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Full text of "Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España"




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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOC1ETIES 



F 1230 

.D533 
1862 

t. 3 




a 00001 79073 4 




This book is due at the LOUIS R. W1LSON LIBRARY on t 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may 
renewed by bringing it to the library. 



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DATE 
DUE 


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) No. 513 









CONQUISTADE NUEVA-ESPAÑA 



POR 



BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. 




tí 



VERDADERA HISTORIA 



DE LOS SUCESOS 



DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPADA, 



POR EL CAPITÁN BERNAL DÍAZ DIL CASTILLO, 



UNO DE SUS CONQUISTADORES. 



TOMO III. 






M 






Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12, 



iittnnt tmimt 



18(1 



HONÍPSTA DK LA NUEVA-flSPAfiA 

POR 

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. 



CAPITULO CLXVIII. 



CÓMO FUERON ANTE SU MAJESTAD PANFILO BE NAR- 
VAEZ Y CRISTÓBAL DE TAPIA, Y UN PILOTO QUE SE 
DECU GONZALO DE UMBRÍA Y OTRO SOLDADO QUE SE 
LLAMABA CÁRDENAS, CON FAVOR DEL OBISPO DE 
BÚRG08, AUNQUE NO TENIA CARGO DE ENTENDER EN 
COSAS DE INDIAS, QUE YA LE HABÍAN QUITADO EL 
CARGO Y SE ESTABA EN TORO: TODOS LOS POR MÍ 
REFERIDOS DIERON ANTE SU MAJESTAD MUCHAS QUE- 
JAS DE CORTÉS, Y LO QUE SOBRE ELLO SE I1IZO. 



Ya he dicho en el capítulo pasado cómo Su 
Santidad vio y entendió los grandes servicios 
que Cortés y todos nosotros los conquistadores 
que en su compañía militábamos habíamos he- 
cho á Dios Nuestro Señor é á Su Majestad é á 
toda la cristiandad, y de cómo se le hizo mer- 
ced á Cortes de le hacer gobernador de la Nue- 
va-España, é las bulas é indulgencias que 



6 BSRKAL DU2. 

envió para las iglesias é hospitales, y las san- 
tas absoluciones para todos nosotros; 7 visto 
por su majestad lo que el Santo Padre man- 
daba, después de bien informado de toda la 
verdad, lo confirmó con otros Reales mandos; 
7 en aquella sazón se quitó el cargo de presi- 
dente de Indias al Obispo de Burgos, 7 se fué 
á vivir á la ciudad de Toro; 7 en este ins- 
tante llegó á Castilla Panfilo de Narvaez, el 
cual habia sido capitán de la armada que envió 
Diego Velazquez contra nosotros; 7 también en 
aquel tiempo llegó Cristóbal de Tapia , el que 
habia enviado el mismo Obispo á tomar la go- 
bernación de la Nueva-España , 7 llevaron en 
su compañia á un Gonzalo de Umbría , piloto, é 
á otro soldado que se decia Cárdenas , 7 todos 
juntos se fueron á Tora á demandar favor al 
Obispo de Burgos para se ir á quejar de Cortés 
delante de su majestad , porque 7a su majestad 
habia venido de Flandes, 7 el Obispo no desea- 
ba otra cosa sino que hubiese quejas de Cortés 
7 de nosotros; é tales favores é presas les dio el 
Obispo , que se juntaron los procuradores del 
Diego Velazquez que estaban en la corte , que 
se decían Bernardino Velazquez , que ya le ha- 
bia enviado desde Cuba para que procurase por 
él, 7 Benito Martin é Manuel de Rojas , 7 fue- 
ron todos juntos delante del Emperador nuestro 
señor, 7 se quejaron reciamente de Cortés; 7 los 
¡[capítulos que contra él pusieron fué , que Diego 
Velazquez envió á descubrir y poblar la Hueva- 



CONQUISTA DE NUKYA-ESPANA. 7 

España tres veces , y que gastó gran suma de 
pesos de oro en navios y armas y matalotaje, y 
en cosas que dio á los soldados , y que envió 
con la armada á Hernando Cortés por capitán, 
y se alzó con ella, y que no le acudió con nin- 
guna cosa. También le acusaron que , no em- 
bargante todo esto , que envió el Diego Velaz- 
quez á Panfilo de Narvaez por capitán de más 
de mil trescientos soldados , con diez y ocho 
navios y muchos caballos y escopeteros y ba- 
llesteros, y con cartas y provisiones de su ma- 
jestad, y firmadas de su presidente de Indias, 
que era el Obispo de Burgos é Arzobispo de 
Rosano , para que le diesen gobernación de la 
Nueva-España, y no lo quiso obedecer ; antes 
le dio guerra y desbarató , y mató su alférez y 
sus capitanes , y le quebró un ojo , y que le 
quemó cuanta hacienda tenia , y le prendió al 
mismo Narvaez y á otros capitanes que tenia 
en su compañía. Y que , no embargante este 
desbarate, que proveyó el mismo Obispo de 
Burgos para que fuese el Cristóbal de Tapia, 
que presente estaba , como fué á tomar la go- 
bernación de aquellas tierras en nombre de su 
majestad , y que no lo quiso obedecer , y que 
por fuerza le hizo volver á embarcar ; y acusá- 
banle que habia demandado á los indios de to- 
das las ciudades de la Nueva-España mucho 
oro en nombre de su majestad, y se lo tomaba y 
encubría y lo tenia en su poder ; acusábanle 
que, á pesar de todos sus soldados, llevó quinto 



8 BERNAL DÍAZ. 

como Rey de todas las partes que se habían ha- 
bido en Méjico ; acusábanle que mandó quemar 
los pies á Guatemuz é á otros caciques porque 
diesen oro; acusáronle que no dio ni acudió con 
las partes del oro á los soldados, y que $o<do lo 
resumió en sí; acusábanle los palacios que hizo 
y casas muy fuertes , y que eran tan grandes 
como gran aldea, y que hacia servir en ellas á 
todas las ciudades de la redonda de Méjico , y 
que les hacia traer grandes cipreses y piedra 
desde lejas tierras, y que habia dado ponzoña á 
Francisco de Garay por le tomar su gente y ar- 
mada; y le pusieron otras muchas cosas y acu- 
saciones, y tantas, que su majestad estaba eno- 
jado jleoir tantas sinjusticias como del Cortés 
decían, creyendo que era verdad. Y demás degto, 
como el Narvaez hablaba muy entonado , dijo 
estas palabras que oirán: aY porque vuestra 
majestad sepa cuál andaba la cosa, la noche que 
me prendieron y desbarataron , que teniendo 
vuestras reales provisiones en el seno, que las 
saqué de priesa, y mi ojo quebrado, porque no 
me quemasen, porque ardía en aquella sazón el 
aposento en que estabo, me las tomó por fuerza 
del seno un capitán de Certés, que se dice Alon- 
so de Avila, y es el que ahora está preso en 
Francia, y no me los quiso dar, y publicó que no 
eran provisiones, sino obligaciones que venia á 
cobrar. Entonces dice que se rio el Emperador, 
y la respuesta que dio fué, que en todo manda- 
ría hacer justicia; y luego mandó juntar ciertos 



CQ8QVWTA »H I|ü*V4'ESJ?4Íí4. 9 

caballeros de sus Reales consejos y de su Real 
cámara, personas de quien S. M. tuvo confianza 
que harían recta justicia, que se decían, Mercu- 
rio Catirinario, gran canciller italiano, y mosiur 
de Lasao y el doctor de La-Rocha, flamencos, y 
Hernando de Vega, señor de Grajales y comen- 
dador mayor de Castilla, y el doctor Lorenzo 
Galindez dé Carvajal y el licenciado Vargas, te- 
sorero general de Castilla; y desque á su ma- 
jestad le dijeron que estaban juntos, les mandó 
que mirasen muy justificadamente los pleitos y 
debates entre Cortés y Diego Velazquez é aque- 
llos querellosos, y que en todo hiciesen justi- 
cia, no teniendo afición á las personas ni favore- 
ciesen á ninguno dellos, excepto á la justicia; y 
luego visto por aquellos caballeros el Real man- 
do, acordaron de se juntar en unas casas y pala» 
cios donde posaba el gran canciller, y mandaron 
parecer al Narvaez y al Cristóbal de Tapia, y al 
piloto de Umbria y á Cárdenas, y á Manuel de 
Rojas y á Benito Martin y á un Velazquez, que 
estos eran procuradores del Diego Velazquez; y 
asimismo parecieron por la parte de Cortés su 
padre Martin Cortés y el licenciado Francisco 
Nuñez y Francisco de Monte jo y Diego de Or- 
dás, y mandaron á los procuradores del Diego 
Velazquez que propusiesen todas las quejas y 
demandas y capítulos contra Cortés, y dan as 
mismas quejas que dieron ante su majestad. A 
esto respondieron por Cortés sus procuradores, 
que á lo que decían que había enviado el Diego 
3 



10 BSftNAL DÍAZ. 

Telazquez á?<m¡mmvfo *Nüft?ftMeS$raña de los 

asatoH* jipwsft %ÉwliMr *#o«é»íjH . 
tiHwí te p8$& °ffé mm wté&»g&&* 

aF^a*a9Wfti *$><)£ h*vfy ^i %89ifó<^8s« 

^^¿?A^ n ^^Uí;H^í^/.é A^ej$iak4flft|lQ>fiom,t0í n 

B^IP^ ; 0¿>|s£>qe^ ^ :> jfiJflMdflGttfo*,iq;siiS Ipsacatf 

Qkisfífcb ^ Jq^H^ bufo? o by<e&i3 ¡probanza* i y ino i 
^bj9 }í QQQ¿raí3i^i^níeQjfillob stip t^üp **a» si m 
j9to&f&&d^3H&te$V& mo<f nuiá áiíff.epnando;» 
QgaíG laobLí-no ¿fósil íu/p n/ibíib »up ol i; e>íi{> 



CONQUISTA DE NUEVA- ESPAÑA. lt 

Cortés con otra aráAííaf^(1ñ??ué elegido priiSe- 
mmvte ^)gr%oH9ÜeofóoAfi7o0iqvé«fbaraeiáel 

«*Q>ftiJ^petí4Qr,»ue^wHC¿Bte¿í?aeibr^sét<|!tílB 
fe^qe^poriflie^q^sioOl^O tóFrtaiir/enVishrao¿ 
qufeleiáe^bfirfttaraife^ígttnJaimfrititüd.dftjgiieT- 
rero^j a.u^ef>j#ra ( §l to&ftAjfcajtftt* ¿íy ^Ufecaando 
ken.Y!Íáí€l;iíie^,Maz<|u^iq^fi í) inol^en!viñbá 
áipflWarfcSiDío.i jescafor ;die lo.4«átí^u*to.pK^ 
panzas] Mío;; ícftufi si se ^uetí& ; á .pablar faé-por 
l^^r$KJ©if*tgfoflHeo|o.a QdK»pSBej^á0ihl«faw 

SttSWés&fl, Bfcklá. y^fu#CQ r 9ji ínuy ajcerfcada>,y 
ftP^eiie^^aj^l^ip^Á^ilBBWJefitSMlbjBtfadp 

esqiy^s^^eilrp^ .^^ajíxJiasién^lfiosá^de 

ksfíí^é^PJG^^^féwj^i 8fi»ttojdpjpf)sm0[«ainf«* 
¡tos^ p&<&ft*o8<*ríit Crasis fi&\&o>>leiüi»4> ©eto^ 
^pqj d^^dap.btf^í^s^ciiftíe^^^^fBúigaa 
teWfrWSP&S&liMmiMnti&l qüe.enviamos 
PW#8Íro5^ftcwa5brf s jísofi jt&j <8Qtfrüttit*&>i$ 

YÍfliq?. y que-iflfc£.eft>paba i .8,i su- jo ajotad n-ues- 
^a ^rAWt^^^a*^ la¿n>sttiei^^e Lfilo^iiefí 
5)ífe>IJlu§l£l Af&iqW» eA¥*atoo« f ^u^^e!'^Qe(^dfl 
Q<?^ití>4PílftíJ»lís t dfAlQ«!iyDflBeotojfQÍa5 iod&á laf 
c-Wf aue fia«m^a^ l queo^tt4in^j,Q^a^j[]tte3e ¿ safe 
kvJpSí/telfefciiyn-q^jea ifíom üitogni&L>A*jÜ£v& 
ve^dftdqr amen t e Ioí «que: em, obligado á- n uestrfl 
Rey y^ñQ-5» y -que porque núes tros, procurado- 
re* querían k á Fijan-dea delante de.au.Raal per- 
iBbncm ¿ noujivaD ol eoiobfiaiodüg loq aséíii 



12 BERNAL BIAZ. 

sona, eehó preso al tino del los , que sé decia 
Alonso Hernández Puertocarrero , primo del 
conde de Mcdellin y que murió en la cárcel, y 
que mandaba el mesmo Obispo á los oficiales 
de la casa de la contratación de Sevilla que no 
diesen ayuda ninguna á Cortés > asi de armas 
como de soldados , sino que en todo le contra- 
dijesen , é que á boca llena nos llamaban de 
traidores; é que todo esto hacia el Obispo por- 
que tenia tratado casamiento con el Diego Ve- 
lazquez ó con el Tapia de casar una sobrina 
que se decia doña Petronila de Fonseca , y le 
habia prometido que le haría gobernador de 
Méjico ; y para todo esto que he dicho mostra- 
ron traslados de las cartas que hubimos escrito 
á su majestad, é otras grandes probanzas ; y la 
parte de Diego Velazquez no contradijo en cosa 
ninguna, porque no habia en qué. E que á lo 
que decian de Panfilo de Narváez, que envió el 
Diego Velazquez con diez y ocho navios y mil 
trescientos soldados y cien caballos , y ochenta 
escopeteros ó otros tantos ballesteros , é habia 
hecho mucha costa, á esto respondieron que el 
Diego Velazquez es digno de pena de muerte 
por haber enviado aquella armada, sin licencia 
de su majestad, y que cuando enviaba sus pro- 
curadores á Castilla, en nada ocurría á nuestro 
Rey y señor, como era obligado, sino solamente 
al Obispo de Burgos, y que la Real audiencia de 
Santo Domingo y los frailes Jerónimos que es- 
taban por gobernadores le enviaron á mandar 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 13 

•1 Diego Velazquez á la isla de Cuba, so graves 
penas, que no enviase aquella armada hasta 
que su majestad fuese sabidor dello , y que con 
su Real licencia le enviase \ porque hacer otra 
cosa era grande deservido de Dios y de su ma- 
jestad, poner zizañas en la Nueva-España en el 
tiempo que Cortés y sus compañeros estábamos 
en las conquistas y conversión de tantos cuentos 
de los naturales que se convertían á nuestra 
santa fe católica, y que para detener la armada 
le enviaron á un oidor de la misma audiencia 
Real, que se decia el licenciado Lúeas Vázquez 
de Ayllon, y en lugar de le obedecer, y los Rea- 
les mandos que llevaba, le echaron preso, y sin 
ningún acato le enviaron en un navio ; y que 
pues que Narváez estaba delante , que fué el 
que hizo aquel tan desacatado delito , por tocar 
en crimen lasos majestatis , es digno de muerte, 
que suplicaban á aquellos caballeros por mi 
nombrados , que estaban por jueces , que le 
mandasen castigar ; y respondieron que hadan 
justicia sobre ello. Volvamos á decir en los des- 
cargos que daban nuestros procuradores , y es, 
que á lo que dicen que no quiso Cortés obede- 
cer las Reales provisiones que llevaba Narvaez, 
y le dio guerra y le desbarató y quebró un ojo, 
y prendió á él y todos sus compañeros y capita- 
nes, y les puso fuego á los aposentos. A esto 
respondieron que , asi como llegó Narvaez á la 
Nueva-España y desembarcó , que la primera 
cosa que hizo el Narvaez fué enviar á decir al 



14 BERNAL DÍAZ. 

gran cacique Montezu l ma, a que T 6oi £ íSi : tenia pre- 
so/ qra te v«á*á)á>Bo4tar# á KEBdfre¿faMao|$n<|iift 

Gálébkmá&aaTuC&fáé&ivyí; -qneialboarofeó/ |b , tierna 
de jnaqepa, q&e3>OTq©e testaba; jpácifleGÍ¿:se vobdf 
«Ugueceaj é qpe cppo^-Gocrfcésí súpootjüeL&übia: 
vftTíidto: al puert^^e la YcFaccuz, leescribió m«y< 
amorosamente,; y que si trajaipraviaioaea do «tí 
majestad ^ que las quería y er y obedeqeriq i coñt 
aqüeb>acatbqWse deberá- su Hdyi¡ypí»eserl;fy> 
que &o le quiso 'responder; áp sus cartas , sané* 
siempre eh su real ilam¡ándple de/traidor'i no. lo 
sie^o psinoi imiy leal servídocf de y8ui majestad} 
é'que mandó pregonar Narvae^ en au< real güeií-í 
ra álfue%9 y. sangre y rtfpa>; franca eontr a/ G.or* 
tés é; sustoompróetos ?ly quevleífirpgó-i'mueb&d 
veces -pon ¡la pazi vy que mirase no rero-ivieaenia 
Nueva-España ¡de manera q n e. diese ^causa para 
que A od os « se perdiese n , y que beu a partar ia * 
una parte, cual, el quisiese , Á conquistar :-j y el 
Narvae^z fuese por la parte, que más- le agrada** 
sé, -y que entrambos sirviesen sbsQios y á suma* 
j estad!, é. pacificasen aq«ella$ tierras^ y. tampoco 
te: qoiiso responder -amelló ;/ y comGKiCortiés yiq 
que < no aprovechaban todos .s aquellos cumplí-? 
mientes ni le mostraba las [Reales pro.v.isionestóyi 
supoelgran desacato que: babia, hecho; íeliSar-? 
yaiez en prender ^IjoiddEdeoéirmijds^to que. 
para lo castigar por aquei delito acordóüda ir á 
háiriafc comékpajja ver lastlj^esiprqvjsiloi^&sft 
ál8ábeir;p©r r 4uéyoaiisait préadip-ftlp oidorí fc> i y que 
el Narvaezi tenia concertado de/pren^er: ^á Gor^ 
Ir jh)b a iüívíio áut SD¿r<ncíd Í9 osid 9üp £¿oo 



CONOÜlStA DE NÚEVA-ÉSPANA. Í5 

». , .SAI<I JíViiiaa fíí 

tes sobre seguro ; y para ello presentaron pro- 
babas y test! foo$k>s- bastantes ^Jr'fc'tfn^pertesJ 
tgg^í* uUfo>és>ti# Men^^qm» mú&\ítiupb#hteí 
parte d«* i-N&rvaesí.»e&a 7 }i<te lab, vialto "piiJdfy >y«0l 
mfeeíd<©aerdifiié teíiqaé Sió aVfetf a^Gortés tiellof 
y á* todo* ¡esto ta ¡ parte del Diego ;V el azquezn> 
había- eH qué- 'Contradecir co&a-niíigu na sobre 
etlw<J?áI4o«ifu«I«l6Íc08a*a^^Ue^^o^©á : átf^ 
5YaoriscpfdédSarfeiy ,,»y-tofi>B> grjm^éPfttbadavV 
provisiones de so majestad- en qn^^élhadary^go^ 
fepjroádar deáq43etla.p(TO<yínc¡'a, y* ^ü&€ort<é&-tav<y 
astadas* y 'gran diligencia para que se ¡le'amo- 
fe&laséhtal^a?^ «as t»fel*d©sy «y Am i&Gibtf ílfe'lW 
misma.. provincia 'patarob d-muóhosi ' dello^ 1 , y 1 
kiitótaó. ciegos tímim ,té hizo 'dtras demasías' 
bastan qoe ebGráray -sjs; yfó {perdido» y> desampa- 
rado y si Capitanes y sQ4dados,iy %efu<é &*Bk-t 
ten pbnkáslpiíePtasideíCortes^l^ft^otóhtoiefl pus* 
cat*a*j>#lqoen'ende«á ootfso dlaS'\$tte'Jle : d4¿i{rtílal¿> 
muerzo «H q«d > murió, tíe Ipo^tfío^k qbe4 e<diiero» 
eii»éil?«á^0¿tolre8por^pr^n^i«í4^<ef^í»asil |>wú 
qué i*®it8M>ai rrecesidlwl «le» los sbldaíáoS^e* (¿l<$ab 
layttttia 'paratas* ftaoer anmtánar^sínoMjue:, <tt>^ 
mO'el'^apajyi-no'tejpaílwMfe^e'^ar^ latguefirra^íW 
88' jJaba'maiña'COtt' l«8 1 Boldadbs/>^HJemb J ñb i Ifrb 
par^w^cmi 'la: tiet r* cuáttdg* $e«én4bartó¿»*Shíe> 

grabde* tík>tí i y u >fcalafc a déh>Agab y b ttJosíi«íte9 u y 
ia«rkiiégttld9r r )y>lk)8'que -tojúa te* i su "compañía' tan 
Rieron ' We/ticia d e 1 te' gfaff 'prosperidad oV Méjiétf 
y Jastial uezas, y> Usuíbtíena; faina 1 de> la 1 Mtefa'Hb'atf 
ds> GJortésy que ip©»í esta ¡causa Be* lte ! ífeBd >£'»Mé ji¿ 
n¿ oí. oh)i?ií>i ii') Jíinaj oíntu i í:«Ij¡Jíji;^ t»Dq«»b 



31 

16 BBRBAL DÍAZ. 

co, y que por los pueblos de aquellas provincias 
andaban á robar sus soldados á los naturales y 
les tomaban sus hijas y mujeres, y que se le- 
vantaron contra ellos y le mataron los soldados 
que dicen, y que los navios , que no los tomó, 
sino que dieron al través; y si envió sus capita- 
nes Cortés, fué para que hablasen al Garay, 
ofreciéndoseles por Cortés, y también para ver 
las Reales provisiones, si eran contrarias de las 
que antes tenia Cortés; y que viéndose el Garay 
desbaratado de sus soldados, y navios dados al 
través, que se vino á socorrerá Méjico, y Cortés 
le mandó hacer mucha honra por los caminos y 
banquetes de Tezeuco, y cuando entró en Méji- 
co le salió á recebir y le aposentó en sus casas, 
y habian tratado casamiento de los hijos, é que 
le quería dar favor é ayudar para poblar el rio 
de Palmas, éque si cayó malo, que Dios fué 
servido dele llevar deste mundo, ¿qué culpa 
tiene Cortés para ello? Y que se le hicieron mu- 
chas honras al enterramiento y se pusieron lu- 
tos, y que los médicos que lo curaban juraron 
que era dolor de costado,* y que esta es ja ver- 
dad; y no hubo otra contradicción. E á lo que 
decian que llevaba quinto como Rey, respondie- 
ron que cuando lo hicieron capitán general y 
justicia mayor hasta que su majestad mandase 
en ello otracosa r le prometiéronlos soldados que 
le darian quinto de las partes, después de saca- 
do el real quinto, é que lo tomó por causa que 
después gastaba cuanto tenia en servicio de su 



CONQUISTA. W NUEVA-ESPAÑA. '17 

majestad, como fué en lo de la provincia dé Pa- 
nuco , que pagó de su hacienda sobre seis mil 
pesos de oro, y envió en presentes á su majes- 
tad mucho oro de lo que le habia caido del quin- 
to; y mostraron probanzas de todo lo que de- 
cían, y no hubo contradicción por los procura- 
dores de Diego Velazquez. E á lo que decían que 
á los soldados les habia tomado Cortés sus par- 
tes del oro que les cabia, dijeron que les dieron 
conforme á la cuenta del oro que se halló en la 
toma de Méjico, porque se halló muy poco* que 
todo lo habían robado los nidios de Tlascala y 
Tezcuco y los demás guerreros que se hallaron 
en las batallas y guerras ; y no hubo contra- 
dicción sobre ello. E á lo que dijeron que Cortés 
habia mandado quemar los pies con aceite á 
Guatemuz é otros caciques porque diesen oro, á 
esto respondieron que los oficiales de su majes- 
tad se los quemaron, contra la voluntad de Cor- 
tés, porque descubriesen el tesoro de Montezu- 
ma; y para esto dieron información bastante. Y 
á lo que le acusaban que habia labrado muy 
grandes casas, y habia en ellas una villa, y que 
hacia traer los árboles y cipreses y piedras de 
lejas tierras, á esto respondieron que las casas 
es verdad que son muy suntuosas, y que para 
servir con ellas y cuanto tiene Cortés á su ma- 
jestad las hizo fabricar en su Real nombre, é que 
los árboles é cipreses, que están junto á la ciu- 
dad é que los traían por agua, é que piedra, que 
habia tanta de los adoratorios que deshicieron 
3 



18 BERMAL DÍAZ. 

de lo 8 ídolos, que no había menester traella de 
fuera, é que para las labrar no hubo menester 
más de mandar al gran cacique Guatemuz que 
las labrase con los indios oficiales, que hay mu- 
chos de hacer casas é carpinteros, c que el Gua- 
temuz llamó de todos sus pueblos para ello, é 
que así se usaba entre los indios hacer las casas 
y palacios de los señores. E á lo que se quejaba 
Narvaez que le sacó Alonso de Avila las provi- 
siones Reales por fuerza, y no se las quiso dar 
y publicó que eran obligaciones que le debían al 
Narvaez de ciertos caballos é yeguas que habian 
vendido, que venia á cobrar, é que fué por man- 
dado de Cortés; á esto respondieron que no vie- 
ron provisiones, sino solamente tres obligaciones 
que le debían al Narvaez de caballos é yeguas 
que había vendido fiadas, é que Cortés nunca 
tales provisiones vio ni le mandó tomar. E á lo 
que se quejaba el piloto Umbría, que Cortés le 
mandó cortar y deszocar los pies sin causa nin- 
guna, á esto respondieron que por justicia y 
sentencia que sobre ello hubo se le cortaron, 
porque se quería alzar con un navio y dejar en 
la guerra á su capitán y venirse á Cuba él y 
otros dos hombres que Cortés mandó ahorcar 
por justicia. E á lo que el Cárdenas demandaba, 
que no le habian dado parte del primer oro que 
se envió á su majestad, dijeron que él firmó con 
otros muchos que no quería parte de ello, sino 
que se enviase á su majestad, y que allende 
desto, le dio Cortés trescientos pesos para que 



CONQUISTA DI HUEVA-ESPAÑA. 19 

trújese á su mujer é hijos, é que el Cárdenas no 
era hombre para la guerra, é que era mentecato 
é de poca calidad, c que con los trescientos pe- 
sos estaba muy bien pagado. Y á la postre res- 
pondieron que, si fué Cortés contra el Narvaez, 
y le desbarató y quebró el ojo, y le prendió áél 
y á sus capitanes, y se le quemó su aposento, 
que el Narvaez fué causa dello por lo que dicho 
y alegado tienen, y por le castigar el gran des- 
acato que tuvo de prender á un oidor de su ma- 
jestad, y como la justicia era por la parte de 
Cortés y sus compañeros, que en aquella bata- 
lla que hubo con Narvaez fué-nuestro Señor ser- 
vido dar victoria á Cortés, que con ducientos y 
sesenta y seis soldados, sin caballos é sin arca- 
buces ni ballestas, desbarató con buena maña y 
con dádivas de oro al Narvaez, y le quebró el 
ojo, y prendió á él y sus capitanes, siendo con- 
tra Cortés mil trescientos soldados , y entre 
ellos ciento de á caballo y otros tantos escope- 
teros y ballesteros, y que si Narvaez quedara 
por capitán. Ja Nueva-España se perdiera. Y á 
lo que decían el Cristóbal de Tapia, que venia 
para tomar la gobernación de la Nueva-Espa- 
ña cen provisiones de su majestad, y que no 
le quisieron obedecer, á esto responden que 
el Cristóbal de Tapia, que delante estaba, 
fué contento de vender unos cabalUs y ne- 
gros; que si él fuera á Méjico, adonde Cortés 
estaba, y le mostrara sus recaudos, obedeciera; 
más que viendo todos los caballeros y cabildos 



20 BERHAL WAZ. 

de todas las ciudades y villas que convetiiá que 
Cortés gobernase en aquella sazón, porque 
vieron que el Tapia no era capaz para ello, que 
suplicaron de las Reales provisiones para ante 
su majestad, y según parecerá de los autos que 
sobre ello pasaron. Y cuando hubieron acabado 
de poner por la parte del Diego Yelazquez y 
del Karvaez sus demandas , é aquellos caballe- 
ros que estaban por jueces vieron las respuestas 
y lo que por la parte de Cortés fué alegado, y 
todo probado, y sobre ello habían estado emba- 
razados cinco dias en ir á los unos y á los otros, 
acordaron de ponello todo en la consulta con su 
majestad; y después de muy acordado por todos 
en ella, lo que fué sentenciado es esto: lo pri- 
mero, que dieron por muy bueno y leal servi- 
dor de su majestad á Cortés y á todos nosotros 
los verdaderos conquistadores que con él pasa- 
mos, y tuvieron en mucho nuestra gran felici- 
dad, y loaron y ensalzaron en gran manera las 
grandes batallas y osadía que contra los indios 
tuvimos , y no se olvidó de decir cómo , siendo 
nosotros tan pocos, desbaratamos al Narvaez; 
y luego ma ndaron poner silencio al Diego Ve- 
lazquez acerca del pleito de la gobernación 
de la Nueva-España , y que si algo había gas- 
tado en los armadas , que por justicia lo pidie- 
se á Cortés; y luego declararon por sentencia 
que Cortés fuese gobernador de lá Nueva- 
España , según lo mandó él Sumo Pontífi- 
ce , é que daban en nombre de su majestad loa 



CONQUISTA DE ÍIÜEVA-ESPANA. 21 

repartimientos por buenos , que Cortés habia 
hecho, y le dieron poder para repartir la tier- 
ra desde allí adelante, y por bueno todo lo que 
habia hecho, porque claramente era servicio de 
Dios y de su majestad. En lo de Garay ni en 
otras cosas de las acusaciones que le ponian, que 
pues no daban informaciones tocantes acerca 
dello, que lo reservaban para el tiempo andan- 
do, y le enviarían á tomar residencia; y en lo 
que Narvaez pedia, que le tomaron sus provi- 
siones del seno, é que fué Alonso de Avila, que 
estaba en aquella sazón preso en Francia, que 
le prendió Juan Florín, francés, gran corsario, 
cuando robó la recámara que llamábamos de 
Montezuma, dijeron aquellos caballeros que lo 
fuese á pedir á Francia, y que le citasen pare- 
ciese en la corte de su majestad, para ver lo que 
sobre ello respondia ; y á los dos pilotos Umbría 
y Cárdenas les mandaron dar cédulas Reales 
para que en la Nueva-España les den indios 
que renten á cada uno rríil pesos de oro. Y man- 
daron que todos los conquistadores fuésemos 
antepuestos y nos diesen buenas encomiendas 
de indios , y que nos pudiésemos asentar en los 
más preeminentes lugares, así en las santas 
iglesias como en otras partes. Pues ya dada y 
pronunciada esta sentencia por aquellos caba- 
lleros que su majestad puso por jueces, llevá- 
ronla á firmar á Valladolid, donde su majestad 
estaba, porque en aquel tiempo pasó de Flan- 
des, y en aquella sazón mandó pasar allí toda 



22 BÉRNAL DÍAZ. 

su Real corte y consejo, y firmóla su majestad, 
y dio otras sus Reales provisiones para echar 
los tornadizos de la Nueva-España , porque no 
hubiese contradicion en la conversión de los 
naturales. Y asimismo mandó que no hubiese 
letrados por ciertos años, porque do quiera que 
estaban revolvían pleitos é debates y zizañas; y 
diéronse todos estos recaudos firmados de su ma- 
jestad y señalados de aquellos caballeros que 
fueron jueces, y de don García de Padilla, en la 
misma villa de Valladolid, á 17 de Mayo de mil 
y quinientos y tantos años, y venían refrendadas 
del secretario don Francisco de los Cobos, que 
después fué comendador mayor de León ; y en- 
tonces escribió su majestad cesárea á Cortes é á 
todos los que con él pasamos, agradeciéndonos 
los muchos y buenos é notables servicios que le 
hacíamos ; y también en aquella sazón el Rey 
don Hernando de Hungría, Rey de romanos, que 
ansí se nombraba, padre del Emperador que ago- 
ra es, escribió otra carta en respuesta de lo que 
Cortés le habia escrito, y enviado presentadas 
muchas joyas de oro ; y lo que decia el Rey de 
Hungría en la carta que escribió á Cortés era, 
que ya tenia noticia de los muchos y grandes 
servicios que habia hecho á Dios primeramente, 
y á su señor y hermano el Emperador, y á toda 
la Cristiandad, y que en todo lo que se le ofre- 
ciese, que se lo haga saber, porque sea interce- 
sor en ello con su señor y hermano el Empera- 
dor, porque de mucho más era merecedora su 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 23 

generosa persona, y que diese sus encomiendas 
á los fuertes soldados que le ayudaron ; y decia 
otras palabras de ofrecimientos; y acuérdaseme 
que en la firma decia : aYo el Rey, é Infante de 
Castilla;» y refrendada de su secretario, que se 
decia Fulano de Castillejo ; y esta carta yo la leí 
dos ó tres veces en Méjico, porque Cortés me la 
mostró para que viese en cuan grande estima 
éramos tenidos los verdaderos conquistadores, 
de su majestad. Pues como todos estos despa- 
chos tuvieron nuestros procuradores, luego en- 
viaron con ellos por la posta á un Rodrigo de 
Paz, primo de Cortés y deudo del licenciado 
Francisco Nuñez, y también vino con ellos un 
hidalgo de Extremadura, pariente del mismo 
Cortés, que se decia Francisco de las Casas, y 
trajeion un buen navio velero, y vinieron cami- 
no de la isla de Cuba, y en Santiago de Cuba, 
donde Diego Velazquez estaba por gobernador, 
se le notificaron las Reales provisiones y senten- 
cia, para que se dejase del pleito de Cortés y le 
demandase los gastos que habia hecho ; la cual 
notificación se hizo con trompetas; y el Diego 
Velazquez, de pesar, cayó malo, y dende á po- 
coá meses murió muy pobre y descontento , y 
por no volver yo otra vez á recitar lo que en 
Castilla negoció el Francisco de Montejo y el 
Diego de Ordás, dirélo ahora, y fué así : que al 
Francisco de Montejo su majestad le hizo mer- 
ced de la gobernación y adelantamiento de Yu- 
catán é Cozumel, y trajo don y señoría, y al 



24 BERWAL DÍAZ. 

Diego de Ordás su majestad le confirmó los in- 
dios que tenía en lía Nueva-España y le díó una 
encomienda del señor Santiago, y el volcan que 
estaba cabe Guaxocingo por armas, y con ello 
se vinieron á la Nueva^Espáñá. Desde á dos ó 
tres años el mismo Ordas volvió á CaátiHá y de- 
mandó la conquista del Marañon, donde sé per- 
dió él y su hacienda. Dejemos desto, y digamos 
cómo el Obispo de Burgos, que en aquella sazón 
supo los grandes favores que su majestad hizo á 
Cortés y á todos nosotros los conquistadores, y 
cómo muy claramente aquellos caballeros que 
fueron jueces habían alcanzado á saber los tratos 
que entre él y Diego Velazquez habiá, y cómo 
tomaba el oro que enviábamos á su majestad, y 
encubría y torciá nuestros muchos servicios , y 
aprobaba por buenos los dé su amigo Diego Ve- 
lazquez, si muy triste y pensativo estaba de an- 
tes, ahora desta vez cayó malo déllo y de otros 
enojos que tuvo coa un Caballero su sobrino, 
que se decia D. Alonso de Fonseca , Arzobispo 
que fué de Santiago , porque pretendía aquel 
arzobispado de Santiago el don Juan Rodrí- 
guez de Fonseca. Dejemos de hablar desto , y 
digamos cómo el Francisco de las Casas y el 
Rodrigo de Paz llegaron á la Nueva-España , y 
entraron en Méjico con las Reales provisiones 
que de su majestad traían para ser gobernador 
Cortés, qué alegrías y regocijos se hicieron , y 
qué de correos fueron por todas las provincias 
de la Nueva-España á demandar albricias á las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 25 

villas que estaban pobladas , y qué mercedes 
hizo Cortés al de las Casas y al Rodrigo de Paz 
y á otros que venian en su compañía , que eran 
de Medfíllin , su tierra de Cortés ; y es , que al 
Francisco de las Casas le hizo capitán y le dio 
luego un buen pueblo que se dice Anguitlan, y 
al Rodrigo de Paz le dio otros muy buenos y 
ricos pueblos, y le hizo su mayordamo mayor y 
su secretario, y mandaba absolutamente al mis- 
mo Cortés ; y también á los que vinieron de su 
tierra de Medellin , á. todos les dio indios , y al 
maestre del navio en que trajeron la nueva de 
cómo Cortés era gob mador le dio oro, con que 
volvió rico á Castilla. Dejemos ahora esto de 
recitar las alegrías y albricias que se dieron 
por las nuevas , y quiero decir lo que me han 
preguntado algunos curiosos letores, y tienen 
razón de poner plática sobre ello, que , ¿cómo 
cómo pude yo alcanzar á saber lo que pasó en 
España, asi de lo que mandó Su Santidad como 
de las quejas que dieron de Cortés , y las res- 
puestas que sobre ello propusieron nuestros 
procuradores , y la sentencia que sobre-ello se 
dio, y otras muchas particularidades que aquí 
digo y declaro , estando yo en aquella sazón 
conquistando en la Nueva-España é sus provin- 
cias, no lo pudiendo ver ni oir? Yo les respondí 
que, no solamente lo alcancé yo á saber, sino 
que todos los más conquistadores que lo quisie- 
ron ver y leer en cuatro ó cinco cartas y rela- 
ciones por sus capítulos declarado , cómo y 
4 



26 SERBAL' DÍAZ. 

Cuándo y en qué tiempo acaeció lo por mí dicho; 
las cuales cartas y memoria las escribieron de 
Castilla nuestros procuradores porque conocié- 
semos que entendían con mucho calor en uues- 
tros negocios. Yo dije en aquel tiempo muchas 
veces que solamente lo que procuraban , según 
pareció, era por las cosas de Cortés y las suyas 
dellos, y que nosotros los que lo ganábamos y 
conquistábamos, y le pusimos en el estado que 
Cortés estaba, quedamos siempre con un traba- 
jo sobre otro, y roguemos á nuestro Señor Dios 
nos dé favor y ánimo , y ponga en corazón á 
nuestro gran César mande que su recta justicia 
se cumpla , pues que en todo es muy católico. 
Pasemos adelante, y digamos en lo que Cortés 
entendió desque le vino la gobernación. 



CAPITULO CLXIX. 



DE EN LO QUE CORTÉS ENTENDIÓ DESPUÉS QUE LE VINO 
LA GOBERNACIÓN DE LA NUEVA-ESPAÑA , CÓMO Y DE 
QUÉ MANERA REPARTIÓ LOS PUEBLOS DE INDIOS , É 
OTRAS COSAS QUE MAS PASARON , Y UNA MANERA 
DE PLATICAR QUE SOBRE ELLO SE HA DECLARADO 
ENTRE PERSONAS DOCTAS* 



Ya que le vino la gobernación de la Nueva- 
España á Hernando Cortés , paréceme á mí y á 
otros conquistadores de los antiguos , de los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESFANA . 27 

más experimentados y maduro consejo , que lo 
que había de mirar Cortés era acordarse desde 
el día que salió de la isla de de Cuba y tener 
atención á todos los trabajos en que se tío, 
asi cuando en lo de los arenales , cuando des- 
embarcamos , qué personas fueron en le fa- 
vorecer para que fuese capitán general y justi- 
cia mayor de la Nueva-España; y lo otro, quién 
fueron los que se hallaron siempre á su lado en 
todas las guerras , así de Tabasco y Cingapacin- 
ga , y en tres batallas de Tlascala , y en la de 
Cholula cuando tenian puestas las ollas con ají 
para nos comer cocidos ; y también quién fueron 
en favorecer su partido cuando por seis ó siete 
soldados que no estaban bien con él le hacian 
requirimientos que se volviese á la Villa-Rica y 
no fuese á Méjico , poniéndole por delante la 
gran pujanza de guerreros y gran fortaleza de 
la ciudad ; y quién fueron los que entraron con 
él en Méjico y se hallaron en prender al gran 
Montezuma ; y luego que vino Panfilo de Nar- 
vaez con su armada , qué soldados fueron los 
que llevó en su compañía y le ayudaron á pren- 
der y desbaratar al Narvaez; y luego quiénfueron 
los que volvieron con él á Méjico al socorro de Pe- 
dro de Albarado, y se hallaron en aquellas fuer- 
tes y grandes batallas que nos dieron, hasta que 
salimos huyendo de Méjico, que de mil y trecien- 
tos soldados quedaron muertos sobre ochocien- 
tos y cincuenta , con los que mataron en Tuste- 
peque é por los caminos , y no escapamos sino 



28 BERNA L BIAZ. 

cuatrocientos y cuarenta muy Jieridos » y á Dios 
misericordia. Y también se le fyabja &? acordar 
de aquella muy temerosa batalla de Obtumba, 
quién , después de dos dias , se la ajudó á ven- 
cer y salir de aquel tan gran peligro ; y des- 
pués quién y cuántos le ayudaron á conquistar 
lo de Tepeaca y Cachula y sus comarcas , como 
fué Ozucar y Guacachula y otros pueblos ; y 
la vuelta que dimos por Tezcuco para Méjico, 
y de otras muchas entradas que desde Tezcuco 
hicimos, asi como la de Iztapalapa, cuando nos 
quisieron anegar con echar el agua de la lagu- 
na, como echaron, creyéndonos ahogar; y asi- 
mismo las batallas que hubimos con los natura- 
les de aquel pueblo y mejicanos que les ayuda- 
ron; y luego la entrada del Saltocan y los peño- 
les que llaman hoy dia del Marques, y otras 
muchas entradas; y el rodear de los grandes 
pueblos de la laguna, y de los muchos rencuen- 
tros y batallas que eu aquel viaje tuvimos,, -asi 
de los de Súchimileco como de los de Tacuba; y 
vueltos á Tezcuco, quién le ayudó contra la 
conjuración que tenían concertado de le matar, 
cuando sobre ello ahorcó un Villafaña; y pasado 
esto, quién fueron los que le ayudaron á con- 
quistar á Méjico, y en noventa y tres dias, á la 
continua de dia y de noche, tener batallas y 
muchas heridas y trabajos, hasta que se pren- 
dió á Guatemuz, que era el que mandaba en 
aquella sazona Méjico; y quién fueron en le 
ayudar y favorecer cuando vino á la Nueva-Es- 



CONQUISTA DÉ NUEVA-ESPANA. 29 

paña un Cristóbal de Tapia para que le diese la 
gobernación. Y demás de todo esto, quiénes fue- 
ron los soldados que escribimos tres veces á su 
majestad en loor de los grandes y muchos y 
buenos servicios que Cortés le habia hecho, y 
que era digno de grandes mercedes y le hiciese 
gobernador de la nueva-España. No quiero aquí 
traer á la memoria otros servicios que siempre á 
Cortés hacíamos; pues los varones y fuertes sol- 
dados que en todo esto nos hallamos, y ahora 
que le vino la gobernación, que, después de 
Dios, con nuestra ayuda se la dieron, bien fuera 
que tuviera cuenta con Pedro, Sancho y Martin 
y otros que lo merecían; y el soldado y compa- 
ñero que estaba por su ventura en Colima ó en 
Zacatula, ó en Panuco ó en Guacacualco, y los 
que andaban huyendo cuando despoblaron á 
Tutepeque,y estaban pobres y no les cupo suer- 
te de buenos indios, pues que habia bien que 
dalles; y sacalles de mala tierra, pues que su 
majestad muchas veces se lo mandaba y encar- 
gaba por sus Reales cartas misivas, y no daba 
Cortés nada de su hacienda, habíales de dar con 
que se remediasen, y en todo anteponelles; y 
siempre cuando escribiese á los procuradores 
que estaban en Castilla en nuestro nombre, que 
procurasen por nosotros; y el mismo Cortés ha- 
bia de escrib r muy aíectuosameate para que nos 
diese para nosotros y nuestros hijos cargos y ofi- 
cios Reales, todos los que en la Nueva-España 
hubiese ; mas digo que mal ageno de pelo cuel- 



30 BERNAL DÍAZ. 

ga , á que no procaraba sino para él ; lo uno 
la gobernación que le trajeron antes que fuese 
marques, é después que fué á Castilla y vino 
marques. Dejemos esto, y pongamos aqui otra 
manera, que fuera harto buena y justa para re- 
partir todos los pueblos de la Nueva-España, 
según dicen muy doctos conquistadores, que lo 
ganamos, de prudente y maduro juicio; que lo 
que habia de hacer es esto; hacer cinco partes 
la Nueva España., y la quinta parte délas mejo- 
res ciudades y cabeceras de todo lo poblado 
dalla á su majestad de su Real quinto, y otra 
parte dejalla por repartir, para que tuese la renta 
della para iglesias y hospitales y monasterios, y 
para que S. M.„ si;quisiese hacer algunas merce- 
des á caballeros que le hayan servido en Italia, de 
allí pudiera haber para todos ; y las tres partes 
que quedaran repartillas en su persona de Cor- 
tes y en todos nosotros los verdaderos conquis- 
tadores , según y de la calidad que sentía que 
era cada un© , y dallas perpetuos , porque en 
aquella sazón su majestad lo tuviera por bien; 
porque, como no habia gastado cosa ninguna en 
estas conquistas , ni sabia ni tenia noticia destas 
tierras , estando como estaba , en aquella sazón 
enFlandes, y viendo una buena parte de las del 
mundo que le entregamos , como sus muy lea- 
les vasallos , lo tuviera por bien y nos hiciera 
merced dellas/, y con ello quedáramos; y no 
anduviéramos ahora, como andamos, abatidos y 
de mal en peor, y muchos de los conquistadores 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA. §1 

no tenemos con qué nos sustentar ; ¿ qué harán 
los hijos que dejamos ? Quiero decir lo que hizo 
Cortés , y á quién dio los pueblos. Primeramen- 
te al Francisco de las Casas , á Rodrigo de Paz, 
al factor y veedor y contador que en aquella 
sazón vinieron de Castilla ; á un Avalos y á Sa- 
avedra, sus deudos; aun Barrios, con quien casó 
su cuñada, hermana de su mujer doña Catalina 
Juárez ; y á Alonso Lucas , y á un Juan de la 
Torre , y á Luis de la Torre, á Villegas, y á un 
Alonso Valiente, y á un Ribera el tuerto. Y, ¿para 
qué cuento yo estos pocos? Que á todos cuantos 
vinieron de Medellin , á otros criados de gran- 
des señores , que le contaban cuentos de cosas 
que le agradaban, los dio lo mejor de la Nueva- 
España. No digo yo que era malo el dar á todos, 
pues habia de qué ; mas que habia de anteponer 
primero lo que su majestad la mandaba, y á los 
soldados que le ayudaron á tener el ser y valor 
que tenia , ayudalles ; y pues que ya es hecho, 
no quiero volver á repetirlo; y para ir á entra- 
das y guerras y á cosas que le convenían , bien 
se acordaba adonde estábamos, y nos enviaba á 
llamar para las batallas y guerras, como adelan- 
te diré. Y dejaré de contar más 'ástimas y de 
cuan avasallados nos traia, pues no se puede ya 
remediar. Y no dejaré de decir lo que Cortés de- 
cía después que le quitaron la gobernación, que 
fué cuando vino Luis Ponce de León, y como 
murió el Luis Ponce , dejó por su teniente á 
Marcos de Aguilar, como adelante diré; yes, 



32 BERNAL DÍAZ. 

que íbamos á Cortés á decille algunos caballe- 
ros y capitanes de los antiguos que le ayudamos 
en las conquistas, que nos <Jiese de los indios, 
de loa muchss que en aquel instante Cortés te- 
nia, pues que su majestad mandaba que le qui- 
tasen algunos dellos, como se los habiap de 
quitar, é luego se los quitaron; y la respuesta 
que daba era, que se sufriesen como él se sufría; 
que si le volvía su majestad á hacer merced de 
la gobernación, que en su conciencia (que asi 
juraba) que no lo erraría como en lo pasado, y 
que daría buenos repartimientos á quien su 
'majestad le mandó, y enmendaría el gran yerro 
pasado que hizo; y con aquellos prometimientos 
y palabras blandas creia que quedaban conten- 
tos aquellos conquistadores. Dejémoslo ya, y 
digamos que en aquella sazón, á pocos dias áa- 
tes, vinieron de Castilla los oficiales de la ha- 
cienda Real de su majestad , que fué Alonso 
de Estrada, tesorero , y era natural de Ciu- 
dad-Real , y vino el factor Gonzalo de Sala- 
zar, y vino Rodrigo de Albornoz por contador, 
que ya había fallecido Julián de Alderete , y 
este Albornoz era natural de Paladinas ú de 
la Gama , y vino el veedor Pedro Almíndes 
Chirino , natural de Ubeda ó Baeza , y vinieron 
muchas personas con cargos. Dejemos esto , y 
quiero decir que en este instante rogó un Ro- 
drigo Rangel á Cortés (el cual Rangel muchas 
veces le he nombrado) que , pues no se había 
hallado en toma de Méjico ni en ningunas ba- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 33 

tallas con nosotros en toda la Nueva-España, 
que porque hubiese alguna fama del, que le hi- 
ciese merced de le dar una capitanía para ir á 
conquistar á los pueblos de los zapotecas, que 
estaban de guerra , y llevar en su compañía á 
Pedro de Ircio , para ser su consejero en lo que 
habia de hacer ; y como Cortés conocía al Ro- 
drigo Rangel , que no era para dalle ningún 
cargo , á causa que estaba siempre doliente y 
con grandes dolores y bubas , y muy flaco y las 
zancas y piernas muy delgadas, y todo lleno de 
llagas, cuerpo y cabeza abierta, denegaba 
aquella entrada, diciendo que los indios zapote- 
cas eran gente mala de domar por las grandes y 
altas sierras adonde están poblados , y que no 
podían llevar caballos ; y que siempre hay ne- 
blinas y rocíos , y que los caminos eran angos- 
tos y resbalosos , y que no pueden andar por 
ellos sino á manera de decir los pies junto á las 
cabezas de los que vienen atrás : entiéndanlo de 
la manera que aquí lo digo , que así es verdad; 
porque los que van arriba , con los que vienen 
detrás vienen cabezas con pies ; y que no era 
cosa de irá aquellos pueblos, y que ya que 
fuese, que habia de llevar soldados bien sueltos 
y robustos , y experimentados en las guerras; y 
como el Rangel era muy porfiado y de su tierra 
de Cortés , húbole de conceder lo que pedia ; y 
según después supimos , Cortes lo hubo por 
bueno embialle do se muriese, porque era de 
mala lengua; é Cortés escribió á Guacacualco á 
& 



34 bERNÁL DÍAZ. 

diez ó doce que nombró en la carta, que nos ro- 
gaba que fuésemos con el Rangel á le ayudar, 
y entre los soldados que mandó ir me nombró á 
mi, y fuimos todos los vecinos á quien Cortés 
escribió. Ya he dicho que hay grandes sierras 
en lo poblado de los zapotecas, y que los natu- 
rales de allí son gente muy ligeros é sueltos, y 
con unas voces é silbos que dan* retumban to- 
dos los valles como á manera de ecos; y como 
habiamos de llevar al Rangel, no podíamos an- 
dar ni hacer cosa que buena fuese. E ya que 
íbamos á algún pueblo, hallábamosle despobla- 
do, y como no estaban juntas las casas, sino 
unas en un cerro y otras en un valle, y en aquel 
tiempo llovia, y el pobre Rangel dando voces 
de dolor de las bubas, y la mala gana que todos 
teníamos de andar en su compañía, y viendo que 
era tiempo perdido, y que si por ventura los za- 
potecas, como son ligeros y tienen grandes lan- 
zas, muy mayores que las nuestras, y son gran- 
des flecheros, que si nos aguardaban é hiciesen 
cara, como no podíamos ir por los caminos sino 
uno á uno, temíamos no nos viniese algún des- 
mán, y el Rangel estaba más malo que cuando 
Vino, acordó de dejar la negra conquista, que 
negra se podia llamar, y volverse cada uno á 
su casa'j y el Pedro de Ircio, que traía por con • 
séjero, fué el primero que se lo aconsejó, y le 
dejó solo, y se fué á la Villa-Rica, donde vivia; 
y el Rangel dijo que se quería ir á Guacacualco 
Con nosotros, por ser la tierra caliente, para 



'fe 



COMQUÍStAbE HUEVA-ESPAÑA. 35 

prevalecerse de su mal, y los que éramos vecinos 
de Gaacacualco que allí estábamos, por peor 
tuvimos llevarle con nosotros que á la venida 
que venimos con él á la guerra; y llegados á 
Guacacualco, luego dijo que quería ir á pacifi- 
car las provincias de Cimatan y Talatupan, que 
ya he dicho muchas veces en el capítulo que 
dello habla cómo no habian querido venir de 
paz á causa de los grandes rios y ciénagas tem- 
bladeras entre quien estaban poblados; y demás 
de la fortaleza de las ciénagas, ellos de su na- 
turaleza son grandes flecheros, y tenían muy 
grandes arcos y tiran muy á certero. Volvamos 
á nu~ stro cuento: que mostró Rangel provisio- 
nes en aquella villa, de Hernando Cortés, cómo 
le enviaba por capitán para que conquistase las 
provincias que estuviesen de guerra, y señala- 
damente la de Cimatan y Tulapan; y apercibió 
todos los mas vecinos de aquella villa que fué- 
semos con él; y era tan temido Cortés, que aun- 
que nos pesó, no osamos hacer otra cosa, como 
vimos sus provisiones, y fuimos con el Rangel 
sobre cien soldados, dellos á caballo y á pié, 
con obra de veinte y seis ballesteros y escope- 
teros; é fuimos por Tonala é Ayagualulco, é 
Copiico, Zacualco, y pasamos muchos rios en 
canoas y en barcas, y pasamos por Teutitan, 
Copilco y por todos los pueblos que llamamos la 
Chontalpa, que estaban de paz, é llegamos obra 
de cinco leguas de Cimatan, é en unas ciénagas 
y malos pasos estaban juntos todos los más 



36 BERHAL DÍAZ. 

guerreros de aquella provincia, y tenian he- 
chos unos cercados y grandes áíbarradas de 
palos y maderos gruesos, y ellos de dentro con 
unos petriles y saeteras, por dónde podían fle- 
char; é de presto nos dan una tan buena refrie- 
ga derecha y vara tostada con tiraderas, que 
mataron siete caballos é hirieron ocho soldados, 
y al mismo Rangel, que iba á caballo, le dieron 
un flechazo en un brazo, y no le entró sino muy 
poco; y como los conquistadores viejos había- 
mos dicho al Rangel que siempre tuesen hom- 
bres sueltos á pié descubriendo caminos y cela- 
das , y le habíamos tiicho de otras veces cómo 
aquellos indios solían peíear muy bren y con 
maña , y como él era hombre que hablaba mu- 
cho , dijo que votaba á tal ¿ que si nos creyera, 
que no le aconteciera aquello , y que de allí 
adelante que nosotros fuésemos los capitanes y 
le mandásemos en aquella guerra ; y luego co- 
mo fueron curados los soldados y ciertos caba- 
llos que también hirieron , demás de los siete 
que mataron, mandóme á mí que fuese adelante 
descubriendo , y llevaba un lebrel muy bravo, 
que era del Rangel , y otros dos soldados muy 
sueltos y ballesteros , y le dijeron que se que- 
dase bien atrás con los de á caballo , y los sol- 
dados y ballesteros fuesen junto conmigo; é yen- 
do nuestro camino para el pueblo de Oimatan, 
que era en aquel tiempo bien poblado, hallamos 
otras al barradas y fuerzas, ni más ni menos que 
las pasadas , y tírannos á los que íbamos delan- 



CONQUISTA DE ITOEVA-ESPANA. 37 

te tanta flecha y vara , que de presto mataron 
el lebrel , é si yo no fuera muy armado , allí 
quedara , porque me dieron siete flechas , que 
con el mucho algodón de las armas se detuvie- 
ron , y todavía salí herido en una pierna , y á 
mis compañeros á todos hirieron; y entonces yo 
di voces á unos indios nuestros amigos , que 
venían un poco atrás de nosotros , para que vi- 
niesen de presto los ballesteros y escopeteros y 
peone s, y que los de á caballo quedasen atrás, 
porque allí no podian correr ni aprovecharse 
dellos , y se los flecharían ; y luego acudieron 
ansí como lo envié á decir, porque deantes cuan- 
do yó me adelanté así lo tenia concertado \ que 
los de á caballo quedasen muy atrás y que todos 
los demás estuviesen muy prestos en teniendo 
señal ó mandado , y como vinieron los balleste- 
ros y escopeteros, les hicimos desembarazar las 
albaradas , y se acojieron á unas grandes ciéna- 
gas que temblaban , y no habia hombre que en 
ellas entrase , que pudiese salir sino á gatas ó 
con grande ayuda. En esto llegó Rangel con los 
de á caballo , é allí cerca estaban muchas casas 
que entonces despoblaron los moradores dellas, 
y reposamos aquel dia y se curaron los heridos. 
Otro dia caminamos para ir al pueblo de Gima- 
tan , y hay grandes cabanas llenas , y en medio 
de las cabanas muy malísimas ciénagas , y en 
una dellas nos aguardaron , y fué con ardid que 
entre ellos concertaron para aguardar en el 
campo raso de las cabanas , y propusieron que 



83 BERNA L DÍAZ. 

los caballos , por codicia de los alcanzar y alan- 
cear , irian corriendo tras ellos á rienda suelta 
y atollarían en las ciénagas , y ansí fué como 
lo concertaron , que por más que habíamos di- 
cho y aconsejado á Rangel que mirase que ha- 
bía muchas ciénagas y que no corriese por aque- 
llas cabanas á rienda suelta , que atollarían los 
caballos , y que suelen tener aquellos indios es- 
tas astucias , y hechas saeteras y fuerzas jun- 
to á las ciénagas, no la quiso creer; y el primero 
que atolló en ellas fué el mismo Rangel , y allí 
le mataron el caballo , y si de presto no fuera 
socorrido, ya se habían echado en aquellas malas 
ciénagas muchos indios para le apañar y llevar 
vivo á sacrificar , y todavía salió descalabrado 
en las llagas que tenia en la cabeza; y como .toda 
aquella provincia era muy poblada, y estaba allí 
junto otro pueblezuelo, fuimos á él, y entonces 
huyeron los moradores, y se curó el Rangel y 
tres soldados que habían herido; y dende allí 
fuimos á otras casas que también estaban sin 
gente, que entonces las despoblaron sus due- 
ños, y hallamos otra fuerza con grandes made- 
ros y bien cercada y sus saeteras; y estando re- 
posando aún no había un cuarto de hora, vienen 
tantos guerreros cimatecas, y nos cercan en el 
pueblezuelo, que mataron un soldado y á dos 
caballos, y tuvimos bien que hacer en hacellos 
apartar; y entonces nuestro Rangel estaba muy 
doliente de la cabeza', é habia muchos mosqui- 
tos, que no dormía de noche ni dia, y murciéga- 



C0NQÜI8ÍA Í>E NÚEVÁ-ESPANA. ¿& 

los muy grandes que le mordían y desangraban; 
y como siempre llovía, y algunos soldados que 
el Rangel había traído consigo, de los que nue- 
vamente habían venido de Castilla, vieron que 
en tres partes nos habían aguardado los indios 
(fe aquella provincia, y habían muerto once ca- 
ballos y dos soldados, y herido á otros muchos, 
aconsejaron al Rangel que^e volviese dende 
allí, pues la tierra era mala de ciénagas y esta- 
ba muy malo; y el Rangel, que lo tenia en gana, 
y porque parecí ese que no era de su albedrio y 
voluntad aquella vuelta, sino por consejo de 
muchos, acordó de llamar á consejo sobre ello á 
personas que eran de su parecer para que se 
volviesen; y en aquel instante habíamos ido 
veinte soldados á ver si podíamos tomar alguna 
gente de unas huertas de cacaguatales que allí 
junto estaban, y trujimos dos indios y tres in- 
dias; y entonces el Rangel me llamó á mi aparte 
é á consejo, y díjome de su mal de cabeza, é que 
le aconsejaban todos Los demás soldados que se 
volviese donde estaba CJortés, y me declaró todo 
lo que había pasado; y entonces le reprendí su 
vuelta, y como nos conocíamos de más de cuatro 
años atrás, de la isla de Cuba, le dije: «¿Cómo, 
Señor? ¿Qué dirán de vuesa merced, estando 
cerca del pueblo de Cimatan quererse volver? 
Pues Cortés no lo terna á bien, y maliciosos 
que os quieren mal os lo darán en cara, que en 
la entrada de las zapotecas ni aquí no habéis 
hecho cosa ninguna que buena sea, trayendo, 



40 BERNAL Dl.iZ. 

como traéis, tan buenos conquistadores, que son 
los de nuestra villa de Guacacualco; pues por lo 
que toca á nuestra honra y á la de vuesamer- 
ced, é yo y otros soldados somos de parecer que 
pasemos adelante; y iré con todos mis compañe- 
ros descubriendo ciénagas y montes, y con* los 
escopeteros pasaremos hasta la cabecera de Ci- 
ma tan, y mi caballo déle vuesa merced á otro 
caballero que sepa muy bien menear la lanza é 
tener ánimo para mandalie, que yo no puedo 
servirme del yendo á lo que voy, y que va más 
en alancear, y véngase con las de á caballo al- 
go atrás.» Y como el Rodrigo Rangel aquello 
me oyó, como era hombre vocinglero y hablaba 
mucho, salió de la casilla en que estaba el con- 
sejo, éá muy grandes voces llamó á todos los 
soldados; é dijo el Rodrigo Rangel: «Ya es echa- 
da la suerte que hemos de ir adelante, que voto 
á tal (que siempre era este su jurar y su ha- 
blar), que Bernal Diaz del Cast illo me ha dicho 
la verdal y lo que á todos conviene;» y puesto 
que á algunos soldados les pesó, otros lo hubie- 
ron por muy bueno; y luego comenzamos á cami- 
nar puestos en gran concierto, los ballesteros y 
escopeteros junto conmigo, y los de á caballo 
atrás por amor de los montes y ciénagas, donde 
no podian correr caballos, hasta que llegamos á 
otro pueblo, que entonces lo despoblaron los 
naturales del, y dende allí fuimos á la cabecera 
de Cimatan, y tuvimos otra buena refriega de 
flecha y vara, y de presto les hicimos huir., y 



Conquista de nueva-espana. 41 

quemaran los mismos vecinos naturales de aquel 
pueblo muchas casas de las suyas, y allí pren- 
dimos hasta quince hombres y mujeres, y les 
enviamos á llamar con ellos á los cimatecas que 
viniesen de paz, y les dijimos que en lo de las 
guerras se les perdonaría; y vinieron los «pa- 
rientes y maridos de las mujeres y gente menu- 
da que teníamos presos, y díñaosles toda la pre- 
sa, é dijeron que traerían de paz á todo el pue- 
blo , é jamás volvieron con la respuesta; y 
entonces me dijo á mí el Kangel: «Voto á tal, 
que me habéis engañado, é que habéis de ir á 
entrar con otros compañeros, é que me habéis 
de buscar otros tantos indios é indias como los 
que me hicisteis soltar por vuestro consejo;» y 
luego fuimos cincuenta soldados, é yo por capi- 
tán, é dimos en unos ranchos que tenían en 
unas ciénagas que temblaban, que no osamos 
entrar en ellas; y dende allí se fueron huyendo 
por unos grandes breñales y espinos, que se lla- 
man entre ellos Xiguaquetlan, muy malos, que 
pasan los pies, y en unas huertas de cacaguata- 
les prendimos seis hombres y mujeres con sus 
hijos chicos, y nos volvimos adonde quedaba el 
capitán, y con aquello le apaciguamos; y les 
tornó luego á soltar para que llamasen de paz 
á los cimatecas, y en fin de razones, no quisie- 
ron venir, y acordamos de nos volver á nuestra 
villa de Guacacualco; y en esto paró la entrada 
de zapotecas é la de Cimatlan, y esta es la fama 
que quería que hubiese del Rangel cuando pidió 
6 



42 BERNAL DÍAZ.' 

á Cortés aquella conquista. Y dende allí á dos 
años, ó poco tiempo más, volvimos de hecho á 
los zapotecas y á las demás provincias, y las 
conquistamos y trujimos de paz; y el buen Fray 
Bartolomé de Olmedo, que era santo fraile, tra- 
bajó mucho con ellos, y les predicaba y enseña- 
ba los artículos de la fe, y bautizó en aquellas 
provincias más de quinientos indios; pero, en 
verdad que estaba cansado y viejo, y que no 
podia ya andar caminos, que tenia una mala 
enfermedad: y dejemos esto, y digamos cómo 
Cortés envió á Castilla á su majestad sobre 
ochenta mil pesos de oro con un Diego de Soto, 
natural de Toro , y paréceme que con un Ribera 
el tuerto, que fué su secretario; y entonces en- 
vió el tiro muy rico, que era de oro bajo y pla- 
ta, que le llamaba el Ave Fénix, y también en- 
vió á su padre Martin Cortés muchos millares 
de pesos de ero. Y lo que sobre ello pasó diré 
adelante. 



.-' -■ V 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 43 

CAPITULO CLXX. 



CÓMO EL CAPITÁN HERNANDO CORTES ENVIÓ Á CASTILLA, 
Á SU MAJESTAD, OCHENTA MIL PESOS EN ORO T PLA- 
TA , T ENVIÓ UN TIRO , QUE ERA UNA CULEBRINA 
MUY RICAMENTE LABRADA DE MUCHAS FIGURAS > Y 
TODA ELLA, Ó LA MAYOR PARTE, ERA DE ORO BAJO, 
REVUELTO CON PLATA DE MECHOACAN , QUE POR 
NOMBRE SE DECÍA EL FÉNIX, Y TAMBIÉN ENVIÓ A SU 
PADRE, MARTIN CORTES, SOBRE CINCO MIL PESOS DE 
ORO; Y LO QUE SOBRE ELLO AVINO DIRÉ ADELANTE. 



Pues como Cortés había recojido y allegado 
obra de ochenta mil pesos de oro , y la cule- 
brina que se decia el Fénix ya era acabada de 
forjar, y salió muy extremada pieza para pre- 
sentar á un tan alto Emperador como nuestro 
gran señor César , y decia en un letrero que 
tenia escrito en la mesma culebrina: «Esta ave 
nació sin par , yo sin segundo , y vos sin igual 
en el mundo.» Todo lo envió á su majestad con 
un hidalgo natural de Toro, que se decia Diego 
de Soto, y no me acuerdo bien si fué en aquella 
sazón un Juan de Ribera , que era tuerto de un 
ojo, que tenia una nube , el cual habia sido se- 
cretario de Cortés. A lo que yo sentí del Ribe- 
ra, era un hombre no de buenas entrañas , por- 
que cuando jugaba á naipes é á dados no me 



44 BERNAL DÍAZ. 

parecía que jugaba bien , y demás desto , tenia 
muchos malos reveses; y esto digo porque , lle- 
gado á Castilla se alzó con los pesos de oro que 
le dio Cortés para su padre Martin Cortés , y 
porque se lo pidió Martin Cortés , y por ser el 
Ribera de suyo mal inclinado , no mirando á los 
bienes que Cortés le habia hecho siendo un 
pobre hpnabre, en lugar de decir verdad y bien 
de su amo, dijo tantos males , y por tal manera 
los razonaba , que , como tenia gran retórica é 
habia sido su secretario del mismo Cortés , le 
daban crédito , especial el Obispo de Burgos. Y 
como el ií arráez y el Cristóbal de Tapia , y los 
procuradores del Diego Yelazquez y otros que 
les ayudaban , y habia acaecido en aquella sa- 
zón la muerte de Francisco de Garay , todos 
juntos tornaron otra vez á dar muchas quejas 
de Cortés ante su majestad , y tantas y de tal 
manera, é dijeron que fueron parciales los jue- 
ces que puso su majestad . por dádivas que 
Cortés les envió para aquel efeto , que otra vez 
estaba revuelta la cosa , y Cortés tan desfavo- 
recido, que lo pasara mal si no fuera por el du- 
que de Béjar , que le favoreció y quedó por su 
fiador, que le enviase su majestad á tomar resi- 
dencia é que no le hallaría culpado. Y esto 
hizo el duque porque ya tenia tratado casa- 
miento á Cortés con una señora sobrina suya, 
que se decía doña Juana de Zúñiga , hija del 
conde de Aguilar , don Carlos de Arellano , y 
hermana de unos caballeros y privados del 



CONQUISTA, DE NUEVA-ESPAÑA. 45 

Emperador. Y como en aquella sazón llagaron 
los ochenta mil pesos de oro y las cartas de 
Cortés . dando en ellas muchas gracias y ofre- 
cimientos á su majestad por las grandes merce- 
des que le había hecho en dalle la gobernación 
de Méjico, y haber sido servido mandalle favo- 
recer con justicia en la sentencia que dio en su 
favor, cuando la junta que mandó hacer de los 
caballeros de su Real consejo y cámara. En fin 
de más razones, todo lo que estaba dicho contra' 
Cortés se tornó á sosegar con que le fuesen á 
tomar residencia , y por entonces no se habló 
más en ello. Y dejemos ya de decir destos nu- 
blados que sobre Cortés estaban ya para des- 
cargar, y digamos del tiro y de su letrero de tan 
sublimado servidor como Cortés se nombró; que, 
como se supo en la corte , y ciertos duques y 
marqueses, y condes y hombres de gran valía se 
tenían por tan grandes servidores de su majes- 
tad, y tenían en sus pensamientos que otros ca- 
balleros tanto como ellos no hubiesen servido á 
su majestad , tuvieron que murmurar del tiro, 
y aun de Cortés porque tal blasón escribió. 
También otros grandes señores, como fué el al- 
mirante de Castilla y el duque de Béjaryel con- 
de de Aguilar , dijeron á ios mismos caballeros 
que habían puesto en pláticas que era muy bra- 
voso el blasón de la culebrina, no se maravillen 
que Cortés ponga aquel escrito en el tiro. Vea- 
mos ahora, ¿en nuestros tiempos ha habido capi- 
tán que tales hazañas haga, y que tantas tierras 



46 BEflNAL DIA2. 

haya ganado sin gastar ni poner en ello su ma- 
jestad cosa ninguna, y tantos cuentos de gentes 
se hayan convertido á nuestra santa fe? Y de- 
más desto, no solamente el Cortés, sino los sol- 
dados y compañeros que tiene, que le ayudaron 
á ganar una tan fuerte ciudad, y de tantos ve- 
cinos y de tantas tierras, son dignos de que su 
majestad les haga muchas mercedes; porque, si 
miramos en ello, nosotros de nuestros antepasa- 
dos, que hicieron heroicos hechos y sirvieron á 
la corona real y á los reyes que en aquel tiempo 
reinaron, como Cortés y sus conipañeros han 
hecho, lo heredamos, y nuestros blasones y tier- 
ras é rentas; y con estas palabras se olvidó lo 
del blasón; y porque no pasase de Sevilla la 
culebrina, tuvimos nueva que á don Francisco 
de los Cobos, comendador mayor de León, le 
hizo su majestad merced della, y que la deshi- 
cieron y afinaron el oro, y lo fundieron en Sevi- 
lla, é dijeron que valió sobre veinte mil duca- 
dos. Y en aquel tiempo, como Cortes envió aquel 
oro y el tiro, y las riquezas que habia enviado 
la primera vez, que fueron la luna de plata y el 
sol de oro, y otras muchas joyas de oro con 
Francisco de Montejo y Alonso Hernández 
Puertocarrero, y lo que hubo enviado la segun- 
da vez con Alonso de Avila y Quiñones, que 
esto fué la cosa más rica que hubo en la Nueva- 
España, que era la recámara de Montezuma y de 
Guatemuz y de los grandes señores de Méjico, 
y lo robó Juan Florín, francés; y como esto se 



CONMISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 47 

supo en Castilla, tuvo Cortés gran fama, ansí 
en Castilla como en otras muchas partes de la 
cristiandad, y en todas partes fué muy loado. 
Dejemos esto, y digamos en qué paró el pleito 
de Martin Cortés con el Ribera sobre los tantos 
mil pesos que enviaba Cortés á su padre, y es, 
que andando en el pleito, y pasando Ribera por 
la villa de Cadahalso, comió ó almorzó unos 
torreznos, y ansí como los comió murió súpita- 
mente y tin confesión ; perdónele Dios, amen. 
Dejemos lo acaecido en Castilla, y volvamos á 
decir de la Nueva-España, cómo Cortés estaba 
siempre entendido en la ciudad de Méjico que 
fuese muy bien poblada de los naturales meji- 
canos, como de antes estaba, y les dio franque- 
zas y libertades que no pagasen tributo á su 
majestad hasta que tuviesen hechas sus casas y 
aderezadas calzadas y puentes, y todos los edi- 
ficios y caños por donde solia venir el agua de 
Chalputepeque para entrar en Méjico, y en la 
población de los españoles tuviesen hechas igle- 
sias y hospitales, de los cuales cuidaba como 
superior y vicario el buen Padre Fray Bartolo- 
mé de Olmedo, y habia él mismo recojido en un 
hospital todos los indios enfermos y los curaba 
con mucha caridad, y otras cosas que conve- 
nían. Y en aquel tiempo vinieron de Castilla al 
puerto de Veracruz doce frailes franciscos, y 
por Vicario general de ellos un muy buen reli- 
gioso que se decia Fray Martin de Valencia, y 
era natural de una villa de tierra de campo que j 



48 BERNAL DÍAZ. 

se decía Valencia de don Juan; y este muy re- 
verendo religioso venia nombrado por el Santo 
Padre para ser vicario, y lo que en su venida y 
recebimiento se hizo diré adelante, 



CAPITULO CLXXI. 



COMO VINIERON AL PUERTO DE LA VERACRUZ DOCE 
FRAILES FRANCISCOS DE.MUY SANTA VIDA, Y VENIA 
POR SU VICARIO Y GUARDIAN FRAY MARTIN DE VA- 
LENCIA, Y ERA TAN BUEN RELIGIOSO, QUE HUBO FA- 
MA QUE HACIA MILAGROS', Y ERA NATURAL DE UNA 
VILLA DE TIERRA CAMPO QUE SE DICE VALENCIA DE 
DON JUAN, Y LO QUE CORTES HIZO EN SU VENIDA. 



Como ya he dicho en los capítulos pasa- 
dos que sobre ello hablan .habíamos escrito 
á su majestad suplicándole nos envíase religio- 
sos franciscos de buena y santa vida para que 
nos ayudasen á la conversión y santa doctrina 
de los naturales desta tierra para que se volvie- 
sen cristianos, y les predicasen nuestra santa fe, 
como se la habia fray Bartolomé de Olmedo da- 
do á entender dende que entramos en la Nueva- 
España, y sobre ello hab^a escrito Cortés, junta- 
mente con todos nosotros los conquistadores 
que ganamos la Nueva-España, á don fray Fran- 



CONQUISTA ME KtíkVA.-fiSPANA. 49 

cisco de los Angeles, que era general de los 
franciscos, que después fue Cardenal, para que 
nos hiciese mercedes que fuesen los religiosos 
que enviase de santa vida, para que nuestra 
santa fe siempre fuese ensalzada, y los naturales 
destas tierras conociesen lo que les decíamos 
cuando estábamos batallando cóndilos, y les de- 
ciamos que su majestad enviaría religiosos, y de 
mucha mejor vida que nosotros éramos, para 
que les diesen á entender los razonamientos y 
predicaciones de nuestra fe; y ellos nos pregun- 
taban si eran como el padre fray Bartolomé de 
Olmedo, y nosotros decíamos que sí. Dejemos 
esto, y digamos cómo el general don fray Fran 
cisco de los Angeles nos hizo merced que luego 
envió los religiosos que dicho tengo; y entonces 
vino con ellos fray r J oribio Motolinea, y pusié- 
ronle este nombre de Motolinea los caciques y 
señores de Méjico, que quiere decir el fraile po- 
bre, porque cuanto le daban por Dios lo daba á 
los indios, y se quedaba algunas veces sin co- 
mer, y traia unos hábitos muy rotos y andaba 
descalzo , y siempre les predicaba, y los indios 
le querian mucho, porque era una santa perso- 
na. Tolvamos á nuestra relación. Como Cortés 
supo que estaban en el puerto de la Veracruz, 
mandó en todos los pueblos, ansi de indios como 
donde vivían españoles, que por donde viniesen 
les barriesen los caminos, y adonde pasasen les 
hiciesen ranchos si fuese en el campo, y en po- 
blado, cuando llegasen á las villas ó pueblos de 
7 



50 BERNAL BIAZ» 

indios, les saliesen á recebir y les repicasen las 
campanas, y que todos comunmente, después de 
los haber recébido, les hiciesen mucho acato; y 
que los naturaleá llevasen candelas de cera en- 
cendidas y con las cruces que hubiese, y por más 
humildad, y porque los indios lo viesen, para que 
tomasen ejemplo, mandó á los españoles se hin- 
casen de rodillas á besarles las manos y hábitos, 
y aun les envió Cortés al camino mucho refres- 
co y les escribió muy amorosamente. Y viniendo 
por su camino, ya que llegaban cerca de Méjico, 
el mismo Cortés, acompañado de fray Bartolomé 
de Olmedo y de nuestros valerosos capitanes y 
esforzados soldados, los salimos á recebir, y jun- 
tamente fueron con nosotros Guatemuz., el señor 
de Méjico, con todos los más principales meji- 
canos y otros muchos caciques de otras ciudades; 
y cuando Cortés supo que allegaban cerca, se 
apeó del caballo, y todos nosotros juntamente 
con él; é ya que nos encontramos con los reve- 
rendos religiosos , el primero que se arrodilló 
delante del fray Martin de Valencia y le fué á 
besar las manos fué Cortés , y no lo consintió y 
le besó los hábitos; é el padre fray Bartolomé 
les abrazó é saludó muy tiernamente, y los be- 
samos el hábito arrodillados todos los capitanes 
y soldados que allí íbamos, y el Guatemuz y los 
señores de Méjico; y de que el Guatemuz y los 
demás caciques vieron ir á Cortés de rodillas á 
besarles las manos, espantáronse en gran mane- 
ra; y como vieron á dos frailes descalzos y flacos, 



CONQUISTA DE NUEVA- ESPAÑA. 51 

y los hábitos rotos, y no llevar caballo, sino á 
pié y muy amarillos, y vsr á Cortés, que le te- 
nían por ídolo é cosa como sus dioses, ansi arro- 
dillado delante dellos, dende entonces tomaron 
ejemplo todos los indios, que cuando agora vie- 
nen religiosos les hacen aquellos recebimientos 
y acatos, según y de la manera que dicho tengo; 
y más digo, que cuando Cortés con aquellos re- 
ligiosos hablaba, que siempre tenia la gorra en 
la mano quitada y en todo les tenia grande aca- 
to; é digo que se me olvidaba que fray Barto- 
lomé les hospedó por orden de Cortés en una 
muy buena casa, é se fué á vivir con ellos é los 
regaló mucho. Dejémoslos en buena hora y di- 
gamos de otra materia, y es, que de ahí á tres 
años y medio, ó poco tiempo más adelante, vi- 
nieron doce frailes dominicos, é venia por pro- 
vincial ó por prior dellos un religioso que se de- 
cia Fray Tomás Ortiz; era vizcaíno, é decían 
que habia estado por prior ó provincial en unas 
tierras que se dice la Punta del Drago; é quiso 
Dios que cuando vinieron les dio dolencia de 
mal de modorra, de que todos los más murie- 
ron; lo cual diré adelante, é cómo é cuándo é 
con quién vinieron, é la condición que decian 
que tenia el prior, é otras cosas que pasaron; é 
después han venido otros muchos y buenos reli- 
giosos y de santa vida, y de la misma orden de 
señor Santo Domingo, en ejemplo muy santos, 
é han industriado á los naturales destas pro- 
vincias de Guatimala en nuestra santa fe muy 



52 BERNA L DÍAZ. 

bien, é han sido muy provechosos partí todos. 
Quiero dejar esta materia de los religiosos, é 
diré que, como Cortés siefn^re témia qué éñ 
Castilla, por parte del Obispo de Burgos, se jun- 
tarían los procuradores de Diego Velazquez, 
gobernador de Cuba, é dirían mal del delante 
del Emperador nuestro señor, é como tuvo nue- 
va cierta, por cartas que le escribió su padre 
Martin Cortés ó Diego de Ordás, que le trata- 
ban casamiento Con la señora doña Juana dé Zú- 
ñiga, sobrina del duque de Béjar, don Alvaro 
de Zúñiga, procuró de enviar todos los más pe- 
sos quepódia allegar, ansí de sus tributos cómo 
de los ^ue le presentaban los caciques áé toda 
la tierra, lo uno para que conociese el duque de 
Béjar sus grandes riquezas, juntamente con sus 
heroicos hechos é hazañas; é lo más principal, 
para que su majestad lé favoreciese é hiciese 
mercedes; é entonces le envió treinta mil pesos," 
é con ellos escribió á su majestad; lo cual diré 
adelanté. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 53 

CAPITULO CLXXIL 



CÓMO CORTÉS ESCRIBIÓ Á SU MAJESTAD Y LE ENVIÓ 
TREINTA MIL PESOS DE ORO, Y GOMO ESTABAN EN- 
TENDIENDO EN IA CONVERSIÓN DE LOS NATURALES É 
REEDIFICACIÓN DE MÉJICO, Y DE COMO HABÍA MANDA- 
DO UN CAPITÁN QUE SE DECÍA CRISTÓBAL DE OLÍ Á 
PACIFICAR LAS PROVINCIAS DE HON1URAS CON UNA 
BUENA ARMADA, Y 8E ALZÓ CON ELLA, Y DIO RELA* 
CION DE OTRAS COSAS QUE HABÍAN PA8ADO EN MÉ- 
JICO, Y EN EL NAVIO QUE IBAN LAS CARTAS DE COR- 
TES ENVIÓ OTRAS CARTAS MUY SECRETAS EL CONTA- 
DOR DE SU MAJESTAD, QUE SE DECÍA RODRIGO DE 
ALBORNOZ, Y EN ELLAS DECÍAN MUCHO MAL DE COR- 
TES, Y DE TODOS LOS QUE CON EL PASAMOS, Y LO QUE 
SU MAJESTAD SOBRE ELLO MANDÓ QUE SE PROVE- 
YESE. 



Teniendo ya Cortés en si la gobernación de la 
Nueva-España por mandado de su majestad, 
parecióle seria bien hacerle sabidor cómo esta- 
ba entendiendo en la santa conversión de los 
naturales y la reedificación de la gran ciudad de 
Tenustitlan, Méjico; y también le dio relación 
de cómo habia enviado un capitán que se decía 
Cristóbal de Olí á poblar unas provincias que se 
nombraron Honduras, y que le dio cinco navios 
bien abastecidos, é gran copia de soldados y mu- 



54 BERNAL Í)ÍA'¿. 

chos caballos y tiros, y escopeteros y balleste- 
ros, y todo género de armas, y que gastó mu- 
chos millares de pesos de oro en hacerla arma- 
da, y que el Cristóbal de Olí se le alzó con ella, 
y quien le aconsejó que se alzase fué un Diego 
Velazquez, gobernador de la isla de Cuba, que 
hizo compañía eon él en el armada, y que si su 
majestad era servido, que tenia determinado de 
enviar con brevedad otro capitán para que le 
tome la misma armada ó le traiga preso, ó ir él 
en persona por ella ; porque, si quedaba sin cas- 
tigo, se atreverían otros capitanes á se levantar 
con otras armadas que por fuerza habia de en- 
viar á conquistar y poblar otras tierras que es- 
tán de guerra, é á esta causa suplicaba á su ma- 
jestad que le diese licencia para ello ; y también 
se envió á quejar del Diego Velazquez, no tan 
solamente de lo del capitán Cristóbal de Olí, si- 
no por las conjuraciones y escándalos, y por sus 
cartas que enviaba dende la isla de Cuba para 
que le matasen á Cortés ; porque, en saliendo de 
aquella ciudad de Méjico para ir á conquistar 
algunos pueblos recios, que se levantaban y ha- 
cían conjuraciones los de la parte del Diego Ve- 
lazquez para le matar y levantarse con la go- 
bernación, y que habia hecho justicia de uno de 
los más culpados ; y que este favor les daba el 
Obispo de Burgos, que estaba por presidente de 
Indias, por ser muy amigo del Diego Velazquez; 
y esetibió cómo le enviaba y servia con treinta 
mil pesos do oro, y que si no fuera por los bullí- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 55 

«osos y conjuraciones pasadas, que recojiera 
mucho más oro, y que con el ayuda de Dios y en 
la buenaventura de su Real majestad, que en to- 
dos los navios que de Méjico fuesen cnviaria lo 
que pudiese; y ansimismo escribió á su padre 
Martin Cortés é á un su deudo, que se decia el 
licenciado Francisco Nuñcz, que era relator del 
Real consejo de su majestad, y también escribió 
á Diego de Ordás, en que les hacia saber todo lo 
atrás dicho ; y también dio noticia como un Ro- 
drigo de Albornoz, que estaba por gobernador 
en Méjico, que secretamente andaba murmuran- 
do en Méjico de Cortés porque no le dio tan 
buenos indios como él quisiera, y también por- 
que le demandó una cacica, hija del señor de 
Tezcuco, y no se la quiso dar, porque en aque- 
lla sazón la casó con una persona de calidad; y les 
dio aviso que habia sabido que fué secretario en 
Flándes y que era muy servidor de don Juan 
Rodríguez de Fonseca, Obispo de Burgos, y 
que era hombre que tenia costumbre de escri- 
bir cosas nuevas y aun por cifras, y que por 
ventura escribiría al Obispo, como era presiden- 
te de Indias, porque en aqnel tiempo no sabía- 
mos que le habían quitado el cargo, cosas con- 
trarias de la verdad; que tuviesen aviso de todo; 
y estas cartas envió Cortés duplicadas, porque 
L siempre se temió que el Obispo de Burgos, como 
\era presidente, habia mandado á Pedro de Isa- 
zaga y á Juan López de Recalte, oficiales de la 
casa de la contratación de Sevilla, que todas las 



56 BERNAL DUZ. 

cartas y despachos de Cortés se las enviasen por 
la posta para saber io que en ellas iba, porque 
en aquella sazón su majestad habia venido de 
Flandes y estaba en Castilla, para hacer rela- 
ción á su majestad cesárea, y el Obispo de Bur- 
gos, por ganar por la mano, antes que nues- 
tros procuradores le diesen las cartas de Cortés; 
y aun en aquella sazón no sabíamos en la Nue- 
va-España qué habían quitado el cargo al Obis- 
po de Burgos, don Juan Rodríguez de Fonséca, 
de ser presidente de Indias. Dejémonos de las 
cartas de Cortés, y diré que deste navio donde 
iba el pliego que dicho tengo de Cortés , envió 
eí contador Albornoz, ya por mí memorado* 
otras cartas á su majestad y al Obispo de Bur- 
gos y al Real consejo de Indias, y lo que en 
ellas decia por capítulos, hizo saber todas las 
causas y cosas que de antes habia sido acusado 
Cortés, cuando su Real majestad le mandó poner 
jueces á los caballeros de su Real consejo, ya 
otra vez por mi nombrados en el capítulo que 
dello habla, cuando por sentencia que sobre 
ello dieron, nos dieron por muy leales servido- 
res de su majestad; y demás de aquellos capítu- 
los que hubieron acusado á Cortés, agora de 
nuevo escribió él Albornoz que Cortés deman- 
daba á todos los caciques de la Nueva-España 
muchos tejuelos de oro y les mandaba sacar 
mucho oro de minas, y esto que les decia Cor- 
tés que era para enviar á su Real majestad, y 
se quedaba con todo ello y no lo enviaba á su 



CGÍK0UI8TA DE NUEVA-ESPANA. 57 

majestad, y que hizo unas casas muy fortaleci- 
das, y que ha juntado muchas hijas de grandes 
señores para las casar con soldados españoles, y 
se las piden hombres honrados por mujeres y 
que no se las quiere dar, por tenerlas por ami- 
gas; y dijo que todos los caciques y principales 
le tenían en tanta estima como si fuese Rey, y 
que en esta tierra no conocen á otro Rey ni se- 
ñor sino es á Cortés, é como Rey llevaba quin- 
to, y que tiene muy grande cantidad de barras 
de 010 atesorado, y que no ha sentido bien de 
su persona, si está alzado ó será leal para ade- 
lante, y que habia necesidad que su majestad 
con brevedad mandase venir á estas partes un 
caballero con grande copia de soldados muy 
bien apercebidos para le quitar el man lo y se- 
ñorío; y escribió otras cosas sobre esta materia. 
Quiero dejar de más particularizar lo que iba en 
las cartas, y diré que fueron á manos del Obis- 
po de Burgos, que residía en Toro; y como en 
aquella sazón estaba en la corte el Panfilo de 
Narvaez y Cristóbal de Tapia, ya otras muchas 
veces por mí nombrados, y todos los procurado- 
res del Diego Velazquez, é con aquella carta de 
Albornoz les avisó el Obispo de Burgos para que 
nuevamente se quejasen ante su majestad de Cor- 
tés de todo lo que de antes le hubieron dado rela- 
ción y dijesen que los jueces que puso su majes- 
tad se mostraron mucho por la parte de Cortés, y 
que su majestad fuese servido viese agora nue- 
vamente lo que escribe el contador su oficial; 
8 



58 BERNAL DÍAZ. 

y para testigo dello hicieron presentación de las 
cartas que dicho tengo. Pues viendo su majes- 
tad las cartas y las palabras y quejas que el 
Narvaez decia muy entonado , porque ansí ha- 
blaba , demandando justicia, creyó que eran 
verdaderas; y el Obispo de Burgos don Juan 
Rodríguez de Fonseca, que les ayudó con otras 
muchas cartas de favor; dijo su majestad: «Yo 
quiero enviar á castigar á Cortés, pues tanto 
maldicen del que hace, aunque más oro envié; 
porque más riqueza es hacer justicia que no to- 
dos los tesoros que puede enviar;» y mandó 
proveer que luego despachasen al almirante de 
Santo Domingo que viniese á costa de Cortés 
con seiscientos soldados, y si se hallase culpado 
le cortase la cabeza, y castigase á todos los que 
fuimos en desbaratar á Panfilo de Narvaez ; y 
porque viniese el almirante le habia prometi- 
do su majestad el almirantazgo de la Nueva- 
España , que en aquella sazón traia pleito 
en la corte sobre él. Pues ya dadas las provi- 
siones , pareció ser el almirante se detuvo cier- 
tos dias ó no se atrevió á venir , porque no tenia 
dineros, y ansímismo porque le aconsejaron que 
mirase la buenaventura de Cortés, que con haber 
traído Narvaez toda la armada que trajo le 
desbarató, y que era aventurar su vida y es- 
tado , y no saldría con la demanda , especial- 
mente que no hallarían en Cortés ni en ningu- 
no de sus compañeros culpa ninguna, sino mu- 
cha lealtad ; y demás desto , según pareció, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 59 

dijeron á su majestad que era gran cosa dar 
el almirantazgo de la Nueva-España por pocos 
servicios que le podría hacer en aquella jornada 
que le enviaba ; é ya que se andaba apercibien- 
do el almirante para venir á la Nueva-España, 
alcanzáronlo á saber los procuradores de Cortés 
y su padre Martin Cortés y un fraile que se de- 
cía fray Pedro Melgarejo de Urrea , y como te- 
nían las cartas que les envió Cortés duplicadas, 
y entendieron por ellas que habia trato doble 
en el contador Albornoz ó en otras personas que 
no estaban muy bien con Cortés , todos juntos 
se fueron luego al duque de Béjar y le dieron 
relación de todo lo arriba por mi memorado y le 
mostraron las cartas de Cortés ; y como supo 
que enviaban tan de repente al almirante con 
muchos soldados, hubo muy grande sentimiento 
dello el duque , porque ya estaba concertado de 
casar á Cortés con la señora doña Juana de Zú- 
ñiga, sobrina del mismo duque de Béjar; y 
luego sin más dilación fué delante de su majes- 
tad , acompañado con ciertos condes amigos su- 
yos y deudos, y con ellos iba el viejo Martin 
Cortés , padre del mismo Cortés , y fray Pedro 
Melgarejo de Urrea , y cuando llegaron delante 
del Emperador nuestro señor se humillaron é 
hicieron todo el acatamiento debido , que eran 
obligados á nuestro Rey y señor , y dijo el mis- 
mo duque que suplicaba á su majestad que no 
diese oídos á una carta de un hombre como era 
el contador Albornoz , que era muy contrario á 



60 BEhNAL DÍAZ. 

Cortés , hasta que hubiese ot^as isfarmacionea 
de fe y de creer , y que »•> enviase armada ; y 
más dijo el duque á su majestad, que ¿ cómo, 
siendo tan cristianísimo y recto en hacer justi- 
cia, tan deliberadamente enviaba á mandar pren- 
der á Cortés y á sus soletados , habiéndole hecho 
tan buenos y leales servicios, que otros en el 
mundo no se han hecho, ni aún hallado en nin- 
gunas escrituras que hayan hecha otros vasa- 
llos á los Reyes pasados? Y qo,e> ya una vez ha 
ducsío. la cabeza por fiadora de Cortés y por to- 
dos sus soldados, y que son muy leales y lo ae- 
ran de aquí adelante, y que agora la torna á 
poner de nuevo por fiadora, con todo su estado, 
con mucho gusto, de que siempre nos hallaría 
muy leales , lo cual su majestad vería adelante; 
d,emas desto, le mostraron las cartas que Cortés 
enviaba á su padre Martin Cortés , en que en 
ellas daba relación por qué causa el contador 
Albornoz escribía nial contra Cortés, que fué, 
como dicho tengo, porque no le dio buenos in- 
dios, como él los demandaba , y una hija de una 
cacica muy principal ; y más le dijo el duque» 
que mirase su Real majestad cuántas veces ler 
había enviado y servido con mucha cantidad de 
oro, é dio otros muchos descargos por Cortés; y 
viendo su majestad la justicia clara que Cortés y 
todos nosotros los conquistadores teníamos, ma - 
dó proveer que le viniese á tomar la residencia 
personaqu© fuese de calidad y ciencia y temoro- 
so de Nuestro Señor. En aquella sazón estaba la 



CqÑGtíiSTA. DB JÍUKVA.-E8PA5ÍA, §Í 

carie en Toledo, y por teniente de corregidor 
del conde de Alcaudete un caballero que se de- 
cía el licenciado Luis Ponce de León, primo del 
mismo conde don Martin de Córdoba, que ansí 
se llamaba, porque en aquella sazón era corregi- 
dor de aquella ciudad; y su majestad mandó 
llamar á este licenciado Luis Ponce de León, 
y Le mandó que fuese luego á la Nueva-España 
y tomase residencia á Cortés, y que si en algo 
fuese culpante dele que le acusaban, que con 
rigor de justicia le castigase; y el licenciado 
Luis Ponce de León dijo que él cumpliría el 
Real mandato, y se comenzó á apercibir para el 
camino, y no vino con tanta priesa, porque tardó 
en llegar á Nueva-España más de dos años y 
medio. Y dejallos hé aquí , ansí á los del bando 
del gobernador de Cuba , Diego Velazquez, que 
acusaban á Cortes, como i\ licenciado Luis Pon- 
ce de León , que se aderezaba para el viaje, 
como dicho tengo ; y aunque vaya muy íuera 
de mi relación y pase adelante , es por lo que 
agora diré , que al cabo de dos años alcanzamos 
á saber todo lo por mí aquí dicho de las cartas 
de Cortés y del Albornoz , poique lo escribió 
Martin Cortés de la corte ; y para que sepan los 
curiosos letores cómo siempre tenia por costum- 
bre el mismo Albornoz de escribir á su majes- 
tad lo que no pasó , bien ternán noticia las per- 
sonas que han estado en la Nueva-España y en 
la ciudad de Méjico cómo en el tiempo que era 
virey D. Antonio de Mendoza , que fué muy 



62 BERHAL DÍAZ. 

ilustrísimo varón , digno de gran memoria , que 
haya santa gloria , y como gobernaba tan justi- 
ficadamente y con tan recta justicia, el Rodrigo 
Albornoz no estaba bien con él y escribió á su 
majestad diciendo mal de su gobernación , y las 
mismas cartas que envió á la corte volvieron á 
la Nueva-España á manos del mismo virey ; y 
como las hubo entendido , y el mal que decia, 
envió á llamar al Rodrigo de Albornoz , y con 
palabras, muy blandas y de espacio , que ansí 
hablaba vagoroso el virey, le mostró las cartas 
y le dijo : «Pues que tenéis por costumbre de 
escribir á su majestad , escribid la verdad , y 
andad con Dios , para ruin hombre ;» y quedó 
muy avergonzado y corrido el contador. Deje- 
mos de hablar de esta materia t y diré cómo 
Cortés , sin saber en aquella sazón cosa de todo 
lo pasado que en la corte se habia tratado con 
él , envió una armada contra Cristóbal de Olí á 
Honduras , y lo que pasó diré adelante. 



C0NQUI8TA DE NUEVA-E8PAWA. 63 

CAPITULO CLXXIII. 



CÓMO, SABIENDO COATES QUE CRISTÓBAL DE OLÍ 8B 
HABÍA ALZADO CON LA AKMABA Y HABÍA HECHO 
COMPAÑÍA CON DIEGO VELaZQUEZ , GOBERNADOR DE 
CUBA , ENVIÓ CONTRA EL Á UN CAPITÁN QUE SE 
LLAMABA FRANCISCO DE LAS CASAS, Y LO QUE EN- 
TONCES SUCEDIÓ DIRÉ ADELANTE. 



Hé menester volver muy atrás de nuestra 
relación para que bien se entienda. Ya he dicho 
en el capítulo que dello habla , cómo Cortés 
envió á Cristóbal de Olí con una armada á las 
Higueras y Honduras , y se alzó con ella ; é 
como Cortés supo que Cristóbal de Olí se habia 
alzado con la armada „ con favor de Diego Ve- 
lazquez, gobernador de Cuba , estaba muy pen- 
sativo; y como era animoso y no se dejaba mu- 
cho burlar en tales casos , y como ya habia 
hecho relación dello á su majestad , como dicho 
tengo, en la carta que le escribió , y que en- 
tendía de ir ó enviar contra el Cristóbal de Olí 
á otros capitanes; en aquella sazón habia ve- 
nido de Castilla á Méjico un caballero que se 
decia Francisco de las Casas , persona de quien 
se podia fiar , é su deudo de Cortés ; acordó de 
enviar contra el Cristóbal de Olí cinco navios 
bien artillados y bastecidos , y cien soldados, y 



64 BERNAL DÍAZ. 

entre ellos iban conquistadores de Méjico , de 
los que Cortés habia traído de la isla de Cuba 
en su compañía, que era uu Pedro Moreno Me- 
drano y un Juan Nuñez de Mercado y un Juan 
Bello, y otros que aqui no nombro, que mu- 
rieron en el camino. Pues ya despachado el 
Francisco de las Casas con poderes muy bastan- 
tes y mandamientos para prender al Cristóbal 
de Olí, salió del puerto de la Veracruz , con sus 
navios buenos y abastecidos , y con sus pendo- 
nes con las armas Reales , y con buen tiempo 
llegó á una bahía que llamaron el triunfo de 
la Cruz, dotrde el Cristóbal de Olí tenia su ar- 
mada , y al li junto poblada una villa que se 
llamó Triunfo de la Cruz , y se^un ya otras ve- 
ces he dicho en el capítulo que dello habla ; y 
como el Cristóbal de Olí vio aquellos navios 
surtos en su puerto, puesto que el Francisco de 
las Casas mandó poner en sus navios banderas 
de paz, no lo tuvo por cierto el Cristóbal de Olí, 
antes mandó apercebir dos carabelas muy arti- 
lladas con muchos soldados , y les defendió el 
puerto para no les dejar saltar en tierra; y como 
aquello vio el de las Casas , que era hombre 
animoso, mandó sacar y echar á la mar sus ba- 
teles con muchos hombres aperccbidos , y con 
unos tiros, falconetes y escopetas y ballestas, 
y él con ellos, con pensamiento de tomar tierra 
de una manera ó de otra , y el Cristóbal de Olí 
para defendella , tuvieron buena pelea , y el de 
las Casas echó una de las dos carabelas del con- 



CONQUISTA DE NUEVA-E8PAÑA. 65 

trario á fondo , y mató á cuatro soldados é 
hirieron á otros; y como vio el Cristóbal de Olí 
que no tenia allí todos los soldados , por- 
que los había enviado pocos dias había en dos 
capitanías, á entrar en un rio que llaman de 
Pechin , á prender á otro capitán que estaba 
conquistando en aquella provincia , que se de- 
cía Gil González de Avila, porque aquel rio del 
Pechin caia en la gobernación del Golfo-Dul- 
ce, y estaba aguardando por horas á sus gentes, 
acordó el Cristóbal de Olí de demandar partidos 
de paz al Francisco de las Casas, porque bien 
entendió el Cristóbal de Olí que si tomaba tierra, 
que habían de venir á las manos, y por tener 
soldados juntos demandó las Jpaces; y el de las 
Casas acordó de estar aquella noche coa "sus na- 
vios en la mar, apartado de tierra al reparo, ó 
esperando con intención de se ir á otra bahía á 
desembarcar, y también porque cuando anda- 
ban las diferencias y pelea de la mar le dieron 
al de las Casas una carta secretamente que se- 
rían en su ayuda ciertos soldados de la parte de 
Cortés que estaban con el Cristóbal de Olí , y 
que no dejase de venir por tierra para prender 
al Cristóbal de Olí. Pues estando con este acuer- 
do, fué la ventura tal de Cristóbal de Olí, y des- 
dicha del de las Casas, que hubo aquella noche 
un viento norte muy recio, y como es travesía en 
aquella costa, dio con los navios de Francisco 
de las Casas al través en tierra, de manera que 
se perdió cuanto traía y se ahogaron treinta sol- 
9 



66 ' BERNAL DÍAZ. 

dados, y todos los demás fueron "presos y estu- 
vieron sin comer dos dias , muy mojados del 
agua salada, porque en aquel tiempo llovía mu- 
cho, y tuvieron trabajo y frió; y el Cristóbal de 
Olí estaba muy gozoso y triunfante por tener 
preso al Francisco de las Casas, y á los demás 
soldados que prendió les hizo luego jurar que 
siempre serian en su ayuda, y serian contra Cor- 
tés si viniese á aquella tierra en persona; y co- 
mo hubieron jurado, los soltó de las prisiones; 
solamente tuvo preso al Francisco de las Casas; 
y dende á poco tiempo vinieron sus capitanes 
que había enviado á prender á Gil González de 
Avila; que, según pareció, el Gil González de 
Avila habia venido por gobernador y capitán de 
Golfo-Dulce, y habia poblado una villa que la 
nombraron San Gil de Buena- Vista, que estaba 
obra de una legua del puerto que agora llaman 
Golfo-Dulce, porque el rio del Chipin en aquel 
tiempo era poblado de buenos pueblos, y el Gil 
González no tenia consigo sino muy pocos sol- 
dados , porque habian adolecido todos los más, 
é dejaba poblada con todos los soldados la misma 
villa de San Gil de Buena- Vista; y como el Cris- 
tóbal de Olí tuvo noticia delio, les envió á pren- 
der, y sobre no dejarse prender , le mataron 
ocho españoles de los de Gil González y á un su 
sobiino, que se decia Gil de Avila; y como el 
Cristóbal de Olí se vio con dos prisioneros que 
eran capitanes, estaba muy alegre y contento; 
y como tenia fama de esforzado, y ciertamente 



CONQUISTA Í>E NUEVA-ESPAÑA. 67 

lo era por su persona, para que se supiese en 
todas las islas, lo escribió á la isla de Cuba á su 
amigo Diego Velazquez, y luego se fué dende el 
Triunfo de la Cruz la tierra adentro á un pueblo 
que en aquel tiempo estaba muy poblado, y ha- 
bía otros muchos pueblos en aquella comarca; 
el cual pueblo se dice Naco, que agora está des- 
truido él y todos los demás; y esto digo porque 
yo los vi y me hallé en ellos, y en San Gil de 
Buena- Vista y en el rio de Pichin y en el rio de 
Balama, y lo he andado en el tiempo que fui 
con Cortés , según más largamente lo diré 
cuando venga su tiempo y lugar. Volvamos á 
nuestra relación : que ya que el Cristóbal de 
Olí estaba de asiento en Naco con sus pri- 
sioneros y copia de soldados, dende allí enviaba 
á hacer entradas á otras partes, y envió por ca- 
pitán aun Briones, el cual Briones fué uno de los 
primeros consejeros para que se alzara el Cristó- 
bal de Olí, y de suyo era bullicioso, y aun tenia 
cortadas las asillas bajas de las orejas , y decia 
el mismo Briones que estando en una fortaleza 
siendo soldado se las habían cortado porque no 
se quería dar él ni otros capitanes; el cual Brio- 
nes ahorcaron después en Guatiraala por revol- 
vedor y amotinador de ejércitos. Volvamos á 
nuestra relación : pues yendo por capitán aquel 
Briones con gran copia de soldados , túvose 
j fama en el real de Cristóbal de Olí que se ha- 
bia alzado el Bi iones con todos los soldados que 
llevaba en su compañía , y se iba á la Nueva- 



68 BERNA L DÍAZ. 

España f y salió verdad. Y viendo esto Francis- 
co de las Casas y el Gil González de Avila, que 
estaban presos y hallaban tiempo oportuno 
para matar á Cristóbal de Olí , y como andaban 
sueltos sin prisiones , por no tenellos en nada, 
porque se tenia por muy valiente el Cristóbal de 
Olí , muy secretamente se concertaron con los 
soldados y amigos de Cortés que en diciendo: 
«¡Aquí del Rey, y Cortés en su real nombre, 
contra este tirano !» le diesen de cuchilladas. 
Pues hecho este concierto , el Francisco de las 
Casas, medio burlando y riendo, le decia al Olí: 
«Señor capitán, soltadme; iré á la Nueva-Espa- 
ña á hablar á Cortés y á dalle razón de mi des- 
barate, é yo seré tercero para que vuestra mer- 
ced quede con esta gobernación y por su capi- 
tán , y mire que es su hechura de Cortés ; pues 
mi prisión no hace á su caso , antes le estorbo 
en las conquistas;» y el Cristóbal de Olí respon- 
dió que él estaba muy bien ansí , y que se hol- 
gaba de tener un tal varón en su compañía ;» y 
de que aquello vio el Francisco de las Casas le 
dijo : «Pues mire bien vuesamerced por su per- 
sona , que un dia ó otro tengo de procurar de le 
matar;» esto se lo decia medio burlando y rien- 
do. Y al Cristóbal deOlí no se le dio nada por lo 
que le decia , y teníalo como cosa de burla ; y 
como el concierto que he dicho estaba hecho 
por los amigos de Cortés , estando cenando á 
una mesa y habiendo alzado los manteles , y se 
habian ido á cenar los maestresalas y pajes , y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 69 

estaban delante Juan Nuñez de Mercado y otros 
soldados de la parte de Cortés que sabían el 
concierto , el Francisco de las Casas y el Gil 
González de Avila cada uno tenia escondido un 
cuchillo de escribanía muy agudos como nava- 
jas , porque ningunas armas se las dejaban 
traer ; y estando platicando con el Cristóbal de 
Olí de las conquistas de Méjico y ventura de 
Cortés, y muy descuidado el Cristóbal de Olí de 
lo que le avino , el Francisco de las Casas le 
echó mano de las barbas y le dio por la gargan- 
ta con el cuchillo , que le traia hecho como una 
navaja para aquel efecto, y juntamente con él, 
el Gil González de Avila y los soldades de Cor- 
tés de presto le dieron tantas heridas , que no 
se pudo valer, y como era muy recio é membru- 
do y de muchas fuerzas, se escabulló dando vo- 
ces: «¡Aquí de los mios !» Mas como todos esta- 
ban cenando , ó su ventura fué tal que no 
acudieron tan presto , se fué huyendo á es- 
conder entre unos matorrales, creyendo que los 
suyos le ayudarían , y puesto que vinieron de 
presto muchos dellos á le ayudar, el Francisco 
de las Casas dada voces y apellidando : «¡Aquí 
del Rey é de Cortés contra este tirano; que ya no 
es tiempo de más sufrir sus tiranías!» Pues como 
oyeron el nombre de su majestad y de Cortés, 
todos los que venían á favorecer la parte del Cris- 
tóbal de Olí no osaron defenderle, antes luego 
les mandó prender el de las Casas; y después de 
hecho, se pregonó que cualquiera persona que 



70 BERNAL DÍAZ. 

supiese de Cristóbal de Olí y no le descubriese, 
muriese por ello; y luego se supo dónde estaba 
y le prendieron, y se hizo proceso contra él, y 
por sentencia que entrambos á dos capitanes 
dieron, le degollaron en la plaza de Naco; y ansí 
murió por se haber alzado por malos consejeros, 
con ser hombre muy esforzado, é sin mirar que 
Cortés le habia hecho su maese de campo y da- 
do muy bueuos indios, y era easado con. una 
portuguesa que se decia doña Filipa de Araujo, 
y tenia una hija en ella. Y porque en el capítu- 
lo pasado tengo dicho el estatura de Cristóbal 
de Olí y facciones, y de qué tierra era y qué 
condición tenia-, en esto no diré más sino de que 
el Francisco de las Casas y Gil González de Avi- 
la se vieron libres, y su enemigo muerto, junta- 
ron sus soldados, y entrambos á dos fueron ca- 
pitanes muy conformes, y el de las Casas pobló 
á Trujillo y púsole aquel nombre porque era él 
natural de Trujillo de Extremadura; y el Gil 
González envió mensajeros á San Gil de Buena- 
Vista, que dejaba poblada, á hacer saber lo que 
habia pasado, y á mandar á su teniente , que se 
decia Armenta, que se estuviesen poblados como 
los dejaba y no hiciesen alguna novedad, por- 
que iba á la Nueva España á demandar socorro 
é ayuda de soldados á Cortés, y que presto vol- 
veiia. Pues ya todo esto que he dicho concerta- 
do, acordaron entrambos capitanes de se venir á 
Méjico á hacer saber á Cortés todo lo acaecido. 
Y dejallo hé aquí hasta su tiempo y lugar, y 



CONQUISTA DE HUEVA-ESPAÑA. 71 

diré lo que Cortés concertó sin saber cosa nin- 
guna de lo pasado que se hizo en Naco. 



CAPITULO CLXXIV. 



CÓMO HERNANDO CORTES SALIÓ DE MÉJICO PARA IR 
CAMINO DE LAS HIGUERAS EN BUSCA DE CRISTÓ- 
BAL DE OLÍ Y DE FRANCISCO DE LAS CASAS T DE LOS 
DEMÁS CAPITANES Y SOLDAD08 ; DASE CUENTA DE 
L08 CABALLEROS Y CAPITANES QUE SACÓ DE MÉJICO 
PARA IR EN SU COMPAÑÍA , Y DEL GRANDE APARATO 
Y SERVICIO QUE LLEVÓ HASTA LLEGAR Á LA VILLA 
DE GUACACUALCO, Y DE OTRAS COSAS QUE ENTONCES 
PASARON. 



Como el capitán Hernando Cortés habia pocos 
meses que habia enviado al Francisco de las 
Casas contra el Cristóbal de Olí , como dicho 
tengo en capítulo pasado, parecióle que por 
ventura no habria buen suceso la armada que 
habia enviado , y también porque le decian que 
aquella tierra era rica de minas de oro.yá 
esta causa estaba muy codicioso , ansí por las 
minas , como pensativo en los contrastes que 
podrian acaecer á la armada , poniéndosele por 
delante las desdichas que en tales jornadas Ja 
mala fortuna suele acarrear ; y como de su con- 



72 BERNAl DUZ. 

dicioa era de gran corazón, habíase arrepentido 
por haber enviado al Francisco de las Casas, 
sino haber ido él en persona, y no porque no co- 
nocía muy bien que el que envió era varón para 
cualquiera cosa de afrenta ; y estando en estos 
pensamientos , acordó de ir , y dejó en Méjico 
buen recaudo de artillería, ansí en las fortalezas 
como en las atarazanas , y dejó por gobernado- 
res en su lugar como tenientes al tesorero 
Alonso de Estrada y al contador Albornoz , y 
si supiera de las cartas que al contador Albor- 
noz hubo escrito á Castilla á su majestad di- 
ciendo mucho mal del , no le dejara tal poder, 
y aun no sé yo cómo le aviniera por -elfo-; y dejó 
por su alcalde mayor ni licenciado Zuazo, ya 
otras muchas veces por mí nombrado, y por te- 
niente de alguacil mayor y su mayordomo de 
todas sus haciendas á un Rodrigo de Paz, su 
deudo, y dejó el mayor recaudo que pudo en<Mé- 
jico, y encomendó á todos aquellos oficiales de 
la hacienda de su majestad, á quien dejaba el 
cargo de la gobernación, que tuviesenmuy gran- 
de cuidado de la conversión de los naturales, y 
ansimismo lo encomendó á un fray Toribio Mo- 
tolinea,de la orden del señor San Francisco, y 
al Padre fray Bartolomé de Olmedo, de mí tan- 
tas veces nombrado, fraile de la orden de nues- 
tra Señora de la Merced, é que tenia mucha 
mano y estimación en todo Méjico, é lo merecía, 
porque era muy buen fraile é religioso ; y les 
encargó que mirasen no se alzase Méjico ni 



C0M0UISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 73 

©tras provincias ; y porque quedase más pacífi- 
co y sin cabeceras de los mayores caciques, VA- 
jo consigo al mayor de Méjico, que se decia Gua- 
te mu z, otras muchas veces por mí memorado, 
que fué el que nos dio guerra cuando gañamos á 
Méjico, y también al señor de Taeuba, y á un 
Juan Velazquez, capitán del mismo Guatemuz, 
y á otros muchos principales, y entre ellos á 
Tapiezuela, que era muy principal; y aun de la 
provincia de Mechoacan trajo otros caciques, y 
á doña Marina la lengua, porque Jerónimo de 
Aguilar ya habia fallecido, y trajo en su compa- 
ñía muchos caballeros y capitanes vecinos de 
Méjico, que fueron Gonzalo de Sandoval, que 
era alguacil mayor, y Luis Mario y Francisco 
Marmolejo, Gonzalo Rodríguez de QcafflpO, 
Pedro de Ircio, Avalos y Saavedra^ que eran 
hermanos, y un Palacios Rubios, y Pedro de 
Saucedo el Romo, y Jerónimo Ruiz de la Mora, 
Alonso de Grado Santa Cruz, burgalés ; Pedro 
de Solís Casquete, que ansí le llamábamos ; Juan 
Jaramillo, Alonso Valiente, y un Navarrete y 
un Serna, y Diego de Mazariegos, primo del te- 
sorero, y Gil González de Benavides, y Hernán 
López de Avila y Gaspar de Garnica, y otros 
muchos que no se me acuerdan sus nombres; y 
trajo á fray Juan de las Varillas el de Sala- 
manca, fraile de la Merced, y un clérigo y dos 
trailes franciscos, flamencos, buenos teólogos, 
que predicaban, y trajo por mayordomo á un 
Carranza y por maestresala á Juan de Iasso y á 
10 



74 BERNAL DÍAZ. 

un Rodrigo Mañueco, y por botiller á Cervan 
Bejarano, y por repostero á un Fulano de San 
Miguel, que solia vivir en Guaxaca ; por des- 
pensero a un Guinea, qué ansimisino fué vecino 
de Guaxaca ; y trajo grandes vajillas de oro y de 
plata, y quien tenia cargo de la plata era un 
Tello de Medina, y por camarero un Salazar, 
natural de Madrid; por médico á un licenciado 
Pero Lopes, vecino que fué de Méjico, y ciru- 
jano á maese Diego de Pcdraza, y otros muchos 
pajes, y uno del os era don Francisco de Monte- 
jo, el cual fué capitán en Yucatán el tiempo an- 
dando, no digo al adelantado su padre ; y dos 
pajes de lanza, que el uno se decía Puebla, y 
ocho mozos de espuelas, y dos cazadores halco- 
neros, que se decian Perales y Garcicaro y Al- 
taro Montañés^ y llevó cinco chirimías y saca- 
buches y dulzainas, y un volteador, y otro que 
jugaba de manos y hacia títeres, y caballerizo 
Gonzalo Rodríguez de Ocampo, y acémilas con 
tres acemileros españoles, y una gran manada 
de puercos, que venian comiendo por el camino; 
y venian con los caciques que dicho tengo sobre 
tres mil indios mejicanos con sus armas de 
guerra, sin otros muchos que eran de su servi- 
cio de aquellos caciques; é ya que estaba Cortés 
de partida para venir su viaje, viendo el factor 
Salazar y el veedor Chirinos, que quedaban en 
Méjico, que no les dejaba Cortés cargo ninguno 
ni se hacia tanta cuenta dellos como quisieran, 
Acordaron de se hacer muy amigos del licencia- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 75 

do Zuazo y de Rodrigo de Paz y de todos los 
amigos y viejos conquistadores de Cortés que 
quedaban en Méjico, y todos juntos le hicieron 
un requiriiniento á Cortés que no salga de Mé- 
jico, sino que gobierne la tierra, y le ponen por 
delante que se alzará toda la Nueva-España, y 
sobre ellos pasaron grandes pláticas y respues- 
tas de Cortés á los que le hacian el requiri- 
miento; y de que no le pudieron convencer á 
que se quedase, dijo el factor y el veedor que le 
querían venir á servir y acompañarle hasta 
Guacacualco, que por allí era su viaje. Pues ya 
partidos de Méjico de la manera que he dicho, 
saber yo decir los grandes recebimientos y fies- 
tas que en todos los pueblos por donde pasaban 
se les hacia, fuera cosa maravillosa; y más se 
le juntaron en el camino de otros cincuenta sol- 
dados y gente estravagante, nuevamente veni- 
dos de Castilla, y Cortés les mandó ir por dos 
caminos hasta Guacacualco, porque para todos 
juntos no habria tantos bastimentos. Pues yen- 
do por sus jornadas el factor, Gonzalo de San- 
doval y el veedor, íbanle haciendo mil servicios 
á Cortés, en especial el factor, que cuando con 
Cortés hablaba estaba la gorra quitada hasta el 
suelo, y con muy grandes reverencias y pala- 
bras delicadas y de grande amistad, y con retó- 
rica muy subida, le iba diciendo que se volviese 
á Méjico y no se pusiese en tan largo y traba- 
joso camino, y poniéndole por delante muchos 
inconvenientes; y aun algunas veces por le com- 



76 BEKNAL DÍAZ. 

placer iba cantando por el camino junto á "Cor- 
tés, y decia en los cantares: «Ay tío, volvámo- 
nos; ay tio, volvámonos;» y respondía Cortes 
cantando: «Adelante, mi sobrino; adelante, mi 
sobrino, y no creáis en agüeros; que será lo 
que Dios quisiere; adelante, mi sobrino,» etc. 
Dejemos de hablar en el factor y de sus blandas 
y delicadas palabras, y diré cómo en el camino, 
en un pueblezuelodaun Ojeda el tuerto, cerca 
de otro pueblo que se dice Orizaba, se casó 
Juan Jaramillo con doña Marina la lengua de- 
lante de testigos. Pasemos adelante, y diré có- 
mo iban camino de Guacacualco, y llegan á un 
pueblo grande que se dice Guazpaltepeque, que 
era de la encomienda de Gonzalo de Sandoval, 
y como lo supimos en Guacacualco, que venia 
Cortes con tanto caballero, ansí alcalde mayor 
como capitanes, y todo el cabildo y regidores, 
fuimos treinta y tres leguas á le recebir y dalle 
el parabién -venido, como quien va á ganar be- 
neficio; y esto digo aquí para que vean los cu- 
riosos letores á otras personas cuan tenido y aun 
temido estaba Cortés, porque no se hacia más 
de lo que él quería, ahora sea bueuo ó malo; y 
dende Guazpaltepeque fué caminando á nuestra 
villa, y en un rio grande que hay en el camino 
comenzó á tener contrastes, porque al pasar se le 
trastornaron tres canoas y se le perdió cierta pla- 
ta y ropa, y aun al Juan Jaramillo se le perdió 
la mitad de su fardaje, y no se pudo saber cosa 
ninguna á causa que estaba el rio lleno de lagar- 



CONQUISTA DE NÜEVA-ESPANA . 77 

tos muy grandes; y dendeallí fuimos á un pueblo 
que sé dice Uluta, y hasta llegar á Guacacuat- 
co le fuimos acompañando , y todo por poblado; 
y quiero decir el gran recaudo de canoas que 
teníamos ya mandado que estuviesen apareja- 
das y atadas de dos en dos en el gran rio junto 
á la villa , que pasaban de trecientas. Pues el 
gran recebimiento que le hicimos con arcos 
triunfales y con ciertas emboscadas de cristia- 
nos é moros , y otros grandes regocijos é inven- 
ciones de fuegos, y le aposentamos lo mejor que 
pudimos t ansí á Cortés como á todos los que 
traia en su compañía ; y estuvo allí seis dias , y 
siempre el factor le iba diciendo que se volviese 
del camino que iba , y que mirase á quién deja- 
ba en su poder ; que tenia al contador por muy 
revoltoso y doblado f amigo de novedades , y 
que el tesorero se jactanciaba que era hijo del 
Rey católico , y que no sentía bien de algunas 
cosas de pláticas que en ellos vio que hablaban 
en secreto después que les dio el poder , y aun 
de antes ; y demás desto , ya en el camino tenia 
Cortés cartas que enviaba dende Méjico diciendo 
mal de su gobernación de los que deiaba, y de- 
11o avisaban al factor sus amigos ; y sobre ello 
decia el factor á Cortés que también sabría él 
gobernar, y el veedor que allí estaba delante, 
como los que dejaba en Méjico t y se le ofrecie- 
ron por muy servidores ; y decia tantas cosas 
melosas y con tan amorosas palabras , que le 
convenció para que le diese poder al factor y al 



78 BERNAL DÍAZ. 

veedor Chirinos para que fuesen gobernadores, 
y fué con esta condición : que si viesen que el 
Estrada y el Albornoz no hacían lo que debian 
al servicio de nuestro Señor y de su majestad, 
gobernasen ellos solos. Estos poderes fueron 
causa de muchos males y revueltas que hubo en 
Méjico , como diré de que haya pasado cuatro 
capítulos é hayamos hecho un muy trabajoso 
camino , y hasta le haber acabado y estar en 
una villa que se llama Trujillo no contaré en 
esta relación lo acaecido en Méjico ; pero diré 
que el padre fray Bartolomé de Olmedo y los 
frailes de San Francisco murmuraban de Cortés 
porque habia dado estos poderes , y decían que 
plegué á Dios no haya Cortés arrepentimiento 
dello ; y no decían muy mal , como luego vere- 
mos ; pero poco importó que ellos lo murmura- 
sen "i que no hacia Cortés mucha monta dellos, 
aunque eran buenos frailes , porque no les tenia 
tanta voluntad como al padre fray Bartolomé 
de Olmedo, que era siempre su consejero. Pero 
dejemos esto, y diré que cuando se despidieron 
el factor y el veedor de Cortés para se volver á 
Méjico, ¡ con cuántos cumplimientos y abrazos! 
Y tenia el factor una manera como de sollozos, 
que parecía que quería llorar al despedirse , y 
con sus provisiones en el seno de la manera que 
él las quiso notar , y el secretario , que se decía 
Alonso Valiente , que era su amigo , las hizo. 
Vuélvense para Méjico, y con ellos Hernán Ló- 
pez de Avila , que estaba malo de dolores y tu- 



COHQÜISTA DE NUEVA-ESPANA. Í9 

Ilido de bubas , y dejémosles ir su camino ; que 
no tocaré en esta relación en cosa ninguna de 
los grandes alborotos y zizañas que en Méjico 
hubo, hasta su tiempo y lugar., desque hubié- 
remos llegado con Curtes todos los caballeros 
por mí nombrados , con otros muchos que sali- 
mos de Guacacualco , y hasta que ya hayamos 
hecho esta tan trabajosa jornada , que estuvi- 
mos en punto de nos perder , según adelante 
diré : y porque en una sazón acaecen dos ó tres 
cosas, y por no quebrar el hilo de lo uno por 
decir de lo otro , acordé de seguir el de nuestro 
trabajosísimo camino. 



CAPITULO CLXXV. 



DE LO QUE CORTÉS ORDENÓ DESPUÉS QUE SE VOLVIÓ EL 
FACTOR Y VEEDOR Á MÉJICO, Y DEL TRABAJO QUE 
LLEVAMOS EN EL LARGO CAMHO, Y DE LOS GRAN BES 
PUENTES QUE HICIMOS, Y HAMBRE QUE PASAMOS EN 
DOS AÑOS Y TRES MESES QUE TARDAMOS EN ESTE 
VIAJE. 



f "Después de despedidos el factor y el veedor, 
lo primero que mandó Cortés fué escribir á la 
Villa- Rica á un su mayordomo, que se decia 
Simón de Cuenca, que cargase dos navios que 



80 BERNA L DÍAZ. 

fuesen de poco porte, de bizcocho de maiz, por- 
que en aquella sazón no se cojia pan de trigo en 
Méjico, y seis pipas de vino y aceite y vinagre y 
tocinos, herraje, y otras cosas de bastimentos, 
y mandó que se fuesen costa á costa del norte, y 
que le escribiría y haria saber dónde había de 
aportar, y que el mismo Simón de Cuenca vi- 
niese por capitán; y luego mandó que todos los 
vecinos de Guacacualco fuésemos con él, que no 
quedaron sino los dolientes. Ya he dicho otras 
veces que estaba poblada aquella villa de los 
conquistadores más antiguos de Méjico, y todos 
los más hijosdalgo, que se habían hallado en 
las conquistas pasadas de Méjico, y en el tiem- 
po que habíamos de reposar de los grandes tra- 
bajos y procurar de haber algunos bienes y 
granjerias, nos mandó ir jornada de más de 
quinientas leguas, y toda la más tierra por don- 
de íbamos de guerra, y dejamos perdido cuanto 
teníamos, y estuvimos en el viaje más de dos 
años y tres meses. Pues volviendo á nuestra 
plática, ya estábamos todos apercebidos con 
nuestras armas y caballos, que no le osábamos 
decir de no ; é ya que alguno se lo decia , por 
fuerza le hacia ir ; y éramos por todos , ansí los 
de Guacacualco como los de Méjico , sobre du- 
cientos y cincuenta soldados, y los ciento y 
treinta de á caballo , y los demás escopeteros y 
ballesteros , sin otros muchos soldados nueva- 
mente venidos de Castilla ; y luego me mandó 
á mí que fuese por capitán de treinta españoles 



. . CONQUISTA DE NUEVA-E8PAÑA. 81 

St)& plOq ,019Í89^9 

y de tres mil indios mejicanos » y fuese á unos 
pueblos que estaban de guerra , que se decian 
Cimatan, é que en aquellos pueblos mantuviese 
los tres mil indios mejicanos , y si los naturales 
de aquella provincia estuviesen de paz ó se vi- 
niesen á someter al servicio de su majestad, que 
no les hiciese enojo ni fuerza ninguna , salvo 
mandar dar de comer á aquellas gentes ; y si no 
quisiesen venir , que los enviase á llamar tres 
veces de paz, de manera que lo entendiesen muy 
bien , é por ante un escribano que iba conmigo 
é testigos ; y si no quisiesen venir , que lea die- 
se guerra , y para ello me dio poder y sus ins- 
trucciones , las cuales tengo, hoy dia firmadas de 
su nombre y de su secretario Alonso Valiente; 
y ansí hice aquel viaje como lo mandó, quedan- 
do de paz aquellos pueblos ; mas dende á pocos 
meses , como vieron que quedaban pocos espa- 
ñoles en Guacacualco , é íbamos los conquista- 
dores con Cortés , se tornaron á alzar , y luego 
salí con mis soldados españoles é indios mejica- 
nos al pueblo donde Cortés mandó que saliese, 
que se decia Iquinuapa. Volvamos á Cortés y á 
su viaje : que salió de Guacacualco y fué á To- 
nala .que hay ocho leguas, y luego pasó un rio 
en canoas y fué á otro pueblo que se dice el 
Ayagualulco, y pasó otro rio en canoas, y dende 
el Ayagualulco pasó siete leguas de allí un esw 
tero que entra en el mar» y le hicieron una 
puente que habia de largc* cerca de modio cuar- 
to de legua; cosa espantosa cómo la hicieron en 
lt 



82 BERNAL DÍAZ. 

él estero, porqué siempre Cortés enviaba ade- 
lante dos capitanes de los vecinos de Guacacual- 
co, y uno dellos se decia Francisco de Medina, 
hombre diligente, que sabia muy bien mandar 
á los naturales desta tierra. Pasada aquella 
gran puente, fué por unos pueblezuelos, basta 
llegar á otro gran rio que se dice Mazapa, que 
es el que viene de Cbiapa, que los marineros 
llaman rio de dos bocas ; allí tenían muchas ca- 
noas atadas de dos en dos; y pasado aquel gran 
rio, fué por otros pueblos, adonde yo salí con 
mi compañía de soldados, que se dice Iquinapa, 
como dicho tengo, y dende allí pasó otro rio en 
puentes que hicimos de maderos, y luego un 
estero, y llegó áotro gran pueblo que se dice 
Copilco, y dende allí comienza la provincia que 
llaman la Ghontalpa, y estaba toda muy pobla- 
da y llena de huertas de cacao, y muy de paz; 
y dende Copilco pasamos por Nacaxuxuica, y 
llegamos áZagutan.yen el camino pasamos otro 
rio por canoas. Aquí se le perdió á Cortés cierto 
herraje; y este pueblo cuando á él allegamos es- 
taba de paz, y luego á la noche se fueron hu- 
yendo los moradores del, y se pasaron de la 
parte de un gran rio entre unas ciénagas, y man- 
dó Cortés que les fuésemos á buscar por los mon- 
tes, que fué cosa bien inconsiderada ésin prove- 
cho aquello que mandó, y los soldados que los 
fuimos á buscar pasamos aquel gran rio con 
harto trabajo, y trujimos siete principales y 
gente menuda ; mas poco api ovecharon , que 



CONQUISTA DE KüEVA-ISPAÑA. 83 

luego se volvieron á huir , y quedamos solos 
y sin guias. En aquella sazón vinieron allí los 
caciques de Tabasco con cincuenta canoas car- 
gadas de maiz y bastimento; también vinieron 
unos indios de los pueblos de mi encomienda 
que en aquella sazón yo tenia, é trajeron car- 
gadas ciertas canoas de bastimentos; los cuales 
pueblos se dicen Teapan; é fuimos á Tepetitan 
é Iztapa, y en el camino habia un rio muy cau- 
daloso que se dice Chilapa, y estuvimos cuatro 
dia en hacer barcas. Yo dije á Cortés que el rio 
arriba, por relación que tenia, habia un pueblo 
que se dice Chilapa, que es del nombre del mis- 
mo rio, que seria bien enviar cinco indios de los 
que traíamos por guias en una canoa quebrada 
que allí hallamos, y les enviase á decir que tra- 
jesen canoas; y con los cinco indios fué un sol- 
dado, y como se lo dije á Cortés; y ansí lo man- 
dó; y fueron el rio arriba é toparon dos caciques 
que traian seis grandes canoas y bastimento, y 
con aquellas canoas y barcas pasamos, y estu- 
vimos cuatro dias en el pasaje; y dende allí fui- 
mos á Tepetitan, y hallárnosle despoblado y 
quemadas las casas; y según supimos, habíanles 
dado guerra otros pueblos y llevado mucha gen- 
te cautiva, y quemado el pueblo de pocos dias 
pasados, y en todos los tres dias que anduvimos 
de camino, después de pasado el rio de Chilapa, 
era muy cenagoso, y atollaban los caballos has- 
ta las cinchas, y habia muy grandes campos; y 
desde allí fuimos á otro pueblo que se dice Iz- 



í;8 .A¿Aqai-AV.TdVT 3C1 AT3í r JQ*0!} 

$4 BERNAL DUZ. 

tapa, y de„mie<lo se fueron, los iu4ios*y se pa¿a/- 
jqu 4e la. paf te de otro rio. muy caudaloso, y 
fu#ao$Jos,i tmscar, y trajimos, ios cagues y 
muc&fls indios, con sus mujeres y Wjos, y Cortes 
les habló con halagos,, y m^ndé que Jes volvié- 
semos cuatro indias y tres indios que les había- 
mos tjoma^o en loa montes; y en pag;o, 4sllQ* y 
de buena voluntad, trajeron presentabas á Cor- 
tés ciertas piezas de oro de poca valía; y estuvi- 
mos en este pueblo tres djas, porque habia bqe«- 
na yerba; para, los caballos y sancho maiz, y der- 
cia Cortés, q¡ue era, buena tierra para, poblar allí 
una villa; porque tenia nueva que en ios, rede- 
dores, habia buenas poblaciones, para servicio de 
& tal, vMJa; y eu este pueblo de Iztapa: se> infor- 
ma Qortés de los caciques y mercaderes de los 
naturales del mismo pueblo, el camino que ha- 
bíamos de llevar; y aun les. mostró Cortés, un 
pa£o 4e nequen que traia, de Guacacualco,, do¡n- 
de, veaian señalados todos, los. pueblos del cami- 
no por donde habíamos de ir hasta Huyacala, 
que en su lengua se dice la Gran Acala,, porque 
nabia otro pueblo que se decia. Acala la Cbica¿,y 
allí dijeron que en todo lo, más de nuestro car 
mino habia muchos rios y esteros, y para, liega* 
á otro pueblo que se dice Tamaztepeque bat>ia 
otros tres rios y un gran estero, y que habia- 
mos de estar en el camino tres jornadas;, y des- 
que aquello entendió Corsés, e* supo de los rios, 
í¿s rogó que faesen; todos los caciques á hacer 
puentes y llevasen canoas, y no lo hicieron; y 



C0NQÜI8TA DE «UEVA-ESPANA. 85 

con maís tostado y otras legumbres hicimos rao- 
elula para los tres dias, creyendo que era como 
lo decían» y por echarnos de sus casas dijeron 
que no habia más jornada, y había siete jorna- 
das, y hallamos los ríos sin puentes ni canoas, y 
hubimos de hacer una puente de muy gruesos 
maderos, por donde pasaron los caballos, y tor- 
dos nuestros soldados y capitanes fuimos en 
cortar la madera y acarrealla, y los mejicanos 
ayi^dan.do lo que podían; y estuvimos en hacella 
tres dias, que no teníamos que comer sino yer- 
bas y unas raices de. unas que llaman en esta 
tierra queouexque, montesinas, las cuales nos 
abrasaron las lenguas y bocas. Pues, ya pasado 
aquel esteren, no hallábamos camino ninguno, 
y hubimos de abrirle con las espada» á manos, 
y anduvimos dos dias por el camino que abri- 
mos, creyendo que iba derecho al pueblo; y una 
mañana tomamos el mismo camino qr,ue abrimos 
y desque Cortés lo vio» quería reventar de eno- 
jo, y como oyó él murmurar del mal que decían 
del y aún de su viaje, con la gran hambre que 
habia, y que no miraba más de su apetito, sin 
pensar bien lo que hacia, y que era mejor que 
nos volviésemos para Méjico que no morir to- 
dos de hambre. Pues otra cosa habia„ que eran 
los montes muy altos en demasía y^, espesos, y á 
mala vez podíamos ver el cielo, pues ya que 
quisieron subir en algunos árboles para atala- 
yar la tierra, no vian cosa ninguna, según eran 
muy cerradas todas las montañas; y las guias 



86 BERRAL DÍAZ. • 

que traíamos las dos huyeron, y la otra qué 
quedaba estaba malo, que no sabia dar razón 
de camino ni de otra cosa ; y como Cortés 
en todo era diligente, y por falta de solicitud 
no se descuidaba, traíamos una aguja de ma- 
rear , y á un piloto que se dccia Pedro Ló- 
pez, y con el dibujo del paño que traíamos de 
Guacacualco , donde venían señalados los pue- 
blos , mandó Cortés que fuésemos con el agu* 
ja por los montes, y con las espadas abríamos 
caminos hacia el leste, que era la señal del paño 
donde estaba el pueblo; y aun dijo Cortés que 
si otro día estábamos sin dar en pueblo, que no 
sabia qué hiciésemos; y muchos de nuestros 
soldados, y aún todos los más, deseábamos yol- 
vernos á la Nueva-España; y todavía seguíamos 
nuestra derrota por los montes, y quiso Dios 
que vimos unos árboles antiguamente cortados, 
y luego una vereda chica, é yo y el Pedro Ló- 
pez, que íbamos delante abriendo camino con 
otros soldados, volvimos á decir á Cortés que se 
alegrase, que había estancias; con lo cual todo 
nuestro ejército tomó mucho contento; y antes 
de llegar á las estancias estaba un rio y ciéna- 
gas, mas con harto trabajo lo pasamos de pres- 
to, y dimos en el pueblo, q^üe aquel dia se habia 
despoblado, y hallamos muy bien de comer 
maiz y frísoles y otras legumbres; y como íba- 
mos muertos de hambre, dímonos buena haz- 
tazga, y aún los caballos se reformaron, y por 
todos muchas grados á Dios; y ya en el camino 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 8? 

se habia muerto el volteador que llevábamos, 
ya por mí nombrado, y otros tres españoles de 
los recien venidos de Castilla; pues indios de los 
de Mechoacan y mejicanos morian muchos, é 
otros muchos caian malos y se quedaban en el 
camino como desesperados. Pues como estaba 
despoblado aquel pueblo, y no teníamos lengua 
ni quien nos guiase, mandó Cortés que fuésemos 
dos capitanes por los montee y estancias á los 
buscar, y en unas canoas que estaban en un 
gran rio junto al pueblo fueron otros soldados y 
dieron con muchos indios de aquel pueblo, y con 
buenas palabras y halagos vinieron sobre trein- 
ta dellos, y todos los más caciques y papas; y 
Cortés les habló amorosamente con doña Mari- 
na, y trajeron mucho maiz y gallinas, y señala- 
ron el camino que habíamos de llevar hasta otro 
pueblo que se dice Izguatepeque, el cual estaba 
tres jornadas, que serian diez y seis leguas; y 
antes de llegar á él estaba otro pueblo sujeto 
deste Tamaztepeque, donde salimos. Antes que 
pase más adelante, quiero decir que con gran 
hambre que traíamos, así españoles como meji- 
canos , pareció ser que ciertos caciques de Mé- 
jico apañaron dos ó tres indios de los pueblos 
que dejábamos atrás, y traíanlos escondidos con 
sus cargas, á manera y trage como ellos, y con 
la hambre, en el camino los mataron y los asa- 
ron en hornos que para ello hicieron debajo de 
tierra y con piedras , como en su tiempo lo so- 
lian hacer en Méjico, y se los comieron; y. asi- 



88 BERNAL DÍAZ. 

n 9¿ 
mismo habían apañado las dos guias que trai- 
moS) que se habían huido, y se los comieron; y 
alcanzólo á saber Cortés, y mandp ;l\*m V los 
caciques mejicanos, y riñó malamente con ellos, 
que si otra tal hacían que losrC&stigaria; y pre- 
dicó un Fraile, francisco de los que traíamos, 
cosas muy santas y buenas; y de que hubo aca- 
bado el ser mon* mandó Cortés por justicia, que- 
mar, á un indio mejicano por la muerte de los 
indios que comierod» gusstPrque, supo que todos 
eran culpantes en elio, porque pareciese que 
hacia justicia, y que él no sabia de otros, culpan- 
tes sino el que acuernó- Dejemos, de contar muy 
por extenso otros muchos- trabajos que pasába- 
mos, y cómo las chirimías 3f sapabuches yd$lr 
zainas que Cortés traia, que otra vez he hecho 
memoria dellos, como en Castilla eran acostum- 
brados á regalos j np sabían de trabajos, y con 
la hambre habían adolecido y no le daban músi- 
ca, excepto unp r y renegábamos todos, loq solda- 
dos de lo oír, y decíamos que, parecían zorros ó 
adibes que aullahan, que más valiera tener maiz 
que comer que, música. Yolvames á nuestra re- 
lación, y diré cómo algunas personas me han 
preguntado que cómo habiendo tanta hambre 
como dicho tengo, por que no comíamos la ma- 
nada de los puercos que traían para Cortes, pues 
á la necesidad.de hambre no hay ley¡; J viendo 
la hambre que habia* que Cortés los había de 
mandar repartir por todos en; tales tiempos. A 
esto digo que ya habia echado fama uno que ve- 



CONOTJISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 89 

nia por dispensare y mayordomo de Cortés, que 
se decia Guinea y era hombre doblado, y hacia 
en creyente que en los rios al pasar dellos los 
habian comido tiburones y lagartos; y porque 
no los viésemos venían siempre cuatro jornadas 
atrás rezagados; y demás desto, para tantos 
soldados como éramos, para un dia no habia en 
todos ellos, y á esta causa no se comieron; y 
demás desto, para no enojar á Oortés. Dejemos 
esta plática, y diré que siempre por los pueblos 
y caminos por donde pasábamos dejábamos 
puestas cruces donde habia árboles para se la- 
brar, en especial ceibas, y quedaban señaladas 
las cruces, y son más fijas hechas en aquellos 
árboles que no de maderos, porque crece la cor- 
teza y quedan más perfectas, y quedaban cartas 
en partes que las pudiesen leer, y decia en 
ellas: «Por aquí pasó Cortés en tal tiempo;» y 
esto se hacia porque si viniesen otras personas 
en nuestra busca supiesen cómo íbamos adelan- 
te. Volvamos á nuestro camino para ir á Cigua- 
tepecad, que fueron con nosotros sobre veinte 
indios de aquel pueblo de Tamaztepeque, y nos 
ayudaron á pasar dos rios y en barcas y canoas, 
y aun fueron por mensajeros á decir á los caci- 
ques del pueblo donde íbamos que no hubiesen 
miedo, que no los haríamos ningún enojo; y -así, 
aguardaron en sus casas muchos dellos; y lo 
que allí pasó diré adelante. 



12 



90 BERNAL DÍAZ. 

CAPITULO CLXXIV. 



COMO DESQUE HUBIMOS LLEGADO AL PUEBLO DE CI- 
GUATEPECAD ENVIÓ CORTÉS POR CAPITÁN Á FRAN- 
CISCO DE MEDINA PARA QUE, TOPANDO Á SIMÓN DE 
CUENCA, VINIE8EN CON LOS DOS NAVÍOS YA OTRA VEZ 
POR MÍ MEMORADOS AL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ, 
AL GOLFO-DULCE, Y DE LO QUE MAS PASÓ. 



Pues como hubimos llegado á este pueblo que 
dicho tengo, Cortés halagó mucho á los caci- 
ques y principales y les dio buenos chalchinuíes 
de Méjico, y se informaron á qué parte salia un 
rio muy caudaloso y recio que junto á aquel 
pueblo pasaba, y le dijeron que iba á dar en unos 
esteros donde habia una población que se dice 
Gueyatasta, y que junto del estaba otro gran 
pueblo que dice Xicalango; parecióle á Cortés 
que seria bien luego enviar dos españoles en 
canoas para que saliesen á la costa del Norte y 
supiesen del capitán Simón de Cuenca y sus dos 
navios, que habia mandado cargar de vituallas 
para el camino que dicho tengo, y escribióle 
haciéndole saber nuestros trabajos y que salie- 
se por la costa adelante; y después de bien in- 
formado cómo podria ir por aquel rio hasta las 
poblaciones por mí dichas, envió dos españoles, 
y el más principal dellos, que ya le he nombra- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 91 

do otras veces, se decia Francisco de Medina, y 
dióle poder para ser capitán, juntamente con el 
Simón de Cuenca, que este Medina era muy di- 
ligente y tenia lengua de toda la tierra, y este 
fué el soldado que hizo levantar el pueblo de Cha- 
mula cuando fuimos con el capitán Luis Marin á la 
conquista de Chiapa, como dicho tengo en el ca- 
pitulo que dello habla; y valiera más que tal 
poder nunca le diera Cortés, por lo que en ade- 
lante acaeció, y es, que fué por el rio abajo has- 
ta que llegó adonde el Simón de Cuenca estaba 
con sus dos navios en lo de Xicolango, esperan- 
do nuevas de Cortés, y después de dadas las 
cartas de Cortés, presentó sus provisiones para 
ser capitán, y sobre el mandar tuvieron pala- 
bras entrambos capitanes, de manera que vinie- 
ron á las armas, y de la parte del uno y del 
otro murieron todos los españoles que iban en 
el navio, que no quedaron sino seis ó siete; y 
cuando vieron los indios de Xicalango é Gueya- 
tasta aquella revuelta, dan en ellos y acabáron- 
los de matar á todos, é queman los navios, que 
nunca supimos "cosa ninguna dellos hasta de ahí 
á dos años y medio. Dejemos más de hablar en 
esto, y volvamos al puebio donde estábamos, 
que se dice Ciguatepecad, y diré cómo los indios 
principales dijeron á Cortés que habia dende 
allí á Gueyacala tres jornadas y que en el cami- 
no habia de pasar dos rios, y el uno dellos era 
muy hondo y ancho, y luego habia unos malos 
tremedales y grandes ciénagas, y que si no te- 



92 BERIÍAL DÍAZ. 

nia eanoas que no podría pasar caballos ni aun 
ninguno de su ejército; y luego Cortés envió á 
dos soldados con tres indios principales de aquel 
pueblo para que se lo mostrasen y tanteasen el 
rio y ciénagas, y viesen de qué manera podría- 
mos pasar, é que trajesen buena relación dellos; 
y llamábanse los soldados que envió, Martin 
García, y era valenciano y alguacil de nuestro 
ejército, y el otro se decia Pedro de Ribera; y el 
Martin García, que era á quien más se lo enco- 
mendó Cortés, vio los rios, y con unas canoas 
chicas que tenían en el mismo rio lo vio, y miró 
que con hacer puentes podría pasar, y no curó 
de ver las malas ciénagas que estaban una legua 
adelante; y volvió á Cortés y le dijo que con 
hacer puentes podrían pasar, creyendo que las 
ciénagas no eran trabajosas, como después las 
hallamos; y luego Cortés me mandó á mi y aun 
Gonzalo Mejía, y mandó que fuésemos con cier- 
tos principales de Ciguatepecad á los pueblos 
de Acala, y que halagásemos á los caciques y 
con buenas palabras los atrajésemos para que 
no huyesen, porque aquella población de Aca- 
la eran sobre veinte pueblezuelos, dellos en 
tierra firme y otros en unas como isletas, y to- 
do se andaba en canoas por ríos y esteros; y 
llevamos con nosotros los tres indios de los de 
Ciguatepecad por guias, y la primera noche que 
dormimos en el camino se nos huyeron, que no 
osaron ir con nosotros; porque, según después^ 
supimos, eran sus enemigos y tenían guerra 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 93 

unos con otros; y sin guias hubimos de ir, y con 
trabajos pasamos las ciénagas; y llegados al 
primer pueblo de Acala, puesto que estaban 
alborotados y parecia estar de guerra, con pa- 
labras amorosas y con dalles unas cuentas les 
halagamos, y les rogamos que fuesen á Ciguate- 
pecad á ver á Malinche y le llevasen de comer. 
Pareció ser que el dia que llegamos á aquel 
pueblo no sabian nuevas ningunas de cómo 
había venido Cortés y que traia mucha gen- 
te así de á caballo como raeiicanos , é otro 
dia tuvieron nueva de indios mercaderes del 
gran poder que traia, y los caciques mostraron 
más voluntad de enviar comida que cuan- 
do llegamos , y dijeron que cuando hubiese 
llegado á aquellos pueblos le servirían y harían 
lo que pudiesen en dalle de comer, y en cuanto 
ir adonde estaba, que no querían ir, porque eran 
sus enemigos. Pues estando que estábamos en 
estas pláticas con los caciques, vinieron dos es- 
pañoles con cartas de Cortés, en que me man- 
daba que con todo el bastimento que pudiese 
haber saliese de allí á tres dias de camino con 
ello, por causa que ya le habían despoblado to- 
da la gente de aquel pueblo donde le habia de- 
jado, y me hizo saber que venia ya camino de 
Acala, y que no habia traído maíz ninguno ni 
lo hallaba, y que pusiese mucha diligencia en 
los caciques no se ausentasen; y también los es- 
pañoles que me trajeron las cartas me dijeron 
cómo Cortés habia enviado el rio arriba de Ci- 



94 BÉKNAt DÍAZ. 

guatepecad cuatro españoles, y los tres delloa 
de los nuevamente venidos de Castilla, en ca- 
noas, á demandar bastimento á otros pueblos 
que decían que estaban alli cerca, y que no ha- 
bían vuelto y que creían que loshabian muerto, 
y asi salió verdad. Volvamos á Cortés, que co- 
menzó de caminar, y en dos dias llegó al gran 
rio que ya otras veces he dicho, y luego puso 
mucha diligencia en hacer una puente, y fué con 
tanto trabajo y con maderos gruesos y grandes 
que, después de hecha, se admiraron los indios 
de Acala del haber de tal manera puesto los ma- 
deros, y estúvose en hacer cuatro dias; y como 
salió Cortés del pueblo ya otras veces por mí 
nombrado con todos sus soldados , no traían 
maíz ni bastimento, y con los cuatro dias que 
estuvo en el camino pasaron muy gran hambre é 
trabajo, é lo peor de todo> que no sabían si ade- 
lante temían maíz ó si estaba de paz aquella 
provincia; aunque algunos soldados viejos se 
remediaban con cortar árboles muy altos que 
parecen palmas, q je tienen por fruta unas al pa- 
recer de nueces muy encarceladas, y aquellas 
asaban y quebraban y comían. 

Dejemos de hablar en esta hambre, y diré có- 
mo la misma noche que acabaron de hacer la 
puente llegué yo con mis tres compañeros y con 
ciento y treinta cargas de maíz y ochenta galli- 
nas y miel y frisóles y sal t y otras frutas , y 
como llegué de noche ya que escurecia, estaban 
todos los más soldados aguardando el bastimen- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 95 

to, porque ya sabían que yo habia ido á lo traer; 
y Cortés les decia á los capitanes y soldados, que 
tenia esperanza en Dios que presto tendrían to- 
dos de comer , pues que yo habia ido á Acala 
para tracllo, si no me habian muerto los indios, 
como mataron á los otros cuatro españoles que 
envióá buscar comida. E volviendo á nuestra ma- 
teria: asi como llegué con el maíz y bastimento á 
la puente, como era de noche, cargaron todos los 
soldados dello y lo tomaron todo, que no dejaron 
á Cortés ni á ningún capitán ni á Sandoyal cosa 
ninguna, con dar voces: «Dejadlo, que es para el 
capitán Cortés;» y asimismo su mayordomo Car- 
ranza, que así se llamaba, y el despensero Gui- 
nea daban voces y se abrazaban con el maíz, que 
les dejasen siquiera una carga; y como era de 
noche , decíanle los soldados : «Buenos puercos 
habéis comido vosotros y Cortés, y nos habéis 
visto morir de hambre é no nos dábadcs nada 
dellos;» y no curaban de cosa que les decían, 
sino que todo se lo apañaban. Pues como Cortés 
supo que se lo habian tomado y que no le deja- 
ron cosa ninguna, renegaba de la paciencia y pa- 
teaba, y estaba tan enojado, que decia que quería 
hacer pesquisa y castigar á quien se lo tomó, é 
dijeron, lo de los puercos que Comió. Y como vio 
y consideró que el enojo era por demás y dar 
voces en desierto, me mandó llamar á mí, y muy 
enojado me dijo que cómo puse tal cobro en el 
bastimento. Yo le dije que procurara su merced 
de enviar adelante guardias para ello, y aun- 



96 BERNAL DIÁZ. 

que él en persona estuviera guardándolo, se lo 
tomaran, porque le guarde Dios de la hambre» 
que no tiene ley; v como vio que no habia reme- 
dio ninguno, y que tenia mucha necesidad, me 
halagó con palabras melosas, estando delante el 
capitán Gonzalo de Sandoval, y me dijo: «Oh 
señor hermano Bernal Diaz del Castillo, por 
amor de mí, que si dejastes algo escondido en el 
camino, que partáis conmigo, que bien creido 
tengo de vuestra buena diligencia que traería- 
des para vos y para vuestro amigo Sandoval.» 
Y como vi sus palabras y de la manera que lo 
dijo, hube lástima del; y también Sandoval me 
dijo: aPues yo juro á tal, tampoco tengo un 
puño de maíz de que tostar y hacer cacalote;» 
y entonces concerté y dije que conviene que 
esta noche al cuarto de la modorra, después que 
esté reposado él real, vamos por doce carros de 
maíz y veinte gallinas y tres jarros de miel y 
frisóles y sal, y dos indias para hacer pan, que 
me dieron en aquellos pueblos para mí, y hemos 
de venir de noche, que nos lo arrebatarán en el 
camino los soldados, y esto hemos de partir en- 
tre vuestra merced y Sandoval y yo é mi gente; 
y él se holgó en el alma y me abrazó; y Sando- 
val dijo que queria ir aquella noche conmigo 
por el bastimento,, y lo trajimos, con que pasa- 
ron aquella hambre, y también le di una de las 
dos indias á Sandoval; é preguntó Cortés si 
los frailes tenian qué comer, é yo le respondí 
que cuidaba Dios mejor dellos que él, porque 



CONQUISTA DE NUE V A-ESP AK A . 97 

todos los soldados les daban de lo que habían 
tomado por la noche, é que no morirían de ham- 
bre. He traído aquí esto á la memoria para que 
vean en cuánto trabajo se ponen los capitanes 
en tierras nuevas; que á Cortés, que era muy 
temido, no le dejaron maíz que comer, y que el 
capitán Sandoval no quiso fiar de otro la parte 
que le habia de caber, que él mismo fué conmi- 
go por ello, teniendo muchos soldados que pu- 
diera enviar. Dejemos de contar del gran tra- 
bajo del hacer de la puente y de la hambre pa- 
sada, y diré cómo obra de una legua adelante 
dimos en las ciénagas muy malas, y eran de tal 
manera, que no aprovechaba poner maderos ni 
ramos ni hacer otra manera de remedios para 
poder pasar los caballos, que atollaban todo el 
cuerpo sumido en las grandes ciénagas , que 
creímos no escapar ninguno dellos, sino que to- 
dos quedarían allí muertos; y todavía porfiamos 
de ir adelante, porque estaba obra de medio tiro 
de ballesta tierra firme y buen camino, y como 
iban los caballos con tanto trabajo y se hizo un 
callejón por la ciénaga de lodo y agua , que pa» 
saron sin tanto riesgo de se quedar muertos, 
puesto que iban á veces medio á nado entre 
, aquella ciénaga y el agua; pues ya llegados en 
tierra firme, dimos gracias á Dios por ello, y 
luego Cortés me mandó que con brevedad vol- 
viese áAcala y que pusiese gran recaudo en 
los caciques que estuviesen de paz, y que luego 
enviase al camino bastimento; y así lo hice, que 
13 



98 BERNAL DÍAZ. 

el mismo dia que llegué á Acala de noche envié 
tres españoles que ibau conmigo con más de cien 
indios cargados de maiz é otras cosas ; y cuando 
Cortés me envió por ello, dije que mirase que él 
en persona lo aguardase, no lo tomasen como la 
otra vez ; y así lo hizo, que se adelantó con San- 
doval y Luis Marin, y lo hubieron todo y lo re- 
partieron ; y otro dia, á obra de mediodía lle- 
garon á Acala, y los caciques le fueron á dar el 
bienvenido y le llevaron bastimento; y dejallo 
he aquí, y diré lo que más pasó. 



CAPITULO CLXXVII. 



DE EN LO QÍE CORTES ENTENDIÓ DESPUÉS DE LLEGADO 
A ACALA, Y CÓMO EN OTRO PUEBLO MAS ADELANTE, 
SUJETO AL MISMO ACALA, MANDÓ AHORCAR Á GUA- 
TEMUZ, QUE ERA GRAN CACIQUE DE MÉJICO, Y Á 
OTRO CACIQUE QUE ERA SEÑOR DE TACUBA, Y LA 
CAUSA POR QUÉ ; Y OTRAS COSAS QUE ENTONCES 
PASARON. 



Desque Cortés hubo llegado á Gueyacala, que 
así se llamaba, y loscaciques de aquel pueblo le 
vinieron de paz, y les habló con doña Marina la 
lengua de tal manera que al parecer se holga- 
ban, y Cortés les daba cosas de Castilla, y traje- 



CONQUISTA DE HUEVA-ISPANA. 99 

ron maíz y bastimento, y luego mandó llamar 
todos los caciques, y se informó del los del cami- 
no que habíamos de llevar, y les preguntó que 
si sabían de otros hombres como nosotros con 
barbas y caballos, y si habian visto navios ir 
por la mar ; y dijeron que ocho jornadas de allí 
había muchos hombres con barbas y mujeres de 
Castilla y caballos, y tres acales (que en su len- 
gua acales llaman á los navios) ; de la cual nue- 
va se holgó Cortés de saber; y preguntando por 
los pueblos y camino por donde habíamos de ir, 
todo se lo trujeron ñgurado en unas mantas, y 
aun los ríos y ciénagas y atolladeros ; y les rogó 
que en los rios pusiesen puentes y llevasen ca- 
noas, pues tenia mucha gente y eran grandes 
poblaciones ; y los caciques dijeron que, puesto 
que eran sobre veinte pueblos, que no les que- 
rían obedecer todos los más dellos, en especial 
unos que estaban entre unos rios, y que era ne- 
cesario que luego enviase de sus teules, que así 
nos llamaban á los soldados, á les hacer traer 
maíz y otras cosas, y que les mandase que los 
obedeciesen, pues que eran sus sujetos. Y como 
aquello entendió Cortés, luego mandó á un Die- 
go de Mazariegos, primo del tesorero Alonso de 
Estrada, que quedaba por gobernador en Méjico, 
que porque viese y conociese que Cortés tenia 
mucha cuenta de su persona, que le hacia honra 
de envialle por capitán á aquellos pueblos y á 
otros comarcanos ; cuando le envió, secretamen- 
te le dijo que porque él no entendía muy bien 



100 BERNAL DUZ. 

las -cosas de la tierra* por ser nuevamente veni- 
do de Castilla, y no tenia tanta experiencia por 
ser en cosa de indios, que me llevase á» mí en su 
compañía, y lo que yo le aconsejase no saliese 
dello ; y asi lo hizo, y no quisiera escribir esto 
en esta relación, porque no pareciese que me 
jactanciaba dello ; y no lo escribiera, sino por- 
que fué público en todo el real, y aun después lo 
vi escrito de molde en unas cartas y relaciones' 
que Cortés escribió a su majestad, haciéndole 
saber todo lo que pasaba y del viaje de Honduras, 
y por esta causa lo escribo. Volvamos á nuestra 
materia. Fuimos con el Mazariegos hasta ochenta 
soldados en canoas que nos dieron los caciques, y 
cuando hubimos llegado á las poblaciones, todos 
de buena voluntad nos dieron de lo que tenian , y 
trajimos sobre cien canoas de maiz é bastimento 
y gallinas y miel y sal, y diez indias que tenian 
por esclavas , y vinieron los caciques á verá 
Cortés ; de manera que todo el Real tuvo muy 
bien que comer , y dentro de cuatro dias se hu- 
yeron todos los más caciques, que no quedaron 
sino tres guias , con los cuales fuimos nuestro 
camino y pasamos dos rios , el uno en puentes, 
que luego se quebraron al pasar , y el otro en 
barcas , y fuimos á otro pueblo sujeto al mismo 
Acala, y estaba ya despoblado, y allí buscamos 
comida y maiz que tenian escondido por los 
montes. Dejemos de contar nuestros trabajos y 
caminos , y digamos cómo Guatemuz , gran ca- 
cique de Méjico , y otros principales mejica- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 101 

dos i qne< iban con nosotros , habian puesto en; 
plática, ó lo ordenaban, de nos matar á todos y 
volverse á Méjico , y llegados á su ciudad, jun- 
tar sus grandes poderes y dar guerra á los que 
en Méjico quedaban i, y tornarse á levantar ; y 
quien lo descubrió á Gortés fueron dos grandes 
caciques mejicanos, que se decían Tapia y- Juan 
Velazquez; este Juan Velazquez fué capitán ge- 
neral de Guatemuz cuando nos dieron guerra en 
Méjico. Y como Cortés lo alcanzó á saber;, hizo 
informaciones sobre ello , no solamente de los 
dos que lo descubrieron , sino de otros caciques 
que eran en ello , y lo que confesaron era que, 
como nos vian ir por el camino descuidados y 
descontentos, y que muchos soldados habian 
adolecido, y que siempre nos faltaba la comida, 
y que ya se habian muerto de hambre cuatro 
chirimías y el volteador y otros cinco soldados, y 
también se habían- vuelto otros tres soldados ca- 
mino de Méjico, y se iban á su aventura por los 
caminos por donde habian venido, y que más 
querían morir que ir adelante ; que seria bien 
que cuando pasásemos algún rio ó ciénaga dar en 
nosotros, porque eran los mejicanos sobre tres 
mil y traían sus armas y lanzas , y algunos con 
espadas. El Guatemuz confesó que asi era como 
lo habian dicho los demás; empero que no salió 
del aquel concierto; y que no sabe si todos fue- 
ron en ello ó se efectuaría , y que nunca- tuvo 
pensamiento de salir con ello, sino solamente la 
plática que sobre «lio hubo; y el cacique de Ta- 



102 BERNA L DÍAZ. 

cuba dijo que entre él y Guatemuz habían dicho 
que valia más morir de una vez que morir cada 
dia en el camino , viendo la gran hambre que 
pasaban sus macechuelas y parientes. Y sin ha- 
ber más probanzas , Cortés mandó ahorcar al 
Guatemuz y al señor de Tacuba , que era su 
primo , y antes que los ahorcasen , los frailes 
franciscos y el mercenario fueron esforzándolos 
y encomendando á Dios con la lengua doña 
Marina ; y cuando le ahorcaron dijo el Guate- 
muz: «¡Oh capitán M a linche! Dias habia que yo 
tenia entendido é habia conocido tus falsas pa- 
labras, que esta muerte me habías de dar, pues 
yo no me la di cuando te entregaste en mi ciu- 
dad de Méjico : ¿por qué me matas sin justicia? 
Dios te lo demande.» El señor de Tacuba dijo 
que daba por bien empleada su muerte por mo- 
rir junto con su señor Guatemuz. Y antes que los 
ahorcasen los fué confesando fray Juan el mer- 
cenario., que sabia, como dicho he , algo de la 
lengua , y los caciques les rogaban les enco- 
mendasen á Dios , que eran para indios buenos 
cristianos, y creian bien é verdaderamente; é yo 
tuve gran lástima del Guatemuz y de su primo, 
por habelles conocido tan grandes señores, y aun 
ellos me hacían honra en el camino en cosas que 
se me ofrecían, especial en darmealgunos indios 
para traer yerba para mi caballo. Y fué esta 
muerte que les dieron muy injustamente dada, y 
pareció mal á todos los que íbamos aquella jor- 
nada. Volvamos á ir nuestro camino con gran 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 103 

concierto, por temor que los mejicanos , viendo 
ahorcar á su señor , no se alzasen ; mas traían 
tanta mala ventura de hambre y dolencia , que 
no se les acordaba del lo ; y después que los 
hubieron ahorcado, según dicho tengo , luego 
fuimos camino de otro pueblezuelo , y antes de 
entrar en él pasamos un rio bien hondable en 
barcas , y hallamos el pueblo sin gente , que 
aquel dia se habían ido , é buscamos de comer 
por las estancias , é hallamos ocho indios que 
eran Sacerdotes de ídolos, y de buena voluntad 
se vinieron á su pueblo con nosotros, é Cortés 
les habló con doña Marina para que llamasen 
sus vecinos , y que no hubiesen miedo y que 
trujesen de comer ; y ellos dijeron á Cortés 
que le rogaban que mandase que no les lle- 
gasen á unos ídolos que estaban junto á la casa 
donde Cortés posaba, é que le traerían comida y 
harían lo que pudiesen ; y Cortés dijo que él 
haria lo que decían , é que no llegarían á cosa 
ninguna ; mas que para qué querían aquellas 
cosas de ídolos , que son de barro y de maderos 
viejos, y que eran cosas malas, que les engaña- 
ban ; y tales cosas les predicó con los frailes 
y doña Marina , que respondieron muy bien á 
lo que les decían , que los dejarían , y trajeron 
veinte cargas de maíz y unas gallinas ; y Cor- 
tés se informó dellos que si sabían qué tantos 
soles de allí había hombres con barbas como 
nosotros , y caballos ; y dijeron que siete soles, 
que se decía el pueblo donde estaban los de á 



104. BERJIAL. DÍAZ. 

caballo Nito, y que-' ellos irían por guias hasta 
otro pueblo , y que habiamos de dormir una 
noche en despoblado antes de llegar á él; y 
Cortés les mandó hacer una cruz en un árbol 
muy grande, que se dice ceiba, que está junto á 
las casas adonde tenian los ídolos. También 
quiero decir que, como Cortés andaba mal dis- 
puesto, y aun muy pensativo y descontento del 
trabajoso camino que llevábamos, é como habia 
mandado ahorcar á Guatemuz é su primo el se- 
ñor de Tacuba sin tener justicia para, ello, é' 
habia cada dia hambre, é que adolescian espa- 
ñoles é morían muchos mejicanos, pareció ser 
que de noche no reposaba de pensar en ello, y 
salíase de la cama donde dormia á pasear en una 
sala adonde habia ídolos, que era aposento prin- 
cipal de aquel pueblezuelo, adonde tenian otros 
ídolos, y descuidóse y cayó más de dos estados 
abajo y sedescalabró la cabeza, y calló, que no 
dijo cosa buena ni mala sobre ello, salvo curar- 
se la descalabradura, y todo se lo pasaba y su- 
fría. E otro dia muy de mañana proseguimos á 
caminar con nuestras guias, y sin acontecer cosa 
que de contar sea, fuimos á dormir cabe un es- 
tero y cerca de unos montes muy altos; é otro 
dia fuimos por nuestro camino, é á hora de Misa 
mayor llegamos á un pueblo nuevo, y en aquel 
dia se habia despoblado y metido en unas ciéna- 
gas, y eran nuevamente hechas las casas y de 
pocos dias, y tenian en el pueblo hechas albarra- 
das de maderos gruesos, y todo cercado de otros 



CONQUISTA DK NUEVA-ESPAÑA. 105 

maderos muy recios, y hechas cavas hondas antes 
de la entrada on él, y dentro dos cercas, la una 
oomo barbacana, y con sus cubos y troneras; y 
tenian á otra parte por cerca unas peñas, muy 
altas , llenas de piedras hechizas á mano, 
con grandes mamparos; y por otra parte una 
gran ciénaga , que era fortaleza. Pues desque 
hubimos entrado en las casas hallamos tantos 
gallos de papada y gallinas cocidas, como los 
indios las comen , con sus ajíes y pan de maíz, 
que se dice entre ellos tamales , que por una 
parte nos admirábamos de cosa tan nueva , y 
por otra nos alegrábamos con la mucha comida, 
y dio que pensar en tan nuevo caso ; y también 
hallamos una gran casa llena de lanzas chicas 7 
arcos y flechas , y buscamos por los rededores 
de aquel pueblo si había maizales y gente, y no 
había ninguna , ni aun grano de maíz. Estando 
desta manera, vinieron hasta quince indios que 
salieron de las ciénagas , que eran principales 
de aquel pueblo, y pusieron las manos en el 
suelo y besaron la tierra , y dicen á Cortés me- 
dio llorando que le piden por merced que aquel 
pueblo ni cosa alguna no se la quemen , porque 
son nuevamente venidos allí á hacerse fuertes 
por causa de sus enemigos , que me parece que 
dijeron que se decían lacandones , porque les 
han quemado y destruido dos pueblos en tierra 
llana, adonde vivían, y les han robado y muerto 
mucha gente ; los cuales pueblos habíamos de 
ver abrasados adelante por el camino adonde 
U 



106 BERNAL DÍAZ. 

habíamos de ir, que están en tierra muy llana; y 
allí dieron cuenta cómo y de qué manera les 
daban guerra ; y la causa porque eran sus ene- 
migos ; é Cortés les preguntó que cómo tenian 
tanto gallo y gallinas a cocer ; y dijeron que 
por horas aguardaban á sus enemigos, que les 
habían de venir á dar guerra, é que si les ven- 
cían, les babian de tomar sus haciendas y ga- 
llos y lie valles cautivos ; que porque no lo hu- 
biesen ni gozasen se lo querían antes comer ; y 
que si ellos les desbarataban a los enemigos, que 
irían á sus pueblos y les tomarían sus haciendas; 
y Cortés dijo que le pesaba deilo y de su guerra, 
y por ir de camino no lo podia remediar. Lla- 
mábase aquel pueblo, y otras grandes' poblacio- 
nes por donde otro día pasamos, las Mazotecas, 
que quiere decir ea su lengua los pueblos ó tier- 
ras de venados; y tuvieron razón de ponelles 
aquel nombre, por lo que adelante diré Y des- 
de allí fueron con nosotros dos indios dellos, y 
nos fueron mostrando sus poblaciones quema- 
das, y dieron relación á Cortés cómo estaban los 
españoles adelante. Y dejallo he aquí, y diré 
cómo otro dia salimos de aquel pueblo, y lo que 
más hubo en el camino. 



CONQUISTA M NUEVA-ESPAÑA. 107 

CAPITULO CLXXVIII. 



COMO SEGUIMOS NUESTRO VIAJE, Y LO QUE EN ELLO NOS 
AYINO. 



Como salimos del pueblo cercado, que ansí 
le llamábamos de allí adelante, entramos en bue- 
no y llano camino, y todo cabanas y sin árboles, 
y hacia un sol tan caluroso y recio, que otro 
mayor resistero no habíamos tenido en el cami- 
no. E yendo por aquellos campos rasos, habia 
tantos de venados y corrian tan poco, que luego 
los alcanzábamos á caballo, por poco que cor- 
ríamos tras ellos, y se mataron sobre veinte; y 
preguntando á las guias que llevábamos que 
cómo corrian tan poco aquellos venados, y no 
se espantaban de los caballos ni de otra cosa 
ninguna, dijeron que en aquellos pueblos, que 
ya he dicho que se decían los Mazotecas, que los 
tienen por sus dioses, porque les ha parecido en 
su ñgura, y que les mandó su ídolo que no les 
ten ni espanten, y que ansí lo han hecho, y quo 
á esta causa no huyen, y en aquella caza, á un 
pariente de Cortés, que se decia Palacios Ru- 
bios, se le murió un caballo porque se le derri- 
tió la manteca en el cuerpo con el gran calor y 
corrió mucho. Dejemos la caza, y digamos que 
luego llegamos á las poblaciones quemadas, 



108 BEftNAL DIÁZ. 

que era mancilla verlo todo destruido é quema- 
do. E yendo por nuestras jornadas, como Cor- 
tés siempre enviaba adelante corredores del 
campo á caballo y sueltos peones, alcanzaron 
dos indios naturales de otro, pueblo que estaba 
adelante, por donde habíamos de ir, que venian 
de caza y cargados de un gran león y muchas 
iguanas, que son de hechura de sierpes chicas, 
que en estas partes ansi las llaman, iguanas, 
que son muy buenas de comer; y les pregunta- 
ron que si estaba cerca su pueblo, y dijeron 
que si y que ellos guiarían hasta el pueblo, y 
estaba en una islcta cercada de agua dulce, que 
no podíamos pasar por la parte que íbamos sino 
en canoas, y rodeamos poco más de media le- 
gua; y tenían paso, que daba el agua hasta la 
cinta, y hallárnosle poblado con la mitad de los 
vecinos, porque los demás se habían dado bue- 
na priesa á esconder con sus haciendas entre 
unos carrizales, donde tenían cerca sus semen- 
teras , donde durmieron muchos de nuestros 
soldados que se quedaron en los maizales, y tu- 
vieron bien de cenar y se bastecieron para otros 
dias; y hallamos en el pueblo un gran lago de 
agua dulce, y tan llena de pescados grandes, 
que parecían cómo sábalos muy desabridos, que 
tienen muchas espinas, y con unas mantas vie- 
jas y con redes rotas que hallamos en aquel 
pueblo, porque ya estaba despoblado, se pesca- 
ron todos los peces que habia en el agua, que 
eran mas de mil; y allí buscamos guias, las cua- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 109 

les se tomaron en unas labranzas; y de que 
Cortés les hubo hablado con doña Marina que 
nos encaminasen á los pueblos adonde habia 
hombres con barbas y caballos, se alegraron 
como no les hacíamos mal ninguno; y dijeron 
que ellos nos mostrarían el camino de buena vo- 
luntad, que de antes creían que los queríamos 
matar; y fueron cinco dellos con nosotros por un 
camino bien ancho, y mientras más adelante 
íbamos se iba ensangostando, á causa de un 
gran rio y estero que allí cerca estaba, que pa- 
rece ser en él se embarcaban y desembarcaban 
en canoas, é iban por agua al pueblo donde ha- 
bíamos de ir, que se dice Tayasal, el cual está 
en una isleta cerca de agua, é si no es en ca- 
noas no pueden entrar en él por tierra, y blan- 
queaban las casas y adoratorios de más de dos 
leguas que se parecían, y era cabecera de otros 
pueblos chicos que allí cerca están. Volvamos á 
nuestra relación: que como vimos que el camino 
ancho que de antes traíamos se habia vuelto en 
vereda muy angosta, bien entendimos que por 
el estero se mandaban, é ansí nos lo dijeron los 
guias que traíamos; acordamos de dormir cerca 
de unos altos montes, y aquella noche fueron cua- 
tro capitanías de soldados por las veredas que sa- 
lían al estero, á tomar guias, y quiso Dios que se 
tomaron dos canoas con diez indios y dos mujeres, 
y traían las canoas cargadas con maiz y sal, y 
luego los llevaron á Cortés, y les halagó y habló 
muy amorosamente con la lengua doña Marina, 



tlO BERNAL DÍAZ.' 

y dijeron que eran naturales del pueblo que esta- 
ba en la isleta, y que estaría de allí, á loque se- 
ñalaban, obra de cuatro leguas; y luego Cortés 
mandó que se quedase con nosotros la mayor 
canoa y cuatro indios y las dos mujeres, y la 
otra canoa envió al pueblo con seis indios y dos I 
españoles, á rogar al Cacique que traiga canoas 
al pasar del rio, y que no se le haria ningún 
enojo, y le envió unas cuentas de Castilla, y 
luego fuimos nuestro camino por tierra hasta el 
gran rio, y la una canoa fué por el estero hasta 
llegar al rio; é ya estaba el Cacique con otros 
muchos principales aguardando al pasaje con 
cinco canoas, y trujeron cinco gallinas y maiz, 
y Cortés les mostró gran voluntad; y después 
de muchos buenos razonamientos que hubo de 
los caciques á Cortés, acordó de ir con ellos á su 
pueblo en aquellas canoas, y llevó consigo trein- 
ta ballesteros; y llegado á las casas, le dieron 
de comer y poco oro bajo y de poca valía, y 
unas mantas, y le dijeron que había españoles 
así como nosotros en dos pueblos, que el uno ya 
he dicho que se decia Nito, que es el San Gil de 
Buena- Vista, al Golfo-Dulce; y agora le dan 
nuevas que hay otros muchos españoles en Na- 
co, y que habrá del un pueblo al otro diez dias 
de camino, y que el Nito es en la costa del Norte 
y el Naco en la tierra adentre; y Cortés nos 
dijo que por ventura el Cristóbal de Oli había 
repartido su gente en dos villas; que entonces 
no sabíamos de los de Gil González de Avila, 



CONQUISTA DS NUEVA-ESPAÑA. 111 

que pobló á San Gil de Buena- Vista. Volvamos 
á nuestro viaje, que todos pasamos aquel gran 
rio en canoas, y dormimos obra de dos leguas 
de allí, y no anduvimos más porque aguarda- 
mos á Cortés que viniese del pueblo, y como vi- 
no, mandó que dejásemos en aquel pueblo un 
caballo morcillo, que estaba malo de la caza de 
los venados y se le habia derretido el unto en el 
cuerpo y no se podía tener; y en este pueblo se 
huyó un negro y dos indias naborias, y se que- 
daron tres españoles, que no se echaron menos 
hasta de ahí á tres dias; que más querian que- 
dar entre enemigos que venir con tanto trabajo 
con nosotros. Este día estuve yo muy malo de 
calenturas y del gran sol que se me habia en- 
trado en la cabeza, porque ya he dicho otra vez 
que entonces hacia recio sol; y bien se pareció, 
porque luego comenzó á llover tan recias aguas, 
que en tres dias y noches no dejó de llover; y 
no nos paramos en el camino, porque aunque 
quisiéramos aguardar que hiciera buen tiempo, 
no teníamos bastimento de maiz, y por temor no 
faltase íbamos caminando. Volvamos á nuestra 
relación: que desde á dos dias dimos en una sier- 
rezuela de unas piedras que cortaban como na- 
vajas; y puesto que fueron nuestros soldados á 
buscar otros caminos para dejar aquella sierra 
de los pedernales, más de una legua á una parte 
é á otra no hallaron otro camino, sino pasar por 
el que íbamos; é hicieron tanto daño aquellas 
piedras á los caballos, que como llovia resbala- 



112 BERNA L DÍAZ. 

ban y caian, y cortábanse .piernas y brazos y 
aun en los cuerpos, y mientras más abajába- 
mos, peor era, porque ya era Ja bajada de la 
sierrezuela; allí se nos quedaron ocho caba- 
llos muertos , y los más que escaparon de- 
jarretados ; y se le quebró una pierna á un 
soldado que se decia Palacios Rubios, deudo 
de Cortés; y cuando nos vimos fuera <le la sier- 
ra de los Pedernales , que así la llamába- 
mos desde allí adelante,, dimos muchas gra- 
cias y loores á Dios. Pues ya que llegábamos 
cerca de un pueblo que se dice Taica, bamos 
gozosos creyendo hallar bastimentos, y antes de 
llegar á él venia un rio de una sierra entre 
grandes peñascos y derrumbaderos, y como ha- 
tya llovido tres días y tres noches , venia tan 
furioso y con tanto ruido, que bien se oia á dos 
leguas , por caer entre grandes peñas ; y demás 
desto , venia muy hondo , y pasalle era por de- 
mas , y acordamos de hacer una puente desde 
unas peñas á otras , y tanta priesa nos dimos en 
tenella hecha , con árboles muy gruesos , que 
en tres dias comenzamos á pasar para ir al pue- 
blo ; y como estuvimos allí los tres dias hacien- 
do la puente, los indios naturales del pueblo 
tuvieron lugar de esconder el maíz y todo el 
bastimento y ponerse en cobro , que no los po- 
díamos hallar en todos los rededores; y con la 
hambre , que ya nos aquejaba , estábamos todos 
como atónitos , pensando en la comida é traba- 
jos. Yo digo que verdaderamente nunca habia 



C0KQÜI8TA PE 10TB VA-ESPAÑA. 113 

sentido tanto dolor en mi corazón como enton- 
ces i Tiendo que no tenia de comer ni qué dar á 
mi gente , y estar con calenturas , puesto que 
con diligencia lo bureábamos más de dos leguas 
del pueblo en todos los rededores ; y esto era 
víspera de Pascua de la Resurrección de nues- 
tro Salvador Jesucristo. Miren los letores qué 
Pascua podiamos tener sin comer, que con maíz 
fuéramos muy contentos. Pues como aquesto vio 
Cortés, luego envió de sus criados y mozos de 
espuelas , con las guias , á buscar por los mon- 
tes y barrancos maíz : el primer dia de Pascua 
trujieron obra de una hanega ; y como vio la 
gran necesidad , mandó llamar ciertos soldados, 
todos los más vecinos de Guacacualco , y entre 
ellos me nombró á mí, y nos dijo que nos roga- 
ba mucho que trastornásemos toda la tierra y 
buscásemos de comer , que ya víamos en que 
estado estaba todo el real ; y en aquella sazón 
estaba delante de Cortés , cuando nos lo man- 
daba , Pedro de Ircio , que hablaba mucho , y 
dijo que le suplicaba que le enviase por nuestro 
capitán , y le dijo Cortés : oíd en buen hora; o y 
como aquello yo entendí t y sabia que Pedro de 
Ircio no podia andar á pié , y nos había de es- 
torbar antes que ayudar , secretamente dije á 
Cortés , y al capitán Sandoval que no fuese Pe- 
dro de Ircio , que no podia andar por los lodos 
y ciénagas con nosotros , porque era paticorto 
y no era para ello , sino para mucho hablar , y 
que no era para ir á entradas ; que se pararía ó 
15 



114 BERNAL DÍAZ. 

sentaría en el camino de rato en rato. Y luego 
mandó Cortés que se quedase , y fuimos cinco 
soldados con dos guias por unos ríos bien hon- 
dos , y después de pasados los rios , dimos en 
unas ciénagas , y luego en unas estancias , don- 
de estaba recojida toda la mayoi parte de gente 
de aquel pueblo, y hallamos cuatro casas llenas 
de maíz y muchos frisóles y sobre treinta galli- 
nas , y melones de la tierra , que se dicen en 
estas* tierras ayotes , y apañamos cuatro indios 
y tres mujeres , y tuvimos buena Pascua , y esa 
noche llegaron á aquellas estancias sobre mil 
mejicanos que mandó Cortés que fuesen tras 
nosotros y nos siguiesen porque tuviesen de co- 
mer; y todos muy alegres cargamos á los meji- 
canos todo el maiz que pudieron llevar, y que 
Cortés lo repartiese, y también le enviamos 
veinte gallinas para Cortés y Sandoval, y los 
indios y las indias, y quedamos guardando dos 
casas de maiz, no las quemasen ó llevasen de 
noche los naturales del pueblo; y luego otro dia 
pasamos más adelante con otras guias, y topa- 
mos otras estancias, y habia maiz y gallinas , y 
i otras cosas de legumbres, y luego hice tinta, y 
en un cuero de atambor escribí á Cortés que en- 
viase muchos indios, porque habia hallado otras 
estancias con maiz; y como le envié las indias y 
los indios y lo por mí dicho, y lo supieron en 
todo el real, otro dia vinieron sobre treinta sol- 
dados y más de quinientos indios, y todos lleva- 
ron recaudo, y desta manera, gracias a Dios, se 



CONQUISTA DE NUEVA- ESPAÑA. 115 

proveyó el real; y estuvimos en aquel pueblo 
cinco días, y ya he dicho que se d ice Taica. De- 
jemos desto, y quiero decir que , como hicimos 
esta pnente, y en todos los caminos hicimos las 
grandes puentes, y después que aquellas tier- 
ras y provincias estuvieron de paz, los españoles 
que por aquellos caminos estaban y pasaban, y 
hallaban algunas de las puentes sin se haber 
deshecho al cabo de muchos años, y los grandes 
árboles que en ellas poníamos, se admiran dello, 
y suelen decir agora: «Aquí son las puentes de 
Cortés;» como si dijesen , las columnas de Hér- 
cules. Dejémonos de estas memorias, pues no 
hacen á nuestro caso, y digamos cómo fuimos 
por nuestro camino á otro pueblo que se dice 
Tania, y estuvimos en llegar á él dos días, y 
hallárnosle despoblado y buscamos de comer, y 
hallamos maiz é otras legumbres, mas no muy 
abastado ; y fuimos por los rededores del á 
buscar camino , y no le hallábamos , sino to- 
dos rios y arroyos, y las guias que habíamos 
traído del pueblo que dejamos atrás se huye- 
ron una noche á ciertos soldados que las guar- 
daban, que eran de los recien venidos de Cas- 
tilla, que pareció ser se durmieron; y de que 
Cortés lo supo, quiso castigará los soldados por 
ello, y por ruegos los dejó, y entonces envió á 
buscar guias y camino, y era por demás hallarlo 
por tierra enjuta, porque todo el pueblo es- 
taba cercado de rios y arroyos, y no se podían 
tomar ningunos indios ni indias; y demás desto. 



116 BERNA L DÍAZ. 

llovía á la contina, y no nos podíamos valer de 
tanta agua, y Cortés y todos 1 nosotros estaban 
espantados y penosos de no saber ni hallar ca- 
mino por donde ir, y entonces muy enojado dijo 
Cortés á Pedro de Ircio y á otros capitanes, que 
eran los de Méjico: «Agora querría yo que hu- 
biese quien dijese que quería ir á buscar guias 
ó camino, y no dejallo todo á los vecinos de Gua- 
cacualco;» y Pedro de Ircio, como oyó aquellas 
palabras, se apercibió con seis soldados, sus co- 
nocidos y amigos, y fué por una parte, y un 
Francisco Marmol ejo, que era persona de cali- 
dad, con otros seis soldados, por otra paite, y 
un Santa Cruz, burgalés, regidor que fué de 
Méjico, fué por otra con otros soldados, y an- 
duvieron todos tres dias, y puesto que fueron á 
una parte y á otra, no hallaron camino ni guias, 
sino todo agua y arroyos y rios, y cuando hubie- 
ron venido sin recaudo ninguno, quería reven- 
tar Cortés de enojo, y dijo ai Sandoval que me 
dijese á mí el gran trabajo en que estábamos, y 
que me rogase de su parte que fuese á bus- 
car guias y camino; y esto lo dijo con palabras 
amorosas y á manera de ruegos, por causa que 
supo cierto que yo estaba malo, como dicho ten- 
go, que aún tenia calenturas; y aún me habian 
apercibido antes que á Sandoval, me hallase 
para ir con Francisco Marmolejo, que era mi 
amigo, y dije que no podia ir por estar malo y 
cansado, que siempre me daban á mí el trabajo, 
y ^ue enviasen á otro ; y luego vino Sandoval 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 117 

otra vez a mi rancho, y me dijo por ruegos que 
fuese con otros dos compañeros, los que yo es- 
cojiese, porque decia Cortés que, después de 
Dios, en mí tenia confianza que traería recau- 
do; y puesto que yo estaba malo, no le pude 
perder vergüenza, y demandé que fuese conmi- 
go un Hernando de Aguilar y un Hinojosa, 
hombres que sabia que eran de sufrir trabajo; y 
salimos, y fuimos por unos arroyos abajo, y fue- 
ra de los arroyos, en el monte habia unas seña- 
les de ramas cortadas, y seguimos aquel rastro 
más de una legua , y luego salimos del arroyo, 
y dimos en unos ranchos pequeños, despobla- 
dos de aquel dia, y seguimos el mismo rastro, 
y desde lejos en una cuesta vimos unos maiza- 
les y una casa, y sentimos gente en ella; y como 
era ya puesta del sol , estuvimos en el monte 
hasta buen rato de la noche, que nos pareció 
que debían de dormir los moradores de aquellas 
milpas, y muy callando dimos presto en la casa 
y prendimos tres indios y dos mujeres mozas y 
hermosas para ser indias, y una vieja, y tenían 
dos gallinas y un poco de maíz y trujimos el 
maíz y gallinas con los indios é indias, y muy 
alegres volvimos al real; y cuando Sandoval lo 
supo, que fué el primero que estaba aguardando 
en el camino sobre tarde, de gozo no podia ca- 
ber, y fuimos delante de Cortés, que lo tuvo en 
más que si le dieran otra buena cosa. Entonces 
dijo Sandoval á Pedro de Ircio si tuvo Bernal 
Díaz del Castillo razón el otro dia cuando fué á 



US BERNAL DÍAZ. 

buscar maiz, en decir que no quería ir sino con 
hombres sueltos, y no con quien vaya todo el 
camino muy de espacio, contando lo que le acae- 
ció al conde de Urueña y á don Pedro Ji- 
rón, su hijo (porque estos cuantos decia el Pe- 
dro de lrcio muchas veces) ; no tenéis razón 
de decir que él os revolvia con el señor capitán 
é conmigo; é todos se rieron dello; y esto dijo el 
Sandoval porque el Pedro de lrcio estaba mal 
conmigo; y luego Cortés me dio las gracias por 
ello y dijo: «Siempre tuve que habia de traer 
recaudo.» Quiero dejar destas alabanzas, pues 
son vaciadizas, que no traen provecho ninguno; 
que otros las dijeron en Méjico cuando contaban 
deste trabajoso viaje. Volvamos á decir que 
Cortés se informó de las guias y de las dos mu- 
jeres, y todos conformaron que por un rió abajo 
habíamos de ir á un pueblo que está de allí dos 
días de camino: el nombre del pueblo se decia 
Oculizti, que era de más de ducienlas casas, y 
estaba despoblado de pocos dias pasados; é yen- 
do por nuestro rio abajo, topamos unos grandes 
ranchos, que eran de indios mercaderes, donde 
hacían jornada, y allí dormimos; y otro dia en- 
tramos en el mismo rio y arroyo, y fuimos obra 
de media legua por él, y dimos en buen camino, 
y á aquel pueblo de Coliste llegamos aquel dia, 
y habia mucho maíz y legumbres , y en una 
casa de adoratorios de ídolos se halló un bo- 
nete viejo colorado y un alparagate ofreci- 
do á los ídolos; y ciertos soldados que fue- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPADA. 119 

ron por las barrancas trujeron á Cortés dos 
indios viejos y cuatro indias que se tomaron en 
los maizales de aquel pueblo, y Cortés les pre- 
guntó con nuestra lengua doña Marina por el 
camino, y qué tanto estaban de allí los españo- 
les, y dijeron que dos dias, y que no habia pobla- 
do ninguno hasta allá, y que tenian las casas 
junto a la costa de la mar; y luego incontinenti 
mandó Cortés á Sandoval que fuese á pié con 
otros seis soldados, y que saliese á la mar, y 
que de una manera ú de otra procurase saber é 
inquirir si eran muchos españoles los que alli 
estaban poblados con Cristóbal de Olí , porque 
en aquella sazón no creíamos que hubiese otro 
capitán en aquella tierra : y esto quería saber 
Cortés para que diésemos sobre Cristóbal de Olí 
de noche si alli estuviese, ó prendehe á él ó á 
sus soldados; y el Gonzalo de Sandóbal fué con 
los seis soldados, y tres indios por guias, que 
para ello llevaba de aquel pueblo de Oculizti; 
é yendo por la costa del Norte, vio que venia 
por la mar una canoa á remo y con la vela, y 
se escondió de dia en un monte, porque vieron 
venir la canoa con los indios mercaderes, y ve- 
nia costa á costa, y traían mercaderías de sal y 
de maíz, é iban á entrar en el rio grande del 
Golfo-Dulce, y de noche la tomaron en un an- 
cón que era puerto de canoas, y en la misma ca- 
noa se metió el Sandoval con dos compañeros y 
con los indios remeros que traía la misma ca-¿ 
noa y con las tres guias, y se fué costa á costa, 



120 BERNAL DUZ. 

y los demás soldados se fueron por tierra, por- 
que supo que estaba cerca el rio grande, y lle- 
gados que hubieron cerca del rio grande, quiso 
la ventura que habían venido aquella mañana 
cuatro vecinos de la villa, que estaba poblada, 
y un indio de Cuba, de los de Gil González de 
Avila, en una canoa, y pasaron de la parte del 
rio á buscar una fruta que llaman zapotes para 
comer asados, porque en la villa donde estaban 
pasaban mucha hambre y estaban todos los más 
dolientes , y no osaban salir á buscar bastimen- 
tos á los pueblos, porque les habían dado guer- 
ra los indios cercanos y muerto diez soldados 
después que los dejé allí Gil González de Avila. 
Pues estando derrocando los de Gil González 
los zapotes del árbol , y estaban encima del ár- 
bol los dos hombres , cuando vieron venir la 
canoa por lama , en que venia Gonzalo de San- 
doval; y sus compañeros se espantaron y admi- 
raron de cosa tan nueva, y no sabían si huir , si 
esperar; y como llegó Sandoval á ellos les dijo 
que no hubiesen miedo , y asi, estuvieron que- 
dos y muy espantados; y después de bien infor- 
mados el Sandoval y sus compañeros de los es- 
pañoles cómo y de qué manera estaban alli 
poblados los 'de Gil González de Aviia , del mal 
suceso de la armada del de las Casas , que se 
perdió, y cómo Cristóbal de Olí los tuvo presos 
al de las Casas y al Gil González de Avila , y 
cómo degollaron en Naco á Cristóbal de Olí por 
sentencia que dieron contra él , y cómo eran 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 121 

partidos para Méjico, y supieron quién y cuán- 
tos estaban en la villa , y la gran hambre que 
pasaban , y cómo había pocos dias que habian < 
ahorcado en aquella villa al teniente capitán 
que les dejó alii el Gil González de Avila, que 
se decia Amienta , y por qué causa le ahorca- 
ron , que fué porque no les dejaba ir á Cuba; 
acordó Sandoval de llevar luego aquellos hom- 
bres á Cortés, y no hacer novedad ni ir á la villa 
sin él, para que de sus personas fuese informa- 
do; y entonces un soldado que se decia Alonso 
Ortiz, vecino que después fué de una villa que 
se dice San Pedro , suplicó á Sandoval que le 
hiciese merced de darle licencia para adelan- 
tarse una hora para llevar las nuevas á Cortés 
y á todos los que con él estábamos , porque le 
diésemos albricias , y asi lo hizo ; de las cuales 
nuevas se holgó Cortés y todo nuestro Real, 
creyendo que allí acabáramos de pasar tantos 
trabajos como pasábamos , y se nos doblaron 
mucho más , según adelante diré ; é á Alonso 
Ortiz, que llevó estas nuevas, Cortés le dio lue- 
go un caballo muy bueno rosillo , que llaman 
Cabeza de Moro, y todos le dimos de lo que en- 
tonces teniamos; y luego llegó el capitán San- 
doval con los soldados y el indio de Cuba , y 
dieron relación á Cortés de todo lo por mí dicho, 
y de otras muchas cosas que les preguntaba , y 
cómo tenían en aquella villa un navio que esta- 
ban calafateando en un puerto obra de media 
legua de allí , el cual tenían para se embarcar 
16 



122 BEÜ5AL DÍAZ. 

todos en él é irse á Cuba , y que porque no les 
había dejado embarcar el teniente Armenia le 
ahorcaron, y también porque mandaba dar gar- 
rote á un clérigo que revolvía la villa, y alzaron 
por teniente á un Antonio Nieto en lugar del 
Armcnta, que ahorcaron. Dejemos de hablar de 
las nuevas de los dos españoles , y digamos los 
lloros que en su villa se hicieron viendo que no 
volvían aquella noche los vecinos y el indio de 
Cuba, que habían ido á buscar la fruta, que cre- 
yeron que indios los habían muerto , ó tigres ó 
leones, y el uno de los vecinos era casado , y su 
mujer lloraba por él, y todos los vecinos, y tam- 
bién el clérigo, que se llamaba el bachiller Hu- 
lano Velazquez ; y se juntaron en la iglesia, y 
rogaban á Dios que les ayudase y que no viniesen 
más males sobre ellos, y no hacia la mujer sino 
rogará Dios por el ánima del marido. Volvamos 
á nuestra relación: que luego Cortés nos man- 
dó á todo nuestro ejército ir camino de la mar, 
que seria seis leguas , y aun en el camino había 
un estero muy crecido y hondo, que crecía y men- 
guaba, y estuvimos aguardando que menguase 
medio dia, y lo pasamos á vuelapié é á nado, y 
llegamos al rio del Golfo-Dulce, y el primero 
que quiso ir á la villa , que estaba de allí dos 
leguas, fué el mismo Cortés con seis soldados, 
sus mozos de espuelas, y fué, á las dos canoas 
atadas, que una era en que habían venido los 
soldados de Gil González á buscar zapotes, y la 
otra que Sandoval había tomado en la costa á 



CONQUISTA »l NUEVA-ISFANA. 123 

los indios; que para aquel menester las habían 
varado en tierra y escondido en el monte para 
pasar en ellas, y las tornaron á echar al agua, 
y se ataron una con otra de manera que estaban 
bien fijas, y en ellas pasó Cortés y sus criados, 
y luego en las mismas canoas mandó que se pa- 
sasen dos caballos, y es desta manera, en las 
canoas remando, y los caballos del cabestro na- 
dando junto á las canoas y con maña, y no dar 
mucho lazo al caballo, porque no trastórnela 
canoa; mandó que hasta que viésemos su carta 
ó mandato, que no pasásemos ningunos en las 
mismas canoas, por el gran riesgo que habia en 
el pasaje, que Cortés se vio arrepentido de 
haber ido en ellas, porque venia el rio con 
gran furia. Ydejallo hé aquí, y diré lo que más 
nos pasó. 



CAPITULO CLXXIX. 

» 

CÓMO CORTÉS ENTRO IN LA VILLA DONDB ESTABAN 
POBLADOS LOS DE GIL GONZÁLEZ DE AVILA, Y DB LA 
GRAN ALEGRÍA QUE TODOS LOS VECINOS HUBIIRON, 
Y LO QUE CORTÉS ORDENÓ. 

Después que Cortés hubo pasado el gran rio 
del Golfo-Dulce de la manera que dicho tengo, 
fué á la villa donde estaban poblados los espa- 



124 BERNA L DÍAZ. 

ñoles de Gil González de Avila, que seria de 
allí á dos leguas, que estaban junto á la mar, 
y no adonde solían estar primero poblados, que 
llamaron San Gil de Buena- Vista; y cuando vie- 
ron entre sus casas hombres á caballo y otros 
seis á pié, espantáronse en gran manera, y co- 
mo supieron que era Cortés, que tan nombrado 
era en todas estas partes de las Indias y en Cas- 
tilla, no sabian qué se hacer de placer; y des- 
pués de venir todos á besarle las manos y darle 
el parabién-venido, Cortés les habló muy amo- 
rosamente, y mandó al teniente, que se decia 
Nieto, fuese donde daban carena al navio y tru- 
jesen dos bateles que tenían, y que si había ca- 
noas, que asimismo las trujesen atadas de dos 
en dos, y mandó que se buscase todo el cazabe 
que allí tenian y llevasen al capitán Sandoval, 
que otro pan de maiz no habia para que comie- 
sen, y repartiese entre todos nosotros los de su 
ejército; y el teniente lo buscó luego y no se 
hallaron cincuenta libras dello, porque no co- 
mían sino zapotes asados y legumbres y algún 
marisco que pescaban; y aun aquel cazabe que 
dieron guardaron para el matalotaje para irse á 
Cuba cuando estuviese calafateado el navio; y 
con dos bateles y ocho marineros que luego 
vinieron, escribió Cortés á Sandoval que él 
mismo en persona y el capitán Luis Marín fue- 
sen los postreros que pasasen aquel gran rio, 
y que mirase que no se embarcasen más de 
]os que él mandase; y los bateles pasaron sin 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 125 

macha carga, por causa de la gran corriente 
del rio, que venia muy crecido y recio, y con 
cada batel dos caballos, y en las canoas no pa- 
sase caballo ninguno, que se perderian y tras- 
tornarían, según la furia del corriente; y so- 
bre el pasar delante uno que *e decia Saave- 
dra, hermano de otro Abalos, parientes de Cor- 
tés, querían pasar primero, puesto que Sando- 
val decia que en la primera barca pasarían, por- 
que pasaban en aquella sazón los tres religiosos, 
y que era justo tener primero cumplimiento con 
ellos; y como el Saavedra era pariente de Cor- 
tés, no quisiera que Sandoval le pusiera impe- 
dimento, sino que callara; y respondióle no tan 
bien mirado como convenia; y el Sandoval, que 
no se las sufría, tuvieron palabras, de manera 
que el Saavedra echó mano á un puñal; y puesto 
que el Sandoval, como estaba dentro en el rio 
á más de la rodilla el agua deteniendo que los 
bateles no se cargasen demasiado, ansí como 
estaba arremetió al Saavedra, y le tenia tomada 
la mano donde tenia el puñal, y le derrocó en el 
agua, y si de presto no nos metiéramos entre 
ellos y los despartiéramos, ciertamente el Saa- 
vedra librara mal, porque todos los más solda- 
dos nos mostramos de la parte de Sandoval. De- 
jemos esta cuestión, y diré cómo estuvimos cua- 
tro dias en pasar aquel rio, y de comer, ni por 
pensamiento, si no era de unas pacayas que na- 
cen de unas palmillas chicas, y otras como nue- 
ces, que asábamos y las partíamos, y los meo- 



126 BÍRNAL DÍAZ. 

líos dellas comíamos; y en aquel rio se ahogó 
un soldado con su caballo, el cual soldado se 
decía Tarifa, que pasaba en una canoa, y no pa- 
reció más él ni el caballo. También se ahogaron 
dos caballos, y el uno era de un soldado que se 
decía Solís Casquete, que hacia bramuras por 
él é maldecía á Cortés y á su viaje. Quiero decir 
de la grande hambre que ellí en el pasar del 
rio hubo, y aún del murmurar de Cortés y de 
su Tenida, y aún de todos nosotros que le se- 
guíamos; pues cuando hubimos llegado al pue- 
blo no había bocado de cazabe que comer, ni 
aun los vecinos lo tenían, ni sabían caminos, si 
no era de dos pueblos que allí cerca solían es- 
tar, que se habían ya despoblado, y luego Cor- 
tés mandó al capitán Luis Marín que con los 
vecinos de Guacacualcó fuésemos á buscar maíz; 
lo cual adelante diré. 



CAPITULO CLXXX. 

CÓMO OTRO DÍA DESPUÉS DE HABER LLEGADO Á AQUELLA 
VILLA, QUE VO NO LE SE OTRO NOMBRE SINO SAN GIL 
DE BUENA-VISTA, FUIMOS CON EL CAPITÁN LUIS 
MARÍN HASTA OCHENTA SOLDADOS, TODOS Á PIE, Á 
BUSCAR MAÍZ Y Á DESCUBRIR LA TIERRA , Y LO QUE 
MÁS PASÓ DIRÉ ADELANTE. 

Ya he dicho que como llegamos á aquella 
villa que Gil González ds Avila tenia poblada, 
no tenían qué comer , y eran hasta cuarenta 



C0«QUl8tA DK KUEVA-ESPAÑA. 127 

hombres y cuatro mujeres de Castilla y las dos 
mulatas, y todos dolientes y las colores muy 
amarillas; y como no teníamos qué comer nos- 
otros ni ellos, no víamos la hora de illo á buscar; 
y Cortés mandó que saliese el capitán Luis Ma- 
rín con los de Guacacualco y buscásemos maíz; 
y fuimos con él sobre ochenta soldados á pié 
hasta ver si había caminos para caballos, y lle- 
vábamos con nosotros un indio de Cuba que nos 
fuese guiando á unas estancias y pueblos que 
estaban de allí ocho leguas, donde hallamos mu- 
cho maíz é infinitos cacaguatales y frísoles y otras 
legumbres, donde tuvimos bien que comer, y 
aun enviamos á decir á Cortés que enviase to- 
dos los indios mejicanos y llevarían maíz, y 
le socorrimos entonces con otros indios con 
diez hanegas de ello, y luego enviamos por 
nuestros caballos ; y como Cortés supo que es- 
tábamos en buena tierra, y se informó de indios 
mercaderes que entonces se habían prendido en 
el rio del Golfo-Dulce, que para ir á Naco, 
donde degollaron á Cristóbal de Olí, era camino 
derecho por donde estábamos, envió á Gonzalo 
de Sandoval con toda la mayor parte de su ejér- 
cito que nos siguiese, y que nos estuviésemos 
en aquellas estancias hasta ver su mandado. Y 
como llegó el Sandoval adonde estábamos, y vio 
que habia abastadamente que comer, se holgó 
mucho, y luego envió á Co*.és sobre treinta ha- 
negas de maíz con indios mejicanos, lo cual re- 
partió á los vecinos qne en aquella villa queda- 



128 bernal días. 

ban; y como estaban hambrientos y no eran 
acostumbrados sino á comer zapotecas asados y 
cazabe, y como se hartaron de tortillas, con el 
maíz que les enviamos, se les hincharon las 
barrigas, é como estaban dolientes, se murieron 
siete d ellos; y estando desta manera con tanta 
hambre, quiso Dios que aportó allí un navíoque 
venia cargado de las islas de Cuba con siete ca- 
ballos, y cuarenta puercos, y ocho pipas de ta- 
sajos salados, y pan cazabe, y venían hasta 
quince pasajeros y ocho marineros, y cuya era 
toda la más cargazón de aquel navio se decia An- 
tón de Camargo, y Cortés compró fiado todo 
cuanto bastimento traia , y repartió dello á 
los vecinos ; y como estaban de antes en 
tanta necesidad y debilitados, y se harta- 
ron de la carne salada, dio á muchos de- 
llos cámaras, de que murieron catorce. Pues 
como vino aquel navio con la gente y marineros, 
parecióle á Cortés que era bien ir á ver y calar 
y bojar aquel tan poderoso rio, si habia pobla- 
ciones arriba, y qué tierra era; y luego mandó 
calafatear un bergantín que estaba al través,, que 
era de los de Gil González de Avila, y adobar un 
batel y hacelle como barco del descargo, y con 
cuatro canoas , atadas unas con otras , y con 
treinta soldados y los ocho hombres de la mar 
de los nuevamente venidos en el navio, y Cortés 
por su capitán , y con veinte indios mejicanos, 
se fue por el rio, y obra de diez leguas que hubo 
ido el rio arriba, halló una laguna muy ancha, 



, CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 129 

que tenia el ojo de anchor seis leguas , y no 
habia población ninguna alrededor delta , por- 
que todo era anegadizo; y siguiendo el rio arriba, 
venia ya muy corriente más que de antes , y 
habia unos saltaderos , que no podían ir con el 
bergartin y los bateles y las canoas , acordó do 
las dejar alli en el rio en un remanso con seis 
españoles en guarda dellas, y fué por tierra por 
un camino angosto, y llegó á unos pueblezuelos 
despoblados, y luego dio en unos maizales, y de 
alli tomó tres indios por guias, que le llevaron 
á unos pueblos chicos, donde tenían mucho maíz 
y gallinas, y aun tenían faisanes , que en estas 
tierras llaman sacachueles , y perdices de la 
tierra y palomas; y esto de tener perdices desta 
manera, yo lo he visto y hallado en pueblos que 
están en comarca destos d'e Golfo-Dulce, cuan- 
do fui en busca de Cortés , como adelante diré. 
Volvamos á nuestra relación : que alli tomó 
Cortés guias y pasó adelante,. y fué á otros 
pueblezuelos que se dicen Cinacan , Tencintle, 
donde tenían grandes cacaguatales y maizales 
y algodón, y antes que á ellos llegasen oyeron 
tañer atabalejos y trompetillas , haciendo fies- 
tas y borracheras; y por no ser sentido Cortés, 
estuvo escondido con sus soldados en un mon- 
te; y cuando vio que era tiempo de ir á ellos, 
arremeten todos á una, y prendieron hasta diez 
indios y quince mujeres, y todos los más indios 
de aquel pueblo de presto se fueron á tomar 
sus armas, y vuelven con arcos y flechas y lan- 
17 



130 BERNAL DÍAZ. 

zas , y comenzaron á flechar á los nuestros, y 
Cortés con los suyos fué contra ellos, y acuchi- 
llaron ocho indios que eran principales; y como 
vieron el pleito mal parado y las mujeres toma- 
das, enviaron cuatro hombres viejos, y los dos 
eran sacerdotes de ídolos, é vinieron muy man- 
sos á rogar á Cortés que les diese los presos, y 
trujeron ciertas joyezuelas de oro de poca valía; 
y Cortés les habló con doña Marina, que iba 
allí con Juan Jaramillo, su marido, porque 
Cortés sin ella no podia entender los indios , y 
les dijo que llevasen el maiz é gallinas y sal y 
bastimento que allí les señaló, é dio á entender 
adonde habian quedado los bergantines y el 
barco y las canoas, y luego les daria los pre- 
sos; y les dieron á entender en qué parte del rio 
quedaban, y dijeron que sí harian, y que cerca 
de allí estaba uno como estero que salia al rio; 
y luego hicieron barcas, y medio nadando las 
llevaron hasta que dieron en fondo , que pu- 
dieron nadar bien. Pues como Cortés habia 
quedado de les dar todos los presos, paree ó 
ser mandó Cortés que se quedasen tres muje- 
res con sus maridos para hacer pan y ser- 
virse de los indios., y no se las dieron ; y sobre 
ello apellídanse todos los indios de aquel pue- 
blo, y sobre las barrancas del rio dan una buena 
mano de vara, flecha y piedra á Cortés y á sus 
soldados, de manera que hirieron á Cortés en la 
cara y á otros doce soldados; allí se les desba- 
rató una barca y se perdió la mitad de lo que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 131 

traía, y se ahogó un mejicano; y en aquel rio 
hay tantos moxicotes, que no se podían valer, 
y Cortés todo lo sufría , y da vuelta para su 
villa, que no sé cómo se la nombró, y bastécela 
mucho más de lo que estaba. Ya he dicho que 
el pueblo do llegó Cortés se decia Cinacan, y 
me han dicho ahora que estará de Guatimala se- 
tenta leguas, y tardó Cortés en este viaje y vol- 
ver á la villa veinte y seis dias; y como vio que 
no era bien poblar allí, por no haber pueblos de 
indios, y como tenia mucho bastimento, ansí de 
lo que antes estaba como de lo que al presente 
traia, acordó de escribir á Gonzalo de Sandoval 
que luego se fuese á Naco, y le hizo saber todo 
lo aquí por mí dicho de su viaje del Golfo-Dul- 
ce, según lo tengo aquí relatado, y cómo iba á 
poblar á Puerto de Caballos, y que le enviase 
diez soldados de los de Guacacualco , que sin 
ellos no se hallaba en las entradas. 

CAPITULO CLXXXI. 

CÓMO CORTÉS SE EMBARCÓ CON TODOS LOS SOLDADOS 
QUE HABU TRAÍDO EN SU COMPAÑÍA Y LOS QUE HA- 
BÍA EN SAN GIL DE BUEÑA-VISTA, Y FUE Á POBLAR 
ADONDE AGORA LLAMAN PUERTO DE CABALLOS, Y 
SE LE PU80 NOMBRE LA NATIVIDAD, Y LO QUE EN EL 
SE HIZO. 

Pues como Cortés vio que en aquel asiento 
que halló poblando á los de Gil González de Avi- 
la no era bueno, acordó de se embarcar en los 



132 BERNAL DÍAZ. 

dos navios y bergantín con todos cuantos en 
aquella villa estaban, que no quedó ninguno, y 
en ocho días de navegación fué á desembarcar 
adonde agora llaman Puerto de Caballos, y como 
vio aquella bahía buena para puerto, y supo de 
indios que habia cerca poblaciones, acordó de 
poblar una villa que la nombró Natividad, y 
puso por su teniente á un Diego de Godoy, y 
dende allí hizo dos entradas en la tierra adentro 
á unos pueblos cercanos, que ahora están des- 
poblados; tomó lengua dellos cómo habia cer- 
ca otros pueblos, basteció la villa de maiz, y su- 
po que estaba el pueblo de Naco, donde dego- 
llaron á Cristóbal de Olí, cerca, y escribió á 
Gonzalo de Sandoval, creyendo que ya habia 
llegado y estaba de asiento en Naco, que le en- 
viase diez soldados de ios de Guacacuaíco, y de- 
cía en la carta que sin ellos no se hallaba en 
hacer entradas; y le escribió cómo quería ir den- 
de allí al puerto de Honduras, adonde estaba 
poblada la villa de Trujillo, y que el Sandoval 
con sus soldados pacificasen aquellas tierras y 
poblasen una villa; la cual carta vino á Sando- 
val estando que estábamos en las estancias por 
mí ya dichas, que no habiamos llegado á Naco. 
Y dejemos de decir de Cortés y sus entradas que 
hacia dende Puerto de Caballos, y de los mu- 
chos mosquitos que en ella le picaban, ansí de 
dia como de noche; que á lo que después le oia 
decir, tenia con ellos tan malas noches, que es- 
taba la cabeza sin sentido, de no dormir. Pues 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 133 

como Gonzalo de Sandoval vio las cartas de 
Cortés, luego se fué dende aquellas estancias 
que dicho tengo, á unos pueblezuelos que se 
dicen Cuyoacan, que estaban de allí siete leguas, 
y no se pudo ir luego á Naco, como Cortés le 
babia mandado, por no dejar atrás en los cami- 
nos muchos soldados que se habían apartado á 
otras estancias por tener qué comer ellos y sus 
caballos, y por causa que al pasar de un rio muy 
hondo que no se podia vadear, y era camino de 
las estancias, é por dejar recaudo de una canoa 
con que pasasen los españoles que quedaban re- 
zagados y muchos indios mejicanos que venían 
dolientes; y esto fué también porque de unos 
pueblos cercanos de las estancias, que confina- 
ban con el rio y Golfo-Dulce, venian cada dia 
allí de guerra muchos indios de los pueblos, y 
porque no hiciesen algún mal recaudo y muer- 
tes de españoles y de indios mejicanos, mandó 
Sandoval que quedásemos á aquel paso ocho 
soldados, y á mi me dejó por caudillo dellos, y 
que tuviésemos una canoa del pasaje siempre 
varada en tierra, y que estuviésemos alerta si 
daban voces pasajeros de los que estaban en las 
estancias, para luego les pasar; y una noche vi- 
nieron muchos indios guerreros de los pueblos 
cercanos y de las estancias, creyendo que no 
nos velábamos; é por tomarnos la canoa dan de 
repente en los ranchos en que estábamos y les 
pusieron fuego, y no vinieron tan secreto, que 
ya les habíamos sentido; y nos recojimos todos 



134 BERNA L DÍAZ. 

ocho soldados y cuatro mejicanos de los que es- 
taban sanos, y arremetimos á los guerreros, y 
á cuchilladas les hicimos volver por donde ha- 
bían venido, puesto que flecharon á dos solda- 
dos y á un indio, mas no fueron mucho las heri- 
das; y como aquello vimos, fuimos tres compa- 
ñeros á las estancias adonde sentíamos que ha- 
bían quedado indios y españoles dolientes, que 
sería una legua de allí, y trujimos á un Diego 
de Mazariegos, ya otras veces por mi nombra- 
do, y á otros españoles que estaban en su com- 
pañía y á indios mejicanos que estaban dolien- 
tes, y luego les pasamos el rio y fuimos adonde 
Sandovol estaba; é yendo que íbamos nuestro 
camino, como un español de los que habíamos 
recojido en las estancias iba muy malo, y era de 
los nuevamente venidos de Castilla, y medio is- 
leño, hijo de ginovés, y como iba malo, y sin te- 
ner qué le dar de comer, sino tortillas y pi- 
nol , ya que llegábamos obra de media le- 
gua de donde estaba Sandoval, se murió en 
el camino y no tuve gente para llevar el cuerpo 
muerto hasta el real; y llegado donde el Sando- 
val estaba, le dije de nuestro viaje y del hom- 
bre que se quedó muerto, y hubo enojo conmi- 
go porque entre todos nosotros no le trujimos 
á cuestas ó en un caballo, y le dijimos al San- 
doval que traíamos dos dolientes en cada caba- 
llo é nos veníamos á pié, y que por esta causa 
no se pudo traer; y un soldado que se decía 
Bartolomé de Villanueva , que era mi compañe- 



CONQUISTA DE MUEVA-ESPAÑA. 135 

ro, respondió al Sandoval muy soberbio que 
harto teníamos que traer nuestras personas, sin 
traer muertos á cuestas, y que renegaba de 
tanto trabajo é pérdida como Cortés nos había 
causado: y luego mandó Sandoval á mi y al Vi- 
llanueva, sin más parar le fuésemos á enterrar; 
y llevamos dos indios mejicanos y un azadón, é 
hicímosle su sepultura y lo enterramos y le pu- 
simos una cruz, y hallamos en la faltriquera 
del muerto una taleguilla con muchos dados y 
un papel escrito , que era una memoria de don- 
de era natural y cuyo hijo era y qué bienes te- 
nia en Tenerife; é después, el tiempo andando, 
se envió aquello memoria á Tenerife; perdónele 
Dios, amen. Dejemos de contar cuentos, y quie- 
ro decir que luego Sandoval acordó que fuése- 
mos á otros pueblos que agora están cerca de 
unas minas que descubrieron dende á tres años; 
y dende allí fuimos á otro pueblo que se dice 
Quinistan, y otro dia á hora de Misa fuimos á 
Naco, y en aquella sazón era buen pueblo y 
hallárnosle despoblado de aquel mismo dia; y 
después de nos aposentar en unos patios muy 
grandes, adonde habian degollado ai maestre 
de campo Cristóbal de Olí, otras veces por mí 
nombrado, que estaba el pueblo bien bastecido 
de maíz y de frisóles y ají, y también hallamos 
un poco de sal, que era la cosa que más deseá- 
bamos, y allí asentamos nuestro fardaje, como 
si hubiéramos de estar en él para siempre. Hay 
en ebte pueblo la mejor agua que habiamos vis- 



136 BERNAL DItZ. 

to en toda la Nueva-España, y un árbol que en 
mitad de la siesta, por recio sol que hiciese, pa- 
recía que la sombra del árbol refrescaba el co- 
razón, y caía del uno como rocío muy delgado 
que confortaba las cabezas; y aqueste pueblo en 
aquella sazón fué muy poblado y en buen asien- 
to, y habia fruta de los zapotes colorados y de 
los chicos, y estaba en comarca de otros pueblos 
chicos. Y dejallo hé aquí, y diré lo que allí nos 
avino. 



CAPITULO CLXXXII. 



COMO EL CAPITÁN GONZALO DE SANDOVAL COMENZÓ A 
PACIFICAR AQUELLA PROVINCIA DE NACO, Y DE LOS 
GRANDES REENCUENTROS QUE CON LOS DE AQUELLA 
PROVINCIA TUVO, Y LO QUE MÁS SE HIZO. 



Desde que hubimos allegado al pueblo de Na- 
co y recojido maíz , frisóles y ají, y con tres 
principales de aquel pueblo que allí en los mai- 
zales prendimos, á los cuales Gonzalo de Sando- 
val halagó y dio cuentas de Castilla, y les rogó 
que fuesen á llamar á los demás caciques, que 
no se les haria enojo ninguno, fueron así como 
se lo mandó, y vinieron dos caciques; mas no 
pudo acabar con ellos que se poblase el puejblo, 



e<HJ$UWTA DE HUEVAtESPASa. 137 

salvo traer de cuando en cuando poca comida; ni 
nos hacían bien ni mal, ni nosotros á ellos; y 
ansi estuvimos los primeros dias, y Cortés ha- 
bía escrito á Gonzalo de Sandoval, como de an- 
tes dicho tengo, que luego le enviase á Puer- 
to de Caballos diez soldados de los de Gua- 
cacualco, y todos nombrados por sus nom- 
bres, y entre ellos era yo uno , y en aquella sa- 
zón estaba yo algo malo, y dije á Sandoval que 
me excusase, porque estaba mal dispuesto, y él, 
que lo habia gana , y ansí quedé; y envió ocho 
soldados muy buenos varones para cualquiera 
afrenta, y aún fueron de tan mala voluntad, 
que renegaban de Cortés y aún de su viaje, y 
tenian mucha razón , porque no sabían cierto si 
la tierra por donde habían de ir estaba de paz. 
Acordó Sandoval de demandar á los caciques de 
Naco cinco principales indios, que fuesen con 
ellos hasta el Puerto de Caballos, y les puso te- 
mores que si algún enojo recebia alguno de sus 
soldados, que les quemaría el pueblo y que les 
iria á buscar y dar guerra; y mandó que en to- 
dos los pueblos por donde pasasen les diesen 
muy bien de comer; y fueron su viaje hasta el 
Puerto de Caballos, donde hallaron á Cortés, 
que se quería embarcar para ir á Trujiílo, y se 
holgó con ellos, y supo cómo quedábamos bue- 
nos, y los llevó consigo en los navios, y luego 
se embarcó, y dejó en aquella villa de Puerto 
de Caballos á un Diego de Godoy por su capi- 
tán, con hasta cuarenta vecinos, que eran todos 
18 



138 BEftNAL DÍAZ. 

los más de los que solian ser de Gil González 
de Avila .y de los nuevamente venidos de las 
islas; y de que Cortes se hubo embarcado y su 
teniente Godoy quedó en la villa, con los sol- 
dados que más sanos tenia hacia entradas en 
los pueblos comarcanos, é trujo dos dellos de 
paz; mas como los indios vieron que los sol- 
dados que allí quedaban estaban todos los 
más dellos dolientes y se morian cada día, no 
hacian cuenta dellos, y á esta causa no les acu- 
dían con comida, ni ellos eran para illo á buscar, 
y pasaban gran necesidad de hambre, y en po- 
ces dias se murieron la mitad dellos, y se des- 
poblaron otros tres dellos, que se vinieron hu- 
yendo donde estábamos con Sandoval. Y dejallo 
he aquí en este estado, y volveré á Naco, que, 
como Sandoval habia visto que no se querían 
venir á poblar el pueblo los indios vecinos y na- 
turales de Naco, aunque los enviaba á llamar 
muchas veces, y á los demás pueblos comarca- 
nos, no venían ni hacian cuenta de nosotros, 
acordó de ir en persona y hacer de manera que 
viniesen ; y fuimos luego á unos pueblos que se 
decían Girimonga y Aculaco, y á otros tres pue- 
blos que estaban cerca de Naco, y todos vinie- 
ron á dar la obediencia á su majestad, y luego 
fuimos á Quizmitan y á otro pueblo de la sierra, 
y ansimesmo vinieron; por manera que todos 
los indios de aquella comarca venían de paz, y 
como no se les demandaba cosa ninguna más de 
lo que ellos querían dar, no tenían pesadumbre 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 139 

de venir, y desta manera estaba todo de paz 
hasta donde pobló Cortés la villa que agora se 
dice Puerto de Caballos Y dejémonos esta ma- 
teria, porque por fuerza tengo devolver á decir 
de Cortés, que fué á desembarcar al puerto de 
Trujillo; y porque en una sazón acaecen dos ó 
tres cosas, como otras veces he dicho en los ca- 
pítulos pasados; y tengo de meter la pluma por 
los pasos contados, dónde y de qué manera nos- 
otros conquistábamos y poblábamos, como muy 
claramente lo habrán visto los curiosos letores; 
y aunque se deje por agora de decir de Sando- 
val y todo lo que en la provincia de Naco le avi- 
no, quiero decir lo que Cortés hizo en Trujillo. 



CAPITULO CLXXXIII. 



CÓMO CORTÉS DESEMBARCÓ EN EL PUERTO QUE LLAMAN 
DE TRUJILLO. Y CÓMO TODOS LOS VECINOS DE AQUE- 
LLA VILLA LE SALIERON Á RECEBIR Y SE HOLGARON 
MUCHO CON ÉL, Y DE TODO LO QUE ALLÍ HIZO. 



Como Cortés se hubo embarcado en el puerto 
de Caballos, y llevó en su compañía muchos sol- 
dados de los que trujo de Méjico y los que le 
envió Gonzalo de Sandoval, y con buen tiempo 
en seisdias llegó al puerto de Trujillo; y cuan- 



1|0 BERNAL DÍAZ. 

do !o9 vecinos que allí vivían, que dejó poblar- 
dos Francisco de las Casas, supieron que era 
Cortés, todos fueron á la mar, que estaba cerca^ 
á le recibir, y le besaron las manos, porque mu- 
chos vecinos de aquellos eran bandoleros de los 
que echaron de Panuco, y fueron en dar conse- 
jo á Cristóbal de Olí para que se alzase, y los 
habían desterrado de Panuco, según dicho ten- 
ho en el capítulo que dello habla; y como se ha- 
llaban culpantes, suplicaron á Cortés que les 
perdonase; y Cortés con muchas caricias y ofre- 
cimientos ios abrazó á todos y los perdonó, y 
luego se fué á la iglesia, y después de hecha 
oración, le aposentaron lo mejor que pudieron, 
y le dieron cuenta de todo lo acaecido del Fran- 
cisco de las Casas y del Gil González de Avi- 
la, y por qué causa degollaron á Cristóbal de 
Olí, y cómo se habían ido camino de Méjico, 
y cómo habían pacificado algunos pueblos de 
aquella provincia; y como Cortés bien lo hu- 
bo entendido, á todos los honró de palabras 
y con dejalles los cargos según y de la ma- 
nera que los tenían, excepto que hizo capi- 
tán general de aquellas provincias á su primo 
Saavedra, que ansí se llamaba, lo cual tuvieron 
por bien; y luego envió á llamar á todos los 
pueblos comarcanos, y como tuvieron nueva que 
era el capitán Malinche, que ansí le llamaban, 
y sabían quehabia conquistado á Méjico, luego 
vinieron á su llamada y le trujeron presentes 
de bastimentos; y cuando se hubieron juntado 



CONQUISTA DB NUEVA-ESPANA. 141 

los caciques de cuatro pueblos más principales. 
Cortés les habló con doña Marina y les dijo las 
cosas tocantes á nuestra santa fe; y que todos 
éramos vasallos del gran Emperador que se dice 
don Carlos de Austria, y que tiene muy gran- 
des señores por vasallos, y que nos envió á es- 
tas partes para quitar sodomías y robos é ido- 
latrías, y para que no consienta comer carne 
humana, ni hubiesen sacrificios ni robasen, ni 
se diesen guerra unos á otros, sino que fuesen 
hermanos y como tales se tratasen, y también 
venia para que diesen la obediencia á tan alto 
Rey y señor como les habia dicho que tenemos, 
y le contribuyan con servicios y de lo que tu- 
vieren, como hacemos todos sus vasallos; y les 
dijo otras muchas cosas la doña Marina, que lo 
sabia bien decir; y los que no quisiesen venir á 
se someter al dominio de su mujestad, que les 
castigaría, y aun Fray Juan de las Varillas y 
los dos religiosos franciscos que Cortés traíales 
predicaron cosas muy santas y buenas, y lo que 
decían los frailes franciscos se lo declaraban dos 
indios mejicanos que sabían la lengua española, 
con otros intérpretes de aquella lengua; y más 
les dijo, que en todo les guardaría justicia, por- 
que ansí lo mandaba nuestro Rey y señor; y 
porque hubo otros muchos razonamientos y 
los entendieron muy bien los caciques, dijeron 
que se daban por vasallos de su majestad y que 
harían lo que Cortés les mandaba , y luego les 
dijo que trujeseo bastimento á aquella villa ; y 



142 BKRNAL DÍAZ. 

también les mandó que viniesen muchos indios 
y trujesen hachas , y que talasen un monte que 
estaba dentro de la villa, para que desde allí se 
pudiese ver la mar y puerto ; y también íes 
mandó que fuesen en canoas á llamar tres ó 
cuatro pueblos que están en unas isletas que se 
llaman los Guanajes , que en aquella sazón es- 
taban pobladas , y que trujesen pescado , pues 
que tenían mucho ; y ansí lo hicieron, que den- 
tro en cinco dias vinieron los pueblos de las 
isletas , y todos traían presentes de pescado y 
gallinas ; y Cortés les mandó dar unas puercas 
y un barraco que se halló en Trujillo, y de los 
que traia de Méjico , para que hiciesen casta, 
porque le dijo un español que era buena tierra 
para multiplicar con soltalles en las isletas sin 
ponerles guarda: y ansí fué como dijo, que'den- 
tro en dos años hubo muchos puercos y los iban 
á montear. Dejemos esto, pues no hace á nues- 
tra relación , y no me lo tengan por prolijidad 
en contar cosas viejas; y diré que vinieron tan- 
tos indios á talar los montes de la villa que 
Cortés les mandó en dos dias se vio claramente 
muy bien la mar, é hicieron quince casas, y una 
para Cortés muy buena; y esto hecho, se informó 
pueblos y tierras estaban rebeldes y no que- 
Cortés querían venir de paz ; y unos caciques de 
un pueblo que se dice Papayeca , que era ca- 
becera de otros pueblos, que en aquella sa- 
zón era grande pueblo , que agora está con 
muy poca gente ó casi ninguna , le dio á Cor- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 143 

tés una memoria de muchos pueblos que no que- 
rían venir de paz, que estaban en grandes sier- 
ras y tenian fuerzas hechas; y luego Cortés en- 
vió al capitán Saavedra con los soldados que le 
pareció que convenían ir conél , y con los ocho 
de Guacacualco fué por su camino hasta que 
llegó á las poblaciones que solían estar de guer- 
ra , y salieron de paz los más dellos ; excepto 
tres pueblos , que no se quisieron venir ; y tan 
temido era Cortés de los naturales y tan nom- 
brado , que hasta los pueblos de Olancho, donde 
fueron las minas ricas que después se descu- 
brieron , era temido y acatado, y llamábanle en 
todas aquellas provincias el capitán Hue , Hue 
de Marina , que quiere decir el capitán viejo 
que trae á doña Marina. Dejemos á Saavedra, 
que está con su gente sobre los pueblos que no 
se querían dar, que me parece que se decían los 
acaltecas , y volvamos á Cortés , que estaba en 
Trujillo , é ya le habían adolescido los frailes 
franciscos y un su primo que se decia Abalos, y 
el licenciado Pedro López, y Carranza el mayor- 
domo, y Guinea el despensero y un Juan Flamen- 
co, y otros muchos soldados, ansí de los que traía 
como de los que halló en Trujillo, y aun el Antón 
de Carmona, que trujo el navio con el bastimen- 
to ; y acordó de los enviar á la isla de Cuba , á 
la Habana, ó á Santo Domingo si viesen que el 
tiempo hacía bueno en la mar , y para ello les 
dio el un navio bien aderezado y calafateado, 
con el mejor matalotaje que se pudo haber; y es- 



144 BERNA*. DÍAZ. 

cribió á la audiencia Real de Santo Domingo y á 
los frailes gerónimos y á la Habana, dando cuen- 
ta cómo habia salido de Méjico en busca de Cris- 
tóbal de OH , y cómo dejó sus poderes á los ofi- 
ciales de su majestad , y del trabajoso cansino 
que habia traído , y cómo el Cristóbal de Olí 
hubo preso á un capitán que se decia Francisco de 
las Casas, que Cortés-habia enviado para tomar 
el armada al mismo Cristóbal de Olí, y que 
también habia preso á ua Gil González de Avi- 
la, siendo gobernador del Golfo-Dulce; y que 
teniéndolos presos, los dos capitanes se concer- 
taron y le dieron de cuchilladas, y por senten- 
cia, después que lo tuvieron preso, le degolla- 
ron, y que al presente estaba poblando la tierra 
y pueblos sujetos á aquella villa de Trujillo, y 
que era tierra rica de minas, y que enviasen 
soldados; que en aquella tierra de Santo Domin- 
go no tenian con qué se sustentar; y para dar 
crédito que habia oro envió muchas joyas y pie- 
zas de las que traia en su recámara, é vajilla de 
lo que trujo de Méjico, y aun de la vajilla de su 
aparador, y por su capitán de aquel navio á un 
suprimo que se decia Abalos, y le mandó que 
de camino tomase veinte y cinco soldados que 
habia dejado un capitán, que tuvo nueva que 
andaba á saltear indios en las isletas en ló de 
Cozumel. Y partido del puerto de Honduras, que 
ansí se llamaba, unas veces con buen tiempo é 
otras con contrario, pasaron adelante déla Pun- 
ta de Sant- Antón, que está junto á las sierras 



CONQUISTA DE NUEVA-BSPAÑA. 145 

qué llaman de Guaniguanico, que será de la 
Habana sesenta ó setenta leguas, y con tempo- 
ral dieron con el navio en tierra, de manera que 
se ahogaron los frailes y el capitán Abálos y 
muchos soldados, y dellos se salvaron en el Üak 
tel y en tablas, y con mucho trabajo aportaron 
á la Habana, y dénde allí fué la fama volando 
por toda la isla de Cuba cómo Cortés y todos 
nosotros éramos vivos, y én pocos días fué la 
nueva á Santo Domingo, porque el licenciado 
Pedro López, médico que iba allí, que escapó en 
una tabla, escribió á la Real audiencia de Santo 
Domingo en nombre de Cortés, y todo lo acaeci- 
do, y cómo estaba poblando en Trujillo, y que 
habia menester bastimento y vino y caballos, y 
que para lo comprar traian mucho oró, y que se 
perdió en la mar de la manera que ya dicho' ten- 
go. Y como aquella nueva se supo, todos se ale- 
graron, porque ya habia fama, é lo tenian por 
cierto, que Cortés y todos nosotros sus compa- 
ñeros éramos muertos ; las cuales nuevas supie- 
ron en la Española de un navio que fué de la 
Nueva-España ; y como en Santo Domingo se 
supo que estaba de asiento poblando Cortés las 
provincias que dicho tengo, luego los oidores y 
mercaderes comenzaron de cargar dos navios 
viejos con caballos y potros, y camisas y bone- 
tes y cosas de bujerías, y no trujeron cosa deco- 
mer, sino una pipa de vino, ni fruta, salvo los 
caballos y todo lo demás de tarabusteríaí?, entre 
tanto que se armaban los navios para venir, que 
19 



146 BERNAL DUZ. 

aun no habían llegado al puerto. Quiero decir 
que como Cortés estaba en Trujillo, se le vinie- 
ron á quejar ciertos indios de las islas de ios 
Guanajes, que seria de allí ocho leguas, y dije- 
ron que estaba anclado un navio junto á su 
pueblo , y el batel del navio lleno de espa- 
ñoles con escopetas y ballestas , y que les 
querían tomar por fuerza sus mazaguales, que 
que se dice entre ellos vasallos, y que á lo que 
han entendido, son robadores, y que ansí les to- 
maron los años pasados muchos indios, y los 
llevaron presos en otro navio como aquel que 
estaba surto ; y que enviase Cortes a poner co- 
bro en ello ; y como Corte* io supo, iuego man- 
dó armar un bergantin con la mejor artille- 
ría que habia y con veinte soldados y con buen 
capitán , y les mando que en todo caso tomasen 
el navio que los indios decian , y se lo-trujesen 
preso con todos los españoles que dentro anda- 
ban , pues que eran robadores de los vasallos 
de su majestad; y mandó á los indios que arma- 
sen sus canoas, y con varas y flechas que fuesen 
junto al bergantin , y que ayudasen á prender 
aquellos hombres , y para ello dio poder al ca- 
pitán. Pues yendo con su bergantin armado y 
muchas canoas de los naturales de aquellas is- 
letas , como los del navio que estaba surto los 
vieron ir á la vela , no aguardaron mucho , que 
alzaron velas y se fueron huyendo, porque bien 
entendieron que iban contra ellos , y no los 
pudo alcanzar el bergantin ; y después se al- 



CONQUISTA DK NUEVA-ESPAÑA. 147 

canzóá saber que era un bachiller Moreno, que 
habia enviado la audiencia Real de Santo Do- 
mingo á cierto negocio á Nombre de Dios , y 
parece ser descayeron del viaje, ó vino de hecho 
sobre cosa pensada á robar los indios de Guana- 
les. Y volvamos á Cortés, que se quedó en aque- 
lla provincia pacificándola, y volveré á decir lo 
que á Sandoval le acaeció en Naco. 



CAPITULO CLXXXIV. 



CÓMO EL CAPITÁN GONZALO DE SANDOVAL , QUE ES- 
TABA EN NACO, PRENDIÓ Á CUARENTA SOLDADOS ES- 
PAÑOLES Y A SU CAPITÁN, QUE VENÍAN DE LA PRO- 
VINCIA DE NICARAGUA , Y Ha CÍAN MUCHOS Din OS Y 
ROBOS Á LOS INDIOS DE LOS PUEBLOS POR DONDE 
PASABAN. 



Estando Sandoval en el pueblo de Naco atra- 
yendo de paz todos los más pueblos de aquella 
comarca, vinieron ante él cuatro caciques de dos 
pueblos que se decían Quecuspan y Tanchinal- 
chapa, y dijeron que estaban en sus pueblos 
muchos españoles de la manera de los que con 
él estábamos, con armas y caballos, y que les 
tomaban sus haciendas é hijas y mujeres, y que 
las echaban en cadenas de hierro, de lo cual 



148 BEHNAL DÍAZ. 

hubo gran enojo el Sandoval; y preguntando 
que qué tanto seria de allí donde estaban, dije- 
ron que en ün dia llegaríamos; y luego nos man- 
dó apercebir á los que habíamos de ir con el, lo 
mejor que podíamos, con nuestras armas y ca- 
ballos y ballestas y escopetas, y fuimos con él 
letenta hombres; y llegados á los pueblos don- 
de estaban los soldados, les hallamos muy de 
reposo, sin pensamiento que los habíamos de 
prender; y como nos vieron ir de aquella mane- 
ra, se alborotaron y echaron mano á las armas, 
y de presto prendimos al capitán y á otros mu- 
chos dellos, sin que hubiese sangre ni de una 
parte ni de otra; y Sandoval les dijo con pala- 
bras algo desabridas, sí les parecía bien andar 
robando á los vasallos de su majestad, y si sería 
buena conquista y pacificación aquella; y unos 
indios é indias que traían en collares se los hizo 
sacar dellos y se los dio á los caciques xte aquel 
pueblo, y á los demás mandó que se fuesen á 
sus tierras, que era cerca de allí. Pues como 
aquello fué hecho, mandó al capitán que allí ve- 
nia, que se decia Pedro de Garro, que él y sus 
soldados fuesen presos y se fuesen con nosotros 
al pueblo de Naco, y caminamos con ellos; y 
traían los soldados muchas indias de Nicara- 
gua, y algunas dellas hermosas, é indias nabo- 
rías que tenían en su servicio, y todos los más 
de los traían caballos; y coma nosotros estába- 
mos trillados y deshechos de los caminos pasa- 
dos , y no teníamos indias que nos hiciesen 



CONQUISTA DE KUEVA-KSPANA. 149 

pan, eran ellos unos condes en el servirse, se- 
gún nuestra pobreza. Pues como llegamos con 
ellos á Naco, Sandoval les dio posadas en partes 
convenibles, porque venian entre ellos ciertos 
hidalgos y personas de calidad; y cuando hubie- 
ron repasado un dia, y su capitán Garro vio que 
éramos de los de Cortés, hízose muy amigo de 
Sandoval y de nosotros y se holgaban con nues- 
tra^compañía; y quiero decir cómo y de qué ma- 
nera é por qué causa venia aquel capitán con 
aquellos soldados, y es désta manera que diré: 
pareció ser que Pedro Arias de Avila, goberna- 
dor que fué en aquella sazón de Tierra-Firme, 
envió un su capitán que se decia Francisco Her- 
nández, persona muy principal entre ellos, á 
conquistar y pacificar las tierras de Nicaragua y 
lo más que descubriese, y dióle copia de solda- 
dos, ansí á caballo como ballesteros, y llegó á 
las provincias de Nicaragua y León, que ansí 
las llaman, las cuales pacificó y pobló; y como 
se vio con muchos soldados y próspero, y apar- 
tado del Pedro Arias de Avila, y por consejeros 
que tuvo para ello, y también, según entendí, 
un bachiller Moreno, por mí ya nombrado, que 
el audiencia Real de Santo Domingo y los frai- 
les Jerónimos que gobernaban en las islas le 
habian enviado á Tierra-Firme á cierto plei- 
to, que tengo en mi pensamiento que era sobre 
la muerte de Balboa, yerno de Pedro Arias, al 
cual degolló sin justicia cuando le hubo casado 
con su hija doña Isabel Arias de Peñalosa, que 



150 BERNAL DÍAZ. 

así se llamaba; y el bachiller Moreno dijo al ca- 
pitán Francisco Hernández que como conquis- 
tase cualquiera tierra, acudiese á nuestro 
Rey y señor para que le hiciese gobernador de- 
11a, que no hacia traición; y que el Balboa, que 
degolló Pedro Arias , siendo su yerno, que fué 
contra toda justicia, pues que el Balboa prime- 
ro envió sus procuradores á su majestad para 
ser adelantado; y so color destas palabras que 
tomó del bachiller Moreno, envió el Francisco 
Hernández á su capitán Pedro de. Garro para 
que por banda del Norte le buscase puerto para 
hacer sabidor á su majestad de las provincias 
que habia pac ificado y poblado, para que le hi- 
ciese merced que él fuese gobernador dellas, 
pues estaban tan apartadas de la gobernación 
de Pedro Arias. E viniendo que venia el Pedro 
de Garro para aquel efeto , le prendimos, como 
dicho tengo. Y como el Sandoval entendió el in- 
tento á lo que venian, platicó con el Garro y el 
Garro con él secretamente, y diese orden que 
lo hiciésemos saber á Cortés, que estaba en Tru- 
jillo; y que el Sandoval tenia por cierto que 
Cortés le ayudada para que quedase el Fran- 
cisco Hernández por gobernador de Nicaragua. 
Pues ya esto concertado , envían Sandovfl y 
el Garro diez hombres, los cinco de los nues- 
tros y los otros cinco del Garro, para que cos- 
ta á costa fuesen á Trujillo con las cartas, por- 
que allí residía Cortés entonces , como dicho 
tengo en el capítulo que dello habla ; y He- 



C0K0UI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. Í5Í 

varón sobre veinte indios de Nicaragua de los 
que trujo Garro para que les ayudasen á pa- 
sar los ríos, é yendo por sus jornadas, no pu- 
dieron pasar el rio de Pichia ni otro que se 
decia Balama, porque venían muy crecidos, y 
á cabo de quince dias vuelven los soldados á 
Naco sin hacer cosa ninguna de lo que les fué 
mandado; de lo cual hubo tanto enojo el San- 
doval, que de palabra trató mal al que iba 
por caudillo; y luego sin más tardar ordena 
que vaya por la tierra adentro el capitán Luis 
Marín con diez soldados, los cinco de Garro y 
los demás de los nuestros, é yo fui con ellos , y 
fuimos todos á pié y atravesamos muchos pue- 
blos que estaban de guerra ; y si hubiese de 
escribir por extenso los grandes trabajoc y re- 
encuentros que con indios de guerra tuvimos, 
y los rios y ancones que pasamos en barcas y 
á nado* y la hambre que algunos dias tuvimos, 
era para no acabar tan presto, y cosas muy de 
notar; mas digo que habia dia que pasábamos 
tres rios caudalosos en barcas y á nado; y como 
llegamos á la costa, hubo muchos esteros , don- 
de habia lagartos ; y en un rio que se dice Xa- 
gua, que está del Triunfo de la Cruz diez le- 
guas, estuvimos dos dias en el pasar en barcas, 
según venia de recio , y alli hallamos calaveras 
y huesos de siete caballos que los habian muer- 
to de mala yerba que habian pacido , y fueron 
de los de Cristóbal de Olí ; y de alli fuimos ai 
Triunfo de la Cruz, y hallamos naos quebradas 



152 SERVAL DÍAZ. 

dadas al través, y de alli fuimos cñ cuatro días 
á un pueblo que se dice Quemará , y salieron 
muchos indios dé gue ra contra nosotros' , y 
traían unas lanzas grandes y gordas , que con 
sus rodelas mandaban con la maño derecha y 
sobre el brazo izquierdo , y jugaban de lá máí- 
nera que nosotros peleamos con las picas , y se 
nos venían á juntar pié con pié , y con las ba- 
llestas que llevábamos y á cuchilladas nos die- 
ron lugar qué pasásemos adelante, y allí hirie- 
ron dos de nuestros soldados: y estos indios que 
he dicho qué salieron dé guerra no creyeron 
que éramos de los de Cortés , sino de otros ca- 
pitanes , que les íbamos á robar sus indios. De- 
jemos de contar trabajos pasados, y digo que en 
otros dos días de calino llegamos á Trujílio, y 
antes de entrar en él, que seria hora de vísperas, 
vimos á cinco de á caballo, y era Cortés y otros 
Caballeros, que se habían salido á pasear por la 
costa, y cuando nos vieron de lejos no sabían 
qué cosa nueva podía ser; y como nos conoció 
Cortés, se apeó del caballo y con las lágrimas en 
los ojos nos vino á abrazar, y nosotros á él, y 
nos dijo: «¡Oh hermanos y compañeros míos, 
qué deseo tenia de veros y saber qué tales está- 
bades!» Y estaba tan flaco, que hubimos lástima 
de verle; porque, según supimos, había estado 
á punto de morir de calentnras y tristeza que 
en si tenia, y aun en aquella sazón no sabia co- 
sa buena ni mala de lo de Méjico; y dijeron 
otras personas que estaba ya tan á punto de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAWA. 153 

morir, que le tenían hechos unos hábitos de San 
Francisco para le enterrar con ellos; y luego á 
pié se fué con todos nosotros á la villa, y nos 
aposentó y ceñíamos con él; y tétiitf 'ftlftá pSoftN&' 
zff, qué'atinMe cazabe hb'nós hártame; y- ! confio 
le hubimos dado relación á' loqué' ventamos, y 
leido las cartas sobre lo de Francisco Hernán- 
dez para que le ayudase, dijo que haría cuanto 
pudiese' por él. T en aquélla sázbn qúeT alle- 
gamos á Trujilló' había fres Miás 1 qW habto 
venido los dbs navios chícbs f con las mércadfe- 
rías que enviaban de Santo Domingo, quV erá ! 
caballos y potros y armas viejas, y nnaVcatóstó 
y bonetes colocados, ycbsastíe poca valía, y no' 
trujeron sino una pipa de vino;' ni fruta ni cosa 
de provecho; que valiera máá que aquellos na- 
vios no vinieran, según todos nos adeudadlos en 
comprar de aquellas bujerías. Pues estando qué v 
estábamos con Cortés dando cuenta de nuéáír'ó 
Jrabajoso camino, vieron venir' en alta mar un 
navio á la vela, y llegaáo al puefto, Vehiá°dé íá' 
Habana, qué enviaba el licenciado Zuazo, el cual 
licenciado habia dejado Cortés en Méjico poié' 
alcalde mayor, y enviaba un poco de refrescó* 
para Cortés con una carta, la cual es estaque 
se sigue; y si no dijere las palabras formales 
que en ella venían, á lo menos diré lasustaneia 
della. 



154 BEftNAL DÍAZ. 

••• CAPITULO CLXXXV. 



CÓMO EL LICENCIADO ZUAZO ENVIÓ UNA CARTA DEN- 
DB LA HABANA A CORTÉS, Y LO QUE EN ELLA SE 
CONTIENE ES LO QUE DIRÉ ADELANTE. 



Pues como hubo tomado puerto el navio que 
dicho tengo, un hidalgo que venia por capitán 
del, cuando saltó en tierra luego fué á besar las 
manos á Cortés y le dio una carta del licenciado 
Zuazo; y después que Cortés la hubo leido, to- 
mó tanta tristeza, que luego comenzó al parecer 
á sollozar en su aposento, y no salió de donde 
estaba hasta otro dia por la mañana, que era 
sábado, é se confesó con fray Juan aquella no- 
che, y le mandó que dijese Misa de Nuestra Se- 
ñora muy de mañana, é comulgó; é después de 
dicha Misa, nos rogó que le escuchásemos, y sa- 
bríamos nuevas de la Nueva -España , cómo" 
echaron fama que todos éramos muertos, y cómo 
nos habian tomado nuestras haciendas y las 
habian vendido en el almoneda, y quitado nues- 
tros indios y repartido en otros españoles, sin 
tener méritos, y comenzó á leer la carta, y de- 
cía ansí. E lo primero que leyó fué las nuevas 
que vinieron de Castilla de su padre Martin 
Cortés y de Ordás, y cómo el contador Albornoz 
le habia sido contrario en las cartas que escribió 



CONQUISTA SÉ NUEVA-ESPANA. ií>5 

el Albornoz á su majestad y al Obispo de Burgos, 
y lo que su majestad sobre ellas había mandado 
proveer, de enviar al almirante de Santo Do- 
mingo con seiscientos hombres, según ya lo 
tengo dicho en el capítulo que dello habla; y 
cómo el duque de Bejar quedó por su fiador, y 
puso su estado y cabeza por el Cortés y por 
nosotros, que éramos muy leales servidores de 
su majestad, y otras cosas que ya las he referí' 
do en el capítulo que dello habla; y cómo al ca- 
pitán Narvaez le dieron una conquista del rio de 
Palmas, y que á un Ñuño de Guzman le dieron 
la gobernación de Panuco, y que el Obispo do 
Burgos era fallecido; y en las cosas de la Nue- 
va-España dijo que, como Cortés hubo dado en 
Guacacualco los poderes y provisiones al factor 
Gonzalo de Salazar y á Pedro Almindez Chiri- 
nos para ser gobernadores de Méjico si viesen 
que el tesorero Alonso de Estrada y el contador 
Albornoz no gobernaban bien, ansí como llega- 
ron á Méjico el factor y veedor con sus poderes, 
se hicieron muy amigos del mismo licenciado 
Zuazo, que era alcalde mayor,,y de Rodrigo de 
Paz, que era alguacil mayor del capitán, y de 
Andrés de Tapia y Jorge de Albarado, y de to- 
dos los demás conquistadores de Méjico; y cuan- 
do se vio el factor con tantos amigos de su ban- 
da dijo que el mismo factor y veedor habían de 
gobernar, y no el tesorero ni el contador, y so- 
bre ello hubo muchos ruidos y muertes de 
hombres, los unos por favorecer al factor y 



1 56 BERNAL DÍAZ'. 

al veedor, y. otros por ser amigos dtel teso- 
rero y el contador; dé manera que quedaron 
con el cargo de gobernadores el factor y vee- 
dor, y echaron presos á los contrarios, tesorero 
y contador, y á otros muchos que fueron en su 
favor, y cada dia había cuchilladas y revueltas, 
y que los indios que vacaban los daban á sus 
amigos, aunque no tenián méritos; y que al li- 
cenciado Zoazo que no lé dejaban hacer justi- 
cia, y que al Rodrigo de Paz le habia echado 
preso porque le iba á la mano, y que el mismo 
licenciado Zuazo los volvió á concertar y hacer 
amigos, ansí al factor é tesorero y contador é á 
Rodrigo de Paz, y que estuvieron ocho dias en 
concordia, y que en esta sazón se levantaron 
ciertas provincias que se decian los zapo tecas y 
minxes, y un pueblo y fortaleza do habia un 
gran peñol que se dice Coatlan, y que enviaron 
á él muchos soldados de los que habian venido 
nuevamente de Castilla y dé otros que no eran 
conquistadores, y envió por capitán dellos ai 
veedor Chirinos, y que gastaban muchos pesos, 
de oro de las haciendas de su majestad y lo que 
estabaen su Real caja, y que llevaban tantos 
bastimentos al real donde estaban, que todo era 
veetrías y juegos de naipes, y que á los indios 
no se les daba por ellos cosa ninguna, y que de 
repente de noche se salían los indios del peñol y 
daban en el real del veedor, y le mataron cier- 
tos soldados y le hirieron otros muchos, y á 
esta causa envió el factor con el mismo cargo á 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 157 

un capitán de los de Cortés, que se decia An- 
drés dé Mbnjaraz, para que estuviese en com- 
pañía del veedor., porque este Monjaraz se ha- 
bia hecho muy amigo del factor, y en aquella 
sazón estaba tullido el Monjaraz de bubas, que 
no. era para hacer cosa que buena fuese, y los 
indios estaban muy vitoriosos, y que Méjico es- 
taba cada día para se alzar; y que el factor procu- 
ró por. todas vías de enviar oro á Castilla á su ma- 
jestad é al comendador mayor de León D. Fran- 
cisco de los Cobos ; porque en aquella sazón 
echó fama el factor que Cortés y todos nosotros 
éramos muertos en poder de indios , en un pue- 
blo que se dice Xicalango , y en* aquel tiempo 
había venido de Castilla Diego de Ordás , que 
es" el que Cortés hubo enviado por procurador 
de la Nueva-España , y lo que procuró fué para 
él una encomienda de Santiago , y trujo por cé- 
dula de su majestad sus indios y unas armas del 
volcan que está cabe Guaxocingo , y que como 
llegó á Méjico , dijo el Ordás que queria ir á 
buscar á Cortés . y esto fué porque vio las re- 
vueltas y zizañas , y que se hizo muy amigo del 
factor , y fué por la mar á ver si era vivo ó 
muerto Cortés , con un navio grande y un ber- 
gantín, y fué costa á costa hasta que llegó á un 
pueblo que se dice Xicalango , adonde habían 
muerto al Simón de Cuenca y al capitán Fran- 
cisco de Medina y á los españoles que consigo 
estaban, según más largo lo tengo escrito en el 
capítulo que dello habla ; y como aquella nueva 



158 BERNAL DÍAZ. 

supo el Ordás, se volvió á la Nueva-España, y sin 
desembarcar en tierra escribió al factor con unos 
pasajeros, que tiene por cierto que Cortés es 
muerto. Y como echó esta nueva el Ordás, en el 
mismo navio que fué en busca de Cortés, luego 
atravesó la isla de Cuba á comprar becerras y 
yeguas. Y cuando el factor vio la carta de Ordás, 
la anduvo mostrando en Méjico á unos y á otros, 
y echó fama que era muerto Cortés y todos los 
que con él fuimos , é se puso luto , é hizo hacer 
un túmulo é monumento en la iglesia mayor de 
Méjico , é hizo las honras por Cortés ; y luego 
se hizo pregonar con trompetas y atabales por 
gobernador y capitán general de la Nueva-Es- 
paña, y mandó que todas las mnjeres que se ha- 
bían muerto sus maridos en compañía de Cortés, 
que hiciesen bien por sus almas y sé casasen, y 
aun lo envió á decir á Guacacualco é á otras 
villas ; é porque una mujer de un Alonso Va- 
liente , que se decía Juana de Mansilla , no se 
quiso casar , y dijo que su marido y Cortés y 
todos nosotros éramos vivos , y que no éramos 
los conquistadores viejos personas de tan poco 
ánimo como los que estaban en el peñol de 
Coatlan con el veedor Chirinos , porque los in- 
dios les daban guerra, y no ellos á los indios, 
y que tenia esperanza en Dios que presto veria 
á su marido Alonso Valiente y á Cortés y á to- 
dos los más conquistadores viejos de vuelta 
para Méjico , y que no se quería casar ; porque 
dijo estas palabras la mandó el factor azotar 



COK QUISTA DE KUE VA-ESPAÑA. 159 

por las calles públicas de Méjico , por hechice- 
ra ; y también , como hay en este mundo hom- 
bres traidores aduladores , y era uno dellos uno 
que le teníamos por hombre honrado , que por 
su honor aquí no le nombro , dijo al factor de- 
lante otras muchas personas que estaba malo 
de espanto porque , yendo una noche pasada 
cerca del Taltelulco , que es la iglesia de señor 
Santiago, donde solia estar el ídolo mayor , que 
se decia Huichilóbos , que vio en el patio que se 
ardían en vivas llamas el alma de Cortés y de 
doña Marina é la del capitán Sandoval , é 
que de espanto dello estaba muy malo. Tam- 
bién vino otro hombre que no nombro , que 
también le tenían en buena reputación , é di- 
jo al factor que andaban en los patios de 
Tezcuco unas cosas malas , y que decían los 
indios que era el alma de doña Marina y la de 
Cortés; y todas eran mentiras y traiciones, sino 
por se congraciar'con el factor dijeron aquello, 
ó el factor se lo mandó decir. Y en aquel tiempo 
ha bia llegado á Méjico Francisco de las Casas 
y Gil González de Avila , que son los capitales 
por mí muchas veces nombrados, que degolla- 
ron á Cristóbal de Olí; y de que el de las Casas 
vio aquellas revueltas y que el factor se habia 
hecho pregonar por gobernador, dijo pública- 
mente que era mal hecho, y que no se habia de 
consentir tal cosa, porque Cortés era vivo, y 
que él ansí lo creia , é que ya que eso fuese, lo 
cual Dios no permitiese , que para gobernador, 



160 BERNAL DIAB. 

que más persona y caballero y mar méritos te- 
nia Pedro de Albarado que no el factor, y que f 
le enriasen á llamar al Pedro de Albarado ; y> 
secretamente su hermano Jorge de Albarado y 
aún el tesorero y otros vecinos mejicanos le es- 
cribieron para que se viniese en todo caso á 
Méjico con todos los soldados que tenia, y que 
procurarían de le dar la gobernación hasta sa- 
ber si Cortés era vivo, y enviar á hacer saber á 
su majestad si fuese servido mandar otra cosa; 
é que ya que el Pedro de Albarado con aquellas 
cartas se venia para Méjico , tuvo temor del 
factor, según las amenazas le envió á decir al 
camino que le mataría; é como supo que habian 
ahorcado á Rodrigo de Paz y preso al licenciado ; 
Zuazo, se volvió á su conquista; y en aquel 
tiempo que habia recojido el factor cuanto oro 
pudo haber en Méjico y Nueva-España, para 
hacer con ello mensajero á sumajestad, y en- 
viar con ello á un su amigo que se decia Peña 
con sus cartas secretas; y el Francisco de las' 
Casps y el licenciado Zuazo y Rodrigo de Paz 
se lo contradijeron, y aun también el tesorero y 
contador, que hasta saber nuevas ciertas si Cor- 
tés era vivo, que no hiciese relación que era 
muerto, pues no lo tenían por cierto, y que si 
oro quería enviar á su majestad de sus reales 
quintos, que era muy bien, más que fuese jun- 
tamente con parecer y acuerdo del tesorero y 
contador, y no solo en su nombre; y porque lo 
tenían ya en los navios y para hacerse á la vela 



CONQUISTA MI NUEVA-ESPAÑA. 161 

con ello, fué el de la.s Casas con mandamientos 
del alcalde mayor Zuazo y con favor de Rodri- 
go de Paz y de los demás oficiales de la hacien- 
da de su majestad y conquistadores, que detu- 
viesen el navio hasta que escribiesen á nuestro 
Rey de la manera que estaba la Nueva-España; 
porque, según pareció, el factor no consentía 
que otras personas escribiesen, sino solamente 
sus cartas; y después que el factor vio que el 
de las Casas y el licenciado no eran buenos 
amigos y le iban á la mano, luego los mandó 
prender, é hizo proceso contra el Francisco de 
las Casas y contra el Gil González de Avila so- 
bre la muerte de Olí, y los sentenció á degollar, 
y de hecho quería ejecutar la sentencia, por 
más que apelaban ante su Majestad; y con gran 
importunidad les otorgó la apelación, y los en- 
vió á Castilla presos con los procesos que contra 
ellos hizo; y hecho esto, dá luego tras el mis- 
mo Zuazo, y que en justo y en creyente lo arre- 
bataron y llevaron en una acémila al puerto de 
la Veracruz y le embarcaron para la isla de Cuba, 
diciendo que porque fuese á dar residencia del 
tiempo que fué en ella jue7; y que al Rodrigo 
de Paz, que le echó preso y le demandó el 
oro y plata que era de Cortés, porque como Su 
mayordomo sabia dello, diciendo que lo tenia 
escondido, porque lo quería enviar á su Majes- 
tad, pues era de los bienes que tenia Cortés 
usurpados á su majestad; y porque no lo dio, 
pues era claro que lo tenia , sobre ello le dio 
21 



162 BERNAL DÍAZ. 

tormento, y con aceite y fuego le quemó los pies 
y aun parte de las piernas , y estaba muy flaco 
malo de las prisiones, y para morir ; y no con- 
tento con los tormentos, viendo el factor que si 
le daba vida , que se iria á quejar del á su ma- 
jestad, le mandó ahorcar por revoltoso y ban- 
dolero, y que á todos los más soldados y vecinos 
de Méjico que eran de la banda de Cortes los 
mandó prender , y se retrujeron en la casa de 
los frailes franciscos Jorge de Albarado y An- 
drés de Tapia; y todos los más eran con Cortés, 
puesto que otros muchos conquistadores se 
allegaron al factor porque les daba buenos in- 
dios, y que andaban á viva quien vence , y que 
en la casa de la munición de las armas todas las 
sacó el factor y las mandó llevar á sus palacios, 
y que la artillería que estaba en la fortaleza y 
atarazanas las mandó asestar delante de sus 
casas , é hizo capitán de ella á un don Luis de 
Guzraan, deudo del duque de Medina- Sidonia, 
y puso por capitán de su guarda á un Artiaga, 
que ya no se me acuerda el nombre, y para 
guarda de su persona á un Gines Nortes y un 
Pedro González Sabiote, y otros soldados que 
eran de los de Cortés ; y más decia en la carta 
que escribió Zuazo á Cortés, que mirase que 
fuese luego á poner recaudo en Méjico , por- 
que, demás de todos estos males y escándalos, 
habia otros peores , que habia escrito el fac- 
tor á su majestad que le habian hallado en 
su recámara de Cortés un cuño con que mar- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 163 

caba el oro que los indios le traían á escon- 
didas, é que no» pagaba quinto dello ; y tam- 
bién 'dijo que porque viese cuál andaba la 
cosa en Méjico, que porque un vecino de Gua- 
cacualco que vino á aquella ciudad á demandar 
unos indios que en aquel tiempo vacaron por 
muerte de otro vecino de los que estaban pobla- 
dos en la villa, por muy secretamente que dijo 
el vecino de Guacacualco á una mujer donde 
posaba, que por qué se habia casado, que cier- 
tamente era vivo su marido y todos los que fue- 
ron con Cortés, y dio causas y razones para ello; 
como lo supo el factor, que luego le fueron con 
la parlería, envió por él á cuatro alguaciles, y 
lo llevaron engarrafado á la cárcel, y lo quería 
mandar ahorcar por revolvedor, hasta que el 
pobre vecino; que se decia Gonzalo Hernández, 
tornó á decir que, como vido llorar á la mujer 
por su marido, que por la consolar le habia di- 
cho que era vivo, mas que ciertamente todos 
éramos muertos; y luego le dio bs indios que 
demandaba, y le mandó que no estuviese más 
en Méjico y que no dijese otra cosa, porque le 
mandaría ahorcar; y más decia en el cabo de su 
carta, cómo luego de á poco tiempo que habia 
salido de Méjico Cortés habia muerto el buen 
Padre fray Bartolomé, que era un santo hom- 
bre, y que le habia llorado todo Méjico, y*que 
le habian enterrado con grande pompa en señor 
Santiago, é que los indios habian estado to- 
do el tiempo desque murió hasta que le enter- 



164 BERNÁL DÍAZ. 

raron sin comer bocado f é que los Padres 
franciscos habían predicado á sus honras y en- 
terramiento, y que habían dicho del que era un 
santo varón, y que le debía mucho el Empe- 
rador, pero más los indios; pues si al Empera- 
dor le habia dado aquellos vasallos, comoCortés 
y los demás conquistadores viejos, á los indios 
les habia dado el conocimiento de Dios, y gana- 
do sus almas para el cielo; é que había conver- 
tido é bautizado más de dos mil y quinientos in- 
dios en Nueva- España , que ansí se lo habia 
dicho el Padre fray Bartolomé de Olmedo al- 
gunas -veces al tal predicador. ; á que habia he- 
cho mucha falta fray Bartolomé de Olmedo, 
porque con su autoridad é santidad componía las 
disensiones é ruidos, y hacia bien á los pobres; 
é luego decía Zuazo que todo en Méjico estaba 
perdido, y acababa su carta diciendo: «Esto que 
»aqui escribo á vuestra merced , pasa ansí , y 
«déjelos allá , y embarcáronme preso , y trujá- 
ronme con grillos aqui donde estoy.» Y desr 
pues que Cortés ía hubo leído , estábamos tan 
tristes y enojados, ansí del Cortés, que nos trujo 
con tantos trabajos, como del factor , y cchá- 
bamoslcs dos mil maldiciones, ansí al uno como 
el otro , y se nos saltaban los corazones de 
coraje Pues Cortés no pudo tener las lágri- 
mas , que con la misma carta se fué luego á 
encerrar á su aposento , y no quiso que le vié- 
semos hasta más de medio dia , y todos- nos- 
otros aun le dijimos é rogamos que luego se 



COHQTJI8TA.DE NUEVA-ESPAÑA. 165 

embarcase en tres navios que alli estaban, y 
que oes fuésemos á la Nueva-España ; y él nos 
respondió muy amorosa y mansamente , y nos 
dijo: «¡Oh hijos y compañeros mios , que veo 
por una parte aquel mal hombre del factor, que 
está muy poderoso , y temo cuando sepa que 
estamos en el puerto, ho haga otras desvergüen- 
zas y atrevimientos aun más de lo que ha hecho, 
ó me mate ó ahogue ó eche preso , ansi á mí 
como á vuestras personas ; yo me embarcaré 
luego con el ayuda de Dios t y ha de ser sola- 
mente con cuatro ó cinco de vuestras mercedes, 
y tengo de ir muy secretamente á desembarcar á 
puerto que no sepan en Méjico de nosotros, has- 
ta que desconocidos entremos en la ciudad; y 
demás desto, Sandoval está en Naco con pocos 
soldados, y ha de ir por tierra de guerra, en es- 
pecial por Guatimala, que no está en paz. Con- 
viene que vos, señor Luis Mario, con todos los 
compañeros que aquí venistes en mi busca, os 
volváis y os juntéis con Sandoval, y se vayan 
camino de Méjico.» Dejemos esto, y quiero vol- 
ver á decir que luego que Cortés escribió al ca- 
pitán Francisco Hernández, que estaba en Ni- 
caragua, que fué el que enviaba á buscar puerto 
con el Pedro de Garro, y se le ofreció Cortés que 
haria por él todo lo que pudiese, y le envió dos 
acémilas cargadas de herraje, porque sabia que 
tenia falta dello, y también le envió herramien- 
tas de minas, y ropas ricas para su vestir, y 
cuatro tazas y jarros de plata de su vajilla, y 



166 BERNAL DÍAZ. 

otras joyas de oro; lo cual entregó á un hidalgo 
que se decia Fulano de Cabrera, que fué uno 
de los cinco soldados que fueron con nosotros en 
busca de Cortés, y este Cabrera fué después ca- 
pitán de Venalcázar, y fué muy esforzado capi- 
tán y extremado hombre por su persona, na- 
tural de Castilla la Vieja; el cual fué maestre 
decampo de Blasco Nuñez Vela, é murió en la 
misma batalla que murió el Virey. Quiero dejar 
cuentos viejos, y quierodecir que como yo vi que 
Cortés se habia de ir á la Nueva-España por la 
mar, le fui á pedir por merced que en todo caso 
me llevase en su compañía, y que mirase que en 
todos sus trabajos y guerras me habia hallado 
siempre á su lado y le habia ayudado, y que 
agora era tiempo que yo conociese del si tenia 
respeto á los servicios que yo le habia hecho, y 
amistad y ruego presente. Entonces me abrazó 
y me dijo: «Pues si os llevo conmigo, ¿quién 
irá con Sandoval? Ruégoos. hijo, que vais con 
vuestro amigo Sandoval; que yo os prometo y 
empeño estas barbas yo os haga muchas merce- 
des, que bien os lo debo antes de ahora.» En 
fin, no aprovechó cosa ninguna, que no me dejó 
ir consigo. También quiero decir cómo estando 
que estábamos en aquella villa de Trujillo, un 
hidalgo que se decia Rodrigo Mañueco, maes- 
tresala de Cortés, hombre de palacio, por dar 
contento y alegría á Cortés, que estaba muy 
triste, y tenia razón, apostó con otros caballe- 
ros que subiria armado de todas armas á una 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 167 

casa que nuevamente habían hecho los indios 
de aquella provincia para Cortés, según lo he 
declarado en el capítulo que dello habla, las 
cuales casas estaban en un cerro algo alto; y su- 
biendo armado, reventó al subir de la cuesta, y 
murió dello; y ansimismo, como vieron ciertos 
hidalgos de los que halló Cortés en aquella villa 
que no les dejaba cargos, como ellos quisieran, 
estaban revolviendo bandos, é Cortés lo apaci- 
guó con decir que los llevaría en su compañía á 
Méjico, é que allá les daria cargos honrosos. Y 
dejémoslo aquí, y diré lo que Cortés más hi- 
zo, y es, que mandó á un Diego de Godoy, 
que habia puesto por capitán en el Puerto de 
Caballos, con ciertos vecinos que estaban ma- 
los, y no se podían valer de pulgas y mos- 
quitos y no tenían con qué se mantener, que 
todas estas miseiias tenían, que se pasasen á 
Naco, pues era buena tierra, é que nosotros 
nos fuésemos con el capitán Luis Marin cami- 
no de Méjico, é si hubiese lugar, que fuésemos 
á ver la provincia de Nicaragua, para deman- 
dalla á su majestad en gobernación el tiempo an- 
dando, si aportase á Méjico; y después que Cor- 
tés nos abrazó y nosotros á él, y le dejamos em- 
barcado, se fué á la vela para su vía de Méjico, 
y nosotros partimos para Naco , y muy alegres 
en saber que habíamos de caminar la vía de Mé- 
jico; y con muy gran trabajo é falta de comida 
llegamos á Naco, y Sandoval se holgó con nos- 
otros, y cuando llegamos, ya el Pedro de Gar- 



168 BERNAL Dllt, 

ro, con todos sus soldados, se había despedido 
del Sandoval , y se fué muy gozosa á Nicaragua 
á dar cuenta á su capitán Francisco Hernández 
de lo que habia concertado con Sandoval; y lue- 
go otro dia que llegamos á Naco nos partimos 
y fuimos camino de Méjico, y los soldados de 
la compañía de Garro que habían ido con nos- 
otros á Trujillo se fueron camino de Nicaragua 
con el presente y carta que Cortés enviaba á 
Francisco Hernández. Dejaré de decir de nues- 
tro camino, y diré lo qne sobre el presente su- 
cedió á Francisco Hernández con el» gobernador 
Pedro Arias de Avila. 



CAPITULO CLXXXVL 



COMO FUERON POR LA POSTA DENDE NICARAGUA CIER- 
TOS AMIGOS DEL PEDRO ARIAS DE ÁVILA A HACELLE 
SABER CÓMO FRANCISCO HERNÁNDEZ , QUE ENVIÓ 
POR CAPITÁN A NICARAGUA, SE CARTEABA CON 
CORTES Y SE LE HABÍA ALZADO CON LAS PROVIN- 
CIAS DE NICARAGUA, Y LO QUE SOBRE ELLO PEDRO 
ARIAS HIZO. 



Como un soldado que se decía Fulano Ga- 
rabito, y un compañero, y otro que se decia Za- 
morano eran íntimos amigos de Pedro Arias 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 169 

de Avila, gobernador dé Tierra-Firme, vie- 
ron que Cortés había enviado presentes á Fran- 
cisco Hernández, y habían entendido que Pedro 
de Garro y otros soldados hablaban secreta- 
mente con el Francisco Hernández , y tuvieron 
sospecha que quería' dar amellas prOvfrídás é 
tierras á Cortés, y demás desto, el Garabito era 
enemigo de Cortés, porque siendo mancebos , en 
la isla de Santo Domingo el Cortés le hábiaracu- 
chillado sobre amores áe i úná mujer; y como el 
Pedro Arias lo alcanzó, por eartas^ mensaje* 
ros, á saber , viene más que de páíso con gran 
copia de soldados á pié y á caballo 1 , y pretfdé'ftl 
Francisco Hernández ; é ya el Pedro dtí G&rró, 
como alcanzó á saber que venia el Pedro Arias, 
y muy enojado contra él, de presto se huyó y se 
vina á nosotros, y si el Francisco Hertiández 
quisiera venir, tiempo tuvo parar hacer ro mis- 
mo, y no quiso, creyendo que Pedro Arias lo 
hiciera de otra manera con él , perqué habían 
sido muy grandes amigos; y después que el Pen- 
dro Arias hubo hecho proceso contra el Frafr- 
1 cisco Hernández, y halló que se le alzaba £br 
sentencia, le degolló en la misma villa dondo 
estaba poblando, y en esto paró la venida de 
Garro y los presentes de Cortés. Y dejarlo hé 
aquí, y diré cómo Cortés volvió al puerto de 
Trujillo con tormento, y lo que más pasa. 



ti 



170 BEKNAL'DIAZ. 






CAPITULO CLXXXVII. 



COMO YENDO CORTES POR LA MAR LA DERROTA DE MÉ- 
JICO TUVO TORMENTA, Y DOS VECES TORNÓ ARRIBA 
AL PUERTO DE TRUJILLO, Y LO QUE ALLÍ LE AVINO. 



Pues como dicho tengo en el capítulo pasado 
que Cortés se embarcó en Trujillo para ir á Mé- 
jico, pareció ser tuvo tormentas en la mar, unas 
veces con viento contrario, é otra vez se le que- 
bró el mástil del trinquete y mandó arribar á 
Truiillo; y como estaba flaco y mal dispuesto y 
quebrantado de la mar , y muy temeroso de ir 
á la Nueva-España , por temor no le prendiese 
el factor , parecióle que no era bien ir en aque- 
lla sazón á Méjico; y desembarcado en Trujillo, 
mandó á fray Juan , que se habia embarcado 
con Cortés, que dijese Misas al Espíritu Santo 
é hiciese procesión y rogativas á nuestro Señor 
Dios y á Santa Maria nuestra Señora la Virgen, 
que le encaminase lo que más fuese para su 
santo servicio ; y pareció ser él Espíritu Santo 
le alumbró de no ir por entonces aquel viaje, 
sino que conquistase y poblase aquellas, tierras; 
y luego sin más dilación envió por la posta á 
mata-caballo tres mensajeros tras nosotrüs, 
que íbamos camino de Méjico , é nos envió sus 
cartas rogándonos que no pasásemos más ade- 



CONQUISTA DE NüEVA-ESPANA. 171 

lante , y que conquistásemos y poblásemos la 
tierra, porque el Santo Ángel de su guarda se. 
lo ha alumbrado y puesto en el pensamiento t y 
que él ansi lo piensa hacer. Y cuando vimos 
la carta y que tan de hecho lo mandaba , no 
lo pudimos sufrir y le echábamos mil maldi- 
ciones, y que no hubiese ventura en todo cuan- 
to pusiese mano , pues ansi nos habia echa- 
do á perder ; y demás desto , dijimos todos á 
una al capitán Sandoval que si quería poblar, 
que se quedase con los que quisiese , que harto 
conquistados y perdidos nos traia , y que jurá- 
bamos que no le habíamos de guardar más, sino 
irnos á las tierras de Méjico , que ganamos ; y 
ansimismo el Sandoval era de nuestro pare- 
cer ; y lo que con nosotros pudo acabar fué, 
que le escribiésemos por la posta con los mis- 
mos sus mensajeros que nos trujeron las cartas, 
dándole á entender nuestra voluntad; y en po- 
cos dias recibió nuestras cartas con firmas de 
todos; y las respuestas que á ellas nos dio, fué 
ofrecerse en gran manera á los que quisiése- 
mos quedar á poblar aquella tierra, y en cabo 
de aquella carta traia una cortapisa que decia 
que si no le querían obedecer como lo manda- 
ba, que en Castilla y en todas partes habia sol- 
dados. Y de que aquella respuesta vimos, todos 
nos queríamos ir camino de Méjico é perdelle la 
vergüenza; y como aquello vio Sandoval, muy 
afectuosamente y con grandes ruegos nos im- 
portunó que aguardásemos algunos dias , que él 



172 BERNAL DÍAZ. 

en persona iría á hacer embarcar á Cortés; y le 
escribimos en respuesta de la carta, que ya ha- 
bía de tener compás isn y otro miramiento del 
que tiene, de habernos traído de aquella, ma- 
nera, y que por su causa nos han robado y 
vendido nuestras haciendas y tomado los in- 
dios; y los más soldados que allí con nosotros 
estaban, que eran casados, dijeron que ni sa- 
bían de sus mujeres é hijos; y le suplicamos to- 
dos que luego se volviese á embarcar y se fue- 
se camino de Méjico; porque, ansí como dice 
que hay soldados en Castilla y en todas partes, 
que también sabe que hay gobernadores y capi- 
tanes puestos en Méjico, é que do quiera que 
llegáremos nos darán nuestros indios aunque 
les pese, y no le estaremos á Cortés aguardan- 
do que por su mano nos los dé; y luego fué 
Sandoval, y llevó en su compañía á un Pedro 
de Saucedo el romo, y á un herrador que se de- 
cía Francisco Donaire, y llevó consigo su buen 
caballo, que se decia Motilla, y juró que ha- 
bía de hacer embarcar á Cortés y que se fue- 
se á Méjico. Y porque he traído aquí á la 
memoria del caballo Motilla , fué de mejor 
carrera y revuelto, y en todo de buen pare- 
cer, castaño escuro, que hubo en la Nueva-Es- 
paña; y tauto fué de bueno, que su majestad 
tuvo noticia del, y aun el Sandoval se lo quiso 
enviar presentado. Dejemos de hablar del ca- 
ballo Motilla, y volvamos á decir que Sandoval 
íüe demandó á mí mi caballo, que era muy bue- 



C0N0ÜI8TA DE NUEVA-ESPANA. í?3 

no, así de juego corrió de carrera y de camino, y 
este caballo hube en seiscientos pesos, que so- 
lia ser de un Abalos, hermano de Saavedra, 
porque otro que truje me le mataron en una 
entrada de un pueblo que se dice Zulaco, que 
me habia costado en aquella sazón sobre seis- 
cientos pesos; y el Sandoval me dio otro de los 
suyos á trueco del que le di, que no me duró el 
que me dio dos meses, que también me lo mata- 
ron en otra guerra; y no me quedó sino un po- 
tro muy ruin qué habia mercado de los merca- 
deres que vinieron de Trujillo, como otras ve- 
ces he dicho en el capítulo que dello habla. 
Volvamos á nuestra relación, y dejemos de con- 
tar de las averías de caballos y de mi trabajo, é 
que antes que Sandoval de nosotros partiese, 
nos habló á todos con mucho amor y dejó á Luis 
Maria por capitán, y nos fuimos luego á unos 
pueblos que se dicen Marayani, y desde allí á 
otro pueblo que en aquella sazón era de muchas 
casas, que se decia Acalteca, y que allí espe- 
rásemos la respuesta de Cortés; y en pocos dias 
llegó Sandoval á Trujiilo, y se holgó mucho el 
Cortés de ver al Sandoval, y como vio lo que le 
escribíamos, no sabia qué consejo tomar, porque 
ya habia mandado á su primo Saavedra, que 
era capitán, que fuese con todos los soldados 
á pacificar los pueblos que estaban de guerra; y 
por más palabras é importunaciones que el 
Sandoval dijo á Cortés y Pedro de Saucedo el 
romo y el fray Juan de Varillas, que también 



i 74 BERNA L DÍAZ. 

deseaba volverse á Méjico para ver qué dejó or- 
denado fray Bartolomé, é si babian venido más 
frailes de su hábito, nunca se quiso embarcar 
Cortés; y lo que pasó diré adelante. 



CAPITULO CLXXXVIII. 



CÓMO CORTÉS ENVIÓ UN NAVIO Á LA NUEVA-E8PANA, 
Y POR CAPITÁN DEL Á UN CRIADO SUYO QUE SE DE- 
CÍA MARTIN DE ORANTES, Y CON CARTAS Y PODERE8 
PARA QUE GOBERNASE FRANCISCO DE LAS CASAS Y 
PEDRO DE ALB ARADO SI AHÍ ESTUVIESE, Y SI NO, EL 
ALONSO DE ESTRADA Y EL ALBORNOZ. 



Pues como Gonzalo de Sandoval no pudo aca- 
bar que Cortés se embarcase, sino que todavía 
quiso conquistar y poblar aquella tierra, que en 
aquella sazón era bien poblada y habia fama de 
minas de oro, fué acordado por Cortés é Sando- 
val que luego sin más dilación enviase un navio 
á Méjico con un criado suyo que se decia Mar- 
tin de Orantes, hombre diligente, que se podia 
fiar del cualquier negocio de importancia, y 
fuese por capitán del navio, y llevó poderes pa- 
ra Pedro de Albarado y Francisco de las Casas, 
si estuviesen en Méjico, para que fuesen gober- 
nadores de la Nueva-España hasta qnc Cortés 



COÍlQtlISTA DE NUEVA-ESPANA. Üb 

fuese; y si no estaban en Méjico, que goberna- 
se el tesorero Alonso de Estrada y el contador 
Albornoz, según y de la manera que les habia 
de antes dado el poder; y revocó los poderes del 
factor y veedor, y escribió muy amorosamente, 
así al tesorero como á Albornoz, puesto que su- 
po de las cartas contrarias que hubo escrito á 
su majestad contra Cortés; y también escri- 
bió á todos sus amigos de los conquistadores, y 
mandó al Martin de Orantes que fuese á desem- 
barcar á una bahía entre Panuco y la Veracruz; 
y así se lo mandó Cortés al piloto y marineros, 
y aun se lo pagó muy bien, y que no echasen en 
tierra otra persona, salvo al Martin de Orantes, 
y que luego en echándolo en tierra, alzasen 
anclas y diesen velas y se fuesen á Panuco. 
Pues ya dado uno de los mejores navios de los 
tres que allí estaban, y metido matalotaje, y 
después de haber oido Misa, dan velas, y quie- 
re nuestro Señor dalles tan buen tiempo, que 
en pocos dias llegaron á la Nueva-España, y 
vanse derechamente á la bahía cerca de Panu- 
co, la cual bahía sabia muy bien el Martin de 
Orantes; y como saltó en tierra, dando muchas 
gracias á Dios por ello, luego se disfrazó el 
Martin de Orantes porque no le conociesen, 
y quitó sus vestidos, y tomó otros como de 
labrador, porque así le fué mandado por Cor- 
tés, y aun llevó hechos los vestidos de Tru- 
jillo; y con todas sus cartas y poderes bien lia- 
dos en el cuerpo, de manera que no hiciesen bul- 



tía 



BERNAL DÍAZ. 



to, iba á más andar por su camino á pié, que 
era suelto peón, á Méjico, y cuando llegaba á 
los pueblos de indios donde habia españoles, 
metíase entre los indios por no tener pláti- 
cas, no le conociesen los españoles; é ya que 
no podia menos de' tratar con españoles, no le 
podian conocer, porque ya habia dos años y tres 
meses que salimos de Méjico y le habían cre- 
cido las barbas , y cuando le preguntaban al- 
gunos cómo se llamaba, adonde iba ó venia, 
que acaso no podia menos de respondeiles, decía 
que se decia Juan de Flechilla é que era labra- 
dor; por manera que en cuatro dias que salió del 
navio, entró en Méjico de noche y se fué á la 
casa de los frailes de señor San Francisco, don- 
de halló muchos retraidos, y entre ellos á Jorge 
de Albarado y á Andrés de Tapia, y á Juan 
Nunez de Mercado é á Pedro Moreno Medrano, 
y á otros conquistadores y amigos de Cortés; y 
como vieron al de Orantes y supieron que Cor- 
tés" era vivo, y vieron sus cartas, no podian es- 
tar de placer los unos é los otros, y saltaban y 
bailaban ; pues los frailes franciscos, y entre 
ellos Fray Toribio Motolinea y un Fray Do- 
mingo Altamirano, daban todos.saltos de placer 
y muchas gracias á Dios por ello, y luego sin 
más dilación cierran todas sus puertas del mo- 
nasterio, porque ninguno de los traidores, que 
habia muchos, fuesen ádar mandado ni hubiese 
pláticas sobre ello; y á medianoche lo hacen 
saber al tesorero y al contador Albornoz y á 



CONQUISTA DE Í1UEVA-ESPAKA. 177 

otros amigos de Cortés; y así como lo supieron, 
sin hacer ruido, vinieron á San Francisco y vie- 
ron los poderes que Cortés les enviaba, y acor- 
daron sobre todas cosas de ir á prender al fac- 
tor; y toda la noche se les fué en apercebir ami- 
gos é armas para otro día por la mañana le 
prender, porque el veedor en aquel tiempo 
estaba sobre el peñol de Ooatlan ; y como 
amaneció, fué el tesorero con todos los del ban- 
do de Cortés, y el Martin de Orantes con ellos, 
jorque le conociesen y se alegrasen; y fueron á 
las casas del factor diciendo: «Viva, viva el Rey 
nuestro Señor, y Hernando Cortés en su Real nom- 
bre, que es vivo é viene agora á esta ciudad, éyo 
soy su criado Orantes;» y como oian aquel ruido 
los vecinos, y tan de mañana oian decir «Viva 
el Rey,» todos acudieron, como eran obligados, 
á tomar armas, creyendo quehabia alguna otra 
cosa, para favorecer las cosas de su Majestad; 
y después que oyeron decir que Cortés era vivo 
é vieron al Orantes, se holgaban ; y luego se 
juntaron con el tesorero para ayüdalle muchos 
vecinos de Méjico, porque , según pareció , el 
contador no ponía en ello mucho calor ; antes 
le pesaba y andaba doblado, hasta que el Alón- 
so de Estrada se lo reprendió , y aun sobre ello 
tuvieron palabras muy sentidas y feas , que no 
le contentaron mucho al contador; é yendo quo 
iban á las casas del factor, ya estaba muy aper- 
cebido; que luego lo supo, que le avisó deilo el 
mismo contador cómo le iban á prender; y 
23 



178 BERNAL DU2. 

dó asestar su artillería delante de sus casas, y 
era capitán del la D. Luis de Guzman , primo 
del duque de Medina-Sidonia , y tenia sus ca- 
pitanes apercebidos con muchos soldados ; de- 
cíanse los capitanes Artiaga y Gines y Pedro 
González; y asi como llegó el tesorero y Jorge 
de Albarado y Andrés de Tapia é Pedro More- 
no, con todos los demás conquistadores , y el 
contador , aunque flojamente y de mala gana, 
' con todas sus gentes , apellidando: «Aqui del 
Rey , y Hernando Cortés en su Real nombre;» 
les comenzaron á entrar , unos por las azuteas, 
y otros por las puertas de los aposentos y por 
dos partes. Todos los que eran de la parte del 
factor desmayaron, porque el capitán de la ar- 
tillería, que fué D. Luis de Guzman, tiró por su 
parte, é los artilleros por la suya , y desmam- 
pararon los tiros ; pues el capitán Artiaga 
dio priesa en se esconder , y el Gines Nortes 
se descolgó y echó por unos corredores abajo; 
que no quedó con el factor sino Pedro Gon- 
zales Sabiote y otros cuatro criados del factor; 
y como se vtó desmamparado , el mismo factor 
tpmó un tizón para poner fuego á los tiros; 
más diéronle tanta priesa, que no pudo más , y 
allí le prendieron y le pusieron guardas , hasta 
que hicieron una red de maderos gruesos y le 
metieron dentro, y alli le daban de comer, y en 
esto paró la cosa de su gobernación ; y luego 
hicieron mensajeros á todas las villas de la 
Nueva-España, dando relación de todo lo acae- 



CONQUISTA DE HUÉTA-lSPANA. 179 

cido; y estando desta manera ¿ á unas personas 
les placía , y á los que el factor había dado in- 
dios y cargos les pesaba. Y fué la nuera al pe- 
ñol de Coatlan y á Guaxaca , donde estaba el 
veedor; y como lo supo él y sus amigos, fué tan 
grande la tristeza y pesar que tomó , que luego 
cayó malo, y dejó el cargo de capitán á Andrés 
de Monjaraz, que estaba malo de bubas , ya 
otra vez por mí nombrado, y se vino en posta á 
la ciudad de Tezcuco y se metió en el monaste- 
rio de San Francisco ; y como el tesorero y el 
contador, que ya eran gobernadores, lo supie- 
ron , le enviaron á prender allí en el monaste- 
rio; porque antes que se viniese el veedor había 
enviado alguaciles con mandamientos y solda- 
dos á le prender do quiera que le hallasen , y 
aun á quitarle el cargo de capitán ; y como su- 
pieron los alguaciles que estaba en Tezcuco, le 
sacaron del monasterio y le trujeron á Méjico, 
y le echaron en otra jaula como al factor ; y 
luego en posta envían mensajeros á Guatimala, 
á Pedro de Albarado , y le hacen saber de la 
prisión del factor y veedor; y como Cortés esta- 
ba en Trujillo , que no es muy lejos de su con- 
quista, que fuese luego en su busca y le hiciese 
venir á Méjico , y le dieron cartas y relación de 
todo lo por mí arriba dicho , según y de la ma- 
nera que pasó. Y demás desto , la primera cosa 
que el tesorero hizo, fué mandar honrar á Jua- 
na de Mansilla , que habia mandado azotar el 
factor por hechicera; y fué desta manera, que 



180 BERNAL DÍAZ. 

mandó cabalgar á caballo á todos los caballeros 
de Méjico , y el mismo tesorero la llovó á las 
ancas de su caballo por las calles de Méjico , y 
decía que como matrona romana hizo lo que 
hizo, y la volvió en su honra de la afrenta que 
el factor la habia hecho ; y con mucho regocijo 
la llamaron de alli adelante doña Juana de 
Mansilla , y dijeron que era digna de mucho 
loor , pues no la pudo hacer el factor que se 
casase ni dijese menos de lo qué primero habia 
dicho, que su marido y Cortés y todos éramos 
vivos. 



CAPÍTULO CLXXXIX. 



COMO EL TESORERO , CON OTROS MUCHOS CABALLEROS, 
ROGARON Á LOS FRAILES FRANCISCOS QUE ENVIASEN 
Á UN FRAY DIEGO DE ALTAMIRANO, QUE ERA DEUDO 
DE CORTES , QUE FUESE EN UN NAVÍO Á TRUÍILLO Y 
LO HICIESE VENIR, Y LO QUE SUCEDIÓ. 



Como el tesorero y otros caballeros de la parte 
de Cortés vieron que convenia que luego vinie- 
se Cortés á la Nueva-España, porque ya se co- 
menzaban bandos , y el contador no estaba de 
buena voluntad para que el factor ni el veedor 
estuviesen presos, y sobre todo, temia el conta- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 161 

dor á Cortés en gran manera cuando supiese lo 
que había escrito del á su majestad , según lo 
tengo ya dicho en dos partes , en los capítulos 
pasados que dello hablan , acordaron de ir á rogar 
á los frailes franciscos que diesen licencia á fray 
Diego Altamirano que en un navio que le te- 
nían presto y bien abastecido , y con buena 
compañía , fuese á Trujillo é hiciese venir á 
Cortés; porque aqueste religioso era su pariente., 
y hombre que antes que se metiese fraile había 
sido soldado é hombre de guerra, y sabia de 
negocios, y los frailes lo hubieron por bien, y 
el fraile Altamirano , que lo tenia en voluntad. 
Dejemos de hablar en el viaje del fraile, que 
se está apercibiendo, y diré que, como el factor 
y veedor estaban presos , y pareció ser que, 
como dicho tengo otras veces , el contador an- 
daba muy doblado y de mala voluntad, y viendo 
que las cosas de Cortés se hacían prósperamen- 
mente; y como el factor solia tener por amigos 
á muchos hombres bandoleros que siempre qui- 
sieron cuestiones y revueltas, y porque tenían 
buena voluntad al factor y al Chirinos , porque 
les daban pesos de oro c indios , acordaron de 
se juntar muchos dellos, y aún algunas perso- 
nas de calidad y de todos jaeces, y tenian con- 
certado de soltar al factor y al veedor t y de 
matar al tesorero y á los carceleros , y dicen 
que lo sabia el contador é se holgaría mucho 
dello; y para ponello en efecto hablaron muy 
secretamente aun cerrajero que hacia bailes- 



182 BERHAL DIÁZ. 

tas, que se decia Guzman, hombre soez, que 
decía gracias y chocarrerías; y le dijeron muy 
secreto que les hiciese unas llaves para abrir 
las puertas de la cárcel y de las redes don-, 
de estaba el factor y el veedor, y que se lo pa- 
garían muy bien , y le dieron un pedazo de 
oro en señal de la hechura de las llaves , y 
le previnieron y dijeron y encargaron que 
mirase que lo tuviese en muy secreto; y el 
cerrajero dijo con palabras muy halagüeñas 
é alegres que le placía , y que hubiesen ellos 
más secreto de lo que mostraban , pues aquel 
caso en que tanto iba, se lo descubrieron á él, 
sabiendo quién era, que no lo descubriesen á 
otros , y que se holgaba que el factor y el 
veedor saliesen de la prisión; y preguntándoles 
que quién y cuántos eran en el negocio, é adon- 
de se habían de llegar cuando fuesen á hacer 
aquella buena obra, é qué dia é qué hora, y 
todo se lo decían muy claramente, según lo te- 
nían acordado; y comenzó á forjar unas llaves 
según la forma de los moldes que le traían para 
hacerlas, y no para que las hiciese perfectas ni 
podrían abrir con ellas, y esto hacia adrede, 
porque fuesen y viniesen á su tienda á la obra 
de las llaves para que las hiciese buenas, y en- 
tre tanto saber más de raíz el concierto que es- 
taba hecho; y mientras más se dilató la hechu- 
ra de las llaves, mejor lo alcanzó á saber; y ve- 
nido el dia que habían de ir con sus llaves, que 
ya habia hecho buenas, y todos puestos á punto 



CONQUISTA DE HUEVA-KSPANA . 183 

con sos armas, fué el cerrajero de presto en casa 
del tesorero Alonso de Estrada y le dá relación 
dello, y sin más dilación, cuando lo supo el te- 
sorero, envia secretamente á apercebir á todos 
los que eran del bando de Cortés, sin hacello 
saber al contador, y Tan á la casa donde estaban 
recojidos los que habian de soltar al factor, y de 
presto prenden hasta veinte hombres de los que 
estaban armados, y otros se huyeron, que no se 
pudieron haber; y hecha la pesquisa á que se 
habian juntado, hallóse que era para soltará 
los por mí nombrados y matar al tesorero; y 
allí también se supo que el contador lo habia 
por bien, y cómo habia entre ellos tres ó cuatro 
hombres muy revoltosos y bandoleros, y en to- 
das las zizañas y revueltas que en Méjico en 
aquella sazón habian pasado se habian hallado, 
y aun el uno dellos habia hecho fuerza á una 
mujer de Castilla. 

Después que se hizo proceso contra ellos, el 
cual hizo un bachiller que se decia Ortega, 
que estaba por alcalde mayor y era de su tierra 
de Cortés, sentenció los tres dellos á ahorca- 
y á otros á azotar, y decíanse los que ahorca- 
ron, el uno Pastrana y el otro Valverde y el otro 
Escobar, y los que azotaron no nie acuerdo sus 
nombres; y el cerrajero se entendió por muchos 
dias, que hubo miedo no le matase la parciali- 
dad del factor por haber descubierto aquello 
que con tanto secreto se lo dijeron. Dejemos de 
hablar en esto , pues que ya son muertos , y 



164 BERNAL DÍAZ. 

aunque Taya tan gran salto, como diré, fuera 
de nuestra relación , también lo qu e agora diré 
viene á coyuntura , y es que, como el factor hu- 
bo enviado la nao con todo el oro que pudó ha- 
ber para su majestad , según dicho tengo en los 
capítulos pasados , y escribió á sü majestad 
que Cortés era muerto , y como se lé hicieron 
las honras, y hizo saber otras cosas que le con- 
venían , y enviaba á suplicar á su cesárea 
majestad que lé hiciese mercer de la goberna- 
ción ; pareció ser que en la misma nao qué él 
envió sus despachos iban otras cartas muy éh- ■ 
cubiertas, qué el factor no pudo saber dellas; 
las cuales cartas eran para su majestad , y 
que supiese todo lo que pasaba en la Nueva- 
España y de las injusticias y cosas atroces 
que el factor y veedor habian hecho; y demás 
desto , ya tenia su majestad relación del lo por 
parte de la audiencia Real dé Santo Domin- 
go y de los frailes Jerónimos, cómo Cortés 
era vivo y que estaba sirviendo á sU Real 
Corona en conquistar y poblar la provincia de 
Honduras; y de que los del Real Consejo de 
los Indias y el comendador de León lo supie- 
ron, lo hicieron saber á su majestad; y en- 
tonces dicen que dijo el Emperador nuestro 
señor. «Mal hecho ha sido todo loque han hecho 
en la Nueva-España en se haber levantado con- 
tra Cortés, y mucho me han deservido; pues es 
vivo (téngole por tal), serán castigados por jus- 
ticia los malhechores én llegando que llegué á 



CONQUISTA DK NUEVA-ESPAÑA. 185 

Méjico. « Volvamos á nuestra relación, yes, que 
el fraile Altamirano se embarcó en el puerto de 
la Veracruz, según estaba acordado, y con buen 
tiempo en pocos dias llegó al puerto de Trujillo, 
donde estaba Cortés; y cuando los de la villa y 
Cortés vieron un navio poderoso venir á la vela 
hacia el puerto, luego pensaron lo que fué, que 
venia de la Nueva-España para le llevar á Mé- 
jico. Y como hubo tomado puerto, y salió el 
fraile á tierra muy acompañado de los que traía 
en su compañía, y Corsés conoció algunos de- 
llos que habia visto en Méjico, todos le fueron á 
besar las manos , y el fraile le abrazó, y con 
palabras muy santas y buenas se fueron á la 
iglesia á hacer oración, y dende allí á los apo- 
sentos, adonde el Padre Fray Diego Altamirano 
le dijo que era su primo, y le contó lo acaecido 
en Méjico, según más largamente lo tengo es- 
crito, y lo que Francisco de las Casas habia 
hecho por Cortés, y cómo era ido á Castilla; 
todo lo cual que le dijo el fraile, lo sabia Cor- 
tés por la carta del licenciado Zuazo, como di- 
cho tengo en el capítulo quedello hablan y Cor- 
tés mostró gran sentimiento dello, y dijo que, 
pues nuestro Señor Dios fué servido que aquello 
pasase , que le daba muchas gracias por ello y 
por estar Méjico ya en paz , y que él se queria 
ir luego por tierra , porque por la mar no se 
atrevía , porque , como se hubo embarcado la 
otra vez dos veces , y no pudo navegar porque 
las aguas vienen muy corrientes y contrarias, y 
24 



186 BERNAL DÍAZ. 

había de ir siempre con trabajo, y también como 
estaba flaco. Luego le dijeron los pilotos que en 
aquel tiempo era en el mes de Abril , y que no 
hay corrientes y es la mar bonanza, por mane- 
ra que acordó de embarcarse; y nose pudo hacer 
luego á la vela , hasta que viniese el capitán 
Gonzalo de Sandoval , que le había enviado á 
unos pueblos que se dicen Olancho, que estaban 
de allí hasta cincuenta y cinco leguas , porque 
habia ido pocos dias habia á echar de aquella 
tierra un capitán de Pedro Arias de Avila , que 
se decia Hojas , el que habia enviado Pedro 
Arias á descubrir tierras y buscar minas dende 
Nicaragua, después que hube degollado ai Fran- 
cisco Hernández , como dicho tengo ; porque, 
según pareció , los indios de aquella provincia 
de Olancho se vinieron á quejar á .Cortés cómo 
muchos soldados de los de Nicaragua les toma- 
ban sus hijas y sus mujeres , y les robaban sus 
gallinas y todo lo que tenían; y el Sandoval fué 
con brevedad, y llevó sesenta hombres, y quiso 
prender al Rojas , y por ciertos caballeros que 
se metieron de por medio de la una parte y de 
la otra , los hicieron amigos , y aun le dio el 
Rojas al Sandoval un indio paje para que le 
sirviese; y luego en aquella sazón llegó la carta 
de Cortés al Sandoval para qué luego sin más 
dilación se viniese con todos sus soldados , y le 
dio relación de cómo vino el fraile , y todo lo 
acaecido en Méjico ; y como lo entendió , hubo 
mucho placer y no via la hora que dar vuelta. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 187 

y vino en posta después de haber echado de alli 
al Rojas; y luego Cortés, como vido al Sandoval, 
hubo mucho placer , é da sus instrucciones al 
capitán Saavedra, que quedaba por su teniente 
en aquella provincia , y lo que tenia que hacer; 
y escribió al capitán Luis Marin y á todos nos- 
otros que luego nos fuésemos camino de Gua- 
timala , y nos hizo saber todo lo acaecido en 
Méjico, según y de la manera que aqui se hace 
mención , y lo de la venida del fraile , y de la 
prisión del factor y veedor , según y como aqui 
va declarado ; y también mandó que el capitán 
Godoy, que quedaba en Puerto de Caballos po- 
blado , se pasase á Naco con toda su gente ; las 
cuales cartas dio á Saavedra para que con gran 
diligencia nos las enviase , y el Saavedra no 
quiso encaminarlas, por malicia, y se descuidó, 
y supimos que de hecho no quiso dallas ; que 
nunca supimos dellas. Y volviendo á nuestra 
relación, Cortés se confesó con su confesor fray 
Juan , y recibió al cuerpo de Cristo una maña- 
na, porque , como estaba tan malo , temia mo- 
rirse; é se embarcó con todos sus amigos, y con 
buen tiempo llegó en el paraje de la Habana, y 
porque le hizo mejor tiempo que para la Nue- 
va-España, fué al puerto; con el cual se holga- 
ron todos los vecinos de la Habana sus cono- 
cidos, y tomaron refresco; y supo nuevas, de un 
navio que habia pocos dias que habia aportado 
é venido de la Nueva-España , que estaba en 
paz é soregado Méjieo , y que el peñol de Coa- 



1S§ 1BRNAL DIA3. 

tlau, como supieron los indios que en él estaban 
hechos fuentes y daban guerra á los españoles, 
que Corsés y los conquistadores éramos vivos, 
vinieron do paz al tesorero debajo de ciertas 
condiciones; y pasaré adelante. 



CAPITULO CXC. 



COMO CORTES SE EMBARCO EN LA HABANA PARA IR A 
LA NUEVA-ESPAÑA, Y CONBUEN TIEMPO LLEGÓ Á LA 
VERACRUZ , Y DE LAS ALEGRÍAS QUE TOROS HICIERON 
CON SU VENIDA. 



Como Cortés hubo descansado en la Habana 
cinco dias, no via la hora que. estar en Méjico, y 
luego manda embarcar toda su gente y se ha- 
cen á la vela, y en doce dias, con buen tiempo, 
llegó cerca del puerto de Medellin , enfrente de 
la isla de Sacrificios, y allí mandó anclear los 
navios por aquella noche, é acordó con veinte 
soldados sus amigos que saltaron en tierra, y 
vanse á pié obra de media legua junto á San 
Juan de Ulúa, que así se llamaba , é quiso su 
ventura que toparon una arria de caballos que 
venia á aquel puerto de Ulúa con ciertos pasa- 
jeros para se embarcar para Castilla , é vase 
Cortés á la Veracruz en los caballos é mulos de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 189 

la arria , que serian cinco leguas de andadura, 
y mandó que no fuesen ningunos á avisar 
cómo venia ; y antes que amaneciese con dos 
horas llegó á la villa, y fuese derecho á la 
iglesia, que estaba abierta la puerta , y se 
metió dentro en ella con toda su compañía; y 
como era muy de mañana, vino el sacristán, 
que era nuevamente venido de Castilla , y como 
vio la iglesia toda llena de gente forastera , y 
no conocia á Cortés ni á los que con él estaban, 
salió dando voces á la calle , llamando á la jus- 
ticia, que estaban en la iglesia muchos hom- 
bres forasteros, para que les mandasen salir 
della; y á las voces que dio el sacristán , vino 
el alcalde mayor é otros alcaldes ordinarios, 
con tres alguaciles é otros muchos vecinos 
con armas , pensando que era otra cosa, y en- 
traron de repente y comenzaron á decir con 
palabras airadas que saliesen de la iglesia; 
y como Cortés estaba flaco del camino, no le co- 
nocieron hasta que le oyeron hablar, é por los 
hábitos blancos conocieron á fray Juan de las 
Varillas, aunque él los traia bien sucios de la 
mar ; y como vieron que era Cortés, vanle todos 
á besar las manos y dalle la buena venida ; pues 
á los conquistadores que vivían en aque la villa 
Cortés los abrazaba y los nombraba por sus nom- 
bres, qué tales estaban, y les decia palabras 
amorosas; y luego se dijo Misa, y le llevaron á 
aposentar en las mejores casas que habia de Pe- 
dro Moreno Medrano, y estuvo allí ocho dias, y 



190 BKttWAL DÍAZ. 

le hicieron muchas fiestas y regocijos, y luego 
por la posta envían mensajeros á Méjico á decir 
cómo habia llegado ; y Cortés escribió al teso- 
rero y al contador, puesto que supo que no era 
su amigo el contador, y á todos sus amigos y al 
monasterio de San Francisco ; de las cuales nue- 
vas todos se alegraron ; y como lo supieron to- 
dos los indios de la redonda, tráenle presentes 
de oro y mantas, y cacao y gallinas y frutas, y 
luego se partió de Medellin ; é yendo por su 
jornada, le tenían el camino limpio, y hechos 
aposentos con grandes .enramadas é con mucho 
bastimento para Cortés y todos los que iban en su 
compañía. Pues saber yo decir lo que los mejica- 
nos hicieron de alegrías, que se juntaron con to- 
dos los pueblos de la redonda de la laguna, y le 
enviaron al camino gran presente de joyas de oro 
y ropa é gallinas, y todo género de frutas de la 
tierra que en aquella sazón habia, y le envia- 
ron á decir que les perdone, por ser de repen- 
te su llegada, que no le envían más; que deque 
vaya á sn ciudad harán lo que son obligados, y 
le servirán como á su capitán que los conquistó 
y los tiene en justicia; y de aquella misma ma- 
nera vinieron otros pueblos. Pues la provincia 
de Tlascala no se olvidó mucho, que todos los 
principales le salieron á recebir con danzas y 
bailes y regocijos y muchos bastimentos, y des- 
que llegó á obra de tres leguas de la ciudad de 
Tezcuco, que es casi aquella ciudad tamaña po- 
blación con sus sujetos como Méjico; de allí sa- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 191 

lió el contador Albornoz, que á aquel efecto ha- 
bía venido para recibir á Cortes por estar bien 
con él, que le temia en gran manera; y juntó 
muchos españoles de todos los pueblos de la re- 
donda, y con los que estaban en su compañía y 
los caciques de aquella ciudad, con grandes in- 
venciones deiuegosy danzas, fueron árecebirá 
Cortés más de dos leguas; con lo cual se holgó; 
y cuando llegó á Tezcuco le hicieron otro gran 
recibimiento, y durmió allí aquella noche; y 
otro dia de mañana fué camino de Méjico, y es- 
cribióle el tesorero y el cabildo, y todos los ca- 
balleros y conquistadores amigos de Cortés, que 
se detuviese en unos pueblos dos leguas de Te- 
nustitlan , Méjico ; que bien pudiera entrar 
aquel dia, y que lo dejase para otro día por 
la mañana , porque gozasen todos del gran re- 
cebimiento que le hicieron , y salió el teso- 
rero con lodos los conquistadores y caballeros 
y cabildo de aquella ciudad, y todos los oficia- 
les en ordenanza , y llevaron los más ricos 
vestidos y calzas y jubones que pudieron con 
todo género de instrumentos ; y los caciques 
mejicanos por su parte con muchas maneras 
de invenciones de divisas y libreas que pudieron 
haber; y la laguna llena de canoas, é indios 
guerreros en ellas, según y de la manera que 
solian pelear con nosotros, en el tiempo de Gua- 
temuz, los que salieron por las calzadas. Fueron 
tantos los juegos y regocijos, que se quedarán 
por decir, pues en todo el dia por las calles de 



192 BBRNAL DIA2. 

Méjico todo era bailes y danzas, y después que 
anocheció muchas lumbres á las puertas. Pues 
aun lo mejor quedaba por decir, que los frailes 
franciscos, otro dia después que Cortés hubo 
llegado, hicieron procesiones, dando muchos 
loores á Dios por las mercedes que les habia he- 
cho en haber venido Cortés. Pues volviendo á 
su entrada en Méjico, se fué luego al monaste- 
rio de señor San Francisco, adonde hizo decir 
Misas, y daba loores á Dios, que le sacó de los' 
trabajos pasados de Honduras y le trujo á aque- 
lla ciudad; y luego se pasó á sus casas, que es- 
taban muy bien labradas, con ricos palacios, y 
allí era servido y temido y tenido de todos como 
un príncipe; y los indios de todas las provincias 
le venían á ver, y le traían presentes de oro, y 
aun los caciques del peñol de Coatlan, que se 
habían alzado, le vinieron á dar la bienvenida y 
le trujeron presentes; y fué su entrada de Cor- 
tés en Méjico por el mes de Junio, año de 1524 
ó 25; y como Cortés hubo descansado, luego 
mandó prender á los bandoleros, y comenzó á 
hacer pesquisas sobre los tratos del factor y 
veedor; y también prendió á Gonzalo de Ocam- 
po ó á Diego de Ocampo, que no sé bien el nom- 
bre de pila, que fué al que hallaron los papeles 
de los libelos infamatorios; y también se prendió 
á un Ocaña, escribano, que era muy viejo, que 
llamaban cuerpo y alma del factor; y después 
que los tuvo presos, tenia pensamiento Cortés, 
viendo la justicia que para ello habia, de hacer 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA . 193 

procesó contra el factor y veedor; y por senten- 
cia los despachó, y si de presto lo hiciera, no 
hubiera en Castilla quien dijera: «Mal hizo 
Cortés;» y su Majestad lo tuviera por bien he- 
cho; y esto yo lo oí decir á lo ; del Real consejo 
de Indias, estando presente el señor Obispo 
Fray Bartolomé de las Casas, en el año de 1540, 
cuando yo allá fui sobre mis pleitos, que se des- 
cuidó mucho Cortés en ello, y se lo tuvieron á 
flojedad. 



CAPITULO CXCI. 



CÓMO EN ESTE INSTANTE LLEGÓ AL PUERTO DE SAK 
JUAN DE ULtfA, CON TRES NAVIOS, EL LICENCIADO 
IUIS PONCE DÉ LEÓN, QUE VINO Á TOMAR RESIDEN- 
CIA á CORTÉS, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ; É HAY 
NECE81D oD DE VOLVER ALGO ATRÁS PARA QUÉ BIEN 
SE ENTIENDA LO QUE AGORA DIRÉ. 



Ya he dicho en los capítulos pasados las 
grandes quejas que de Cortés dieron ante su 
majestad, estando la corte en Toledo; y los 
que dieron las quejas fueron los de la parte de 
Diego Velazquez, con todos los por mí nombra- 
dos, y también ayudaron á ellas las cartas del 
Albornoz; y como su majestad creyó que era 
verdad, habia mandado al almirante de Santo 
25 



194 BERNAL 1>ÍXZ. 

Domingo que viniese con gran copia de sol- 
dados á prender á Cortés y á todos los que 
fuimos en desbaratar á Narvaez; y también 
he dicho que, como lo supo el duque de Béjar 
don Alvaro de Zúñiga, que fué á suplicar á su 
majestad que hasta saber la verdad que no^ se 
creyese de cartas de hombres que estaban muy 
mal con Cortés; é cómo no vino el almirante, élas 
causas por qué; y cómo su majestad proveyó que 
viniese un hidalgo que en aquella sazón esta- 
ba en Toledo , que se decia el licenciado Luis 
Ponce de León , primo del conde de Alcaudete, 
y le mandó que le viniese á tomar residencia, y 
si le hallase culpado en las acusaciones que le 
pusieron , que le castigase de manera que en 
todas partes fuese sonada la justicia que sobre 
ello hiciese ; y para que tuviese noticia de todas 
las acusaciones que acusaban á Cortés , trujo 
consigo* las memorias de las cosas que habían 
dicho contra Cortts , é instrucciones por donde 
había de tomar la residencia; y luego se puso en 
la jornada y viaje con Ires navios, que esto no 
se me acuerda bien, si eran tres ó cuatro , y con 
buen tiempo que le hizo llegó al puerto de San 
Juan de Uiúa , y luego se desembarcó y se vino 
á la villa de Medellin ; y como supieron quién 
era y que venia por juez á tomar residencia á 
Cortés, luego un mayordomo de Cortés que allí 
residía, que se decia Gregorio de Villalobos, en 
posta se lo hiza saber á Cortes, y en cuatro dias 
io supo en Méjico; de que se admiró Cortés, que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 195 

tan de repente le tomaba su venida t porque 
quisiera sabelio más temprano para irle á ha- 
cer la mayor honra y recebimíento que pudie- 
ra ; y ai tiempo que- le vinieron las cartas esta- 
ba en señor San Francisco , que quería recebir 
el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo , con y 
mucha humildad rogaba á Dios que en todo 
le ayudase ; y como tuvo las nuevas por muy 
ciertas, de presto despachó mensajeros para 
saber quién eran los que venían, y si traían 
cartas de su majestad ; y desque vino la 
primera nueva dende á dos días vinieron 
tres mensajeros que enviaba el licenciado Luis 
Ponce de León con cartas para Cortés, y una era 
de su majestad, por las cuales supo que su ma- 
jestad mandaba que le tomasen residencia; y 
vistas las Reales cartas, con mucho acato é hu- 
mildad las besó y puso sobre su cabeza, y dijo 
que recibía gran merced que su majestad le en- 
viase quien le oyese de justicia, y luego despa- 
chó mensajeros con respuesta para el mismo 
Luis Ponce, con palabras sabrosos y ofrecimien- 
tos muy mejor dichos que yo lo sabré decir, é 
que le diese aviso por cuál de los dos caminos 
quería venir, porque para Méjico habia un cami- 
no por una parte é otro por un atajo, para que 
tuviese aparejado lo que convenia para servir á 
criado de tan alto Rey y señor; y desque el li- 
cenciado vio las cartas, respondió que venia muy 
cansado de la mar y que quería reposar algu- 
nos días, y dándole muchas gracias y mercedes 



196 BERNAL DÍAZ. 

por la gran voluntad que mostraba. Pues como 
algunos vecinos de aquella villa que eran ene- 
migos de Cortés, y otros de los que trujo Cortés 
consigo de lo de Honduras que no estaban bien 
con él, que fueron de los que hubo desterrado 
de Panuco, y por cartas que luego le escribie- 
ron á Luis Ponce, de Méjico, otros contrarios 
de Cortés, le dijeron que Cortés quería hacer 
justicia del factor y veedor antes que llegase á 
Méjico el licenciado; y más le dijeron, que mi- 
rase bien por su persona, qué si Cortés le escri- 
bió con tantos ofrecimientos, es para saber por 
cuál de los dos caminos quería venir, que era para 
despachalle, y que no se fíase de sus palabras ni 
ofertas; y le dijeron otras muchas cosas de males 
que decían habia hecho Cortés, así á Narvaez 
como á Garay, y de los soldados que dejaba per- 
didos en Honduras, y sobre tres mil mejicanos 
qué murieron en el camino, y que un capitán 
que se decia Diego de Godoy, que dejó allá po- 
blando con obra de treinta soldados, todos do- 
lientes, que creen que serán muertos ; é salió 
verdad así como se lo dijeron, lo de Godoy y 
soldados ; y que le suplicaban que luego en posta 
fuese á Méjico, y que no curase de hacer otra 
cosa, é que tomase ejemplo en lo del capitán 
Narvaez y en lo del adelantado Garay y en lo de 
Cristóbal de Tapia, que no le quiso obedecer, y 
■ le hizo embarcar, é se volvió por donde vino ; y 
le dijeron otros muchos daños y desatinos con- 
tra Cortés, por ponelle mal con él, y aun le hi- 



C0NQUI8TA DE NÜEVA-fcSPAÑA. 19$ 

cieron eücreyente que no le obedecería. Y como 
aquello vio el licenciado Luis Ponce, é traia con- 
sigo otros hidalgos, que fueron el alguacil ma- 
yor Proaño, natural de Córdoba, y á un su her- 
mano, y á Salazar de la Pedrada, que venia por 
alcaide de la fortaleza, que murió luego de do- 
lor de costado, y á un licenciado ó bachiller que 
se decia Marcos de Aguilar, y á un soldado que 
sedecia Bocanegra, de Córdoba, y á ciertos frai- 
les de Santo Domingo, y por provincial dellos 
un fray Tomás Ortiz, que decian habia estado 
ciertos años por Prior en una tierra que llama- 
ban, no me acuerdó el nombre; y deste reli- 
gioso, que venia por Prior, decian todos los 
que venían en su compañía que era más des- 
envuelto para entender en negocios que no 
para el santo cargo que traia. Pues volviendo 
á nuestra relación, el Luis Ponce tomó consejo 
con estos hidalgos que traia en su compañía si 
iria luego á Méjico ó no, y todos le aconseja- 
ron que no se separase ni de día ni áe noche, 
creyendo que era verdad lo que decian de los ma- 
les de Cortés; por manera que cuando los men- 
sajeros de Cortés llegaron con otras cartas en 
respuesta de las que le escribió el licenciado 
y mucho refresco que le traían, ya estaba el li- 
cenciado cerca de Iztapalapa, donde se le hizo 
un gran recebimiento con mucha alegría y con- 
tento que Cortés tenia con su venida, y le man- 
dó hacer un banquete muy cumplido; y después 
de bien servidos en la comida de muchos y bue- 



198 



BÉRNAL DÍAZ. 



nos manjares, dijo Andrés de Tapia, que sirvió 
en aquella fiesta de maestresala, que por ser co- 
sa de apetito para en aquel tiempo en estas tier- 
ras , porque era cosa nueva, que si- quería su 
merced que le sirviesen de natas y requesones; 
y todos los caballeros que allí comian con el li- 
cenciado se holgaron que los trujesen, y esta- 
ban muy buenas las natas y requesones, y co- 
mieron algunos tanto dellos, que se le resolvió 
el estómago á uno dellos y rebosó, y este por- 
que comió demasiado dellos, y otros no tuvieron 
ningún sentimiento de les haber hecho mal ni 
daño en el estómago; y entonces dijo aquel re- 
ligioso que venia por prior ó provincial, que se 
decia fray Tomás Ortiz, que las natas é reque- 
sones venian revueltas con rejalgar, y que él no 
las quiso comer por aquel temor; y otros que 
alli comieron dijeron que vieron comer al fraile 
dellas hasta hartarse, y había dicho que esta- 
ban muy buenas; y por haber servido de maes- 
tresala el Tapia sospecharon lo que nunca por 
el pensamiento le pasó Y vol/amos á nuestra 
relación; que en este recebimiento de Iztapalapa 
no se halló Cortés, que en Méjico se quedó; 
más fama hubo echadiza muy secretamente que 
enviaba á Luis Ponce un buen presente de te- 
juelos y barras de oro; esto no lo sé bien ni lo 
afirmo; otros dijeron que nunca tal pasó. Pues co- 
mo Iztapalapa está dos leguas de Méjico., y tenia 
puestos hombres para que le avisasen á qué hora 
venia á Méjico parasalirle á recebir, fué Cortés 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 199 

con toda la caballería que en Méjico habia , en 
que iban el mismo Cortés é Gonzalo deSandoval, 
y el tesorero Alonso de Estrada y el contador, 
y todo el Cabildo de Méjico y los conquistado- 
res, y Jorge de Albaradoy Gómez de Albarado, 
porque Pedro de Albarado en aquella sazón ño 
estaba en Méjico , sino en Guatimala, que habia 
ido en busca de Cortés é de nosotros ; y salieron 
otros muchos caballeros que nuevamente ha- 
bían venido de Castilla; y cuando encontraron 
á Luis Ponce en la calzada se hicieron grandes 
acatos entre él é Cortés ; y el licenciado Luis 
Ponce en todo pareció muy bien mirado , que se 
hizo muy de rogar sobre que Cortés le dio la 
mano derecha y él no la queria tomar , y estu- 
vieron en cortesías hasta que la tomó ; y como 
entraron en la ciudad, el licenciado iba admira- 
do de la gran fortaleza que en ella habia y de 
las muchas ciudades y poblaciones que habia 
visto en la laguna, y decia que tenia por cierto 
no haber habido capitán en el universo que con 
tan pocos soldados hubiese ganado tantas tier- 
ras ni haber tomado tan fuerte ciudad ; é yendo 
hablando en esto , se fueron derechos al monas- 
terio de San Francisco , adonde les dijeron Mi- 
sa ; y después de acabada la Misa , Cortés dijo 
al licenciado Luis Ponce que presentase las 
Reales provisiones y entendiese en hacer lo que 
su majestad le mandaba , porque él tenia que 
pedir j usticia contra el factor y veedor; y respon - 
dio que se quedase para otro dia; y de allí le 



20Ó * BfcftirkL DÍAZ. 

llevó Cortés, acompañado de toda la caballería 
que le había salido á recetor, á aposentar en sus 
palacios, donde le tenían todo entapizado yuna 
muy solene comida, y servida con tantas vajillas 
de oro y plata, y con tal concierto, que el mis- 
mo Luis Ponce dijo secretamente al alguacil 
mayor Proaño y á un Bocanegra que ciertamen- 
te que parecía que Cortés en todos los cumpli- 
mientos y en sus palabras y obras que era de 
muchos años atrás gran señor. Y dejaré dé ha- 
blar destas loas, pues no hacen á nuestra rela- 
ción, y diré que otro dia fueron á la iglesia ma- 
yor, y después de dicha Misa, mandó que el 
cabildo de aíjuella ciudad estuviese presente, y 
los oficiales de la Real hacienda y los capitanes y 
conquistadores de Méjico: y cuando á todos los 
vio juntos, delante de dos escribanos, y el uno 
era de los del cabildo y el otro que Luis Ponce 
traia consigo, presentó sus Reales provisiones, y 
Cortés con mucho acato las besó y puso sobre 
su cabeza, é dijo que las obedecía como manda- 
miento é cartas de su Rey y señor, é las cumpli- 
ría pecho por tierra; y asi lo hicieron todos los 
caballeros conquistadores y cabildo y oficiales 
de la Real hacienda de su majestad; y después 
que esto fué hecho, tomó el licenciada las va- 
ras de la justicia al alcalde mayor y alcaldes 
ordinarios, y de la hermandad y alguaciles, y 
como las tuvo en su poder, se las volvió á dar, 
y dijo á Cortés: «Señor capitán, esta goberna- 
ción de vuesamerccd me manda su majestad qué 



CONQUISTA DK NUEVA-ESPAÑA. 201 

tome en mí, no porque deja de ser merecedor 
de otros muchos y mayores cargos, más hemos 
de hacer lo que nuestro Rey y señor nos man- 
da.» Y Cortés con mucho acato le dio gracias 
por ello, y dijo que él siempre está presto para 
lo que en servicio de su majestad le fuese man- 
dado; lo cual vería muy presto, y conocería cuan 
lealmentc habia servido á nuestro Rey y señor, 
por las informaciones y residencia que de él to- 
marían, y conocería las malicias de algunas per- 
sonas, que ya le habrán á él ido con consejos y 
cartas llenas de malicias; y el licenciado respon- 
dió que adonde hay hombres buenos también hay 
otros que no lo son tales, que así es el mundo; 
que á los que ha hecho buenas obras dirán bien 
del, y á los que malas, al contrario; y en esto 
se pasó aquel dia; é otro dia, después de haber 
oido Misa, aue se le dijo en los mismos palacios 
donde posaba el licenciado, co.n mucho acato 
envió con un caballero á que llamase á Cortés, 
estando delante el fray Tomás Ortiz, que venia 
por prior, sin haber otras personas delante, 
sino todos tres en secreto, con mucho acato le 
dijo el licenciado Luis Ponce: «Señor capitán, 
9abrá vuesamerced que su majestad me mandó 
y encargó que á todos los conquistadores que 
pasaron desde la isla de Cuba, que se hallaron 
en ganar estas tierras y ciudad, y á todos los 
demás conquistadores que después vinieron, 
que les dé buenos indios en encomienda, y an- 
teponga y favorezca algo más á los primeros; 
26 



202 BERNA L DÍAZ. 

y esto digo, porque soy informado que muchos 
de los conquistadores que con vuesamerced pa- 
saron están con pobres repartimientos, y los ha 
dado á personas que agora nuevamente han 
venido de Castilla, que no tienen méritos; si asi 
es, no le dio su majestad lá gobernación para 
este efecto, sino para cumplir sus Reales man- 
dos; y Cortés dijo que á todos había dado in- 
dios, y que la ventura de cada uno era, que á 
unos cupieron buenos indios y á otros no tales, 
y que lo podrá enmendar, pues para ello es ve- 
nido, y los conquistadores son merecedores 
dello; y también íe preguntó que qué era de los 
conquistadores que habia llevado á Honduras 
en su compañía, que cómo los dejaba allá perdi- 
dos y muertos de hambre, en especial que le 
informaron que un Diego de Godoy, que dejó 
por caudillo de treinta ó cuarenta hombres en 
Puerto de Caballos, <jue le habían muerto in- 
dios, porque todos estaban muy malos; y así 
como lo dijeron salió verdad, como adelante 
diré; y que fuera bueno que, pues habían gana 
do aquella ciudad y la Nueva-España , que 
quedaran á gozar el provecho, y á los que ha- 
bían nuevamente venido de Castilla aquellos 
llevara á conquistar y poblar; y preguntó por 
el capitán Luis Marín é por Bernal Diaz del 
Castillo y por ciertos soldados é los demás sol- 
dados que consigo llevó; é Cortés le respondió 
que.para cosas de afrenta y guerras no se atre- 
viera á ir á tierras largas si no llevara soldados 



CONQUISTA DE HUÍVA-ftSPANA. 203 

eonocidos, y que presto vernian á aquella ciu- 
dad porque ya debeu de venir camino, y que en 
todo su merced les ayudase, y les diese buenas 
encomiendas de indios. Y también le dijo el li- 
cenciado Luis Ponce algo con palabras ásperas, 
que cómo habia ido contra el Cristóbal de 
Olí tan léjo> y largos caminos sin tener li- 
cencia de su majestad, y ,dejar á Méjico en 
condición de se perder. A esto respondió que 
como capitán general de su majestad, que le 
pareció que convenia aquello á su Real ser- 
vicio porque otros capitanes no se alzasen, 
que dello hizo primero relación á su majestad;. 
y domas desto , le preguntó sobre la prisión y 
desbarate de Narvaez , y de cómo se le perdió 
la armada y soldados de Francisco de Garay, y 
de qué murió tan presto , y de cómo hizo em- 
barcar á Cristóbal de Tapia ; y le preguntó de 
otras muchas cosas que aqui no relato ; y Cor- 
tés á todo le respondió dándole razones muy 
buenas, de que Luis Ponce en algo parecía que 5 
quedaba contento; y todo esto que le pregunta- 
ba traia por memoria de Castilla y de otras ma- 
chas cosas que ya le habian dicho en el camino, 
y en Méjico le habian informado dello : y como 
á aquestas preguntas que hizo estaba presente 
el fray Tomás Ortiz, como las hubieron acabado 
de decir, se fué Cortés á su posada , y secreta- 
mente apartó el fraile á tres conquistadores 
amigos de Cortés , y les dijo que Luis Ponce 
quería cortar la cabeza á Cortés , porque asi lo 



204 • BERNAL DÍAZ. 

traía mandado por su majestad , é á acfOGlf efeto 
le habia preguntado lo sobredicho ; y aun el 
mesmo fraile otro dia muy de mañana* de secreto 
se lo dijo á Cortés por estas palabras : «Señor 
capitán , por lo que os quiero, y de mi oficio y 
religión es avisar en tales tiasos, hágoos, Señor, 
saber que Luis Ponce trae provisiones de su 
majestad para os degollar.» Y cuando Cortés 
esto oyó , é habian pasado los razonamientos 
por mi dichos , estaba muy penoso y pensativo; 
y por otra parte le habían dicho que aquel frai- 
le era de mala condición y bulliciosa, y que no 
le creyese muchas cosas de lo que decia ; y 
según apareció , dijo el fraile aquellas pala- 
bras á Cortés á efeto que le echase por interce- 
sor yTOgador que no le ejecutase el tal manda- 
do, y porque le diese por ello algunas barras de 
oro. Otras personas dijeron que el Luis Ponce lo 
dijo por metelle temor á Cortés é le echase ro- 
gadores que no le degollase; y como aquello 
sintió Cortés, respondió al fraile con mucha cor- 
tesía y con grandes ofrecimientos, y le dijo que 
antes tenia creído que su majestad, como cris- 
tianísimo Rey, que le enviaría á hacer mercedes 
por sus muchos y buenos y leales servicios que 
siempre le hizo, y no se hallará deservicio nin- 
guno que haya hecho; y que con esta confianza 
estaba, y que él tenia al Sr. Luis Ponce por per- 
sona que no saldría de lo que su majestad le 
mandaba, y como aquello oyó el fraile, y no le 
rogó que fuese su intercesor para con Luis Pon- 



CONQUISTA J>E N UE V AtESPAÑA . 205 

ce, quedó confuso; y diré lo quemas pasó; por- 
que Cortés jamas le dio ningunos dineros de lo 
que le habia prometido. 



CAPITULO CXCII. 



COMO EL LICENCIADO LUIS PONCE , DESPUÉS QUE 
HUBO PRESENTADO LAS REALES PROVISIONES Y FUE 
OBEDECIDO, MANDÓ PREGONAR RESIDENCIA CONTRA 
CORTÉS É LOS QUE HABÍAN TENIDO CARGOS DE JUS- 
TICIA, Y CÓMO CAYÓ MALO DE MAL DE MODORRA Y 
DELLA FALLECIÓ, Y LO QUE MÁS LE 8UCEDIÓ. 



Después que hubo presentado Luis Ponce las 
Reales provisiones, con mucho acato de Cortés 
y el cabildo y los demás conquistadores fué 
obedecido; mandó pregonar residencia general 
contra Cortés y contra los que habían tenido 
cargo de justicia y habían sido capitanes; y como 
muchas personas que no estaban bien con Cor- 
tés, é otros que tenían justicia sobre lo que pe- 
dían., qué priesa se daban de dar quejas de Cor- 
tés y de presentar testigos, que en toda la ciu- 
dad andaban pleitos; y las demandas que le po- 
nían, unos que no les dio partes de oro, como era 
obligado, é otros le demandaban que no les dio 
indios, conforme á lo que su majestad mandaba, y 



206 BÉUNAL DÍAZ. 

los dio á criados de su padre Martin Cortés y á 
otras personas sin méritos, criados de señores 
de Castilla. Otros le demandaban caballos que 
le3 mataron en las guerras, que puesto que ha- 
blan habido mucho oro de que se les pudiera 
pagar, que no se les satisfizo por quedarse con 
el oro. Otros demandaban afrentas de sus per- 
sonas, que por mandado de Cortés les habían 
hecho. Volvamos á nuestra residencia, que lue- 
go que se comenzó á tomar quiso nuestro Señor 
Jeoucristo que por nuestros pecados y desdicha 
cayó malo de modorra el licenciado Luis Ponce, 
y fué desta manera, que viniendo del monaste- 
rio de señor San Francisco de oir Misa, le dio 
una muy recia calentura, y echóse en la cama y 
estuvo cuatro dias amodorrido, sin tener el sen- 
tido que convenia, y todo lo más del dia y de la 
noche era dormir; y como aquello vieron los 
médicos que le curaban, que se decían el licen- 
ciado Pedro López y el doctor Ojeda y otro me 
dico que él traia de Castilla, todos á una les 
pareció que se confesase y recibiese los Santos 
Sacramentos, y el mismo licenciado lo tuvo en 
gran voluntad; y después de recibidos con gran 
humildad y contrición, hizo testamento, y dejó 
por su teniente de gobernador al licenciado 
Marcos de Aguilar, que había traído consigo 
desde la Española. Otros dijeron que era ba- 
chiller, y no licenciado, y que no tenia au- 
toridad para mandar; y dejóle el poder des- 
ta manera : que todas las cosas de pleitos 



C0NQÜI8TÁ DE NÜEVA-ESPANA . 207 

y debates y residencias, y 1 a prisión del fac- 
tor y veedor, se estuviese en el estado que 
lo dejaba hasta que su majestad fuese sa- 
bidor de lo que pasaba, y que luego hiciese 
mensajeros en un navio á su majestad. Y ya he- 
cho su testamento y ordenada su ánima, al no- 
veno dia que cayó malo dio la ánima á nuestro 
Señor Jesucristo, y como hubo fallecido, fueron 
grandes los lutos y tristezas que todos los con- 
quistadores á una sintieron: como si fuera padre 
de todos, así lo lloraban, porque ciertamente 
él venia para remediar á los que hallase que 
derechamente habían servido á su majestad, y 
antes que muriese así lo suplicaba; y le halla- 
ron en los capítulos é instrucciones que de su 
majestad traia, que diese de los mejores repar- 
timientos de indios á los conquistadores, de 
manera que conociesen mejoría en todo; y Cor- 
tés, con todos los más caballeros de la ciudad, 
se pusieron luto y le llevaron á enterrar con 
gran pompa á San Francisco, y con toda la cera 
que entonces se pudo haber : fué su enterra- 
miento muy solene para en aquel tiempo Oí de- 
cir á ciertos caballeros que se hallaron presentes 
cuando cayó malo, que como Luis Ponce era 
músico y de suyo regocijado, por alegralle le 
iban á tañer con una vigüela y á dar música, y 
que mandó que le tañesen una baja, y con los 
pies estando en la cama hacia sentido en la boca 
y los meneaba h*sta acabarla, y acabada, per- 
dió el habla, que fué todo uno. Pues como fué 



208 BERNAL DÍAZ. 

muerto y enterrado de la manera que dicho ten-, 
go, oir el.murmurar que en Méjico habia de las. 
personas que estaban mal con Cortés y con San- 
doval, que dijeron y afirmaron que le dieron 
ponzoña con que murió, que así habia hecho al 
Francisco de Garay; é quien más lo afirmaba 
era fray Tomás Ortiz, ya que venia por prior de, 
ciertos frailes que traia en su compañía, que 
también murió de modorra el mesmo , prior 
de ahí á dos meses, él y otros frailes; y también 
quiero decir que pareció ser que en el navio en 
que vino el Luis Ponce, que dio pestilencia en 
ellos, porque á más de cien personas que en él 
venian les dio modorra y dolencia deque murie- 
ron en la mar, y después de desembarcados en 
la villa de Medellin murieron muchos dellos, y 
aún de los frailes quedaron muy pocos, y fué fa- 
ma que aquella modorra cundió en Méjico. 

CAPITULÓ CXCIII. 

CÓMO DESPUÉS QUE MURÍÓ EL LICENCIADO PONCE DE 
LEÓN COMENZÓ Á GOBERNAR EL LICENCIADO MARCOS 
DE AGUILAR, Y LAS CONTIENDAS QUE SOBRE ELLO 
HUBO, Y CÓMO EL CAPITÁN LUIS MARÍN CON TODOS 
LOS QUÉ VENÍAMOS EN SU COMPAÑÍA TOPAMOS CON 
PEDRO DE ALBARADO, QUE ANDABA EN BUSCA DE 
CORTES, Y NOS ALEGRAMOS LOS UN08CON LOS OTROS, 
PORQUE ESTABA LA TIERRA DE GUERRA, PORLA PO- 
DER PASAR SIN TANTO PELIGRO. 

Según que lo habia dejado en el testamento 
Luis Ponce, todos los conquistadores que es.ta- 



CONQUISTA D8 NUEVA-ESPAÑA. 209 

ban mal con Cortés quisieran que fuera la resi- 
dencia adelante, como le habían comenzado á 
tomar; y Cortés dijo que no se podía entender 
en él, conforme al testamento de Luis Ponce; 
mas que si quisiera tomársela el Marcos de 
Aguilar , que fuesen mucho en buena hora; y 
había otra contradicción por parte del Cabildo 
de Méjico, en que decían que no podía mandar 
Luis Ponce en su testamento que gobernase el 
licenciado Aguilar sólo, lo uno porque era muy 
viejo y caducaba , y estaba tullido de bubas y 
era de poco autoridad, y asi lo mostraba en su 
persona, y no sabia las cosas de la tierra, ni 
tenia noticia della ni de las personas que tenían 
méritos; y que demás desto, que no le ternian 
respeto ni le atacarían , y que seria bien que 
para que todos temiesen, y la justicia de su ma- 
jestad fuese de todos muy acatada, que tomase 
acompañado en la gobernación á Cortés hasta 
que su maiestad mandase otra cosa ; y el Mar- 
cos de Aguilar dijo que no saldría poco ni mu- 
cho de lo que Luis Ponce mandó en el testa- 
mento, y que él solo había de gobernar , y que 
si querían poner otro gobernador por fuerza que 
no hacían lo que su majestad mandaba; y demás 
desto que dijo Marcos de Aguilar, Cortés temió 
si otra cosa se hiciese , por más palabras que le 
decían los procuradores de las ciudades y villas 
de la Nueva-España, que procurase de gobernar 
y que ellos atraerían con buenas palabras al 
Marcos de Aguilar para ello , pues que estaba 
27 



210 BERNAL DIJLZ. 

claro que estaba muy doliente, y era servicio de 
Dios y de su majestad; y por más que le decían 
á Cortés, nunca quiso tocar más en aquella te- 
cla, sino que el viejo Aguilar solo gobernase; y 
aunque estaba tan doliente y ético, que le daba 
de mamar una mujer de Castilla , y tenia unas 
cabras , que también bebía lecbe dellás ; y en 
aquella sazón se le murió un hijo que traia con- 
sigo, de modorra , según y de la manera que 
murió Luis Ponce; dejaré esto hasta su tiempo, 
é quiero volver muy atrás de lo de mi relación, 
é diré lo que el capitán Luis Marín hizo , que 
quedaba con toda su gente en Naco esperan- 
do respuesta de Sandoval para saber si Cor- 
tés era embarcado ó no , y nunca habíamos 
tenido respuesta ninguna. Ya he dicho cómo 
Sandoval se partió de nosotros para hacer em- 
barcar á Cortés que fuese á la Nueva-Es- 
paña , y que nos escribiría lo que sucediese, 
para que nos fuésemos con Luis Marín camino 
de Mélico; y puesto que escribió Sandoval y 
Cortés por dos partes, nunca tuvimos respues- 
ta , porque el Saavedra nunca nos quiso escri- 
bir , con malicia ; y fué acordado por Luis 
Marín y por todos los que con él veníamos que 
con brevedad fuésemos soldados á caballo á 
Trujillo á saber de Cortés, y fué Francisco Mar- 
mole jo por nuestro capitán, é yo fui uno de los 
diez, y fuimos por la tierra adentro de guerra 
hasta llegar á Olancho, que agora llaman Gua- 
yape, donde fueron las minas ricas de oro, y al lí 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 211 

tuvimos nueva de dos españoles que estaban do- 
lientes y de un negro, cómo Cortés era embar- 
cado pocos días habia con los caballeros y con- 
quistadores que consigo traia, y que le envió á 
llamar la ciudad de Méjico, que todos los veci- 
nos mejicanos estaban con voluntad de le servir, 
y que vino un fraile francisco por él, y que su 
primo de Cortés, Saavedra, quedaba por capitán 
cerca de allí en unos pueblos de guerra; de las 
cuales nuevas nos alegramos , y luego escribi- 
mos al capitán Saavedra con indios de aquel 
pueblo de Olancho, que estaba de paz, y en 
cuatro dias vino respuesta del Saavedra, y nos 
hizo relación de algunas cosas, y dimos muchas 
gracias á Dios por ello, y á buenas jornadas 
volvimos donde LuisMarin estaba; y acuerdóme 
que tiramos piedras á la tierra que dejábamos 
atrás, y con la ayuda de Dios iremos á Méjico, é 
yendo por nuestras jornadas hallamos á Luis 
Marin en un pueblo que se dice Acalteca; y así 
como llegamos con aquellas nuevas tomó mu- 
cha alegría, y luego tiramos camino de un pue- 
bloque se dice Maniani, y hallamos en él á seis 
soldados que eran de la compañía de Pedro de 
Albarado, que andaba en nuestra busca, y uno 
d líos fué Diego de Villanueva, conquistrdor, 
buen soldado y uno de los fundadores desta 
ciudad de Guatimala , natural de Villanueva de 
la Serena , que es en el maestrazgo de Alcán- 
tara ; y cuando ¿os conocimos nos abrazamos 
los unos á los otros , y preguntando por su ca- 



212 BERNAL DÍAZ. 

pitan Pedro de Albarado, dijeron que alli cerca 
venia con muchos caballeros , y que venían en 
busca de Cortés y de nosotros , y nos contaron 
todo lo acaecido en Méjico , ya por mí dicho, 
y cómo habian enviado á llamar á Pedro de 
Albarado para que fuese gobernador , y la cau- 
sa por qué no fué, según he dicho en el capítulo 
que dello habla , fué por temor del factor ; é 
yendo por nuestro camino , luego de ahí á dos 
días nos encontramos con el Pedro de Albarado 
y sus soldados , que fué junto á un pueblo que 
se dice la Choluteca Malalaca. Pues saber decir 
cómo se holgó en saber que Cortés era ido á 
Méjico , porque excusaba el trabajoso camino 
que había de llevar en su busca, fué harto des- 
canso para todos; y estando alli en el pueblo de 
la Choluteca , habian llegado en aquella sazón 
ciertos capitanes de Pedro Arias de Avila , que 
se decían Garabito y Campañon, y otros que no 
se me acuerdan los nombres , que , según ellos 
decían, venían á descubrir tierras yá partir tér- 
minos con el Pedro de Albarado; y como llega- 
mos á aquel pueblo con el capitán Luis Marín, 
estuvimos juntos tres dias los de Pedro Arias y 
Pedro de Albarado y nosotros; y desde alli en- 
vió el Pedro de Albarado á un Gaspar Arias de 
Avila, vecino que fué de Guatímala, á tratar cier- 
tos negocios con el gobernador Pedro Arias de 
Avila, é oí decir que era sobre casamientos, por- 
que el Gaspar Arias era gran servidor de Pedro 
de Albarado. Y volviendo á nuestro viaje, en 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 213 

aquel pueblo se quedaron los de Pedro Arias, y 
nosotros fuimos camino de Guatimala, y antes de 
llegar á la provincia de Cuzcatlan, en aquella 
sazón llovía mucho y venia un rio que se decía 
Lempa muy crecido*, y no le pudimos pasar en nin- 
guna manera; acordamos de cortar un árbol que 
se llama ceiba, y era de tal gordor, que del se 
hizo una canoa que en estas partes otra mayor 
no la habia visto, y con gran trabajo estuvimos 
cinco dias en pasar el rio, y aun hubo mucha 
falta de maíz; é pasado el rio, dimos en unos 
pueblos que pusimos por nombre los Chapanas- 
tiques, que era así su nombre, adonde mataron 
los indios naturales de aquellos pueblos un sol- 
dado que sé decia Nicuesa, é hirieron otros tres 
de los nuestros que habian ido á buscar de co- 
mer, y venían ya desbaratados, y les fuimos á 
socorrer, y por no nos detener se quedaron sin 
castigo; y esto es en la provincia donde agora 
está poblada la villa de San Miguel; y desde allí 
entramos en la provincia de Cuzcatlan, que esta- 
ba de guerra, y hallamos bien de comer; y desde 
allí veníamos á unos pueblos cerca de Petapa, y 
en el camino tenían los guatimaltecas unas sier- 
ras cortadas y unas barrancas muy hondas, 
donde nos aguardaron, y estuvimos en se las 
tomar y pasar tres dias: allí me hirieron de un 
flechazo, más no fué nada la herida, y luego 
venimos á Petapa, y otro dia dimos en este va- 
lle que llamamos del Tuerto, donde agora está 
poblada esta ciudad de Guatimala, que entonces 



214 BERNAL DÍAZ. 

todo estaba de guerra sobre pasallos con los 
naturales; y acuerdóme que caando veníamos 
pOr un repecho abajo comenzó á temblar la tier- 
ra de tal manera, que muchos soldados cayeron 
en el suelo, porque duró gran rato el temblor; 
y luego fuimos camino del asiento de la ciudad 
de Guatimala la vieja, donde solian estar los 
caciques que se decian Cinacan y Sacachul, y 
antes de entrar en la dicha ciudad estaba una 
barranca muy honda, y aguardándonos todos 
lo i escuadrones de los guatimaltecas para no 
dejarnos pasar, y les hicimos ir con la mala 
ventura, y pasamos á dormir á la ciudad, y cs- 
.taban los aposentos y las casas con tan buenos 
edificios y ricos, en fin como de caciques que 
mandaban todas las providcias comarcanas; y 
desde allí nos salimos á lo llano y hicimos ran- 
chos y chozas, y estuvimos en ellos diez dias, 
porque el Pedro de Alvarado envió dos veces á 
llamar de paz á los de Guatimala y á otros 
pueblos que estaban en aquella comarca, y hasta 
ver su respuesta aguardamos los dias que he 
dicho, y de que no quisieron venir ninguno de- 
llos, fuimos por nuestras jornadas largas, sin 
parar hasta donde Pedro de Albarado habia 
dejado su ejército, porque estaba todo de guer- 
ra, y estaba en él por capitán un hermano que 
se decia Gonzalo de Albarado. Llamábase 
aquella población donde los hallamos Olinte- 
peque, y estuvimos descansando ciertos dias, 
y luego fuimos á Soconusco, y dende allí á Te- 



CONQUISTA DÉ NXJEV A-E8PAÑA . 215 

guantepeque, y entonces fallecieron en el 
camino dos vecinos españoles de Méjico que 
venían de aquella trabajosa jornada con nos- 
otros, y un cacique mejicano que se decia Juan 
Velazquez, capitán que fué de Guatemuz; y 
por la posta fuimos á Guaxaca, porque en- 
tonces alcanzamos á saber la muerte de Luis 
Ponce y otras cosas por mí ya dichas, y decían 
muchos bienes de su persona y que venia para 
cumplir lo que su majestad le mandaba, y no 
víamos la hora de haber llegado á Méjico. Pues 
como veníamos sobre ochenta soldados, y entre 
ellos Pedro de Albarado, y llegamos á un pue- 
blo que se dice Chalco, dende allí enviamos á 
hacer saber á Cortés cómo habíamos de entrar 
en Méjico otro día, que nos tuviesen aparejadas 
posadas, porque veníamos destrozados; que ha- 
bía más de dos años y tres meses que salimos 
de aquella ciudad. Y de que se supo en Méjico 
que llegábamos á Iztapalapa á las calzadas, sa- 
lió Cortés con muchos caballeros y el Cabildo á 
nos recebir; y antes de ir á parte ninguna, ansí 
como veníamos fuimos á la iglesia mayor á dar 
gracias á nuestro Señor Jesucristorque nos vol- 
vió á aquella ciudad, y dende la iglesia Cortés 
nos llevó á sus palacios, adonde nos tenia apa- 
; rejada una muy solene comida é muy bien ser- 
vida; é ya tenia aderezada la posada de Pedro 
de Albarado, que entonces era su casa la forta- 
leza, porque en aquella sazón estaba nombrado 
por alcaide della y de las atarazanas; y al capi- 



216 BERNA L DÍAZ. 

tan Luis Marin llevó Sandoval á posar á sus 
casas, éá mié á otro amigo mió, que se decía 
el capitán Luis Sánchez, nos llevó Andrés de 
Tapia á las suyas y nos hizo mucha honra, y el 
Sandoval me envió ropas para me ataviar é oro 
é cacao para gastar; y ansí hizo Cortés é otros 
vecinos de aqueila ciudad á soldados amigos co- 
nocidos de los que veníamos allí. Y otro dia, 
después de nos encomendar á Dios , sali- 
mos por la ciudad yo y mi compañero el 
capitán Luis Sánchez , y llevamos por in- 
tercesores al capitán Sandoval é Andrés de 
Tapia, y fuimos á ver y hablar al licencia- 
do Marcos de Aguilar, que., como he dicho, 
estaba por gobernador por el poder que para 
ello le dejó el licenciado Luis Poáce; y los in- 
tercesores que fueron con nosotros, que ya he 
dicho que era el capitán Sandoval y Andrés de 
Tapia, hicieron relación á Marcos de Aguilar de 
nuestras personas y servicios para suplicalle 
que nos diese indios en Méjico, porque los in- 
dios de Guacacualco no eran de provecho; y 
después de muchas palabras y ofertas que sobre 
ello nos dio el Marcos de Aguilar, con prometi- 
mientos, dijo que no tenia poder para dar ni 
qnitar indios, porque ansí lo dejó en el testa- 
mento Luis Ponce de León al tiempo que falle- 
ció, que todas las cosas de pleitos y vacaciones 
de indios de la Nueva-España se estuviesen en 
el estado que estaban hasta que su majestad 
enviara á mandar otra cosa, y que si le envia- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 217 

ban poder para dar indios, que nos daria de lo 
mejor que hubiese en la tierra; y luego nos des- 
pedimos del. En este tiempo vino de la isla de 
Cuba Diego de Ordás, y como fué el que hubo 
escrito las cartas que envió el factor diciendo 
que todos éramos muertos cuantos habiomos 
salido de Méjico con Cortés, Sandoval é otros 
caballeros con palabras muy desabridas le dije- 
pon que por qué habia escrito lo que no sabia, 
no teniendo noticia dello, y que fueron aquellas 
cartas tan malas, que se Rubiera de perder la 
Nueva-España por ellas. Y el Diego de Ordás 
respondió con grandes juramentos que nunca tai 
escribió, sino solamente que tuvo nueva, de un 
pueblo que se dice Xicalango, que habian venido 
los pilosos y capitanes y marineros de dos na- 
vios, y se habian muerto los del un bando con el 
otro, y que los indios acabaron de matará cier- 
tos marineros que quedaban en los navios; y 
que pareciesen las mismas cartas , y verian si 
era ansí; que si el factor las glosó é hizo otras, 
que no tenia culpa. Pues para saber Cortesía 
verdad, el factor y veedor estaban presos en las 
jaulas y no se atrevía á hacer justicia dellos, 
según lo dejó mandado Luis Ponce de León; y 
como Cortqs t^nia otros muchos debates, acordó 
de callaren lpdel factor hasta que viniese man- 
dado de su majestad, y temió no le viniesen más 
males sobre ello; y porque entonces puso de- 
manda que le volviesen mucha cantidad de sus 
haciendas que le vendieron y tomaron para de-» 
28 



218 BERNAL Dí Ai. 

cir Misas y honras por su alma, pues que fueron 
hechas todas aquellas honras con malicia, no 
siendo mué to, y por dar crédito á toda la ciu- 
dad que éramos muertos, é no por su alma; que 
pues vian que hacian bienes y honras por Cortés 
y por nosotros, creyesen que era verdad que 
éramos muertos. Y andando en estos pleitos, un 
vecino de Méjico, que se decia Juan de Cáceres 
el Rico, compró los bienes y Misas que habian 
hecho por el alma de Cortés, que fuesen por la 
de Cáceres. Y dejaré de contar cosas viejas, y 
diré cómo el Diego de Ordás, como era hombre 
de buenos consejos, viendo que á Cortés ya no 
le tenían acato ni se daban nada por él después 
que vino Luis Ponce de León, y le habian qui- 
tado la gobernación , y que muchas personas se 
le desvergonzaban y no le tenian en nada , le 
aconsejó que se sirviese como señor y se llama- 
se señoría y pusiese dosel, y que no solamente 
se nombrase Cortés, sino don Hernando Cortés. 
También le dijo el Ordás que mirase que el fac- 
tor fué criado del comendador mayor don 
Francisco de los Cobos, que es el que manda á 
toda Castilla y que algún diale habria menester 
al D. Francisco de los Cobos, y que el mismo 
Cortés no estaba bien acreditado con su majes- 
tad ni con los de su Real consejo de Indias; y 
que no curase de matar al factor hasta que por 
justicia fuese sentenciado, porque habia gran- 
des sospechas en Méjico que le quería despa- 
char y matar en la misma jaula. Y pues viene 



COHQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 219 

agora á coyuntura, quiero decir, antes que más 
pase adelante en esta mi relación, por qué tan 
secretamente en todo lo que escribo, cuando 
viene á pláticas de decir de Cortés no le he 
nombrado ni nombro D. Hernando Cortés, ni 
otros títulos de marques ni capitán, salvo Cor- 
tesa boca llena. La causa del lo es, porque él 
mismo se preciaba de que le llamasen solamen- 
te Cortés; y en aquel tiempo aun no era mar- 
ques; porque era tan tenido y estimado este 
nombre de Cortés en toda Castilla como en 
tiempo de los romanos solían tener á Julio Cé- 
sar ó á Pompeyo, y en nuestros tiempos tenía- 
mos á Gonzalo Hernández, por sobrenombre 
Gran Capitán, y entre los cartagineses Amri- 
bal, ó de aquel valiente nunca vencido caba- 
llero Diego García de Paredes. Dejemos de 
hablar en los blasones pasados, y diré cómo el 
tesorero Alonso de Estrada en aquella sazón 
casó dos hijas, la una con Jorge de Albara- 
do, hermano de D. Pedro de Albarado, y la 
otra con un caballero que se decia D. Luis de 
Guzman, hijo de D. Juan deSaavedra, conde del 
Castellar; y entonces se concertó que Pedro de 
Albarado fuese á Castilla á suplicar á su ma- 
jestad le hiciese merced de la gobernación de 
Guatimala ; y entre tanto que iba envió á 
Jorge de Albarado por su capitán á la pacifica- 
ción della; y cuando el Jorge de A barado vino 
trujo consigo de camino sobre ducientos indios de 
Tlascala y de Cholula y mejicanos , y de Gua- 



220 BERNAL DÍAZ. 

cachula y de otras provincias que les ayudaron 
en las guerras. También en aquella sazón envió 
el Marcos de Aguilar á poblar la provincia de 
Chiapa , y fué un caballero que se decia don 
Juan Enriquez de Guzman, deudo muy cercano 
del duque de Medina-Sidonia ; y también envió 
á poblar la provincia de Tabasco , que es el rio 
que" llaman de Grijalva , y fué por capitán un 
hidalgo que se decia Baltasar Osorio , natural 
de Sevilla ; y ansimismo envió á pacificar los 
pueblos de los zapotecas , que están en unas 
muy altas sierras, y fué por capitán un Alonso 
de Herrera, natural de Jerez, y este capitán fué 
de los soldados de Cortés ; y por no contar al 
presente lo que cada uno destos capitanes hizo 
en sus conquistas, lo dejaré de decir hasta que 
venga á tiempo y sazón ; é quiero hacer rela- 
ción de cómo en este tiempo falleció el Marcos 
de Aguilar , y lo que pasó sobre el testamento 
que hizo para que gobernase el tesorero. 

CAPITULO CXC1V. 

CÓMO MARCOS DE AGUILAR FALLECIÓ , Y DEJÓ EN EL 
TESTAMENTO QUE GOBERNASE El, TESORERO ALONSO 
DE ESTRADA, Y QUE NO ENTENDIESE EN PLEITOS DEL 
FACTOR NI VEEDOR NI DAR NI QUITAR INDIOS HASTA 
QUE SU MAJESTAD MANDASE LO QUE MAS EN ELLO ■ 
FUESE SERVIDO , SEGÚN Y DE LA MANERA QUE LE 
DEJÓ EL PODER LUIS PONCE DE LEÓN. 

Teniendo en sí la gobernación Marcos de 
Aguilar, como dicho tengo, estaba muy ético y 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 221 

doliente y malo de bubas ; los médicos le man- 
daron que mamase á una mujer de Castilla , y 
con leche de cabras se sostuvo cerca de ocho 
meses, y de aquella dolencia y calenturas que 
le dieron falleció, y en el testamento que hizo 
mandó que sólo gobernase el tesorero Alonso 
de Estrada, ni más ni menos que tuvo el poder 
de Luis Poncede León; y viendo el cabildo de 
Méjico é otros procuradores de ciertas ciudades, 
que en aquella sazón se hallaron en Méjico, que 
el Alonso de Estrada solo no podia gobernar 
tan bien como convenia, por causa que Ñuño de 
Guzman, que habia dos años que vino de Cas- 
tilla por gobernador de la provincia de Panuco, 
se metia en los términos de Méjico y decia que 
eran sujetos de su provincia; é como venia fu- 
rioso, é no miraba á lo que su majestad le 
mandaba en las provisiones que dello traia; por- 
que un vecino de Méjico que se decia Pedro 
González de Trujillo, perso'na muy noble, dijo 
que no quería estar debajo de su gobernación, 
sino de la de Méjico, pues los indios de su enco- 
mienda no eran de los de Panuco, y por otras 
palabras que pasaron, sin más ser oido, le man 
dó ahorcar; y demás desto, hizo otros desatinos, 
que ahorcó á otros españoles por hacerse temer, 
y no tenia acato ni se le daba nada por Alonso 
de Estrada el tesorero, aunque era gobernador, 
ni le tenia en la estima que era obligado; y 
viendo aquellos desatinos de Ñuño de Guzman 
el cabildo de Méjico y otros caballeros vecinos 



222 BERNAL DÍAZ. 

de aquella ciudad, porque temiese el Ñuño de 
Guzman é hiciese lo que su majestad mandaba, 
suplicaron al tesorero que juntamente con él 
gobernase Cortés, pues convenia al servicio de 
Dios nuestro Señor y de su majestad; y el 
tesorero no quiso, é otras personas dicen que 
Cortés no lo quiso acetar, porque no dijesen 
maliciosos que por fuerza quería señorear, y 
también porque hubo murmuraciones que te- 
nian sospecha en la muerte de Marcos de Agui- 
lar , que Cortés fué causa della é dio con qué 
murió: y lo que se concertó fué, que juntamente 
con el tesorero gobernase Gonzalo de Sando - 
val , que era alguacil mayor y persona que se 
hacia mucha cuenta del ; é lo hubo por bien el 
tesorero; más otras personas dijeron que si lo 
aceptó fué por casar una hija con el Sandoval, 
y si se casara con ella , fuera el Sandoval muy 
más estimado y por ventura hubiera la gober- 
nación, porque en aquella sazón no se tenia en 
tanta estima esta Nueva-España como agora. 
Pues estando gobernando el tesorero y el Gon- 
zalo de Sandoval , pareció ser , como en este 
mundo hay hombres muy desatinados , que un 
Fulano Proaño, que dicen que se fué en aquella j 
sazón á lo de Xalisco , huyendo de Méjico, que 
después fué muy rico; y el Sandoval, como go- 
bernador que era , que habia de hacer justicia 
sobre ello y prender al Proaño , no lo hizo, 
porque se fué huyendo adonde no podia ser 
habido , por mucha diligencia que sobre ello 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 223 

puso; y puesto que claramente se supo que no 
podría alcanzar justicia, lo disimuló. 

Dejemos esto, y quiero decir que en aquellos 
dias que anduvieron los conciertos dichos para 
que Cortés gobernase con el tesorero , y pu- 
sieron al Sandoval por compañero en la gober- 
nación , según ya dicho tengo, aconsejaron 
á Alonso de Estrada que luego por la posta 
fuese en un navio á Castilla é hiciese relación 
dello á su majestad , y aun le indujeron que 
dijese que por fuerza le pusieron á Sandoval 
por compañero , ssgun ya dicho tengo , porque 
no quiso ni consintió que Cortés juntamente 
gobernase con él ; y demás desto , ciertas per- 
sonas, que no estaban bien con Cortés, escribie- 
ron otras cartas de por sí, y en ellas decian que 
Cortés habia mandado dar ponzoña á Luis Pon- 
ce de León y á Marcos de Aguilar, é que ansi- 
mismo al adelantado Garay, é que en unos re- 
quesones que les dieron en un pueblo que se 
dice Iztapalapa creian que les dieron rejalgar 
en ellos, y que por aquella causa no quiso co- 
mer un fraile de la orden de señor Santo Do- 
mingo dellos; y todo lo que escribían de Cor- 
tés eran maldades y traiciones que le levanta- 
ron, y también escribieron que Cortés quería 
matar al factor y veedor ; y en aquella sazón 
también fué á Castilla el contador Albornoz, 
que jamas estuvo bien con Cortés. Y como su 
majestad y los del Real Consejo de Indias vie- 
ron las cartas que he dicho que enviaron di- 



224 BERNAL DÍAZ. 

ciendo mal de Cortee, y se informaron del con- 
tador Albornoz, é lo de Luis Ponce é lo de 
Marcos de Aguilar , ayudó muy mal contra 
Cortés, ó haber oido lo del desbarate del Nar- 
vaez y del Garay, y lo de Tapia y lo de Catali- 
na Suarez la Marcayda, su primera majer; y 
estaban mal informados de otras cosas , c creye- 
ron ser verdad lo que agora escribían ; luego 
mandó su majestad proveer que solo Alonso 
de Estrada gobernase, y dio por bueno cuanto 
habia hecho , y en los indios que encomendó; 
que sacasen de las prisiones y jaulas al factor y 
veedor y les volviesen sus bienes, y por la posta 
vino un navio con las provisiones ; y paja cas- 
tigar á Cortés de lo que le acusaban, mandó 
que luego viniese un caballero que se decia don 
Pedro de la Cueva, comendador mayor de Al- 
cántara, y que á costa de Cortés trújese tres^ 
cientos soldados, y que si le hallase culpado 
le cortase la cabeza , y á los que juntamente 
con él habian hecho algún deservicio á su ma- 
jestad, é que á los verdaderos conquistadores 
que les diese de los pueblos que quitasen á. 
Cortee; y ansimismo mandó proveer que viniese 
audiencial Real , creyendo con ella habria recta 
justicia. E ya que se estaba apercibiendo el co- 
mendador don Pedro de la Cueva para venir á 
la Nueva-España j por ciertas pláticas que des- 
pués hubo en la corte , ó porque no le dieron 
tantos mil ducados como pedia para el viaje , y 
porque con el audiencia Real , creyendo que lo 



C0NQUI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. 225 

puderan en justicia , se estorbó su jornada, que 
no vino, é porque el duque de Bcjar quedó por 
nuestro fiador otra vez. Y quiero volver al teso- 
rero, que, como se vio tan favorecido de su ma- 
jestad , é haber sido tantas veces gobernador, y 
agora de nuevo le mandaba su majestad gober- 
nar solo ; y aun le hicieron creer al tesorero 
que habían informado al Emperador nuestro 
señor qué era hijo del Rey Católico , y estaba 
muy ufano, y tenia razón; é lo primero que hizo 
fué enviar á Chiapa por capitán á un su primo, 
que se decia Diego de Mazaricgos, y mandó tomar 
residencia á don Juan Enriquez de Guzman , el 
que había enviado por capitán Marcos de Agui- 
lar , y más robos y quejas se halló que habia 
hecho en aquella provincia que bienes ; y tam- 
bién envió á conquistar é pacificar los pueblos 
de los zapotecas y minxes, y que fuesen por dos 
partes , para que mejor los prendiesen , á traer 
de paz , que fuese por la parte de la banda del 
Norte, é envió á un Fulano de Barrios , que de- 
cian que habia sido capitán en Italia y que era 
muy esforzado , que nuevamente habia venido 
de Castilla á Méjico (no digo por Barrios el de 
Sevilla, el cuñado que fué de Cortés), y le dio 
sobre cien soldados, y entre ello3 muchos esco- 
peteros y ballesteros. Llegado este capitán con 
sus soldados á los pueblos de los zapotecas, 
que se decían los titepeques, una noche salen 
los indios naturales de aquellos pueblos y dan 
sobre el capitán y sus soldados; y tan de repen- 
29 



226 BERNAL DÍAZ. 

te dieron en ellos, que mataron al capitán Bar- 
rios y á otros siete soldados, y á todos los más 
hirieron, y si de presto no tomaran las de Villa- 
diego, y se vinieran á acojer á unos pueblos de 
paz, todos murieran. Aquí verán cuánto va de 
los conquistadores viejos á los nuevamente ve- 
nidos de Castilla, que no saben qué cosa es 

' guerra de indios ni sus astucias : en esto paró 
aquella conquista. Digamos agora del otro ca- 
pitán que fué por la parte de Guaxaca, que se 
decía Figuero, natural de Cáceres, que también 
dijeron que habia sido capitán en Castilla, y era 
muy amigo del tesorero Alonso de Estrada, y 
llevó otros cien soldados de los nuevamente ve- 
nidos de Castilla á Méjico, y muchos escopete- 
ros y ballesteros y aun diez de á caballo; y co- 
mo llegaron á las provincias de los zapoteca8, 
envió á llamar á un Alonso de Herrera, que es- 
taba en aquellos pueblos por capitán de treinta 
soldados, por mandado de Marcos de Aguilar 
en el tiempo que gobernaba, según lo tengo di- 
cho en el capítulo que dello hace mención; y 
Venido el Alonso de Herrera á su llamada, por- 

' que, según apareció, traia poder el Figuero 
para que estuviese debajo de su mano, é sobre 
Ciertas pláticas que tuvieron, ó porque no quiso 
quedar en su compañía, vinieron á echar mano á 
las espadas, y el Herrera acuchilló á el Figuero 
y á otros tres de los soldados que traia, que le 
ayudaban. Pues viendo el Figuero que csta- 
ba herido y manco de un brazo, y no se atrevía 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 227 

á entrar en las sierras de los miuxes, que eran 
muy altas y malas de conquistar, y los solda- 
dos que traía no sabían conquistar aquellas tier- 
ras, acordó de andarse á desenterrar sepulturas 
de los enterramientos de los caciques de aque- 
lla provincia, porque en ellas halló cantidad de 
joyas de oro, con que antiguamente tenían cos- 
tumbre de se enterrar los principales de aque- 
llos pueblos; y dióse tal maña, que sacó dellas 
sobre cien mil pesos de oro, y con otras joyas 
que hubo de dos pueblos, acordó de dejar la 
conquista é pueblos en que estaba, y dejólos 
muy más de guerra á algunos dellos que los ha- 
lló, y fué á Méjico, y dende allí se iba á Cas- 
tilla el Figuero con su oro; y embarcado en la 
Veracruz, fué su ventura tal, que el navio en 
que iba dio con recio temporal al través junto á 
la Veracruz, de manera que se perdió él y su 
oro y se ahogaron quince pasajeros, y todo se 
perdió; y en aquello pararon los capitanes que 
envió el tesorero á conquistar aquellos pueblos, 
que nunca vinieron de paz hasta que los vecinos 
de Guacacualco los conquistamos, y como tie- 
nen altas sierras y no pueden ir caballos, me 
quebranté el cuerpo, de tres veces que me ha- 
llé en aquellas conquistas; porque, puesto que 
en los veranos los atraimos de paz, en entrando 
las aguas se tornaban á levantar y mataban á 
los españoles que podían haber desmandados; 
y como siempre les seguíamos , vinieron de 
paz, y está poblada una villa que dicen San 



22S BERNAL DÍAZ. 

Alfonso. Pasemos adelante, y dejaré de tFaer 
á la memoria desastres de capitanes que 
no han sabido conquistar, y digo que, co- 
mo el tesorero supo que habian acuchillado á su 
amigo el capitán Figuero , como dicho tengo, 
envió luego á prender á Alonso de Herrera , é 
no se pudo haber, porque se fué huyendo á 
unas sierras , y los alguaciles que envió truje- 
ron preso á un soldado de los que solia tener el 
Herrera consigo ; y asi como llegó á Méjico, sis 
más ser oido , le mandó el tesorero cortar la 
mano derecha. Llamábase el soldado Cortejo, 
y era hijodalgo ; y demás desto, en aquel tiem- 
po un mozo de espuelas de Gonzalo de Sando- 
val tuvo otra quistion con otro criado del teso- 
rero, y le acuchilló, deque hubo muy gran enojo 
el tesorero, y le mandó cortar la mano; y esto fué 
en tiempo que Cortés ni Sandoval no estaban en 
Méjico; que se habian ido á un gran pueblo que 
se dioe Cornabaca , y se fueron por quitarse de 
bullicios y parlerías , y también por apaciguar 
ciertos encuentros que habia entre los caciques 
de aquel pueblo. Pues como supieron Cortés y 
Gonzalo de Sandoval por cartas que el Cortejo 
y mozo de espuelas estaban presos y que les 
querían cortar las manos , de presto vinieron á 
Méjico; y de que hallaron lo que dicho tengo, 
y no habia remedio en ello , sintieron mucho 
aquella afrenta que el tesorero hizo á Cortés y 
á Sandoval, y dicen que le dijo Coriés tales pa- 
labras al tesorero en su presencia , que no las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 229 

quisiera oír , y aun tuvo temor que le quería 
mandar matar , y con este temor allegó el teso- 
rero soldados y amigos para tener en su guar- 
da, y sacó de la jaulas al factor y veedor para 
que , como oficiales de su majestad , se fa- 
voreciesen los unos á los otros contra Cor- 
tés ; y de que los hubo sacado , de ahí á 
ocho dias , por consejo del factor y otras 
personas que no estaban bien con Cortés, 
le dijeron al tesorero que en todo caso luego 
desterrase á Cortés de Méjico; porque entre tan- 
to que estuviese en aquella ciudad jamas podría 
gobernar bien ni habría paz, y siempre habría 
bandos. Pues ya este destierro firmado del teso- 
rero,- se lo fueron á notificar á Cortés, y dijo 
que lo cumpliría muy bien, y que daba gracias 
á Dios, que dello era servido, que de las tierras 
y ciudad que él con sus compañeros habia des- 
cubierto y ganado, derramando de diay de no- 
che mucha sangre de su cuerpo, y muerte de 
tantos soldados, que le viniesen á desterrar 
personas que no eran dignas de bien ninguno ni 
detener los oficios que tienen, y que él iria á 
Castilla á dar relación dello á su majestad y 
demandar justicia contra ellos; y que fué gran 
ingratitud la del tesorero, desconocido del bien 
que le habia hecho Cortés; y luego se salió de 
Méjico y se fué á una villa suya que se dice 
Cuyoacan.y dende allí á Tezcuco, y dende allí 
á pocos dias á Tlascala; y en aquel instante la 
mujer del tesorero, que se decia doña Marina 



230 BERNAL DÍAZ. 

Gutiérrez de la Caballería, cierto digna de bue- 
na memoria por sus mucbas virtudes, como su- 
po el desconcierto que su marido habia hecho 
en sacar de las jaulas al factor y veedor y ha- 
ber desterrado á Cortés, con gran pesar que 
tenia, le dijo á su marido: «Plega á Dios que por 
estas cosas que habéis hecho no os venga mal 
dello;» y le trujo á la memoria los bienes y mer- 
cedes que siempre Cortés le habia hecho, y los 
pueblos de indios que le dio, y que procurase de 
tornar á hacer amistades con él para que vuelva 
á la ciudad de Méjico, ó que se guardase muy 
bien, no le matasen; y tantas cosas le dijo, que, 
según muchas personas después platicaban , se 
habia arrepentido el tesorero de lo haber des- 
terrado , y aun de haber sacado de las jaulas al 
factor y veedor , porque en todo le iban á la 
mano y eran muy contrarios á Cortés. Y en 
aquella sazón vino de Castilla don fray Julián 
Garcés , primer Obispo que fué de Tlascala , y 
era natural de Aragón , y por honra del cristia- 
nísimo Emperador nuestro señor se llamó Caro- 
lense , y fué gran predicador , y se vino por su 
obispado de Tlascala; y como supo lo que el te- 
sorero habia hecho en el destierro de Cortés, le 
pareció muy mal y por poner concordia entre 
ellos se vino á una ciudad , ya otras veces por 
mí nombrada , que se dice Tezcuco; y como es- 
taba junto á la laguna, se embarcó en dos ca- 
noas grandes , y con dos clérigos y un fraile y 
su fardaje se vino á la ciudad de Méjico, y antes 



COKQUÍSÍ A DE NÜEVA-ÉSPANA. 231 

de entrar en ella supieron su venida en Mé- 
jico, y le salieron á receñir con toda la pompa 
y cruces y clerecía y religiosos y Cabildos , 6 
conquistadores é caballeros y soldados que en 
Méjico se hallaron ; y cuando el Obispo hubo 
descansado dos dias, el tesorero le echó por in- 
tercesor para que fuese adonde Cortés estaba 
en aquella sazón y los hiciese amigos, é le al- 
zaba el destierro, y que se volviese á Méjico; y 
fué el Obispo y trató las amistades, y nunca 
pudo acabar cosa ninguna con Cortés ; antes, 
como dicho tengo, se fué á Tezcuco ó á Tlasca- 
la muy acompañado de caballeros é otras perso- 
nas y en lo que entendia Cortés era en allegar 
todo el oro y plata que podia para ir á Casti- 
lla; y demás de lo que le daban de los tributos 
de sus pueblos, empeñaba otras rentas é in- 
dios que le prestaban amigos; y ansimismo 
se aparejaban el capitán Gonzalo de Sandoval 
y Andrés de Tapia, y llegaron y recojian todo el 
oro y plata que podían de sus pueblos, porque 
estos dos capitanes fueron en compañía de Cor- 
tés á Castilla. Pues como estaba Cortés en Tlas- 
cala, íbanle á ver muchos vecinos de Méjico y 
de otras villas, y soldados que no tenían enco- 
miendas de indios, y los caciques de Méjico le 
iban á servir; y aun, como hay hombres bulli- 
ciosos y amigos de escándalos é novedades, le 
iban á aconsejar para que si se quería alzar por 
Rey en la Nueva-España, que en aquel tiempo 
tenia lugar y que ellos serian en le ayudar; y 



232 BERNAL DÍAZ. 

Cortés echó presos á dos hombres de los que le 
vinieron con aquellas pláticas, y les trató mal, 
llamándoles de traidores, y estuvo para los 
ahorcar; y también le trujeron otra carta de 
otros bandoleros, que le enviaron de Méjico, y 
le decían lo mismo; y esto era, según dijeron, 
para tentar á Cortés ó tomarle en algunas pala- 
bras que de su boca dijese sobre aquel mal caso; 
y como Cortés en todo era servidor de su majes- 
tad, con amenazas dijo á los que le venían con 
aquellos tratos que no viniesen más adelante 
del con aquellas parlerías de traiciones, que los 
mandaría ahorcar; y luego escribió al Obispo lo 
que pasaba, para que él dijese al tesorero que, 
como gobernador, mandase castigar á los trai- 
dores que le venían con aquellos consejos; si 
no, que él los mandaria ahorcar. Dejemos á 
Cortés en Tlascala aderezando para se ir á Cas- 
tilla, y volvamos al tesorero y factor y veedor, 
que , ansí como venían á Cortés hombres ban- 
doleros que deseaban ruidos y andar en bulli- 
cios , también iban y decían al tesorero y al 
factor que ciertamente Cortés estaba llegando 
gente para los venir á matar, aunque echaba 
fama que para venir á Castilla, y á aquel efeto 
estaban todos los caciques mejicanos y de Tez- 
cuco en Tlascala, y de todos los más pueblos de 
alrededor de la laguna en su compañía, para ver 
cuándo les mandaba dar guerra. Entonces te- 
mió mucho el factor y veedor y el tesorero, 
creyendo que les quería matar; y para saber é 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 233 

inpuirir si era verdad, volvieron á importunar al 
mismo Obispo que fuese á ver qué cosa era, y 
escribieron con grandes ofertas á Cortés, deman- 
dándole perdón; y el Obispo lo hubo por bueno 
el ir á hacer amistades, por visitar á Tlascala; 
y desque llegó donde Cortés estaba, después de 
le salir á recebir toda aquella provincia, y ver 
la gran lealtad y lo qus había hecho Cortés en 
prender los bandoleros, y las palabras que sobre 
aquel caso le escribió, luego hizo mensajeros al 
tesorero, y dijo que Cortés era muy leal caba- 
llero y gran servidor de su majestad, y que en 
nuestros tiempos se podia poner en la cuenta 
de los muy afamados servidores de la corona 
Real, y que en lo que estabo entendiendo era 
aviarse para ir ante su majestad, y que podían 
estar sin sospecha de lo que pensaban; y tam- 
bién le escribió que tuvo mala consideración en 
le haber desterrado, y que no lo acertó. Enton- 
ces diz que le dijo en la* carta que 1« escribió: 
«Oh señor tesorero Alonso de Estrada, y ¡có- 
mo ha dañado y estragado este negocio!» De- 
jemos esto de la carta; *que no me acuerdo 
bien si volvió Cortés á Méjico para dejar re- 
caudo á las personas á quien habia de dar los 
poderes para entender en su estado y casa é 
cobrar los tributos de los pueblos de su enco- 
mienda; salvo sé que dejó el poder mayor al 
licenciado Juan Altamirano y á Diego de Ocara- 
po y Alonso Valiente y á Santa Cruz burgalés, 
y sobre todos á Altamirano; é ya tenia llegado 
30 



f 234 BERHAL DÍAZ. 

muchas aves de las diferenciadas de otras que 
hay en Castilla, que era cosa muy de ver, y dos 
tigres, y muchos barriles de liquidámbar y bál- 
samo cuajado y otro como aceite, y cuatro in- 
dios maestros de jugar el palo con los pies, que # 
en Castilla y en todas partes es cosa de ver, y 
otros indios bailadores, que suelen hacer una 
manera de ingenio, al parecer como que vuelan 
por alto estando bailando; y llevó tres indios 
corcovados de tal manera, que era cosa mons- 
truosa, porque estaban quebrados por el cuerpo 
y eran muy enanos; y también llevó indios é in- 
dias muy blancos, que con el gran blancor no 
veian bien; y entonces los caciques de Tlascala 
le rogaron que llevase en su compañía tres hi- 
los de los más principales de aquella provincia, 
y entre ellos fué un hijo de Xicotenga el viejo 
ciego, que después se llamó don Lorenzo de 
Vargas, y llevó otros caciques mejicanos; y es- 
tando aderezando su partida, le llegaron nue- 
vas de la Veracruz que habian venido dos na- 
vios muy buenos veleros, yeu ellos le trujeron 
cartas de Castilla r y lo que se contenia en ellas 
diré adelante. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 235 



CAPITULÓ CXCV. 



COMO VINIERON CARTAS A CORTES DE ESPAÑA, DEL 
CARDENAL DE SIGUENZA DON GARCÍA DE LOYOSA, 
QUE ERA PRESIDENTE DE INDIAS Y LUEGO FUÉ ARZO- 
BISPO DE SEVILLA, Y DE OTROS CABALLEROS, PARA 
QUE EN TODO CASO SE FUESE LUEGO Á CASTILLA, Y 
LE TRUJERON NUEVAS QUE ERA MUERTO SU PADRE 
MARTIN CORTES, Y LO QUE SOBRE ELLO HIZO. 



Ya he dicho en el capítulo pasado lo acaecido 
entre Cortés y el tesorero y el factor y veedor, 
é por qué causa lo desterró de Méjico, y cómo 
vino dos veces el obispo de Tlascala á entender 
en amistades, y Cortés nunca quiso responderá 
cartas ni á cosa ninguna que le dijesen, y se 
apercibió para ir á Castilla; y le vinieron cartas 
del presidente de Indias don García de Loyosa, 
y del duque de Béjar y de otros caballeros, en 
que le decian que, como estaba ausente, daban 
quejas delante de su majestad, y decian en las 
quejas muchos males y muertes que había he- 
cho dar á los gobernadores que su majestad en- 
viaba, y que fuese en todo caso á volver por su 
honra; y le trujeron nuevas que su padre Mar- 
tin Cortés era fallecido; y como vio las cartas, 



236 BÉRNAL DÍAZ. 

le pesó mucho, ansí de la muerte de su padre 
como de las cosas que del decían que había he- 
cho, no siendo ansí; y se puso luto, puesto que 
lo traía en aquel tiempo por la muerte de su 
mujer doña Catalina Suarez la Marcayda, é hi- 
zo gran sentimiento por su padre, y las honras 
lo mejor que pudo; y si mucho deseo tenia de 
antes de ir á Castilla, dende allí adelante se dio 
mayor priesa, porque luego mandó á su mayor- 
domo, que se decia Pedro Ruiz de Esquivel, 
natural de Sevilla, que fuese á la Veracruz, y 
de dos navios que habían llegado, que tenían fa- 
ma que eran nuevos y veleros, que los compra- 
se; y estaba apercibiendo bizcocho y cecina y^ 
tocinos y lo perteneciente para el matalotaje 
muy cumplidamente, como convenia para un 
gran señor y rico que Cortés era, y cuantas co- 
sas se pudieron haber en la Nueva-España que 
eran buenas para el mar, y conservas que á 
Castilla vinieron; y fueron tantas y de tanto gé- 
nero, que para dos años se pudieran mantener 
otros dos navios, aunque tuvieran mucha más 
gente, con lo que en Castilla les sobró. 

Pues yendo el mayordomo por la laguna de 
Méjico en una canoa grande para ir á un pueblo 
que se dice Ayotcjngo, que es donde desembar- 
can las canoas, que por ir más prestó á hacer lo 
que Cortés le mandaba fué por allí, y llevó seis 
indios mejicanos remeros y un negro, é ciertas 
barras de oro para comprarlos navios; y quien 
quiera que fué, le aguardó en la misma laguna 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 237 

y le mató, que nunca se supo quién n¡ quién 
no„ ni pareció canoa ni indios ni el negro que la 
remaba, salvo que dende allí á cuatro dias ha- 
llaron al Esquivcl en una isleta de la laguna, 
til medio cuerpo comido de aves carniceras. So- 
bre la muerte deste mayordomo hubo grandes 
sospechas, porque unos decian que era hombre 
que se alababa de cosas que decia él misino que 
pasaba con damas écon otras señoras, é decian 
otras cosas malas que diz que hacia; é á esta 
causa estaba malquisto, y ponían sospechas de 
otras muchas cosas que aquí no declaro; por 
manera que no se supo de su muerte, ni aun se 
pesquisó muy de raíz quién le mató, perdónele 
Dios; y luego Cortés volvió á enviar de presto 
á otros mayordomos para que le tuviesen apa- 
rejados los navios é metido el bastimento é pi- 
pas de vino, y mandó dar pregones que cuales- 
quier personas que quisieren irá Castilla les 
dará pasaje y comida de balde, yendo con licen- 
cia del gobernador. Y luego Cortés, acompaña- 
do de Gonzalo de Sandoval y de Andrés dcTapia 
y de otros caballeros, se fué ala Veracruz. y 
como se hubo confesado y comulgado se em- 
barcó; y quiso nuestro Señor Dios dalle tal via- 
je, que en cuarenta y un dias llegó á Castilla sin 
parar en la Habana nien isla ninguna, y fué á 
desembarcar cerca de la villa de Palos, junto á 
Nuestra Señora de la Rávida ; y como se vieron 
en salvamento en aquella tierra, hincan las ro- 
dillas en tierra y alzan las manos al Cielo, dan- 



238 BERNA L DÍAZ. 

do muchas gracias á Dios por las mercedes que 
siempre les hacia ; y llegaron á Castilla en el 
mes de Diciembre de 1527 años. Y pareció ser 
que Gonzalo de Sandoval iba muy doliente, y á 
grandes alegrías hubo tristezas, que fué Dios 
servido dende ahí á pocos dias de le llevar desta 
vida en la villa de Palos, y en la posada que es- 
taba era de un cordonero de hacer jarcias y ca- 
bles y maromas, y antes que muriese le hurtó 
el huésped trece barras de oro ; lo cual vio el 
Sandoval por sus ojos que se las sacaron de una 
caja, porque aguardó el cordonero que no estu- 
viese allí persona ninguna en compañía del 
Sandoval ; é tuvo tales astucias, que envió á sus 
criados deL Sandoval que fuesen por la posta á 
la Rávida á llamará Cortés; y el Sandoval. 
puesto que lo vio, no osó dar voces, porque, co- 
mo estaba muy debilitado y flaco y malo, temió 
que el cordonero, que le pareció mal hombre, 
no le echase el colchón ó almohada sobre la boca 
y le ahogase ; y luego se fué el huésped á Por- 
tugal, huyendo con las barras de oro y no se 
pudo cobrar cosa ninguna. Volvamos á Cortés, 
que cuando supo que estaba muy malo el San- 
doval vino luego por la posta adonde estaba, y 
el Sandoval le dijo la maldad que su huésped le 
había hecho, y cómo le hurtó las barras de oro y 
se fué huyendo ; en lo cual, puesto que pusieron 
gran diligencia para que se cobrasen, como se pa- 
só en Portugal, se quedó con ello ; y el Sandoval 
cada día iba empeorando de su mal, y los médicos 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 239 

que le curaban le dijeron que luego se confesase 
y recibiese los Santos Sacramentos é hiciese 
testamento , y él lo hizo con grande devoción, 
y mandó muchas mandas ansí á pobres como á 
monasterios , y nombró por su albacea á Cortés 
y heredera á una hermana ó hermanas; é la una 
hermana , el tiempo andando , se casó con un 
hijo bastardo del conde de Medellin ; y como 
hubo ordenado su alma y hecho testamento, 
dio el ánima á Luestro Señor Dios , que la crió, 
y por su muerte se hizo gran sentimiento , y 
con toda la pompa que pudieron le enterraron 
en el monasterio de nuestra Señora de la Rá- 
vida ; y Cortes , con todos los caballeros que 
iban en su compañia , se pusieron luto ; perdó- 
nele Dios , amen. Y luego Cortés envió correo 
á su majestad y al Cardenal de Sigüenza, y al 
duque de Béjar y al conde de Aguilar y á otros 
caballeros , é hizo saber cómo habia llegado á 
aquel puerto y de cómo Gonzalo de Sandoval 
habia fallecido, é hizo relación de la calidad de 
su persona y de los grandes servicios que habia 
hecho á su majestad, y que fué capitán de mu- 
cha estima ansí para mandar ejércitos como 
para pelear por su persona ; y como aquellas 
cartas llegaron ante su majestad , recibió ale- 
gria de la venida de Cortés, puesto que le pesó 
de la muerte del Sandoval, porque ya tenia no- 
ticia de su generosa persona , y ansimismo le 
pesó al Cardenal don García de Loyosa y al 
Real Consejo de Indias; pues el duque de Béjar 



240 BERNAL DI4Z. 

y el conde de Aguilar y otros caballeros se hol- 
garon en gran manera , puerto que á todos lss 
pesó de la muerte de Sandoval ; y luego fué el 
duque de Béjar , juntamente con el conde de 
Aguijar, á dar más relación dello á su majes- 
tad, puesto que ya tenia la carta de Cortés, y di- 
jo que bien sabia la gran lealtad de quien habia 
fiado, y que caballero que tan grandes servicios 
le habia hecho, que en todo lo demás lo habia 
de mostrar en lealtad, como era obligado á su 
Rey y señor, lo cual se ha parecido bien ahora 
por la obra ; y esto dijo el duque porque en el 
tiempo que ponian las acusaciones y decian mu- 
chos males contra Cortés delante de su majes- 
tad, puso tres veces su cabeza y estado por fia- 
dor de Cortés y de ios soldados que estábamos 
en su compañía, que éramos muy leales y gran- 
des servidores de s a majestad y dignos de gran- 
des mercedes, porque en aquel tiempo no estaba 
descubierto el Pirú ni habia la fama de lo que 
después hubo ; y luego su majestad envió á 
mandar que por todas las ciudades y villas por 
donde Cortés pasase le hiciesen mucha honra, y 
el duque de Medina-Sidonia le hizo gran rece- 
bimiento en Sevilla y le presentó caballos muy 
buenos; y después que reposó allí dos dias, fué 
á jornadas largas á Nuestra Señora de Guada- 
lupe para tener novenas, y fué su ventura tal, 
que en aquella sazón habia allí llegado la se- 
ñora doña María de Mendoza, mujer del comen- 
dador mayor de León don Francisco de los Co- 



C0NQUI8TA DE HUEV A-ESPANA . 241 

bos, y habia traido en su compañía muchas se- 
ñoras de grande estado,, y entre ellas una seño- 
ra doncella, hermana suya, que de ahí á dos 
años casó con el adelantado de Canaria ; y como 
Cortés lo supo, hubo gran placer, y luego como 
llegó, después de haber hecho oración delante 
de Nuestra Señora y dado limosna á pobres y 
mandar decir Misa, puesto que llevaba luto por 
su padre y su mujer y por Gonzalo de Sandoval, 
fué muy acompañado de ios caballeros que llevó 
de la Nueva-España y con otros que se le habian 
allegado para su servicio, y fué á hacer gran acato 
ala señora doña Maria de Mendoza, y á una se- 
ñora doncella, su hermana , que era muy her- 
mosa , y á todas las demás señoras que con 
ellas venian , y como Cortés en todo era muy 
cumplido y regocijado t y la fama de sus gran- 
des hechos volaba por toda Castilla , pues plá- 
tica y agraciada expresiva no le faltaba , y so- 
bre todo , mostrarse muy franco y tener rique- 
zas de que dar, comenzó á hacer grandes pre- 
sentes de muchas joyas de oro de diversas 
hechuras á todas aquellas señoras, y después de 
las joyas, dio penachos de plumas verdes llenas 
de argenteria de oro y de perlas, y en todo lo 
que dio fué muy aventajada la señora doña 
Maria de Mendoza y la señora su hermana ; y 
óVespues que hubo hecho aquellos ricos presen- 
tes , dio por sí sola á la señora doncella ciertos 
tejuelos de oro muy fino para que hiciese joyas, 
y tras esto , mandó dar mucho liquidámbar y 
31 



242 BERNAL DÍAZ. 

bálsamo para que se sahumasen; y mandó á los 
■ indios maestros de jugar el palo con los pies, 
que delante de aquellas señoras les hiciesen 
fiesta y trujesen el palo de un pié al otro , que 
fué cosa dé que se contentaron y aun se admi- 
raron de lo ver ; y demaü de todo esto , supo 
Cortés que de la tierra por donde habia venido 
la señora doncella se le mancó una acémila, y 
secretamente mandó comprar dos muy buenas 
y que las entregasen á los mayordomos que 
traían cargo de su servicio ; y aguardó en la 
villa de Guadalupe hasta que partiesen para la 
corte , que en aquella sazón estaba en Toledo, 
y fuéles acompañando y sirviendo é haciendo 
banquetes y fiestas, y tan gran servidor se mos- 
tró, que lo sabia muy bien hacer y representar, 
que la señora doña María de Mendoza le trató 
casamiento con su hermana ; y si Cortés no fue- 
Ira desposado con la señora doña Juana de Guz- 
man, sobrina del duque de Béjar, ciertamente 
tuviera grandísimos favores del comendador 
mayor de León y de la señora doña María de 
Mendoza, su mujer, y su majestad le diera la 
gobernación de la Nueva-España. Dejemos de 
hablaren este casamiento, pues todas las cosas' 
son guiadas y encaminadas por la mano de 
Dios, y diré cómo cscribip la señora doña María 
de Mendoza al comendador mayor de León, su 
marido, sublimando en gran manera las cosas de 
Cortés, y que no era nada la fama que tiene de 
sus heroicos hechos para lo que ha visto y co- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 243 

nocido de su persona y conversación y franque- 
za, y le representó otras gracias que en él ha- 
bía conocido y los servicios que le habia hecho, 
y que le tenga por su muy gran servidor, y que 
á su majestad le haga sabidor de todo y le su- 
plique que ie haga mercedes. Y como el co- 
mendador mayor vio la carta de su mujer, se 
holgó con ella; y como era el más privado que 
hubo en nuestros tiempos del Emperador, llevóle 
la misma carta á su majestad , y de su parte le 
suplicó que en todo le favoreciese, y ansí su ma- 
jestad lo hizo, como adelante diré; é dijo el duque 
de Béjar y el almirante al Cortés, como por pa- 
satiempo , cuando hubo llegado á la corte, que 
habían oido decir á su majestad , cuando supo 
que habia venido á Castilla , que tenia deseos 
de ver y conocer á su persona, que tantos y tan 
buenos servicios le ha hecho, y de quien tan- 
tos males le han informado que hacia con ma- 
ñas y astucias. Pues llegado Cortés á la cor- 
te , su majestad le mandó señalar posada. 
Pues por parte del duque de Béjar y del conde 
de Aguilar y de otros grandes señores, sus deu- 
dos , le salieron á recebir y se le hizo mucha 
honra; y otro dia , con licencia de su majestad, 
fué á le besar sus Reales pies , llevando en su 
compañia por sus intercesores, por más le hon- 
rar, al Almirante y al duque de Béjar y al co- 
mendador mayor de León; y Cortés, después de 
demandar licencia para hablar, se arrodilló en el 
suelo, y su majestad le mandó levantar , y lúe» 



244 ' BERSAl DIA.2 

go representó sus muchos y notables servicios, 
todo lo acontecido en las conquistaa é ida de 
Honduras, y las tramas que hubo en Méjico del 
factor y veedor , y recontó todo lo que llevaba 
en la memoria ; y porque era muy larga rela- 
ción , y por no embarazar más á su majestad, 
entre otras pláticas, dijo; «Ya vuestra majestad 
estará cansado de me oir , y para un tan gran 
Emperador y Monarca de todo el mundo , como 
vuestra majestad es, no es justo que un vasallo 
como yo tenga tanto atrevimiento, y mi lengua 
no está acostumbrada á hablar co¿ vuestra ma- 
jestad, y podria ser que mi sentido no diga con 
aquel tan debido acato que debo todas las cosas 
acaecidas; aqui tengo este memorial, por donde 
vuestra majestad podrá ver , si fuese servido, 
todas las cosas muy por extenso cómo pasa- 
ron;» y entonces se hincó de rodillas para be- 
sarle los pies por las mercedes que fué servido 
hacerle en le haber oido, y el Emperador nues- 
tro señor le mandó levantar ; y el Almirante 
y el duque de Béjar dijeron á su majestad que 
era digno de grandes mercedes , y luego le 
hizo marques del Valle y le mandó dar ciertos 
pueblos, y aun le mandaba dar el hábito de señor 
Santiago, y como no se lo señalaron con renta, 
se calló por entonces; que esto yo no lo sé bien 
de qué manera fué; y le hizo capitán general de 
la Nueva-España y mar del Sur, y Cortés se 
tornó á humillar para besarle sus Reales pies, y 
§u majestad le mandó que se levantase. Y des- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 245 

pnes de hechas estas grandes mercedes, deade 
ahí á pocos días que habia llegado á Toledo 
adoleció Cortés, que llegó á estar taü al cabo, 
que creyeron que se muriera; y el duque de 
Béjar y el comendador mayor don Francisco de 
los Cobos suplicaron á su majestad que, pues 
que Cortés tan grandes servicios le habia he- 
cho, que le fuese á visitar antes de su muerte á 
su posada; y su maiestad fué acompañado de 
duques, marqueses y -condes y del don Francis- 
co de los Cobos, y le visitó; que fué muy gran- 
de favor, y por tal se tuvo en la corte; y des- 
pués que estuvo Cortés bueno, como se tenia 
por tan grande privado de su majestad, y el 
conde de Nasao le favorecía, y el duque de Be- 
jar y el almirante de Castilla, un domingo yen- 
do á Misa, ya su majestad estaba en la iglesia 
mayor, acompañado de duques y marqueses y 
eondes. y estaban asentados en sus asientos con- 
forme al estilo y calidad que entre ellos se te- 
nia por costumbre de se asentar, vino Coríés 
algo tarde á Misa, sobre cosa pensada, y pa- 
só por delante de aquellos ilustrísimos seño- 
res con su falda de luto alzada, y se fué á asen- 
tar cerca del conde de Nasao, que estaba su 
asiento el más cercano del Emperador; y de que 
ansí lo vieron pasar delaate de aquellos gran- 
des señores de salva, murmuráronlo de su gran- 
de presunción y osadía, y tuviéronlo por de- 
sacato, y que no se le habia de atribuir á la 
policía de lo que del decían; y entre aquellos du- 



246 BERNAL DÍAZ. 

ques y marqueses estaba el duque de Béjar y el al- 
mirante de Castilla y el duque de Aguilar, y di- 
jeron que aquello no se le habia de tener á Cor- 
tés á mal miramiento, porque su majestad por 
le honrar le habia mandado que se fuese á sen- 
tar cerca del conde de Nasao: y que ademas de 
aquello, que su majestad mandó que mirasen 
y tuviesen noticia que Cortés, con sus compañe- 
ros, habia ganado tantas tierras, que toda la 
cristiandad le era en cargo; que ellos,, los esta- 
dos que tenían que los habian heredado de sus 
antepasados por servicios que habian hecho, y 
que por estar desposado Cortés con su sobrina 
su majestad le mandaba honrar. Volvamos á 
Cortés, y diré que, viéndose tan sublimado en 
privanza con el Emperador y el duque de Na- 
sao y con el duque de Béjar, y aun del almiran- 
te, é ya con título de marques, comenzó á te- 
nerse en tanta estima, que no tenia cuenta, 
como era razón con quien le habia favorecido é 
ayudado para que su majestad le diese el mar- 
quesado, ni al Cardenal Fray García de Loyosa 
ni á Cobos, ni á la señora doña María de Men- 
doza ni á los del Real consejo de Indias, que todo 
se le pasaba por alto, y todos sus cumplimientos 
eran con el duque de Béjar y conde Nasao y el 
almirante; é creyendo que tenia muy bien en- 
tablado su juego con tener privanza con tan 
grandes señores, comenzó á suplicar con mu- 
cha instancia á su majestad que le hiciese mer- 
ced de la gobernación de la Nueva-España, y 



CONQUISTA DE NUEVA-E8PANA . 247 

para ello representó otra vez sus servicios, y 
que siendo gobernador entendía descubrir por 
la mar del Sur islas é tierras muy ricas, y 
se ofreció con otros muchos cumplimientos; y 
aun hecho otra vez por intercesores al conde 
Nasao y al duque de Béjar y al almirante ; y su 
majestad le respondió que se contentase que le 
habia dado el marquesado de mucha renta, y 
que también habia de dar á los que le ayuda- 
ron á ganar la tierra, que eran merecedores de» 
lio; que pues lo conquistaron, que lo gocen. Y 
dende allí adelante comenzó de caer de la gran- 
de privanza que tenia; porque, según dijeron 
muchas personas, el Cardenal, que era presi- 
dente del Real consejo de Indias, y los del Real 
consejo de India3 habían entrado en consulta 
con su majestad sobre las cosas y mercedes de 
Cortés, y les pareció que no fuese gobernador; 
otros dijeron que el comendador mayor y la se- 
ñora doña María de Mendoza le fueron algo 
contrarios porque no hacia cuenta dellos; ora 
sea por lo uno ó por lo otro, el Emperador no 
le quiso más oir, por más que le importunaban, 
sobre la gobernación. Y en este instante se fué 
su majestad á embarcar á Barcelona para pasar 
á Flandes, y fueron acompañándole muchos du- 
ques y marqueses, y siempre él echaba por in- 
tercesores aquellos duques y marqueses para 
suplicar á su majestad que le diese la gober- 
nación; y su majestad respondió al conde Na- 
sao que no le hablase más en aquel caso, 



248 BEílKAL DíkL. 

que ya le habia dado un marquesado que te-* 
nia más renta de la que el conde Nasao te- 
nia con todo su estado. Dejemos á su majes- 
tad embarcado con buen viaje, y volvamos á 
Cortés y las grandes fiestas que se hicieron á 
sus velaciones, y de las ricas joyas que dióá la 
señora doña Juana de Zúñiga su mujer; é fue- 
ron tales, que, según dijeron quien las vio, y la 
riqueza dellas, que en toda Castilla no se habían 
dado más estimadas; y de algunas dellas la sere- 
nísima Emperatriz doña Isabel, nuestra señora, 
tuvo voluntad de las haber, según lo que dellas 
le contaban los lapidarios, y aun dijeron que 
ciertas piedras que Cortés le hubo presentado, 
que se descuidó ó no quiso dalle de las más ri- 
cas, como las que dio á la marquesa, su mujer. 
Quiero traer á la memoria otras cosas que á 
Cortés le acaecieron en Castilla el tiempo que 
estuvo en la corte, y fué, que triunfaba con mu- 
cha alegría, y según dijeron muchas personas 
que vinieron de allá, que estaban en su compa- 
ñía, que hubo fama que la serenísima Empera- 
triz doña Isabel, nuestra señora, no estaba tan 
bien en los negocios de Cortés cómo al principio 
que llegó á la corte, cuando alcanzó á saber que 
habia sido ingrato al Cardenal y al Real Con- 
sejo de Indias, y aun al comendador mayor de 
León y con la señora doña María de Mendoza, 
y alcanzó á saber que tenia otras muy ricas pie- 
dras, mejores que las que le hubo dado ; y con 
todo esto que le informaron, mandó á los del 



COHQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 249 

Real Consejo de Indias que en todo fuese ayuda- 
do ; y entonces capituló Cortés que enviaría por 
ciertos años por lámar del Sur dos navios de ar- 
mada bien abastecidos, y con setenta soldados y 
capitanes con todo género de armas, á su costa, 
á descubrir islas é otras tierras, y que de lo que 
descubriese le harian ciertas mercedes ; á las 
cuales capitulaciones me remito, porque ya no se 
me acuerdan. Y también en aquelinstante estaba 
en la corte un don Pedro de la Cueva, comenda- 
dor mayor de Alcántara, hermano del duque de 
Alburquerque, aporque este caballero fué el que 
su majestad había mandado que fuese á la Nue- 
va-España con gran copia de soldados á cortar 
la cabeza á Cortés si le hallase culpado, é á 
otras cualesquier personas que hubiesen hecho 
alguna cosa ea deservicio de su majestan ; y co- 
mo vio á Cortés, y supo que su majestad le ha- 
bia hecho marques , y era casa lo con la señora 
doña Juana de Zúñiga, se holgó mucho dello, 
y se comunicaba cada dia el comendador don 
Pedro de la Cucvacon el marques don Fernando 
Corté*; y dijo al mismo Cortés que si por ventu- 
ra fuera á la Nueva-España y llevara los solda- 
dos que su majestad le mandaba, que por más 
leal y justificado que le hallase, que por fuerza 
habia de pagar la-costa de los soldados, y aún 
su huida, y que fueran más de trescientos mil 
pesos; y que lo hizo mejor de venir ante su ma- 
jestad. Y porque tuvieron otras muchas pláti- 
cas, que aquí no relato, las cuales de Castilla 
32 



g|25U BERNA L DÍAZ» 

nos escribieron personas} que se bailaron pre- 
sentes á ellas, y de todo lo demás por mí relata- 
do en el capítulo quedello habla; y demás desto, 
nuestros procuradores lo escribieron, y aún el 
mismo marques escribió ios grandes favores que 
de su majestad alcanzó, y no declaró la causa por 
k que no le dieron la gobernación. Dejemos esto, 
y digo que desde ahí á pocos dias después que fué 
marques envió á Roma a besar ios santos pies de 
nuestro muy Santo Padre el Papa Clemente; 
porque Adriano, que hacia por nosotros, ya 
habia fallecido tres ó cuatro años habia, y en- 
vió por su embajador á un hidalgo que se decia 
Juan de Herrada, y con él envió un rico pre- 
sente de piedras ricas é joyas de oro, y dos in- 
dios maestros de jugar el palo con los pies; y le 
hizo relación de su llegada á Castilla y de las 
tierras que habia ganado , y de los servicios 
que hizo á Dios primeramente y á nuestro 
gran Emperador, y le dio toda la relación por 
un memorial de las tierras, como son muy gran- 
des y la manera que en elias hay, y^que todos 
los indios eran idólatras y que se han vuelto 
cristianos, y otras muchas cosas que convcnian 
decir á nuestro muy Santo Padre; y porque yo 
no lo alcancé á saber tan por extenso como en 
la carta iba, lo dejaré aquí de decir, y aun esto 
que aquí digo, después lo alcanzamos á saber 
del mismo Juan de Herrada cuando vino de 
Roma á la Nueva-España; é supimos que en* 
viaba á suplicar á nuestro muy Santo Padre 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 251 

que se quitasen parte de los diezmos. Y para 
que bien entiendan los curiosos lectores quién 
es este Juan de Herrada, fué un buen soldado 
que hubo ido en nuestra compañía á las Hon- 
duras cuando fué Cortés; y después que vino 
de Roma fué al Pirú, y le dejó D. Diego de 
Almagro por ayo de su hijo D. Diego el mozo; 
y este fué tan privado de D. Diego de Alma- 
gro, é fué el capitán de los que mataron á don 
Francisco Pizarro el viejo, y después maese 
de campo de Almagro el mozo. Volvamos á 
decir lo que le aconteció en Roma ai Juan 
de Herrada, que después que fué á besar los 
santos pies de Su Santidad, y presentó los do- 
nes que Cortés le envió y los indios que traian 
el palo con los pies, Su Santidad lo tuvo en 
mucho, y dijo que daba gracias á Dios, que 
en sus tiempos tan grandes tierras se hubiesen 
descubierto y tantos números de gentes se hu- 
biesen vuelto á nuestra santa fe; y mandó hacer 
procesiones, y que todos diesen gracias por ello, 
á Dios nuestro Señor ; y dijo que Cortés y 
todos sus soldados habíamos hecho grandes 
servicios á Dios primeramente, y al Emperador 
don Carlos, nuestro señor, y á toda la cristian- 
dad, y que éramos dignos de grandes mercedes; 
y entonces nos envió bulas para nos absolver á 
culpa y á pena de todos nuestros pecados, é 
otras indulgencias para los hospitales é igle- 
sias , con grandes perdones ; y dio por muy 
bueno todo lo que Cortés habia hecho en la 



252 BERNÁL DÍAZ. 

Nueva-España , según y como su antecesor el 
Papa Adriano ; y en lo de los diezmos no se si 
le hizo cierta merced ; y escribió á Cortés en 
respuesta de su carta, y lo que en ella se conte- 
nia yo no lo supe , porque , como dicho tengo, 
desde Juan de Herrada y de un soldado que se 
decía Campo , que volvieron dende Roma , al- 
cancé á saber lo que aqui escribió; porque , se- 
gún dijeron, después que hubo estado en Roma 
diez dias, y habían los indios maestros de jugar 
el palo con los pies estado delante de Su San- 
tidad y de los sacros Cardenales , que se holga- 
ron mucho de lo ver , Su Santidad le hizo mer- 
ced al Juan de Herrada de le hacer conde pala- 
tino y le mandó dar cierta cantidad de ducados 
para que se volviese, y una carta dé favor para 
el Emperador nuestro señor , que le hiciese su 
capitán y le diese buenos indios de encomienda. 
Y como Cortés ya no tenia mando en la Nueva- 
España , yno le dio cosa ninguna de lo que el 
Santo Padre mandaba , se pasó al Pirú , donde 
fué capitán. 



CAPITULO CXCV1. 

CÓMO ENTRE TANTO QUE CORTES ESTABA EN CASTILLA 
CON TÍTULO DE MARQUES, VINO LA REAL'ATJDIENCIA 
Á MÉJICO, Y EN LO QUE ENTENDIÓ. 

Pues estando Cortés en Castilla con título de 
marques, en aquel instante llegó la Real au- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 253 

diencia á Méjico , según su majestad la había 
mandado , como dicho tengo en el capítulo que 
dello habla, y por presidente Ñuño de Guzman, 
que solia estar por gobernador en Panuco , y 
cuatro licenciados por oidores; los nombres de- 
llos se decían Matienzo, que era natural de Viz- 
caya ó cerca de Navarra, y Delgadillo, de Gra- 
nada, y un Maldonado, de Salamanca; no es 
este el licenciado Alonso Maldonado el bueno, 
que fué gobernador de Guatimala; y vino un li- 
cenciado Parada, que solia estar en la isla de 
Cuba; y ansí como llegaron estos oidores á Mé- 
jico, después que les hicieron gran recebimien- 
to en la entrada de la ciudad, en obra de quince 
ó veinte dias que habían llegado, se mostraron 
muy justificados en hacer justicia, y traían los 
mayores poderes que nunca á la Nueva-España 
después trujeron vireyes ni presidentes, y era 
para hacer el repartimiento perpetuo, y ante- 
poner á los conquistadores y hacelles muchas 
mercedes, porque ansí se lo mandó su majes- 
tad; y luego hacen saber de su venida á todas 
las ciudades é villas que en aquella sazón esta- 
ban pobladas en la Nueva-España, para que en- 
víen procuradores con las memorias y copias de 
los indios que hay en cada provincia, para ha- 
cer el repartimiento perpetuo, y en pocos dias 
se juntaron en Méjico los procuradores de las 
ciudades é villas y otros conquistadores; y en 
aquella sazón estaba yo en Méjico por procu- 
rador síndico de la villa de Guacacualco, donde 



254 BERNAL DIA2. 

en aquel tiempo era vecino; y como vi lo que el 
presidente y oidores mandaron, fui por la posta 
á nuestra villa para elegir quiénes habían de 
venir por procuradores para hacer el repar- 
timiento perpetuo; y cuando llegué hubo mu- 
chas contrariedades en elegir los que habian 
de venir, porque unos vecinos querían que vi- 
niesen sus amigos, y otros no io consentían, y 
por votos hubimos de salir elegidos el capitán 
Luis Marin y yo. Llegados a Méjico, deman- 
damos todos los procuradores de las más villas 
y ciudades que se habian juntado el reparti- 
miento perpetuo, según su majestad mandaba; 
y en aqueila sazón estaba trastrocado el Ñuño 
de Guzman y el Marienzo y Delgadillo, porque 
los otros dos oidores, que fueron Maldonado y 
Parada, luego que á aquella ciudad llegaron 
fallecieron de dolor de costado; y si allí estu- 
viera Cortés, según hay maliciosos , también le 
infamaran y dijeran que Cortés los habia muer- 
to. Y volviendo á nuestra relación, fué causa 
de les volver el propósito que no hiciesen el 
repartimiento según su majestad mandaba, di- 
jeron muchas personas que lo entendieron muy 
bien, que fué el factor Salazar, porque se hizo 
tan íntimo amigo de Muño de Guzman y de Del- 
gadiilo, que no se hacia otra cosa sino lo que 
mandaba, y tal como el consejo dieron, en tal 
paró todo; y lo que le aconsejaron fué, que no 
hiciesen ei repartimiento perpetuo por vía nin- 
guna; porque, si lo hacían, que no serian tap 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 255 

señores ni los ternian en tanto acato los con- 
quistadores y pobladores, con decir que no les 
podia dar ni quitar más indios de los que enton- 
ces les diese; y de otra manera, que los ter- 
nian siempre debajo de su mano, y podrían 
dar y quitar a quien quisiesen , y serian muy 
ricos y poderosos; y también trataron entre 
el factor y Ñuño de Guzman y Delgadillo 
que fuese el mismo factor á Castilla por la 
gobernación de la Nueva-España para Ñuño de 
Guzman, porque ya sabían que Cortés no te- 
nia tanto favor con su majestad como al princi- 
pio que fue á Castilla , y no se le habían dado, 
por más intercesores que echó ante su majestad 
para que la diesen. Pues ya embarcado el factor 
en una nao que llamaban la Sornosa , dio al 
través con gran tormenta en la costa de Gua- 
cacualco, y se salvo en un batel y volvió á Mé- 
jico, y no hubo efecto su ida á Castilla. Deje- 
"mos desto , y diré en lo que entendieron luego 
que á Méjico llegaron el Ñuño de Guzman y 
Matienzo y Delgadillo, y fué en tomar residen- 
cia al tesorero Alonso de Estrada , la cual dio 
muy buena ; y si se mostrara tan varón como 
creimos que lo fuera , él se quedara por gober- 
nador, porque su majestad no le mandaba qui- 
tar la gobernación; antes, como dicho tengo en 
el capítulo pasado , había venido mandado po- 
cos meses había de su majestad que gobernase 
sólo el tesoreo, y no juntamente con el Gonzalo 
de Sandoval , y dio por muy buenas las enco- 



256 berwal Díaz. 

miendas que había de antes dado, y al Ñuño de 
Guzman no le nombraban en las provisiones 
más de por presidente y repartidor juntamente 
con los oidores ; y demás desto, si se pusiera de 
hecho en tener la gobernación en sí, todos los 
vecinos de Méjico y los conquistadores que en 
aquella sazón estábamos en aquella ciudad le 
favoreciéramos , pues viamos que su majestad 
no le quitaba del cargo que tenia ; y demás 
desto , vimos en el tiempo que gobernó hacia 
justicia y tenia mucha voluntad y buen ce- 
lo de cumplir lo que su majestad manda- 
ba ; y dende á pocos dias falleció de enojo 
dello. Dejemos de hablar en esto, y diré en 
lo que luego entendieron en la audiencia 
Real , y fueron muy contrarios en las cosas 
del Marques ; y enviaron á Guatimala á tomar 
residencia á Jorge de Albarado, y vino un Or- 
duña el viejo, natural de Tordesillas, y lo qu« 
pasó en la residencia yo no lo sé ; y luego le 
pusieron en Méjico muchas demandas á Cortés 
por via del fiscal y el factor Salazar, y ansimis- 
mo le puso otras demandas, y los escritos que 
daba en los estrados era con muy gran desacato 
y palabras muy mal dichas, y que habia hecho 
muchos deservicios á su cesárea majestad, y 
otras muchas cosas feas, y tan malas, que el li- 
cenciado Juan Altamirano, ya por mí otra vez 
nombrado, que era la persona á quien Cortés 
hubo dejado su poder cuando fué á Castilla, se 
levantó en pié, con su gorra quitada, en los mis* 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 257 

mos estrados, y dijo al presidente é oidores con 
mucho acato que suplicaba á su alteza que le 
mandasen al factor que en los escritos que die- 
se, que fuese bien mirado, y que no le consien- 
tan que diga del Marques, pues es buen caba- 
llero y tan grande servidor de vuestra alteza, 
tan malas y feas palabras, é que demande su 
justicia como debe ; y no aprovechó cosa ningu- 
na lo que el licenciado Altamirano allí en los 
estrados les suplicó, porque para otro dia tuvo 
el factor otros más feos escritos ; y fué la cosa, 
según después alcanzamos á saber, que el Ñuño 
de Guzman y el Delgadillo le daban lugar á 
ello en tal manera, que el licenciado Altamira- 
no y el factor, y del presidente é oidores, sobre 
los escritos vinieron á palabras muy feas é sen- 
tidas que entre ellos dijeron, y el Altamirano 
echó mano á un puñal para el factor, y le iba á 
dar si no se abrazara con él Ñuño de Guzman y 
Matienzo y Delgadillo, y luego toda la ciudad 
revuelta, y llevaron preso á las atarazanas al 
licenciado Al'amirano, y al factor á la posada; y 
los conquistadores fuimos al presidente á supli- 
car por el Altamirano, y dende allí á tres dias 
le sacaron de la prisión y los hicimos amigos. 
Y pasemos adelante, que hubo luego otra tor- 
menta mayor, y fué, que en aquella sazón ha- 
bía aportado allí á Méjico un daudo del capitán 
Panfilo de Narvaez, el cual se decía Zavallos, 
que le enviaba dende Cuba su mujer del Panfilo 
de Narvaez, la cual sedecia María de Valenzue- 
33 



2»S BERNAL DIJIZ. 

la, en busca de su marido Narvaez, que había 
ido por gobernador al rio de Palmas, porque 
ya tenia fama que era perdido ó muerto; y trujo 
su poder para haber sus bienes do quiera que; 
los hallase, y también creyendo que habia apor- 
tado á la Nueva-España; y como llegó á Méjico 
este Zavallos, secretamente, según el Zavallos 
dijo y ansí fué fama, el Ñuño de Guzman y el 
Matienzo y Delgadillo le hablaron para que 
ponga demanda y dé queja de todos los conquis- 
tadores que fuimos juntamente con Cortés en 
desbaratar á Narvaez, y se le quebró el ojo y se 
quemó su hacienda, y también demandó la muer- 
te délos que allí murieron; y el Zavallos, dada su 
queja como se lo mandaron, y grandes informa- 
ciones del lo, prendieron á todos los conquista- 
dores que en aquella ciudad nos hallamos, 
que en las probanzas vieron que fueron en ello, 
que pasaron de más do ducientos y cincuenta, 
y á mí también me prendieron, y nos senten- 
ciaron en ciertos j pesos de oro de tipuzque, y 
nos desterraron de cinco leguas de Méjico , y 
luego nos alzaron él destierro , y aún á mu- 
chos de nosotros no nos demandaron el dinero 
de la sentencia , porque era poca cosa; y tras 
esta tormenta, ponen á Cortés otra demanda las 
personas que mal le querían, y fué, que se habia 
alzado con mucha cantidad de oro y joyas y pla- 
ta de gran valia, que se hubo en la toma de Mé- 
jico, y aún la recámara de Guatemqz, y que no 
dio parte del lo á los conquistadores, sino á cosa 



Conquista de ñuéva-españa. 259 

de ochenta pesos, y que en su nombre le envió 
á Castilla, diciendo que servia á su majestad 
con ello, y se quedó con la msyor parte dello, 
que no lo envió todo: y eso que envió, que lo 
robó en el mar un Juan Florín, francés, corsario, 
que fué el que ahorcaron en el Pu»rto Pico, 
como dicho tengo en los capítulos que dello ha- 
blan, y que era obligado el Cortés á pagar todo 
aquello que el Juan Florín robó, y más lo que 
escondió, y le pusieron otras demandas, y en to- 
das le condenaban que lo pagase de sus bienes, 
y se los vendían; y también tuvieron manera y 
concertaron para que un Juan Suarez, cuñado 
de Cortés, demandase públicamente en los es- 
trados, como se lo mandaron, y presentó testi- 
gos cómo y de qué manera dicen que fué su 
muerte; y luego tras esto hubo otros impedi- 
mentos, y fué que, como le pusieron á Cortés la 
demanda que dicho tengo de la recámara de 
Guatemuz, y del oro y plata que se hubo en Mé- 
jico, muchos de los que éramos amigos de Cor- 
tés nos juntamos, con licencia de un alcalde or- 
dinario, en casa de un García Holguin, y firma- 
mos que no queríamos parte de aquellas de- 
mandas del oro ni de la recámara, ni por nues- 
tra parte fuese competido Cortés á que pagase 
ninguna cosa dello, y decíamos que sabíamos 
cierto y claramente que lo enviaba á su majes- 
tad, y lo hubimos por bueno hacer aquel servi- 
cio á nuestro Rey y señor; y como el presidente 
y los oidores vieron que dimos peticiones sobre 



260 BERNAL DÍAZ. 

ello, nos mandaron prender á todos, diciendo 
que sin su licencia no nos habíamos de juntar ni 
firmar cosa ninguna; y como vieron la licencia 
del alcalde , puesto que nos sentenciaron en 
destierro de Méjico cinco leguas, luego nos le 
alzaron , y todavía lo recebíamos por grandes 
molestias y agravios ; y luego tras esto se pre- 
gonó que todos los que venían del linaje de in- 
dios, ó moros que hubiesen quemado ó ensam- 
benitado por la santa Inquisición en* el cuarto 
grado á sus padres ó abuelos, que dentro de seis 
meses saliesen de la Nueva-España, so pena de 
perdimiento de la mitad de sus bienes; y en 
aquel tiempo vieran el acusar que acusaban 
unos á otros, y el infamar que hacían, y no sa- 
lieron de la Nueva-España sino dos. Y para los 
conquistadores, como eran tan buenos y cum- 
plian loque su majestad mandaba, en cuanto 
al dar indios á los que eran verdaderos conquis- 
tadores, á ninguno dejaban de dar indios, éde 
lo que vacaba les hacían muchas mercedes. Lo 
que les echó á perder fué la demasiada licencia 
que daban para hemr esclavos. Pues en lo de 
Panuco se herraron tantos , que casi despo- 
blaron aquella provincia; y el Ñuño de Guz- 
man, que era franco y de noble condición, envió 
en aguinaldo una cédula de un pueblo que se 
dice Guazpaltepeque al contador Albornoz , que 
habia pocos dias que volvió de Castilla é vi- 
no casado con una señora que se decia doña 
Catalina de Loaisa, y aun trujo el Rodrigo de 



CONQUISTA DE KUEVA-ESPANA. 261 

Albornoz dé España licencia de su majestad 
para hacer un ingenio de azúcar en un pueblo 
que se dice Ccmpoal , el cual pueblo en pocos 
años destruyó. Volvamos á nuestro cuento: 
que , como el Ñuño de Guzman hacia aquellas 
franquezas y herraba tantos indios por esclavos, 
é hizo muchas molestias á Cortés ; y del licen- 
ciado Delgadillo decían que hacia dar indios á 
personas que le acudían con cierta renta, y ha- 
cia compañías , y también porque puso por al- 
calde mayor en la villa de Guaxaca á su her- 
mano , que se decia Berrio , y hallaron que el 
hermano llevaba cohechos y hacia muchos 
agravios á los vecinos ; y también se halló que 
en la villa de los zapotecas puso otro teniente, 
que se decia Delgadillo como él , que también 
llevaba cohechos y hacia injusticias, y el licen- 
ciado Matienzo era viejo ; y fueron tantas las 
cosas que dellos decian con probanzas, y aun 
cartas de los Prelados y religiosos , que , vien- 
do su majestad y los del Real consejo de Indias 
las informaciones y cartas que contra ellos fue- 
ron , mandó que luego sin más dilación se qui- 
tase redondamente toda la Real audiencia y los 
castigasen , y pusiesen otro presidente é oido- 
res que fuesen de ciencia y buena conciencia y 
rectos en hacer justicia ; y mandó que luego 
fuesen á la provincia de Panuco á saber qué 
tantos mil esclavos habían herrado , y fué el 
mismo Matienzo por mandado de su majestad, 
que á este viejo oidor hallaron con menos car- 



262 BERNAL DIA¿. 

gos y mejor juez que á los demás; y demás des- 
to, luego se dieron por ningu -ías las cédulas que 
habían dado para herrar esclavos, y se manda- 
ron quebrar todos los hierros con que se her- 
raban, y que dende alli adelante no se hicie- 
sen más esclavos, y aun se mandó hacer memo- 
ria de los que habia en toda la Nueva-España, 
para que no se vendiesen ni se sacasen de una 
provincia á otra; y demás desto , mandó que to- 
dos los repartimientos y encomiendas de indios 
que habia dado el Ñuño de Guzman y los demás 
oidores á deudos y paniaguados y á sus amigos, 
ó á otras personas que no tenían méritos , que 
luego sin ser más oidos se los quitasen , y los 
diesen á las personas que su majestad habia 
mandado que los hubiese. Quiero traer aquí á la 
memoria qué pleitos y debates hubo sobre este 
tornar á quitar los indios de encomienda que ya 
les habia dado él Ñuño de Guzman, juntamente 
con los oidores ; unos alegaban ser conquista- 
dores no lo siendo, é otros pobladores de tantos 
años , y que si entraban y salian en casa del 
presidente é oidores , que era para les servir 
y honrar y acompañar, é hacer lo que por ellos 
les fuese mandado en cosas que fuesen cum- 
plideras al servicio de su majestad , y que no 
entraban en sus casas por criados ni paniagua- 
dos , y cada uno defendía y alegaba lo que 
más á su provecho podia ; y fué de tal manera 
la cosa , que á pocos de los que les habían 
dado los indios , se los tornaron á quitar , sino 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA . 263 

fué á los que diré aqui : el p ueblo de Guazpal- 
tepeque al contador Rodrigo de Albornoz, que 
le hubo enviado el Ñuño de Guzman en agui- 
naldo; y también le quitaron á un Villaroel, ma- 
rido que fué de Isabel de Ojeda , otro pueblo de 
Cornabaca, y también los quitaron á un mayor- 
domo de Ñuño de Guzman , que se decia Ville- 
gas, y á otros deudos y criados de los mismos 
oidores, y otros se quedaron con ellos. Pues co- 
mo se supo esta nueva en Méjico , que vino de 
Castilla, que quitaban redondamente toda la au- 
diencia Real, en lo que entendieron Ñuño de Guz - 
man y Delgadillo y Matienzo fué luego enviar 
procuradores á Castilla para abonar sus cosas 
con probanzas de testigos que ellos quisieron 
tomar como quisieron, para que dijesen que 
eran muy buenos jueces y que bacian lo que su 
majestad les mandaba, y otros abonos que les 
convenia decir para que en Castilla los diesen 
porbuenos jueces. Pues para elegir á las per- 
sonas que habían de ir con los poderes, ansi 
para que procurasen por ellos como para cosas 
que convenían á aquella ciudad y Nueva-Espa- 
ña, y á la gobernación della, mandaron que nos 
juntásemos en la iglesia mayor todos los procu- 
radores que teníamos poder de las ciudades é 
villas, que en aquella sazón nos hallamos en 
Méjico, y con nosotros juntamente algunos con- 
quistadores, personas de cuenta, y por nuestros 
votos quisieron que elijiéramos para que fuese 
procurador á Castilla al factor Salazar ; porque. 



264 BERNA L DIA2. 

como ya he dicho otras veces, puesto que el 
Ñuño de Guzman y el Matienzo y Delgadillo 
hacían algunos desatinos, ya atrás por mí me- 
morados, por otra parte eran tan buenos para 
todos los conquistadores y pobladores , que nos 
daban de los indios que Tacaban; y con esta 
confianza creyeron que votáramos por el factor, 
que era la persona que ellos querían enviar en 
nombre. Pues como nos hubimos juntado en la 
iglesia mayor de aquella ciudad, como nos fué 
mandado, eran tantas las voces y tabaola y be- 
hetría quedaban muchas personas délas que 
no eran llamadas para aquel efeto, que se en- 
traron por fuerza en la iglesia, que, aunque les 
mandábamos salir fuera della, no querían ni 
aun callar; en fin, como cosa de comunidad da- 
ban voces; y como aquello vimos, fuimos á de- 
cir al presidente é oidores que para otro día lo 
dejábamos, y que en casa del mismo presidente, 
donde hacian la Real audiencia, elij i riamos á 
quien viésemos que convenia; y después nos pa- 
reció que solamente querían nombrar personas 
amigas del Ñuño de Guzman y Delgadillo y 
Matienzo; y acordamos se elijiese una persona 
por parte de los mismos Oidores y otra por la 
parte de Cortés; y fueron nombrados, á Bernar- 
dino Yazquez de Tapia por la parte de Cortés, 
y por la parte de los oidores á un Antonio de 
Carvajal, que fué capitán de bergantines; más, 
á lo que entonces á mí me pareció, ansí el Ber- 
nardino Yelazquez de Tapia como el Carvajal 



■ 

CONQUISTA DE NUEVA-E PAÑA. 265 

eran aficionados á las cosas de Ñuño deGuzraan 
mucho más que á las de Cortés, y teman razón, 
porque ciertamente nos hacían más bien y cum- 
plian algo de lo que su majestad mandaba en 
dar indios que no Corte's, puesto que los pudiera 
dar muy mejor que todos en el tiempo que tuvo 
el mando; mas, como somos tan leales los espa- 
ñoles, por haber sido Cortés nuestro capitán le 
teníamos afición, más que él tuvo voluntad de 
nos hacer bien, habiéndoselo mandado su ma- 
jestad, pudiendo cuando era gobernador. Pues 
ya elegidos, sobre los capítulos que habían de 
llevar hubo otras contienda-?; porque decian el 
presidente é oidores que era cumplidero al ser- 
vicio de Dios y de su majestad, y con parecer 
de todos los procuradores, que no volviese Cor- 
tés á la Nueva -España, porque estando en ella 
siempre habría bandos y revueltas, y quedando 
en el la no habría buena gobernación , y por ven- 
tura se alzaría con ella; y todos los más procu- 
radores lo contradecíamos, y que era muy leal y 
gran servidor de su majestad; y en aquella sa- 
zón llegó don Pedro de Albarado á Méjico , que 
habia venido de Castilla y traía la gobernación 
de Guatimala, é adelantado, é comendador de 
Santiago, y casado con una señora que se decía 
doña Francisca de la Cueva, y falleció aquella 
señora así como llegó á la Veracruz. Pues como 
llegó á Méjico, con mucho luto él y sus criados, 
y como entendió los capítulos que enviaban por 
parte del presidente é oidores, túvose orden que 



266 BERÑAL DÍAZ. 

el mismo adelantado, con los demás procurado- 
res, escribiésemos á su majestad todo lo que la 
audiencia Real intentaba; y como fueron los 
procuradores, por mí ya nombrados, á Castilla 
con los recaudos y capítulos que habían de pe- 
dir, y los del Real£onsejo de Indias conocieron 
que todo iba guiado contra Cortés por pasión, 
no quisieron hacer cosa que .conviniese al Ñuño 
de Guzman ni á los demás oidores, porque ya 
estaba mandado por su majestad que de hecho 
les quitasen el cargo; y también en este instan- 
te Cortés estaba en Castilla, que en todo les fu¿ 
muy contrario, é volvía por su honra y estado, 
y luego se apercibió Cortés para venir á la Nue- 
va-España con la señora marquesa su mujer y 
casa; y entre tanto que viene, diré cómo Ñuño 
de Guzman fué á poblar una provincia que se 
-dice Xalisco, é acertó en ello muy mejor que no 
Cortés en lo que envió á descubrir, como ade- 
lante verán. 

CAPITULO CXCV1I. 

CÓMO NUNO DE GUZMAN SUPO POR CARTAS CIERTAS DE 
CASTILLA QUE LE QUITABAN EL CARGO , PORQUE 
HABÍA MA.NDADO SU MAJESTAD QUE LE QUITASEN DE 
PRESIDENTE A EL Y Á LOS OIDORES , Y VINIESEN 
OTR08 EN SU LUGAR , ACORDÓ DE IR Á PACIFICAR Y 
CONQUISTAR LA PROVINCIA DE XALISCO, QUE AGORA 
SE DICE LA NUEVA-GALICIA. 

Pues como Ñuño de Guzman supo por cartas 
Ciertas que le quitaban el cargo de ser presi- 



COftQÜIStA DÉ MJEVA-ÉSPAÑA. 267 

dente á él y á los oidores , é venían otros oido- 
res ; como en aquella sazón todavía era pre- 
sidente el Ñuño de Guzman , allegó todos loa 
más soldados que pudo , asi de á caballo como 
escopeteros y ballesteros , para que fuesen con 
él á una provincia que se dice Xalisco ; y los 
que no querían ir de grado , apremiábalos que 
fuesen, ó por fuerza , ó habían de dar dineros á 
otros soldados que fuesen en su lugar , y si te- 
nían caballos se los tomaban , y cuando mucho, 
no les pagaban sino la mitad menos de lo que 
valían ; y los vecinos ricos de Méjico ayudaron 
con lo que podían , y llevó muchos indios me- 
jicanos cargados y otros de guerra para que le 
ayudasen, y por los pueblos que pasaba con su 
fardaje hacíales grandes molestias ; y fué á la 
provincia de Mechoacan , que por allí era su 
camino , y tenian los naturales de los pueblos 
de aquella provincia , de los tiempos pasados, 
mucho oro , é aunque era bajo , porque estaba 
revuelto con piala , le dieron cantidad dello; 
y porque el Cazonci era el mayor cacique de 
aquella provincia , que asi se llamaba , no le 
dio tanto oro como le demandaba el Ñuño 
de Guzman , le atormentó y le quemó los pies, 
y porque le demandaba indios é indias para su 
servicio , y por otras trancanillas que se le 
levantaron al pobre cacique, lo ahorcó, que fué 
una de las más malas é feas' cosas que presiden- 
te ni otras personas podían hacer , y todos los 
que iban en su compañía se lo tuvieron á mal é 



268 BERNAL DÍAZ. 

crueldad; y llevó de aquella provincia muchos 
indios cargados hasta donde pobló la ciudad que 
agora llaman de Compostela, con harta costa de 
la hacienda de su majestad y de los vecinos de 
Méjico, que llevó por fuerza; y porque yo no me 
liallé en acuesta jornada, se quedará aquí; más 
cierto que Cortés ni el Ñuño de Guzman jamas 
se hubieron bien; y también sé que siempre se 
estuvo en aquella provincia el Ñuño de Guzman 
hasta que su majestad mandó que enviasen 
por él á Xalisco á su costa, y le trujeron preso 
á Méjico á dar cuenta de las demandas y sen- 
tencias que contra él dieron en la Real audien- 
cia que nuevamente en aquella sazón vino, y 
le prendiesen á pedimiento de Matienzo , y 
Delgadillo. Quiérolo dejar en este estado, y di- 
ré cómo liego la Real audiencia á Méjico, y lo 
que hizo 

CAPITULO CXCVI1I. 



CÓMO LLEGÓ l A REAL AUDIENCIA A MÉJICO, Y LOQUE SE 
HIZO. 



Ya he dicho en el capítulo pasado cómo su ma- 
jestad mandó quitar toda la Real audiencia de 
Méjico, y dio por ningunas las encomiendas 
de indios que habían dado el presidente é oído- 



CONQUISTA I)K NUEVA-ÉSPANA. 269 

res que en ella residían; porque los daban á sus 
deudos y paniaguados y á otras personas que 
no tenían méritos; y mandó su majestad que 
se los quitasen y los diesen á los conquista- 
dores que estaban con pobres repartimientos; 
y porque tuvieron noticia que no hacian jus- 
ticia ni cumplieron sus Reales mandatos ; é 
mandó venir otros oidores que fuesen de cien- 
cia y conciencia , y les encargó que en todo 
hiciesen justicia, y por presidente vino don Se- 
bastian Ramírez de Villaescusa , que en aquella 
pazon era Obispo de Santo Domingo , y cuatro 
licenciados por oidores , que se decían el licen- 
ciado Alonso Maldonado de Salamanca , y el 
licenciado Zainos , de Toro ó de Zamora , y el 
licenciado Vasco de Quiroga, de Madrigal , que 
después fué Obispo de Mechoacan , y ei licen- 
ciado Salmerón, de Madrid; y primero llegaron 
á Méjico los oidores que llegase el Obispo de 
Santo Domingo; y se les hizo dos grandes rece- 
bimicntos, asi á los oidores, que vinieron prime- 
ro, como ai presidente, que vino de ahí á pocos 
días; y luego mandaron pregonar residencia ge- 
neral, y de todas las ciudades y villas vinieron 
muchos vecinos y procuradores, y aun caciques 
y principales , y dieron tantas quejas del pre- 
sidente é oidores pasados , de agravios y cohe- 
chos é injusticias que les habían hecho, que es- 
taban espantados el presidente é oidores que 
)r s tomaban la residencia. Pues los procurado- 
res de Cortés les ponen tantas demandas de los 



270, BERNA L DÍAZ. 

bienes é hacienda que les hicieron, vender en las 
almonedas , como dicho tengo antes de agora, 
que si todo en lo que les condenaban hubieran 
de pagar , montaba sobre ducientos mil pesos 
de oro. Y como el Ñuño de Guzman estaba en 
Xalisco , é no quería venir á la Nueva-España 
á dar su residencia , respondía el Delgadillo y 
Matienzo en la residencia que les tomaban, que 
todas aquellas demandas que les ponían eran 
á cargo del Ñuño de Guzman , que como pre- 
sidente lo mandaba de hecho , y no eran á su 
cargo, y que mandaren enviar por él, que venga 
á Méjico á descargarse de los cargos que le po- 
nen; y puesto que ya habia enviado á Xalisco 
la Real audiencia provisiones para que parecie- 
se personalmente en Méjico, no quiso venir; y 
el presidente é oidores, por no alborotar la 
Nueva-España, disimularon la cosa, y hacen 
saber dello á su Majestad, y luego enviaron 
sobre ello el Real consejo de Indias á un licen- 
ciado que se decia Fulano de la Torre, el cual 
decían que era natural de Badajoz, para que le 
tomase residencia en la provincia de Xalisco y 
para que le traiga preso á Méjico y que le eche 
preso en la cárcel pública; y trujo comisión 
para que nos pagase el Ñuño de Guzman todo 
en lo que nos sentenció á las conquistadores so- 
bre lo de Narvaez, y lo de las firmas cuando 
nos echaron presos, como dicho tengo en el ca- 
pítulo pasado que dello habla, y dejaré aperci- 
biendo á este licenciado de la Torre para venir 



COWQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 271 

á la Nueva-España, y diré en qué paró la re- 
sidencia. Y es, que al Delgadillo y Matienzo 
les vendieron sus bienes para pagar las senten- 
cias que contra ellos dieron , y los echaron 
presos en la cárcel pública por lo que más de- 
bían, que no alcanzó á pagar con sus bienes; y á 
un hermano de Delgadillo, que se decia Berrio, 
que estaba por alcalde mayor en Guaxaca, 
hallaron contra él tantos agravios y cohechos 
que habia llevado, que le vendieron sus bie- 
nes para pagar á quien los había tomado, y 
le echaron preso por lo que no alcanzaba, 
y murió en la cárcel: y otro tanto hallaron 
contra otro pariente de Delgadillo que estaba 
por alcalde mayor en los zapotecas, que tr ra- 
bien se llamaba Delgadillo, como el pariente, 
y murió en la cárcel ; y ciertamente eran 
tan buenos jueces y rectos en hacer justi- 
cias los nuevamente venidos, que no entendían 
sino solamente en hacer lo que Dios y su majes- 
tad manda, y en que los indios conociesen que 
les favorecían y que fuesen bien doctrinados en 
la santa doctrina; y demás deslo, luego quita- 
ron que no se herrasen esclavos, y hicieron 
otras buenas cosas; y como el licenciado Salme- 
rón y el licenciado Zainos eran viejos, acorda- 
ron de enviar á demandar licencia á su majes- 
tad para ee ir á Castilla, porque ya habian esta- 
do cuatro años en Méjico y estaban ricos y ha- 
bian servido bien en los cargos que habian traí- 
do, é su majestad les envió licencia, después de 



272 BEHNAL DÍAZ. 

haber dado residencia, que dieron muy buena; 
pues el presidente don Sebastian Ramírez, 
Obispo que en aquella sazón era de Santo Do- 
mingo, también fué á Castilla, porque su ma- 
jestad le envió á llamar para se informar del de 
cosas de la Nueva-España y para ponelle por 
presidente de la cnancillería Real de Granada; y 
desde cierto tiempo lo pasaron á la de Valla- 
dolid y le dieron el obispado de Tuy; y dende á 
pocos dias vacó el de León, y se le dieron, y era 
presidente, como dicho tengo, en la cnancillería 
de Valladolid, y en aquel instante vaco el obis- 
pado de Cuenca, y se le dieron. Por manera que 
se alcanzaban unas bulas de los obispados á 
otras, y por ser buen juez vino á subir en el 
estado que he dicho; y en esta sazón vino la 
muerte á llamarle , y paréceme á mí, según 
nuestra santa fe, que está en la gloria con 
los bienaventurados, porqué, á lo que conocí y 
comuniqué con él cuando era presidente en Mé- 
jico, en todo era muy recto y bueno, y como tal 
persona, habia sido, antes que fuese Obispo de 
Santo Domingo, inquisidor en Sevilla. Volva% 
mos á nuestra relación, y diré del licenciado 
Alonso Maldonado, que su majestad le mandó 
que viniese á ia provincia de Guatimala é Hon- 
duras é Nicaragua por presidente y gobernador, 
y en te&d fué muy bueno y recto juez y gran 
servidor de su majestad, y aun tuvo título de 
adelantado de Yucatán por capitulación que 
tuvo hecha con su suegro don Francisco de Mon- 



\ .. 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 273 

tejo. Pues el licenciado Quiroga fué tan bueno, 
que le dieron el obispado de Mechoacan. Deje- 
mos de contar destos prosperados por sus vir- 
tudes, y volvamos á decir del Delgadillo y Ma- 
ticnzo, que fueron á Castilla y á sus tierras muy 
pobres, y no con buenas famas; y dende á dos 
ó tres años dijeron que murieron, é ya en esta 
sazón habia su majestad mandado que viniese á 
la Nueva-España por visorey el ilustrísirao y 
buen caballero, é digno de loable memoria, don 
Antonio de Mendoza, hermano del marques de 
Mondejar; y vinieron por oidores el doctor Que- 
sada, natural de Lesdema, y eí licenciado Te- 
jada, de Logroño, y aun en aquel tiempo estaba 
por oidor el licenciado Maldonado, que aun no 
habia ido á ser presidente de Guatimala; y tam- 
bién vioo por oidor un licenciado que se decia 
Loaysa, natural de Ciudad-Real, y como era 
hombre viejo, estuvo tres ó cuatro años en Mé- 
jico, y allegó pesos de oro para irse á Castilla y 
se volvió á su casa; y de ahí á poco tiempo vino 
un licenciado de Sevilla, que se decia Santilla- 
na, que después fué doctor, y todos fueron 
muy buenos jueces; y después que se les hizo 
grandes recebimientos en la entrada de aquella 
ciudad, se pregonó residencia general contra el 
presidente é oidores pasados, y todos los halla- 
ron muy rectos y buenos, y usaron de sus car- 
gos conforme ajusticia. Y volviendo á nuestra 
relación cerca del Ñuño de Guzman, que se es- 
taba en Xalisco, y como el virey doq Antonio 
35 



274 BERNAL DIA.Z. 

de Mendoza alcanzó á saber que su majestad 
mandó venir al licenciado de la Torre á tomalle 
residencia en Xalisco y echalle preso en la cár- 
cel pública, y hacerle que pagase al marques 
del Valle lo que se hallase deberle, y á los con- 
quistadores también nos pagase en lo que nos 
sentenció sobre lo de Narvaez, por hacerle bien 
y porque no fuese molestado y afrentado, le 
envió á llamar que viniese luego á Méjico sobre 
su palabra, y le señaló por posada sus pala- 
cios; y el Ñuño de Guzman así lo hizo, que se 
vino luego; y el virey le hacia mucha honra y le 
favorecía, y comia con él; y en este instante lle- 
gó á Méjico el licenciado de la Torre, y como 
traia mandado de su majestad que luego echase 
preso á Ñuño de Guzman y que en todo hiciese 
justicia, puesto que primero lo comunicó con el 
tirey , y parece ser no halló tanta voluntad 
para ello como quisiera, acordó de le sacar de 
la posada del virey, á do estaba; y decia á vo- 
ces: «E.-to manda su majestad; ansí se hade 
hacer, y no otra cosa;» y lo llevó á la cárcel 
. jntblica de aquella cindod, y estuvo preso cier- 
tos dias, hasta que rogó por él el virey, que 
le sacaron de la cárcel ; y como conocieron en 
et de la" Torre que traia recios aceros para no 
dejar de ejecutar la justicia , y tomar residen- 
cia muy á las derechas al Ñuño de Guzman ; y 
como la malicia humana muchas veces no deja 
cosa en qué pueda infamar que no infame, 
parece ser que , como el licenciado de la Tor- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 275 

re era algo aficionado al juego , especial de 
naipes; puesto que no jugaba sino al triunfo, é 
á la primera por pasatiempo, quien quiera que 
fué, por parte de Ñuño de Guzman, como en 
aquel tiempo se usaban traer unos tabardos con 
mangas largas, especial los juristas, metieron 
en una de las mangas del tabardo del licenciado 
de la Torre una baraja de naipes de los chinos, 
y ataron la manga de arte que no se pudiesen 
salir en aquel instante; é yendo el licenciado 
por la plaza de Méjieo, acompañado de perso- 
nas de calidad, quien quiera que fué en metelle 
los naipes, tuvo manera que se le desató, é sa- 
liéronsele los naipes pocos á pocos, y dejó ras- 
tro dellos en el suelo en la plaza por donde iba, 
é las personas que le iban acompañando, desque 
vieron salir de aquella manera los naipes, se lo 
dijeron, que mirase lo que traia en la manga 
del tabardo; y cuando el licenciado vio tan 
grande burla dijo con grande enojo: «Bien pa- 
rece que no quieren que haga yo justicia á las 
derechas; mas si no me muero, yo la haré de 
manera que su majestad sepa deste desacato' 
que conmigo se ha hecho;» y dende á pocos 
días cayó malo, y de pensamiento dello ó de 
otras cosas, de calenturas que le ocurrieron 
murió. 



276 BEftNAl DÁtZ. 

CAPITULO CXCIX, 



CÓMO VIÜO DON FERNANDO CORTES, MARQUES DfcL VA- 
HE, DE ESPAÑA, CASADO CON DONA MARÍA DE ZU- 
NK5A. CON TITULO DE MARQUES DEL VALLE Y CAPI- 
TÁN GEÍSÉRAL DE LA NUEVa-ESPAÑA Y DE LA MAR 
DEL SUR; Y CÓMO TRUJO CONSIGO AL PADRE FRAY 
JUAN LEGUIZAMto Y OTROS ÓNClE FRAILES DE LA 
MERCED, Y DEL RECEBIMIENTO QUE SE LE HIZO. 



Como habia mucho tiempo que Cortés estaba 
en Castilla, é ya casado, como dicho tengo, y 
con título de marques y capitán general dé la 
Nueva-España y de la mar del Sur, tuvo gran 
deseo dése volver á la Nueva-España á su casa 
y estado é tomar posesión de su marquesado; y 
como supo que estaban las cosas en Méjico en 
el estado que he referido, de lá manera ya por 
mí dicha, se dio priesa, é se embarcó con toda 
su casa, é trujo en su compañía doce frailes de 
la Merced para que llevasen adelante lo que 
habia dejado empezado fray Barlolomé, $8t por 
mí memorado, y los que después del fueron, y 
estos de ahora no eran menos virtuosos é bue- 
nos que los otros; que se los dio por tales á 
Cortés el general de la Merced por manda lo del 
consejo de las Indias, é venia por cabeza dellos 
un fray Juan de Leguizamo, vizcaíno, buen le- 



CONQUISTA bfe NUEVÁ-K8PANA. 277 

trado y santo, según decían, y con él se confe- 
saba el marques y la marquesa; é como dicho 
he, embarcáronse todos, é con buen tiempo que 
leshtéo en la mar, llegó Cortés con los suyos, 
menos un fraile de los doce, que se murió á po- 
cos días de embarcación al puerto de la Vera- 
cruz, é se hizo recebimiento, mas no con la sole- 
nidad que solia; y luego se fué por ciertas villas 
de su marquesado; y llegado á Méjico, se le 
hizo otro recebimiento; y en lo que entendió fué 
en presentar sus provisiones de marques y ha- 
cerse pregonar por capitán de la Nueva-España 
y del mar del Sur, y demandar al viso-rey y au- 
diencia Real que le contasen sus vasallos de la 
manera que él pensó; y esto me parece á mí 
que vino mandado de su majestad para que se 
los contase; porque, á lo que y© entendí, cuan- 
do le dieron el marquesado demandó á su ma- 
jestad que le hiciese merced de ciertas villas y 
pueblos con tantos mil vecinos tributarios; y 
porque esto yo no losé bien, remítom^ álos ca- 
balleros é otras personas que lo saben mejor, y 
á los pleitos que sobre ello se han traído; por- 
que tenia el marques en el pensamiento, cuando 
demandó á su majestad aquella merced de 
los vasallos, que se habia de contar cada casa 
de vecino ó cacique ó principal de aquellas 
villas por un tributario , como si dijésemos 
ahora que no se habían de contar los hijos va- 
rones que eran ya casados, ni yernos, ni otros 
muchos indios que estaban en cada casa en ser- 



278 BERNA l Díaz. 

vicio del dueño della, sino solamente cada veci- 
no por un tributario, ora tuviese muchos hijos 
ó yernos ó <Hros allegados criados; y la audien- 
cia Real de Méjico proveyó que lo fuese á con- 
tar un oidor de la misma Real audiencia, que se 
decia el doctor Quesada, y comenzó á contar 
desta manera: el dueño de cada casa por un 
tributario , y si tenían hijos de edad , cada 
hijo un tributario, y si tenia yernos, cada yerno 
un tributario, y los indios que lenia en su ser- 
vicio, aunque fuesen esclavos, cada uno conta- 
ban por un tributario. Por manera que en 
muchas de las casas contaban diez y doce 
y quince tributarios; y Cortés tenia por sí, y 
asi lo proponía, y demandó á la Real audien- 
cia queseada casa era un vecino y se Tiabia 
de contar solo un tributario; y si cuando el 
marques suplicó á su majestad le hiciese 
merced del marquesado, le declarara que le 
diera tal villa y tal villa con los vecinos y mo- 
radores que tenia, su majestad le hiciera mer- 
ced dellas; y el marques creyó y tenia por 
cierto que demandando los vasallos que acer- 
taba en ello, y salió al contrario. Por manera 
que nunca le faltaron pleitos, y á esta causa es- 
tuvo mal con !as cosas del doctor Quesada, que 
se los fué acontar, y aun con el vieo-rey y audien- 
cia Real no le faltaron cosquillas, y se hizo re- 
lación delío á su majestad por parte de la Real 
audiencia, para saber de la manera que habían 
de contar; y se estuvo suspenso el contar de los 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAN A . 279 

vasallos ciertos años, que siempre el marques 
Hevó sus tributos dellos sin haber cuenta. Vol- 
vamos á nuestra materia: como osto pasó, de 
ahí á pocos dias se fué desde Méjico á una villa 
de su marquesado, que se diceCornabaca, y lle- 
vó á la marquesa, é hizo allí su asiento, que 
nunca más la trujo á la ciudad de Méjico. Y do- 
mas desto, como dejó capitulado con la serení- 
sima Emperatriz doña Isabel, nuestra señora, de 
gloriosa memoria, y con los del Real consejo de 
Indias, que habia de enviar armadas por la mar 
del Sur á descubrir islas y tierras, y todo á su 
costa, comenzó á hacer navios en un puerto de 
una su villa, que era en aquel tiempo del mar- 
quesado, que se dice Teguantepeque, y en otros 
puertos de Zacatulay Acapulco; y las armadas 
que envió diré adelante, que nunca tuvo ventu- 
ra en cosa que pusiese la mano, sino todo se le 
tornaba espinas y se le hacia mal; muy mejor 
acertó Ñuño de Gazman, como adelante diré. 



CAPITULO CC. 



DÉLOS GASTOS QUE EL MARQUES DON HERNANDO COR- 
TES HIZO EN LAS ARMADAS QUEEWIÓ Á DESCUBRIR, 
Y CÓMO EN TODO L<> DEMÁS NO TUVO VENTURA; E HE 
MENESTER VOLVER MUCHO ATRÁS DE MI RELACIÓN 
PARA QUE BIEN SE ENTIENDA LO QUE AHORA DIJERE. 

En el tiempo que gobernaba la Nueva-Espa- 
ña Marcos de Aguilar por virtud del poder que 



¿80 



BERHAL DÍAZ. 



para ello le dejó el licenciado Luis Ponce de 
León al tiempo que falleció , según ya lo he 
declarado muchas veces antes que Cortés fuese 
á Castilla , envió el mismo marques del Valle 
cuatro navios que habia labrado en una provin- 
cia que se dice Zacatula , bien bastecidos de 
bastimento y artillería, con buenos marineros y 
con ducientos y cincuenta soldados , y mucho 
rescate de cosas de mercería de Castilla , y todo 
lo que era menester de vituallas y pan bizcocho 
para más de un año , y envió en ellos por capi- 
tán general á un hidalgo que se decia Albarado 
de Saavedra ; fué* su viaje y derrota para las 
islas de los Malucos y Especería ó la China , y 
este fué por mandado de su majestad , que se lo 
hubo escrito á Cortés desde la ciudad de Grana- 
da en 22 de Junio de 1526 años ; y porque Cor- 
tés me mostró la misma carta á mí y á otros 
conquistadores que le estábamos teniendo com- 
pañía , lo digo y declaro aquí ; y aun le mandó 
su majestad á Cortés que á los capitanes que 
enviase , que fuesen á buscar una armada que 
habia calido de Castilla para la China , é iba en 
ella por capitán un frey don García de Loaysa, 
comendador de San Jüáft de Rodas ; y en está 
sazón que se apercebia el Saavedra para el via- 
je, aportó á la costa de Guantepeque un pata- 
che, que era de los que habían salido de Cas- 
tilla con la armada del mismo comendador que 
dicho tengo , y venia en el mismo patache por 
capitán un Ortuño de Lango , natural de Por- 



CONQUISTA DE NUEVA-E PAÑA. 281 

tugalete; del cual dicho capitán y pilotos que 
en el patache venían se informó el Alvaro de 
Saavedra Cerón de todo lo que quiso saber, 
y aun llevó en su compañía á un piloto y á 
dos marineros, y se lo pagó muy bien t porque 
volviesen otra vez con él, y tomó plática de to- 
do el viaje que habían traído y de las derrotas 
que habían de llevar; y después de haber dado 
las instrucciones y avisos que los capitanes y 
pilotos que van á descubrir suelen dar en sus 
armadas, después de haber oido Misa y enco- 
mendádose á Dios , se hicieron á la vela en el 
puerto- de Esguatanejo, que es la provincia de 
Colima ó Zacatula, que no lo sé bien, y fué en el 
mes de Diciembre en el año de 1527 ó 28, y qui- 
so Nuestro Señor Jesucristo encaminalles, que 
fueron á los Malucos é á otras islas; y los tra- 
bajos y hambres y dolencias que pasaron, y aún 
muchos que se murieron en aquel viaje, yo no 
lo sé; mas yo vi dende á tres años en Méjico á 
un marinero de los que habían ido con el Saa- 
vedra, y contaba cosas de aquellas islas y ciu- 
dades donde fueron , que yo me estaba admira- 
do; y estas son las tierras é islas que ahora van 
desde Méjico con armada á descubrir y tratar; y 
aún oí decir que los portugueses que estaban 
por capitanes en ellas, que prendieron al Saa- 
vedra ó á gente suya y que los llevaron á Cas- 
tilla, ó que tuvo dello noticia su majestad ; y 
como há tantos años que pasó y yo no me hallé 
en ello, más de, como tengo dicho, haber visto 
36 



282 BERNA I^DIAZ. 

la carta que su majestad escribió á Cortés, en 
esto no diré más. Quiero decir ahora cómo en 
el mes de Mayo de 1532 años, después que Cor- 
tés vino de Castilla, envió desde el puerto de 
Acapulco otra armada con dos navios bien bas- 
tecidos con todo genero de bastimentos y mari- 
neros , los que eran menester, y artillería y 
rescate, y ochenta soldados escopeteros y ba- 
llesteros, y envió por capitán general á un Diego 
Hurtado de Mendoza; y estos dos navios envió 
á descubrir por la costa del Sur á buscar islas 
y tierras nuevas; y la causa dello es, porque, 
como dicho tengo en el capítulo que dello ha- 
bla, así lo tenia capitulado Cortés con los del 
Real consejo de Indias cuando su majestad se 
fué á Flandes. Y volviendo á decir del viaje de 
los dos navios, fué que, yendo el capitán Hurta- 
do sin ir á buscar islas ni se meter mucho en la 
mar ni hacer cosa que de contar sea, se aparta- 
ron de su compañía amotinados más de la mitad 
de los soldados que llevaba con él un navio; y 
dicen que ellos mismos, por concierto que entre 
el capitán y los amotinados se hizo, fué dalles 
el navio en que iban para volver á la Nueva- 
España; mas nunca tal es de creer, que el capi- 
tán les diera licencia, sino que ellos se la toma- 
ron; é ya que daban vuelta los amotinados, les 
hizo el tiempo contrario y les echó en tierra, 
y fueron á tomar agua, y con mucho trabajo 
vinieron á Xalisco, y dieron nuevas dello, y 
desde allí voló la nueva á Méjico, de lo cual le 



COHQUISTA DE NUEVA-E8PANA 283 

pesó mucho á Cortés; y el Diego Hurtado cor- 
rió siempre la costa, y nunca se oyó decir 
más del ni del navio, ni jamas pareció. Quiero 
dejar de decir desta armada , pues se per- 
dió; y diré eómo Cortés luego despachó otros 
dos navios que estaban ya hechos en el puer- 
to de Guantepeque, los cuales basteció muy 
cumplidamente, asi de pan como de carne, 
y todo lo necesario que en aquel tiempo se 
pudo haber, y con mucha artillería y buenos 
marineros , y setenta soldados y cierto res- 
cate , y por capitán dellos á un hidalgo 
que se decia Diego Becerra de Mendoza, de 
los Becerras de Badajoz ó Mérida; y fué en 
el otro navio por capitán un Hernando de 
Grijalva, y este Grijalva iba debajo de la mano 
deste Becerra; y fué por piloto mayor un vizcaí- 
no que se decia Ortuño Jiménez, gran cosmó- 
grafo ; y Cortés mandó á Becerra que fuese por 
la mar en busca del Diego Hurtado, y si no le 
hallase, se metiese en mar alta, y buscasen islas 
y tierras nuevas, porque babiafama de ricas is- 
las de perlas ; y el piloto Ortuño Jiménez cuan- 
do estaba platicando con otros pilotos en las 
cosas de la mar, antes que partiese para aquella 
jornada, decia y prometía de les llevar á tierras 
bien afortunadas de riquezas, que así las llama- 
ban, y decían tantas cosas, cómo serian todos 
ricos, que algunas personas lo creían ; y después 
que salieron del puerto de Guantepeque, la pri- 
mera noche se levantó un yicpto contrario, quo 



2§4 BERNAL DÍAZ. 

apartó los dos navios el uno del otro, que nunca 
más se vieron \ y bien se pudieran tornar á jun- 
tar, porque luego hizo buen tiempo, salvo que 
el Hernando de Grijalva, por no ir debajo de la 
mano de Becerra, se hizo luego á la mar y se 
apartó con su navio, porque el Becerra era muy 
soberbio y mal acondicionado ; y en tal paró, 
según adelante diré; y también se apartó el 
Hernando de Grijalva porque quiso ganar honra 
por sí mismo si descubria alguna buena isla, y 
metióse dentro en la mar más de ducientas le- 
guas , y descubrió una isla que le puso nom- 
bre Santo Tome, y estaba despoblada. De- 
jemos á Grijalva y á su derrota, y volveré á 
decir lo que le acaeció al Becerra con el pi- 
loto Ortuño Jiménez : es que riñeron en el 
viaje, y como el Becerra iba malquisto con to- 
dos los más soldados que iban en la nao, concer- 
tó el Ortuño, con otros vizcaínos marineros y 
con los soldados con quien habia tenido palabras 
el Becerra , de dar en él una noche y matarle, y 
así lo hicieron, que estando durmiendo le despa- 
charon al Becerra y á otros soldados ; y si no 
fuera por dos frailes franciscos que iban en aque- 
lla armada , que se metieron en despartillos, 
más males hubiera ; y el piloto Jiménez con sus 
compañeros se alzaron con el navio , y por rue- 
go de los frailes les fueron á echar en tierra de 
Xalisco, así á los religiosos como á otros heri- 
dos ; y el Ortuño Jiménez dio vela , y fué á una 
isla que la puso nombre Santa-Cruz , donde di- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 205 

jeron que habia perlas y estaba poblada de in- 
dios como salvajes ; y como saltó en tierra para 
tomar agua , y los naturales de aquella bahía ó 
isla estaban de guerra , los mataron , que no 
quedaron salvo los marineros que quedaban en 
el navio ; y como vieron que todos eran muer- 
tos , se volvieron al puerto de Xalisco con el na- 
vio, y dieron nuevas de loacaecido, y certificaron 
que la tierra era buena y bien poblada y rica de 
perlas; y luego fué esta nueva á Méjico, y como 
Cortés lo supo, hubo gran pesar de lo acaecido; 
y como era hombre de corazón que no reposaba, 
con tales sucesos acordó de no enviar más capi- 
tanes , sino ir él en persona ; y en aquel tiempo 
tenia sacados de astillero tres navios de buen 
porte en el puerto de Guantepeque ; y como le 
dieron las nuevas quehabia perlas adonde mata • 
ron al Ortuño Jiménez, y porque siempre tuvo en 
pensamiento de descubrir por la mar del Sur 
grandes poblaciones, tuvo voluntad de lo irá po- 
blar, porque así lo tenia capitulado con la sere- 
nísima Emperatriz doña Isabel, de gloriosa me- 
moria , como ya dicho tengo, y los de Real con- 
sejo de Indias, cuando su majestad pasó á Flan- 
des; y como en la Nueva-España se supo que el 
Marques iba en persona , creyeron que era á 
cosa cierta y rica , y viniéronle á servir tantos 
soldados , así de á caballo y otros arcabuceros 
y ballesteros, y entre ellos treinta y cuatro ca- 
sados , que se le juntaron por todos sobre tre- 
cientas y veinte personas , con las mujeres ca- 



286 BERNAL DÍAZ. 

sadas ; y después de bien bastecidos Jos navios 
de mucho bizcocho y carne y aceite , y aun di- 
jeron vino y vinagre y otras cosas pertenecien- 
tes para bastimento ; y llevó mucho rescate y 
tres herreros con sus fraguas y dos carpinteros 
de ribera con sus herramientas, y otras muchas 
cosas que aquí no relato por no me detener, y 
con buenos y expertos pilotos y marineros, 
mandó que los que se quisiesen ir á embarcar 
al puerto de Guantepeque , donde estaban los 
tres navios , que se fuesen, y esto por no llevar 
tanto embarazo por tierra ; y él se fué desde 
Méjico con el capitán Andrés de Tapia y otros 
capitanes y soldados, y llevó clérigos y religio- 
sos que le decían Misa , y llevó médicos y ciru- 
janos y botica ; y llegados al puerto" adonde se 
habían de hacer á la vela , ya estaban allí los 
tres navios que vinieron de Guantepeque ; y 
como todos los soldados se vinieron juntos, con 
sus caballos y á pié , Cortés se embarcó con los 
que le pareció que podrían ir de la primera 
barcada hasta la isla ó bahía que nombraron de 
SaDta-Cruz , adonde decían que había perlas; y 
como Cortés llegó con buen viaje á la isla, 
que fué en el mes de Mayo de 1536 ó 7 años, 
que ya no me acuerdo , y luego despachó los 
navios para que volviesen los demás solda- 
dos y mujeres casadas , y caballos que que- 
daban aguardando con el capitán Andrés de 
Tapia, y luego se embarcaron, y alzadas velas, 
yendo por su derrota, dióles un temporal que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 287 

les echó cabe un gran rio, que le pusieron nom-f 
bre fcan Pedro y San Pablo ; y asegurado el 
tiempo, volvieron á seguir su viaje, y dióles otra 
tormenta que les despartió á todos tres navios, 
y el uno dellos fué al puerto de Santa-Cruz, 
adonde Cortés estaba, y el otro fué á encallar y 
dar al través en tierra de Xalisco ; y los soldados 
que en él iban estaban muy descontentos del 
viaje , y de muchos trabajos , se volvieron á la 
Nueva-España, y otros se quedaron en Xalisco; 
y el otro navio aportó á una bahía que llamaron 
el Guayabal ; y pusiéronle este nombre porque 
habia allí mucha fruta que llaman guayabas; y 
como habian dado el través , tardaban tanto y 
no acudían donde Cortes estaba , y les aguarda- 
ban por horas , porque se les habian acabado 
los bastimentos ; y en el navio que dio al través 
en tierra de Xalisco iba la carne y bizcocho y 
todo el más bastimento; á esta causa estaban muy 
congojosos así Cortés como todos los soldados, 
porque no tenían qué comer; y en aquella tierra 
no cojen los naturales del maíz , que son gente 
salvaje y sin policía , y lo que comen es frutas 
de las que hay entre ellos , y pesquerías y ma- 
riscos , y de los soldados que estaban con Cor- 
tés, de hambres y de dolencias se murieron veinte 
y tres , y muchos más estaban dolientes , y 
maldecían á Cortés y á su isla y bahía y descubri- 
miento; y cuando aquello vio , acordó de ir en 
persona con el navio que allí aportó , y con cin- 
cuenta soldados y con dos herreros y carpinte- 



BEKNAL DÍAZ. 



ros y tres calafates , en busca de los otros dos 
navios f porque por los tiempos y vientos que 
habían corrido , entendió que habían dado al 
través; é yendo en busca dellos, halló al uno en- 
callado , como dicho tengo , en la costa de Xa- 
lisco, y sin soldados ningunos , y el otro estaba 
cerca de unos arrecifes , y con gran trabaja y 
con tornallos á aderezar y calafatear, volvió á 
la isla de Santa-Cruz con sus tres navios y bas- 
timento , y comieron tanta carne los soldados 
que lo aguardaban , que como estaban debilita- 
dos de no comer cosas de sustancia de muchos 
dias atrás , les dio cámaras y tanta dolencia, 
que se murieron la mitad dellos , y por no ver 
Cortés delante de sus ojos tantos-males , fué á 
descubrir á otras tierras , y entonces toparon 
con la California , que es una bahia ; y como 
Cortés estaba tan trabajado y flaco , deseábase 
volver á la Nueva-España ; sino que de empa- 
cho , porque no dijesen del que habia gastado 
gran cantidad de pesos de oro , y no habia to- 
pado tierras de provecho ni tenia ventura en 
cosa que pusiese la mano, y que eran maldicio- 
nes de los soldados y conquistadores verdaderos 
de la Nueva-España , á este efeto no se iba ; y 
en aquel instante, como la marquesa doña Jua- 
na de Zúñiga, su mujer, no sabia ningunas nue- 
vas , más que habia dado al través un navio en 
la costa de Xalisco, estaba muy penosa, creyen- 
do no se hubiese muerto ó. perdido; y luego en- 
vió en su busca dos navios , los cuales uno de- 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 289 

líos fué en que había vuelto á la Nueva-España 
el Grijalva , que había ido con el Becerra , y el 
otro navio era nuevo, que lo acabaron de labrar 
en Guántepegue ; los cuáles dos navios carga- 
ron de bastimento lo que en aquella sazón pu- 
dieron haber , y envió por capitán de) los á un 
fulano de Ulloa, y escribió muy afectuosamente 
al marques , su marido , con palabras y ruegos 
que luego se volviese á Méjico á su Estado y 
marquesado, y que mirase los hijos é hijas que 
tenia, y déjase de porfiar más con la fortuna, y 
se Contentase con los heroicos hechos y fama 
que en todas partes hay de su persona; y asi- 
mismo le escribió el Virey D. Antonio de Men- 
doza muy sabrosa y amorosamente, pidiéndole 
por merced que se volviese á la Nueva-España^ 
los cuales dos navios con buen viaje llegaron 
donde Cortés estaba, y cuando vio cartas del Vi- 
rey y los ruegos de la marquesa é hijos, dejó 
por capitán con la gente que allí tenia á Fran- 
cisco de Ulloa, y todos los bastimentos que para 
él traia, y luego se embarcó, y vino al puerto 
de Acapulco, y tomado tierra, á buenas jornadas 
vino á Cornabaca, á donde estaba la marquesa, 
con la cual hubo mucho placer; y todos los ve- 
cinos de Méjico se Holgaron con su venida, y 
aun el Virey y Audiencia Real; porque habia 
fama qHe se decia en Méjico que se querían al- 
zar todos los caciques de la Nueva-España vien- 
do que no estaba en la tierra Cortés; y demás 
desto, luego se vinieron todos los soldados y 
37 



290 BERNAL DÍAZ. 

capitanes que había dejado en aquella isla ó 
bahía que llaman la California ; y esto de su 
Tenida no sé de qué manera fué, si ellos de 
hecho se vinieron, ó el Virey y la Audien- 
cia Real les dio licencia para ello; y desde á 
pocos meses, como Cortés estaba algo mas re- 
posado, envió otros navios bien bastecidos, así 
de pan y carne como de. buenos marineros, y 
sesenta soldados y buenos pilotos, y fué en ellos 
por capitán el Francisco de Ulloa, otras veces 
por mi nombrado; y aquestos navios que en- 
vió, fué que la Audiencia Real de Méjico se lo 
mandaba expresamente que los enviase, para 
«cumplir Cortés lo capitulado con su majestad, 
según dicho tengo en los capítulos pasados que 
dello hablan. Volvamos á nuestra Telacion, y 
es que salieron del puerto de la Natividad por 
el mes de Junio de mil y quinientos y treinta y 
tantos años, y esto de los años no me acuerdo 
bien; y le mandó Cortés al capitán que corriesen 
la costa adelante y acabasen de bajar la Cali- 
fornia, y procurasen de buscar al capitán Diego 
Hurtado, que nunca más pareció; y tardó en el 
viaje en ir y venir siete meses, y sé que no hizo 
Cosa que de contar sea; y volvió al puerto de 
Xalisco, y den de á pocos dias que el Ulloa esta- 
ba en tierra descansando, un soldado de los que 
habia llevado en su capitanía le aguardó en 
parte que le dio de estocadas, donde le mató; y 
•n esto que he dicho paró los viajes y descubri- 
mientos que el marques hizo; y aun le oí decir 



C0NQUI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. 291 

muchas veces que había gastado en las armadas 
sobre trecientos mil pesos de oro; y para que su 
majestad le pagase alguna cosa dello, y sobre 
el contar de los vasallos, determinó de ir á Cas- 
tilla, y para "demandar á Ñuño de Guzman 
cierta cantidad de pesos de oro de los que la 
Real audiencia le hubo sentenciado al Ñuño de 
Guzman que pagase á Cortés de cuando le 
mandó vender sus bienes; porque en aquel tiem- 
po el Ñuño de Guzman fué preso á Castilla; y si 
miramos en ello, en cosa ninguna tuvo ventura 
después que ganó la Nueva España, y dicen que 
son maldiciones que le echaron. 



CAPITULO CCI. 



CÓMO EN MÉJICO SE HICIERON GRANDES F1ESTA8 Y BAN- 
QUETES POR ALEGRÍA DE LAS PACES DEL CRISTIA- 
NÍSIMO EMPERADOR NUESTRO SEÑOR , DE GLORIOSA 
MEMORIA , CON EL REY FRANCISCO DE FRANCIA, 
CUANDO LAS VISTAS DE AGUAS-MUERTAS. 



En el año de 38 vino nueva á Méjico qué 
el Cristianísimo Emperador nuestro señor , de 
gloriosa memoria , fué á Francia , y el Rey 
Francisco de Francia le hizo gran recebimiento 
en un puerto que se dice Aguas-Muertas, don- 



292 BERNAL DÍAZ. 

de se hicieron paces y se abrazaron los Reyes 
con gran amor, estando presente madama Leo- 
nor , Reina de Francia , mujer del Rey Fran- 
cisco y hermana del Emperador , de felice re- 
cordación , nuestro señor , donde se hizo gran 
golemnidad y fiestas en aquellas pace* , y por 
honra y alegría dellas, el Virey don Antonio de 
Mendoza y el marques del Valle y la Real au- 
diencia y ciertos caballeros conquistadores hicie- 
ron grandes fiestas. En esta sazón habian hecho- 
amistades el marques del Valle y el Visorey 
don Antonio de Mendoza , que estaban algo 
amordazados sobre el contar de los vasallos del 
marquesado y sobre'que el Virey favoreció mu- 
cho al Ñuño de Guzman para que no pagase 
la cantidad de pesos.de oro que se debia á Cor- 
tés desde el tiempo que fué el Ñuño de Guzman 
presidente en Méjico ; y acordaron de hacer 
grandes fiestas y regocijos , y fueron tales, que 
otras como ellas , á lo que á mí me parece , no 
he visto hacer en Castilla, asi de justas y juegos 
de cañas, correr toros, encontrarse unos caballe- 
ros con otros, y otros grandes disfraces que ha- 
bía ; é todo esto que he dicho no es nada para 
las muchas invenciones de otros juegos , como 
se solían hacer en Roma cuando entraban triun- 
fando los cónsules y capitanes que habian ven- 
cido batallas, y los epitafios y carteles que so- 
bre cada cosa habia; y el inventor de aquellas 
cosas fué un caballero romano que se decía Luis 
de León, persona que decían que era de linaje 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 293 

de los patricios, natural de Roma; y es, que co- 
mo se acabaron de hacer las fiestas, mandó el 
marques apercebir navios y matalotaje para ir 
á Castilla, para suplicar á su majestad que le 
mandase pagar algunos pesos de oro de los 
muchos que habia gastado en las armadas que 
envió á descubrir; y porque tenia pleitos con 
Ñuño de Guzman, que en aquella s.azon le en- 
vió preso al Ñuño de Guzman la audiencia Real 
á España, y también tenia pleitos sobre el con- 
tar de los vasallos; y entonces Cortés me rogó á 
raí que fuese con él, y que en la corte deman- 
daría mejor mis pueblos ante los señores del 
Real consejo de Indias que no en la audiencia 
Real de Méjico; y luego me embarqué y fui á 
Castilla, y el marques no fué de ahí á dos me- 
ses, porque dijo que no tenia allegado tanto oro 
como quisiera llevar, y porque estaba malo del 
empeine del pié, del caño que le dieron, y esto 
fué en el año de 540; y porque el año pasado de 
539 falleció la serenísima Emperatriz nuestra 
señora, doña Isabel, de gloriosa memoria, la 
cual falleció en Toledo en 1.° dia del mes de 
Mayo, y fué llevado á sepultar su cuerpo á la 
ciudad de Granada, y por su muerte se hizo gran 
sentimiento en la Nueva-España, y se pusieron 
todos los más conquistadores grandes lutos, é 
yo, como regidor que era de la villa de Guaca- 
cualco ó conquistador más antiguo, me puse 
grandes lutos, y con ellos uí áCastilla; y llegado 
á la corte, me los torné á poner mucho mayo- 



294 BERNAL DÍAZ. 

res, como era obligado , por la muerte de nues- 
tra Reina y señora , y en aquel tiempo también 
llegó á la corte Hernando Pizarro, que vino 
del Perú, y fué cargado de luto, con más de 
cuarenta hombres que llevaba consigo, que le 
acompañaban; y también en esa sazón llegó 
Cortesa la corte con luto él y sus criados, que 
estaba en aquella sazón la corte en Madrid; y 
los señores del Real Consejo de Indias, como 
supieron que Cortés llegaba cerca de Madrid, le 
mandaron salir á recebir, y le señalaron por po- 
sada las casas del comendador don Juan de Cas- 
tilla; y cuando algunas veces iba Cortés al Real 
Consejo de Indias, salía un oidor hasta la puer- 
ta donde hacían el acuerdo del Real Consejo, y 
le llevaba con mucho acato á los estrados donde 
estaba el presidente don Fray García de Loay- 
sa, Cardenal de Sigüenza, y después fué Arzo- 
bispo de Sevilla; y oidores el licenciado Gutierre 
Velazquez y el Obispo de Lugo y el doctor don 
Juan Bernal Diaz de Luco y el doctor Beltran; y 
un poco junto de las s ; llas de aquellos señores 
caballeros le ponían á Cortés otra silla é le 
oían; y desde entonces nunca más volvió á la 
Nueva-España, porque entonces le tomaron re- 
sidencia, y su majestad no le quiso dar licencia 
para que se volviese á la Nueva-España, puesto 
que echó por intercesores al almirante de Cas- 
tilla y ai duque de Béjar y al comendador, 
mayor de León; y aún también echó por inter- 
cesora á la señora doña María de Mendoza, y 



CONQUISTA DE NTJEVA-E8PANA . 295 

nunca le quiso dar licencia su majestad; antes 
mandó que ledetuvicsen hasta acabar de dar 
la residencia, y nunca la quisieron concluir; y 
la respuesta que le daban en el Real Consejo 
de Indias era, que hasta que su majestad viniese 
de Flándes de hacer el castigo de Gante, que 
no podían dalle licencia. Y también en aquella 
sazón al Ñuño de Guzman le mandaron dester- 
rar de su tierra y que siempre anduviese en la 
corte, y le sentenciaron en cierta cantidad de 
pesos de oro; mas no le quitaron los indios de 
su encomienda de Xalisco; y también andaba él 
y sus criados cargados de luto; y como en la 
corte nos veian, así al marques Cortés como al 
Pizarro y al Ñuño de Guzman y todos los demás 
que veniamos de la Nueva-España á negocios, 
y otras personas del Perú con lutos, tenían por 
chiste de llamarnos los indianos peruleros en- 
lutados. Volvamos á nuestra relación: que tam- 
bién en aquel tiempo á Hernando Pizarro le 
mandaron echar preso en la Mota de Medina, y 
entonces me vine yo á la Nueva-España, y supe 
que habia pocos meses que se habían alzado en 
las provincias de Xalisco unos peñoles que se 
llaman Cochitlan, y que el virey don Antonio 
de Mendoza los envió á pacificar á ciertos capi- 
tanes, y á uno que se decia Cristóbal de Oñate, 
y los indios alzados daban grandes combates á 
los españoles y soldados, que de Méjico envia- 
ron á demandar socorro al don Pedro de Alba- 
rado, que en aquella sazón estaba en unos sus 



29b BERHAL DÍAZ. 

navios de una gran armada que. hizo en lo de 
Guatimala para la China; y fué á favorecer á 
los españoles que estaban sobre los peñoles por 
mí ya nombrados, y llevó gran copia de solda- 
dos, y dende á pocos dias murió por causa de un 
caballo que le tomó debajo y le machucó el 
cuerpo, como adelante diré. Y quiero dejar esta 
plática, y traeré á la memoria dos armadas que 
salieron de la Nueva-España: la una era la que 
hizo el virey don Antonio de Mendoza, y la 
otra fué la que hizo don Pedro de Albarado, se- 
gún dicho tengo. 



CAPITULO CCII. 



COMO EL VIREY DON ANTONIO DE MENDOZA ENVIÓ TRES 
NAVIOS Á DESCUBRIR POR LA BANDA DEL SUR EN 
BUSCA DE FRANCISCO VÁZQUEZ CORONADO , Y LE EN- 
VIÓ BASTIMENTOS Y SOLDADOS, QUE ESTABAN EN LA 
CONQUISTA DE LA CÍBOLA. ¿ 



Ya he dicho en el capítulo pasado que dello 
habla que el virey don Antonio de Mendoza y 
la Real audiencia de Méjico enviaron á descu- 
brir las siete ciudades, que por otro nombre se 
llama Cibola, y fué por capitán general un hi- 
dalgo que se decia Francisco Vazquez|Corona- 



CONQUISTA DE NUEVA-E PAÑA. 297 

do, natural de Salamanca, que en aquella sazón 
se había casado con una señora que, ademas de 
ser virtuosa, era hermosa, hija del tesorero 
Alonso de Estrada, y en aquel tiempo estaba ei 
Francisco Vázquez por gobernador, aunque se 
lo habian quitado, Pues partidos por tierra coa 
muchos soldados de á caballo y escopeteros y 
ballesteros, habia dejado por sutcnienteen lode 
Xalisco aun hidalgo que.se decia Fulano de 
Oñate; y después de ciertos meses que hubo lle- 
gado á las siete ciudades , pareció ser que un 
fraile francisco que se decia Fray Marcos de Ni- 
ca, habia ido de antes Á descubrir aquellas tier- 
ras, ó fué en aquel viaje con el mismo Francisco 
Vázquez Coronado, que estándose bien;y cuan- 
do llegaron á las tierras de la Cíbola, y vieron 
los campos tan llanos y llenos de vacas y toros 
disformes de los nuestros de Castilla, y los pueblos 
y casas con sobrados, y subían por escaleras, 
parecióle al fraile que seria bien volver á la 
Nueva-España, como luego vino , á dar relación 
ai virey don Antonio de Mendoza que enviase 
navios por la costa del Sur, con herraje y tiros 
y pólvora y ballestas y armas de todas mane- 
ras, y vino y aceite y bizcocho, porque le hizo 
relación que las tierras de la Cíbola estaban en 
la comarca de la costa del Sur, y que con los 
bastimentos y herraje serian ayudados ei Fran- 
cisco Vázquez y sus compañeros, que ya que- 
daban en aquella tierra; y á esta causa envió los 
tres navios que dicho tengo, y fué por capitán 
3S 



298 BERNAL DÍAZ. 

general un Hernando de Alarcon, maestresala 
que fué del mismo Virey, y fué por capitán de 
otro navio un hidalgo que se dice Marcos Ruiz 
de Rojas, natural de Madrid; otros dijeron que 
habia ido por capitán de otro navio un Fulano 
Maldonado; y porque yo no fui en aquella ar- 
mada, mas de por oidas lo digo desta manera; 
y fueron dadas todas las instrucciones á los pi- 
lotos y capitanes de lo que habían de hacer y 
cómo se habian de regir y navegar. 



CAPITULO CC111, 



Di UNA MUY GRANDE ARMADA QUE HIZO EL ADE- 
LANTADO DON PEDRO DE ALB ARADO EN EL AÑO 
DE 1537. 



Razón el que se traiga á la memoria y no 
quede por olvido una muy buena armada que el 
Adelantado don Pedro de Albarado hizo ei año 
de 1537 en la provincia de Guatimala , donde 
era gobernador , y en un puerto que se dice 
Acaxatla, en la banda del Sur, y fué para cum- 
plir ciertas capitulaciones que con su majestad 
hixo la segunda vez que volvió á Castilla, y vino 
casado con una señora que se decía doña Bea- 
trií de la Cueva ; y fué el concierto que se ca- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 299 

pituló con su majestad, que el Adelantado pusie- 
se ciertos navios y pilotos y marineros y solda- 
dos y bastimentos , y todo lo que hubiese me- 
nester, á su costa , para enviar á descubrir por 
la via del poniente á la China ó Malucos ó otras 
cualesquier islas de la Especeria, y para lo que 
descubriese, su majestad le prometió en las mis- 
mas tierras que le haria ciertas mercedes y da- 
ría renta en ellas ; y porque yo no he visto lo 
capitulado , me remito á ello , y por esta causa 
lo dejo de poner en esta relación. Y volviendo á 
nuestra materia , y es que , como siempre el 
Adelantado fué muy servidor de su majestad, 
lo cual se pareció en las conquistas de la Nue- 
va-España é ida del Pirú , y en todo puso su 
persona, con cuatro hermanos suyos, que sirvie- 
ron á su majestad en lo que pudieron; y en esto 
de ir á lo del Poniente con buena armada , se 
quiso aventajar á todas las armadas que hizo el 
marques del Valle ; de las cuales tengo hecha 
larga re.acion en los capítulos que dello hablan; 
y esto que digo es porque, puso en la mar del 
Sur trece navios de buen porte, y entre ellos una 
galera y un patache, y todos muy bien basteci- 
dos, asi de pan como de carne y pipas de agua, y 
todo bastimento que en aquella sazón pudieron 
haber, y muy bien artillados, y con buenos pilo* 
tos y marineros, los que habían menester. Pues 
para hacer tan pujante armada , y estando tan 
apartados del puerto de la Veracruz , que son 
más de ducientas leguas hasta donde se J»- 



300 BSRNAL DÍAZ. 

braron los navios , que en aquella sazón de la 
Veracruz se trajo el hierro para la clavazón y 
anclas y pipas , y otras muchas cosas pertene- 
cientes para aquella flota , gastó en ella más 
millares de pesos de oro que cnCastilla se pudie- 
ran gastar aunque se labraran en Sevilla ochen- 
ta navios ; y fueron tantos los gastos que hizo, 
que no le bastó la riqueza que trajo del Pirú, 
ni el oro que le sacaban de las minas en la pro- 
vincia de Guatimala, ni los tributos de sus pue- 
blos, ni lo que le presentaron sus deudos y ami- 
gos y lo que tomó fiado de mercaderes ; é ya 
que en aquella ocasión se quisiera ayudar de 
traer anclas é hierro y otras muchas cosas per- 
tenecientes para los navios, desde el Puerto de 
Caballos no venían navios ni mercaderes, ni se 
trataba aquel puerto en aquella sazón como 
ahora. Volvamos á nuestra relación: que aún 
no es nada los pesos de oro que gastó en los 
navios para lo que dio á capitanes y alférez y 
maeses de campo y á seiscientos y cincuenta 
soldados, y los muchos caballos que entonces 
compró, que valíanlos buenos á trecientos pe- 
sos, y los comunes á ciento y cincuenta y á du- 
cientos; pues arcabuces y pólvora y ballestas 
y todo género de armas fueron tan excesivos 
gastos , los cuales se podrán colegir; y fueron 
tan altos los peasamientos que tuvo de hacer 
gran servicio á su majestad, y descubrille por 
el Poniente la China ó Malucos y Especería, 
y aún de conquistar algunas islas della, y á lo 



C0N&UI8TA DE NUEVA-ESPANA. 30 1 

menos dar tfaza que por la parte de su gober- 
nación hubiese el trato della, pues que aven- 
turaba toda su hacienda y persona. Pues ya 
puesto á punto sus naos para navegar, y en 
cada una sus estandartes Reales, y señalados 
pilotos y capitanes, y dadas las instrucciones de 
lo que habian de hacer y derrotas que habían 
de llevar, y las señas de los faroles para de no- 
che, y á todos los soldados, como dicho tengo, 
que fueron sobre seiscientos y cincuenta, con 
másde duciíntos caballos; y después de oido 
Misa del Espíritu Santo, el mismo Adelantado 
por capitán general de toda su armada, dan ve- 
las en ciertos dias del año de 153S, y fué nave- 
gando por su derrota hasta el puerto de la Puri- 
ficación, que es en la provincia de Xalisco, por- 
que en aquel puerto babia de tomar agua y más 
soldados y bastimento. Pues como supo el Virey 
D. Antonio de Mendoza desta tan pujante ar- 
mada, que para en estas partes era muy gran- 
de., y de los muchos soldados y caballos y arti- 
llería que llevaba, tuvo por muy gran cosa de 
cómo pudo juntar y armar trece navios en la 
costa del Sur, y allegar tantos soldados, estan- 
do tan apartado del puerto de la Veracruz y de 
Méjico: es cosa de pensar en ello á las personas 
que tienen noticia destas tierras y saben los 
gastos que hacen . Pues como el Virey D. Antonio 
de Mendoza supo y se informó que era para des- 
cubrir la China, y alcanzó á saber de pilotos y 
cosmógrafos a ue se podia descubrir muy bien 



302 BERNAL DÍAZ. 

por ct Poniente, y se lo certificó un deudo suyo 
que se decia Villalobos, que sabia mucho de al- 
turas y del arte de navegación, acordó de es- 
cribir desde Méjico al Adelantado con ofertas y 
buenos prometimientos para que se diese orden 
en que la armada hiciese compañía con él: 
para lo efetuar fueron á hacer el concierto 
D. Luis de Castilla y un mayordomo mayor 
del Virey., que se decia Agustín Guerrero; y 
después que el Adelantado vio los recaudos 
que llevaban para hacer concierto, y bien plati- 
cado sobre el negocio, se concertó que se vie- 
sen el Virey y el Adelantado en un pueblo que 
se dice Chiribitio, que es en la provincia de 
Mechoacan, que era déla encomienda de un Juan 
de Albarado, deudo del mismo Adelantado; y 
como el Virey supo adonde se habían de ver, 
fué en posta desde Méjico al pueblo por mí 
nombrado, donde estaba el Adelantado aguar- 
dando al Virey para hacer la plática, y allí se 
vieron, y concertaron que fuesen entrambos á 
dos á ver la armada, y luego fueron, y cuando 
lo hubieron visto, se volvieron á Méjico, para 
desde allí enviar capitán general de toda la flo- 
ta; y el Adelantado quería que fuese un deudo 
suyo por general, que se decia Juan de Albara- 
do (no digo por el de Chiribitio, sino otro su so- 
brino), que tenia indios en Guatimala; y el Vi- 
rey quería que fuese juntamente con él un Fu- 
lano Villalobos; y en este tiempo tuvo mucha 
n&cesidad el Adelantado de venir ¿ su* goberna- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 308 

cion de Guatimala á cosas que le convenían, y 
lo dejó todo aparte por estar presente en su ar- 
mada, y fué al puerto de la Natividad por tier- 
ra, donde en aquella sazón estaban todos sus 
navios y soldados, para que por su mano fuesen 
despachados; é ya que estaban para se hacer á 
la vela, le vino una carta que le envió un Cris- 
tóbal de Oñate, que estaba por teniente de go- 
bernador de aquella provincia de Xalisco, por 
ausencia de Francisco Vázquez Coronado, que 
habia ido por capitán alas siete ciudades que lia 
man de Cibola, como dicho tengo en el capítulo 
que del lo habla; y lo que el Oñate en la carta le 
decía, era que, pues en todo era gran servidor de 
su majestai, en este caso que ahora ha ocurrido 
9e parecerán muy mejor sus servicios; que por 
amor de Dios, que luego con brevedad le vaya á 
socorrer con su persona y soldados y caballos 
y arcabuceros, porque está cercado en partes 
que si no son socorridos no se podrá defender de 
muchas capitanías de indios guerreros que es- 
tán en unas fuerzas y peñoles que se dicen de 
Cochitlan, y que han muerto á muchos españo- 
les de los que estaban en su compañía, y se te- 
mia no le acabasen de desbaratar; y le significó 
en la carta otras muchas lástimas, y que á salir 
los indios de aquellos peñoles é fortaleza vito- 
riosos, la Nueva-España estaba en gran peli- 
gro. Y como ol Adelantado vio la carta, y en 
ella las palabras que dicho tengo, y otros es- 
pañoles le dijeron en el peligro en que estaban, 



304 BÉKNAL DÍAZ. 

luego mandó juntar sus soldados, así de caballo 
como arcabuceros y ballesteros, y fué en posta 
á hacer aquel socorro, y cuando llegó al real 
estaban tan afligidos los cercados, que si no 
fuera por él, según se vio, los mataran los in- 
dios, y con su llegada aflojaron algo, y no que 
dejasen de dar muy bravosa guerra; y estando 
peleando entre unos peñoles un soldpdo, pare- 
ció ser que el caballo en que iba se le derris- 
có, y vino rodando por el peñol abajo con tan 
gran furia y saltos por donde el Adelantado es- 
taba, que no se pudo apartar á cabo ninguno, 
sino que el caballo le encontró de arte, que le 
trató mal y le quebrantó todo el cuerpo , por- 
que le tomó debajo, y fué de tal manera, que se 
sintió muy malo, y para guarecelle y curallo, 
creyendo que no fuera tanto el quebramiento, 
le llevaron en andas á curar á una orilla, que 
era la más cercana de aquellos peñoles, que se 
dice la Purificación; é yendo por el camino se 
comenzó á pasmar, y llegado á la villa, de ahí 
á pocos dias, después de se haber confesado y 
comulgado, dio el á cima á Dios nuestro Señor, 
que la crió. Algunas personas dijeron que hizo 
testamento, y no ha parecido. 

Falleció aqueste caballero por sacalle luego 
del real, que si de allí no le sacaran y le cura- 
ran como era razón, no se pasmara; y á todas 
las cosas que Nuestro Señor hace y ordena dé- 
jaosle muchas gracias y loores por ello; pues ya 
es fallecido, perdónele Dios. En aquella villa le 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 305 

enterraron con la mayor pompa qwe pudieron; y 
después he oido decir que Juan de Albarado, el 
encomendero de Chiribitio, llevó sus huesos de 
donde estaban enterrados al mismo pueblo de su 
encomienda, y mandó hacer muchas honras y 
Misas y limosnas por su ánima. Pues como se 
supo su muerte en el real de Cochitlan y en su 
flota y armada, como no habia capitán general 
ni cabeza que los mandase, muchos de los sol- 
dados se fueron cada uno por su parte con las 
pagas que les dieron, y cuando á Méjico llegó 
esta nueva, todos los más caballeros, juntamen- 
te con el Virey, la sintieron; y como faltó el 
Adelantado, luego en posta envían por el Virey 
para que les vaya á socorrer, y el Virey no pudo 
ir luego, y envió al licenciado Maldonado, é 
hizo lo que pudo en aquel socorro; y luego fué 
el Virey y llevó todos los soldados que pudo 
allegar, y quiso Dios que venció á los indios de 
los peñoles, y desbaratados, se volvieron á Mé- 
jico á cabo de muchos dias que en esta guerra 
estuvieron con gran trabajo. Dejemos aquel so- 
corro que el Adelantado hizo, pues á todos loa 
cercados ayudó, y él murió del arte que ya he 
dicho; é quifro decir que, como se supo enGua- 
timala de su muerte, la tristeza y lloros que 
hubo en su casa, y su querida mujer doña Bea- 
triz de la Cueva rompía la cara y se mesaba los 
cabellos, juntamente con sos damas y doncellas 
que tenia para casar; pues su amada hija y 
señores hijos , y Un caballero , yerno suyo, 



306 BE FIN AL DÍAZ. 

que se dice don Francisco de la Cueva, primo 
segundo del duque de Alburquerque, que de- 
jaba por gobernador de aquella provincia, 
tuvieron mucho pesar , y to os los vecinos 
conquistadores hicieron sentimiento y le hicie- 
ron solenes honras, porque el Obispo don Fran- 
cisco Marroquin, de buena memoria, sintió mu- 
cho su muerte, y con toda la clerecía y cera y 
pompa que pudieron rogaban á Dios por su áni- 
ma cada día; y en esto de las honras puso el 
Obispo gran solicitud. ¥ también quiero decir 
que un mayordomo del Adelantado, por mos- 
trar mas tristeza por la muerte de su señor, 
mandó que se entintasen todas las paredes de 
las casas con un betún de tinta que no se pudie- 
se quitar. Y también oí decir que muchos caba- 
lleros iban á consolar a la señora doña Beatriz 
de la Cueva, mujer del Adelantado, porque no 
tomase tanta tristeza por su marido, y le decian 
que diese gracias á Dios, pues que dello fué ser- 
vido ; y e.la, como buena cristiana, decia que así 
se las daba ; y como las mujeres son tan lasti- 
mosas por lo que bien quieren, y que deseaba 
morirse y no estar en este triste mundo con 
tantos trabajos : traigo aquí esto á la memoria 
por lo que el coronista Francisco López de Go- 
mera dice en su Corónica, que dijo aquella 
señora que ya no tenia nuestro Señor Jesu- 
cristo en qué más mal la pudiese hacer de 
lo hecho , y por aquella blasfemia fué ser- 
vido o^ue desde á pocos días vino en esta ciu- 



C0NQUI8TA DE HUEVA-ESPAÑA. 307 

dad una tormenta y tempestad de agua y 
cieno y piedras muy grandes y maderos muy 
gordos, que descendió de un volcan que está me- 
dia legua de Guatimala,que derribó toda la ma- 
yor parte de las casas donde vi via aquella seño- 
ra, mujer del Adelantado, estando en una recá- 
mara rezando con sus damas y doncellas, que 
las tomo á todas debajo, y las más se ahogaron. 
Y en las palabras que dijo el Gómora que habia 
dicho aquella señora, no pasó como dice, sino 
como dicho tengo; y si nuestro Señor Jesucristo 
fué servido de la llevar deste mundo, fué secre- 
to de Dios; de la cual avenida y terremoto diré 
adelante en su tiempo y lugar; y quiero ahora 
referir otras cosas que son muy de notar: que 
con haber servido el Adelantado tan bien á su 
majestad, y con sus cuatro hermanos, que se 
decían Jorge, Gonzalo y Gómez y Juan, y to- 
dos Albarados, cuando falleció, como dicho ten- 
go, no les quedaron a sus hijos é hijas ningunos 
pueblos de los que tenia en su encomienda, ha- 
biéndolos él ganado y conquistado, y haber ve- 
nido á descubrir esta Nueva-España con Juan 
de Grijalva y después con Cortés. Pues digamos 
agora adonde murieron él y sus hijos y mujer y 
hermanos, que es cosa de mirar en ello. Ya he 
dicho que murió en lo de Achitlan, y su herma- 
no Jorge de Albarado en la viUa de Madrid, 
yendo á suplicar á su m.-i je^tad le gratificase 
sus servicios, y esto fué en el año de 1540; y el 
Gotets de Albaratfcí et» el Prrú ; el Gtmsaio <fe 



308 



BERNAL DÍAZ. 



Álbarado no se me acuerda si murió en Guaxaca 
ó en Méjico; el Juan de Álbarado yendo á la isla 
de Cuba á poner cobro en la hacienda que dejó 
en aquella isla. Pues sus hijos, el mayor, que 
se decía don Pedro, fué á Castilla en compañía 
de un su tío que se decía Juan de Álbarado 
el mozo, vecino que fué de Guatimala, c iba 
á besar los pies del Emperador nuestro señor y 
traerle á la memoria los servicios de su padre; 
y nunca más se supo nueva dellos, porque cre- 
yeron que se perdieron en la mar ó los cautiva- 
ron moros. Pues don Diego, el hijo menor, como 
se vio perdido, volvió al Pirú , y en una batalla 
murió. Pues doña Beatriz, su mujer, ya he dicho 
dos veces cómo la tormenta la llevó deste mun- 
do , á ella y á otras señoras que estaban en su 
compañía. Tengan agora más cuenta los curio- 
sos letores desto que aqui tengo referido, y mi- 
ren que el Adelantado murió sólo sin su querida 
mujer y amadas hijas, y la mujer sin su querido 
marido, y los hijos el uno yendo á Castilla y el 
otro en una batalla en el Pirú , y los hermanos 
segrun y de la manera que dicha tengo. Nuestro 
Señor Jesucristo los lleve i su santa gloria, 
amen. Agora nuevamente se han hecho en esta 
ciudad de Guatimaia dos sepulcros juntos al 
altar de la santa iglesia mayor para traer los 
huesos del Adelantado don Pedro de Álbara- 
do, que están enterrados en el pueblo de Chiri- 
bítio, y traídos que sean á esta ciudad , enter- 
raras er» el un sepulcro , f(Á otro afepttícro es 

V 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPADA. ¿09 

para que cuando Dios nuestro Señor sea servido 
llevar desta presente vida á don Francisco de 
la Cueva y á doña Leonor de Albarado , su mu- 
jer, é hija del mismo Adelantado, enterrarse en 
ellos; porque á su costa traen los huesos de 
su padre y mandaron hacer el sepulcro en la 
santa iglesia , como dicho tengo. Dejemos esta 
materia, y volveré á decir en lo que paró la ar- 
mada , y es , que después que murió , como he 
referido, dende á un año , poco más ó menos 
tiempo, el Virey don Antonio de Mendoza man- 
dó que tomasen ciertos navios , los mejores y 
más nuevos de los trece que enviaba el Adelan- 
tado á descubrir la China por la banda del Po- 
niente , y envió por capitán da los navios á un 
su deudo , que se decia Fulano de Villalobos , y 
que se fuese la mesma derrota que tenia con- 
certado de enviar á descubrir; y en lo que paró 
este viaje yo no lo sé bien t y á esta causa no 
doy más relación dello; y también he oido de- 
cir que nunca los herederos del Adelantado co- 
braron cosa ninguna , ansi de navios como de 
bastimento , sii.o que todo se perdió. Dejemos 
esta materia, é diré lo que Cortés hizo, 



310 BERKAL DÍAZ. 

CAPITULO CC1V. 



DE LO QUE EL MARQUES DEL VALLE HIZO DESDE QUE 
ESTABA EN CA8TILLA. 



Como su majestad volvió á Castilla á hacer el 
castigo de Gante, é hizo la gran armada para ir 
sobre Argel, le fué á servir en ella el marques del 
Valle , y llevó en su compañía á su hijo el ma- 
yorazgo : también llevó á don Martin Cortés, el 
que hubo en doña Marina , y llevó muchos es- 
cuderos y criados y caballos , y gran copia y 
servicio , y se embarcó en una buena galera, en 
compañía de don Enrique Enriquez;y como 
Dios fué servido hubiese tan recia tormenta, se 
perdió casi que toda la Real armada ; también 
dio al través la galera en que iba Cortés, y es- 
capó él y sus hijos y todos los más caballeros 
qué en ella iban , con gran riesgo de sus perso* 
sonas ; y en aquel instante , como no hay tanto 
acuerdo como debía haber , especialmente vien- 
do la muerte al ojo, dijeron muchos de los cria- 
dos de Cortes que le vieron que se -.tó en unos 
paños revueltos al brazo y en el paño ciertas jo- 
yas de piedras muy riquísimas que llevaba como 
grpn señor, como se suele decir, para no me- 
nester, y con la revuelta del salir en salvo de la 
gatera, y ctm ia mucha multitud de *eaw aue 



CONQUISTA DE NÚEVA-E8PANA . 311 

habia, se le perdieron todas las joyas y piedras 
que llevaba, que, á lo que decian, valian mu- 
chos pesos de oro. Y volve. é á decir de la gran 
tormenta y pérdida de caballeros y soldados 
que se perdieron. Aconsejaron á su majestad 
los capitanes y maestres de campo que eran del 
Real consejo de guerra, que luego alzase el 
cerco y real de sobre Argel, y se fuese por Bu- 
jía, pues que veian que nuestro Señor Dios fué 
servido dalles aquel tiempo contrario, y no se 
podia hacer más de lo hecho; en el cual acuerdo 
y consejo no llamaron á Cortés para que diese 
su parecer; y de que lo supo, dijo que si su ma- 
jestad era servido, que él entendía, coa el ayu- 
da de Dios y con la buena ventura de nuestro 
César, que con los soldados que estaban en el 
campo, de tomar á Argel; y también dijo á 
vueltas destas palabras muchos loores de sus 
capitanes y compañeros que nos hallamos con 
¿1 en la conquista de Méjico, diciendo que fui- 
mos para sufrir hambres y trabajos, y que do 
quiera que les llamase nocía con ellos heroi- 
cos hechos, y que heridos y entrapajados no 
dejaban de pelear y tomar cualquier ciudad 
y fortaleza , aunque sobre ello aventurasen 
á perder las vidas; y como muchos caballeros 
le oyeron 'aquellas palabra^ dijeron á su-ma- 
jesta 1 que fuera bien haberle llamado á con- 
sejo de guerra, y que se tuvo á descuido no 
haberle llamado; otros caballeros dijeron que 
si no fué ilutado foé porque «entntn en el war- 



312 BERMA!. DÍAZ. 

ques que seria de contrario parecer, y aquel 
tiempo de tanta tormenta no daba lugar á mu- 
chos consrjeros , salvo que su majestad y 
los más caballeros de la Real armada se pusie- 
sen en salvo, porque estaban en muy gran peli- 
gro, y que el tiempo andando, con el ayuda de 
Dios volverían á poner cerco á Argel; y ansí, 
se fueron por Bujía. Dejamos esta materia, y 
diré cómo volvieron á Castilla de aquella traba- 
josa jornada Y como el marques estaba muy 
cansado, ansí^de estar en Castilla en la corte y 
haber venido por Bujía, é ya era *iejo, quebran- 
tado del camino ya por mí dicho, deseaba en 
gran manera volver á la Nueva-España si le 
dieran licencia; y como había enviado á Méjico 
por su hija la mayor, que se decia doña María 
Cortés, que tenia concertado de la casar Con 
D. Alvaro Pérez Osorio, hijo del marques de 
Astorga y herederc del marquesado, y le había 
prometido sobre cien mil ducados de oro en 
casamiento, y otras muchas cosas de vestidos y 
joyas, y vico á recibirla á Sevilla; y este ca- 
samiento se desconcertó, según dijeron muchos 
caballeros, por culpa do D. Alvaro Pérez 
Osorio ; de que el marques recibió tanto 
enojo, que de calenturas y cámaras que tuvo 
recias estuvo al cabo; y andando con su dolen- 
cia, que siempre empeoraba, acordó salir de 
Sevilla por quitarse de muchas personas que 
le importunaban en negocios, y se fué á Cas- 
tilteja da' la Cuesta pura allí entsntíer on 



COHQUISTA DE NT7EVA-E PANA. 313 

su alma y ordenar su testamento; y cuando 
lo hubo ordenado como convenia, y haber re- 
ceñido los santos Sacramentos , fué nuestro 
Señor Jesucristo servido de lie val le deste 
trabajoso mundo, y murió en 2 dias del mes 
de Diciembre de 1547 años, y llevóse su cuer- 
po á enterrar con grande pompa y muchos lu- 
tos y clerecía, y grande sentimiento de muchos 
caballeros, y fué enterrado en la capilla de los 
duques de Medina-Sidonia; y después fueron 
traídos sus huesos á la Nueva-España, y están 
en un sepulcro en Guyoacan ó en Tezcuco; esto 
no lo sé bien; porque ansí lo mandó en su testa- 
mento. Quiero decir la edad que tenia, á loque 
á mí se me acuerda; lo declararé por esta cuen- 
ta que diré: en el año que pasamos con Cortés 
dende Cuba á la Nueva-España fué el de 519 
años, y entonces solia decir, estando en conver- 
sación de todos nosotros los compañeros que 
con él pasamos, que habia treinta y cuatro 
años, y veinte y ocho que habian pasado hasta 
que murió, que son sesenta y dos años. Las hi- 
jas é hijos que dejó legítimos fué don Martin 
Cortés, marques que agora es, y doña María 
Cortés, la que he dicho que estaba concertada 
en el casamiento con don Alvaro Pérez Osorio, 
heredero del marquesado de Astorga; que des- 
pués casó esta doña María con el conde de Lu- 
na, de León; y á doña Juana, que casó con don 
Hernando Enriquez, que ha de heredar el mar- 
quesado de Tarifa, y á doña Catalina de Are- 
40 



314 - BERTUL DÍAZ. 

llano, que murió en Sevilla; y más digo, que 
las llevó la señora marquesa doña Juana de Zú- 
ñiga, su madre, ¿Castilla cuando vino por ellas 
un fraile de Santo Domingo, qué áe dice fray 
Antonio de Zúñiga, el cual fraile era hermano 
de la misma marquesa; y también se casó otra 
señora doncella que estaba en Méjico, que se 
decia doña Leonor Cortés, con un Juanes de 
Tolosa, vizcaino, persona rica, que tenia sobre 
cien mil pesos y unas buenas minas de plata; 
[ del cual casamiento tuvo mucho enojo el mar- 
ques el mozo, que vino á la Nueva-España; y 
también tuvo dos hijos varones bastardos, que 
se decían don Martin Cortés, que fué comenda- 
dor de Santiago; este caballero hubo en doñas 
Marina la lengua; é á don Luís Cortés, que tam-i 
bien fué comendador de Santiago, que hubo ei 
otra señora que se decia doña Fulana de Her- 
mosilla; y hubo otras tres hijas bastardas; lí 
una hubo en una indiana de Cuba que se decia 
doña Fulana Pizarro, y la otra en otra, indianii 
mejicana; y sé yo que estas señoras doncella 
tenían buen dote, porque dende niñas les di 
buenos indios, que fueron unos pueblos que s 
dicen Chinanta,.y en el testamento y manda 
que hizo, yo no lo sé bien, mas tengo en mí que 
como sabio, lo haria bien, y tuvo mucho tiemp¡ 
para ello, y como era viejo, que lo haria co¡ 
mucha cordura y mandaría descargar su con? 
ciencia; y mandó qne hiciesen un hospital 
Méjico, y también mandó que en una su vill 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 315 

que se dice Cuyoacan, que está obra de dos le- 
guas de Méjico, que se hiciese un monasterio 
de monjas, y que le trajesen sus huesos á la 
Nueva-España; y dejó buenas rentas para cum- 
plir su testamento, y las mandas fueron muchas 
y buenas y de muy buen cristiano; y por excu- 
sar prolijidad no lo declaro, é también por no 
me acordar de todas, aquí no las relato. La le- 
tra y blasón que traia en sus armas é reposte- 
ros fueron de muy esforzado varón y confor-? 
me á sus heroicos hechos, y estaban en latín, 
y como yo no sé latin, no lo declaro; y traia en 
ellos siete cabezas de Reyes presos en una ca- 
dena, é á lo que á mí me parece, según vi y en- 
tiendo, fueron los Reyes que agora diré: Mon- 
tezuma, gran señor de Méjico, é Cacamaizia, 
su sobrino de Montezuma , que también fué 
gran señor de Tezcuco, é áCoadlabaca, que an- 
simismo era señor de Iztapalapa y de otros pue- 
blos, y al señor de Tacuba é al señor de Cuyoa- 
can, é á otro gran cacique de dos provincias que 
se decian Tulapa, junto á Matalcingo. Este que 
dicho tengo, decian que era hijo de una su her- 
mana de Montezuma, y muy propincuo heredera 
de Méjico; y el postrer Rey fué Guatemuz, el 
que nos dio guerra é defendía la ciudad cuando 
la ganamos á ella y á sus provincias; y estos 
siele grandes caciques son los que el marques 
traia en sus reposteros y blasones por armas, 
porque de otros Reyes yo no me acuerdo que 
se hubiesen preso que fuesen Reyes, como di- 



316 BERNA L DÍAZ. 

cho tengo en el capítulo que dello habla; pasa- 
ré adelante, y diré su proporción y condición de 
Cortés. Fué de buena estatura y cuerpo y bien 
proporcionado y membrudo, y la color de la cara 
tiraba algo á cenicienta, é no muy alegre; y si 
tuviera el rostro más largo, mejor le pareciera; 
¡os ojos en el mirar amorosos, y por otra gra- 
ves; Tas barbas tenia algo prietas y pocas y rasas, 
y el cabello que en aquel tiempo se usaba era 
de la misma manera que las barbas, y tenia el 
pecbo alto y la espalda de buena manera, y era 
cenceño y de poca barriga y algo eptevado, y 
las piernas y muslos bien sacados, y era buen 
jinete y diestro de todas armas , ansí á pié; 
como i caballo , y sabia muy bien menear- 
las , y sobre todo , corazón y ánimo, que es 
loque hace al caso. Oí decir que cuando man- 
cebo, en la isla Española fué algo travieso so- 
bre muieres, é que se acuchillaba algunas veces, 
con hombres esforzados y diestros, y siempre 
salió con vitoria; y tenia una señal de cuchilla- 
da cerca de un bezo debajo, que si miraban bien 
en ello, se le parecía, mas cubríanselo las bar- 
bas* la cual señal le dieron cuando andaba en: 
aquellas quistiones. En todo lo que mostraba, 
ansí en su presencia y meneo como en pláticas y¡ 
conversación, y en comer y en el vestir, en todo: 
daba señales de gran señor. Los vestidos que 
ge ponia eran según el tiempo y usanza, y no sá 
le daba nada de no traer muohas sedas ni da- 
jnascos ni rasos, sino llanamente y muy pulido; 



*M 



CONOUISTA DK NUEVA-ESPANA. 317 

di tampoco traia cadenas grandes de oro, salvo 
una cadenita de oro de primera hechura, con un 
joyel con la imájen de nuestra Señora la virgen 
Santa María, con su Hijo precioso en los brazos, 
y con un letrero en latin en lo que era de nues- 
tra Señora, y de la otra parte del joyel el señor 
San Juan Bantista con otro letrero; y también 
traia en el dedo un anillo muy rico con un dia- 
mante; y en la gorra, que entonces se usaba de 
terciopelo, traia una medalla, y no me acuerdo 
el rostro que en la medalla traia figurado la le- 
tra del; mas después, el tiempo andando, siem- 
pre traia gorra de paño sin medalla. Servíase 
ricamente, como gran señor, con dos maestre- 
salas y mayordomos y muchos pajes, y todo el 
servicio de su casa muy cumplido, é # grandes 
vajillas de plata y de oro. Comia á medio día 
bien, y bebia una buena taza de vino aguado, 
que cabria un cuartillo , y también cenaba, 
y no era nada regalado ni se le daba nada 
por comer manjares delicados ni costosos, sal- 
vo cuando veia que habia necesidad que se 
gastase ó los hubiese menester. Era muy afa- 
ble con todos nuestros capitanes y compañe- 
ros, especial con los que pasamos con él de 
la isla de Cuba la primera vez; y era latino, 
y oí decir que era bachiller en leyes , y cuando 
hablaba con letrados y hombres latinos , res- 
pondía á lo que le decian en latin. Era algo 
poeta , hacia coplas en metros y en prosa ; y en 
lo que platicaba lo decía muy apacible y con 



318 BERNAL DÍAZ. 

muy buena retórica , y rezaba por las mañanas 
én unas horas , é oia Misa con devoción ; tenia 
por su muy abogada á la Virgen Maria nuestra 
Señora , la cual todo fiel cristiano la debemos 
tener por nuestra intercesora y abogada ; y 
también tenia á señor San Pedro , Santiago , y 
al señor San Juan Bautista , y era limosnero. 
Cuando juraba decia : aEn mi conciencia;» y 
cuando se enojaba con algún soldado délos 
nuestros sus amigos le decia : a ¡Oh , mal pese á 
vos!» Y cuando estaba muy enojado se le hin- 
chaba una vena de la garganta y otra de la 
frente > y aun algunas vecjes , de muy enojado, 
arrojaba una manta , y no decia palabra fea ni 
injuriosa á ningún capitán- ni soldado ; y era 
muy sufrido, porque soldados hubo desconside- 
rados que decían palabras muy descomed id as, y 
no les respondía cosa muy sobrada ni mala ; y 
aunque había materia para ello, lo más que les 
decia era : «Callad , ó idos con Dios , y de aquí 
adelante tened más miramiento en lo que dijé- 
redes, porque os costará caro por ello , é os 
haré castigar.» Era muy porfiado , en especial 
en cosas de la guerra , que , por más consejo y 
palabras que le decíamos sobre cosas desconsi- 
deradas de combates que nos mandaba dar cuan- 
do rodeamos los pueblos grandes de la lagu- 
na, y en los peñoles que agora llaman del Mar- 
ques, le dijimos que no subiésemos arriba en unas 
fuerzas y peñoles^ sino que les tuviésemos cerca- 
dos, por causa de las muchas galgas que dende lo 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 319 

alto déla fortaleza venían derriscando , que nos 
echaban, porque era imposible defendernos del 
golpe é ímpetu con que venían, y era aventu- 
rarnos todos á morir, porque no bastaría es- 
fuerzo ni consejo ni cordura; y todavía porfió 
contra todos nosotros , y hubimos de comenzar 
á subir, y corrimos harto peligro, y murieron 
diez ó doee soldados, y todos los más salimos 
descalabrados y heridos, sin hacer cosa que de 
contar sea hasta que mudamos otro consejo. Y 
demás desto, en el camino que fuimos á las Hi- 
gueras ó á lo de Cristóbal de Olí cuando se alzó 
con la armada, yo le dije muchas veces que fué- 
semos por las sierras, y porfió que mejor era 
por la costa; y tampoco acertó, porque si fuéra- 
mos por donde yo decía, era toda la tierra po- 
blada. Y para que bien la entienda quien lo ha 
andado, es de Guacacualco, camino derecho de 
Chiapa, y de Chiapa á Guatimala, y de Guati- 
mala á Naco, que es adonde en aquella sazón 
estaba el Cristóbal de Olí. Dejemos esta plática, 
y diré que cuando luego venimos con nuestra 
armada á la Villa-Rica y comenzamos á hacer 
la fortaleza, el primero que cavó y sacó tierra 
en los cimientos fué Cortés , y siempre en las 
batallas le vi que entraba en ellas juntamente 
con nosotros. Comenzaré á decir en las batallas 
de Tabasco, que él fué por capitán de los de á 
caballo y peleó muy bien. Vamos á la Villa-Ri- 
ca, ya he dicho acerca de lo de la fortaleza. 
Pues en dar, como dimos, con trece navios al 



320 BEftNAL DÍAZ. 

través por consejo de nuestros valerosos capi- 
tanes y fuertes soldados, y no como lo dice Gó- 
mora. Pues en las guerras de Tlascala, en tres 
batallas se mostró muy esforzado capitán. Y en 
la entrada de Méjico con cuatrocientos solda- 
dos, cosa es de pensar en ello, y más tener atre- 
vimiento de prender al gran Montezuma dentro 
de sus palacios , teniendo tan grandes números 
de guerreros, y también digo que lo prendimos 
por consejo de nuestros capitanes y de todos 
los más soldados. Y otra cosa , que no es de ol- 
vidar de la memoria, el quemar delante de sus 
palacios á capitanes del Montezuma porque 
fueron en la muerte de un nuestro capitán que 
se decia Juan de Escalante , y de otros siete 
soldados ; de los cuales capitanes indios no me 
acuerdo sus nombres ; poco va en ello , que no 
hace á nuestro caso. Y también qué atrevimien- 
to y osadia fué que con dádivas y joyas de oro, 
y por buenas mañas y ardides de guerra que se 
dio contra Panfilo de Narvaez, capitán de Diego 
Yelazquez , que traia sobre mil y trescientos 
soldados , contados en ellos hombres de mar , y 
traía noventa de á caballo y otros tantos ba- 
llesteros, y ochenta espingarderos , que ansi se 
llamaban; y nosotros con ducientos y sesenta y 
seis compañeros , sin caballos ni escopetas ni 
ballestas , sino solamente nuestras picas y es- 
padas y puñales y rodelas , los desbaratamos, y 
prendimos á Narvaez. Pasemos adelante , y 
quiero decir que cuando entramos otra vez en 



C0NQUI8TA DE NUEVA-ESPAÑA* 321 

Méjico al socorro de Pedro de Albarado , y án= 
tes que saliésemos huyendo cuando subimos al 
cu de Huichilóbos, vi que se mostró muy varón, 
puesto que no nos aprovecharon nada sus va- 
lentías ni las nuestras. Pues en la derrota y 
muy nombrada guerra de Obtumba, cuando nos 
estaban esperando toda la fior y valientes guer- 
reros mejicanos y todos sus sujetos para nos 
matar alli. También se mostró muy esforzado 
cuando dio un encuentro al capitán y alférez de 
Guatemuz, que le hizo abatir sus banderas y 
perder el gran brio de su valeroso pelear de 
todos sus escuadrones, con tanto esfuerzo como 
peleaban, y después de Dios , nuestros esforza- 
dos capitanes que le ayudaban , que fué Pedro 
de Albarado é Gonzalo de Sandoval , y Cristó- 
bal de Olí y Diego de Ordá3, é Gonzalo Domín- 
guez y un Lares é Andrés de Tapia , y otros 
esforzados soldados que aqui no nombro, de los 
que no teníamos caballos y de los de Naryaez, 
también ayudaron muy bien ; y quien luego 
mató al capitán del estandarte fué un Juan de 
Salamanca, natural de Ontiveros , y le quitó un 
rico penacho , y se le dio á Cortés. Pasemos 
adelante , y diré que también se halló Cortés 
juntamente con nosotros en una batalla bien 
peligrosa en lo de Iztapalapa , y lo hizo como 
buen capitán. Y en lo de Suchimileco , cuando 
le derribaron los escuadrones mejicanos de! 
eab3llo , y le ayudaron ciertos tlascaltecas 
nuestros amigo9 , y sobre todos un nuestro 
41 



322 BERNAL DÍAZ. 

esforzado soldado que se decia Cristóbal de 
Olea, natural de Castilla la Vieja (tengan aten- 
ción á esto que diré) t que uno era Cristóbal 
de Olí , que fué maestre de campo , y otro es 
Cristóbal de Olea ; y esto declaro aquí porque 
no arguyan sobre ello y no digan que voy er- 
rado. También se mostró Ccrtés muy como es- 
forzado cuando sobre Méjico estábamos , y en 
una calzadilla le desbarataron los mejicanos, 
y le llevaron á sacrificar sesenta y dos solda- 
dos , y á Cortés le ténian engarrafado para le 
llevar á sacrificar , y le habían herido en una 
pierna, y quiso Dios que por su buen esfuerzo y 
pelear, y porque le socorrió el mismo Cristóbal 
de Olea, que fué el que la otra vez en Suchimi- 
Ieco le libró de los mejicanos y le ayudó á ca- 
balgar, y salvó á Cortés la vida, y el esforzado 
Olea quedó allí muerto con los demás que dicho 
tengo; y ahora que lo estoy escribiendo se me 
representa la manera y proporción de la perso- 
na del Cristóbal de Olea y de su gran esfuerzo, 
y aun se me pone tristeza por ser de mi tierra y 
deudo de mis deudos. No quiero decir otras mu- 
chas proezas y valentías que hizo nuestro mar- 
ques del Valle, porque son dantas y de tal ma- 
nera, que no acabaré tan presto de las relatar, y 
volveré á decir de su condición, y que era muy 
aficionado á juegos de naipes é dados, y cuando 
jugaba era muy afable en el juego, y decia ciér- 
tes remoquetes que suelen decir los que juegan 
á los dados. Era muy cuidadoso en todas las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 323 

conquistas que hicimos, y muchas noches ron- 
daba y andaba requiriendo las velas, y entraba 
en los ranchos y aposentos de nuestros solda- 
dos, y al que hallaba sin armas ó estaba descal- 
zo los alpargates le reprendía y le decía que á 
lá oveja ruin le pesaba la lana, y le reprendía 
con palabras agras. Cuando fuimos á las Higue- 
ras vi que habia tomado una maña ó condición 
que no solía tener eu las guerras pasadas, que 
cuando comía, sino dormía un sueño, se le re- 
volvía el estómago y rebosaba y estaba malo, y 
por escusar este mal cuando íbamos camino, le 
ponían debajo de un árbol ó otra sombra, una 
alfombra que llevaban á mano para aquel efe- 
to, ó una capa, y aunque más sol hiciese ó llo- 
viese, no dejaba de dormir un poco, y luego ca- 
minar. Y también vi que cuando estábamos en 
las guerras de la Nueva-España era cenceño y 
de poca barriga , y después que volvimos de las 
Higueras engordó mucho y de gran barriga. Y 
también vi que se paraba la barba prieta , sien- 
do de antes que blanqueaba. También quiero 
decir que solía ser muy franco cuando estaba en 
la Nueva-España y la primera vez que fué á 
Castilla , y cuando volvió la segunda vez, en el 
año de 1540 , le tenían por escaso , y le puso 
pleito un su criado que se decía Ulloa, hermano 
de otro que mataron , que no le pagaba su ser- 
vicio ; y también , si bien se quiere considerar y 
miramos en ello, después que ganamos la Nueva- 
España siempre tuvo trabajos , y gastó muchos 



334 8ERNAL DÍAZ. 

pesos de oro en las armadas que hizo ; en la Ca- 
lifornia ni ida de las Higueras tuvo ventura , ni 
en otra cosas desque acabó de conquistar la 
tierra , quizás para que la tuviese en el cielo ; é 
yo lo creo ansí , que era buen caballero y muy 
devoto de la Virgen y del Apóstol San Pedro y 
de otros Santos. Dios le perdone sus pecados, y 
á mí también , y me dé buen acabamiento , que 
importa más que las conquistas y Vitorias que 
hubimos de los indios. 



CAPITULO CCV. 



DE IOS VALEROSOS CAPITANES Y FUERTES SOLDADOS 
QUE PASAMOS DENDE LA ISLA DE CUBA CON EL VEN- 
TUROSO Y MUY ANIMOSO CAPITÁN DON HERNANDO 
CORTÉS, QUE DESPUÉS DE GANADO MÉJICO FUE MAR- 
QUES DEL VALLE Y TUVO OTROS DITADOS. 



Primeramente ; el mismo marques D. Hernan- 
do Cortés murió junto á Sevilla, en una villa 
que se dic i Castilleja de la Cuesta ; y pasó don 
Pedro de Albarado , que después de ganado 
Méjico fué comendador de Santiago y Adelan- 
tado y gobernador de Guatimala y Honduras y 
Chiapa; murió en lo de Xalisco yendo que fué á 
socorrer un ejército de españoles que estaba so- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. &25 

bre el peñol de Cochitlan, según lo he dicho y 
declarado en el capítulo que dello habla; y pasó 
Gonzalo de Sandoval, que fué capitán muy pre- 
eminente y alguacil mayor, y fué gobernador 
cierto tiempo en la Nueva-España cuando Alon- 
so de Estrada gobernaba. Tuvo del grande noti- 
cia, y de sus heroicos hechos, su majestad, y 
murió en la villa de Palos yendo que iba con 
don Hernando Cortés á besar los pies á su ma- 
jestad; y pasó un Cristóbal de Olí, esforzado 
capitán y maestre de campo que fué en lasguer- 
ras de Méjico, y murió en lo de Naco degollado 
por justicia, porque se alzó con una armada que 
le habia dado Cortés. Estos tres capitanes que 
dicho tengo, fueron muy loados y alabados de- 
lante de su majestad cuando Cortés fué ala cor* 
te, porque dijo al Emperador nuestro señor que 
tuvo en su ejército, cuando conquistó á Méjico 
y Nueva-España, tres capitanes que podían ser 
tenidos en tanta estima como los muy afamados 
que hubo en el mundo. El primero que dijo fué 
D. Pedro de Albarado, que, demás de ser esfor- 
zado, tenia gracia en su persona y parecer para 
hacer gente de guerra; y dijo por el Cristóbal 
de Olí que era un Héctor en el esfuerzo para 
combatir persona por persona, y que si como era 
esforzado tuviera consejo, fuera muy más te- 
nido en el esfuerzo que suelen decir de Héc- 
tor, mas habia de ser mandado; y dijo por el 
Gonzalo de Sandoval que era tan valeroso y 
esforzado capitán y de buenos consejos, que 



32 H BERNA L Í)IAZ. 

podia ser uno de los buenos coroneles que ha 
habido en España, y que en todo era tan bas- 
tante, que osara decir y hacer; y también 
dijo Cortés que tuvo muy buenos y valero- 
sos soldados , y que peleábamos con muy gran 
esfuerzo ; y lo que sobre este caso propone Ber- 
nal Diaz del Castillo es , que si esto que ahora 
dice Cortés , escribiera la primera vez que hizo 
relación á su majestad de las cosas de la Nueva- 
España , bueno fuera ; mas en aquel tiempo que 
escribió á su majestad , toda la honra y prez 
de nuestras conquistas se daba á sí mismo, y no 
hacia relación de cómo se llamaban los capita- 
nes y fuertes soldados , ni de nuestros heroicos 
hechos; sino escribía á su majestad: «Esto hice, 
esto otro mandé hacer á uno de mis capitanes;» 
é quedábamos en blanco hasta ya á la postre, 
que no podia ser menos de nombrarnos. Volva- 
mos á nuestra relación : pasó otro muy buen 
capitán y bien animoso , que se decía Joan Ve- 
lazquez de León , murió en las puentes ; pasó 
D. Francisco de Montejo , que después de ga- 
nado Méjico fué Adelantado de Yucatán , murió 
en Castilla ; y pasó Luis Marin, capitán que lué 
en lo de Méjico , persona preeminente y bien 
esforzado , murió de su muerte ; y pasó un Pe- 
dro de Ircio, era ardid de corazón y de mediana 
estatura é pasicorto , é hablaba mucho que ha- 
bía hecho y acontecido en Castilla por su per- 
sona , y lo que víamos é conocíamos del no era 
para nada , y llamábamosle que era otro Agrá- 



CONQUISTA DE NUEVA-E8PANA . 327 

jes , sin obras ; fué cierto tiemp > capitán en la 
calzada de Tepeaquillaen el real de Sandoval; y 
pasó otro buen capitán que se decia Andrés de 
Tapia, fué muy esforzado, murió en Méjico de su 
muerte ; pasó un Juan de Escalante, capitán 
que fué en la Villa-Rica cuando fuimos sobre 
Méjico, murió en poder de indios en la batalla 
que nombramos de Almería, que son unos pue- 
blos que están entre Tucapan y Cempoal ; tam- 
bién mataron en su compañía siete soldados que 
ya no se me acuerdan sus nombres, y le mataron 
el caballo: este fué el primer desmán que tuvi- 
mos en la Nueva-España; y también pasó un 
Alonso de Avila, fué capitán y el primer conta- 
dor puesto por Cortes que hubo en la Nueva- 
España ; persona muy esforzada, fué algo ami- 
go de ruidos, y don Hernando Cortés, conocien- 
do su inclinación, porque no hubiese zizañas, 
procuró de lo enviar por procurador de la isla 
Española, do residía la audiencia Real y los 
frailes gerónimos que estaban por gobernadores, 
y cuando le envió le dio buenas barras y joyas 
de oro por contentalle. Pasemos adelante: pasó 
un Francisco de Lugo, capitán que fué en al- 
gunas entradas, hombre bien esforzado ; fué hijo 
bastardo de un caballero de Medina del Campo 
que se decia Alvaro de Lugo el viejo, señor de 
unas villas que están cabe Medina del Campo, 
murió de su muerte; y pasó un Andrés de Monja- 
raz, capitanque fué cierto tiempo en lo de Méji- 
co; estaba muy malo de bubas y dolores que le im- 



328 BERSAL DÍAZ. 

pedian harto para la guerrarmurió de su muerte; 
y pasó un su hermano que se decía Gregorio de 
Monjaraz, buen soldado, ensordeció estando en 
la guerra de Méjico, murió de su muerte; y 
pasó Diego de Ordás, capitán que fué en la pri- 
mera vez que fuimos sobre Méjico, y después de 
ganada la Nueva-España fué comendador do 
Santiago y fué al rio de Marañon por goberna- 
dor, donde murió; y pasaron cuatro hermanos 
de don Pedro de Albarado, que se decían Jorge 
de Albarado, fué capitán cierto tiempo en lo de 
Méjico y en la provincia de Guatimala , murió 
en Madrid en el año de 1540 ; y el otro su her- 
mano se decía Gómez de Albarado , murió en el 
Perú; y el otro se llamaba Gonzalo de Albara- 
do ; Juan de Albarado era bastardo , murió en 
la mar yendo que iba á la isla de Cuba á com- 
prar caballos; pasó Juan Jaramillo, capitán que 
fué de un bergantín cuando estábamos sobre 
Méjico, y este es el que casó con doña Marina 
la lengua ; fué persona preeminente > murió de 
su muerte ; pasó un Cristóbal Flores , hombre 
de valia, murió en lo de Xalisco , yendo que fué 
con Ñuño de Guzman ; y pasó un Cristóbal 
Martin de Gamboa, caballerizo que fué de Cor- 
tés, murió de &u muerte ; pasó un Caicedo , fué 
hombre rico , murió de su muerte ; y pasó un 
Francisco de Saucedo , natural de Medina de 
Rioseco, y porque era muy pulido le llamába- 
mos el Galán ; decían que habia sido maestre- 
sala del almirante de Castilla , murió en las 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 329 

puentes ; pasó un Gonzalo Domínguez , muy 
esforzado y gran ginete , y murió en poder de 
indios; y pasó un Francisco de Moría , muy es- 
forzado soldado y buen ginete, natural de Je- 
rez , murió en las puentes ; también pasó otro 
buen soldado que se decia Fulano de Mora, 
natural de Ciudad-Rodrigo, murió en los peño- 
les que están en la provincia de Guatimala ; y 
pasó un Francisco de Bonal , persona de valia, 
natural de Salamanca , murió de su muerte; 
pasó un Fulano de Lares, bien esforzado y buen 
ginete , murió en las puentes ; pasó otro La- 
res, ballestero , también murió en las puentes; 
pasó un Simón de Cuenca, que fué mayordomo 
de Cortés , matáronlo indios en lo de Xacalan- 
go; tambin murieron en su compañía otros diez 
soldados que no se me acuerdan sus nombres; y 
también pasó un Francisco de Medina, natural 
de Aracena, fué capitán en una entrada, murió 
en lo de Xicalango en poder de los indios; tam- 
bién murieron en su compañía otros quince sol- 
dados que tampoco me acuerdo sus nombres; y 
también pasó un Maldonado, que le llamábamos 
el Ancho, natural de Salamanca, persona pree- 
minente, y habia sido capitán de entradas, mu- 
rió de su muerte; y pasaron dos hermanos que 
se decían Francisco Alvarcz Chico y Juan Al- 
varez Chico, naturales de Fregenal; el Francis- 
co Alvarez era hombre de negocios y estaba do- 
liente, y murió en la isla de Santo Domingo; el 
Juan Alvarez murió en lo de Colima, en poder 
42 



330 ' BERNAL DÍAZ. 

de indios; y pasó un Francisco de Terrazas, ma- 
yordomo que fué de Cortés, persona preeminen- 
te, murió de su muerte; y pasó un Cristóbal üel 
Corral, el primer alférez que tuvimos en lo de 
Méjico, persona bien esforzada, fuese á Castilla 
y allá murió; pasó un Antonio de Villa-Real, 
marido que fué de Isabel de Ojeda, que después 
se mudó el nombre de Villa-Real y dijo que se 
decia Antonio Serrano de Cardona, murió de su 
muerte; pasó un Francisco Rodríguez Magarino, 
persona preeminente, murió de su muerte; y 
Francisco Flores pasó ansimismo, que fué veci- 
no de Guaxaca, persona muy noble, murió de su 
muerte; y pasó un Alonso de Grado, y era hom- 
bre más por entender en negocios que guerra, 
y este, con importunaciones que tuvo con Cor- 
tés, le casó con doña Isabel, hija de Montezuma, 
murió de su muerte; pasaron cuatro soldados 
que tenían por sobrenombres Solíses: el uno, 
que era hombre anciano, murió en las puentes, 
y el otro se decia Solís, y porque era travieso 
le llamábamos Casquete , murió de su muerte 
en Guatimala ; el ctro se decia Pedro de Solis 
Tras-de-la-puerta , porque estaba siempre en 
su casa tras de la puerta mirando los que pasa- 
ban por la calle , y él no podia ser visto ; fué 
yerno de Orduña el vieio , vecino de la Puebla, 
y murió de su muerte ; y el otro Solis se decia 
el de la Huerta, y nosotros le llamábamos Sayo 
de seda , porque se preciaba mucho de traer 
sayo de seda, y murió de su muerte ; é pasó un 



CONQUISTA DE NÜEVA-E8PANA. 331 

esforzado soldado que se decia Benitez t murió 
en las puentes ; é pasó otro muy esforzado sol- 
dado que se decia Juan Ruano , murió en las 
puentes: y pasó Bercardino Vazques de Tapia, 
persona muy preeminente y rico , murió de su 
muerte; é pasó un muy esforzado soldado que 
se decia Cristóbal de Olea , natural de tierra 
de Medina del Campo , y bien se puede decir 
que , después de Dios , por este salvó la vida 
Cortés la primera vez en lo de Suchimileco, 
cuando se vio Cortés en gran aprieto , que le 
derribaron los indios mejicanos del caballo, que 
se decia el Romo , y este Olea llegó de los pri- 
meros á socorrerle, é hizo tales cosas por su per- 
sona , que tuvo lugar Cortés de cabalgar en el 
caballo , y luego le socorrimos ciertos soldados 
que en aquel tiempo llegamos , y el Olea quedó 
mal herido ; y la postrera vez que le socorrió 
este Olea , cuando en Méjico en la calzadilla le 
desbarataron los mejicanos y le mataron sesenta 
y dos soldados , y á Cortés le tenia ya engar- 
rafado un escuadrón de mejicanos para le llevar 
á sacrificar , y le habían dado una cuchillada 
en una pierna, y el buen Olea con su ánimo tan 
esforzado peleó tan bravosamente que se le 
quitó, y allí perdió la vida este esforzado va- 
ron; que ahora que lo estoy escribiendo se me 
enternece el corazón, é me parece qué ahora le 
veo y se me representa su presencia y grande 
ánimo como muchas veces nos ayudaba á pelear; 
y de aquella derrota escribió Cortés á su majes- 



332 BSRNAL DÍAZ. 

tad que no fueron sino veinte y ocho los que 
murieron, y como he dicho, fueron sesenta y 
dos. Y para que bien se entienda esto que escri- 
bo del Olea, y no digan algunas personas que 
salgo de la orden de lo que ¡pasó, sepan que el 
uno es Cristóbal de Olea, natural de Castilla la 
Vieja, y este que he dicho; y otro fué Cristóbal 
de Olí, qué fué maese de campo, natural que 
fué de Ubeda ó de Linares, porque estos dos.ca- 
pitanes casi que tienen un nombre. Volvamos 
á nuestro cuento: que también pasó con nos- 
otros un buen soldado que tenia una mano me- 
nos, que se la cortaron en Castilla por justicia, 
murió en poder de indios; pasó otro soldado que 
se decia Tuvilla, que cojeaba de una pierna, 
que decia él que se habia hallado en la del Ga- 
rellano con el Gran Capitán, murió en poder de 
indios; pasaron dos hermanos que se decian 
Gonzalo López de Jimenay Juan López de Jime- 
na; el Gonzalo López murió en poder de indios, 
y el Juan López fué alcalde mayor en la Vera- 
cruz y murió de su muerte; y pasó un Juan de 
Cuellar, buen ginete; este casó primera ve2 
con una hija del señor de Tezcuco, la cual se 
decia doña Ana y era hermosa, murió de si 
muerte; y pasó otro Fulano que se decia Cue- ¡ 
llar, deudo de Francisco Verdugo, vecino d( 
Méjico, murió de su muerte; y pasó un Santos 
Hernández, hombre anciano, natural de Soria, 
que por sobrenombre le llamábamos el Buer 
Viejo, ginete batidor , murió de su muerte; 



CONQUISTA J>E NUEVA-ÉSPANA. 333 

y pasó un Pedro Moreno Medrano, vecino que 
fué de la Veracruz, y muchas veces fué en ella 
alcalde ordinario, y era recto en hacer justicia, 
y después fué á vivir á la Puebla; fué hombre 
que sirvió muy bien á su majestad, ansí de sol- 
dado como de hacer justicia, murió de su muer- 
te; y pasó un Juan de Limpias Carvajal, buen 
soldado, capitán que fué de bergantines, y en- 
sordeció estando en Ja guerra, murió de su 
muerte; y pasó un Melchor de Gálvez, vecino 
que fué de Guaxaca, murió de su muerte; y pasó 
un Ramón López, que después de ganado Méji- 
co se le quebró un ojo, persona preeminente, 
murió en Guaxaca; pasó un Villandrando, que 
decían que era deudo del conde de Ribadeo, 
persona preeminente, murió de su muerte, pasó 
un Osorio, natural de Castilla la Vieja, buen 
soldado y persona de mucha cuenta, murió en la 
Veracruz; pasó un Rodrigo de Castañeda, fué 
naguatato y buen soldado, murió en Castilla; 
pasó un Fulano de Pilar, fué buena lengua , mu- 
rió en lo de Cuyoacan cuando fué con Ñuño de 
Guzman; pasó otro soldado que se dice Grana- 
do, vive en Méjico; pasó un Martin López, fué 
un muy buen soldado, este fué el maestre de 
hacer los trece bergantines, que fué harta ayu- 
da para ganar á Méjico, y de soldado sirvió 
bien á su majestad, vive en Méjico; pasó un 
Juan de Najara, buen soldado y ballestero, 
sirvió bien en la guerra; y pasó un Ojeda, ve- 
cino de los zapotecas, y quebráronle un ojo en 



334 BERNAL DÍAZ. 

lo de Méjico; pasó un Fulano de la Serna, que 
tuvo unas minas de plata, tenia una cuchillada 
por la cara, que le dieron en la guerra, no me 
acuerdo qué se hizo del; y pasó un Alonso Her- 
nández Puertocarrero, primo del conde [de Me- 
dellin, caballero preeminente, y este fué á Cas- 
tilla la primera vez que enviamos presentes á 
su majestad, y en su compañía fué D. Fran- 
cisco de Montejo antes que fuese Adelantado, y 
llevaron mucho oro en granos sacado de las 
minas, y joyas de diversas hechuras, y el sol 
de oro y la luna de plata. Y según pareció, el 
Obispo de Burgos, que se decia D. Juan Rodrí- 
guez de Fonseca, Arzobispo de Rosano, mandó 
prender al Alonso Hernández Puertocarrero 
porque decia al mismo Obispo que quería ir á 
Flandes con el presente ante su majestad, y 
porque procuraba por las cosas de Cortés, y 
tuvo achaque el Obispo para le prender por- 
que le acusaron al Puertocarrero que habia 
traído á la isla isla de Cuba una mujer casada, y 
en Castilla murió; y puesto que era uno de los 
principales compañeros que con nosotros pasa- 
ron se me olvidaba de poner en esta cuenta, 
hasta queme acordé del; y también pasó otro 
muy buen soldado que se decia Alonso Luis ó 
Juan Luis r y era muy alto de cuerpo y le decia- 
mos por sobrenombre el Niño, murió en poder de 
indios; y pasó otro buen soldado que se decia Her- 
nando Burgueño, natural de Aranda de Duero, 
murió de su muerte; é pasó ot re buen soldado que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 335 

se decia Alonso de Monroy, é porque se decía que 
era hijo de un comendador de Santistéban, por- 
que no le conociesen se llamaba Salamanca, mu- 
rió en poder de indios; y vamos adelante, que 
también pasó un Fulano de Villalobos, natural 
de Santa Olalla, que se fué á Castilla rico; 
y pasó un Tirado déla Puebla, era hombre de 
negocios, murió de su muerte; y pasó un Juan 
del Rio, fué á Castilla; y pasó un Juan Rico de 
Alanis, buen soldado, murió en poder de indios; 
y pasó un Gonzalo Hernández de Alanis, bien 
esforzado soldado; pasó un Juan Rico de Ala- 
nis, murió de su muerte; é pasó un Fulano Na- 
varrete, vecino que fué de Panuco, murió de su 
muerte; pasó un Francisco Martin de Vendabal, 
vivo le llevaron los indios á sacrificar, y ansi- 
mismo á otro su compañero que se decia Pedro 
Gallego, y desto echamos mucha culpa á Cor- 
tés, porque quiso echar una celada á unos es- 
cuadrones mejicanos, y los mejicanos se la echa- 
ran al mismo Cortés y le arrebataron los dos 
soldados, y los llevaron á sacrificar delante de 
sus ojos, que no se pudieron valer; y pasaron 
tres soldados que se decían Trujillos, el uno na- 
tural de Trujillo, y era muy esforzado y murió 
en poder de indios; y el otro, natural de Güelva, 
también fué de mucho ánimo, murió en poder 
de indios, y el otro era natural de León, tam- 
bién murió en poder de indios; y pasó un solda- 
do que se decia Juan Flamenco, murió de su 
muerte; y pasó un Franciseo del Barco, natu- 



336 BEKNAL DÍAZ. 

ral del Barco de Avila, capitán que fué en la 
Cholulteca, murió de su muerte; pasó un Juan 
Pérez, que mató á su mujer, que se dech la 
hija de la Vaquera, murió de su muerte; y pasó 
otro buen soldado que se decia Nájera el Cor- 
covado, extremado hombre por su persona, mu- 
rió en Colima ó en Zacatula; é pasó otro buen sol- 
dado que se decia Madrid el Corcovado, murió 
en Colima ó Zacatula; y pasó otro soldado que 
se decia Juan de Inhiesta, fué ballestero, mu- 
rió de su muerte ; y pasó un Fulano de Ala- 
milla, vecino que fué de Panuco, buen balleste- 
ro, murió de su muerte; y pasó un Fulano Mo- 
rón, gran músico, vecino de Colima ó Zacaca- 
tula, murió de su muerte; pasó un Fulano de 
Várela, buen soldado, vecino que fué de Colima 
ó Zacatula, murió de su muerte; pasó un Fula- 
no de Valladolid, vecino de Colima ó Zacatula, 
murió en poder de indios; é pasó un Fulano 
de Villafuerte, persona de valía, que casó con 
una deuda de la mujer que primero tuvo Her- 
nando Cortés, y era vecino de Zacatula ó de 
Colima, murió de su muerte; y pasó un Fulano 
Gutiérrez, vecino de Colima ó Zacatula, murie- 
ron de su muerte; y pasó otro buen soldado que 
se decia Valladolid el Gordo, murió en poder de 
indios; y pasó un Pacheco, vecino que fué de 
Méjico, persona preeminente, murió de su muer- 
te; y pasó un Hernando de Lerma ó de Lema, 
hombre anciano, que fné capitán, murió de su 
muerte; pasó un Fulano Suarcz el Viejo, que 






CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA . 337 

mató á su mujer con una piedra de moler maíz, 
murió de su muerte; y pasó un Fulano de Án- 
gulo é un Francisco Gutiérrez y otro mancebo 
que se decia Santaclara, vecinos que fueron de 
la Habana, que murieron en poder de indios; y 
pasó un Garci-Caro, vecino que fué de Méjico, 
murió le su muerte; y pasó un mancebo que se 
decia Larios, vecino que fué de Méjico, murió 
de su muerte, que tuvo pleito sobre sus indios; 
pasó un Juan Gómez, vecino que fué de Guati- 
mala, fué rico á Castilla; y pasaron dos herma- 
nos que se decian los Jiménez, naturales que 
fueron de Linguijuela de Estremadura; el uno 
murió en poder de indios, el otro de su muerte; 
y pasaron dos hermanos que se decian los Flo- 
rines, murieron en poder de indios; y pasó un 
Francisco González de Nájera éunsu hijo que 
se decia Pero González de Nájera, y dos sobri- 
nos del Francisco González que se decian los 
Ramirez ; el Francisco González murió en los 
peñoles que están en la provincia de Guatima- 
la , y los sobrinos en las puentes de Méjico; 
y pasó otro buen soldado que se decia Amaya, 
vecino que fué de Guaxaca , murió de su muer- 
te; y pasaron dos hermanos que se decian Car- 
monas, naturales de Jerez , murieron de t.us 
muertes ; y pasaron otros dos hermanos que se 
decian los Vargas, naturales de Sevilla ; el uno 
murió en poder de indios, y el otro de su muer- 
te ; y pasó otro buen soldado que se decia Po- 
lanco, natural de Avila, vecino que fué de Gua- 
43 



338 BERJÍAL DÍAZ. 

tímala, murió de su muerte ; y pasó un Hernán 
López de Avila , tenedor que fué de los bienes 
de los difuntos , fué rico á Castilla ; y pasó un 
Juan de Aragón, ""vecino de Guatiraala, murió de 
su muerte; y pasó un Fulano de Cieza, que tira- 
bá bien una barra , murió en poder de indios; 
pasó un Santisteban , viejo , ballestero , ve- 
cino de Chiapa , murió de su muerte ; pasó un 
Bartolomé Pardo, murió en poder de indios; pasó 
un Bernardino de Coria, vecino que fué de Chia- 
pa, padre de uno que se decia Centena, murió de 
su muerte; y pasó un Pedro Escudero y un Juan 
Cermeño , y otro su hermano que se llamaba 
como él , buenos soldados ; al Pedro Escudero 
y á Juan Cermeño mandó Cortés ahorcar por- 
que se alzaban con un navio para ir á la isla de 
Cuba á dar mando á Diego Velazquez, de cuan- 
do enviamos los embajadores , oro y plata á 
su majestad, para que los saliese á tomar en la 
Habana, y quien lo descubrió fué el Bernardino 
de Coria, y murieron ahorcados; y pasó un Gon- 
gzalo de Umbria, piloto, muy buen soldado; á este 
[ también mandó Cortés cortar los dedos de los 
pies porque se iba por piloto con los demás, y 
fuese á Castilla aquejar ante su majestad, y le 
fué muy contrario á Cortés, y su majestad le 
mandó dar su Real cédula para que en la Nue- 
va-España le diesen mil pesos de oro cada año 
de renta en pueblos de indios, y nunca volvió 
de Castilla , porque temió á Cortés; y pasó un 
Rodrigo Rangel, que fué persona preeminente, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 339 

y estaba muy tullido de bubas , nunca fué á la 
guerra para que del se haga memoria, y de do- 
lores murió; y pasó un Francisco de Orozco, 
que también estaba malo de bubas y muy do- 
liente, y habia sido soldado en Italia , que estu- 
vo ciertos dias por capitán en lo de Tepeaca 
entre tanto que estuvimos en la guerra de Mé- 
jico, no sé qué se hizo ni dónde murió; y pasó 
un soldado que se decia Mesa, y habia sido ar- 
tillero en Italia, y ansí lo fué en la Nueva-Es- 
paña, y murió ahogado en un rio después de ga- 
nado Méjico; y pasó ot o muy esforzado soldado 
que se decia Fulano Arbolanche, natural de 
Castilla la Tieja, murió en poder de indios; y 
pasó otro soldado que se decia Luis Velazquez , 
natural de Arévalo, murió en las Higueras cuan- 
do fuimos con Cortés ; y pasó un Martin García, 
valenciano , buen soldado , murió en lo de 
Higueras; y pasó otro buen soldado que se de- 
cia Alonso de Barrientos ; este se fué dende 
Tuztepeque á se acojer entre los indios de Chi- 
nanta cuando se alzó Méjico, y en lo de Tuzte- 
peque murieron sesenta y seis soldados y cinco 
mujeres de Castilla de los de Narvaez y de los 
nuestros, que mataron los mejicanos que esta- 
ban en guarnición en aquella provincia; y pasó 
un Almodóvar el viejo é un su hijo que se de- 
cia Alvaro de Almodóvar, y dos sobrinos que 
tenían el mesmo sobrenombre de Almodóvar, 
é el un sobrino murió en poder de indios, y 
el viejo y el Alvaro y el sobrino murieron sus 



340 BERNAL DÍAZ. 

muertes; y pasaron dos hermanos que se decían 
los Martínez, naturales de Fregenal , buenos 
hombres por sus personas, murieron en poder 
de indios; y pasó un buen soldado que se decía 
Juan del Puerto, murió tullido de bubas; y pasó 
otro buen soldado que sedecia Lagos, murió en 
poder de indios; y pasó un fraile de nuestra Se- 
ñora de la Merced que se decia fray Bartolomé 
de Olmedo, y era teólogo y gran cantor y vir- 
tuoso, murió su muerte; y pasó otro soldado 
que se decia Sancho de Avila, natural de las 
Garrovillas; este, según decían, habia llevado 
á Castilla de la isla de Santo Domingo seis mil 
pesos de oro en unos borceguíes, que cojió 
de unas minas ricas, y como llegó á Castilla 
lo jugó y lo gastó, y se vino con nosotros, é 
indios le mataron; y pasó un Alonso Hernán- 
dez de Palo, ya hombre viejo, y dos sobrinos; 
el uno se decia Alonso Hernández, buen balles- 
tero, y el otro no se me acuerda el nombre, y 
el Alonso Hernández murió en poder de indios 
y los demás murieron de sus muertes; y pasó 
otro buen soldado que se decia Alonso de la 
Mesta, natural de' Sevilla ó del Ajarafe, murió 
en poder de indios, y los demás murieron de 
sus muertes; y pasó otro buen soldado que se 
decia Rabanal, montañés, murió en poder de in- 
dios; pasó otro muy buen hombre por su perso- 
na, que se decia Pedro de Guzman, é se casó 
con una valenciana que se decia doña Francisca 
de Valtierra; fuese al Pirú, é hubo fama que 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 34 1 

murieron helados él y la mujer y un caballo y 
unos negros y otras gentes; é pasó un buen ba- 
llestero que se decía Cristóbal Díaz, natural de 
Colmenar de Arenas, murió de su muerte; é 
pasó otro soldado que se decía Retamales, ma- 
táronle indios en lo de Tabasco; é pasó otro es- 
forzado soldado que se decia Ginés Nortes, mu- 
rió en lo de Yucatán en poder de indios; pasó 
otro muy diestro soldado é bien esforzado, que 
se decia Luis Alonso, é cortaba muy bien con 
una espada, murió en poder de indios; é pasó un 
Alonso Catalán, buen soldado, murió en poder 
de indios; é otro soldado que se decia Juan Si- 
ciliano, vecino que fué de Méjico, murió de su 
muerte; é pasó otro buen soldado que se decia 
Canillas, fué en Italia atambor, y también en la 
Nueva-España , murió en poder de indios; é 
pasó un Hernández, secretario que fué de Cor- 
tés, natural de Sevilla, murió en poder de in- 
dios; pasó un Juan Diaz, que tenia una gran 
nube en un ojo, natural de Burgos, que traía á 
cargo el rescate é vituallas de Cortés, murió en 
poder de indios; pasó un Diego de Coria, vecino 
que fué de Méjico, murió de su muerte; pasó 
otro buen soldado, mancebo, que se decia Juan 
Nuñez de Mercado, que era natural de Cuéllar, 
otros decían que era natural de Madrigal; este 
soldado cegó de los ojos, vecino que ahora es de 
la Puebla; y pasó otro buen soldado, y el más 
rico que todos los que pasamos con Cortés, que 
se decia Juan Sedeño, natural de Arévalo, é tru- 



542 BÉRNAL DÍAZ. 

jo un navio suyoé una yegua é un negro, é toei- 
nos é mucho pan é cazabe, murió de su muerte é 
fué persona preeminente; é pasó un Fulano de 
Balnor, vecino que fué de la Trinidad, murió en 
poder de indios; é pasó un Zaragoza, ya hom- 
bre viejo, padre que fué de Zaragoza el es- 
cribano de Méjico, murió de su muerte; é pasó 
un buen soldado que se decia Diego Martin de 
Ayamonte , murió de su muerte ; é pasó otro 
soldado que se decia Cárdenas , decia él mismo 
que era nieto del comendador mayor don Fu- 
lano de Cárdenas, murió en poder de indios ; y 
pasó otro soldado que se decia Cárdenas, hom- 
bre de la mar, piloto , natural de Triana ; este 
fué el que dijo que no habia visto tierra adon- 
de hubiese dos Reyes como en la Nueva-Es- 
paña, porque Cortés llevaba quinto como Rey, 
después de sacado el real quinto , é de pen- 
samiento dello cayó malo, é fué á Castilla é dio 
relación dello á su majestad , é de otras cosas 
de agravios que le habían hecho , é fué muy 
contrario á Cortés , é su majestad le mandó dar 
su Real cédula para que le diesen indios que 
rentasen mil pesos ; y ansi como vino á Méjico 
con ella., murió de su muerte ; é pasó otro buen 
soldado que se decia Arguello, natural de León, 
murió en poder de los indios; y pasó otro solda- 
do que se decia Diego Hernández , natural de 
Salces de los Gallegos , ayudó á aserrar la ma- 
dera de los bergantines , é cegó é murió de su 
muerte ; é pasó otro soldado de muchas fuer- 



CONQUISTA DÉ IÍUEVA-E8PANA . 343 

zas é animoso , que se decia Fulano Vázquez, 
murió en poder de indios ; é pasó otro soldado 
ballestero que se decia Arroyuelo , decían que 
era natural de Olmedo , murió en poder de in- 
dios; é pasó un Fulano Pizarro, capitán que fué 
en entradas , decia Cortés que era su deudo; 
en aquel tiempo no habia nombre de Pizarros 
ni el Pirú estaba descubierto , murió en poder 
de indios; é pasó un Alvaro López , vecino que 
fué de la Puebla, murió de su muerte; é pasó 
otro soldado que se decia Yañez, natural de 
Córdoba, y este soldado fué con nosotros á las 
Higueras, y entre tanto que fué se le casóla 
la mujer con otro marido, é de que volvimos de 
aquel viaje no quiso tomar á la mujer, murió de 
su muerte; é pasó un buen soldado é bien suelto 
peón que se decia Magallanes, portugués, mu- 
rió en poder de indios; é pasó otro portugués 
Platero, murió en poder de indios; é pasó otro 
portugués, ya hombre anciano, que se decia 
Martin de Alpedrino, murió de su muerte; é 
pasó otro portugués que se decia Juan Alvarez 
Rubazo, murió de su muerte; é pasó otro muy 
esforzado portugués que se decia Gonzalo Sán- 
chez, murió de su muerte; é pasó otro portu- 
gués, vecino que fué de la Puebla, que se decia 
Gonzalo Rodríguez, persona preeminente, mu- 
rió de su muerte; é pasaron otros dos portugue- 
ses, vecinos de la Puebla, que se decían los Vi- 
llanuevas, altos de cuerpo, no sé qué se hicie- 
ron ó dónde murieron; é pasaron tres soldados 



344 BERHAL DÍAZ. 

que tenían por sobrenombres Fulanos de Avi- 
la; el uno que se deeia Gaspar de Avila, fué 
yerno de Hortigosa, el escribano, murió de su 
muerte; é el otro Avila se allegaba con el ca- 
pitán Andrés de Tapia , murió en poder de 
indios ; é también pasaron dos hermanos, hom- 
bres ancianos, que se decian los Vandadas, 
decían que eran naturales de tierra de Avi- 
la, murieron en poder de indios ; é pasaron 
otros tres soldados que tenían por sobrenombres 
Espinosas; el uno era vizcaíno, é murió en po- 
der de indios; y el otro se decía Espinosa de la 
Bendición, porque siempre traia por plática con 
la buena bendición ; era muy buena aquella 
plática, é murió de su muerte; y el otro Espino- 
sa era natural de Espinosa de los Monteros, mu- 
rió en poder de indios ; é pasó un Pedro Peton 
de Toledo , murió de su muerte ; é vino otro 
buen soldado que se decía Villasinda , natural 
de Portillo , que se metió fraile francisco , mu- 
rió de su muerte ; é pasaron dos buenos sol- 
dados que se decian por sobrenombre San Juan; 
al uno llamábamos San Juan el Entonado, por- 
que era muy presuntuoso , murió en poder de 
indios; y el otro se decía San Juan de Vichilla, 
era gallego, murió de su muerte ; é pasó otro 
buen soldado que se decia Izquierdo , natural 
de Castromocho , fué vecino en la villa de San 
Miguel, sujeta á Guatimala, murió de su muer- 
te ; é pasó un Aparicio Martin , que casó con 
una que se decia la Medina , natural de Medina 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 345 

de Rioseco , vecino que fué de San Miguel, 
murió de su muerte ; é pasó un buen soldado 
que se decia Cáceres, natural de Trujillo, murió 
en poder de indios ; é pasó otro buen soldado 
que se decia Alonso de Herrera, natural de Je- 
rez; este fué capitán en los zapotecas, é acuchi- 
lló á otro capitán que se decia Figueto sobre 
ciertas contiendas de las capitanías, é por temor 
del tesorero Alonso de Estrada, que en aquella 
sazón era gobernador , porque no le prendiese, 
se fué á lo de Marañon , é allá murió en poder 
de indios, y el Figuero se ahogó en la mar yendo 
á Castilla ; é también pasó un mancebo que se 
decia Maldonado , natural de Medellin , estuvo 
malo de bubas , é no sé si murió de su muerte; 
no lo digo por Maldonado de la Veracruz , ma- 
rido que fué de doña Maria del Rincón ; é pasó 
otro soldado que se decia Morales , ya hombre 
anciano, que cojeaba de una pierna ; decian que 
fué soldado del comendador Sol;s, fué alcalde 
ordinario en la Villa-Rica, é hacia recta justi- 
cia; é pasó otro soldado que se decia Escalona 
el mozo, murió en poder de indios; é pasaron 
tres soldados, que todos tres fueron vecinos en 
la Villa-Rica, que nunca fueron á guerra ni á 
entrada ninguna de la Nueva-España; aluno 
decian Arévaio é al otro Juan León é al otro 
Madrigal, murieron de su muerte; é pasó otro 
soldado que se decia por sobrenombre Lencero, 
cuya fué la venta que agora se dice de Lencero, 
que está entre la Veracruz é la Puebla, que fué 
44 



346 BERNA L DÍAZ. 

buen soldado y se metió fraile mercenario ; pasó 
un Alonso Duran, que era algo viejo y no via 
bien, que ayudaba de sacristán é se metió fraile 
mercenario ; é pasó otro soldado que se decia 
Navarro , que se allegaba en casa del capitán 
Sandoval , é después se casó en la Veracruz, 
murió de su muerte; é pasó otro buen soldado 
que se decia Alonso de Talavera, que se alle- 
gaba en casa del capitán Sandoval, murió en 
poder de indios; é pasaron dos indios, que se 
decia el uno Juan de Manzanilla y el otro Pedro 
Manzanilla; el Pedro Manzanilla murió en po- 
der de indios, el Juan de Manzanilla fué veci- 
no de la Puebla, murió de su muerte; é pasó 
un soldado que se decia Benito Bejel , fué 
atambor de cjércifos de Italia , y también lo 
fué en la Nueva-España, murió de su muerte; 
é pasó un Alonso Romero , que fué vecino, de 
la Veracruz, persona rica y preeminente, mu- 
rió de su muerte; é pasó un soldado que se 
decia Síndos de Portillo , natural de Portillo, 
é tuvo muy buenos iadios y estuvo rico, é dejó 
[sus indios y vendió sus bienes, é lo repartió á 
pobres é se metió fraile, é fué de santa vida; 
é otro buen soldado que se decia Quintero, 
natural de Moguel , é tuvo buenos indios y es- 
tuvo rico , é lo dio por Dios é se metió fraile 
francisco y fué buen religioso ; é otro soldado 
que se decia Alonso de Aguilar , cuya fué la 
venta que ahora llaman de Aguilar , que está 
entre la Veracruz y la Puebla , y fué persona . 






CONQUISTA D* NUEVA-E8PAÑA. 347 

rica y tuvo buen repartimiento de indios , todo 
lo yendió y dio por Dios , é se metió fraile 
dominico y fué muy buen religioso ; é otro sol- 
dado que se decía Fulano Burguillos , tenia 
buenos indios y estuvo rico , é lo dejó é se me- 
tió fraile francisco , y este Burguillos después 
se salió de la orden ; é otro buen soldado que 
se decia Escalante , era galán y buen ginete, 
metióse fraile francisco , que después se salió 
del monasterio é se volvió á triunfar , é de ahi 
obra de un mes t»e tornó á tomar los hábitos y 
fué buen religioso ; otro soldado que se decia 
Gaspar Díaz, natural de Castilla la Vieja, é fué 
rico, ansi de sus indios como de sus tratos , todo 
lo dio por Dios, é se íué á los pinaresde Guaxo- 
cingo, en parte muy solitaria, é hizo una ermita 
é se puso en ella por ermitaño t é fué de tan 
buena vida é se daba á ayunos y disciplinas, que 
se paró muy flaco é debilitado, é decían que dor- 
mía en el suelo en unas pajis ; é de que lo supo 
el Obispo D. fray Juan de Zumarraga le mandó 
que no hiciese tan áspera vida, étuvo tan buena 
fama el ermitaño Gaspar Díaz, que se metieron 
en su compañía otros ermitaños , é todos hicie- 
ron buenas vidas , é á cuatro años que alli es- 
taban fué Dios servido llevarle á su santa glo- 
ria ; é pasó otro soldado que se decia Ribadeo, 
gallego , que por sobrenombre le llamábamos 
Beberreo , porque bebia mucho vino , murió en 
poder de indios en lo de Almería; pasó otro 
soldado que llamábamos el Galleguülo por- 






348 BERNAL DÍAZ. 

que era chico de cuerpo, murió en poder de in- 
dios; pasó un esforzado soldado que se decía 
Lerma; éste fué uno de ios que ayudaron á sal- 
var la vida á Cortés, como dicho tengo en el 
capítulo que dello habla, y se fué entre los in- 
dios como aburrido de temor del mismo Cortés, 
á quien habia ayudado á salvar la vida, por cier- 
tas cosas de enojo que Cortés contra él tuvo, 
que aquí no declaro por su honor; nunca más 
supimos del vivo ni muerto; mala sospecha tu- 
vimos; también pasó otro buen soldado que se 
decía Pinedo, criado que habia sido de Diego 
Velazquez , gobernador de Cuba, y cuando 
vino Narvaez, se iba de Méjico para el mismo 
capitán Narvaez, y en el camino le mataron 
indios, sospechóse que por mandado de Cortés; 
pasó otro soldado y buen ballestero que se de- 
cía Pedro López, murió de su muerte; y asi- 
mismo pasó otro Pedro López, ballestero, que 
fué con Alonso de Avila á la isla Española, é 
allá se quedó; é pasaron tres herreros, el uno 
se llamaba Juan García y el otro Hernán Mar 
tin, que casó con la Bermuda, que se llamaba 
Catalina Márquez, y el otro no me acuerdo su 
nombre; el uno murió en poder de indios é los 
des de sus muertes; é pasó otro soldado que se 
decia Alvaro Gallego, vecino que fué de Méji- 
co, cuñado de unos Zamoras, murió de su muer- 
te; é pasó otro soldado, ya hombre anciano, 
que se decia Paredes , padre de un Paredes 
que agora está en lo de Yucatán, murió en po- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 349 

der de indios; é pasó otro soldado que se decia 
Gonzalo Mejía Rapapelo, porque decia él mis- 
mo que era nieto de un Mejía que andaba á 
robar en el tiempo del Rey D. Juan en compa- 
ñía de un Centeno, murió en poder de indios; pa- 
só un Pedro de Tapia, y murió tullido después de 
ganado Méjico ; é pasaron ciertos pilotos que se 
decian Antón de Alaminos ó un su hijo que tam- 
bién tenia el mismo nombre que su padre, eran 
naturales de Palos ; é un Camacho de Triana, é 
un Juan Alvarez, el Manquillo de Güelva, é un 
Sopuerta del Condado, ya hombre anciano, é un 
Cárdenas. Este fué el que estuvo malo de pen- 
samiento cómo sacaban dos quintos del oro, el 
uno para Cortés ; é un Gonzalo de Umbría, é 
hubo otro piloto que se decia Galdin, c también 
hubo más pilotos, que ya no se acuerdan sus 
nombres; mas el que yo vi que se quedó para 
vecino en Méjico fué el Sopuerta, que todos los 
demás se fueron á Cuba é Jamaica é á otras is- 
las é á Castilla á ganar pilotajes, por temor del 
Cortés, porque estaba mal con ellos porque die- 
ron aviso á Franciscojde Garay de las tierras que 
demandó á su majestad que le hiciese mercedes; 
y aun fueron cuatro pilotos dellos ase quejar de 
Cortés delante de su majestad, los cuales fueron 
los Alaminos é el Cárdenas é el Gonzalo de Um- 
bría, é les maridó dar cédulas Reales para que en 
la Nueva-España diesen á cada uno mil pesos de 
renta ; é el Cárdenas vino, é los demás nunca 
vinieron. E pasó otro soldado que se decia Lú- 



350 BERNAL DÍAZ. 

cas Ginovés, y era piloto, murió en poder de in- 
dios; é también pasó -otro Lorenzo Ginovés, 
vecino que fué de Guaxaca, marido de una por- 
tuguesa vieja, murió de su muerte; é pasó otro 
soldado que se decia Enrique, natural de tier- 
ra de Palencia ; este soldado se ahogó de 
cansado é del peso de las armas é del calor 
que le daban; é pasó otro soldado que se decia 
Cristóbal de Jaén, era carpintero, murió en po- 
der de indios; é pasó un Ochoa, vizcainq, hom- 
bre rico y preeminente, vecino que fué de Gua- 
xaca, murió de su muerte; é pasó un bien esfor- 
zado soldado que se decia Zamudio, fuese á 
Castilla porque acuchilló á unos en Méjico; en 
Castilla fué capitán de una capitanía de hom- 
bres de armas, murió en Locastil con otros mu- 
chos caballeros españoles; é pasó otro soldado 
que se decia Cervantes el Loco, era chocarrero 
é truhán, murió en poder de indios; é pasó uno 
que llamaban Plazuela, matáronlo indios; é pasó 
un buen soldado que se decia Alonso Pérez Mai- 
te, que vino casado con una india muy hermosa 
del Bayamo, murió en poder de indios; é pasó 
un Martin Vázquez, natural de Olmedo, hombre 
rico é preeminente, vecino que fué de Méjico, 
murió de su muerte; pasó un Sebastian Rodrí- 
guez, buen ballestero, y después de ganado 
Méjico fué trompeta, murió de su muerte; é 
pasó atro ballestero que se decia Pcñalosa,com- 
pañero del Sebastian Rodríguez, murió de su 
muerte; é pasó un soldado que se decia Alvaro, 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 35Í 

hombre de la mar, natural de Palos, que decían 
que tuvo en indias de la tierra treinta hijos en 
obra de tres años, matáronlo indios en lo de las 
Higueras; é pasó otro soldado que se dccia Juan 
Pérez Malinche, que después le oí nombrar Ar- 
teaga, vecino de la Puebla, fué hombre rico y mu- 
rió de su muerte; pasó un buen soldado que se 
decía Pedro González Sabote, murió de su muer- 
te; paso otro buen soldado que se decia Jerónimo 
de Aguilar; este Aguilar pongo en esta cuenta 
porque fué el que hallamosen la Punta de Coto- 
che, que estaba en poder de indios, é fué nuestra 
lengua, murió tullido de bubas; é pasó otro 
soldado que se decia Pedro Valenciano, vecino 
de Méjico, murió de su muerte; pasaron tres 
soldados que tenían por sobrenombres Tarifas; 
el uno fué vecino de Guaxaca, marido de una 
mujer que se decia Catalina Muñoz, murió de 
su muerte; el otro se decia Tarifa el de los ser- 
vicios, porque siempre andaba diciendo que ser- 
via á su majestad é que no le daban na la, y era 
natural de Sevilla, hombre hablador, murió de 
su muerte; y el otro llamaban Tarifa el de las 
manos blancas, también era natural de Sevilla, 
llamábamosle ansí porque no era para la guer- 
ra ni para cosa de trabajo, sino hablar de cosas 
pasadas que le habían acaecido en Sevilla, mu- 
rió en el rio del Golfo-Dulce en el viaje de Hi- 
gueras, ahogóse él é su caballo, que nunca pa- 
recieron mas; pasó otro buen soldado que se 
decia Pedro Sánchez Farfan, que estuvo por ca- 



352 BEhNAL DÍAZ. 

pitan en Tezcuco entre tanto que andábamos 
en la guerra, murió de su muerte; é pasó otro 
soldado que se decía Alonso de Escobar, el paje 
que fué de Diego Velazquez, de quien se tuvo 
mucha cuenta, matáronlo indios; é pasó otro 
soldado que se decia el bachiller Escobar, era 
boticario, é curaba ansí de cirujía como de me- 
dicina, enloqueció y murió de su muerte; é pasó 
otro soldado que se decia también Escobar, bien 
esforzado; mas fué tan bullicioso , que murió 
ahorcado porque forzó á una mujer casada y por 
revoltoso; é pasó otro soldado que se decia Fu- 
lano de Santiago, natural de Güelva, fuese á 
Castilla rico; pasó otro su compañero del San- 
tiago que se decia Ponce, murió en poder de in- 
dios; pasó un Fulano Méndez, ya hombre anciano, 
matáronlo indios ; otros tres soldados que mu- 
rieron en las guerras que tuvimos en lo de Ta- 
basco ; el uno se decia Saldaña, los ofros dos no 
me acuerdo sus nombres ; é pasó otro buen sol- 
dado é ballestero, era hombre ya anciano, que 
jugaba mucho á los naipes, murió en poder de 
indios; é pasó otro soldado anciano que trajo un 
su hijo que se decia Orteguilla, paje que fué del 
gran Montezuma, así al viejo como al hijo ma- 
taron los indios ; é pasó otro soldado que se de- 
cia fulano de Gaona, natural de Medina de Rio- 
seco, murió en poder de indios; é pasó otro sol- 
dado que se decia Juan de Cáceres, que después 
de ganado Méjico fué hombre muy rico y vecino 
de Méjico, murió de su muerte; pasó otro sol- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 353 

dado que se decía Gonzalo Hurones, natural de 
la9 Garrovilla9, murió de su muerte; é pasó otro 
soldado, ya hombre anciano, que se decia Ramí- 
rez el viejo, murió de su muerte, vecino que fué 
de Méjico; pasó otro soldado, y muy esforzado, 
qne 8C decia Luis Farfan, murió en poder de in- 
dios; é pasó otro soldado que se decia Morillas; 
murió en poder de indios; é pasó otro soldado que 
se decia Fulano de Rojas, que después pasó ai 
Pirú; é pasó un Astorga, hombre anciano y ve- 
cino que fué de Guaxaca, murió de su muerte; 
pasaron dos hermanos que se llamaban Tosta- 
dos, el uno murió en poder de indios y el otro 
de su muerte; y pasó otro buen soldado que se 
decia Baldovinos, murió en poder de indios; 
también quiero aquí poner á Guillen de la Loa 
é á Andrés Nuñez é á maese Pedro el de la 
Harpa é á otros tres soldados que tomamos 
del navio que venian de los de Garay, como 
dicho tengo, é por esta causa los pongo aquí 
con los de Cortés , por ser todo en un tiem- 
po; el Guillen de la Loa murió de un cañonazo, y 
los otros dellos de su muerte, y otros en poder 
de indios ; y pasó un Porras , muy bermejo y 
gran cantor, murió en poder de indios ; é pasó 
un Ortiz, gran tañedor de vigüela, y enseñaba á 
danzar , y vino un su compañero que se decia 
Bartolomé Garcia . fué minero en la isla de 
Cuba; este Ortiz y el Bartolomé Garcia pasa- 
ron el mejor caballo de todos los que pasaron 
en nuestra compañía , el cual caballo Jes tomo 
45 



354 BERNAL DIJLZ. 

Cortés é se lo pagó ; murieron entrambos com- 
pañeros en poder de indios; pasó otro buen sol- 
dado que se decia Serrano, era buen ballestero, 
murió en poder de indios; y pasó un hombre an- 
ciano que se decia Pedro Valencia , natural de 
un lugar de cabe Plasencia, murió de su muerte; 
pasó otro soldado que se decia Quintero , fué 
maestre de navios t matáronle indios ; pasó un 
Alonso Rodríguez, que dejó buenas minas en la 
isla de Cuba, estaba rico, murió en poder-de in- 
dios en los Peñoles, que ahora llaman, que ganó 
Cortés; é también murió alli otro buen soldado 
que se decia Gaspar Sánchez, sobrino del teso- 
rero de Cuba, con otros seis soldados que fueron 
de los de Narvaez ; é también pasó un Pedro de 
Palma, primer marido que tuvo Elvira López la 
Larga; murió ahorcado él y otro soldado que se 
decia Trebejo , natural de Fuenteguinaldo , los 
cuales mandó ahorcar Gil González de Avila ó 
Francisco de las Casas , y juntamente con ellos 
á un Clérigo de Misa," por revoltosos y hombres 
amotinadores de ejércitos cuando se venían á 
la Nueva-España desde Naco , después que 
hubieron degollado á Cristóbal de Olí , como 
dicho tengo en el capítulo que dello habla. Estos 
soldados y Clérigo eran de los que habían ido 
con Cristóbal de Olí, puesto que erando los que 
pasaron con Cortés. A mí me enseñaron un ár- 
bol gordo donde los ahorcaron , viniendo que 
veníamos de las Higueras en compañía de Luis 
Clarín. E volviendo á nuestro cuento, también 






C0NQUI8TA DE NUEVA-ESPAÑA. 355 

pasó un Fray Juan de las Varillas, mercenario, 
buen teólogo y virtuoso , é murió su muerte; 
un Andrés de Mola Levantisco, murió en poder 
de indios; é también pasó un buen soldado que 
se decia Alberza, natural de Yillanueva de la 
Serena, murió en poder de indios; pasaron otros 
muy buenos soldados que solían ser hombres 
de la mar, como fueron pilotos , maestres y 
contra-maestresj de los más mancebos de los, 
navios que dimos al través, muchos dellos fue- 
ron animosos en las guerras y batallas, y por 
no me acordar de todos no pongo aquí sus 
nombres. E también pasaron otros soldados, 
hombres de la mar, que se decían los Penates, 
y otros Pinzones, los unos naturales de Gibra- 
leon y otros de Palos; dellos murieron en poder 
de indios , y otros fueron á Castilla é. quejarse 
de Cortés. También me quiero yo poner aquí en 
esta relación á la postre de todos, puesto que 
vine 4 descubrir dos veces primero que Cortés, 
y la tercera con el mismo Cortas, según lo ten-* 
go ya dicho en el capítulo que dello fyabla, y 
doy muchas gracias y loores á Dios Nuestro 
Señor y á Nuestra Señora la Virgen Santa Ma- 
ría, su bendita Madre, que me ha guardado que 
no sea sacrificado, como en aquellos tiempos sa- 
crificaron todos los más de mis compañeros que 
nombrados tengo, para que ahora §e descubran 
muy claramente nuestros heroicos hechos, y 
quién fueron los valerosos capitanes y fuertes 
soldados que ganamos estas partes del Nuevo- 



356 BERNAL DÍAZ. 

Mundo, y no refieran la honra y prez y nuestra 
valía á un solo capitán. 



CAPITULO CCVI 



DE LAS ESTATURAS, PROPORCIONES Y EDADES OUE TU- 
VIERON CIERTOS CAPITANES Y VALEROSOS SOLDA- 
DOS QUE FUERON DE CORTES , CUANDO VENIMOS Á 
CONQUISTAR LA NUEVA-ESPANA. 



El marques don Hernando Cortés, ya he di- 
cho en el capítulo que del habla, en el tiempo 
que falleció en Castilleja de la Cuenca, de su 
edad, proporción y persona, é qué condiciones 
tenia, é otras cosas que hallarán escritas en es- 
ta relación, ri lo quisieren ver. También he di- 
cho en el capítulo que dello habla, del capitán 
Cristóbal de Oh, de cuándo fué con la armada 
alas Higueras, de la edad que tenia, y de sus 
condiciones é proporciones; allí lo hallaran. 
Quiero ahora poner la edad é proporciones y 
parecer de don Pedro de Albarado. Fué comen- 
dador de Santiago, Adelantado y gobernador de 
Guatimala é Honduras é Chiapa, seria de obra 
de treinta y cuatro años cuando acá pasó; fué 
de muy buen cuerpo é bien proporcionado, é 
tenia el rostro y cara muy alegre y en el mirar 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 357 

muy amoroso; é por ser tan agraciado le pusie- 
ron por nombre los indios mejicanos Tonatio, 
que quiere decir el sol. Era muy suelto é buen 
jinete, y sobre todo, ser franco é de buena con- 
versación, y en el vestirse traia muy pulido y 
con ropas ricas, y traia al cuello una cadenita 
de oro con un joyel, ya no se me acuerdan las 
letras que tenia el joyel; y en un dedo un anillo 
de diamante; y porque ya he dicho dónde fa- 
lleció y otras cosas acerca de la persona, en 
esta no quiero poner más. El Adelantado Fran- 
cisco de Montejo fué de mediana estatura, el ros- 
tro alegre, y amigo de regocijos é buen jinete; 
é cuando acá pasó sería de edad de treinta y 
cinco años, y era más dado á negocios que para 
la guerra; era franco y gastaba más de lo que 
tenia de renta; fué Adelantado y gobernador de 
Yucatán, murió en Castilla. El capitán Gonzalo 
de Sandóval fué muy esforzado, y sería cuando 
acá pasó de hasta veinte y dos años; fué algua- 
cil mayor de la Nueva-España y fué goberna- 
dor della, juntamente con el tesorero Alonso de 
Estrada, obra de once meses; su estatura muy 
bien proporcionada y de razonable cuerpo y 
membrudo; el pecho alto y ancho, y asimismo 
tenia la espalda, y de las piernas algo esteva- 
do; el rostro tiraba algo á robusto, y la barba y 
el cabello que se usaba algo crespo y acastaña- 
do, y la voz no la tenia muy clara, sino algo es- 
pantosa, y ceceaba tanto cuanto; no era hombre 
que sabia letras, sino á las buenas llanas, ni era 



358 BERNAL DÍAZ. 

codicioso de haber oro, sino solamente hacer 
sus cosas como buen capitán esforzado, y en las 
guerras que tuvimos en la Nueva-Empaña siem- 
pre tenia cuenta en mirar por los soldados 
que le parecía que lo hacían bien, y les favo- 
recia y ayudaba; no era hombre que traía ricos 
vestidos, sino muy llanamente, como buen sol- 
dado; tuvo el mejor caballo y de mejor car- 
rera, revuelto á una mano y á otra, que de- 
cían que no se había visto mejor en Castilla 
ni en esla tierra; era castaño acastañado, y una 
estrella en la frente y un pié izquierdo cal- 
zado, que se decía el caballo Motilla; é cuando 
hay ahora diferencia sobre buenos caballos 
suelen decir: «Es en bondad tan bueno co- 
mo Motilla.» Dejaré lo del caballo, y diré deste 
valeroso capitán que alleció en la villa de Pa- 
los cuando fué á Castilla con don Hernando 
Cortés á besar los pies á su majestad ; y deste 
Gonzalo de Sandoval fué de quien dijo el mar- 
ques Cortés á su majestad que, demás de los 
fuertes y valerosos soldados que tuvo en su 
compañía, que fué tan animoso capitán, que se 
podia nombrar entre los muy esforzados que 
hubo en el mundo, y que podia ser coronel a\e 
muchos ejércitos, y para decir y hacer. Fué na- 
tural de Medellin, hijodalgo; su padre fué al- 
caide de una fortaleza. Pasemos á decir de otrjo 
buen capitán que se decía Juan Velazquez de 
León, natural de Castilla la Vieja: seria de has- 
ta veinte y seis años cuando acá pasó; era de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA . 359 

buen cuerpo, é derecho é membrudo, é buena 
espalda é pecho, é todo bien proporcionado é 
bien sacado, el rostro rohusto, la barba algo 
crespa é alheñada, é la voz espantosa é gorda, 
é algo tartamudo; fué muy animoso é de buena 
conversación; é si algunos bienes tenia en aquel 
tiempo los repartía con sus compañeros. Dijose 
que en la isla Española mató á un caballero per- 
sona por persona, en aquella tierra principal, 
que era hombre rico, que se decia Basaltas; y 
desque le hubo muerto se retrujo^y la justicia de 
aquella isla nunca lo pudo haber, ni la Real .au- 
diencia, para hacer sobre el caso justicia; y aun- 
que le iban á prender, por su personase defendía 
de los alguaciles, é se vino á la isla de Cuba , é de 
Cuba á la Nueva-España , é fué muy buen jinete, 
é á pie c á caballo muy extremado varón; murió 
en las puentes cuando salimos huyendo de Méji- 
co. Y Diego de Ordás fué natural de Tierra de 
Campos, y seria de edad de 40 años cuando 
acá pasó : fué capitán de soldados de espada y 
rodela, porque no era hombre de á caballo ; fué 
muy esforzado y de buenos consejos, era de 
buena estatura é membrudo, é tenia el rostro 
muy robusto é la barba algo prieta é no mucha; 
en la habla no acertaba bien á pronunciar algu- 
nas palabras, sino algo tartajoso : era franco é 
de buena conversación ;fué comendador de San- 
tiago; murió en lo de Marañon, siendo capitán 
ó gobernador, que esto no lo sé muy bien. El 
capitán Luis Marín fué de buen cuerpo é mem- 



360 BBRNAL DÍAZ. 

brudo y esforzado ; era estevado é la barba algo 
rubia, el rostro largo é alegre, excepto que te- 
nia unas señales como que habia tenido virue- 
las ; seria de hasta treinta años cuando acá pa- 
só ; era natural de Sanlúcar, ceceaba un poco 
como sevillano. Fué buen ginete y de buena 
conversación, murió en lo de Mechoacan. El ca- 
pitán Pedro de Ircio era de mediana estatura y 
paticorto, é tenia el rostro alegre, é muy plati- 
co en demasía que baria y acontecería, é siem- 
pre contaba cuentos de don Pedro Jirón é del 
conde de Ureña ; era ardid de corazón, é á esta 
causa le llamábamos Agrajes sin obras, é sin 
hacer cosas que de contar sean murió en Méji- 
co. El primer contador de su majestad que elijió 
Cortés hasta que el Rey nuestro señor mandase 
otra cosa, era de buen cuerpo é rostro alegre, en 
la plática expresiva, muy clara c de buenas ra- 
zones, é muy esforzado ; sería de hasta treinta y 
tres años cuando acá pasó; é tenia otracosa,que 
era franco con sus compañeros ; mas era tan so- 
berbio é amigo de mandar é no ser mandado, é 
algo envidioso; era orgulloso y bullicioso, que 
Cortés no le podia sufrir, é á esta causa lé envió á 
Castilla por procurador juntamente con un Anto- 
nio de Quiñones, natural de Zamora, é con ellos 
envió la recámara é riquezas de Montczuma é 
de Guatemuz, é franceses lo robaron, é prendie- 
ron al Alonso de Avila, porque el Quiñones ya 
era muerto en la Tercera, é desde á dos años 
volvió el Alonso de Avila á la Nueva-España; ó 



CONQUISTA BE NUEVA-ESPAÑA. 361 

en Yucatán ó en Méjico murió. Este Alonso le 
Avila fué tio de los caballeros que degollaron 
en Méjico, hijos de Gil González de BenaYides, 
lo cual tengo ya dicho y declarado en mi histo- 
ria. Andrés de Monjaraz fué capitán cuando la 
guerra de Méjico, y era de razonable estatura, 
y el rostro alegre y la barba prieta, y de buena 
conversación; siempre estuvo malo de bubas, é 
á esta causa no hizo cosa que de contar sea, mas 
póngolo aquí en esta relación para que sepan 
que fué capitán, y sería de hasta treinta años 
cuando acá pasó; murió de dolor de las bubas. 
Pasemos á un muy esforzado soldado que se de- 
cía Cristóbal de Olea, natural de tierra de Me- 
dina del Campo; seria de edad de veinte y seis 
años cuando acá pasó; era de buen cuerpo é 
membrudo, ni muy alto ni bajo; tenia buen pe- 
cho é espalda, el rostro algo robusto, mas era 
apacible, é la barba é cabello tiraba algo como 
crespo, é la voz clara; este soldado fué en todo 
lo que le víamos hacer tan esforzado é presto 
en las armas, que le teníamos muy buena volun- 
tad é le honrábamos, y él fué el que escapó de 
muerte á D. Fernando Cortés en lo de Suchimi- 
leco, cuando Tos escuadrones mejicanos le ha- 
bían derribado del caballo el Romo, é le tenían 
asido y engarrafado para lo llevar á sacrificar, 
é asimismo le libró otra vez cuando en lo de la 
calzadilla de Méjico lo tenían otra vez asido 
muchos mejicanos para lo llevar vivo á. sacrifi- 
car, é le habían ya herido en una pierna al mis-» 
46 



362 BERNAL DÍAZ. 

mo Cortés, y le llevaron vivos sesenta y dos 
soldados. Este esforzado soldado hizo cosas por 
su persona, que, aunque estaba muy mal heri- 
do, mató é acuchilló é dio estocadas á todos los 
indios que le llevaban á Cortés, que les hizo 
que lo dejasen ; é así le salvó la vida, y el Cris- 
tóbal de Olea quedó muerto allí por Jo salvar. 
Quiero decir de dos soldados que se decian Gon- 
zalo Domínguez é un Lares; digo que fueron 
tan esforzados, que los teníamos en tanto como 
Cristóbal de Olea; eran de buenos cuerpos é 
membrudos, é los rostros alegres, é bien habla- 
dos, é muy buenas condiciones ; é por no gastar 
más palabras en sus loas, podránse contar con 
los más esforzados soldados que ha habido en 
Castilla; murieron en las batallas de Obturaba, 
digo el Lares, y el Dominguez en lo de Guan- 
tepeque , de un caballo que le tomó debajo. 
Vamos á otro buen capitán é esforzado solda- 
do que se decia Andrés de Tapia: seria de 
obra de veinte y cuatro años cuando acá pasó; 
era de color el rostro algo ceniciento, é no muy 
alegre, é de buen cuerpo é de poca barba; era 
y fué buen capitán, así á pié comoá caballo, 
murió de su muerte. Si hubiera de escribir to- 
das las facciones é proporciones de todos nues- 
tros capitanes é fuertes soldados que pasamos 
con Cortés, era gran proligidad ; porque, se- 
gún todos eran esforzados é de mucha cuenta, 
dignos éramos de estar escritos con letras de 
oro; é no pongo aquí otros muchos valerosos 



CONQUISTA DE IÍUEVA-E8PAÑA. 363 

capitanes que fueron de los de Narvaez; porque 
mi intento desde que comencé á hacer mi rela- 
ción no fué sino para escribir nuestros he- 
roicos hechos é hazañas de Igs que pasamos con 
Cortés; sólo quiero poner al capitán Panfilo de 
Narvaez, que fué el que vino contra Cortés 
desde la isla de Cuba con mil y trescientos sol- 
dados, sin contar en ellos hombres de la mar, é 
con ducientos y sesenta y seis soldados los des- 
baratamos, según se verá en mi relación, é có- 
mo é cuándo é de qué manera pasó aquel he- 
cho. E volviendo á mi materia, era el Narvaez 
al parecer obra de cuarenta y dos años, é alto 
de cuerpo é de recios miembros, é tenia el ros- 
tro largo é la barba rubia, é agradable presen- 
cia, é la plática é voz muy vagorosa é entona- 
da, como que salia de bóveda; era buen ginete é 
decianque era esforzado; era natural de Valla- 
dolid ó de Tudela de Duero; era casado con una 
señora que se decia María de Valenzuela; fué 
en la isla de Cuba capitán é hombre rico; decian 
que era muy escaso, é cuando le desbaratamos 
se le quebró un ojo, y, tenia buenas razones en 
lo que hablaba: fué á Castilla delante de su ma- 
jestad á quejarse de Cortés é de nosotros, é su 
majestad le hizo merced de la gobernación de 
cierta tierra en lo de la Florida, é allá se per- 
dió é gastó cuanto tenia. Como los caballeros 
curiosos han visto é leido la memoria atrás di- 
cha de todos los capitanes é soldados que pasa- 
mos con el venturoso é esforzado don Fernando 



364 BERNAL DÍAZ. 

Cortés marques del Valle, á la Nueva-España 
desde la isla de Cuba, é pongo por escrito sus 
proporciones, así de cuerpo como de rostro é eda- 
des, é las condiciones que tenian, é en que parte 
murieron, é de que partes eran, me han dicho 
gue se maravillaban de mí que cómo á cabo de 
pantos años no se me haolvidado é tengo memo- 
ria dellos. A esto respondoy digo que no es mu- 
cho que se me acuerde ahora sus nombres, pues 
éramos quinientos y cincuenta compañeros que 
siempre conversábamos juntos, asi en las entra- 
das como en las velas , y en las batallas y en- 
cuentros de guerras, é los que mataban de nos- 
otros en las tales peleas é cómo los llevaban á 
sacrificar. Por manera que comunicábamos los 
unos con los otros , en especial cuando salíamos 
de algunas muy sangrientas é dudosas batallas 
echábamos menos los que allá quedaban muer- 
tos, é á esta causa los pongo en esta relación; 
é no es de maravillar dello, pues en los tiempos 
pasados hubo valerosos capitanes que andando 
en las guerras sabian los nombres de sus solda- 
dos, é los conocian é los nombraban , é aun sa- 
bian de qué provincias é tierras eran naturales, 
é comunmente eran en aquellos tiempos cada 
uno de los ejércitos que traían treinta mil hom- 
bres; y decían las historias que dellos han es- 
crito, que Mitridatefs, Rey de Ponto, fué uno de 
los que conocian á sus ejércitos , y otro fué el 
Rey de los epirotas, y por otro nombre se deeia 
Alejandro. También dicen que Aníbal, gran ca- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 365 

pitan de Gartago, conocía á todos sus soldados; 
y en nuestros tiempos el esforzado y gran ca- 
pitán Gonzalo Hernández de Córdoba conocia á 
todos los más soldados que traian en sus capita- 
nías, y asi han hecho otros muchos valerosos 
capitanes. Y más digo, que como ahora los ten- 
go en la mente y sentido y memoria , supiera 
pintar y esculpir sus cuerpos y figuras y talles 
y meneos , y rostros y facciones , como hacia 
aquel gran pintor y muy honrado Apéies, é los 
pintores de nuestros tiempos Berruguete, é Mi- 
caei Ángel, ó el muy afamado Burgalés , que 
dicen que es otro Apeles , dibujara á todos los 
que dicho tengo al natural , y aun según cada 
uno entraba en las batallas y el ánimo que mos- 
traba; ¿ gracias á Dios y á su bendita Madre 
nuestra Señora, que me escapó de no ser sacri- 
ficado á los ídolos , é me libró de otros muehos 
peligros é trances , para que haga ahora esta 
memoria. 

CAPITULO CCVII. 

DE LAS COSAS QUE aQUI VAN DECLARADAS CERCA DE 
LOS MÉRITOS QUE TENEMOS LOS VERDADEROS CON- 
QUISTADORES', LAS CUALES SERÁN APACIBLES DE 
LAS OÍR. 

Ya he recontado los soldados que pasamos con 
Cortés, y dónde murieron; y si bien se quiere te- 
ner noticia de nuestras personas, éramos todos 



366 BERNAL DÍAZ. 

los más hijos-dalgo, aunque algunos no pueden 
ser de tan claros linajes, porque vista cosa es 
que en este mundo no nacen todos los hombres 
iguales, así en generosidad como en virtudes. 
Dejando esta plática aparte, de nuestras anti- 
guas noblezas, con heroicos hechos y grandes 
hazañas que en las guerras hicimos, peleando de 
dia y de noche, sirviendo á nuestro Rey y se- 
ñor, descubriendo estas tierras, y hasta ganar 
esta Nueva-España y gran ciudad de Méjico y 
otras muchas provincias á nuestra costa, estan- 
do tan apartados de Castilla, ni tener- otro 
socorro ninguno, salvo el de Nuestro Señor 
Jesucristo, que es el socorro y ayuda verda- 
dera, nos ilustramos mucho más que de antes; 
y si miramos las escrituras antiguas que dello 
hablan, si son asi como dicen, en los tiempos 
pasados fueron ensalzados y puestos en gran 
estado muchos caballeros , así en España 
como en otras partes, sirviendo, como en aque- 
lla sazón sirvieron en las guerras, y por otros 
servicios que eran aceptos á los Reyes que en 
aquella sazón reinaban. Y también he notado 
que algunos de aquellos caballeros que enton- 
ces subieron á tener títulos de Estados y de 
ilustres, no iban á tales guerras ni entraban en 
batallas sin que se les diesen sueldos y salarios; 
y no embargante que se lo pagaban, les dieron 
villas y castillos y grandes tierras perpetuas, y 
privilegios con franquezas, los cuales tienen sus 
descendientes, Y demás desto, cuando el Rey 



CONQUISTA DE NUEVA«ESPAÑA. 3H7 

don Jaime de Aragón conquistó y ganó de los 
moros mucha parte de sus reinos, los repartió á 
los caballeros y soldados que se hallaron en lo 
ganar, y desde aquellos tiempos tienen sus bla- 
sones y son valerosos; y también cuando se ga- 
nó Granada, y del tiempo del gran capitán á 
Ñapóles, y también el Príncipe de Orange en lo 
de Ñapóles, dieron tierras y señoríos á los que 
ayudaron en las guerras y batallas; é nosotros, 
sin saber su majestad cosa ninguna, le ganamos 
esta Nueva-España. He traído esto aquí á la 
memoria para que se vean nuestros muchos y 
buenos y notables y leales servicios que hici- 
mos á Dios y al Rey y á toda la cristiandad, y 
se pongan en una balanza y medida cada co- 
sa en su cantidad, y hallarán que somos dig- 
nos y merecedores de ser puestos y remune- 
rados como los caballeros por mí atrás di- 
chos; y aunque entre los valerosos soldados 
que en estas hojas de atrás pasadas he puesto 
por memoria hubo muchos esforzados y vale- 
rosos compañeros, que me tenían á mí en re- 
putación de razonable soldado , volviendo á 
mi materia , miren los curiosos letores con 
atención esta mi relación, y verán en cuántas 
batallas y rencuentros de guerras muy peligro- 
sos me he hallado desque vine á descubrir, y 
dos veces estuve asido y engarrafado de muchos 
indios mejicanos, con quien en aquella sazón 
estaba peleando, para me llevar á sacrificar, y 
Dios me dio esfuerzo que me escapé, como en 



368 BEhNAL DÍAZ. 

aquel instante llevaron á otros muchos mis 
compañeros,- sin otros grandes peligros y tra- 
bajos, así de hambre y sed, ó infinitas fatigas 
que suelen recrecer á los que semejantes des- 
cubrimientos van á hacer en tierras nuevas; lo 
cual hallarán escrito parte por parte en esta mí 
relación; y quiero dejar de entrar más la pluma 
en esto, y diré los bienes que se han seguido de 
nuestras ilustres conquistas. 



CAPITULO CCVIII. 



COMO LOS INDIOS DE TODA LA NUEVA-ESPANA TENÍAN 
MUCHOS SACRIFICIOS Y TORPEDADES, Y SE LOS QUI- 
TAMOS, Y LE» IMPUSIMOS EN LAS COSAS SANTAS DE 
BUENA DOCTRINA. 



Pues he dado cuenta de cosas que se contie- 
nen, bien es que diga los bienes que se han he- 
cho, así para el servicio de Dios y de su majes- 
tad, con nuestras ilustres conquistas: y aunque 
fueron tan costosas de las vidas de todos los 
más de mis compañeros, porque muy pocos que- 
damos vivos, y los que murieron fueron sacrifi- 
cados, y con sus corazones y sangre ofrecidos 
á los ídolos mejicanos, que se decian Tezcate- 
puca, y Huichilóbos, quiero comenzar á decir 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. áÓVí 

de los sacrificios que hallamos por las tierras 
y provincias que conquistamos, las cuales es- 
taban llenas de sacrificios y maldades, por- 
que mataban cada un año, solamente en Méjico, 
y ciertos pueblos que están en la laguna , sus 
vecinos , según hallo por cuenta que dello hi^ 
cieron religiosos franciscos , que fueron los pri- 
meros que vinieron á l¿t Nueva-España, después 
de fray Bartolomé de Olmedo., tres años y me- 
dio antes que viniesen los dominicos, que fueron 
muy buenos religiosos y de santa doctrina; y 
hallaron sobre dos mil y quinientas personas, 
chicas y grandes. Pues en otras provincias á 
esta cuenta muchos más serian ; y tenian otras 
maldades de sacrificios, y por ser de tantas . 
maneras, no las acabaré de escribir todas por 
extenso: mas las que yo vi y entendí porné aquí 
por memoria Tenian por costumbre que sacrifi- 
caban las frentes y las orejas, lenguas y labios, 
los pechos , brazos y molledos,. y las piernas; y 
en algunas provincias eran retajados, y tenian 
pedernales de navajas, con que s« retajaban. 
Pues los adoratorios , que son cues , que así los 
llaman entre ellos , eran tantos , que los doy á 
la maldición , y me parece que eran casi que al 
modo como tenemos en Castilla y en cada ciu- 
dad nuestras santas iglesias y parroquias , y 
ermitas y humilladeros, así tenian en esta tier- 
ra de la Nueva-España sus casas de ídolos lle- 
nas de demonios y diabólicas figuras , y deraai 
destos cues , tenian cada indio é india dos alta- 
47 



370 BERNAL DU2. 

res, él uno junto adonde dormían, y el otro á la 
puerta de su casa , y en ellos muchas arquillas 
de maderas, y otros que llaman petacas, llenos 
de ídolos , unos chicos y otros grandes , y pie- 
drezuelas y pedernales , y librillos de un papel 
de cortezas de árbol, que llaman umatl, y en 
eyos hechos sus 3eñales del tiempo y de cosas 
pasadas. Y demás desto, eran los más del los so- 
meticos, en especial los que vivían en las costas 
y tierra caliente, en tanta manera, que andaban 
vestidos en hábito de mujeres muchachos á 
ganar en aquel diabólico y abominable oficio. 
Pues comer carne humana, así como nosotros 
traemos vaca de las carnicerías ; y tenían 
en todos los pueblos , de madera gruesa hechas 
á manera de casas, como jaulas , y en ellas me- 
tían á engordar muchos indios é indias y mucha- 
chos, y en estando gordus los sacrificaban y co- 
mían; y deraac desto, las guerras que se daban 
unas provincias y pueblos á otros , y los que 
cautivaban y prendían los sacrificaban y co- 
mían. Pues tener excesos carnales hijos con 
madres , y hermanos con hermanas , y tios con 
sobrinas , halláronse muchos que tenian este 
vicio desta torpedad. Pues de borrachos , no lo 
sé decir, tantas suciedades que entre ellos pa- 
[ saban; sola una quier^ aquí poner, que hallamos 
¿en la provincia de Panuco , que se embudaban 
por el sieso con unos cañutos, y se henchían los 
vientres de vino de lo que entre ellos se hacia, 
como cuapdo entre nosotros se echa una melé- 



CONQUISTA DE NUEVA. -ESPAÑA. 37 í 

ciña; torpedad jamas oida. Pues tener mujeres, 
cuantas querían ; tenían otros muchos vicios y 
maldades ; y todas estas cosas por mí reconta- 
das , quiso nuestro Señor Jesucristo que con 
santa ayuda, que nosotros los verdaderos con- 
quistadores que escapamos de las guerras y 
batallas y peligros de muerte , ya otras veces 
por mí dicho, se lo quitamos , y les pusimos en 
buena policía de vivir y les íbamos enseñando 
la santa doctrina. Verdad es que después des- 
de á dos años pasados , y que todas las más 
tierras teníamos de paz, y con la policía y ma- 
nera de vivir que he dicho, vinieron á la Nueva- 
España unos buenos religiosos franciscos , que 
dieron muy buen ejemplo y doctrina, y desde 
ahí á otros tres ó cuatro años vinieron otros 
buenos religiosos de señor Santo Domingo , que 
se lo han quitado muy de raiz, y han hecho mu- 
cho fruto en la santa doctrina y cristiandad de 
los naturales. Mas , si bien se quiere notar, 
después de Dios, á nosotros los verdaderos con- 
quistadores que los descubrimos y conquista- 
mos, y desde el principio les quitamos sus ído- 
los y les dimos á entender la santa doctrina, se 
nos debe el premio y galardón de todo ello, 
primero que á otras pe sonas , aunque sean re- 
ligiosos ; demás que religiosos llevamos con 
nosotros de la Merced; porque cuando el prin- 
cipio es bueno, el medio y el cabo todo es digno 
de loor ; lo cual pueden ver los curiosos letores 
déla policía y cristiandad y justicia que les mos- 



W$ BERZAL DlAz. 

tramos en la Nueva-España. Y dejaré esta ma- 
teria, y diré los más bienes que , después de 
Dios, por nuestra causa han venido á los natu- 
rales de la Nueva-España. 



CAPITULO CCIX. 



DE CÓMO IMPUSIMOS EN MUY BUENAS Y SANTAS DOCTRI- 
NAS Á LOS INDIOS DE LA NUEVA-ESPANA, Y DE SU 
CONVERSIÓN , Y DE CÓMO SE BAUTIZARON, Y VOL- 
VIERON Á NUESTRA SANTA FE , Y LES ENSEÑAMOS 
OFICIOS QUE SE USAN EN CASTILLA , Y A TENER Y 
GUARDAR JUSTICIA . 



Después de quitadas las idolatrías y todos los 
malos vicios que se usaban, quiso Nuestro Se- 
ñor Dios que con su santa ayuda, y con la bue- 
na ventura y santas cristiandades de los cristia- 
nísimos Emperador don Carlos, de gloriosa me- 
moria, y de nuestro Rey y Señor, felicísimo y 
invictísimo Rey de las Españas , don Felipe 
nuestro señor, sü muy amado y querido hijo, 
que Dios le dé muchos años de vida, con acre- 
centamiento de más reinos, para que en este su 
santo y feliz tiempo lo goce él y sus descen- 
dientes, se han bautizado desde que los conquis- 
tamos todas cuantas personas habia , asi hora- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 3?3 

bres como mujeres , y niños que después han 
nacido , que de antes iban perdidas sus ánimas 
á los infiernos , y ahora , como hay muchos y 
buenos religiosos de señor San Francisco y de 
Santo Domingo y de nuestra Señora de la Mer- 
ced , y de otras órdenes , andan en !qs pueblos 
predicando , y en siendo la criatura de los dias 
que manda nuesta santa madre Iglesia de Ro- 
ma, los bautizan; y demás desto , con los santos 
sermones que les hacen , el santo Evangelio 
está muy bien plantado en sus corazones , y 
se confiesan cada año , y algunos de los que 
tienen más conocimiento á nuestra santa fe se 
comulgan. Y demás desto , tienen sus iglesias 
muy ricamente adornadas de altares , y todo 
lo perteneciente para el santo culto divino, 
con cruces y candeleros y ciriales, y cáliz y pa- 
tenas , y platos , unos chicos y otros grandes, 
de plata, é incensario , todo labrado de plata. 
Pues capas, casullas y frontales , en pueblos 
ricos los tienen , y comunmente de terciopelo 
y damasco y raso y de tafetán , diferenciados 
en las colores y labores , y las mangas de las 
cruces muy labradas de oro y seda , y en algu- 
nas tienen perlas ; y las cruces de los difuntos 
de raso negro , y en ellas figurada la misma 
cara de la muerte, con su disforme semejanza y 
huesos, y el cobertor de las mismas andas, unos 
las tienen buenas y otros no tan buenas. Pues 
campanas, las que han menester según la cali- 
dad que es cada pueblo. Pues cantores de capí- 



374 BKRNAL DÍAZ. 

lia de voces bien concertadas, asi tenores como 
tiples y contraltos, no hay falta; y en algunos 
pueblos hay órganos, y en todos los mas tienen 
flautas y chirimías y sacabuches y dulzainas. 
Pues trompetas altas y sordas, no hay tantas en 
mi tierra, que es Castilla la Vieja, como hay en 
esta provincia de Guatimala; y es para dar gra- 
cias á Dios, y cosa muy de contemplación, ver 
cómo los naturales ayudan á decir una santa 
Misa, en especial si la dicen franciscos ó merce- 
narios, que tienen cargo del curato del pueblo 
donde la dicen. Otra cosa buena tienen, que les 
han enseñado los religiosos, que asi hombres 
como mujeres, é niños que son de edad para las 
deprender, saben todas las santas oraciones en 
sus mismas lenguas, que son obligados á saber; 
y tienen otras buenas costumbres cerca de la 
santa cristiandad, que cuando pasan cabe un 
santo altar ó cruz abajan la cabeza con humil- 
dad y se hincan de rodillas, y dicen la oración 
del Pater-noster ó el Ave-María; y más les 
mostramos los conquistadores á tener candelas 
de cera encendidas delante los santos altares y 
cruces, porque de antes no se sabian aprovechar 
della en hacer candelas. Y demás de lo que di- 
cho tengo, les enseñamos á tener mucho acato 
y obediencia á todos los religiosos y á los clé- 
rigos, y que cuando fuesen á sus pueblos les 
saliesen á recibir con candelas de cera encendi- 
das y repicasen las campanas, y les diesen bien 
de comer, y asi lo hacen con los religiosos; y té- 



CONQUISTA DE 1HJEVA-E8PAÑA . 375 

nian estos cumplimientos con los clérigos. De- 
mas de las buenas costumbres por mi dichas, 
tienen otras santas y buenas, porque cuando 
es el dia del Corpus Ohristi ó de Nuestra Señora, 
ú de otras fiestas solenes que entre nosotros ha- 
cemos procesiones, salen todos los más pueblos 
cercanos de esta ciudad de Guatimala en proce- 
sión con sus cruces y con candelas de cera en- 
cendidas, y traen en los* hombros en andas la 
imagen del Santo ó Santa de que es la advoca- 
ción de su pueblo, lo más ricamente que pueden, 
y vienen cantando las letanías y otras santas 
oraciones, y tañen sus flautas y trompetas; y 
otro tanto hacen en sus pueblos cuando es el dia 
de las tales solenes fiestas, y tienen costumbre 
dé ofrecer los domingos y pascuas, especialmen- 
te el dia de Todos-Santos. Y pasemos adelante, 
y digamos cómo todos los más indios naturales 
destas tierras han deprendido muy bien todos 
los oficios que hay en Castilla entre nosotros, y 
tienen sus tiendas de los oficios y obreros, y ga- 
nan de comer á ello, y los plateros de oro y de 
plata, asi de martillo como de vaciadizo, son 
muy extremados oficiales, y asimismo lapidarios 
y pintores; y los entalladores hacen tan primas 
obras con sus sutiles alegras de hierro, especial- 
mente entallan esmeriles, y dentro dellos figu- 
rados todos los pasos de la santa Pasión de 
[ nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, que si 
no los hubiera visto, no pudiera creer que in- 
dios lo hacian; que se me significa á mi juicio 



376 BERHAL DÍAZ. 

que aquel tan nombrado pintor como fué el muy 
antiguo Apeles, y de los de nuestros tiempos, 
que se dicen Berruguete y Micael Ángel, ni 
de otro moderno ahora nuevamente nombrado, 
natural de Burgos, que se dice que en sus obras 
tan primas es otro Apeles, del cual se tiene 
gs&n fama, no harán con sus muy sutiles pince- 
les las obras de los esmeriles, ni relicarios que 
hacen tres indios grandes maestros de aquel 
oficio, mejicanos, que se dicen Andiés de Aqui- 
no y Juan de la Cruz y el Crespillo. Y demás 
desto, todos los más hijos de principales solian 
ser gramáticos, y lo deprendían muy bien, si no 
se mandara quitar en el santo sínodo que mandó 
hacer el reverendísimo Arzobispo de Méjico; y 
muchos hijos de principales saben leer y escri- 
bir y componer libros de canto Ikno; y hay ofi- 
ciales de tejer seda, raso y tafetán, y hacer pa- 
ños de lana, aunque sean veinticuatrenos, "hasta 
frisas y sayal, y mantas y frazadas, y son carda- 
dores y peraües y tejedores, según y de la ma- 
nera que se hace en Segovia y en Cuenca, y 
otros sombrereros y jaboneros; solos dos oficios 
no han podido entrar en ellos, aunque lo han 
procurado, que es hacer el vidrio ni ser botica- 
rios; mas yo los tengo por de tan buenos inge- 
nios, que lo deprenderán muy bien, porque al- 
gunos dellos son cirujanos y herbolarios, y sa- 
ben jugar de mano y hacer títeres, y hacen 
vihuelas muy buenas. Pues labradores, de su 
naturaleza lo son antes que viniésemos á la 



CONQUISTA BE MUEVA-ESPAÑA. 377 

Nueva-España, y ahora crian ganado de todas 
suertes y doman bueyes, y aran Jas tierras, y 
siembran trigo, y lo benefician y cejen, -y lo 
venden, y hacen pan y bizcocho, y han plantado 
sus tierras y heredades de todos los árboles y 
frutas que hemos traído de España, y venden el 
fruto que procede dello; y han puesto tantos 
árboles, que porque los duraznos no son buenos 
para la salud y los platanales les hacen mucha 
sombra, han cortado y cortan muchos, y lo po- 
nen de membrillares y manzanas y perales, que 
los tienen en más estima. Pasemos adelante y 
diré de la justicia que les hemos enseñado á 
guardar y cumplir, y cómo cada año elijen sus 
alcaldes ordinarios y regidores y escribanos y 
alguaciles, fiscales y mayoraomos, y tienen sus 
casas de cabildo, donde se juntan dos diasde la 
semana, y ponen en ellas sus porteros y senten- 
cian y mandan pagar deudas que se deben unos 
á otros, y por algunos delitos de crimen azotan 
y castigan; y si es por muertes ó cosas atroces, 
remítenlo á los gobernadores, si no hay audien- 
cia Real; y según me han dicho personas que lo 
saben muy bien, en Tlascala y en Tezcuco y en 
Cholula, y en Guaxocingo y en Tepeaca, y en 
otras ciudades grandes, cuando hacen los indios 
cabildo, que salen delante de los que están por 
gobernadores y alcaldes, maceros con mazas 
doradas, según sacan ios Vireyes de la Nueva- 
España; y hacen justicia con tanto primor y au- 
toridad como entre nosotros, y se precian y de*» 
48 



378 BÉRNAL DÍAZ. 

sean saber mucho de las leyes del reino por 
donde sentencien. Demás desto, todos los caci- 
ques tienon caballos y son ricos, traen jaeces 
con buenas sillas, y so pasean por las ciudades, 
villas y lue-ares donde se van á holgar ó son 
naturales, y llevan sus indios por pajes que les 
acompasan, y aun en algunos pueblos juegan 
cañas y corren toros y corren sortijas, especial 
si es dia de Corpus ChrUti ú de señor San Juan 
ó señor Santiago, ú de Nuestra Señora de Agos- 
to, ó la advocación de la iglesia del santo de su 
pueblo; y hay muchos que aguardan los to- 
ros, y aunque sean bravos, y muchos dellos 
son jinetes, en especial en un pueblo que se 
dice Cbiapa de los Indiios, y los que son caci- 
ques todos los más tienen caballos y algunos 
hatos de yeguas y muías, y se ayudan con ello 
á traer leña y maíz y cal, y otras cosas deste 
arte, y lo venden por las plazas, y son muchos 
dellos arrieros según y de la manera que en 
nuestra castilla se usa. Y por no gastar más pa- 
labras, todos los oficios hacen muy perfecta- 
mente, hasta paños de tapicería. Dejaré de ha- 
blar más en esta materia, y diré otras muchas 
grandezas que por nuestra causa ha habido y 
hay en esta Nueva-España. 



CONQUISTA DE NUEVA-E8PAÑA. 379 

CAPITULO CCX. 



DE OTRA8 COSAS Y PROVECHOS QUE SE HAN SEGUIDO 
DE NUESTRAS ILUSTRES CONQU1STA8 Y TRABAJOS. 



Ya habrán oido en los capítulos pasados lo 
por mi recontado acerca de los bienes y prove- 
chos que se han hecho con nuestras ilustres ha- 
zañas y conquistas; diré ahora del oro, plata y 
piedras preciosas, y otras riquezas de granas é 
lanas, y hasta zarzaparrilla y cueros de vacas, 
que desta Nueva-España han ido y van cada 
año á Castilla á nuestro Rey y Señor, así lo de 
sus reales quintos como otros muchos presentes 
que le hubimos enviado así como le ganamos 
estas tierras, sin las grandes cantidades que 
llevan mercaderes y pasajeros; que después que 
el sabio Rey Salomón fabricó y mandó hacer el 
santo templo de Jerusajeh con el oro y plata 
que le trujeron de las islas de Társis y Ofir y 
Sabá, no se ha oido en ninguna escritura anti- 
gua que más oro, plata y riquezas han ido coti- 
dianamente á Castilla que de estas tierras, y es- 
to digo así, porque ya que del Pirú, como es no- 
torio, han ido muchos millares de oro y plata, 
en el tiempo que ganamos esta Nueva-España 
no habia nombre del Pirú ni estaba descubierto, 
ni se conquistó desde ahí á diez años, y nos- 



$50 BERNÁL DÍAZ. 

otros siempre desde el principio, como dicho 
tengo, comenzamos á enviar á su majestad pre- 
sentes riquísimos, y por esta causa, y por otras 
que diré, antepongo á la Nueva-España, porque 
bien sabemos que en las cosas acaecidas del Pi- 
rú siempre los capitanes y gobernadores y sol- 
dados han tenido guerras civiles, y todo revuel- 
to en sangre y en muertes de muchos soldados; 
y en esta Nueva-España siempre tenemos, y 
tememos para siempre jamás el pecho por tier- 
ra, como somos obligados, á nuestro Rey y señor, 
y pornemos nuestras vidas y haciendas en cual- 
quiera cosa que se ofrezca para servir á su ma- 
jestad. Y demás desto, miren los curiosos leto- 
res qué de ciudades, villas y lugares están po- 
bladas en estas partes de españoles que, por ser 
tantos y no saber yo los nombres de todos, se 
quedarán en silencio; y tengan atención á los 
Obispados que hay, qué son diez, sin el arzobis- 
pado de la muy insigne ciudad de Méjico, y có- 
mo hay tres audiencias Reales, todo lo cual diré 
adelante, asi de los que Jaan gobernado, como 
de los Arzobispos y Obispos que ha habido; y 
miren las santas iglesias catedrales y los monas- 
terios donde estáa dominicos, como franciscos 
y mercenarios y agustinos; y miren qué hay de 
hospitales, y los grandes perdones que tienen, 
y la santa casa de nuestra Señora de Guadalupe, 
que está en lo de Tepeaquilla, donde solia estar 
asentado el real de Gonzalo de Sandoval cuando 
ganamos á Méjico; y miren los santos milagros 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 381 

que ha hecho y hace de cada dia, y démosle mu- 
chas gracias áDios y á su bendita Madre nuestra 
Señora por ello, que nos dio gracia y ayuda 
que ganásemos estas tierras, donde hay tanta 
cristiandad. Y también tengan cuenta cómo en 
Méjico hay colegio universal, donde estudian y 
deprenden la gramática, teología, retórica y 
lógica y filosofía, y otros artes y estudios, é 
hay moldes y maestros de imprimir libros, así 
en latin como en romance, y se gradúan de li- 
cenciados y doctores; y otras muchas grande- 
zas pudiera decir, así de minas ricas de plata 
que en ellas están descubiertes y se descubren á 
la continua, por donde nuestra Castilla es pros- 
perada y tenida y acatada; y si no basta lo bien 
que ya he dicho y propuesto de nuestras con- 
quistas, quiero decir que miren las personas sa- 
bias y leídas esta mi relación desde el principio 
hasta el cabo, y verán que en ningunas escritu- 
ras en el mundo, ni en hechos hazañosos huma- 
nos, ha habido hombres que más reinos y se- 
ñoríos hayan ganado, como nosotros los verda- 
deros conquistadores para nuestro Rey y Se- 
ñor, y entre los fuertes conquistadores mis 
compañeros, puesto que los hubo muy esforza- 
dos, á mí me tenían en la cuenta dellos, y el 
más antiguo de todos; y digo otra vez que yo, 
yo, yo lo digo tantas veces, que yo soy el más 
antiguo y he servido como muy buen soldado á 
su majestad; y quiero poner una cuestión á ma- 
nera de diálogo; y es, que habiendo visto la 



382 BKRNAL DÍAZ. 

buena é ilustre fama que suena en el mun- 
do de nuestras muchos y buenos y notables 
servicios que hemos h^ho a D¡os y á su ma- 
jestad y á tod i la cristiandad, da grandes vo- 
ces y dice que fuera justicia y razón que 
tuviéramos buenas rentas, y más aventaja- 
das que tienen otras personas que no han ser- 
vido en estas conquistas ni en otras pnrtes á su 
majestad; y asimismo pregunta que donde están 
nuestros palacios y moradas, y qué blasones te- 
nemos en ellas diferenciadas de las demás; y si 
están en el ios esculpidos y puestos por memoria 
nuestros heroicos hechos y armas, según y de la 
manera que tienen en España los caballeros 
que dicho tengo en el capítulo pasado, que sir- 
vieron en los tiempos pasados á los Reyes que 
en aquella sazón reinaban, pues nuestras haza- 
ñas no son menores que las que ellos hicieron; 
antes son de muy memorable fama, y se pueden 
contar entre los nombrados que ha habido en el 
mundo. Y demás desto, pregunta la ilustre fama 
por los conquistadores que hemos escapado de 
las batallas pasadas y por los muertos , dónde 
están sus sepulcros y qué blasones tienen en 
ellos. A estas cosas se le puede responder con 
mucha brevedad: «Oh excelente é ilustre Fama, 
y entre buenos y virtuosos deseada y loada, y 
entre maliciosos y personas que han procurado 
escurecer nuestros heroicos hechos no querrían 
ver. ni oir vuestro ilustre nombre, porque nues- 
tras personas no ensalcéis como conviene; há- 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPANA. 383 

goos, señora, saber que dé quinientos cincuen- 
ta soldados que pasamos con Coi fes desde la 
isla de Cuba, no SO'1109 vivosen toda la Nueva- 
España de todos ellos, hasta este año de 1568, 
que estoy trasladando esta relación, sino cinco; 
que todos los demás murieron en las guerras ya 
pur mí dichas, en poder d<- indios, y fueron sacri- 
ficados a los ídolos, y los demás murieron de sus 
muertes. Y los sepulcros, que me pregunta dónde 
los tienen, digo q ue son los vientres de los indios, 
que los comieron las piernas y muslos , ferazos 
y molledos, pies y manos ; y lo demás , fueron 
sepultados sus vientres , que echaban á los ti- 
gres y sierpes y aleones , que en aquel tiempo 
tenían por grandeza en casas fuerces, y aquellos 
fueron sus sepulcros y allí están sus blasones; 
y á lo que á mí se me figura , con letras de oro 
habían de estar escritos sus nombres, pues mu- 
rieron aquella cruelísima muerte, y por servir 
á Dios y á su majestad y dar luz á los que esta- 
ban en tinieblas, y también por haber riquezas, 
que todos los hombres comunmente venimos á 
buscar ; y demás de le haber dado cuenta á la 
ilustre Fama , me pregunta por los que pasa- 
ron con Narvaez y con Garay ; digo que los de 
Narvaez fueron mil y trecientos, sin contar en- 
tre ellos hombres de la mar , y no son vivos de 
todos ellos sino diez ó once, que todos los más 
murieron en las guerras y sacrificados , y sus 
cuerpos comidos de indios, ni más ni menos que 
los nuestros ; y los que pasaron con Garay de la 



384 BERNAL DÍAZ. 

isla de Jamaica , á mi cuenta , con las tres capi- 
tanías que vinieron á San Juan (Je Ulúa , antes 
que pasase el Garay con los que trajo á la pos- 
tre cuando él vino , serian por todos mil y du- 
cientos soldados, y todos los más fueron sacrifi- 
cados en la provincia de Panuco, y comidos sus 
cuerpos de los naturales de la provincia. Y demás 
desto, pregunta la loable Fama por otros quince 
soldados que aportaron á la Nueva-España, que 
fueron de los de Lúeas Vázquez de Ay llon cuando 
le desbarataron, y él murió en la Florida. A esto 
digo que todos son muertos; y hágoos saber, exce- 
lente Fama, que todos los que he recontado y aho- 
ra somos vivos de los de Cortés , hay cinco y es- 
tamos muy viejoa y dolientes de enfermedades, 
y muy pobres y cargados de hijos, é hijas para 
casar y nietos, y con poca renta, y así pasamos 
nuestras vidas con trabajos y miserias. Y pues 
ya he dado cuenta de lo que me han pregunta- 
do, y de nuestros palacios y blasones y sepul- 
cros, suplicóos, ilustrísima Fama, que de aquí 
adelante alcéis más vuestra excelente y virtuo- 
sísima voz, para que en todo el mundo se vean 
claramente nuestras grandes proezas; porque 
hombres maliciosos, con sus sacudidas y envi- 
diosas lenguas, no las escurezcan.o A esto que 
he suplicado á la virtuosísima Fama, me res- 
ponde que lo hará de muy buena voluntad, y 
que se espauta cómo no tenemos los mejores re- 
partimientos de indios, pues los ganamos, y su 
majestad lo manda dar como lo tiene el mar- 



CONQUISTA DE NUIVA-ISPANA. 385 

ques Cortés; no se entiende que sea tanto, sino 
moderadamente. Y más dice la loable Fama, 
que las cosas dei valeroso y animoso Cortés han 
de ser siempre muy estimadas y contadas entre 
los hechos de valerosos capitanes, y qae no hay 
memoria de ninguno de nosotros en los libros 
históricos que están escritos del coronista Fran- 
cisco López de Gómora, ni en la del doctor 
Illescas , que escribió el Pontifical , ni en 
otros modernos coronistas ; y sólo el marques 
Cortés dicen en sus libros que es el que lo des- 
cubrió y conquistó, y que los capitanes y sol- 
dados que los ganamos quedamos en blanco, 
sin haber memoria de nuestras personas y con- 
quistas, y que ahora se ha holgado mucho en 
saber claramente que todo lo que he escrito 
en mi relación es verdad; y que la misma escri- 
tura consigo al pié de la letra dice lo que pasó, 
y no lisonjas viciosas, ni por, sublimar á un solo 
capitán quieren deshacer á muchos capitanes y 
valerosos soldados, como ha hecho el Francisco 
López de Gómora y los dema3 coronistas que 
siguen su propia historia. Y más me prometió 
la buena Fama, que por su parte lo poma con 
voz muy clara á doquiera que se hallare. Y 
demás de lo que ella declara, que mi historia si 
se imprime, cuando la vean é oyan, la darán fe 
verdadera, y escurecerá las lisonjas de los pa- 
sados. Y demás <ie lo que he propuesto á ma- 
nera de diálogo, me preguntó un doctor, oidor 
déla pudiencia Real de Guatimala, q»ie c$pjo 
49 



3?6 BÉRfíAL DUÍ5. 

Cortés, cuando escribía á su majestad y fué la 
primera veza Castilla, no procuró pornosotros, 
pues por nuestra causa, despue.. de Dios , fuó 
marques y gobernador. A esto respondí enton- 
ces, y ahora lo digo, que, como tomó para sí al 
principio, cuando su majestad le hizo merced de 
la gobernación, todo lo mejor de la Nueva-Es- 
paña, creyendo que siempre fuera señor absolu- 
to y que por su mano nos diera indios ó quita- 
ra, y á esta causa se presumió que no lo hizo ni 
quiso escribir; y también, porque en aquel tiem- 
po su majestad le dio ol marquesado que tiene, 
y como le importunaba que le diese luego la 
gobernación de la Nueva-España, como de an- 
tes la habia tenido, y le respondió que ya le ha- 
bia dado el marquesado, no curó de demandar 
cosa ninguna para nosotros que bien nos hi- 
ciese, sino solamente para él. Y demás desto, 
habian informado el factor y veedor y otros ca- 
balleros i o Méjico á su majestad que Cortés ha- 
bia tomado para sí las mejores provincias y pue- 
blos de la Nueva-España , y que habia dado 
á sus amigos y parientes que nuevamente ha- 
bian venido de Castilla otros buenos pueblos 
y que no dejaba para el Real patrimonio sino 
poca cosa; después supimos mandó su majestad 
que de lo que tenia sobrado diese á los que 
con él pasamos ; y en aquel tiempo su majes- 
tad se embarcó en Barcelona para ir á Flan- 
des ; y si Cortés en el tiempo que ganamos la 
Nueva-España la hiciera cinco partes , y la 



COSíQtJÍSiA DÉ NtJEVA-ESPANA. 387 

mejor y de más ricas provincias y ciudades 
diera la quinta parte á nuestro Rey y señor de 
su Real quinto , bien hecho fuera , y tomara 
para sí una parte y media , y dejara para igle- 
sias y monasterios y propios de ciudades, y que 
su majestad tuviera que dar y hacer mercedes á 
caballeros que le servian en las guerras de Ita- 
lia ó contra turcos ó moros , y las dos partes y 
media nos repartiría perpetuas , con ellas nos 
quedáramos, asi Cortés con la una parte como 
nosotros ; porque , como nuestro César tué tan 
cristianísimo y no le costó el conquistar cosa 
ninguna , nos hiciera estas mercedes ; y demás 
deslo , como en aquella sazón no sabíamos qué 
cosa era demandar justicia , ni á quién la pedir 
sobre nuestros servicios , ni otros agravios y 
fuerzas que pasaban en las guerras , sino sola- 
mente al mismo Cortés como capitán , y que lo 
mandaba muy de hecho, nos quedamos en blan- 
co con lo poco que nos habían depositado , has- 
ta que vimos que á don Francisco de Montejo., 
que fué á Castilla ante su majestad , le hizo 
merced de ser Adelantado y gobernador de Yu- 
catán , y le dio los indios que tenia en Méjico 
y le hizo otras mercedes; y Diego de Ordás, que 
asimismo fué ante su majestad , le dio una en- 
comienda de Santiago y los indios que tenia en 
la Nueva-España ; y á don Pedro de Albarado, 
que también fué á besar los pies á su majestad, 
le hizo Adelantado y gobernador de Guatimala 
y Chiapa , y comendador de Santiago , y otras 



3IS B1RNAL DÍAZ. 

mercedes de los indios que tenia ; y á la postre 
fué Cortés y le dio ei marquesado y capitán ge- 
neral del mar del Sar ; y desque los conquista- 
dores vimo<* que los aue no parecían ante su 
majestad no tenían quien suplicase nos hiciese 
el Rey mercedes , envir.mos á supliralic que io 
que de allí adelante vacase, nos lo mandase dar 
perpetuo ; y como se vieron nuestras justifica- 
ciones , cuando envió la primera audiencia Real 
á Méjico, y vino en ella por presidente Nuno de 
Guzmnn y por oidores ei licenciado DHgadillo, 
natural de Granada, y Matienzo, de Vizcaya, y 
otros do9 oidores que llegando á Méjico murie- 
ron ; y mandó su majestad expresamente al 
Ñuño de Guzman que todos los indios de la 
Nueva-España se hiciesen un cuerpo , á fin que 
las personas que tenian repartiminntos grandes 
que les había dado Cortés, que no les quedasen 
tanto y les quitasen dello, y que á los verdade- 
ros conquistadoresno diese los mejores pueblos 
y de mas renta , y que para su Real patrimonio 
dejaseu las cabeceras y mejores ciudades. Y 
también mandó su majestad que á Cortés que 
le contasen ios vasallos , y que le dejasen los 
que tenian capitulados en su marquesado , y lo 
demás no me acuerdo qué mandó sobre ello; 
y la causa por donde no hizo el repartimiento 
perpetuo el Ñuño de Guzman y los oidores, 
fué por malos terceros, que por su honor aquí no 
nombro, porque le dijeron que ei repartía la tier- 
ra, que cuando los conquistadores y pobladores 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 889 

se viesen con sus indios perpetuos no les ternian 
en tanto acato ni serian tan señores de les man- 
dar, porque no tenían que quitar ni poner , ni 
les cernían a suplicar que les diesen de comer; 
y de otra manera, que ternian que dar de lo 
que vacase á quien quisiesen , y ellos serian ri- 
cos y ternian mayores poderes ; y á este fin se 
dejó de hacer. Verdad es que el Ñuño de Guz- 
m3n y los oidores , en vacando indios, luego los 
depositaban á conquistadores y pobladores, y no 
eran tan malos como los hacían para los vecinos 
y pobladores , que á todos les contentaban y 
daban de comer ; y si les quitaron redondamen- 
te de la audiencia Rea!, fué por las contrarieda- 
des que tuvieron con Cortés y sobre el herrar de 
los indios libres por esclavos Quiero dejar este 
capitulo y pasaré á otro, y diré acerca del re- 
partimiento perpetuo. 

CAPITULO CCXI. 

CÓMO EL AÑO DE 1550 , ESTANDO L* CORTE EN VALLA- 
DOLID, SF JUNTARON EN Él. REAL CONSFJO I>E INDIA» 
CIERTOS PRELADAS Y CABALLEROS, Qll VINIERON DE 
LA NUEVA-ESPAÑA Y DEL PIRU POR PROCURADORES, 
Y OTR' S HIDALGOS QUE SE HALLARON PRESENTES, 
PARA T>AR ORDEN gUE SE HICIESE EL REPARTIMIENTO 
PERPETUO; Y LO QUE EN LA JUNTA 8E HIZO Y PLA- 
TICÓ ES LO QUE DIRÉ. 

En el año de 1 550 vino del Pirú el licenciado do 
la Gasea, y fué á la corte, que en aquella sazón es- 



390 BERNAL DÍAZ. 

taba en Valladolid, y trujo en su compañía á un 
fraile dominico que se decia den fray Martin el 
Regente; y en aquel tiempo su majestad le mandó 
hacer merced al mismo Regente del obispado de 
ias Cnarcas ; y entonces se juntaron en la corte 
don fray Bartolomé de las Casas, Obisoo de 
Chiapa, y don Vasco dé Quiroga, Obispo de Me- 
choacan , y otros caballeros que vinieron por 
procuradores de la Nueva-España y del Pirú, 
y ciertos hidalgos que venían á pleitos ante su 
majestad , que todos se hallaron en aquella sa- 
zón en la corte , y juntamente con ellos , á mí 
me mandaron llamar, comoá conquistador más 
antiguo de la Nueva-España ; y como el de la 
Gasea y todos los demás peruleros habian traí- 
do cantidad de millares de pesos de oro , así 
para su majestad como para ello, y lo que traían 
de su majestad se le envió desde Sevilla á Au- 
gusta de Alemania, donde en aquella sazón 
estaba su majestad , y en su Real compañía 
nuestro felicísimo don Felipe, Rey de las Espa- 
ñas, nuestro señor, su muy amado y querido 
hijo, que Dios guarde; y en aquel tiempo fueron 
ciertos caballeros con el oro y por procuradores 
del Pirú á suplicar á su majestad que fuese 
servido hacernos mercedes para que mandase 
hacer el repartimiento perpetuo ; y según pa- 
reció, otras veces antes de aquella se lo habian 
suplicado por parte de la Nueva-España, cuan- 
do fué un Gonzalo López y un Alonso de Villa- 
nueva con otros caballeros procuradores de 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 391 

Méjico ; y su majestad mandó en aquel tien po 
dar el obispadu de Falencia al licenciado de la 
Gasea, que fué Übiáno y conde de Pernia, por- 
que tuvo ventura que asi como llegó a Castilla 
habia vacado ; y *>e decía en la corte que por 
estar de paz el Pwú y turnar a haber el oro y 
plata que le habían robado los Contreras. Y 
volviendo á mi relación , lo que proveyó su ma- 
jestad sobre la perpetuidad de los repaitimien- 
tos de indios , fué enviar á mandar al marques 
de Mondéjar , que era presidente en el Real 
consejo de Indias, y al licenciado Gutierre Vc- 
lazquez, y al licenciado Teilo deSandoval, y al 
doctor Hernán Pérez de laFuente, y A licenciado 
Gregorio López , y al doctor Riberadencyra , y 
al licenciado Briviesca, que eran oidores del mis- 
mo Real Consejo de Indias, y á otros caballeros 
de otros Reales Consejos, que todos se juntasen 
y que viesen y platicasen como se pouia hacer 
el repartimiento , de manera que en todo fuese 
bien mirado el servicio de Dios , y su Real pa- 
trimonio no viniese á menos ; y desque todos es- 
tos Prelados y caballeros estuvieron juntos en 
las casas de Pero González de León , donde re- 
sidía el Real Consejo de Indias , se platicó en 
aquella muy ilustrísima junta que e diesen los 
indios perpetuos en la Nueva-España y en el 
Pirú , no me acuerdo bien si nombró el nuevo 
reino de Granada é Borbotan ; mas paréceme que 
también entraron con los demás , y las causas 
que se propusieron en aquel negocio fueron san- 



592 BfcRNAL DÍAS, . 

tas y buenas. Lo primero se platicó que , siendo 
perpetuos , serian rauy mejor tratados é in- 
dustriados en nuestra santa fe, y que si 
algunos adoleciesen , los curarían como á hi- 
jos y les quitarían parte de sus tributos ; y que 
los encomenderos se perpetuarían mucho más 
en poner heredades y viñas y sementeras , y 
criarían ganados y cesarían pleitos y contiendas 
sobre indios ; y no habia menester visitadores 
en los pueblos , y habría paz y concordia entre 
los soldados en saber que ya no tienen poder 
los presidentes y gobernadores para en vacando 
indios se los dar por via de parentesco ni por 
otras maneras que en aquella sazón les daban; 
y con dalles perpetuos á los que han ser- 
vido á su majestad, descargaba su Real concien- 
cia; y le dijo otras muy buenas razones; y más le 
dijo, que se habian de quitar en el Pirú á hom- 
bres bandoleros, los que se hallasen que habían 
deservido á su majestad Y después que por to- 
dos aquellos de la ilustre junta fué muy bien 
platicado lo que dicho tengo, todos los más 
procuradores, con otros caballeros, dimos nues- 
tros pareceres y votos que se hiciesen perpe- 
tuos los repartimientos; luego en aquella sazón 
hubo votos contrarios, y fué el primero el Obis- 
po de Chiapa, y lo ayudó su compañero Fray 
Rodrigo, de la órdeü de Santo Domingo , y an- 
simismo el licenciado Gasea, que era Obispo de 
Palencia y conde de Pernia, y el marques de 
Mondéjar y dos oidores del Consejo Real de su 



CONQUISTA »E NUEVA-ESPANA. 393 

majestad; y lo que propusieron en la contra- 
dicion aquellos caballeros por mí dichos, salvo 
el marques de Mondéjar, que no se quiso mos- 
trar á una parte ni á otra, sino que se estuvo á 
la mira á ver lo qne decían y ver los que más 
votos tenían, fué decir que ¿cómo habían de dar 
indios perpetuos? Ni aún: de otra manera por 
sus vidas no los habían de tener , sino quitárse- 
los á los que en aquélla sazón los tenían, por- 
que personas había entre ellos en el Pirú qUe 
tenían buena renta de indios, que merecían que 
los hubieran castigado, cuanto y más dárselos 
ahora perpetuos; y que do creían que había en 
el Pirú paz y asentada la tierra, habría solda- 
dos que, como viesen que no había que les dar, 
se amotinarían y habría más discordias. En- 
tonces respondió don Vasco de Quiroga, Obis- 
po de Mechoacan, que era de nuestra parte, y 
dijo al licenciado de la Gasea, que ¿por qué no 
castigó á los bandoleros y traidores, pues cono- 
cía y leerán notorias sus maldades, y que él mis- 
mo le» dio indios? Y á esto respondió el de la 
Gasea, y se paró á reir, y dijo: «Creerán , seño- 
res, que no hice poco en salir en paz y en silvo 
de entre ellos , y algunos descuarticé y hice 
justicia;» y pasaron otras razones sobre aque- 
lla materia; y entonces dijimos nosotros, y mu- 
chos de aquellos señores que alli estábamos 
juntos, que se diesen perpetuos en la Nueva- 
España á los verdaderos conquistadores que pa- 
samos con Cortés, y á los de Narvaez y á los do 
50 



394 BKHMAL DÍAZ. 

(iaray , pues habíamos quedado muy pocos, 
porque todos los demás murieron en las bata- 
llas peleando en servicio de su majestad , y lo 
hablamos servido bien; y que con los demás 
se hubiese otra moderación. E ya que teniamos 
esta plática por nuestra parte , y la orden que 
dicho tengo, unos de aquellos Prelados y seño- 
res del Consejo de su majestad dijeron que ce- 
sase todo hasta que el Emperador nuestro señor 
viniese á Castilla , que se esperaba cada dia, 
para que en una cosa de tanto peso y calidad 
se hallase presente; y puesto que por el Obispo 
de Mechoacan é ciertos caballeros , é yo junta- 
mente con ellos, que éramos de la parte de la 
Nueva-España , fué tornado á replicar , pues 
que estaban ya dados los votos conformes , se 
diesen perpetuos en la Nueva-España ; y que 
los procuradores del Pirú • procurasen por sí, 
pues su majestad lo habia enviado á mandar, 
y en su Real mando mostraba afición para que 
en la Nueva- España se diesen perpetúes; y so- 
bre ello hubo muchas platicas y alegaciones ; y 
dijimos que , ya que en el Pirú no se diesen, 
que mirasen los muchos servicios que hicimos á 
su majestad y á toda la cristiandad; y no apro- 
vecho cosa ninguna con los señores del Real 
Consejo Je Indias y que el Obispo fray Bartolomé 
de las Casas, y fray Rodrigo, su compañero, y 
con el Obispo de las Chcicas; y dijeron que en 
viniendo su majestad de Augusta de Alemania, 
se proveerla de manera que los conquistadores 



CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA. 395 

serian muy contentos; y ansí se quedó por ha- 
cer. Dejaré esta plática, y diré que en posta se 
escribió en un navio á la Nueva España, como 
se supo en la ciudad de Méjico las cosas arriba 
dichas que pasaron en la corte. Concertaban los 
conquistadores de enviar por sí solos procura- 
dores ante su majestad, y aun á mí me escribió 
de Méjico á esta ciudad de Guatimala el capitán 
Andrés de Tapia y un Pedro Moreno Medrano y 
Juan de Limpias Carvajal el sordo, dende la 
Puebla, porque ya en aquella sazón era yo ve- 
nido de la corte; y lo que me escribían, fué 
dándome cuenta y relación de los conquistado- 
res que enviaban su poder; y en la memoria me 
contaban á mí por uno de los mas antiguos, é yo 
mostré las cartas en esta ciudad de Guatimala 
á otros conquistadores, para que las ayudáse- 
mos con dineros para enviar los procuradores; y 
según pareció, no se concertó la ida por falta 
de pesos de oro, y lo que se concertó en Méji- 
co, fué que los conquistadores, juntamente con 
toda la comunidad, enviasen á Castilla procura-, 
dores, pero no se negoció. Y después desto, 
mandó ei invictísimo nuestro Rey y* Señor Don 
Felipe (que Dios guarde y d<\je vivir muchos 
años, con aumento de raág reinos) en sus Reales 
ordenauzas y provisiones que para ello ha dado, 
que los conquistadores y sus hijos en todo co- 
nozcamos mejoría, y luego ios antiguos pobla- 
dores casados, según se verá en sus Reales cé- 
dulas. 



BERNAL DÍAZ. 

CAPITCJLQ QQJÍI. 



DE OTRAS PLATICAS Y RELACIONES QUE. AQUÍ IRÁN PE- 
CLARADAS, QUE SERÁN AGRADABLES DE OÍR. 



Como acabé de sacar en limpio esta mi rela- 
ción, me rogaron dos licenciados que se la em- 
prestase para saber muy por extenso las cosas 
que pasaron en las conquistas de Méjico y Nue- 
va-España, y ver en qué diferencia lo que te- 
nían escrito los conmistas Francisco López de 
Gómora y el doctor II I óseas acerca de las heroi- 
cas hazañas que hizo el marques del Valle, de 
lo que en esta relación escribo; é yo se la pres- 
té, porque de sabios siempre se pega algo á los 
idiotas sin letras como yo soy, y les dije que no 
enmendasen cosa ninguna de las conquistas, ni 
poner ni quitar, porque todo lo que yo escribo 
es muy verdadero; y cuando lo hubieron visto y 
ieido los dos licenciados, el uno del los era muy 
retórico, y tal presunción tenia de sí, que des- 
pués de la sublimar y alabar de la gran memo- 
ria que tuve para no se me olvidar cosa de todo 
lo que pasamos dende que venimos á descubrir 
primero que viniese Cortés dos veces, y la pos- 
trera vine con Cortés, que fué en el año de 17 
con Francisco Hernández de Córdoba, y en el 
18 con un Juan deGrijalva, y en el de 19 vine 



COHQUISTA M£ IWBVA-ESPANA . 397 

con el mismo Cortés; y volviendo á mi plática, 
me dijeron los licenciados que cnanto á la retó- 
rica, qneva según nuestro comnn hablar de 
Castilla la Vieja, é que en estos tiempos se tie- 
ne por m?s agradable, porque no van razo- 
nes hermoseadas ni afeitadas, que suelen com- 
poner los coronistas que han escrito en cosas 
de guerras, sino toda una llaneza , y de- 
bajo de decir verdad se encierran las hermo- 
seadas raaones; y más dijeron , que les parece 
7<$ue me alabo mucho de mí mismo en lo de las 
batallas y reencuentros de guerra en que me 
hallé, y que otras personas lo habían de decir y 
escribir primero que yo; y también, que paTa 
dar más crédito á lo que he dicho , que diese 
testigos y razones de algunos coronistas que 
lo hayan escrito, como suelen poner y alegar 
los que escriben, y aprueban con otros libros 
de cosas pasadas, y no decir, como digo ran se- 
camente, esto hice y tal me aconteció, porque 
yo no soy testigo de mí mismo. A esto respon^ 
di, y digo agora, que en el primer capítulo de 
mi relación, en una carta que escribió el mar- 
gues del Valle en el año 1540 dende la gran ciu- 
dad de Méjico á Castilla, á su majestad, hacién- 
dole relación de mi persona y servicios, le hizo 
saber cómo vine á descubrir la Nueva-España 
dos veces primero que no él, y tercera vez vol- 
ví en su compañía , y como testigo de vista me 
vio muchas veces batallar en las guerras me- 
jicanas y en toma de otras ciudades como es- 



398 BERJUL DÍAZ. 

forzado soldado, hacer en ellas cosas nota- 
bles y salir muchas veces de las batallas mal 
herido, y cómo fui en su compañía á Hondu- 
ras é Higueras , que ansí nombran en esta 
tierra, y otras particularidades que en la carta 
se contenían, que por excusar prolijidad aquí 
no declaro; y ansimismo escribió á su majes- 
tad el ilustrísimo virey don Antonio de Men- 
doza , haciendo relación de lo que había sido 
informado de los capitanes, en compañía de 
los que en aquei tiempo militaban, y conforma- 
ba todo con lo que el marques del Valle escri- 
bió; y ansimismo por probanzas muy bastantes 
que por mi parte fueron presentadas en el Real 
Consejo de Indias en el año 540. Ansí , se- 
ñores licenciados, vean si son buenos testigos 
Cortés y el Virey don Antonio de Mendoza y 
mis probanzas ; y si esto no basta , quiero dar 
otro testigo , que no lo habia mejor en el mun- 
do, que fué el Emperador nuestro señor don 
Carlos V, que por su Real carta, cerrada con su 
Real selSo, mandó á los Vireyes y presidentes 
que teniendo respeto á los muchos y buenos ser- 
vicios que le constó haberle hecho , sea ante- 
puesto y conozca mejoría yo f mis hijos ; todas 
las cuales cartas tengo guardados los originales 
dcHas , y los traslados se quedaron en la corte 
en el archivo del secretario Ochoa de Luyando; 
y es todo y por descargo de lo que los licencia- 
dos me propusieron. Y volviendo a la plática, 
&i quieren más testigos tengan atención y miren 



C0N0UI8TA DK NUEVA-ESPAÑA. 399 

la Nueva-España , que es tres veces más que 
nuestra Castilla y está más poblada de españo- 
les, que por ser tantas ciudades y villas aquí no 
nombro, y miren las grandes riquezas que destas 
partes van cotidianamente á Castilla ; y demás 
desto , he mirado que nunca quieren escribir 
de nuestros heroicos hechos los dos coronistas 
Gómora y el doctor Illescas , sino que de toda 
nuestra prez y honra nos dejaron en blanco, 
si agora yo no hiciera esta verdadera relación; 
porque toda la honra dan á Cortés ; y puesto 
que tengan razón , no nos habían de dejar en 
olvido á los conquistadores, y de las grandes 
hazañas que hizo Cortés me cabe á mí parte, 
pues me hallé en su compañia de los primeros 
en todas las batallas que él se halló , y después 
en otras muchas que me envió con capitanes á 
conquistar otras provincias ; lo cual hallarán 
esciito en esta mi relación, donde, cuándo y en 
qué tiempo , y también mi parte de lo que 
escribió en i,nblosonque puso en una culebri- 
na , que fué un tiro que se nombró el Ave 
Fénix, el cual se forjó en Méjico de oro y plata 
y cobre, y le enviamos presentado á su ma- 
jestad, y decían las letras del blasón : «Esta 
ave uarió sin par, yo en serviros sin segundo, 
y vos »in igualen el mundo.» \ An. i que parte 
me cabe desta loa de Cortés; y demás desto, 
cuando fué Cortés la primera vez á Castilla á 
bisarlos pies ásu majestad, le hizo relación 
que tuvo en las guerras mejicanas muy esfor- 



400 BÉKNAL DÍAZ. 

zados y valerosos capitanes y compañeros, que, 
á lo que creia, ningunos más animosos que ellos 
había oído en corónicas pasadas de los roma- 
nos; también me cabe parte dcllo. Y cuando 
fué á servir á su majestad en lo de Argel, so- 
bre cosas que allá acaecieron cuando alzaron 
el campo por la gran tormenta que hubo , dicen 
que dijo en aquella sazón muchas loas de los 
conquistadores sus compañeros; ansí, que de 
todas 3us hazañas me cabe á mí parte dellas, 
pues yo fué en le ayudar Y volviendo á nuestra 
relación délo que dijeron los licenciados, que me 
alabo mucho de mi persona y que otros Lo ha- 
bían de decir, y esto respondí que en este mun- 
do las cosas que se suelen alabar unos vecinos 
á otros las virtudes y bondades que en ellos 
hay, y no ellos mesmos; más él no se halló en 
la guerra ni lo vio ni lo entendió , ¿cómo lo pue- 
de decir? ¿Habíanlo de parlar los pájaros en el 
tiempo que estábamos en las batallas , que 
iban volando, ó las nubes que pasaban por al- 
to, sino solamente los capitanes y soldados que 
en ello nos hallamos? Y si hubiérades visto, se- 
ñores licenciados, que en esta mi relación hu- 
biera yo quitado su prez y honra á algunos de 
los valerosos capitanes y fuertes saldados, mis 
compañeros , que en las conquistas nos halla- 
mos, y aquella misma honra me pusiera á mí 
sólo , justo fuera quitarme parte ; más aun no 
me alabo tanto cuanto yo puedo y debo , y á 
esta causa lo escribo para que quede memoria 



CONQUISTA PE MUEYA-ISPAÍÍA. 401 

de mi; y quiero poner aquí una comparación , y 
aunque es por la una parte muy alta , y de la 
otra de oin pobre soldado como yo , dicen los 
coronistas en los comentarios del Emperador y 
gran batallador Julio César que se halló en cin- 
cuenta y tres batallas aplazadas , yo digo que 
me hallé en muchas más batallas que el Julio 
César; lo cual, como dicho tengo , verán en mi 
relación. Y también dicen los coronistas que fué 
muy animoso y presto en las armas y muy es- 
forzado en dar una batalla , y cuando tenia es- 
pacio, de noche escribia por propias manos sus 
heroicos hechos; y puesto que tuvo muchos co- 
ronistas, no lo quiso fiar dellos, que él lo escri- 
bió, é há muchos años , y no lo sabemos cierto; 
y lo que yo digo, ayer fué, á manera de decir; 
ansi que no es mucho que yo ahora en esta 
relación declare en las batallas que me hallé 
peleando y en todo lo acaecido , para que digan 
en los tiempos venideros: «Esto hizo Bernal 
Diaz del Castillo , para que sus hijos y descen- 
dientes gocen las loas de sus heroicos hechos;» 
como agora vemos las famas y blasones que hay 
de tiempos pasados de valerosos capitanes , y 
aun de muchos caballeros y señores de vasa- 
llos. Quiero dejar esta plática, porque si hubie- 
se de meter más en ella la pluma , dirían algu- 
nas personas maliciosas y desparcidas lenguas, 
quo no me querrán oir de buena gana, que salgo 
del orden que debo, y por ventura les sera muy 
odioso ; y esto que dicho tengo de mí raesmo, 

n 



402 BSRNAL DUZ. 

¿ayer fué, á manera de decir , que no son mu- 
chos años pasados, como las historias romanas; 
y testigos hay conquistadores que dirán que 
todo lo que digo es ansi , que si en alguna cosa 
me hallasen vicioso ó escuro , es de tal manera 
el mundo , que me lo contradirían ; mas la mis- 
ma relación da testimonio; y aun con decir ver- 
dad , hay maliciosos que lo contradirían si pu- 
diesen. Y para que bien se entienda todo lo que 
dicho tengo, y en las batallas y reencuentros de 
guerra en que me he hallado desde que vine á 
descubrir la Nueva-España hasta que estuvo 
pacificada, sin las que adelante diré ; y puesto 
que hubo otras muchas guerras y reencuentros, 
I y que yo no me hallé en ellas ,. ansi por estar 
mal herido como por tener otros males que con 
los trabajos de las guerras suelen recrecer ; y 
también , como habia muchas provincias que 
conquistar, unos soldados íbamos á unas entra- 
das y provincias y otros iban á otras ; mas en 
las que yo me hallé son Tas siguientes: 

Primeramente , cuando vine á descubrir á la 
Nueva-España y lo de Yucatán con un capitán 
que se decia Francisco Hernández de Córdoba, 
en la Punta de Cotoche un buen reencuentro de 
guerra.) 

Luego más adelante , en lo de Champoton, 
una buena batalla campal , en que nos mataron 
la mitad de todos nuestros compañeros é yo • 
salí mal herido, y el capitán con dos heridas, de 
que murió. 






COHOUISTA DE N til VA -ESPAÑA. 403 

Luego de aquel viaje en lo de la Florida, 
cuando fuimos á tomar agua , un buen reen- 
cuentro de guerra, donde salí herido , y alli nos 
llevaron vivo un soldado. 

Y cuando vine con otro capitán que se decia 
Juan de Grijalva, una batalla campal que fué 
con los de Champoton, que fué en el mismo pue- 
blo la primera vez cuando lo de Franeisco Her- 
nández, y nos mataron diez soldados, y el capi- 
tán salió mal herido. 

Despuee cuando vine tercera vez con el capi- 
tán Cortes, en lo de Tabasco, que se dice el rio 
de Grijalva, en dos batallas campales, yendo 
por capitán Cortés. 

De que llegamos ala Nueva-España, en ia de 
Cingapacinga, con el mismo Cortés. 

De ahí á pocos dias en tres batallas campales 
en la provincia de Tlascala, con Cortés. 

Luego el peligro de lo de Cholula. 

Entrados en Méjico, me hallé en la prisión de 
Montezuma; no lo escribo por cosa que sea de 
contar de guerra, sino por el gran atrevimien- 
to que tuvimos en prender aquel tan grande 
cacique. 

De ahí obra de cuatro meses, cuando vino el 
capitán Narvaez contra nosotros, y traia mil y 
trescientos soldados , noventa de á caballo y 
ochenta ballesteros y noventa espingarderos, 
y nosotros fuimos sobre él ducientos y sesenta 
y seis , y le desbaratamos y prendimos coa 
Cortés. 



404 BERNAL DÍAZ. 

Luego fuimos al socorro de Albarado, que 
ie dejamos en Méjico en guarda del gran 
Montezuma, y se alzó Méjico, y en ocho dias 
con sus noches que nos dieron guerca los meji- 
canos, nos mataron sobre ochocientos y sesenta 
soldados; pongo aquí en estos dias , que bata- 
llamos seis dias, y batallas en que me hallé. 

Luego en la batalla que dimos en esta tierra 
de Obtumba; «luego cuando fuimos sobre Tepea- 
ca, en una batalla campal, yendo por capitán el 
marques Cortés. 

Después cuando íbamos sobre Tezcuco, en un 
reencuentro de guerra con mejicanos y los de 
Tezcuco, yendo Cortés por capitán. 

En dos batallas campales, y salí bien herido 
de un bote de lanza en la garganta, en compa- 
ñía de Cortés. 

Luego en dos reencuentros de guerra con los 
mejicanos cuando íbamos á socorrer á ciertos 
pueblos de Tezcuco, sobre la cuestión de unos 
maizales de una vega; que están entre Tezcuco y 
Méjico. Luego cuando fui con el capitán Cortés, 
que dimos vuelta á la laguna de Méjico, en los 
pueblos más recios que en la comarco habia, los 
Peñoles, que ahora se llaman del Marques, 
donde nos mataron ocho soldados y tuvimos mu- 
cho riesgo en nuestras personas, que fué descon- 
siderada aquella subida y tomada del peñol, con 
Cortés Luegoen la batalla de Cuernavaca, con 
Cortés. Luego en tres batallas en Suchimileco, 
donde estuvimos en gran riesgo todos de núes- 



COH QUISTA DE NUEVA-ESPAÍíA. 405 

tras personas, y nos mataron cuatro soldados, 
con el mismo Cortés. 

Luego cuando volvimos sobre Méjico, en no- 
venta y tres dias que estuvimos en la gajiar, 
todos los más destos dias y noches temarnos ba- 
tallas campales, y hallo por cuenta que serian 
más de ochenta batallas, reencuentros de guer- 
ras en las que entonces me hallé. 

Después de ganado Méjico, me envió si capi- 
tán Cortés á pacificar las provincias de Guaca- 
cualco y Chiapa y Zapotecas, y me hallé en to- 
mar la ciudad de Chiapa, y tuvimos dos batallas 
campales y un reencuentro. 

Después en los de Chamula y Cuitlan otros 
dos encuentros de guerra. 

Después en Teapa y Cimatan otros dos reen- 
cuentros de guerra, y mataron dos compañeros 
mios y á mí me hirieron malamente en la gargan- 
ta. Más, que se olvidaba, cuando nos echaron de 
Méjico, que salimos huyendo, en nueve dias que 
peleamos de uia y de noche, en otras cuatro ba- 
tallas. Después la ida de Higueras y Honduras 
con Cortés, que estuvimos dos años y tres meses 
hajsta volver á Méjico, y en un pueblo que lla- 
maban Culacotu hubimos una batalla campal, 
y á amí me mataron el caballo, que me costó 
seiscientos pesos. 

Después de vuelto á Méjico ayudé á pacifi- 
car las sierras de los zapotecas y ininxes , que 
se habían alzado entre tanto que estuvimos en 
aquella guerra. 



406 BIRNAL DI Ai . 

No cuento otros muchos reencuentros de guer- 
ra, porque seria Dunca acabar, ni digo de cosas 
de grandes peligros en que me hallé y se vido 
mi persona. 

Y tampoco quiero decir cómo soy uno de los 
primeros que volvimos á poner cerco á Méjico 
primero que Cortés cuatro ó cinco dias; por ma- 
nera que vine primero que el mismo Cortés á 
descubrir la Nueva-España dos veces, y como 
dicho tengo, me hallé en tomar la gran ciudad 
de Méjico y en quitarles el agua de Chalpute- 
pequc, y hasta que se ganó Méjico no entró 
agua dulce en aquella ciudad. 

Por manera que, á la cuenta que en esta re- 
lación hallarán, me he hallado en ciento y diez 
y nueve batallas y reencuentros de guerra, y 
no es mucho que me alabe dello, pues que es la 
mera verdad; y estos no son cuentos viejos ni de 
muchos años pasados, de historias romanas ni 
ficciones de poetas; que claros y verdaderos es- 
tán mis muchos y notables servicios que he he- 
cho á Dios primeramente, y á su majestad y á 
toda la cristiandad, y muchas gracias y loores 
doy á nuestro Señor Jesucristo, que me ha es- 
capado para que agora tan claramente lo escri- 
ba; é mas digo, é me alabo dello, que me hallé 
yo en tantas batallas y rencuentros de guerra 
como dicen las historias en que se halló el Em- 
perador Enrique IV. 

FIN DI LA CONQUISTA DE NÜEVA-ISPANA . 



ÍNDICE. 



Páginas. 

Capitulo CLXVin 5 

— CLX1X 26 

— CLXX 43 

— CLXXI. ........ 48 

— CLXII 53 

— CLlXIII 63 

— CLXXIV 71 

— CLXXV 79 

— CLXXVI 90 

— CLXXV11 98 

— CLXXVIII 107 

— CLXXIX 123 

— CLXXX 126 

— CLXXXI 131 

— CLXXXII. . ...... 136 

— CLXXXIIl 139 

— CLXXXIV 147 

— CLXXXV 154 

— CLXXXV1 168 

— CLXXXVII 170 

— CLXXXV11I 174 



Páginas. 

Capitulo CLXXXIX "¿¡T" 

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