tiro , é 
que no salió t y que hizo una arremetida contra 
los escuadrones que le daban guerra, y carga- 
ban muchos indios sobre él, é que venia retra- 



CONQUISTA DE NUÉVA-E8PAÑA. 83 

yéndose á la fuerza y aposento , é que entonces 
sin poner fuego al tiro salió la pelota y los per- 
digones y mató muchos indios ; y que si aquello 
no acaeciera , que los enemigos los mataran á 
todos , como en aquella vez le llevaron dos de 
sus soldados vivos. Otra cosa dijo el Pedro de 
Albarado , y esta sola cosa la dijeron otros sol- 
dados , que las demás pláticas solo el Pedro de 
Albarado lo contaba ; y es , que no tenia agua 
para beber , y cavaron en el patio, é hicieron un 
pozo y sacaron agua dulce , siendo todo salado 
también. Todo fué muchos bienes que nuestro 
Señor Dios nos hacia. E á esto del agua digo yo 
que en Méjico estaba una fuente que muchas 
veces y todas las más manaba agua algo dulce; 
que lo demás que dicen algunas personas , que 
el Pedro de Albarado, por codicia de haber mu- 
cho oro y joyas de gran valor con que bailaban 
los indios , les fué á dar guerra., yo no lo creo 
ni nunca tal oí , ni es de creer que tal hiciese, 
puesto que lo dice el Obispo fray Bartolomé de 
las Casas aquello y otras cosas que nunca pasa- 
ron ; sino que verdaderamente dio en ellos por 
metelles temor , é que con aquellos males que 
les hizo tuviesen harto que curar y llorar en 
ellos , porque no le viniesen á dar guerra ; y 
como dicen que quien acomete vence, y fué muy 
peor, según pareció. Y también supimos de mu- 
cha verdad que tal guerra nunca el Montezuma 
mandó dar , é que cuando combatían al Pedro 
de Albarado , que el Montezuma les mandaba i 



84 RERNAL DUZ. 

los suyos que no lo hiciesen , y que le respon- 
dían que ya no era cosa de sufrir tenelle preso, 
y estando bailando irles á matar , como fueron; 
y que le habían de sacar de allí y matar á todos 
los teules que le defendían. Estas cosas y otras 
sé decir que lo oí á personas de fe y que se ha- 
llaron con el Pedro de Albarado cuando aquello 
pasó. Y dejallo hé aquí , y diré la gran guerra 
que luego nos dieron, y es desta manera. 



GAPITÜLO CXXVI. 



COMO NOS DIERON GUERRA, EN MÉJICO, Y LOS COMBATES 
QUE NOS DABAN , Y OTRAS COSAS QUE PASAMOS. 



Como Cortés vio que en Tezcuco no nos 
habían hecho ningún recibimienlo , ni aun da- 
do de comer , sino mal y por mal cabo , y 
que no hallamos principales con quien ha- 
blar , y lo vio todo rematado y de mal arte t y 
venido á Méjico lo mismo; y vio que no hacían 
tiánguez, sino todo levantado, é oyó al Pedro 
de Albarado de la manera y desconcierto con 
que les fué á dar guerra; y parece ser había 
dicho Cortés en íl camino á los capitanes, ala- 
bándose de sí mismo, el gian acato y mando que 
tenia, é que por los pueblos é caminos le sal- 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAKA. 85 

drian á recibir y hacer fiestas, y que en Méjico 
mandaba tan absolutamente, así al gran Mon- 
tezuma como á todos sus capitanas, é que le da- 
rían presentes de oro como solían ; y viendo que 
todo estaba muy al contrario de sus pensamien- 
tos, que aún de comer no nos daban, estaba muy 
airado y soberbio con la mucha gente de espa- 
ñoles que traía, y muy triste y mohino; y en 
este instante envió el gran Montezuma dos de 
sus principales á rogar á nuestro Cortés que le 
fuese á ver, que le quería hablar, y la respuesta 
que le dio fué: «Vaya para perro, que aún tián- 
guez no quiere hacer ni de comer nos manda 
dar;» y entonces, como aquello le oyeron á Cor- 
tés nuestros capitanes, que fué Juan Velazquez 
de León y Cristóbal de Olí y Alonso de Avila y 
Francisco de Lugo, dijeron: «Señor , temple su 
ira, y mire cuánto bien y honra nos ha hecho 
este Rey destas tierras, que es tan bueno, quej 
si por éi no fuese ya fuéramos muertos y nos 
habrían comido, é mire que hasta las hijas le 
han dado.* Y como esto oyó Cortés, se indignó 
más de las palabras que le dijeron , como pare- 
cían de reprensión , é dijo: «¿Qué cumplimiento 
tengo yo de tener con un perro que se hacia con 
Narvaez secretamente , é ahora veis que aún de 
comer no nos da?» Y dijeron nuestros capitanes: 
«Esto nos parece que debe hacer, y es buen 
consejo.» Y como Cortés tenia allí en Méjico 
tantos españoles, así délos nuestros como de 
los de Narvaez , no se le daba nada por cosa 



86 BERNAL DÍAZ. 

ninguna, é hablaba tan airado y descomedido. 
Por manera que tornó hablar á los principales 
que dijesen á su señor Montezuma que luego 
mandase hacer tiánguez y mercados; si no, que 
hará é que acontecerá ; y los principales bien 
entendieron las palabras injuriosas que Cortés 
dijo da su señor, y aún también la reprensión 
que nuestros capitanes dieron á Cortés sobre 
ello; porque bien los conocían, que habían sido 
los que solían tener en guarda á su señor, y sa- 
bían que eran grandes servidores de su Monte- 
zuma; y según y de la manera que lo entendie- 
ron, se lo dijeron al Montezuma, y de enojo, ó 
porque ya estaba concertado que nos diesen 
guerra, no tardó un cuarto de hora que vino un 
soldado á gran priesa muy mal herído¿ que ve- 
nia de un pueblo que está junto á Méjico, que 
se dice Tacuba, y traía unas indias que eran de 
Cortés, é la una hija del Montezuma, que pare- 
ce ser las dejó á guardar allí al señor de Tacu- 
ba, que eran sus parientes del mismo señor, 
cuando fuimos á lo de Narvaez. Y dijo aquel 
soldado que estaba toda la ciudad y camino por 
donde venia lleno de gente de guerra con todo 
género de armas, y que le quitaron las indias 
que traia y le dieron dos heridas , é que si no 
se les soltara, que le tenían ya asido para le me- 
ter en una canoa y llevalle á sacrificar, y ha- 
bían deshecho una puente. Y desque aquello 
oyó Cortés y algunos de nosotros , ciertamente 
nos pesó mucho; porque bien entendido tenía- 



COKOUISTA DE NUEVA-ESPANA. 87 

mos los que solíamos batallar con indios, la mu- 
cha multitud que de ellos se suelen juntar, que 
por bien que peleásemos , y aunque más solda- 
dos trujásemos ahora , que habíamos de pasar 
gran riesgo de nuestras vidas , y hambres y 
trabajo», especialmente estando en tan fuerte 
ciudad. Pasemos adelante, y digamos que luego 
mandó á un capitán que se decia Diego de Or- 
dás, que fuese con cuatrocientos soldados, y en- 
tre ellos, los más ballesteros y escopeteros y 
algunos de á caballo , é que mirase qué era 
aquello que decia el soldado que habia venido 
herido y trajo las nuevas; é que si viese que sin 
guerra y ruido se pudiese apaciguar , lo pacifi- 
case; y como fué el Diego de Ordás de la mane- 
ra que le fué mandado , con sus cuatrocientos 
soldados , aún no hubo bien llegado á media 
calle por donde iba, cuando le salen tantos es- 
cuadrones mejicanos de guerra y otros muchos 
que estaban en las azuteas, y les dieron tan 
grandes combates , que le mataron á las pri- 
meras arremetidas ocho soldados, y á todos 
los más hirieron , y al mismo Diego de Or- 
dás le dieron tres heridas. Por manera que no 
pudo pasar un paso adelante , sino volverse po- 
co ó poco al aposento; y al retraer le mataron 
otro buen soldado, que se decia Leecano, que 
con un montante habia hecho cosas de muy es- 
forzado varón; y en aquel instante si muchos 
escuadrones salieron al Diego de Ordás , mu- 
chos más vinieron á nuestros aposentos , y tiran 



85 BERNAL DÍAZ. 

tanta vara y piedra con hondas y flechaB, que 
nos hirieron de aquella vez sobre cuarenta y 
seis de los nuestros , y doce murieron de las he- 
ridas. Y estaban tanto sobre nosotros, que el 
Diego de Ordás, que se venia retrayendo, no 
podia llegar á los aposentos por la mucha 
guerra que les daban, unos por detrás y otros 
por delante y otros desde las azuteas. Pues qui- 
zá aprovechaban mucho nuestros tiros y esco- 
petas, ni ballestas ni lanzas, ni estocadas que 
les dábamos, ni nuestro buen pelear ; que, aun- 
que les matábamos y heríamos muchos dellos, 
por las puntas de las picas y lanzas se nos me- 
tían; con todo esto, cerraban sus escuadrones y 
no perdían punto de su buen pelear, ni les po- 
díamos apartar de nosotros. Y en fin, con los ti- 
ros y escopetas y ballestas, y el mal que les 
hacíamos de estocadas, tuvo lugar el Ordás de 
entrar en el aposento ; que hasta entonces, 
aunque quería, no podia pasar; y con sus sol- 
dados bien heridos y veinte y tres menos , y 
todavía no cesaban muchos escuadrones de nos 
dar guerra y decirnos que éramos como muje- 
res, y nos llamaban de bellacos y otros vitupe- 
rios. Y aún no ha sido nada todo el daño que 
nos han hecho hasta ahora, á lo qué' después 
hicieron. Y es, que tuvieron tanto atrevimien- 
to, que, unos dándonos guerra por una par- 
te y otros por otra, entraron á ponernos fuego 
en nuestros aposentos , que no nos podíamos 
valer con el humo y fuego, hasta que se puso 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 8Í9 

remedio en derrocar sobre él mucha tierra y 
atajar otras salas por donde venia el fuego, 
que verdaderamente allí dentro creyeron de 
nos quemar vivos; y duraron estos comtóég 
todo el dia y aún la noche , y aún de noche 
estaban sobre nosotros tantos escuadrones , y 
tiraban varas y piedras y flechas á bulto y pie- 
dra perdida , que entonces estaban todos aque- 
llos patios y suelos hechos parvas dellos. 
Pues nosotros aquella noche en curar heridos, 
y en poner remedio en los portillos que ha- 
bian hecho y en apercibirnos para otro dia, en 
esto se pasó. Puies desque amaneció, acordó 
nuestro capitán que con todos los nuestros y los 
de Narvaez saliésemos á pelear con ellos, y que 
llevásemos tiros, y escopetas y ballestas, y pro- 
curásemos de los vencer, á lo menos que sintie- 
sen más nuestras fuerzas y esfuerzo mejor que 
el dia pasado. Y digo que si nosotros teníamos 
hecho aquel concierto, que los mejicanos tenian 
concertado lo mismo, y peleábamos muy bien; 
más ellos estaban tan fuertes y tenian tantos 
escuadrones, que se mudaban de rato en rato, 
que aunque estuvieren allí diez mil Hétores 't ro- 
yanos y otros tantos Roldanes, no les pudieran 
entrar; porque sabello ahora yo aquí decir cómo 
pasó, y vimos este tesón en el pelear, digo que 
no lo sé escribir; porque ni aprovechaban tiros, 
ni escopetas , ni ballestas , ni apechugar con 
ellos, ni mátalles treinta ni cuarenta de cada 
vez que arremetíamos; que tan enteros y con 
12 



90 BERNAL DÍAZ. 

- , ■ - 

más vigor peleaban que al principio; y ti algu- 
nas veces les íbamos ganando alguna poca de- 
tierra ó parte de calle, y hacían que sé retraían, 
era para que les siguiésemos, por apartarnos de 
nuestra fuerza y aposento, para dar más á su 
salvo en nosotros, creyendo que no volveríamos 
con las vidas á los aposentos; porque al retraer- 
nos hacían mucho mal. Pues para pasar á que- 
malles las casas, ya he dicho en el capítulo que 
dello habla, que de casa á casa tenian una puen- 
te de madera levadiza, alzábanla, y no podía- 
mos pasar sino por agua muy honda. Pues des- 
de las azuteas, los cantos, y piedras, y varas no 
lo podíamos sufrir. Por manera que nos maltra- 
taban y herían muchos de los nuestros, e no sé 
yo para qué lo escribo así tan tibiamente; por- 
que unos tres ó cuatro soldados que se hahian 
hallado en Italia, que allí estaban con nosotros, 
juraron muchas veces á Dios que guerras tan 
bravosas jamas habían visto en algunas que se 
habían hallado entre cristianos, y contra la ar- 
tillería del Rey de Francia ni del Gran Turco, 
ni gente como aquellos indios con tanto ánimo 
cerrar los escuadrones vieron; y porque decían 
otras muchas cosas y causas que daban á ello, 
como adelante verán. Y quedarse ha aquí, y 
diré cómo con harto trabajo nos retrujimos á 
nuestros aposentos, y todavía muchos escuadro- 
nes de guerreros sobre nosotros con grandes 
gritos é silbos, y trompetillas y atambores, lla- 
mándonos de bellacos y para poco, que no sa-* 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 91 

bíamos atendelles todo el dia en batalla, sino 
volvernos retrayendo. Aquel dia mataron diez 
ó doce soldados, y todos volvimos bien heridos; 
y lo que pasó de la noche fué en concertar para 
que de ahí a dos dias saliésemos todos los sol- 
dados cuantos sanos habia en todo el real, y con 
cuatro ingenios á manera de torres, que se hi- 
cieron de madera bien recios, en que pudiesen 
ir debajo de cualquiera dellos veinte y cinco 
hombres; y llevaban sus ventanillas en ellos para 
ir los tiros, y tamben iban escopeteros y ba- 
llesteros, y junto con ellos habíamos de ir otros 
soldados escopeteros, y ballesteros, y los tiros, 
y todos los demás de á caballo hacer algunas 
arremetidas. Y hecho este concierto, como es- 
tuvimos aquel dia que entendíamos en la obra 
y fortalecer muchos portillos que nos tenian 
hechos, no salimos á pelear aquel dia; no sé 
cómo lo diga, los grandes escuadrones de guer- 
reros que nos vinieron á los aposentos á dar 
guerra, no solamente por diez ó doce partes, sino 
por más de veinte; porque en todo estábamos 
repartidos, y otros en muchas partes; y entre 
tanto que los adobábamoe y fortalecíamos, co- 
mo dicho tengo, otros muchos escuadrones pro- 
curaron entrarnos los aposentos á escala vista, 
que por tiros ni ballestas ni escopetas, ni por 
muchas arremetidas y estocadas les podían re- 
traer. Pues lo que decían, que en aquel dia no 
había de quedar ninguno de nosotros, y que ha- 
bían de sacrificar á sus dioses nuestros corazón 



92 BHlSAL DÍAZ. 

Bes y sangre, y con las piernas y brazos, que 
bien tendrían para hacer hartazgas y fiestas; y 
qoe los cuerpos echarían á los tigres y leones y 
tíboras y culebras que tienen encerrados , que 
se harten dellos ; é que á aquel efecto há dos 
días que mandaron que no les diesen de comer; 
y que el oro que teníamos , que habríamos mal 
gozo del y de todas las mantas ; y á los de 
Tlascala que con nosotros estaban les decían 
que les meterían en jaulas á engordar, y que 
poco á poco harían sus sacrificios con sus cuer- 
pos. Y muy afectuosamente decían que les dié- 
semos su gran señor Montezuma , y decían otras 
cosas; y de noche asimismo siempre silbos y vo- 
ces, y rociadas de vara y piedra y flecha; y 
cuando amaneció, después de nos encomendar á 
Dios, salimos de nuestros aposentos con nues- 
tras torres, que me parece á mí que en otras 
partes donde me he hallado en guerras en cosas 
que han sido menester, las llaman buros y man- 
tas; y con los tiros y escopetas y ballestas de- 
lante, y los de á caballo haciendo algunas arre- 
metidas; é como he dicho, aunque les matába- 
mos muchos dellos , no aprovechaba cosa para 
les hacer volver las espaldas , sino que si siem- 
pre muy bravomente habían peleado los doce 
dias pasados, muy más fuertes con mayores 
fuerzas y escuadrones estaban este día; y toda- 
vía determinamos que , aunque á todos costase 
la vida, de ir con nuestras torres é ingenios has- 
ta el gran cu del Huichilóbos. No digo por ex- 



CONQUISTA. DE HUEVA-ESPAÑA. 93 

tenso los grandes combates que en una casa 
fuerte nos dieron, ni diré cómo á los caballos 
los herían ni nos aprovechábamos dellos; por- 
que, aunque arremetían á los escuadrones para 
rompellos, tirábanles tanta flecha y vara y 
piedra, que no se podían valer , por bien ar- 
mados que estaban ; y si los iban alcanzando, 
luego se dejaban caerlos mejicanos á su salvo 
en las acequias y laguna, donde tenían hechos 
otros reparos para los de á caballo; y estaban 
otros muchos indios con lanzas muy largas 
para acabar de matarlos; así que no aprove- 
chaba cosa ninguna dellos. Pues apartarnos 
á quemar ni á deshacer ninguna casa , era por 
demás ; porque , como he dicho , están todas 
en el agua, y de casa á casa una puente levadi- 
za; pasalla á nado era cosa muy peligrosa, 
porque desde las azuteas tiraban tanta piedra 
y cantos , que era cosa perdida ponernos en 
ello. Y demás desto, en algunas casas que les 
poníamos fuego tardaba una casa á se quemar 
todo un dia entero, y no se podia pegar fuego 
de una casa á otra, lo uno por estar apartadas 
la una de otra, el agua en medio, y lo otro por 
ser de azuteas; así que eran por demás nuestros 
trabajos en aventurar nuestras personasen aque- 
llo. Por manera que fuimos al gran cu de sus 
ídolos, y luego de repente suben en él más de 
cuatro mil mejicanos, sin otras capitanías que 
en ellos estaban, con grandes lanzas y piedra 
y vara, y se ponen en defensa, y nos resistieron 



94 BERNAL DÍAZ. 

la subida un buen rato, que no bastaban las 
torres ni los tiros ni ballestas ni escopetas , ni 
los de á caballo; porque , aunque querían arre- 
meter los caballos, habia unas losas muy gran- 
des, empedrado todo el patio, que se iban á los 
caballos los pies y manos; y eran tan lisas, que 
caian; é como desde las gradas del- alto cu nos 
defendían el paso, é á un lado é otro teníamos 
tantos contrarios, aunque nuestros tiros lleva- 
ban diez ó quince dellos, é destocadas y arre- 
metidas matábamos otros machos, cargaba tan- 
ta gente 4 que no les podíamos subir al alto cu, y 
con gran concierto tornamos á porfiar sin llevar 
las torres, porque ya estaban desbaratadas, y 
les subimos arriba. Aquí se mostró Cortés muy 
varón, como siempre lo fué. ¡Oh qué pelear y 
fuerte batalla que aquí tuvimos! Era cosa de 
notar vernos á todos corriendo sangre y llenos 
de heridas, é más de cuarenta soldados muer- 
tos. E quiso nuestro Señor que llegamos adonde 
solíamos tener la imagen de Nuestra Señora, y 
no la hallamos; que pareció, según supimos, 
que el gran Montezuma tenia ó devoción en ella 
ó miedo, y la mandó guardar; y pusimos fuego 
á sus ídolos, y se quemó un pedazo de la sala 
con los ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca. En- 
tonces nos ayudaron muy bien los tlascatecas. 
Pues ya hecho esto, estando que estábamos unos 
peleando y otros poniendo el fuego, como dicho 
tengo, ver los papas queestaban en este gran 
cu y sobre tres é cuatro mil indios, todos princi- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 95 

pales, y que nos bajábamos, cuál nos hacían 
venir rodando seis gradas y aun diez abajo, y 
hay tanto que decir de otros escuadrones que 
estaban en los petriles y concavidades del gran 
cu, tirándonos tantas varas y flechas, que así á 
unos escuadrones como á los otros no podíamos 
hacer cara ni sustentarnos; acordamos, con mu- 
cho trabajo y riesgo de nuestras personas, de 
nos volver á nuestros aposentos, los castillos 
deshechos y todos heridos, y muertos cuarenta 
y seis, y los indios siempre apretándonos, y 
otros escuadrones por las espaldas, que quien 
nos vio, aunque aquí más claro lo diga, yo no 
lo sé significar; pues aun no digo lo que hicie- 
ron los escuadrones mejicanos , que estaban 
dando guerra en los aposentos en tanto que an- 
dábamos fuera, y la gran porfía y tesón que po- 
nían deles entrar á quemallos. En esta batalla 
prendimos dos papas principales, que Cortés 
nos mandó que los llevasen á buen recaudo. 
Muchas veces he visto pintada entre los mérca- 
nos y tlascaltecas esta batalla y subida que hi- 
cimos en este gran cu; y tiénenlo por cosa muy 
heroica, que aunque nos pintan á todos nosotros 
muy heridos corriendo sangre, y muchos muer- 
tos en retratos que tienen dello hechos, en mu- 
cho lo tienen esto de poner fuego al cu y estar 
tanto guerrero guardándolo en los petriles y 
concavidades, y otros muchos indios abajo en el 
suelo y patios llenos, y en los lados otros mu- 
chos, y deshechas nuestras torres, cómo fué po- 



96 &EÍÍNAL DÍAZ. 

sible subille. Dejemos de hablar dello, y diga- 
mos cómo con gran trabajo tornamos á los apo- 
sentos; y si mucha gente nos fueron siguiendo 
y dando guerra, otros muchos estaban en los 
aposentos, que ya les tenían derrocadas unas 
paredes para entralles; y con nuestra llegada 
cesaron, mas no de manera que en todo lo que 
quedó del dia dejaban de tirar vara y piedra y 
flecha, y en la noche grita y piedra y vara. De- 
jemos de su gran tesón y porfía que siempre á la 
continua tenían de estar sobre nosotros, como 
he dicho; é digamos que aquella noche se nos 
fué en curar heridos y enterrar los muertos, y 
en aderezar para salir otro dia á pelear, y en 
poner fuerzas y mamparos á las paredes que 
habían derrocado é á otros portillos que habían 
hecho, y tomar eonsejo cómo y de qué manera 
podríamos pelear sin que recibiésemos tantos 
daños ni muertos; y en todo lo que platicamos 
no hallábamos remedio ninguno. Pues también 
quiero decir las maldiciones que los de Narvaez 
echaban á Cortés, y las palabras que decían, 
que renegaban del y de la tierra, y aun de Die- 
go Velazquez, que acá les envió; que bien pací- 
ficos estaban en sus casas en la isla de Cuba; y 
estaban embelesados y sin sentido. Volvamos á 
nuestra plática, que fué acordado de demanda- 
lies paces para salir de Méjico; y desque ama- 
neció y vienen muchos más escuadrones de 
guerreros, y muy de hecho nos cercan por to- 
das partes los aposentos; y si mucha piedra y 



CONQUISTA 9S NUgVA-RSPANA. JQ5 

que les ayudasen, cien soldados mancebos suel- 
tos; y para que fuesen entre medias del fardaje 
y naborías y prisioneros, y acudiesen á la parte 
que más conviniese de pelear , señalaron al 
mismo Cortés y á Alonso de Ávila, y á Cristó- 
bal de Olí y á Bernardino Vázquez de Tapia, y 
á otros capitanes de los nuestros , que no me 
acuerdo ya sus nombres, con otros cincuenta 
soldados; y para la retaguardia señalaron á 
Juan Velazquez de León y á Pedro de Albarado, 
con otros muchos de á caballo y más de cien 
soldados, y todos los más de los de Narvacz; y 
para que llevasen á cargo los prisioneros y á 
doña Marina y á doña Luisa señalaron trescien- 
tos tlascaltecas y treinta soldados. Pues hecho 
este concierto, ya era noche, y para sacar el 
oro y llevalloy repartillo, mandó Cortés á stt 
camarero, que se decia Cristóbal de Gusman, y 
á otros sus criados, que todo el oro y plata' y 
joyas lo sacasen de su aposento á la sala con 
muchos indios de Tlascala, y mandó á los oficía- 
les del Rey, que era en aquel tiempo Alonso da 
Avila y Gonzalo Mejía, que pusiesen en cobro 
todo el oro de su majestad, y para que lo lleva- 
sen les dio siete caballos heridos y cojos y una 
yegua, y muchos indios tlascaltecas, que, según 
dijeron, fueion más de ochenta, y cargaron de- 
11o lo que más pudieron llevar, que estaba he- 
cho todo lo más dello en barras muy anchas y 
grandes, como dicho tengo en el capítulo que 
dello habla, y quedaba mucho más oro en Ja, 
14 



106 BERNAL^DÍAZ. 

sala hecho montones. Entonces Cortés llamó su 
secretario, que se decia Pedro Hernández, y á 
otros escribanos del Rey, y dijo : «Dadme por 
testimonio que no puedo más hacer sobre guar- 
dar este oro. Aquí tenemos en esta casa y sala 
sobre setecientos mil pesos por todo, y veis que 
no lo podemos pasar ni poner cobro más de lo 
puesto; los soldados que quisieren sacar dello, 
desde aquí se lo doy, como se ha de quedar aqui 
perdido entre estos perros ;» y desque aquello 
oyeron, muchos soldados de los de Narvaez y 
aun algunos de los nuestros cargaron dello. Yo 
digo que nunca tuve codicia del oro, sino pro- 
curar salvar la vida: porque la teníamos en gran 
peligro ; mas no dejé de apañar de una petaqui- 
lla, que allí estaba, cuatro chalchihuis, que son 
piedras muy preciadas entre los indios , que 
presto me eché entre los pechos entre las armas; 
y aun entonces Cortés mandó tomar la petaqui- 
lla con los chalchihuies que quedaban, para que 
la guardase su mayordomo ; y aun los cuatro 
chalchihuies que yo tomé, si no me los hubiera 
echado entre los pechos, me los demandara Cor- 
tés ; los cuales ¡ne fueron muy buenos para cu- 
rar mis heridas y comer del valor dellos. Volva- 
mos á nuestro cuento ; que desque supimos el 
concierto que Cortés habia hecho de la ma- 
nera que habíamos de salir y llevar la made- 
ra para las puentes, y como hacia algo escuro, 
que habia neblina é lloviznaba, y era antes de 
media noche, comenzaron á traer la madera é 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 107 

puente, y ponella en el lugar que había de es- 
tar, y á caminar el fardaje y artillería y muchos 
de á caballo, y los indios tlascaltecas con el oro; 
y después que se puso en la puente, y pasaron 
todos así como venían, y pasó Sandoval é mu- 
chos de á caballo, también pasó Cortés con sus 
compañeros de á caballo tras de los primeros, y 
otros muchos soldados. Y estando en esto, sue- 
nan los cornetas y gritas y silbos de los mejica- 
nos, y decían en su lengua : «Taltelulco, Talte- 
lulco, salí presto con vuestras canoas, que se 
van los teules ; atajadlos en las puentes ;» y 
cuando no me cato, vimos tantos escuadrones 
de guerreros sobre nosotros, y toda la laguna 
cuajada de canoas, que no nos podíamos valer, 
y muchos de nuestros soldados ya habian pasa- 
do. Y estando desta manera, carga tanta multi- 
tud de mejicanos á quitar la puente y á nerir y 
matará los nuestros, que no se daban á manos 
unos á otros ; y como la desdicha es mala, y en 
tales tiempos ocurre un mal sobre otro, como 
llovía, resbalaron dos caballos y se espantaron, 
y caen en la laguna, y la puente caída y quita- 
da ; carga tanto guerrero mejicano para acaballa 
de quitar, que por bien que peleábamos, y ma- 
tábamos muchos dellos, no se pudo más aprove- 
char della. Por manera que aquel paso y aber- 
tura de agua presto se hinchó de caballos muer- 
tos y de los caballeros cuyos eran, que no po- 
dían nadar, y mataban muchos dellos y de los 
indios tlascaltecas é indias naborías, y fardaje y 



108 BBHtfAL DÍAZ. 

petacas y artillería; y délos muchos que se aho- 
gaban, ellos y los caballos, y de otros muchos 
soldados que allí en el agua mataban y metían en 
las canoas, que era muy gran lástima délo ver y 
oír, pues la grita y lloros y lástimas que decian 
demandando socorro : «Ayudadme , que me 
ahogo ;» otros, «Socorredme, que me matan ;» 
otros demandando ayuda á Nuestra Señora 
Santa María y á señor Santiago ; otros deman- 
daban ayuda para subir á la puente, y estos 
eran ya que escapaban nadando, y asidos á muer- 
tos y á petacas para subir arriba, á donde es- 
taba la puente; y algunos que habían subido, y 
pensaban que estaban libres de aquel peligro, 
había en las calzadas grandes escuadrones guer- 
reros que los apañaban é amorriñaban con unas 
macanas , y otros que les flechaban y alancea- 
ban. Pues quizá habia algún concierto en la sali- 
da, como lo habíamos concertado, maldito aquel; 
porque Cortés y los capitanes y soldados que 
pasaron primero á caballo, por salvar sus vidas 
y llegar a tierra firme, aguijaron por las puen- 
tes y calzadas adelante , y no aguardaron unos 
á otros; y no lo erraron, porque los de á caballo 
no podían pelear en las calzadas ; porque yendo 
por la calzada , ya que arremetían á los escua- 
drones mejicanos, echábanseles al agua, y de la 
una parte la laguna y de la otra azuteas , y por 
tierra les tiraban tanta flecha y vara y piedra, 
y con lanzas muy largas que habían hecho de 
las espadas que nos tomaron , como partesanas. 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 109 

mataban los caballos con ellas; y si arremetía 
alguno de á caballo y mataba algún indio , lue- 
go le mataban el caballo ; y así , no se atrevían 
á correr por la calzada. Pues vista cosa es que no 
podían pelear en el agua y puestos ; sin escope- 
tas ni ballestas y de noche , ¿qué podíamos ha- 
cer sino lo que hacíamos? Que era que arreme- 
tiésemos treinta y cuarenta soldados que nos 
juntábamos , y dar algunas cuchilladas á los 
que nos venían á echar mano , y andar y pasar 
adelante , hasta salir de las calzadas ; porque si 
aguardáramos los unos á los otros , no saliéra- 
mos ninguno con la vida , y si fuera de dia, peor 
fuera; y aun los que escapamos fué que nuestro 
Señor Dios fué servido darnos esfuerzo para 
ello ; y para quien no lo vio aquella noche la 
multitud de guerreros que sobre nosotros esta- 
ban , y las canoas que de los nuestros arrebata- 
ban y llevaban á sacrificar, era cosa de espanto. 
Pues yendo que íbamos cincuenta soldados de 
los de Cortés y algunos de Narvaez por nuestra 
calzada adelante , de cuando en cuando salían 
escuadrones mejicanos á nos echar manos. 
Acuerdóme que nos decían: «¡Oh, oh, oh luilo- 
nes!» que quiere decir : OL putos , ¿ aun aquí 
quedáis vivos , que no os han muerto los tiaca- 
nes? Y como les acudimos con cuchilladas y es- 
tocadas, pasamos adelante ; é yendo por la ealr 
zada cerca de tierra firme , cabe el pueblo de 
Tacuba , donde ya habían llegado Gonzalo de 
Sandoval y Cristóbal de Olí y Francisco de Sal- 



Í 10 BEP.NAL DÍAZ. 

cedo, el pulido, y Gonzalo Domínguez, y Lares, 
y otros muchos de á caballo , y soldados de los 
que pasaron adelante antes que desamparasen la 
puente , según y de la manera que dicho tengo; 
é ya que llegábamos cerca oíamos voces que 
daba Cristóbal de Olí y Gonzalo de Sandoval y 
Francisco de Moría, y decían á Cortés , que iba 
adelante de todos : «Aguardad, señor capitán; 
que dicen estos soldados que vamos huyendo, y 
los dejamos morir en las puentes y calzadas á 
todos los quedan atrás ; tornémoslos á amparar 
y recojer; porque vienen algunos soldados muy 
heridos y dicen que los demás quedan todos 
muertos, y no salen ni vienen ningunos.» Y la 
respuesta que dio Cortés, que los que habíamos 
salido de las calzadas era milagro ; que si á las 
puentes volviesen, pocos escaparían con las vi- 
das, ellos y los caballos: y todavía volvió el mis- 
mo Cortés y Cristóbal de Olí, y Alonso de Avila 
y Gonzalo de Sandoval, y Francisco de Moría y 
Gonzalo Domínguez , con otros seis ó siete de á 
caballo , y algunos soldados que no estaban he- 
ridos ; mas no fuera mucho trecho , porque lue- 
go encontraron con Pedro de Albarado bien 
herido , con una lanza en la mano, á pié, que la 
yegua alazana ya se la habían muerto , y traía 
consigo siete soldados, los tres de los nuestros y 
los cuatro de Narvaez , también muy heridos, y 
ocho tlascaltecas , todos corriendo sangre de 
muchas heridas ; entre tanto volvió Cortés por 
la calzada con ios capitanes y soldados que 



COTÍOÜISÍA Í>E NUEVA-ESPANA. llí 

dicho tengo, reparamos en los patios junto á 
Tacuba , y ya habian venido de Méjico , como 
está cerca, dando voces, y á dar mandado a Ta- 
cuba y á Escapuzalco y á Teneyuca para que 
nos saliesen al encuentro. Por manera que nos 
comenzaron á tirar vara y piedra y flecha , y 
con sus lanzas grandes > engastonadas en ellas 
de nuestras espadas que nos tomaron en este 
desbarate ; y hacíamos algunas arremetidas , en 
que nos defendíamos dellos y les ofendíamos. 
Volvamos á Pedro de Albarado, que, como Cor- 
tés y los demás capitanes y soldados le encon- 
contraron de aquella manera que he dicho., y 
como supieron que no venian más soldados , se 
les saltaron las lágrimas de los ojos ; porque el 
Pedro de Albarado y Juan Velazquez de León, 
con otros más de á caballo y más de cien solda- 
dos, habian quedado en la retaguarda ; y pre- 
guntando Cortés por los demás , dijo que todos 
quedaban muertos , y con ellos el capitán Juan 
Velazquez de León y todos los más de á caballo 
que traia , así de los nuestros como de los de 
Narvaez , y más de ciento y cincuenta soldados 
que traia; y dijo el Pedro que después que les 
mataron los caballos y la yegua , que se junta- 
ron para se amparar obra de ochenta soldados, 
y que sobre los muertos y petacas y caballos 
que se ahogaron , pasaron la primera puente; 
en esto no se me acuerda bien si dijo que pasó 
sobre los muertos , y entonces no miramos lo 
que sobre ello dijo á Cortés , sino que allí en 



112 B|RNAt DÍAZ. 

aquella puente le mataron á Juan Velazqtiez y 
más de dacientos compañeros que traía, que no 
les pudieron valer. Y asimismo á esta otra 
puente , que les hizo Dios mucha merced en es- 
capar con las vidas; y decia que todas las puen- 
tes y calzadas estaban llenas de guerreros. 
Dejemos esto , y diré que en la triste puente 
que dicen ahora que fué el salto del Albarado, 
yo digo que en aquel tiempo ningún soldado se 
paró á vello, si saltaba poco ó mucho, que har- 
to teníamos en mirar y salvar nuestras vidas, 
porque eran muchos los mejicanos que contra 
nosotros habia; porque en aquella coyuntura no 
lo podíamos ver ni tener sentido en salto , si 
saltaba ó pasaba poco ó mucho ; y así seria 
cuando el Pedro de Albarado llegó á la puente, 
como él dijo á Cortés , que habia pasado asido á 
petacas y caballos y cuerpos muertos , porque 
ya que quisiera saltar y sustentarse en la lanza 
en el agua, era muy honda , y no pudiera alle- 
gar al suelo con ella para poderse sustentar 
sobre ella ; y demás desto , la abertura muy 
ancha y alta , que no la podría saltar por muy 
más suelto que era. También digo que no la po- 
dja saltar ni sobre la lanza ni de otra manera; 
porque después desde cerca de un año que vol- 
vimos á poner cerco á Méjico y la ganamos, me 
hallé muchas veces en aquella puente peleando 
con escuadrones mejicanos, y tenían allí hechos 
reamparos y albarradas, que se llama ahora la 
puente del salto de Albarado ; y platicábamos 



COMgtrisTA DE HUEVA-USÍAÜA. 113 

mochos soldados sobre ello, y no hallábamos ra- 
zon ni soltura de un hombre que tal saltase 
Dejemos este salto, y digamos que, como vieron 
nuestros capitanes que no acudían más soldados 
y el Pedro de Albarado dijo que todo quedaba 
lleno de guerreros , y que ya que algunos que- 
dasen rezagados , que en los puentes los mata- 
rían, volvamos á decir desto del salto de Alba, 
rado : digo que para qué por fi an a | gunas 
ñas que no lo saben ni lo vieron , que fué cierto 
que la salto el Pedro de Albarado la noche que 
salimos huyendo, aquella puente y abertura 
del agua ; otra vez digoqoe no la pudo saltaren 
ninguna manera ; y para que clar0 se vfia 
día esta la puente; y I a manera del ¿gl ; g 
agua que solía- venir y que tan alt a estaba la 
puente, y el agua muy honda, que no podia lle- 
gar al suelo con la I anza . Y porque los lectores 
sepan que en Méjico hubo un soldado que se 
decía Fulano de Ocampo, que fué de los que vi- 
nieron con G aray , hombre muy platico, y. e 

precaba de hacer libelos infamatorios , otras 
cos a s amanera( , emasepasqu . nes; 

cierto, libelos a muchos de nuestros capitanea 
cosas feas que no son de decir no siendo verdad- 
y entre ellos , demás de otras cosas que dijo dé 
Pedro de Albarado, que había dejado morir l 
su compañero J uan Ve| aZ qnez de León con más 
de dudentos soldados y los de á caballo que les 
dejamos en la retaguarda , y se escapó él , y por 
escaparse dio aquel gran sa i to> como suele decir 



114 BERNAL DÍAZ. 

el refrán : «Saltó , y escapó la vida.» Volvamos 
á nuestra materia : é porque los que estábamos 
ya en salvo en lo de Tacuba no nos acabásemos 
del todo de perder, é porque habian venido mu- 
chos mejicanos y los de Tacuba y Escapuzalco 
y Teneyuca y de otros pueblos comarcanos sobre 
nosotros , que todos enviaron mensajeros desde 
Méjico para que nos saliesen al encuentro en las 
puentes y calzadas, y desde los maizales nos ha- 
dan mucho daño , y mataron tres soldados que 
ya estaban heridos , acordamos lo más presto 
que pudiésemos salir de aquel pueblo y sus mai- 
zales , y con seis ó siete tlascaltecas que sabían 
ó atinaban el camino de Tlascala , sin ir por ca- 
mino derecho nos guiaban con mucho concierto 
hasta que saliésemos á unas caserías que en un 
cerro estaban , y allí junto á un cu é adoratorio 
y como fortaleza, adonde reparamos; que quiero 
tornar á decir que , seguidos que íbamos de los 
mejicanos , y de las flechas y varas y piedras 
con sus hondas nos tiraban ; y cómo nos cerca- 
ban , dando siempre en nosotros , es cosa de es- 
pantar ; y como lo he dicho muchas veces, estoy 
harto de decirlo , los lectores no lo tengan por 
Cosa de prolijidad , por causa que cada vez ó 
cada rato que nos apretaban y herian y daban 
recia guerra, por fuerza tengo de tornar á decir 
de los escuadrones que nos seguian , y mataban 
muchos de nosotros. Dejémoslo ya de traer tanto 
á la memoria , y digamos cómo nos defendiamos 
én aquel cu y fortaleza , nos albergamos , y se 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 115 

curaron los heridos , y con muchas lumbres que 
hicimos. Pues de comer rio lo habiá , y en aquel 
cu y adoratorio , después de ganada la gran ciu- 
dad de Méjico , hicimos una iglesia , que se dice 
Nuestra Señora de los Remedios, muy devota, é 
van ahora allí en romería y á tener novenas mu- 
chos vecinos y señoras de Méjico. Dejemos esto, 
y volvamos á decir qué lástima era de ver curar 
y apretar con algunos paños de mantas nuestras 
heridas ; y como se habian resfriado y estaban 
hinchadas , dolían. Pues más de llorar fué los 
caballos y esforzados soldados que faltaban; ¿qué 
es de Juan Velazquez de León , Francisco de 
Salcedo y Francisco de Moría , y un Lares el 
buen jinete , y otros muchos de los nuestros de 
Cortés? ¿Para qué cuento yo estos pocos? Por- 
que para escribir los nombres de los muchos que 
de los nuestros faltaron , es no acabar tan pres- 
to. Pues de los de Narvaez , todos los más en 
las puentes quedaron cargados de oro. Digamos 
ahora , ¿qué es de muchos tlascaltecas que iban 
cargados de barras de oro, y otros que nos ayu- 
daban ? Pues al astrólogo Botello no le aprove- 
chó su astrología , que también allí murió. Vol- 
vamos á decir cómo quedaron muertos , así los 
hijos de Montezuma como los prisioneros que 
traíamos , y el Cacamatzin y otros reyezuelos. 
Dejemos ya de contar tantos trabajos, y digamos 
cómo estábamos pensando en lo que por delante 
teníamos , y era que todos estábamos heridos, y 
no escaparon sino veinte y tres caballos, Pues 



1 16 RERNAL BUZ. 

los tiros y artillería y pólvora no sacamos nin- 
guna; las ballestas fueron pocas , y esas se re- 
mediaron luego , é hicimos saetas. Pues lo peor 
de todo era que no sabíamos la voluntad que 
habíamos de hallar en nuestros amigos los de 
Tlaseala. Y demás desto, aquella noche, siempre 
cercados de mejicanos , y grita y vara y flecha, 
con hondas sobre nosotros , acordamos de nos 
salir de allí á media noche, y con los tlascalte- 
cas, nuestros guias , por delante con muy gran 
concierto; llevábamos los muy heridos en el ca- 
mino en medio, y los cojos con bordones , y al- 
gunos que no podían andar y estaban muy ma- 
los á ancas de caballos de los que iban cojos, que 
no eran para batallar, y los de á caballo sanos 
delante , y á un lado y á otro repartidos ; y por 
este arte todos nosotros los que más sanos está- 
bamos haciendo rostro y cara á los mejicanos, y 
los tlascaltecas que estaban heridos iban den- 
tro en el cuerpo de nuestro escuadrón , y 
los demás que estaban sanos hacían cara jun- 
tamente con nosotros ; porque los mejicanos 
nos iban siempre picando con grandes voces y 
gritos y silbos , diciendo : «Allá iréis donde no 
quede ninguno de vosotros á vida;» y no enten- 
díamos á que fin lo decían , según adelante ve- 
rán. Olvidado me he de escribir el contento que 
recebimos de ver viva á nuestra doña Marina y 
á doña Luisa , hija de Xicotenga , que las esca- 
paron en las puentes unos tlascaltecas hermanos 
de la doña Luisa, que salieron de los primeros, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 117 

y quedaron muertas todas las más naborías que 
nos habían dado en Tlascaía y en Méjico : allí 
quedaron en las puentes con los demás. Y vol- 
vamos á decir cómo llegamos aquel dia á un 
pueblo grande que se dice Gualquitan , el 
cual pueblo fué de Alonso de Avila ; y aun- 
que nos daban grita y voces y tiraban piedra 
y vara y flecha , todo lo soportábamos. Y des- 
de allí fuimos por unas caserías y pueblezueios, 
y siempre los mejicanos siguiéndonos, y como* 
se juntaban muchos, procuraban de nos matar, 
y nos comenzaban á cercar , y tiraban tanta 
piedra con hondas , y vara y flecha , que mata- 
ron á dos de nuestros soldados en un paso ma- 
lo, que iban mancos, y también un caballo, é hi- 
rieron á muchos de los nuestros; y también 
nosotros á estocadas les matamos algunos de- 
llos, y los de á caballo á lanzadas les mataban, 
aunque pocos; y así, dormimos en aquellas ca- 
sas, y allí comimos el caballo que mataron. Y 
otro dia muy de mañana comenzamos á caminar 
con el concierto que de antes, y aún mejor, y 
siempre la mitad de los de á caballo adelante; y 
poco más de una legua, en un llano, ya que creí- 
mos ir en salvo, vuelven tres de los nuestros de 
á caballo, y dicen que están los campos llenos 
de guerreros mejicanos aguardándonos; y cuan- 
do lo oimos, bien que tuvimos temor, é grande, 
más no para desmayar del todo, ni dejar de en- 
contrarnos con ellos y pelear hasta morir; y allí 
reparamos un poco, y se dio orden cómo habían 



tÍ8 BERNÁL DÍAZ. 

de entrar y salir los de á caballo á media rien- 
da, y que no se parasen á lancear , sino las lan- 
zas por los rostros hasta romper sus escuadro- 
nes, y que todos los soldados, las estocadas que 
diésemos, que les pasásemos las entrañas, y que 
todos hiciésemos de manera que vengásemos 
muy bien nuestras muertes y heridas, por ma- 
nera que si Dios fuese servido, que escapásemos 
con las vidas; y después de nos encomendar á 
Dios y á Santa María muy de corazón, é invo- 
cando el nombre del señor Santiago , desque 
vimos que nos comenzaban á cercar , de einco 
en cinco de á caballo rompieron por ellos, y to- 
dos nosotros juntamente. ¡Oh qué cosa de ver 
era esta tan temerosa y rompida batalla, cómo 
andábamos en pié con pié , y con qué furia los 
perros peleaban, y qué herir y matar hacia n en 
nosotros con sus lanzas y macanas y espadas 
de dos manos! Y los de á caballo, como era el 
campo llano, cómo alanceaban á su placer, en- 
trando y saliendo á media rienda; y aunque es- 
taban heridos ellos y sus caballos, no dejaban 
de batallar muy como varones esforzados. 
Pues todos nosotros los que teníamos caballos, 
parece ser que á todos se nos ponia esfuerzo do- 
blado, que aunque estábamos heridos, y de re- 
fresco teníamos más heridas, no curábamos de 
los apretar, por no nos parar á ello, que no 
habia lugar , sino con grandes ánimos apechu- 
gábamos á les dar de estocadas. Pues quiero de- 
cir cómo Cortés y Cristóbal de Olí, y Pedro 



CONQUISTA DE NtJÉVA-ESPAMA. 119 

de Albarado, que tomó otro caballo de los de 
Narvaez, porque su yegua se la habían muer- 
to, como dicho tengo ; y Gonzalo de Sandoval, 
cuál andaban de una parte á otra rompiendo 
escuadrones , aunque bien heridos; y las pala- 
bras que Cortés decia á los que andábamos en- 
vueltos con ellos , que la estocada y cuchillada 
que diésemos fuese en ssñores señalados; por- 
que todos traían grandes penachos con oro y 
ricas armas y divisas. Pues oir cómo nos esfor- 
zaba el valiente y animoso Sandoval, y de- 
cia: «Ea, señores, que hoy es el dia que hemos 
de vencer ; tened esperanza en Dios que sal- 
dremos de aquí vivos; para algún buen fin nos 
guarda Dios.» Y tornaré á decir los muchos de 
nuestros soldados que nos mataban y herían. 
Y dejemos esto, y volvamos á Cortés y Cris- 
tóbal de Olí y Sandoval, y Pedro de Albarado 
y Gonzalo Domínguez , y otros muchos que 
aquí no nombro; y todos los soldados poníamos 
grande ánimo para pelear, y esto, Nuestro Se- 
ñor Jesucristo y Nuestra Señora la Virgen San- 
ta María nos lo ponia , y señor Santiago que 
ciertamente nos ayudaba; y asi lo certificó un 
capitán de Guatemuz, de los que se hallaron en 
la batalla; y quiso Dios que allegó Cortés con 
los capitanes por mí nombrados en parte donde 
andaba el capitán general de los mejicanos con 
su bandera tendida, con ricas armas de oro y 
grandes penachos de argentería , y como lo vio 
Cortés al que llevaba la bandera , con otros 



120 - BCRNAL MAX, 

muchos mejicanos , que todos traían gran- 
des penachos de oro, dijo á Pedro de Alba* 
rado y á Gonzalo de San d oval y á Cristóbal de 
Olí y á los demás capitanes: «Ea, señores, rom- 
pamos con ellos.» Y encomendándose á Dios, 
arremetió Cortés y Cristóbol de Olí, y Sandoval 
y Alonso de Avila y otros caballeros , y Cortés 
dio un encuentro con el caballo al capitán meji- 
cano, que le hizo abatir su bandera, y tos de- 
mas nuestros capitanee acabaron de romper el 
escuadrón, que eran muchos indios; y quien si- 
guió al capitán que traia la bandera, que aún no 
había caído del encuentro que Cortés le dio, fué 
un Juan de Salamanca, natural de Ontiveros, 
con una buena yegua overa, que le acabó dé 
matar y le quitó el rico penacho que traía , y se 
le dio á Cortés, diciendo que, pues él le encon- 
tró primero y le hizo abatir la bandera y hizo 
perder el brío , le daba el plumaje; mas dende 
á ciertos anos su majestad se le dio por armas 
al Salamanca, y así las tienen en sus reposteros 
sus descendientes. Volvamos á nuestra batalla, 
que Nuestro Señor Dios fué servido que, muerto 
aquel capitán que traia la bandera mejicana y 
otros muchos que allí murieron, aflojó su bata- 
llar de arte, que se iban retrayendo, y todos los 
de á caballo siguiéndoles y alcanzándoles. Pues 
á nosotros no nos dolían las heridas ni teníamos 
hambre ni sed, sino que parecía que no había- 
mos habido ni pasado ningún mal trabajo. Se- 
guimos la Vitoria matando é hiriendo. Pues 



CONQUISTA Í)E NÜEVA-ESPANA. 1 B7- 

que nos costaran á rail pesos; y como elGómora 
dice en su Historia que solo la persona de Cor- 
tés fué el que venció lo de Obturaba , ¿por qué 
no declaró los heroicos hechos que estos nues- 
tros capitanes y valerosos soldados hicimos en 
esta batalla? Ansi que, por estas causas tene- 
mos por cierto que por ensalzar á Cortés sólo lo 
dijo, porque de nosotros no hace mención; sino, 
pregúnteselo á aquel muy esforzado soldado 
que se decía Cristóbal de Olea, cuántas veces se 
halló en ayudar á salvar la vida á Cortés, hasta 
que en las puentes cuando volvimo3 sobre Mé- 
jico perdió la vida él y otros muchos soldados 
por le salvar. Olvidádoseme habia de otra vez 
que le salvó en lo de Suchimileco, que quedó 
mal herido el Olea; é para que bien se entienda 
esto que digo, uno fué Cristóbal de Olea y otro 
Cristóbal de Olí. También lo que dice el coro- 
nista en lo del encuentro con el caballo que dio 
al capitán mejicano y le hizo abatir la bandera, 
ansi es verdad: más ya he dicho otra vez que un 
Juan de Salamanca, natural de la villa de Ónti- 
veros, que después de ganado Méjico fué alcai- 
de mayor de Guacacualco, es el que le dio una 
lanzada y le mató, y le quitó el rico penacho 
que llevaba, y se le dio el Salamanca á Cortéi; 
y su majestad, el tiempo andando , lo dio por 
armas al Salamanca; y esto he traído aquí á la 
memoria, no por dejar de ensalzar y tenelle en 
mucha estima á nuestro capitán Cortés, y dé- 
besele todo honor y prez é honra de todas las 
18 



138 BERN ALCHAZ. 

batallas é vencimientos hasta que ganamos es- 
ta Nueva-España, como se suele dar encas- 
tilla á los muy nombrados capitanes , y co- 
mo los romanos daban triunfos á Pompeyo 
y Julio César y á los Cipiones ; más digno 
de loores es nuestro Cortés que no los roma- 
nos. También dice el mismo Gómora que Cor- 
tés mandó matar secretamente á Xicotenga el 
mozo en Tlascala por las traiciones que andaba 
concertando para nos matar , como antes he 
dicho. No pasa ansi como dice; que donde le 
mandó ahorcar fué en un pueblo junto á Tez- 
cuco, como adelante diré sobre qué fué ; y tam- 
bién dice este coronista que iban tantos milla- 
res de indios con nosotros á las entradas , que 
no tiene cuenta ni razón en tantos como pone; y 
también dice de las ciudades y pueblos y pobla- 
ciones que eran tantos millares de casas , no 
siendo la quinta parte ; que si se suma todo lo 
que pone en su historia , son más millones de 
hombres que en toda Castilla están poblados, y 
eso se le da poner mil que ochenta mil , y en 
esto se jacta, creyendo que va muy apacible su 
Historia á los oyentes no diciendo lo que pasó: 
miren los curiosos lectores cuánto va de su His- 
toria á esta mi relación, en decir letra por letra 
lo acaecido, y no miren la retórica ni ornato; 
que ya cosa vista es que es mas apacible que no 
esta tan grosera mía ; más suple la verdad la 
falta de plática y corta retórica. Dejemos ya de 
contar ni de traer á la memoria los borrones 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 139 

declarad^ y cómo yo soy más obligado á decir 
la verdad de todo lo que pasa que no á lisonjas; 
y demás del daño que hizo con no ser bien in- 
formado ha dado ocasión que el doctor «leseas 
y rabio Jobio se sigan por sus palabras. Volva- 
mos a nuestra historia, y digamos cómo acorda- 

t~d:rts:. ca!yIoquepasóen,a - 



CAPITULO CXXX. 
cómo rumos Á la provecía de tepeaca . y lo QBE 

EE ELLA HICIMOS; Y OTRAS COSAS QUE PASABOK. 

Como Cortés habia pedido á l os caciques de 
Tlascala ya otras veces por mí nombrados, 
cinco m, hombres de guerra para ir á correr y 
castigar los pueblos adonde habian muerto es- 
panoles, que era á Tepeaca y Cachula y Teca- 
machalco que estaría de Tlascala seis ó siete 
¡eguas de muy entera voluntad tenian apare- 

chl 09 * Mt * cnatr ° mil indi0s ; P "^. »■«- 

cha voluntad teníamos nosotros de ir á aquellos 
pueblos mucha más gana tenian el Masse- 

venWn ¿ r eDSa 6l V¡ej0 ' POr 1 Ue les ha ^ 
venido a robar unas estancias y tenian volun- 
tad de enviar gente de guerra sobre ellos y J a 



140 BEttNAL DÍAZ. 

causa fué esta: porque , como los mejicanos nos 
echaron de Méjico , según y de la manera que 
dicho tengo en los capítulos pasados que sobre 
ello hablan, y supieron que en Tlascala nos ha- 
bíamos recojido , y tuvieron por cierto que en 
estando sanos que habíamos de venir con el po- 
der de Tlascala á cortalles las tierras de los 
pueblos que mas cercanos confinan con Tlas- 
cala; á este efeto enviaron á todas las provin- 
cias adonde sentían que habíamos de ir, mu- 
chos escuadrones mejicanos de guerreros que 
estuviesen en guarda y guarniciones , y en 
Tepeaca estaba la mayor guarnición dellos. 
Lo cual supo el Masse-Escaci y el Xicoten- 
ga , y aun se temían- dellos. Pues ya que 
todos estábamos á punto , comenzamos á cami- 
nar, y en aquella jornada no llevamos artillería 
ni escopetas , porque todo quedó en las puen- 
tes; é ya que algunas escopetas escaparon , no 
teníamos pólvora; y fuimos con diez y siete de á 
caballo y seis ballestas y cuatrocientos y veinte 
soldados , los más de espada y rodela, y con 
obra de cuatro mil amigos de Tlascala y el 
bastimento para un día ; porque las tierras 
adonde íbamos era muy poblado y bien abas- 
tecido de maiz y gallinas y perrillos de la tier- 
ra; y como lo teníamos de costumbre, nuestros 
corredores del campo adelante; y con muy buen 
concierto fuimos á dormir obra de tres leguas 
de Tepeaca. E ya tenian alzado todo el fardaje 
de las estancias y población por donde pasamos, 



CONQUISTA PE NUEVA-ESPANA. 141 

porque muy bien tuvieron noticia cómo íbamos 
á su pueblo ; é porque ninguna cosa hiciése- 
mos sino por buena orden y justificadamente, 
Cortés les envió á decir con seis indios de su 
pueblo de Tepeaca, que habíamos tomado en 
aquella estancia, que para aquel efeto los pren- 
dimos, é con cuatro de sus mujeres, cómo íba- 
mos á su pueblo á saber é inquirir quién y cuán- 
tos se hallaron en la muerte de más de diez 
y ocho españoles que mataron sin causa nin- 
guna, viniendo camino para Méjico; y también 
veníamos á saber á qué causa tenian agora nue- 
vamente muchos escuadrones mejicanos, que 
con ellos habían ido á robar y saltear unas es- 
tancias de Tlascala, nuestros amigos; que les 
ruega que luego vengan de paz adonde está- 
bamos para ser nuestros amigos, y que despi- 
dan de su pueblo á los mejicanos; si no, que 
iremos contra ellos como rebeldes y matadores 
y salteadores de caminos, y les castigaría á 
fuego y sangre y los daria por esclavos ; y como 
fueron aquellos seis indios y cuatro mujeres 
del. mismo pueblo, si muy fieras palabras les 
enviaron á decir, mucho más bravosa nos dieron 
la respuesta con los mismos seis indios y dos 
mejicanos que venian con ellos ; porque muy 
bien conocido tenian de nosotros que á ningu- 
nos mensajeros que nos enviaban hadamos nin- 
guna demasía, sino antes dalles algunas cuen- 
tas para atraellos; y con estos que nos enviaron 
los de Tepeaca, fueron las palabras bravosas di- 



. i bernal díaz. 

chas por los capitanes mejicanos, como estaban 
vUonosos de lo de las puentes de Méjico; y Cor- 
tes les mandó dar á cada mensajero una manta 
y con ellos les tornó á requerir que viniesen á 
le ver y hablar y que no hubiesen miedo; é que 
pues ya los españoles que habian muerto no los 
podían dar vivos, que vengan ellos de paz y se 
les perdonará todos los muertos que mataron- 
sobre ello se les escribió una carta, y aunque 
sabíamos que no la habian de entender, sino 
comer vían papel de Castilla tenían por muy 
cierto que era cosa de mandamiento; y rogó á 
los dos mejicanos que venían con los de Tepea- 
ca como mensajeros, que volviesen á traer la 
respuesta, y volvieron; y lo que dijeron era, que 
no pasásemos adelante y que no volviésemos 
por donde veníamos, sino que otro día pensaban 
tener buenas hartazgas con nuestros cuerpos 
mayores que las de Méjico y sus puentes y la de 
Obturaba; y como aquello vio Cortés comunicólo 
con todos nuestros capitanes y soldados, y fué 
acordado que se hiciese un auto por ante escri- 
bano que diese fe de todo lo pasado, y que se 
diesen por esclavos á todos los aliados de Méjico 
que hubiesen muerto españoles, porque habien- 
do dado la obediencia á su Majestad, se levanta- 
ron, y mataron sobre ochocientos y sesenta de 
los nuestros y sesenta caballos, y á los demás 
pueblos por salteadores de caminos y matadores 
de hombres; é hecho este auto, envióseles á ha- 
cer saber, amonestándolos y requiriendo con la 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 143 

paz; y ellos tornaron á decir que si luego no 
nos volvíamos, que saldrían á nos matar; y se 
apercibieron para ello , y nosotros lo mismo. 
Otro dia tuvimos en un llano una buena bata- 
lla con los mejicanos y tepeaquenos; y como 
el campo era labranzas de maiz é maqueyales, 
puesto que peleaban valerosamente los mejica- 
nos, presto fueron desbaratados por los de á 
caballo, y los que no los teníamos no estába- 
mos de espacio; pues ver á nuestros amigos de 
Tlascala tan animosos como peleaban con ellos 
y les siguieron el alcance; allí hubo muertes de 
los mejicanos y de Tepeaca muchos, y de 
nuestros amigos los de Tlascala tres, y hirieron 
dos caballos, el uno se murió, y también hirie- 
ron doce de nuestros soldados, mas no de suer- 
te que peligró ninguno. Pues seguida la Vitoria, 
allegáronse muchas indias y muchachos que se 
tomaron por los campos y casas; que hombres 
no curábamos dellos, que los tlascaltecas los 
llevaban por esclavos. Pues como los de Tepea- 
ca vieron que con el bravear que hacían los 
mejicanos que tenían en su pueblo y guarnición 
eran desbaratados , y ellos juntamente con 
ellos, acordaron que sin dediles cosa ninguna 
viniesen adonde estábamos; y los recibimos de 
paz y dieron la obediencia á su majestad, y 
echaron los mejicanos de sus casas, y nos fuimos 
nosotros al pueblo de Tepeaca, adonde se fundó 
una villa que se nombró la villa de Segura de la 
Frontera , porque estaba en el camino de la 



144 bérMal díaz* 

Villa-Rica, en una buena comarca de buenos 
pueblos sujetos á Méjico, y habia mucho maiz, 
y guardaban la raya nuestros amigos los de 
Tlascala; y allí se nombraron alcaldes y regido- 
res, y se dio orden en cómo se corriese los rede- 
dores sujetos á Méjico, en especial los pueblos 
adonde habían muerto españoles; y allí hicieron 
hacer el hierro con que se habían de herrar los 
que se tomaban por esclavos, que era una G, 
que quiere decir guerra. Y desde la villa de Se- 
gura de la Frontera corrimos todos los rededo - 
.res, que fué Cachula y Tecemechalco y el pue- 
blo de las Guayaguas, y otros pueblos que no se 
me acuerda el nombre; y en lo de Cachula fué 
adonde habían muerto en los aposentos quince 
españoles; y en este de Cachula hubimos mu- 
chos esclavos, de manera que en obra de cuaren- 
ta dias tuvimos aquellos pueblos pacíficos y 
castigados. Ya en aquella sazón habían alzado 
en Méjico otro señor por Rey, porque el señor 
que nos echó de Méjico era fallecido de virue- 
las, y aquel señor que hicieron Rey era un so- 
brino ó pariente muy cercano del gran Monte- 
zuma, que sedeciaGuatemuz, mancebo de hasta 
veinte y cinco años, bien gentil hombre para ser 
indio, y muy esforzado; y se hizo temer, de tal 
manera, que todos los suyos temblaban del; y 
estaba casado con una hija de Montezuma, bien 
hermosa mujer para ser india; y como este Gua- 
temuz, señor de Méjico, supo cómo habíamos 
desbaratado los escuadrones mejicanos que es- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 14S 

taban en Tepeaca, y que habían dado la obe- 
diencia á su Majestad ¿í Emperador Carlos V, 
y nos servían y daban de comer, y estábamos 
allí poblados; y temió que les correríamos lo de 
Gua'xacá' y otras provincias, 'jr que i tóaos E les 
'atraeríamos á nuestra amistad, envío ááús men- 
sajeros por todos los pueblos para qu'e estuvie- 
sen muy alerta con todas sus armas/y á los ca- 
ciques les daba joyas 'de oro, y á /otros perdona- 
ba los tributos; y sobre todo, mandaba ir muy 
grandes capitanes y guarniciones de gente de 
guerra para que mirasen no les entrásemos en 
sus tierras; y les enviaba á decir que peleasen 
muy reciamente con nosotros, no les acaeciese 
como en lo de Tepeaca, á donde estaba nuestra 
villa doce leguas. Para que bien se entiendan 
los nombres destos pueblos, ün nombre es Ca- 
chula, otro nombre es Guacachula. Y dejaré de 
contar lo que en Guacachula se hizo, hasta sú 
tiempo y lugar ; y diré cómo en aquel tiempo i 
instante vinieron de la Villa-Rica mensajeros 
como habia venido un navio de Cuba, y* ciertos 
soldados en éí. .«•>..■.. 



Jo 



146 BERNAL DÍAZ. 

CAPÍTULO CXXXI. 



CÓMO VINO UN NAVIO DE CUBA QUE ENVIABA DIEGO 
VELAZQUEZ, ¿VENIA EN EL POR CAPITÁN PEDRO 
BARBA, Y LA MANERA QUE EL ALMIRANTE QUE DEJÓ 
NUESTRO CORTÉS POR GUARDA DE LA MAR TENIA 
PARA LOS PRENDER, Y ES DESTA MANERA. 



Pues como andábamos en aquella provincia de 
Tepeaca castigando á los que fueron en la 
muerte de nuestros compañeros, que fueron diez 
y ocho los que mataron en aquellos pueblos, y 
atrayéndolos de paz, y todos daban la obedien- 
cia á su majestad; vinieron cartas de la Villa- 
Rica cómo habia venido un navio al puerto, y 
vino en él por capitán un hidalgo que se decia 
Pedro Barba, que era muy amigo de Cortés ; y 
este Pedro Barba habia estado por teniente del 
Diego Velazquez en la Habana, y traia trece 
soldados y un caballo y una jegua, porque el 
navio que traia era muy chico ; y traia cartas 
para Panfilo de Narvaez, el capitán que Diego 
Velazquez habia enviado contra nosotros, cre- 
yendo que estaba por él la Nueva-España, en 
que le enviaba á decir el Diego Velazquez que 
si acaso no habia muerto á Cortés, que luego se 
le enviase preso á Cuba, para envialle á Casti- 
lla, que ansí lo mandaba don Juan Rodríguez de 






CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. ÍH 

Fonseca, Obispo de Burgos y Arzobispo de Ro- 
sario, presidente de Indias, que luego fuese pre* 
so con otros de nuestros capitanes ; porque el 
Diego Velazquez tenia por cierto que éramos 
desbaratados, ó á lo menos que Narvaez seño- 
reaba la Nueva-España. Pues como el Pedro 
Barba llegó al puerto con su navio y echó an- 
clas, luego le fué á visitar y dar el bien venido 
el almirante de la mar que puso Cortés, el cual 
se decia Pedro Caballero ó Juan Caballero, otras 
veces por mínombrado, con un batel bien esqui- 
fado de marineros y armas encubiertas, y fué al 
navio de Pedro Barba ; y después de hablar pa- 
labras de buen comedimiento, qué tal viene 
vuestra merced, y quitar las gorras y abrazar- 
se unos á otros , como se suele hacer , pre- 
guntó el Pedro Caballero por el señor Diego 
Velazquez, gobernador de Cuba, qué tal queda, 
y responde el Pedro Barba que bueno ; y el 
Pedro Barba y los demás que consigo traían pre- 
guntan por el señor Panfilo de Narvaez , y 
cómo le va con Cortés ; y responden que muy 
bien , é que Cortés anda huyendo y alzado 
con veinte de sus compañeros, é que Narvaez 
está muy próspero é rico, y que la tierra es 
muy buena ; y de plática en plática le dicen al 
Pedro Barba que allí junto estaba un pueblo, 
que desembarque é que se vayan á dormir y 
estar en él, que les traerán comida y lo que hu- 
bieren menester , que para sólo aquello estaba 
señalado aquel pueblo , y tantas palabras les 



148 RERNAL DI.1Z. 

dicen, que en el batel y en otros que luego allí 
venían de los otros navios que estaban surtos 
les sacaron en tierra, y cuando los vieron fuera 
del navio, y tenían copia de marineros junto con 
el almirante Pedro Caballero, dijeron al Pedro 
Barba: «Sed preso por el señor capitán Cortés, 
mi señor:» y ansí los prendieron, y quedaban 
espantados, y luego les sacaban del navio las 
velas y timón y agujas, y los enviaban adonde 
estábamos con Cortés en Tepeaca; por los cua- 
les habíamos gran placer, con el socorro que ve- 
nia en el mejor tiempo que podia ser; porque 
en aquellas entradas que he dicho que hacía- 
mos, no eran tan en salvo, que muchos de nues- 
tros soldados no quedábamos heridos, y otros 
adolescian del trabajo; porque, de sangre y pol- 
vo que estaba cuajado en las entrañas, no echá- 
bamos otra cosa del cuerpo y por la boca, como 
traíamos siempre las armas á cuestas y no parar 
noches ni días; por manera que ya se habian 
muerto cinco de nuestros soldados de dolor de 
costado en obra de quince dias. También quiero 
decir que con este Pedro Barba vino un Fran- 
cisco López, vecino y regidor que fué de Guati- 
mala, y Cortés hacia mucha honra al Pedro 
Barba, y le hizo capitán de ballesteros, y dio 
nuevas que estaba otro navio chico en Cuba, 
que le quería enviar el Diego Velazquez con 
cabi y bastimentos; el cual vino dende á ocho 
dias, y venia en él por capitán un hidalgo natu- 
ral de Medina del Campo, que se decía Ro- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 149 

drigo Morejon de Lobera , y traía consigo 
ocho soldados y seis ballestas y mucho hilo 
para cuerdas , é una yegua ; ni más ni me- 
nos que habian prendido al Pedro Barba, ansí 
hicieron á este Rodrigo de Morejon , y luego 
fueron á Segura de la Frontera, y con todos 
elios nos alegramos, y Cortés les hacia mucha 
honra y les daba cargos; y gracias á Dios, ya nos 
íbamos fortaleciendo con soldados y ballestas y 
dos ó tres caballos más. Y dejallo he aqui , y 
volveré á decir lo que en Guacachula hacían los 
ejércitos mejicanos que estaban en frontera , y 
cómo los caciques de aquel pueblo vinieron se- 
cretamente á demandar favor á Cortés para 
cchallos de allí. 



CAPITULO CXXXII. 



CÓMO LOS DE GUACACHULA VINIERON Á DIMANDAR FA- 
VOR Á CORTÉS SOBRE QUE LOS EJÉRCITOS MEJICANOS 
LOS TRATABAN MAL Y LOS ROBABAN , Y LO QUE 
SOBRE ELLO SE HÍZO. 



Ya he dicho que Guatemuz, señor que nueva- 
mente era alzado por Rey de Méjico , enviaba 
grandes guarniciones á sus fronteras ; espe- 
cial envió una muy poderosa y de mucha copia 



150 BERNAL DÍAZ. 

de guerreros á Guacachula , y otra á Ozucar, 
que estaba dos ó tres leguas de Guacachula; 
porque bien temió que por alli le habíamos de 
correr las tierras y pueblos sujetos á Méjico ; y 
parece ser que , como envió tanta multitud de 
guerreros y como tenían nuevo señor , hacian 
muchos robos y fuerzas á los naturales de aque- 
llos pueblos adonde estaban aposentados, y tan- 
tas, que no les podian sufrir los de aquella pro- 
vincia, porque decían que les robaban las man- 
tas y maíz y gallinas y joyas de oro , y sobre 
todo, las hijas y mujeres si eran hermosas , y 
que las forzaban delante de sus maridos y pa- 
dres y parientes. Como oyeron decir que los del 
pueblo de Cholula estaban todos muy de paz y 
sosegados después que los mejicanos no esta- 
ban en él, y agora ansimesmo en lo de Tepeaca 
y Tecamachalco y Cochula, á esta causa vinie- 
ron cuatro principales muy secretamente de 
aquel pueblo, por mí otras veces nombrado, y 
dicen á Cortés que envié teules y caballos á qui- 
tar aquellos robos y agravios que les hacian los 
mejicanos, é que todos los de aquel pueblo y 
otros comarcanos nos ayudarían para que matá- 
semos á los escuadrones mejicanos; y de que 
Cortés lo oyó, luego propuso que fuese por ca- 
pitán Cristóbal de Olí con todos los más de á 
caballo y ballesteros y con gran copia de tlas- 
caltecas; porque con la ganancia que los de 
Tlascala habian llevado de Tepeaca, habían ve- 
nido á nuestro real é villa muchos más tlascal- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 151 

tecas; y nombró Cortés para ir con el Cristóbal 
de Olí á ciertos capitanes de los que habian ve- 
nido con Narvaez; por manera que llevaba en su 
compañía sobre trecientos soldados y todos los 
mejores caballos que teníamos. E yendo que iba 
con todos sus compañeros camino de aquella 
provincia, pareció ser que en el camino dijeron 
ciertos indios á los de Narvaez cómo estaban 
todos los campos y casas llenas de gente de 
guerra de mejicanos , mucho más que los de 
Obtumba, y que estaba allí con ellos elGuate- 
muz, señor de Méjico; y tantas cosas dicen que 
les dijeron, que atemorizaron á los de Narvaez; 
y como no tenian buena voluntad de ir á entra- 
das ni ver guerras, sino volverse á su isla de 
Cuba, y como habian escapado de la de Méjico y 
calzadas y puentes y la de Obtumba, no se que- 
rían ver en otra como lo pasado; y sobre ello di- 
ieronlos de Narvaez tantas cosas al Cristóbal de 
Olí, que no pasase adelante, sino que se volviese, 
y que mirase no fuese peor esta guerra que las pa- 
sadas, donde perdiesen las vidas; y tantos incon- 
venientes le dijeron, y dábanle á entender que si 
el Cristóbal de Olí quería ir, que fuese en buen 
hora, que muchos dellos no querían pasar ade- 
lante; de modo que, por muy esforzado que era 
el capitán que llevaban, aunque les decía que 
no era cosa volver, sino ir adslante, que buenos 
caballos llevaban y mucha gente, y que si vol- 
viesen un paso atrás que los indios los temían 
en poco, é que en tierra llana era, y que no 



152 BEBNAL DÍAZ. 

aueria volver, sino ir adelante; y para ello, de 
nuestros soldados de Cortés le ayudaban á de- 
cir que no se volviese, y que en otras entradas 
y guerras peligrosas se habían visto, é que, 
gracias á Dios.habian tenido vitoria, noaprove- 
chó'cosa ninguna con cuanto les decían; sino 
por via de ruegos le trastornaron su seso, que 
volviesen y que desde Gholula escribiesen á Cor- 
tés sobre el caso; y así se volvió; y de que Cor- 
tés lo supo, se enojó, y envió á Cristóbal de Olí 
otros dos ballesteros, y le escribió que se mara- 
villaba de su buen esfuerzo y valentía, que por 
palabras de ninguno dejase de ir á una cosa se- 
ñalada como aquella; y de que el Cristóbal de 
Olí vio la carta, hacia bramuras de enojo, y dijo 
á los que tal le aconsejaron que por su causa 
habia caido en falta. Y luego, sin más deter- 
minación, les mandó fuesen con él, é que el 
que no quisiese ir, que se volviese al real por 
cobarde, que Cortés le castigaría en llegan- 
do; y como iba hecho un bravo león de enojo 
con su jente camino de Guacachula, antes que 
llegasen como una legua, le salieron á decir los 
caciques de aquel pueblo de la manera y arte 
que estaban los de Cu lúa, y cómo habia de dar 
en ellos, y de qué mantera habia de ser ayudado; 
y como lo hubieron entendido , apercebió los de 
á caballo y ballesteros y soldados, y según y de 
la manera que tenian en el concierto da en los 
de Culúa; y puesto que pelearon muy bien por 
un buen rato, y le hirieron ciertos soldados y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 153 

mataron dos caballos y hirieron otros ocho en 
unas fuerzas y albarradas que estaban en aquel 
pueblo, en obra de una hora estaban ya puestos 
en huida todos los mejicanos; y dicen que nues- 
tros tlascaltecas que lo hicieron muy varonil- 
mente, que mataban y prendían muchos dellos, 
y como les ayudaban todos los de aquel pueblo 
y provincia, hicieron muy grande estrago en 
los mejicanos, que ,prest,o procuraron retraerse 
é hacerse fuertes en otro gran pueblo que se 
dice Ozucar, donde estaban otras muy grandes 
guarniciones de mejicanos, y estaban en gran 
fortaleza, y quebraron una puente porque no 
pudiesen pasar caballos ni el Cristóbal de Olí; 
porque, como he dicho, andaba enojado, hecho 
un tigre, y no tardó mucho en aquel pueblo; 
que luego se fué á Ozucar con todos los que le 
pudieron seguir, y con los amigos de Guacachu- 
-¿a pasó el rio y dio en los escuadrones mejica- 
nos, que de presto los venció, y allí le mataron 
dos caballos, y á él le dieron dos heridas , y la 
una en el muslo, y el cabaijo muy bien herido, 
y estuvo en Ozucar dos dias; y como tod@s los 
mejicanos fueron desbaratados, luego vinieron 
los caciques y señores de aquel pueblo y de 
otros comarcanos á demandar paz, y se die- 
*ron por vasallos de nuestro Rey y señor; y 
como todo fué pacífico f se fué con todos sus 
soldados á nuestra villa de la Frontera. Y 
porque yo no fui en esta entrada, digo en es- 
ta relación que dicen que pasó lo que he di-* 
20 



154 BERNAL DÍAZ* 

cho; y nuestro Cortés le salió á recebir, y to- 
dos nosotros, y hubimos mucho placer, y reía- 
mos de cómo le habian convocado á que se vol- 
viese, y el Cristóbal de Olí también reia, y de- 
cía que mucho más cuidado tenian algunos de 
sus minas y de Cuba que no de las armas, y que 
juraba á Dios que no le acaeciese llevar consi- 
go, si á otra entrada fuese, sino de los pobres 
soldados de los de Cortés, y no de los ricos que 
venían de Narvaez, que querían mandar más 
que no él. Dejemos de platicar más desto, y di- 
gamos cómo el coronista Gómora dice en su his- 
toria que por no entender bien el Cristóbal de 
Olí á los naguatatos é intérpretes se volvía del 
camino de Guacachula, creyendo que era trato 
doble contra nosotros; y no fué ansi como dice, 
sino que los más principales capitanes de los 
del Narvaez, como les decían otros indios que 
estaban grandes escuadrones de mejicanos jun- 
tos y más que en lo de Méjico y Obtumba, y que 
con ellos estaba el-señor de Méjico, qué se de- 
cía Guatemuz, que entonces le habian alzado 
por Rey, como habian escapado tan mal parados 
de lo de Méjico, tuvieron grande temor de en- 
trar en aquellas batallas, y por esta causa con- 
vocaron al Cristóbal de Olí que se volviese, y 
aunque todavía porfiaba de ir adelante, esta es 
la verdad. Y también dice que fué el mismo Cor- 
tés á aquella guerra cuando el Cristóbal de Olí 
se volvía; no fué ansí, que el mismo Cristóbal de 
Olí, maestre de campo, es el que fué, como di- 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 155 

cho tengo. También dice dos veces que los que 
informaron á los de Narvaez cómo estaban los 
muchos millares de indios juntos, que fueron los 
de Guaxocingo , cuando pasaban por aquel 
pueblo. También digo que se engañó, por- 
que claro está que para ir desde Tepeaca á Ca- 
chula no habían de volver atrás por Guaxocingo, 
que era ir como si estuviésemos agora en Medi- 
na del Campo , y para ir á Salamanca tomar el 
camino por Valladolid; no es más lo uno én com- 
paración de lo otro. Y dejemos ya esta materia, 
y digamos lo que más en aquel instante acon- 
teció , é fué que vino un navio al puerto del pe- 
ñol del Nombre-Feo, que se decia el Tal de Ber- 
nal, junto á la Villa-Rica , que venia de lo de 
Panuco, que era de los que enviaba Garay, y ve- 
nia en él por capitán uno que se decia Camargo, 
y lo que pasó adelante diré. 



CAPITULO CXXXIII. 



CÓMO APORTÓ AL PEÑOL Y PUERTO. QUE ESTA JUNTO Á 
LA VILLA-RICA UN NAVIO DE LOS DE FRANCISCO GA- 
RAY , QUE HABÍA ENVIADO Á POBLAR EL RIO DE PA- 
NUCO, Y LO QUE SOBRE ELLO MÁS PASÓ. 



Estando que estábamos en Segura de la Fron- 
tera , de la manera que en mi relación habrán 
oído, vinieron cartas á Cortés cómo había apor- 



156 BEftfiAL DÍAZ. 

tado un navio de los que el Francisco de Garay 
había enviado á poblar á Panuco , é que venia 
por capitán uno que se decia Fulano Camargo, 
y traia sobre sesenta soldados , y todos dolien- 
tes y muy amarillos é hinchadas las barrigas, y 
que habían dicho que otro capitán que el Garay 
habia enviado á poblar á Panuco , que se decia 
Fulano Alvarez Pinedo '-, que los indios del Pa- 
nuco lo habían muerto , y á todos los soldados y 
caballos que habia enviado á aquella provincia, 
y que los navios se los habían quemado; y que 
este Camargo, viendo el mal suceso, se embarcó 
con los soldados que dicho tengo , y se vino á 
socorrer á aquel puerto, porque bien tenia noti- 
cia que estábamos poblados allí, y á causa que 
por sustentar las guerras con los indios no te- 
nían qué comer, y venían muy flacos y amarillos 
é hinchados ; y más dijeron , que el capitán Ca- 
margo habia sido fraile dominico , é que habia 
hecho profesión ; los cuales soldados , con su 
capitán, se fueron luego su poco á poco á la villa 
de la Frontera , porque no podían andar á pié 
de flacos; y cuando Cortés los vio tan hinchados 
y amarillos , que no eran para pelear , harto te- 
níamos que curar en ellos ; al Camargo hizo mu 
cha honra , y á todos los soldados , y tengo que 
el Camargo murió luego , que no me acuerdo 
bien qué se hizo , y también se murieron mu- 
chos soldados ; y entonces por burlar les lla- 
mamos y pusimos por nombre los panzaverde- 
tes , porque traían las" colores de muertos y las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 157 

barrigas muy hinchadas; y por no me dete- 
ner en contar cada cosa en qué tiempo y lu- 
gar acontecían > pues eran todos los navios 
que en aquel tiempo venían á la Villa-Rica del 
Garay , y puesto que se vinieron los unos de 
los otros un mes delanteros, hagamos cuen- 
ta que todos aportaron á aquel puerto, ago- 
ra sea un mes antes los unos que los otros; 
y esto digo porque vino luego un Miguel Diaz 
de Auz , aragonés , por capitán de Francisco 
de Garay , el cual le enviaba para socorro ai 
capitán Fulano Alvarez Pinedo , que creia que 
estaba en Panuco ; y como llegó al puerto del 
Panuco , y no halló ni pelo de la armada de Ga- 
ray, luego entendió por lo que vido que le habían 
muerto ; porque al Miguel Diaz le dieron guer- 
ra , luego que llegó con un navio , los indios 
de aquella provincia, y por aquel efeto vino á 
aquel nuestro puerto y desembarcó sus soldados, 
que eran más de cincuenta, y más siete caballos, 
y se fué luego para donde estábamos con Cor- 
tés; y este fué el mejor socorro y al mejor tiem- 
po que le habíamos menester. Y para que bien 
sepan quién fué este Miguel Diaz de Auz, digo 
yo que sirvió muy bien á su majestad en todo lo 
que se ofreció en las guerras y conquistas de la 
Nueva-España, y este fué el que trajo pleito, 
después de ganada la Nueva-Empaña, con un cu- 
ñado de Cortés, que se decia Andrés de Barrios, 
natural de Sevilla, que llamábamos el danzador, 
sobre el pleito de la mitad de Mestitan, que se 



Í5& BERNAL DÍAZ. 

sentenció después con que le den la parte de lo 
que rentare el pueblo, mas de dos ixtil y quinien- 
tos pesos de su parte, con tal que no entre en el 
pueblo por dos años, porque en lo que le acusa- 
ban era que habia muerto ciertos indios en 
aquel pueblo y en otros que habían tenido. De- 
jemos de hablar desto, y digamos que desde á 
pocos dias que Miguel Diaz de Auz habia veni- 
do á aquel puerto de la manera que dicho ten- 
go, aportó luego otro navio que enviaba el mis- 
mo Garay en ayuda y socorro de su armada, 
creyendo que todos estaban buenos y sanos en 
el rio de Panuco, y venia en él por capitán un 
viejo que se decia Ramírez, é ya era hombre an- 
ciano, y á esta causa le llamamos Ramírez el 
viejo, porque habia en nuestro real dos Ramí- 
rez, y traia sobre cuarenta soldados y diez ca- 
ballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y 
el Francisco de Garay no hacia sino echar unos 
navios tras de otros al perdido y todo era favo- 
recer y enviar socorro á Cortés, tan buena for- 
tuna le ocurría, y á nosotros era de gran ayuda; 
y todos estos de Garay que dicho tengo fueron 
á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los sol- 
dados que traia Miguel Diaz de Auz venían muy 
recios y gordos, les pusimos por nombre los de 
los lomos recios; y los que traia el viejo Ramí- 
rez traían unas armas de algodón de tanto gor- 
dor, que no las pasara ninguna flecha, y pesa- 
ban mucho, y pusímosles por nombre los de las 
albardillas; y cuando fueron los capitanes que 



CONOÜISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 159 

dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha 
honra. Dejemos de contar de los socorros que 
teníamos de Garay, que fueron buenos, y diga- 
mos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval 
á una entrada á unos pueblos que se dicen Xa- 
lacingo y Cacatami. 



CAPITULO CXXXIV. 



COMO ENVIÓ CORTES A GONZALO DE SANDOVAL A PACI- 
FICAR LOS PUEBLOS DE XALACINGO Y CACATAMI, Y 
LLEVÓ DOSCIENTOS SOLDADOS Y VEINTE DE Á CABA- 
LLO Y DOCE BALLESTEROS, Y PARA QUE SUPIESE QUE 
ESPAÑOLES MATARON EN ELLOS, Y QUE MIRASE QUE 
ARMAS LES HABIAn TOMADO Y QUE TIERRA ERA, Y 
LES DEMANDASE EL ORO QUE ROBARON, Y DE LO QUE 
MÁS EN ELLO PASÓ. 



Como ya Cortés tenia copia de soldados y ca- 
ballos y ballestas, é se iba fortaleciendo con los 
dos navichuelos que envió Diego Velazquez, y 
envió en ellos por capitanes á Pedro Barba y 
Rodrigo de Morejon de Lobera, y trajeron en 
ellos sobre veinte y cinco soldados, y dos caba- 
llos y una yegua, y luego .vinieron los tres na- 
vios de los de Garay, que fué el primero capi- 
tán que vino, Camargo, y el segundo Miguel 



L60 BERNAL DÍAZ. 

Diaz de Ajz, y el postrero Ramírez el viejo, y 
traían entre todos estos capitanes que he nom- 
brado sobre ciento y veinte soldados y diez y sie- 
te caballos é yeguas, é las yeguas eran de juego y 
de carrera. Y Cortés tuvo noticia de que en unos 
pueblos que se dicen Cacatami y Xalacingo, é 
en otros sus comarcanos, habían muerto mu- 
chos soldados de los de Narvaez que venían ca- 
mino de Méjico, é ansimesmo que en aquellos 
pueblos habían muerto y robado el oro á un 
Juan de Alcántara é á otros dos vecinos de la 
Villa-Rica, que era lo que les habia cabido de 
las partes á todos los vecinos que quedaban en 
la misma villa, según más largo lo he escrito 
en el capítulo que dello se trata; y envió Cortés 
para hacer aquella entrada por capitán á Gon- 
zalo de Sandoval, que era alguacil mayor , y 
muy esforzado y de buenos consejos , y llevó 
consigo ducientos soldados, todos los más de los 
nuestros de Cortés, y veinte de á caballo é doce 
ballesteros y buena copia de tlascaltecas; y an- 
tes que llegase á aquellos pueblos supo que es- 
taban todos puestos en armas, y juntamente te- 
nían consigo guarniciones de mejicanos, é que 
se habían muy bien fortalecido con albarradas y 
pertrechos , porque bien habían entendido que 
por las muertes de los españoles que habían 
muerto, que luego habíamos de ser contra ellos 
para los castigar, como á los de Tepeaca y Ca- 
chula y Tecamachalco; y Sandoval ordenó muy 
bien sus escuadrones y ballesteros, y mandó á 



CONQUISTA DÉ NÜÉVA-ESPANA. Í6Í 

los de á caballo cómo y de qué manera habían 
de ir y romper; y primero que entrasen en 
su tierra les envió mensajeros á decilles que 
viniesen de paz y que diesen el oro y armas que 
habian robado, é que la muerte de los españoles 
se les perdonaría. Y á esto de les enviar men- 
sajeros á decilles que viniesen de paz fueron 
tres ó cuatro veces, y la respuesta que les en- 
viaban era, que allá iban; que como habian 
muerto é comido los teulesque les demandaban, 
que ansí harían al capitán y á todos los que lle- 
vaba; por manera que no aprovechaban mensa- 
jes; y otra vez les tornó á enviar á decir que él 
les haría esclavos por traidores y salteadores de 
caminos, y que se aparejasen á defender; y fué 
Sandoval con sus compañeros y les entró por 
dos partes; que puesto que peleaban muy bien 
todos los mejicanos y los naturales de aquellos 
pueblos, sin más referir lo que allí en aquellas 
batallas pasó, los desbarató, y fueron huyendo 
todos los mejicanos y caciques de aquellos pue- 
blos, y siguió el alcance y se prendieron muchas 
gentes menudas; que de los indios no se cura- 
ban, por no tener qué guardar; y hallaron en 
unos cues de aquel pueblo muchos vestidos, y 
armas, y frenos de caballos y dos sillas, y otras 
muchas cosas de la jineta, que habian presen- 
tado á sus indios; y acordó Sandoval de estar 
allí tres dias, y vinieron los caciques de aque- 
llos pueblos á pedir perdón y á dar la obedien- 
cia á su majestad Cesárea; y Sandoval les dijo 
21 



Í62 BERNAL DÍAZ. 

que diesen el oro que habían robado á Jos espa- 
ñoles que mataron é que luego les perdonaría; 
y respondieron que el oro, que los mejicanos lo 
hubieron y que lo enviaron al señor de Méjico 
que entonces habían alzado por Rey, y que no 
tenían ninguno; por manera, que les mandó que 
en cuanto el perdón, que fuesen adonde estaba 
el Malinctie, é que él les hablaría é perdonaría; 
y ansí, se volvió con una buena presa de muje- 
res y muchachos, que echaron el hierro por es- 
clavos. Y Cortés se holgó mucho cuando le vio 
venir bueno y sano, puesto que traía cosa de 
ocho soldados mal heridos y tres caballos me- 
nos, y aún el Sandoval traia un flechazo; é yó 
no fui en esta entrada, que estaba muy malo de 
calenturas y echaba sangre por la boca; é gra- 
cias á Dios, estuve bueno porque me sangraron 
muchas veces. E como Gonzalo de Sandoval 
había dicho á los caciques de Xalacingo é Caca- 
tami que viniesen á Cortés á demandar paces, 
uo solamente vinieron aquellos pueblos solos, 
sino también otros muchos de la comarca, y to- 
dos dieron la obediencia á su majestad, y traían 
de comer á aquella villa adonde estábamos. E 
fué aquella entrada que hizo de mucho prove- 
cho, y se pacificó toda la tierra; y dende en ade- 
lante tenia Cortés tanta fama en todos los pue- 
blos de la Nueva-España, lo uno de muy justifi- 
cado y lo otro de muy esforzado, que á todos po- 
nía temor, y muy mayor á Guatemuz , el señor 
y rey nuevamente alzado en Méjico; y tanta era 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 163 

la autoridad, ser y mando que había cobrado 
nuestro Cortés, que venían ante él pleitos de in- 
dios de lejas tierras, en especial sobre cosas de 
cacicazgos y señoríos; que, como en aquel tiem- 
po anduvo la viruela tan común en, la Nueva- 
España, fallecían muchos caciques, y sobre á 
quién le pertenecía el cacicazgo y ser señor y 
parlir tierras ó vasallos ó bienes venían á nues- 
tro Cortés, como á señor absoluto de toda la 
tierra, para que por su mano é autoridad alzase 
por señor á quien le pertenecía. Y en aquel 
tiempo vinieron del pueblo de Ozucar y Guaca- 
chula, otras veces ya por mí nombrado; porque 
en Ozúcar estaba casada una parienta muy cer- 
cana deMontezuma con el señor de aquel pue- 
blo, y tenían un hijo que decían era sobrino del 
Montezuma, é según parece, heredaba el seño- 
río, é otros decían que le pertenecía á otro se- 
ñor, y sobre ello tuvieron muy grandes diferen- 
cias, y vinieron á Cortés, y mandó que le here- 
dase el pariente de Montezuma, y luego cum- 
plieron su mandato; é ansí vinieron de ptros 
muchos pueblos de á la redonda sobre pleitos, y 
á cada uno mandaba dar sus tierras y vasallos, 
según sentía por derecho que les pertenecía, Y 
en aquella sazón también tuvo noticia Cortés 
que en un pueblo que estaba de allí seis leguas, 
que se deeia Cocotlan, y le pusimos por nombre 
Castilblanco (como ya otras veces he dicho, 
dando la causa por qué se le puso este nombre), 
habían muerto nueve españoles, envió al mismo 



164 RERNAL DÍAZ. 

Gonzalo de Sandoval para que los castigase y 
los trajese de paz, y fué allá con treinta de á 
caballo y cien soldados, y ocho ballesteros y 
cinco escopeteros, y muchos tlascaltecas, que 
siempre se mostraron muy aficionados y eran 
buenos guerreros. Y después de hechos sus re- 
querimientos y protestaciones, que vieron y les 
¡¡.enviaron á decir otras muchas cosas de cumpli- 
mientos con cinco indios principales de Tepeaca, 
y si no venían que les daria guerra y haria es- 
clavos. Y pareció ser estaban en aquel pueblo 
otros escuadrones de mejicanos en su guarda y 
amparo, y respondieron que señor tenían , que 
era Guatemuz; que no habían menester ni venir 
ni ir á llamado de otro señor; que si allá fuesen, 
que en el camino les hallarían, que no se les ha- 
bían ahora fallecido las fuerzas menos que las 
tenían en Méjico y puentes y calzadas, é que ya 
sabían á qué tanto llegaban nuestras valentías. 
Y cuando aquello oyó Sandoval, puesta muy en 
orden su gente cómo había de pelear, y los de 
á caballo y escopeteros y ballesteros, mandó á 
los tlascaltecas que no se metiesen en los ene- 
migos al principio, porque no estorbasen á los 
caballos y porque no corriesen peligro, ó hirie- 
sen algunos dellos con las ballestas y escopetas 
ó los atropellasen con los caballos, hasta haber 
rompido los escuadrones, y cuando los hubiesen 
desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y 
siguiesen el alcance; y luego comenzó á caminar 
hacia el pueblo, y salen, al camino y encuentro 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 165 

dos escuadrones de guerreros junto á unas fuer- 
zas y barrancas, y allí estuvieron fuertes un 
rato, y con las ballestas y escopetas les hacían 
mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lu- 
gar de pasar aquella fuerza é albarradas con 
los caballos; y aunque le hirieron nueve caba- 
llos, y uno murió, y también le hirieron cuatro 
soldados, como se vio fuera de mal paso é tuvo 
lugar por donde corriesen los caballos, y aun- 
que no era buena tierra ni llano, que habia mu- 
chas piedras, da tras los escuadrones, rompien- 
do por ellos, que los llevó hasta el mismo pue- 
blo, adonde estaba un gran patio, y allí tenían 
otra fuerza y unos cues, adonde se tornaron á 
hacer fuertes; y puesto que peleaban muy bra- 
vosamente, todavía los venció, y mató hasta 
siete indios, porque estaban en malos pasos; y 
los tlascaltecas no habían menester mandalles 
que siguiesen el alcance, que con la ganancia, 
como eran guerreros, ellos tenían el cargo, es- 
pecialmente como sus tierras no estaban lejos 
de aquel pueblo; allí se hubieron muchas muje- 
res y gente menuda, y estuvo allí el Gonzalo de 
Sandoval dos dias, y envió á llamar los caciques 
de aquel pueblo con unos principales de Tepea- 
ca que iban en su compañía, y vinieron, y de- 
mandaron perdón de la muerte de los españoles, 
y Sandoval les dijo que si daban las ropas y ha- 
cienda que robaron de los que mataron, que se 
les perdonaría, y respondieron que todo lo ha- 
bían quemado y que no tenían ninguna cosa, y 



l6*6 BÉRNAL DÍAZ. 

que los que mataron, que los más dellos habían 
ya comido, y que cinco teules enviaron vivos á 
Guatemuz, su señor, y que ya habían pagado la 
pena con los que agora les habían muerto en ei 
campo y en el pueblo; que les perdonase, é que 
llevarían muy bien de comer y bastecerían la 
villa donde estaba Malinche. Y como el Gonzalo 
de Sandoval vio que no se podía hacer más, les 
perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en 
lo que les mandasen; y con este recaudo se fué 
á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de 
todos los del real. Donde dejaré de hablar más 
en ello, y digamos cómo se herraron todos los 
esclavos que se habian habido en aquellos pue- 
blos y provincia, y lo que sobre ello se hizo. 



CAPITULO CXXXV. 



COMO SE RECOJIERON TODAS LAS MUJERES Y ESCLAVOS 
DE TODO NUESTRO REaL QUE HABÍAMOS HABIDO EN 
AQUELLO DE TEPE ACÁ Y C ACHULA , TECAMECHALCO Y 
EN CASTILBLANCO Y En SUS TIERRAS, PARA QUE SE 
HERRASEN CON EL HIERRO EN NOMBRE DE SU MAJES- 
TAD, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ, 



Como Gonzalo de Sandoval hubo llegado á la 
villa de Segura de la Frontera, de hacer aque- 



CONQUISTA Dfe NÜÉVA.-ESPANA. 167 

Has entradas que ya he-dicho, y en aquella pro- 
vincia todos los teníamos ya pacíficos, y no te- 
mamos por entonces donde ir a entrar, porque 
todos los pueblos de los rededores habían dado 
la obediencia á su Majestad, acordó Cortés, con 
los oficiales del Rey, que se herrasen las piezas 
y esclavos que se habían habido, para sacar su 
quinto, después que se hubiese primero sacado 
el de su majestad, y para ello mandó dar prego- 
nes en el real é villa que todos los soldados lle- 
vásemos á una casa que estaba señalada para 
aquel efeto á herrar todas las piezas que tuvie- 
sen recojidas, y dieron de plazo aquel dia que 
se pregonó y otro; y todos ocurrimos con todas 
las indias, muchachas y muchachos que había- 
mos habido; que de hombres de edad no nos cu- 
rábamos dellos, que eran malos de guardar, y 
no habíamos menester su servicio , teniendo á 
nuestros amigos los tlascaltecas. Pues ya juntas 
todas las piezas, y hecho el hierro, que era una 
G como esta, que quería decir guerra, cuando 
no nos catamos, apartan el real quinto, y luego 
sacan otro quinto para Cortés; y demás desto, 
la noche antes, cuando metimos las piezas, 
como he dicho en aquella casa, habían ya es- 
condido y tomado las mejores indias, que no pa- 
reció allí ninguna buena, y al tiempo del repar- 
tir dábannos las viejas y ruines; y sobre esto 
hubo muy grandes murmuraciones contra Cor- 
tés y de los que mandaban hurtar y esconder 
las buenas indias; y de tal manera se lo dijeron 



1 68 BERÑAL t>íA2. 

al mismo Cortés soldados de los de Narvaez, 
que juraban á Dios que no habían visto tal, ha- 
ber dos Reyes en la tierra de nuestro Rey y se- 
ñor y sacar dos quintos ; y uno de los soldados 
que se lo dijeron fué un Juan Bono de Quejo; y 
más dijo , que no estarían en tal tierra , y que 
lo harían saber en Castilla á su majestad y á los 
de su Real Consejo de Indias ; y también dijo á 
Cortés otro soldado muy claramente que no bastó 
repartir el oro que se había habido en Méjico de 
la manera que lo repartió , y que cuando estaba 
repartiendo las partes decía que eran trescientos 
mil pesos los que se habían llegado, y que cuan- 
do salimos huyendo de Méjico mandó tomar por 
testimonio que quedaban más de setecientos mil, 
y que agora el pobre soldado que habia echado 
los bofes y estaba lleno de heridas por haber 
una buena india , y les habían dado enaguas y 
camisas , habían tomado y escondido las tales 
indias , y que cuando dieron el pregón para que 
se llevasen á herrar , que creyeron que á cada 
soldado volverían sus piezas y que apreciarían 
qué tantos pesos valían , y que como las apre- 
ciasen pagasen el quinto á su majestad , y que 
no habría más quinto para Cortés ; y decían 
otras murmuraciones peores que estas ; y como 
Cortés aquello vio , con palabras algo blandas 
dijo que juraba en su conciencia ( que aquesto 
tenia costumbre de jurar) que de allí adelante 
no seria ni se haría de aquella manera, sino que 
buenas ó malas indias , sacallas al almoneda , y 



CONQUISTA DE MJEVA-ÉSPANA. Í69 

la buena que se vendería por tal, y la que no lo 
fuese por menos precio, y de aquella manera no 
temían que reñir con él. Y puesto que allí en 
Tepeaca no se hicieron más esclavos, mas des- 
pués en lo de Tezcuco casi que fué desta mane- 
ra, como adelante diré. Y dejaré de hablar en 
esta materia, y digamos otra cosa casi peor que 
esto de los esclavos, y es que ya he dicho en el 
capítulo que dello habla, cuando la triste noche 
que salimos de Méjico huyendo, cómo quedaban 
en la sala donde posaba Cortés muchas barras 
de oro perdido, que no lo podian sacar, más de 
lo que cargaron en la yegua y caballos y mu- 
chos tlascaltecas, y lo que hurtaron los amigos 
y otros soldados que cargaron dello; y como lo 
demás se quedaba perdido en poder de los me- 
jicanos, Cortés dijo delante de un escribano del 
Rey que cualquiera que quisiese sacar oro de 
lo que allí quedaba, que se lo llevase mucho en 
buena hora por suyo, como se habia de perder; 
y muchos soldados de los de Narvaez cargaron 
dello, y asimismo algunos de los nuestros, y 
por sacallo perdieron muchos dellos las vidas, 
y los que escaparon con la presa que traían,' 
habían estado en gran riesgo de morir y salie-1 
ron llenos de heridas. Y como en nuestro real y 
villa de Segura de la Frontera, que así se lla- 
maba, alcanzó Cortés á saber que habia muchas 
barras de oro, y que andaban en el juego, y 
como dice el refrán que el oro y amores son 
malos de encubrir, mandó dar un pregón , so 
22 



170 BERNAL »IAZ. 

graves penas, que traigan á manifestar el oro 
que sacaron, y que les dará la tercia parte dello, 
y si no lo traen, que se lo tomará todo ; y mu- 
chos soldados de los que lo tenían no lo quisie- 
ron dar, y alguno se lo tomó Cortés como pres- 
tado, y más por fuerza que por grado; y como 
todos los más capitanes tenían oro, y aún los 
oficiales del Rey muy mejor, que hicieron sacos 
dello, se calló lo del pregón t que no se habló en 
ello; mas pareció muy mal esto que mandó Cor- 
tés. Dejémoslo ya demás declarar ^ y digamos 
cómo todos los demás capitanes y personas 
principales de los que pasaron con Narvaez de- 
mandaron licencia á Cortés para se volver á 
Cuba, y Cortés se la dio , y lo que más acaeció. 



CAPITULO CXXXIV. 



CÓMO DEMANBARON LICENCIA Á CORTES LOS CAPITANES 

Y PERSONAS MÁS PRINCIPAIES DE LOS QUE NARVAEZ 
HABÍA TRAÍDO EN SU COMPAÑÍA PARA SE VOLVER Á 
LA ISLA DE CUIA, Y CORTES SE LA DIO Y SE FUE- 
RON. Y DE CÓMO DESPACHÓ CORTES EMBAJADORES 
PARA CASTILLA Y PARA SANTO DOMINGO Y JAMAICA, 

Y LO QUE 80BRE CADA COSA ACAECIÓ. 



Como vieron los capitanes de Narvaez que ya 
teníamos socorros, así de los que vinieron de 
Cuba como los de Jamaica que había enviado 



CONQUISTA »E NUEVA*#8PANA. 171 

Francisco de Garay para su armada, según lo 
tengo declarado en el capítulo que dellp habla, 
y vieron que los pueblos de la provincia de 
Tepeaca estaban pacíficos, después de muchas 
palabras que á Cortés dijeron , con grandes 
ofertas y ruegos le suplicaron que les diese 
licencia para se volver á la isla de Cuba, pues 
se lo habia prometido, y luego Cortés se la dio, 
y les prometió que si voívia á ganar la Nueva- 
España y ciudad de Méjico, que al Andrés de 
Duero, su compañero, que le daria mucho más 
oro que le habia de antes dado ; y asi hizo otras 
ofertas á los demás capitanes , en especial á 
Agustín Bermudez, y les mandó dar matalotaje 
que en acuella sazón habia, que era maiz y 
perrillos salados y algunas gallinas, y un navio 
de los mejores, y escribió Cortés á su mujer Ca- 
talina Juárez la Marcáida y á Juan Nuñez, su 
cuñado, que en aquella sazón vivia en la isla de 
Cuba, y les envió ciertas barras y joyas de oro, 
y les hizo saber todas las desgracias y trabajos 
que nos habían acaecido, y cómo nos echaron 
de Méjico. Dejemos esto, y digámoslas personas 
que pidieron la licencia para se volver á Cuba, 
que todavía iban ricos, y fueron Andrés de Due- 
ro y Agustín Bermudez, y Juan Bono de Que- 
jo y Bernardino de Quesada , y Francisco 
Velazquez el corcovado, pariente del Diego 
Velazquez el gobernador de Cuba, y Gonzalo 
Carrasco el que vive en la Puebla, que después 
se volvió á esta Nueva-España, y un Melchor de 



172 BEfcHAL DÍAZ* 

Velasco, que fué vecino de Guatimala, y un Ji- 
ménez que vive en Guajaca, que fué por sus hi- 
jos, y el comendador León de Cervantes, que 
fué por sus hijas, que después de ganado Méjico 
las casó muy honradamente, y se fué uno que se 
decía Maldonado, natural de Medellin, que es- 
taba doliente; no digo Maldonado el que fué ma- 
rido de doña María del Rincón, ni por Maldona- 
do el ancho, ni otro Maldonado que se decia 
Alvaro Maldonado el fiero, que fué casado con 
una señora que se decia María Arias; y también 
se fué un Vargas, vecino de la Trinidad, que le 
llamaban en Cuba Vargas el galán: no digo el 
Vargas que fué suegro de Cristóbal Lobo, veci- 
no que fué de Guatimala; y se fué un soldado de 
los de Cortés , que se decia Cárdenas , piloto; 
aquel Cárdenas fué el que dijo á un su compañero 
que ¿cómo podiamos reposar los soldados te- 
niendo dos Reyes en esta Nueva-España? Este 
fué á quien Cortés dio trecientos pesos paranjue 
se fuese con su mujer é hijos. Y por excusar 
prolijidad de ponellos todos por memoria, se 
fueron otros muchos que no me acuerdo bien sus 
nombres; y cuando Cortés les dio la licencia, 
dijimos que para qué se la daba, pues que éra- 
mos pocos los que quedábamos; y respondió que 
por excusar escándalos é importunaciones, y que 
ya veíamos que para la guerra algunos de los 
que se volvían á Cuba no lo eran, y que valia más 
estar solos que mal acompañados; y para los 
despachar del puerto envió Cortés á Pedro de 



COlíQtnSTÁ DÉ Nt'ÉVA-ESPANA. Íl3 

Albarado; y en habiéndolos embarcado, le man- 
dó que se volviese luego á la villa. Y diga- 
mos ahora que también envió á Castilla á 
Diego de Ordás y á Alonso de Mendoza, natural 
de Medellin y de Cáceres, con ciertos recaudos 
de Cortés, que yo no sé otros que llevase nues- 
tros, ni nos dio parte de cosa de los negocios 
que enviaba á tratar con su majestad, ni lo que 
pasó en Castilla yo no lo alcancé á saber, salvo 
que á boca llena decia el Obispo de Burgos de- 
lante del Diego de Ordás que asi Cortés como 
todos los soldados que pasamos con él éramos 
malos y traidores, puesto que el Ordás sé cierto 
respondía muy bien por todos nosotros ; y en- 
tonces le dieron al Ordás una encomienda de 
señor ¡Santiago , y por armas el volcan que está 
entre Guaxocingo y cerca de Cholula; y lo que 
negoció adelante lo diré, según lo supimos por 
carta. Dejemos esto aparte, y diré cómo Cortés 
envió á Alonso de Avila, que era capitán y conta- 
dor desta Nueva-España, y juntamente con él 
envió otro hidalgo que se decia Francisco Alva- 
rez Chico, que era hombre que entendía de nego- 
cios; y mandó que fuesen con otro navio para la 
isla de Santo Domingo, á hacer relación de todo 
lo acaecido á la Real audiencia que en ella resi- 
día; y á los frailes Jerónimos que estaban por 
gobernadores de todas las islas , que tuviesen 
por bueno lo que habíamos hecho en las con- 
quistas y el desbarate de Narvaez, y cómo ha- 
bía hecho esclavos en los pueblos que habían 



174 BERNAL DIA2. 

muerto españoles y se habían quitado de la 
obediencia que habian dado á nuestro Rey y 
señor, y que así se entendía hacer en todos los 
más pueblos que fueron de la liga y nombre de 
mejicanos ; y que suplicaba que hiciese re- 
lación dello en Castilla á nuestro gran Empe- 
rador, y tuviesen en la memoria los grandes 
servicios que siempre le hacíamos, y que por su 
intercesión y de la Real audiencia fuésemos fa- 
vorecidos con justicia contra la mala voluntad y 
obras que contra nosotros tratada el Obispo de 
Burgos y Arzobispo de Rosa no; y también en- 
vió otro navio á la isla de Jamaica por caballos 
é yeguas, y el capitán que con él fué se decía 
Fulano de Solís, que después de ganado Méjico 
le llamamos Solís de la huerta, yerno de uno 
que se decia el bachiller Ortega. Bien sé que 
dirán algunos curiosos letores que sin dineros 
cómo enviaba al Diego de Ordás á negocios á 
Castilla, pues está claro que para Castilla y 
para otras partes son menester dineros; y que 
asimismo envió á Alonso de Avila y á Francis- 
co Alvarez Chico á Santo Domingo á negocios, 
y á la isla de Jamaica por caballos é yeguas. A 
esto digo que, como al salir de Méjico salimos 
huyendo la noche por mí muchas veces referi- 
da, que, como quedaban en la sala muchas bar- 
ras de oro perdido en un montón, que todos los 
más soldados apañaban dello; en especial los de 
á caballo, y los de Narvaez mucho mejor, y los 
oficiales de su majestad que lo tenían en poder 



CONQUISTA »E NUEVA-ESPAÑA. 175 

y cargo llevaron los fardos hechos. Y demás de 
esto, cuando se cargaron de oro más de ochenta 
indios tlascaltecas por mandado de Cortés, y 
fueron los primeros que salieron en las puentes, 
vista cosa era que salvarían muchas cargas dello, 
que no se perdería todo en la calzada; y como 
nosotros los pobres soldados que no teníamos 
mando, sino ser mandados, en aquella sazón pro- 
curábamos de salvar nuestras vidas, y después de 
curar nuestras heridas, á esta causa no mirába- 
mos en el oro, si salieron muchas cargas dello en 
las puentes ó no, ni se nos daba por mucho por 
ello; y Cortés con algunos de nuestros capita- 
nes lo procuraron de haber de algunos de los 
tlascaltecas que lo sacaron, y tuvimos sospecha 
que los cuarenta mil pesos de las partes de los 
de la Villa-Rica, que también lo hubo y echó 
fama que lo habian robado, y con ello envió á 
Castilla á los negocios dé su persona y á com- 
prar caballos, y á la isla de Santo Domingo á la 
audiencia Real; porqué en aquél tiempo todos 
se callaban con las barras de oro que tenían, 
aunque más pregones habian dado. Dejemos 
esto, y digamos como ya estaban de paz todos 
los pueblos comarcanos de Tepeaca, acordó Cor- 
tés que quedase en la villa de Segura de la 
Frontera por capitán un Francisco de Orozco 
con obra de veinte soldados que estaban heri- 
dos y dolientes; y con todos los más de nuestro 
ejército fuimos á Tlascala, y se dio orden que se 
cortase madera para hacer trece bergantines 



176 BERNA L DÍAZ. 

para ir otra vez sobre Méjico; porque hallába- 
mos por muy cierto que para la laguna sin ber- 
gantines no la podíamos señorear ni podíamos 
dar guerra, ni entrar otra vez por las calzadas 
en aquella gran ciudad sino con gran riesgo de 
nuestras vidas; y el que fué maestro de cortar 
la madera y dar el gálibo y cuenta y razón 
cómo habian de ser veleros y ligeros para aquel 
efeto, y los hizo, fué un Martin López, que 
ciertamente, demás de ser un buen soldado, en 
todas las guerras sirvió muy bien ásu majestad. 
En esto de los bergantines trabajó en ellos 
como fuerte varón, y me parece que si por di- 
cha no viniera en nuestra compañía de los pri- 
meros, como vino, que hasta enviar por otro 
maestro á Castilla se pasara mucho tiempo, ó 
no viniera ninguno. 

Volveré á nuestra materia, é digamos ahora 
que cuando llegamos á Tlascala ya era fallecido 
de viruelas nuestro gran amigo y muy leal va- 
sallo de su majestad Masse-Escaci, de la cual 
muerte nos pesó á todos; y Cortés lo sintió tan- 
to, como él decia, como si fuera su padre, y se 
puso luto de mantas negras, y asimismo muchos 
de nuestros capitanes y soldados; y á sus hijos 
y parientes del Masse-Escaci Cortés y todos 
nosotros les hacíamos mucha honra; y porque 
en Tlascala había diferencias sobre el mando y 
cacicazgo, señaló y mandó que lo fuese un su 
hijo legítimo del Masse-Escaci, porque así se 
lo habia mandado su padre antes que muriese; 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 177 

y aun dijo á sus hijos y parientes que mirasen 
que no saliesen del mandado de Malinche y de 
sus hermanos, porque ciertamente éramos los 
que habíamos de señorear esas tierras, y les dio 
otros muchos buenos consejos. Dejemos ya de 
contar del Masse-Escaci, pues ya es muerto . y 
digamos de Xicotenga el viejo y de Chichimeca- 
tecle y de todos los demás caciques de Tlascala, 
que se ofrecieron de servir á Cortés, asi en cor- 
tar la madera para los bergantines como para 
todo lo demás que les quisiesen mandar en la 
guerra contra mejicanos, é Cortés los abrazó con 
mucho amor y les dio gracias por ello, especial- 
mente á Xicotenga el viejo y áChichimecatecle: 
y luego procuró que se volviese cristiano, y el 
buen viejo de Xicotenga de buena voluntad dijo 
que lo quería ser, y con la mayor fiesta que en 
aquella sazón so pudo hacer, en Tlascala le bau- 
tizó el padre de la Merced, y le puso nombre don 
Lorenzo de Vargas. Volvamos á decir de nues- 
tros bergantines, que el Martin López se dio 
tanta priesa en cortar la madera, con la gran 
ayuda de los indios que le ayudaban , que en 
pocos dias la tenia ya cortada toda, y señalada 
su cuenta en cada modero para qué parte y lu- 
gar habia de ser, según tienen sus señales los 
oficiales , maestros y carpinteros de ribera; y 
también le ayudaba otro buen soldado que se 
decia Andrés Nuñez, é un viejo carpintero que 
estaba cojo de urna herida, que se decia Ramírez 
el viejo; y luego despacho el Cort s á la Villa- 
23 



178 BERNAL DÍAZ. 

Rica por mucho hierro y clavazón de los navios 
que dimos al través, y por áncoras y velas é 
jarcias y cables y estopa, y por todo aparejo de 
hacer navios, y mandó venir todos los herreros 
que habia, y á un Hernandode Aguilar, que era 
medio herrero, que ayudaba á machacar; y por- 
que en aquel tiempo habia en nuestro real tres 
hombres que se decian Aguilar, llamamos á es- 
te Hernando de Aguilar Maja-hierro; y envió 
por capitán á la Villa-Rica, por los aparejos que 
he dicho , para mandallo traer, á un Santa 
Cruz, burgalés, regidor que después fué de Mé- 
jico, persona muy buen soldado y diligente; y 
hasta las calderas para hacer brea, y todo cuan- 
to de antes habian sacado de los navios, trujo 
con más de mil indios, que todos los pueblos de 
aquellas provincias , enemigos de mejicanos, 
luego se los daban para traer las cargas. Pues 
como no teníamos pez para brcar, ni aun los in- 
dios lo sabian hacer , mandó Cortés á cuatro 
hombres de la mar , que sabian de aquel ofi- 
cio, que en unos pinares cerca de Guaxocin- 
go , que los hay buenos , fuesen á hacer la 
pez. Pasemos adelante , puesto que no va 
muy á propósito de la materia en que estaba 
hablando , que me han preguntado ciertos 
caballeros curiosos , que conocian muy bien 
á Alonso de Avila , que cómo , siendo capitán y 
muy esforzado , y era contador de la Nueva- 
España, y siendo belicoso y de su inclinación más 
para guerra que no ir á solicitar negocios con 



CONQUISTA DÉ NÚÉ VA-ESPAÑA. Í7& 

los frailes Jerónimos que estaban por goberna- 
dores dé todas las islas , ¿ por qué causa le envió 
Cortés, teniendo otros hombres que estaban más 
acostumbrados á negocios, como era un Alonso 
de Grado ó un Juan de Cáceres el rico , y otros 
que me nombraron ? A esto digo que Cortés le 
envió al Alonso de Avila porque sintió del ser 
muy varón , y porque osada responder por nos- 
otros conforme á justicia ; y también le envió 
por causa que , como el Alonso de Avila habia 
tenido diferencias con otros capitanes , y tenia 
gran atrevimiento de decir á Cortés cualquiera 
cosa que veia que convenia decille , y por escu- 
sar ruidos y por dar la capitanía que tenia á 
Andrés de Tapia , y la contaduría á Alonso de 
Grado , como luego se la dio , por estas razones 
le envió. Volvamos á nuestra relación : pues 
viendo Cortés que ya era cortada la madera para 
los bergantines , y se habían ido á Cuba las per- 
sonas por mí nombradas , que eran los de Nar- 
vaez , que los teniamos por sobre huesos , espe- 
cialmente poniendo temores que siempre nos 
ponían , que no seriamos bastantes para resistir 
el gran poder de mejicanos , cuando oian que 
decíamos que habíamos de ir á poner cerco so- 
bre Méjico ; y libres de aquellos temores, acordó 
Cortés que fuésemos con todos nuestros soldados 
á Tezcuco , é sobre ello hubo grandes y muchos 
acuerdos ; porque unos soldados decían que era 
mejor sitio y acequias y zanjas para hacer los 
bergantines , en Ayocingo , junto á Chalco, que 



180 RERNAL DÍAZ. 

no en la zanja y estero de Tezcuco ; y otros por- 
fiaban que mejor seria en Tezcuco , por estar en 
parte y sitio y cerca de muchos pueblos; y que 
teniendo aquella ciudad por nosotros , desde allí 
haríamos entradas en las tierras comarcanas de 
Méjico ; y puestos en aquella ciudad , tomaría- 
mos el mejor parecer como sucediesen las cosas. 
Pues ya que estaba acordado lo por mí dicho, 
viene nueva y cartas , que trujeron tres solda- 
dos , de cómo habia venido á la Villa-Rica un 
navio de Castilla y de las islas de Canaria , de 
buen porte , cargado de muchas ballestas y tres 
caballos, é muchas mercaderías, escopetas, pól- 
vora é hilo de ballestas, y otras armas ; y venia 
por señor de la mercadería y navio un Juan de 
Burgos , y por maestre un Francisco Medel , y 
venian trece soldados ; y con aquella nueva nos 
alegramos en gran manera , y si de antes que 
supiésemos del navio nos dábamos priesa en la 
partida para Tezcuco , mucho más nos dimos 
entonces , porque luego le envió Cortés á com- 
prar todas las armas y pólvora y todo lo más 
que traia , y aun el mismo Juan de Burgos y el 
Medel y todos los pasajeros que traia se vinie- 
ron luego para donde estábamos; con los cuales 
recibimos contento , viendo tan buen socorro y 
en tal tiempo. Acuerdóme que entonces vino un 
Juan del Espinar, vecino que fué de Guatimala, 
persona que fué muy rico ; y también vino un 
Sagredo, tio de una mujer que se decía la Sa- 
greda , que estaba en Cuba , naturales de la 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 181 

villa de Medellin ; también vino un vizcaino que 
se decia Monjaraz , tio que decia ser de Andrés 
de Monjaraz y Gregorio de Monjaraz , soldados 
que estaban con nosotros, y padre de una mujer 
que después vino á Méjico, que se decia la Mon- 
jaraza, muy hermosa mujer. He traido aquí esto 
á la memoria por lo que adelante diré, y es que 
jamas fué el Monjaraz á guerra ninguna ni en- 
trada con nosotros , porque andaba doliente en 
aquel tiempo ; é ya que estaba muy bueno y 
sano é presumía de muy valiente soldado, cuan- 
do teníamos puesto cerco á Méjico dijo el Mon- 
jaraz que quería ir á ver cómo batallábamos con 
los mejicanos ; porque no tenia á los mejicanos 
ni á otros indios por valientes ; y fué, y se su- 
bió en un alto cu , como torrecilla , y nunca 
supimos , cómo ni de qué manera le mataron in- 
dios en aquel mismo dia , y muchas personas 
dijeron , que le habían conocido en la isla de 
Santo Domingo t que fué permisión divina que 
muriese aquella muerte, porque había muerto á 
su mujer, muy honrada y buena y hermosa , sin 
culpa ninguna , y que buscó testigos falsos que 
juraron que le hacia maleficio. Quiero dejar ya 
de contar cosas pasadas , y digamos cómo fui- 
mos á la ciudad de Tezcuco, y lo que más pasó. 



f82 BERNAL DIÁZ. 

CAPITULO CXXX VII. 



COMO CAMINAMOS CON TODO NUESTRO EJERCITO CAMINO 
DE LA CIUDAD DE TEZCUCO , Y LO QUE EN EL CAMINO 
NOS AVINO , Y OTRAS COSAS QUE PASARON. 



Como Cortés vio tan buena prevención, así de 
escopetas y pólvora y ballestas y caballos, y co- 
noció de todos nosotros, así capitanes como sol- 
dados, el gran deseo que teníamos de estar ya 
sóbrela gran ciudad de Méjico, acordó de ha- 
blar á los caciques de Tlascala para que le die- 
sen diez mil indios de guerra que fuesen con nos- 
otros aquella jornada hasta Tezcuco, que es una 
de las mayores ciudades que hay en toda la 
Nueva-España, después de Méjico; y como se 
lo demandó y les hizo un buen parlamento so- 
bre ello, luego Xicotenga el viejo, que en aque- 
lla sazón se habia vuelto cristiano y se llamó 
don Lorenzo de Vargas, como dicho tengo, dijo 
que le placia de buena voluntad, no solamente 
diez mil hombres, sino muchos más si los que- 
rían llevar, y que iria por capitán dellos otro 
cacique muy esforzado é nuestro gran amigo 
que se decia Chichimeclatecle, y Cortés le dio 
las gracias por ello; y después de hecho nuestro 
alarde, que ya no me acuerdo bien qué tanta 
copia éramos, así de soldados como de I09 de- 



CONQUISTA Í>E NÜÉV A-ESPAÑA. 183 

mas, un dia después de la Pascua de Navidad 
del año de 1520 años comenzamos á caminar con 
mucho concierto, como lo teníamos de costum- 
bre; fuimos á dormir á un pueblo sujeto de Tez- 
cuco, y los del mismo pueblo nos dieron lo que 
habíamos menester de allí adelante; era tierra 
de mejicanos, é íbamos más recatados, nuestra 
artillería puesta en mucho concierto, y balles- 
teros y escopeteros, y siempre cuatro corredo- 
res del campo á caballo, y otros cuatro solda- 
dos de espada y rodela muy sueltos, juntamente 
con los de á caballo para ver los pasos si estaban 
para pasar caballos, porque en el camino tuvi- 
mos aviso que estaba embarazado de aquel dia 
un mal paso , y la sierra con árboles cor- 
tados , porque bien tuvieron noticia en Mé- 
jico y en Tezcuco cómo caminábamos ha- 
cia su ciudad, y aquel dia no hallamos estorbo 
ninguno, y fuimos á dormir al pié de la sierra, 
que serian tres leguas, y aquella noche tuvimos 
buen frió, y con nuestras rondas y espías y ve- 
las y corredores del campo la pasamos; y cuan- 
do amaneció comenzamos á subir un puertezue- 
lo y unos malos pasos como barrancas, y estaba 
cortada la sierra, por donde no podíamos pasar, 
y puesta mucha madera y pinos en el camino; y 
como llevábamos tantos amigos tlascaltecas, de 
presto se desembarazó, y con mucho concierto 
caminamos con una capitanía de escopetas y ba- 
llestas delante, y con nuestros amigos cortando 
y apartando árboles para poder pasar los caba- 



184 BERNÁL ÜIÁ2. 

líos, hasta que subimos la sierra, y aun bajamos 
un poco abajo adonde se descubría la laguna de 
Méjico y sus grandes ciudades pobladas en el 
agua; y cuando la vimos dimos muchas gracias 
á Dios, que nos la tornó á dejar ver. Entonces 
nos acordamos de nuestro desbarate pasado, de 
cuando nos echaron de Méjico, y prometimos, si 
Dios fuese servido de darnos mejor suceso en es- 
ta guerra, de ser otros hombres en el trato y 
modo de cercarla; y luego bajamos la sierra, 
donde vimos grandes ahumadas que hacían, asi 
los de Tezcuco como los de los pueblos sujetos; 
é andando más adelante, topamos con un buen 
escuadrón de gente, guerreros de Méjico y de 
Tezcuco, que nos aguardaban á un mal paso, 
que era un arcabuezo donde estaba una puente 
como quebrada, de madera, algo honda, y corría 
un buen golpe de agua; mas luego desbarata- 
mos los escuadrones y pasamos muy á Muestro 
salvo. Pues oír la grita que nos daban desde las 
estancias y barrancas, no hacían otra cosa, y 
era en parte que no podían correr caballos, 
y nuestros amigos los tlascaltecas les apañaban 
gallinas, y lo que podían roballes no les deja- 
ban, puesto que Cortés les mandaban que si no 
diesen guerra, que no se la diesen ; y los tlascal- 
tecas decían que si estuvieran de buenos corazo- 
nes y de paz, que no salieran al camino á darnos 
guerra, como estaban al paso de las barrancas y 
puente para no nos dejar pasar. Volvamos á 
nuestra materia, y digamos cómo fuimos á dor- 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 185 

mir á un pueblo sujeto de Tezcuco, y estaba 
despoblado, y puestas nuestras velas y rondas y 
escuchas y corredores del campo, y estuvimos 
aquella noche con cuidado no diesen en nosotros 
muchos escuadrones de mejicanos guerreros que 
estaban aguardándonos en unos malos pasos; de 
lo cual tuvimos aviso porque se prendieron cin- 
co mejicanos en la puente primera que dicho 
tengo, y aquellos dijeron lo que pasaba de los 
escuadrones, y según después supimos, no re 
atrevieron á darnos guerra ni á más aguardar; 
porque, según pareció, entre los mejicanos y los 
de Tezcuco tuvieron diferencias y bandos ; y 
también, como aun no estaban muy sanos de las 
viruelas, que fué dolencia que en toda la tierra 
dio y cundió, y como habían sabido cómo en lo 
de Guacachula é Ozucar, y en Tepeaca y Xala- 
cingo y Castiblanco todas las guarniciones meji- 
canas habíamos desbaratado, y asimismo corría 
fama, y así lo creían, que iban con nosotros en 
nuestra compañía todo el poder de Tlascala y 
Guaxocingo, acordaron de no nos aguardar ; y 
todo esto Nuestro Señor Jesucristo lo encamina- 
ba ; y desque amaneció, puestos todos nosotros 
en gran concierto, así artillería como escopetas 
y ballestas, y los corredores del campo adelan- 
te descubriendo tierra , comenzamos á caminar 
hacia Tezcuco , que seria de allí de donde dor- 
mimos obra de dos leguas ; é aun no habíamos 
andado media legua cuando vimos volver nues- 
tros corredores del campo muy alegres y dijeron 
24 



186 BSRNAL DÍAZ. 

á Cortés que venían hasta diez indios , y que 
traian unas señas y veletas de oro , y que no 
traían armas ningunas, y que en todas las case- 
rías y estancias por donde pasaban no les daban 
grita ni voces como habían dado el dia antes; 
antes , al parecer , todo estaba de paz; y Cortés 
y todos nuestros capitanes y soldados nos ale- 
gramos , y luego mandó Cortés reparar , hasta 
que llegaron siete indios principales, naturales 
de Tezcuco, y traian una bandera de oro en una 
lanza larga , y antes que llegasen abajaron su 
bandera y se humillaron, que es señal de paz; y 
cuando llegaron ante Cortés t estando doña Ma- 
rina é Jerónimo de Aguilar , nuestras lenguas, 
delante , dijeron : «Malinche, Cocoivacin, nues- 
tro señor y señor de Tezcuco , te envia á rogar 
que le quieras recebir á tu amistad , y te está 
esperando de paz en su ciudad de Tezcuco , y 
en señal dello recibe esta bandera de oro; y que 
te pide por merced que mandes á todos los 
tirascaltecas éá tus hermanos que no les hagan 
mal en su tierra, y que te vayas á aposentar en 
su ciudad , y él te dará lo que hubieres menes- 
ter ;» y más dijeron , que los escuadrones que 
allí estaban en las barrancas y pasos ,malos, 
que no eran de Tezcuco , sino mejicanos , que 
los enviaba Guatemuz. Y cuando Cortés oyó 
aquellas paces holgó mucho dellas , y asimismo 
todos nosotros , é abrazó á los mensajeros., en 
especial á tres dellos , que eran parientes del 
buen Montezuma , y los conocíamos todos los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. í 87 

más soldados , que habían sido sus capitanes , y 
considerada la embajada , luego mandó Cortés 
llamar los capitanes tlascaltecas , y les mandó 
muy afectuosamente que no hiciesen mal nin- 
guno ni los tomasen cosa ninguna en toda la 
tierra , porque estaban de paz ; y agí lo hacían 
como se lo mandó ; mas comida no se les defen- 
día si era solamente maiz é frísoles , y aun ga- 
llinas y perrillos , que habia muchos en todas 
las casas , llenas dello ; y entonces Cortés tomó 
consejo con nuestros capitanes , y á todos les 
pareció que aquel pedir de paz y de aquella 
manera que eran fingido; porque si fueran ver- 
daderas no vinieran tan arrebatadamente, y aun 
trujeran bastimento ; y con todo esto , recebió 
Cortés la bandera , que valia hasta ochenta pe- 
sos , y dio muchas gracias á los mensajeros , y 
les dijo que no tenían por costumbre de hacer 
mal ni dañoá ningunos vasallos de su majestad; 
antes les favorecía y miraba por ellos , y que si 
guardaban las paces que decían, que les favore- 
cería contra los mejicanos, y que ya habia man- 
dado á los tlascaltecas que no hiciesen daño en 
su tierra , como habían visto , y que así lo cum- 
plirían adelante, y que bien sabia que en aque- 
lla ciudad mataron sobre cuarenta españoles 
nuestros hermanos cuando salimos de Méjico, 
y sobre duciento? tlascaltecas , y que robaron 
muchas cargas de oro y otros despojos que 
dellos hubieron ; que ruega á su señor Cocoiva- 
cin é á todos los más caciques y capitanes de 



188 BEHNAL DÍAZ. 

Tezcuco que le den el oro yopa, y que la muer- 
te de los españoles , que pues ya no tenia re- 
medio, que no les pediría; y respondieron aque- 
llos mensajeros que ellos lo dirían á su señor así 
como se lo mandaba ; mas que el que los mandó 
matar fué el que en aquel tiempo alzaron en 
Méjico por señor después de muerto Montezu- 
ma, que se decia Coadlauaca, é hubo todo el des- 
pojo, y le llevaron á Méjico todos los más teu- 
les, y que luego los sacrificaron á su Huichiló- 
bos ; y como Cortés vio aquella respuesta, por 
no los resabiar ni atemorizar, no les replicó en 
ello sino que fuesen con Dios, y quedó uno dellos 
en nuestra compañía, y luego nos fuimos á unos 
arrabales de Tezcuco, que se decian Guautin- 
chan ó Huachutan, que ya se me olvidó el nom- 
bre, y allí nos dieron bien de comer y todo lo 
que hubimos menester, y aun derribamos unos 
ídolos que estaban en unos aposentos donde po- 
sábamos, y otro dia de mañana fuimos á la ciu- 
dad de Tezcuco, y en todas las calles ni casas no 
veíamos mujeres ni muchachos ni niños, sino to- 
dos los indios como asombrados y como gente 
que estaba de guerra; y fuímono; á aposentar á 
unos aposentos y salas grandes, y luego mandó 
Cortés llamar á nuestros capitanes y todos los 
más soldados, y nos dijo que no saliésemos de 
unos patios grandes que allí habia, y que estu- 
viésemos muy apercebidos, porque no le parecia 
que estaba aquella ciudad pacífica, hasta ver 
cómo y de qué manera estaba, y mandó al Pedro 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 189 

de Albirado y á Cristóbal de Olí é á otros sol- 
dados, y á mí con ellos, que subiésemos al gran 
cu, que era bien alto, y llevásemos hasta veinte 
escopeteros para nuestra guarda, y que miráse- 
mos desde el alto cu la laguna y la ciudad, por- 
que bien se parecía toda ; y vimos que todos los 
moradores de aquellas poblaciones se iban con 
sus haciendas y hatos é hijos y mujeres, unos á 
los montes y otros á las carrizales que hay en la 
laguna, que toda iba cuajada de canoas, dellas 
grandes y otras chicas ; y como Cortés lo supo, 
quiso prender ai señor de Tezcuco que envió la 
bandera de oro, y cuando le fueron á llamar 
ciertos papas que envió Cortés por mensajeros, 
ya estaba puesto en cobro, que él fué el prime- 
ro que se fué huyendo á Méjico, y fueron con él 
otros muchos principales. Y así se pasó aquella 
noche, que tuvimos grande recaudo de velas y 
rondas y espías, y otro dia muy de mañana man- 
dó llamar Coi tés á todos los más principales in- 
dios que habia en Tezcuco ; porque, como es 
gran ciudad, habia otros muchos señores, partes 
contrarias del cacique que se fué huyendo, con 
quien tenian debates y diferencias sobre el man- 
do y reino de aquella ciudad ; y venidos ante 
Cortés, informado dellos cómo y deque manera 
y desde qué tiempo acá señoreaba el Cocoivacin, 
dijeron que por codicia de reinar habia muerto 
malamente á su hermano mayor, que se decia 
Cuxcuxca, con favor que para ello le dio el señor 
de Méjico, que ya he dicho que se decia Coad- 



190 BÉRNAL DÍAZ. 

lauaca, el cual fué el que nos dio la guerra cuan- 
do salimos huyendo después de muerto Monte- 
zuma ; é que allí habia otros señores á quien ve- 
nia el reino de Tezcuco más justamente que no 
al que lo tenia, que era un mancebo que luego 
en aquella sazón se volvió cristiano con mucha 
solenidad, y le bautizó el fraile de la Merced, 
y se llamó don Hernando Cortés, porque fué 
su padrino nuestro capitán. E aqueste man- 
cebo dijeron que era hijo legitimo del señor 
y Rey de Tezcuco , que se decia su padre 
Nezabal Pintzintli; y luego sin más dilacio- 
nes, con grandes fiestas y regocijos de todo 
Tezcuco, le alzaron por Rey y señor natural, 
con todas las ceremonias que á los tales Reyes 
solían hacer, é con mucha paz y en amor de to- 
dos sus vasallos y otros pueblos comarcanos, é 
mandaba muy absolutamente y era obedecido; 
y para mejor le industriar en las cosas de nues- 
tra santa fe y ponelle en toda policía, y para 
que deprendiese nuestra lengua, mandó Cortés 
que tuviese por ayos á Antonio de Villareal, 
marido que fué de una señora hermosa que se 
dijo Isabel de Ojeda; é á un bachiller que se de- 
cia Escobar puso por capitán de Tezcuco, para 
que viese y defendiese que no contratase con el 
don Fernando ningún mejicano; y á un buen 
soldado que se decia Pedro Sánchez Farfan, 
marido que fué de la buena y honrada mujer 
María de Estrada. Dejemos de contar su gran 
servicio de aqueste cacique, y digamos cuan 



tíOílütnSTA DE NtJEVA-ESPANA. 191 

amado y obedecido fué de los suyos, y digamos 
cómo Cortés le demandó que diese mucha copia 
de indiot trabajadores para ensanchar y abrir 
más las acequias y zanjas por donde habiamos 
de sacar los bergantines á la laguna de que es- 
tuviesen acabados y puestos á punto para ir á 
la vela, y se le dio á entender al mismo don 
Hernando y á otros sus principales á qué fin y 
efeto se habían de hacer, y cómo y de qué ma- 
nera habiamos de poner cerco á Méjico, y para 
todo ello se ofreció con todo su poder y vasa- 
llos, que no solamente aquello que le mandaba, 
sino que enviaría mensajeros á otros pueblos co- 
marcanos para que se diesen por vasallos de su 
Majestad y tomasen nuestra amistad y voz con- 
tra Méjico. Y todo esto concertado, después de 
nos haber aposentado muy bien, y cada capita- 
nía por sí, y señalados los puestos y lugares 
donde habiamos de acudir si hubiese rebato de 
mejicanos, porque estábamos á guarda la raya 
de su laguna, porque de cuando en cuando en- 
viaba Guatemuz grandes piraguas y canoas con 
muchos guerreros, y venían á ver si nos toma- 
ban descuidados; y en aquella sazón vinieron de 
paz ciertos pueblos sujetos á Tezcuco, á deman- 
dar perdón y paz si en algo habían errado en las 
guerras pasadas, y habían sido en la muerte de 
los españoles, los cuales se decían Guatinchan; 
y Cortés les habló á todos muy amorosamente y 
les perdonó. Quiero decir que no habia día nin- 
guno que dejasen de andar en la obra y zanja y 



192 BEUÍÍAL btk'L. 

acequia de siete á ocho mil indios, y la abrían y 
ensanchaban muy bien, que podian nadar por 
ella navios de gran porte. Y en aquella sazón, 
como teníamos en nuestra compañía sobre siete 
mil tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar 
honra y de guerrear contra mejicanos, acordó 
Cortes, pues que tan fieles compañeros teníamos, 
que fuésemos á entrar y dar una vista á un pue- 
blo que se dice Iztapalapa, el cual pueblo fué 
por donde habíamos pasado cuando la primera 
vez venimos para Méjico, y el señor del fué el 
que alzaron por Rey en Méjico después de la 
muerte del gran Montezuma, que ya he dicho 
otras veces que se deciaCoadiauaca; y de aques- 
te pueblo, según supimos, recebíamos mucho 
daño, porque eran muy Contrarios contra Chalco 
y Talmalanco y Mecameca y Chimaloacan, que 
querían venir á tener nuestra amistad, y ellos 
lo estorbaban ; y como habia ya doce dias que 
estábamos en Tezcuco sin hacer cosa que de 
contar sea, fuimos á aquella entrada de Iztapa- 
lapa. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 193 

CAPITULO CXXX VIII. 



CÓMO FUIMOS Á IZTAPALAPA CON CORTES, Y LLEVÓ EN 
SU COMPAÑÍA Á CRISTÓBAL DE OLÍ Y Á f EDRO DE AL- 
BARADO , Y QUEDÓ GONZALO DE SANDOVAL P R 
GUARDA DE TEZCUCO, Y LO QUE NOS ACAECIÓ EN LA 
TOMA DE AQUEL PUEBLO. 



Pues como había doce días que estábamos en 
Tezcuco, y teníamos los tlascaltecas, por mí ya 
otra vez nombrados, que estaban con nosotros, 
y porque tuvieses qué comer, porque para tan- 
tos como eran no se lo podían dar abastada- 
mente los de Tezcuco, y porque no recibiesen 
pesadumbre dello; y también porque estaban 
deseosos de guerrear con mejicanos, y se ven- 
gar por los muchos tlascaltecas que en las der- 
rotas pasadas les habían muerto y sacrificado 
acordó Cortés que él por capitán general, y con 
Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y con 
trece de á caballo, y veinte ballesteros, y seis 
escopeteros, y doscientos y veinte soldados, y 
con nuestros amigos de Tiascala y con otros 
veinte principales de Tezcuco que nos dio don 
Hernando, cacique mayor de Tezcuco, y estos 
sabíamos que eran sus primos y parientes del 
miemo cacique y enemigos de Guatemuz, que ya 
le habían alzado por Rey en Méjico; fuésemos 



194 BERNAL DÍAZ. 

camino de Iztapalapa, que estará de Tezcuco 
obra de cuatro leguas. Ya he dicho otra vez, en 
el capitulo que dello trata, que estaban más de 
la mitad de las casas edificadas en el agua y la 
mitad en tierra firme; é yendo nuestro camino 
con mucho concierto, como lo teníamos de cos- 
tumbre, como los mejicanos siempre tenían ve- 
las, y guarniciones, y guerreros contra nos- 
otros, que sabían que íbamos á dar guerra á al- 
gunos de sus pueblos para luego les socorrer, 
así lo hicieron saber á los de Iztapalapa para 
que se apercibiesen , y les enviaron sobre ocho 
mil mejicanos de socorro. Por manera que en 
tierra firme aguardaron como buenos guerreros, 
así los mejicanos que fueron en su ayuda como 
los pueblos de Iztapalapa , y pelearon un buen 
rato muy valerosamente con nosotros; más los 
de á caballo rompieron por ellos , y con las ba- 
llestas y escopetas y todos nuestros amigos los 
tlascaltecas, que se metían en ellos como perros 
rabiosos, de presto dejaron el campo y se me- 
tieron en su pueblo ; y esto fué sobre cosa pen- 
sada y con un ardid que entre ellos tenían acor- 
dado, que fuera harto dañoso para nosotros si 
de presto no saliéramos de aquel pueblo ; y fué 
desta manera , que hicieron que huyeron , y se 
metieron en canoas en el agua y en las casas 
que estaban en el agua , y dellos en unos car- 
rizales , y como ya era noche escura , nos dejan 
aposentar en tierra firme sin hacer ruido ni 
muestra de guerra ; y con el despojo que había- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 195 

mos habido é la Vitoria estábamos contentos ; y 
- estando de aquella manera, puesto que teuíamos 
velas , espías y rondas , y aun corredores del 
campo en tierra firme , cuando no nos catamos 
vino tanta agua por todo el pueblo t que si los 
principales que llevábamos de Tezcuco no die- 
ran voces y nos avisaran que saliésemos presto 
de las casas, todos quedáramos ahogados; por- 
que soltaren dos acequias de agua y abrieron 
una calzada , con que de presto se hinchó todo 
de agua , y los tlascaltécas nuestros amigos, 
como no son acostumbrados arios caudalosos ni 
sabian nadar , quedaron muertos dos dellos ; y 
nosotros, con gran riesgo de nuestras personas, 
todos bien mojados, y la pólvora perdida, sali- 
mos sin hato; y como estábamos de aquella ma- 
nera y con mueho frió, y aún sin cenar, pasamos 
mala noche; y lo peor de todo era la burla y 
grita que nos daban los de Iztapalapa y los me- 
jicanos desde sus casas y canoas. Pues otra cosa 
peor nos avino, que como en Méjico sabian el 
concierto que tenían hecho de nos anegar con 
haber rompido la calzada y acequias, estaban 
esperando en tierra y en la laguna muchos ba- 
tallones de guerreros, y cuando amaneció nos 
dan tanta guerra, que harto teniamos que nos 
sustentar contra ellos, no nos desbaratasen, é 
mataron dos soldados y un caballo, é hirieron 
otros muchos, así de nuestros soldados como 
tlascaltécas, y poco á poco aflojaron en la guer- 
ra, y nos volvimos á Tezcuco, medio afrentados 



í 96 BERNAL DÍAZ. 

de la burla y ardid de echarnos el agua, y tam- 
bién como no ganamos mucha reputación en la 
batalla postrera que nos dieron, porque no ha- 
bía pólvora; mas todavía quedaron temerosos, y 
tuvieron bien en que entender en enterrar ó 
quemar muertos y curar heridos y en reparar 
sus casas. Donde lo dejaré, y diré cómo vinieron 
de paz á Tezcuco otros pueblos, y lo que más 
se hizo. 



CAPITULO CXXXIX. 



CÓMO VINIERON TRES PUEBLOS COMARCANOS A TEZCUCO 
Á DEMANDAR PACES Y PERDÓN DE LAS GUERRAS PA- 
SADAS Y MUERTES DE ESPAÑOLES, Y LOS DESCARGOS 
QUEDABAN SOBRE ELLO, Y COMO FUE GONZALO DE 
SANDOVAL A CHALCO Y TAMALANCO EN SU SOCORRO 
CONTRA MEJICANOS Y LO QUE MAS PASÓ. 



Habiendo dos días que estábamos en Tezcuco 
de vuelta de la entrada de Iztapalapa, vinieron 
á Cortés tres pueblos de paz á demandar perdón 
de las guerras pasadas y de muertes de españo- 
les que mataron, y los descargos que daban era 
que el señor de Méjico que alzaron después de 
la muerte del gran Montezuma, el cual se decia 
Coadlauaca, que por su mandado salieron á dar 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA . 197 

guerra con los demás sus vasallos; y que si al- 
gunos teules mataron y prendieron y robaron, 
que el mismo señor les mandó que así lo hicie- 
sen; y los teules, que se los llevaron á Méjico 
para sacrificar, también le llevaron el oro y ca- 
ballos y ropa; y que ahora, que piden perdón 
por ello, y que por esta causa que no tienen cul- 
pa ninguna por ser mandados y apremiados por 
fuerza para que lo hiciesen; y los pueblos que 
digo que en aquella sazón vinieron se decían 
Tepetezcuco y Obtumba: el nombre del otro 
pueblo no me acuerdo; mas sé decir que en este 
de Otumba fué la nombrada batalla que nos die- 
ron cuando salimos huyendo de Méjico, adonde 
estuvieron juntos los mayores escuadrones de 
guerreros que ha habido en toda la Nueva-Es- 
paña contra nosotros, adonde creyeron que no 
escapáramos con las vidas, según más largo lo 
tengo escrito en los capítulos pasados que dello 
hablan; y como aquellos pueblos se hallaban 
culpados y habian visto que habiamos ido á lo 
de Iztapalapa, y no les fué muy bien con nues- 
tra ida , y aunque nos quisieron anegar con 
el agua y esperaron dos batallas campales 
con muchos escuadrones mejicanos; en fin, por 
no se hallar en otras como las pasadas, vinie- 
ron á demandar paces antes que fuésemos á 
sus pueblos á castigarlos ; y Cortés viendo 
que no estaba en tiempo de hacer otra cosa, 
les perdonó , puesto que les dio grandes re- 
prensiones sobre ello, y se obligaron con pa- 



198 BERNAL DÍAZ. 

labras de muchos ofrecimientos de siempre ser 
contra mejicanos y de ser vasallos de su majes- 
tad y de nos servir ; y así lo hicieron. Dejemos 
de hablar destos pueblos , y digamos cómo vi- 
nieron luego en aquella sazón á demandar paces 
y nuestra amistad los de un pueblo que está en 
la laguna, que se dice Mezquique , que por otra 
parte le llamábamos Venenzuela; y estos, según 
pareció, jamas estuvieron bien con mejicanos , y 
los querían mal de corazón ; y Cortés y todos 
nosotros tuvimos en mucho la venida deste pue- 
blo, por estar dentro en la laguna, por tenellos 
por amigos , y con ellos creíamos que habían de 
convocar á sus comarcanos que también estaban 
poblados en la laguna, y Cortés se lo agradeció 
mucho, y con ofrecimientos y palabras blandas 
los despidió. Pues estando que estábamos desta 
manera, vinieron á decir á Cortés cómo venían 
grandes escuadrones de mejicanos sobre los 
cuatro pueblos que primero habían venido á 
nuestra amistad , que se decían Gautinchan y 
Huaxutlan ; de los otros dos pueblos no se me 
acuerda el nombre; y dijeron á Cortés que no 
osarían esperar en sus casas, é que se querían ir 
á los montes, ó venirse á Tezcuco, adonde está- 
bamos ; y tantas cosas le dijeron á Cortés para 
que les fuese á socorrer , que luego apercebió 
veinte de á caballo y ducientos soldados y trece 
ballesteros y diez escopeteros , y llevó en su 
compañía á Pedro de Albarado y á Cristóbal de 
Olí , que era maese de campo , y fuimos á los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 199 

pueblos que vinieron á Cortés ádar tantas que- 
jas como dicho tengo , que estarían de Tezcuco 
obra de dos leguas ; y según pareció, era verdad 
que los mejicanos los enviaban á amenazar que 
les habían de destruir y dalles guerra porque 
habían tomado nuestra amistad ; mas sobre lo 
que más los amenazaban y tenían contiendas, 
era por unas grandes labores de tierras de mai- 
zales que estaban ya para cojer , cerca de la la- 
guna , donde los de Tezcuco y aquellos pueblos 
bastecían nuestro real ; y los mejicanos por to- 
malles el maíz , porque decían que era suyo , y 
aquella vega de los maizales tenían por costum- 
bre aquellos cuatro pueblos de los sembrar y be- 
neficiar para los papas de los ídolos mejicanos; 
y sobre esto destos maizales se habían muerto 
los unos á los otros muchos indios; y como aque- 
llo entendió Cortés t después de les decir que no 
hubiesen miedo y que se estuviesen en sus casas, 
les mandó que cuando hubiesen de ir á cojer el 
maíz , así para su mantenimiento como para 
abastecer nuestro real, que enviaría para ello un 
capitán con muchos de á caballo y soldados para 
en guarda de los que fuesen á traer el maíz ; y 
con aquello que Cortés les dijo quedaron muy 
contentos , y nos volvimos á Tezcuco. Y dende 
en adelante , cuando habia necesidad en nues- 
tro real de maíz , apercebiamos á los tamemes 
de todos aquellos pueblos , é con nuestros ami- 
gos los de Tlascala y con diez de á caballo y cien 
soldados, con algunos ballesteros y escopeteros, 



200 BERNAL DÍAZ. 

íbamos por el maíz ; y esto digo porque yo fui 
dos veces por ello , y la una tuvimos una buena 
escaramuza con grandes escuadrones de mejica- 
nos que habían venido en más de mil canoas 
aguardándonos en los maizales , y como lle- 
vábamos amigos , puesto que los mejicanos 
pelearon muy como varones, los hicimos embar- 
car en sus canoas, y allí mataron uno de nues- 
tros soldados é hirieron doce ; y asimismo hirie- 
ron muchos tlascaltecas, y ellos no se fueron 
alabando, que allí quedaron tendidos quince ó 
veinte, y otros cinco que llevamos presos. De- 
jemos de hablar desto, y digamos cómo otro dia 
tuvimos nueva como guerian venir de paz los de 
Chalco y Talmalanco y sus sujetos, y por causa 
de las guarniciones mejicanas que estaban en 
sus pueblos, no les daban lugar á ello, y les ha- 
cían mucho daño en su tierra, y les tomaban las 
mujeres, y más si eran hermosas, y delante de 
sus padres ó madres ó maridos tenían acceso con 
ellas ; y asimismo, como estaba en Tlascala cor- 
tada la madera y puesta á punto para hacer los 
bergantines, y se pasaba el tiempo sin la traer á 
Tezcuco, sentíamos mucha pena dello todos los 
más soldados ; y demás desto, vienen del pueblo 
de Yenenzuela, que se decía Mezquique, y de 
otros pueblos nuestros amigos á decir á Cortés 
que los mejicanos les daban guerra porque han 
tomado nuestra amistad ; y también nuestros 
amigos los tlascaltecas, como tenían ya junta 
cierta ropilla y sal, y ctras cosas de despojos é 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 201 

oro, y querían algunos dcllos volverse á su tier- 
ra, no osaban, por no tener camino seguro. Pues 
viendo Cortés que para socorrer á unos pueblos 
de los que le demandaban socorro, é ir á ayudar ¡ 
á los de Chalco para que viniesen á nuestra 
amistad, no podia dar recaudo áunos ni á otros, 
porque allí en Tezcuco habia menester estar 
siempre la barba sobre el hombro y muy alerta, 
lo que acordó fué , que todo se dejase atrás , y 
la primera cosa que se hiciese fuese ir á Chalco 
y Talmalanco , y para ello envió á Gonzalo de 
Sandoval y á Francisco de Lugo, con quince de 
á caballo y ducientos soldados , y con escopete- 
ros y ballesteros y nuestros amigos los de Tlas- 
cala, é que procurase de romper y deshacer en 
todas maneras á las guarniciones mejicanas , y 
que se fuesen de Chalco y Talmalanco , porque 
estuviese el camino de Tlascala muy desembara- 
zado y pudiesen ir y venir á la Villa-Rica sin 
tener contradicción de los guerreros mejicanos. 
Y luego como esto fué concertado , muy secre- 
I lamente con indios de Tezcuco se lo hizo saber 
á los de Chalco para que estuviesen muy aper- 
cebidos , para dar de dia y de noche en las 
guarniciones de mejicanos; y los de Chalco, que 
no esperaban otra cosa, se apercibieron muy 
bien ; y como el Gonzalo de Sandoval iba con su 
ejército , parecióle que era bien dejar en la re* 
taguarda cinco de á caballo y otros tantos ba- 
llesteros , con todos los. más tlascaltccas que" 
iban cargados Je los despojos que hablan habi- 
26 



202 BERNAL DÍAZ. 

do ; y como los mejicanos siempre tenían pues- 
tas velas y espías , y sabían cómo los nuestros 
iban camino de Chalco , tenían aparejados nue- 
vamente, sin los que estaban en Chalco en guar- 
nición , muchos escuadrones de guerreros que 
dieron en la rezaga , donde iban los tlascaltecas 
con su hato , y los trataron mal , que no los pu- 
dieron resistir los cinco de á caballos y balleste- 
ros, porque los dos ballesteros quedaron muer- 
tos y los demás heridos. De manera que, aunque 
el Gonzalo de Sandoval muy presto volvió so- 
bre ellos y los desbarató , y mató siete mejica- 
nos , como estaba la laguna cerca , se le aco- 
gieron á las canoas en que habían venido, porque 
todas aquellas tierras están muy pobladas de 
los sujetos de Méjico; y cuando los hubo puesto 
en huida, é vio que los cinco de á caballo que 
habia dejado con los ballesteros y escopeteros 
en la retaguardia, eran dos de los ballesteros 
muertos, y estaban los demás heridos, ellos y 
sus caballos; y aun con haber visto todo esto, 
no dejó de dediles á los demás que dejó en su 
defensa que habían sido para poco en no haber 
podido resistir á los enemigos y defender sus 
personas y de nuestros amigos, y estaba muy 
enojado dellos, porque eran de los nuevamente 
venidos de Castilla, y les dijo que bien le pare- 
cía que no sabían qué cosa era guerra; y luego 
puso en salvo todos los indios de Tlascala con 
su ropa, y también despachó unas cartas que 
envió Cortés á la Villa-Rica, en que en ellas en- 



CONQUISTA DE NUEVA-É6PANA. 2©S 

vio á decir al capitán que en ella quedó todo lo 
acaecido acerca de nuestras conquistas y el pen- 
samiento que tenia de poner cerco á Méjico, y 
que siempre estuviesen con mucho cuidado ve- 
lándose; y que si habla algunos soldados que 
estuviesen en disposición para tomar armas, 
que se los enviase á Tlascala, y que de allí no 
pasasen hasta estar los caminos más seguros, 
porque corrian riesgo; y despachados los men- 
sajeros, y los tlascaltecas puestos en su tierra, 
volvió Sandoval para Chalco, que era muy cer- 
ca de allí, y con gran concierto sus corredores 
del campo adelante; porque bien entendió que 
en todos aquellos pueblos y caserías por donde 
iba, que habia de tener rebato de mejicanos ; é 
yendo por su camino, cerca de Chalco vio venir 
muchos escuadrones mejicanos contra él, y en 
un campo llano, puesto que habia grandes la- 
branzas de maizales y maguéis, que es de donde 
sacan el vino que ellos beben, le dieron una 
buena refriega de vara y flecha, y piedras con 
hondas, y con lanzas largas para matar á los 
caballos. De manera que Sandoval cuando vido 
tanto guerrero contra sí, esforzando á los suyos, 
rompió por ellos dos veces, y con las escopetas 
y ballestas y con pocos amigos que le habian 
quedado los desbarató; y puesto que le hirieron 
cinco soldados y seis caballos y muchos amigos, 
mas tal priesa les dio, y con tanta furia, que le 
pagaron muy bien el mal que primero le habian 
hecho; y como lo supieron los de Chalco, que 



204 BEhNAL DÍAZ. 

estaban cerca, le salieron á recebir al Sandoval 
al camino, y le hicieron mucha honra y fiesta; y 
en aquella derrota se prendieron ocho mejica- 
nos, y los tres personas muy principales. Pues 
hecho esto, otro día dijo el Sandoval que se que- 
ría volver á Tezcuco, y los de Chalco le dijeron 
que querian ir con él para ver y hablar á Ma- 
linche, y llevar consigo dos hijos del señor de 
aquella provincia, que habia pocos dias que era 
fallecido de viruelas, y que antes que muriese, 
que habia encomendado á todos sus principales 
y viejos que llevasen sus hijos para verse con el 
capitán, y que por su mano fuesen señores de 
Chalco; y que todos procurasen de ser sujetos 
al gran Rey de los teules, porque ciertamente 
sus antepasados les habían dicho que habían de 
señorear aquellas tierras hombres que vernian 
con barbas de hacia donde sale el sol, y que por 
las cosas que han visto éramos nosotros; y lue- 
go se fué el Sandoval con todo su ejército á Tez- 
cuco, y llevó en su compañía los hijos del se- 
ñor y los demás principales y los ocho prisione- 
ros mejicanos, y cuando Cortés supo su venida 
se alegró en gran manera; y después de haber 
dado cuenta el Sandoval de su viaje y cómo ve- 
nían aquellos señores de Chalco, se fué á su 
aposento; y los caciques se fueron luego ante 
Cortés, y después de le haber hecho grande 
acato, le dijeron la voluntad que traían de ser 
vasallos de su majestad y según y de la manera 
que el padre de aquellos dos mancebos se lo ha- 



CONQUISTA DE MJEVA-ESPANA. 205 

bia mandado, y para que por su mano les hicie- 
se señores; y cuando hubieron dicho su razona- 
miento, le presentaron en joyas ricas obra de 
ducientos pesos de oro. Y como el capitán Cor- 
tés lo hubo muy bien entendido, por nuestras 
lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, 
les mostró mucho amor y les abrazó, y dio por 
su mano el señorío de Chalco al hermano ma- 
yor, con más de la mitad de los pueblos sus su- 
jetos; y todo lo de Talmalanco y Chimaloacan 
dio al hermano menor, con Ayocingo y otros 
pueblos sujetos- Y después de haber pasado 
otras muchas razones de Cortés á los principa- 
les viejos y con los caciques nuevamente elegi- 
dos, le dijeron que se querían volver á su tierra, 
y que en todo servirían á su majestad, y á nos- 
otros en su Real nombre, contra mejicanos, é 
que con aquella voluntad habían eslado siem- 
pre, é que por causa de las guarniciones meji- 
canas que habían estado en su provincia no han 
venido antes de ahora á dar la obediencia; y 
también dieron nuevas á Cortés que dos espa- 
ñoles que habia enviado á aquella provincia por 
maiz antes que nos echasen de Méjico, que 
porque los culchúas no los matasen, que los pu- 
sieron en salvo una noche en Guaxocingo 
nuestros amigos, y que allí salvaron las vidas, 
lo cual ya lo sabíamos días habia, porque el uno 
dellos era el que sefuéáTlascala, y Cortés se lo 
agradeció mucho, é les rogó que esperasen allí 
dos dias, porque habia de enviar un capitán por 



206 BÉKNAL DÍAZ. 

la madera y tablazón á Tlascala, y los lleva- 
ría en su compañía y les pornia en su tierra, 
porque los mejicanos no les saliesen al camino; 
y ellos fueron muy contentor y se lo agrade- 
cieron mucho. Y dejemos de hablar en esto, y 
diré cómo Cortés acordó de enviar á Méjico 
aquellos ocho prisioneros que prendió Sandoval 
en aquella derrota de Chalco, á decir al señor 
que entonces habían alzado por Rey, que se 
decia Guatemuz, que deseaba mucho que no 
fuesen causa de su perdición ni de aquella tan 
gran ciudad, y que viniesen de paz, y que les 
perdonaría la muerte y daños que en ella nos 
hicieron, y que no se les demandaría cosa nin- 
guna; y que las guerras, que á los principios 
son buenas de comenzar, y que al cabo se des- 
truirían; y que bien sabíamos de las albarradas 
é pertrechos, almacenes de varas, y flecha, y 
lanzas, y macanas é piedras rollizas, y todos los 
géneros de guerra que á la continua están ha- 
ciendo y aparejando, que para qué es gastar el 
tiempo en balde en hacello, y que para qué 
quiere que mueran todos los suyos y la ciudad 
se destruya; y que mire el gran poder de 
nuestro Señor Dios, que es en el que cree- 
mos y adoramos, que él siempre nos ayuda; é 
que también mire que todos los pueblos sus co- 
marcanos tenemos de nuestro bando, pues los 
tlascaltecas no desean sino la misma guer- 
ra por vengarse de las traiciones y muer- 
tes de sus naturales que les han hecho, y 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 207 

que dejen las armas y vengan de paz, y les pro- 
metió de hacer siempre macha honra; y les dijo 
doña Marina é Aguilar otras muchas buenas 
razones y consejos sobre el caso; y fueron ante 
el Guatemuz aquellos ocho indios nuestros men- 
sajeros; mas no quiso hacer cuenta dellos el 
Guatemuz ni enviar respuesta ninguna, sino 
hacer albarradas y pertrechos , y enviar por 
todas sus provincias á mandar que si algunos 
de nosotros tomasen desmandados que se los 
trujesen á Méjico para sacrificar, y que cuando 
los enviasen á llamar, que luego viniesen con 
sus armas; y les envió á quitar y perdonar mu- 
chos tributos, y aún á prometer grandes pro- 
mesas. Dejemos de hablar en los aderezos de 
guerra que en Méjico se hacían , y digamos có- 
mo volvieron otra vez muchos indios de los 
pueblos de Guatinchan ó Guaxutlan descala- 
brados de los mejicanos porque habían tomado 
nuestra amistad y por la contienda de los mai- 
zales que solían sembrar para los papas mejica- 
nos en el tiempo que les servían , como otras 
veces he dicho en el capítulo que dello habla; 
y como estaban cerca de la laguna de Méjico, 
cada semana les venían á dar guerra , y aún 
llevaron ciertos indios presos á Méjico; y como 
aquello vio Cortés, acordó de ir otra vez por su 
persona y con cien soldados y veinte de á caba- 
llo y doce escopeteros y ballesteros; y tuvo 
buenas espías para cuando sintiesen venir los 
escuadrones mejicanos, que se lo viniesen á de- 



20$ BERNAL DÍAZ. 

cir; y como estaba de Tezcuco aún no dos le- 
guas , un miércoles por la mañana amaneció 
adonde estaban los escuadrones mejicanos, y 
pelearon ellos de manera que presto los rompió, 
y se metieron en la laguna en sus canoas, y allí 
se mataron cuatro mejicanos y se prendieron 
otros tres, y se volvió Cortés con su gente á 
Tezcuco; y dende en adelante no vinieron más 
los culchúas sobre aquellos pueblos. Y deje- 
mos esto, y digamos cómo Cortés envió á Gon- 
zalo de Sandoval á Tlascala por la madera y 
tablazón de los bergantines, y lo que más en el 
camino hizo. 



CAPITULO CXL. 



COMO FUE GONZALO DE SANDOVAL A f LÁSCALA POR LA 
MADERA DÉLOS BERGANTINES, Y LO QUE MAS EN EL 
CAMINO HIZO EN UN LUEBLO QUE LE PUSIM' S POR 
NOMBRE EL PUEBLO-MORISCO. 



Como siempre estábamos con grande deseo de 
tener ya los bergantines acabados y vernos ya 
en el cerco de Méjico, y no perder ningún tiem- 
po en balde, mandó nuestro capitán Cortés que 
luego fuese Gonzalo de Sandoval por la made- 
ra, y que llevase consigo ducientos soldados y 



COHQUÍSTA DE NUEVA-ESPAÑA . 209 

veinte escopeteros y ballesteros y quince de á 
caballo, y buena copia de tlascaltecas y veinte 
principales de Tezcuco, y llevase en su compa- 
ñía á los mancebos de Chalco y á los viejos, y 
los pusiesen en salvo en sus pueblos; é antes 
que partiesen hizo amistades entre los tlascalte- 
cas y los de Chalco; porque , como los de Chal- 
co solían ser del bando y confederados de los 
mejicanos, y cuando iban á la guerra los meji- 
canos sobre Tlascala llevaban en su compañía 
á los de la provincia de Chalco para que les 
ayudasen, por estar en aquella comarca , desde 
entonces se tenían mala voluntad y se trataban 
como enemigos; mas como he dicho; Cortés los 
hizo amigos allí en Tezcuco, de manera que 
siempre entre ellos hubo gran amistad, y se fa- 
vorecieron de allí adelante los unos de los otros. 
Y también mando Cortés á Gonzalo de Sando- 
val que cuando tuviesen puestos en su tierra los 
de Chalco, que fuesen á un pueblo que allí cer- 
ca estaba en el camino, que en nuestra lengua 
le pusimos por nombre el Pueblo-Morisco, que 
era sujeto á Tezcuco; porque en aquel pueblo 
habían muerto cuarenta y tantos soldados de 
los de Narvaez y aún de los nuestros y muchos 
tlascaltecas, y robado tres cargas de oro cuan- 
do nos echaron de Méjico ; y los soldados que 
mataron eran que venían de la Veracruz á Me- 
co cuando íbamos en el socorro de Pedro de 
Albarado; y Cortés le encargó al Sandoval que 
no dejase aquel pueblo 6,in buen castigo, puesto 






210 BERNAL DÍAZ. 

que más merecían los de Tezcuco , porque ellos 
fueron los agresores y capitanes de aquel daño, 
como en aquel tiempo eran muy hermanos en 
armas con la gran ciudad de Méjico, y porque 
en aquella sazón no se podia hacer otra cosa, se 
dejó de castigar en Tezcuco. Y volvamos á 
nuestra plática, y es que Gonzalo de Sandoval 
hizo lo que el capitán le mandó , así en ir á la 
provincia de Chalco, que poco se rodeaba, y 
dejar allí á los dos mancebos señores della, y 
fué al Pueblo-Morisco, y antes que llegasen los 
nuestros ya sabían por sus espías cómo iban so- 
bre ellos, y desamparan el pueblo y se van hu- 
yendo á los montes, y el Sandoval los siguió, y 
mató tres ó cuatro porque hubo mancilla dellos; 
mas hubiéronse mujeres y mozas , é prendió 
cuatro principales, y el Sandoval los halagó á 
los cuatro que prendió, y les dijo que cómo ha- 
bían muerto tantos españoles. Y dijeron que los 
de Tezcuco y de Méjico los mataron en una ce- 
lada que les pusieron en una cuesta por donde 
no podían pasar sino uno á uno, porque era 
muy angosto el camino; y que allí cargaron so- 
bre ellos gran copia de mejicanos y de Tezcuco, 
y que entonces los prendieron y mataron , y que 
los de Tezcuco los llevaron á su ciudad , y los 
repartieron con los mejicanos; y esto que les fué 
mandado, y que no pudieron hacer otra cosa; y 
que aquello que hicieron , que fué en venganza 
del señor de Tezcuco , que se decia Cacamatzin, 
que Cortés tuvo preso y se había muerto en las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 211 

puentes. Hallóse allí en aquel pueblo mucha 
sangre de los españoles que mataron , por las 
paredes, que habían rociado con ella á sus ído- 
los; y también se halló dos caras que habían 
desollado, y adobado los cueros como pelle- 
jos de guantes, y las tenían con sus barbas 
puestas y ofrecidas en unos dé sus altares; y 
asimismo se halló cuatro cueros de caballos cur- 
tidos, muy bien aderezados, que teñían sus pe- 
los y con sus herraduras, colgados y ofrecidos 
á sus ídolos en el su cu mayor; y halláronse 
muchos vestidos de lo!* españoles que habían 
muerto, colgados y ofrecidos á los mismos ído- 
los; y también se halló en un mármol de una 
casa, adonde los tuvieron presos , escrito con 
carbones: aAquí estuvo preso el sin ventura de 
Juan Yuste , con otros muchos que traia en mi 
compañía.» Este Juan Yuste era un hidalgo de 
los de á caballo que allí mataron , y de las per- 
sonas de calidad que Narvaez había traído ; de 
todo lo cual el Sandoval y todos sus soldados 
hubieron mancilla y les pesó ; mas ¿qué reme- 
dio habia ya que hacer sino usar de piedad con 
los de aquel pueblo , pues se fueron huyen- 
do y no aguardaron, y llevaron sus mujeres 
é hijos, y algunas mujeres que se prendían 
lloraban por sus maridos y padres? Y viendo es- 
to el Sandoval, á cuatro principales que prendió 
y á todas las mujeres las soltó, y envió á llamar 
á los del pueblo, los cuales vinieron y le deman- 
daron perdón, y dieron la obediencia á su ma- 



212 BERSAL DÍAZ. 

jestad y prometieron de ser siempre contra me- 
jicanos y servirnos muy bien; y preguntados 
por el oro que robaron á los tlascaltccas cuan- 
do por allí pasaron, dijeron que otros habian 
tomado las cargas dello, y que los mejicanos y 
los señores de Tezcuco se lo llevaron, porque 
dijeron que aquel oro habia sido de Montezuma, 
y que lo habia tomado de sus templos y se lo 
dié á Malinche, que lo tenia preso. Dejemos de 
hablar desto, y digamos cómo fué Sandoval ca- 
mino de Tlascala, y junto á la cabecera del pue- 
blo mayor, donde residian los caciques, topó 
con toda la madera y tablazón de los berganti- 
nes, que la traian á cuestas sobre ocho mil in- 
dios, y venian otros tantos á la retaguarda de- 
llos con sus armas y penacho^ y otros dos mil 
para remudar las cargas que traian el bastimen- 
to; y venian por capitanes de todos los tlascalte- 
cas Chichimecatecle, que ya he dicho otras ve- 
ces en los capítulos pasados que dello hablan, 
que era indio muy principal y esforzado; y tam- 
bién venian otros dos principales, que se decían 
Teulepile y Teutical, y otros caciques y princi- 
pales, y á todos los traia á cargo Martin López, 
que era el maestro que cortó la madera y dio la 
cuenta para las tablazones., y venian otros es- 
pañoles que no me acuerdo sus nombres; y cuan- 
do Sandoval los vio venir de aquella manera 
hubo mucho placer por ver que le habian qui- 
tado aquel cuidado, porque creyó que estuviera 
en Tlascala algunos dias detenido, esperando á 



C0NOU1STA DE NUEVA-ESPANA. 213 

salir con toda la madera y tablazón ; y así 
comn venían, con el mismo concierto fueron 
dos dias caminando , hasta que entraron en 
tierra de mejicanos, y les daban gritos desde 
las estancias y barrancas , y en partes que 
no les podían hacer mal ninguno los nuestros 
con caballos ni escopetas ; entonces dijo el 
Martin López, que lo traia todo á cargo, que 
seria bien que fuesen con otro recaudo que 
hasta entonces venían, porque los tlascaltecas 
le habían dicho que temían aquellos caminos no 
saliesen de repente los grandes poderes de Mé- 
jico y les desbaratasen, como iban cargados y 
embarazados con la madera y bastimentos; y 
luego mandó Sandoval repartir los de á caba- 
llo y ballesteros y escopeteros, que fuesen unos 
en la delantera y los demás en los lados; y man- 
dó á Chichimecatecle, que iba por capitán de- 
lante de todos los tlascaltecas, que se quedase 
detrás para ir en la retaguarda juntamente con 
el Gonzalo de Sandoval; de lo cual se afrentó 
aquel cacique, creyendo que no le tenían por 
esforzado; y tantas cosas le dijeron sobre 
aquel caso , que lo hubo por bueno viendo 
que el Sandoval quedaba juntamente con él, 
y le dieron á entender que siempre los meji- 
canos daban en el fardaje, que quedaba atrás; 
y como lo hubo bien entendido, abrazó al San- 
doval y dijo que le hacían honra en aquello. 
Dejemos de hablar en esto , y digamos que 
en otros dos días de camino llegaron á Tez- 



214 BERNAL DÜZ. 

cuco, y antes que entrasen en aquella ciudad 
se pusieron muy buenas mantas y penachos, y 
con atambores y cornetas, puestos en ordenanza, 
caminaron, y no quebraron el hilo en más de 
medio dia que iban entrando y dando voces y 
silbos y diciendo: «Viva , viva el Emperador, 
nuestro señor, y Castilla , Castilla, y Tlascala, 
Tlascala.» Y llegaron á Tezcuco y Cortés y 
ciertos capitanes les salieron á recebir , con 
grandes ofrecimientos que Cortés hivo á Chichi- 
mecatecle y á todos los capitanes que traia ; é 
las piezas de maderos y tablazones y todo lo 
demás perteneciente á los bergantines se puso 
cerca de las zanjas y esteros donde se habian de 
labrar; y desde alli adelante tanta priesa se da- 
ban en hacer trece bergantines el Martin Ló- 
pez, que fué el maestro de los hacer , con otros 
españoles que le ayudaban , que se decían An- 
drés Nuñez y un viejo que se decia Ramírez, 
que estaba cojo de una herida, y un Diego Her- 
nández, aserrador, y ciertos carpinteros, y dos 
herreros con sus fraguas , y un Hernando de 
Aguiiar, que les ayudaba á machacar ; todos se 
dieron gran priesa hasta que los bergantines 
estuvieron armados y no faltó sino calafeteallos 
y ponellos los mástiles y jarcias y velas. Pues 
ya hecho esto, quiero decir el gran recaudo que 
teníamos en nuestro real de espías y escuchas y 
guarda para los bergantines , porque estaban 
junto á la laguna , y los mejicanos procuraron 
tres veces de les poner fuego , y aun prendimos 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA . 215 

quince indios de los que lo venían á poner „ de 
quien se supo muy largamente todo lo que en 
Méjico hacían y concertaba Guatemuz ; y era, 
que por vía ninguna habían de hacer paces, sino 
morir todos peleando ó quitarnos á todos las 
vidas. 

Quiero tornar á decir los llamamientos y men- 
sajeros en todos los pueblos sujetos á Méjico, y 
cómo les perdonaba el tributo y el trabajar, que 
de día y de noche trabajaban de hacer casas y 
ahondar los pasos de las puentes y hacer albar- 
radas muy fuertes, y poner á punto sus varas y 
tiraderas, y hacer unas lanzas muy largas para 
matar los caballos, engastadas en ellas de las 
espadas que nos tomaron la noche del desbara- 
te, y poner á punto sus hondas con piedras ro- 
llizas, y espadas de á dos manos, y otras ma- 
yores que espadas, como macanas, y todo géne- 
ro de guerra. Dejemos esta materia, y volvamos 
á decir de nuestra zanja y acequia, por donde 
habían de salir los bergantines á la gran lagu- 
na, que estaba ya muy ancha y honda, que po- 
dían nadar por ella navios de razonable porte; 
porque, como otras veces he dicho, siempre an- 
daban en la obra ocho mil indios trabajadores. 
Dejemos esto, y digamos cómo nuestro Cortés 
fué á una entrada de Saltocan. 



216 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO CXLI. 



COMO NUESTRO CAPITÁN CORTES FUE A UNA ENTRADA 
AL PUEBLO DE SALTOCAN, QUE ESTA DE LA CIUDAD 
DE MÉJICO OBRA DE SEIS LEGUAS, PUESTO Y POBLA- 
DO EN LA LAGUNA, Y DENDE ALLÍ Á OTROS PUEBLOS, 
Y LO QUE EN EL CAMINO PASÓ DIRÉ ADELANTE. 



Cómo habían venido allí áTczcuco sobre quin- 
ce mil tlascaltecas con la madera de los bergan- 
tines, y había cinco dias que estaban en aquella 
ciudad sin hacer cosa que de contar sea, y no 
tenían mantenimientos, antes les faltaban ; y 
como el capitán de los tlascaltecas era muy es- 
forzado y orgulloso, que ya he dicho otras veces 
que se decia Chichimecatecle, dijo á Cortés que 
quería ir á hacer algún servicio á nuestro 
gran Emperador y batallar contra mejicanos, 
ansí por mostrar su fuerzas y buena voluntad 
para con nosotros, como para vengarse de las 
muertes y robos que habían hecho á sus herma- 
nos y vasallos, ansi en Méjico como en sus tier- 
ras; y que le pedia por merced que ordenase y 
mandase á qué parte podrían ir que fuesen 
nuestros enemigos; y Cortés les dijo que les te- 
nia en mucho su buen deseo, y que otro día 
quería ir á un pueblo que se dice Saltocan, que 
está de aquella ciudad cinco leguas, mas que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 517 

están fundadas las casas en el agua de la lagu- 
na, é que habia entrada para él por tierra; el 
cual pueblo habia enviado á llamar de paz dias 
habia tres veces, y no quiso venir, y que les 
tornó á enviar mensajeros nuevamente con los 
de Tepetezcuco y de Obtumba, que eran sus ve- 
cinos, y que en lugar de venir de paz, no qui- 
sieron, antes trataron mal á los mensajeros y 
descalabraron dello , y la respuesta que dieron 
fué, que si allá íbamos, que no tenían menos 
fuerza y fortaleza; que fuesen cuando quisiesen, 
que en el campo les hallaríamos; é que habian 
tenido aquella respuesta de sus ídolos que allí 
nos matarían, y que les aconsejaron los ídolos 
que esta respuesta diesen; y á esta causa Cor- 
tés se apercebió para ir él en persona á aquella 
entrada, y mandó á ducientos y cincuenta sol- 
dados que fuesen en su compañía, y treinta de 
á caballo, y llevó consigo á Pedro de Albarado 
y á Cristóbal de Olí y muchos ballesteros y es- 
copeteros, y á todos los tlascaltecas, y una capi- 
tanía de hombres de guerra de Tezcueo, y los 
más dellos principales; y dejó en guarda de Tez- 
cuco, á Gonzalo de Sandoval, para que mirase 
mucho por los bergantines y real, no diesen una 
noche en él; porque ya he dicho que siempre 
habíamos de estar la barba sobre el hombro, lo 
uno por estar tan á la raya de Méjico, y lo otro 
por estar en tan gran ciudad como era Tezcueo, 
y todos los vecinos de aquella ciudad eran pa- 
rientes y amigos de mejicanos; y mandó al San- 
28 



218 BERNAL DÍAZ. 

doval y á Martin López , maestro de hacer los 
bergantines , que dentro de quince dias los tu- 
viesen muy á punto para echar al algua y na- 
vegar en ellos, y se partió de Tezcuco para 
hacer aquella entrada. Después de haber oido 
Misa salió con su ejército , é yendo su camino, 
no muy lejos cíe Saltocan encontró con unos 
grandes escuadrones de mejicanos, que le esta- 
ban aguardando en parte que creyeron aprove- 
charse de nuestros espadóles y matar los caba- 
llos; mas Cortés marchó con los de á caballo, y 
él juntamente con ellos; ydespues'de haber 
disparado las escopetas y ballestas , rompieron 
por ellos y mataron algunos de los mejicanos, 
porque luego se acojieron á los montes y á 
partes que los de á caballo no los pudieron se- 
guir; mas nuestros amigos los tlascaltecas pren- 
dieron y mataron obra de treinta ; y aquella 
noche fué Cortés á dormir á unas caserias , y 
estuvo muy sobre aviso con sus corredores de 
campo y veias y rondas y espías, porque estaba 
entre grandes poblaciones ; y supo que Guate- 
muz , señor de Méjico , había enviado muchos 
escuadrones de gente de guerra á Saltocan para 
les ayudar, los cuales fueron en canoas por unos 
hondos esteros ; y otro dia de mañana junto al 
pueblo comenzaron los mejicanos y los de Salto- 
can á pelear con los nuestros , y tirábanles mu- 
cha vara y flecha, y piedra con hondas desde las 
acequias donde estaban , é hirieron á diez de 
nuestros soldados y muchos de los amigos tías- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 219 

caltecas , y ningún mal les podían hacer los de 
á caballo, porque no podían correr ni pasar los 
esteros, que estaban todos llenos de agua, y el 
camino y calzada que solían tener, por donde 
entraban por tierra en el pueblo, de pocos dias 
le habían deshecho y le abrieron á mano, y la 
ahondaron de manera que estaba hecho acequia 
y lleno de agua, y por esta causa los nuestros 
no podían en ninguna manera entralles en el 
pueblo ni hacer daño ninguno ; y puesto que los 
escopeteros y ballesteros tiraban á los que an- 
daban en canoas, traíanlas tan bien armadas de 
talabardones de madera, é demás de los tala- 
bardoncs, guardábanse bien ; y nuestros solda- 
dos, viendo que no aprovechaba cosa ninguna y 
no podían atinar el camino y calzada que de an- 
tes tenían en el pueblo, porque todo lo hallaban 
lleno de agua, renegaban del pueblo y aun de la 
venida sin provecho, y aun medio corridos de 
cómo los mejicanos y los del pueblo les daban 
grande grita y les llamaban de mujeres, é que 
Malinche era otra mujer, y que no era esforzado 
sino para engañarlos con palabras y mentiras; 
y en este instante dos indios de los que allí ve- 
nían con los nuestros, que eran de Tepetezcuco, 
que estaban muy mal con los de Saltocan, dije- 
ron á un nuestro soldado, que habia tres dias 
que vinieron, cómo abrían la calzada y la lava- 
ron y la hicieron zanja, y echaron de otra ace- 
quia el agua por ella, y que no muy lejos ade- 
lante está por abrir é iba camino al pueblo, Y 



220 BERNAL DÍAZ. 

cuando nuestros soldados lo hubieron entendi- 
do, y por donde los indios les señalaron, se po- 
nen en gran concierto los ballesteros y escope- 
teros, unos armando y otros soltando, y esto 
poco á poco, y no todos á la par, y el agua á 
vuelapié, y á otras partes á más de la cinta, 
pasan todos nuestros soldados, y muchos amigos 
siguiéndolos, y Cortés con los de á caballo 
aguardándolos en tierra firme, haciéndoles es- 
paldas, porque temió no -viniesen otra vez los 
escuadrones de Méjico y diesen en la rezaga ; y 
cuando pasaban las acequias los nuestros, como 
dicho tengo, los contrarios daban en ellos como 
á terrero, y hirieron muchos ; mas, como iban 
deseosos de llegar á la calzada que estaba por 
abrir, todavía pasan adelante, hasta que dieron 
en ella por tierra sin agua, y vánse al pueblo ; y 
en fin de más razones, tal mano les dieron, que 
les mataron muchos mejicanos, y lo pagaron 
muy bien, é la burla que dellos hacian; donde 
hubieron mucha ropa de algodón y oro y otros 
despojos ; y como estaban poblados en la lagu- 
na, de presto se meten los mejicanos y los natu- 
rales del pueblo en sus canoas con todo el hato 
que pudieron llevar, y se van á Méjico ; y los 
nuestros, de que los vieron despoblados, quema- 
ron algunas casas, y no osaron dormir en él por 
estar en el agua, y se vinieron donde estaba el 
capitán Cortés aguardándolos; y allí en aquel 
pueblo se hubieron muy buenas indias, y los 
tlascaltecas salieron ricos con mantas, sal y oro 



CONQUISTA DE NUEVA-ÉSPANA. 22 1 

y otros despojos, y luego se fueron á dormir á 
unas caserías que serian una legua de Saltocan, 
y allí se curaron, y un soldado murió dende á 
pocos dias de un flechazo que le dieron por la 
garganta ; y luego se pusieron velas y corredo- 
res del campo, y hubo buen recaudo, porque to- 
das aquellas tierras estaban muy pobladas de 
culchúas ; y otro dia fueron camino de un gran 
pueblo que se diceColuatilan, é yendo por el ca- 
mino, los de aquellas poblaciones y otros muchos 
mejicanos que con ellos se juntaban , les daban 
muy grande grita y voces , diciéndoles vitupe- 
rios, y era en parte que no podían correr los ca- 
ballos ni se les podia hacer ningún daño , por- 
que estaban entre acequias ; y desta manera 
llegaron á aquella población , y estaba despo- 
blado de aquel mismo dia y alzado el hato , y 
en aquella noche durmieron allí con grandes 
velas y rondas ; y otro dia fueron camino de un 
gran pueblo que se dice Tenayuca t y este pue- 
blo solíamos llamar la primera vez que entra- 
mos en Méjico el pueblo de las Sierpes , porque 
en el adoratorio mayor que tenían hallamos dos 
grandes bultos de sierpes de malas figuras, que 
eran sus ídolos en quien adoraban. Dejemos 
esto , y digamos del camino, y es que este pue- 
blo hallaron despoblado como el pasado , que 
todos los indios naturales dellos se habían jun- 
tado en otro pueblo que estaba más adelante; y 
desde allí fué á otro pueblo que se dice Escapu- 
zaíco , que seria del uno al otro una legua , y 



222 BERNAL DÍAZ. 

asimismo estaba despoblado. Este Escapuzalco 
era donde labraban el oro é plata al gran Mon- 
tezuma, y solíamos llamar el pueblo de los Pla- 
teros ; y desde aquel pueblo fué á otro , que ya 
he dicho que se dice Tacuba , que es obra de 
media legua el uno del otro. En este pueblo fué 
donde reparamos la triste noche cuando salimos 
de Méjico desbaratados , y en él nos mataron 
ciertos soldados , según dicho tengo en el capí- 
tulo pasado que dello habla; y tornemos á nues- 
tra plática : que antes que nuestro ejército lle- 
gase al pueblo , estaban en campo aguardando 
á Cortés muchos escuadrones de todos aquellos 
pueblos por donde habia pasado , y los de Ta- 
cuba y de mejicanos , porque Méjico está muy 
cerca del , y todos juntos comenzaron á dar en 
los nuestros, de manera que tuvo harto nuestro 
capitán de romper en ellos con los de á caballo; 
y andaban tan juntos los unos con los otros, que 
nuestros moldados a buenas cuchilladas los hi- 
cieron retraer ; y como era noche, durmieron en 
el pueblo con buenas velas y escuchas, y otro 
dia de mañana , si muchos mejicanos habian es- 
tado juntos, muchos más se juntaron aquel dia, 
y con gran concierto venian á darnos guerra, de 
tal manera que herían algunos soldados ; mas 
todavia los nuestros los hicieron retraer en sus 
casas y fortaleza, de manera que tuvieron tiem- 
po de les entrar en Tacuba y quemalles muchas 
casas y metelles á sacomano ; y como aquello 
supieron en Méjico , ordenaron de salir muchos 



Conquista de nuevahsspaíía. 223 

más escuadrones de su ciudad á pelear con Cor- 
tés , y concertaron que cuando peleasen con él, 
que hiciesen que vo.vian huyendo hacia Méjico, 
y que poco á poco metiesen á nuestro ejército 
en su calzada , y que cuando los tuviesen den- 
tro , haciendo como que se retraian de miedo; é 
ansí como lo concertaron lo hicieron , y Cortés, 
creyendo que llevaba vitoria, los mandó seguir 
hasta una puente ; y cuando los mejicanos sin- 
tieron que tenian ya metido á Cortés en el gar- 
lito pasada la puente , vuelve sobre él tanta 
multitud de indios , que unos por tierra , otros 
con canoas y otros en las azuteas , le dan tal 
mano, que le ponen en tan gran aprieto , que 
estuvo la cosa de arte , que creyó ser perdi- 
do é desbaratado ; jorque á una puente don- 
de habia llegado cargaron tan de golpe so- 
bre él, que ni poco ni mucho se podia va- 
ler ; é un alférez que llevaba una bandera , por 
sostener el gran ímpetu de los contrarios le 
hirieron muy malamente y cayó con su bandera 
desde la puente abajo en el agua, y estuvo en 
ventura de no se ahogar, y aún le tenian ya 
asido los mejicanos para le meter en unas ca- 
noas, y él fué tan esforzado, que se escapó con 
su bandera; y en aquella refriega mataron cin- 
co soldados, é hirieron muchos de los nuestros; 
y Corles, viendo el gran atrevimiento y mala 
consideración que habia hecho en haber entra- 
do en la calzada de la manera que he dicho, y 
sintió como los mejicanos le habían cebado, 



224 BERNAL DÍAZ. 

luego mandó que todos se retrajesen; y con el 
mejor concierto que pudo, y no vueltas las es- 
paldas, sino los rostros á los contrarios, pié 
contra pié, como quien hace represas, y los ba- 
llesteros y escopeteros unos armando y otros 
tirando, y los de á caballo haciendo algunas 
arremetidas, mas eran muy pocas, porque luego 
les herían los caballos; y desta manera se esca- 
pó Cortés aquella vez del poder de Méjico , y 
cuando se vio en tierra firme dio muchas gracias 
á Dios. Allí en aquella calzada y puente fué 
donde un Pedro de Ircio, muchas veces por mí 
nombrado, dijo al alférez que cayó con la ban- 
dera en la laguna, que se decia Juan Volante, 
por le afrentar (que no estaba bien con él por 
amores de una mujer) ciertas palabras pesadas, 
y no tuvo razón de decir aquellas palabras por- 
que el alférez era un hidalgo y hombre muy es- 
forzado, y como tal se mostró aquella vez y 
otras muchas; y al Pedro de Ircio no le fué muy 
bien de su mala Voluntad que tenia contra Juan 
Volante, el tiempo andando. Dejemos á Pedro 
de Ircio, y digamos que en cinco dias que allí en 
lo de Tacuba estuvo Cortés tuvo batalla y reen- 
cuentros con los mejicanos y sus aliados; y 
desde allí dio la vuelta para Tezcuco, y por el 
camino que habia venido se volvió, y le daban 
grita los mejicanos, creyendo que volvía hu- 
yendo, y aún sospecharon lo cierto, que con 
gran temor volvió; y les esperaban en partes 
que querían ganar honra con él y matalle los 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 225 

caballos, y le echaban celadas; y como aquello 
vio, les echó una en que les mató é hirió mu- 
chos de los contrarios, é á Cortés entonces le 
mataron dos caballos é un soldado, y con esto 
no le siguieron más, é á buenas jornadas llegó 
á un pueblo sujeto á Tezcuco, que se dice Acul- 
man, que estará de Tezcuco dos leguas y media, 
y como lo supimos cómo habia allí llegado, sa- 
limos con Gonzalo de Sandoval á le ver y rece- 
bir, acompañados de muchos caballos y solda- 
dos y de los caciques de Tezcuco, especial de 
D. Hernando, principal de aquella ciudad; y en 
las vistas nos alegramos mucho, porque habia 
más de quince dias que no habíamos sabido de 
Cortés ni de cosa que le hubiese acaecido; y 
después de le haber dado el bien venido y ha- 
berle hablado algunas cosas que convenían so- 
bre lo militar, nos volvimos á Tezcuco aquella 
tarde, porque no osábamos dejar el Real sin 
buen rec do; y nuestro Cortés se quedó en aquel 
pueblo hasta otro dia, que llegó á Tezcuco; y 
los tlascaltecas, como ya estaban ricos y venian 
cargados de despojos, demandaron licencia para 
irse á su tierra, y Cortés se la dio; y fueron 
por parle que los mejicanos no tuvieron espías 
sobre ellos, y salvaron sus haciendas. Y á cabo 
de cuatro d as que nuestrp capitán reposaba y 
estaba dando priesa en hacer los bergantines, 
vinieron unos pueblos de la costa del Norte á 
demandar paces y darse por vasallos de su ma- 
jestad, los cuales pueblos se llaman Tucapan y 
29 



226 BERNAL DÍAZ. 

Mascalcingo é Naultran, y otros pueblezuelos 
de aquellas comarcas, y trajeron un presente de 
oro y ropa de algodón; y cuando llegaron de- 
lante de Cortés, con gran acato, después de ha- 
ber dado su presente, dijeron que le pedían por 
merced que les admitiese á su amistad, y que 
querían ser vasallos del Rey de Castilla, y dije- 
ron que cuando los mejicanos mataron sus teu- 
les en lo de Almería, y era capitán dellos Quete 
Alpopoca, que ya habíamos quemado por justi- 
cia, que todos aquellos pueblos que allí venian 
fueron en ayudar á ios teules; y después que 
Cortés les hubo oido, puesto que entendía que 
habían sido con los mejicanos en la muerte de 
Juan de Escalante y los seis soldados que le 
mataron en lo de Almería, según he dicho en el 
capítulo que dello habla, les mostró mucha vo- 
luntad y recibió el precente, y por vasallos del 
Emperador nuestro señor, y no les demandó 
cuenta sobre lo acaecido ni se lo trajo á la me- 
moria, porque no estaba en tiempo de hacer 
otra cosa; y con buenes palabras y ofrecimien- 
tos los despachó. Y en este instante vinieron á 
Cortés otros pueblos de los que se habían dado 
por nuestros amigos á demandar favor contra 
mejicanos, y decían que les fuésemos á ayudar, 
porque venian contra ellos grandes escuadro- 
nes, y les habían entrado en su tierra y llevado 
presos muchos de sus indios, y á otros habían 
descalabrado. Y también en aquella sazón vinie 
ron los de Chalco y Talmanalco , y dijeron que 



CONQUISTA DÉ NUÉVA-ESPANA . 227 

si luego no les socorrían que serian perdidos, 
porque estaban sobre ellos muchas guarniciones 
de sus enemigos; y tantas lástimas decían , que 
traían en un paño de manta de nequen pintado 
al natural los escuadrones que sobre ellos ve- 
nían , que Cortés no sabia qué se decir ni qué 
respondelles , ni dar remedio á los unos ni á los 
otros ; porque habia visto que estábamos mu- 
chos de nuestros soldados heridos y dolientes, 
y se habían muerto ocho de dolor de costado y 
de echar sangre cuajada , revuelta con lodo, 
por la boca y narices ; y era del quebrantamien- 
to de las armas que siempre traiamos á cuestas, 
é de que á la continua íbamos á las entradas , y 
de polvo que en ellas tragábamos ; y demás 
desto, viendo que se habían muerto tres ó cua- 
tro soldados de heridas , que nunca parábamos 
de ir á entrar , unos venidos y otros vueltos. La 
respuesta que les dio á los primeros pueblos fué 
que les halagó y dijo que iria presto á les ayu- 
dar, y que entre tanto que iba, que se ayudasen 
de otros pueblos sus vecinos , y que esperasen 
en campo á los mejicanos, y que todos juntos les 
diesen guerra, é que si los mejicanos viesen que 
les mostraban cara y ponían fuerzas contra ellos, 
que temerían, é que ya no tenían tantos poderes 
los mejicanos para les dar guerra como solian, 
porque tenían muchos contrarios ; y tantas pa- 
labras les dijo con nuestras lenguas , é les esfor- 
zó, que reposaron algo sus corazones, y no tan- 
to, que luego demandaron cartas para dospue- 



228 BERNAL WAZ. 

bios sus comarcanos , nuestros amigos , para 
<jue lea fuesen á ayudar. Las cartas en aquel 
tiempo no las entendían ; más bien sabian que 
entre nosotros se tenia por cosa cierta que cuan- 
do se enviaban eran como mandamientos ó se- 
ñales que les mandaban algunas cosas de cali- 
dad ; é con ellas se fueron muy contentos, y las 
mostraron á sus amigos y los llamaron ; y como 
nuestro Cortés se Jo mandó, aguardaron en el 
campo á los mejicanos y tuvieron con ellos una 
batalla, y con ayuda de nuestros amigos sus ve- 
cinos , á quien dieron la carta , no les fué mal 
en la pelea. Volvamos á los de Chalco : que 
viendo nuestro Cortés que era cosa muy impor- 
tante para nosotros que aquella provincia estu- 
viese desembarazada de gentes de Culchúa, 
porque , como he dicho otra vez, por allí habían 
de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á 
Tlascala, y habiamos de mantener nuestro real, 
porque es tierra de mucho maíz , luego mandó á 
Gonzalo de Sandoval , que era alguacil mayor, 
que se aparejase para otro dia de mañana ir á 
Chalco , y le mandó dar veinte á caballo y du- 
cientos soldados , y doce ballesteros y diez es- 
copeteros , y los tlascaltecas que habia en nues- 
tro real , que eran muy pocos , porque , como 
dicho habernos en este capítulo , todos los más 
se habían ido á su tierra cargados de despojos, 
y también llevó una capitanía de los de Tezcuco, 
y en su compañía al capitán Luis Marin, que era 
su muy íntimo amigo; y quedamos en guarda 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 229 

de aquella ciudad y bergantines Cortés é Pedro 
de Albarado y Cristóbal de Olí con los demás 
soldados. Y antes que Gonzalo de Sandoval vaya 
para Chalco , como está acordado , quiero aquí 
decir cómo, estando escribiendo en esta relación 
todo lo acaecido á Cortés , de Saltocan , acaso 
estaban presentes dos hidalgos muy curiosos 
que habían leido la Historia de Gómora , y me 
dijeron que tres cosas se me olvidaban de escri- 
bir , que tenia escrito el coronista Gómora de la 
misma entrada que hizo Cortés ; y la una era 
que t ió Cortés vista á Méjico con trece bergan- 
tines , y peleó muy bien con el gran poder de 
Guatemuz, con sus grandes canoas y piraguas 
en la laguna ; la otra era que cuando Cortés en- 
tró en la Calzada de Méjico que tuvo pláticas 
con los señores caciques mejicanos , y les dijo 
que les quitaría el bastimento y se moririan de 
hambre ; y la otra fué que Cortés no quiso de- 
cir á los de Tezcuco que habia de ir á Saltocan, 
porque no le diesen aviso. Yo respondí á los 
mismos hidalgos que me lo dijeron, que en aque- 
lla sazón los bergantines no estaban acabados 
de hacer., é que ¿cómo podia llevar por tierra 
bergantines ni por la laguna los caballos ni tanta 
gente? Que es cosa de reír ver lo que escribe-, 
y que cuando entró en la calzada de Tacuba, co- 
mo dicho habernos , que harto tuvo Cortés en 
escapar él y su ejército , que estuvo medio des- 
baratado; y en aquella sazón no habíamos puesto 
cerco á Méjico , para veda! les los mantenimieu- 



230 BERÍÍALDIAZ. 

tos , ni tenían hambre , y eran señores de todos 
sus vasallos; y lo que pasó muchos dias adelante, 
cuando los teníamos en grande aprieto, pone aho- 
ra el Gómora; y en lo que dice que se apartó Cor- 
tés por otro camino para ir á Saltocan, no lo su- 
piesen los de Tezcuco , digo que por fuerza 
fueron por sus pueblos y tierras de Tezcuco, 
porque por allí era el camino , y no otro ; y en 
lo que escribe va muy errudo , y á lo que yo he 
sentido, no tiene él la culpa, sino el que le infor- 
mó, que por sublimar á quien á él se le antojó, 
ensalzó sus cosas, y porque no se declarasen 
nuestros heroicos hechos le daban aquellas rela- 
ciones ; y esta es la verdadera ; y como lo hu- 
bieron bien entendido los mismos que me lo di- 
jeron , y vieron claro lo que les dije ser ansí, se 
convencieron. Y dejemos esta plática , y torne- 
mos al capitán Gonzalo de Sandoval, que partió 
de Tezcuco después de haber oido Misa , y fué 
á amanecer cerca de Chalco ; y lo que pasó diré 
adelante. 



CAPITULO CXLII. 



COMO EL CAPITÁN GONZALO DE SANDOVAL FUE A CHAL- 
CO É Á TALMANAICO CON TODO SU EJERCITO; Y LO 
QUE EN AQUELLA JORNADA PASÓ DIRÉ ADELANTE. 



Ya he dicho en el capítulo pasado cómo los 
pueblos de Chalco y Talmanalco vinieron á decir 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 23Í 

á Cortés que les enviase socorro, porque esta- 
ban grandes guarniciones juntas para les venir 
á dar guerra; é tantas lástimas le dijeron, que 
mandó á Gonzalo de Sandoval que fuese allá 
con ducientos soldados y veinte de á caballo, é 
diez ó doce ballesteros y otros tantos escopete- 
ros, y nuestros amigos los de ílascala y otra 
capitanía de los de Tezcuco, y llevó al capitán 
Luis Marin por compañero, porque era su muy 
grande amigo; y después de haber oido Misa en 
12 diasdel ines de Marzo de 1521 años, fué á 
dormir á unas estancias del mismo Chalco, y 
otro dia llegó por la mañana á Talmanalco, y 
los caciques y capitanes le hicieron buen recebi- 
miento y le dieron de comer, y le dijeron que 
luego fuese hacia un gran pueblo que se dice 
Guaztepeque, porque hallaría juntos todos los 
poderes de Méjico en el mismo Guaztepeque ó 
en el camino antes de llegar á él, é que todos 
los de aquella provincia de ChalcO irian con él; 
y al Gonzalo de Sandoval parecióle que seria 
muy bien ir muy á punto; y puesto en concierto, 
fué á dormir á otro pueblo sujeto del mismo 
Chalco, Chimalacan, porque los espías que los 
de Chalco tenían puestas sobre los culchúas vi- 
nieron á avisar cómo estaban en el campo no 
muy lejos de allí la gente de guerra sus enemi- 
gos, é que habia algunas quebradas é arcabne- 
zos, adonde esperaban; y como el Sandoval era 
muy avisado y de buen consejo, puso los esco- 
peteros y ballesteros por delante, y los de á ca- 



233 ftEftftAL DI Aí. 

bailo mamió que de tres en tres se hermanasen, 
y cuando hubiesen gastado los ballesteros y es- 
copeteros algunos tiros», que todos juntos los de 
á caballo rompiesen por ellos á media rienda y 
las lanzas terciadas, y que no curasen alancear, 
sino por los rostros, hasta ponerlos en huida, y 
que no se deshermanasen; y mandó á los solda- 
dos de á pié que siempre estuviesen hechos un 
cuerpo, y no se metiesen entre los contrarios 
hasta que se lo mandase; porque, como le de- 
cían que eran muchos los enemigos (y ansi fué 
verdad), y estaban entre aquellos malos pasos, 
y no sabian si tenian hoyos hechos ó algunas 
albarradus, queria tener sus soldados enteros, 
no le viniese algún desmán; é yendo por su ca- 
mino, vio venir por tres partes repartidos los 
escuadrones de mejicanos dando gritos y tañen- 
do trompetillas y atabales, con todo género de 
armas, según lo suelen traer, y se vinieron 
como leones bravosa encontrar con los nues- 
tros; y cuando el Sandoval los vio tan denoda- 
dos, no guardó á la orden que habia dado, y 
dijo á los de á caballo que antes que se junta- 
sen con los nuestros que luego rompiesen, y el 
Sandoval delante animando á los suyos dijo: 
«Santiago, y á ellos;» y de aquel tropel fueron 
algunos de los escuadrones mejicanos medio 
desbaratados, mas no del todo, que se junta- 
ron todos é hicieron rostro, porque se ayuda- 
ban con los malos pasos é quebradas, porque 
los de á caballo, por ser los pasos muy agros, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 233 

no podían correr, y se estuvieron sin ir tras 
ellos; á esta causa les tornó á mandar Sandoval 
á todos los soldados que con buen concierto les 
entrasen, los ballesteros y escopeteros delante, 
y los rodeleros que les fuesen á los lados , y 
cuando viesen que les iban hiriendo y haciendo 
mala obra, y oyesen un tiro desta otra parte de 
la barranca, que seria señal que todos los de á 
caballo á una arremetiesen á les echar de aquel 
sitio, creyendo que les meterían en tierra llana 
que habia allí cerca; y apercebió á los amigos 
que ellos ansimismo acudiesen Con los españo- 
les, y ansí se hizo como lo mandó ; y en aquel 
tropel recibieron los nuestros muchas heridas 
porque eran muchos los contrarios que sobre 
ellos cargaron; y en fin de más pláticas, les hi- 
cieron ir retrayendo, mas fué hacia otros malos 
pasos; y Sandoval con los de á caballo los fué 
siguiendo, y no alcanzó sino tres ó cuatro; y 
uno de los nuestros de á caballo que iba en el 
alcance, que se decia Gonzalo Domínguez, como 
era mal camino, rodó el caballo y tomóle deba- 
jo, y dende á pocos dias murió de aquella mala 
caida. He traído esto aquí á la memoria deste 
soldado, porque este Gonzalo Domínguez era 
uno de los mejores ginetes y esforzado qu» Cor- 
tés habia traído en nuestra compañía; y tenía- 
mosle en tanto en las guerras, por su esfuerzo, 
como al Cristóbal de Olí y á Gonzalo de Sando- 
val; por la cual muerte hubo mucho sentimiento 
entre todos nosotros. Volvamos á Sandoval y á 
30 



234 BERNAL DÍAZ. 

todo su ejército , que los fué siguiendo hasta 
cerca del pueblo que se dice Guaztepeque, y 
antes de llegar á él le salen al encuentro sobre 
quince mil mejicanos, y le comenzaban á cercar 
y le hirieron muchos soldados y cinco caballos; 
mas como la tierra era en parte llana, con el 
gran concierto que llevaba rompe los dos escua- 
drones con los de á caballo, y los demás escua- 
drones vuelven las espaldas hacia el pueblo 
para tornar á aguardar á unos mamparos que 
tenian hechos; mas nuestros soldados y los ami- 
gos les siguieron de manera , que no tuvieron 
tiempo de aguardar, y los de á caballo siempre 
fueron en el alcance por otras partes , hasta que 
se encerraron en el mismo puebio en partes que 
no se pudieron haber; y creyendo que no volve- 
rían más á pelear aquel dia , mandó Sandoval 
reposar su gente, y se curaron los heridos y co- 
menzaron á comer, que se había habido mucho 
despojo; y estando comiendo vinieron dos de á 
caballo y otros dos soldados que habia puesto 
antes que comenzase á comer, los unos para 
corredores del campo y los otros por espías, y 
vinieron diciendo: «Al arma, al arma; que vie- 
nen muchos escuadrones de mejicanos;» y como 
siempre estaban acostumbrados á tener las ar- 
mas muy á punto, de presto cabalgan y salen á 
una gran plaza, y en aquel instante vinieron los 
contrarios, y allí hubo otra buena batalla; y 
después que estuvieron buen rato haciendo cara 
en unos mamparos, desde allí hirieron algunos 



C0?íQUIST£ PE NUEVA-ESPAÑA. 235 

de los nuestros, y tal priesa les dio el Gonzalo 
de Sandoval con los de á caballo, y con las es- 
copetas y ballestas y cuchilladas los soldados, 
que les hicieron huir del pueblo por otras bar- 
rancas, y por aquel día no volvieron más; y 
cuando el capitán Sandoval se vio libre desta 
refriega dio muchas gracias á Dios , y se fué á 
reposar y dormir á una huerta que habia en 
aquel pueblo, la más hermosa y de mayores 
edificios y cosa mucho de mirar que se habia 
visto en la Nueva-España; y tenia tantas cosas, 
que era muy admirable, y ciertamente era huer- 
ta para un gran Príncipe, y aún no se acabó de 
andar por entonces toda, porque tenia más de 
un cuarto de legua de largo. Y dejemos de ha- 
blar de la huerta, y digamos que yo no vine en 
esta entrada, ni en este tiempo que digo anduve 
esta huerta, sino desde obra de veinte dias que 
vine con Cortés cuando rodeamos los grandes 
pueblos de la laguna, como adelante diré; y la 
causa porque no vine en aquella sazón es por- 
que estaba muy mal herido de un bote de lanza 
que me dieron en la garganta junto al gaznate, 
que estuve della á peligro de muerte , de que 
agora tengo una señal, y diéronmela en lo de 
Iztapalapa, cuando nos apretaron tanto; y como 
yo no fui en esta entrada, por eso digo en esta 
mi relación: «Fueron y esto hicieron y talles 
acaeció;» y no digo: «Hicimos ni hice ni vine ni 
eu ello me hallé;» mas todo lo que escribo acer- 
en dello pasó al pié de la letra; porque luego se 



236 BERNAL DÍAZ. 

á los caciques de aquel pueblo con cinco indios 
naturales de los que habian prendido en las ba- 
tallas pasadas, y los dos dellos eran principales, 
y les envió á decir que no hubiesen miedo y que 
vengan de paz, y que lo pasado se lo perdona, 
y les dijo otras buenas razones, y los mensaje- 
ros que fueron á tratar las paces, mas no osaron I 
venir los caciques por miedo de los mejicanos; y 
en aquel mismo dia también envió á decir áotro I 
gran pueblo que estaba de Guaztepeque obra I 
de dos leguas, que se dice Acapistla, que mira- I 
sen que son buenas las paces, que no querían 
guerra, y que miren y tengan en la memoria en 
qué han parado los escuadrones de culchúas 
que estaban en aquel pueblo de Guaztepeque, 
sino que todos han sido desbaratados; que ven- ■ 
gan de paz, y que los mejicanos que tienen en 
guarnición que les echen fuera de su tierra, y 
qne si no lo hacen, que irá allá de guerra y los 
castigará; y la respuesta fué que vayan cuando 
quisieren, que bien piensan tener con sus cuer- 
pos y carnes buenas hartazgas, y sus ídolos sa- I 
orificios; y como aquella respuesta le dieron, y j 
los caciques de Chalco que con Sandoval esta- 
ban, que sabian que en aquel pueblo de Acapis- 
tla estaban muchos más mejicanos en guarnición 
para les ir á Chalco á dar guerra cuando viesen 
vuelto al Sandoval, á esta causa le rogaron que 
fuese allá y los echase de allí; y el Sandoval es- 
taba para no ir, lo uno porque estaba herido y 
tenia muchos soldados y caballos heridos, y lo 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 237 

otro, como habia tenido tres batallas, no se qui- 
siera meter por entonces en hacer más de lo 
que Cortés le mandaba; y también algunos ca- 
balleros de los que llevaba en su compañía, que 
eran de los deNarvaez, le dijeron que se vol- 
viese á Tezcuco y que no fuese á Acapistla, 
porque estaba en gran fortaleza, no le acaeciese 
algún desmán; y el capitán Luis Marin le acon- 
sejó que no dejase de ir á aquella fuerza y ha- 
cer lo que pudiese; porque los caciques de Chalco 
decían que si desde allí se volvían sin des- 
hacer el poder que estaba junto en aquella for- 
taleza, que ansí como vean ó sepan que Sandoval 
vuelve á Tezcuco, que luego son sus enemi- 
gos en Chalco; y como era el camino de un pue- 
blo á otro obra de dos leguas, acordó de ir, y 
apercibió sus soldados y fué allá; y luego como 
llegó á vista del pueblo, antes de llegar á él le 
salen muchos guerreros, y le comenzaron á tirar 
vara*y flecha y piedra con hondas, y fué tanta 
como granizo, que le hirieron tres caballos y 
muchos soldados, sin podelles hacer cosa ni daño 
ninguno; y hecho esto, luego se suben entre sus 
riscos y fortalezas, y desde allí les daban voces 
y gritas y tañían sus caracoles y atabales; y 
como el Sandoval ansí vio la cosa, acordó de 
mandar á algunos de á caballo que se apeasen, 
y á los demás de á caballo que se estuviesen en 
el campo en lo llano á punto, mirando no vinie- 
sen algunos socorros mejicanos á los de Acapis- 
tla entre tanto que combatían aquel pueblo; y 



238 BEhNALDIAZ. 

como vio que los caciques de Chalco y sus capi- 
tanes y muchos de sus indios de guerra que allí 
estaban remolinando y no osaban pelear con los 
contrarios, adrede para proballos y ver lo que 
decian, les dijo Sandoval: «¿Qué hacéis ahí? 
¿Por qué no les comenzáis á combatir? Y entra 
en ese pueblo y fortaleza; que aquí estamos, que 
os defenderemos;» y ellos respondieron que no I 
se atrevian, porque era gran fortaleza, y que 
por esta causa venia el Sandoval y sus herma- 
nos los teules con ellos, y con su mamparo y es- 
fuerzo venían los de Chalco á les echar de alli. 
Por manera que se apercibe el Sandoval de arte 
que él y todos sus soldados y escopeteros y ba- 
llesteros, les comenzaron de entrar y subir; y 
puesto que recibieron en aquella subida muchas 
heridas, y al mismo capitán le descalabraron ' 
otra vez y le hirieron muchos de los amigos, 
todavía les entró en el pueblo, donde se les hizo 
mucho daño; y todos los que más daño les hi- 
cieron fueron los indios de Chalco y lo# demás 
amigos tlascaltecas, porque nuestros soldados, 
si no fué hasta rompellos y ponellos en huida, 
no curaron de dar cuchiilladas á ningún indio, 
porque les parecia crueldad; y en lo que más se 
empleaban era en buscar una buena india ó ha-' 
cer algún despojo; y lo que comunmente hacian 
era reñir á los amigos porque eran tan crueles 
y por quitalles algunos indios ó indias porque 
no los matasen. Dejemos de hablar desto, y di- 
gamos que aquellos guerreros mejicanos que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 239 

allí estaban, por se defender se vinieron por 
unos riscos abajo cerca del pueblo, y como ha- 
bía muchos dellos heridos de los que se venían á 
esconder en aquella quebrada y arroyo, y se 
desangraban, venia el agua algo turbia de san- 
gre, y no duró aquella turbieza un Ave-María. 
E aquí dice el coronista Gómora en su historia 
que por venir el rio tinto en sangre los nuestros 
pasaron sed por causa de la sangre. A esto digo 
que habia fuentes de agua clara abajo en el 
mismo pueblo, que no tenían necesidad de otra 
agua. Volvamos á decir que luego que aquello 
fué hecho se volvió el Sandoval con todo su ejér- 
cito áTezcuco, y con buen despojo, en especial 
con muy buenas piezas de indias. Digamos ahora 
cómo el señor de Méjico, que se decia Guatemuz, 
lo supo, y el desbarate de sus ejércitos, dicen 
que mostró mucho sentimiento dello, y más de 
que los de Chalco tenían tanto atrevimiento, sien- 
do sus subditos y vasallos, de osar tomar armas 
sabe en el real de la manera que en las entradas 
acaece; y ansí, no se puede quitar ni alargar 
más de lo que pasó. Y dejaré de hablar en esto, 
y volveré al capitán Gonzalo de Sandova! , que 
otro dia de mañana , viendo que no habia más 
bullicio de guerreros mejicanos, envió á llamar 
tres veces contra ellos; y estando tan enojado, 
acordó que entre tanto que el Sandoval se vol- 
vía al real de Tezcuco, de enviar grandes pode- 
res de guerreros, que de presto juntó en la ciu- 
dad de Méjico con otros que estaban junto á la 



240 BEKNAL DÍAZ. 

laguna, y en más de dos mil canoas grandes, 
con todo género ide armas, salen sobre veinte 
mil mejicanos, y vienen de repente en la tierra 
de Chalco por hacelles todo el mal que pudie- 
sen; y fué de tal arte y tan presto, que aun no 
hubo bien llegado el Sandoval á Tezcuco ni ha- 
blado á Cortés, cuando estaban otra vez mensa- 
jeros de Chalco en canoas por la laguna deman- 
dando favor á Cortés, porque le dijeron que 
habían venido sobre dos mil canoas, y en ellas 
veinte mil mejicanos, y que fuesen presto á los 
socorrer; y cuando Cortés lo oyó, y Sandoval, 
que entonces en aquel instante llegaba á habla- 
He y á dalle cuenta de lo que habia hecho en la 
entrada donde venia, el Cortés no le quiso es- 
cuchar á Sandoval, de enojo, creyendo que por 
su culpa ó descuido recebian mala obra nues- 
tros amigos los de Chalco; y luego sin más dila- 
ción ni le oir le mandó volver y que dejase allí 
en el real todos los heridos que traia, y con los 
sanos luego fué muy en posta; y destas palabras 
que Cortés le dijo recebió mucha pena el Sando- 
val, y porque no le quiso escuchar, y luego 
partió para Chalco; y como llegó con todo su 
ejército bien cansado de las armas y largo cami- 
no, pareció ser que los de Chalco, luego como lo 
supieron por sus espías que los mejicanos venían 
tan de repente sobre ellos, y cómo habia tenido 
Guatemuz aquella cosa concertada que diesen 
sobre ellos, como dicho tengo, sin más aguardar 
socorro de nosotros, enviaron á llamar á los de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 24Í 

la provincia de Guaxocingo é Tlascala , que es- 
taban cerca, los cuales vinieron aquella noche 
mesma, muy aparejados con sus armas, y se 
juntaron con los de Chalco, que serian por to- 
dos más de veinte mil dellos, é ya les habían 
perdido el temor á los mejicanos, y gentilmente 
los aguardaron en el campo y pelearon como 
muy varones, puesto que los mejicanos mataron 
y prendieron hasta quince capitanes y hombres 
principales, y de otra gente de guerra de no 
tanta cuenta se prendieron otros muchos; y tú- 
vose esta batalla entre los mejicanos por grande 
deshonra suya, viendo que los de Chalco los 
vencieron, y en mucho más que si los desbara- 
táramos nosotros; y como llegó Sandoval á Chal- 
co y vio que no tenia qué hacer ni de qué se' 
temer, que ya no volverían otra vez los mejica. 
nos sobre Chalco, da vuelta á Tezcuco y llevó 
los presos mejicanos, con lo cual se holgó mu- 
cho Cortés; y Sandoval mostró grande enojo de 
nuestro capitán por lo pasado, y no le fué á ver 
ni hablar, puesto que Cortés le envió á decir 
que lo había entendido de otra manera, y que 
creyó que por descuido del Sandoval no se ha- 
bía remediado, pues que iba con mucha gente 
de á caballo y soldados, y sin haber dcsbarala- 
do los mejicanos se volvia. Dejemos de hablar 
desta materia, porque lu^go tornaron á ser 
amigos Cortés y el Sandoval, y no sabia Cortés 
placer que hacer al Sandoval por tenelle con- 
tento, que no le hacia Dejallo he aquí, y diré 
31 



242 BERNAL DÍAZ. 



cómo acordamos de herrar todas las piezas, es- 
clavas y esclavos qne se habían habido, que fue- 
ron muchas, y de cómo vino en aquel instante 
un navio de Castilla, y lo que más pasó. 



CAPITULO CXLIII. 



CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS EN TEZCUCO, Y CO- 
MO VINO NUEVA QUE HABÍA VENIDO AL PUERTO DE ' 
LA VILLA-RICA UN NAVÍO, Y LOS PASAJEROS QUE 
EN ÉL VINIERON; Y OTRAS COSAS QUE PASARON DIRÉ 
ADELANTE. 

Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con 
gran presa de esclavos, y otros muchos que se 
habiau habido en las entradas pasadas, fué acor- 
dado que luego se herrasen ; y de que se hubo 
pregonado que se llevasen á herrar á una casa 
señalada, todos los más soldados llevamos las 
piezas que habíamos habido , para echar el i 
hierro de su majestad , que era una G, que 
quiere decir guerra, según y de la manera que 
lo teníamos de antes concertado con Cortés, se- 
o-un he dicho en el capítulo que dello habla,- 
creyendo que se nos habia de volver después 
de pagado el real quinto, que las apreciasen 
cuánto podia valer cada pieza; y no fué ansí, 



C0WQUI8TA DE HUEVA-ESPANA. 243 

porque si en lo de Tepeaca se hizo muy mala- 
mente, según otra vez dicho tengo, muy peor 
se hizo en esto de Tezcuco , que después que 
sacaban el real quinto, era otro quinto para Cor- 
tés y otras partes para los capitanes; y en la 
noche antes cuando las tenian juntas nos des- 
aparecieron las mejores indias. Pues como Cor- 
tés nos habia dicho y prometido que las buenas 
piezas se habian de vender en el almoneda por 
loque valiesen , y las que no fuesen tales por 
menos precio , tampoco hubo buen concierto 
en ello, porque los oficiales del Rey que tenian 
cargo dellas hacían lo que querían; por manera 
que si mal se hizo una vez, esta vez peor; y des- 
de allí adelante muchos soldados que tomába- 
mos algunas buenas indias , porque no nos las 
tomasen t como las pasadas, las escondíamos y 
no las llevábamos á herrar, y decíamos que se 
habian huido; y si era privado de Cortés, secre- 
tamente la llevaban de noche á herrar y las 
apreciaban en lo que valian y les echaban el 
hierro y pagaban el quinto; y otras muchas se 
quedaban en nuestros aposentos , y decíamos 
que eran naborias que habian venido de paz de 
los pueblos comarcanos y de Tlascala. Tam- 
bién quiero decir que como ya habia dos ó tres 
meses pasados que algunas de las escclavas 
que estaban en nuestra compañía y en todo el 
real conocían á los soldados cuál era bueno é 
cuál malo, y trataba bien á las indias naborias 
que tenia ó cuál las trataba mal, y tenían fama 



244 BERNAL DIA2. 

de caballeros, y de otra manera cuando las ven- 
dían en el almoneda, y si las sacaban algunos 
soldados que las tales indias ó indios no les 
contentaban ó las habian tratado mal , de pres- 
to se les desaparecían que no las vían más, 
y preguntar por ellas era por demás; y en fin, 
todo se quedaba por deuda en los libros del 
Rey, ansí en lo de las almonedas y los quin- 
tos; y ai dar las partes del oro se consumió, 
que ningunos ó muy pocos soldados llevaron 
partes, porque ya lo debían, y aún muchos más 
pesos de oro que después cobraron los oficiales 
del Rey. Dejemos esto , y digamos cómo en 
aquella sazón vino un navio de Castilla , en 
el cual vino por tesorero de su majestad un 
Julián de Alderete, vecino de Tordesillas, y vino 
un Orduña el viejo, vecino que fué de la Pue- 
bla, que después de ganado Méjico trajo cuatro 
ó cinco hijas, que casó muy honradamente; era 
natural de Tordesillas ; y vino un fraile-de San 
Francisco que se decia Fray Pedro Melgarejo 
de Urrea, natural de Sevilla, que trajo unas 
bulas de señor San Pedro, y con ellas nos com- 
ponían si algo éramos en cargo en las guerras 
en que andábamos; por manera que en pocos 
meses el fraile fué rico y compuesto á Castilla; 
trajo entonces por comisario y quien tenia car- 
go de las bulas á Jerónimo López, que después 
fué secretario en Méjico; vinieron un Antonio 
Carvajal, que ahora vive en Méjico, ya muy vie • 
jo, capitán que fué de un bergantín; y vino 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAN A. 245 

Jerónimo Ruiz de la Mota, yerno que fué, des- 
pués de ganado Méjico, del Orduña, que ansi- 
mismo fué capitán de un bergantín, natural de 
Burgos; y vino un Briones, natural de Salaman- 
ca; á este Briones ahorcaron en esta provincia 
de Guatimala por amotinador de ejércitos, des- 
de á cuatro años que se vino huyendo de lo de 
Honduras; y vinieron otros muchos que ya no 
me acuerdo,, y'tambien vino un Alonso Diaz de 
la Reguera, vecino que fué de Guatimala, que 
ahora vive en Valladolid; y trajeron en este na- 
vio' muchas armas y pólvora, y en fin como na- 
vio que venia de Castilla, é vino cargado de 
muchas cosas, y con él nos alegramos, y de las 
nuevas que de Castilla trajeron no me acuerdo 
bien; más paréceme que dijeron que el Obispo 
de Burgos ya no tenia mano en el Gobierno, 
que no estaba su majestad bien con él desque 
alcanzó á saber de nuestros muy buenos é no- 
tables servicios, y como el Obispo escribia á 
Flandes al contrario de lo que pasaba y en fa- 
vor de Diego Velazquez, y halló muy clara- 
mente su majestad ser verdad todo lo que nues- 
tros procuradores de nuestra parte le fueron á 
informar, y á esta causa no le oia cosa que dije- 
se. Dejemos esto, y volvamos á decir que como 
Cortés vio los bergantines que estaban acabados 
de hacer, y la gran voluntad que todos los sol- 
dados teníamos de estar ya puestos en el cerco 
de Méjico, y en aquella sazón volvieron los de 
recer, mandó apercebir todos los soldados y ejér- 



246 BÉRNAL DÍAS. 

Chalco á decir que los mejicanos venían sobre 
ellos, y que les enviasen socorro; y Cortés les 
envió á decir que él quería ir en persona á sus 
pueblos y tierras, y no se volver hasta que á 
todos los contrarios echase de aquellas comar- 
cas; y mandó apercebir trecientos soldados y 
treinta de á caballo, y todos los más escopete- 
ros y ballesteros que habia, y gente de Tezcu- 
co; y fué en su compañía Pedro de Albarado y 
Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, y ansimis- 
mo fué el tesorero Julián de Alderete, y el 
fraile Fray Pedro Melgarejo, que ya en aquella 
sazón habia llegado á nuestro real; é yo fui en- 
tonces con el mismo Cortes, porque me mandó 
que fuese con él; y lo que pasamos en aquella 
entrada diré adelante. 



CAPITULO CXLIV. 



COMO NUESTRO CAPITÁN CORTES FUE A USA ENTRADA 
Y SE RODEÓLA LAGUNA, Y TODAS LAS CIUDADES Y 
GRANDES PUEBLOS QUE ALREDEDOR HALLAMOS, Y LO 
QUE MÁS NOS PASÓ EN AQUELLA ENTRADA. 



Como Cortés habia dicho á los de Chalco que 
les habia de ir á socorrer porque los mejicanos 
no viniesen y les diesen guerra, porque harto 
teníamos cada semana de ir y venir á les favo- 



CONQUISTA DE NUÉVA-ESPANA. 247 

cito, que fueron trecientos soldados y treinta de 
á caballo, y veinte ballesteros y quince escopete- 
ros, y el tesorero Julián de Alderete y Pedro de 
Albaradoy Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, 
y fué también el fraile fray Pedro Melgarejo, y á 
mi me mandó que fuese con él, y muchos tlascal- 
tecas y amigos deTezcuco; y dejó en guarda de 
Tezcuco y bergantines á Gonzalo de Sandoval 
con buena copia de soldados y de á caballo. Y 
una mañana, después de haber oido Misa, que 
fué viernes 5 dias del mes de Abril de 1521 
años, fuimos á dormir á Talmanalco, y allí nos 
recibieron muy bien; y el otro dia fuimos á 
Chalco, que estaba muy cerca el uno del otro: 
allí mandó Cortés llamar á todos los caciques 
de aquella provincia, y se les hizo un parla- 
mento con nuestras lenguas doña Marina é Je- 
rónimo de Aguilar, en que se les dio á enten- 
der cómo agora al presente íbamos á ver si po- 
dría traer de paz á algunos de los pueblos que 
estaban más cerca de la laguna, y también para 
ver la tierra y sitio para poner cerco á la gran 
ciudad de Méjico, y que por la laguna habian 
de echar los bergantines, que era*n trece, y que 
les rogaba á todos que para otro dia estuviesen 
aparejadas todas sus gentes de guerra para ir 
con nosotros; y cuando lo hubieron entendido, 
todos á una de muy buena voluntad dijeron que 
si lo harían; y otro dia fuimos á dormir á otro 
pueblo que estaba sujeto al mismo Chalco, que 
se dice Chimaluacan, y allí vinieron más de 



248 BERNALDIÍZ. 

veinte mil amigos, ansí de Chalco y de Tezcuco 
y Guaxocingo, y los tlascaltecas y otios pue- 
blos; y vinieron tantos, que en todas las entra- 
das que yo había ido, después que en la Nueva- 
España entré, nunca vi tanta gente de guerra 
de nuestros amigos como ahora fueron en nues- 
tra compañía. Ya he dicho otra vez que iba 
tanta multitud dellos á causa de los despojos 
que habían de haber, y lo más cierto, por har- 
tarse de carne humana si hubiese batallas, por- 
que bien sabían que las habia de haber; y son , 
á manera de decir como cuando en Italia salia 
un ejército de una á otra parte, yles seguian 
cuervos y milanos y otras aves de rapiña, que 
se mantenían de los cuerpos muertos que que- 
daban en el campo cuando se daba alguna muy 
sangrienta batalla; ansi he juzgado que nos se- 
guian tantos miliares de indios. Dejemos esta 
plática, y volvamos á nuestra relación: que en 
aquella sazón se tuvo nueva que estaban en un 
llano cerca de allí aguardando muchos escua- 
drones y capitanías de mejicanos é sus aliados, 
todos los de aquellas comarcas, para pelear con 
nosotros; y Cortés-nos apercibió que fuésemos 
muy alerta y saliésemos de aquel pueblo donde 
dormimos, que se dice Chimaluacan, después de 
haber oido Misa, que fué bien de mañana; y con 
mucho concierto fuimos caminando entre unos 
peñascos y por medio de dos si rrezuelas, que 
en ellas habia fortalezas y mamparos, donde 
habia muchos indios é indias reeojidos é hechos 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 249 

fuertes; y dende su fortaleza nos daban gritos 
é voces y alaridos, y nosotros no curamos de 
pelear con ellos, sino callar y caminar y pasar 
adelante hasta un pueblo grande que estaba des- 
poblado, que se dice Yautepeqúe, y también pa- 
samos de largo; y llegamos á un llano donde ha- 
bía unas fuentes de muy poca agua, é auna parte 
estaba un gran peñol con una fuerza muy mala de 
ganar, según luego pareció por la obra; y como 
llegamos en el paraje del peñol, porque vimos 
que estaba lleno de guerreros, y de lo alto del 
nos daban gritos y tiraban piedras é varas y fle- 
chas, y hirieron tres soldados de los nuestros, 
entonces mandó Cortés que reparásemos allí, ¿ 
dijo: «Parece que todos estos mejicanos se ponen 
en fortalezas y hacen burla de nosotros de que 
no les acometemos;» y esto dijo por los que de- 
jábamos atrás en las sierrezuelas; y luego man- 
dó á unos dea caballo y á ciertos ballesteros 
que diesen una vuelta á una parte del peñol , y 
que mirasen si habia otra subida más conve- 
niente de buena entrada para les poder comba- 
tir; y fueron , y dijeron que lo mejor de todo 
era donde estábamos , porque en todo lo demás 
no habia subida ninguna., que era toda peña 
tajada, y luego Cortés mandó que les fuésemos 
entrando y subiendo. El alférez Cristóbal del 
Corral delante, y otras banderas , y todos nos- 
otros siguiéndolas, y Cortés con los de á caba- 
llo aguardando en lo llano por guarda de oíros 
escuadrones de mejicanos „ no viniesen á áar ea 
32 



250 BERNAt DÍAZ, 

nuestro fardaje ó en nosotros entre tanto que 
combatíamos aquella fuerza ; y como comenza- 
mos á subir por el peñol arriba , echan los in- 
dios guerreros que en él estaban tantas piedras 
muy grandes y peñascos, que fué cosa espanto- 
sa , como se venian despeñando y saltando, 
cómo no nos mataron á todos; y fué cosa incon- 
siderada y no de cuerdo capitán mandarnos 
subir; y luego á mis pies murió un soldado que 
se decia Fulano Martínez, valenciano, que habia 
sido maestresala de un señor de salva en Cas- 
tilla, y este llevaba una celada , y no dijo ni 
habló palabra; y todavia subíamos , y como ve- 
nían las galgas rodando y despeñándose y dan- 
do saltos (que ansí llamábamos á las grandes 
piedras que venian despeñadas), luego mataron 
á otros dos soldados , que se decían Gaspar 
Sánchez, sobrino del tesorero de Cuba , y á un 
Fulano Bravo; y todavia subíamos, y luego ma- 
taron á otro soldado muy esforzado que se 
decia Alonso Rodríguez , y á otros dos desca- 
labrados, y en las piernas golpes todos los más 
de nosotros, y todavia porfiar é ir adelante ; é' 
yo, como en aquei tiempo era suelto , no dejaba 
de seguir al alférez Corral; é íbamos debajo de 
unas como socarrenas é concavidades que se 
hacían en el peñol de trecho á trecho , á ven- 
tura de si me encontraban algunos peñascos 
entre tanto que subía de socarrena á socarrena, 
que fué muy gran ventura; estaba el alférez 
Cristóbal del Corral mamparándose detrás de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 251 

unos árboles gruesos que tenían muchas espi- 
nas, que nacen en aquellas concavidades, y es- 
taba descalabrado y el rostro todo llenode san- 
gre é la bandera rota, y me dijo: «Oh señor 
Bernal Díaz del Castillo, que no es cosa el pa- 
sar más adelante, y mira no os cojan algunas 
lanchas ó galgas; estése al reparo de esa conca- 
vidad;» porque ya no nos podíamos tener aún 
con las manos, cuanto más podelles subir. En 
este tiempo vi que de la misma manera que 
Corral é yo habíamos subido de socarrena en 
socarrena venia Pedro Barba, que era capitán 
de ballesteros, con otros dos soldados; é yo le 
dije desde arriba: «Oh señor capitán, no suba 
más adelante, que no se podrá tener con pies y 
manos, no vuelva rodando;» y cuando se lo di- 
je, me respondió como muy esforzado, ó por 
dar aquella respuesta como gran señor, dijo que 
eso habia de decir, sino ir adelante; é yo recibí 
de aquella palabra remordimiento de mi perso-_ 
na, y le respondí: «Pues veomos cómo sube u 
donde yo estoy;» y todavía pasé bien arriba¿y 
en aquél instante vienen tantas piedras may 
grandes que echaron de lo alto, que tenia i re- 
presadas para aquel efeto, que hirieron á Pedro 
Barba y le mataron un soldado, y no pasaron 
más un paso de allí donde estaban; y entonces 
el alférez Corral dio yoccs para que dijesen á 
Cortés de mano en mano que no se podia subir 
más arriba, é que el retraer también era muy 
peligroso; y como Cortas lo entendió, porque 



252 BEKNAL DÍAZ. 

allá bajo donde estaba en tierra llana le habían 
muerto tres soldados y herido siete del gran ím- 
petu de las galgas que iban despeñándose, y 
aun tuvo por cierto Cortés que todos los más de 
los que habíamos subido arriba estábamos muer- 
tos ó bien heridos, porque donde él estaba no 
podia ver las vueltas que daba aquel peñol; y 
luego por señas y por voces y por unas escope- 
tas que soltaron, tuvimos arriba nuestras señas 
que nos mandaban retraer; y con buen concier- 
to, de socarrena en socarrena bajamos abajo to- 
dos descalabrados y corriendo sangre, y las 
banderas rotas y ocho muertos, y desque Cortés 
ansí nos vio, dio muchas gracias á Dios; y lue- 
go le dijeron lo que habíamos pasado yo y Pe- 
dro Barba, porque se lo dijo el mismo Pedro 
Barba y el alférez Corral estando platicando de 
la gran fuerza, é que fué maravilla cómo no nos 
llevaron las galgas de vuelo, según eran mu- 
chas; y aun lo supieron luego en todo el real. 
Dejemos todo esto, y digamos cómo estaban mu- 
chas capitanías de mejicanos aguardando en 
partes que no les podíamos ver ni. saber dellos, 
y estaban esperando para socorrer y ayudar á 
los del peñol; y bien entendieron lo que fué, 
que no podríamos subilles en la fuerza, y que 
entre tanto que estábamos peleando tenían con- 
certado que los del peñol por una parte y ellos 
por la otra darían en nosotros; y como lo tenían 
acordado, ansí vinieron á les ayudar á los del 
peñol; y cuando Cortés lo supo que venían man- 



comoüista de nueva-espaSa. 253 

dó luego á los de á caballo y á todos nosotros 
que fuésemos á encontrar con ellos, y ansí se 
hizo; y aquella tierra era llana, y á partes habla 
unas como vegas que estaban entre otros serré - 
jones; y seguimos á los contrarios hasta que lle- 
gamos á otro muy fuerte peñol, y en el alcance 
se mataron muy pocos indios, porque se acojian 
en partes que no se podian haber. Pues vueltos 
á la fuerza que probábamos á subir, é viendo 
que allí no habia agua ni la habíamos bebido en 
todo el dia, ni aun los caballos, porque las fuen- 
tes que dicho tengo que allí estaban no la te- 
nían, sino lodo; que, como teníamos tantos ene- 
migos, estaban sobre ellas y no las dejaban 
manar, y á esta causa mudamos nuestro real y 
fuimos por una vega abajo cerca de otro peñol, 
que sería del uno al otro obra de legua y media 
poco masó menos, creyendo que hallaríamos 
agua, y no la habia sino muy poca; y cerca de 
aquel peñol habia unos árboles de morales de la 
tierra, y allí nos páramos, y estaban obra de 
doce ó trece casas al pié de la sierra y fuerza; y 
ansí que nosotros llegamos nos comenzaron á 
dar grita y tirar galgas y varas y flechas desde 
lo alto; y estaba en esta fuerza mucha más gen- 
te que en el primero peñol, y aun era muy más 
fuerte, según después vimos; y nuestros esco- 
peteros y ballesteros les tiraban, más estaban 
tan altos y tenian tantos mamparos, que no se 
les podia hacer mal ninguno; pues entralles ó 
subilies no habia remedio, y aunque probamos 



254 BfíRNAL DÍA2. 

dos veces, que por las casas que allí estaban 
habia unos pasos i hasta dos vueltas podía- 
mos ir, más desde allí adelante ya he dicho 
peor que el primero; de manera que ansí en esta 
fuerza como en la primera no ganamos nin- 
guna reputación , antes los mejicanos y sus 
confederados tenian Vitoria; é aquella noche 
dormimos en aquellos morales bien muertos de 
sed, y se acordó para otro dia que desde otro 
peñol que estaba cerca del fuesen todos los ba- 
llesteros y escopeteros, y que subiesen en él, 
que habia subida, aunque no buena; porque 
desde aquel alcanzarían las ballestas y escope- 
tas al otro peñol fuerte y podíanle combatir; y 
mandó Cortés á Francisco Verdugo y al tesore- 
ro Julián de Alderete que se aperciban de bue- 
nos ballesteros, y á Pedro Barba, que era capi- 
tán , que fuesen por caudillos, y que todos los 
más soldados hiciésemos acometimiento que por 
los pasos y subidas de las casas que dicho tengo 
que les queríamos subir, y ansí los comenzamos 
á entrar; mas echaban tanta piedra grande y 
menuda, que hirieron á muchos soldados; y de- 
mas desto , no les subíamos de hecho, porque 
era por demás, que aún tenernos con las manos 
y pies no podíamos; y entre tanto que nosotros 
estábamos de aquella manera , los ballesteros y 
escopeteros desde el peñol que he dicho les al- 
canzaban con las ballestas y escopetas, y aun- 
que no muy bien, mataban algunos y herian 
otros; de manera que estuvimos dándoles com- 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 255 

bates obra de media hora; y quiso Nuestro Se- 
ñor Dios que acordaron de se dar de paz, y fué 
por causa que no tenían agua ninguna, que es- 
taba mucha gente arriba en el peñol, en un lla- 
no que se hacia arriba, é habíase acojido á él de 
todas aquellas comarcas ansí hombres como mu- 
jeres y Diños é gente menuda; y para que enten- 
diésemos abajo que querían paces, desde el pe- 
ñol las mujeres meneaban unas mantas hacia 
abajo, y con las palmas daban unas con otras, 
señalando que nos harían pan y tortillas, y los 
guerreros no nos tiraban vara ni piedra ni fle- 
cha; y cuando Cortés lo entendió, mandó que 
no se les hiciese mal ninguno , y por señas se 
les dio á entender que bajasen cinco principales 
á entender en las paces; los cuales bajaron, y 
con grande acato dijeron á Cortés que les per- 
donase, que por favorecerse y defenderse se ha- 
bían subido en aquellas fuerzas; y Cortés les 
dijo eon nuestras lenguas doña Marina y Agui- 
lar, algo enojado, que eran dignos de muerte 
por haber empezado la guerra; mas que pues 
han venido, que vayan luego al otro peñol é 
llamen los caciques é hombres principales que 
en él están, é traigan los muertos, é que lo pasa- 
do se les perdonará; y que vengan de paz, si no, 
que habíamos de ir sobre ellos y ponelles cerco 
hasta que se mueran de sed; porque bien sa- 
bíamos que no tenían agua, porque en toda 
aquella tierra no la hay sino muy poca; y luego 
fueron á llamarlos ansí como se lo mandó. De- 



256 BEUNAL DÍAS. 

jemos de hablar en ello hasta que vuelvan con 
ia respuesta; y digamos cómo estando platican- 
do Cortés con el Fraile Melgarejo y el teso- 
rero Alderete sobre las guerras pasadas que 
habíamos habido antes que viniesen á la Nue- 
va-España, y en la del peñol, y el gran poder de 
los mejicanos, y las grandes ciudades que habían 
visto después que vinieron de Castilla; y decían 
que si al Emperador nuestro señor le informara 
de la verdad el Obispo de Burgos, como le 
escribía al contrario, que nos enviada á hacer 
grandes mercedes ; que no se acuerdan que 
otros mayores servicios haya recebido nin- 
gún Rey en el mundo que el que nosotros 
le habíamos hecho en ganar tantas ciudades, 
in ser sabidor su majestad de cosa ninguna. 
Dejemos otras muchas pláticas que pasaron , y 
digamos cómo mandó nuestro capitán Cortés al 
alférez Corral y á otros dos capitanes, que fue- 
ron Juan Jaramillo y á Pedro de írcio, y á mi, 
que me hallé allí con ellos , que subiésemos al 
peñol y viésemos la fortaleza qué tal era , é que 
si estaban muchos indios heridos ó muertos de 
saetas y escopetas , é qué gente estaba reco- 
gida; é cuando esto nos mandó dijo: «Mira , se- 
ñores , que no les toméis ni un grano de maíz;» 
y según yo entendí , quisiera que nos aprove- 
cháramos ; y subidos al peñol por unos malos 
pasos, digo que era más fuerte que el primero, 
porque era peña tajada ; é ya que estábamos 
arriba, para entrar en la fuerza era como quien 



C0N0ÜI8TA DÉ NÜÉVA-ÉSPANA. 257 

entra por una abertura no más ancha que dos 
bocas de filo ó de horno ; é ya puestos en, lo más 
alto ó llano, estaban grandes anchuras de pra- 
dos, y todo lleno de gente, ansí de guerra como 
de muchas mujeres é niños, ó hallamos hasta 
veinte muertos y muchos heridos , y no tenían 
gota de agua que b:ber , y tenían todo su hato 
y su hacienda hechos fardajes , y otros muchos 
líos de mantas, que eran del tributo que daban 
á Guatemuz ; é como yo ansí vi tantas cargas 
de ropa y supe que eran del tributo , comencé 
á cargar cuatro tlascaltecas mis maniobras que 
llevé conmigo , y también eché á cuestas de 
otros cuatro indios de los que la guardaban otros 
cuatro fardos , y á cada uno eché una carga ; é 
como Pedro de Ircio lo vio, dijo que no lo lleva- 
se, é yo porfiaba que sí ; y como era capitán, 
hízose lo que mandó, porque me amenazó que se 
lo diría á Cortés; y me dijo el Pedro de Ircio que 
bien habia visto que dijo Cortés que no les to- 
másemos un grano de maiz, é yo dije que ansí 
era verdad , que por esa palabra misma quería 
llevar de aquella ropa; por manera que no me 
dejó llevar cosa ninguna; y bajamos á dar cuen- 
ta á Cortés de lo que habíamos visto é á lo que 
nos envió ; y dijo el Pedro de Ircio á Cortés, 
por me rsvolver con él, lo pasado, pensando 
que le contentaba mucho; después de le dar 
cuenta de lo que habia, dijo: aNo se les tomó 
cosa ninguna ; que ya habia cargado Bernal 
Díaz del Castillo de ropa á ocho indios, é si no 
33 



258 BERNAL DÍAZ. 

se lo estorbará yo, ya los traia cargados;» en- 
tonces dijo Cortés medio enojado : «Pues ¿por 
qué no lo trajo? Y también os habíades de que- 
dar allá vos con la ropa é indios con los de ar- 
riba;» é dijo: «Mira cómo no entendieron que 
los envié porque se aprovechasen , y á Bernal 
Diaz, que me entendió , quitaron el despojo que 
traia destos perros, que se quedarán riendo con 
los que nos han muerto y herido;» é cuando 
aquello oyó el Pedro de Ircio dijo que quería 
tornar á subir á la fuerza; y entonces le dijo que 
ya no habia coyuntura para ello, y que no fue- 
se allá de ninguna manera. Dejemos esta plá- 
tica, y digamos cómo vinieron los del otro pe- 
ñol, y en fin de muchas razones que pasaron 
sobre que les perdonasen , todos dieron la obe- 
diencia á su majestad; y como no habia agua 
en aquel paraje, nos fuimos luego camino de un 
pueblo ya nombrado en el capítulo pasado, que 
se dice Guaztepeque, adonde estaba la huerta 
que he dicho que es la mejor que habia visto 
en toda mi vida, y ansí lo torno á decir ; que 
Cortés y el tesorero Alderete desque entonces 
la vieron y pasearon algo della , se admiraron 
y dijeron que mejor cosa de huerta no habian 
visto en Castilla. Y digamos cómo en aquella 
noche nos aposentamos todos en ella; y los ca- 
ciques de aquel pueblo vinieron de paz á hablar 
y servir á Cortés, porque Gonzalo de Sandoval 
los habia recebido ya de paz cuando entró en 
aquel pueblo, según más largamente he escrito 



C0NQUl8fA DÉ NÜEVA.-ESPANA. 259 

en el capítulo pasado que dello habla; y aquella 
noche reposamos allí, y á otro dia muy de ma- 
ñana nos partimos para Cornabaca y hallamos 
unos escuadrones de guerreros mejicanos que de 
aquel pueblo habían salido, y los de á caballo 
les siguieron más de legua y media hasta encer- 
rarlos en otro gran pueblo que se dice Tepuz- 
tlan; y estaban tan descuidados los moradores 
del, que dimos en ellos antes que sus espías que 
tenian sobre nosotros llegasen. Aquí se hubie- 
ron muy buenas indias é despojos, y no aguar- 
daron ningunos mejicanos ni los naturales en el 
pueblo; y nuestro Cortés envió á llamar á los 
caciques por tres ó cuatro veces que viniesen 
todos de paz, y que si no venían, que les quema- 
ría el pueblo y los iríamos á buscar; y la respuesta 
fué que no querían venir; é porque otros pueblos 
tuviesen temor dello, mandó poner fuego á la 
mitad de las casas que allí cerca estaban, y en 
aquel instante vinieron los caciques del pueblo 
por donde aquel dia pasamos, que ya he dicho 
que se dice Yautepeque, y dieron la obediencia 
á su Majestad; y otro dia fuimos camino de otro 
mejor y mayor pueblo, que se dice Goadalbaca, 
y comunmente corrompimos ahora aquel voca- 
blo y le llamamos Cuernabaca, y había dentro 
en él mucha gente de guerra, ansí de mejica- 
nos como .de los naturales , y estaba muy fuer- 
te por unas cavas y riachuelo que están en las 
barrancas por donde corre el agua, muy hondas, 
de más de ocho estados abajo, p?aesto que no 



.260 BBRSAL DÍAZ. 

llevaban mucha agua, y es fortaleza para ellos; 
y también no habia entrada para caballos sino 
por unas dos puentes, y teníanlas quebradas; y 
desta manera estaban tan fuertes, que no los 
podíamos llegar, puesto que nos llegábamos á 
pelear con ellos desta parte de sus cavas y ria- 
chuelo en medio, y ellos nos tiraban mucha vara 
y flecha é piedras con hondas; y estando desta 
manera, avisaron á Cortés que más adelante, 
obra de media legua, habia entrada para los ca- 
ballos, y luego fué allá con los de á caballo, y 
todos nosotros estábamos buscando paso, y vi- 
mos que desde unos árboles que estaban junto 
con la cava se podia pasar á la otra parte de 
aquella honda cava, y puesto que cayeron tres 
soldados desde los árboles abajo en el agua, y 
aun el uno se quebró la pierna, todavía pasa- 
mos, aunque con harto peligro; porque de mí 
digo que verdaderamente cuando pasaba que lo 
vi muy peligroso é malo de pasar, y se me des- 
vanecía la cabeza, y todavía pasé yo y otros 
veinte ó treinta soldados y muchos tlascaltecas, 
y comenzamos á dar por las espaldas de los me- 
jicanos, que estaban tirando vara y flecha á los 
nuestros; y cuando lo vieron, que lo tenían por 
cosa imposible, creyeron que éramos muchos 
más; y en este instante allegaron Cristóbal de 
Olí é Pedro de Albarado y Andrés de Tapia, 
con otros de á caballo , que ( habían pasado 
con mucho riesgo de sus personas por una 
puente quebrada, y damos en los contrarios; 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 261 

por manera que volvieron las espaldas y se 
fueron huyendo á los montes y á otras partes 
de aquella honda eav%, donde no se pudie- 
ron haber; é dende á poco rato también lle- 
gó Cortés con todos los demás de á caballo. En 
este pueblo se hubo gran despojo, ansi de man- 
tas muy grandes como de buenas indias, é allí 
mandó Cortés que estuviésemos aquel dia, y en 
una huerta del señor de aquel pueblo nos apo- 
sentamos todos, y era muy bnena. Que quiera 
decir el gran recaudo de velas y escuchas y cor- 
redores del campo que do quiera que estábamos 
ó por los caminos llevábamos, es prolijidad re- 
citallo tantas veces : y por esta causa pasaré 
adelante, y diré que vinieron nuestros corredo- 
res del campo á decir á Cortés que venian hasta 
veinte indios, y á lo que parecía en sus meneos y 
semblantes eran caciques y hombres principales 
que le traian mensajes ó á demandar paces, y 
eran los caciques de aquel pueblo; y cuando lle- 
garon adonde Cortes estaba le hicieron mucho 
acato y le presentaron ciertas joyas de oro, y le 
dijeron que les perdonase porque no salieron de 
paz, que el señor de Méjico les enviaba á man- 
da" que, pues estaban en fortaleza, que desde 
allí nos diesen guerra, y les envió un buen es- 
cuadrón de mejicanos para que les ayudasen; 
é que á lo que ahora han visto, que no habrá 
cosa, por fuerte que sea, que no la combatamos y 
señoreemos, y que le piden por merced que los 
reciba de paz; y Cortés les mostró buena cara 



262 BERNALDI.íZ. 

y dijo que somos vasallos de un gran señor, que 
es el Emperador D. Carlos, que á los que le qui- 
sieren servir que á todos hace mercedes, y que 
á ellos en su Real nombre los recibe de paz; y 
alli dieron la obediencia á su majestad; y acuer- 
dóme que dijeron aquellos caciques que en pago 
de no haber venido de paz hasta entonces per- 
mitieron nuestros dioses á los suyos que les hi- 
ciese castigo en sus personas y haciendas. Donde 
los dejaré agora; y digamos cómo otro diade 
mañana caminamos para otra gran población 
que se dice Suchimileco; y lo que pasamos en el 
camino y en la ciudad y reencuentros de guerra 
que nos dieron diré adelante, hasta que volvi- 
mos á Tezcuco, y lo que más pasamos. 

CAPÍTULO CXLV. 

DE LA GRAN SEB QUE HUBO EN ESTE CAMINO, Y DEL PE- 
LIGRO EN QUE NOS VIM08 EN SUCHIMILECO CON MU- 
CHAS BATALLAS Y REENCUENTROS QUE CON LOS ME- 
JICANOS Y CON LOS NATURALES DE AQUELLA CIUDAD 
TUVIMOS, Y DE OTROS MUCHOS REENCUENTROS DE 
GUERRAS QUE HASTA VOLVER Á TEZCUCO PASAMOS. 

Pues como caminamos para Suchimileco, que 
es una gran ciudad, y en toda la más della están 
fundadas las casas en el agua, de agua dulce, y 
estará de Méjico obra de dos leguas y media; 
pues yendo por nuestro camino con gran con- 
cierto y ordenanza , como lo teníamos de eos- 



CONQUÍSTADE NUEVA-ESPANA . 263 

tumbre, fuimog por unos pinares, y no habia 
agua en todo el camino; y como íbamos con 
nuestas armas á cuestas y era ya tarde y hacia 
gran sol, aquejábanos mucho la sed, y no sa- 
bíamos si habia agua adelante, y habíamos an- 
dado ciertas leguas, ni tampoco teníamos certini- 
dad qué tanto estaba de allí un pozo que nos de- 
cía que habia en el camino; y como Cortés así 
vido todo nuestro ejército cansado, y los amigos 
tlascaltecas se desmayaron y se murió uno de 
sed , y un soldado de los nuestros que era 
viejo y estaba doliente , me parece que tam- 
bién se murió de sed, acordó Cortés de parar á 
la sombra de unos pinares, y mandó á seis de 
á caballo que fuesen adelante, camino de Suchi- 
mileco, é que viesen que tanto de allí habia po- 
blación ó estancias , ó el pozo que tuvimos no- 
ticia que estaba cerca, para ir á dormir á él ; y 
cuando fueron los de á caballo , que era Cristo- 
balde Olí y un Valdenebro y Pedro González 
de Trujillo , y otros muy esforzados varones, 
acordé yo de me apartar en parte que no me 
viese Cortés ni los de á caballo, y llevé tres na- 
borías mios tlascaltecas, bien esforzados é suel- 
tos indios, y fui tras ellos hasta que me vieron 
ir, y me aguardaron para me hacer volver , no 
hubiese algún rebato de guerreros mejicanos 
donde no me pudiese valer, é yo todavia porfia- 
ba á ir con ellos; y el Cristóbal de Olí , como 
era yo su amigo, me dijo que fuese y que apa- 
rejase los puños á pelear con los indios y los 

1 



264 BERHAL DÍAZ. 

pies á ponerme en salvo, y era tanta la sed que 
tenia, que aventuraba mi vida por me hartar de 
agua; y pasando obra de media legua adelante, 
habia muchas estancias y caserías de los de Su- 
chimileco en unas laderas de unas sierrezuelas; 
entonces los de á caballo que he dicho se apar- 
taron para buscar agua en las casas, y la halla- 
ron y se hartaron de ella, y uno de mis tlascal- 
tecas me sacó de una casa un gran cántaro de 
agua, que asi los hay grandes cántaros en aque- 
lla tierra, de que me harté yo y ellos; y enton- 
ces acordé desde allí de me volver donde estaba 
Cortés reposando , porque los moradores de 
aquellas estancias ya comenzaban á se apellidar 
y nos daban grita, y truje él cántaro lleno de 
agua con los tlascaltecas , y hallé á Cortés que 
ya comenzaba á caminar con todo su ejército; y 
como le dije que habia agua en unas estancias 
muy cerca de alli y que habia bebido y que traia 
agua en el cántaro, la cual traían los tlascalte- 
cas muy escondida porque no me la tomasen, 
porque á la sed no ría y leyj de la cual bebió 
Cortés y otros caballeros , y se holgó mucho , y 
todos se alegraron y se dieron priesa á caminar, 
y llegamos á las estancias antes de se poner el 
sol, y por las casas hallaron agua , aunque no 
mucha, y con la sed que traían alguno soldados, 
comían unos como cardos , y á algunos se les 
dañaron las bocas y lenguas ; y en este instante 
vinieron los de á caballo é dijeron que el pozo 
que estaba lejos, y que ya eptaba toda la tierra 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 265 

apellidando guerra, é que era bien dormir alli; 
y luego pusieron velas y espías y corredores del 
campo, é yo fui uno de los pusieran por velas, 
y paréceme que llovió aquella noche un poco ó 
que hizo mucho viento; y otro dia muy de ma- 
ñana comenzamos á caminar ; é á obra de las 
ocho llegamos á Suchimileco. Saber yo ahora 
decir la multitud de guerreros que nos estaban 
esperando, unos por tierra é otros en un paso 
de una puente que tenían quebrada , é los mu- 
chos mamparos y albarradas que tenían hecho 
en ellas, é las lanzas que traían hechas como al 
modo de las espadas que hubieron cuando la 
gran matanza que hicieron de los nuestros en 
lo de las puentes de Méjico, y otros muchos in- 
dios capitanes que todos traían espadas de laa 
nuestras muy relucientes ; pues flecheros y va- 
ras de á dos gajos , y piedra con hondas , y es- 
padas de á dos manos como montantes , hechas 
de á dos manos de navajas. Digo que estaba 
toda la tierra firme llena dellos , y al pasar de 
aquella puente estuvieron peleando con nos- 
otros cerca de media hora, que no les podíamos 
entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas 
ni grandes arremetidas que hacíamos, y lo peor 
de todo era que ya venían otros escuadrones de- 
llos, por las espaldas dándonos guerra ; y cuan- 
do aquello vimos, rompimos por el agua y puente 
medio nadando, y otros á vuelapié, y allí hubo 
algunos de nuestros soldados que bebieron tanta 
agua por fuera, que se les bicharon las barrigas 
34 



266 BERNAL DÍAZ. 

dello. Y volvamos á nuestra batalla : que al pa- 
sar de la puente hirieron á muchos de los nues- 
tros á mataron dos soldados, y luego les lleva- 
mos á buenas cuchilladas por unas calles donde 
habia tierra firme adelante, y los de á caballo, 
juntamente con Cortés, salen por otras partes á 
tierra firme, á donde toparon sobre más de diez 
mil indios, todos mejicanos, que venian de re- 
fresco para ayudar a los de aquel pueblo ; y pe- 
leaban de tal manera con los nuestros, que les 
aguardaban con las lanzas á los de á caballo, é 
hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que se halló 
en aquella gran presa, y el ¿aballo en que iba, 
que era muy bueno, castaño escuro, que le lla- 
maban el Romo, ú de muy gordo ú de cansado, 
como estaba holgado, desmayó el caballo, y los 
contrarios mejicanos, como eran muchos, echa- 
ron mano á Cortés y ie derribaron del caballo; 
otros dijeron que por fuerza le derrocaron ; aho- 
ra sea por lo uno ó por lo otro, en aquel instan- 
te llegaron muchos más guerreros mejicanos 
para si pudieran apañarle vivo á Cortés ; y como 
aquello vieron unos tlascaltecas y un soldado 
muy esforzado, que se decía Cristóbal de Olea, 
natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina 
del Campo, de presto llegaron, y á buenas cu- 
chilladas y estocadas hicieron lugar, y tornó 
Cortés á cabalgar, aunque bien herido en la ca- 
beza, v quedó el Olea muy malamente herido de 
tres cuchilladas ; y en aquel tiempo acudimos 
allí todos los más soldadas que más cerca del nos 



COÍÍOUÍSTA DE NUÉVA-ESPANA. 26? 

hallamos ; porque en aquella sazón, como en 
aquella ciudad había en cada calle muchos es- 
cuadrones de guerreros y por fuerza habíamos 
ds seguir las banderas, no podíamos estar todos 
juntos, sino pelear unos á unas partes y otros á 
otras, como nos fué mandado por Cortés ; mas 
bien entendimos que donde andaba Cortés y los 
de á caballo que habia mucho que hacer, por las 
muchas gritas y voces y alaridos que oíamos. Y 
en fin de más razones, puesto que habia á donde 
andábamos muchos guerreros, fuimos con gran 
riesgo de nuestras personas á donde estaba Cor- 
tés, que ya se le habían juntado hasta quince de 
á caballo yestaban peleando con los enemigos 
junto á unas acequias, á donde se mamparaban 
y estaban albarradas ; y como llegamos, les pu- 
simos en huida, aunque no del todo volvían las 
espaldas ; y porque el soldado Olea que acudió á 
nuestro Cortés estaba muy mal herido de tres 
cuchilladas y se desengraba, y las calles de 
aquella ciudad estaban llenas de guerreros, diji- 
mos á Cortés que se volviese á unos mamparos 
y se curase el Cortés y el Olea ; y así volvimos, 
y no muy sin sobra de vara y piedra y flecha, 
que nos tiraban de muchas partes donde tenían 
mampaios y albarradas, creyendo los mejica- 
nos que volvíamos retrayéndonos , é nos se- 
guían con gran furia ; y en este instante vie- 
ne Pedro de Albarado é Andrés de Tapia y 
Cristóbal de Olí y todos los más de á caballo que 
fueron con ellos á otras partes, el Olí corriera 



¡2Í*8 SERNaL DÍAZ. 

sangre de la cara y el Pedro de Albarado herido, 
jf ei caballo y todos los demás cada cual con su 
herida , y dijeron que habían peleado con tanto 
mejicano en el campo , que no se podían valer; 
y porque cuando pasamos la puente que dicho 
£engo , parece ser Cortés los repartió que la mis- 
tad de á caballo fuesen por una parte y la otra 
mitad por otra ; y así, fueron siguiendo tras unos 
escuadrones, y la otra mitad tras los otros. Pues 
ya que estábamos curando los heridos con que- 
malles con aceite é apretalles con mantas , sue- 
nan tantas voces y trompetillas é caracoles por 
unas calles en tierra firme , y por ellas vienen 
tantos mejicanos á un patio donde estábamos 
curando los heridos, é tírannos tanta vara y pie- 
dra, que hirieron de repente á muchos soldados; 
mas no les fué muy bien de aquella cabalgada, 
que presto arremetimos con ellos , y buenas cu- 
chilladas y estocadas quedaron hartos dellos 
tendidos. Pues los de á caballo no tardaron en 
salilles al encuentro , que mataron muchos, 
puesto que entonces hirieron dos caballos é 
mataron un soldado ; de aquella vez los echamos 
de aquel sitio é patio ; y cuando Cortés' vio que 
no habia más contrarios , nos fuimos á reposar 
á otro grande patio , adonde estaban los gran- 
des adoratorios de aquella ciudad, y á muchos de 
nuestros soldados subieron en el cu más alto, ; 
adonde tenían sus ídolos, y desde allí vieron la 
gran ciudad de Méjico y toda la laguna, porque 
bien se señoreaba todo ; y vieron venir sobre dos 



CONMISTA DE HUEVA-ESPADA. 269 

mil canoas que venían de Méjico llenas de guer- 
reros, y venían derechos adonde estábamos; 
porque, según otro día supimos, el señor de Mé- 
jico , que se decía Guatemu? , les enviaba para 
que aquella noche ó dia diesen en nosotros ; y 
juntamente envió por tierra sobre otros diez mil 
guerreros para que , unos por una parte y otros 
por otra, tuviesen manera que no saliésemos de 
aquella ciudad con las vidas ninguno de nos- 
otro. También habia apercebido otros diez mil 
hombres para les enviar de refresco cuando es- 
tuviesen dándonos guerra , y esto se supo otro 
dia de cinco capitanes mejicanos que en las ba^ 
tallas prendimos ; y mejor lo ordenó nuestro 
Señor Jesucristo ; porque así como vino aquella 
gran flota de canoas , luego se entendió que ve- 
nian contra nosotros , y acordóse que hubiese 
muy buena vela en todo nuestro real , repartido 
á los puertos y acequias por donde habían de 
venir á desembarcar , y los de á caballo muy á 
punto toda la noche, ensillados y enfrenados, 
aguardando en la calzada y tierra firme, y todos 
los capitanes , y Cortés con ellos, haciendo vela 
y ronda toda la noche, é á mí é á otros diez sol- 
dados nos pusieron por velas sobre unas pare- 
des de cal y canto , y tuvimos muchas piedras é 
ballestas y escopetas y lanzas grandes adonde 
estábamos , para que si por allí , en unas ace- 
quias que era desembarcadero , llegasen ca- 
noas, que los resistiésemos é hiciésemos vol- 
ver , c á otros soldados pusieron en guarda en 



270 BEfcNAL DIÁZ . 

otras acequias. Pues estando velando yo y mis 
compañeros , sentimos el rumor de muchas 
canoas que venían á remo callado á desembar- 
car á aquel puesto donde estábamos, y á bue- 
nas pedradas y con las lanzas les resistimos, 
que no osaron desembarcar, y á uno de nues- 
tros compañeros enviamos que fuese á dar avi- 
so á Cortés; y estando en esto , volvieron otra 
vez otras muchas canoas cargadas de guerreros, y 
nos comenzaron á tirar mucha vara y piedra y 
flecha, y los tornamos á resistir, y entonces des- 
calabraron á dos de nuestros soldados ; y como 
era de noche muy escuro, se fueron á ajuntar 
las canoas con sus capitanes de la flota de ca- 
noas, y todas juntas fueron á desembarcar á 
otro puertezuelo ó acequias hondas; y como no 
son acostumbrados á pelear de noche, se junta- 
ron todos con los escuadrones que Guatemuz 
enviaba por tierra, que eran ya dellos más de 
quince mil indios. También quiero decir, y esto 
no por me jactanciar, que como nuestro compa- 
ñero fué á dar aviso á Cortés cómo habían lle- 
gado allí en el puerto donde velábamos muchas 
canoas de guerreros, según dicho tengo, luego 
vino á hablar con nosotros el mismo Cortés, 
acompañado de diez de á caballo, y cuando llegó 
cerca sin nos hahlar, dimos voces yo y un Gon- 
zalo Sánchez, que era del Algarbe portugués, y 
dijimos: «¿Quién viene ahí? ¿No podéis hablar?» 
Y le tiramos tres ó cuatro pedradas: y como me 
conoció Cortés en la voz á mí y á mi compañe- 



CONQÜIStA DE NUEVA-ESPAÑA. 271 

ro, dijo Cortés al tesorero Julián de Alderete y 
á fray Pedro Melgarejo y al maestre de campo, 
que era Cristóbal de Olí, que le acompañaban á 
rondar: «No es menester poner aquí más recau- 
do, que dos hombres están aquí puestos entre 
los que velan, que son de los que pasaron con- 
migo de los primeros, que bien podemos fiar 
dellos esta vela, y aunque sea otra cosa de ma- 
yor afrenta;» y desque nos hablaron, dijo Cortés 
que mirásemos el peligro en que estábamos; se 
fueron á requerir á otros puestos, y cuando no 
me cato, sin más nos hablar, oimos cómo traían 
á un soldado azotando por la vela, y era de los 
de Narvaez. Pues otra cosa quiero traer á la 
memoria, y es, que ya nuestros escopeteros no 
tenían pólvora ni los ballesteros saetas; que el 
dia antes se dieron tal priesa, que lo habian 
gastado; y aquella misma noche mandó Cortés á 
todos los ballesteros que alistasen todas las 
saetas que tuviesen y las emplumasen y pusiesen 
sus casquillos, porque siempre traíamos en las 
entradas muchas cargas de almacén de saetas, 
y sobre ciuco cargas de casquillos hechos de 
cobre, y todo aparejo para donde quiera que 
llegásemos tener saetas; y toda la noche estu- 
vieron emplumando yponiendo casquillos todos 
los ballesteros, y Pedro Barba, que era su ca- 
pitán, no se quitaba de encima déla obra, y 
Cortes, que de cuando en cuando acudía. Deje- 
mos esto, y digamos ya que fué de dia claro 
cual nos vinieron á cercar todos los escuadrones 



212 BERNAL DÍAZ, 

mejicanos en el patio donde estábamos: y como 
nunca nos cojian descuidados, los de á caballo 
por una parte, como era tierra firme, y nosotros 
por otra, y nuestros amigos los tlascaltecas, 
que nos ayudaban, rompimos por ellos y se ma- 
taron y hirieron tres de sus capitanes, sin otros 
muchos que luego otro dia se murieron; y nues- 
tros amigos hicieron buena presa, y se prendie- 
ron cinco principales, de los cuales supimos los 
escuadrones que Guatemuz habia enviado; y 
en aquella batalla quedaron muchos de nues- 
tros soldados heridos, é uno murió luego Pues 
no se acabó en esta refriega; que yendo los de 
á caballo siguiendo el alcance, se encuentran 
con los diez mil guerreros que el Guatemuz en- 
viaba en ayuda é socorro de refresco de los que 
de antes habia enviado, y los capitanes me- 
jicanos quejón ellos venían traían espadas de 
las nuestras, haciendo muchas muestras con 
ellas de esforzados, y decían que con nuestras 
armas nos habían de matar; y cuando los nues- 
tros de á caballo se hallaron cerca delios, como 
eran pocos, y eran muchos escuadrones, temie- 
ron; é á esta causa se pusieron en parte para no 
se encontrar luego con ellos hasta que Cortés y 
todos nosotros fuésemos en su ayuda; é como lo 
supimos, en aquel instante cabalgan todos los 
de á caballo que quedaban en el real, aunque 
estaban heridos ellos y sus caballos, y salimos 
todos los soldados y ballesteros, y con nuestros 
amigos los tlascaltecas, y arremetimos de raa- 



CONQUISTA DE NUSVA-ESPA^A. 273 

ñera, que rompimos y tuvimos lugar de nos jun- 
tar con ellos pié con pié, y á buenas estocadas 
y cuchilladas se fueron con la mala ventura, y 
nos dejaron de aquella vez el campo. Dejemos 
esto, y tornaremos á decir que allí se prendie- 
ron otros principales, y se supo dellosqtie tenia 
Guaterauz ordenado de enviar otra gran flota 
de canoas y muchos más guerreros por tierra; 
y dijo á sus guerreros que cuando estuviésemos 
cansados, y heridos muchos y muertos de los 
reencuentros pasados, que estaríamos descuida- 
dos con pensar que no enviaría más escuadro- 
nes contra nosotros, é que con los muchos que 
entonces enviaria nos podría desbaratar ; y 
como aquello se supo, si muy apercebidos está- 
bamos de antes, mucho más lo estuvimos en- 
tonces, y fué acordado que para otro dia salié- 
semos de aquella ciudad y no aguardásemos 
más batallas; y aquel dia se nos fué en curar 
heridos y en adobar armas y hacer saetas; y es- 
tando de aquella manera, pareció ser que, como 
es aquella ciudad eran ricos y tenían unas casas 
muy grandes llenas de mantas, y ropa, y camisas 
de mujeres de algodón, y habia en ella oro y otras 
muchas cosas y plumajes, alcanzáronlo á saber 
los tlascaltecas y ciertos soldados en qué parte 
ó paraje estaban las casas, y se las fueron á 
mostrar unos prisioneros de Suchimileco, y es- 
taban en la laguna dulce y podían pasar á ellas 
por una calzada, puesto que habia dos ó tres 
puentes chicas en la calzada, que pasaban á 
35 



274 BERNAL DÍAZ. 

■ 

ellas de unas acequias hondas a otras; y como 
nuestros soldados fueron á las casas y las halla- 
ron llenas de ropa, y no había guarda, cargan-. 
se ellos y muchos tlascaltecas de ropa y otras 
cosas de oró, y se vienen con ello al real; y 
como lo vieron otros soldados, van á lasmismas 
casas, y estando dentro sacando ropa de unas 
cajas muy grandes de madera, vino' en aquel 
instante una gran flota de canoas de guerreros 
de Méjico y dan sobre ellos é hirieron muchos 
soldados, y apañan á cuatro soldados vivos élos 
llevaron á Méjico, é los demás se escaparon de 
buena; y llamábanse los que llevaron Juan de 
Lara, y el otro Alonso Hernández, y T de los de- 
mas no rae acuerdo sus nombres, mas sé que 
eran de la capitanía de Andrés de Monjaraz. 
Fues como le llevaron á Guatemuz estos cuatro 
soldados, alcanzó á saber cómo éramos muy po- 
cos los que veníamos con Cortés y que muchos 
estaban heridos, y tanto como quiso saber de 
nuestro viaje, tanto supo; y como fué bien infor- 
mado, manda cortar pies y brazos á los tristes 
nuestros compañeros, y los envia por muchos 
pueblos nuestros amigos de ios que nos habian 
f venido de paz, y les envia á decir que antes que 
volvamos á Tezcuco piensa no quedará ninguno 
de nosotros á vida; y con los corazones y sangre 
hizo sacrificio á sus ídolos. Dejemos esto, y di- 
gamos cómo luego tornó á enviar muchas flotas 
de canoas llenas de guerreros, y otras capitanías 
por tierra, y les mandó que procurasen que no sa- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 275 

liésemos de Suchimileco con las vidas. Y porque 
ya estoy harto de escribir de los muchos reen- 
cuentros y batallas que en estos cuatro dias tu- 
vimos con mejicanos, é no puedo dejar otra vez 
de hablar en ellas , digo que cuando amaneció 
vinieron desta vez tantos culchúas mejicanos 
por los esteros, y otros por las calzadas y tierra 
firme, que tuvimos harto que romper en ellos; y 
luego nos salimos de aquella ciudad á una gran 
plaza que estaba algo apartada del pueblo, don- 
de solian hacer sus mercados; y allí, puestos con 
todo nuestro fardaje para caminar, Cortés co- 
menzó á hacer un parlamento acerca del peligro 
en que estábamos, porque sabíamos cierto que 
en los caminos é pasos malos nos estaban aguar- 
dando todo el poder de Méjico y otros muchos 
guerreros puestos en esteros y acequias; é nos 
dijo que seria bien, é así nos lo mandaba de he- 
cho, que fuésemos desembarazados y dejásemos 
el fardaje é hato, porque no nos estorbase para 
el tiempo de pelear. Y cuando aquello le oimos, 
todos auna le respondimos que, mediante Dios, 
que hombres éramos para defender nuestra ha- 
cienda y personas é la suya, y que seria gran 
poquedad si tal hiciésemos; y desque vio nues- 
tra voluntad y respuesta, dijo que á la mano de 
Dios lo encomendaba; y luego se puso en con- 
cierto cómo habíamos de ir, el fardaje y los he- 
ridos en medio, y los de á caballo repartidos, 
la mitad dellos delante y la otra mitad en la re- 
taguarda, y los ballesteros también con todos 



- 

2% SERKAL BíAfc, 

nuestros amigos, é allí poníamos más recaudo, 
porque siempre los mejicanos tenían per cos- 
tumbre que daban en el fardaje; de los escope- 
teros no nos aprovechábamos, porque no tenían 
pólvora ninguna; y desta manera comenzamos á 
caminar. Y cuando los escuadrones mejicanos 
que habia enviado Gu&temuz aquel día vieron 
que nos íbamos retrayendo de Suchimileco, cre- 
yeron que de miedo no los osábamos esperar, 
como ello fué verdad, y salen de repente tantos 
dellos y se vienen derechos á nosotros, é hirie- 
ron dos soldados, é dos murieron de ahí á ocho 
días, c quisieron romper y desbaratar por el 
fardaje; mas, como íbamos con el concierto que 
he dicho, no tuvieron lugar, y en todo el cami- 
no hasta que llegamos á un gran pueblo que se 
dice Cuyoacoan, que está obra de dos leguas de 
Suchimileco , nunca nos faltaron rebatos de 
guerreros que nos salían en partes que no nos 
podíamos aprovechar dellos, y ellos sí de nos- 
otros, de mucha vara y piedra y flecha; y como 
tenían cerca los esteros y zanjas, poníanse en 
salvo. Pues llegados á Cuyoacoan á obra de las 
diez del dia, hallárnosla despoblada. Quiero 
ahora decir que están muchas ciudades las unas 
de las otras cerca, de la gran ciudad de Méjico 
ohra de dos leguas, porque Suchimileco y Cu- 
yoacoan y Chohuilobusco é Iztapalapa y Coad- 
lauaca y Mezquique, y otros tres ó cuatro pue- 
blos que están poblados los más dellos en el 
agua, que están á legua y media ó á dos leguas 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 277 

las unas de las otras, y de todas ellas se habían 
juntado allí en Suchimileco muchos indios guer- 
reros contra nosotros. Pues volvamos á decir que 
como llegamos á aquel gran pueblo ya estaba 
despoblado, y está en tierra llana, acordamos de 
reposar aquel dia que llegamos é otro, porque 
se curas-n los heridos y hacer saetas, porgue 
bien entendido teníamos que habíamos de haber 
más batallas antes de volver á nuestro real, 
que era Tezcuco; é otro dia muy de mañana co- 
menzamos á caminar, con el mismo concierto 
que solíamos llevar, camino deTacuba, que está 
de donde salimos obra de dos leguas, y en el 
camino salieron en tres partes muchos escua- 
drones de guerreros, y todas tres les resistimos, 
y los de á caballo los seguían por tierra llana 
hasta que se acojian á los esteros é acequias; é 
yendo por nuestro camino de la manera que he 
dicho, apartóse Cortés con diez de á caballo á 
5 echar una celada á los mejicanos que salían de 
aquellos esteros y salían á dar guerra á los 
nuestros^ y llevó consigo cuatro mozos de es- 
puelas, y los mejicanos hacían que iban hu- 
yendo, y Cortés con los de á caballo y sus cria- 
dos siguiéndoles; y cuando miró por sí estaba 
una gran capitanía de contrarios puestos en ce- 
lada, y dan en Cortés, y los de á caballo, que 
les hirieron los caballos, y si no dieran vuelta 
de presto, allí quedaran muertos ó presos. Por 
manera que apañaron los mejicanos dos de los 
soldados mozos de espuelas de Cortés, de los 



278 BERNALDUZ. 

cuatro que llevaba, y vivos los llevaron á Gua- 
temuz, é los sacrificaron. Dejemos de hablar 
deste desmán por causa dé Cortés, y digamos 
cómo habíamos ya llegado á Tacuba con nues- 
tras banderas tendidas, con todo nuestro ejérci- 
to y fardaje, y todos los más de á caballo ha- 
bían llegado, y también Pedro de Albarado y 
Cristóbal de Olí, y Cortés no venia con los diez 
de á caballo que llevó en su compañía. Tuvimos 
mala sospecha no les hubiese acaecido algún 
desmán, y luego fuimos con Pedro de Albarado 
y Cristóbal de Olí é Andrés de Tapia en su bus- 
ca, con otros de á caballo, hacia los esteros 
dotide le vimos apartar, y en aquel instante vi- 
nieron los otros dos mozos de espuelas que ha- 
bían ido con Cortés, que se escaparon, é se de- 
cía el uno Monroy y el otro Tomás de Rijoles, 
y dijeron que ellos por ser ligeros escaparon, é 
que Cortés y los demás se vienen poco á poco 
porque traen los caballos heridos; y estando en 
esto viene Cortés, con el cual nos alegramos, 
puesto que él venia muy triste y como lloroso; 
llamábanse los mozos de espuelas que llevaron 
á Méjico á sacrificar, el uno Francisco Martin 
Vendobal, y este nombre de Vendobal se le puso 
por ser algo loco, y el otro se decia Pedro Ga- 
llego. Pues como allí llegó Cortés á Tacuba, 
llovía mucho, y reparamos cerca de dos horas 
en unos grandes patios; y Cortés con otros capi- 
tanes y el tesorero Alderete, que venia ya malo, 
y el fraile Melgarejo y otros muchos soldados, 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 279 

subimos en él gran cu de aquel pueblo, que des- 
de él se señoreaba muy bien la ciudad de Méji- 
co, que está muy cerca, y toda la laguna y las 
más ciudades que están en el agua pobladas; y 
cuando el fraile y el tesorero Alderete vieron 
tantas ciudades y tan grandes, y todas asen- 
tadas en el agua , estaban admirados. Pues 
cuando vieron la gran ciudad de Méjico , y 
la laguna y tanta multitud de canoas, que 
unas iban cargadas con bastimentos y otras 
iban á pescar y otras baldías, mucho más se 
espantaron, porque no las habían visto hasta en 
aquella sazón; y dijeron que nuestra venida en 
esta Nueva-España que no eran cosas de hom- 
bres humanos, sino que la gran misericordia de 
Diosera quien nos sostenía; é que otras veces 
han dicho que no se acuerdan haber leido en 
ninguna escritura que hayan hecho ningunos 
vasallos tan grandes servicios á su Rey como 
son los nuestros, é que ahora lo dicen muy me- 
jor, y que dello harían relación á su majestad. 
Dejemos de otras muchas pláticas que allí pasa- 
ron, y cómo consolaba el Fraile á Cortés por la 
pérdida de sus mozos de espuelas , que estaba 
muy triste por ellos; y digamos cómo Cortés y 
todos nosotros estábamos mirando desde Tacu- 
ba el gran cu del ídolo Huichilóbos y el Tate- 
lulco y los aposentos donde solíamos estar, y 
mirábamos toda la ciudad , y las puentes y cal- 
zada por donde salimos huyendo; y en este 
instante saspiró Cortés con una muy gran tris- 



u 

280 ' BERNAL DÍAZ. 

teza, muy mayor que la que de antes traía, por 
los hombres que le mataron antes que en el alto 
cu subiese; y desde entonces dijeron ua cantar ó 
romance: 

En Tacuba está Cortés 
Con su escuadrón esforzado , 
Triste estaba y muy penoso, 
Triste y con gran cuidado, 
La una mano en la mejilla , 
Y la otra en el costado , etc. 

■ .... : 

Acuerdóme que entonces le dijo un soldado 
que se decia el bachiller Alonso Pérez, que 
después de ganada la Nueva-España fué fiscal 
é vecino en Méjico: «Señor capitán, no esté 
vuestra merced tan triste; que en las guerras 
estas cosas suelen acaecer , y no se dirá por 
vuestra merced: 

Mira Ñero , de Tarpeya , 
A Roma cómo se ardia. 

Y Cortés le dijo que ya veia cuántas veces ha- 
bía enviado á Méjico á rogalles con la paz, y 
que la tristeza no la tenia por sola una cosa, 
sino en pensar en los grandes trabajos en que 
nos habíamos de ver hasta tornar á señorear, 
y que con la ayuda de Dios presto lo porníamos 
por la obra. Dejemos estas pláticas y roman- 
ces, pues no estábamos en tiempo dellos, y di- 
gamos cómo se tomó parecer entre nuestros ca- 
pitanes y soldados si daríanros una vista á la 
calzada, pues estaba tan cerca de Tacuba, don- 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 281 

de estábamos; y cómo no había pólvora ni mu- 
chas saetas, y todos los más soldados de nuestro 
ejército heridos, acordándosenos que otra vez, 
poco más habia de un raes, que Cortés les probó 
á entrar en la calzada con muchos soldados que 
llevaba, y estuvo en gran peligro; porque temió 
ser desbaratado, como dicho tengo en el capítu- 
lo pasado que dello habla; y fué acordado que 
luego nos fuésemos nuestro camino, por temor 
no tuviésemos en ese dia ó en la noche alguna 
refriega con los mejicanos ; porque Tacuba está 
muy cerca de la gran ciudad de Méjico, y con 
la llevada que entonces llevaron vivos de los 
soldados no enviase Guatemuz sus grandes po- 
deres contra nosotros; y comenzamos á caminar, 
y pasamos por Escapuzalco y hallárnosle despo- 
blado, y luego fuimos á Tenayuca, que era gran 
pueblo, que le solíamos llamar el pueblo de las 
Sierpes. 

Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello 
habla, que tenían tres sierpes en el oratorio ma- 
yor en que adoraban, y las tenían por sus ídolos, 
y también estaban despoblados; y desJe allí 
fuimos á Guatitlan , y en todo este dia no dejó 
de llover muy grandes aguaceros , y como íba- 
mos con nuestras armas á cuestas, que jamas las 
quitábamos de dia ni de noche , y con la mucha 
agua y del peso dellas íbamos quebrantados , y 
llegamos ya que anochecía á aquel gran pueblo, 
y también estaba despoblado , y en toda la no-< 
che no dejó de llover , y habia grandes lod.s, y 
38 



282 BERNAL MAZé 

los naturales del y otros escuadrones mejicanos 
nos daban tanta grita de noche desde unas ace- 
quias y partes que no les podíamos hacer mal; 
y como hacia muy escuro y llovía, no se podían 
poner velas ni rondas , y no hubo concierto nin- 
guno ni acertábamos con los puestos; y esto digo 
porque á mí me pusieron para velar la prima, y 
jamas acudió á mi puesto ni cuadrillero ni rondas, 
y así se hizo en todo el real. Dejemos deste des- 
cuido , y tornemos á decir que otro dia fuimos 
camino de otra gran población, que no me acuer- 
do el nombre, y habia grandes lodos en él, y ha- 
llárnosla despoblada; y otro dia pasamos por otros 
pueblos y también estaban despoblados ; y otro 
dia llegamos á un pueblo que se dice Aculman, 
sujeto de Tezcuco ; y como supieron en Tezcuco 
cómo íbamos , salieron á recebir á Cortés , é vi- 
nieron muchos españoles que habían venido en- 
tonces de Castilla. Y también vino á recebirnos el 
capitán Gonzalo de Sandoval con muchos solda- 
dos, y juntamente el señor de Tezcuco, que ya he 
dicho que se decia don Fernando ; y se hizo á 
Cortés buen recebimiento, así de los nuestros co- 
mo de los recien venidos de Castilla , y muchos 
más de los naturales de los pueblos comarca- 
nos; pues trujeron de comer, y luego esa noche 
se volvió á Sandoval á Tezcuco con todos sus 
soldados á poner en cobro su real. Y otro dia 
por la mañana fué Cortés con todos nosotros ca- 
mino de Tezcuco ; y como íbamos cansados y 
heridos , y dejábamos muertos nuestros solda- 



*-•£ 4 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 283 

dos y compañeros , y sacrificados en poder de 
los mejicanos , en lugar de descansar y curar 
nuestras heridas, tenían ordenada una conjura- 
ción ciertas personas de calidad , de la parciali- 
de Narvaez , de matar á Cortés y á Gonzalo de 
Sandoval é á Pedro de Alvarado é Andrés de 
Tapia. Y lo que más pasó diré adelante. 

CAPITULO CXLVI. 

CÓMO DESQUE LLEGAMOS CON CORTES A TEZCUCO CON 
TODO NUESTRO EJERCITO Y SOLDADOS, DE LA ENTRA- 
DA DE RODEAR LOS PUEBLOS DE LA LAGUNA, TENÍAN 
CONCERTADO ENTRE CIERTAS PERSONAS DE LOS QUE 
HABÍAN PASADO CON NARVAEZ, DE MATAR A CORTES 
Y A TODOS LOS QUE FUÉSEMOS EN 8U DEFENSA J Y 
QUIEN FUÉ PRIMERO AUTOR DE AQUELLA CHIRINOLA 
FUÉ UNO QUE HABÍA SIDO GRAN AMIGO DE DIEGO 
VELAZQUEZ , GOBERNADOR DE CUBA ; AL CUAL SOL- 
DADO CORTÉS LE MANDÓ AHORCAR POR SENTENCIA; Y 
CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS Y SE APERCIBIÓ 
TODO EL REAL Y LOS PUEBLOS NUESTROS AMIGOS , Y 
8E HIZO ALARDE Y ORDENANZAS, Y OTRAS COSAS QUE 
MAS PASARON. 

Ya he dicho , como veníamos tan destrozados 
y heridos de la entrada por mí nombrada, pare- 
ció ser que un gran *amigo del gobernador de 
Cuba, que se decia Antonio de Villafaña, natu- 
ral de Zamora ú de Toro , se concertó con 
otros soldados de los de Narvaez , los cuales 






284 nmJSAL maz. 

no nombro sus nombres por su honor , que asi 
como viniese Corte? de aquella entrada , que 
le matasen , y había de ser desta manera : que, 
como en aquella sazón había venido un navio 
de Castilla, que cuando Cortés estuviese sentado 
á la mesa comiendo con sos capitanes é solda- 
dos , que entre aquellas personas que tenían he- 
cho el concierto , que trujesen una carta muy 
cerrada y sellada, como que venia de Castilla, y 
que dijesen que era de su padre Martin Cortés, 
y que cuando la estuviese leyendo le diesen de 
puñaladas , y así al Cortés como á todos los ca- 
pitanes y soldados que cerca de Cortés nos ha- 
llásemos en su defensa. Pues ya hecho y con- 
sultado todo lo por mí dicho , los que lo tenían 
concertado, quiso nuestro Señor que dieron 
parte del negocio á dos pers&nas principales, que 
aquí tampoco quiero nombrar , que habían ido 
en la entrada con nosotros, y aun á uno dellos 
en el concierto que tenían le hablan nombrado 
por uno de los capitanes generales después que 
hubiesen muerto á Cortés ; y asimismo á otros 
soldados délos de Narvaez hacían alguacil mayor 
é alférez , y alcaldes y regidores, y contador y 
tesorero y veedor, y otras cosas deste arte, y aun 
repartido entre ellos nuestros bienes y caballos; 
y este concierto estuvo encubierto dos días des- 
pués que llegamos á Tezcuco; y nuestro Señor 
Dios fué servido que tal cosa no pasase , por- 
que era perderse la Nueva-España y todos nos- 
otros muriéramos , porque luego se levantaran 



CONQUISTA DE NüEV A-ESPAÑA. 285 

bandos y chirinolas. Pareció ser que un soldado 
lo descubrió á Cortés , que luego pusiese reme- 
dio en ello antes que más fuego sobre aquel 
caso se encendiese ; porque le certificó aquel 
buen soldado que eran muchas personas de ca- 
lidad en ello ; y como Cortés lo supo , después 
de hacer grandes ofrecimientos y dádivas que 
le dio á quien se lo descubrió , muy presto se- 
cretamente lo hace saber á todos nuestros capi- 
tanes , que fueron Pedro de Albarado é Fran- 
cisco de Lugo , y á Cristóbal de Olí y á Gonzalo 
de Sandoval , é Andrés de Tapia é á mí y á dos 
alcaldes ordinarios que eran de aquel año , que 
se decían Luis Marin y Pedro de Ircio , y á to- 
dos nosotros los que éramos de la parte de Cor- 
tés; y así como lo supimos , nos apercebimos , y 
sin más tardar fuimos con Cortés á la posada 
de Antonio de Villafaña , y estaban con él mu- 
chos de los que eran en la conjuración , y de 
presto le echamos mano al Villafaña con cuatro 
alguaciles que Cortés llevaba, y los capitanes y 
soldados que con el Villafaña estaban comenza- 
ron á huir, y Cortés les mandó detener y pren- 
der algunos dellos ; y cuando tuvimos preso al 
Villafaña , Cortés le sacó del seno el memorial 
que tenia con las firmas de los que fueron en el 
concierto que dicho tengo; y como lo hubo leido 
vio que eran muchas personas en ello de cali- 
dad, é por no infamarlos , echó fama que comió 
el memorial el Villafaña, y que no le había visto 
ni leido , é luego hizo proceso contra él ; y to- 



2§B BERNAL DÍASE. 

raada la confesión, dijo la verdad, é con muchos 
testigos que habia de fe y de creer, que toma- 
ron sobre el caso , por sentencia que dieron los 
alcaldes ordinarios, juntamente con Cortés y 
el maestre de campo Cristóbal de Olí, y después 
que se confesó con el padre Juan Diaz, le ahor- 
caron de una ventana del aposento donde posa- 
ba el Villafaña; y no quiso Cortés que otro nin- 
guno fuese infamado en aquel mal caso , puesto 
que en aquella sazón echaron presos á muchos 
por tener temores y hacer señal que quería 
hacer justicia de otros; y como el tiempo no 
daba lugar á ello , se disimuló ; y luego acordó 
Cortés de tener guarda para! su'persona, y fué 
su capitán un hidalgo que se decia Antonio de 
Quiñones, natural de Zamora, con doce solda- 
dos, buenos hombres y esforzados, y le velaban 
de dia y de noche, y á nosotros de los que sentía 
que éramos de su banda, nos rogaba que mirá- 
semos por su persona. Y desde allí adelante, 
aunque mostraba gran voluntad á las personas 
que eran en la conjuración, siempre se recelaba 
dellos. Dejemos esta materia, y digamos cómo 
luego se mandó pregonar que todos los indios é 
indias que habíamos habido en aquellas entra- 
das los llevasen á herrar dentro de dos dias á 
una casa que estaba señalada para ello; y por 
no gastar más palabras en esta relación sobre la 
manera que se vendía en la almoneda, más de 
las que otras veces tengo dichas en las dos ve- 
ces que se herraron, si mal lo habían hecho de 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPANA. 287 

antes, muy peor se hizo esta vez, que, después 
de sacado el real quinto, sacaba Cortés el suyo, 
y otras treinta socaliñas para capitanes ; y si 
eran hermosas y buenas indias 1 s que metíamos 
á herrar, las hurtaban de noche del montón que 
no parecian hasta de ahí á buenos dias; y por 
esta causa se dejaban de herrar muchas piezas 
que después teníamos por naborías. Dejemos de 
hablar en esto, y digamos lo que después en 
nuestro real se ordenó. 



CAPITULO CXLVII. 



COMO CORTES MANDO A TODOS LOS PUEBLOS NUESTROS 
AMIGOS QUE ESTABAN CERCANOS DE TEZCUCO, QUE 
HICIESEN ALMACÉN DE SAETAS É CASQUILLOS DE CO- 
BRE, Y LO QUE EN NUESTRO REAL MAS PASÓ. 



Como se hubo hecho justicia del Antonio de 
Villafaña, y estaban ya pacíficos los que eran 
juntamente con él conjurados de matará Cortés 
y á Pedro de Albarado y alSandoval y á los que 
fuésemos en su defensa, según más largamente 
lo tengo escrito en el capítulo pasado, é viendo 
Cortés que ya los bergantines estaban hechos, 
y puestas sus jarcias y velas y remos muy bue- 
nos, y más remos de los que habían menester 



288 BEKNAL J>IAZ . 

para cada bergantín, y la zanja de agua por 
donde habían de salir á la laguna muy ancha é 
hondable, envió á decir a todos los pueblos 
nuestros amigos ¿jue estaban cerca de Tezcuco, 
que en cada pueblo hiciesen ocho mil cásquillos 
de cobre, que fuesen según otros que les lleva- 
ron por muestra, qué eran de Castilla; y asimis- 
mo les mandó que en cada pueblo labrasen y 
desbastasen otras ocho mil saetas dé una made- 
ra muy buena, que también les llevaron mues- 
tra, y les dio de plazo ocho dias para que tru- 
jesen las saetas y cásquillos á nuestro real; lo 
cual trujeron para el tiempo que se les mandó, 
que fueron más de cincuenta mil cásquillos y 
otras tantas mil saetas, y los cásquillos fueron 
mejores que los de Castilla; y luego mandó Cor- 
tés á Pedro Barba, que en aquella sazón era ca- 
pitán de ballesteros, que los repartiese, así sae- 
tas como cásquillos, entre todos los ballesteros, 
é que les mandase que siempre desbastasen el 
almacén, y las emplumasen con engrudo, que 
pega mejor que lo de Castilla., que se hace de 
unas como raíces que se dice cactle; y asimismo 
mandó al Pedro Barba que cada ballestero tu- 
viese dos cuerdas bien pulidas y aderezadas 
para sus ballestas t y otras tantas nueces, 
para que si se quebrase alguna cuerda ó 
faltase la nuez, que luego se pusiese otra, 
é que siempre tirasen á terreno y viesen á 
qué pasos allegaba la fuga de sus ballestas, y 
para ello se les dio mucho hilo de Valencia para 



CONQUISTA DE HITE VA-ESPAÑA. 289 

las cuerdas ; porque en el navio que he dicho 
que vino poeos días había de Castilla, que era 
de Juan de Burgos, trujo mucho hilo y gran 
cantidad de pólvora y ballestas y otras muchas 
armas, y herraje y escopetas. Y también mandó 
Cortés á los de á caballo que tuviesen sus ca- 
ballos herrados y las lanzas puestas á punto, é 
que cada dia cabalgasen y corriesen y les mos- 
trasen muy bien á revolver y escaramuzar ; y 
hecho esto, envió mensajeros y cartas á nuestro 
amigo Xicotenga el viejo, que, como ya he di- 
cho otras veces, era vuelto cristiano y se llama- 
ba don Lorenzo de Vargas, y á su hijo Xicoten- 
ga el mozo, y á sus hermanos y al Chichimeca- 
tecle, haciéndoles saber que en pasando el dia 
de Corpus Ghristi habíamos de partir de aque- 
lla ciudad para ir sobre Méjico á poneüe cerco, 
y que le enviase veinte mil guerreros de los su- 
yos de Tiascala y los de Guaxocingo y Cholula, 
pues todos eran amigos y hermanos en armas; 
é ya lo sabían los tlascaltecas de sus mismos in- 
dios el plazo y concierto, como siempre iban de 
nuestro real cargados de despojos de las entra- 
das que hacíamos. También apercibió á los de 
Chalco y Talmanalco y sus sujetos que se aper- 
cibiesen para cuando los enviásemos á llamar ; y 
se les hizo "saber cómo era para poner cerco á 
Méjico, y en qué tiempo habíamos de ir; y tam- 
bién se les dijo á don Hernando, señor de Tez- 
cuco, y á sus principales y á todos sus sujetos, 
y á todos los más pueblos nuestros amigos ; y 
37 



290 BERHAL DIÁZ. 

todos á una respondieron que lo harían muy 
cumplidamente lo que Cortés les enviaba á man- 
dar, é que vernian, y los de Tlascala vinieron 
pasada la Pascua del Espíritu Santo. Hecho esto, 
se acordó de hacer alarde un dia de Pascua, lo 
cual diré adelante el concierto que se dio. 



CAPITULO CXLVIII. 

■ 

CÓMO SE HIZO ALARDE EN LA CIUDAD DE TEZCUCO EN 

LOS PATIOS MAYORES DE AQUELLA CIUDAD, Y LOS 

DE Á CABALLO, BALLESTEROS Y ESCOPETEROS Y SOL- 

- DADOS QUE SE HALLARON, Y LAS ORDENANZAS QUE 

SE PREGONARON, Y OTRAS COSAS QUE SE HICIERON. 

Después que se dio la orden, así como antes 
he dicho, y se enviaron mensajeros y cartas á 
nuestros amigos los de Tlascala y álos de Chal- 
co, y se dio aviso á los demás pueblos, acordó 
Cortés con nuestros capitanes y soldados que 
para el segundo dia del Espíritu Santo, que fué 
el año de 1521 años, se hiciese alarde; el cual 
alarde se hizo en los patios mayores de Tezcuco, 
y halláronse ochenta y cuatro de á caballo y 
seiscientos y cincuenta soldados de espada y de 
rodela, é muchos de lanzas, é ciento y noventa 
y cuatro ballesteros y escopeteros ; y destos se 






CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 291 

sacaron para los trece bergantines los que aho- 
ra diré : para cada bergantin doce ballesteros y 
escopeteros,, estos no habían de remar ; y demás 
desto, también se sacaron otros doce remeros 
para cada bergantin, á seis por banda, que son 
los doce que he dicho. Y demás desto, un capi- 
tán por cada bergantin. Por manera que sale á 
cada bergantin á veinte y cinco soldados con el 
capitán, é trece bergantines que eran, á veinte 
y cinco soldados, son ducientos y ochenta y 
ocho, y con los artilleros que les dieron, demás 
de los veinte y cinco soldados, fueron en todos 
los bergantines trescientos soldados por la cuen* 
ta que he dicho; y también les repartió los ti- 
ros de frulera é halconetes que teníamos y la 
pólvora que les parecia que habían menester ; y 
esto hecho, mandó pregonar las ordenanzas que 
todos habíamos de guardar. 

Lo primero, que ninguna persona fuese osada 
de blasfemar de Nuestro Señor Jesucristo ni de 
Nuestra Señora su bendita Madre, ni de los 
Santos Apóstoles ni otros Santos, so graves 
penas. 

Lo segundo, que ningún soldado tratase mal 
á nuestros amigos, pues iban para os ayudar, ni 
les tomasen cosa ninguna, aunque fuesen de las 
cosas que ellos habían adquirido en la guerra, 
ni plata ni chalchiuis. 

Lo tercero, que ningún soldado fuese osado 
de salir ni de dia ni de noche de nuestro real 
para ir á ningún pueblo de nuestros amigos ni 



292 BERNAL DÍAZ. 

íl otra parte á traer de comer ni á otra cualquier 
cosa, so graves penas. 

Lo cuarto, que todos los soldados llevasen 
muy buenas armas y bien colchadas, y gorjal y 
papahígos y antiparas y rodelas ; que, como sa- 
bíamos, que era tanta la multitud de vara y pie- 
dra y flecha y lanza, para todo era menester lle- 
var las armas que decia el pregón. 

Lo quinto, que ninguna persona jugase caba- 
llo ni armas , por via ninguna , con gran pena 
que se les puso. 

Lo sexto y último , que ningún soldado ni 
hombre de á caballo ni ballestero ni escopetero 
duerma sin estar con todas sus armas vestidas 
y con alpargates calzados , excepto si no fuese 
con gran necesidad de heridas ó estar doliente, 
porque estuviésemos muy bien aparejados para 
cualquier tiempo que los mejicanos Viniesen á 
nos dar guerra. Y demás desto , se pregonaron 
las leyes que se mandan guardar en lo militar, 
que es al que se duerme en la vela ó se va del 
puesto que le ponen, pena de muerte ; y se pre- 
gonó que ningún soldado vaya de un reai á otro 
sin licencia de su capitán, so pena de muerte. 
Más se pregonó, que el soldado que dejare su 
capitán enJa guerra ó batalla é se huya, pena de 
muerte. Esto pregonado, diré en lo que más se 
entendió. 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. $93 

CAPITULO CXLIX. 

¡ 

CÓMO CORTES BUSCÓ Á LOS MARINEROS QUE ERAN ME- 
NESTER PARA REMAR EN LOS BERGANTINES, Y SE EES 
SEÑALÓ CAPITANES QUE HABÍAN DE IR EN ELLOS, Y 
DE OTRAS COSAS QUE SE HICIERON. 

: 

Después de hecho el alarde ya otras veces di- 
cho, como vio Cortés que para remar los bergan- 
nes no hallaban tantos hombres del mar que 
supiesen remar, puesto que bien se conocian los 
que habíamos traido en nuestros navios que di- 
mos al través con ellos cuando venimos con 
Cortés, é asimismo se conocian los marineros de 
los navios de Narvaez y de lgs de Jamaica, y 
todos estaban puestos por memoria y los habían 
apercebido porque habían de remar, y aun con 
todos ellos 410 habia recaudo para todos trece 
bergantines, y muchos dellos rehusaban y aun 
decían que no habían de remar ; y Cortés hizo 
pesquisa para saber los que eran marineros y 
habían visto que iban á pescar, ó si eran de Pa- 
los ó Moguer ú de Triana ú del Puerto ú de 
otro cualquier puerto ó parte donde hay mari- 
neros, les mandaba, so graves penas, que entra- 
sen en los bergantines, y aunque más hidalgos 
dijesen que eran, les hizo ir á remar ; y desta 
(manera juntó ciento y cincuenta hombres para 



294 fiÉRÑAL DÍAZ. 

remar , y ellos fueron los mejor librados que 
nosotros los que estábamos en las calzadas ba- 
tallando , y quedaron ricos de despojos, como 
adelante diré; y desque Cortés les hubo manda- 
do que anduviesen en los bergantines , y les 
repartió los ballesteros y escopeteros y pólvora 
y tiros é saetas y todo lo demás que era menes- 
ter , y les mandó poner en cada bergantín las 
banderas Reales y otras banderas del nombre 
que se decia ser el bergantin , y otras cosas que 
convenían , nombró por capitanes para cada uno 
deilos á los que ahora aquí diré : á Garci-Hol- 
guin, Pedro Barba , Juan de Limpias .. Carvajal 
el sordo , Juan Jaramillo , Jerónimo Ruiz de la 
Mota , Carvajal , su compañero . que ahora es 
muy viejo y vive en la calle de San Francisco; 
é á un Portillo , que entonces vino de Castilla, 
buen soldado , que tenia una mujer hermosa ; é 
á un Zamora , que fué maestre de navios , que 
vivia ahora en Guaxaca; é á un Colmenero, que 
era marinero , buen soldado ; é á un Lerma é á 
Ginés Norte é á Briones, natural de Salamanca; 
el otro capitán no me acuerdo su nombre, é á 
Miguel Diaz de Auz ; é cuando los hubo nom- 
brado t mandó á todos los ballesteros y escope- 
teros éá los demás soldados que habían de re- 
mar , que obedeciesen á los capitanes que les 
ponia y no saliesen de su mandado , so graves 
penas; y les dio las instrucciones que cada capi- 
tán habia de hacer y en qué puesto habían de ir 
de las calzadas é con qué capitanes de los de 






C0NQÜI8TA DÉ NUEVA-ESPANA. 295 

tierra. Acabado de poner en concierto todo lo que 
he dicho, viniéronle á decir á Cortés que venian 
los capitanes de Tlascala con gran copia de 
guerreros , y veniaa en ellos por capitán ge- 
neral Xico tenga el mozo, el que fué capitán 
cuando las guerras de Tlascala, y este fué él que 
nos trataba la traición en Tlascala cuando sali- 
mos huyendo de Méjico, según otras muchas 
veces lo he referido ; é que traia en su compañía 
otros dos hermanos, hijos del buen viejo don Lo- 
renzo de Vargas, é que traia gran copia de tlas- 
caltecas y de Guaxocingo, y otro capitán de 
cholultecas ; y aunque eran pocos, porque, á lo 
que siempre vi, después que en Cholula se les 
hizo el castigo ya otra vez por mí dicho en el 
capítulo que dello habla, después acá jamas fue- 
ron con los mejicanos ni aun con nosotros, sino 
que se estaban á la mira, que aun cuando nos 
echaron de Méjico no se hallaron ser nuestros 
contrarios. Dejemos esto, y volvamos á nuestra 
relación : que como Cortés supo que venia Xico- 
tenga y sus hermanos y otros capitanes, é vinie- 
ron un dia primero del plazo que les enviaron á 
decir que viniesen, salió á les recebir Cortés un 
cuarto de legua de Tezcuco, con Pedro de Alba- 
rado y otros nuestros capitanes; y como encon- 
traron con el Xicotenga y sus hermanos, les 
hizo Cortés mucho acato y les abrazó, y á todos 
los más capitanes, y venian en gran ordenanza 
y todos muy lucidos, con grandes divisas cada 
capitanía por sí, y sus banderas tendidas, y el 



296 BERÍlAÍDiA*. 

ave blanca que tienen por arrüati, qué parece águi- 
la con sus alas tendidas ; traían sus alféres revo- 
lando sus banderas y estandartes, y todos con sus 
arcos y flechas y espadas de á dos manos y va- 
ras con tiraderas, é otros macanas y lanzas gran- 
des é otras chicas é sus penachos , y puestos en 
concierto y dando voces y gritos é silbos, dicien- 
do: «¡Viva el Emperador, nuestro señor, y Casti- 
lla, Castilla, Tlascala, Tlascalaí» Y tardaron en 
entrar en Tézcuco más de tres horas, y Cort s 
los mandó aposentar en unos buenos aposentos, 
y los mandó dar de comer de todo lo que en 
nuestro real había; é después de muchos abramos 
y ofrecimientos que los haría ricos, se despidió 
dellos y les dijo que otro dia les diría lo que ha- 
bían de hacer, é que ahora venían cansados, que 
reposasen; y en aquel instante que llegaron 
aquellos caciques de Tlascala que dicho tengo, 
entraron en nuestro real cartas que enviaba un 
soldado que se decía Hernando de Barrientes, 
desde un pueblo que se dice Chinanta, que es- 
tará de Méjico obra de noventa leguas; y lo que 
en ella se contenia era que habían muerto los 
mejicanos en el tiempo que nos echaron de Mé- 
jico á tres compañeros suyos cuando estaban en 
las estancias y minas donde los dejó el capitán 
Pizarro, que así se llamaba, para que buscasen 
y descubriesen todas aquellas comarcas si había 
minas ricas de oro, según dicho tengo en el capí- 
tulo que dello habla; y que el Barrientos que se 
acojió á aquel pueblo de Chinanta, adonde esta- 



CONOUISTA DE NUEVA-ESPANA. 297 

ba, y que son enemigos de mejicanos. Este pue- 
blo fué donde trujaron las picas cuando fuimos 
sobre Narvaez. Y porque no hacen ai caso á 
nuestra relación otras particularidades que de- 
cía en la carta, se dejará de decir: y Cortés so- 
bre ella le escribió en respuesta dándole rela- 
ción de la manera que íbamos de camino para 
poner cerco á Méjico, y que á todos Ips caciques 
de aquellas provincias les diese sus encomien- 
das, y que mirase que no se viniese de aquella 
tierra hasta tener carta suya, porque en el ca- 
mino no le matasen los mejicanos. Dejemos esto, 
y digamos cómo Corté3 ordenó de la manera qué 
habiamos de ; r á poner cerco á Méjico, y quién 
fueron los capitanes, y lo que más en el cerco 
sucedió. 

CAPITULO CL, 

CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE FUESEN THES GUARNICIONES 
■DESOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y 
ESCOPETEROS POR TIERRA Á PONER CERCO Á LA 
GftAN CIUDAD DE MÉJICO, Y LOS CAPITANES OUE NOM- 
BRÓ PaRA CADA GUARNICIÓN , Y LOS SOLDADOS Y DE 
Á CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS QUE LES 
REPARTIÓ, Y LOS SITIOS Y CIUDADES DOND3 HABÍA- 
MOS DE ASENTAR NUESTROS REALES. 

Mandó que Pedro de Albarado fuese por ca- 
pitán de ciento y. cincuenta soldados de espada 
y rodela, y muchos llevaban lanzas , y les dio 



298 BEfcíJAL DÍAZ* 

treinta de á caballo y diez y ocho escopeteros y 
ballesteros , y nombró que fuesen juntamente 
con él á Jorge de Albarado , su hermano, y á 
Gutierre de Badajoz y á Andrés de Monjaraz, 
y estos mandó que fuesen capitanes de ca'da 
cincuenta soldados, y que repartiesen entre to- 
dos tres los escopeteros y ballesteros , tanto á 
una capitanía como á otra ; y que el Pedro de 
Albarado fuese capitán de los á caballo y gene- 
ral de las tres capitanias, y le dio ocho mil tlas- 
caltecas con sus capitanes , y á mí me señaló y 
mandó que fuese con el Pedro de Albarado , y 
que fuésemos á poner sitio en la ciudad de Ta- 
cuba; y mandó que las armas que llevásemos 
fuesen muy buenas, y papahígos y gorjales y 
antiparas , porque era mucha la vara y piedra 
como granizo , y flechas y lanzas y macanas y 
otras armas de espadas de á dos manos con que 
los mejicanos peleaban con nosotros ', y para 
tener defensa con ir bien armados ; y aun con 
todo esto, cada dia que batallamos habia muer- 
tos y heridos, según adelante diré. Pasemos á 
otra capitania. 

Dio á Cristóbal de Olí, que era maestre de 
campo, otros treinta de á caballo y ciento y se- 
tenta y cinco soldados y veinte escopeteros y 
ballesteros, y todos con sus armas , según y de 
la manera que los dio á Pedro de Albarado; y le 
nombró otros tres capitanes, que fué Andrés de 
Tapia y Francisco Verdugo y Francisco de Lu- 
go, y entre todos tres capitanes repartiesen los 



CONQUISTA ©E NUEVA-ESPAÑA. 299 

soldados y escopeteros y ballesteros; y que el 
Cristóbal de Qlí fuese capitán general de las 
tres capitanías y de los de á caballo, y le dio 
otros ocho mil tlascaltecas, y Je mandó que fue- 
se á alentar su real en la ciudad de Cujoacoan. 
que estará de Tacuba dos leguas, 

De otra guarnición de soldados hizo capitán á 
Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, 
le dio veinte y cuatro de á caballo y catorce es- 
copeteros y ballesteros y ciento y cincuenta sol- 
dados de" espada y rodela y lanza, y más de ocho 
mil indios de guerra de los de Chalco y Guaxo- 
cingo y de otros pueblos por donde el Sandoval 
habia de ir, que eran «nuestros amigos, y le dio 
por compañeros y capitanes á Luis Marín y á 
Pedro de Ircio, que eran amigos del Sandoval; 
y les mandó que entre los dos capitanes repar- 
tiesen los soldados y ballesteros, y que el San- 
doval tuviese á su cargo los de á caballo y que 
fuese general de todos, y que sentase su real 
junto á Jztapalapa, é que le diese guerra y le 
hiciese todo el mal que pudiese hasta que otra 
cosa le fuese mandado; y np partió Sandoval de 
Tezcuco hasta que Cortés, que era capitán de 
los bergantines, estaba muy á punto para salir 
con los trece bergantines por la laguna; en los 
cuales llevaba trecientos soldados, con balleste- 
ros y escopeteros, porque asi estaba ordenado. 
Por manera que Pedro de Albarado y Cristóbal 
de Olí, habíamos de ir por una parte y Sandoval 
por otra. Digamos ahora que los unos á mano 



300 BSRNAL DÍAZ 

derecha y los otros desviados por otro camino: 
y esto es asi, porque los que no saben aquellas 
ciudades y la laguna lo entiendan; porque se 
tornaban casi que á juntar. Dejemos de hablar 
más en ello, y digamos que á cada capitán se 
le dio las instrucciones de lo que les era man- 
dado; y como nos habíamos de partir para otro 
dia por la mañana, y porque no tuviésemos tan- 
tos embarazos en el camino, enviamos adelante 
todas las capitanías de Tlascala hasta llegar á 
tierra de mejicanos. E yendo que iban los tlas- 
caltecas descuidados con su capitán Chichime- 
catecle, é otros capitanes con sus gentes, no 
vieron que iba Xicotenga el mozo, que era el 
capitán general dellos; y preguntando y pes- 
quisando el Chichimecatecle qué sehabia hecho 
ó adonde se habia quedado, alcanzaron á saber 
que se habia vuelto aquella noche encubierta- 
mente para Tlascala, y que iba á tomar por 
fuerza el cacicazgo ó vasallos y tierra del mis- 
mo Chichimecatecle; y las causas que para ello 
decían los trascaltecas eran, que como el Xico- 
tenga el mozo vio] ir los capitanes de Tlascala á 
la guerra, especialmente á Chichimeclatecle, que 
no tendria contraditores, porque no tenia temor 
de su padre Xicotenga el ciego, que como padre 
le ayudaría, y nuestro amigo Maesse-Escaci , 
que ya era muerto; é á quien temía era al Chi- 
chimecatecle. Y también dijeron que siempre 
conocieron del Xicotenga no tener voluntad de 
ir á la guerra de Méjico , porque le oian decir 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 301 

muchas veces que todos nosotros y ellos habían 
de morir en ella. Pues desque aquello vio y en- 
tendió el Chichimeclatecle , cuyas eran las tier- 
ras y vasallos que iba á tomar , vuelve del ca- 
mino más que de paso , é viene á Tezcuco á 
hacérselo saber á Cortés; é como Cortés lo supo, 
mandó qu? con brevedad fuesen cinco principa- 
les de Tezcuco y otros dos de Tlascala , amigos 
de Xicotenga, á hacelle volver del camino , y le 
dijesen que Cortés le rogaba que luego se vol- 
viese para ir contra sus enemigos los mejicanos, 
y que mire que su padre D. Lorenzo de Vargas, 
si no fuera viejo y ciego , como estaba , viniera 
sobre Méjico ; y que pues toda Tlascala fueron 
y son muy leales servidores de su majestad, 
que no quiera él infamarlos con lo que ahora 
hace, y le envió á hacer muchos prometimientos 
y promesas, y que le daria oro y mantas porque 
volviese; y la respuesta que le envió á decir fué, 
que si el viejo de su padre y Masse-Escaci le 
hubieran creido , que no se hubieran señoreado 
tanto dellos , que les hace hacer todo lo que 
quiere; y por no gastar más palabras , dijo que 
no queria venir. Y como Cortés supo aque- 
lla respuesta, de presto dio un mandamiento á 
un alguacil , y con cuatro de á caballo y cinco 
indios principales de Tezcuco que fuesen muy 
en posta, y donde quiera que lo alcanzasen que 
lo ahorcasen ; é dijo: «Ya en este cacique no 
hay eLmienda , sino que siempre nos ha de ser 
traidor y malo y de malos consejos;*) y que no 



3^2 BERNAL DÍAZ. 

era tiempo para más le sufrir , que bastaba lo 
pasado y presente. Y como Pedro de Albarado 
lo supo, rogó mucho por él , y Cortés ó le dio 
buena respuesta ó secretamente mandó al aU 
guacil é á los de á caballo que no le dejasen 
con la vida; y asi se hizo, que en un pueblo su- 
jeto á Tezcuco le ahorcaron, y en esto hubieron 
de parar sus traiciones. Algunos tlascaltecas 
hubo que dijeron que su padre D. Lorenzo de 
Vargas envió á decir á Cortés que aquel su hijo 
era malo y que no se confiase del , y que procu- 
rase de le matar. Dejemos esta plática asi , y 
diré que por esta causa nos detuvimos aquel dia 
sin salir de Tezcuco; y otro dia, que fueron 13 
de Mayo de 1521 años, salimos entrambas capi- 
tanías juntas ; porque asi Cristóbal de Olí como 
Pedro de Albarado habíamos de llevar un ca- 
mino , y fuimos á dormir á un pueblo sujeto de 
Tezcuco, que se dice Aculma; y pareció ser que 
Cristóbal de Olí envió adelante á aquel pueblo 
á tomar posada, y tenia puesto en cada casa por 
señal ramos verdes encima de las azuteas ; y 
cuando llegamos con Pedro de Albarado no 
hallamos donde posar, y sobre ello ya habíamos 
echado mano á las armas de los de nuestra ca- 
pitanía contra los de Cristóbal de Olí, y aun los 
capitanes desafiados , y no faltó caballeros de 
entrambas partes que se metieron entre nos- 
otros, y se pacificó algo el ruido, y no tanto, 
que todavía estábamos todos resabidos : y 
desde alli lo hicieron saber á Cortés , y luego 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 303 

envió en posia á fray Pedro Melgarejo y al ca- 
pitán Luis Marín , y escribió á los capitanes y 
á todos nosotros , reprendiéndonos por la cues- 
tión y persuadiéndonos la paz ; y como lle- 
garon nos hicieron amigos ; más desdo alli 
adelante no se llevaron bien los capitanes, 
que fué Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, 
y otro dia fuimos caminando entrambas las ca- 
pitanías juntas, y fuímonos á dormir á un gran 
pueblo que estaba despoblado, porque ya era 
tierra de mejicanos; y otro dia fuimos nuestro 
camino también á dormir á otro gran pueblo 
que se decia Guautitlan , que otras veces he 
nombrado , y también estaba sin gente; é otro 
dia pasamos por otros dos pueblos, que se de- 
cían Tenayuca y Escapuzalco, y también esta- 
ban despoblados; y asimismo se aposentaron 
todos nuestros amigos los tlascaltecas, y aún 
aquella tarde fueron por las estancias de aque- 
llas poblaciones y trujeron de comer , y con 
buenas velas y escuchas y corredores del cam- 
po, como siempre teníamos para que no nos co- 
jiesen desapercebidos, dormimos aquella noche, 
porque ya he dicho otras veces que la ciudad 
de Méjico está junto á Tacuba; é ya que ano- 
checía oimos grandes gritas que nos daban desde 
la laguna , diciéndonos muchos vituperios y 
que no éramos hombres para salir á pelear 
con ellos; y tenían tantas de las canoas llenas 
de guerreros, y aquellas palabras que nos de- 
cían eran con pensamiento de nos indignar pa- 



304 BERNAL DUZ.. 

ra que saliésemos aquella noche á guerrear, 
y herirnos más á su salvo; y como estábamos 
escarmentados de lo de las calzadas y puentes 
muchas veces por mi nombradas , no quisimos 
salir hasta otro di i , que fué domingo, después 
de haber oido Misa, que nos la dijo el Padre 
Juan Diaz ; y después de nos encomendar á 
Dios, acordamos que entrambas capitanías jun- 
tas fuésemos á quebrar el agua de Chalpute- 
peque, de que se proveía la ciudad, que estaba 
desde allí de Tacuba aún en media legua. E 
yendo á les quebrar los caños, topamos muchos 
guerreros t que nos esperaban en el camino; 
porque bien entendido tenían que aquello habia 
de ser lo primero en que los podríamos dañar; 
y asi como nos encontraron cerca de unos pasos 
malos comenzaron á nos flechar y tirar vara y 
piedra con hondas, é nos hirieron á tres solda- 
dos; más de presto les hicimos volver las espal- 
das , y nuestros amigos los de Tlascala los 
siguieron de manera , que mataron veinte y 
prendieron siete ú ocho dellos; y como aquellos 
grandes escuadrones estuvieron puestos en hui- 
da, les quebramos los caños por donde iba el 
agua á su ciudad , y desde entonces nunca 
fué á Méjico entre tanto que duró la guerra. 
Y como aquello hubimos hecho , acordaron 
nuestros capitanes que luego fuésemos á dar 
una vista y entrar por ia calzada de Tacuba 
y hacer lo que pudiésemos para les ganar una 
puente ; y llegados que fuimos á la calzada, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 305 

eran tantas las canoas que en la laguna estaban 
llenas de guerreros y en las mismas canoas é 
calzadas, que nos admirábamos dello ; y tiraron 
tanta de vara y flecha y piedra con hondas, que 
en la primera refriega hirieron treinta de nues- 
tros soldados é murieron tres; y aunque nos ha- 
cían tanto daño , todavía les fuimos entrando 
por la calzada adelante hasta una puente , y á 
lo que yo entendí, ellos nos daban lugar á ello, 
por meternos de la parte de la puente ; y como 
alli nos tuvieron, digo que cargaron tanta mul- 
titud de guerreros sobre nosotros , que no nos 
podiamos valer; porque por la calzada dicha, 
que son ocho pasos de ancho , ¿qué podiamos 
hacer á tan gran poderío que estaban de la una 
parte y de la otra de la calzada y daban en nos- 
otros como á terrero? Porque ya que nuestros 
escopeteros y ballesteros no hacían sino armar y 
tirar á las canoas, no les hacíamos daño, sino 
muy poco, porque las traían muy bien armadas 
de talabardones de madera. Pues cuando arre- 
metíamos á los escuadrones que peleaban en la 
misma calzada luego se echaban al agua, y ha- 
bía tantos dellos, que no nos podía nos valer. 
Pues los de á caballo no aprovechaban cosa nin- 
guna, porque les herían los caballos de la una 
parte y de la otra desde el agua ; y ya que arre- 
metían tras los escuadrones, echábanse al agua, 
y tenían hechos unos mamparos, donde estaban 
otros guerreros aguardando con unas lanzas 
largas que habían hecho con las armas que nos 
39 



306 BERNAlDUZ. 

tomaron cuando nos echaron de Méjico é sali- 
mos huyendo ; y desta manera estuvimos pe- 
leando con ellos obra de un hora, y tanta priesa 
nos daban, que no nos podíamos sustentar con- 
tra ellos ; y aun vimos que venia por otras par- 
tes una gran flota de canoas á atajarnos los pa- 
sos para tomarnos las espaldas, y conociendo 
esto nuestros capitanes y todos nuestros solda- 
dos, apercebimos que los amigos tlascal tecas 
que llevábamos nos embarazaban mucho la cal- 
zada, que se saliesen fuera, porque en el agua 
vista cosa es que no pueden pelear ; y acorda- 
mos de con buen concierto retraernos y no pasar 
más adelante. Pues cuando los mejicanos nos 
vieron retraer y echar fuera los tlascaltecas, ¡qué 
grita y alaridos nos daban! Y como se venian á 
juntar con nosotros pié con pié, digo que yo no lo 
sé escribir, porque toda la calzada hincheron de 
vara y flecha é piedra de las que nos tiraban, 
pues las que caían en el agua muchas más serian, 
y como nos vimos en tierra firme, dimos gra- 
cias á Dios por nos haber librado de aquella 
batalla, y ocho de nuestros soldados quedaron 
aquella vez muertos y más de cincuenta heri- 
dos; y aun con todo esto nos daban grita y de- 
cían vituperios desde las canoas, y nuestros ami- 
gos los trascaltecas les decían que saliesen á 
tierra y que fuesen doblados los contrarios, y 
pelearían con ellos. Esta fué la primera cosa que 
hicimos, quitalles el agua y darle vista á la la- 
guna, aunque no ganamos honra con ellos; y 



CONQUISTA DÉ JÜÜEVA-KSPANA. 307 

aquella noche nos estuvimos en nuestro real y se 
curaron los heridos, y aun se murió un caballo, y 
pusimos buen cobro de velas y escuchas; y otro 
dia de mañana dijo el capitán Cristóbal de Olí 
que se queria ir á su puesto, que era á Cuyoa- 
coan, que estaba de allí legua y media; é por 
más que le rogó Pedro de Albarado y otros ca- 
balleros que no se apartasen aquellas dos capi- 
tanías, sino que se estuviesen juntas, jamás qui- 
so; porque, como era el Cristóbal muy esforza- 
do, y en la vista que el dia antes dimos á la la- 
guna no nos sucedió bien, decia el- Cristóbal de 
Olí que por culpa de Pedro de Albarado había- 
mos entrado inconsideradamente ; por manera 
que jamás quiso quedar, y se fué adonde Cortés 
le mandó, que es Cuyoacoan, y nosotros nos 
quedamos en nuestro real; y no fué bien apar- 
tarse una capitanía de otra en aquella sazón, 
porque si los mejicanos tuvieran aviso que éra- 
mos pocos soldados, en cuatro ó cinco dias que 
allí estuvimos apartados antes que los bergan- 
tines viniesen, y dieran sobre nosotros y en los 
de Cristóbal de Olí, corriéramos harto trabajo 
ó hiciera gran daño. Y de aquesta manera es- 
| tuvimos en Tacuba, y el .Cristóbal de Oli en su 
real, sin osar dar más vista ni entrar por las cal- 
zadas, y cada dia teníamos en tierra rebatos de 
muchos mejicanos que salían á tierra firme á pe- 
lear con nosotros, y aun nos desafiaban para me- 
ternos en parte donde fuesen señores de nos- 
otros y no les pudiésemos hacer ningún daño. Y 



308 BERNAL DÍAZ. 

dejallo he aquí, y diré cómo Gonzalo de Sando- 
val salió de Tezcuco cuatro dias después de la 
fiesta de Corpus Christi, y se vino á Iztapalapa, 
que casi todo el fcamino era de amigos y suje- 
tos de Tezcuco ; y como llegó á la población de 
Iztapalapa, luego les comenzó á dar guerra y á 
quemar muchas casas de las que estaban en tier- 
ra firme, porque las demás casas todas estaban 
en la laguna ; mas no tardó muchas horas, que 
luego vinieion en socorro de aquella ciudad 
grandes escuadrones de mejicanos, y tuvo San- 
doval con ellos una buena batalla y grandes re- 
encuentros cuando peleaban en tierra ; y después 
de acojidos á las canoas, les tiraban mucha vara 
y flecha y piedra, y herían algunos soldados. Y 
estando desta manera peleando, vieron que en 
una sierrezuela que está allí junto álztapalaga 
en tierra firme hacian grandes ahumadas, y que 
les respondían con otras ahumadas deotros pue- 
blos que están poblados en la laguna, y era se- 
ñal que se apellidaban todas las canoas de Mé- 
jico y de todos los pueblos de alrededor de la 
laguna, porque vieron á Cortés que ya habia 
salido de Tezcuco con los trece bergantines, por- 
que luego que se vino el Sandoval de Tezcuco no 
aguardó allí más Cortés ; y la primera cosa que 
hizo en entrando en la laguna fué combatir á un 
peñol que estaba en una isleta junto á Méjico, 
donde estaban recojidos muchos mejicanos, ansí 
de los naturales de aquella ciudad como de los 
forasteros que se habian ido á hacer fuertes ; y 






C0N0UI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. 309 

salió á la laguna contra Cortés todo el número 
de canoas que había en todo Méjico y en todos 
los pueblos que están poblados en el agua ó cer- 
ca della, que son Suchimileco, Cuyoacoan, lzta- 
palapa é Huichilobusco y Mexicalcingo, é otros 
pueblos que por no me detener no nombro, y 
todos juntamente fueron contra Cortés, y á esta 
causa aflojaron algo los que daban guerra en 
lztapalapa á Sandoval ; y como todos los más 
de aquella ciudad en aquel tiempo estaban po- 
blados en el agua, no les podia hacer mal ningu- 
no., puesto que á los principios mató muchos de 
los contrarios ; y como llevaba muy gran copia 
de amigos, con ellos cauti/ó y prendió mucha 
gente de aquellas poblaciones. Dejemos al San- 
doval, que quedó aislado en lztapalapa, que no 
podia venir con su gente á Cuyopcoan si no era 
por una calzada que atravesaba por mitad de la 
laguna, y si por ella viniera, no hubiera bien en- 
trado cuando le desbarataran los contrarios, por 
causa que por entrambas á dos partes del agua 
le habían de guerrear, y él no habia de ser ce- 
ñor de poderse defender, y á esta causa se estu- 
vo quedo. Dejemos al Sandoval, y digamos que 
como Cortés vio que se juntaban tantas flotas de 
canoas contra sus trece bergantines, las temió en 
gran manera, y eran de temer, porque eran más 
de cuatro mil canoas; y dejó el combale del peñol 
y se puso en parte de la laguna, para si se viese 
en aprieto poder salir con sus bergantines alo 
largo y correr á la parte que quisiese, y mandó á 



310 BERSAL Í>ÍÁZ. 

sus capitanes que en ellos venian que no curasen 
de embestir ni apretar contra canoas ningunas 
hasta que refrescase más el viento de tierra, 
porque en aquel instante comenzaba á ventear; 
y como las canoas vieron que los bergantines 
reparaban , creían que de temor dellos lo ha- 
cían , y era verdad como lo pensaron , y enton- 
ces les daban mucha priesa los capitanes meji- 
canos , y mandaban á todas sus gentes que lue- 
go fuesen á embestir con nuestros bergantines; 
y en aquel instante vino un viento muy recio y 
muy bueno , y con buena priesa que se die- 
ron nuestros remeros y el tiempo aparejado, 
mandó Cortés embestir con la flota de caneas, 
y trastornaron muchas dellas y prendieron y 
mataron muchos indios , y las demás canoas se 
fueran á recojer entre las casas que están en la 
laguna , en parte que no podían llegar á ellas 
nuestros bergantines ; por manera que este fué 
el primer combate que se hubo por la laguna, é 
Cortés tuvo vitoria , gracias á Dios por todo, 
amen. Y como aquello fué hecho, se fué con los 
bergantines hacia Cuyoacoan , adonde estaba 
asentado el Real de Cristóbal de Olí, y peleó con 
muchos escuadrones mejicanos que le espera- 
ban en partes peligrosas t creyendo de tomarle 
los bergantines; y como le daban mucha guerra 
desde las canoas que estaban en la laguna y 
desde unas torres de ídolos, mandó sacar de los 
bergantines cuatro tiros, y con ellos daba guer- 
ra , y mataba y hería muchos indios ; y tanta 



CÓÑOUÍSTA DÉ NUEVA-ÉSPANA. 311 

priesa tenían los artilleros , que por descuido se 
les quemó la pólvora , y aun se chamuscaron 
algunos dellos las caras y manos ; y luego des- 
pachó Cortés un bergantín muy ligero á Iztapa- 
lapa al real de Sandoval para que trajesen toda 
la pólvora que tenia , y le escribió que de allí 
donde estaba no se mudase. Dejemos á Cortes, 
que siempre tenia rebatos de mejicanos , hasta 
que se juntó en el real de Cristóbal de Olí, y en 
dos dias que allí estuvo siempre le combatían 
muchos contrarios; y porque yo en aquella sazón 
estaba en lo de Tacuba con Pedro de Albarado, 
diré lo que hicimos en nuestro real ; y es que, 
como sentimos que Cortés andaba por la lagu- 
na , entramos por nuestra calzada adelante y 
con gran concierto , y no como la primera vez, 
y les llegamos á la puente , y los ballesteros y 
escopeteros con mucho concierto, tirando unos 
y armando otros, y á los de á caballo les mandó 
Pedro de Albarado que no entrasen con nos- 
otros entre las calzadas ; y desta manera estuvi- 
mos , unas veces peleando y otras poniendo re- 
sistencia no entrasen por tierra , porque cada 
dia teníamos refriegas , y en ellas nos mataron 
tres soldados; y también entendíamos en adobar 
los malos pasos. Dejemos esto, y digamos cómo 
Gonzalo de Sandoval, que estaba en Iztapalapa, 
viendo que no les podia hacer mal á los de Izta- 
palapa , porque estaban en el agua, y ellos á él 
le herían sus soldados , acordó de se venir á 
unas casas é población que estaban en el agua, 



312 BERNAL DÍAZ. 

que podían entrar en ellas , y les comenzó á 
combatir; y estándoles dando guerra, envió 
Guatemuz , gran señor de Méjico , á muchos 
guerreros á los ayudar y deshacer y abrir la 
calzada por donde habia entrado el Sandoval, 
para tomalles dentro y que no tuviesen por 
donde salir ; y envió por otra parte mucha más 
gente de guerra ; y como Cortés estaba con 
Cristóbal de Olí , é vieron salir gran copia de 
canoas hacia Iztapalapa acordó de ir con los 
bergantines y con toda la capitanía de Cristóbal 
de Olí hacia Iztapalapa en busca de Sandoval; 
é yendo por la laguna con los bergantines y el 
Cristóbal de Olí por la calzada , vieron que es- 
taban abriendo la calzada muchos mejicanos , y 
tavieran por cierto que estaba allí en aquellas 
casas el Sandoval, y fueron con los bergantines 
é le hallaron peleando con el escuadrón de 
guerreros que envió el Guatemuz , y cesó algo 
la pelea ; y luego mandó Cortés á Gonzalo de 
Sandoval que dejase aquello de Iztapalapa é 
fuese por tierra á poner cerco á otra calzada 
que va desde á Méjico á un pueblo que se dice 
Tepeaquilla , adonde ahora llaman Nuestra Se- 
ñora de Guadalupe, donde hace y ha ^echo mu- 
chos y admirables milagros. E digamos cómo 
Cortés repartió los bergantines , y lo que más 
se hizo. 



CONQUISTA DE NüE VA-ESPAÑA, 3ÍS 

CAPITULO CLI. 



COMO CORTES MANDO REPARTIR LOS BOCE BERGANTI- 
NES , Y MANDÓ QUE SE SACASE LA GENTE BEL MÁS 
PEQUEÑO BERGANTÍN , QUE SE DECÍA BUSCA-RUIBO, 
Y DE LO DEM A 8 QUE PASÓ. 



Como Cortés y todos nuestros capitanes y sol- 
dados entendimos que sin los bergantines no 
podríamos entrar por las calzadas para comba- 
tir á Méjico , envió cuatro deilos á Pedro da 
Albarado , y en su real, que era el de Cristóbal 
de Olí, dejó seis bergantines , y á Gonzalo de 
Sandoval , en la calzada de Tepeaquilla, envió 
dos ; y mandó que el bergantín más pequeño 
que no anduviese más en el agua , porque no le 
trastornasen las canoas, que no era de sustento, 
y la gente y marineros que en él andaban man- 
dó repartir en esotros doce , porque ya estaban 
muy mal heridos veinte hombres de los que en 
ellos andaban. Pues desque nos vimos en nues- 
tro real de Tacuba con aquella ayuda de los 
bergantines, mandó Pedro de Albarado que los 
dos deilos anduviesen por la una parte de la 
calzada y los otros dos de la otra parte , é co- 
menzamos á pelear muy de hecho , perqué las 
canoas que nos solían dar guerra desde el agua, 
los bergantines las desbarataban; y ansí, tenía- 
40 



314 BERNAL DÍAZ. 

mos lugar de les ganar algunas puentes y albar- 
radas ; y cuando con ellos estábamos peleando, 
era tanta la piedra con hondas y vara y flecha 
que nos tiraban , que por bien que íbamos ar- 
mados , todos los más soldados nos descalabra- 
ban, y quedábamos heridos, y hasta que la no- 
che nos despartia no dejábamos la pelea y 
combate. Pues quiero decir el mudarse de es- 
cuadrones con sus divisas é insignias de las ar- 
mas que de los mejicanos se remudaban de rato 
en rato, pues á los bergantines cuál los paraban 
de las azuteas , que los cargaban de vara y fle- 
cha y piedra, porque era más que granizo, y no 
lo sé aquí decir ni habrá quien lo pueda com- 
prender, sino los que en ello nos hallamos, que 
venia tanta multitud dellas como granizo , é de 
presto cubrian la calzada, pues ya que con tan- 
tos trabajos les ganábamos alguna puente ó al- 
barrada y la dejábamos sin guarda t aquella 
misma noche la habian de tornar á ahondar , y 
ponian muy mejores defensas , y aun hacian 
hoyos encubiertos en el agua, para que otro dia 
cuando peleásemos , al tiempo de retraer , nos 
embarazásemos y cayésemos en los hoyos , y 
pudiesen en sus canoas desbaratarnos ; porque 
ansimismo tenian aparejadas muchas canoas 
para ello , puestas en partes que no las viesen 
nuestros bergantines, para cuando nos tuviesen 
en aprieto en los hoyos, los unos por tierra y los 
otros por el agua dar en nosotros; y para que 
nuestros bergantines no nos pudiesen venir á 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 315 

ayudar tenían hechas muchas estacadas en el 
agua, encubiertas en partes que en ellas zabor- 
dasen , y desta manera peleábamos cada dia. 
Ya he dicho otras veces que los caballos muy 
poco aprovechaban en las calzadas , porque si 
arremetían ó daban alcance á los escuadrones 
que con nosotros peleaban, luego se les arroja- 
ban en el agua, y á unos mamparos que tenían 
hechos en las calzadas, donde estaban otros es- 
cuadrones de guerreros aguardando con lanzas 
largas de Jas nuestras, ó dalles que habían he- 
cho muy más largas que son las nuestras , de 
las armas que tomaron cuando el gran desbara- 
te que nos dieron en Méjico; y con aquellas 
lanzas y grandes rociadas de flecha y vara é 
piedra que tiraban de la laguna, herían y mata- 
ban los caballos antes que se les hiciese á los 
contrarios daño; y demás desto, los caballeros 
cuyos eran no los querían aventurar, porque 
costaba en aquella sazón un caballo ochocientos 
pesos, y aún algunos costaban á más de mil, y 
no los habla, especialmente no pudiendo alan- 
cear por las calzadas sino muy pocos contrarios. 
Dejemos esto, y digamos que cuando la noche 
nos despartía curábamos nuestros heridos con 
aceite, é un soldado que se decia Juan Catalán, 
que nos las santiguaba y ensalmaba, y verdade- 
ramente digo que hallábamos que Nuestro Señor 
Jesucristo era servido de darnos esfuerzo, de- 
mas de las muchas mercedes que cada dia nos 
hacia, y de presto sanaban; y ansí heridos y en- 



316 BERNAL DÍAZ. 

trapajados habíamos de pelear desde la mañana 
hasta la noche, que si los heridos se quedaran 
en el real sin salir á los combates, no hubiera 
de cada capitanía veinte hombres sanos para 
salir. Pues nuestros amigos los de Tlascala, 
como veian que aquel hombre que dicho tengo 
nos santiguaba, todos los heridos y descalabra- 
dos venian á él, y eran tantos, que en todo el 
dia harto tenia que curar. Pues quiero decir de 
nuestros capitanes y alféreces y compañeros de 
bandera, que salíamos llenos de heridas y las 
banderas rotas, y digo que cada dia habíamos 
menester un alférez, porque salíamos tales, que 
n) podian tornar á entrar á pelear y llevar las 
banderas; pues con todo esto, por ventura tenía- 
mos que comer, no digo de falta de tortillas de 
maiz, que hartas teníamos, sino algún refri- 
gerio para los heridos maldito aquel. Lo que 
nos daba la vida era unos quilites , que son 
unas yerbas que comen los indios, y eerezas de 
la tierra mientras las habia, y después tunas, 
que en aquella sazón \ino el tiempo dellas; y 
otro tanto como hacíamos en nuestro real, 
hacian en el real donde estaba Cortés y en 
el de Sandoval , que jamas dia alguno falta- 
ban capitanías de mejicanos , que siempre les 
iban á dar guerra, ya he dicho otras veces 
que desde que amanecia hasta la noche; por- 
que para ello tenia Guatemuz señalados los 
capitanes y escuadrones que á cada calzada 
habían de acudir, y el Taltelulco é los pueblos 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 317 

déla laguna, ya otra vez por mí nombrados, 
tenían señaladas, para que en viendo una se- 
ñal en el cu mayor de Taltelulco , acudiesen 
unos en t canoas y otros por tierra, y para 
ello tenían los capitanes mejicanos señalados 
y con gran concierto cómo y cuándo y á qué 
partes habían de acudir. Dejemos esto, y di- 
gamos cómo nosotros mudamos otra orden 
y manera de pelear, y es esta que diré; que 
como viamos que cuantas obras de agua ganá- 
bamos de dia, y sobre lo ganar mataban de 
nuestros soldados, y todos los más estábamos 
heridos, lo tornaban á cegar los mejicanos, 
acordamos que todos nos fuésemos á meter en 
la calzada, en una placeta donde estaban unas 
torres de ídolos que las habíamos ya ganado, y 
habia espacio para hacer nuestros ranchos, 
aunque eran muy mabs, que en lloviendo todos 
nos mojábamos, é no eran para más de cubrir- 
nos del sereno é del sol; y dejamos en Tacuba 
las indias que nos hacían pan, y quedaron en su 
guarda todos los de á caballo y nuestros ami- 
gos los de Tlascala, para que mirasen y guar- 
dasen los pasos, no viniesen de los pueblos co- 
marcanos á darnos en la rezaga en las calzadas 
mientras que estábamos peleando ; y desque 
hubimos asentado nuestros ranchos adonde di- 
cho tengo, desde allí adelante procuramos que 
-luego las casas ó barrios ó aberturas de agua 
que les ganásemos, que luego lo cegásemos , y 
que las casas diésemos con ellas en tierra y las 



318 BÉRNAL DÍAZ. 

deshiciésemos, porque ponellas, fuego tardaban 
mucho en se quemar, y desde unas casas á otras 
no se podían encender, porque, como ya otras 
veces he dicho, cada casa estaba en el agua, y 
sin pasar en puentes ó en canoas no pueden ir 
de una parte á otra; porque si queríamos ir por 
el agua nadando, desde las azuteas que tenian 
nos hacían mucho mal, y derrocándose las ca- 
sas estábamos muy más seguros, y cuando les 
ganábamos alguna albarrada ó puente ó paso 
malo donde ponían mucha resistencia, procurá- 
bamos de la guardar de dia y de noche , y es 
desta manera que todas nuestras capitanías ve- 
lábamos las noches juntas; y el concierto que 
para ello se dio fué, que tomaba la vela desde 
que anochecía hasta media noche la primera 
capitanía, y eran sobre cuarenta soldados , y 
dende media noche hasta dos horas antes que 
amaneciese tomaba la vela otra capitanía de 
otros cuarenla hombres, y no se iban del puesto 
los primeros, que allí en el suelo dormíamos, y 
este cuarto es el de la modorra; y luego venían 
otros cuarenta y tantos soldados, y velaban el 
alba, que eran aquellas dos horas que habia 
hasta el dia, y tampoco se habían de ir los que 
velaban la modorra, que allí habían de estar; 
por manera que cuando amanecía nos hallába- 
mos velando sobre ciento y veinte soldados to- 
dos juntos, y aún algunas noches, cuando sen- 
tíamos mucho peligro, desde que anochecía has- 
ta que amanecía todo9 los del real estábamos 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 3 19 

juntos aguardando el gran ímpetu de los meji- 
canos, por temor no nos rompiesen, porque te- 
níamos aviso de unos capitanes mejicanos que 
en las batalles prendimos, que el Guatemuz te- 
nia pensamientos y puesto en plática con sus 
capitanes que procurasen en una noche ó de dia 
romper por nosotros en nuestra calzada, é que 
venciéndonos por aquella nuestra parte, que 
luego eran vencidas y desbaratadas las dos 
calzadas , donde estaba Cortés , y en la don- 
de estaba Gonzalo de Sandoval ; y también 
tenia concertado que los nueve pueblos de 
la laguna , y el mismo Tacuba y Capuzal- 
co y Tcnayuea, que se juntasen, que para 
el dia que ellos quisiesen romper y dar en 
nosotros, que se diese en las espaldas en la 
calzada, é que las indias que nos hacian pan, 
que teníamos en Tacuba, y fardaje, que las 
llevasen de vuelo una noche. Y como esto al- 
canzamos á saber, apercebimos á los de á caba- 
llo, que estaban en Tacuba , que toda la noche 
velasen y estuviesen alerta , y también á nues- 
tros amigos los tlascaltecas ; y ansi como el 
Guatemuz lo tenia concertado lo puso por obra, 
que vinieron muy grandes escuadrones , y unas 
noches nos venían á romper y dar guerra á 
media noche, y otras á la modorra , y otras al 
cuarto del alba, é -venían algunas veces sin ha- 
cer rumor , y otras con grandes alaridos , de 
suerte que no nos daban un punto de quietud; y 
cuando llegaban adonde estábamos velando , la 



320 BEftNAL DÍAZ. 

vara, piedra y flecha que tiraban , é otros mu- 
chos con lanzas, era cosa de ver ; y puesto que 
herían algunos de nosotros , cómo los resistía- 
mos, volvían muchos heridos , é otro9 muchos 
guerreros vinieron á dar en nuestro fardaje , é 
los de á caballo é tlascaltecas los desbarataron 
diferentes veces; porque, como era de noche, no 
aguardaban mucho ; y desta manera que he 
dicho velábamos , que ni porque lloviese , ni 
vientos ni frios, y aunque estábamos metidos en 
medio de grandes lodos y heridos ¿ alli había- 
mos de estar ; y aun esta miseria de tortillas é 
yerbas que habíamos de comer , ó tunas , sobre 
la obra del batallar, como dicen los oficiales, 
habia de ser; pues con todos estos recaudos que 
poníamos con tanto trabajo , heridas y muertes 
de los nuestros , nos tornaban abrir, la puente ó 
calzada que les habíamos ganado, que no se les 
podía defender de noche que no lo hiciesen, é 
otro dia se la tornábamos á ganar y á cegar , y 
ellos á la tornar á abrir é hacer más fuerte con 
mamparos , hasta que los mejicanos mudaron 
otra manera de pelear, la cual diré en su coyun- 
tura. Y dejemos de hablar de tantas batallas 
como cada dia teníamos, y otro tanto en el real 
de Cortés y en el de Sandovul , y digamos que 
qué aprovechaba haberles quitado el agua de 
Chalputepeque, ni menos aprovechaba haberles 
vedado que por las tres calzadas no les entrase 
bastimento ni agua. Ni tampoco aprovechaban 
nuestros bergantines estándose en nuestros rea- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 321 

les, no sirviendo de más de cuando peleábamos 
poder hacernos espaldas de los guerreros de las 
canoas y de los que peleaban de las azuteas; 
porque los mejicanos metian mucha agua y bas- 
timentos dé los nueve pueblos que estaban po- 
blados en el agua; porque en canoas les proveían 
de noche , é de otros pueblos sus amigos , de 
maíz é gallinas y todo lo que querian ; é para 
otro día evitar que no les entrase aquesto , fué 
acordado por todos los tres reales que dos ber- 
gantines anduviesen de noche por la laguna á 
dar caza á las canoas que venian cargadas con 
bastimentos é agua , é todas las canoas que se 
les pudiesen quebrar ó traer á nuestros reales, 
que se las tomasen; y hecho este concierto , fué 
bueno , puesto que para pelear y guardarnos 
hacisn falta de noche los dos bergantines , mas 
hicieron mucho provecho en quitar que no les 
entrasen bastimentos c agua ; y aun con todo 
esto no dejaban de ir muchas canoas cargadas 
dello; y como los mejicanos andaban descuida- 
dos en sus canoas metiendo bastimentos , no 
habia dia que no traían los bergantines que an- 
daban en su busca presa de canoas y muchos 
indios colgados de las entenas. Dejemos esto, y 
digamos el ardid que los mejicanos tuvieron 
para tomar nuestros bergantines y matar los 
que en ellos andaban, y es desta manera: que, 
como he dicho, cada noche y en las mañanas 
iban á buscar por las lagunas sus canoas y las 
trastornaban con los bergantines, y prendía^ 
41 



322 BERNAL DÍAZ. 

muchas dellas, acordaron de armar treinta pi- 
raguas, que son canoas muy grandes, con muy 
buenos remeros y guerreros,, y de noche se me- 
tieron todas treinta entre unos carrizales en 
parte que los bergantines no las pudieran ver, 
y cubiertas de ramas echaban de antenoche dos 
ó tres canoas, como que llevaban bastimentos ó 
metían agua, y con buenos remeros, y en parte 
que les parecía á los mejicanos que los bergan- 
tines habian de correr cuando con ellos pelea- 
sen, habían hincado muchos maderos gruesos, 
hechos estacadas, para que en ellos zabordasen; 
pues como iban las canoas por la laguna mos- 
trando señal de temerosas, arrimadas algo á 
los carrizales, salen dos dé nuestros bergantines 
tras ellas, y las dos canoas hacen que se van 
retrayendo á tierra á la parte que estaban las 
treinta piraguas en celada, y los bergantines si- 
guiéndolas, é yaque llegaban á la celida salen 
todas las piraguas juntas y dan tras nuestros 
bergantines, é de presto hirieron á todos los 
soldados é remeros y capitanes, y no podían ir 
á una parte ni á otra* por las estacadas que les 
tenían puestas; por manera que mataron al un 
capitán, que se decia Fulano de Portillo, gentil 
soldado que había sido en Italia, é hirieron á 
Pedro Barba, que fué otro muy buen capitán, y 
desde á tres dias murió de las heridas; y toma- 
ron el bergantín. Estos dos bergantines eran 
del real de Cortés, de lo cual recibió muy gran 
pesar; más dende á pocos dias se lo pagaron 



COÍÍQÜÍSÍA DE NÜÉVA-ESPÁNA. 323 

muy bien con otras celadas que echaron; lo cual 
diré á su tiempo. Y dejemos, agota de hablar 
dellos, y digamos cómo en el real de Cortés y 
en el de Gonzalo de Sandoval siempre tenían 
muy grandes combates., y muy mayores en el 
de Cortés, porque mandaba quemar y derrocar 
casas y cegar puentes, y todo lo que ganaba 
cada dia lo cegaba, y enviaba á mandar á Pedro 
de Albarado que mirase que no pasásemos 
puente ni abertura de la calzada sin que prime- 
ro la tuviésemos ciega, é que no quedase casa 
que no se derrocase y se pusiese fuego; y con 
los adobes y madera de las casas que derrocá- 
bamos, cegábamos los pasos y aberturas de las 
puentes; y nuestros amigos los de Tlascala nos 
ayudaban en toda la guerra muy como varo- 
nes. Dejemos desto, y digamos, como los meji- 
canos vieron que todas las casas las allanába- 
mos por el suelo, é que las puentes y aberturas 
las cegábamos, acordaron de pelear de otra ma- 
nera, y fué, que abrieron una puente y zanja 
muy ancha y honda, que cuando la pasába- 
mos en partes no hallábamos pié, é tenían en 
ella hechos muchos hoyos, que no los podía- 
mos ver dentro en el agua , é unos mampa- 
ros é albarradas , ansí de la una parte como de 
la otra de aquella abertura , é tenían hechas 
muchas estacadas con maderos gruesos en par- 
tes que nuestros bergantines zabordasen si 
nos viniesen á socorrer cuando estuviése- 
mos peleando sobre tomalles aquella fuerza; 



324 BERNAL DÍAZ. 

porque bien entendían que la primera cosa 
que habíamos de hacer era deshacerles el al- 
barrada y pasar aquella abertura de agua 
para entralles en la ciudad; y ansimismo tenían 
aparejadas en partes escondidas muchas ca- 
noas bien armadas de guerreros, y buenos 
guerreros; y un domingo de mañanacomenzaron 
a venir por tres partes grandes escuadrones de 
guerreros, y nos acometen de tal manera, que 
tuvimos bien que hacer en sustentarnos , no nos 
desbaratasen; é ya en aquella sazón habia man- 
f dado Pedro de Albarado que la mitad de los de 
a caballo, que solían estar en Tacuba, durmie- 
sen en la calzada , porque no tenían tanto ries- 
go como al principio, porque ya no habia azu- 
teas, y todas las demás casas estaban derroca- 
das, y podían correr por algunas partes de las 
calzadas sin que de las canoas ni azuteas les 
pudiesen herir los caballos. Y volvamos á nues- 
tro propósito, y. es, que de aquellos tres escua- 
drones que vinieron muy bravosos, los unos por 
una parte donde estaba la gran abertura en el 
agua, y loa otros por unas casas de las que les 
habíamos derrocado, y el otro escuadrón nos 
había tomado las espaldas de la parte de Tacu- 
ba, y estábamos como cercados; los de á caba- 
llo, con nuestros amigos los de Tlascala, rom- 
pieron por los escuadrones que nos habían to- 
mado las espaldas, y todos nosotros estuvimos 
peleando muy valerosamente con los otros dos 
escuadrones hasta les hacer retraer ; mas era 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 325 

fingida aquella muestra que hacían que huian, 
y les ganamos la primera albarrada, y la otra 
albarrada donde se hicieron fuertes también la 
desampararon; y nosotros, creyendo que llevá- 
bamos vitoria, pasamos aquella agua á vuela- 
pié, y por donde la pasamos no habia ningunos 
hoyos, é vamos siguiendo el alcance entre unas 
grandes casas y torres de adoratorios , y los 
contrarios hacían que todavía huian é se re- 
traían, é no dejaban de tirar vara y piedra con 
hondas, y mucha flecha; y cuando no nos cata- 
mos, tenían encubiertos en partes que no los 
podíamos ver tanta multitud de guerreros que 
nos salen alencuentio, y otros muchos dende 
las azuteas é donde las casas; y los que primero 
hacían que se iban retrayendo , vuelven sobre 
nosotros todos á una, y dos dan tal mano, que 
no les podíamos sustentar; y acordamos de nos 
volver retrayendo con gran concierto; y tenían 
aparejadas en el agua y abertura que les tenía- 
mos ganado, tanta flota de canoas en la parte 
por donde primero habíamos pasado ¿ donde no 
habia hoyos, porque no pudiésemos pasar por 
aquel paso, que nos hicieron ir á pasar por otra 
parte adonde he dicho que estaba muy más 
honda el agua y tenían hechos muchos hoyos; 
y como venían contra nosotros tanta multitud de 
guerreros y nos veníamos retrayendo, pasába- 
mos el agua á nado é á vuelapié, é caíamos to- 
dos los más soldados en los hoyos, entonces acu- 
dieron todas las canoas sobre nosotros , y allí 



326 BÉRNAL DÍA2. 

apañaron los raejicanor cinco de nuestros solda- 
dos y los llevaron á Guatemuz, é hirieron á to- 
dos los más, pues los bergantines que aguar- 
dábamos para nuestra ayuda no podían ve- 
nir, porque todos estaban zabordados en las es- 
tacadas que les tenían puestas, y con las canoas 
y azuteas les dieron buena mano de vara y 
flecha, y mataron dos soldados remeros é hirie- 
ron á muchos de los nuestros. E volvamos á los 
hoyos é aberturas : digo que fué maravilla 
cómo no nos mataron á todos en ellos ; de mí 
digo que ya me habían echado mano mu- 
chos indios , y tuve manera para desembara- 
zar el brazo, y Nuestro Señor Jesucristo me 
dio esfuerzo para que á buenas estocadas 
que les di, me salvase, y bien herido en un bra- 
zo; y como me vi fuera de aquella agua en parte 
segura, me quedé sin sentido, sin rae poder sos- 
tener en mis pies é sin huelgo ninguno ; y esto 
causó la gran fuerza que puse para me desca- 
bullir de aquella gentecilla, é de la mucha san- 
gre que me salió: é digo que cuando me tenían 
engarrafado, que en el pensamiento yo me en- 
comendaba á nuestro S2ñor Dios é á nuestra 
Señora su bendita Madre, y ponia la fuerza que 
he dicho, por donde me salve ; gracias á Dios 
por las mercedes que me hace. Otra cosa quiero 
decir, que Pedro de Albarado y los de á caba- 
llo, como tuvieron harto en romper los escua- 
drones que nos venían por las espaldas déla 
parte de Tacuba, no pasó ninguno dellos aquella 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 3^7 

agua ni albarradas, sino fué uno solo de á caba- 
llo'que habia venido poco habia de Castilla , y 
allí le mataron á él y al caballo ; y como vio el 
Pedro de Albarado que nos veníamos retrayen- 
do, nos iba ya á socorrer con otros de á caballo, 
y si allá pasara, por fuerza habíamos de volver 
sobre los indios ; y si volviera , no quedara 
ninguno dellos ni de los caballos ni de nos- 
otros á vida , porque la cosa estaba de arte 
que cayeran en los hoyos, y habia tantos guer- 
reros, que les mataran los caballos con lanzas 
que para ello tenían largas, y dende las muchas 
azuteas que habia, porque esto que pasó era en 
el cuerpo de la ciudad; y con aquella vitoria que 
tenían los mejicanos, todo aquel dia, que era do- 
mingo , como dicho tengo, tornaron á venir á 
nuestro real otra tanta multitud de guerreros; 
que no nos dejaban ni nos podíamos valer, que 
ciertamente creyeron de nos desbaratar ; y nos- 
otros con unos tiros de bronce y buen pelear nos 
sostuvimos contra ellos , y con velar todas las 
capitanías juntas cada noche. Dejemos desto, y 
digamos, cómo Cortés lo supo, del gran enojo que 
tenia, escribió luego en un bergantín á Pedro de 
Albarado que mirase que en bueno ni en malo 
dejase un paso por cegar, y que todos los de á 
caballo durmiesen en las calzadas, y en toda la 
noche estuviesen ensillados y enfrenados, y que 
no curásemos de pasar más adelante hasta haber 
cegado con adobes y madera aquella gran aber- 
tura, y que tuviesen buen recaudo en el real. 



323 BERNALDMZ. 

Pues como vimos que por nosotros había acae- 
cido aquel desmán, desde allí adelante procurá- 
bamos de tapar y cegar aquella abertura; y aun- 
que fué con harto trabajo y heridas que sobre 
ella nos daban los contrarios, é muerte de seis 
soldados, en cuatro dias la tuvimos cegada, y en 
las noches sobre ella misma velábamos todas las 
tres capitanías, según la orden que dicho tengo 
y quiero decir que entonces, como los mejicanos 
estaban junto á nosotros cuando velábamos, que 
también ellos tenian sus velas , y por cuartos se 
mudaban, y era dcsta manera: que hacian gran- 
de lumbre, que ardia toda la noche, y los que 
velaban estaban apartados de la lumbre, y des- 
de lejos no les podíamos ver, porque con la cla- 
ridad de la leña, que siempre ardia, no podíamos 
ver los indios que velaban; más bien sentíamos 
cuando se remudaban y cuando venian á atizar 
su leña; y muchas noches habia que, como llovía 
en aquella sazón mucho, les apagaba la lumbre, 
y la tornaban á encender, y sin hacer rumor ni 
hablar entre ellos palabra, seentendian con unos 
silbos que daban. También quiero decir que 
nuestros escopeteros y ballesteros, muchas ve- 
ces cuando sentíamos que se venian á trocar las 
velas, les tiraban á bulto, é piedras y saetas 
perdidas, y no les hacíamos mal, porque esta- 
ban en parte que, aunque de noche quisiéramos 
ir á ellos, no podíamos, con otra gran abertura 
de zanja bien honda qué habían abierto á mano, 
é albarradas y mamparos que tenian; é también 



CONQUISTA DE NUE-VA-ESPANA . 329 

ellos nos tiraban á bulto mucha piedra é vara y 
flecha. Dejemos de hablar destas velas, é diga- 
mos cómo cada dia íbamos por nuestra calzada 
adelante, peleando con muy buen concierto, y 
les ganaron la abertura que he dicho'donde ve- 
laban; y era tanta la multitud de los contrarios 
que contra nosotros cada dia venían, y la vara, 
flecha y piedra que tiraban, que nos herían á 
todos, aunque íbamos con gran concierto y bien 
armados. Pues ya que se habia pasado todo el 
dia batallando, y se venia la tarde, y no era co- 
yuntura para pasar más adelante, sino volver- 
nos retrayendo, en aquel tiempo tenian ellos 
muchos escuadrones aparejados, creyendo que 
con la gran priesa que nos diesen al tiempo del 
retraer nos desbaratarían, porque venían tan 
bravosos como tigres, y pié con pié se juntaron 
con nosotros; y como aquello conocíamos dellos, 
la manera que teníamos para retraer era esta: 
que la primera cosa que hacíamos era echar de 
la calzada á nuestros amigos los tlascaltecas; 
porque, como eran muchos, con nuestro favor 
querían llegar á pelear con los mejicanos, y 
como eran mañosos, que no deseaban otra cosa 
sino vernos embarazados con los amigos, y con 
grandes arremetidas que hacían por todas tres 
parles para nos poder tomar en medio ó ata- 
jar algunos de nosotros ; y con los muchos- 
tlascaltecás , que embarazaban , no podíamos 
pelear á todas partes, é por esta causa los echá- 
bamos fuera de la calzada, en parte que los po- 
42 



330 BB«»AL ífíXZ. 

niamos en salvo; y cuando nos víamos que no 
teníamos embarazo dellos, nos retraíamos al 
real, no vueltas las espaldas, sino haciéndoles 
rostro, unos ballesteros y escopeteros soltando 
y otros armando; y nuestros cuatro bergantines 
cada dos de los lados de las calzadas por la la- 
guna, defendiéndonos por las flotas de las ca- 
noas, y de las muchas piedras de las azuteas y 
casas que estaban por derrocar; y aun con todo 
este concierto teníamos harto riesgo de nuestras 
personas hasta volvernos á los ranchos, y luego 
nos quemábamos con aceite nuestras heridas y 
apretallas con mantas de la tierra, y cenar de las 
tortillas que nos traiaiyle Tacuba, é yerbas y 
tunas quien lo tenia; y luego íbamos á velar á 
la abertura del agua, como dicho tengo, y luego 
á otro dia por la mañana, sus, á pelear; porque 
no podíamos hacer otra cosa, porque por muy 
de mañana que fuese, ya estaban sobre nos- 
otros los batallones contrarios, y aun llega- 
ban á nuestro real y nos decían vituperios; y 
desta manera pasábamos nuestros trabajos. 
Dejemos por agora de contar de nuestro real, 
que es el de Pedro de Albarado, y volvamos al 
de Cortés, que siempre de noche y de dia le 
daban combates, y le mataban y herían muchos 
soldados, y era de la manera que á nosotros los 
del real de Tacuba; y siempre traia dos bergan- 
tines á dar caza de noche á las canoas que en- 
traban en Méjico con bastimentos é agua; é 
parece ser que el un bergantín prendió á dos 



CONQUISTA DE NUEVA -ESPAÑA. 331 

principales que venían en una de las muchas 
canoas que venían con bastimento , y dellos su- 
po Cortés que tenían en celada entre unos ma- 
torrales cuarenta piraguas y otras tantas canoas 
para tomar á alguno de nuestros bergantines, 
como hicieron la otra vez; y aquellos dos prin- 
cipales que se prendieron, Cortés les halagó y 
dio mantas, y con muchos prometimientos que 
en ganando á Méjico les daria tierras , y con 
nuestras lenguas doña Marina y Aguilar les 
preguntó que á qué parte estaban las piraguas , 
porque no se pusieron donde la otra vez; y ellos 
señalaron en el puesto y paraje que estaban, y 
aún avisaron que habían hincado muchas esta- 
cas de maderos gruesos en partes, para que si 
los bergantines fuesen huyendo de sus pira- 
guas, zabordasen, y allí los apañasen y matasen 
á los que iban en ellos. Y como Cortés tuvo 
aquel aviso , apercibió seis bergantines que 
aquella noche se fuesen á meter á unos carriza- 
les apartados obra de un cuarto de legua, don- 
de estaban las piraguas, y que se cubriesen con 
mucha rama; y fueron á remo callado, y estu- 
vieron toda la noche aguardando, y otro dia de 
mañana mandó Cortés que fuese un bergantín 
como que iba á dar caza á las canoas que entra- 
ban con bastimentos, y mandó que fuesen los 
dos indios principales que se prendieron dentro 
del bergantín , porque mostrasen en qué parte 
estaban las.piraguas, porque el bergantín fuese 
hacia allá; y ansimismo los mejicanos nuestros 



333 BERNAL WAZ. 

contrarios concertaron de echar dos canoas 
echadizas, como la otra vez, adonde estaba su 
celada, como que traian bastimento, para que 
se cebase el bergantín en ir tras ellas; por ma- 
nera que ellos tenían un pensamiento y nosotros 
otro como el suyo de la misma manera; y como 
el bergantín que echó Cortés vio á las canoas 
que echaron los indios para cebarle, iba tras 
ellas, y las dos canoas hacían que ee iban hu- 
yendo á tierra donde estaba su celada de sus 
piraguas, y luego nuestro bergantín hizo sem- 
blante que no osaba llegar á tierra , y que se 
volvía retrayendo; y cuando las piraguas y 
otras muchas canoas le vieron que se volvía, 
salen tras éLcon gran furia y remar todo lo que 
podían, y le iban siguiendo; "y el bergantín se 
iba como huyendo donde estaban los otros seis 
bergantines en celada, y todavía las piraguas 
siguiéndole; y en aquel instante soltaron unas 
escopetas, que era la señal de cuando habían 
de salir nuestros bergantines ; y cuaado oye- 
ron la señal, salen con grande ímpetu y die- 
ron sobre las piraguas y canoas, que trastorna- 
ron, y mataron y prendieron muchos guerre- 
ros, y también el bergantín que echaron para 
en celada, que iba ya á lo largo, vuelve á ayu- 
dar á sus compañeros; por manera que se lle- 
vó buena presa de prisioneros y canoas; y den- 
de allí adelante no osaban los mejicanos echar 
más celadas, ni se atrevían á meter bastimen- 
tos ni agua tan á ojos vistas como solían; y 



COMQUISTA DÉ NyKVA-ESPANA. 333 

desta man.ra pasábala guerra de los bergan- 
tines en la laguna y nuestras batallas en las 
calzadas. Y digamos ahora , como vieron los 
pueblos que estaban en la laguna poblados, que 
ya los he nombrado otras veces , que cada dia 
teníamos Vitoria, ansí por el agua como por 
tierra, y vieron venir á nuestra amistad muchos 
amigos, así los de Chalco como los de Tez- 
cuco é Tlascala é otras poblaciones , y con 
todos les hacían mucho mal y daño en sus 
pueblos, y les cautivaban muchos indios é indias; 
parece ser se juntaron todos, é acordaron de ve- 
nir de paz ante Cortés, y con mucha humildad 
le demandaron perdón si en algo nos habian 
enojado, y dijeron que eran mandados, que no 
podían hacer otra cosa; y Cortés holgó mucho 
de los ver venir de paz de aquella manera, y 
aun cuando lo supimos en nuestro real de Pedro 
de Albarado y en el de Gonzalo de Sandoval, nos 
alegramos todos los soldados. Y volviendo á 
nuestra plática: Cortés con buen semblante y 
con muchos halagos les perdonó, y les dijo que 
eran dignos de gran castigo por haber ayudado 
á los mejicanos; y los pueblos que vinieron fue- 
ron Iztapalapa , Huichilobusco é Cuyoacan é 
Mezquique, y todos los de la laguna y agua 
dulce; y les dijo Cortés que no habíamos de al- 
zar real hasta que los mejicanos viniesen de 
paz, ó por guerra los acabase; y les mandó que 
en todo nos ayudasen con todas las canoas que 
tuviesen para combatir á Méjico, é'que viniesen 



334 BERNAL DÍAZ. 

á hacer sus ranchos é trajesen comida, lo cual 
dijeron que ansí lo harian; é hicieron los ran- 
chos de Cortés, y no traian comida, sino muy 
poca y de mala gana. Nuestros ranchos, donde 
estaba Pedro de Albarado nunca se hicieron, 
que ansí nos estábamos al agua, porque ya sa- 
ben los que en esta tierra han estado que por 
Junio, Julio y Agosto son en estas partes coti- 
dianamente las aguas. Dejemos esto, y volva- 
mos á nuestra calzada y á los combates que 
cada dia dábamos á los mejicanos, y cómo les 
íbamos ganando muchas torres de ídolos y casas 
y otras aberturas de zanjas y puentes quede 
casa en casa tenian hechas, y todo lo cegába- 
mos con adobes y la madera de las casas que 
deshacíamos y derrocábamos, y aun sobre ellas 
velábamos; y aun con toda esta diligencia que 
poníamos, lo tornaban á hondar y ensanchar, y 
ponían más albarradas, y porque entre todas 
tres nuestras capitanías teníamos por deshonra 
que unos batallásemos é hiciésemos rostro á los 
escuadrones mejicanos, y otros estuviesen ce- 
gando los pasos y aberturas y puentes; y por 
excusar diferencias sobre los que habíamos de 
batallar ó cegar aberturas, mandó Pedro de Al- 
barado que una capitanía tuviese cargo de cegar 
y entender en la obra un dia, y las dos capita- 
nías batallasen é hiciesen rostro contra los ene- 
migos, y esto habia de ser por rueda, un dia una 
y luego otfo dia otra capitanía, hasta que por 
¡í todas tres volviese la andanada y rueda; y con 



C0XQVIS%A DE NÜÉVA-ESPAÍU. 335 

esta orden no quedaba cosa que les ganábamos 
que no dábamos con ella en el suelo, y nuestros 
amigos los tlascaltecas, que nos ayudaban; y 
ansí les ¡íbamos entrando en su ciudad; mas 
al tiempo del retraer todas tres capitanías ha- 
bíamos de pelear juntos, porque entonces era 
donde corríamos mucho peligro; y como otra vez 
he dicho, primero hacíamos salir de las calza- 
das todos los tlascaltecas, porque cierto era de- 
masiado embarazo para cuando peleábamos. De 
jemos de hablar de nuestro real, y volvamos al 
de Cortés y al de Gonzalo cte Sandoval., que á 
la continua, ansí de dia como de noche, tenian 
sobre sí muchos contrarios por tierra y flotas 
de canoas por la laguna, y siempre les daban 
guerra, y no les podian apartar de sí. Pues 
en lo de Cortés, por les ganar una puente y 
obra muy honda, que era mala de ganar, en 
ella tenian los mejiconos muchos mamparos 
y albarradas , que no se podían pasar sino á 
nado, é ya qua se pusiesen á pasalla, estábanles 
aguardando muchos guerreros con flechas y pie- 
dras con honda, y vara y macanas y espadas de 
á dos manos, y lanzas como dalles , y engasta- 
das las espadas que nos tomaron , acudiendo 
siempre gran multitud de guerreros, y la lagu- 
na llena de canoas de guerra ; y habia junto á 
las albarradas muchas azuteas, y dellas les tira- 
ban muchas piedras, de que con gran dificultad 
se podian defender; y los herian muchos , y al- 
gunos mataban, y los bergantines no les podian 



336 BERNAL DÍAZ. 

ayudar, por las estacadas que tenían puestas, 
en que se embarazaban ios bergantines; y sobre 
ganallcs esta fuerza y puente y abertura pasa- 
ron los de Cortés mucho trabajo , y estuvieron 
muchas veces á punto de perderse, é le mataron 
cuatro soldados en el combate y le hirieron so- 
bre treinta; y como era ya tarde cuando la aca- 
baron de ganar, no tuvieron tiempo de la ce- 
gar, y se volvieron retrayendo con muy grande 
trabajo y peligro, y con más de treinta solda- 
dos heridos y muohos tlascaltecas descalabra- 
dos, aunque peleaban bravosamente. Dejemos 
esto, y digamos otra manera con que Guatemuz 
mandó pelear á sus capitanes, haciendo aperce- 
bir todos sus poderes para que nos diesen guer- 
ra continuamente; y es que , como para otro día 
era fiesta de señor San Juan de Junio , que en- 
tonces se cumplía un año puntualmente que ha- 
bíamos entrado en Méjico, cuando el socorro del 
capitán Pedro de Albarado , y nos desbarata- 
ron , según dicho tengo en el capítulo que 
dello habla , parece ser tenia cuenta en ello el 
Guatemuz, y mandó que en todos tres reales nos 
diesen toda la guerra y con la mayor fuerza que 
pudiesen con todos sus poderes, ansí por tierra 
como-con las canoas por el agua, para acabar- 
nos de una vez, como decían se lo tenia manda- 
do su Huichilóbos, y mandó que fuese de noche 
al cuarto de la modorra; y porque los berganti- 
nes no nos pudiesen ayudar, en todas mas par- 
tes de la laguna tenían hechas unas estacadas 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 337 

para que en ellas zabordasen; y vinieron con 
esta furia y ímpetu, que si ño fuera por los que 
velábamos juntos, qué éramos sobre ciento y 
veinte soldados, y todos muy acostumbrados á 
pelear, nos entraran en él real y corríamos har- 
to peligro, y con muy grande concierto íes re- 
sistimos, y alli hirieron á quince de los nues- 
tros, y dos murieron de ahí'á ocho dias de fas 
heridas. Pues én el real de Cortés también íes 
pusieron en grande aprieto é trabajo, é hubo 
muchos muertos y heridos, y en lo de Sandoval 
por el consiguiente, y desta manera vinieron 
dos noches arreo; y también en aquellos ren- 
cuentros quedaron muchos mejicanos muertos 
y muchos heridos; y como Guatemuz y sus ca- 
pitanes y papas vieron que no aprovechaba na- 
da la guerra que dieron aquellas noches, acor- 
daron que con todos sus poderesjuntos viniesen 
al cuarto del alba y diesen en nuestro real, que 
se dice el de Tacuba; y vinieron tan bravo- 
sos, que nos cercaron por todas partes, y aun 
nos ténian medio desbaratados y atajados; y 
quiso Dios darnos esfuerzo, que nos tornamos á 
hacer un cuerpo y nos mampararaos algo con 
los bergantines, y á buenas estocadas y cu- 
chilladas, que andábamos pié con pié, los apar- 
tamos algo de nosotros, y los dea cahalló no esta- 
ban holgando; pues los ballesteros y escopeteros 
hacían lo que podian, que harto tuvieron que 
romper en otros escuadrones que ya nos teman 
tomadas las espaldas; y en aquella batalla ma-» 
43 



338 BERMALDIJLZ. 

taron á ocho de nuestros soldados, y aún á Pe- 
dro de Albarado le descalabraron, y si nuestros 
amigos los tlascaltecas durmieran aquella noche 
en la calzada, corríamos gran riesgo con el em- 
barazo que ellos nos pusieran, como eran mu- 
chos; más la experiencia de lo pasado nos hacia 
que luego los echásemos fuera de la calzada y 
se fuesen á Tacuba, y quedábamos sin cuidado. 
Tornemos á nuestra batalla, que matamos mu- 
chos mejicanos, y se prendieron cuatro perso- 
nas principales. Bien tengo entendido que los 
curiosos letores se hartarán ya de ver cada dia 
combates, y no se puede hacer menos, porque 
noventa y tres dias estuvimos sobre esta tan 
fuerte ciudad, cada dia é de noche teníamos 
guerras y combates, y por esta causa los hemos 
i de decir muchas veces, de cómo é cuándo é de 
qué manera é arte pasaba; é no lo pongo aquí 
por capítulos lo que cada dia hacíamos, porque 
me parece que seria gran prolijidad é seria cosa 
para nunca acabar, y parecería á los libros de 
Amadís é de otros corros de caballeros; é por- 
que de aquí adelante no me quiero detener en 
contar tantas batallas é rencuentros que cada 
dia é de noche teníamos, si posible fuere, lo 
diré lo más breve que pueda, hasta el dia de 
señor San Hipólito, que, gracias á nuestro Se- 
ñor Jesucristo, nos apoderamos desta tan gran 
ciudad y prendimos al Rey della, que se decía 
Guatemuz, é á sus capitanes; puesto que antes 
que le prendiésemos tuvimos muy grandes des- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 339 

manes, é casi que estuvimos en gran ventura 
de nos perder en todos nuestros reales, espe- 
cialmente en el real de Cortés por descuido de 
sus capitanes, como adelante verán. 



CAPITULO CLII. 



COMO DESBARATARON LOS INDIOS MEJICANOS A COR- 
TES, É LE LLEVARON VIVOS PARA SACRIFICAR SE- 
SENTA Y DOS SOLDADOS, É LE HIRIERON EN UNA PIER- 
NA, Y EL GRAN PELIGRO EN QUE NOS VIMOS POR SU 
CAUSA. 



Como Cortés vio que no se podian cegar todas 
las aberturas y puentes é zanjas de agua que 
ganábamos cada dia, porque de noche las tor- 
naban á abrir los mejicanos y hacían más fuer- 
tes albarradas que de antes tenian hechas, é 
que era gran trabajo pelear y cegar puentes y 
velar todos juntos, en demás como estábamos 
heridos, acordó de poner en pláticas con los 
capitanes y soldados que tenia en su real, que 
se decían Cristóbal de Olí y Francisco Verdugo 
y Andrés de Tapia, y el alférez Corral y ¡Fran- 
cisco de Lugo, y también nos escribió al real 
de Pedro de Albarado y al de Gonzalo de 
Sandoval, para tomar parecer de todos los ca- 



340 BERNAL DÍAZ. 

pitanes y soldados; y el caso que propuso fué, 
que si nos parecía que fuésemos entrando de 
golpe en la ciudad hasta entrar y llegar al 
Taltelulco, que es la plaza mayor de Méjico, 
que es muy más ancha y grande que no la de 
Salamanca; é que llegados que llegásemos, que 
seria bien asentar en él todos tres reales, que 
dende allí podíamos batallar por las calles de 
Méjico, y sin tener tantos trabajos é riesgo al 
retraer, ni tener tanto que cegar ni velar las 
puentes. Y como en tales pláticas y consejos sue- 
le acaecer, hubo en ellas muchos pareceres, por- 
que ios unos decían que no era buen consejo ni 
acuerdo meternos tan de hecho en el cuerpo de 
la ciudad, sino que nos estuviésemos como está- 
bamos batalla .doy derrocando y abrasando ca- 
sas; y las cau&as más evidentes que dimos los 
que éramos en este parecer fué, que si nos me- 
tíamos en el Taltelulco y dejábamos todas las 
calzadas y puentes sin guarda y desmampara- 
das, que como los mejicanos son muchos y guer- 
reros, y con las muchas canoas que tienen nos 
lornarian á abrir las puertas y calzadas, y no se- 
riamos señores dellas, é que con sus grandes po- 
deres nos darían guerra de noche y de día; é 
que, como siempre tienen hechas muchas esta- 
cadas, nuestros bergantines no nos podrían ayu- 
dar, y de aquella manera que Cortés decía, se- 
riamos nosotros los cercados, y ejlos temían por 
sí la tierra, campo y laguna; y le escribimos so- 
bre el caso, para que no nos aconteciese como 



COHQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 341 

la pasada cuando salimos huyendo de Méjico; y 
cuando Cortés hubo visto el parecer de todos, y 
vio las buenas razones que sobre ello le dába- 
mos, en lo que se resumió en todo lo platicado 
fué, que para que otro dia saliésemos de todos 
tres reales con toda la mayor pujanza, ansi los 
de á caballo como los ballesteros, escopeteros y 
soldados, é que los fuésemos ganando hasta la 
plaza mayor, que es el Taltelulco, apercebidos 
los tres reales y los tlascaltecas y de Tezcuco y 
los pueblos de la laguna que nuevamente habían 
dado la obediencia á su majestad, para que con 
todas sus canoas se viniesen á ayudar á todos 
nuestros bergantines. Una mañana, después de 
haber oido Misa y nos encomendar á Dios, sali- 
mos de nuestro real con el capitán Pedro de 
Albarado, y también salió Cortés del suyo, y 
Gonzalo de Sandoval con todos sus capitanes, y 
con grande pujanza iba ganando puentes y al- 
barradas, y los contrarios peleaban como fuer- 
tes guerreros, y Cortés por su parte llevaba Vi- 
toria, y asimismo Gonzalo de Sandoval por la 
suya, pues por nuestro real ya les habíamos ga- 
nado otra albarrada y una puente, y esto fué con 
mucho trabajo ,- porque había muy grandísimos 
poderes del Guatemuz, y la estaban guardando, 
y salimos della muchos de nuestros soldados 
muy mal heridos, é uno murió luego de las he- 
ridas, y nuestros amigos los tlascaltecas salie- 
ron más de mil dellos maltratados y descalabra- 
dos, y todavía íbamos siguiendo la Vitoria muy 



342 BBRHAL DÍAZ. 

ufanos. Volvamos á decir de Cortés y de todo su 
ejército , que ganaron una abertura de agua 
muy honda, y estaba en ella una calzadilla muy 
angosta, que los mejicanos con maña y ardid la 
habian hecho de aquella manera, porque tenían 
pensado entre si lo que ahora á nuestro general 
Cortés le aconteció; y es que, como llevaba Vito- 
ria de él y todos sus capitanes y soldados, y la 
calzada llena de nuestros amigos , é iban si- 
guiendo á los contrarios, y puesto que hacían 
que huian, no dejaban de tirarnos piedra, vara 
y flecha, y hacían algunas paradillas como que 
resistían á Cortés, hasta que le fueron cebando 
para que fuese tras ellos, y desque vieron que 
de hecho iba tras ellos siguiendo la Vitoria, ha- 
cían que iban huyendo del. Por manera que la 
adversa fortuna vuelve su rueda , y á las 
mayores prosperidades acuden muchas tris- 
tezas. Y como nuestro Cortés iba vitorioso y en 
el alcance de los contrarios, por su descuido é 
porque nuestro Señor Jesucristo lo permitió, 
él y sus capitanes y soldados dejaron de ce- 
gar el abertura de agua que habian ganado ; y 
como la calzada por donde iban con maña la 
habian hecho angosta , y aun entraba en ella 
agua por algunas partes, y habia mucho Iodo y 
cieno, como los mejicanos le vieron pasar aquel 
paso sin cegar , que no deseaban otra cosa , y 
aun para aquel efeto tenían apercebidos muchos 
escuadrones de guerreros mejicanos con esfor- 
zados capitanes, y muchas canoas en la laguna, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 343 

en parte que nuestros bergantines no les podían 
hacer daño ninguno con las grandes estacadas 
que les tenian puestas en que zabordasen, vuel- 
ven sobre nuestro Cortés y contra todos sus sol- 
dados con grande furia de escuadrones y con 
tales alaridos y gritos , que los nuestros no les 
pudieron defender su gran ímpetu y fortaleza 
con que vinieron á pelear , y acordaron todos 
los soldados con sus capitanes y banderas de se 
volver retrayendo con gran concierto ; mas, 
como venian contra ellos tan rabiosos contra- 
rios, hasta que les metieron en aquel mal paso 
se desconcertaron de suerte , que vuelven hu- 
yendo sin hacer resistencia ; y nuestro Cortés, 
desde que asi los vio venir desbaratados , los 
esforzaba y decia: «Tened , tened , señores, 
tened recio , ¿qué es esto , que ansi habéis de 
volver las espaldas?» Y no les pudo detener ni 
resistir ; y en aquel paso que dejaron de cegar, 
y en la calzadilla , que era angosta y mala , y 
con las canoas le desbarataron é hirieron en 
una pierna y le llevaron vivos sobre sesenta y 
tantos soldados , y le mataron seis caballos é 
yeguas, y á Cortés ya le tenian muy engarrafa- 
do seis ó siete capitanes mejicanos, é quiso Dios 
nuestro Señor ponelle esfuerzo para que se de- 
fendiese y se librase dellos, puesto que estaba 
herido en una pierna; porque en aquel instante 
luego llegó alli un muy esforzado soldado, que 
sejdecia Cristóbal de é 01ea, natural de Castilla la 
Vieja; no lo digo por Cristóbal de Olí; y desque 



344 BERNAL DÍAZ. 

allí le vio asido de tantos indios , pdleó luego 
tan bravosamente, que mató á estocadas cuatro 
de aquellos capitanes que tenían engarrafado á 
Cortés , y también le ayudó otro muy valiente 
soldado que se decia Lerma , y les hicieron que 
dejasen á Cortés , y por le defender aíli perdió 
la vida el Olea , y el Lerma estuvo á punto de 
muerte, y luego acudieron alli muchos soTdados, 
aunque bien heridos , y echan mano á Cortés y 
le ayudan á salir de aquel peligro ; y entonces 
también vino con mucha presteza su capitán de 
la guarda , que se decia Antonio de Quiñones, 
natural de Zamora. , y le tomaron por los bra- 
zos y le ayudaron á salir del agua , y luego 
le trajeron un caballo , en que se escapó de la 
muerte; y en aquel instante también venia un 
su camar-ero ó mayordomo que se decia Cris- 
tóbal de Guzman , y le traia otro caballo ; y 
dende las azuteas los guerreros mejicanos . que 
andaban muy bravos y vitoriosos , prendieron 
al Cristóbal de Guzman , é vivo le llevaron á 
Guatemuz ; y todavia los mejicanos iban si- 
guiendo á Cortés y á todos sus soldados hasta 
que llegaron á su real. Pues ya aquel desastre 
acaecido , le hallaron en salvo los españoles, 
los escuadrones mejicanos no dejaban de sc- 
guilles , dándoles caza y grita y diciéndoles 
vituperios á llamándoles cobardes. Dejemos 
de hablar de Cortés y de su desbarate , y 
volvamos á nuestro ejército , que es el de 
Pedro de Albarado : eomo íbamos muy vito- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 353 

el camino , y le dijo que ya habia enviado á sa- 
ber de nosotros á Andrés de Tapia con tres de 
á caballo , y temia no le hubiesen muerto en el 
camino ; cuando se lo dijo y se despidió fué á 
abrazar á Gonzalo de Sandoval , y le dijo: 
«Mira , pues veis que yo no puedo ir á todas 
partes, á vos os encomiendo estos trabajos, pues 
veis que estoy herido y cojo ; ruégoos pongáis 
cobro en estos tres reales : bien sé que Pedro de 
Albarado y sus capitanes y soldados habrán ba- 
tallado y hecho como caballeros , mas temo el 
gran poder destos perros, no les hayan desba- 
ratado ; pues de mí y de mi ejército ya veis de 
la manera que estoy;» y en posta vino el San- 
doval y el Francisco de Lugo donde estábamos, 
y cuando llegó seria hora de vísperas , y por- 
que , según pareció é supimos , el desbarate de 
Cortés fué antes de Misa mayor; y cuando llegó 
Sandoval nos halló batallando con los mejica- 
nos, que nos querían entrar en el real por unas 
casas que habíamos derrocado , y otros por la 
calzada , y otros en canoas por la laguna , y te- 
nían ya un bergantin zabordado en unas esta- 
cadas , y de ios soldados que en ellos iban , ha- 
bian muerto los dos , y los demás heridos; y 
como Sandoval nos vio á mí y á otros soldados 
en el agua metidos á más de la cinta, ayudando 
al berganíin á echalle en lo hondo , y estaban 
sobre nosotros muchos indios con espadas de las 
nuestras que habian tomado en el desbarate de 
Cortés , y otros con montantes de navajas dán«* 
45 



354 bernai/diaz. 

donos cuchilladas , y á mí me dieron un flecha- 
zo, y querían llegar con gran fuerza sus canoas, 
según la fuerza ponían , y le tenían atadas mu- 
chas sogas para llevársele y meteile dentro de 
la ciudad; y como el Sandoval nos vio de aquella 
manera , dijo : «Oh hermanos /poned fuerza en 
que no lleven el bergantín;» y tomamos tanto 
esfuerzo, que luego le sacamos en salvo, puesto 
que, como he dicho , todos los marineros salie- 
ron heridos y dos soldados muertos. En aquella 
sazón vinieron á la calzada muchas capitanías 
de mejicanos t y nos herían ansí á los de á caba- 
llo y á todos nosotros, y aun al Sandoval le die- 
ron una buena pedrada en la cara ; y entonces 
Pedro de Albarado le socorrió con otros de á ca- 
ballo, y como venían tantos escuadrones, é yo y 
otros soldados les hacíamos cara, Sandoval nos 
mandó que poco á poco nos retrajésemos por- 
que no les matasen los caballos ; é porque no 
nos retraíamos de presto como quisiera , dijo: 
«Queréis que por amor de vosotros me maten á 
mí y á todos aquestos caballeros? Por amor de 
Dios , hermanos , que os retrayais ;» y entonces 
le tornaron á herir á él y á su caballo ; y en 
aquella sazón echamos á los amigos fuera de la 
calzada , y poco á poco , haciendo cara , y no 
vueltas las espaldas , como quien va haciendo 
represas, unos ballesteros y efeopeteros tirando 
y otros armando y otros cebando sus escopetas, 
y no soltaban todos á la par ; y los de á caballo 
que hacían algunas arremetidas , y el Pedro 



CONQUISTA DÉ NÜEVA-ESPANA. 355 

Moreno Medrano con sus tiros en armar y tirar; 
y por más mejicanos que llevaban las pelotas, 
no les podían apartar, sino que todavía nos iban 
siguiendo , con pensamiento que aquella noche 
nos habían de llevar á sacrificar. Pues ya que 
estábamos en salvo cerca de nuestros aposentos, 
pasada ya una grande obra donde había mucha 
agua é muy honda, y no nos podían alcanzar las 
piedras ni varas ni flecha , y estando el Sando- 
val y el Francisco de Lugo y Andrés de Tapia 
con Pedro de Albarado , contando cada uno lo 
que le había acaecido y lo que Cortés mandaba, 
tornó á sonar el atambor de Huichilobos y otros 
muchos atabalejos, y caracoles y cornetas y 
otras como trompas, y todo el sonido dellas es- 
pantable y triste ; y miramos arriba al alto cu, 
donde los tañían , y vimos que llevaban por 
fuerza á rempujones y bofetadas y palos á nues- 
tros compañeros que habían tomado en la der- 
rota que dieron á Cortés, que los llevaron por 
fuerza á sacrificar ; y de que ya los tenían arri- 
ba en lina placeta que se hacia en el adoratorio, 
donde estaban sus malditos ídolos , vimos que á 
muchos dellos les ponían plumajes en las cabe- 
zas , y con unos como aventadores les hacían 
bailar delante de Huichilobos , y cuando habían 
bailado , luego les ponían de espaldas encima de 
unas piedras que tenían hechas para sacrificar, 
y con unos navajones de pedreñal les aserraban 
por los pechos y les sacaban los corazones bu- 
llendo, y se los ofrecían á sus ídolos que allí pre- 



356 BERNAL DÍAZ. 

sentes tenían , y á los cuerpos dábanles con los 
pies por las gradas abajo ; y estaban aguardando 
otros indios carniceros, que les cortaban brazos y 
piernas, y lascaras desollaban y las adababan 
como cueros de guantes , y con sus barbas las 
guardaban para hacer fiestas con ellas cuando 
hacían borracheras , y se comian las carnes con 
chumóle; y desta manera sacrificaron á todos los 
demás , y les comieron piernas y brazos , y los 
corazones y sangre ofrecían á sus ídolos, como di- 
cho tengo , y los cuerpos , que eran las barrigas, 
echaban á los tigres y leones y sierpes y cule- 
bras que tenían en la casa de las alimañas , como 
dicho tengo en el capítulo q e dello habla , que 
atrás dello he platicado. Pues de aquellas cruel- 
dades vimos todos los de nuestro real y Pedro de 
Albarado y Gonzalo de Sandoval y todos los 
demás capitanes. Miren los curiosos lectores 
que esto leyeren, qué lástima terniamos dellos; 
y decíamos entre nosotros: «¡Oh gracias á Dios, 
que no me llevaron á mi hoy á sacrificar!» Y 
también tengan atención que no estábamos le- 
jos dellos y no les podíamos remediar, y antes 
rogábamos á Dios que fuese servido de nos 
guardar de tan cruelísima muerte. Pues en aquel 
instante que hacían aquel sacrificio, vinieron 
sobre nosotros grandes escuadrones de guerre- 
ros, y nos daban por todas partes bien que ha- 
cer, que ni nos podíamos valer de una manera 
ni de otra contra ellos, y nos decían: «Mirad 
que desta manera habéis de morir todos , que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 357 

nuestros dioses nos lo han prometido mu- 
chas veces.» Pues las palabras de amenazas que 
decían á nuestros amigos los tlascaltccas eran 
tan lastimosas y malas, que los hacian desma- 
yar, y les echabau piernas de indios asadas y 
brazos de nuestros soldados y les decían; «Come 
de las carnes de estos teules y de vuestros her- 
manos, que ya bien hartos estamos dellos, y deso 
que nos sobra bien os podéis hartar; y mirad 
que las casas que habéis derrocado, que os he- 
mos de traer para que las tornéis á hacer muy 
mejores, y con piedras y lanzas y cal y canto, 
y pintadas; y por eso ayudad muy bien á estos 
teules, que á todos los veréis sacrificados.» Pues 
otra cosa mandó hacer Guatemuz , que, como 
hubo aquella Vitoria de Cortés , envió á todos 
los pueblos nuestros confederados y amigos, y 
á sus parientes, pies y manos de nuestros solda- 
dos, y caras de soldados con sus. barbas, y las ca- 
bezas de los caballos que mataron; y les envió á 
decir que éramos muertos más de la mitad de nos- 
otros éque presto nos acabarían, é que dejasen 
nuestra amistad y se viniesen á Méjico , y que si 
luego no lo dejaban, que les enviaría á destruir; 
y les envió á decir otras muchas cosas para que 
se fuesen de nuestro real y nos dejasen, pues ha- 
bíamos de ser presto muertos de su mano ; y á 
la continua dándonos guerra, asi de dia como de 
noche ; y como velábamos todos los del real 
juntos, y Gonzalo de Sandoval y Pedro de Al- 
barado y los demás capitanes haciéndonos com- 



358 BERNA L DÍAZ. 

pañia en la vela, aunque venían de noche gran- 
des capitanías de guerreros , les resistíamos. 
Pues los de á caballo todo el dia y la noche 
estaba la mitad dellos en lo de Tacuba y la otra 
mitad en las calzadas. Pues otro mayor mal nos 
'[hicieron , ;que cuanto habíamos cegado desde 
que en la calzada entramos , todo lo tornaron á 
abrir , y hicieron albarradas muy más fuertes 
que de antes. Pues los amigos de las ciudades 
de la luguna que nuevamente habían tomado 
nuestra amistad y nos vinieron á ayudar con 
las canoas , creyeron llevar lana y volvieron 
trasquilados, porque perdieron muchos las vidas 
y más de la mitad de las canoas que traían, y 
otros muchos volvieron heridos; y aun con todo 
esto, desde allí adelante no ayudaron á los me- 
jicanos, porque estaban mal con ellos, salvo es- 
tarse á la mira. Dejemos de hablar más en con- 
tar lástimas , y volvamos á decir el recaudo y 
manera que teníamos, y cómo Sandoval y Fran- 
cisco de Lugo , y Andrés de Tapia y los demás 
caballeros que habian venido á nuestro real, 
les pareció que era bien volverse á sus puestos 
y dar relación á Cortés cómo y de qué manera 
estábamos ; y se fueron en posta , y dijeron á 
Cortés cómo Pedro de Albarado y todos sus sol- 
dados teníamos muy buen recaudo, asi en el ba- 
tallar como en el velar; y aún el Sandoval, co- 
mo me tenia por amigo, dijo á Cortés cómo me 
halló á mí y á otros soldados batallando en el 
agua á más de la cinta defendiendo un bergan- 



Conquista de nueva-españa. 359 

tin que estaba zabordado en unas estacadas, é 
que si por nuestras personas no fuera, que ma- 
taran á todos los soldados y al capitán que den- 
tro venia; é porque dijo de mi persona otras loas 
que yo aquí no tengo de decir, porque otras 
personas lo dijeron y se supo en todo el real, no 
quiero aquí recitallo; y cuando Cortés lo hubo 
bien entendido del buen recaudo que teníamos 
en nuestro real, con ello descansó su corazón, y 
desde alli adelante mandó á todos tres reales 
que no batallásemos poco ni mucho con los me- 
jicanos ; entiéndese que no curásemos de tomar 
ningún puente ni albarada, salvo defender nues- 
tros reales no nos los rompiesen; porque de ba- 
tallar con ellos, no habia bien esclarecido el dia 
antes, cuando estaban sobre nuestro real tiran- 
do muchas piedras con hondas, y varas y flecha, 
y diciéndonos muchos vituperios feos; y como 
teníamos junto-á nuestro real una obra de agua, 
muy ancha y honda, estuvimos cuatro dias arreo 
que no Ir pasamos, y otro tanto se estuvo Cor- 
tés en el suyo, y Sandoval en el suyo; y esto de 
no salir á batallar y procurar de ganar las alba- 
radas que habian tornado á abrir y hacer fuer- 
tes , era por causa que todos estábamos muy 
heridos y trabajados, así de velas como de las 
armas, y sin comer cosa de sustancia; y como 
faltaban del dia antes sobre sesenta y tantos 
soldados de todos tres reales , y siete caba- 
llos, porque recibiéramos algún alivio y para 
tomar maduro consejo de lo que habiamos 



360 BERNALDUZ. 

de hacer de allí adelante , mandó Cortés que 
estuviésemos quedos , como dicho tengo. Y de- 
jallo hé aquí, y diré cómo y de qué manera pe- 
leábamos, y todo lo que en nuestro real pasó. 



CAPITULO GLIIÍ, 



DE LA MANERA QUE PELEÁBAMOS E 8E NOS FUERON 
TODOS LOS AMIGOS Á SUS PUEBLOS. 



La manera que tenianos en todos tres reales 
de pelear, es esta : que velábamos de noche 
todos los soldados juntos en la* calzadas, y 
nuestros bergantines á nuestros lados , también 
en las calzadas , y los de á caballo rondando 
la mitad dellos en lo de Tacuba , adonde nos 
hacian pan y teníamos nuestro fardaje , y la 
otra mitad en las puentes y calzada , y muy 
de mañana aparejábamos los puños para pelear 
y batallar con los contrarios , que nos venían 
á entrar en nuestro real y procuraban de nos 
desbaratar ; y otr, tanto hacian en el real de 
Cortés y en el de Sandoval , y esto no fué sino 
cinco dias , porque luego tomamos otra orden, 
lo cual diré adelante ; y digamos cómo los me- 
jicanos hacian cada dia grandes sacrificios y 
fiestas en el cu mayor de Tatelulco , y tañían 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 361 

su maldito atambor y otras trompas y atabales 
y caracoles , y daban muchos gritos y alaridos, 
y tenían cada noche grandes luminarias de 
mucha leña encendida , y entonces sacrificaban 
de nuestros compañeros á sus malditos ído- 
los Huichilóbos y Tezcatcpuca, y hablaban con 
ellos; y según ellos decían, que en la mañana ó 
en aquella misma noche|nos habían de matar. 
Parece ser que, como sus ídolos son perversos 
y malos, por engañarlos para que no viniesen 
de paz, les hacían en creyente que á todos 
nosotros nos habian de matar, y á los tlascal- 
tecas y á todos los demás que fuesen en nuestra 
ayuda; y como nuestros amigos looian, tenían- 
lo por muy cierto, porque nos vian desbarata- 
dos. Dejemos destas pláticas, que eran desús 
malos ídolos , y digamos cómo en la mañana 
venían muchas capitanías juntas á nos cercar y 
dar guerra, y se remudaban de rato en rato, 
unos de unas divisas y señales, y venian otros 
de otras libreas; y entonces cuando estábamos 
peleando con ellos nos decían muchas palabras, 
diciéndonos de apocados y que no éramos bue- 
nos para cosa ninguna, ni para hacer casas ni 
maizales, y que no éramos sino para venilles á 
robar su ciudad, como gente mala que había- 
mos venido huyendo da nuestra tierra y de 
nuestro Rey y señor ; y esto decían por lo que 
Narvaez les había enviado á decir, que venía- 
mos ski licencia de nuestro Rey , como dicho 
tengo-, y nos decían qie de allí á ochodias no 
47 



362 BERNAL DÍAZ. 

había de quedar ninguno de nosotros á vid,a 
porque así se lo habían prometido la noche an- 
tes sus dioses ; y desta manera nos decían otras 
cosas malas, yá la postre decían: «Mira cuan 
malos y bellacos sois, que aún vuestras carnes 
sod malas para comer, que amargan como las 
hieles, que no las podemos tragar de amargor;» 
y parece ser, como aquellos días se habían 
hartado de nuestros soldados y compañeros, 
quiso Nuestro Señor que les amargasen lau 
carnes. Pues á nuestros amigos los tlascaltecas, 
si muchos vituperios nos decían á nosotros, 
mas les decían á ellos , é que les temían por 
esclavos para sacrificar y hacer sus sementeras, 
y tornar á edificar las casas que les habíamos 
derrocado , é que las habían de hacer de cal y 
canto labradas , que su Huichilóbos se lo habia 
prometido ; y diciendo esto , luego el bravoso 
pelear , y se venían por unas casas derrocadas, 
y con las muchas canoas que tenían nos toma- 
ban las espaldas , y aun nos tenían algunas ve- 
ces atajados en las calzadas ; y nuestro Señor 
Jesucristo nos sustentaba cada día, que nuestras 
fuerzas no bastaban ; mas todavía les hacíamos 
volver muchos dellos heridos, y muchos queda- 
ban muertos. Dejemos de hablar de los grandes 
combates que nos daban , y digamos cómo nues- 
tros amigos los de Tlascala y de Cholula y Gua- 
xocingo , y aun los de Tezcuco, acordaron de se 
ir á sus tierras , y sin lo saber Cortés ni Pedro 
de Albarado ni Sandoval , se fueron todos los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 363 

más ; que no quedó en la real de Cortés sino 
este Súchel, que después que se bautizó se llamó 
don Carlos, y era hermano de don Fernando, se- 
ñor de Tezcuco , y era muy esforzado hombre; 
y quedaron con él otros sus parientes y amigos, 
que serian hasta cuarenta; y en el real de San- 
doval quedó otro cacique de Guaxocingo con 
obra de cincuenta hombres ; y en nuestro real 
quedaron dos hijos de nuestro amigo D. Loren- 
zo de Vargas , y el esforzado de Chichimecate- 
cle con obra de ochenta tlascaltecas, parientes y 
vasallos ; y como nos hallamos solos y con tan 
pocos amigos, recebimos pena ; y Cortés y San- 
doval y cada uno en su real preguntaban á los 
amigos que les quedaban que por qué se ha- 
bían ido de aquella manera los demás sus her- 
manos , y decian que, como vían que los mejica- 
nos hablaban de noche con sus ídolos é prome- 
tían que nos habían de matar á nosotros y á 
ellos, que creían que debía de ser verdad, y del 
miedo se iban; y que lo que le daba más crédito 
á ello era vernos á todos heridos y nos habían 
muerto á muchos de nosotros, é que dellos mis- 
mos faltaban más de mil y doscientos, y que te- 
mieron no matasen á todos; y también porque 
Xicotenga el mozo, que mandó ahorcar Cortés 
en Teccuco, siempre les decia que sabia por sus 
adivinanzas que á todos nos habían de matar, é 
que no había de quedar ninguno de nosotros á 
vista, y por esta causa se fueron. E puesto que 
Cortés en lo secreto sintió pesar dello, mas con 



364 BERNAL DÍAZ, 

rostro alegre les dijo que no tuviesen miedo , c 
que lo que aquellos mejicanos les decían que 
era mentira y por desmayarlos; y tantas pala- 
bras de prometimientos les dijo, y con palabras 
amorosas los esforzó á estar con él, y otro tan- 
to dijimos al Chxhimecatecle y á los dos Xico- 
tengas. Y en aquellas pláticas que en aquella 
sazón decia Cortés á este Súchel, que ya he di- 
cho que se dijo D. Carlos, como era de suyo se- 
ñor y esforzado, dijo á Cortés: «Sr. Malinche, 
no recibas pena por no batallar cada dia en tu 
real algunas veces, y otro tanto manda al To- 
natio, que era .Pedro de Aibarado, que así lo 
llamaban, que se esté en el suyo, y Sandoval en 
Tepeaquilla, y con los bergantines anden cada 
dia á quitar y defender que no íes entren basti- 
mentos ni agua, porque están aquí dentro en 
esta gran ciudad tantos mil xiquipiles de guer- 
reros, que por fuerza, siendo tantos, se les ha 
de acabar el bastimento que tienen , y el agua 
que ahora beben es medio salobre, que toman 
de unos hoyos que tienen hechos, y como llue- 
ve de dia y de noche, recogen el agua para be- 
ber y dello se sustentan: mas ¿qué pueden ha- 
cer si les quitas la comida y el agua, si no es 
más que guerra la que teman con la hambre y 
sed?» Como Cortés aquello entendió, le echó 
los brazos encima y le dio gracias por ello, con 
prometimientos que le daria pueblos; y aqueste 
consejo lo habíamos puesto en plática muchos 
soldados á Cortés; mas somos de tal calidad, que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 365 

no quisiéramos aguardar tanto tiempo, sino en- 
frailes luego la ciudad. Y cuando Cortés hubo 
bien considerado lo que nosotros también le ha- 
bíamos dicho, y sus capitanes y soldados se lo 
decían, mandó á dos bergantines que fuesen á 
nuestro real y al de Sandoval á nos decir que 
estuviésemos otros tres dias sin les ir entrando 
en la ciudad; y como en aquella sazón los meji- 
canos estaban vitoriosos, no osábamos enviar un 
bergantín sólo, y por esta causa envió dos; y 
una cosa nos ayudó mucho, y es que ya osaban 
nuestros bergantines romper las estacadas que 
los mejicanos les habían hecho en la laguna 
para que zabordasen; y es desta manera : que 
remaban con gran fuerza, y para que más furia 
trujesen tomaban de algo atrás , y si hacia 
algún viento, á todas velas, y con los re- 
mos muy mejor; y así, eran señores de la la- 
guna y aún de muchas partes de las casas 
que estaban apartadas de la ciudad ; y los 
mejicanos , como aquello vieron , se les que- 
bró algo su braveza. Dejemos esto, y volvamos 
á nuestras batallas ; y es que ,- aunque no te- 
níamos amigos, comenzamos á cegar y á tapar la 
gran abertura que he dicho otras veces que es- 
taba junto á nuestro real; con la primera capi- 
tanía que venia la rueda de acarrear adobes y ma- 
dera y cegar lo poníamos muy por la obra y con 
grandes trabajos, y las otras dos capitanías ba- 
tallábamos. Ya he dicho otras veces que así lo 
teníamos concertado , y habia de andar por rué* 



366 BERNAL DÍAZ. 

da; y en cuatro dias que todos trabajamos en 
ella la teníamos cegada y allanada; y otro tanto 
hacia Cortés en su real con el mismo concierto, 
y aún él en persona llevaba adobes y madera 
hasta que quedaban seguras las puentes y cal- 
zadas y aberturas, por tenello seguro á re- 
traer; y Sandoval ni más ni menos en el suyo, 
y en nuestros bergantines junto á nosotros , sin 
temer estacadas; y desta manera les fuimos en- 
trando poco á poco. Volvamos á los grandes es- 
cuadrones que á la continua nos daban guerra, 
que muy bravosos y vitoriosos se venían á jun- 
tar pié con pié con nosotros , y de cuando en 
cuando, como se mudaban unos escuadrones, 
venian otros. Pues digamos el ruido y alarido 
que traían, y en aquel instante el resonido de la 
corneta de Guatemuz, y entonces apechugaban 
de tal arte con nosotros , que no nos aprove- 
chaban cuchilladas ni estocadas que les dába- 
mos, y nos venian á echar mano ; y como, des- 
pués de Dios , nuestro buen pelear nos habia de 
valer, teníamos muy reciamente contra ellos, 
hasta que con las escopetas y ballestas y arre- 
metidas de los de á caballo , que estaban á la 
continua con nosotros la mitad de ellos, y con 
nuestros bergantines, que no temían ya las es- 
tacadas, les hacíamos estar á raya, y poco á 
poco les fuimos entrando; y desta manera bata- 
llábamos hasta cerca de la noche, que era hora 
de retraer. Pues ya que nos retraíamos , ya he 
dicho otras veces que habia de ser con gran 



■'**v. 



CONOÜISÍA fifi NUEVA-ESPANA. 367 

Conciertos porque entonces procuraban de nos 
atajar en la calzada y pasos malos; y si de an- 
tes lo procuraban, en estos dias, con la vitoria 
que habían alcanzado, lo ponían muy por la 
obra; y digo que por tres partes nos tenían 
tomados en medio en este dia; más quiso Nues- 
tro Señor Dios que, puesto que hirieron mu- 
chos de nosotros, nos tornamos á juntar, y ma- 
tamos y prendimos muchos contrarios ; y como 
no teníamos amigos que echar fuera de las cal- 
zadas, y los de á caballo nos ayudaban valiente- 
mente, puesto que en aquella refriega y com- 
bate les hirieron dos- caballos , y volvimos á 
.'nuestro real bien heridos, donde nos curamos 
con aceite y apretar nuestras heridas con man- 
tas, y comer nuestras tortillas con ají y yerbas 
y tunas, y luego puestos todos en la vela. Di- 
gamos ahora lo que los mejicanos hacían de 
noche en sus grandes y altos cues, y es que 
tañían su maldito atambor, que dije otra vez 
que era el de más maldito sonido y más triste 
que se podia inventar, y sonaba muy lejos, y 
tañían otros peores instrumentos. En fin, cosas 
diabólicas, y tenían grandes lumbres y daban 
grandísimos gritos y silbos, y en aquel instante 
estaban sacrificando de nuestros compañeros de 
los que tomaron á Cortés, que supimos que 
sacrificaron diez dias arreo hasta que los 
acabaron , y el postrero dejaron á Cristó- 
bal de Guzman,que vivo le tuvieron diez y ocho 
dias , según dijeron tres capitanes mejicanos 



368 BEftNAL DÍAZ. 

que prendimos; y cuajado les sacrificaban, en- 
tonces hablaba su Huichilóoos con ellos y les 
prometía vitoria é que habíamos de ser muertos 
á sus manos antes de ocho dias, é que nos diéf- 
sen buenas guerras aunque en ellas muriesen 
muchos; y desta manera les traían engañados. 
Dejemos ahora de sus sacrificios, y volvamos 
á decir que cuando otro dia amanecía ya 
estaban sobre nosotros todos los mayores pode- 
res que Guatemuz podia juntar , y como tenía- 
mos cegada la abertura y calzada y puentes , ni 
sé ellos cómo la ponian en seco , tenían atre- 
vimiento á venir hasta nuestros ranchos y tirar 
vara y piedra y flecha , si no fuera por los tiros 
con que siempre les haciamos apartar , porque 
Pedro Moreno Medrano, que tenía cargo dellos, 
les hacían mucho daño ; y quiero decir que nos 
tiraban saetas de las nuestras con ballestas, 
cuando tenían vivos á cinco ballesteros , y al . 
Cristóbal de Guzman con ellos, y les hacían que 
les armasen las ballestas y les mostrasen cómo 
habían de tirar , y ellos y los mejicanos tiraban 
aquellos tiros y no nos hacían mal ; y también 
batallaba reciamente Cortes y Sandoval , y les 
tiraban saetas con ballestas ; y esto sabíamoslo 
por Sandoval y los bergantines que iban de 
nuestro real al de Cortés y del de Cortés al 
nuestro y al de Sandoval, y siempre nos escribía 
de la manera que habíamos de batallar y todo lo 
que habíamos de hacer , y encomendándonos la 
vela, y que siempre estuviesen la mitad de los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 369 

de á caballo en Tacuba guardando el fardaje y 
las indias que nos hacian pan, y que parásemos 
mientes no rompiesen por nosotros una noche, 
porque unos prisioneros que en el real de Cortés 
se prendieron le dijeron que Guatemuz decia mu- 
chas veces que diesen en nuestro real de noche, 
pues no habia tiascaltecas que nos ayudasen; 
porque bien sabían que se nos habian ido ya to- 
dos los amigos Ya he dicho otra vez que ponía- 
mos gran diligencia en velar. Dejemos esto , y 
digamos que cada dia teníamos muy recios re- 
batos, y no dejábamos de les ir ganando albar- 
radas y puentes y aberturas de agua ; y como 
nuestros bergantines osaban ir por do quiera de 
la laguna y no temían á las estacadas, ayuda* 
bannos muy bien. Y digamos cómo siempre an- 
daban dos bergantines de los que tenia Cortés 
en su real á dar caza á las canoas que metían 
agua y bastimentos, y cojian en la laguna uno 
como medio lama, que después de seco tenia un 
sabor como de queso, y traía en lor. bergantines 
muchos indios presos. Tornemos al real de 
Cortés y de Gonzalo de Sandoval, que cada dia 
iban conquistando y ganando albarradas y 
puentes; y en aquestos trances y batallas se 
habían pasado, cuando en el desbarate de Cor- 
tés, doce ó trece días; y como este Súchel, her- 
mano de don Hernando, señor de Tezcuco, vio 
que volvíamos muy de hecho en nosotros, y no 
era verdad lo que los mejicanos decían, que 
dentro de diez dias nos habian de matar, por- 
48 



370 BERNALDUZ. 

que así se lo había prometido su Huichilóbos, 
envió á decir á su hermano don Hernando que 
luego enviase á Cortés todo el poder de guer- 
reros que pudiese sacar de Tezcuco , y vi- 
nieron dentro en dos dias que él se lo envió 
á decir más de dos mil hombres. Acuerdóme 
que vinieron con ellos Pedro Sánchez Farfan y 
Antonio de Villarroel , marido que fué de la 
Ojeda , porque aquestos dos soldados habia 
dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro 
Sánchez Farfan era capitán y el Antonio Vi- 
llarroel era ayo de don Fernando ; y cuando 
Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y 
les dijo palabras halagüeñas, y asimismo en 
aquella sazón volvieron muchos tlascaltecas 
con sus capitanes . y venia por capitán de- 
líos un cacique de Topeyanco que se decía Te- 1 
capanaca , y también vinieron otros muchos 
indios de Guaxocingb y pocos de Cholula; y co- j 
mo Cortés supo que habían vuelto, mandó que 
todos fuesen á su real para les hablar, y prime- 
ro que viniesen les mandó poner guardas, en el j 
camino para defendellos, por si saliesen mejica- j 
nos; y cuando parecieron delante, Cortés les hi- j 
zo un parlamento con doña Marina y Jerónimo I 
de Aguilar, y les dijo que bien hapian creido y I 
tenido por cierto la buena voluntad que siempre 
les ha tenido y tiene, así por haber servido á su 
majestad como por las buenas obras que dellos^ 
hemos recebido, y que si les mandó desde que 
venimos á aquella ciudad venir con nosotros á 



CONQUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. tl\ 

destruir á los mejicanos, que su intento fué por- 
que se aprovechasen y volviesen ricos á sus tier- 
ras y se vengasen de sus enemigos; que no para 
que por su sola mano hubiésemos de ganar 
aquella gran ciudad; y puesto que siempre les 
ha hallado buenos y en todo nos han ayudado, 
que bien habrán visto que cada dia les mandá- 
bamos salir de las calzadas, porque nosotros es- 
tuviésemos más desembarazados sin ellos para 
pelear, é que ya les habían dicho y amonestado 
otras veces que el que nos da vitoria y en todo 
nos ayuda es nuestro Señor Jesucristo, en quien 
creemos y adoramos; y porque se fueron al me- 
jor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, 
por dejar sus capitanes peleando y desampára- 
nos, é que porque ellos no saben nuestras leyes 
y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque 
mejor lo entiendan, que mirasen que estando sin 
ellos íbamos derrocando casas y ganando albar- 
radas; é que desde allí adelante les mandaba 
que no maten á ningunos mejicanos, porque 
les quiere tomar de paz. Y después que les 
hubo dicho este razonamiento, abrazó á Chi- 
chimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y 
á este Súchel hermano de D. Hernando, y les 
prometió que les daría tierras y vasallos más de 
los que tenían, teniéndoles en mucho á los que 
quedaron en nuestro real; y asimismo habló 
muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco> y 
á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que 
estaban en el real de Sandoval, Y como les hubo 



372 BERNAL DÍAZ. 

platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á 
su real. Dejemos desto, y volvamos á nuestras 
grandes guerras y combates que siempre tenía- 
mos y nos daban, y porque siempre de dia y de 
noche no hacíamos sino batallar, y á las tardes 
al retraer siempre herian á muchos de nuestros 
soldados, dejaré de contar muy por extenso lo 
que pasaba; y quiero decir, como en aquellos 
dias llovía en las tardes, que nos holgábamos 
que viniese el aguacero temprano, porque, co- 
mo se mojaban los contrarios, no peleaban tan 
bravosamente y nos dejaban retraer en salvo, y 
desta manera teníamos descanso. Y porque ya 
estoy harto de escribir batallas, y más cansado 
y herido estaba de me hallar en ellas, y á los 
letores les parecerá polijidad recital las tantas 
veces, ya he dicho que no puede ser menos, 
porque en noventa y tres dias siempre batallá- 
bamos á la continua; más desde aquí adelante, v 
si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la 
memoria en esta relación. Volvamos á nuestro 
cuento: y como en todos tres reales les íbamos 
entrando en su ciudad, Cortés por la suya , y 
Sandoval también por su porte , y Pedro de 
Albarado por la nuestra, llegamos adonde té- 
manla fuente, que ya he dicho otra vez que 
bebían agua salobre; la cual quebramos y des- 
hicimos porque no se aprovechasen della, y es- 
taban guardándola algunos mejicanos, y tuvi- 
mos buena refriega de vara y piedra y flecha, 
y muchas lanzas largas con que aguardaban á 



Conquista, dé nueva-espana. 373 

los de á caballo, porque por todas partes de las 
calles que les habíamos ganado andaban ya, 
porque ya estaba llano y sin agua y podían cor- 
rer muy gentilmente. Dejemos de hablar desto, 
y digamos cómo Cortés envió á Guatemuz men- 
sajeros rogándole con la paz, y fué de la mane- 
ra que diré adelante. 



CAPITULO CLIV. 



COMO CORTES ENVIÓ A GUATEMUZ A ROGALtE QUE 
TENGAMOS PAZ. 



Después que Cortés vio que íbamos en la ciu- 
dad ganando muchas puentes y calzadas y al- 
barradas y derrocando casas, como teníamos 
presos tres principales personas que eran capi- 
tanes de Méjico, les mandó que fuesen á hablar 
á Guatemuz para que tuviesen paces con nos- 
otros; y los principales dijeron que no osaban 
ir con tal mensaje, porque su señor Guatemuz 
les mandada matar. En fin de pláticas, tanto se 
lo rogó Cortés y con promesas que les hizo y 
mantas que les dio, que fueron, y lo que les 
mandó que dijesen al Giatemuz es, que porque 
lo quiere bien, por ser tleudo tan cercano del 
gran Montezuma, su amigo, y casado con su hi- 



374 BERNAL DÍAZ. 

ja, y porque ha mancilla que aquella gran ciu- 
dad no se acabe de destruir, y por excusar la 
gran matanza que cada dia hacíamos en sus ve- 
cinos y forasteros, que le ruega que venga de 
paz, y en nombre de su majestad les perdonará 
todas las muertes y daños que nos han hecho, 
y les hará muchas mercedes; é que tenga consi- 
deración que se lo ha enviado á decir tres ó 
cuatro veces, é que él por ser mancebo ó por 
sus consejeros, y la principal causa por sus 
malditos ídolos ó papas, que le aconsejan mal, 
no ha querido venir, sino darnos guerra; é pues 
que ya ha visto tantas muertes como en las ba- 
tallas que nos dan les han sucedido, y que te- 
nemos de nuestra parte todas las ciudades y 
pueblos de toda aquella comarca, y cada dia 
nuevamente vienen más contra ellos , que se 
compadezca de tal perdimiento de sus vasallos 
y ciudad. También les envió á decir que se les 
habian acabado los mantenimientos, é que ya 
Cortés lo sabia, é que también agua no la te- 
nían; y les envió á decir otras palabras bien 
dichas, que los tres principales las entendieron 
muy bien por nuestras lenguas, y demandaron 
á Cortés una carta, y esta no porque la enten- 
dían, sino porque sabían claramente que cuán- 
do enviábamos alguna mensajería ó cosas que les 
mandábamos, era un papel de aquellos que lla- 
man amales, señal como mandamiento. Y cuan- 
do los tres mensajeros parecieron ante su señor 
Guatemuz,con grandes lágrimas y sollozando le 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 375 

dijeron lo que Cortés les mandó; y el Guatemuz 
desque lo oyó, y sus capitanes que juntamente 
con él estaban, pareció ser que al principio reci- 
bió pasión de que fuesen atrevidos aquellos ca- 
pitanes de illes con tales embajadas; mas, co- 
mo el Guatemuz era mancebo y muy gentil 
hombre, y de buena disposición y rostro ale- 
gre, y aún la color tenia algo más que tiraba á 
blanco que á matiz de indios, que era de obra 
de veinte y tres años y era casado con una 
muy hermosa mujer, hija del gran Montezuma, 
su tio; y según después alcanzamos á saber, 
|tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo 
mandó juntar todos sus capitanes y principales 
y papas de los ídolos, y les dijo que tenia vo- 
luntad de no tener guerra con Malinche ni to- 
dos nosotros ; y la plática que sobre ello les 
puso fué, que ya habian probado todo lo que se 
puede hacer sobre la guerra y mudado muchas 
maneras de pelear, y que somos de tal manera, 
que cuando pensaban que nos tenían vencidos, 
que entonces volvíamos muy más reciamente 
sobre ellos; y que al presente sabia los grandes 
poderes de amigos que nuevamente nos habian 
venido, y que todas las ciudades eran contra 
ellos, y que ya los bergantines les habian rom- 
pido sus estacadas, y que los caballos corrían á 
rienda suelta por las calles de su ciudad; y les 
puso por delante otras muchas desventuras que 
lenian sobre los mantenimientos y agua; que les 
rogaba y mandaba que cada uno dellos diese 



376 BERNAL DÍAZ. 

sobre ello su parecer, y los papas también dije- 
sen el suyo y lo que á sus dioses Huichüóbos y 
Tezcatepuca les han oido hablar, y que ningu- 
no tuviese temor de hablar y decir la verdad de 
lo que sentía. Y según pareció, le dijeron: «Se- 
ñor y nuestro gran señor, ya tenemos á tí por 
nuestro rey y señor, y es muy bien empleado en 
tí el reinado, pues en todas tus cosas te has 
mostrado varón y te viene de derecho el reino. 
Las paces que dices, buenas son; mas mira y 
piensa en ello, que cuando estos teules entraron 
en estas tierras y en esta ciudad, cuál nos ha ido 
de mal en peor; mirad los servicios y dádivas 
que les hizo y dio nuestro señor, vuestro tio, el 
gran Montezuma, en qué paró. Pues vuestro 
primo Cacamatzin, rey de Tezcuco, por el con- 
siguiente. Pues vuestros parientes los señores 
delztapalapa é Cuyoacoan y Tacuba y de Ta- 
latcingo, ¿qué se hicieron? Pues los hijos de 
nuestro gran señor Montezuma todos murieron. 
Pues oro y riquezas desta ciudad, todo se ha 
consumido. Pues ya ves que á todos tus subdi- 
tos y vasallos de Tepeaca y Chalco, y aun de 
Tezcuco, y aun de todas estas vuestras ciudades 
y pueblos, les ha hecho esclavos y señalando 
las caras. Mira primero lo que nuestros dioses 
te han prometido: toma buen consejo sobre ello, 
y no te fies de Malinche ni de sus palabras; que 
más vale que todos muramos en esta ciudad pe- 
leando, que no vernos en poder de quien nos 
harían esclavos y nos atormentarán.» Y los pa- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 377 

pas en aquel tiempo le dijeron que sus dioses 
les habían prometido vitoria tres noches arreo 
cuando les sacrificaban; y entonces el Guate-» 
muz, medio enojado, les dijo: «Pues así queréis 
que sea, guardad mucho el maíz y bastimentos 
que tenemos, y muramos todos peleando; y des- 
de aquí adelante ninguno sea osado á me de- 
mandar paces, si no, yole mataré;» y. .allí to- 
dos prometieron de pelear noches y dias. ^ m.6rir 
en la defensa de su ciudad. Pues ya esjtoj. aca- 
bado, tuvieron trato con los de Suchimileco y 
otros pueblos que les metiesen agua en canoas 
de noche, y abrieron otras fuentes en, jpartes 
que tenían agua, aunque salobre. Dejemjps^ ya de 
hablar en este su concierto, y digamos^ for- 
tes y de todos nosotros, que estuvimos ¿los dias 
sin eutralles en su ciudad esperando la respues- 
ta, y cuando no nos catamos, vienen tantos es- 
cuadrones de guerreros mejicanos en toados tres 
reales y nos dan tan recia guerra, que. ,. pmo 
leones muy bravosos venian á encontrar, con 
nosotros, que en todo su seso creyeron,df lle- 
varnos de vencida. Esto que digo fué {^nues- 
tra parte del real de Pedro de Albaraap, J|ue 
en lo de Cortés y Sandoval también dijeron^üe 
les habian llegado á sus reales, que no jes^ jpo- 
dian defender, aunque más les mataban 'y ^he- 
rían; y cuando peleaban tocaban la corneta de 
Guatemuz, y entonces habiamos de tener .orden 
que no nos desbaratasen, porque ya he dicho 
otras veces que entonces se metían por las es- 
49 ■ 



378 ¡ SEftNAL DÍAZ. 

padas y lanzas para nos echar mano; é como ya 
estábamos acostumbrados á los rencuentros, 
puesto que cada dia herían y mataban de nos- 
otros, teníamos con ellos pié con pié/ y desta 
manera pelearon seis ó siete dias arreo, y nos- 
otros les matábamos y heríamos muchos dellos, 
y con todo esto no se les daba nada por morir. 
Acuerdóme que decían: «¿En qué se anda Ma- 
linche con nosotros, cada dia demandándonos 
paces? Que nuestros ídolos nos han prometido 
Vitoria, y tenemos hartos bastimentos y agua, 
y á ninguno de vosotros hemos de dejar á vida; 
por eso no tornen á hablar sobre las paces, 
pues las palabras son para las mujeres y las ar- 
m^fe^ta los hombres;» y diciendo esto, se vie- 
^SWrlfn'osotros como perros dañados, y hablan- 
f?So xjféleando todo era uno, y hasta que la no- 
tíf? che nó^tiespartia estábamos peleando, y lue- 
^gg^gfjfó dicho tengo, al retraer con gran 
^concierto , porque nos venían siguiendo con 
- ^ranílés capitanías y escuadrones dellos, y 
; estábamos á los amigos fuera de la calzada, 
; porgue ya habían venido muchos más que de 
antes, y nos volvíamos á nuestras chozrs, y lue- 
go ir y velar todos juntos, y en la vela cenába- 
mos nuestra mala ventura, como dicho tengo 
otras veces, y bien de madrugada alto á pelear, 
porque no nos daban más espacio; y desta ma- 
nera estuvimos muchos dias; y estando desta 
manera tuvimos otro combate, y es que se jun- 
taban de tres p-ovincias, que se dicen Mátala- 



COíJgÜISfA DE NÜEVA-ESPANA. 379 

cingo y Malinalco, y otros pueblos que no se me 
acuerda de sus nombres, que estaban obra de 
ocho leguas de Méjico , para venir sobre nos- 
otros, y mientras estuviésemos batallando con 
los mejicanos darnos en las espaldas y en nues- 
tros reales, y que entonces saldrían los poderes 
mejicanos, y los unos por una parte y los otros 
por otra^tenian pensamientos de nos desbaratar; 
y porque hubo otras pláticas, lo que sobre ello 
se hizo, diré adelante. 



CAPITULO CLV. 



COMO FUE GONZALO DE SANBOVAL CONTRA LAS PRO- 
VINCIAS QUE VENÍAN A AYUDAR Á GUATEMUZ. 



Y para que esto se entienda bien , es menes- 
ter volver algo atrás á decir desde que á Cortés 
desbarataron y se llevaron á sacrificar sesenta y 
tantos soldados, y aun bien puedo decir sesenta 
y dos , porque tantos fueron después, que bien 
se contaron. Y también he dicho que Guatemuz 
envió las cabezas de los caballos y caras que ha- 
bían desollado, y pies y manos de nuestros sol- 
dados que habían sacrificado, á muchos pueblos 
y á Matalacingo y Malinalco, y les envió á hacer 
saber que ya habia muerto la mitad de nuestras 



380 BERNAL DÍAZ. 

r 

gentes, y que les rogaba que para que nos aca- 
basen de matar, que le viniesen á ay idar, é que 
darian guerra en nuestros reales de dia y de no- 
che, y que por fuerza habíamos de pelear con ellos 
por defenderse; é que cuando estuviésemos pe- 
leando , saldrían ellos de Méjico y nos darian 
guerra por otra parte , de manera que nos ven- 
cerían, y tenían que sacrificar muchos de nos- 
otros á sus ídolos, y harían hartazga con nues- 
tros cuerpos. De tal manera se lo envió á decir, 
que lo creyeron y tuvieron por cierto ; y demás 
desto, en Matalacingo tenia el Guatemuz mu- 
chos parientes por parte de la madre , y como 
vieron las caras y cabezas que dieho tengo, y lo 
que les envió á decir, luego pusieron por la obra 
de se juntar con todos sus poderes que tenían, 
y de venir en socorro de Méjico y de su parient 
Guatemuz, y venían ya de hecho contra nos 
otros, y por el camino por donde pasaron esta 
ban tres pueblos, y les comenzaron á dar guerr 
y robaron las estancias , y robaron niños par 
sacrificar; los cuales pueblos enviaron á se lo 
hacer saber á Cortés para que les enviase ayuda 
y socorro; y como lo supo , de presto mandó á 
Andrés de Tapia , y con veinte de á caballo y 
cien soldados y muchos amigos les socorrió muy 
bien y les hizo retraer á sus pueblos, con mucho 
daño que les hizo , y se volvió al real ; de que 
Cortés hubo mucho placer y contentamiento ; y 
después desto, en aquel instante vinieron men- 
sajeros de los pueblos de Cuernabaca á deman- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 381 

dar socorro, que los mismos de Matalacingo , de 
Malinalco y otras provincias venían sobre ellos, 
é que enviase socorro; y para ello envió á Gon- 
zalo de Sandoval con veinte de á caballo y 
ochenta soldados , los más sanos que habia en 
todos tres reales , y muchos amigos ; y sabe 
Dios cuáles quedábamos con gran riesgo de 
nuestras personas , porque todos los más está- 
bamos heridos muy malamente y no teníamos 
refrigerio ninguno. Y porque hay mucho que 
decir en lo que Sandoval hizo en el desbarate 
de los contrarios , se dejará de decir , más de 
que se vino muy de presto por socorrer á su 
real, y trajo dos principales de Matalacingo 
consigo, y les dejó más de paz que de guerra; 
y fué muy provechosa aquella entrada que 
hizo , lo uno por evitar que á muchos amigos 
no se les hiciese r¡ recibiesen mis daüo , y lo 
otro porque no vi esen á nuestros reales, como 
venian de hecho , y porque viese Guatemuz y 
sus capitanes que no tenían ya ayuda ni favor 
de aquellas provine'as; y también cuando con 
ellos estábamos peleando nos decían que nos 
habían de matar con ayuda de Matalacingo y 
de otras provincias , é que sus dioses se lo ha- 
bían prometido asi. Dejemos ya de decir de la 
ida y socorro que hizo Sandoval , y volvamos 
á decir de cómo Cortés envió á rogar á Guate- 
muz que viniese de paz é que le perdonaría 
todo lo pasado ; y le envió á decir que el Rey 
nuestro señor le envió á dec'r ahora nuevamen- 



382 BERNAL DÍAZ\ 

te que no le destruyese más aquella ciudad 
y tierras , y que por esta causa los cinco dias 
pasados no le habia dado guerra ni entrado ba- 
tallando ; y que mire que ya no tienen basti- 
mentos ni agua , y más de las dos partes de su 
ciudad por el suelo , é que de los socorros que 
esperaba de Mataiacingo , que se informe de 
aquellos dos principales que entonces les envió 
é digan cómo les ha ido en su venida ; y le en- 
vió á decir otras cosas de muchos ofrecimien- 
tos, que fueron con estos mensajeros los dos in- 
dios de Mataiacingo , y le dijeron lo que habia 
pasado ; y no les quiso responder cosa ninguna, 
sino solamente les mandó que se volviesen á sus 
pueblos, y luego les mandó salir de Méjico. De- 
jemos á los mensajeros, que luego salieron, 
y los mejicanos por tres partes con la ma- 
yor furia que hasta allí habíamos visto , y se 
vienen á nosotros , y en todos tres reales nos 
dieron muy recia guerra; y puesto que les he- 
ríamos y matábamos muchos dellos, paréceme 
que deseaban morir peleando, y entonces cuan- 
do más recios andaban con nosotros pié con pié 
peleando, nos decían: oTenitoz Rey Castilla, 
Tenitoz Ajaca;» que quiere decir en su lengua: 
«¿Qué dirá el Rey de Castilla? ¿Qué dirá abora?» 
Y con estas palabras tirar vara y piedra y fle- 
cha, que cubrían el suelo y calzada. Dejemos 
esto, que ya les íbamos ganando gran parte de 
la ciudad, y en ellos sentíamos que, puesto que 
peleaban muy como varones, no se remudaban 



COÍÍQÜISTA DÉ NUEVA-ESPANA. 383 

ya tantos escuadrones como solían, ni abrían 
zanjas ni calzadas; mas otra cosa tenían muy 
cierta, que al tiempo que nos retraíamos nos 
venían siguiendo hasta nos echar mano ; y tam- 
bién se nos habia acabado ya la pólvora en 
todos tres reales, y en aquel instante habia 
venido á la Villa-Rica un navio que era de una 
armada de un licenciado Lúeas Vázquez de Ai- 
llon, que se perdió y desbarató en las islas de la 
Florida, y el navio aportó á aquel puerto, como 
dicho tengo, y venían en él ciertos soldados y 
pólvora y ballestas y otras cosas; y el teniente 
que estaba en la Villa-Rica, que se decia Rodri- 
go Raagel, que tenia en guarda á Narvaez , envió 
luego á Cortés pólvora y ballestas y soldados. Y 
volvamos á nuestra conquista, por abreviar: 
que mandó y acordó Cortes con todos los demás 
capitanes y soldados que les entrásemos todo 
cuanto pudiésemos hasta llegalles al Tatelul- 
co, que es la plaza mayor , adonde estaban 
sus altos cues y adoratorios; y Cortés por su 
parte y Sandovál por la suya, y nosotros por la 
nuestra, les íbamos ganando puentes y albarra- 
das, y Cortés les entró hasta una plazuela donde 
tenían otros adoratorios. En aquellos cues esta- 
ban unas vigas, y en ellas muchas cabezas de 
nuestros soldados que habían muerto y desbara- 
tado en las batallas pasa.das, y tenían los cabellos 
y barbas muy crecidas, más que cuando eran vi- 
vos, y no lo habia yo creído si no lo viera desde 
tres dias, que como fuimos ganando por nuestra 



384 fiÉRNAL btA%. 

parte dos aberturas y puentes, tuvimos lugar de 
las ver, é yo coRoeia tres soldados mis compa- 
ñeros; y cuando las vimos de aquella manera se 
nos saltaron las lágrimas de los ojos; y en aque- 
lla sazón se quedaron allí donde estaban, más 
desde á doce dias se quitaron, y las pusimos 
aquellas y otras cabezas que tenían ofrecidas á 
otros ídolos, y las enterramos en una iglesia que 
se dice ahora los Mártires, que nosotros hicimos. 
Dejemos desto y digamos cómo fuimos batallando 
por la parte de Pedro de Álbarado y llegamos al 
Tatelulco, y habia tantos mejicanos en guarda de 
sus ídolos y altos cues, y tenian tantas albarra- 
das, que estuvimos bien dos horas que no se lo 
pudimos tomar; y cómo podian ya correr caba- 
llos, puesto que les hirieron á los más; mas nos 
ayudaron muy bien y alancearon muchos mejica- 
nos; y como habia tantos contrarios en tres par- 
tes, firmos las íres capitanías á batallar con ellos; 
y á la una capitanía, que era de un Gutierre de 
Badajoz, mandó Ped>*o de Álbarado que subie- 
se en el alto cu de Huichilóbos, y peleó muy 
bien con los contrarios y muchos papas que 
en las casas de los adóratenos estaban, y de 
tal manera le daban guerra los contrarios 
que le hacían venir las gradas abajo ; y luego 
Pedro de Álbarado nos mandó que le fuésemos 
á socorrer y dejásemos el combate en que está 
bamos; é yendo que íbamos, nos siguieron lo 
escuadrones con quien peleábamos, y todavía 
les subíamos sus gradas arriba. Aquí habia bie 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA * 385 

que decir en qué trabajo nos viraos los unos y 
los otros en ganalles aquellas forlalezas, que ya 
he dicho otras veces que eran muy altas; y en 
aquellas batallas nos tornaron á herir á todos 
muy malamente, y todavía les pusimos fuego á 
los ídolos, y "levantamos nuestras banderas, y 
estuvimos batallando en ló llano, después de le 
haber puesto fuego, hasta la noche, que no nos 
podíamos valer de tanto guerrero. Dejemos de 
hablar en ello, y digamos que como Cortés y 
sus capitanes vieron en aquella sazón desde sus 
barrios y calles en sus partes lejos del alto cu, 
y las llamaradas en que el cu mayor ardia , y 
nuestras banderas encima, se holgó mucho, y se 
quisieran hallar en él; mas no podían, porque 
habían un cuarto de legua de la una parte á la 
olra, y tenían muchas puentes y aberturas de 
agua por ganar, y por donde andaba le daban 
recia guerra, y no podían entrar tan presto co- 
mo quisieran en el cuerpo de la ciudad; mas 
dende á cuatro días se juntó con nosotros, así 
Cortés como Sandoval, é podíamos ir desde un 
real á otro por las calles y casas derrocadas y 
puentes y albarradas deshechas y abertu- 
ras de agua todo ciego; y en este instan- 
te se iban retrayendo Guatemuz con todos 
sus guerreros en una parte de la ciudad den- 
tro de la laguna , porque las casas y pala- 
cios en que vivia ya estaban por el suelo; y con 
todo esto, no dejaban cadadia de salir á nos dar 
guerra, y al tiempo de retraer nos iban siguien,-. 
50 



3S6 BERNÁL DIÁZ. 

do muy mejor que de antes ; é viendo esto Cor- 
tés, que se pasaban muchos dias, y no venían de 
paz ni tal pensamiento tenían, acordó con todos 
nuestros capitaues que les echásemos celadas; 
y fué desta manera : que de todos tres reales se 
í untaron hasta treinta de á caballo y cien sol- 
dados los más sueltos y guerreros que conocía 
Cortés, y envió á llamar de todos tres reales 
mil tlascaltecas, y nos metimos en unas casas 
grandes que habían sido de un señor de Méjico, 
y esto fué muy de mañana, y Cortés iba entran- 
do con los demás de á caballo que le quedaban, 
y sus soldados y ballesteros y escopeteros por 
las calles y calzadas como solía ; y ya llegaba 
Cortés á una abertura y puente de agua, y en- 
tonces estaban peleado con los escuadrones de 
mejicanos que para ello estaban aparejados, y 
muchos más que Guatemuz enviaba para guar- 
dar la puente ; y como Cortés vio que habia 
gran número de contrarios, hizo que se retraía 
y mandaba echar los amigos fuera de la calza- 
da, porque creyesen que de hecho se iban retra- 
yendo ; y le iban siguiendo al principio poco á 
poco, y cuando vieron que de hecho hacia que 
iba huyendo, van tras él todos los poderes que 
en aquella calzada le daban guerra; y como Cor- 
tés vio que habia pasado algo adelante de las 
casas á donde estaba la celada, tiraron dos tiros 
iuntos, que era señal de cuándo habíamos de sa- 
lir de la celada, y salen los de á caballo prime- 
ro, y salimos todos los soldados y dimos en ellos 



CONQUISTA. DÉ NÜfiVA-ESf ANA. 387 

á placer ; pues luego volvió Cortés con los su- 
yos y nuestros amigos los tlascaltecas, é hicie- 
ron gran matanza. Por manera que se hirieron 
y mataron muchos, y desde allí adelante no 
no nos seguían al tiempo del retraer; y también 
en el real de Pedro de Albarado les echó una 
celada, más no tan buena como esta ; y en aquel 
diano me hallé yo en nuestro real con Pedro de 
Albarado por causa que Cortés me mandó que 
para la celada quedase con éí. Dejemos desto, y 
digamos cómo estábamos ya en el Tatelulco, y 
Cortés nos mandó que pasásemos todas las capi- 
tanías á estar con él, c que allí velásemos, por 
causa que veníamos más de media legua desde 
el real á batallar con los mejicanos; y estuvimos 
alli tres dias sin hacer cosa que de contar sea, 
porque nos mandó que no les entrásemos más en 
la ciudad ni les derrocásemos más casos, por- 
que les quería tornar á requerir con las paces; 
y en aquellos dias que allí estuvimos en el Ta- 
telulco envió Cortés á Guaterauz rogándole que 
se diese y no hubiese miedo, y con grandes ofre- 
cimientos que le prometía que su persona seria 
muy acatada y honrada del, y que mandada á 
Méjico y á todas sus tierras y ciudades como so- 
lia ; y les envió bastimentos y regalos, que eran 
tortillas y gallinas y cerezas y tunas y caza, é 
que no tenían otra cosa ; y el t Guatemuz entró 
en consejo con sus capitanes, y lo que le acon- 
sejaron fué, que dijese que quería paz, é que 
aguardarían tres dias, é que al cabo de los tres 



388 BERNAL DÍAZ. 

días se verían el Guatemuz y Cortés> y se da- 
rían los conciertos de las paces ; y en aquellos 
tres días tenían tiempo de aderezar puentes y 
abrir calzadas y adobar piedra y vara y flecha 
y hacer albarradas ; y envió Guatemuz cuatro 
mejicanos principales con aquella respuesta ; é 
creíamos que eran verdaderas las paces, y Cor- 
tés les mandó dar muy bien de comer y beber, 
y les tornó á enviar á Guatemuz, y con ellos les 
enrió más refresco como de antes ; y el Guate- 
muz tornó á enviar á Cortés otros mensajeros, 
y con ellos dos mantas ricas, y dijeron que Gua- 
temuz vernia para cuando estaba acordado ; y 
por no gastar más razones sobre el caso, él nun- 
ca quiso venir, porque le aconsejaron que no 
creyese á Cortés, y poniéndole por delante el fin 
de su tio el gran Montezuma y sus parientes y 
la destrucción de todo el linaje noble de los me- 
jicanos, é que dijese que estaba malo, é que sa- 
liesen todos de guerra, é que placería á sus dio- 
ses, que les darian vitoria contra nosotros, pues 
tantas veces se la habia prometido, Pues como 
estábamos aguardando al Guatemuz y no venia, 
vimos luego la burla que de nosotros hacia ; y 
en aquel instante salían tantos batallones de 
mejicanos con sus divisas, y dan á Cortés tanta 
guerra, que no se podia valer; y otro tanto fué 
por nuestra parle de nuestro real ; pues en el de 
Sandoval lo mismo ; y era de tal manera, que 
parecía que entonces comenzaban de nuevo á 
batallar ; y como estábamos algo descuidados, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 389 

creyendo que estaban ya de paz, hirieron á mu- 
chos de nuestros soldados, y tres fueron heridos 
muy malamente, y el uno dellos murió, y mata- 
ron dos caballos y hiñeron otros más; é ellos 
no se fueron mucho alabando, que muy bien 
lo pagaron ; y como esto vido Cortés , man- 
dó que luego les tornásemos á dar guerra y 
les entrásemos en su ciudad á la parte don- 
de se habían recojido ; y cómo vieron que 
les íbamos ganando toda la ciudad , envió 
Guatemuz á decir á Cortés que quería hablar 
con él desde una gran abertura de agua, y 
habia de ser Cortés de la una parte y el 
Guatemuz de la otra, y señalaron el tiempo pa- 
ra otro día de mañana; y fué Cortés para hablar 
con él , y no quiso Guatemuz venir al puesto, 
sino envió á muchos principales , los cuales di- 
jeron que su señor Guatemuz no osaba venir 
por temor que cuando estuviese hablando le ti- 
rarían escopetas y ballestas y le matarían ; y 
entonces Cortés les prometió con juramenta que 
no les enojaría en cosa ninguna , y no aprove- 
chó , que no le creyeron. En aquella sazón dos 
principales de los que hablaban con Cortés sa- 
caron de un fardalejo que traian tortillas é una 
pierna de gallina y cerezas , y sentáronse muy 
de espacio á comer , porque Cortes los viese y 
entendiesen que no tenían hambre ; y desde allí 
le envió á decir á Guatemuz , que pues no que- 
ría venir , que no le daba nada y que presto les 
entraría en todas sus casas, y veria si tenia 



390 BERNAL Di 12. 

maíz . cuanto más gallinas; y desta manera se 
estuvieron otros cuatro ó cinco dias que no les 
dábamos guerra ; y en este instante se salian de 
noche muchos pobres indios que no tenían qué 
comer, y se venian al real de Cortes y ai nuestro, 
como aburridos de hambre ; y cuando aquello 
vio Cortes , mandó que en bueno ni en malo no 
les diésemos guerra, é que quizá se les mudaría 
la voluntad para venir de paz , y no venian ; y 
en el real de Cortés estaba un soldado que decia 
el mismo que él habia estado en Italia en com- 
pañía del gran capitán, y se halló en la chirino- 
la de Garayana y en otras grandes batallas , y 
decia muchas cosas de ingenios de la guerra , é 
que haria un trabuco en el Tatelulco , con que 
en dos dias que con él tirase á la parte y casas 
de la ciudad adonde el Guatemuz se habia re- 
traído , que las haria que luego se diesen de 
paz; y tantas cosas dijo á Cortés sobre ello, que 
luego puso en obra hacer el trabuco, y trajeron 
piedra, cal y madera de la manera que él la de- 
mandó, y carpinteros y clavazón, y todo lo per- 
teneciente para hacer el trabuco, é hicieron dos 
hondas de recias sogas, y trujeron grandes pie- 
dras, y mayores que botijas de arroba; é ya que 
estaba armado el trabuco según y de la manera 
que el soldado dio la orden , y dijo que estaba 
bueno para tirar , y pusieron en la honda una 
piedra hechiza , lo qué con ella se hizo es , que 
no pasó adelante del trabuco , porque fué por 
alto y luego cayó allí donde estaba armado ; y 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 391 

desque aquello vio Cortés hubo mucho enojo 
del soldado que le dio la orden para que lo hi- 
ciese, y tenia pesar en sí mismo, porque él creí- 
do tenia que no era para en la guerra ni para 
en cosa de afrenta, y no era mas de hablar, que 
se habia hallado de la manera que he dicho ; y 
según el mismo soldado decia, que se decia Fu- 
lano de Sotelo, natural de Sevilla, y luego Cor- 
tés mandó deshacer el trabuco. Dejemos desto, 
y digamos que como vio que el trabuco era cosa 
de burla , acordó qua con todos doce berganti- 
nes fuese en ellos Gonzalo de Sandoval por ca- 
pitán general y entrase en el rincón de la ciu- 
dad adonde se habia retraido Guatemuz, el cual 
estaba en parte que no podían entrar en sus 
palacios y casas sino por el agua, y luego San- 
doval apercibió á todos los capitanes de los ber- 
gantines; y lo que hizo diré adelante cómo y de 
qué manera pasó. 



CAPITULO CLVI. 

CÓMO SE PRENDIÓ GUATEMUZ. 



Pues como Cortés vido que el trabuco no 
aprovechó cosa ninguna , antes hubo enojo con 
el soldado que le aconsejó que lo hiciese, y 
viendo que no quería paces ningunas Guatemuz 



392 BERNAL DÍAZ, 

y sus capitanes, mandó á Gonzalo de Sandoval 
que entrase con los bergantines en el sitio y 
rincón de la ciudad adonde estaban retraídos el 
Guatemuz con toda la flor de sus capitanes y 
personas más nobles que en Méjico habia, y le 
mandó que no matase ni hiriese á ningunos in- 
dios, salvo si no le diesen guerra , é que aunque 
se la diesen, que solamente se defendiese, y no 
les hiciesen otro mal, y que les derrocase las 
casas y muchas barbacanas que habian hecho 
en la laguna; y Cortés se subió luego en el cu 
mayor del Tatelulco para ver cómo entraba 
Sandoval con los bergantines , y les fueron 
acompañando Pedro de Albarado y Luis Marin, 
y Francisco de Lugo y otros soldados; y como 
el Sandoval entró con los bergantines en aquel 
paraje donde estaban las casas de Guatemuz, 
cuando se vio cercado el Guatemuz, tuvo temor 
no le prendiesen ó le matasen, y tenia apareja- 
das cincuenta grandes piraguas para si se viese 
en aprieto salvarse en ellas y meterse, en unos 
carrizales, é ir desde allí á tierra, y esconderse 
en unos pueblos de sus amigos; y asimismo te- 
nia mandado á los principales y gente de más 
cuenta que allí en aquel rincón tenia, y á sus 
capitanes, que hiciesen lo mismo; y como vieron 
que les entraban en las casas, se embarcan en 
las canoas, é ya trnian metida su hacienda de 
oro y joyas y toda su familia, y se mete en 
ellas, y tira la laguna adelante , acompañado de 
muchos capitanes y principales ; y como en 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 393 

aquel instante iba la laguna llena de canoas, y 
Sandoval luego tuvo noticia que Guatemuz con 
toda la gente principal se iba huyendo, mandó 
á los bergantines qué dejasen de derrocar casas 
y siguiesen el alcance de las canoas, é que mira- 
sen que tuviesen tiao é ojo á qué parte iba el 
Guatemuz, y que no le ofendiesen ni le hiciesen 
enojo ninguno, sino que buenamente procurasen 
de le prender; y como un Garci-Holguin , que 
era capitán de un bergantín, amigo de Sando- 
val, y era muy gran velero su bergantín, y 
llevaba buenos remeros, le mandó que siguiese 
hacia la parte que le habían dicho que iba el 
Guatemuz y sus principales y las grandes pira- 
guas, y le mandó que si le alcanzase, que no le 
hiciese mal ninguno más de prendelle, y el San- 
doval siguió por otra parte con otros bergan- 
tines que le acompañaban; é quiso Dios Nues- 
tro Señor que el Garci-Holguin alcanzó á las 
canoas é grandes piraguas en que iba el Guate- 
muz, y en el arte del y de los toldos é piragua, 
y aderezo del y de la canoa, le conoció el Hol- 
guin y supo que era el grande señor de Méjico, 
y dijo por señas que aguardasen, y no que- 
rían, y él hizo como que les quería tirar con 
las escopetas y ballestas, y hubo el Guate- 
muz miedo de ver aquello, y dijo: «Ño me ti- 
ren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tier- 
ra, y lo que te ruego es , que no me llegues á 
mi mujer ni á mis hijos , ni á ninguna mu- 
jer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo, 
51 



394 BERNAL DÍAZ. 

sino que me tomes á mi y me lleves á Malin- 
che.» Y como el Holguin le ^>yó, se gozó en 
gran manera y le abrazó, y le metió en el ber- 
gantín con mucho acato, á él, á su mujer y á 
veinte principales que con él iban, y les hizo 
asentar en la popa en unos petates y mantas, y 
les dio de lo que traia para comer; y á las ca- 
noas en que iba su hacienda no les tocó en cosa 
ninguna, sino que juntamente las llevó con su 
bergantin; y en aquella sazón el Gonzalo de 
Sandoval se puso á una parte para ver los ber- 
gantines, y mandó que todos se recojiesen á él, 
y luego supo que Garci-Holguin habia prendi- 
do al Guatemuz, y que le llevaba á Cortés; y 
como el Sandoval lo supo , mandó á los remeros 
que llevaba en su bergantin que remasen á la 
mayor priesa que pudiesen, y cuando alcanzó á 
Holguin le dijo que le diese el prisionero, y el 
Holguin no se lo quiso dar, porque dijo que él 
lo habia prendido, y no el Sandoval; y el San- 
doval dijo que así era verdad, y que él era ge- 
neral de los bergantines, y que el Holguin ve- 
nia debajo de su dominio é mando, y que por 
ser su amigo se lo habia mandado, y también 
porque era su bergantin muy ligero, más que los 
otros; é mandó que le siguiesen y le prendiesen, 
y que al Sandoval, como á su general, le habia 
de dar el prisionero; y el Holguin todavía por- 
fiaba que no queria; y en aquel instante fué 
otro bergantin á gran priesa á Cortés á deman- 
dóle albricias, que, como dicho tengo, estaba 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 395 

muy cerca,. en el Tatelulco, mirando desde el cu 
mayor cómo entraba el Sandova!; y entonces le 
contaron la diferencia que traia Sandoval con el 
Holguin sobre tomalle el prisionero; y cuando 
Cortés lo supo, luego despachó al capitán Luis 
Marin y á Francisco de Lugo para que luego 
hiciesen venir al Gonzalo de Sandoval y al Hol- 
guin, sin más debatir, é que trajese al Guate- 
muz, y á la mujer y familia con mucho acato, 
porque él determinaría cuyo era el prisionero y 
á quien se habia de dar la honra dello; y entre 
tanto que le fueron á llamar, hizo aderezar Cor- 
tés un estrado lo mejor que pudo con petates y 
mantas y otros asientos, y mucha comida de lo 
que Cortés tenia para sí, y luego vino el Sando- 
val y Holguin con el Guatemuz, y le llevaron 
ante Cortés; y cuando se vio delante del le hizo 
mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó, y 
le mostró mucho amor á él y á sus capitanes; y 
entonces el Guatemuz dijo á Cortés: «Señor Ma- 
linche, ya yo he hecho lo que estaba obligado 
en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo 
más; y pues vengo por fuerza y preso ante tu 
persona y poder, toma luego ese puñal que 
traes en la cinta y mátame luego con él.» Y esto 
cuando se lo decia lloraba muchas lágrimas con 
sollozos, y también lloraban otros grandes se- 
ñores que consigo traia; y Cortés le respondió 
con doña Marina y Aguilar,^ nuestras lenguas, 
y dijo muy amorosamente que por haber sido 
tan valiente y haber vuelto y defendido su ciu- 



396 BBftKAL DÍAZ. 

dad se le tenia en mucho y tenia en más á su 
persona, y que no es digno de culpa ninguna, é 
que antes se lo ha de tener á bien que á mal; é 
que lo que Cortés quisiera, fué que, cuando iban 
de vencida, que porque no hubiera más destrui- 
cion ni muerte en sus mejicanos, que vinieran 
de paz y de su voluntad; é que pues ya es pasa- 
do lo uno y lo otro, y no hay remedio ni en- 
mienda en ello, que descanse su corazón y de 
sus capitanes; é que mandará á Méjico y á sus 
provincias como de antes lo solian hacer; y Gua^ 
teiuuz y sus capitanes dijeron que se lo tenian 
en merced; y Cortés preguntó por la mujer y 
por otras grandes señoras mujeres de otros ca- 
pitanes , que le habian dicho que venían con 
Guatemuz; y el mismo Guatemuz respondió y 
dijo que habia rogado á Gonzalo de Sandoval y 
á Garci-Holguin que les dejase estar en las ca- 
noas en que estaban, hasta ver lo que el Malin- 
che ordenaba; y luego Cortés envió por ellas, y 
les mandó dar de comer de lo que habia lo me- 
jor que pndo en aquella sazón; y luego, porque 
era tarde y quería llover, mandó Cortés á Gon- 
zalo de Sandoval que se fuese á Cuyoacoan, y 
llevase consigo á Guatemuz y á su mujer y fa- 
milia y á los principales que con él estaban; y 
luego mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal 
de Olí que cada uno se fuese á sus estancias y 
reales, y luego nosotros nos fuimos á Tacuba, y 
Sandoval dejó á Guatemuz en poder de Cortés 
en Cuyoacoan, y se volvió á Sepeaquilla, que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 39? 

era su puesto y real. Prendióse Guatemuz y sus 
capitanes en 13 de Agosto, á hora de vísperas, 
diade señor San Hipólito, año de 1521, gracias 
á nuestro Señor Jesucristo y á nuestra Señora 
la Virgen Santa María, su bendita Madre, amen. 
Llovió, y tronó y relampagueó aquella noche, y 
hasta media noche mucho más que otras veces. 
Y como se hubo preso Guatemuz, quedamos tan 
sordos todos Jos soldados, como si de antes es- 
tuviera uno puesto encima de un campanario y 
tañesen muchas campanas, y en aquel instante 
que las tañían cesasen de las tañer; y esto digo 
al propósito, porque todos los noventa y tres 
diasque sobre esta cindad estuvimos, de noche y 
dedia daban tantos gritos y voces é silbos, unos 
escuadrones mejicanos apercibiendo los escuadro- 
nes y guerreros que habían de batallar en la cal- 
zada, ó otros llamando las canoas que habían de 
guerrear con los bergantines y con nosotros en 
los puentes, y otros apercibiendo á los que ha- 
bían de hincar palizadas y abrir y ahondar las 
calzadas y aberturas y puentes, y en hacer al- 
barradas, y otros en aderezar piedra y vara y 
flecha, y las mujeres en hacer piedra rolliza para 
tirar con las hondas; pues desde los adoratorios 
y casas malditas de aquellos malditos ídolos, los 
atambores y cornetas, y el atambor grande y 
otras bocinas dolorosas, que de continuo no de- 
jaban de se tocar, y desta manera, de noche y 
de dia no dejábamos de tener gran ruido, y tal, 
que no nos oíamos los unos á los otros: y des- 



398 BERNA L DÍAZ. 

pues de preso el Gúatemuz cesaron las voces y 
el ruido, y por esta causa he dicho como si de 
antes estuviéramos en campanario. Dejemos 
desto , y digamos cómo Gúatemuz era de muy 
gentil disposición, asi de cuerpo como de faicio- 
nes, y la cara algo larga y alegre, y los ojos 
más parecían que cuando miraba que eran con 
gravedad y halagüeños, y no habia falta en 
ellos, y era de edad de veinte y tres ó veinte y 
cuatro años, y el color tiraba más á blanco que 
al color y matiz de esotros indios morenos, y de- 
cían que su mujer era sobrina de Montezuma, su 
tio, muy hermosa mujer y moza. 

Y antes que más pasemos adelante , digamos 
en qué paró el pleito del Sandoval y del Garci- 
Holguin sobre la prisión de Gúatemuz; yesque, 
Cortés le dijo que los romanos tuvieron otra 
contienda de la misma manera que esta , entre 
Mario y Lucio Cornelio Sila , y esto fué cuando 
Sila trajo preso á Yugurta , que estaba con su 
suegro el Rey Ibócos ; y cuando entraba en 
Roma triunfando de los hechos y hazañas he- 
roicos, pareció ser que Sila metió en su triunfo 
á Yugurta con una cadena de hierro al pescue- 
zo, y Mario dijo que no le habia de meter Sila, 
sino él; é ya que le metia , que habia de decla- 
rar que el Mario le dio aquella facultad y le 
envió por él para que en su nombre le llevase 
preso , y se le dio el Rey Ibócos ; pues que el 
Mario era capitán general y debajo de su mano 
y bandera militaban, y el Sila , como era de los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 399 

patricios de Roma , tenia mucho favor; y como 
Mario era de una villa cerca de Roma , que se 
decia Arpiño , y advenedizo , puesto que habia 
sido siete veces cónsul , no tuvo el favor que el 
Sila, y sobre ello hubo las guerras civiles entre 
Mario y el Sila, y nunca se determinó á quién 
se habia de dar la honra de la prisión de Yu- 
gurta. Volvamos á nuestro propósito , y es, que 
Cortés dijo que haria relación dello á su majes- 
tad, y á quien fuese servido de hacer merced se 
le daria por armas , que de Castilla traerían 
sobre ello la determinación ; y desde á dos años 
vino mandado por su majestad que Cortés tu- 
viese por armas en sus reposteros ciertos Re- 
yes, que fueron Montezuma, gran señor de Mé- 
jico; Cacamatzin, señor de Tezcuco, y los seño- 
res de Iztazpalapa y de Cuyoacoan y Tacuba, y 
otro gran sañor que decian que era pariente 
muy cercano del gran Montezuma , á quien de- 
cian que de derecho le venia el reino y señorío 
de Méjico , que era señor de Matalacingo y de 
otras provincias; y á este Guatemuz , sobre que 
fué este pleito. Dejemos desto, y digamos de los 
cuerpos muertos y cabezas que estaban en aque- 
llas casas adonde se habia retraído Guatemuz; 
y es verdad, y juro amen, que toda la laguna y 
casas y barbacoas estaban llenas de cuerpos 
y cabezas de hombres muertos , que yo no 
sé de qué manera lo escribía. Pues en las ca- 
lles y en los mismos patios de Tatelulco no ha- 
bia otras cosas, y no podíamos andar sino entre 



40Ó SÉRNAl DÍAZ. 

cuerpos y cabezas de indios muertos. Yo he leí- 
do la destruicion de Jerusalen ; mas si en ella 
hubo tanta mortandad como esta yo no lo sé; 
porque faltaron en esta ciudad gran multitud 
de indios guerreros , y de todas las provincias 
y pueblos sujetos á Méjico que alli se hablan 
acojido, todos ios más murieron; que , como he 
dicho , asi el suelo y la laguna y barbacoas, 
todo estaba lleno de cuerpos muertos , y hedia 
tanto, que no habia hombre^que sufrirlo pudie- 
se; y á esta causa , asi como se prendió Gua- 
tcmuz, cada uno de los capitanes se fueron á sus 
reales, como dicho tengo , y aun Cortés estuvo 
malo del hedor que se le entró por las narices 
en aquellos dias que estuvo alli en el Tatelulco. 
Dejemos desto , y pasemos adelante , y digamos 
cómo los soldados que andaban en los bergan- 
tines fueron los mejor librados é hubieron buen 
despojo , á causa que podían ir á ciertas casas 
que estaban en los barrios de la laguna t que 
sentían que habria oro, ropa y otras riquezas, 
y también lo iban á buscar á los carrizales, 
donde lo iban á esconder los indios mejicanos 
cuando les ganábamos algún barrio y casa ; y 
también porque, so color que iban á dar caza 
á las canoas que metían bastimentos y agua , si 
topaban algunas en que iban algunos principa- 
les huyendo á tierra firme para se ir entre 
ellos , otomites , que estaban comarcanos , les 
despojaban de lo que llevaban. Quiero decir 
que nosotros los soldados que militábamos en 



CONQUISTA.DE NUEVA-ESPAÑA. 40i 

las calzadas y por tierra firme no podíamos ha- 
ber provecho ninguno , sino muchos flechazos y 
lanzadas y heridas de vara y piedra , á causa 
que cuando Íbamos ganando alguoa casa ó ca- 
sas , ya los moradores dellas habian salido, y 
sacado toda la hacienda que tenían, y no podía- 
mos ir por agua sin que primero cegásemos las 
aberturas y puentes; y á esta causa he dicho en 
el capítulo que dello habla , que cuando Cortés 
buscaba los marineros que habian de andar en 
los bergantines , que fueron mejor librados que 
no los que batallábamos por tierra ; y asi pare- 
ció claro, porque los capitanes mejicanos, y aun 
el Guatemuz, dijeron á Cortés , cuando les de- 
manda el tesoro del gran Montezuma , que los 
que andaban en los bergantines habian robado 
mucha parte dello. Dejemos de hablar más en 
esto hasta más adelante, y digamos que , como 
había tanta hedentina en aquella ciudad , que 
Guatemuz le rogó á Cortés que diese licencia 
para que se saliese todo el poder de Méjico a 
aquellos pueblos comarcanos, y luego les man- 
dó que así lo hiciesen. Digo que en tres dias con 
sus noches iban todas tres calzadas llenas de in- 
dios é indias y muchachos, llenos de bote en bo- 
te, que nunca dejaban de salir, y tan flacos y 
sucios é amarillos é hediondos, que era lástima 
de los ver ; y después que la hubieron desemba- 
razado, envió Cortés á ver la ciudad, y estaban, 
como dicho tengo, todas las casas llenas de in- 
dios muertos, y aun algunos pobres mejicanos 
52 



402 BERNAL DÍAZ. 

entre ellos, que no podían salir, y lo que pur- 
gaban de sus cuerpos era una suciedad como 
echan los puercos muy flacos que no comen sino 
yerba; y hallóse toda la ciudad arada, y saca- 
das las raices de las yerbas que habian comido 
cocidas : hasta las cortezas de los árboles tam- 
bién las habian comido. De manera que agua 
dulce no les hallamos ninguna, sino salada. 
También quiero decir que no comian las carnes 
de sus mejicanos, sino eran délos enemigos tlas- 
caltecas y las nuestras que apañaban ; y no se 
ha hallado generación en el mundo que tanto 
sufriese la hambre y sed y continuas guerras 
como esta. Dejemos de hablar en esto., y pasemos 
adelante : que mandó Cortés que todos los ber- 
gantines se juntasen en unas atarazanas que 
después se hicieron. Volvamos á nuestras pláti- 
cas : que después que se ganó esta grande y po- 
pulosa ciudad, y tan nombrada en el universo, 
después de haber dado muchas gracias á Nues- 
tro Señor y á su bendita Madre, ofreciendo cier- 
tas promesas á Dios Nuestro Señor, Cortés man- 
dó hacer un banquete en Cuyocoan, en señal de 
alegrías de ia haber ganado, y para ello tenian 
ya mucho vino de un navio que habia venido al 
puerto de la Villa-Rica, y tenia puercos que le 
trujeron de Cuba ; y para hacer la fiesta mandó 
convidar á todos los capitanes y soldados que le 
pareció que era bien tener cuenta con ellos en 
todos tres reales ; y cuando fuimos al banquete 
no habia mesas puestas, ni aun asientos para la 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 403 

tercia parte de los capitanes y soldados que fui- 
mos , y hubo mucho desconcierto, y valiera 
más que no se hiciera, por muchas cosas nc muy 
buenas que en él acaecieron , y también porque 
esta planta de Noé hizo á algunos hacer des- 
atinos , y hombres hubo en él que , después de 
haber comido , anduvieron sobre las mesas, que 
no acertaban á salir al patio ; otros decían que 
habían de comprar caballos con sillas de oro , y 
ballesteros hubo que decían que todas las saetas 
que tuviesen en su aljaba que habían de ser de 
oro, de las partes que les habían de dar , y otros 
iban por las gradas rodando abajo. Pues ya que 
habían alzado las mesas , salieron á danzar las 
damas que habia , con los galanes cargados con 
sus armas, que era para reir, y fueron las damas 
pocas , que no habia otras en todos los reales ni 
en la Nueva-España ; é dejo de nombrarlas por 
sus ^nombres é de referir cómo otro dia hubo 
sátira; porque quiero decir que, como hubo co^ 
sas tan malas en el convite y en los bailes , el 
buen fraile fray Bartolomé de Olmedo lo mur- 
muraba , é le dijo á Sandoval lo mal que le pa- 
recía , é que bien dábamos gracias á Dios para 
que nos ayudase adelante ; é el Sandoval tan 
presto le dijo á Cortes lo que fray Bartolomé 
murmuraba é gruñía , y el Cortés , que era dis-* 
creto , le mandó llamar é le dijo : «Padre , no 
excusaba solazar y alegrar los soldados con lo 
que vuestra reverencia ha visto é yo he hecho 
de mala gana; ahora resta que vuestra reveren- 



404 BERNAL DIÁZ. 

cia ordene una procesión, y que diga Misa é nos 
predique , y diga á los soldados que no roben 
las hijas de los indios, y que no hurten ni riñan 
pendencias é que" hagan como católicos cristia- 
nos , para que Dios nos haga bien.» E fray Bar- 
tolomé se lo agradeció á Cortés ; que no sabia 
lo que habia dicho Albarado , y pensaba que 
salía del buen Cortés, su amigo; y el fraile hizo 
una procesión, en que íbamos con nuestras ban- 
deras levantadas y algunas cruces á trechos , y 
cantando las letanías, y á la postre una imagen - 
de nuestra Señora; y otro dja predicó fray Bar- 
tolomé, é comulgaron muchos en la Misa des- 
pués de Cortés y Albarado , é dimos gracias á 
Dios por la vitoria. Y dejemos de más hablar 
en esto, y quiero decir otras cosas que pasaron 
que se me olvidaba , y aunque no vengan ahora 
dichas sino algo atrás, sin propósito ; y es , que 
nuestros amigos Chichimecatecle y los dos man- 
cebos Xicotengas , hijos de D. Lorenzo de Var- 
gas , que se solia llamar Xicotenga el viejo y 
ciego , guerrearon muy valientemente contra el 
poder de Méjico , y nos ayudaron muy esforza- 
da y extremadamente de bien ; y asimismo un 
hermano del señor de Tezcuco D. Hernando, 
que se decia Súchel , que después se llamó don 
Carlos ; este hizo cosas de muy esforzado y va- 
liente varón ; y otro espitan natural de una 
ciudad de la laguna, que se me acuerda su pro- 
pio nombre , también hacia maravillas , y otros 
muchos capitanes de pueblos que nos ayuda- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 405 

ban , todos guerreaban muy poderosamente ; y 
Cortés les habló y les dio muchas gracias y 
loores porque nos hablan ayudado, con muchas 
buenas palabras y promesas de que el tiempo 
andando les daría tierras y vasallos y les haría 
grandes señores, y les despidió; y como estaban 
ricos de ropa de algodón y oro , y otras muchas 
cosas ricas de despojos , se fueron alegres á sus 
tierras , y aun llevaron hartas cargas de tasajos 
cecinados de indios mejicanos , que repartieron 
entre sus parientes y amigos , y como cosas de 
sus enemigos , la comieron por fiestas. Agora, 
que estoy fuera de los recios combates y bata- 
llas de los mejicanos , que con nosotros , y nos- 
otros con ellos teníamos de noche y de dia, 
porque doy muchas gracias á Dios , que dellas 
me libró , quiero contar una cosa muy temera- 
ria que me acaeció , y es , que después que vide 
abrir por los pechos y sacar los corazones y sa- 
crificar á aquellos sesenta y dos soldados que 
dicho tengo que llevaron vivos de los de Cortés, 
ofrecelles los corazones á los ídolos, y esto que 
agora diré , les parece á algunas personas que 
es por falta de no tener muy grande ánimo; y 
si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo 
con que en aquellos dias habia de poner mi per- 
sona en lo más recio de las batallas , porque 
en aquella sazón presumía de buen soldado y 
era tenido en esta reputación , y había de hacer 
lo que más osado? y atrevidos soldados suelen 
hacer, y en aquella sazón yo hacia delante de 



406 BERNAL DUZ. 

mis capitanes ; y como de cada dia via llevar á 
nuestros compañeros á sacrificar, y había visto, 
como dicho tengo t que les aserraban por los 
pechos y sacalles los corazones bullendo, y cor- 
talles pies y brazos , y se los comieron á los se- 
senta y dos que dicho tengo , temia yo que un 
dia que otro habían de hacer de mí lo mismo, 
porque ya me habían asido dos veces , y quiso 
Dios que me escapé ; y acordóseme de aquellas 
muertes , y por esta causa desde entonces temí 
desta cruel muerte ; y esto he dicho porque 
antes de entrar en las batallas se me ponia por 
delante una como grima y tristeza grandísima 
en el corazón ; y encomendándome á Dios y 
á su bendita Madre nuestra Señora , y entrar 
en las batallas , todo era uno , y luego se me 
quitaba aquel temor, y también quiero decir 
qué cosa tan nueva era agora tener yo aquel 
temor no acostumbrado , habiéndome halla- 
do en muchos rencuentros muy peligrosos, 
ya habia de estar curtido el corazón y es- 
fuerzo y ánimo en mi persona agora á la pos- 
tre más arraigado que nunca; porque, si bien lo 
sé contar y traer á la memoria, desde que vine 
á descubrir con Francisco Fernandez de Córdo- 
ba y con Grijalva, r volví con Cortés, y me ha- 
llé en lo de la Punta de Cotoche y en lo de Lá- 
zaro, que por otro nombre s® dice Campeche, y 
en Potonchan y en la Florida, según que más 
largamente lo tengo escrito cuando vine á des- 
cubrir con Francisco Fernandez de Córdoba, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 407 

Dejemos desto, y volvamos á hablar en lo de 
Grijalva y en la misma de Potonchan, y con 
Cortés en lo de Tabasco y la de Cingapacinga, 
y en todas las guerras y rencuentros de Tlas- 
cala y en lo de Cholula, y cuando desbaratamos 
á Narvaez me señalaron para que les fuésemos 
á tomar la artillería, que eran diez y ocho tiros 
que tenian cebados y cargados con sus pelotas 
de piedra, los cuales les tomamos, y este tran- 
ce fué de mucho peligro; y me hallé en el pri- 
mer desbarate cuando los mejicanos nos echa- 
ron de Méjico, ó por mejor decir, salimos hu- 
yendo cuando nos mataron en obra de ocho 
dias ochocientos y cincuenta soldados; y me 
halle en las entradas de Tepeaca y Cochula y 
sus rededores, y en otros rencuentros que tuvi- 
mos con los mejicanos cuando estábamos en 
Tezcuco sobre cojer las mielpas de maiz, y en 
lo de Iztapalapa cuando nos quisieron anegar, 
y me hallé cuando subimos en los peñoles, y 
ahora los llaman las fuerzas ó fortaleza que 
ganó Cortés, y en lo de Suchimileco, é otros mu- 
chos rencuentros ; y entré con Pedro de Albara- 
do con los primeros á poner cerco á Méjico, y 
les quebramos el agua de Chalputepeque, y en 
la primera entrada que entramos en la calzada 
con el mismo Pedro de Albarado ; y después 
desto, cuando desbarataron por la misma nues- 
tra parte y llevaron seis soldados vivos, y á mí 
me llevaban, é ya se hacia cuenta que eran siete 
conmigo, según me llevaban engarrafado á sa- 



408 BERNAL CÍA2. 

orificar ; y me hallé en todas las dema9 batallas 
ya por mí memoradas, que cada dia y de noche 
teníamos, hasta que vi, como dicho tengo, las 
crueles muertes que dieron delante de mis ojos 
á aquéllos sesenta y dos soldados nuestros com- 
pañeros; ya he dicho que agora que por mí ha- 
bían pasado todas estas batallas y peligros de 
muerte/que no lo habia de temer como lo temia 
agora á la postre. Digan agora todos aquellos 
caballeros que desto del militar entienden, y se 
han hallado en trances peligrosos de muerte, á 
qué fin echarán mi temor, si es á mucha flaque- 
za de ánimo ó á mucho esfuerzo ; porque, como 
he dicho, sentía yo en mi pensamiento que ha- 
bia de poner por mi persona, batallando en par- 
te que por fuerza habia de temer la muerte más 
que otras veces, y por esto me temblaba el co- 
razón y temia la muerte ; y todas aquestas ba- 
tallas que aquí he dicho donde me he hallado, 
verán en mi relación en qué tiempo y cómo y 
cuándo y dónde y de qué manera otras muchas 
entradas y rencuentros tuvo Cortés ymuchos de 
nuestros capitanes, sin estos que aquí tengo di- 
chos que no me hallé yo en ellos, porque eran 
de cada dia tantos, que aunque fuera de hierro 
mi cuerpo, no lo pudiera sufrir, en especial que 
siempre andaba herido y pocas veces estaba sa- 
no, y á esta¡causa no podía ir á todas las entra- 
das ; pues aun no han sido nada los trabajos y 
peligros y rencuentros de muerte que de mi per- 
sona he recontado, que después que ganamos 



g CONQUESTA PE KtlE VA-EJSPA ÑA . 409 

esta fuerte y gran ciudad pasé otros muchos, 
como adelante verán cuando venga á coyuntura. 
Y dejemos ya, y diré y declararé por qué he di- 
cho en todas estas guerras mejicanas cuando nos 
mataron nuestros compañeros, digo lleváronlos, 
y no digo matáronlos, y la causa es esta: por- 
que los guerreros que con nosotros peleaban, 
aunque pudieran matar luego á los que lleva- 
ban vivos de nuestros soldados, no los mataban 
luego, sino dábanles heridas peligrosas porque 
no se defendiesen, y vivos los llevaban á sacri- 
ficar á sus ídolos, y aun primero les hacian bai- 
lar delante de Huichilóbos, que era su ídolo de 
la guerra; y esta es la causa porque he dicho 
los llevaron. Y dejemos esta materia, y diga- 
mos lo que Cortés hizo después de ganado Mé- 
jico. 



CAPITULO CLV1I. 



CÓMO MANDÓ CORTÉS ADOBAR LOS CANOS DE CHALPÜ- 
TEPEQUE, É OTRAS MUCHAS COSAS. 



La primera cosa que mandó Cortés á Guate- 
muz fué que adobasen los caños del agua de 
Chalputepeque, según y de la manera que so- 
lian estar antes de la guerra, é que luego fuese 
53 



410 BERNAL DÍAZ. 

el agua por sus caños á entrar en aquella ciudad 
de Méjico ; é que luego con mucha diligencia 
limpiasen todas las calles de Méjico de todas 
aquellas cabezas y cuerpos de muertos, que to- 
das las enterrasen , para que quedasen limpias 
y sin que hubiese hedor ninguno en toda aque- 
lla ciudad ; y que todas las calzadas y puentes 
que las tuviesen tan bien aderezadas como de 
antes estaban, y que los palacios y casas que las 
hiciesen nuevamente , y que dentro de dos me- 
ses se volviesen á vivir en ellas ; y luego les se- 
ñaló Cortés en qué parte habian de poblar , y la 
parte que habian de dejar desembarazada para 
en que poblásemos nosotros. Dejémonos agora 
destos mandados y de otros que ya no me acuer- 
do , y digamos cómo el Guatemuz y todos sus 
capitanes dijeron á nuestro capitán Cortés que 
muchos capitanes y soldados que andaban en 
los bergantines , y de los que andábamos en las 
calzadas batallando , les habiamos tomado mu- 
chas hijas y mujeres de algunos principales; que 
le pedian por merced que se las hiciese volver; 
y Cortés les respondió que serian muy malas de 
las haber de poder de los compañeros que las 
tenian , y puso alguna dificultad en ello ; pero 
que las buscasen y trajesen ante él, é que veriasi 
eran cristianas ó si querian volver á casa de sus 
padres y de sus maridos, y que luego se las man- 
darla dar; y dióles licencia para que las buscasen 
en todos tres reales, é un mandamiento para que 
el soldado que las tuviese luego se las diese si las 



CONQUISTA DE NUE VA-ESPAÑA . 411 

indias se querían volver de buena voluntad con 
ellos ; y andaban muchos principales en busca 
dellas de casa en casa, y eran tan solícitos, que 
las hallaron , y las más dellas no quisieron ir con 
sus padres ni madres ni maridos , sino estarse 
con los soldados con quien estaban , y otras se 
escondían , y otras decian que no querían vol- 
ver á idolatrar , y aun algunas dellas estaban 
ya preñadas ; y desta manera , no llevaron sino 
tres, que Cortés mandó expresamente que 
las diesen. Dejemos desto, y digamos que luego 
mandó hacer unas atarazanas y fortaleza en que 
estuviesen los bergantines, y nombró alcaide 
que estuviese en ellas, y paréceme que fué á 
Pedro de Albarado, hasta que vino de Castilla 
un Salazar que se decia de la Pedrada. Digamos 
de otra materia: cómo se recojió todo el oro y 
plata y joyas que se hubieron en Méjico, é fué 
muy poco, según pareció, porque todo lo demás 
hubo fama que lo mandó echar Guptemuz en ia 
laguna cuatro dias antes que se prendiese ; é 
que demás desto a que lo habían robado los tlas- 
caltecas y los de Tezcuco y Guaxocingo y Cho- 
lula, y todos los demás de nuestros amigos que 
estaban en la guerra ; y demás desto, que los 
que andaban en los bergantines robaron su par- 
te ; por manera que los oficiales del Rey decian 
y publicaban que Guatemuz lo tenia escondido, 
y Cortés holgaba dello de que no lo diese, por 
habello él todo para si ; é por estas causas acor- 
daron de dar tormento á Guatemuz y al señor 



4 Í 2 BEHNAL DÍAZ. 

de Tacuba, que era su primo y gran privado ; y 
ciertamente le pesó mucho á Cortés, porque á 
un señor como Guatemuz, Rey de tal tierra, que 
es tres veces más que Castilla, le atormentasen 
por codicia del oro, que ya habían hecho pes- 
quisas sobre ello , y todos los mayordomos 
de Guatemuz decían que no había más de lo 
que los oficiales del Rey tenían en su po- 
der, y eran hasta trescientos y ochenta mil 
pesos de oro , porque ya lo habían fundido y 
hecho barras ; y de allí se sacó el real quin- 
to, é otro quinto para Cortés ; y como los con- 
quistadores que no estaban bien con Cortés vie- 
ron tan poco oro, y ai tesorero Julián de Alde- 
rete le decían algunos dellos que tenían sospe- 
cha que por quedarse Cortés eon el oro no que- 
rían que prendiesen al Guatemuz ni le diesen 
tormento; y porque no le achacasen algo á Cor- 
tés, y no lo podia excusar, consintió que le die- 
sen tormento á Guatemuz, como al señor de Ta- 
cuba; y lo que confesaron fué, que cuatro dias 
antes que le prendiesen lo echaron en la lagu- 
na, ansi el oro como los tiros y escopetas y ba- 
llestas, y otras muchas cosas de guerra que de 
nosotros tenían de cuando nos echaron de Méji- 
co y cuando desbarataron agora á la postre á 
Cortés; y fueron adonde Guatemuz había seña- 
lado, y entraron boienos nadadores y no halla- 
ron cosa ninguna; y lo que yo vi, quej fuimos 
con el Guatemuz á las casas donde solia vivir, y 
estaba una como alberca grande de agua non- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 413 

da, y de aquella alberca sacamos un sol de oro 
como el que nos hubo dado el gran Montezuma, 
y muchas joyas y piezas de poco valor, que eran 
del mismo Guatemuz; y el señor de Tacuba dijo 
que él tenia en unas casas suyas grandes, que 
estaban de Tacuba obra de cuatro leguas, cier- 
tas cosas de oro, é que le llevasen allá é.que di- 
ría dónde estaba soterrado y lo daría; y fué Pe- 
dro de Albarado y seis soldados con él, é yo fui 
en su compañía; y cuando llegamos dijo que por 
morirse en el camino había dicho aquello, é que 
lo matasen, que no tenia oro ni joyas ningunas; 
y ansi nos volvimos sin ello , y ansi se quedó, 
que no hubimos mas oro que fundir; verdades 
que la recámara del Montezuma, que después 
poseyó el Guatemuz, no se había llegado á mu- 
chas joyas y piezas de oro, que todo ello tomó 
para que con ello sirviésemos á su majestad; y 
porque habia muchasjoyas de diversas hechuras 
y primas labores, y si me parase á escribir cada 
cosa y hechura dello por sí , seria y es gran 
prolijidad , lo dejaré de decir en esta relación; 
mas dijeron alli muchas personas, é yo digo de 
verdad , que valia dos veces más que la que 
habia sacado para repartir el real quinto de 
su majestad; todo lo cual enviamos al Empera- 
dor nuestro señor con Alonso de Avila , que en 
aquel tiempo vino de la isla de Santo Domingo, 
y con Antonio de Quiñones; lo cual diré adelan- 
te cómo y dónde, en qué manera y cuándo fue- 
ron. Y dejemos de hablar dello y volvamos á 



414 BERNAL DÍAZ. 

decir que en la laguna , donde decía Guate- 
rnuz que había echado el oro , entré yo y otros 
soldados á zabullidas, y siempre sacábamos pe- 
cezuelos de poco precio , lo cual luego nos lo 
demandó Cortés y el tesorero Julián de Aldere- 
te ; y ellos mismos fueron con nosotros* adonde 
lo habiamos sacado , y llevaron consigo buenos 
nadadores , y sacaron obra de noventa ó cien 
pesos de sartalejos de cuentas y ánades y per- 
rillos y pinjantes y collarejos y otras cosas de 
nonada, que ansi se puede decir, según habia la 
fama en la laguna del oro que de antes habia 
echado. Dejemos de hablar desto , y digamos 
cómo todos los capitanes y soldados estábamos 
algo pensativos de ver el poco oro que parecía 
y las partecillas que déllo nos daban ; y el pa- 
dre fray Bartolomé de Olmedo , de la orden de 
la Merced, y Alonso de Avila , que entonces 
habia vuelto de la isla de Santo Domingo de 
cuando le enviaron por procurador , y Pedro de 
Albarado y otros caballeros y.capitanes, dijeron 
á Cortés que , pues que habia poco oro, que las 
partes que habían de caber á todos que las die- 
sen y repartiesen á los que quedaron mancos y 
cojos y ciegos y tuertos y sordos, y á otros que 
se habían quemado con la pólvora., y á otros que 
estaban dolientes de dolor de costado , que á 
aquellos les diese todo el oro, y que para aque- 
llos seria bien dárselo, c que todos los demás 
que estábamos sanos lo habríamos por bien; y si 
esto le dijeron á Cortés, fué sobre cosa pensada, 



CONQUISTA DE NÜE VA-ESPAÑA. 4Í5 

creyendo que nos daria más que las partes que 
nos venían, porque habia mucha sospecha que 
lo tenían escondido todo; y lo que respondió fué, 
que veria las partes que cabían, é que visto, en 
todo pondría remedio; y como todos los capita- 
nes y soldados queríamos ver lo que nos cabia 
de parte, dábamos priesa para que se echase la 
cuenta y se declarase á qué tantos pesos salía- 
mos ;y después que lo hubieran tanteado, dije- 
ron que cabían los de á caballo á cien pesos, y 
á los ballesteros y escopeteros y rodeleros que 
no se me acuerda bien; y de que aquellas partes 
nos señalaron, ningún soldado lo quiso tomar; 
y entonces murmuramos de Cortés y del tesorero 
Alderete, y el tesorero por descargarse decia 
que no podía haber más, porque Cortés sacaba 
otro quinto del montón , como el de su majestad, 
para él, y se pagaba de muchas costas de los 
caballos que se habían muerto, y también deja- 
ban de meter en el montón otras muchas piezas 
que habíamos de enviar á su majestad; y que 
riñésemos con Cortés, y no con él: y como en to- 
dos tres reales habia soldados que habían sido 
amigos y paniaguados del Diego Velazquez, go- 
bernador de Cuba, de los que habían pasado con 
Narvaez, que no estaban bien con Cortés, como 
vieron que no les daban las partes del oro que 
ellos quisieran , no lo quisieron recibir lo 
que les daban ; y como Cortés estaba en Cu- 
yoacan y posaba en unos grandes palacios que 
estaban blanqueados y encaladas las paredes, 



416 BERNAL DÍAZ» 

donde buenamente se podia escribir con car- 
bón y con otras tintas , amanecían cada ma- 
ñana escritos motes , unos en prosa y otros en 
versos, algo maliciosos , á manera como mase- 
pasquines é libelos ; y uq os decían que el sol y 
la luna y el cielo y estrellas y la mar y la tierra 
tienen sus cursos , é que si algunas veces salen 
más de la inclinación para que fueron criados 
más. de sus medidas , que vuelven á su ser, y 
que ansi habia de ser la ambición de Cortés 
en el mandar; y otros decían que más con- 
quistados nos traían que la misma conquista 
que dimos á Méjico., y que no nos nombrásemos 
conquistadores de Nueva-España , sino con- 
quistados de Hernando Cortés ; y otros decían 
que no bastaba tomar buena parte del oro como 
general, sino tomar parte de quinto como Rey, 
sin otros aprovechamientos que tenia ; y otros 
decían: «¡Oh, qué triste está el alma mia hasta 
que la parte vea!» Otros decían que Diego 
Velazquez gastó su hacienda é descubrió toda 
la costa hasta Panuco, y la vino Cortés á go- 
zar; y decían otras cosas como estas y aun de- 
cían palabras que no son para decir en esta re- 
lación. Y como Cortés salía cada mañana y lo 
leía, y como estaban unas chanzonetas en prosa 
y otras en metro , y por muy gentil estilo y 
consonancia cada mote y copla á lo que iba in- 
clinada y á la fin que tiraba su dicho, y no como 
yo aqui lo digo ; y como Cortés era algo poe- 
ta, y se preciaba de dar respuestas inclinadas 



ÍÍOÍÍQÜISTA DE^NUüVA-tSPANA. 4Í? 

a loas de sus heroicos hechos , y deshaciendo 
los del Diego Velazquez y Grijalva y Narvaez, 
respondía también por buenos consonantes y 
muy á propósito en todo lo que escribía; y de 
cada día iban más desvergonzados los metros^ 
hasta que Cortés escribió: «Pared blanca, papel 
de necios.» Y amanecía más adelanté: «Y aun 
de sabios y verdades.» Y aun bien supo Cortés 
quién lo escribía, y fué un Fulano Tirado> ami- 
go de Diego Velazquez, yerno que fué de Ramí- 
rez el viejo, que vivia en la Puebla, y un Villa- 
lobos , que fué á Castilla , y otro que se decía 
Mansilla , y otros que ayudal^tn de buena para 
Cortés á los puntos que le tiraban; y de tal ma- 
nera andaba la cosa , que fray Bartolomé de 
Olmedo le dijo á Cortea que no permitiese que 
aquello pasase adelante, sino que con cordura 
vedase qué no escribiesen en la pared. Fué buen 
consejo , y mandó Cortés que no se atreviese 
ninguno á poner letreros ni perqués de malicias; 
que castigaría á los desvergonzados que escri- 
biesen con graves penas, y á f e que aprovechó. 
Dejemos desto, y digamos que, como había mu- 
chas deudas entre nosotros, que debíamos de ba- r 
Tiestas á cuarenta y á cincuenta pesos , y de una 
escopeta ciento , y de un caballo ochocientos , y 
mil, y á veces más, y una espada cincuenta* y des- 
ta manera eran tan caras las cosas que habíamos 
comprado; pues un cirujano que se llamaba 
maestre Juan , que curaba algunas malas he- 
ridas y se igualaba por la cura á excesivos pi-e* 
54 



418 BERNAL DÍAZ. 

cios , y también un médico que se decia Mur- 
cia , que era boticario y barbero , también cu- 
raba ; y otras treinta trampas y zarrabusterias 
que debíamos , demandaban que les pagásemos 
de las partes que nos daban ; y el remedio que 
Cortés dio fué, que puso dos personas de bue- 
na conciencia, que sabian de mercaderías , que 
apreciasen qué podían valer las mercaderías y 
cosas de las que habíamos tomado fiado, y que 
lo apreciasen ; llamábanse los apreciadores el 
uno Santa Clara, persona muy honrada, y el otro 
se decia fulano de Llerena ; y se mandó que to- 
do aquello que aquellos apreciadores dijesen 
que valia cada cosa de las que nos habían ven- 
dido, y las curas que nos habían hecho los ciru- 
janos, que pasasen por el ¡o ; é que si no tenía- 
mos dineros, que aguardasen por ello tiempo de 
dos años. Otra cosa también se hizo : que todo 
el oro que se fundió echaron tres quilates más 
de lo que tenia de ley, porque ayudasen á las 
pagas, y también porque en aquel tiempo ha- 
bían venido mercaderes y navios á la Villa-Ri- 
ca, y creyendo que en echarle los tres quilates 
más, que ayudasen á la tierra y á los conquista- 
dores ; y no nos ayudó én cosa ninguna, antes 
fué en nuestro perjuicio ; porque los mercade- 
res, porque aquellos tres quilates saliesen á la 
cabal de sus ganancias, cargaban en las merca- 
derías y cosas que vendían cinco quilates, y ansí 
anduvo el oro de tres quilates tepuzque, que 
quiere decir en la lengua de indios cobre ; y an- 



CONQUISTA DÉ NÜEVA-ESPAÑA. 419 

sí agora tenemos aquel modo de hablar, que 
nombramos á algunas personas que son preemi- 
nentes y de merecimiento el señor don fulano 
de tal nombre , Juan ó Martin ó Alonso , y 
otras personas que no son de tanta calidad les 
decimos no más de su nombre t y por haber 
diferencia de los unos á los otros, decimos á 
fulano de tai nombre tepuzque. Volvamos á 
nuestra plática : que viendo que no era justo que 
el oro anduviese de aquella manera, se envió á 
hacer saber á su majestad para que se quitase y 
no anduviese en la Nueva-España ; y su majes- 
tad fué servido de mandar que no andu/iese más, 
é gue todo lo que se le hubiese de pagar en al- 
mojarifazgo y penas de cámara que se le paga- 
se de aquel oro malo hasta que se acabase y no 
hubiese memoria dello, y desta mpnera se llevó 
todo á Castilla. Y quiero decir que en aquella 
sazón que esto pasó ahorcaron dos plateros que 
falseaban las marcas y las echaban cobre puro. 
Mucho me he detenido en contar cosas viejas y 
salir fuera de mi relación. Volvamos á ella, y 
diré que, como Cortés vio que muchos soldados 
se le desvergonzaban y le pedias más partes, y 
le decian que se lo tomaba todo para sí, y le pe- 
dian prestados dineros, acordó de quitar de so- 
bre sí aquel dominio y de enviar á poblar á to- 
das las provincias que le pareció que convenia 
que se poblasen. A Gonzalo de Sandovai mandó 
que fuese á poblar áTutepeque, é que castigase 
unas guarniciones mejicanas que mataron cuan- 



420 BfcRNAt Í>UZ. 

do salimos de Méjico sesenta personas, y entre 
ellas seis mujeres de Castilla que allí habian 
quedado de los de Narvaez ; é que poblase á Me- 
dellin, é que pasase á Guacacualco éque pobla- 
se aquel puerto, y también mandó que fuese á 
conquistar la provincia de Panuco ; y á Rodrigo 
Rangel que se estuviese en la Villa-Rica, y en 
su compañía Pedro de Ircio; y á Juan Velaz- 
quez Crico mandó que fuese á Colina, y á un 
Villa-Fuerte áZacatula, y Cristóbal de Olí que 
fuese á Mechoacan ; ya en este tiempo se habia 
casado Cristóbal |de Olí con una señora portu- 
guesa, que se decia doña Filipa de Araujo ; y 
envió á Francisco de Horozco á poblar á Guaxa- 
ca, porque en aquellos dias que habíamos gana- 
do á Méjico, como lo supieron en todas estas 
provincias que he nombrado que Méjico estaba 
destruida, no lo podían creer los caciques y se- 
ñores dellas, como estaban lejos, y enviaban 
principales á dar á Cortés el parabién de las vi-, 
torias, y á darse y ofrecerse por vasallos de su 
majestad, y á ver cosa tan temida como dellos 
fué Méjico si era verdad que estaba por el suelo; 
y todos traian grandes presentes de oro, que 
daban á Cortés, y aun traian consigo á sus hijos 
pequeños, y les mostraban á Méjico, y como so- 
lemos decir: «Aquí fué Troya;» y se lo declara- 
ban. Dejemos desto, y digamos una plática que 
es bien que se declare ; porque me dicen muchos 
curiosos letores que ¿qué es la causa que los ver- 
daderos conquistadores que ganamos la Nueva- 



CONQUISTA DÉ' NUÉVA-ESPANA . 421 

España y la grande y fuerte ciudad de Méjico, 
por qué no nos quedamos en ella á poblar y no 
nos veníamos á otras provincias? Tienen razón 
de lo preguntar ; quiero decir la causa por qué, 
y es esto que diré. En los libros de la renta de 
Montezuma mirábamos de qué partes le traian 
el oro, y dónde habia minas y cacao y ropa de 
mantas; y de aquellas partes que veíamos en 
los libros que traian los tributos del oro para el 
gran Montezuma, queríamos ir allá, en especial 
viendo que salia de Méjico un capitán principal 
y amigo de Cortés, como era Sandoval ; y tam- 
bién como víamos que en todos los pueblos de 
la redonda de Méjico no tenían minas de oro ni 
algodón ni cacao, sino mucho maiz y maque- 
yales , de donde sacaban el vino , y á esta 
causa la teníamos por tierra pobre, y nos fuimos 
á otras provincias á poblar, y en todas fuimos 
muy engañados. Acuerdóme que fui á hablar á 
Cortés que me diese licencia para que fuese con 
Sandoval, y me dijo: «En mi conciencia, herma- 
no Bernal Diaz del Castillo , que vivís engaña- 
do ; que yo quisiera que quedárades aquí con- 
migo; más si es vuestra voluntad ir con vuestro 
amigo Gonzalo de Sandoval, id en buena hora, 
é yo tendré siempre cuidado de lo que se os 
ofreciere, más bien sé que os arrepentiréis por 
me dejar.» Volvamos á decir de las partes del 
oro, que todo se quedó en poder de los oficiales 
del Rey, por las esclavas que habíamos sacado 
en las almonedas. No quiero poner aquí por 



422 BERflAL^DÍAZ. 

memoria qué tantos de á caballo ni ballesteros 
ni escopeteros ni soldados ., ni en cuantos dias 
de tal mes despachó Cortés á los capitanes para 
que fuesen á poblar las provincias por mí arriba 
dichas , porque seria larga relación ; basta que 
digo pocos dias después de ganado Méjico é 
preso Guatemuz , é de ahí á otros dos meses 
envió otro capitán á otras provincias. Dejemos 
ahora de hablar en Cortés , y diré que en aquel 
instante vino al puerto de la Villa-Rica , con 
df'S navios, un Cristóbal de Tapia, veedor de las 
fundaciones que se hacian en Santo Domingo, y 
otros decian que era alcaide de aquella fortale- 
za que está en la isla de Santo Domingo, y 
traia provisiones y cartas misivas de don Juan 
Rodríguez de Fonseea , Obispo de Burgos é se 
nombraba arzobispo de Rosano , para que le 
diésemos la gobernación de la Nueva-España al 
Tapia; é lo que sobre ello pasó diré adelante. 



CAPITULO CLVIIL 

CÓMO LLEGÓ AL PUERTO DE LA VILLA-RICA US CRISTO- 
BAL DE TAPIA QUE VENIA PARA SER GOBERNADOR. 



Pues como Cortés hubo despachado los capi- 
tanes y soldados por mí ya dichos á pacificar y 
poblar provincias , en aquella sazón vino un 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 423 

Cristóbal de Tapia , veedor de la isla de Santo 
Domingo, con provisiones de su majestad, guia- 
das y encaminadas por D. Juan Rodríguez de 
Fonseca, Obispo de Burgos y Arzobispo de Ro- 
sano , porque ansí se llamaba, para que le ad- 
mitiesen á la gobernación de la Nueva-España; 
y demás de las provisiones , traia muchas car- 
tas misivas del mismo Obispo para Cortés y 
para otros muchos conquistadores y capitanes 
de los que habian venido con Narvaez, para que 
favoreciesen al Cristóbal de Tapia ; y demás de 
las cartas que traia cerradas y selladas del 
Obispo, traia otras en blanco para que el Tapia 
en la Nueva-España pusiese todo lo que quisie- 
se y le pareciese , y en todas ellas traia grandes 
prometimientos que nos haria muchas mercedes 
si dábamos la gobernación al Tapia , y por otra 
parte muchas amenazas , y decia que su majes- 
tad nos enviaría á castigar. Dejemos desto, que 
Tapia presentó sus provisiones en la Villa-Rica 
de la Veracruz delante de Gonzalo de Albara- 
do, hermano de Pedro de Albarado , que estaba 
en aquella sazón por teniente de Cortés, por- 
que un Rodrigo Rangel,que solia estar allí por 
alcalde mayor , no sé qué desatinos había he- 
cho cuando allí estaba, y le quitó Cortés el car- 
go ; y presentadas las provisiones , el Gonzalo 
de Albarado las obedeció y puso sobre su. cabe- 
za como provisiones y mando de su rey y señor; 
é que en cuanto al cumplimiento , que se junta- 
rían los alcaldes y regidores de aquélla yilla é 



424 RER#ÁL' biA£. 

que platicarían y 'verían cómo y de qué manera 
eran ganadas y habidas aquellas provisiones, 
é que todos juntos las obedecían , porque él 
solo era una persona , y también porque que- 
rían ver si su majestad era sabidor que tales 
provisiones enviasen ; y esta respuesta no le 
cuadró bien al Tapia , y aconsejáronle que se 
fuese luego á Méjico , adeude estaban Cortés 
con todos los capitanes y soldados , y que allá 
las obedecerían ; y demás de presentar las pro- 
visiones, eomo dicho tengo, escribió á Cortés de 
la manera que venia por gobernador; y como 
Cortés era muy avisado , si muy buenas cartas 
le escribió el Tapia , y vio las ofertas y ofreci- 
mientos del Obispo de Burgos, y por otra parte 
las amenazas ; si muy buenas palabras y muy 
llenas de cumplimientos él le escribió, otras muy 
mejores y más halagüeñas y blandosamente y 
amorosas y llenas de cumplimientos le escribió 
Cortés en respuesta; y luego Cortés rogó y 
mandó á ciertos de nuestros capitanes que se 
fuesen á ver con el Tapia , los cuales fueron 
Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval y 
Diego de Soto el de Toro y un Valdenebro y el 
capitán Andrés de Tapia , á los cuales envió á 
llamar por la posta que dejasen de poblar por 
entonces las provincias en que estaban , é que 
fuesen á la Villa-Rica , donde estaba el Cristó- 
bal de Tapia , y con ellos mandó que fuese un 
fraile que se decia fray Pedro Melgarejo de 
Urraca. Ya que el Tapia iba camino de Méjico á 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 425 

se ver con Cortés t encontró con nuestros capi- 
tañes y con el fraile por mí nombrados , y con 
palabras y ofrecimientos que le hicieron , vol- 
vió del camino para un pueblo que se decia 
Cempoal , y allí le demandaron que mostrase 
otra vez las provisiones , y que verían cómo y 
deque manera lo mandaba su majestad, y si 
venia en ellas su real firma ó era sabidor dello, 
é que los pechos por tierra las obedecerían en 
nombre de Hernando Cortés y de toda la Nueva- 
España , porque traían poder para ello ; y el 
Tapia les tomó á notificar y mostrar las provi- 
siones ; y todos aquellos capitanes á una las 
obedecieron y pusieron sobre sus cabezas como 
provisiones de nuestro rey y señor , é que en 
cuanto al cumplimiento , que suplicaban dellas 
para ante el Emperador nuestro señor ; y dije- 
ron que no era sabidor dellas ni de cosa nin- 
guna , é que el Cristóbal de Tapia no era sufi- 
ciente para ser gobernador , é que el Obispo 
de Burgos era contra todos los conquistadores 
que servíamos á su majestad, y andaba orde- 
nando aquellas cosas sin dar verdadera relación 
á su majestad , y por favorecer al Diego Velaz- 
quez, y al Tapia por casar con uno dellos á una 
doña Fulana de Fonseca ', sobrina del mismo 
Obispo ; y luego que el Tapia vio que no apro- 
vechaban palabras ni provisiones ni cartas de 
ofertas ni otros cumplimientos, adoleció de 
enojo; y aquellos nuestros capitanes le escribían 
á Cortés todo lo qué pasaba , y le avisaron que 
55 



426 BERNAL DÍAZ* 

enviase tejuelos de oro y barras, é que con ellos 
amansaría la furia de Tapia ; lo cual el oro vino 
por la posta, y le compraron unos negros y tres 
caballos y el un navio , y se volvió á embarcar 
en el otro navio y se fué á la isla de Santo Do- 
mingo > de donde habia salido ; é cuando allá 
llegó , la audiencia real que en ella residía 
y los frailes gerónimos que estaban por gober- 
nadores notaron muy bien su vuelta de aquella 
manera, y se enojaron con él porque antes que 
saliese de la isla para ir á la Nueva-España le 
habían mandado expresamente que en aquella 
sazón no curase de venir, porque seria causa de 
quebrar el hilo y conquistas de Méjico, y no 
les quiso obedecer; antes, con favor del Obispo 
de Burgos, D. Juan Rodríguez de Fonseca, se 
resolvió; que no osaban hacer otra cosa los oido- 
res sino lo que el Obispo de Burgos mandaba, 
porque era presidente de ludias, porque su ma- 
jestad estaba en aquella sazón en Flandes, que 
no habia venido á Castilla. Dejemos esto del 
Tapia, y digamos cómo luego envió Cortés á 
Pedro de Albarado á poblar á Tustepeque, que 
era tierra rica de oro. Y para que bien lo en- 
tiendan los que no saben los nombres destos 
pueblos, uno es Tutepeque, adonde fué Gonza- 
lo de Sandoval, y otro es Tustepeque, adonde 
en esta sazón va Pedro de Albarado; y esto de- 
claro porque no me culpen que digo que dos ca- 
pitanes fueron á poblar una provincia de un 
nombre, y son dos provincias; y también habia 



conquista dé nueva-estaña. 427 

enviado á poblar el rio de Panuco, porque Cor- 
tés tuvo noticia que un Francisco de Garay ha- 
cia grande armada para venirla á poblar; por- 
que, según pareció, se lo habia dado su majes- 
tad al Garay por gobernación y conquista, se- 
gún mas largamente lo he dicho y declarado en 
los capítulos pasados cuando hablaba de todos 
los navios que envió adelante Garay, que des- 
barataron los indios de la misma provincia de 
Panuco, é hizolo Cortés porque si viniese el 
Garay la hallase por Cortés poblada. Dejemos 
desto, y digamos cómo Cortés envió otra vez á 
Rodrigo Rangel por teniente de Villa-Rica, y 
quitó al Gonzalo de Albarado, y le mandó que 
luego le enviase á Panfilo de Narvaez donde es- 
taba poblan lo Cortés en Cuyoacan, que aún no 
habia entrado á poblar á Méjico hasta que se 
edificasen todas las casas y palacio adonde habia 
de vivir; y envió por el Panfilo de Narváez por- 
que, según le dijeron, que cuando el Cristóbal 
de Tapia llegó á la Villa-Rica con las provisio- 
nes que dicho tengo, el Narvaez habló con él y 
en pocas palabras le dijo: «Señor Tapia, paré- 
cerne que tan buen recaudo traéis y tal le lleva- 
réis como yo; mirad en lo que yo he parado tra- 
yendo tan buena armada, y mirad por vuestra 
persona, no os maten, y no os curéis de perder 
tiempo; que la ventura de Cortés é sus soldados 
no es acabada; entended en que os den algún 
oro por esas cosas que traéis, é idos á Castilla 
ante su magestad, que allá no faltará quien og 



428 BEKNAL DÍAZ. 

ayude, y diréis lo que pasa, en especial tenien- 
do, como tenéis, al señor Obispo de Burgos; y 
esto es mejor consejo.» Dejémonos desta pláti- 
ca y diré cómo Narvaez fué su camino á Méji- 
co, y vio aquéllas grandes ciudades y poblacio- 
nes; y cuando llegó á Tezcuco se admiró, y 
cuando vio á Cuyoacan, mucho más, y desque 
vio la gran laguna y ciudades que en ella están 
pobladas, y después la gran ciudad de Méjico, y 
como Cortés supo que venia , le mandó hacer 
mucha honra; y llegado ante él, se hincó de ro- 
dillas y le fué á besar las manos, y Cortés no lo 
consintió y le hizo levantar, y le abrazó y le 
mostró mucho amor, y le hizo asentar cabe sí, y 
entonces el Narvaez le habló y le dijo: «Señor 
capitán, agora digo de verdad que la menor cosa 
que hizo vuestra merced y sus valerosos solda- 
dos en esta Nueva-España fué desbaratarme á 
mi y prenderme, y aunque trajera mayor poder 
del que traje , pues he visto tantas ciudades y 
tierras que ha domado y sujetado al servicio de 
Dios nuestro Señor y del Emperador Carlos V; 
y puédese vuestra merced alabar y tener en tan- 
ta estima, que yo ansí lo digo, y dirán todos los 
capitanes muy nombrados que el cia de hoy son 
vivos, que en el universo se puede anteponer á 
los muy afamados é ilustres varones que. ha 
habido; y otra tan fuerte ciudad como Méjico 
no la hay ; y vuestra merced y sus muy esforza- 
dos soldados son dignos que su majestad les 
haga muy crecidas mercedes ;» y le dijo otras 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 429 

muchas alabanzas ; y Cortés le respondió que 
nosotros no éramos bastantes para hacer lo que 
estaba hecho , sino la gran misericordia de Dios 
nuestro Señor , que siempre nos ayudaba , y la 
buena ventura de nuestro gran César. Dejémo- 
nos desta plática y de las ofertas que hizo Nar- 
Taez á Cortés que le seria servidor, y diré cómo 
en aquella sazón se pasó Cortés á poblar la in- 
signe y gran ciudad de Méjico , y repartió sola- 
res para las iglesias y monasterios y casas rea- 
les y plazas , y á todos los vecinos les dio sola- 
res ; y por no gastar más tiempo en escribir se- 
gún y de la manera que agora está poblada, 
que , según dicen muchas personas que se han 
hallado en muchas partes déla cristiandad, otra 
más populosa y mayor ciudad y de mejores ca- 
sas y muy bien pobladas no se ha visto. Pues 
estando dando la órdon que dicho tengo, al 
mejor tiempo que estaba Cortés algo descan- 
sando, le vinieron cartas del Panuco que toda la 
provincia estaba levantada é puesta en armas, y 
que era gente muy belicosa y de muchos guer- 
reros , porque habian muerto muchos soldados 
que habia enviado Cortés á poblar , y que con 
brevedad enviase el mayor socorro que pudiese; 
y luego acordó Cortés de ir él mismo en perso- 
na t porque todos los capitanes habian ido á sus 
conquistas ; y llevó todos los¡más soldados que 
pudo y hombres de á caballo y ballesteros y es- 
copeteros, porque ya habian llegado á Méjico 
muchas personas de las que el veedor Tapia 



430 BERNAL ÍHAZ. 

traia consigo, y otros que allí estaban de los de 
Lúeas Vázquez de Aillon , que habían ido con 
él á la Florida , y otros que habian venido de 
las islas en aquel tiempo ; y dejando en Méjico 
buen recaudo, y por capitán del á Diego de So- 
to, natural de Toro , salió Cortés de Méjico ; y 
en aquella sazón no había herraje , sino muy 
poco, para los muchos caballos que llevaba, por- 
que pasaban de ciento y treinta de á caballo y 
ducientos y cincuenta soldados , y contados en- 
tre los ballesteros y escopeteros y de á caballo, 
y también llevó diez mil mejicanos; y en aque- 
lla sazón ya habia vuelto de Mechoacan Cristó- 
bal de Olí, porque dejó aquella provincia de 
paz y trajo consigo muchos caciques y al hijo 
del cacique Conci, que ansí se llamaba, y era el 
mayor señor de todas aquellas provincias, y trajo 
mucho oro bajo, que lo tenían revuelto con plata 
y cobre ; y gastó Cortés en aquella ida que fué 
á Panuco mucha cantidad de pesos de oro , que 
después demandaba á su majestad que le pagase 
aquella costa , y los oficiales de la real hacien- 
da no se los quisieron recebir en cuenta ni le 
quisieron pagar cosa dello , porque respon- 
dieron que si habia hecho aquel gasto en la con- 
quista de aquella provincia, que lo hizo por se 
apoderar della, porque Francisco de Garay, que 
venia por gobernador, no la hubiese, porque ya 
tenia noticia que venia de la isla de Jamaica 
con gran pujanza y armada. Volvamos á nues- 
tra relación, y diré cómo Cortés llegó con todo 



CONQUISTA DI NÜEVA-ESPANA. 431 

su ejército á la provincia de Panuco y los halló 
,de guerra, y los envió á llamar de paz muchas 
veces, mas no quisieron venir; é tuvo con ellos 
en algunos dias muchos rencuentros de guerra 
y en dos batallas que le aguardaron le mataron 
tres soldados y le hirieron más de treinta, y 
mataron cuatro caballos y hubo muchos heri- 
dos, y murieron de los mejicanos sobre ciento, 
sin otros más de ducientos que quedaron heri- 
dos; porque fueron los guastecas, que ansí se 
llaman en aquellas provincias, sobre más de se- 
senta mil hombres guerreros cuando aguardaron 
á nuestro capiran Cortés; más quiso nuestro Se- 
ñor que fueron desbaratados, y todo el campo 
adonde fueron estas batallas quedó ileno de 
muertos y heridos de los naguatecas naturales 
de aquellas provincias; por manera que no se 
tornaron más á juntar por entonces para dar 
guerra; y Cortés estuvo ocho dias en un pueblo 
que estaba allí cerca, donde habian sido aque- 
llas reñidas batallas, por causa de que se cura- 
sen los heridos y se enterrasen los muertos, y 
habia muchos bastimentos; y para tornarle á 
llamar de paz envió al Padre fray Bartolomé de 
Olmedo, y diez caciques, personas principales, 
de los que se habian prendido en aquellas bata- 
llas, y doña Marina y Jerónimo de Aguilar, que 
siempre Cortés los llevaba consigo; y el Padre 
fray Bartolomé de Olmedo les hizo un parla- 
mento muy discreto, y les dijo que «¿cómo se 
podian defender todos los de aquellas provincias 



432 BERNA t DÍAZ. 

de no se dar por vasallos de su majestad, pues 
han visto y tenido nueva que con el poder de 
Méjico, siendo tan fuertes guerreros, estaba 
asolada la ciudad y puesta por el suelo? E que 
vengan luego de paz y no hayan miedo, c que lo 
pasado de las muertes, que Cortés, en nombre 
de su majestad, se lo perdonaría;» y tales pala- 
bras les dijo el buen fray Bartolomé de Olmedo 
con amor, y otras llenas de amenazas, que, 
como estaban hostigados y habían visto muer- 
tos muchos de los suyos, y abrasados y asolados 
todos sus pueblos, vinieron de. paz, y todos tra- 
jeron joyas de oro, aunque no de mucho precio, 
que presentaron á Cortés, y él con halagos y 
mucho amor les recibió dé paz; y dende allí se 
fué Cortés con la mitad de sus soldados á un rio 
que se dice Chile, que está de la mar obra de 
cinco leguas, y volvió á enviar mensajeros á 
todos los pueblos de la otra parte del rio á 11a- 
mailesdepaz, y no quisieron venir; porque, 
como estaban encarnizados de los muchos sol- 
dados que habían muerto en obra de dos años 
que habían pasado de los capitanes que Garay 
envió á poblar aquel rio, como dicho tengo en 
el capítulo que del lo habla, ansí creyeron que 
harían á nuestro Cortés; y como estaban entre 
grandes lagunas y ríos y ciénagas, que es muy 
grande fortaleza para ellos; y la respuesta que 
dieron fué matar á los mensajeros que Cortés 
les había enviado á hablar sobre las paces, y á 
estos de agora tuvieron presos ciertos días, y 



CONQUÍSTA DE ÑUÉVÁ-ÉSPAWA. 433 

estuvo Cortés agnardando para ver si podría 
acabar con ellos que mudasen su mal propósito; 
y como no vinieron , mandó buscar todas las 
canoas que en el rio pudo haber, y con ellas y 
unas barcas que se hicieron de madera de na- 
vios viejos de los de Garay, y pasaron de noche 
de la otra parte del rio ciento y cincuenta sol- 
dados, y los más dellos ballesteros y escopete- 
ros, y cincuenta de á caballo; y como los prin- 
cipales de aquellas provincias velaban sus pasos 
y rios, como los vieron, dejáronlos pasar, y es- 
taban aguardando de la otra parte; y si muchos 
guastecas se habian juntado en las primeras ba- 
tallas que dieron á Cortés, muchos más estaban 
juntos esta vez, y vienen como leones rabiosos 
á se encontrar con los nuestros; y á los prime- 
ros encuentros- mataron dos soldados é hirieron 
sobre treinta, y también mataron tres caballos 
é hirieron otros quince, y muchos mejicanos; 
más tal prisa les dieron los nuestros, que no pa- 
raron en el campo, é luego se fueron huyendo, 
y quedaron dellos" muertos y heridos gran can- 
tidad; y después que pasó aquella batalla, los 
nuestros se fueron á dormir á un pueblo que es- 
taba despoblado, que se habian huido los mora- 
dores del, y con buenas velas, y escuchas, y ron- 
das y corredores del campo estuvieron, y de cenar 
no les faltó; y cuando amaneció, andando por el 
pueblo, vieron estar en un cu é adoratorio de 
ídolos, colgados muchos vestidos y caras desol- 
dados, adobadas como cueros de guantes, y con 
56 



434 BERNAL DÍAZ. 

sus barbas y cabellos, que eran de los soldados 
que habían muerto á los capitanes que había 
enviado Garay á poblar el rio de Panuco, y mu- 
chas. dellas fueron conocidas de otros soldados, 
que decían que eran sus amigos, y á todos se 
les quebró los corazones de lástima de las ver 
de aquella manera, y luego las quitaron de 
donde estaban y las llevaron para enterrar; y 
desde aquel pueblo se pasaron á otro lugar, y 
como conocían que toda la gente de aquella 
provincia era muy belicosa, siempre iban muy 
recatados y puestos en ordenanza para pelear, 
no les tomase descuidados y desapercibidos; y 
los descubridores de todo aquel campo dieron 
con unos grandes escuadrones de indios que es- 
taban en celadas, para que cuando estuviesen 
los nuestros en las casas apeados dar en los ca- 
ballos y en ellos; y como fueron sentidos, no 
tuvieron lugar de hacer todo lo que querían; 
más todavía salieron muy denodadamente y pe- 
learon con los nuestros como valientes guerre- 
ros, y estuvieron más de media hora que los de 
á caballo y los escopeteros no les podían hacer 
retraer ni apartar de sí, y mataron dos caballos 
y hirieron otros siete , y también hirieron quin- 
ce soldados y murieron tres de las heridas. Una 
cosa tenían estos indios : que ya que los lleva- 
ban de vencida, se tornaban á rehacer, y aguar- 
daron tres veces en la pelea, lo cual pocas veces 
se ha visto acaecer entre estas gentes; y viendo 
que los nuestros les herían y mataban , se acó- 



CONQUISTA DE HtJEVA*ÉSPAKA» 435 

gieron á un rio caudaloso é corriente , y los de 
á caballo y peones sueltos fueron en pos dellos 
é hirieron muchos; é otro dia acordaron de cor- 
rerles el campo é ir á otros pueblos que estaban 
despoblados , y en ellos hallaron muchas ti- 
najas de vino de la tierra puestas en unos so- 
terrarlos á manera de bodegas ; y estuvie- 
ron en estas poblaciones cinco dias corrién- 
doles las tierras , y como todo estaba sin 
gentes y despoblados , se volvieron al rio de 
Chile ; y Cortés tornó luego á enviar á lla- 
mar de paz á todos los mismos pueblos que 
estaban de guerra en aquella parte del rio, y 
como les habian muerto mucha gente, temie- 
ron que volverian otra vez sobre ellos, y á esta 
causa enviaron á decir que vendrian de ahí á 
cuatro dias, que buscaban joyas de oro para le 
presentar; y Cortés aguardó todos los cuatro 
dias qie habian dicho que vendrian, y no vinie- 
ron por entonces; y luego mandó á un pueblo 
muy grande que estaba cabe una laguna, que 
era muy fuerte por, sus ciénagas y rio, que de 
noche obscuro y medio lloviznando, ^ucen mu- 
chas canoas que luego mandó buscar, atadas de 
dos en dos, y otras sueltas, y en barcas bien he- 
chas, pasasen aquella laguna auna parte del 
pueblo en parte y paraje que no fuesen vistos 
ni sentidos de los de aquella población, y pasa- 
ron muchos amigos mejicanos, y sin ser vistos, 
•dan en el pueblo, el cual pueblo destruyeron, 
y hubo muy gran despojo y extrago en él; allí 



436 BERNAL DU2. 

Cargaron los amigos de todas las haciendas de 
los naturales que del tenían; y desque aquello 
Vieron, todos los más pueblos comarcanos den- 
de á cinco dias acordaron de venir de paz, ex- 
cepto otras poblaciones que estaban muy á 
trasmano, que los nuestros no pudieron ir á 
ellos en aquella sazoc; y por no me detener en 
gastar más palabras en esta relación de muchas 
cosas que pasaron, las dejaré de decir, sino que 
entonces pobló Cortés una villa con ciento y 
treinta vecinos, y entre ellos dejó veinte y sie- 
te de á caballo y treinta y seis escopeteros y ba- 
llesteros, por manera que todos fueron los ciento 
y treinta; llamábase esta villa Sant-Estéban del 
Puerto, y está obra de una legua üe Chile; y en 
los vecinos que en aquella villa poblaron repar- 
tió y dio por encomienda todos los pueblos que 
habían venido dé paz, y dejó por capitán dellos 
y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando 
en aquella villa de partida para Méjico, supo 
por cosa muy cierta que tres pueblos que fue- 
ron cabeceras para la rebelión de aquella pro- 
vincia, y fueron en la muerte de muchos espa- 
ñoles, andaban de nuevo., después de haber ya 
dado la obediencia á su majestad y haber veni- 
do de paz, convocando y atrayendo á los demás 
pueblos sus comarcanos , y decían que después 
que Cortés se fuese á Méjico con los de á caba- 
llo y soldados, que á los que quedaban poblados 
que diesen un dia ó noche en ellos y que ten- 
drían buenas hartazgas con ellos; y sabida por 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 4^7 

Cortés la verdad muy de raiz, les mandó que- 
mar las casas; mas luego se tornaron á poblar. 
Digamos que Cortés había mandado antes que 
partiese de Méjico para ir á aquella entrada, 
quedende la Veracruz le enviasen un barco car- 
gado de vino y vituallas y conservas y bizcocho 
y herraje, porque en aquella sazón no habia 
trigo en Méjico para hacerpan; é yendo que 
iba el barco su viaje á la derrota de Panuco, 
cargado de lo que fué mandado , parece ser que 
hubo muy recios Nortes y dio con él en parte 
que se perdió, que no se salvaron sino tres 
personas, que aportaron en unas tablas á una 
isleta donde habia unos muy grandes arena- 
les, seria tres ó cuatro leguas de tierra» don- 
de habia muchos lobos marinos, que salian de 
noche á dormir á los arenales, y mataron 
de los lobos, y con lumbre que sacaron con unos 
palillos como la sacan en todas las Indias las 
personas que saben cómo se ha de sacar , tu- 
vieron lugar de asar la carne de los lobos, y 
cavaron en mitad de la isla é hicieron unos 
como pozos y sacaron agua algo salobre , y 
también habia una fruta que parecían higos , y 
con la carne de los lobos marinos y la fruta y 
agua salobre se mantuvieron más de dos meses; 
y como aguardaban en la villa de Sant-Estéban 
el refresco y bastimento y herraje , escribió 
Cortés á sus mayordomos á Méjico que cómo no 
enviaban el refresco ; y cuando vieron la carta 
de Cortés, tuvieron por muy cierto que se habia 



438 BERNAL DÍAZ. . 

perdido el barco , y enviaron luego los mayor- 
domos de Cortés un navio chico de poco porte 
en busca del barco que se perdió , y quiso Dios 
que se toparon en la isleta donde estaban íos 
tres españoles de los que se perdieron , con 
ahumadas que hacian de^ noche é de dia , é des- 
que vieron el barco , se alegraron , y embarca- 
dos , vinieron á 1¿ villa , y llamábase el uno 
dellos Fulano Celiano , vecino que fué de Méji- 
co. Dejémonos desto, y digamos, como en aque- 
lla sazón nuestro capitán Cortés se venia ya 
para Méjico, tuvo noticia que en unos pueblos que 
estaban en unas sierras que eran muy agras se 
habian rebelado y hacian grande guerra á otros 
pueblos que estaban de paz , y acordó de ir allá 
antes que entrase en Méjico ; é yendo por su 
camino , ios de aquella provincia lo supieron é 
aguardaron en un paso malo , y dieron en la 
rezaga del fardaje y le mataron ciertos tamemes 
y robaron lo que llevaban ; y como era el cami- 
no malo , por defender el fardaje los de á caba- 
llos que los iban á socorrer reventaron dos ca- 
ballos; y llegados á las poblaciones, muy bien 
se lo pagaron ; que , como iban muchos mejica- 
nos nuestros amigos , por se vengar de lo que 
les robaron en el puerto y camino malo , como 
dicho tengo , mataron y cautivaron muchos in- 
dios , y aun el cacique y su capitán murieron 
ahorcados después que hubieron vuelto lo que 
habian robado ; y esto hecho , Cortés mandó á 
Jos mejicanos que no hiciesen más daño , y lúe- 



CONQUISTA DE NUÉVA-ESPANA. 439 

go envió á llamar de paz.á todos los principales 
y papas de aquella población , los cuales vinie- 
ron y dieron la obediencia á su majestad ; y el 
cacicazgo mandó que lo tuviese uu hermano del 
cacique que habían ahorcado , y los dejó en sus 
casas pacíficos y muy bien castigados , y enton- 
ces se volvió á Méjico. Yantes que pase ade- 
lante, quiero decir que en todas las provincias 
de la Nueva-España otra gente más sucia y 
mala y de peores costumbres no la hubo como 
esta de la provincia de Panuco, y sacrificadores 
y crueles en demasía , y borrachos y sucios y 
malos , y tenían otras treinta torpezas; y si mi- 
ramos en ello , fueron castigados á fuego y á 
sangre dos ó tres veces , y otros mayores males 
les vino en tener por gobernador á Ñuño de 
Guzman , que desque le dieron la gobernación, 
los hizo casi á todos esclavos y los envió á ven- 
der á las islas, según más largamente lo diré en 
su tiempo y lugar. Volvamos á nuestra rela- 
ción, y diré, después que Cortés volvió á Méji- 
co, en lo que entendió é hizo, 



440 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO CLIX. 



COMO CORTES Y TODOS LOS OFICIALES DEL REY ACOR- 
DARON DE ENVIAR Á SU MAJESTAD TODO EL ORO QUE 
LE HABÍA CABIDO DE SU REAL QUINTO DE TODOS LOS 
DESPOJOS DE MÉJICO, Y CÓMO SE ENVIÓ BE POR SÍ LA 
RECÁMARA DEL ORO Y TODAS LAS JOYAS QUE FUE- 
RON DE MONTEZUMA Y DE GUATEMUZ , Y LO QUE SO- 
BRN ELLO ACAECIÓ. 



Como Cortés volvió á Méjico de la entrada de 
Panuco , anduvo entendiendo en la- población y 
edificación de aquella ciudad ; y viendo que 
Alonso de Avila, ya otra vez por mí nombrado 
en los capítulos pasados, habia vuelto en aque- 
lla sazón de la isla de Santo Domingo, y trajo 
recaudo de lo que le habían enviado á negociar 
con la audiencia Real é Frailes Jerónimos que 
estaban poi gobernadores de todas las islas, é los 
recaudos que entonces trajo fué, que nos daban 
licencia para poder conquistar toda la Nueva- 
España y herrar los esclavos, según y de la ma- 
nera que llevaron en una relación, y repartir y 
encomendar los indios como en las islas Española 
é Cuba ó Jamaica se tenia por costumbre; y es- 
ta licencia que dieron fué hasta en tanto que su 
majestad fuese sabidor dello, ó fuese servido 
mandar otra cosa; de lo cual luego le hicieron 



CONQUISTA Í>E NUÉYA-ESPANA. 441 

relación los mismos Frailes Jerónimos, y envia- 
ron un navio por la posta á Castilla , y entonces 
su majestad estaba en Flándes, que era mance- 
bo, y allá supo los recaudos que los Frailes Je- 
rónimos le enviabanj^porque al Obispo de Bur- 
gos, puesto qwe estaba por presidente de indias, 
como conocían del ojie nos era muy contrario^ 
no le daban cuenta dello ni trataban con él otras 
muchas cosas de importancia, porque estaban 
muy mal con sus cosas. Dejemos esto del Obis- 
po, y volvamos á decir que, como Cortés tenia 
á Alonso de Avila por hombre atrevido y no 
estaba muy bien con él, siempre le quería tener 
muy lejos de sí , porque verdaderamente si 
cuando vino el Cristóbal de Tapia con las provi- 
siones el Alonso de Avila se hallara en Méjico, 
porque entonces estaba en la isla de Santo Do- 
mingo, y eomo el Alonso de Avila era servidor 
del Obispo de Burgos é habia sido su criado, y 
le traían cartas para él , fuera gran contraditor 
de Cortés y de sus cosas, y á esta causa siempre 
procuraba Cortés de tenello apartado de su per- 
sona; y cuando vino deste viaje que dicho ten- 
go , por consejo de fray Bartolomé de Olmedo" 
por le contentar y agradar , le encomendó en 
aquella sazón el pueblo de Guatitlan, y l e dip 
ciertos pesos de oro , y con palabras y ofrecí* 
mientos y con el depósito del pueblo por mi 
nombrado, que es muy bueno y de mucha renta, 
le hizo tan su amigo y servidor , que Je envió 
después á Castilla, y juntamente con él á su csh 
57 



442 BERNAL BÍÁZ. 

pitan de la guarda , que se decía Antonio de 
Quiñones , los cuales fueron por procuradores 
de la Nueva-España y de Cortés , y ltevaron 
dos navios , y en ellos ochenta y ocho mil cas- 
tellanos en barras de oro ; y llevaron la recá- 
mara que llamamos del gran Montezuma , que 
tenia en su poder Guatemuz , y fué un gran 
presente, en fin para nuestro gran César , por- 
que fueron muchas joyas muy ricas y perlas 
tamañas algunas dellas como avellanas , y mu- 
chos chalchiuíes , que son piedras finas como 
esmeraldas , y por ser tantas y no me detener 
en escribirlas , lo dejaré de decir y traer á la 
memoria; y también enviamos unos pedazos 
de huesos de gigantes que se hallaron en el 
cu é adoratorio en Cuyoacan , que era según 
y de la manera de otros grandes zancarro- 
nes que nos dieron en Tlascala , los cuales ha- 
bíamos enviado la primera vez, y eran muy 
grandes en demasía ; y le llevaron tres tigres y 
otras cosas que ya no me acuerdo ; y por estos 
procuradores escribió el cabildo de Méjico á su 
majestad, y ansimismo todos los más conquista- 
dores escribimos con el cabildo juntamente , é 
fray Bartolomé de Olmedo , de la orden de la 
Merced, y el tesorero Julián de Alderete; y to- 
dos á una decíamos de ios muchos y buenos é 
leales servicios que Cortés y todos nosotros los 
conquistadores le habíamos hecho y á la conti- 
na hacíamos , y todo lo por nosotros sucedido 
desde que entramos á ganar la ciudad de Méji- 



CONQUISTA DE NUÉ V A-ÉSPAN A . 443 

co, y cómo estaba descubierta la mar del Sur y 
se tenia por cierto que era cosa muy rica; y 
suplicamos á su majestad que nos enviase 
Obispos y religiosos de todas órdenes, que 
fuesen de buena vida y doctrina, para que nos 
ayudasen á plantar más por entero en estas 
partes nuestra santa fe católica, y le suplica- 
mos todos á una que la gobernación desta Nue- 
va-España que le hiciese merced della á Cor- 
tés , pues tan bueno y leal servidor le era, y 
á todos nosotros los conquistadores nos hiciese 
merced para nosotros y para nuestros hijos 
que todos los oficios reales, en fin de tesoreio, 
contador y fator, y escribanías públicas é fieles 
ejecutores y alcaidías de fortalezas, que no hi- 
ciese merced dellas á otras personas, sino que 
entre nosotros senos quedase; y le suplicamos 
que no enviase letrados , porque en entrando 
en la tierra la pondrían revuelta con sus li- 
bros, é habria pleitos y disensiones ; y se le 
hizo saber lo de Cristóbal de Tapia, cómo ve- 
nia guiado por don Juan Rodríguez de Fonse- 
ca, Obispo de Burgos, y que no era suficiente 
para gobernar, y que se perdiera esta Nueva- 
España si él quedara por gobernador; y que 
tuviese por bien de saber claramente qué se ha- 
bían hecho las cartas y relaciones que le había- 
mos escrito dando cuenta de todo lo que ha- 
bía acaecido en esta Nueva-España, porque te- 
níamos por muy cierto que el mismo Obispo 
no se les enviaba, y antes le escribía al contra* 



4U ÉÉ B Ul díaS. 

rio de lo que pasaba , en favor dé ÉHego Vela*- 
quez j su amigo , y de Cristóbal de Tapia , pb* 
easalle con una parienta suf a que ee déefo, 
áoña Petronila de í*orseea ; y cómo presentó 
ciertas provisiones que venían firmadas é guia- 
das por el dicho Obispo de Bérgos, y que todos 
estábamos los pechos por tierra para las obe- 
decer, como se obedecieron ; más viendo qué él 
Tapia no era hombre para guerra , ni tenia 
aquel ser ni cordura para ser gobernador , qué 
suplicaron de todas las provisiones hastfa in- 
formar á su Real persona de todo lo acaecido, 
como agora le informamos , y le hacíamos sa- 
bidor como sus leales vasajlos, é somos obliga- 
dos á nuestro Rey y señor ; y que agora , que 
dé lo que más fuere servido mandar , que aquí 
estamos los pechos por tierra para cumplir su 
Real mando; y también le suplicamos que fuese 
servido de enviar á mandar al Obispo de Bur- 
gos que no se entremetiese en cosas ningunas 
de Cortés ni de todos nosotros , porque seria 
quebrar el hilo á muchas cosas de conquistas 
que en esta Nueva-España nosotros entendía- 
mos , y en pacificar provincias , porque habia 
mandado el mismo Obispo de Burgos á los ofi- 
ciales qué estafean en la casa de la contratación 
de Sevilla , que se decian Pedro de Ilasaga y 
Juan López de Recalte , que no dejasen pasar 
ningún recaudo de armas ni soldados ni favor 
para Cortés ni para los soldados que con él esta- 
ban ; y también se le hizo relación cómo Cortés 



CONQUISTA fcfc NVÉVA-feSPANA. #15 

babia ido á pacificar la provincia de Panuco 
y la dejó de pafc , y las muy recias y fuertes 
batallas que con los naturales della tuvo, y có- 
mo era gente muy belicosa y guerrera, y cómo 
habian muerto los de aquella provincia á los ca- 
pitanes que había enviado Francisco de Garay, 
y á todos sus soldadas, por n« sé sabe dar maña 
en las guerras; y que había gastado Cortés en 
la entrada sobre sesenta mil pesos , y que los 
demandaba á los oficiales de su Real hacienda y 
no se los quisieron pagar. También se le hizo 
sabidor cómo agora hacia el Garay una armada 
en la isla de Jamaica , y que venían á poblar el 
rio de Panuco ; y porque no le acaeciese como á 
sus capitanes, que se los mataron , que suplicá- 
bamos á su majestad que le enviase á mandar 
que no salga de la isla hasta que esté muy de 
paz aquella provincia , porque nosotros se la 
conquistaremos y se la entregaremos; porque si 
en aquélla sazón viniese , viendo los naturales 
de aquestas tierras dos capitanes que manden, 
tendrán divisiones y levantamientos , especial 
los mejicanos ; y escribiósele otras muchas co- 
sas. Pues Cortés por su parte no se le quedó 
nada en el tintero , y aun de manera hizo rela- 
ción en su carta de todo lo acaecido, que fueron 
veinte y una plana ; é porque yo las leí todas , é 
lo entendí muy bien , lo declaro aquí como di- 
cho tengo. Y demás de esto , enviaba Cortés á 
suplicar á su majestad que le diese licencia 
para ir á la isla de Cuba á prender al goberna- 



446 BERNAL DÍAZ. 

dor della , que se decia Diego Velazquez , para 
enviársele á Castilla , para que allá su majestad 
le mandase castigar ; porque no le desbaratase 
más ni revolviese la Nueva-España , porque 
enviaba desde la isla de Cuba á mandar que 
matasen á Cortés. Dejémonos de las cartas, 
y digamos de su buen viaje que llevaron nues- 
tros procuradores después que partieron del 
puerto de la Veracruz , que fué en veinte dias 
del mes de Diciembre de 1522 años , y con 
buen viaje desembarcaron por la canal de Baha- 
ma, y en el camino se les soltaron dos tigres de 
los tres que llevaban, é hirieron á unos marine- 
ros; y acordaron de matar al que quedaba, por- 
que era muy bravo y no se podian valer con él; 
y fueron su viaje hasta la isla que llaman de la 
Tercera; y como el Antonio de Quiñones era 
capitán y se preciaba de muy valiente y ena- 
morado, parece ser que se revolvió en aquella 
isla con una mujer é hubo sobre ella cierta 
quistion, y diéronle una cuchillada en la cabe- 
za, de que al cabo de algunos dias murió, y 
quedó sólo Alonso de Avila por capitán. E ya 
que iba el Alonso de Avila con Jos dos navios 
camino de España, no muy lejos de aquella isla 
topa con ellos Juan Florín, francés cosario, y 
toma todo el oro y navios, y prende al Alonso 
de Avila y llévanle preso á Francia. Y también 
en aquella sazón robó el Juan Florín otro navio 
que venia de la isla de Santo Domingo, y le to- 
mó sobre veinte mil pesos de oro y muy gran 



COÑOÜISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 447 

cantidad de perlas y azúcar y cueros de yacas, 
y con todo esto se volvió á Francia muy rico , é 
hizo grandes presentes á su Rey é al almirante 
de Francia de las cosas é piezas de oro .que lle- 
vaba de la Nueva-España, que toda Francia es- 
taba maravillada de las riquezas que enviába- 
mos á nuestro gran Emperador , y aun el mes- 
mo Rey de Francia le tomaba codicia de 
tener parte en las islas de la Nueva-Espa- 
ña ; y entonces es cuando dijo que solamente 
con el oro que le iba á nuestro César destas 
tierras le podia dar guerra á su Francia ; y 
aun en aquella sazón no era ganado ni ha- 
bía nueva del Perú , sino , como dicho ten- 
go, lo de la Nueva-España y las islas de Santo 
Domingo y San Juan y Cuba y Jamaica; y en- 
tonces dice que dijo el Rey de Francia, ó se lo 
envió á decir á nuestro gran Emperador, que, 
¿cómo habían partido entre él y el Rey de Por- 
tugal el mundo, sin darle parte á él? Que mos- 
trasen el testamento de nuestro padre Adán, si 
les dejó á ellos solamente por herederos y seño- 
res de aquellas tierras que habían tomado entre 
ellos dos, sin dalle á él ninguna dellas, é que 
por esta causa era lícito robar y tomar todo lo 
que pudiese por la mar ; y luego tornó á man- 
dar á Juan Florín que volviese con otra armada 
á buscar la vida por la mar ; y de aquel viaje 
que volvió, ya que llevaba otra gran presa de 
todas ropas entre Castilla y las islas de Cana- 
ria, dio con tres ó cuatro navios recios y de ar- 



v 



448 BÉRNAL DÍAZ. 

armada, vfeííatnos, y los unos por una parte y 
y los otros por otra embisten con el Juan Flo- 
rim, y le rompen y desbaratan, y préndenle á él 
y á otros muchos franceses, y les tomaron sus 
navios y ropa, y á Juan Floria y á otros capita- 
nes llevaron presos á Sevilla á la casa de la con- 
tratación, y los enviaron presos á su majestad; 
y después que lo supo, mandó que en el camino 
hiciesen justicia dellos, y en el puerto del Pico 
los ahorcaron ; y en esto paró nuestro oro y ca- 
pitanes que lo llevaban, y el Juan Florín que lo 
robó. Pues volvamos á nuestra relación, y es, 
que llevaron á Francia preso á Alonso de Avila, 
y le metieron en una fortaleza, creyendo haber 
del gran rescate, porque, como llevaba tanto 
oro á su cargo, guardábanle bien ; y el Alonso 
de Avila tuvo tales maneras y concierto con el 
caballero francés que lo tenia á cargo ó le 
tenia por prisionero , que para que en Cas- 
tilla supiesen de la manera que estaba preso 
y le viniesen á rescatar, dijo que fuesen por 
la posta todas las cartas y poderes que llevaba 
de la Nueva-España, y que todas se diesen en la 
corte de su majestad al licenciado Nuñez, primo de 
Cortés, que era relator del Real Consejo, ó á Mar- 
tin Cortés, padre del mismo Cortés, que vivia en 
Medellin,ó á Diego de Ordás, que estaba en la 
corte; y fueron á todo buen recaudo, que las hu- 
bieron á su poder, y luego las despacharon para 
Flandes á su majestad, porque al Obispo de 
Burgos no le dieron cuenta ni relación dello, y 



C0NQUI8TADE NUEVA-ESPAÑA. 449 

todavía lo alcanzó á saber el Obispo de Burgos, 
y dijo que se holgaba que se hubiese perdido f 
robado todo el oro. Dejemos al Obispo, y vamos 
á su majestad, que, como luego lo supo, dijeron, 
quien lo vio y entendió, que hubo algún senti- 
miento de la pérdida del oro; y de otra parte se 
alegróvieudo que tanta riqueza le enviaban . é 
que sintiese el Rey de Francia que con aquellos 
presentes que le enviábamos que le podría dar 
guerra; y luego envió á mandar al Obispo de 
Burgos que en lo que tocaba á Cortés é á la 
Nueva-España, que en todo le diese favor y 
ayuda, y que presto vendría á Castilla y enten- 
dería en ver la justicia de Jos pleitos y contien- 
das de Diego Velazquez y Cortés. Y dejemos es- 
to y digamos luego cómo supimos en la Nueva- 
España la pérdida del oro y riquezas de la re- 
cámara y prisión de Alonso de Avila, y todo lo 
demás aquí por mí memorado, y tuvimos dello 
gran sentimiento , y luego Cortés con brevedad 
procuró de haber é llegar todo el más oro que 
pudo recojer, y de hacer un tiro de oro bajo y 
de plata de lo que habian traído de Mechoa- 
can , para enviar á su majestad , y llamóse 
el tiro Fénix. Y también quiero decir que 
siempre estuvo el pueblo de Guatitlan, que 
dio Cortés á Alonso de Avila, por el mismo 
Alonso de Avila, porque en aquella sazón no le 
tuvo su hermano Gil González de Benavide;, 
hasta más de tres años adelante, que el Gil 
González vino de la isla de Cuba, é ya el Alon- 
58 



450 BERNA L DÍAZ. 

so de Avila estaba suelto de la prisión de Fran- 
cia y habia venido á Yucatán por contador; y 
entonces dio poder al hermano para que se sir- 
viese del, porque jamás se le quiso traspasar. 
Dejémonos de cuentos viejos, que no hacen á 
nuestra relación, y digamos todo lo que acaeció 
á Gonzalo de Sandoval y á los demás capitanes 
que Cortés habia enviado á poblar las provin- 
cias por mí ya nombradas, y entre tanto acabó 
Cortés de mandar forjar el tiro é allegar el oro 
para enviar á su majestad. Bien sé que dirán 
algunos curiosos letores que por qué, cuando 
envió Cortés á Pedro de Albarado y á Gonzalo 
de Sandoval y los demás capitanes á las con- 
quistas y pacificaciones ya por mí nombradas, 
no concluí con ellos en esta mi relación lo que 
habían hecho en ellas, y en lo que en las jor- 
nadas á cada uno ha acaecido, y lo vuelvo aho- 
ra á recitar, que es volver muy atrás de nues- 
tra relación; y las causas que agora doy á 
ello es que, como iban camino de sus provin- 
cias á las conquistas, y en aquel instante llegó 
al puerto de la Villa-Rica el Cristóbal de Ta- 
pia, otras muchas veces por mí nombrado, 
que venia para ser gobernador de la Nueva-Es- 
paña; y para consultar Cortés loque sobre el ca- 
so se podria hacer, é tener ayuda y favor dellos, 
como Pedro de Albarado é Gonzalo de Sandoval 
eran tan experimentados capitanes y de buenos 
consejos , envió por la posta á los llamar , y de- 
jaron sus conquistas é pacificaciones suspensas, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 451 

é como he dicho , vinieron al negocio de Cristó- 
bal de Tapia , que era más importante para el 
servició de su majestad , porque se tuvo por 
cierto que si el Tapia se quedara para gober- 
nar , que la Nueva-España y Méjico se levanta- 
ran otra vez ; y en aquel instante también vino 
Cristóbal de Olí de Menchoacan, como era cerca 
de Méjico , y la halló de paz , y le dieron mu- 
cho oro y plata ; y como era recien casado , y la 
mujer moza y hermosa , apresuró su venida. Y 
luego , tras esto de Tapia, aconteció el levanta- 
miento de Panuco , y fué Cortés á lo pacificar, 
como dicho tengo en el capitulo que dello habla, 
y también para escribir á su majestad, como es- 
cribimos, y enviar el oro y dar poder á nuestros 
capitanes y procuradores por mí ya nombrados; 
y por estos estorbos, que fueron los unos tras los 
otros, lo tornó aquí á traer á la memoria , y es 
desta manera que diré. 



CAPITULO CLX. 



CÓMO GONZALO DE SANDOVAL LLEGÓ CON SU EJERCITO 
AUN PUEBIO QUE SE DICE TUSTEPEQUE, Y LO QUE 
ALLÍ HIZO, Y DESPUÉS PASÓ Á GUACACUALCO, Y TODO 
LO MÁS QUE LE AVINO. 



Llegado Gonzalo de Sandoval á un pueblo 
que se dice Tustepeque, toda la provincia le vi- 
no de paz, excepto unos capitanes mejicanos que 



452 SERNAL Ml£. 

fueron en la muerte de sesenta españoles y mu- 
jeres de Castilla que se habían quedado malos 
en aquel pueblo cuando vino Narvaez, y era en, 
el tiempo que en Méjico nos desbarataron ; en- 
tonces los mataron en el mismo pueblo ; é dende 
obra de dos meses que hubieron muerto los por 
mí dichos, porque entonces fui con Sandoyal, yo 
posé en una como torrecilla» que era adoratorio 
de ídolos, á donde se habían hecho fuertes cuan- 
do les daban guerra, y allí los cercaron, y de 
hambre y de sed y de heridas les acabaron las 
vidas; y digo que posé en aquella torrecilla á 
causa que había en aquel pueblo de Tustepeque 
muchos mosquitos de día, écomo está muy altq 
é con el aire no había tantos mosquitos como 
abajo, y también por estar cerca del aposento 
donde posaba el Sandoval. Y volviendo á nues- 
tra plática, procuró el Sandoval de prender á los 
capitanes mejicanos que les dieron la guerra y 
les mataron los sesenta soldados que dicho ten- 
go, y prendió el más principal dellos y hizo jus- 
ticia, y por justicia lo mandó quemar ; otros mu- 
chos había juntamente con él que merecían pe- 
na de muerte, y disimuló con ellos, y aquel pegó 
por todos; y cuando fué hecho envió á llamar 
de paz unos pueblos zapotecas, que es otra pro- 
vincia que estará obra de diez leguas de aquel 
pueblo de Tustepeque, y no quisieron venir, y 
envió á ellos para los traer de paz á un capitán 
que se decía Briones (otras muchas veces ya lo 
he nombrado), que fué capitán de bergantines y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 4|| 

habia sido byen soldadp en Italia^ según él de- 
cisi, y le dio sobre cien soldadqs f y entre ellos 
treinta ballesteros y escopeteros y más de cien 
amigos de los pueblos que habían venido de paz; 
é yendo que iba el Briones con sus soldados y 
con buen concierto, pareció ser los zapotecas 
supieron que iba á su§ pueblos, y échanle una 
celada en el camino, que le hicieron volver más 
que de paso rodando unas cuestas y laderas aba- 
jo, y le hirieron más de la tercia parte de los 
soldados que llevaba, é murió uno de las heri- 
das, porque aquellas sierras donde están pobla- 
dos aquellos zapotecas son tan agras y malas, 
que no pueden ir por ellas caballos, y los solda- 
dos habían de ir á pié por unas sendas muy an- 
gostas, por contadero, uno á uno siempre ; hay 
neblinas y rocíos y resbalaban en los caminos; 
y tienen por armas unas lanzas muy largas, ma- 
yores que las nuestras, con una braza de cuchi- 
lla de navajas de pedernal, que cortan más que 
nuestras espadas, é unas p^vesinas, que se cu- 
bren con ellas, todo el cuerpo, y mucha flecha y 
vara y piedra, y los naturales muy sueltos y 
cenceños á maravilla, y con un silbo ó voz que 
dan entre aquellas sierras resuena y retumba la 
voz por un buen rato, digamos ahora como ecos. 
Por manera que se volvió el capitán friones con 
su gente herida, y aun él también trujo un fle- 
chazo ; llámase aquel pueblo que le desbarató 
Tiltepeque; y después que vino de paz el mis- 
mo pueblo,, se dio en encomienda á un soldado 



454 BERHAL DÍAZ. 

que se dice Ojeda el tuerto, que ahora vive éñ 
la villa de San Ilefonso. Pues cuando el Briones 
volvió á dar cuenta al Sandoval de lo que le ha- 
bía acaecido, y se lo contaba como eran grandes 
guerreros, y el Sndoval era de buena condi- 
ción, y el Briones se tenia por muy como valien- 
te, y solia decir que en Italia habia muerto y 
herido y hendido cabezas y cuerpos de hombres, 
ledecia el Sandoval: «¿Parécele, señor capitán, 
que son estas tierras otras que las donde anduvo 
militando?» Y el Briones respondió medio enoja- 
do, y dijo quejuraba á tal que más quisiera bata- 
llar contra tiros y grandes ejércitos de contrarios, 
así de turcos como de moros, que no con aquellos 
zapotecas, y daba razones para ello que parecia 
que cuadraban ; y todavía el Sandoval le dijo que 
no quisiera haberle enviado, pues así fué desba- 
ratado, que creyó que pusiera otras fuerzas co- 
mo él se alababa que habia hecho en Italia, 
porque este Briones habia poco tiempo que vi- 
no de Castilla; y le dijo el Sandoval: «Qué dirán 
ahora los zapotecas, que "no somos tan varones 
como creían que éramos?» Dejemos de esta en- 
trada, pues no aprovechó, antes dañó, y diga- 
mos cómo el mismo Gon7alo de Sandoval envió 
á llamar de paz á otra provincia que se dice 
Xaltepeque, que también eran zapotecas, que 
confinan con otra provincia y pueblos, que se 
decían los minxes, gentes muy sueltas y guer- 
reros, que tenían diferencias con los de Xalte- 
peque, que ahora, como digo, son los que en- 



CONQUISTA DE NÜE VA-ESPAÑA. 455 

viaba á llamar, y vinieron de paz obra de vein- 
te caciques y principales, y trajeron un presente 
de oro engrano, que entonces habían sacado de 
las minas en diez cañutillos y joyas de muchas 
hechuras, y traian vestidas aquellos principa- 
les unas ropas de algodón muy largas que les 
daban hasta los pies , con muchas labores en 
ellas labradas, y eran digamos ahora á la mane- 
ra de albornoces moriscos; y como vinieron de- 
lante el Sandoval, con mucho acato se lo pre- 
sentaron, y lo recibió con alegría, y les mandó 
dar cuentas de Castilla , y les hizo honra y ha- 
lagos, y le mandaron al Sandoval que les diese 
algunos teules, que en su lengua asi nos llama- 
ban á los españoles, para ir juntamente con 
ellos contra los pueblos de los minxes, sus con- 
trarios, que les daban guerra; y el Sandoval, 
como no tenia soldados en aquella sazón para 
les dar ayuda, como la demandaban, porque los 
que llevó el Briones estaban todos heridos, y 
otros habian adolecido, é Suatro muertos, por 
ser la tierra muy calurosa é doliente, con bue- 
nas palabras les dijo que él enviaría á Méjico á 
decir á Malinche, que así decian á Cortés, que 
les enviase muchos teules, é que se reportasen 
hasta que viniesen, y que entre tanto, que irian 
con ellos diez de sus compañeros para ver los 
pasos y tierra, para ir á dar guerra á sus con- 
trarios los minxes; y esto no lo decia el Sando- 
val sino para que viésemos los pueblos y minas 
donde sacaban el oro que trajeron ; y desta raa- 



456 njlSftt P IAZ « 

ñera los despidió , excepto á tres dellos, que 
mandó que quedasen para ir con nosotros; y 
luego despachó para ir á ver los pueblos y mi- 
nas, como he dicho, á un soldado que se decia 
Alonso del Castillo el de lo pensado; y me man- 
dó el Sandoval que yo fuese con él, y otros seis 
soldados, y que mirásemos muy bien las minas 
y la manera de los pueblos. Quiero decir por 
qué se llamaba aquel capitán que iba con nos- 
otros por caudillo Castillo el de lo pensado, y es 
por esta causa que diré. En la capitanía del San- 
doval habia tres soldados que tenian por renom- 
bre Castillos: el uno dellos era muy galán, y pre- 
ciábase dello en aquella sazón, que era yo , y á 
esta su caúsame llamaban Castillo el Galán; los 
otros dos Castillos, el uno dellos era de tal cali- 
dad, que siempre estaba pensativo, y cuando 
hablaban con el se paraba mucho más á pen- 
sar lo que habia de decir , y cuando respondía 
ó hablaba era un descuido ó cosas que tenía- 
mos que reir , y por esto le llamábamos 
Castillo délos pensamientos; y el otro era Alon- 
so del Castillo , que ahora iba con nosotros, que 
de repente decia cualquiera cosa, y íespondia 
muy á propósito de lo que preguntaban , y se 
decia Lastillu el de lo pensado. Dejemos de 
contar donaires, y volvamos á decir cómo fuimos 
á aquella provincia á ver las minas, y llevamos 
muchos indios de los de aquellos pueblos, y con 
unas como hechuras de bateas lavaron en tres 
ríos delante de nosotros , y en todos tres saca- 



CONQUISTA Df NUEVA-ESPANA. 4^7 

ron oro , é hincheron cuatro cañutillos dello. 
que era cada uno del tamaño de un dedo de la 
mano , el de en medio , y eran poco menos que 
cañones de patos de Castilla , y con aquella 
muestra de oro volvimos donde estaba el Gon^- 
zalo de Sandoval ,. y se holgó s creyendo que la 
tierra era rica ; y luego entendió en hacer los 
repartimientos de aquellos pueblos y provincia 
á los vecinos que habian de quedar allí pobla- 
dos ; y tomó para sí unos pueblos que se dicen 
Guazpaltepeque , que en aquel tiempo era la 
mejor cosa que habia en aquella provincia muy 
cerca de las minas , y aun le dieron luego sobre 
quince mil pesos de,oro , creyendo que tomaba 
una muy buena cosa ; y la provincia deXaltepe- 
que , donde trajimos el oro , depositó en el ca- 
pitán Luis Marín , que le daba un condado , y 
todos salieron muy malos repartimientos , asilo 
que tomó el Sandoval como lo que dio á Luis 
Marin » y aun á mime mandaba quedaren aque- 
lla provincia > y me daba muy buenos indios y 
de mucha renta, que pluguiera á Dios que los 
tomara, que se dice Meldatan y Oriaaba , donde 
está ahora el ingenio del Virey , y otro pueblo 
que se dice Ozotequipa , y no los quise, por pa- 
recerme que si no iba en compañía del Sando- 
val , teniéndole por amigo , que no hacia lo que 
convenia á la calidad de mi persona ; y el 
Sandoval verdaderamente conoció mi voluntad, 
y por hallarme con él en las guerras , si las hu- 
biese adelante , lo hice. Dejemos desto, y diga- 
50 



458 BERKAL filAZ. 

mos que nombró á la villa que pobló» Medellin, 
¿porque así le fué mandado por Cortés, porque 
el Cortés nació en Medellin de Extremadura; y 
era en aquella sazón el puerto un rio que se di- 
ce Chalchocueca, que es el que hubimos puesto 
por nombre rio de Banderas, donde se rescata- 
ron los diez y seis mil pesos; y por aquel rio ve- 
nían las barcas con la mercadería que venia de 
Castilla hasta que se mudó á la Veracruz. Deje- 
mos desto, é vamos camino de Guacacualco, 
que será de la villa de la Veracruz, que deja- 
mos poblada,, obra de sesenta leguas, y entra- 
mos en una provincia que se dice Citta, la más 
fresca y llena de bastimentos y bien poblada 
que habíamos visto, y luego vino de paz; y es 
aquella provincia que he dicho de doce leguas 
de largo y otras tantas de ancho, muy poblado 
todo. Y llegamos ai gran rio de Guacacualco, y 
enviamos á llamar los caciques de aquellos pue- 
blos, que era cabecera de aquellas provincias, y 
estuvieron tres dias que no vinieron ni envia- 
ban respuesta; por lo cual creímos que estaban 
de guerra, y aún así lo tenían consultado, que 
no nos dejasen pasar el rio; y después tomaron 
acuerdo de venir de ahí á cinco dias, y trajeron 
de comer y unas joyas de oro muy fino, y dije- 
ron que cuando quisiésemos pasar, que ellos 
traerían muchas canoas grandes; y Sandoval se 
lo agradeció mucho, y tomó consejo con algu- 
nos de nosotros si nos atreveríamos á pasar to- 
dos juntos de una vez en todas las canoas; y lo 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 459 

que nos pareció y aconsejamos, que primero pa- 
sasen cuatro soldados y viesen la manera que 
habia en un pueblezuelo que estaba junto al rio, 
y que mirasen y procurasen de inquirir y saber 
si estaban de guerra, y antes que pasásemos 
tuviésemos con nosotros el cacique mayor, que 
se dice Tochel; y asi, fueron los cuatro soldados 
y vieron todo á lo que les enviábamos, y se vol- 
vieron con relación á Sandoval como todo «sta- 
ba de paz, y aún vino con ellos el hijo del mis- 
mo cacique Tochel, que asi se decia, y trujo 
otro presente de oro, aunque no de mucha valia. 
Entonces le halagó el Sandoval, y le mandó 
que trujesen cien canoas atadas de dos en dos, 
y pasamos los caballos un dia después de pas- 
cua de Espíritu Santo; y por acortar de pala- 
bras, volvamos en el pueblo que estaba junto al 
rio abajo, y pusímoslepor nombre la villa del 
Espíritu Santo, é pusimos aquel sublimado nom- 
bre, lo uno, que en pascua de Espíritu Santo 
desbaratamos á Narvaez, y lo otro, porque 
aquel santo nombre fué nuestro apellido cuando 
le prendimos y desbaratamos, lo otro por pasar 
aquel rio aquel mismo dia, y porque todas 
aquellas tierras vinieron de paz sin dar guerra, 
y allí poblamos toda la fior de los caballeros y 
soldados que habíamos salido de Méjico á po- 
blar con el Sandoval, y el mismo Sandoval, y 
Luis Marin, y un Diego de Godoy, y el capitán 
Francisco de Medin, y Francisco Marmolejo, y 
Francisco de Lugo, y Juan López de Aguirre, 



460 B%HS AL tUAZ. 

y Hernando de Montes de Oca, y Juan de Sala^- 
manes, y Diego de Azamar, y Un Mantilla, y 
otro soldado que se decía Mejia Rapapelo, y 
Alonso de Grado, y el licenciado kedesma, y 
Luis deBustamante,y Pedro Castellar, y el ca- 
pitán Bripnes, é yo y otros muchos caballeros, é 
personas de calidad, que si los hubiese aquí de 
nombrar á todos, es no acabar tan presto ; mas 
tengan por cierto que solíamos salir á la plaza 
á un regocijo ó alarde sobre ochenta de á caba- 
llo, que eran más entonces aquellos ochenta que 
ahora quinientos; y la causa es esta, que no ha- 
bía caballos en la Nueva-España , sino pocos y 
caros, y no los alcanzaban á comprar sino cual 
ó cual. 

Dejemos desto, y diré cómo repartió Sando- 
val aquellas provincias y pueblos en nosotros, 
después de las haber enviado á visitar é hacer la 
división de la tierra y ver las calidades de todas 
las poblaciones ; y fueron las provincias que re- 
partió lo que ahora diré. Primeramente £ (xua- 
cacualco, Guazpaltepeque é Tepeca é Crinanta é 
los zapotecas ; é de la otra parte del rio la pro- 
vincia de Copilco é Cimatan y Tabasco y las 
sierras de Cachula, todos los zoquescl^as, Ta- 
cheapaé Cinacantan é todos los quilenes, y Pa- 
panachasta ; y estos pueblos que he dicho tenía- 
mos todos los vecinos que en aquella villa que- 
damos poblados en repartimiento, que valiera 
más que allí yo no me quedara, según después 
sucedió, !a tierra pobre y muchos pleitos que 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. 461 

trujimos con tres villas que después se poblaron: 
la, una fué la vi]la rica de la Veracruz, sobre 
Guaspaltepeque y Chinanta y Tepeca ; la otra 
con la villa de Tabasco, sobre Cimatan y Copil- 
co ; la otra con Chiapa, sobre los quilenes y zo- 
ques ; la otra con Santo Ilefonso, sobre los zapo- 
tecas; porque todas estas villas se poblaron des- 
pués que nosotros poblamos á Guacacualco, y á 
nos dejar todos los términos que teníamos, fué- 
ramos ricos ; y la causa porque se poblaron es- 
tas villas que he dicho fué, que envió á mandar 
su majestad que todos los pueblos de indios más 
cercanos y en comarca de cada villa le señaló 
términos ; por manera que de todas partes nos 
cortaron las faldas, y nos quedamos en blanco, 
y á esta causa el tiempo andando, se fué despo- 
blando Guacacualco ; y con haber sido la mejor 
población y de generosos conquistadores que 
hubo en la Nueva España, es ahora una villa de 
pocos vecinos. 

Volvamos á nuestra relación; y es, que estan- 
do Sandoval entendiendo en la población de 
aquella villa y llamando otras provincias de 
paz, le vinieron cartas cómo habia entrado un 
navio en el rio de Aguayalco, que es puerto, 
r aunque no bueno, que estaba de allí quince le- 
guas, y en él venia de la isla de Cuba la seño- 
ra doña Catalina Xuarez la Marcayda, que así 
tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, 
y la traia un su germano Juan Xuarez, el veci- 
no que fué, el tiempo andando, de Méjico, y la 



462 BERNA L DIÁZ. 

Zambrana y sus hijos de Villegas, de Méjico, y 
sus hijas, y aun la abuela y otras muchas seño- 
ras casadas; y aun me parece que entonces vino 
Elvira López la Larga, mujer qué entonces era 
de Juan de Palma; el cual Palma vino con nos- 
otros, que murió ahorcado, que después esta 
Elvira fué mujer de un Arguera; y también vi- 
no Antonio Dios Dado, el vecino que fué de 
Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no 
se me acuerdan sus nombres. Y como el Gonza- 
lo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, 
con £odos los más capitanes y soldados, fuimos 
por aquellas señoras y por todas las más que 
traia en su compañía. E acuerdóme que en aque- 
lla sazón llovió tanto, que no podíamos ir por 
los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque ve- 
nían muy crecidos, que salieron de madre y ha- 
bia hecho grandes nortes, y con el mal tiempo, 
por no andar al través, entraron con el navio en 
aquel puerto de Aguayalco. y la señora doña 
Catalina Xuarez la Marcayda y toda su compa- 
ñía se holgaron con nosotros: luego las truji- 
mos á todas aquellas señoras y su compañía á 
nuestra villa de Guacacualcp, y lo hizo saber el 
Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y 
las llevó luego camino de Méjico y fueron acom- 
pañándolas el mismo Sandoval y Briones y Fran- 
cisco de Lugo y otros cabal leros . Y cuando Cortés 
lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su 
venida, puesto que no lo demostró y les mandó 
salir á recebir ; y en todos los pueblos les ha- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 463 

cian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, 
y en aquella ciudad hubo regocijos -y juego de 
cañas ; y dende á obra de tres meses que hubie- 
ron llegado oimos decir que esta señora murió 
de asma. Y digamos de- lo que le acaeció á Villa- 
fuerte, el que fué á poblar á Zacatüla, y á un 
Juan Alvarez Chico, qué también fué á Colima; 
y al Villafuerte le dieron mucha guerra y le ma- 
taron ciertos soldados, y estaba la tierra levan- 
tada, que no les queriañ obedecer ni dar tribu- 
tos, y al Juan Alvarez Chico ni más ni menos; 
y como lo supo Cortés, 'le pesó dello : y como 
Cristóbal de Olí habia venido de lo de Mechoa- 
can, y venia rico y la habia dejado en paz, y le 
pareció á Cortés que tenia buena mano para ir á 
asegurar y pacificar aquellas dos provincias de 
Zacatüla y uolima, acordó de le enviar por ca- 
pitán, y le dio quince de á caballo y treinta es- 
copeteros y ballesteros; é yendo por su camino, 
ya que llegaba cabe Zacatüla, le aguardáronlos 
naturales de aquella provincia muy gentilmen- 
te á un mal paso, y le mataron dos soldados y 
le hirieron quince, é todavía les venció, y fué á 
la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos 
que en ella estaban poblados, que no osaban 
ir á los pueblos que tenian en encomienda, por- 
que no los acapillasen ; y lehabian muerto cuatro 
vecinos en sus mismos pueblos, porque comun- 
mente en todas las provincias y villas que se 
pueblan, á las principales les dan encomenderos, 
y cuando les piden tributos se alzan y matan los 



464 J&3RNft WA?» 

españqless qije puede»; pues cuando e} Cristóbal 
de Oli vio que ya tenia apaciguada aquella pro- 
vincia y le habían venido de paz, fué desde Za- 
catula á Colima, y hallóla de guerra, y tuvo con 
los naturales della ciertos reencuentjsos y le hi- 
rieron muchos soldados, y al fin los desbarató y 
quedaron de paz. El Juan Alvarez Chico, que 
había, ido por capitán no sé qué se hizo del; pa- 
réceme que murió en aquella guerra. Pues como 
el C-istóbal de Olí hubo pacificado á Colina y, le 
pareció que estaba de paz, como era casado con 
una portuguesa hermosa, queya he dicho que se 
decia doña Felipa de Araujo, dio la vuelta para 
Méjico, y no se hubo bien vuelto , cuando se 
tornó á levantar lo de Colima y Zacatula; y en 
aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo 
de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarcz 
Marcayda y con el Juan Xuarez y todas sus 
compañías, como ya otra vez dicho tengo en el 
capítulo que delio habla; acordó Cortés de en- 
viarle por capitán para apaciguar aquellas pro- 
vincias y con muy pocos de á caballo que enton- 
ces le dio y obra de quince ballesteros y escope- 
teros, conquistadores viejos, fué á Colima y cas- 
tigó á dos caciques, y tal maña se dio, que toda 
la tierra dejó muy de paz y nunca más se levan- 
tó, y se volvió por Zacatula é hizo lo mismo, y 
de presto se volvió á Méjico. 

Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo 
luego que se partió Gonzalo de Sandoval para 
Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se 



CONQUISTA DE NUÉV A-ESPAÑA. 465 

nos rebelaron tbdas las mas provincias de las 
que estaban encomendadas á los vecinos, é tu- 
vimos muy gran trabajó en las tornar á pacifi- 
car; y la primera que se íevántó fué Xaltepe- 
que, ¿apotecas, que estaban poblados en altas y 
malas sierras, y tras esto se levantó lo de Ci- 
matan y Co pilco, que estaban entre grandes \ 
rios y ciénagas, y se levantaron otras provin- 
cias, y aún hasta doce leguas de la villa hubo 
pueblos que mataron á su énconiendero, y 16 
andábamos pacificando con muy grandes traba- 
jos. 

Y estando que estábamos en una entrada 
con el capitán Luis Marín é un alcalde ordina- 
rio y todos los regidores de nuestra villa, vinié- 
ronnos cartas que habia venido ál puerto un 
navio, y que en él venia Juan Bono dé Quexo, 
vizcaíno, éque habiá subido el rio arriba con el 
navio, que era pequeño, hasta la villa, é que 
decía que traia cartas aprovisiones de su ma- 
jestad para nos notificar qué luego fuésemos á 
la vííla é dejásemos la pacificación de la pro- 
vincia; y como aquella nueva supimos, y está- 
bamos con el teniente Luis Marin, así alcaldes y 
regidores fuimos á ver qué quería. Y después 
de nos abrazar y dar el parabién-venidos los 
unos y los otros, porque el Juan Bono era muy 
conocido de cuando vino con Narvaez, dijo que 
nos pedia por merced que nos juntásemos en ca- 
bildo que nos quería notificar ciertas provisio- 
nes de su majestad y de D, Juan Rodríguez dé 
60 



466 BERNAL DÍAZ. 

Fonseea, Obispo de Burgos; que traia muchas 
caitas para todos. Y según pareció, traia el 
Juau Bono cartas en blanco con la firma del 
Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar 
en la pacificación donde estábamos, se informó 
el Juan Bono quién éramos los regidores, y las 
cartas que traia en blanco escribió en ellas pa- 
labras de ofrecimientos que el Obispo nos en- 
viaba si dábamos la tierra á Cristóbal de Tapia., 
que el Juan Bono no creyó que era vuelto para 
la isla de Santo Domingo; y el Obispo tenia por 
cierto que no le recebiriamos, é á aquel efeto 
envió á Juan Bono con aquellos recaudos; é 
traia para mí, como regidor, una carta del mis- 
mo Obispo, que escribió el Juan Bono. Pues ya 
que habíamos entrado en cabildo y vimos sus 
despachos y provisiones, que nunca nos habia 
querido decir lo que era hasta entonces , de 
presto le despachamos con decir que ya el Tapia 
era vuelto á Castilla, é que fuese á Méjico, 
adonde estaba Cortés, é allá le diria lo que le 
conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, 
que el Tapia no estaba en la tierra, se puso muy 
triste/ y otro dia se embarcó, é fué á la Villa- 
Rica, e desde allí á Méjico, y lo que allá pasó 
yo no lo sé; salvo que oí decir que Cortés le 
ayudó para la costa y se volvió á Castilla. Y 
dejemos de contar mas cosas, que habia bien 
que decir cómo siempre que en aquella villa es- 
tuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquis- 
tas de las provincias que se habian levantado; 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 467 

y volvamos á decir de Pedro de Albarado có- 
mo le fué en lo de Tutepeque y en su población. 



CAPITULO CLXI. 



CÓMO PEDRO DE ALBARAIO FUE Á TUTEPEQUE Á PO- 
BLAR UNA VILLA , Y LO QUE EN LA PACIFICACIÓN 
DE AQUELLA PROVINCIA Y POBLAR LA VILLA LE 
ACAECIÓ 



Es menester que volvamos algo atrás para dar 
relación de esta ida que fué Pedro de Albarado 
á poblar á Tutepeque; y es así, que como se ga- 
nó la ciudad de Méjico, y se supo en todas las 
comarcas y provincias que una ciudad tan fuerte 
estaba por el suelo, enviaban á dar el parabién 
de la vitoria á Cortés, y á ofrecerse por vasallos 
de su majestad; y entre muchos grandes pue- 
blos que en aquel tiempo vinieron, fué uno que 
se dice Tutepeque , zapotecas , y trajeron un 
presente de oro á Cortés, y dijéronle que esta- 
ban otros pueblos algo apartados que se decían 
Tutepeque, muy enemigos suyos, é que les ve- 
nían a dar guerra porque habían enviado los 
de Guantepeque á dar la obediencia á su ma- 
jestad, y que estaban en la costa del sur, y 
que era gente muy rica , asi de oro que te- 



468 BERNAL DI1Z. 

nian en joyas , como de miñas; y le deman- 
daron á Cortés con mucha importunación les 
diesen hombres de á caballo y escopeteros y ba- 
llesteros para ir contra sus enemigos ; é Cortés 
les habló muy amorosamente , y les dijo que 
queria enviar con ellos al Tonatio , que así le 
llamaban al Pedro de Albarado ; y dijo á fray 
Bartolomé que fuese con Albarado , y luego le 
dio sobre ciento y ochenta soldados, y ehtreellos 
treinta y cinco dé á caballo t y le mando que en 
la provincia de Gúaxaca, dónde estaba un Fran- 
cisco de Orozco por capitán, pues estaba dé paz 
aquella provincia, que le demandase otros vein- 
te soldados , y los más dellos ballesteros ; y así 
como le fué mandado , ordenó su partida , y 
salió de Méjico el año de 22 ; é mandóle Cortés 
que luego fuese é viese ciertos peñoles que de- 
cían que estaban alzados , y entonces todo lo 
halló de paz y de buena voluntad, y tardó más 
de cuarenta dias en llegar á Tutepeque; y el se- 
ñor del y todos los principales, desque supieron 
que estaban ya cerca de su pueblo , le salieron 
á recebir de paz, y les llevaron á aposentar en lo 
más poblado del pueblo, adonde el cacique te- 
nia sus adoratorios y sus grandes aposentos, y, 
estaban las casas muy juntas Unas de otras y 
son de paja; porque en aquella provincia no 
tenían azuteas, porqué es tierra muy calien- 
te; y dijo Fray Bartolomé á Álbaiado, con sus 
capitanes y soldados, que no era bien 1 aposen- 
tarse en aquellas casas tan juntas unas de otras, 



CONQUISTA Í>fe «ÜÉVA*ESPANA. 469 

porqué si ponían fuego no se podrían valer; jr 
parecióle bien el conSéjo á Álbarado , y fué 
acordado que se fuesen en cabo del pueblo; y 
como fué aposentado, el cacique le llevó muy 
grandes presentes de oro y bien de comer, y ca- 
da dia que allí estuvieron le llevó presentes muy 
ricos de oro; y como el AÍbarado vído que tanto 
oro tenían , le mandó hacer unas estriberas cíe 
oro fino, de la manera de otras que le dio para 
que por ellas las hiciese, y se las trajeron he- 
chas; y dende á pocos dias echó preso al caci- 
que porque le dijeron los de Teguantepeque al 
Pedro deÁlbarado que le quería dar guerra to- 
da aquella provincia, é que cuando le aposen- 
taron entre aquellas casas donde estaban los 
ídolos y aposentos, que era por les quemar é que 
allí muriesen todos; y á esta causa le echó pre- 
so. Otros españoles de fe y de creer dijeron que 
por sacalle mucho oro, é sin justicia murió en 
las prisiones; ahora sea lo uno ó lo otro, aquel 
cacique dio á Pedro de Álbarado más de treinta 
mil pesos, y murió de enojo y de Ja prisión; y 
aunque fray Bartolomé de Olmedo le animaba 
y consolaba, no bastó para que no se. muriese 
encorajado y de pesar; é quedó á un su hijo él 
cacicazgo, y le sacó Álbarado mucho más oro 
que al padre; y luego envió á visitar los pueblos 
de la comarca, y los repartió entre los vecinos, 
y pobló una villa que se puso por hombre Segu- 
ra, porque los más vecinos que allí poblaron 
habían sido de antes vecinos cíe Segura dé la 



470 BERNAL DÍAZ o 

Frontera, que era Tepeaca. Y como esto tuvo 
hecho, y tenia ya llegado buena suma de pesos 
de oro, y se lo llevaba á Méjico para dar á Cor- 
tés; y también le dijeron que Cortés le escribió 
que todo el oro que pudiese haber, que lo tra- 
jese consigo para enviar á su majestad, por cau- 
sa que habian robado los franceses lo que habían 
enviado con Alonso de Avila é Quiñones, é que 
no diese parte ninguna dello á ningún soldado 
de los que tenia en su compañía; é ya que el 
Albarado queria partir para Méjico, tenian he- 
cha ciertos soldados una conjuración, y los más 
dellos ballesteros y escopeteros, de matar otro 
dia á Pedro de Albarado y á sus hermanos por- 
que les llevaban el oro sin dar partes, y aunque 
se las pedian muchas veces, no se lo quiso dar, 
y porque no les daba buenos repartimientos de 
indios; y esta conjuración, si no se lo descubrie- 
ra á fray Bartolomé de Olmedo un soldado que 
sedecia Trebejo, que era en la misma trama, 
aquella noche que venia habian de dar en ellos; 
y como el Albarado lo supo del fraile, que se lo 
dijo á hora de vísperas, yendo á caballo á caza 
por unas cabanas, é iban en su compañía á ca- 
ballo de los que entraban en la conjuración, 
para disimular con ellos dijo : «Señores, á mi 
me ha dado dolor de costado; volvamos á 
los aposentos , y llámenme un barbero que me 
haga sangre.» Y como volvió , envió á lla- 
mar á sus hermanos Jorge y Gonzalo Gómez, 
todos Albarados, é á los alcaldes y algua- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 47 Í 

ciles, y prenden los que eran en la conjuración, 
y por justicia ahorcaron á dos dellos, que se de- 
cía el uno Fulano de Salamanca, natural del 
Condado, que había sido piloto, é á otro que se 
decía Bernardo Levantisco , y murieron como 
buenos cristianos, que el Fray Bartolomé traba- 
jó mucho con ellos ; y con estos dos apaciguó 
los demás , y luego se fué para Méjico con todo 
el oro, y dejó poblada la villa; y cuando los 
vecinos que en ella quedaron vieron que los 
repartimientos que les daban no eran buenos, 
y la tierra" doliente y muy calurosa, é habían 
adolecido muchos dellos, é las naborías é escla- 
vos que llevaban se les habían muerto, y aún 
muchos murciélagos y mosquitos y aún chinches, 
y sobre todo, que el oro no lo repartió el Albara- 
do entre ellos y se lo llevó, acordaron de qui- 
tarse de mal ruido y despoblar la villa , y 
muchos dellos se vinieron á Méjico y otros á 
Guaxaca e á Guatimala, y se derramaron por otras 
partes; y cuando Cortés lo supo, envió á hacer 
pesquisa sobre ello, y hallóse que por los al- 
caldes y regidores en el cabildo se concertó que 
se despoblasen, y sentenciaron á los que fueron 
en ello á pena de muerte; mas el fray Bartolomé 
pidió á Cortés que no los ahorcase, y eso con 
mucho ahinco; y así, fué después la pena un 
destierro; y desta manera sucedió en lo de Tu- 
tepeque, que jamas nunca se pobló, y aunque 
era tierra rica, por ser doliente; y como los na- 
turales de aquella tierra vieron esto, que se ha- 



472 BERNAL DÍAZ. 

Biá despoblado, é la crueldad que Pedro de Al- 
barado habia hecho sin causa ni justicia ningu- 
na, se tornó á rébélar, y volvió á ellos el Pedro 
de Albarádo y los llamó de paz, y sin dalle guer- 
ra volvieron á estar de paz. Dejemos esto, é di- 
gamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre 
ochenta mil pesos de oro para enviar á su ma- 
jestad, y el tiro Fénix forjado, vino en aquella 
sazón nueva como habia venido á Panucó Fran- 
cisco dé Garay con grande armada; y lo qué so- 
bre ello sé hizo diré adelante. 



CAPÍTULO CLXII. 



COMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMAICA CON 
GRANDE ARMADA PARA PANUCO, Y LO QUE LE ACON- 
TECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUÉ PASARON. 



Como he dicho en otro capítulo que habla de 
Francisco dé Garay, como era gobernador en la 
isla de Jamaica é rico, y tuvo nueva que había- 
mos descubierto muy ricas tierras cuando lo de 
Francisco Hernández de Córdoba é Juan de Gri- 
jálva, y habíamos llevado á la isla de Cuba 
veinte mil pesos de oro, y los hubo Diego Ve- 
lazquez, gobernador que era de aquella isla, y 
que venia en aquel instante Hernando Cortés á 



- 

CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 473 

la Nueva -España con otra armada, tomóle gran 
codicia á Gara y devenir á conquistar algunas 
tierras, pues tenia mejor caudal que otros nin- 
gunosfytuvo nueva plática de un Antón de 
Alaminos, que fué el piloto mayor que había- 
mos traido cuando lo descubrimos, cómo es- 
taban muy ricas tierras y muy pobladas des- 
de el río de Panuco adelántele que aque- 
llo podia enviar á suplicar á su majestad que le 
hiciese merced. Y después de bien informado el 
mismo Garay del piloto Alaminos y de otros pi- 
lotos que se habían hallado juntamente con el 
Alaminos en eí descubrimiento, acordó enviar 
á su mayordomo, que se decía Juan de Tor- 
ralba , á la corte con cartas y dineros , á 
suplicar á los caballeros que en aquella sazón 
estaban per presidente é oidores de su majestad 
que le hiciesen merced de la gobernación del 
rio de Panuco, con todo lo demás que descubrie- 
se é estuviese por poblar ;, y como su majestad 
en aquella sazón estaba en Fiantes, y estaba 
por presidente de Indias don Juan Rodríguez 
de' Fonseca/ Obispo de Burgos é Arzobispo de 
Rósano, que lo mandaba todo, y el licenciado 
Zapata y el licenciado Vargas y el secretario 
Lope de Conchíüos. le trajeron provisiones que 
fuese adelantado y gobernador del rio de San 
Pedro y San Pablo, con todo lo que descubrie- 
se; y con aquellas provisiones envió Juego tres 
navios con hasta ducienios y cuarenta soldados, 
con muchos cabaüos y escopeteros y balleste- 
61 



474 BÉRNAL BIAZ. 

ros y bastimentos, y por capitán dellos á un 
Alonso Alvarez Pineda ó Pinedo, otras veces 
por mí ya nombrado. Pues como hubo enviado 
aquella armada, ya he dicho otras -veces que los 
indios de Panuco se la desbarataron, y mataron 
al capitán Pineda y á todos los soldados y caba- 
llos que tenia, excepto obra de sesenta soldados 
que vinieron al puerto Je la Villa-Rica con nn 
navio, y por capitán dellos un Camargo, que se 
ácojieron á nosotros; y tras aquellos tres na- 
vios, viendo el Garay que no tenia nuevas de- 
llos, envió otros dos navios con muchos soldados 
y caballos y bastimentos, y por capitán dellos á 
Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramírez, los cuales 
se vinieron también á nuestro puerto; y como 
vieron que no hallaron en el rio de Panuco pelo 
ni uso de los soldados que habia enviado Garay, 
salvo los navios quebrados, todo lo cual tengo 
ya dicho otra vez en mi relación; mas es nece- 
cesario que se torne á decir desde el principio 
para que bien se entienda. Pues volviendo á 
nuestro propósito y relación, viendo el Francis- 
co de Garay que ya habia gastado muchos pesos 
de oro, é oyó decir de la buena ventura de Cor- 
tés y de las grandes ciudades que habia descu- 
bierto, y del mucho oro y joyas que habia en la 
tierra, tuvo envidia y codicia, y le vino más la 
Voluntad de venir él en persona y traer la ma- 
yor armada que pudiese ; buscó once navios 
y dos bergantines , que fueron trece velas, y 
allegó ciento treinta y seis de á caballo y 



COKQUISTA DE nueva-espana. 475 

ochocientos y cuarenta soldados, los más ba- 
llesteros }r escopeteros, y bastecióles muy bien 
de todo lo que hubieron menester , que era 
pan cazabe é tocinos é tasajos de vacas , que 
ya habia ganado vacuno ; que, como era ri- 
co y lo tenia todo de su cosecha, no le do- 
lia el gasto; y para ser hecha aquella armada 
en la isla de Jamaica, fué demasiada la gente y 
caballos que allegó , y en el año de 1523 años 
salió de Jamaica con toda su armada por San 
Juan de Junio , é vino á la isla de Cuba é á un 
puerto que se dice Xagua , y allí alcanzó á sa- 
ber que Cortés tenia pacificada la provincia de 
Panuco é poblada una vilia, y habia gastado en 
la pacificar más de setenta mil pesos de oro , é 
que habia enviado á suplicar á su majestad le 
hiciese merced de la gobernación della , junta- 
mente con la Nueva-España ; y como le decían 
de las cosas heroicas que Cortés y sus compa- 
ñeros habíamos hecho , y como tuvo nueva que 
con ducientos y sesenta y seis soldados había- 
mos desbaratado á Panfilo de Narvae», habien- 
do traído sobre mil y trecientos soldados , con 
ciento de á caballo y otros tantos escopeteros^ 
ballesteros, y diez y ocho tiros , temió la 
fortuna de Cortés; é en aquella sazón que estaba 
el Garay en aquel puerto de Xagua le vinieron á 
ver muchos vecinos de la isla de Cuba, y vinié- 
ronse en su compañía del Garay ocho ó diez 
personas principales de aquella isla, y le vino á 
ver el licenciado Zuazo, que habia venido á 



476 i BEKNAL DÍAZ. 

aquella isla á lomar residencia á Diego Velaz- 
quezpor mandado de la Real audiencia de San- 
to Domingo; y platicando el Garay con el licen- 
ciado sobre la ventura de Oortés/que temía que 
había de tener diferencias con él sobre la pro* 
vincia de Panuco, le rogó que se fuese con ei 
Garay en aquel viaje-j para ser intercesor entre 
él y Gortés; y el licenciado Zuazo respondió que 
no podía ir por entonces sin dar residencia, mas 
que presto seria allá en Panuco; y luego el Ga- 
ray mandó dar velas, é va su derrota para Pa- 
nuco, y en el camino tuvo un mal tiempo, y los 
pilotos que llevaba subieron más arriba hacía el 
rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de 
señor Santiago, y luego envió á ver la tierra, y 
á los capitanes y soldados que envió no les pa-* 
recio buena, y no tuvieron gana de quedar allí, 
sino que se viniese al propio rio de Panuco á la 
población é villa que Cortés habia poblado, por 
estar más cerca de Méjico; y como aquella nue- 
va !e trajeron, acordó el Garay de tomar jura- 
mento á todas sus soldados que no le desmam- 
pararían sus banderas, é que le obedecerían 
como á tal capitán general, é nombró alcaldes y 
regidores y todo lo perteneciente á una villa; 
dijo que se habia de nombrar la villa Garay ana, 
é mandó desembarcar todos los caballos y sol- 
dados de los navios desembarazados; envió los 
navios costa á costa con un capitán que se decía 
Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tier- 
ra costa á costa cerca de la mar, y anduvo dos 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 4íf 

días por malos despoblado», que eran ciénagas^ 
pasó un rio que venia de unas sierras que Vie- 
ron desde Hñ caminó, qué estaban de alli obra 
de cinco leguas, y pasaron aquel gran rio en 
barcas é en unas canoas que hallaron quebra- 
das. Luego en pasando el rio estaba un s püebl© 
despoblado de aquel dia, é hallaron muy bien 
de comer maíz é gallinas, éMbia muchas gua- 
yabas muy buenas. Allí en este pueblo el 6a* 
ray prendió unos indios que entendían la lengua 
mejicana, y halagóles y dióles camisas, envió- 
les por mensajeros á otros pueblos que le de- 
cían que estaban cerca, porque recibiesen de 
paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pue- 
blos, recibiéronle de paz, diéronlemuy bien de 
comer y muchas gallinas de la tierra é otras 
aves, como á manera de ansarones, que toma- 
ban en las lagunas; é como muchos de los sol- 
dados qué llevaba Graray iban cansados, y pare- 
ce ser no les daban de lo que los indios traían 
de comer, se amotinaron algunos ése fueron á 
robar a los indios de aquellos pueblos por don- 
de Venían, é estuvieron en este pueblo tres días; 
otro día fue-ron su camino Con guiasy llegaron á 
un gran rio, no le podían pasar sino con canoas 
que los dieron los de los pueblos de ^paz, donde 
habían estado j procuraron de pasar cada caba- 
llo á nado, y remando con cada canoa un caba- 
llo que le llevasen del cabestro) y como eran 
muchos caballos y no se daban maña; sé les 
ahogaron cinco caballos; salen de aquél rio, dan 



478 BERNAL DIÁZ. 

en unas malas ciénagas, y con mucho trabajo 
llegaron á tierra de Panuco; é ya que en ella 
se hallaron, creyeron tener de comer, y es- 
taban todos lo s pueblos sin maiz ni bastimen- 
tos y muy alterados, y esto fué á causa de las 
guerras que Cortés con ellos habla tenido 
poco tiempo habia ; y también si alguna comida 
tenían, habíanlo alzado y puesto en cobro ; por- 
que, como vieron tantos españoles y caballos, 
tuvieron miedo dellos y despoblabon los pue- 
blos , é adonde pensaba Garay reposar , tenia 
más trabajo ; y demás desto , como estaban des- 
pobladas las casas donde posaba , habia en ellas 
muchos murciélagos é chinches é mosquitos , é 
todo les daba guerra; é luego sucedió otra mala 
ventura, que los navios que venían costa á costa 
no habían llegado al puerto ni sabían dellos, 
porque en ellos traían mucho bastimento ; lo 
cual supieron de un español que los vino á ver ó 
hallaron en un pueblo , que era de los vecinos 
que estaban poblados en la villa de Santi -Esteban 
del Puerto , que estaba huido por temor de la 
justicia por cierto celito que habia hecho; el cual 
les dijo cómo estaban poblados en una villa muy 
cerca de allí y cómo Méjico era muy buena tier- 
ra, é que estaban los vecinos que en ella vivían 
ricos ; é como oyeron los soldados que traía Ga- 
ray al español , que con él hablaron muchos, 
que la tierra de Méjico era buena é la de Panuco 
no era tan buena , se desmandaron y se fueron 
por la tierra á robar , é íbanse á Méjico ; y en 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPANA,. 479 

aquella sazón , viendo el Garay que se le amoti- 
naban sus soldados y no los podia haber , envió 
á su capitán que se decia Diego de Ocampo 
á la villa de Santi-Estébaná saber qué voluntad 
tenia el teniente que estaba por Cortés que se 
decia Pedro de Vallejo, y aun le escribió hacién- 
dole saber cómo traia provisiones y recaudos de 
su majestad para gobernar y ser adelantado 
de aquellas provincias , é cómo habia aportado 
con sus navios al rio de Palmas , é del camino 
é trabajos que habia pasado ; y el Vallejo hizo 
mucha honra al Diego de Ocampo y á los que 
con él iban, y le dio buena respuesta, y les dijo 
que Cortés holgara de tener tan buen vecino 
por gobernador, mas que le habia costado muy 
caro la conquista de aquella tierra, y que su ma- 
jestad le habia hecho merced de la goberna- 
ción, y que venga cuando quisiere con sus ejér- 
citos é que se ie hará todo servicio, é que le 
pide por merced que mande á sus soldados que 
no hagan sinjusticias ni robos á los indios, por- 
que se le han venido á quejar dos pueblos; y 
tras esto, muy en posta escribió el Vallejo á 
Cortés, y aun le envió la carta del Garay , é hizo 
que escribiese otra al mismo Diego de Ocampo, 
y le envió é decir que qué mandaba que se hi- 
ciese é que de presto enviasen muchos soldados, 
ó viniese Cortés en persona. Y desque Cortés 
vio la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é 
á Pedro de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval 
é á un Gonzalo de Ocampo, hermano del otro 



m — —¿érña— : 



ÍAL DÍAZ. 



Diego' dé (ícampo que yema con Gáray, y envío 
con elfos los recaudos qué tenia, como su ma- 
jestad lé había' mandado que todo lo que con- 
quistase tuviese eñ sí hásta~que se averiguase 
la ajusticia éñfré él y Diego Velazqüéz, ó' se fo 
notificasen aT Gáray'. Dejemos de Hablar désto, 
y~dígámbs que luego como GonzálÓ'déOcámpÓ 
volvió "con la" respuesta dét ValVejo al Garay, y 
ré'parecró bueña Yespuestá, se vino con todo su 
ejéféito á~se junTar más "cerca déla villa de San- 
ti-Esteban deTPuertó, é ya élFedfo dé Callejo 
tenia concertado con tos vecinos dé la ~vilTá,~ e 
Con aviso que" tuVó dé cinco soldados que se 
habiáñ idó'de "la Villa; qué eran del mismo Gá- 
ray, de "Tds amotinados; - y como estaban muy 
déscüidádósé nó sé velarán , é como quedaban 
éñ un püebto bueno' é grande que sédice Nácha- 
ptán, f lósdéí Vaftéjo sabían bien la tierra, dan 
en la gente détjarayVy te prenden sobre cuaren- 
ta soldados, y sé los llevaron á su villa' dé San ti- 
Estébán del Puerto , y elfos tuvieron por nueva 
su prisión; -y 1a causa q-úe dijo' él Yálléjo" porqué 
los' prendió, era porqué, sin presentar las : provi- 
siones y recaudos que traian , andaban Tobando 
la tierf á; y viendo esto Garay, hubo gran pesar, 
y tofhóá enviar á decir áT Vallejó qué lé diese 
sus soldados , amenazándole con la justicia de 
nuestro Rey y señor; y el Vallejo respondió que 
cuando vea las Reales provisiones , que las obe- 
decerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera 
mejor que cuando vino Ocampo las trajera y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 431 

presentara para las cumplir , é que le pide por 
merced que mande á sus soldados que no ro- 
ben ni saqueen los pueblos de su majestad; 
y en este instante llegaron fray Bartolomé é 
Albarado , los capitanes que Cortés envia- 
ba con los recaudos ; y como el Diego de 
Ocampo era en aquella sazón alcalde mayor 
por Cortés en Méjico , comenzó de hacer requi- 
rimientos al Garay que no entrase en la tierra, 
porque su majestad mandó que la tuviese Cor- 
tés , y en demandas y respuestas , en que anda- 
ba el .fray Bartolomé, se pasaron ciertos días, 
y entre tanto se le iban al Garay muchos sol- 
dados , que anochecían y no amanecían en el 
real ; y vio Garay que los capitanes de Cortés 
traían mucha gente de á caballo y escopeteros* 
de cada dia le venían más , y supo que de sus 
navios que habia mandado venir costa á costa, 
se le habían perdido dos dellos con tormen- 
ta de nortes, que es travesía , y los demás na- 
vios que estaban en la boca del puerto, y que el 
teniente Vallejo les envió á requerir que luego 
se entrasen dentro en el rio , no les viniese al- 
gún desmán y tormenta como la pasada; si no, 
que le-s ternia por cosarios que andaban á ro- 
bar; y los capitanes de los navios respondieron 
que no tuviese Vallejo que entender ni mandar 
en ello, que ellos estarían donde quisiesen ; y 
en este instante el Francisco de Garay temió la 
buena fortuna de Cortés; y como andaban en 
estos trances el alcalde mayor Diego de Ocaní*» 
62 



4S2 BERNAL DÍAZ. 

po, y Pedro de Albarado y Gonzalo de Sando- 
val, tuvieron pláticas secretas con los de Garay 
y con los capitanes que estaban en los navios 
en el puerto, y se concertaron con ellos que se 
entrasen en el puerto y se diesen á Cortés ; y 
luego un Martin de San Juan Lepuzcuano y un 
Castro Mocho, maestres de navios, se entrega- 
ron é dieron con sus naos al teniente Vallejo 
por Cortés; é como los tuvo, fué en ellos el mis- 
mo Vallejo á requerir al capitán Juan de Gri- 
jalva, que estaba en la boca del puerto, que se 
entrase dentro á surgir, ó se fuese por la mar 
donde quisiese; y respondióle con tirarle mu- 
chos tiros; y luego enviaron en una barca un 
escribano del Rey, que se decia Vicente López, 
á le requerir que se entrase en el puerto, y 
aun llevó cartas para el Grijalva, del Pedro de 
Albarado y de fray Bartolomé, con ofertas y 
prometimientos que Cortés le haria mercedes; 
y como vio las cartas y que todas las naos ha- 
bían entrado en el rio, así hizo el Jnan de Gri- 
jalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo 
le dijo que fuese preso en nombre del capitán 
Hernando Cortés; mas luego le soltó á él y á 
cuantos estaban detenidos, á causa que le decia 
fray Bartolomé : «Hagamos nuestra cosa sin 
sangre, pues podemos, y serán Dios y el César 
más agradados.» Y desque el Garay vio el mal 
recaudo que tenia, y sus soldados huidos y amo- 
tinados, y los navios todos al través, y los de- 
mas estaban tomados por Cortés, si muy triste 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 483 

estuvo antes que se los tomasen, más lo estuvo 
después que se vido desbaratado; y luego de- 
mandó con grandes protestaciones que hizo á los 
capitanes de Cortés que le diesen sus naos y 
todos sus soldados, que se quería volver al rio 
de Palmas, y presentó sus provisiones y recau- 
dos que para ello traia, y que por no tener de- 
bates ni cuestiones con Cortés, que se quería vol- 
ver; y aquellos caballeros le respondieron (que 
fuese mucho en buena hora, y que ellos manda- 
rían á todos los soldados que estaban en aquella 
provincia y por los pueblos amotinados que lue- 
go se vengan á su capitán y vayan en los na- 
vios; y le mandaron proveer de todo lo que hu- 
biese menester, así de bastimentos como de ar- 
mas y tiros ó pólvora, ó que escribirán á Cortés 
lo proveyese muy cumplidamente de todo loque 
hubiese menester; y el Garay con esta respues- 
ta y ofrecimiento estaba contento; y luego se 
dieron pregones en aquella villa, y en todos los 
pueblos enviaron alguaciles á prender los sol- 
dados amotinados para los traer al Garay, y 
por más penas que les ponían, era prego- 
nar en balde, que no aprovechaba cosa ningu- 
na; y algunos soldados que traían presos de- 
cían que ya habían llegado á la provincia de 
Panuco y que no eran obligados á más le se- 
guir, ni cumplir el juramento que le había toma- 
do, y ponían otras perentorias qu^ decían que no 
era capitán el Garay para saber mandar, ni hom- 
bre de guerra. Como vio el Garay que no apro* 



484 BERftAL 61 kt. 

vechaban pregones ni la buena diligencia que 
le parecía que ponían los capitanes de Cortés 
en traer sus soldados , estaba desesperado ; pues 
viéndose desmamparado de todos, aconsejáron- 
le los que venían por parte de Cortés que le es- 
enMese luego al mismo Cortés, é que ellos se- 
rían intercesores con él para que volviese al rio 
de Palmas ; y que tenían á Cortés por tan de 
buena condición, que le ayudaría en todo loque 
pudiese, y que el Pedro de Albarado y el Fraile 
serian fiadores dello; y luego el Garay escribió 
á Cortés, dándole relación de sa viaje y traba- 
jos, que si su merced mandaba, que le iria á ver 
y comunicar cosas cumplideras al servicio de 
Dios y de su majestad, encomendándole su hon- 
ra y estado, y que lo ordenase de manera que 
no fuese disminuida su honra ; y también escri- 
bió Fray Bartolomé y Pedro de Albarado, y el 
Diego de Ocampo y Gonzalo de Sandoval , su- 
plicando al Cortés por las cosas del Francisco 
de Garay, para que en todo fuese ayudado, pues 
en los tiempos pasados habían sido grandes ami- 
gos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lás- 
tima del Garay, y le respondió con mucha man- 
sedumbre, y que le pesaba de todos sus traba- 
jos, y que se venga á Méjico, que le prome- 
te que en todo lo que pudiere ayudar lo hará 
de muy buena voluntad , y que á la obra 
se remite; y mandó que por do quiera que 
viniese le hiciesen honra y le diesen todo lo 
q ue hubiese menester , y aún le envió al ca- 



eOKQUISTA DE NUEVA-ESPANA- 48& 

mino refresco ; y cuando llegó á Tezcuco le 
tenían hecho un banquete; y llegado á Mé- 
jico , el misino Cortés y muchos caballeros 
les salieron á recebir, y el Garay iba espantado 
de ver tantas ciudades, y más cuando vio la gran 
ciudad de Méjico; y luego Cortés lo llevó á sus 
palacios, que entonces nuevamente los hacia; y 
después que se hubieron comunicado él y el Ga- 
ray, el Garay le contó sus desdichas y trabajos, 
encomendándole que por su mano fuese reme- 
diado; y el mismo Cortés se le ofreció m ?y de 
voluntad, y Fray Bartolomé y Pedro de Alba- 
rado y Gonzalo de Sahdoval le fueron buenos 
medianeros; y de ahí á tres ó cuatro dias que 
hubo llegado, porque la amistad suya fuese mas 
duradera y segura, trató Fray Bartolomé que 
se casase una hija de Cortés, que se decia doña 
Catalina Cortés é Pizarro, que era niña, con un 
hijo de Garay, el mayorazgo, que traia consigo 
en la armada é le dejó por capitán de su arma- 
da; y Cortés vino en ello, y le mandé en dote 
con doña Catalina gran cantidad de pesos de 
oro, y que Garay fuese á poblar el rio de Pal- 
mas, é que Cortés le diese lo que hubiese me- 
nester para la población y pacificación de aque- 
lla provincia, y aun le prometió capitanes y 
soldados de los suyos, para que con ellos des- 
cuidase en las guerras que hubiese; y con estos 
prometimientos, y con la buena voluntad que 
Garay halló en Cortés, estaba muy alegre : yo 
tengo por cierto que así como lo habia capitula- 



486 



BERNAL DÍAZ. 



do y ordenado Cortés, lo cumpliría. Dejemos 
esto del casamiento y de las promesas, y diré 
cómo en aquella sazón fué á posar el Garay en 
casa de un Alonso de Villanueva, porque Cortés 
hacia sus casas y palacio muy grandes, y de 
tantos patios, que era admiración; y Alonso de 
Villanueva, según pareció, habia estajio en Ja- 
maica cuando Cortés lo envió á comprar caba- 
llos, que esto no lo afirmo si era entonces ó 
después; era muy grande amigo de Garay, y por 
el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cor- 
tés para pasarse á las casas del Villanueva, y 
se le hacia toda la honra que podía, y todos los 
vecinos de Méjico le acompañaban. Quiero de- 
cir cómo en aquella sazón estaba en Méjico 
Panfilo de Narvaez, que es el que hubimos 
desbaratado, como dicho tengo otras veces, y 
fué á ver y hablar al Garay; abrazáronse el uno 
al otro, y se pusieron á platicar cada uno de sus 
trabajos y desdichas; y como el Narvaez era 
hombre que hablaba muy entonado , de plática 
en plática, medio riendo, le dijo el Narvaez: 
«Señor adelantado D. Francisco de Garay, han- 
me dicho ciertos soldados de los que le han ve- 
nido huyendo y amotinados que solia decir 
vuesamerced á los caballeros que traía en su 
armada: «Mirad que hagamos como varones, y 
peleemos muy bien con estos soldados de Cor- 
tés, no nos tomen descuidados como tomaron 
á Narvaez;» pues, señor D. Francisco de Ga- 
ray, á mí peleando me quebraron este ojo, y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 487 

me robaron y me quemaron cuanto tenia, y 
hasta que me mataron el alférez y muchos sol- 
dados y prendieron mis capitanes, nunca me 
habían vencido tan descuidado como á vuesa- 
merced le han dicho: hágole saber que otros 
más venturosos en el mundo no ha habido 
que Cortés; y tiene tales capitanes y solda- 
dos, que se podían nombrar tan en ventura 
cada uno en lo que tuvo entre manos como 
Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en 
el trabajar y ser en las batallas más que Aníbal.» 
Y el Garay respondía que no habia necesidad 
que se lo dijesen; que por las obras se veia lo 
que decía, y que ¿qué hombre hubo en el mundo 
que con tan pocos soldados se atreviese á dar 
con los navios al través, y meterse en tan recios 
pueblos y grandes ciudades á les dar guerra? Y 
respondía Narvaez recitando otros grandes he- 
chos de Cortés; y estuvieron el uno y el otro 
platicando en las conquistas desta Nueva-Espa- 
ña como á manera de coloquio. Y dejemos estas 
alabanzas que entre ellos se tuvo, y diré cómo 
Garay suplicó á Cortés por el Narvaez para que 
le diese licencia para volver á la isla de Cuba 
con su mujer, que se decia María de Valenzue- 
la, que estaba rica de las minas y de los buenos 
indios que tenia el Narvaez; y demás de se lo 
suplicar el Garay á Cortés con muchos ruegos, 
la misma mujer de Narvaez se lo habia enviado 
á suplicar á Cortés por cartas, le dejase ir á su 
marido ; porque , según parece, se conocían 



488 BÉRNAL DÍAZ. 

cuando Cortés estaba en Cuba, y eran compa- 
dres; y Cortés le dio licencia y le ayudó con dos 
mil pesos de oro; y cuando el Narvaez tuvo li- 
cencia se humilló mucho á Cortés, con prometi- 
mientos que primero le hizo que en todo le se- 
ria servidor, y luego se fué á Cuba. Dejemos* de 
más platicar desto. y digamos en qué paró Ga- 
ray y su armada; y es, que yendo una Noche de 
Navidad del año de 1523, juntamente con Cor- 
tés, amaitines, que los cantaron muy bien, y 
fray Bartolomé dijo lindamente la Misa del Ga- 
llo, después de vueltos de la iglesia¿ almorza- 
ron con mucho regocijo, y desde allí á una 
hora, con el aire que le dio al Garay, queesta- 
ba de antes mal dispuesto, le dio dolor de cos- 
tado con grandes calenturas; mandáronle los 
médicos sangrar y purgáronle, y desque vieron 
que arreciaba el mal, le dijeron á fray Bartolo- 
mé que le dijese á Garay que moria, que se 
confesase y que hiciese testamento; lo cual lue- 
go lo hizo fray Bartolomé, y le dijo como lle- 
gaba su acabamiento, que se dispusiese como 
buen cristianó y honrado caballero, é que no 
perdiese su ánima; ya que habia perdido la ha- 
cienda. El Garay le respondió: aTcneis razón, 
Pa Iré; yo quiero que me confeséis esta noche, 
y recibir el santo cuerpo de Jesucristo é hacer 
mi testamento.» E cumpliólo muy honradamen- 
te; y desque hubo comulgado, hizo su testa- 
mento, y dejó por albaceas á Cortés y á fray 
Bartolomé de Olmedo; y luego, dende á cuatro 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 489 

dias que le dio el mal, dio el alma á Nuestro 
Señor Jesucristo, que la crió; y esto tiene la ca- 
lidad de la tierra de Méjico, que en tres ó cua- 
tro dias mueren de aquel mal de dolor dé Costa- 
do, que esto ya lo he dicho otra vez, y lo tene- 
mos bien experimentado de cuando estábamos 
en Tezcuco y en Cuyóacan, que se murieron 
muchos de nuestros soldados. Pues ya muerto 
Garay, perdónele Dios, amen, le hicieron mu- 
chas honras al enterramiento, y Cortés y otros 
caballeros se pusieron luto; y murió el Garay 
fuera de su tierra, en casa ajena y lejos dé su 
mujer é hijos. Dejemos íde contar desto y vol- 
vamos á decir de la provincia del Panuco, que, 
como el Garay se vino á Méjico, y sus capitanes 
y soldados, como no tenían cabeza ni quien les 
mandase, cada uno de los soldados que aquí 
nombraré, que el Garay traía en su compañía, 
se querían hacer capitanes; los cuales se de- 
cían,. Juan de Grijalva, Gonzalo de Figueroa, 
Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ullóa, Juan de 
Medina el tuerto, Juan de Villa, Antonio de la 
Cerda y un Tobárda; este Tobarda fué el más 
bullicioso de todos los del real de Garay; y so- 
bre todos ellos quedó por capitán un hijo de Ga- 
ray, que quería casar Cortés con su hija, y no le 
acataban ni hacían cuenta del toaos los que he 
nombrado ni ninguno dé los de su capitanía; an- 
tes se juntaban de quince en quince y de veinte 
en veinte, y se andaban robando los pueblos y 
tomando las mujeres por fuerza, y mantas y #a* 
$3 



490 SERNAL BIAZ. 

Hiñas, como si estuvieran en tierra de moros, ro- 
bando lo que se hallaban. Y como aquello vie- 
ron los indios de aquella provincia, se concerta- 
ron todos á una de los matar, y en pocos dias 
sacrificaron y comieron más de quinientos es- 
pañoles, y todos eran de los de Garay, y en pue- 
blos hubo que sacrificaron más de cien españo- 
les juntos; y por todos los demás pueblos no ha- 
cían sino, á los que andaban desmandados, ma- 
tallos y comer y sacrificar; y como no habia re- 
sistencia, ni obedecian á los vecinos de la villa 
de Santi-Estéban, que dejó Cortés poblada, e 
ya que salian á les dar guerra, era tanta la mul- 
titud que salia de guerreros, que no se podian 
valer con ellos; y á tanto vino la cosa y atrevi- 
miento que tuvieron, que fueron muchos indios 
sóbrela villa, y la combatieron de noche y de 
dia de arte, que estuvo en gran riesgo de se per- 
der; y si no fuera por siete ó ocho- conquistado- 
res viejos de los de Cortés, y por el capitán Va- 
llejo, que ponian velas y andaban rondando y 
esforzando á los demás, ciertamente les entra- 
ran en su villa; y aquellos conquistadores dije- 
ron á los demás soldados de Garay que siempre 
procurasen de estar juntamente con ellos, y que 
alli en el campo estaban muy mejor, y que alli 
los hallasen sus contrarios, y que no se volvie- 
sen á la villa; y asi se hizo , y pelearon con 
ellos tres veces, y puesto que mataron al capi- 
tán Vallejoé hirieron otros muchos, todavía los 
desbarataron y mataron muchos indios dellos; 



CONQUISTA BE MJEVA-1SPANA. 49 í 

y estaban tan furiosos todos los indios naturales 
de aquella provincia, que quemaron y abrasaron 
una ncche cuarenta españoles, y mataron quince 
caballos, y muchos de los que mataron eran de 
los de Cortés, en un pueblo, y todos los demás 
fueron de los de Garay ; y como Cortés alcanzó 
á saber estos destrozos que hicieron en esta pro* 
vincia, tomó tanto enojo, que quiso volver en 
persona contra ellos, y como estaba muy malo 
de un brazo que se ie habia quebrado, no pudo 
venir ; y de presto mandó á Gonzalo de Sando- 
val que viniese con cien soldados y cincuenta de 
á caballo y dos tiros y quince arcabuceros y ba- 
llesteros, y le dio ocho mil tlascaltecas y meji- 
canos, y le mandó que no viniese sin que les de- 
jase muy bien castigados, de manera gueno se 
tornasen á alzar. Pues como el Sandoval era 
muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa de 
importancia no dormía de noche, no se tardó 
mucho en el camino, que con gran concierto da 
orden cómo habian de entrar y salir los de á 
caballo en los contrarios, porque tuvo aviso 
que le estaban esperando en dos malos pasos 
todas las capitanías de los guerreros de aque- 
llas provincias ; y acordó enviar la mitad de 
todo su ejército al un mal paso, y él se estuvo 
con la otra mitad de su compaña á la otra paró- 
te ; y mandó á los escopeteros y ballesteros 
no hiciesen sino armar unos y soltar otros, y 
dar en ellos y hasta ver si los podría hacer po- 
ner en huida ; y los contrarios tiraban mucha 



192 BEKNALDIAZ. 

vara y flecha y piedra , é hirieron á muchos 
soldados y de nuestros amigos. Viendo Sando- 
val que no les podía entrar, estuvieran en 
aquel mal paso hasta la noche, y envió á man- 
dar á los demás que estaban en aquel otro mal 
pago que hiciesen lo mismo , y los contrarios 
punca desmampararon sus puestos , é otro dia 
por la mañana, viendo Sandoval que no aprove- 
chaba cosa estarse allí como habia dicho , man- 
dó enviar á llamar alas demás capitanías que 
hab|a enyiado al otro maj paso , é hizo que le- 
vantaba su real, y que se volvía camino de Mé- 
jico como amedrentado ; y como los naturales 
de aquellas provincias que estaban juntos les pa- 
reció que de miedo séiban retrayendo, salenal ca- 
mino, é iban siguiéndole dándole grita y dicién- 
dole vituperios ; y todavia el Sandoval , aunque 
más indios salían tras él, no volvía sobre ellos, y 
esto fué por descuidalies, para, como habían ya 
estado aguardando tres dias , volver aquella 
noche y pasar de presto con todo su ejército 
los malos pasos; é asi lo hizo , que á media no- 
che volvió y tomóles algo descuidados , y pasó 
con los de á caballo ; y no fué tan sin grande 
peligro , que le mataron tres caballos é hirie- 
ron muchos soldados; y cuando se vio en buena 
tierra y fuera del mal paso con sus ejércitos , él 
por una parte y los demás de su capitanía por 
otra , dan en grandes escuadrones que aquella 
misma noche se habían juntedo , desque supie- 
ron que volvió; y eran tantos , que el Sandoval 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 493 

tuvo recelo no le rompiesen y desbaratasen , y 
mandó á sus soldados que se tornasen á juntar 
con él para que peleasen juntos , porque vio y 
entendió de aquellos contrarios que como tigres 
rabiosos se venían á meter por las puntas de 
las espadas , y habían tomado seis lanzas á los 
de á caballo , como no eran hombres acostum- 
brados á la guerra ; de lo cual Sandoval estaba 
tan enojado, que decía que valiera más que 
trajera pocos soldados de los que él conocía , 
y no los qué trujo; y allí les mandó á los de á 
caballo de la manera que habían de pelear, 
que eran nuevamente venidos ; y es , que las 
lanzas algo terciadas , y no sé parasen á dar 
lanzadas , sino por los rostros y pasar adelante 
hasta que les hayan puesto en huida; y les dijo 
que vista cosa es que si se parasen á alancear, 
que la primera cosa que el indio hace desque 
está herido es echar mano de la lanza ; y como 
les vean volver las espaldas , que entonces á 
medía rienda les ha de seguir , y las lanzas 
todavía terciadas , y si les echaren mano de tas 
lanzas , porque aun con todo esto no dejan de 
asir dellas , que para se las sacar de presto dé 
sus manos , poner piernas al caballo , y la lanza 
bien apretada con la mano asida y debajo del 
brazo para mejor se ayudar y sacarla del poder 
del contrario , y si no la quisiere soltar , traerle 
arrastrando con la fuerza del caballo. Pues ya 
que les estuvo dando orden cómo habían de ba- 
tallar, y vio á todos sus soldados y de á caballo 



494 BERNAL DÍAZ. 

juntos , se fué á dormir aquella noche á orilla 
de un rio , y allí puso buenas velas y escuchas y 
corredores del campo ; y mandó que toda la no- 
che tuviesen los caballos ensillados, y asimismo 
ballesteros y escopeteros y soldados muy aper- 
cebidos ; mandó á los amigos tlascaltecas y me- 
jicanos que estuviesen sus capitanías algo apar- 
tadas de los nuestros, porque ya tenia expe- 
riencia de lo de Méjico; porque si de noche vi- 
niesen los contrarios á dar en los reales, que no 
hubiese estorbo ninguno en los amigos; y ésto 
fué porque el Sandoval temió que vendrían, 
porque vio muchas capitanías de contrarios que 
se juntaban muy cerca de sus reales, y tuvo por 
cierto que aquella noche les habían de venir á 
combatir, é oía muchos gritos y cornetas é tam- 
bores muy cerca de allí; é según entendían, ha- 
bíanle dicho muchos amigos á Sandoval que de- 
cían los contrarios que para aquel dia cuando 
amaneciese habían de matar á Sandoval y á to- 
da su compañía; y los corredores del campo vi- 
nieron dos veces á dar aviso que sentían que se 
apellidaban de muchas partes y se juntaban; y 
cuando fué dia claro Sandoval mandó salir á 
todas sus compañías con gran ordenanza, á los 
de á caballo les tornó á traer á la memoria co- 
mo otras veces les habia dicho: ibanse por el 
camino adelante por unas caserías, adonde oían 
los atambores y cornetas; y no hubo bien anda- 
do medio cuarto de legua, cuando le salen al en- 
cuentro tres escuadrones de guerreros y le co- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 495 

menzaron á cercar; y como aquello vio, manda 
arremeter la mitad de los de á caballo por una 
parte y la otra mitad por la otra, y puesto que 
le mataron dos soldados de los nuevamente ve- 
nidos de Castilla, y tres caballos, todavía les 
rompió de tal manera, que fué desde allí ade- 
lante matando é hiriendo en ellos, que no se 
juntasen como de antes. Pues nuestros amigos 
los mejicanos y tlascaitecas hacían mucho daño 
en todos aquellos pueblos, y prendieron mucha 
gente^y abrasaron todos los pueblos que por 
delante hallaban, hasta que el Sandoval tuvo 
lugar de llegar á la villa de Sant-Estéban del 
Puerto, y halló los vecinos tales y tan debilita- 
dos, unos muy heridos y otros muy dolientes, y 
lo peor, que no tenian maiz que comer ellos y 
veinte y ocho caballos; y esto á causa que de 
noche y de dia les daban guerra, y no tenian lu- 
gar de traer maiz ni otra cosa ninguna, é hasta 
aquel mismo dia que llegó Sandoval no habían 
dejado de los combatir , porque entonces se 
apartaron del combate, y después de haber ido 
todos los vecinos de aquella villa á ver y hablar 
al capitán Sandoval, y dalle gracias y loores 
por los haber venido en tal tiempo á socorrer, 
le contaron los de Garay que si no fuera por 
siete ó ocho conquistadores viejos de los de 
Cortés, que les ayudaron mucho, que corrían 
mucho riesgo sus vidas, porque aquellos ocho 
salían cada dia al campo y hacían salir los de- 
mas soldados, é resistían que los contrarios no 



498 BERNAL DÍAZ. 

los entrasen en la villa; y también porque, como 
lo capitaneaban é por su acuerdo se hacía todo, 
é habían mandado que los dolientes y heridos 
se estuviesen dentro en la villa, y ¿(ue todos los 
demás aguardasen en el campo, y que de aque- 
lla manera se sostenían con los contrarios; y 
Sandoval les abrazó á todos, y mandó á los 
conquistadores, que bien los conocía, y aún 
eran sus amigos, en especial Fulano Navarrete 
y Carrascosa, y un Fulano de Alamilla y otros 
cinco, c[ué todos eran de los de Corté», que re- 
partiesen entre ellos de los de á caballo y ba- 
llesteros y escopeteros que el Sandoval traia, é 
que por dos partes fuesen ó enviasen maíz é 
bastimento, é hiciesen guerra é prendiesen todas 
las más gentes que pudiesen, en especial caci- 
ques ; y esto mandó el Sandoval porque él no 
podía ir, que estaba mal herido en un muslo , y 
en la cara tenia una pedrada , y asimismo entre 
los de su compaña traia otr««s muchos soldados 
heridos , y porque se curasen estuvo en la villa 
tres dias que no salió á dar guerra ; porque, 
como habia enviado los capitanes ya nombra- 
dos , y conoció dellos que lo harían bien , y vio 
que de presto enviaron maiz y bastimento , con 
esto estuvo los tres dias ; y también le enviaron 
muchas indias y gente menuda que habían pre- 
so , y cinco principales délos que habían sido 
capitanes en las guerras; y Sandoval les mandó 
soltar á todas las gentes menudas, excepto á los 
principales, y les envió á decir que desde allí 



CONQUISTASE NUfiVA-ÉSPANA. 497 

adelante que tío prendiesen si no fuesen á los que 
fueron en la muerte de los españoles, y no mu- 
jeres ni muchachos, y que buenamente les en- 
viasen á llamar , é así lo hicieron ; y ciertos 
soldados de los que habían venido con Garay, 
que eran personas principales , que el Sandoval 
halló en uquella villa, los cuales eran por quien 
se habia revuelto aquella provincia , que ya los 
he nombrado á todos los más dellos en el capí- 
tulo pasado , vieron que Sandoval no les enco- 
mendaba cosa ninguna para ir por capitanes con 
soldados , como mandó á los siete conquistado- 
res viejos de los de Cortés , comenzaron á mur- 
murar del entre ellos, y aunjionvocaban á otros 
soldados á decir mal del Sandoval y de sus co- 
sas, y aun ponían en pláticas de se levantar con 
la tierra, so color de que estaba allí con ellos el 
hijo de Francisco de Garay como adelantado de- 
11a; y como lo alcanzó á saber el Sandoval , les 
habló muy bien. y les dijo : «Señores, en lugar 
de lo tener á bien , como , gracias á Dios , os 
hemos venido á socorrer , me han dicho quede- 
cis cosas que para caballeros como sois no son 
de decir : yo no os quito vuestro ser y honra en 
enviar los que aquí hallé por caudillos y capita- 
nes ; y si hallara á vuesas mercedes que érades 
caudillos , harto fuera yo de ruin si les quitara 
el cargo. Qucria saber una cosa : por qué no ío 
fuistes cuando estábades cercados. Lo que me 
dijistes todos á una es, que si no fuera por aque- 
llos -siete soldados viejos, que tuviérades más 
64 



498 BfeRNAL DIÁZ. 

trabajo ; y como sabian la tierra mejor que vue- 
sas mercedes, por esta causa los envié: así que, 
señores, en todas nuestras conquistas de Méjico 
no mirábamos en estas cosas é puntos , sino en 
servir lealmente á su majestad; así, os pido por 
merced que desde aquí adelante lo hagáis , é yo 
no estaré en esta provincia muchos dias, si no 
me matan en ella , que me iré á Méjico. El que 
quedare por teniente de Cortés os dará muchos 
cargos , é á mí me perdonad.» Y con esto con- 
cluyó con ellos , y todavía no dejaron de tene- 
lle mala voluntad ; y esto pasado , luego otro 
dia sale Sandoval con los que trujo en su com- 
pañía de Méjico y con los siete que habia envia- 
do, y tiene tales modos, que prendió hasta vein- 
te caciques, que todos habían sido en la muerte 
de más de seiscientos españoles que mataron de 
los de Garay y de los que quedaron poblados en 
la villa de los de Cortés, y á todos los más pue- 
blos envió á llamar de paz , y muchos dellos vi- 
nieron , y con otros disimulaba aunque no ve- 
nían ; y esto hecho , escribió muy en posta á 
Cortés dándole cuenta de todo lo acaecido , é 
qué mandaba que hiciese de los presos ; porque 
Pedro de Vallejo , que dejó á Cortés por su te- 
niente , era muerto de un flechazo , á quien 
mandaba que quedase*~en su lugar ; y también 
le escribió que lo habían hecho muy como va- 
rones los soldados ya por mí nombrados; y como 
el Cortés vio la carta , se holgó mucho en que 
aquella provincia estuviese ya de paz ; y en la 



CQNQUI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. 499 

sazón que le dieron la carta á Cortés estábanle 
acompañando muchos caballeros conquistadores 
é otros que habían venido de Castilla ; é dijo 
Cortés delante dellos : «¡ Oh Gonzalo de Sando- 
val ! ¡ en cuan gran cargo os soy , y cómo me 
quitáis de muchos trabajos ! » Y allí todos le ala- 
baron mucho , diciendo que era un muy extre- 
mado capitán , y que se podia nombrar entre los 
muy afamados. Dejemos destas loas ; y luego 
Cortés le escribió que, para que más justifica- 
damente castigase por justicia á los que fueron 
en la muerte de tanto español y robos de hacien- 
da y muertes de caballos, que enviaba al alcalde 
mayor Diego de Ocampo para que se hiciese in- 
formación contra ellos , é lo que se sentenciase 
por justicia que lo ejecutase ; y le mandó que 
en todo lo que pudiese les aplaciese á todos los 
naturales de aquella provincia , é que no con- 
sintiese que los de Garay ni otras personas nin- 
gunas los robasen ni les hiciesen malos trata- 
mientos ; y como el Sandoval vio la carta, y que 
venia el Diego de Ocampo , se holgó dello , y 
desde á dos dias que llegó el alcalde mayor 
Ocampo hicieron proceso contra los capitanes y 
caciques que fueron en la muerte de los españo- 
les , y por sus confesiones , por sentencia que 
contra ellos pronunciaron , quemaron y ahorca- 
ron ciertos dellos , é á otros perdonaron ; y los 
cacicazgos dieron á sus hijos y hermanos , á 
quien de derecho les convenia. Y esto hecho , el 
Diego de Ocampo parece ser traía instrucciones 



500 BERNAL m«Z. 

é mandamientos de Cortés para que inquiriese 
quién fueron los que entraban á robar la tierra 
é andaban en bandos y rencillas , y convocando 
á otros soldados que se alzasen , y mandó que 
les hiciese embarcar en un navio y los enviase á 
la isla de Cuba , y aun envió dos mil pesos para 
Juan de Grijalva si se quería volver á Cuba; é 
si quisiese quedar , que le ayudase y diese todo 
recaudo para venir á Méjico; é en fin de más 
razones ,. todos de buena voluntad se quisieron 
volver á la isla de Cuba , donde tenían indios, y 
les mandó dar mucho bastimento de maiz é ga- 
llinas é de todas las cosas que había en la tierra, 
y se volvieron á sus casas é isíá dé Coba ; y esto 
hecho , nombraron por capitán á un Fulano de 
Vallecillo , é dieron la vuelta el Sandoval y el 
Diego de Ocampo para Méjico , y fueron bien 
recebidos de Cortés y de toda la ciudad , que 
temían todos algún mal desbaratamiento de les 
nuestros , y se alegraron y solazaron mucho 
cuando vieron venir á Sandoval con vitoria Y 
fray Bartolomé de Olmedo dijo á Cortés que se 
diesen loores á Dios ; y ansí , se hizo una fiesta 
á nuestra Señora , y predicó muy santamente 
fray Bartolomé de Olmedo, y como buen letra- 
do , que lo era él fraile ; y dende en adelante no 
se tornó más á levantar aquella provincia. Y de- 
jemos de hablar más en ello , é digamos lo que 
le aconteció al licenciado Zuazo en el viaje que 
venia de Cuba á la Nueva España, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. &01 

CAPÍTULO CLXIII. 



COMO EL LICENCIADO ALONSO DE ZUAZO VENIA EN UNA 
CARABELA Á LA NUEVA-ESPAÑA, CON DOS FRAILES 
DE LA MERCED, AMIGOS DE FRAY BARTOLOMÉ DE OL- 
MEDO, T DIO EN UNAS ISLETAS QUE LLAMAN LAS VÍ- 
BORAS, É DE LA MUERTE DE UNO DE LOS FRAILES, Y 
LO QUE MÁ8 LE ACONTECIÓ. 



Como ya he dicho en el capítulo pasado que 
hablé de cuando el licenciado Zuazo fué á ver á 
Francisco de Garay al pueblo Xagua, que es la 
isla de Cuba, cabe la villa de la Trinidad; y el 
Garay le importunó que fuese con él en su ar- 
mada para ser medianero entre él y Cortés, 
porque bien entendido tenia que habia de tener 
diferencias sobre la gobernación de Panuco; y 
el Alonso de Zuazo le prometió que ansí lo ha- 
ría en dando cuenta de la residencia del cargo 
que tuvo de justicia en aquella isla de Cuba, 
donde al presente vivia; y en hallándose des- 
embarazado, luego procuró de dar residencia y 
hacerse á la vela c ir á la Nueva-España, adon- 
de habia prometido, é llevó consigo dos frailes 
de la Merced, qie se decia el uno fray Gonzalo 
de Pontevedra y el otro fray Juan Varillas, na- 
tural de Salamanca, é este era muy amigo del 
Padre fray Bartolomé de Olmedo, é habia pedi- 



502 BEftNAL DÍAZ. 

do licencia á sus Prelados para ir en busca suya 
ó le ayudar, é estaba con fray Gonzalo en C iba 
á la ventura de si habia ocasión de ir con el 
fray Bartolomé; y el Zuazo que se decia pa- 
riente del fray Juan, le pidió se fuese con él, y 
se embarcaron en un navio chico, é yendo por 
su viaje, é salimos de la punta que llaman de 
Sant-Anton, y también se dice por otro nombre 
la tierra de los Gamatabeis, que son unos sal- 
vajes que no sirven á españoles; y navegando 
en su navio, que era de poco porte, ó porque el 
piloto erró la derrota, ó descayó con las cor- 
rientes, fué á dar en unas isletas que son entre 
unos bajos qiíe llaman las Víboras, y no muy 
lejos destos bajos están otros que llaman los 
Alacranes, y entre estas isletas se suelen per- 
der navios grandes; y lo que le dio la vida á 
Zuazo fué ser su navio de poco porte. Pues vol- 
viendo á nuestra relación: porque pudiesen lle- 
gar con el navio á una isleta que vieron que es- 
taba cerca, que no bañaba la mar, echaron mu- 
chos tocinos al agua, y otras cosas que traian 
para matalotaje, para aliviar el navio, para po- 
der ir sin toca en tierra hasta la isleta, y car- 
garon tantos tiburos á los tocinos, que á unos 
marineros que se echaron al agua á mas de la 
cinta, los tiburones, encarnizados en los tocinos 
apañaron á un marinero dellos y le despedaza- 
ron y tragaron, y si de presto no se volvieran 
los demás marineros á la carabela, todos pere- 
cieran, según andaban los tiburones, encarni- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA . 503 

zados en la sangre del marinero que mataron; 
pues lo mejor que pudieron allegaron con su 
carabela á la isleta, y como habian echado á la 
mar el bastimento y cazabe, y no tenian qué 
comer, y tampoco tenian agua que beber ni 
lumbre, ni otra cosa con que pudiesen susten- 
tarse, 3alvo unos tasajos de vaca que dejaron de 
arrojar á la mar, fué ventura que traian en la 
carabela dos indios de Cuba, que sabian sacar 
lumbre con unos palíeos secos que hallaron en 
la isleta adonde aportaron, é dellos sacaron 
lumbre, y cavaron en un arenal y sacaron agua 
salobre, y como la isleta era chica y de are- 
nales, venian á ella á desovar muchas tor- 
tugas , é ansí como salian las trastornaban 
los indios de Cuba las conchas arriba; é suele 
poner cada una dellas sobre cien huevos tama- 
ños como de patos; é con aquellas tortugas é 
muchos huevos tuvieron bien con que se susten- 
tar trece personas que escaparon en aquella is- 
leta; y también mataron los marineros que sa- 
lian de noche al arenal los lobos marinos de la 
islesa, que fueron harto buenos para comer. 
Pues estando desta manera, como en la carabe- 
la acertaron á venir dos carpinteros de ribera, y 
tenian sus herramientas, que no se íes habian 
perdido, acordaron de hacer una barca para ir 
con ella á la vela, é con la tablazón é clavos, 
estopas é jarcias y velas que sacaron del navio 
que se perdió, hacen una buena barca como 
batel, en que fueron tres marineros é un indio 



504 BÉRNÁL DÍAZ* 

de Cuba á la Nueva-España, y para matalotaje 
llevaron de las tortugas y los lobos marinos 
asados, y con agua salobre, y con la carta é 
aguja de marear, después de se encomendar á 
Dios, fueron su viaje, é unas veces con buen 
tiempo é otras veces con contrario, llegaron al 
puerto de Calchocuca, que es el rio de Bande- 
ras, adondeen aquella sazón se descargaban las 
mercaderías que venían de Castilla, y dende 
allí fueron á Medellin, adonde estaba por te- 
niente de Cortés un Simón de Cuenca; y como 
los marineros que venian en la barca le dijeron 
al teniente el gran peligro en que estaba el li- 
cenciado Alonso Zuazo , luego sin más dilación 
el Simón de Cuenca buscó marineros é un navio 
de poco porte, y con mucho refresco lo despa- 
chó á la isleta adonde estaba el Zuazo; y el Si- 
món de Cuenca le escribió al mismo licenciado 
cómo Cortés se holgaría mucho con su venida, 
é ansimismo le hizo saber á Cortés todo lo acae- 
cido, y cómo le envió el navio bastecido; de lo 
cual se holgó Cortés del buen aviamiento que el 
teniente hizo, y mandó que en aportando allí 
al puerto, que le diesen todo lo que hubiese 
menester, y vestidos y cabalgaduras, é que le 
enviasen á Méjico; y partió el navio, é fué con 
buen viaje á la isleta, con el cual se holgó el 
Zuazo y su gente. Volvamos á decir cómo cuan- 
do llegó el navio se habia muerto en pocos días, 
de no poder comer bocado de las viandas, el 
Fraile Fray Gonzalo , de que habían habido 



CONQUISTA DI NUEVA-ESPAÑA. 505 

gran pesar Fray Juan é Zuazo; é habiéndole 
encomendado á Dios su alma, se embarcaron en 
él, y de presto con buen tiempo llegaron á Me- 
dellin, é se les hizo mueha honra, y fueron á 
Méjico, y Cortés les mandó salir á recebir, y les 
llevó á sus palacios y se regocijó con ellos, y le 
hizo su alcalde mayor al licenciado Alonso de 
Zuazo, y en esto paró su viaje. Dejemos de ha- 
blar dello, y digo que esta relación que doy, es 
por una carta que nos escribió á la villa de Gua- 
calco Cortés al cabildo della, adonde declaraba 
lo por mí aquí dicho , é porque dentro en dos 
meses vino al puerto de aquella villa el mismo 
barco en que vinieron los marinero* á dar aviso 
del Zuazo, é allí hicieron un barco del descargo 
de la misma barca, y los marineros nos lo con- 
taban según de la manera que aquí lo escribo. 
Dejemos esto, y diré cómo Cortés envió á Pedro 
de Albarado á pacificar la provincia de Guati- 
mala. 



CAPITULO CLXIV. 



COMO CORTES ENVIÓ A PEDRO DE ALBARADO A LA 
PROVINCIA DE GUATIMALA PARA QUE POBLASE UNA 
VILLA Y LOS TRAJESE DE PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO 
SE HIZO. 



Pues como Cortés siempre tuvo los pensamien-J 
tos muy altos y de señorear, quiso en todo re- 
§5 



506 BERNA L DI Alé 

medar á Alejandro Macedonio, y con los muy 
buenos capitanes y extremados soldados que 
siempre tuvo, después que se hubo poblado la 
gran ciudad de Méjico é Guaxaca é Zacatilla é 
Colima é la Veracruz é Panuco é Guacacualco, y 
tuvo nocicia que en la provincia de Guatimala 
habia recios pueblos de mucha gente é que ha- 
bia minas, acordó de enviar á la conquistar y 
poblar á Pedro de Albarado, é aun el mismo 
Cortés habia enviado á rogar á aquella provin- 
cia que viniesen de paz, é no quisieron venir; é 
dióle al Albarado para aquel viaje sobre tre- 
cientos soldados, y entre ellos ciento y veinte 
escopeteros y ballesteros, y más, le dio ciento y 
treinta y cinco de á caballo, cuatro tiros y mu- 
cha pólvora, y un artillero que se decia Fulano 
de Usagre, y sobre ducientos tlascaltecas y cho- 
lultecas, y cien mejicanos, que iban sobresa- 
lientes. Fray Bartolomé de Olmedo, que era 
amigo grande de Albarado, le demandó licencia 
á Cortés para irse con él é predicar la fe de Je- 
sucristo á los de Guatimala; mas Cortés, que 
tenia con el fraile siempre harta comunicación, 
decia que no, y que iria con Albarado un buen 
clérigo que habia venido de España con Garay, 
é que tuviese voluntad de quedarse para predi- 
car la pascua del Nacimiento de Jesucristo; 
mas el fraile tanto le cansó, que se hubo de ir 
con Albarado, aunque con poca voluntad de 
Cortés, que siempre con él hablaba de todos los 
negocios. Y después de dadas las instrucciones en 



CONQUISTA BE MUEVA-ESPAÑA. 507 

que le mandaba á Albarado que con toda dili- 
gencia procurase de los atraer de paz sin dar- 
les guerra, é que con ciertas lenguas que lle- 
vaba les predicase Fray Bartolomé de Olmedo 
las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que no 
les consintiese sacrificios ni sodomías ni robarse 
unos á otros, é que las cárceles é redes que ha- 
llase hechas, adonde suelen tener presos indios 
á engordar para comer, que las quebrase y que 
los saquen de las prisiones, y que con amor y 
buena voluntad los atraya á que den la obe- 
diencia á su Majestad, y en todo se les hiciese 
buenos tratamientos, entonces Fray Bartolomé 
de Olmedo pidió que se fuese con ellos el clé- 
rigo ya por mi arriba memorado, que vino con 
Garay para que le ayudase, y el clérigo era 
bueno, y Cortés se le dio y dijo que fuese en 
buen hora. Pues ya despedido el Pedro de Al- 
barado de Cortés y de todos los caballeros ami- 
gos suyos que en Méjico habia, y se despidieron 
los unos de los otros, partió de aquella ciudad 
en 13 dias del mes de Diciembre de 1523 años, y 
mandóle Cortés que fuese por unos peñoles que 
cerca del camino estaban alzados en la provin- 
cia de Guantepeque, los cuales peñoles trajo de 
paz; llámanse el peñol de Güelamo, que era 
entonces de la encomienda de un soldado que se 
dice Güelamo; y dende allí fué á Tecuantepe- 
que, pueblo grande, y son ¿apotecas, y le reci- 
bieron muy bien, porque estaban de paz, éya 
se habían ido de aquel pueblo, como dicho ten- 



508 BERH*L DÍAZ. 

go en el capítulo pasado que dolió habla, á Mé- 
jico, y dado la obediencia á su Majestad é á ver 
á Cortes, y aun le llevaron un presente de oro; 
y dende Tecuantepeque fué á la provincia de 
Soconusco, que era en aquel tiempo muy pobla- 
da de más de quince mil vecinos, y también le 
recibieron de paz y le dieron un presente de oro 
y se dieron por vasallos de su Majestad; y dende 
Soconusco llegó cerca de otras poblaciones que 
se dicen Zapotitlan, y en el camino, en una 
puente de un rio que hay allí un mal paso, halló 
muchos escuadrones de guerreros que le esta- 
ban aguardando para no dej alie pasar, y tuvo 
una batalla con ellos, en que le mataron un ca- 
ballo é hirieron muchos soldados, y uno murió 
de las heridas; y eran tantos los indios que se 
habían juntado contra Albarado, no solamente 
los de Zapotitlan, sino de otros pueblos comar- 
canos, que por muchos deüos que herían, no 
los podian apartar, y por tres veces tuvieron 
rencuentros* y quiso nuestro Señor Dios que 
los venció y le vinieron de paz; y dende Zapo- 
titlan iba camino de un recio pueblo que se 
dice Quetzaltenango , y antes de llegar á él 
tuvo otros rencuentros con los naturales de 
aquel pueblo y con otros sus vecinos, que se 
dice Utatlan, que era cabecera de ciertos pue- 
blos que están en su contorno á la redonda del 
Quetzaltenango, y en ellos le hirieron ciertos 
soldados, puesto que el Pedro de Albarado y 
su gente mataron é hirieron muchos indios; y 



COHQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 509 

luego estaba una mala subida de un puerto que 
dura legua y media, y con ballesteros y escope- 
teros y todos sus soldados puestos en gran con- 
cierto, lo comenzó á subir, y en la cumbre del 
puerto hallaron una india gorda que era hechi- 
cera, y un perro de los que ellos crian, que son 
buenos para comer, qué no saben ladrar* sacri- 
ficados, que es señal de guerra; y más adelante 
halló tanta multitud de guerreros que le esta- 
ban esperando, y le comenzaron á cercar; y 
como eran los pasos malos y en sierra muy 
agrá, los de á caballo no podían correr ni re- 
volver ni aprovecharse dellos; mas los balleste- 
ros y escopeteros y soldados de espada y rodela 
tuvieron reciamente con ellos pié con pié, y 
fueron peleando las cuestas y puerto abajo, 
hasta llegar á uñas barrancas, donde tuvo otra 
muy reñida escaramuza con otros muchos es- 
cuadrones de guerreros que allí en aquellas 
barrancas esperaban, y era con un ardid que 
entre ellos tenían acordado, y fué desta mane- 
ra: que, como fuese el Pedro de Albarado pe- 
leando, hacían que te iban retrayendo, y como 
les fuese siguiendo hasta donde le estaban es- 
perando sobre seis mil indios guerreros, y estos 
eran de los de Utatlan y de otros pueblos sus 
sujetos, que allí les pensaban matar; y Pedro 
de Albarado y todos sus soldados pelearon con 
[¡ellos con grande ánimo, y los indios le hirieron 
tres soldados y dos caballos, mas todavía les 
venció y puso en huida; y no fueron muy lejos, 



510 BERNAL BIAZ. 

que luego se tornaron á juntar y rehacer 
con otros escuadrones , y tornaron á pelear 
como valientes guerreros , creyendo desba- 
ratar al Pedro de Albarado y á su gente; 
é fué cabe una fuente, adonde le aguardaron 
de arte, que se venian ya pié con pié con los 
de Pedro de Albarado, y muchos indios hubo 
dellos que aguardaron dos ó tres juntos á un ca- 
ballo, y se ponían á fuerzas para derrotalle, é 
otros los tomaban de las colas; y aquí se vio el 
Pedro de Albarado en gran aprieto, porque como 
eran muchos los contrarios, no podían sustentar 
á tantas partes de los escuadrones que les daban 
guerra á él y todos los suyos; y como hubieron 
gran coraje con el ánimo que les daba fray Bar- 
tolomé de Olmedo, diciéndoles que peleasen con 
intención de servir á Dios y extender su santa 
fe, que él les ayudaria, y que habían de vencer 
ó morir sobre ello; é con todo , temían no los 
desbaratasen, porque se vieron en gran aprieto; 
y danles una mano con las escopetas y balles- 
tas, y á buenas cuchilladas les hicieron que se 
apartasen algo. Pues los de á caballo no esta- 
ban de espacio, sino alancear y atropellar y pa- 
sar adelante, hasta que los hubieron desbarata- 
do, que no se juntaron en aquellos tres dias; é 
como vio que ya no tenia contrarios con quien 
pelear, se estuvo en el campo sin ir á poblado, 
rancheando y buscando de comer; y luego se fué 
con todo su ejército al pueblo de Quetzaltenan- 
go, y allí supo que en las batallas pasadas les 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 511 

había muerto dos capitanes señores de Utatlan: 
y estando reposando y curando los heridos, tu- 
vo aviso que venia otra vez contra él todo el 
poder de aquellos pueblos comarcanos, y se ha- 
bían juntado mas de dos xiquipiles, que son 
diez y seis mil indios; que cada xiquipil son 
ocho mil guerreros, é que venían con determi- 
nación de morir todos ó vencer; y como el Pe- 
dro de Albarado lo supo, se salió con su ejérci- 
to en un llano, y como venían tan determinados 
los contrarios, comenzaron á cercar el ejército 
de Pedro de Albarado y tirar vara, flecha y 
piedra y con lanzas, y como era muy llano y 
podían muy bien correr á todas partes los ca- 
ballos, dan en los escuadrones contrarios de tal 
manera, que de presto les hizo volver las espal- 
das; aquí le hirieron muchos soldados é un ca- 
ballo, y según pareció, murieron ciertos indios 
principales, ansí de aquel pueblo como de toda 
aquella tierra; por manera que dende aquella 
Vitoria ya temían aquellos pueblos mucho á Al- 
barado, y concertaron toda aquella comarca de 
le enviar á demandar paces, é le trajeron un 
presente de oro de poca valía porque acetase 
las paces, é fué con acuerdo de todos los caci- 
ques de aquella provincia , porque otra vez se 
tornaron á juntar muchos mas guerreros que 
de antes, y les mandaron á sus guerreros que 
secretamente estuviesen entre las barrancas de 
aquel pueblo de Utatlan, y que si enviaban á 
demandar paces, era que, como el Pedro de Al- 



512 BBftNALDIAZ. 

barado y su ejército estaba en Quetzal tenango 
haciendo entradas y corredurías, é siempre 
traian presa de indios é indias, y por Ufe vaüe á 
otro pueblo muy fuerte y cercado de barrancas, 
que ¿e dice Utatlan, para que cuando le tuviesen 
dentro y en parte que ellos creian aprovecharse 
del y de sus soldados, dar en ellos con los guer- 
reros que ya estaban aparejados y escondidos 
para ello. Volvamos á decir cómo fueron con el 
presente delante de Pedro de Albarado mu- 
chos principales; y después de hecha sü corte- 
sía á su usanza, le demandaron perdón por 
las guerras pasadas , ofreciéndose por vasa- 
llos de su Majestad, y le ruegan que porque su 
pueblo es grande , está en parte más apacible 
donde le puedan servir, é junto á otras pobla- 
ciones, que se vaya con ellos á él. Y el Pedro 
de Albarado los recibió con mucho amor, y no 
entendió las cautelas que traian; y después de 
les haber respondido el mal que habían hecho 
en salir de guerra, aceptó sus paces, é otro dia 
por la mañana fué con su ejército con ellos á 
Utatlan, que ansí se dice el pueblo, é desque 
hubo entrado dentro é vieron una casa tan fuen- 
te, porque tenia dos puertas, y la una dellas 
tenia veinte y cinco escalones antes de entrar 
en el pueblo, y la otra puerta con una calzada 
que era muy mala y deshecha por todas partes, 
y las casas muy juntas y las calles muy angos- 
tas, y en todo el pueblo no habia mujeres ni 
gente menuda, cercado de barrancas, é de co- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 513 

mer no les proveían sino mal y tarde, y los ca- 
ciques muy demudados en los parlamentos, avi- 
saron al Pedro de Albarado unos indios de Quet- 
zaltenango que aquella noche los querían ma- 
tar á todos en aquellos pueblos si allí se queda- 
ban, e que tenían puestos entre las barrancas 
muchos escuadrones de guerreros para en vien- 
do arder las casas juntarse con los de Utatlan, 
dar en nosotros los unos por una parte é los 
otros por otra, é con el fuego é humo no se po- 
drían valer, é que entonces los quemarían vivos; 
y como el Pedro de Albarado entendió el gran 
peligro en que estaban, de presto mandó á sus 
capitanes é á todo su ejército que sin más tardar 
se saliesen al campo, y les dijo el peligro que 
tenían; y como lo entendieron , no tardaron de 
se ir á lo llano cerca de unas barrancas, porque 
en aquel tiempo no tuvieron más lugar de salir 
á tierra llana de en medio de tan recios pasos; é 
á todo esto el Pedro de Albarado mostraba bue- 
no voluntad á los caciques y principales de 
aquel pueblo y de otros comarcanos, y les dijo 
que porque los caballos eran acostumbrados de 
andar paciendo en el campo un rato del dia, 
que por esta causa se salió del pueblo, porque 
estaban muy juntas las casas y calles; y los ca- 
ciques estaban muy tristes porque ansí los vie- 
ron saür; é ya el Pedro de Albarado no pudo 
más disimular la traición que tenían urdida, y 
sobre ello y sobre los escuadrones que tenia jun- 
tos en las barrancas mandó prender al cacique 



514 BERNAL DÍAZ. 

de aquel pueblo y por jusricia le mandó quemar. 
Fray Bartolomé de Olmedo pidió á 'Albarado 
que quena ver si podria enseñarle y predicarle 
la fe de Cristo para le bautizar; y el Fraile pidió 
un di3 de término , y no lo hizo en dos; pero al 
fin quisó Jesucristo que el cacique se hizo cris- 
tiano, y le bautizó el Fraile, y pidió á Albara- 
do que no le quemasen , sin© que le ahorcasen, 
y el Albarado se lo concedió, y dio el señorío á 
su hijo, y luego se salió á tierra llana fuera de 
las barrancas, y tuvo guena con los escuadro- 
nes que tenian aparejados para el efeto que he 
dicho ; y después que hubieron probado sus 
fuerzas y la mala voluntad con los nuestros, 
fueron desbaratados. Y dejemos de hablar de 
aquesto , y digamos cómo en aquella sazón 
en un gran pueblo que se dice Guatimala se 
supo las batallas que Pedro de Albarado ha- 
bia habido después que entró en la provincia, 
y en todas habia sido vencedor, y que al pre- 
sente estaba en tierra de Utatlan, y que den- 
de allí hacia entradas y daba guerras á muchos 
pueblos; y según pareció, los de Utatlan y sus 
sujetos eran enemigos de los de Guatimala, 
é acordaron los de Giaatimala de enviar men- 
sajeros con presentes de oro á Pedro de Albara- 
do, y darse por vasallos de su majestad; y en- 
viaron á decir que si habian menester algún 
servicio de sus personas para aquellas guerras, 
que ellos vendrían; y el Pedro de Albarado 
los recibió de buena voluntad, y les envió á dar 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 515 

muchas gracias por ello; y para ver si era como 
se lo decían, y como no sabia la tierra, para que 
le encaminasen les envió á demandar dos mil 
guerreros, y esto por causa de muchas barran- 
cas y pasos malos que estaban cortados porque 
no pudiesen pasas los nuestros, para que si fue- 
sen menester los adobasen, y llevar el fardaje; y 
los de Guatimala se los enviaron luego con susr 
capitanes; y Pedro de Albarado estuvo en la 
provincia de Utatlan siete ú ocho dias haciendo 
entradas, y eran de los pueblos rebelados que 
habían dado la obediencia á su majestad, y des- 
pués de dada se tornaban á alzar, y herraron 
muchos esclavos é indias, y pagaron el real 
quinto, y los demás repartieron entre los solda- 
dos; y luego se fué á la ciudad de Guatimala, y 
fué bien recibido y hospedado; y des que fueron 
allí llegados, le contaba Albarado á Fray Bar- 
tolomé de Olmedo y á los capitanes suyos que 
nunca tan apretado se había visto como en ba- 
tallar con los de Utatlan, é que eran corajudo» 
é buenos guerreros, y que se habían hecho bue- 
na hacienda, mas Fray Bartolomé de Olmedo le 
replicó que Dios le habia hecho, éque para que 
tuviese por bien é pluguiese de les ayudar en 
adelante, que no seria malo darle gracias y ha- 
cer fiesta á Dios y á su Madre, é que la gente 
oyese Misa y que él predicase á los indios; dijo 
Albarado y todos los capitanes: <»Esa es la ver- 
dad, Padre; hágase una fiesta á la Virgen;» é se 
aparejó un altar, é confesaron en día y medio 



516 BERNAL DÍAZ. 

todos, é los comulgó Fray Bartolomé de Olme- 
do, é después de la Misa predicó, é habia allí 
muchos indios, é les declaró muchas cosas de 
nuestra santa fe, porque dijo muy buenas teo- 
logías, que el Fraile dicen que la sabia ; y le 
plugo á Dios que más de treinta indios quisiesen 
ser bautizados, é los bautizó de allí á dos dias el 
Fraile, é estaban otros deseando bautizarse, por 
ver como hablaban ¿comunicaban más los nues- 
tros con los bautizados é no con ellos, é todos 
generalmente estaban con alegría con Albara- 
do; y los caciques de aquella ciudad le dijeron 
que muy cerca de allí habia unos pueblos junto 
á una laguna, é que tenían un peñol muy fuer- 
te; é que eran sus enemigos é que les daban 
guerra, y que bien sabían los de aquel pueblo 
que no estaban lejos é cómo estaba allí el Pedro 
de Albarado, y que no venían á dar la obedien- 
cia como los demás pueblos, y que eran muy 
malos y de malas condiciones; el cual pueblo se 
dice Atitlan; y el Pedro de Albarado les envió 
á rogar que viniesen de paz y que serian del 
muy bien tratados, y otras blandas palabras; y 
la respuesta que enviaron fué, que maltrataron 
los mensajeros, y viendo que no aprovechaban, 
tornó á enviar otros embajadores para les traer 
de paz, porque tres veces les envió á traer de 
paz, y todas tres les maltrataron de palabra; 
y fué Pedro de Albarado en persona á ellos, y 
llevó sobre ciento y cuarenta soldados, y entre 
ellos veinte ballesteros y escopeteros y cuaren- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 5t? 

ta de á eaballo, y con dos mil guatiraaltecas; é 
cuando llegó junto al pueblo les tornó á reque- 
rir con la paz, y no le respondieron sino con 
arcos y flechas, que comenzaron á flechar; y 
cuando aquello vio, que no llegó muy lejos de 
allí y estaba dentro del agua, sálenle al encuen- 
tro dos buenos escuadrones de indios guerreros 
con grandes lanzas y buenos arcos y flechas., y 
con otras muchas armas y coseletes, y tañendo 
sus atabales, y con sus penachos y divisas, y 
peleó con ellos buen rato, é hubo muchos heri- 
dos de los los soldados; mas no tardaron mucho 
en el campo los contrarios, que luego fueron 
huyendo á acojerse al peñol, y el Pedro de Al- 
barado con sus soldados tras ellos, y de presto 
les ganó el peñol, y hubo muchos muertos y 
heridos , é más hubiera si no se echaran todos 
al agua ; y se pasaron á una isleta , y entonces 
saquearon las casas que estaban pobladas junto 
á la laguna; y se salieron á un llano adonde 
habia muchos maizales , y durmió allí aquella 
noche. Otro dia de mañana fueron al pueblo de 
Atitlan , que ya he dicho que ansí se dice, y es- 
taba despoblado ; y entonces mandó que cor- 
riesen la tierra é las güertas de cacaguatales, 
que tenían muchas , é trajeron presos dos prin- 
cipales de aquel pueblo , y el Pedro de Albara- 
do les envió luego aquellos principales , con los 
que estaban presos del diamantes , á rogar á los 
demás caciques vengan de paz , y que les dará 
todos los prisioneros, y que serán del muy bien 



518 BERHAL DÍAZ* 

mirados y honrados, y que si no vienen, que les 
dará guerra como á los de Quetzaltenango é 
Utatlan, é les cortará sus árboles de cacaguata- 
les y hará todo el daño que pudiere ; en fin de 
más razones , con estas palabras y amenazas 
luego vinieron de paz y trajeron un presente de 
oro , y se dieron por vasallos de su majestad , y 
luego el Pedro de Albarado y su ejército se vol- 
vió á Guatimala ; é se ocupaba el fray Bartolo- 
mé de Olmedo en predicarles la santa fe á los 
indios . decia Misa en un altar que hicieron , en 
que pusieron una cruz , que la adoraban ya los 
indios , como miraban que nosotros la adorába- 
mos; é también puso el Fraile una imagen de la 
Virgen que habia traído Garay é se la dio cuan- 
do muriera ; era pequeña, mas muy hermosa , é 
los indios se enamoraban della, y el Fraile les 
decia quién era, y ellos la adoraban ; é estando 
algunos dias sin hacer cosa más de lo por mí 
memorado, vinieron de paz todos los pueblos de 
la comarca, y otros de la costa del Sur, que se 
llaman los pipiles; y muchos de aquellos pue- 
blos que vinieron de paz se quejaron que en el 
camino por donde venían estaba una población 
que se dice Izcuintepeque, y que eran malos, 
y que no les dejaban pasar por su tierra y les 
iban Á saquear sus pueblos, y dieron otras mu- 
chas quejas dellos; y el Pedro de Albarado los 
envió á llamar de paz, y no quisieron venir, an- 
tes enviaron á decir muy soberbias palabras; é 
acordó de ir á ellos con todos los más soldados 



CONQUISTA DE HÜE VA-ESPAÑA. 5 19 

que tenia, y de á caballo y escopeteros y balles- 
teros, y muchos amigos de Guatimala, y sin ser 
sentidos, dá una mañana sobre ellos, en qué se 
hizo mucho daño y presa, que valiera más que 
nunca se hiciera, sino conforme á justicia; que 
fué mal hecho y no conforme á lo que su ma- 
jestad mandó. E ya que hemos hecho relación 
de la conquista y pacificación de Guatimala y 
sus provincias, y muy cumplidamente lo dice 
en una memoria que dello tiene hecha un veci- 
no de Guatimala, deudo de los Albarados, que 
se dice Gonzalo de Albarado, lo cual verán mas 
por extenso, si yo en algo aquí faltare, y esto 
digo porque no me hallé en estas conquistas 
hasta que pasamos por aquestas provincias, 
estando todo de guerra, en el año de 1524 
años, é fué cuando veniamos de las Higueras é 
Honduras con el capitán Luis Marin , que nos 
volvimos para Méjico; y más digo, que tuvimos 
en aquella sazón con los de Guatimala algunos 
rencuentros de guerra, y tenian hechos muchos 
hoyos y cortados en pasos malos pedazos de 
sierras para que no pudiésemos pasar con las 
grandes barrancas; y aún entre un pueblo que 
se dice Iuanazagapay Petapa, en unas quebra- 
das hondas estuvimos allí detenidos guerreando 
con los naturales de aquella tierra dos dias, 
que no podíamos pasar un mal paso; y entonces 
me hirieron de un flechazo , mas fué poca coea, 
y pasamos con harto trabajo, porque estaban 
en el paso muchos guerreros guatimaltecas y 



52Ó BERNAL bíA.2. 

de otros pueblos; y porpue hay mucho que de- 
cir, y por fuerza tengo de traer á la memoria 
algunas cosas en su tiempo y lugar, y esto fué 
en el tiempo que hubo fama que Cortés era 
muerto y todos los que con él fuimos á las Hi- 
gueras, lo dejaré por agora, y digamos de la 
armada que Cortés envió á las Higueras y 
Honduras. También digo que esta provincia de 
Guatimala no eran guerreros los indios, porque 
no esperaban sino en barrancas, y con sus fle- 
chas no hacian nada, y no aguardaban á que los 
rompieran en campo llano. 



CAPITULO CLXV. 



CÓMO CORTES ENVIÓ UNA ARMADA PARA QUE PACIFI- 
CASE Y CONQUISTASE AQUELLAS PROVINCIAS DE HI- 
GUERAS Y HONDURAS, ENVIÓ POR CAPITÁN DELLA 
Á CRISTÓBAL DE OLÍ, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADE- 
LANTÉ. 



Como Cortés tuvo nueva que habia ricas tier- 
ras y buenas minas en lo de Higueras é Hondu- 
ras, é aún le hicieron creer unos pilotos que 
habían estado en aquel paraje ó bien cerca del, 
que habían hallado unos indios pescando en la 
mar y que les tomaron las redes, é que las_plo- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. T>21 

madas que en ellas traían para pescar que eran . 
de oro revuelto con cobre ; y le dijeron que cre- 
yeron que había por aquel paraje estrecho, y 
que pasaban por él de la banda del Norte á la 
del Sur; y también, según entendimos, su ma- 
jestad le -encargó y mandó á Cortés por cartas, 
que en todo io que descubriese mirase é inqui- 
riese con grande diligencia y solicitud de buscar 
el estrecho ó puerto ó paraje para la especería, 
agora sea por lo del oro ó por buscar el estre- 
cho; Cortés acordó de enviar por capitán de 
aquella jornada á un Cristóbal de Olí, que fué 
maestre de campo en lo de Méjico, lo uno por- 
que le via hecho de su mano, y era casado con 
una portuguesa que se decía doña Filipa de 
Araujo (ya le he nombrado otras veces), y te- 
nia el Cristóbal de Olí buenos indios de reparti- 
miento cerca de Méjico , creyendo que le seria 
fiel y haria lo que le encomendase, y porque 
para ir por tierra tan largo viaje era grande in- 
conveniente y trabajo y gasto, acordó que fuese 
por la mar, porque no era tan grande estorbo é 
costa, y dióle cinco navios y un bergantín muy 
bien artillados, y con mucha pólvora y bien bas- 
tecidos, y dióle trescientos y setenta soldados, 
y en ellos cien ballesteros y escopeteros y vein- 
te y dos caballos, y entre éstos soldados fueron 
cinco conquistadores de los nuestros, que pasa- 
ron con el mismo Cortés la primera vez, habien- 
do servido á su majestad muy bien en todas las 
conquistas, y tenían ya sus casas y reposo; y esto 
§7 



522 BBRNAL DIA2. 

digo ansi, porque no aprovechaba cosa decir á 
Cortés: «Señor, déjame descansar, que harto es- 
toy de servir;» que les hacia ir adonde mandaba 
por fuerza; é llevó consigo á un Briones, natural 
de Salamanca, é habia sido capitán de berganti- 
nes y soldado en Italia, y este Briones era muy 
bullicioso y enemigo de Cortés; y llevó otros 
muchos soldados que no estaban bien con Cor- 
tés porque no les dio buenos repartimientos de 
indios ni las partes del oro, y le querían muy 
mal; y en las instrucciones que Cortés le dio fué, 
que dende el puerto de la Villa-Rica fuese su 
derrota á la Habana, y que allí en la Habana 
hallaría á un Alonso de Contreras, soldado vie- 
jo de Cortés, natural de Orgaz, que llevó seis 
mil pesos de oro para que comprase caballos y 
cazabe é puercos y tocinos, y otras cosas perte- 
necientes para el armada; el cual soldado envió 
Cortés adelante de Cristóbal de Oli por causa 
de que si verían ir el armada los vecinos de la 
Habana encarecian los caballos y todos los de- 
mas bastimentos ; y mandó al Cristóbal de Olí 
que en llegando á la Habana tomase los caballos 
que estuviesen comprados , y de allí fuese su 
derrota para Higueras , que era buena navega- 
ción y muy cerca , y le mandó que buenamente, 
sin haber muertes de indios , cuando hubiese 
desembarcado procurase poblar una villa en al- 
gún buen puerto, é que á los naturales de aque- 
llas provincias los trajese de paz, y buscase oro 
y plata , y que procurase de saber é inquirir si 



CONQUISTA -DK NÜEVA-ÉSPANA. 523 

habia estrecho, ó qué puertos habia por la ban- 
da del Sur, si allá pasase; y le dio dos clérigos, 
que el uno dellos sabia la lengua mejicana , y 
le encargó que con dligencia les predicasen las 
cosas de nuestra santa fe, y que no consintiesen 
sodomías ni sacrificios, sino que buena y man- 
samente se los desabrigasen ; y le mandó que 
todas las casas de madera adonde tenian indios 
é indias á engordar , encarcelados, para comer, 
que se las quebrasen , y soltasen los tristes en- 
carcelados ; y le mandó que en todas partes pu- 
siesen cruces , y le dio muchas imágenes de 
Nuestra Señora para que pusiese en los pueblos, 
y le dijo estas palabras : «Mira , hijo Cristóbal 
de Olí , desa manera lo procurad hacer;» y des- 
pués de abrazados y despedidos con mucho amor 
y paz , se despidió el Cristóbal de Olí de Cortés 
y de toda su casa , y fué á la Villa-Rica , donde 
estaba toda su armada muy á punto, y en cier- 
tos dias del mes é año que no me acuerdo , se 
embarcó con todos sus soldados , y con buen 
tiempo llegó á la Habana , y halló los caballos 
comprados y todo lo demás de bastimentos , y 
cinco soldados , que eran personas de calidad, 
de los que habia echado de Panuco Diego de 
Ocampo, porque era muy bandolero y bullicio- 
so ; y á estos soldados ya los he nombrado al- 
gunos dellos cómo se llamaban, en el capítulo 
pasado cuando la pacificación de Panuco, y por 
esta causa los dejaré ahora de nombrar; y estos 
soldados aconsejaron al Cristóbal de Olí, pues 



524 BE UNA L DÍAZ. 

que había fama de tierra rica donde iba, y lle- 
vaba buena armada, bien bastecida, y muchos 
caballos y soldados, que se alzase desde luego 
á Cortés, y que no le conociese dende allí por 
superior ni le acudiese con cosa ninguna. El 
Briones, otra vez por mí nombrado, se lo- ha- 
bía dicho muchas veces secretamente al Cristó- 
bal de Olí sobre el caso, é al gobernador de 
aquella isla, que ya he dicho otras muchas ve- 
ces que se decía Diego Velazquez, enemigo mor- 
tal de Cortés; y el Diego Velazquez vino donde 
estaba la armada, y lo que se concertaron fué, 
que entre él y Cristóbal de Olí tuviesen aque- 
lla tierra de Higueras y Honduras por su ma- 
jestad, y en su real nombre Cristóbal de Olí, y 
que el Diego Velazquez le proveería de lo que 
hubiese menester, é haría sabidor dello en Cas- 
tilla á su majestad para que le trujesen la go- 
bernación; y desta manera se concertó la com- 
pañía del armada; y quiero decir la condición y 
presencia de Cristóbal de Olí: era valiente por 
su persona, así á pié como á caballo; era extre- 
mado varón, mas no era para mandar, sino 
para ser mandado, y era de edad de treinta y 
seis años, natural de cerca de Baeza ó Linares, 
y su presencia y altor era de buen cuerpo y 
membrudo y de grande espalda, bien entallado 
é algo rubio, y tenia muy buena presencia en 
el rostro, y traia el bezo de bajo siempre como 
hendido á manera de grieta; en la plática ha- 
blaba algo gordo y espantoso, y era de buena 



CONOtJISTA 4)E NUEVA-ESPANA. ObáD 

conversación, y tenia otras buenas condiciones 
de ser franco, y era al principio cuando estaba 
en Méjico gran servidor de Cortés, sino que es- 
ta ambición de mandar y no ser mandado le ce- 
gó, y con los malos consejeros, y también como 
fué criado en casa de Diego Velazquez cuando 
mozo, y fué lengua de la isla de Cuba, recono- 
ció el pan que en su casa habia comido , aunque 
más obligado era á Cortés que no á Diego Ve- 
lazquez. Pues ya hecho este concierto con Die- 
go Velazquez , vinieron en compañía con el 
Cristóbal de Olí muchos vecinos de la isla de 
Cuba, especialmente los que he dicho que fue- 
ron en aconsejarle que se alzase. Y de que no 
tenia más en qué entender en aquella isla , en 
los navios metido todo su matalotaje, mandó 
alzar velas á toda su armada , fué á desembar- 
car con buen tiempo obra de quince leguas ade- 
lante, á puerto de Caballos , en una comba , y 
allegó á 3 de Mayo: á esta causa nombró á una 
villa Triunfo de la Cruz ; é hizo nombramiento 
de alcaldes y regidores á los soldados que Cor- 
tés le habia mandado cuando estaba en Méjico 
que honrase y diese cargos, y tomó la posesión 
de aquellas tierras por su majestad , y de Her- 
nando Cortés en su Real nombre , é hizo otros 
votos que convenían; y todo esto que hacia era 
porque los amigos de Cortés no entendiesen 
que iba alzado, para ver si pudiese hacer dellos 
buenos amigos de que alcanzasen á saber las 
cosas , y también que no sabia si acudiría la 



526 BERNAL DÍAZ. 

tierra tan rica y de buejias minas como decían; 
y tiró á dos hitos , como dicho tengo : el uno, 
que si habia buenas minas y la tierra muy po- 
blada, alzarse con ella; y el otro, que sino acu- 
diese tan buena , volver á Méjico á su mujer y 
repartimientos , y desculparse con Cortés con 
decille que la compañía que hizo con Diego Ve- 
lazquez fué porque le diese bastimentos y sol- 
dados , y no acudirle en cosa ninguna; é que 
bien lo podia ver , pues tomó la posesión por 
Cortés, y esto tenia en el pensamiento , según 
muchos de sus amigos dijeron , con quien él 
habia comunicado. Dejémosle ya poblado el 
Triunfo de la Cruz, que Cortés nunca supo cosa 
ninguna hasta más de ocho meses. Y porque 
por fuerza tengo volver otra vez á hablar en 
él, lo dejaré ahora, y diré lo que nos acaeció en 
Guacacualco , y cómo Cortés me envió con el 
capitán Luis Marín á pacificar la provincia de 
Chiapa. 

CAPITULO CLXVI. 

CÓMO LOS QUE QUEDAMOS POBLADOS EN GUACACUALCO 
SIEMPRE ANDÁBAMOS PACIFICANDO LAS PROVINCIAS 
QUE SE NOS ALZABAN, Y COMO CORTES MANDÓ AL 
CAPITÁN LUIS MARÍN QUE FUESE Á CONQUISTAR É Á 
PACIFICAR LA PROVINCIA DE CHIAPA, Y ME MANDÓ 
QUE FUESE CON EL, Y Á FRAY JUAN DE LAS VARI- 
LLAS, Et PARIENTE DE ZUAZO, FRAILE MERCENARIO, 
Y LO QUE EN LA PACIFICACIÓN PASÓ 

Pues como estábamos poblados en aquella vi- 
lla de Guacacualco muchos conquistadores vie- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 527 

jos y personas de calidad, y teníamos grandes 
términos repartidos entre nosotros, que era la 
misma provincia deGuacacualco é Cilla, é lo de 
Tabasco é Cimatan é Chotalpa, y en las sierras 
arriba lo de Cachula é Zoque é Quilenes, hasta 
Cinacatan, é Chamula, é la ciudad de Chiapa de 
los indios, y Papanaustia é Pinula, y bácia la 
banda de Méjico la provincia de Xaltepeque y 
Guazpaltepeque é Chinanta é Tepeca , y otros 
pueblos, y como al principio todas las provincias 
que habia en la Nueva-España las más dellasse 
alzaban cuando les pedían tributo, y aún mataban 
á sus encomenderos, y á los españoles que po- 
dían tomará su salvo los acapillaban, así nos 
aconteció en aquella villa, que casi no quedó pro- 
vincia que todos no se nos rebelaron; y á esta 
causa siempre andamos de pueblo en pueblo con 
una capitanía, atrayéndolos de paz; y como los 
de Cimatan no querían venir de paz á la villa ni 
obedecer su mandamiento , acordó el capitán 
Luis Marín que por no enviar capitanía de mu- 
chos solados contra ellos, que fuésemos cuatro 
vecinos á los traer de paz ; yo fui el uno de- 
llos , y los demás se llamaban Rodrigo de 
Enao, natural de Avila, y un Francisco Martin, 
medio vizcaíno, y el otro se decía Francisco Ji- 
ménez, natural de Inguijuela de Extremadura; 
y lo que nos mandó el capitán fué, que buena- 
mente y con amor los llamásemos de paz, y que 
no les dijésemos palabras de que se enojasen; é 
yendo que íbamos á su provincia, que son las 



528 ÉERTíAL DÍAZ 

poblaciones entre grandes ciénagas y caudalosos 
ríos, é ya que llegábamos á dos leguas de su 
pueblo, les enviamos mensajeros á decir cómo 
íbamos, y la respuesta que dieron fué, que salen 
á nosotros tres escuadrones de flecheros y lan- 
ceros, que á la primera refriega mataron dos de 
nuestros compañeros, é á mí me dieron la pri- 
mera herida de un flechazo en la garganta, que* 
con la sangre que me salia, é f.n aquel tiempo 
no podia apretallo ni tomar la sangre, estuvo mi 
vida en harto peligro; pues el otro mi compañero 
que estaba por herir, que era el Francisco Mar- 
tin, puesto que yo y él 'siempre hadarnos cara é 
heríamos algunos contrarios, acordó de tomarlas 
de Villadiego y acojerse á unas canoas que esta- 
ban cabe un tío que se decía Macapa; y como yo 
quedaba sólo y mal herido, porque no me aca- 
basen de matar, é sin sentido é poco acuerdo, 
me metí entre unos matorrales, y volviendo en 
mí, con fuerte corazón dije: o ¡Oh, válgame 
nuestra Señora! ¿Si es verdad que tengo que 
morir hoy en poder destos perros?» Y tomé tal 
esfuerzo, que salgo dalas matas y rompo por 
los indios, que á buenas cuchilladas y estoca- 
das me dieron lugar que saliese de entre ellos; 
y aunque me tornaron á herir, fui á las canoas, 
donde estaba ya mi compañero Francisco Martin 
con cuatro indios amigos que eran los que ha- 
bíamos traído con nosotros, que nos llevaban el 
hato; que estos indios, cuando estábamos pelean- 
do con los cimatecas, dejando las cargas, se acó- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 529 

jen al rio en las canoas; y lo que nos dio la vida á 
mí y Francisco Martin fué , que los contrarios se 
embarazaron en robar nuestra ropa y petacas. 
Dejemos de hablar en esto, y digamos que Dios 
fué servido escaparnos de no morir allí, y en las 
canoas pasamos aquel rio, que es muy grande é 
hondo , é hay en él muchos lagartos ; y porque 
no nos siguiesen los cimatecas , que así se lla- 
man , estuvimos ocho dias por los montes y 
dende pocos dias se supo en Guacacualco esta 
nueva , y dijeran los indios que habíamos traí- 
do, que llevaron la misma nueva , que todos los 
cuatro indios que quedaron en las canoas, como 
dicho tengo , que éramos muertos; y estos , de 
que nos vieron heridos é los dos muertos , se 
fueron huyendo y nos dejaron en la pelea , y en 
pocos dias llegaron á Guacacualco ; y como no 
parecíamos ni habia nueva de nosotros , creye- 
ron que éramos muertos , como los indios dije- 
ron ; y como era costumbre de Indias y en aque- 
lla sazón se usaba, ya habia repartido el capitán 
Luis Marín en otros conquistadores nuestros 
pueblos , hecho mensajeros á Cortés para en- 
viar, las cédulas de encomienda , y aun vendido 
nuestras haciendas , y al cabo de veinte y tres 
dias aportamos á la villa ; de lo cual se holga- 
ron nuestros amigos, mas á quien les habia dado 
nuestros indios les pesó; y viendo el capitán 
Luis Marin que no podíamos apaciguar aque- 
llas provincias , y mataban muchos de nuestros 
soldados , acordó de ir á Méjico á demandar i 



530 BERNAL DÍAZ. 

Cortés más soldados y socorro y pertrechos de 
guerra, y mandó que entre tanto que iba no sa- 
liésemos de la villa ningunos vecinos á los pue- 
blos lejos, si no fuese á los que estaban cuatro ó 
cinco leguas de allí, para traer comidas. Pues 
llegado á Méjico, dio cuenta á Cortés de todo lo 
acaecido, y entonces le mandó que volviese á 
Guacacualco, y envió con él treinta soldados, y 
entre ellos á un Alonso de Grado, por mí mu- 
ctías veces nombrado; á Fray Juan de las Vari- 
llas, que había venido con Zuazo , que era gran 
estudiante , que solia decir habia estudiado en 
su colegio de la Veracruz de Salamanca , de 
donde era, y decian que de muy noble linaje; y 
le mandó que con todos los vecinos que estába- 
mos en la villa y los soldados que traía consigo 
fuésemos á la provincia de Chiapa , que estaba 
de guerra, que la pacificásemos y poblásemos 
una villa; y como el capitán Luis Marin vino 
con estos despachos, nos apercebimos todos, 
así los que estábamos allí poblados como los que 
traían de nuevo, y comenzamos á abrir caminos, 
porque eran montes y ciénagas muy malas, y 
echábamos en ellas maderos y ramos para poder 
pasar los caballos, y con gran trabajo fuimos á 
salir á un pueblo que se dice Tezpuntlan , que 
hasta entonces por el rio ariba solíamos ir en ca- 
noas, que no habia otro camino abierto; y den- 
de aquel pueblo fuimos á otro pueblo la sierra 
arriba , que se dice Cachula ; y para que 
bien se entienda, este Caehula es en la provin- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA, 531 

cia de Chiapa; y esto digo porque está otro 
pueblo del mismo nombre junto á la Puebla de 
los Angeles ; y dende Cachula fuimos á otros 
pueblezuelos sujetos al mismo Cachula , y 
fuimos abriendo camino nuevo el rio arriba, 
que venían de la población de Chiapa , porque 
no habia camino ninguno , y todos los rede- 
dores que estaban poblados habían grande 
miedo á los ehiapanecas, porque ciertamente 
eran en aquel tiempo los mayores guerreros 
que yo habia visto en toda la Nueva-España, 
aunque entren entre ellos los tlascaltecas ni 
mejicanos ni zapotecas ni mingues; y esto digo 
porque jamas Méjico los pudo señorear, porque 
en aquella sazón era aquella provincia muy 
poblada , y los naturales della eran en gran 
manera belicosos y daban guerra á sus comar- 
canos, que eran los de Cinacatan y á todos los 
pueblos de la laguna quilenayas , asimismo á 
los pueblos que se dicen los zoques , y robaban 
y cautivaban á la contina á otros pueblezuelos 
donde podían hacer presa , y con los que del los 
mataban hacían sacrificios y hartazgas ; y de- 
mas desto , en los caminos de Teguantepeque 
tenían en pasos malos puestos guerreros para 
saltear á los indios mercaderes que trataban de 
una provincia á otra; y á esta causa dejaban al- 
gunas veces de tratar las unas provincias con 
las otras , y aun habían traído por fuerza á 
otros pueblos y hécholes poblar y estar junto 
á Chiapa, y los tenían por esclavos y con ellos 



532 BERNAL DI*Z. 

hacían sus sementeras. Volvamos á nuestro ca- 
mino, que fuimos el rio arriba hacia su ciudad, 
y era por Cuaresma año de 1524 , y esto de los 
años uo me acuerdo bien ; y antes de llegar á 
Chiapa se hizo alarde de todos los de á caballo, 
escopeteros y ballesteros que íbamos en aque- 
lla entrada; y no se pudo hacer hasta entonces, 
por causa que algunos de nuestra villa y otros 
forasteros aun no se habían recojido, que anda- 
ban en los pueblos de la sierra de Chalupa de- 
mandando el tributo que les eran obligados á 
dar; y con el favor devenir capitán con la gente 
de guerra , como veníamos , se atrevían á ir á 
ellos, que de antes ni daban tributo ni se les 
daba nada de nosotros. 

Volvamos á nuestro alarde, que se hallaron 
veinte y siete de á caballo que podían pelear, y 
otros cinco que no eran para ello, y quince ba- 
llesteros y ocho escopeteros, y un tiro y pólvo- 
ra, y un soldado por artillero, que decia el mis- 
mo soldado que habia estado en Italia; esto 
digo aquí porqué no era para cosa ninguna, que 
era muy cobarde; y llevábamos sesenta solda- 
dos de espada y rodela y obra de ochenta meji- 
canos, y el cacique de Cachula con otros prin- 
cipales suyos; y estos indios de Cachula que he 
dicho, iban temblando de miedo, y por halagos 
los llevamos que nos ayudasen á abrir camino y 
llevar el fardaje. Pues yendo nuestro camino en 
concierto, ya que llegamos cerca de sus pobla- 
ciones, siempre íbamos adelante por espías y 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPAÑA. 533 

descubridores del campo cuatro soldados muy 
sueltos, é yo era uno dellos, é dejaba mi caba- 
llo, que no era tierra por donde podian correr, 
e íbamos siempre media legua adelante de nues- 
tro ejército; y como los chiapanecas son grandes 
cazadores, andaban entonces á caza de vena- 
dos, y desque nos sintieron, apellídanse todos 
con grandes ahumadas, y como llegamos á sus 
poblaciones, tenian muy anchos caminos y gran- 
de sementera de maiz é otras legumbres, y el 
primer pueblo que topamos se dice Estapa , que 
está de la cabecera obra de cuatro leguas , y 
en aquel-instante le habian despoblado, y tenian 
mucho maiz é gallinas y otros bastimentos, que 
tuvimos bien que comer y cenar; y estando repo- 
sando en el pueblo, puesto que teniamos puestas 
nuestras velas y escuchas y corredores del cam- 
po, vienen dos de á caballo que estaban por cor- 
redores á dar mandado y diciendo: «¡Alarma, que 
vienen muchos guerreros chiapanecas!» Y nos- 
otros, que siempre estábamos muy aprecebidos, 
les salimos al encuentro antes que llegasen al 
pueblo, y tuvimos una gran batalla con ellos, 
porque traian muchas varas tostadas, con sus 
tiraderas y arcos y flechas, y lanzas mayores 
que las nuestras, con buenas armas de algodón 
y penachos, y otros traían unas porras como 
macanas; y allí donde hubimos esta batalla ha- 
bía mucha piedra, y con hondas nos hacian mu- 
cho daño, y nos comenzaron á cercar de arte, 
que de la primera rociada mataron dos de núes- 



534 BERHAL DÍAZ. 

tros soldados y cuatro caballos, y le hirieron á 
Fray Juan y trece soldados y á muchos de nues- 
tros amigos, y al capitán Luis Marin le dieron 
dos heridas, y estuvimos en aquella batalla toda 
la tarde hasta que anocheció; y como hacia es- 
curo, y habian sentido el cortar de nuestras es- 
padas y escopetas y ballestas, y las lanzadas, 
se retiraron, de lo cual nos holgamos, y halla- 
mos quince dellos muertos y otros muchos heri- 
dos, que no se pudieron ir, y de dos dellos que 
nos parecían principales se tomó aviso, y di- 
jeron que estaba toda la tierra apercebida para 
dar en nosotros otro dia; y aquella noche en- 
terramos los muertos y curamos los heridos y 
al capitán , que estaba malo de las heridas, 
porque se habia desangrado mucho, que por 
causa de no se apartar de la batalla para se 
las curar ó apretar, se le habia metido frió en 
ellas. Pues ya hecho esto , pusimos buenas 
velas y escuchas y corredores del campo, y te- 
níamos los caballos ensillados y enfrenados, y 
todos nuestros soldados apunto, porque tuvimos 
por cierto que vernian de noche sobre nosotros, 
é como habíamos visto el tesón que tuvieron 
en la batalla pasada, que ni por ballestas ni 
lanzas ni escopetas ni aun estocadas no les po- 
díamos retraer ni apartar un paso atrás, tuví- 
moslos por buenos guarreros y osados en el pe- 
lear; y esa noche se dio orden cómo para otro 
dia los de á caballo habíamos de arremeter de 
cinco en cinco hermanados, y las lanzas tercia- 



Conquista dé nueva-España. 535 

das, y no pararnos á dar lanzadas hasta pone- 
llos ee huida, sino las lanzas altas y por las ca- 
ras, y atropellar y pasar adelante ; y este con- 
cierto ya otras veces lo habia dicho el Luis 
Marin, y aún algunos de nosotros de los conquis- 
tadores viejos se lo habíamos dado por aviso á 
los nuevamente venidos de Castilla, y algunos 
dellos no curaron de guardar la orden, sinoqne 
pensaban que en dar una lanzada á los contra- 
rios que hacían algo: y salióles á cuatro dellos 
al revés, porque les tomaron las lanzas y les 
hirieron á ellos los caballos con ellas. Quiero 
decir que se juntaban seis ó siete de los contra- 
rios y se abrazaban con los caballos, creyendo 
de los tomar á manos, y aún derrocaron á un 
soldado del caballo, y si no le socorriéramos, ya 
le llevaban á sacrificar, y desde ahí á dos dias 
se murió. Volvamos á nuestro relación , y es, 
que otro dia de mañana acordamos de ir por 
nuestro camino para su ciudad de Chiapa, y 
verdaderamente se podía decir ciudad, y bien po- 
blada, y las casas y calles muy en concierto, y 
de mas de cuatro mil vecinos, sin otros muchos 
pueblos sujetos á ella, que estaban poblado^ á 
su alrededor; é yendo que íbamos con mucho 
concierto, y el tiro puesto en orden, y el artillero 
bien apercibido de lo que habia do hacer, y no 
habíamos caminado cuarto de legua, cuando nos 
encontramos con todo el poder de Chiapa , que 
campos y cuestas venían llenos dellos , con 
grandes penachos y buenas armas é grandes 



536 BERNÁL DÍA£. 

lanzas, flecha y vara con tiraderas, piedra y 
hondas, con grandes voces é grita y silbos. Era 
cosa de espantar cómo se juntaron con nosotros 
pié con pié y comenzaron á pelear como rabio- 
sos leones; y nuestro negro artillero que llevá- 
bamos (que bien negro se podia llamar), cortado 
de miedo y temblando, ni supo tirar ni poner 
fuego al tiro; é ya que á poder de voces que le 
dábamos pegó fuego, hirió á tres de nuestros 
soldados, que no aprovechó cosa ninguna; y 
como el capitán vio de la manera que andá- 
bamos, rompimos todos los de á caballo pues- 
tos en cuadrillas, según lo habiamos concer- 
tado, y los escopeteros y ballesteros y de espada 
y rodela hechos un cuerpo, porque no les des- 
baratasen, nos ayudaron muy bien; más eran 
tantos los contrarios que sobre nosotros vi- 
nieron, que si no fuéramos de los que en aque- 
llas batallas nos hallamos cursados á otras 
afrentas, pusiera á otros gran temor, y aun nos- 
otros nos admiramos de ver cuan fuertes esta- 
ban; y Fray Juan nos daba ánimo, y decia que 
Dios nos habia de pagar nuestro trabajo, y el 
Cesar. El capitán LuisMarin nos dijo: «Ea, seño- 
res, Santiago y á ellos, y tornémosles otra vez á 
romper con ánimo.» Esforzados, dímosles tal 
mano, que á poco rato iban vueltas las espaldas; 
y cómo habia allí donde fué esta batalla muy ma- 
los pedregales para poder correr caballos, no les 
podíamos seguir; éyendoen el alcance, y no muy 
lejos de donde comenzamos aquella batalla, ya 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 537 

que íbamos algo descuidados, creyendo que por 
aquel día no se tornarían á juntar, é dábamos 
gracias á Dios .del buen suceso r aquí esta- 
ban tras unos cerros otros mayores escuadro- 
nes de guerreros que los pasados, con todas sus 
armas, y muchos dellos traian sogas para echar 
lazos á los caballos y asir de las sogas para los 
derrocar, y tenían tendidas en otras muchas 
partes muchas redes con que suelen tomar ve- 
nados, para los caballos, y para atar á nosotros 
muchas sogas; y todos los escuadrones que he 
dicho se. vienen á encontrar con nosotros, é co- 
mo muy fuertes y recios guerreros, nos dan tal 
mano de flecha, vara y piedra, que tornaron á 
herir casi que todos los nuestros , y tomaron 
cuatro lanzas á los de é caballo, y mataron dos 
soldados y cinco caballos: y entonces traian en 
medio de sus escuadrones una india algo vieja, 
muy gorda, y según decían, aquella india la te- 
nían por su diosa y adivinaba, y les habia dicho 
que asi como ella llegase adonde estábamos pe- 
leahdo, que luego habíamos de ser vencidos; 
y traian en un brasero sahumerio, y unos ído- 
los de piedra, y venia pintada todo el cuerpo, 
y pegado algodón á las pinturas, y sin miedo 
ninguno se metió en los indios nuestros amigos, 
que venían hechos un cuerpo con cus capitanías, 
y luego fué despedazada la maldita dioca. Vol- 
vamos, á nuestra batalla: que desque el capitán 
Luis Marin y todos nosotros vimos tanta multi- 
tud de guerreros contrarios, y que tan osada- 
69 



538 BEHtfAL DÍAZ. 

mente peleaban , nos admiramos y dijimos al 
fraile que nos encomendase á Dios, y arreme- 
tiendo á ellos con el concierto pasado, fuimos 
rompiendo poco á poco y los hicimos huir, y se 
escondían entre unos pedregales , y otros se 
echaron al rio, que estaba cerca é hondo, y se 
fueron nadando, que son en gran manera bue- 
nos nadadores; y desque hubimos desbaratado, 
descansamos un rato, y el Fraile cantó una Sal- 
ve, y algunos soldados de buenas voces le ayu- 
daban, é no sonaba mal, y todos dimos muchas 
gracias á Dios; y hallamos muertos donde tuvi- 
mos esta batalla muchos dellos, y otros heridos, 
y acordamos de irnos á un pueblo que estaba 
junto al rio, cerca de la ciudad, donde habia 
buenas ciruelas; porque como era Cuaresma, y 
en este tiempo las hay maduras, y en aquella 
población son buenas; y allí nos estuvimos todo 
lo más del dia enterrando los muertos en partes 
donde no los pudiesen ver ni hallar los natura- 
les de aquel pueblo, y curamos los heridos y 
diez caballos, y acordamos de dormir allí con 
gran recado de velas y escuchas. A poco más de 
medía noche se pasaron á nuestro real diez in- 
dios principales de dos pueblezuelos que esta- 
ban poblados junto á ia cabecera é ciudad de 
Chiapa, en cinco canoas del mismo rio, que es 
muy grande y hondo, y venían los indios con 
las canoas á remo callado, y los que lo rema- 
ban eran diez indios, personas principales, na- 
turales de los pueblezuelos que estaban junto 



(ÍÓNOÜISTA I>* NUEVA-ESPAÑA. 539 

al rio; y como desembarcaron hacíala parte de 
nuestro real, en saltando en tierra, luego fueron 
presos por nuestras velas, y ellos lo tuvieron 
por bien que les prendiesen; y llevados ante el 
capitán, dijeron: o Señor, nosotros no somos 
chiapanecas, sino de otra provincia que se dice 
^altepeque, y estos malos chiapanecas con gran 
guerra que nos dieron nos mataron paucha gen-? 
te, y á todos los más de nuestros pueblos nps 
trajeron aquí por fuerza cautivos á poblar con 
nuestras mujeres é hijos, é nos han tomado 
cuanta hacienda teníamos, y há doce años que 
nos tienen por esclavos, y les labramos su se- 
mentera y maizales, y nos hacen jr á pescar" y 
hacer otros oficios, y nos toman nuestras hijas 
y mujeres. Venimos á daros aviso, porque nos*? 
otros os traeremos esta noche muchas canoas en 
que paséis este rio, que sin ellas no podéis pa- 
sar sino con gran trabajo, y también os mostra- 
remos un vado, aunque no va muy bajo; y loque 
señor capitán, os pedimos de mercedes, que pues 
os hacemos esta buena obra, que cuando hayáis 
vencido y desbaratado estos chiapanecas, que 
nos deis licencia para que salgamos de su poder 
é irnos á nuestras tierras; y para que mejor 
creáis lo que os decimos que es verdad, en las 
canoas que ahora pasamos dejamos escondidas 
en el rio, con otros nuestros compañeros y her- 
manos, y os traemos presentadas tres joyas de 
oro, que eran unas como diademas; y también 
traemos gallinas y ciruelas;» y demandaron li- 



540 behnal días. 

cencía para ir por ello, y dijeron que había de 
sep muy callando, no los sintiesen los chiapane^ 
eas, que están velando y guardando los pasos 
del rio; y cuando el capitán entendió lo que los 
indios le dijeron, y la gran ayuda que era pa- 
sar aquel recio y corriente rio, dio gracias á 
Dios y mostró buena voluntad á los mensajeros, 
y prometió de hacerlo como le pedían, y aún da- 
lles ropa y despojos de lo que hubiésemos de 
aquella ciudad; y se informó deltos cómo en las 
dos batallas pasadas les habíamos muerto y he- 
rido más de ciento veinte chiapanecas, y que te- 
nian aparejados para otro dia otros muchos 
guerreros, y que á los de los pueblezuelos 
donde eran estos mensajeros les hacían salir, 
á pelear contra nosotros; y que no temiésemos 
dellos, que antes nos ayudarían, y que al pasar 
del rio nos habían de aguardar, porque tenían 
por imposible que temíamos atrevimiento de 
pasalle; y que cuando lo estuviésemos pasando, 
que alli nos desbaratarían , y dado este avi*o, 
se quedaron dos de aquellos indios con nos- 
otros, y los demás fueron á sus pueblos á dar 
orden para que muy de mañana trujesen veinte 
canoas, en lo cual cumplieron muy bien su pa-> 
labra; y después que se fueron reposamos algo 
de lo que quedó de la noche , y no sin mucho 
recado de velas y escuchas y rondas , porque 
oimos el gran rumor de los guerreros que se 
juntaban en la ribera del rio , y el tañer de las 
trompetillas y atambores y cornetas ; y como 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 541 

amaneció , vimos las canoas , que ya descu- 
biertamente las traían, á pesar de los de Chia- 
pa; porque, según pareció , ya habian sentido 
los de Chiapa cómo los naturales de aquellos 
pueblezuelos se les habian levantado y hecho 
fuertes y eran de nuestra parte, y habian pren- 
dido algunos deltos , y los demás se habian he- 
cho fuertes en su gran cu, y á esta causa había 
revueltas y guerra entre los chiapanecas y los 
pueblezuelos que dicho tengo ; y luego nos 
fueron á mostrar el vado , y entonces nos da- 
ban mucha priesa aquellos amigos \jue pasáse- 
mos presto el rio, con temor no sacrificasen á 
sus compañeros que habian prendido aquella 
noche ; pues de que llegamos al vado que nos 
mostraron, iba muy hondo ; y puestos todos en 
gran concierto, asi los ballesteros como escope- 
teros y los de á caballo, y los indios de los pue- 
blezuelos nuestros amigos con sus canoas, y aun- 
que nos daba el agua cerca de los pechos, todos 
hechos un tropel, para soportar el ímpetu y fuer- 
za del agua, quiso Dios que pasamos cerca de la 
otra parte de tierra ; y antes de acabar de pa- 
sar , vienen contra nosotros muchos guerreros 
y nos dan una buena rociada de vara con tira- 
deras , y flechas y piedra y otras grandes lan- 
zas, que nos hirieron casi que á todos los más, 
y á algunos á dos y á tres heridas, y mataron 
dos caballos; y un soldado de á caballo, que se 
decia Fulano Guerrero ó guerra, se ahogó al 
pasar del rio, que se metió con el caballo en un 



542 BERNA L DÍAZ. 

recio raudal, y era natural de Toledo, y el ca- 
ballo salió á tierra sin el amo. Volvamos á nues- 
tra pelea, que nos detuvieron un buen rato al 
pasar del rio, que no les podíamos hacer retraer 
ni nosotros podíamos llegar á tierra, y en aquel 
instante los de los pueblezuelos que se habían 
hecho fuertes contra los chiapanecas, nos vinie- 
ron á ayudar en las espaldas, é á los que esta- 
ban al rio batallando con nosotros hirieron y 
mataron muchos dellos, porque les tenían gran- 
de enemistad» como los habían tenido presos mu- 
chos años; y como aquello vimos, salimos á 
tierra los de á caballo, y luego ballesteros, es- 
copeteros y de espada y rodela, y los amigos 
mejicanos, y dárnosles una tan buena mano, que 
se van huyendo, que no paró indio con indio; y 
luego sin más tardar, puestos en buen concierto, 
con nuestras banderas tendidas, y muchos indios 
de los dos pueblezuelos con nosotros, entramos 
en su ciudad; y como llegamos á lo más poblado, 
donde estaban sus grandes cues y adoratorios, 
tenían las casas tan juntas, que no osamos 
asentar real, sino en el campo, y en parte que 
aunque pusiesen fuego no nos pudiesen hacer 
daño; y nuestro capitán envió á llamar de paz á 
los caciques y capitanes de aquel pueblo, y fue- 
ron los mensajeros tres indios de los pue- 
blezuelos nuestros amigos, que el uno dellos se 
decía Xaltepeque, y asimismo envió con ellos seis 
^capitanes chiapanecas que habíamos preso en 
las batallas pasadas, y les envió á decir que 



COlf QUISTA DE NUEVA-ESPANA. 543 

vengan luego de paz, y se les perdonará lo pa- 
sado, y que si no vienen , que los iremos á bus- 
car y les daremos mayor guerra que la pasada 
y les quemaremos su ciudad; y con aquellas 
bravosas palabras luego á la hora vinieron, y 
aún trajeron un presente de oro, y se disculpa- 
ron por haber salido de guerra, y dieron la obe- 
diencia á su majestad, y rogaron á Luis Marín 
que no consintiese á "nuestros amigos que que- 
masen ninguna casa, porque ya habían quema- 
do antes de entrar en Chiapa, en un pueblezue- 
lo que estaba poblado antes de llegar al rio, 
muchas casas ; y Luis Marin les prometió que 
así lo haria, y mandó á los mejicanos que traía- 
mos y á los de Cachula que no hiciesen mal ni 
daño. Quiero tornar á decir que este Cachula 
que aquí nombro no es la que está cerca de Mé- 
jico, sino un pueblo que se dice como él, que 
está en las sierras camino de Chiapa , por donde 
pasamos. Dejemos esto , y dígoos cómo en 
aquella ciudad hallamos tres cárceles de redes 
de madera llenas de prisioneros atados con 
collares á los pescuezos, y estos eran de los que 
prendían por los caminos, é algunos dellos eran 
de Guantepeque, y otros zapotecas é otros quile- 
nes, otrosde Soconusco; los cuales prisioneros sa- 
camos de las cárceles é se fué cada uno á su tier- 
ra. También hallamos en los cues muy malas 
figuras de ídolos que adoraban, é todos los que- 
bró Fray Juan, é muchos indios é muchachos 
sacrificados, y hallamos muchas cosas malas de 



544 BERNAL DÍAZ 

sodomías que usaban; y mandóles el capitán 
que luego fuesen á llamar todos los pueblos co- 
marcanos que vengan de paz á dar la obedien- 
cia á su majestad. Los primeros que vinieron 
fueron los de Cinacatan y Gopanaustlan , é 
Pinola é Guequiztlan é Chamula, é otros pue- 
blos que ya no se me acuerda los nombres 
dellos, quiniles, y otros pueblos que eran de la 
lengua zoqne, y todos dieron la obediencia á sü 
majestad, y aun estaban espantados cómo , tan 
pocos como éramos, podíamos vencer á los chia- 
panecas; y ciertamente mostraron todos gran 
contento, porque estaban mal con ellos. Estu- 
vimos en aquella ciudad cinco días, é dijo Fray 
Juan Misa é confesaron algunos soldados, é pre- 
dicó á los indios en su lengua, que la sabia bien, 
y los indios holgaron de oírle y adoraron la 
santa cruz, é decían que se habían de bautizar, 
y que parecíamos muy buena gente, y tomaron 
amor al fraile Fray Juan. Y en aquel instante 
un soldado de aquellos que traíamos en nues- 
tro ejército desmandóse del real, y váse sin li- 
cencia del capitán á un- pueblo que había venido 
de paz, que ya he dicho que se dice Chamula, y 
lleyó consigo ocho indios mejicanos de los nues- 
tros, y demandó á los de Chamula que le diesen 
oro, y decia que lo mandaba el capitán, é los de 
aquel pueblo le dieron unas joyas de oro, y por- 
que no le daban más, echó preso al cacique; y 
cuando vieron los del pueblo hacer aquella de- 
masía, quisieron matar al atrevido y desconsi- 



CONQUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. 546 

derado soldado, y luego se alzaron, y no sola- 
mente ellos, pero también hicieron alzar á los 
de otro pueblo que se decia Gueyhuiztían, sus 
vecinos; y deque aquello alcanzó á saber el ca- 
pitán Luis Marin, prende al soldado, y luego 
manda que por la posta le llevasen á Méjico 
para que Cortés le castigase; y esto hizo el 
Luis Marin porque era un hombre el soldado 
que se tenia por principal, que por su honor no 
nombro su nombre, hasta que venga en coyun- 
tura en parte que hizo otra cosa que aún es muy 
peor, como era malo y cruel con los indios, co- 
mo adelante diré. Y después desto hecho , el 
capitán Luis Marin envió á llamar al pueblo de 
Chamula que venga de paz , é les envió á decir 
que ya habia castigado y enviado á Méjico al 
español que les iba á demandar oro y les hacia 
aquellas demasías. La respuesta que dieron fué 
mala, y la tuvimos por muy peor por causa de 
que los pueblos comarcanos no se alzasen; y 
fué acordado que luego fuésemos sobre ellos, y 
hasta traelles de oaz no les dejar; y después de 
como les habló muy blandementeá los caciques 
chiapanecas, y Fray Juan les dijo con buenas 
lenguas, que las sabia, las cosas tocantes á 
nuestra santa fe, y que dejasen los ídolos y sa- 
crificios y sodomías y' robos, y les puso cruces 
é una imagen de Nuestra Señora en un altar que 
les mandamos hacer, y el capitán Luis Marin 
les dio á entender cómo éramos vasallos de" su 
majestad cesárea, é otras muchas cosas que 
70 



546 BERKAL DÍAZ. 

convenían, y aún les dejamos poblada más de 
la mitad de su ciudad; y los dos pueblos nues- 
tros amigos que nos trajeron las canoas para 
pasar el rio y nos ayudaron en la guerra salie- 
ron de poder de los chiapanecas con todas sus 
haciendas é mujeres é hijos, y se fueron á po- 
blar al rio abajo, obra de diez leguas de Chia- 
pa, donde ahora esta poblado lo de Xaltepeque, 
y el otro pueblo que se dice Istatlan se fué á su 
tierra, que era de Guantepeque. Volvamos á 
nuestra partida para Chamula , y es que luego 
enviamos á llamar á los de Cinacatan, que eran 
gente de razón, y muchos dcllos mercaderes, y 
se les dijo que nos trajesen ducientos indios pa- 
ra llevar el fardaje, é que íbamos á su pueblo 
porque por allí era el camino de Chamula; y 
demandó á los de Chiapa otros ducientos indios 
guerreros con armas para ir en nuestra compa- 
ñía, y luego los dieron; y salimos de Chiapa una 
mañana, y fuimos á dormirá unas salinas, don- 
de nos tenían hechos los de Cinacatan buenos 
ranchos; y otro dia á medio día llegamos á Ci- 
nacatan, y allí tuvimos la santa Pascua de Re- 
surrección; y tornamos á llamar de paz á los de 
Chamula, é no quisieron venir, é hubimos de ir 
á ellos, que seria entonces donde estaban pobla- 
dos de Cinacatan obra de tres leguas, y tenían 
entonces las casas y pueblos de Chamula en una 
fortaleza muy mala de ganar, y muy honda 
cava* por la parte que les habíamos de combatir, 
y por otras partes muy peor ó más fuerte; é ansí 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 547 

como llegamos con nuestro ejército, nos tiran 
tanta piedra de lo alto é vara y flecha, que cu- 
bría el suelo; pues las lanzas muy largas con 
más de dos varas de cuchilla de pedernales, que 
ya he dicho otras veces que cortaban más que 
espadas, y unas rodelas hechas á manera de pa- 
vesinas, con que se cubren todo el cuerpo 
cuando pelean, y cuando no las han menester, 
las arrollan y doblan de manera que no les ha- 
cen estorbo ninguno, é con hondas mucha pie- 
dra, y tal priesa sedaban á tirarflecha y piedra, 
que hirieron cinco de nuestros soldados ó dos 
caballos, é con muchas voces é gran grita é sil- 
bos é alaridos, y atambores y caracoles, que era 
cosa de poner espanto á quien no los conociera; 
y como aquello vio Luis Marin, entendió que de 
los caballos no se podían aprovechar, que era 
sierra, mandó que se tornasen á bajará lo llano, 
porque donde estábamos era gran cuesta y foj> 
taleza, y aquello que les mandó fué porque te^» 
miamos que venían allí á dar en nosotros los 
guerreros de otros pueblos que se dicen Quia- 
huitlan, que estaba alzado, y porqne hubiese 
resistencia en los de á caballo; y luego comen- 
zamos de tirar en los de la fortaleza muchas 
saetas y escopetas, y no les podíamos hacer da- 
ño ninguno, con los grandes mamparos que te- 
nían, y ellos á nosotros sí, que siempre herían 
muchos de los nuestros; y estuvimos aquel dia 
desta manera peleando , y no se les daba 
cosa ninguna por nosotros, y sí les procuraba- 



84$ Serííal mxt. 

mos de entrar donde tenían hechos unOs mam- 
paros y almenas, estaban sobre dos mil lanceros 
en los puestos para la defensa de los que íes 
probamos á entran y ya que quisiéramos entrar 
é aventurar las personas en arrojarnos dentro 
de su fortaleza, habíamos dé caer de tan alto, 
que nos habíamos de hacer pedazos, y no era 
cosa para ponernos en aquella "ventura; y des- 
pués de bien acordado cómo y de qué manera 
habíamos de pelear, se concertó que trajésemos 
madera y tablas de un pueblezuelo que allí jun- 
to estaba despoblado, é hiciésemos burros ó 
mantas, que así sé llaman, y en cada uno dellos 
cabían veinte personas, y con azadones y picos 
de hierro que traíamos, é con otros azadones 
de la tierra, de palo, que allí habia , les cavá- 
bamos y deshacíamos su fortaleza, y deshicimos 
un portillo para podelles entrar, porque de otra 
manera era excusado; porque por otras dos par- 
tes, que todo lo miramos más de una legua de 
allí al rededor, estaba otra muy mala entrada y 
peor de ganar que adonde estábamos, por causa 
que era una bajada tan agrá, que á manera de 
decir, era entrar en los abismos. Volvamos á 
nuestros mamparos y mantas, que con ellas les 
estábamos deshaciendo sus fortalezas , y nos 
echabande arriba mucha pez y resina ardiendo, 
y agua y sangre toda revuelta y muy caliente, 
y otras veces lumbre y rescoldo, y nos hacían 
mala obra; y luego tras esto mucha multitud de 
piedras y muy grandes que nos desbarataron 



coüqüísía DÉ nüéva-espana. 54^ 

nuestros ingenios, que nos hubimos de retirar 
y tomaltos á adobar ; y luego volvimos sobre 
ellos, y cuando vieron que les haciamos mayo- 
res portillos , se ponen cuatro papas y otras 
personas principales sobre una de sos almenas, 
y vienen cubiertos con sus pavesinas é otros 
talabardones de maderas , é dicen: «Pues que 
deseáis é queréis oro, entrad dentro , que aquí 
tenemos mucho;» y nos echaron desde las alme- 
nas siete diademas de oro fino ,-y muchas cuen- 
tas vaciadizas é otras joyas , como caracoles y 
ánades, todo de oro, y tras ello mucha flecha y 
vara y piedra , é ya les teníamos hechas dos 
grandes entradas; y como era ya de noche y en 
aquel instante comenzó á llover dejamos el com- 
bate para otro día, y alli dormimos aquella no- 
che con buen recaudo ; y mandó el capitán á 
ciertos de á caballo que estaban en tierra llana, 
que no se quitasen de sus puestos y tuviesen los 
caballos ensillados y enfrenados. Volvamos á los 
chamultecas, que toda la noche estuvieron ta- 
ñendo atabales y trompetillas y dando voces y 
gritos , y decían que otro día nos habían de 
matar que asi se lo había prometido su ídolo; y 
cuando amaneció volvimos con nuestros ingenios 
y mantas á hacer mayores entradas, y los contra- 
rios con grande ánimo defendiendo su fortaleza, 
y aun hirieron este dia á cinco de los nuestros, 
y á mí me dieron un buen bote de lanza, que me 
pasaron las armas, y si no fuera por el mucho 
algodón y bien colchadas que eran, me mataran, 



550 BERNAL DÍAZ. 

porque con ser buenas las pasaron y echaron 
buen pelote de algodón fuera, me dieron una 
chica herida; y en aquella sayón era más de me- 
dio dia, y vino muy grande agua y luego una 
muy oscura.neblina; porque, como eran sierras 
altas, siempre hay neblinas y aguaceros; y 
nuestro capitán, como llovia mucho, se apartó 
del combate, y como ya era acostumbrado á las 
guerras pasadas de Méjico, bien entendí que en 
aquella sazón que vino la neblina no daban los 
contrarios tantas voces ni gritos como de antes; 
y veia que estaban arrimadas á los aduares y 
fortalezas y barbacanas muchas lanzas, y que 
no las veia menear, sino hasta duscientas dellas, 
sospeché lo que fué, que se querian ir ó se iban 
entonces, y de presto les entramos por un por- 
tillo yo y otro mi compañero, y estaban obra 
de ducientos guerreros, los cuales arremetieron 
á nosotros y nos dan muchos botes de lanza; y 
si de presto no fuéramos socorridos de unos in- 
dios de Cinacatan, que dieron voces á nuestros 
soldados, que entraron luego con nosotros en 
su fortaleza, allí perdiéramos las vidas; y como 
estaban aquellos chamultecas con sus lanzas ha- 
ciendo cara y vieron el socorro, se van huyendo, 
porque los demás guerreros ya se habían huido 
con la neblina; y nuestro capitán con todos los 
soldados y amigos entraron dentro, y estaba ya 
alzado todo el hato, y la gente menuda y muje- 
jeres ya se habían ido por el paso muy malo, 
que he dicho que era muy hondo y de mala su- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 551 

bida y peor bajada; y fuimos en el alcance, y se 
prendieron muchas mujeres, muchachos y niños y 
sobre treinta hombres,, y no se halló despojo en 
el pueblo, salvo bastimento; y esto hecho, nos 
volvimos con la presa camino de Cinacatan, y 
fué acordado que asentásemos nuestro real jun- 
to á un rio adonde está ahora poblada la Ciu- 
dad-Real, que por otro nombre llaman Chiapa 
de los Españoles; y desde allí soltó el capitán 
Luis Marin seis indios con sus mujeres, de los 
presos de Ghamula, para que fuesen á llamar los 
de Chamula, y se les dijo que no hubiesen mie- 
*do, y se les darian todos los prisioneros; y fue- 
ron los mensajeros, y otro dia vinieron de paz y 
llevaron toda su gente, que no quedó ninguna; 
y después d^ haber dado la obediencia á su ma- 
jestad, me depositó aquel pueblo el capitán 
Luis Marin, porque desde Méjico se lo habia es- 
crito Cortés, .que me diese una buena cosa de lo 
que se conquistase, y también porque era yo 
mucho su amigo del Luis Marin, y porque fué 
el primer soldado que les entró dentro; y Cortés 
me envió cédula de encomienda guardada, y me 
tributaron más de ocho años. En aquella sazón 
no estaba poblada la Ciudad-Real, que después 
se pobló, é se dio mi pueblo para la población. 
Dejemos esto, y digamos cómo yo pedí á Fray 
Juan que les predicase, y el lo hizo de voluntad, 
y les puso altar y una cruz y una imagen de la 
Virgen, y se bautizaron luego quince; é decía 
el fraile que esperaba en Dios habian de ser 



552 BEÍlílAL DÍAZ» 

aquellos buenos católicos, é yo me alegraba, 
porque los quería bien, como á cosa mía. Pero 
volvamos á nuestra relación: que, como ya Cha- 
mula estaba de paz, é Gueguistitlan, queestaba 
alzado, no quisieron venir de paz aunque les 
enviamos á llamar, acordó nuestro capitán que 
fuésemos á los buscar á sus pueblos; y digo 
aquí pueblos, porqus entonces eran tres pueble- 
zuelos, y todos puestos en fortaleza ; y dejamos 
allí adonde estaban nuestros ranchos los heridos 
y fardaje, y fuimos con el capitán los mas suel- 
tos y sanos soldados, y los de Cinacatan nos die- 
ron sobre trecientos indios de guerra, que fue- 
ron con nosotros, y seria de allí á los pueblos 
de Gueguistitlan obra de cuatro leguas; y como 
íbamos á sus pueblos, hallamos todos los cami- 
nos cerrados, llenos de maderos é árboles corta ^ 
dos y muy embarazados, que no podían pasar 
caballos: y con los amigos que llevábamos los 
desembarazamos é quitaron los maderos; y fui- 
mos á un pueblo de los tres, que ya he dicho 
que era fortaleza, y hallárnosle lleno de guer- 
reros, y comenzaron á nos dar grita y voces y 
á tirar vara y flecha, y tenían granzas y pave- 
sinas y espadas de á dos manos de pedernal, 
que cortan como navajas, según y de la manera 
de los de Chamula; y nuestro capitán con to- 
dos nosotros les íbamos subiendo la fortaleza, 
que era muy más mala y recia de tomar que no 
la de Chamula ; acordaron de se ir huyendo y 
dejar el pueblo despoblado y sin cosa ninguna 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 553 

de bastimentos ; y los canacantecas prendieron 
dos indios dellos, que luego trajeronal capitán, 
los cuales mandó soltar, para que llamasen de 
paz á todos los más sus vecinos, y aguardamos 
allí un dia que volviesen con la respuesta, y to- 
dos vinieron de paz, y trajeron un presente de 
oro de poca valía y plumajes de quetzales, que 
son unas plumas que se tienen entre ellos en 
mucho, y nos volvimpsá nuestros ranchos; y 
porque pasaron otras cosas que no hacen á nues- 
tra relacionase dejarán de decir, y diremos cómo 
cuando hubimos vuelto á los ranchos pusimos en 
plática que seria bien poblar allí adonde estába- 
mos una villa, según que Cortés nos mandóque 
poblásemos, y muchos soldados de los que allí 
estábamos decíamos que era bien, y otros que 
tenían buenos indios en lo de Guacacualco eran 
contrarios, y pusieron por achaque que no te- 
níamos herraje para los caballos, y que éramos 
pocos, y todos los más heridos, y la tierra muy 
poblada, y los más pueblos estaban en fortale- 
zas y en grandes sierras, y que no nos podría- 
mos valer ni aprovechar de los caballo 5 ?, y decían 
por ahí otras cosas ; y lo peor de todo , que el 
c \ pitan Luis Marín é un Diego de Godoy, que era 
escribano del Rey, persona muy entremetida, no 
tenían voluntad de poblar, sino volver á nues- 
tros ranchos y villa ; é un Alonso de Grado, que 
ya le he nombrado otras veces en el capítulo pa- 
sado, el cual era más bullicioso que hombre de 
guerra, parece ser traia secretamente una cé- 
71 



554 BSRNAL DÍAZ* 

dula de encomienda firmada de Cortés, en que le 
daba la mitad del pueblo de Chiapa cuando estu- 
viese pacificado, y por virtud ce aquella cédula 
demandó al capitán Luis Marin que le diese el 
oro que hubo en Chiapa que dieron los indios, é 
otro que se tomó en los templos de los ídolos 
del mismo Chiapa, que serian mil c quinientos 
pesos, y Luis Marin decia que aquello era para 
ayudar apagar los caballos que habían muerto 
en la guerra en aquella jornada ; y sobre ello y 
sobre otras diferencias estaban muy mal el Uno 
con el otro, y tuvieron tantas palabras, que el 
Alonso de Grado, como era mal condicionado, se 
desconcertó en hablar; y quien se metia en me- 
dio y lo revolvía todo era el escribano Diego de 
Godoy. Por manera que Luis Marin los echó 
presos al uno y al otro, y con grillos y cadenas 
los tuvo seis ó siete dias presos, y acordó de 
enviar á Alonso de Grado á Méjico preso, y al 
, Godoy con ofertas y prometimientos y buenos 
intercesores le soltó; y fué peor, que se con- 
certaron luego el Grado y el Godoy de escribir 
desde allí á Cortés muy en posta, diciendo mu- 
chos males de Luis Marin, y aún Alonso de 
; Grado me rogó á mí que de mi parte escribiese 
á Cortés, y en la carta le disculpase al Grado, 
porque le decia el Godoy al Grado que Cortés 
en viendo mi carta le daria crédito, y no dijese 
bien del Marin; é yo escribí lo que me pareció 
que era verdad , y no culpando al capitán Ma- 
rin; y luego envió preso á Méjico al Alonso de 



* CONQUISTA DÉ NÜÉV A-ESPAÑA. 555 

Grado, con juramento que le tomó que se pre- 
sentaría ante Cortés dentro de Ochenta dias, 
porque desde Cinacatan habia por la vía y ca- 
mino que venimos sobre ciento y noventa leguas 
hasta Méjico. Dejemos de hablar de todas estas 
revueltas y embarazos; é ya partido el Alonso 
de Grado, acordamos de ir á castigar á los de 
Cimatan, que fueron en matar los dos soldados 
cuando me escppé yo y Francisco Martin, viz- 
caíno, de sus manos; é yendo que íbamos cami- 
nando para unos pueblos que se dicen Tapelola, 
é antes de llegar á ellos había unas sierras y 
pasos tan malos, así de subir como de bajar, que 
tuvimos por cosa dificultosa el poder pasar ppr 
aquel puerto; y Luis Marín envió á rogar á los 
caciques de aquellos pueblos que los adobasen 
de manera que pudiésemos pasar é ir por ellos, 
é así lo hicieron, y con mucho trabajo pasaron 
los caballos, y luego fuimos por otros pueblos 
que se dicen Silo, Suchiapa é Coyumelapa, y 
desde allí fuimos á este Panguaxaya; y llegados 
que fuimos á otros pueblos que se dicen Teco- 
mayacatal é Ateapan , que en aquella sazón to- 
do era un pueblo y estaban juntas casas con ca- 
sas, y era una población de las grandes que ha* 
bia en aquella provincia, y estaba en mí enco- 
mendada por Cortés; y como entonces era mu- 
cha población, y con otros pueblos que con ellos 
se juntaron, salieron de guerra al pasar de un 
rio muy hondo que pasa por el pueblo, é hirie- 
ron seis soldados y mataron tres caballos, y es» 



55(5 



BERNAL DÍAZ 



tuvimos buen rato peleando con ellos; y al fin 
pasamos el rio é se huyeron , y ellos mismos 
pusieron fuego á las casas y se fueron al monte; 
estuvimos cinco dias curando los heridos y ha- 
ciendo entradas, donde se tomaron muy buenas 
indias, y se les envió á llamar de paz, y que se 
les daría la gente que habíamos preso y que se 
les perdonaría lo déla guerra pasada; y vinieron 
todos los más indios y poblaron su pueblo, y de- 
mandaban Sus mujeres é hijos, como lo habían 
prometido. El escribano Diego de Godoy aconse- 
jaba al capitán Luis Marinque no las diese, sino 
que se echase el hierro del Rey, y qaese echaba 
á los que una vez habían dado la obediencia á su 
majestad y se tornaban á levantar sin causa 
ninguna ; y porque aquellos pueblos salie- 
ron de guerra y nos flecharon y nos mataron 
los tres caballos, deciael Godoy que se pagasen 
los tres caballos con aquellas piezas de indios 
que estaban presos; é yo repliqué que no se 
herrasen, y que no era justo, pues vinieron 
de paz ; y sobre ello yo y el Godoy tuvimos 
grandes debates y palabras y aún cuchilladas, 
que entrambos salimos heridos, hasta que nos 
despartieron y nos hicieron amigos; y el capi- 
tán Luis Marin era muy bueno y no era mali- 
cioso, é vio que no era justo hacer más de lo 
que le pedí por merced, y mandó que diesen to- 
das las mujeros y toda la más gente que estaba 
presa 1 á los caciques de aquellos pueblos, y los 
dejamos en sus casas muy de paz; y desde allí 



CONQUISTA Í)E ilTJÉVA-ESPANA, 557 

atravesa naos al pueblo dé Cimatlan y otros pue- 
blos que sé dicen Talatupan, y antes de entrar 
en el pueblo tenian hechas unas saeteras y an- 
damios junto á un monte, y luego estaban unas 
ciénagas, é asi como llegamos nos dan de re- 
pente una tan buena rociada de flecha con muy 
buen concierto y ánimo, y hirieron sobre veinte 
soldados y mataron dos caballos, y si de presto 
no les desbaratáramos y*deshiciéramos sus cer- 
cados y saeteras, mataran é hirieran muchos 
más, y luego se acojieron á las ciénagas; y es- 
tos indios destas provincias son grandes fleche- 
ros, que pasan con sus flechas y arcos dos do- 
bleces de armas de algodón bien colchadas, que 
esmucha cosa; y estuvimos en un pueblo dos 
dias, y los enviamos á llamar de paz y no qui- 
sieron venir; y como estábamos cansados, y ha- 
bía allí muchas ciénagas que tiemblan, que no 
pueden entrar én ellas los caballos ni aún nin- 
guna persona sin que se atolle en ellas, y han 
de salir arrastrando y á gatas, y aún si salen es 
maravilla, tanto son de malas. E por no ser yo 
más largo sobre este caso, por todos nosotros 
fué acordado que volviésemos á nuestra villa de 
Guacacualco, y volvimos por unos pueblos de 
la Chontalpa, que se dicen Guimango éNacaxu, 
y Xuica é Teotitan Copileo, é pasamos otros 
pueblos, y á Ulapa, y el rio de Ayagualco é al 
de Tonala, y iuego á la villa de Guacacualco; y 
del oro que se hnbo en Chiapa y en Chamula, 
sueldo por libra se pagaron los caballos que 



558 BERNAL DIÁZ. 

mataron en las guerras. Dejemos esto, y diga- 
mos q ue como el Alonso de Grado llegó á Méji- 
co delante de Cortés, y cuando supo de la ma- 
nera que iba, le dijo muy enojado: «¿Cómo, se- 
ñor Alonso de Grado, que no podéis caber ni en 
una parte ni en otra? Lo que os ruego es que 
mudéis esa mala condición; si no, en verdad que 
os enviaré á la isla de Cuba, aunque sepa daros 
tres mil pesos con que allá viváis, porque yo no 
os puedo sufrir;» y al Alonso de Grado se le hu- 
milló de manera, que tornó á estar bien con el 
Cortés, y el Luis Marin y Fray Juan escribieron 
á Cortés todo lo acaeeido. Y dejallo hé aquí y 
diré lo que pasó en la corte sobre el Obispo de 
Burgos é Arzobispo de Rosano. 



CAPITULO CLXVII. 



COMO ESTANDO EN CASTILLA NUESTROS PROCURADORES 
RECUSARON AL OBISPO DE BURGOS, Y LO QUEMAS 
PASÓ. 



Ya he dicho en los capítulos pasados que don 
Juan Rodríguez de Fonseca, Obispo de Bur- 
gos é Arzobispo de Rosano, que asi se nombra-? 
ba, hacia mucho por las cosas de Diego Velaz- 
quez, y era contrario de las de Cortés y á todas 



I CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 559 

las nuestras ; y quiso nuestro Señor Jesu- 
cristo que en el año de 152 1 fué elegido en Ro- 
ma por Sumo Pontífice nuestro muy Santo 
Padre el Papa Adriano de Lobayna, y en aque- 
lla sazón estaba en Castilla por gobernador 
della y residía en la ciudad de Vitoria, y nues- 
tros procuradores fueron á besar sus santos pies 
y un gran señor alemán, que era de la cámara 
de su majestad, que se decia mosiur de Lasoa, 
le vino á dar el parabién del Pontificado por 
parte de*l Emperador nuestro señor á Su Santi- 
dad, y el mosiur de Lasoa tenia noticia de los 
heroicos hechos y grandes hazañas que Cortés y 
todos nosotros habíamos hecho en la conquista 
desta Nueva-España, y los grandes, muchos, 
buenos y notables servicios que siempre hacía- 
mos á su majestad, y de la conversión de tantos 
millares de indios que se convertían á nuestra 
santa fe ; y parece ser aquel caballero alemán 

. suplicó al santo Padre Adriano que fuese servi- 
do entender muy de hecho en las cosas entre 
Cortés y el Obispo de Burgos, y Su Santidad lo 
tomó también muy á pechos ; porque, allende 
de las quejas que nuestros procuradores propu- 
sieron ante nuestro Santo Padre, le habían ido 
otras muchas personas de calidad á se quejar del 
mismo Obispo de muchos agravios é sinjusticias 
que décian que hacia ; porque, como su majes- 
tad estaba en Flandes, y el Obispo era presi- 
dente de Indias, todo se lo mandaba, y era mal- 

¡jquisto; y según entendimos, nuestros procura- 



560 BERiNAL DÍAZ. 

dores hallaron calor para le osar recusar. Por 
manera que se juntaron en la corte Francisco de 
Montejo y Diego de Ordás y el licenciado Fran- 
cisco Nuñez, primo de Cortés, y Martin Cortés, 
padre del mismo Cortés, y con favor de otros 
caballeros y grandes señores que les favo- 
recieron, y uno dellos, y el que más me- 
tió la mano , fué el duque de Béjar ; y con 
estos favores le recusaron con gran osadía y 
atrevimiento al Obispo ya por mí dicho, y las 
causas que dieron muy bien probadas. Lo pri- 
mero fué que el Diego Velazqnez dio al Obispo 
un muy buen pueblo en la isla de Cuba , y qué 
con los indios del pueblo le sacaban oro de las 
minas y se lo enviaba á Castilla; y que a su ma- 
jestad no le dio ningún pueblo, siendo más obli- 
gado á ello que al Obispo. Y lo otro , que en el 
año de 1517 años, que nos juntamos ciento y 
diez soldados con un capitán que se decía Fran- 
cisco Hernández de Córdoba , é que á nuestra 
costa compramos navios y matalotaje y todo lo 
demás, y salimos á descubrir la Nueva-España; 
y que el Obispo de Burgos hizo relación a su 
majestad que Diego Velazquez la descubrió , y 
no fué así. Y lo otro , que envió el mismo Diego 
Yelazquez á lo que habíamos descubierto á un 
sobrino suyo que se decia Juan de Grijalva, é 
que descubrió más adelante , é que hubo en 
aquella jornada sobre veinte mil pesos de oro de 
rescate , y que todo lo más envió el Diego Ve- 
lazquez al mismo Obispo j é que no dio parte 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 561 

delio á su majestad ; é que cuando vino Cortés 
á conquistar la, Nueva-España ; que envió u# 
presente á su majestad , que fué la lii$$,.4e oro 
y el sol de plata é mucho oro e*n grano sacado 
de las minas , é grají cantidad de joyas y tejue- 
los de oro de diversas maneras-, y escribimos á 
su majestad el Cortés y todos nosotros sus sol- 
dados dándole cuenta y razón de lo que pasaba, 
y envió con ello á Francisco de Montejo é á 
otro caballero que se décia Alonso Hernández 
Puertocarrero , primo del conde de Medellin, 
que no los quiso oir, y les tomó todo el presente 
de oro que iba para su majestad, y les trató inal 
de palabra, llamándolos de traidores, é que ve- 
nían á procurar por otro traidor ; y que las car- 
tas que venian para su majestad las encubrió, y 
escribió otras muy al contrario dellas, diciendo 
que su amigo Diego Velazquez envia aquel pre- 
sente; y que no le envió todo lo que traían, que 
el Obispo se quedó con la mitad y mayor parte 
dello; y porque el Alonso Hernández Puerto- 
carrero., que era uno de los dos procuradores 
que enviaba Cortés, le suplicó al Obispo que le 
diese licencia para irá Flandes, adonde estaba 
su majestad, le mandó echar preso, y que mu- 
rió en las cárceles; y que envió á mandar en la 
casa de la contratación de Sevilla al contador 
Pedro de Isasala y Juan López de Recalde, que 
estaban en ella por oficiales de su majestad, que 
no diesen ayuda ninguna para Cortés , así de 
soldados como^e armas ni otra cosa, y que pro- 
72 



562 BERNAL DÍAZ* 

veia los oficiales y cargos, sin consultallo con sü 
majestad , á hombres que no lo merecían ni te- 
nían habilidad ni saber para mandar, como fué 
al Cristóbal de Tapia, y que por casar á su 
sobrina doña Petronila de Fonseca con Tapia 
ó con el Diego Velazquez le prometióla go- 
bernación de Nueva- España ; é que aproba- 
ba por buenas las falsas relaciones é proce- 
sos que hacían los procuradores de Diego 
Velazquez, los cuales eran Andrés de Duero 
y Manuel de Rojas y el Padre Benito Martin, 
y aquellas enviaba á su majestad por buenas, 
y las de Cortés y de todos los que estábamos 
sirviendo á su majestad , siendo muy verdade- 
ras, encubría y torcía y las condenaba por ma- 
las; y le pusieron otros muchos cargos, y todo 
muy bien probado , que no se pudo encubrir 
cosa ninguna , por más que alegaban por su 
parte ; y luego que esto fué hecho y sacado 
en limpio , fné llevado á Zaragoza, adonde Su 
Santidad estaba en aquella sazón que le recu- 
só, y como vio los despachos y causas que se 
dieron en la recusación, y que las partes del 
Diego Velazquez, por más que alegaban que 
había gastado en navios y costas, fueron recha- 
zados sus dichos; que, pues no acudió á nuestro 
Rey y señor, sino solamente al Obispo de Bur- 
gos, su amigo, y Cortés hizo lo que era obliga- 
do como leal servidor, mandó Su Santidad, co- 
mo gobernador que era de Castilla, demás de 
ser Papa, al Obispo de Burgos que luego dejase 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 563 

el cargo de entender en las cosas y pleitos de 
Cortés, y que no entendiese en eosa ninguna de 
las Indias, y declaró por gobernador desta Nue- 
va-España á Hernando Cortés, y que si algo 
habia gastado Diego Velazquez, que se lo pa- 
gásemos; y aun envió á la Nueva-España bulas 
con muchas indulgencias para los hospitales é 
iglesias, y escribió una carta encomendando á 
Cortés y á todos nosotros los conquistadores 
que estábamos en su compañía que siempre tu- 
viésemos mucha diligencia en la santa conver- 
sión de los naturales, é fuese de manera que no 
hubiese muertes ni robos, sino con paz y cuan- 
to mejor se pudiese hacer, é que les vedásemos 
y quitásemos sacrificios y sodomías y otras tor- 
pedades; y decia en la carta que, demás del gran 
servicio que hadarnos á Dios nuestro Señor y á 
su majestad, que Su Santidad, como nuestro 
padre y pastor, tenia cargo de rogar á Dios por 
nuestras ánimas, pues tanto bien por nuestra 
mano ha venido á toda la cristiandad; y aun nos 
envió otras santas bulas para nuestras absolu- 
ciones. E viendo nuestros procuradores lo que 
mandaba el Santo Padre, así como Pontífice y 
gobernador de Castilla, enviaron luego correos 
k muy en posta adonde su majestad estaba, que 
ya habia venido de Flandes y estaba en Casti- 
lla , y aún llevaron cartas de Su Santidad para 
nuestro Monarca; y después de muy bien infor- 
mado de lo de atrás por mí dicho, confirmó lo 
que el Sumo Pontífice mandó, y declaró por go-» 



564 BERNAL DÍAZ. 

bernador do la Nueva-España á Cortés, y a lo 
que el Diego Velazquez gastó de su hacienda 
en la armada, que se le pagase, y aún le man- 
dó quitar la gobernación de la isla de Cuba, por 
cuanto habia enviado el armada con Panfilo de 
Narvaez sin licencia de su majestad , no embar- 
gante que la Real audiencia y los Frailes Jeró- 
nimos que residian en la isla de Santo Domingo 
por gobernadores, se lo habían defendido, y aún 
sobre se lo quitar enviaron á un oidor de la 
misma Real audiencia , que se decia Lúeas 
Vázquez de Ayllon, para que no consintiese ir 
la tal armada , y en lugar de le obedecer, le 
echaron preso y le enviaron con prisiones en un 
navio. Dejemos de hablar desto, y digamos que, 
como el Obispo de Burgos supo lo por mí atrás 
dicho, y lo que Su Santidad y su majestad man- 
daban, é se lo fueron á notificar, fué muy gran- 
de el enojo que tomó , de que cayó muy malo, é 
se salió de la corte y se fué á Toro, donde tenia 
su asiento y casas; y por mucho que metió la 
mano su hermano don Antonio de Fonseca, se- 
ñor de Coca é Alaéjos, en le favorecer, no lo 
pudo volver en el mando que de antes tenia. Y 
dejemos de hablar desto, y digamos que á gran 
bonanza que en favor de Cortés hubo, se si- 
guió contrariedad; que le vinieron otros gran- 
des contrastes de acusaciones que le ponían 
por Panfilo de Narvaez y Cristóbal de Tapia y 
por el piloto Cárdenas, que he dicho en el ca- 
pítulo que sobre ello habla que cayó malo de 



conquista dé nueva-esí>aka. 585 

pensamiento cómo no le dieron la parte del 
oro de lo primero que se envió á Castilla ; y 
también le acusó un Gonzalo de Umbría, pi- 
loto, á quien Cortés mandó cortar los pies por- 
que se alzaba con un navio con Cermeño y Pe- 
dro Escudero, que mandó ahorcar Cortés. 



FIN DEL TOMO SEGUNDO. 



ÍNDICE. 



Páginas. 

Capitulo CXII. .i 5 

— CXII1 9 

— CXIV 13 

¿- CXV , 17 

— CXVI 26 

— CXVII 29 

— CXVIII.. 34 

— CXIX 36 

— CXX. . . 41 

— CXXI 50 

— CXXII 53 

— CXXIII 70 

— CXXIV 71 

— CXXV 78 

— CXXVI. . . . ' 84 

— CXXV1I 99 

— cxxvm . 103 

— CXXIX 126 

— CXXX 139 

— CXXXI. ... s ... . 146 

— CXXXII 149 

— CXXXIII. :...,... 155 

— CXXXIV 159 

— CXXXV 166 

— CXXXVI 170 

— CXXXVII. 182 

— CXXXVIH 193 

r- CXXXIX. 196 



Página*. 

Capítulo CXL 208 

— CXLI 216 

— CXLII. .., 230 

— CXLIII 242 

— CXLIV 246 

— CXLV 262 

— CXLVI 283 

— CXLYII 287 

— CXLVIII . 290 

— CXL1X 293 

— CL 297 

— CLI 313 

— CLII . 339 

— CLIII 360 

— CLIV 370 

— CLV 379 

— CLVI 391 

— CLVII 409 

— CLVIII. ........ 422 

— CLIX 440 

— CLX 451 

— CLXI 467 

— CLXII. . . ... 472 

— CLXIII. 501 

— CLXIV 505 

— CLXV. 520 

— CLXVI. 526 

— CLXVII. . 558 

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