(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Viaje à los Estados-Unidos"

EANCHOFT LfBRARY 



^é^ 



n^^nnr— ijr*i-« 



VIAJE 



A L.OS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



«GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



jPnh'Cffa ^JVúm. iJ. 



MÉXICO. 
lTn.i>r«K>nt a del Comercio, de Dublan y Ch.avez, 

CAI.LB DE CORDOBitNKS ^U1C. 8. 

1S7-S. 



VIAJE 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



, (1877) 



rf' 



TOMO III 



MÉXICO 

JmPI^NTA del pOMEI^IO, DE pUBLAN Y ChAYEZ 
Ca//e de Cordobanes níimero 8 

1878 



.PS4- 



c^ 



e^2."B 



NUEVA- YORK 



(CONTINUACIÓN) 



City-Hall. — Plaza de Franklii\. — Los periódicos. — Una ca- 
na al aire. — El gran Mercado. — Una dedicatoria á mis 
con:\.adres. — ' ' Grozeríes. " — Los trastos. — Las carnice- 
rías. — Puestos. — Juguetes. — Cuai\to Dios crió. — Los po- 
llos colgados. — Ua purgante. — Hern:\osas vistas. — "I^e- 

valufia" del n\ui\do, la mar — Una rr\.exicaria corr\o 

ur\.a flor. 



QUISE hacer uso de mi varita de virtud ayer (la carta 
de M. Bryant), visitando á City Hall, ó casa munici- 
pal ; pero visitándola de paso, para recoger órdenes especia- 
les para visitar las prisiones. 

City Hall está situada al principio de lo que se llama par- 
te baja de la ciudad, esa parte irregular, es decir, en la fron- 
tera de las leyendas del crimen, en los recuerdos de los po- 
bladores primitivos de las guerras, los grandes incendios y 
los asaltos y batallas tremendas. 

Corriendo sesga y magnífica la calle de Broadway que 



VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



conocemos, y va de Sur á Norte, se desvía, ó mejor di- 
cho, hace campo al Oriente á una dilatadísima plaza, que así 
se llamaría si no estuviera trasformada en cuatro alegres pra- 
dos tapizados de verde césped, sembrada de altísimos árbo- 
les que la sombrean, y adornada de arbustos, flores, bancas 
y fuentes de fierro. 

Los tránsitos son muy anchos, de asfalto,. que aquí no pa- 
dece los accidentes que le conocemos, por la sencilla razón 
que no lo han sabido hacer los que lo han querido introdu- 
cir en México, sino que presenta superficies tersas, sólidas 
y de perfecta elegancia. 

De trecho en trecho se abren las calzadas en espaciosas 
vías, dejando claros ó glorietas en que en bancas se som- 
brean los ociosos; son los árbolitos de México, con la sen- 
cilla diferencia, pero diferencia importantísima, de que en los 
Estados- Unidos no hay huérfanos del presupuesto. 

En el centro de los cuatro prados, y entre la frondosa ar- 
boleda, en un claro que es por sí una plaza, se levanta City 
Hall. 

El edificio es de orden corintio, de atrevidas formas y de 
una amplitud soberbia. 

Puede decirse que el edificio se compone de tres seccio- 
nes: la fachada y dos laterales. 

Descansa su frente en una extendida escalinata de már- 
mol que da á un pórtico saliente de robustas columnas ; se 
deprime y salen en seguida los baluartes ó edificios latera- 
les, formando el grandiosísimo conjunto. Ciñe el primer 
cuerpo de esta imponente fábrica una balconería lujosísima 
con sus crujías de mármol. 

La masa del suntuoso palacio, la realza una elevadísima 



GUILLERMO PRIETO 



cúpula, impera sobre el conjunto una estatua gigantesca de 
la Justicia. Pusieron á la diosa á tanta altura, acaso para que 
no estorbe en sus negocios á los hombres que se agitan á 
sus pies. 

El edificio es de mármol y fierro. 

Los arcos de que está formado, sus bóvedas y sus grue- 
sas paredes, lo hacen en el interior sombrío. 

En esto de lo sombrío, hablando del interior de grandes 
edificios y de habitaciones, no se me debe dar mucho crédi- 
to ; á mí me parece todo sombrío. 

La falta del patio, quita, ó borra mejor dicho, una de las 
facciones más prominentes de los edificios, y acaso tenga 
más influencia de lo que á primera vista parece en las cos- 
tumbres. 

Los amplios corredores llenos de flores, de cuadros, de 
arbustos ; los extensos patios, en que se expansen los mo- 
radores concentrándose en el hogar, acaso son más carac- 
terísticos de lo que creemos. 

El patio, recuerdo del serrallo y del castillo feudal, conser- 
vación obstinada de la individualidad autonómica de la fa- 
milia, comunica á ésta una fisonomía especial. 

En la casa con patio se vive ; en estos roperos de palo 6 
de piedra parece que se quedan á guardar las gentes, que 
realmente viven en la calle, y la calle es el tránsito de todo 
el mundo, ó un gran patio que no pertenece á nadie. 

Parecen hechas las casas para comer y dormir: son como 
hoteles. 

A mí todas esas casas me parecen hechas bajo el tema de 
buques : los mismos cuartijos y encrucijadas, los mismos ba- 
randales simétricos. 



VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



Si fuera dable que las casas se trasportasen con una asa 
en el techo, se llevarían como un canasto ó una porta- 
vianda. 

La gente se enfardela ; al salir se desempaca. El aire le 
tiene que pedir permiso al portero. 

Dejemos estas consideraciones para otra vez, que hemos 
entrado á la oficina del Mayor de la ciudad. 

Uno de estos irlandeses, que forman la magnífica y nun- 
ca bastantemente elogiada policía de la ciudad, nos dijo que 
el Corregidor (Mayor) habia salido; hicimos á un depen- 
diente de la oficina nuestro pedido y nos sirvió con suma 
complacencia. 

A la salida, y parado con la espalda al pórtico, pude dis- 
frutar la vista del Parque y sus alrededores. 

City Hall, en una de sus fachadas, ve al Sur. 

A mi derecha corría tempestuoso el raudal de gentes y 
carruajes de Broadway, como siempre, como en riña, como 
con furia, como urgidos por la inundación y espoleados por 
la llama. Los que cruzan se ven como algo que se parece á 
la insurrección y á la locura, y azotarse contra las esquinas 
los pies derechos de los faroles, los pinos que sostienen los 
alambres telegráficos y que vienen desde la Noruega. 

Al frente, y sin simétrica proporción, se asienta el Correo, 
que ya hemos descrito, como una inmensa Catedral. 

A la izquierda, quebrándose é interrumpiéndose en la 
desproporción más accidentada, como las hojas sueltas de 
biombos de distintos tamaños, queriendo formar semicírcu- 
lo, se ven los alcázares que tiene el arte de Guttemberg y 
forman la plaza de la prensa, presidida por la estatua de 
Franklin. 



GUILLERMO PRIETO 



El Sol, El Mundo, El Tiempo, todos los atletas están allí 
de pié y como sobre las armas, sobresaliendo La Tribuna, 
edificio que compite en altura con los demás, y cuya torre 
descuella, como llevando al espacio la noticia del tiempo, su 
reloj magnífico. 

Si una plaza sola de nuestra ciudad, la pudiéramos ro- 
dear de nuestros templos más elevados como Catedral, la 
Profesa, San Francisco, Santo Domingo, Minería, tendría- 
mos acaso idea de las alturas de los edificios de City Hall 
en su conjunto. 

La plaza de Franklin está cruzada por una parrilla de rie- 
les, que conduce como rios los wagones á Broadway, retro- 
cediendo para perderse en distintas direcciones. 

Antes de regresar de mi paseo, me detuve ante la es- 
tatua de Franklin, para tributarle mis homenajes de res- 
peto. 

Es hermosa y despierta ideas sublimes una montaña cu- 
bierta de nieves eternas ; es augusta la contemplación de un 
templo ; pero es para mí como el más grandioso espectáculo 
la presencia de un hombre recto que ha consagrado su 
existencia al bien. Franklin es de esos astros que convier- 
ten en sublime el horizonte de la grandeza humana. 

Nació el legislador del rayo en 1706, cerca de Boston, de 
padres tan humildes, que el comercio de velas y jabón á 
que estaban dedicados, apenas les daba para subsistir. 

En sus primeros años se hizo Franklin impresor, alter- 
nando con su trabajo los estudios en que conquistó tan alto 
puesto en la inmortalidad. 

Sabio, moralista eminente, patriota esclarecido, Franklin, 
como Washington, Hamilton y otros, es una de esas colum- 

ToMO III. "^ 2 



lO VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ñas de granito en que descansa la verdadera gloría del pue- 
blo americano. 



Ahora sí que voy á soltar la cana al aire ; estoy de paseo 
y me acompañará á mi excursión una mexicana; esto es, lle- 
varé á la patria del brazo á dar una vueltecita por los mer- 
cados. / 

Ya columbramos el otro dia los Mercados de Washing- 
ton y Fulton ; pero fué por fuera, como quien dice, y sin 
tiempo para imponerse de cuál es la clueca y la ponedera, 
y cuál el barracan y el señor de los anillos. 

Se me va á despedazar el corazón con los recuerdos de 
mis comadres. Voy á apurar un verdadero cáliz de amar- 
gura, porque no me ciega la pasión ; pero al mercado van 
las hembras con sartenes y canastos y tos chicos van tras ettas 
ardiendo como unos diablos. Vamos al mercado. 

Bien visto, aquí no se necesita mucho del mercado : á ca- 
da dos pasos se encuentra uno entre tiendas de ropa, mer- 
cerías y hoteles, una carnicería con sus percheros á la calle, 
con carneros tamaños de gordos. Y á propósito, vdes. me 
van á perdonar el lenguaje de esta parte del mercado, por- 
que lo dedico á las mujeres pobres de mi tierra ( aquí en la 
oreja se los diré ) .... ya no se los digo : pus buenOy á ellas 
se los dedico con sus riqtñlorios, y su- puntuación y sus gra- 
nitos de ajonjolí. 

Las Grozeries á derechas son tiendas del tlaco de la man- 
teca, ó cuantimás, tiendas mestizas ; aquí todo es papel y to- 
das son cajitas y todo es guante, digámoslo así, pus parece 
Qtra cosa. 



GUILLERMO PRIETO II 



Los efectos están al granel, nada de mostrador ; cajitas por 
allí, y sartas de sombreros ó zapatos por el otro lado : no es 
mentira, hasta en medio de la banqueta. Eso sí, allí se en- 
cuentra un cristiano cuanto Dios crió, todo al estilo de éstos. 

María Santísima! qué de botes y cajitas como una conde- 
nación ! Pues como iba yo diciendo, hay frijoles, y garban- 
zos, cebollas, pz^les: ¿saben vdes. que es eso? Son encurti- 
dos, como los chilitos en vinagre ; pero como están entre 
vidrieras, se dan tono. 

Poco le inteligen éstos á las cazuelas y las ollas ; todo 
es fierro : de más á más, éstos no entienden de una taza de 
caldo para abrigar el estómago ; se lo abrigan con un peda- 
zo de toro, que les va embistiendo por allá dentro. 

Y vean vdes. : no desdeñan éstos la hoja de lata, bien 
que les cuadra para las coladoras, que ni de lejos pueden 
acabalarle á nuestros cedazos, ni á los rayos en que se ras- 
pa el coco. ¡ Qué coco ! como no saben de dulces .\ . , para 
éstos, todo el dulce se les va en pinturas: los postres son co- 
mo quien se come una tlapalería. 

Hablando con verdad, la mayor parte de los trastos no 
los entiendo, parece que están en inglés, mala la compara- 
ción. De platos, no crea vd. que gastan muchos. Me temo 
que un dia inventen un sombrero que les sirva de todo y 
para todo. Ellos cogen, en estas almuercerías del mercado, 
tomates, echan mantequilla, después sal, después vinagre, 
después aceite, después melaza .... y ese es un guiso, que 
se engullen en los vivos aires; pero, no es mentira, sor- 
biéndose trozos que no caben en las dos manos, y se van 
limpiando los dedos con un papel ó contra la puerta, di- 
ciendo olí righí, como tres claveles. 



12 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Las carnicerías dan gusto, siempre están albeando y ni 
pizca se trasciende del mal olor ; sacan con sus cuchillos unas 
tiritas como listones, unas lonjas como pliegos de papel, y 
¡ qué carne ! deliciosa ! eso sí que no se puede negar. So- 
bre ella caen chorritos de agua que es un primor. 

Todo eso es chistoso : las naranjas están muy empapeladas 
en sus cajitas ; las cerezas en unas canastillas preciosas, lo mis- 
mo que las fresas .... ¡y qué tono de las manzanas ! y qué 
garbo de los limones! y qué aquello de las pinas tan forli- 
ponas y haciendo fortuna ! . . . . con decir que los cacahuates 
andan en coche, ya se dijo todo ! 

No digan vdes. que los dejo con la palabra en la boca ; 
pero vuelvo en menos que canta un gallo. 

Estando en la calle con mi amabilísima paisana, que se lla- 
ma Adela, y es como un grano de oro, empezamos con — 
"¿A dónde vamos?" y — "A donde vd. determine." 

— ¿ Vd. quiere ir al Mercado ? 

— Por supuesto, y no quiero Mercado Catherine, aunque 
dicen que tiene 242 casillas ó tiendas, ni el Centre que cuen- 
ta 348, ni Clinton, ni Esse, porque todos son de poco más 
ó menos. 

— Iremos al de Fulton, me dijo la amable señorita ; me 
han dicho que se edificó en 182 1 y que importó la obra 
220,000 pesos. 

— Yo quiero ver el Mercado de Washington, que es el 
de más nombradía ; aquí llevo las apuntaciones de lo que 
dice mi querido Antonio Bachiller respecto á él. 

El Mercado de Washington es propiamente el conjunto 
de dos mercados, que tienen 1,772 casillas, ó como si dijé- 
ramos, tiendas y puestos. 



GUILLERMO PRIETO 1 3 



En cuanto á lo que en ese mercado y el de Fulton cabe 
y se consume, es para alabar á Dios : figure vd. lo que di- 
cen los libritos que tratan de esto : 70,000 reses vacunas 
por semana; 3,000 carneros; 20,000 cerdos, y otros anima- 
les que próximamente ascienden á tres millones. Las aves 
se calculan en 6.000,000 y los huevos en 10.000,000 al 
mes. 

Se calcula que se venden diariamente 7,000 pesos de pa- 
pas y 5,000 de granos. En 2.5oo,ooo pesos se valúa la 
venta anual de manzanas; peras, 100,000 pesos; 200,000 
melocotones ; fresas, 600,000. El monto de las frutas im- 
portadas, como pinas, cocos, naranjas, etc., etc., ascendió á 
i.25o,ooo!!! 

Pero adviertan los lectores que todo es aparte de trescien- 
tos mercados privados en que hay lo propio que en estos 
mercados grandes, y no se lleva cuenta porque eso seria 
cosa de nunca acabar. 

Sigamos con el paseo al Mercado. 

La parte exterior son aceras, con sus cortinas cada pues- 
to para defenderse del sol. 

Cada puesto desparpaja y como que pone en las manos 
de los que pasan los artículos que contiene, sin contar con 
que á cada dos pasos se hunde el suelo y se percibe desde 
afuera que brotan por aquellas trampas, los zapatos, y los 
sombreros, y los trastos de hoja de lata, y los fardos, como 
de otros tantos manantiales. 

Los juguetes, sobre todo, tienen gran boga, y llueven los 
carritos, carretelas y carretones, desde para dormir al recien 
nacido, hasta perniquebrar al muchacho travieso. 

Y todo esto se va viendo mientras el tumulto de la calH 



14 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

está en su apogeo con los, transeúntes y con que cada car- 
ro es un puesto que lleva andando una colina de zanahorias, 
un campo de ejotes, un camellón de cebollas, y borregos y 
becerros que se denuncian con unos balidos y berridos que 
se meten por el alma. 

A medida que se penetra, se van extendiendo en hileras 
interminables los mostradores, que tienen en grupos cene- 
fas y bambalinas de jamones, y esto es como una cuadra, y 
lo mismo quesos y mantequillas que forman calles, como 
quien anda por una ciudad de jamón y otra de mantequillas 
y quesos. 

Entrase al recinto ó ciudad interior, y en grandes -mos- 
tradores forrados de zinc, con mangas que derraman leves 
corrientes de agua purísima, entre trozos de hielo, allí están 
los pescados, es decir, un mar de pega. Desde unas bestias 
que asustan por su grandeza, sus bocazas pazguatas y sus 
ojos empañados, hasta pescadillos que parecen de chan- 
za y pueden servir como de cañuteros. 

En esta sección están esas ranas medio peladas que ca- 
losfrían, esas jaivas que parecen raíces, esas culebras, esos 
engendros raros del agua, que no sé cómo hay*pícaros que 
se los engullen; y esas inmensas tortugas bocarriba, bolsu- 
das, con sus cuellos cortos, sus manos como aletas, sus ojos 
pequeños como rendijas, su cabeza aplastada de víbora. 

Las carnes ocupan sendas calles en percheros que suben 
al cielo, porque se trata de un edificio altísimo ; los mostra- 
dores están forrados de zinc ; los carniceros, sin el delantal, 
pudieran estar sentados en una tertulia de buen tono. 

Cada sección del buey y del carnero están expuestas con 
^ima coquetería, como quien dice : '' cómeme." 



GUILLERMO PRIETO 1 5 



Lo que se llama menudo, me parecieron sobre un mos- 
trador piezas de muselina y de encajes. 

En esa sección, y como se cuelgan los mundos de oblea 
en nuestras funciones, como forínando adornos y nublando 
el aire, graduados como de quinqués y de candiles, forman- 
do como bosques por allá arriba, están los pollos y guajolo- 
tes pelados, suspendidos de las patas y sus cuellos colgando. 
Es una nublazón de guajolotes y de pollos. 

Al centro, en extensísimo cuadrado, hay verdaderas tien- 
das de semillas á pedir de boca, y entre cristales ; de suerte 
que se les saluda con cierto aquello, y como á novios en la 
iglesia, al frijolito pinto, blanco, y al gordo, á los garbanzos 
que están en minoría, y las lentejas y las habas que apenas 
chistan. 

Adela, con mucha oportunidad y buen juicio, me iba ins- 
truyendo. 

— De esos limones se hace mucho consumo y son muy 
baratos; con aquellas como tijeras de palo se exprimen; 
tiene una media esfera la tijera en un extremo, que da so- 
bre el huequecito que con su coladera está en la otra ; se 
aprieta, y sale hasta la última gota de jugo. 

Aquellos pollitos que parecieron á vd. pichones, conti- 
nuaba, son polios de primavera de que se hace mucho con- 
sumo en este tiempo. 

El pollo, lo mismo que el guajolote, se vende por libras, á 
quince centavos la libra. Esto tiene sus variaciones. 

Esa yerba es chicoria ; con esa se da color al café, que en 
general no es bueno, es una yerba amarga. 

Los camotes son carísimos, la gente pobre casi nunca los 
come. 



l6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

La manteca se vende derretida ó en banda, esto es, ad- 
herida á la piel del cerdo. 

Esos como moldes de palo en que paró vd. la atención, 
son para dar formas elegantes y realzar figuras en la man- 
tequilla. 

Esas como cucharas de alambre son para batir huevo ; y 
hay otras maquinitas, pero son más caras. 

En el centro de la plaza hay sus fondas pequeñas para 
lunche, ó como quien ^\q.^, pistos ; pero no hay licores. 

Habrá vd. notado que no hay trastos de barro, todo es 
fierro ú hoja de lata. La hoja de lata es baratísima. 

Ese es ruibarbo. 

— Adela .... no me lo miente vd., no me lo miente, por- 
que con éso rellenan sus paids estos herejes, y me han cos- 
tado muy caro. Eso en cualquiera parte es un purgante in- 
decente. 

— En efecto, usan esa yerba en sus pasteles. 

Yo me salí para penetrar en una especie de rinconada 
que da á la calle, y á donde penetran los carros. 

Allí están los grandes alrñacenes de papa, de fresas, de 
todos los granos, y aquellos encierran inmensas riquezas. 

Yo estaba aturdido, rompiendo olas de gente, haciendo 
rodar canastos, metiéndome en encrucijadas de barriles y 
tercios : salí no sé por dónde, y alcé la vista. 

Estaba á la orilla de la inmensa bahía, que es un mar en 
que se pueden dar cita todas las embarcaciones del mundo ; 
junto de mí se mecían esos alcázares de las aguas, formando 
bosques sus palos y cordajes, saludando sus banderas de 
todos los países de la tierra. 

Monstruos acuáticos, viajeros del abismo ; unos, como 



1—3 
Cx-, 

> 




GUILLERMO PRIETO 1/ 



animales desconocidos ; los otros, como aves abriendo las 
alas de sus blancas velas. 

A lo lejos, y como saliendo del mar, las arboledas, las cú- 
pulas, el caserío, las torres como barcos más gigantescos, 
como si anduvieran sobre las olas ; en un extremo Broklyn; 
en el otro las colinas y campiñas de New-jersey ; al frente, 
los fuertes con sus monstruos de bronce, como bostezando 
á la orilla de las aguas. 

La mano ejercitada de los conocedores, señala al rededor 
de aquel mercado los buques que contienen los efectos que 
producen afanosos los Estados del Oeste, que son granos, 
harinas, carnes saladas, madera de construcción, verduras y 
flores. 

Más adelante se ve descargando su plomo el Missouri ; 
el Lago Superior su cobre ; Virginia y Mariland agitan co- 
mo palmas sus hojas de tabaco, en competencia con los gi- 
gantes del Kentuky. 

La Nueva Inglaterra hace alarde en el muelle de sus pes- 
caderías y sus manufacturas ; Pensylvania, titánica, espera 
que se acerquen á sus naves los mercaderes por su carbón 
y su fierro ; los Estados del Sur ofrecen en el altar de los 
cambios, como prenda de reconciliación, su algodón y su 
arroz ; y California deja caer á los pies de la metrópoli del 
cambio, sus vinos, su oro y sus millones de plata. 

Nueva-York, como en medio de una corte de soberanos, 
recibe esos productos y esparce en cambio susf rutas, los vi- 
nos de la Francia, el café del Rio Janeiro ó de Java, el azúcar 
y las frutas de la Florida y de la Habana, el thé de China y 
del Japón, venido de San Francisco, las lanas de la Plata y 
Australia, los tejidos de Europa y los perfumes de la India. 

Tomo III. ^ 



1 8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

' — ' ■ 

El estúpido proteccionismo americano tiene una derrota 
continua con ese espectáculo de los cambios. 

Adela estaba satisfecha de verme tan preguntón y tan 
entrometido. Yo no sé cómo explicar á tan distinguida se- 
ñorita mi gratitud. 

j Con qué sencillez, con qué buen juicio y con qué gracia 
me hacia sus explicaciones : yo hubiera querido que todo el 
mundo la oyera, y cuando todos los yankees estuvieran 
abriendo la boca, ponerle un rótulo en la frente que dijera : 
" Esta chicuela es mexicana. ... y una de las que hay á 
cientos en mi tierra, que desparraman la sal!". . . . 

Después que salimos del Mercado, y andando por las ca- 
lles, me decia : 

— Ya vd. ve : en nuestra tierra (y ese " nuestra tierra" me 
sabia á cielo), se critica y se pone en ridículo al que anun- 
cia su comercio con un objeto de él ; por ejemplo, una pen- 
ca de maguey en una pulquería. Aquí todo es de bulto : el 
relojero, el fabricante de sombrillas, el zapatero, todos ponen 
como rótulos, sombrillas, sombreros y zapatos ; y hasta ca- 
ballos enjaezados, los carroceros y talabarteros. 

— Hay ciertas señales ú objetos que son de convención 
general. ¿ Recuerda vd. ? 

— Sí, señor, recuerdo. Esas astas ó morillos con listas 
azules, encarnadas y blancas, son de las barbe-rías ó peluque- 
rías .... Cuando vea vd. un almirez monstruoso colocado 
sobre una puerta, ni que preguntar: esa es botica. 

En las calles, sobre las banquetas, interrumpiendo el pa- 
so, hay muñecos desastrados de la talla humana. Ya es un 
indio comanche, ya un negrito que parece que le va á sal- 
tar á vd. al cuello, ya un inglés con tanta panza, ya un chi- 



GUILLERMO PRIETO 19 



no con bigotazos que barren el suelo : ya me sé que son ta- 
baquerías. 

Entre las muestras, siguió Adela, no me negará vd. que 
son primorosos esos vestidos de papel que visten los figurines, 
y que imitan perfectamente la muselina y la seda, con la 
ventaja de ser tan exactas las proporciones del vestido, que 
pudieran servir de patrones. 

Eso es precioso : en cambio, nada más soso y más sin 
gracia que las muestras de las tabernas ó bar-rooms, sea que 
representen vasos colorados rebosando espuma, como la ca- 
bellera cana, como un viejo frenético, y su número cinco en 
el centro ; sea que tenga la muestra la figura de un payaso 
con las piernas abiertas, sacando tamaños dientes. 



11 



La graT\ tienda de Stward ei\ Broadway. — Lord y Taylor. — 
Xopa hect\a. — I^^opa-vejeros.— El Cementerio de Green- 
wood. — Ua ron\ance. 



YA que tuvo el lector la paciencia de acompañarme al 
Mercado ; ya que fué tan complaciente que no se asus- 
tó con su nomenclatura y sus detalles, demos por vía de 
descanso una ojeada á establecimientos de otro género. Las 
tiendas de ropa, por ejemplo, y los depósitos de ropa hecha. 

Entre los primeros descuella sin rival la tienda de Stward, 
que es aquel grande edificio que distinguimos en Broadway, 
de cristales, fierro y mármol, ocupando una manzana entera 
sus columnas, sus pórticos, sus hileras de arcos con venta- 
nas rasgadas, y su magnificencia indescribible. 

En el interior forman calles las armazones y mostradores 
con sus asientos de trecho en trecho, de la forma de los 



22 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS - 

asientos redondos y giratorios que se usan frente á los pia- 
nos. 

Centenares de dependientes por la parte exterior de los 
mostradores, sirven á la concurrencia inmensa y de exqui- 
sita elegancia que se agolpa á la tienda, y entra y sale por 
las muchas puertas que tiene á todos los vientos. 

Hay departamentos enteros servidos por jóvenes, en 
quienes compite la educación finísima, con la hermosura. 

En el centro de las calles de estantes y mostradores, se 
abre una rotonda espaciosa cubierta de cristales, que derra- 
ma su luz vertical sobre los cinco anillos de los pisos, cada 
cual con sus columnas y barandales elegantes. 

Cuando se contempla ese centro, que es como un teatro 
ó como un templo; cuando se está bajo la atrevida cúpula 
de fierro y vidrieras, se confiesa sin embozo que aquel es el 
primer establecimiento del mundo en su género. 

Las calles paralelas de esta alcaiceria de cristales, porque 
así la quiero llamar para inteligencia de México, cada una 
tiene en su calle especialidad para las ventas. 

En una calle solo se venden casimires, paños y lienzos 
para vestidos de caballeros. 

En otra calle ó sección hay tan solo tápalos en que com- 
piten la cachemira, la seda con bordados, los chales, capo- 
tas, albornoces y capas. 

Más adelante, en una sección servida por señoras, caen 
en los mostradores á raudales, listones, cintas, encajes, se- 
das, botones, broches, embutidos y los accesorios todos del 
trage femenil. 

Como entre nubes se percibe la concurrencia, en una es- 
quina en que las blondas impalpables, el punto levísimo, las 



GUILLERMO PRIETO 23 



gasas que parecen desvanecerse en el aire, alzan su vuelo. 

Blanquea la lencería, duermen los terciopelos, se inclina 
uno bajo los gorrillos buscando un rostro de ángel escondi- 
do entre las sedas, listones, encajes y flores. 

De los barandales de los balcones del inmenso salón cir- , 
cular penden telas de inestimable valor, alfombras persas, 
remedos fantásticos "de gibelinos y cachemiras, de las que 
un tápalo solo tiene el valor de cinco mil pesos. 

Los dependientes se cuentan por cientos, la realización 
por miles, el capital por millones. 

La materialización de todos los ensueños, la complacencia 
de todos los caprichos, la satisfacción de todas las necesi- 
dades, están contenidas allí ; la pompa de la joven, la im- 
pertinencia de la vieja, el abrigo del anciano, el chiqueo del 
niño. 

Después de celebrada cada venta, el dependiente que la 
verifica da un signo, y el dinero se paga al cajero que con- 
centra la contabilidad, lo que hace que cada dependiente 
asuma la responsabilidad de sus operaciones, que se establez- 
ca la emulación y que el balance pueda hacerse momen- 
to á momento. Este mecanismo es lo propio en cada sec- 
ción. 

Es notable que muchas veces, con su cuenta de pago, 
atraviesen la multitud las personas, á hacer su exhibición, 
con una religiosidad que admira é infunde respeto por la ino- 
ralidad de estas pfentes. 

En ese particular, y aunque esta sea una divagación, po- 
co hay que sea comparable con lo que aquí se ve. 

En las cajas de los correos que están al pié de los faroles 
de las calles, no caben los periódicos ; eso no importa, la 



24 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

gente los amontona, sellados y listos por la parte exterior, 
sin que nadie se atreva á tocarlos. 

En los ómnibus, hay cajitas en que el público mismo de- 
posita el dinero, y no se da caso de reclamo porque la ne- 
gligencia ó la malicia se sustraigan al pago. Yo he visto á 
un muchacho encontrarse un guante en una banqueta, en 
la plaza de Union Square. Vagó el chico con el guante en la 
mano, no halló á su dueño y lo clavó con un alfiler á un ár- 
bol, donde vino á recogerlo una señora después de media 
hora .... Por supuesto que hay sus rateros .... pero .... 
no se quebranta con jactancia el sétimo mandamiento. 

Después del establecimiento de Stward, debe mencio- 
narse el de Lord y Taylor. 

Se dignó mostrarme esa tienda el Sr. Delmote, nativo 
de la Habana, con singular cortesía. 

Lo que llaman el bassement ó subterráneo, son amplísi- 
mos salones con robustas columnas. Están los salones, aun 
á la mitad del dia, iluminados por gas. 

Allí vi en mamparas encuadernadas como libros, las mues- 
tras de los hules para el suelo ; allí camas de primavera con 
una tela de alambre como colchón de verano ; allí camas á 
dos pesos, formadas de tablitas flexibles y mullidas como 
plumas. 

Se asciende por elevador á los varios pisos del edificio. 

Uno de estos pisos está reservado á corsés de todas las 
formas, listos para recibir hasta las confidencias Je un es- 
queleto y trasformar las momias en beldades. 

Hay por centenares crinolinas, tontillos y cosas que figu- 
ran como perfecciones y presentan allí su triste realidad. 

El departamento superior lo ocupan los muebles, con si- 



CONDICIONES DE LA SÜSCRÍCION. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4°, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J, M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

J^ M, Affuilar y Oj^Iíz, 

Administrador. 




í 



VIAJE 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



{ G U I I.I^ERMO ] >R T I :T< ) ) 



(1.877) 



Bnlrcf/a A^'úm Z.fí. 



MÉXICO. 

liiiV>''«'iit-a' <^<'l Comercio, de DviVjlaii y (JhaTeic. 



CALLE DK COKDOB.4KES KUU. «, 



GUILLERMO PRIETO 2$ 



llenes que ponen en olvido las fatigas, tocadores que adu- 
lan, lechos que hacen cerrar voluptuosamente los ojos, de 
dulce y apacible sueño. 

En los establecimientos de ropa hecha y sastrerías para 
hombres, se deja entender que hay muros de chalecos, tor- 
res de pantalones y montañas de levitas. Véase si no, la 
sastrería de Deblin y C^, y la de Brooks. 

Son como la contrapartida de tanto lujo, como la carica- 
tura de tan deslumbradoras grandezas, como la carcajada 
homérica de esas manifestaciones de opulencia, las roperías 
ó establecimientos de segunda mano (Second Hand). 

Aquello sí que es gresca ; es, como quien dice, las casas 
de inválidos de la ropa. 

Se anuncian las crinolinas suspendidas á las puertas ha- 
ciendo la rueda, abiertos de brazos sacos y levitas, movién- 
dose cancaneros los pantalones, y los sombreros de los dan- 
dys y los gorrillos de las ladys gesticulando, con el pelo raido, 
con las plumas tinosas y como mojadas. 

Esa segunda mano es la charlatanería del trapo, el cinis- 
mo del forro humano, pero á la vez la chanza y el fraude, 
el panteón y la orgía .... 

Es un meeting de viejos verdes contando sus aventu- 
ras. 

Y no solo son vestidos, sino que figuran en el pandemó- 
nium, anteojos y soguillas, guantes y anillos, cruces y reli- 
carios con todo y retrato, anteojos de teatro y libros hasta 
por un centavo .... 

Hé ahí la filosofía hecha trapo, el amor enseñando el co- 
bre, la gloria antes de envolver botones, el desengaño en 
su expresión más grotesca. ... Y sin embargo, esos des- 



TOMO III. 



26 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

pojes reaparecerán sobre las formas humanas como 

nuevos. 

Los ropa-vejeros no son desconocidos en ninguna parte; 
cada tienda de empeño en México, es un establecimiento 
semejante á los descritos. Pero la dedicación á la segufida 
mano, la especificación del tráfico, es lo que llamó mi aten- 
ción en Nueva-York. Este tráfico es especialmente de los 
judíos. 



Habia diferido mi visita al Cementerio de Greenwood : 
las disposiciones de mi espíritu han sido tales, los dolores 
que he apurado tan acerbos, que sentía miedo de una en- 
trevista con la muerte. 

Sin embargo, la fama que disfruta el Cementerio es tal, 
que fué necesario resolverme á una excursión á Broklyn, 
lugar en que está situada la maravilla del descanso eterno. 

Era un domingo : apenas salió la luz, cuando atravesé so- 
litario las calles silenciosas, como si hubiese sido abandona- 
da la ciudad en la noche : dirigíme por el embarcadero de 
Hamilton, atravesé el rio, entré en un wagón, y heme, al 
doblar una calle, á la entrada del Cementerio. 

Es un gran pórtico compuesto de una magnífica portada 
gótica, con dos edificios laterales del mismo orden. 

Las puertas y sus agudos remates, las verjas y las alturas 
cónicas con primorosas molduras, constituyen por sí una 
augusta belleza. 

Si fuera posible colocarse en una altura que dominase el 
conjunto, la impresión seria extraña y grandiosa. 

Venase en terreno extraordinariamente accidentado, un 



GUILLERMO PRIETO 2/ 



inmenso parque sembrado de arboledas gigantescas y som- 
brías, con sus eminencias, con sus laderas que forman como 
escalones, con sus cuencas y bajíos, que se tienden en apaci- 
bles vegas y duermen cristalinas fuentes de monótono y 
triste murmurar. 

El terreno, donde no lo cruzan las anchas calzadas de as- 
falto ó arena, está alfombrado de verde césped, cuidado con 
tal esmero y pulido con tan exquisita diligencia, que se dis- 
tingue aterciopelado y luminoso «¿onde los llenos de la luz le 
bañan y donde rompen los rayos del sol las sombras que 
dibujan, en el suelo, la forma y los trémulos follajes de los 
árboles. 

El parque, austero, pero de sorprendente hermosura, está 
cortado por calles y avenidas ; pero no corno una ciudad, si- 
no como el panteón de una ciudad. 

Es á su vez el Cementerio una como población de grani- 
to y de mármol ; un bosque de pirámides y ' de columnas, 
como si la piedra floreciese; una petrificación de seres huma- 
nos, inmóviles, llenos de majestad : tales Se presentan arcán- 
geles y estatuas en aquel cortejo silencioso de la muerte. 

En cada paso se presenta un aspecto nuevo de aquella 
mansión silenciosa é imponente. 

En aquella sucesión de hondonadas y colin^is, ya tiene 
uno á sus pies templetes, obeliscos y pórticos, ya en grada- 
ción ascienden como por fajas entre los árboles, grandiosos 
monumentos coronados en sus alturas por guerreros, por 
mujeres con los brazos extendidos, con arcángeles prontos 
á emprender su vuelo. 

A la entrada se toma un carruaje que por veinticinco cen- 
tavos hace la excursión del Cementerio. El conductor tiene 



VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 



la obligación de ir haciendo notar al viajero los sepulcros y 
monumentos más célebres. Hace su oficio el cicerone como 
de rutina, con su voz indiferente y sin acentuación, como au- 
tomática. 

El coche avanza rodando sordamente ; se detiene á cada 
instante el ciceroiie, pronuncia un nombre y da lugar á la 
meditación. , • 

Aquella luz que intensa reverbera para alumbrar la nada \ 
aquel silencio que es por sí una pompa ; aquellas aguas que 
remedan á lo lejos la plegaria, y aquella grandiosidad de 
monumentos, producen una impresión única y sublime. 

A la entrada tomó el guía el rumbo sur del Cementerio : 
las losas de mármol del suelo, como que repercutían acen- 
tos de otros mundos ; era la palabra muerta también en un 
idioma extraño, el clamor perdido de la nada. 

De repente, como una ráfaga de luz, iluminaba mi' memo- 
ria un nombre .... era el de Morse, el inventor del telégra- 
fo, que vive en espíritu, conduciendo la palabra al través del 
espacio y por el fondo del mar. 

Su monumento es soberbio ; son las fases cóncavas de una 
pirámide triangular. 

En la portada de un monumento que no pude distinguir 
con propiedad, había un grupo magnífico. 

Era un ángel arrancando á un niño de los peligros de la 
vida, pronto á levantar el vuelo con él ; era la salvación y 
la felicidad ; pero á los pies del ángel, arrodillada y loca de 
dolor, con el cabello esparcido, la garganta hench'ida de so- 
llozos, los ojos sin luz, pero con lágrimas, como que preten- 
de detener al ángel, como que es mortal, y como que á una 
madre nada consuela de la muerte de un hijo. 



GUILLERMO PRIETO 29 



Apéeme del carruaje y seguí á pié mi camino ; quedaba 
por momentos el sendero que recorría, solitario, poblado de 
mármoles, sin más ruido que el de mis pasos, que parecían 
ecos que venian de la región de las eternas sombras. 

Gorchatz, el compañero de Talberg y de Litz, descansa 
allí ; la Europa lo admiró mucho tiempo, vibraban en los sa- 
lones sus notas voluptuosas, fomentando el arrebato del bai- 
le. .. . ni un suspiro de sus delicadas concepciones, ni un 
rumor de sus cantos deliciosos. 

Pero, ¡singular supervivencia del talento! aquel, como 
otros nombres, resonaban en todos los labios ; era como la 
sustracción de la muerte, como un triunfo del olvido su 
mención. 

Entre otros monumentos relucientes como dé nieve, es- 
taba uno que todo viajero menciona y en el que todos se 
-detienen á pagar un tributo de ternura : recuerda los bom- 
beros. Quien dice bombero, dice el atleta que lucha contra 
la llama, el que profesa la religión del bien y del amor, 
arrostrando temerario el peligro. Bombero es sinónimo de 
salvador. 

¿ Quién no ha visto á estos héroes, en medio de. los horro- 
res del incendio, cruzar entre el humo, abalanzarse al muro 
que se derriba, colgarse de la soga que va á salvar un náu- 
frago de la vida, envuelto en el martirio ? 

Se prodiga la existencia, se lucha brazo á brazo con el 
más feroz de los elementos ; y si se restituye un padre á una 
familia ; si se reintegra el hogar ; si la alegría se reconcilia 
con aquellas víctimas, entonces, la recompensa es ese espec- 
táculo de ventura que llena y alumbra el alma con luz di^- 
vina. 



30 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El monumento recuerda un bombero que colocó un niño 
sobre su pecho : el bombero se dejó caer de espaldas, des- 
pedazándose, pero salvando al niño. 

La gratitud pública repite ese tradicional episodio : cuan- 
do humeaba la piedra, cuando las víboras de fuego ce- 
ñían el edificio haciéndolo bambolear como ebrio; cuando 
se hundían con estrépito los techos, y los gemidos cruzaban 
el viento, y los alaridos de angustia y dolor hacian temblar 
la ciudad .entera ; cuando este espectáculo de destrucción se 
enseñoreaba y sobrecogía de espanto, se notó en las alturas 
de un edificio un niño que corria en las citarillas salientes á 
la calle, próximo á perecer, tan rubio, tan hermoso, tan delica- 
do Uno de los bomberos lo percibe no vacila un ins- 
tante, escala, se encarama, las piedras que se desmoronan es- 
peran que pase para caer .... parece que le hace pasq la lla- 
ma .... desparece entre el humo .... la ansiedad por su vida 
es mortal .... el humo se disipa ; él aparece en la altura con 
el niño en los brazos .... una ráfaga de felicidad iluminó las 
almas .... el descenso comienza .... va descendiendo entre 
una granizada de piedras, de cristales despedazados, de pío- 
, mo y hierro fundido .... hubo un momento en que el trán- 
sito fué imposible .... faltaba piso, la ceja de pared que 
sustentaba al héroe, se desgranaba .... el niño veia absorto 
á su salvador, le tenia abrazado su cuello .... la muerte era 
indefectible: todos llevaron las manos á sus ojos para no pre- 
senciar la horrible catástrofe .... entonces el bombero cogió 
al niño, lo acomodó sobre su pecho, como en una cuna, pu- 
so en hueco sus brazos para defenderlo, y se precipitó de 
espaldas desde la inmensa altura .... haciendo que de sobre 
- su cuerpo despedazado se quitase al niño, sano y salvo .... 



GUILLERMO PRIETO * 3 1. 



El hecho es de aquéllos que son gloria y orgullo de la hu- 
manidad. El monumento de los bomberos es hermoso, y es 
hermoso porque motiva la eterna ovación que justamente 
se rinde á esa institución sublime. 

El monumento consiste en una columna piramidal que 
descansa en un macizo pedestal de mármol, con planchas de 
granito. El bombero tiene una expresión sublime. Uno 
de sus brazos rodea al niño, defendiéndole de la llama ; en 
la otra tiene la trompeta que distingue al bombero, y cuelga 
á su lado una linterna. Sobre las cuatro pilastras de otro 
monumento, %e extiende una pequeña bóveda, y en ella hay 
figuras alusivas al Cuerpo de Bomberos. 

Siempre siguiendo entre lápidas, obeliscos, estatuas y pi- 
rámides, me detuve á leer el epitafio de un bravo marino, 
que él propio construyó su sepulcro y lo tuvo en espectati- 
va de su mansión, diez y ocho años. 

El monumento de la joven Carlota Canda, es una gran- 
deza de Greenwood ; es casi un templo ceñido con su ba- 
laustrada de fierro y custodiado por ángeles. 

La joven á quien se dedica el monumento, tenia diez y 
siete años ; las gracias coronaban su frente ; la felicidad ten- 
día á sus pies alfombras de flores. 

Regresaba de un baile con su padre y una amiga. En el 
baile habia sido el rayo de sol, el canto de jilguero, el celaje 
de oro de la reunión. 

Detúvose el carruaje que la conduela cerca de Broadway: 
el padre descendió á dejar á la amiga ; el cochero dejó el 
pescante ; cayeron las riendas ; los caballos, desbocados, azo- 
taron el coche contra una esquina ; la niña cayó al suelo des- 
pedazándose el cráneo. 



'$2 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

' ■' — 

En medio de la magnificencia de este monumento, se oye 
gemir á la piedra, se ve llorar el mármol ; el dolor paternal 
se ve extendido en aquel refinamiento artístico. ... es una 
novedad del dolor ; martiriza aquella riqueza. 

En el gran Cementerio, muy particularmente en los esca- 
lones superiores de las altas columnas, se ven puertas de 
granito, tan misteriosas y severas, que son propiamente pór- 
ticos de las sombras, puertas de recepción de la eterna no- 
che. 

Esas puertas conducen á subterráneos en que se conser- 
van en lechos de mármol los cadáveres perfectamente em- 
balsamados y en sus cajones, que tienen una ventanilla de 
cristales por donde asoma el muerto. A aquellos subterrá- 
neos alumbrados con gas, que se modifica según la volun- 
tad, suelen concurrir familias á platicar con sus muertos. . . . 

Los lotes del Cementerio cuestan, en general, cuatrocien- 
tos pesos ; pero la Compañía que dirige el establecimiento, 
ha hecho donación de un trecho espacioso de terreno para 
que se sepulten los niños pobres, y así se verifica en efecto. 

Nada de monumentos ni inscripciones, ningún indicio de 
la vanidad humana en esa sección del Cementerio. Lecho 
común de musgo, mortaja de césped humilde, algunas flores. 
Y sin embargo, la ternura maternal, esa glorificación del 
amor, ese heroísmo oscuro de la abnegación, se encarga de 
comunicar encanto indecible á este lugar. 

La vida que se extingue al nacer ; la llama que espira al 
encenderse, iluminando el borde de cristal de la infancia, que 
unió su cuna á su tumba ; la sonrisa y el gemido en un mis- 
mo estremecimiento del labio ; la mirada y la lágrima. 

En el agrupamiento de las escasas flores; en el conato de 



GUILLERMO PRIETO 33 



coronita medio deshojada y puesta con esmero, como si al 
través de la tierra sintiese la madre el cutis de la frente del 
niño. 

Con cristales y cuentas de vidrio, con fragmentos anóni- 
mos de objetos relucientes, ha hecho, sobre aquellos mon- 
toncitos de tierra, nichos el amor, y bajo de ellos están los 
juguetes de los niños, sus arlequines, sus esferitas de goma, 
sus caballitos, sus trom|x>s .... esos eran sus juegos : con 
pretexto de ellos se hacia ostentación de las gracias; y se 
ve, se tienta, que aquellas chucherías, que aquellos primo- 
res, han sido regados con lágrimas. . . . ¿por qué morir? y 
por qué ese superfino relámpago de vida si se ha de perder 
en la eterna sombra? ¿Por qué esa inconsecuencia del ser? 

¡Madre de mi alma! si tú me vieras perdido en esta ex- 
tranjería de muerte ; si vieras que interrogo las tumbas para 
que me traigan, aunque hecho cadáver, un recuerdo de la 
patria; si me vieras ebrio de hiél, sintiendo como losa de 
sepulcro el cielo, y la multitud en que me pierdo como som- 
bra! • 

Me duele la luz, me duele el aire, tiene quejidos esa fuen- 
te, estas tumbas son más hondas y más oscuras .... tragarían 
mi recuerdo .... aquí se cae .... en las tumbas de mi tier- 
ra se duerme .... en los sepulcros de mi patria hay polvo 
que nos ama ...... 

Yo no sé cuánto tiempo duró mi letargo de dolor. Cuan- 
do volví en mí, estaba haciendo compañía á un desterrado 
de Cuba .... D. Miguel Aldama .... 

A la salida del Cementerio, desde un claro que deja la. 
altura, se percibe Broklyn, que es tendidísima ciudad entre 
los árboles, con sus divisiones regulares, sus mil torres, as- 

TOMO III. 5 



34 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

tas y veletas : parece que allí ha dicho su última palabra la 
grandeza ; pero sé anda un poco más y teniendo como un 
pedestal aquella altura de la muerte en que se siente el so- 
plo de lo eterno . . . . á nuestros pies percibimos magnífico 
el mar .... el mar sepultándose en un horizonte en que pa- 
rece tender sus alas el infinito 

A mis pies, y tocando las aguas la tierra de los sepulcros, 
habia algunas barcas vacías, juguetíi de las olas. . , . parecía 
que ellas habían sido las conductoras de los muertos y que 
se entregaban abandonadas al acaso .... 

Yo no puedo hacer comparaciones ; pero sí puedo decir 
que el Cementerio de Greenwood, cuando le comunique su 
majestad el tiempo, para que no se crea en este pueblo mo- 
vedizo que también tienen hotel los muertos, será uno de 
los lugares que honren al mundo. 

Ahora tiene el Cementerio 2 1 ,00o y tantos sepulcros. 



Al leer á Francisco mis apuntaciones sobre el Cemente- 
rio, me decía : 

— Es una lástima que para ver esa maravilla no te hubie- 
ra acompañado un guía experto : te hubiera hecho notar, 
entre mil espléndidos monumentos, el erigido á los heroicos 
pilotos que en una noche tempestuosa se lanzaron fuera de 
la bahía á salvar un buque náufrago, pereciendo en la de- 
manda. 

. Hubieras detenido tus pasos para anotar el sepulcro del 
marino que construyó su monumento creyendo próxima su 
muerte, y esperó la tumba diez y ocho años á su ilustre 



GUILLERMO PRIETO 35 



huésped, que está representado en una soberbia estatua que 
.tiene el sextante en la mano. 

Hay otros cementerios, continuó Francisco, como Ever- 
greein, situado en el mismo Broklyn, que tiene un aspecto 
rústico que encanta, Ciprés Hill, Wood Lawn, á siete millas 
del puente de Harlem, New-York, Bay y sobre todo el 
Calvary, en que se entierfc.n exclusivamente los católicos. 
Los sepulcros rodean una pequeña montaña y el conjunto 
del lugar tiene grandiosa majestad. 

Habrías llamado la atención sobre que el sistema de ni- 
chos, hijo en mucha parte de la codicia clerical, es de todo 
punto desconocido. 

Ese empacamiento de los difuntos, esas casas de vecindad 
de los restos humanos, desnuda de su grandiosidad el culto 
de las tumbas. 

Se recorre un panteón como una librería, viendo los ru- 
bros de las obras que guarda la armazón. 

En el sepulcro de la tierra se improvisa el altar; parece 
que la restitución del polvo al polvo se hace más patente; la 
flor es el recuerdo y la lágrima. 

Yo no sé en qué disposición de espíritu visité á Green- 
wood, que me sentí muerto ; parece que celebraba el duelo 
de mis propios funerales. 

Extinguirse entre la soledad de la multitud ; extinguirse 
sin que nos acaricie la idea de. la vista de los que nos sobre- 
viven en espíritu y quedan calentando en sus corazones 
nuestra memoria ; morir sin esa revelación de la inmortali- 
dad que se llama el recuerdo, es naufragar con el alma, per-, 
derse en un infinito de olvido. 

Entonces nos lloramos; pero esas lágrimas las orea el 



^6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



viento ; cuando las enjuga una mano querida, sentimos co- 
mo una iluminación en nuestro espíritu. '■' 

En vano la filosofía describe la muerte como término for- 
zoso, como condición de la renovación del ser ; en vano nos 
redime el sepulcro de una existencia eterna con sus eter- 
nos dolores, cuando la mano temblorosa de la caducidad no 
puede llevar á nuestros labios la ébpa de goce alguno; siem- 
pre que el sentimiento nos domina ; siempre que rotas las 
ligaduras de la escuadra y el guarismo, la alma se habla con 
su lógica peculiar. Dios resplandece en nosotros y el espí- 
ritu ansia por relaciones y consuelos que no podrá suminis- 
trarle nunca el universo material. 

Yo he sentido mi polvo mezclado á esta tierra, he visto 
mi tumbq como una usurpación; el hielo de la extranjería de 
la muerte ha llevado el frió á mis huesos ; y advenedizo de 
la misma nada, á mí tornaba mi duelo como el polvo que se 
lanza contra el viento y ciega nuestros ojos. Mejor dicho; mí 
, duelo era á los que no lloraban por mí sobre mi descono- 
cida losa. 

Sentía mi corazón enfermo, mi salida del Cementerio era 
como una exhumación. Creia en mi alucinación de muerte, 
y había visto hecho cadáver el Parque Central. o;. « 

En la noche á él me dirigí, y consigné mis impresiones 
allí, de esta manera : 



iioMA.isrcE:. 



Están en el ancho espacio 
Tan apiñadas las sombras, 
Que en vez de cielo se mira 
La ciudad bajo una losa, 



GUILLERMO PRIETO 3/ 



Y SUS gigantes palacios 
Calles en la altura forman, 
Que detienen las miradas 

Y que el horizonte angostan, 
Como se ve desde el fondo 
De barranca pavorosa, 

Las quiebras y los senderos 
Que en la cima hacen las rocas. 

Sartas de luz los faroles 
Forman de una acera y otra, 

Y en el centro las tinieblas 
Van corriendo silenciosas ; • 
I^ero la luz es tan viva 

Y á trechos tal se amontona 
En capelos de cristales, 

En urnas tan primorosas, 

Y en mil globos luminosos 
De llamas verdes y rojas 

Y de intenso azul de cielo. 
Que vaga la vista absorta 
Entre ese hervor de colores 
Que saltan entre las sombras, 

Y que como en festín de hadas 
La negra tiniebla tornan. 

Al descender los declives 
De las calles espaciosas, 
Se va entre dos firmainentos 
De llamas deslumbradoras ; 
El uno de dosel funge, 

Y el otro sirve de alfombra. 
En relieve se sospecha 

Con alguna luz traidora 
Que dejó como perdidas 
Sus claridades dudosas, 



38 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Ya la mezquitadel moro, 
Ya la gentil sinagoga, 
Ya la catedral romana 
Ostentando pompas góticas. 

En medio de esos conjuntos 
De masas que se amontonan, 
Abren sus brazos las plazas 
En anchuras espaciosas, 

Y los árboles se miran 

De pié, sin verse sus hojas, 
Murmurando sus acentos 
En acompasadas notas. 
Entre los arbustos lucen 

Y bajo las ramas brotan 
Centellas que se derraman 

Y que tiemblan silenciosas. 
Dejando rastros de fuego 
En las fuentes bullidoraá. 
Que polvareda de plata 
Vuelven las aguas que arrojan. 



Iba solitario al Parque 
A esconder mis amarguras. 
Que cuando el alma padece 
En la sombra se refugia. 
Esa mansión de placeres 
Con sus fuentes de aguas puras, 
Sus salones voluptuosos 
Y sus enramadas rústicas ; 
Esa estancia de delicias. 
Con SHS lagos que deslumhran, 
Sus glorietas, sus estatuas, 
Sus calzadas y sus grutas ; 



GUILLERMO PRIETO 39 



Donde la beldad ostenta, 
Sedas, encajes y plumas. 
Donde la infancia dichosa 
Trisca con alegre bulla . . . 
La contemplé desde fuera 
Triste como negra tumba 
Circundada de fantasmas, 
Que así en su torno se agrupan 
De los chopos, los ramajes 
Que en lo oscuro se dibujan. 
Al interior penetrando. 
Con la claridad confusa 
De insuficientes faroles 
Que entre las ramas se ocultan. 
Produciendo sus reflejos 
La indecisión y la duda. 
Observé como corriente 
De gentío que iba en busca 
De la sombra del misterio 
Que se escurre, que se ofusca. 
Bien al borde de los lagos, 
Ya entre las ramas profusas 
, De los sauces, ya en las rocas 
Que parece se derrumban 
En los extendidos prados 
Y al borde de las lagunas. 
¡Cómo el murmullo del habla 
Con el susurrar se aduna! 
¡Cómo las fuentes perdidas 
En las tinieblas oscuras, 
Miman con sus blandos cantos 
A las parejas que cruzan ! . . , . 
Como sintiendo sin vista 
Del Parque la galanura, 



40 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

¡Qué suspiros encendidos! 
¡Cuántas risas de ventura 
De mil parejas que aisladas 
Están en medio á la turba, 
Como cruzando invisibles 
Celebrando su fortuna, 
Triunfantes de las pesquisas 

Y de la luz importuna! 
Era el Parque una belleza 
A quien negro velo anubla, 

Y al que ha visto sus encantos 
Con sospecharlos se abruma. 
Entre esas hondas tinieblas 
Que á la pasión no perturban, 
Que las risas estremecen 

Y que las flores perfuman. 
Aislado junto de un lago 
Que indeciso se columbra 
Entre macizos de ramas. 
La alma triste, la voz muda. 
Sin un eco que sonase 
Para mí como en la tumba, 
Di rienda suelta á mis ansias. 
Dije : " oh patria ! " con angustia. 
Las manos llevé á mis ojos 
Con mis tormentos convulsas, 

Y sentí que al retirarlas 

Con mi llanto estaban húmedas. 

Guillermo Prieto. 
Nueva-York. — ^Junio, 1877. 



III 



Adioses de rn.is arriigos. — La bahía. — La estatua de la Liber- 
tad. — Jersey. — Adiós. — Fábrica de pianos de Stenway. — 
La maquinaria. — Varias n\anipulacioi:\es. — I^eflexiones 
sobre el pueblo americar\,o. — La parte baja de*ía ciudad. 
— La Tesorería.— La Aduai\a. — Observaciones sobre la ta- 
rifa an\ericana. — Cifras de las exportaciones é inaporta- 
ciones. — Otra vez el inglés. — El castellano viejo. 



MIS amigos Alfonso, Pablo y Manuel, partieron al fin 
para nuestra patria : la noche precursora de su par- 
tida, entre los baúles, algunos amigos que quedábamos en 
el destierro y los criados que en tragin afanoso cruzaban de 
un cuarto á otro, se oían los encargos á las personas ama- 
das, las recomendaciones encarecidas y palabras que vola- 
ban á morir en la sombra de los tristes recuerdos. 

De repente, las explosiones del buen humor se disipaban 
y caia sobre todos ese silencio que se acentúa tan honda- 
mente en el prólogo de todas las separaciones. 

Tomo III. 6 



42 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Alguno mandó traer Champaña ; la presencia en frió de 
aquellos estímulos del contento, no sé por qué convirtió en 
más sombrío el cuadro : chistes que'^en otras circunstancias 
habrían hecho una revolución de risas y de bullicio ; alusio- 
nes que se habrían propagado como llama, caiap como á 
plomo, sin efecto alguno, para dejar imperando un dolor que, 
á solas, hubiera hecho derramar lágrimas á todos los circuns- 
tantes. 

Alguno preludiaba una canción, otro al empacar un retra- 
to buscaba un tema de contento con recuerdos felices .... 
y el silencio, esta tiniebla del espíritu, avanzaba lento, envol- 
viendo hasta los últimos destellos de alegría. 

Muy temprano, en la mañana, todos estábamos listos. 

Acudimos á los vaporcitos de Jersey. 

La mañana estaba nublada ; á nuestra izquierda, multitud 
de buques de todas las naciones hacían flotar al aire sus 
banderas ; se veía la isla del Gobernador, puesto militar de 
la federación, en que existe un destacamento de fuerzas per- 
manentes, vestidas constantemente de lujo y haciendo el ser- 
vicio siempre con la mayor severidad. 

Del lado opuesto está el islote de Bell, donde debe, como 
formando pórtico en la bahía, colocarse la colosal estatua de 
la Libertad, regalada por la Francia, y cuyo brazo con su 
antorcha, figura hoy como un colosal monumento en la Pla- 
za de Madisson. 

La estatua, colocada sobre su pedestal, debe alcanzar una 
altura de doscientos veinticinco pies ; se distinguirá desde 
el mar, en el confín del horizonte, como una aparición hu- 
mana entre las aguas y los cielos : será magnífica. 

Al frente de nuestro barco, en ariiplio semicírculo y sobre 



GUILLERMO PRIETO 43 



una loma que domina la bahía, se ostenta la ciudad de Jer- 
sey como sobre una cortina de árboles, con sus chimeneas, 
sus torres y sus cúpulas fantásticas. Abajo del escalón del 
pedestal que forman árboles y verjeles á la ciudad, hay 
una faja de muelles, como otras tantas puertas de salida pa- 
ra todas las naciones del globo. - 

En el gran salón contiguo al paradero de los trenes del 
ferrocarril, que conduce más directamente á Orleans por Fi- 
ladelfia y Washington, se hallaban el Sr. Iglesias, su hijo, 
Gómez del Palacio, Schleidem, mexicano lleno de nobles 
cualidades, y yo,. 

Repicó la campana fatal : una voz anunció la hora supre- 
ma, y entre el tropel que corria á tomar los carros como por 
asalto, se perdieron nuestros adioses. A poco el resoplar del 
vapor, la esquila de la máquina, el ruido de las ruedas y 
el humo, envolvieron el ruidoso tren, huyendo un conjunto 
del que quedaban desgarrados girones de humo, que disipó 
el viento .... 

Cuando recuerdo las atenciones que á esos generosos ami- 
gos ( iba á decir hijos ) debí, su solicitud cariñosa, su chiqueo, ' 
siento duelo horrible en mi alma." 

Eilos calentaban con sus esperanzas y su contento mis 
viejos años; ellos" fortalecían mi ánimo cuando casi me ven- • 
cía la mano de dolores implacables ; ellos me formaban una 
atmósfera de patria cuando la frente pálida de la nostalgia 
venia á presentar á mi lado el esqueleto de mis recuerdos, 
sobre la tumba de mis esperanzas. 

Tan nobles, tan sufridos, adivinando mis deseos, convir- 
tiendo en motivos de contento la satisfacción de mis capri- 
chos, ¿ cómo no consagrarles en estas desordenadas memo- 



44 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

rías mi gratitud, aunque su ternura y relaciones tengan in-, 
teres tan solo para mí? ¿cómo no perdonar quien esto 
leyere el extravío de mi corazón, mi complacencia con un 
sentimiento que me aprieta el alma y me domina . . . . ? 

Que vayan felices; que los vientos les halaguen apacibles 
y el mar sea como persona amiga que les lleve á los brazos 
de la patria ; que en el seno de sus familias, en su hogar, 
cuando rodeados de los que les aman, cuenten sus aven- 
turas, vuelvan los ojos y en algún lugar vacío busquen el 
semblante del viejo amigo que vivió lejos de la patria, con 
ellos, la tierna vida de familia, y que les está recordando, 
sin ver lo que escribe, porque están hechos lágrimas en mis 
ojos sus recuerdos. ... La Providencia los acompañe; ella 
los restituya sanos y contentos á sus hogares ! 



Vagando al acaso en la parte alta de la ciudad, donde es- 
tán aún en lucha hombres y rocas; lucha que como que bro- 
tan del suelo á presenciar estupendos edificios ; donde des- 
emboca el túnel que ha venido como una serpiente subter- 
ránea del seno de las calles populosas; donde empinados 
puentes de distancia en distancia ven inclinar el plumero de 
llamas de la locomotora, que parece un gigante fantástico 
que saca á flor de tierra la cabeza ; como una ballena de 
fierro que fué dotada de vida para atravesar en>alas.del re- 
lámpago las entrañas de la tierra, vagaba, digo, por esos lu- 
gares, cuando mi amigo Buzeti, un joven mexicano con 
quien haremos amplio conocimiento, me puso en la puerta 
de un establecimiento grandiosísimo, y me dijo : 



GUILLERMO PRIETO 45 



— Va vd. á conocer la fábrica de pianos de Stenway. 

Ya recordará vd. los pianos de Stenway ; son en México 
los de más alta nombradla; sus vibraciones brillantísimas son 
pompa y vida de los más opulentos salones. En París mere- 
cieron el primer premio. 

El edificio que vamos á visitar, visto por la espalda, hace 
los tres lados (tres cuadras) de un cuadrado perfecto. 

En el centro hay varios edificios, y uno especialmente 
llama la atención ; él encierra la gran rueda motriz y la ma- 
quinaria anexa, que es como un edificio de acero con sus ba- 
laustradas y escaleras de fierro. 

Era nuestro guía un joven campechano, alegre, y tan sim- 
pático, que me parecía castellano su inglés peliagudo, y di- 
go peliagudo, porque se trata de un alemán : el inglés com- 
pletado con alemán, es como una copa de whiskey comple- 
tada con espinas de pescado. 

La fábrica tiene cinco pisos visibles, en los que trabajan 
quinientos operarios como titanes, con su acompañamiento 
de escoplos, serruchos, cepillos, martillos y otros ruidos de 
imposible clasificación. 

Como ya se supone el lector, cada operación de las que 
requiere la estructura de un piano, es una galera inmensa y 
un taller en que giran en los techos esas arañas de acero, 
esas víboras de cuero que se descuelgan y se enroscan, esas 
escuadras como duendes abiertos de piernas, y esa pobla- 
ción de endriagos y visiones animadas del mundo de las 
máquinas : brazos, dedos, codos, esófagos, cabellos, todo 
vive por su cuenta y riesgo, sin cuidarse de todos los demás, 
como si viésemos á nuestros brazos y á nuestras piernas 
proclamar su independencia, ó como sí en un panteón arma- 



4.6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ran gresca los fragmentos húmanos, tomando cada cual su 
camino según su capricho, 

Asenté por primera partida en mis apuntaciones una má- 
quina para desbastar la tabla en bruto. 

Es una rueda clavada en un eje perpendicular, con dos 
fajas de acero ; de la primera penden cuatro como ganchos, 
que desbastan la tabla ; la segunda faja es el cepillo. Con 
aquella primera sacudida queda la tabla como seda, y entra 
como una hoja de papel á otra máquina como de imprimir, 
de donde sale tersa por ambos lados. 

Las maderas que se usan para los pianos, después de dos 
años de depósito y preparaciones, son : palo blanco, roble, 
pino, caoba, rosa y ébano. 

Las sierras que se emplean son como sogas ó rosarios, 
que caen sobre una rueda y cuelgan haciendo destrozos. 

Para que no quede ni resquicio de polvo de aserrín en la 
madera, usan una especie de fuelle de palo ; pero no pro- 
píamente fuelle, más bien jeringa, que desempeña la función 
de la limpieza á las mil maravillas. 

Desde esos primeros talleres comienza la obra laboriosí- 
sima de ensamblar las hojas de madera con los hilos de 
ella, en distintos sentidos, para evitar que se tuerza, ponien- 
do en el centro de las ensambladuras maderas durísimas 
que las ligan. 

La cola de que se sirven es la ífamosa de Pilles Cuplé ; 
viene en marquetas, y se amolda según las necesidades de 
los talleres. 

Los preciosos calados de las tablas que sirven de respal- 
do al teclado en la parte interior del piano, se delinean por 
hábiles dibujantes, y con sierras como hilos se ejecutan esas 



GUILLERMO PRIETO 47 



maravillas de madera que avergüenzan á la filigrana y al 
encaje. 

Los martinetes se forran en una especie de fieltro sólido 
como piedra y del grueso de tres dedos; forrado el palo de 
donde se sacan los martinetes, entra en una prensa de pre- 
sión tan poderosa, que sale el conjunto como una hoja de 
espada. 

En ese departamento hay una máquina curiosísima, in- 
vención de un hijo del Sr. Stenway, así como otra delica- 
dísima para las oquedades de los tornillos de la guitarra del 
piano. 

Toda esta gran sección de la fábrica está destinada á la 
construcción de esa multitud de articulaciones, músculos, 
nervios y tendones de esa mano prodigiosa que produce las 
armonías en el interior del instrumento. 

En estos gabinetes anatómicos, verdaderamente científi- 
cos, hay compases, escuadras y todo lo concerniente á tan 
delicado trabajo. 

Los cuartos en que se fabrican las cuerdas están aislados, 
y se emplean en ellos, como en todas estas secciones, hom- 
bres de talentos especiales, muy bien pagados. 

En una ala entera de uno de los amplísimos pisos dividi- 
dos por calles de extensos salones, se verifica la animación 
del piano. 

Todos los tendones, la osamenta, los nervios y los cartí- 
lagos, están amontonados : las teclas de marfil que se fabri- 
can como quien hace mosaico ; las de ébano, que se pulen 
como joyas ; el martinete y el resorte, que podrían figurar 
como dijes en el tocador de una reina, todos esos objetos 
se compaginan, se organizan, se concatenan, adquieren for- 



48 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ma, se estremecen y romperwen un canto cuando la mano 
del hombre pasa sobre ellas, como el soplo de Dios sobre 
el barro cuando crió al hombre. 

El piano de que oimos los primeros vagidos, tenia el nú- 
mero 33,592. 

— Vé, le dije, atraviesa los mares, lleva á otras regiones 
tus cantos voluptuosos y tus himnos ; vé, poeta, á perecer 
derramando tus armonías y dando vida á las creaciones del 
talento. Sé la gala del salón, la orquesta del hogar, el con- 
fidente de los ensueños .... 

. La operación del barniz consta de dos partes : en una se 
barniza la caja dos veces y se raspa en seguida, para que 
ios poros más invisibles desaparezcan ; la tercera mano de 
barniz es la que queda, presentando la caoba ó la rosa como 
bajo de cristales. 

Hay inteligentes que presentan como rivales de los pia- 
nos de Stenway los de Weber ; pero en México no se cree 
así, y lo comprueba el más alto precio á que se venden los 
primeros y á la confesión universal de que sus voces son 
muy brillantes. 

Los pianos de Stenway tienen cinco patentes de honor 
y son celebrados en todo el inundo musical. 

El edificio en que se venden los pianos de Stenway está 
en la calle 14, es de mármol blanco, contiene los almacenes 
de pianos y además la gran sala música construida con to- 
das las reglas de la acústica, y que se considera con justicia 
como una de las primeras del mundo en su género. En ella 
se han hecho las primeras exhibiciones del Teléfono. 

Al salir de la fábrica tuve el gusto de ofrecer mis respe- 
tos á uno de los hijos del Sr. Stenway, y dar las gracias á 



GUILLERMO PRIETO 49 



mi inteligente cicerone, cuya finura me ha dejado los más 
agradables recuerdos. 



Quiero darme cuenta á mí solo de las causas de la pros- 
peridad de este pueblo ; quiero estudiar afanoso el secreto 
de su desarrollo sorprendente, para formar conciencia, y 
después de purificado mi criterio, llevar á mi país la buena 
nueva de su propia regeneración. ¡ Mis esfuerzos son inú- 
tiles! 

Cada vez que estoy á mis solas, entro en mí, sondeo las 
partes componentes de este pueblo, se me figura á veces 
que una ciega admiración me arrastra, otras que un senti- 
miento injusto de repulsión me domina, y termino por apar- 
tar el lienzo y arrojar de mi mano los pinceles, corrido de 
pretender llamar retrato la monstruosa figura que abortó mi 
mano. 

Es cierto que los que tenemos la tradición latina, es evi- 
dente que los que nos hemos instruido con la educación ro- 
mana» y los que hemos abierto los ojos de la razón bajo el 
influjo de la religión cristiana, no nos es dado ser imparcia- 
les en nuestras apreciaciones. 

Hemos tenido ensueños de libertad, tentativas de igual- 
dad, teorías de la intervención del pueblo en sus negocios, y 
todos esos elementos han constituido y constituyen en el 
crítico una segunda naturaleza. 

Teorías incompletas, doctrinas leídas, sistemas con in- 
constancia planteados, se ponen frente á frente de prácticas 
sostenidas, expeditas y que producen sus efectos en medio 
de aparentes contradicciones. 



Tomo III. 



50 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS i 

El protestantismo deja el campo abierto á las instituciones 
civiles, no se mezcla para nada con los gobiernos, buscando 
los vínculos de confraternidad en la moral universal; la reli- 
gión protestante, por la naturaleza de su ser y sean las que 
fueren sus aberraciones, no permite esos conflictos entre los 
poderes temporal y eclesiástico, que tantas remoras oponen 
á la paz y al pregreso de las naciones. 

La libertad pone al individuo en posesión de su ser, re- 
conoce sus derechos como hombre y los proclama inviola- 
bles: íntegro el hombre, funciona" vigoroso ; y como para 
que sean expeditas estas funciones, tiene que respetar los 
fueros de otro hombre colocado en las propias condiciones, 
se produce la igualdad y con ella las sublimes armonías del 
progreso indefinido de los pueblos. 

Las instituciones en ese conjunto están hechas, viven en 
observancia, la ley es el yeso que se coloca sobre la fisono- 
mía de ese pueblo, y ese molde es tan propio, es tan suyo, 
que no le lastima ni importuna, ni le impide su acción cuan- 
do se sirve de él. 

En los gérmenes primitivos de este pueblo estaban en- 
cerrados sus elementos todos de grandeza : la libertad reli- 
giosa ; porque en pos de ella hablan atravesado los mares los 
primeros pobladores, y llegó con ella á estas playas la liber- 
tad civil, porque al constituirse, ejercieron sus derechos en 
la ancha base de las funciones municipales, miniatura del 
gobierno y la igualdad ; porque ni el sacerdocio reclamaba 
fueros, ni la casta distinciones, ni habia mas que un punto 
único y una mira única, que era el bien común. No es, puee, 
la diferencia entre los Estados-Unidos y nosotros, que á 
ellos los uniese y á nosotros nos desuniese la federación : la 



GUILLERMO PRIETO 5 I 



diferencia es, que ellos eran hombres y conocian y sabían 
ejercer sus derechos, y nosotros éramos poco menos que 
esclavos, enervados por una tutela de trescientos años. 
^ Cuando la aglomeración de gente y la distancia hicieron 
-necesaiias más complicadas relaciones, no tuvo que hacer 
nada; lo que en las sociedades antiguas se llamó el poder 
público, ese poder existia en todos y cada uno de los ame- 
ricanos, y existia en ejercicio constante ; la agregación de 
pueblos fué, como la de las individualidades, desde el hom- 
bre al municipio, al Estado; eran entidades perfectas, una 
sola era hábil para fungir con la misma aptitud que el con- 
junto. 

La grande obra de Washington y de los constituyentes 
americanos, estuvo en reconocer con lisura esa verdad y 
hacer del gobierno general el policía que cuidara del orden 
y el portero» que diese aviso á las naciones extranjeras de la 
voluntad de sus señores, sin entrometerse en todo. 

El señorío del individuo le dotó, es cierto, de preciosos de- 
rechos; pero también le sujetó á grandes necesidades;. valia 
por sí ; era forzoso que subsistiese por sí ; el trabajo fué una 
de sus condiciones de vida, y no el trabajo fincado en la 
ajena explotación, porque se encontraría con la misma re- 
pulsa, sino el trabajo como fondo común de la sociedad. 

El que labraba los campos, el que atravesaba los mares, 
el que pedia á la ciencia sus revelaciones, vivían en el seno 
de una familia, en que tenían todos la misma representación, 
las mismas aspiraciones, el propio grado de responsabilidad. 
Existia el pueblo : era una verdad qne los que lo componían 
lo sentían, y los que lo veían tuvieron que admirarlo. 

Cada cosa que pertenecía al individuo, tuvo que mirarse 



52 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



con indiferencia casi, porque el individuo era responsable de 
sus acciones : lo que tenia que ver con la sociedad, era no- 
tado por todos. La opinión no fué solo un juicio, sino el 
anuncio de lo que se ejecutarla en un caso dado. 

Así nacido, creado y funcionando el pueblo, formando la 
caudalosa corriente: sus aberraciones, sus enfermedades, no 
tienen influencia, como no influye en el curso de las aguas 
la hoja que se desprende del árbol, ni el fango que enturbia 
á veces su superficie. 

La democracia se ha realizado, y esta realización la pre- 
senta con caracteres distintos de todo punto de los caracte- 
res con que conocemos en la historia á los pueblos que no 
tienen de tales mas que el nombre. 

Las clases, conforme á la tradición en las sociedades an- 
tiguas, sobresalen, son el todo; ellas engendran eminencias 
que proyectan su sombra en las masas y las convierten en 
enfermizas y en viciosas. 

La categoría del cielo consagrando la perversión del es- 
píritu en el secuestro de la conciencia ; la categoría militar 
haciendo del asesinato una profesión y un taller de violen- 
cias el cuartel, haciendo la disciplina un instrumento de as- 
fixia ; la categoría de la sangre, llevando á los destinos pú- 
blicos la pereza, la ignorancia, la lujuria y el robo ; la cate- 
goría del saber haciendo de las aulas estancos de . la luz, 
cuando no oficinas de falsificadores de la verdad. 
, Y para sostener á estos enjambres de farsantes y verdu- 
gos, el pueblo, á su vez ignorante, rencoroso, paga, pero se 
hace incompatible con las otras fracciones sociales, con in- 
tereses opuestos al suyo. 

En esta democracia militante, las religiones en su concur- 



GUILLERMO PRIETO 53 



rencia, compiten por beneficios reales ; la escuela, el hospi-. 
tal, el taller, son objeto de su cuidado ; y cuando pretende 
entrar, como el cristianismo, en terreno vedado, entonces la 
opinión lo contiene y la indiferencia lo restituye á sus rieles 
pacíficamente. 

El elemento militar perturba y amenaza, pero también sin 
consecuencia : todo se reduce á pérdidas del tesoro, á disi- 
mulos en el presupuesto ; pero el país es tan rico, que el pro- 
pio despilfarro no importa un menoscabo. 

¿Y las clases? y la nobleza? y toda la nomenclatura de 
saltimbanquis que son el azote de los pueblos? Esos no 
existen ; y los vagos y los arbitristas pasan cayendo, fatiga- 
dos en su camino, en medio de la rechifla universal. 

Pero adviértase que esos caballeros de industria de las 
compañías fantásticas, de las empresas temerarias, esos al- 
quiladores del viento, esos consocios del sol y del mar, son 
individuales, es decir, la espina, el grano, la verruga, no la 
sociedad americana. 

Esas individualidades efímeras son las que extravían á 
los viajeros, con mucha especialidad á los de la raza latina, 
y es porque existe lo que se ve y lo que no se ve, como en 
uno de los preciosos sofismas de Bastial : se ve á la mujer 
pública en toda su desvergüenza, invadiendo las calles, asal- 
tando los páseos, reclamando fueros y consideraciones ; no 
se ven cientos de maestras en las escuelas públicas, modelos 
de saber, de recogimiento y de virtud ; no se fija la atención 
■ en las obreras de Haster ; no se ven salir en las noches de 
la casa de Stwart, por cientos, las que fungen de dependien- 
tes y se concillan el respeto universal por su dignidad y com-i 
postura. 



54 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Se ve á los mil petardistas que explotan el humbug, y no 
los grandes inventos que honran á la humanidad. 

Se ve al banquero que despide al mendigo de su puerta, 
y no al que envía cientos de miles para las bibliotecas, para 
las escuelas y casas de beneficencia. "^ 

En este particular es tan falible el uicio, que á primera 
vista, en un teatro, en un paseo, hay un personaje que co- 
mete inconveniencias de educación impasables ; muchas ve- 
, ees se indaga, y es porque el personaje de bejuquillo de oro 
y anillo de diamantes, es el carnicero, el herrero, el zapate- 
ro ; y la gran señora á quien acaba vd. de ceder el asiento 
en un wagón, al siguiente dia la encuentra vd. barriendo los 
corredores de su hotel, ó va entrando en nuestro cuarto en 
demanda de nuestra ropa sucia para lavarla. 

Como el trabajo y las empresas son más lucrativos que 
los empleos ; como éstos no reconocen propiedad ; como las 
consideraciones sociales están en razón de la independencia 
del individuo, éste tiene un modo de vivir ó lo busca, sin 
que se finque el modo de ser de una clase determinada de 
,. los empleos, y este es un elemento trascendental de paz. 

El juez, el general, el presidente el dia que termina su 
encarofo, vuelven á su taller en medio de la consideración 
universal ; el capitán que atraia las miradas en la mañana, 
va en la tarde con un tablón al hombro, sin esfi.ierzo y sin 
que nadie se fije en él. 

En una palabra ; nosotros, es decir, los pueblos hispano- 
americanos, como me hacia observar hablando de esto mi 
amigo Jacinto Gutiérrez, venezolano ilustre» por nuestra tra- 
dición y á causa de nuestra propia independencia, presenta- 
mos constantemente el espectáculo del pueblo en su tenden- 



GUILLERMOPRIETO 55 



cia á elevarse, y las clases en su afán de deprimirlo : el pue- 
blo, un instante levantado, pero sin cimientos, sin bases 
sólidas, sucumbiendo para volverse á levantar de nuevo ; y 
en este vaivén, un corto número de hombres de ideas ver- 
daderamente liberales, según la feliz expresión de Gómez 
del Palacio, luchando por hacer entrar en el carril del pro- 
greso social á los millones que tienen fuera de él los vicios 
de la educación, la abyección y la barbarie. 



Por fortuna del lector, y también mía, han tocado á mi 
puerta : digo por fortuna, porque terminan las soporíferas 
observaciones que me preocupaban y que continuaré cuan- 
do tema menos que ahora aburrir á mis lectores. 

Me proponía visitar la Aduana y estudiarla con el deteni- 
miento posible. 

Las cuestiones económicas en este, como en todos los 
pueblos, son tan importantes, que bien merecían dedicarles 
algunos ratos de disertaciones que son de otro lugar ; y no 
tenga esto como una amenaza el lector, sino como motivo 
de expediciones á que me llevaba el deseo de hacer algo 
útil. Por otra parte, mi manía han sido esta especie de tra- 
bajos, y nadie tiene el corazón tan duro que no disimule las 
flaquezas de su prójimo de vez en cuando. - 

Me conducía en mi' excursión el Sr. Macías, redactor del 
Comercio, persona en quien compiten el talento con la es- 
merada educación. 

La Aduana está situada en la parte baja de la ciudad, al 
Este, es decir, allí donde á sus anchas retozó el desorden 



56 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

cuando los primeros pobladores de esta isla se instalaron 
en ella, echando, como quien dice, por el atajo. 

Hace poco, la parte que ahora recorríamos era la corte de 
los milagros de la ciudad. 

Por aquellas vecindades está la calle, de la que hacia, en 
1869, la siguiente pintura la Guía de Nueva-York : 

*' Los cristales de las ventanas que no están rotos, se han 
vuelto opacos con la porquería que los cubre, reemplazando 
con frecuencia el vidrio que desapareció, algún sombrero 
viejo ó algún hediondo trapo, que impide á un tiempo la 
entrada del aire y de la luz. De vez en cuando alguna mu- 
jer desaseada y á medio vestir, asoma la cabeza por una de 
aquellas ventanas, para mirar vagamente y con aire pere- 
zoso, la desapacible perspectiva que desde allí se ofrece, ó 
para reprender agriamente, con abundancia de juramentos, 
á algún chiquillo de los de la calle que ha quebrantado los 
preceptos paternales. 

■ " Cruzan del uno al otro lado de la callejuela, un sinnú- 
mero de cuerdas cubiertas de harapos, que se supone haber 
sido lavados y que cuelgan allí para secarse y para mante- 
ner en estado continuo de humedad el piso de la calle, satu - 
rando con sus líquidos desprendimientos, tan desagradables 
al olfato como perjudiciales á los sombreros y á los trages, 
á los muchachos que juegan debajo, ó á algún' desgraciado 
transeúnte que se ve en la precisión de arrostrar aquella llu- 
via grasicnta y hedionda. En la parte ancha de la calle hay 
siempre una muchedumbre que pudiera proporcionar mate- 
ria al genio especial de un Hogart ó de un Dickens. 

" Vense allí carretones que sirven de pescadería ambulan- 
te, desde donde se venden peces cuyo olor indica la larga 



m 






GOMfííCÍOraS DE LA SÜSCRÍCÍGN. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4*^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 paginas y una estampa, 
6 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguiiar y Ortiz, 1* de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

J. M. Aguiiar y Ortiz, 

Administrador. 



u 



7 



VIAJE 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



iC, U 1 í .Í.Kl IMO PRIETO) 



(1877 



^ntreqa JVúm, ¿.7' 



MÉXICO. 
Iimprerita del Comercio, de Dulilan y Cliavo«, 

CILLC »■ COBDOBlITIt «CM. S. 



GUILLERMO PRIETO 5/ 



fecha que hace han abandonado su elemento, y otros ven- 
dedores que llevan sus mercaderías en otros carretones se- 
mejantes, con verduras que de todo tienen menos de verde; 
que ó son lo que debieran ser las legumbres, ó están tan sa- 
zonadas, que han llegado al estado de fermentación. Ope- 
rarios sin traJDajo, ladrones sin ocupación, individuos ebrios 
de ambos sexos que se dirigen dando traspiés á sus habita- 
ciones, ó más bien cuevas respectivas, abrazando cariñosa- 
mente frascos <5 botellas de veneno, con el título de whiskey; 
criaturas prematuramente desarrolladas y arrugadas que ofre- 
cen el doloroso aspecto de seres enanos y raquíticos : tales 
son los humanos elementos de aquel repulsivo vecindario. " 

Como he dicho, estas son las vecindades del rumbo que 
atravesamos ; vecindades muy mejoradas, y en las que seria 
hoy pálido y sin verdad el cuadro que acabamos de copiar. 

Trátase del laberinto de los bancos, de los tesoros de la 
gran ciudad y de las oficinas más importantes : la Tesorería 
y la Aduana. 

En calles desiguales que se abren y se cierran por sus es- 
quinas, entre alturas y depresiones de terreno, se va á ese 
asombroso manantial de dinero que se llama la Aduana de 
Nueva-York. 

Es un edificio de granito de aspecto sombrío en su entra- 
da, como si hubiera comprendido el arquitecto que se trata- 
ba de la inquisición del comercio. 

Las robustas columnas que forman el pórtico son estre- 
chas, y en el mismo pórtico, entre las columnas del centro, 
está incrustada en fracciones la escalera que conduce al pri- 
mer cuerpo del edificio, porque su bassement ó piso subter- 
ráneo es altísimo. 

Tomo III. 8 



58 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El salón del despacho es de forma circular, de mucha ele- 
vación, y tiene de trecho en trecho columnas que dan á am- 
plísimos salones. 

En el piso del despacho, en círculo corrido, hay grandes 
bufetes de caoba con sus frentes cerrados y sus puertecillas 
en forma de arco, por donde solo puede asomar una perso- 
na á hablar con el empleado. Me parece inútil decir que el 
gentío era inmenso : estaban agolpados los hombres frente 
á las mesas, con sus sombreros puestos y sus papeles en 
las manos, en número como de mil personas, y eran las 
doce de la mañana, hora que menciono por ser de wn calor 
insoportable, y por lo mismo, menor que á otras horas la 
concurrencia. 

Sin trabajo alguno preguntamos por el jefe, para quien 
llevábamos recomendación, y nos dirigieron al segundo piso 
del edificio, después de atravesar un patio estrecho con fajas 
de tránsitos, que no me atrevo á llamar corredores. 

La sección del edificio por donde transitamos, está desti- 
nada á la contabilidad y al asesor ó fiscal que ordena la 
cuenta. 

El jefe á quien fuimos presentados, es alemán de naci- 
miento, regordete, moreno, un tanto calvo, de ojos negros 
y de fisonomía abierta y marcial. 

Se dice que este personaje, que á las primeras palabras 
se comprende que es un hombre lleno é inteligente, es no- 
table economista y persona muy despierta en toda clase de 
negocios. 

El Sr. Macías tuvo la dignación de llevar la palabra: le 
expuso el objeto de mi visita, que no era otro sino ver las 
oficinas de la Aduana y adquirir datos para juzgar con fun- 



GUILLERMO PRIETO 59 



damento de nuestras relaciones mercantiles, cultivando estu- 
dios á que soy aficionado. 

Con este motivo, entró en explicaciones el jefe que me 
pareció al frente de la oficina de contabilidad, y trayendo el 
Informe estadístico de comercio y navegación que comenzó 
en 30 de Junio del año pasado y debe terminar en i? de Ju- 
lio como nuestros años fiscales, me hizo notar algunos artí- 
culos de comercio activo de México, como café, cueros de 
res, caballos, henequén y palo de tinte, que representaban, 
con otros artículos que no menciono, la suma de diez millo- 
nes de pesos poco más ó menos. 

En cambio, yo le recordé cifras en que convino, de las 
que resulta que los americanos no jmportan á nuestro suelo 
ni dos millones de pesos, y si se pusiera millón y medio, 
andaría mucho más acertado. Este resultado le hizo sonreír 
y yo le hice notar que las cifras citadas ponían de manifies- 
to los absurdos económicos de su tarifa. 

— Se ha nombrado, me dijo, una comisión adhoc para que 
emita su 'juicio sobre nuestro arancel; tiene concluidos sus 
trabajos, y la próxima legislatura hará rebajas'muy notables. 

La tendencia de este gobierno, como la de todo gobierno 
bien intencionado, debe ser, me dijo, estrechar los vínculos 
por medio de relaciones de igualdad, y eso. deberá hacerse 
con México por medio de un tratado en que se concilien 
todas las ventajas, de una manera amiga : un sistema como 
el del Zollwerein, haría efectivas todas las libertades .... 

Yo no repliqué, porque sentía que mi asiento se hundía 
y que me faltaba la razón. 

Un sistema en que gozáramos todas las libertades por 
medio de un tratado como el del Zollwerein, es nada ménog 



6o VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

que la pérdida de nuestra independencia ; ó así fué, ó así lo 
comprendí : el caso es que abrevié mi visita y me propuse 
imponerme con alguna otra persona.de la cuestión de adua- 
nas, ó no imponerme, que de cóleras estoy harto, y masco 
la bilis por estas calles de Dios. ¿ Querer que México sea la 
India de esta Nueva Inglaterra? ¡Un demonio! 

El jefe á quien fuimos recomendados, me hizo instancia 
para que repitiese mi visita ; me obsequió con algunos do- 
cumentos importantes, y yo salí ardiendo mi alma de aquel 
magnífico edificio. 

La Zona, un mercado en que no se tenga concurrencia 
para dar salida á los artículos que produce este suelo ; el 
proteccionismo que unos .cuantos propagan en mi país, cie- 
gos y obstinados, este será el cáncer que devore á México. 

Mantengamos nuestras prohibiciones, alcemos nuestras 
tarifas de modo que se repudie toda concurrencia hasta bus- 
car el nivel de los Estados-Unidos, y entonces seremos la 
India de esta Nueva Inglaterra! 

¡ Qué distinto rumbo nos marca el dedo certero dé la liber- 
tad! Abatidas nuestras tarifas hasta donde más fuese posi- 
ble, con puertos de depósito en todo el golfo y franquicias 
las más amplias en toda la frontera, el comercio para los Es- 
tados-Unidos tomaría el rumbo de México, y se verificaría 
una revolución grandiosa en todos los pueblos hispano-ame- 
ricanos ; por sí mismas se efectuarían entonces mejoras que 
abortan en especulaciones desastradas ; se protegerían natu- 
ralmente industrias naturales que no necesitan fomento al- 
guno ; la alza del salario seria la regeneración eficaz de nues- 
tro pueblo, y el roce con las ofras naciones, el elemento más 
.poderoso de fuerza y de progreso. 



GUILLERMO PRIETO 6 1 



A los artesanos politicastros, á los periodistas que por la 
curva de las juntas buscan las enrules, á la masonería elec- 
toral, han de parecer njuy amargas mis verdades y me pro- 
ducirán injurias ; pero la evidencia de mis raciocinios tendrá 
apoyo un dia en todos los hombres rectos é ilustrados de 
mi patria. 

Durante los once meses corridos del presente año fiscal, 
el valor de las exportaciones ha ascendido á 5 60.000,000 de 
pesos, ó sea un aumento de i65.ooo,ooo comparado con el 
de igual época del año anterior. El de las importaciones ha 
sido de 430.000,000 ó sea una diminución de 24.000,000. 
La exportación del oro subió á 49.000,000 y la importación 
á 39.000,000. 

La parte digna de recorrerse como dependencia de la 
Aduana, son los almacenes en que se hace el despacho, y 
de ellos haré otro dia una descripción á mis lectores. 



Al regresar de mi excursión, me guarecí del sol infernal 
que derretía los sesos, en la oficina consular. 

Juan Navarro, aparte de ser un sabio, es un hombre de 
muy buena sociedad y el platicador más divertido y más sa- 
zonado que vdes. pueden imaginar : conversaba con Maris- 
cal y con Francisco Gómez del Palacio, diestros como ellos 
solos para esgrimir la sin hueso y dar riquísimas tintas á la 
caricatura de la palabra, cuando se trata del humbug y del 
escabroso idioma de Washington Irving. 

Conmigo es el tema eterno de conversación el inglés, por- 
que saben y palpan mi dificultad infinita para pronunciarlo. 



62 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Pero les replicaba yo : 

— Cuando una palabra tiene el hilo y el chisgo de nuestro 
idioma, pase, se da uno sus trazas para comprenderla; cuan- 
do la palabra es de todo punto diferente, entonces se da uno 
sus mañas para buscarle punta ; pero yo no me puedo con- 
formar con que comencemente á& un colegio, sea fin de su año 
escolar y no principio : claim, reclamo y no clamor, y que 
cuando me digan cijtic, me quede como una lechuga, por- 
que me quieran decir hombre de experiencia y desengaña- 
do. ¿ Cómo me puede entrar en la cabeza que descrími- 
nate sea distinguir y separar, sin tener nada que ver con la 
criminalidad ? 

— Más te escuecerá, me decia Francisco, que te llamen á 
tí Mr. Praits, á Ncgrete Negrito, á Iglesias Aiglisaias, á mí 
Pelesaio y á Diaz Daiaz. 

— Para eso de entenderse' con americanos, no hay como 
el castellano viejo, dijo Navarro, y si no me creen, díganme 
lo que opinan de la historia que voy á referir. 

— Historia de españoles de fé son la materia inagotable 
de tus cuentos, como de Fernando Calderón los legos. 

— Escuchen vdes: 

Recien llegado, hace años, á esta ciudad, un dia estaba 
muy reposado y silencioso en un baño público, cuando de 
repente oí recias pisadas que revelaban largo y holgado cal- 
zado, y oí que sonaban las palmas de la mano como llamando. 

— ¡ Ah de casa! dijo una voz acentuadísima de la Penín- 
sula Ibérica. 

— Santos y buenos dias. 

Se oyó salir á la irlandesa de servicio. 

-^Hijita, le dijo mi español, póngame vd. un baño con el 



GUILLERMO PRIETO 6$ 



agua tibiecita, al calor del cuerpo .... por allí, por aquel 
rinconcillo. 

La irlandesa, en el asendereado inglés que les es natural 
á los de su raza, le decía que si queria solo agua fria, para 
abrir, según su voluntad, las llaves .... 

— Eso es, todo lo alistas. . . . que sea de lino la sábana. . . , 
¿ de la sábana me hablabas ? 

Emprendióse un altercado en que cada cual hablaba lo 
que le parecía .... yo, á medio vestir, saqué la cabeza fuera 
de" la puerta. 

Encontréme con un hombre con un sombrero á la Pipelet, 
panzon, mofletudo, con su vestido de rayadillo, su amplia 
alpargata y su paraguas encarnado bajo el brazo. 

— Caballero, me dijo, ¿ vd. quiere hacer el favor de decir 
por qué no me hace caso este pedazo de canto ? 

— Porque no se entienden, le dije, porque vd. le habla de 
la sábana y ella de la agua fria. Ya está el baño, vaya vd. 
por allí. 

— Bendito sea Dios, hombre! bendito sea! porque encon- 
tré persona de chirumen ; pues vea vd., en mi tierra, por ne- 
gada que sea la persona, cuando uno pide agua, aquel á 
quien se dirige la palabra sabe á poco más 6 menos que de 
agua se trata ; pero aquí todo anda al revés .... 

— Consuélate con las observaciones del español. 

Así concluyó Navarro. 




<D 

E 

"5 

I- 



IV 



Instrucción pública, — Broad de Educación. — Asistencia de 
i\iños. — Lecciones sobre las cosas. — Informe. — Carácter 
de la ir\struccioA pública. — Carreras especiales. — Escue- 
la normal. — Publicaciones y objetos de instrucción para 
los i\iños. — Educación de la n\üjer. 



AUNQUE mi propósito es escribir especialmente sobre 
la educación de los Estados-Unidos, no para darla á 
conocer en México, porque eso se podría conseguir ventajo- 
samente teniendo á la vista los luminosos escritos de mi dis- 
tinguido amigo el Sr. Bachiller ó los concienzudos estudios 
de Hipau, y sobre todo la voz viva y las aplicaciones lumi- 
nosas de Mantilla, sino como motivo para observaciones 
aplicables á mi país, no quiero dejar pasar sin notarlo el In- 
forme que acaba de publicar la Dirección de Instrucción Pú- 
blica. 

Según el Informe de la Dirección de Instrucción pública, 

Tomo III. 9 



ed VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



hay en Nueva-York 308 escuelas, repartidas del modo si- 
guiente : 

Escuelas de gramática para niños 46 

Para niñas 46 

Para ambos sexos 12 . 

Primaria de departamentos 6^ 

Escuelas separadas 46 

Para niños de color 7 

Escuelas incorporadas 46 

Escuelas nocturnas 35 

Escuela de náutica . i 

Escuela normal i 

Escuela para maestros i 

Colegio de perfeccionamiento i 

'^- ' . - 

La asistencia de niños fué de 2 52, 1 55 : concurren cons- 
tantemente un 72% y llega al 90, de suerte que la pérdida 
se valúa en un 10%. 

Las escuelas están servidas por 335 maestros, de los cua- 
les 132 se emplean en las escuelas nocturnas, y 2,912 pre- 
ceptoras. 

Las escuelas son visitadas constantemente por empleados 
de la Dirección, quienes tienen el deber de examinar las 
clases, y hacer por escrito sus observaciones sobre asisten- 
cia, disciplina, aprovechamiento, estado del edificio y cuan- 
to se cree conducente. 

De los informes recibidos en el año, resultó que los cur- 
sos de instrucción eran muy complicados, no habiendo pro- 
porción entre los esfuerzos de los niños, el costo de las es- 



GUILLERMO PRIETO ' 6/ 



cuelas y los resultados. Esto dio lugar á consultas y discu- 
siones luminosísimas, de que resultaron reformas en todos 
los ramos, simplificando métodos y suprimiendo las mate- 
rias no necesarias. 

Uno de los puntos en que más se fijaron, fué en el siste- 
ma objetivo que aquí se llama lecciones sobre las cosas : el 
Informe hace observar que ha producido en muchos casos 
la confusión de las ideas de los niños, que recarga su inteli- 
gencia de un tecnicismo que los puede convertir en charla- 
tanes. 

' Dedúcese del Informe, que el sistema objetivo puede fun- 
gir de dos maneras : ó dando al niño nociones generales de 
las artes y las ciencias, ó ilustrando sus conocimientos esco- 
lares, sirviendo ala explicación como la estampa sirve al 
texto, pero siempre acomodándose á la inteligencia del niño, 
sin confundirlo ; de suerte que no solo se requiere en el 
maestro vasta instrucción en lo que explica, sino conoci- 
miento profundo de la capacidad de cada niño, buen senti- 
do, y esto es muy raro : por loi mismo, tn la reforma se ha 
limitado mucho esta enseñanza. 

De la lectura rápida del Informe se notan cosas que me- 
recen la atención. 

Es el Informe un libro en que constan las varias observa- 
ciones que se han hecho sobre la enseñanza, la disciplina, la 
inversión de fondos, el estado material de los edificios y las 
mejoras que es necesario introducir. 

La lectura de este Informe, lleno de minuciosos detalles, 
de sagaces apreciaciones, y en que se revela una dedicación 
religiosa, me ha hecho dar cuenta á mí mismo de peculiari- 
dades en que no me habia fijado constantemente. 



68 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El gran negocio de la instrucción pública es no solo de 
interés, sino de acción universal ; no es la creencia, es la 
manifestación activa de una función vital del conjunto de 
la sociedad. 

Esta acción se renueva y vivifica con el nombramiento 
popular. 

Dividida la ciudad en distritos peculiares de enseñanza, 
cada distrito hace su elección de tres individuos para la Di- 
rección general. 

Este cuerpo es, para expresarme á mi modo, el cuerpo 
legislativo de la enseñanza : él nombra comisionados ó eje- 
cutores de sus órdenes, y así se cria un poder ejecutivo ; pe- 
ro la autoridad local nombra inspectores y los padres de fa- 
milia también ; de suerte que estas distintas fuentes de po- 
der, forman la vigilancia recíproca. 

Los fondos los constituyen propiedades, donaciones y su- 
ministraciones del presupuesto ; pero una vez decretada la 
suma, la inversión depende de este cuerpo legislativo pe- 
culiar. 

Los comisionados fungen cada uno en comisión diversa; 
de suerte que dada la asignación de un libro, el señalamien- 
to es de una comisión, de otra el número, de otra la paga, 
y se necesitaría una serie de difíciles combinaciones para 
llegar al robo en un solo distrito. 

Comunicado por todos y siendo negocio de todos la ins- 
trucción, el Estado sigue el movimiento, y las distintas reli- 
giones cooperan, desapareciendo el inconveniente formida- 
ble de que una sea la tendencia social y otro el ínteres reli- 
gioso, y nazca esa pugna entre los intereses nacionales y los 
de secta, disputándose el corazón del niño. 



GUILLERMO PRIETO 69 



Dotada con riqueza la escuela gratuita ; estando bajo el 
cuidado y vigilancia del padre de familia ; con los mejores 
maestros ; con más ricos instrumentos que los que puede 
costear un particular, la escuela gratuita es la escuela co- 
mún ; allí nace casi espontáneo el pueblo, y tiene su fuen- 
te la más pura democracia. 

No hay decentes ni pobres; todos reciben el pan de la en- 
señanza sentados á una misma mesa ; el talento y la aplica- 
ción reclaman sus fueros con los mismos títulos ; en las dis- 
tribuciones de la escuela se cobra el hábifo de acatar la 
autoridad independiente de la posición del individuo ; es- 
trecha vínculos la simpatía á despecho de las desigualdades 
de fortuna; en la escuela, de una manera insensible, armó- 
nica y poderosa, se hace la patria. 

La dotación de la instrucción es un conjunto puesto á la 
disposición de todos y para que todos gocen de él en toda 
su extensión, y en este conjunto en que está desde lo pri- 
mitivo hasta lo sublime de la enseñanza primaria, tienen ac- 
ceso todos los niños y niñas, sin distinción alguna. 

Las desigualdades, las diferencias, el límite señalado al ni- 
ño entre la más rudimental y la mayor suma del tesoro de la 
instrucción, lo crian las circunstancias privadas del niño, no 
el Estado. 

El Estado ve futuros ciudadanos, es decir, hombres que 
deben ser aptos para gobernarse por sí mismos, ya como 
particulares, ya representando á la nación; y en esto no ca- 
be pensar en pobre ni en rico, en artesano ni en músico, ni 
en astrónomo, sino en ciudadano y en miembro activo de 
una sociedad que se gobierna por sí. 

Nosotros, por la educación latina, por el espíritu de his- 



JO VIAJE Á LOS ESTADOS-lÍNIDOS 

toria, por la reminiscencia de las clases, tenemos un molde 
para pobres, otro para ricos, uno para tontos, otro para há- 
biles; y eso es crear la rivalidad, y la casta, y las distincio- 
nes anárquicas en el corazón de la sociedad. 

Aquí se ha pensado en el curtidor Grant, lo mismo que 
en el sastre Jhonson, y lo propio en ese sastre que en el 
inmortal Washington Irving : los elementos que da el Es- 
tado son para todos iguales. De ahí la manera viril de ser 
de la mujer que á nosotros nos sorprende, y que encomen- 
damos al ridículo cíe puro no comprenderla. 

Por esta razón las carreras especiales no son de cuenta 
del Estado : en ellas impera la ciencia ; en la escuela común,, 
la patria. 

La escuela normal es el cimiento y el complemento á la 
vez, con que se corona y en que descansa este sistema mag- 
nífico ; ella conserva y enriquece el depósito, sagrado de los 
conocimientos ; ella envía apóstoles de la luz por todas par- 
tes ; ella inunda los espíritus y los dirige al bien ; ella discute, 
co/i los datos que le suministra la experiencia, sobre los 
medios de llevar á su mayor altura y comunicar más subido 
esplendor, al astro que hace cada dia más sorprendentes losr 
adelantos de la nación. 

Convertido en objeto de predilectos cuidados el niño, y 
siendo universal el interés que por él se toma, la especula- 
ción misma se plega y sigue la corriente. 

Es inmenso el número de publicaciones y de objetos pa- 
ra los niños, que pueden tener aplicación á la enseñanza: pe- 
riódicos bajo todas sus formas, libritos de cuentos morales 
llenos de láminas y primores, barajitas con figuras históri- 
cas, manuales de juegos de sociedad en que se recorre la 



GUILLERMO PRIETO /I 



geografía, se juega con la aritmética y se comenta la histo- 
ria nacional en la chanza y en la travesura, y en todo está 
el designio de hacer del niño un hombre útil á sus seme- 
jantes y á su patria. 

Repito que no es con el saco de viaje en la mano como 
se deben ampliar estas observaciones ; pero no puedo resis- 
tir á la tentación de hacerlas, porque en semejantes mate- 
rias nada es despreciable. 

Respecto á las niñas, hay igual ó mayor dedicación ; por 
regla general puede decirse, que la mujer en los Estados- 
Unidos es más culta y entendida que el hombre, aunque 
menos reflexiva y de menos sentido práctico. Aun en cuan- 
to á la hermosura, no hay proporción entre el número de 
mujeres realmente lindas, y hombres hermosos ; y no por- 
que éstos sean desgarbados y bausanes en general, sino 
porque no tienen gracia ni belleza sus facciones. 

A las niñas se les ejercita desde muy temprano en el 
gimnasio : los aros y la cuerda son vulgares ; corren como 
cabras y patinan, de hacer la desesperación de un saltim- 
banqui. 

De todo esto resulta que sean sanas, bien formadas, de 
admirables colores y que produzcan generaciones de atletas. 

Escriben con perfección ; para la contabilidad son solici- 
tadas por su dedicación y limpieza ; no son extrañas á la 
música, aunque no brillen en ese arte divino, y corren en 
"la danza parejas con el viento. 

La mujer bien educada de esta tierra, es adorable de 
amabilidad y de cultura. 



V 



Despacho de la Aduana. — "Poblic Store." — "Delivery Of- 
fice. " — Puerta de salida. — M. Clark. — M. Grogai\. — De- 
pósitos del agua. — Divisior\ en seccioi\es para el despa- 
cho. — Vigilar\.cia. — " Luck up. " — I^eflexioi\es. 



AL fin logré mi objeto de ver á mi sabor y hacerme 
cargo, como Dios manda, de las operaciones de la 
Aduana, en la parte de lo que llamamos el despacho, y en 
eso he empleado casi todo el dia. 

El Sr D. Pedro Córdova, corredor muy acreditado y per- 
sona en quien no supe qué admirar más, si su bondad para 
conmigo ó la suma de sus excelentes conocimientos, ha pues- 
to á mi alcance las operaciones aduanales con la mayor lisu- 
ra y con paciencia inagotable. 

El llamado Poblic Store, ó sea el edificio formado ad hoc 
para el despacho aduanal, está cercado por calles de tráfico 



Tomo III. 



74 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

activísimo, que son, como hemos dicho en otra parte, una 
prolongación del Mercado de Washington. Ómnibus, wa- 
gones, carruajes, girando entre tercios, barriles, pacas y car- 
ros numerosos con verduras, entre cuyos objetos hierve este 
inmenso gentío de dia de juicio, que da á toda concurrencia 
aspecto tumultuario. 

El edificio que vamos á visitar tiene diez pisos, sin contar 
con los subterráneos; diez pisos que son otras tantas filas 
de ventanas unas sobre otras. Es de advertir que estas ven- 
tanas son mi desesperación, porque ellas interrumpen y con- 
vierten en imposible todo orden arquitectónico. 

El primer piso, en todo el rededor del edificio, se compo- 
ne de puertas rematando en arcos, y arcos, propiamente ha- 
blando, en número de treinta y cuatro, que equivalen á 
otras tantas puertas cocheras de las nuestras en México. 

Nos dirigimos á un costado del edificio donde en una pe- 
queña eminencia dimos con un caballero fi'esco, rojo como 
un betabel, blanca dentadura, revoleando de las puntas el 
pañuelo para darse atire. 

Por las explicaciones que me hizo el Sr. Córdova y el 
rubro de esa puerta, Delivery- Office, conocí que ella funge 
como la puerta de salida, es decir, que salen los efectos des- 
pués de concluido su reconocimiento. 

El empleado alegre y regordete nos recibió afable, indi- 
cándonos una oficina en el interior para obtener el permiso 
respectivo, ó mejor dicho, para proveernos de un guía ex- 
perto. 

El departamento en que estamos es una galera de sesen- 
ta varas de extensión por cosa de veinte de ancho, con las 
cuatro secciones formadas de los pilares del edificio. 



GUILLERMO PRIETO 75 



En una pieza elegante que dice : Deputy Colector, fui pre- 
sentado á Mr. Clark, persona muy distinguida, quien nos 
dio por guía á un empleado, tal como lo podia apetecer. 
Consignados á Mr. Grogan, nos dirigimos á uno de los ele- 
vadores, que son cinco los que recorren en perpetuo movi- 
miento la vía aérea : tienen la forma de un platillo de balan- 
za, en que caben veinte personas ; de suerte que en cada 
viaje pueden subir y bajar cien personas. 

Se camina de pié y montado al aire, en todo el rigor de 
la palabra. 

Subimos al décimo piso, donde están los depósitos del 
agua, es decir, verdaderos estanques de fierro para la provi- 
sión de todo el edificio, .y para acudir á un incendio en ca- 
so necesario, haciendo tremendas cataratas. 

— Vamos, me dijo nuestro guía, á recorrer el edificio ; pe- 
ro para que vd. forme juicio en conjunto, le advertiré que, 
así como vio vd. esa puerta de salida, hay una de entrada 
que da á una espaciosa galera : en ella se depositan todos 
los bultos designados para el registro en conjunto, y de ese 
depósito se extraen las mercancías, y se van colocando sepa- 
radamente en cada piso, los cueros y las lanas, los tabacos, 
los libros, los licores, sin que nada se confunda. Los pisos 
están 'relacionados con las secciones del arancel. 

Cada piso se compone de galeras como la que vio vd. 
abajo, con cuatro divisiones ; una la forman las piezas de las 
oficinas ó sea despachos ; otra es un corredor en que se 
practica la vista ; el del medio es la calle ó tránsito, y las 
dos secciones últimas, enfardelamiento y depósito para 1^ sa- 
lida de los tercios. • 

Bajamos un piso. 



76 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— Aquí tienen vdes. el departamento de las lanas y los 
cueros, de que hace mucho tráfico México. Estos cueros 
tienen otro depósito más fresco en los sótanos. 

Las oficinas que vd. ha visto en todos los pisos, son de 
reconocedores y aforadores, y sus ayudantes. 

Es decir, me traduje yo, vistas y ayudantes de vistas ; de 
suerte que los empleados vistas pueden pasar de doscientos, 
y creí quedar corto. 

— Está vd. en el departamento de los tabacos, me dijo, 
bajando y escabulléndonos en pilas de tercios. 

El aviso estaba en la atmósfera, que nos hacia estornu- 
dar. 

— Descendamos, me dijo Mr. Grogan: esta inmensa sec- 
ción es de las medicinas ; aquí tiene vd. habilitación para to- 
das las boticas del mundo. 

Esta oficina llena de armazones, pesas, etc., está á car- 
go de un médico eminente, hombre de vastísima instruc- 
ción. 

Preguntóme mi opinión sobre la clasificación del arancel : 
me atreví á indicarle que era complicada y absurda en mu- 
chos puntos, y traté de probárselo : el doctor se mostró muy 
. complacido ; tuve el gusto de que mostrara aprobación con 
mis ideas sobre tarifa. Y hubiera quedado allí mucho tiempo, 
tal fué el encanto de la conversación con esta persona, que 
me colmó de distinciones. 

En cada uno de los pasadizos de una sección á otra, hay 
lavamanos, de mármol, toallas y los útiles de aseo, así como 
lugares de desahogo en perfecto estado de limpieza. 

Siempre descendiendo y entrando por vericuetos que nos 
conducían á grandes salas, nos iba diciendo el guía : . 



GUILLERMO PRIETO 7/ 



— Aquí se revisan equipajes. Este departamento es el 
que se entiende con los Express. Esta estancia más elegante 
y que parece más cuidada, es la sección de joyería. Vea vd. 
esos cuadros, esos mapas, esos libros : todo es aquí libre- 
ría. 

Y así vimos las galeras de los abarrotes, licores, loza, etc. 

Estábamos en el primer piso de regreso, y todavía se nos 
dijo que descendiéramos. 

Hicimos el descenso al limbo de los cueros y de la loza 
y cristalería : los unos estaban allí presos porque el calor no 
los malease ; la otra, por evitar en el tragin del mundo con- 
tactos que pusieran en peligro su existencia. 

Aquellos subterráneos alumbrados por luz artificial ; aque- 
lla ciudad desierta y cruzada por las sombras, es toda una 
epopeya de espanto. 

Después de andar algún tiempo, descendimos aún y nos 
encontramos circundados, después de atravesar espesos mu- 
ros, de la apacible luz del dia. 

Ese es el palacio de las máquinas, el gobierno de las 
aguas y de la atmósfera. 

El joven que sirve este departamento estaba forrado ma- 
terialmente en un lienzo listado, y apenas se puede dar idea 
de carácter más jovial y complaciente. 

Lleno de tizne; con el vestido quemado y con el aspecto 
de un fogonero burdo, es un ingeniero de vasta instruc- 
ción, de finos modales y de bondad extrema. 

Nos enseñó sus máquinas con el amor que un hortelano 
sus plantas queridas ; como un inglés sus perros ; como un 
viejo soldado sus armas. Nos dijo : 

— Esos elevadores por donde vdes. han hecho el caminO; 



^8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



pueden contener tres toneladas cada uno ; tienen la fuerza 
de *diez caballos. En esas hornillas se consume al dia cer- 
ca de una tonelada de carbón. Esos tubos son para ca- 
lentar el edificio : con esos otros se les comunica venti- 
lación. 

y el chico subía y bajaba y recorría las quiebras y acci- 
dentes de su reino, como una mano ejercitada las teclas de 
un piano. 

— Habrá vd. advertido, me dijo M. Grogan, grandes nú- 
meros en todos los pisos y debajo de ellos una cajita. Esa 
cajita tiene un botón del que pende un alambre eléctrico 
puesto en contacto con un reloj. Esa es la gran vigilancia 
de estos almacenes. 

De muchos guar,das que se turnan, cada uno á su vez, y 
sin descanso, tiene la obligación de recorrer todo el edificio 
en todos sus departamentos, en menos de una hora, subien- 
do de piso á piso en cuatro minutos. Los botones están co- 
locados de modo que se recorra todo el departamento antes " 
de llegar á ellos. El guarda sube y oprime el botón. Esta 
presión se marca en el reloj encerrado en la pieza del jefe 
del edificio. Cuando la señal no es exacta, se marca en el 
relqj el tramo, y puede decirse, que hasta el lugar en que se 
detuvo, se entretuvo ó se durmió el guarda, y hacer efectiva 
la responsabilidad. 

Estos empleados son de gente escogida y tienen fian- 
zas. 

Los cargadores son gente escogida también, pero fungen 
á las órdenes de un contralista que responde de su segu- 
ridad. 

Estábamos otra vez á flor de tierra y mi cicerone dispues- 



GUILLERMO PRIETO 79 



to á seguir ; yo quería tirarme de bruces al suelo, rendido de 
cansancio. 

— Un momento, me dijo Mr. Grogan : ¿ vd. ve esa pieza 
por donde con unos ganchos están rodando barriles ? 

— Sí, señor. 

— ¿ Ve vd ? dice Luc^ up. En esa pieza se reponen y ar- 
reglan los envases descompuestos para que en nada pa- 
dezcan las mercancías, y este es motivo de delicada aten- 
ción. 

Después de afectuosos cumplimientos nos despedimos de 
Mr. Grogan, á quien gustoso consagro, lo mismo que á M. 
Clark, un recuerdo de gratitud. 

La simple clasificación de artículos hecha en' el edificio y 
los numerosos vistas, hacen el despacho rapidísimo : en dos 
horas pueden despachtirse á la vez ciento ó más cargamen- 
tos, y esto por medio de las prácticas más sencillas. 

Si á nuestro edificio de la Aduana se quitara su carácter 
de casa de vecindad, y en sus tres pisOs se hicieran divisio- 
nes semejantes, con qué holgura, con qué prontitud, con qué 
decencia se haría el despacho! 

En Poblic Store se verifica el despacho de los vistas: en el 
edificio de la Aduana se practica la liquidación y se entrega 
el dinero que dia por dia se remite á la Tesorería general, 
observándose estrictamente que cinco pesos de devolución 
se remitan de Washington, sin permitirse la extracción de lo 
que una vez se ha depositado en la caja. 

No obstante el buen orden de que he hablado, y refirién- 
dose á otros tiempos, hoy se pueden citar, respecto á adua- 
na, escandalosos abusos : entre otros, se hablaba de depósi- 
tos confiados á la Aduana, que después de extraviarse allí. 



8o VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

se obligó á pagar derechos de lo que le habían robado al 
causante, no obstante sus eficaces representaciones al Minis- 
terio de Hacienda .... En México, que se pinta tan desor- 
denado é inmoral en casos semejantes, ha pagado la Adua- 
na su efecto al comerciante. Aquel es un rasgó de civiliza- 
cion, que no nos atreveríamos á imitar. 
Otro dia hablaremos más de la Aduana. 



CONDICIONES DE LA SÜSCRÍCION. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4°, buen, papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA CU los EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería- de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

^ JT. M, Aguitar y Orliz, 

Administrador. 



VIAJE 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



J^ntregra JVúm. ¿8. 



MÉXICO. 
Impretita del Comercio, de Dufelan y Cliavo«, 

• ALL> »■ COKD*BiltKf MCM. t. 
iS73- 



VI 



El 4 de Julio. — La calle de Green. — Borrachínes. — Basse- 
n\eAt. — Bar-room. — Francisco. — Museum . — Carnicería 
hun\ari.a.— Profaiíacion de nuestros l:\eroes.~ Wasliingtoi\ 
ei\ ridículo. — Hotel 'Wiixdsor. — Su riqueza. — Diversas 
oficinas. — Depei\dier\tes . — " Lavandería. "-^ I^^elojes de 
vigilancia. — Renta. — Nombres y consumos de los prin- 
cipales Ir^oteles. 



LA lectura de viajes sobre los Estados-Unidos, la rela- 
ción de amigos verídicos, la tradición de la festividad 
cívica del 4 de Julio, más que con curiosidad me tenia te- 
meroso de esos solaces de los soberanos, de que suelen re- 
sultar contusiones y quebrantamientos de huesos. 

Se arraigaban más mis temores con la ausencia de mul- 
titud de personas que iban huyendo á las demostraciones de 
entusiasmo popular. 

En medio de una espectativa, bien desagradable por cier- 



TOMO III. 



82 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

to, esperaba, como en desquite, ver en trage dominguero y 
de fiesta á esta multitud y asistir á los fuegos artificiales, 
que sé hacen con particular buen gusto, según la opinión de 
los entendidos en la pirotécnica. 

Algunos disparos, unas explosiones como de palomas y 
triquitraques, me hicieron creer la víspera que ayer era dia 
de rumbo y de trueno, y que á despecho de todas las socie- 
dades de temperancia, íbamos á tener la de Dios es Cristo. 

Daban consistencia á esa.espectativa mis recuerdos. 

Hablando de las espontáneas demostraciones de seme- 
jante dia, se hacian descripciones casi terribles. 

Hombres disparando al acaso sus armas, mujeres sin lími- 
te ni valladar, haciendo ostentación de sus encantos ; y la 
orgía en toda su plenitud, se exponia como en caricatura 
para hacer el apoteosis de la emancipación del pueblo gi- 
gante. 

Infundados salieron mis temores y fallidas mis esperanzas, 
porque no he visto cosa más tristona ni más sosa que el dia 
que acaba jde pasar. 

La ciudad presentaba el aspecto de un domingo, las ofi- 
cinas públicas i¡ el comercio estaban cerrados. 

Las desiertas ventanas, la ausencia de balcones y zagua- 
nes, las puertas cerradas de las habitaciones, dan aspecto 
realmente lúgubre á la ciudad, cuando el tráfico no anima 
las calles. 

En todas las oficinas, en los edificios públicos, en las casas 
particulares, en los carros y hasta entre las orejas de los caba- , 
líos, flota la bandera americana, desde proporciones inmen- \ 
sas que pudieran cubrir la fachada de nuestras casas, hasta \ 
banderitas que pudieran figurar en un refresco. 



GUILLERMO PRIETO 83 



Lo más curioso es ver esas grandes banderas coii sus crias, 
es decir, sartas de banderas de pequeñas proporciones, agi- 
tándose como en tendederos diagonales y pendientes de 
azoteas y ventanas, como si en efecto se estuvieran secando 
al sol. 

Las banderas de las otras naciones no son patrimonio de 
los funcionarios públicos ; o.w'ÚQ^x^r qíddam enarbola su ban- 
dera ó hace sartas de banderitas, y se queda muy fresco. 

En el número estrictamente preciso para molestar al ve- 
cindario, se quemaban cohetes chinos ó triquitraques y pa- 
lomas en gran número ; pero por niños y niñas, y lo estric- 
tamente necesario también para sacar un ojo é imjpedir el 
tránsito. 

Decíase que habia en tiempos, estrepitosos disparos de ar- 
mas de fuego, de que resultaban desgracias y muertes. Yo 
nada vi sino tristeza y soledad. 

En la calle de Green, calle que tiene cierta celebridad por 
habitarla gente de trueno y regocijada, vi algunas hijas de 
la noche haciendo disparos con pistolitas de bolsa ; pero en 
corto número y rodeadas de unos cuantos amantes consue- 
tudinarios y sin maldita la gracia. 

En la bahía, los barcos todos estaban empavesados y la 
atravesaban vapores con música, concurridos por gente dis- 
puesta á divertirse en familia y fuera de la ciudad. 

Asegurábase también que ayer era el gran dia de los sa- 
crificadores á Baco ; y aunque me consta que estos Roma- 
nos del Mundo Nuevo, como disparatadamente se les llama, 
tienen wisJzydudos estupendos, no se presencia á uno solo 
trazando X con los pies en las banquetas. 

En este particular, mi desengaño ha sido el más comple- 



84 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

to : los borrachos, que los hay por gruesas, son silenciosos; 
pocas veces se presencia una riña; casi nunca arman esas 
grescas y esos Sanquintines de que pudieran jactarse los 
borrachínes de la raza latina. 

Ni lo extraño y accidentado de la voz, son peculiares de 
un estado de perturbación mental, porque eso lo reserva el 
yankee para cuando está en su perfecto acuerdo. 

En la taberna, y la taberna de baja ralea, yo no sé lo que 
acontecerá. En la calle, el borracho es sombrío, pasa gru- 
ñendo, taciturno, y por su parte el público lo ve con plena 
indiferencia. 

Cuando el alcohol es muy retobado y le hace pasar cier- 
tos límites al poseído, se encarga de él la policía y lo deja á 
goiardar en la primera comisaría que le sale al paso. 

En estos casos, el borracho suele gastar su pedazo de so- 
beranía insultando á sus servidores de la policía; éstos, no 
solo les sufren, sino que los miman y consideran, según la 
observación de Juan Navarro, como quien dice: ''hoy por 
ti: mañana por mí." 

Hay muchos borrachos : como suicidas, se emborrachan 
en un aislamiento que contrista. 

Así habia ayer personas que quemaban cohetes en uniper- 
sonal sombrío, como quien habla solo. 

A las diez de la noche, la ciudad estaba más quieta que 
en los dias comunes. 

A esa hora regresé al hotel : en la Plaza de la Union ha- 
bia alguna gente agobiada por el calor. 

De trecho en trecho se levantaban, al frente de los tea- 
tros ó de los hoteles, esos gigantescos candelabros con cin- 
co bombillas de cristal cada uno, que forman esos promon- 



GUILLERMO PRIETO 85 



torios de luz que deslumhran. Exactamente como los del 
Zócalo de México, pero en gran número. Venia por Broad- 
way y me entretenía en ir notando en los altísimos crista- 
les de las tiendas no alumbradas en el interior, la reproduc- 
ción de la ciudad con todos sus detalles, y con tal perfección, 
como si fuera un espejo corrido la acera en que iba. 

A mis pies, los bassements formaban una lista de luz con 
sus faroles, bombillas y reverberos, asomando á la orilla de 
las banquetas. 

Estos bassements tienen su historia : cuando se está cons- 
truyendo la casa, entonces se percibe en todas sus particu- 
laridades el esqueleto. 

Como primera operación para' la formación de ese edificio, 
se cava una especie de estanque más ó menos profundo, se- 
gún que va á tener uno ó dos pisos el bassement. 

La tapa de madera de ese estanque es el primer piso. 
Esta construcción es independiente de la altura de la ban- 
queta, de suerte que el bassement, ó queda bajo de tierra, ó 
asoma más ó menos á la calle. 

En las calles centrales ó de cierta importancia, el basse- 
ment da al pequeño sembrado que está frente á las casas 
tras del barandal de fierro : allí están los comedores, se escu- 
chan los pianos, residen familias acomodadas. 

En otros puntos el bassement apenas saca un ojo con aho- 
guío de debajo de la tierra : el bassement es caballeriza ó bo- 
dega ; pero en Broadway, por ejemplo, el bassement descien- 
de por una escalera de piedra abajo del primer piso, y son 
las tiendas, los restanrants, los salones de billar, zapaterías, 
barberías y muy frecuentemente el bar-room, en que los 
coptails y la cerveza tienen su mejor y más delicado sazón. 



86 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El mostrador, los ostiones y en este tiempo las almejas, los 
ejércitos de botellitas con salsas que deben figurar entre 
los combustibles ó las armas prohibidas, asientes de tripié, 
mucho tabaco, mucho humo, mucho periódico y mucha pata 
al aire. 

Al pasar por San Francisco, hablamos de los bassements 
que frecuenta el sexo flotante. 

Cuando volví ámi posada encontré á Francisco paseán- 
dose como un león en su jaula. Mi amigo ha seguido con 
suma diligencia' y patriotismo los negocios de México, y les 
da la debida importancia. 

Aunque este es un negocio, para mí vital ; aunque me 
ocupo en él asiduamente, no he querido consignar en este 
escrito mis impresiones, porque es de tal modo ligero y sus 
tendencias son tan marcadas al solaz y al entretenimiento^ 
que se resentirían de^frívolas, observaciones que en sí tie- 
nen para mí extraordinaria gravedad y trascendencia. 

Me limito á notar que el 4 de Julio hicimos contrapeso á 
dúo á la consagración al regocijo. 



En uno de tantos palacios de Broadway, con escándalo 
de la publicidad, en un elegante pórtico de caprichosas co- 
lumnas, adornado de figuras simbólicas y estatuas dando á 
la calle, se percibe este rubro colosal : MtLseum. Al pié del 
rótulo se pasea constanteínente un hombre distribuyendo 
avisos con profusión. 

Para mí, el aviso, el aparato y el hombre, eran perpetua 
tentación, y no caia en ella, por temor á este humhug ame- 
ricano que le planta una banderilla al más pintado. 



GUILLERMO PRIETO " 8/ 



Al fin, no pude resistir: tómeme del brazo con mi com- 
pañero Buzeti, y cuando volvimos la cara, nos hallamos á la 
una de la tarde al frente de un sombrío y extenso salón, 
alumbrado débilmente por la luz del gas. 

Las paredes estaban tapizadas de cuadros ; en el centro 
de la pieza hay grandes nichos. 

Compramos un catálogo, que avisa en su carátula que 
aquel es un Museo de Anatomía, que se abre diariamente 
para ser visitado por hombres, y que está bajo la direc- 
ción del Dr. Jordán, médico de alta reputación en esta ciu- 
dad. 

Subimos por una escalera de caracol que está á la dere- 
cha, y entramos en una pequeña pieza bien alumbrada por 
la luz natural. El primer objeto que se ofreció á mis mira- 
das fué, bajo cristales, un taller de tejas de barro con sus 
oficinas y figuritas como un nacimiento. Repelé contra 
aquella curiosidad ajiatómica, y volví los ojos á las pare- 
des. 

Estas estaban cubiertas de cuadros, ó más bien cajas con 
cristales suspendidas á las paredes, sobre hileras de nichos 
descansando en repisas ó fajas de madera, que circuyen 
gran parte de los salones. 

Cada vez que me volvia por un lado, retiraba la vista al 
opuesto, herido por una impresión desagradable. Ya era un 
ojo reventado, ya una pierna al agusanarse, ya un seno he- 
cho un arnero de llagas .... Brazos, huesos .... Salíme de 
la piececita y dirigí mis pasos á la luz de una ventana que 
da á la calle. Allí me vi de repente rodeado por focas y la- 
gartos estupendos, así, estupendos, como de cuatro varas, 
en tan perfecta disecación, que evitaba horrorizado su con- 



88 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

tacto, porque se me figuraba que al pasar me disparaban 
una tarascada .... Volvíme con disgusto, ó mejor dicho, en 
cierto estado de excitación nerviosa que me tenia desconten- 
to ... . Las paredes me ofrecian el espectáculo de caras hu- 
manas, pero en estado espantoso: narices en completa ruina, 
bocas diagonales con antros de putrefacción .... las faccio- 
nes humanas naufragando en el cáncer .... quería distraer- 
me, y veia también, como figuras estrambóticas, como que 
saltaban de la cornisa chivos con cinco y seis pies, chicuelos 
de dos cabezas, carneros con dos cuerpos : lo estrambótico, 
lo absurdo, el desarreglo en la creación, la embriaguez de 
los fenómenos animales .... 

Pedian auxilio en mi interior mis ojos y mis nervios, y al 
fin hallaron una especie de descanso con la vista de flores, 
de figurillas automáticas que vemos entre los muebles de 
salas, y chucherías que podrían llamarse de tocador. 

Me fijaba en estos objetos como para que me amparasen 
de aquellos gestos, de aquellos ojos, de aquel cuerpo huma- 
no en dispersión desarticulada y horrenda, que me desaso- 
segaba, que me perseguía en detall ; quería como no verlos, 
se me figuraba que aquellas bocas me iban á morder, enve- 
nenándome la sangre. 

Casi de huida, tomé la escalera; pero me cerró el paso un 
cadáver tan lúgubre, tan terrible .... su color verdioso, sus 
pómulos salientes, su boca entreabierta, sus cabellos á la 
frente .... 

Descendí, oyendo á mi espalda los pasos del muerto. 

Bajé tan de prisa, que no advertí que ponía la mano en 
una mesilla en que funcionaba una máquina eléctrica, y sen- 
tí una conmoción espantosa .... 



GUILLERMO PRIETO 89 



De buena gana hubiera tomado la puerta y echado á cor- 
rer ; pero cierta fatalidad me contenia. Con los ojos inquie- 
tos, la piel esponjada, los cabellos hirsutos .... fui entrando 
al salón, escasamente iluminado por el gas, como tengo 
dicho. 

Aquel era un meeting de esqueletos ; un esqueleto huma- 
no deteniendo un esqueleto de caballo ; á su pié una beldad 
perfecta coronada de flores, cuya misma hermosura produce, 
no sé por qué, hondo terror .... y en las repisas y en las 
paredes, el despilfarro del martirio, la orgía de la putrefac- 
ción, la tortura de todas las secciones del cuerpo humano, 
el banquete del gusano, la huelga loca de las visceras y los 
intestinos. , 

Los esqueletos, los cadáveres que estaban á mi rededor, 
las calaveras, me brindaban consuelos, como que se huma- 
nizaban conmigo .... la hermosura ultrajada por la corrup- 
ción .... 

, Entre los objetos del centro de la pieza habia figuras de 
notable perfección : un zuavo casi augusto de majestad y 
de hermosura, con una herida en el pecho, corriendo la 
sangre casi, palpitante la carne. . . . 

Una joven con los ojos alzados al cielo, sufriendo al vivo 
una operación quirúrgica de las más tremendas .... Agara- 
batado, horripilado, perdido, me acurruqué en un rincón 
en que habia una carnicería completa .... corazones, intes- 
tinos haciendo rúbricas .... atroces .... todo me dolia .... 
Me volví contra la pared .... allá, en lo más oscuro, en lu- 
gares consagrados á los más recónditos misterios de la vida 
humana, ¿qué piensan vdes. que vi?. . . . pues, señor. . . . 
eran cuadritos pequeños con figuras de cera perfectamente 

Tomo III, 12 



90 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

hechas, mejor dicho, retratos de generales, de sacerdotes, 
de personajes; pero de un tipo tan pronunciado de México, 
queme quedé absorto y pensando decirles : "¿CaballeroSi 
qué hacen vdes. por aquí vestidos de gala, sin saber el idio- 
ma y en sitio tan inoportuno?". . . . Quise cerciorarme de 
lo que veia. ... y no solo eran mexicanos, sino los padres 
de nuestra independencia,... Hidalgo, Morelos, Bravo, 
Allende. . . . Pero, por Dios! ¿qué tienen que ver nuestros 
héroes con estas visceras, y estos diafragmas, y estos borre -^ 
gos con dos cabezas ? . . . , 

Mi compañero se habia alejado perdiéndose casi en las 
sombra^. 

Yo estaba junto á un cafláver que representaba á Was- 
hington durmiendo el dulce sueño del justo. Parecía salir 
de entre nubes blancas, así eran los lienzos de su lecho. . . . 
la muerte coronaba de majestad su noble frente ; sus ojos se 
hablan cerrado con dulzura, como dando un último beso á 
la luz. 

El lugar de la pieza en que está este nicho es de los más 
oscuros : á poca distancia arde un pico de gas, con esa luz 
cárdena y rígida que tiene cuando el aire no la agita. 

No sé qué pensaba, no sé qué abismos recorría mi men- 
te ; pero fijándome en el cadáver, creí ver distintamente que 
como que movia los labios .... repuesto de la intempestiva 
impresión, dirigí mi vista á los ojos .... entonces no tuve 
duda .... aquellos ojos se fueron abriendo lenta, muy lenta- 
mente .... yo volví por todos lados á buscar gente .... se 
me figuró que mi razón queria trastornarse .... me arrimé 
contra el cadáver en cierto estado de desmoralización gran- 
de ... . y el cadáver cerró los párpados ! 



GUILLERMO PRIETO gi 



— Hombre! le grité á Buzeti, ¿no le parece á vd. una pro- 
fanación estos resortes y esta diversión con los últimos mo- 
mentos de Washington ? 

Pero nadie me oia .... Mi compañero, horrorizado, me 
esperaba en la puerta, donde fui á reunírmele, queriendo 
que por caridad me diese una tunda de azotes el prime- 
ro que pasase. 



Al salir del Museo queria emprender cualquiera conver- 
sación que disminuyera mis desagradables impresiones, y 
Dios me deparó á M. R* * *, quien con su buen humor me 
relacionó su vida en el hotel, apuntando yo los pormenores 
administrativos del I/oUl Windsor en que habita, y es de 
los de más alta nombradla en la Ciudad Imperio. 

— Como sabes, me decia, el Hotel de Windsor está en 
la Quinta Avenida, y si no puedo afirmar que es el prime- 
ro, sí es de los primeros de esta población. 

El propietario, continuó, tendrá millón y medio ó dos mi- 
llones de pesos empleados en el hotel y su giro. 

El término medio de huéspedes será el de seiscientos, 
teniendo escala las habitaciones, desde departamentos como 
palacios, hasta piezas elegantes : lo común de una habitación, 
son la sala y la alcoba, con cuarto de baño. 

Se dan cuatro comidas al dia, fuera de los pedidos sepa- " 
rados, que se llaman extras y que se pagan aparte, siendo 
estos extras, generalmente hablando, más costosos que la 
subsistencia común. 

La cocina es un salón perfectamente aseado, con sus hor- 
nillas económicas, sin que se perciban tronchos ni grasas, 



92 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

con seis cocineros ó jefes y sus numerosos ayudantes. El 
vapor se pone al servicio de la cocina cuando es necesa- 
rio. 

En secciones separadas del edificio hay panadería con sus 
artesas, hornos y dependientes especiales : pastelería con co- 
municación exterior y nevería con útiles y con aperos del 
más refinado gusto. 

Todas las piezas y tránsitos están cruzados de tubos con 
llaves para el vapor, el gas y el agua. 

La parte material del edificio está al cuidado de un inge- 
niero que vive en el hotel y acude á remediar cualquier des- 
arreglo, fijngiendo de jefe en caso de incendio. 

En las noches, cuando menos se espera y sin molestar á 
nadie, se ve una persona que está al tanto de todos los que 
entran y salen, para que en el interior del hotel haya la de- 
bida seguridad. 

La nomenclatura de las secciones con sus dependientes, 
podría hacerse á nuestra manera, del modo siguiente : 

• Administrador. 
Segundo. 

Tenedor de libros. 
Escribiente. 

Jefes de los departamentos. 
Criados de los pisos superiores. 
Camaristas. 
Criados para el aseo. 
Cocina. 
V Panadería. 
Pastelería. 
Nevería. 
Carpintería. 



GUILLERMO PRIETO 93 

Pintor. 

Tapicero. 

Criados para el despacho. 

Veladores. 

Máquinas de elevadores, etc. 

lavandería. 

Para formarse idea de ese solo departamento, es necesario 
una explicación particular. 

Las caifias se mudan diariamente, de suerte que 

se lavan solo sábanas 1,200 

En cada cuarto habitado se ponen cinco toallas. 3,000 

Cada vez que se sirve una comida se cambia 

mantel, en treinta mesas, lo que dan 120 

El número de servilletas para 600 personas en 

las cuatro comidas, es de 2,400 

Sábanas y toallas para baños, delantales, fun- 
das, etc 1,000 

Total de piezas que se lavan diarias 7,720 



Ya se deja entender cuál será el trabajo y los dependien- 
tes que requiere una oficina, que tiene semejante movi- 
miento. 

Para hacer efectiva la vigilancia en las noches, cada guar- 
da tiene un reloj al que se ha de dar cuerda precisamente 
cada media hora, so pena de que al menor descuido el reloj 
queda parado y no hay poder humano que lo haga andar. 
Estos relojes han producido los mejores efectos. 

La renta que paga anualmente el actual arrendatario áel 
edificio, es dé ciento veinte mil pesos. 



94 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Uno de los redactores de un periódico muy acreditado 
en esta ciudad, hizo hace dos años un estudio especial de 
quince de los principales hoteles, paca averiguar sus consu- 
mos. 

Los hoteles que sujetó á su estudio fueron los siguien- 
tes: 



Albemarle. 

Ashland. 

Brewort. 

Quinta Avenida. 

Gilse}'^. 

Gran Central. 

Gran Union. 



Hoffman. 
Metropolitan. 
New-York. . 
San Nicolás. * 
Sturtevant. 
Union Square. 
Winchester. 



Windsor. 



Resultaron de sus estudios los consumos que siguen : 

54,000 libras semanariamente de carne, toda de res y 
ternera, y cuyo peso supone la matanza de 2,000 re- 
ses. 

600,000 libras pescado. 

15.000,000 ostras al año. 

5.000,000 de huevos. 

1.500,000 libras carnes de aves. 

10,000 barriles harina. 

20,000 barriles papas. 

150,000 libras té. 

700,000 libras café. 

1,500,000 medias azumbres leche. 

450,000 libras mantequilla. 

2,000 libras de uvas. 



GUILLERMO PRIETO 95 



Se calcula que los huéspedes de los referidos hoteles ha- 
cen un gasto diario de cuarenta mil pesos, y me parece cor- 
ta suma. Solo de jabón se gastan en los hoteles 24,000 libras 
semanarias, y se lavan 373,500 piezas de ropa. ... y deje- 
mos este diluvio de números que me está rompiendo la ca- 
beza. 



VII 



Beneflcencia. — Hospital alemán. — Bellevue Blackw^ell. — 
Otros estableciii\iei\tos. — Asilo de ciegos. — Particulari- 
dades, — El l\umbug. — Humbug político. — Oradores. — 
Farsas políticas. — Prestid igitacion. 



CUANDO entre nosotros se conceptúa de caritativa una 
persona, de esas que son el consuelo y el encanto de 
la humanidad, que debe á Dios un corazón puro, propenso 
á enjugar las lágrimas del infortunio, y nos interiorizamos en 
la vida de esa persona, vemos su afán por seguir al huérfa- 
no y la viuda, distinguimos á su puerta enjambres de men- 
digos, y el dia de su muerte, un número determinado de 
ancianos desvalidos, de jóvenes sin amparo, tienen un testi- 
monio de su munificencia. 

Pocos individuos, como el Dr. D. Pedro López, el Obis- 
po Alcalde Lor.enzana, el capitán Zúñiga, la Sra. Béistegui, 

Tomo III. I3 



98 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

D. Luis de Haro, piensan en fundaciones de carácter per- 
petuo y colectivo. 

Es característico y altamente honroso para los filántropos 
americanos, que muchas de sus grandes donaciones, de sus 
limosnas cuantiosísimas, de sus actos sublimes de despren- 
dimiento y caridad, se hayan hecho estando vivos, en la 
plenitud de sus goces y aun en medio de sus placeres los 
bienhechores, como veremos á Girard, como hemos men- 
cionado á Cooper, como hemos dado á conocer á Peabodi : 
hay en esta manera de ejercer el bien, mucho de noble, de 
espontáneo y generoso. 

jQué contraste con esas donaciones por presión á la hora 
de la muerte, cuando se parece el bien mismo á la restitu- 
ción, cuando da el agonizante sus desechos, lo que no le 
puede servir! 

¿Y cuando la sustitución es hija de la presión sobre la 
conciencia, y cuando aparece la caridad como en un concurso 
de acreedores, entre las restituciones, los aprovechamientos 
del clero y las gestiones de los deudos ávidos? 

Parece que estos filántropos, en medio de un festín, alar- 
gan su copa de oro rebosante en licores deliciosos, á los que 
tienen sed, llamándolos al convite de la vida. 

Parece que la risa y el contento de los hijos y el amor de 
sus hermosas, quieren que se complete con la ventura de los 
que lloran y con la redención de los que han dado sus pri- 
meros pasos en el vicio. 

La riqueza, lejos de provocar el celo, lejos de ser motivo 
de envidia, es el bien y la esperanza. El concierto de los 
beneficiados por el poderoso, es la santa glorificación del 
trabajo, en su expresión más tierna y sublinie. 



GUILLERMO PRIETO 99 



Yo conozco en México ricos mucho menos estimables y 
útiles á la humanidad, que los caballos que tiran de sus car- 
ruajes, y sin embargo, son arbitros, cuando quieren, de 
aquella sociedad desventurada .... Los hay enjalmables, se 
lo puedo probar á vdes. con datos fehacientes. Hay muy 
honrosas excepciones ; pero j qué contados merecen lo que 
tienen! 

En este país, el mismo hombre que lanza de su puerta á 
un desventurado que le pide pan, se alista como bombero y 
prodiga su existencia por salvar de las llamas á un niño, se 
deshace de millones para una biblioteca, para las escuelas, 
para que se lleve á cabo una mejora trascendental. 

En todo lo que á todos pertenece toman parte todos, y 
de ahí las restricciones del Gobierno y la acción poderosa de 
la libertad. 

El Gobierno que lo absorbe todo y cria al fin la creencia 
de que todo tiene que nacer y todo se debe esperar del 
Gobierno, no se conoce aquí: cada individuo cria fé en sí 
mismo desde la niñez. 

En muchas instituciones se ve que el Gobierno tiene par- 
ticipio, que sobrevigila, pero como que se desprende de fun- 
ciones no estrictamente conexas con él, y entonces la aso- 
ciación constituye en centros independientes de acción, los 
ramos más trascendentales para la sociedad. • 

De principios tan sencillos, tan sanos y tan de acuerdo 
con la ciencia económica, ha nacido la organización de los 
establecimientos.de caridad, que con tanta justicia son mo- 
tivo de la admiración y de las profundas simpatías de los 
viajeros. 

Una administración privativa, fondos que se acrecen cou 



100 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

dádivas privadas, división en comisiones para la especial 
• atención de cada ramo y la publicidad como suprema ga- 
rantía, hé allí los elementos que han llevado á tan alto gra- 
do de esplendor la candad. 

Parece que en las atenciones que dispensa nuestro modo 
de obrar, hay más amor que dulcifica más las costumbres, 
que conduce á contacto más cariñoso la alianza entre la bon- 
dad y el infortunio; pero infecundo ese sistema, socorre, no 
regenera; acude á un conflicto, no prevee aun futuro de 
bien. 

En el otro sistema parece que no existe la caridad ; se 
cree que impera la beneficencia ; como que se desprende un 
rico de todo cuidado dando su dinero, y de ahí cierta frialdad, 
cierto indiferentismo que pudiera ser una faz del egoísmo ; 
pero evidentemente tal sistema es más previsor y fecundo, 
se presta menos á la jactancia, hace el bien con verdadera 
inteligencia, y la caridad debe ser entendida y sagaz. 

La caridad, si fuese una pasión ciega, llegarla á hacerse 
la fomentado^^a del vicio y la antagonista del trabajo. 

La concurrencia de las diferentes religiones purificándo- 
las, las convierte en más y más aptas para el bien ; ellas 
concurren á esta tarea, y al tratarse del enfermo que pade- 
ce, del niño que se educa, del sordo-mudo y del ciego, se 
encuentran en un solo camino todas las nobles aspiraciones, 
congregando á los espíritus en el sentimiento del amor. 

Abruma realmente el estudio de las instituciones de be- 
neficencia ; por todas partes se hallan, y cada vez parece más 
sagaz y más noble la aspiración de amparar la desgracia. 

Numerosísimos son los establecimientos mencionados por 
el Sr. Bachiller en su preciosa Guía: 



GUILLERMO PRIETO lOI 



Hospital alemán : Recibe enfermos de todas las creencias 
y nacionalidades, y pensionistas que pagan siete pesos 
al mes. 

Asilos para ancianas de más de sesenta años. 

Hospital de Bellevue, en que hay cátedras de medicina. 

En la Isla de Blagkwell : 

El Hospital (Alms), la Casa de locos y la Casa de tra- 
bajo. 
Casa industrial de las cinco puntas. 
Beneficencia para las personas de color. 
Hogar de desamparados. 
Asilo de huérfanos católicos romanos. 
Asilo de huérfanos de Leake y Watts. 
Casa de niños vagabundos. 
Hospital de emigrados. 
Asilo de huérfanos. 
Asilo de huérfanos de color. 
Huérfanos hebreos. 
Asilo de dementes. 
Asilo de San José. 
Asilo para la Juventud. 

Casa de hospedaje para niños vendedores de periódicos. 
Lactancia (institución como la cuna). 
San Lúeas. 

La Magdalena (para mujeres arrepentidas). 
El Monte Sinaí. 
Asilo de la Union. 
Isaac T. Hopper Home. 
Asilo de huérfanos. 
Casa de Refugio. 
Sordo-mudos. 
San Vicente. 



102 



VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



Hay además veinticinco boticas, llamadas dispensarios, en 
que se dan medicinas á los pobres y asisten médicos para 
consultas gratis. 

El Informe anual de la administración de estos estableci- 
mientos y los de corrección, difiere en cuanto á clasificacio- 
nes especiales ; pero resulta que la administración ha aten- 




CASA INDUSTRIAL DE CINCO PUNTAS. 



dido y socorrido á 62,395, de los cuales asistieron á los 
hospitales poco más de dos mil. 

Se necesitarla llenar muchas páginas para que se formara 
idea exacta del Informe (repórter), que tenemos á la vista 
y que nos está sirviendo de guía para nuestras observa- 
ciones. 

Cada institución, cada departamento de ella, da cuenta al 
superior del Estado que guarda su cometido, lo que se ha 



GUILLERMO PRIETO 



103 



observado en la práctica y las mejoras que son conducentes. 
De esta manera, en lo más minucioso y recóndito puede 
fijarse la atención y provocarse año por año importantes 
mejoras. 

Preocupado con las ideas que despertó en mí el Informe 
de Caridad y Corrección, salí de mi hotel y llegué al Asilo de 




í,rnin1fTTi 






mm 






HOSPITAL DE EMIGRADOS (Ward's Island). 



Ciegos, situado en la Novena Avenida, entre las calles 33 

y34- 

El edificio está situado en el centro de un cuadro de ver- 
de césped, sembrado de árboles que brotan de la tersa su- 
perficie ; así son en general los llamados parques, y la verdu- 
ra de las plazas son alfombras de aterciopelado césped som- 
breadas por árboles : no lo que nosotros entendemos por 
jardín. 



I04 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

La fachada del edificio tiene puertas, torres, ojivas de pre- 
tensiones góticas ; pero esta ventana intrusa en la arquitec- 
tura americana, es una enfermedad que desnaturaliza todo 
orden conocido de arquitectura. 

La piedra es sombría, de ese gris oscuro que apenas tie- 
ne oportuna aplicación en los sepulcros y en esas tumbas de 
vivos que se llaman prisiones. 

En el enrejado que circuye el prado está un aviso prohi- 
biendo lá entrada y advirtiendo que será entregado á la po- 
licía el que traspase, sin permiso, aquellos límites ; pero es 
el caso que el portero está en el interior del edificio y la si- 
tuación era crítica. 

Venciendo dificultades y trámites, me presenté al director 
del establecimiento, joven rubio, de patillas y bigote espe- 
sos, abundante pelo sobre la frente y aspecto más bien de 
capitán de caballería. 

Esta primera impresión fué desmentida por la más refi- 
nada cultura, el saber y la modestia reunidas, y un espíritu 
de bondad generosa para con los ciegos, que empeñó al fin 
para con el joven director mi sincera simpatía. 

Yo sabia que la institución para ciegos fué debida á la 
caridad de los Doctores Samuel Wool y Samuel Askely, que 
consiguieron su reconocimiento oficial en 1831 y se abrió 
al público en 1832. 

La administración consta de un presidente y comisiona- 
dos para los distintos ramos de instrucción, en lectura, es- 
critura, geografía, etc., música y talleres. 

El presupuesto del establecimiento contiene la cifra de 
118,616 66 de egresos, y de ingresos 126,803 35, figurando 
en los ingresos solo 42,494 46, como auxilio del Gobierno: 



GUILLERMO PRIETO I05 



la suma que equilibra el presupuesto se debe á la caridad 
de los particulares, entre los que figuran una persona dando 
20,000 pesos y dos 10,000 cada una. 

Se da educación en el establecimiento á 200 niños y ni- 
ñas, situados en secciones ó alas separadas del edificio, con 
escrupulosa independencia. 

El señor Superintendente, que era quien nos mostraba el 
Instituto, nos hizo notar la ausencia de niños y niñas, por- 
que se'acababan de cerrar los cursos ; pero insistió en darnos 
idea de la distribución de labores y del sistema de ense- 
ñanza. 

Cercano á la puerta, y en el arreglo más perfecto, está ijn 
almacén y en él expuestas las manufacturas de los ciegos, 
como bordados, canevás, tejidos de bolillos, y cosas análo- 
gas á la industria femenil ; y cepillos, escobas, colchones y 
otros artefactos, que no exceden en perfección á los hechos 
en México en la Escuela de Ciegos. Esto no puede nunca 
considerarse como recurso, pero sí es un ingenioso motivo 
para excitar el ejercicio de la caridad. 

Comenzamos entre esas ciudades de tablas que se llaman 
edificios, á hacer nuestra excursión por las cátedras y salas 
de estudios, que no ofrecieron para mí novedad alguna, por- 
que el establecimiento de México dirigido por el Sr. D. Ig- 
nacio Trigueros, es magnífico. 

En su hermoso despacho contiguo á una biblioteca pro- 
pia para el establecimiento, nos detuvo nuestro guía, que es 
el Superintendente, como hemos dicho, y se llama William 
Vait. 

Sentóse en su mesa y nos mostró varios libros. 

— Vd. no puede figurarse, me dijo, todo lo que se adelan- 

ToMO III. 14 



io6 



VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



ta en la lectura de los ciegos con que las letras sean angu- 
losas como vd. ve. Las letras de gran tamaño, que son 
únicamente relieve de las letras comunes, sin duda compli- 
can más las sensaciones ó se presentan menos conspicuas ; 
el caso es que se nota gran diferencia en favor de las letras 
angulosas. 

A pesar de ese adelanto, este método produce solo un 




ASILO DE HUÉRFANOS HEBREOS. 



diez por ciento de niños aprovechados, aun de aquellos con 
quienes se tiene mayor asiduidad con la enseñanza. Hubo 
una época que para la escritura se usó de una tinta espesa 
como jalea ; el niño en cada letra dejaba muy prominente la 
forma, pero el sistema quedó sin éxito. 

Reflexionando yo, continuó el Sr. Vait, en todas estas di- 
ficultades y con reminiscencias de los antiguos métodos, me 



GUILLERMO PRIETO 



107 



decidí por un alfabeto convencional de puntos, que hiciese 
muy sencillas las impresiones. 

Para esto marqué dos líneas paralelas casi unidas, pero 
perceptibles al tacto de un ciego, y así plantee mi alfabeto. 

Discurrí que en el inglés la ^ y la / entran lo menos en 
un veinticinco por ciento de una peroración cualquiera ; 




HOSPITAL DEL MONTE SINAI. 

pues bien, la / y la ^ se presentan en mi alfabeto, como vd. 
ve, con un solo punto, siendo la e en la primera línea, la t 
en la seQfunda. Vea vd. el alfabeto : 

abcdefghijklmnopqrstuvwxy 



El alfabeto así dispuesto, la lectura se hace á la vez que 
la escritura, procediéndose así. 



I08 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Esto que tengo en la mano es un cuadrilongo compuesto 
de una lámina finísima de metal en que están las dos líneas 
TTiuy marcadas como en una pauta. Este es un marco movi- 
ble de esa lámina ; en los bordes del marco corre esta faja 
-con cuadritos, que es la guía del ciego. 

Se interpone el papel entre la lámina y el marco, y se 
afianza convenientemente ; se coloca el punzón en la mano 
del ciego, punzón romo para que forme los puntos, y escri- 
be ... . Vea vd. esta carta que recibí esta mañana de uno 
■de mis discípulos. Vd. podría ens^arse. 

En efecto, me ensayé y encontré facilísimo el sistema de 
Vait, que es el que se sigue en el establecimiento. 

En la práctica de este sistema, sin desmentirse una sola 
vez, ha habido un ochenta ó noventa por ciento de discípu- 
los aprovechados. 

El volumen de lo que se escribe es mucho menor, y per- 
mite que el discípulo estudie y lea libros que de otro modo 
no estarían á su alcance. 

— Aquí tiene vd. un solo libro de la Biblia cont'^nido en 
estos ocho gruesos volúmenes : el mismo libro por mi siste- 
ma está en un tomo. Ya vd. se figurará la diferencia del 
costo. 

Para la numeración, y eobre todo para la música, he se- 
guido el mismo sistema con buenos resultados, como se lo 
prueban á vd. estos certificados de personas muy compe- 
tentes. 

El sistema de Vait está extraordinariamente generalizado, 
y por mi parte lo creo digno de estudio entre las personas 
que deseen el adelanto de establecimientos semejantes á es- 
te, que son honra de la humanidad. 



GUILLERMO PRIETO IO9 



Seguimos nuestro paseo, y en la cátedra de geografía vi 
que los mapas son de fracciones grandes de madera ó colo- 
cados en grandes círculos giratorios, de madera también, lo 
que facilita mucho el estudio. 

El comedor que está en el centro del edificio es hermosí- 
simo, puede llamarse de lujo, y en él están consultadas las 
comodidades y aun los gustos de los infelices ciegos. 

Me parecieron en el comedor muy oportunos los mante- 
les blancos de hule ; éstos se conservan sumamente asea- 
dos, y su renovación la hace una esponja húmeda á cada co- 
mida. 

La cocina es de vapor ; en el centro se hace uso de las. 
sartenes y de las parrillas, y en grandes peroles de fierro se 
confeccionan los guisos, calentándose muchos peroles á la 
vez, por medio de las corrientes que parten del depósito del 
vapor. 

En la sección destinada á las niñas, se observa el mismo 
método que en la escuela de hombres. 

El establecimiento del Sr. Vait es de los primeros del 
mundo, y este señor uno de los hombres dotados de más 
preciosas cualidades para su alto sacerdocio. 



Cuando volví al hotel, hallé el cuarto de Iglesias con con- 
currencia desusada, puesto que él pasa el tiempo de todo 
punto aislado y leyendo constantemente día y noche. 

El departamento de Iglesias consta de dos cuartos ; uno 
de ellos habita su hijo José María, el otro es el de Iglesias ^ 
libros por todas partes, su cama, lavamanos y ropei'o, un pe- 



no VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

queño sofá lleno de periódicos. En el centro de la pieza una 
mesita con un juego de ajedrez. 

Estaban al momento de mi llegada en la pieza, Jorge Ha- 
meken, Rocha, Gómez del Palacio y los señores de la casa. 
Corria fresco el buen humor, la gente hablaba del humbug 
americano. Uno le comparaba al canard francés; los otros á 
la bola habanera ; quien al chasco y al borrego mexicanos ; pe- 
ro aunque distintas las opiniones, se convenia unánimemen- 
te en conceder la primacía al humbiig americano. 

El hirnibug en una sociedad educada, calculadora, activa 
y en que domina el peso omnipotente ^úqvlQ que ser infinita- 
mente flexible, revestir todas las formas, amoldarse á todos 
los gustos, iniciarse resuelto, proceder por sorpresa, llegar 
á la temeridad, apareciendo fácil y sencillo, y esto le da ca- 
rácter fisionómico en esta sociedad. 

En la política, &\ humbug se calza el guante blanco, se al- 
midona los puños, se peina de polvo y vuelve locos á fran- 
ceses y japoneses, á austríacos y españoles, que condescien- 
den con estas excentricidades de los yankees. 

— ^En política, me decia J. J. Baz, que ha estudiado con sa- 
gacidad el hiimbug, se manifiesta en toda su grandeza el 
humbug en la elección presidencial. 

Francisco, con la sencilla claridad que constituye una de 
las dotes de su elevado talento, me decia : 

— Marcy, Ministro de la Guerra de uno de los presidentes 
más notables, formuló el juego electoral con estas notables 
palabras : Los despojos son de los vencedores. Traducido al 
idioma palaciego, quiere decir esto : " Los empleos corres- 
ponden á los que trabajan en la elección. " 

Favorece la especulación poderosa que aquellas palabras 



GUILLERMO PRIETO 1 1 1 



crian, el artículo constitucional que da facultad al Presidente 
de remover y nombrar libremente á los empleados de la ad- 
ministración dependientes del Ejecutivo. 

Llaman los americanos á esta vuelta de la fortuna pala- 
ciega, rotación, en cuyo movimiento resultan contusos y 
despostillados muchos, y muchos en la cumbre de la rique- 
za y los honores. 

Para llegar al fin del movimiento está la máquina políti- 
ca, y para untar la máquina, aunque no oficialmente, pero 
sí casi públicamente, se hacen descuentos de sus sueldos á 
los empleados. 

Próxima la elección, á punto de moverse los círculos y 
de comenzar á funcionar la máquina, los prohombres del 
partido, con sus respectivos coros, redactan la Plataforma, 
6 sea programa de la administración futura, y se encomien- 
da á la publicidad. 

Dos móviles poderosos se emplean para acreditar la Pla- 
taforma, á cuyo través se perciben los candidatos á la pre- 
sidencia : un resorte es la prensa, el otro el Speech: 

En el primer órgano se apiñan los noticieros, los politi- 
castros y la gente de turbulencia sedentaria, y aquello es la 
mar : por un lado el insulto, la diatriba asquerosa, la calum- 
nia, las alusiones á la vida íntima, la rabia del desenfreno ; 
por el otro, las promesas deslumbradoras halagando las ideas 
populares. 

Así se apoderó la prensa de la cuestión de esclavitud, que 
aunque grandiosa en sí, no tuvo por móvil exclusivo aquí 
la reivindicación de la humanidad ; así fué la cuestión del 
Alabama para la elección de Grant ; así para la competen- 
cia de Hayes y de Tilden, la reforma de ía lista civil. 



112 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— Advierte que es un móvil poderoso, me hacia notar 
Francisco, porque se trata nada menos que de purificar la ad- 
ministración, de separar la intriga de las funciones oficiales 
para llamar al mérito á los destinos públicos, independiándolo 
de los compromisos que trae consigo la complicidad en el 
fraude .... La prensa es la orgía del escándalo, la embria- 
guez de la difamación, los defectos físicos, los descuidos de 
la niñez, crónica escandalosa : todo se exprime en el filtro 
de la opinión, para revestir de formas deslumbradoras el 
gran hutnbtig. 

El Speech es aun más incendiario ; comunícanse órdenes 
desde á los ensartadores de palabras más oscuros, hasta ora- 
dores de merecida nombradía : hijo legítimo del Speech es 
el Stu7np. 

Al desmontarse un terreno virgen (esta es explicación 
para que entiendas el Sticmp), los gruesos troncos que que- 
dan en la superficie de la tierra, se llaman Stump, (troncón, 
traduciremos para entendernos). 

En ese troncón, desde la sociedad naciente se levantó el 
orador primitivo : de ahí vienen el discurso y el orador de 
Stump. Estos energúmenos invaden plazas y calles, y hacen 
su tribuna de un cajón vacío, de un barril, de un poste. 

Calentada la opinión por los recursos anunciados, los agi- 
tadores ó politicians (politicastros), congregan grandes con- 
venciones de los jefes ó cabecillas del partido : las conven- 
ciones últimas de los republicanos fueron en Cincinati ; los 
demócratas se reunieron en San Luis Missouri. 

Aquellas convenciones son divinas: no hay ni en las olas 
ni en las tempestades nada que pueda compararse á una 
convención en toda su efervescencia. 



CONDICIONES DE LA SÜSCRICÍON. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

J, M, Aguilar y Orliz, 

Administrador, 



i 



■9 



VIAJE 

k LOS 



^ »> « ^ «» 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



Unlreffa JVum A9. 



MÉXICO. 
Imprenta del Comercio, de Dvi'blan y CThavez. 

CALLE DB CORDOBANES NUM. 8. 



íL^ 



GUILLERMO PRIETO ' II3 



En la convención se discute el ticket, ó sea la lista de los 
candidatos para la futura administración, es decir, se llega 
al proyecto de reparto de los despojos de los vencidos : 
aprobado el ticket, se envía al Presidente en ciernes una car- 
ta acompañada de la lista, para saber si el Presidente acep- 
ta : esta es una pura fórmula, porque el Presidente acepta 
generalmente lo que viene de su partido. 

Celebrado el pacto, se procede á la elección y luego al re- 
parto del botin .... corroyendo semejante sistema todos los 
resortes del orden, de la moralidad y de la decencia. 

Hayes, no obstante, ha querido con empeño realizar su 
programa; pero hasta ahora no ha logrado absolutamente- 
nada. Hé ahí una faz, y muy importante, del humbug po- 
lítico. 

La administración de justicia (entiéndase que exceptúo 
la justicia de la federación, propiamente dicha), los jueces 
en lo general, están contaminados de la corrupción electo- 
ral. 

Alborotadores de café, politicastros de bar-rooms, entro- 
metidos y bullaiígueros, suelen tener influjo decisivo en las 
masas, y hacen el nombramiento de jueces : el resultado es 
que en los negocios en que ellos intervienen, se hacen servir 
despóticamente, y la justicia se plega á sus conveniencias, 
imprimiendo en los negocios un sello de prostitución desca- 
rada á veces, que realmente escandaliza á los poco conoce- 
dores de esta clase de negocios. 

.; Por lo demás, para despertar la curiosidad en e;sta Babel i 
y entre gente tan preocupada de su negocio, la prensa suel- 
ta dia á dia cada humbug que canta el credo. 

Empresas imposibles, descubrimientos estupendos, muer- 

ToMo III. 15 



1 14 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

tes horripilantes, todo está á la orden del dia con estrépito, 
en relieve, en son de catástrofe ó de contento, según pro- 
duzcan la sorpresa ó el halago del mayor número. 

Hay un periódico semanal titulado El Sunday Mercury : 
en él está recopilado cuanto la mente humana no puede 
idear de más tremebundo. 

Apariciones, endriagos, monstruos, tertulias de muertos, 
amores horripilantes, descubrimientos de países estrambó- 
ticos, erupciones volcánicas, brujas, milagros, y yo no sé 
cuántas cosas más. 

En los teatros tienen su asiento y se aclimata lo más ex- 
travagante y lo más inconducente : como hemos visto, se 
pone en escena La Vuelta al Mundo, de Julio Verne ; de 
tres dramas de asuntos diferentes, se hace uno de plan ante- 
rica7W, y la cosa marcha. Hay romanos de revólver al cinto, 
y aparece en el Bosque de Boloña la Basílica de San Pedro. 
Todo esto no es de literatos, sino de saltimbanquis y teatros 
de segundo orden. 

En espectáculos de otro género, basta seguir las peripe- 
cias de la vida de Barrum para persuadirse que no hay 
más allá. ... 

El puebla de gigantes su espectáculo, ó produce enanos ; 
expone á la vista hombres con las pieles de todos los colo- 
res, venidos de regiones misteriosas, ó saca á luz circasianas 
de profusas cabelleras y rostros confeccionados en Saturno 
ó en Júpiter. 

Barruin es el rey del humbug y se enorgullece de su pri- 
macía, gana su dinero dando espectáculos de un género es- 
pecial, se anuncia con procesiones de carros en que van ex- 
puestos los objetos y los animales y las maravillas que va 



GUILLERMO PRIETO II 5 



á exponer, y este anuncio ambulante es dispuesto con tal 
artificio, que por sí constituye una maravilla. 

En los carros va al descubierto lo conveniente, y oculto 
lo que necesita el prestigio de lo singular. 

Bajo las ricas mantas de algunos carros, se oyen rugidos 
de fieras, articulaciones en idiomas desconocidos, gemidos, 
como caldas de agua y como tempestades, y se ven luces 
siniestras entre gigantes, enanos, pájaros extraños é indesci- 
frables. 

Una vez anunció que habia sorprendido un borrego en 
los Alpes, de colosal tamaño, y de tan raro aspecto, y de 
tal singularidad de conjunto, que las sociedades de historia 
natural estaban con tanta boca abierta. 

En efecto, el borrego era singularísimo ; un hombre de 
pié apenas alcanzaba la altura del lomo. 

El público le veia, le acariciaba y pagaba con gusto sus 
entradas : el dia menos pensado, el borrego se soltó relin- 
chando (el borrego era un caballo con lana sobrepuesta y 
pintorreado) .... pero esto, lejos de disminuir, acreció la re- 
putación y la fortuna de Barrum. 

En Paris, me contaba J. J. Baz, -habia un caballero por el 
estilo, llamado Mayard, de extraordinaria celebridad. 

Este hombre pretendía sincerarse á menudo de la nota 
de charlatán con que se le pretendía agobiar. 

— Todos me dicen charlatán, clamaba, y nadie se fija en 
la magia del lápiz de Mayard. 

Y diciendo y haciendo, sacaba de su bolsillo un lápiz co- 
mo una tranca ; con una navaja como un alfanje le tiraba un 
par de tajos, y caten vdes. el lápiz cortado como en una 
máquina. 



Il6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— Este lápiz no es común, repetía: ¿vdes. han visto cosa 
semejante ? 

Y clavaba el lápiz en un tablón, como un puñal ; después, 
como distraído, hacia unos garabatos : era un engendro raro, 
unas rayas inconexas, un caos de líneas que todos veian ca- 
si con disgusto ; trazaba un rasgo sobre ellas, y aparecía un 
pájaro tan perfecto, que se creia iba á saltar, cantando, del 
tablón ; otras veces, entre esas líneas, dejaba caer como al 
acaso dos puntos y una raya, y saltaba haciendo muecas la 
caricatura de uno de los circunstantes, en medio de la risa 
universal. 

Mayard y Barrum se encontraron y fueron amigos. 

Le decia Mayard : . 

— ¿ Vd. ha repasado sus Memorias ? , Ve vd. todos los mo- 
dos de engañar que ha descubierto ? pues ya le enseñaré á 
vd. uno nuevo. 

Pasó el tiempo : Mayard desapareció de Paris ; u.n perió- 
dico, una vez, dio lo noticia de que estaba en África empe- 
ñado en una cacería de leones. Se describía su tren y su 
servidumbre. 

Un dia, el mundo de la curiosidad y la mentira amane- 
cieron de duelo .... Mayard habla muerto : habia luchado 
heroicamente con un león .... pero uno de sus acicates se 
enredó en unas yerbas, cayó, y aquello fué espantoso. 

Una tarde, entre los magníficos carruajes de la aristocra- 
cia, habia uno realmente deslumbrador ; lo guiaba una espe- 
cie de orangután, pero revestido de oro ; en el fondo se veia 
. un caballero saludado con entusiasmo por la multitud .... 
Era Mayard que habia refaccionado su crédito, haciéndose 
devorar por un león. 



GUILLERMO PRIETO 1 1/ 



Descendiendo en la escala del humbug, deben mencionar- 
se las medicinas milagrosas, raíces de la India, pildoras con 
extractos de hígados de serpiente, elíxires que contienen lá- 
grimas de pescados de cuatro pies, y cosas que ni con ca- 
lentura se discurren, ni los locos en sus extravíos imaginan. 
Por supuesto, las curaciones que operan, tienen certificados 
fehacientes y les han valido cruces y medallas á los autores. 
Entre estas medicinas ocupan lugar preferente las que repa- 
ran las fuerzas, y son el ensueño de los viejos verdes. 

Pero donde para mí encuentra el humbug su apogeo, es 
en dos cosas. 

Las ventas y combinaciones para rifas y loterías, y el hum- , 
bug de la oratoria. 

En cuanto al primero, habia un hombre una mañana en 
una encrucijada de la calle de Cidar, que la atraviesa otra 
ex abrupto y como cerrándola. El caballero estaba elegante- 
mente vestido y hablaba con la sencillez de un niño. Tenia 
á su frente caramelos, cajitas de cartón con anillitos y pie- 
dras falsas. 

El hombre, ya envolvía un caramelo, ya ponia en una ca- 
jita un billete de á veinticinco centavos. 

Confundido con otros caramelos, el del papel colectaba 
de á centavo para el que quisiera caramelo, y entre las ma- 
nos hacia la rifa .... Todos los circunstantes ganaban su 
caramelo .... y él decía : " Esto es dulce," y procedía á otra 
rifa : el público acudía, y en las cajitas se ponían grimbaks de 
á veinte pesos .... el juego era de lo más divertido : i lásti- 
ma que la policía no fuera de la misma opinión! 

En las calles se ve perorando en alto, en mangas de ca- 
misa, con un sorbete reluciente, un pañuelo enredado al cue- 



Il8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

lio, al rayo del sol, con una mesita al frente, un hombre que 
manotea, gesticula y dice cosas tremendas sobre las virtu- 
des de un jabón mágico que quita las manchas de los som- 
breros: de repente el sombrero más averiado de la concur- 
rencia está sobre la mesa : viene de no sé dónde, en alto, un 
vaso de agua ; se lava el sombrero, se exprime, reaparece 
como nuevo ; la gente aplaude y se venden aquellos peda- 
zos de jabón, que es un juicio. Ya vimos en Orleans á uno 
de estos prestidigitadores. 

En medio de una plaza se ve á un joven moreno, de mi- 
rada escrutadora, con una jaulita de canarios al frente ; entre 
los alambres de la jaula hay tiritas de papel de distintos co- 
lores ; el confidente del canario explica con los colores, que 
el canario responde á la buena y á la mala fortuna, y siguen 
las consultas. 

En una plaza de Orleans, como hemos visto, noche á no- 
che, entre hachones, aparecia un pizarrón para explicarse un 
método de contabilidad que era el asombro del mundo: des- 
pués se vendian los libritos. 

En un quicio de puerta, al frente de una mesita, se ve un 
hombre como probando unas plumas ; se tiene la pluma en- 
tre las manos, se humedece en un vaso de agua, se escri- 
be ... . y aquello es lindo : se ven pintiparadas las letras co- 
mo si las hubiera parido el mejor tintero .... Va vd. á su 

casa, quiere hacer la propia operación .... escribe vd 

y ve vd. después el papel como la madre lo parió .... como 
si nunca le hubieran puesto la mano encima. Hay muchas 
de estas plumas que surten excelente efecto. 

Una mañana, al vestirme, noté la deserción de dos boto- 
nes de mi pantalón ; me resolví á que entrase en campaña 



GUÍLLERMO PRIETO II9 



mi ineptitud para la costura, y aquel fué tragin: me hice cri- 
ba los dedos, pujé, bufé, grité .... y me entregué á la de- 
sesperación. Pero la costura no fué para mí tan laboriosa ni 
humillapte, como la ensartada de la aguja .... aquella pos- 
tura de cazador, aquellos gestos contra la ventana, aquella 
desviación del hilo que se parecía á la burla, me tenian hu- 
millado .... 

Salí á la calle, de pésimo humor : á la espalda del Cor- 
reo habia frente á una mesita un viejo cano, fresco, alegre, 
bien vestido, de ojos grandes y dentadura blanca, con un 
carrete de hilo en la mano ; hablaba tan sabroso, que tal me 
parecia castellano lo que hablaba : un inmenso círculo de 
gente le oia con verdadera complacencia. El mostraba su 
carrete que remataba en un aparato de estaño .... aquella 
era una maquinita de ensartar agujas : ni Cristóbal Colon se 
sintió más grande con su descubrimiento, que yo con el 
mió. 

Hablando, hablando, aquel genio y aquel bienhechor mió, 
ensartaba agujas como quien traga anises. Yo estaba en- 
cantado : compré mi carrete en diez centavos, compré otro 
y otro, y hubiera querido traspasar su puesto al vendedor. . . . 
volví al hotel triunfante .... A Francisco le saqué conver- 
sación, de modo que me viese ensartar una aguja él que me 

habia burlado en la mañana aquello era el imposible .... 

aquella treta hacia más difícil la operación que con los me- 
dios comunes .... muchas agujas eran alambres de acero 
sin ojos. . . . Riendo me decia Francisca: 

— ¿No querías saber lo que es httmbugf . . . . Hay tam- 
bién maquinitas verdaderas que surten ese efecto. 

Es común ver en las noches, en una banqueta, un teles- 



120 VIAJE A LOS ESTADOS-ZUÑIDOS 

copio, y á SU lado una persona grave dando un curso de 
astronomía, como no lo hubiera hecho el mismo Arago ó 
Flammarion. 

Más adelante pondremos á los ojos de nuestros, lecto- 
res anuncios que pueden pasar como tipos en materia de 
humbug. 

La siguiente es una parodia del estilo yankee, tomada 
del Asmodeus, libro de crítica que se ha hecho muy raro, y 
del que no me ha parecido conveniente dar idea en estos 
Viajes. 

Se trata de vender las acciones de una mina de leche, 
mantequilla y miel : 



¡ATENCIÓN! 

Nuestros prodigios no cesan jamás ! Poseemos minas capaces de redi- 
mir en un dia las deudas de todos los gobiernos de la tierra, inclusa la 
de los Estados-Unidos ! Las Montañas Rocallosas tienen plata para que 
se forjen de sus desperdicios rieles que unan al Atlántico con el Pacífico. 

Trabajamos á la luz saludable del sol montañas inagotables de carbón 
que no tienen rival en cualidad y de las que son tributarias, á su despe- 
cho, las miserables naciones de Europa, porque ellas tienen que descen- 
der á veces por ese precioso combustible al lecho del Océano. Para pro- 
veer á nuestras- grandes ciudades de una luz más dulce y económica que 
la del dia, solo tenemos que abrir unos cuantos hoyos en dos ó tres de 
nuestros Estados; pero, ¡ oh prodigio ! ¡ oh asombro ! hoy anunciamos un 
descubrimiento que excede á las más estupendas creaciones de nuestros 
novelistas modernos y á los más inverosímiles milagros de las Mil y una 
noches! 

Varios trabajadores, al trozar una loma en el Estado de Hu?nbuggia, 
para ponerlo en relación con las otras estrellas del firmamento america- 
no, descubrieron con sorpresa extrema un pozo que brotaba leche de e$- 



GUILLERMO PRIETO 121 



quisito aroma y sabor. El estupendo fenómeno fué explicado cuando, 
profundizando el pozo, llegaron á inmensos depósitos de mantequilla y 
miel petrificadas. 

Depósitos semejantes, que parecen haber permanecido en el estado que 
se hallan, por siglos de siglos, han conservado á los preciosos artículos 
que denunciamos, su sabor primitivo. La leche y la mantequilla, lo mis- 
mo que la miel, después de expuestos unos minutos á la luz, se coloran 
suavemente de un tinte dorado, que les hace muy agradables á la vista. 
El eminente profesor Sillyman ha extendido un luminoso Informe de 
este prodigioso descubrimiento; Informe aprobado por una Sociedad 
de geólogos y otros sabios ilustres, que han acudido de los más remotos 
puntos del globo á este privilegiado Estado de la Union. En el Informe 
se demuestra, á la luz meridiana, que esos inagotables depósitos se deben 
( salvo los errores á que puede induéir la falta de datos tratándose de fe- 
chas tan prolongadas ), á una raza de hombres y animales de estupenda 
pujanza, probablemente gigantes, que habitaron antes aquellas regiones. 
Los grandes banqueros Gulling y C- han examinado los pormenores to- 
dos de la empresa, suscribiéndose con cuarenta y cinco mil pesos cada 
uno para la explotación, organizándose en Compañía ( conforme á las le- 
yes del Estado), y dando vida á esta riqueza con que nos ha querido do- 

'• tar la bienhechora mano de la Providencia. 

I Los mismos banqueros han permitido, á instancias de multitud de per- 
sonas, que se pongan en venta cuarenta mil acciones de á cincuenta mil 
pesos cada una. 

La suscricion al fondo de la "Compañía de leche condensada, miel y 
mantequilla," se abre hoy á medio dia, en el despacho de la oficina. que 
se menciona, con la firma irreprochable que se ha dicho. 

( Traducción libre ). 



Copiemos ahora el anuncio verdadero de un Museo Ana- 
tómico, que no es el que describimos en nuestras páginas 



anteriores : 

Tomo III. l6 



122 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS ' 

SE ABRIRÁ 

EL 4 DE JULIO DE 1877 

MUSEO 

DE 

anatomía, ciencias y aetes 

EN TOBO su DESARROLLO 

FIGURAS DE HOMBRE Y DE MUJER 

DISECADAS EN CADA UNA DE SUS PASTES 
I 

Un mundo de secretos descubiertos. 

Una mina explorada de riqueza anatómica. 
Una fuente rebosando en bellezas. 

Excursiones por un mundo misterioso. 

Revelación singular de las formas humanas, 
Con ejercicios de su complicado mecanismo. 

OBRAS MAESTRAS DEL PODER CREADOR 

LAS SORPRENDENTES MARAVILLAS DE TODAS LAS EXISTENCIAS 

LA ESTRUCTURA HUMANA 

Su acción oculta, su organismo secreto rcTelaüo por la mano ;? 
de la ciencia y la destreza del genio. 

Anatomía de la abeja, J 

Del buey, del caballo, 1 

De las flores vegetales, i 

Y diez mil curiosidades m.ás, que constitu- » 

y en este Museo en único en su género. | 



GUILLERMO PRIETO 1 23 



Para concluir esta parte de nuestra charla, copiaremos al- 
gunos avisos de la Gaceta Matrimonial. Es de advertir que 
los avisos los redactan los mismos interesados : 

UNA señora viuda, de cuarenta años, sin estorbos, " de buena pre- 
sencia, bien relacionada y con una renta moderada, desearía abrir cor- 
respondencia con un caballero como de cincuenta años, con miras de 
matrimonio. • 



UNA muchacha trabajadora, de diez y ocho años de edad, que gana 
diez pesos semanarios, quisiera casarse con un joven que trabaje con re- 
gularidad, y que ni fume ni beba con exceso. 



UN caballero inglés, de edad de cuarenta años, buena familia, no ma- 
la presencia, moreno, de buen natural y corazón ardiente, quisiera casar- 
se con una joven de menos de treinta años. 



UN clérigo de edad de treinta y cinco años, con elevadas relaciones, 
buena casa y comodidades, desea entablar relaciones para casarse con una 
joven bien educada. • 



MARIANA, de edad de cuarenta años, representa diez menos, bien 
educada, de mediana estatura, morena, bien parecida, amable, de cora- 

í*l Los estorbos son los hijos. 



fe. 



124 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

> — 

zon ardiente y disposición amante, con una pequeña propiedad y resi- 
dencia en Albany, desea corresponderse con un caballero de buenas pro- 
porciones y no enteramente viejo, con mira de casarse. 



UN clérigo, que es á la vez maestro de escuela en un pueblo de Pen- 
sylvania, alto y moreno, desea correspondencia con una señora pasable, 
de algunas proporciones. No se desecharía una viuda sin hijos. 



UNA joven rubia, muy inclinada al matrimonio, desea contraer cono- 
cimiento con un caballero de honor, que le preste un auxilio moderado. 



SOY un mecánico de treinta y tres años de edad, grueso, pero bien 
formado, americano d*e nacimiento, tengo deseos de saber las señas de 
alguna buena muchacha de juicio que desee tener su casita propia. Que 
no pierden su tiempo conmigo las muchachas de moda. 



LA hija de un clérigo, de edad de veinticinco años, morena, bonita, 
muy viva, muy cariñosa y bien educada, desea una correspondencia, con 
objeto de casarse.,. . . luego que mueran sus padres, tendrá una fortuna 
considerable.- Está lista para marchar á cualquiera de los Estados de la 
Union. 



GUILLERMO PRIETO 1 25 



TEMPUS FUG-IT. — Muchachas hermosas, la que de vosotras quiera 
un marido de poco más de treinta y cinco años, de carácter alegre, y 
fuerte como un buey, con tal que la que pretenda no sea muy afecta á 
vivirse en la calle, puede dirigirse con su retrato al editor de este perió- 
dico, quien tiene instrucciones. 



El Herald, hace pocos dias anunció unos matrimonios por 
rifa, de chuparse los dedos. 

En cuanto á los avisos del Mercurio, los hay tan pecami- 
nosos, que nos ha sido materialmente imposible hacer la 
traducción de ellos. 



VIII 



Establecimiento tipográfico y librería. — Appletoi\. — Libre- 
ría. — Varias oficinas. — Mr. Veillet. — Periódicos. — Su ca- 
rácter. — El I^eporter. — Periódicos i\otables. 



EL establecimiento tipográfico y de librería, que lleva 
como un timbre de honor el nombre de Appleton, 
tiene, con justicia, celebridad universal ; nadie desconoce su 
influencia bienhechora en la civilización del Nuevo-Mundo, 
y todo americano se vuelve reconocido hacia una fuente de 
instrucción que recuerda desde' los planteles de la niñez. 

Es la casa de Appleton un modelo en que están herma- 
nadas sabiamente la especulación y la beneficencia. 

La librería y el gran despacho de los negocios están ubi- 
cados en la calle de Broadway, y de su suntuoso edificio de 
fierro hay numerosos trasuntos en publicaciones pintorescas. 

Tiene el edificio la extensión de una de las que llamamos 



1.28 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

nosotros cabeceras, y un ancho de veinticinco varas, siendo 
de esa extensión los salones superpuestos ó pisos de que se 
compone el edificio. 

Mesas, mostradores y escritorios, están perfectamente dis- 
tribuidos en el salón central, las alturas y el almacén sub- 
terráneo en que se hace propiamente el despacho. 

Penetra la luz al interior de los salones todos por un es- 
pacioso tragaluz cuadi*ado, bajo el cual ascienden las escale- 
ras formando balaustrados y puentes, que le dan aspecto 
grandioso y bello al conjunto. 

Cientos de miles de volúmenes se ven en mesas y en es- 
tantes, y como de un manantial, de allí afluyen, á las ame- 
ricanas regiones esencialmente, las primeras semillas del sa- 
ber humano, con sorprendente profusión. 

La imprenta, la encuademación de libros y la fundición 
de tipos, está situada en Broklyn, donde se dignó llevarme 
Mr. Veillet, dependiente de la casa de Appleton, autor de 
varias obras, y persona con quien en México tuve el honor 
de contraer relaciones. 

La fábrica emplea más de quinientos obreros de ambos se- 
xos en sus diversos departamentos, distribuidos en la man- 
zana que ocupa el edificio, que consta de varios pisos con- 
sus hileras de ventanas, como otros muchos que ya cono- 
cemos. 

No me detendré en la descripción de cada departamento, 
porque se trata de una industria muy conocida y adelantada 
en México: mencionaré lo que me llamó la atención, presu- 
miendo que para alguno pueda tener novedad. 

A la entrada de la imprenta me detuve á examinar una 
máquina de secar papel después de hecha la impresión. 



VIAJE DE FIDEL. 




\ 



Luis Felipe Manlilla. 



£^r. /V. ^A\fAA;r^A4£?<ico 



I 



GUILLERMO PRIETO 1 29 



Compónese de un cilindro que encierra el calor, y que 
orea el pliego colocado debajo en unas cuerdas que le sos- 
tienen. Cuando entra el papel, está completamente húme- 
do : cuandcK sale se puede encuadernar. Yo no sé cómo no 
se ha hecho aplicación semejante para los periódicos en Mé- 
xico, donde pagan el porte por peso ; la máquina produciría 
un ahorro de mucha consideración. Las prensas hidráulicas 
colocadas en esa sección del departamento, son de gran po- 
tencia, y en ellas solas está invertido un gran capital. 

Las prensas de impresión son treinta y seis, que están en 
perpetuo movimiento, y preside á todas ellas la prensa en que 
se coloca la planta para hacer el tiro y la vuelta de una vez. 
Esto es, la planta cilindrica que se ve con justicia como un 
gran descubrimiento. 

Los procedimientos en el trabajo de prensistas y cajistas, 
son como los nuestros. 

La oficina en que se estereotipan las plantas, ofrece inte- 
rés por ser poco conocidas en México sus labores. 

La planta estereotípica ofrece inmensas ventajas para su 
uso, á más de la baratura por el ahorro de manos. En pri- 
mer lugar la celeridad, porque se pudieran tirar en varias 
prensas las mismas plantas, centuplicando los tiros : en se • 
gundo el ahorro, porque la letra se destruirla muy pronto 
donde se tiran muchos ejemplares : en tercer lugar, la con- 
servación de la planta por años enteros, sin temor alguno 
de que se empastele. 

Después de formada la planta y colocada en su cuadro de 
fierro, se vierte sobre ella cera derretida y se deja enfriar ; 
al enfriarse la cera, conserva los más imperceptibles acci- 
dentes de la plancha. Entonces se sumerge en el baño gal- 
Tono lu. 17 



130 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

vánico, y á muy poco tiempo una lámina de cobre flexible 
tiene la impresión en relieve : se adapta con sumo cuidado 
á láminas de acero, y éstas se pulen y cepillan en varias 
máquinas de pujanza poderosísima y quedan aptas para la 
impresión, guardándose después las planchas para todas las 
impresiones que se quiera. Se calcula en cerca de quince 
millones de pesos el valor de las plantas que tiene en alma- 
cenes la casa de Appleton. 

Por ese medio se tira solo de libros de deletreo, anual- 
mente, un millón de ejemplares. 

La oficina de encuademación está servida en su totalidad 
por señoritas, en las que se admira la delicadeza y compos- 
tura, tanto como la destreza én el trabajo. 

De esa oficina salen esos dorados como bruñidos espejos, 
esos relieves del cincel, esas pastas que hacen de las edicio- 
nes de Appleton objetos artísticos de merecida nombradía. 

La máquina de cortar papel es un triángulo de acero gi- 
ratorio, que sin mover el papel, practica el recorte con más 
celeridad y perfección que las máquinas de que nosotros 
nos servimos. 

Hay máquinas de varias clases para plegar, y de alguna 
ya hablamos al visitar las prensas del Evening Pos¿. En 
cuanto á las de coser cuadernos, las máquinas son muy 
sencillas y de fecundos resultados. 

Las más de esas máquinas son variaciones de la máquina 
de coser común. Sin embargo, es digna de mencionarse una 
en que la costura se hace con hilo de alambre y se adapta 
á los lomos resistentes de algunos libros. 

Al fin de uno de los salones del departamento de encua- 
demación, hay una especie de escondrijo con un estanqueci- 



GUILLERMO PRIETO 1 3 1 



to de agua sucia, que tiene ollas de pintura á los lados. Allí 
se hace el papel jaspeado y se jaspean los cantos de los li'- 
bros. El artesano encargado de este trabajo, es un hombre 
seco como un bacalao, rubio y desdentado, de dedos largos 
y una fisonomía como de pájaro. 

La agua que contiene el estanquecito está preparada con 
goma y no sé qué otros ingredientes. Sobre la tersa super- 
ficie de aquella agua, sacude sus brochas con pintura el ar- 
tesano, quedando sobrenadando gotas azules, amarillas, ver- 
des y rojas, blancas y de los colores que se quieren combi- 
nar : después de esta operación, se pasan unos peines sobre 
el agua, y con el extremo de la brocha queda hecho el jas- 
pe ; entonces se sumerge de canto el libro y se imprimen 
esos dibujos caprichosos, esos mosaicos de colores que tie- 
nen hermosura especial en algunas ediciones de Appleton, 

El orden y el silencio que reina en todos los salones, la 
exquisita combinación de la economía con la hermosura de 
las ediciones, hacen de aquella fábrica un objeto de estudio. 

Muchas de las ediciones que publica la casa son pintores- 
cas ; y allí se ven esas ediciones tersas que encantan ; esos 
grabados que compiten con los prodigios del buril inglés ; y 
esas impresiones de dos y más tintas, que hacen de cada 
mapa un dechado de pureza de ejecución. 

A mí me desesperaba considerar la baratura increíble que 
se podría alcanzar en estos libros de educación, y que no se 
logrará nunca, mientras no se ponga el papel libre de todo 
derecho. 

¿Cómo es que se quiere proteger una industria que no 
tiene elemento ninguno de vida propio? ¿Cómo se ama el 
trabajo, y el resorte que lo hace más fecundo, que es la ins>- 



132 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



truccion, se -encarece y escasea? Los libros que se dan aquí 
por diez centavos, en México sacan un costo de cincuenta. 
¿ Cómo es posible marchar con estos obstáculos, que cria la 
barbarie y se respetan, en el camino de la civilización ? 

De todas las manifestaciones estúpidas que tiene en Mé- 
xico la protección de la industria, ninguna me parece más 
censurable que la que da por resultado la carestía del papel. 

El Sr. Veillet todo me lo explicaba con suma paciencia y 
bondad, haciendo en todo observaciones oportunas y deján- 
dome muy sinceramente agradecido á sus finezas. 

— Ya que he leido á vd. mis apuntaciones en la casa de 
Appleton, dije á mi amado amigo P. de León, quisiera me 
dijese vd., á quien creo muy competente, lo que hay sobre 
periódicos ; porque venir á los Estados-Unidos y no hablar 
de periódicos, es ir al mar sin quererse acordar del agua. 

— Los periódicos políticos me dijo, ven como muy en se- 
gundo término su parte literaria ; de suerte que, por esa cau- 
sa, llaman la atención los intervalos lúcidos del World y del 
Times, las crónicas científicas de La Tribuna y las noticias 
bibliográficas del Herald. 

Cada periódico lleva en alto la bandera de su creencia, 
sin embozo y sin inconsecuencias generalmente. Los perió- 
dicos tránsfugas son desconocidos. Pero como en las cues- 
tiones administrativas, así como las de interés personal, ca- 
ben opiniones diferentes, á cada momento hay antagonismo 
y contradicciones que pasan muy orondas, sin que nadie 
las note, ó que arman gazapelas domésticas que son una de- 
licia. 

El periódico tiene marcada independencia entre la parte 
de redacción y la financiera. 



GUILLERMO PRIETO 



En esta parte financiera, los periódicos, generalmente ha- 
blando, son empresas con administración especial ordenada 
á estilo de comercio. 

La redacción se subdivide en secciones, en que figura 
la editorial, el repórter , el bokejnian, etc. 

Hay aun fracciones en la primera parte, encargadas de 
tales países ó de tales materias, sin confundirse y atendien- 
do cada cual á su asunto. 

El repórter es el cazador de noticias, el pescador de chis- 
mes, el cortejo del escándalo ; está en la fiesta, se ingiere en 
el duelo, se escurre en el bar-^oom, danza en el salón, reza 
en la iglesia y se muestra compungido en el cementerio. 

Hacer el corretaje de lo increíble, de lo imposible, es su 
triunfo : él es el que dice un dia que se ha dado dirección á 
los globos, que se ha destruido el Niágara, que fué mentira 
la muerte de Napoleón, que el Papa está casado en secre- 
to ; y como aquí la publicidad es el todo, el repórter es- el 
clarín y el aviso, el tambor y el toque de fuego. 

El repórter no es un hombre vulgar : al abordar á un alto 
personaje ; al iniciarse en una querella ; al terciar en un ga- 
lanteo, tiene que mostrar instrucción, cortesía y flexibilidad 
suma de carácter. 

La audacia es el elemento del repórter; pero esta audacia 
seria infecunda, si no fuera acompañada de otras prendas. 
Entre los reportera hay personas muy decentes, listas para 
todo servicio, lo mismo aquí, que en China ó en el Polo. 

Un repórter del Herald se fingió loca, se hizo conducir al 
asilo de Blakwel Island, y salió á escribir sobre los abusos 
cometidos con los locos, atestiguándolos con su propia ex- 
periencia. 



134 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El bohemian es la cria del repórter, su pimpollo. Escribe, 
y le pagan lo que escribe, si agrada. 

La parte financiera del periódico no se entiende por sus- 
critores sino por agencias. Hace la administración su distri- 
bución en grande, y éstas subdividen el reparto. 

En todas las calles, en las plazas, en el interior de los bar- 
cos, la agencia se hace sentir, y el muchacho vendedor ha 
elevado al rango de industria la venta de periódicos. 

Los avisos constituyen la sección más lucrativa del perió- 
dico, y algunas de estas oficinas, en lo general, tienen suma 
importancia. Esto explica la mucha baratura de los periódi- 
cos. El Herald perdería diriero sin ese recurso que, como 
hemos dicho, llega á diez mil. pesos diarios. 

En materia de administraciones, hay una que es una per- 
la, que vale un ojo de la cara. 

Nos referimos á la Gaceta Matrimonial, periódico sema- 
nario consagrado á la agencia de matrimonios y procurar la 
felicidad conyugal. Algunas de las reglas de la publicación 
merecen estar escritas en mármoles y bronces. Son el chis- 
me y el corretaje del amor, en su quinta esencia de desfa- 
chatez y de insolencia. 

Dicen así las más notables: 

"En cada aviso debe citarse la edad y la posición que el inte- 
resado tiene en la vida; también debe hacer el interesado ó in-. 
teresada su descripción, y decir si desea ó no correspondencia." 

"Cuando una señorita ó caballero deseen entablar correspon- 
dencia, dirijan sus nombres ( muy confidencialmente ) al editor, 
como una garantía de buenas intenciones. Se entiende que los 
nombres en ningún caso se publicarán." 



GUILLERMO PRIETO 1 35 



''El editor no es responsable de las promesas de los avisos ni 
de sus particularidades." 

"El editor recibe consultas pagándole por separado." 



Ya ven mis lectores que el corretaje de amor se ha lleva- 
do al más alto punto en este pueblo gigante .... 

Y aunque parezca divagación, diré, insistiendo en las li- 
bertades que se toma la prensa, que acabo de hacer conoci- 
miento con otros dos periódicos que no le van en zaga á la 
Gaceta Matrimonial: uno es El Tiempo y semanario ; el otro 
La (baceta de policía: en este último, que es con estampas, 
las 'representaciones de algunas escenas de la vida íntima 
son tan al vivo, que apenas las cubre un velo mucho menos 
espeso que la hoja de higuera. 

Por fortuna, esa embriaguez de despropósitos la corrige el 
estado general de la instrucción : así, pues, la prensa es in- 
fluyente cuando atina con la fórmula del buen sentido, y es 
de todo punto insignificante, cuando deja traslucir miras pri- 
vadas ó esfuerzos por torcer las opiniones. 

— Por lo demás, me decía mi amigo, oiga vd. las califica- 
ciones de los principales periódicos: 

El Evermig Post. — Periódico independiente, republicano, 
paladín del libre cambio. Lo redactan Bryant, Pakari God- 
wín y otros hombres honorables. 

El Herald. — Lo redactan muchos, sin responsabilidad es- 
pecial. 

El Sim. — Periódico contrario al partido que aquí se llama 



136 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

* ■ « • 

republicano. Lo redacta Dana, hombre muy notable como 
escritor y muy bien aceptado entre las personas de valer. 

El Sr. Dana es hombre independiente, incapaz de vender 
sus opiniones por ningún dinero ; aunque, según sus adver- 
sarios, es muy apasionado. 

El World. — Demócrata. 

The Trebune. — Republicano. Fué el periódico estableci- 
do y dirigido por Greely. Este periódico ha perdido mucho 
de su antigua reputación de independencia. 

Haciendo un resumen del Directorio de periódicos que 
se acaba de publicar, resultan en los Estados- Unidos : 

738 — periódicos diarios. 

70 — tres veces por semana. , ♦ 

121-^dos veces por semana. 
6,235 — semanales. 

33-r— cada dos semanas. 
105 — quincenales. 
747 — mensuales. 

13— bimestrales. 

6y — trimestrales. 



8,129. — Total: que son, 1.308,459 publicaciones cada año, 
de las que se tiran millares de ejemplares. 



CONDICIONES DE LA SUSCRICÍOH. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4"^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA CU los EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Águilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

JT. M. Aí/tftla?' y Ortiz, 

Administrador. 






V lAJE 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



Unirega jVmn. 50. 



MÉXICO. 
Imprenta del Coinercio, de r)\a"blan y Chavez. 

CALLE DH CORDOBANES NUM. 8. 
ISTS. 



IX 



Castle Garden. — Su liistoria. — Su estado actual. — Coloi\iza- 
cioi\. — Inmigración, — Foi\da y nevería de Bigot. — Otra 
vez la Colonización.. — Venta de tierras. — El Ministro 
Sl\urtz. — Instruccion.es. — D. Andrés Az^ar. — New- York 
del lado del Este. — Bancos. — Sociedades de seguros. — 
Woll Street. — Operacior\es de Barbeo. — Clearing-l\ouse. 
— Cajas de ahorros. — Edificios de la Aduai\a. — La Teso- 
rería. 



DESDE el dia de mi laborioso ascenso á la torre de la 
Trinidad, al describir la bahía, quise detenerme en 
la pintura de una masa de piedra circular que como que lle- 
ga á tierra y parece aún flotando sobre las aguas. 

La rotonda á que me refiero, como es una construcción 
única en su clase, se singulariza extraordinariamente, y por 
lo primero que se pregunta es por Castle Garden. 

En los alrededores de ese edificio estuvo en un tiempo la 

Tomo III. l8 



138 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

insegura muralla que cenia y resguardaba la desconocida 
isla de Manhatíam. 

Allí paseaban fumando sus pipas los gravedosos holande- 
ses, admirando las piezas de á treinta y dos, que era enton- 
ces como la última palabra del arte de la guerra. 

Corrieron los tiempos : el prado en que se solazaban los 
ganados primitivamente y después pasearon los hombres, 
comenzó á poblarse, y un dia, dejando su .aspecto marcial, 
se trasformó la insuficiente fortaleza en el templo de Apolo, 
y aquello fué un primor. 

La Jenny Lind, Mario, la Grisi sobre todos, regaron con 
sus conciertos populares el aroma delicioso del buen gusto 
desde aquel sitio ; pero hostigado al fin el padre Apolo de 
los calores, de los mosquitos y de cada ventisco que lo te- 
nia sin sacar las narices por semanas enteras, abandonó su 
templo y lo ocuparon los primeros que llegaban á tierra. 
De este modo la coraza de Marte y la lira de Apolo, fue- 
ron suplantados por el bastón y el saco de viaje del emi- 
grante. 

Ni por esas levantó cabeza Caslle Garden : quedaron si- 
lenciosos sus muros, la basura le vistió como harapos de 
miseria, y la soledad se sentó, como Job, casi á maldecir el 
dia en que el castillo vio la luz. 

Un dia, al fin, sonó la hora de la resurrección, se barrie- 
ron las basuras, se trazaron verjeles, se abrieron amplias ca- 
lles, brotaron del suelo árboles de pomposo follaje y frescas 
sombras, y Castle Garden, afeitado, vestido de limpio, ale- 
gre y con sombrero en mano, se adelantó á la orilla del mar 
á recibir á los emigrantes, como persona que sabe hacer 
con toda pulcritud los honores de la casa. 



GUILLERMO PRIETO 1 39 



Hoy Castle Carden es una 'oficina anexa á las empresas 
de colonización. 

Pero el parque lindísimo á que afluyen las avenidas todas, 
como un receptáculo de muchas aguas, para distribuirse en 
los muchos muelles que conducen al mar y son como pór- 
ticos de la bahía, y el parque contiguo á la batería que le 
sigue, sin más división que una calle, son bellos de belle- 
za indescribible. Colocado el espectador al extremo y prin- 
cipio á la vez de la calle de Broadway, se encuentra al fren- 
te de un inspirado panorama. A su frente, y por entre las 
tupidas ramas de los árboles, se perciben las grandes calzadas 
con sus orlas de asientos y los prados en que los niños jue- 
gan, entre el tragin de carros, ómnibus y wagones. Si le- 
vanta la vista el espectador, casi le espanta ver atravesar 
fantásticos, perderse entre las copas de los árboles y desapa- 
recer, los trenes del ferrocarril elevado sobre sus arcos, por 
donde cruzan los carruajes y entre cuyos ojos se descubre el 
mar con sus navios, su bosque de mástiles, sus mil banderas 
agitándose, como si fueran congregadas á un festín divino 
todas las naciones del globo. 

El rodar de los trenes y carros, los mugidos del vapor, los 
gritos del hombre, las explosiones de alegría del niño, todo 
se escucha, y se ve un todo en que los colores y las formas, 
y la luz, y el aire, se funden para producir sensaciones des- 
conocidas é inexplicables. 

Y aquella sensación la nutrimos, porque vive en nos- 
otros y nosotros vivimos de ella en comunión deliciosa, co- 
mo se agita la última hoja del árbol con una brisa pura, como 
se refrigera el último de nuestros poros en un baño volup- 
tuoso. 



140 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Castle Garden está ceñido de una pared exterior como 
una faja. Su entrada ve al Este. 

Atravesamos un patio estrecho, penetramos por encruci- 
jadas y salones en que habia gente escribiendo, y desde una 
puerta que da á una empinada escalera, pudimos abrazar la 
inmensa sala circular, cuyo exterior llama tanto la atención 
del viajero. 

El salón tiene el aspecto de una inmensa plaza de gallos, 
sin circo ó estadio en el centro. Al Oriente y al Occidente 
hay puertas : la una da á los parques por donde llegamos ; 
la otra al muelle en que desembarcan los emigrantes y tiene 
al lado las oficinas de la Aduana. 

Al frente de la comunicación de tierra hay oficinas tele- 
gráficas y de despachos de ferrocarriles, unidas á un gran 
mostrador de muchas varas en forma de martillo, que es el 
despacho de los emigrantes. Frente al mostrador hay una 
cantina y á su inmediación bancas. 

Cruzan las alturas las cañerías del gas. El muelle es un 
tablado que toca en las pías, bajo una sombra de lona que 
protege á los empleados y á los amigos de los viajeros. Es- 
tos, á su entrada al edificio, toman á la izquierda y la puer- 
ta se cierra, quedando como toril la parte interior del edifi- 
cio, y sin comunicación los que están con los que llegan, 
hasta que no han llenado todas las formalidades del desem- 
barque. 

Yo me quedé mucho tiempo en el muelle, esperando la 
llegada de unos Mormones. Era de verse y trabar conoci- 
miento con esos chicos, á quienes toca la fortuna ó desdicha 
de tener cinco hembras por barba. 

Muchos participaban de mi curiosidad. Esperamos en 



GUILLERMO PRIETO I4I 



vano. En vez de Mormones llegaron unos cientos de aus- 
tríacos. 

Era aquel un enjambre de rostros patibularios, y trapos 
y sombreros como llovidos sobre sus cuerpos. 

Casi todos traian consigo algún signo de su trabajo, como 
quien presenta ante todo su título social, y como quien no 
quiere desprenderse de su áncora de salvación. 

Una mujer, bajo su pañolón de lana, llevaba la parte su- 
perior de su máquina de coser ; aquel atleta medio azorado 
blandía su serrucho; la joven tímida tenia su cajita de pin-' 
turas ; aquel caravanista de cachucha de lienzo llevaba col- 
gado del brazo su violin ; aquella especie de bueyes de som- 
brero de fieltro eran labradores y ¡ oh nación feliz! ningu- 
no de aquellos llevaba negocito de papeles con el Gobierno ! 

La mayor parte de los emigrantes, luego que se inscri- 
bieron en el registro que estaba en un mostrador, pasaron 
á otro en que se expedían boletas de ferrocarril. 

La inmigración ha sido una de las causas más poderosas 
del engrandecimiento sorprendente de esta nación. 

Estímulo eficaz del trabajo, medio rápido de educación 
por el ejemplo, renovación perpetua de la savia popular y 
expresión la más pura de la riqueza, porque el hombre es 
una riqueza, sin duda la de más valía. Los americanos han 
prestado la más seria atención á está fuente de prosperidad 
nacional. 

La Irlanda con su opresión y su pobreza ; la Inglaterra 
con el cáncer de su pauperismo ; la Alemania con su despo- 
tismo militar, son las naciones que han dado más fecundas 
creces á la inmigración americana. 

La audacia y el espíritu aventurero del colono ; la desa- 



142 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

«■ ' ■ ~ 

parición de razas opresoras ; el espectáculo de colonos que 
llegaron en sus mismas condiciones y se encuentran en la 
cumbre de la fortuna, y participando del poder y el encuentro 
con gentes que poseen su idioma, tienen sus tradiciones y les 
abren paso para sü establecimiento, sobre todo las garantías 
que rodean sus personas y trabajo, incentivos son estos ca- 
paces por sí mismos de atraer al inmigrante ; pero, en mi 
juicio, hay otras causas que les sirven, á más de las enume- 
radas, de poderosos alicientes. 

La espectativa del ingreso á una sociedad en que pueden 
figurar en todos los círculos, sin otro título que la posición 
que se procuren ; una remuneración del trabajo que no al- 
canzarían en sus países, en que el salario es tan mezquino 
en relación con sus necesidades; un mercado próximo y 
abierto siempre á la realización del esfuerzo humano, y una 
facilidad suma de comunicarse con el suelo que los vio na- 
cer, son motivos, en mi juicio, que independientes del pá- 
bulo oficial, asimilan dia por día elementos á la nación que 
consolidan, y extienden su prosperidad. 

La sola inmigración irlandesa de 1846 á la fecha, se cal- 
cula en dos millones de almas. 

En 1869, llegaron de Alemania 132,537; 60,286 de la 
Gran Bretaña; 64,938 de Irlanda; 24,224 de Suecia; 20,918 
de la América Septentrional inglesa; 16,068 de Noruega; 
12,874 de China; 3,879 de Francia; 3,65o de Suiza; 3,649 
de Dinamarca. 

De estos inmigrantes fueron : 88,649 obreros; 28,096 la- 
bradores; 16,553 artesanos; 10, 265 sirvientes; 8,809 nier- 
caderes, etc., etc. 

La inmigración se ha verificado en los términos que va- 



GUILLERMO PRIETO I43 



mos á exponer, suponiendo un contingente en cualquiera de 
los años anteriores, de 345,837 emigrantes: 

Nueva-York 2^53)754 

Michigan 35,586 

Boston 23,294 

San Francisco I3j490 

Baltimore 1 1,202 

Portland 4,026 

Nueva Orleans 3,424 

Filadelfia i ,061 



345,837 



El reparto sigue invariablemente la proporción de la de- 
manda de brazos, y la facilidad del trasporte distribuye los 
elementos de vivificación donde son más necesarios. 

El pasado año fiscal disminuyeron en mucho los emi- 
grantes, atribuyéndose á repulsión por el mal estado de los 
negocios, que sufren indudablemente una crisis en su con- 
junto. 

La inmigración ha hecho tan sensibles sus beneficios, que 
un sentimiento unánime la acoge con benevolencia, porque 
realmente, con especialidad en Nueva-York, se arriba á un 
país de extranjeros ; pero los muchos que se encuentran en 
una misma situación, se buscan, se agrupan, se estrechan, 
revisten con la poesía de los recuerdos sus costumbres, se 
congregan al rededor del templo y se señalan como puntos 
luminosos en los paseos y en los teatros. 

La conveniencia de la especulación rodea al extranjero 
de medios de comunicarse ; en los establecimientos públicos 



¿44 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

se habla francés con generalidad ; los sirvientes que saben 
dos ó tres idiomas tienen más pingües salarios que los otros; 
en varias peluquerías y tiendas está escrito en letras muy 
perceptibles : Se habla español, y no es raro que al entrar 
uno en una tienda, le saluden con un buenas noches que lo 
deja frió, para dar á entender el comerciante que conoce el 
idioma de Cervantes. 

A pesar de la confusión descrita, por regla general, las 
mujeres y señoras europeas son las que reniegan más des- 
vergonzadamente á su nacionalidad. 

El trage largo y escurrido con profusa cola, el zapatazo 
con tacón agudo, el corsé tiránico, el gorrito retrechero, el 
portamoneda, el pañuelo abajo del cuadril en la bolsa espe- 
cial del túnico, la sombrilla, todos los adminículos son obje- 
to de su elección, y á los ocho dias ya le dice una europea, 
no inglesa, kandeschifer al pañuelo, guater al agua ; pero en 
esta apostasía de la patria, la vieja se señala con una desfa- 
chatez que enferma los nervios, y más la vieja de raza es- 
pañola. 

Es para ella tan inesperado el agasajo, le es tan extraña 
la compostura, el aprovechamiento de los despojos de su ol- 
vidada juventud le es tan simpático, que realmente se vuel- 
ve loca, se hace la mocozuela, se habilita de dientes en un 
decir "Jesús," se tiñe las canas en menos que canta un gallo, 
se afila las uñas, se da colorete, se planta un gorro como un 
morrión, y se alista á correr la tuna como una polluela de 
quince años, diciendo á todo : yes, entre toses y sonrisas. 

El hombre se obstina en sus hábitos, y si es español anda 
en el Parque ó en Broadway, lo propio que en cualquiera ca- 
He de Madrid ó de Sevilla, diciendo cada picardía que eriza 



GUILLERMO PRIETO I45 



los cabellos y sintiendo que todas aquellas ladies se conde- 
nen porque no conocen la gracia de Dios. 

El italiano que tiene el monopolio de las frutas, conserva 
su tipo mientras está en la miseria, vaga con su organito, 
sus arpas y violines, exhala sus cantos y riega á veces por 
estos mundos los suspiros de su lengua dulcísima. 

El chino suele atravesar también, deleitándose. Y el ale- 
mán perseverante, que es la araña de la mosca del yaiikee^ 
fuma su pipa y se ríe con sorna cuando ve que el yan- 
kee, muy de buena fé, lo cree sustituyendo al negro. 

La irlandesa sirvienta conserva también su tipo mientras 
no tiene un chico, señal infalible de que ya posee un mari- 
do, un capital y toda la gracia de San Patricio. 

La constante concurrencia de extranjeros, hace en Nue- 
va-York no solo muy difícil, sino casi imposible, el estudio de 
las costumbres americanas, entre otras cosas, porque no exis- 
ten tales costumbres : los mismos americanos que han viaja- 
do por Europa, y de éstos hay muchos, han modificado sus 
costumbres. 

Lo más característico en lo ostensible es la comida ame- 
ricana ; el escaso mantel ó mantel de hule, el ejército de 
platos, que de un tirón nos invaden con maíces, papas sin 
pelar, trozos de toro, cebollas, perejiles y rábanos, el pichel 
de la melaza, negreando de moscas, el jarrón con agua, del 
aspecto de un párvulo de cuatro años en camisa, y el movi- 
miento perpetuo del convoy que riega el vinagre, despolvorea 
pimienta como lumbre y tiene por escolta todo un botiquín 
de mostazas, pikles y salsas negras, confeccionadas con car- 
denillo y aguarrás. 

Ese es el plan a^nericano; pero en semejantes planes en- 

ToMO III. 19 



146 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

tran los obreros y hombres de negocios. Acaso se observan 
en el interior de las familias ; pero en la buena sociedad de 
viajeros, la Francia domina y la carte del testaurant es la 
biblia del estómago. 

Hé aquí hasta dónde hemos llegado partiendo desde la 
orilla del mar, ó como quien dice, desde Castle Garden has- 
ta Bigote que está bajo el suelo, sacando un ojo para ver 
Union Squafe. 

En este recinto agradable; al ruido de esa fuentecilla con 
pescados de colores ; viendo reproducida esta concurrencia 
con sus árboles y fuentes en el fondo, porque las paredes 
son como un solo espejo, sin accidente ni juntura visible ; 
en este recinto descansaremos, para volver á la tarea con 
el nuevo dia. 



— Bonita divagación has tenido, me decia Francisco esta 
mañana cuando le leí, como de costumbre, lo escrito el dia 
anterior : ¿ en qué quedó lo de la colonización ? 

— Te diré la verdad : como no estoy muy fuerte en la 
manera con que el Gobierno tiene reglamentado el nego- 
cio .. . .". . 

— Muy buen economista, que para todo busca al Gobier- 
no y el reglamento. 

—Pero, bueno, de alguna manera dirige el Gobierno la 
colonización. 

— Y vuelta con la manía de la educación española. Así 
te luces si juzgas á los Estados-Unidos. 

-^Hombre de Dios, algo ha de haber. 

— Sí, señor, hay reglas para la venta de tierras públicas, 



GUILLERMO PRIETO I47 



hay oficina de esa venta y hay agentes; pero nada sobre 
colonización á nuestra manera. 

— Me estás atarantando. ¿ Pues entonces, qué sucede? . . . 

— Sucede que en medio de las muchas inconsecuencias y 
contradicciones que tienen estos hombres en su gobierno, 
y no obstante ser los más suspicaces en la defensa de su na- 
cionalidad, al extranjero le llenan de consideraciones, le 
abren las puertas de los destinos públicos con poquísimas tra- 
bas, le garantizan en el interior plena libertad y seguridad 
completa para su persona y bienes, y esto es lo que da el 
Gobierno .... y no mas, ¿ entiendes ? libertad, seguridad y 
tierras baratas. 

— Hombre, pero yo he visto una que llaman aquí Homes- 
tead-Law, que trata de colonización. 

— No es cierto, mírala bien ; esa ley determina las condi- 
ciones que hay que llenar para adquirir tierras, y ni siquie- 
ra se refiere á los inmigrantes en particular. 

El Gobierno, es cierto, posee sobre cuatrocientos millones 
de acres en quince Estados de la Federación; en los terri- 
torios tendrá otro millón. 

De 1874 á 1875 se vendieron nueve millones de acres. 

El precio de las tierras es en lo general un peso veinti- 
cinco centavos por acre, y en las inmediaciones de los cami- 
nos de fierro dos pesos cincuenta centavos por acre. 

Pero, continuó Francisco, con la elocuencia natural que 
tiene cuando se exalta, no pierdas de vista que estos no usan 
jamás la palabra colonización; nada indica sumisión ni de- 
pendencia : el ingreso del extranjero es insensible y asegU; 
'rado por hechos positivos. 

Si emigra el extranjero á su país después de naturalizado 



148 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

y allí se le molesta, se le ampara como americano con toda 
la energía del poder nacional. Así sucedía cuando los ale- 
manes, huyendo de la conscripción de la guerra, vinieron y 
se naturalizaron: al regresar á su país se les quiso perseguir, 
y allí los amparó el poder americano. 

¿ Qué más ? Shurtz, el sabio ilustre, el orador eminente, 
el ministro del Interior hoy, ha llegado aquí como un fugi- 
tivo escapando como liberal á una cruel persecución. 

El menestral europeo que nació en una condición humil- 
de ; el agricultor que hizo brotar de la tierra regada con su 
sudor, los títulos que merecen la honradez y el trabajo, no 
puede alternar con la gente decente : se le despide de los 
salones aristocráticos, se le humilla, y solo por contadas ex- 
cepciones se le admite en el ejercicio del poder. 

Aquí, al llegar, se siente soberano ; á los seis meses se le 
llama á la elección : con la excepción única de la presiden- 
cia, puede figurar en todos los rangos de la administración ; 
y cuando después de seis meses en su pueblo, nota algo que 
le repugne, el municipio le abre las puertas, y puesto que pa- 
ga su agua, y su luz, y su empedrado, y su policía, están á 
su alcance los goces sociales, de una manera fácil y segura. 

Uno de los más poderosos elementos de verdadera gran- 
deza están en estás leyes, que para un americano son prác- 
ticas y convierten en la gran nacionalidad del mundo la na- 
cionalidad americana .... 

— Francisco, déjame por vida tuya enviar en deseo y apli- 
carme algunas docenas de azotes por estas leyes de coloni- 
zación, agencias, direcciones, folletos, colonias y toda esa 
multitud de supercherías de que todavía tenemos lleno el 
chirumen .... 



GUILLERMO PRIETO 1 49 



— Yo te he dicho ideas muy generales : si quieres estudiar 
la materia, lee á Chevalier (Cartas sobre los Estados-Uni- 
dos); lee Un Repórter, publicado en 1872, escrito por Young, 
ó por lo menos el Atlaidic Montly de Abril de 1872, en don- 
de hallarás verdadera instrucción. 

— Ya leeré todo eso ; pero aquí he indicado lo bastante 
para llamar la atención sobre la materia y para que no se 
duerman mis lectores. 



Y ya era tiempo que dejara la pluma, pues por segunda 
vez tocaba la piíerta Andrés Aznar, para llevarme á la parte 
baja de la ciudad, del lado del Este. 

Desde que se llega á City Hall se conoce que se ha to- 
cado, sin dejar Broadway, en una región de actividad suma: 
por millares acude la gente, rebosa en las banquetas, hormi- 
guea en las plazas y hierve entre carros, ómnibus, tilburjs, 
carrillos de mano y cuanto mueble rodante se ha inventado 
en esta bendita tierra. 

Gigantes edificios, ó mejor dicho, alcázares en que el cré- 
dito ejerce su poder mágico en Bancos, Sociedades y Com- 
pañías ; palacios en que se asienta dominante el cálculo para 
combatir la tempestad, contrariar el fuego y desarmar á la 
muerte de su saña destructura; y para hablar en plata. Ban- 
cos, Sociedades de seguros. Compañías de telégrafos, de 
ferrocarriles, de gas. Es decir, la especulación con la vida, 
con el viento, con la llama, con las ilusiones y con las espe- 
ranzas, y todo en acción ; de suerte que cruzan los aires viai* 
jeros por los elevadores, suben, bajan y se derraman de las 



150 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

escaleras y brotan de los bassements á incorporarse con los 
raudales que cruzan y se escurren por las bocacalles. 

Estas bocacalles, en la parte que recorríamos, llevan á 
calles tortuosas, desordenadas, de angostas banquetas y piso 
desigual, llenas de lodo y estorbos, interceptadas por carros 
y caballos, presentando fachadas, y torres, y aceras curvas y 
sesgas que forman verdaderos laberintos : allí se apiña aún 
más el gentío, y es una de empellones y codazos, que ma- 
gulla el cuerpo. 

En aquellos callejones, no obstante, continúan las tiendas 
deslumbradoras de riqueza : muebles, relojes, carros, joye- 
rías, ropa heclia, frutas y grandes almacenes de todas clases, 
haciendo sus enfardelamientos, sus cargas y descargas, en 
medio de la banqueta, sin cuidarse maldita la cosa de los 
transeúntes. 

— Esta es la calle de WoU : se compone.casi en su totali- 
dad de Bancos, me decia D. Andrés ; antiguamente, como 
vd^. sabe, se proclamaba la libertad de los Bancos ; es decir, 
que Perico el de los Palotes podia, si queria, sin satisfaccio- 
nes ni escrúpulos, poner su Banco y emitir sus billetes, ó sea 
papel moneda circulante, según el crédito ó la voluntad de 
la Compañía. 

Muchas veces una caja de fierro, un mostrador y unos 
cuantos libros, fué el capital del Banco, porque el resto del 
aparato lo daba la casa. Las quiebras se repitieron y el con- 
tagio de los desfalcos producía el pánico, ó como quien di- 
ce, el terror á las pérdidas, motivo de grandes trastornos. 

^ Ahora cada propietario ó Compañía deposita en el Go- 
.bierno una suma en papel que sirve de garantía á las ope- 
raciones del Banco, y tienen otras seguridades las transac- 



GUILLERMO PRIETO 1 5 I 



ciones. En cambio, los banqueros tienen mayor preponde- 
rancia, como que la concurrencia es menor. 

No obstante, puede calcularse en 300 millones de pesos 
el giro activo de los Bancos, lo que no es un grano de anís. 

Las mil transacciones se purifican y rectifican diariamen- 
te en la Casa de liquidación, que es exactamente como el 
Clearing-House de Londres. Es decir, casa en que á una 
hora dada, asisten los dependientes y cambian sus bonos, 
liquidando y pasando las sumas que uno da á la cuenta del 
que recibe, y vice versa, resultando cambios de muchos mi- 
llones diarios, lo que es poderosísimo aliciente para la circu- 
lación. 

Hoy existen en la ciudad 72 Bancos de depósito y des- 
cuento, y 42 Cajas de ahorros. 

El interés del dinero ha oscilado entre el 5 y el 7%, de 
algunos años á esta parte. 

El Banco de Nueva-York, el de América, el del Comer- 
cio, son magníficos ; son verdaderos templos, y el lujo ha 
agotado sus recursos en esos establecimientos. 

— Ese grande edificio que está vd. queriendo reconocer, 
me decia D. Andrés, es la Aduana : tiene 200 pies de lar- 
go, 171 de ancho, 77 de altura. En el salón en que vio vd. 
tanta gente, caben tres mil personas, el costo del edificio fué 
un millón ochocientos mil pesos. 

Vd., continuó D. Andrés, que siempre se está fijando en 
las irregularidades, de la arquitectura, vea con cuidado ese 
edificio : es la Tesorería. ¡ Qué corrección de pórtico ! ¡ cómo 
no desmiente una línea el orden dórico de las columnas de 
ocho varas de altura y más de cinco pies de diámetro! Se 
sube al pórtico por 18 escalones de granito. 



152 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El arquitecto, Juan Frases, hizo una copia feliz del Par- 
tenon de Atenas : no tiene vd. un trozo de madera de una 
pulgada en todo el edificio. Hay quien asegure que se de- 
positan en él, dia á dia, las dos terceras partes de las rentas 
de los Estados-Unidos. 

— Advierto á vd., le dije á D. Andrés, que voy sudando 
la gota tan gorda y que estoy rendido. 

— He querido, me dijo, torciendo una esquina, traer á 
vd. á la gran Casa de Hallen (y como esta hay muchas), 
á que vea la multitud de máquinas para la agricultura. En 
México, continuó, ¿conocen vdes. esas máquinas? 

— Sí, señor, se conocen muchas; pero, como secretos, no 
están al alcance de todas las fortunas ; los dueños de las fin- 
cas suelen comunicarse sus ensayos, y si resultan felices, se 
los guardan para obtener ventajas en su explotación : des- 
pués de mucho indagar, sabe un curioso que en tal calle ó 
en tal almacén hay unas máquinas. 



X 



Casa de Hallei\. — Zapatos para caballos. — Maquilca pulve- 
rizadora. — Molino de vieAto aplicado al riego. — I^ecuér- 
dos. — Los cepillos de dientes. — Los wagones, — ^I^eloj ins- 
pector. — Mi tertulia. — Los criados. 



ENTRAMOS á la Casa de Hallen, que se compone de 
grandes galeras con toda clase de instrumentos y má- 
quinas para la agricultura. — Vi en las paredes podaderas y 
tijeras adheridas á palos que prolongan sus piernas, y con 
las que se alcanzan grandes alturas. 

Zapatos para el resguardo de los pies de los caballos, que 
hacen fáciles sus curaciones. Esqueletos de alambre para 
enredaderas y adorno de jardines. 

— Ahí tiene vd. todo un trapiche, me dijo, al alcance de 
las fortunas más módicas. Esos alambiques duplican el ren- 
dimiento de las mieles. 



Tomo III. 



I 54 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Ese rastrillo para desenyerbar, apenas vale nueve pesos. 

Este curioso aparato es para hacer mantequilla ; lo mueve 
un perro, que al querer ó no, da vuelta á ese cilindro. 

Esa parrilla con picos de fierro es una rastra : tiene diez 
pies de ancho, se mueve expedita con un solo caballo: cues- 
ta solo veinte pesos. 

La máquina que está á su espalda de vd., es lo que se 
Ví2Xs\2l grada pulverizadora. Pulveriza perfectamente la tier- 
ra, funciona muy bien en terrenos húmedos. No obstruyen 
su marcha las raíces : vale treinta pesos. 

Cardadores, sembradores, todo lo que quiere decir ahor- 
ro de trabajo, producción mayor, baratura, está previsto y 
concillado en aquellos esclavos bienhechores del hombre. 

Me puso frente á un molino de viento para examinarlo á 
mi sabor. En mis tránsitos por este país, en medio de risue- 
ñas sementeras, como complemento de paisajes encantado- 
res, sobresaliendo de las casas, en vecindad con los paloma- 
res y las torres, le habia visto en movimiento, dando singu- 
lar animación á la finca rústica. 

Sobre dos pies que unidos á una escalera de mano for- 
man una pirámide ,que con robustos travesanos se convierte 
en sólida torre, se eleva un gran disco hecho como de los 
simétricos radios de una rueda: los ejes en que encaja el radio 
sostienen una gran pala como la cola de un cometa ; de esa 
cola depende un fierro vertical que engancha con el émbolo 
de una bomba. 

El molino se mueve con el viento más suave ; cuando el 
viento es fuerte, gira expedito, y si es impetuoso, sigue la 
corriente del aire ó se plega sin sufrir deterioro alguno. 

Este precioso molino, que he visto funcionar admirable- 



GUILLERMO PRIETO 155 



mente y que está vulgarizado en todas partes, seria en Mé- 
xico de infinita utilidad. 

En esas poblaciones y llanuras sin agua, en donde son tan 
profundos los pozos, en donde la noria y el acarreo de ma- 
no hacen tan exiguos los depósitos de agua ; en donde 
hombres y animales se rinden de fatiga, teniendo que tra- 
bajar mucho para arrancar un cántaro del fondo de un abis- 
mo, y donde la esterilidad precursora de la hambre, convier- 
ten en raquíticos, enfermo^ y sucios, pueblos enteros; se vería 
en cada molino un Moisés que refrigerara los hombres y 
cubriera de fertilidad la tierra, ó por lo menos, que aliviara 
á los viajeros y evitara la muerte de los ganados. 

Muchas veces en un llano árido y quemándome el sol, he 
esperado á que se dé agua á los animales que me conducían, 
presenciando la tarea de los sirvientes. 

Otras veces me he detenido á ver á un muchacho tiran- 
do de una cuerda, desde el brocal de un pozo, y andando 
con el cordel que pasaba por la ruidosa carretilla, haciendo 
empuje con el hombro y el cuerpo, echado hacia adelante 
para sacar una bota que no bastaba para apagar la sed de 
un caballo, y cuántas ahora, aquí, me he puesto al frente de un 
raudal perenne, pensando en México, á ver trabajar este 
inanimado obrero, al que se le contempla casi con reconoci- 
miento, porque es el dispensador del bien. 

D. Quijote en las aspas de los molinos veía brazos ame- 
nazadores de ofigrantes : el brazo del molino americano, nos 
llama para refrigerarnos, y agita su pandereta en los aires 
como una gitana enamorada, para regocijarnos. 

Los precios de los molinos, desde la fuerza de medio á 
cinco caballos, es desde noventa hasta quinientos cincuenta 



156 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

pesos ; pero estos últimos se aplican á toda especie de ma- 
quinaria. 

— Y no obstante la abundancia de máquinas, me decia D, 
Andrés, ya sabrá vd. que aquí es donde más alta remune- 
ración tiene el trabajo ; y si no, vea vd. la lista de salarios 
que casualmente traigo en el bolsillo. 

Sacó su enorme cartera del bolsillo D. Andrés, cartera 

que balija parecía, y me leyó : 

* ipoR día. 

Albañiles, carpinteros, torneros, herreros, 
toneleros, ebanistas, pintores de brocha 
gorda, canteros, hojalateros, sastres y 
zapateros $2 50 á$3 

En las fábricas el salario es á doce pesos por semana, y 
para las artes mecánicas se calcula en veinte pesos. 

No quise abusar más tiempo de la bondad de los señores 
de la Casa de Hallen. D. Andrés me impuso de la facilidad 
con que habia logrado situar muchas de aquellas máquinas 
en Campeche y Yucatán. 

Tengo entendido que sin esfuerzo alguno podría formar- 
se en nuestra Biblioteca una sección con todos los avisos 
que aquí se riegan en los suelos y que se dan á los que pa- 
san. Eso, solo por el atractivo de las figuras, sería una ins- 
trucción, haría llegar á conocimiento de todos, mejoras y 
progresos de todo punto desconocidos. 

Al regresar por entre el tejido de callejones y vericuetos, 
fui testigo de una escena que me hizo olvidar un tanto mi 
fatiga. 

En la esquina de una de esas calles angostas y pendien- 
tes, al rayo del sol quemante, sobre un cajón de vino, con 



GUILLERMO PRIETO I 5/ 



una mesita de tijera al frente, un yankee en toda la gloria 
del híimhig proclamaba las excelencias de unos polvos mara- 
villosos para poner los dientes como el marfil; suavizar los 
labios como pétalos de rosa y perfumar el aliento. 

El hombre hablaba como un energúmeno y sudaba á 
mares. 

En mangas de camisa y sombrero alto, pelo rubio, nariz 
aguzada, un cuello como barnizado con tierra roja, escaso bi- 
gote rubio. 

Usa chaleco negro, y de sus ojales penden toda especie 
de colgajos que remedan medallas, entre ellas una de la 
Virgen de Guadalupe, y un peso español, son sus distincio- 
nes de honor, al decir de las gentes ; se pasaba el cepillo 
por los dientes y salia un listón, ó unas letras de oro, ó una 
pluma : la gente estaba lela. . . . endiosada. . . . habia aplau- 
sos y silbidos, que aquí es otra variante del aplauso. 

Hablando, hablando, sé apoderó de un muchacho que es- 
taba cerca, se lo sentó encima, lo sujetó, y antes que pu- 
diera volver en sí el chico, ya le habia metido el cepillo con 
polvos en la boca y le habia dado algunos restregones ; el 
muchacho, entre llorando y riendo, mostraba una dentadu- 
ra deliciosa .... la gente aplaudía .... y yo me retiré, por- 
que aquel caribe, una vez enfurecido, podia seguir barriendo 
las dentaduras de todos los circunstantes. 

Cuando doblé la esquina, ya habia tres muchachos pelan- 
do los dientes, como avisos animados de la mercancía del 
embaucador. 

En la noche tomé uno de los carritos, con mil trabajos, y 
me dirigí á mi tertulia de los viernes. 

He dicho que cogí el carrito con mil trabajos, porque no 



158 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

obstante haber carros en todas las Avenidas, menos en la 
Quinta y en varias calles, y no obstante que en la doble vía 
se suceden sin interrupción esos carros, formando líneas en 
continuo movimiento, los carros están constantemente lle- 
nos, y á ciertas horas son asaltos, aprensamientos y luchas 
formales las que se tienen que emprender para trasladarse 
de un lugar á otro, por el módico precio de cinco centavos, 
en trayectos que pasan de dos leguas algunos de ellos. • 

El conductor del wagón jamás rehusa viajeros, aunque el 
vehículo rebose en gente y vayan en racimos en las plata- 
formas y escaleras. 

Lleno el número de asientos de cada carro, la gente se co- 
loca de pié dominando á los que van sentados, y se afianza 
á unos palos que hay en la parte superior del wagón con 
unas argollas de cuero. Así, la parte excedente, ó va como 
racimos colgada en un perchero, ó se abre de brazos, y es 
una preciosa procesión de Cristos la, que se presenta á la 
vista ; en el invierno suele la alta temperatura, que en todos 
sentidos produce la aglomeración de gente, tener sus atrac- 
tivos ; pero en verano, el rosbeef humanó es, bajo todos sus 
aspectos, desagradable. 

La controle de los entrantes y salientes la marcan una es- 
pecie de horario y minutero en una como carátula de reloj : 
á cada pasajero que entra, tira el conductor de un cordel, 
suena una campana y marca el minutero una línea; el hora- 
rio señala con números los centenares de viajeros. 

En uno de los dias de la semana anterior, un solo carro 
de diez asientos de la Cuarta Avenida, habia conducido mil 
quinientos pasajeros. 

Adviértase que la Cuarta Avenida no tiene en toda su 



GUIlvLERMO PRIETO 1 59 



extensión el tráfico que la Quinta, la Sétima y Octava ; en 
la Sexta están en movimiento carros de dos pisos ; el supe- 
rior con sus asientos al aire libre y su toldo. Se asciende á 
ese primer piso por escaleras exteriores á que trepan, las 
ladies esencia,lmente, con el mayor desembarazo. . 



En mi tertulia me esperaban las excelentes personas con 
quienes ya tienen conocimiento mis lectores, y que me han 
procurado los únicos goces parecidos á los goces de familia 
que haya en Nueva-York. 

D. Ramón, D. Pedro, Doña Ambrosia, Adela, Pepita, me 
recibieron con su amabilidad de costumbre. Hablábase de 
modas, de guisos, de teatros y no sé cuántas cosas más ; pero 
en lo que se fijaban muy esencialmente, era en las criadas. 

— Tener uno servidumbre irlandesa ó americana es mu- 
cho cuento, es buscar á quien servir. La criada se ajusta de 
diez á catorce pesos, pide su programa como un ministro 
de Estado, y no la saca vd. de ahí ni para poner á un niño 
un babero. 

— Por supuesto que en ese programa no entra, continuó 
D. Ramón, estar en la casa por la noche, y esto es lo que 
más escuece á mi Sra. Doña Ambrosia. 

— A la oración de la noche, recamareras y fregonas se 
lavan, se asean, se plantan su gorrillo y recorren las calles 
como la señora más encopetada. 

— Yo no soy para esas cosas, porque hasta en el cielo 
hay jerarquías: habla vd. con una criada, y se alista á tomar 
asiento ; cuando vd. va á buscar á otra, está con el periódi- 



1 6o VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

co Ó con la pluma en la mano : ¡igualadas! y cada una se 
sueña mujer del Presidente de la República. 

— En California, dije yo, habia una señora mexicana muy 
distinguida, que daba lecciones de español y de música, sos- 
teniendo con este recurso, muy decentemente, su familia: fal- 
tóle una criada, y re presentó, como todas, de sombrilla, guan- 
tes y muy desembarazada, una hija del país. — ¿Cuánto quie- 
re vd. de salario.-^ le dijo la señora. — Me he propuesto ser- 
vir á vd. por solo la comidk. — ¿Cómo así? — Lo que vd. 
oye, señora ; pero luego que acabe yo mi trabajo, y después 
de vestirme, me dará vd. lecciones de español y de música, 
con toda dedicación. 

— No siga vd., Fidel, no siga, me dijo Doña Ambrosia, 
porque se me alborota la bilis ; yo hubiera echado á rodar 
las escaleras á esa insolente. 

— Insolente! ¿porqué? porque proponía un cambio de 
servicios, tan honroso el uno como el otro? Confiese vd. 
que lo que nosotros queremos son esclavos, y que nos 
asombra verlos entre gentes; ¿por qué la criada no ha de 
ver el teatro ni concurrir al paseo ? 

— La casa es su oficina, decia Don Ramón como en 
broma, cultiva relaciones y familia, se sujeta al pacto cele- 
brado, y esto es todo. En la casa se regularizan las costum- 
bres. 

— Mucho que se regularizan : á la oración de la noche no 
arde lumbre en ninguna parte ; y ya vd. lo habrá visto, el 
día que hay una necesidad, uno va á las grozeries por lo 
más preciso. 

— Pues yo en los hoteles en que he estado he visto ser- 
vir á las irlandesas, como no es decible, y en general son 



GUILLERMO PRIETO l6l 



laboriosas, seguras, y la que se aquerencia en una casa, es 
inmejorable. 

— Hay de todo, replicaba Doña Ambrosia, y como vdes. 
no lidian con ellas No, yo no estoy por esas igualdades. 

— Entremos en cuentas : ¿ qué tenemos de más que los 
criados? ¿No valen más un cochero honrado, un cocinero 
hábil y cumplido, un cargador puntual, que multitud de va- 
gos petardistas' y demás gente perdida ? Entre nosotros, ese 
cochero y ese camarista es un animal doméstico : aquí es 
un hombre. 

Por otra parte, la criada presa es perezosa y ladina ; no 
habla á la señorita como igual, pero la adula y se convierte 
en su cómplice, ó bien chismea y se hace el espía'de la vie- 
ja. El 7¿ene de la casa no la pedirá en matrimonio, pero la 
seducirá como un vil y se le lanzará con infamia de la casa, 
aunque lleve consigo algo muy allegado á la familia. 

— La educación latina y colonial, decia D. Pedro. ¿Cómo 
atreverse á pensar los siervos? ¿cómo vestir el lacayo co- 
mo el señor? De ahí esas libreas que hacen de cada criado 
un polichinela, que lleva como una patente de degradación 
á cuestas. Ese cochero de escarapela de cintas y alamares, 
esejopiey vestido de encarnado, es el hazme reír . . . . Aquí 
el cochero viste lo propio que cualquier diputado, porque es 
lo mismo, y el dependiente de hoy, puede ser nuestro juez 
mañana. En Nueva-York se usa la librea, sin que por esto 
deje el cochero su carácter de ciudadano : la librea es más 
bien institución de lujo europeo. 

— Así es en todo, replicaba Pepita : nosotros teníamos 
distinciones para todo ; aqiií todo se iguala. Vd. lo ve, te- 
níamos la costumbre de ver al vecino de limpiabotas ; hizo 

Tomo III. 21 



l62 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

un viaje, volvió poderoso y acaba de mudarse á la Quinta 
Avenida, á una casa mucho mejor que esta. 
"^'> — Decimos igualdad, clamamos por ella y nos espanta 
verla aquí realizada, decia D. Pedro. 

— Bueno será todo esto, decia D. Ramón ; pero la edu- 
cación es una distinción que se impone, aunque dominen las 
ideas más liberales. 

— Para eso que la elección depende de uno, replicaba 
Juanito ; y cuando se elige mal, nadie tiene la culpa sino el 
que eligió. . . . ¿Vdes. conocen á mi amigo Eduardo Pina? 

.—Lo conozco, dijo D. Pedro, es un excelente muchacho : 
se hace notable, sobre todo, por su finura y moderación. 

— Pues oigan vdes., continuó Juanito, lo que le aconteció, 
á los muy pocos dias de llegado aquí. Ro sabia palabra de 
inglés y vagaba deslumhrado con las muchas mujeres que 
pululan por todas partes en esta ciudad. 

Una tarde encontró en un carrito una joven de singular 
hermosura; la vio, coqueteó, sonrió. . . . la joven salió del 
carro y él en pos de ella ; anduvo un poco, tomó otro c^rro, 
y Eduardo la siguió frenético : al bajar por segunda vez, le 
dijo : " Yo amo á vd.," únicas palabras que sabia de inglés : 
ella sonrió, y á poco caminaban del brazo como Julieta y 
Romeo : al pasar por uno de esos restaurants, que son como 
desbordamientos de luz vivísima, como Dios dio á entender 
á Eduardo invitó á su adorado tormento á tomar alguna co- 
sa, haciéndole señas, ó como pudo. La joven aceptó ; pene- 
traron salones, subieron escaleras, y en un gabinete reser- 
vado, un criado oficioso sirvió ostiones, Champaña y no sé 
cuántas cosas más, porque ya Cabemos que tienen diente 
devorador por aquí las hijas de Eva : terminado el refrige- 



GUILLERMO PRIETO ' 163 



rio, como" es costumbre, el criado presentó en un platillo de 
plata su cuenta. Eran seis pesos y no sé cuántos centavos. 

Sacó Eduardo un billete de á diez pesos : la joven lo to- 
mó y le dirigió la palabra al criado : el criado replicó, Eduar- 
do no entendía una sílaba ; pero veia algo cíe. descompasado 
en la señora de sus pensamientos; acudió gente; á Eduardo 
se le figuró que el criado faltaba al respeto á la señora y sé 
dispuso á arremeter con él, todo en medio de gritos y de 
escándalo, en que mi pobre amigo tenia fiebre .... sobre 
todo porque no entendía una sílaba .... por fin, vino el ad- 
ministrador de la casa, que sabe algo de francés, y explicó 
á Eduardo que la señorita creia exagerada la cuenta, y defen- 
día á capa y espada unos veinticinco centavos .... Eduardo 
hubiera dado lo que llevaba en el bolsillo por haber evitado 
el escándalo .... ella estaba radiosa, y á pesar de la confor- 
midad de Eduardo, defendía sus intereses como una verdu- 
lera .... 

— Ya vd. lo ve ; y si Eduardo fuera de menos talento, di- 
ría que las damas americanas son pleitistas y furibundas co- 
mo unas arpías. Aquella era una honrada cocinera. 

— Añada vd. á eso, dijo Adela, que hay muchas criadas 
de buena educación, y de modales que en nada se diferen- 
cian de los usados en la buena sociedad. 

— Por qué no dices de una vez, que aquí se le ha hecho 
á la gentuza la suya, y así te quitarías de distinciones. ¿ Dón- 
de está la gente fina y de título?. ... y no la hay. ¿Cuál 
es la clase media ? y ni quien conteste. ¿ Dónde está la ca- 
nalla ? . . . . pues si aquí no hay canalla ; y tienen vdes. que 
pierde la cabeza el más pintado, porque uno tiene la cos- 
tumbre de ver las cosas de otra manera. 



l64 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— En efecto, señora, lo que hay aquí es pueblo, que es lo 
que se encuentra con gran dificultad en nuestra tierra y en 
la de Fidel, repuso D. Pedro. 

— ¡ Ave María Purísima ! dijo Doña Ambrosia, ya vamos 
á entrar en la política, que á todos nos pone de mal humor. 

— Ya no sigo, Sra. Doña Ambrosia, repuso D. Pedro ; 
pero otro dia hablaremos de la gente fina y de las catego- 
rías sociales. 



XI 



Pick-i\ick marii\o. — I^ockway. — Los rr\uelles. — El vapor 
" Plirr\outl\." — Paisajes. — Bañadores. — Pavilion Batl:\s. — 
Cantina. — Museo. — Fonda. — Los baños. — Modorra. — Un 
romance. — I^egreso. — Las Tumbas. — Laberii\to. — Asco y 
degradación. — Una cita de poetas.— Jacinto Gutiérrez, 
— Pérez Bor\ald. — El Café Delmónico. — Lectura de n\is 
versos. 



AYER sí que estuvo el diablo en holgorio : paseo en el 
mar, baile, baños ; ¡ cuántas cosas juntas para echar, no 
una cana al aire, sino todas las canas, y gastar todo un tin- 
tero de tinta color de rosa! 

Trátase de un gran Pick-nick: yo tenia premeditada seme- 
jante excursión, habia recorrido con avidez ^Heraldo, y me 
habia fijado en un paseo á Rockzvay, que es uno de tantos 
preciosos islotes que bordan y alegran la bahía. ' 

Ya hemos dicho al hablar de los Pick-nick de San Fran-' 



1 66 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

cisco y de Orleans, que ó esa diversión se hac.e á escote y 
en familia, ó es una empresa la que toma á su cargo procu- 
rar el local y la música, ó como éste, el empresario del Pick- 
nick toma el vehículo para determinado lugar. 

Fué domingo ayer : á las nueve de la mañana mi caba- 
lleroso amigo Buzeti estaba listo, con todas las instrucciones 
correspondientes. 

El vapor de rio es de los más elegantes ; el precio, de trán- 
sito cincuenta centavos ; la música la del regimiento 23, fa- 
mosa por sus walses y por sus cuadrillas de Orfeo en los In- 
fiernos. [ / 

Como todos los domingos, la ciudad estaba desierta. Atra- 
vesamos calles y más calles solitarias, tomamos por el frente 
de los muelles, después cruzamos la serie de calles con sus 
tejados y sus hileras de pequeñas puertas que forman el su- 
cio Mercado de Washington. En el mercado no habia una 
sola persona ; los clavijeros vacíos, los mostradores solita- 
rios : yo no he visto esqueleto más triste que el de ese mer- 
cado. 

Del otro lado de la calle silenciosa, es decir, en la bahía, 
se oian músicas, y colgando de los altos palos de los buques 
flotaban grandes banderas y banderas pequeñitas, en cor- 
deles que bajan desde lo más alto al casco del buque, re- 
cordando á todas las naciones de la tierra .... la bandera 
de México no se veia allí. Estas banderas con cria me caen 
en gracia. 

A la entrada de cada muelle habia gente agolpada bus- 
cando el Pick-nick de su elección. Descendían de los carrua- 
jes y desembocaban de las bocacalles los paseantes, en lo 
general en familia : el padre cargando á los nenes y llevando 



GUILLERMO PRIETO 167 



á Otro de la mano, con sus botecitos de hoja de lata con 
comida ; la mamá con un bolsón ó con un canasto, tambiea 
con municiones de boca ; de vez en cuando una suegra, tam- 
bién oficiosa y útil, porque es de advertir que la suegra en 
este país es un animal de todo punto domesticado. 

En pocos grupos amigos íntimos, casi en ninguno convi- 
dados. 

Ríos de gente corrían en los muelles, al punto que solo 
para Rockway y sus inmediaciones partieron ese dia más 
de cuarenta mil personas* Para Corregisland y los otros 
puntos de recreo, más de cien mil. 

El vapor que nos condujo se llama el ** Plimouth : " es un 
vapor de rio de grandes dimensiones y sin duda destinado' 
para largas travesías. Amplio salón con alfombras, lleno 
de espejos, sofás y sillas lujosísimas, toldo á proa sombrean- 
do extensas y cómodas bancas, amplios corredores cubier- 
tos de sillas, y en la parte baja la tabaquería y el bar-room, 
la venta de carnes frías y los puestos con dulces, flores y 
frutas. 
I En la parte baja del buque, entrándose por un pórtico de 
columnas graciosas y estatuas colosales, se extiende en am- 
plísimo salón el comedor, con su mesa redonda y sus me- 
sillas aisladas, con sus jarrones de. flores y sus grandes ven- 
tanas, desde donde se ven los mil encantadores paisajes que 
va recorriendo el vapor. 

Entre el mugir de las embarcaciones que llegaban y par- 
tían ; al ruido de las campanas de los templos ; á los ecos de 
las músicas marciales de los otros vapores, emprendimos la 
marcha cerca de dos mil personas, con la novedad que, aun- 
que repetida siempre, siempre se produce á la vista de esas 



1 68 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ciudades flotantes y de esa multitud de sombrillas, sombre- 
ros de paja, gorros con flores, cintas, velos y gasas. 

Los bosques de mástiles hacian ver, como tras de uns ce- 
losía, por un lado Broklyn, por el otro Jersey, entre sus ar- 
boledas ; al frente, los fuertes ; á los lados, los botes mil y 
los barquichuelos, con sus velas tendidas rozando las aguas. 

El conjunto era como el de una plaza pública ; los niños 
atravesaban corriendo ; las jóvenes y los jóvenes pasaban co- 
queteando ; las ancianas y la gente seria leia sus periódicos, y 
las madres de familia batallaban con sus bebes y los tenian 
en su regazo dándoles el pecho. Y no obstante la multitud, 
el gentío era silencioso ; no iba, lo trasladaban, estaba allí 
como pudiera en cualquiera otra parte. 

— Vea vd., me decía mi compañero, aquella que parece 
gran señora, que cuando levanta su brazo ostenta sus mu- 
chas pulseras con campanillas y monedas, signo de sus 
muchos adoradores: e's una obrera. . . . véale vd. las manos 
que oculta siempre con el pañuelo. 

— I Y esos jóvenes de sombreros de paja y bastoncillos, 
zapato bajo y medias de colores? 

— Son sastres, empleados de las tiendas de abarrotes, 
conductores de ferrocarriles : de á legua se les distingue. 

— Hombre, si no puede ser : esa es mucha seda, y mucho 
lujo, y mucho abanico. 

— Pues es lo que le digo á vd.: yo no respondo de cómo 
estarán los retretes de estas hermosuras, ni las pobrezas que 
por allá revelarán camas y ajuares, sartenes y percheros ; 
pero en la calle, todas son grandes señoras. 

-^•Vea vd., ese es el calavera ordinario que da cada silbi- 
do que crispa las carnes, zapatea como un arlequín y reto- 



CONDICIONES ¡3E LA SÜSCRICÍOM. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Libi'ería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo num. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

J'. Jyf. A (/miar y Orh'z, 

Administrador. 



*"- 



\ íAJE 



<v 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



^nh'ega JVum. 5/. 



MÉXICO. 
Impx-enta del Coinercio, de Diablan y Chavez. " 

CALLE DH CORDOBANES NUM. 8. , 

3.S7S. 



GUILLERMO PRIETO 169 



za como quien es ... . Pero vea vd. qué aspecto ofrece 
(dejando este salón), la inmensidad del mar. 

Vea vd. aquella multitud que parece devorada por las 
olas. 

En efecto, bajo un escalón de verdura que baja á la playa 
oriental, se extiende una inmensa faja de arena, y se percibe, 
como saliendo de las olas, un inmenso letrero que dice: 
Northon and Mtirray Pavilion Baths. 

Aquel y otros establecimientos de baños son frecuentados 
los domingos por más de cien mil personas. Corona la gen- 
te el escalón bajo toldos y sombrillas, y los nadadores se 
lanzan á las olas, variando al infinito los espectáculos. 

El hombre usa para bañarse los calzones de punto que 
conocemos ; las mujeres, sacos oscuros, pero no tan celosos, 
que no dejen percibir en toda su belleza las formas de estas 
mujeres hechiceras. 

Sonó al fin el vapor, como relincha un caballo que reco- 
noce su establo. Mientras llegábamos, yo improvisé el ver- 
sito^que sigue : 

AL FEENTE DEL HUDSON 

(ROMANCILLO) 

¡Qué alegres las barcas 
Que van por el rio. 
Las velas tendidas 
Y sueltos los rizos ! 
¡ Qué airosos vapores 
Sonando sus pitos ! 
¡ Qué naves inmensas ! 
¡ Qué excelsos navios ! 

Tomo UI. 22 



I/O VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



¡ Qué bellas las lomas 
Ceñidas de pinos ! 
i Qué torres gigantes 
De cuellos erguidos, 
Que al aire levantan 
Agudos sus picos ! 
La faja de arena, 
Que es orla del rio, 
De pórticos fila 
Formando están lindos; 

Y á sus anchos muelles 
En raudal continuo, 
Descienden saltando 
Mujeres y niños, 

Y viejos y bebes^ 

Que van en carritos .... 
De prisa viajeros 
Se miran prolijos. 
Cargando sus sacos 
En eterno ahoguío, 
Que en las estaciones 
El último aviso 
Se da, y ya los trenes 
Están en camino. 
En mezcla confusa 
Llevó el torbellino, 
Los tiernos adiases 
Del padre y del hijo. 
Que el blanco pañuelo 
Sacó entre el gentío, 
Del barco en que parte 
Para el mundo antiguo. 
Y en aquel tumulto, 
Casi á un tiempo mismo, 



GUILLERMO PRIETO I/I 



Se ve del que llega 

Feliz el arribo, 

Los viejos contentos, 

Saltando los chicos. 

Brincando entre todos 

Ei fiel falderillo 

Que pega en el trage 

Del amo el hocico .... 

Volviéndose el rostro 

Del sol á los visos, 

Se ven bañadores 

Jugando en el rio. 

¡ Qué Adanes tan guapos! 

Y qué Evas, ¡ San Críspulo ! 
Las Evas rechonchas, 

¡ Jesús, qué suplicio ! 
Me atacan los nervios, 

Me dan calosfrió 

¿ Por qué las ballenas 
Se ponen vestido ? 
¿ Por qué la marrtlota 
No apela al suicidio, 
Para su volumen 
No dar al ludibrio ? . . . . 

Y todo lo mira 
Cuando pasa, el rio, 

Y á la mar camina. 
Siguiendo su giro. 
Hasta que á sus brazos 
Se entrega rendido, 

Y muere besando 
Su seno infinito. 

Fidel. 



1/2 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Rockway es un pueblecito en miniatura: se ve la lucha de 
muelles, hoteles y casas de campo, entre el arenal, las arbo- 
ledas y las rocas ; los muelles tienden sus brazos desde la 
playa ; las ventanas y miradores sonríen al viajero. Por en- 
tre los árboles asoman las casas y sobresalen sus techos de 
las copas de los más elevados, blanqueando con alegría en- 
tre la verdura. 

Tiene el pueblo soberbios restaurants y buenas cantinas, ' 
mostradores con soda, juegos de bolos, museo y baños. 

En una ceja de tierra, y pronta para partir á Long- 
Island, esperaba la locomotora, bufando impaciente por par- 
tir. 

Nosotros paramos en el hotel más afamado, que aloja 
personas distinguidas durante la estación de los baños. En 
el extensísimo corredor que ve al mar, se suelen dar bailes 
magníficos. 

Las dos mil personas que contenia el buque se vertieron 
como un torrente, dispersándose y tomando cada cual su 
camino ; muchos se dirigieron á la sombra de los árboles á 
hacer en grupos sus almuerzos. 

La calle única que merezca este nombre, no obstante lo 
sofocante del sol, estaba inundada de gente de paraguas ó 
sombrillas, que son adminículos indispensables allí, en todas 
las situaciones de la vida. 

Vi el Museo, el Museo de segunda mano, el Museo ten- 
dejón, el burlóte de Museo : un juil, una cresta de gallo, un 
gato : yo no sé lo que me pareció todo aquello ; era como 
una de esas gracias que á todos dejan serios ; era como si 
cualquiera pusiese Museo, al cuarto que más desechos y ta- 
ranthies tuviese en su casa .... 



GUILLERMO PRIETO 1/3 



— Hombre, salgámonos de aquí, le dije á mi compañero, 
que tengo la bilis en las pestañas. 

— American plan, me respondía mi amigo, conteniendo 
la risa .... Veamos si los baños nos presentan mayor di- 
versión. 

En efecto, el espectáculo, para mí, tenia más novedad. 

Hombres y mujeres se bañaban juntos, y ya he descrito 
los trages ; pei^o como el mar es bravo y tie^ieíi m.iedo las chi- 
cas, por cubrirse bien el pecho, se descubren las rodillas .... 
y ya solté esa especie de versito para los aficionados .... 
pero así es la verdad. 

La leve envoltura de la bañadora se embebe tanto tan- 
to, que aquello es una temeridad En las delgadas 

suele haber pliegues discretos y follaje púdico ; pero en las 

gordas ¡santo cielo! esas gordas son una bola de> 

gusto .... 

Y en este particular, la enjundia y el aquello de la civili- 
zación produce tales fenómenos, que personas del bello sexo 
que pudieran salir del baño al encuentro de su ropa, casi 
desapercibidas. . . . salen y rodean por donde la multitud, 
en semicírculo, disfruta del espectáculo de la natación. Esos 
cuadros al natural no tienen precio. El yankee suele ver es- 
to medio dormido .... y al presenciar algo de un mundo 
desconocido, exclama con imperturbable flema: ollright! 
y sigue mondando un limón con su enorme navaja .... pe- 
ro no todo está tan frío, y los vejetes y los chicos de true- 
no .... se sacuden .... y mucho que se sacuden .... 

Yo no sé, pero la opinión unánime es que los baños son 
divertidos .... y á mí, para no mentir, me parecieron tam- 
bién muy divertidos. 



174 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Almorzamos en el restaurant : nos invadió la modorra, 
porque el sol era tremendo, y esperamos para regresar, las 
cuatro de la tarde. 

— Vd. se ha fastidiado, me decia mi amigo ; apenas he- 
mos oido la música, y aquel coro destemplado no debe ha- 
ber divertido á vd. mucho. 

— Yo no sé, tal vez el estado de mi espíritu; pero la 
gente me ha parecido triste, no se comunican unos grupos 
con otros, casi no hablan, ni los amantes, que siempre tie- 
nen algo que decirse .... 

La tarde era magnífica. Algunas parejas aisladas habían 
tomado sus botes, y se veían á distancia bogando en el 
mar. 

El caballero alquila el bote, se quita la levita y empuña 
sus remos ; la dama, esbelta, audaz y generalmente enamo- 
rada, se sienta en la popa sombreándose con su paraguas, 
y así se entregan al desierto de las aguas .... Esos paseos 
me parecieron llenos de encantadora poesía. 

— No crea vd., continuaba B***, que no se conformaba 
con mi tristeza, que todos los Pick-nicks son así. Muchos 
los forman familias, de las que cada una da un platillo para 
la mesa. En los Pick-nicks de franceses reina la alegría, no 
cesan las canciones, y los bailes tienen animación, á la luz 
de la luna que ilumina el mar .... 

Aburrido de no entender palabra ni conocer á nadie, me 
senté en un rincón y consagré, en mi cartera, los recuerdos 
de mi expedición á Rockway, del modo siguiente : 



GUILLERMO PRIETO 1/5 

■ItV" 1 



I^OMANCE. 



Banderas de mil colores 
Asidas á sus cordeles, 
Van saludando los mares 

Y se van meciendo alegres 
Sobre del bajel de fuego 
Que tiene color de nieve, 
Donde del canto los ecos 
Van en el viento á perderse. 

Como inundación invade 
El barco todo la gente, 

Y del fondo á la cubierta. 
Sube, baja, corre, hierve. ' 
Lindas matronas en brazos 
Llevan á sus lindos nenes, 

Y á otros los dejan que sueltos 
Sobre las alfombras jueguen. 

En el salón está el piano, 

Y en su torno, hermosas vense, 
Entre gigantes estatuas 

Y en espejos relucientes, 
Mujeres como deidades, 
Hombres que en bolsas y pliegues. 
Si no huelen á tabaco, 

Es porque á whiskey trascienden. 
Ellos con holgados trages. 
Ellas con sus trages leves ; 
Pero en número tan grande, 
Que arrebatarse parecen 
El aire, cuando se escurre 
De carne entre las paredes. 



176 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Cruzan el concurso inmenso 
Mil traficantes que venden 
Unos, estroberys (fresas), 
Los otros bizcochos (queques ) ^ 
Otros candis ( charamuscas ) 

Y otros cerveza con nieve. 
Esto es bar-room ambulante, 
Refrigerio de las ladies. 
Porque abajo, en las cantinas, 
Barriles desaparecen. 

En esos tubos inmensos 
Que de cuello el nombre tienen 
De yankee, donde licores 
A borbotones se absuerben ; 
Pero en medio del tumulto, 
Cuando los cantos no hienden 
Los aires, ¡ qué silenciosas 

Y qué tristes van las gentes ! 
Ellas hacen sus negocios 

Y ellos comen y se duermen, 
O ellos y ellas el Heraldo 
Casi de memoria aprenden. 
Ni un semblante, ni un acento 
Mi triste pecho conmueve: 

¿ A dónde dejaj-é el alma 
Que mis recuerdos no Heve .'' 
Inquieto al venir estuve .... 
Inquieto estoy por volverme . . . . 
i Ay de mí ! que á todas partes 
La inquietud me sigue siempre ! 



Jylio 15 de 1877. — A bordo del "Plimouth, 
bahía de Nueva-York. 



Fidel. 



GUILLERMO PRIETO I// 



Antes de escribir los últimos versos del anterior roman- 
ce, estaba llamándome B * ''•' * para que saliese á ver la mul- 
titud de vapores, embarcaciones pequeñas y botes que iban 
cruzando las aguas por donde nosotros bogábamos. 

El espectáculo era animadísimo : pescadores, simples pa- 
seantes, muchachos audaces, marineros en asueto, familias 
pobres con sus chicuelos al borde del bote, ó haciendo sal- 
tar las aguas en leves glóbulos, poniendo su mano c(?ntra 
la corriente. 

A nuestra vista, los remeros levantaban sus remos en se- 
ñal de respeto ; los pañuelos y los sombreros se agitaban, 
unos chicos enarbolaban sus camisas, y nos saludaban sus 
mangas desgobernadas .... 

- Anclamos en Brockyn, tomamos por ese laberinto de ca- 
llejones que miran al Este, culebrean, se embrollan y pare- 
cen extenderse cerca de City Hall\ pero saltan por su es- 
palda, se enmarañan y complican, desembocando al fin á 
Broadwa})', que atraviesan como en fuga para perderse por 
el laberinto del Weste. La mayor parte de esas calles son 
como hechas en máquina : todas, las mismas paredes de la- 
drillo, las mismas hileras de ventanas con sus persianas ver- 
des, Y la parte baja, tendajos^ casas de Q.Yív^^ViO,y grozeries, 
entre almacenes, fábricas y templos. 

Las Tumbas, esa prisión pavorosa, con sus gruesos pila- 
res, cuadrada, maciza, como sentada tras de sus hierros, y 
á medio cubrir con el manto de yerba que cuelga como 
desgarrado á su espalda. 

En un salón colocado inmediatamente á la derecha de la 
entrada, es donde há lugar el primer examen de los que 
caen bajo la acción de la justicia. Llámase "Tombs Pólice 

Tomo III. 23 



178 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Court," ó "Juzgado de Policía de las Tumbas," y allí toma 
asiento todas las mañanas un Juez de Distrito que escucha 
los cargos que presenta la policía contra los arrestados y 
dispone de la suerte ulterior de éstos. En los casos de me- 
nor cuantía, tales como embriaguez, conducta desordenada 
ó vagancia, aquel magistrado tiene la facultad de imponer 
multa, sumaria ó prisión, ó perdonar la falta. 

Las órdenes de encarcelamiento son para el juicio ulte- 
rior del reo, por uno de los varios tribunales superiores ; 
pero el único de éstos que administra justicia en las Tum- 
bas, es el Tribunal de Sesiones especiales, ó " Court of 
Special Sessions. " Dos jueces presiden este tribunal, los 
martes, jueves y sábados de cada semana, para resolver so- 
bre los delitos de pequeños robos, asaltos y atropellos per- 
sonales, y otros menores. El conocimiento que dichos jue- 
ces tienen de las clases y hasta de los individuos, la mayor 
parte reincidentes, cuyos desmanes tienen que castigar, les 
permite apreciar los distintos casos imparcialmente y apli- 
car el condigno castigo, y si las influencias políticas no se 
emplearan algunas veces en torcer el curso de la Justicia, 
esos jueces llegarían á ser el terror de los malvados, pur- 
gando en gran manera á la sociedad de los muchos que la 
infestan, confiados en la impunidad que dicha influencia po- 
lítica les ofrece. Muchos de esos criminales salen de este 
tribunal para ir á ocupar las celdas ó calabozos ; pero la ma- 
yor parte de éstos recibe sus huéspedes del Tribunal de Se- 
siones generales y demás tribunales superiores. La distribu- 
ción y arreglo del interior de las Tumbas, en la parte carce- 
laria, se diferencian poco de los demás establecimientos de 
su clase, carecen de comodidades y tienen poca ventilación. 



GUILLERMO PRIETO 1 79 



La aglomeración de presos, no solo perjudica la higiene 
sino que en lo moral tiene pésima influencia. 

Hay once calabozos especiales destinados á los reos de 
prisión perpetua ó pena de muerte. Otros seis calabozos se 
dedican para compurgar delitos de cierta gravedad, y los 
seis restantes sirven como de hospital. 

En la parte superior hay ochenta y dos celdas. Cada, pre- 
so cuesta al condado treinta centavos próximamente por su 
manutención. 

El patio interior que rodea los calabozos, es el lugar en 
que se aplica la última pena, y aun cuando nada denota el 
destino que de vez en cuando está llamado á ejercer, la lo- 
breguez que lo domina, las barras de hierro que cierran los 
estrechos huecos por donde apenas penetran el aire y la luz 
en los calabozos, al parecer incrustados en las sólidas mura- 
llas de piedra gris, y las ideas que naturalmente surgen en 
la mente del que la curiosidad lleva á aquel sitio, le impri- 
men un sentimiento involuntario de terror, cada vez que el 
eco se despierta en aquel lúgubre recinto, al ruido de los 
pasos. 

Las calles angostas y torcidas, la soledad, la suciedad y 
la basura, dan triste aspecto á esas calles que rodean las 
Tumbas, que parecen de una ciudad en que residen el ham- 
bre y la peste. 

La vejez de la mayor parte de estos edificios es espanto- 
sa ; las falsificaciones de piedra que hacen tan buen efecto 
cuando las casas están nuevas, se ponen en evidencia : es la 
costra, es la llaga, es la herpes en las escaleras, el tumor en 
las cornisas, el mal de San Lázaro en las puertas y ventanas 

Por allí resulta reja de palo la que se creia pared; más 



1 8o VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

arriba la torre es el costillar de un esqueleto ; cuelgan las 
duelas al suelo ; las puertas, las celosías, aparecen como so- 
brepuestas, como si se quisieran reacomodar sobre un crá- 
neo facciones de otro rostro humano. 

Al abrirse un cimiento, se forma ante todo un estanque 
en seco, que es el basamento; después se levanta un cono 
de ladrillo ; esa es la cloaca y lo único que sobrevive entre 
aquella osamenta de astillas, ladrillos rotos, chirlos de papel 
dorado, pero de un oro sarcástico, terrible, como es terrible 
un rizo rubio y sedoso flotando sobre un cráneo. 

A veces una puerta corrediza da paso á un callejón, des- 
pués á un corral coronado- de esas habitaciones en alto, ha- 
bitadas por grupos, por residuos, por palizadas de gente, 
por trasformaciones de alacranes, mestizos, sapos y tortugas, 
que sin perder del todo su forma, pertenecen á la huma- 
nidad. 

La decadencia del sombrero, la caducidad de la seda, la 
petrificación del zapato y la trasmutación de la piel humana 
en pellejo, en badana, en corteza y en cuarzo. Yo no he vis- 
to nada de más tremendamente hediondo ni espantable que 
hombres, y mujeres, y cosas, como las que yo percibí en 
aquella madriguera de la embriaguez y de la calentura per- 
niciosa. 



Comí de prisa, porque me esperaban mis amigos Jacinto 
Gutiérrez y Pérez Bonald, para tomar un refresco en el Café 
Delmónico. 

Permítanme mis lectores que les presente á mis amigos, 
y descansaremos después en el café. 



GUILLERMO PRIETO l8l 



Es el Sr. D. Jacinto Gutiérrez y Coll un hombre de cerca 
de cuarenta años, pequeño de cuerpo, de color moreno, pro- 
fusa barba y ojos negros y grandes llenos de vida ; nació en 
Venezuela, donde hizo brillantes estudios, completó su edu- 
cación en Paris, donde estRivo como secretario de la legación 
de su país, encargado de negocios, y desempeña actualmen- 
te en Nueva- York el Consulado general de Guatemala. 

El Sr. Gutiérrez es notable poeta : nutrido en la escuela 
francesa, debe á ella sus bellezas y sus defectos ; es correc- 
tísimo, pule con amor sus frases y las redondea con delica- 
deza exquisita, engastando en ellas joyas de valía, hasta ser 
como una filigrana, cuajada de piedras preciosas, cada una 
de sus composiciones. 

La patria, los íntimos dolores del alma, el amor, forman 
las cuerdas más preciosas de su lira. 

Habla con pasión ; de su entendimiento concentrado se 
lanzan relámpagos de fogosa elocuencia por intervalos ; y á 
la claridad de esos relámpagos, se percibe la lucha del poe- 
ta con el filósofo y el escéptico. 

El Sr. Pérez Bonald es un hombre de treinta y cinco años, 
venezolano también, alto, blanco, de frente despejada, insi- 
nuante y afable. 

El Sr. Bonald está dedicado al comercio, sus ocios los en- 
trega á la literatura y cultiva con muy buen éxito la poesía. 

Posee varios idiomas, y entre ellos el alemán, con notable 
perfección. La dote más sobresaliente de su alma, es la ad- 
miración por el ajeno mérito. Exento de toda pretensión, 
ignorante con sinceridad de su elevado mérito, hizo culto de 
su cariño á Heim, y el gran poeta ha tenido un intérprete 
fiel de sus inspiraciones singulares. 



1 82 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

La traducción de las poesías del Voltaire alemán, hechas 
por el Sr. Pérez Bonald, acaba de ver la luz pública en Nue- 
va-York, en medio de los entusiastas elogios de la prensa. 

El Café Delmónico, uno de los más espléndidos de esta 
ciudad de esplendores, está situado en la Quinta Avenida y 
consta de tres secciones. 

El gran Salón del Restaurante con sus pequeñas mesas, 
sus alfombras, sus espejos, sus torrentes de luz de gas y su 
tapicería deslumbradora. 

Los gabinetes reservados ó retretes en que se aisla una 
pareja de amigos ó una familia, verdaderos nidos del placer 
y del bienestar, y el café, vastísimo salón lleno de columnas 
y sembrado de pequeñas mesas, á la usanza de México, con 
su gran cantina surtida de licores delicados, refrescos, café 
y chocolate, que aquí se acostumbra aguado, sin dulce y to- 
mado con cuchara. 

El servicio no deja que desear : los criados visten con 
perfecta elegancia, presentan sus cuentas escritas en un pla- 
tillo de plata. En el café se fuma libremente. 

Instalámonos en una mesilla del café : el Sr. Gutiérrez me 
había leido sus versos, que yo habia admirado ; eí Sr. Bonald 
me habia obsequiado con un tomito de su preciosa traduc- 
ción. Nuestra cita era para que yo les leyese algunas de mis 
coplas ; y no obstante haber hecho pocas y la mayor parte 
improvisadas, con lápiz, en la cartera, sobre la rodilla, la ins- 
tancia fué tal, que rayaba en descortesía mi resistencia. 

Pedimos refresco: saqué mi carterita y un rollo de manus- 
critos, y henos ahí delirando, soñando, iniciando á aquella 
familia tierna y entusiasta que me deparaba el destino, en 
mis más íntimos dolores .... 



GUILLERMO PRIETO 1 83 



Olvidé el café y las conveniencias todas ; leia como si no 
tuviera auditorio ; leia como quien tiene la conciencia de que 
por primera vez se le comprende. Era la lectura cansada ; 
pero yo seguia, sin considerar que del mismo Homero ha- 
brían fastidiado dos horas de versos .... Pero ya los litera- 
tos y los conocidos no existían ; eran los confidentes ; eran 
los amigos ; era el viejo marino que contaba sus naufragios 
á los que solo conocían del mar los esplendores y las brisas. 

Insensiblemente nos veíamos el espíritu : la patria inspi- 
raba ; la raza reclamaba sus fueros ; las auras de los primeros 
años replegaban el ala, para besar nuestras frentes enamo- 
radas con el canto de nuestros recuerdos. 

El café habia quedado medio solitario cuando acabé de 
leer, en medio de testimonios de generosa estimación, que 
nunca olvidaré. 



XII 



Mataderos de reses. — Su descripcior\. — El verdugo de los 
toros. — Un canibio de frei\te. — El Dr. Agramoiite. — El 
Lie. Agramonte. — El Puei\te de Harleni. — Alrededores 

^\ y descripción del puente.— Medicinas de patente. — Es- 
tudios médicos. — Hospital de mujeres. — Visita á varios 
departamentos. — Consultas y beneflcei\.cia. — La señorita 
Jl\onson. 



OY es mal dia, dije á mi querido Buzeti al verlo en- 
trar por mi puerta. Hoy es dia negro, es el santo 
de mi hija y tengo el alma. como un calabozo. 

— Por lo mismo nos vamos, me dijo mi caballeroso com- 
pañero, y nos vamos muy lejos, vamos á ver un matadero 
de reses. Lo que vd. oye, continuó mi amigo. Vd. ha ma- 
nifestado su deseo feroz de ver esas escenas de sangre, y 
nos vamos ahora á buscar la Segunda Avenida. 

Y diciendo y haciendo, dejamos el cuarto, y remando y 



Tomo III. 24 



1 86 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

codeando, llegamos á la Primera Avenida, tristona y des- 
mantelada, atravesada por un solo carrito que conduce poca 
gente. 

Llegamos á la Segunda Avenida y al punto designado 
para ver la matanza ; pero nada me indicaba que estuviése- 
mos en el lugar buscado, y es de advertir que caminaba con 
suma atención, porque acababa de leer en un periódico las 
torerías que hizo una de esas víctimas de la gula humana, 
quebrantando su encierro y embistiendo con cuanto se le- 
ponía delante, al extremo de haber algunos muertos y mu- 
chos contusos y desquebrajados. 

Hizo alto Buzeti á la puerta de una larga bodega bien en- 
vigada, y en la que se veia delicado aseo. La bodega tenia 
salida por una hilera de puertas, y de la parte interior, entre 
ellas, había pequeñas mesas como para escribir de pié. 

La extensa galera'está dividida por un corrido cancel de 
tablas que da á la mitad de la pared. 

Entre el techo y el cancel hay líneas paralelas formando 
como caminos para rieles, y en que realmente ruedan apa- 
ratos que dan á carretillas suspendidas del lado opuesto del 
cancel de la bodega. 

— Este es el matadero, me dijo mi guía, presentándome 
á un joven elegantemente vestido y de cumplida educa- 
ción. 

Frente á cada una de las puertas que dan á la calle, hay 
puertecillas de madera en el interior que comunican con la 
otra sección, de las dos en que á la bodega divide el cancel. 

Abrió, una puertecilla el joven administrador de la casa y 
nos encontramos al lado opuesto de la galera, con sus puer- 
tas como la parte de la calle. Sobre cada puerta hay una 



GUILLERMO PRIETO 1 8/ 



garrucha; en el suelo, junto al quicio de cada puerta, hay 
un gran círculo giratorio de gruesos tablones y vigas. 

Un callejón de la extensión de la galera, perfectamente 
enlosado, sirve de patio al matadero. 

Al lado opuesto del callejón hay una serie de toriles que 
dan á otras tantas puertas comunicadas con igual número, 
que se comunican con la espalda de la casa. Por allí entra 
el ganado colocándose en su toril, de una en una las re- 
ses. 

Muy pocos dependientes, calzados bien, vestidos de ne- 
gro, con sus camisetas limpias y algunos con un pequeño 
delantal, hacen el servicio. 

En el fondo de la pieza estaba un banco: en él se veia un 
anciano de barba blanca, con manchones negros de pelo en- 
sortijado blanco, nariz afilada, ojos hundidos, frente tacitur- 
na; tenia un larguísimo cuchillo despuntado en la mano. 
Aquel es el matador, el verdugo de los toros. 

Corre paralelo á los quicios que dan al patio, un caño en 
comunicación con los grandes depósitos de agua que hay 
en todas las alturas. 

De las garruchas de la galera parten unos cables que caen 
en los toriles ; allí se laza por las astas á la víctima, se abre 
la puerta y la carretilla se mueve hasta llevar al toro al cír- 
culo giratorio ; da una vuelta el toro, resulta colgado de los 
pies y con la cabeza sobre el quicio que da al caño. Enton- 
ces llaman al verdugo, cargado de hombros, con unas largas 
botas en las que están introducidos sus pantalones, con un 
fieltro negro, cuyas alas pequeñísimas caen sobre sus cabe- 
llos canos y su frente. 

El verdugo, veloz como no lo puede calcular la imagina- 



VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



cien, degüella al toro : la sangre surge en un chorro hu- 
meante que recibe un criado en una cubeta, porque esa san- 
gre se remite á las refinadurías de azúcar. 

La sangre que cae en el caño desaparece por torrentes 
de agua. El círculo de madera gira de nuevo y quedan en 
la galera interior las secciones en que se destaza la res. 

La operación completa no dura diez minutos, y se pueden 
matar veinticinco reses á la vez. Es decir, ciento cincuenta 
toros en una hora. 

La carne se coloca en la sección de la galera que da á la 
calle, donde acuden á repartirla los carros, después de he- 
chas las apuntaciones respectivas en las varias mesitas ó es- 
critorios de que hablamos al principio. Hay multitud de ma- 
taderos en Nueva- York como los descritos, que abastecen 
la gran ciudad. El matadero principal, que tiene otra forma, 
está entre Jersey y Newark. 

El verdugo me hizo una impresión singular: su tremendo 
cuchillo es como una prolongación de su mano ; apenas per- 
mite que se vea, y no lo suelta jamás. Es todo él tan fino, 
que no le iguala la mejor navaja de barba. Los cuchillos 
de que se sirve esa casa, vienen de Paris á precios verda- 
deramente fabulosos. 

Dimos las gracias al joven que nos mostró el estableci- 
miento, y tomamos el camino del hotel. 

Apenas ponia yo el pié fuera del wagón para dirigirme á 
mi hotel, cuando una voz me dijo á mi espalda : 

— Ahora suba vd. en ese otro wagón que regresa. 

Volvíme á ver quién me daba órdenes tan terminantes, 
y vi el cuerpecillo flaco, los ojos azules y la poblada pa- 
tilla rubia del Dr. Enrique Agramonte, persona que honra 



GUILLERMO PRIETO 1 89 



por SUS talentos y virtudes el nombre de Cuba, su patria, en 
la Ciudad Imperio. 

El Dr. Agramonte es hermano del héroe ilustre Lie. Ig- 
nacio Agramonte, uno de los primeros y más esclarecidos 
caudillos de la independencia de Cuba : hizo sus estudios en 
su patria. 

Cuando en ii de Noviembre de 1868 estalló el grito de 
Bayamo en el glorioso levantamiento del Camaguey, se vie- 
ron á los dos hermanos Agramonte, que habiendo dejado 
su posición social y sus fortunas, empuñaron las armas co- 
mo últimos soldados y figuraron en esa serie de combates 
que forma un proemio brillante á la Iliada de la indepen- 
dencia de aquella perla de las Antillas. 

El padre y las hermanas de los jóvenes patriotas vinieron 
á residir á Nueva- York. 

Orador elocuentísimo, sabio en el consejo y arrojado en 
la lucha, el Lie. Agramonte prestó eminentes servicios á la 
patria, hasta ser llamado al ministerio, que renunció por se- 
guir al frente de las tropas, entre las que gozaba merecido 
prestigio. 

Encontrábase la lid muy empeñada, cuando recibieron los 
hermanos Agramonte la noticia de la muerte del padre y 
del desamparo en que la familia quedaba. 

Con tan funesto motivo, vino á Nuevá-York mi amigo 
D. Enrique. Aquí recibió la noticia de la muerte de D. Ig- 
nacio, acaecida en la sangrienta batalla del Sinaguayu (11 
de Mayo de 1873 )» cargando á la bayoneta ál frente de sus 
tropas, y dejando en la desolación á su familia y su esposa, 
que vio el cadáver del que tanto amaba, cuando aún brilla- 
ba en el cielo de su corazón la luna de miel. 



190 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Mi amigo Enrique, hecho cargo de la familia, recurrió á 
su profesión, en que sobresalía : se opuso á una cátedra en 
uno de los hospitales de más nombre, y la obtuvo, siendo 
cada dia más considerado en esta sociedad por su ciencia y 
virtudes. 

Tal es el chico que me hizo retroceder en mi camino. 
Obedecí á su indicación, y en el wagón me dijo : 

— Voy á Harlem : mientras hago mi visita, vd. verá el 
puente, y entretanto charlaremos. 

Atravesamos calles y más calles al Norte de la ciudad, 
hasta que después de mucho andar paró el carro, que lleva- 
ba traza de estar en movimiento por toda la eternidad. 

Amplísimo es el rio Harlem, límite Norte de la célebre 
isla de Manhattam. 

A la opuesta orilla hormiguean entre los árboles las casas 
y las fábricas. A mi derecha atravesaba, materialmente casi 
sobre las aguas, un ferrocarril ; á mi izquierda se tendía el 
rio cruzado de botes y de vapores en movimiento. 

A mis pies, en una hundicion de terreno, bajo un amplio 
tejado, está un salón contiguo á un elegante 7'estauranty 
donde por la parte que da al rio se sirven limonadas y he- 
lados. 

Sobre el rio está el embarcadero y el punto de alquiler 
de los botes ; á poca distancia el muelle para los vapores 
que atraviesan aquellas aguas. 

El puente, aunque de maciza construcción, no correspon- 
de en belleza á sus costos, pero es digno de las miradas del 
viajero. Tiéndese de uno al otro lado del rio en una exten- 
sión de más de doscientas varas, formando una calzada de 
madera con rejas de fierro. La calzada tendrá veinte varas, j 



GUILLERMO PRIETO I9I 



En SU centro forman calle tres arcos de cada lado colocados 
de modo que entre los arcos y el barandal, quede amplio 
tránsito para la gente de á pié, mientras van por el centro 
los carruajes. De los tres arcos de cada lado, dos tienden 
sus curvas á la altura de tres varas y el central de seis. 

Por la parte exterior del puente que ve á las aguas, des- 
cansa su macizo maderamen en gruesas columnas de fierro 
que encajan en el rio. En el centro son cuatro las robustí- 
simas columnas, y las coronan rieles circulares con ruedas, 
adheridas al reverso de esa parte del puente. 

Sobre los arcos centrales de este monumento se levanta 
una casita de madera que domina el rio, y donde se hace 
el servicio del puente. 

Apenas se anuncia una embarcación, cuando como por 
magia se desarticula el puente : toda la parte central, con la 
casa, los viajeros y carruajes, vuela sobre las aguas y queda 
suspendida siguiendo la corriente, mientras altivo y reso- 
plando cruza el vapor. Entonces vuelve á girar la parte se- 
parada, y se ajusta y continúa el tránsito. 

El espectáculo fué para mí de todo punto inesperado ; me 
tocó girar en' la parte que se abre, y vi cruzar, como en un 
desvanecimiento, casas, árboles, navios, caballos y carruajes. 

El Puente de Harlem excita con mucha razón la curiosi- 
dad de los viajeros. 

Regresó el doctor en compañía de un estudiante de le- 
yes, habanero despierto, audaz, abusando del acento del 
país natal y dando suelta á esa suficiencia y á ese desenfao, 
patrimonio de los primeros años. ^ 

— Quite vd. de ahí, hombre, estos no son estudios ni va- 
len un ardite, principalmente tratándose de medicinas. 



192 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Aquí el primer perillán que coge un poco de tizne de la 
cocina, le echa agua y unas gotas de álcali, ya puede pe- 
dir patente y salir por esos mundos de Dios curando con su 
Black wafter, lo mismo los callos que la retina del ojo. « 

— No niego que hay mucho humbtig y mucha droga; 
pero hay sabios de primer orden en el ejercicio de mi pro- 
fesión. 

— Yo no me meto en personalidades, replicaba el letra- 
do de Puerto Príncipe; pero vd., caballero, decidirá. (Aquí 
fueron los saludos y las presentaciones.) 

— Figure usted, siguió diciendo con suma animación: 
aquí, para el estudio de la medicina, á nadie se pregunta, 
ni de dónde vienes, ni qué sabes. A Perico el de los Palo- 
tes se le viene á las mientes ser médico, y no hay más sino 
que se inscribe á los cursos. 

Los cursos duran tres años: comienzan el i? de Setiem- 
bre y concluyen en fin de Febrero. En resumidas cuentas, 
en año y medio se recorre toda la ciencia médica, y no 
puede darse más diabólica aplicación al vapor. 

Las lecciones son orales, cada profesor tiene su ramo : se 
para en la tribuna cada maestro, y con una celeridad de que 
ni idea puede formarse, lanza como con jeringa una perora- 
ción, y . . . . termina la cátedra. 

Los exámenes son mucho, muy ligeros, se pasan en un 
trago, y la ciencia, encargada de la conservación y de la vi- 
da del hombre, entra por la puerta de la superficialidad y de 
la charla, y sale por la de los negocios, como si se tratase 
de traficantes. 

— Te confieso, decia Enrique, que no hay mucho de exa- 
gerado en esa pintura ; pero lo que callas es que tiene tal 



CONDICIONES DE LA SÜSCRICION, 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
o' 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

yi M. Affuitar y O/h'z, 

Administrador. 




VIAJE 



Á LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



<GUJI.LKKMO PRIETO) 



(1877) 



Entreqa JVúm. 52. 



MÉXICO. 
Iitiprenta del Comercio, de Du"blan y Chavez, 

CALLK DK CORDOBANKS KUM. 8. 

iS7e. 



GUILLERMO PRIETO I93 



valía eso de que el hombre asuma la responsabilidad de sus 
acciones, que hay médicos eminentes, y entre ellos pueden 
c-itarse á Alfred Post, Martin Payne; al catedrático de ana- 
tomía, Winter; á Loomis y otros muchos que comprenden 
sus deberes como maestros y que profesan la santa religión 
de la ciencia. 

— Te he dicho, replicaba el estudiante, que yo no me 
meto con las individualidades. Nada de eso ; te digo que 
he visto tal tempestad de médicos y tan bárbaros muchos 
de ellos, que en mi tierra ni como albéitares figurarían. 

Las mismas oposiciones, nó se hacen por gloria ni por- 
que ellas produzcan remuneración, nada de eso; es uno de 
tantos recursos de avisar al público que allí hay un médico 
menos adocenado que los otros, y eso trae clientela. 

— Ya vd. lo ve, dije yo, el público y siempre el público, 
que es el marchante, es el que tiene de calificar la obra. ' 

— Los exámenes, siguió Enrique, depuran la charla, y en 
ese punto nada más noble que el proceder de estos hom- 
bres : para la ciencia no hay extranjeros ; los puestos más 
distinguidos son para hombres que no son hijos del país, 
pero sí eminentes profesores. Ya verá vd. el hospital de Be- 
levue y otros establecimientos, y me dirá si se ve con des- 
den la ciencia. 

Yo veo el Colegio Médico diariamente, y admiro su re- 
gularidad y sus adelantos constantes. 

En el gran salón de lecturas caben holgadamente qui- 
nientos estudiantes. 

La sala de disección admira por sus combinaciones de luz 
y por la manera con que está ventilada. 

En aparatos, instrumentos y alivio del enfermo, existe 

Tomo III. 25 



194 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

allí cuanto ha inventado la ciencia, sin ponerse jamás coto 
ni medida en los gastos. 

Ahora, en cuanto al sistema de estudios, diré á vd. que 
el año escolar se divide en tres sesiones. Preliminar de in- 
vierno, Regular de invierno y Sesión de primavera. La úl- 
tima sirve como de repaso á las anteriores. 

Las lecturas preliminares en Setiembre, ó primeras sesio- 
nes de invierno, son de clínica, recorriéndose los ramos que 
van á estudiarse en lo futuro. 

De Octubre á Febrero, esto es, en el período de sesiones 
regulares, se dan cinco lecturaá diarias, que abrazan un cur- 
so completo de medicina y cirujía, acompañada de la prác- 
tica en el Hospital de Belevue y en las consultas de los 
pobres. 

Después de hechos estos cursos, el candidato obtiene su 
diploma firmado por el Canciller de la Universidad, el Dean 
de la facultad médica y cuatro ó más profesores. El total 
costo de una recepción, son treinta pesos. 

— Enrique, dijo su compañero interrumpiéndole, tú nos 
vas á espetar todo el Informe del año pasado, y Fidel está 
queriendo dormirse. 

Así era la verdad ; pero no estaba tan dormido que no 
cogiera al vuelo la promesa que me hizo Enrique de visitar 
al siguiente dia el Hospital de Mujeres, situado en la calle 
59, al Este de la ciudad. 

—Hasta mañana, Enrique. 

— No hay que olvidarlo. A las diez en punto. 



GUILLERMO PRIETO 1 95 



El Hospital de Mujeres es de los establecimientos mejor 
servidos en Nueva-York, emporio realmente de los esta- 
blecimientos de caridad y beneficencia. 

La fábrica es de ladrillo', inmensa y monótona, en alas co- 
mo hundidas, con su pórtico al centro, sus bastiones á los 
extremos, su desván de zinc en lá altura, su barandal de 
hierro al pié, ciñendo su alfombra de césped. 

A la entrada me señaló Enrique, porque Enrique Agra- 
monte fué mi cicerone^ algunos salones aislados con altos y 
amplios respiraderos. 

— Esos salones, me dijo mi guía, son destinados á las en- 
fermedades que producen pestilencia ó contagio, y ya vd. 
ve, separación tan obvia produce no solo comodidad^ sino 
grandes bienes, porque aquí son desconocidas las enferme- 
dades que abundan en los hospitales, como peculiaridad de 
esa falta de distinción. 

Entramos al hospital : por supuesto que carece de patio, 
y este me parece grave inconveniente, aunque le vi subsa- 
nado con otras muchas ventajas. 

En el salón de recepción estaba una señora escribiendo, y 
al solo verla, me prendó su compostura, la decencia de su 
porte, la amabilidad exquisita de su trato. 

Es la señorita Jhonson, que así se llama la persona á 
quien nos dirigimos, una de las empleadas subalternas que 
dependen de la Jitnta Directiva del hospital, compuesta de 
señoras de distinción. 

Alta, con el cabello cano cayendo en esmerados rizos se- 
\ bre su frente de nieve, ojos negros, y los destellos últimos 
de una notable hermosura. Oyó nuestra pretensión, quiso 
complacernos ella misma, se inclinó al suelo, ali^ó un extror 



196 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

mo de su vestido con sumo garbo y se dispuso á conducir- 
nos, con tal gracia y desembarazo, que, ¡vamos! me subyugó. 

Antes de empre,nder nuestro viaje por elevador y escale- 
ras, nos mostró grandes lápidas de mármol en que estaban 
inscritos muchos nombres. 

— Esos nombres, le dijo á Enrique, son de los creado- 
res y sostenedores del establecimiento, porque el Gobierno 
compra con una pequeña subvención el derecho de asisten- 
cia hasta para veinte enfermas. 

Los socios, porque allí no se decantan los bienhechores, 
que dan por una vez dos mil pesos, pueden mandar cinco 
enfermas, es decir, tienen cinco camas disponibles en este 
hospital. 

Ahora verán vdes. poquísimas enfermas ; ej\ esta esta- 
ción se trasladan á lugar menos caliente, y entre tanto, co- 
mo vdes. ven, se hacen las reparaciones del edificio^ 

En cada uno de los cinco pisos á que ascendimos por un 
elegante elevador, hay celdas para las enfermas de más 
distinción, cuartos para las consultas de los médicos, salas 
con sus útiles para operaciones y comedores para las enfer- 
mas convalecientes ; todo sin lujo, pero con extraordinario 
aseo, decencia y propiedad. 

En los cuartos ó celdas se ven muebles en que se ha 
consultado la comodidad, el desahogo y hasta el solaz de 
las enfermas. La ventilación de estos cuartos, lo mismo 
que la de todo el edificio, consiste en series de combinacio- 
»es á cual mejor y más oportunas. 

Unas veces la parte superior de la vidriera que forma se- 
micírculo se abre hacia arriba, como un labio, y establece 
oorrientes con ventiladores que se hallan al ras del suelo. 



GUILLERMO PRIETO Í97 



sin que se sienta el menor aire en las camas de las en- 
fermas. 

En otras piezas, en sus rincones, están incrustados tubos 
con horadaciones que hacen que el viento circule en la di- 
rección que se desea. 

En el descanso de cada piso están situados los cuartos 
para las "veladoras ó vigilantes, además de las que velan á 
las enfermas. 

Inmediato á cada salón se ve en cada piso un gran- 
de almacén con ropa, colchones y lo necesario para mante- 
ner en estado perfecto de aseo todas y cada una de las ca- 
mas. 

La lavandería, la cocina y las dependencias todas de este 
hospital, son la realización del ideal, todo lo que pueden te- 
ner de más práctico la candad y el bien. 

Enrique me decia : 

— Como este hospital hay muchos : el de Belevue es un 
modelo, y hay verdadero esplendor en cuanto á los apara- 
tos é instrumentos médicos que se fabrican en los Estados- 
Unidos con toda perfección, aunque haya persona que pre- 
fiera los franceses. 

En estas conversaciones descendimos las escaleras todas, 
¡siempre conducidos por nuestra amable guía. 

Estábamos en un extenso salón dividido por hileras de 
columnas y dispuesto con extraordinaria decencia, con sillas, 
mesas y cierto aparato de bienestar. 

— Este es el bassement, me dijo la señorita Jhonson, y el 
salón el que se destina á las consultas de los pobres. 

Los médicos todos del establecimiento tienen obligación 
de pasar aquí cierto tiempo atendiendo á las consultas de les 



198 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

infelices, suministrándoles la casa, las medicinas y los cuida- 
dos en operaciones ligeras. 

— Además, añadió Enrique, hay multitud de boticas que 
tienen sus asignaciones para los pobres, sostenidas por las 
Juntas de caridad. Es increíble el número de personas que 
disfrutan de este beneficio, que en obsequio de la verdad, 
desempeñan siempre con el mayor gusto y con provecho, 
porque aquí la gran dificultad es darse á conocer. 

Nada es exagerado, continuó con calor Enrique, de cuan- 
to hayan dicho á vd. respecto de beneficencia y caridad en 
Nueva-York. 

Como vd. ha visto, la grande iniciativa parte del impulso 
privado : el Gobierno se adhiere á lo establecido, despren- 
diéndose de la administración oficial. 

Con razón ha dicho el sabio Sr. Bachiller, que no es po- 
sible, en su juicio, que en ninguna otra parte del mundo 
tenga representación más completa la beneficencia. 

Las religiones todas compiten con ahinco en hacer prosé- 
litos en el terreno del amor y del bien ; la ciencia y la cari- 
dad en emulación perpetua, inquieren todos los dolores para 
aliviarlos, todas las penas para prodigarles consuelo. Los 
ancianos, los ciegos, los dementes, el huérfano, la mujer 
abandonada, todos, antes de hundirse, encuentran una mano^ 
que los salve. 

En las inmediaciones de los templos ; en los lugares más 
risueños por su posición ; en islas como Blackwell's, en me- 
dio de los campos, se levantan verdaderos palacios en que 
el amor brinda refugio á todas las miserias humanas. 
* Ya vd. ha visto el Instituto de ciegos ; el de sordo— mudos 
es igualmente hermoso ; en el Asilo de huérfanos se da edu- 



GUILLERMO PRIETO I99 



cacion, hasta los 14 años, á 900 hospicianos. En el edificio 
de niños vagabundos se alimentan más de 700, año por 
año. 

El término medio de emigrantes socorridos en su hospi- 
tal peculiar, es de 45o personas. En la casa de industria, 
seiscientos niños han hallado amparo y trabajo. 

Y todo esto sin ostentación, brillando en todas partes el 
orden y la moralidad más pura, sin que nadie haga objeto 
de su explotación, ni relacione con su posición oficial, esta 
dedicación santa al amor de los que sufiren. 

Alta, muy alta idea se cobra de los Estados-Unidos, con 
especialidad en un hospital y en una escuela. La libertad 
hace allí el apoteosis sublime del bien: la religión misma, co- 
mo que se desprende de la influencia del interés sacerdotal, 
para entrar en la sacrosanta comunión de amor en que Dios 
se complace. 

Los Informes de beneficencia y de educación, puede pre- 
sentarlos este pueblo como sus verdaderos títulos para ocu- 
par rango eminente entre los pueblos más civilizados del 
globo ; y esto lo escribo cuando rebosa hiél mi corazón, por 
lo injusto y lo depravado de la política de los politicastros, 
y de algunos gobiernos americanos respecto de mi patria. 

La señorita Jhonson respondía á mis preguntas, comple- 
tadas con señas ; me explicaba, me tenia encantado con s« 
finura, me estaba muriendo por aquella viejecita tan pura y 
tan linda. 

Por supuesto que al despedirme, le solté una arenga que 
me tiene hasta ahora dulces los labios. 



XIII 



Mi tertulia. — Charla bei\.éfica. — Iglesias Bautistas. — Casa-- 
n\iei\tos. — Entierro. — Pick-i\ick. — " I^eception, " — La 
Policía. — Las Con\isarías. — Penitenciaría. — Blakwell's, 
— Barbaridades. — Huelgas de obreros. — Matanzas y l\or- 
rores. — Ui\ "n\eetir\g. " — Mi viaje. — Mi tertulia. — Otra 
vez los l:\uelguistas. — I^eflexioi\es sobre los obreros. 



QUEDE rendido de mi visita al Hospital de Mujeres : 
en la noche, y por vía de descanso, fui á la casa de 
D. Ramón, en donde estaba, como nunca, animada la ter- 
tulia. 

El calor era sofocante : á la entrada de la casa, que no 
puede llamarse zaguán, estaban las señoras y señores for- 
males ; las señoras, en una especie de balconcillo contiguo, 
tenian sus sillones ; el resto de la concurrencia estaba en 
tapetes, sentada en los peldaños de la escalera. Los chicos 

Tomo HI. 26 



202 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

subían y bajaban entre la concurrencia, juguetones y ri- 
sueños. 

— Mucho se habrá vd. entretenido en el Hospital de Mu- 
jeres, me dijo D. Pedro : cada uno de esos establecimientos 
tiene mucho que estudiar. 

— En efecto, repuse yo; pero quedé rendido: al menor 
esfuerzo, me sale lo viejo por todas las costuras. 

— ¿Hay muchas enfermas? preguntó D. Ramón. 

— No las pude contar, repliqué, porque han ido al cam- 
po, como es costumbre. * 

— No vaya vd. á creer, interrumpió Doña Ambrosia : ¿ve 
vd. ese gimnasio, y esas espaldas, y esas fuerzas de gaña- 
nes que tienen las mujeres? pues realmente son muy en- 
fermas. Vd. figúrese : á los ocho dias de recibir éstas un 
niño de Francia, andan saltando como unas cabras por esas 
lomas. 

— Vea vd., á mí me dijeron, que aquí reinan las intermi- 
tentes, las perniciosas, las reumas, la dicteria .... 

— Señores, dijo Adela, nos vamos á enfermar si segui- 
mos platicando así. Fué vd. con tanto gusto al hospital, y 
no quiso ir al bautizo del otro dia que le habria divertido 
mucho más. ^ 

— Figúrese vd., dijo Juanito, que le dieron una zabulli- 
da en un estanque á la interesada, que se quedó tiesa. 

— ¿Qué me está vd. diciendo.-^ 

— Lo que vd. oye. En esas iglesias, así se hace, que lo 
diga D. Pedro. 

— Son las Iglesias Bautistas, que como vd. sabe, tienen 
por institución el bautizo de los adultos. 

— En el centro de la iglesia hay un estanque con agua. 



GUILLERMO PRIETO 203 



— Muy fría por supuesto, dijo Doña Ambrosia. 

— Sobre el estanque se ponen unas tablas y se hace el 
bautizo, añadió D. Pedro, 

— Papá, cuéntele vd. bien á Fidel; porque ha de saber 
vd. que hay muchísima concurrencia y cantos de dulcísima 
armonía. Cuando yo asistí á esa ceremonia, el sacerdote y 
una lindísima joven de diez y seis años, estaban en el ta- 
blado. 

— Iba la joven vestida de blanco, como una nube, repu- 
so Doña Ambrosia. 

— Sus largos cabellos caian sobre los encajes y la traspa- 
rente muselina, añadió Juanito. 

— Cuando nadie lo esperaba, cogió el padre de la nuca á 
la muchacha, y ¡zas! de sopetón la sumió en el estanque, 
dándole un sustazo de muerte : al padre no le sucedió nada, 
porque iba forrado de hule, dijo D. Pedro. 

— Pues la muchacha estuvo de fortuna : yo he risto esa 
ceremonia en Washington : la tabla en que está de pié la 
catecúmena y descansa en el estanque, se zafa repentina- 
mente, ella se sumerge, y aquello sí es cajeta : la rociada 
que llevan los concurrentes es para resfriarlos. 

— Pues yo he visto más, exclamó Juanito : yo he visto en 
medio del. invierno conducir en carretadas los negros, á 
bautizarlos en el Potomac, donde rompían el hielo con las 
cabezas : aquello sí era de encoger al más pintado. En cam- 
bio, los bautizos de los católicos se hacen como en todas 
partes. 

— ¿Y los matrimonios? pregunté yo esperanzado en sa- 
ber algo de costumbres. 

—De los matrimonios puede decirse, me respondió D, 



204 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Pedro, como del bautizo : la ceremonia es con arreglo á 
los ritos religiosos. 

— Hablemos de protestantes, dijo Adela, deseosa de com- 
placerme y con la viveza que le es genial. Se anuncia el 
matrimonio, poniéndose á la entrada de la casa una cortina 
é instalándose en la propia casa dos policías. 

En la puerta de la iglesia se pone también cortina. 

La novia va vestida de blanco, como el dia de la primera 
comunión .... 

— Pero en la iglesia, todo es muy desairado, observó 
Doña Ambrosia : figúrese vd. que no hay arras, ni hay ve- 
lación, ni -nada ; se cambian muy friones los anillos, y se aca- 
ta todo. 

— ^Pero, dijo D. Ramón, al salir á la iglesia, se les echa 
á los novios flores á manojos, y se deslizan sus botellitas de 
Champaña entre las ruedas del coche. 

— Eso no es nada, insistió Doña Ambrosia ; también dirá 
vd. que entre las flores suelen arrojar un zapato. 

— Eso quiere decir, exclamó Adela con malicia, que aun- 
que sea en un pié, debe salir á la calle la mujer. 

— Ese es el origen del refrán de la mujer casada : " los 
pies quebrados y en casa," que tiene su equivalente en es- 
pañol. 

—Si se llevara á cabo ese refrán aquí, lar> mujeres se 
morían .... para una mujer, encerrarla es como enterrarla 
viva. 

— Y ahora que hablamos de entierros, seguí yo, ¿ es cier- 
to que luego que muere alguno se le sepulta en hielo? 

— Es mucha verdad, contestó Doña Ambrosia : figúrese 
vd. qué sórbete ! . . . . si tienen estos hombres cosas! .... 



GUILLERMO PRIETO ÍO$ 



— Eso tiene la ventaja de que á nadie se le entierre vi- 
vo ... . del mal, el menos. 

— Ya se ve ... . el más vivo espicharia con semejante 
refresco. 

— Hay también su comitiva de duelo. 

— Muy corta, cuando en la casa mortuoria hay proporcio- 
nes ; porque en la casa se alquilan los coches : cuando son 
pobres, cada cual lleva su coche. 

— Pero ya habrá vd. visto; la gente va como de paseo 
tras el carro fúnebre : no se conoce el luto, fas mujeres y 
los niños parece que se van á un dia de campo. No, esa sí 
es una falta de caridad y de respeto al muerto, dijo Doña 
Ambrosia: ya se ve, llevan á la iglesia el cadáver y allí le 
descubren, y cada quien lo está mirando y observando co- 
mo si se tratara de una estatua. 

* ... 

—Pues á mí eso me agrada, dijo Juanito. 

—Pues hay gustos que merecen palos, dijo Doña Am- 
rosia amostazada. 

Yo, queriendo que no degenerara en tristeza la conver- 
• sacion, pasé bruscamente de uno á otro punto, diciendo á 
'D.Pedro: 

— De lo que no tengo ni remota idea es de un baile en 
¡una casa particular, si no es en San Francisco, en casas 
i mexicanas. 

En Orleans asistí, como aquí, á Pick-nicks de carácter 
público, y no á los dias de campo de familias, que contri- 
buyen con un manjar para sus comidas íntimas, como suele 
suceder entre nosotros. 

El Pick-nick se verifica en un jardín ; se canta, se baila; 
cuchichean los novios y los niños juegan alegres. 



f 



206 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Hay diversiones de esas que tienen carácter á.^ jamaicas, 
como hemos visto en Orleans ; y por último, en el mar, co- 
mo la de Rockway Island, de que he hablado ; pero baile en 
forma, no lo conozco. 

— Yo he asistido, me dijo Adela, á lo que se llama Recep- 
tion, que es en realidad un gran baile en que se ostenta lujo 
y esplendor. 

El Reception es de dia, á las dos ó tres de la tarde. La 
señora de la casa, que es quien ha hecho la invitación, re- 
cibe á los invitados á la puerta del salón, con ramos de flo- 
res que les distribuye. 

Se baila sin cesar cuadrillas y wals : la danza es descono- 
cida casi. 

En una de las piezas interiores hay una gran mesa con 
exquisitos manjares y vinos, entre los que ol Champaña ha- 
ce el principal papel. 

No hay asientos al rededor de la mesa : las personas que 
desean refrigerarse visitan el comedor, comen con la pre- 
mura que devora un lunche un hombre de negocios, y sigue 
bailando, no como quien ha comido, sino como á quien se 
ha dado cuerda. 

— Pero esos bailes, que duran hasta las nueve de la no- 
che, solo se verifican en invierno. En la presente estación 
no se visita ; se quitan las alfombras y se envían á que se 
renueven, se pintan las casas, se reparan los muebles y to- 
do el mundo está en el campo y en los baños, en que como 
en Saratoga, se vive la vida del hotel y es un perpetuo fes- 
t;in la temporada. 

Eran las doce de la noche : los cafés y parques tenian 



GUILLERMO PRIETO 120/* 



concurrencia y se oían á lo lejos las locomotoras, rugiendo 
como leones. 



Una de las cosas que más elogia y que más complacen 
al viajero que visita Nueva-York, es la policía, comenzando 
por el personal que siempre es escogido, aun tratándose del 
físico de sus individuos. 

Visten levita y pantalón azul con botones de plata, guan- 
tes blancos de algodón y un sombrero de fieltro con sus 
borlitas de oro. Por toda arma usan una especie de grueso 
bolillo de dos tercias de largo, suspendido á su mano con 
un cordón. 

Estos hombres rondan dia y noche la ciudad, aun los po- 
licías de los parques y paseos, que se distinguen porque su 
uniforme es. gris y usan cachucha. 

El Mayor ó Prefecto de la ciudad, elige los Jefes y la Jun- 
ta de Comisarios. 

Hay superintendente, un secretario y una fuerza de poco 
menos de dos mil hombres, con 35 capitanes, 133 sargentos, 
75 vigilantes y 80 ordenanzas. El total de los empleados en 
este ramo, son 4,000 hombres. 

El Cuerpo de policía se compone de hombres en todo el 
vigor de lá edad, y se buscan verdaderos atletas, que dan 
gusto de ver. 

Nada más interesante que ver á los policías entre la ma- 
raña de coches y el indescriptible tragin de Broadway, que 
cruzan por entre carros y caballos, llevando del brazo á un 
ciego, cargando un niño, y amparando, siempre respetuosos, 
á una joven. 



^08 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

La generalidad paga con afecto las atenciones de estos 
caballeros, porque tal nombre puede dárseles, y aun la gen- 
te viciosa les considera, con excepción de los ebrios, que 
ponen á prueba su paciencia. 

Por lo que'á nosotros toca, jamás hemos visto á un poli- 
cía maltratar á un preso ; nunca esa familiaridad repugnante 
con la gente perdida ; en ninguna circunstancia faltando á 
las leyes de la buena crianza y del deber, abusando de la 
autoridad. 

A todas horas del dia y de la noche se les encuentra por 
todas partes y es de su deber guiar al viajero, lo que para 
los extranjeros aumenta r^ás la simpatía. 

Las comisarias, que tienen funciones como en México, 
están situadas convenientemente en la ciudad, en número 
de treinta y seis, y son oficinas en toda forma. La oficina 
que yo vi en la calle de Greenwich, tiene su amplio despa- 
cho, con las mesas cercadas de un barandal de madera, su 
reloj y su telégrafo para comunicarse con la oficina de Ci- 
ty-Hall, dar avisos, pedir auxilios, acudir al llamado del su- 
perior, etc. Este telégrafo presta á la ciudad servicios im- 
portantísimos. 

Contiguo al despacho hay un salón con asientos, y otra 
sala pequeña en que los heridos reciben los primeros auxi- 
lios. 

Dividido por un pasadizo pequeño, pero embutido entre 
los muros del edificio, como un gran dado en su holgada 
caja, hay un edificio pequeño formado de celdillas en que 
se asegura á los reos hasta por una noche, mientras se les 
conduce á su destino. 

El piso del cuarto es como un ataúd, con una puerta de 



GUILLERMO PRIETO 2O9 



barras de hierro ; no podrían caber dos personas de frente 
dentro de aquellos cuartos, que son oscuros y malsanos. En 
uno de ellos había detenido un niño porque había cortado 
unas flores. 

A mí me pareció cruel aquel modq de detener, aun á 
personas declaradamente criminales : cualquiera de las jau- 
las de fieras del Parque Central, me pareció en mejores 
condiciones de vida. 

Habia visitado antes en Blakwell's la Penitenciaría. Blak- 
well's es una isla en que hay hospital y edificios destinados á 
la beneficencia y al trabajo. 

Allí se encuentra la casa de dementes, la de trabajo, el 
hospital y la penitenciaría, en que se tiene una detención 
temporal. "« 

La isla está al Este, y entre arboledas y risueños prados 
casi desiertos, se descubren los grandes edificios de piedra 
de cantería oscura, que negrea tristemente, como que va á 
morir en ellas la luz, y donde parecen condenadas á la ex- 
piación las cortinas de enredaderas que trepan las paredes, 
dejando los claros de las ventanas, como hay muchas casas 
en la ciudad. 

Desgraciadamente, la persona con quien hablé en la pe- 
nitenciaría de Blakwell's, es de las muy pocas que he encon- 
trado en los establecimientos públicos, ásperas y poco aten- 
tas con las órdenes y recomendaciones que yo llevaba ; así 
es que vi mal el edificio y no puedo entrar en pormenores 
como quisiera. Diré, no obstante, lo que vi. 

Figurémonos una inmensa galera de robustas paredes, 
con sus hileras de ventanas y su techo altísimo. 

Dentro de la galera está construido el edificio, que es u» 

Tomo III. 27 



2IO VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

<'■■■■■■'■-—'" ' • ' " - " ' 

cuadrilátero de piedra, de celdas en ala, con sus escaleras y 
su corredor de hierro en la parte exterior. 

Ese cuadrilátero queda como una gran caja dentro de la 
galera, sirviéndole en la parte exterior de salones y de trán- 
sitos á la vez. 

El interior de las celdillas tiene el ancho de poco más de 
vara ; yo me puse en las sienes las palmas de las manos, y 
tocaba con los codos los muros. El largo será de dos varas. 
En uno de los rincones hay una ironía de cama. 

Todo lo demás del sepulcro es desmantelado : la luz le 
viene de la pieza exterior. 

La puerta la forman barras de hierro, cubiertas de modo 
que solo queda un boquete para la respiración de la fiera. 
Una gruesa barra de hierro asegura la puerta. 

Parece que la prisión es accidental y que en ella residen 
por vía de pena correccional ; pero yo vi en las puertas pa- 
peles que indicaban la permanencia en aquellos nichos de 
panteón, de cinco ó seis meses, aunque esto no es común. 

Aquella soledad, aquellos muros, aquella escasa luz, me 
parecieron peores que la misma muerte. 

Dicen que la prisión no es solitaria, y en efecto, ese sis- 
tema está del todo abolido ; pero lo existente es brutal, es 
salvaje; convierte en afectación hipócrita el cuidado del pá- 
jaro y del niño y la institución caritativa para los animales. 

Y por más que repugne y que parezca increíble, se hace 
aquí la apología de los azotesjde Delaware : hay Estados en 
que se sujeta al reo con un corbatín de hierro á la pared, y 
los ahorcados son comunes, habiendo en este acto sacrilego 
verdadero lujo de barbarie y de degradación humana. ¡ Qué 
vergüenza! qué humillación! qué afrenta para el hombre el 



GUILLERMO PRIETO 211 



de ese columpio infame desde el que parece que la barba- 
rie en triunfo hace el apoteosis de la pena de muerte y de- 
safía á la civilización y á la humanidad ! 

Hay veces que se tiene á los sentenciados meses enteros 
en espectativa del suplicio, y antes de morir se les toma 
medida para el cajón en que los entierran. 

Hace pocos dias hubo once ahorcados, y diremos algo de 
esta historia por la trascendencia que está teniendo. 

Es el caso, que con motivo ó pretexto de la parálisis de 
los negocios, se habia hecho en varias negociaciones el re- 
bajo de diez por ciento en los salarios, rebajo muy sensible, 
porque aquí son poderosas las necesidades del obrero. En 
varias fundiciones y fábricas, al mismo tiempo de amen- 
guarse el salario, se aumentó el trabajo y en alguna se hi- 
zo notable el mal trato á los obreros. 

Es de advertir que en este país hay sus imitaciones eu- 
ropeas, en cuanto á colisiones ( Trait d' unión J, semejan- 
tes á las ligas inglesa y francesa que produjeron la interna- 
cional, y que entre las importaciones han tenido la de co- 
munistas alborotadores y feroces, aunque con menos éxito, 
por las condiciones de felicidad en que se encuentran los 
pueblos. 

Los obreros de las fundiciones de Macburg ( Pensylva- 
nia), protestaron y se levantaron contra la disminución de 
sueldo y el aumento de trabajo ; los dueños se opusieron, 
hubo desórdenes y. asesinatos, y de resultas de ellos fueron 
condenados á muerte once obreros de los de mayor inteli- 
gencia y prestigio, que representaban en las colisiones. 

Las ejecuciones se hicieron con todo el lujo de barbarie 
que hemos descrito, y estuvo al estallar una insurreccioa 



212 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



universal, porque operarios en el ferrocarril, fundidores, her- 
reros, carboneros y toda esta especie de gremios, tienen po- 
derosas ligas. 

'Al fin estalló la huelga en los caminos de fierro y minas 
de carbón de Macburg, Pittsburgo y toda Pensylvania ; y 
como si hubieran sido regueros de pólvora los rieles, se 
propagó el incendio de una tremenda insurrección. 

Destrozáronse trenes de mercancías, incendiáronse wago- 
nes y se lanzaron ardiendo á los grandes depósitos ; millares 
de hombres se precipitaban contra la fuerza armada que 
simpatizaba en algo para con los insurrectos, y el incendio, 
la matanza y el desencadenamiento de tddo lo que hay de 
más feroz en el tumulto, se vio en grandes focos, y tiene, 
con razón, en alarma y en espanto á la sociedad entera. 

El telégrafo, instante por instante, trasmite relaciones de 
horrores que vocean los muchachos. 

En las mañanas, en las tardes, á deshora de la noche, los 
papeleros infatigables, van como con teas encendidas difun- 
diendo la alarma. 

Ayer 2 5 publicó El Herald, como encabezamiento de su 
periódico, con letras colosales como aquí se acostumbra, lo 
siguiente : 

Un dia de alto en la historia del derramamiento de sangre. 



Alborotos en Siraousa, Albany, Chicago y San Lnis. 



£1 Nueva-York central en huelga. 



GUILLERMO PRIETO 213 



Selaware, Lackwana y el Oeste se unen. 



Ibctiéndese el alboroto en el Oeste. 



ün tren con milicia detenido. 



Efectos de la detención de los fletes. 



Escasez de carbón y fierro, fábricas cerradas en Pittsburgo. 



La harina subiendo, los duraznos pudriéndose. 



50,000 hombres próximos á lanzarse al tumulto. 
Uña voz para las fábricas. 



Eitrevista con el jefe Arturo, de la locomotiva de Brotherhood. 



La situación en Nueva- York. 



Un gran "meeting" cpnvocado por los comunistas. 



Pormidables precauciones para conservar el orden. 



Ataque en San Francisco de alborotadores contra los chino?. 



214 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIÜOS 

El texto de lo escrito corresponde á los rubros : cuéntanse 
por millones las pérdidas ; y las hondas lacras, y los grandes 
elementos de vida de esta sociedad, se ponen de manifies- 
to en estas circunstancias formidables. 

La preponderancia tiránica de los ricos que fungen en 
grandes Compañías, con intereses opuestos á los de la co- 
munidad ; aristocracia del peor género, que tuerce la mar- 
cha gubernativa y todo lo corrompe : los grandes errores 
económicos que reivindican en un solo instante los principios 
de la ciencia, hacinan combustible que estalla con la más le- 
ve chispa. 

La cuestión del Sur solapada, pero cuyas causas subsisten 
enérgicas, irritadas por la tarifa, que no es sino una máquina 
de opresión del Sur, todo está en fermento y todo escribe 
con letras de fuego y de sangre, lecciones que no deberían 
desaprovechar los serviles admiradores de esta gran na- 
ción. 

Y si hemos puesto delante de los ojos el reverso de la 
medalla, en el anverso figura el imperturbable acatamiento d 
la ley y lafé en los principios. 

Anoche, en medio de la excitación universal, se verificó un 
meeting de comunistas : nadie pensó en que se estorbase á 
los ciudadanos pacíficos el ejercicio de su derecho. Se to- 
maron precauciones, y eso fué todo. 

En cuanto á la fé en los principios, no se ha pensado en 
aumentar el ejército ; no se ha pedido socorro á la fuerza 
para que salve á los menores de edad, como lo habríamos 
hecho nosotros. En Pittsburgo, los ciudadanos en masa se 
hart armado; ellos acuden al peligro; se arman, vigilan, 
se muestran hombres, se bastan á sí mismos, á pesar de 



GUILLERMO PRIETO ' 21$ 



las defecciones de algunos; y esto es ser pueblo, y pueblo 
grande y digno de la libertad. 

Las vociferaciones de la prensa se valorizan por el buen 
sentido, alimentado por la instrucción universal, y los gru- 
pos de alborotadores pasan como compañías de cirqueros, 
en medio de la indiferencia de la gran masa que garantiza 
la paz. 

En las fábricas, otra es la cuestión ; pero con todo, no 
tenderá sus brazos la Comuna, no encenderá sus hogueras 
el petróleo, no recorrerá la internacional los pueblos, con 
su cortejo, de furias del hambre. 

Franceses, irlandeses y alemanes comunistas, vagos de 
todas las naciones, derraman en frío sus reminiscencias ; y 
aunque la parálisis de los giros es una gran calamidad, se 
espera que sea la perturbación un mal pasajero, y se vuel- 
ven los ojos á los buenos principios para encontrar de una 
manera cierta la paz. 

Yo tenia dispuesto mi viaje para el dia de ayer. Los • 
trastornos que acabo de referir me tienen como preso, de- 
vorando el fastidio. 



— Todo eso que vd. escribe, me decia Doña Ambrosia los 
otros dias, está muy bueno y á mí algunas cosas tal parece 
que las estoy mirando, sin quitarles pelo ni tamaño ; pero 
convenga vd. en que se le va la mano en la miel cuando 
describe á las mujeres, y no es eso bueno, aunque la pique 
de galante. 

— Pues yo no he visto nada de eso, dijo Adela, agitando 
su abanico y dejándose ir hacia adelante en su mecedora. 



2l6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— Oh ! si en esos cuadros de Fidel, las ladies son divinas : 
jqué airosas! ¡qué instruidas! ¡qué expeditas! 

— Y no lo podemos negar, mamá ; sorprende el número 
de mujeres hermosas ; y si no, dé vd. una vueltecit:a por 
Broadway cualquier sábado, y deslumhra tanta elegancia y 
tanta hermosura. 

— Todo estará muy bueno ; pero vd. no ha pintado una 
mujer dándole el brazo al hombre y el hombre dejándose 
llevar, como no está en el orden ; nunca ha dicho vd. que 
señoras,que por tales pasan, alzan sus pies como cualquier 
macho y los ponen á la bartola mientras leen su periódi- 
co ; y en esto del abanico, se lo pegan como clavado en me- 
dio del pecho, y allí sacuden, sin aquel garbo ni aquel no sé 
qué de nuestra raza. 

— Pero, mamá, esas son pequeneces que no hay para qué 
mentar. 

— Tampoco dice Fidel, continuó implacable Doña Ambro- 
sia, que mucha de esa suelta y de esa libertad de los niños, 
depende de que no los soportan dentro de las casas, en don- 
de acaban con las alfombras y hacen guerra á los muebles y 
al aseo ; hay muchos bordings en que no se admiten á los 
huéspedes con hijos : sobre todo, mal se avienen esos chi- 
queos con señoras que andan en la calle. 

— Está muy bien : podrá suceder lo que vd. dice, mamá, 
replicó Adela ; pero pierde de vista aquí á los muchos aven- 
tureros y gente ordinaria, que hace cosas que les achacan á 
los extranjeros, como por ejemplo eso de la bebida. Bebe 
más siempre un irlandés que dos yankees : si no, vea vd. ese 
vecino. 

El vecino es un propietario que pasaba casi en paños me- 



GUILLERMO PRIETO 21/ 



ñores y sin sombrero, con su inmensa jarra en la mano, y 
de varias casas salian gentes con jarrones semejantes, como 
en procesión, por el Leager Ber. 

— Espanta lo que se bebe aquí diariamente : D. Pedro tie- 
ne pruebas, por esos libros que él lee dia y noche, que este 
es el país del mundo en que se bebe más. 

Estábamos entretenidos en esta plática, cuando llegó D. 
Ramón trayendo las noticias últimas del telégrafo : eran las 
diez de la noche. 

— En Chicago, nos dijo, los huelguistas hicieron un gran- 
de empuje para entregarse á los mismos desórdenes que en 
otras partes. La fuerza federal tomó parte : reforzáronse las 
filas de los insurrectos hasta en número de diez mil, que se 
abalanzaron sobre la tropa. Esta hizo jugar la artillería, y 
han corrido rios de sangre entre montones de cadáveres. 
Se cree que la chusma sucumbirá y todo quedará en paz. 

— Ya vd. sabrá del meeting de anoche ; hizo fiasco, como 
lo preveíamos : se reunieron ni¿nos de mil personas. Aquí 
todo el mundo puede gritar "¡viva!" los "mueras" se re- 
primen. Anoche, al primero y único " muera, "' sacaron sus 
cuellos cuatro ametralladoras, y se acabó el desorden. 

A todos los edificios públicos se dio la orden de que tu- 
vieran en las calderas agua hirviendo, para lanzarla á chor- 
ros sobre los amotinados. 

— Eso habría sido espantoso, observó Adela horrorizada. 



Es muy difícil, sobre todo para un extranjero que no co- 
noce sino superficialmente y como de paso esta sociedad, 
desentrañar las causas que ocasionan las perturbaciones for- 



ToMO III. 28 



2l8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

midables que está produciendo la situación de las clases 
obreras. • 

La cuestión cae, por la naturaleza de las cosas, bajo el 
dominio de una crítica parcial, en que los partidarios de la 
libertad y los proteccionistas se inculpan recíprocamente y 
acaban por encerrarse con obstinación en sus opiniones in- 
transigentes. 

Es cierto que se ven en las huelgas de los trabajadores y 
en la organización de los obreros tentativas de imitación 
europea ; pero las condiciones sociales son tan distintas y 
son tan ilustrados los mismos obreros, que ellos en su edu- 
cación tienen el correctivo de males que en Europa son de 
trascendencia funestísima. 

La falta de reciprocidad en los cambios, provocada por 
el arancel protector, deja sin salida los efectos que produce el 
país, y eso determina la parálisis de las fábricas y la baja de 
salarios : ambos males causan la huelga y la miseria. 

La educación y el hábito de igualdad han propagado mu- 
cho el trabajo por participación, es decir, el participio del 
obrero en las ganancias del capitalista, elemento poderoso 
de la conciliación del capitalista y el obrero. 

La baratura de los trasportes y lo movedizo de la familia 
americana, hacen que cambie con facilidad de domicilio, en 
busca de mejor fortuna. Sobre todo, las cajas de ahorro y 
el gran número de propietarios agricultores, enfrenan la re- 
vuelta y dejan en minoría á los perturbadores del orden. 

A la noticia de las huelgas del Sur, se llenaron -los cuar- 
teles de la guardia nacional, las tropas estaban listas, se 
ofrecieron al Presidente de parte de algunos Estados del 
Sur, más de cien mil hombres, y los propios obreros se pu- 



GUILLERMO PRIETO 219 



sieron del lado de los conservadores de la tranquilidad 
pública. 

Las concesiones constantes que hace la legislación adua- 
nera ; la riqueza del Sur, que se reintegra en su esplendor 
antiguo"; los intereses comerciales del Oeste, producirán 
irresistibles efectos en favor de la libertad, y sucumbirá ese 
sistema prohibitivo, plagio infeliz de List, fomentado por 
insaciables especuladores, que son las primeras víctimas en 
las insurrecciones de los obreros. 

Algunos de los hijos de Pelayo sen deliciosos para esto 
de juzgar las cuestiones sociales de los americanos. 

Decia uno de ellos : • 

— Todo lo que vdes. ven, es porque á estos judíos no les 
entra una idea nueva, ni á mazazos : todos ellos están encas- 
tillados en su rutina. 

— ¿Pero qué rutina es esa? le preguntaron. 

— ¿Cómo qué rutina, hombre? la rutina de hacer dinero, 
que no se las saca vd. de la cabeza ni con tirabuzón, ni con 
una yunta de bueyes .... 

En el momento que el Norte modifique un poco la ruti- 
na de que habla el gachupm, las cosas se compondrán. 



Al volver al hotel, Francisco trazaba en el plano nuestro 
largo camino. 

En el suelo habia baúles abiertos, papeles regados y to- 
dos los anuncios del próximo viaje .... 

El calor ha sido espantoso : el termómetro ha llegado á 
marcar 95 grados. Esa debe ser la temperatura de la boca 
del infierno. 



XIV 



Geo Shiels.— Apotliecary Broadway 896. — Apuntaciones 
sobre nuestros artículos de exportación. — Ua coi\vite. — 
Poesía á Jacinto Gutiérrez y Coll. 



VARIAS ocasiones, al presenciar Francisco mis horas 
de aburrimiento, me habia invitado para que fuese á 
visitar á M. Geo Shiels, boticario famoso, y cuyo despacho 
es punto de reunión de mexicanos y de hijos de las otras 
Américas. 

M. Shiels es mexicano de nacimiento. 

Nacido en Yucatán y radicada parte de su familia en la 
Isla del Carmen, conserva frecuentes relaciones con México, 
y es buen patriota, excelente amigo y hombre por natura- 
leza fino y servicial. 

Su despacho, encallejonado en el extremo de un espacio 
en que viven en patriarcal armonía unas modistas que cul- 



222 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

tivan la flor de la elegancia, unos fotógrafos poseedores de 
confidencias, un almacén de guantes y tocados, y por fin, la 
botica, prolongado estuche dividido por un mostrador, y que 
tiene por respaldo el almacén de drogas. 

A la entrada de la botica está el depósito monumental de 
la agua de Sosa, con su ejército de vasos, jarabes y su fuen- 
tecilla de plata en que por si solos se lavan los vasos, por 
medio de un ingenioso mecanismo. • 

En el medio del mostrador está el escritorio de M. Shiels, 
y en el respaldo de la pieza el laboratorio con todos sus 
útiles. 

Frente al mostrador hay sus estantes y junto á ellos si- 
llas para las visitas, que nunca faltan. 

Pero, como la mayor parte de las boticas, la de Mr. Shiels 
es un refugio, una guía, un ómnibus, en que se satisfacen 
toidas las dudas y se provee á todas las necesidades. 

¿Se quieren informes sobre cualquier casa, cualquier banco, 
cualquier establecimiento ? Pues Mr. Shiels, como los otros 
boticarios, tiene su gran directorio, y no hay más que irlo á 
consultar, sin pedir licencia y sin que nadie lo tenga á mal. 

Drogas, mercería, cepillos, sobres de carta, sellos, menjur- 
jes, aceites, medicinas patentadas, todo lo vende mi amigo, 
todo lo sabe y á todos sirve con puntualidad de cronómetro 
y con calma imperturbable. 

Frentón, ojos azules, roma nariz, boca recogida, ancho y 
bien conformado : bajo el aspecto glacial de Mr. Shiels, exis- 
te uno de los corazones más nobles que yo haya conocido 
jamás. 

Posee Mr. Shiels cinco ó seis idiomas con extraña per- 
fección, y esto contribuye á hacer numerosísima su clientela. 



GUILLERMO PRIETO 223 



Las muchas visitas en nada embarazan sus trabajos ; él 
los prosigue sin cuidarse de los que hablan ni lo que dicen, 
á no ser que se le interpele, en cuyo caso se encuentra siem- 
pre al hombre instruido y caballeroso. 

Yo concurrí por primera vez á su botica, hojee el Diccio- 
nario, tomé soda, compré uu lápiz y» escribí por vía de tar- 
jeta los siguientes versos, que dejé sobre el mostrador : 

EN LA BOTICA DE M. SHIELS 

BROADWAY 896. 

Cuando una mosca nos pica 
Y nos hace abolladura 
En la piel, de fé se cura 
La roncha, en esta botica. 



Si es desdeñosa una chica, 
No os abandonéis al tedio, 
Porque tiene un gran remedio 
Para el desden, la botica. 



Si una suegra os mortifica. 
Como la pulga ó la chinche, 
Polvos, cual de Pinche^ Vinche 
Tiene á mano esta botica. 



Si un amor nos sacrifica 
No demostremos zozobra: 
Con ingredientes de sobra 
Se quita en esta botica. 



224 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

¿ Le piden de sol á sol ? 
Aquí se cura del chasco, 
Y se llama ( á peso el frasco ) 
Bálsamo de 7iot at ol. 



En fin* la pobre, la rica, 
Las santas y4as coquetas, 
-Para consultas secretas 
Que vengan á esta botica. 



Fidel. 



Mr. Shiels recibió con amabilidad suma mi extravagante 
presentación, y es uno de mis amigos más queridos y á 
quien debo más profunda gratitud en la Ciudad Imperio. 

En la casa de Mr. Shiels vivia su hermano, vecino de la 
Isla del Carmen, que había ido á Nueva-York á comprar un 
vapor, para establecer una línea de comunicación entre Yu- 
catán y Nueva- York, que producirá los mejores efectos. 

De las conversaciones de este amigo, de las de Andrés 
Aznar, de las de un americano hijo de Filadelfia, casado con 
una linda y espiritual meridana, sacaba mis apuntaciones 
acerca de la exportación de nuestro país, rectificaba mis 
juicios, y todo se hacia, como me gusta, mezclando á los 
cálculos la crónica, despolvoreando los chistes sobre los nú- 
meros, y soltando los libros de caja para remojar la palabra 
con las copas del bar-room del vecino Hotel Continental, 
guiñando de paso el ojo á la linda Galimbertti, si estaba en 
su ventana. 

'Volviendo á nuestro comercio, los artículos de exporta- 
ción para los Estados-Unidos son más numerosos de lo 



CONDICIONES DE LA SÜSCRÍCION. 



Semanariamente se publicara una entrega de elegan- 
te impresión en 4°, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una cstanipn, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y-REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 



J, M. Aguilar y Ortiz, 

Administrador. 



V lAJE 

Á LOS , 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



£lnlre(/a JV^úm. 53. 



MÉXICO. 

I jji jn-«^>j»1a tlf-l Coineroio, <le Dublaxi y Chavess. 

CALLB DH CORDOBANES NUM. & 



-*•>-<'-«.*- 



GUILLERMO PRIETO 225 



que se cree generalmente ; pero no se desarrollan, ya por 
falta de agentes, ya por las exiguas proporciones del culti- 
vo, ya porque no hay constancia para vencer las primeras 
resistencias, que tienen en un mercado extraño los frutos 
extranjeros. Diré á vdes., así, al paso, y sin pretensiones, 
cuáles son los artículos que pudieran tener salida en este 
mercado : 



Palo de Campeche. 

Henequén. 

Ixtle. 

Maderas de construcción. 

Vainilla. 

Miel de abejas. 

Cerdas. 

Cauchuc. 

Cueros de chivo. 

Zarzaparrilla. 



Purga de Jalapa. 

Café. 

Azúcar. 

Tabaco. 

Frutas. 

Amacas. 

Sombreros de palma. 

Petates. 

Ajos. 

Chitle. 



Cacao, etc., etc. 

— Ahora van mis observaciones, dijo el negociante de 
Filade'lfia. 

El modo de raspar el henequén debilita su fuerza, aplas- 
tándolo, y le hace bajar de, precio. Ahora se dice que se 
trata de remediar este mal. Es mucho muy reducido el nú- 
mero de los que negocian en henequén, y más que como 
corredores c^mo comerciantes; así es que lo monopolizan, 
le imponen precios, y se hacen dueños de esa rica industria. 

El ixtle es más resistente y flexible que el henequén; 
pero como la hebra es corta, no puede dedicarse á los usos 
del henequén, se riza y se emplea en cojines y colchones. 
Está tomando gran fuerza este comercio. El mejor es del 
Estado de Tamaülipas. 

Tomo \\\. 29 



226 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Los cultivadores de la vainilla, que es riquísimo producto, 
no se han fijado, en mi juicio, lo bastante, en lo que pierde 
secándose al fuego : secándose al sol valdría mucho más. 

Se me olvidaba decir á vdes. en cuanto al palo de Cam- 
peche, que la inteligencia con los fabricantes de zarazas y 
estampados, le haria más estimable. 

En cuanto á maderas, además de la caoba, el cedro y el 
moral, de que se hacen grandes ventas, se solicita una ma- 
dera que vdes. llaman chechem-y semejante al box : son muy 
estimados el ébano, el ciricote, el jovillo, y otras que no re- 
cuerdo y abundan en las costas mexicanas. 

Respecto de miel, diré á vd. que la que aquí se expende 
viene de Támpico, y se suele vender hasta á 8o centavos 
el galón ; pero se conoce que se descuida en México este 
cultivo : la miel es delgada : muchas veces llega agria. Bien 
cultivada, producirla mucho dinero. 

Otro ramo de exportación sería la cerda : viene ahora de 
Mérida, Tampico y Veracruz. 

El cauchuc viene ahora, decia Shiels, de Tabasco y Vera- 
cruz y un poco de la Laguna ; pero en muchos puntos de la 
República, como en la Huasteca, podrían emprenderse gran- 
des explotaciones : domina ahora en el mercado el cauchuc 
de Sur-América, compitiendo. 

— Vean vdes., decia Andrés Aznar : Buenos Aires nos 
hace competencia con los cueros de chivo, y los nuestros 
valen más ; pero aquellos comerciantes son más inteligen- 
tes y estudian más este mercado. Aquí, esa falta de estudio 
nos ha hecho insistir en la venta de la zarzaparrilla, domi- 
nándonos siempre la de Honduras. En Europa es donde 
tiene grande aprecio esa planta preciosa. 



GUILLERMO PRIETO 227 



— Por más que encarezcamos y pongamos el grito en el 
cielo ensalzando nuestro café, dijo un desconocido que des- 
pués supe es un mexicano muy inteligente en estas mate- 
rias, en Orleans es donde se hace el tráfico : aquí se conoce 
muy poco, producirla millones popularizarlo. 

El café de Java, de Rio Janeiro, de Costa Rica, de Vene- 
zuela, de Puerto Príncipe y hasta de Santo Domingo, pro- 
veen á este inmenso consumo ; y vd. no lo creerá : en los 
ensayos de introducción del café mexicano en este mercado, 
el que más se conoce es el de Oaxaca (Villalta), disfrutan- 
do en México mayor concepto, Colima, Uruapam, Atlaco-* 

¡ mulco, Córdova, y^tros puntos desconocidos aquí total- 
mente. 

De más importancia, relativamente hablando, es el con- 
sumo del azúcar : la nuestra compite aquí sin esfuerzo algu- 

^^ no con la de Cuba ; y aunque por el momento hay en Nue- 
va-York grandes existencias, me parece un ramo de comer- 
cio de mucha espectativa. El azúcar moscabada es la que se 

\ debe enviar, porque así paga menor derecho y la aprecian 

' más las refinadurías. El verdadero mercado de nuestra azú- 
car está en Europa. 

Pero en todo se ve la mano de la desidia, y se hace sen- 
sible nuestro abandono. El empaque de nuestras azúcares 
detestable : las hace desmerecer muchísimo. 
— En mi juicio, decia yo muy serio, á los cónsules se les 
deberla caracterizar x:omo agentes mercantiles, haciéndolos 
útiles, como lo han prevenido la Francia y la Prusia, orde- 
nándoles que suministren datos estadísticos, favoreciendo á 
los comerciantes é informando sobre todo lo conducente al 
comercio. 



/ > 



228 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Los Általes de comercio de la Francia, se componen de 
Informes de los cónsules en una gran parte, y muchas, mu- 
chas veces, he recurrido á ellos para saber algo de mi país 
respecto de su comercio exterior. 

En esos Informes sabríamos, por ejemplo, por qué siendo 
los derechos tan altos sobre el tabaco y tan inferior el de 
Cayohueso al nuestro, aquel tiene mayor consumo. 

Apenas los Tuxtias han logrado hacer introducciones 
ventajosas, cuando podrian hacer remisiones, mayores Pa- 
pantla, Misantla, Coyusquihuic, el Jovo y otros muchos lu- 
'gáres cosecheros en que se ha mejorado mucho el cul- 
tivo. % 

Tal vez nos instruirían esos Informes, porqué la Califor- 
nia, Sur-América, las Floridas, Italia, Sicilia y hasta Smir- 
na, tienen mercado para sus frutas, y nosotros no hacemos 
sino muy exiguas introducciones. 

Ya se ve, el simple empaque hace que se coman en 
Nueva-York > uvas frescas de Málaga, mientras nuestras 
frutas más resistentes á la corrupción, llegan impasables y 
para tirarse á la basura. 

— Ha hecho vd. un sacrificio, me dijo Andresito : ya sa- 
bemos que vd. se calienta bastante la cabeza y estudia en 
su casa, razón por la cual gusta fuera de ella de la charla 
insustancial y de las conversaciones que no exijan atención ; 
pero nosotros deseábamos saber, ahora que ha visto por 
acá los negocios, qué inconvenientes encuentra vd. en las 
formalidades de nuestros aranceles mexicanos? 

— Varios he notado, respondí con condescendencia ; pero 
no estoy cierto de la exactitud de mis observaciones.. 

Las facturas consulares son 'gravosas y el certificado que 



GUILLERMO PRIETO 229 



vale cuatro pesos y á veces más, importa un desembolso 
no justificado donde tiene sueldo el cónsul. 

En lo que se llama juego de facturas, que se tienen que 
poner marcas, números y la complicadísima nomenclatura 
de nuestro arancel, la factura que sirve de manifestación al 
comerciante, que se haga en buena hora ; ¿ pero qué tiene 
que ver con la copia para la aduana, ni la que vaya al Mi- 
nisterio de Hacienda? Si esos son documentos ó compro- 
bantes del mecanismo de la oficina, ¿ por qué no los hacen 
los empleados? 

Por otra parte, la rigidez en la nomenclarura es motivo 
de extorsiones al comercio. El dia que en vez de pasas se 
pone fruta seca, aunque sea lo mismo, se expone al comiso 
el comerciante. Poner lienzos por tejidos, ó vice versa, es 
blasfemia aduanal, lo mismo que poner elástico por re- 
sorte* 

La maicena paga derechos, y la harina de nlaíz que $e 
hace de maicena es libre. 

En las drogas medicinales, cada vez que se pone la ma- 
no se echa á perder más el arancel, al punto que siendo en 
cuanto á la cotización uno de los menos tiránicos, la nomen- 
clatura, las fórmulas y su pésima regularizacion, lo hacea 
odioso y brutal. 

Vea vd. por encima, dije tomando el arancel mexicano y 
señalando al vuelo algunos artículos. 

Pianos. . . . regulados por el peso bruto. ... 

— Por supuesto no fué mal bruto el que incurrió en la 
confusión. 

— Soda cáustica para jabón, paga más de lo que vale. 

Clavo de especia, canela .... En fin, chicos, doblemos la 



330 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

hoja, que esos caballeros que están á la puerta me esperan 
^ para que vayamos á comer. 

Aquellos bienhechores míos, aquellos mis redentores del 
. arancel de aduanas, suelen llamarse Jacinto Gutiérrez, Bo- 
nald y Luis F. Mantilla, que llegaban asistidos de los dos 
grandes elementos que se necesitan para toda comida : mu- 
cha hambre y muy buen humor. 

— Qiicos, á la disposición de vdes., les dije, y salimos de 
h. botica. 



Nuestra comida fué en el Delmónico,, en un saloncito de 
cristales aislado, con todo lo constitutivo del lujo y del com- 
fortable, ó sea á propósito para estar cómodo y contento. 

La atmósfera de la charla se fué tendiendo vaporosa y 
como brotando sus celajes de oro de las soperas, los plato- 
nes y las copas. 

Las bujías del alto candelabro irradiaban como un firma- 
mento de llama, y las palabras eran como enjambres de aves 
de canto delicioso que vagaran al acaso en un verjel es- 
pléndido. 

■ Bonald nos recitó algunas de sus deliciosas traducciones 
de Hein, que le han dado merecida celebridad en el mun- 
do de las letras. Gutiérrez declamó varias poesías suyas, que 
son como obras primorosas de filigrana ; que son como ésas 
a-eaciones de espuma de encaje y de niebla, escapadas del 
buril de Benvenuto Cellini ó del pincel soñador del delicado 
Corregió. 

. Gutiérrez, puede decirse que es el hombre de la alta so- 
ciedad, parisiense : narra como Dumas, cria como Mery y 



GUILLERMO PRIETO 23 1 



forja el cuento fantástico como Hoffman y como Richtter; 
argulle, disputa, hace saltar la paradoja inverosímil y la sos- 
tiene en un cabello como un equilibrista prodigioso. 
, Las risas, las emociones de ternura, la explosión del en- 
tusiasmo nos hacian cortejo, y las horas pasaban desaperci- 
bidas y como ocultándose, para no interrumpir nuestro con- 
tento. 

Cuando pidió la palabra el corazón para que Gutiérrez y 
Bonald hablasen de su patria y de sus padres. Mantilla, que 
todo es bondad y ternura, pidió que brindásemos por su 
negrita. 

Entre bromas y alusiones cariñosas, pedimos al sacerdote 
de la niñez, nos dijese algo de su negrita. 

La negrita de Mantilla fué su nodriza, nodriza negra, de 
la servidumbre de su casa : no solo le alimentó á sus pechos ; 
no solo cuidó y dirigió su .primera educación, sino que fué 
su guía, su amparo, su madre y el ángel custodio de sus 
primeros, años ; y Mantilla no soló venera su memoria ; no 
solo ha levantado un monumento que guarda sus cenizas, 
sino que sus recuerdos son poemas de arrullos, de ternura 
filial, que simpatizan y dejan entrever la bondad infinita de 
esa alma niña consagrada á los niños. 

En efecto, Mantilla e^ uno de los hombres más respeta- 
bles que yo haya conocido : su vida es una consagración 
sublime á la purificación del hombre por medio de la íns- 
truction ; su elevadísima inteligencia no busca lauros, no 
aspira á honores ; quiere y anhela por la instrucción, y esa 
faz de lo bello y lo bueno, lo absorbe y lo embebe en su ob- 
jeto con fanatismo sublime. 

El Japón, la China, las Américas, los lugares más salva- 



232 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

jes resuenan con su nombre : los libros de Mantilla son la 
gran Cruzada de la civilización en todo el mundo ; él es el 
único que ignora su mérito; es sencillo hasta la humildad, y 
pone su persona al servicio de los desvalidos, con placer 
y como si en ello recibiera favor. 

Allí, á su celdita de monje, á su vivienda oscura, van es- 
tos recuerdos, recuerdos de gratitud, porque Mantilla hon- 
ra cuando estrecha la mano de un hombre llamándole su 
amigo. 

La conversación, que solia adquirir esos matices de gra- 
vedad y conmoción, se rompia alegre al tocar en la frente 
de Gutiérrez, y entonces, como de una cajita de chucherías 
y joyas, saltaban las ladies, los teatros, los paseos, las bellas 
artes, los poetas y las bacantes de la crónica escandalosa de 
la Ciudad Imperio. 

Respecto de bellas artes, me hice eco de la opinión vul- 
gar de que los americanos las descuidan, de que falta al pue- 
blo de fogoneros y postillones el soplo divino que engendró 
los Rafaeles y Murillos; pero fácilmente corrigieron mis 
errores, con solo citarme las numerosas y bien dotadas aca- 
demias de dibujo y la aplicación de él á las artes útiles. ' 

Yo replicaba : 

• — No me podrán vdes. negar que muy frecuentemente 
se confunde el mérito de las obras de arte ; que el vulgo 
prefiere una muñeca medio desnuda y con pedazos de es- 
malte por soguillas y pulseras, á creaciones delicadas ; ' que 
hay estatuas aun frente al Capitolio, que son blasfemias. 

— Puede ser que en algo de lo que vd. dice tenga razón ; 
pero es necesario para entetidernos, me dijo uno de los cir- 
cunstantes, que nos pongamos de acuerdo en el punto de 



GUILLERMO PRIETO 233 



partida de la crítica. Fíjese vd., continuó, en que la práctica 
de la igualdad es cosa que repugna al europeo, y más al eu- 
ropeo bien educado ; de ahí las amargas censuras á las fal- 
tas del bien parecer y de cultura á la europea. Como de 
esa crítica se apoderaron personas inteligentes, por otra 
parte poco capaces de analizar las instituciones y los ele- 
mentos constitutivos de esta sociedad, cobraron boga las 
censuras al yankee, que enarbolaba sus pies sentándose en 
la espalda ; del que escupe ; del que forma un polvero de 
tenacilla con el índice y el pulgar ; del que bebe con su 
criado, y del mozo de café que habla en un meetting con el 
desplante de Mirabeau. Lo mismo son las críticas de la^ 
bellas artes y de todo. 

Pero hoy es distinto : los hijos de ricos comerciantes, ca- 
pitalistas y banqueros, se educan en gran número en Euro- 
pa : es muy común en las personas de buen tono la pose- 
sión ^e tres y cuatro idiomas ; la buena sociedad americana 
tiene rnucho de la buena sociedad inglesa, sin su etiqueta 
tirante y sin las ceremonias, empalagosas á veces, del afili- 
granamiento francés. 

Le prueba á vd, ese refinamiento, la boga de la Ristori 
y de actores de su mérito. La Aimée ha hecho en los Es- 
tados-Unidos una cuantiosa fortuna. 

Las ediciones americanas pueden competir con las pri- 
meras del mundo, y sus delicadísimos grabados suponen 
artistas de primer orden. 

Hay multitud de particulares que tienen galerías esplén- 
didas en que se pueden seguir los progresos del arte mo- 
derno. 

— Yo daré á vd., dijo otro de los amigos, algunas apunta- 

ToMO III. 30 



234 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

eiones sobre bellas artes, y por ahora me reduciré á hacerle 
notar que algunos viajeros especuladores pintan al yankee, 
como lo hacen, por la misma razón que nos pintan á los me- 
xicanos bailando con sombrero ja:rano y espuelas, y á las 
damas con su rebozo terciado y su cigarrillo en la boca. Si 
nos pintaran de' una manera común, nadie comprada sus 
obras. 

El Sr. Gutiérrez, que es muy diestro y caballeroso para 
hacer los honores de anfitrión, dio otro giro á la conversa- 
ción^ y abriéndose nuevos horizontes,, volaron á ellos como 
parvadas de aves regocijadas nuestros pensamientos. 

Como nremoria de aquel delicioso convite, dejé á Jacin- 
to Gutiérrez el siguiente recuerdo de mi ,gratitud : 

A JACINTO GUTIÉRREZ Y COLL 



A mí tú, inspiración, á mí que ardiente 
A tu ala de relámpago confiado, 
Tendí en la tempestad soberbio el vuelo, 

Y á la región etérea remontado, 
Cruzando el firmamento de la gloria, 
Olvidé el fango del mundano suelo. 

Ángel de inspiración, cuando tu cauda 
Se agita en el espacio, se alza en olas 
De ópalo y grana el esplendor del dia. 
Estalla el viento en himnos de esperanza, 
Sobre la tierra llueven flores bellas 

Y señalan la senda que recorres 
Cuando llega la sombra, las estrellas. 

Van dejando tus cantos deliciosos, 
Como estela de fijego en el vacío, 



GUILLERMO PRIETO 235 



Como el manto de púrpura esplendente 
Que cuelga el sol del cielo de Occidente, 

Y reproduce en su cristal el rio. 

Y así elevado y con la frente erguida, 
Oh juventud ! te estrecharé en mi seno, 
Mientras retumba amenazante el trueno 
En el mar tempestuoso de mi vida. 

Y así elevado en ráfagas de acentos 
Que estallan del volcan de mi ternura, 
Volarán, perfumándose los vientos, 
Con mis himnos de amor y de ventura. 

Águila joven, tú desde tu altura 
Herida viste en la caduca rama 
Al ave sin su sombra y sin sü nido. 
Que en vez de canto armónico exhalaba 
Doloroso gemido. 

¿ Nave ligera, el vuelo detuviste 
Orlada de tus lindas banderolas. 
Para amparar amante al barco triste 
Que se va hundiendo náufrago en las olas ? 

Ave de dulce canto, 
¿ Por qué dejas tus mágicos pensiles .-* 
i Por qué del lago el delicioso encanto 

Y su faz sosegada y cristalina. 
Para trinar entre la ingrata yerba 

Que surge entre las grietas de la ruina.? 

¿ Por qué, poeta, al trovador errante, 
Al que tiene en la planta vivas llagas 
t)e atravesar desiertos y malezas. 
Le ofreces esplendores, 
Le circuyes de amigos y ternezas. 
Le coronas de lauros y de flores .-'.... 

¿ No ves tú que los lauros y las rosas 
Se secan con mi llanto ? ¿tú no sabes 



236 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Que cuando no halla abrojos mi camino 
Teme abismos mi bárbaro destino ? . . . . 
¿ No sabes que ese vino que levanta 
Tu copa trasparente entre sollozos, 
Va á pa-sar calcinando mi garganta ? . . . . 

i Qué no conoces que si rasgo el velo 
Con que cubro mis ansias, como noche 
Va á sepultarnos mi tremendo duelo?. . . , 

Ven á mi corazón .... posa tu frente 
Sobre mi pecho. . . . invoca de tu padre 
En quien adoras .... santa la memoria, 
Y á las altas virtudes y al renombre 
Entre mis brazos te ungirá la gloria. 

Guillermo Priet». 
Nueva-York.— Julio 20 de 1877. 



XV 



Bellas artes. — Literatura. 



AHORA sí me puedo dar gusto elogiando un capítulo 
de mi obra ; ahora sí que entré en esa fácil gloria de 
los que hacen recopilaciones, índices y cuadros sinópticos 
que arden en un candil y procuran reputaciones colosales. 
Esto de las bellas artes me traia desasosegado ; por una 
parte, decia yo, sigamos la corriente y digamos, haciendo 
coro con todos los viajeros, que estos hombres no son para 
la inspiración y para el buen gusto ; citemos esos muñecos 
que son delicia de muchos, con sus colores rechinantes y 
sus oropeles ; pongamos en espectáculo esas rocas formadas 
de trozos de jamón y esos mares cuyas olas parecen de al- 
godón escarmenado; con esto lisonjearemos á los que ra- 
bian de verja prosperidad de estas gentes, y se realza indi- 
rectamente nuestra reputación de patriotas, pues se dejp. 



238 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

entender que para nosotros hay algo de muy superior en 
nuestra tierra. Pero no dejaba de escocerme recordar que 
en cada pueblo había visto una academia de música ó di- 
bujo, y las muy cuantiosas sumas dedicadas al cultivo de las 
artes, ya por el Gobierno, ya por los particulares. Además, 
en los grandes salones, en los teatros, en algún museo, ha- 
bla visto obras de verdadero mérito, y no me parecía lícito 
cerrar los ojos á la evidencia, para adular servilmente una 
preocupación por extendida que estMviese. 

Revolviendo tales dudas en mi cabeza, consulté con mi 
amigo el Sr. Lie. D. Ignacio Mariscal, que aunque no ha 
hecho estudio detenido sobre la materia, ajena á su actual 
encargo y posición, es persona de excelente criterio, de cla- 
rísimos talentos y de muchísimos más conocimientos que yo 
de los Estados- Un idos. 

Es de advertir que promoví conversación á mi amigo, á 
quema ropa, en medio de la calle, sin que tuviese á mano 
modo de rectificar sus opiniones; sin embargo de aquel 
asalto, y conservando en mi memoria letra á letra sus pala- 
bras, hice las siguientes apuntaciones, que espero no encon- 
trará adulteradas su autor, y que verán sin duda con mu- 
chísimo gusto mis lectores : 

• " No están las bellas artes en los Estados-Unidos tan ade- 
lantadas como las artes útiles, que constituyen la industria ; 
y, ni en número, ni en calidad, pueden todavía compararse 
los artistas americanos con los que hay en algunas naciones 
de Europa. Tampoco existen en ese país las grandes colec- 
ciones públicas de objetos artísticos formadas por el trascur- 
so de los siglos y las rapiñas de los conquistadores. Sin em- 



GUILLERMO PRIETO 239 



bargo, se exagera mucho al hablar del atraso de los yankees 
en este ramo, y á la verdad, en él también han hecho pro- 
gresos coní^dérables, si bien no guardan proporción con sus 
adelantos de otro género. Para convencerse de ello, sin ne- 
cesidad de haberlo visto, basta reflexionar en el íntimo con- 
tacto que guarda ese pueblo con la Europa, de donde reci- 
be una continua emigración que á veces comprende artis- 
tas é individuos de una especial cultura, y en que la cos- 
tumbre de sus ricos de viajar por el viejo mundo trayendo 
á sus hogares cuadros, estatuas, etc., es preciso que desar- 
rolle el arte en aquel pueblo, más allá de lo posibk en na- 
ciones comparativamente aisladas. De algunos años á esta 
parte, es asombroso el número de americanos que van «inual- 
mente á Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, y aun Espa- 
ña, con el fin, entre otros, de estudiar sus tesoros artísticos, 
Durante el verano, suman estos turistas de cincuenta á se- 
senta mil, muchos de los cuales consignan sus observacio- 
nes en viajes y aun obras didásticas, que popularizan las 
nociones sobre bellas artes. Otros dan disertaciones (luta- 
ccsj, para las que nunca falta auditorio. 

" Estos hechos y el de que las pinturas, esculturas, etc., 
con tal que lleven el i\ombre de un artista célebre, encuen- 
tran siempre mercado entre los americanos de fortuna, no- 
tables por su lujo y ostentación, han producido un estímulo 
en favor de aquellas artes que inevitablemente las hace ade- 
lantar. Lo mismo sucede con la música y el canto, por la 
concurrencia de artistas extranjeros, que, si tienen algún mé- 
rito, nunca dejan de hacer allí su negocio. Aun cuando fue- 
ra cierto que la raza anglo-sajona no descuella por su gusto 
é invención estéticos, ¿ puede decirse otro tanto de la ale- 



240 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

. mana y de otras que allí abundan ? No ; el arte en general 
tiene en los Estados-Unidos admiradores de todas las razas, 
no le faltan hábiles adeptos, y cuenta, sobre todo, con gran 
número de gente que puede y sabe pagarlo ; condición pro- 
saica,'pero indispensable para su desarrollo. 

" No han faltado ni faltan notabilidades artísticas de aquel 
país. En escultura puede citarse, entre otros, á Powers, au- 
tor de la Esclava Griega y otras estatuas elogiadas por los 
inteligentes. Hay una joven escultora, cuyas obras ya tie- 
nen celebridad: se llama Miss Minnie Ream. En pintura, lo 
que más ha progresado es el paisaje, y en él se distinguen 
hoy Bieritadt y Church, que compiten con lo mejor que en 
el ramo produce la Europa. En música ha habido composi- 
tores de mediano mérito y cantatrices de talento extraordi- 
nario, como Adelina Patti, que aunque de raza italiana, es 
nacida y criada en los Estados-Unidos, de padres allí natu- 
ralizados. Existen otras muchas de dotes bastante aprecia- 
bles, como la Kellogg, la Cary, las Natali, etc. Músicos hay 
excelentes y orquestas de primer orden, como la de Thomas, 
que ha hecho popular la música clásica alemana. En Nue- 
va-York y en Boston se ha. dado con buen éxito la famosa 
trilogía de Wagner " Der Niebeíungen," que solo pudo dar- 
se en Bayrenth bajo la dirección del autor y el patrocinio 
del rey de Baviera. 

" El arte dramático está bastante adelantado ; y en las 
grandes ciudades de los Estados-Unidos se suelen repre- 
sentar piezas tomadas del francés, con una propiedad y lujo 
escénico comparables á los que se observan en Paris. Los 
dramas de Shakespeare se representan á veces con mucho 
esmero y magnificencia. Ha habido y hay actores de méri- 



GUILLERMO PRIETO 241 



to, reconocidos tanto allí como en Inglaterra, por ejemplo 
Torrest, los dos Booth, Jefferson, Miss Cuthman, Wallark. 
Maggie Mitchel y otros varios, la mayoría de los cuales se 
ha enriquecido en el ejercicio de su profesión. Nunca faltan 
público, aplausos y oro para los buenos actores nacionales 
ó extranjeros. Entre estos últimos, la Rachel, la Ristori. 
Salvini y aun la Aimée, han hecho bastante dinero en aquel 
país. 

" No hay, según he dicho, grandes conservatorios ni gale- 
rías como los de Europa, que se sostienen con fondos del 
Estado ; pero en ninguna de las principales ciudades deja de 
haber una escuela de dibujo, y en Nueva- York, por ejem- 
plo, á más del Instituto de Cooper, donde se enseña ese 
arte á los pobres, se conoce la Academia de dibujo en la 
Cuarta Avenida y calle 23, conteniendo una colección, que 
diariamente se enriquece, de cuadros, mármolíís y yesos. 
También el Museo Metropolitano de Arte ocupa un edifi- 
cio en la calle 14, con pinturas antiguas, estatuaria, porce- 
lana, armas, medallas, etc. Se acaba de abrir en la Quihta 
Avenida, más allá de la calle 5g, una institución más avan- 
zada para la pintura, con una escogida galería, siendo todo, 
incluso el edificio, obra de la munificencia de un particular, 
Mr. Lenox. que en esa forma ha regalado al público varios 
cientos de miles de pesos. Lo mismo ha hecho en Washing- 
ton el banquero Corcoran, que ha establecido en la capital 
una galena de algún mérito, dotándola para que pueda ir 
en aumento. Allí está uno de loe originales de la Esclava 
Griega de Povvers. Son, sin embargo, todavía superiores 
las colecciones privadas, entre las que sobresalen «n Nue- 
va-York la de Stewart. que contiene buenos cuadros de 

r.-,Mo 111. 3' 



242 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



Messonier y otros de la escuela francesa, habiendo costado 
uno solo de ellos hasta sesenta mil pesos ; la de Marshall 
O. Roberts con magníficos paisajes ; y la de Jerome con 
producciones de los mejores artistas que hoy tiene Europa. 
"Suelen hacerse remates de cuadros de algunos ricos, 
vendiéndose á precios muy elevados ; y hubo recientemente 
uno en que se remataron cincuenta cuadros pequeños, por 
más de doscientos mil pesos. Esto dará una idea del gusto 
desarrollado entre aquella gente por todo lo que pertenece 
al arte, gusto que existe ya aun con las extravagancias que 
caracterizan al virtuoso del antiguo mundo." 

En cuanto á literatura y ciencias, tuve un procedimiento 
semejante con Néstor Ponce de León, mi amigo finísimo, 
cumplido caballero y hombre cuyos claros talentos é ins- 
trucción, solo pueden ser comparables á su modestia y 
bondad. 

Franco, listo, abierto, parlanchín y sincero en el trato fa- 
miliar; sesudo, escrupuloso é integérrimo en los negocios. 

En su despacho, es el hombre del negocio ; en su casa, el 
tiernísimo padre de familia á nuestra usanza. 

Ponce de León, originario de Cuba, es eminente aboga- 
do ; pero no pudiendo ó no queriendo estar en el extranje- 
ro mano sobre mano, botó en un abrir y cerrar de ojos el 
casacon del lejista, se remangó las mangas de la camisa y 
se hizo impresor, después fué librero. Relacionóse con lite- 
ratos eminentes, estudió con asiduidad, escribió libros pre- 
ciosos sobre educación, creó El Educador Popular, periódi- 
co que por sí solo es un título de gloria para sus autores, 
y á fuerza de trabajo, de constancia y de honradez, con- 



GUILLERMO PRIETO 24^ 



quistó un lugar distinguido entre la gente de ciencia y va- 
ler de los Estados-Unidos. 

Su despacho y librería, situados en Broadway, números 
30 y 32, es el cuartel general de todo bicho que habla el 
idioma de Cervantes. 

Allí hay una especie de servicio gratis de noticias, encar- 
gos, depósitos é impertinencias : allí está sobre el tapete la 
cuestión de Cuba y las embestidas á México; allí la Amé- 
rica del Centro improvisa arengas que arden en un candil ; 
allí la madre España se acuerda de sus dorados tiempos, y el 
yankee se humaniza al punto de soltar una que otra interjec- 
ción muy española, á la vez que alguna anciana de Sonora ó 
Sinaloa, penetra al despacho en busca de un "Padre Jaén" 
ó un "Ramillete de Divinas Flores," como pudiera hacerlo 
en la casa de Aguilar y Ortiz ó de Abadiano. 

Abordé á Néstor pidiéndole apuntaciones sobre literatu- 
ra ; y al siguiente dia me presentó un haz de papeles ama- 
rillos, que coordiné con mil trabajos, y contiene lo que van 
á leer mis favorecedores. • 

Es de advertir que el trabajo de mi amigo, tal como se 
percibe al correr de la pluma y bajo cierta capa de frivoli- 
dad, ha [merecido ventajosas calificaciones de literatos rnuy 
versados en las letras norte-americanas, y que aunque dice 
Ponce de León que lo más importante de sus apuntaciones 
lo ha tomado de una publicación americana, ha expendido 
mucho de su propia cosecha, que revela el alto mérito de 
mi amigo. 

¿Ya ven vdes. todo esto? Pues para probar que nada 
hay más atrevido que la ignorancia, con el mayor desem- 
barazo del mundo, he hecho algunas ampliaciones á las ob- 



±44 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

servaciones de mi amigo, agregando referencias que pudie- 
ran interesar á México. Basta de exordio: hable vd. al fin, 
querido Néstor, que ya le sabrá la boca áf medalla. 

El int-eresado, después de dar como diez fumadas segui- 
das á su puro, hasta envolverse en una espesa nube, leyó: 

" La literatura americana puede considerarse dividida en 
tres períodos : 

•* I. Período colonial. 

" 2. Primer período americano. , 

. " 3. Período de desarrollo. 

PI^IMEI^ PERIODO. 

•' Los hombres más notables de este período son Jona- 
than Edwards, teólogo, moralista y filósofo de gran mérito : 
su obra más importante es el "Tratado sobre el libre al- 
bedrío. 

" Cadwallader Colden, historiador, y 

" Benjamín Franklin, moralista, hombre de Estado y lite- 
rato distinguido, sobre cuyo mérito creo inútil decir nada, 
pues vd. le conoce mejor que yo : además fué un gran físi- 
co é inventó el pararayos. 

Nota curiosa. — Franklin fué impresor: quedan pocos 
ejemplares de los libros impresos por él, y es tal el fanatis- 
mo de este pueblo por la gloria de Franklin, que he visto 
vender sus almanaques originales en 60 y 80 pesos, en pú- 
blica subasta. 



GUILLERMO PRIETO 245 



SEGUNDO PEÍ^IODO— 1770 á 1820. 
HOMBRES DE ESTADO. 

"Washington: sus obras, escritas en un estilo clarísimo 
y elegante, demuestran sus muchos conocimientos y su ap- 
titud literaria : sus papeles de Estado y sus cartas son inte- 
resantísimas. 

" Jefterson, autor del Acta de independencia : escritor con- 
cienzudo, su estilo es muy severo y conciso : su otra obra 
importante es " Notas sobre Virginia. " 

"Adams, John, autor de una excelente Defensa de la 
Constitución, obra que fué de gran importancia en su épo- 
ca. Estos tres fueron presidentes de los Estados-Unidos. 

" Hamilton, Alejandro, la capacidad más notable de aque- 
lla época, director del Federalista, en el cual lo ayudaron 
Madison y Jay, ambos distinguidísimos escritores, estadis- 
tas y autores de pequeñas obras históricas. 

"John MarshaH, amigo personal de Washington, gran 
jurisconsulto, presidente durante treinta y cinco años de la 
Corte Suprema de los Estados-Unidos y autor de una ex- 
celente " Vida de Washington. " 

"Además, como estadistas notables y distinguidos ora- 
dores se pueden elegir, entre otros, muchos de los de la 
época revolucionaria y tiempos cercanos á ella: Warren, 
Patrick, Henry Butledge, Otis, John Quincy Adams, etc. 

" Poetas, ninguno hay de gran mérito : los más notables 
son Phillip Trevean, el poeta de la revolución, en cuya épo- 
ca sus obras fueron muy celebradas, Trumbull y Barlovv. 



246 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



EN OTROS RAMOS. 

" Sindley Murray, autor de una gramática que aun hoy 
es texto en Inglaterra y los Estados-Unidos. 

'• Brockden, el primer americano que escribió novelas. 

"Ramsay (David), historiador de rnérito: escribió la 
"Vida de Washington" y algunas obras sobre la guerra de 
la independencia. 

" Wist, autor de una excelente biografía de Patrick Hénry. 

" Pick, viajero célebre que con el capitán Lerris hizo una 
expedición por todo el valle del Mississippí hasta Oregon, y 
publicó sus viajes. 

TERCEI^ PEI^IODO— 1820 en adelante. 

•*En este período, la literatura americana se emancipa y 
toma su carácter propio. 

HOMBRES DE ESTADO. 

" Daniel Webster. 
" Henry Clay. 
"John Calhoun. 
"Williams Mary. 
"William H. Seward. 

T?^ A 17 í '^o^os estos han sido grandes oradores, y vd. 

Ha Ward Hveí et. \ conoce demasiado bien la historia política de es- 

"' Steohen D0U2"laS. / ^^ P^'^' ^^^^ ^"^ -'° P"^<í^ decirle nada nuevo 

I acerca de ellos. 

" Lerris Cass. 
"John Randolph. 
"Charles Sumner. 
"Wendell Philips. 
"Thomas Benton. 



GUILLERMO PRIETO 247 



<í /VKfoViom T ínrnln ^ Seria curioso hacer un paralelo entre estos dos hom- 

f bres, el primero poco ilustrado pero de gran capacidad. 

'< Tpffp»-c/-.« T^lvít; \ '■'actitud y lealta^; y el segundo gran estadista, pero zor- 

•' ' / ro de cuenta. 

POETAS. 

"El primero, en mi opinión, es su amigo Willian C. 
Bryant, cuyas obras conoce vd. mejor que yo ; así, paso á 
otro. 

"Richard H. Dana, poeta filosófico y descriptivo de mu- 
cho mérito, además jurisconsulto anotador del derecho in- 
ternacional de Wheaton. 

"Fitz Greene Halleck, cuyo poema: Marcos Botzaris y 
otros tres ó cuatro, le valdrían la inmortalidad á que sus 
otras muchas obras no le hacen merecedor. 

" Henry W. Longfellow, considerado por muchos el pri-' 
mer poeta americano : no me gusta porque le falta pasión ; 
y para mí, la poesía fria, por muy artística que sea, es un 
huevo sin sal. Pero como poeta descriptivo es excelente, y 
como traductor no tiene rival. 

"James Russell Lowell-, poeta filósofo de gran imagina- 
ción ; además es un humanista de primer orden. Es ahora 
ministro en España. 

"Emerson (Ralph Waldo), poeta filosófico profundísimo, 
de admirable estilo y adorador entusiasta de la naturaleza, 
es además el primer filósofo americano, y no hay en lengua 
inglesa nada que supere á sus ensayos. 

"Edgar i\llan Poe, gran poeta y novelista, murió joven; 
nadie ha pintado mejor que él las pasiones. Tipo semejante 
á Espronceda, escribió además unos cuentos que han sido 
traducidos al francés y al alemán y son muy celebrados. 

" Además, son notables como poetas N. P. Willis, Ch. J. 



/ 

248 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Huffman, W., Allstin (pintor muy notable), J. R. Drake, O. 
W. Holmes, G. P. Morris, W. G. Simnis, John Wittier, '^= 
Joaquín Miller, autor de los "Cantos de las Sierras," muy 
aplaudidos en Inglaterra y que están llenos de alusiones á 
las costumbres mexicanas de la frontera, y otros muchos 
más que creo excusado mencionar para su objeto. 

" Como aquí está tan adelantada la educación del bello se- 
xo, hay un gran número de distinguidas poetisas : las más 
notables sonMiss Osgood, Miss Welby, Miss Howe, Grace 
Greenwood, las dos hermanas Cary y Mary Townsed. Tie- 
nen bastante bueno, pero la poesía femenina no me seduce. 

HISTORIA. — geografía. VIAJES, 

Aunque vd. sea demasiado severo con los yankees, más 
que yo con la poesía femenina, en historiadores tendrá vd. 
que hacerles justicia. Gracias á ellos sabemos algo de nues- 
tra patria común, la América ex-española: 

La historia de los Estados- Unidos, la ha escrito con gran 
talento, belleza y crítica, George Bancroft: ha publicado ya 
diez tomos que llegan á 1774. 1^<^^^ demasiado prolijo suele 
ser cansado. Lo da á entender su extensión cuando aun no 
llega á la época moderna. 

También han escrito buenas historias de los Estados- 
Unidos", Spencer, Hildereth, y Be'nsen Lossing. 

"George Tiknor ha escrito la "Historia de l.i Literatu- 
ra española," que, traducida por Gayangos, sirve de texto de 
enseñanza en España. 



* Wittier es autor de una hermosa poesía titulada "Los Angeles de Buenavista,' 
en que elogia la conducta de las mujeres mexicanas con los heridos en esa batalla. 



CONDÍCIOIES DE LA SÜSCRICION. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4*?, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cjula entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, l^ de Santo 
Domingo núm/5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
<*asa y todos los señores administradores de correos. 

yi J)f. Affuitai' y Orliz, 

Administrador. 



V lAJE 



A LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



^nlrega JVúm. J4. 



MÉXICO. 

Imprenta del CoiTiercio, ele DuTilaii y Cliavez. 

CALI.H DE CORDOBANES NUM. 8. 



-<•»—< I-**»»- 



GUILLERMO PRIETO 249 



" Washington Irving, \ 

autor de la mejor V ida f Sobre estos dos nada le digo, pues los conoce 

de Washington." í ^f "^ ^^^ y°- 

"Prescott. / 

"John Lothrop Motley, que acaba de morir, ha escrito 
dos historias de los Países Bajos y de sus revoluciones, obra^ 
de gran mérito : no conozco escritor de más ciencia, con- 
ciencia y paciencia, tres encías no fáciles de hallar juntas : 
su estilo peca de severo, y á veces es árido, pero clarísimo, 
y su obra es un modelo de imparcialidad. A veces, al leei" 
la primera de sus obras, me parece estar leyendo lo que 
. pasa actualmente en mi tierra ; cosa que me demuestra que, 
aunque el mundo marcha, España lo hace demasiado lenta- 
mente. 

" Pouke Godrin, autor de una buena Historia de Francia. 
*' Fenimore Cooper. — " Historia naval de los Estados- 
Unidos. " 

" Schoolcraft, Bradford, Catlin y otro Bancroft,.han escrito 
excelentes obras sobre los indios norte-americanos, su histQ^ 
ría, costumbres y antigüedades. ] ^ 

"Goodrich (S. G.) ha escrito una bastante buena hist:o-, 
ría Universal, y, con el nombre de Peter Parley, setenta y 
cinco pequeñas obras históricas para niños. A él se debe la 
reforma de los textos de las escuelas, pues fué el que los 
hizo ilustrados, haciendo divertida la enseñanza. 

" James Parton es un historiador de gran mérito, cuyas 
biografías pueden citarse al lado de las mejores. 

"Jared Sparks es otro biógrafo, más distinguido por su 
conciencia é imparcialidad, que por su estilo, que es algo 
^rido y cansado. 

Tomo III. 2* 



250 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

" El célebre teniente Kane escribió relaciones admirables 
de «US viajes al Polo. v 

" Stephens y Squier han escrito bellísimos libros sobre las 
Repúblicas de Centro-América y el Perú ; Wilkes ( el al- 
mirante), una buena historia de la expedición exploradora 
americana al Polo Sur ; Lynch, la exploración del Mar Muer- 
to ; Perry el viaje al Japón ; Bartlett, las exploraciones de 
Tejas y Nuevo-México ; Fremont, las de California y todo 
el interior del país ; Heindon, las del Valle del Amazonas ; 
Page, el vallé del rio La Plata ; Báyard Taylor, veinte ó 
treinta obras de viajes por todo el mundo, escritos con I3. 
mayor gracia y á cual más interesantes ; Norman, ciudades 
arruinadas de Yucatán ; Dana, viajes ; Hayes, viajes al Polo 
Norte, y. muchos otros más de menos importancia. 

NOVELISTAS. 

" Fenimore Cooper y Washington Irving no necesitan 
carta de recomendación para vd. Tampoco Mrs. Beecher 
Stowe, la autora de la " Choza del Tio Tomás, " y hermana 
del gran orador Beecher, que es tan apasionado á faldas 
como cualquier otro prójimo, según malas lenguas dicen. 

" Son además muy notables Hawthorne, el autor de "The 
Scarlet letter, " y de muchas otras novelas traducidas á to- 
dos los idiomas hablados por los seres racionales (hasta el 
español!) ; Poe, N. G. Simms y otros. 

FILOSOFÍA. teología. JURISPRUDENCIA. — ECONOMÍA. 

PEDAGOGÍA. 

"Filósofos notables solo hay Emerson, gran pensador, 
original en todas sus ideas y cuyo lenguaje es admirable ; 



GUILLERMO PRIETO 25 1 



Channing, que, lo mismo que el anterior, ha sido traducido 
al alemán, francés é italiano, y Jappan, autor del " Libre 
Albedrío. " 

" En la Iglesia son notables como grandes oradores, en- 
tre los muertos Jappan, Robinson y Baines, y entre los que 
aun andan por este valle de lágrimas, consolándose con suel- 
dos de 20 á 60,000 pesos anuales, Chapin, Hipworth, Tyng 
y Henry Ward Beecher, á quien, por mucho que le gusten 
las faldas, nadie podrá quitarle ser el primer orador y el 
hombre más simpático de toda la América inglesa. 

" Fuera de la Iglesia cristiana (de modo que no se salva), 
hay un gran orador sagrado, el Dr. Frothingham, predica- 
dor de la Iglesia unitaria, que, como vd. y yo, admite á Dios 
sin meterse á explicarlo, no admite revelación alguna y cree 
que basta al hombre cumplir sus deberes para salvarse. Pre- 
dica todos los domingos en el Templo Masónico, y son tan 
notables sus discursos, que ElHerdldá^. un extracto de ellos 
todos los lunes. 

*• En jurisprudencia están los americanos tan adelantados 
como en historia. Los nombres de Kent, Wheaton, Story y 
Livingston, ya muertos, honrarian á cualquier nación. Ade- 
más, son notables Bouvier, Brice y otros. 

" En educación, puede citarse á Horacio Mann Calkins, 
Wickersham, Sheldon y otros infinitos á quienes debe este 
país, más que á todos los demás, sus prodigiosos adelantos. 

"En economía política están los americanos á la cola: 
aquí solo ha habido dos ó tres que merezcan el nombre de 
economistas : Carey, Perry y Horacio Greeley : ya vd. los 
conoce. 



252 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

PERIODISTAS. 

"'Raro es el político que no haya sido periodista : entre 
los grandes nombres del periodismo puede vd. citar Legaré, 
Raymond, Richardson, Mantón Marble, Bennett, Greeley, 
Bryant, Dana, etc., etc. 

*' Las revistas literarias son tan grandes en número, como 
las estrellas en el cielo, y son distinguidos, todos los ya enu- 
merados como historiadores, muchos de los literatos y esta- 
distas, y además Holland,Putnam, etc. Hay Revista men- 
sual, como la de Harper, que imprime 200,000 ejemplares 
de cada número! 

DICCIONARIOS, ENCICLOPEDIAS, ETC. 

" El mejor diccionario de la lengua inglesa es el del Dr. 
Noah Webster, que vd. conoce. 

"Hay buenas enciclopedias generales, unas calcadas so- 
bre las inglesas, otras sobre las alemanas ; es decir, más 
científicas, históricas y prácticas que literarias. Las dos 
mejores son las publicadas por Appleton y por Johnson. 

" El mejor diccionario bibliográfico inglés y americano es 
el publicado por Allibone : tres enormes volúmenes con las 
biografías, bibliografías y juicios críticos de todos los au- 
tores. 

"Griswold ha publicado muchas colecciones de obras esr^ 
cogidas de autores americanos. Lo mismo Dana y BryantJ 

" Hay una excelente Enciclopedia -de la literatura ameri- 
cana publicada por Dunkirk, con biografías, retratos, etc.i 
la enseñé á vd. en mi oficina y le aconsejé la examinase) 
pero, como vd. hace lo que le da la gana, no me hizo caso i 



GUILLERMO PRIETO 253 



le advierto, para su gobierno, que cuanto aquí le digo que al- 
go valga, es tomado de ella. 

CIENCIAS NATURALES. 

" Como esta gente es tan práctica, si no tienen poetas que 
canten sus glorias (no es pulla) tienen hombres grandes 
que sepan abrir y desarrollar todas las fuentes de sus rique- 
zas: á Franklin y sus pararayos siguen, Fulton aplicando el 
vapor á la navegación, y Morse la electricidad á las comu- 
nicaciones. Estos tres hombres bastarían ; pero hay muchos 
que agregar. 

" Bowitch, autor del comentario de la mecánica celeste de 
la Place y del "Tratado de navegación," que por ordenanza 
se usa en las marinas de guerra y mercante de los Estados- 
Unidos é Inglaterra. 

"Youmans, Henry Haré, Sillíman, Hunt, Maury, Mít- 
chell, Loomis, Peters, Dana, Olmstead, Bache, Ferguson, 
Goodrich, Gray, etc., son distinguidísimos por sus obras 
y descubrimientos ; unos como geólogos, otros como natu- 
ralistas, como químicos, como astrónomos, etc. 

MEDICINA Y CIRUJIA. 

" Morton, Mott y Glidden, Parker, Wood, Casnoshan, 
Hammond, Sanger, escritores sobre anatomía comparada, 
cirujía en general, cirujía militar, régimen de hospitales, 
prostitución, etc., é inventores de muchos aparatos y opera- 
ciones importantes. 

"Elliot, Lee, Simms, Thomas, Metcalf, Chapman, Wi- 
lliams Flint (padre é hijo), y otros grandes médicos han 
publicado célebres obras de medicina. 



254 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

" El arte del dentista está más adelantado en los Esta- 
dos-rUnidos que en todos los demás países. 

"En mecánica y manufacturas ha habido muchos hom- 
bres notables; pero como poco se me alcanza de esto, dejo 
la pluma sin meterme en honduras, y me voy á dormir, 
dando gracias á Dios por haber acabado." 

Para complemento de este capítulo, copiamos en seguida 
varias lindísimas composiciones de poetas muy notables, 
que tienen, á más de su mérito, la recomendación de estar 
admirablemente traducidas por nuestros amigos los Sres. D. 
Pedro Santacilia, y Lie. D. Ignacio Mariscal : 

EL PRESENTIMIENTO. 



(traducción de bryant). 

(Santacilia). 

" — Huyamos, padre mío, la tormenta 
En alas viene ya del aquilón, 

Y las cárdenas nubes se amontonan 
Robándonos la luz del claro sol; 

El ave busca su pajizo nido 
Entonando tris'tísima canción, 

Y al tranquilo redil tímido corre 
El ganado seguido del pastor." 

" — Nada temas, aguárdate un instante, 
Que la tormenta pasará veloz: 
Verás cual antes azulado el cielo. 
Cual antes bella mirarás la flor." 



GUILLERMO PRIETO 255 



Pero el niño lloraba y le decía: 
" — Padre mió, marchémonos, por Dios, 
Que á la luz del relámpago descubro 
Monstruos horribles que me dan pavor. — " 

El padre quiere hablar .... en la garganta 
Siente que muere sin salir su voz, 

Y al estampido horrísono del trueno 
Ve descender el rayo aterrador. 

Al niño tiende la convulsa mano 

Y le busca, y le llama en su aflicción .... 
Mas todo en vano, porque el niño ha muerto 

Y solo su cadáver encontró. 



MI VIDA. 



(TRADUCCIÓN DE WILDE). 

(Santacilia.) 



" My Ufe is like tht summer rose." 



Es mi vida la vida de la rosa 
Que sus pétalos abre en la mañana, 

Y que al tocar las sombras de la noche 
Se arrastra por el suelo deshojada; 
Mas. sobre el lecho de la flor humilde 
El rocío sus lágrimas derrama, 

Y nadie habrá que enternecido vierta 
Al contemplar mis penas una lágrima. 



¿5^ VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Es mi vida cual hoja del otoño 
Que á la luna miramos en la rama 
Un momento lucir, y que marchita 
Perece por el cierzo arrebatada; 
Pero el árbol lamenta su infortunio. 
Suspira triste al recordarlo el aura, 

Y nadie habrá que suspirando triste 
Recuerde compasivo mis desgracias. 

Es mi vida la huella que á su paso 
Deja el ligero pié sobre la playa: 
Tan pronto como sube la marea 
La huella desparece entre las aguas; 
Pero el océano gime cuando borra 
La huella que en la arena se estampaba, 

Y nadie habrá que dolorido gima 
Al Contemplar mi tumba solitaria, 



LA TARDE DE FEBRERO. 



( Traducción de LongíbUow. ) 

(Santacilia,) 



**The day is ending, 
The night is descending. 



Ya va terminando el día, 
Se acerca la noche oscura 
Y está helado y no murmura 
El arroyo de cristal: 



GUILLERMO PRIETO 



25^ 



Entre cenicientas nubes, 
Con sus últimos reflejos, 
Aun manda el sol desde lejos 
Su tibia luz al lugar, 

II 

La nieve va sepultando 
La cerca de la alquería, 

Y ya la cerca no guía 
En su camino al pastor; 

Y allá cual visión siniestra 
Se ve bajando del cerro 

A paso lento un entierro 
Que entristece el corazón, 

III 

Suena la humilde campana 
Del rústico campanario, 

Y su clamor funerario 
Llena el alma de dolor; 

Y en mi pecho cada golpe 
De la campana de muerte 
Halla un eco que convierte 
En tumba mi corazón. 



Tomo III. 33 



258 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



LA HIJA DEL CACIQUE. 



(Santacilia.) 



Queda después del combate 
Un solo guerrero vivo, 

Y está el guerrero cautivo 

Y pronto habrá de morir. 
Ya la algazara se escucha 
De la tribu enfurecida 
Que pide á gritos la vida 
Del prisionero infeliz. 

II 

Uno entre tantos salvajes 
A los otros se adelanta, 

Y ya la clava levanta 
Sobre el vencido campeón, 
Cuando su brazo detiene 
La mano de una doncella. 
Tan resuelta como bella, 

Que dice : — "Padre, perdón. — 

III 

Es la hija del cacique 
Que allí manda cual monarca, 
La perla de la comarca, 
La adoración del país. 



GUILLERMO PRIETO 259 



" — Basta ya de .sangre — dice 
Con acento dolorido— 
"Respetemos al vencido 
Que no puede combatir.—" 

IV 

Es generoso el cacique 
Porque es valiente guerrero, 
Y manda que al prisionero 
Le vuelvan su libertad. 
Así en las horas de angustia, 
El arbitro del destino 
Coloca en nuestro camino 
El ángel de la piedad. 



EL CUEI\yO. 



A MI AMIGO PEDRO SANTACILIA. 

(Mariscal.) 

Reina la media noche : calma fúnebre 
Se tiende en pos del recio temporal : 
Cansado al fin de recorrer volúmenes 
De mi estancia en la triste soledad, 
Al sueño me rendia, cuando súbito 
Un sonido me viene á despertar. 
"Alguien está llamando en el vestíbulo: 
j Importuna visita !" exclamo, "i Bah ! 
Será un necio que venga con farándulas, 
Un necio y nada más !" 



í^ VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Pasado ya el turbión, en ayes lúgubres 
De lejos se oye al viento suspirar : 
Sobre el tapiz imágenes fantásticas 
Arroja la luz trémula del gas : 
Vanamente en los libros un narcótico 
A mi acerbo dolor pensé encontrar, 
Que hasta mi sueño acibaró la pérdida 
De esa adorada, angélica beldad. 
Que al cielo para siempre huyó, dejándome 
Tormento y nada más. 



Meditando seguí : el rumor del céfiro 
Las cortinas de seda al agitar 
Me hacia estremecer, y un terror pánico 
Me tenia clavado en mi sitial, 
Repitiendo con aire incierto, estúpido, 
Sin dominar por ello mi ansiedad, 
Sin dar yo mismo á mis palabras crédito 
" Es alguien que me viene á visitar 
Y tocó suavemente en el vestíbulo : 
Eso es, eso es no más. " 



De repente sentí llenarme de ánimo, 
Y esforzando el acento más y más, 
" Caballero ó señora," grité impávido, 
"Allá voy: usted ha de dispensar: 
Es el caso que estaba ya durmiéndome 
Cuando de su venida la señal 
Confusa y débil resonó en mi tímpano : 
Fué tan suave que vd. comprenderá .... 
Allá voy. " Y la puerta abrí con ímpetu 
j Tinieblas, nada más ! 



GUILLERMO PRIETO 261 



Largo tiempo miré el espacio lóbrego, 
Receloso, temblando al comenzar, 
Absorto al fin en sueño atrevidísimo, 
Cual nunca lo soñara otro mortal. 
Reinaba hondo silencio por los ámbitos 
Del universo en calma sepulcral : 
Solo mi voz lo interrumpió, j Felicitas ! 
Gritando en la vacía inmensidad, 
Do un feco flébil repitió ¡ Felicitas I 
Un eco y nada más. 



A mi estancia volví cual ciego autómata, 
Con solo un movimiento maquinal, 
Y al punto á sonar vuelve toque rispido 
Que su origen trazó con claridad. 
"Vaya, vaya," exclamé, "no en el vestíbulo; 
Por la ventana alguno quiere entrar. 
Veamos, que no tocan los espíritus 
De ese modo : el misterio penetrar 
Es preciso ; de espantos ya dejémonos ; 
Será el viento no más. " 



En esto á la ventana ÜQgo rápido, 

Y de golpe la abrí de par en par. 

A poco revolando entró en mí cámara 
Negro cuervo de aspecto funeral, 

Y sin más ceremonia ni preámbulo 
Que un vuelo silencioso, circular, 
Sobre un busto de Palas, grave, tétrico, 
Paróse en filosófico ademan : 

Posado a41í quedó con aire estólido, 
Posado y nada más. 



262 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Tan serio continente en aquel pájaro 
Parecióme fingida gravedad, 

Y su actitud á risa provocándome, 
Así con desenfado empezé á hablar : 
" Por tu calva y tu gusto mitológico 
Te reconozco al fin, ave infernal :* 
Cuervo más vieJQ que Saturno, prófugo 
Del reino de la noche, dime ya 

Cuál es tu nombre en la región Plutórfica ?" 

Y él respondió "Jamás." 



A tan clara respuesta quedé atónito 
De un cuervo no pudiéndola esperar. 
Si bien al pronto parecióme bárbara, 
Sin sentido ó sin mucha urbanidad ; 
Pues en verdad no pudo figurárseme 
Que un adverbio de tiempo y nada más 
Bastara á contestarme, ó que el ridículo 
Avechucho que hiciera pedestal 
Del sacro busto de una diosa olímpica, 
Se nombrara Jamás. 



En tanto el cuervo, taciturno, tétrico, 
Que^dó sin otro acento articular. 
Cual si él que lo animaba negro espíritu 
En un vocablo comprendiera ya. 
Ni un movimiento en su plumaje de ébano, 
Ni un rumor descubria al animal ; 
Hasta que dije con acento lánguido : 
"Lo haré mi amigo y pronto volará ; 
Me dejará cual me dejaron pérfidos.*. . ." 
Elprorumpió: "Jamás." 



GUILLERMO PRIETO 263 



Asustado al oír tan pronta réplica, 
Que ya no pareció casualidad, 
"Tal vez (dije) la ciencia de este pájaro 
Tiene esa voz por único caudal, 
Y la aprendió de un loco ó de una víctima 
Del infortunio .... Mísero ! trovar 
Quizá no pudo su canción monótona 
Sin esa muletilla, y por final 
De cada estrofa recalcó fatídico 
"EsQ Jamás , Jamás ." 



Así pensé, y el misterioso cárabo 
Volvió mi fantasía á recrear, 
Y á contemplar me puse busto y pájaro, 
Tendido muellemente en un diván, 
Imaginando en posición tan cómoda 
Cuanto pudo la mente cavilar, 
Sin penetrar en el sentido místico 
(Ni siquiera entendí el gramatical) 
Que daba á su graznido el ave exótica 
Al repetir Jamás. 



En medio aquel delirio ni una sílaba 
Dejaba yo á mis labios escapar ; 
Miraba al cuervo y su mirar flamígero 
Convertía mi mente en un volcan. 
Débil, exhausto, mi cabeza lánguida 
Reclinaba en la pluma del sofá, * 
Y á su contacto mi cerebro mórbido 
Evocaba una imagen celestial. — 
En vano ; ya el diván su forma angélica 
No ha de oprimir jamás. 

/ 



264 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Mas al punto un aroma preciosísimo 
De incienso, comenzóme á circundar, 

Y el eco me arrulló de blanda música 
Que ahuyentaba del seno todo afán, 
"Desdichado," clamé, "el Señor benéfico 
Te envía con sus ángeles la paz : 
Apura, apura el delicioso bálsamo, 

Y cese tan continuo lamentar ; 
Olvida para siempre á tu Felicitas . . . . " 
Gritó el cuervo : "Jamás." 



"Profeta de dolor, inmundo oráculo. 
Ministro aterrador de Satanás, 
Ora te envíe Belcebú del Tártaro 

Y te arrojara aquí la tempestad 
Para engañarme con falaz pronóstico, 
O el destino infalible revelar, 

"Dime," exclamé, "por compasión á un mísero 
Responde : ¿ tendrá término mi mal ? 
Yo te conjuro por tu dios : respóndeme," 

Y él contestó "Jamás." 



"Profeta de dolor, inmundo oráculo. 
Ministro aterrador de Satanás, 
Por ese cielo de esplendor magnífico. 
Por su Dios que obedecen tierra y mar, 
Dime si de la tumba tras el límite, 
En la region-de inmensa claridad. 
Podré ver algún dia á mi Felicitas 
Y absorto en su belleza virginal, , _ 

A par de los querubes darle un ósculo ... 4 ^!í 
El respondió: "Jamás." 



GUILLERMO PRIETO 265 



"Esta sea," grité, "la prenda única 
De nuestra despedida, ave infernal : 
Húndete pronto en el profundo báratro, 
Tumbos dando al furor del huracán. 
No dejes ni una pluma que en mi cámara 
Me recuerde tu horóscopo fatal. 
Vuela ya de ese busto y^del vestíbulo ; 
Suelta, suelta ; tu garra pertinaz 
Mi alma rompe : retírate, retírate . . . . " 
Y él contestó: "Jamás." 



Y desde aqnella noche el cuervo lóbrego 
Posado allí, clavado siempre está 
Sobre ese busto de la diosa pálido, 
Que le sirve de eterno pedestal. 
Fiero demonio vigilando al reprobo, 
No aparta de mí un punto su mirar, ■ 
Larga sombra arrojando, negra, fúnebre. 
Do muere el sol y el luminoso gas .... 
Ay ! de esta sombra que enlutó mi espíritu 
I No he de salir i* — ¡ Jamás ! 

Ignacio Mariscal, 

Washington, Marzo 30 de 1867. 



Tomo IIL 34 



I 

é 



XVI 

Inquietud. — Noticias de las l\uelgas. — El 26 de Julio. — De- 
cisioi\de n\archa. — Mi rumbo. — Gon\ez del Palacio. — Su 
traducción del Tasso. — El Hotel Sar\ Juliei\. — Historia de 
' una ii\on.ja. — Un poUuelo de bromita. 



LAS noticias que recibia yo de México eran cada vez 
más alarmantes por la salud de uno de mis hijos, Ma- 
nuel Guillermo, á quien tenia agobiado una peligrosa en- 
fermedad. Las calles, las casas, el estrépito de la ciudad y 
las conversaciones, como que me retenían á fuerza, cofna 
que me estorbaban las miradas con que mi alma pretendía 
seguir la suerte deparada á mi desventurado hogar. 

Sentía como llorando en 'mis entrañas la sangre de mi 
hijo ; yo quena que los traficantes, los píeriodistas, todos me 
hablasen de lo que mi corazón sufria, y el natural silencio 
de los extraños sobre mis penas, me hacia ver como desierto 



268 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

la Ciudad Imperio y como fieras y verdugos á sus nume- 
rosos habitantes. 

Las noticias más y más alarmantes sobre las huelgas ocu- 
paban las prensas ; las escenas de horror que se producían 
un dia, las relataba la prensa al dia siguiente en todos los 
tonos, con todos sus detalles, encargándose la litografía, el 
grabado y la fotografía de representar los lugares, los hor- 
rores del incendio, las fisonomías de los batalladores, la 
agonía de las víctimas, los grupos de mujeres y niños en- 
tre el incendio y las matanzas espantosas. 

Mi resolución para verificar mi regreso, era efectuarlo 
por Tejas, no solo por conocer esa parte interesantísima de 
los Estados-Unidos, sino por ver por mis ojos y estudiar 
con cuanto detenimiento me fuese posible, la cuestión de la 
frontera, tan comprometida, en mi juicio, y tan digna de 
una seria atención. 

Hice presente mi decisión á mis compañeros, y Gómez 
del Palacio, como he repetido mil veces, inagotable en bon- 
dades para conmigo, se resolvió á acompañarme en tan cos- 
tosa é incómoda travesía, sin atender á sus molestias ni á 
sus sacrificios pecuniarios. 

Después de incidentes dolorosos, ^ero de interés muy 
privado para mi persona, quedó resuelta la marcha para 
dentro de dos dias, fijando un derrotero prolongadísimo, 
evitando pueblos incendiados materialmente por las inquie- 
tudes del Sur. 

Como á pecador abandonado, vinieron á mí mente en 
tropel mis culpas acerca de mis estudios sobre Nueva-York. 

Me parecía, como es, que mis apuntaciones superficiales 
é informes, no podían dar ni remota idea de mis impresio- 



GUILLERMO PRIETO 269 



nes ; que había descuidado los datos estadísticos ; en una 
palabra, jamás tuvo más sincero arrepentimiento de sus 
culpas picaro contrito. Para reparar mi falta, pretendía, 
como si fuese posible, verlo todo, examinarlo todo, y me 
embriagaba el ruido y caia en más imperdonables divaga- 
ciones. 

Aquellos mil suntuosos edificios, como que me salían al 
paso á decirme : " ¿ Cómo te has olvidado de mí, Fidelülo, 
que no merezco un lugar en tus recuerdos ?..,." y tomaba 
un wagón con un propósito, torcía siguiendo otro y me de- 
jaba caer rendido en un café, ó en el asiento de un parque, 
ó en uno de los teatritos que conocía como la palma de mi 
mano. 

El Hotel San Julien en que habitamos está situado en 
Washington place, á dos dedos de Broadway. 

Es un hotel de segundo orden, pero servido con esmero 
á la francesa, y en que el arreglo y la limpieza extremada 
le comunican cierta decencia y cierto buen tono universal- 
mente reconocidos. 

El Parlar, ó sea salón de recepción, el comedor y el des- 
pacho, están en primer término, suben cuatro escalerillas á 
otros tantos pisos con angostos corredores, departamentos 
uniformes y muebles como vaciados en un mismo molde. 

Escaleras y tránsitos están perfectamente alfombrados ; 
el aseo escrupuloso mantiene en perfecto estado el edificio 
y las habitaciones, y hay su pintura blanca que pudiera lla- 
marse la toalla de Venus de puertas y chambranas, que las 
mantiene en juventud perpetua. 

En las noches permanecía la puerta que da á la calle ac- 
cesible á todos los huéspedes. 



270 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Hay multitud de criados ; pero el servicio de las habita- 
ciones está ehcomendado á irlandesas, que funcionan con 
la más severa disciplina. 

M""^- Clermont, propietaria del hotel, se consagra dia y 
noche al. excelente arreglo de la casa. 

La Sra. Clermont es de mediana estatura, muy gruesa, 
de moreno subido, de ancha faz, ojos negros aterciopelados, 
roma y gruesa nariz, abren sus alas dos grandes bucles so- 
bre sus sienes, que acentúan enérgicamente su fisonomía. 

Encargada de un departamento estaba una irlandesa, alta 
como el plumero de un tambor mayor, comprimida de ar- 
mazón, al punto que dudo que hubiera cabido entre su pe- 
cho y espalda un pliego de papel, y tan llena de vigorosas 
cuerdas y tendones, que sus manos y brazos parecían dise- 
ños en relieve de multiplicadas cañerías. 

Maguet era el nombre de mi cuidadora, de blanco mate, 
de cabello amelcochado, como de músico alemán dedicado al 
violonchelo, de ojos gatunos y arrebozados en espesas cejas, 
de boca grande y fresca, y de modales circunspectos pero 
expeditos, como de sacristán mayor en Jueves Santo. 

Fornida como mi compadre el general Chavarría ; concen- 
trada y adusta como Mata, nuestro representante en Was- 
hington ; dedicada á sus tareas con imperturbable asiduidad, 
como á sus máquinas Adorno, Orozco y Berra á la historia 
nacional y García Torres á pescar noticias para su. Monitor, 
Maguet era, además, un tipo de honradez, de decencia y 
de bondad extrema. 

Yo habitaba en compañía, como he dicho, de Gómez del 
Palacio, hombre estudioso, ordenado y limitadísimo en sus 
molestias á los demás. 



GUILLERMO PRIETO 27 1 



Yo aparecía lo mismo, con la simple diferencia de ser en 
realidad todo lo contrario. . - 

Maguet sondeó los caracteres de los dos huéspedes que 
estaban bajo su cuidado, y se supo manejar de modo que nos 
tenia encantados. 

A Francisco se subordinaba, á mí se me imponía. 

Con Francisco entraba en conversación, ante todo por- 
que Francisc*o posee el inglés. Yo, aunque para mí le ha- 
blaba perpetuamente en inglés, jamás me entendió palabra. 

Mis frecuentes salidas, mi ninguna aptitud para dobleces 
de ropa, costuras y cuentas de lavanderas, zapateros y cria- 
dos, tenia mi cuarto hecho una bola de gusto los primeros 
t dias ; la lavandera, la camisera, el zapatero, una dulcera ita- 
[ liana y muchachos vendedores de periódicos, armaban ter- 
\ tullas magníficas, y aquella libertad de comercio solia traer 
I por consecuencias, camisas desaparecidas, zapatos nones, 
sombreros que cambiaban de dueño y toda la glorificación 
del desbarato de un soltero. 

} A Maguet le daba á guardar mis escasos fondos y la en- 
cargaba de algunos pagos, jporque es la misma probidad. 
• Luego que en las intimidades de su conciencia se per- 
suadió que era necessario cuidarme, desparecieron como 
Ipor encanto las visitas de mi cuarto, y ya no hubo debajo 
•de la cama camisas que sacaran las mangas como pidiendo 
socorro, y me puso en un arreglo estupendo. 

¿Quería yo salir? ¿llovia? Maguet bonitamente me qui- 
taba el sombrero y lo hacia perdedizo. 

Bufaba de coraje : Maguet ni reía ni se daba por aludida 
por mis señas. Era de matarla. 

Cuando me veia escribiendo, con la mayor frescura me 



2/2 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

encerraba con llave, y al querer ó no, soltaba pliegos como 
una máquina. 

Le pedia dinero, de modo que ella creyese que podia 
faltarme para 'lo preciso, y era más fácil hacer volar á un 
buey, más fácil oir cantar una cancioncilla andaluza á Boni- 
facio Gutiérrez, tipo de inmutable sequedad, que conseguir 
«n centavo. 

Pero bueno, decia yo, esta mujer es mi providencia, quie- 
ro que me hable .... Soltaba alguna chanza, y aquella fiso- 
nomía de hielo nada decia. Me desesperaba 

Maguet, ya pof su físico, ya por su moral, era refractaria 
á todo afecto, era su corazón de amianto, y no obstante, le 
estaba obligado por sus bondades. 

Armaba cada campaña con mis estafadores, que se hun- 
dia el hotel, apechugaba como si fuera mi' madre cualquier 
negocio que me atañia ; al volver la cara, ya tenia un pan- 
talón nuevo, ya me veia obligado á afeitarme, ya me ponía 
frente á frente de un sacerdote irlandés á quien le habia de 
dar informes de México, pero con el designio de ponerme 
en contacto con gente de pro. 

Necesidad vital de sentir afectos, halago innato del alma 
cuando se relaciona con otro ser, aquellos cuidados purísi- 
mos, aunque envueltos en brusquedad, aquella solicitud, ali- 
viaban mis penas. 

Maguet me gobernaba á sii antojo luego que caia bajo 
su dominio ; y Gómez le concedía la razón siempre que es- 
tallaban mis impertinencias en los altercados. 

Japiás Maguet se tomó licencias que pudiera interpre- 
tar la malicia ; jamás recibió gratificación sino de manos de 
Francisco .... solo cuando arregló nuestros baúles para la 



GUILLERMO PRIETO 2/3 



partida, con sus ojos inundados en lágrimas, sospecharnos 
que aquella pobre mujer nos tenia afecto .... 

Seria una ingratitud indigna no consignar en mis Viajes 
el nombre de Maguet. Lo consigno, vamos! con toda mi 
voluntad, y que salga el sol por Antequera. 

Después de mi última conversación con Iglesias el 26, 
entré á mi cuarto, y Maguet comprendió á la primera ojea- 
da de sus ojos de gato, que no se trataba de carbonato, ni 
de parche para los callos, ni de una contrariedad pasajera. 
Salió de la pieza, volvió 'Con un trozo enorme de hielo, lo 
echó á nadar en el jarro de agua que habia constantemen- 
te en la mesita del centro del cuarto .... y desapareció. . . . 

Quise hablar á Gómez del Palacio ; pero éste, para esas 
circunstancias críticas, tenia á mano su magnífica traducción 
de la "Jerusalem," del Tasr>o. 

No temo que la pasión por los talentos de amigo tan 
querido preocupen mi juicio ; por el contrario, tengo una 
especie de remordimiento, cuando recuerdo la severidad 
excesiva con que le hacia notar uno que otro que me pa- 
recía defecto, severidad tanto más imperdonable en mí, 
cuando soy, lo confieso, temerario en materia de incorrec- 
ción. 

Pero ¡qué estro tan levantado el de Francisco! ¡qué 
emulación cor) su modelo hasta embellecerlo y superarlo ! 
j qué flexibilidad de talento para seguir en sus cambiantes 
armonías al poeta divino! ¡qué perspicacia para percibir de- 
licadezas que se escapan á la sensibilidad más exquisita y 
penetrante ! 

Y sin embargo, el trabajo de Francisco es de puro solaz 
y pasatiempo ; triunfo me costaba decidirlo á que me leye- 

TOMO III. 35 ~ 



274 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



se : le decidía al fin, é iba desenrollando á mis ojos enamo- 
rados la serie de cuadros encantadores del gran poeta que 
inmortalizó al capitán valeroso que el gran sepulcro libertó de 
Cristo. 

¡Cómo sirvió aquella lectura de bálsamo á mis penas! 
¡cómo deseo que termine aqíiella traducción mi amigo, para 
honra de las letras y para satisfacción muy privada de mi 
espíritu ! 

Era esta lectura mi primera recreación poética ; de la se- 
gunda voy á imponer más detenidamente á mis lectores, al 
cabo poco tenemos que hacer y mis entregas no son coches 
de sitio, que corren por horas. 

Están vdes. para saber y yo para mal contar, que en las 
vecindades de mi cuarto, y no afirmaré precisamente si en 
mi mismo hotel, habia una beldad misteriosa de la que to- 
dos hablaban sotto voce y que nadie conocia. 

Decíase que era una gaditana espléndida, de aquellas que 
dieron tema á los sabios cOh su mirada para inventar la má- 
quina eléctrica y el pararayos ; de aquellas que donde cla- 
van la vista dejan una señal, como si se Hubiera pegado una 
tea, y que producen con una sonrisa el dolor de muelas del 
corazón. 

Pero á derechas, nadie conocia á la linda misteriosa, y es- 
to mismo revestía de los encantos de la leyenda, cuanto se 
encaminaba á descubrir la incógnita. 

Yo me retiraba al hotel muy noche, tanto, que al pedazo 
de noche en que se verificaba mi llegada, le solían poner por 
mal nombre las dos y las tres de la mañana. 

Y á hora tan importuna y silenciosa, cuando hasta las pa- 
redes parecían dormir por lo cerrado de los párpados de las 



GUILLERMO PRIETO 275 



ventanas, en el cuarto de la bella se veía una chispa de luz 
de gas, se oía una tosecilla reprimida, hija del amago de la 
tisis y del insomnio, y se oia á yeces el ruido entrecortado 
del sollozo furtivo contenido, como si él pudiera constituir 
una impertinente revelación. 

A pesar de que aquella luz y aquella tos nada tenian de 
T articular, las noticias vagas de la hermosura de aquella mu- 
jer, la obstinación con que se ocultaba á todas las miradas, 
el silencio que guardaba la vieja irlandesa, única persona 
que penetraba en el cuarto, la disposición de mi espíritu ó 
lo que se quiera, me formaron una novela de amor, de lá- 
^jrimas, de desesperación y de misterio, que me tenian ena- 
jenado. 

Oculté cuidadoso hasta de mi sombra mi curiosidad, que 
yo (sesentón bárbaro), equivocaba con la alucinación roman- 
cesca, y me propuse entrar en relación con aquella mujer, 
'c cualquiera manera que fuese. 

Es de advertir que el cuarto de la gaditana estaba pre- 
cisamente al terminar la escalera de uno de los pisos, de 
suerte cjue cualquiera detención se hacia notable, por tratar- 
se de un lugar de tránsito continuo. 

Seducir á la irlandesa, era pretender lo imposible ; enta- 
blar contestación con Maguet, era buscarme un ruido ; aven- 
turar una pregunta, un peligro; fingir una equivocación, un 
desaguisado, un escándalo; acudir al correo, infructuoso; 
hacer una publicación alusiva en El Herald, inútil : en una 
palabra, no habia esperanza. 

Entonces me propuse escribir cualquier cosa y fingir que 
mi escribiente equivocaba el cuarto y por arrojar el papel 
bajo mi puerta, lo arrojaba bajo la de la incógnita, poniendo 



276 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

al calce de la supuesta copia: — "Copia de la leyenda de la 
Monja, para^el Sr. D. Guillermo Prieto. " 

De esa manera me ponia yo á cubierto en cualquiera 
aclaración. 

Con los vagos datos que poseia yo de una gaditana viuda, 
en la flor de la vida, hermosa como el lucero de la mañana 
y encerrada en las cuatro paredes de un hotel, en país ex- 
tranjero, hice mi composición de lugar y sembré y cultivé en 
mi cerebro la leyenda de la Monja. 

Tenia mi leyenda como epígrafe el sublime pensamiento 
de Santa Teresa, que dice: Compadezco á Salarias porque no 
ama*. Y en esa introducción, que era como el eco de los so- 
llozos comprimidos que yo^habia escuchado alguna vez, cuan- 
do dilatando mis pasos y comprimiendo mi aliento habia 
pasado frente al cuarto de la desconocida, lamentaba mi al- 
ma la desesperación de no amar ; el frió del desamparo, la 
queja muriendo sin eco, la tortura de la orfandad del alma, 
cuando la vida cae como la piedra que se desprende de la 
ruina, como la gota de lluvia que se embebe en la arena ó 
acaba, como la planta, con las raíces destrozadas, que tiene 
la existencia doliente de una luz fugaz; y terminaba la intro- 
ducción ofreciendo contar la historia de una monja sepultada 
en un claustro, entre los recuerdos de una tumba adorada 
y el desierto de no amar ante sus ojos. 

Como se supone, las alusiones todas eran trasparentes á 
lo sumo ; en cada inflexión del ritmo pretendí que vibrase 
un acento de pasión. 

Escribí, puse al calce de mis versos aquello de "Copia para 
D. Fulano," y esperé la hora propicia para deslizar mi carta 
debajo de la puerta de mi vecina. 



GUILLERMO PRIETO 2// 



Es de advertir que vivíamos mi vecina y yo en dos pisos 
diferentes ; ella en el primero, yo en el tercero, y á la dis- 
tancia de media cabecera de las nuestras. 

Las ventanas de la gaditana daban cerca de la esquina, 
de modo que la luz dibujaba en la pared del frente con mu- 
cha imperfección las sombras, ó las rompia en la sombra de 
la calle. 

Mis ventanas daban frente á las puertas laterales de un 
gran hotel, que estaban cerradas durante el dia ; pero entra- 
da la noche, tenian gran tragin, abriéndose, cerrándose, in- 
terponiéndose entrantes y salientes, apareciendo y desapa- 
reciendo la luz interior con desesperante persistencia. 

La noche que me resolví á deslizar mi introducción al 
cuarto de la vecina en el hotel, parece que había una cons- 
piración contra el común sosiego. 

El banquero inglés del primer piso tuvo tertulia y bebie- 
ron y disputaron los hijos del Támesis como energúmenos. 

Un matrimonio mal avenido dispuso una separación tem- 
poral, y aquello era movimiento y bulla que espantaba. 

Una maestra de música del último piso, que era un hipo- 
pótamo musical, berreó solfeos con sus discípulas, desatur- 
dir, y M"'''- Clermont jugaba ecarte en el Parlar á la una de la 
noche, con la frescura de si estuviera oscureciendo. 

Yo no sentía interés alguno por la gaditana ; pero me pre- 
sumía que iba á ser aquella aventura un motivo de solaz en 
mis horas de insoportable fastidio ; por otra parte, como te- 
nia cierto viso poético, creí el episodio aquel muy digno de 
ocuparme .... mejor dicho, ahora pienso todo esto ; enton- 
ces no me daba cuenta de por qué hacía yo semejante lo- 
cura. 



273 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



Como si tuviese quince años, me sentia ansioso é impa- 
ciente, sentia aletear sotre mis cabellos canos mis dulces 
ilusiones de la juventud, y lejos de parecerme ridículo, me 
parecía mi empeño un delicioso fraude á la vejez. 

Cesaron al fin todos los ruidos : yo, que me habia queda- 
do leyendo periódicos en el despacho, entre los criados que 
roncaban en ruidosa competencia, subí las escaleras como 
una sombra, me detuve como un malhechor frente al cuarto, 
distinguí la imperceptible raya de luz bajo la puerta, me 
acerqué, tendíme casi en el suelo del quicio, y disparé mi 
papel con cuanta fuerza me fué posible, despareciendo rápi- 
do en las sombras. 

Entré á mi cuarto, quedé atento al menor ruido. . . . silencio 
profundo. . . . Saltaba mi corazón y no podia pegar los ojos. 

Al siguiente dia se me figuraba que todo el mundo me 
habia descubierto, y que era objeto de todas las conversa- 
ciones la aventura ; pero nada : pasé al frente de la venta- 
na. .. , y nada. . . . Pues, señor, aquí dio fin la comedia; 
¿ y para esto tanta precaución y tanto susto . . . . ? 

A prima noche, miento, como á las nueve de la noche, 
en vez de las listas de la celosía que se dibujaban con cons- 
tancia en la pared de enfrente, la ventana estaba abierta 

yo todo me volvía ojos, no sé cómo no me desbarranqué de 
mi ventana. . . . De pronto, se dibujó una sombra, ¡correc- 
to perfil ! ¡ qué enhiesto talle ! ¡ qué explosión de rizos tré- 
mulos sobre el cuello y la torneada espalda! y al ir adelan- 
te en mi examen, la sombra se hundía en la sombra de la 
calle, y aquello era de desesperar! 

' . A veces me parecía que tenia aquella mujer angélica, 
porque así habia de ser, mi papel en la mano, mi verso sin 



GUILLERMO PRIETO 279 



duda ; pero creía que se prolongaba : no es un periódico, es 
mi papel, y á la sombra .... ¿En esa sombra habia alguno ? 
¿ Ese es un brazo humano, ó es el brazo^de una cruz, ó el 
extremo de un mueble . . . . ? 

Mi sombra era otra cosa, abría los brazos, mostraba pa- 
peles ; pero las cambiantes de la pared que la pintaba, el 
abrirse y cerrar de las puertas aquellas, las volvia grotescas, 
me hacian figurar como un mono haciendo cabriolas. 

La ventana superior cerróse como siempre, y yo traté de 
olvidar con mis amigos mi aventura. 

Al regresar en la noche, por supuesto á hora oportuna, 
me sorprendió muy agradablemente que hiciera sensible mi 
presencia la mayor luz bajo la puerta : yo me eché á nado, 
porque tal era mi postura en el pazadizo .... vi entonces 
trasparente, blanquísima nube ; percibí algo de perfume em- 
briagador, se interceptó la raya de luz y vi que algo se des- 
• lizaba por la alfombra, al mismo tiempo que dentro del 
cuarto se extinguió totalmente la luz. 

Tendí la mano, palpé un libro pequeño y me retiré á mi 
cuarto. 

Encendí el gas, hasta que quedó como alumbrada por el 
sol mi estancia .... vi el libro. 

Era un pequeño y preciosísimo Álbum forrado de tercio- 
pelo azul, con sus cantoneras de oro ; incrustado en la pasta 
del libro habia un pequeño relicario con una miniatura de 
Santa Teresa de Jesús. 

Abrí el Álbum, y en la. primera hoja, con letra, humilla- 
ción y vergüenza del grabado, decia : 

*'La Monja. — Copia de una leyenda del Sr. D. Guiller- 
[ mo Prieto, poeta mexicano. " 



28o VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Aquello era de acalambrarse, de desmorecerse : ¿ por qué 
no tenia veinte años menos? ¿ por qué no realizar y desen- 
lazar como es debido esta leyenda, para dejar á estos yan- 
kees con un palmo de narices ? ¡ Hombre, Prieto, mírate al 
espejo! ¿Y que más da? ¿Está prohibido á los viejos te- 
ner corazón ? 

Ilusión que nace en mí, 

Que de mi llanto brotó, 

¿ Puedo renunciar á tí ? 

¿ Qué dice el amor ? que nó, 

¿ Y la reflexión ? que sí ... . 

Y de esta manera ensartaba mis versos, sin sentir, hasta que 
oia la tos de Francisco, á quien oculté cuidadoso lo que me 
pasaba, pero á quien no dejaba dormir 

En manera alguna podia interpretarse la acción de mi des- 
conocida como interés, ni mucho menos como amor, puesto 
que no me conocía, y aun conociéndome, entonces más se 
alejaban esas probabilidades. 

No obstante, aquello de "poeta mexicano" mucho me 
lisonjeaba, no lo puedo negar ; pero entonces, y suponiendo 
sin conceder que yo mereciese tal dictado, lo natural era 
suponer el deseo de leer versos mios á falta de otro que- 
hacer. 

Todo esto es muy cierto ; pero es de tal modo miserable 
la condición humana, que tal puerilidad, tal quimera, me 
preocupaban y sentía mi corazón como con arrimo, como 
en la patria del sentimiento, como en comunión con otro 
espíritu que me comprendía y se identificaba con mis penas. 

Yo interpreté el envío del libro como aprobación y de- 
manda de la leyenda, y para prolongarme el placer de la. 



I 




CONDICIONES DE LA SÜSCRICION. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4°, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA CU los EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1? de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

^. M. Aguilar y Orh'z, 

Administrador. 



VIAJE 



Á i,os 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(GUILLERMO PRIETO) 



(1877) 



^nt7'eqa JVúm. 55, 



MÉXICO. 
Imprerxta del Comercio, de Dublaa y Cliaveta, 

•allí bb cobdobakss acM. t. 






GUILLERMO PRIETO 28 1 



aventura y procurarme motivos de comunicación, resolví 
escribir diariamente parte de la leyenda, llevarla y recoger 
el libro á la siguiente noche. 

Pero, bueno ; ¿ y dónde estaba la tal leyenda ? Era forzo- 
so crearla, y lié ahí cómo la engendró mi fantasía. Va de 
leyenda. 

En México, mi adorada patria, suponía yo, había un con- 
vento casi á extramuros de la ciudad, cuya totalidad estaba 
ocupada por religiosas de muy severa regla, menos la espal- 
da del mismo edificio, del que aislándosele un patio lóbre- 
go y de elevados y robustos muros, se habia hecho prisión 
para los reos políticos. 

A esa misma espalda, en la parte elevada del edificio, da- 
ban ventanas de algunas celdas de religiosas, y en la parte 
inferior ventanas de la prisión con macizas rejas de hierro 
embutidas en la pared y á una altura competente para evi- 
tar toda comunicación por la calle. 

Quien hubiera pasado, en el tiempo que voy á referirme, 
por la espalda del convento á deshora de la noche, habría 
descubierto dos puntos luminosos : el del cuadro de la ven- 
tana superior, claio y marcando el cuadrado irregular de la 
ventana de la celda, y las rejas de la prisión débilmente ilu- 
minadas. Los puntos sobre que acabamos de llamar la aten- 
ción, se reproducían en la pared del frente del convento, 
como en un espejo. 

Sepamos ahora la historia de los dos seres que en medio 
del mundo y cada uno como en un desierto, hacian á la no- 
che confidencias de sus dolores. 

Adela, este es el nombre de la monja, vivia feliz en una 
de las fincas de campo de su padre cercanas á la capital ; 

Tomo III. ^ 



282 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

t — — 

allí conoció y amó á Rodrigo Al varado, joven de las prin- 
cipales familias de México, y sus primeros amores corrieron 
apacibles como aura blanda entre aromáticas plantas. Pero 
al estallar la revolución de la Reforma, tomó Rodrigo las 
armas en su defensa, y esto desató una persecución, un odio 
tremendo de parte del padre de Adela, apasionado partida- 
rio de la causa clerical. 

Sea porque fuesen frecuentes las invasiones á las fincas 
de campo, sea por sugestiones del encono, metieron á Ade- 
la á un convento, le hicieron creer á poco que Rodrigo se 
habia casado, y hundida en llanto, enloquecida, tomó el há- 
bito, para acabar sus dias en el retiro y en la penitencia. 

Rodrigo se distinguió en las armas, se hizo uno de los 
caudillos de más prestigio, y mal herido en la acción de 
Carretas, cerca de San Luis Potosí, fué conducido á Méxi- 
co, y después que se restableció, le encerraron en la prisión 
de los reos políticos. 

No es difícil creer, en las circunstancias por que atravesa- 
ba mi país, una incomunicación completa de los amantes, y 
menos difícil si recordamos la regla severísima de la religión 
en que Adela profesó. 

El consuelo único, la compañía, la esperanza de Rodrigo 
era aquella luz de la ventana superior que alumbraba como 
una mirada tierna el antro en que estaba sumergido. El mi- 
maba la luz, la acariciaba, la recibía como la visita de una al- 
ma compasiva á su espíritu desamparado ; era el alma de su 
alma, el sol de su ternura. 

Fijos los ojos en su luz querida, vio llegar una vez á su 
centro un bulto : se dibujaba perfectamente su cabeza en- 
vuelta en la toca monjil, las anchas mangas del hábito pro- 



GUILLERMO PRIETO 283 



fuso, las manos delicadas. . . . Parecía arrodillada : sin duda 
habria algún altar ó alguna imagen á su frente. 

La aparición se verificaba todas las noches. 

Unas veces la monja arrodillada se postraba haciendo su 
sombra un bulto informe ; pero aquella cabeza temblaba. 
¿Eran sus sollozos? ¿pegaba á la tierra sus labios gemido- 
res para que no robase el viento los secretos que solo de- 
berla saber su tumba? ¿En ese prolongado suicidio del 
claustro se escapaban á esos labios pegados al suelo, acen- 
tos que engendraba la ternura y se traducirían por despe- 
cho y blasfemia? 

Otras veces el bulto negro enclavijaba sus manos, tendía 
sus brazos elocuentes, dejaba como derribar su cabeza hacía 
atrás y parecía entregar desesperada el pecho al dolor que 
la desgarraba, y otras, alzando los brazos, la cabeza erguida, 
el andar acelerado, aparecía y desaparecía en el claro de 
luz, como perdida en la demencia, hasta que extinguida la luz, 
se sepultaba la terrible visión en las tinieblas. 

Era una necesidad para Rodrigo ponerse en comunica- 
ción con la monja desconocida ; pero cualquier esfuerzo equi- 
valía á la realización de lo imposible. 

Aventurándolo todo una noche, decidió, por medio del 
canto, dar á conocer su existencia en aquella mazmorra. 

La voz de Rodrigo no^tenia cultivo alguno ; pero era un 
barítono claro, vibrante y apasionado. 

Pero el cantar de Rodrigo moría en su tumba, no rebo- 
saba un solo sonido, en su juicio, las altas rejas de su pri- 
sión. 

Sin embargo, á los oídos de la monja llegaron unos ru- 
mores vagos, unos ecos que parecían la forma de sus más 



284 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

recónditos recuerdos. Atraída por la voz, después de ex- 
tinguir la luz, se asomó á la ventana y se fijó en la ilumina- 
da reja del prisionero. Este, entre tanto, arrimó el banco de 
su cama á la pared, colocó sobre él una mesa, después una 
silla, escaló por los muebles, se asió de la reja y pegó en ella 
su semblante. 

Entonces creyó escuchar un grito reprimido y oyó dis- 
tintamente que se cerraba la ventana con estrépito. 

La monja, aunque interceptado por las rejas, habia creí- 
do percibir el perfil de una cabeza, de un rostro, un conjun- 
to que la perseguía despierta y en sueños, que era el culto 
de su desgarrado corazón .... 

Acaso le pareció una visión que para su castigo le pre- 
sentaba el enemigo de las almas. 

Por algún tiempo no se volvió á ver la luz de la celda. 

Las noches de luna eran la desesperación de Rodrigo, no 
solo porque habia transeúntes en aquella frecuentemente 
desierta calle, sino porque dando la luna en el muro, borra- 
ba y hacia más indecisa la luz artificial. 

El continuó en sus cantos con esperanza remota de atraer 
la luz. Una vez, agobiado de tristeza, queriendo desahogar 
sus dolores en ecos que formulasen las angustias de su co- 
razón, preludió ese Adiós de Schubert, vibración de agonía 
arrancada al ángel caído en el momento de dejar para siem- 
pre la morada celestial, canto de lágrimas que sí no lo hu- 
biese formulado el genio humano, se diría que es una evo- 
cación eterna de los eternos dolores. 

Adela era apasionada de la música de Schubert, y el Adiós 
su melodía favorita. 

A las primeras notas, se sintió conmovida en lo más hon- 



GUILLERMO PRIETO 285 



do de SU alma ; dgspues encendió su luz ... . después pudo 
percibir Rodrigo el bulto negro en agitación febril .... y al 
morir sollozando aquellas notas divinas .... tendia la mon- 
ja enloquecida los brazos, como para detenerlas, como para 
estrecharlas y esconderlas en el sagrado de su corazón. 

Rodrigo, por su parte, adhiriendo á las rejas algunas tiras 
de madera que arrancó de su banco y de su mesa, pudo 
figurar estas letras : TE AMO, y esperó que la noche hicie- 
se la revelación. 

Dos dias después, á la hora de la siesta, vio caer de la 
ventana polvo, luego como tallos inútiles de fiores, y al úl- 
timo, rozando con su ventana, pétalos de rosa, de los que 
uno solo que empujó el viento dentro de la prisión, tuvo 
por relicario los labios de Rodrigo y fué su talismán idola- 
trado. 

De esa manera imperfecta, trasmitiendo á la pared figu- 
ras adiviaadas más que comprendidas, las relaciones tuvie- 
ron .fomento, aunque envolviéndolas de continuo negras 
sombras de duda y misterio. 

La escala formada con los muebles, el mejor humor del 
prisionero, alguna astilla de los palitos que le servían para 
formar sus letras, se hicieron perceptibles á la intolerante 
policía y resolvieron cambiar su prisión, tanto más cuanto 
que Aureliano Rivera, simpático y audaz caudillo de la 
Reforma, amagaba la capital y habia hecho dentro de ella 
incursiones temerarias. 

Rodrigo esperó la noche dos dias antes de su partida, y 
con voz desgarradora entonó su Adiós .... Las últimas no- 
tas del doloroso canto vibraban en el viento, cuando con la 
misma luz de su prisión distinguió fuera de la reja un hilo á 



286 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

cuyo extremo oscilaba una carta .... en esa carta Adela su- 
gería al prisionero los medios de fugarse. 

La carta estaba fuera de los hierros de la ventana, á muy 
poca distancia, pero intomable .... la desesperación era ex- 
trema ; arrancó uno de los pies á una silla, lo adelgazó, le 
puso otro palo pequeño formando gancho, atrajo á sí el hi- 
lo ; pero sin ,duda dio en algún punto cortante del palo, que 
ló trozó .... cayendo la carta al suelo, de donde fué reco- 
gida, produciéndose escándalo espantoso. 

Ejerciéronse con Adela todo género de crueldades; se 
disponian á fusilar á Rodrigo los enemigos de la libertad ; 
tocaban á un desenlace sangriento los sucesos .... cuando 
se escucharon disparos de artillería en la plaza mayor, repi- 
caron las campanas del convento .... y la multitud, rom- 
piendo puertas, derribando obstáculos, penetró triunfal en 
los claustros, gritando "¡Viva la Reforma!" y proclamando 
á Rodrigo como uno de sus héroes más ilustres 

Acomodándose Rodrigo á las creencias de la familia de 
Adela, se dirigió al Santo Padre por medio de un letrado 
distinguido, haciendo ver que era Adela víctima de un en- 
gaño y que no tenían validez sus votos monásticos. 

Los hombres de todas las opiniones, los teólogos más 
ilustres, los más escrupulosos sacerdotes, esperaban que la 
decisión del Santo Padre abriese á los amantes las puertas 
de la felicidad ! 

Tal era la leyenda que escribí en \'erso, sin quedarme 
con una copia ; la dividí en capítulos, procurando que en 
cada uno de ellos fuese creciendo el interés y multiplicando 
las alusiones, según las peripecias de mi situación particular. 



GUILLERMO PRIETO 287 



Como he indicado, dejaba una noche el Álbum y lo re- 
cogia á la siguiente noche ; pero nada avanzaba en mis pes- 
quisas .... la luz que reflejaba la ventana me delineaba la 
linda figura, pero inmóvil, fría, con una silueta de estatua 
que me desesperaba. 

Yo no sé cómo no me quedé litografiado en el quicio de 
aquella puerta, porque realmente me estampaba para distin- 
guir algo que disipase mis dudas .... nada : la orla de seda 
de un vestido espléndido, dos piesecitos como dos pichones, 
que corrieran entre encajes .... y unos dedos de marfil y 
rosas que hubiera querido besar, si los labios, como debie- 
ra ser, tuvieran la facultad de volverse pinzas. 

Pero la detención frente de aquel cuarto era imposible ; 
una vez me hablan encontrado inclinándome al suelo, y yo 
saqué un cerillo fingiendo buscar una moneda ; otra vez el 
lapicero era lo perdido ; otras habia extraviado camino. 

Algo debió notar Maguet de mis inquietudes, porque 
cuando volvia la cara, aunque fuese muy noche, estaba con 
una luz esperándome, y yo me daba á los demonios y se- 
guía mi leyenda. 

Cuando en ella llegué al punto del Adiós de Schubert, no 
hubo aparición en el círculo de luz ; pero á poco de estar en 
la ventana, tendió sus alas aquella melodía sublime y una 
voz sobrehumana iluminó mi alma, empapando de lágrimas 
mis ojos. 

Al siguiente dia de haber aludido en uno de los capítulos 
de mi Aíonja á la lluvia de pétalos de rosa, en una de las 
entradas que di á mi cuarto, vi en la mesa del centro un 
espléndido ramillete de rosas blancas, atados sus tallos con 
un listón negro ; redoblé mis tentativas, aunque solia decir- 



288 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

me : ¿ A qué este empeño ? ¿ qué designio me guía ? ¿ qué 
siento en mí que pueda justificar una inquietud tan injusti- 
ficable en mis años? 

Hice coincidir el capítulo de la carta suspendida del hilo, 
con mis anuncios de partida, y por último, á uno de mis 
amigos le rogué, la noche que deslicé bajo la puerta la con- 
clusión de mi leyenda, que cantase en mi cuarto, como can- 
tó en efecto,, con voz dulcísima, apasionada y dolorida, el 
Adiós de Schubert. . . . 

En el claro que formaba en la pared la luz del cuarto de 
la gaditana, vi inmóvil, como si proyectase la sombra una 
estatua de mármol, el bulto, los contornos y el perfil cor- 
recto de mi aparición : con la última nota se extinguió la 
luz, envolviéndome en el silencio y el misterio. 

Por más activas que fueron mis pesquisas, no pude hacer 
aclaración alguna ; por más audaces que fueron mis tentati- 
vas para conseguir copia siquiera de mi manuscrito, nada 
pude obtener ; creo que los versos de esa leyenda, es de lo 
menos malo que he hecho en mi vida. ... Ni sospecha, ni 
conjetura, nada dejó en pos de sí la inspiradora de mi le- 
yenda de ¿a Monja. 



Cuarenta y ocho horas precisas me quedaban para decir 
mis adioses á Nueva-York, que como he dicho, como que 
me rodeaba con su tumulto de palacios, sus ruidos, las cru- 
ces de sus telégrafos, su tropel aéreo de cúpulas y banderas 
y su conjunto arrebatador. 

Levantándome estaba cuando entró en mi cuarto un jo- 
venzuelo llamado M. Fayar, alegre como un fandango, mo- 



GUILLERMO PRIETO 289 



vible como una ardilla y vestido como un corredor de ca- 
ballos, lo que le hacía aparecer doblemente expedito. 

— M. Guillermo, vd. será por mí ; yo quiere con vd. mu- 
chas muchachas señoritas. 

— Chico, es cosa que no me repugna en ninguna circuns- 
tancia; pero estoy ocupadísimo. 

— Pero vd. no decir nada de este en su Viaca. 

— Hombre, en mi Viaje hablo bastante de este ramo y 
es lo mismo en todas partes, tratándose de los Estados- 
Unidos, con la diferencia de que aquí toman las cosas colo- 
sales proporciones. 

— Ya verá vd. salones en toda forma, én cuyo menaje 
están invertidos capitales inmensos ; haria vd. conocimiento 
con hermosuras de casi todas las naciones del globo .... y 
mucho contento. 

— Amigo, he tenido en mi mano una Guía de forasteros 
6 Directorio, que se vende á los viajeros para sus visitas de 
confianza, y en ese librito constan todas las particularidades 
apetecibles para las visitas de confianza. Por otra parte, yo 
no he querido escribir un Manual del Calavera, sino consig- 
nar simplemente mis impresiones, y esto en la esfera limi- 
tada y con la superficialidad consiguiente á quien hace sus 
apuntaciones por ferrocarril : ya vd. lo ve, aquí, anualmente, 
se publican gruesos volúmenes, sobre cada uno de los depar- 
tamentos de la administración, sobre cada uno de los esta- 
blecimientos de beneficencia, sobre cada uno de los servicios 
públicos; ¿qué puedo yo hacer, sino índices, indicaciones y 
notas que pongan de manifiesto mi deseo de que en mi país 
se conozcan y estudien estos pueblos ? 

— Esta bien, creo que vd. hace más de lo posible; pero 

Tomo III. 37 



290 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ni siquiera de M. Rails habla vd., y está llenando el mundo 
su proceso. 

— No me he podido imponer á fondo. ¿ Vd. conoce bien 
ese cuento ? 

— Bien, bien, no ; pero un poquito, que está curioso. ¿ Vd, 
conoce la Quinta Avenida que da entrada al Parque Cen- 
tral? 

— Perfectamente. 

— Se ha fijado en cuatro ó cinco palacios de mármol, que 
forman esa entrada, y llaman la atención por su opulencia? 

— Si, señor. 

— Pues uno de esos palacios es de la persona de quien se 
trata .... De una abortivista. 

— ¿ Qué me cuenta vd ? 

— Que es una profesora del arte de quitar estorbos, y que 
en contacto con personas muy acaudaladas y con hijas de 
familias menesterosas, hizo una inmensa fortuna. 

Vivia en la opulencia hace muchos años ; se jactaba de 
las mejores relaciones ; en su casa se daban convites y ha- 
bla tertulias espléndidas ; pero cate vd. que por su mal, se or- 
ganiza una Sociedad furibunda, nombrada " Preventiva del 
crimen," y las cosas cambian de aspecto. 

La Sociedad es de lo más benéfico y curioso que vd. se 
puede imaginar. Compónese de personas poderosas, de pro- 
bidad intachable y de habilidad notoria. 

La Sociedad se constituye en amparo de la joven á quien 
se pretende pervertir, de perseguidora implacable de gari- 
tos y casas de prostitución, de azote de ladrones y todo gé- 
nero de malhechores ; tiene sus abogados, su policía diligen- 
tísima y está perfectamente relacionada. 



GUILLERMO PRIETO 29I 



El abogado de la Sociedad mencionada acusó á M. Rails 
de su infame profesión ; puso ella en acción sus relaciones, 
amagósela con una prisión ; para eludirla se le pidió una fian- 
za de cien mil pesos, que la ilustre profesora puso en de- 
pósito .... 

Entonces la policía, por medio de sus agentes secretos, 
acudió á mil ardides, hasta que al fin logró tender una red 
sutilísima en que cayó la abortivista. * 

También es cusiosa la causa hecha á un doctor de Nue- 
va-York, que cultivaba el mismo comercio. 

— Ya he dicho á vd., repliqué á M. Payar, que sobre es- 
tos particulares creo me he extendido lo bastante en San 
Francisco, y que ahora serian fastidiosas mis repeticiones. 

• En e«tos últimos dias, y ya publicándose mis Viajes, se supo que M. Rails se ha- 
bía suicidado: descubiertos sus crímenes, se metió en un baño y se abrió las venas. 



XVII 



Con\ida en casa de Bacixiller. — Noche. — Pai\adería de Vie- 
na. — Ronaero I^ubio. — Mariscal. — Juan José Baz. — Es- 
cuela de Sordo-n\udos. — Express. — Con\ercio. — Lluvia, 
— Salida de Nueva- York. 



CIRCUNSTANCIAS muy privadas y personales ha- 
cían dolorosa para mí la separación de Nueva-York, 
y por una fatalidad de mi destino, los halagos de la vuelta 
á la patria mucho se enturbiaban por las condiciones de la 
salud de mi hijo, y por motivos no para narrados en estos 
tan accidentados como verídicos Viajes. 

Ya he indicado en otro lugar que la familia del Sr. Lic< 
D. Antonio Bachiller y Morales, á la que pertenecen los 
Sres. Dres. Landeta y Castro, y el Sr. Lie. Néstor Ponce 
de León, se encargaron de aliviar mis penas, me crearoíi 



294 VIAJE Á LOS -ESTADOS-UNIDOS 

I = 

familia y me llenaron de atenciones, que recuerda con pro- 
fundo reconocimiento mi corazón. 

La familia- inteligente y bien educada de mi país, se ofre- 
cía allí á mis oJQS con todos sus encantos. 

Pretextos para sabrosas comidas, (discusiones al parecer 
tempestuosas que se deshacían en lluvias de flores, interés 
por mi salud, alivio á mis dolores, todo lo encontraba, pero 
tan sincero y espontáneo en todos, que más parecía que las 
satisfacciones de que me rodeaban eran más por el senti- 
miento*egoista de procurarse mis amigos placer, que por el 
designio de hacerme olvidar mis penas. 

De ponerse tablados era cuando en competencia con las 
señoras y acariciando mis más bellas memorias, exponía á 
la atención curiosa de mis oyentes nuestro popular Paseo 
de la Viga, nuestro Chapultepec romancesco ; y los cubanos, 
en revancha, me pintaban las risueñas perspectivas de su 
Jesús del Monte y su Guanavacoa, su paseo de Isabel II y 
su Jardín Botánico. 

Entonces yo, á guisa de diestro luchador, hacia reminis- 
cencias de nuestros paseos en burro, nuestras temporadas 
de San Ángel y otros solaces cuya belleza no se percibe 
con los ojos pegados al cuadro, pero que á cierta distancia 
tienen encantos indecibles. 

Bachiller es un jurisconsulto eminente y un literato dis- 
tinguido ; en la Habana, su patria, hizo sus estudios y des- 
empeñó puestos importantísimos ; su erudición es vastísima 
y su criterio luminoso y seguro. 

Pero aparte de sus clarísimos talentos y de sus obras cien- 
tíficas y literarias de exquisito mérito, sobresalen en Anto- 
nio dos cualidades c^ue mis lectores me dirán sí no son per- 



GUILLERMO PRIETO 295 



las y diamantes para los, que tenemos la fortuna de ser sus 
amigos. 

Allá va la una. Es un amor á México que llega al fana- 
tismo, como debe ser el amor : mucho sentimiento y mucho 
anhelo por el bien de la persona amada. 

Antecedentes de familia, reminiscencias muy queridas para 
mi amigo, fomentan y robustecen aquella pasión por México. 

Posee en su archivo curiosidades de nuestra historia, an- 
da perpetuamente á caza de noticias y periódicos de Méxi- 
co, y constantemente se halla en correspondencia con per- 
sonas notables de nuestra patria, comunicándoles cuanto cree 
que puede contribuir á su bienestar y adelantamiento. 

Cuando en 1842 salió de México el eminente poeta Ro- 
driguez Galvan para no volver á su patria jamás, yo, que 
conocía de nombre al Sr. Bachiller, por haber hablado de 
mis versos en El Diario de la Marina, le recomendé á mi 
malogrado amigo, que debia pasar por la Habana : allí cayó 
enfermo y murió Rodríguez. 

Bachiller fué un amigo y un padre para Rodríguez, le 
abrió las puertas de su casa, tratándole como de su familia, 
lo relacionó con los más eminentes literatos, esencialmente 
con Milanés, quien le leyó su "Conde de Alárcos," y de 
quien son los lividísimos versos que yo atribuí á Turla equi- 
vocadamente, al tratar de mis impresiones de Orleans, y 
cuando enfermo y en su muerte le llenó de cuidados, prodi- 
gándole generoso toda clase de auxilios. 

Mí gratitud á Bachiller por todos estos antecedentes, la 
hice seftsible en relaciones cariñosas y no interrumpidas, 
durante más de treinta años en que yo no he dejado de re- 
cibir atenciones de tan cumplido caballero. 



296 - VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Ardia la casa de Bachiller en impaciencia por mi llegada ; 
el finísimo Dr. Landeta se preparaba á hacer los honores de 
la casa con la exquisita elegancia que tiene de costumbre. 
Néstor Ponce tenia lista cerveza suprema, y las señoras se 
disponían á celebrar mis sorpresas por los guisos al estilo 
de mi tierra, y los dulces deliciosos que recuerdan la espe- 
cialidad que para postres y reposterías tienen nuestras me- 
xicanas. 

Parece que veo el cuadro. Bachiller, sosegado y dulcísi- 
mo, con su levitón de lienzo, rodeado de sus preciosos y 
juguetones nietecitos, que me recordaban á los mios. 

La esposa con sus hermosas hijas, agrupadas junto de 
una amplia ventana en cuyo marco se divisaban flores y 
enredaderas, y la tropa masculina charlando y fumando fren- 
te al bufete del sabio, convertido con desacato en mostra- 
dor de cantina. 

Dióse la voz salvadora de la sopa está en la mesa, y en 
tropel risueño nos dirigimos al comedor, donde los chicos 
gritaban y repicaban sus trinchis en copas y Vasos, las se- 
ñoras esperaban modestas y nosotros los hombres nos ar- 
rellanábamos á gozar, sin ser de nadie y sm pensar en nada 
de los hechiceros encantos de la gula, cuando llega á sedu- 
cirnos acompañada del buen humor. 

Después de los primeros contentamientos á la tiranía ani- 
mal, contentamientos que, como se sabe, se hacen en me- 
dio del silencio, la conversación se hizo general y cada uno 
se esforzaba por acreditarse de alegre convidado, sin cui- 
darse de sexo ni edad. Por supuesto que la conversación 
corrió, después de culebrear un tanto, á los viajes, y á lo 
mucho que me faltaba que decir. 



Q 

I— ( 

> 




GUILLERMO PRIETO 297 



— Lo conozco, señores, repetía yo ; pero vdes. conven- 
drán en que un viaje al vapor no es un inventario. 

— Es permitida la ligereza, decia Néstor con ironía. 

— Si se trata de ligereza en el sentido de no profundizar, 
como en tratados especiales, todas las materias, convengo, 
decia Bachiller ; pero ligereza en cuanto importe inexactitud 
de datos estadísticos, observaciones políticas y mercantiles, 
no convengo, porque muchos de esos datos los han sumi- 
nistrado oficinas públicas y documentos oficiales, y nos tie- 
ne asoleados Guillermo, aclarando fechas, haciendo rectifi- 
caciones y estudios detenidos, á Néstor, á M. Bryant, á 
Mantilla, á rhí y á\ cuantos conoce. 

— No, repetía mi contrario, yo lo digo por los cuenteci- 
llos y cosas fantásticas. 

— Eso es otra cosa, ese es mi plan : yo he buscado una 
forma para popularizar mi libro entre gente que se moririat 
de fastidio con los números y las disertaciones gravedosas ; 
yo quiero que el mandadero y el carnicero, la polluela par- 
lanchína y el vejete recalcitrante, lean -mis Viajes, y al fin 
adquieran ideas exactas de este pueblo, de que se suele ha- 
blar en mi país como de los habitantes de la luna. 

— Yo lo que deseo es que hable vd. fuerte, muy fuerte, 
á estos patanes, sobre su codicia, porque para ellos no hay 
i más Dios que el dinero. 

— En efecto, decia Néstor, ya el señor ha hablado bas- 
tante de la omnipotencia del dollar ; pero lo que le falta 
que agregar es que si el yankee es ávido para adquirir y 
no se para en medios, también gasta con suma liberalidad ; 
, aquí no se ve, como en la tierra de vd., ó si se ve es con 
menos frecuencia, hombres acaudalados, tratándose con 

To.Mo III. 38 



298 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

verdadera miseria, peor que los obreros de estas fábricas. 

— ¿Ya ve vd. cómo se desarrolla aquí la fiebre del oro? 
Pues la dote en la mujer es desconocida, y esos pescadores 
de fortunas con el anzuelo del amor, ni se mientan. 

— Eso sí es cierto, replicó una de las señoras ; aquí ni se 
habla de esos gansos del amor conyugal, muertos de ham- 
bre, calculistas, esperanzados, para salir de penas, en triun- 
far del corazón de una polla trasañeja, epiléptica y contra- 
hecha, ó de una vieja, aunque impertinente y llena de acha- 
ques, poderosa. 

— Por otra parte, decia otra señora, sesuda y de claro 
ingenio, por regla general, cuando el marido yankee no es 
borracho, es un excelente marido ; acaso los negocios y la 
frialdad de carácter le hacen fiel y dedicado á su familia, 
es pacientísimo con sus hijos ; acaso su defecto capital sea 
que muchas veces se deja dominar de la mujer, que es en- 
fermiza y poco hacendosa, aunque esto admite sus excep- 
ciones. 

— ¿Qué me está vd. diciendo? 

— La verdad, dijo Bachiller ; esas hermosuras deslumbra- 
doras caducan mucho más pronto que en Europa ; son be- 
llezas de un dia, y vd., al apreciarlas de otra manera, ha in- 
currido en una equivocación. 

— Eso depende, dijo una viejecita, muy viejecita, con su 
dentadura muy blanca y su cabeza como unos algodones, de 
que esas niñas no comen : cuando diga vd. mantenerse de go- 
losinas, Isisyankas : por aquí las fresas ; por allá la nieve ; por 
acullá los candís, si tienen proporciones ; y si no, todo se lo 
« echan encima, es decir, todo lo gastan en vestirse : para al- 
gunas no importa que la casa esté como nido de aviones ; 



GUILLERMO PRIETO 299 



pero el gorrito listo, nuevo el velo de gasa, ajustados los 
guantes y el calzado como de reinas. 

— Eso también debe atribuirse á que no conoce vd. mu- 
jeres más callejeras que estas americanas. 

A título do- libertad, se van llevando á la casa al novio, 
sin que nadie les diga : " esta boca es mia, " platican con él, 
salen y entran con él, sin que nadie se fije en el aparecido; 
de suerte que á veces, á los tres ó cuatro meses, va sabien- 
do el papá que aquel señorito que entra y sale y se aisla 
con la mayor desfachatez á platicar á solas con su hija en el 
salón, es nada menos que su futuro hijo político. 

— Es la verdad, decia Néstor; los vínculos de familia es- 
tán bastante relajados en el Norte ; pero es necesario fijar- 
nos en el punto de partida de nuestro juicio : aquí no hay 
herencias forzosas, y esto, aunque sea por la conveniencia, 
mantiene el respeto en las familias ; de suerte que no se da 
caso que un muchacho haragán y con las manos lavadas, 
finque las esperanzas de mejora de fortuna en que espichen 
los autores de sus dias, ni hay esos pleitos en que hijos y 
padres son desvergonzados difamadores, ni esas bandadas 
de buitres que con el nombre de herederos forzosos aciba- 
ran los últimos momentos de un infeliz que cometió el deli- 
to de formar un capital con su trabajo. 

— ¿Ve vd. este pueblo? me decia un hermano del Dr. 
Landeta, que estudia á los yankees sin cesar .... ¿ Ve 
cuántos rasgos de inmoralidad y disolución.'* 

Pues advierta vd. : al marido honrado que ha sido objeto X 
de las traiciones y víctima de la mala conducta de una mu- 
jer frivola que desconoce sus deberes, á ese marido jamás 
se le burla, no.se permite ni al ridículo ni á la maledicencia 



3ÓÓ VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

poner en evidencia su infortunio y la deshonra de los hijos; 
y esas sátiras al marido manso, al predestinado, al sufrido, 
se rechazan de la buena sociedad, no las explota la carica- 
tura, y aun en el teatro, se mutilan las obras francesas para 
desviarlas de nuestra manía latina de hacer recaer sobre el 
marido, censuras que solo merece la mujer, . . . 

— Señores, todo está muy bueno ; pero nos estamos que- 
dando sin comer: ese asado es excelente, aquí se tiene es- 
pecial cuidado con las carnes. 

— -Eso merece un trago de este añejísimo Borgoña .... 

— No, yo no me puedo conformar, decia la bondadosa se- 
ñora de Bachiller, con que no nos acompañe vd. á Sara- 
toga. 

— Al anuncio de los baños ó de las aguas de Saratoga, 
dijo un joven elegante que estaba á mi izquierda, las casas 
se ponen en movimiento, los maridos aprestan los bolsillos. 

Hay familias de ladies de tres á cuatro personas, que lle- 
van quince ó veinte baúles, de esos baúles monstruosos que 
con cuatro ruedas y sus asientos, pudieran suplir á cualquier 
wagón. 

Las familias, excepcionales por su riqueza y circunstan- 
cias, tienen sus casas ó residencias en Saratoga, muy ele- 
gantes y apartadas del bullicio ;. pero lo característico es la 
vida del hotel, y hay muchos y magníficos hoteles en Sara- 
toga. 

Los hoteles, como vd. sabe, son grandes edificios forma- 
dos de dobles hileras de cuartos, que unos dan al exterior 
y los otros al interior del hotel : las familias toman cuartos 
dobles para mayor comodidad, no obstante que los pasean- 
tes de los corredores suelen hacer infernal ruido. 



GUILLERMO PRIETO 30I 



A poca distancia de los hoteles está el pintoresco edificio 
de Congress hall, en el centro de un parque cultivado con 
esmero. En el parque está el afamado pozo de las aguas 
medicinales. 

En el brocal del pozo se hallan constantemente unos ni- 
ños perfectamente vestidos, con unos palos que tienen sus 
vasos en el extremo para extraer el precioso líquido, que 
dizque cura las enfermedades del estómago ; y no dije si- 
quiera vientre, porque esas palabras se reciben como obs- 
cenas y están relegadas á la gente ordinaria, como camisas, 
piernas, etc. . . .- 

A primera hora se sirve el almuerzo con abundancia y 
variedad notables, y en el terraplén cercano se instala la 
música militar, á alentar, con sus marchas y canciones, la con- 
versación de las damas, los paseos de los viejos y los jue- 
gos de los niños. 

Empréndense con suma frecuencia excursiones á un lago 
inmediato, delicioso por el paisaje que le rodea y por sus 
cristalinas aguas. Por supuesto que los paseos acuáticos son 
encantadores. 

Verifícanse las comidas en el hotel, entre dos y tres de 
la tarde : terminada la comida, llegan por la concurrencia 
elegantísimos carruajes de todas formas, tirados por arro- 
gantes frisones, y se forma el paseo del Parque, ostenta- 
ción de lujo y hermosura, más para vista que para des- 
crita. 

A las siete de la noche se sirve el thé. 

Es de advertir que por costumbre los dueños de todos 
los hoteles se hacen la obligación de dar un baile por turno 
.cada noche (hop), baile de confianza, sin lujo, pero en que 



302 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

se pasan ratos muy agradables. Dura la diversión hasta las 
doce de la noche. 

Es costumbre que los huéspedes de unos hoteles convi- 
den á los de los otros, y de esa manera se generaliza el con- 
tento y se fomenta una benéfica competencia para atraer 
cada dueño de hotel mayor número de parroquianos. 

Hay otros bailes de mayor rumbo y trueno, en que se 
sirven cenas gratis á los convidados y desplegan mucho 
lujo las americanas. Duran hasta las dos de la mañana. 

El Dr. Landeta, persona educada en la selecta sociedad 
de Paris, donde hizo su carrera, añadió, dirigiéndose al jo- 
ven que hablaba : 

— Ha hablado vd. de las aguas medicinales ; los lugares 
destinados á baños están rodeados del mismo ó semejante 
aparato de distracciones. 

Mañana y tarde se anuncian los baños, suspendiéndose 
en cada baño una gran bandera á un alto mástil. Enarbola- 
da la bandera, se da á entender que los baños están listos, 
porque su buen estado depende de la marea. Por lo demás, 
continuó el doctor riendo, ya vd. nos ha hablado bastante, 
describiendo á Rokway, de ciertas exhibiciones ; pero lo que 
no llamó á vd. la atención y lo extrañé, es que esas exhi- 
biciones, para vd. y para nosotros alarmantes, los yankees 
las ven con profunda indiferencia, nadie se permite un es- 
pionaje ofensivo, nadie excita á un compañero á una con- 
templación irregular, nadie deja su copa, ni su baile, ni su 
conversación, por el cultivo de las escenas de la escuela rea- 
lista, y eso le quita mucho al espectáculo, del carácter de in- 
conveniencia que pudiera tener entre nosotros. 

Los postres estaban en la mesa, se entraba por Jas puer- 



GUILLERMO PRIETO 303 



tas del comedor una tortilla de huevos flamante, y al través 
del azulado incendio, sonreía la costra azucarada del manjar 
alemán. 

Era la hora de las tiernas expansiones : mis amigos me 
dieron la dulcísima sorpresa de que una lindísima niña, por 
quien conservo recuerdos muy cariñosos, me recitara un 
bello romance de mi querido amigo Pedro Santacilia, que 
coloco aquí como una joya literaria, y que se ha convertido 
en la fórmula expresiva de los hijos de Cuba, que lloran á 
la patria ausente á las orillas del magnífico rio Hudson. 

Habla María, que María habia de ser para que yo la 
amase con tanta ternura : 



EL DESTERRADO. 



Tan lejos' ¡ay! de su tieiTa 
Como él ¡quién no llorara! 

D. Delmonte. 



" — Bello rio, bello rio, 
El de las ondas de plata, 
El *de las mil tradiciones, 
El de la corriente clara. 
El de los bosques sombríos, 
El de las praderas anchas, 
El de las verdes colinas, 
El de las montañas altas. 



304 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

" ¡ Bellas son como ningunas 
Las flores que te engalanan, 

Y las naves que te cruzan^ 

Y las aves que te cantan; 

Y bellos los caseríos 

Que del bosque entre las ramas, 
Como nidos de palomas 
En tu orilla se levantan. 



• "Bellas, sí ! — Pero yo diera 
Tus encantos y tus galas. 
Tus pueblos y tus bajeles, 
Tus flores y tus montañas, 
Y las nubes de colores 
Que en tu cauce se retratan, 
Por ver tan solo un momento 
Del Cauto las claras aguas. 



" ¡ El Cauto ! — ¡ Cómo se agita 
Llena de emoción el alma * 
Al evocar en la ausencia 
Los recuerdos de la patria ! 
¡ Cómo de dolor henchida 
La imaginación se exalta, 
Al recordar los lugares 
En que pasó nuestra infancia ! 



"Si ver pudiera los campos 
De mi tierra infortunada; 
Si bajo el coposo mango. 
Sentado allá en la sabana. 



CONDICIONES DE LA SÜSCRICÍON. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4*^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA CU loS EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1* de- Santo 
Domingo núm. 6. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

Administrador. 



r 



Viaje 



A LOS 



Estados-Unidos 

Por FIDEL 

(GUILLERMO PRIETO) . 

(1877) 



Unlreffa JVüm. 56. 



MÉXICO. 

Imprenta del Coinercio, ele Dublan y Cliavez. 



CALLE DE CORDOBANES NUM. S. 



'• < * ^ ■ 



GUILLERMO PRIETO , _, ' 305 



Escuchara en el silencio 
De alguna noche estrellada, 
La tórtola cuando llora, 
El ruiseñor cuando canta; 



**Si á lo lejos en el monte 
Viera las índicas palmas 
Que inclinan las verdes pencas 
Al suave soplo del aura, 
Y entonces la voz oyera. 
Perdida allá en la distancia, 
Del montero enamorado 
Cantando dulce trovada; 



"Si ver pudiera las flores 
Que bordan nuestras montañas, 
Los lirios en el arroyo, 
El bambú junto á la playa, 
Los plátanos en el valle, 
El ganado en la sabana. 
Los cafetos en la loma 
Y en la llanura las cañas, 



" i Oh cómo de gozo lleno 
El -corazón palpitara, 
Y cuan alegre las cuerdas 
Pulsare? entonces del arpa; 
Pero lejos de mi Cuba, 
Proscripto y en tierra extraña. 
Tan solo llanto en los ojos 
Tengo y dolor en el abra. . . ." 

Tomo IH. 39 



306 ^ VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Así, mirando una tarde 
Del Hudson las claras aguas, 
Un desterrado cubano 
Sé acordaba de su patria, 

Y era su trovada triste 

Y cantándola lloraba. 
Tan lejos ¡ay! de su tierra 

• Como él ¡quién no llorara! 

Pedro Santacilia. 

Hubo un momento de silencio : pasó sollozando en el ho- 
rizonte de nuestras almas, la memoria de la patria. 

Terminada la comida, espié un momento para escaparme, 
porque tenia resuelto no despedirme de aquella casa, á la 
que tanto debí y á la que amo tanto 

Me escapé al fin, sin que nadie lo apercibiese, y al hallar- 
me solo en la sombría calle 26, oyendo á lo lejos, como las 
caídas de agua de la montaña, el rumor de las avenidas de 
la gran ciudad, no cesaba de repetir : "Amor y bendiciones 
para los que acogen al extranjero como á hermano, y le 
sientan en su hogar y calientan su corazón con el cariño. 
Que la prosperidad les acompañe, y que la salud y el con- 
tento aderecen su mesa y hagan mullido su lecho de des- , 
canso ; que la virtud y la sabiduría estrechen á su seno á 
las hijas y á los hijos de esta familia, y que la Providencia 
divina derrame como lluvia benéfica, sus más preciosos do- 
nes sobre esas flores de mi corazón " 

Vagué unos momentos al acaso, me senté en la plaza de 
Madisson, y veia con indiferencia de autómata el círculo tras- 
parente en que, á guisa de vistar, disolventes, se suceden 
figuras, que es una forma singular de avisos. 



GUILLERMO PRIETO 307 

Aquella fantasmagoría me producía un efecto semejante 
á la locura : ya era una fisonomía á la que yo encontraba 
semejanza estrambótica ; ya un barco medio hundiéndo- 
se, que yo traducia por agüero de futuro naufragio ; ya unos 
gorritos de niños, que yo animaba con los cabellos rubios y 
los rostros angélicos de mis nietecitos : aquella vista me ha- 
cia mal. 

Tomé, pues, la calle de Broadway para dirigirme á mi 
hotel. 

Serian las doce de la noche, y los aparadores de las mil 
tiendas, en la parte alta de la ciudad, estaban abiertos, coma 
si se quisiera dar un chasco á la noche. 

Vino á mi mente la idea de hacer compras para los chi- 
cuelos, y no pude hacerlo : esto me condenó á un positivo 
martirio .... las horas negras revolaban sobre mi cabeza 
con sus alas de cuervo. 

Al pasar por lo que se llama Panadería de Viena, que 
estaba luciente y concurrida como un salón de baile, quise 
tomar un refresco. 

Es de advertir que la Panadería de Viena se llama así, 
porque allí se fabrica pan exquisito, especial, como no lo 
habia comido en mi vida ; pero en realidad es uno de los 
más elegantes cafés de Nueva-York. 

La Pafiaderia de Viena está situada en un recodo de la 
calle 9 que da á Broadway ; el ángulo está guarnecido de 
un hermoso barandal de hierro, que resguarda un pintores- 
co jardin, en' que hay un techo saliente sostenido por del- 
gadas y esbeltas columnas, y del que cuelga una profusa 
cortina de lona. 

Entre las flores, arbustos y macetas del jardin, se ven re- 



3o8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



partidas simétricamente, mesitas con su tabla de mármol y 
sus pies de fierro. 

Los efectos que se sirven en el café de Viena, son de la 
mejor calidad. 

Mi curiosidad se despertaba al ver servir los chocolates 
en grandes tazas, sumamente aguado y con cucharita, como 
si fuera thé. 

Me caia en gracia ver llegar á los criados por su helado, 
que no sé porqué le llaman (ladrillo helado), y el criado, ó 
el caballero, ó la lady, lo conduelan muy orondos, hecho 
piedra realmente, en su cajita de cartón ; y me divertía la ca- 
nastita curiosa de mimbres en que se sirve el pan, y la ser- 
villetita cuadrada de alemanisco, con sus rayas encarnadas, 
que solo sirve para limpiar los dedos y la boca, y no coma 
fungen las servilletas en nuestras mesas. 

Sombría, hondamente sombría estaba mi alma, y no me 
puedo dar cuenta de por qué, ansiando tanto volver á Mé- 
xico y sintiendo en medio de aquel bullicio, hasta mis hue- 
sos, el frió del aislamiento, hacia mi partida con tristeza, co- 
mo si me esperasen á la entrada de la patria más hondas 
penas de las que yo sufría. 

En los salones en que se advierte que se reciben señoras 
y caballeros, no hay cantina, reina la mayor compostura y 
son frecuentados por culta sociedad. 

Algunos jóvenes, de regreso de los teatros y sus corre- 
rías ; algunas parejas afortunadas cantando en voz baja el 
eterno y siempre nuevo dúo del "yo te amo;" los picos del 
gas reverberante, pero alumbrando fisonomías soñolientas 
y flores como dormidas sobre sus tallos, todo tenía singular 
aspecto. 



GUILLERMO PRIETO 309 



Al retirarme de aquel sitio, me pareció oir voces en es- 
pañol en una mesita colocada á la sombra ; acerquéme con 
cierta confianza, porque yo no sé por qué di y tomé en 
Nueva-York, que todos los que hablasen español tenían de 
ser mis amigos íntimos por fuerza. 

En esta vez no salió fallida mi extravagante regla : en 
aquella mesita, y departiendo muy amigablemente, se en- 
contraban mis amigos Manuel Romero Rubio é Ignacio 
Mariscal, á quienes, en unión de Juan José Baz, habia visto 
en la mañana en el consulado. 

Dos de estos amigos, Romero y Baz, desentendiéndo- 

sede los antecedentes que nos reunian en el extranjero, 

atentos solo á Jos recuerdos de afecto, y acaso en vista 

de mi mala posición, fueron para conmigo finos y herma- 

nables. 

Baz, antes, con esa franqueza que forma el fondo de su 
carácter, habia encontrado á mi hijo Francisco en la calle, 
y sin esperar saludo ni cumplimiento, le llamó. 

— Ven acá ; tú no has de tener dinero ; que nada te falte ; 
aquí me tienes, pídeme ; poco te importa que esté ó no con- 
tento con tu padre ; tú eres su hijo y él es mi amigo. 

Romero fué lo mismo conmigo, y cuando supo que hacía 
apuntaciones, que buscaba noticias, se hizo mí colaborador. 
De Mariscal ni se diga, lo quiero con él alma, tengo idea 
que es de los hombres que nos han hecho honor en el ex- 
tranjero ; él ha sido mi consultor y le debo muchas de las 
observaciones que pueden tener mérito en esta obrilla. 

— ¿No tomas nada? 

— Ya tomé una grosella. 

— Siéntese vd. 



3IO VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— ¿ Pronto la marcha ? 

— Muy pronto. 

— En fin, y se puede decir, replicaba Romero, que has 
visto todo por encima, sin detenerte en nada. 

— Para detenerme necesitaba yo, como vd., decía yo á 
Mariscal, vivir ocho ó diez años en Nueva-York. 

— ¿Viste por fin la casa de Appleton? 

— La vi y tengo ya mis apuntaciones. 

— ¿Y el Correo? 

— Consta en mi cartera. 

—¿Y la Escuela de ciegos? 

-^Idem. 

— ¿Y la de sordo-mudos? 

— La vi y no la estudié, porque de esos establecimien- 
tos conocemos por lo que hemos leido de Europa, porque 
la escuela de México da idea de estos adelantamientos, y 
sobre todo, porque cuando supe que tú habías ido, tuve es- 
peranza de que me darías detalles. 

— Los detalles, continuó Manuel, serian fríos y no ten- 
drían interés ; los procedimientos de la enseñanza ya los co- 
noces ; pero puesto que lo quieres, te contaré mis Impresio- 
nes de viaje : " 

" Se me habían hecho grandes elogios de la institución 
de sordo-mudos, proyectada en 1817, planteada en el de 
1 81 8, y que tuvo por uno de los primeros presidentes de su 
Junta Directiva, á Cliton. 

"Desarrolló un plan completo de mejoras en 1831, Mr. 
Henry P. Peet, y hoy cuenta 400 pupilos en un hermosísi- 
mo edificio, en el centro de un parque, en Washington 
Heigts, número 162. 



GUILLERMO PRIETO 



311 



"De los treinta profesores del establecimiento, quince son 
sordo-mudos. 

" Aunque la institución se instaló y subsiste de la benefi- 
cencia privada, hoy la Legislatura la subvenciona y el Es- 
tado de Jersey mantiene allí cincuenta niños. " 

— Después de esa introducción, ya te supongo de viaje. 








ASILO DE SORDO-MUDOS. 



— Te equivocas, he hecho ya el viaje, y mi charla de guía 
fué para entretenerte en el camino. 

Estamos á la puerta del grandioso edificio, y digo esta- 
mos, porque lo visitaba en compañía de otros mexicanos. 

Saliónos á recibir el médico del establecimiento y otros 
caballeros (los supongo directores), que nos trataron con 
aquella finura y atenciones con que tratan á todos los via- 
jeros. 



312 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Comenzaron aquellos señores por enseñarnos las oficinas 
todas del servicio del establecimiento, haciendo curiosas re- 
señas de la organización administrativa ; ya conoces esto : 
la cocina con todas sus secciones, común i nación de vapor, 
tubos, asadores, etc., la lavandería, el comedor, todo perfec- 
tamente aseado. 

Después de recorrer estanques, leñeros, ventiladores y lo 
más íntimo, ascendimos á la primera sección de enseñanza 
para los niños que comienzan, y tienen doce años lo menos. 

El sistema es una, combinación de señas, y como ilustra- 
ó-n el objeto. 

Hay un salón con grandes pizarrones, cada niño tiene su 
jis. En el centro de la pieza se ve una mesa con varios artí- 
culos; por ejemplo, sombreros, bastones, guantes, velas, va- 
sos, etc. 

Se designa y tiene en la mano el objeto, se dice por se- 
ñas su nombre, se escribe en seguida. 

— ^^Sin duda un estudio profundo ha demostrado á los au- 
tores del sistema, añadí yo, que nosotros percibimos grupos 
ó conjuntos y que la particularizacion de esos objetos es el 
nombre sustantivo : así se podrán comparar dos bastones y 
los distinguirá el adjetivo, etc. 

Para cerciorarse el profesor de si ha comprendido el dis- 
cípulo, escribe el nombre del objeto y el niño lo designa ó 
lo conduce. 

Después, por medio de cambio de lugares de los objetos, 
da idea del verbo, que es el enlace de los nombres, su ac- 
ción y la vida del idioma. 

Esto puede decirse que es lo rudimental ; pero el apoteo- 
sis del esfuerzo humano, la lucha con el infortunio, estriba 



GUILLERMO PRIETO 313 



en hacer hablar á los sordo-mudos, y esto, aunque lo había 
oído decir, me maravilló. 

Careciendo el discípulo de idea del sonido, no se pudo 
aprovechar ese elemento ; pero se aprovecharon las ideas 
de los signos y se inventaron figuras que correspondiesen 
á los movimientos de los labios, á la posición de la lengua 
y á la emisión del aliento sonoro, de suerte que hubo una 
especie de escala para las vocales, etc. 

Hecha la articulación, aparece la letra y hace visible la 
palabra que comprueba la presencia del objeto, así con el 
signo convencional, así al frente, y el preceptor delante ar- 
mado de infinita paciencia, balbute "papá," "mamá," "amo," 
y palabras fáciles como "baba," "papa," "ama," etc. * 

En este ejercicio se adiestran tanto los niños, que por el 
movimiento de los labios comprenden á sus preceptores, 
platican y entran en perfecta comunicación. 

— Yo no sé, continuó Romero, por qué me conmovió 
tanto aquella gloriosa restitución del hombre á la sociedad. 

El sabio y venerable preceptor nos pidió, sin duda para 
presentarnos una prueba especial de los adelantamientos de 
sus discípulos, que escribiésemos alguna cosa para que lo 
repitiese una preciosa niña, brillante de inteligencia y her- 
mosura. 

Un amigo escribió no sé qué sentencia en español. 

Aquello lo tradujo la niña en sus signos, y articuló la sen- 
tencia en español, con la misma propiedad que uno de nos- 
otros. 

Entramos por último al salón de adultos, que alumbraban 
rasgadas ventanas, y que columnas, muebles, plataformas y 
techumbre, eran grandiosos. 

' Tomo III. 4° 



314 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El director nos presentó á sus discípulos como mexicanos 
notables, con expresiones de cortesía. 

En seguida ordenó que escribiesen alguna cosa alusiva á 
nuestro país. 

Cientos de manecitas como palomas con sus picos blan- 
cos, volaron sobre los pizarrones, y dejaron líneas como 
huellas de su tránsito. 

¡Qué elevación de ideas! jqué conocimiento de nuestra 
historia! Muchas iiíscripciones decian, que algunos creian 
que había diferencias entre su nación y la nuestra, que dios 
era la paz, y el triunfo de la razón y la justicia, la grande as- 
piración de los pueblos . . . . ! 

Repito, dijo para terminar Romero, que yo estaba abis- 
mado y que nunca olvidaré mi visita á la institución de soi'do- 
mndos. Esta es la causa porque lamentaba que la hubieses 
mentado de paso, y que no te hubieses detenido á exami- 
narla. 

Di las gracias á mis amigos por sus atenciones, y me re- 
tiré al hotel, qu« estaba sepultado en profundo sueño .... 
Ardia, sin embargo, la luz de la desconocida de la leyenda 
de la Monja . . . . ¿ Me detengo ? . . . . ¿ Disparo contra esa 
puerta un acíios postrero .... que tiemble el mundo . . . . ? 
Juicio, Fidelillo, y á dormir. 



Dormí muy poco y con extremada agitación. Antes del 
alba, Maguet estaba de pié junto á la mesita en que yo es- 
cribía, poniéndome la mano en la frente, con aquella su tie- 
sura de palo, para cerciorarse si estaba yo enfermo: por sí ó 



GUILLERMO PRIETO 315 



por no, me llevaba un tazón de té en que cómodamente me 
hubiera podido dar un baño. 

Con mucha formalidad, y siguiendo una espontánea inspi- 
ración de mi gratitud y mi ternura, me puse á escribir los 
nombres de aquellas personas con quienes tenia obligacio- 
nes contraidas y á las que deseaba decir adiós, fuera de 
aquellos de quienes he hecho especial mención. 

El Sr. Dana, director del Sun, y persona en quien no se 
sabe qué admirar más, si la probidad ó el talento, fué la 
primera persona que ocupó mi lista. 

Le merecí franca y leal amistad ; pero además, todo me- 
xicano le debe especial consideración. 

Por un sentimiento espontáneo de simpatía, porque estén 
de acuerdo con sus ideas las que nosotros defendemos, ó 
por lo que se quiera, jamás se tratan las cuestiones de Mé- 
xico, sin que M. Dana esté de nuestra parte, con un cono- 
cimiento exacto de las cosas y con admirable desinterés. 

Los Sres. García, de Las A^ovedades; los redactores de 
La Voz de Cuba; el Sr. Macías y otros literatos distinguidos, 
merecen mi profundo reconocimiento. 

Los Sres, Cisneros, Aguilar, Agramonte, Jardines, Rose-' 
lió, á todos quería hacer patente mi reconocimiento, y me 
disponía á salir, cuando Francisco, que había arreglado lo 
conducente á la marcha, me dijo que quería que le acom- 
pañase á tomar los boletos. 

Emprendimos el viaje hasta la parte baja de la ciudad, en 
donde están los despachos de líneas de vapores, ferrocarri- 
les, express, y como quien dice, las llaves para abrir todas 
las puertas del mundo. 

Cuartos y salones extensos tapizados de mapas, guías,. 



3l6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

•derroteros, instrucciones para viajeros, todo se encuentra 
allí explicado por corteses dependientes, que se esmeran en 
particularizar detalles, y que le llevan á uno como por la ma- 
510 á los puntos á que quiere dirigirse. 

En estantes, á la entrada de esos salones, hay gratis y al 
.alcance de todo el que quiera, mapas y directorios útilísimos. 

Quedó arreglado el envío del equipaje, el cochero que ha- 
bla de pasar por nosotros á las siete de la noche, y cuanto 
podíamos apetecer. 

La ciudad me parecía más bella y animada ; sus altas pa- 
redes, sus magníficos edificios, sus cúpulas, sus torres, sus 
banderas, como que salían á verme partir, y me señalaban 
íentre aquel tumulto de coches, de carros, de vendedores, de 
tliombres de negocios y de paseantes. 

El almuerzo fué tristísimo ; se trataba de cosas indiferen- 
tes ; pero el eco de la voz tenia amargura, y no se atrevían 
-á encontrarse nuestras miradas. 

íLa lluvia se desató á torrentes; yo me encerré en mi cuar- 
to, y para distraerme del fastidio que me agobiaba, me puse 
á copiar y extractar del New- York Tmies lo siguiente, que 
me pareció curioso. 

Pero es el caso que dentro del periódico, y como por vía 
-de introducción, había puesto no sé cuántas sandeces que 
-en aquellas circunstancias se avenían con la disposición de 
mi espíritu, como un par dé pistolas con un Santocristo. 

No quiero, rematadamente no quiero poner ni quitar le- 
tras: allá va el extracto con todo y copete inadecuado y es- 
trambótico. 

Ahora que»reviso mis apuntaciones, como quien repasa 
jun examen de conciencia, veo lo muy superficial de mis es- 



GUILLERMO PRIETO 3i;r 



i tudios, el mucho tiempo perdido en fandangos y bureos j 
I lo mal que corresponde el anuncio de Fía/e d los Estados— 
! Unidos, con el diminuto y mal perjeñado texto de FideL 
Me consoló un tanto de tan amargas reflexiones, conven- 
cerme que este defecto mió es de familia. 

Tenia un tio (que por algo se ha de empezar), que se Fa 
daba de muy entendido en esto de mapas y estudios geo- 
\ gráficos. 

Anunció un dia que se iba á encerrar con sus libros, jr 

; cátenlo vdes. invisible para el común de los mortales : los 

i. 

Ique lo espiábamos por el agujerito de la chapa de la puerta», 
le veiamos amontonando pergaminos, extendiendo papeles^ 
tirando líneas, y estudiando, lleno de afán, hasta las altas 
horas de la noche. 

Un dia salió del estudio con un gran libro en las manos^ 
reclamando los honores del triunfo ; abrió el libro con cierta 
prosopopeya, entre asombrados circunstantes que "leyeroai. 
en la portada : 

Gran Mapa de la Catedral. 

Voltearon hojas y hojas que contenían varios dibujos dé? 
flores, bailarinas, barcos y figuras caprichosas : como al me- 
dio del libro se repitió el letrero de la portada : 

Gran Mapa de la Catedral. 
Agosto 10 de 1S12. — Este dia hubo ahorcado .... 

Todos quedamos estupefactos del modo de hacer mapas^ 
del señor mi tio. 



3l8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Pero mi pariente, á su vez, tuvo un padre venerable que 
preparó en su casa una espaciosa galera con grandes divi- 
siones. La galera tenia escrito en la puerta : 

Gabinete de Historia Natural. 

Al cuarto nadie penetraba. Cuando murió el naturalista, 
abrieron la bodega y encontraron un gato y una guitarra — 
Yo no sé cuáles serian los planes del tio ni la analogía que 
aquel sabio encontró entre el instrumento músico y el gato. 

De consiguiente, de esa escuela son mis Viajes. 

Tratando de reparar en lo posible mi falta de gravedad, 
pedí noticias, revolví volúmenes, y al cabo me encontré unos 
papelejos que pueden dar en conjunto idea, aunque ligera, 
del movimiento mercantil é industrial de Nueva-York, co- 
sa, aunque indicada varias veces, no considerada de un mo- 
do especial en estos tan asendereados como contingentes 
Viajes. 

Vamos al extracto : 

*' En la bahía de que hemos hablado muchas veces, que 
tiene seis millas, pueden caber gran número de buques, y 
en años en que ha dado abrigo "el puerto hasta siete mil, no 
se han embarazado en sus movimientos. 

En los rios del Norte y del Este hay extensas líneas de 
inuelles para descarga de las embarcaciones. 

En las costas de New-Jersey, de Long Island, y al fren- 
te de Broklyn, hay diques y represas las mejores del mundo, 
y además grandes almacenes para depósito de toda clase de 
efectos. 



GUILLERMO PRIETO 319 



La exportación del año fiscal que concluyó en Junio de 
1877, fué: 

Mercancías $ 632.980,854 

Metálico „ 43-134.738 

TOJAL $ 676.115,592 

La exportación de Nueva- York en el mismo tiempo, fué : 

Mercancías $ 274.120,814 — 43%' 

Metálico . „ 26.847,747 — 62 „ 

Total $ 300.968,561 — 442% 

Esto representa poco más de la mitad del tráfico de ex- 
portación, por los 89 distritos de aduana de los Etsados- 
l'.iidos. Lo que sigue en importancia á Nueva- York es 
Orleans, que manda al extranjero 70 millones en mercan- 
cías, de las cuales, 64 millones son de algodón. 

La importación de los Estados- 
Unidos importó $. 532.871,954 

y del solo puerto de N. York. . . . „ 361.802,540 

La exportación de los Estados-Unidos á México fué 
4.509,041, y esto nos parece exagerado, según los datos de 
que ya hemos hecho mérito. 

Innumerables ferrocarriles cruzan en todas direcciones y 
ligan entre sí los diversos Estados de la Union ; los lagos 
y los rios son vehículos poderosos que activan y desarro- 



320 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

'■ ' - ■ ' — » 

lian las riquezas ; el telégrafo lleva por los aires la palabra 
en alas del rayo, para desenvolver en todas partes los ele- 
mentos de vida, y se ensaya el teléfono para que, íntegra la \ 
voz humana, trasmita la expresión de la voluntad resguarda- 
da en su túnel de gutta perca, que se balancea en el viento. 

Muchos millones de fanegas de maíz y trigo se conducen 
por vapor á Buffalo, y desde ahí, por vapores de canal, al 
Canal Erie. El tráfico del Erie y otros canales del Esta- 
do durante el año, es de cuíjtro - millones de toneladas de 
Oeste á Este y de diez millones de Este á Oeste, y su va- 
lor doscientos millones. El valor del comercio interior del 
Estado es de dos mil millones de pesos. 

En el Estado de Nueva-York habia en i865, 164 cami- 
nos de hierro, teniendo un total de 11,019 millas de largo, 
ó sean tres mil quinientas setenta y tres leguas. 

El costo de su construcción y equipo fué 598.543,930, y 
trasportaron 33,555,595 de carga, valiosa en 1,376.720,254. 

Según el último censo, habia en uso, en las 1,624 fábri- 
cas establecidas en la ciudad, 1,261 máquinas de vapor, 
129,577 obreros que devengan 63.824,049, siendo el capi- 
tal invertido 129.925,262, mientras el costo de los materia- 
les empleados, ascendia á 178.628,930, y el producto á 
332.951,120." 



Dejé el papel, hostigado de los números, y esperé, pero 
con susto y temeroso de quedarme á solas conmigo : solté 
la pluma, iba y venia de uno á otro punto, tomé la pluma 
de nuevo y escribí en mi cartera los siguientes versos : 



GUILLERMO PRIETO 32 1 



CANCIONCILLA. 



Aun tiene frescas flores 
El tallo de mi vida, 
Para adornar, querida, 
Tu alabastrina sien. 

Cuando de amor mis labios 
Suspiran el idioma. 
Se empapan en aroma 
De férvido placer. 



Cuando la triste nieve 
Que Dios puso en mi frente 
Con rayo refulgente, 
Tu alegre juventud 

La hiera enamorada, 
Entonces verás pura 
Circuir á tu hermosura 
De indeficiente luz. 



Las recias tempestades 
Alientan á mi lira ; 
Cuando el dolor me inspira. 
Mas alta está mi voz. 

Y si impaciente lómpe 
Mis ligas el tormento, 
Audaz busca mi acento 
la inmensidad de Dios. 



TiiMo ni. 4* 



322 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Yo he visto á los gusanos 
Cebarse en mi agonía ; 
Yo he visto su alegría 
Nacer de mi llorar. 

Pero ellos en su fango 
Se están mientras el vuelo 
Emprende alegre al cielo 
Como antes mi cantar. 



Ellos los que mofaban 
Mi elevación de un dia, 
En vil apostasía 
Cayeron con baldón. 

Ellos la faz inclinan 
Delante de la historia 
Que guarda la memoria 
Del viejo trovador. 



Pero tú siempre me amas, 
¿ No es cierto, encanto mió .-' 
Ven tu dolor sombrío 
Conmigo á disipar. 

Y al posar en mi pecho 
Lilia, tu frente bella. 
Será como una estrella 
Dormida sobre el mar, . 

Guillermo Prieto. 
Julio 27 de 1877. 

Seguí después : 

"Está sonando monótono un organillo debaj'o de la ven- 
" tana de mi cuarto, repegado á la pared por la lluvia. 



GUILLERMO PRIETO 323 

** Toca el organillo una pobre italiana que tira de un carri- 
"'to, en donde duermen dos niños tan rubios, tan apacibles, 
**<jue no sé por qué me interesan tanto! 

"¿Qué es esta vida mia tan agitada y tan dolorosa? 

**¿ Qué es este sembrar ilusiones siempre, para siempre co- 
"' sechar desengaños ? 

-*' A nadie he dañado yo deliberadamente, y no tengo sino 
*' motivos de dolor por todas partes. 

*" No hay estúpido que no crea en mi país que para acredi- 
tarse de hombre de talento, necesita decirme desvergüea- 
•*zas. 

" Deja más huella una gota ^el Océano embebida en la. 
"* arena, que mi desaparición de aquí. . . . 

**A1 cabo todos los caminos de la vida guian á la 

tiHTiba. ..." 

Las sombras caian lentamente : poco antes de las siete, 
el Sr. Buzeti tocaba á mi puerta. 

Es el joven Buzeti de veinticinco años, delgado, patílTa 
poblada y ojos negros. Es mexicano de nacimiento y con- 
i-,cr\r3L con orgullo su nacionalidad; su padre, francés de orí- 
gen, residió en Veracruz mucho tiempo. Su familia vino á 
negocios á Nueva-Vork ; aquí murió el padre y se mantie- 
ne ia familia de las lecciones de una niña encantadora pro- 

ora de música, y de mi amigo Emilio, corredor del co- 
i;.ít:rcio. 

Buzeti, sin antecedente, se hizo mi amigo y fué mi coni- 
■ : ñero inseparable, mi intérprete, mi guía y mi luz en est& 

erinto, sin querer admitir por sus servicios retribucioa 

.■ana. * 



324 VIAJE A LOS^ESTADOS-UNIDOS 



Llegó el momento de la partida. 



En el carruaje íbamos, sin pronunciar .palabra ni vernos 
las caras por la oscuridad, Francisco, Buzeti y yo 

Llegamos al muelle, atravesamos la estación, nial alum- 
brada por la luz artificial, como unas sombras .... la lluvia 
arreciaba. . . . sonó el pito de la locomotora, y vimos avan- 
zar la luz del ojo del gigante, como abriendo un surco de 
llama en un mar de tinieblas 



TRENTON.-FILADELFIA. 

BALTIMORE. 



XVIII 

Trenton.— Filadelfia. — Baltimore.— Llegada á Wasl:\ii\gtoi\. 



VOLABA el tren del ferrocarril como si fuera atrave- 
sando un subterráneo ; las tinieblas se presentaban 
como espesos muros, el cráter de la locomotora lanzaba 
erupciones de chispas que se desbarataban en centellas. 

El interior del wagón era sombrío, las lámparas alarga- 
ban su llama entre humo espeso que se pegaba al tubo ; la 
mayor parte de los pasnjeros dormían, tomando esas figu- 
ras estrambóticas del sueño, y la trepidación ó cernimicnto 
del carruaje, les hacia mover como de una pieza, y como 
movimiento de cadáveres. 

Francisco, con su cachucha sobre las cejas, se concentra- 
ba sin hablar palabra : después de algún andar, me dijo : 

— Vamos á pasar por Trenton, capital de Nueva-Jersey. 



I 
328 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



Alofunos faroles, una casa de comercio abierta, fué todo 
lo que conocí y de que puedo dar idea. 

— Si de este jaez, dije á Francisco, son mis impresiones 
sobre Filadelfia, me voy á divertir. 

— Pues así serán, porque pasaremos p&r allí antes de que 
amanezca. 

Plizo un alto el tren é ingresaron á él dos caballeros que 
tomaron asiento frente á nosotros, saludándonos en correc- 
to español, muy cortesmente. 

Yo respiré; ardía en ganas de hablar de Filadelfia, y 
Fi mcisco no tenia humor de darme ofusto. 
-* Los nuevos compañeros son originarios de Venezuela : 
llámase el uno, el más joven, D. Juan Herrera, y el otro, 
D. Esteban Gal vez. 

Herrera, como yo, no conocía á Filadelfia ; pero le im- 
portaba un bledo, tenia suficiencia para figurársela pOco más, 
poco menos, á la vez que Calvez trataba de instruirle con 
particular ínteres. 

— Esta ciudad (Filadelfia), decía Galvez, está situada en- 
tre los ríos Delaware y Schuytkill, á seis millas de su con- 
fluencia y á noventa y seis del Atlántico. 

—Déjate de particularidades. ¿ La ciudad es bonita ? T-Je 
han dicho- que es tristona : no te canses, el que ha visto 
París .... 

— Es la ciudad monótona, aunque regulares las calles. 
Corren de Norte á Sur, y como en todas las ciudades ame- 
ricanas, un nombre sirve para la extensión de una vía, aun- 
que tenga varias secciones, y la numeración es de pares de 
un lado y nones del otro. 

— Lo mismo da todo eso. 



GUILLERMO PRIETO 329 



— ¿Quién había de decir á Guillermo Penn, observaba 
Francisco, cuando en 1682 vino aquí con su colonia de 

, cuákeros, el sorprendente desarrollo de estos pueblos ? 

i — Sin embargo, la emigración fué muy rápida, objeté yo, 
y se consideró como la ciudad más importante en tiempo 

Ídel gobierno colonial. 
— Aquí se reunieron el prim/íro y segundo Congreso, y 
se hizo la solemne declaración de la Independencia el 4. de 
Julio de 1776. 

— También pueden citarse, dijo Calvez, como títulos his- 
l^óricos, la reunión de la Convención para formar la Consti- 
tución, en 1787, residiendo allí el Presidente de la Union. 
f — ¿Y cuál será la población actual de Filadelfia? pre- 
gunté. 
i- — Según la estadíática del año de 1876, Filadelfia conta- 
ba 817,448 habitantes. 

— No es mal pico, dijo Herrera ; pero ochenta grisetas 
hacen más bulla y son más divertidas que esos miles de mo- 
chos, complemento de sus máquinas. 

— El comercio es muy cuantioso ; el número de estable- 
cimientos es 8184. 

Los operarios empleados, 137,496. 

El capital invertido, 174.016,674. 

Y los productos del año de 1870, 322.004,517. 

— Pero, hombre, te estás quedando dormido .... 
- — Y tú también, me dijo Francisco. 

— Pues si esto solo puede divertir á D. Bonifacio Gutiér- 
rez ó á José María Mata. 

— Yo creo, dijo Herrera, que en vez de esos bocados de 
estadística, algo diéramos por descansar en el Conthmital 

Tomo III. 4^ 



330 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Ó en Girard hoiel, que dicen que son excelentes posadas. 

— Muy caras, replicó Calvez, lo mismo que el hotel de 
la Columnata, porque son cuatro pesos diarios los de más 
lujo, ó tres pesos y medio los de segundo orden. 

— Creo, me dijo Francisco, que en materia de cafés y 
restaurants, Filadelfia no está á la altura de Nueva-York. 

— Convengo, dijo Calvez ; pero el Hotel-café, el B?esor- 
teVy el Asher, son buenos restaurants, y en el Union leagnc 
Club, se come como en el mejor hotel de Nueva-York. 

— No hagamos comparaciones, dije yo; personas muy 
conocedoras me han asegurado que la sola calle de Broad- 
Way vale todo Filadelfia. 

—Pues no crea vd. que Market St., que es en Filadelfia 
la calle de los grandes negocios, es cualquier cosa ; tiene cien 
pies de ancho y es animadísima. 

— Broad St. y Chesnat, son también hermosas, añadió 
Francisco, y tienen, como Market, suntuosos almacenes. 

— Nada de riquezas, ni de hermosura, ni de placer y 
amor, dijo Juanito ; vdes. repasan vejeces cuando tratan de 
Filadelfia. 

Allí está la iglesia más antigua, The oíd, Tzvedchurch, 
construida en 1 700 en el lugar que estuvo la primitiva, cons- 
truida en 1677. Allí, según Esteban, llevan á vd. muy re- 
verentes los yankees á ver una casa grosera de ladrillo, 
construida por Penn ; más adelante, como si visiíara vd. los 
Santos Lugares, le enseñan un cafesucho de mala muerte, 
donde se reúnen hace más de un sigilo los maí^nates de la 
ciudad. Acullá un obelisco señala el lugar que ocupaba el 
olmo, bajo cuya sombra hizo Penn su primer tratado con 
los indios. 



GUILLERMO PRIETO 331 



Paseando con un yankee, tiene vd. que mostrarse exta- 
siado en Carpenter 's Hall, lugar donde se reunió el primer* 
cono^reso .... 

— De todo, lo que se puede considerar como más curio- 
so, observó D. Esteban, es el edificio llamado Ltdependefice 
Hall, grande fábrica en Chestenat St., construido de 1725 
á 1735, con el costo de menos de treinta mil pesos. 

En una pieza del lado del Oriente se hizo la declaración 
de Independencia. La pieza se conserva con religioso cui- 
dado en el mismo estado que tenia cuando aquella decla- 
ración. 

Las mismas pinturas, los mismos muebles. 

Hay en aquel edificio una estatua de Washington, de 
mérito, así como retratos y reliquias de la revolución, con- 
siderándose como preciosa la campana que sonó inmediata- 
mente después de hecha la declaración de Independencia, y 
á la que llaman Liberty bell (Campana de la libertad.) Tor 
do grande amor es fanático. 

— Pues yo no tengo esa pasión por las baratijas, dijo- 
Juanito. Cuando me encarecen el mérito de un sombrero 
de Napoleón, yo, siendo su dueño, lo daria por cualquier 
sorbete de uso común. 

— Hazme favor. Juanillo, de reprimirte, dijo Esteban; 
hazme el favor, porque á la tierra que fueres, haz lo que 
vieres. 

— Y de edificios verdaderamente notables, ¿ qué me cuen- 
tas? pregunté á Francisco. 

— Que el Correo, la Aduana, y la Casa de Moneda, son 
muy hermosos. 

El Correo está concluyéndose y ya sorprende su magni- 



332 VIAJE Á LOS p-;STADOS-UNIDOS 



ficencia. El extenso patio es de mármol azul, las paredes de 
'mármol blanco, la torre que corona el edificio tiene 45o 
pies de alto, ó sean ciento treinta varas, es decir, más del 
doble de las torres de la Catedral de México. 

La Aduana es una copia del Partenon de xA.ténas, y la 
Casa de Moneda, de mármol blanco y construida del orden 
jónico, es admiración de los artistas inteligentes. 

— La vez que más me detuve en esta ciudad, dijo D. Es- 
teban, no visité esas maravillas por ver el Asilo naval, ó sea 
hospital para marineros inválidos. 

Hay dos arsenales, el uno para la construcción de ves- 
tuario para el ejército, y el otro para la fabricación de mu- 
niciones, siendo de advertir que este es el más grande de- 
pósito de pólvora de los Estados-Unidos. 

■ — Siento que no veas la Penitenciaría. Su aspecto te inspi- 
rarla una leyenda, porque tiene la forma de un castillo feudal. 
, El sistema adoptado es de separación de celdas, no de ais- 
lamiento, aunque el aislamiento se modifica cuando está muy 
llena la prisión, de modo que estén á la vista y sin moles- 
tarse, dos presos en cada calabozo. 

El prisionero está provisto de útiles y material para un 
trabajo moderado, y tiene permiso para hablar con el cape- 
llán, sus celadores, y los oficiales de la Penitenciaría, pero 
no con sus compañeros de prisión. 

— Dejemos, si te parece, niercados, templos y bancos, in- 
terrumpió D. Juanito ; los templos son cerca ele trescientos, 
los mercados bien surtidos y los bancos riquísimos. Todo 
eso lo traigo en la punta de los dedos ; pero habíame tú 
á la europea, no olvides que mi pasión es Paris. ¿Qué hay 
de teatros? 



GUILLERMO PRIETO ^^^ 



— Pues creo que no te disgustaría el de la Academia de 
Música, que tiene asientos para más de tres mil personas. 

— Poca cosa, chico, poca cosa; en Paris hay por cente- 
nares de esos teatros. 

— ^Juan, contente .... porque te pasas de la raya. 

— Sobre que cada parisiense vale por tres yankees : hay, 
además, el teatro de la Calle del Arco, el de la Opera^ el 
Central. 

— ¿Y respecto á librerías.^ pregunté á Francisco. 

— Abundan, así como las Galerías de Artes. En primer lu- 
gar, se cuenta la Biblioteca de Filadelfia, instituida por la in- 
fluencia y bajo los auspicios de Franklin, que tiene 100,000 
volúmenes. 

Doce mil volúmenes más encierra la librería mercantiL 

La de los Aprendices^ la del Ateneo, la Alemana, están 
perfectamente surtidas de libros especiales, y no menciono 
librerías pequeñas, porque seria cosa de estarnos inventa- 
riando bibliotecas toda la noche. 

Lo verdaderamente admirable, se interrumpió Francisco 
con cierto entusiasmo, es la Academia de ciencias naturales; 
posee y exhibe en salones espléndidos colecciones riquísi- 
mas, que se aumentan dia por dia, de zoología, ornitología, 
geología, mineralogía, conchología, etnología, arqueología y 
botánica. Agassiz afirma que hay más de 2 5o,ooo mues- 
tras, y que es la más variada y hermosa colección de obje- 
tos de ciencias naturales de cuantos existen en el mundo. 

— A nií^dijo D. Esteban, me agradó mucho, cuando la vi, 
el Instituto Franklin para fomentar la mecánica y las artes 
útiles. Posee el Instituto una biblioteca numerosa y esco- 
gida, y los sabios dan allí lecciones al público, sobre ciencias. 



334 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



— Con nosotros hablan de dar, dijo Juanito;vaya vd. á 
reducir á nuestra raza á que cultive el gusto de los ser-' 
mones. 

— Ami^o, dije yo, para eso nuestros sabios ; dicen que 
son prodigios, cuando se paga á un médico ó cuando des- 
pabilan media fortuna como resultado de un pleito; pero esas 
becas de gracia, concedidas á los jurisconsultos ; esas asig- 
naciones á la agricultura ; esos aparatos científicos, no han 
valido al pueblo, sino pocas veces, estoy por decir que nin- 
guna, una lección sobre el uso de la garrucha, acerca de los 
derechos del hombre ; nada .... cuando más se dignan los 
sabios censurar. . . . aunque peguen cada rebuzno cuando 
abren los labios, que atarante .... 

— La Academia de Bellas Arles, continuó Francisco sin 
fijarse en mi 'charla, es del estilo gótico; en extensísimos 
salones de rasgadas ventanas hay galerías de pintura y es- 
cultura muy valiosas, y modelos traídos de Francia é Ita- 
talia á todo costo ; los trabajos están perfectamente distri- 
buidos ; es prodigioso el número de alumnos, y muchos se 
hacen notables por su aprovechamiento. 

D. Juanito dormía en el hombro de D. Esteban; Francis- 
co, que es poco afecto á la conversación con personas des- 
conocidas, se bajó hasta la punta de la nariz la visera de 'su 
cachuchilla, y yo seguí en vela en el wagón, aburrido y 
asendereado, esperando con ansia que llegase la luz. 

Pero quiten vdes. de ahí, si la noche era como el alma de 
Judas de negra, y la lluvia repicaba que era un contento en 
los cristales del vi^agon .... 

De pronto paró el tren ; serian las once de la noche ; yo 
creia que habia ocurrido alguna desgracia. Era simplemen- 



GUILLERMO PRIETO 335 



te arreglar la locomotora para que atravesase el tren un cos- 
tado de la ciudad. Antes se atravesaba ésta, tirados los wa- 
gones por caballos. 

Al fin, por media hora cesó el ruido y cesó el movimien- 
to que me traia desencajados los huesos. 

Francisco me sacó á la plataforma del wagón ; pero, re- 
pito, el cielo era de bronce, y de ébano la oscuridad en que 
estábamos encerrados. 

Algunas luces dispersas, como aves refugiadas de la tem- 
pestad, se veian pegadas á altísimas vigas y á cornisas gi- 
gantescas sin duda .... aquello, según congeturaba, era una 
estación. 

A cada-uno de los fugaces, pero rapidísimos relám{5agos, 
como que brotaba sorprendente la gran ciudad con sus da- 
lles, sus cúpulas, sus torres, aus macizos de árboles y su con- 
junto inmenso; yo, en aquellas apariciones súbitas, le ponía 
n iiibre á- lo primero que veía, según las reminiscencias de 
mi guía. Aquel, le decía yo á Francisco, debe ser el Hospi- 
cio de Pobres, que dizque lo forman cuatro edificios espa- 
ciosísimos, que ocupan diez acres de tierra. 

Los relámpagos seguían, y con ellos mis extravagantes 
congeturas. 

— De fé, le decía yo á Francisco, aquellos dos edificios 
son el Colegio de ciegos y el de Sordo-imidos. 

—Nada de eso: lo que señalaste es el Hospital.de locos, 
donde merecíamos tú y yo estar, por hacer viajes á vista de 
relámpago. 

— Pues, mira, estoy cierto que aquellas que nos parecían 
inmensas murallas, son el Gran Parque de Filadelña ( Fair- 
[ moimt Pai^k}. 



336 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

■ — En efecto, atinaste por casualidad. Ese parque tiene 
una extensión de 2,740 acres. Se extiende por una y otra 
ribera del rio Sc/iiikill y de Wissahickon Creek, por más de 
13 millas. Contiene muchas bellezas campestres, más dig- 
nas de una hacienda que del parque de una gran ciudad. 

Los cuatro depósitos de agua que se ven en aquel parque, 
para surtimiento de la ciudad, son admirables ; la represa pa- 
ra la formación de esos depósitos tiene 16,000 pies de largo ;, 
el agua se hace subir hasta la cima del monte, por medio 
de ruedas y bombas. 

-En el parque hay una galería de pinturas, de las que al- 
gunas son muy celebradas, como los cuadros de las batallas 
de Gettysburg, de Rothernial, Cristo rechazado por el pue- 
blo judío y una gran alegoría de la Nueva República, pin- 
tada por Powell. 

Inmediata al parque se ve una extensa y abierta plaza en 
cuyo centro descuella gigantesca una estatua de Abraham 
Lincoln. 

— Pon cuidado hacia Fairmount park. ¿Viste á la luz de 
esos relámpagos continuados, como una ciudad de cristales 
colorándose fantástica con la roja luz de la tempestad? 

— -Perfectamente: al Oeste de la ciudad, ¿no es cierto? 

—Aunque se han destruido muchos edificios de los que 
se hicieron en la Exposición, otros muchos quedan en pié, 
y siempre tiene belleza extraordinaria el sitio que encierra 
un extenso y cristalino lago, pequeños valles tapizados de 
aterciopelado césped, grupos de árboles y accidentes de ter- 
reno, que no embellecen á éste, comparado con d bosque 
de Boloña por los franceses, y no puedo decirte más, me 
dijo Francisco, porque, como sabes, no la vi. ^ 



CONDICÍOííEiS DE LA SÜSCRICION. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4*^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y \nia estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
easa y todos los señores administradores de correos. 

yi J}f. Affuüar y Ortiz, 

Administrador. 



Wy 



|-/ VIAJE 

Á LOS 



stados-Unidos 






(GUII.LEPtMO PRIETO) 



(1877) 



E^ntre^a A'úm. 57. 



MÉXICO. 
!rav»i"«'ix1 a del Comercio, de Dulcían y CTiavea?, 

CilLI.K DK CORDOB^KES >-U)I. 8. 



GUILLERMO PRIETO 345 



le gustan mucho las hermosas, me procuré datos de las ex- 
portaciones, que consisten en tabacos (informe del que me 
vende mis puros), algodón (mi costurera), petróleo (el ati- 
zador de los quinqués de cierto teatro), tocino, manteca, 
queso, mantequilla (cualquier cocinero me pone al corrien- 
te de lo que debo decir sobre todo eso). Diré, para concluir 
haciendo sensación, en un capítulo, que en Baltimore se be- 
nefician los ricos minerales de cobre del Lago Superior, y 
producen anualmente 4.000 toneladas de metal refinado; 
que de ostiones, frutas y verduras, se venden 5. 000,000 de 
pesos, y 5oo,ooo de cueros curtidos que se remiten gene- 
ralmente á la Nueva Inglaterra. 

— Está muy bien, decia Esteban ; pero con ese tonillo y 
esa tu manera, te expones á que tengan por dudoso lo 
cierto, porque esos datos son fehacientes, y las Guías, aun- 
que relaciones que andan de mano en" mano, tienen en ge- 
neral mucha exactitud, y los datos que contienen son toma- 
dos de documentos oficiales. 

— Eso lo debe suponer el lector, decia Juanillo ; pero si 
ensarto números y números, dimensiones y tablas de cuen- 
tas, ya verás mi Viaje con un solo lector .... el de las 
pruebas. 

— D. Juanito, hágame vd. el favor de seguir su Viaje, 
porque á mí me interesa, aun cuando solo sea de oidas, co- 
nocer á Baltimore. 

— Seguiré, continuó Juanito, diciendo lo que recuerde de 
la Guía, porque este picaro de Esteban acaba de cortar las 
alas al genio. 

Como en todas las ciudades de la Union, hay magníficos 
hoteles y restaurants; si quiere vd. lo mejor entre los pri- 

ToMo III. 44 



346 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

meros, pregunte por Carolton ó Barnim-Hotel, y en cuan- 
to á los segundos, Pappes es sin duda el mejor atendido. 

Once líneas de wagones trasportan á vd. donde le pare- 
ce, momento por momento ; y en cuanto á carretas, carros 
y carritos, ya vd. sabe lo que son estos tios de viciosos. 

La calle que tiene por nombre " Baltim.ore, '' es la princi- 
pal de los negocios, sin que dejen de tener importancia, 
Broadway, la plaza de Mont-Vernont y las que rodean los 
muelles. 

Por más que hablen á vd. de los muchos y grandiosos 
edificios de Baltimore, los que se singularizan son el Cam- 
bio, que tiene una fachada soberbia de 240 pies, cuya fa- 
chada la decora una columnata de mármol de Italia, esplén- 
dida, el Banco y City Hall, que tuvo de costo más de dos 
millones de pesos. 

El Templo Masónico, que se usa para conciertos y lectu- 
ras, tuvo de costo cuatrocientos mil pesos, y es elegantísimo 
edificio. 

El Teatro de la Opera, el de la Academia de Música, son 
dignos de la hermosa ciudad, así como fuera de ella llama 
la atención el Circo de Jockey Club, destinado á las carre- 
ras de caballos. 

Los sabios pueden entretenerse con las bibliotecas del 
Ateneo de Baltimore (i5,ooo volúmenes), la Mercantil 
(26,000), Biblioteca Baltimore (10,000), Instituto Peabody 
(56,ooo). 

La Academia de Ciencias es con justicia celebrada, por 
sus riquísimas colecciones de historia natural. 

Hay suntuosos templos, aunque, por lo que he visto, á 
todos los ofusca la Catedral Católica. 



GUILLERMO PRIETO 347 



— Es realmente imponente y magnífica, dijo Esteban. Es 
de granito, de forma de cruz, cuyos brazos tienen cada uno 
177 pies de extensión, la altura es de 127 pies. 

Las dos torres, de estilo sarraceno, tienen la apariencia 
de los minaretes de una mezquita ; hay en la Catedral pin- 
turas de sobresaliente mérito, donaciones de Luis XVI y 
Carlos X. 

No desdice Baltimore de las otras ciudades de la Union, 
en el estado de su instrucción pública y sus establecimien- 
tos de beneficencia y candad. 

— Vea vd., sobre esto, lo que dice la Guía : ( leyendo ) 

Colegio de Medicina de Maryland. 

Universidad de Washington. 

Colegio de Jesuitas de Mujeres, de Baltimore. 

Colegio Peabody, fundado por el eminente banquero 
americano establecido en Londres, Jorge Peabody, desti- 
nado á las ciencias y á la literatura. 

La Universidad Hoppins, fundada por el rico propietario 
de ese nombre, quien dedicó su inmensa fortuna á objetos 
de educación y beneficencia. '5:;^?!?:^"!* ^y:d .«/jr 

Entre los más notables establecimientos de caridad se se- 
ñalan el Hospital de locos, el de Ciegos y el Hospital del 
bendecido beato Hoppins, el más hermoso de cuantos exis- 
ten en América, dotado para su asistencia con dos millones 
de pesos, ^^i ¿i u- 

— A Baltinibre, interrumpió Francisco, se llama la Ciu- 
dad Monumental, y en efecto, contiene monumentos que 
cualquiera de ellos podria ser la gala de la ciudad, como el • 
llamado de La Batalla, erigido en memoria de los que su- 
cumbieron en defensa de la ciudad, en Setiembre de 18 14. 



348 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El consagrado en honra de Wildey, fundador de la Orden 
de los Odd-Fellows (rito masónico), en los Estados-Uni- 
dos, y el que perpetúa la memoria deudos jovencitos heroi- 
cos, muertos en la batalla de North Pourt. 

Pero yo de lo que conservo apuntaciones, continuó Fran- 
cisco, es del gran monumento de Washington, construido 
en la grandiosa plaza de Mont-Vernont, que es el más no- 
table de su género que he visto en mi vida. 

Está situado el monumento á más de treinta y tres va- 
ras sobre el nivel del agua : su base es de diez y seis varas 
poco más, y siete varas de altura, y sostiene una esbelta co- 
lumna dórica de cincuenta y nueve varas, sobre la cual se 
eleva una estatua colosal de Washington, de más de cinco 
varas de altura, de manera que la total elevación del mo- 
numento es de ciento cuatro varas sobre el nivel del rio. 
Está construido de ladrillo, con revestimento de mármol 
blanco, y costó doscientos mil pesos. 

Desde la balaustrada del monumento se disfruta una vis- 
ta deliciosa : la ciudad con sus mil torres, cúpulas y colum- 
nas, se distingue entre sus verdes arboledas ; el puerto, lle- 
no de embarcaciones, se extiende á la vista ; cruzan los rios 
alegres sementeras y se ven á sus orillas quintas preciosas ; 
el tráfico activísimo, á todo comunica animación y aspecto 
de contento. 

En estas conversaciones, y al vislumbrar la luz, tocába- 
mos en, Washington, y teníamos á nuestra disposición tres 
horas para dar un vistazo á la ciudad. 

No obstante no ser ni accidentado el viaje de Nueva- 
York á Washington, ni los carruajes incómodos, ni la con- 
currencia desagradable, el trayecto me estropeó, acaso por- 



GUILLERMO PRIETO 349 



que la noche anterior la habia pasado sin dormir y lleno de 
fatiga y emociones. 

Francisco, que habia estado varias veces en Washington, 
lo mismo que mis dos amigos, tenían más gana de dormir 
y de desayunarse, que de servirme de instructores. Por otra 
parte, bien á bien no amanecia, y no pude disfrutar de la 
vista de los alrededores de Washington y de las estancias 
elegantes de proceres de todas las naciones, en que se her- 
manan las grandezas palaciegas con la imitación de los pai- 
sajes y de las estancias campestres. Esto lo sentí más, des- 
pués de haber oido la magnífica descripción de estos sitios, 
por Manuel M. de Zamacona. 



PARÉNTESIS 



Había hace años en mi tierra un diputado tan amigo 
de que no se perdieran en el olvido sus discursos, 
que cuando cerrada una discusión no le tocaba la palabra, 
al siguiente dia, en el periódico que tenia más á mano, iba 
publicándose, como corriendo tras de sus lectores, el dis- 
curso que debió haber pronunciado el diputado H * * *, con 
tal motivo : creíase que no habia más allá en materia de 
candor y amor propio ; pero los que tal pensaron se lleva- 
ron chasco, porque un espurio del Parnaso, siempre que no 
podia hablar en un convite, insertaba á vuelta de hoja en un 
periódico : " Improvisación del C. Verso-Cojo, con motivo 
de tal solemnidad, etc., etc." 

De ese jaez es el presente paréntesis : son apuntaciones 
hechas con el propósito de aprovecharlas en un proyectado 
viaje por la Nueva Inglaterra, viaje que no pude realizar; 
y como un diputado y un poeta me hablan dado un buen 
ejemplo, yo no quiero ser menos, y por nada de esta vida 
me quedo con mis apuntaciones en el cuerpo. Allá van : 

Tomo III. 45 



354 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



VIRGINIA. 

Después del descubrimiento del Nuevo-Mundo por Cris- 
tóbal Colon, españoles y portugueses se lanzaron á los ma- 
res en pos de prodigiosos descubrimientos, creyendo cada 
quien, en el delirio de su ambición, que les estaba reserva- 
da la misma gloria que al inmortal geno vés. 

La Iglesia, que en aquellos tiempos en todo se ingería, 
acordó, por la mano de Alejandro VI á las coronas unidas 
de Castilla y Aragón, todas las tierras descubiertas y por 
descubrir, más allá de una línea imaginaria de uno al otro 
polo, cien leguas al Oeste de los Azores, dando al Este en 
propiedad á los portugueses. 

Este arranqne de Su Santidad, que desheredaba del resto 
del mundo á las naciones del antiguo continente, fué des- 
atendida, y la Inglaterra, la Holanda y la Francia, cuidán- 
dose muy poco de la bula y de los anatemas de Su Santi- 
dad, armaron expediciones, emprendieron conquistas y es- 
« tablecieron colonias, combatiendo contra españoles y por- 
tugueses, quienes, como dice Laboulaye, se empeñaban en 
conservar el monopolio del nuevo mundo. 

En 1496, de orden del mismo Dios, que habia autoriza- 
do á Alejandro VI, la Inglaterra dio á Juan Cabot, vene- 
ciano establecido en Bristol, una comisión semejante á la 
que Fernando é Isabel dieron á Colon. No habia más dife- 
rencia sino que Cabot tenia que hacer los gastos á sus ex- 
pensas, reservándose el Rey el señorío de las tierras descu- 
biertas, y el quinto de los productos de' la expedición. 

Armado de este tan amplio como disputable título, Ca- 
bot, acompañado de su hijo Sebastian, hizo su primera ex- 



i 



GUILLERMO PRIETO 355 



cursion, y en la segunda de sus tentativas, plantó en las Flo- 
ridas, como signo de posesión, la bandera inglesa. 

El suelo que ocupaban los ingleses estaba habitado por 
tribus salvajes ; pero se les incluyó como entre las fieras, sin 
representación y sin derechos, porque en aquellos tiempos 
era lícita toda iniquidad con los que no eran cristianos. Los 
títulos fueron de la Inglaterra y España, que tenían su Dios 
oficial. 

El primer ensayo serio de colonización, se intentó en 
1 584 por Walter Raleigh, persona caballerosa y novelesca^ 
el mismo que tendió su manto^bordado sobre el lodo, para. 
que su soberana no se manchase los pies. 

La concesión hecha á Raleigh fué amplísima^-las tierras 
extensas, y en cuanto á los emigrantes, se dejaban en plena 
libertad para que se arreglasen en los términos más conve- 
nientes con el lord propietario : Raleigh tenia una jurisdicr 
cion absoluta en pleno señorío. 

En el primer viaje de exploración se costearon las Caro- 
linas, y el país pareció tan encantador, que se le puso el nom- 
bre de Virginia para perpetuar el recuerdo de la Reina Vir- 
gen, bajo cuya advocación se había hecho descubrimiento- 
tan feliz. 

Raleigh, perseguido por un enemigo rastrero, fué acusa- 
do de conspiración y condenado á muerte por un jurado co- 
barde y corrompido. 

En su prisión escribió obras muy estimables. 

Después de permanecer mucho tiempo preso, fué puesta 
en libertad ; pero sin sus bienes, sin representación alguna, 
vigilado y sordamente perseguido. 

Exasperado por su posición y por sus villanos enemigos. 



35^ VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

se hizo pirata, y como el Drake, persiguió las flotas y ga- 
leones españoles. 

Aprehendido Raleigh en una de sus aventuras, se le re- 
vivió indignamente la causa porque habia sido juzgado quin- 
ce años antes, y se le decapitó el 26 de Octubre de 161 8, 
muriendo este personaje con notable entereza y dignidad. 

El rey Jacobo trató de proteger las empresas de las leja- 
nas tierras, y aunque no fué siempre acertada ni bienhe- 
chora esa protección, las colonias, bajo su reinado, tuvieron 
notable desarrollo. 

En 1606, dividió el Rey eji dos grandes porciones el ter- 
ritorio en que estaban colocadas las doce colonias que en 
toda su extensión tenian el nombre de Virginia. 

Andando los tiempos, la sección del Sur conservó su 
nombre de Virginia, y la Norte tomó la denominación de 
Nueva Inglaterra. 

La Nueva Inglaterra S£ componía de las colonias que si- 
guen: 

New-Plimouth, Massachutes, Rhode-Island, Providen- 
ce, Conneticut, New-Haven y Maine. 

La carta de la concesión del establecimiento de la Colo- 
nia de Virginia fué expedida á una reunión de mercaderes 
de Londres, cuyos jefes eran: Thomas Gates, Georges Sum- 
mers y Ricardo Hakluyt. 

La carta no era como la de Raleigh concediendo mando 
y señorío: era wn permiso mercantil para la pesca y el culti- 
vo de la tierra, aunque en ella habia artículos para alentar 
la inmigración. 

A los colonos se declararon iguales derechos á los que 
disfrutaban todos los ingleses. 



GUILLERMO PRIETO 35/ 



En un principio los trabajos fueron en común: se desco- 
noció el principio de propiedad y las consecuencias fueron 
desastrosas. 

En la Nueva Inglaterra se sigui(>el mismo sistema, aun- 
que los resultados fueron menos funestos, merced á la inten- 
sidad del sentimiento religioso, como veremos en su lugar. 

Veamos á las colonias de plantadores bajo su aspecto po- 
lítico. 

La dirección de la Compañía residía en Londres, la admi- 
nistración estaba encomendada á un presidente y á un con- 
sejo local, nombrados por el Consejo de Londres con apro- 
bación del Rey. Estas dos autoridades desempeñaban fun- 
ciones ejecutivas y legislativas. 

La administración colonial no tenia poder sobre la vida 
de los colonos, y cuando se trataba de delitos de cierta gra- 
vedad, los juzgaba Inglaterra. Los delitos en general eran 
juzgados y castigados por el presidente, de acuerdo con el 
Consejo. 

A los colonos no se les otorgaron derechos políticos. 

La primera expedición se hizo en 1Ó07, y su título único 
de celebridad es que la dirigía el Capitán Smith. 

El Capitán Smith es el héroe simpático del Romance 
Americano. 

" El mismo, dice Laboulaye, nos ha contado en un cu- 
rioso relato, su vida aventurera, sus combates contra los tur- 
cos, su prisión, su fuga atravesando la Rusia, y en fin, el 
episodio más conmovedor de sus viajes, su prisión entre los 
indios salvajes, su condenación á muerte, su marcha al su- 
plicio y la interposición apasionada y sublime de la bella 
Pacohontas, hija del Rey, salvándole la vida. " 



358 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



Smith, por sus combates con los indios, por su previsión 
y constancia, merece el título de fundador de la colonia. 

Hiciéronse otras expediciones á las órdenes de lord De- 
laware ; pero lo que dio vida á la Virginia fué el cultivo del 
tabaco, único producto de cambio: de él, y á pesar de la es- 
casez de dinero, dando más y más vuelo á la libertad de co- 
mercio, fundó Virginia su prosperidad, debido al triunfo de 
un gran principio económico. 

Por aquellos tiempos, 1620, llegó á Virginia, procedente 
de las costas de Guinea, un bajel holandés y vendió veinte 
esclavos á los colonos. Esto dio origen á la esclavitud en 
los Estados-Unidos, 

La división territorial, la cultura del tabaco, la consolida- 
ción de los elementos sociales, afianzados y garantizados 
por la propiedad, hicieron que los plantadores reclamasen los 
derechos de ciudadanos ingleses, ofrecidos por la madre 
patria. 

Sir Jorge Yardley, Gobernador de la colonia en 161 9, con- 
vocó una Asamblea compuesta de los propietarios de las 
diversas plantaciones, y se nombró un cuerpo que fungiera 
como legislatura, al lado del Consejo colonial. 

El Consejo Superior de Londres aprobó lo hecho y expi- 
dió una ordenanza, asegurando la libertad de los colonos y 
con ella dando garantías á todas las fortunas. 

La forma de gobierno dada á la Virginia fué una imita- 
ción de la constitución inglesa, y ella sirvió de modelo des- 
pués á las otras colonias. 

Un Gobernador elegido por la Compañía, un Consejo per- 
tnanente, una Asamblea compuesta de los miembros del Con- 
sejo y de dos diputados elegidos por cada planteacion por 



GUILLERMO PRIETO 359 



los habitantes de ella, tal fué la organización del poder pú- 
blico, que recuerda al Rey, á la Cámara alta y la de los Co- 
munes. 

El poder legislativo tenia amplias facultades ; pero tenia 
veto el gobernador. 

El poder judicial estaba dotado de la robustez y seguri- 
dad que en Inglaterra. 

Las libertades acordadas á Virginia le auguraban gran 
prosperidad ; pero una invasión de indios en que los ingle- 
ses rivalizaron en ferocidad con los mismos salvajes, hizo 
necesaria la protección á los plantadores de la Compañía de 
Londres ; esto excitó los celos del Rey, quien conspiró por 
la ruina de la colonia, hasta conseguirla. 

Después de una matanza horrible de los indios á los plan- 
tadores, el Rey anuló la carta de conocimiento de la Virgi- 
nia, declarándole provincia real, en cuya condición perma- 
neció hasta 1776. 

El Rey Jacobo nombró un Consejo que dirigiese desde 
Londres los negocios de la Virginia, reservándose el dere- 
cho de dictar sus leyes fundamentales ; pero la muerte pa- 
ralizó los trabajos del real legislador. 

Carlos I confirmó el monopolio del tabaco, que el rey 
Jacobo le habia concedido para asegurar su fortuna. 

De hecho, la colonia conservó su Asamblea y gozó las 
libertades que habia conquistado á la sombra de la indife- 
rencia del Rey. 

Los sentimientos arisrocráticos, el viejo realismo inglés 
tomaron en Virginia poderoso ascendiente. 

Con esta independencia de hecho, conquistó al fin la Vir- 
ginia, como derechos, en los dias de Cronwell: 



36o VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Que Virginia conservara todas las libertades del pueblo 
inglés ; que la Asamblea general se reuniría como antes á 
dirigir los negocios todos de la colonia ; que los habitantes 
tendrían en todas partes y con todas las naciones la misma 
libertad de comercio que la Inglaterra, y que no se podría, 
sin el consentimiento de la Asamblea, imponer contribución, 
exigir préstamos, construir puertos ni mantener fuerza ar- 
mada. Es decir, la independencia más completa, sin más 
que sombras de respeto á la madre patria. 

Carlos II, á su avenimiento al trono, mandó que se res- 
tringieran las libertades concedidas á Virginia. 

Desde entonces la historia de la Virginia no es sino la 
historia de las luchas de la colonia contra las restricciones 
y violencias de la metrópoli. 

Las doctrinas que dieron por resultado el Acta de Nave- 
gación, pesaron con todo su rigor sobre la colonia, se ins- 
talaron, crecieron en los mares, se edificaron fuertes á titulo 
de perseguidores del contrabando, se llenó de esbirros aquel 
suelo. En una palabra, en nombre de la protección á los 
intereses agrícolas é industriales de la Inglaterra, se arruinó 
la Virginia. 

El 4 de Julio de 1676, los plantadores, á las órdenes de 
Nathaniel Bacon, desconocieron la autoridad de Berkeley, 
Gobernador de la colonia ; siete meses duró la rebelión, que 
se extinguió con la muerte de Bacon. 

Entretanto, Berkeley mandó por auxilios á Inglaterra, y 
aunque cuando llegaron, la paz estaba restablecida, le sir- 
vieron aquellos . soldados para el ejercicio de crueles ven- 
ganzas. 

La insurrección sirvió de pretexto á la corona para la ne- 



GUILLERMO PRIETO 337 



— Yo tuve la fortuna de ver la Exposición, observó Gal- 
vez, y para mí fué sorprendente, acaso porque no la pude * 
comparar con las europeas. 

El economista Molinari, que describe el terreno de esa 
Exposición, dice que tenia la forma de una montera exten- 
dida en una superficie plana (comparación rencorosa del 
francés contra el yankee). La punta de esa montera la ocu- 
paba el departamento de agricultura ; la base, dos departa- 
mentos perfectamente iguales, llamados Main Building y la 
Galería de las máquinas.' El intervalo de las grandes seccio- 
nes descritas, lo llenaban construcciones de todas dimensio- 
nes, de todos los estilos conocidos, de multitud de colores y 
de objetos los más variados que puedan imaginarse. El autor 
que acabo de citar, dice que eran ciento setenta y uno esos 
edificios. 

El detalle de la Exposición debe vd. haberlo visto en va- 
rios periódioos, y tengo noticia que en México se publica- 
ron, con este motivo, artículos muy notables de Bachiller y 
Morales. 

Hizo esta cita Gal vez y entramos al wagón, porque nos 
comenzaba á molestar la lluvia. 

— Los he leído, dijo Gómez del Palacio, y en ellos te 
puedes imponer á tu gusto de cuanto desees saber. 

— Yo, quien habria deseado, añadí, que hubiese publica- 
do sus apuntaciones sobre la Exposición, es nuestro distin- 
guido naturalista Mariano Barcena. 

— Me oido mentar ese caballero con mucha estimación, 
y aun me valí de un amigo para que me lo presentase, dijo 
Gal vez. 

— Barcena es muy joven y su modestia tal, que hasta que 

Tomo IU. 43 



33^ ' VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

' — — ' I . . . .. 

no se dieron á conocer muy ventajosamente sus obras, no 
se fijó en él la atención. 

De mediana estatura, robusto, sin tocar ni de lejos á la 
obesidad, sus movimientos son listos y de hombre acostum- 
brado á las fatigas. 

Rosado, cariredondo, de ojos negros y nariz proporciona- 
da, un ligero bigote sombrea sus labios, y sus ojos, aunque 
no grandes, son expresivos y brillan con la luz intensa de 
la penetración y del talento. 

En su trato familiar, lleva Barcena la modestia hasta el 
punto de confundirse con el común de las gentes ; aunque 
siempre entregado á estudios gravísimos, no esquiva la so- 
ciedad, es alegre y consecuente con sus compañeros de co- 
legio, y con todo el mundo finísimo y considerado. 

Ama los viajes con delirio : nunca más feliz que cuando 
cabalgando en un caballo tísico, sin más equipo que una 
maleta y un criado á su lado con sus instrumentos científi- 
cos, se lanza en pos de raíces y pedruscos, penetra en las 
cavernas y escala las montañas. 

Vuelve cargado de cada expedición, de objetos preciosos 
para* las ciencias, y entonces le cercamos, nos charla, nos 
instruye, y los que tenemos él honor de tratarle, confirma- 
mos la merecida opinión de que disfruta en el mundo cien- 
tífico, y nos envanecemos con la gloria pura y universal de 
ese guapo muchacho, honra de México. 

Cada vez que en mis articulejos de chismografía tropiezo 
con algo científico que me deja á oscuras, ocurro á su cel- 
da, porque así pueden llamarse las piececitas que ocupa en 
el Museo, y allí, entre un fémur de mastodonte, esferas, pa- 
jarracos'y pedruscos, está'Bárcena como la mosca en la miel. 



GUILLERMO PRIETO 339 



— Dígame vd., Mariano, qué hay sobre tal materia, por- 
que si no, invento y sale una sarta de barbaridades que en- 
tuman. 

Márcena ríe, me hace con suma paciencia luminosas ex- 
plicaciones, y salgo de su cuarto, echando chispas de en- 
tendido y hasta de sabio. 

Cuando volvió de la Exposición de Filadelfia, le asalté, y 
sin más ni más, le pedí sus apuntaciones. ( Hablando así, 
tomé unos papeles de mi bolsa de viaje). 

— Sr. Prieto, todas están en desorden ; pedazos de papel 
por aquí, cálculos de lápiz por acullá. 

Y solo íntegro lo relativo á su informe oficial, muy orde- 
nado y pronto á presentarse .... 

— ¡Hon^bre de Dios! ¿por qué es vd. tan' árido? Yo ve- 
nia buscando lo que ha encontrado vd. adaptable á Méxi- 
co ... . vd. pensará, yo charlaré, y al último, vulgarizaremos 
los dos los conocimientos. 

— No crea vd., me dijo mi sabio amigo, que he descui- 
dado lo que vd. me dice, ni que me he olvidado de vd.; pe- 
ro ya vd. ve que tengo muy poco tiempo disponible : en 
prueba de mi buena voluntad, vea vd. esta carpeta. 

Vi la carpeta, y con mucha satisfacción mia, leí que decia : 
"Para platicar con el Sr. Prieto." 

Sin esperar razones, me apoderé de la carpeta, que con- 
tenia una porción de apuntaciones escritas con pluma y con 
lápiz. 

— Pero.... dije yo, ¿qué demonio de solfa tiene vd. 
aquí? 

— Son apuntaciones muy privadas, indicaciones más bien 
que me proponía de.sarrollar al hablar con vd. 



34Ó Viaje á los estados-unidos 

— Veamos cualquiera de esos papelitos, que me están 
mirando como cosa mia .... Haber ese de líneas coloradas 
y azules, que parece arrancado de un libro de caja. 

Departamento de Maquinaria. 

Ese, ese, exclamé con impaciencia ; yo no conozco más 
departamentos de maquinaria que las oficinas públicas. 

Barcena leyendo : 

"Amplio y vistoso edificio; tiene 1,402 pies de largo 
y 360 de ancho; costó 542,300 pesos. En el centro del 
edificio habia una máquina de vapor con fuerza de 1,400 
caballos. Esta comunicaba movimiento á las otras máqui- 
nas que poblaban el edificio." 

— ¿ Qué dice aquí ? 

— Mdqumas industriales^ leyó Barcena. 

— Para hacer ladrillos, leí yo. 

" Las principales eran una francesa y otra rusa. Se ponia 
en ellas el lodo, tal como se encontraba en el campo, y por 
un sirnple movimiento de la máquina, sallan ya cortados y 
perfectamente comprimidos los ladrillos. " 

— Vd. ve: en México se hacen barrancas para extraer la 
tierra, se forma el lodo, se bate, se le mezcla estiércol, y no 
sé después cuántas operaciones se hacen, que los ladrillos 
resultan malos y caros. 

— Léame vd., Sr. Barcena, ahí donde habla de la máqui- 
na para hacer cubiertas de cartas. 

Mi amigo leyendo: 

" Entraban en ella los pliegos de papel; un golpe cortaba, 
otro doblaba, y las cubiertas se acomodaban en una rueda 



GUILLERMO PRIETO 34I 



.que las pasaba sobre un gran cepillo con goma, que untaba 
sus bordes. Esto seria útilísimo para oficinas y toda clase de 
'-establecimientos." 

— Y como creo que esas máquinas serán muy poco cos- 
tosas, habria modo de que las adquiriese la gente pobre, y 
aun un recurso para las mujeres .... 

— Esta otra no. Vea vd., siguió Barcena : 

—Máquinas de cortar rocas. Había varias : la de Emer- • 
son laminaba las rocas con gran facilidad; las losas sallan 
pulidas. 

— Y el Ayuntamiento,,; tendrá noticia deesas máquinas? 

— ¡Oh! ¡oh! seria una falta de patriotismo no hacer con- 
tratas con nuestros paisanos. 

-r-Eso que está ahí escrito interesa muchísimo á nuestro 
país. 

— ¿ Qué cosa ? 

— Las bombas. Léame vd., Sr. D. Mariano. 

— Las bombas, continuó mi complaciente amigo, se en- 
contraban funcionando en un vasto estanque que se hallaba 
en el mismo edificio de la maquinaria: habia algunas de gran 
poder, propias para minas. Se recomendaban entre otras las 
de Blake, Hardik, Kowles, etc. 

Las automáticas de Slousliour, las movia un hombre muy 
fácilmente, dando impulso oscilatorio á una palanca: pueden 
servir para sacar agua de acequias y canales, para practicar 
riegos, etc., etc. 

Todas las máquinas funcionando á la vez, producían bos- 
ques de chorros, laberintos de corrientes, capelos, abanicos, 
lluvias, polvo de plata y todo lo que la imaginación de vd. 
puede concebir. 



\ 
\ 



342 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



— Precioso, preciosísimo es eso, le decía yo á mi amigo, 
y de muy fácil aplicación. 

— Por supuesto que no faltarían amigos del trabajo, que 
dijeran que quedaban con todo esto brazos ociosos. 

— Para eso, atenerse á la uña para excavaciones, y á los 
buches para trasladar el agua de un punto á otro. 

— Entre las máquinas agrícolas, esta para hacer cercas, 
va á llamar la atención de vd. (leyendo): 

"Había una máquina muy curiosa; se ponían en ella al- 
gunos trozos de madera y salían divididos en láminas que 
tenían agujeros cilindricos equidistantes ; por otro lado salían 
tallos cilindricos; con esos materiales se hacían cercas. Las 
láminas se clavan en el terreno y los tallos cilindricos se pa - 
san por los agujeros de aquellas. 

"■ Entre las máquinas para cortar pastura, las había que 
aprovechan tallo, mazorca y hojas. 

" Entre las de segar me llamó la ^atención la que practica 
la operación, coloca tallos y espigas y forma atados ó haces 
con hilo ó con alambre . . . . " 

La relación que hacia á mis compañeros de mi entrevista 
con el Sr. Barcena, reproduciendo el diálogo y leyendo las 
apuntaciones que me dijo, fué imperfectísima, olvidando 
•mucho y quitándole el aplomo que en estas descripciones 
da á su dicho el hombre de la ciencia ; pero tal como es, 
mató el fastidio de la espera, y apenas nos apercibimos de 
que continuábamos nuestra marcha. 

Los compañeros todos, aunque guardando difíciles equi- 
librios, se quedaron dormidos ; yo no podía dormir, y tenia 
necesidad de distraerme. 

Don Esteban estaba en situación análoga, y me decía: 



GUILLERMO PRIETO 343 



— Es sensible qne no haya vd. podido permanecer en Fi- 
ladelfia; es interesante y mucho, por la grandiosidad de sus 
edificios ,y sus plazas, por sus recuerdos y por la diligencia 
con que se acogen los adelantos de las ciencias. 

Entre otras cosas, habria vd. gozado mucho con la vista 
' y conocimiento del Colegio Girard, magnífico establecimien- 
to para asilo é instrucción de huérfanos, fabricado y dotado 
con dos millones de pesos. 

Es gigantesco el^dificio, todo de mármol blanco, deslum- 
brador de riqueza y hermosura. En cuanto á las prrticulari- 
dades de la vida de Girard, cuya memoria es tiernamente 
amada en Filadelfia, poco puedo decir á vd. 
I Entretenidos con las anteriores pláticas y lecturas, no ad- 
vertimos siquiera cuando pasamos por Washington, capital , 
de Delaware, en cuyo hermoso astillero se construyen afa- 
mados buques. 

El conductor anunció que pasábamos por Baltimore, y 
despertó Juanito, que había dormido, como en lo general 
duermen los tontos, es decir, perfectamente. 

Don Juanito se habia quedado dormido precisamente le- 
yendo las Guías de Baltimore y Washington, de suerte que 
pudo ostentar conmigo su erudición, con aquella prosopo- 
peya y aquel aplomo con que se proponía aturdir á sus ad- 
miradores, al regreso á la patria. 

—Ahí tiene vd. una de las ciudades más importantes de 
los Estados-Unidos, á la orilla del rio Patapso, con una 
de sus entradas en la Bahía de Chesapeake, como quien di- 
ce, tocando con la mano el Atlántico, que está á menos de 
cinco leguas. 

Como si para esta gente no bastase con tantos elemen- 



344 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

tos de grandeza, hay un arroyo que se llama yones Falls, 
que corre apacible por el medio de la ciudad, la divide en 
dos partes y la hermosea y fecundiza. 

El puerto es amplio, seguro como un baúl y tan defendi- 
ble, que pudo resistir el terrible bombardeo de 1812. 

— Muy bien, Juan, estoy contento de escucharte, le dijo 
D. "Esteban. 

— Como que pienso, continuó D. Juanito, imprimir mis 
Viajes en cuanto llegue á mi país. 

— Entonces comenzarás refiriendo la fundación. 

— Diré que se eligió el sitio para la gran ciudad en 1722, 
que se le puso nombre en 1745, en honor de lord Baltimo- 
re, propietario de Maryland ; por supuesto que le invento 
al tal lord, cuatro anécdotas que saquen lumbre ; que yendo 
y viniendo dias, el puerto comenzó á ser visitado, se empe- 
draron las calles, se construyeron edificios y templos, y que 
la población subió por saltos, de este modo : 

1797 — Población .... 26,000 almas. 
1 85o — ,, .... 200,000 ,, 
1860 — ,, .... 212,000 

y al presente muy cerca de trescientas mil almas. 

Diré que dos magníficas líneas de vapores ponen en co- 
municación al puerto con Europa ; que multitud de embar- 
caciones llegan á sus aguas en demanda de lucrativos cam- 
bios, y que una red d,e ferrocarriles trae y lleva, que es una 
gloria, pasajeros y mercancías. 

Después de toser, fumar un puro, contaré á mis lectores 
que en virtud de mis vastas relaciones y de mi amistad 
personal con Hayes, que es chico de buen humor y á quien 




CONEÍCIONES EE LA SÜSCRíCIQIi 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4r, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ü 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

Administrador. 



¡™„M 



Viaje 



Á LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



( G T J 1 1.I.ERMO PI í TE1X:> 



(1877) 



U7ilregfa JVúm. 58. 



MÉXICO. 

lTni>r*^rita íUí] Comercio, de Dulcían y Chavea:. 

CALl.B DH CORDOBAKES NUM. S- 

1.S7-S. 



GUILLERMO PRIETO 36 1 



gacion de los derechos políticos á la colonia y el rigor de 
las restricciones comerciales. 

Nicholson, Gobernador en 1698, llegó á proponer la con- 
centración de las colonias, todas en un solo cuerpo, con un 
virey á la cabeza. 

Por último, la conducta del Parlamento, más tiránica y 
servil que la de los reyes mismos, fué la qwe preparó con 
mayor eficacia la separación de los dos pueblos. 

Tracemos ahora con la brevedad posible la historia de la 
Colonia del Norte, llamada Colonia Plimouth y más tarde 
Nueva Inglaterra. 

Esta, como observa Laboulaye, es una denominación un 
tanto arbitraria, porque nunca ha existido provincia ó Es- 
tado de la Nueva Inglaterra; pero es un título especial y 
característico, que designa cierta claae de colonias que se 
distinguen del resto de América. 

La Nueva Inglaterra es el panino del yan/cee (corrupción 
india de la palabra englisch ó inglés), ese tipo que no se 
confunde con otro alguno; áspero, audaz, perseverante, in- 
dependiente, religioso, y el hombre de negocios. 

Los Estados hoy comprendidos en la Nueva Inglater- 
ra, son Main, New-Hampshire, Vermont, Massachussets, 
Rhod-Island, y Conneticut. 

Digamos algo de historia. 

La vida y el establecimiento de la Nueva Inglaterra se 
debe al sentimiento religioso, y de él se verán afluir las li- 
bertades, como de un modo espontáneo y natural. 

Conocida es del mundo la Reforma Protestante encabe- 
zada por Lutero; plumas elocuentísimas han hecho patente 
su trascendencia y la revolución que agitó los espíritus. 

Tomo III. 4<5 



362 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Conocemos también las modificaciones severas de Calvi- 
no á los principios del grande innovador, y se menciona en 
todas las historias la secta de Brown, cuyas interpretaciones 
de la Reforma tuvieron séquito maravilloso. 

Para nuestro objeto, baste saber que desatada, implaca- 
ble la persecución contra los llamados puritanos por la rigi- 
dez de sus creencias y su apartamiento de la dependencia 
del poder temporal, se redobló contra ellos la crueldad, has- 
ta ordenarse su expulsión del Reino Unido. 

La doctrina de Brown no admite potestades ni catego- 
rías ; en la Iglesia admite creyentes ; ellos nombran su pas- 
tor de entre sus miembros, sin más requisito que merecer 
su confianza y que el electo proteste profesar sus creencias. 
Todo se decide por el voto universal de la congregación 
de Cristo, como dice Milton. 

Visiblemente, observa Laboulaye, la república estaba en 
germen en esta doctrina de los puritanos. 

Hé ahí á la Iglesia abrigando en su seno el embrión po- 
deroso de la democracia pura. 

Hostigados los puritanos por la persecución cada vez 
más y más cruel, emigraron á Holanda ; allí vieron que las 
recientes colonias de América podrían ofrecerles asilo y 
campo para el desarrollo de sus creencias, y obtuvieron fá- 
cilmente una concesión para trasladarse al nuevo conti- 
nente. 

El 17 de Setiembre de 1620, después de un riguroso 
2.y\\ViO,\o^ padres peregrinos ( father pilgrims ) , así llama- 
dos por el respeto de la posteridad, se' embarcaron en el 
navio llamado Flor de Mayo, célebre más que otro alguno, 
por llevar en aquellos hombres los gérmenes de ideas y de 



GUILLERMO PRIETO 363 



'naciones que habían de asombrar al mundo por la sorpren-, 
dente eficacia de los principios liberales. 

Aunque el destino de los peregrinos era á las orillas del 
rio Hudson, el capitán del barco los desvió hacia el Este, y 
extenuados por la fatiga, las enfermedades y la escasez, des- 
embarcaron en la costa, al pié de una roca, llamando á aquel 
paraje Nuevo Plimouth, en memoria del último punto que 
hablan abandonado en Inglaterra. La roca de Plimoutb es 
un objeto que hoy se ve con particular veneración. 

Poco antes de desembarcar los peregrinos, sobre la cu- 
bierta de la Flor de Mayo firmaron, de común acuerdo, un 
convenio en que estipulaban hacer tan justas y tan equita- 
tivas leyes, ordenanzas, actas y constituciones, como convi- 
niese al bien y prosperidad de la colonia, para lo cual se 
sometian á la más completa sumisión y obediencia : esta ac- 
ta tiene fecha 1 1 de Noviembre de 1620. 

Los principios de la colonia fueron penosísimos.. Los 
colonos no veian en torno de ellos, dice la historia, sino un 
país miserable; y desolado, lleno ele animales y de hombres 
salvajes, de los que se ignoraban el número y^el grado de 
ferocidad. La tierra estaba cubierta de nieve y sembrada de 
zarzas y malezas. Todo tenia un aspecto bárbaro. Detrás 
de ellos no percibian sino el inmenso océano que los sepa-- 
raba del mundo civilizado. Para encontrar un poco de paz 
■y de esperanza no tenían más arbitrio qne dirigir sus mi- 
radas al cielo. 

Como en Virginia, se quiso establecer el trabajo en. co- 
mún, y esto aumentó el malestar y el hambi-e. El error tu- 
vo corta duración, el reparto de la propiedad devolvió el 
valor á los colonos, mujeres y niños acudieron al trabajo, y 



364 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

á poco se estableció un comercio de granos bastante lucra-* 
tivo. 

En cuanto al Gobierno, la igualdad era absoluta ; entre 
los peregrinos, la hablan instituido y fomentado la persecu- 
ción y la pobreza. Así, la democracia se escapaba, observa 
Laboulaye, del seno mismo de la sociedad feudal, y la li- 
bertad política triunfaba al lado de la libertad religiosa. 

Un Gobierno nombrado por H sufragio universal, un 
Consejo de cinco miembros y una Asamblea, tal fué la for- 
ma constitutiva de Nuevo Plimouth. 

Solicitaron su patente como concesión comercial, autori- 
zando á Williams Bracford ; nadie se ocupó de la nueva co- 
lonia, hasta Carlos II que negó la concesión. 

Anuláronse en seguida las concesiones á las colonias, y 
la de Nuevo Plimouth fué incorporada á Masachussets, por 
la Carta de Guillermo y de María, desde cuya época dejó 
de tener una historia particular. 

La carta de la colonia de Masachussets se acordó al Mar- 
qués de Buckingham y á algunos de sus compañeros distin- 
guidos, que más bien pensaban en vender las tierras que 
en irlas á colonizar. 

Como la persecución religiosa no se relajaba ; como el nú- 
mero de puritanos crecía y se hacia más ardiente su creen- 
cia con los sufrimientos, y como el espectáculo que ofrecía 
la colonia de Plimouth presentaba atractivos á sus senti-< 
mientos y á su sustracción á la tiranía que pesaba sobre 
ellos, muchos de esos puritanos abrieron negociaciones con el 
Gran Consejo de Plimouth y lograron extensas concesiones 
en Masachussets, Conneticut, New-Hampshire, Rhod Is- 
land y Maine. 



GUILLERMO PRIETO 365 



En 1629, Carlos I constituyó á varios comerciantes con- 
cesionarios, bajo el nombre de Gobierno y Compañía de la 
Bahía de Masachussets, y le dio una carta semejante á la 
que el mismo Rey concedió al Gran Consejo de Plimouth. 

Fué confiada la administración á un Gobernador, un Vi- 
ce y á un Consejo de diez y ocho personas, elegidas por los 
friefne7is, ó como si dijésemos, accionistas de la Compañía. 

.En virtud de esta carta, recibió Masachussets trescientos 
emigrantes puritanos, á los que conducía, no la ambición, 
no el amor á las riquezas, sino el anhelo de escapar á la 
persecución religiosa. 

Uniéronse en sociedad religiosa, se estableció el culto, 
que consistía en la predicación. 

Algunos emigrantes se separaron de aquel conjunto. 

Pero la separación de la metrópoli se hacia más y más 
sensible, el espíritu de independencia cobraba en la práctica 
mayor desarrollo, y al fin, dividiéndose la Asamblea en dos 
Cámaras, cada una con el derecho de veto, se constituyeron 
las colonias en 1 664. Las colonias de Rhode Island, Coii- 
neticut y New-Hampshire tomaron el ejemplo de Masa- 
chussets. 

La libertad religiosa y la política se consolidaban á la vez. 

Las colonias de Providence y Rhode Island debieron su 
existencia al sentimiento religioso, pero bajo un aspecto di- 
ferente. 

La intolerancia de los puritanos de Masachussets hizo que 
reclamase los fueros de la santidad de la conciencia, Sir Ro- 
ger Williams, Ministro de Salem, 

" Prohibir á un hombre, decía el venerable Ministro, que 
se una á personas de creencia diferente, era una violación 



366 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

manifiesta del derecho natural. Arrastrar á determinada 
Iglesia al que no cree, era precipitarle á la hipocresía. Na- 
die debe sostener el culto contra su voluntad." 

Estas simples y grandes verdades encerraban el gran 
principio de la separación de la Iglesia y el Estado, de la 
creencia y la autoridad. 

< "Los magistrados, decia Roger Williams, no* son sino 
agentes del pueblo, no se les puede conferir autoridad es- 
piritual." 

" Separar de las almas el yugo que las oprime, es no solo 
hacer un acto de justicia y caridad, es desenvolver una fuer- 
za poderosa, es empeñar todos los intereses y todas las con- 
ciencias en conservar la paz y la libertad común." 

Proclamando y sosteniendo estas ideas, fundó Sir Roger 
la Colonia de la Providencia, que se declaró abrigo de todas 
las conciencias perseguidas. 

Por aquellos tiempos, Ana Hutchunson agitaba Masachus- 
sets con cuestiones sobre la gracia y vasos de elección, ar- 
dían los ánimos, se enfurecieron las sectas, se prescribieron 
penitencias y ayunos, y al fin fueron condenadas las doctri- 
nas de Ana, y ella desterrada de la colonia. 

El Ministro Roger dio asilo á los expulsos en las vecin- 
dades de Providcnce, y así tuvo origen Rhode Island. 

Providence y Rhode Island se reunieron bajo este últi- 
mo nombre, tomando por divisa un haz de flechas, con esta 
inscripción: "Amor onicit omnia." 

Al fin consiguieron los fundadores de la colonia su carta, 
en que se consigna la más amplia libertad en materias reli- 
giosas y el ejercicio de los derechos civiles. 

En tiempo de Jacobo II se quisieron restringir las liber- 



GUILLERMO PRIETO 367 



tades acordadas á Rhode Island, la colonia devolvió sus pri- 
vilegios en 168^, pero para recobrarlos en 1688 y conser- 
varlos hasta 1776, desarrollando aquellos principios sin mo- 
dificación alguna, hasta 1842. 

A la rivalidad de dos de los principales Ministros purita- 
nos de la Colonia de Masachussets, Cotton y Hooker, debe 
Conneticut su nacimiento. 

El último decidió emigrar con sus adictos y se estableció 
en el fértil valle del Conneticut, donde ya habia instalados 
algunos holandeses segregados del terreno de Manhattan, 
hoy New-York. 

Organizóse la Colonia como las de Plimouth y Rho- 
de lüland, dominando el espíritu puritano y el democrá- 
tico. 

Concedióse el derecho electoral á todos los ciudadanos. 
La legislatura y los magistrados se eligieron por la mayoría 
del pueblo, y cada distrito, según su población, eligió sus 
representantes. 

Por ese tiempo se instalaba la Colonia de New-Haven, 
bajo la dirección de Teófilo Eaton, Ministro religioso que 
fungió de Gobernador cerca de veinte años. 

Los colonos tuvieron su primera reunión bajo una enci- 
na, y Davenport, su Ministro, les dirigió una fervorosa lo- 
cución. 

Por la palabra y por la influencia de este Ministro, fué re- 
conocido que la Escritura era la regla perfecta de un Esta- 
do ; qne la pureza de la fé, y la rigidez de la disciplina, son 
los grandes fines del orden civil, y que por consiguiente, 
solo los miembros de la Iglesia tenían los derechos de ciu- 
dadanos. 



368 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



La palabra de Dios fué proclamada la sol^ regla de los 
negocios públicos. 

En Masachussets, como en New-Haven, el derecho cri- 
minal estaba tomado literalmente del Levítico y del Éxodo. 

La idolatría, la hechicería, la blasfemia, la traición, el ase- 
sinato, el falso testimonio, el adulterio, etc., eran castigados 
con pena de muerte, porque así lo habia ordenado Moisés. 

Confundidos el magistrado y el sacerdote en unas mismas 
funciones, se descendió hasta lo más íntimo de la vida para 
la reglamentación ; leyes que se han conservado con el nom- 
bre de leyes azules. 

Entraron en los reglamentos, vestidos, calzados, cintas y 
dijes ; se abolieron las pelucas, se prohibió el uso del tabaco, 
se caracterizó en todo de austera, singular y extravagante, 
la comunión puritana; pero en el fondo, las libertades todas 
se afianzaron en una moral sólida, robustecida por la fé re- 
ligiosa. 

La forma de gobierno fué la de las otras colonias: Gober- 
nador, Asistentes ó Consejo, elegidos por el sufragio uni- 
versal. Poder absoluto para gobernarse por sí mismos los 
colonos. Jacobo II atacó la colonia y las libertades de"Con- 
neticut como las otras; pero la noche que se les exigió su 
carta constitutiva, en medio de un tumulto se extinguieron 
las luces, se recogió la carta y se depositó en el hueco de una 
encina que se conserva con la mayor veneración. 

Hé aquí en dos palabras la historia de New-Hampshire 
y Maine, 

Ya hemos dicho al hablar de la primera planteacion de 
Masachussets, que vendió algunas tierras trasmitiendo su 
concesión. De estas tierras fueron las que adquirió la Com- 



GUILLERMO PRIETO 369 



pañía llamada de Lacoma, á cuyo frente estaban Georges y 
Masson, que se las dividieron en dos^secciones : la del Este, 
que correspondió á Georges, tomó el nombre de Maine, en 
honor de la reina Enriqueta, hija de Enrique IV, esposa de 
Carlos I ; el Este se acordó á Masson, quien la llamó New- 
Hampshire, del nombre del coudado que habitaba en In- 
glaterra. 
f Masson murió á poco de instalada la colonia; ésta fué 
abandonada ; varios habitantes de Masachussets la ocupa- 
ron, formando una pequeña república en que se goberna- 
ban electivamente. 

Promoviéronse algunas disputas entre los antiguos y los 
nuevos colonos: un poco de tiempo New-Hampshire se 
incorporó á Masachussets, y al fin, se erigió como provincia 
real, con su Presidente nombrado por el Rey, lo mismo que 
su Consejo. 

El poder legislativo lo formaban el Presidente, el Consejo 
y miembros nombrados por los colonos. 

La historia de Maine es poco más ó menos como la an- 
terior. 

A Sir Fernando Georges fué concedida la dirección de 
la colonia, con la jurisdicción y derechos reales pertenecien- 
tes al obispo del condado palatino de Durham. 

La carta se hizo por el modelo común ; pero en ella se 
reservaba la soberanía la corona. 

En 1 652, Maine reclamó toda la extensión del territorio. 
En 1665, Carlos II le declaró bajo su protección. Apenas 
se separó de la influencia de aquel Rey, Masachussets, sos- 
tenido por una minoría, recobró su autoridad por la fuerza 
de las armas. 

Tomo III. 47 



370 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Masacliussets fué soberano de Maine. Los puritanos nom- 
braron Presidente del Consejo, y á los colonos solo se les 
dejó el derecho de nombrar los miembros de la Asamblea 
general. 

En 1 69 1, cuando bajo el imperio de una nueva carta se 
convirtió Masachussets en una provincia real, Maine no fué 
sino una provincia, hasta que después de la independencia 
cobró su rango de Estado soberano. 

Laboulaye hace notar, al ccticluir la historia de las colo- 
nias de la Inglaterra, en todas ellas la unidad religiosa, la 
de raza y la identidad de instituciones. 

En todas partes, dice el autor que hemos citado, vemos 
hombres celosos de su independencia, con la conciencia de 
sus derechos y con aptitud de gobernarse por ellos mismos. 
En suma, un pueblo republicano por sus creencias, institu- 
ciones y costumbres. 

El temor á las usurpaciones de la colonia holandesa de 
las orillas del Hudson, provocó la alianza de las que se lla- 
maron Colonias Unidas de la Nueva Inglaterra, y en el pac- 
to primitivo están los gérmenes de su sólida constitución. 

Resistir unidas á los ataques exteriores, combatir las in- 
vasiones de los bárbaros y mantener sus libertades, hé ahí 
expresada la comunidad de interés, y palpitante la vida so- 
cial. 

La independencia fué la declaración de hechos consuma- 
dos, y el reconocimiento forzoso de una emancipación que 
se habia verificado desde el nacimiento de las colonias. 

La filosofía y la ciencia política deducirán de estos he- 
chos las consecuencias que crean oportunas. 

Para nuestro objeto, baste lo dicho para dar á conocer, 



GUILLERMO PRIETO 3/1 



aunque sea muy ligeramente, la historia de la parte más im- 
portante de los pueblos que dejamos de visitar. 



Mi impaciencia por recorrer, aunque fueran las principa- 
les poblaciones de los Estados de la Nueva Inglaterra, era 
extrema : proveíame yo de Guías, adquiría noticias y me 
empeñaba en conversaciones sobre el yankee, personaje pa- 
ra mí tanto más digno de estudio, cuanto que tenia menos 
puntos de contacto con cuanto habia conocido. 

El viajero no puede menos de estudiar con particulares 
atractivos los Estados, que va á pasar mi charla en revista, 
comenzando por los menos importantes. 

Pordand, metrópoli comercial de Mazne, es una ciudad 
muy pintorescamente situada á la extremidad S. O. de Cas- 
co Bay. 

Desde la fundación de PortIa»-d, su acrecimiento fué rá- 
pido. En 1866 ocurrió un gran incendio que destruyó su 
parte principal, ocasionando la pérdida de diez millones de 
pesos. No obstante, la población, en iS/S, eran 34,420. 

La Sociedad de Historia Natural de Portland es riquísi- 
ma: la sola colección de conchas, cuenta sobre cuatro mil 
especies. 

Muy notables son en esa Sociedad Jos gabinetes minera- 
lógico y zoológico y la librería, que cuenta más de quince 
mil volúmenes. 

La ciudad se pierde casi entre frondosísimas arboledaá y 
risueñas calzadas, sobre las que descuella el Observatorio, 
objeto de la atención y del estudio de los viajeros. 



3/2 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Digamos algo de Conneticut. 

New-Haven es de las más grandes ciudades del Conne- 
ticut: está situada á la cabecera de Mand Soimd, en un an- 
cho llano rodeado de pequeñas y verdes colinas que la ha- 
cen muy pintoresca. Fundóse la ciudad en 1638, y fué de- 
clarada con tal carácter en 1784, hasta 1875 que se declaró 
una de las capitales del Estado. 

New-Haven sirve de centro al tráfico de cinco caminos 
de fierro que la hacen muy rica y animada; su comercio con 
el extranjero es muy considerable y principalmente con las 
Indias Occidentales. El comercio de cabotaje ocupa muchos 
brazos y capitales. 

Las renombradas manufacturas de New-Haven consisten 
en maquinaria, quincallería, relojes, armas de fuego, carrua- 
jes, órganos, pianos, joyería, objetos de cautchouc, etc., etc. 
La población de la ciudad es de más de 60,000 almas. 

New-Haven se percibe blanqueando como dentro de un 
bosque de olmos, y son estos árboles tan pomposos y mag- 
níficos, que muchos le llaman la Ciudad de los Olmos. La 
mayor parte de ellos fueron plantados á fines del siglo pa- 
sado, por James Hillhouse. 

La educación pública es objeto de preferente atención en 
New-Haven : el coleofio de Yale es considerado como uno 
de los primeros de América. 

Fué fundado el colegio en 1 700, y trasladado en 1 7 1 7 de 
Saybrock-Point á New-Haven. En 1875 contaba 86 pro- 
fesores y i,o5i estudiantes. Además de su departamento 
académico tiene escuela de medicina, de leyes, de teología, 
de ciencias y de bellas artes. 

Los edificios más notables son la Biblioteca, que tiene 



GUILLERMO PRIETO 373 



90,000 volúmenes, y el Art bidding (edificio del arte), que 
posee una numerosa y escogida colección de pinturas anti- 
guas y modernas. 

HARTFORD. 

Grande y general reputación de hermosura tiene Hart^ 
ford, ciudad situada en la cabecera de la navegación de 
chalupas del rio de Conneticut, á cincuenta millas de Long- 
Island. Comprende la ciudad un espacio de más de tres le- 
guas cuadradas ; tiene de largo más de una l«^gua y de an.' 
cho más de legua y media. 

Atraviesa á la ciudad el rio por once puentes, de los cua- 
les uno, atrevidísimo, de mil pies de largo, une la ciudad 
propiamente dicha, con su parte oriental. 

La ciudad fué fundada por los holandeses en 1638, y el 
lugar de los primeros edificios ubicados en la confluencia 
del rio, se conoce hasta la fecha con el nombre de Paso de 
los Holandeses. 

Los negocios que alimentan á Hartford son muy exten- 
sos, no solamente por sus manufacturas, sino por sus segu- 
ros de incendios y de vida, cuyos capitales ascendían en 
1874 á. 135 millones de pesos. 

Sus manufacturas son : ferretería, quincallería, objetos de 
latón, máquinas y calderas de vapor, máquinas de coser, ar- 
mas de fuego, instrumentos mecánicos, obras de plata y de 
piedra, tejidos de lana, cubiertas fertilizadoras, y un gran 
número de artículos de menor importancia. La población, 
es de cuarenta mil almas. 

La ciudad está trazada con bastante regularidad, son mu- 



374 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

chos los edificios de piedra y de ladrillo, y la abundancia de 
aguas le comunica perpetua alegría. 

Las estancias ó casas particulares de los suburbios, están 
entre verjeles y compiten en elegancia y belleza. 

El palacio del Estado, la Casa municipal, el Correo, etc., 
son edificios de gran belleza. En el Senado hay un retrato 
de Washington de cuerpo entero, obra de Stward. 

Actualmente se construye un nuevo palacio para el Es- 
tado, valioso en un millón y medio de pesos. 

El Asilo para sordo-mudos de Hartford, fué el primero 
<]ue se estableció en América. 

La Iglesia del Buen Pastor, es la que tiene mayor nom- 
bradla. 

La fábrica de armas de fuego de Colt y la de W. Wat, 
forman por sí solas una villa al S. E. de la ciudad. Sus tier- 
ras se extienden desde la orilla del rio hasta la calle princi- 
pal (Maint St.), donde está la elegantísima casa de Colt. 

BOSTON. 

La gran ciudad de la Nueva Inglaterra, la que puede con- 
siderarse como su opulenta metrópoli, es Boston, justamen- 
te elogiada por los viajeros. 

Boston está situada á la extremidad occidental de la ri- 
sueña bahía de Massachussets, y la componen un conjunto 
de pequeñas ciudades, entre las que se distinguen tres gran- 
des divisiones : Boston, propiamente dicho, Boston Oriental 
y Boston Meridional, con los otros pueblos como Rosburg, 
Roschester, Charlestwn, Brigtory y Rosburg Occidental. . 

La primera sección ocupa en una extensión de 700 acres 



GUILLERMO PRIETO 375 



un terreno accidentado y pintoresco, en el que sobresalen 
tres airosas colinas que lo embellecen y caracterizan. 

El nombre indígena de esta península significa Aguas 
dulces. 

Los primeros pobladores le llamaron Fremont. Una es- 
trecha lengua de tierra, (The Nock), une á la península con 
la tierra firme, que poblada y despoblada alternativamente, 
hoy está cubierta de fábricas, establecimientos mercantiles 
y lugares de activísimo tráfico. 

En las aguas del puerto hay cincuenta islas, todas culti- 
tivadas y pobladas, como flotando en aquellas tranquilas 
aguas, lo que ofrece á la vista un delicioso panorama. 

El primer habitante blanco de Boston fué el Reverendo 
Jhon Blackton, quien se supone clérigo episcopal y que lle- 
gó en 1623. Vivió allí solo hasta 1630 que llegó Jhon Win- 
tus, después primer Gobernador de Massachussets, que por 
el rio vino de Gharlestwn donde habia permanecido con al-- 
gunos emigrantes algún tiempo. 

En 1635, M. Blackstwn vendió sus derechos á la nueva 
y popular península por treinta libras (ciento cincuenta pe- 
sos), y se trasladó á Rhode-Island. 

La primera iglesia se construyó en 163.2 y el primer 
muelle en 1673 ; cuatro años después se nombró el primer 
maestro de postas, y hasta 1 704 se publicó el primer perió- 
dico titulado Boston New Letter. 

Boston fué cuna de los primeros movimientos revolucÍQ- 
narios. 

En 1822, la población de Boston era de 45,000 habi- 
tantes. 

1 85o 136,881 habitantes. 



3/6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

1860 177,840 habitantes. 

1870 260,526 ,, 

La agregación reciente de Brigton, Charlestwn y Ros- 
burg Occidental, ha hecho subir la población de Boston en 
1876, á 341,919 habitantes. 

El 9 de Noviembre de 1872 ocurrió el terrible incendio, 
uno de los más horrorosos en los Estados-Unidos : duró el 
incendio tres dias con sus noches ; se aniquilaron muchos 
hermosos y opulentos edificios, calculándose las pérdidas en 
más de ochenta millones de pesos. 

La ciudad está perfectamente surtida de hoteles, como 
todas las de primera importancia en los Estados-Unidos. 

El sistema de comunicación en el interior de la ciudad, 
basta á sus muchas necesidades ; el servicio de tranvías es 
perfecto. 

Las calles, en la parte más antigua de la ciudad, son ir- 
regulares y estrechas, como lo exige lo accidentado del ter- 
reno ; pero después del incendio, las calles y plazas que se 
han reformado, tienen mayor belleza y amplitud, y la calle 
central está llena de árboles en su centro. 

En las calles de Washington, la de Fremont y la de Win- 
ter, hay mayor tráfico. 

-X La avenida que atraviesa la parte más nueva de la ciudad, 
tiene 240 pies de ancho (ochenta varas), y en el centro 
un elegantísimo parque, descollando en él, sobre su magní-. 
fico pedestal de granito, la estatua colosal de Alejandro Ha- 
milton. 

El barrio más de moda hoy es el de la Bahía de Back, al 

Oeste de Common. La belleza de aquellos alrededores sor- 

* prende y encanta, perdiéndose la vista en las frondosas y 



GUILLERMO PRIETO 377 



alegres calzadas que los atraviesan y de la que es principaí 
Chesmit Hill Reservoir, de cinco millas de largo (poco más 
de legua y media). 

Entre los edificios históricos de los Estados-Unidos, el 
más interesante, después de Independence Hall, es Faneuil 
Hall, que tiene recuerdos históricos semejantes al de Fila- 
delfia. 

Este famoso edificio, " Cuna de la Libertad," como allí se 
le nombra, está en Docke-Square, que también tiene repu-. 
tacion histórica, por el mecting de los patriotas revoluciona- . 
rios, que se verificó allí. Fué construido en 1742 por Pedro 
Faneuil, comerciante hugonote, y cedido por él á la ciudad; 

Destruido por el incendio de 1761 y reedificado en 17635 
se amplió muchísimo en i8o5. "•;••/ 

Las paredes del gran salón del edificio están adornadas 
con los retratos de Washington, por Stuart ; de Webster, 
por Healy ; de Samuel Adams, por Copley ; de Ouincy, 
Adams de Everett, de Abraham Lincoln y del Gobernador 
Andreu. 

Los anales revolucionarios han dado también celebridad 
al Palacio del Estado, que fué la gran Corte general de Ma- 
sachussets. 

La Iglesia de Cristo es la más antigua ; pero tiene mayor 
celebridad la Iglesia del Sur, que reunió á los patriotas y 
sirvió de cuartel de caballería. 

Contigua á la capilla del Rey, y haciéndola notable, se 
distingue el primer cementerio que hubo en Boston, y en 
el que están sepultados Isaac Joluyon, el Presidente Oros- 
toni, el Gobernador Winthrop, John Colton, etc., etc. 

En el actual Palacio del Estado existen las célebres esta- 

ToMO III. 48 



3/8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

tuas de Washington, el Gobernador Andreu y los bustos 
de Adams, Lincoln y Summer. 

El Correo es un vasto y elegante edificio que tuvo de 
costo un millón y setenta y seis mil pesos. 

Los teatros más notables de Boston son : el antiguo, que 
lleva su nombre, el del Globo, el del Museo y el del Ate- 
neo. 

En Music Hall (Conservatorio de Música), existe el ór- 
gano, que por su grandeza y valor, se considera como el 
segundo del mundo. 

Para dar idea de las bibliotecas públicas de Boston, dire- 
mos que la principal es considerada como la más numerosa 
y escogida de América. Contiene doscientos sesenta mil 
volúmenes, además de cien mil folletos y la valiosa colec- 
ción de grabados de Torti. Es libre para todos, pero solo 
los que residen en la ciudad pueden sacar libros fuera. 

El Ateneo es un imponente edificio y una de las institu- 
ciones de su clase mejor organizadas en el mundo, al decir 
de los americanos. El Ateneo tiene tres pisos : el primero 
contiene esculturas de gran mérito, entre las que hay de 
Greenough, Crawford, etc., y numerosos modelos. 

El segundo piso es una biblioteca que cuenta 96,000 vo- 
lúmenes, y el tercero una famosa galería de pinturas. 

La Academia Americana de ciencias y artes, tiene una 
biblioteca de i5,ooo volúmenes. 

El Museo de Bellas Artes es un elegante edificio que 
contiene galería de estatuas, biblioteca, galería de pintura, 
valiosas colecciones de antigüedades, esculturas egipcias y 
algunas obras de arte, que se consideran las más valiosas 
del país. 



GUILLERMO PRIETO 379 



El jardín de horticultura es un verjel lleno de variadísi- 
mas y bien cultivadas flores, con extensos y elegantes sa- 
lones en que se dan- conciertos y lecturas. 

La Sociedad Histórica tiene una biblioteca de 13,000 vo- 
lúmenes y ricas colecciones numismáticas, mapas, retratos y 
curiosidades históricas. 

Hay ciento cincuenta iglesias. 

En cuanto á establecimientos de educación, se ha lleva- 
do el esmero al último extremo, y esencialmente en la edu- 
cación científica, Boston ha tenido reconocida supremacía. 
En 1876 habia ciento diez y nueve profesores en las escue- 
las de leyes, medicina, ciencias físicas y teológicas. 

La Universidad de Boston, fundada por Isaac Riech, sa- 
có de costo dos millones de pesos. 

Gran riqueza de dotación tienen los establecimientos de 
caridad : el de Perkins, para los ciegos, es famoso en todo 
el mundo; lo fundó en 1831 el Dr. Samuel Howe, y estu- 
vo bajo su dirección hasta su muerte. 

El Carney- Hospital es hermosísimo, y lo sirven con par- 
ticular esmero las Hermanas de la Caridad. 

El movimiento marítimo de Boston, le da rango eminen- 
te entre todos los puertos de la Union ; después de Nueva- 
York se considera el más importante puerto. Después de 
Boston, Salem es el mejor puerto de Masachussets. 

Inglaterra envía á Boston sus tejidos, las colonias ingle- 
sas y Cuba sus azúcares, y mantiene activas relaciones con 
Haiti, las Indias Orientales, la Plata, la Francia, la Ru- 
sia, etc. 

En general, los artículos que Boston pide al extranjero 
consisten en tejidos de lino, sedería, quincallería, efectos co- 



38o ' VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

loniales, thé, vinos, aguardiente, especias, cueros, añil, palo 
de tinte, etc., etc. 

Boston se surte de Nueva-York, Pensylvania, Maryland 
y otros Estados, de trigo, harina, avena, maíz, arroz, algo- 
don, tabaco. La plaza recibe más de un millón de barriles 
de harina, 260,000 balas de algodón, etc., etc. 

El comercio del Mediterráneo y el de la India, constitu- 
yen la importación de Boston. El primero se hace con la 
Turquía por Smyrna ; los artículos que ésta importa son : 
plomo, salmón, azufre, limones, 7iaranjas, higos, tivas, etc. 

Otros artículos tienen su procedencia en Málaga, Sicilia, 
Francia é Italia, como las almendras, las nueces, la crema 
de tártaro, vinos, mármoles, aceite, jabones, etc. 

Boston exporta para los otros Estados de la Union, sala- 
zón de buey y de cerdo, pescado salado, seco y ahumado, 
calzado, papel, tejidos europeos, muebles, clavos y' cordaje 
para buques. 

El hielo es un artículo de riquísima exportación, y se ex- 
penden cantidades increíbles para las Indias Orientales, la 
China y la Gran Bretaña. 

Existen treinta ó cuarenta bancos, cuyo capital se calcu- 
la en 32.000,000 de pesos. 

No es de nuestro propósito mencionar con detenimiento 
los lugares de recreo, plazas y monumentos que embellecen 
á Boston. 

Los viajeros mencionan el Parque ó Boston-Common, 
que ocupa 48 acres en el corazón de la ciudad, está cercado 
de una hermosa reja de fierro, formado de prados que atra- 
viesan sombrías y bien terraplenadas calzadas, y tránsitos^ 
fuentes y glorietas. 



GUI-Í.LERMO PRIETO 



Entre los más hermosos árboles se veneraba allí el olmo 
viejo, que se creia haber existido desde antes de la funda- 
ción de la ciudad, y que á pesar de los muchos cuidados 
que con él se tuvieron, lo derribó el huracán de 1 5 de Fe- 
brero de 1876. 

Cerca del olmo viejo se construyó con toda magnificencia 
el Monumefito de los soldados, que tiene noventa pies de al- 
tura. 

El plinto del monumento íorma una cruz griega ricamen- 
te labrada, y en las cuatro esquinas se elevan otras tantas es- 
tatuas simbolizando la Paz, la Historia, el Ejército y la Ma- 
rina, de tamaño colosal. La parte alta es una columna roma- 
na de orden dórico, con cuatro figuras que representan el 
Norte, el Sur, el Este y el Oeste, esculpidas en bajo relieve 
al derredor de la base. El conjunto está coronado por una 
gran estatua de la América, descansando sobre un hemisfe- 
rio, y cuatro águilas americanas con las alas extendidas. 

Cerca de la calle del Parque está la hermosa Brawer 
Fountain de bronce, fundida en París, con estatuas también 
de bronce, de Neptuno, Anfititre, Asis y Calatea. 

En el ym-dÍ7i Público, que es encantador por su riqueza 
de plantas, buena distribución y elegancia, se admira la es- 
tatua ecuestre, de Washington, por Bull ; otra de Eduardo 
Everet, por Story ; la que representa á Venus naciendo de 
las olas, y un hermoso monumento en honor del descubri- 
miento del éter como aneastético. 

Los alrededores de Boston son pintorescos y hermosos. 
En Charlestwn existe el famoso Hill Momiment, en con- 
memoración de la batalla dada en aquel lugar el 1 7 de Ju- 
nio de 1775. 



382 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Brookline es una hermosa ciudad que está sobre el cami- 
no de fierro de Boston á Albany, y en el que hay un rece- 
voire 6 receptáculo de aguas que tiene capacidad para 1 20 
millones de galones, así como el de Chesshut hill es de 
300 millones. 

El puerto de Boston es el mejor y más espacioso de toda 
esa costa. 

De las ciudades de Rhode-Island merecen mención New— 
porty entre Nueva-York y Valle River, ciudad de Masa- 
chussets y Pawturet, que tiene una hermosísima playa y 
excelentes baños. 

El Conneticut cuenta entre sus ciudades notables á Stan- 
ford, residencia campestre de ricos comerciantes de Nue- 
va-Vork. 

Bridge port, ciudad floreciente, muy celebrada por la ex- 
tensión y variedad de sus manufacturas. 

New Londoii que explota en muy grande escala la pesca 
de la ballena y es de las más importantes estaciones nava- 
les de los Estados-Unidos. 

Síonnton, muy frecuentado por sus manantiales. 

Concluiremos esta imperfecta revista, traduciendo lo que 
dice la Guía de Appleton sobre Providencia, considerada 
como, una de las principales ciudades de la Nueva Ingla- 
terra : 

PROVIDENCIA. 

" Providencia, una de las más bellas ciudades de la Nue- 
va Inglaterra, inferior únicamente á Boston en población y 
en riqueza, es la ciudad principal y una de las capitales de 
Rhode Island. Está pintorescamente situada en el brazo 



GUILLERMO PRIETO 383 



norte de Narriugaset Bay, conocida con el nombre de río 
de la- Providencia. El rio se extiende al centro de la ciudad 
donde hace un hermoso remanso de cerca de una milla de 
circunferencia, á lo largo de la cual hay una pared con un ba- 
randal de fierro y un parque de olmos que la rodea. El terre- 
no sobre que está edificada la ciudad, es muy irregular. Por el 
Este se eleva una colina á 204 pies sobre el nivel del mar; 
por el Oeste, después de un cuarto de milla á nivel, hay una 
elevación de 75 pies. Los costados y las cumbres de lasco- 
linas están cubiertos con habitaciones mezcladas con jardi- 
nes y adornadas con árboles. Providencia es una ciudad an- 
tigua que data desde 1636, cuando su fundador Roger Wi- 
lliams, desterrado de Masachussets por sus opiniones religio- 
sas, buscó aquí la libertad que allí se le habia negado. La 
roca (cuan cara roca), en que desembarcó y fué recibido 
por los indios, se conserva á una milla del centro de la ciu- 
dad. Esta sufrió mucho en la famosa guerra con el Rey Fe- 
lipe (1676), y fué quemada una parte considerable de ella. 
Incorporada en 1832, tenia en 1875 una población de 
100,675 habitantes. Nueve ferrocarriles convergen en Pro- 
videncia, que tiene también un gran comercio de cabotaje y 
algún comercio extranjero. Sus manufacturas son muy ex- 
tensas, y consisten en indianas (para las cuales es el prin- 
cipal mercado americano), géneros de algodón y de lana, 
mercancías de oro y plata y otra multitud de artículos. Sie- 
te de los nueve ferrocarriles hacen uso de la misma estación, 
que es un elegante y espacioso edificio situado cerca del 
centro de la ciudad. 

" La calle de más movimiento es la de Westminster. La 
Arcade es el más hermoso edificio de su género en los Es- 



3^4 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 



tados- Unidos. Tiene 225 pies de largo por 8o de ancho, y 
en'el centro 5o pies más: tiene tres pisos con 78 tiendas, y 
está destinado principalmente al co:nercio al menudeo de te- 
jidos, calzado, sombreros y joyería: es de graiiito y tiene dos 
imponentes pórticos dóricos, uno para cada calle. La Casa 
Municipal es uno de los más hermosos edificios de su géne- 
ro en la Nueva Inglaterra; costó 1.000,000 de pesos. En 
frente está el Monumento de los soldados y los maiHneros, 
erigido,por el Estado, en memoria de los que perecieron en 
la guerra civil. Fué diseñado por Randolfo Rogers : costó 
60,000 pesos, y consiste en una base de granito azul, con 
cuatro estatuas de bronce. En el monumento están graba- 
dos los nombres de los soldados (1741). 

^' Hay ochenta y dos iglesias en la ciudad, de las cuales 
las más notables son : El Primer Bautista, la loiesia de la 
Gracia, San Esteban, etc. Brawn University, antiguo é im- 
portante establecimiento de instrucción, tiene seis hermosos 
edificios, ocupa un terreno de 16 acres, adornado con olmos; 
tiene una biblioteca de más de 40,000 volúmenes, que es 
notable por lo rico, raro y costoso de sus obras ; tiene tam- 
bién un museo de historia natural, con valiosas colecciones 
y obras de arte, entre las que hay algunos buenos retratos. 
La Sociedad histórica de Rhode Island, tiene 6,000 volúme- 
nes, 35,000 folletos y una gran colección de manuscritos de 
historia del Estado. El Ateneo, 34,000 volúmenes, algunas 
valiosas pinturas, entre las que hay retratos de Milton, de 
Sir Joshua Reynolds y la obra maestra de Malbone. Esta- 
blecimientos de caridad, hay : el Hospital de Dementes, de 
Bukler ; el Asilo para los pobres, de Dexter ; el Hospital de 
Rhode Island, etc., etc. 



GUILLERMCKPRIETO 385 



- ** Además de los paseos sobre el río, hay otras muchas pla- 
zas públicas pequeñas. Swan Point Cementery está construi- 
do .con muy buen gusto y adornado elegantemente. " Vue 
del'Eau " se llama un hotel pintorescamente situado en alto, 
frente á la Bahía. " 



Después de este paréntesis, bueno para conciliar el sue- 
ño, sigamos sin interrupción nuestro viaje. 



Tomo III. 49 



WASHINGTON 



XIX 



Wasl\ington. 



N' O obstante estar molido y semidescoyuntado por la 
noche que acababa de pasar, y que pedia más mi 
cuerpo descanso que emociones de viajero, era forzoso apro- 
vechar el tiempo, y tenia contados los minutos de nuestra 
detención en la gran capital de la Union. 

Rey y señor puede considerarse cualquiera de nuestros 
cafesuchos de segundo orden, comparado al cafecito en que 
pedimos un tente en pié y sirve como de apéndice á esa es- 
tación, que es la antigua y la conocida con los nombres de 
"Baltimore" y el "Ohio." 

Desnudas paredes, un mostrador mezquino, con seis bo- 
tellas por banda en la armazón del respaldo, tres mesas en 
menguante, pelonas como una bola de billar, y un piso de 
asfalto capaz de enfriar la inspiración del propio Lord By- 



390 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ron, lié ahí el ajuar del paradero aquel, al que no me atre- 
vo á repetir el dictado de café. 

Soñolientos los criados, el café frió, el pan helado y con 
elasticidad desesperante, tal fué nuestro desayuno. 

Mientras lo servían, me decía Francisco : 

— Componte esa corbata, que estamos en la capital de 
los Estados-Unidos, alíñate y enderézate, que has tocado en 
la alta residencia de los Poderes de la Union, como quien 
dice, al fiel de la balanza de ese conjunto de reinos que se 
llama Nación Americana, la fundada por Washington mis- 
mo, quien colocó la primera piedra. Al distrito de Colom- 
bia tocó la suerte de albergar los poderes supremos, Mary- 
land vendió el terreno, que ya verás, se extiende á la orilla 
del rio Potomac, de tanta celebridad histórica. 

— La ciudad es novísima, expuse á Francisco, creo que 
se designó su sitio en 1790, y diez años después se trasla- 
daron aquí los poderes, antes residentes en Filadelfia. 

Dimos á guardar nuestros sacos en el cafecito, y salimos 
en pos del Capitolio. 

Pero es el caso, que aunque todo yo me volvía ojos, no 
"había sino llanuras verdes, secciones de tierra cercadas con 
esmero, y á distancia, y aquí y acullá, grandes edificios, co- 
lumnas y cúpulas ; pero en cierta dispersión y como si es- 
tuvieran en solitaria espectativa. 

— Sábete, dije á Francisco, que he venido á ver lo que 
me parecía un chiste de mi maestro Cardoso ; es decir, una 
ciudad en el campo : me parece que voy andando por los 
alrededores de Mixcoac ó San Ángel. 

— Deja que torzamos esa esquina, y ya hablarás de otra 
manera. 



GUILLERMO PRIETO 39I 



En efecto, á pocos pasos tocábamos en la grande Ave- 
nida de Pensylvania, dilatadísima calle, sombreada por fron- 
dosísimos árboles. La avenida tiene una extensión de seten- 
ta varas, poco más, de amplias banquetas y pavimento sóli- 
do y terso como urja sola losa. 

— Ese es el famoso asfalto de Neuchatel .... Vuelve por 
aquí, dijo Francisco. 

Aunque á gran distancia, es decir, á mil quinientas varas, 
percibí en medio de arboledas, descollando gigantesco y es- 
tupendo, el Capitolio. Rodeábalo y perfilaba su elegante cú- 
pula el sol naciente, y salia de entre la verdura como en as- 
censión fantástica. 

Como al flotar bajo el cielo azul, en el éter purísimo, dis- 
tinguía un primer semicírculo de altísimas columnas, como 
la mitad de un inmenso circo ceñido por salientes cornisas, 
base y engaste de otro semicírculo más recogido, también 
con sus columnas y con ventanas interiores que se destaca- 
ban con la vivísima luz del sol, calando y cincelando la pri- 
morosa arquitectura .... 

La segunda columnata como que la ciñe afiligranado ani- 
llo con huecos como calado exquisito, y de allí arranca en 
gajos, el cierre de la cúpula, cuyo^remate es una linternilla 
en forma de delgados, pero esbeltísimos pilares, que susten- 
tan una peana, sobre la que se enseñorea triunfal y pode- 
rosa la estatua de la Libertad. 

Francisco me dejaba gozar en silencio mis impresiones y 
detenia sus pasos, mientras yo hacia mis apuntaciones, ad- 
virtiéndome prudentemente con ver el reloj, que teníamos 
poco tiempo disponible. 

Aunque los árboles, los sembrados, las mil flores y los 



392 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

edificios eran para distraerme, yo, con los ojos hacia el 
Oriente, caminaba y estaba en el centro del parque hermo- 
sísimo, que rodea esa parte del Capitolio y se cuida con par- 
ticular esmero. 

A medida que ascendía el terraplén que lleva á las pri- 
meras gradas del monumento épico, éste iba como saliendo 
de entre las ramas y apareciéndoseme en toda su majestad. 

Subí la primera escalera y me encontré como sobre una 
muralla ó talus, desde donde comenzaban á dominarse los 
alrededores : después de la segunda escalinata, ya se tiende 
la vista sobre campiñas y vegas deliciosas, se perciben co- 
lumnas y agrupamientos de casas y grandes edificios aisla- 
dos al Norte, mientras en la parte Sur el campo, los árbo- 
les y las aguáis sé esparcían en festín alegre, recreando los 
sentidos. 

Aunque no me encontraba convenientemente colocado 
para contemplar el conjunto del grande monumento, admiré 
el pórtico saliente y de estilo griego que se acentúa en la 
medianía de dos extensas alas con sus grandes ventanas en 
la base, columnas y cornisas soberbias en la parte superior. 

Muros y columnas son de mármol blanco ; pero con. tal 
primor pulimentado, que compite en brillantez y hermosura 
con el cristal. Todos los fustes de esas columnas de diez 
varas, son de una sola pieza. 

Penetré, pues, al Capitolio y me encontré en lo que se 
llama la rotonda, es decir, bajo la inmensa cúpula cuya ele- 
vación sorprendente la hace augusta y la reviste de especial 
magnificencia. 

Los rayos del sol que^caian como desprendidos de la re- 
verberación de los^cristales, la luz que corría y como que se 



COIflICIONES DE LA SÜSORICIOl. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1? de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

J^. M. A ff tilla?' y Or^íz, 

Administrador. 



V lAJE 

Á LOS 



Estados-Unidos 

Por FIDEL 

(GUILLERMO PRIETO) 

(1877) 



Bnlrega A'tím. 59. 



MÉXICO. 
Itnprexxta del Comercio, de DiJ-blan y Cliave», 

CALLE DE CORDOBANES NUM. •• 



1S7©. 



GUILLERMO PRIETO 393 



precipitaba de \aé rasgadas ventanas y las magnificencias de 
la arquitectura, me tenian absorto. 

En el gran salón octágono que está abajo de la rotonda 
y que no tiene mueble ni adorno que llamase mi atención, 
se ven algunas pinturas de mediano mérito, que, no obs- 
tante, contienen brillantes páginas históricas. 

Esas pinturas, que recuerdo en desorden, porque no ten- 
go á mano la Guía ni tiempo para buscarla, representan : 

La declaración de Independencia, con los retratos de cuer- 
po entero y excelente parecido, según la voz general, pero 
que no merece mucho crédito después de trascurrido tanto 
tiempo. 

La rendición en Saratoga del general inglés Burgoque, 
en 1777. 

Rendición de Cornwallis, en, Octubre de 1781. 

Renuncia de Washington. ^ 

El bautismo de la india Pocahontas, 161 3. 

Descubrimiento del Mississippí por Soto, en i54i. 

Desembarco de Colon á la Isla Española, en Octubre de 
1492. Este cuadro es de Vauderling, y tiene bastante mé- 
rito. 

Embarque de los peregrinos en Holanda. 

La altura de la rotonda es de más de sesenta varas, su 
diámetro de treinta y tres ; en la parte de que arranca la cú- 
pula se ve un círculo de pilastras, de las que penden guir- 
naldas que circundan los bustos en relieve de Colon, des- 
cubridor del Nuevo Mundo ; Cabot, Raleigh y La Salle. 

Además, y en los mismos entrepaños en que caen las 
guirnaldas, se ven otras composiciones de bajo-relieves 

Tomo III- 5° r ' 



394 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

que se refieren á las conferencias de Guillermo Pen con los 
indios, el conflicto de Daniel Boone con los mismos y el ac- 
to heroico de la india Pocahontas, que bien merece una le- 
yenda, 

Pocahontas era una india linda como la hora del crepús- 
culo cuando cierra sus ojos viendo los lagos de mi patria. 

Hija del caudillo indio Prohatan, le seguia en sus campa- 
ñas, y estaba presente cuando su tribu valerosa hizo prisio- 
nero al capitán vSmith y le mandó sacrificar. 

Pocahontas se conmovió á la vista del prisionero ; lloró, 
suplicó, y viendo que todo era inútil y que se iba á consu- 
mar el sacrificio, se lanzó donde estaba Smith, colocó su ca- 
beza junto á la suya en el tajo que debia inmolarlo .... y 
el feroz caudillo mandó suspender la ejecución, porque ado- 
raba en su hija. 

Es de suponer que en todo este p^seo me acompañaba 
Francisco corrigiendo mis errores, rectificando mis dudas é 
instruyéndome, porque yo solo no le hubiera encontrado 
punta á la hebra. 

— Ya estás ensartando una novela y no tenemos sino ho- 
ra y media, Guillermo ; date prisa, y deja en paz á esa india 
que te está preocupando, cuando el tiempo no lo permite. 
Ven por aquí .... 

— ^Tú sabes, le dije de qué autor son esos bajo- relie ves? 

— Son de dos discípulos de Canova, uno de los cuales se 
llama Capitán i. 

Atravesamos por un intrincado laberinto de columnas, su- 
bimos, cruzamos corredores magníficos, en los que se dis- 
tinguian grandes salas con sofás, espejos, mesas de már- 
mol, candelabros y lámparas, y al f-.n nos asomamos á un 



GUILLERMO PRIETO 395 

barandaf, desde donde vimos, inclinándonos, la Cámara de 
Diputados. 

Es la Cámara un rectángulo. En el centro de uno de sus 
lados más largos se suben dos ó tres escalones y se extien- 
de un ancho estrado en cuyo centro se ve una mesa de 
mármol, en la que se coloca el secretario y algunos de sus 
dependientes. 

Siempre contra el muro y dominando la mesa, hay otro 
estrado más pequeño en que estaba un sillón frente á una 
pequeña mesa de mármol ; allí, solitario é incomunicado, se 
sienta el Speaker ó presidente de la Cámara, que tiene á su 
derecha un martiliito ó rtiayeta con que golpea la mesa para 
llamar al orden, porque no hay campana. 

En el piso del salón, y frente á las mesas del secretario y 
el Speaker, se abre en abanico semicircular la sillería, coloca- 
dos asientos de dos en dos, con bufetes dobles á su frente, 
que tienen recado de escribir, papel, etc. Al pié de los 
asientos de cada diputado, hay sus ventiladores con sus re- 
jillas y su tapa, que se cierra á la voluntad de cada indivi- 
duo á quien corresponde. En verano, por esos ventila- 
dores sopla el aire fresco, que impulsa un ingenioso apa- 
rato de abanicos, y en invierno penetra aire calentado en 
hornos á propósito, que existen en el subterráneo. 

No hay tribuna : cada diputado hace uso de la palabra en 
pié, al lado de su asiento. 

— Ojalá hubiera podido venir, dije á Francisco, en un día 
de sesión. 

— Poco hubieras ganado. 

— Entonces, tal vez sea cierto lo que me han asegurado 
personas formales ; es decir, que de lo que menos parecen 



396 VIAJE Á LOS EStADÓS-UNIDOS 

ocuparse los diputados es de la sesión : unos escriben su 
correo, los otros leen periódicos, algunos dormitan con los 
pies en alto, y mientras, el orador se desgañita como un 
desesperado, como si predicara en desierto .... 

— Algo dicen que hay de eso, dijo Francisco con cierta 
sorna, como quien no quiere aclarar paradas. 

Son como trescientos diputados, y me hice cargo de ese 
dolce f amiente de los elegidos de los pueblos. 

Las galerías corren sobre todos los lados del rectángulo, 
teniendo los asientos en forma^ de gradas, como los teatros, 
lo que da cabida cómoda á muchísima gente. 

En las galerías hay dos departamentos con destino parti- 
cular ; uno para los individuos del cuerpq diplomático ; el 
otro para los periodistas, á los que se facilita recado de es- 
cribir y agua helada, que es un obsequio en la estación de 
los calores. El resto de las galerías se divide en dos partes, 
una para señoras y otra para el sexo masculino. Las seño- 
ras concurren en mayor número. El público asiste á las dis- 
cusiones en perfecto silencio, no permitiéndose ni aplaudir á 
los oradores, ni mucho menos dar signos de reprobación. 
Ha habido aplausos en casos muy extraordinarios, como al 
sancionarse la enmienda al art. i5 de la Constitución, que 
dio igualdad de derechos á negros y blancos. 

Ya hemos dicho que las comisiones todas tienen sus sa- 
lones espléndidos ; además, hay uno especial decorado con 
lujo extraordinario, donde recibe el Speaker á personas dis- 
tinguidas y al Presidente de la República y sus ministros, en 
los dias que señalan las leyes su presencia en la Cámara. 

El techo del salón es de hierro colado y se ve como una 
obra artística de sobresaliente mérito; el tablero está dividí- 



GUILLERMO PRIETO 397 



do en rectángulos cubiertos de cristales, y en esos claros 
están pintadas de mano maestra las armas de los Estados 
de la Union. 

En las noches, la vista es encantadora y como de un pa- 
lacio de hadas : el edificio magnífico. La iluminación se hace 
por medio de una batería eléctrica y de un solo golpe, como 
si estallase súbito un incendio en rotonda, tránsitos y salo- 
nes. 

Teníamos una hora disponible : salimos precipitadamente 
y vimos, así al paso, una pieza pequeña en que despacha la 
Corte de Justicia, y el Senado, que es de la misma forma, 
pero más pequeño que la Cámara de Diputados. 

Antes de apartarme de aquel sitio, quise ver de frente el 
Capitolio. 

^A lo lejos distinguí, cuando yo salía, una gran estatua 
de Washington : unos dicen que tiene gran mérito ; los 
otros la llaman el Jílpüer doméstico, como quien dice, el 
león faldero. 

Washington está sentado, con su toga romana, objeto de 
censuras: yo no puedo dar opinión, porque no pude exami- 
nar bien aquella escultura. 

Hay un Colon en actitud de jugar á los bolos, que seria 
de mérito en cualquiera de nuestros Tívolis: allí me pareció 
de desgraciado efecto. 

No opino lo mismo de un correcto y soberbio grupo que 
representa á.-una linda mujer con su niño en los brazos, ama- 
gada por el hacha de un salvaje, y contenido y sojuzgado 
por la mano vigorosa de un yankee .... Es el apoteosis de 
la civilización, su triunfo sobre la barbarie. ... El pensa- 
miento me pareció magnífico y desempeñado con gusto ad- 



398 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

mirable: ¿qué mejor empleo de la civilización que proteger 
á la mujer y al niño? ¿qué manifestación más repugnante 
de la barbarie que el ultraje á los inocentes y á los débiles?' 

Aquellas actitudes, aquella acción, aquel conjunto, sonde 
raro mérito, y me separé con repugnancia de ese grupo que 
bien merece detenido examen. Este grupo hermoso es de 
Horacio Grinofíh, célebre escultor americano nativo de Bos- 
ton, que murió en i852. 

Al salir por el interior del edificio para tomar el camino 
por donde venimos, me hizo notar Francisco la soberbia 
puerta de bronce que está al salir de la rotonda y tiene en 
relieve los paisajes más notables de la vida de Colon : ase- 
guran que esa puerta costó cerca de treinta mil pesos. 

— La Biblioteca! me dijo Francisco. 

— Hermano, lo ves, yo no hay tiempo : tenemos tres 
cuartos de hora. 

— Te pierdes de conocer una de las más hermosas biblio- 
tecas del mundo, acaso solo la de Paris le iguale: tiene 
300,000 volúmenes. 

Estaba al frente de la opulenta Avenida de Pensylvania: 
dos líneas de verdes, juveniles y arrogantes árboles, marca- 
ban la amplísima calle ; de entre las copas de los árboles 
parecían salir los edificios á admirar el Capitolio, engalana- 
dos como para formarle desde lejos cortejo respetuoso. 

A mi derecha distinguía varios edificios suntuosos : Fran- 
cisco, conociendo mi deseo de informarme sobre lo que veía, 
me decía : 

— Ese edificio en que te estás fijando, ocupa toda una 
manzana, ¿Ves su extensión de 300 pies? Es el Correo. 
' Costó 1.700,000 pesos. 



GUILLERMO PRIETO - 399 



El que está un poco más lejos, mediando solo el ancho 
de una calle, es el Ministerio del Interior. ¿Le ves blan- 
quear? Es de mármol, como el Correo : contiene la famosa 
oficina de patentes, 120,000 modelos de distintas invencio- 
nes, distribuidos en cuatro salones inmensos. Allí se con- 
servan con veneración las prensas de Franklin. Ese edificio 
se incendió en 1836, destruyéndose los modelos acumula- 
dos en cerca de medio siglo; de suerte que el número "de 
modelos que existe, es de 1836 á la fecha. 
- Esto prueba que en materias de invención, estos hombres 
les dan la debida importancia. El Ministerio del Interior 
funge á modo de nuestro Ministerio de Gobernación,, y tie- 
ne á su cargo lo relativo á los indios, las tierras públicas, y 
como hemos indicado, las patentes de invención. 

Ahora ponte de frente, como quien ve el término de esta 
Avenida de Pensylvania. 

El inmenso edificio de granito que tienes delante es el 
Ministerio ó Departamento del Tesoro. Es una copia su ar- 
quitectura del templo de Minerva : lo dirigió Walter, arqui- 
tecto del Capitolio. En él se fabrican parcialmente \0sgree71- 
backs ó billetes de papel moneda ; las labores de toda clase 
de ese Ministerio dan ocupación á muchísimos empleados, 
entre ellos 800 mujeres que tienen generalmente sueldos 
de cien pesos y que han observado conducta irreprensible. 
La existencia que ahora tiene la bóveda para el oro, es de 
diez millones de pesos, entre monedas de este metal y cer- 
tificados de depósitos existentes entre otras oficinas. El edi- 
ficio consta de doscientas piezas. 

— Ese edificio que está un poco atrás blanqueando en- 
tre los árboles, ese sí lo conozco, por la exactitud de las es- 



400 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

tampas que he visto, dije á Francisco. Esa es la Casa 
Blanca. 

— En efecto, continuó Francisco, esa es la residencia del 
Presidente de la República ; el edificio es modesto, aunque 
está amueblado interiormente con bastante lujo. 

Aquí tiene sus recepciones públicas el Presidente, y en 
ellas no se acostumbra más que saludarlo y darle la mano, 
pasando frente de él. Para hablarle de negocios se necesita 
pedirle audiencia por escrito, á no ser los altos funcionarios, 
á quienes recibe en horas determinadas. 

Por supuesto tiene sus reuniones íntimas, á donde no van 
sino lí\s personas de su parentesco y amistad particular. 

— Entonces, interrumpí á Francisco, ese ¿oro embolado que 
hay en Palacio con el nombre de " Audiencias públicas, " no 
lo conocen estos, aunque sean muy democráticos. 

— Mira en esta misma dirección, sobre las copas de los 
árboles, esa masa: es la parte alta de un edificio magnífico. 
Ese es el Ministerio de Relaciones, que aún no está con- 
cluido. Cuando esto suceda, rivalizará en grandeza con el 
Capitolio, pues ha de comprender, á más del Ministerio ci- 
tado, el Ministerio de Justicia ó sea del Procurador general. 
Ya sabrás que el Procurador general es aquí un miembro 
del Gabinete, y por lo mismo, nombrado por el Presidente. 

Detrás de ese edificio, que tiene por frente principal al 
rio que corre á nuestra izquierda, hay dos gran les edificios 
viejos y de ladrillo, que son los Ministerios de la Guerra y 
el de la Marina. Nada tienen de particular, porque no es 
aquí particular que tenga cada oficina un ejército de emplea- 
dos. Vuélvete un poco á la izquierda. 

Lo hice así, como me lo decia Francisco. 




< 






GDILLERMO PRIETO 40I 



Vi entonces el Instituto Smithsoniano, que es de piedra 
roja. 

Descuella el edificio de estilo romanesco entre el Capito- 
lio y el Departamento de agricultura. El noble edificio fijé 
instituido por el inglés James Smithson, para el adelanto y 
difusión de los cbnoci^nientos científicos entre los hombres. Tie- 
ne 447 pies de largo, 460 de ancho, y 9 torres de 75 á 1 5o 
pies de altura. 

Contiene un Museo de Historia Natural, con muchas y 
valiosas muestras, arregladas en unos salones en que se 
ven y estudian colecciones metalúrgicas, mineralógicas y 
etnológicas. 

Persona que debe saberlo me dijo, que entre las curiosi- 
dades que se notan e:-: aquel Museo, hay un aerolito de 
gran tamaño, que tiene la figura de un anillo, y que lo llevó 
allí desde México algún yankee garboso, de orden de Dios 
que puede más que nadie. Le llaman el aerolito Ainza, del 
nombre del sonorense que lo donó. 

Sin fijarnos en el Departamento de Agricultura ni el Jar- 
din Botánico, Francisco, viendo su reloj y arrancándome al 
panorama que contemplaba tan entretenido, me dijo : 

— Fíjate bien en aquel edificio que está á la izquierda: 
es un hospital de mujeres dementes; recuérdame que te 
tengo que hablar de él. 

A escape bajamos las escaleras y corrimos hacia la esta- 
ción. 

— Francisco, Francisco, no vimos ni me hablaste del mo- 
numento de Washington, que está tan hermoso en las 
Guías. 

— Esa es manía de los fabricantes de Guías, dan por he- 

TOMO III. 5* 



4Ó2 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

che lo que es proyecto : ya viste la Casa Municipal de Cali- 
fornia y la de Albany. 

El monumento de Washington, aunque no levanta sino 
poco más de cincuenta varas del suelo, da lugar á que se 
diga en la Guía que tendrá 200 varas de altura, que lo van 
á poblar en su interior estatuas de los héroes, y qué sé yo 
qué más prodigios. Lo cierto es que ha costado 130,000 
pesos, y que según todas las trazas, no concluirá. 

El monumento está colocado en un terreno bajo y pan- 
tanoso inmediato al rio Potomac. Todo el mundo critica su 
mala colocación : á causa de esto parece haberse enfriado el 
entusiasmo por continuarlo. 

Hace cosa de dos años hubo grandes cuestiones, que tu- 
vieron mucho eco en la prensa, sobre lo que se pudiera ha- 
cer con el monumento : unos opinaban por su demolición ; 
otros por convertirlo en un arco triunfal, y otros por apro- 
vechar el material para construirlo en otra parte. Se habló 
mucho de que se estaba hundiendo por lo falso del terreno ; 
hubo, á consecuencia, un reconocimiento de peritos, que de- ^ 
jó las cosas en duda. 

Hay cerca de ese principio de monumento un cobertizo 
-donde se guardan varias piedras, generalmente de mármol, 
enviadas, para que formen parte de él, por los diferentes Es-; 
tados de la Union ; todas ellas contienen alguna inscripción, 
explicando su origen, y conteniendo alguna expresión de^ 
afecto al padre de la patria. Hay algunas de naciones ex- 
tranjeras, entre otras, una del Imperio Celeste. 

En esto llegamos á la estación : un dependiente de un 
hotel puso en mis manos dos cartas de Nueva-York. 

Eran de dos amigos sur-americanos muy queridos ; uno 



GUILLERMO PRIETO 403 



y Otro me invitaban á detenerme en Washington. Me re- 
servé para leer las cartas en el camino. 

Gran disgusto manifestaba de no haber distinguido si- 
quiera desde el Capitolio á George-Town, antigua ciudad 
situada en una pintoresca hilera de colinas en el Valle del 
Potoniac. Es puerto de entrada del Distrito, y hay una IÍt 
nea de stimbotes que lo comunica con Nueva- York. Uno 
ele sus puntos más notables es un Colegio de Jesuitas. 



XX 



Mont Veri\our\t. — Carta de Palirta. — Carta de Fagoaga.— 
Ríchn\ond. — Excer\tricidades de yar\kee. — |Cátai\ogua. 
— Menphis. — El paso del Mississippí. — Un ii\exicano.— 
Historia de lágrimas. — Llegada á Texas. 



AUNQUE fresca y alegre la mañana y realmente se- 
ductores los paisajes que tenia delante de los ojos, 
me preocupaba la idea de haber visto tan superficialmente 
Washington. 

Tenia en mis manos la Guía, concluida en mi cartera la 
traducción de Mont Vernount, y yo, ni por todos los teso- 
ros del mundo, quería dejarla de consignar en mis apunta- 
ciones de viaje. Allá va la apuntación de mi cartera : 

" Mont- Vernount está quince millas abajo de Washing- 
ton, en el lado de Virginia del Potomac, y se llega á él por 
vapores, cuya navegación por el rio es deliciosa y propor- 
ciona excelentes vistas del país y de los alrededores de Was- 
hington. Mont- Vernount; conocido antes con el nombre 



406 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

de Huhtik Creck, fué legado por Agustina Washington, 
que murió en 1743, á Lorenzo Washington. El último le 
puso el nombre del Almirante Vernount, bajo cuyas órde- 
nes habia servido en las guerras de España y al que profe- 
saba grande afecto. George Washington heredó la propie- 
dad en 17.52. La parte central de la casa, que es de made- 
ra, fué construida por Lorenzo, y las alas de ella por Jorge 
Washington. Contiene muchas é interesantes reliquias his- 
tóricas, entre las cuales está la llave de la Bastilla, regalada 
á Washington por Lafayette. Algunas piezas del avío perso- 
nal y militar de Washington, retratos y pinturas de Rabreau 
Peale, representándole, delante de Yorktown. La tumba 
de Washington está en un local aislado cerca de la casa. 
Es una construcción sencilla, pero sólida, de ladrillo, con 
una reja de hierro, á través de cuyas verjas se puede ver 
el sarcófago de mármol que contiene los restos de Jorge y 
Marta Washington. 

"La casa y la tierra que la circunda la compró en i856 
una Asociación de Señoras, en 200,000 pesos, y la donó al 
Gobierno para que se considerase como propiedad de la 
nación." 

El camino me parecia en descenso ; ni un solo palmo de 
tierra estaba sin cultivo, y como rebaños dispersos, se veían 
por aquí y por allá casitas blancas que indicaban propieda-' 
des de diligentes labradores. 

La concurrencia del wagón que nos conduela comenzó á 
pardear (á contener negros), más de lo que yo hubiera 
querido-; de_ suerte que menos me divagaba y más impor- 
tunaba á Francisco con mi eterao preguntar. 



GUILLERMO PRIETO 407 



— Creí, le dije haciéndome el chistoso, que me hablas 
prometido decirme algo sobre el hospital de mujeres de- 
mentes. 

— En efecto, me contestó Francisco ; pero no esperes que 
yo te cuente lo que he oido, á tu manera, sino á la mía, muy 
extraña á las flores y á los ambajes. 

Es de advertir que Francisco tiene dotes poéticas emi- 
nentes, que pretende ocultar como un tuerto presumido su 
ojo apagado. 

— Todo yo soy orejas. 

— Vivia en la Nueva Inglaterra una joven que se hacia 
notar por su hermosura angelical, y más aún por su recato, 
por su dedicación al trabajo y por las otras virtudes que la 
distinguían. 

Un joven de arrogante presencia y de excelentes cuali- 
dades, se enamoró de Miss Harris, que es el nombre de la 
hermosa, rondó su casa, se mostró rendido y le dio palabra 
de esposo. 

La encantadora lady, que realmente adoraba á su novio, 
con empeño tan formalmente contraído, dio rienda á su ter- 
nura y prodigó atenciones y cariño á su prometido, hasta 
donde el pudor y la decencia podian antorizarlo. 

¡Qué paraíso de ilusiones! qué cielo de ensueños! Eran 
envidia de amantes, modelo de novios consecuentes, y las 
polluelas almibaradas, cuando los veian pasar, decían : "¡qué 
felices son ! " 

Sin antecedente alguno, "interrumpiendo sus visitas y sus 
hábitos, el joven se trasladó á Washington, donde estaba 
empleado en el Ministerio del Tesoro. 

Al principio palió su ausencia el joven con sus ocupado- 



408 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

nes ; después sus cartas parecieron tibias ; al último dejó de 
escribir. 

La joven no creia en su inmensa desdicha : todo cariño 
tierno es indulgente ; disculpó á su amante, ::tribuyó la que 
llamaba aparente frialdad, á escasez de recarsos, y voló á 
Washington á allanar todo inconveniente y unirse al ama- 
do de su corazón. 

Llegó desasosegada y encerrando un mar de pasión en 
su pecho : anunció su arribo á la ciudad, y el mal caballero, 
el indigno joven, le dio una cita para una casa no frecuen- 
tada por los santos amores. 

Supo Miss Harris el ultraje de que se la quería hacer 
víctima, y sintió que su corazón se despedazaba. 

Disimuló sin embargo y provocó otra' cita. Entonces su- 
po que el nuevo lugar que se le designaba, tenia mujeres 
desenvueltas, se oían allí palabras que quemaban la piel, se 
distinguían fisonomías de bacantes ; y humillada, trémula, 
enloquecida, fué en busca de quien así restregaba en los 
suelos, su honra, su alma, su inocencia y su vida. 

Dirigióse la ultrajada señorita á la oficina del joven, en 
pleno día; le llama, mediaron algunas palabras, y con un 
fevólver que llevaba prevenido, dio muerte al joven que ha- 
bía querido sepultar en el fango, cuanto tenia de más ama- 
do en el mundo. 

Aprehendida la mujer desdichada, bella como nunca con 
su indignación y su infortunio, fué conducida al Jurado. 

Su defensor, el célebre abogado Brady, expuso con tal 
elocuencia la situación de aquella mujer, sus creencias des- 
pedazadas, la naturaleza del ultraje inferido, que por unani- 
• midad la absolvió el Jurado. El defensor pintó su excitación 



GUILLERMO PRIETO 4O9 



como una verdadera demencia, y adujo el testimonio de 
algunos alienistas que justificaban su aserción. 

El pueblo, que oyó la causa y la defensa, estalló, en " vi- 
vas! " al saber el veredicto de absolución del Jurado, pasean- 
do en triunfo á la terrible vengadora de su honor. 

Pero la niña desventurada, al aniquilar al verdugo de su 
alma, habia destrozado su corazón. En medio de las acla- 
maciones de regocijo, dio señales del espantoso extravío de 
su razón. 



Ahora se visita el Hospital de mujeres dementes del Dis- 
trito* federal, y en el departamento de mujeres suele pasar de- 
lante del viajero una joven alta, hermosa sobre toda ponde- 
■ ración, que solloza, ríe y queda sepultada en honda medi- 
tación. 

- — "¿Quién es esa mujer?" se suele preguntar. — "Es 
I Miss Harris, la misma á quien pasearon' en triunfo hace 
tiempo por las calles de Washington " 

— Mucho te agradezco tu anécdota, dije á Francisco, y voy 
a unirla á la historia de un plagio que mucho llamó mi aten- 
ción, por no rer fruta de estas tierras, y que corrobora el 
refrán que dice : " En todas partes cuecen habas." Oye mi 
historia : 

Hace más de cuatro años, un Sr. Roos, rico comerciante 
de Germantown que, como tú sabes mejor que yo, es una 
prolongación de Filadelfia, tenia dos hijos, uno de seis y 
otro de cuatro años : el de cuatro años se llamaba Charley ; 
era alegre como los ojos de una china de mi tierra, y lindo 
jicomo un serafín. 

Tomo III. 52 



4TO VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Los chiquitines, con sus vestidos primorosos, sus sombre- 
ritos llenos de listones y sus juguetes en las manos, salían 
solos á la calle y se daban unas paseadas, que era un con- 
tentó. 

Una tarde que los chicos corrían con sus aros, bajo las 
frondosas arboledas de una de las calles más céntricas de 
Filadelfia, se detuvieron ante ellos dos hombres que iban 
en un bogue. Al parecer, aquellas eran personas decentes, 
puesto que los niños no mostraron extrañeza, cuando uno 
de ellos se apeó del carruaje, y dijo al grandecito que les 
llevaría á dar un paseo y les compraría dulces y juguetes. 

Los niños partieron con sus raptores ; pero el mayor de 
los dos mostró disgusto del paseo, dio señales de inquietud 
é impaciencia, y los hombres del bogue le bajaron del car- 
ruaje, cerca de su casa. En ésta, á la llegada del niño, se 
supo la aventura, y desde ese momento comenzaron las di- 
lígencías para buscar al otro niño, con cruel ansiedad. 

Cuatro años habían trascurrido desde la aventura del bo- 
gne, sin que el niño pareciera. La casa de M. Roos, antes 
tan llena de la alegría de los niños, estaba lúgubre y como 
desierta. 

El desventurado padre de Garlitos había recorrido los 
pueblos más remotos de los Estados-Unidos, la prensa en 
constante clamoreo^ había simpatizado con el grande infor- 
tunio de M. Roos, haciendo cargos tremendos á la policía. 

En tales circunstancias, recibió M. Roos un anónimo en 
que se le pedían veinte mil pesos por la devolución de su 
hijo. La policía lo supo y se opuso á aquella condescenden- 
cia, diciendo que estaba sobre la pista de los plagiarios. 

Las pesquisas se redoblaron, se consideró como punto de 



GUILLERMO PRIETO 4II 



honor del Estado descubrir á los malvados, y toda diligen- 
cia fué en vano. 

M. Roos, no obstante que no habia envejecido, estaba en- 
fermo, devorado por la idea fija de encontrar á su hijo, y 
aniquilada su cuantiosa fortuna, ofreció diez mil pesos al que 
le diera noticias del niño ; la policía hizo igual oferta, y la 
misma el Estado. 

Muchas veces escribieron cartas misteriosas al padre dán- 
dole falsas noticias ; abandonaba sus intereses y su casa, se 
galvanizaba, corria, se formaba risueñas ilusiones y volvia á 
su triste hogar, abatido y con la desesperación en el alma. 

En una de estas ocasiones hubo un robo famoso en Nue- 
va-York ; fueron en él sorprendidos dos malhechores ; uno 
de ellos, al morir, en la penitenciaría, declaró que era uno de 
los plagiarios del niño de M. Roos, á quien tenia un com- 
pañero suyo .... Entonces revivieron las esperanzas, la 
prensa narró todos los detalles de la declaración del bandi- 
do, produciéndose en el público intensa sensación : se dijo 
que el niño se encontraba por Texas. M. Roos, que estaba 
bastante enfermo, pareció revivir con aquella noticia, se pu- 
so en marcha, recorrió el Oeste, registró los últimos rinco- 
nes de Texas, y volvió hecho un viejo, doblado por los su- 
frimientos, á caer sobre la tumba de todas sus esperanzas. 

Jamás se ha sabido del niño; muchas personas creen que 
murió ó lo mataron, temiendo que se descubriera el crimen. 



— Muy triste, dijo Francisco, está siendo nuestro camino 
con esas relaciones ; lee las cartas que te entregaron en la 



412 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

estación. Veamos si esos muchachos dicen algo que valga 
la pena. 

— Mira, dije sacando una de las cartas. Esta es de Luis 
.Palma, aquel chico despabilado que siempre hablaba de po- 
lítica y queria acompañarnos hasta Washington. 

— Excelente muchacho, dijo Francisco ; esas ligerezas y 
ese brío que tu le echabas en cara, son cosas de la edad. 
Leamos su carta. 

— Escucha : 

" D. Guillermo: 

*^ Menos del plazo que conceden á un ahorcado le pido á 
vd. de espera, para que paseemos juntos siquiera dos dias 
en la Capital de<4a Union. 

** ¡Qué buenos ratos i)os podemos pasar! aunque no abun- 
dan las diversiones, como en Nueva-York, no falta en que 
pasar el tiempo, y veria vd. comedias diplomáticas divertidas. 

** Es singular: estos yankees, que viven tan sans/agon, y 
úe cuyo desparpajo se ocupan todos los viajeros, esencial- 
mente si son franceses, observan la etiqueta con inflexible 
escrupulosidad. 

" El chisme, aunque de guante blanco y casacon con bor- 
dados y cruces, recorre grandes y pequeños salones, y con 
finura no vista, se despellejan las potencias amigas, al darse 
tiernos besos de confraternidad. 

" Lo que quiero es que pasemos revista de los grandes 
hombres que tienen en sus manos la suerte de la gran na- 
ción americana. 

" ¿ No conoció vd. á Hayes cuando estuvo en Nueva- 
York ? Es un hombre que representa cincuenta y cinco años; 



GUILLERMO PRIETO 413 



antes se le oyó mentar en la guerra como Coronel de vo- 
luntarios, y era en realidad un hombre oscuro, apenas co- 
nocido en el Ohio, de donde era Gobernador accidental 
cuando se reunió allí la convención de Chicago, y resultó 
candidato de presidente, de la pura anarquía y desacuerda 
para elegir, de entre los hombres- eminentes del partido re^ 
publicano: su poca importancia, que á nadie inspiraba celos, 
fué el secreto de su elevación: de esto se ve todos los dias.. 

" Hayes tiene una fisonomía común, y en su porte y ma- 
neras, más bien parece un hombre de iglesia que un políti- 
co. De secretario de un obispo no tendría precio. 

" La parte moral corresponde á ese físico, es retraído y 
monástico. Es un metodista severo y solo comparable á su.-, 
esposa. Pertenece el austero matrimonio á la Sociedad de 
Templanza, al extremo de pretender suprimir el vino en los 
convites diplomáticos. 

" Cuando convidaron á comer al Principé Constantino de- 
Rusia, estuvo muy á pique de beber agua, de susto ; pero 
los" periódicos ridiculizaron tal ocurrencia, y se dispuso en- 
tonces que solo para el Príncipe se sirviese vino, teniendo 
los demás que ver y desear, entre cuero y carne, es decir^ 
en el fuero íntimo. 

" En el orden común de convites, cuando se sirve pesca- 
do, le hacen seguir del café para que el animalito no reviva-^ 
y después continúa proveyendo el líquido elemento, como 
en los dias de la creación. 

" No obstante ser la costumbre del Presidente ir en coche 
á la iglesia, á él le asaltó el escrúpulo de andar en coche el 
domingo, con beneplácito de sus amigos de creencias. 

"Lo notable hasta ahora de su política es el retirar las 



414 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

fuerzas que se decían oprimir al Sur, y algunas ternezas con 
México, que más vdes. que yo pueden calificar. 

" Otra cosa es M. Evart, Ministro de Relaciones, jefe del 
gabinete, su alma y su vida, como decimos nosotros. 

" M. Evart es alto, delgado, seco, acartonado y huesudo; 
su rostro es lampiño, pequeño, y su frente calva ; vese su 
cabeza como una naranja clavada en una astabandera. Son 
desairados sus movimientos, como los de todo largo, por- 
que mientras el espíritu anda por un lado, queda como en 
huelga el resto del cuerpo. La edad de M. .Evard es de 
sesenta años ; no es alemán como hablan dicho á vd., sino 
de la Nueva Inglaterra ; pero ha residido constantemente 
en Nueva-York. 

" Carece M. Evard de antecedentes políticos ; pero como 
abogado, ha sido considerado como el primero de Nueva- 
York. Su erudición es variada y profunda en la ciencia del 
dejecho ; su palabra, tarda y pesada, se pasea en todos los 
vericuetos forenses, y es verbosa, difusa, sin aliño. Si hubie- 
ra nacido en España, se le habría comparado á Gregorio 
López ó al Conde de la Cañada. 

" En la prensa se le censura la longitud de sus períodos, 
que le achacan que mide por la sombra de su cuerpo. 

"Cuando se propone desleír su pensamiento en la fuente 
dé sus palabras, corre y corre su discurso, hasta que des- 
pués de varios días se le encuentra el fin. 

"Pero el título de más reciente celebridad de Evard es 
su triunfo forense en la causa del R. Beecher, de que voy á 
hablar á vd. 

" El R. Beecher es orador eminente y ejerce influencia 
poderosa en el país. 



GUILLERMO PRIETO 415 



" Pastor evangélico, reside en Broklyn, llamada Ciudad 
de las Iglesias, y la suya es la de más moda y renombre de 
la Ciudad Santa. 

" Dicen los entendidos en materias literarias, que Beecher 
es elocuentísimo, y que sus dotes oratorias, unidas á una 
gallarda presencia, le hacen positivamente seductor. 

" Creció su fama y se desarrolló la influencia de este per- 
sonaje en la pasada guerra, en que favoreció con su palabra 
la causa de la Union, convirtiéndose en una verdadera po- 
tencia. 

" Además de ocupar Beecher lugar tan prominente como 
orador sagrado, es escritor de mucho mérito. 

" Se ha acusado siempre al Reverendo de inclinaciones 
mundanales. 

" Entre las ovejas que apacentaba"el siervo del Señor, de 
que hablo á vd., se contaba Elisabeth, mujer de Tilton, es- 
critor religioso muy amigo del Reverendo. 

" Yo no sé qué clase de ejercicios poco piadosos notarla 
Tilton, el caso fué que estallaron disturbios conyugales, y 
acusó al párroco de adulterio, demandándole cien mil pesos 
por daños y perjuicios. 

" Estos daños y perjuicios me han caido mucho en gra- 
cia, porque al fin se valúa en alto precio la corona .... del 
martirio. 

" El escándalo fué estupendo : los periódicos se apodera- 
ron del gran chisme, y anécdotas, retratos y todos los me- 
dios de producir sensación, se pusieron en juego á medida 
que avanzaba la célebre causa. 

" En medio de una excitación tremenda, se reunió el Ju- 
rado. Los abogados hicieron alegatos piramidales, y Evart, 



4l6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

defensor de Beecher, habló de un hilo durante una semana. 

"A la elocuencia de Evart, á la posesión de Beecher, que 
es hombre que gana en su iglesia anualmente de setenta á 
ochenta mil pesos, y á sus amigos poderosos, se debió la 
absolución del Reverendo, quien solo tuvo débil mayoría en 
el Jurado ; pero como vd. sabe, el voto de éste para la con- 
denación, ha de ser unánime, y á tal circunstancia debió 
Beecher también su buena fortuna. 

"Tilton, con envidiable serenidad, se consoló de su infor- 
tunio con el renombre adquirido en su lucha con su socio 
conyugal, y que le produjo dinero en las lecturas públicas 
que comenzó á dar. 

" Por su parte Beecher ganó en celebridad ; la gente acu- 
día en tropel á conocerle y escucharle, y era. invitado á re- 
sidir en los mejores hoteles, porque allí donde posaba Bee- 
cher, la concurrencia era mayor. 

" El triunfo de Evart acentuaba poderosamente su perso- 
nalidad cuando la elección de Hayes. 

" Fué empleado por el partido republicano en la cuestión 
de la elección presidencial disputada en Luisiana y otros 
dos Estados para alegar por Hayes. Este es el precedente 
inmediato de su nombramiento de Gefe del Gabinete. 
í " Por lo demás, su política no se iia caracterizado de un 
modo especial : yo he oido decir que aspira á la próxima 
presidencia, y que uno de los medios de que piensa valer- 
se, es provocar la guerra con México. 

,, " En cuanto á los otros ministros, querido Fidel, sobran 
ejemplares en su país de vd., como el Ministro de la Guerra 
Mac-Greacrey, áspero, hombre de cartucheras al canon, ar- 
diente republicano y partidario de Hayes. 



CONDICIONEN DE LA SÜSCRICION. 



Semanariamente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4*^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
6 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA CU los EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

JT, J)f. Affuila?' y Orliz, 

Administrador, 



— t4fáH*m~^^- 



« «» > « » 



Ui 



7 



V lAJE 



A LOS 



stados-Unidos 



Por FIDEL 



( GTJII.I.EKMO PRIETO ) 



(1877) 



Bnireffa JV'úm. 60. 



MÉXICO. 
Imprenta, del Coxnercio, de E)vj"blan y Chacrea. 



CALLS »» CORDOBANBS NUM. %. 






GUILLERMO PRIETO 417 



" Sherman, Ministro de Hacienda, es hermano del gene- 
ral célebre de la pasada guerra : debe en parte su elevación 
al poder,- á la influencia que tuvo en la elección de Hayes. 
. " El director del Correo, Rey, que como vd. sabe, forma 
f parte del Gabinete, es una prenda de reconciliación de los 
partidos, porque Rey fué separatista ; es un buen orador y 
se le confiesa talento y probidad. 

" En una palabra, vd. haria sus i^evistas de la gente de 
gobierno y se divertirla. 

" Repito á vd. que estando abiertas las Cámaras, Was- 
hington cobra animación; los diputados se reúnen el primer 
lunes de Octubre. Un mes entero se ocupan generalmente 
en el nombramiento de comisiones y de Speaker, que no se 
turna mensualmente, sino que dura todo el tiempo que fun- 
ge la Legislatura, y tiene, por lo mismo, grande influen- 
cia. . . . 

"Con las alegrías de Noche Buena se dispersan los pa- 
dres de la patria, y van á sus hogares á disfrutar sus vaca- 
cio7tes, volviendo á sus tareas desde el 2 de Enero, hasta 
que el calor los lanza de las enrules ; vuelven el otro Di- 
ciembre, en que el período termina forzosamente en Marzo, 
por las nuevas elecciones, porque el encargo dura por doa 
años, como entre vdes. 

" El orden que se guarda en el Senado es el mismo. 

•* El Presidente del Senado, como vd. sabe, es el Vice- 
presidente de la República, y como el Senado funge en la 
administración, y-conio hace parte del Gobierno como su 
Consejo, este carácter político le identifica con la acción del 
I poder. 
^ "En México, según vdes. me contaban,' no es lo mismo: 

I Tomo III. 53 



^l8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

el Vice-pfesidente es el Presidente de la Corte, y esto in- 
giere en la política activa á un poder esencialmente regula- 
dor de la marcha social, aumentando los elementos revolu- 
cionarios. 

" Las sesiones del Congreso son de once de la mañana á 
cuatro de la tarde; pero cuando los ¡negocios lo requieren, 
se prolongan las sesiones hasta la noche. 

Mientras dura la sesión, hay sobre el Capitolio una gran 
bandera, y durante los períodos en que están reunidas las 
Cámaras, una luz vivísima brilla sobre el mismo Capitolio, 
y se distingue como un astro á algunas millas de distancia. 

" No hay solemnidad alguna para abrir y cerrar las sesio- 
nes. Al comenzarse, remite el Presidente un mensaje á las 
Cámaras, en que les da cuenta del Estado que guardan 
los negocios. 

" Los Ministros envían sus Memorias y asisten á las co- 
misiones, pero no dan funciones gratis en dimes y diretes 
con los diputados y senadores. 

"Quédese vd. por tres ó cuatro dias en ese punto, y no 
se arrepentirá . . . . " 

Seguía Palma en su larga carta hablándome de los ami- 
gos de Nueva-Yorlc, mezclando siempre, como era su ma- 
nía, la política á todas sus observaciones. 

— Es divertida tu carta, exclamó Francisco ; parece una 
foja del Almanaque de Gotta ; pero si te ha divagado la 
murria, santo y bueno Sr. Palma. Veamos lo que te dice 
el Sr. Fagoaga. 

Desdoblé mi carta, pasé los ojos por ella, y dije á Fran- 
cisco: 



GUILLERMO PRIETO 4T9 



— Este joven es más previsor, y me quiere prestar un 
servicio. 

Leo, pues : 

" Supongo que una ó dos horas será lo que vd. se deten- 
ga en Washington, porque así lo requieren los cálculos de 
vd.: esta consideración me h^ce no reunírmele como que- 
ría ; pero deseando serle útil de alguna manera, le envío 
copia de las apuntaciones que hice en mi primera visita á 
Washington, en la calidad de agregado á la Legación de mi 
país. Vd. tome de ellas lo que guste, corrigiendo, borrando 
y poniendo en cristiano papeles que escribí para mi uso pri- 
vado. De todos modos, y aunque no sirva á vd. de nada el 
mamarracho, él le probará mi decidido afecto y el interés 
que tengo porque su obrita contenga el mayor número de 
noticias posible. 

'•Así como confieso lo desaliñado de mi escrito, le ase- 
guro que le garantizo la verdad de cuanto en él expongo» 
pues repito que, como para mí, no pude tener la pretensión 
de engañarme. 

APUNTACÍONES DE MI VIAJE Á WASHINGTON. 

" La población de Washington varia constantemente, co- 
mo que se forrfia de empleados que á cada cambio de go- 
bierno andan á salto de mata, individuos de la Cámara que 
van y vienen como las aguas, personajes del cuerpo diplo- 
mático que aparecen y desaparecen como sombras chines- 
cas, y ricos caprichosos que suelen pasar el invierno disfru- 
tando de aquella buena sociedad, que en obsequio de la 
justicia, es fina é inteligente como pocas. j.mm¡J" 



JÉ 



420 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

"Las costumbres por una parte, y el modo con que se 
verifican las reuniones, hacen que en realidad se goce en 
ellas poco. 

" íiay personajes distinguidos que declaran su casa abier- 
ta : así se publica en los periódicos ó se advierte por invita- 
ciones ; pero toda persona decente tiene acceso á la reunión 
aun sin invitación especial, como se puede ir á la iglesia ó 
á ver un Museo. 

" Las piezas de las habitaciones son en general pequeñas, 
aunque muy decentemente amuebladas : la señora y el se- 
ñor de la casa, se colocan de pié á la entrada del salón en 
que se recibe : se llega, se saluda sin detenerse y se entra 
en busca de conocidos y amigos ; pero todo esto sin deten- 
ción especial, de pié, como de viaje, como en la estación de 
un ferrocarril. 

" Nadie se sienta, con excepción de tal cual anciano, ó 
de tal cual enfermo. 

" Semejantes centinelas en aquel agolpamiento, no es po- 
sible que emprendan conversaciones ; están como en espera 
de algo para marcharse. "¿Cómo está?" "¿qué tal va?" 
es lo que se escucha entre costado y costado, y como si se 
lo dijeran dos viajeros que cruzan en opuestos rumbos. 

" Estas recepciones son de noche. 

" A las once, poco más ó menos, después de tener la co- 
modidad que en una plaza pública, se hace la invitación pa- 
ra pasar al comedor, donde tampoco hay asientos. 

" Sobre una gran mesa hay fiambres y licores, que sirven 
los criados con diligencia y compostura. Es general en la 
alta sociedad el consumo del Champaña. 

" Cuando no son los criados bastantes, entonces los caba- 



GUILLERMO PRIETO 42 1 



lleros sirven á las señoras que conducen ó quieren obse- 
quiar, teniendo fatigas para conquistar en aquella confusión, 
unas cuantas hebras de ensalada ó una medita de galan- 
tina. 

" Pero la posición en pié hace la escena del servicio difí- 
cil y á veces cómica ; el caballero tiene el plato á la altura 
de los brazos de la señora, ésta pica infirme y se acomoda 
á lo inseguro del suplemento de mesa. 

" La señora, á veces, no consiente en aquel espectador 
cercano de su alimentación ; entonces ella sostiene su plato, 
embarazada con el pañuelo, el abanico ó cosas semejantes, 
haciendo á cada bocado prodigios de prestidigitacion, si no 
es que algún caballero se encargue del depósito de sus ata- 
víos, ó si no es que transite brusco un importante diputado 
del Oeste, con el pelo de la dehesa, muy raro en aquella 
sociedad distinguida, y dé un codazo á un plato ó vierta el 
vino sobre el vistoso trage de la lady, en uno de sus movi- 
mientos de mastodonte. 

"En las reuniones que describo hay mucho lujo; las se- 
ñoras gustan de lucir riquísimas alhajas. 

" Suelen aparecer tipos ridículos de esos foráneos que 
solo tienen la primera silla .... curul .... Ellos monopoli- 
zan el levitón dominguero de la aldea, y sus consortes, tra- 
ges y tocados que tienen la! autoridad del tiempo que pasó. 
I Es de advertir que aunque en esos salones hay gente des- 
conocida, jamás se lamenta ninguna especie de desórdenes. 
Hay tertulias de este género que son de invitación indivi- 
dual, y por lo mismo, más aristocráticas. 

" Muchas y variadas son las recepciones de que acabo de 
hablar, pudiendo asegurar que desde Enero y Febrero que 



422 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOá 

comienzan, hasta la Cuaresma, hay por lo menos una cada 
noche. La concurrencia se disuelve á las doce. 

" Las señoras por su parte tienen sus recepciones de dia. 
Comienzan á la una y concluyen á las cinco de la tarde. En 
ellas suele aparecer uno que otro caballero como mosca des- 
velada. 

*' Durante la semana, las señoras, según las clases oficia- 
les de sus maridos, dan esas recepciones diurnas, poco más 
ó menos en el orden siguiente : el lunes, las señoras de 
los Jefes del Ejército y la Marina ; el martes, las señoras 
de los individuos del Congreso ; el miércoles, las señoras de 
los Secretarios del despacho, y así sucesivamente, siempre 
con excepción de los domingos, en que ya se sabe que todo 
el mundo se aisla y se encierra en su casa. 

" La del Presidente recibe señoras los sábados, de dos á 
cuatro de la tarde. El Presidente asiste á esa recepción cuan- 
do sus ocupaciones se lo permiten. 

" Durante la estación del movimiento en Washington, el 
Presidente da tres ó cuatro convites de ceremonia, general- 
mente en el orden que sigue: 

" I. Ministros del Gabinete y señoras. 

" 2. Cuerpo diplomático, sin comprender general- 
mente más que á los Jefes de Legación. 

" 3. Los Presidentes de las Cámaras y algún otro 
diputado notable, pues en la mesa no ca- 
ben mas que treinta y cuatro personas, y 
esto limita el número de convidados. 

** La gran recepcio7i del Presidente es el dia de Año Nuevo. 
* " Comienza á las once y termina á las tres de la tarde. 



GUILLERMO PRIETO 423 



" Esta recepción se hace con la mayor formalidad. Se pu- 
blica programa, se marcan las puertas para la entrada y sa- 
lida de los coches, y numerosos policías cuidan de que se 
guarde la mayor compostura. 

" El cuerpo diplomático se presenta en la recepción, que 
es propiamente la felicitación de Ano Nuevo, de grande uni- 
forme ; el Presidente y los Ministros, de frac negro, como es 
la etiqueta, aun cuando el Ministro de Guerra haya sido ó 
sea militar: caerla en ridículo una incrustación de sombrero 
al tres y de espadín, en aquel gabinete. 

" Los Ministros mexicanos asisten á estas ceremonias, de 
veinte años á la fecha, de frac negro, sin singularizarse por 
nada. 

" El gentío inmenso llega en interminable fila á dar la 
mano al Presidente; los Ministros extranjeros presencian 
los saludos á la espalda del Prgisidente, y la concurrencia es 
tanta, que se rinde el Presidente de dar la mano, y alguna 
vez han tenido que sostenerle el brazo. 

" Un dependiente de palacio anuncia á las personas no- 
tables que saludan al Presidente. 

" Es costumbre robustecida en los últimos años, que se 
' feliciten las personas que tienen relación, y cumpliendo con 
esa etiqueta, se da menos importancia y aun se disimulan 
las visitas y el envío de tarjetas los dias de natalicios, pas- 
cuas, etc.,*etc. 

" La fiesta de Noche Buena es, como entre nosotros, la 
fiesta del hogar ; se verifican reuniones íntimas y de familia, 
siendo para ellos tan sacramental aguajolote (Torkey), co- 
mo entre nosotros la ensalada de Noche Buena. 

** Al cerrarse las sesiones se redoblan las visitas, pero 



424 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

con menos ceremonia, y gran" parte de la población emigra 
á Nueva-York, donde hacen parada, unos para dirigirse á 
Long Branchy N'ew-Port, Saratoga, Cap May, etc., y los que 
tienen grandes fortunas, emprenden viaje á Europa, donde 
gozan más y gastan menos, porque la vida de los baños es 
en extremo costosa ..." 

Sin sentirlo, con la lectura de las cartas y sus comenta- 
rios, pasamos gran parte del camino, haciendo parada en un 
punto en que se vendían sandías y melones hermosísimos, 
y en que un hombre en una especie de cepillo de carpinte- 
ro, inverso, convertia en polvo la nieve para mezclarlo á las 
frutas, á el agua y al vino. 

La tierra estaba perfectamente cultivada, sin que dejase 
de tener cada campo su cerca de palo, notándose la opulen- 
cia agrícola de aquellas fértij^s comarcas de la Virginia. 

Pasamos por Richmond, capital de la Virginia, población 
que renace de entre sus cenizas y sus ruinas, después de 
los estragos que le causó la última contienda. Cuenta se- 
senta mil habitantes. 

Richmond, situada á la orilla del rio Tames, está en el 
centro de una red de comunicaciones por agua y por vías 
férreas, con todos los Estados del Sur y los más importan- 
tes de la Union. 

La agricultura y la industria manufacturera parecen ha- 
ber establecido competencia para enriquecer á la capital pri- 
vileofiada. 

Exporta tabacos, granos y harina para Europa, y recibe 
esencialmente de la América del Sur, maderas, azúcares, 
■ melaza, cueros, guano, etc. 



GUILLERMO PRIETO 425 



Valúanse sus productos manufactureros en veinte millo- 
nes de pesos, y la sola industria de tabaco rinde siete mi- 
llones. ' 

La ciudad está situada como en fajas de colinas super- 
puestas, en cuyas alturas, conservándose los accidentes to- 
dos del terreno, se han construido las habitaciones entre 
arboledas y jardines, produciendo una vista deliciosa. 

Al pié de la faja de habitaciones corren wagones y car^ 
ruajes, y descendiéndose, está la parte comercial, en la que 
se ven edificios soberbios que, como el Capitolio, tienen re- 
nombre universal. 

Como se sabe, el desenlace de la tremenda guerra del 
Sur se verificó en Pettersburg y en Richmond mismo ; las 
tropas separatistas, antes de abandonar la ciudad, la incen- 
diaron, y la costosa victoria del General Grant se proclamó 
entre ruinas humeantes, el espanto y la desolación. 

Hablóse del Capitolio y del Parque que lo circunda. Se 
hizo mención de una estatua de mármol que está en uno 
de los salones del gran monumento, obra del escultor Hou- 
don, calificándola de obra de mérito. 

Refiriéronse varias curiosidades que se encuentran en el 
Capitolio, como una estufa de los tiempos coloniales, que 
estuvo en la Casa Municipal al servicio de William Burg, 
y un busto de Lafayette. 

También no faltó viajero que hiciese la descripción de la 
estatua ecuestre de Washington, que está frente al Capito- 
lio, rodeada de varias estatuas de bronce de Jefferson, Nel- 
son, Andrieu, Levis y otros héroes. Los americanos tienen 
en mucho la estatua de que hablamos, y autores hay que 
digan que el monumento es de los mejores del mundo. 

Tomo III. 54 



426 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Tres estatuas, una de Clay, otra de Foley y la otra de 
Jackson, completan la decoración de la gran plaza del Capi- 
tolio. 

Entre los templos, que hay muchos, y algunos suntuosos, 
se cuenta el Sant Pauls, donde Jefferson Davis recibió la no- 
ticia de que Lee estaba á punto de abandonar Petters- 
burg. 

Aunque hay en Richmond muchos cementerios, el prin- 
cipal es Houngwod, que es un sitio de especial belleza, ador- 
nado de árboles venerables, prados y flores. En ese cemen- 
terio se guardan los restos del Presidente Monroe, del Ge- 
neral Stuart, comandante de la caballería de Lee, y existen 
los sepulcros de cien confederados, entre los que descuella 
un soberbio monumento. 

Nuestro paso por Richmond, puede decirse que fué á 
vuelo de pájaro ; parece que á todos nos absorbian los re- 
cuerdos de la sangrienta contienda de los tiempos moder- 
nos, que eclipsó, por sus proporciones titánicas, cuanto ha- 
blan cantado los poetas y perpetuado los historiadores en 
el antiguo continente. 

Catanogua, por donde también atravesamos, debe su ce- 
lebridad á la última guerra. Cuando quise fijarme en ella, 
habia pasado el tren como relámpago. 

El tren que nos conduela nos hacia recordar con amar- 
gura las comodidades de los pasados alojamientos ambulan- 
tes ; y de la concurrencia ni se diga, porque me hartó de feo 
hasta la punta de los cabellos. 

En lo más hondo de la noche escribía yo en mi car- 
tera: 
. " La luna está suspendida, opaca y triste, en la cima de la 



GUILLERMO PRIETO 427 



montaña oscura que sobresale en una hilera de eminencias 
silenciosas y lúgubres ; detrás de ese muro, como que aso- 
maban pasajeros relámpagos de miradas terribles, que pare- 
cían de furias acechando nuestro tránsito. 

" Nuestro tren se dirigía al ocaso con su galopar de ace- 
ro, tendiendo un manto de humo espeso bordado de chispas 
refulgentes, que como que formaban enjambres y se desba- 
rataban en líneas fantásticas. 

" Al Sur se tendia vaporosa y apacible una línea lumino- 
sa, que dilataba al infinito el horizonte dulce y melancólica 
sembrado de luceros .... 

•' Ver á los cielos, hacer salir al alma en nuestra mirada, 
para recorrer el infinito, ¡ oh, cuan bello es ! como que flota 
el espíritu, como que halla en ese vago remedo de lo eter- 
no, el testimonio de su inmortalidad sublime!" 

Fuera de estos consuelos realmente poéticos, la noche 
fué infernal; sentía magullado y altamente comprometido 
el forro de mis cuadriles, con las sacudidas del carruaje, en 
aquel asiento de cantería. 

Desvelado, hambriento, molesto, sahumado con la atmós- 
fera que la negrería formaba en nuestro derredor, apenas 
salió la luz como ruborizada de alumbrar tanta fealdad, cuan- 
do yo, como quien empuña la espada del ángel extermina- 
dor, empuñé mi lápiz, y deseando que las letras se hubieran 
convertido en alacranes para picar á mis accidentales com- 
pañeros de viaje, escribí el siguiente bilioso romance: 



428 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

PESADILLA DE DESPIERTO. 

(romance. ) 

Por uno de los castigos 
Que bien merezco por asno ; 
Por no saber esta lengua 
Que quiero aprender d tragos, 
Me introduje en un tugurio 
Con ruedas, y no en el carro 
Que me toca de derecho, 
Porque al cabo el trato es trato. 
Me embutí ; pero es más ciejto 
Que en peso me trasladaron, 
Porque todo el que no espica, 
Es poco menos que trasto. 
Era un calabozo errante, 
Una troj de guzarapos ; 
Eran visiones febriles 
'^ Que á reproducir no alcanzo : 
Cabellos de llamarada, 
Narices como de rábanos, 
Unos bueyes con levita. 
Cojos, tuertos, corcovados ; 
Donde no se ven pellejos. 
Es por que danzan harapos : 
j Qué sombreros, santo cielo ! 
Son cataplasmas, redaños, 
Hojas de col, gesto, pliegue. 
Susto, risa, sueño, espanto ! 
Es la gorra y es la tiara, 
El bonete, el sombrero ancho ; 
Donde no hay un agujero. 
Es porque falta un pedazo ; 
Y la levita, y las botas, 



GUILLERMO PRIETO 429 



Y el andnimo calzado, 
Tina, fuelle, cañón, tubo, 
Bolsa, funda, paca, fardo. . . , 

Y para que llegue al suinimwi 
Este diabólico cuadro, 
Hervían negros y negras ; 
Ellas con gorros y ramos, 
Ellos, como dos almohadas 
De zangalcte por labios, 
Como forrando por fuera 

A otro hombre de por debajo. 
Yo no vi jamás conjunto 
Tan fiero y patibulario. 
Ni con carbón hecho en muro, 
Ni de madera en grabados ; 

Y en esto de las posturas, 
Sed libéranos á malo. 
Uno saca las dos piernas 
Por un postigo con garbo. 
Mientras deja en vacaciones 
Sus faluchc# de calzado ; 
Otro se muda camisa 

Cual si fuese á entrar al baño, 

Y el otro, de no sé dónde. 
Desentierra luengo saco, 

Y se improvisa un banquete 
Sans facón, y andando, andando, 
Lonjas de jamón (de piedra). 
Trozos de pavo (de palo), 
Queques que quiebran los dientes, 

Y de cebolla pedazos, 

Y por plus café, un ladrillo 
De pestilente tabaco ; 

Y así, con otro belitre 



43Ó VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

De aire crudo y de hablar raro, 
Hablan de Tilden y de Hayes, 
Porque ambos están pensando, 
El uno en una vía férrea 
Por el centro del Océano, 
El otro en cierto menjurje 
Que tiene ya patentado, 
Que en cuanto lo come un perro 
Va resultando marrano ; 

Y todo esto entre las nubes 
De humo espeso del tabaco, 
Entre los negros y negras 
Que se hacen mil agasajos. 
Plagiando, según infiero, 

Las caricias de los diablos 

Pues bien, de todo este embrollo 

Y de todo este ganado. 
Van á resultar familias 
Felices .... que esos milagros. 
En esta tierra realizan 

La Libertad y 9í Trabajo. 



Fidel. 



¿Quién lo creerá? Me ha puesto de excelente humor la 
intempestiva presencia de unos girasoles, unas violetas y 
otras flores de mi antiguo conocimiento, cortejando y enga- 
lanando hermosísimas milpas. ¿Cómo andamos ahí, caba- 
lleros girasoles? ¿han tenido vdes. noticias de nuestra tier- 
ra? Supongo que vdes. están aquí de paso. ... ¿y vdes., 
señoras mazorcas, qué tienen que hacer tan distantes 

De la tierra del atole 
* De la tortilla y del tamal .'' 



GUILLERMO PRIETO 43 1 



¿ Por qué vienen á estas tierras 
De trinquis for ti s y tobac? 

En efecto, las sementeras, las aguas cristalinas corriendo 
entre los surcos de las milpas, el aire tibio y sensual-, las 
hermosas lomas y los blancos caseríos, me hacían la ilusión 
de que un pedazo del cielo de mi patria me cobijaba. 

Los pocos de cara despercudida que nos encontrábamos 
en el incómodo tren, fraternizamos en un decir "Jesús," y 
en español, en inglés, en francés y en italiano, soltamos la sin- 
hueso, entendiéndonos á medias y sacando una que oíra he- 
bra de buena inteligeneia entre aquellas marañas de palabras. 

Por supuesto, el tema favorito de la conversación fueron 
las rarezas de los yankees ; tema rutinero, es cierto, pero 
que se desea explotar para formar repertorios de noveda- 
des ; y así como hay viajeros que yendo á España ansian 
por encontrar quien los salude en son de bolero y al repi- 
que de las castañuelas, y viajeros que yendo á México se 
desencantan de no hallarnos con el carcax al hombro y el 
arco en la mano, así queremos á fuerza que el yankee sea 
todo extravagancias, y cuando nos lo encontramos hom- 
bre como todos, nos pelamos las barbas de coraje. 
I Cierto es que el wagg ó gracioso, lo propio que el origi- 
nal ó excéntrico, tienen su boga y su prestigio ; pero es cier- 
to también que muchos payasean el papel y son impertinen- 
tes y groseros. 

Yo contaba, refiriéndome á algunas singularidades que 
había visto, que en mi primer viaje á Orleans, navegaba en 
el magnífico vapor "John Steefens, " en que hacían su tra- 
vesía multitud de viajeros, algunos de ellos de regreso de 
California, donde habían improvisado sus fortunas. 



432 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS ^ 

Entre esos viajeros había uno grueso, cargado de espal- 
das, y de pelo rubio y entrecano, fumaba sin cesar, y donde 
quiera se abria de piernas, se tendía en banca ó silla, dete- 
niéndose, mejor dicho, colgándose de la nuca con desver- 
gonzado abandono. 

No sé con qué motivo, alguien le preguntó de dónde ve- 
nia y adonde se dirigía, con ese desplante que tienen para 
hacer preguntas los yankees mal educados. 

— Vengo de California, donde fui por un dinerito ; voy á 
Durango á ver una muchacha que quiero mucho, y me caso 
con ella 

No atino por qué, respuesta tan sencilla despertó la cu- 
riosidad, y á poco se le presentó otro viajero y le dijo : 
, — ¿ Vd. va á Durango? 

. — ^.Sí, señor, vengo de California, donde fui á recoger un 
dinero, y voy á Durango á ver una muchacha que quiero 
mucho, y me caso con ella .... 

No habia concluido su relación el viajero, cuando llegó 
otro curioso y le interpeló : 

— ¿ Va vd. á casarse á Durango ? 

— Sí, señor, contestó el yankee, vengo de California, don- 
de fui á recoger un dinerito, y voy .... 

Aquí llegó otro personaje. 

— ¿Vd. es el que viene de California? 

Entonces el interrogado viajero les dijo : 

— Esperen vdes. un momento. 

Entró en su cuarto y volvió después de un rato con un 
cuarto de papel blanco pegado en el sombrero. El papel 
decía : " Vengo de California, donde fui á recoger un dine- 
rito, etc., etc." 



GUILLERMO PRIETO 433 



Fija SU noticia en su sombrero como en un poste ; se pu- 
so á leer su periódico, dejando que yentes y vinientes se 
fijaran en lo que decia el papel de su sombrero, sin dársele 
un ardite de lo que dijeran los lectores celebrando la ocur- 
rencia. 

— Pues ahora, dijo otro compañero de viaje, contaré á 
vdes. un rasgo de un yankee expedito, que merece figurar 
en esa colección. 

Me encontraba en una barbería del Kentuky, cuando lle- 
nando la pieza, hundiendo el suelo y haciendo gemir el 
asiento que ocupó, se me puso al fi-ente un personaje que 
era un cetáceo de carne humana, con un envoltorio estu- 
pendo bajo el brazo, envuelto en esas sábanas impresas que 
son sus periódicos. 

El hombre del Kentuky depositó su carga en el suelo y 
pidió que le desmontasen cabello y barba. 

Cumplió el barbero con su deber, dándole una tunda tre- 
menda con navajas, cepillos, escarmenadores y uñas rajan- 
tes como las del tigre 

Concluida la operación quiriWgica del aseo, se inclinó el 
atleta sobre un lavabo, y con un jabón arenisco como de 
piedra pómez, se dio una raspada, que equivalió para mí á 
la sensualidad de desollarse vivo. 

Después se introdujo como furtivamente tras la armazón 
de la barbería. 

La facha del hombre aquel me pareció repugnante; pero 
su desbarajuste, sus harapos, su mugre, sus botas despeda- 
zadas, lo hacian insoportable .... Sin embargo, seguía sus 
movimientos con curiosidad. 

De repente, de por el lugar donde el rinoceronte aquel 

Tomo III. 55 



434 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

había desaparecido, salió un caballero perfectamente vestido, 
airoso,- de fieltro flamante, de calzado lustroso .... me pa- 
reció un banquero .... Era el mismo personaje del Kentu- 
ky, que habia hecho su trasformacion de pié y como quien 
se baña, dejando su equipo, ó como quien dice, su piel an- 
tigua, para que la tiraran á la basura ..'.... 

Reímos del desenfado del de Kentuky, y un españolito 
de la primera tijera con el pelo de la dehesa, nos dijo: 
■ — Pues á mí, fresquecito me acaba de acontecer un per- 
cance que me dijeron que era de un cliistoso, y que me tos- 
tó la sangre. 

Era un dia de Norte ; la gente tiritaba, yo no tenia mal- 
dito el frío y por otra parte, estaba desprevenido con- 
tra aquel malhumor del cielo. 

Así es que no fué obstáculo para que saliese á la calle, mi 
pantalón de lienzo y todo mi equipo de verano. 

El lance fué en Orleans, y el teatro representa una casa 
en que se venden Ostras, frente á la Levé. 

Me azotaba la cara el cierzo : para refocilarme, resolví 
echar un buen trasfo sobre una docena de ostiones. Diri- 
gime á la casa susodicha; tras de la puerta estaba un vieje- 
cillo en cuatro dobleces, con más envolturas que regalo de • 
novia. 

Pedí en el mostrador las ostras y el Jerez, sin cuidarme . 
del avechucho aquel de detrás de la puerta ; pero éste me ; 
llamó, y después de dar dos ó tres fumadas á su pipa, me di- \ 
jo con voz agridulce llena de malicia: ^ 

^— Ese pantalona está perdido por hoy .... i 

Un tanto molesto, pero no queriendo ser descortés, le i 
repliqué : 4 



GUILLERMO PRIETO 435 



— Es cierto ; pero salí con precipitación .... 

Me volví al mostrador, tomé un plato y dije al viejo : 

— ¿Vd. gusta? 

— Gracias, gracias .... aunque diré á vd. que ese pantá- 
lona está perdido por hoy .... 

— ^Pues vea vd., á mí no me importa. ni.{ nu 

— Justamente .... dijo el viejo. vifrtiDon 

Tomé mis ostras, bebí mi trago. 

El viejo se puso en pié y me-dijo : 

— Siempre me permito, señor, decir á vd. que ese panta- 
lona está perdido por hoy .... 

— Pues yo usaré el pantalón que se me dé la gana, está 
vd., y á vd. no le va ni le viene meterse en mis negocios ; 
y si no fuera vd. viejo, le corregirla por imprudente. 

— Tal vez lo merecerla .... añadió el moscón aquel ; pe- 
ro diré á vd. en mi conciencia, que ese pantalona está per- 
dido por hoy .... 

Yo estaba al saltarle al cuello al viejo ridículo .... los 
dependientes de la casa reian. . . uno de ellos me dijo "que 
aquel era un caballero excelente ; que usaba aquellas bro- 
mitas precisamente con las personas que le simpatizaban; 
que era un excéntrico . . . . " En efecto, me brindó con una 
copa, y me encontré con el hombre más amable, y á quien 
quise mucho .... pero me dio un tabardillo. 

Los dichos agudos que se citan de los americanos, tienen 
un carácter peculiar. 

— No irriten vdes. á la Francia, decia un compatriota de 
Víctor Hugo, porque cada francés vale por \xt.s yankees. 

— Bien, bien, decia con flema el hijo de Guillermo Pen, 
ya les pondremos cuatro yankees. 



436 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— ¿ Por qué usan muchos de vdes. una sola espuela cuan- 
do montan á caballo ? 

— Porque el otro medio caballo nunca se queda atrás, res- 
pondió el yankee. 

— Pondré á la vista de vdes., interrumpí yo, el retrato de 
un yankee de mi particular estimación. Es uno de mis co- 
nocimientos más cariñosos de Nueva-York : 

UN YANKEE. 



Tengo un amigo : no entiende 
Palabra de castellano, 
Y cuando me da la mano 
Parece que no comprende. 



Yo nada pesco de inglés; 
Pero si al paso le encuentro, 
Hallóme como en mi centro 
Y á todo le digo : j/es. 



En frecuente ir y venir, 
Con él placentero vago, 
Y es mi encuentro un solo trago 
De espumoso Laguebir. 



Ayer, después de una espera, 
Lo percibí, y muy formal 
Se montó en el barandal 
Y así bajó la escalera, 



GUILLERMO PRIETO 43/ 



Dizque por verme de prisa 
Porque iba en el quinto piso : 
Yo le contemplé indeciso 
Entre el espanto y la risa. 



Cruzábamos como hormigas 
De gente entre un pelotón: 
El me alzó .... y á un carretón 
Me colocó entre unas vigas. 



Iba, lo juro, en un ¡ ay ! 
El, satisfecho y contento, 
Miraba mi aturdimiento 
Y exclamaba alegre: ¡juay! 



Parece el yankee hombre fino, 
Cadena y anillos de oro, 
En sus modales decoro, 
No procaz, no libertino. 



Fuimos, tomamos cerveza ; 
Pero ¡ oh desgracia y oh chasco ! 
El cielo soltó un chubasco 
De chupete, de grandeza. 



Era nuestra calle un rio ; 
El sacó tres ocasiones 
El reloj, de ocupaciones 
Indicio : también vio el mió. 



438 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Me hizo seña de salir, 
Me atranqué. . . . me dio la mano, 
Y muy fresco y muy ufano 
Se alistó solo á partir. 



Y sin el menor recelo, 
De levita, bien plantado. 
Se quitó media y calzado, 
Quedó con el pié en el suelo. 



Mirarlo me calosfrió, 
El me contempló riendo. 
Alegre al partir diciendo: 
No difference .... y corrió. 

En estas pláticas llegamos á Menphis, capital del Missis- 
sippí, donde descansamos hasta las cinco y media de la 
tarde. 

La estación es un jacalón á la rústica ; tiene adherido, co- 
mo un lobanillo, un cuartito con las pretensiones de restau- 
rante y obsequia al viajero á su entrada, un tendajo con su 
aparador con botes de conservas y pikles, licores, queqties y 
carnes frías. ' 

Calles en iniciativa por aquí, tablazones por allá, grandes 
edificios con cristales, aceras intermitentes, duda sobre si se 
trata de una población que espicha entre tablones y escom- 
bros, ó una sociedad que nace de entre "el lodo y la yerba. 
Por supuesto que negrea de habitantes la población. 

A la salida del tren admiramos campos hermosos, hori- 
zontes risueños, fincas rústicas y ganados. 



GUILLERMO PRIETO 439 



Menphls toma creces momento á momento : el tráfico, 
que alimentan Galveston y Texas, lo desarrolla poderosa la 
comunicación con el Palestine Longvieu Troup; y colonias, 
en que palpita enérgico el trabajo y se desarrolla el comer- 
cio, hacen que Menphis proceda como á saltos y por impro- 
visaciones, á su engrandecimiento. 

Sobre todo, la nueva y poderosa empresa del ferrocarril del 
Pacífico (Souten Pacifique), llevará al Oeste las comunica- 
ciones, en tres dias menos que el actual ferrocarril que he- 
mos recorrido. 

Las nieves no paralizarán la nueva vía, produciendo gran- 
des ahorros y haciendo regular el. tráfico ; los intereses agrí- 
colas cobrarán creces invencibles, y los Estados del [Norte 
sufrirán una crisis de incalculables consecuencias. Triunfará 
entonces la libertad mercantil, tomará otras fases el contra- 
bando .... y nosotros .... nosotros .... arrogantes con el 
proteccionismo, compraremos unas chalupas para poner mu- 
rallas á nuestros mares, y salvar los intereses de nuestras in- 
dustrias protegidas por el Gobierno. 

Apenas sallamos de Menphis, cuando como que nos sa- 
lió al paso de entre las chozas y las milpas, el Mississippí, 
con toda su magnificencia. 

Como corcel impetuoso que sorprendido por la presencia 
del torrente, echa hacia atrás el cuerpo, estriba en las tiran- 
tes patas, resopla asustado y queda trémulo sin avanzar .... 
así, como dotado de instinto y de vida, quedó el tren .... 
La vía férrea se abrió y desarticuló en secciones. ... un bu- 
que que se hallaba á la orilla, se acercó como gente á ten- 
der su mano .... y pasar en sus hombros el tren. 

El buque tenia sus rieles, que ajustaron perfectamente, por 



m 



440 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

una serie de operaciones rapidísimas, á la vía de tierra : la 
locomotora enmudeció, después de rezongar con extrañeza, 
á la vista de aquel embarque extraordinario .... Estábamos 
embarcados con todo y wagones, y navegamos cortando de 
lo lindo las aguas del rio . . . . 

El jefe de aquellas maniobras, aunque lleno de tizne, con 
sus manos callosas y su mandil, parecía un hombre educa- 
do, conocía el español y lo designaban como ingeniero y 
mecánico muy hábil .... 

No sé cómo tuvo conocimiento de mi insignificante per- 
sona, de mis coplas y de mi admiración á Mr. Bryant. Yo 
habia seguido con admiración sus movimientos, por su des- 
treza y atrevimiento. ¿ Quién habia de creer que aquel jo- 
ven era un literato con pasión por los autógrafos, como otros 
muchos? Cuando estábamos del otro lado del rio, y yo 
materialmente absorto de la temeridad de nuestra travesía, 
se acercó el joven por uno de los postigos del coche y me 
dijo, sin más cincunloquios: 

— ¿ Vd. quiere ponerme en esta cartera su firma, Sr. Prie- 
to, mexicano . . . . ? 

— Con mucho gusto, respondí. ... y no solo mi firma, si- 
no una cuartetilla que se me escurrió, sin sentirlo, de la 
punta del lápiz. 

Me dijo no sé qué cumplimientos con tan tierna expre- 
sión, que yo le pedí escribiese en mi (carnet), librito de 
apuntaciones, su nombre, y él, con unas letrotas como nue- 
ces, puso : 

Julio 30 de 1878. 

Querido de Prieto. 

H. B. NuTT. 



GUILLERMO PRIETO 44I 



En Litl Roch, conjunción de los caminos del Norte y el 
Oeste, cambiamos carruaje para continuar á San Antonio. 

El nuevo wagón contenia viajeros de todas partes del 
mundo, que iban en calidad de colonos á Texas. 

Era como el residuo, como los harapos humanos de todo 
el globo ; eran los Cuasimodos de toda$ las naciones, como 
reo-ados sobre el fondo neg-ro de la raza africana. 

La marcha del tren era lenta, el camino fangoso, la luz 
del interior del wagón amarilla y enferma, la atmósfera es- 
pesa y pestilente. 

Para que no nos faltara ningún disgusto que sufrir, como 
ataques de estornudos intempestivos, como invasiones ner- 
viosas, yo no sé con qué motivo acometieron accesos de ri- 
sa y alegría, á negros, negras y negritos, circularon de boca 
á boca botellaís, reventando de wiskey, desenvainaron de no 
sé dónde unas guitarras los hijos de la tiniebla, sonaron los 
palillos, que repican como castañuelas, y aquello fué fan- 
dango. 

Francisco, de un salto, se puso fuera del wagón, y se co- . 
locó en la plataforma, echando chispas; otros tres viajeros 
lo seguimos, resueltos á pasar la noche á la intemperie, an- 
tes que estar en aquel infierno. 

Entre los viajeros que nos seguian había un hombre ves- 
tido de cuero, bruscos movimientos, aunque se conocía que 
eran afectados, y callosas manos; pero su fisonomía formaba 
contraste. 

Era un hombre de semblante apiñonado, un tanto pálido 
y de ojos negros; el cabello descuidado, pero finísimo; la 
boca con el labio superior algo levantado, y la barba y el 
cuello de persona de alta distinción: desde que entramos al 

Tomo III. 56 



442 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

wagón, Enrique, á quien discretamente llamaremos así, nos 
colmó de atenciones, hizo que sus criados nos sirviesen y se 
captó nuestra voluntad. 

Pregúntele si era español ; me dijo que era mexicano ; y 
en efecto, le era conocida no solo nuestra historia, sino pe- 
culiaridades de colegio, que convirtieron casi en íntimas 
nuestras nacientes relaciones. 

Por su parte, para Enrique el nuevo conocimiento se ad- 
vertía que le era muy grato; pero cuando Francisco y yo ha-?> 
biabamos de nuestras familias, se le veia hondamente afee-; 
tado, y aun me pareció ver alguna vez que con disimulo en- 
jugaba una furtiva lágrima. > 

, En el grupo que formábamos los cuatro prófugos de la 
orgía, no daba luz alguna ; sospechábamos movimientos y 
fisonomías, la noche era oscurísima, el carruaje marchaba 
lentamente; era un paseo en la barca Carón, porque nos des- 
lizábamos como sombras. 

Alguno me dijo: 
^ — Aunque sea un cuento, cuéntenos vd., Fid'el; ya este 
es mucho fastidio. 

— A tí te toca, Francisco, que eres el que menos hablas : 
haz ahora el gasto. 

— Enrique, Enrique que es el más joven, tiene obligación 
de entretener á los viejos, dijeron los otros. 

— Allá voy, dijo Enrique. Voy á contar á vdes. la histo- 
ria de Fernando Verjeles, historia que me trajo por estos 
mundos, como por incidencia, /í7r tabla, como dicen los ju- 
gadores de billar de nuestra tierra. 

Ya advertirán los lectores que aunque Enrique supuso 
el nombre de Fernando, él realmente era el héroe de la 



GUILLERMO PRIETO 443 



"novelita que voy á referir, aunque sin la naturalidad y la 
gracia que lo hizo Enrique, y sin el atractivo que le comu- 
nicaron las circunstancias particulares en que me encontraba. 

Enrique, después de anunciar su cuento, quedó con la 
cabeza inclinada. Acaso dudaba hacernos su confidencia; 
pero, como supe después, superó en él la idea de vindicarse 
de la nota de bandido ó de traidor. Tan absorbido estaba 
en su meditación, que fué necesario que le dijéramos : 

— Estamos esperando el cuento. 

Volvió en sí como*quien despierta, y habló como sigue i 

— Era de por estas tierras Fernando, pobre como Aman 
y entusiasta y ambicioso de gloria como César ó coma 
Goethe. 

Una madre anciana, una camisa sin parentesco con otra 
alguna, y un firmamento de esperanzas en el cielo de su 
alma, hé ahí su patrimonio. 

En medio de tan escasa fortuna, su alma estaba dotada 
de la alegría, luz intensa, flor de ricas esencias que perfuma 
todos los caminos y corona de encantos la frente misma de 
la adversidad. 

. No sé qué traza se dio Fernando que resultó en México, 
como llovido del cielo, con £u tierna madre á quien idola- 
traba, y se estableció en una casuquita interior en la calle 
de las Gallas, sin otro amparo que el del mismo cielo. 

Un banco de cama tartamudo de pies, una mesa de palo 
blanco con una espina dorsal en el centro, que le quitaba 
toda utilidad, cinco trastos para guisos y servicio de mesa,> 
una silla desfondada, pero conservando gravedosa su figu- 
ra, y otra que mantenía al ocupante en cuclillas, hé ahí el 
ajuar de la casita de Fernando. 



444 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

No obstante, con el brío y la entereza de que estaba do- 
tado, entróse de capense en Letran, captóse la voluntad de 
Lacunza, y á poco el Dr. Arrillaga, capellán de Santa Brígi- 
da, le abrió de par en par las puertas de su confianza, y ca- 
ten vdes. á mi capense con seis reales diarios, por escribir 
sermones y polémicas teológicas. 

Doña Pepita, santa y nobilísima mamá de Fernando, tu- 
vo su criada, apareció deslumbrante un espejillo en la des- 
nuda pared de la sala, hasta media docena de sillas de tule 
• •• 1... .*• 

iniciaron el ajuar, sintióse en la cocina calor y en la horni- 
lla la alegre algarabía de las frituras. 

Fernando trabajaba sin cesar, estudiaba, escribía, pronun- 
ciaba discursos y hacia unas coplas tales, que era el Cam- 
poamor de todas las costureras de modista, y el Zorrilla de 
todos los amantes de tres al cuarto y escasa fortuna. 

Patio no lo había en la casa, las piezas se encerraban en 
dos ; no quedaba más campo á la inspiración que la azotea, 
y la azotea fué el templo del ingenio y el pedestal de las 
soñadas glorías de Fernando. 

Su hablar recio, sus aspavientos frente al sol poniente, 
sus apostrofes apasionados á los horizontes y á las monta- 
fías, dieron cierta celebridad al poeta, con recamareras, co- 
cineras, y niñas entregadas á la costura, frente á exiguas 
ventanillas que les regatean hasta pedazos de cielo. 

Capotin destrozado y lleno de chorreones, sombrero in- 
dependiente de toda línea y conformación regular, calzado 
en desavenencia eterna con el pié, corbata buscando una 
tangente sobre el hombro, escondiendo uno de sus extre- 
mos como víbora en la abierta camisa, alborotado sobre la 
frente el rubio cabello, cubriendo casi los vidrios de sus an- 



GUILLERMO PRIETO 445 



teojos, pero alegre, u ano, decidor y atrevido, he ahí á Fer- 
nando en sus paseos sobre las alturas, como ave torpe que 
sube á la cima del árbol, ensaya sus alas y las recoge triste 
desconfiando de su fuerza. 

Paseando la azotea y espiando hacia ab^jo, ya por aquí, 

ya por allá le llamó la atención en el centro de una azo- 

tehuelita reducida, un joven vestido con cierta compostura, 
aunque muy pobremente. 

Era levantado sobre la frente su rubio cabello, lleno de 
carrillos y gruesa papada, boca grande, pero con dentadura 
blanquísima, y unos ojos que tenían el reflejo del topa- 
cio. 

Nada le pareció más perfecto que sus mapos de alabas- 
tro, tan bien hechas y aristocráticas, que parecían haber si- 
do modeladas para las caricias. 

Estaba el joven sentado en una sillita baja, de las que lla- 
man de costura las señoras de nuestra tierra, y tenia en sus 
rodillas una de esas tablas que hacen una curva en uno de 
sus lados, de las que se servían en aquella época los sastres 
infelices para sus cortes y arreglos. 

Sobre la tabla habia un lienzo ; parecía trazar con una uña 
de jabón unos pantalones. 

A la derecha del incógnito joven, en otra sillita pequeña, 
había abiertos unos libros, y una tira de papel con un lápiz 
descansando sobre ella. 

El joven trazaba su pantalón, tarareando no'recuerdo qué; 
pero de repente apartaba los toscos lienzos y se entregaba 
á profundas meditaciones sobre su libro, haciendo apunta- 
ciones. 

Yo (digo, Fernando), tras el pretil de la azotea, todo lo 



446 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

veía, y veia, como entrada á la casa, una pequeña pieza que 
era la cocina, donde no habia percibido gente. . . . 

De repente el sastre-literato gritó : "\ Leonor!" y formán- 
dole marco la entrada á la cocina, vid Fernando una mujer 
de rara hermosura, que tal vez por lo inesperada le des- 
lumbró. 

Era la joven delgada, pálida, augusta en su porte y en su 
inocente majestad. 

Bajo su cabello negro se veia su semblante de alabastro, 
como bajo una nube un horizonte luminoso ; sus grandes 
-ojos negros resplandecían coronados por sus largas pesta- 
ñas, que sombreaban la parte inferior de sus ojos ; su nariz, 
de delicadeza griega, llevaba la vista á sus labios, que se 
habrían podido cerrar con el pétalo de un clavel, y su bar- 
ba y su torneado cuello, como que abandonaban la pro- 
vocación al encanto, para glorificar aquella hermosura an- 
gélica. 

Vestia Leonor humildísima muselina azul ; pero el trage, 
tan limpio y bien tallado, que parecía orgulloso de estar 
al servicio de semejante dueño. 

Formaba contraste con el primer aspecto de la hermosu- 
ra severa, el regocijo, la gracia realmente infantil con que 
se acercó juguetona al joven rubio .... tomó de sus manos 
el proyecto de pantalón, se sentó á su lado y comenzaron 
su trabajo ; la una cosia, el otro estudiaba, y se interrumpían 
y cantaban en el colmo de la felicidad. 

Unas veces suspendía su trabajo la niña, para tomar la 
lección al hermano ; otras el hermano daba su voto acerca 
de los pantalones, siempre riendo y como el cuchichear de 
•dos alegres golondrinas. 



GUILLERMO PRIETO 447 



Fernando estaba endiosado, _no quería abandonar aquel 
espectáculo ; el sol recogía en Occidente sus últimos rayos, 
y en la pared de la azotehuela se dibujaba perfectamente el 
busto del intruso espectador .... 

El joven literato lo advirtió y sílzó la cara : víó á Fernán- 
do y le dio las buenas tardes, sin abandonar su alegría. 

—¿ Qué hace vd. por ahí, amigo ? 

— Este es mi salón de estudio .... un poquito más gran- 
de y mejor ventilado que el de vdes. Este es un taller al 
aire libre, con mejores vistas .... 

— Pero de muy difícil subida, dijo Leonor. 

— Diré á vd., señorita, las subidas son relativas á la altu- 
ra de las azoteas. 

— De todos modos, á mí no me podría acompañar Leo- 
nor. ... y me hace falta. ... ya vd. lo ve. 

— En cambio, yo puedo deshacer mis pantalones bajando, 
con minos trabajo que los que vdes. hacen, según veo. . . . 

— ¿ No gusta vd. de pasar ? le dijo el joven á Fer- 
nando. 

— De muy buena gana lo haría, respondió éste ; pero vd. 
ve que no puedo hacerlo, sin comprometer la integridad de 
mi territorio. 

— ¡Eh! ahora, con el cloroformo, nada importa romperse 
una pierna. 

— Vd. lo dice porque teniendo una sola pierna los pan- 
talones, trabajaría menos Leonor. 

— Baje vd., decía ésta; traigo una mesa, sobre la mesa se 
pone una silla ; así se alcanza á la azotea del palomar, y á 
ella se baja con un salto pequeño. 

— Señorita, el salto de Alvarado fué á lo ancho síquíe- 



448 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ra . . . . si he de llegar á v^. por el camino de los héroes, 
avíseme con tiempo. 

Hablando, hablando, trajo el letrado la mesa, se colocó 
la silla, me armé de resolución, (se armó Fernando de re- 
solución), y después de tres maromas, estrechaba la mano 
de los nuevos amigos. 

No sé ni podría recordar todo lo que hablaron ; pero to- 
do era oportuno, risueño, caía en gracia, se celebraba con 
entusiasmo, aunque -fueran tema de los epigramas los des- 
denes de la fortuna, que realmente trataba de perros á los 
tres actores de este drama. 

— Pase vd., amigo: ¿cómo se llama vd.? 

— Fernando, para servir á vd. 

— Pase vd., y le hablará á mamá. 

Atravesaron la cocinita y dos piececitas que servían de 
toda clase de departamentos de una habitación, y en una 
de esas piezas estaba una viejecita limpia, afable y de dulcí- 
sima vozj'que me felicitó (á Fernando), por el conocimien- 
to que habia hecho con sus hijos. 

Entonces fué el relato de las historias : ya vdes. saben la 
de Fernando ; la de Miguel y Leonor era muy sencilla. Hi- 
jos de un opulento negociante, dejó parte de su fortuna pa- 
ra obras piadosas ; los abogados de los conventos á quienes 
habia hecho el negociante legados, emprendieron pleito 
para quedarse cada quien con la mayor parte del caudal. 
En esto se destruyó la fortuna : la familia vivia á expensas 
de un bienhechor generoso y desinteresado, hermano de la 
mamá de los jóvenes, y éstos, estudiando el uno para abo- 
gado, y los -dos cosiendo munición, atendían á las necesida- 
des de la casa. 




GOiaiCIONES DE LA SÜSOIICIOM. 



Seiüanariaiiiente se publicará una entrega de elegan- 
te impresión en 4"^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL T CUARTILLA eu los Estados. . 

Se reciben la's suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1* de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa j todos los señores administradores de correos. 

e/. J)f. A^zí¿7ar jy Orliz, 

Administrador. 



VIAJE 



Á LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(OTJJI.I.ERMO PRIETO» 



(1877) 



J^ntreqa JSúm, 6/. 



MÉXICO. 
íimi>í enlM víel Comercio, de Dublan y CNa.av«B!, 

• ILLI DE COBDOBIMBS RCH. S. 

---r'ir~'"''"=~"~'''"'-"'-'- ' 't ■ ■ -■' -T-^— — i— 



«!. 



vni Mil por 



*! ■: 



GUILLERMO PRIETO " 449 



El trabajo, la virtud y la conformidad con la mala suerte, 
hacian la riqueza de aquella familia venerable y encanta^ 
dora .... 

Miguel, que hemos dicho era el nombre del futuro abo- 
gado, quiso á Fernando con- pasión desde que lo vio. 

— Merienda vd. con nosotros, muy pobremente, le dijo. 

— No muy pobremente, dijo Leonor; yo prepararé un 
banquete de manteles largos. 

— Me van vdes. á hacer mal : á mí me tiene á dieta ri- 
gurosa el Dr. Arrillaga. 

— Ya verá vd., yo soy una notabilidad de brasero. 

— Yo en ese ramo, he aprendido á soplar ; desbarato en 
cada fagina un aventador. 

— Queden vdes. platicando, dijo Leonor, que yo voy á 
disponer la merienda .... y desapareció. 

A poco de salir Leonor de la pieza, escuchó Fernando 
desusado tragin en la cocina ; entraba y salia la mocita, y se 
escuchaban esos rumores que acompañan á los guisos y 
forman un lenguaje que comprende regocijado el estó- 
mago. 

Poco tiempo duró la espectativa : llamólos la voz musical 
de Leonor á merendar, y no asistió á la mesa la señora por 
sus enfermedades. 

La mesa albeando, la iluminación a giorno, porque habia 
dos velas, la sal remolida, unas florecitas en una copa, fun- 
giendo de ramo, todo revelaba mujerío completo, esmero 
delicado, y Leonor no cabia en sí de contento. 

El festín verdadero estaba en las almas, los manjares eran 
pobrísimos; pero, ¡qué sazón! y cuántas atenciones de los 
muchachos á Fernando; se acogía cualquiera ocurrencia 

Tomo III. 57 



450 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

con placer, se reia y habia sus palmadas, como en estrepi- 
tosa francachela. 

Lo singular de este cuento es que Fernando, no obstante 
desmorecerse por las hijas de Eva, y no obstante que Leo- 
nor era un verdadero prodigio de hermosura, no le dirigió 
palabra ni mirada que pudiera tener interpretación amoro- 
sa ; era una franca é inocente simpatía, una explosión de 
afectos puros, alegres, incontenibles ; eran las auras de la 
juventud, abriendo las almas y embalsamando los aires. 

Miguel penetraba en el espíritu de Fernando, y se enor- 
gullecía de aquella relación. 

Modas, bailes, anécdotas risueñas, versos sentidos, caye- 
ron como lluvia de perlas en el festín, y al despedirse los 
muchachos, Fernando ofreció su habitación en la misma ca- 
sa, cOn la más exquisita finura. 

Al salir Fernando deslumhrado del convite, se felicitó 
de no haber hecho una de las suyas ; esto es, de no haber 
insinuado afecto alguno á Leonor, que tanto respeto me- 
recía. 

Cumplía como caballero Fernando, puesto que estaba 
formalmente comprometido para casarse con Julia, su pri- 
mer amor, la señora de su alma, el ángel inspirador de los 
primeros cantos de su lira. 

Pero nada de esto obstaba para que Leonor fuese divina. 

En estas circunstancias, la señora mamá de Fernando fué 
atacada de una angina de pecho; enfermedad cruelísima que 
puso desde su primer anuncio en peligro su existencia, con- 
vírtiendo en horrible la situación de Fernando. 

Salía la primera noche en busca del médico, sin saber 
qué hacer ni tener con qué pagarle, cuando se le unió Mi- 



GUILLERMO PRIETO 45 I 



guel, le llevó con un médico amigo, y volvieron con él á la 
•casa. ^ 

Leonor, entre tanto, había provisto á las necesidades de 
la casa ; la señora mamá de Fernando estaba en su lecho, 
la vela encendida y todo á punto de emprenderse la cura- 
ción. 

Calificóse el caso de gravísimo, se aplicaron á la enferma 
sinapismos, se recurrió al éter, se recetó cáustico, y todo 
apareció allí como por encanto. 

Fernando tenia que concurrir á su colegio, no podia aban- 
donar al padre, que era su recurso único de subsistencia, las 
noches las pasaba á la cabecera de la enferma, ó tirado á sus 
pies como un lebrel, atado con una faja á su brazo, para que 
le llamase su madre cuando sintiese el acceso del horrible 
mal que la privaba del sentido, y que cuando pasaba, deja- 
ba trastornada su razón. 

Iba Fernando á sus quehaceres dejando al arbitrio de 
una criadita de doce á trece años, la preciosa vida de su 
madre. 

Cuando volvia Fernando á la casa, la hallaba perfectamen- 
te aseada ; Leonor habia guisado, barrido, curado á la en- 
ferma, consoládola de sus penas, siendo el ángel bueno, el 
aroma y la luz de aquella mansión de dolor y miseria .... 

Y mientras tanta diligencia y cuidado tenia Leonor, evi- 
taba ver á Fernando, espiaba sus pasos, se valia de subter- 
fugios para que no le humillasen sus favores, y tenia delica- 
dezas de las que revelan una alma sublime y generosa. 

Mientras estas atenciones se hacían más sensibles, más 
respetuoso era Fernando con su bienhechora, á quien pro- 
fesaba apasionada gratitud. 



452 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Miguel se recibió de abogado, y á poco de recibido, ob- 
tuvo un destino en Mazatlan, dejándome (dejando á Fer- 
nando), al cuidado de la casa, aunque, como se ha dicho, 
era su sostén un tío de la señora mamá de Miguel. Fer- 
nando varió de habitación y de fortuna no sé por qué acci- 
dentes. 

Una noche, á deshora, pasando frente á la Profesa, atra- 
vesaron dos señoras junto á Fernando, con rara precipita- 
ción : una de ellas, anciana, iba sofocándose : siguiólas Fer- 
nando, y aquellas voces sonaban anegadas en llanto .... 

— I Leonor! gritó mi amigo al reconocer á la joven : ¿dón- 
de van vdes.? 

— Mi tio acaba de morir, contestó Leonor, vamos á su 
casa, calle de- Capuchinas. ¡Dios nos ha traido á vd.! 

Siguieron su camino en silencio ; la señora iba sollozan- 
do ... . entraron en una gran casa .... Fernando suplicó al 
portero que avisase á la señora su madre que no le espe- 
rase. 

La sala á que penetraron estaba desierta ; en el centro 
habia un lecho, entre cuatro robustos hachones de cera. En 
el lecho estaba el cadáver, con su hábito de San Francisco, 
sus manos cruzadas sobre el pecho .... y su silencio horri- 
ble sobre las rígidas facciones. 

La señora madre de Leonor oraba de rodillas á corta dis- 
tancia del cadáver. 

Fernando y Leonor se colocaron, buscando fresco, en el 
balcón. La niña infeliz lloraba sin consuelo .... Fernando 
guardaba profundo silencio. 

En la acera de la habitación en que pasaba esta escena, 
caia la sombra, y se reflejaba la intensa luz de los cirios en 



GUILLERMO PRIETO 453 



la pared de enfrente ; sobre las azoteas que se veían desde 
el balcón brillaba la luna, y al Sur culebreaban fugaces re- 
lámpagos sobre las montañas. 

4 La situación no se podia prolongar .... comenzó Fernan- 
do por excitar á Leonor á que cuidase de su mamá, á que 
ella, tan tierna y generosa, la consolase, y elevase su es- 
píritu á la consideración de que era el amparo de su fa- 
milia. 

Leonor casi no escuchaba, y entonces Fernando, por dis- 
traerla, le llamó la atención sobre los encantos de la noche, 
la apacible claridad de la luna y la tranquila majestad del 
firmamento .... 

La luz de los cirios hería el perfil perfecto de Leonor ; en 
sus ojos húmedos morían los destellos de la llama, cortejo 
de la muerte ; el busto de la hermosa tenía esa animación 
épica, sombría, de los retratos de Rembrat,. presentando la 
lucha de la tiniebla y la luz sobre la fisonomía humana. 

Fernando, arrebatado por la aparición, sin premeditación, 
frivolo, entusiasta, haciendo, sin quererlo, pueril alarde de 
su facundia arrebatadora, habló sentido, ardiente, enamora- 
do, envolviendo en las ráfagas de su palabra á la niña ino- 
cente que se dejaba arrebatar, enloquecida de aquel torbe- 
llino de pasión intempestiva .... Dejábase arrebatar volup- 
tuosa como la ola, sensual como el ave que se mece en las 
auras embriagadoras ; se inclinaba, como la flor, á la lluvia 
que la refrigera y embellece .... 

Y habló de tal modo Fernando, que la niña le interrum- 
pió diciéndole : 

— Sí, vd. me ama, me ama, y si no, yo moriría : era ca- 
paz de haber hecho yo esta misma revelación ; pero vea vd. 



454 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

lo que dice, por Dios, véalo vd., porque un desengaño me 
matarla .... 

Y él, mal caballero y pérfido, creyendo acto tan solemne 
un galanteo, con el alma entregada á otro amor, con el co- 
razón envenenado por el engaño, creyendo que con las som- 
bras se disiparía aquel juego sin consecuencia .... seguia 
dejando escapar de su corazón notas vibrantes de falaz ter- 
nura y complaciéndose en ver perdida en el éxtasis 

de la fascinación, á la niña, á la virgen, al ángel bienhechor 
de su madre .... 

La voz de Leonor estaba convulsa y la entrecortaban los 
sollozos .... no se veía su fisonomía, Fernando la adivina- 
ba, expresando la agonía y la locura. ... 

Algún rumor que escucharon, los hizo volver el ros- 
tro .... La santa madre de Leonor seguia orando cerca del 
cadáver 

Pasó aquella noche como un sueño ; ella envolvió aque- 
líos juramentos y aquellas promesas. 

Fernando evitó todo encuentro con Leonor. ... murió 
su buena madre, ella se refugió con unas parientas infe- 
lices. 

La fortuna de mi amigo habia cambiado ; se enlazó á su 
prometida: gloria, distinciones, riquezas y honores le cerca- 
ron .... Solia á veces sombrear su frente un recuerdo .... 
lo separaba con aturdimiento y disculpaba su conducta con 
las locuras de la juventud 

Solian humedecerse sus ojos por un vago dolor, por una 

sombra errante que pasaba gemidora en su memoria 

pero se decía, usando el lenguaje del mundo : " Ella amará 



GUILLERMO PRIETO 455 



á Otro. ... ya no se usan las Eloísas: estamos en un siglo 
positivo." 

Un dia entraba en palacio mi amigo con varios compa- 
ñeros; un muchacho desbarajustado, haciendo caballo en un 
carrizo, le preguntó : 

— ¿ Vd. es D. Fernando? 

Hizo señas de que él era, y le entregaron un papel .... 

Calle de * * * * 2- núm. 4. 
* Ahora mismo. 

Leonor. 

¿Quién lo creerá? aquello fué para Fernando como el 
prólogo de una aventura de libertino. No vaciló ; dejó á los 
compañeros y partió tras el muchacho ; iba en el camino en- 
sayando vil, actitudes cómicas, palabras de disculpa .... far- 
sas de sentimentalismo .... 

Aseguro á vdes., por mi honor, que Fernando no era un 
malvado ; pero, ó no tenia conciencia del mal que hacia, ó 
se le figuraba que era pasar por desairado y por imbécil, 
dejar sin galantear á una hermosa. Acaso pensó en que la 
joven Leonor, con su actitud doliente y con sus lágrimas, 
con la pintura de su desesperación y su abandono, también 
le r-epresentaba una comedia. ¡ Nos da tantos tintes de ex- 
perimentado y .de diestro, decir que todo es artificio en las 
mujeres ! \ Nos acredita tanto decir que en ellas todo es fin- 
gimiento! ¡Es de tan mal tono presentarse como crédulo! 
Poseído de estas ideas, cuando el remordimiento atravesa- 
ba su espíritu, lo desechaba, y la entrevista misma se le pre- 
sentaba con el atractivo de una novelesca aventura. 



456 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Entró risueño, feliz, en la casa .... era una humilde casa 
de vecindad, trascendía á incienso .... estaba regada de tré- 
bol y flores la escalera; subió precipitado, preguntó por Leo- 
nor. . . . Estaba en el quicio de una vivienda. ... al frente 
de la puerta habia un altar, entre cortinas blancas como nie- 
ve salpicadas de rosas ; la ceca aún airdla: se acababa de ser- 
vir el pan eucarístico. 

Volvió el rostro : en un lecho purísimo de armiño, des- 
cansaba Leonor .... sus ojos le atraían con infinita ter- 
nura. 

Fernando.se acercó aterrado, estupefacto, yerto .... 

La niña retiró á la gente : quedóse sola con Fernando, y 
le dijo : 

— Con mi alma lo amé .... con toda mi alma, y quiero 
dejar aquí mi secreto, porque turbaría mi felicidad en el cie- 
lo ... . Creí .... y era nesesario morir .... una vida por un 
momento de dicha. . . . 

Pero vd. es joven, vd. tiene música en su palabra y em- 
briaga aun mintiendo . . . . ¿ qué uso es ese de la voz de Dios * 
y del talento? ¿qué placer se puede hallar en el envenena- 
miento de una alma que el delito que tiene es amarnos? 
¿cómo pasa por frivolo ese juego que nos acarrea la pros- 
titución del espíritu, ó la muerte ? 

Sea vd. bueno, no haga de su elocuencia instrumentos 
de tortura ; yo le perdono á vd., porque le he amado ; le 
perdono, y me muero, queriendo que me hable para morir 
tranquila. . . . Adiós!. . t . y mi muerte sea una lección con- 
tra el libertinaje de la palabra, que casi es una recomenda- j 
cion en el mundo < 

Leonor quiso seguir .... sus manos errantes buscaban en 



GUILLERMO PRIETO 457 



vano la vida que se le escapaba ; sus labios, en sus últimas 

contracciones, como que besaban el nombre de mi amigo. 

Dejando familia, abandonando cuanto poseia, Fernando 

vino á sepultarse en estos desiertos, y yo le acompañé .... 

Enrique quedó inmóvil y silencioso : mucho tiempo des- 
pués de haber concluido su narración, le oimos sollozar. . . . 

Hablamos pasado Palestine y la Troupe. 

La aurora apuntaba en el horizonte : estábamos en el 
Estado de Texas. 



Tomo III. 58 



TEXAS 



XXI 

Texas. — Recuerdos históricos. — Aspecto de las Harturas de 
Texas. — Gérn\.eri.es de pueblos. — Algodoi\, cebada, rn.aíz. 
— Manzanas. — Grai\de estacioi\. — MiAger-Hotel. — S. G. 
Bei\avides. 



EL Estado de Texas linda por el Norte con ^Arkanzas ; 
por el Este con el Estado de la Luisiana ; por el Sur 
con el Estado de Tamaulipas de la República Mexicana y 
Golfo de México, y por el Oegte con Coahuila, Chihuahua 
y Nuevo-México. 

Texas tiene, sobre la mayor parte de los terrenos de 
nuestra República, la ventaja de encerrar en ]su seno ríos 
hermosos y navegables, beneficio que es acaso el único que 
falta en nuestro suelo privilegiado. Texas, por su feracidad 
y riqueza, por su clima y situación, cuenta con todos los 
elementos para prosperar como nación en la agricultura, la 
industria, el comercio y la navegación. 



462 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Al aparecer ante el mundo la Nación Americana, des- 
pués de haberse emancipado tras una lucha gloriosa con la 
Inglaterra, la acompañaron felices auspicios, los elementos 
constitutivos de su ser social la pusieron en vía de progre- 
so sorprendente ; y orguUosa con su prestigio y su pujanza, 
la hizo soñar, si no con el dominio, con la preponderancia 
absoluta en el Nuevo Mundo. 

No se ocultaron las miras ambiciosas de la nación nacien- 
te al célebre conde de Aranda, quien' dijo : ^' Esta nación ha 
nacido pigmeo ; tiempo vendrá que llegue á ser gigante y aun 
coloso muy temible en aquellas vastas regiones. Su primer pa- 
so será apoderarse de las Floridas ^ para- dominar el Golfo de 
México'* 

"A dos pueden reducirse sus ideas sobre este punto, 
decia el sabio Sr. Iglesias en un Estudio sobre el origen 
de la guerra de Texas, de donde extracto algunas de es- 
tas noticias : una á sujetar á sus leyes y dominación toda 
la América hasta el Istmo de Panamá ; otra á abrirse paso 
por tierra hasta el Mar Pacífico, y hacerse de buenos puer- 
tos que pusieran en boga su navegación. De esta suerte^ 
establecida una comunicación fácil, y de pocos dias entre 
ambos océanos, ninguna nacipn podría competir con ellos : 
la misma Inglaterra tendría que ceder el campo á su afor- 
tunada rival ; y ésta, dueña del comercio del mundo entero, 
poco tardaría en tocar el punto de engrandecimiento á que 
aspira." 

Sea de esto lo que fuere, y sin poner de manifiesto las 
violencias de la fuerza ni la perfidia de la diplomacia, los 
americanos se hicieron dueños de las Floridas, el Oregon y 
la Luisiana. 



GUILLERMO PRIETO 463 



Con pretexto de cuestiones de límites, avanzaron sus lí- 
neas los americanos, arrancaron á España los tratados de 
1795 y 1802, y tendieron sus redes sobre el resto de las 
Floridas y de Texas. 

Pretendían los americanos, con notoria injusticia, que los- 
limites de la Luisiana eran el Rio Bravo del Norte, y de he- 
cho comenzaron las tentativas de posesión, teniendo lugar un 
encuentro ruidoso en la misión de los Adaes, en que se ma-- 
nejó brillantemente el marqués de San Miguel de Aguayo. 

El 22 de Febrero de 1 819, el Gobierno de Washington, 
con el representante de España, D. Luis Onis, celebró un 
tratado en que se fijaron como límites de la Luisiana, el rio 
Sabina, y que se daban por terminadas todas las diferen- 
cias sobre este punto, afirmándose sólidamente la paz. 

Entre tanto, México consumó su independencia : el pri- 
mer anhelo de nuestra patria fué estrechar los vínculos con 
una nación que realizaba los progresos que eran el ideal de 
nuestros padres. 

Por su parte los Estados-Unidos se apresuraron á reco- 
nocer nuestra Independencia, y en este trabajo se hizo 
acreedor á nuestra gratitud Mr. Henry Clay, que siempre 
mostró las más vivas simpatías por México. 

Para afianzar relaciones que tenían al parecer principios 
fan fraternales, enviamos en 1824, en calidad de Ministro 
plenipotenciario, á T). Pablo Obregon,''y recibimos con el 
mismo carácter á Mr. J. R. Poinsett, que ha dejado entre 
nosotros funesta celebridad. • 

Después de varias contestaciones, en 1832, se ratificó el 
tratado, y para algunos ilusos quedaron terminadas las cues- 
tiones entre los Estados-Unidos y México. 



464 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Durante la época colonial, la suma previsión y energía 
del Gobierno español impidieron los motivos de conflicto. 
Se establecieron misiones y puntos de vigilancia, se rechazó 
la introducción d^ extranjeros al territorio, }• hasta 1 8 1 9 no 
se dio a Moisés Austin la autorización para establecer en 
México una colonia, debido á que Austin se presentó con 
los suyos, como víctimas de sus creencias cristianas. 
. En 1820, Esteban Austin, hijo de Moisés Austin, dio 
principio á una vasta empresa de colonización entre los rios 
Bravo y Colorado, 

La Independencia abrió de par en par nuestras puertas á 
la emigración, se celebraba con ahinco ese grande elemen- 
to civilizador, y no se puso coto en cuanto á la liberalidad 
de las concesiones. 

No obstante, alguna previsión sobre la futura suerte de la 
fi-ontera, dictó restricciones que pronto echaron por tierra 
los entusiastas, aunque ciegos defensores de la soberanía de 
los Estados. 

La Legislatura de Coahuila, que lo era ya de Texas, por 
haberse reunido en un Estado ambas provincias, expidió en 
24 de Marzo de 1826, su ley de colonización, en que decre- 
taba: QuQ todos los extranjeros que en virtud de la ley ge- 
neral de 18 de Agosto de 1824, deseasen establecerse en 
los terrenos del Estado de Coahuila y Texas, eran libres pa- 
ra hacerlo y se les invitaba por esa ley á verificarlo. 

Además de las franquicias que se otorgaban á los colonos 
y de no «pedirles remuneración alguna por las tierras que 
ocupasen, se les exceptuó de toda contribución por diez años, 
no dejando en realidad vínculo alguno con la patria que los 
adoptó como hijos. 



GUnLERMO PRIETO 465 

Los colonos, en su mayor parte americanos, rio hicieron 
caso, alguno de nuestras leyes, se organizaron como en su 
patria nativa, y aun la abolición de la esclavitud en México, 
ya los tenia rebelados de hecho, pues conservaban sus es- 
clavos, aunque después se invocaron otros pretextos, como 
la prohibición de venta de terrenos del General Bustamante, 
la actitud resuelta del General Teran y la caída de la Fede- 
ración. 

Al fin, agotados los medios de conciliación con los texa- 
nos, después de promesas y concesiones que nos hubieran 
sido, á más de funestas, humillantes y estériles, se abrió la 
campaña al mando del General Santa- An na. 

Las victorias del General Urrea (7 de Marzo de 1836) 
en San Patricio, el combate sangriento del Refugio, la ocu- 
pación de la bahía del Espíritu Santo, la rendición del Có- 
pano y otras brillantes acciones, levantaron nuestro nombre 
y auguraban un éxito feliz á nuestras armas. 

Santa-Anna, desde Béjar, destacaba una división al man- 
do de Ramírez y Sesma, que marchó al Rio Colorado, y 
otra al mando de Gaona, que se dirigió á Nacogdoehes. Fi- 
lisola debia reunirse en Austin, capital hoy de Texas, á Ra- 
mírez y Sesma. 

Por aquellos días murió el Presidente interino Barragan, 
y entró al ejercicio del poder D. José Justo Corro. 

Santa-Anna, que era el presidente propietario, al saber 
las noticias que acabamos de mencionar, se propuso marchar 
á México; pero al verificarlo, supo que el General Ramírez 
y Sesma se encontraba amagado por el enemigo, sin poder 
atravesar el Rio Colorado. Santa-Anna acudió al lugar del 
peligro, proveyó de medios para que atravesasen las fuerzas 

Tomo III. 59 



466 . VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

el río, y ocupó Austin, que habían abandonado los texanos 
después de incendiarla. 

Houston, jefe de los rebeldes, se resolvió á disputar un 
paso del rio de San Jacinto; Santa-Anna se aprestó á librar 
en aquel punto una batalla 

En esa batalla sucumbieron nuestras armas, no sin reco- 
mendar la gloria nombres como el de Luelmo, acreedores á 
los honores de los héroes. 

Los Estados-Unidos, entre tanto, propalando que veian 
como neutrales aquella lucha, protestando que sus fuerzas 
se limitaban al simple cuidado de sus fronteras, apoyaban 
con todo su poder á los texanos, cubriéndolos el General 
Gaines, que al fin consumó la violación de nuestro territorio, 
ocupando Nacogdoches. Con este motivo dice el Sr. Igle- 
sias: 

" Para disculpar aquel atentado, los Estados-Unidos no 
" alegaron más fundamento que el de que México no podia 
" impedir á los indios de su territorio que hicieran excursio- 
" nes hostiles contra sus conciudadanos. Este principio cJio- 
** caba con las reglas establecidas e7i el derecho internacional^ 
" según el que, un pueblo no puede ocupar militarmente elter- 
" ritorio de los demás con el pretexto de que defiende su frontera, 

"Agregábase á esto que ese pretexto, que aun suponién- 
" dolo verdadero, no hubiera nunca servido para justificar 
" aquel hecho atentatorio, carecia de todo fundamento. Las 
*' hostilidades de los indios eran supuestas, ningún riesgo 
" corrían las fronteras de los Estados-Unidos, el peh'gro que 
" se aseguraba era inniinente, no existia mas que en las 
* " suposiciones gratuitas de los gobernantes. " 



GUILLERMO PRIETO 467 



México, representado dignamente por el Sr. D. Manuel 
E. Gorostiza, reclamó con dignidad y firmeza, y los minis- 
tros Gorostiza y Ellis, representante en México de los Es- 
tados-Unidos, se retiraron de sus puestos, sin obtener so- 
lución satisfactoria las reclamaciones. , 

No obstante haber motivos más que suficientes para unr 
rompimiento, México atendió las quejas de los americanos 
por sus supuestos perjuicios, y se. obligó á pagar cerca de 
tres millones de pesos, haciendo desembolsos y aun impo- 
niendo préstamos para el pago de los abonos. 

Las principales potencias hablan reconocido entre tanto 
la Independencia que proclamó Texas, los Estados-Unidos 
disimularon y como que vacilaron ; pero creyendo percibir 
aprestos de guerra de parte de México, arrojaron la careta 
y declaró su ministro Shannon que la política de la Union 
habia sido, hacia veinte años, apoderarse de Texas, y que 
cualquiera agresión de México contra Texas, se considera- 
se como ofensa, propia, 

México, en vez de una declaración de guerra, protesta 
contra la agresión de Texas á los Estados-Unidos. 

El I? de Marzo de 1846 declaró la Cámara de diputados 
de Washington incorporado Texas á los Estados de la Unioa 
Americana y consumada la usurpación inicua. 

Santa-Anna habia sido derribado del poder por la revo- 
lución del 6 de Diciembre de 1844. 

El gabinete del Sr. D. J. Joaquín de Herrera defendió^ 
como base de su política, el pensamiento de conformarse 
antes con la independencia de Texas, que con su incorpo- 
ración á los Estados-Unidos. La oposición se desencadena 
frenética contra ese pensamiento. 



468 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

El Gobierno persistió en su política, tomó en considera- 
ción, autorizado competentemente, las proposiciones hechas 
por Texas, en que se comprometía á no agregarse á nin- 
gún otro país. 

Ingiriéronse en estos negociados los Estados-Unidos. 
México rehusó recibir al Ministro Slidell y se sostuvo en 
su resolución. 

En tan graves circunstancias, se pronunció ( 1846) Pare- 
des contra Herrera, derrocando la administración de Di- 
ciembre. 

Hiciéronse entonces sensibles agfresiones de americanos 
en varios de nuestros Estados, recibió el Gobierno autori- 
zación de repeler la fuerza con la fuerza, y entre tanto, si- 
guiendo los Estados-Unidos con su conducta pérfida, pro-, 
testaban el deseo de evitar todo rompimiento, á la vez que 
sus buques ocupaban nuestras costas y sus tropas avanzaban 
en nuestro suelo. 

Por fin, la invasión se presenta en toda su brutal desnu- 
dez: el General Taylor atropella nuestro suelo, con el pre- 
texto de defender los límites de la Luisiana, y después de 
combates sangrientos, en que se salvó la honra de México, 
se terminó la lucha, borrando el tratado de Guadalupe de 
nuestro mapa, uno de los territorios más privilegiados por 
Dios, y haciendo aparecer, la usurpación y la violencia, en- 
riquecido el pabellón de las estrellas con la estrella de 
Texas. 

En 1847, se calculaba la población de Texas en 20,000 
almas. 



GUILLERMO PRIETO 469' 



Con los anteriores recuerdos y otros que me callo, por- 
que estoy hasta aquí (señalándome él copete) de serio y 
prudente, di mis primeras ojeadas al Estado de Texas. 

Tendidas llanuras, cercas, limitaciones pintorescas y se- 
menteras deliciosas. 

De trecho en trecho descubríamos un gran jacalón : era 
una estación de ferrocarril, 6 como quien dice, el venero de 
pobladores que convertirán en pueblos florecientes aquellas 
comarcas. 

Montado á caballo un gran jacalón sobre unos morillos, 
se distingue á distancia la estación. 

Su parte interior se divide por un tabique de tablas; en una 
sección hay un cuarto en que se toman y se dejan los equi- 
pajes portátiles y que sirve para los viajeros. Del otro lado^ 
es decir, en la otra sección, hay un pequeño mostrador co- 
ronado por su reloj de palo, y aquella es la oficina ferrocar- 
rilera; en uno de los rincones de la pieza funciona el telé- 
grafo qué es un contento, y de partes afuera del jacalón, co- 
quetea el bar-room en amigable ayuntamiento con latas, 
comestibles, zapatos, sombreros y lo que podríamos llamar 
una tienda mestiza. 

Generalmente cercan la estación dos barandales de latas,, 
por cuyo centro entran y salen los wagones y se hace su 
carga y su descarga. 

A corta distancia de la estación se perciben los grandes 
almacenes. 

Y en la llanura descombrada, como sobrepuestas y al 
trasladarse, se ven filas de carretas, barriles, tercios é ins- 
trumentos de labranza. 

Las carretas tienen cierta ordenación como para una fe- 



470 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

-fia ; arriba, bajo el toldo y en el suelo, entre las ruedas, está 
alojada una familia, y otra, y otra más, que entran y salen 
como abejas en sus colmenas. 

A poca distancia se ven construyendo armazones de ca- 
sas, y hay casitas á medio construir y construidas, con sus 
amplios corredores, sus columnas, su pórtico, sus vidrieras 
y persianas, y los anuncios de la comodidad y el bien- 
-estar. 

Y así como de las habitaciones rodantes ó sean carretas, 
salian figuras carnavalescas y estrambóticas de hombres y 
mujeres, viejos como sacos destripados, muchachas con su 
gardesoleil como unas escobas, y muchachos enjutos y cabe- 
lludos como limpia-chimeneas, en los corredores habia sus 
preciosos niños con sus aros y sus carretelitas, sus ladies 
airosas y sus campesinos de sorbete, pipa en boca, calzón 
remangado y botazas hasta las rodillas. 

Lo singular era que en las casas por hacer, en las carre- 
tas y en los palos clavados en el suelo, habia sus rubros que 
^ecian : Grande hotel continental- — Academia de mzísica — 
Galería de pi?itufas — Correo — Empresa de gas — Avenida 
Fulton — Sucursal del Banco H^' * '''', etc., etc. 

El pueblo nace de en medio de sus elementos de vida y 
desarrollo ; es un canevá el terreno, en que borda la pobla- 
ción, que lleva en cada uno de sus gérmenes la dote de con- 
«diciones políticas y sociales, para desenvolverse indepen- 
dientemente cada familia y robustecerse instantáneamente 
por el conjunto. 

Así son multitud de pueblecitos como la Troitpe, Palesti- 
ne y no sé cuántos más. 

Grandes estancias de ganado, espaciosos campos sembra- 



GUILLERMO PRIETO 47 1 



dos de algodón, milpas de maíz como en nuestra patria ; de 
entre esas milpas vi salir dos rancheros sobre sus sillas de 
montar, á la mexicana, sus sombreros anchos como nuestros 
rancheros y su fisonomía y aspecto como de gente del Bajío ; 
quise gritarles un adiós, amo que los dejara boquiabiertos ; 
pero me contuvo Francisco, para que fijase la atención en 
unas manzanas y duraznos lindísimos que llevaban en sus 
cestos unas preciosas muchachitas que venían de un merca- 
do cercano. . . . 

A las oraciones de la noche tocábamos en la grande es- 
tación de San Antonio, y de ella fuimos trasladados al Min- 
ger- Hotel, donde habia concurrencia inmensa y estupendo 
movimiento de viajeros. 

Minger-Hotel está situado en una altura, al frente de una 
extensa plazuela que lleva su corriente á la calle principal 
de San Antonio. 

La fachada del hotel está hermoseada por corpulentos ár- 
boles; el despacho, que está en el tránsito de la calle al pa- 
tio, es amplio, le limita largo mostrador y da al patio por 
uno de sus extremos, teniendo á su frente salones para los 
^ viajeros. 

El patio del hotel es cuadrado ; tiene su barandal de fier- 
ro, corrido en todo el cuadrado, y sus cuartitos pequeños, pe- 
ro aseados. 

En la parte inferior, contiguo al patio, está el gran come- 
dor con sus rasgadas ventanas, sus mesas albeando y su 
competente servidumbre. 

A nuestra llegada, el hotel se hundía á gritos ; poco an- 
tes de nosotros habia caído como una manga de agua una 
de esas falanges de viajeros que hacen por aquel tiempo ale- 



472 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

gres excursiones, y que son la cosecha y el regocijo de los 
grandes hoteles. 

Cantos, disputas, carreras del despacho á los corredores, 
de los corredores al comedor .... 

En el hotel no habia desocupado un hueco en que cupie- 
se un grano de trigo ; pero los dueños se hablan procurado 
unas piezas vacías á donde confinaban á los huéspedes so- 
brantes, con dependencia del hotel. Allí fuimos consignados; 
Francisco fué renegando. 

Ocupamos un cuartito pequeño con catres por todas par- 
tes, arrimamos á las paredes nuestros equipajes y nos pro- 
pusimos descansar. 

La pieza en que estábamos era baja, las puertas que da- 
ban á la calle quedaron completamente abiertas, porque el 
cuarto era un horno. 

Mucho mejoraron en aquellas circunstancias nuestra si- 
tuación, las atenciones del Sr. General Benavides, quien con 
finura extrema hizo que se nos atendiese y -que al dia si- 
guiente se nos alojase convenientemente. 

El calor nos empujaba del cuarto ; Francisco se sepultó 
en su catre, como quien se suicida. El General Benavides y, 
yo quedamos en plática en unas sillas que sacamos á la ca- 
lle; yo, al último, me mantuve en vela, dando rienda suelta 
á mis recuerdos. 






CONDICIONES DE LA SÜSCRICION. 



Semanariamente se publicara una entrega de (ilegan- 
te impresión en 4°, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA CU los EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

• 

J, M. Affuilar j> Orh'z, 

Administrador. 



i 



- • ■"*- - ' ■ ■ — ■ -^^ o- 

t^-^- í< 

/ VIAJE 



Á LOS 



Estados-Unidos 



Por FIDEL 



(G UII.LEPwMO PRIETO* 



(1877) 



Bntre^a JVúí?i. 62. 



MÉXICO. 
{xKLprenta. del Comercio, de DuTalan y Cfc»v«««, 

eAI.I.B DB CORDOBAKKf MCIf. 8. 



XXII 



Recuerdos. — Ii\stalacioA. — Paseo n\atutii\o. — Antiguos co- 
nocidos. — Suvervielle. — M. Poinsart.— El Dr. Cupples. 
— Convida en su casa. — María. 



EL año de gracia, que maldita la que me hizo á mí, de 
1866, me dio conocimiento mi asendereada fortuna 
con San Antonio de Béjar, con tan villano tino y con espí- 
ritu tan decidido de quemarme la sangre, que era precisa- 
mente cuando despejándose nuestro cielo de las negras nu- 



474 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

"do habitado hasta el 5 de Febrero de 1866, día del proto- 
mártir aquel á quien reverdeció la higuera. 

Calmos mi compañero de viaje y yo en San Antonio de 
Béjar en un hotelito de mediana fortuna, dirigido por una 
matrona francesa entendida y amable, con su servidumbre 
de negros, su comida á la francesa y sus huéspedes, en su 
mayoría mexicanos, con excepción de Mr. Cupples, eminen- 
te médico inglés, severo y taciturno, que tenia por su cuen- 
ta un departamento del hotel. 

Los huéspedes mexicanos que alegraron nuestra llegada, 
eran el General González Ortega, D. Benito Zenea, oficial 
del Ejército, los Generales Poucel D. Fernando, Carbajal 
Antonio y no recuerdo quiénes más. 

Como es nuestra picara costumbre, á los pocos dias se re- 
lajaban las prescripciones de la casa, se introducían en la 
mesa nuestros platos favoritos, se cantaban al piano nuestras 
canciones, y el sabio médico inglés jugaba juegos de pren- 
das con los emigrados de México, guisando en inglés los 
chistes mexicanos. 

Hondas eran las penas que á varios de nosotros aqueja- 
ban, pero valerosa la lucha, en que al fin se sobreponía la 
juventud, y sobre todo, el orgullo de que ninguna de nues- 
tras frentes se habia doblado al yugo ignominioso del inva- 
sor extranjero. 

San Antonio constaba entonces de una sola calle amplia 
y regular, en que se caracterizaba la fisonomía americana. 
Calle con sus edificios altísimos, sus ventanas de persianas 
verdes, sus amplias banquetas ó aceras y sus tiendas de^ra- 
zertes, bar-rooms y almacenes. 

Fuera de la calle y á la vista, con irregularidad completa, 



GUILLERMO PRIETO 475 



veíanse estancias aisladas, iniciativas de calles, dilatadas cer- 
cas, sembrados, y casas de comercio, ya como en llanos y 
plazuelas, ya entre arboledas y jardines. 

En. las dos extensas plazas del centro de la población se 
distinguían, como mal avenidas con su ayuntamiento, casi- 
tas bajas y accesorias como las de nuestros pueblos, y edifi* 
cios opulentos llenos de letreros, muestras y muebles ame- 
ricanos. 

La iglesia cristiana de la antigua misión aparecía como 
fuera de quicio, como un sordo en un concierto, con su cha- 
parra y sólida arquitectura, sus dos torres con sus campanas 
y su aspecto como de la parroquia de Mixcoac, sin barda y 
sin accesorios. s 

Análoga á la heterogeneidad de las casas era la de los ha- 
bitantes: estaban como en lucha el sombrero ancho y el fiel- 
tro, la blusa y la chaqueta, la calzonera y el pantalón ajusta- 
do, la bota grosera y el zapatón desgobernado, el albardoa 
y nuestra silla de montar. 

En el mercado, en los campos, en todas partes, se notaba 
la propia lucha; pero con dolor se palpabí la desventaja de 
la competencia, la decadencia y el naufragio de nuestra raza. 

De las alturas de la ciudad parecía descender, como 
torrente, la invasión americana, que iba arrollándolo todo, 
quedando en pié vacilantes algunas propiedades mexicanas 
de gente de algún viso; pero los infelices, despreciados, per- 
seguidos, sin el auxilio del idioma, sin leyes y sin jueces, se 
refugiaban en los afueras de la ciudad, donde el barrio me- 
xicano presentaba tristísimo aspecto. 

A las orillas del cenagoso arroyo de San Pedro, entre las 
quiebras de un desigual lomerío, bajo enramadas, toldos de 



4/6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

lona y de cueros, en tertulia perpetua con perros, caballos 
y muías, se albergaba la población mexicana, sucia y desnu- 
da, llena de miseria y desprecio. 

IVJuchos, para sustraerse de la situación descrita, imitaban 
el trage y los modales de la peor canalla, bebian con teme- 
ridad, usaban navaja, calzaban botas groseras, se ponían en 
cuclillas (postura muy yankee), á las puertas de las taber- 
nas, y se convertían en espías y enemigos de los mexicanos. 

Suelen las grandes corrientes arrastrar troncos y amon- 
tonar las basuras que barre, en sus orillas; -así quedaba la 
población, como testimonio palpitante de lo que se espera 
á nuestra raza. 

Llegaba á tal punto el desprecio y la humillación de los 
mexicanos, que habiendo -invadido en aquellos dias el cóle- 
ra la ciudad, se cebó en ellos la epidemia; la misma candad 
les mostraba desdenes. 

El Dr. Cupples se hizo notable y cobró títulos á mi gra- 
titud eterna, porque abandonando sus visitas lucrativas y 
costeando de su peculio abrigos y medicinas, se dedicó á 
ser la salvación y el amparo de los mexicanos, como lo fue- 
ron Suvervielle, el gran Víctor Considerant, de quien tenga 
la honra de ser amigo, y mexicanos como Douai, Ellíot, 
Leal y los Sres. Miguel y Juan Manuel González, modelos 
de generosidad y nobleza. ^ 

Cuando la epidemia se mitigó ; cuando parecía haberse 
aplacado la horrorosa plaga, se anunciaba en los periódicos : 

" El cólera se va : demos gracias á la Providencia divina. 
** Ya solo mueren algunos negros, y siguen nmricndo los 
*' mexicanos. " 

Acababan de pasar la guerra del Sur y la bonanza del 



GUILLERMO PRIETO 477 



algodón : la primera destruyendo grandes fortunas y dejan- 
do en la orfandad muchas familias ; le segunda derramando 
por todas partes cuantiosas riquezas é improvisando cau- 
dales en toda nuestra frontera y hasta Monterey y el Sal- 
tillo. 

Al revés de California, en Texas, los hijos de mexicanos 
en general, borraban y como que escondian los recuerdos 
de sus padres, y éstos hacían más hondo é implacable su 
odio á los yankees. 

La razón de esta diferencia es muy obvia. Los mexica- 
nos enriquecidos de California se elevaron á una decente 
posición social, en medio de personas de todas las naciones : 
en Texas se abatieron bajo el yugo yankee, porque hasta 
hoy es cuando se está desarrollando el elemento alemán. 

Era objeto de nuestro especial cariño, en el hotel que he 
descrito, una niña, nietecita de M. Jecks, que entonces ten- 
dría de seis á siete años. 

Blanca, de azules ojos, rubia y tan espigada, ligera y ga- 
llarda, que la comparación con su conjunto seria grosera, si 
no apelara al recuerdo del celaje leve, dorado por los pri- 
meros rayos del sol, ó de la espuma flotante cuando se des- 
liza, dejando apenas huella sobre las olas. 

I Qué alegre la contemplábamos ! ¡ cómo el doctor y yo, 
suspendiéndola de los bracitos, le fingíamos vuelo y reíamos 
de su reír estrepitoso y sincero ! 

Algún tiempo vivimos en el hotel ; después nos estable- 
cimos en una casa sola con su cercado de verjas de hierro, 
sus amplios departamentos y su jardín espacioso. 

En esa casa pasamos cerca de ocho meses Patoni y yo 
con nuestras familias, el pundonoroso y patriota general 



478 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Poucel y Benito Zenea, veracruzano entusiasta y á quien 
todos queríamos mucho. 

Estos eran en confuso los recuerdos que evocaba yo en 
Minger-Hotel, mientras los criados acarreaban nuestros baú- 
les y maletas y nos establecíamos en nuestros respectivos 
cuartos en toda forma. 

Apenas cumplí con las reglas de mi poco fervoroso culto 
á la diosa del tocador, cuando salí á la calle en pos de mis 
recuerdos y de mis amigos y conocidos. 

¡ Cuan otro estaba San Antonio y qué sorprendente ha- 
bía sido su desarrollo en menos de doce años ! 

A los lados de la calle principal de uno y otro viento hay 
risueñas estancias, frondosas arboledas y calles como en Or- 
leans y otras ciudades americanas. 

Las toscas cercas y corrales se habían trasformado en 
barandales y jardines, atravesaban vistosos carruajes la ciu- 
dad y me parecía más que duplicada la población. 

Dirígíme á la casa de M. Suvervíelle : su misma esco- 
gida librería, su botella de rapé en el escritorio, su ancha 
poltrona, sus golosinas en la pieza interior. 

— Ah de casa! 

—Allá van. 

Fresco, regordete, alegre, con sus pantuflas y su sombre- 
ro de jipijapa. 

— Oh, mi D. Guillermo! 

Otros cincuenta abrazos. 

— Siéntese vd., mande vd. : aquí, como siempre, es de 
vd. toda la casa. 

— No me detengo, voy en pos de Poinsart y de Cupples. 

A cincuenta pasos, tomando por la calle real, medio hun- 



GUILLERMO PRIETO 479 



dida, descubrí la casita de madera de Poinsart, mecánico ex- 
celente. 

Es M. Poinsart chiquitin, colorado, alegre, de nariz roma 
y movimientos listos, recalca la r para hablar, sus pequeñitos 
ojos son el asiento de la malicia y el buen humor. 

Entre exquisitas pinturas, relojes, formones, máquinas 
para destilar agua, telescopios y serruchos, tiene M. Poinsart 
sus poetas favoritos, ostenta su intimidad con Beranger, tu- 
tea á Voltaire y se da sus ratos de solaz con Alfonso Karr, 
con Dumas y con Alfredo de Musset. 

Al descubrirme, me saltó al cuello este viejo querido, me 
tomó del brazo y no lanzamos nuestra primera palabra sino 
frente á dos vasos de cerveza, riendo sin saber de qué, pa- 
sando alegre revista de nuestros amigos y extraviando la 
charla por los más escondidos vericuetos de la íntima con- 
fianza .... 

— ¡Ehl amigo Elliot, aquí, aquí, venga vd., aquí está D. ■ 
Guillermo. 

Y Elliot, que es un gordiflón muy campechano, se entró 
en mangas de camisa, como andaba en la calle, en el bar- 
foom, y quedamos aplazados para cuando volviese de la ca- 
sa de mi Dr. Cupples. 

La botica en que refrescaba en los dias de grandes calo- 
res habia desaparecido ; la opulenta casa de los íSres. Gon- 
zález estaba trasformada en oficinas militares y despacho del 
General Ord, la reducida piececita del Correo era una casa 
de comercio y el Correo tenia su edificio separado, elegante, 
y con todas las dependencias que exigía el acrecimiento de 
la población. r 

Llegué por'fin solitario, apoyado en mi b^.ston, silencioso 



48o VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

y meditabundo, al que fué nuestro hotel y hoy es habitación 
del Dr. Cupples. * 

La casita desaparece casi en raudales y cortinas de follaje 
que cuelgan y se balancean sobre el jardín nrís lleno de vis- 
tosas flores y más esmeradamente cultivadj que se puede 
imaginar. 

Lo que antes era patio posterior, era jardin también, pe- 
ro lleno de corpulentos árboles con sus calzadas de menuda 
arena, s«s kioskos y sus enredaderas en los pilares del cor- 
redor inferior. 

La aparición en tropel de mis recuerdos ; la ausencia eter- 
na de mi adorada compañera de infortunios; la separación 
de mis hijos ; el fin trágico de Patoni ; la situación de Orte- 
ga, todo me preocupó y llenaba mi alma de tal modo, que 
no percibí que Katty, que es ya una lindísima señorita, des- 
de el corredor superior de la habitación apartaba las yerbas 
y veia y seguia los movimientos del viejo, que con los ojos 
clavados en el suelo permanecía mucho tiempo entregado á 
profunda contemplación. 

Sin duda para saber quién era el visitante inmóvil, hizo 
algún ruido ; levanté mis ojos, oí mi nombre, y la linda mu- 
chacha vino gritando regocijada los nombres de María y de 
mis hijos: como si hubiera sido mi hija, quería darme el 
brazo, quitarme el sombrero, llevar mi bastón, que me ro- 
dearan las criadas y criados, y que Lora, su mamá, que fué 
de nuestra familia, hiciese festín y mandase llamar al doc- 
tor. 

¡ Qué lindo se platica cuando las palabras solo son pretex- 
tos de lo que se dice y siente el corazón! ¡qué de palabras 
cortadas! ¡qué 'de risas intempestivas! ¡qué quererlo saber 



GUnLERMO PRIETO 481 



todo y que todos escuchen lo que á nosotros nos halaga y 
saboreamos como empapado en almíbar! 

Venia en la calle el doctor, y Katty ya me anunciaba co- 
mo una feliz nueva, viniendo á mis brazos el noble y gene- 
roso amigo, á enorgullecerse de tener lugar distinguido en 
mi corazón. 

El Dr. Cupples es inglés de sangre pura y aristocrática : 
su cutis es suavísima como la de la más cuidada señorita ; 
sus cabellos, en hilos de oro y plata, embellecen su frente 
luminosa, y en su mirada se abre paso la sabiduría, entre 
los reflejos de la bondad. 

La voz de mi doctor es apagada y quejosa, pero llena de 
dulzura ; todo lo grande del sentimiento ; todo lo más eleva- 
do de la ciencia, tienen su culto en aquel noble corazón y 
en aquella clara inteligencia. 

— Oh, D. Guillermo! mi D. Guillermo! 

— No quiere tomar nada, dijo Katty. 

— Vea vd., D. Guillermo, su cuarto, su mesa y las plumas 
con que escribía. 

— Lora, ve á traer esa buena cerveza que es la del Sr. 
D. Guillermo : ¿ dónde está su equipaje ? ¿ ya avisaron lo 
que come D. Guillermo ? 

Y todo eran finezas y todo cariño. Anuncié la visita del 
Sr. Gómez del Palacio ; se recibió con júbilo la noticia y 
quedamos aplazados para comer en familia, frente al jardín, 
pasándose invitación especial á Qomez del Palacio y á Mr. 
Suvervielle, que es conocedor de nuestras costumbres, de 
nuestras leyes y de los negocios de la frontera, como muy 
pocos mexicanos. 

A mi regreso al hotel, iba entrando, ya en el Correo para 

Tomo III. 61 



482 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

hacer conocimiento con el nuevo edificio, ya á una fondita 
en la que me llamaron la atención las banderas mexica- 
nas, y tiene el nombre de "San Luis Potosí," ya á la casa 
de Elliot, ya á una tienda en que abracé á Pascual Her- 
nández y departimos contentos, recibiéndole ofrecimientos 
generosos. 

En el hotel me entregaron una tarjeta del Sr. General 
Ord, que habia estado dos veces á buscarme. 

Con motivo del paso de las fuerzas americanas á nuestras 
fronteras, habia yo escrito en El Sun de Nueva-York, tres ó 
cuatro artículos vehementes en contra del atentado, y habia 
rechazado aseveraciones deshonrosas del Senador Sleicher, 
al parecer enemigo irreconciliable de México. 

Yo no tenia deseo de ver al General Ord ; pero aquella 
demostración de finura, me hizo concertar con Gómez del 
Palacio nuestra visita para el siguiente dia. 

Otra de las tarjetas era del Sr. Leal, mexicano y padre 
de una familia adorable, en que forman atmósfera deliciosa 
la bondad y la alegría. 

Por el momento, la gran cuestión era comer con el doc- 
tor y su familia; expuse á Francisco mi compromiso, supli- 
cándole á nombre de mis amigos que nos acompañase. 

Limpieza suma, manjares excelentes, amigos alegres, se- 
ñoras como ángeles. 

A las pocas palabras, el doctor y Francisco eran como 
viejos amigos. Suvervielle dio suelta á su verba francesa, 
Katty hacia sus monerías y se volvia niña de seis años, co- 
mo cuando le enseñaba yo las primeras palabras que supo 
en español. 

En la tarde y la noche de ese dia me ocupé en buscar á 



GUILLERMO PRIETO 483 



un amigo á quien me recomendó Garlos Mejía, quien lo es 
mió muy querido y una de las personas que mejor conocen 
los Estados-Unidos, y á quien no da la valía que merece 
su excesiva modestia. 

A ese caballero y á mi hermano Francisco Urquidi, debo 
las siguientes noticias de Texas, extractadas del discurso del 
Gobernador Kubber para la exposición de Filadelfia, en Se- 
tiembre de 187Ó. Atención al extracto: 

" Historia. — Al anexarse Texas á la Union se reservó la 
propiedad de todos sus terrenos públicos, que ascendían en- 
tonces á cerca de 200.000,000 de acres, y el derecho de di- 
vidir su territorio cuando fuese su voluntad hacerlo entre 
los demás Estados, lo cual no tendrá efecto, dice el discurso, 
hasta que se olvide San Jacinto y el martilogio del álamo, 
porque la anexacion nada costó á este Gobierno, y Texas 
pagó su propia deuda, que importaba algunos millones. 

"Área del territorio y topografía. — Texas es el más 
grande de los Estados americanos, mayor en extensión que 
Nueva-York, Pensilvania, Ohio, Virginia, Maryland, De- 
laware y los seis Estados de Nueva -Inglaterra juntos — 
más de 175.000,000 de acres de tierra — 274,360 millas cua- 
dradas de territorio. 

"Topográficamente se divide Texas en tres partes: — 
i*^ La orilla del mar del Sabina al Rio Grande. — 2? Las 
tierras altas ó medianía de Texas, que constituyen la mayor 
superficie del Estado, y que se eleva de 5oo á 800 pies so- 
bre el nivel del rjiar, conteniendo gran variedad de terrenos 
accidentados, con colinas y valles, alternando bosques y lla- 
nuras, regados por mansas corrientes. — 3? Los grandes 



484 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

llanos, inclusive el llano estacado y las tierras planas que se 
extienden largamente por el Oeste y el Noroeste, cuyos 
llanos están interrumpidos aquí y allí por elevadas cadenas 
de montañas, en las cabeceras de los ríos Colorado, Pecos 
y Brazos : la primera y segundg, de estas clasificaciones to- 
pográficas, no tienen igual en riqueza, fertilidad de tierra y 
salubridad de clima. La tercera y última división es aún la 
morada del salvaje, y más hacia el Oeste el criadero del 
búfalo. 

" Salubridad. — Como prueba de ello se asegura que más 
de 20,000 personas viven actualmente á campo raso en las 
praderías de Texas, etc., etc. La mortalidad es de menos de 
diez y seis al millar anualmente. 

"Producción. — Texas ha cosechado este año más de 
680,000 balas de algodón. Una quinta parte del territorio 
puede producir una cosecha anual mayor que la de todas 
las tierras del globo. En las épocas más recientes ha aumen- 
tado mucho la producción del trigo, y en el año pasado se 
aproximó á 10.000,000 de bucheh. El algodón, el trigOt el 
tnaiz, el cente7io, la avena, el arroz, la cebada y la azúcar, se 
producen una al lado de otro en los mismos fértiles campos. 

"Temperatura y lluvia. — Según las observaciones de 
varios años hechas en San Antonio, Italia no podría pre- 
sentar una tabla tan extraordinaria de temperatura media, 
humedad relativa del aire y lluvias, como la que proporcio- 
nan dichas observaciones, y que hacen que aquella ciudad 
pueda llamarse la más sana del mundo. 

"Adelantos interiores. — La primera milla de ferrocar- 



GUILLERMO PRIETO 48: 



ril se construyó en i853 ; después se han construido cerca 
de 3,000 millas, se ha adelantado en todo género de indus- 
tria, el remover obstáculos de sus rios navegables y la irri- 
gación de sus llanuras occidentales, siendo la consecuencia 
haber adquirido millones de riquezas, una población indus- 
triosa y haber extendido sus fronteras hacia el Oeste, 200 
millas en veinte años. 

" Educación. Escuelas libres. — Las escuelas están do- 
tadas con el producto de las tierras que les están destinadas, 
á razón de 221,400 acres por una Universidad del Estado, 
y 17,212 acres por cada condado, en los cuales hay 168 
organizados, á que corresponden 20.000,000 de acres que 
se arriendan, por término medio, á $ 33, ó sea 61,992 pesos 
para cada condado. En la actualidad las tierras de la Uni- 
versidad producen 749,000 pesos. 

" Riqueza Y población. — Existen sin enajenar 75.000,00a 
de acres de tierras públicas : la propiedad importaba, en 
i 8 5o, 5 1.000,000 de pesos; en 1860, 194.000,000; en 1870, 
274.000,000; en 1875, 275.000,000; en 1876, 300.000,000. 
Se cosecha algodón anualmente más que en ningún otro 
Estado, llegando á la cantidad de 680,000 balas. Su expor- 
tación anual de ganado se estima en 6.000,000 de pesos; 
de lana, en i5,ooo; cueros, 1.800,000 pesos; carne de res, 
1.300,000 pesos; frutos y otros artículos, 3.000,000. La 
población, en i85o, era 212,000; en i8óo, 600,000; en 
1870, 818,000; en 1876, 2.000,000 aproximadamente. Se- 
gún los últimos datos oficiales, el aumento anual de pobla- 
ción, solamente por la inmigración, es de 2 5o,ooo personas. 



486 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

" Adelanto moral. — Un gran respeto por la religión y 
la ley.-^7o,ooo bautistas, 70,000 metodistas, 140,000 cató- 
licos," etc. — 2,000 predicadores del Evangelio y 5o,ooo asis- 
tentes á las escuelas dominicales, que están aprendiendo á 
recordar á su Creador en los dias de su juventud. 

*' Emigración y tolerancia. — Se invita á los emigrantes 
ofreciéndoles la más cordial hospitalidad y la mayor toleran- 
cia respecto de opiniones políticas y religiosas, para que de 
todas partes de la tierra vengan á vivir y morir por Texas 
y la Union, en gloria de la paz y en defensa de su bandera. 

POBLACIÓN de san ANTONIO. 

^ Americanos, ingleses é irlandeses. . 4)450 

Alemanes, incluyendo los alsacianos 5, 100 

Polacos 48 

Franceses 65 

Suizos 38 

Mexicanos, españoles é italianos 4.950 

Negros 1,650 

Total de la población 16,301 

Antes, en todo el Estado, como hemos dicho, habia vein- 
te mil almas. 



Era el 2 de Agosto, dia para mi corazón de muy tiernos 
recuerdos ; era el cumpleaños de mi María, consagrado en 
otro tiempo á los goces íntimos de mi modesto hogar, y hoy 
á la exhumación dolorosa de recuerdos adorados. 



GUILLERMO PRIETO 487 



Apenas anocheció, me dirigí entre las sombras al lugar en 
que habité con los mios. 

Las calles estaban solitarias y un tanto oscuras. Los ár- 
boles eran como fantasmas, destacándose más negros en el 
horizonte oscuro, y produciendo el rumor de sus hojas algo 
como el murmurio de la voz humana. 

Llegué á la casa, no como antes aislada, sino perdida en- 
tre otras habitaciones con sus pórticos alegres, sus jardines, 
sus enverjados d^ palo y sus cercados de chopos y de lilas. 

En algunas de esas habitaciones habia luz ; se veia á la 
mamá tejiendo, á los muchachos corriendo y haciendo bulla, 
al viejo repantigado en su silla, con los pies en alto y los 
brazos levantados, sosteniendo su periódico. 

A pesar de la oscuridad, reconocía los escaloncitos de la 
escalera en que Patoni se sentaba, recordaba su melena de 
cabello rubio, su nariz roma, su dentadura blanca, su carca- 
jear si.icero y estrepitoso, sus ímpetus de león, su alma de 
niño. 

Veia clarísimo á Poucel con su nariz puntiaguda, sus ojos 
verdes, perfectamente ajustado el raido vestido, lleno de 
pundonor, sufriendo sus penurias sin exhalar una queja ni 
permitir consuelo ; lo veia frente á su libro de matemáticas 
ó jugando ajedrez con Zenea, moreno, soberbio, de ensorti- 
jado cabello, franco y susceptible, arrebatado y fiero contra 
la mala suerte. 

Me parecía oir en el jardín los gritos de mis hijos, tarta- 
mudeando su inglés con sus amiguitos, que venían en par- 
vadas á. inquietarlos paralas travesuras. 

Y así, absorbido, á la luz de las estrellas, al rumor de los 
árboles, á la vista de la masa negra de los edificios de la 



488 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

ciudad, que destacaba sus torres, sus cúpulas y chirñeneas, 
dejando ver en las alturas una que otra luz resplandeciente 
de los veladores, ó de algún mirador dominante. 

Allí, como una aparición dulce, dulcísima y serena, con la 
majestad de su virtud y con el prestigio que le da la inmen- 
sa ternura de mi corazón .... fué mi entrevista con el alma 
de mi María 

'De esa entrevista quedaron como pálidos recuerdos, los 
siguientes versos: 

A MI MARÍA. 



Amor, de mi alma, mi vida, 
Culto de mi corazón, 
Santa memoria escondida 
En mi honda veneración, 
De luz eterna circuida. 



Vengo á implorar reverente 
Un destello de luz pura. 
Una gota de ternura 
Que refresque el labio ardiente 
Empapado en amargura. 



No te requiebra mi canto 
Que vil cruzó por la orgía 
Rasgando tu regio manto ; 
Te habla la voz de mi llanto, 
Escúchala, mi María. 



GUILLERMO PRIETO 489 



Si obstinado enmudecí 
Sin confiar mi voz al viento, 
Desde que tu luz perdí 
Es que como ora mi acento 
Lo hallaba indiano de tí. 



De tí, esencia de mi ser, 
Alma de mi corazón 
Bajo forma de mujer ; 
Mi cielo, mi inspiración. 
Mi santidad de placer. 



Y no causa mi inquietud. 
Que mi mano entumecida 
Resbale en el ataúd ; 
Es que le falta á mi vida 
La aureola de tu virtud. 



Es que en mi profundo duelo 
Murió olvidado el hogar, 
Do eras ángel de consuelo, 
Y, tu semblante mi cielo, 
Y tus rodillas mi altar. 



Es que en mi pecho no siento 
Tu dulce faz, amor mió, 
Y que en mi hondo desvarío, 
Te llamo, y en el vacío 
Muere sin eco mi acento. 



Tomo III. 



62 



490 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Hoy en mi cruda aflicción 
Cuando la borrasca impía 
Destroza mi corazón, 
Te me apareces, María, 
Como celeste visión. 



Surges divina en mi mente 
Cual rayo de blanca aurora 
En el tenebroso Oriente, 
Y tienes, reina y señora, 
Mi adoración reverente. 



, ¿ A dónde está la terneza 
Que era mi alivio y mi encanto 
En mis horas de tristeza? 
¿ Dó de tu alma la grandeza. 
Mi escudo contra el quebranto ? 



¿ Dónde en la tranquila calma 
Mis canciones amorosas 
Cayendo al cristal de tu alma, 
Como al pié de esbelta palma 
Riegan pétalos las rosas ? 



En la ventura lucia 
Tu amor tierno, y la exaltaba 
En la adversidad sombría ; 
Tu alma de luz me llenaba 
Y augusta resplandecía. 



GUILLERMO PRIETO " 49T 

^ 



Cuan dulce era despertar 
Tras sosegado dormir, 

Y tu mirada encontrar, 

Y verte, mi bien, sonreir 
Tu blanca mano al besar. 



Oh ! cuan dulce en el desveloi, 
Presa del intenso mal, 
Junto al lecho con anhelo 
Verte arcángel de consuelo 
Con ternura celestial. 



Ser de mi ser, dulce abrigo 
T)e mis horas de amargura, 
i - Venga tu recuerdo amigo, 

' Ya que estoy muerto contigo 

En tu misma sepultura. 



Mi niña, mi amor, María, 
Ven de tu adorado en pos ; 
Tu luz de cielo á mí envía . , 
Yo por tí conocí á Dios, 
Porque en tí resplandecía. 



G, Prieto. 



Las once de la noche. 



XXIII 



Visita al general Ord. — Su familia. — Paseo vespertino. — 
Encuentro coi\ M. I^eve. — El Álbum de M. ^^eve. — El 
Sr. Leal. — En el campo. — Adioses. — El Dr. Cupples. — 
Otra tertulia. 



UNO de nuestros primeros cuidados al siguiente dia de 
la comida en la casa del doctor, fué corresponder sus 
visitas al Sr. General Ord, persona que, como he dicho, ha- 
bla tenido la bondad de buscarnos dos distintas ocasiones. 

Nos informamos de que era muy madrugador y de que 
la hora más cómoda para recibir en su casa, eran las nueve 
de la mañana. 

La habitación del General Ord distará de Minger-Ho- 
tel cosa de cien pasos. Está situada la casa en un verde pra- 
do y tiene su pórtico, sus ventanas con sus celosías verdes 
en sus dos pisos, sus amplios corredores sombreados por 



494 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

tupidas enredaderas, y los adornos rústicos á que son muy 
afectos los americanos. 

Apenas anunciamos nuestra visita, cuando salió el mismo 
General á recibirnos, llevando de la mano á una preciosa 
niña de doce años, esbelta y ligera como una cervatilla, vesti- 
da de blanco y sus anchos listones azules flotando, pendien- 
tes de su sombrerillo de paja. 

Saludó el General en inglés á Gómez del Palacio ; yo fui 
saltando con mi ignorancia, como lo tenia de costumbre. 

Entramos á un fresco saloncito con vistas al campo ; en 
el centro del saloncito, en una mesa, habia grandes álbums, 
al fondo un hermoso piano. 

Presentónos el General á su señora, alta y airosa matro- 
na, que jugaba con otra niña risueña y traviesa. 

La señora entabló conversación con Gómez del Palacio^ 
muy agradablemente, y yo tuve ocasión de retratar á mi 
sabor al General Ord. 

Es el General de mediana estatura y configuración co- 
mún, el pelo entrecano y caido sobre la morena y modesta 
frente, la nariz roma, la fisonomía semi-redonda. 

Hay al frente de la casa de Correos, un sastre á quien 
todos llamamos el maestro Lima, que tiene perfecta seme- 
janza con el General Ord. 

Grueso chaquetón azul envolvía su busto hasta muy aba- 
jo de su cuadril ; su pantalón era de dril blanco con pronun- 
ciadas rodilleras ; su sombrerillo de paja con su listón negro. 

— Sr. General, le dije, vd. sabe español y no es justo que 
me haga tartamudear este inglés, que me va á producir una 
enfermedad de garganta. 

El general rió de buena gana, y primero fingiendo sor- 



GUILLERMO PRIETO 495 



presa y después desembarazado y alegre, empeñó conmigo 
su conversación. 

El General Ord es reposado y frió ; su instrucción me pa- 
reció profunda y variada, y en cuanto á sus conocimientos 
históricos, me complació la exactitud de sus juicios. 

Gómez del Palacio se habia captado el cariño de las niñas, 
y la señora le trataba como á un antiguo amigo. 

Propuso el General que almorzásemos juntos en nuestro 
hotel, que era donde asistían á su familia, y allá nos dirigi- 
mos en alegres pláticas. 

Francisco tomó á la señora del brazo, y el General y yo 
los escoltamos. 

Entonces aventuré con suma precaución algunas palabras 
sobre nuestra frontera : por lo poco que hablamos conocí 
que el General estudia perfectamente la cuestión que le es- 
tá encomendada, conoce todos los vados del rio, los acci- 
dentes del terreno, los jefes de los indios, y uno á uno los 
habitantes de los ranchos que colindan con el rio. 

De nuestros generales, de sus costumbres, de sus relacio- 
nes, tiene abundantísimas noticias, aunque cuida con suma 
sagacidad de no dar á sus estudios otro carácter que meras 
indagaciones conexas con su carácter militar. 

Sobre algunos puntos me pareció su juicio parcial, y con 
una imprudencia de que me arrepiento, le dije : 

— No hay indios ni bandidos, señor General ; hay políti- 
ca, hay tierras, hay zona libre, hay géneros de algodón, y hay 
intereses .... y no derechos. 

El General, riendo, pero un tanto contrariado, me dijo : 

— Hábleme vd. de soldado. ... de soldado. . . . 

— Pues, paso redoblado .... y á almorzar. 



49^ VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Fué muy agradable .nuestro almuerzo : la familia nos ofre- 
ció su casa con estimación particular, y quedamos en vernos 
otra' vez antes de partir. 



En la tarde de ese día procuré aislarme : pretendía como 
reconstruir con mis recuerdos el tiempo pasado; quería, por 
uno de esos artificios frivolos del dolor, recorrer los mismos 
lugares que en otros tiempos, evocar las propias ideas y es- 
perar que un soplo de resurrección me devolviese los obje- 
tos que ha perdido para siempre mi corazón. 

Cuando el tiempo deja en pié la ruina ; cuando sobre- 
viven la piedra y el árbol, como que quedan seres á los 
que interrogar por el pasado: es el cadáver dando testimo- 
nio de la vida que pasó ; pero cuando todo desaparece y se 
sustituye en metamorfosis imposible, entonces el muerto es 
quien presencia esa fatal evolución ; es la renovación com- 
pleta de otros seres, de otros edificios, de árboles poblado- 
res de los ántíss desiertos campos; el contrasentido lo for- 
mamos nosotros, el advenedizo es ese viajero de otra capa 
geológica del tiempo, á quien recibe con indiferencia este 
mundo, en que no tenemos sino una representación incon- 
secuente. 

Así es la vejez, y ella, no mi persona, parece pasear por 
aquellos lugares trasformados. Tomé, entre estancias con 
jardines, entre calles de árboles gigantescos, el rumbo soli- 
tario, en otro tiempo, de una tristísima llanura, al norte de 
la ciudad. 

No existia la llanura ; amplio camino limitado por las cer- 
cas de los sembrados, me condujo al lugar en que tenia eos- 



GUILLERMO PRIETO 497 



tumbre de sentarme en 1866, y donde confiaba á Dios y al 
espacio las hondas tribulaciones de mi alma. 

El lugar á que me refiero está á dos millas poco menos 
de la ciudad. 

En aquel sitio, entonces de soledad grandiosa, al frente 
de horizontes que permitian vislumbrar el infinito, dejaba 
como flotar mi espíritu en esa voluptuosidad del ensueño^ 
en que parece que nos arrullan cantos de otros mundos, que 
nos ofrecen sonriendo la inmortalidad. 

Me sacó de mi meditación el galopar lejano de un caba- 
llo, cuyo ginete tenia el aspecto de los rancheros de mi país ; 
aquel hombre llamó mi atención, y la llamó más, porque se 
dirigía resueltamente á mí. Acercóseme, en efecto, me pre- 
guntó mi nombre, se lo contesté; puso en mis manos una 
carta, leí el sobre, y cuando levanté los ojos, el hombre har 
bia desaparecido. Después supe que era dependiente de un 
amigo mexicano que tenia un rancho á tres leguas de San 
Antonio. 

Abrí curioso mi carta, y contenia otra de México; la des- 
doblé ansioso y cayó un papelito al suelo, papelito que yo 
recogí. 

Eran unos signos, que no letras, de una mano idolatrada, 
inciertos, borrados con lágrimas ; eran los últimos adioses 
de mi santa madre, que habia muerto levantando su cabeza 
adorada para oir mis pasos .... 

No, no es posible que renueve aquí aquel momento de 
dolor infinito ; me siento herido del espectáculo de mi an- 
gustia 

Las moradas campestres sonreían á lo lejos blanqueando 

Tomo III. 63 



498 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

entre los árboles, feraces sementeras con sus matices de es- 
meraldas y oro, se tendían en los campos con pompa risue- 
ña, los ganados se congregaban con sus mil sonorosos ecos, 
para descansar en sus establos, y pura y silenciosa en el cie- 
lo de Occidente, la estrella vespertina brillaba en el cielo 
como simbolizando el recuerdo sagrado de la mujer de cu- 
yas entrañas recibí la vida. 

Contra uno de los postes de uno de los cercados, coloqué 
mi cartera, saqué mi lápiz, y tracé los versos que siguen, 
como quien deja una flor, después de besarla reverente, so- 
bre un sepulcro querido. Dicen los versos : 

A MI MADRE. 



Madre, mi santa madre, mi luz de aurora. 
Mi linfa trasparente de fuente pura, 
Bendición de mi vida, reina y señora 
De mi ternura. 



Estrella de mi cielo de dulce niño. 
Regazo en que sonriendo quieto dormía, 
Búcaro de azucenas para el cariño 
Del alma mia. 



De Dios sobre tu frente miré el reflejo. 
Apacible brillando sobre mi cuna. 
Cual matutina estrella sobre el espejo 
De la laguna. 



GUILLERMO PRIETO 499- 



Contra tí me abrigabas en el tormento, 
Tu pecho haciendo escudo de mi cabeza, 
Arrullo enamorado, flor de contento 
De mi pobreza. 



¿ Oyes, madre, estos ecos en que suspira 
El canto que los otros estro creyeron ? 
Son tus besos que vibran sobre mi lira, 
De tí nacieron. 



Tú me viste de hinojos, Virgen del cielo, 
Balbutiendo sus preces en tu presencia ; 
Tú eras límpido arroyo cruzando el suelo 
De mi inocencia. 



Mi amor, mi linda madre, ¿ por qué en tu pecha 
Hirió sin que lo viese la fatal suerte .....'* 
Tendiéndome los brazos sobre tu lecho, 
Te halló la muerte .... 



Perdón ! yo di á tus canas luto y quebranto, 
La hiél de mis pesares fué tu bebida : 
¿ Lo ves ? sufro el castigo .... mira mi llanto, 
Madre querida. 



Sola, sin mí luchando con el ahoguío. 
Del morir doloroso con voz doliente, 
Delirando clamabas: "Deja, hijo mió. 
Besar tu frente." 



500 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Ampárame piadosa, mis pasos guía, 
Veme por tí de hinojos, madre y señora ; 
Y. contigo en los mundos de eterno dia, 
Mire la aurora . . . . ! 

La caída de las sombras, no me permitió continuar. 



En una tabaquería de la calle principal, abrí, por la bon- 
dad de amigos mexicanos, el despacho de los recuerdos de 
la crónica y de la guerra. 

M. Suvervielle, á quien ya conocemos y á quien todo el 
mundo llama D. Antonio con la mayor familiaridad; M. 
Poinsart, picante y decidor ; Elliot, bebedor empedernido de 
cerveza ; Leal, amante de México como pocos, armábamos 
grescas de hundirse el mundo. 

A ese punto regresaba después de mi paseo vespertino ; 
-pero antes de poner el pié en el quicio de la puerta, me 
asió de los brazos, como con dos tenazas de hierro, un per- 
sonaje al que voy á tener el honor de -presentar á mis lec- 
tores. 

Trátase de un hombrecillo de quien de pronto no se pue- 
den descubrir sino dos ojos de azul de cielo, que se ven co- 
mo claros de firmamento entre desgarradas nubes, y echo 
mano de la comparación porque no sé cómo describir una 
cara llena de manchones y calados de tizne, en la que lo 
único que alcanza claridad, son los ojos. 

De debajo de un retruécano de fieltro, que llamaremos 
sombrero, desgobernado y caido por todas partes, se des- 



GUILLERMO PRIETO $01 



cuelgan, danzantes y haciendo columpio, guedejas de blan- 
cos cabellos. 

El cuello, que tiene el aspecto de un clarin boca arriba, 
está triunfante de dos picos que han .salvado los límites de 
una pechera de cuero, sosteniendo la existencia oculta de la 
camisa. 

Velludos brazos al descubierto, pretina insuficiente de- 
jando en huelga el abdomen, zapatazos de aplanar losas, coa 
la punta hacia arriba, y el tacón avergonzado cubriéndose 
con la planta. 

Tal es mi amigo, francés de origen, maquinista famoso,, 
adorador de Víctor Considerand y de Alfredo de Musset, 
mi íntimo amigo desde i86ó y hombre de capacidad privi-^ 
legiada. 

— Este es el plagio, M. Guillermo, y vd. viene á tomar 
hi gotitte conmigo, á mi pobre casa, que vd. conoció, á la ori- 
lla del rio, á dos pasos de su hotel. 

— M. Réve, (así llamaba yo á mi amigo por lo soñador y 
por lo ideal), allá voy; pero aviso primero á Francisco. 

— No, amigo mió, nuestros amigos esperan impacientes, 
y sobre todo, mis niñitas que he mandado que no se acues- 
ten hasta que vd. las conozca y les dé su beso de bendición. 

— En marcha, M. Réve, en marcha, y no necesitaba vd. 
tanto para derretir mi corazón -de mantequilla. Veamos á 
mi linda paisana (porque de México es la hermosa señora 
de M. Réve), que me conozcan las chicas, les haré suertes 
y les contaré cuentos, y nosotros, dije tarareando La Des- 
éente atix Eíifers de Beranger 

" Tant q'on le pourra, larirette 
"On se damnera lariza, 



502 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

"L'on trinqucra, 
"Chantera, 
"Aimera, etc." 

Caminamos alegres á la casita de M. Réve, situada á po- 
ca distancia del hotel, escondida en una quiebra de la loma 
que da al rio y tocando en él su precioso jardin. 

Para llegar á la casa se desciende entre árboles, y se baja 
Tin alto y tendido escalón, y en el declive ó rambla que va 
al rio, perdida entre enredaderas y árboles frutales, circun- 
dada de vistosísimas flores, está la casita blanca con sus per- 
sianas verdes, su pórtico gracioso y sus chimeneas arrojan- 
do humo. 

M. Réve llegó armando zambra, corrían á competencia 
sus niñas, el perro iba y venia, caracoleaba entre la gente y 
tse empinaba sobre sus patas traseras para alcanzar el pecho 
-de mi amigo : la señora se adelantó también como una chi- 
ca, gritando : " Fidel, Sr. Fidel, muy bien venido, venga vd. 
aquí con sus amigos. " Triple salva de palmadas y vivas nos 
recibieron. 

M. Réve, después de un rato de ausencia, volvió limpio, 
cepillado, peinado y vestido como cualquier prójimo de los 
que pisan alfombras y se pavonean derramando en los sa- 
lones esencias de buen tono. 

La casita estaba como escondida entre las flores, las pie- 
zas son pequeñas, pero reverberando de limpieza y de pro- 
piedad y buen orden. 

Los amigos que me esperaban eran los mismos que en 
otro tiempo me llenaron de atenciones ; se notaban más ca- 
Jias, más hondas las arrugas de la frente; pero aquellos ve- 
teranos del trabajo reian, decían sus chistes picarescos y te- 



GUnLERMO PRIETO 503 



nian el corazón abierto de par en par para las expansiones 
de los tiernos afectos. 

Hablábamos de todo, reiamos sin saber de qué ; en mar- 
cha triunfal invadimos una mesita redonda en el comedor, 
en la que presidia, entre ramos de frescas flores, un cande- 
labro con una pirámide de luces en el centro, y la señora y 
las niñas desaparecieron, no sin quedar comprometido á vi- 
sitarlas al siguiente dia. 

Entonces tuvo todo su vuelo la charla ; hablóse del pro- 
digioso movimiento de la población. Supe allí que las rela- 
ciones con Chihuahua no se interrumpian, y que por el con- 
trario, inmigraban muchos peones de aquellos pueblos, atraí- 
dos por la alza de sus jornales. 

— ¡Oh! los jornales por un lado y la leva por otro, han 
traído aquí muchos mexicanos. 

— Por lo demás, aquí no se ha observado en todo su ri- 
gor el sistema yankee que vd. conoce. Ellos, en sus adqui- 
siciones en otros puntos, han hecho la división de tierras ; 
agentes y jueces dependen del Gobierno general : hácese la 
división, se proclama una ley de impuestos, gravando las tier- 
ras no cultivadas é imponiendo graves penas á los que no 
cultiven ; así se verifican los robos con todo el aparato de la 
justicia; suele acudirse á la autoridad; la autoridad, como 
los jueces, deciden en favor del Estado y nace el pingüe 
tráfico de las tierras plumas : por ejemplo, desplumar con 
este procedimiento á los hacendados mexicanos, seria cosa 
de un abrir y cerrar de ojos. 

Dióse otro giro á la conversación, se repitieron los brin- 
dis, y M. Réve, en un momento en que consideró su efec- 
to teatral, se levantó, fué á las piezas interiores y volvió 



504 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

conduciendo un hermosísimo álbum que colocó sobre la 
mesa. 

Tenia el álbum, en las caras exteriores de la pasta, dos 
miniaturas deliciosas de paisajes. 

— Aquí tiene vd., M. Guillermo, este álbum que está 
muy bonita, y que yo compra, porque vd. trabaque por mí. 
Yo quiere de la poesía de vd.; pero no por el vieco Re ve ni 
por su casita, y sus niñitas y su moquier, que estás muy par- 
ticular ; yo quiere un versa de fantasie poetique. 

— Recuerdos de la patria, decia uno. 

— Recuerdos de la juventud, decia otro. 

— jOh, no! M. Prieto; vd. me pintas un vieca muy ena- 
morado, y botellas y muchachas bonitas, y siempre no es- 
tás contenta, porque es vieco, y porque no tiene conta el 
alma. 

— Magnífico! Venga la pluma, déjenme poner mi tren de 
escribir sobre la chimenea, y allí escribo y vdes. siguen char- 
lando, y me dan aviso cuando se trate de beber. 

M. Réve, loco de contento, me surtió de lo que necesi- 
taba, y yo, sin más ni más, abriendo el libro, dejé caer so- 
bre sus tersas hojas los siguientes versos, en medio de los 
¡ burras! los repetidos brindis y las frecuentes interrupciones : 

i:)eoim:a.s. 



Pedí i insensato ! al contento 
Sus goces, ¡ vano delirio ! 
Y fué añadir el martirio 
A lo intenso del tormento. 



\ 



CONDICIONES DE LA SÜSCRICIGM. 



Semanariamente se publicara una entrega de elegan- 
te impresión en 4*^, buen papel, con su forro do color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y una estamp?., 
'ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, y REAL Y CUARTILLA en los Estados. 

Se reciben las. suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguilar y Ortiz, V de Santo 
Domingo núm. 5. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
casa y todos los señores administradores de correos. 

J^, M, Affuilar y Ortiz, 

Administrador. 



ti^ 



t-^ 






SE> 



V íAJ 



A- LOS 



ESTADOS-ÍNIDOS 



Por FIDL 



(GUILLERMO PaETO) 



(1877) 



^?il7^eqa JVúi63. 



MEXI4 
ÍHipff-etita del Comercio, ' Dublaii y Chávete, 

eU-LE »B COKPO'-S KOH. 8. 

a.Q7£ 



GUILLERMO PRIETO 505 



Entre el loco aturdimiento 
De la fugaz alegría, 
Mi placer aparecia 
Cual desgarrado celaje 
Esparcido en el ropaje 
De la tempestad sombría. 



Me brindaban con un cielo 
Entre lúbricos excesos, 
Mujeres que con sus besos 
Iban á matar mi duelo, 

Y fué amargo el desconsuelo, 
Cuando las vi indiferente, 
Y me hirieron hondamente 
Los garfios de mi suplicio, 
Aun pegando contra el vicio 
Las arrugas de mi frente. 



Ave de incierto destino 
Que dulces cantos exhala. 
Cuando entrega incauta el ala 
Al revuelto torbellino, 

Arroyuelo cristalino 
Que su corriente serena 
Va sepultando en la arena 
Buscando lechos de flores. 
Alma tierna y sin amores 
Que se consume en la pena. 



Tomo III. 64 



506 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

¿ Por qué al Champaña espumante 
Le pides olvido infiel, 
Cuando lo tornas en hiél 
Con ese llorar constante ? 

¿ No miras en tu semblante 
Sombras de la senectud ? 
¿ No ves que á la juventud 
Espantaras, libertino, 
Viendo tuerces el camino 
Al lecho del ataúd ? 



■0. 



\ Piedad ! piedad ! solo pido 
Con el alma dolorida, 
Dar raudales de mi vida 
Por una gota de olvido, 

Quedar un tanto dormido 
Sin que me punce el furor 
De recuerdos de dolor 
Que se ceban en mi daño, 
Aunque le llame en mi engaño 
Al opio asesino, amor. 



Águila que al cielo mira 
Herida y de luz bañada, 
Y es más triste su mirada 
Si mirando al sol espira; 

Rama que en los mares gira 
Al vago soplar del viento, 



GUILLERMO PRIETO 507 

uC ; 



Y es en su luchar violento, 
Sobre las olas infieles, 
Recuerdo de los verjeles 
Que fueron nuestro contento. 



Me escuchas ¡oh joven bella! 
"V á mí tu voz no se atreve. 
Porque te convierte en nieve 
Lo acerbo de mi querella. 

Acércate y atropella 
Mi dolor con tu alegría, 
Dime mi bien, vida mia. 
Deja besar tu cabello. 
Deja que esconda en tu cuello 
Mi semblante y mi agonía. 



Vibra en tu cutis la vida 
Como en pétalos de rosa, 
Con el iris luminosa 
Gota de agua suspendida. 

Deja el alma enloquecida 
Adormecerse en tu encanto, 
Deja que me envuelva el manto 
Que receloso te viste .... 
Tiemblas, ¡ ay ! fué que sentiste 
Sobre tu cuello mi llanto ! 



508 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Sí, tiembla ! tiembla, mujer ! 
Torna mi llanto irrisión, 
Que profana la ilusión 
El que degrada el placer. 

Vende el mágico poder 
De tus auroras tempranas, 
De tus caricias livianas, 
De tu hechizo, de tu rango, 
A quien no arrastre en el fango 
La santidad de las canas. 



Deja que la vieja encina, 
De su follaje entre el velo^ 
Descubra con luz divina 
Pedazos de azul de cielo, 

Deja con su triste duelo 
A mi corazón desierto, 
Deja que mi labio yerto 
Gima por la airada suerte. 
Porque puedo sorprenderte 
Con las caricias de un muerto. 



¡ Oh ! no, vivir es gozar, 
Y son bellos, alma mia. 
Los cánticos de la orgía 
Cuando gime airado el mar. 

Dulce me será espirar 
Del contento en el exceso, 



GUILLERMO PRIETO 509 



Contemplando tu embeleso 
Y exhalando enloquecido 
El alma, no en un gemido, 
Sino en la llama de un beso-: 



Venga la dicha suprema 
Que la locura desata. . . . 
Pero tu contacto mata 

Y esa mirada me quema. 
Maldición, odio, anatema, 

Son tu mirar y tu aliento ; 
En tí busqué aturdimiento 
Porque estaba delirando, 

Y miro que estoy llorando 
Del dolor de mi tormento. 

G. Prieto. 

No es describible el entusiasmo de mis amigos y las ex- 
presiones de gratitud de M. Réve, quien ofreció que nadie 
más escribida en aquel libro, que él habia comprado como 
una cajita de oro para guardar un recuerdo de M. Guillermo. 

Después de las doce de la noche, y cuando las calles es- 
taban totalmente oscuras, volví al hotel, donde hallé á Fran- 
cisco muy preocupado con la cuestión del viaje. 

En efecto, todas las facilidades que se ofrecen al viajero 
para trasportarse ; toda la conciencia que adquiere de que 
está en vecindad inmediata y como unido á cualquier punto 
de los Estados-Unidos ; la misma idea de la distancia que 
se limita y se borra al frente de una vía férrea, desaparecen 



5IO VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

: ' a. 

luego que los vehículos escasean y que la corriente de tran- 
seúntes queda como arremolinándose y buscando salida por 
el conducto reducidísimo de un carro, un coche de colleras 
ó un guayin, como aquí sucede. 

El guayin hacia viajes dos veces por semana y tardaha. 
en su correría de treinta y seis á cuarenta horas, de San An- 
tonio á Piedras Negras, tocando en Iu?rí Clark por unamon 
lestísima desviación. 

El guayin de Texas es como los que conocemos, de nue- 
ve asientos estrechísimos, con sus cortinas embreadas, su 
pescante y su estructura de cajón. 

Pero uno es describir el mueble, y otro pasar en él trein- 
ta y seis horas mortales, en aquella prisión rodante. 

De todas maneras, la suerte quiso que demorásemos nues- 
tra marcha por falta de vehículo, y así, no hubo más que ape- 
chugar con la situación y pasar el tiempo lo menos mal que 
fuese posible. 

Entre las visitas que nos honraron, recibimos la de M.^ 
Douay, antiguo amigo de mi familia, persona de clarísima 
inteligencia y de excelente corazón. 

La conversación de M. Douay nos convenció de la oe- 
cesidad de sostener en San Antonio activos agentes mer- 
cantiles, de que fuesen familiares á nuestros hombres públi- 
cos los periódicos de Texas, haciendo que se leyesen en las 
Cámaras, en las Bibliotecas, etc.; y recogí datos de mi ami- 
go, que pienso utilizar en mis estudios económicos. 

A las cuatro de la tarde, el Sr. Leal estaba en nuestro 
hotel con el objeto de presentarnos á su familia. 

Compónese la familia del Sr. Leal, de su señora, un jo- 
ven de veinticinco años y una elegante y hermosa señorita. 



GUILLERMO PRIETO 5 II 



La familia es netamente mexicana : desatóse la parvada 
de recuerdos de México, aleteando contenta y llevándonos 
por todos los lugares más gratos á nuestro corazón. 

En el interior de la casa se ven flores por todas partes, 
cuadros con vistas de México, retratos de mexicanos nota- 
bles amigos de la familia; y por aquí tejidos de gancho, por 
allá canastitas de abalorio en los estantes, los trastos con la 
simetría que suelen colocarse por nuestras señoras en el ti- 
najero, coqueteando la loza de Guadalajara y la de Zinzun- 
za, como representando orgullosa la nacionalidad de la fa- 
milia. 

La señorita cantó y tocó el piano con rara habilidad, el 
Sr. Leal hablaba de sus viajes y dp las campañas de los in- 
dios, el chico nos queria instruir del estado actual de Texas, 
y la señora y yo traiamos al retortero memorias de épocas 
felices en nuestra patria y entre las personas que nos eran 
más queridas. 

A la caida del sol vino un carruaje por nosotros ; las se- 
ñoras nos hicieron compañía y salimos á recorrer los alre- 
dedores de la ciudad. 

Ya hemos dicho que la trasformacion ha sido completa : 
toda la orilla del rio la bordan arboledas y jardines, fincas 
de campo y estancias deliciosas ; por todas partes deja sus 
huellas la abundancia y la paz, y en algunos puntos parece 
que ha servido de abono la extinguida miseria, para que 
aparezca más hermosa y floreciente la población. 

La visita del Sr. Leal nos fué en extremo grata. 

Entre tanto, á nuestro regreso al hotel se nos dio parte 
de que quedaban allanadas todas las dificultades, y que den- 
tro de tercero dia partiríamos para Piedras Negras. 



512 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Hicimos nuestros aprestos al siguiente dia, y en la noche 
nos dirigimos á despedirnos de M. Cupples. 

La noche estaba oscurísima; aunque en la calle principal 
habia algunos billares y bar-roonis con luz, :^ torcer parala 
casa del doctor se yeia negro el horizonte y llameando dé- 
bilísimo el gas de los faroles, entre el ramaje de los ár- 
boles. 

Penetramos por el jardín como en excursión misteriosa ; 
tanto así era el silencio que por todas partes reinaba. 

Tocamos la puerta; un criado diligente nos abrió y subió 
con nosotros la escalera. 

En la casa se nos esperaba : el saloncito estaba ilumina- 
do, la luz que salía de las ventanas resbalaba en los profu- 
sos cortinajes de enredaderas del corredor. 

Katy y su mamá, después de saludarnos, sirvieron el ca- 
fé, como de costumbre, diciéndome que el doctor estaba un 
tanto indispuesto. 

La conversación, con pretensiones de animada, caía en 
el silencio. ... y volvía trabajosa y como por llamaradas á 
encenderse, para agotarse de nuevo. 

Al fin, la señora nos dijo que el doctor acababa de tener 
uno de sus terribles ataques del pecho que lo ponían á la 
muerte, y que aun no estaba fuera de peligro. 

Katy lloraba, la señora hablaba de la diversión que se nos 
tenía preparada, y en la que habia puesto tanta diligencia el 
doctor, quien decía con mucha gracia, " que le habíamos lle- 
vado Ain cargamento de felicidad. " 

Ofrecimos nuestros servicios ; no eran necesarios : Katy 
me presentó su álbum, y yo no sé qué escribí bajo la dolo- 
rosa impresión que me dominaba : puso en mis manos la 



GUILLERMO PRIETO 513 



linda joven una colección magnífica de poetas ingleses, en 
una lujosísima edición. 

Hondamente conmovidos nos despedimos Gómez del Pa- 
lacio y yo de nuestros amigos, y cautos, silenciosos, conte- 
niendo el aliento, comenzamos á bajar la escalera ; antes de 
tocar su término oimos ihi ruido, alzamos los ojos, y como 
un fantasma envuelto en su blanca sábana, sobre la que res- 
balaba la luz como en el mármol, apareció en lo alto de la 
escalera el doctor, que pálido, desencajado, saltó del lecho 
á darnos la mano de amigos de su corazón. 

Las señoras le contuvieron, nosotros nos precipitamos 
para desaparecer ; pero el doctor hizo un empuje y cayó 
cerca del término de la escalera, sacando por entre el ba- 
randal su brazo descarnado, pero como de alabastro, y di- 
ciéndonos : 

— Amigos, adiós .... mi D. Guillermo, adiós .... mucho 
feliz México. 

La noche, la luz única, el cadáver viviente que me des- 
pedía, el lugar aquel tan poblado de recuerdos, la conmo- 
ción del eran corazón de Francisco, me hicieron una im- 
presión terrible. 

Lleofamos al hotel : Francisco se encerró á muerte en su 
cuarto sin hablar palabra ; á mí me ahogaba la congoja.* 

Saqué una mecedora al corredor, y allí permanecí co- 
mo enajenado, como hundido en estupor profundo mucho 
tiempo. 

— Oiga vd., M. Praits, me dijo un desconocido que esta- 
ba, como yo, en el corredor tomando fresco. 

— ¿Qué mandaba vd., caballero? 

— Que vd. se va mañana, y que quiero vd. tome un trago 

Tomo III. 65 



514 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

de esta cerveza, por Pancho y Manuelito que son muy que- 
ridos. 

En efecto, era un joven de la casa de Miguel y Juan Ma- 
nuel González que, como he dicho, fueron la providencia de 
los mexicanos que estuvimos en Texas en 1866. 

Venciendo el estado de mi espíritu, entré al cuarto de 
Henry. 

— Vd. alemana? 

— No, Henry, bebo mejor la de San Luis. ¿ De dónde 
viene vd. ahora? 

— De la Laguna. 

— Siempre el comercio. 

— Sí, señor ; pero ahora está perdido. 

— ¿Cómo hace vd. su comercio en la frontera? 

— Yo de cualquier modo ; pero en lo general es otra cosa. 

— Veamos, cuénteme vd. algo, porque sabe que soy cu- 
rioso. 

— Pues otro trago, y abra vd. los oidos. 

Los propietarios ó cultivadores de tierra de Texas tienen 
una manera de comerciar ; otra los comerciantes extranjeros 
ó americanos no relacionados con México, y otra los ra- 
yanos ó comerciantes mezclados entre mexicanos y te- 
xanos. 

De los primeros tiene vd. conocimiento por las noticias 
estadísticas, y ese tráfico está íntimamente enlazado con la 
activísima especulación de tierras, que asciende á millones, 
y que da el cimiento sólido de la propiedad á esa increíble 
inmigración que cada dia se hace más importante, más rica 
y fecunda. 

El solo cultivo del algodón bastaría para dar verosimili- 



GUILLERMO PRIETO 515 



tud á esas trasformaciones casi instantáneas de desiertos en 
pueblos florecientes. 

La vía férrea que une á Texas y sus puertos con el Sur 
y el centro de los Estados-Unidos, comunica preponderan- 
cia creciente á esa parte de la Union, desarrollándola en el 
sentido político y mercantil, de un modo que no me atrevo 
á explicar, porque Dios no me ha dado chirumen para me- 
terme en honduras. 

Por ahora, y respecto de México, como para la comuni- 
cación fácil y barata tienen los pueblos americanos el ferro- 
carril, á él acuden para el cambio de sus productos; y por 
agua, con el auxilio de ese propio ferrocarril, estarán en co- 
municación con rmestras costas del golfo. 

Los productores de Texas buscan sus mercados en el 
Norte y el centro de los Estados-Unidos, y esta aserción 
la puntualizan las tablas de su tráfico, y á esta clase me re- 
fiero respecto de los comerciantes no relacionados con Mé- 
xico. / . 

Es corto el número de comerciantes que solicitan efectos 
mexicanos para venderlos en los Estados-Unidos, y el trá- 
fico, que no es muy cuantioso, consiste en pieles de chivo 
y lana en greña. 

— Respecto de los rayanos, continuó el negociante, se to- 
ca la gran cuestión de contrabando, y eso tiene mucho que 
saber. 

— Cabalmente es sobre lo que quisiera rectificar mis ideas, 
expuse yo. 

— La cuestión de contrabando, siguió mi amigo, tiene ta- 
les proporciones, ha servido de muletilla ó comodín á tan 
encontrados intereses, se ha ligado á otros de un modo tan 



5l6 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

extraño, que cuando se le dan soluciones sencillas, una es- 
pecie de desencanto nos sobrecoge, y creemos parto de nues- 
tra ignorancia la aclaración, sin ambages ni misterios. 

Ante todo, es necesario fijarnos en la posición geográ- 
fica. 

Las poblaciones mexicanas que están á la orilla del rio, 
distan unas de otras, en sus cercanías á Matamoros, pocas 
leguas, como Reynosa, doce ; Camargo, ocho ; Mier, cua- 
tro ; Guerrero, trece ó catorce ; pero aunque la distancia de 
unas á otras poblaciones es corta, el intervalo es de desier- 
to cubierto de chaparros, de suerte que la vigilancia siem- 
pre es difi'cil. 

De Mier á Guerrero hay doce leguas de desierto ; de 
Guerrero á Laredo sesenta leguas, y de este punto á Pie- 
dras Negras, la misma distancia, poco menos. 

En esas cien leguas, que tienen de intermedio dos pobla- 
ciones aisladas, el rio abunda en vados que se atraviesan á 
pié, á caballo, en carreta y como se quiere. ¿ Qué costo no 
tendría el establecimiento de líneas de resguardo eficaces? 
¿A cuánto ascenderla el mantenimiento de cantones? ¿Có- 
mo se hada eficaz un sistema de contraresguardos como los 
carabineros españoles, ó como las primeras líneas fiscales de 
Francia? 

Al frente de cada población mexicana hay una población 
americana rodeada de rancherías, en donde pueden deposi- 
tarse efectos que se sustraigan á toda inspección y hacerse 
impunemente el fraude. 

El arancel americano permite el libre tránsito, por los 
Estados-Unidos, de los artículos que de allí y Europa van 
á consumirse á otros pueblos, y al atravesar la frontera, cu- 



GUILLERMO PRIETO 51/ 



briendo toda responsabilidad con un certificado que acredi- 
te que han pasado el rio. 

A veces una misma familia ocupa localidades de uno y 
otro lado del rio, sin que persona alg'una extraña interven-- 
ga en sus tráficos. 

Además de lo expuesto, hay hacendados de la frontera 
mexicana, que vienen muy frecuentemente á San Antonio 
á proveerse de efectos. A poca distancia del rio están sus 
tierras, y en ellas el seguro contra toda pesquisa. 

Algunas fuerzas militares, sin respeto y sin dependencia 
del Ministerio de Hacienda, pueden impunemente favo- 
recer el fraude, y ya se ha dado caso de que el comerciante 
haya hecho sus ajustes dentro de un cuartel, teniendo con 
eso todo género de garantías. 

Por otra parte, como ese tráfico clandestino protege mu- 
chos intereses y sirve de sostén á muchas personas, pobla- 
ciones enteras se alian á los contrabandistas, los amparan y 
ocultan, llegando al extremo de que los comerciantes de 
buena fé no encuentran sirvientes, porque todos sirven con 
más gusto y mayor lucro á los contrabandistas. 

La falta de atención y la escasez de dotaciones á los con- 
traresguardos, así como las circunstancias de emplearse per- 
sonas que no conocen aquellas localidades, facilita la cor- 
rupción de los empleados, y así el fraude es mucho más 
seguro. 

Últimamente ha aparecido y se ha hecho sensible otra 
causa accidental, que es decisiva en materias de contraban- 
do, y es la falta de puntualidad en las pagas al ejército que 
guarnece la frontera. 

Remitidos los libramientos por el Ministerio de Hacienda, 



5l8 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

los Jefes se ven precisados á descontarlos con pérdidas enor- 
mes; ¿ y qué más motivo de desequilibrio y perturbación que 
€se comercio? 

Por último, la existencia de efectos sin salida en los Esta- 
dos-Unidos, con especialidad de tejidos de algodón, hace 
que los comerciantes americanos, urgidos por la realización, 
den sus efectos á un ínfimo precio, á veces con enormes 
pérdidas, y esto desequilibra todo cálculo y hace irresistible 
el contrabando. 

Por lo mismo, combinar la vigilancia con la baja del aran- 
cel, y por medio de un tratado hacer la vigilancia recíproca 
de las dos orillas del rio, es el medio único de atenuar los 
males inmensos del contrabando. 

— Bien parlao, dijo uno de los convidados, cebando su 
vaso de cerveza ; pero si ahora están las cosas tan turbias 
mediando el desierto, más lo estarán con la inmigración : 
hay una sola línea de ferrocarriles que conduce más de trein- 
ta colonos diariamente. 

• — Eso, eso, dijo otro, mexicano por más señas; pero pro- 
tegerá el Gobierno de los Estados-Unidos, les dispensará 
del pago de contribuciones, tendrá agentes y dirección, to- 
do bien pagado y en regla. 

— Nada de eso, dijo un Miguelito, listo como una avispa 
y que se habia enriquecido haciendo de corredor en estos 
negocios ; nada de eso, el Gobierno general no tiene que ver 
en estas cosas. 

El colono acude al Gobierno del Estado dueño de las 
tierras, se dirige al agrimensor, compra á treinta y dos cen- 
tavos el acre, é inmediatamente y casi á la vez que constru- 
ye su casa, siembra trigo, algodón, y plantea su cria de ga- 



GUILLERMO PRIETO 519 



nado. Las harinas de Texas se consideran supremas y han 
merecido premio en la última exposición. 

— Todo eso, interrumpió un viejo, depende de que aquí 
las aguas son abundantes y México tiene muy contados pun- 
tos en que puede hacer esas hazañas la colonización. De to- 
das maneras, ella, al querer ó no, independiente de todo cál- 
culo, tendrá que modificar el modo de ser de la frontera 
mexicana. 

— Ayuda mucho al desarrollo prodigioso de Texas, la 
afluencia de comerciantes de los Estados del Norte y del 
N. O. que se instalan en éste. 

Aquí se encuentra vd. poderosos capitalistas del Missou- 
ri, hijos del Norte : son los banqueros, y el tráfico con esos 
pueblos es cuantiosísimo. No hace seis meses, Fortwotch 
apenas contaba tres mil habitantes, poco más : hoy tiene 
ocho mil. 

Las orillas del Rio Colorado rebosan en vida, Galveston 
es un puerto importantísimo, y á Austin no lo conocería vd. : 
teatros, colegios, iglesias, monumentos, paseos y mejoras, 
brotan como por encanto, procediéndose como por impro- 
visaciones, de un modo que deslumhra y aturde. 

— Entre tanto, Sr. D. Guillermo, me decia tristemente el 
viejo, si fuera vd. por donde transitábamos, en la ribera de 
San Pedro, ya ni las tristes barracas, ni los humildes corra- 
les, ni los insuficientes antros en que vivian los mexicanos, 
han quedado en pié ; y unos fragmentos de ranchería, unos 
residuos, es todo lo que queda de nuestra raza: y de los se- 
ñores de aquellas tierras. 

Como el gravamen del impuesto se agrava á los terrenos 
cultivados, y los mexicanos están en la miseria, los remates 



520 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

s • ■ .a 

fiscales fungen de despojo y de confiscación, y la ley es un 
instrumento terrible que consuma el robo con todas las fór- 
mulas de la equidad y el bien. 

Esta conversación nos entristeció hondamente, y nos se- 
paramos silenciosos evitando cada quien la despedida. 





^/¿<.¿y<>^Oyi^ — /íz^tS¿^ 




XXIV 



De San Antonio á Eagle Pass (Paso del Águila). — Castrovi- 
lle. — Orvalde . — Blaskville. — Fort Clark. — Paso del 
Águila. — Nocl\e.— La patria. 



DE SAN ANTONIO A PIEDRAS NEGRAS. 



Tomo III. 



Es un huacal que de afrenta 
Puede servir á los pollos, 

Y no menciono á los cerdos 
Porque ofendo su decoro. 
Es una jaula á que falta, 
Para ser jaula de locos, 
Con su chicote un loquero, 
El estanque y refectorio. 
Ese horror de cuatro ruedas, 
Ni es galera ni es birlocho ; 
Con terror le ve el viajero 

Y las muías con sonrojo .... 

66 - 



522 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Sin cortinas, es la fiebre, 
Con cortinas, calabozo; 
Es disparate con ruedas, 
Es una trampa de lobos 
Que se encuentra de carruaje 
Sin saber cuándo ni cómo. 
En ese nos embutimos 
Al salir de San Antonio, 
Con dos ancianas, un negro, 
Dos carreros y dos gordos. 
Eramos por todos nueve, 
Pero en el valer diez y ocho, 
Contando con adiciones 
De canastos y envoltorios. 
Apenas entrado hubimos, 

Y ya el carruaje era un horno. 
¡ Qué bufar de aquellas brujas, 
Qué resoplar de los gordos ! 

¡ Qué rebullidas del negro, 

Y de todos, qué sofoco ! 
De cuatro encendidas pipas, 
Porfiaban de humo los chorros. 
Era el chicharrón humano 

En el festin del demonio ! 

Y era un fandango de piernas, 

Y de brazos y accesorios, 

Que en las secciones del cuerpo, 
Rompiendo mares de estorbos, 
Juraban su independencia 
De apreturas y rescoldos. 
Cada vaivén da materia 
Para llenar quince tomos: 
Por aquí gritan las viejas. 
Por allá ruedan los gordos : 
El negro pega unos saltos 
Cual sus abuelos los monos, 

Y el que no resulta herido, 
Es que está al perder un ojo. 

¡ Qué comer ! sagrado cielo ! * 



GUILLERMO PRIETO 523 



Mejor nos fuera rastrojo, 
O pedernales refritos 
Con ensalada de abrojos. 
Eran pedazos de oreja 
De caballo, pelos de oso. 
Cola de pegar maderas, 
Hule con astas de toro, 
Jabón con hiél y vinagre 

Y de asafétida trozos, 
ítem; glóbulos de acíbar, 
ítem, caprichos de corcho, 

Y por líquido elemento 
Los intestinos de un pozo, ' 
Con tremendos guzarapos 
Negros, morados y rojos, 
ítem, un luhiskcy, que el bruto 
Que apechuga con un sorbo. 
Queda como sin aliento, 

Con lágrimas en los ojos, 

Y extendiendo las dos manos 
Solicitando socorro. tííUKifOÍt Librar^ 

Y es tan horrenda pintura. 
Como canto melodioso 
Comparada con la noche 
Que fué nuestro purgatorio. 
El negrazo patiabierto 
Forma á las ancianas biombo, 

Y sus enormes botazas 

Se nos plantan en el rostro: 
Este sube, el otro baja, 
Plipa el uno, tose el otro, 

Y se chocan contra el techo 
Piernas, sorbetes y gorros. 

Al rezongar del negrito " 

Hacen bajo los dos gordos, 
Con roncar tan desalmado, 
Tan majadero y tan bronco. 
Que en competencia el rebuzuo 
Pareciera melodioso, 



524 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Y el chirriar de la carreta, 

Y la algazara del gongo. 
Así pasaron las horas, 
Sospechando cada prójimo 
( Presa casi de la asfixia 

Y tostado en aquel horno), 
Ver en carbón convertidos 
Pies y manos, pecho y ojos, 
Hasta que salió la aurora 
Poniendo cara de tonto. 
Sobre un llano tan ingrato, 
Tan seco y tan de mal modo^ 
Como se junta una suegra 
Con aborrecido novio. 
Como se juntan dos plagas. 
Como se besan dos monstruos. 

La luz alumbró en el coche 
Horrores, del mundo asombro : 
Por aquí gorros ajados, 
Por allí pálidos rostros ; 
Los flacos cual para-rayos ^ 
Casi desnudos los gordos ; 

Y ligas, guantes, tirantes, 
Como de un guiso en el bodrio, 
En lagos de mantequilla 

Que el conductor codicioso * 
Puso á nuestros pies en botes 

Y que derritió el bochorno. 
Con todo, al mirar la aurora, 

**' ¿ Llegamos ?" . . . . dijimos todos, 
'Y el conductor nos responde 
Bostezando perezoso : 
" Poco' tiempo, otro poquita, 
" Como te vas San Antonio." 



Humanidad desdichada. 
Condenada cual nosotros 
A pasar este suplicio, 
A bramar en este potro, 



GUILLERMO PRIETO . 525 



Pídele á Dios que esta tierra, 
Que no pisan ni los lobos, 
Vergüenza de los desiertos, 
De los reptiles emporio, 
O se acorte ó mar se vuelva, 
O la cierna un terremoto 
Y del mapa desparezca, 
Donde está dejando un hoyo. 

Fidel. 

Fuera de toda broma, el camino, si así puede llamarse 
la travesía de grandes llanuras, es^ infernal. 

En un espacio de sesenta leguas aproximativamente, hay 
cuatro pequeñísimas poblaciones y los desmantelados luga- 
res en que se remudan las postas. 

En esos parajes se detiene la diligencia unos cuantos mi- 
nutos ; los pasajeros entran en tropel á una desajuarada pie- 
za. En el centro de ella hay una mesita insuficiente ; á poca 
distancia se rebullen contra el brasero unas arpías. 

En la mesa impera un jarrón de agua negra con el nom- 



bre de café. Vense sembrados en la mesa platitos pequeños 
con tiras de jamón como cortezas de árbol, maíces en crudo 
cuasi, yema de huevo hecha picadillo, una especie de balas 
de masa que llaman pan ; y si la posta tiene mucho lujo, un 
pedazo de carne dura medio revolcada en grasa, ceniza y 
cochambre, que llaman biftek. La agua es salobre, morden- 
te, y poblada de gusanitos inquietos. , 

Las poblaciones más regulares son Castroville, Orvalde, 
Blaskville, Fort Clark y Paso del Águila. 

Pero solo en esta última población es en la que se descan- 
sa después de un golpeo de dos dias. 

Aunque no faltan conatos de poblaciones nuevas y cultivo, 



526 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

son grandes los tramos de desierto, y el aspecto de los ha- 
bitantes es triste, bárbaro, presentando el interior de las 
chozas espectáculos de verdadera miseria. 

A veces," como inesperada, á la orilla de un camino se ve 
una tienda de £-rocerzes, ó como si dijéramos, mestiza: áella 
se agolpa la gente y hay su remedo de tráfico. 

En más de veinte años Castroville, por ejemplo, ha teni- 
do corto desarrollo ; los carros de Durango y Chihuahua dan 
alguna vida á esos lugares, y se la da el contrabando, no en 
dirección de Piedras Negras cOmo se cree generalmente, 
sino en la de Laredo por un extremo, y por el otro sobre 
la Laguna, para dominar Zacatecas, San Luis y Durango, 
sin necesidad de atravesar el desierto que media entre el 
Saltillo y San Luis. 

A Piedras Negras llegamos á las once de la noche, es 
decir, cuarenta y seis horas de aporreo contundente. 

El Grande Hotel de Eagle Pass, que tiene por frontera 
Piedras Negras del lado de México, es un corral inmenso 
que tiene por límite un tendido jacalón : en ef corral hay 
macheros, cuadras y bodegas, y á la habitación la divide un 
abierto' pasadizo en piezas para los propietarios, y comedor 
y pieza de dormir de los mártires viajeros. 

A nuestra llegada, anunciada con gritos y silbidos, apare- 
cieron algunos hombres en pechos de camisa, á la usanza 
de Tierracaliente, con chanclas hechas de desechos de bo- 
tas y botines, mangas de camisa remangadas, brazos vellu- 
dos, cabezas alborotadas y rostros tostados por el sol y por 
el whiskey. 

Hablaban aquellas gentes á la vez todos los idiomas ; pe- 
ro á derechas, ninguno de los conocidos. 



GUILLERMO PRIETO 527 



A medida que desembarcábamos del vehículo, entre mu- 
chachos, mastines y acarreadores entrometidos, 'nos señala- 
ban para embodegarnos una pieza que por todo mueble te- 
nia de esos catres de tijera y lona, sin más adminículos. 

Pero es el caso que muy poco se cuidaba nadie de que 
hubiera correspondencia entre el número de huéspedes y el 
de catres ; así es que era muy común ver que entraba uno 
á adjuntarse muy orondo al otro que reposaba en profundo 
sueño, y solia celebrar su advenimiento con un puñetazo. 

La población de Eagle Pass se halla frente por frente de 
Piedras Negras, dividiendo á ambas el rio Bravo del Norte, 
que corre como en una hondonada entre ambas riberas ac- 
cidentadas y llenas de desigualdades y malezas. 

A trechos se ven las casitas entre las zarzas, como un re- 
baño esparcido ; á veces forman calle en que abundan can- 
tinas y lugares de tráfico. 

Pero todo signo de propiedad, elegancia y hasta el re- 
cuerdo de las ciudades de los Estados-Unidos, parece ex- 
tinguirse ; es el fondo de la coladera, el residuo de la pobla- 
ción, la orilla del mar en que se depositan espumas y ba- 
suras. 

En el sitio de la guarnición militar se percibe más esme- 
rada cultura. 

Desde la loma en que está colocado el gran jacalón que 
era nuestro hotel, más bien se sospecha que se percibe Pie- 
dras Negras. 

Distingüese el lado mexicano como detrás de un muro, 
la plaza es extensa y cuadrada, con sus casas bajas de cal y 
canto, risueñas, abiertas de par en par y con la fisonomía 
característica de nuestras poblaciones. 



528 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

Yo tenia que atravesar arena y algo de mal país para 
percibir, como un enamorado, mi tierra ; y luego que la en- 
contré frente á frente, le dije una de piropos y de ternezas, 
que quedé como fortalecido y contento. 

Desde San Antonio habia yo escrito á mi nombre y al 
de Francisco al General Naranjo, mi amigo muy querido, 
que nos ajustara un carricoche y unos prácticos. del terreno : 
sus contestaciones fueron de lo más satisfactorias, y el co- 
che fué de más, porque gran parte del camino la hicimos en 
su carruaje y rodeados de toda clase de atenciones. 

I .uego que amianeció el 6 de Agosto del año del Señor 
de 1877, escribí un papelito al Sr. Zartuche, administrador 
de la aduana, para^que se sirviese ordenar lo conveniente 
para el traslado de nuestros equipajes, que podia cargar con 
desembarazo una golondrina. 

La respuesta fué que esperásemos al Sr. Zartuche, que 
se disponía á ir por nosotros para acompañarnos. 

— Pero, hombre, me decía Francisco, ¿te has vuelto loco? 
mírate revolviendo tu maleta mártir, mírate sacando de su 
inercia eterna al escarmenador y al cepillo. ¿ Qué te sucede? 

— Acicálate tú también, vamos á abrazar á la niña : esta- 
mos de galanes y de novios. 

Y de facto, nos poníamos de veinticinco alfileres, y gar- 
beábamos como unos pollos en aquel reducido espacio que 
nos dejaban los catres y los yankees medio despatarrados 
y desnudos. 

— El criado me ha dicho, decía yo, dirigiéndome á Fran- 
cisco y á riesgo de que se diese una cortada, que Naranjo 
mandó traer unas buenas sandías para que refresquemos al 
llegar : ahí está con él ese heroico General Falcon, hon- 



GUILLERMO PRIETO 529 



ra de nuestra patria, tan fino y caballeroso como siem- 
pre. 

— ¿Y el coronel Nuncio, está? me dijo Pancho, desvian- 
do la navaja de su cara. 

— Ahí lo tienes, tan seco, tan pelón y tan aparentemente 
brusco ; pero es finísimo : todo lo que tiene de temerario en 
la guerra, tiene de dulce y de caballeroso en el trato fami- 
liar. Y ¿sabes? el viejo Resendis, tan querido de Juárez, 
ahí está también. Anda, yo te anudaré la corbata. 

— Déjame en paz. 

— Oigo el carruaje. Aquí ! aquí ! yo soy, Sr. Zartuche, ese 
J^idel muy campechano y muy de su tierra : venga vd. por 
aquí. 

Es el Sr. Zartuche un anciano florido y de cara abierta y 
bondadosa ; sus patillas, como dos motas de algodón ; sus 
canas, cayendo en hilos de plata sobre su frente tostada por 
el sol. Zartuche es la misma probidad y el carácter más no- 
ble que se puede imaginar. 

Yo dejé mi equipo á lá buena de Dios, y escalé el car- 
ruajito como mejor pude. Francisco saludó y guardó las 
atenciones que es debido. 

Llegamos á la orilla del rio : del otro lado habia algunos 
curiosos. Descendí del carruaje y me puse de pié en el cha- 
lan : veia rielando el sol en las aguas ; la orilla de la patria 
como que se me acercaba tendiéndome sus brazos: me 
ahogaba la emoción. Cuando salté á tierra, volví mis ojos, 
y de rodillas, brillando el sol en sus canas y su hermosa 
frente, vi á Francisco besando la tierra de nuestra patria. 

No por imitación, sino por un acto que no podré expli- 
cac, me descubrí también y jipliqué mis labios á esta patria 

Tomo HI. ^ 67 



530 VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS 

— ^ 

tan bella, tan llena de infortunios, pero que se hace amar 
como ninguna otra patria de la tierra. 

Mientras Francisco saludaba y le rodeaban de atenciones 
nuestros amigos, yo, al rayo del sol y recargado en un des- 
nudo tronco medio hundido en la arena, escribía mi saludo 
á la patria, cuyo nombre sagrado quiero que cierre, como 
un broche de diamante, el humilde trabajo que tuve la osa- 
día de titular: Viaje á los Estados- Unidos: 

A MI PATRIA. 

Quiero pegar reverente, 
Patria, mi labio á tu suelo, 
Mientras me envuelve tu cielo 
Con su claridad fulerente. 



Que en la eternidad de lloro 
Que derramé en el tormento, 
Fué de consuelos tesoro 
Soñar con este momento. 



Y siguiendo la ilusión, 
En dolorosa porfía. 
Despedazarse sentia 
De angustia mi corazón. 



Pensando constante en tí 
En mi soledad oscura, 
Me fingía mi locura 
Que hablabas dentro de mí. 



De mi mal en los excesos, 
Pidió mi voz dolorida 
A Dios, no dicha, no vida. . . 
Tu tierra para mis huesos. 



GUILLERMO PRIETO 53 1 



¿ Cómo la luz te alumbró 
Y tus campos renovaste ? 
¡ Oh patria ! ¿ pues qué, encontraste 
Quien te amara como yo ? 



Cuántos arrullos sentidos, 
Cuántos ecos hechiceros, 
Cuántos trinos de jilgueros 
Enamorando en sus nidos, 



Te ha guardado el corazón 
En ignorados cantares : 
Tu nombre confié á los mares 
Con entusiasta emoción. 



Y cuando más sin fortuna. 
En las playas de Occidente, 
Alumbró mi triste frente 
Con tibio rayo la luna, 



Al resoplar el vapor, 
Que de las ondas triunfaba. 
Sollozando le contaba 
Tus encantos y mi amor. 



¡ Oh ! qué acerba soledad 
Sin tí surge del bullicio ! 
¡ Oh ! qué atroz es el suplicio, 
Oh patria, de tu orfandad ! 



Asusta la varia suerte 
Con su inconstancia temida. 
Tiene más ansias la vida, 
Tiene más sombras la muerte ! 



532 VIAJE A LOS ESTADOS-UNIDOS 

Y quejoso y lastimero 
Nos dice el viento al pasar : 
"¿ Qué sombra te ha de abrigar ? 
¿ Quién conoce al extranjero ? " 



¡ Si supieras cuál sufrí ! 
Si dijera el labio mió 
Cómo del alma el vacío 
Es espantoso sin tí ! 



A tu vista palpitante 
Olvido del hado el ceño .... 
Di que mi ausencia fué un sueño, 
Repítelo, patria amante ! 



Patria de Hidalgo y de Juares, 
Patria de amor, patria mia. 
La patria de mis cantares, 
La patria de mi María, 



Con rendida adoración 
Beso tu sagrada arena: 
Está de tí mi alma llena. 
Te canta mi corazón ! 

Guillermo Prieto. 
Piedras Negras, Agosto 6 de 1877. 

FIN DEL TOMO TERCERO Y ULTIMO 



IlSrDICE 



Páginas. 

Nueva- York. — (Continuación) 3 

I. — City Hall. — Plaza de Franklin. — Los periódicos. — Una ca- 
na al aire. — El gran Mercado. — Una dedicatoria á mis 
comadres. — Grozeries. — Los trastos. — Las carnicerías, 
— Puestos. — Juguetes. — Cuanto Dios crió. — Los pollos 
colgados. — Un purgante. — Hermosas vistas. — Revalii- 
fia del mundo. — La mar. . , , Una mexicana como una 

flor 5 

n. — La gran tienda de Stward en Broadway. — Lord y Taylor. 
— Ropa hecha. — Ropa-vejeros. — El cementerio de 

Grcenwood — Un romance , , 21 

IIL- — Adioses de mis amigo.s — La 1 ahía. — La estatua de la Liber- 
tad. — Jersey. — Adiós. — Fábrica de pianos de Stenway. 
— La maquinaria. — Varias manipulaciones. — Reflexio- 
nes sobré el pueblo americano. — La parte baja de la ciu- 
dad. — La Tesorería. — La Aduana. — Observaciones so- 
bre la tarifa americana. — Cifras de las importaciones y 
exportaciones. — Otra vez el inglés. — El castellano viejo. 41 
IV. — Instrucción pública. — Broad de Educación. — Asistencia 
de niños. — Lecciones sobre las cosas. — Informe.— Ca- 
rácter de la instrucción pública. — Carreras especiales. — 
Escuela normal. — Publicaciones y objetos de instrucción 

para los niños. — Educación de la mujer 65 

V.— Despacho de la Aduana. —/'í;¿5//í- Store Delivcry Office. — 
Puerta de salida. — M. Clark. — M. Grogan. — Depósitos 
del agua. — División en secciones {)ara el despacho. — 

Vigilancia. — Ltick tip. — Reflexiones 73 

VI.— El 4 de Julio. — La calle de Green. — Borrachínes. —BasT., 
sement. — Bar-room. — Francisco. — Museum. — •Carni- ' ' 
cerla humana. — Profanación de nuestros héroes. — Was- 
hington en ridículo. — Hotel Windsor. — Su riqueza. — 
Diversas oficinas. -^-Dependientes. — Lavandería. —^q\o- 
jes de vigilancia. — Renta.— Nombres y consumos de los 

principales hoteles. ■. 81 

Vil. — Beneficencia. — Hospital alemán. — Bellevue. — Blackwell. 
Otros establecimientos. — Asilo de ciegos. — Particulari- 
dades. — El humbug. — Humbug político. — Oradores. — 
Farsas políticas. — Prestidigitacion 97 



índice 



Páginas. 

VIH. — Establecimiento tipográfico y librería. — Appleton. — Libre- 
ría. — Varias oficinas. — Mr. Veillet. — Periódicos. — ^u 

carácter. — El Repórter. — Periódicos notables 127 

IX. — Castle Carden. — Su historia. — Su estado actual.-- <^oloni- 
zacion. — Inmigración. — Fonda y nevería de Bigut. — 
Otra vez la colonización. — Venta de tierras.- — El Minis- 
tro Shurtz. — Instrucciones. — D. Andrés Aznar. — New- 
York del lado del Este. — Bancos. — Sociedades de segu- 
ros. — WoU Street. — Operaciones de Banco. — Clearing- 
house. — Cajas de ahorros. — Edificios de la Aduana. — La 

Tesorería 137 

X. — Casa de Hallen. — Zapatos para caballos. — Máquina pul- 
verizadora. — Molino de viento aplicado al riego. — Re- 
cuerdos. — Los cepillos de dientes. — Los wagones. — 

Reloj inspector. — Mi tertulia. — Los criados 153 

XL — Pick-nick marino. — Rockway. — Los muelles. — El vapor 
" Plimouth. " — Paisajes. — Bañadores. — Pavilion Baths. 
— Cantina. — Museo. — Fonda. — Los baños. — Modorra. 
— Un romance. — Regreso. — Las tumbas. — Laberinto. 
- — Asco y degradación. — Una cita de poetas. — Jacinto 
Gutiérrez. — Pérez Bonal. — El café Delmónico. — Lectu- 
ra de mis versos 165 

XII. — Mataderos de rcses. — Su descripción. — El verdugo de los 
toros. — Un cambio de fi-ente. — El Dr. Agrámente. — El 
Lie. Agramonte. — El Puente de Harlem. — Alrededores 
y descripción del puente. — Medicinas de patente. — Es- 
tudios médicos.— Hospital de mujeres. — Visita á varios 
departamentos. — Consultas y benefieencia. — La seño- 
rita Jhonson 185 

XIII. — Mi tertulia. — Charla benéfica. — Iglesias Bautistas. — Casa- 
mientos. — Entierro. — Pick-nick. — " Reception. " — La 
Policía. — Las comisarías. — Penitenciaría. — Blakwell's. 
— Barbaridades. — Huelgas de obreros. — Matanzas y 
horrores. — Un " meeting. " — INIi viaje. — Mi tertulia. — 
Otra vez los huelguistas. — Reflexiones sobre los obreros. 201 

XIV. — Geo Shiels. — Apothecary Broadway 896. — Apuntaciones 
sobre nuestros artículos de exportación. — Un convite. — 

Poesía á Jacinto Gutiérrez y Coll , 221 

XV. — Bellas artes. — Literatura 237 

XVI. — Inquietud. — Noticias de las huelgas. — El 26 de Julio. — ■ 
Deiision de marcha. — Mi rumbo.— Gómez del Palacio. 
— Su traducción del Tasso. — El Hotel San Julien. — 

Historia de una monja. — Un polluelo de bromita 267 

XVII. — Comida en casa de Bachiller. — Noche. — Panadería deVie- 
na. — Romero Rubio. — Mariscal. — Juan José Baz. — Es- 
cuela de sordo-mudos. — Express. — Comercio. — Lluvia. 
— Salida de Nueva-York 293 



índice 



Páginas. 

FIIENTON.— FILADELFIA.— BALTIMORE. 

XVIII. — Frentón. — Filadelfia. — Balümore. — Llegada á Washing- 
ton 327 

Paréntesis 351 



WASHINGTON. 

XIX.— Washington 389 

XX. — Mont Vernount. — Carta de Palma. — Carta de Fagoaga. — 
Richmond. — Exxentricidades de yankee. — Catanogua. 
— Memphis. — El Paso del Mississippí. — Un mexicano. 
— Historia de lágrimas. — Llegada á Texas 405 



TEXAS. 

XXI. — Texas. — Recuerdos históricos. — Aspecto de las llanuras de 
Texas. — Gérmenes de pueblos. — Algodón, cebada, 
maíz. — Manzanas. — Grande estación. — Minger-Hotel. 
— S. G. Benavides 461 

XXII. — Recuerdos. — Instalación. — Paseo matutino. — Antiguos 
conocidos. — Suvervielle. — M. Poinsart. — El Dr. Cup- 
ples. — Comida en su casa. — María 473 

XXIII. — Visita al general Ord. — Su familia. — Paseo vespertino. — 
Encuentro con M. Réve. — El álbum de M. Réve. — El 
Sr. Leal. — En el campo. — Adioses. — El Dr. Cupples. — 
Otra tertulia 493 

XXIV. — De San Antonio á Eale Pass ( Paso d^l Águila). — Castro- 
'ville. — Orvalde. — Blaskville. — Fort Clark. — Paso del 
Águila. — Noche. — La patria 521 



PLANILLA 

PARA LA 

COLOCACIÓN DE LAS LAMINAS EN LOS TRES TOMOS. 

« 

Páginas. 

TOMO PRIMERO. 

Retrato del autor ( Portada ) i 

Puerto del Manzanillo 4 

San Francisco • 40 

Calle de Kearny 44 

Palace Hotel 67 

Tipos Chinos 93 

Clife-house 130 

Vista del jardin de Woodward 133 

Los wagones de la calle de Clay 405 

Templo chino 425 

Interior de un carro-palacio en el interior del Pacífico 505 

"VHstas de las Sierras en el ferrocarril central del Pacífico 538 

"TOMO SEGUNDO. 

Calle del Canal ( Nueva-Orleans ) , 9 

Cutedral francesa y pla'za de Jakson ( Nueva-Orleans ) 38 

Correo y Aduana ( Nueva-Orleans ) 48 

Holel de San Carlos ( Nueva-Orleans ) 51 

Gran fuente de Cincinatti 270 

El Niágara 305 

El Niágara ( vista del puente ) 309 

Nuevo capitolio de Albany. '. 330 

Broadway , 351 

Casa del Ayuntamiento 360 

El Parque Central 478 

Luis Felipe Mantilla 550 

TOMO TERCERO. 

Vista N. del Cementerio de Grenwood 26 

El Capitolio de Washington 391 

Cámara de diputados 395 

La casa del Presidente 399 

Ministerio de Relaciones Exteriores ^ 400 

Templo católico mexicano de San Antonio / 475 



'*Í'mi ^-fc<- 



COKDICÍONES DE LA SÜSCRIGÍON. 



Seinanariameiite se publicará una eiitfpga de elegan- 
te impresión en 4^, buen papel, con su forro de color, 
conteniendo cada entrega 24 páginas y uíia estampa, 
ó 32 sin ella. 

El precio de cada entrega es el de un real en la Ca- 
pital, "y REAL Y CUARTILLA CU loS EstadoS. 

Se reciben las suscriciones en México, en la Impren- 
ta y Librería de J. M. Aguijar y Ortiz, 1^ de Santo 
Domingo núm. 6. 

En los Estados, los señores corresponsales de esta 
.casa y todos los señores administradores de correos. 

J^ M. Affuiíar j' Orf/z, 

Administrador, 



I 



- -í^-y * -<»f- 



QfP^^ais'^^^^^